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-The Project Gutenberg EBook of La vuelta al mundo de un novelista; vol.
-2/3, by Vincente Blasco Ibáñez
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this ebook.
-
-Title: La vuelta al mundo de un novelista; vol. 2/3
-
-Author: Vincente Blasco Ibáñez
-
-Release Date: November 20, 2020 [EBook #63816]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at
- http://www.pgdp.net (This file was produced from images
- available at The Internet Archive)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VUELTA AL MUNDO DE UN
-NOVELISTA; VOL. 2/3 ***
-
-
-
-
- LA VUELTA AL MUNDO,
- DE UN NOVELISTA
-
-
-
-
- VICENTE BLASCO IBAÑEZ
-
- LA VUELTA AL MUNDO,
- DE UN NOVELISTA
-
- TOMO II
-
- CHINA.--MACAO.--HONG-KONG.--FILIPINAS.
- JAVA.--SINGAPORE.--BIRMANIA.--CALCUTA
-
-
- PROMETEO
-
- Germanías, 33.--VALENCIA
- (Published In Spain)
- 1924
-
-
- ES PROPIEDAD.--Reservados todos
- los derechos de reproducción, traducción
- y adaptación.
-
- Copyright 1924, by V. Blasco Ibáñez.
-
-
-
-
- LA VUELTA AL MUNDO, DE UN NOVELISTA
-
-
-
-
-I
-
-EN MUKDEN
-
- Caballitos manchures y perros siberianos.--Un desierto de nieve por
- cuya posesión se mataron 154.000 rusos y japoneses.--La dinastía de
- «Los Muy Puros» y sus mausoleos.--El frío, maestro de
- humildad.--Las escalinatas chinas y «el sendero imperial».--La
- chiquillería pedigüeña de las estaciones.--Un gendarme que
- pega.--Indignación patriótica.--La incoherencia de los demonios
- blancos.
-
-
-Espero las primeras luces del alba paseando por los salones del Hotel
-Yamata, en la estación de Mukden.
-
-Miro por las grandes puertas de cristales que dan á los andenes y veo
-correr grupos de chinos cargados con fardos envueltos en telas de
-colores ó llevando maletas de forma europea. Han descendido de un tren
-procedente del interior de la China y van al asalto de otro más corto
-que debe conducirles á Dairén, á Port Arthur y demás poblaciones del
-inmediato golfo de Liao Tung. Luego contemplo por las vidrieras de la
-parte opuesta el aspecto de Mukden, ciudad misteriosa para mí, envuelta
-en la noche y la nieve.
-
-La curiosidad me hace salir á la ancha plaza de la estación, pero el
-frío es tan intenso que retrocedo á los pocos minutos. En esta plaza hay
-muchos carruajes de caballos, en espera sin duda de algún tren matinal;
-pero los cocheros, á pesar de sus gorros tártaros y sus gabanes de piel
-de zorro, se han refugiado en los cafetines de las inmediaciones. Los
-famosos caballitos manchures, nerviosos, agresivos, de largo pelaje,
-entretienen su abandono coceando silenciosamente la nieve del suelo,
-haciendo exhalar á los vehículos con sus estremecimientos un ruido de
-ferretería vieja, expeliendo dos chorros de vapor por sus narices
-propensas al relincho. Estos caballos de corta alzada se muerden entre
-ellos, y cuando se entregan á la excitación de la carrera galopan como
-desbocados. Por entre sus patas se deslizan perros siberianos de
-hirsutas lanas. De tarde en tarde aparece un cochero. Como va forrado en
-pieles y las orejeras de su gorro las lleva sueltas y erguidas, tiene el
-aspecto de una bestia de la noche que momentáneamente marcha en posición
-vertical.
-
-Vuelvo á sentir la misma extrañeza que en Corea viendo esta aglomeración
-de caballos. Los ojos parecen haberse acostumbrado á la escasez de
-animales que se nota en el Japón, donde todo lo hace el brazo humano,
-sin pedir auxilio á las especies domesticadas que ayudan al hombre en su
-trabajo.
-
-Van surgiendo de la nocturna lobreguez las techumbres nevadas de los
-edificios. La ciudad de Mukden, á la que los naturales llaman Fengtien,
-empieza á dibujarse en la lívida penumbra con un aspecto contradictorio
-é híbrido. Cerca de la estación hay edificios modernos de muchos pisos,
-que imitan la arquitectura norteamericana con todas sus audacias. Más
-allá, las calles son iguales á las japonesas y coreanas, tienen una
-amplitud de cuarenta ó cincuenta metros y edificios de un solo piso
-hechos de madera.
-
-Llegan varios automóviles y sus conductores se ofrecen para llevarnos á
-los mausoleos imperiales de la dinastía manchura, lo más interesante que
-existe en las inmediaciones de Mukden. Salimos con los primeros
-resplandores del alba, por unas calles anchas y completamente dormidas
-bajo sus sábanas de nieve. Luego, en pleno campo, el frío, el silencio y
-la luz cenicienta del amanecer invernal dan una tristeza abrumadora al
-dilatado paisaje.
-
-Pensamos que más de un millón de hombres se batieron aquí, en la famosa
-batalla de Mukden, que duró dos meses, por la posesión de un suelo
-monótono é inclemente como un paisaje ártico. Luego recordamos que esta
-tierra goza, como tantas otras, una primavera y un verano. Los
-exploradores del río Amur, que corre por la Manchuria septentrional,
-cuentan cómo en los bosques de sus orillas chorrea la miel formando
-arroyuelos: tantas son sus flores y sus abejas. En su parte meridional,
-que es donde estamos, se obtienen grandes cosechas de toda clase de
-cereales. Pero nosotros sólo vemos ahora una planicie de nieve, y
-surgiendo de ella, como grupos de escobas plantadas por el mango,
-algunos bosquecillos de árboles negros y escuetos.
-
-El automóvil, al marchar por esta llanura uniforme, donde su conductor
-tiene que adivinar con ojos de piloto la existencia del camino oculto,
-cae en hoyos ignorados ó se ladea de un modo alarmante al borde de
-taludes invisibles. Algunas veces saltamos sobre inexplicables oleajes
-del suelo. Es que nos hemos metido en un cementerio chino y vamos
-pasando sobre las cúpulas de tierra de los sepulcros, que apenas si se
-revelan con ligerísimas curvas en el igualamiento realizado por la
-nieve.
-
-La lucha de nacionalidades agita sordamente al país manchur y se deja
-adivinar en las casas de madera que se agrupan como avanzadas de la
-ciudad sobre este mar sólido y blanco, de horizontes infinitos. En unas
-ondea la bandera japonesa, en otras el pabellón quinticolor de la
-República china. Los verdaderos dueños del país, chinos y manchures,
-duermen con la bandera izada sobre sus techos, para que dé testimonio
-hasta en las horas nocturnas de la nacionalidad del suelo. Los japoneses
-son cada vez más numerosos en Mukden y van acaparando el comercio. Su
-gobierno posee ya legítimamente la tierra coreana que existe al otro
-lado del río Yalu. Además, sostiene una guarnición en Mukden y otras
-ciudades manchuras que son de la China, con pretexto de guardar el
-ferrocarril. Desea convertir en propiedad definitiva lo que es hasta
-ahora ocupación temporal. La propaganda japonesa habla frecuentemente de
-los 87.000 rusos y los 67.000 japoneses que murieron batallando
-alrededor de Mukden. Ve en tan enorme montón de cadáveres un título de
-propiedad para anexionarse definitivamente este centro ferroviario á
-veinticuatro horas de Pekín.
-
-Una música alegre y ruidosa anima de pronto el silencioso desierto
-blanco. Nos cruzamos con una boda china. El cortejo va en busca de la
-novia, que debe haber abandonado la cama á media noche para hermosearse.
-Al frente marcha un grupo de músicos sonando gaitas y tamboriles. Van
-vestidos de rojo con galones de oro y en la cabeza llevan unos
-sombreros-paraguas barnizados de amarillo. Seguido de una escolta de
-invitados y parientes pasa el pintarrajeado palanquín nupcial, con
-manojos de plumas en sus ángulos y una gran flor dorada en su vértice.
-
-Otra vez los campos de nieve, los árboles negruzcos, y grandes revuelos
-de cuervos alzándose en espiral para caer sobre algún cadáver invisible.
-Después de varias millas de avance fatigoso llegamos á las tumbas de los
-emperadores manchures.
-
-Los que están en ellas fundaron la última dinastía china, ó sea la
-destronada. Hasta hace tres siglos los manchures fueron un pueblo
-nómada, de civilización rudimentaria, pero muy numeroso. La palabra
-china _Mand-chou_ significa «país muy poblado». Estos jinetes, hábiles
-arqueros, se batían indistintamente á pie ó á caballo.
-
-El Imperio chino, que parece en la Historia viejo como el mundo,
-sucediéndose dentro de él las dinastías casi lo mismo que en el antiguo
-Egipto, estuvo en peligro de perecer destrozado á mediados del siglo
-XVII. El último de los Ming, viéndose desobedecido por muchas de sus
-provincias, necesitó auxiliares para combatir á los rebeldes y acudieron
-en su defensa los tártaros de la Manchuria, acaudillados por su rey
-Chunti-Ti. Éste, después de restablecer el orden, destronó al emperador
-que le había llamado, se hizo dueño de Pekín y acabó por apoderarse de
-toda la China, fundando la dinastía 22, llamada de los Tai Thing (Los
-Muy Puros), que ha durado hasta nuestros días. En realidad, los últimos
-emperadores nada tenían de chinos por su origen ni por su aspecto
-físico. Eran tártaros-manchures. Por eso los republicanos chinos
-pudieron dar á su revolución un carácter nacional, combatiendo á los
-monarcas intrusos en nombre de la antigua China.
-
-Un bosque de árboles escuetos y ennegrecidos por el invierno rodea el
-parque donde están las tumbas monumentales de los primeros soberanos de
-la dinastía Tai Thing. Al echar pie á tierra nos hundimos en la nieve.
-Un obstáculo inesperado nos inmoviliza luego ante el arco que da acceso
-al parque. El encargado del monumento no ha venido aún de la ciudad, y
-los dos guardias que lo vigilan son unos soldados manchures, grandes, de
-perfil caballuno, sobrios en palabras y obedientes á la consigna. Uno de
-nuestros guías tiene que ir en busca de dicho empleado, no sé dónde, y
-quedamos frente á la entrada del monumento, rodeados de la mañana
-lívida, con nieve hasta media pierna y recibiendo en el rostro un viento
-cortante.
-
-A un lado hay una casucha de aspecto miserable, el cuerpo de guardia de
-los cuatro soldados que custodian este monumento histórico.
-Instintivamente voy hacia dicho refugio, atraído por las caras amarillas
-de los dos hombres libres de servicio que nos miran por un ventano. Me
-asomo á este antro con amable sonrisa. Veo una tarima á medio metro del
-suelo y sobre ella mantas y algunas prendas haraposas de estos
-guerreros, que no se distinguen ciertamente por la flamancia de sus
-uniformes.
-
-Hay en el ambiente la densidad hedionda de los locales cerrados donde
-han dormido toda una noche hombres de excesiva salud. Varios ladrillos
-forman un pequeño fogón, y dentro de él hay lumbre, con más ceniza que
-brasas.
-
-¡Ah, el frío! ¡Cómo aterciopela los caracteres más ásperos! ¡Qué gran
-maestro de humildad! Su influencia es tan poderosa como la del hambre.
-Me siento agradecido junto á este fogón, poniendo los pies sobre las
-moribundas brasas, hasta que noto cómo las suelas de mis zapatos
-empiezan á quemarse.
-
-De todos modos debo abandonar mi asiento. Varias señoras han adivinado
-mi retiro y entran en el tabuco soldadesco, lanzando exclamaciones de
-sorpresa á la vista del mísero hogar. Algunas de ellas son millonarias
-de los Estados Unidos, y además hermosas y de gustos refinados; pero hay
-que ver sus amabilidades y sonrisas con los guerreros manchures para
-justificar tal invasión. Ponen sus piececitos elegantemente calzados
-sobre la lumbre mediocre, y hablan á estos jayanes amarillos, con gorra
-de piel rematada por dos orejas asnales, como si el mundo estuviese ya
-transformado bajo el rasero de una revolución igualitaria, como si la
-moneda hubiese perdido toda influencia, siendo los únicos potentados del
-planeta capaces de dispensar mercedes los poseedores del pan y del
-fuego.
-
-Llega al fin el personaje deseado y podemos entrar en la avenida
-cubierta de nieve virgen que conduce á las tumbas imperiales. Los
-soberanos manchures construyeron aquí unos mausoleos semejantes á los
-que habían levantado cerca de Pekín los Ming, anteriores á ellos.
-
-Todas las avenidas están bordeadas con imágenes gigantescas de granito
-que representan animales. Parejas de caballos, de camellos, de elefantes
-y leones, esculpidos en una piedra negruzca, se suceden, formando
-luengas perspectivas. Al final de estas procesiones de animales pétreos
-se alzan los templos funerarios.
-
-Son edificios que en otro lugar parecerían sonrientes; se les cree en el
-primer momento palacios erigidos por la vanidad de un soberano para
-albergar escenas de placer. Su arquitectura tiene oros y lacas
-multicolores como materiales primarios. Tal vez en verano, cuando los
-campos de la Manchuria son tierras labradas, abundantes en polvo,
-parezcan dichos edificios menos alegres y vistosos; pero ahora la nieve
-ha barnizado la laca con una humedad de lluvia, y los panteones tienen
-la frescura brillante de algo recién construído. Además, los envuelve en
-sus fulgores un sol adolescente que acaba de romper los grises telones
-de la mañana.
-
-Por primera vez veo en las escalinatas de estos mausoleos el famoso
-«sendero imperial».
-
-Todos los palacios chinos, aunque la madera es su principal materia
-constructiva, están asentados sobre plataformas de mármol, y las
-escalinatas amplias y extensas que conducen á ellas resultan siempre la
-parte más trabajada del monumento. Los escultores han cincelado en sus
-barandas, sin tener en cuenta el tiempo ni la minuciosidad de su
-trabajo, toda una fauna de reptiles fantásticos. Estas escalinatas
-imperiales se hallan partidas por un bloque de mármol, acostado en mitad
-de los peldaños, que las divide en dos. Tal bloque es lo que se llama
-«sendero imperial».
-
-Cuando el emperador tenía que ascender por una de aquéllas, nunca
-empleaba los peldaños. Éstos eran para sus palaciegos, simples mortales,
-á los que era lícito mover las piernas como los demás hombres; el Hijo
-del Cielo sólo podía subir por una pendiente. Mientras los personajes de
-su séquito iban avanzando escalón por escalón--los mandarines letrados
-por los peldaños de la derecha, los mandarines militares por los de la
-izquierda--, el Hijo del Cielo ascendía lentamente por el bloque de
-mármol intermedio.
-
-En algunos de los palacios de Pekín hay «senderos imperiales» hasta de
-18 metros y de una sola pieza. La piedra ostenta cincelado el emblema
-del Imperio de Enmedio: dos dragones en posición invertida, teniendo
-cada uno de ellos la cabeza junto á la cola del otro. Las escamas de
-esta pareja de bestias heráldicas forman profundas rugosidades en el
-mármol; así el divino monarca podía afirmar sus pies, calzados
-simplemente con ligeras sandalias de pergamino.
-
-Volvemos á Mukden para ver los barrios viejos, que aún conservan sus
-murallas y sus puertas-castillos, con techumbres cornudas. Visitamos
-igualmente el palacio que construyeron los emperadores manchures, y hoy
-se halla convertido en museo. Pero aunque todo esto nos sorprende y nos
-interesa, por ser una primera visión de la vida china, se empalidece
-algunos días después cuando llegamos á Pekín, menospreciando su recuerdo
-como el de una copia borrosa comparada con la obra original.
-
-Al recorrer las calles de Mukden nos fijamos en la enorme cantidad de
-anuncios industriales colocados en paredes y vallas por los almacenes de
-los Estados Unidos y de Europa establecidos aquí. Ostentan figuras de
-colores, vestidas á la moda occidental, pero los rostros de dichos
-monigotes, pretenciosamente elegantes, aunque guardan los rasgos
-principales de la raza blanca, tienen los ojos oblicuos, poco abiertos,
-y una sonrisa achinada, para que el público amarillo les reconozca una
-belleza verdadera.
-
-Antes del mediodía salimos para Pekín. Atravesamos campos grises, cuyo
-suelo ligeramente rizado recuerda la arena fina de las playas con las
-huellas caprichosas del viento. De estos arenales obscuros surgen
-islotes de arboleda ennegrecida.
-
-Vemos marchar, paralelas al tren, largas caravanas de carretas. Estos
-vehículos, de techo redondo, van tirados por caballitos manchures,
-fieros, peludos, de inagotable vigor. Su pequeñez contrasta con el
-tamaño del carruaje, dando á la caravana cierto aspecto cómico de
-juguete.
-
-Los hombres, seguidos por numerosos perros, marchan al lado de sus
-caballos. Todos llevan gorro de pieles; pero como el día es de sol, han
-soltado las orejeras que defienden su rostro por ambos lados, y los dos
-apéndices, erguidos sobre la cabeza, acompañan su marcha con un
-balanceo grotesco. Las huellas de sus pies se destacan en blanco sobre
-el camino gris. Lo que creíamos arena es simplemente nieve sucia.
-
-Al quedar inmóvil nuestro coche en una estación, más allá del término
-del andén, se va agolpando una muchedumbre contra el alambrado de púas
-que defiende la vía. Por primera vez nos vemos enfrente del populacho de
-este país de inmensa procreación, donde la gente surge de todas partes
-con una abundancia rumorosa de colmena y la existencia humana parece
-valer menos que en otras tierras.
-
-El pueblo bajo va en China invariablemente vestido de lienzo azul; pero
-á causa de ser muy crudos los inviernos en las provincias
-septentrionales, se procuran todos el abrigo necesario forrando
-interiormente pantalones y blusas con una capa de algodón en rama. Los
-soldados también van con ropas acolchadas, lo que les da un aspecto
-hinchado y cuadrangular. Como los trajes del populacho son andrajosos,
-se escapa por todas las roturas su relleno algodonado, y los mendigos,
-los jornaleros del campo, toda la chiquillería sucia y pedigüeña
-amontonada en las vallas de las estaciones, tienen aspecto de insectos
-aplastados, que sueltan por las grietas de su cascarón azul las
-reventaduras de unas entrañas mantecosas.
-
-Vemos debajo de nuestras ventanillas, clavándose las púas del alambrado
-sin que parezcan sentirlo, más de cien muchachuelos de cara amarillenta
-salpicada de costras de suciedad. Parece dudoso que se hayan lavado
-alguna vez. Los más conservan la coleta que la República china ha
-suprimido en Pekín y otras poblaciones importantes. Revueltas con ellos
-hay varias muchachas, vestidas igualmente con pantalones y blusa azules,
-que dejan asomar sus rellenos blancos. Se las conoce por su cara, más
-ancha de pómulos y menos sucia que la de los varones; por su peinado,
-que consiste simplemente en una cortinilla de pelos recortados caída
-sobre la frente y una trenza anudada sobre el cogote.
-
-Se empujan todos levantando los brazos, con las manos muy abiertas.
-Chillan, rugen, algunos lloran. Los más pequeños caen al suelo
-zarandeados y pateados por sus camaradas, pero se levantan
-inmediatamente para unirse al pedigüeño concierto. Otras veces fingen
-dolores ó los exageran, para atraer la piedad.
-
-Los empleados del tren recomiendan que no se dé dinero á las
-muchedumbres mendicantes de las estaciones. La República quiere suprimir
-esta vil costumbre de otros tiempos. Pero ¡cómo resistirse á unas
-vociferaciones de súplica que duran ya varios minutos! La infancia
-inspira siempre interés, y éste aumenta cuando los niños tienen el
-atractivo del exotismo. Toda esta avalancha de muchachos con faz
-arrugada y ojos de viejo, de niñas con peinado de mujer, carillenas y
-que imitan los gestos de las comadres, nos impulsa á la desobediencia, y
-empezamos á arrojar puñados de monedas por las ventanillas.
-
-¡Nunca lo hubiéramos hecho!... Al ver el dinero, los grandes se unen á
-los pequeños. Grupos de mocetones que contemplaban impasibles el paso
-del tren se arrojan en medio de la chiquillería, disputando á puñetazos
-y bofetadas la conquista de las monedas.
-
-En el extremo del andén hay un féretro chino, con forro de estera, que
-indudablemente contiene un cadáver. Siempre se encuentra algún muerto en
-las estaciones chinas. Todo hombre amarillo, al sentirse morir fuera de
-su casa, si tiene dinero ó parientes, pide que lo trasladen á su país
-natal. Si muere en el otro extremo del planeta, procura dejar antes lo
-necesario para que lo entierren en China. Aquí los muertos viajan tanto
-como los vivos. Unas mujeres que están junto á dicho féretro corren
-también para cazar en el aire algunas de las monedas, con agresivo
-manoteo.
-
-Un personaje inesperado surge en mitad de esta ola de rostros amarillos
-y manos ganchudas que se retira del alambrado con el reflujo de sus
-empujones y avanza otra vez para chocar contra sus púas. Es un soldado
-vestido de azul, con polainas blancas y gorra á estilo japonés. Sostiene
-su fusil con una mano y lleva en la otra un látigo de cuero.
-
-Desde el primer momento se da á conocer como un hombre extraordinario,
-verdaderamente extraordinario por su fealdad y por su energía dinámica.
-Tiene el rostro amarillo de cera, con numerosas arrugas á pesar de su
-juventud. Debajo de la gorra le cuelgan hasta los hombros unas melenas
-lacias, semejantes á los pelos de mono con que adornan algunas señoras
-sus abrigos. En cuanto á pegar, no he visto en mi vida manos más ágiles
-é incansables. No es un hombre: es toda una compañía que se lanza á
-través de la masa adversaria, partiéndola, sembrando el espanto y la
-dispersión, abriendo un desierto medroso en torno á su personalidad
-soberbia y triunfante.
-
-Pega con las manos y casi al mismo tiempo con los pies, como si se
-mantuviese en el aire por obra de nuevas leyes de gravitación. Esparce
-culatazos, latigazos, patadas, y su deseo sería morder igualmente; pero
-nadie se pone al alcance de su dentadura de caballo.
-
-Surge de las diversas ventanillas un coro de indignación. Todos nos
-equivocamos. Varias señoras norteamericanas protestan en inglés; yo
-vocifero en español, como si el terrible guerrero pudiera entendernos.
-
-Hemos visto soldados nipones en Mukden ocupando una tierra que no les
-pertenece, y como este guerrero azul de las melenas desmayadas y la
-gorra á lo japonés es extremadamente feo, no sentimos duda alguna sobre
-su nacionalidad. Todos enronquecemos, indignados por las brutalidades
-del invasor.
-
---¿Con qué derecho les pega usted, miserable? Váyase á su país. Estos
-pobres chinos están en su casa... ¡Verdugo!... ¡Salvaje!...
-
-Pero un intérprete corre de ventanilla en ventanilla dando
-explicaciones. Nos equivocamos. Es un gendarme chino que desea librarnos
-á su modo, por los medios que él considera más seguros y prontos, del
-ruidoso asalto de estos mendigos.
-
-Callamos, algo avergonzados de nuestro error, sintiendo una repentina
-simpatía por el militar de las greñas de mono. ¡Las deducciones
-incoherentes del patriotismo!... Al saber que es chino, ya nos parece
-más aceptable y natural que les pegue á sus compatriotas.
-
-El pobre hombre que acudió creyendo realizar una buena acción permanece
-ahora inmóvil, intimidado por nuestros gritos, mirándonos con sus
-ojillos agudos. No comprende nuestras protestas por un acto tan
-corriente. En China, los representantes de la autoridad siempre llevaron
-un látigo en la mano.
-
-Al saber que no es japonés y si pega lo hace dentro de su casa, algunos
-viajeros hasta le echan cigarrillos. Él saluda con sonrisa humilde,
-enciende uno y empieza á fumar, rodeado de toda la masa humana á la que
-zurró momentos antes, y que le contempla con cierta admiración.
-
-Todos permanecen quietos. Algunos se rascan los chichones recientes ó se
-limpian con las manos la sangre de sus rostros.
-
-El gendarme no puede explicarse nuestra indignación anterior, ni las
-repentinas muestras de simpatía que recibe ahora. Fuma y nos mira
-asomados á nuestras ventanillas, como si fuésemos bestias raras dentro
-de una jaula ambulante.
-
-Se adivina su pensamiento:
-
-«¡Demonios blancos, locos y bárbaros!... Nunca sabe uno cómo darles
-gusto.»
-
-
-
-
-II
-
-LA LLEGADA Á PEKÍN
-
- Los bandidos chinos y los trenes-fortalezas.--Una mala noche.--El
- Imperio del bambú soberano y de la paliza paternal.--5.000 años de
- historia conocida.--Recordando á Marco Polo.--Los cuatro grandes
- héroes de la Geografía.--«Micer Millones».--Cómo por obra de Marco
- Polo salieron Colón y los navegantes españoles hacia Pekín, para
- visitar al Gran Kan, y dieron con la ignorada América.--El
- despertar en Tien-Tsin.--Los chinos elegantes.--Agricultura sabia y
- campos de tumbas.--Una puerta de diez siglos con telegrafía sin
- hilos.
-
-
-Al cerrar la noche, nuestro tren se transforma en una fortaleza.
-
-Varios oficiales llevando largo abrigo de pieles y gorra con insignias
-de oro, á la que han añadido orejeras peludas, pasan de vagón en vagón
-dando órdenes, como si preparasen la resistencia á un asalto. En las dos
-plataformas de nuestro coche se sitúan centinelas con el fusil cargado y
-la bayoneta calada. En el pasillo quedan algunos más para relevar á sus
-compañeros durante la noche. A la cabeza y á la cola del tren van dos
-numerosos destacamentos en vagones blindados.
-
-Nuestros defensores pertenecen al nuevo cuerpo que acaba de crear la
-República china con el título de «Guardia de Ferrocarriles». El país
-está infestado de bandoleros que asaltan los trenes. Muchos de estos
-bandidos son antiguos soldados. El chino, después de conocer la vida
-militar, en la que come mejor que la mayoría de sus compatriotas á
-cambio de mantener un fusil en uno de sus hombros, ya no quiere
-desprenderse de dicha arma, pues ve en ella la herramienta del más fácil
-y agradable de los oficios. Si lo licencian ó lo expulsan de su
-regimiento, se agrega á la partida de facinerosos más inmediata.
-
-Hace cuatro meses fué asaltado un tren entre Pekín y Shanghai, y los
-bandidos secuestraron á los que iban en él (europeos y norteamericanos),
-para exigir grandes rescates. El gobierno, después de este suceso, se
-preocupa de vigilar las líneas férreas. No quiere que se repitan las
-reclamaciones diplomáticas; teme que el Japón aproveche tales incidentes
-para insinuar una vez más la conveniencia de que China le ceda la
-custodia de sus ferrocarriles. Esto traería como primer resultado el
-establecimiento de tropas japonesas dentro del territorio chino: una
-invasión disimulada igual á la de Manchuria.
-
-No es algo nuevo, que debe atribuirse á la anarquía política del país
-con motivo de su revolución, esta inseguridad de los caminos. Los
-bandoleros y los piratas abundaron siempre en China, llegando en otros
-siglos á quebrantar la autoridad de los emperadores, estableciendo un
-Estado nuevo y excepcional dentro del vasto Imperio. El vulgo aún
-muestra admiración por ciertos bandoleros famosos del mar y de los
-caminos, héroes de antiguos poemas y novelas.
-
-Los soldados instalados en el pasillo de nuestro vagón hablan en voz
-alta, fuman y discuten con una inconsciencia que impide toda protesta.
-Están aquí para defendernos, y como ellos no deben dormir, encuentran
-natural que sus protegidos se priven igualmente del sueño. Sus orejeras
-peludas, sus pellizas rústicas, las greñas aceitosas que cuelgan por
-debajo de sus gorras, les dan un aspecto inquietante. Tal vez han sido
-bandidos antes de figurar como defensores del orden. Según se dice, la
-Guardia de Ferrocarriles la ha reclutado el gobierno entre el personal
-de las antiguas bandas, para mayor seguridad. Si les conviene, mañana,
-en vez de ir dentro del tren para defenderlo, se apostarán al lado de la
-vía para asaltarlo.
-
-Esto no les impide mostrarse joviales, agradecidos y un tanto
-confianzudos. Cuando les dan cigarrillos, acogen el regalo con
-gesticulaciones cómicas de gratitud. Si pasa una señora por el corredor
-señalan las sortijas ó los pendientes que lleva, y á continuación fingen
-que sacan el revólver, imitando con la boca varios tiros imaginarios.
-Pretenden expresar con esta mímica su resolución de batirse hasta la
-muerte en defensa de tales alhajas; pero mejor preferirían apoderarse de
-ellas, al verse lejos de la vigilancia de sus oficiales, jóvenes,
-correctos, de aire militar europeo, que mantienen firmemente la
-disciplina.
-
-Los coches-camas del Japón imitan á los de la América del Norte. Los que
-ruedan por las líneas chinas son parecidos á los de Europa, pero más
-abundantes en dorados, y con una altura tan exagerada y absurda de sus
-camas superiores, que hace necesario el empleo de una escala de muchos
-travesaños para poder acostarse en ellas.
-
-Como las voces de los chinos no nos dejan dormir, entretengo mi insomnio
-pensando en la historia de esta aglomeración humana, la más antigua y
-numerosa de todas las existentes, sobre cuyo suelo vamos deslizándonos á
-través de la noche. Esta historia abarca más de 5.000 años, y sus
-episodios salientes son veintidós cambios de dinastía y dos grandes
-invasiones: la de los tártaros mogoles y la de los manchures.
-
-Egipto es de mayor antigüedad; mejor dicho; los historiadores han ido
-más lejos en sus descubrimientos, ensanchando las fronteras de su
-pasado. Pero el viejo Egipto hace miles de años que dejó de existir, y
-la China se conserva viva y sólida, como en los tiempos de sus
-emperadores fabulosos.
-
-Recientemente desorientó al mundo, saltando sin transiciones
-constitucionales del régimen despótico más absoluto á la República
-democrática. Mas esto no pasa de ser un cambio de fachada, ya que la
-revolución todavía no ha reformado gran cosa en el interior del
-edificio.
-
-El país más grande y más viejo de la tierra conservó hasta hace una
-docena de años la forma de gobierno de las sociedades primitivas: el
-régimen patriarcal. La autoridad política imitaba la autoridad del jefe
-del hogar. El emperador era el padre de los padres, reinando sobre
-centenares de millones de súbditos, como los patriarcas de la Biblia
-sobre su descendencia. El Hijo del Cielo pegaba ó premiaba como un
-padre, y sus palabras eran manifestaciones de la sabiduría divina. Del
-mismo modo el padre chino ha guardado dentro de su hogar, hasta hace
-poco, el derecho de vida ó muerte sobre sus hijos, casándolos á su
-antojo, sin consultar para nada su voluntad.
-
-Durante 5.000 años el bambú flexible y duro fué el verdadero cetro de
-este Imperio, la varilla mágica que hizo marchar los engranajes del
-Estado, impulsando á los hombres á la práctica de la virtud. El único
-chino exento del peligro de sufrir una paliza era el Hijo del Cielo. Sus
-ministros más apreciados, los mandarines favoritos, los virreyes de las
-provincias, todos podían recibir por orden del emperador unas cuantas
-docenas de bastonazos, como penitencia de faltas ó descuidos. Y después
-de soportar esta muestra del interés imperial, continuaban en el
-ejercicio de sus funciones.
-
-Acostumbrados desde su niñez á los castigos del padre, nunca se creyeron
-los chinos deshonrados por unos cuantos palos más ó menos en el curso de
-su existencia. La paliza no cortaba una carrera ni quebrantaba el
-prestigio del que la sufría. Era como para nosotros pagar una multa por
-infracción de los reglamentos municipales. La policía imperial llevaba
-el bambú ó el látigo siempre en la diestra, para aplicar el correctivo
-apenas notada la falta.
-
-Este Imperio, gobernado lo mismo que una casa por un padre de origen
-celeste, con cerca de 500 millones de hijos, fué creando en el curso de
-cincuenta siglos una civilización que hoy se cae al suelo de puro vieja
-y refinada, pero tuvo en todas las épocas el poder de asimilarse á sus
-vencedores, de transformar á los caudillos fieros que se adueñaron de su
-territorio, convirtiéndolos en emperadores chinos, iguales á las
-dinastías fenecidas.
-
-Hasta hace 800 años, nuestro mundo occidental, indiscutiblemente bárbaro
-en comparación con el llamado Imperio de Enmedio, nada sabía de éste.
-Los capitanes que siguieron á Alejandro hasta la India y los romanos del
-Imperio llegaron á conocer vagamente la existencia del llamado «País de
-la seda». Mas á esto se limitaron sus noticias sobre la tierra china.
-Algunos viajeros árabes la visitaron en los primeros siglos de la Edad
-Media, pero nada se supo en Occidente de sus relatos.
-
-La humanidad se ha desenvuelto en dos escenarios diferentes sobre el
-gran macizo continental que forman juntas Asia y Europa, sin que el
-grupo de la vertiente atlántica-mediterránea supiese nada del otro grupo
-establecido en la opuesta vertiente del Pacífico. Ni Grecia ni Roma
-tuvieron noticias de la civilización que se iba desarrollando, con
-muchos siglos de adelanto sobre ellas, al otro lado de la barrera
-formada por el Asia Menor, la Persia, la India y los mares misteriosos.
-
-Las expediciones de los cruzados y las guerras implacables de
-Gengis-Kan, que arrancaron á tantos pueblos asiáticos de sus alvéolos
-históricos, lanzándolos como piedras en opuestas direcciones, dejaron
-adivinar un poco del misterio chino. Pero fué un hombre aislado, un
-comerciante, un explorador amigo de correr aventuras, quien hizo conocer
-á los países de Europa lo que existía en este mundo lejano, envuelto en
-sombras para los occidentales. Este hombre se llamó Marco Polo.
-
-Cuatro grandes héroes tiene la Geografía: Alejandro, que llevó la
-influencia griega hasta el Ganges; Marco Polo, Colón y Magallanes. Pero
-el héroe macedónico pudo realizar en gran parte su corta y asombrosa
-carrera porque su padre le había legado toda la fuerza militar y la
-sabiduría de Grecia, acaparadas astutamente por él. Colón descubrió un
-mundo nuevo auxiliado por los Pinzones y otros nautas españoles, que á
-causa de la posición geográfica de su país conocían mejor que los demás
-navegantes la existencia de tierras misteriosas en el Océano. Magallanes
-vió completada su circunnavegación del planeta gracias á la energía de
-Sebastián del Cano, que supo dar fin á tan magna empresa.
-
-Marco Polo no tuvo colaboradores. Fué un simple mercader de genio,
-aficionado al estudio y á los descubrimientos, hábil para aprender las
-lenguas y amoldarse á los ambientes; un entendimiento ágil, capaz de
-ejercer las más diversas funciones.
-
-Su padre y su tío habían hecho ya viajes comerciales á través de la
-misteriosa Asia, y le llevaron con ellos al ser mozo. Durante veintidós
-años vivió lejos de Europa, habituándose á los usos del Extremo Oriente.
-Su vida se desarrolla de la mitad del siglo XIII al primer tercio del
-siglo XIV. Viajó por el Asia Menor, la Persia, la India, y llegó á China
-cuando el nieto de Gengis-Kan acababa de establecer la dinastía mongola
-en el Imperio de Enmedio, declarando á Pekín su capital.
-
-El Gran Kan--nombre que Marco Polo da al emperador de la China y la
-tradición consagró durante siglos--necesitaba extranjeros leales que le
-sirviesen, en un país recién conquistado y sordamente hostil á sus
-nuevos dominadores. Por tal razón acogió favorablemente al mercader
-veneciano, que además podía darle noticias de su remoto y desconocido
-mundo.
-
-Marco Polo fué un personaje en el Pekín de hace siete siglos, que se
-llamaba entonces Cambaluc (la Ciudad del Señor), y él titula en su libro
-Gran Ciudad del Catay. Este título se cambió luego en Pe-King (Corte del
-Norte), por haber estado la capital en otras ciudades situadas más al
-Sur. El veneciano hasta llegó á ser virrey de una provincia china; pero
-su curiosidad le impulsó á correr nuevas tierras, viajando por Sumatra,
-Java, Ceilán y Tartaria.
-
-Pocos autores han influido en las letras como este hombre de acción,
-falto de pretensiones literarias. Al volver á su país, los venecianos
-escucharon con interés el relato de sus maravillosos viajes. Luego los
-incrédulos y los maldicientes hicieron materia de dudas y bromas estas
-historias de un mundo lejano, y muchos de sus compatriotas acabaron por
-apodarle _Micer Millones_. Unos lo llamaban así por las riquezas
-fabulosas que describía en sus relatos; otros, peor intencionados,
-calculaban por millones las mentiras salidas de su boca. Estando en la
-cárcel por haber caído prisionero de los enemigos de Venecia en una
-batalla naval, escribió la crónica de sus viajes á través del Asia. En
-sus últimos días, al hablar melancólicamente de la incredulidad de sus
-contemporáneos, afirmó no haber puesto en su libro ni la décima parte de
-las maravillas vistas por él.
-
-La veracidad de Marco Polo ha sido comprobada por muchos sabios y
-exploradores modernos, sin encontrar en su libro errores geográficos de
-bulto ni descripciones inverosímiles. Su obra circuló entre los hombres
-doctos de los dos últimos siglos de la Edad Media. Poetas y novelistas
-la explotaron para sus relatos caballerescos. Él hizo conocer al Preste
-Juan de las Indias, rey misterioso del que tanto se ocuparon los autores
-medioevales; él lanzó los nombres de Catay y Cipango para designar á la
-China y el Japón; él fué el primero en describir como testigo visual las
-riquezas del Gran Kan y sus palacios de Pekín.
-
-Colón no pudo leer directamente el libro de Marco Polo. Este relato sólo
-fué popularizado por medio de la imprenta años después del
-descubrimiento de América. Pero empleó como autores de consulta á muchos
-que se habían inspirado en el aventurero mercader, repitiendo sus
-descripciones de las riquezas asiáticas, en cuya busca fué Colón al
-salir de España, siguiendo el rumbo de Occidente. Por Marco Polo conocía
-también la existencia del Gran Kan, y estaba tan cierto de encontrarlo,
-que pidió á los Reyes Católicos una carta de presentación escrita en
-latín, para que aquel le recibiese en su ciudad de Catay como enviado de
-España.
-
-El libro de un explorador que vivió en Pekín á fines del siglo XIII
-sirvió para que dos siglos después otro aventurero genial, con tres
-puñados de españoles sobre tres barquitos, fuese en busca del Japón y la
-China por el lado de Poniente, aprovechando la redondez de la tierra. Y
-al insistir en tan audaz aventura dieron todos, sin esperarlo, con una
-muralla infranqueable en medio de los mares, la tierra virgen de las
-nuevas Indias, mal llamada después América...
-
-Acabo por dormirme, no obstante los gritos y las risotadas de nuestros
-guardianes. Cuando despierto entra el sol por los resquicios de las
-ventanillas. Parece que ya hemos pasado la parte más peligrosa del
-camino: unas tierras encharcadas por las grandes crecidas fluviales, en
-cuyos pantanos, exuberantes de vegetación, se refugian los bandoleros.
-
-Llegamos á la ciudad de Tien-Tsin, el puerto más inmediato á Pekín. En
-el vagón-comedor encuentro á varios europeos residentes en dicha
-población, que han subido al tren para trasladarse á la capital. Todos
-ellos llevan abrigos de pieles con el pelo á la parte exterior. En otras
-mesas hay numerosos chinos de aspecto elegante, que hablan en inglés y
-usan el tenedor como los occidentales. Son mercaderes acaudalados ó
-personajes adictos al gobierno de la República, que se dirigen á Pekín
-para despachar sus asuntos. Llevan el traje nacional: una túnica de rica
-seda azul, chaleco negro de damasco abotonado hasta el cuello, y un
-solideo de igual color con botón de coral ó de jade. Como la sotana azul
-está abierta á partir de las rodillas, deja ver su forro interior de
-suaves y costosas pieles. Además, llevan un pantalón sujeto al tobillo,
-muy ancho y acolchado por dentro. Todos ellos aman las joyas. Ostentan
-valiosas sortijas en las manos finamente cuidadas, y cadenas de oro
-sobre el pecho.
-
-Uno de estos personajes, joven y de sonrisa afable, me explica la
-vestimenta que usan los chinos modernos según las estaciones. En
-invierno prefieren el traje nacional. Es más abrigador; su amplitud
-permite forrarlo con pieles y acolchados. En verano imitan á los
-coloniales de origen europeo, y se visten de blanco, con pantalón y
-chaqueta cerrada.
-
-A la nieve ha sucedido el polvo. Corre el ferrocarril por unas llanuras
-amarillas divididas en campos. Todo está arado. Cuando pase el invierno,
-esta sucesión de parcelas cultivadas resultará atractiva con su
-interminable oleaje de mieses; pero ahora el viento levanta remolinos de
-tierra rojiza, y los servidores del comedor deben sacudir á cada momento
-el cuero de los divanes y los manteles de las mesas.
-
-Tienen cierta semejanza estos campos con las planicies de la Argentina
-después de la siembra, pero con más abundancia forestal. Todas las
-propiedades están orladas de árboles, á los que arrebató el invierno su
-follaje: hileras de esqueletos grises, elevando al cielo sus múltiples y
-nudosos brazos.
-
-Hay en todas las estaciones muchedumbres vestidas de azul. Hombres y
-mujeres usan el mismo traje, de idéntico color. El pantalón y la blusa
-son el uniforme de la nación china sin distinción de sexos. En los
-pueblos rurales se conserva la trenza varonil. Sólo los chinos de las
-grandes ciudades y los que viven en el extranjero aprovecharon la caída
-del Imperio para cortarse este apéndice tradicional.
-
-Lo que produjo mayor asombro á Marco Polo, y algunos siglos después á
-los primeros misioneros establecidos en China, fué el desarrollo de su
-agricultura. En aquellos tiempos los labriegos de Europa eran unos
-bárbaros que cultivaban sus tierras de un modo rudimentario. Todos los
-adelantos agrícolas posteriores fueron las más de las veces simples
-copias de la agricultura china.
-
-Admiramos desde el tren huertas que merecen el título de jardines. Las
-grandes extensiones dedicadas á los cereales revelan un trabajo
-minucioso. Mas con frecuencia, partiendo los vastos rectángulos de
-tierra cultivada, vemos un oleaje de pequeñas cúpulas que son tumbas.
-Estos grupos de sepulturas se prolongan á veces hasta el horizonte,
-formando cementerios interminables.
-
-Los chinos pueden ordenar su enterramiento sin ningún obstáculo legal.
-Cada uno improvisa un cementerio en el campo de su pertenencia. Las
-tumbas no desaparecen con el curso de los siglos, y á las nuevas
-generaciones les basta añadir unas paletadas de tierra sobre los
-montículos sepulcrales para que éstos persistan á través de miles de
-años con más consistencia que los monumentos de granito.
-
-Cada uno defiende las tumbas de sus muertos al defender la propiedad de
-la tierra que le alimenta. Y como en este país, poblado por cerca de
-quinientos millones de seres, la cantidad de defunciones alcanza todos
-los años á una cifra enorme y no se borra ninguna tumba aunque
-transcurran siglos y siglos, resulta que los que se fueron roban cada
-vez más terreno á los que llegan, estrechando los límites de su
-actividad.
-
-Más de una cuarta parte de la inmensa China se halla ocupada por tumbas.
-Además, éstas son eternamente sagradas y no hay gobierno que se atreva á
-tocarlas. Una de las dificultades mayores con que tropiezan los blancos
-al construir ferrocarriles, es la imposibilidad de expropiar una tierra
-que tenga sepulcros. Algunas veces se ven obligados á desviar la línea
-férrea con absurdos rodeos porque los descendientes de unos chinos que
-murieron hace tres ó cuatro siglos se niegan á remover las sepulturas de
-éstos.
-
-La República lleva hechas algunas reformas, pero no se atreverá en
-muchos años á aligerar el suelo patrio de tantos millones y millones de
-tumbas. Los muertos pesan sobre el país con una fuerza abrumadora; lo
-siguen gobernando, y habrá que empezar por hacerlos desaparecer para que
-la China entre en la vida moderna.
-
-Son tantos los sepulcros en algunos campos, que sus poseedores,
-necesitados de hacerlos producir, aprovechan los espacios libres entre
-los montículos y van trazando con el arado surcos tortuosos. Así
-obtienen hileras de espigas nutridas con el zumo de unos ascendientes á
-los que nunca conocieron, pero que les inspira un respeto supersticioso.
-
-El japonés venera á sus antepasados porque se han convertido en dioses,
-y él á su vez será dios cuando sus descendientes le rindan igual culto.
-El chino los respeta porque les tiene miedo. Venera las tumbas de unos
-abuelos remotísimos cuyo nombre ignora; se arruina y vende hasta los
-objetos de primera necesidad para costear funerales ostentosos en honor
-de los que fallecen dentro de su casa. Como teme á los muertos, procura
-mantenerlos tranquilos y contentos, para que no vengan á atormentarle
-durante la noche, ni siembren de fracasos y desgracias el camino de su
-vida. Alguien ha definido á este país diciendo que es una aglomeración
-de quinientos millones de vivos, aterrados por la presencia de miles de
-millones de muertos.
-
-Los cementerios se suceden en el paisaje, cada vez con mayor frecuencia.
-Al final sólo vemos tumbas, y emergiendo de su oleaje rojizo algunas
-chozas de esteras y pedazos de lata, semejantes á las que existen en los
-suburbios de todas las ciudades.
-
-Empieza á deslizarse paralelamente al tren una alta muralla gris de
-apretadas almenas. En la faja de terreno intermedia van pasando pequeñas
-huertas y casitas de hortelanos. Vemos, con cinematográfica rapidez, una
-puerta que perfora lo mismo que un túnel este bastión interminable, y
-sobre su arcada sombría un castillo rojo con tres tejados superpuestos,
-cuyos ángulos tienen forma de cuernos.
-
-Esta puerta, fortificada al estilo chino, la hemos contemplado muchas
-veces en libros de viajes. A continuación, con violenta antítesis
-visual, se alzan sobre la muralla unos palos gigantescos que se
-aproximan á nosotros. Son dos poderosas antenas de comunicación
-inalámbrica, instaladas por los norteamericanos. ¡La telegrafía sin
-hilos junto á una puerta que cuenta más de mil años!...
-
-Va aminorando su marcha el tren y se inmoviliza finalmente luego de
-rozar una especie de malecón que es una antigua muralla cortada.
-
-Hemos llegado á Pekín.
-
-
-
-
-III
-
-LAS TRES CIUDADES DE PEKÍN
-
- La forma geométrica de Pekín.--La ciudad china, la ciudad tártara y
- la ciudad prohibida.--El edificio chino y la tienda de
- campaña.--Los geomantes y sus adivinaciones.--Los espíritus del
- Viento y del Agua.--La cuarta ciudad.--El barrio de las Legaciones
- y sus tropas visibles y ocultas.--La seguridad de las calles de
- Pekín y la policía china.
-
-
-Todas las mañanas, al saltar fuera de mi cama en el «Grand Hôtel des
-Wagons-Lits», siento la misma duda, y me pregunto:
-
---¿Estoy verdaderamente en Pekín?
-
-El aspecto europeo de mi habitación me obliga á descorrer las cortinas
-de una ventana y limpiar sus vidrios, empañados por el frío exterior.
-Veo enfrente un canal, á un lado una muralla obscura, y al pie del hotel
-una larga fila de cochecitos con las varas en el suelo, mientras sus
-conductores, cruzando los brazos sobre el pecho, abrigan sus manos
-conservándolas bajo los sobacos. Todos estos chinos miran á las
-ventanas, y uno de ellos que me llevó por la ciudad en días anteriores,
-al reconocer á su cliente inicia una mímica apasionada para hacerme
-saber que me espera desde el alba.
-
-Una vez más me convenzo de que estoy en Pekín, pero esto no impedirá que
-al despertar mañana sufra la misma duda. ¡Es tan extraordinario vivir en
-esta población, cuyo nombre aprendemos desde niños, como algo
-remotísimo que nunca llegaremos á ver!...
-
-La gran ciudad china figura en nuestras primeras impresiones como un
-lugar inaudito de absurda lejanía. Cuando oíamos hablar, siendo
-pequeños, de alguna persona que se había alejado para siempre, decían:
-«Se fué á Pekín», y no era preciso añadir más. Los hombres de verbo
-enérgico, para concretar algo que no podría realizarse nunca ó no
-tolerarían de ningún modo, afirmaban: «Ni aquí ni en Pekín», y todo
-quedaba dicho.
-
-Esta capital misteriosa se hallaba al otro lado del planeta, debajo de
-nuestras plantas, y como sus habitantes de ojitos oblicuos, sonrisa
-astuta y trenza en el cogote vivían cabeza abajo, era natural que todo
-lo hiciesen al revés que los blancos, lo que abría ante nuestra
-imaginación infantil una serie interminable de espectáculos grotescos y
-disparatados.
-
-Me convenzo todas las mañanas de que estoy en Pekín é igualmente de que
-los chinos no son tan extravagantes como los creíamos en nuestra niñez.
-La vida moderna ha cambiado la fisonomía de todos los pueblos, hasta del
-Imperio chino, que parecía eterno como una momia y hoy es una República.
-Pero no obstante la general transformación, guarda esta ciudad el
-prestigio misterioso y el novelesco interés que envolvió siempre su
-nombre.
-
-Verdaderamente sólo á partir del régimen republicano forma Pekín una
-ciudad única. Mientras existieron los emperadores estuvo compuesta de
-tres ciudades: la china, la tártara y la imperial, llamada también
-«ciudad prohibida», cada una de ellas con su defensa de anchos muros y
-puertas profundas, coronadas por castillos.
-
-Pekín es, de todas las capitales de la tierra, la que tiene una forma
-más exactamente geométrica y una orientación escrupulosamente
-geográfica. Su eje va de Norte á Sur rigurosamente. La calle de
-Chien-Men, que divide toda la ciudad china y gran parte de la tártara,
-llegando hasta la primera puerta de la ciudad imperial, es una línea
-escrupulosamente trazada entre estos dos puntos cardinales, y las calles
-secundarias que la atraviesan van con igual exactitud de Este á Oeste.
-Las murallas que abarcan á las tres ciudades forman en su conjunto un
-cuadrilátero y cada una de sus caras es paralela á uno de los cuatro
-límites geográficos.
-
-Al examinar el plano de Pekín se cree estar viendo un dibujo geométrico.
-Abajo, en el Sur, hay un rectángulo más ancho que alto, que es la ciudad
-china. Encima un cuadrado perfecto, la ciudad tártara, y en el centro de
-ella un segundo cuadrado, la ciudad imperial. La ciudad china, reservada
-en otros siglos al populacho, ocupa el lugar del vestíbulo en un plano
-arquitectónico; después viene, como si fuese el cuerpo principal del
-edificio, la ciudad tártara, y en su corazón, bien guardado por todas
-sus caras, está el santuario, la ciudad imperial, donde residía el Hijo
-del Cielo.
-
-Marco Polo cuenta que el nieto de Gengis-Kan, al establecer su capital
-en Pekín, tuvo en cuenta las predicciones de algunos adivinos que le
-acompañaban en sus conquistas. Como éstos le aseguraron que su
-descendencia perecería por una sublevación de dicha ciudad, el Gran Kan
-levantó al lado de la antigua Cambaluc, ó sea la ciudad china, la actual
-ciudad tártara, repartiendo los solares entre sus feudatarios más
-adictos. De tal modo, sus herederos vivirían rodeados siempre por los
-nietos de los antiguos conquistadores, sirviéndoles éstos de guardia y
-defensa. Para que los enemigos del Hijo del Cielo pudiesen llegar hasta
-él, tenían que asaltar primeramente la ciudad china, que por sí sola
-representaba todo un sistema de fortificación. Luego, salvando el canal
-que separa dicha ciudad de la tártara, debían hacerse dueños de los
-baluartes de ésta última, todavía más altos y robustos, y finalmente, al
-verse poseedores de la ciudad tártara, tropezaban con las murallas de la
-«ciudad roja», nombre que se da igualmente por el color de sus muros á
-la ciudad imperial ó prohibida.
-
-Durante varios siglos de paz se fué quebrantando la división de razas
-que separaba á los conquistados, habitantes de la ciudad china, de los
-vecinos de la ciudad tártara, descendientes de los conquistadores. Esta
-última, por contener en su recinto los palacios imperiales, vivía bajo
-un régimen militar, cerrándose sus puertas á la puesta del sol y
-quedando sometidos sus habitantes á todas las molestias de una plaza
-fuerte. Como precisamente los nietos de los tártaros eran los más ricos
-y dados á los placeres, se fueron trasladando á la ciudad china, para
-vivir con mayor libertad. Hace ya muchos años que estas denominaciones
-no son más que recuerdos históricos. Las familias chinas y tártaras se
-han mezclado por enlaces matrimoniales y viven indistintamente en una ó
-en otra ciudad.
-
-La arquitectura de Pekín recuerda el origen nómada del pueblo chino en
-los tiempos remotos de su historia. También fueron de vida errante las
-dos invasiones de jinetes tártaros y manchures. A causa de esta
-influencia, muchos que han estudiado su arquitectura reconocen en todas
-sus construcciones--palacios, templos, torres ó casas particulares--una
-imitación de la tienda de campaña habitada por sus ascendientes.
-
-En China sólo se construyeron durante los pasados siglos edificios de un
-piso único. Cuando se quería darles cierta altura para que adquiriesen
-proporciones majestuosas, eran levantados sobre mesetas de piedra. En
-los barrios comerciales, la necesidad de vivir sin quitar espacio al
-propio almacén obligó á muchos á construir sobre su establecimiento una
-especie de buhardilla, que sirve de habitación. Pero es creencia
-tradicional que el vivir en piso alto atrae las enfermedades, y
-manteniéndose en contacto á todas horas con la tierra se reciben
-efluvios misteriosos que vigorizan la salud.
-
-El parecido entre el edificio chinesco y la tienda de campaña resulta
-exacto. Las techumbres, negras ó de tejas barnizadas, son externamente
-cóncavas, como la cubierta de lona de la tienda, que forma bajo el soplo
-del viento una curva entrante. Las columnas, siempre de madera, carecen
-de capiteles y basamentos, aunque el edificio se halle revestido con
-pomposa riqueza. Están cubiertas de laca y oro, pero son iguales de
-arriba á abajo, sin ningún adorno saliente, como los postes que forman
-el andamiaje interior de los campamentos. Los ángulos de las techumbres
-se encorvan hacia arriba, lo mismo que los extremos de la tienda,
-sostenidos por lanzas.
-
-Los chinos han ratificado con sus ideas supersticiosas esta forma curva
-de los ángulos de sus tejados. Son muchos los que aún creen en la
-actualidad que sus ascendientes dieron figura de cuerno á los remates de
-los aleros para dejar más espacio á los espíritus del Agua y del Aire,
-señores de nuestra existencia. Así no se rasgan las alas ni se enredan
-en ángulos agudos, como los que fabrican los «demonios blancos» en sus
-construcciones.
-
-Éste es el país de los geomantes. Antes de construir un edificio se pide
-consejo á la ciencia geomántica y no se abren los cimientos ni se coloca
-una piedra sin que el adivino, enterado del revoloteo de los espíritus y
-las direcciones amadas por ellos, estudie el solar y diga al arquitecto
-qué orientación debe seguir en sus planos. Son también los geomantes
-quienes señalan los terrenos más favorables para enterrar á los muertos
-y que los espíritus sean clementes con ellos. Con frecuencia, el adivino
-designa como lugar favorable para la futura tumba el campo de algún
-amigo suyo, y los herederos se ven obligados á adquirirlo á un precio
-fabuloso. Lo más extraordinario es que estos hechiceros que legislan
-sobre las buenas ó malas condiciones del suelo únicamente reconocen á la
-tierra que los hace vivir una personalidad secundaria y pasiva. Los
-dioses, según ellos, sólo habitan la atmósfera. Son _Feng_ (el Viento) y
-_Shui_ (el Agua).
-
-Más de una vez, el europeo ó el norteamericano, después de haber
-construído una fábrica, una estación de ferrocarril ó una chimenea de
-ladrillos, ve llegar en masa á la chinería de las inmediaciones, que
-protesta con desesperación, enumerando las calamidades caídas
-recientemente sobre la comarca. Esto se debe á que _Feng_ y _Shui_ están
-irritados por las obras groseras que obstruyen una atmósfera en la que
-se movían antes con desembarazo. Es el geomante más célebre del distrito
-quien ha hecho tal descubrimiento, gracias á su ciencia. Y los
-civilizadores del país no tienen otro recurso que buscar al sabio
-popular para conseguir con donativos secretos que cambie repentinamente
-de opinión. En ciertas ocasiones el geomante es un nacionalista hasta la
-xenofobia, que no admite regalos y cree de buena fe en sus revelaciones,
-aferrándose á ellas para que los extranjeros se alejen del país. El
-populacho insiste en sus protestas, y los mandarines encargados de la
-justicia ordenan, para restablecer la paz, la demolición de los
-edificios industriales, aunque el gobierno tenga que pagar una fuerte
-indemnización á sus dueños.
-
-La tienda de campaña, origen y modelo de la arquitectura china, se
-repite siempre en extensión ó en altura. Una torre de pagoda no es más
-que una sucesión de tiendas con los aleros cornudos, colocadas una sobre
-otra en armónica disminución. Los pequeños y ligeros edificios
-superpuestos deben ser forzosamente en número impar: cinco ó siete por
-regla general. Los chinos aborrecen el número par y lo evitan en todas
-sus obras.
-
-Templos y palacios están formados por aglomeraciones de edificios,
-siempre en figura de tienda, y teniendo por únicos materiales la madera
-y el azulejo. El mármol y el granito se reservan para los basamentos de
-las construcciones, para las escalinatas con barandillas admirablemente
-cinceladas, para los puentes de atrevida joroba, para los pavimentos de
-los patios, encerrados entre cuatro hileras de edificios y por cuyo
-centro se desliza un curso de agua.
-
-Las tres antiguas ciudades que forman la capital china han visto crearse
-otra más pequeña junto á la muralla de la ciudad tártara, en el lugar
-donde se alza la Puerta de Enfrente, dando paso á la avenida que
-atraviesa todo Pekín hasta el Palacio Imperial. Esta cuarta ciudad es el
-llamado barrio de las Legaciones, por vivir en él los representantes
-diplomáticos y todos los blancos residentes en Pekín. Es como un Estado
-independiente dentro del corazón de la China. Hasta tiene un ejército
-internacional para su defensa, y en el interior de sus fronteras no
-rigen las leyes ni las autoridades del resto del país.
-
-El lector recordará indudablemente la sublevación de los boxers en 1900
-y la horrible situación en que se vieron los habitantes del barrio de
-las Legaciones. Estos boxers, patriotas hasta la ferocidad, se
-sublevaron contra los «demonios blancos», exterminando á todos los
-individuos de nuestra raza que pudieron encontrar. El personal de las
-Legaciones, los exiguos contingentes militares que éstas tenían á su
-disposición y los europeos civiles que pudieron armarse sostuvieron una
-lucha desesperada durante varias semanas, hasta que llegaron los
-refuerzos enviados por las grandes potencias. Tuvieron que batirse uno
-contra mil día y noche, sufriendo el hambre, la sed, el insomnio, la
-infección de la atmósfera producida por los cadáveres abandonados en las
-calles al pie de las barricadas. Como estaban seguros de perecer
-sometidos á horribles tormentos si caían en poder de los boxers, se
-batieron con el heroísmo del que ha decidido morir, pero sin soltar las
-armas.
-
-Además, el chino es poco propenso á las ofensivas á cuerpo descubierto,
-y prefirió atacar las Legaciones oculto en los edificios cercanos, con
-la esperanza de rendir á sus enemigos por el hambre y la sed.
-
-Después de esta cruel experiencia, las naciones poderosas que desean
-influir sobre los destinos de la China mantienen en el barrio de las
-Legaciones unos contingentes militares dignos de respeto. Se ven en las
-calles de esta pequeña ciudad, edificada á estilo europeo, soldados
-ingleses, franceses, italianos, y especialmente norteamericanos.
-
-La Embajada de los Estados Unidos es enorme. Sus varios edificios están
-situados junto á una sección interior de la muralla que defiende á la
-ciudad tártara. Algunos de ellos son pabellones militares, idénticos á
-los de los cuarteles. Desde lo alto de la muralla se ven sus patios y en
-ellos grupos de soldados con chambergos puntiagudos que hacen el
-ejercicio de fusil y practican el manejo de las ametralladoras. Además,
-dentro de la Embajada están las dos enormes antenas de telegrafía
-inalámbrica que mantienen en comunicación segura á las Legaciones con el
-resto de la tierra.
-
-Hoy no es probable un ataque de los patriotas exaltados contra este
-barrio. Las fuerzas militares de que disponen los embajadores en Pekín y
-en las concesiones diplomáticas del puerto de Tient-Sin ascienden, según
-parece, á unos ocho mil hombres, lo que representa, por la calidad de
-los soldados y por su material de combate, un ejército importantísimo,
-teniendo en cuenta la desorganización ruidosa y la propensión á huir,
-después de un ataque rechazado, que muestran las muchedumbres chinas.
-
-No hacen los embajadores ostentación de dichas tropas. Únicamente se ven
-en las calles, con alguna frecuencia, soldados norteamericanos; lo que
-no resulta extraordinario, por ser el gobierno de los Estados Unidos el
-que ejerce mayor influencia sobre la República china. Soldados nipones
-apenas se encuentran, aparte de los centinelas que guardan la entrada de
-su Legación; pero en Pekín ascienden á varios miles los tenderos
-japoneses, vigorosos, jóvenes, de sonrisa astuta. Según me dicen algunos
-diplomáticos, todo japonés tiene oculto en su tienda el uniforme y el
-fusil, y basta que su embajador lance una palabra, para que media hora
-después formen en sus patios dos regimientos tan bien organizados como
-los de la guarnición de Tokio, sin que nadie pueda adivinar de dónde
-surgieron.
-
-Este barrio de las Legaciones es interesante y ameno á causa de las
-rivalidades ocultas, las ceremonias y las etiquetas exteriores, que
-forman el tejido de su vida diaria. Recuerda el mundo diplomático de
-Constantinopla antes de que fuese destronado el último sultán absoluto,
-cuando aún existían los privilegios internacionales de las
-Capitulaciones. Las esposas de los diplomáticos reproducen en Pekín las
-elegancias y placeres de la vida occidental. Son frecuentes las fiestas
-de sociedad, los banquetes conmemorativos, las recepciones oficiales.
-
-El primer hotel europeo de Pekín lo estableció, en pleno barrio de las
-Legaciones, la Compañía europea de los Wagons-Lits y lleva este mismo
-título. Es un hotel de tipo francés, que algunos consideran algo
-anticuado. Recientemente, la influencia norteamericana creó el Gran
-Hotel de Pekín, edificio enorme, á semejanza de los de Nueva York, con
-vastas salas de baile y una feria de bulliciosas tiendas en su piso
-bajo. La tranquilidad actual de la China ha permitido la audacia de
-construir este albergue lujoso fuera del barrio de las Legaciones. En
-torno á él se están edificando casas á la europea para las familias
-occidentales, cada vez más numerosas. De ocurrir una revolución
-nacionalista, las fuerzas que guarnecen las Legaciones podrían defender
-con facilidad este nuevo barrio anexo.
-
-Los que conocemos á Pekín desde hace muchísimos años por nuestras
-lecturas, preferimos el tranquilo y señorial Hotel de los Wagons-Lits.
-Lo vimos mencionado siempre en los relatos de la lejana ciudad como
-única residencia de los europeos de entonces, y nos parece que
-instalados en él estamos más de veras en China.
-
-Tengo un amigo y compañero de letras que ha residido en esta capital dos
-largas temporadas, y me conduce á muchos lugares cuyo conocimiento
-requiere una larga observación. Es el marqués de Dosfuentes, ministro
-plenipotenciario de España; diplomático que vive como un prócer de otra
-época, escritor que en su libro _El alma nacional_ supo condensar como
-nadie lo mejor y lo más sano de nuestra raza. La Legación de España,
-edificio gracioso, de elegante sencillez, ha aumentado sus atractivos
-para la sociedad internacional de Pekín con las fiestas que da
-frecuentemente nuestro ministro. Gracias á él pude conocer en poco
-tiempo todas las personalidades interesantes de este barrio célebre que
-asisten fielmente á sus comidas y recepciones.
-
-En los primeros días causa extrañeza ver con qué naturalidad se
-desarrolla la vida europea dentro de esta urbe asiática tenida hasta
-hace poco por misteriosa. Parece imposible que á una distancia de dos
-docenas de años nada más, fuesen martirizados y hechos pedazos todos los
-blancos que pudo pillar la muchedumbre amarilla en sus calles. Las
-señoras van solas en plena noche á través del gentío chino, sin recibir
-el menor insulto; tal vez con más seguridad que en algunas ciudades
-europeas.
-
-Al pasear por Pekín se nota inmediatamente la abundancia de policía y el
-método con que cumple ésta sus funciones. A cortas distancias hay
-agentes que con sus movimientos de brazos regulan la circulación. Sólo
-los pobres marchan á pie. Muchos chinos van en automóvil, y el resto de
-los transeúntes se vale del carruajito de ruedas ligeras, tirado por un
-solo hombre, que aquí se llama _ricsha_. En la gran avenida que parte
-longitudinalmente á Pekín, las _ricshas_ forman filas de seis y de ocho,
-circulando por la derecha ó la izquierda, según su dirección. Ninguno de
-los caballos humanos deja de obedecer los manoteos ordenadores de la
-policía. Además, cada cien metros hay una pareja de gendarmes con el
-fusil al hombro, más correctamente uniformados y de mejor cara que
-nuestros guardianes del ferrocarril.
-
-Se adivina en toda la ciudad un orden firme y severo, una vigilancia
-continua é inexorable. Robos y homicidios abundan menos que en la
-mayoría de las capitales de Europa. El chino del Norte, grande de
-estatura, sobrio en palabras, honesto en sus tratos, se parece muy poco
-al chino del Sur, pequeñito, bullanguero, astuto, propenso á la mentira,
-que es el más conocido en el mundo, porque junto con tan malas
-cualidades posee otras muy excelentes, que hacen de él un elemento
-valioso de emigración.
-
-Después de comer en la Legación de España veo que una de las invitadas,
-señora joven y elegante, se vuelve sola á su casa á las once de la
-noche. Al extrañarme de ello, como de una audacia inconcebible, me dice
-con naturalidad que todas las noches hace lo mismo. Toma una _ricsha_,
-cuyo conductor no conoce las más de las veces, y se hace llevar por él á
-su domicilio, fuera del barrio de las Legaciones, á través de calles
-puramente chinas.
-
-Nunca la ocurrió el menor percance. Jamás ha sentido la inquietud del
-miedo. En las vías solitarias encuentra siempre á un policía, con su
-gorra redonda galoneada de blanco y el revólver sobre una cadera. Otras
-veces es una pareja de gendarmes con fusiles al hombro y cargados.
-
-No todos pueden decir lo mismo en la mayoría de las ciudades de
-Occidente, más peligrosas y desiertas después de media noche que los
-senderos de una selva.
-
-
-
-
-IV
-
-SINGULARIDADES DE LA VIDA CHINA
-
- La ciudad más grande del mundo.--Las antiguas calles y sus
- muchedumbres.--Casas, muebles y gorros.--Los casamientos.--Los pies
- de las chinas.--Vanidad con que las mujeres á estilo antiguo
- aprecian su deformación.--Las damas manchures.--La cocina china y
- sus horripilantes picadillos.--Vinos de animales.--Los cocineros
- chinos esparcidos por el mundo.--Sus caprichos de artista.--Lo que
- vió una dama al bajar á su cocina, y la respuesta del cocinero para
- que todos quedasen contentos.
-
-
-A mediados del siglo XIX era Pekín la ciudad más grande del mundo.
-Londres encerraba escasamente millón y medio de habitantes; Nueva York y
-París, muchos menos. Pekín tenía el mismo vecindario que ahora: dos
-millones y medio de seres.
-
-Su área era también superior á la de todas las grandes urbes de
-Occidente, por apreciarse las categorías de los personajes chinos con
-arreglo á la extensión de terreno que ocupan sus viviendas. Por eso en
-todas las construcciones de algún valor procuran los arquitectos engañar
-al visitante con perspectivas hábilmente dispuestas, que agrandan las
-proporciones de los edificios y especialmente la amplitud de los
-jardines.
-
-La población de Pekín ha parecido siempre dos ó tres veces más numerosa
-que lo es en realidad, por las ceremonias de la etiqueta china y las
-costumbres especiales del país. En tiempo del Imperio ningún personaje
-salía á la calle sin ir en un palanquín llevado á hombros y con largo
-séquito de domésticos. Los mandarines allegados al emperador debían ir
-seguidos cuando menos de cien acompañantes. Los jueces, al dirigirse á
-los sitios donde administraban justicia, llevaban detrás de ellos todo
-su tribunal formado en procesión: secretarios, procuradores, alguaciles
-y litigantes. Los mandarines militares, á partir de un grado equivalente
-al nuestro de capitán, iban con una escolta de jinetes. Esta escolta,
-según la importancia del jefe, llegaba á convertirse en nutrido
-escuadrón. Todos galopaban sin orden determinado, pero procurando
-mantener al personaje en el centro del grupo.
-
-Además llenaban las calles, de sol á sol, los pequeños cortejos de los
-particulares. Éstos se consideraban desprestigiados si no hacían sus
-visitas en un palanquín con numerosos servidores. Unos se relevaban para
-el sostenimiento de la pequeña casa portátil, otros llevaban los objetos
-usuales de su dueño: el quitasol, el abanico, la pipa, etc.
-
-Otro motivo de gran afluencia en las calles del Pekín imperial era la
-costumbre de trabajar á domicilio, observada por los menestrales desde
-tiempos remotos. El carpintero, el herrero, el sastre, circulaban por la
-ciudad con sus oficiales y aprendices, llevando las materias y
-herramientas para su trabajo. Hasta los impresores iban á las casas de
-los letrados con su prensa, sus resmas de papel y sus tarros de tinta
-para imprimir libros. Los autores guardaban en su domicilio las planchas
-de madera grabadas, cada una de las cuales era una página, y no tenían
-más que sacarlas á la puerta para que el impresor fabricase en unas
-cuantas horas centenares de volúmenes, tirados en un papel sutil, de
-dobles planas, plegadas y sin cortar, forma que todavía subsiste.
-
-El tercer motivo de aglomeración en las vías públicas era que en Pekín
-todo se hacía á brazo, y el transporte de maderos y ladrillos para las
-obras del gobierno y los edificios particulares exigía largos rosarios
-de atletas doblados bajo pesos abrumadores.
-
-Hoy la vida antigua de la ciudad está modificada. Han desaparecido casi
-por completo los palanquines, como ocurrió en las ciudades japonesas. La
-_ricsha_, más ligera y que sólo exige un hombre para su manejo, ha
-democratizado la circulación.
-
-Son los blancos quienes implantaron este nuevo medio de transporte en el
-Extremo Oriente. Algunos misioneros norteamericanos, viejos y achacosos,
-al establecerse en el Japón en 1860, se hicieron llevar por naturales
-del país en carruajitos de tal especie. Los japoneses se apropiaron la
-innovación, creando la _koruma_, y del Imperio del Sol Naciente han
-copiado el uso de su _ricsha_ los chinos y otros pueblos asiáticos.
-Antes sólo podían ir en palanquín los mandarines y los comerciantes
-ricos; ahora todos los chinos que gozan de un pequeño bienestar usan la
-_ricsha_. Esto ha aumentado la afluencia en las calles, pero con un tono
-uniforme y obscuro, sin la brillantez colorinesca de los antiguos
-cortejos.
-
-Algunos próceres chinos apegados á la tradición se niegan á aceptar el
-automóvil, como muchos de sus compatriotas que viajaron por los países
-occidentales. Tampoco se atreven á resucitar el antiguo palanquín, y dan
-sus paseos en unas berlinas azules, de ruedas doradas, con el interior
-forrado de seda gris perla. En estos carruajes vistosos, tapizados como
-un tocador de dama, no hacen mala figura los personajes de la antigua
-corte, chinos de aventajada estatura, algo gruesos, con ricas
-vestimentas de seda azul. Dos caballitos mogoles, de exigua talla con
-relación al vehículo, tiran de éste, y á veces se muerden entre ellos,
-obligando á echar pie á tierra á uno de los lacayos, para ponerlos en
-paz.
-
-Al ser de un solo piso, las casas están compuestas de numerosos
-pabellones separados por patios y jardines. Los chinos son los únicos en
-el Extremo Oriente semejantes á nosotros por su mueblaje. Se sientan en
-sillas y no en el suelo, comen sobre una mesa, duermen en camas. En sus
-salones, el gran lujo son los biombos. Sus diversas hojas contienen
-paisajes y escenas de la vida ordinaria, pintados con minuciosa
-observación. En todas las viviendas de alguna comodidad, los pisos
-tienen debajo de ellos tubos de piedra que transmiten el calor de una
-hoguera encendida en el subterráneo.
-
-Una contradicción artística de este pueblo. Ama las líneas simples en su
-arquitectura; algunos de sus edificios célebres parecen diseños
-geométricos, y en cambio muestra horror por la línea recta cuando
-fabrica muebles y objetos de lujo. Talla la madera y los metales con
-ondulaciones reptilescas. Los contornos de sillas y mesas parecen estar
-formados con una interminable curva vermicular. El eterno modelo es un
-dragón, con sus enroscamientos escamosos.
-
-Este pueblo que durante siglos vistió de un modo uniforme, obedeciendo
-las leyes suntuarias decretadas por el Hijo del Cielo, conserva por
-tradición el mismo corte de traje en los diversos grados sociales. La
-importancia de las personas se aprecia únicamente por la riqueza de las
-telas que usan.
-
-La elegancia y el rango de cada uno se concentra en el gorro ó solideo
-que cubre su cabeza. En él se exhiben los signos honoríficos, iguales á
-las condecoraciones que los mandarines civiles de Europa se colocan
-sobre el pecho en forma de cruces y los mandarines militares sobre los
-hombros en forma de charreteras. Cada tocado indica la categoría de su
-portador por medio del botón que lo termina. Unas veces el botón es de
-seda, otras de oro ó de piedras preciosas, abarcando su simbolismo todas
-las dignidades, hasta las puramente literarias. Además, los mandarines
-letrados, para demostrar su alejamiento de los trabajos materiales, se
-dejaron crecer hasta hace poco las uñas de sus manos. Sólo las exhibían
-en días de ceremonia, guardándolas el tiempo restante metidas en fundas
-de bambú.
-
-Bien sabida es la enorme influencia del llamado Código de los Ritos en
-este país ceremonioso. La gran sabiduría para la China imperial
-consistió en conocer la mayor cantidad de palabras y todas las reglas de
-una complicadísima etiqueta. La escritura china, que es ideológica, no
-tiene letras sueltas. Cada signo es una palabra, y la gran ciencia
-consiste en poder guardar en la memoria veinte mil, treinta mil y hasta
-cuarenta mil de ellos, y tenerlos igualmente prontos al extremo del
-pincel que sirve de pluma. El que además llegaba á dominar todos los
-enrevesamientos interminables de la etiqueta, se consideraba apto para
-los más altos cargos del gobierno, pues éstos se obtenían siempre por
-examen. Hoy todo ha cambiado, y los letrados que figuran en la República
-china saben algo más que palabras sin ideas ó cortesías interminables y
-falsas.
-
-La autoridad despótica del padre mantuvo hasta hace poco un régimen
-absurdo dentro de las familias. Los hijos nunca eran consultados para su
-casamiento, lo mismo que en el antiguo Japón. Con frecuencia, dos amigos
-faltos aún de descendientes se prometían de un modo solemnísimo unir en
-matrimonio los hijos que pudieran tener más adelante, si eran de sexo
-distinto. La solemnidad de tal promesa consistía en desgarrarse la
-túnica en dos pedazos, dándose recíprocamente la mitad. El Código de los
-Ritos protestó en vano contra estas absurdas costumbres. Los padres
-celosos de su poder absoluto siguieron casando á los hijos según su
-capricho ó su interés, y vendiendo sus hijas al marido que ofrecía más.
-
-En las provincias del interior todavía es el casamiento un juego de azar
-para el hombre. Como los chinos tradicionalistas mantienen á sus hijas
-reclusas, el que desea contraer matrimonio se vale de los oficios de
-viejas casamenteras, sometidas por las antiguas leyes, en caso de
-engaño, á severísimas penas, que algunas veces llegaban hasta la
-estrangulación.
-
-A pesar de tales amenazas de la ley, las casamenteras, sobornadas por
-los padres, engañan casi siempre á los novios, exagerando descaradamente
-las gracias y los méritos de sus futuras. Como el marido ve por primera
-vez á su esposa al abrir la portezuela del palanquín que la trae á su
-casa, no le queda otro recurso, si le han engañado con falsos informes
-sobre su belleza, que devolverla inmediatamente á sus padres, dando por
-terminada la fiesta y despidiendo al ruidoso cortejo de músicos é
-invitados. Pero esto se ve con más frecuencia en las comedias chinas que
-en la realidad, ya que el marido, si adopta tal resolución, pierde el
-dinero que dió al suegro por obtener á su hija, así como los regalos que
-lleva hechos.
-
-El juego es la gran pasión del populacho, desarrollándose este vicio
-especialmente en las provincias del Sur. La diversión que más le
-entusiasma, los fuegos artificiales. Los pirotécnicos de Europa copiaron
-mucho de los de aquí, pero en realidad nunca han llegado á dar á sus
-obras la duración y el brillo de los fuegos chinos.
-
-Hoy se usa en Pekín la tarjeta de visita como en Europa. La única
-variante consiste en estar impresa por ambas caras: á un lado en
-caracteres chinos, al otro en letras occidentales. En tiempo del
-Imperio, la tarjeta, originaria de aquí, era de enormes dimensiones, y
-tenía tres emblemas representando las tres felicidades más grandes que
-puede obtener un chino: un heredero, un empleo público y una vida
-larguísima, simbolizados por las figuras de un niño, un mandarín y una
-cigüeña.
-
-Al circular por las calles de Pekín sentí inmediatamente cierta
-curiosidad que hace mirar al suelo á todos los extranjeros. Deseaba ver
-los pies de las chinas.
-
-Una de las primeras reformas de la República fué abolir la bárbara
-costumbre que estropea los pies de las mujeres para hacerlos
-extremadamente pequeños. Ahora existe ya toda una generación de
-adolescentes con los pies intactos, iguales á los de las otras mujeres;
-pero á los pocos días de circular por Pekín se van encontrando damas de
-la burguesía y de la aristocracia con las extremidades desfiguradas por
-tan absurda costumbre, muchas de ellas todavía jóvenes, de veintiocho ó
-treinta años de edad.
-
-Esta deformación no es de origen antiquísimo, como se imaginan algunos.
-Data del siglo X y no se comprende cómo pudo generalizarse en tan vasto
-Imperio. Los invasores tártaros tuvieron el buen sentido de no imitar
-dicho uso de los vencidos, y sus mujeres, nueva aristocracia del país,
-dejaron crecer sus pies en libertad, sin considerarse por ello menos
-hermosas que las chinas tradicionales. Lo más censurable fué que las
-mujeres del pueblo, por imitar á las de arriba, comprimieron igualmente
-los pies de sus hijas, y millones de hembras han tenido que ganarse la
-subsistencia trabajando, á pesar de faltarles un sólido apoyo por culpa
-de sus extremidades deformadas.
-
-Todos saben cómo se realiza esta tortura, obligando á las niñas á usar
-diminutos zapatos de metal, que sólo abandonan cuando son mujeres. Los
-dedos se doblan y se anquilosan, quedando adheridos á las plantas de los
-pies, y éstos no son al fin mas que dos muñones dentro de un calzado que
-por su forma redonda se asemeja á las pezuñas de ciertos animales.
-
-Las mujeres que sufrieron tal mutilación marchan con una dificultad que
-causa cierta angustia al observador la primera vez que las ve. Avanzan
-con igual movimiento que una persona montada en zancos; parece que sus
-rodillas no pueden doblarse; se balancean con un contoneo grotesco,
-semejante al del pato. Y sin embargo, los poetas chinos han cantado en
-el curso de los siglos este andar torpe, comparándolo con los balanceos
-de la flor, con el sauce llorón, etc.
-
-A pesar de la dificultad que sufren en sus movimientos, siempre están
-las chinas dispuestas á pasear, y lo que lamentan es que sus esposos y
-padres no las concedan mayor libertad. No es la deformación de sus pies
-lo que las hace sedentarias, sino la dureza del régimen familiar. Todas
-llevan pantalones de seda azul, muy anchos de boca, y resulta cómico y
-triste á un tiempo ver salir de dicha funda ondeante una pantorrilla
-enjuta, toda hueso, con media blanca, rematada por un muñón y una
-pezuñita de raso negro, sostenida por cintas, que hace oficio de zapato.
-
-Según dicen algunos que por sus observaciones íntimas pueden estar bien
-enterados, esta estúpida amputación pedestre anquilosa la pantorrilla
-femenil, haciéndola de una delgadez esquelética, pero en cambio engruesa
-el muslo y sus vecindades superiores, particularidad plástica que
-parece muy de acuerdo con la estética china. He encontrado en los museos
-y jardines ex imperiales muchas de estas damas balanceantes y casi
-faltas de pies. Reían con cierta vanidad al notar nuestra sorpresa y la
-atención con que mirábamos sus extremidades. Exageraban sus movimientos
-para que no sintiésemos duda alguna sobre su agilidad. Hacían toda clase
-de remilgos y monadas, como niñas traviesas.
-
-Las mujeres chinas son más grandes que las del Japón. Algunas de ellas,
-á no ser por sus ojitos oblicuos, pasarían por europeas, á causa de su
-tez blanca y sus formas redondeadas. Todas se pintan el rostro, jóvenes
-y maduras. Emplean el negro para dar á sus cejas la forma de un
-semicírculo y se colocan una mancha de bermellón en el labio inferior.
-Las damas de origen manchur usan como signo de nobleza el peinado de su
-raza, un lazo parecido al de las alsacianas hecho con sus cabellos. Las
-más de las chinas son de naricita corta; las manchures tienen un perfil
-aquilino y soberbio de raza de presa.
-
-Otro signo de aristocracia histórica en estas últimas es el no usar
-ningún carruaje de origen europeo. Su vehículo nobiliario está
-representado por la vieja carreta manchur. Yo he visto en un camino,
-cerca del Palacio de Verano, á varias princesas de la antigua corte
-imperial, una de ellas tía del joven ex emperador. Todas iban pintadas y
-con su peinado en forma de lazo, ocupando una especie de carreta de
-labriego tirada por dos caballitos manchures. Sus asientos eran
-almohadas puestas sobre el fondo de tablas del vehículo, y como éste
-carecía de muelles, en cada bache de la ruta sus Altezas y Excelencias
-tenían que agarrarse á los varales para no rodar fuera de él. Una
-pintora norteamericana, antigua retratista de la emperatriz regente, que
-tuvo la bondad de mostrarme el Palacio de Verano, hizo detenerse la
-carreta para saludar á las amigas de su época gloriosa, y yo gocé el
-honor de cruzar varias sonrisas con estos fantasmas del pasado, sin
-entender ninguna de sus palabras.
-
-Gracias á la cocina del país volvemos á encontrar la China de costumbres
-extrañas y originalidades desconcertantes que tanto nos asombró de niños
-en los libros. Los gastrónomos de esta tierra son los que han hecho
-retroceder hasta un límite más remoto el catálogo de las materias
-utilizadas por el estómago humano. En las carnicerías venden gatos y
-perros, que, según afirman los conocedores, fueron cebados con arroz,
-estando sujetos á una argolla día y noche para su engorde. Como este
-consumo podría ser causa de que las ratas, libres de enemigos, se
-multiplicasen de un modo peligroso, también las venden en los mismos
-establecimientos, desolladas y formando manojos de á docena, unidas por
-los rabos. El chino aburrido de comer arroz con cerdo emplea dichas
-carnes como variantes. ¡Y pensar que este país es el del faisán,
-abundando tanto como la gallina!...
-
-La gran especialidad gastronómica nacional es la de los picadillos que
-se sirven al principio de todo banquete. Hay unas cuarenta clases de
-picadillos, entrando en tales platos los componentes más inverosímiles:
-gusanos de tierra, cucarachas enormes, de un negro brillantísimo, que he
-visto vender en las calles, huevos empollados con sus pequeños fetos,
-capullos de seda hervidos conservando sus larvas...
-
-Salsas y trituraciones modifican el aspecto y el gusto de estos
-picadillos. En idéntica forma son presentados los famosos nidos de
-golondrinas, filamentos gelatinosos, iguales por su aspecto á los
-fideos, y la aleta dorsal del tiburón, de la que se utiliza solamente
-las fibras de su base.
-
-Algunos de estos manjares, que repugnan á nuestros estómagos, resultan
-costosísimos. Para hacer un simple plato de picadillo hay que dar caza á
-un tiburón, empleándose únicamente de tan enorme organismo un pequeño
-manojo de filamentos pegado al lomo.
-
-He procurado evitar el conocimiento directo de estas singularidades
-gastronómicas; pero no me espantan ni me escandalizan. Mi humilde
-estómago europeo data de unos cuantos siglos nada más y está próximo aún
-á la nutrición monótona de nuestros silvestres antepasados. El estómago
-chino cuenta con una historia de 5.000 años, tiempo suficiente para que
-cocineros y comilones refinados llegasen en fuerza de inventos y
-caprichos á las más remotas y disparatadas combinaciones.
-
-Nosotros también saboreamos manjares y bebemos líquidos que hubiesen
-dado náuseas á nuestros bisabuelos y tal vez á nuestros abuelos. Hoy
-mismo, la mayoría de las gentes que viven en los campos y en los barrios
-pobres no llegan á comprender cómo las personas de educación superior
-comen ostras y otros mariscos crudos, quesos fermentados abundantes en
-gusanos, ó beben cerveza y ciertos aperitivos hediondos.
-
-Muchos chinos opulentos se han arruinado dando banquetes á sus amigos.
-Estas comilongas, inverosímiles para los blancos, duran á veces una
-noche entera, desfilando sobre la mesa los platos más inauditos. Los
-patricios de Roma, con sus lampreas devoradoras de esclavos, no llegaron
-á la costosa extravagancia de los próceres chinescos.
-
-Las supersticiones de la farmacopea nacional influyen en la confección
-de las bebidas. En algunas ciudades del Sur hay restoranes famosos por
-sus bodegas, repletas de venerables tinajas que únicamente son abiertas
-para los conocedores ricos, capaces de pagar dignamente su contenido.
-Estas vasijas preciosas guardan «vino de mono», «vino de culebra», «vino
-de pollo», llamados así porque hace años se hallan dichos animales en
-maceración dentro de la tinaja, comunicando al líquido sus cualidades
-especiales. Según parece, el vino de mono es un excelente afrodisíaco;
-el de pollo evita las enfermedades del pecho y el de reptiles da valor y
-ligereza. Algunos europeos que por engaño probaron el picadillo de
-gusanos de seda me afirman que tiene un sabor parecido al de las
-castañas hervidas.
-
-Sin embargo, el chino es un excelente guisandero, y se le encuentra
-ahora en las cocinas de muchos hoteles, de muchos trasatlánticos y de
-importantes casas de América, lo mismo del Norte que del Sur. Siente una
-verdadera vocación por la química nutritiva, asimilándose fácilmente las
-combinaciones gastronómicas de los blancos. Luego las perfecciona con su
-paciencia sonriente y su despierto ingenio. Muchos arroces inventados
-por ellos figuran entre los mejores platos de la cocina moderna. En las
-ciudades de los Estados Unidos, los restoranes chinescos atraen siempre
-numerosa clientela. Las familias más acomodadas de algunas capitales de
-la América del Sur aprecian mucho á los cocineros chinos, por su
-laboriosidad y por las novedades que añaden á los guisos del país.
-
-De vez en cuando estos amarillos, con su nerviosidad de artistas
-mimados, se permiten caprichos semejantes á los de un tenor célebre.
-Todos son jugadores, y al ir por la mañana al mercado, antes de hacer
-sus compras entran en el café de algún compatriota, para dedicarse con
-otros chinos á juegos de azar, de nombres poéticos y resultados
-terribles. Si pierden, dan á comer á sus amos con una parquedad
-inexplicable, cual si la población hubiese quedado sitiada de pronto.
-Cuando ganan, los sorprenden con un banquete inaudito, cual si se
-hubiesen trastornado las leyes económicas y todo lo diesen gratis en el
-mercado.
-
-Lo peligroso en estos artistas admirables es que sienten con frecuencia
-la nostalgia del remoto país al que serán llevados cuando mueran, ya que
-para eso pagan todos los meses su cotización á una empresa encargada de
-repatriar cadáveres amarillos. Recuerdan los platos que comieron en su
-niñez guisados por su madre, y procuran resucitar en el fogón esta época
-de la vida, que es siempre para todos la más conmovedora...
-
-En una ciudad histórica de la América del Sur, los convidados de una
-familia aristocrática se hacían lenguas de cierto caldo preparado por el
-cocinero chino de la casa. Era un secreto profesional que el «maestro»
-se negaba á revelar.
-
-La señora, excitada su curiosidad por el mutismo sonriente del chino,
-bajó un día á la cocina para sorprender el misterio de la marmita
-burbujeante. Al levantar la tapa y ver su interior, dió un grito de
-espanto. Una rata enorme subía y bajaba á impulsos del hervor,
-derramando sus jugos en el líquido.
-
-Como la dama insistiese en sus exclamaciones de asco, el artista
-amarillo creyó llegado á su vez el momento de enfadarse. ¿A qué tantos
-extremos de asombro, como si presenciase algo inaudito?... Que cada cual
-siga sus gustos; lo importante es vivir todos en paz, tolerándose. Y en
-su español balbuciente y propenso al tuteo, dijo á la señora:
-
---No grites; todo arreglado... Caldo para ti, rata para mí.
-
-
-
-
-V
-
-TEMPLOS Y FILÓSOFOS
-
- El templo del Gran Lama.--La capilla secreta.--Un
- milagro.--Doctores y bachilleres en armas.--Laotsé y Confucio.--El
- templo de Confucio y el Salón de los Clásicos.--Culto de la
- República china á Confucio.--El templo del Cielo.--El simbolismo
- del número 9.--La ceremonia imperial en el solsticio de
- invierno.--El templo de la Agricultura.--Cómo araba todos los años
- el Hijo del Cielo.--Progreso de la agricultura china hace miles de
- años.--Su abono predilecto y más precioso.--Cómo se produce
- públicamente en calles y caminos.
-
-
-En el extremo Norte de Pekín, cerca de la muralla de la Ciudad Tártara,
-esparce sus diversos edificios el templo del Gran Lama, famoso en otros
-siglos. Más que templo es un vastísimo monasterio, habitado por bonzos
-venidos del Tibet, á los que se unieron chinos budistas deseosos de
-recibir las doctrinas guardadas durante largos siglos por el Gran Lama
-en su misteriosa ciudad de Lassa. Este templo de Pekín llegó á albergar
-1.500 bonzos, proveyendo los emperadores á la manutención de todos ellos
-y haciendo además cuantiosos donativos para embellecer y agrandar sus
-construcciones.
-
-Mientras duró el Imperio, el templo del Gran Lama y su seminario de
-bonzos fueron tan cerrados y hostiles al extranjero como la Ciudad
-Prohibida. Con el triunfo de la República, llegaron para este monasterio
-la pobreza y el olvido. Los republicanos chinos son indiferentes en
-materias religiosas ó profesan la filosofía de Confucio, el más alto
-personaje nacional.
-
-Para poder vivir han abierto los bonzos el templo del Gran Lama y lo
-muestran lo mismo que un museo. Algunos de ellos hasta aprendieron unas
-pocas palabras de inglés para pedir propina á los visitantes.
-
-Como todos los monumentos chinos, es una agrupación de edificios
-sueltos, con patios enlosados de granito y un jardín de cedros
-seculares. En todo el Extremo Oriente no he visto nada que dé una
-impresión tan absoluta de vejez como este templo caído en la pobreza.
-Los edificios de Occidente, hechos de piedra, adquieren con el abandono
-y la ruina un aspecto sombrío y majestuoso. Las construcciones
-asiáticas, compuestas de mármol cincelado que toma á través de los
-siglos un tono de marfil con caries, de ladrillos vidriados, de tejas
-coloreadas y barnizadas, de maderas que se desconchan dejando caer
-escamas de laca y de oro, hacen pensar en una momia de las que mantienen
-sobre su costillaje, al quedar expuestas á la luz, harapos bordados,
-restos de afeites, perfumes corrompidos, joyas empañadas por la tierra y
-los zumos cadavéricos.
-
-Esta pagoda, majestuosa en otro tiempo, tiene ahora sus techumbres
-cubiertas de matorrales. Una variedad innúmera de plantas parásitas
-silvestremente floridas ha surgido entre las tejas, separándolas con el
-empuje de sus raíces. Los cuervos, eternos figurantes de todo cielo de
-Asia, revolotean sobre los patios ó se alinean en los aleros, lanzando
-graznidos. Las maderas enormes de los techos están acribilladas por la
-carcoma y dejan caer poco á poco su corazón hecho polvo. Las columnas
-pierden sus estucos rojos y se motean de blanco con la viruela de la
-vejez.
-
-Los habitantes de este monasterio parecen igualmente decrépitos y
-sonríen con una melancolía fatalista. Son bonzos sin edad, seres
-inclasificables, que tienen en el rostro una expresión de fanatismo y de
-rutina. Las ideas generosas del dulce Gautama se modificaron al ser
-interpretadas por numerosas generaciones de sacerdotes profesionales, y
-hoy no son más que un pretexto para ceremonias. Estos monjes del budismo
-han perdido de vista á Buda. Sólo conocen los actos del rito y los
-repiten automáticamente, sin sospechar su significado.
-
-Vemos en uno de los santuarios la estatua gigantesca de Maitreya, ó sea
-el Buda chino; imagen jovial, carillena, extremadamente panzuda, que
-hace reir á los mismos sacerdotes que le rinden culto. ¡Cuán lejos este
-coloso grotesco del sereno y noble solitario de Kamakura, esculpido
-igualmente por chinos!...
-
-El interior de los santuarios es tan vetusto como las fachadas. Brilla
-el oro por todas partes, pero un oro agrietado, de resplandor
-agonizante, con grandes manchas negras. Algunos bonzos, para atraerse la
-generosidad de los curiosos, hacen sonar los dos instrumentos litúrgicos
-de todo templo budista: la campana y el timbal. Otros más inferiores,
-que son á modo de sacristanes, se han puesto su traje de ceremonia para
-guardar las puertas, manto rojo y anaranjado, con un gorro puntiagudo de
-idénticos colores, que recuerda la montera con que los artistas
-simbolizan á la Locura.
-
-En las primeras horas de la mañana, cuando los bonzos celebran sus
-oficios, el aspecto general del templo ofrece todavía cierta
-magnificencia. Los oficiantes llevan sus capas pluviales rojas, de color
-de limón ó de azafrán, parecidas á las del culto católico. Las únicas
-riquezas que conserva la pagoda de su esplendoroso pasado son las
-vestiduras rituales, regaladas muchas de ellas por remotas emperatrices.
-
-Uno de los servidores del templo, mediante una propina extraordinaria,
-nos abre cierto santuario que puede llamarse secreto. En otros tiempos
-sólo lo veían los emperadores, y ahora, para entrar en él, hay que
-aprovechar la ausencia de los bonzos más importantes. Este pequeño y
-misterioso escondrijo contiene varias imágenes fálicas, traídas del
-Tibet hace siglos, que representan el acto de la procreación con un
-naturalismo sin tapujos. Además, el sacristán budista nos proporciona
-las señas de ciertos artífices chinos que venden reproducciones en
-bronce de estas esculturas divinas, tan solemnemente ingenuas, que á
-pesar de sus gestos no resultan pornográficas.
-
-Otro de los servidores, decrépito y vacilante, como todo lo que nos
-rodea, cuenta con balbuceos, traducidos por nuestro intérprete, la
-historia milagrosa de un Buda de cara feroz que toca el techo con su
-cabeza. Todo él está tallado en un árbol del Tibet. Un emperador de
-Pekín vió en sueños la imagen, y envió á un santo bonzo á la remota
-ciudad tibetana para saber si realmente existía. El hombre de Dios
-encontró la imagen en Lassa, y sin vacilar se la echó á cuestas,
-emprendiendo el regreso á la China. (Necesito advertir que la imagen es
-un coloso de varios metros de altura y pesa indudablemente una cantidad
-respetable de toneladas. Pero en materia de milagros deben pasarse por
-alto estos pequeños detalles.) En su viaje de vuelta tuvo que atravesar
-el bonzo la Siberia rusa, y como no conocía el idioma del país se vió en
-grandes peligros. Pero el Buda que llevaba á sus espaldas era poseedor
-de todos los idiomas de los hombres y se encargó de hablar en ruso por
-él, sacándolo de apuros.
-
-A pesar de la pobreza mental de sus actuales habitantes, este monasterio
-despierta gran interés cuando se recuerda lo que representó para China,
-hace muchos siglos, la introducción del budismo. La nueva religión
-despertó la vida espiritual del país. Numerosos chinos, ansiosos de
-saber, emprendieron largas y penosas peregrinaciones hacia el remoto
-Tibet, donde eran guardados en toda su pureza los recuerdos y las
-doctrinas de Buda. Tuvieron que atravesar países bárbaros, siempre en
-guerra; arrostraron la esclavitud y la muerte, y tales viajes
-emprendidos con un fin puramente teológico sirvieron para aportar á la
-cerrada China nociones geográficas y relatos de costumbres de otros
-pueblos, hasta entonces desconocidos.
-
-En las inmediaciones del templo del Gran Lama existe el de Confucio y su
-anexo llamado el Salón de los Clásicos.
-
-Confucio es el primero de los chinos. De los quinientos millones de
-seres que pueblan este país, muy pocos recuerdan los nombres de sus
-emperadores, ni aun los de aquéllos que figuran gloriosamente en su
-historia. Pero ninguno ignora quién fué Kung-Tsé, nombre chino de
-Confucio. No hay ejemplo de que un varón ilustre de Occidente haya
-llegado á una celebridad tan absoluta. En este país, donde cargos y
-honores no son transferibles, y los herederos de los mandarines más
-poderosos vuelven á sumirse en las últimas capas sociales si no logran á
-su vez conquistar por el estudio y el examen la posición de sus padres,
-la única nobleza reconocida es la de los descendientes de dicho
-filósofo. La República, que se muestra ajena á todas las religiones del
-país, ha acrecentado aún más la fama de Confucio, tributándole un culto
-nacional. En ningún pueblo se vió jamás rendir tales honores á un
-moralista, conservandole su condición simple de hombre, sin pretender
-convertirlo en hijo de Dios.
-
-En realidad, el pueblo chino, á pesar de su rutinarismo, fué siempre el
-más respetuoso para la inteligencia, y este respeto viene durando miles
-de años, sin ningún eclipse. Los invasores mogoles y manchures eran
-bárbaros de á caballo, que sólo creían en la fuerza y encontraban
-insípida la existencia sin las aventuras y peligros de la guerra. Y sin
-embargo, para poder reinar sobre tan vasto Imperio, tuvieron que
-amoldarse á las costumbres tradicionales, dejando que marchasen en su
-cortejo los mandarines letrados á la derecha y los mandarines militares
-á la izquierda.
-
-Los antiguos ejércitos chinos hasta tenían una organización literaria.
-Los jefes y oficiales se titulaban, según sus grados, «doctores en
-armas» y «bachilleres». Para ser bachiller bastaba manejar hábilmente el
-sable, la espada y la ballesta, dando pruebas, en un riguroso examen, de
-estar ejercitados igualmente en la equitación y la gimnasia. El grado de
-doctor sólo se otorgaba á los que poseían conocimientos profundos de
-estrategia y eran capaces de dirigir un ejército y atacar ó defender una
-plaza.
-
-Mostraron los emperadores tártaros gran empeño en dar el primero de los
-lugares á los «graduados en armas», pero no pudieron conseguirlo. La
-opinión pública estableció siempre una diferencia entre los doctores
-civiles y los doctores militares, respetando más á los primeros. Muchos
-siglos antes de Cicerón, este pueblo había puesto en práctica su _Cedant
-arma togoe_.
-
-Confucio tiene un predecesor, el moralista Lao-Tseu ó Laotsé. Este
-espíritu puro y superior vivió seiscientos años antes de nuestra era y
-un siglo antes que Confucio. Pero Laotsé tuvo la desgracia de dar motivo
-después de muerto á una religión de supersticiones y magias que es la
-seguida por el populacho chino, y esto ha rodeado su memoria de un
-sinnúmero de leyendas que la desfiguran de un modo lamentable. El fondo
-del llamado taoísmo es una filosofía que recomienda el anonadamiento de
-las pasiones materiales, el alejamiento de los placeres del mundo, la
-contemplación de la naturaleza divina para confundirse con ella, como
-las aguas de una fuente vuelven al mar del que proceden.
-
-No creó Confucio una religión, pero su vida pura sirve de ejemplo á
-todos los chinos. En las escuelas se repiten sus aforismos morales y sus
-cantos elegíacos, pues este filósofo fué al mismo tiempo un poeta y un
-amante apasionado de la música.
-
-Haciendo un breve parangón entre los dos grandes conductores del pueblo
-chino, puede decirse que Laotsé se preocupó más del hombre que de la
-humanidad. Según él, la vida es un período transitorio y su objeto
-principal debe ser puramente contemplativo. La filosofía moralista de
-Laotsé resulta estéril para la felicidad común. Confucio, por el
-contrario, pensó en la sociedad más que en el hombre, fundando aquélla
-sobre las leyes de la más generosa moral. Para él, la virtud no consiste
-únicamente en abstenerse de acciones condenables. Hay que ser útil
-además á los otros seres, contribuyendo activamente á la felicidad de
-todos.
-
-El uno considera la civilización como causa de la decadencia del género
-humano; el otro la acepta como el mayor destino del hombre sobre la
-tierra. El primero se pierde en las profundidades de la metafísica, el
-segundo propuso leyes y costumbres, muchas de las cuales rigen hoy la
-vida superior del pueblo chino. Laotsé fué un gran filósofo, Confucio un
-gran legislador.
-
-«Responde al mal con la justicia y á la bondad con la bondad.» Así habló
-Laotsé cuando aún faltaban seis siglos para el nacimiento de Jesús.
-«Trata á los demás hombres como tú deseas que te traten á ti.» Esto lo
-dijo Confucio quinientos años antes de la era cristiana.
-
-Mientras en los otros países se dedicaban templos á dioses imaginarios y
-muchas veces crueles, la nación china los elevó á un simple hombre,
-porque fué apóstol de la dulzura humana, de la moral y la virtud. El
-templo de Confucio en Pekín es de majestuosa simplicidad, muy grande,
-pero solemnemente vacío. Sus paredes no contienen imágenes; su principal
-adorno es una calma absoluta. Las columnas y las murallas, de un rojo
-uniforme, sólo tienen ligeros toques de oro. Después de haber visto la
-exorbitante profusión de dioses y monstruos en las pagodas, los ojos
-parecen descansar placenteramente en este vasto local sin ídolos y sin
-tallados. En el centro, como único adorno, hay un ramo gigantesco de
-lotos surgiendo de un vaso de bronce de iguales dimensiones.
-
-Nichos abiertos en los muros de color sanguíneo contienen pequeños
-obeliscos de piedra. En sus lados están grabadas sentencias morales de
-los filósofos á cuya gloria fueron erigidos estos monumentos simples. La
-piedra de Confucio es más grande y parece presidir á las otras, ocupando
-un sitio preferente, el mismo del altar mayor en los templos. A ambos
-lados de ella están las piedras representativas de sus cuatro asociados
-(uno de los cuales fué su célebre continuador Mencio), de sus doce
-discípulos más ilustres, y de setenta y dos discípulos menores,
-alineados con arreglo á fechas y méritos.
-
-En este panteón severo, que nunca guardó cadáveres, y en la próxima
-sala, llamada de los Clásicos, donde se reúne algunas veces la Academia
-de Pekín, no se desarrolla ningún acto con carácter religioso. En
-realidad, Confucio fué un moralista que se mantuvo al margen de las
-religiones positivas. Todas, incluso el catolicismo, pueden admitir su
-moral y amoldar á sus doctrinas la personalidad del filósofo. Sólo una
-vez por año el presidente de la República viene al templo con su cortejo
-de grandes funcionarios--como venía antes el emperador--para tributar un
-homenaje al más grande de los chinos en presencia de los alumnos de las
-escuelas, y una música acompaña los coros de voces infantiles cuando
-éstas entonan los viejos himnos del poeta de la moral.
-
-Los dos templos indiscutiblemente más antiguos de Pekín se hallan en el
-extremo opuesto, al principio de la Ciudad China, según se llega por el
-camino del Sur, y en ellos se ha rendido culto hasta hace poco á las
-nociones religiosas de las primeras dinastías, con ceremonias que datan
-de más de tres mil años. Son el templo del Cielo y el templo de la
-Agricultura.
-
-Cada uno de ellos está formado por una aglomeración de capillas y los
-dos tienen en torno un parque de árboles centenarios, que adquirieron
-enormes proporciones. Únicamente separa á ambos parques sagrados la
-famosa calle de Enfrente, al avanzar recta por el centro de Pekín desde
-la puerta de igual nombre en la muralla de la ciudad tártara, á la
-puerta del Sur que da entrada á la Ciudad China.
-
-La puerta y la calle se llaman de Enfrente (Chien-Men) porque están en
-el mismo eje que pasa por el centro del palacio imperial y por mitad
-también del Salón del Trono, donde daba audiencia el Hijo del Cielo.
-Éste, sin moverse de su asiento, si hacía abrir las puertas de los tres
-recintos fortificados de la Ciudad Imperial y la puerta del muro de la
-Ciudad Tártara, podía ver toda la longitud de la calle de Enfrente,
-bordeada de edificios y hormigueante de muchedumbre, en una extensión de
-diez kilómetros.
-
-Una vez al año seguía el emperador este camino para ir al templo del
-Cielo. Esta solemnidad era el día del solsticio de invierno. Jamás en el
-resto del año atravesaba el divino monarca las calles de su capital. No
-por ello lograban los súbditos ver su rostro el día de la citada fiesta.
-Los habitantes de la calle de Enmedio debían permanecer recluidos en sus
-casas, con pena de muerte si osaban mirar por una rendija. Las calles
-adyacentes quedaban cerradas con altas vallas. Debía ser un espectáculo
-interesante la marcha lenta y aparatosa del cortejo imperial por esta
-amplia avenida, completamente desierta.
-
-Hace ocho años todavía era el Chien-Men la calle más «pintoresca» de la
-China. Hoy sus edificios siguen ocupados por los primeros comercios de
-Pekín; pero un incendio destruyó las antiguas fachadas de sus tiendas,
-todas ellas con celosías cubiertas de oro viejo y la madera tallada en
-forma de flores, ramajes y dragones.
-
-El comerciante chino, inventor del anuncio, sigue poniendo en sus
-puertas grandes tableros avanzados sobre la calle, con inscripciones
-doradas y dibujos quiméricos en sus dos superficies. Dicho ornato
-industrial da una originalidad animada y colorinesca al Chien-Men, de
-perspectiva interminable. Pero los que pudieron ver esta calle antes del
-incendio se hacen lenguas de la suntuosidad artística que ofrecían las
-fachadas de sus tiendas, cubiertas de sólidos encajes dorados.
-
-Atravesamos las avenidas del parque que rodea el templo del Cielo. Es
-tan extenso este bosque situado en el interior de una ciudad amurallada,
-que hay que usar la ricsha para visitar todos los edificios esparcidos
-en sus arboledas. Se comprende la admiración de los primeros blancos que
-visitaron Pekín cuando las grandes urbes de Europa aún no habían trazado
-sus parques actuales. Resultaba inaudito encontrar dentro de una ciudad
-fortificada estas arboledas de límite invisible, que parecen crecer en
-pleno campo. Además, el Chien-Men era entonces la única calle del mundo
-con cincuenta metros de anchura.
-
-Vamos visitando los edificios sagrados anexos al verdadero templo. Estas
-construcciones, no muy altas, tienen sus gruesos muros pintados con un
-rojo obscuro de sangre, que es aquí el color de las construcciones
-majestuosas y cubre uniformemente palacios y templos. Las tejas son de
-un azul cerúleo, en armonía con el culto celeste. Puentes de mármol se
-encorvan sin objeto sobre anchos fosos invadidos por la hierba. Antes
-corría por estos canales un agua verdosa y clarísima, en la que nadaban
-todas las especies fantásticas é inverosímiles de la fauna fluvial del
-país: peces rojos, dorados, violeta, de ojos telescópicos y monstruosos,
-arrastrando una larguísima falda transparente de bailarina, moviendo sus
-nadaderas sutiles y amplias como manteletas de encaje.
-
-Subiendo escalinatas de mármol partidas por el «sendero imperial»,
-llegamos al altar del sacrificio. A primera vista parece demasiado bajo,
-en relación con la arboleda y los otros edificios del parque. Pero los
-chinos no aman la enormidad en sus monumentos; buscan su belleza en la
-armonía de las proporciones, con arreglo á la educación de sus ojos.
-Este altar se compone de tres torres bajas y anchas, superpuestas en
-ángulos entrantes. Los tres rellanos son de mármol blanquísimo y
-uniforme, habiendo concentrado los escultores toda su labor en las
-barandas.
-
-Cada una de dichas mesetas está separada de las otras por escalinatas de
-nueve peldaños. El 9 es el número sagrado de los chinos, como el 7 lo
-fué de los pueblos cristianos. La primitiva religión del país tiene
-nueve cielos; su antigua ciencia da á la tierra nueve grados; las
-divisiones del tiempo y del espacio se basan siempre sobre el citado
-número.
-
-Subía el emperador, en una mañana brumosa y frígida de nuestro mes de
-Diciembre, á la plataforma más alta de dicho altar, para rendir
-sacrificio á sus padres, los señores del cielo. En esta ceremonia vestía
-una túnica de piel de cordero negro, forrada interiormente de zorro
-blanco, y encima un gabán de seda, en el que estaban bordados los dos
-dragones celestiales, el sol, la luna y las estrellas.
-
-Él era el único que se erguía en la última meseta del cono truncado. Los
-personajes de su séquito quedaban inmóviles en los peldaños de las tres
-series de escalinatas: los letrados á la derecha, los guerreros á la
-izquierda. Y el soberano iba ofreciendo á los espíritus celestes las
-viandas preparadas para esta ceremonia, los rollos escritos en pergamino
-y en seda, un novillo sin ningún defecto, un disco de lapislázuli. El
-público silencioso de altos dignatarios no ignoraba que el Hijo del
-Cielo se había preparado para esta ceremonia con ayunos y largos
-exámenes de conciencia, siendo la pureza de su alma y los virtuosos
-deseos de hacer á su pueblo feliz la principal ofrenda dedicada á sus
-mayores, que le estaban mirando desde lo alto del cielo.
-
-Iba acompañada la ceremonia por músicas litúrgicas. En un pabellón de
-este mismo parque se guardan muchos instrumentos empleados en dicha
-fiesta. Son grandes tambores, címbalos y _gongs_. También hay arpas
-enormes que tienen por base cisnes y perros azules con melena de león.
-
-Después del triple altar se llega por una avenida al verdadero templo
-del Cielo, especie de rotonda cuya cúpula se halla sostenida por
-columnas de laca roja. En sus muros circulares brilla una falsa
-primavera de flores de oro.
-
-Seis religiones vienen existiendo en la China hace muchos siglos. Tres
-de ellas poseen á la mayoría de la nación: el taoísmo, el confucismo y
-el budismo. (El taoísmo es la religión basada en las doctrinas de
-Laotsé. Éste llamó _Tao_ á la razón que gobierna el mundo, ó sea la
-suprema virtud.) Además, el islamismo, el cristianismo y el judaísmo
-tienen numerosos adeptos. Sus comunidades resultan sin embargo de poca
-importancia comparadas con la enorme cifra de la población china; los
-cristianos no pasan de dos millones; los judíos son menos, y los
-mahometanos, más numerosos, sólo llegan á veinte millones.
-
-El confucismo es la religión de los letrados; el taoísmo y el budismo,
-religiones del pueblo, cuentan sus fieles por centenares de millones.
-Las tres se asocian fraternalmente, tomándose unas á otras doctrinas y
-ritos y absteniéndose de todo proselitismo. A pesar de su tolerancia
-miran con recelo á los misioneros cristianos, porque se han inmiscuído
-muchas veces en los asuntos políticos del país, protegiendo á terribles
-malhechores convertidos á sus creencias para escapar á la justicia.
-Tampoco aman á los chinos musulmanes, á causa de su insurrección en
-1856, que duró nueve años.
-
-Los emperadores, respetuosos siempre para las varias religiones de sus
-súbditos, sólo rendían culto al cielo y manifestaban además un
-agradecimiento místico á la tierra arada, sustentadora de la nación.
-
-El templo de la Agricultura, vecino al del Cielo, tiene un parque menos
-extenso que el de éste, pero sus proporciones resultarían
-extraordinarias en muchas capitales de Europa. El mismo emperador, que
-ofrecía con sus manos un tributo á los dioses celestes en el solsticio
-de invierno, celebraba otra ceremonia religiosa al llegar la época en
-que son aradas las tierras. En presencia de sus cortesanos y con todo el
-aparato de un acto de gobierno, el Hijo del Cielo empuñaba la esteva de
-un arado amarillo al que iban uncidos dos bueyes con cuernos dorados y
-labraba un trozo de campo sin ayuda de nadie, sembrándolo después.
-
-Este es el pueblo que dió á la humanidad la seda, el arroz, el naranjo y
-otros frutos preciosos. La corte imperial, al venerar religiosamente el
-cultivo de la tierra, adoraba la gloria de su propia nación.
-
-La maestría y el entusiasmo aportados por los chinos á las labores
-agrícolas han acabado por hacer sufrir una molestia obsesionante á los
-extranjeros, dificultando su vida mientras permanecen en el país. Estos
-agricultores intensivos se preocuparon de los abonos hace miles de años,
-cuando nadie en nuestro mundo tenía la menor idea de lo que pudiera ser
-un fertilizante. Y de todas las materias que reconstituyen y tonifican
-las fuerzas germinativas del suelo, la más preferida por ellos es la de
-procedencia humana.
-
-Ya dije algo de esta predilección con motivo de cierto encuentro en una
-calle de Kioto. Es verdad que el chino mezcla la citada materia con
-otras para dosificar sus energías fecundantes, pero no resulta menos
-cierto que todas las plantas de sus admirables huertas tienen al pie
-invariablemente algo que pasó por una letrina.
-
-En los hoteles importantes de Pekín y otras ciudades, los directores,
-para tranquilidad de la clientela, fijan un anuncio en el vestíbulo
-afirmando rotundamente que todas las hortalizas preparadas en su cocina
-proceden de terrenos propiedad del establecimiento cultivados á estilo
-europeo.
-
-Ríe el chino de los escrúpulos y ascos de la gente occidental.
-Establece comparaciones entre el estiércol podrido de cuadra que
-empleamos en nuestros campos y la materia preferida por él, no pudiendo
-comprender por qué razón los detritus de las personas deben ser más
-repugnantes que los proporcionados por los animales, y acaba
-compadeciéndonos, como si fuésemos unos niños incoherentes y
-caprichosos.
-
-Como el abono humano es el más apreciado de todos, el acto de producirlo
-no representa algo vergonzoso é inmundo, como en nuestros países,
-desarrollándose públicamente con la mayor tranquilidad. Dentro de Pekín,
-la policía de la República vela por dar á la capital una disciplina
-europea, y no permite en las calles principales estos desahogos á lo
-chino, tan apreciados por la agricultura. Pero al pasar en _ricsha_ ó
-automóvil por las vías apartadas ó por las afueras, siempre se encuentra
-algún chino en cuclillas, con un pedazo de diario en la mano, cuya
-lectura no le interesa, y que sonríe al transeunte sin cambiar de
-postura. Algunas veces no está solo, y á continuación de él se extiende
-una larga fila de compatriotas con el mismo encogimiento y no menor
-tranquilidad.
-
-Todo agricultor se preocupa de instalar en sus campos una letrina cerca
-del camino para que la use el viandante. Escoge para esto el lugar más
-agradable: la sombra de un árbol frondoso, un grupo de arbustos
-floridos. Hasta hay quien afirma que los más letrados colocan en dichos
-lugares carteles con versos, rogando al transeunte que haga alto y deje
-su recuerdo.
-
-Pero yo no los he visto.
-
-
-
-
-VI
-
-LA CIUDAD PROHIBIDA
-
- Los mares y las montañas de los jardines imperiales.--La «Montaña
- del Carbón».--El árbol sentenciado á cadena perpetua por lesa
- majestad.--Los guardianes de la República.--Los grandes patios de
- mármol y sus ríos.--Los tesoros del Hijo del Cielo.--Las
- recepciones solemnes en la Sala de la Gran Reunión.--Todo Pekín
- visto desde el trono.--Los dueños alados y definitivos de la Ciudad
- Prohibida.--Robos de las tropas civilizadoras.--Un museo formado
- con lo que dejaron ó lo que devolvieron.--La ironía de los
- chinos.--«Nosotros los salvajes.»
-
-
-Antes de 1911, fecha de la caída del régimen imperial, el europeo
-llegado á Pekín sólo podía ver el templo del Cielo y de la Agricultura,
-con sus vastos parques. La Ciudad Prohibida estaba cerrada para él, é
-igualmente muchos templos antiguos que eran al mismo tiempo boncerías
-habitadas por monjes fanáticos.
-
-La República ha abierto todas las residencias imperiales, y desde hace
-catorce años un nuevo Pekín se ofrece á la curiosidad de los viajeros.
-La llamada Ciudad Prohibida puede ser visitada á todas horas en los tres
-diferentes recintos que la componen.
-
-El primero lo designó siempre el pueblo con el nombre de Ciudad
-Amarilla, á causa del color de las tejas barnizadas que cubren sus
-techos. En ella estaban los ministerios y otros centros de la vida
-oficial, pudiendo ser visitada por los extranjeros de distinción. El
-segundo recinto era la Ciudad Roja, llamada así por el color de sus
-muros. Nadie pasaba sus puertas si no pertenecía á la corte del Hijo del
-Cielo. En sus construcciones más avanzadas vivían los soldados de la
-Guardia del emperador y sus cortesanos. El tercer núcleo, ó sea el lugar
-central y misterioso donde estaban las habitaciones del soberano y su
-familia, se llamaba la Ciudad Violeta, también por el color de sus
-techumbres.
-
-Pocos entraban en la Ciudad Violeta. Los mandarines importantes y los
-embajadores recibidos por el Hijo del Cielo no iban más allá de los
-patios majestuosos de la Ciudad Roja. Aun en el presente continúa siendo
-inaccesible la Ciudad Violeta, por estar reservada una parte de ella
-para el joven emperador sin corona, que sigue llevando, cerca del
-presidente de la República, una existencia misteriosa.
-
-Así como los antiguos viajeros quedaban admirados ante los grandes
-parques existentes dentro de la ciudad amurallada de Pekín, se siente
-asombro ahora viendo los jardines de la Ciudad Prohibida. Se cree vivir
-en pleno campo al contemplar arboledas que parecen interminables;
-montañas cubiertas de palacios y pagodas con techos superpuestos y
-cornudos, de cuyos aleros penden campanillas de sonoros
-estremecimientos; lagos por los que navegan sampanes con proas de dragón
-y cámaras doradas de techo redondo. Y estos vastos jardines están en el
-interior de un recinto fortificado; los guardan murallas, invisibles
-desde aquí, pero que se extienden kilómetros y kilómetros.
-
-Los emperadores chinos y los mandarines opulentos consideraron un jardín
-como el más precioso adorno de toda vivienda rica, reproduciendo en su
-frondosidad las bellezas naturales con arreglo á un gusto pueril y
-extremadamente minucioso, mas no por esto indigno de consideración.
-Visitando esta Ciudad Prohibida, tan grande como algunas capitales de
-Europa y que sirvió de simple vivienda á un solo hombre, se puede
-apreciar cuán necesario es para la vida humana el contacto con la
-Naturaleza. Estos monarcas absolutos, que durante largos siglos
-dominaron la mayor parte del mundo asiático y por exigencias de la
-etiqueta debían mantenerse aislados de su pueblo, reprodujeron en el
-interior de su ciudad-palacio los esplendores del campo, ya que no
-podían ir á contemplarlos como simples viajeros.
-
-Ahora los jardines imperiales están olvidados. La República no puede
-mantener un ejército de miles de jardineros como lo hacían los Hijos del
-Cielo, derrochadores de tesoros. Pero á pesar de su abandono creciente y
-la tristeza de las tardes invernales, aún ofrecen un aspecto de
-melancólica majestad.
-
-Los lagos son varios y enormes, con islas y penínsulas cubiertas de
-arboleda. Como los chinos de Pekín vivían y morían lejos del Océano, no
-vieron obstáculo alguno en llamar enfáticamente «mares» á estas
-extensiones acuáticas, y todavía conservan dicho título. Dentro de la
-Ciudad Prohibida se encuentran el Mar de Enmedio, el Mar del Norte, el
-Mar de las Cañas, y otros.
-
-No bastando á los emperadores abrir mares en el suelo de sus jardines,
-elevaron igualmente montañas. Pekín está asentado en una llanura
-polvorienta, y sólo al perder de vista la capital empiezan á columbrarse
-las estribaciones de una cordillera. Pero los jardines de la Ciudad
-Prohibida tienen montañas que ostentan en sus cumbres palacios y
-templos, siendo la más famosa de ellas la llamada _Mee-Chaen_ (Montaña
-del Carbón).
-
-Según cuentan, debe su título á que cierto emperador, durante una de las
-remotas guerras civiles, hizo previsoramente enormes acopios de carbón,
-temiendo un asedio de sus enemigos. La gigantesca masa de combustible
-quedó en el olvido, los huracanes polvorientos que soplan sobre la
-planicie pekinesa la fueron cubriendo de tierra, y acabó por convertirse
-en una colina de rudas pendientes. Luego, los emperadores, despreciando
-por innecesario el contenido de la montaña artificial, cubrieron sus
-laderas con jardines, y durante varios siglos fué un lugar predilecto
-dentro de este mundo cerrado y majestuoso.
-
-Hoy la Montaña del Carbón está abandonada. En sus caminos sólo se ven
-boncerías desiertas ó palacios que habitaron los mandarines favoritos y
-caen ahora poco a poco en escombros. Entre estos edificios crecen
-bosques de lilas y extienden su venerable ramaje los cedros centenarios.
-Bandas de pájaros saltarines animan con sus voces una soledad verde que
-dura de sol á sol.
-
-No creo, sin embargo, que estas avenidas en pendiente se viesen más
-frecuentadas en los buenos tiempos del Imperio. El chino rico gusta de
-los jardines para verlos desde una ventana; rara vez pasea por ellos,
-los aprecia como un deleite de los ojos. Los mandarines del pasado
-únicamente debieron subir en palanquín los caminos ásperos de la Montaña
-del Carbón para llegar á su cumbre y sentarse en la torre que la corona,
-contemplando desde sus miradores todo el ámbito de una ciudad que sólo
-de tarde en tarde podían visitar á causa de sus deberes palaciegos.
-
-En el centro del Mar de Enmedio ó de los Lotos, sobre una colina
-artificial con bosques y palacios, está el famoso árbol encadenado.
-
-Cuando los emperadores manchures, hace dos siglos y medio, destronaron á
-la dinastía de los Ming, apoderándose de Pekín, el último de los Ming no
-quiso sobrevivir á tal vergüenza y se ahorcó de una rama de dicho
-árbol. A los nuevos emperadores les convenía mantener intacto el
-prestigio de su investidura, la inviolabilidad religiosa de sus
-personas, y ordenaron el procesamiento del árbol por haber prestado sus
-ramas para esta acción sacrílega, condenándolo á prisión perpetua como
-reo de lesa majestad. El árbol hace muchos años que está seco, pero aún
-se mantiene erguido, negro y leñoso, en medio de una vegetación que goza
-de plena libertad, teniendo enroscadas á su tronco y sus brazos
-numerosas cadenas manchadas de herrumbre.
-
-Sobre los canales con riberas de piedra que llevan el agua de un «mar» á
-otro, se lanzan las curvas de los puentes de mármol. En otros sitios
-ponen en comunicación el jardín con las islas. El arqueamiento exagerado
-de estos puentes resulta penoso para los pies occidentales. Uno de
-ellos, á pesar de su magnificencia, recibe el apodo de «El Jorobado» por
-la altura de su curva. El tiempo y el abandono han desgastado además los
-pequeños escalones de su doble pendiente, haciendo aún más difícil su
-tránsito. Pero los personajes chinos iban calzados con ligeras
-zapatillas de fieltro, que les permitían ajustar sus plantas á las
-sinuosidades del suelo, ascendiendo por ellas mejor que nosotros. Ya
-dije también cómo el monarca, con sus ligeras sandalias de pergamino,
-subía ritualmente las escalinatas por el «sendero imperial», que no
-siempre era camino fácil.
-
-Actualmente los jardines de la Ciudad Prohibida no tienen otros
-guardianes que hombres del ejército. Al licenciar la República el
-personal enorme mantenido por los emperadores en sus palacios, lo suplió
-con soldados de línea. Como el ejército es muy numeroso en este país
-extraordinariamente poblado y gusta más de vivir tranquilo que de
-ejercicios y maniobras, una gran parte de la guarnición de Pekín se
-halla dedicada á la vigilancia de los edificios públicos.
-
-En todos los kioscos se encuentran soldados y fusiles. Sobre las riberas
-marmóreas de los lagos circulan patrullas con el arma al hombro. Junto á
-los puentes de atrevida curva hay militares que se apresuran a ofrecer
-una mano á los viajeros, ayudándolos á pasar sobre el lomo resbaladizo
-de mármol, en espera de una propina ó un simple cigarrillo. Si no
-reciben nada, no por ello dejan de sonreir y hacer cortesías. Estos
-mocetones, procedentes de las provincias del Norte, campesinos de buen
-humor que la República ha convertido en soldados, parecen más grandes de
-lo que son en realidad á causa de sus trajes de invierno, acolchados
-interiormente. Los forros de algodón en rama los hacen extremadamente
-obesos. Hay nieve en los rincones sombríos de la arboleda, flotan sobre
-los lagos anchas placas de helado cristal, pero como luce el sol, estos
-guerreros han dejado sueltas las orejeras de piel de sus gorras. Cuando
-pasa un destacamento se ve sobre las cabezas de sus hombres y por debajo
-de las hileras de bayonetas cómo se balancean al compás de la marcha los
-pares de orejas erguidas.
-
-Por encima de las murallas de la Ciudad Roja espejean las techumbres de
-los palacios imperiales, todas con tejas de laca amarilla, color que
-únicamente podía usar el Hijo del Cielo. Una sucesión de nueve patios
-enormes (siempre el número simbólico), en torno á los cuales corre una
-cuádruple fila de edificios, forma el núcleo de la Ciudad Prohibida.
-Estos patios se comunican á través de portadas, sobre mesetas de mármol
-que tienen por ambos lados amplios graderíos. Las portadas también son
-de mármol y constan de tres puertas, estando reservada la del centro
-para el emperador y las otras para los mandarines, según su categoría.
-Sobre cada una de aquéllas existe un pabellón de madera laqueada y
-dorada, con techo amarillo, cuyos aleros se encorvan en los ángulos.
-
-Estos patios, orientados con arreglo á los puntos cardinales, tienen al
-Sur y al Norte las portadas de acceso, á ambos lados de ellas los
-salones más importantes, y al Este y al Oeste galerías, detrás de las
-cuales existen almacenes, dormitorios y cuadras. En torno al primer
-patio vivían los funcionarios palaciegos más modestos y los jefes de la
-Guardia imperial. Hay que advertir que la Ciudad Prohibida contaba
-siempre con una guarnición de 15.000 infantes y 5.000 jinetes.
-
-Todos los nueve patios tienen pavimento de mármol, y por su centro corre
-un río atravesado por tres ó cinco puentes. Su extensión es tan enorme
-que el hombre parece perdido en ella, achicándose con una modestia
-lamentable cuando se aleja á uno de sus extremos. Para cortar la
-monotonía de estas llanuras rectangulares, embaldosadas de blanco y
-cerradas por ostentosos edificios, se alzan en ellas grandes pedestales
-sustentando leones chinescos, de ojos saltones como bolas, dentadura de
-cocodrilo y melena de perro. Otras veces sostienen cigüeñas de bronce ó
-vasos que parecen campanas olvidadas.
-
-El segundo patio, el más enorme de todos, guarda en su fondo la sala
-imperial. Dentro de ella recibía el Hijo del Cielo á los embajadores y
-los príncipes feudatarios. En las galerías del Este y del Oeste estaban
-los almacenes de las cosas preciosas de su pertenencia particular,
-vastos salones que muchas veces no podían contener los tesoros del
-celeste emperador, dueño absoluto de un país más grande que Europa.
-
-Uno de los edificios guardaba los vasos de bronce y diversas obras de
-metal hechas por los artífices de Pekín ó regaladas por los gobernadores
-de las provincias. Otro contenía las peleterías preciosas enviadas por
-los cazadores de las provincias limítrofes con Siberia. El enorme
-Imperio chino abarcaba todos los climas y poseía todas las faunas, desde
-el oso de las llanuras de hielo á la pantera y el tigre de los arrozales
-cercanos á los mares del Sur.
-
-En un tercer depósito se almacenaban las vestiduras de honor que el Hijo
-del Cielo regalaba como si fuesen condecoraciones á los funcionarios
-dignos de tal recompensa: gabanes de seda, con forros de zorro azul, de
-cibelina, de armiño. Otra sala contenía las piedras sin montar del
-tesoro imperial, diamantes, amatistas, esmeraldas, mármoles raros, jade
-de un verde tierno que parece vivir ó veteado de oro, perlas finas
-pescadas por los súbditos de las provincias meridionales. El ropero
-imperial ocupaba un edificio de dos pisos, con armarios y cofres
-repletos de maravillosas vestimentas, ligeras y coloreadas como flores.
-En un sexto depósito estaban las armas, ricas y célebres, tomadas al
-enemigo, y otras ofrecidas por los embajadores de los monarcas
-tributarios.
-
-Creo oportuno recordar cómo fué en otras épocas el poder de los
-emperadores chinos. Nos hemos habituado tanto en los últimos tiempos á
-ver subyugado este país á las exigencias abusivas y crueles de las
-naciones europeas y de los japoneses, que apenas si nos damos cuenta de
-que el Hijo del Cielo vivió durante siglos y siglos, dentro del mundo
-asiático, más poderoso y obedecido que ningún monarca lo fué en
-Occidente. No había pueblo del viejo mundo que no reconociese su
-autoridad y temiera sus ejércitos innumerables. El Japón fué el único
-que se libró de tal vasallaje, por su posición insular y por los
-caprichos oceánicos que destruyeron todas las flotas chinas llegadas á
-sus costas. El cruel Timur, ó sea el famoso Tamerlán, terror y azote de
-tantos pueblos, se declaró feudatario del Gran Kan residente en Pekín.
-
-Hay que imaginarse el aspecto de este segundo patio en días de gran
-recepción. Se abre en su parte Norte lo que puede llamarse sala del
-trono y que los chinos titulan _Tacho-Tien_ (Sala de la Gran Reunión).
-En el centro de ella colocaban el asiento del emperador, quedando las
-cuatro patas de dicho mueble á ambos lados del eje que divide por mitad
-á Pekín. Si abrían la puerta central del pabellón Sur, y sucesivamente
-las portadas de la Ciudad Roja, de la Amarilla y de la Tártara--todas
-colocadas exactamente en la misma línea--, el Hijo del Cielo, sin
-moverse de su asiento, podía extender sus miradas hasta el extremo Sur
-de Pekín, á través de toda la Ciudad China, en una extensión
-longitudinal de muchos kilómetros, viendo como un hormiguero la remota
-actividad de las muchedumbres circulando por la calle de Enfrente.
-
-A la meseta de mármol que sustenta la Sala de la Gran Reunión se sube
-por cinco escalinatas que dan á otras tantas terrazas con balaustradas
-de maravillosa labor. El mármol ha sido trabajado como algo dúctil que
-adquiriese rápida forma bajo los dedos. Cigüeñas y dragones parecen
-correr entre los encajes marmóreos. Los siglos han dado á la preciosa
-piedra un color amarillo de miel.
-
-Las puertas de esta sala imperial son de laca roja y de oro, con menudos
-dragones deslizándose entre ramajes complicados. También son de rojo y
-de oro las grandes columnas, y estos dos colores imperiales se repiten
-en el adorno de los muros, dando á todo el salón una visualidad que hace
-recordar las tintas de la bandera española agitada por el viento.
-
-Sobre pedestales quebrados por los golpes más que por los siglos, se
-ven unos vasos maravillosos de bronce verde, con adornos de oro pálido
-profundamente rayado. Fueron soldados japoneses los que en 1900 rascaron
-con sus cuchillos-bayonetas esta capa de oro, para llevarse el precioso
-polvo. Tal rapiña no resultó un acto extraordinario. Las tropas europeas
-llegadas á Pekín en la misma expedición contra los boxers mostraron
-igual conducta. Lo admirable de estas vasijas gigantescas, desfiguradas
-por la rapacidad de los invasores, es su timbre sonoro. Basta dar en
-ellas con los nudillos para que salga de sus entrañas una vibración
-misteriosa y ultraterrena, un eco que hace recordar las melodías
-planetarias imaginadas por los pitagóricos.
-
-Todo el salón es de madera, paredes y columnas, pero con numerosas capas
-de laca roja, dorada ó de bronce verdoso, que imitan los tonos de los
-metales y las piedras preciosas, dando además á dichos colores la
-frescura eterna de su barniz, en cuyo brillo no logran morder los años.
-
-El canal que atraviesa este segundo patio es profundo como un río. Cinco
-puentes de mármol lo atraviesan, para que en otros tiempos pudiesen
-pasar á la vez los imponentes cortejos del Hijo del Cielo. Sobre las
-cinco mesetas de mármol que se escalonan hasta la Sala de la Gran
-Reunión se mantenían derechos miles de mandarines durante el curso de la
-ceremonia imperial.
-
-En este patio, donde podrían desplegarse cómodamente varios batallones
-europeos, formaban los destacamentos de las Ocho Banderas en que estaba
-dividido el ejército chino, con sus corazas multicolores, sus yelmos
-metálicos en forma de sombrilla, sus lanzas rematadas por anchos
-alfanjes, sus mosquetes que tenían por culatas cabezas de dragón, sus
-vestimentas de tinte anaranjado ó azul. Sobre el bosque brillante de las
-armas ondeaban las Ocho Banderas, emblemas de las antiguas tribus
-manchures, amarilla, blanca, roja, azul ó con diversas combinaciones de
-estos cuatro colores. En el fondo, ocupando un lugar secundario y
-modesto, formaban las tropas de la Bandera Verde, las más numerosas y
-plebeyas, que mantenían el orden en las provincias del Imperio, haciendo
-oficio de gendarmería.
-
-Hoy, todas las explanadas de mármol de la Ciudad Imperial, majestuosas y
-enormes, como no las tiene ningún palacio de la tierra, están
-solitarias. De tarde en tarde, cual si fuesen hormigas, se deslizan por
-sus llanuras cuadrangulares y blancas algunos pequeños grupos de
-soldados ó de curiosos. Sus verdaderos habitantes de ahora vuelan y
-viven en los aleros.
-
-Los adornos salientes de los edificios tienen un color blancuzco, á
-causa de la capa de fenta depositada por los palomos. Éstos deshonran
-igualmente con sus residuos las terrazas de mármol y las imágenes de
-leones, tortugas y cigüeñas de verdoso bronce erguidas sobre pedestales.
-Unos cuervos pequeños y de graciosos movimientos revolotean en los
-patios ó se posan en los filos de las techumbres, alterando con sus
-voces el silencio de la gran ruina. Gritan como niños asustados; otras
-veces parecen burlarse de los que entran y salen en este palacio de
-inusitadas proporciones, que ellos poseen ahora absolutamente. En
-realidad, los personajes soberbios de la Historia, al construir
-monumentos que se imaginan inmortales, trabajan para el cuervo, la
-araña, el lagarto y la hiedra, sus herederos forzosos.
-
-En los edificios de otros patios ha improvisado la República china un
-museo con lo que se pudo salvar de la rapacidad de las tropas
-civilizadas cuando vinieron en 1900 á socorrer á los sitiados del barrio
-de las Legaciones y á dispersar á los boxers. Dichas salas ofrecen un
-aspecto poco ordenado, pero su magnificencia deslumbra y llega á fatigar
-los ojos. Mejor que museo debía titularse lo que se guarda en ellas
-«Colección de riquezas nacionales que no pudieron robar los
-representantes de la civilización occidental».
-
-Sus porcelanas son de valor inestimable, piezas antiquísimas que parecen
-fabricadas por manos superiores á las del hombre. Se ven en las vitrinas
-lujosos muebles con todos los caprichos de la curva escamosa del dragón,
-tallados en ricas maderas; tronos de oro; corazas con incrustaciones de
-pedrería; árboles cuyas hojas y troncos están hechos con valvas de
-madreperla; armas cinceladas como joyas; trajes de ceremonia con bestias
-heráldicas de grueso realce; cetros de oro y cristal de roca; esmaltes
-de tan enormes proporciones que resulta inexplicable su producción;
-cascos y sombreros cubiertos enteramente de perlas, cual si hubiese
-caído sobre ellos un rocío celeste.
-
-Muchos de estos objetos los ocultaron chinos fieles á la dinastía,
-cuando llegó la expedición de los países civilizadores, devolviéndolos
-luego al gobierno. Otros fueron robados por las tropas invasoras, y las
-comisiones encargadas de remediar tales delitos consiguieron
-rescatarlos. ¡Pero desaparecieron tantas riquezas!... ¡Fueron tan
-numerosos los robos!...
-
-Cada vez que nos muestran un objeto precioso estúpidamente destrozado,
-los guardianes del museo se limitan á decir:
-
---Esto lo hicieron las tropas de las naciones civilizadas.
-
-Y sonríen con una amabilidad irónica.
-
-El pueblo chino ha cometido crueldades, como todos los pueblos de la
-tierra, pero muchas menos que las imaginadas por la ignorancia
-occidental. La culpa remota de este error la tienen los sacerdotes
-budistas, que tanto aquí como en el Japón han hecho circular durante
-varios siglos estampas horripilantes representando cuantos tormentos
-sufren en la otra vida los que mueren en pecado. Son casi iguales á las
-estampas del infierno y de sus suplicios que existen en los países
-católicos.
-
-Muchos viajeros, al ver estas escenas del infierno budista, las creyeron
-una fiel representación de tormentos complicados y monstruosos que
-aplicaban antiguamente chinos y japoneses. Nada más falso. En China han
-existido la muerte á palos y la decapitación, como en casi todos los
-países de la tierra. Durante las revueltas populares y las guerras
-civiles abundaron refinadas ejecuciones y matanzas, aunque tal vez menos
-que en ciertos países de Europa y América. Sus piratas y sus bandidos de
-tierra firme no fueron peores que los de otras partes.
-
-En cambio, la expedición civilizadora contra los boxers abundó en
-episodios inauditos. Un soldado procedente de uno de los países más
-cultos de Europa, al pasar con varios camaradas por una de las calles de
-Pekín, vió en la puerta de su tienda á un mercader extremadamente gordo,
-con esa obesidad monstruosa producto de una vida sedentaria, lenta y
-pacífica.
-
---Me interesa saber--dijo--lo que ese chino tiene en el vientre.
-
-Y de un bayonetazo le rajó el abdomen, echando afuera sus tripas.
-
-Estos chinos que parecen cansados y hasta apolillados, después de
-cincuenta siglos de civilización á su modo, hablan con ironía del estado
-que ocupan en el mundo moderno.
-
-«Nosotros los salvajes», dicen con burlona modestia. Y añaden poco
-después: «Los blancos, que nos hacen el favor de querer
-civilizarnos...»
-
-Hemos mencionado ligeramente algo de lo ocurrido durante la última
-entrada en Pekín de las tropas civilizadoras. En otra expedición militar
-emprendida en tiempos de Napoleón III por un ejército de ingleses y
-franceses, el robo de los palacios imperiales resultó inaudito. Casi
-todas las riquezas de arte chino existentes en Europa datan de aquella
-invasión de bandidos civilizados.
-
-Además, la artillería de las citadas tropas se instaló en el primitivo
-Palacio de Verano, cerca de Pekín, y la explosión intencionada ó casual
-de su depósito de pólvora hizo desaparecer instantáneamente este
-monumento célebre del arte chino.
-
-Otra intervención anterior de Inglaterra, en la primera mitad del siglo
-XIX, que la permitió adueñarse de Hong-Kong, aún fué más vergonzosa. Los
-gobernantes chinos, para librar á su pueblo del envilecimiento del opio,
-prohibieron el consumo de dicha droga. Los ingleses siguieron entrándola
-de contrabando, porque así convenía á su comercio, y como el virrey de
-Cantón embargase varios cargamentos, echándolos al agua, la piadosa y
-liberal Inglaterra envió sus batallones y sus navíos contra el gobierno
-del Hijo del Cielo para defender una vez más la civilización... y la
-venta del opio.
-
---Nosotros los salvajes--repiten sonriendo los chinos.
-
-Saben que su enorme y viejo país, rutinario y fatigado como todos los
-pueblos extremadamente antiguos, dió al mundo la brújula, la imprenta,
-la pólvora, la porcelana y los principios fundamentales de la
-agricultura científica.
-
-
-
-
-VII
-
-EL PALACIO DE VERANO
-
- La retratista de la emperatriz.--La mentalidad de una soberana
- china.--Los hermosos camellos de Pekín.--Las murallas de la capital
- y su antigua artillería.--Maravillas del Palacio de Verano.--El
- «lago-mar».--El famoso Navío de Mármol.--Un puerto de comercio
- improvisado, para que el Hijo del Cielo se disfrazase de
- vagabundo.--Robo de dos azulejos.--El feliz «triángulo»
- imperial.--El joven ex emperador y el presidente de la República.
-
-
-Miss Catalina Carl es una pintora notable de los Estados Unidos y la
-única dama de raza blanca que vivió en los palacios imperiales de la
-China.
-
-En 1905, estando en Shanghai, fué llamada á Pekín por la Legación
-norteamericana. La emperatriz regente, que vivía como ciertas reinas
-famosas de otras épocas, gobernando á su modo el vastísimo Imperio y
-haciendo frente á las ambiciones de las potencias occidentales, sentía
-repentinamente deseos de imitar la existencia de los remotos soberanos
-de Europa. Pero tales deseos no eran más que movimientos de curiosidad,
-retrogradando en seguida á sus antiguas costumbres. Esta emperatriz, que
-fué verdaderamente el último soberano chino--la República se proclamó
-tres años después de su muerte--, quiso que la retratase un artista
-blanco, y al saber que una pintora célebre viajaba por sus Estados,
-aprovechó la ocasión, prefiriendo servir de modelo á una mujer.
-
-La citada artista ha escrito un libro interesante sobre su vida
-palaciega y además me relató nuevas anécdotas durante mi permanencia en
-Pekín. Era la emperatriz una manchur de carácter enérgico, que ejercía
-con verdadera vocación sus funciones de gobernante. Teniendo que dirigir
-los destinos de un territorio enorme como un continente, con una
-población de cuatrocientos á quinientos millones de seres, se equivocó
-muchas veces; pero un hombre de talento, obligado á desempeñar una
-autoridad tan variada y extensa, tal vez habría cometido los mismos
-errores.
-
-En su tiempo ocurrió la revolución de los boxers. Mirada del lado
-europeo, esta revolución resulta un alzamiento horripilante por sus
-crueldades. Examinada desde el punto de vista chino, fué una protesta
-nacionalista, una explosión de odio contra los extranjeros, dominadores
-del país. Por esto la figura de la última soberana resulta confusa y
-contradictoria. Algunos la creen una emperatriz mesalinesca, con los
-defectos de Catalina de Rusia. Otros la admiran como una gran patriota.
-Miss Carl sólo guarda de ella excelentes recuerdos y se enternece al
-relatar sus bondades.
-
-Esta reina, poseedora de más súbditos y territorios que ningún soberano
-de Europa, recibió á la artista californiana con una afabilidad
-burguesa, sin aparato alguno. Al saber que era huérfana, le dijo:
-
---Yo seré tu madre. No te preocupes de tu porvenir. Corre á mi cargo
-hacerte feliz.
-
-Y la instaló en uno de sus palacios, con un mayordomo que capitaneaba á
-trescientos domésticos. En el Extremo Oriente la importancia de los
-personajes se mide por el número de criados, y nadie sabe hasta dónde
-puede llegar la cantidad de éstos, teniendo en cuenta las divisiones del
-servicio. Uno está encargado solamente de los platos, otro de las
-copas, cada lecho de la casa tiene un sirviente especial, etc.
-
-Después que la pintora tomó posesión de su palacio y pasó revista á su
-batallón de servidores, aún tuvo que esperar varios meses para dar
-principio á su obra. Hacer un retrato de la emperatriz de la China era
-negocio de Estado, digno de largos estudios y lentas discusiones.
-Primeramente una comisión de astrólogos levantó el horóscopo de miss
-Carl para saber si su espíritu era compatible con el de la sagrada
-emperatriz, ó iba á causarle graves daños al ponerse en contacto con
-ella. Cuando al fin reconocieron los sabios que podía aproximarse á la
-soberana sin peligro alguno, los geomantes del palacio entraron en
-funciones para decidir qué edificio sería el más á propósito para el
-trabajo de la artista. Y después de encontrado el sitio, hubo que hacer
-nuevos estudios, fijando el día y la hora favorables para dar la primera
-pincelada.
-
-Tan satisfecha quedó la emperatriz de miss Carl, que años después le
-pidió que hiciese un segundo retrato de ella. Estas dos obras adornan
-los salones más grandes del Palacio de Verano. La soberana aparece en
-ambos lienzos ocupando un trono, con el traje femenino de la dinastía
-manchur. Va cubierta de joyas lo mismo que un ídolo; tiene los pies
-pequeños naturalmente, sin la deformación tradicional de las antiguas
-chinas; su tocado se levanta y se abre sobre la frente como una
-canastilla de flores.
-
-Mientras era pintada por su retratista, iba haciéndola preguntas, con
-una curiosidad de niña, sobre el modo de vivir las mujeres en los países
-de raza blanca.
-
-La etiqueta china no le había permitido ver nunca las calles de Pekín.
-Gobernaba su vastísimo Imperio sin haber visitado ninguna de sus
-ciudades. Todo lo sabía de oídas, según se lo habían contado sus
-mandarines. Cuando atravesaba la capital una vez al año para ir al
-Templo del Cielo con el joven emperador, ó al trasladarse desde su
-residencia de invierno en Pekín al Palacio de Verano, no le era posible
-ver á su pueblo. Calles y caminos quedaban desiertos desde un día antes.
-Los chinos sabían que era delito, pagado con la cabeza, todo intento de
-conocer á sus soberanos. La emperatriz, seguida de su brillante séquito,
-pasaba como un fantasma por estas calles muertas, y para que su tránsito
-resultase aún más irreal, servidores palaciegos ocultos en tejados y
-árboles dejaban caer una lluvia de pétalos rojos y amarillos, colores
-emblemáticos de la dinastía, como un homenaje celeste.
-
-Para esta dueña absoluta de quinientos millones de seres humanos, la
-mayor diversión era asomarse con disimulo á una ventana, en las horas
-matinales, viendo á los pobres servidores de sus cocinas que traían á
-cuestas sacos ó cestos de comestibles. Así podía conocer otras gentes
-que los personajes de su corte. Poco después, la tradición y el orgullo
-dinástico renacían en su interior, haciéndole incomprensible la vida
-ordinaria de las soberanas europeas.
-
-Mostraba una simpatía instintiva y una admiración «de clase» por la
-reina Victoria de la Gran Bretaña. Se había enterado por sus ministros y
-por los diplomáticos de la existencia de esta emperatriz, semejante á
-ella, que gobernaba la otra vertiente del mundo.
-
-En el fondo de su alma china se creía superior á su colega. Los sabios
-del país, herederos de cinco mil años de ciencia, le habían enseñado que
-el Imperio de Enmedio ocupa el vértice de la tierra, mientras la pobre
-Europa se mantiene agarrada, con grandes esfuerzos, á uno de sus lados.
-Pero de todos modos, Victoria resultaba la única mujer que podía
-compararse con su persona celeste en el mundo de los blancos. Propiedad
-de ella eran las islas flotantes que marchan por los mares arrojando
-humo; también le pertenecía una parte del Asia, la India, el país más
-poblado después de la China, y la Hija del Cielo no podía comprender
-cómo tan gran señora salía á pie por unas calles donde marcha todo el
-mundo y viajaba sin largo séquito, lo mismo que una tendera de Pekín.
-
---¿Tú crees que verdaderamente vive así?--preguntaba á su retratista--.
-¿No me habrán engañado?
-
-Miss Carl tiene la bondad de acompañarme á los lugares cerrados y
-maravillosos donde vivió algunos años cerca de la emperatriz regente: al
-Palacio de Verano, retiro favorito de ésta. Desde la caída del Imperio
-ha vuelto pocas veces á este paraíso regio. Le infunde una tristeza
-profunda ver con aspecto de próximas ruinas los palacios y los jardines
-que ningún blanco visitó antes de ella.
-
-Vamos á pasar un día entero en el Palacio de Verano, y aun así nos
-faltará tiempo para conocer todos sus valles y montañas, abundantes en
-alcázares y pagodas; para viajar--ésta es la palabra exacta--por las
-cuatro orillas de mármol de su lago.
-
-Esta artista experimentó tan hondamente la atracción de la vida china,
-que no ha querido marcharse de Pekín, á pesar de haber desaparecido casi
-todos los personajes del tiempo del Imperio, y habita en el nuevo barrio
-europeo que ha ido formándose junto al antiguo de las Legaciones.
-
-Seguimos en automóvil la larga avenida de la Paz Perpetua y otras calles
-no menos anchas de la Ciudad Tártara. Vemos algunos mercados,
-rebullentes de muchedumbre á esta hora matinal. En las cercanías del
-llamado del Carbón abundan las caravanas de camellos. Todos los
-artistas que han pintado escenas de Pekín colocan invariablemente junto
-á sus murallas una fila de camellos, y este detalle, que parece
-rebuscado adorno, no es más que copia exacta de la realidad. Siempre
-tuve que detener mi automóvil en las puertas de Pekín para dejar paso á
-estas escuadras de navíos terrestres, que avanzan moviendo la cabeza
-como una proa y balanceando sus costados.
-
-El camello de aquí no es el de África, pelado, calloso y de una delgadez
-que marca la osamenta bajo la piel, como si fuese á rasgarla con sus
-aristas. Las caravanas chinas están compuestas de camellos gallardos y
-majestuosos. Se mueven de un modo rítmico, sus ojos abultados tienen una
-expresión inteligente; además ostentan el regio adorno de sus lanas
-rojizas, semejantes á las melenas del león. Estas lanas les caen por
-ambos lados como una gualdrapa y se extienden piernas abajo en forma de
-pantalones.
-
-Por el interior de la ciudad marchan en fila y atados, para que no
-entorpezcan la circulación. Cada uno lleva la cuerda de su bozal sujeta
-á la cola del compañero que le precede. En las cercanías de los
-mercados, al verse libres de sus cargas, doblan las patas y quedan
-inmóviles sobre las aceras, mientras los camelleros venden sus
-mercancías.
-
-Sopla el viento mongólico de una mañana invernal. Los charcos de las
-avenidas están helados. En los rincones, adonde no llega el sol, hay
-montones de nieve. Los camellos, con sus cuatro patas ocultas, parecen
-sobre la acera montones de lana rojiza, de los que surgen sus cuellos de
-reptil antediluviano y lanzan por sus narices curvas dos chorros de
-vapor.
-
-Atravesamos una de las puertas de Pekín. Todas ellas están rematadas por
-castillos de vetustas techumbres. Los colores de sus muros se hallan
-tan modificados por el tiempo, que es imposible darles una clasificación
-dentro de la gama conocida.
-
-La antigua muralla de Pekín es la fortificación más grandiosa y más
-inútil que puede encontrarse en el mundo entero. Su anchura va más allá
-de las proporciones conocidas. En realidad se compone de dos murallas,
-habiendo rellenado los antiguos constructores, con tierra y escombros,
-el espacio abierto entre ambas. A causa de esto, las puertas son
-profundas como túneles, y no obstante su altura parecen agujeros de
-ratonera por su extremada longitud. Al pasarlas se encuentra una nueva
-muralla en forma de media luna, una plaza de armas en la que puede
-formar desahogadamente un batallón, y otro castillo para que los
-asaltantes, después de haber tomado la primera puerta, encuentren el
-obstáculo de una segunda. Sin embargo, las fortificaciones de Pekín no
-sostuvieron jamás ningún sitio heroico y los invasores las atravesaron
-con facilidad.
-
-En los castillos de aleros cornudos que coronan estas puertas hay
-grandes troneras para la artillería, pero hace más de cien años que no
-se ha asomado á ellas la boca de un cañón. Los basamentos de las
-baterías superiores son de madera y están casi pulverizados por la
-carcoma. Además, la antigua artillería china necesitaba para funcionar
-unas plataformas extraordinariamente macizas. Este pueblo de admirables
-fundidores, que fabricó Budas colosales cuando en Europa no sabían ir
-los broncistas más allá de las dimensiones humanas, produjo cañones tan
-grandes como las piezas recientes de la artillería moderna. Su tiro era
-incierto y corto, pero en cambio sus bocas imitaban fauces horribles de
-dragón, gargantas de monstruos quiméricos, para infundir pánico á los
-enemigos.
-
-Nuestro automóvil corre por los suburbios de Pekín y se lanza luego á
-través de la campiña. El Palacio de Verano está á veinte kilómetros, en
-un lugar que los emperadores modificaron á su gusto para hacer surgir de
-él un paraíso, como Luis XIV hizo brotar de áridas llanuras los jardines
-de Versalles con sus fuentes y estanques. Pero la obra de los soberanos
-chinos resulta más enorme en sus dimensiones que la del rey francés.
-Fueron varios monarcas celestes los que se sucedieron en su ejecución.
-Además, contaron con el trabajo disciplinado y tenaz de muchedumbres
-incansables.
-
-Seguimos las riberas de un canal que va desde Pekín al Palacio de
-Verano. Ahora este curso acuático está interrumpido en varios lugares.
-Antes el Hijo del Cielo podía ir desde la Ciudad Violeta al Palacio de
-Verano en barcas doradas, de las que tiraban grupos de servidores
-caminando por la orilla.
-
-Paso un día entero en este palacio-jardín, que tiene varias leguas de
-circuito. Como se halla lejos de la capital, sólo de tarde en tarde ve
-llegar visitantes, y los soldados que lo guardan llevan una vida
-campestre, como si viviesen destacados en un fortín de la frontera
-tártara. Un ambiente melancólico de profunda paz envuelve esta obra
-vastísima, destinada á unos soberanos de origen celeste cuya sucesión se
-cortó para siempre.
-
-Vemos las salas de audiencia, la parte del Palacio de Verano que los
-emperadores destinaban al mundo exterior. Aquí venían á turbar su vida
-campestre ministros, embajadores ó virreyes de las provincias. En uno de
-los salones, dos estatuas enormes de bronce, representando un fénix y un
-dragón, se alzan sobre pedestales de jaspe con sus bocas abiertas. Según
-me explica mi acompañante, que tantas veces pasó por estas habitaciones,
-las dos bestias esparcían por sus fauces una nube invisible de perfume
-mientras duraba la audiencia imperial. También vemos en patios y salones
-grandes vasos de bronce, verdes y dorados, con una fauna enroscada de
-monstruos escamosos. Estos recipientes contenían agua. Los chinos
-consideran higiénico tener vasijas de agua en sus habitaciones, por
-creer que este líquido purifica la atmósfera tragándose los miasmas.
-
-Más allá de las salas de recepción y antes de llegar á los edificios que
-fueron las verdaderas residencias imperiales, está el teatro, patio
-enorme encuadrado por palacios bajos de madera dorada y laqueada, sobre
-plataformas de mármol.
-
-En el centro de dicho patio se levanta el escenario, edificio de tres
-pisos. Los actores hablaban á gritos, pasando de un piso á otro, según
-las exigencias escénicas.
-
-Miss Carl me describe las representaciones á que asistió muchas veces.
-Duraban un día entero, y en los entreactos comía el público, servido por
-el personal de las cocinas imperiales. Tres lados del patio estaban
-ocupados por los funcionarios de la corte, los personajes invitados por
-el emperador y los mandarines célebres por su sabiduría ó sus hazañas
-guerreras. El lado restante era para las mujeres de la familia imperial
-y su séquito de damas. Varios biombos colocados oportunamente las
-permitían ver el escenario sin ser vistas á su vez por la concurrencia
-masculina.
-
-Después del teatro vamos pasando al pie de una sucesión de colinas con
-vertientes escalonadas, formando bancales. Estos peldaños tienen muros
-de contención, hechos de azulejos, y fueron jardines. Ahora se muestran
-cubiertos de hierbas parásitas, secas por el frío. En tiempo de los
-emperadores estaban plantados de peonías, y cada una de dichas cumbres
-era una pirámide de flores, sustentando en su cúspide un edificio rojo
-y dorado, pagoda ó kiosko.
-
-Se abre de pronto el paisaje, se apartan bruscamente edificios,
-columnatas y montañas. Una llanura blanca y azul se prolonga ante
-nosotros. Es el famoso «mar» del Palacio de Verano, extensión acuática
-que no tiene semejante en ningún jardín de la tierra.
-
-Los estanques de Versalles y otros parques famosos pierden su
-importancia al compararse con esta magnificencia líquida. Para apoyar
-tal afirmación baste decir que este lago, cuyos límites sólo se abarcan
-desde una altura y que por única vez justifica la énfasis de los chinos
-al llamarle «mar», tiene todas sus riberas enlosadas de mármol en una
-extensión de kilómetros y kilómetros, con balaustradas también de
-mármol, talladas como un mueble precioso. Es una riqueza aplastante--no
-puede llamarse de otro modo--, y sin embargo la amplitud de la
-perspectiva, el aire libre, el movimiento luminoso de las aguas, dan una
-ligereza simpática á su solemne enormidad.
-
-Sobre una gran parte de estas riberas se extienden caminos cubiertos,
-galerías de madera pintada, que parecen no tener fin. En sus techos hay
-miles de paisajes representando los lugares más célebres de la China.
-Por los frisos corren procesiones de animales con una variedad infinita.
-Se adivina que esta obra ha costado muchos años, interviniendo en ella
-numerosas huestes de pintores. Es un trabajo verdaderamente chino, de
-aparente sencillez, que asombra y desorienta luego por su diversidad,
-cuando se le examina detalle por detalle, acabando por fatigar al
-observador. Paseando el Hijo del Cielo, durante años y años, por estas
-galerías, llegaba á conocer, aunque fuese de un modo vago ó imperfecto,
-la grandeza de sus Estados con su fauna y su flora, así como los
-aspectos de sus ciudades.
-
-Ríos interiores parten del lago, serpenteando luego á través de los
-jardines. Puentes de mármol de giba audaz se encorvan sobre sus orillas.
-Todas las pequeñas montañas son artificiales, hechas á brazo por
-multitudes innúmeras de trabajadores. Los palacios y templos de sus
-cumbres tienen plataformas y balaustradas de mármol, paredes de
-porcelana verde, blanca y azul, aleros de madera tallada con tejas de
-amarillo oro--el color imperial--, y por el filo de sus ángulos avanzan
-hileras de dragones y monos.
-
-Junto á la extensión acuática hay bosquecillos frondosos, de suaves
-penumbras, y ante las escalinatas de los embarcaderos se alzan arcos
-triunfales. Los puentes de mármol ponen en comunicación la orilla con
-dorados kioscos para tomar el té.
-
-Todo el centro del lago es blanco y sólido, con rugosidades azuladas. El
-invierno lo ha helado profundamente. Junto á las orillas la costra
-glacial se ha roto, y el agua, libre, deja ver su verde profundidad, en
-la que tiemblan las cabelleras de una sedosa vegetación. De vez en
-cuando pasan, como relámpagos de púrpura y oro, peces chinos de largos
-faldellines en su cola. Varios cisnes blancos, salidos no sé de dónde,
-vienen á nuestro encuentro cortando el agua libre y frígida, con la
-esperanza de que ofrezcamos algo á sus ávidos picos. Barcas doradas de
-aspecto vetusto se balancean, como recuerdos del pasado, entre los
-pequeños témpanos sueltos de la ribera.
-
-Un buque mucho mayor y completamente blanco atrae la atención del
-visitante. Es el famoso Navío de Mármol. Esta isla en forma de
-embarcación la hizo construir uno de los últimos emperadores, colocando
-sobre su casco de mármol un palacio, también de la misma piedra. Un
-puente une la orilla y el buque inmóvil.
-
-Los republicanos chinos explican el origen de este capricho de un
-monarca que, á semejanza de casi todos sus iguales, nunca había visto el
-Océano. En el pasado siglo necesitó la China realizar grandes esfuerzos
-pecuniarios para crear una verdadera flota moderna, capaz de repeler las
-ambiciones, cada vez más intolerables, de las potencias europeas y del
-Japón. Cuando al fin se reunieron los fondos necesarios para construir
-navíos de combate, el Hijo del Cielo empezó por dedicar una parte de
-ellos á su marina del Palacio de Verano, y creó este buque de mármol.
-
-No intento comprobar la anécdota consultando á mi simpática acompañante.
-Se muestra emocionada por los recuerdos que despierta en ella este
-palacio. Guarda una memoria demasiado viva de las bondades de su
-imperial modelo, para que pueda aceptar la citada explicación sobre el
-origen del Navío de Mármol.
-
-Visitamos en lo alto de una montaña artificial el templo de los Diez Mil
-Budas. Luego pasamos á otras cumbres ocupadas por nuevos palacios y
-nuevas pagodas. En escalinatas y mesetas vamos encontrando soldados que
-parecen enfermos de hidropesía, á causa de la hinchazón de sus
-uniformes, acolchados interiormente. Sufren las molestias del frío y la
-soledad, pero al mismo tiempo son los únicos poseedores del inmenso
-jardín, como si hubiesen heredado á los Hijos del Cielo.
-
-En lo alto de la Montaña del Oeste, un kiosco con miradores de porcelana
-y columnas de laca ha sido convertido en restorán para los visitantes.
-Al entrar en él vemos un grupo de soldados en torno á una mesa, comiendo
-cacahuetes y pepitas de calabaza á guisa de aperitivos.
-
-Almorzamos en dicho kiosco, contemplando á nuestros pies toda la llanura
-blanca del «mar» congelado. Miss Carl nos explica las particularidades
-del paisaje. Vemos casi en el límite del horizonte varias colinas con
-pagodas en su cumbre. Sobre una de ellas se alza una torre formada por
-siete pequeños templos superpuestos.
-
-Nos asombra el saber que estas alturas lejanas también pertenecen al
-Palacio de Verano y los límites del jardín imperial aún van más lejos.
-Cerrará la noche sin que hayamos visto más de una mitad de este mundo
-aparte, creado para los monarcas más invisibles de la tierra. Nadie como
-ellos supo buscar la paz y la dulzura de la vida. Fueron pastores de
-hombres, destinados por herencia á regir los rebaños más numerosos del
-mundo, y sin embargo vivieron alejados de sus semejantes, como si
-perteneciesen á otra humanidad, en un paraíso artificial moldeado
-egoístamente con arreglo á sus caprichos.
-
-Algunos emperadores sentían de pronto la nostalgia de la vida vulgar,
-deseaban rozarse con el populacho, conocer las amargas luchas sostenidas
-por sus súbditos para ganarse el puñado de arroz. Aburridos de su
-excesiva majestad, ansiaban no ser Hijos del Cielo, querían vivir como
-simples hombres.
-
-En tales momentos, los directores de sus placeres improvisaban un puerto
-á orillas de este lago, con numerosos «juncos» mercantes anclados en sus
-aguas y todo el caserío de una ciudad comercial. Los cortesanos se
-disfrazaban de mercaderes y marinos; las damas de la corte eran criadas
-de taberna ó desempeñaban peores papeles. El Hijo del Cielo, vestido
-como un vagabundo, hacía sus pequeños robos en el mercado de la ciudad
-fingida y circulaba por sus peores antros, sin que nadie se atreviese á
-reconocerlo. De pronto reñían cuchillo en mano falsos navegantes y
-tenderos, chillaban las hembras, acudía la guardia, y así iban
-reproduciéndose todas las escenas de los puertos chinos, corrompidos y
-pululantes como una gusanera. Este Carnaval divertía durante unas
-semanas al Hijo del Cielo y á las 80.000 ó 100.000 personas que vivían
-en torno de él.
-
-Vemos de lejos las arboledas del Parque de Caza. Ahora están
-despobladas. En tiempos del Imperio volaban sobre sus frondas millares
-de palomos amaestrados, á los que habían puesto una flautita debajo de
-cada ala. Eran animales eólicos que al volar iban dejando una estela de
-dulces sonidos, y como las pequeñas flautas tenían diversos tonos, estos
-músicos alados poblaban el espacio con las caprichosas armonías de una
-orquesta vagorosa.
-
-Encontramos nuevas escaleras cubiertas, cuyos techos guardan pintada una
-fauna infinita de dragones. Parece imposible que la imaginación haya
-podido concebir tantas variedades de un solo animal quimérico. La
-baranda de las múltiples escalinatas es maciza, hecha con azulejos
-verdes y amarillos.
-
-Como el Palacio de Verano lleva varios años de abandono, estas barandas,
-faltas de reparación, han dejado caer sus ladrillos esmaltados en
-diversos lugares. Tomo dos, uno verde y otro amarillo oro, para
-ocultarlos debajo de mi gabán. Pienso que cuando vuelva á Europa me será
-grato ver sobre mi mesa estos dos fragmentos del Palacio de Verano. Me
-siento ladrón, como la mayor parte de los europeos que vinieron aquí
-para civilizar á los chinos. Además, ¿cuánto podrán durar aún estas
-construcciones frágiles y olvidadas?... ¿Existirá el Palacio de Verano á
-mediados del presente siglo?...
-
-Al volver á la capital pasamos ante las ruinas del otro Palacio de
-Verano, el más antiguo, que destruyeron las tropas anglo-francesas con
-la voladura de su polvorín. Pero apenas me fijo en él, me preocupa algo
-más reciente. Sé que en Pekín existe un emperador, á pesar de que el
-país está constituído en República hace doce años. He preguntado
-repetidas veces por él, y nadie conoce con certeza el lugar donde vive
-oculto.
-
-Los chinos, tan extraordinariamente tildados de crueles, resultan
-incomprensibles muchas veces por su dulzura y su tolerancia, virtudes
-que les permiten encontrar una solución agradable á los conflictos más
-enrevesados.
-
-Cuando en Europa se destrona á un monarca, se le hace salir del país
-inmediatamente. En algunas ocasiones, para liquidar de veras el pasado,
-hasta se le corta la cabeza.
-
-En China, los republicanos, después de su triunfo, dejaron en paz al
-joven emperador para que continuase viviendo lo mismo que antes. Y como
-en realidad el monarca no había salido nunca de la Ciudad Prohibida, ni
-gobernado otra cosa que su vivienda--los ministros lo hacían todo en su
-nombre--, debe pensar á estas horas que la República no se diferencia
-mucho del antiguo régimen.
-
-Algunos que parecen bien enterados me aseguran que continúa instalado
-dentro de la Ciudad Prohibida, en lo más céntrico de la Ciudad Violeta.
-Es tan enorme y con entrañas tan complicadas la antigua Ciudad
-Imperial--una legua de circuito--, que el monarca destronado puede
-seguir ocupando varios palacios y un jardín, sin que su antiguo pueblo
-sepa dónde está. En verdad, cuando era emperador su vida no abarcaba
-mayor espacio sobre la tierra.
-
-Parece que este jovenzuelo es más feliz que antes, porque no recibe
-visitas y nadie le molesta con inútiles consultas. Le casaron de niño
-con una de su edad, y los dos siguen jugando, ya mayores, en kioscos y
-jardines. Él está enamorado de una amiga de su mujer, perteneciente á
-una gran familia de mandarines adictos al Imperio. Los chinos sólo
-tienen una esposa legítima, pero la costumbre les permite un número
-ilimitado de amigas dentro de la casa. Y el feliz «triángulo» imperial
-vive paradisíacamente en el centro de Pekín, sin que nadie se acuerde de
-su existencia.
-
-De tarde en tarde el ex emperador recibe la visita del presidente de la
-República, que también habita un palacio dentro de la antigua Ciudad
-Prohibida. Unas veces es un mandarín letrado, otras un «doctor en
-armas», ó sea un general, pues la República china sufre los cambios
-bruscos de los seres en crecimiento, las aventuras violentas de toda
-juventud.
-
-El último Hijo del Cielo no sabe en realidad lo que es un presidente de
-República. Debe creerlo un ministro universal, un favorito como los que
-gobernaban en otro tiempo la China despóticamente, mientras sus abuelos
-imperiales permanecían invisibles en la paz majestuosa del Palacio de
-Verano.
-
-Bien puede ser que algunas veces se le ocurra la conveniencia de
-aplicarle al Presidente unas cuantas docenas de bastonazos con un bambú
-duro, para que atienda con más generosidad á sus gastos. Pero no ve en
-torno de él á los eunucos de la antigua corte encargados de dicha
-función.
-
-Sólo encuentra en sus jardines militares azules, de uniforme repleto
-durante el invierno, que le miran frente á frente con una audacia de
-campesinos sublevados, no pudiendo comprender por qué razón á un hombre
-que marcha lo mismo que ellos sobre la tierra lo llamaron sus pobres
-antepasados, durante cincuenta siglos, el Hijo del Cielo.
-
-
-
-
-VIII
-
-LA GRAN MURALLA
-
- Un muro de 600 leguas edificado en ocho años.--El chino sabe
- demasiado para ser militar.--Las industrias fúnebres.--Entierros
- ruinosos.--Las tumbas de los emperadores de la dinastía
- «Luminosa».--En las puertas de la Tartaria.--Los vagabundos de la
- Gran Muralla.--La caravana de Kalgán.--El frío viento de la
- Mongolia.--Los dos ciegos musulmanes.
-
-
-En este país extremadamente viejo, decano de todas las naciones
-actuales, no abundan los monumentos que puedan llamarse antiguos.
-Templos y palacios sólo alcanzan una vida de contados siglos. Lo eterno
-es la China, su historia y sus costumbres. El alma del país perdura
-inmutable á través de miles de años. La exterioridad de las cosas
-resulta transitoria y ha sufrido muchas renovaciones.
-
-Su monumento más venerable y famoso es la Gran Muralla. Representa en la
-historia del pueblo chino lo que las Pirámides para la primitiva nación
-egipcia.
-
-Las Pirámides tienen algunos miles de años más que la Gran Muralla.
-Cuando el emperador Hoang-Ti levantó ésta 240 años antes de J. C., las
-Pirámides eran ya antigüedades milenarias que venían á contemplar
-viajeros de otros países. Pero como esfuerzo constructivo, la obra china
-resulta más enorme que la de los primeros Faraones de Memfis. Resultan
-las Pirámides más grandiosas al poder abarcarlas el visitante con sus
-ojos; imponen un respeto casi místico por su pesadez de cumbre; tienen
-la concreción aplastante del amontonamiento. La Gran Muralla es una obra
-de extensión, un trabajo de gigantes en sentido horizontal, que casi
-nadie ha podido apreciar en conjunto, pues esto exigiría un viaje
-larguísimo. Los chinos, para crearla, manejaron indudablemente mayor
-cantidad de materias que los fellahs constructores de las Pirámides.
-
-Ocupa la Gran Muralla una longitud de 600 leguas, distancia mayor que la
-existente entre Madrid y París. Algunos han calculado que con sus
-materiales se podría construir un muro que diese por dos veces la vuelta
-á la tierra. Tal obra la ordenó Hoang-Ti, porque deseaba separar sus
-Estados del resto del mundo, y para él todo el mundo eran los tártaros y
-los manchures, que podían atacar á su nación por el Norte.
-
-Hoang-Ti sólo gobernaba entonces la verdadera China, ó sea las llamadas
-Diez y ocho Provincias. Una cosa es la China y otra el Imperio chino.
-Los tártaros y los manchures, que á pesar de la Gran Muralla acabaron
-por invadir el suelo de la China, fundieron sus territorios con las
-provincias de los vencidos, dando así su extensión actual á este Imperio
-de once millones de kilómetros cuadrados y quinientos millones de
-habitantes. Hace muchos siglos que la Gran Muralla resulta una obra
-completamente inútil, por haber quedado dentro del Imperio,
-extendiéndose la nación á un lado y á otro de sus baluartes; pero en sus
-primeros tiempos significó un gran adelanto como obra de fortificación,
-defendiendo á la China de sus más temibles enemigos.
-
-Se extiende sin interrupción 2.400 kilómetros sobre cumbres de montañas,
-sobre valles profundos, y algunas veces sus cimientos se apoyan en
-pilotes para atravesar terrenos blandos y pantanosos. El emperador
-exigió á los ingenieros que no dejasen fuera de la muralla la más
-pequeña parcela de sus tierras, y esta orden hizo aún más dificultoso el
-trabajo. Quiso además que la obra colosal se terminase cuanto antes y
-fué emprendida por muchos puntos á la vez, dedicándose á ella millones
-de hombres.
-
-En menos de ocho años se realizó, venciendo todos los obstáculos
-naturales, y según cuentan los historiadores, murieron en esta empresa
-sobrehumana unos 400.000 hombres.
-
-Su trazado tiene el ondulamiento del dragón, línea favorita de los
-artistas chinos, pero tal forma se debe también á la exigencia imperial
-de seguir con rigurosa exactitud los límites de sus provincias
-septentrionales. En algunos sitios parece suspendida de los flancos
-escarpados de las montañas; otras veces se oculta en gargantas profundas
-ó pasa como un puente sobre ríos y torrenteras.
-
-Todo el que visita Pekín siente la atracción de la Gran Muralla.
-Presenta ésta diversos aspectos según los sitios que atraviesa, é
-imagínese el lector si ofrecerá puntos de vista distintos en una
-extensión de 600 leguas. El lugar más frecuentado por pintores y
-fotógrafos se halla á varias horas de Pekín, empleándose para llegar á
-él un ferrocarril que va á la Mongolia y tiene por término la ciudad de
-Kalgán, situada casi en pleno desierto.
-
-Atravesamos la mayor parte de la capital, poco después de amanecer, para
-ir á la estación de esta línea férrea construída por una empresa china.
-Se halla fuera de las murallas, al otro extremo de la Ciudad Tártara.
-Nunca como en esta mañana me di cuenta de la extensión de Pekín. Nuestro
-automóvil rueda kilómetros y kilómetros, siempre por avenidas que
-parecen sin término. Vemos calles laterales con las fachadas llenas de
-anuncios colorinescos y el arroyo obscurecido por una apretada
-muchedumbre. Atravesamos mercados con inmóviles caravanas de camellos.
-
-Todas las puertas de la antigua Ciudad Prohibida ostentan á ambos lados,
-clavadas en su muralla rosa, dos banderas cuyas telas tienen muchos
-metros de amplitud. Es el pabellón quinticolor de la China
-revolucionaria, rojo, amarillo, azul, blanco y negro. La República hace
-gran ostentación de su nueva bandera, como si esto bastase para
-modernizar á un país que hasta hace poco no conocía otro símbolo
-patriótico que los dos dragones heráldicos de sus emperadores. Algunos
-edificios oficiales han adornado sus fachadas con falsas columnas y
-capiteles de papel multicolor que muestran la prodigiosa habilidad
-manual de los artífices del país. Estamos en las fiestas de Año Nuevo,
-colocadas por el calendario chino algunos días después de nuestro 1.º de
-Enero, y todos los palacios gubernamentales se cubren de dichos adornos.
-
-Llegamos finalmente á la estación del ferrocarril de Mongolia. Junto á
-ella se extiende un campo de maniobras, y mientras llega la hora de
-partir el tren vemos cómo trotan, cómo se echan al suelo y nos apuntan
-con sus fusiles varios grupos de soldados vistiendo uniforme blanco y
-azul, todos con zapatillas afieltradas, de pie negro y caña blanca, que
-son el calzado nacional.
-
-Dicen que estos soldados resultan tan excelentes como los mejores si los
-dirigen oficiales extranjeros, capaces de hacerlos avanzar con su
-ejemplo y con el automatismo de la disciplina. Pero al ser mandados por
-generales chinos no hay tropas más blandas, más refractarias al ataque á
-pecho descubierto, con menos «mordiente». Esta flojedad, incomprensible
-en hombres que aprecian la vida menos que nosotros y parecen más
-acostumbrados á sufrir el dolor físico, sólo puede explicarse teniendo
-en cuenta que el chino, por regla general, es más astuto é inteligente
-que el blanco.
-
-Sabe demasiado para ser militar; tiene una experiencia de varios miles
-de años á su espalda, y las expresiones sonoras «patria», «gloria»,
-etc., que en otros países empujan los hombres á la muerte, no despiertan
-en él grandes entusiasmos. Su positivismo le hace pensar que los
-provechos de la victoria serán para sus jefes y no para él. Sabe que si
-queda inválido no recibirá ninguna recompensa digna de tan enorme
-desgracia. Pero el porvenir es una sucesión de sorpresas, y ¡quién sabe
-lo que hará en lo futuro este pueblo de quinientos millones de seres!...
-
-Sus campesinos, individualmente valerosos, sobrios y crueles, pueden
-convertirse en temibles soldados si los reune y los entusiasma un ideal
-común, algo que hable á su orgullo de raza y á su positivismo. Mas por
-el momento, los que conocen á este ejército afirman que nada vale como
-fuerza agresiva y tampoco puede servir gran cosa para la defensa del
-país en caso de invasión. Los chinos, como todos los pueblos de un gran
-pasado histórico, miran con superioridad á los países que estuvieron
-bajo su dependencia, política ó intelectual. Como los japoneses fueron
-sus discípulos y los vapulearon hace treinta años en una guerra, se
-vengan de ellos llamándoles «los enanos». Pero es indudable que si las
-potencias europeas y los Estados Unidos no se preocupasen de mantener la
-independencia de la República china, «los enanos» habrían aprovechado
-cualquier pretexto para llegar hasta Pekín--sólo están de él á
-veinticuatro horas de ferrocarril--, barriendo con facilidad á todo este
-ejército azul y blanco, de zapatillas silenciosas.
-
-Empieza á deslizarse el tren sobre los campos inmediatos á la capital.
-Pasan ante las ventanillas grupos de árboles ennegrecidos por el
-invierno y montones de tierra que son tumbas, cada vez más numerosas.
-Algunas de ellas deben ser de gente rica, cuyos parientes cuidaron de su
-ornamentación, haciendo algo más que amontonar terrones sobre los
-féretros. (Había olvidado decir que el ataúd chino no lo descienden al
-fondo de una fosa, como en nuestros cementerios. Queda sobre el suelo y
-lo van cubriendo con tierra hasta que forma ésta una cúpula
-suficientemente gruesa para preservarlo de las injurias atmosféricas.)
-El adorno escultórico de los cementerios ricos es siempre el mismo: una
-gran tortuga de piedra que lleva sobre el lomo un obelisco ó una torre
-de pagoditas superpuestas. Esta tortuga, emblema de una larga vida, con
-la pareja de dragones imperiales y el ave fénix, constituye el grupo
-principal del simbolismo chino.
-
-Pasamos junto á canales que tienen sus taludes cubiertos de nieve.
-Cisnes blancos y negros abren el agua verdosa con el plumón de sus
-pechos. Entretengo la monotonía del viaje pensando en la importancia que
-las supersticiones taoístas han dado á las ceremonias del entierro.
-
-Hasta el coolí más humilde ahorra pequeñas monedas pensando en el
-féretro que ocupará después de muerto. Los almacenes de pompas fúnebres
-son los establecimientos más importantes en los barrios populares de
-Pekín. Hay talleres enormes de carpintería que fabrican montañas de
-ataúdes de pino blanco, dentro de los cuales se encajan otros de maderas
-más valiosas.
-
-Un entierro magnífico es la ambición suprema de todos los habitantes de
-este país; el glorioso final de una existencia. Las familias contraen
-deudas que agobian el resto de su vida, ó se arruinan totalmente,
-perdiendo su rango social, para costear unos funerales. Tardan éstos
-con frecuencia meses y aun años á causa de los preparativos que exigen.
-Los entierros, escrupulosamente reglamentados según su costo, se
-escalonan en clases, y la memoria de una persona se venera de acuerdo
-con la importancia de su sepelio.
-
-En los funerales de un rico se queman muebles, armas de caza, perros;
-antiguamente palanquines con sus portadores, ahora berlinas tiradas por
-caballos ó automóviles de marcas célebres. Lo que constituyó en vida el
-lujo del difunto, debe seguirle más allá de la tumba. Pero este pueblo,
-hábil en toda clase de negocios, ha encontrado el medio de proporcionar
-á los muertos sus comodidades terrenales sin que por ello pierda el
-capital de los vivos unos objetos tan preciosos para la existencia. Y
-los muebles, las armas, los automóviles, los animales domésticos, son
-todos de cartón, construídos por notables artífices que reproducen el
-original con una escrupulosidad puramente china, sin olvidar detalle.
-
-Los muertos de gran familia quedan provisionalmente metidos en ataúdes,
-esperando que todo esté listo para sus funerales. El fallecimiento de un
-personaje proporciona á los escultores fúnebres largo trabajo, y por más
-que se afanen transcurre mucho tiempo antes de que la familia pueda
-realizar un entierro suntuoso. El público acude á ver el desfile de
-objetos y bestias de cartón para apreciar la fidelidad con que fueron
-reproducidos, y admira que tan costosas obras estén destinadas á
-convertirse en cenizas sobre una tumba.
-
-Continuamente se encuentran en las calles de Pekín bandas de músicos que
-van á ponerse á la cabeza de un cortejo fúnebre. Chinitos mofletudos y
-sonrientes pasan cargados con enormes _gongs_ y otros instrumentos no
-menos ruidosos y de grandes dimensiones. Ellos y los músicos que les
-siguen parecen alegres por la abundancia de trabajo. La muerte fomenta
-los negocios del país y aviva la actividad de las gentes. Hay entierros
-que llegan á costar 300.000 ó 400.000 dólares chinos, figurando en ellos
-centenares de hombres con dobles estandartes, varias bandas de músicos y
-una procesión interminable de falsos carruajes, monigotes y casas
-portátiles, destinados á convertirse en humo.
-
-Abandonamos el tren en mitad de nuestra marcha á la Gran Muralla. Son
-las nueve. El sol de una hermosa mañana de invierno empieza á caldear la
-tierra. Los charcos han perdido su costra blanca de la noche. Lloran los
-árboles con la licuefacción de la escarcha de sus hojas. El terreno ha
-ido subiendo y no obscurece ya la atmósfera el polvo amarillento de los
-alrededores de Pekín. Se respira un aire fresco de montaña. Vemos en el
-horizonte las cumbres de la Mongolia, que parecen haberse acercado á
-nosotros repentinamente.
-
-Marchamos dos horas á caballo para ver un grupo de mausoleos de los
-emperadores Ming. Son más ostentosos y ocupan mayor espacio que los que
-visitamos en las cercanías de Mukden, construídos por la dinastía de los
-«Muy Puros». Pero el aspecto arquitectónico de unos y otros casi es
-igual; largas avenidas que conducen á templos multicolores y tienen en
-sus bordes parejas de animales gigantescos esculpidos en granito:
-elefantes, caballos, licornios y leones. Lo más notable de este parque
-fúnebre es su arboleda, que se extiende kilómetros y kilómetros,
-formando una selva de sagrado silencio. El suelo está cubierto de césped
-finísimo y resbaladizo. Con gran frecuencia pasamos sobre el arco de un
-puente de mármol. Los arquitectos paisajistas de la China se complacen
-en hacer dar á un mismo arroyo numerosas revueltas, de modo que se
-coloque incesantemente ante el paso del visitante, sólo por el placer
-de ir lanzando nuevos puentes sobre su curso.
-
-El puente es la obra suprema del artista chino, y cuanto más abunda en
-un paisaje, mayor esplendor le proporciona. Esta predisposición á la
-línea tortuosa la siguen también al trazar las avenidas funerarias.
-Únicamente son rectas en cortos espacios, torciéndose inmediatamente
-para tomar una nueva dirección y volver más allá á la línea primitiva.
-Según parece, en estos bosques sepulcrales los constructores emplearon
-la línea quebrada con un fin religioso, para desorientar y fatigar á los
-malos espíritus. Como éstos sólo vuelan en línea recta, llegarían
-fácilmente hasta el monumento fúnebre levantado en su último término si
-las avenidas fuesen tiradas á cordel. Gracias á tales tortuosidades,
-queda defendido el sepulcro por masas de arboleda que lo ocultan á los
-demonios alados.
-
-Visitamos las tumbas de estos Ming, emperadores que en el siglo XIII
-formaron una verdadera dinastía nacional, gobernando á la China entre
-los invasores tártaros, á quienes destronaron, y los invasores
-manchures, que los destronaron á su vez. El primero de los Ming fué
-verdaderamente un héroe, un gran capitán salido del pueblo, que llegó á
-convertirse en emperador. Empezó de niño como acólito de una pagoda;
-luego, de joven, ganó su vida barriendo el templo y sirviendo de criado
-á los sacerdotes. Al sublevarse la nación contra los últimos
-descendientes de Gengis-Kan, este sacristancito chino se lanzó á la
-guerra, revelándose como hábil guerrero y astuto político, que supo
-reunir en torno á su persona las fuerzas populares hasta entonces
-disgregadas, batiendo para siempre á los tártaros y entronizando á su
-familia con el título de dinastía Ming, que significa «Luminosa».
-
-No llegó el primero de los Ming á reinar en Pekín. Su capital fué
-Nankín, ciudad creada por él, donde se halla todavía su tumba.
-
-Volvemos al tren y éste reanuda su marcha hacia las montañas de la
-Mongolia, que llenan el horizonte. Siguiendo la orilla de un río, se
-desliza poco después por las tortuosidades de continuos desfiladeros.
-Empezamos á ver cortinas de fortificación que, partiendo del valle
-fluvial, se remontan á las cumbres. Son defensas secundarias, á espaldas
-de la Gran Muralla, cuya proximidad se deja adivinar.
-
-Todas las montañas son rojizas, á causa de su vegetación seca y quemada
-por el frío. En verano deben vestirse de un verde tierno y jugoso. Ahora
-su aspecto es áspero y fiero; parecen forradas todas ellas con pieles de
-león.
-
-Creo adivinar el destino de las murallas que cortan el largo y tortuoso
-valle. Veo caminos fortificados que suben á las cumbres; escalinatas
-entre dos murallas con almenas, para poner á cubierto de los flechazos
-enemigos á las huestes que ascendían por sus peldaños de roca. Los
-puentes que se encorvan sobre el río tienen igualmente almenas y dan
-acceso á castillos ruinosos que fueron cuarteles. Las tropas chinas no
-podían pasar el invierno entero acampadas en la Gran Muralla.
-Precisamente en esta región serpentea sobre cumbres donde sopla durante
-largos meses el frío viento de la Mongolia. La guarnición vivía en el
-valle, de temperatura más templada, y al dar la alarma los destacamentos
-avanzados podía ascender rápidamente por los caminos cubiertos, yendo á
-ocupar sus sitios de combate.
-
-Se detiene el tren en la estación de Chinglungchiao, nombre que no es
-fácil para dicho ni para escrito. Desde la estación se ve sobre las
-cumbres inmediatas una torre cuadrada y varios lienzos de muro que se
-alejan. Es la Gran Muralla, que llega hasta aquí en uno de sus ángulos
-entrantes y retrocede con brusquedad, perdiéndose entre picachos de
-rocas.
-
-Empezamos á ascender por la pendiente de un barranco. La marcha se
-prolonga más de una hora. Algunas veces el suelo deja de ser pedregoso y
-pasamos entre pequeños rectángulos de tierra cultivada por unos
-labriegos puramente tártaros. Los chinos que vienen con nosotros,
-intérpretes y guías, con sus sotanas negras y sus birretes de seda
-rematados por un botón rojo, resultan extranjeros en este país.
-
-El tártaro lleva gorro de pieles y barbas lacias. Todos tienen los
-pómulos muy anchos y unos ojitos menos oblicuos que los chinos, pero más
-duros. Nos rodea una tropa de ellos, con trajes andrajosos, cuya tela
-acolchada de algodón deja escapar éste por las roturas. Los calzones son
-tan rígidos por su forro interior y por la suciedad externa, que parecen
-tallados en madera como dos troncos huecos de árbol.
-
-Muchos de estos hombres, formando grupos de cuatro, sostienen ramas
-peladas de árbol de las que penden unos sillones viejos de junco, y
-cuando se cansa un viajero le invitan á que se siente en el rústico
-palanquín. Así lo llevan cuesta arriba con esfuerzos escandalosamente
-exagerados para exigir luego mayor recompensa. Cada cien pasos se
-detienen, y el primero de los cuatro portadores lanza un grito. Apoyan
-entonces la barra en unas horquillas y cambian ésta de hombro,
-continuando su ascensión.
-
-Otros tártaros son comerciantes de la Gran Muralla y acosan á los
-viajeros ofreciéndoles «curiosidades» del país, especialmente
-cencerritos y eslabones fabricados por los herreros indígenas. Lo que
-más venden son piezas de la antigua moneda mongola. Esta moneda, la más
-original que puede encontrarse en el mundo, consiste en pequeños sables
-de bronce, yataganes de la longitud de un dedo, que tienen grabadas en
-su hoja la leyenda de la pieza y el año en letras chinas.
-
-Llegamos finalmente á una de las puertas del interminable recinto
-fortificado, la de la ruta que va á Kalgán, ciudad importante del
-desierto. Lo mismo que los antiguos soldados del Hijo del Cielo,
-empezamos á subir por unas escaleras fortificadas, hasta lo alto de la
-Gran Muralla. Una vez sobre ella marchamos entre dos filas de almenas
-por un camino enlosado de granito, en el que pueden avanzar cómodamente
-diez hombres de frente.
-
-Sólo logramos ver la parte más insignificante de esta obra que ocupa una
-extensión igual á la longitud de dos ó tres naciones medianas de Europa.
-Y sin embargo, este reducido sector nos parece algo extraordinario que
-hace presentir la enormidad de todo lo que permanece oculto más allá de
-nuestro poder visual.
-
-La muralla sube por ambos lados siguiendo las pendientes, escala las
-cumbres, desaparece, la vemos surgir á muchos kilómetros de distancia
-sobre nuevas alturas, se oculta en los valles, y así va hundiéndose y
-emergiendo en los sucesivos términos del horizonte, hasta no ser mas que
-un hilillo rojo casi esfumado entre remotas montañas azules. A
-distancias regulares se levantan torreones cuadrados, todos parecidos.
-Los arqueros, desde lo alto de sus plataformas, podían cruzar sus
-disparos de modo que no quedase un fragmento del muro sin ser defendido
-por sus flechas.
-
-Caminamos mucho tiempo sobre el lomo de esta obra que parece infinita.
-El tiempo apenas ha causado mella en su masa de piedras y ladrillos. La
-soledad del lugar la conservó, como la campana neumática preserva los
-objetos confiados á su vacío.
-
-Al otro lado se extiende la árida tierra mongola, que es como una
-antesala del desierto de Gobi, y diversos países de misterio, poblados
-por demonios guardadores de tesoros, por tribus nómadas de bandidos, y
-en cuyos remotos valles hay ciudades santas que gobiernan dioses
-vivientes. Allá está Ourga, donde se deja adorar el Buda hecho carne,
-divinidad que muere envenenada muchas veces, si los santos Lamas del
-Tibet, establecidos en Lassa, consideran que ha vivido demasiado y
-ansían darle un sucesor más sumiso, para lo cual les basta con enviarle
-un nuevo médico. Allá los lagos de nafta que arden incesantemente
-poblando la noche de resplandores infernales; allá las tribus guerreras
-que pertenecen de nombre al inmenso Imperio chino, pero hace años viven
-con independencia, aliadas á los Soviets de Siberia, y ensoberbecidas
-por el armamento que les regala el gobierno rojo de Moscou.
-
-Vamos encontrando monótono el espectáculo al poco rato de marchar por
-estos caminos almenados que se empinan siguiendo las pendientes y en
-cuyas piedras pulidas por los siglos resbalamos con demasiada
-frecuencia. Luego el interés renace al pensar que esta obra de color
-rojizo, que sólo parece tener un siglo de existencia, fué construida
-hace 2.300 años. Siempre que vemos el interior de un torreón recordamos
-que la Gran Muralla tiene 20.000 de ellos, todos iguales.
-
-En la puerta atravesada por el camino de Kalgán se notan más las
-roeduras del tiempo. Un castillo fué adosado á ella, y esta
-fortificación suplementaria es ahora un montón de ruinas. El arco de la
-puerta se mantiene intacto. Detrás de él se halla obstruido el camino
-por masas de mampostería derrumbada, semejantes á los pedruscos que
-forman islotes en el lecho de los barrancos.
-
-Vemos cómo se aproxima cortando el desierto una caravana de mulas y
-camellos procedente de la Mongolia. La fila de bestias, con sus arrieros
-tártaros, atraviesa la puerta-túnel de la muralla. Luego saltan
-aquéllas, con una agilidad de cabras, sobre las ruinas que obstruyen el
-paso, y vuelven á formarse más allá en el camino libre que desciende á
-las llanuras cultivadas de la China.
-
-Unos gendarmes con guedejas de pelo de mono, gorra azul y blanca y
-revólver al costado, se han unido á nosotros en las inmediaciones de la
-muralla. Su compañía es oportuna. Todos estos grupos de comerciantes de
-monedas-yataganes, de portadores de palanquines rústicos, de vagabundos
-con andrajos duros como la madera, ojitos feroces y barbas de chivo, si
-se limitan á pedirnos dinero valiéndose de gesticulaciones humildes ó
-exagerando desvergonzadamente el menor servicio que prestan, es porque
-ven á nuestro lado á estos gendarmes algo grotescos con sus melenas
-lacias, que han sustituido á la antigua trenza, y sus orejeras peludas.
-De no estar ellos presentes, exteriorizarían sin duda sus deseos con
-menos humildad.
-
-Desciende el sol, y un viento helado y cortante, el terrible viento de
-la Mongolia, empieza á cantar en torreones y almenas. Los mismos
-habitantes del país acogen con una sonrisa crispada estos chillidos
-atmosféricos. Unos introducen sus manos en los guantes-manoplas que les
-cuelgan del pescuezo. Otros más pobres se las meten bajo los sobacos y
-empiezan á bailar para defenderse por adelantado del frío.
-
-Es tan brusco este soplo, huracanado y glacial, que nos hace correr
-muralla abajo, con gran arremolinamiento de faldas y gabanes, levantando
-todos las manos para asegurar los sombreros.
-
-Al pie de la escalera fortificada, junto al arco de la puerta, en una
-especie de hornacina, vemos arrodillados á dos mendigos, viejos
-tártaros de luenga barba blanca. Uno de ellos tiene un vago parecido con
-Anatolio France.
-
-Los dos están ciegos, con esa ceguera extremada y monstruosa de los
-países orientales, que no se contenta con borrar la vista y destruye
-además ferozmente los globos de los ojos. Tienen sus cuencas rojas y
-completamente huecas. Las moscas invernales se sobreviven y alimentan
-revoloteando en torno á estos cuatro orificios de herida, siempre
-frescos y sangrientos.
-
-Murmuran oraciones con voz monótona, balanceando sus diestras tendidas.
-Canturrean como si cumpliesen un rito, indiferentes á que el viajero se
-detenga ó siga adelante.
-
-Se adivina que estos chinos son musulmanes. El nombre de Alá,
-confusamente pronunciado, pasa á través de la sorda melopea de sus
-invocaciones. Tienen además la gravedad fatalista de los mendigos del
-Islam.
-
-Reciben las monedas en sus manos impasibles y siguen suspirando
-palabras, fijas sus órbitas sin ojos en el infinito.
-
-Estos dos habitantes de la Gran Muralla no se mueven nunca de la
-hornacina que les sirve de refugio: aquí duermen; aquí comen cuando
-tienen de qué.
-
-¿Para qué canturrean todos los días, si sólo de tarde en tarde se
-presentan viajeros?... ¿Quién puede darles limosnas en este desierto?...
-¿Qué es lo que ven en su eterna noche, arrodillados junto á esta puerta
-que da entrada á una de las soledades del mundo más extensas y
-misteriosas?...
-
-
-
-
-IX
-
-EN MARCHA HACIA EL RÍO AZUL
-
- Los bandidos de Ling Tcheng.--Dos trenes fortificados.--Compañeros
- que van cayendo.--La exportación de huevos chinos.--Faisanes
- laqueados.--La amazona misteriosa del bosque fúnebre de los
- Ming.--Los bandidos no aparecen.--Decepción de algunas
- viajeras.--Opiniones sobre la República china.--Un cuerpo robusto
- falto de sistema nervioso.--La China aún no sabe que existe.--El
- Gran Canal.--El río Amarillo y el río Azul.--La civilización del
- trigo y la civilización del arroz.--Los pueblos asiáticos
- eternamente casados con el Hambre.
-
-
-Muchos europeos residentes en Pekín, ingenieros, comerciantes y hasta
-diplomáticos, se unen a nosotros para aprovechar el tren especial que
-debe conducirnos á Shanghai, á través de una parte considerable de la
-China.
-
-El gobierno ha tomado grandes precauciones para que no se repita al
-pasar nosotros por Ling Tcheng el ataque que sufrió hace unos meses un
-tren de lujo, lleno de europeos y norteamericanos. Varias partidas de
-soldados desertores, capitaneadas por un oficial joven llamado Suen Mei
-Yao, atacaron dicho tren durante la noche llevándose secuestrados á
-todos sus viajeros, incluso las mujeres y los niños. Fué un acto de
-bandolerismo y al mismo tiempo una maniobra política para crear
-dificultades al gobierno de Pekín con las grandes potencias.
-
-Las circunstancias no han cambiado. Antes de nuestra salida de la
-capital los diarios hablan largamente sobre la posibilidad de que seamos
-atacados en la región de Ling Tcheng, favorable para esta clase de
-operaciones. Además, los mismos periódicos, con una asombrosa
-imprudencia informativa, mencionan las enormes fortunas de algunos de
-mis compañeros de viaje. Especialmente hay una señora, vestida de luto,
-que va con un hijo único, y lo mismo en el _Franconia_ que en hoteles y
-ferrocarriles es siempre mi vecina más inmediata. La dama apenas habla,
-sonríe modestamente y parece no tener fuerzas para manifestar una
-opinión contraria á lo que dicen los demás. El hijo, tímido como la
-madre, y de una perfecta y silenciosa educación, se ve buscado por todas
-las señoritas, que se disputan el bailar con él. Estos dos compañeros,
-siempre deseosos de pasar inadvertidos, poseen varias explotaciones de
-petróleo en California y hay años en que la madre recibe algo así como
-10.000 dólares todos los días. ¡Qué golpe para los bandidos chinos!...
-
-Como son muchos los personajes de Pekín que necesitan ir á Shanghai y
-otros puertos del Sur y desean agregarse á nuestro viaje, se forman
-finalmente dos trenes especiales. Cada uno de ellos lleva enormes
-proyectores eléctricos, como los que usa la marina de guerra, y á la
-cabeza y la cola vagones blindados con una compañía de infantería y
-varias ametralladoras. Además, el Ministerio de la Guerra ha hecho
-concentrar tropas en las estaciones estratégicas, dentro de la vasta
-zona montañosa donde se mueven las partidas de bandidos.
-
-Creemos que con tantas precauciones nos será posible llegar sin tropiezo
-á Shanghai, realizando el viaje en treinta y seis horas. Los dos trenes
-están compuestos de vagones-dormitorios, vagones-comedores y
-vagones-salones con balconaje exterior para contemplar el paisaje.
-Nunca he visto en Europa algo semejante por sus comodidades y su lujo.
-Únicamente los llamados «trenes de millonarios», que van de Nueva York á
-Los Ángeles durante el invierno, pueden compararse con estos dos,
-organizados por el gobierno chino. El material rodante es el mismo, pues
-los vagones de Pekín fueron comprados en la América del Norte.
-
-La estación se llena de gente blanca poco antes de nuestra salida;
-habitantes del Barrio de las Legaciones que ven en esto un motivo para
-pasar el tiempo; familias de origen europeo y americano venidas para
-despedir á padres y maridos.
-
-Un joven pálido, envuelto en mantas, que parece moribundo, llega hasta
-el tren en un palanquín, escoltado por un médico, una _nurse_ americana
-y varios servidores chinos. Es un compañero nuestro, enfermo de una
-pulmonía aguda. Prefiere ser llevado al _Franconia_ á quedarse en un
-hospital de Pekín, y corre el riesgo de morir en el vagón durante tan
-largo viaje. Su madre y su hermana lo acompañan, haciendo esfuerzos por
-ocultar su inquietud. Se interrumpe el regocijo de la despedida; cesan
-los comentarios jactanciosos sobre un probable ataque al tren. Todos
-pensamos en la posibilidad de que este joven sea una de las víctimas
-exigidas por la Aventura á nuestro viaje perigeo.
-
-De los que salimos de Nueva York ya cayó uno. La Nochebuena, estando en
-Yokohama, la policía japonesa trajo al _Franconia_ un fogonero
-encontrado inánime en los muelles. Le creían simplemente ebrio, por
-haber bebido con exceso en honor de la cristiana festividad, y al
-examinarlo el médico de á bordo se convenció de que estaba muerto desde
-muchas horas antes. Ahora, este joven, al que he visto bailar muchas
-veces en los salones del _Franconia_, viene en nuestro tren como un
-moribundo. Parece milagroso que no seamos más los que hayamos caído con
-una congestión en los pulmones después de tanto paseo nocturno en
-_ricsha_ descubierta por las calles glaciales de Pekín ó de la visita á
-la Gran Muralla, bajo el viento mongólico de una tarde de Enero.
-
-Empieza nuestro viaje. Vemos tropas en todas las estaciones, pero esto
-ya es para nosotros un espectáculo ordinario. Nos interesa más el
-aspecto de la campiña, que se va repitiendo, siempre igual, durante el
-primer día de viaje, y se reproducirá á la mañana siguiente, aunque con
-las variaciones propias de un cambio de clima, pues vamos en línea recta
-del Norte al Sur.
-
-Todo el suelo está arado. Fuera de las secciones ocupadas por las tumbas
-no hay un solo palmo de tierra falto de cultivo. Sin embargo, como
-estamos en invierno, la llanura es amarilla. No se ven más que surcos,
-terrones sueltos y rastrojos á los que arranca el viento columnas de
-polvo. En primavera y verano estas llanuras deben ser verdes y cobrizas.
-
-Una vida animal exuberante se desarrolla sobre la campiña cuidadosamente
-trabajada. Corren por los campos manadas de aves domésticas,
-persiguiendo á los parásitos de la tierra, en cantidades incalculables.
-Sólo aquí pueden verse unas bandas tan numerosas. El suelo parece haber
-adquirido una vida extraordinaria: se mueve, ondea; tantas son las
-gallinas que marchan sobre él. En torno á estanques y canales ó
-cubriendo sus aguas en largos trechos, aletean tropas de ánades y patos.
-Esta China inmensa es la mayor productora de huevos que existe. En
-algunas estaciones vemos grandes conos de metal, semejantes á los que
-emplean los ferrocarriles europeos para el envase de vinos y aceites.
-Los gigantescos cilindros contienen una pasta espesa, formada por
-millones de huevos, crudos y revueltos, que esparce una intolerable
-hediondez. Los confiteros la adquieren en los puertos de Europa para que
-sirva de base á sus dulces y perfumadas combinaciones. Vemos también
-fábricas que utilizan la gran producción de huevos para secarlos y
-triturarlos, enviándolos á otros países en forma de polvo.
-
-En todos los pueblos, hasta en los más pobres, grupos de hembras
-vociferantes ofrecen comestibles á los viajeros; platos guisados por
-ellas que tienen como principal componente el pollo ó el faisán. Este
-último animal, tan apreciado en Europa, es vulgarísimo en los pueblos
-chinos. Se le ve tanto como la gallina en todos los corrales.
-
-Muchas de las estaciones, con sus vendedoras de cara redonda, tez
-amarilla y ojos oblicuos, me recuerdan las de Méjico, donde se aglomeran
-igualmente numerosas mujeres ofreciendo empanadas y trozos de ave
-espolvoreados de rojo. Aquí los comestibles también son del mismo color.
-Veo faisanes guisados, cubiertos con una capa purpúrea y charolada; pero
-no está compuesta, como en Méjico, del pimiento extremadamente picante
-llamado «chile». Los chinos, con objeto de dar mayor ostentación á las
-aves asadas las rebocan con laca roja, la misma que emplean en el
-barnizamiento de un vaso ó un mueble.
-
-Pasan por los caminos polvorientos muchos jinetes que tienen aspecto de
-labriegos ricos y van hacia sus propiedades montados en una mula
-encaparazonada de seda con penacho de plumas. Recuerdo un encuentro de
-hace pocos días, al visitar la tumba de los Ming. Cuando nos dirigíamos
-á dichos mausoleos montados en unos caballejos alquilones, se unió á
-nosotros por algunos minutos un jinete interesante.
-
-Era una mujer, vestida con pantalones y blusa de seda azul, un azul
-verdoso, igual al de la chispa eléctrica, secreto tradicional de los
-tintoreros del país. Esta hembra, grande y arrogante, se sostenía
-montada sin estribos, avanzando hacia el pecho de la bestia sus largas
-piernas y sus pies enteros, metidos en zapatitos de fieltro, sin la
-deformación que sufren las más de sus compatriotas. El delantero de su
-blusa desaparecía bajo numerosos collares y amuletos de múltiples
-colores. La cabeza la llevaba destocada, ostentando el peinado del país,
-una cortinilla de pelo lacio sobre la frente y el resto de la cabellera
-anudado sobre la nuca. En cambio, su mula, nerviosa y trotadora, agitaba
-entre las orejas un penacho de plumas azules y sus flancos iban
-cubiertos con una gualdrapa de borlas de seda.
-
-Así marchaba, completamente sola, á través de unas tierras desiertas. De
-todo lo que he visto en China, su encuentro resulta tal vez lo más
-novelesco. Nuestros guías é intérpretes parecieron no menos extrañados
-por su presencia. No diré que fuese hermosa. Nosotros no podemos
-apreciar el atractivo de una cara de pómulos anchos y nariz algo
-aplastada, por más que los ojos tengan una expresión graciosamente
-diabólica. Pero era una hembra de estatura arrogante y esbelto vigor;
-una criatura sana, de miembros gimnásticos, é iba sola por campos
-despoblados, en un país donde las mujeres únicamente salen de casa
-acompañadas por domésticos ó buscándose entre ellas para formar grupo.
-
-Tal vez era una labradora rica y viuda que iba varonilmente hacia una de
-sus propiedades. Me acordé de muchas novelas chinas escritas hace miles
-de años que tienen por tema hazañas de piratas y bandidos. Siempre en
-estas bandas de aventureros hay una mujer extraordinaria, una walkyria
-de ojos oblicuos y cuerpo arrogante, capitana que se hace obedecer
-puñal en mano por los más terribles desalmados.
-
-Trotó unos instantes junto á nosotros, como si no nos viese. Al examinar
-su perfil achatado de Diana amarilla, sorprendí el rabillo de uno de sus
-ojos mirándonos disimuladamente con fría curiosidad. Luego, cansada de
-ver á los «demonios blancos», taconeó su mula, desapareciendo entre las
-primeras arboledas de las tumbas de los Ming.
-
-Tan extraordinario me pareció este encuentro en los linderos del inmenso
-bosque fúnebre, que llegué á imaginar la absurda hipótesis de que una de
-las antiguas emperatrices hubiese abandonado su sepulcro por unas horas
-para correr la China del presente, constituida en República... Y no la
-vimos más. Ahora pasan mujeres á caballo cerca del tren, pero son
-labriegas de aspecto zafio. Avanzan con el trotecito de sus asnos en pos
-del marido, ó van acompañadas por jornaleros que las escoltan á pie.
-
-Durante la noche pasamos el sector más peligroso de nuestro viaje, país
-de montañas donde las partidas de rebeldes pueden enriscarse con
-facilidad después de un atentado contra el tren. Vemos correr sobre el
-paisaje inquietos resplandores de incendio. Son las mangas luminosas de
-los reflectores que exploran nuestro camino, haciendo surgir los rieles
-de la nocturna lobreguez, como dos barras de plata. En todas las
-estaciones hay grupos de oficiales que suben al tren arrastrando sus
-sables para dar noticias y tomar órdenes.
-
-Algunas damas empiezan á mostrar cierto desaliento al ver que
-transcurren las horas nocturnas sin que nos ataquen los bandidos. Como
-viajan para adquirir «experiencia en la vida», sienten no conocer las
-emociones de un secuestro armado. Vamos á pasar á través de una China
-en pleno desorden sin ningún incidente digno de ser contado, como el que
-viaja en un tren de lujo entre Nueva York y Boston.
-
-Después de media noche los viajeros se encierran en sus camarotes para
-dormir y únicamente quedan despiertos los centinelas situados en las
-plataformas y sus relevos, que fuman y conversan á gritos en los
-pasillos. Mientras espero la llegada del sueño tendido en mi litera,
-reflexiono sobre la situación actual de la China para concretar mis
-opiniones.
-
-Indudablemente la joven República vive en un estado anárquico. El
-gobierno de Pekín apenas si se ve obedecido en una menguada parte del
-territorio nacional, y sería menospreciado generalmente de faltarle el
-apoyo que le conceden los Estados Unidos é Inglaterra. Existen dos
-Repúblicas: la del Norte, que es donde estamos, y la del Sur, ó sea la
-de Cantón, dirigida por el doctor Sun Yat Sen.
-
-Se nota además en la China revolucionaria una innovación fatal, una
-verdadera regresión política que por suerte no resultará permanente,
-pues es á modo de una enfermedad que sufren todas las Repúblicas
-jóvenes. Al desaparecer el Imperio, los militares chinos han alcanzado
-una importancia que nunca tuvieron. Ya dije cómo durante miles de años
-el mandarín letrado fué más importante que el «doctor en armas»,
-monopolizando como función propia el gobierno del país. Ahora China,
-bajo el régimen republicano, es una especie de Méjico. El Presidente
-(sea quien sea) aparece siempre en los retratos con numerosos
-entorchados y un kepis, del que cuelga un manojo de plumas con el
-desmayo del sauce llorón. Este general-presidente es en realidad un
-personaje decorativo, pues se sostiene en Pekín gracias á la protección
-de otros generales que dominan las provincias con la cruel rapacidad de
-los procónsules, y á los que llaman _tou-kiuns_.
-
-Pero la anarquía actual no pondrá en peligro de muerte á esta vastísima
-nación. China ha pasado en su historia de cincuenta siglos por períodos
-más tremendos, en los que estuvo próxima á perecer despedazada--guerras
-civiles que duraron cien años, hambres exterminadoras, etcétera--, y sin
-embargo su prodigioso vigor interno la hizo surgir de tales conflictos
-con una salud renovada, continuando su existencia.
-
-Las cosas no son simples y uniformes como se las imaginan los espíritus
-dados á la generalización. En nuestra vida todo resulta complejo, y las
-más de las veces contradictorio é inexplicable para nuestros sentidos.
-La China no es un pueblo uniforme; existen dos Chinas: una la
-tradicional, que todos conocen, la China milenaria de los biombos, con
-ceremonias enrevesadas hasta la puerilidad y supersticiones distintas á
-las nuestras. La otra es el inmenso pueblo chino, agrupación humana la
-más dispuesta al trabajo, que soporta alegremente la fatiga y siente en
-todo momento el ansia de saber.
-
-El deseo del chino es ganarse la subsistencia, aunque sea trabajando
-catorce ó diez y seis horas al día, y apenas queda libre aprovechar su
-descanso para aprender. Ningún comerciante del mundo puede compararse
-con él por su inteligencia despierta, ávida de novedades y ágil para
-salvar obstáculos. Ningún obrero supera al de aquí en habilidad manual y
-tenacidad sonriente para el trabajo. Como en esta tierra pudieron los
-pobres, durante 5.000 años, subir á los más altos puestos del Estado
-gracias al estudio, las biografías de sus letrados más célebres
-contienen ejemplos de una tenacidad heroica para adquirir la
-instrucción. Algunos, después de trabajar en su juventud manualmente el
-día entero, estudiaban de noche al resplandor de la luna. Otros abrían
-un orificio en la pared del vecino para aprovechar su luz, y bajo este
-reflejo débil aprendían sus complicadas lecciones.
-
-Esta ansia de saber y la facilidad para asimilarse lo que otros
-estudiaron, han producido la actual República. Los jóvenes chinos
-educados en la América del Norte y en Europa acabaron por vencer con sus
-predicaciones el más viejo, el más absoluto y carcomido de los Imperios,
-intentando organizar sobre sus ruinas lo que ellos llaman «la gran
-democracia amarilla».
-
-Existe un abismo entre las ilusiones generosas de estos apóstoles
-inexpertos y el ambiente que los rodea, todo corrupción, rutina y vejez.
-Los generales fabricados por la República roban lo mismo que los
-antiguos virreyes nombrados por el emperador. El gran vicio de la China
-consistió siempre en que los funcionarios consideran los dineros
-públicos como algo propio, quedándose la mayor parte de ellos y enviando
-sólo un pequeño tributo al ser lejano é invisible que gobierna en Pekín.
-
-La inmoralidad administrativa y la falta de solidaridad entre los
-hombres son las dos enfermedades mayores de la nueva República. En
-realidad, los chinos se ignoran entre ellos. Es tan vasto el antiguo
-Imperio, que cada uno conoce su provincia nada más, y aun dentro de ella
-sólo se siente ligado al pueblo en que nació.
-
-Anatolio France ha dicho que «la China empezará á existir cuando los
-chinos se enteren de que existe una China».
-
-Se esfuerza la República por hacérselo saber, pero son pocos aún los que
-se han enterado en este país de centenares de millones de seres. Antes
-tenían noticia de la existencia de un emperador en Pekín. Ahora no
-saben nada, y en algunas regiones tal vez creen que la llamada República
-es una emperatriz semejante á la que gobernó hasta pocos años antes de
-la revolución.
-
-Mas iguales situaciones, confusas y anárquicas, se han visto en países
-europeos, y aún pueden verse en algunos de América, sin que por ello ose
-nadie profetizar su muerte. La China saldrá de esta crisis. Es un país
-antiquísimo y al mismo tiempo eternamente joven, pues tiene el poder de
-renovarse gracias á la vitalidad de sus muchedumbres. Hasta los mayores
-detractores del chino reconocen su sobriedad, su valor para sobrellevar
-las privaciones de la pobreza, su entusiasmo en el trabajo. Ningún
-pueblo de la tierra está mejor dotado para amoldarse á los climas más
-extremos, soportando lo mismo los fríos de Siberia que los ardores del
-Trópico. El gran geógrafo Reclús veía en los chinos y en los españoles
-los dos únicos pueblos aptos naturalmente para la colonización, á causa
-de la variedad geográfica de sus respectivos países, que les permite
-adaptarse á las diversas temperaturas del globo.
-
-El chino, primer comerciante de la tierra, se extiende por todos los
-continentes, instalándose en ellos como si estuviese en su casa. No hay
-trabajo que le intimide. Se entrega á su labor como si ésta fuese para
-él una finalidad desinteresada y no un medio de vivir. Produce
-sonriendo, cual si experimentase un placer. Yo he sentido asombro muchas
-veces viendo la alegre facilidad de su producción. Más adelante contaré
-lo que me ocurrió con un sastre chino de Singapore.
-
-Los republicanos de Pekín muestran una justa cólera ante las críticas de
-algunos viajeros que se imaginan haber estudiado su país.
-
---Que nos den tiempo--dicen--para realizar nuestras reformas. El Japón
-no hizo más que copiar la fuerza guerrera é industrial de Europa, y para
-ello necesitó cincuenta años... Y á nosotros nos exigen que en doce ó
-catorce hayamos dado la perfección de una República como los Estados
-Unidos de América á este país que por ser el más viejo de la tierra está
-saturado cual ninguno de prejuicios y rutinas.
-
-Las potencias de Europa han puesto sus ojos en la China para
-apropiársela. Pero cada una de ellas desea la mejor parte, sus
-rivalidades neutralizan toda agresión, y mientras tanto la nueva
-República va viviendo. Lo importante para ella es que tan peligroso
-equilibrio se prolongue muchos años, lo que la permitirá realizar
-lentamente su evolución, que no puede ser obra instantánea.
-
-Observan los Estados Unidos con la China una política en la que van
-mezclados el egoísmo comercial y cierto romanticismo democrático. Su
-industria ve un inmenso mercado de exportación en este país de
-quinientos millones de seres. Su gobierno procura atraérselo por medio
-de la gratitud, y para ello le proteje abiertamente de las ambiciones
-conquistadoras del Japón. Los políticos de Wáshington creen de buena fe
-en la posibilidad de una gran República amarilla. Están convencidos de
-que si los demás países dejan á la China desarrollarse por sí misma, en
-completa paz, soportará las enfermedades propias de una democracia
-joven, y antes de medio siglo podrá ser una verdadera República,
-sólidamente cimentada y ordenada, algo que tendría derecho á titularse
-los Estados Unidos de Asia.
-
-Muchos consideran esto un ensueño generoso é inconsistente, una ilusión
-que se verán obligados á abandonar los gobernantes de los Estados Unidos
-y bien pudiera ser causa de la temida guerra del Pacífico. Pero nadie
-posee los secretos del porvenir, y muchas veces la realidad se complace
-en buscar lo que todos creen ilusión, con preferencia á las deducciones
-frías del raciocinio.
-
---¿Por qué no podemos hacer nosotros--dicen los republicanos chinos--lo
-mismo que hicieron las democracias de Europa y América?... Nuestro
-pueblo llevaba inventados muchos de los actuales progresos de la
-civilización blanca cuando los europeos vivían aún en hordas ó alojados
-en cavernas.
-
-Yo siento por el pueblo chino el respeto que merece un glorioso
-antepasado. Recuerdo la emoción de Goethe, á los ochenta años de edad,
-leyendo en su retiro de Weimar una novela china de fábula sana, con
-descripciones tan frescas y vivientes como las de una obra moderna.
-
---¡Y pensar--decía asombrado el poeta--que esta novela fué escrita hace
-3.000 años, cuando muchos de los hombres de Europa acampaban aún en los
-bosques!
-
-Digamos como resumen que la China actual es un organismo enorme y
-fuerte, pero falto de sistema nervioso, lo que le obliga á permanecer
-caído. El Japón sueña con llegar á ser su cerebro director. Quinientos
-millones de chinos, sobrios, inteligentes, incansables, organizados por
-los japoneses... ¡qué amenaza para el resto de la tierra!
-
-Los Estados Unidos, para evitar el tan famoso «peligro amarillo» y al
-mismo tiempo por el romanticismo democrático mencionado antes, procuran
-que las demás potencias dejen en paz á la República china y ésta se vaya
-reformando lentamente por sí sola, hasta crearse, sin ingerencias
-extranjeras, el alma moderna que aún no posee.
-
-Al despertar en la mañana siguiente vemos desde el tren una China
-nueva. Nos aproximamos á la parte tropical del país. Empezamos á sentir
-calor y nos desprendemos de nuestros trajes á la moda de Pekín.
-
-En el Barrio de las Legaciones todos llevan durante el invierno ricos
-abrigos de pieles y un costoso gorro de marta á estilo siberiano. Me
-desprendo de mi pelliza y de un gorro de esta clase, que tal vez no
-usaré más. Ha terminado el frío. En adelante nuestro viaje será por
-tierras cálidas, á un lado y á otro de la línea ecuatorial.
-
-Nos aproximamos al río Yang-Tsé, el famoso río Azul. Todo el terreno que
-estamos cruzando desde Pekín á Shanghai lo componen la cuenca de dos
-cursos fluviales dignos por su enormidad de la fama que gozan: el
-Hoang-Ho (río Amarillo) y el Yang-Tsé (río Azul). En realidad estas dos
-cuencas son la verdadera China, y hasta los tiempos de la antigua
-República romana el pueblo chino se desarrolló entre ellas sin ir más
-allá. Después, el Imperio de los Hijos del Cielo fué realizando
-conquistas ó sufriendo invasiones de bárbaros que le aportaron sus
-propios territorios, y hoy comprende, además de la antigua China, la
-Mongolia, la Manchuria, el Turquestán y el Tibet.
-
-Hemos atravesado durante la noche la cuenca del caudaloso río Amarillo,
-que cambia con frecuencia de curso, inundando provincias enteras,
-convirtiendo otras en terrenos pantanosos, condenando al suplicio del
-hambre millones de seres, y haciendo emigrar á ciudades en masa. Ahora
-estamos en la vertiente septentrional del río Azul.
-
-Vemos desde el balconaje del coche-salón lagunas cultivadas, arrozales
-que se pierden de vista, con bandas de patos blancos y rojizos. Ésta es
-la China productora de arroz. A trechos encontramos un ancho río
-artificial, cuyas riberas están tiradas á cordel, y enormes plazas
-acuáticas que sirven de puertos. Centenares de juncos, tocándose por sus
-bordas, alzan en el aire un bosque de mástiles.
-
-El Imperio realizó hace muchos siglos una obra tan enorme como la Gran
-Muralla, aunque menos famosa que ésta. Es el Gran Canal, que atraviesa
-la mayor parte de la China, yendo desde los puertos del Sur hasta Pekín.
-Para abrirlo se necesitaron largos años de trabajo y varios millones de
-hombres.
-
-Está ahora el Gran Canal roto en algunos puntos de su enorme trayecto,
-pero todavía puede navegarse miles de kilómetros dentro de él y la
-numerosa marina mercante del país lo utiliza para sus viajes interiores.
-Varios lagos alimentan con sus reservas este curso de agua artificial,
-el más grande que se conoce. Los Hijos del Cielo lo abrieron para que
-llegasen por él todos los tributos en arroz pagados por las provincias
-del Sur, envíos de insustituíble necesidad para el mantenimiento de
-Pekín y las muchedumbres del Norte.
-
-Los arrozales del Japón, pequeños y tan escrupulosamente limpios como
-los estanques de un paseo, no son comparables con estas llanuras
-acuáticas que atravesamos durante horas y horas, camino de Nankín,
-antigua capital de la China á orillas del río Azul.
-
-Indudablemente el mundo está dividido en dos civilizaciones, la del
-trigo y la del arroz; mas el europeo se equivoca al imaginarse el arroz
-como un alimento asiático, abundantísimo. Representa la más seductora de
-las nutriciones para los hombres amarillos, pero la mayoría de ellos
-sólo lo comen de tarde en tarde, y si llegan á hacer de él su alimento
-diario, lo absorben en muy reducidas cantidades.
-
-La ambrosía divina del Olimpo indostánico es el arroz con _cury_. Los
-dioses en sus banquetes no conocen nada mejor. Los magnates de todos
-los pueblos amarillos se nutren igualmente con este don del cielo. Los
-demás mortales, cuyo número asciende á centenares de millones, lo toman
-con palillos para que dure mayor tiempo el placer de comerlo, y
-prolongan voluptuosamente la absorción del montoncito colocado sobre un
-plato no más grande que una copa. El populacho indostánico considera un
-banquete tener en la palma de la mano izquierda un puñadito de arroz é
-ir llevándoselo á la boca con dos dedos de la diestra, grano á grano.
-
-Los pueblos de la vieja Asia viven desde los más remotos siglos de su
-historia indisolublemente casados con el Hambre.
-
-
-
-
-X
-
-SHANGHAI, LA RICA Y ALEGRE
-
- Un abordaje de chinos en el río Azul.--La ciudad literaria de
- Nankín.--El «Londres del Extremo Oriente».--La Concesión Francesa y
- la Concesión Internacional.--Las palabras «boom» y
- «krac».--Placeres y despilfarros.--Las cortesanas del país y el
- mujerío internacional.--«Princesas chinas» y opio.--Una colonia
- española interesante.--Dos frailes notables, directores de
- Misiones.--La propaganda católica y la propaganda protestante.--Sus
- diversos recursos.--El barrio chino de Shanghai y sus callejones
- hormigueantes de muchedumbre.--Visita al famoso «Jardín del
- Mandarín» que el lector conoce desde su niñez.
-
-
-El tren nos deja en la estación de Pukow, á orillas del río Azul. Éste
-abre ante nosotros su enorme camino acuático de un color de ópalo
-verdoso, parecido al del ajenjo.
-
-A semejanza de algunos cursos fluviales de América, creemos que es río
-porque así lo afirma la geografía, pero más bien parece por su extensión
-y su abundancia de barcos un brazo de mar ó un estrecho. Estamos á
-doscientos kilómetros de su desembocadura, y sin embargo pasan por él
-numerosos vapores de tonelaje considerable; buques que han hecho la
-travesía del Océano y remontan el río Azul hacia puertos situados en el
-corazón de la China.
-
-En sus orillas no se sabe dónde termina la tierra y empieza el río. Hay
-centenares, hay miles de embarcaciones del país, llamadas «sampanes»,
-que sirven de eterna vivienda á las familias que las tripulan y
-transportan además mercancías. A veces tales barcos se inmovilizan meses
-y años en una ribera.
-
-El agua permanece invisible entre los cascos apretados de esta flota
-pululante y miserable. Mujeres, hombres y niños corren por dicha ribera
-adicional y movediza, saltando de un barco á otro. Surgen de ella á la
-vez un griterío continuo y un olor nauseabundo de cocina disparatada. En
-todas las grandes ciudades de la China del Sur volveremos á encontrar
-estas poblaciones fluviales, que se descomponen de la noche á la mañana
-y vuelven á reformarse, conteniendo un vecindario casi tan numeroso como
-el de la ciudad terrestre.
-
-Atravesamos el río Azul en un vapor blanco que con ágiles viradas evita
-la proa de los grandes buques de carga que suben ó bajan su majestuoso
-curso. En la orilla de enfrente está Nankín. La estación del ferrocarril
-tiene muelles que avanzan en el río, y vemos agitarse sobre ellos una
-muchedumbre de hombres medio desnudos.
-
-Todavía está nuestro buque á tres ó cuatro metros de la orilla y sus
-tripulantes se ocupan en las operaciones del atraco, cuando toda esta
-turba de atletas ligeros de ropa, tomando carrera, salta é invade
-nuestra cubierta. Son unos doscientos y el entarimado se estremece con
-la caída de sus cuerpos.
-
-Me doy cuenta de lo que debieron ser en otros siglos los abordajes de
-los piratas. Así aparecían indudablemente sobre la cubierta del velero
-descuidado las hordas de bandidos marítimos que figuran en las antiguas
-novelas chinas. Saltan todos á un tiempo, sin orden alguno, y hasta
-parece que se empujan mientras están suspendidos en el aire,
-apresurando cada cual la caída del que va delante. Algunos se escurren
-en el espacio todavía abierto entre el buque y el muelle, y al agujerear
-el agua como piedras, levantan surtidores de espuma. La gente ríe. ¿Qué
-importa unos chinos menos? ¡Hay tantos! Pero el chino escapa mejor que
-el blanco de los peligros; tiene mayor agilidad para hurtar el cuerpo á
-la muerte, y á los pocos segundos los vemos emerger en el callejón
-acuático, que el atraco de nuestro buque va haciendo cada vez más
-angosto. Todos acaban por asaltar la cubierta, librándose de perecer
-ahogados ó aplastados.
-
-Estos portadores de equipajes se adueñan de cuanto viene en el buque,
-desde el saco de mano al baúl más enorme, y con su ligereza de duendes
-amarillos pasan en unos segundos toda nuestra impedimenta á los andenes
-de la estación.
-
-Visitamos Nankín á toda prisa. En realidad, resulta más interesante
-visto en los libros que directamente. La capital creada por el primer
-Ming es casi una ruina. Su fundador la construyó en gran escala para dos
-ó tres millones de habitantes, y solo tiene 50.000. Su decadencia le
-proporciona cierto interés melancólico. Dentro de su recinto,
-fortificado con gruesas murallas y puertas-castillos, lo mismo que
-Pekín, ocupan los jardines mayor espacio que las casas.
-
-Su industria principal es un tejido fino de algodón amarillento, llamado
-«nankín», tela célebre en el mundo á partir del siglo XVIII, que fué
-cuando empezaron á usarla los europeos en verano, para librarse del
-calor de sus casacas bordadas. Además, esta ciudad decadente disfruta el
-mismo prestigio que algunas universidades antiguas de nuestro mundo. Los
-mandarines letrados que adquieren sus títulos en la ciudad literaria de
-Nankín se consideran superiores á los demás. Aquí se producen la mejor
-tinta china y el papel más fino; aquí están las imprentas que publican
-los libros más bellos.
-
-A cierta distancia de Nankín se halla el mausoleo del fundador de la
-dinastía «Luminosa». Pero ya hemos visto las tumbas de otros Ming, y
-como deseamos llegar á Shanghai á media noche, prescindimos de tal
-visita.
-
-Reanudamos el viaje al ponerse el sol. Antes de que se extinga la luz
-notamos cierta variación en la campiña, que revela la proximidad de un
-gran puerto comercial. Las barracas de madera con tejado cornudo, las
-vallas de los campos y hasta los puentes ostentan grandes anuncios de
-letras blancas sobre fondo amarillo. Como estos rótulos están escritos
-con caracteres chinescos, resultan decorativos y agradables para
-nuestros ojos, divirtiéndonos en encontrar analogías entre sus letras
-geroglíficas y diversas figuras de personas y animales.
-
-Cierra la noche. Nos faltan cinco horas para llegar á Shanghai. Mientras
-comemos va pasando el tren ante estaciones repletas de gentío. Detrás de
-su masa obscura adivinamos la presencia de grandes ciudades. Los centros
-más importantes de la industria china se hallan establecidos en esta
-zona, entre el río Azul y Shanghai. De aquí salen los tejidos de seda
-que se esparcen por el mundo entero; aquí se prepara igualmente la seda
-en rama, primera materia para las hilanderías de Lyón y otros centros
-industriales de Europa.
-
-Columbramos detrás de las empalizadas la muchedumbre que ha acudido para
-ver nuestro tren. Sobre sus cabezas se agitan numerosas luces, como
-fuegos fatuos. Son linternas de cristal fijas al extremo de palos;
-faroles de papel, redondos como frutos, ó prolongados en forma de pez. A
-lo lejos, en el interior de las ciudades, se destacan edificios de suave
-fuego sobre el negro terciopelo de la noche. Continúan las fiestas del
-nuevo año. Templos y edificios oficiales han iluminado los perfiles de
-sus techumbres ganchudas.
-
-Después de las once llegamos á Shanghai, y durante el resto de la noche
-y el día siguiente corro las calles y establecimientos de esta
-población, la más viviente, la más rica y dada á los placeres de toda la
-China.
-
-Shanghai es el mayor puerto de exportación é importación del antiguo
-Imperio Celeste. Hong-Kong rivaliza con él en movimiento marítimo, pero
-no es más que un puerto de tránsito, mientras que Shanghai es puerto
-terminal. Además, Hong-Kong pertenece á Inglaterra, y Shanghai es de
-todos. Figura como ciudad china, y en realidad sólo una parte de ella es
-gobernada por funcionarios enviados de Pekín. El resto se compone de dos
-extensos distritos que los blancos gobiernan á su gusto. Uno de ellos es
-la Concesión Francesa, y el otro, más grande, la Concesión
-Internacional, el verdadero Shanghai de los negocios, dirigido por los
-cónsules de todos los países, dentro de cuya corporación se hace sentir
-naturalmente la influencia de los representantes de las naciones más
-poderosas en China, que son Inglaterra y los Estados Unidos.
-
-Habitan la Concesión Francesa los apoderados y agentes de las grandes
-sederías de Lyón, que adquieren aquí su primera materia. Además, pasan
-de 100.000 los chinos que se han instalado en dicha parte de la ciudad,
-bajo el amparo de las autoridades francesas, para librarse de las
-arbitrariedades de sus mandarines. Calles y avenidas han sido
-rebautizadas últimamente con motivo de la guerra. Están bordeadas de
-hotelitos con jardines, las vigilan policías amarillos traídos del
-Tonkín, con sombreros en forma de paraguas, y se titulan Avenida Joffre,
-Avenida Foch, Avenida de Verdún, etc.
-
-En la Concesión Internacional, verdadero núcleo de Shanghai, los
-edificios están ocupados por Bancos, grandes oficinas mercantiles, y
-bazares enormes á lo norteamericano, fundados y dirigidos por chinos.
-Estas construcciones de numerosos pisos, al estilo de Nueva York, se
-alinean á lo largo de un río navegable cuya agua sólo se ve á pequeños
-trechos, tan abundantes son los vapores de comercio y los buques de
-guerra anclados en él. Unos policías indostánicos de anchas barbas y
-turbantes abultados, traídos por los ingleses, vigilan las calles de
-este Shanghai internacional.
-
-Se nota inmediatamente la abundancia de dinero, la gran prosperidad de
-los negocios. Los ingleses han inventado dos palabras que por su eufonía
-no necesitan explicación y retratan exactamente el estado de los
-negocios en un país. Cuando los valores suben vertiginosamente y todo
-aumenta de precio, siendo general la abundancia de dinero, concretan tal
-prosperidad diciendo que es un _boom_, palabra sonora é imitativa del
-ruido de una explosión. Si todo marcha mal y la riqueza se oculta,
-viniéndose abajo las empresas con el derrumbamiento de la quiebra,
-expresan ésto con la palabra _krac_, sonido de lo que se rompe y viene
-abajo.
-
-Shanghai está en pleno boom cuando llego á él. Todos son ricos. Gentes
-que años antes no pasaban de ser modestos empleados, poseen ahora
-millones. Se vive actualmente en este puerto chino como en la California
-de á mediados del siglo XIX.
-
-Tal abundancia, que en ciertos casos merece llamarse excesiva, se nota
-especialmente de noche en los lugares de placer. Shanghai, además de ser
-célebre en todo el Extremo Oriente por sus industrias y el movimiento de
-su puerto, hace sonreir á muchos cuando escuchan su nombre, unas voces
-con nostalgia, otras con cierta malicia. Es la capital del placer y el
-despilfarro. Hay en ella una calle de varios kilómetros, que se llama
-«Fou-Tcheou Road», y está iluminada magníficamente hasta que sale el
-sol. Toda la noche permanecen abiertos sus restoranes, sus
-cafés-cantantes, sus casas de juego, y otras más difíciles de mencionar
-por su verdadero nombre.
-
-La mujer china goza aquí mayor libertad que en el resto del país. Las
-cortesanas de Shanghai son célebres y figuran en muchas novelas y
-comedias de la literatura nacional. Se las ve pasar de noche por la
-citada calle sentadas en _ricshas_, con vestiduras floreadas y vistosas
-que las cubren desde el cuello hasta los pies, el rostro pintado como el
-de una muñeca, los ojos prolongados por negras pinceladas, fijos é
-inexpresivos. Van de restorán en restorán para figurar en los banquetes.
-Toda comida china carece de atractivo si durante su curso de muchas
-horas no van pasando por el salón numerosas cortesanas de dicha especie.
-Conversan graciosamente con los comensales, coquetean, dicen versos y
-canciones, y se retiran para dejar sitio á las compañeras que llegan,
-yendo ellas á su vez á dar animación con su presencia á otros banquetes.
-El anfitrión se encarga de remunerarlas por esta visita fugaz.
-
-Los grandes mercaderes chinos deseosos de imitar la vida de los europeos
-frecuentan restoranes elegantes y menos «alegres» con sus esposas é
-hijas, conservando los trajes nacionales de vistosa suntuosidad. Todos
-son ricos en este país y despilfarran el dinero: los comerciantes
-ingleses y norteamericanos, los sederos franceses, los hombres de
-negocios de las otras colonias extranjeras; pero los capitalistas más
-fuertes hay que buscarlos entre los chinos, admirables comerciantes que
-en un puerto como Shanghai pueden dar amplia expansión á sus facultades,
-monopolizando las introducciones de artículos extranjeros y la
-producción nacional de la seda.
-
-Hasta los contados españoles que viven aquí resultan más interesantes y
-más ricos que los de otros lugares del Extremo Oriente. El cónsul de
-España, Julio Palencia y Tubau, hijo de un eminente comediógrafo y de
-una de las mejores actrices que tuvo nuestro teatro, está casado con una
-hermosa dama, nacida en Grecia, hija de un célebre político de dicho
-país. Este matrimonio de gustos artísticos, refinadamente intelectual,
-me invita á comer en su casa (una «villa» de frondoso jardín, cerca de
-la Concesión Francesa) con los principales individuos de la pequeña y
-prestigiosa colonia española, y escucho lo que me cuentan con verdadero
-interés, pues todos ellos, por su estado social, conocen á fondo el
-país.
-
-Uno de ellos, llamado Lafuente, es un arquitecto nacido en Madrid, que
-ha construído el Gran Hotel de Shanghai; otro, apellidado Ramos, es
-dueño de las mejores salas de cinematógrafo que existen en esta capital
-del placer; y Cohen (el millonario de la colonia) posee casi todas las
-_ricshas_ circulantes en la ciudad, que ascienden á varios miles, lo que
-le proporciona un ingreso diario enorme, uniendo á tal industria otras
-de no menos consideración. Este es el elemento civil que tiene España en
-Shanghai. El religioso aún resulta más interesante.
-
-Estoy sentado á la mesa frente á dos frailes que son al mismo tiempo dos
-hombres de acción, el padre Castrillo y el padre Cuevas, superiores de
-las Misiones Agustiniana y Recoletana, existentes en China.
-
-El padre Castrillo, con su barbilla gris en punta y su frente voluminosa
-de hombre de tenaces voluntades, me hace recordar á los héroes de la
-conquista americana en el siglo XVI. En Shanghai lo respetan como si
-fuese uno de los fundadores de la moderna ciudad, admirándole además por
-sus dotes de organizador y financiero. Adivinó el porvenir de este
-puerto antes que los ingleses, los norteamericanos y todos los que
-explotan hoy sus negocios. Empleó los dineros de su comunidad (la de los
-Agustinos del Escorial) en comprar terrenos alrededor del viejo
-Shanghai, en la peor de las épocas, cuando eran frecuentes las
-revoluciones y la sangre de enormes matanzas humanas corría por las
-riberas del río Azul.
-
-Hoy la ciudad se ha ensanchado considerablemente y muchos de sus
-edificios principales son propiedad de la orden representada por el
-padre Castrillo. Éste goza de tal prestigio financiero y conoce tan á
-fondo la población europea que vió formarse desde su primer núcleo, que
-los banqueros más importantes, ingleses y norteamericanos, le piden
-informes y consejos en momentos de duda; y el fraile castellano, con su
-barbilla cervantesca, su sotana simple de clérigo y el sombrero de teja
-echado atrás sobre la cabeza voluminosa, va bonachonamente de un lado á
-otro, mirándolo todo con sus ojos que parecen distraídos y no pierden
-detalle. Basta cruzar con él unas palabras para convencerse en seguida
-de que es «alguien».
-
-La conversación con estos dos representantes de la propaganda católica
-resulta de un gran interés geográfico. El padre Cuevas, misionero de
-evangélica bondad y español entusiasta, me cuenta cómo envían todos los
-años el dinero y los objetos más necesarios á las Misiones establecidas
-en el interior de la China. La palabra «interior» hay que apreciarla
-después de haber hecho memoria de la enormidad de esta nación, casi tan
-grande como Europa. Me hablan los dos religiosos de un amigo suyo que es
-obispo en no recuerdo qué ciudad situada junto á unas cataratas que
-sólo muy contados viajeros conocen. Para llegar á ella hay que hacer un
-viaje por el río Azul y sus afluentes, que dura sesenta días.
-
-Ahora, con los decretos de la República, que favorecen el traje á la
-europea y permiten á los chinos la ablación de la trenza tradicional,
-pueden los misioneros católicos recobrar un poco de su aspecto
-religioso. En tiempo de los emperadores iban vestidos de chinos y usaban
-coleta como los del país, para cumplir las funciones de su ministerio
-con mayor libertad.
-
-Julio Palencia recuerda una visita que recibió hace algunos años en este
-mismo Consulado, cuando era simple vicecónsul. Vió entrar una mañana en
-su oficina á un mandarín, que le hizo varias reverencias á estilo del
-país y empezó á balbucear en español con gran dificultad.
-
---Yo soy el padre Ibáñez, obispo de...
-
-Y avergonzado por no encontrar palabras en su propio idioma para seguir
-expresándose, se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo humildemente:
-
---Perdóneme, señor cónsul. Hace más de treinta años que no he tenido
-ocasión de hablar mi lengua.
-
-Resulta meritoria y altamente digna de respeto la vida de los misioneros
-en el interior de la China, por su desinterés y sus penalidades. Pero en
-los resultados de la propaganda cristiana no son los católicos los que
-llevan la mejor parte. Las Misiones protestantes resultan más poderosas,
-sin que esto suponga mayores méritos de un personal sobre otro. La
-diferencia consiste simplemente en que las primeras disponen de
-capitales muy superiores á la renta de las Misiones católicas. Además,
-los Estados Unidos han dado un carácter casi laico y de ciencia práctica
-á sus centros catequistas. Una gran parte de estos misioneros americanos
-no son sacerdotes, ni sus funciones, puramente temporales, comprometen
-el porvenir de su vida. Se parecen á las Hermanas de la Caridad dentro
-del catolicismo, que hacen votos por tiempo limitado y pueden volver á
-la vida profana.
-
-Muchos norteamericanos jóvenes, profesores ó escritores, deseosos de ver
-mundo y exponer la vida por un ideal generoso, así como numerosas
-señoritas que han pasado por las escuelas, solicitan ingresar en las
-Misiones de la China, donde actúan como maestros más que como
-catequistas, dedicándose á la enseñanza de la agricultura y otras
-ciencias prácticas. Algunos de los empleados de la «American Express»,
-que nos guían á través de la China y hablan su lengua, pasaron varios
-años en las Misiones norteamericanas.
-
-La propaganda católica es dirigida en primer término por los sacerdotes
-franceses. Su apoyo más importante es la «Sociedad de San Javier»,
-establecida en Lyón, que tomó con justicia el título del santo español
-Francisco Javier, por haber sido éste el primer misionero en Asia. Dicha
-sociedad recauda unos siete millones de francos anualmente, dedicados en
-gran parte á las Misiones de China. Otra sociedad francesa, llamada de
-la «Santa Infancia», ha gastado 80 millones en medio siglo para asegurar
-el bautismo de los niños paganos, invirtiendo en China la mayor parte de
-esta prodigalidad pueril.
-
-Las Misiones protestantes, inglesas y norteamericanas, disponen todos
-los años de unos cien millones, sin contar los donativos en especies que
-reciben, máquinas agrícolas, material de escuelas, etc.
-
-Esta ciudad bulliciosa y rica, que gobierna una junta de cónsules, y
-todos llaman por su puerto y sus negocios el «Londres del Extremo
-Oriente», guarda á un mismo tiempo los directores de la propaganda
-moral cristiana y los lugares de corrupción más ruidosos de Asia. He
-estado poco tiempo en Shanghai y siento el deseo de volver á ella, con
-preferencia á otras ciudades conocidas en mi viaje. Tengo el
-presentimiento de que estudiándola puede escribirse una de las novelas
-más interesantes y originales de la época moderna.
-
-La noche en la enorme calle de Fou-Tchéou Road no tiene igual en el
-mundo. Se ven hembras de todos los países, se oye hablar todos los
-idiomas. El gran sacudimiento ruso ha enviado hasta Shanghai una ola de
-mujeres de cabellera roja y ojos verdes, sentimentales, complicadas y
-medio salvajes á un mismo tiempo. Las cortesanas europeas se mezclan con
-las chinas. Los millonarios del _boom_ arrojan á puñados los billetes.
-Una cena en Shanghai es algo que va más allá de las fantasías del
-_Satiricón_. El teatro chino florece aquí más que en ninguna otra
-ciudad, y como los papeles de mujer son desempeñados por jovenzuelos de
-dulces ademanes, la llamada «princesa china» rivaliza con el mujerío
-internacional. El hombre blanco, influenciado por el ambiente del país,
-se entrega al opio con un entusiasmo de neófito, y acaba por visitar las
-casas lujosas de las «princesas chinas», cuyos directores intoxican al
-imberbe personal con cierta hierba para que languidezca y tome un
-aspecto más interesante.
-
-¡El barrio chino de Shanghai!... Ahora me parecen los chinos de Pekín,
-grandes, parcos en palabras y de sonrisa grave, hombres de otra nación.
-Aquí encuentro por primera vez al chino pequeño, bullanguero, saltarín y
-propenso al engaño. La ciudad china de Shanghai se diferencia de todo lo
-que he visto en el Norte.
-
-Sus calles tortuosas, estrechas y húmedas son iguales á las de un zoco
-musulmán. El suelo resulta elástico bajo el talón, tantas son las capas
-de suciedad que forman su costra. En las tiendecitas, semejantes á
-cuevas, se ven las industrias más diversas: ebanistas labrando muebles
-riquísimos, vendedores de pájaros, ropavejeros que ofrecen túnicas de
-mandarín con forros de preciosa cibelina colonizada por los piojos,
-acuarios con peces de formas fantásticas, fábricas de ataúdes,
-carnicerías con animales desollados de imposible identificación. Y
-apretándose en las angostas callejuelas, gente, mucha gente; multitudes
-como sólo pueden encontrarse en estos pueblos-hormigueros de Asia,
-habituadas á una miseria inaudita.
-
-Como hace menos frío que en Pekín, muchos van medio desnudos. Otros
-conservan orgullosamente sus andrajos acolchados, pero los llevan
-sueltos, colgando de las roturas las vedijas blancas de su relleno. Hay
-que abrirse paso con los codos entre mendigos que son caricaturas
-humanas, desfigurados por las enfermedades de un modo horrible. Los
-leprosos tienden su diestra implorante, que es un muñón falto de dedos.
-Otros carecen de nariz, y por dos orificios negros, completamente al
-descubierto, se columbra el interior de su cráneo... Y toda esta
-muchedumbre regatea, grita, se empuja, pide limosna ó canta.
-
-Grupos de mendigos entonan una especie de villancicos á coro, frente á
-los mostradores de panaderos y carniceros, avanzando al mismo tiempo con
-ambas manos la olla que recibe las ofrendas. Como estamos en un país de
-juglares asombrosos, muchos jóvenes, aprendices de equilibrista, se
-pasean con un junco en la nariz, á cuyo término da vueltas un plato ó
-una rueda.
-
-Si atravesamos este Patio de los Milagros haciendo un esfuerzo para
-soportar tanto contacto peligroso, tanto hedor inmundo, es porque
-deseamos visitar el célebre «Jardín del Mandarín»... Y aquí considero
-útil hacer una advertencia. Los chinos no saben lo que es un mandarín,
-como ignoraban hasta hace poco la existencia de una nación llamada
-China.
-
-La palabra «mandarín» es portuguesa. Como los portugueses fueron los
-primeros marinos de Europa que visitaron los puertos de China, al anclar
-en Cantón llamaron «mandarines» á todos los funcionarios del país que
-ejercían algún «mando» sobre sus compatriotas. También creo oportuno
-mencionar que la China ha ignorado, hasta las innovaciones recientes de
-la República, el nombre exacto de casi todas las naciones de Europa,
-designándolas á su modo. Nadie sabía aquí el nombre de un país llamado
-España. Como el comercio chino lleva tres siglos de negocios con Manila,
-capital de la isla de Luzón, España fué llamada hasta hace poco «la Gran
-Luzón», y todavía los mandarines de Shanghai y otros puertos usan dicho
-título al dirigirse á nuestros cónsules.
-
-Actualmente está el «Jardín del Mandarín» en el centro de la ciudad
-china de Shanghai. El tal jardín se ha convertido en casas, y lo único
-que se conserva es su pequeño lago. Resulta interesante este redondel
-acuático reflejando en su fondo las construcciones de aleros carcomidos
-y tejados brillantes de laca que forman su orilla circular.
-
-En mitad del lago hay una isla, ocupada toda ella por un kiosco para
-tomar el té y un sauce que se encorva lloroso sobre el agua verde. Un
-puente la une con la orilla, pero este puente no es recto. Resultaría
-demasiado simple para el gusto chino. Avanza formando ángulos, y así el
-viaje resulta más largo y ofrece diversos puntos de vista. Dicho islote
-con su kiosco, su sauce y su puente en ángulos es lo que deseamos ver.
-Resulta tan célebre para el chino como el Partenón, las Pirámides, la
-Alhambra, las catedrales góticas ó el Capitolio de Wáshington para
-nosotros.
-
-El lector conoce perfectamente la isla del «Jardín del Mandarín»; la
-conoce casi tan bien como yo que la he visto con mis ojos. No haga
-gestos negativos. Repito que la conoce desde su niñez. Es la isla con un
-kiosco, un sauce y un puente que figura en todas las tazas de té y en
-sus platillos, en todos los mantones llamados de Manila, en todas las
-cajas de laca, en todos los abanicos chinescos.
-
-Los artistas de este país llevan cuatro siglos copiando la isla del
-«Jardín del Mandarín», y así continuarán otros tantos. A pesar de su
-aspecto frívolo y frágil, es el monumento chino más conocido en toda la
-tierra.
-
-
-
-
-XI
-
-EN EL MAR AMARILLO
-
- El regreso al «Franconia».--Peces y perros chinos.--El mar más
- frecuentado del mundo.--Audacia extraordinaria de los marineros del
- mar Amarillo.--Los tres tripulantes del ataúd.--La hermosa bahía de
- Hong-Kong.--Calles en pendiente y la avenida de la Reina.--De cómo
- el que se retrata pierde una parte de su alma, absorbida por el
- objetivo.--La carretera de la Cornisa en la isla de «los Arroyos
- Floridos».--Fisonomía de los puertos del Extremo Oriente.
-
-
-A causa de su calado, el _Franconia_ nos espera á catorce millas de
-Shanghai, en un lugar llamado Woosung, que es donde anclan los
-trasatlánticos que por su considerable tonelaje no pueden remontar el
-río Whangpoo hasta los muelles del «Londres del Extremo Oriente».
-
-Un remolcador nos lleva aguas abajo hacia su desembocadura en el
-estuario del río Azul entre buques cada vez más numerosos, cuyo tamaño é
-importancia aumentan según vamos avanzando. Vapores de diversas
-nacionalidades se deslizan entre juncos panzudos con velas cuadradas de
-estera y sampanes tripulados por familias casi desnudas. Volvemos con
-cierta emoción al trasatlántico que abandonamos en las costas niponas.
-Sentimos la inquietud inexplicable del que regresa á su casa después de
-una larga ausencia.
-
-Hemos encontrado en Shanghai á muchos compañeros de viaje que se
-quedaron en el buque, mientras nosotros, formando tres pequeños grupos,
-pasábamos á través de la Corea y la China. Estos compañeros que vienen
-en el pequeño vapor fluvial y los otros que esperan en el trasatlántico
-han visitado durante nuestra excursión varias islas japonesas y algunos
-puertos de la China.
-
-Vamos casi aglomerados en las dos cubiertas de este pequeño buque.
-Vuelven de una sola vez al _Franconia_ los viajeros que han pasado
-varios días en Shanghai y todos los individuos de su dotación que
-bajaron á tierra con permiso. Los que hemos atravesado una parte de la
-China arrastramos la impedimenta de un nuevo equipaje que guarda las
-compras hechas en Pekín. Yo voy sentado en la cumbre de un montón de
-maletas y fardos que me pertenecen en su mayor parte, y debo preocuparme
-además de dos vasos de porcelana que contienen unas cuantas docenas de
-peces chinos, interesantemente monstruosos, con largos faldellines de
-bermellón y oro, comprados en los callejones inmediatos al «Jardín del
-Mandarín».
-
-Veremos cuántos de estos animales de una fealdad adorable llegan vivos á
-Europa, para aclimatarse en los pequeños estanques de mi jardín de
-Mentón.
-
-Cuando subimos al _Franconia_, cerca del anochecer, encontramos en
-pasillos y salones una fauna aleteante y flotante, adquirida igualmente
-por nuestros compañeros durante su estadía en los puertos. Canturrean en
-jaulas pájaros amaestrados por la habilidosa paciencia china; nadan en
-redomas y hasta en lavabos peces semejantes á los míos. Los oficiales
-del buque ejercen una rigurosa vigilancia, examinando todo lo que traen
-los pasajeros. Hay orden terminante de no admitir ningún perro. En todas
-las expediciones alrededor del mundo, las señoras se muestran
-entusiasmadas por la belleza y la baratura de unos pequeños canes
-chinescos, llamados «pekineses», y se apresuran á comprarlos. Ninguno
-llega al final del viaje. Me cuentan los oficiales que en una travesía
-anterior hubo que echar al agua más de doscientos «pekineses». Para
-evitar la repetición de esta mortandad inevitable y que el buque no
-atraviese los mares como una perrera flotante, dejando detrás de él una
-estela de ladridos, las gentes del trasatlántico se muestran inflexibles
-en la aplicación de dicha orden. Algunas damas norteamericanas, con la
-intrepidez de su raza y valiéndose de astucias dignas de un drama
-cinematográfico, consiguen introducir en su camarote al lindo perrito
-chinesco, pero antes de que zarpe el buque se descubre el engaño, y
-tienen que confiar el animal de lujo á los cargadores y barqueros
-indígenas que todavía están junto á las escalas del _Franconia_.
-
-Reanudamos nuestra existencia de navegantes. Sentimos un placer familiar
-al repetir las comidas, los paseos, todos los episodios algo monótonos
-de la vida sana y ampliamente respirada que llevamos á través de las
-soledades del Pacífico. El viaje de Shanghai á Hong-Kong por el mar
-Amarillo resulta comparable á los paseos que se dan por el interior de
-la propia casa sin encontrarse solo un momento. No existe un mar más
-poblado que el de la China. Por todas partes se ven grandes juncos de
-cabotaje y barcas de pesca. La sirena del _Franconia_ tiene que rugir á
-cada momento para dar aviso á los carabelones que navegan pesadamente
-delante de su proa, sin que parezcan enterarse del peligro. Es algo
-igual á la marcha de un automóvil por una avenida en la que abundan los
-transeuntes sordos y distraídos.
-
-Se explica tan enorme cantidad de velas por la importancia que ha tenido
-siempre en China la vida marítima. Su arquitectura naval resulta
-semejante á la nuestra de la Edad Media. Los buques son más altos de
-popa que de proa y los mueve un velamen primitivo. Estos cascos
-enormemente panzudos y de poco calado se sostienen por su anchura, y
-como les falta profundidad, navegan balanceándose de tal modo que el
-observador cree á cada momento en una catástrofe. Con esto queda dicho
-lo malo de la marina china. Añadamos que ningún pueblo de la tierra
-posee tantos navegantes y tantos buques. Los juncos y sampanes son
-incontables. La cantidad de chinos que viven sobre el agua, en mares y
-ríos, asciende á millones. Como todos ellos llevan á sus familias, las
-generaciones nacidas sobre el agua se suceden sin interrupción, y hay
-todo un mundo que puede llamarse anfibio, refractario á la vida
-terrestre, el cual encuentra agradable la existencia sobre estos buques
-de forma milenaria.
-
-De día nuestro paquebote avanza rodeado de juncos que se balancean con
-la grotesca inestabilidad del ebrio, á pesar de que la agitación de las
-olas casi es nula. Todos marchan con el mismo rumbo, pues aprovechan
-periódicamente los vientos para sus viajes en masa hacia el Sur ó hacia
-el Norte.
-
-La vista de estos buques iguales á las carabelas y galeones del
-descubrimiento de América nos hace evocar la dura existencia de los
-navegantes españoles y portugueses en el siglo XVI. Mientras la cubierta
-del Franconia permanece inmóvil, como si fuese un fragmento de tierra
-firme, estas escuadrillas de otros siglos avanzan hacia el Sur
-balanceándose y cabeceando con un movimiento llamado de tornillo. Esto
-nos hace comprender cómo en la época de los grandes descubrimientos
-españoles raro era el marino, por larga que fuese su historia de hombre
-de mar, que no acababa mareándose. Muchas de las citadas descubiertas
-fueron hechas por tripulaciones que estaban completamente «almadiadas»,
-nombre que dan al mareo los pilotos de aquella época en sus libros de
-navegación.
-
-De noche todo el mar está poblado de luces, como si se diese sobre él
-una fiesta. Cada junco lleva un farol. Además, en el interior de su popa
-siempre va un pequeño altar dedicado á los espíritus marítimos, ante el
-cual encienden lámparas los tripulantes ó queman varillas olorosas.
-
-Según afirman los capitanes blancos, no existe marino más admirable que
-el chino por su desprecio al peligro. Todo lo que flota le sirve para
-embarcarse tranquilamente. Metidos en una especie de artesa hecha con
-cuatro tablas y empujada por una vela de fibras vegetales, se lanzan mar
-adentro, perdiendo de vista las costas. Y esto lo hacen en uno de los
-mares más peligrosos del planeta por los ciclones que barren su agitada
-extensión. Todos los años hay tornados que en menos de una hora suprimen
-centenares de juncos y sampanes. Pero el huracán mortífero sólo perturba
-por unos días las navegaciones de este pueblo acostumbrado á las
-catástrofes. ¡Hay tantos chinos!... La fecundidad de la raza lucha con
-las cóleras del Océano, con las inundaciones homicidas de los ríos, con
-las epidemias, con los temblores del suelo, y acaba por triunfar,
-considerando un episodio ordinario la pérdida de algunos centenares de
-miles de seres.
-
-Un día antes de la llegada á Hong-Kong presencio un espectáculo
-inaudito, algo que no habría creído nunca de no haberlo visto. Estamos
-entre la isla de Formosa y la costa china, cerca del pequeño
-archipiélago designado con el nombre español de Pescadores. En dicho
-estrecho menudean los tornados, y los más de los días, aunque las
-condiciones atmosféricas sean buenas, el oleaje resulta violento para
-los buques pequeños. Poco después de la salida del sol noto que algunos
-marineros del _Franconia_ se avisan y corren á un costado del buque.
-Necesito concentrar toda mi energía visual y seguir las indicaciones de
-ellos para contemplar finalmente el extraordinario espectáculo. Tres
-chinos medio desnudos vienen hacia nosotros, de pie sobre las olas; unas
-olas altas, de largas pendientes, que los ocultan en sus profundos
-valles y los elevan de nuevo unos momentos para hacerlos desaparecer
-otra vez. Sólo cuando pasan cerca de nuestro buque, ó mejor dicho,
-cuando el _Franconia_ en su avance llega al nivel de ellos, es cuando me
-doy cuenta de que los tres van sobre un bote que más bien merece el
-título de ataúd, embarcación de tres metros de largo que asoma sobre las
-olas unos cuantos centímetros de borda. Como este barquichuelo va lleno
-de agua, apenas si se nota su reborde negro por encima del mar. Bogan
-apresuradamente. De vez en cuando abandona el remo uno de ellos y se
-dedica á vaciar la obscura artesa. Y así marchan sobre el rudo oleaje
-del estrecho, que esta mañana hace balancearse al _Franconia_.
-
-No podemos adivinar adónde se dirigen. Por todos lados se ve agua. A
-esta hora matinal no se distinguen las costas de la China ni de Formosa,
-y aun en el caso de que se dejaran ver, no serían mas que montañas de
-vagoroso azul esfumado por una distancia enorme. Tal vez son marineros
-que han salido de alguno de los juncos que se acuestan y se levantan en
-el horizonte y van tranquilamente hacia otro junco lejano.
-
-El oficial que está de guardia en el puente del _Franconia_ sonríe
-celebrando esta audacia y afirma que los chinos serían los primeros
-marineros del mundo si tuviesen quien supiera mandarlos. Los tres
-remeros han pasado ante nuestro paquebote sin torcer la cabeza para
-mirarlo; nos vuelven la espalda con una indiferencia majestuosa. Los
-vemos subir y bajar sobre las inquietas montañas de agua. A cada nueva
-aparición resultan más pequeños. La marcha del _Franconia_ en sentido
-inverso los aleja con extraordinaria rapidez, como si sus golpes de remo
-tuviesen una potencia mágica. Ellos y su féretro navegante no son mas
-que un pequeño tapón que se envían las cumbres azules al hincharse y
-desplomarse; luego un punto; después nada. Parece que se los haya
-tragado el mar. Viendo esta atrevida inconsciencia se comprenden las
-aventuras y hazañas de los piratas amarillos de otros siglos, que tantas
-veces pusieron en peligro la vida del Imperio.
-
-Llegamos á Hong-Kong á los tres días de nuestra salida de Shanghai. Esta
-posesión inglesa ocupa una gran isla de las muchas que emergen sobre el
-enorme estuario que forma al desembocar en el Océano el río Perla, ó sea
-el río de Cantón. Entre dicha isla y la península de Kowloon, situada
-enfrente, se abre una bahía famosa en el mundo por su belleza. Solamente
-la de Río Janeiro y la de Sydney en Australia pueden compararse con
-ella.
-
-Los ingleses se posesionaron de Hong-Kong en 1841, como una consecuencia
-de la llamada guerra del opio. Ya dijimos algo de esta guerra. El
-comercio de la Gran Bretaña vendía opio á los chinos; el Imperio Celeste
-se opuso á la difusión de esta droga fatal, embargando varios
-cargamentos ingleses enviados á Cantón y echándolos al agua. El gobierno
-de Londres declaró la guerra á la China, y después de un rápido triunfo
-se quedó, como indemnización por los gastos de la campaña y por los
-cargamentos de opio anegados, con la isla de Hong-Kong, que es un
-magnífico puerto de paso situado estratégicamente.
-
-Hay que reconocer, sin embargo, que la Gran Bretaña ha sabido hermosear
-su adquisición. En 1841 era una montaña rocosa y casi desierta. Hoy
-existe en ella una rica ciudad abundante en palacios y jardines, con
-largas calles de Bancos y lujosos almacenes. Esta ciudad se llama
-oficialmente Victoria, en honor de la vieja reina de Inglaterra, pero
-todos continúan llamándola Hong-Kong.
-
-Se entra en su bahía como el que penetra en un salón viéndose obligado á
-cruzar antes varias antecámaras. Veo á la luz violeta del amanecer una
-costa de colinas abruptas. Sus rocas pardas ó con un color de sangre
-tostada tienen manchas obscuras de vegetación. En torno al _Franconia_
-son cada vez más densos los grupos de buques chinos con alta arboladura
-de velas cuadradas hechas de fibras de bambú. Todos marchan hacia el
-mismo punto, como un rebaño que estrecha sus hileras y toma una
-formación triangular para deslizarse mejor por la entrada del aprisco.
-Empiezan á verse entre los panzudos juncos pequeños sampanes con un
-hombre en el timón, padre ó marido, y una tripulación de mujeres
-amarillas. Estas amazonas del mar llevan pantalones azules por toda
-vestidura, el tronco tetudo completamente descubierto, y manejan las
-velas ó el remo con sudorosa fuerza.
-
-Nos introducimos entre dos islas, siguiendo el estrecho que da entrada á
-la bahía, y es tal la abundancia de buques chinos casi pegados al casco
-del trasatlántico, que obligan á éste á marchar con exagerada lentitud,
-haciendo rugir á cada instante la sirena de su máquina. Se abre
-repentinamente ante la proa la planicie verdosa de este abrigo marítimo,
-uno de los más frecuentados del mundo. Los grandes paquebotes de
-comercio amarrados á tierra enmascaran el movimiento de los muelles. En
-el centro están anclados algunos buques de guerra ingleses. Sus cascos
-blancos de perfil atrevido revelan el impulso de una gran velocidad aun
-permaneciendo inmóviles.
-
-Fondea el _Franconia_ frente á Hong-Kong, en los muelles de la península
-de Kowloon, ó sea de la tierra firme. Cada cinco minutos llega un
-vaporcito y parte otro, atravesando la bahía para poner en comunicación
-la ciudad de Victoria, situada en la isla, con los barrios que están
-naciendo en la península de enfrente.
-
-Se han preocupado los ingleses de crear jardines y bosques, y Hong-Kong
-ofrece desde la orilla opuesta un hermoso aspecto con su largo caserío,
-que sigue el borde de la bahía, y sus pendientes verdes, que algunas
-mañanas están ocultas bajo las nubes. Un funicular asciende rectamente á
-la cumbre del Pico, nombre de la montaña en que se apoya la ciudad de
-Victoria. Sobre dicha cúspide existe un sanatorio que goza de una vista
-maravillosa.
-
-Quince mil habitantes de raza blanca y trescientos mil chinos forman la
-población de Hong-Kong. Como la ciudad se inició entre el mar y una
-montaña abrupta, ha tenido que ir prolongando su crecimiento por el
-borde de la bahía, lo que la da actualmente una extensión de muchos
-kilómetros. Su calle principal, llamada de la Reina, es casi tan larga
-como toda la ciudad y ofrece magnífico aspecto; pero no ha podido seguir
-la línea recta, plegándose á los contornos de la montaña y las
-ondulaciones de la ribera. Esta avenida, espina dorsal de Hong-Kong,
-tiene á la derecha el mar y á la izquierda calles estrechas de rápida
-pendiente que se remontan por las faldas del Pico. En ellas vive el
-vecindario chino y siempre están llenas de muchedumbre. Todas las
-fachadas tienen anuncios en orden vertical, palabra sobre palabra,
-pintados en fajas de tela ondeantes.
-
-Dentro de la avenida de la Reina se hallan los grandes almacenes de
-sedas, de porcelana, de bordados, de todo lo que produce la industria
-china, y dichos comercios son generalmente sucursales de las fábricas de
-Cantón. El viajero que llega por la parte de Oriente, viniendo del Japón
-y del interior de la China, nota en Hong-Kong una diferencia
-arquitectónica. En las calles principales los edificios ya no son de
-madera. Todos ellos fueron construídos con piedra. La montaña inmediata
-la proporciona en abundancia. El orden público es guardado, lo mismo que
-en la Concesión Internacional de Shanghai, por agentes indostánicos,
-belicosos sikhs de barbas anchas y obscuro turbante, montañeses al
-servicio de Inglaterra, unas veces como soldados y otras como policías.
-
-En las avenidas paralelas al mar, de suelo horizontal bien pavimentado,
-el medio de locomoción es la ricsha, como en todas las ciudades
-asiáticas. Los chinos que tiran aquí de los carruajitos son más
-vigorosos: verdaderos atletas de piernas extremadamente desarrolladas,
-semejantes á columnas. El lujo de todo europeo de Hong-Kong,
-especialmente de los hombres de negocios, es llevar tres hombres en su
-_ricsha_. Uno empuña las varas, otros dos empujan, y el ligero vehículo
-con su ocupante parece que va por el aire, tal es su velocidad. Cuando
-se detiene, los tres diablos medio desnudos sacan al señor de su asiento
-como en volandas y lo ponen en el suelo.
-
-El antiguo palanquín es empleado aún en las calles pendientes de
-Hong-Kong. Parejas de chinos con sombrero de paraguas y unos
-calzoncillos por todo traje sostienen en hombros dos barras flexibles
-sobre las cuales va el sillón del palanquín. En los restoranes y hoteles
-esparcidos entre las arboledas de la montaña, siempre hay fotógrafos que
-se ofrecen para retratar á los viajeros ocupando este vehículo
-tradicional. Pero antes hay que entenderse con los portadores. Muchos de
-ellos se niegan con tenacidad á dejarse retratar. Otros, tentados por la
-codicia, se deciden heroicamente á colocarse ante el objetivo mediante
-una buena propina. Todos saben que la máquina fotográfica absorbe una
-parte del alma de los que se ponen ante ella, acortando en consecuencia
-los días de su vida.
-
-Se nota en los comercios de Hong-Kong y también en los de Shanghai una
-supervivencia monetaria que hace recordar el antiguo tráfico español. El
-peso mejicano sirve todavía de unidad en las operaciones de los
-mercaderes chinos. La Nao de Acapulco trajo á Manila durante dos siglos
-cargamentos de pesos fabricados en las casas de moneda de Nueva España
-para pagar las mercancías chinas, y al declararse la independencia de
-Méjico continuó dicha exportación de moneda, inundando los mercados del
-Extremo Oriente.
-
-La isla de Hong-Kong tiene en torno de ella un camino para automóviles,
-que es una de las Cornisas más hermosas del mundo. La de la Costa Azul
-resulta superior por las ciudades que ha ido estableciendo á lo largo de
-ella la colaboración de los ricos de Europa, mas no excede á la de esta
-isla en la hermosura é interés de los paisajes. Su título exacto es
-Heung-Kong, que significa en chino «Arroyos Floridos», y tal nombre no
-resulta hiperbólico, pues lo justifica la olorosa vegetación de sus
-jardines tropicales.
-
-Los elegantes hoteles creados junto á este camino de la costa, los
-palacios y parques de varios personajes de Hong-Kong que me invitan á su
-mesa, no me atraen tanto como el incesante movimiento de la bahía, en la
-que se mezclan la marina medioeval de los amarillos y los más recientes
-progresos de la navegación inventados por los blancos. Aquí, como en
-los ríos de la China, existen barrios flotantes formados de sampanes,
-que sirven ahora de casa y servirán luego de sepulcro á las familias que
-los tripulan, proporcionándoles al mismo tiempo el medio de ganarse el
-arroz. Las marineras, desnudas de cintura arriba, con adornos verdes de
-falso jade en las cabelleras cerdosas, ponen la mirada de sus ojillos
-tirantes, insolentes y fijos en el blanco que examina sus viviendas.
-
-Al ver á una humanidad tan distinta de la nuestra, se duda algo del
-porvenir de la República china y de la liberación de otras
-naciones-hormigueros pertenecientes á este mundo extremadamente viejo.
-
-¡Pueblos de Asia!... Pueblos eternamente siervos, que en su historia de
-miles de años no han vivido ni una hora la vida de la libertad, siendo
-los primeros en considerar la democracia algo absurdo, opuesto al ritmo
-de la existencia; pueblos que únicamente son virtuosos cuando tienen
-miedo á alguien, y si no ven la corrección inmediata olvidan todo
-respeto, mostrando una insolencia de escolares sublevados. ¿Cómo
-llegarán nunca á ser algo grande, si, exceptuando una minoría escogida y
-superior, todos sus hombres ignoran la dignidad personal?...
-
-Encuentro en un pequeño libro de notas las siguientes líneas, escritas
-con lápiz á la luz del ocaso, navegando sobre las aguas nacaradas de la
-bahía de Hong-Kong, dentro de un bote automóvil conducido por dos
-muchachuelos chinos.
-
-Los puertos del Extremo Oriente son pedazos de Europa caídos en el mundo
-antiguo, nuevos Londres con sol y cielo azul, donde el humo de la hulla
-y las vedijas de la niebla no alcanzan á vencer el esplendor luminoso de
-Asia.
-
-Sus muelles con montañas de carbón de piedra, con torres de metal que
-guardan lagos de petróleo, con apilamientos de productos exóticos,
-huelen á ostra muerta; tienen un perfume de agua en putrefacción, de
-drogas químicas, de frutos tropicales, de maderas olorosas. En estas
-gusaneras humanas, hombres por todas partes, amarillos, rojos, cobrizos,
-que apenas sienten el calor quedan en cueros, con sólo un trapo pasado
-entre las piernas. El policía indostánico no se digna hablar al
-indígena; simplemente levanta el vergajo y pega. Los chicuelos pasan el
-día nadando. Las mujeres reman.
-
-Sobre las bordas de los grandes trasatlánticos asoma sus filas de
-cabezas con turbantes la servidumbre compuesta de indios y los fogoneros
-de las máquinas pertenecientes á la misma raza. Son hombres que parecen
-convalecientes de una fiebre por el color pálido de su epidermis, por su
-extremada delgadez y sus ojos de calentura. Unas barbas horizontales les
-ensanchan el enjuto rostro, iguales á las de un enfermo que no se ha
-afeitado en varios meses.
-
-Todo se junta sobre las aguas de estos puertos: grandes paquebotes
-iguales á ciudades, juncos que aún no han salido de la Edad Media,
-sampanes que son chozas flotantes donde las familias nacen y mueren,
-cruceros de guerra llegados para exigir indemnizaciones ó vigilar el
-cobro de las aduanas.
-
-Sobre los muelles pasan los palanquines sostenidos por unos coolíes de
-grandes sombreros que parecen setas vivientes, _ricshas_ empujadas por
-corredores de redondas piernas, hombres-caballos y hombres-balanzas que
-lo llevan todo en dos discos de fibra pendientes de un grueso bambú
-incrustado en un hombro; mujeres que trabajan más que los varones y se
-entregan á una reproducción fatalista durante su reposo de bestia de
-labor.
-
-La policía arrastra hasta los buques marineros que ha recogido inánimes
-en los muelles. Los cree borrachos y han muerto á consecuencia de un
-hartazgo alcohólico. Otros, al recobrar la razón, bajan castigados al
-infierno de las máquinas.
-
-Vendedores ambulantes gritan ante los trasatlánticos que tienen su pared
-de acero pegada al muelle. Un mercado provisional extiende sus puestos
-junto á la férrea pared perforada de ventanos redondos. En las blancas
-terrazas de estos palacios flotantes, sus huéspedes miran los objetos
-que ofrece la muchedumbre amarilla más abajo de sus pies: sillones de
-junco, amuletos de falso jade, sombrillas de cartón pintarrajeado,
-abanicos de plumas.
-
-Salen buques para la costa americana, que es la acera de enfrente, y
-está, sin embargo, en el lado opuesto del planeta. Llegan otros de los
-diversos rincones del Océano Pacífico, gran plaza de la humanidad futura
-que aún ignora la mayor parte de Europa.
-
-Para que el mundo de los blancos se entere de la existencia é
-importancia del Pacífico, será necesaria una gran guerra. Así se dió
-cuenta por primera vez de que existía el Japón.
-
-
-
-
-XII
-
-HONG-KONG Y CANTÓN
-
- Las huelgas de los chinos.--Banquetes ruidosos.--Servidumbre de las
- casas ricas de Hong-Kong.--«No vaya usted á Cantón».--Historia del
- gran puerto del té y de la porcelana.--La republicana Cantón y sus
- habitantes revolucionarios.--El doctor Sun Yat Sen.--Las dos
- Chinas.--Viaje á Cantón.--La ciudad flotante sobre el río
- Perla.--Los «bajeles de flores».--Agresividad xenófoba de los
- cantoneses ante los buques de guerra anclados en el río.--Tiros en
- las calles.--Los cónsules nos aconsejan un pronto regreso á
- Hong-Kong.--Los piratas del estuario.--Una novela de 70 tomos y
- 1.000 personajes.--El asalto del vapor-correo de Macao.--La
- capitana de los dos revólveres.--Voy á Macao.
-
-
-Encuentro á los hombres de negocios de Hong-Kong en pleno _boom_, lo
-mismo que los de Shanghai. Hablo con varios jóvenes que hace meses eran
-simples empleados y ahora tienen más de 100.000 dólares, adquiridos en
-rápidas especulaciones. Otros negociantes más viejos sonríen
-escépticamente al considerar tales triunfos. Han conocido en su vida
-varios _boom_ pero no menos _krac_, y saben que en estos países de
-formación reciente las fortunas se crean y se deshacen con igual
-prontitud.
-
-La prosperidad de Hong-Kong parece dificultar su vida interior. Cerca
-está Cantón, la más revolucionaria de las ciudades del antiguo Imperio,
-que solivianta los ánimos de las nueve décimas partes de la población
-de Hong-Kong. Los chinos de este puerto inglés no son sindicalistas ni
-saben qué puede significar tal nombre, pero encuentran agradable ver
-doblados ó triplicados sus jornales y gozan además cierto placer
-interior dificultando la vida de los «demonios blancos». Los comités
-revolucionarios de Cantón se dedican á organizar huelgas en las colonias
-próximas, gobernadas por europeos, y estas huelgas han obtenido hasta
-ahora en Hong-Kong un éxito completo y ruidoso. Los hombres amarillos
-son insustituibles para la resistencia pasiva y no hay miedo de que
-ninguno de ellos falte á las órdenes secretas de sus directores.
-
-Hong-Kong ha visto su vida paralizada semanas enteras. Hasta los
-portadores de palanquines y _ricshas_ desaparecieron cual si se los
-hubiese tragado el suelo. Las calles de la hermosa ciudad quedaron
-desiertas, como avenidas de cementerio. Y el gobierno de Hong-Kong, que
-se compone de un gobernador enviado por la corona de Inglaterra y los
-personajes más importantes de la ciudad, tuvo que transigir repetidas
-veces con las imposiciones de los revolucionarios. Hay quien dice que
-esta derrota de los ingleses dentro de Hong-Kong se debe á la excesiva
-prosperidad del país. Autoridades y comerciantes se enriquecen en poco
-tiempo, y esto parece quitarles energía para hacer frente á las
-imposiciones de los chinos. Desean que se restablezca cuanto antes la
-marcha normal de los negocios y continúen sus ganancias.
-
-En Macao, ciudad portuguesa, que está á cuatro horas de Hong-Kong, al
-otro lado del estuario, los agitadores de Cantón intentaron varias veces
-sublevar á los habitantes chinos; pero como su gobernador se encontraba
-en otras condiciones que las autoridades de Hong-Kong pudo hacer uso de
-medios enérgicos, sin miedo á que le echasen en cara anteriores
-complacencias, y los movimientos subversivos contra el europeo
-resultaron otros tantos fracasos.
-
-Viven los negociantes de Hong-Kong con tanto lujo como los de Shanghai,
-pero aquí los lugares de placer son menos numerosos. Los chinos ricos
-mantienen con sus banquetes una calle entera de restoranes instalados en
-edificios de varios pisos. Toda la noche reflejan sobre las aguas de la
-bahía sus balconajes y sus aleros ribeteados de guirnaldas eléctricas.
-En este barrio resultan tan enormes los estrépitos como la iluminación.
-Los anfitriones de unos banquetes que duran la noche entera y cuestan
-miles de dólares quieren que sean acompañados de una pompa exterior
-reveladora de su generosidad. Frente á la puerta hay bandas de música
-pagadas por ellos, en las cuales el bombo, los platillos y los chinescos
-de abundantes campanillas son los instrumentos dominantes. Arden entre
-servicio y servicio vistosas piezas de fuegos artificiales; _tracas_
-ensordecedoras corren á lo largo de la calle ó por encima de los
-tejados, con un tiroteo de batalla.
-
-Los ricos de raza blanca dan sus banquetes á la europea, en el lujoso
-Hotel de Repulse Bay, junto al camino de la Cornisa, ó en sus palacios
-de esplendorosa vegetación sobre las vertientes del Pico. Una de las
-manifestaciones de opulencia es la cantidad de servidores. Todo rico
-tiene á sus órdenes un ejército de coolíes. Únicamente con tal
-exuberancia de personal se consigue que marche á medias el servicio de
-una casa, pues cada doméstico chino sólo quiere encargarse de una
-función, limitada y fija. Justo es añadir que no hay criados más baratos
-y que exijan menos atenciones de sus dueños. El coolí recibe una
-cantidad determinada al mes y su amo no tiene que preocuparse de su
-comida ni de su instalación. Él se procura por su cuenta el alimento y
-para dormir le basta con el umbral de una puerta ó el hueco de una
-escalera. En realidad, no se sabe cuándo come ni duerme. El dueño le ve
-llegar siempre que le llama y muchas veces lo encuentra sin llamarlo
-espiando todo lo de la casa con sus ojitos de párpados tirantes, que
-parecen cosidos, y su sonrisa mecánica é inexpresiva.
-
-Quiero visitar la ciudad de Cantón, y todos me dicen lo mismo:
-
---No vaya usted. Parece que andan á tiros diariamente los partidarios
-del doctor y sus adversarios. Además, si se juntan unos y otros, será
-para matar á los europeos por lo de las aduanas.
-
-Sé que hay alguna exageración en tales afirmaciones, pero de todos modos
-resulta indudable que la capital de la China del Sur vive hace tiempo en
-un estado de revuelta.
-
-Cantón fué la única metrópoli del Extremo Oriente que conocieron durante
-siglos europeos y americanos. Pekín permaneció cerrada para el mundo
-blanco hasta el último tercio del siglo XIX. Los Hijos del Cielo,
-deseosos de conservar aislado su vasto Imperio, habilitaron á Cantón
-como único puerto en el que podían ser admitidos los buques de las
-naciones cristianas.
-
-Cuando los portugueses del siglo XVI anclaron por primera vez ante dicha
-ciudad, vieron que otros navegantes no europeos les habían precedido en
-su descubrimiento. Eran los marinos árabes, que tenían en ella desde
-mucho antes depósitos de mercancías y una mezquita. Durante cien años
-los capitanes portugueses monopolizaron el tráfico con Cantón, llevando
-á Europa por el Cabo de Buena Esperanza sus sederías y porcelanas. Los
-españoles adquirían estos mismos artículos en Manila, enviados por los
-mercaderes cantoneses, y la Nao de Acapulco los llevaba hasta Nueva
-España á través del Pacífico.
-
-Fué bien entrado el siglo XVII cuando los ingleses empezaron á visitar
-el río de Cantón para cargar en sus naves el té, hierba cada vez más
-apreciada en Europa y América y que dió vida á una gran navegación para
-surtir los mercados de Liverpool, Salem, Boston y Nueva York. Esta
-afluencia de buques europeos y americanos fomentó la emigración
-indígena, y á ella se debe que todos los chinos esparcidos en el mundo
-sean de las provincias del Sur y consideren á Cantón como su verdadera
-capital, con preferencia á Pekín.
-
-Al reunir algunos de estos emigrantes considerables fortunas en América,
-su deseo fué volver á Cantón para disfrutarlas, aumentando la riqueza de
-la ciudad. Los que no regresaron á su patria mantuvieron correspondencia
-con sus familias, y todo esto hizo que Cantón siguiese el movimiento
-liberal de nuestra época, pensando de modo distinto al resto del
-Imperio.
-
-Cantoneses han sido los chinos más ilustrados de los últimos tiempos.
-Desde hace medio siglo la juventud intelectual de Cantón completó sus
-estudios en los Estados Unidos y en Europa. Además, estos chinos del Sur
-son más inquietos y menos sufridos que los del Norte. Sus antecesores
-actuaron muchas veces de piratas ó vivieron en las montañas como
-rebeldes. En los últimos años del Imperio los cantoneses entonaban en
-las calles canciones injuriosas para el Hijo del Cielo y los gobernantes
-de Pekín, sin que las autoridades imperiales de la ciudad osasen tomar
-medidas contra tales irreverencias.
-
-Como era lógico, el movimiento republicano que dió fin á la dinastía de
-«los Muy Puros» tuvo su origen en Cantón. Pero una vez establecida la
-República, los hijos de dicha ciudad se negaron á continuar siendo
-gobernados desde Pekín, como en tiempos del Imperio, declarándose
-independientes y constituyendo la llamada República del Sur.
-
-Este separatismo no es algo circunstancial, inventado por las
-divergencias de los partidos políticos. En realidad existen dos Chinas,
-completamente distintas. El habitante de Pekín, grande de estatura,
-sereno de rostro, parco en palabras, medio tártaro y medio manchur, no
-se parece al chino exuberante, imaginativo, de ingobernable
-individualismo, que puebla las provincias meridionales y al extenderse
-como emigrante por América se llama orgullosamente cantonés.
-
-El doctor Sun Yat Sen, creador de la República del Sur y su eterno
-Presidente, es un médico de Cantón que estudió en los Estados Unidos,
-trabajando con energía en la época del Imperio para hacer triunfar la
-República. Mas ahora, dentro de su propia casa, lucha con numerosos
-adversarios que dificultan su política interior y además hace frente á
-las naciones extranjeras, mantenedoras del gobierno de Pekín, que se
-niegan á reconocer la República del Sur.
-
-En el presente momento sostiene una lucha franca con todas las
-potencias. Éstas cobran los ingresos de las aduanas chinas, y después de
-guardarse una parte de ellos por indemnizaciones acordadas hace años,
-entregan el resto al gobierno de Pekín. El doctor, Presidente del Sur,
-se opone á que las potencias intervengan las aduanas dependientes de
-Cantón si no se comprometen á entregarle el sobrante, dado hasta ahora á
-sus enemigos de la China del Norte.
-
-Se hallan actualmente anclados en el río Perla buques de guerra de todas
-las naciones que tienen intereses en China, para intimidar á Sun Yat Sen
-con esta demostración naval.
-
---No vaya usted--me repiten--. El populacho de Cantón se muestra furioso
-contra los blancos y puede ocurrir de pronto una matanza. Después vendrá
-la intervención armada de las potencias y también los castigos y las
-indemnizaciones, pero el que haya sido muerto en la revuelta seguirá
-muerto.
-
-Voy, sin embargo, á Cantón, y el viaje resulta breve, fatigoso, casi
-inútil. Hay un ferrocarril que parte de Hong-Kong, pero hace más de un
-año que no funciona. La línea es inglesa, y como el presidente de la
-República de Cantón se quedó repetidas veces con el material rodante,
-sus directores han creído oportuno suspender el servicio. Viajamos por
-el río en cómodos vapores á estilo americano, con varias cubiertas, que
-son á modo de hoteles flotantes.
-
-Pasamos entre las numerosas islas del estuario, siguiendo unos canales
-dorados por el sol naciente, con riberas de verde obscuro. Dentro ya del
-río atravesamos un estrecho que los descubridores portugueses llamaron
-Boca Tigris. A la ida, navegando contra la corriente, invertimos unas
-seis horas. El regreso, como es natural, resulta más rápido.
-
-A pesar de que los europeos llevan tres siglos establecidos en Cantón,
-todavía viven aparte, ocupando un barrio llamado Shameen, separado del
-resto de la población por un canal y que es el lugar donde estaban
-antiguamente las factorías. Hoy Shameen es una ciudad de tipo americano,
-con edificios de muchos pisos y varios hoteles, de los cuales el
-Victoria es el mejor y el más concurrido. Una cuarta parte de los
-vecinos de este Cantón blanco son franceses y los restantes de lengua
-inglesa. El «Christian College», establecimiento importantísimo
-sostenido por los misioneros de los Estados Unidos, sirve de Universidad
-á muchos centenares de jóvenes del país, que reciben en él una
-educación moderna. Ocupa el resto de Cantón una área enorme y está
-habitado por más de dos millones de chinos. Las antiguas murallas,
-parecidas á las de Pekín, fueron cortadas en varios puntos para dar
-expansión á la ciudad. Además, una parte de los habitantes, más de
-150.000, viven sobre el río en sampanes.
-
-La población flotante de Cantón fué siempre un objeto de curiosidad para
-los viajeros. Los barcos forman grupos, como las manzanas de edificios
-en las ciudades terrestres. Sus bordas se tocan y los vecinos pasan
-indistintamente de una cubierta á otra. Angostos canales separan estos
-barrios de embarcaciones, sirviendo de callejuelas, por las que se
-deslizan diminutas canoas. Hay sampanes que son tiendas donde se vende
-lo más indispensable para las necesidades de esta población anfibia.
-Otros barcos viejísimos sirven de templos, y bonzos de existencia
-vagabunda viven mezclados con los habitantes del Cantón fluvial,
-mendigos, contrabandistas y eternos figurantes de todas las revueltas.
-
-También han flotado durante siglos en las orillas del río Perla los
-famosos «bajeles de flores». El lector sabe indudablemente de qué sirven
-estas casas acuáticas, unidas á tierra por un ligero puente y con
-galerías cubiertas de plantas trepadoras y vasos floridos. Su
-tripulación--llamémosla así--es de mujeres con el rostro pintado y
-túnicas de colores primaverales. Estos «bajeles de flores», iluminados
-toda la noche, pueblan las obscuras aguas de reflejos dorados y alegres
-músicas. De sus patios surgen cohetes voladores que cortan la lobreguez
-celeste con cuchilladas de luz silbadora y multicolor.
-
-Son restoranes y palacios del amor fácil para las gentes libertinas del
-país. El europeo que consigue penetrar en un «bajel de flores» sale casi
-siempre golpeado por los parroquianos. Más de una vez ha desaparecido
-el visitante blanco en el lecho fangoso del río.
-
-Quedan aún muchos «bajeles de flores», pero no llegamos á verlos ni
-exteriormente. Los viajeros recién llegados á Cantón sólo conocemos las
-calles medio europeas del barrio de Shameen, entre el desembarcadero y
-el Hotel Victoria, que hemos atravesado en ricsha.
-
-Los chinos cantoneses nos parecen menos educados, más levantiscos é
-insolentes que los de otras ciudades. Gritan al vernos pasar, con una
-voz agresiva; se dirigen á los compatriotas que tiran de nuestras
-ricshas, y aunque no puedo entender sus palabras, creo adivinarlas por
-los gestos con que las subrayan. Insultan indudablemente á estos
-compatriotas que sirven de caballos á los blancos. Se nota en la
-muchedumbre una excitación extraordinaria, á causa sin duda de los
-cruceros anclados en el río. Hay numerosos barcos de guerra ingleses,
-franceses y norteamericanos; además un crucero de Italia y otro de
-Portugal, todos con los cañones desenfundados y prontos á la acción.
-
-Después del almuerzo en el Hotel Victoria, cuando los más curiosos nos
-disponemos á salir por las calles de los barrios chinos para visitar sus
-famosos almacenes de porcelana, llegan varios enviados de los cónsules y
-nos advierten que sería razonable y prudente un regreso inmediato á
-Hong-Kong.
-
-Hace varias horas que en un extremo de Cantón las tropas del doctor Sun
-Yat Sen emplean sus fusiles y ametralladoras contra unos insurrectos.
-¿Qué desean? ¿Por qué luchan?... Nadie lo sabe con certeza. Tal vez son
-cantoneses que no consideran bastante revolucionario al doctor, y como
-tienen armas á su alcance, se sublevan contra él, ya que no destruye con
-una rapidez milagrosa los cruceros de los blancos.
-
-Nos marchamos en las primeras horas de la tarde, viendo otra vez los
-barrios flotantes del Cantón fluvial, y en plena noche llegamos á
-nuestros camarotes del _Franconia_.
-
-Al día siguiente hablo á mis amigos de Hong-Kong de ir á Macao, y esto
-les produce más alarma que el viaje á Cantón. Todos dicen lo mismo:
-
---No vaya usted. Los piratas atacan el vapor-correo siempre que les
-conviene. Hace pocos meses se llevaron secuestrados á todos los que iban
-en él.
-
-Con frecuencia se oye hablar en China de piratas; pero en las provincias
-del Sur y especialmente en el estuario del río Perla, la piratería es
-objeto de un respeto simpático, como el que infunden las instituciones
-tradicionales. La novela, dentro de la literatura china, es un género
-tan antiguo como la poesía lírica. Desde hace miles de años existen aquí
-novelas de tres géneros: históricas, de aventuras y de costumbres; pero
-la más famosa de todas es la escrita por Chinai Ngan, novelista del
-siglo XII, que vivió bajo la dinastía de los Kin. Este Chinai Ngan es el
-Wálter Scott chino; pero á pesar de que su fecundidad fué tan grande
-como la del célebre novelista escocés, sólo ha dejado una obra única,
-que se titula _Historia de las riberas de un río_. Debo añadir que esta
-novela famosa, leída en el curso de 800 años por todos los jóvenes
-chinos, tiene nada menos que 70 tomos y sus personajes principales son
-más de 100, sin contar los tipos secundarios, que tal vez pasan de
-1.000. Todos los capítulos constan de dos partes, y en el transcurso de
-la obra se plantean, se desarrollan y epilogan 140 intrigas ó argumentos
-diferentes.
-
-Este monumento literario es simplemente un relato de interminables
-hazañas, verdaderas ó fantásticas, que los piratas realizaron en el
-siglo X, bajo la dinastía de los Soung, al hacer la guerra á dichos
-emperadores. La China vivió en aquel período desgarrada por las guerras
-civiles y el bandidaje, despoblándose á consecuencia de largas hambres y
-pestes. Esta anarquía preparó la invasión y dominación de los mongoles,
-y comparada con ella, las dificultades actuales de la República resultan
-hechos insignificantes. Como todos los jóvenes leen la novela famosa de
-Chinai Ngan, empiezan su vida considerando la profesión de pirata como
-una aventura interesante que no puede deshonrar para siempre la vida de
-un hombre.
-
-Me burlo del miedo que pretenden infundirme con sus piratas los
-habitantes de Hong-Kong. Luego me parece más serio y digno de ser tenido
-en cuenta tal peligro, cuando escucho á un joven comerciante español,
-establecido en Hong-Kong, llamado Gabino Caballero, que me sigue á todas
-partes amablemente. Estaba en el buque-correo de Macao la tarde del
-asalto y fué prisionero de los piratas. Acompañaba á su suegra, una
-señora filipina, deseosa de ser examinada por un médico especialista
-portugués que reside en Macao.
-
-Acababan de sentarse á la mesa en el comedor del buque, cuando oyeron
-los primeros disparos. Las autoridades de Hong-Kong, preocupadas por
-osadías anteriores de los piratas, habían alojado en el vapor unos
-cuantos polizontes indostánicos armados de carabinas. Los piratas fueron
-avanzando de la proa á la popa, hiriendo á estos guardias ó
-desarmándolos por sorpresa. Al final se apoderaron de todo el buque,
-dejando medio muerto al capitán inglés, al maquinista y á otros de la
-tripulación que iniciaron una resistencia inútil. Mi amigo Caballero
-abandonó la mesa al oir los tiros, pero antes de llegar á la puerta del
-comedor se vió arrollado y golpeado contra la pared por una manga de
-chinos en armas que entraron como una tromba, ordenando á gritos que
-pusieran todos sus manos en alto.
-
-Al frente de ellos iba una mujer, la eterna capitana de todas las
-novelas chinas de piratas, joven vestida á la europea, como una heroína
-de cinematógrafo, con falda azul y blusa blanca. Detalle curioso: esta
-amazona tenía un revólver en cada mano, y dichas armas estaban sujetas á
-sus muñecas por dos tiras de cuero en forma de pulseras. De tal modo
-podía soltar sus revólveres para registrar los bolsillos de los
-viajeros, volviendo á recobrar instantáneamente dichas armas colgantes
-en un caso de alarma.
-
-El español tuvo que entregar su cartera y sus sortijas. Afortunadamente
-para él, éstas salían con facilidad de sus dedos. Un viajero que se
-esforzaba inútilmente por sacar las suyas se vió ayudado con una
-prontitud horrible. Los piratas le cortaron los dedos de una cuchillada
-y siguieron adelante en su registro. Como el capitán y el maquinista
-estaban tendidos en el puente sobre charcos de sangre, la joven de los
-dos revólveres tomó el mando del buque. Uno de los pasajeros, industrial
-de profesión, fué obligado á descender á las máquinas para dirigir su
-funcionamiento, ayudándole como fogoneros otros camaradas de infortunio.
-
-Estos piratas no eran marinos. Se habían embarcado como pasajeros en
-Hong-Kong, distribuyéndose con arreglo á su vestimenta en los
-departamentos de las diversas clases, y al sonar una señal convenida,
-cada grupo se arrojó sobre un lugar previamente designado.
-
-Navegó el buque varias horas con un timoneo loco por los canales del
-estuario. Muchos juncos pacíficos de cabotaje se vieron próximos á ser
-pasados por ojo, librándose de la catástrofe en el último momento
-gracias á una virada oportuna. Aun así, el vapor, que marchaba como un
-ebrio, arrancó á muchos veleros, con sus bruscos roces, todo lo que
-sobresalía de sus cascos. Al fin los piratas lo encallaron, pasada media
-noche, en una costa desierta, á varias leguas de Hong-Kong,
-desapareciendo tierra adentro, y unos pescadores llevaron á la ciudad la
-noticia del suceso para que un buque de guerra viniese á recoger las
-víctimas.
-
-En el presente caso los piratas se contentaron con el botín, sin
-llevarse á los viajeros para exigir un rescate. Otras veces, montando
-juncos armados, toman por asalto á los vapores y raptan á sus pasajeros.
-Escriben después á las familias de éstos exigiendo fuertes cantidades, y
-si el dinero tarda en llegar envían como advertencia una oreja cortada ó
-un dedo, anunciando la continuación metódica de tales amputaciones.
-
---Pero todos los días no hay asalto de piratas--digo después de oir
-tales historias.
-
-Efectivamente, estos atentados sólo ocurren cada seis meses, poco más ó
-menos. Las autoridades británicas, después de una piratería, adoptan las
-medidas más severas. Buques armados surcan incesantemente los canales
-del estuario, la policía bate las islas, el tribunal de Hong-Kong
-muestra una severidad inusitada y condena á ser ahorcados á todos los
-chinos que han cometido un crimen, aunque éste no tenga carácter
-pirático.
-
-Transcurre el tiempo sin que los bandidos de los canales den motivo para
-que hablen de ellos; la autoridad se muestra menos vigilante, creyendo
-terminado dicho mal, y cuando la gente se embarca con mayor confianza
-para ir á Macao, ciudad de vida agradable y juego libre, donde los
-chinos ricos arriesgan su dinero al «Fan-tan» y los viajeros blancos
-pueden admirar los antiguos edificios de aire señorial, una nueva banda
-de piratas da otro golpe, con capitana ó sin ella.
-
-A pesar de tales relatos me embarco al día siguiente para la colonia
-portuguesa. Otros pueden seguir con tranquilidad su viaje sin sentir la
-atracción de Macao. Yo he nacido en la Península Ibérica y además soy
-escritor.
-
-Sería vergonzoso haber estado á cuatro ó cinco horas de distancia y no
-visitar la vieja ciudad donde Camoens, desterrado y pobre, compuso su
-poema inmortal, pensando en las glorias de la patria lejana.
-
-
-
-
-XIII
-
-VIAJE Á MACAO
-
- Registro de chinos antes de su entrada en el vapor.--Cubiertas
- transformadas en jaulas y puente convertido en
- fortaleza.--Recuerdos del asalto de los piratas.--«¡Necesito matar
- á un chino!»--La interesante «Ciudad del Santo Nombre de Dios en
- China».--Los juncos con cañones, anclados en su antiguo puerto.--El
- nuevo puerto de Macao.--Gran porvenir de la ciudad.--Excelente
- administración del gobernador Rodrigues.--La gruta de Camoens.--El
- juego del «Fan-tan» y otras particularidades interesantes del viejo
- Macao.--La calle de la Felicidad y sus altares.--Regreso á media
- noche por el estuario de los piratas.--Las fosforescencias del mar
- chino.--Espectáculo inolvidable.
-
-
-En las primeras horas de la mañana nos embarcamos para Macao. Vemos ante
-el buque numerosos grupos de chinos. Un retén de policía regula su
-avance, uno por uno, sobre la pasarela que junta al casco con el muelle.
-Todos son registrados de cabeza á pies, y sólo pueden seguir adelante
-cuando el agente indostánico queda convencido de que no llevan el más
-pequeño cortaplumas. Como estos hombres amarillos se parecen todos por
-su traje azul y sus rostros casi uniformes, es difícil establecer
-distinciones entre un coolí pacífico que va por sus negocios á Macao y
-un pirata que prepara con sus compañeros el ataque del buque en mitad
-del viaje.
-
-Este vapor-correo es igual á todos los que navegan en el estuario y los
-ríos cercanos, pero después del asalto que presenció mi compatriota, se
-han hecho en él grandes reformas defensivas. Verjas de gruesos barrotes,
-semejantes á las de las cárceles, lo dividen en varias secciones. Un
-gendarme indostánico, con uniforme azul, gorra blanca, carabina y
-revólver, guarda la puerta abierta de cada una de dichas barreras
-mientras dura el embarque. Cuando el buque empieza á navegar todas las
-entradas de los jaulones se cierran interiormente y los centinelas
-quedan detrás, apoyando sus carabinas sobre la cruz de los barrotes.
-
-La cubierta superior también está interrumpida por fuertes enrejados que
-cortan la comunicación entre las diversas clases del pasaje, y para
-evitar que los asaltantes puedan deslizarse al otro lado de ellos,
-sacando el cuerpo fuera de la borda, se han prolongado las verjas sobre
-el mar con semicírculos exteriores de puntas agudas como lanzas. El
-puente donde va el capitán está defendido con placas de acero
-cromatizado, iguales á las mamparas que cubren á los artilleros en las
-piezas modernas. De este modo los tiros de los piratas no pueden
-alcanzar á los que dirigen el buque. Pero los que presenciaron el último
-asalto no muestran gran fe en tales precauciones y creen que los chinos
-inventarán algo inesperado para salvar estos obstáculos defensivos.
-
-Antes del embarque nos hemos despojado de los relojes y joyas de uso
-diario. Vienen conmigo dos señoras, acompañadas de sus doncellas. Una de
-las mencionadas damas, muy hermosa y elegante, nació en Bombay, pero es
-hija de español. Está casada con Mr. Stephan, director del Banco de
-Hong-Kong y Shanghai, institución financiera la más importante de todo
-el Extremo Oriente. Su director figura por derecho propio en el Consejo
-de gobierno de Hong-Kong, siendo á modo de su ministro de Hacienda.
-
-La señora de Stephan lleva muchos años deseando ir á Macao y nunca se
-decidió á realizar tal viaje por miedo á los piratas. Prudencia
-justificadísima. En realidad, no podrían imaginar los bandidos del
-estuario un golpe más fructuoso que secuestrar á la esposa del director
-del Banco de Hong-Kong y Shanghai. ¡Qué rescate de miles y miles de
-libras esterlinas!... Mas al enterarse dicha señora de que yo voy á
-Macao, se decide con repentina energía á realizar el mismo viaje, como
-si mi presencia pudiera proporcionarle una seguridad extraordinaria.
-
-Somos ocho, las dos señoras con sus doncellas, dos españoles residentes
-en Hong-Kong, un amigo holandés que habla un sinnúmero de lenguas, y yo.
-Va retrocediendo por la popa de nuestro buque la isla de Hong-Kong
-envuelta en nieblas matinales rasguñeadas á trechos por el sol. Sobre la
-cima del Pico, este turbante de brumas pierde por momentos su opacidad
-gris, y empieza á brillar como un tejido de filamentos de oro.
-
-Fuera de la bahía el mar del estuario muestra una tersura de lago, y su
-color azul tiene la claridad láctea de la porcelana. Los juncos son
-numerosísimos. Ya dije que en las costas de China la navegación forma
-enjambres, pero aquí, cerca de la embocadura del río Perla, aún resulta
-más densa, y nuestro buque tiene que rugir incesantemente para evitar
-colisiones.
-
-Estos juncos de construcción medioeval, á pesar de la tranquilidad de
-las aguas navegan en una posición inestable para nuestros ojos, con la
-proa casi hundida y la popa muy en alto, cual si fueran á sumergirse
-definitivamente en cada uno de sus cabeceos. Los canales se ensanchan,
-formando brazos de mar relucientes y tranquilos, como láminas de
-espejo. Flotando en sus aguas adormecidas hay pequeños islotes de
-basura, caída de los barcos ó arrancada de las riberas.
-
-No disminuye la afluencia de embarcaciones según nos alejamos de
-Hong-Kong; por el contrario, ésta parece aún mayor al meternos entre las
-islas. Sobre las bordas de los juncos vemos marineras achaparradas y
-fornidas: con bíceps de hombre, pechos colgantes y adornos verdes en la
-cerdosa cabellera.
-
-También las tierras insulares se muestran cada vez más numerosas. Por la
-derecha nos deslizamos junto á la isla de Lantao, cuya longitud alcanza
-á veinte millas. A babor, la ribera está cortada por incontables canales
-y estrechos, que forman pequeños archipiélagos. En el horizonte empieza
-á elevarse un grupo de cumbres, titulado por los descubridores
-portugueses _Nove Illas_, las Nueve Islas. Antes de ser dueños de Macao,
-los marinos de Portugal se establecieron en otra isla de este estuario
-llamada Sancian, donde murió San Francisco Javier cuando se proponía
-entrar en China como primer apóstol del cristianismo.
-
-Mi compatriota Caballero me va mostrando los diversos lugares del buque
-donde presenció el ataque de los piratas. Ésta es la mesa en que se
-hallaba comiendo al sonar los primeros disparos. Aquí le robaron la
-cartera, zarandeándole un poco. Más allá daba gritos de mando la
-muchacha de los dos revólveres. Luego me lleva á visitar al capitán, que
-es el mismo que mandaba el buque en aquella triste ocasión.
-
-Los guardianes cobrizos no nos dejan entrar en el recinto acorazado del
-puente y el capitán se decide á salir de su fortaleza. Es un inglés que
-tiene paralizada la parte izquierda de su cuerpo á consecuencia de las
-heridas que recibió en dicho asalto. Desde entonces se muestra
-taciturno y repite el mismo deseo, como obsesionado por una idea tenaz.
-Sonríe un poco al reconocer á mi compatriota, y cuando éste hace memoria
-de los terribles episodios de aquella tarde, frunce el ceño, mira su
-brazo inútil y murmura:
-
---Esto no puede quedar así. Es preciso que yo mate á un chino...
-Necesito matar á un chino.
-
-Se ve claro que no descansará hasta conseguir dicha compensación. Tal
-vez se negó á aceptar el retiro á que tiene derecho y continúa mandando
-el buque porque «necesita matar á un chino», y así tiene más
-probabilidades de proporcionarse el citado gusto. Lo matará, estoy
-seguro de ello; tal vez lo ha matado á estas horas. ¡Hay tantos chinos
-para escoger!... Después de mi regreso á Europa, he leído todos los
-meses noticias de nuevos asaltos de piratas en el estuario de Hong-Kong,
-con secuestros de viajeros, combates y numerosos muertos y heridos. El
-capitán debe haber matado á su chino, si es que los chinos no han
-acabado definitivamente con él.
-
-Todos los de nuestro grupo almorzamos en un salón de la cubierta más
-alta, para evitarnos el roce con las familias que ocupan el comedor de
-primera clase. Son gentes bien educadas, pero el olor especial de los
-chinos resulta intolerable para muchos olfatos europeos. Ellos, por su
-parte, declaran que nosotros expelemos un hedor de carne cruda, digna de
-nuestra condición de bárbaros. Tal vez el hacernos comer aparte es
-también para que no veamos los manjares favoritos de estos pasajeros.
-
-Algunos son personajes importantes, vecinos de Hong-Kong, que van á
-pasar unos días en sus casas de Macao. Visten ricas túnicas de seda azul
-y ostentan botones de piedras preciosas. Uno de estos chinos opulentos
-ha sido ennoblecido por el rey de la Gran Bretaña y goza el título de
-baronet. La importancia financiera de todos ellos y su trato con los
-blancos hacen que el populacho los considere traidores á su raza, y como
-en Hong-Kong las asociaciones chinas son temibles por sus venganzas,
-estos personajes viven encerrados en sus palacios, y cuando desean unos
-días de esparcimiento se trasladan á Macao, donde el orden es más firme
-y las autoridades portuguesas pueden ofrecerles mayores seguridades.
-
-Dejamos de navegar entre islas, saliendo á dilatados espacios de mar
-libre, y vemos en el horizonte un promontorio con un castillo y un faro
-sobre su lomo. Mucho tiempo después, al dar vuelta á dicho promontorio,
-aparece lentamente la vieja é interesante ciudad de Macao.
-
-Tiene un aspecto, multicolor y ligero, de población del Extremo Oriente,
-y al mismo tiempo una estabilidad sólida que revela el origen de sus
-fundadores. Los edificios son obra de albañilería en su mayor parte, y
-no de madera, como en las otras ciudades chinas. Los más tienen un piso
-superior, con arcadas ó galerías cubiertas, y por encima de sus
-techumbres se remontan los campanarios de las iglesias católicas.
-
-Macao, que fué llamada primitivamente «Ciudad del Santo Nombre de Dios
-en China» y luego vió sustituído dicho título por el de _Macau_, de
-origen indígena, resultaría altamente exótica si se la pudiera trasladar
-de pronto á las cercanías de Lisboa. Vista aquí, después de haber
-visitado las principales ciudades del litoral chino, nos recuerda al
-antiguo Portugal y parece venir de ella una respiración lejanísima de
-nuestro mundo.
-
-El puerto viejo es más chino que la ciudad. Puedo añadir que en ninguno
-de los puertos del Extremo Oriente se consigue ver la marina mercante
-que ancla en las aguas de Macao.
-
-Nuestro vapor va pasando ante una fila de grandes juncos, galeones
-panzudos que parecen imaginados por un artista en delirio más que por
-hombres dedicados a la navegación. Tienen en su proa dragones enroscados
-y dorados, amenazando con sus fauces ignívomas el azul del cielo y del
-mar. El velamen de sus arboladuras se compone de esteras de bambú, en
-forma de alas de murciélago. Las popas se remontan como alcázares, y á
-lo largo de sus bordas avanzan los cuellos de una docena de cañones. Son
-cortos y de un calibre enorme; piezas antiguas de hierro que se cargan
-por la boca y deben enviar sus balas á poca distancia, pero con un
-estrépito infernal, lo que suple para sus artilleros la mediocridad del
-alcance.
-
-La marinería tiene igualmente un aspecto arcaico y poco tranquilizador:
-atletas amarillos y medio desnudos, guardando muchos de ellos en el
-occipucio una trenza que parte su espalda sudorosa. De los castillos de
-algunos galeones surgen columnitas de humo perfumado, revelando la
-existencia de un altar en honor á la Diosa de las Aguas, ante cuyo ídolo
-arden varillas de sándalo. Todas las proas tienen en ambas caras unos
-agujeros redondos y pintados que imitan ojos. Los marineros chinos sólo
-se embarcan confiadamente en un buque que tenga ojos. Saben que así,
-mientras ellos duermen ó durante las lobregueces de la tormenta, el
-junco, que á fuerza de existir adquiere una vida misteriosa como todos
-los objetos, podrá ver arrecifes y escollos, desviándose de tales
-peligros cual una bestia prudente.
-
-Siento inquietud y repulsión al imaginar la posibilidad de que una
-aventura de mi viaje me hiciese navegar en estos buques extraordinarios,
-pocas veces vistos en Shanghai y Hong-Kong. Los que conocen el país me
-explican las especialidades de esta marina mercante armada de cañones
-que navega por los recovecos del gran estuario y remonta los ríos
-cientos de leguas hasta las ciudades del interior. Conservan estos
-barcos su vieja artillería con pretexto de hacer frente á los piratas,
-pero en realidad son contrabandistas y vienen á cargar el opio que les
-proporcionan los mercaderes chinos de Macao. Algunas veces se oye desde
-la ciudad el cañoneo que sostienen con otros juncos del gobierno
-encargados de perseguir á los traficantes de la citada droga. El
-belicoso estruendo, agrandado por la sonoridad de los canales, no causa
-ninguna emoción en los vecinos de este puerto libre. La mercancía ya ha
-sido vendida y cobrada. ¡Que los chinos peleen á su gusto!...
-
-Macao es una península semejante á Gibraltar, aunque su montaña tiene
-menos altura. Un istmo la une al territorio del antiguo Imperio, y su
-puerto era el mejor de todo el estuario antes de que los ingleses
-fundasen á Hong-Kong, hace tres cuartos de siglo. En esta península se
-ha ido extendiendo una ciudad de 80.000 habitantes, cifra extraordinaria
-si se tiene en cuenta el espacio reducido de la colonia. El comercio ha
-realizado tal milagro.
-
-En el siglo XVI dió el gobierno chino á los portugueses este territorio
-de unos pocos kilómetros como recompensa por haber auxiliado con sus
-buques á las autoridades de Cantón en lucha contra unos piratas que
-pretendían apoderarse de dicha capital. Los holandeses intentaron
-hacerse dueños de la nueva colonia, pero fueron menos afortunados que en
-Ceylán, en Java y otras posesiones del Extremo Oriente arrebatadas por
-ellos á los portugueses. El vecindario repelió sus asaltos, derrotando
-finalmente á la flota holandesa.
-
-Llevó después Macao una existencia decadente, y en el siglo XIX su
-guarnición sostuvo empeñados combates con los chinos, que pretendían
-recobrar la península. Ahora adquiere cada año mayor importancia, y
-dentro de poco rivalizará con Hong-Kong, gracias á su nuevo puerto.
-
-El gobernador actual, doctor Rodrigo Rodrigues, es un médico que gozaba
-de justo renombre en su patria antes de entrar en la vida política; un
-republicano de los que combatieron desinteresadamente á la monarquía de
-su país, y luego, al verse triunfantes, tuvieron que abandonar su
-antigua profesión para servir á la joven República portuguesa.
-
-Durante las horas pasadas en Macao pude apreciar lo que mi amigo
-Rodrigues lleva hecho en varios años de gobierno. Una recaudación de los
-impuestos, bien administrada, ha dado lo suficiente para la construcción
-de un puerto grandioso, en el que podrán fondear trasatlánticos de gran
-tonelaje. Macao pasará rápidamente del tranquilo canal en que anclan
-ahora escuadrillas de juncos dedicados al cabotaje y al contrabando, á
-la vida tumultuosa de un puerto moderno, con toda clase de facilidades
-para la descarga y el transporte; y este puerto atraerá á todos los
-buques que no sean ingleses, por estar más cerca de Cantón que el de
-Hong-Kong.
-
-Guiados por los ayudantes del gobernador, jóvenes de gran cultura
-intelectual, vamos conociendo la ciudad, pintoresca mescolanza de
-edificios chinos y caserones portugueses del siglo XVII. Una fachada de
-piedra es lo único que resta de la antigua catedral de San Pablo y del
-convento anexo, fundado por los jesuítas para descanso y preparación de
-sus misioneros antes de que se lanzasen en el interior de la China. Este
-templo se incendió en 1835, pero su enorme fachada se mantiene en pie,
-con la piedra enrojecida por el sol más que por las llamas, y á través
-de sus ventanales se ve el muro azul del cielo, que parece servirle de
-apoyo.
-
-El castillo guarda recuerdos del ataque de los holandeses en el siglo
-XVII. Vemos en su capilla una losa sin nombre que cubre los restos de
-los defensores de Macao. Como dice el doctor Rodrigues, el culto al
-soldado desconocido creado por la última guerra lo inventaron los
-defensores de Macao hace más de doscientos años...
-
-En una explanada del castillo nos obsequian con un té abundante en
-alfajores y otras pastelerías portuguesas, que recuerdan las de
-Andalucía. ¡Panorama inolvidable!...
-
-Frente á nosotros, por la parte del istmo, se levanta una cordillera que
-ocupa gran parte del horizonte: las montañas de Catay. Rodrigues y yo
-recordamos á Marco Polo. El nombre de Catay lo aplicó el célebre viajero
-á la China entera, y durante siglos el mundo cristiano dió el título de
-unas montañas del Sur á todo el vasto Imperio gobernado por el Gran Kan.
-
-A nuestros pies extiende la ciudad la masa apretada de sus tejados,
-obscuros como los de Europa. A trechos surgen de ellos techumbres
-chinescas y remates de pagodas budistas. Muchas fachadas están pintadas
-de rosa ó azul, colores tiernos que infunden una alegre juventud á las
-construcciones vetustas.
-
-Más allá de la ciudad, islas y canales se repiten hasta el infinito,
-como si la tierra entera fuese una sucesión de brazos acuáticos
-abarcando cumbres emergidas. En estos canales de riberas altas, que
-tienen una mitad longitudinal de su faja líquida negra como el ébano y
-la otra mitad dorada por el sol, cabecean bajo la brisa de la tarde
-docenas y docenas de juncos de velamen ganchudo, como el techo de las
-pagodas. Todos ellos vienen hacia Macao ó regresan á puertos cuyos
-nombres enrevesados sólo sus tripulantes pueden pronunciar. Tropieza la
-vista con el lomo obscuro de una montaña, creyendo que es el límite del
-horizonte. Más allá de su línea oblicua hay algo que brilla como un
-charco de metal en fusión. Es un nuevo canal del estuario, un estrecho
-navegable por el que pasan otros juncos y sampanes empequeñecidos por la
-distancia. Más allá una nueva montaña, que es otra isla; luego un
-fragmento de canal, en tercer ó cuarto término; y nuevas tierras
-insulares, hasta que todo este mundo sumergido y emergente se esfuma por
-obra de la distancia, confundiéndose el azul de las montañas lejanas con
-el azul de las aguas y del cielo.
-
-Visitamos al fin lo más interesante para nosotros, lo que nos trajo á
-Macao con el atractivo de la devoción literaria. El gobernador nos
-muestra el jardín donde está la gruta en cuyo interior meditaba y
-escribía Camoens durante las horas calurosas de este país casi tropical.
-Dicho jardín tiene un atractivo comparable al de los muebles que
-empiezan á envejecer. En sus arriates y arboledas se mezclan la
-melancolía de los antiguos huertos chinos y la majestad de los jardines
-portugueses de Cintra. Vemos estatuas de mandarines que tienen la cabeza
-y las manos de loza. El resto de su cuerpo está formado con plantas á
-las que dieron forma humana los jardineros con sus tijeras.
-
-El retiro predilecto del poeta ha sido desfigurado y vulgarizado por una
-admiración excesiva. La gruta no es más que un corredor entre grandes
-piedras, ocupado ahora por el busto de Camoens. Todas las rocas próximas
-desaparecen bajo lápidas que ostentan grabados fragmentos del autor de
-_Os Lusiadas_ ó versos de autores célebres que le glorifican. Tantas
-placas de mármol dan á este lugar, que con razón puede llamarse poético,
-un aspecto antipático de cementerio.
-
-Algunos vecinos de Macao, especialmente parejas jóvenes, vienen á
-merendar en el histórico jardín, y al son de un gramófono ó un
-organillo bailan ante el busto coronado de laureles. No importa; es
-fácil suprimir con la imaginación estas fealdades de la realidad y ver
-el antiguo huerto tal como fué, con sus arboledas pendientes, su breve
-gruta limpia de adornos, y meditando bajo la fresca arcada el hidalgo
-portugués tuerto en la guerra, soldado heroico como el manco Cervantes,
-y desterrado de Goa á uno de los lugares más lejanos de la monarquía
-lusitana, dueña entonces de colonias en las dos costas de África, en el
-mar de las Indias y en los archipiélagos situados más allá del estrecho
-de Malaca.
-
-Al cerrar la noche abandonamos la calle principal de Macao, abundante en
-bazares chinos, para correr las callejuelas adyacentes, que ofrecen á
-dicha hora un aspecto interesante.
-
-Macao no goza fama de ser un lugar de virtudes, mas no por eso debe
-considerársele peor que los otros puertos del Extremo Oriente. Se
-diferencia de ellos en que los defectos de la vida china están aquí
-reglamentados, y por ello más á la vista que en las demás ciudades. Esta
-reglamentación sirve para que el viajero pueda verlos más directamente y
-con mayor seguridad al hallarse todos ellos bajo la vigilancia de la
-policía.
-
-La pequeña península de Macao, sin más tierra que la de sus paseos ni
-otra industria que su puerto, sólo ha podido vivir imponiendo
-contribuciones públicas á los vicios de la población china. Estos vicios
-son inevitables. En Shanghai, en Hong-Kong, en todas las ciudades del
-Extremo Oriente, existen en mayores proporciones y sus explotadores
-pagan en secreto á las autoridades por su tolerancia, lo que sirve
-únicamente para el aumento de la fortuna personal de éstas. En Macao
-satisfacen un impuesto público, severamente administrado, y sus
-productos no sirven para enriquecer á ningún funcionario, empleándose
-por entero en grandes obras públicas, como la construcción del nuevo
-puerto, que cambiará completamente la vida de la colonia.
-
-El gran vicio chino es el juego, y en Macao es libre. Algunos llaman á
-este pequeño país el «Monte-Carlo del Extremo Oriente», y lo sería en
-realidad si tuviese más próximas las grandes ciudades de Cantón y
-Hong-Kong. El juego favorito de los chinos se llama el «Fan-tan».
-
-Entramos en una de las casas dedicadas á este vicio nacional. Hay tantas
-de ellas que resulta difícil escoger. Todas tienen en sus fachadas
-anuncios luminosos y rótulos chinescos en grandes bandas de tela
-colgante. También se ven en las mismas calles fumaderos de opio con sus
-lamparillas de luz fúnebre y sus duros lechos de asceta; pero ¿á quién
-puede interesarle un fumadero de opio en esta ciudad que es el principal
-depósito de dicho artículo?...
-
-Los portugueses de Macao no merecen las censuras hipócritas que les
-dedican otras colonias europeas de Asia. Nunca ha impuesto Portugal á
-cañonazos el consumo de la citada droga, como Inglaterra, que hizo en
-1842 la llamada «guerra del opio». Los mercaderes de Macao la venden á
-los buques que vienen á buscarla, y esta operación comercial proporciona
-un ingreso al Tesoro público. Lo mismo la pueden encontrar los chinos en
-otras colonias gobernadas por europeos, pero de un modo oculto, y lo que
-entregan por hacer tal negocio lo guardan en su bolsillo particular las
-autoridades.
-
-Resulta el juego del «Fan-tan» lento y de prolongada emoción, como al
-chino le place que sean todas sus diversiones. La rapidez pugna con los
-gustos de su vida. La enorme mesa de juego está en el piso bajo, y en
-torno á ella se agrupan los «puntos» de clase ínfima, coolíes, marineros
-y trabajadores del puerto.
-
-Subimos por una escalera bien iluminada al piso superior. El suelo está
-perforado por una gran abertura oval, que da exactamente sobre la mesa
-colocada en el piso bajo. En torno á su barandilla se sientan en
-banquetas de hule los jugadores de más distinción. Ciertas casas tienen
-una segunda y una tercera galería en sus pisos superiores, lo que
-triplica ó cuadruplica el número de las personas que intervienen en el
-juego. Asomados á cada baranda, unos empleados reciben el dinero de los
-jugadores de su piso y lo bajan hasta la mesa en pequeños cestos
-pendientes de cordeles, indicando con unas vocecitas que suenan como
-chillidos de gato el número y la cantidad de las apuestas.
-
-Este público del primer piso resulta para mí de gran novedad. En ninguna
-de las ciudades chinas había visto tales personajes. Me siento entre
-algunos viejos con aire de mandarín venido á menos. Son letrados de
-exquisitos modales que han perdido tal vez una carrera brillante por las
-villanías propias del juego. A pesar de sus ojitos que no son más que
-dos líneas negras entre párpados que parecen cosidos, de su faz amarilla
-y arrugada y de sus bigotes colgantes, me recuerdan á muchos _gentlemen_
-arruinados que conocí en Monte-Carlo.
-
-También puedo examinar aquí de cerca á las mujeres chinas en plena
-libertad. Van vestidas con pantalones y blusas de rica seda azul; llevan
-un flequillo de pelo sobre la abultada frente; en su pecho y sus muñecas
-centellea la pedrería de abundantes joyas; fuman sin parar cigarrillos
-con perfume de opio, sosteniendo entre dos dedos una larguísima boquilla
-de carey; ponen una pierna sobre otra, saliéndoles del ancho pantalón
-unas pantorrillas delgadas que no se armonizan con la anchura de su
-rostro; ríen con cierta insolencia, murmurando palabras ininteligibles,
-mientras examinan fijamente á las señoras europeas que acaban de
-entrar. Todas juegan sumas considerables, manejando el dinero con una
-inconsciencia oriental. Las más de ellas son cocotas nacionales,
-residentes en Hong-Kong y Cantón, y han venido á Macao para jugar al
-«Fan-tan» con permiso de los opulentos comerciantes que las mantienen.
-
-La mesa está presidida por una especie de mandarín de barbas lacias y
-blancas, que desarrolla con una lentitud majestuosa la marcha del juego.
-Tiene á su lado un gran montón de _sapeques_, piezas metálicas con un
-agujero en el centro. Agarra sin mirar un puñado de tales monedas y las
-coloca bajo una maceta de hojalata vuelta boca abajo. El juego consiste
-en levantar dicho receptáculo cuando todos, en los diversos pisos, han
-hecho ya sus puestas, y con una varilla muy larga, para que no haya
-sospecha de trampa, va separando los _sapeques_ por grupos de á cuatro,
-hasta que al final quedan unas piezas sueltas, que pueden ser cuatro,
-tres, dos ó una, números á los que arriesgan su dinero los jugadores.
-
-Esta separación de cuatro en cuatro la va haciendo con una lentitud
-desesperante, pues así le gusta al público. El chino no conoce el valor
-de las horas. Además, no hay miedo de que se cierre el establecimiento.
-Las casas del «Fan-tan» carecen de puertas y las partidas se suceden día
-y noche, renovándose el personal de la mesa. Hay «puntos» que se hacen
-traer la comida de un figón inmediato, duermen sobre la banqueta de hule
-cuando les rinde el sueño y no salen de la timba en varias semanas,
-mientras les queda un peso mejicano.
-
-Algunos de estos jugadores dan pruebas de una visualidad maravillosa.
-Apenas el venerable personaje levanta el vaso y empieza á contar las
-piezas, adivinan desde el piso superior con una mirada de águila
-cuántas quedan en el confuso y enorme montón, anunciando por anticipado
-el número ganancioso.
-
-Mientras las señoras vuelven al palacio del gobernador, donde nos espera
-un gran banquete, corro yo con uno de sus ayudantes, el teniente de
-navío Sebastián Da Costa, notable escritor portugués, á conocer otra de
-las singularidades del viejo Macao, la llamada «rua da Felicidade». Esta
-calle de la Felicidad resulta semejante por su tráfico á las que existen
-en todos los puertos de mar, pero aquí ofrece el interés de ser
-únicamente chinos los que la frecuentan, empujados por el acuciamiento
-de la lascivia.
-
-Se compone de casas estrechas, cuyo piso bajo ocupa enteramente la
-puerta. A través de su abertura se ve una especie de zaguán con el
-arranque de la escalera que conduce á las habitaciones superiores, y
-algunos asientos chinescos, ocupados por las dueñas y sus amigas. Son
-mujeronas de cabeza voluminosa, miembros delgados y grueso tronco, con
-una nariz tan aplastada que apenas si resulta visible cuando sitúan de
-perfil su ancho rostro, amarillo como la cera. Estas hembras maduras,
-retiradas de las peleas sexuales, fuman gruesos cigarros mientras
-conversan lentamente. Otras se peinan entre ellas á la luz de una
-lámpara colocada ante sus ídolos predilectos.
-
-Las pensionistas de dichas casas juegan en medio de la calle, como un
-colegio en asueto. Verdaderamente es la función que les corresponde, á
-juzgar por sus pocos años. Todas ellas son chinitas apenas entradas en
-la pubertad. Se persiguen como gatas traviesas, dando maullidos de
-regocijo. Algunas se acercan á nosotros después de colocarse ante el
-menudo rostro una careta de gesto monstruoso, una máscara espantable de
-dragón ó de genio, como únicamente saben imaginarlas los artistas
-chinos, y las pobrecitas rugen para infundirnos pavor, riendo á
-continuación de su travesura.
-
-Nos fijamos en los diversos altares de las casas. Todos ellos guardan
-bajo marco imágenes de papel doradas y multicolores: dioses ó diosas de
-las Aguas, del Viento, de la Felicidad, etc. En algunas de dichas
-viviendas las huéspedas no tienen dinero para adquirir divinidades
-protectoras, mas no por eso carecen de altar. Han colocado en la pared,
-bajo doseles de colores, un anuncio de la Compañía Trasatlántica
-Japonesa, con un vapor de cuatro chimeneas y un mar de grandes olas, y
-le encienden todas las noches su lámpara, lo mismo que en las casas
-vecinas. Tales improvisaciones no asombran á ningún chino.
-
-Volvemos á atravesar la gran calle de Macao, que tiene en las primeras
-horas de la noche un aspecto de capital de provincia. Pasean por sus
-aceras numerosos sacerdotes y oficiales vestidos de paisano; jóvenes de
-una elegancia marcial, con gran fieltro á lo mosquetero y chaleco
-blanco.
-
-Nos obsequia el gobernador Rodrigues con una magnífica comida en su
-palacio. Admiro los salones de esta residencia, que no es vieja pero
-empieza á adquirir el encanto de lo antiguo. Muchos de sus muebles
-proceden de Cantón y tienen más de un siglo. En los rincones hay grandes
-ánforas de porcelana multicolor, como las fabricaban los chinos en otros
-tiempos.
-
-Con el deseo de que viésemos Macao detenidamente, no ha querido el
-doctor Rodrigues dejarnos partir á media tarde en el vapor de Hong-Kong.
-Por miedo á los asaltos de los piratas, este vapor emprende su regreso
-poco después de su llegada, para que no le sorprenda la noche en el
-camino. Las aguas portuguesas son las más seguras. El vigía del castillo
-de Macao sigue durante dos horas la marcha de los buques por el enorme
-espacio de mar abierto ante la ciudad, y puede dar aviso á los cañoneros
-portugueses si nota algo extraordinario. Lo peligroso es el dédalo de
-canales é islas inmediato á Hong-Kong, y el vapor-correo procura pasarlo
-antes que se oculte el sol.
-
-Nosotros saldremos de aquí después del banquete. Un remolcador del
-puerto se encargará de llevarnos á Hong-Kong. Hasta las once de la noche
-estamos en la grata compañía del gobernador, su esposa é hijas y las
-familias de sus ayudantes. Nos vemos tratados con la proverbial cortesía
-de los hidalgos portugueses. Algunas damas cantan _fados_ y romanzas
-sentimentales de la patria lejana. Cuando cesa la música hablamos de lo
-que fueron los navegantes portugueses y españoles dentro de la historia
-del progreso humano.
-
-Salimos para Hong-Kong en el pequeño vapor. Va tripulado por media
-docena de marineros que son chinos de Macao. Su patrón parece ser el
-único portugués, pero acabo por creerle también mestizo, nacido en la
-colonia. Todos ellos se entienden en lengua china para sus maniobras.
-
-El barco tiene en la proa un cañoncito de tiro rápido cuidadosamente
-enfundado, á causa de la humedad atmosférica. Creo además que los
-tripulantes llevan algunas carabinas... pero ¡vamos encontrando en
-nuestro camino tantos juncos! Pasamos al lado de buques que resultan
-enormes si se les compara con nuestra pequeñez, y de su interior puede
-desplomarse repentinamente sobre esta cubierta una cascada de diablos
-amarillos y medio desnudos, que se apoderarían del barquito antes de que
-nadie pudiese desenfundar el cañón ni tocar una carabina.
-
-Pienso que si los tripulantes de algunos de los juncos de comercio
-supiesen quién viene en este pequeño buque se sentirían inclinados á
-intentar una aventura capaz de enriquecerlos. Por suerte, para todos los
-navíos de forma arcaica y su marinería vagabunda que sólo se muestra
-honesta cuando ve próximos los golpes, nuestra embarcación no es más que
-un cañonero de Macao que se dirige á Hong-Kong en plena noche por un
-asunto del servicio.
-
-Sospechas ó inquietudes van desapareciendo según avanza nuestra
-navegación sobre las aguas del estuario. El misterio de la noche nos
-penetra y nos avasalla. Queremos gozar la belleza de la hora presente,
-que tal vez no volveremos á conocer nunca en lo que nos resta de vivir.
-
-Si me preguntan cuál es la sensación más honda y duradera de mi viaje
-alrededor del mundo, tal vez afirme que el viaje de Macao á Hong-Kong,
-sobre un mar dormido como una laguna, bajo la cúpula de una noche
-esplendorosa, con el incentivo de marchar en el misterio, costeando
-peligros y casi al ras de las aguas. El mar es muy distinto cuando se
-navega por él pudiendo tocarlo con la mano á como se ve desde la última
-cubierta de un trasatlántico, alta como la plataforma de una torre.
-
-Ha surgido la luna sobre el lomo obscuro de una de tantas islas. Es
-simplemente un cuarto creciente, pero la vagorosa luz traza un ancho
-camino de lácteo resplandor sobre la llanura lóbrega moteada de rojo por
-las lucecitas de los juncos. Las estrellas son tantas en este cielo
-tibio, que al levantar la cabeza para verlas, parpadean los ojos cual si
-lloviese sobre ellos polvo de luz. Detrás de la popa huye el camino
-lunar, ondeado por el cabrilleo de las aguas. Este camino forma un
-triángulo. Se estrecha hasta unir sus dos bordes en el límite del
-horizonte y sobre este vértice asoma á intervalos un diamante rojo que
-lanza contados centelleos, siempre los mismos, y vuelve á ocultarse en
-momentáneo eclipse: el faro de Macao.
-
-Ofrece la proa un espectáculo más extraordinario al deslizarse por sus
-dos flancos el agua partida en espumas.
-
-¡Las fosforescencias del mar chino!... En noches anteriores, al pasar la
-bahía de Hong-Kong sobre los vaporcitos que van y vienen entre la ciudad
-y la península de enfrente, llamó mi atención un resplandor verde de las
-aguas próximas. Creí al principio en un reflejo de la luz de posición,
-situada en el puente, y que corresponde al lado de estribor. Pero al ver
-que en el costado opuesto no existía ninguna luz roja y las aguas
-seguían brillando con la misma luminosidad verde, me di cuenta de que
-era un reflejo fosforescente como no lo había visto nunca en otros
-mares.
-
-Ahora, al regresar de Macao, considero casi insignificante la
-luminosidad extraordinaria de la bahía de Hong-Kong. Aquí, en pleno
-estuario, donde el agua tranquila de los canales es una mezcla de la
-salinidad de las mareas oceánicas y los aportes dulces del río Perla,
-cargados de vida animal, la fosforescencia resulta algo inaudito, algo
-que nunca pude concebir que existiese.
-
-Brillan junto al buque, durante largos espacios de tiempo, las aguas que
-nos rodean, con una luminosidad igual á la de Hong-Kong. Es el mismo
-espejismo de ojos felinos que he visto tantas noches en mis travesías á
-América... De pronto ocurren mudas explosiones de luz á flor de agua,
-como si la proa, al avanzar, fuese rompiendo focos eléctricos. Parece
-que en el seno del estuario se alumbren de pronto innumerables tubos de
-mercurio, que revienten grandes bolsas luminosas, esparciendo un
-resplandor verde semejante al de los teatros y los _cabarets_ de última
-moda; y el buque entero queda envuelto por unos segundos en una aurora
-inverosímil que parece de otro planeta.
-
-Sentados en la proa unos junto á otros, viajamos á través de la
-obscuridad sin poder vernos, y de repente nos contemplamos de cabeza á
-pies, con un color de exhalación eléctrica que en el primer momento nos
-hace inconocibles.
-
-Menospreciamos el abrigo del único camarote del barco para no perder
-este espectáculo ultraterreno, y seguimos en la cubierta, con las ropas
-chorreando humedad, temblorosos de frío, mientras vamos pasando entre
-islas de una temperatura tropical. Esperamos un nuevo reventón de
-resplandores mágicos en el seno de las aguas.
-
-Queremos ver una vez más, bajo esta luz de misteriosa apoteosis, el
-deslizamiento de los peces despertados por nuestra proa, negros y
-elípticos como manchas prolongadas de tinta china.
-
-
-
-
-XIV
-
-EL PUEBLO FILIPINO
-
- La bahía de Manila.--Obsequios de filipinos y españoles.--Limpieza
- y elegancia de la ciudad.--El traje gracioso y señorial de las
- mujeres.--Los jardines.--Las escuelas y su profesorado
- filipino.--Generosidad del gobierno americano para el sostenimiento
- de la enseñanza.--Ansia del filipino por instruirse.--La
- colonización española.--Su trabajo fundamental, penoso y mal
- conocido.--Filipinas desea ser independiente.--Suavidad del régimen
- americano.--Autonomía dada por Wilson.--Palabras de un tribuno
- filipino.--El gobernador Wood.--Lo que dicen unos y otros.--Mi
- opinión particular.
-
-
-Dos días después, á la salida del sol, cruza el _Franconia_ un estrecho
-entre la tierra firme y la llamada isla del Corregidor.
-
-Se extiende ante nuestra proa un mar tranquilo, luminoso, como los lagos
-cantados en odas y romanzas. Parece no tener límites, lo mismo que el
-Océano, á causa de la neblina sutil que cubre el horizonte con sus
-telones de gasas doradas. Es la famosa bahía de Manila.
-
-Navegamos por ella mucho tiempo, viendo las blancuras de Cavite á
-nuestra derecha. Enfrente van asomando, poco á poco, sobre la llanura
-azul, los nuevos muelles de Manila, las techumbres de sus almacenes, las
-arboledas de sus jardines y el caserío albo, amarillo y rosa, sobre
-cuyos tejados se remontan las torres de las iglesias.
-
-Ha quedado en mi memoria la capital de Filipinas como algo que vive
-aparte de todas las sensaciones aglomeradas durante mi viaje. Sólo
-permanecí en ella un par de días no completos y una noche, pero estas
-docenas de horas valen como si fuesen meses; tantos fueron los nuevos
-amigos que adquirí en dicho espacio de tiempo, las ideas que recibí de
-ellos, las manifestaciones afectuosas de que me vi objeto.
-
-Únicamente pude ver Manila, y aunque es ciudad hermosa, merecedora de
-gran interés, su conocimiento no autoriza para poder hablar del
-archipiélago filipino. Éste es casi un mundo; tiene más de doce millones
-de habitantes y consta de 3.000 islas entre grandes y pequeñas, según me
-afirman los que lo han explorado con detención.
-
-Deseo volver sin prisa á este país, donde se mezclan en el momento
-presente tres siglos de civilización española, el aporte continuo de los
-Estados Unidos, nación la más progresiva de nuestros tiempos, y las
-influencias que envían diversos pueblos de la tierra por encima del
-Océano, como esos polen de larga fecundación capaces de reproducir
-vegetaciones exóticas á distancias enormes. Siento interés por estudiar
-y describir detenidamente la vida de esta antigua colonia española, que
-es hoy un Estado autónomo y aspira con fe inquebrantable á convertirse
-en una República independiente. Mas por ahora tendré que limitarme á
-contar lo que vi, expresándolo con un juicio sereno, libre de
-sugestiones.
-
-Enumeraré con brevedad los honores que filipinos, españoles y
-norteamericanos residentes en el archipiélago me dispensaron durante mi
-breve permanencia en Manila. En los salones del Casino Español fuí
-obsequiado con un banquete de más de trescientos cubiertos, al que
-asistieron las primeras autoridades americanas y todos los individuos de
-la Asamblea filipina, senadores y representantes. En la misma noche di
-una conferencia en el teatro, y al día siguiente, otra de carácter
-literario en la Escuela Normal. El Senado de Filipinas me recibió en
-sesión solemne, con asistencia además de los diputados que forman la
-Cámara de representantes, concediéndome el alto honor de ocupar un
-asiento al lado de su presidente, y éste me saludó con las más
-satisfactorias expresiones que puede recibir un escritor amigo de la
-libertad. Finalmente, el general Wood, gobernador de Filipinas, me dió
-un almuerzo en su palacio de Malacañang, antigua residencia de los
-capitanes generales españoles.
-
-Al anclar el _Franconia_, vi cerca de él á un vapor de la Trasatlántica
-Española, el _Isla de Panay_, completamente empavesado, con aspecto de
-gala. Creí que era este adorno por alguna festividad nacional. Luego
-experimenté una de las mayores emociones de mi vida al saber que las
-banderas y los gritos de la tripulación asomada á las bordas eran para
-saludar mi llegada. Antes de dirigirme á la ciudad subí al _Isla de
-Panay_, deseoso de responder á este saludo espontáneo. Bebí una copa de
-champaña con el capitán y los oficiales, recibiendo los abrazos de la
-marinería, que mostraba un gozo sincero al encontrarse con un español
-conocido de todos ellos tan lejos de la madre patria.
-
-Uno de los más afectuosos en sus manifestaciones fué el capellán del
-_Isla de Panay_. Durante mi permanencia en Manila se mostraron
-igualmente efusivos conmigo numerosos frailes españoles que asistieron á
-mis dos conferencias; unos, profesores de la Universidad Católica de
-Manila; otros, aficionados a las lecturas literarias. Estando á tres mil
-leguas de la patria parecen empequeñecerse nuestras particulares
-apreciaciones sobre los misterios que rodean la vida, y nos atrae con
-repentino sentimiento de fraternidad la condición común de españoles.
-
-Mi primera impresión al visitar Manila fué igual á la del que entra en
-una casa pulcra y clara, después de haber atravesado varias calles
-rebullentes de muchedumbre, luminosas, pero sucias. Creo que todos los
-que lleguen á Filipinas, después de viajar por la China y otros países
-del Extremo Oriente, experimentarán la misma impresión.
-
-Tiene Manila un aire de estabilidad, de solidez y señorío, que contrasta
-con el aspecto ligero y provisional de las ciudades del Extremo Oriente,
-hechas de madera y tejidos de bambú. Los edificios, aunque de poca
-elevación, son fuertes; los templos y los baluartes de la gran muralla,
-estilo Vauban, construída por los españoles, dan á Manila una respetable
-antigüedad. Hasta las cabañas, hechas sobre pilotes y con tejidos
-vegetales, que sirven de vivienda al pueblo en los suburbios, están
-alineadas con un método que parece revelar la cohesión de este país.
-Digámoslo de una vez. Filipinas tiene un pasado histórico--el de su
-infancia--, y quiere llegar á la completa virilidad sin perder su
-fisonomía propia.
-
-La limpieza de Manila se refleja en sus habitantes. De todas las
-capitales de Asia, incluyendo las mejores colonias de origen europeo, es
-Manila la ciudad más pulcra y elegante. Las mujeres van vestidas con el
-traje nacional, que sorprende por su gracia y su distinción á las
-viajeras de gustos más refinados. Todas llevan una falda de cola larga,
-como si fuesen á entrar en un baile solemne, y se la recogen con gracia
-señorial. Sobre esta falda de seda, que es de diverso color, según el
-gusto de quien la usa, llevan todas ellas un corpiño hecho de encajes
-filipinos, célebres por su artística sutilidad. La gorguera del escote
-y unas puntas sobre los hombros parecen de lejos los extremos de unas
-alas plegadas, dando á las filipinas cierto aspecto de mariposas, como
-si fuesen á abrir de pronto unos brazos voladores, elevándose sobre el
-suelo.
-
-Los hombres son igualmente de una elegancia que puede llamarse tropical.
-Nunca he visto muchedumbres tan blancas é inmaculadas. El calor hace
-sudar copiosamente, pero los filipinos cambian varias veces de traje
-durante el día, y es imposible sorprender en ellos la más leve mancha.
-
-Mientras daba mi conferencia en la Escuela Normal, no pude menos de
-admirar el hermoso golpe de vista que ofrecía un público de dos mil
-hombres, todos vestidos de blanco, con corbata negra. Dentro de él se
-destacaban lo mismo que arriates floridos los colores violeta, rosa ó
-azul celeste de los grupos de damas llevando el traje nacional.
-
-Al aspecto limpio de esta ciudad y á la elegancia de sus habitantes hay
-que añadir la hermosura de su flora. En los jardines se ven árboles de
-extrañas formas para los ojos europeos, cuyos nombres no tengo tiempo de
-conocer. En los alrededores de Manila corre el automóvil á través de
-campos sobre los que yerguen su aéreo surtidor de verdes plumajes
-innumerables especies de palmeras. Atravesamos un jardín con unos
-arbustos grandes como árboles y flores enormes de un rojo mágico, que
-recuerdan el jardín encantado de Klingser en la leyenda wagneriana de
-Parsifal. Algunos pasos más allá empiezo á ver tumbas entre esta
-vegetación maravillosa, y me entero de que marchamos por un cementerio.
-Creo que en ninguna parte de la tierra la fealdad de la muerte ha
-logrado ocultarse bajo una envoltura tan seductora.
-
-En la mesa, á la hora de los postres, es cuando se aprecia mejor la
-dulce fecundidad de este suelo paradisíaco, saboreando frutos que
-existen indudablemente en otros países tropicales, pero en ninguno de
-ellos llegan á adquirir la sabrosa madurez que en Filipinas.
-
-De todo cuanto me muestran en Manila lo más extraordinario son las
-escuelas. Yo he viajado por la mayor parte de los Estados Unidos y
-conozco el enorme desarrollo de su enseñanza pública. Por eso puedo
-afirmar que las escuelas de filipinas son superiores á las de muchos
-Estados de la gran República. Hay que añadir que su profesorado, tanto
-masculino como femenino, está compuesto de hijos del archipiélago. Pude
-conversar en varias escuelas con maestros y maestras. Ellos son unos
-_gentlemen_ pulcramente vestidos con el traje de ceremonia del país,
-_smoking_ blanco y corbata negra. Ellas llevan la falda de seda y el
-corpiño de gasa, pues por nacionalismo consideran oportuno dar sus
-lecciones vistiendo á la filipina.
-
-Todos revelan en su conversación una gran cultura, un continuo estudio,
-un ansia insaciable de saber. Esto último es lo que caracteriza á los
-filipinos modernos. Maestros y discípulos desean siempre saber más;
-sienten una verdadera hambre de conocimientos y prestan una atención
-concentrada á toda novedad intelectual que les sorprende.
-
-Las escuelas son muy grandes. El miedo á los temblores de tierra no
-permite elevar los edificios, pero éstos compensan la escasez de pisos
-superiores con la ocupación de vastos terrenos. A pesar de su amplitud
-casi resultan estrechas, tanta es la población escolar que viene á
-ocuparlas todas las mañanas. Los niños acuden gozosos á estos edificios,
-como si fuesen lugares de placer infantil, tan atractiva y dulce resulta
-en ellos la enseñanza. Llama inmediatamente la atención el gesto
-reflexivo con que escuchan á sus maestros, la ansiedad que muestran por
-no perder una palabra de sus explicaciones.
-
-También es admirable la agilidad de sus manos al realizar en horas de
-descanso algunas labores de tejido artístico. Esta ligereza manual es
-una condición asiática. Ningún niño de los Estados Unidos ni de Europa
-podría fabricar los cestos festoneados, las cajas redondas de colores
-que tejen con el mayor desembarazo niños y niñas de ocho á diez años en
-las escuelas de Manila.
-
-Una visita á dichas escuelas sirve para adquirir la convicción de que
-éste es un pueblo de gran inteligencia nativa y no menos facilidad para
-aprender cuanto se le enseñe. Gracias á sus condiciones naturales no
-perderá nunca su personalidad propia, resistiéndose á cuantas
-influencias extrañas intenten arrebatársela.
-
-Sería injusto olvidar que el ensanchamiento de la escuela en Filipinas y
-la esplendidez con que se atiende á las necesidades de su enseñanza es
-un resultado de la influencia de los Estados Unidos. Todos los
-gobernadores americanos se han preocupado especialmente de la
-instrucción pública. Con ello satisfacen el anhelo más ferviente del
-pueblo filipino, deseoso de aprender, siguen al mismo tiempo la
-tradición de los Estados Unidos, que siempre consideraron la enseñanza
-como la primera función pública, y realizan un trabajo lento de
-conquista espiritual, del que hablaré más adelante, y al que confían el
-éxito definitivo de su dominación.
-
-Igualmente sería enorme injusticia negar ú olvidar que España, durante
-su época colonial, ilustró á este país como podía hacerse entonces. Tres
-siglos de civilización española han quedado para siempre en la historia
-de Filipinas, con las torpezas y errores propios de otros tiempos, pero
-igualmente con todos sus adelantos espirituales. El cristianismo de los
-filipinos es obra de los sacerdotes españoles. Ellos enseñaron á leer á
-las masas indígenas. Las autoridades enviadas por la metrópoli lejana
-fueron estableciendo aquí todos los progresos del resto del mundo,
-teniendo que luchar para ello con las distancias, considerablemente más
-grandes en aquella época de navegación á vela, cuando aún existía
-intacta la muralla arenosa del istmo de Suez.
-
-Sin la colonización española el filipino habría llegado á los tiempos
-modernos en un estado de cultura embrionaria y paralizada, semejante al
-de las tribus que todavía existen en muchos archipiélagos vecinos ó como
-el de los pueblos mahometanos que tantas veces constituyeron un peligro
-para Manila con sus piraterías.
-
-A España le correspondió aquí el mismo trabajo que en las repúblicas
-americanas que hablan su lengua. Echó los cimientos del edificio, lo más
-pesado y menos agradecido, lo que exige mayores esfuerzos y queda oculto
-á las miradas superficiales. Ella tuvo que luchar con la primitiva
-barbarie, estableciendo las bases fundamentales de la civilización.
-Luego llegan los pueblos modernos, los últimos que triunfaron, y al
-encontrarse con la sólida y ruda obra sin terminar, se encargan de los
-adornos de su fachada, columnas, capiteles, cornisas, todo lo que supone
-refinamiento y atrae la admiración frívola del curioso; pero las paredes
-maestras, los fundamentos ocultos bajo el suelo, son obra del albañil,
-que sudó y se esforzó más que nadie, para ver finalmente su trabajo
-olvidado ó menospreciado.
-
-Por suerte, este olvido no puede durar siempre. Un edificio, para
-remontarse, necesita reforzar sus cimientos; y á causa de esto todos los
-pueblos civilizados en otros siglos por España, si quieren hacerse más
-grandes, tendrán que ahondar en su base, y al hacerlo encontrarán las
-virtudes del primer constructor: la paciencia y la fe de España.
-
-Nuestro país, que tantos errores cometió de carácter rudamente paternal
-al extender su civilización sobre la mayor parte del planeta, dió
-muestra al mismo tiempo de una virtud que no abunda en los dominadores
-coloniales. Allá donde fué el español se unió con la mujer de la tierra,
-constituyendo una familia. Entiéndase bien esto. Muchos colonizadores de
-otras razas se unen también con la mujer del país, pero es tomándola por
-concubina, y huyen luego, dejándola el presente abrumador de varios
-bastardos. El español, por influencia cristiana ó por una predisposición
-á igualarse con los indígenas, se casó en las colonias; mezcló su sangre
-con la de los naturales, creó una familia legal, y en todas partes son
-sus nobles y legítimos descendientes los mestizos que ostentan sus
-apellidos.
-
-Los hombres no viven únicamente de pan. Una metrópoli poderosa se engaña
-si cree que dando á sus colonias los adelantos materiales se lo ha dado
-todo. El hombre necesita el alimento moral de la consideración; y los
-españoles, que en el terreno político fueron siempre poco propensos á la
-igualdad, la practicaron como nadie en la vida moral y en la familia,
-emparentando con los del país sin mantenerse en orgulloso aislamiento,
-como lo hacen otros pueblos dominadores.
-
-Durante mi visita á Manila encuentro á los filipinos en una gran
-efervescencia política. Debo hablar de ella, pues el motivo de dicha
-agitación es hondo y permanente. Tengo la certeza de que va á repetirse
-durante años y años de un modo pacífico, y sólo tendrá término cuando se
-realicen los deseos de todos. El pueblo filipino quiere ser
-independiente. Antes de seguir adelante necesito hacer una aclaración.
-Siento desde hace muchos años honda simpatía por los Estados Unidos de
-América. Para mí, el régimen menos imperfecto, dentro de la imperfección
-humana, es la República federal, tal como ellos la establecieron. Además
-considero al pueblo norteamericano como la más ordenada y consciente de
-todas las democracias que han existido en la Historia. Al mismo tiempo
-me inspira un afecto fraternal el pueblo filipino. Después de mi paso
-por Manila, admiro su fe y su tenacidad para conseguir una existencia
-independiente, y deseo que obtenga todo lo que pueda favorecer su
-bienestar y su progreso.
-
-Encontrándome entre estos dos afectos que en ciertos puntos resultan
-contradictorios, voy á mencionar con fría imparcialidad lo que dicen
-unos y otros.
-
-Se sublevó el pueblo filipino contra la dominación española
-considerando, como todas las repúblicas hoy florecientes de América, que
-era ya bastante crecido para marchar por sí solo. Procedió como los
-hijos que por ley natural abandonan la casa paterna. Cuando los
-acorazados de los Estados Unidos desembarcaron sus tropas en Cavite
-existían una República filipina y un ejército filipino. Los Estados
-Unidos les ayudaron en su guerra contra la monarquía española, y...
-todavía no han abandonado el país.
-
-La gran República americana no es un Imperio de rapiña, una nación sin
-más ley que la fuerza, de esas que proceden en el curso de la Historia
-lo mismo que un bandido actúa en una carretera, apoderándose de la
-hacienda de los débiles porque son débiles. Muy al contrario, la
-historia de esta gran democracia abunda en esfuerzos y hazañas á favor
-de la libertad de los pueblos y la independencia de los humildes. Dicha
-historia habrá tenido eclipses, como la de todas las naciones; pero es
-indiscutible que los Estados Unidos arrostraron el peligro de morir
-despedazados y sostuvieron la más terrible de las guerras por suprimir
-la esclavitud de los negros, y hace pocos años vinieron
-desinteresadamente á batirse en Europa, llamando á su cruzada generosa
-«la guerra por la libertad del mundo».
-
-El gobierno de Wáshington envió sus tropas á Filipinas para ayudar á los
-naturales en su guerra contra la metrópoli y para proteger su
-constitución futura de pueblo libre. A nadie se le puede ocurrir que la
-generosa democracia americana hiciese tal intervención para apoderarse
-simplemente de Filipinas y quedarse con el archipiélago, basándose en el
-bandidesco principio de que el más fuerte puede apoderarse sin
-escrúpulos de lo que pertenece á otros, aunque ellos no quieran. Esta
-política cínica fué la del Imperio alemán, y levantó contra ella la
-opinión de todo el mundo. Para seguir tan inmorales principios de
-derecho no valía la pena destronar á Guillermo II.
-
-Apresurémonos á decir que los Estados Unidos jamás han manifestado de un
-modo preciso su voluntad de quedarse «para siempre» con Filipinas. Por
-el contrario, muchos de sus gobernantes y sus directores de opinión han
-reconocido á los filipinos la legitimidad de sus deseos en pro de la
-independencia. Lo único que discuten es la oportunidad de tal
-independencia, las condiciones actuales del archipiélago filipino para
-disfrutarla, creyendo que aún no ha llegado el momento de que este país,
-que tiene gran parte de su territorio en los albores de la civilización,
-pueda llevar la existencia de un pueblo libre y sin tutela.
-
-Hay que añadir lealmente que el régimen dulce y tolerante seguido aquí
-por los Estados Unidos no se parece á la actitud que observan otras
-naciones en los territorios que dominan. Después de la ocupación
-militar, el gobierno de Wáshington dió al archipiélago un régimen
-puramente civil, y en tiempo del presidente Wilson, este régimen, cada
-vez más suave y transigente con los filipinos, se convirtió en una
-verdadera autonomía. Hoy Filipinas tiene una Asamblea legislativa,
-compuesta de un Senado y una Cámara de representantes, con ministros
-hijos del país que trabajan á las órdenes del gobernador general, quien
-es depositario absoluto del Poder ejecutivo. Pero con frecuencia surgen
-conflictos entre estos dos poderes, y los legisladores se colocan en
-actitud de protesta ante el gobernador enviado de Wáshington.
-
-Un filipino ilustre, el gran orador Manuel Quezón, presidente actual del
-Senado, expresó el verdadero sentimiento de su pueblo al decir en uno de
-sus discursos: «No importa que sea suave el yugo de un poder extranjero;
-no importa que pese ligeramente sobre los hombros; si no está impuesto
-por la voz de su propia nación, el hombre no quiere, no puede ni cree
-ser feliz bajo tal peso.»
-
-Todo el pueblo filipino piensa del mismo modo con rara unanimidad.
-Reconoce los beneficios de la dominación americana, agradece los
-esfuerzos hechos por ella para difundir la enseñanza, las obras públicas
-que lleva realizadas, la conducta benévola de las autoridades
-extranjeras en muchos asuntos... pero quiere la independencia.
-
-Algunos filipinos conservadores intentaron crear partidos transigentes,
-poniéndose de acuerdo con las autoridades americanas; pero fracasaron
-por completo, faltos de apoyo popular. La Asamblea filipina, aunque
-compuesta de diversos grupos políticos, es en absoluto partidaria de la
-independencia, pues todos sus individuos comulgan en el mismo ideal.
-Cuando se realizan nuevas elecciones, únicamente triunfan los candidatos
-nacionalistas, que son los sostenedores de la independencia del
-archipiélago.
-
-A los filipinos eminentes que trabajaron y murieron por la liberación de
-su país han sucedido otros muy jóvenes, que luchan con no menos
-entusiasmo, dentro de una política pacífica.
-
-Pueden contarse á docenas los hombres notables de este movimiento.
-Sergio Osmeña, talento organizador, sabe razonar con una lógica
-avasalladora; Manuel Quezón, orador brillante, es el gran propagandista
-del nacionalismo. Para servir mejor á su patria aprendió el inglés, de
-tal modo, que puede pronunciar discursos en dicha lengua, y varias veces
-ha hablado en Wáshington ante los representantes del gobierno y en otras
-ciudades de los Estados Unidos, defendiendo la independencia filipina.
-
-Es asombroso el espíritu liberal de la Constitución del pueblo
-americano, respetuosa para el pensamiento y su emisión como la de ningún
-otro país. Al amparo de ella los filipinos pueden abogar por su
-independencia y arbitrar toda clase de medios y recursos para
-conseguirla. Durante el gran banquete dado en mi honor por el Casino
-Español estuvieron sentados cerca de mí, en la mesa presidencial, varios
-almirantes y generales de los Estados Unidos que ejercen autoridad en
-Manila. Estos militares de la más verdadera de las Repúblicas escucharon
-con calma y respeto los razonados discursos de varios oradores filipinos
-proclamando la necesidad de independencia que siente su patria y su
-voluntad firmísima de trabajar por ella.
-
-También son ardientes propagandistas el incansable Teodoro Kalaw,
-presidente del Comité «Por la Independencia»; el enérgico senador
-Alegre, que hizo sus estudios en España, y tantos otros que desisto de
-nombrar, pues su mención resultaría larguísima.
-
-El general Wood, actual gobernador de Filipinas y hombre de sólida
-inteligencia, tiene un espíritu civil á pesar de su profesión de
-soldado. Habla el español con facilidad, pues lo aprendió en su
-juventud, y luego ha viajado mucho por la América de nuestra lengua y
-por España. Le conozco desde que fué candidato en 1920 á la presidencia
-de los Estados Unidos, y, como ya dije antes, me obsequió con un
-almuerzo en su palacio, cuyos salones conservan aún los retratos de los
-antiguos capitanes generales españoles. Sobre la puerta del palacio de
-Malacañang queda también un gran escudo de España. Los gobernadores
-americanos se han limitado á ensanchar el palacio, sin tocar un cuadro
-ni un mueble de la antigua casa del gobierno español.
-
-Hablo con Wood y otros personajes americanos residentes en el
-archipiélago. Noto en todos ellos una simpatía sincera por los
-filipinos. El gobernador no formula la menor queja contra los
-partidarios de la independencia, á pesar de que en la actualidad, por la
-pugna entre el Poder ejecutivo y el legislativo, algunos de aquéllos le
-han atacado. Pero aquí los ataques no rebasan los límites de la política
-y jamás resultan personalmente ofensivos, lo que prueba una vez más la
-cultura de las costumbres.
-
-Todos los americanos que trato en Manila muestran igual opinión. Nadie
-niega rotundamente el derecho de los filipinos á su independencia. Sólo
-discuten la oportunidad de esta independencia. No creen llegado el
-momento de reconocerla.
-
---Si abandonamos Filipinas--dicen muchos de ellos--el pueblo no podrá
-mantenerse independiente. Necesita un ejército, una gran marina, para
-guardar sus tres mil islas. A las puertas vive el Japón, ansioso de
-nuevas tierras para expansionarse. ¡Lo que tardaría á encontrar un
-pretexto, á inventar un conflicto para dejarse caer sobre este
-archipiélago!... Y si nosotros nos fuésemos, resultaría muy difícil que
-pudiéramos repetir la visita. En los Estados Unidos todo lo dirige la
-opinión, y es casi seguro que luego de habernos marchado, esta opinión
-nos impediría volver, no queriendo arrostrar los peligros y gastos de
-una guerra por un país abandonado antes.
-
-Debo mencionar también lo que dicen los filipinos ansiosos de
-independencia. Los más instruidos encogen los hombros cuando les hablan
-de que una gran parte de su país está todavía á medio civilizar. Lo
-mismo decían los ingleses cuando se declararon independientes las
-colonias de América, teniendo á sus espaldas tres cuartas partes del
-actual territorio de los Estados Unidos ocupadas por tribus enteramente
-salvajes. El fantasma de la invasión japonesa no les impresiona gran
-cosa. Con una arrogancia caballeresca, que revela su antigua educación
-española, contestan simplemente:
-
---De ocurrir eso nos defenderíamos todos desesperadamente hasta morir.
-
-Además, juzgan que no sería incompatible una completa independencia
-filipina con el estacionamiento militar de los Estados Unidos en este
-archipiélago, para tener una base fuerte cerca del Japón.
-
-El argumento de que no están preparados para la independencia les hace
-sonreir. ¿Dónde está el reloj que marca la hora justa para tal
-reforma?... ¿Quién tiene el instrumento capaz de medir si un pueblo debe
-ser independiente ó no merece serlo todavía?...
-
-Esto lo considero cierto. Nadie puede probar que es nadador ó no lo es
-mientras no se meta en el agua. Y para que un pueblo demuestre que
-merece la independencia, lo primero es dársela.
-
-Tengo mi opinión propia, formada después de oir á unos y á otros.
-
-No niegan los Estados Unidos el derecho de Filipinas á su independencia,
-ni lo negarán nunca de un modo terminante. Se oponen á ello sus nobles
-tradiciones civiles. Existen dentro de la gran República imperialistas
-que se muestran á veces cínicos y brutales en sus deseos, mas la inmensa
-mayoría del pueblo americano es enemiga de guerras y dominaciones por la
-fuerza, y cree generosamente que todo país debe gozar su libertad.
-
-Pero no es menos cierto que el gobierno de Wáshington, teniendo en
-cuenta los informes de las autoridades de Filipinas, aprecia cada vez
-más el valor económico de este archipiélago y su situación estratégica,
-deseando conservarlo á todo trance.
-
-Para algunos americanos, nunca llegará el momento oportuno de dar á los
-filipinos su independencia. Aunque todos los naturales del archipiélago
-fuesen un portento de educación cívica, encontrarían siempre motivos
-para decir que no era llegada la hora. ¡Es tan fácil inventar pretextos,
-teniendo en cuenta la imperfección humana!... Confían en el tiempo y en
-la escuela para que se adormezca poco á poco este sentimiento de
-independencia, y acabe Filipinas por entrar mansamente en la
-Confederación americana como un simple territorio.
-
-La escuela de primera enseñanza emplea la lengua inglesa. Los profesores
-filipinos dan sus lecciones en inglés, con arreglo á los métodos
-oficiales. El español únicamente se estudia en la segunda enseñanza y en
-la Universidad como una lengua extranjera.
-
-El idioma moldea el alma; por eso la dominación americana ha creado aquí
-escuelas verdaderamente maravillosas, y al dar al filipino más pobre una
-educación brillante, procura hacer de él un futuro súbdito de los
-Estados Unidos.
-
-Los partidarios de la independencia velan á la parte de fuera de la
-escuela. Jamás se ha hablado tanto en Filipinas la lengua española. En
-tiempos de nuestra dominación, el pueblo, como señal de protesta,
-hablaba el tagalo. Sólo los de una cultura superior conocían aquélla.
-
-Ahora, como una afirmación de nacionalismo, los niños que hablan inglés
-en la escuela aprenden el español en su casa, y esta es la lengua
-espontánea muchas veces de sus juegos callejeros.
-
-Después de extinguirse los apasionamientos propios de toda revolución,
-los filipinos amantes de la independencia reconocen la parte de
-beneficios que tuvo para ellos la civilización española, y adoptan
-nuestra lengua como un arma de largo alcance. En todo el archipiélago,
-según me afirman los conocedores, existen más de veinte lenguas
-vernáculas, y el tagalo usado en Manila no es mas que una de ellas. En
-cambio, el español tiene grupos parlantes en todas las islas. Además, es
-la lengua de veinte naciones del Nuevo Mundo y de cien millones de
-seres. Valiéndose de ella, los filipinos no quedan aislados en un
-extremo del Pacífico y se ponen en comunicación espiritual con la mayor
-parte de las naciones que acompañan á los Estados Unidos en el disfrute
-del continente americano.
-
-Yo veo la historia futura de Filipinas á modo de una carrera de jinetes.
-La escuela oficial, magnífica y opulenta, fabrica americanos para el
-porvenir. El nacionalismo filipino espera en la calle á las nuevas
-generaciones y les inspira el amor á la independencia. El fuego sagrado
-de la patria se va renovando así de pecho en pecho.
-
-Es una obra de paciencia y de tenacidad. Esta lucha pacífica va á durar
-muchos años; pero vencerán finalmente los filipinos si el entusiasmo que
-muestran ahora no es una ráfaga estrepitosa y pasajera; si desafían al
-cansancio, si no se desalientan ante lo largo del camino, y acaban por
-convencer al pueblo americano de que son dignos de obtener su
-independencia, provocando uno de esos arrolladores y generosos
-movimientos de opinión tan frecuentes en la vida de los Estados Unidos.
-
-Como dicen los cabalgadores de las llanuras sudamericanas: «Es asunto de
-ver á quién de los dos se le cansará antes el caballo.»
-
-
-
-
-XV
-
-EN EL MAR DE LA INSULANDIA
-
- Un guerrero del aire.--El paso de la Línea.--Desfile de oasis
- montañosos sobre el desierto azul.--La historia del mundo
- reproduciéndose en cada isla.--Epopeya de los descubridores
- portugueses.--Lo que vieron un día en las Molucas.--Encuentro de
- los dos pueblos ibéricos al otro lado del planeta.--Los últimos
- héroes españoles del ciclo de los descubrimientos.--Mendaña y el
- oro del rey Salomón.--Una flota mandada por una mujer.--La
- almiranta doña Isabel.--El místico Quirós.--Llegada de la reina de
- Saba á Manila.--Los elefantes don Pedro y don Fernando.--Los
- descubridores de «Australia Ignota».--«Austrialia del Espíritu
- Santo».--El piloto Torres, primer explorador de las costas
- australianas.
-
-
-Desde la barandilla de una cubierta saludo á los grupos de filipinos y
-españoles que han venido á despedirnos. El muelle está repleto de
-gentío. Los vendedores tagalos ofrecen pesados machetes, lanzas y
-espadas flamígeras de los moros de Joló, primorosos encajes manileños,
-cajitas fabricadas con fibras del país, y mis compañeros de viaje
-adquieren estos recuerdos de su paso por la isla de Luzón.
-
-Estrecho una vez más la mano de Potous, cónsul de España, que empezó su
-carrera como magistrado, del conde de Paracamps, español de espíritu
-progresivo y el más notable organizador que existe en Filipinas, del
-ilustre periodista Romero Salas y otros amigos.
-
-Unas señoritas vestidas de labradoras valencianas me entregan cestos de
-flores. La colonia española, como recuerdo de mis dos conferencias, me
-sorprende con un magnífico regalo. Recibo el saludo de varias damas
-filipinas que llevan el traje nacional. Unas son directoras de colegio,
-otras desempeñan cargos en la administración de justicia, lo que
-demuestra la cultura de la mujer en este archipiélago.
-
-Parte el _Franconia_ entre aclamaciones. Al mismo tiempo la atmósfera se
-conmueve con un estrépito mecánico que parece ahogar los gritos de la
-blanca muchedumbre agrupada en los muelles. Media docena de aeroplanos
-militares evolucionan sobre nuestro buque, acompañándolo durante su
-navegación por la bahía.
-
-Viene con nosotros hasta Calcuta el general Mitchel, jefe de la aviación
-americana, que en el último período de la guerra europea mandó las
-fuerzas aéreas de todos los aliados. Es un hombre todavía joven y habla
-correctamente el español por haber vivido en distintas repúblicas de
-América. Luego de pasar varias semanas en Manila, continúa su viaje
-alrededor del mundo, estudiando la aviación de las naciones y colonias
-de Asia.
-
-Este guerrero de la atmósfera me expone con voz dulce de poeta una serie
-de «anticipaciones» capaces de asombrar á la imaginación mejor
-preparada. Así me entero de cómo el avión ha cambiado completamente la
-guerra, cómo acabará por hacerla imposible, cómo podrá igualar tal vez
-un día su velocidad con la del curso del sol, dando las escuadrillas
-voladoras la vuelta á nuestro planeta sin dejarse alcanzar por la noche.
-
-Seis días va á durar nuestra navegación entre Manila y las costas de
-Java. En esta travesía cortaremos la línea ecuatorial, y como son muchos
-los viajeros que no han pasado dicha línea, los organizadores de
-fiestas del _Franconia_ preparan su bautizo.
-
-Conozco de sobra esta mascarada marítima que se desarrolla en los buques
-al pasar el Ecuador. Siete veces he ido de Europa á la América del Sur y
-otras tantas he hecho el viaje de vuelta. Como no me interesan los
-desfiles de ondinas y tritones acompañados de estridentes músicas, el
-cortejo burlesco de Neptuno, la inmersión de los neófitos en un estanque
-improvisado y demás ceremonias burlescas que van á entretener á los
-pasajeros durante un par de días, huyo de tales festejos, refugiándome
-en la cubierta más alta, como lo hacen otros que también están cansados
-del rito ecuatorial.
-
-Compensa con exceso el espectáculo del mar la monotonía de nuestras
-horas solitarias. Cruzamos una de las secciones del Pacífico más
-hermosas y menos frecuentadas. La gran corriente de la navegación, al
-venir de Hong-Kong ó Manila, tuerce hacia el Oeste buscando la puerta
-del estrecho de Malaca, ó sea Singapore. Nosotros seguimos rectamente
-hacia el Sur, cortando la línea ecuatorial por una ruta que únicamente
-siguen los contados barcos que desde la China ó el Japón van á Java.
-
-El mar es de un azul intenso, como si fuese sólido. Las nubes, bogando
-aisladas en el cielo esplendoroso, también son de una blancura tan
-espesa que parecen talladas en mármol, como las que figuran en los
-altares. Saltan ante la proa enjambres de peces voladores. Agitan sus
-alas unos momentos, y al volver á caer, parece que forcejean para
-introducirse en el agua, como si la taladrasen. A un lado del buque, el
-mar es de un azul compacto y mate; en el opuesto centellea como una
-llanura sembrada de espejos rotos. La atmósfera, cada vez más caliente,
-da un aspecto de solidez á la materia líquida y la materia gaseosa.
-
-Transcurren los dos primeros días sin que veamos en el inmenso redondel,
-del que somos eterno centro, una blancura de vela, un hilillo de vapor.
-El Océano parece de una majestad sin objeto dentro de esta calma
-desierta.
-
-Pienso que nunca volveré á pasar por aquí. La líquida llanura ecuatorial
-parece creada únicamente para los que permanecemos horas y horas en la
-solitaria cubierta con un codo en la barandilla y el rostro sobre una
-mano, embriagándonos de azul, de sol y de silencio. Pero nosotros
-desapareceremos y las olas seguirán hinchándose en aristas infinitas, y
-los peces continuarán sus saltos voladores, y se repetirán las albas y
-los ocasos. Y cuando, transcurridos los siglos, no quede un hueso ni tal
-vez dos moléculas juntas de la materia que forma ahora nuestros cuerpos,
-se reproducirá igualmente este espectáculo que nuestra vanidad humana se
-imagina fabricado expresamente para admiración y recreo de los
-animalillos razonantes que pasamos metidos en una especie de dedal.
-
-El día antes de la fiesta de la Línea y los días siguientes navegamos
-entre islas. En estos parajes de la Oceanía próximos al macizo asiático
-las hay á cientos y á miles. Unas pocas alcanzamos á verlas con nuestros
-ojos. Detrás de ellas adivinamos con la imaginación toda la infinita
-variedad del continente esporádico de la Malasia.
-
-Algunas son picos de sombrío rosa, que emergen del mar con gorgueras de
-espuma. Otras extienden una sucesión horizontal de montañas y playas.
-Estas últimas no se ven á cierta distancia y las montañas parecerían
-islas sueltas á no ser por las filas de cocoteros que surgen de la
-orilla arenosa. Sus troncos delgados se disuelven en el azul del cielo;
-sus copas robustas parecen hileras de embarcaciones negras flotando
-sobre el mar.
-
-Más adentro de las costas y empalidecida por la distancia, hay siempre
-alguna montaña envuelta en nubes que aún parece más enorme por su
-aislamiento; cono de volcán dormido hace miles de años. Los naturales de
-la isla han poblado seguramente esta altura inaccesible con dioses y
-demonios, dedicándoles sacrificios humanos desde el principio de su
-historia. Siglos de guerras y matanzas han venido desarrollándose sobre
-estos fragmentos de tierra, por los consejos y mandatos de los
-habitantes de la Montaña Sagrada. Es todo un mundo igual al nuestro,
-pero dentro de marco más reducido.
-
-La isla queda atrás. Sólo es ya una mancha sombría, una nube á flor de
-las aguas azules; luego se borra para siempre. Vienen al encuentro de
-nuestra proa nuevas montañas con su cúspide envuelta en vapores, nuevas
-arboledas bajas que parecen flotar sobre el horizonte, nuevas bocanadas
-de perfume vegetal, caldeado por el sol y salado por la respiración
-oceánica.
-
-Apreciamos este mundo insular con una serenidad sintética y divinamente
-superior á causa de nuestra situación. Somos ahora la inteligencia que
-aprecia las cosas desde lo alto y pasa adelante, insensible á las
-influencias del medio. Desembarcados en cualquiera de dichas islas
-resultaríamos á los pocos meses uno más dentro del grupo humano que la
-habita, sentiríamos la servidumbre del ambiente, se nos impondrían con
-la fuerza del pasado personas y cosas. Pero vamos montados en una caja
-de hierro, con agujeros redondos para ver y respirar, la cual lleva una
-hoguera en sus entrañas y vence momentáneamente las influencias
-esclavizadoras del tiempo y del espacio.
-
-Pasamos á través de sociedades humanas que se mueven siglos y siglos en
-el redondel aislado de estos oasis terrestres perdidos sobre el desierto
-salobre. Dichos pueblos insulares no son para nosotros más que un
-accidente de viaje. Los vemos como Gulliver á los pigmeos, y esta
-momentánea superioridad nos permite apreciar por comparación la pequeñez
-y monotonía de la historia general de nuestra especie.
-
-Todas estas islas que viven breves horas ante nosotros y luego se
-disuelven, han tenido dioses que hablaron con voz de trueno entre las
-nubes de la gran montaña, santos que realizaron milagros, déspotas que
-las hicieron sufrir los martirios de una autoridad falsamente paternal,
-y recuerdan tal vez con orgullo las hazañas de algún jefe victorioso que
-arrastró las muchedumbres á la muerte. Todas ellas han visto nacer á un
-Napoleón, y sus habitantes se consideran los primeros hombres de la
-tierra, despreciando á los de la isla de enfrente por una inferioridad
-que justifica su deseo de esclavizarlos.
-
-Nosotros también apreciamos orgullosamente la superioridad de nuestra
-isla flotante, en la que se juntan todas las maravillas de la
-civilización, comparándola con estas islas inmóviles, sujetas al fondo
-oceánico por raíces de granito ó de coral y que guardan
-estacionariamente los modelos más rudimentarios de la sociabilidad
-humana... Luego, un sentimiento confuso de justicia nos hace dudar de
-nuestro momentáneo orgullo de semidioses navegantes. ¿Qué somos
-verdaderamente?... Ochocientos seres humanos, entre señores y
-servidores, metidos en una caja férrea y llevando con nosotros un
-cementerio de animales puestos al frío para que puedan alimentarnos con
-sus cadáveres. Una música anima nuestras digestiones y sirve para que
-los aficionados á la danza puedan dar saltos y sientan el cosquilleo de
-la sensualidad después de las cinco comidas rituales.
-
-Por arriba poblamos el azul oceánico de alegres ritmos y lo
-entenebrecemos con el humo industrial, residuo de fuerzas domadas que
-han transformado nuestra vida parasitaria sobre la corteza del planeta.
-Por abajo suelta nuestra isla obscura el sucio arroyo de unas aguas que
-han barrido todos los lugares cerrados, viles receptáculos de la humana
-miseria. Una estela de cajones y latas que contuvieron los medicamentos
-contra nuestra eterna enfermedad, el hambre, va marcando el paso del
-buque sobre esta llanura móvil y profunda, que es á la vez vieja como el
-mundo y pueril como los primeros vagidos de la vida planetaria.
-
-Corta mis reflexiones un repique de campanas. Dentro de la garita en
-forma de púlpito que existe en el mástil de proa para que el vigía
-atalaye el mar durante la noche, un grumete mueve las dos campanas que
-sirven ordinariamente para marcar las horas de servicio á los diversos
-«cuartos» en que se divide la tripulación. Este repique me hace saber
-que estamos en domingo y son las diez de la mañana.
-
-Un campaneo semejante al de una iglesia anuncia los oficios divinos
-todos los domingos. En el gran salón un oficial con uniforme de gala lee
-las plegarias, y la mayoría de los viajeros, libro en mano, canta.
-
-Estamos ante las costas de Borneo. La melodía lenta y solemne de los
-corales evangélicos empieza á extenderse sobre el mar. Éste es ahora de
-un azul obscuro, erizado de pequeñas protuberancias angulosas, como si
-en pleno sol cayese sobre él un aguacero invisible. Senderos de azul más
-claro y completamente liso serpentean sobre su lomo como si fuesen ríos,
-revelando la existencia de ocultas corrientes.
-
-El recuerdo de Filipinas, que va alejándose á nuestras espaldas, y la
-cercanía creciente de Java, cuyo misterio pretendemos imaginar, lleva
-nuestro pensamiento hacia los europeos que navegaron por primera vez en
-estos mares incógnitos y pusieron sus pies sobre las tierras oceánicas,
-innumerables ínsulas de misterio.
-
-Java fué de los portugueses, como las Molucas, Sumatra, Ceilán y tantas
-otras tierras que están ahora cada vez más cerca de nosotros. Holanda,
-aprovechando su guerra con España, se apoderó en el siglo XVII de casi
-todas las posesiones portuguesas en el Oriente asiático. No hay que
-olvidar que Portugal había sido anexionado á España en dicho período, y
-precisamente bajo el dominio de los Austrias españoles fué cuando sufrió
-tan enorme despojo.
-
-Viajando por estos mares es como se mide con exactitud la grandeza de
-los descubridores portugueses, dignos hermanos de nuestros descubridores
-y conquistadores de América.
-
-Las grandes hazañas se aprecian mejor viendo el terreno donde se
-desarrollaron que leyendo su relato en los libros. Al navegar por las
-costas de la India, por el estrecho de Malaca, por los innumerables
-archipiélagos malayos que Reclús llama la Insulandia, se admira la
-audacia argonáutica de Gama, la energía colonizadora de Almeida y
-Alburquerque, el atrevimiento paladinesco de los capitanes lusitanos,
-que, semejantes á Cortés y Pizarro, se apoderaron de reinos importantes
-con unos cuantos compañeros de armas y unos pequeños buques, lo mismo
-que los héroes de las novelas de caballería.
-
-En estos mares se desarrolló el episodio más trascendental de la
-historia humana. Un día, estando los portugueses en el archipiélago de
-las Molucas, cerca de Java, para cargar sus buques de especias--la
-mercancía más rica entonces, después del oro--, vieron asombrados cómo
-avanzaba hacia ellos un navío con cruces pintadas en sus velas
-cuadrangulares.
-
-No venía del Occidente este buque de cristianos, ó sea de Portugal; se
-aproximaba por el Oriente, surgiendo de su inmenso y desconocido Océano.
-Era un resto de la flota de Magallanes, una nave española, al mando de
-Sebastián del Cano, que acababa de atravesar la ignota soledad del
-Pacífico dando la vuelta entera á la tierra. Los dos pueblos de la
-península ibérica, partiendo en opuestas direcciones, habían venido á
-encontrarse al otro lado del planeta. Su rivalidad en los
-descubrimientos sirvió para que los humanos conociesen la extensión y
-forma del globo que habitan.
-
-Al recordar esto pienso en las afirmaciones absurdas que el
-apasionamiento religioso ha sugerido muchas veces á hombres superiores.
-El fanatismo hasta la ceguera no ha sido privilegio único de los
-católicos. Guizot, el seco é injusto protestante, afirmó que puede
-escribirse la historia de la civilización universal sin mentar una sola
-vez el nombre de España.
-
-Evocan para mí estos mares el recuerdo de otros navegantes menos
-conocidos, héroes sin fortuna que fueron los últimos en la historia de
-los descubrimientos españoles. Abarco con la imaginación los
-archipiélagos innumerables de esta Oceanía, cuyos macizos más poblados
-vamos costeando.
-
-Cuando los españoles, en el siglo XVI, habían tomado ya posesión de la
-mayor parte de América, quedaron muchos pilotos y soldados que, no
-contentos con los puestos que ocupaban en el llamado Nuevo Mundo,
-tendieron su ávida vista sobre el desierto del Pacífico. Un joven
-capitán, Álvaro de Mendaña, sobrino de un letrado virrey accidental del
-Perú, pudo formar, gracias á la protección de éste y á su propia
-fortuna, una pequeña flota, con la que se lanzó á realizar
-descubrimientos.
-
-Después de sufrir grandes penalidades en la parte más desparramada de
-la Polinesia, donde las islas parecen insignificantes y perdidas como
-granos de arena, dió con el actual archipiélago de Salomón. Mendaña fué
-quien le puso tal nombre. Todos los navegantes de aquella época llevaban
-en su pensamiento la historia santa y el deseo de encontrar oro,
-acoplando inmediatamente ambas cosas á sus descubrimientos. Creyó de
-buena fe que estas islas cercanas á Nueva Guinea eran las visitadas por
-las flotas del rey Salomón para recoger en sus costas grandes
-cargamentos de oro. Repelido por los habitantes de dichas islas, que
-todavía son ahora antropófagos, hallándose con los buques maltrechos y
-sin bastimentos, Mendaña se volvió al Perú luego de llamar á una de las
-islas Guadalcanar y á otra Santa Isabel, nombres que aún conservan.
-
-El rey de España le dió el título de Adelantado de las islas de Salomón,
-y con el resto de sus bienes pudo organizar otra flota, luego de casarse
-con una dama gallega, de carácter varonil, llamada doña Isabel Barreto.
-
-Ésta se agregó á la expedición descubridora. Otras mujeres casadas con
-soldados y marineros se embarcaron igualmente para poblar las islas de
-Oceanía. Llevó Mendaña en tal viaje como piloto mayor al portugués Pedro
-Fernández de Quirós, navegante algo místico, que recuerda por su
-carácter raro y contradictorio la figura de Colón, como una copia
-borrosa puede recordar al original. Esta segunda flotilla, por
-circunstancias que no son del caso relatar, no volvió al archipiélago de
-Salomón.
-
-Mendaña descubrió las actuales islas Marquesas, que él tituló Marquesas
-de Mendoza para agradecer el apoyo del marqués del mismo nombre, que era
-entonces virrey del Perú. También hizo el descubrimiento de la isla de
-Santa Cruz, al Noroeste de las actuales Nuevas Hébridas, instalando en
-ella una colonia. Pero enfermedades epidémicas, de las que todavía en
-el presente suprimen poblaciones enteras de la Oceanía, se ensañaron en
-los descubridores, haciendo morir á Mendaña y á muchos de sus
-compañeros.
-
-A partir de aquí se desarrolla uno de los episodios más interesantes y
-menos conocidos de la epopeya de los descubrimientos oceánicos. Como el
-rey había dado á Mendaña, para él y su familia, el gobierno de la flota
-y de las islas que encontrase, su esposa doña Isabel le sucedió en el
-mando, siendo la única almiranta que se conoce en la Historia.
-
-Intentó continuar la colonia de Santa Cruz fundada por su esposo, pero
-tan enorme fué la mortandad de su gente, que hubo de renunciar á dicho
-empeño, embarcándose con los restos de la expedición para buscar refugio
-en Filipinas. Los buques estaban casi inservibles después de tan luenga
-travesía por mares inexplorados y sus tripulaciones mermadas y enfermas.
-De las tres pequeñas naves eran arrojados todos los días varios
-cadáveres al mar. Los víveres y el agua escaseaban. Además, el carácter
-enérgico de la almiranta y sus veleidades autoritarias provocaron
-numerosas protestas é intentos de rebelión. Pero doña Isabel, secundada
-por Quirós, se hizo respetar en el curso de un viaje tan abundante en
-penalidades y miserias.
-
-La más insistente de las quejas de las tripulaciones fué por la escasez
-de agua potable, repartida con desesperante parsimonia, mientras la
-almiranta, al decir de los hombres, empleaba muchas botijas de ella en
-el lavado de sus ropas interiores.
-
-Finalmente llegaron dos de los buques á Filipinas y el otro se perdió.
-Al entrar el _San Jerónimo_, que era el de la almiranta Barrete, en la
-bahía de Manila, lo saludaron los cañones de la plaza con una salva de
-honor. Todos querían ver á doña Isabel y sus infortunados compañeros, y
-como aquélla tenía el título de gobernadora de las islas de Salomón, la
-gente la llamó «la reina de Saba».
-
-La permanencia en Manila de estos descubridores maltrechos y celebrados
-coincidió con grandes fiestas por la llegada de un nuevo gobernador. Dos
-personajes extraordinarios compartieron con la reina de Saba la
-curiosidad y el entusiasmo del vulgo. El rey del Cambodge, para
-agradecer un auxilio militar prestado por el gobierno de Filipinas,
-había enviado á Manila dos elefantes, los primeros que se vieron en
-dicha ciudad, y el pueblo celebraba sus inteligentes habilidades,
-llamando al uno don Pedro y al otro don Fernando.
-
-Doña Isabel se casó en Filipinas con un capitán de la Nao de Acapulco,
-pariente de su esposo, y regresaron juntos al Perú, pasando de allí á
-España para organizar una tercera flota que les permitiese instalarse
-definitivamente en las islas descubiertas. Pero la almiranta y su
-segundo marido no volvieron nunca á las islas de Salomón.
-
-El piloto Quirós también regresó á España con el deseo de emprender
-nuevos descubrimientos en el Pacífico. Dándose cuenta de las ideas de su
-época, de la extremada religiosidad del nuevo rey Felipe III, y
-siguiendo sus propias inclinaciones, se fué á Roma á pie, vestido de
-peregrino, con ocasión de un jubileo general. Consiguió ver al papa
-Clemente VIII, hablándole de sus proyectos náuticos y cristianos; éste
-le recomendó al rey de España, y gracias á tales protecciones pudo
-conseguir, con una rapidez extraordinaria para aquellos tiempos, la
-formación en el Perú de una flota puesta bajo su mando.
-
-En su viaje por el Pacífico exploró las Nuevas Hébridas y otras islas
-cercanas á Australia y Nueva Guinea. En sus documentos de navegación
-llama «Australia Ignota» á las tierras que descubre, siendo tal vez el
-primero en usar dicha palabra. Además, bautizó á la isla del Espíritu
-Santo, encontrada por él, «Austrialia del Espíritu Santo», aludiendo con
-dicho título á la dinastía de Austria que reinaba entonces en España.
-
-Hombre de exagerada religiosidad, se preocupó Quirós de bautizar
-pequeños indígenas y celebrar las fiestas del santoral más que de hacer
-observaciones geográficas y mantener en buen orden su flota. Fundó una
-colonia, llamada Nueva Jerusalén, y para acallar las protestas de sus
-tripulaciones, cansadas de tan defectuosa dirección, agració á los más
-bulliciosos con las insignias del Espíritu Santo, orden creada por él
-según autorización que le había dado el Papa.
-
-Ansioso de hacer saber á sus protectores los descubrimientos que llevaba
-realizados, abandonó á los otros buques de su flota, volviéndose á
-Méjico y pasando de allí á España. El resto de su vida lo empleó en
-solicitar recursos para una nueva exploración, pero todos se habían dado
-cuenta del verdadero carácter de este hombre y murió sin conseguir sus
-deseos.
-
-Su segundo era un piloto de gran mérito, Luis Vaez de Torres. Al verse
-abandonado por Quirós tuvo que buscar refugio en Filipinas, pero antes
-exploró las costas de Nueva Guinea y de Australia, y todavía se llama de
-Torres el estrecho encontrado por él entre estas dos islas enormes.
-
-Un siglo antes de que los holandeses creyesen descubrir Australia por
-primera vez, llamándola Nueva Holanda, así como otras tierras
-inmediatas, los españoles habían ya navegado frente á sus costas,
-desembarcando en ellas, faltos de víveres, para traficar con los
-naturales.
-
-
-
-
-XVI
-
-EL PAÍS DE LAS ESPECIAS
-
- La vieja Batavia y la famosa Compañía de las Grandes Indias.--Cómo
- vivió Java dos siglos y medio de colonización holandesa.--Opulencia
- de Batavia.--Abundancia de dinero y de enfermedades mortales.--El
- monopolio de las especias.--Destrucción de artículos para mantener
- su escasez.--Las ciudades-jardines de Weltevreden y Micer
- Cornelius.--Una plaza de un kilómetro cuadrado.--El país del
- «batik».--Muchedumbres hermosas y colorinescas.--El dulce
- mahometismo del pueblo javanés.--Facilidad de las javanesas para
- desnudarse.--El turbante y los pies descalzos.--Baño de las mujeres
- en las calles.--Dos condiciones exigidas por los antiguos javaneses
- para dejarse matar tranquilamente.--El «traidor» Erberfeld y su
- eterna execración.--Reparto equitativo de las vergüenzas del
- pasado.
-
-
-Al detenerse el _Franconia_ en Tandjong Priok cae sobre nosotros el
-calor ecuatorial con toda su húmeda pesadez. Nos hallamos á unos cuantos
-grados nada más de la Línea, en una ribera de Java, entre terrenos de
-verdura exuberante pero bajos y casi anegados.
-
-Batavia, la antigua metrópoli javanesa, está á varias millas del mar. Un
-canal navegable permitía la llegada hasta cerca de sus almacenes á los
-navíos de otros tiempos, que eran de poco calado. Hoy los vapores quedan
-en el puerto moderno de Tandjong Priok y por el canal sólo navegan
-sampanes del país y rosarios de lanchones tirados por remolcadores.
-
-Ver Java fué uno de mis mayores deseos al emprender el viaje alrededor
-del mundo. Siempre leí con predilección los relatos escritos en pasados
-siglos sobre esta isla inagotablemente productora. Ya he dicho cómo los
-holandeses se la arrebataron á los portugueses en 1600, lo mismo que
-Sumatra, las Molucas y otros archipiélagos inmediatos. Los reyes
-indígenas, quejosos de la dominación portuguesa, se aliaron con los
-holandeses, y su auxilio fué decisivo para que éstos se apoderasen del
-país. Al poco tiempo se convencieron de que sus nuevos dominadores no
-eran preferibles á los antiguos. Holanda cedió á una sociedad mercantil
-el gobierno y explotación de sus colonias oceánicas, y ésta se hizo
-famosa en la Historia con el título de Compañía de las Grandes Indias.
-
-El actual gobierno de los holandeses en Java es dulce, tolerante,
-progresivo, y ha realizado grandes obras; pero el período de 1600 á
-1860--más de dos siglos y medio--, que fué el de la Compañía de las
-Grandes Indias y otras organizaciones sucesoras de igual carácter, puede
-considerarse como la muestra más completa que se conoce de colonización
-ávida, cruel é inexorablemente mercantil. Todos los defectos probados ó
-problemáticos de la colonización española en América pierden importancia
-si se les compara con la dureza explotadora de la célebre Compañía en
-sus posesiones oceánicas.
-
-Un gobernador enviado de Holanda reinaba como monarca absoluto sobre
-todas las islas. Este personaje sólo se dejaba ver en una carroza dorada
-con tiro de seis caballos, escoltada por oficiales y precedida de varios
-negros armados de cachiporras de plata, dispuestos á golpear al que no
-hiciese alto reverentemente y saludase doblando el espinazo. Los
-criollos ricos y los holandeses que iban en carrozas más modestas debían
-echar pie á tierra con sus mujeres é hijos para unir sus encorvamientos
-á los de la muchedumbre. Este virrey tenía un Consejo de diez y seis
-ministros, llamados _edel-heers_, ó sea consejeros de Indias, que no por
-ser secundarios resultaban menos temibles. Los que de ellos no
-gobernaban por delegación en Macasar ó alguna otra capital isleña y
-permanecían en Batavia, podían usar también carroza dorada, pero de
-cuatro caballos, y los propietarios de los otros carruajes debían
-ponerse de pie para saludar á Sus Excelencias.
-
-Todas las Indias holandesas estaban organizadas como una oficina
-mercantil. El ejército, cuya oficialidad era en gran parte extranjera,
-dependía de los funcionarios civiles. Éstos veían designados los cargos
-de su escalafón en términos comerciales. Los más modestos se llamaban
-asistentes, y al ascender obtenían los títulos de tenedor de libros,
-submarchante, marchante, gran marchante y gobernador. Dichos grados
-civiles tenían sus correspondientes uniformes y gozaban de honores
-militares. El empleo de gran marchante estaba asimilado al de teniente
-coronel, submarchante equivalía á capitán, y tenedor de libros á
-teniente.
-
-En ningún país de la tierra corrió el dinero como en la antigua Java;
-más que en Méjico y en el Perú, á raíz de la explotación de minas
-famosas. Los empleados percibían anualmente gratificaciones ocultas que
-representaban veinte veces el valor de sus sueldos. La Compañía no
-necesitaba cuidarse de la moralidad de ellos para mantener sus
-ganancias. Hubo años en que sus accionistas recibieron dividendos de 60
-por 100.
-
-La riqueza de este país consistió principalmente en la explotación de
-las especias. Al quedar los holandeses dueños absolutos de las Molucas,
-dominaron los mercados del mundo como únicos vendedores de tales
-materias. Nadie las poseía fuera de ellos. Los ingleses aún no les
-habían arrebatado Ceilán ni intentado el cultivo de las especias en sus
-colonias.
-
-Deseosa la Compañía de mantener la rareza de tales productos, se valió
-de un sistema brutal. Todos los años cargaba en los navíos holandeses
-las especias que consideraba necesarias para el consumo de Europa,
-quemando á continuación el resto guardado en sus almacenes. Con el deseo
-de asegurar más aún su monopolio, decretó en cada isla un cultivo único.
-Sólo permitía á Ceilán que recolectase la canela. Las islas Banda eran
-las únicas que podían cosechar la nuez moscada. Amboine y otras tierras
-inmediatas tuvieron el monopolio del clavo de olor. Anualmente sus
-comisionados recorrían las islas con destacamentos de tropas, arrancando
-y quemando los árboles de especias en los lugares no autorizados para su
-cosecha. También repetían tal destrucción al encontrar, por ejemplo,
-árboles de canela en una isla solamente autorizada para recoger el
-clavo. Como el consumo de los europeos no exigía grandes cargamentos á
-causa del enorme precio de tales materias, el trabajo de la Compañía
-durante muchos años consistió especialmente en destruir los productos,
-para que no se generalizasen y abaratasen.
-
-La situación exacta de los centros de especiería era un secreto de
-Estado. Los funcionarios, al irse de Java, debían hacer entrega de los
-planos y todos los papeles concernientes á dicho emplazamiento. Todavía
-en los primeros lustros del siglo XIX, un vecino de Batavia fué azotado,
-marcado con un hierro candente y relegado á una isla casi desierta, por
-haber hecho ver á un inglés un mapa interior de las islas Molucas.
-
-Otro motivo de opulencia para la antigua Batavia fué que comerciantes y
-funcionarios enriquecidos en el país no lograban fácilmente volver á
-Europa con su fortuna. Los giros sólo podían hacerse por medio de la
-Compañía, y ésta tasaba á cada habitante el dinero que podía enviar
-fuera de la isla. Además, como la moneda javanesa era emitida por la
-misma Compañía, experimentaba un enorme descuento al pasar á Europa.
-
-Fácil es imaginarse cómo sería la vida dentro de esta ciudad colonial,
-abundante en ricos que no sabían cómo gastar su dinero y sometida á una
-autoridad despótica. Todos los viajeros, hasta principios del siglo XIX,
-se hicieron lenguas de la opulencia de Batavia. Hoy parece una ciudad
-moribunda. Se desdobló hace un siglo, creándose á corta distancia de
-ella la ciudad de Weltevreden, y ésta, á su vez, tiene una prolongación
-que se llama Micer Cornelius. Las tres ciudades, Batavia, Weltevreden y
-Micer Cornelius, ocupando un área enorme, forman unidas la gran
-metrópoli javanesa.
-
-Insisto en la extensión de su área. Hay que acostumbrarse á las
-modalidades de este país para saber cuándo se halla uno dentro de una
-ciudad ó en pleno campo, Corre el automóvil por amplias avenidas orladas
-de árboles grandiosos, como sólo pueden desarrollarse en estas tierras
-solares y fecundas. A un lado y á otro se extiende la vegetación de
-frondosos jardines, abundantes en flores. Y al preguntar el viajero
-cuándo llegará á la ciudad, le contestan que hace una hora que está
-dentro de ella.
-
-Las avenidas son calles y los jardines son casas. Todo vecino tiene en
-torno á su vivienda un gran espacio de tierra, hermoseado por los olores
-y perfumes de la flora tropical. Como en este país de terremotos no
-pueden construirse edificios altos, las casas, de un solo piso,
-levantadas sobre plataformas, por elegantes y cómodas que sean,
-permanecen casi ocultas bajo el ramaje de los árboles. Hasta en muchas
-calles las tiendas están en el fondo de jardines. Únicamente en la vieja
-Batavia, construída con arreglo al gusto de otros tiempos, y en el
-centro de Weltevreden, abundante en comercios modernos, se encuentran
-plazas y calles cuyos edificios están unidos y sin jardín, dando las
-fachadas sobre la acera para lucir sus escaparates.
-
-La vieja Batavia, tan hiperbólicamente descrita por los viajeros de hace
-un siglo, resulta pobre y decadente en la actualidad. Establecida sobre
-terrenos bajos próximos al mar y cortada por las acequias naturales de
-su desagüe, todavía los holandeses, con la nostalgia del colono que
-recuerda á todas horas la patria lejana, abrieron canales artificiales
-en sus vías más céntricas, á semejanza de los de Amsterdam. Inútil es
-decir lo que representan estas vías acuáticas en el interior de una
-ciudad, y bajo una temperatura extremadamente cálida, para la
-reproducción de los mosquitos. Con motivo fué reputada Batavia como una
-de las ciudades más insalubres del mundo. Los holandeses se enriquecían
-en ella con rapidez, pero morían no menos aprisa.
-
-A principios del pasado siglo un gobernador trasladó su vivienda algunas
-millas más lejos del mar, donde se halla ahora Weltevreden, y la mayor
-parte de los habitantes de Batavia le siguieron, creándose la nueva
-ciudad. Pero la nostalgia patriótica les hizo volver á abrir grandes
-canales en las avenidas de Weltevreden, y el mosquito se enseñoreó
-igualmente de la segunda capital.
-
-Al entrar en la vieja Batavia se pasa por una especie de arco de
-triunfo, levantado en tiempos de la Compañía de las Grandes Indias. Es
-de mampostería blanca, con hornacinas que cobijan varias estatuas
-simbólicas pintadas de negro. A un lado de este monumento casi fúnebre
-puede verse una de las curiosidades tradicionales del pueblo javanés.
-
-Caído en el suelo hay un cañón de bronce verdoso, desmontado hace
-siglos, y en torno se extiende un prado de flores de papel ofrecidas por
-los devotos de dicho ídolo. Un indígena establecido cerca del cañón
-vende varillas de sándalo, que las mujeres queman con los ojos puestos
-en el cilindro de bronce ornado de relieves. Todos saben en Java que la
-mujer que se sienta sobre este cañón y le dedica flores é incienso queda
-en estado de tener un hijo á los nueve meses justos.
-
-Al borde del canal más grande se extiende una fila de caserones de dos
-pisos--altura extraordinaria en este país--, que ostentan fachadas algo
-ruinosas, con galerías cubiertas, columnatas y remates ondulados al
-gusto del siglo XVIII. Estos palacios de los ricos de otros tiempos,
-cuyos descendientes se trasladaron á Weltevreden, están ahora ocupados
-por oficinas comerciales y por bancos. Los negocios se hacen todavía en
-Batavia, y al caer la tarde jefes y empleados regresan á sus _bengalows_
-floridos de Weltevreden, por ser peligroso para la salud pasar la noche
-en la vieja ciudad.
-
-Los chinos forman la mayoría del vecindario de Batavia, y todo el
-movimiento nocturno se concentra en sus calles tortuosas, cuyas fachadas
-tienen celosías con dragones de oro y de cuyas ventanas penden rótulos
-sobre telas ondeantes.
-
-Después del recogimiento constructivo de Batavia, que aglomeró sus casas
-como todas las ciudades antiguas, sorprende la extensión inaudita de
-Weltevreden. Todas las calles importantes tienen kilómetros y
-kilómetros.
-
-Atravesar alguna de sus plazas á las horas de sol es todo un viaje. Se
-sabe la existencia de la plaza porque lo afirman los guías, pero el
-visitante, al separarse de una hilera de edificios, ve enfrente un
-jardín, marcha por él hasta sentir cansancio, y cuando cree hallarse en
-plena selva tropical, lejos de la ciudad, columbra á través de los
-troncos las techumbres de otros pabellones rodeados de jardines. Es la
-acera de enfrente.
-
-En el centro de Weltevreden está la llamada plaza del Rey, que tiene un
-kilómetro de longitud por cada uno de sus lados. Es la plaza más grande
-del mundo dentro de una ciudad. En la parte central de este kilómetro
-cuadrado, verde como una pradera, galopan soldados amaestrando sus
-caballos y pastan finas vacas holandesas. Todo en ella tiene un aspecto
-de campo libre á pesar de la arboleda urbana que orla sus cuatro lados
-frente á los jardines de los particulares.
-
-Viendo las casas de las gentes acomodadas de Weltevreden se adivinan su
-dinero, su escrupulosa limpieza y sus comodidades; pero en otros países,
-y sin el marco esplendoroso que les proporciona la vegetación de sus
-jardines, estas construcciones se verían tal vez menospreciadas. Son
-ligeras y frágiles. No tienen la estabilidad señorial de los caserones
-de Batavia ocupados ahora por el comercio, que aún guardan sus
-pavimentos y sus grandes zócalos á la altura de un hombre hechos con
-losas de mármol blanquísimo.
-
-Los _bengalows_ elegantes de Weltevreden ofrecen una particularidad que
-aún parece hacerlos más inestables. Todos ellos carecen de fachada;
-únicamente las piezas interiores que sirven para dormir tienen tabiques
-y puertas. El techo está sostenido en su parte delantera por ligeras
-columnas, y el comedor, el gran salón para recibir visitas, el gabinete
-íntimo donde la familia lee, se hallan descubiertos, á la vista del que
-pasa. Los árboles del jardín sirven de movible cortina, y bajo los
-aleros de estas piezas sin pared se balancean macetas colgantes de
-alabastro con chorros de flores. Hasta las casas de los empleados más
-modestos tienen en torno un jardín y las habitaciones principales sin
-más abrigo que el techo.
-
-A un lado de Weltevreden se ha ido formando durante el siglo XIX la
-tercera ciudad, ó sea Micer Cornelius. Dicho personaje fué un holandés
-que se defendió heroicamente cuando los ingleses desembarcaron en Java,
-ocupando la isla. Esto ocurrió en la época de Napoleón. Como el
-emperador francés se anexionó á Holanda, acabando por dar la corona de
-este país á uno de sus hermanos, el gobernador inglés Raffles, fundador
-de Singapore, organizó una expedición desde dicha colonia, apoderándose
-de todas las Indias holandesas, y Java no fué devuelta á sus antiguos
-poseedores hasta 1816.
-
-Micer Cornelius fué al principio una barriada indígena á la que acudían
-los javaneses en días de fiesta para sus diversiones un poco libres. Las
-principales viviendas estaban dedicadas á industrias vergonzosas. Este
-suburbio es hoy una ciudad-jardín como Weltevreden, urbanizada por las
-gentes de la clase media que desean crearse un hogar propio.
-
-Puede afirmarse que lo más extraordinario en Java es el aspecto de las
-muchedumbres y su belleza corporal. La vegetación maravillosa de esta
-isla puede encontrarse igualmente en las inmediaciones de Singapore ó en
-Ceilán. Pero los habitantes de dichos lugares no son comparables á los
-javaneses por el color de su epidermis ni por la infinita variedad de
-sus vestiduras.
-
-Ya dije en otro lugar cómo es la tez metálica de los javaneses y
-especialmente de sus mujeres. Resulta exacto compararla con el bronce,
-pero un bronce recién frotado, limpio, que brilla como el oro. Parece
-que la piel de estas gentes tenga una luz interior. Sus cuerpos, lo
-mismo en hombres que en mujeres, son de una esbeltez que deja al
-viajero, algunas veces, absorto por la admiración.
-
-El lector debe estar enterado de que Java es el país del _batik_. Aquí
-se fabrica esta tela, pintada con toda clase de colores y puesta en uso
-por la moda hace poco tiempo, que las fábricas europeas falsifican a
-causa de su alto precio. Hasta los mendigos van en Java vestidos de
-batik.
-
-En realidad el traje nacional consiste en una pieza de dicho tejido, el
-_sarog_, que hombres y mujeres llevan arrollada sobre sus piernas, como
-una falda de corto paso. Los varones añaden una camisa y las mujeres
-también, pero tan corta la de éstas, que deja al descubierto una gran
-faja de carne desnuda entre su borde y el _sarog_. Muchas hembras
-prescinden en el campo ó dentro de sus casas de esta breve camiseta, y
-van desnudas de cintura arriba, mostrando unas abundancias mamilares que
-también parecen ser algo especial de esta isla paradisíaca.
-
-Los pechos de las javanesas se sostienen macizos y erguidos hasta
-después de las majestuosas amplificaciones que trae la maternidad.
-Avanzan rigurosamente horizontales, no obstante su volumen, y algunas
-veces, tal es su dura soberbia, que, abandonando la línea recta, elevan
-hacia el rostro de su portadora los dos agudos botones de sus vértices.
-
-Están pintadas las faldas de _batik_ con los colores innúmeros de una
-primavera fantástica, y á estas flores inverosímiles, que muchas veces
-son de oro, se agregan tigres de perfil heráldico, reptiles vomitando
-fuego, leones de melena verde. Una muchedumbre javanesa recuerda á los
-pueblos de la Edad Media, vestidos con ropas blasonadas y de violentos
-colores. Los chinos, siempre trajeados de azul, resultan humildes y
-obscuros al lado de los naturales de la isla.
-
-Empieza aquí el uso del turbante, tocado que seguiremos encontrando en
-los otros pueblos de Asia. Creo oportuno advertir que el pueblo de Java
-es por entero musulmán. Este país lo catequizaron los bracmanes
-indostánicos en remotos siglos; luego fué budista, y aún quedan de tal
-época maravillosa ruinas de templos en su interior. Pero mucho antes que
-los portugueses, llegaron á Java los malayos y otros pueblos que habían
-recibido de los marinos árabes el mahometismo, y todos los habitantes de
-la isla profesan actualmente dicha religión.
-
-Es un mahometismo especial, suave y dulce. En Java sólo pueden ser así
-las cosas. Los santones no tienen la influencia que en otros países
-musulmanes; se ven pocas mezquitas y todas ellas son pobres. Las mujeres
-javanesas gozan de absoluta libertad y no se limitan á ir con la cara
-destapada á todas partes. Fácilmente se desnudan de cabeza a pies, con
-una sencillez paradisíaca. Los hombres toman toda clase de bebidas
-alcohólicas, si se las ofrecen gratuitamente.
-
-Los más llevan el pequeño turbante característico de Java, que consiste
-en un pañuelo obscuro y dorado de _batik_ enroscado sobre la cabeza y
-con dos cuernecitos en la frente que indican el nudo terminal. He visto
-en las calles de Weltevreden ricos personajes javaneses que se dirigían
-á los clubs más lujosos vistiendo uniforme por ser oficiales del
-ejército colonial. A todos ellos, por detrás del kepis holandés les
-asomaba la torta del turbante. Sin embargo, éste no es obligatorio. Los
-javaneses de la capital que se dedican á oficios manuales y los
-comerciantes de los pueblos llevan un gorrito redondo de terciopelo con
-bordados, semejante al que usan en las oficinas de Europa algunos
-funcionarios viejos.
-
-A partir de Java, empiezan también para nosotros los pies descalzos y la
-marcha silenciosa. Los japoneses van montados sobre banquitos que á
-cada paso lanzan el chacoloteo de la madera. Los chinos usan zapatillas
-y su marcha afieltrada les permite aproximarse como fantasmas. El
-javanés va descalzo, y á partir del lujoso y célebre «Hotel de las
-Indias» de Weltevreden, vamos á ser servidos en los hoteles de
-Singapore, de Birmania y de toda la India por camareros elegantemente
-vestidos, pero sin zapatos.
-
-La parte más grande del Asia desconoce el calzado. Este tormento queda
-para los blancos. Los camareros que en el inmenso comedor del citado
-«Hotel de las Indias» nos sirven platos javaneses rociados de salsas
-infernales van todos vestidos de blanco, con levitas inmaculadas y
-pantalones cortos, en la cabeza el pequeño turbante de _batik_ y los
-pies completamente desnudos.
-
-A ciertas horas del día, en los canales de las calles más importantes,
-que son de cierta profundidad, se ven numerosos grupos de mujeres
-descendiendo con lentitud las escaleras de piedra para meterse en el
-agua, sin más traje que una de esas telas asiáticas, extremadamente
-sutiles, que tienen además el tono rosa de la carne. Apenas se
-encuclillan en los últimos escalones para que el agua les llegue al
-cuello, dicha tela desaparece, pegándose á todas las curvas entrantes y
-salientes de estas buenas mozas de piel de oro. Luego remontan con paso
-tranquilo la escalera, hasta el lugar donde dejaron sus ropas secas.
-
-Tal baño en las calles no llama la atención de ningún habitante blanco
-de la ciudad. Lo ven todos los días. Además tiene por base un motivo
-religioso, respetado por las autoridades. Como estas mujeres son
-musulmanas, hacen sus abluciones rituales en el canal. La temperatura de
-Java, que algunos llaman «la isla del sudor», convierte en voluptuoso
-placer tal acto de devoción. De aquí la facilidad de las javanesas para
-desnudarse, su amor al agua y su odio al vestido... cuando no es muy
-rico.
-
-Las más de estas mujeres resultarían de una belleza apreciable, á pesar
-de sus facciones exóticas, si no fuese por su costumbre de mascar betel,
-materia que desfigura sus bocas y les hace escupir una saliva del mismo
-color de la sangre. En las calles se encuentran con frecuencia
-preparadores de esta materia que tanto repugna á los europeos.
-
-Hay también numerosos vendedores de comestibles que libran á las
-javanesas de la necesidad de encender fuego para la preparación de sus
-alimentos. Los que ofrecen melones, plátanos, mangos y otros frutos del
-país, condimentan igualmente arroz guisado con _cary_, entregándolo
-envuelto en hojas de platanero que sirven de platos. Sólo las gentes del
-país pueden comer este guiso popular, que despierta en la boca los
-ardores de un incendio. También, sentadas al pie de los árboles, hay
-mujeres que venden té y otras bebidas refrescantes.
-
-Los hombres mostraron en tiempo de la Compañía de las Grandes Indias
-ciertas preocupaciones supersticiosas, que ésta hubo de respetar para
-que no ocurriese una sublevación general. La justicia de la citada
-Compañía, tremendamente severa, castigaba con suplicios rigurosos hasta
-ciertas faltas de poca gravedad entre los blancos. La constancia de los
-naturales en el sufrimiento de penas bárbaras pareció increíble á muchos
-viajeros de entonces. El javanés recibía tranquilamente la muerte, pero
-á condición de que lo matasen llevando calzoncillos blancos y no le
-cortaran la cabeza. Los tribunales tuvieron siempre con sus reos esta
-complacencia. Para un javanés, lo terrible no era morir, sino llegar al
-otro mundo con la cabeza bajo el brazo y sin calzoncillos blancos, por
-tener la certeza de que en tal forma no lo recibirían en el cielo.
-
-Todo esto es muy antiguo y con razón empieza á olvidarse. El régimen
-actual resulta muy distinto al de la antigua Compañía, pero aún queda en
-Batavia, intacto y con frescura de obra cuidadosamente renovada, un
-monumento de la crueldad de los antiguos colonizadores.
-
-Pocos son los viajeros que no van á visitar, junto á la iglesia vieja de
-Batavia, la lápida del «traidor» Erberfeld. Ésta consiste en una gran
-piedra vertical incrustada en el muro de un jardín con la siguiente
-inscripción, primero en holandés y luego en javanés:
-
-CENTER
-PARA PERPETUAR EL NOMBRE EXECRABLE DEL TRAIDOR
- PIETER ERBERFELD
- QUEDA PROHIBIDO PARA SIEMPRE
- CONSTRUIR Ó PLANTAR EN ESTE SITIO.
- BATAVIA, 14 ABRIL 1722.
-
-El mencionado Erberfeld fué un mestizo rico, hijo de un colono alemán y
-de una javanesa, que intentó en el siglo XVIII una revolución para echar
-fuera de su país á los europeos. Él y catorce personajes javaneses, sus
-compañeros de conjura, fueron condenados á muerte como traidores, aunque
-muchos sospechan que la tal conspiración no representaba ningún peligro
-serio, y el principal delito de Erberfeld consistió en las tentaciones
-que inspiraban sus ricas propiedades á muchos de los dominadores.
-
-Erberfeld y el javanés Catadia, reputado también como jefe, merecieron
-un suplicio aparte, consignado así en su sentencia: «Serán extendidos y
-atados cada uno sobre una cruz y se les cortará la mano derecha. Luego
-serán atenaceados en los brazos, las piernas y los pechos, de modo que
-las tenazas ardientes se lleven pedazos de su carne. Después se les
-abrirá el vientre y el pecho de abajo á arriba, se les arrancará el
-corazón y se les echará al rostro. La cabeza cortada puesta sobre una
-estaca y el cuerpo hecho cuartos, quedarán expuestos fuera de la ciudad,
-para que sean comidos por las aves de presa.»
-
-Encima de la lápida que execra la memoria del «traidor» hay una cabeza
-de yeso atravesada por un largo clavo ó hierro de lanza. Es una cabeza
-de difunto con los ojos cerrados. Algunos dicen que dentro del yeso está
-el verdadero cráneo de Erberfeld.
-
-Por detrás de este monumento se abren las ramas de un jardín tropical.
-Los plataneros extienden como un dosel sus anchas hojas barnizadas sobre
-la cabeza del martirizado.
-
-¡Y pensar que fué en la vieja Holanda protestante donde se imprimieron y
-editaron la mayor parte de los libros, algunas veces fantásticos, sobre
-las crueldades de los españoles en América, más de un siglo antes de la
-ejecución horrible de Erberfeld y sus catorce compañeros javaneses!...
-
-Suplicios parecidos se encuentran en la historia de todos los pueblos:
-es cierto. Francia repitió con Damiens las crueldades horripilantes
-sufridas por Erberfeld, algunos años después del martirio de éste.
-
-Son barbaries del pasado... Conformes. Pero que las vergüenzas de ese
-pasado se repartan con equidad entre todos los países, sin distinciones
-injustas y fanáticas para aplicárselas á España solamente.
-
-
-
-
-XVII
-
-EL PARAÍSO JAVANÉS
-
- Enorme población de Java.--Sus arrozales en escalones.--Exuberancia
- vegetal.--Las chozas y sus habitantes.--Duchas naturales al aire
- libre.--Adán y Eva como antes del pecado.--Llegada á Garoet.--Nos
- extraviamos en sus alrededores.--Una tempestad ecuatorial.--El
- refugio de los veinte javaneses misteriosos.--Fuga bajo la
- tormenta.--Lo que vi á las puertas de Garoet y no olvidaré nunca.
-
-
-Vamos á Garoet, hermoso valle del interior de Java, situado á gran
-altura, lo que le hace ser deseado por los que sufren el clima abrumador
-de los terrenos bajos próximos al mar. Hasta de Singapore vienen muchas
-gentes quebrantadas por la temperatura ecuatorial para vivir unos meses
-en sus sanatorios y hoteles. Seis horas de ferrocarril necesitamos para
-llegar á dicha población, y durante su trayecto cambian los paisajes á
-medida que el tren va ganando altura de valle en valle.
-
-Isla estrecha y larga, tendida exactamente de Este á Oeste, tiene Java
-una cordillera de volcanes muertos que es como su espina dorsal; pero
-esta barrera montuosa nunca fué un obstáculo para la vida de los
-naturales. Cortada casi simétricamente por numerosos pasos, les resultó
-fácil á los primitivos javaneses y á los navegantes malayos que se
-esparcieron por sus costas trasladarse de la ribera Norte á la del Sur
-para la explotación de sus terrenos feraces. Merced á esta facilidad
-topográfica, á la fecundidad del suelo y la dulzura del ambiente, Java
-ha sido en todo tiempo el país más poblado de la tierra. Tiene hoy 35
-millones de seres, y en muchos de sus distritos se cuentan más de 600
-habitantes por kilómetro cuadrado, cifra que no alcanza ninguna de las
-naciones de Europa.
-
-Todas las colonias actuales holandesas que fueron antiguamente de la
-Compañía de las Grandes Indias representan una población de más de 50
-millones de seres. Esto da á Holanda, que aparece en Europa
-mediocremente representada por la extensión de su territorio y la
-cantidad de sus habitantes, un aumento enorme de poder, económico y
-político.
-
-La exuberancia de población la nota el viajero, especialmente, fuera de
-las ciudades. En otros países los campos están casi siempre solitarios,
-y hay que preguntarse quién pudo abrir los surcos y sembrar las llanuras
-que se muestran cultivadas. Sólo de tarde en tarde llega á verse algún
-hombre que trabaja, encorvado sobre la tierra, ó guía bestias de labor.
-En Java los caminos parecen calles, y sobre algunos campos se aglomera
-la gente lo mismo que si fuesen plazas.
-
-No hay estación de ferrocarril, por modesta que sea, que no tenga en sus
-muelles una muchedumbre. La moderna colonización holandesa ha trazado
-una red de líneas férreas, excelentemente construidas, por las que
-circulan numerosos trenes. Son ferrocarriles como los de Europa por su
-material y su servicio. Sólo el gentío que llena los vagones nos hace
-recordar que estamos en Java; multitudes vestidas de _batik_ con una
-riqueza colorinesca, semejante á la de las flores de sus jardines, y una
-parte considerable de sus cuerpos en tranquila desnudez.
-
-El viaje á Garoet nos permite apreciar directamente la riqueza de Java
-y el trabajo de las muchedumbres laboriosas que surgen de todas partes,
-como las procesiones de un hormiguero.
-
-Son arrozales los más de los campos, lagunas fangosas de una
-horizontalidad que se pierde de vista. Parejas de carabaos labran esta
-tierra medio líquida. Tienen los cuernos blancos y casi rectos. Su piel
-es obscura y lustrosa, como la del elefante y el hipopótamo. Avanzan con
-un esfuerzo tenaz, sudorosos bajo el sol tórrido, y cuando se detienen
-junto á una charca, sus dueños meten un cubo en el agua rojiza y bañan
-sus lomos y flancos, lo que los hace brillar por unos segundos como si
-fuesen tallados en azabache.
-
-Los hombres van desnudos, con sólo un trapo entre las piernas. Sus
-espaldas son de bronce dorado. En la cabeza llevan un sombrero de paja
-del tamaño y la forma de una sombrilla japonesa. Formando largas hileras
-se encorvan y se alzan á un mismo tiempo cavando el barro. Las hembras
-se unen á ellos para realizar la misma operación, y desde lejos el grupo
-laborioso toma el aspecto de una orla de flores por sus pañales de
-_batik_ rosa, azul, rojo ó azafrán.
-
-Muchos han llamado á Java la Isla del Paraíso, y no resulta hiperbólico
-tal título en los valles situados á cierta altura sobre el mar, donde el
-clima es más dulce que en las tierras vecinas al Océano.
-
-Tienen los caminos un color rojo obscuro de sangre coagulada. Ríos y
-arroyos son de un rojo más brillante y claro, igual al de la sangre
-fresca. Estos colores ardientes contrastan con el verde temblón de las
-plantas de arroz, el verde charolado de los plataneros y otros árboles
-frutales en torno á las viviendas, y el verde amarillento con reflejos
-metálicos de los matorrales y palmeras que cubren los terrenos sin
-cultivar. En otros países tropicales los bosques son leñosos, de escaso
-follaje, con las ramas atormentadas, torcidas, recias. Aquí se muestran
-siempre frescos y tiernos. Las hojas están impregnadas de humedad y bajo
-su sombra conserva la tierra una blandura rezumante de esponja. Las
-prolíficas fuerzas de este clima no dejan libre de germinación una
-pulgada del suelo. La verdura lo invade todo, agitando sus penachos de
-flores naturales. Solamente los caminos y las vías férreas dejan ver el
-color de la corteza terrestre, mas para esto es preciso que los limpien
-casi todos los días.
-
-Alcanzan los bambúes proporciones colosales. Las chozas están siempre al
-amparo de un grupo de estas cañas que se remontan majestuosas en el
-espacio. Junto á las viviendas hay bosquecillos de cocoteros y plátanos
-para las necesidades de la casa. Frente á cada puerta se alza un mástil
-que parece destinado á sostener una bandera; pero lo que izan en su
-parte más alta es una jaula con uno ó varios pájaros. Vistos de lejos
-parecen loros de brillantes colores. Tal vez son otras aves de rico
-plumaje, y las colocan á esta altura para librarlas de las bestias de
-presa que vagan por los bosques y bajan á beber en los arrozales.
-
-Este es el país de la célebre pantera negra de Java y otras fieras no
-menos temibles. Aún abundan en el centro de la isla, descendiendo en
-determinadas épocas á los lugares poblados. En otro tiempo la diversión
-de los javaneses era organizar combates de hombres con tigres y
-panteras. Las autoridades holandesas suprimieron esta fiesta, y el
-javanés sólo puede imitar á sus abuelos cuando circula la noticia de que
-un felino enorme caza en la comarca, armándose entonces para salir con
-sus convecinos á matarlo.
-
-El terreno va elevándose. Se nota en la atmósfera y en el aspecto de
-los campos que nuestro tren asciende de meseta en meseta. Hemos dejado
-atrás la grandiosa estación de Bandoeng, ciudad de modernas
-construcciones que rivaliza con Weltevreden y va á convertirse en
-capital de la isla. Vemos campos de té compuestos de filas de arbolitos
-con la copa redonda, semejantes á pequeños naranjos; plantaciones de
-cacao y de tapioca; vastas extensiones de caña de azúcar. También vemos
-montones de cocos y grupos de mujeres sentadas en el suelo que extraen
-la pulpa de dichos frutos para las fábricas productoras del llamado
-aceite de copra.
-
-Los ingenieros holandeses han hecho pasar la vía férrea sobre abismos de
-una profundidad que da vértigos. En el fondo de tales cortes se ven los
-hombres como puntos movedizos. Estos trayectos montañosos son de corta
-duración. Inmediatamente entramos en un nuevo valle paradisíaco, con
-armoniosos grupos de arboleda y extensiones acuáticas plantadas de arroz
-que brillan como espejos.
-
-En todas las estaciones pequeñas encontramos la misma gente de tez
-dorada y ojos negros que parecen absorber la luz sin devolverla. Sus
-pupilas, á causa de esta opacidad, brillan con un resplandor blanco y
-mate. Los hombres que desempeñan oficios prescinden del pañal llamado
-sarong y usan calzoncillos blancos y el birrete redondo de viejo
-oficinista; pero la mayoría de los javaneses, fieles á la vestimenta
-tradicional, llevan envueltas sus piernas con telas multicolores. Las
-mujeres, según vamos avanzando por el interior de la isla, muestran cada
-vez más su desnudez de cintura arriba.
-
-Ahora los arrozales ya no se extienden en línea horizontal. Se escalonan
-formando bancales en las vertientes de las montañas, todos con ribazos
-curvos. Parecen tazones superpuestos de una fuente interminable.
-
-El agua va pasando de arrozal en arrozal; se desploma en gruesos chorros
-de un tazón á otro. Como el javanés gusta mucho de bañarse y su
-condición de musulmán le permite apreciar este placer como un acto
-devoto, no hay chorro de agua roja que no tenga debajo á un mocetón
-cobrizo enteramente desnudo. Al pasar el tren junto á él sonríe y mira á
-los viajeros, sin ocurrírsele que está enseñando algo más que su
-dentadura brillante. A veces es una pareja la que toma esta ducha
-natural: Adán y Eva, completamente en cueros, rodeados de los
-esplendores del paraíso javanés.
-
-Los arrozales son de una continua producción. En unos la planta apenas
-surge del agua, en otros es alta y verde, más allá ya tiene las espigas
-maduras y la siegan. Estos campos en escalera ofrecen un aspecto
-elegante; parecen el esbozo de un jardín. A trechos hay islas de chozas
-sobre el espejo acuático de los arrozales, con huertecitos de plátanos y
-cocoteros. También existen muchos sombrajes de techos cónicos,
-semejantes á kioscos, y en ellos se reúne la gente para conversar medio
-desnuda ó con vestiduras de variadas tintas.
-
-No puedo comprender cómo los javaneses pasan su vida entre arrozales y
-se recrean al borde de aguas de lento curso. En otros países la
-abundancia de mosquitos haría penosa su existencia. Pero en esta época
-del año no se ven en Java tales insectos, y me afirman que en los meses
-restantes tampoco resultan extraordinariamente molestos por su número.
-Tal vez se debe esto á que en realidad no existen aguas que sean
-totalmente estancadas.
-
-Por los caminos vemos pasar algunas javanesas guapetonas, montadas en
-bicicleta y con una vestimenta en la que se confunden el gusto europeo y
-el del país. También circulan automóviles; pero lo que más abunda es el
-carruaje, de dos ruedas tirado por unos caballitos inquietos, tan
-pequeños, que parecen corresponder por su talla á otra humanidad
-distinta de la nuestra.
-
-Llegamos á Garoet. Antes de instalarnos en esta población, donde
-pasaremos la noche, vamos á correr un espacio de treinta kilómetros
-alrededor de ella para visitar sus lagos, que son antiguos cráteres de
-considerable profundidad acuática.
-
-Varios automóviles nos llevan en fila veloz por unos caminos anchos y
-orlados de árboles gigantescos. Nos detenemos algunas veces en pequeñas
-aldeas para ver sus viviendas, con tabiques de fibras trenzadas y el
-piso á dos metros del suelo, montado sobre pilotes. Todas las casas
-javanesas se hallan en alto, á causa de la humedad del suelo y para
-defensa de los reptiles é insectos que tanto abundan en estos países
-cálidos de vida animal exuberante.
-
-La gente sale á las puertas de sus chozas con una desnudez paradisíaca.
-Hombres esbeltos, de fuerte musculatura, miran con timidez casi infantil
-á las extranjeras que los examinan desde lo alto de sus automóviles.
-Algunas les hacen señas para que permanezcan quietos mientras preparan
-su máquina fotográfica.
-
-Numerosas madres de familia se han despojado de su corta blusa y llevan
-por toda vestimenta un pañal colorinesco, que las cubre del bajo vientre
-á la mitad de las piernas. Hasta el ombligo todo es cara en ellas, y al
-hablar al extranjero casi lo tocan con sus exageraciones pectorales,
-firmes y puntiagudas. Muchas jovencitas van á estilo de muchacho, sin
-otra ropa que un simple calzoncillo, conmoviendo inconscientemente á los
-mirones con su desnudez dorada de Tanagra.
-
-Ocupo uno de los automóviles, con una señora y su doncella, y los tres
-nos aburrimos de seguir á los demás vehículos que marchan en fila por
-los bordes monótonos de un lago. Con gestos más que con palabras,
-expresamos el deseo de volver á Garoet á nuestro chófer, javanés de unos
-diez y siete años, descalzo, con birrete redondo y pantalones blancos. A
-su lado lleva un ayudante de la misma edad é igual pergenio. Ninguno de
-los dos sabe expresarse más que en el idioma de la isla.
-
-Los antiguos holandeses tuvieron buen cuidado en no enseñar su idioma á
-los naturales. Es más, consideraron delito el conocimiento de la lengua
-neerlandesa, mirando como sospechoso á todo indígena que la aprendía.
-¡Quién sabe si con esta bárbara precaución, que estableció un abismo
-profundo entre gobernantes y naturales, impidieron el crecimiento de ese
-espíritu separatista que surge en todas las colonias, cuando el mestizo
-aprende lo mismo que el blanco y se considera igual á él!... Sólo hace
-pocos años permitieron los dominadores de la isla que los javaneses
-aprendiesen el holandés.
-
-No conocen los dos muchachos del automóvil otra lengua que la de su
-provincia. Al fin nos entienden cuando repetimos muchas veces la palabra
-«Garoet» señalando el horizonte, y contentos de marchar con
-independencia se apartan del grupo de automóviles. Empezamos á correr
-solos, por caminos cada vez más arbolados y más solitarios. Noto que
-nuestra pareja indígena habla como si discutiese y mira en torno con
-cierta duda, sin refrenar por ello la marcha del vehículo. A la media
-hora de carrera veloz, nos detenemos cerca de una pequeña estación de
-ferrocarril. Los dos javaneses leen con sorpresa su rótulo. Vuelven á
-discutir, se enardecen como si se echasen en cara un mutuo error, y
-viran el carruaje, para retroceder por donde hemos venido. Sus sonrisas
-humildes nos revelan el misterio de sus palabras. Se han extraviado; es
-otra la dirección que debemos seguir. Y lo peor es que continúan
-discutiendo, dándonos á entender con esto que no saben por dónde van y
-marchan enteramente al azar.
-
-Empezamos á reconocer la imprudencia de habernos separado de los guías é
-intérpretes de nuestro grupo, lanzándonos por el interior de Java como
-si fuese el Bosque de Bolonia en París, con dos muchachos cobrizos á los
-que no entendemos.
-
-Al salir de los túneles verdes que forma la arboleda, notamos que el sol
-se ha ocultado y el cielo es cada vez más sombrío. Esto no significa que
-lo veamos obscuro. En Java no es posible la obscuridad, y hasta las
-noches más lóbregas son de un azul fosforescente. Pero la tarde parece
-de ámbar rojizo, y agrandado por el eco de las próximas montañas suena
-un estrépito creciente. Es la sucesión de truenos de toda tormenta en el
-Trópico, tan frecuentes é inmediatos que se juntan, formando una
-detonación única. Vemos también á través de la columnata interminable de
-los árboles el zig-zag de unos rayos que caen por grupos, culebreando al
-mismo tiempo en el cielo.
-
-Se aproxima la tempestad de los países calientes con su rapidez casi
-instantánea. En unos cuantos minutos se ha aglomerado en el horizonte y
-va á descargar sobre nosotros. He visto muchas tempestades en América.
-Su lluvia abrumadora no parece caer á raudales, sino en masas compactas,
-como si el azul celeste fuese el lecho de una laguna que se desfondase
-de golpe. Creía imposible presenciar mayores violencias atmosféricas,
-pero la tempestad de Java sobrepasa todo lo que llevo visto y lo que
-podía imaginar.
-
-El espacio está impregnado de vibraciones eléctricas. Respiramos con
-cierta angustia en una atmósfera que parece muerta por su calma
-absoluta. A pesar de la velocidad del vehículo, sentimos correr por
-nuestro rostro gotas de sudor. Los árboles se alzan inmóviles, sin el
-más leve estremecimiento. Como si hubiesen encontrado ya su ruta, los
-dos muchachos no se hablan y miran ávidamente el pedazo de camino
-visible ante ellos.
-
-Se doblegan de pronto los árboles más fuertes, se acuesta la vegetación
-entera bajo una ráfaga aulladora, suena un estallido de catástrofe, el
-ámbar de la tarde se hace verde bajo la luz de un rayo que acaba de caer
-cerca de nosotros, y en el mismo momento una especie de mazazo hace
-temblar la capota del vehículo, como si la demoliese. Es simplemente la
-lluvia que empieza, la inundación aérea, la cascada celeste que mantiene
-la fertilidad de este paraíso, pero en el momento de su derrumbe tiene
-la violencia de una catástrofe.
-
-En unos instantes cambia todo el paisaje. Los árboles convulsionados
-lanzan chorros por todas sus hojas, los campos se convierten en lagunas,
-el camino brilla como si fuese de metal, empiezan á caer gotas del techo
-del carruaje.
-
-Es de cuero un poco viejo, pero en otro país resistiría perfectamente la
-lluvia. Aquí empiezo á creer que aunque fuese de metal representaría
-poca cosa para cubrirnos del aguacero feroz. Empieza á llover á través
-del techo, y á los pocos minutos chorreamos agua lo mismo que los
-árboles. Corre el automóvil fustigado por la tormenta; mejor dicho,
-huye, como si su fuga pudiera salvarnos de la lluvia. Nos cubrimos los
-ojos deslumbrados por unos relámpagos que inflaman el paisaje. El trueno
-ensordecedor contrae nuestros rostros con muecas de suplicio nervioso.
-Patinan las ruedas sobre un camino convertido en arroyo; trazan ángulos
-violentos rozando los árboles de las orillas.
-
-Nos detenemos unos instantes, pero nuestra inmovilidad resulta peor. La
-lluvia pasa con más violencia a través del techo fijo ahora. Estamos al
-pie de árboles gigantescos que atraen el rayo. Cae una exhalación en las
-inmediaciones y emprendemos otra vez la peligrosa carrera, como si esto
-pudiera librarnos igualmente del mortal lanzazo eléctrico.
-
-Vemos á un lado del camino una especie de kiosco como los que existen
-dentro de los arrozales. No es una vivienda; sirve simplemente de lugar
-de reunión. ¡Nos hemos salvado!
-
-Ayudo á mis dos compañeras de infortunio á echar pie al suelo, y en el
-breve espacio entre el automóvil y la choza, una docena de pasos nada
-más, sentimos cómo la lluvia se desliza por dentro de nuestras ropas, á
-lo largo de las espaldas.
-
-El refugio está lleno. Es una techumbre de paja sostenida por tabiques
-de troncos y esteras. En su interior, sentados en el suelo, hay unos
-veinte javaneses. Al vernos entrar hablan entre ellos y sonríen con una
-expresión intraducible. La sonrisa puede ser de burla; puede ser de
-lástima y simpatía.
-
-Nos hallamos en un camino poco frecuentado. Esta gente no tiene la menor
-noticia de que un grupo de viajeros llegó horas antes á Garoet y visita
-el país. Nos ven entrar en su refugio como si nos hubiese vomitado la
-tempestad. Ignoran de dónde pueden venir unas gentes que no hablan el
-holandés y tienen un aspecto físico distinto al de sus dominadores.
-Todos ellos van casi desnudos y esparcen en este recinto cerrado un
-fuerte olor de carne masculina húmeda. Muchos llevan metido en la parte
-trasera de su faldellín un _kris_ malayo, puñal de hoja flamígera que
-les sirve para su defensa.
-
-Yo llevo un revólver en mi viaje, pero lo dejé en el bolso de mano que
-los mozos de la estación de Garoet trasladaron al hotel. No tengo ni un
-bastón, y estoy metido dentro de una choza, entre dos mujeres, inquietas
-y asustadizas, con sobrado motivo, y veinte hombres que representan
-otros tantos misterios.
-
-Siguen conversando y mirándonos. Algunos de ellos mascan betel y arrojan
-en el suelo salivazos rojos que parecen de sangre. La señora que
-acompaño se sube el pecho del vestido para ocultar su collar de perlas y
-da vuelta á sus sortijas de modo que las piedras queden invisibles
-dentro de sus manos cerradas.
-
-Un vejete desdentado, semejante á un fauno, sonríe al ver estas acciones
-que pasaron inadvertidas para los otros... Y siguen hablando; y nosotros
-no entendemos nada, y fuera de este refugio continúan el trueno, el
-rayo, el diluvio tropical...
-
-¡Ah, no!... ¡vámonos! Es una imprudencia continuar aquí. Nuestros dos
-muchachos parecen alegrarse al ver que volvemos al automóvil. Tal vez
-han pensado lo mismo que nosotros. Puede ser también que juzguen
-preferible correr á estar aguantando la tempestad dentro de un carruaje
-en el que entra la lluvia por todas partes.
-
-Volvemos á rodar por los caminos inundados, bajo el martilleo de la
-tormenta. El chófer y su acólito conocen ya el terreno por donde
-corremos y señalan el horizonte amarillo de lluvia y surcado de
-relámpagos, repitiendo: «_¡Garut!... ¡Garut!_»
-
-Adivino que aún estamos lejos de la ciudad, y como el aguacero continúa
-asaltándonos, descendemos otra vez en una casa de buen aspecto, rodeada
-de cocoteros y plataneros: una vivienda, al parecer, de campesinos
-acomodados. La habitación está en alto, y una docena de escalones de
-madera nos permiten subir hasta su plataforma, cubierta de esterilla
-fina y limpia. Los tabiques son de una estera más fuerte y encima de
-ellos hay un espacio libre que permite la ventilación de todas las
-piezas y está cubierto por la techumbre de troncos y paja. En este
-desván aéreo se han refugiado varios loros y otros pájaros domésticos,
-asustados por la tormenta. Vemos los ojitos brillantes de dos monos que
-marchan á cuatro patas en la penumbra, saltando de un tronco á otro.
-
-En la pieza delantera, completamente descubierta, que sirve de salón y
-comedor, nos recibe sonriente el patriarca de la casa, un viejo, desnudo
-de cintura arriba. Otros hombres más jóvenes, que deben ser sus hijos,
-van aún con menos ropas que él. Las mujeres de la familia, sin más que
-su pañal de _batik_, nos hablan con una verbosidad inútil, sonriendo al
-mismo tiempo á los hombres de su casa y hasta á los dos muchachuelos del
-automóvil. Como es natural, se burlan un poco de los tres extranjeros
-que no pueden entenderlas, que intentan expresarse por señas, y mojados
-de cabeza á pies ofrecen un aspecto lamentable. Es la ropa chorreante lo
-que nos proporciona un aspecto ridículo. Los javaneses, por el
-contrario, parecen hermoseados por la lluvia, que da jugo y brillo á su
-desnudez.
-
-Como empieza á decrecer la tormenta volvemos al automóvil. Las mujeres,
-más expresivas y habladoras que los hombres, consiguen hacernos entender
-por señas que la ciudad no está lejos. Los dos muchachos, con sus
-chillidos y gesticulaciones simiescas, nos repiten lo mismo.
-
-Corre el vehículo por caminos cada vez más amplios, cuyos alrededores
-revelan la proximidad de un grupo de civilización. Al mismo tiempo la
-lluvia empieza á hilarse, pasando de la tromba compacta al filamento de
-gotas separadas. Se alejan los truenos; el rayo no es más que un
-resplandor temblón en el horizonte. Comienzan á subir del suelo los
-perfumes de ruda embriaguez que exhala la tierra mojada. Lanza de golpe
-la flora tropical todos sus olores contenidos durante la tormenta.
-Dilatamos nuestros pechos con una aspiración amplia y voluptuosa,
-saboreando de nuevo la belleza paradisíaca que nos rodea.
-
-Una impresión de calma se esparce por nuestro interior. Nos sentimos en
-un estado de placidez, semejante al del que escucha la «Sinfonía
-Pastoral» de Beethoven, cuando se aleja la tormenta y la dulce
-tranquilidad del campo empieza á restablecerse.
-
-Sigue cayendo la lluvia, una lluvia que parece luminosa y perfumada. Sus
-gotas son de ámbar y resbalan con suavidad sobre el cristal de la tarde.
-Los huertecillos se convierten gradualmente en jardines y las chozas en
-casitas de aspecto europeo. El camino es ahora una avenida urbanizada
-que va salvando sobre el lomo de los puentes varios arroyos y barrancos.
-
-Ya estamos en las afueras de Garoet... Y es aquí, á las puertas de la
-ciudad, donde presencio uno de los espectáculos más inolvidables de mi
-vida.
-
-La lluvia, que sigue cayendo con una insistencia dulce, representa un
-placer para los naturales. El hormiguero humano ha empezado á surgir de
-todos sus refugios. Los javaneses marchan en lentas filas por los
-senderos. Niños completamente desnudos se colocan debajo de los
-canalones para prolongar el deleite de la mojadura. La tormenta es un
-baño más para este pueblo que sufre calores tórridos.
-
-Vemos venir hacia nosotros una muchedumbre de mujeres que nos parece
-interminable. Todas ellas son jóvenes. Deben volver de trabajar en los
-talleres de Garoet que fabrican el _batik_. ¿Cuántas son?... Difícil
-calcularlo. Van en grupos escalonados y llenan toda la extensión
-visible del camino.
-
-Brillan de cintura arriba sus carnes mojadas. Las cabelleras, formando
-rodete sobre la cúspide de sus cabezas, tienen adornos de diamantes
-naturales con el chorreo de las gotas que se desprenden de ellas. La
-caricia fría de la lluvia las cosquillea al deslizarse por la piel
-dorada y fina de sus pechos y espaldas. Marchan abrazadas unas con
-otras, cantan y gritan excitadas por la electricidad de la atmósfera y
-los besos húmedos del aguacero.
-
-Llevan como falda una pieza de _batik_. Pero esta tela de colorines
-puede ensuciarse en los charcos del camino y todas ellas,
-tranquilamente, se la han subido más arriba de las caderas, marchando
-con desembarazo sin preocuparse de su desnudez inferior, tan absoluta
-como la de arriba. Les basta para sus escrúpulos pudorosos llevar
-arrugado sobre el talle este fino pañal que abulta menos que una faja.
-
-El primer grupo, al pasar junto al automóvil, nos saluda con gritos y
-risas, sin echar abajo su faldamenta. Creen innecesaria tal molestia...
-¡Pasamos tan aprisa!
-
-No es impudor. Para que lo fuese resultaría preciso que estas muchachas
-conociesen los escrúpulos de las gentes vestidas, y creyeran inmoral el
-desnudo. Pero saben que los blancos nos asombramos ante ciertas partes
-del cuerpo descubiertas, y como ellas marchan casi en cueros para sentir
-mejor la caricia de la lluvia, les place conmovernos un poco con su
-inocente exhibición. Algunos hombres que van entre ellas y son tal vez
-de sus familias ríen igualmente de esta broma juvenil.
-
-Y así van pasando y pasando las muchachas, con su falda recogida en el
-talle... Son más de doscientas; tal vez trescientas.
-
-Continúa mucho tiempo el desfile de caras sonrientes, de piernas
-desnudas, de triángulos sexuales, que asoman, se eclipsan y vuelven á
-surgir con los movimientos del paso. En algunas corre la lluvia sin
-obstáculos, lo mismo que si resbalase sobre la piedra lisa. En las más
-de ellas se detiene unos momentos, cautiva antes de caer, de igual modo
-que cuando se enreda en las marañas de una vegetación naciente.
-
-
-
-
-XVIII
-
-BAJO LA LLUVIA ECUATORIAL
-
- Mi cama y mis compañeros de alcoba.--Los vendedores de Garoet.--La
- superstición del dólar.--Javaneses y malayos.--Locura homicida de
- los que «corren el amok».--La lira de cañas.--El baile en el
- hotel.--La «Sinfonía de la selva».--Los cuatro jóvenes nobles y sus
- danzas.--Regalo de un «kris» del antepasado.--El Guiñol
- javanés.--Una novela caballeresca con monigotes y música.
-
-
-Nuestro hotel de Garoet es un jardín con numerosos edificios de un solo
-piso esparcidos en sus frondosidades. Nos refugiamos al bajar del
-automóvil en el más importante de ellos, donde están los salones
-comunes, los comedores y la oficina del gerente.
-
-Me entero de que mi pequeño equipaje me espera en una habitación situada
-al otro extremo del hotel. Hay que buscarla bajo la lluvia por avenidas
-que deben ser interesantes á las horas de sol, á causa de sus arriates
-de flores y sus arboledas umbrosas, pero en este momento corren por
-ellas verdaderos arroyos, y cada rama deja caer un chorro continuo.
-
-Silba el gerente y viene á buscarme un portero javanés, con turbante de
-_batik_, levita blanca y descalzo. Sostiene un paraguas con ambas manos,
-mejor dicho, una cúpula de cartón barnizado, debajo de la cual pueden
-marchar varias personas sin mojarse. Es tan enorme este techo portátil,
-que el javanés hace esfuerzos para sostenerlo, á pesar de que ha caído
-el viento y la lluvia desciende copiosa, pero mansa, á través de una
-atmósfera dormida. Como el porta-paraguas va descalzo y sólo se preocupa
-de mantener su cúpula, avanza rectamente, sin reparar en charcos.
-Nosotros le seguimos pegados á él, y esto libra nuestras cabezas de la
-lluvia, pero nos hundimos á cada instante en las charcas rojizas y los
-regueros serpenteantes del jardín.
-
-Es mi habitación una pieza de grandes proporciones, con muebles
-holandeses, solemnes y viejos, que datan sin dada de la Compañía de las
-Grandes Indias. La cama se muestra tan ancha como larga; pero esta
-amplitud, que en el primer momento representa un motivo de agrado, queda
-olvidada á causa de su dureza. Tiene sin duda alguna un colchón, pero la
-materia que le sirve de relleno ha adquirido una densidad igual á la de
-las cortezas de los árboles. Las gentes del país afirman que en un lecho
-duro se siente menos el calor. Además, el mismo calor justifica la
-escasez de sábanas. La cama sólo tiene una, la que cubre el colchón. El
-viajero debe dormir sin taparse, y para el caso de que sienta frío, una
-manta ligera, á cuadros blancos y azules, está plegada á los pies.
-
-En cambio abundan las almohadas, algunas de ellas de aspecto raro y uso
-desconocido para mí. Una, larga y dura como un madero, sirve
-indudablemente para apoyar la cabeza; otra es para colocársela entre las
-piernas, y dos más pequeñas se acoplan entre los brazos y el tronco. Hay
-que dormir con los miembros abiertos en cruz de San Andrés, la misma
-postura de los reos de otros siglos condenados á ser hechos cuartos por
-la dislocación. De este modo parece que se siente menos la caliginosidad
-de la noche ecuatorial, que hace correr sobre el cuerpo regueros de
-sudor.
-
-Al inclinarme sobre mi pequeña maleta noto que el cuarto está ocupado
-por varios camaradas que me acompañarán toda la noche. Saltan sobre el
-suelo unos animalillos verdes. Las ranas invaden tranquilamente estas
-viviendas de un solo piso. Por las paredes y el techo corren lagartos
-rugosos y negruzcos. El servidor javanés, que ha dejado su paraguas á la
-parte de afuera, ríe de mi asombro y me habla, sabiendo que no puedo
-entenderle. Conozco sin embargo lo que me dice por haberlo oído en otros
-hoteles de países cálidos. Hay que respetar á estos compañeros de
-habitación para no privarse de sus buenos servicios. La rana se come los
-insectos que reptan y saltan sobre el suelo, bestias prolíficas que
-pueden depositar sus innumerables huevecillos debajo de nuestras uñas si
-descendemos de la cama con los pies descalzos. El lagarto se come los
-mosquitos.
-
-Me falta tiempo para seguir examinando mi dormitorio. Éste tiene, como
-todas las casas de los javaneses acomodados, un salón exterior y
-abierto. El pórtico que extiende su techumbre sobre el frente del
-edificio se halla dividido por tabiques, y cada uno de tales espacios
-guarda sillones, una lámpara en el centro y macetas de flores que penden
-del alero.
-
-Mi pequeño salón, al que se llega subiendo tres escalones, está ya medio
-invadido por una multitud infantil que se aprieta para quedar á
-cubierto, librando de la lluvia los objetos sostenidos por sus manos.
-Todo Garoet sabe que ha llegado un grupo de viajeros, y como el
-vecindario vive de los visitantes, aguarda con impaciencia el regreso de
-los automóviles que la tempestad ha sorprendido en pleno campo.
-
-Nosotros somos los primeros en volver y recibimos el empuje de todos los
-vendedores de Garoet. Hombres y mujeres se mantienen al acecho en las
-inmediaciones del edificio central, pero han destacado contra nosotros
-sus numerosas proles cargadas de telas de _batik_ y polichinelas del
-teatro javanés, á los que dan movimientos y posturas cómicas, imitando
-sus voces gangueantes. Se sientan á nuestras plantas para ofrecernos sus
-mercancías, marcando el precio con los dedos. Al principio usan la
-palabra _guilder_, que es el florín holandés, pero inmediatamente la
-abandonan para repetir con insistencia: «_¡Dollar! ¡dollar!_»
-
-En todo el Extremo Oriente se nota una idolatría monetaria que puede
-titularse la «superstición del dólar». En China, en Java, en la India,
-hasta en el Japón, cuyos habitantes no sienten gran amor hacia los
-Estados Unidos, lo mismo los tenderos que los míseros vendedores
-instalados en plena calle ó á la puerta de los templos muestran un
-respeto casi místico por el dólar americano. Aun en los países de
-dominación inglesa, la libra esterlina representa poco comparada con
-aquél. Cuando se desea comprar un objeto, el vendedor, en mitad de sus
-regateos, hace una rebaja considerable si le pagan en dólares. Pero ha
-de ser en moneda, nada de cheque; en billetes de los Estados Unidos; y
-después de contemplarlos con devoción los oculta apresuradamente.
-
-Es la única moneda que inspira fe, y por adquirirla lo dan todo más
-barato. Debo añadir que los demás billetes que circulan por el Extremo
-Oriente merecen con razón menos respeto por su falta de fijeza
-monetaria, incluyendo los de la India inglesa. Los Bancos de toda ciudad
-importante emiten papel, y cuando se llega á otra capital con dicha
-moneda hay que cambiarla por la del nuevo país, sufriendo un descuento.
-El prestigio monetario de la más rica de las naciones ha llegado hasta
-este rincón de Java, y los niños y niñas que intentan hacer sus ventas
-valiéndose de señas, repiten á coro al mostrar sus mercancías:
-«_¡Dollar! ¡dollar!_»
-
-Se nota en esta muchedumbre infantil las diferencias étnicas de la dos
-razas que componen la población de la isla: javaneses y malayos. Los
-javaneses, pasivos y laboriosos, sirvieron siempre á los dominadores de
-la isla, plegándose con humilde fatalismo á sus órdenes. En el curso de
-veinte siglos han sido brahmanistas, budistas y musulmanes. De seguir
-los portugueses en Java, todos serían ahora católicos. Si continúan
-mahometanos, es porque la Compañía de las Indias, que tuvo á sueldo á
-los santones javaneses, más traficantes que fanáticos, jamás sintió la
-necesidad de evangelizar á sus nuevos súbditos.
-
-Esta ductilidad para cambiar de creencias no significa en los javaneses
-excepticismo religioso. Al contrario, como todos los humildes que se ven
-eternamente oprimidos y no tienen esperanza alguna de liberación, su
-único consuelo lo encuentran en el ejercicio de sus devociones y en la
-certeza de otra vida que será más dichosa. Necesitan una religión y
-toman la que les permiten sus dominadores.
-
-Los malayos resultan más ingobernables y menos religiosos que el
-javanés, cultivador de la tierra, eterno siervo del campo de arroz que
-empezaron á formar sus ascendientes hace siglos. Nietos de piratas y
-audaces navegantes, los malayos poblaron las costas, lanzándose á la
-pesca y al cabotaje, ó se esparcieron por el interior de las islas para
-ejercer industrias manuales ó llevar una existencia vagabunda. Estos
-habitantes belicosos de Java formaron en otros siglos una casta militar
-y noble, siendo los únicos que hicieron guerra á los invasores,
-dificultando la colonización portuguesa y alterando el régimen de
-explotación mercantil de la Compañía de las Indias con sus frecuentes
-revueltas.
-
-Aun hoy el malayo resulta el más inquietante de los javaneses. Si el
-blanco le ofende, espera una ocasión propicia para vengarse de él,
-asesinándolo. Los más pobres procuran ser empleados del gobierno,
-ingresando en la policía ó en los trabajos públicos. Otros se hacen
-soldados y abrazan el cristianismo, para considerarse de este modo
-iguales á los militares holandeses.
-
-La belicosidad de la raza, los instintos sanguinarios, herencia de
-largos siglos de piraterías y matanzas, despiertan de pronto en ellos.
-Cuando un malayo se considera ofendido por un blanco, ó siente odio
-contra la organización social que le rodea, una mortífera embriaguez lo
-enloquece, y armándose de un _kris_ se lanza á la calle para matar á
-todo el que se pone á su alcance, dando golpes á ciegas, hasta que lo
-matan á él. Es una demencia semejante á la de los moros de Filipinas
-conocidos con el nombre de «juramentados».
-
-En Java esta locura homicida es llamada el _amock_, y cuando sale uno de
-dichos furiosos por el centro de la población esparciendo muertes hasta
-que le hacen caer sus perseguidores, llaman á tan horrible episodio
-«correr el _amock_». La autoridad tiene establecidos puestos de
-vigilancia para cortar inmediatamente los efectos de esta locura
-nacional. Son casi siempre policías malayos los que acuden para «correr
-el _amock_». Tienen en sus cuerpos de guardia un tronco vacío, de madera
-sonora, que tocan con el puño, y esta campana avisa á las gentes para
-que se refugien en las casas. De todas las puertas arrojan sillas,
-taburetes y otros objetos á los pies del terrible _amock_ para hacerlo
-caer, pero éste sigue corriendo las más de las veces llevando en alto su
-machete amenazador. Los policías cuentan con un arma especial para
-sujetarle, que nunca yerra. Es una gran horquilla, entre cuyos dos
-dientes meten al fugitivo, clavándolo contra una pared ó un árbol. De
-este modo lo inmovilizan y lo matan, pues es inútil esperar que se
-rinda.
-
-Los malayos son en el campo grandes cazadores de bestias feroces. En
-otro tiempo su mayor diversión era presenciar luchas de hombres con
-panteras y tigres. También, hasta hace poco, en las poblaciones del
-interior celebraban torneos á caballo, terminados muchas veces por botes
-de lanza mortales. Eran fiestas originarias de la época en que los
-conquistadores musulmanes se apoderaron de Java.
-
-Se nota en estos pequeños indígenas que tengo sentados á mis pies la
-diferencia de razas. El niño malayo domina á su compañero de puro origen
-isleño, impide sus negocios, le amenaza, y acaba finalmente por
-obligarlo á que le ceda su mercancía, vendiéndola él por su cuenta.
-
-Vuelvo otra vez al centro del hotel arrostrando la lluvia, ya que el
-hombre de la cúpula portátil no acude á mis gritos. Bajo los pórticos
-del comedor encuentro á los primeros compañeros de viaje que acaban de
-llegar. Luego, en el curso del atardecer, van presentándose los otros
-vehículos llenos de gentes desfiguradas por la lluvia. Pero todos nos
-hemos resignado á esta humedad irremediable. Ha sido inútil emplear las
-contadas prendas de recambio que guardábamos en nuestros pequeños
-equipajes. Dentro de este hotel-jardín la lluvia las moja en seguida.
-Además, nos acostumbramos fácilmente á ir con los pies húmedos y el
-cuerpo impregnado de agua y sudor, en esta tierra donde los aguaceros
-son tibios.
-
-Una orquesta rara pero agradable suena incesantemente en otro pórtico
-del hotel. Es una melodía bucólica, un susurro de suaves flautas, una
-música eoliana y vagorosa, sin la energía del soplido humano. Voy hacia
-ella y encuentro sentados en el suelo á varios adolescentes que hacen
-sonar el instrumento típico de esta parte de Java: una lira hecha con
-cañas.
-
-Un grueso bambú horizontal sostiene cinco, más delgados, en forma de
-peine. Las cinco varillas están metidas en otras tantas cañas huecas,
-que al moverse chocan sus paredes con el espigón central. Cada una de
-las cañas emite una nota diferente, y en esto consiste el secreto de los
-fabricantes del rústico instrumento. Los pequeños músicos tienen en sus
-manos dos liras, ó sea diez notas, y agitándolas con rítmico movimiento
-producen una melodía indeterminada y soñolienta, dentro de la cual se
-forman al azar grupos de notas bizarras como las combinaciones
-caprichosas de los vidrios sueltos en el interior de un caleidoscopio.
-
-Al son de esta melopea danzan varios muchachitos moviendo el vientre y
-las caderas lo mismo que las odaliscas. Todos ellos llevan el _saroc_ de
-colorines arrollado sobre las piernas, tienen un rostro aterciopelado de
-chocolate con leche, y sus ojos grandes y un poco oblicuos parecen de
-mujer. Muestran la gracia equívoca del efebo asiático, que hace imaginar
-repugnantes vicios. También es posible que estos pequeños bailarines no
-hagan más que seguir una tradición, repitiendo danzas que vieron desde
-pequeños, sin sospechar su malicia ni las suposiciones del blanco
-escandalizado.
-
-Mientras las liras de cañas susurran su melodía sin regla y siguen
-danzando los javanesitos, expelen las canales del tejado el agua á
-plenos chorros, los relámpagos iluminan otra vez con exhalaciones verdes
-la tarde color de ámbar, y rueda el carro de los truenos sobre edificios
-y arboledas.
-
-A las nueve de la noche, después de la comida, asistimos á un gran baile
-javanés, para el cual han venido los mejores danzarines y la orquesta
-más famosa de toda la región.
-
-La servidumbre descalza aparta las mesas, y todo el comedor queda
-convertido en una sala de espectáculos. Este comedor se halla abierto
-por tres de sus caras; es una techumbre sostenida por numerosos arcos
-blancos. Más allá hace brillar el jardín sus hojas de charol bajo unos
-focos de luz eléctrica, cuyas lunas se muestran rayadas incesantemente
-por hilos de cristal. Continúa la lluvia del Trópico, una lluvia sin
-medida en el volumen y la duración. Todo está impregnado de humedad:
-nuestras ropas, las servilletas, los manteles. Luego, en los
-dormitorios, encontraremos igualmente húmedas sábanas y toallas. Debajo
-de los techos la atmósfera, vibrante de perfumes vegetales, parece
-compuesta de agua flúida.
-
-Este baile debe ser algo extraordinario, pues van llegando en sus
-automóviles los javaneses más opulentos de las inmediaciones. La mayor
-parte de la propiedad de la isla continúa en poder de los antiguos
-nobles y los comerciantes enriquecidos. Conservan sus trajes por un
-sentimiento oculto de nacionalismo, pero se apropian las comodidades más
-costosas de sus dominadores.
-
-Los instrumentos de la orquesta del baile son tan originales como las
-liras de cañas. Los músicos, sentados en el suelo, hacen sonar una
-especie de violines, apoyándolos verticalmente en una rodilla como si
-fuesen violoncelos. Otros golpean con sus manos tambores y discos
-metálicos. Un viejo hiere con sus palillos un teclado de tablitas, cada
-una de las cuales emite una nota distinta. El más importante de los
-instrumentos es una especie de banco con grandes orificios, y en cada
-uno de ellos una vasija de metal semejante á los cántaros que emplean
-los lecheros. El músico golpea estos vasos con mazas forradas de piel,
-arrancándoles largas vibraciones.
-
-Tocan una especie de preludio que en los primeros instantes parece
-arañar los oídos con sus discordancias. Poco á poco surge del
-enmarañamiento acústico algo concreto que podría llamarse la «Sinfonía
-de la selva». Los instrumentos reproducen la risa luminosa del arroyo,
-el murmullo de las hojas, el rebullir de la vida animal en los
-matorrales. Indudablemente, los instrumentos de cuerda imitan el zumbido
-tenaz de los insectos. El músico ha copiado con ingenuidad los vagidos
-de la Naturaleza, como en los albores de toda civilización los artistas
-primitivos reprodujeron á su modo las plantas y los seres que les
-rodeaban.
-
-Sentados en el suelo, sobre esteras de junco, hay varios danzarines,
-hombres y mujeres. Ellas son las únicas que cantan, con una voz chillona
-y discordante que recuerda el cacareo de la gallina. En el espacio
-libre, ante la orquesta, un hombre y una mujer bailan esta danza
-coreada. En realidad permanecen inmóviles; sus pies no se separan del
-suelo. Son los brazos los que se agitan, y más aún las manos,
-acompañando con lentas dilataciones el ritmo de la música.
-
-Entre las gentes del país acudidas para presenciar este baile hay cuatro
-jóvenes nobles que llaman la atención por la elegancia híbrida de sus
-trajes. Son javaneses por sus cabezas; del cuello á la cintura son
-europeos; luego recobran su nacionalidad hasta los pies. Me explicaré
-con más detalles. Van tocados con el pequeño turbante de _batik_ negro y
-dorado, que forma un lacito de dos pequeños cuernos sobre la frente.
-Visten _smoking_ y chaleco blanco. La pechera de su camisa es de
-encajes, y dos botones de diamantes centellean debajo de su corbata
-negra. A continuación llevan las piernas envueltas en una rica tela de
-_batik_ obscura, con anchas rayas de oro. Por debajo asoman los pies
-pequeños, metidos en calcetines de seda calada y escarpines de charol.
-Los cuatro, como signo de su categoría, llevan un _kris_ antiguo, una
-espadita dorada puesta oblicuamente sobre sus riñones, cuya empuñadura
-despega el _smoking_ de su espalda.
-
-Han venido en sus automóviles, atraídos por esta fiesta á la que asisten
-muchas viajeras americanas, hermosas y elegantes. Guardan una gravedad
-de próceres musulmanes. Ocupan una mesa, bebiendo simples limonadas, y
-miran con sus ojos negros y ardientes á tantas mujeres blancas, que
-parecen traer en su perfume las seducciones de un mundo lejanísimo. Los
-cuatro llevan el bigote recortado, según la moda actual, y revelan en
-todos sus gestos una educación á la europea.
-
-El gerente del hotel va contando á los viajeros que estos jóvenes son
-ricos, de antigua nobleza, y viven además, como amigos y acompañantes,
-cerca del regente de la provincia. (El regente es el gobernador
-indígena, poderoso personaje que ha venido á sustituir á los antiguos
-reyezuelos.) El mismo gerente se hace lenguas de lo que son los cuatro
-jóvenes como bailarines. Por espíritu de tradición han sabido guardar
-fielmente las antiguas danzas de la isla. Los profesionales del baile
-javanés que están presentes reconocen y admiran la superioridad de estos
-señores.
-
---¡Ay!... ¡Si ellos quisieran bailar!...
-
-Basta que el hotelero exponga esta posibilidad hipotética, para que
-varias señoritas americanas, con la intrepidez propia de su pueblo,
-deseen una inmediata realización. Algunas de ellas piden á los cuatro
-_gentlemen_ de la espadita dorada que salgan á bailar, y ellos,
-respetuosos y algo avergonzados al verse objeto de la atención general,
-acaban por ceder, aunque ninguno quiere ser el primero.
-
-Al fin, uno de ellos se desprende de los escarpines de charol y su
-chófer indígena surge de la masa de javaneses agrupada al pie de las
-escalinatas del jardín, para quitarle los calcetines. Avanza con los
-pies desnudos, color chocolate claro, que asoman por el borde de la rica
-falda de _batik_. Sus dedos se encorvan y se dilatan como si recobrasen
-la agilidad de los remotos ascendientes. Se ha puesto un gran velo verde
-sobre sus hombros, con las puntas caídas atrás y la amplia curva
-delantera más abajo de su pecho. Este velo va á resultar en el curso de
-la danza tan importante como su persona.
-
-La primera de las bailarinas se coloca de pie ante él y empieza á
-cantar. El joven señor inicia su danza sin moverse del sitio que ocupa,
-expresándolo todo con las manos, con los balanceos lentos de sus brazos,
-con las posturas fijas que adopta luego su cuerpo. En realidad, la mujer
-no hace más que acompañar con su canto los gestos del bailarín. Algunas
-veces refleja los movimientos elegantes de éste, pero con una modestia
-de espejo pobre y turbio. Se nota su voluntad de no rivalizar con el
-hombre en unas actitudes que pueden llamarse escultóricas. Éste imita
-los contoneos soberbios y dominadores de los animales machos en la vida
-libre de la Naturaleza. Es una danza monótona, y sin embargo, pocas
-veces he visto un cuerpo humano en tan nobles posturas.
-
-Los cuatro _gentlemen_ van saliendo por turno. Cada uno de ellos
-interpreta de modo diferente danzas de miles de años que expresan la
-superioridad absoluta del hombre y la humilde servidumbre de la mujer en
-las sociedades primitivas.
-
-Hablo valiéndome de un intérprete con el primero de los jóvenes que
-salió á bailar. Me mira con extraordinario interés al saber que soy un
-blanco de los que fabrican libros y alguna vez escribiré lo que he
-presenciado esta noche. Él ama los cantos de su isla, las
-representaciones teatrales. Tal vez compone versos, aunque protesta
-apresuradamente cuando el traductor se lo pregunta en mi nombre.
-
-Luego muestra una generosidad de gran señor. Quiere que me lleve un
-recuerdo de él, y desprendiéndose de su espadita dorada me la entrega.
-Para que aprecie más el regalo me hace ver la hoja, roída por el óxido
-de los años. Es un arma honorífica, uno de los muchos _kris_ legados por
-sus abuelos, que él usa únicamente por su antigüedad. Me explica que la
-hoja, llena de rugosidades como la piel de la serpiente, está compuesta
-de numerosas piececitas fundidas unas sobre otras, como si fuesen
-escamas, y las pequeñas grietas en semicírculo de dichas escamas
-contuvieron un veneno casi fulminante, capaz de acabar á un herido en
-pocos segundos. ¡Pero han pasado tantos años desde entonces!... Ahora el
-terrible _kris_ no es más que un arma de museo roída por la herrumbre y
-que puede romperse como el cristal.
-
-Siguiendo un largo corredor y varias escalinatas cubiertas que nos
-libran de la lluvia, vamos á una especie de Guiñol establecido dentro
-del hotel.
-
-Tienen los javaneses un verdadero teatro en el que figuran actores de
-carne y hueso, pero su espectáculo preferido es la representación por
-medio de muñecos. Tal vez estos autómatas, al ser más irreales, dejan
-mayor espacio á la imaginación del público.
-
-El teatro es un salón sin ningún asiento. Gran parte de los espectadores
-están en el suelo. Un lado lo ocupa la orquesta. Son músicos iguales á
-los del baile, aunque todos ellos ofrecen la particularidad de que
-actúan con cierto cansancio, teniendo los ojos cerrados. Parece que
-estén dormidos, pero cuando le toca á cada uno hacer sonar su
-instrumento, cumple dicha función sin entreabrir los párpados y vuelve á
-inmovilizarse en su actitud soñolienta. Luego, pienso que adoptan este
-gesto por refinamiento artístico, para concentrar mejor sus facultades y
-aislarse de la realidad, viendo más intensamente en su imaginación las
-peripecias del drama.
-
-Delante de los músicos y de espaldas á ellos está sentado en el suelo un
-viejo de voz lenta que habla sin mirar al público. Ante sus rodillas se
-extiende un tabladillo de escasa altura. A ambos lados tiene dos vasijas
-de porcelana, y dentro de ellas, en aparente desorden, están los
-personajes de la obra, monigotes de cabezas monstruosas, verdes ó
-purpúreas; vistiendo túnicas de floreado _batik_ y con brazos
-articulados semejantes á las antenas de las langostas. Estos autómatas,
-que representan príncipes, guerreros, bellas damas ó humildes siervos,
-tienen al final de sus brazos dos altos bastones que recuerdan los que
-usaban las señoras de la corte de Versalles.
-
-El viejo director constituye por sí solo todo el teatro. Unos muñecos
-los fija en los agujeros del tablado y quedan inmóviles como un coro que
-intervendrá oportunamente. Otros los mantiene en sus manos, agarrando al
-mismo tiempo el espigón central y los dos bastones terminales de los
-brazos, lo que le permite con una simple frotación de los dedos, ocultos
-bajo la falda, poner en movimiento su cabeza y las otras extremidades
-articuladas.
-
-Los directores de estos espectáculos tienen el nombre de _dálang_ y
-gozan de gran respeto. Guardan desde hace siglos una autoridad
-tradicional semejante á la del sacerdote ó el bardo. Todos ellos son
-poetas y grandes improvisadores. Estos _dálang_ dirigen algunas veces
-representaciones con actores enmascarados, siendo los únicos que pueden
-hablar en ellas. Los comediantes no hacen más que una pantomima,
-acompañando con sus gestos la declamación del director. Las piezas se
-llaman _topeng_ (lo mismo las representadas por seres vivos que las de
-monigotes), y sus argumentos están sacados de la mitología ó la historia
-heroica de Java. La música no cesa un momento y sirve de eterno fondo á
-los lentos recitados del _dálang_.
-
-Me explican el drama: una lucha de paladines por el amor de una
-princesa; batallas, conquistas, raptos, persecuciones, y sobre todo
-muchos golpes. Existe un argumento, un cañamazo dramático, pero no hay
-nada escrito, y el viejo _dálang_ va bordando sobre la materia
-tradicional todas las flores repentinas de su imaginación.
-
-Esto no es un teatro. Para serlo tendría que ajustarse á los límites del
-espacio y del tiempo, á la estrechez de un escenario, á las murallas
-aisladoras de una decoración. En realidad es una novela contada todos
-los días con nuevas variaciones y ayudada por medio de los monigotes y
-la música.
-
-Miro al viejo cuentista con un interés confraternal. Mantiene su cabeza
-baja, hablando y moviendo los personajes con el aire abstraído y
-concentrado del que se entrega á una improvisación.
-
-La orquesta dormida colabora incesantemente con él á pesar de sus ojos
-cerrados. El _dálang_ está de espaldas á los músicos, no existe entre
-ellos ninguna relación directa, y sin embargo los instrumentos me hacen
-ver los episodios de esta novela javanesa más que las acciones de los
-monigotes.
-
-Dos personajes se mueven al extremo de las manos del improvisador, se
-aproximan y se apartan sin chocarse, pues esto podría deteriorar sus
-frágiles cuerpos, y no obstante sé que acaban de entablar un combate
-encarnizado. Nunca he oído á una música expresar mejor los golpes. Estos
-instrumentistas soñolientos lanzan acordes secos, de una precisión
-matemática, sin mirarse entre ellos.
-
-Poco después abren todos la boca, viejos, adolescentes y niños, lanzando
-un rugido con cierta sordina. Es el rumor lejano de una muchedumbre que
-interviene en el curso de la historia.
-
-Yo cierro también los ojos para no ver las filas de monigotes inmóviles
-sobre el tabladillo que representan grotescamente á dicha multitud. Y al
-quedar en voluntaria ceguera lo mismo que los músicos, contemplo el
-pueblo evocado por el novelista javanés. Es una masa de hombres
-cobrizos, medio desnudos, que aclama á los héroes triunfantes, malayos
-de armaduras doradas, héroes anteriores al desembarco de portugueses y
-holandeses, cuando los habitantes de esta isla no conocían aún la
-existencia de Mahoma y alzaban en el interior de ella imágenes colosales
-de Buda, templos ciclópeos que la vegetación invasora del Trópico guardó
-durante muchos siglos en el misterio de su noche verde.
-
-
-
-
-XIX
-
-LA PUERTA DEL EXTREMO ORIENTE
-
- El jardín de Buitenzorg.--Flores que parecen insectos é insectos
- iguales á pedazos de madera.--El estrecho de Gaspar.--Los fenicios
- del Pacífico y sus portentosas navegaciones.--Verdadera patria de
- Simbad el Marino.--La cosmopolita ciudad de Singapore.--El
- gobernador Raffles.--Mezcla de pueblos y religiones.--Mi primera
- visita á un templo brahmanista.--El cultivo actual del
- caucho.--Rutina inglesa de los futbolistas de
- Singapore.--Degradación de los blancos que van en
- tranvía.--Juglares y domadores de serpientes.--El «smoking»
- blanco.--Los maravillosos sastres chinos.--Cuatro trajes en dos
- horas.
-
-
-Buitenzorg es la residencia veraniega del gobernador de Java. El
-palacio, reconstruido varias veces á consecuencia de los temblores de
-tierra, no ofrece nada de extraordinario. Lo que ha hecho famoso el
-nombre de Buitenzorg es su Jardín Botánico, anexo á la vivienda
-gubernamental. Como el terreno es más alto que en Batavia y la atmósfera
-menos densa y caliginosa, la vegetación se desarrolla en este lugar con
-toda magnificencia.
-
-Antes de marcharnos de Java queremos ver las especialidades más célebres
-de dicho jardín. Atravesamos una ancha avenida que es un túnel de
-verdura, pues los ramajes laterales se tocan, formando una bóveda
-compacta. En realidad, esta galería vegetal se compone únicamente de dos
-higueras banianos, árboles que tienen la particularidad de reproducirse
-invadiendo las tierras próximas, de convertir sus ramas cuando tocan el
-suelo en otros tantos troncos con raíces, que á su vez producen nuevos
-soportes. En el Jardín Botánico de Calcuta, uno sólo de estos banianos
-ocupa un espacio considerable y desde lejos ofrece el aspecto de un
-macizo de arboleda.
-
-En los pequeños lagos de Buitenzorg admiramos la Victoria Regia, planta
-acuática de corola blanca cuyas hojas, de dos metros de diámetro, flotan
-como escudos sobre las aguas, y tal es su aspecto de estabilidad, que
-tientan á poner el pie en ellas como si fuesen de piedra verde.
-
-Los bambúes alcanzan dimensiones de árboles seculares. Se balancean al
-más leve soplo de la brisa y parecen conversar entre ellos con el
-frotamiento de sus menudas hojas. Estas cañas enormes son de diversos
-colores: amarillas, negras, moteadas. Todas las variedades de la palmera
-existen aquí igualmente, desde las de fuste grácil y ligero surtidor de
-ramas, que se inclinan con una gracia infantil, hasta las de tronco
-redondo y alto como una torre, que desafían erguidas los huracanes del
-tornado. Vemos también una gran variedad de lianas semejantes á madejas
-de reptiles adormecidos.
-
-Una colección célebre de orquídeas nos desorienta á causa de sus
-bizarras formas, y no sabemos finalmente con certeza si son flores ó
-parásitos monstruosos. En cambio, vemos en una sección zoológica pedazos
-de madera en apariencia medio podridos, hojas secas, grumos de detritus
-vegetal que son en realidad insectos. Estos seres vivos, de admirable
-mimetismo, adoptan la forma de la basura de la selva y permanecen
-inmóviles para no alarmar á sus presas, sorprendiéndolas mortalmente.
-
-Al abandonar Java nos damos cuenta de la incongruencia que existe entre
-la fealdad del puerto de Tandjong-Priok y las bellezas interiores de la
-isla. Viendo estos muelles tostados por el sol y su continuación de
-terrenos pantanosos y selvas bajas, que son como nidos de la fiebre,
-nadie puede sospechar los paisajes paradisíacos que empiezan á
-desarrollarse cuando se penetra una docena de millas tierra adentro.
-
-Entre Java y Singapore la travesía resulta tan plácida como si
-navegásemos por un río. El _Franconia_ va partiendo aguas verdes, con
-islotes de vegetaciones flotantes.
-
-Avanzamos teniendo á la derecha la isla de Banka y á la izquierda la
-enorme Sumatra, que figura con Borneo como las dos posesiones más
-extensas de Holanda. Tan grandes son estos macizos insulares, que una
-parte de su interior se halla en estado salvaje y los holandeses tienen
-que mantener una actitud defensiva ante muchas de sus tribus. Siempre
-que estos indígenas irreductibles encuentran ocasión, le cortan la
-cabeza al blanco para guardarla como el mejor de los trofeos. También se
-repiten los casos de canibalismo, á pesar de los esfuerzos de las
-autoridades para extender las costumbres civilizadas. En estos países,
-situados bajo la línea ecuatorial, el europeo colonizador no hace más
-que pasar, siéndole imposible vivir muchos años á causa del clima y las
-enfermedades. En realidad son factorías más que colonias, ya que el
-blanco no puede reproducirse en ellas ni crear una familia estable.
-
-En el llamado estrecho de Gaspar, las dos costas de Banka y Sumatra se
-aproximan de tal modo, que el mar parece un río. Entre ambas riberas se
-extienden fajas de baba amarillenta, espuma sucia de un canal en el que
-permanecen como enredadas las inmundicias traídas por las corrientes del
-Océano libre.
-
-Nuestro paquebote marcha con cierta precaución, á causa de la escasa
-profundidad. Cuando salimos de un estrecho es para entrar en otro ó ir
-pasando á través de islas é islotes de pequeños archipiélagos. El mar
-tiene un verde claro de pradera que denuncia el poco fondo de sus aguas.
-A trechos se esparcen sobre este color verde grandes manchas de un
-blanco lácteo, reflejo de los campos de arena submarinos.
-
-Singapore es la puerta del Extremo Oriente. Al pasarla habremos dejado á
-nuestras espaldas la parte del mundo más distinta á Europa. Al otro lado
-del estrecho de Malaca vamos á encontrar la India, mas esta tierra ya no
-pertenece al Extremo Oriente y debe llamársela simplemente Oriente.
-
-Es cierto que sus diversos pueblos se diferencian en costumbres y
-religiones de los países europeos; pero no han vivido miles y miles de
-años ignorados de nosotros como el Japón, la China y las agrupaciones
-malayas. Alejandro llevó la cultura griega á este Oriente indostánico.
-Los hombres de nuestra antigüedad conocieron la India y tuvieron
-noticias de las diversas civilizaciones desarrolladas á orillas del
-Ganges. Los nautas árabes mantuvieron durante la Edad Media la
-comunicación de Europa con el citado Oriente indostánico, aunque ésta no
-resultase directa. Fué á partir del estrecho de Malaca, ó sea del
-presente Singapore, donde empezaba la noche y la ignorancia para
-nuestros pueblos. Nadie sabía nada cierto sobre Catay y Cipango, el
-actual Extremo Oriente.
-
-Al aproximarnos á Singapore vemos en estrechos y canales un enjambre de
-pequeños buques de cabotaje, pertenecientes á la marina malaya. Estos
-navegantes tradicionalistas han copiado en sus barcos las arboladuras de
-la marina de los occidentales, pero sus cascos, aunque construídos
-igualmente por un procedimiento moderno, conservan siempre la popa más
-alta que la proa, lo que les da cierto aire de carabelas, disfrazadas de
-bergantines y goletas.
-
-Como nuestro mundo ha vivido docenas de siglos prestando sólo atención á
-los grupos humanos de la vertiente atlántica, sin sospechar siquiera lo
-que ocurría en la vertiente del Pacífico, la mayoría de las gentes que
-merecen el título de ilustradas ignoran en la actualidad lo que fueron
-los malayos como marinos y sus servicios á la civilización. Cuando Vasco
-de Gama, después de navegar solitariamente por las costas de África, fué
-avanzando en el mar de las Indias, quedó asombrado de la cantidad de
-buques asiáticos que pasaban á su vista. Estos argonautas de un mundo
-distinto al nuestro tenían sobrado espacio para comerciar sin salirse de
-sus mares, y si alguna vez llegaban á deslizarse por las estrechuras del
-mar Rojo, una barrera sólida les cerraba el paso, repeliéndolos hacia
-otros rumbos.
-
-Los malayos fueron los fenicios del Pacífico. De conocerse la historia
-de sus periplos podrían haberse escrito, basándose en ellos, numerosas
-odiseas. Según varios autores que estudiaron á fondo las tradiciones de
-esta raza de mercaderes y corsarios, la _Historia de Simbad el Marino_ y
-otras muchas aventuras marítimas que figuran en _Las mil y una noches_
-no son más que relatos de proezas de malayos adoptadas por los
-navegantes árabes, discípulos y continuadores de aquéllos.
-
-A falta de una historia detallada y sólida, nos sirve para adivinar los
-antiguos viajes de los navegantes malayos la actual existencia de grupos
-de su misma raza en los lugares más distantes del Pacífico. Los
-argonautas amarillos construyeron sus primitivas flotas en estas riberas
-de Sumatra que vamos costeando. De aquí se lanzaron á piratear y
-comerciar por toda la inmensidad marítima que se ofrecía á las proas de
-sus barcos con ojos, cuando aún vivían la mayor parte de los europeos en
-pleno salvajismo.
-
-Los habitantes de Madagascar son malayos de origen, lo que demuestra que
-por el Este llegaron éstos hasta las costas de África. Una gran parte de
-los pobladores del Japón actual son igualmente de origen malayo, lo que
-marca sus navegaciones hacia el Norte. Los indígenas del archipiélago de
-Hawai y otras islas oceánicas, situadas más allá de la mitad del camino
-entre Asia y América, también son malayos. ¿Por qué razón estos
-vagabundos del mayor de los Océanos, que realizaron la parte más grande
-y difícil de su travesía llegando á dichas islas y estableciéndose en
-ellas, no pudieron continuarla desembarcando en América, como uno de los
-varios pueblos que según las tradiciones americanas se extendieron de
-Norte á Sur, miles de años antes de la llegada de los conquistadores
-españoles?...
-
-Estos malayos de ahora que pasan en sus buquecitos anticuados junto á
-nuestro paquebote ignoran completamente las hazañas de sus antecesores.
-Hasta hace medio siglo eran piratas, pero una continua persecución les
-ha obligado á llevar la existencia de pobres marineros de cabotaje, sin
-audacias y sin ambiciones.
-
-Singapore es la obra de sir Stamford Raffles, funcionario enérgico que á
-principios del siglo XIX se apoderó de todas las islas holandesas,
-gobernando en Batavia á nombre de Inglaterra. En el Jardín Botánico de
-Buitenzorg está la tumba de su esposa.
-
-Cuando después de la caída de Napoleón tuvo que entregar, por acuerdos
-diplomáticos de Europa, las ricas posesiones holandesas al gobierno de
-La Haya, no quiso que su patria abandonase estos parajes y fundó la
-ciudad de Singapore, que domina el estrecho de Malaca. Dos siglos antes
-que Raffles, el gran Alburquerque había visto la importancia del
-estrecho de Malaca, y pretendió fundar en él una colonia portuguesa para
-obtener de tal modo el monopolio del Extremo Oriente.
-
-Paseando por las calles de Singapore aprecia el viajero su valor
-comercial y estratégico. Dos mundos se encuentran y confunden en ella;
-dos Orientes completamente distintos. Hoy tiene más de 300.000
-habitantes y es una ciudad con barrios modernos y edificios altísimos.
-Posee igualmente plazas extensas y puentes colgantes sobre pequeños ríos
-navegables. Estos cursos de agua casi resultan invisibles; tantos son
-los barcos indígenas que flotan en ellos, borda contra borda.
-
-La estatua del gobernador Raffles se alza en el centro de la parte
-europea de Singapore. En los barrios que no ocupan los blancos, vive
-separado por razas y creencias todo el vecindario cosmopolita. Éste
-únicamente se deja ver mezclado en las grandes avenidas centrales. La
-ciudad inglesa de Singapore es ante todo una ciudad china, por la
-superioridad numérica de tal raza. Más de la mitad de su población se
-compone de chinos. Lo mismo que en Batavia, estos trabajadores
-infatigables acaparan todos los oficios manuales. Además, como son
-grandes ahorradores de dinero, se dedican al préstamo. El chino, fuera
-de su país, es igual al judío por su actividad inteligente y ávida, y se
-ve tan odiado como éste.
-
-En las calles de Singapore es donde empezamos á ver indostánicos con el
-busto de bronce completamente desnudo y largas cabelleras sueltas ó
-anudadas á estilo femenil; cingaleses con los ojos pintados, la cabeza
-rematada por una peineta y cierto aspecto intolerable de afeminamiento;
-árabes con alquiceles flotantes que marchan lentos y majestuosos;
-mujeres del Malabar llevando en sus narices botones de pedrería y
-numerosos anillos de plata en los dedos de los pies. También pasa por
-las aceras, con trote menudo, la china de zapatillas silenciosas, más
-enana y más gorda de lo que es en realidad, á causa de su ancha blusa y
-sus holgados pantalones de lustrina negra.
-
-Dentro de las avenidas céntricas los comercios son europeos, pero en las
-vías laterales se nota la misma confusión de ciudad cosmopolita. Los
-chinos y los malayos poseen numerosas tiendas, é interpolados entre
-ellas figuran templos de diversas religiones: pagodas budistas,
-santuarios brahmanistas, iglesias católicas, capillas protestantes.
-
---En este puerto de paso--me dice un amigo que hace años vive en
-Singapore--han venido á juntarse todas las religiones. Brahma, Buda,
-Confucio, Cristo y Mahoma se rozan á todas horas, acaban por mezclarse y
-algunas veces hasta se confunden.
-
-Aquí visito el primer templo brahmanista. Ocupa el centro de un patio,
-rodeado de una muralla blanca con pilastras. Sobre estas pilastras, á
-guisa de capiteles, hay unas cabras de yeso cuyo tamaño es doble del
-natural. Están sentadas sobre las cuatro patas encogidas, y sus cuerpos
-son blancos, pero con ojos azules y los hocicos de un rojo sangriento.
-Dentro del patio, y al amparo de un cobertizo, veo algunos carros con
-imágenes de ídolos pintarrajeadas. Estos vehículos de ruedas macizas
-salen en las procesiones organizadas por los bracmanes.
-
-Tengo que descalzarme para entrar en el santuario, aunque todo él puede
-verse desde el patio por estar descubierta su parte delantera. Sobre los
-altares hay ofrendas de cirios, cocos y plátanos.
-
-Van saliendo poco á poco de las boncerías próximas los sacerdotes y sus
-ayudantes, atraídos por esta visita inesperada. Son unos hombres de
-color obscuro, casi negros, pero con nariz aguileña, y su delgadez
-resulta extraordinaria. No tienen sobre su esqueleto más que la grasa
-precisa para rellenar las oquedades de los huesos, y aun así se les ven
-las aristas del costillaje, de las clavículas y las rótulas. Su
-vestidura es una simple tela roja anudada á la cintura. Todos llevan
-cabelleras largas, á estilo de mujer, sujetas por un peine de concha.
-Hay un niño entre ellos, hijo de alguno de los sacerdotes, al que todos
-acarician con esa ternura paternal que los indostánicos muestran por la
-infancia. Este sacristancito, espigado y esbelto, va completamente
-desnudo. Lleva cabellera larga y peineta como los hombres. Sus partes
-genitales las tiene ocultas en una bolsita blanca, única vestimenta que
-conoce su cuerpo.
-
-Singapore está en pleno _boom_, como los otros mercados del Extremo
-Oriente. Aquí existe un motivo especial para la prosperidad de los
-negocios. El cultivo del caucho, que es uno de los descubrimientos más
-importantes de la agricultura moderna, tiene su principal centro en esta
-tierra.
-
-Hace unos cuantos años nada más, el caucho era una materia preciosa que
-se producía naturalmente y los aventureros iban á buscar en las selvas
-vírgenes de los países situados bajo el Ecuador. Viajando por la América
-del Sur conocí á muchos varones enérgicos, de existencia novelesca, que
-se lanzaban á través de los bosques inexplorados de Bolivia y el Brasil
-en busca de grupos de árboles productores del caucho, llevando una vida
-llena de peligros, teniendo que batirse con las fieras, con los hombres
-y las enfermedades. La invención del automóvil y otros descubrimientos
-recientes, al aumentar de un modo ilimitado el consumo del caucho,
-hicieron necesaria la busca de nuevos medios de producción, y el árbol
-natural, perdido en las selvas, ha pasado á ser un cultivo
-científicamente ordenado y explotado en los países ecuatoriales de Asia.
-
-Singapore es ciudad inglesa, pero sólo ocupa una punta de la extensa
-península de Malaca. Detrás de ella existen el Estado independiente del
-sultán de Johore y otros países autónomos, que forman agrupados la
-llamada Federación de Estados Malayos, bajo el protectorado de
-Inglaterra.
-
-Visitamos en la ciudad de Johore una parte del palacio del sultán, una
-mezquita y el Casino, donde funciona la ruleta. A Johore la llaman el
-«Monte-Carlo de Asia», pero cuando nosotros pasamos por ella se notaba
-gran falta de jugadores y la ruleta permanecía inactiva á pesar del
-_boom_ de los negocios.
-
-En otras excursiones por cerca de Singapore vamos viendo los campos
-plantados de caucho y las fábricas donde se prepara y solidifica esta
-materia tan preciosa para las industrias de nuestro tiempo. La
-vegetación tropical embellece dichos alrededores, cubriendo con su
-exuberante verdor llanuras, barrancos y montañas. El baniano, de ramas
-multiplicadoras, cubre espacios enormes; hay campos extensos plantados
-de mandioca, principal alimento de la gente popular, y bosques de
-cocoteros á lo largo de las playas.
-
-Dentro de Singapore se muestra el tradicionalismo británico con una
-rutina que hace sonreir. Los empleados ingleses, muchos negociantes
-jóvenes y los hijos de europeos nacidos en la ciudad se dedican al juego
-del fútbol ó del _tennis_ en las praderas de césped que existen dentro
-de las plazas. Pero como en Inglaterra estos juegos son por la tarde, en
-Singapore se desarrollan á la misma hora, con una temperatura de más de
-40 grados, bajo una atmósfera pesada que cubre de sudor hasta á los que
-contemplan simplemente la partida.
-
-El calor de Singapore hace ansiar al viajero una pronta vuelta al buque
-y que éste salga cuanto antes á los espacios dilatados del Océano, donde
-siempre sopla alguna brisa. La ciudad es atrayente y bella; su
-vecindario inspira interés á causa de sus variedades pintorescas, ¡pero
-el calor!... No debe olvidarse que Singapore está á menos de dos grados
-de la línea ecuatorial.
-
-Toda su vida europea se concentra en un par de hoteles enormes. El más
-antiguo, ó sea el llamado Raffles, figura entre los ochenta grandes
-hoteles que conoce invariablemente todo el que da la vuelta al mundo.
-Como en él se concentran las diversiones elegantes de Singapore y
-cuantos pasan por la puerta del Extremo Oriente vienen á sentarse en las
-mesas de su comedor, los mercaderes de la ciudad han establecido puestos
-de venta en su piso bajo y el hotel es á modo de un pueblo en eterno
-movimiento.
-
-Vendedores obesos con el rostro de color canela y ojos profundamente
-negros ofrecen las famosas cañas de Malaca convertidas en bastones,
-elefantes de ébano y marfil, aves del Paraíso traídas de las Molucas,
-jarrones de porcelana, telas finísimas con dibujos indostánicos. Las
-riquezas de la India se juntan aquí con las de la China y el Japón.
-
-Encuentro en Singapore á dos damas que hablan nuestro idioma; dos
-chilenas distinguidas, la señora Eltin y su hermana, casadas con dos
-hombres de negocios del país. Asisto con ellas á un baile en el Hotel
-Raffles, que se repite tres veces por semana, y es el centro de reunión
-de los blancos.
-
-Ir á pie es considerado en toda Asia como función deshonrosa. El tranvía
-sólo lo emplean las gentes de color. Un blanco se vería desconsiderado
-si montase en él, y los mismos que lo ocupan habitualmente mostrarían
-extrañeza por tal desconocimiento de las categorías sociales. La
-_ricsha_ se acepta como algo medianamente tolerable nada más. El blanco
-sólo empieza á contar en las colonias europeas de Asia cuando tiene
-automóvil. Durante el baile en el Hotel Raffles, una nube de lacayos,
-descalzos, con levita blanca y turbante, se agitan para hacer pasar ante
-la escalinata los centenares de automóviles que han ido aglomerándose en
-las cercanías.
-
-Las damas visten como en Europa. El descote y los brazos desnudos les
-permiten soportar los trajes de etiqueta de otros climas. Los hombres
-van de blanco, con telas ligerísimas fabricadas en China. Todos llevan
-_smoking_, pero cortado en este género sutil. Me apresuro á usar por
-comodidad tal innovación en mi indumento de ceremonia.
-
-Durante la tarde he presenciado en los jardines del Hotel Raffles la
-primera fiesta de juglares indostánicos, maravillosos escamoteadores que
-sacan pajarillos vivos de diversos lugares de sus cuerpos casi desnudos,
-hacen crecer plantas á la vista, y después de introducir á un colega
-suyo en un pequeño serón, atraviesan éste con una espada repetidas veces
-y luego el compañero vuelve á surgir, incólume y sonriente. Todo esto lo
-han hecho sin ningún aparato escénico que se preste á trampas, en pleno
-jardín, á las cuatro de la tarde, sobre el césped de una pradera.
-
-Además, nos encontramos por primera vez con algo que nos acompañará por
-toda la India. Los encantadores de reptiles colocan sus cestos redondos
-de junco rojizo sobre la misma pradera, lanzan los sones plañideros de
-una pequeña gaita, é inmediatamente se alzan las tapas de los cestos y
-empiezan á remontarse varias serpientes, balanceándose al compás de la
-triste música.
-
-Son completamente distintas á las que se ven en África y América, de
-cabeza triangular y cuello delgado. Aquí es la terrible cobra, cuyo
-veneno mata en unos segundos, la «naja» de pescuezo hinchado, que parece
-llevar una gorguera y encorva cuello y cabeza, considerablemente
-dilatados, como si fuesen la hoja de un platanero. En mitad de sus
-ejercicios algunas de ellas, seducidas por la frescura del césped, se
-deslizan hacia un lado del extenso corro de señoras y caballeros que
-presencian el espectáculo. Chillidos femeninos, espectadores que
-abandonan los asientos y hacen unos pasos atrás; pero el encantador
-agarra á las fugitivas por la cola y tira de ellas, haciéndolas volver
-para que sigan danzando... ¡Mas tantas veces he de hablar de este
-espectáculo! ¡Lo encontraré con tanta frecuencia durante mi viaje por la
-India!...
-
-Siento miedo al pensar en el suplicio de vestir un _smoking_ negro para
-el baile de la noche. En Singapore significa algo así como enfundarse en
-una armadura antigua de hierro. Me aconsejan que busque á uno cualquiera
-de los sastres chinos que trabajan en los edificios anexos al hotel.
-Adopto tal indicación sin ninguna esperanza de éxito. Son las cinco de
-la tarde y el baile empezará á las nueve de la noche, después de la
-comida. ¡Qué puede hacer un sastre en tan pocas horas!...
-
-Entro en la tienda. Una docena de chinitos sentados en el suelo cosen y
-cosen con pequeñas máquinas. Al mismo tiempo cantan, ríen ó conversan
-lanzando una serie de chillidos iguales á los de una banda de gorriones
-descarados.
-
-El dueño, obeso, carilleno, jovial, acoge mi demanda con una sonrisa
-protectora y parpadea sus ojitos apenas abiertos. Sabe perfectamente lo
-que es la prisa de un europeo llegado á estos países de calor sin la
-indumentaria conveniente. Él está aquí para remediar tales olvidos.
-
---¿Cuántos trajes desea?--acaba por decirme.
-
-Me extraña su pregunta. Con uno tengo de sobra, pero debe fijarse antes
-de aceptar mi encargo. Lo necesito para esta misma noche, para dentro de
-unas horas, y reconozco que el plazo es muy corto.
-
---¿Le parece bien que haga cuatro?--sigue diciendo--. Lo difícil es el
-primero. Después, lo mismo me cuesta hacer uno que media docena. En
-estos países se suda mucho y nunca se tiene bastante ropa.
-
-Lo que yo deseo saber es el tiempo que necesitará para proporcionarme un
-traje blanco, uno nada más, y él contesta:
-
---Si me da un traje suyo como modelo le haré los cuatro en una hora; si
-es por medida, pido dos horas.
-
-Dejo que tome mis medidas este maestro jactancioso y jocundo. Mientras
-apunta los resultados dice palabras ininteligibles á su personal y toda
-la chinería ríe igualmente. Deben estar burlándose de mí.
-
-Me voy un poco amoscado, seguro además de que todo lo prometido
-resultará mentira. Ni cuatro trajes, ni uno siquiera. De recibirlos, lo
-más pronto será mañana.
-
-Vuelvo dos ó tres veces al azar de mis paseos ante la tienda del sastre.
-El maestro, detrás de su mostrador, corta y corta en una pieza enorme de
-tela blanca; los chinitos, acurrucados en el suelo, cosen y cosen, entre
-una algarabía de jaula revuelta. Me reconocen al pasar, ríen, me hacen
-señas incomprensibles. Sin duda siguen burlándose del cliente
-extranjero.
-
-Transcurren dos horas. A las siete, poco antes de la comida, vuelvo
-lentamente hacia la tienda del chino. Reflexiono sobre la conveniencia
-de dar un bastonazo oportuno para suprimir este regocijo chinesco que
-se permiten á costa de mi persona... Encuentro cerrada la puerta. Lo
-que yo temía. Volveré mañana, para ver si el «maestro» piensa seguir
-fisgándose de mí.
-
-Al entrar en el Hotel Raffles me llama el conserje y veo á un muchacho
-con dos ligeros paquetes; uno de los mismos chinitos que cosía en el
-suelo con las piernas cruzadas. El empleado del hotel me traduce el
-mensaje del sastre:
-
---Aquí tiene los cuatro trajes. Hace media hora que está el _boy_
-esperando para entregárselos, ¡pero como no sabía el nombre de su
-cliente!... No se los pague al chico. Ya se los pagará usted al sastre
-cuando le parezca.
-
-Y á las nueve de la noche me visto uno de los _smokings_ blancos, sin
-defecto alguno, igual á todos los que usan los elegantes de Singapore.
-
-
-
-
-XX
-
-LA CIUDAD DE LOS ELEFANTES
-
- La muerte del más gordo de los «stewards».--Una mosca
- javanesa.--Cadáver al agua.--El río de Rangoon.--La famosa pagoda
- de Shway Dagon.--Todos bonzos.--La superioridad de la mujer
- birmana.--Sus enormes cigarros.--Los serpenteros de Rangoon y sus
- pupilas.--Abundancia de elefantes.--Su inteligencia y sus
- trabajos.--Hombres con pendientes y peinado de mujer.--La policía
- pega.
-
-
-Seguimos el extenso callejón marítimo del estrecho de Malaca--el más
-largo de nuestro planeta--, y al final entramos en el mar de las Indias
-y su prolongación el golfo de Bengala.
-
-Vamos á Birmania, en la ribera Este de dicho golfo, y el _Franconia_
-costea durante tres días la dilatadísima península malaya, pasando junto
-á los archipiélagos tendidos ante ella.
-
-Dos días después de nuestra salida de Singapore me dicen en secreto que
-alguien ha muerto en el buque y á las diez de la mañana arrojarán su
-cadáver. Nos faltan veinticuatro horas para llegar á Rangoon, pero el
-desembarco en dicho puerto no es fácil. Los grandes vapores quedan
-anclados en el río á gran distancia de la ciudad. Además, por exigencias
-sanitarias, conviene desembarazarse cuanto antes de dicho cadáver.
-
-El que murió es un criado de comedor, un _steward_ que llamaba la
-atención por ser el más gordo del buque; inglés rubicundo, alto y
-cuadrado, con un peso de 110 kilos. Al bajar en Batavia le picó una
-mosca, sin que en el primer momento diese importancia alguna á este
-incidente. En el trayecto de Java á Singapore la simple picadura se
-enconó como si fuese de un reptil venenoso y anoche ha muerto
-completamente desfigurado, con las facciones tumefactas y ennegrecidas.
-Esto no es extraordinario. En los países tropicales, insectos en
-apariencia inofensivos transmiten infecciones de muerte.
-
-Este pobre _steward_ es el segundo que cae en nuestro viaje. El joven
-americano que vino moribundo de Pekín á Shanghai ha conseguido salvarse
-en la enfermería del buque. Aún está convaleciente y no baja á tierra.
-Tal vez termine su viaje alrededor del mundo sin ver otra cosa que
-puertos de ciudades lejanas y extensiones desiertas de Océano, pero
-habrá conservado su vida. Este atleta rubicundo y alegre, que durante la
-última guerra sirvió en varios buques que fueron torpedeados, salvándose
-de la explosión mortal y de las llamas del incendio, ha caído finalmente
-por obra de una mosca de Java y está abajo, negro como si su cadáver
-fuese de carbón, putrefacto en breves horas, siendo una amenaza para la
-existencia de los demás, un foco de contagios exóticos é inexplicables.
-
-No quiere el comandante que se divulgue la noticia de tal defunción. La
-vida ordinaria del paquebote debe continuar como todos los días. Los
-pocos viajeros conocedores del suceso seguimos á las gentes del buque
-que disimuladamente se dirigen hacia la popa por los corredores
-destinados al servicio.
-
-Hay en el _Franconia_ toda una parte que ignoran los pasajeros: galerías
-por donde puede correr la marinería de popa á proa, sin necesidad de
-atravesar los salones y escalinatas de lujo. Con estas galerías se
-comunican los departamentos de máquinas, los depósitos de víveres, las
-cocinas y otras dependencias. Son como los pasadizos y escaleras de
-servicio que existen en los grandes hoteles.
-
-Nos deslizamos por una puertecita generalmente inadvertida y caemos en
-pleno movimiento de las gentes que sirven las múltiples necesidades de
-este palacio flotante. Los _stewards_ marchan todos hacia la popa
-rápidamente, deseosos de que no se percaten de su ausencia los señores
-que están arriba. Llegamos á un amplio espacio descubierto por tres de
-sus caras y con techo, situado sobre el timón, en la parte más saliente
-de la popa. Cerca están los talleres de lavado, y las mujeres que
-trabajan en ellos suspenden sus operaciones para unirse á la fúnebre
-despedida.
-
-Muchos pasajeros han comprado pájaros en los puertos del Extremo
-Oriente, entregándolos á hombres de la tripulación para que los cuiden
-fuera del ambiente de sus camarotes, y es en este lugar donde permanecen
-guardados dentro de jaulas pendientes del techo. Surge de ellas un
-continuo trino de canarios y calandrias que la paciencia china convirtió
-en incansables cantores.
-
-Se van agrupando en dicha parte del _Franconia_ unos trescientos
-hombres. Todos llevan su uniforme azul de gala, con botones dorados,
-ropa que les hace sudar en esta mañana cálida. El capitán llega seguido
-del estado mayor del buque y se sitúa junto al féretro. Es un cajón de
-madera blanca construído horas antes. Una bandera lo cubre por entero
-con sus rayas de colores. Lo han depositado sobre una tabla colocada en
-el mismo borde de un portalón abierto en la barandilla. No hay más que
-hacer un movimiento de palanca, y el féretro, arrastrado por la pesadez
-de los hierros encerrados en él, se irá á fondo inmediatamente.
-
-Uno de los oficiales, encargado de las lecturas religiosas todos los
-domingos, recita las oraciones propias del acto. Varios grumetes van
-distribuyendo libros entre el compacto gentío: volúmenes de salmos,
-encuadernados en chagrín negro.
-
-Suena una música dulce y quejumbrosa. La orquesta del buque permanece
-invisible en esta aglomeración de hombres que escuchan con la frente
-baja. Todos abren su libro y se inicia un canto religioso, un coral de
-numerosas estrofas, que se prolonga media hora. Ya dije que esta gente
-canta bien, y la melancolía de sus voces, el lamento de los violines, el
-féretro embanderado que cada vez se inclina más sobre el abismo, la
-extensión azul y dorada del mar desierto, un cielo por cuyo horizonte
-resbalan lentamente montañas de vedijas blancas, todo da un interés
-emocionante al triste episodio de nuestro viaje.
-
-Las aves que penden del techo, enardecidas por este coro de centenares
-de voces se unen á él lanzando trinos ruidosos. Cantan con una energía
-que eriza sus plumas é hincha sus gargantas como si fuesen á
-desgarrarse.
-
-De pronto un chapuzón en el mar, una pequeña columna de espuma que
-asciende recta como un surtidor. Obedeciendo á un leve signo del
-comandante, los marineros han dejado caer el féretro cuando menos lo
-esperábamos. Nadie se mueve; continúa el cántico. El _Franconia_, que
-había aminorado su marcha, vuelve á agitar las hélices á toda velocidad.
-Ya debe estar el muerto muy lejos de nosotros, pero siguen los lamentos
-musicales por su eterno reposo.
-
-Cesa al fin el salmo fúnebre. Las trompetas lanzan un toque marcial
-indicando que la energía y el trabajo diarios para vencer al peligro van
-á reanudarse. Los grumetes recogen en cestos los libros de plegarias. El
-capitán y sus oficiales saludan y se retiran. Todos van á despojarse
-apresuradamente de sus uniformes azules para recobrar las prendas
-blancas de diario. A los pocos minutos me veo solo en este lugar donde
-se aglomeraban tantos hombres.
-
-Vuelven á funcionar las máquinas del taller inmediato, exhalando un olor
-de ropa mojada y lejía batida. Las mujeres de brazos arremangados mueven
-otra vez sus planchas. Y los pájaros, dentro de sus cárceles
-balanceantes, siguen cantando furiosamente, excitados aún por la música
-humana que vino á interrumpir sus conciertos solitarios.
-
-El mar es al día siguiente de un verde amarillento; horas después se
-hace rojizo, y al final toma un color terroso tan denso, que nuestro
-buque parece deslizarse por una llanura. Hemos entrado en el Irrawady,
-río de Rangoon, y debemos remontarlo muchas millas hasta llegar al sitio
-donde fondean los trasatlánticos de importancia, no pudiendo ir más
-adelante. El canal navegable está marcado por dos filas de boyas y los
-buques trazan grandes revueltas al seguirlo.
-
-Las riberas son amarillas y bajas, con estrechas zonas de fresco verdor.
-A largos trechos hay grupos de árboles que indican la existencia de
-casas invisibles. Pasan cerca de nosotros barcas pintadas á cuadros
-blancos y negros, y sus tripulantes, medio desnudos, mueven unos
-canaletes terminados por paletas completamente redondas. Algunas veces
-el grupo de árboles deja ver las techumbres de paja de un pueblo y sobre
-ellas una pirámide en forma de campanilla, que es el adorno central de
-todas las pagodas birmanas. En las ciudades esta misma pirámide se halla
-cubierta de oro. Aquí es blanca, con una costra de cal cuidadosamente
-mantenida.
-
-Con el desplazamiento de su volumen dentro de esta agua canalizada,
-levanta nuestro vapor grandes olas entre su casco y la orilla. Veleros
-de arboladura mixta, medio asiática y medio europea, que se deslizan en
-dirección opuesta, cabecean con violencia, cual si hiciesen frente á una
-tempestad. Las olas cortas y continuas no les dan tiempo para levantarse
-y volver á caer rítmicamente, como en el mar. Pero la marinería malaya
-no presta atención á tales sacudidas, que hunden el extremo de su proa,
-y acodándose en las bordas contempla inmóvil el paso de nuestro
-trasatlántico.
-
-Anclamos en el fondeadero de Hastings, lejos de Rangoon. Sus edificios
-modernos y las cúpulas de oro de sus pagodas se ven algo esfumados por
-encima de las arboledas de los jardines. Unos vaporcitos nos llevan á la
-ciudad, navegando á través de numerosos paquebotes y veleros que han
-podido avanzar más en el río, anclando según su calado.
-
-Al saltar á tierra nos damos cuenta de que acabamos de entrar en un
-mundo distinto á los que conocimos en anteriores escalas. Estamos en la
-India; pero una India más colorinesca y alegre que la famosa y
-tradicional que veremos semanas después.
-
-Birmania es la última adquisición de los ingleses en el Oriente índico.
-Hace unas decenas de años nada más aún existía un reino de Birmania. Al
-anexionarse Inglaterra á este país, su capital, Mandalay, situada en el
-interior, á veinticuatro horas de ferrocarril, ha perdido su antigua
-importancia. Rangoon, puerto principal de todo el Este del golfo de
-Bengala, absorbe la vida de los países inmediatos.
-
-No se nota aquí el cosmopolitismo de Singapore. Los habitantes son
-puramente birmanos. Pero la importancia religiosa de la ciudad, á causa
-de la célebre pagoda llamada Shway Dagon, atrae numerosos peregrinos de
-todos los países budistas, hasta de las provincias más interiores de la
-China.
-
-El budismo es una religión en decadencia. Posee aún centenares de
-millones de adeptos porque la China y el Japón abrazaron las doctrinas
-del innovador Gautama. Pero este sacro personaje, nacido en la India,
-después de ver aceptados sus dogmas en su propia patria quedó vencido
-por el brahmanismo, que se rehizo de su primera derrota, reconquistando
-finalmente la mayor parte del país.
-
-Hoy sólo quedan dos centros del budismo en toda la India: Ceilán y
-Birmania. En Ceilán está la ciudad de Kandi con su pagoda, que guarda un
-diente de Buda. En Birmania los peregrinos van á Rangoon para visitar la
-Shway Dagon, edificada sobre tres cabellos del sacro personaje.
-
-A pesar de que son muchísimos los peregrinos que llegan de la China, del
-Tibet y otros países lejanos, apenas se nota su presencia, por quedar
-como sumergidos en la gran masa birmana.
-
-La muchedumbre de Rangoon agrupada en las calles es habladora,
-comunicativa, y siente curiosidad por todo. Ama los colores vistosos y
-los emplea con preferencia en sus trajes. Fanáticamente budista,
-considera el estado sacerdotal como el más perfecto, y procediendo
-lógicamente, todos los rangoneses procuran ser bonzos, aunque sólo sea
-durante un corto período de su juventud. Los hombres antes de casarse se
-agregan á cualquiera boncería, llevando una existencia semejante á la de
-los novicios en un convento católico. Lo que les importa es poder
-afeitarse la cabeza por entero, al modo sacerdotal, y llevar como
-vestidura una tela de varios metros arrollada al cuerpo, lo mismo que la
-antigua toga romana. Como este hábito tiene un tinte de azafrán fuerte
-y vistoso, la enorme cantidad de bonzos perpetuos ó circunstanciales
-refuerza el aspecto multicolor de las muchedumbres.
-
-Los hijos de familia acomodada son pequeños bonzos de exterior pulcro,
-con anteojos de concha los más de ellos y manto de azafrán muy amarillo,
-que tiene de lejos el color del oro. Los bonzos mendicantes,
-extremadamente delgados, ofrecen un aspecto grotesco por el abultamiento
-de su vientre. Cuando pasan ante una tienda desenvuelven su manto
-descolorido y revelan el misterio de su incomprensible obesidad sacando
-á luz una olla de metal en la que van recogiendo las limosnas de los
-devotos; su única comida.
-
-Una particularidad del pueblo birmano, que no se repite en ningún otro
-de Asia, es la supremacía que gozan las mujeres sobre los hombres. Esta
-superioridad ha servido para que la birmana sea de inteligencia
-despierta, con una gracia algo maligna y gran habilidad para el manejo
-de los negocios.
-
-Muchas de las tiendas de Rangoon están dirigidas por mujeres. En las
-calles hablan á los hombres con voz fuerte y una expresión autoritaria.
-La esposa marcha siempre delante, seguida del marido. Además, según me
-dicen, son ellas muchas veces las únicas que ganan dinero para el
-sostenimiento de la familia. Esto resulta extraordinario en Asia luego
-de haber visto la japonesa y la china, criaturas supeditadas
-completamente al hombre. En el resto de la India la mujer es tan esclava
-del marido, que hace menos de un siglo todavía se quemaba sobre la pira
-sepulcral de éste, por considerarse incapaz de continuar viviendo sin su
-apoyo. Hoy seguiría quemándose lo mismo, si lo permitieran las
-autoridades inglesas, pues la viudez representa para la indostánica el
-más horrible y absoluto de los olvidos.
-
-La mujer birmana es de ojos negros, algo oblicuos, pero más grandes y
-saltones que los de otras asiáticas. Como puede expresarse libremente,
-esto comunica á sus palabras y actitudes cierto atrevimiento incitante.
-Todas ellas resultan un poco cabezonas, pero tal vez sea á consecuencia
-de su tocado, que consiste en un gorrito redondo de terciopelo, con una
-gran rosa blanca de perlas que cuelga por el lado derecho, y la
-cabellera en bandós muy ahuecados. Además, todas son de pequeña
-estatura, y sus miembros algo gráciles no armonizan bien con la amplitud
-de su busto.
-
-Su boca es más atractiva que las de muchas asiáticas--especialmente las
-javanesas--, porque no masca el betel, que hincha los labios, ennegrece
-los dientes y escoria las encías. En cambio, las birmanas se entregan á
-otro vicio que hace apestante su aliento. Todas ellas son fumadoras,
-terriblemente fumadoras, como no lo es ningún hombre.
-
-Ignoran el cigarrillo y desconocen también el cigarro de forma elíptica
-que usan los occidentales. Lo que ellas fuman á todas horas es un
-cilindro de hojas de tabaco muy apretadas, igual por sus dos extremos,
-largo más de un palmo y con el grueso de un barrote de silla. Tan enorme
-es el diámetro de estos cigarros, que toda birmana, por grande que tenga
-la boca, debe abrir mucho las mandíbulas y poner los labios en círculo
-para abarcar con ellos su final, lo que da un aspecto cómico á las
-chupadas de la fumadora. Y como son un poco enanas, según ya he dicho,
-parece que vayan adheridas á sus enormes cigarros y que éstos tiren de
-ellas.
-
-Unas llevan arrolladas á sus piernas piezas de seda con flores pintadas;
-otras usan pantalones anchos como las chinas. Su busto lo cubren con una
-camiseta corta que deja visible por arriba el arranque de los pechos y
-muestra por abajo, entre las dos prendas, un reborde de la carne del
-talle. Su tocado consiste unas veces en el gorrito obscuro, con la rosa
-de falsas perlas pendiente á la derecha, y otras en un rodete de adornos
-blancos sobre el peinado, que huele á jazmín.
-
-La libertad de que gozan va acompañada, según dicen, de excesos y
-abusos. Como vieron desde pequeñas dentro del hogar la superioridad
-autoritaria y algo despectiva de la madre sobre el padre, continúan
-menospreciando al hombre, por creerlo inferior, y lo reemplazan con
-demasiada frecuencia. Todas aman la música, la danza, los cantos, y la
-ilusión de muchas de ellas es poder ingresar en las compañías de baile y
-de juglares que circulan por el país.
-
-Apenas damos unos cuantos pasos en un jardín vecino al desembarcadero,
-salen á nuestro encuentro las especialidades animales de la India. Oímos
-la estridencia de diversas gaitas surgiendo de los grupos de naturales
-situados en las aceras inmediatas. Los domadores de serpientes,
-acurrucados sobre el asfalto, hacen sonar sus plañideros instrumentos,
-mientras del semicírculo de cestos que tienen ante ellos van surgiendo
-reptiles de cuello hinchado.
-
-Aquí los serpenteros son más numerosos que en Singapore. Los hay de
-todas las edades. Unos adolescentes, gritones y confianzudos, agarran la
-terrible cobra con sus dos manos y vienen hacia nosotros para que la
-contemplemos de cerca. Estos novicios deben haber heredado de sus padres
-la colección de reptiles que les proporciona el arroz.
-
-Hay cobras que se agitan medio adormecidas, con el aire del que cumple
-maquinalmente una obligación diaria. Otras parecen furiosas, y sus
-dueños las tratan con visibles precauciones, rehuyendo los golpes que
-les tiran á las manos con su boca silbante. Todos creen que estos
-hombres arrancan á sus reptiles los colmillos venenosos y emplean además
-con ellos otros procedimientos para dominarlos. Así será, pero los tales
-medios no deben ser perfectos, ya que todas las semanas hablan los
-periódicos de la muerte casi fulminante de alguno de estos encantadores
-á consecuencia de un mordisco de sus pupilas.
-
-Empleamos algún tiempo en presenciar tales danzas. El calor es sofocante
-en las calles; las moscas pululan sobre las aceras, se suben por la piel
-rugosa de las serpientes, picoteando sus escamas verdes, blancas y
-rojizas, se pasean por la gorguera inflamada de su cuello hinchado y
-luego vienen hacia nosotros. ¡No!... ¡Vámonos!
-
-En el centro del jardín suenan gritos de regocijo y acude corriendo la
-gente. Vemos sobre las cabezas de la muchedumbre el lomo gris y redondo,
-el cráneo prehistórico, con rudas oquedades y aristas, de varios
-elefantes.
-
-Rangoon es la ciudad de los elefantes, y para nuestra diversión han sido
-enviados al jardín los más célebres por su inteligencia.
-
-Horas después, al visitar los alrededores, vemos los grandes depósitos
-de madera, principal industria de la población. Es madera pesadísima,
-troncos cortados en el interior de Birmania que tienen la dureza del
-hierro. Los elefantes se encargan de acarrear estas piezas y colocarlas
-en ordenados montones. No podrían realizar los hombres dicho trabajo con
-la rapidez y la facilidad que lo ejecutan ellos. Todos llevan una
-especie de cincha de la que pende una cadena rematada por un gancho. Así
-toman los enormes maderos de la orilla del río y los arrastran hasta el
-aserradero. Cuando deben colocarlos en pilas los levantan con su
-trompa, y realizan tal labor sin vacilación alguna.
-
-Se ha exagerado algo la inteligencia de este animal al querer igualarla
-con la del hombre. Sin embargo la creo muy superior á la del resto de
-los animales. Es un poco tarda, un poco espesa en su curso, pero se
-desenvuelve indudablemente siguiendo un encadenamiento de raciocinios
-lógicos.
-
-Las dos parejas de elefantes que salen á nuestro encuentro en el jardín
-del desembarcadero son cuatro celebridades, que muestran una
-superioridad de artista sobre los cientos de camaradas empleados en los
-depósitos de maderas. Cada uno de ellos sostiene sobre su lomo á un
-indio que le habla cariñosamente y lleva las manos libres, sin emplear
-el bastón de que se valen otros conductores para hacerse entender.
-
-Han arrojado una pelota de fútbol en medio de la pradera, y los
-elefantes se mueven con una ligereza extraordinaria, dada la pesadez de
-su especie, enviándose aquélla con la trompa y recogiéndola igualmente
-antes de que toque el césped. Las evoluciones de este juego nos hacen ir
-de un lado á otro, deseosos de no perder detalle y evitando al mismo
-tiempo que nos pille un pie cualquiera de estas patas redondas como
-torres que dejan profundas huellas en la hierba.
-
-Unos trabajadores de la ciudad traen pesados maderos, y estos animales
-los manejan con su trompa á la voz de mando de sus conductores. Dos de
-ellos agarran un largo tronco por sus extremos para subirlo y bajarlo
-acompasadamente. Otros trabajan solos y un madero de varios quintales lo
-hacen girar con la ligereza de un bastoncillo.
-
-Llama mi atención la muchedumbre que se ha ido aglomerando en torno á la
-pradera. Los naturales de Rangoon, siempre ociosos y callejeros,
-sienten excitada su curiosidad por esta fiesta extraordinaria.
-
-Las mujeres no muestran interés por los elefantes y siguen su camino,
-dando chupadas al enorme cigarro. Los hombres miran tales juegos con un
-entusiasmo infantil.
-
-Casi todos estos varones son de gran belleza física. Aquí empieza á
-verse el hombre blanco, perfectamente blanco, que existe en la India
-entera, mezclado con otros indostánicos cobrizos y casi negros.
-Representa el tipo ario ideal, que tal vez sólo existió en la
-imaginación de algunos autores.
-
-Vestidos con una especie de sábana blanca arrollada lo mismo que una
-toga, recuerdan las figuras escultóricas de la antigüedad helénica.
-Todos llevan pendientes, pero con una abundancia que no deja sin
-aprovechamiento ninguna de las prominencias de su rostro. Empiezan por
-colgarse dos de cada oreja: uno en el lóbulo y otro en lo alto del
-pabellón auricular. Después de colocados estos cuatro adornos todavía
-sitúan en su cara un quinto pendiente, colgándolo de una aleta de sus
-narices ó de un agujero que perfora su tabique central. Además, estos
-hombres, blancos y hermosos, que no tienen ningún aspecto femenino, y
-cuyo perfil aguileño recuerda el de muchos héroes, llevan la cabellera
-larga y enroscada en forma de rodete sobre la cúspide de su cráneo.
-
-El ansia de ver mejor les hace avanzar, estrechando su círculo, quitando
-terreno al escenario de la fiesta, y lo que es más grave, mezclándose,
-no obstante su inferioridad de raza, con todos nosotros. Presiento que
-esto va á acabar mal.
-
-La autoridad anglo-india no puede tolerar un olvido tan insolente de la
-diferencia de castas. Acompañando á nuestros grupos se mueven dentro
-del jardín varios policías indostánicos, barbudos y con turbante.
-Igualmente vienen con nosotros desde que desembarcamos, ciertos
-individuos de casco blanco y vestimenta civil, que tienen la tez sucia
-del mestizo y su aire vanidoso. Como bastón llevan un vergajo. Son de la
-policía secreta.
-
-De pronto se dan cuenta de este avance del público indígena y marchan
-contra él dando gritos de cólera. Empujan á los grupos, y á pesar de que
-retroceden obedientes, levantan sus vergajos para acelerar la retirada
-general, repartiendo golpes á mansalva.
-
-Los hombres más hermosos y esbeltos de la tierra huyen murmurando
-protestas, cual si fuesen niños. Sus vestiduras blancas aletean
-ridículamente con la precipitación del miedo. Un poco más allá vuelven á
-detenerse con pueril indecisión, temiendo los garrotazos de sus
-compatriotas al servicio de los ingleses, pero sin querer privarse de
-presenciar los juegos de los elefantes.
-
-Siento indignación ante tal atropello. Indios que pegan á los indios...
-¡miserables!
-
-Luego pienso en Europa, donde la policía blanca golpea igualmente á los
-blancos.
-
-
-
-
-XXI
-
-LOS TRES CABELLOS DE BUDA
-
- El aspecto de Rangoon.--Los Lagos Reales y sus peces
- sagrados.--Europeos de Rangoon que no han visitado nunca la pagoda
- de los tres cabellos de Buda.--Miedo á las muchedumbres de
- peregrinos.--El orgullo británico y los pies desnudos.--Un entierro
- de fanáticos de Madrás.--El templo más antiguo del mundo.--La
- interminable escalera, su mercadillo y su basura.--La montaña de
- oro, centro de la meseta sagrada.--Pagodas, pagodones y
- pagodines.--Gran variedad de imágenes de Buda.--Mi amigo el joven
- bonzo.--Cosas horripilantes y curiosas que me enseña.
-
-
-Las calles de Rangoon ofrecen una novedad para el viajero que llega del
-Extremo Oriente. No se ve en ellas ninguna _ricsha_. Después de
-Singapore el hombre ya no sirve de bestia de tiro á sus semejantes.
-
-Abundan los animales en la India, y el caballo ó el buey resultan más
-baratos para la tracción que el brazo humano. El indostánico es de
-musculatura débil, y se necesitan varios de ellos para hacer el mismo
-trabajo que realiza fácilmente un chino ó un japonés. Como los
-rangoneses son budistas, no existen aquí animales sagrados, y el buey
-tira de los carromatos y hasta va enganchado en parejas á una especie de
-tílburi ligero que usan las familias del país y tiene como toldo una
-sombrilla de cartón pintado.
-
-Empiezan á encontrarse carruajes de alquiler arrastrados por caballos,
-lo mismo que en Europa; pero estos vehículos tienen un aspecto
-indostánico. Son una especie de landós cerrados, y su madera guarda el
-color natural bajo una capa de barniz. El cochero, sentado en un
-pescante muy alto, lleva grandes barbas y usa el mismo gorro que los
-policías sikis. Los haces de hierba para el pienso de sus dos bestias
-los guarda previsoramente amontonados en el techo del carruaje. También
-hay automóviles de alquiler, y estos vehículos los emplean con
-preferencia los viajeros que no quieren encerrarse en coches birmaneses,
-cuyos caballos marchan con soñolienta lentitud.
-
-Visitamos la parte moderna de la ciudad, los barrios construídos por la
-dominación británica, vaga copia de la metrópoli tal como puede
-recordarse á una distancia de miles de leguas.
-
-En las grandes plazas jardineadas hay estatuas de la Reina Victoria y
-Eduardo VII. También vemos un monumento en conmemoración del jubileo de
-dicha soberana, primera emperatriz de las Indias. Pasamos ante diversos
-palacios, que son del gobernador, de los secretarios de Estado, del
-Tribunal Supremo, todos con fachadas de piedra negruzca é idéntica
-arquitectura que si se reflejasen en las aguas del Támesis. Existen dos
-catedrales, una protestante, otra católica, y la gran mezquita, elevadas
-en los últimos años.
-
-Dentro de las modernas avenidas, que tienen de cincuenta á cien metros
-de anchura, como recuerdo de la antigua ciudad birmana, cuyos edificios
-desaparecieron en gran parte, surgen á trechos algunas pagodas rodeadas
-de un círculo de pagodines, elevando sobre los otros edificios el remate
-de su cúpula de oro en forma de campanilla.
-
-Fuera de la ciudad corremos por caminos polvorientos hacia un gran
-parque formado sobre los antiguos jardines de los reyes de Birmania.
-Como recuerdo de dicha época, que parece remotísima y está separada de
-nosotros por menos de medio siglo, quedan dos lagos, que la gente llama
-aún Lagos Reales. Uno de ellos tiene una isla con un sauce, un kiosko y
-un puente, semejante á la del «Jardín del Mandarín» de Shanghai. En sus
-aguas nadan unos animalejos negros y monstruosos que parecen grandes
-sanguijuelas con aletas. Son los peces sagrados del antiguo reino de
-Birmania, y en dicha época si alguien osaba pescarlos corría el riesgo
-de que le cortasen la cabeza. Ahora, el guardián indígena, que echa al
-agua unas semillas redondas para atraer sus interminables enjambres, nos
-enseña un bocal vacío y nos propone en voz baja vendernos como recuerdo
-algunos de dichos gusarapos.
-
-Un deseo obsesionante nos acompaña, y deseamos terminar la visita de los
-jardines para realizarlo cuanto antes. Queremos ver la célebre pagoda de
-Shway Dagon.
-
-Algunos europeos residentes en Rangoon muestran extrañeza al enterarse
-de nuestro deseo. Los hay que llevan seis años viviendo en la capital de
-Birmania y nunca se les ocurrió visitar esta pagoda, cuya cúpula
-luminosa ven todos los días lejos de la ciudad, por encima de arboledas
-y tejados, brillando como una montaña de oro. Sienten repugnancia al
-pensar en las peregrinaciones miserables que llegan á este templo del
-misterioso centro de Asia. Conocen por relatos de visitantes las
-suciedades contagiosas de tales muchedumbres. Además repugna á su
-orgullo de raza tener que aceptar ciertos preliminares molestos que
-exigen los bonzos para permitir la entrada en su recinto.
-
-Hablo con oficiales ingleses de la guarnición de Rangoon, y ninguno de
-ellos ha estado en dicha pagoda. Otros compatriotas suyos, comerciantes
-ó funcionarios civiles, se han abstenido igualmente de tal visita.
-Tendrían que entrar descalzos en el templo, pero con los pies
-completamente desnudos, pues los bonzos ignoran la invención europea de
-los calcetines, y no quieren proporcionarles el gusto de poder infligir
-á sus dominadores tal humillación.
-
-Me hablan de tisis, lepra, peste bubónica y otras enfermedades de las
-multitudes devotas que visitan la famosa pagoda y á veces se quedan en
-ella por muchos días. Sólo algún viajero de gustos raros, algún artista
-de los que buscan á todo trance espectáculos pintorescos, puede pasar
-por las humillaciones y contagios que supone tal visita.
-
-Voy á la pagoda Shway Dagon. Juzgo imperdonable haber venido á un país
-tan alejado de la corriente general de viajeros, como es Birmania, haber
-visto de lejos el cono luminoso de este templo célebre en lo alto de una
-colina, y no subir á dicha plataforma, donde se agrupan innumerables
-santuarios de caprichosa suntuosidad.
-
-Al dirigirnos hacia el templo, otra vez por caminos abundantes en polvo,
-nos cierra el paso un cortejo. Vemos hombres desnudos y completamente
-blancos que saltan ante nuestro automóvil con los brazos abiertos para
-indicar al chófer indostánico que debe hacer alto. Acostumbrados á la
-vista de hombres amarillos, cobrizos ó achocolatados, nos causa
-extrañeza la desnudez de estos blancos, iguales á nosotros, que sólo
-llevan un andrajo entre las piernas.
-
-Tienen en sus ojos un brillo inquietante. Sobre sus frentes se levanta
-una cabellera que, anudada en el cogote, cae por la espalda como un
-manojo de crines. Detrás de ellos suena el estrépito inarmónico de
-varios bombos y címbalos. Otros hombres, igualmente blancos y desnudos,
-danzan al son de esta música una especie de baile pírrico. Extienden al
-mismo tiempo un brazo y una pierna ó los encogen, quedando en actitudes
-semejantes á las que aparecen en los antiguos vasos griegos. Todos
-tienen en sus ojos una luz malsana, como si se hallasen bajo la
-influencia de drogas perturbadoras.
-
-Dejamos pasar esta vanguardia de locos, y á continuación se desliza
-junto á nuestro automóvil una carroza fúnebre, blanca y encristalada. En
-el interior de su urna va el muerto, completamente visible, desnudo y
-tendido sobre un lecho de hojas. Racimos de plátanos y haces de flores
-adornan los cuatro lados del vehículo. Nuestro chófer nos explica que es
-un entierro al estilo de Madrás, y todos estos diablos blancos que
-acompañan al camarada difunto con su danza guerrera pertenecen á la
-misma cofradía religiosa.
-
-Se va alejando la música estridente y seguimos nuestro camino. La
-entrada de la Shway Dagon se puede adivinar mucho antes de verla, por
-los grupos de naturales que, viniendo de distintos puntos, se juntan
-para seguir una misma dirección. En esta muchedumbre pintoresca las
-manchas azafranadas de los bonzos son cada vez más numerosas.
-
-Ocupa la célebre pagoda toda una colina, y su entrada empieza al pie de
-esta eminencia, viéndose obligados los visitantes á subir una escalera
-de ciento veinte peldaños para llegar á la plataforma donde se halla el
-verdadero templo. Lo más molesto es tener que descalzarse al principio
-de dicha escalinata y ascender por ella con los pies completamente
-desnudos.
-
-Unas familias inglesas miran con asombro nuestros preparativos desde lo
-alto de sus automóviles. Han venido hasta aquí para ver de lejos una
-parte de la escalinata cubierta y la muchedumbre indígena que sube por
-ella. Solamente para satisfacer esta curiosidad traen todos ellos medio
-rostro tapado con velos que sin duda fueron sumergidos previamente en
-diversos líquidos antisépticos.
-
-Confieso que la humanidad amarilla, blanca y cobriza que se roza con
-nosotros no exhala perfumes agradables para un olfato europeo. Huele á
-sándalo falsificado del que se quema en las pagodas, á sudor frío, á
-fiebre. Pero ya es tarde para arrepentirse. ¡Arriba! Vamos á conocer la
-ciudad religiosa que se ha ido amontonando en el transcurso de veintidós
-siglos en torno á un cono gigantesco de mampostería construído sobre una
-reliquia. Este templo es el más antiguo del mundo. Ninguna religión de
-las que existen actualmente puede presentar otro que haya abierto sus
-puertas por primera vez á los fieles hace dos mil cuatrocientos años.
-
-Conozco su historia. Al morir Buda, dos discípulos suyos que eran
-birmanos cortaron tres cabellos de la cabeza del santo maestro y los
-trajeron á Rangoon, su patria, que existía entonces con distinto nombre
-al pie de esta colina. Metidos en un relicario de oro, los enterraron
-bajo los cimientos del cono central de la pagoda, que asciende á una
-altura de ciento diez metros.
-
-Este cono, que unos comparan por su forma á una campanilla y otros á un
-quitasol asiático de boca estrecha y remate puntiagudo, tiene ocultos
-sus ladrillos bajo una capa de hojas de oro. Su punta está enriquecida
-con cuatro mil seiscientas piedras preciosas incrustadas en ella:
-diamantes, rubíes, esmeraldas. Ningún humano puede verlas. Sólo las
-conocen las aves de vuelo alto y los espíritus celestes. Pero los
-devotos saben que existen, y esto les basta. El tributo al cielo no
-puede ser más discreto y limpio de vanidosas ostentaciones.
-
-Forma el pináculo de este macizo siete círculos antes de llegar á su
-extremo final, y penden de ellos cien campanillas de oro y mil
-cuatrocientas de plata. También representan un homenaje desinteresado á
-la divinidad, pues nadie puede verlas de cerca. Mas cuando sopla la
-brisa todas las campanillas se estremecen á la vez y desciende hasta los
-fieles una música argentina y vagorosa que les hace pensar en el canto
-de los _tomines_, ángeles del cielo budista.
-
-Me siento en el primer peldaño de la escalinata del templo, y con ayuda
-de un jovenzuelo rangonés que se ha diputado á sí mismo como mi guía y
-traductor gesticulante, me quito los zapatos, luego los calcetines, y
-quedo sin más que mi traje blanco, un casco de corcho del mismo color y
-un bastoncito que me sirve de apoyo.
-
-Los hombres civilizados cultivamos la finura y limpieza de nuestros pies
-lo mismo que la de nuestras manos, y esto sirve para que nos
-consideremos disminuídos y humillados por repentina debilidad al perder
-los zapatos. Representa á veces cierto placer marchar descalzos por una
-playa ó una habitación; pero sentimos acobardamiento al colocar nuestras
-finas plantas sobre una tierra pedregosa que sólo puede ser hollada con
-pies duros y primitivos, férreamente calzados por recias callosidades.
-
-Empiezo á subir la escalinata con paso vacilante de ebrio. Noto desde
-los primeros peldaños que este monumento religioso, como todos los de
-Asia, es una mezcla confusa de antigüedad venerable y fragilidad
-moderna. Hace más de dos mil años, en tiempos de Mario y de Julio César,
-ya subían por esta escalera gentes devotas como las que se codean ahora
-conmigo y tal vez curiosos escépticos iguales á mí. Pero las
-construcciones asiáticas sólo tienen una parte sólida, que dura largos
-siglos, y todo el resto se compone de materias frágiles y formas
-graciosas, que es preciso renovar cada veinte años.
-
-La escalinata, toda en línea directa, tiene, por suerte, varios rellanos
-intermedios. De ser en escalones continuos, daría vértigos. Estos
-peldaños aparecen desiguales y de materias diversas. Los hay de mármol
-que aún guardan borrosos relieves de una escultura milenaria; otros más
-recientes son de ladrillos, de asfalto ó de simple tierra apisonada, al
-azar de las recomposiciones. Algunos, suaves y dúctiles, se dejan
-dominar por el pie sin imponer fatiga alguna; los más se resisten á ser
-montados, como las cabalgaduras bravas, y hay que elevar mucho la
-rodilla para dominar su lomo.
-
-Una techumbre de madera con pinturas religiosas cubre esta escalinata y
-á los dos lados de su graderío se van elevando los puestos de un
-mercado. Los rangoneses venden en él figurillas sagradas, juguetes
-grotescos, cuadros de vidrio representando escenas de la vida de Buda,
-telas bordadas con la imagen del hombre-dios é innumerables objetos de
-metal, martilleado y repujado con la habilidad de los broncistas
-indostánicos.
-
-Muchos de estos pequeños comercios están dirigidos por mujeres. Todas
-fuman tagarninas enormes, añadiendo el perfume acre de sus chorros de
-humo al hedor asiático de la muchedumbre devota. Miran á los raros
-blancos que se detienen ante sus puestos con unos ojos saltones, cuyas
-pupilas negras tienen cierta expresión incitante y burlona á la vez.
-Algunas están medio tendidas detrás de su mostrador en un diván rústico.
-Veo á dos de ellas acostadas en una verdadera cama, en medio de su
-tiendecita de cuadros religiosos. Se han pasado mutuamente un brazo por
-detrás de la cabeza, y enlazadas así miran á lo alto. De vez en cuando
-cruzan ojeadas afectuosas y se ofrecen el cigarrote desmesurado y único
-que sirve para las dos. Se adivina que no las preocupa la prosperidad de
-su comercio, y el comprador que ose interrumpirlas con sus demandas
-recibirá malas respuestas.
-
-Subo con lentitud los ciento veinte escalones, haciendo alto en los
-rellanos para realizar algunas compras, que entrego á mi acompañante, y
-porque así lo exigen mis pies. En estos peldaños hay piedrecitas
-sueltas, granos de metal caídos de los objetos que adquieren los
-devotos, pedazos de vidrio y numerosas expectoraciones de los mascadores
-de betel. Por todas partes veo salivazos rojos como de sangre, y
-necesito marchar en zigzag para no poner sobre ellos mis pies desnudos.
-
-Salgo finalmente á cielo descubierto. Estoy en la meseta de la pagoda,
-toda ella enlosada de mármol, lo que me permite caminar con más
-seguridad. Continúan aquí las mismas suciedades de la escalera, pero hay
-espacio más amplio para evitarlas.
-
-El orden arquitectónico de la plataforma sagrada es muy sencillo. En el
-centro está el santuario mayor, el cono macizo que guarda en sus
-cimientos la divina reliquia, y en torno á él toda una ciudad de pagodas
-secundarias, pagodones y pagodines, estatuas y columnatas.
-
-La plataforma tiene medio kilómetro de circuito, y sin embargo cada día
-resulta más estrecho el terreno reservado á la circulación de los
-devotos. Nuevos santuarios hechos á expensas de los ricos de Birmania ó
-por donativos de extranjeros invaden la santa meseta. No se guarda
-ningún orden en las construcciones y éstas son derribadas con frecuencia
-para darlas nueva forma. En el transcurso de unos cuantos años cambia el
-aspecto de la Shway Dagon. Lo único inmutable es el cono esplendoroso
-que ocupa su centro. En las vertientes de la colina hay varios elefantes
-policromos, de doble tamaño natural, con una torre dorada sobre el lomo
-que es una capilla.
-
-Al ver una pequeña puerta en el sanctum sanctorum central, intento
-entrar por ella creyendo que el enorme cono es hueco, á pesar de lo que
-he leído, y guarda en su interior un templo misterioso. Pero retrocedo
-al convencerme de que la tal puerta no es más que un angosto pasadizo
-que lo atraviesa rectamente para que los servidores del templo no tengan
-que rodear toda su base.
-
-Mis dos acólitos ríen de mi error. Ahora son dos, por haberse unido á
-nosotros un muchacho de familia acomodada, á juzgar por su vestimenta.
-Está cumpliendo su noviciado de bonzo temporal, y lleva un magnífico
-manto color de oro, la cabeza redonda pulcramente afeitada y anteojos de
-concha.
-
-Revela con su habilidad para expresarse una educación superior á la de
-los otros bonzos. Muestra con cierto orgullo la altura de este
-monumento, cuyo esplendor puede verse á una distancia de muchas leguas,
-y me explica luego, con palabras inglesas sueltas y abundantes
-gesticulaciones, que cada quince ó veinte años es recubierto de láminas
-de oro para que guarde su magnificencia, lo que significa un trabajo
-enorme. Además, su parte inferior recibe todos los días, á la altura de
-las manos de los visitantes, un sinnúmero de pequeños papeles de oro.
-Son presentes de míseros peregrinos, que algunas veces se quedan varios
-días sin comer luego de haber pegado en el muro su piadosa ofrenda.
-
-Puede afirmarse que en toda Asia no existe actualmente un templo que
-goce la «universalidad» de la Shway Dagon. Cuantos pueblos adoran las
-doctrinas de Buda han elevado un santuario en esta meseta. Los hay de
-muchas provincias de la China, del Tibet, de las posesiones francesas de
-la Indo-China, hasta de las tierras limítrofes con la Siberia y del
-Japón. Todas estas capillas tienen columnas en sus fachadas y remates de
-techos superpuestos que ascienden en disminución, finalizando con una
-punta rutilante igual á la del céntrico macizo. Sus paredes son de
-menuda labor, con ese tallado minucioso de los asiáticos, en el que
-varias generaciones consumen su vida. La madera ó la piedra tienen sus
-primorosos calados cubiertos de laca y oro.
-
-Se extiende el oro por los santuarios, y los reflejos pálidos y
-discretos de su materia tallada parecen un homenaje de humildad ante el
-oro cegador y estrepitoso del cono central. Hay templos cuyo dorado
-empieza á desconcharse con la viruela blanca de los siglos. Otros de
-construcción reciente ofrecen el color gris de la albañilería, en espera
-de generosos devotos que paguen los adornos que deben cubrirlos. Veo
-santuarios completamente azules. Tienen sobre sus láminas de laca
-celeste flores y hojas nacaradas que forman enrejados blancos con
-reflejos de perla. Y todos estos templos, apoyados unos en otros para
-disputarse un terreno cada vez más escaso, ofrecen el mismo aspecto de
-amontonamiento que los panteones de las necrópolis occidentales.
-
-En los espacios libres de pagodas secundarias vemos árboles dorados con
-frutos de cristal, urnas en forma de flechas, columnas sueltas de
-mosaico, imágenes de _Nats_, divinidades primitivas de los birmanos con
-las que ha transigido el budismo para no molestar los sentimientos del
-pueblo, «perros celestiales» semejantes á los leones de melenas
-puntiagudas que adornan las pagodas de Kioto y de Pekín, estatuas de
-elefantes con un templo sobre sus lomos.
-
-Un estrépito de feria se esparce por la sagrada meseta. Los instrumentos
-rituales del budismo son la campana y el tambor, y cada pagoda hace
-sonar los suyos como los barracones de espectáculos cuando se disputan
-la atención del público. Bonzos de diversas razas golpean á puño
-cerrado los sagrados timbales ó dan con un mazo á las campanas. Niños y
-mujeres se aproximan á nosotros para vendernos ristras de flores rojas y
-amarillas, que parecen arrancadas de una tumba. Tales guirnaldas son
-para ofrecerlas al hombre-dios que reina en este lugar.
-
-Aletean los cuervos lanzando sus graznidos sobre los techos que les
-sirven de refugio. Junto á estos eternos figurantes de todo cielo de
-Asia vemos aletear bandas de palomas blancas. También están alojadas en
-el templo, y entre dos especies volátiles tan antagónicas parece existir
-una paz absoluta. Perros con grandes peladuras en sus lomos y el hocico
-babeante, como si llorasen su propia miseria, corretean entre las
-pantorrillas del gentío buscando algo que devorar. La mayor parte de los
-fieles son mendigos devotos, que llegaron hasta aquí pidiendo limosna, y
-continúan su industria dentro de la pagoda. Algunos tienen lepra. Otros
-muestran al remover su manto llagas, sangrantes como heridas, en el
-pecho ó bajo los brazos.
-
-Dentro de algunos de los santuarios hay bonzos de rostro achinado y capa
-parda, que acompañan su oración con movimientos rigurosamente mecánicos,
-siempre iguales y sin término. Se inclinan hasta tocar el suelo con sus
-manos y su cabeza, se yerguen poco á poco, repiten la misma inclinación
-violenta y vuelven á empezar. Así continúan hasta que el cansancio los
-vence y ruedan por el suelo insensibles como cadáveres.
-
-Allí donde da el sol quema el mármol las plantas de los pies y nos
-obliga á marchar rápidamente. En el interior de las capillas el
-pavimento tiene una frialdad de tumba, de lugar cerrado hace siglos que
-no conoció nunca la tibieza del calor celeste, y nos hace estornudar á
-los que no estamos acostumbrados á ir descalzos.
-
-Asombra la gran cantidad de Budas que pueblan estas pagodas. Los hay de
-mármol, de oro, de alabastro, enormes como gigantes ó de simple talla
-humana; derechos, en cuclillas y tendidos. Unos son dulces, humanos, de
-expresión inteligente; tienen un rostro casi europeo. Otros se muestran
-feroces, malignos, verdaderamente asiáticos, con unos ojitos oblicuos,
-de párpados estirados y casi juntos, que parecen hostiles á todo el que
-no mire del mismo modo que ellos.
-
-Cada pueblo budista ha formado á su propia imagen la figura del
-hombre-dios y le rinde culto con ceremonias litúrgicas diferentes. En
-todos los santuarios se ven flores, luces y varillas humeantes de
-sándalo. Fuera de él hay salivazos rojos sobre el suelo y una mezcla en
-el ambiente de malos olores naturales, de perfumes pegajosos, de flores
-marchitas. Por encima de esta variedad contradictoria, ruidosa, y
-vibrante de contagios microbianos, continúa brillando el cono central
-como una hoguera inmóvil de oro sobre los tres cabellos de Buda
-recogidos por sus discípulos.
-
-Mi nuevo amigo el bonzo tiene empeño en hacerme conocer todo lo
-interesante de la Shway Dagon. No sería esta célebre pagoda un lugar
-verdaderamente santo si le faltase la virtud de curar enfermedades y
-realizar otros prodigios de los que trastornan el ritmo de la
-Naturaleza.
-
-El dolor humano necesita consoladoras ilusiones bajo todos los cielos de
-nuestro planeta, sin distinción de castas ni dogmas. Las pobres gentes
-que llegan hasta aquí, después de marchar en caravana meses y tal vez
-años, esperan el milagro, y su esperanza inspira respeto. Deseo en este
-momento que el santo Buda pueda complacer á todos los dolientes que le
-imploran, pobre rebaño humano roído por las enfermedades y las miserias
-asiáticas.
-
-Nos detenemos ante un santuario que tiene junto á su puerta unos cuantos
-hombres desnudos tendidos en el suelo. Todos ofrecen un aspecto
-horrible. Los hay que son á modo de imágenes del hambre: esqueletos
-limpios de músculos cubiertos simplemente por su epidermis, con los ojos
-perdidos en la profundidad de unas órbitas como pozos y las mandíbulas
-desencajadas. Otros están muertos y tienen el abdomen desgarrado. Un
-cuervo les picotea las entrañas.
-
-Solamente cuando el joven bonzo, ganoso de que admire su templo, me
-aproxima á tales horrores, veo que son esculturas policromas, pero con
-un realismo tan minucioso y exacto que resulta fácil el engaño. Ocurre
-aquí en pleno sol lo que en ciertos museos de figuras de cera con el
-auxilio de los juegos de luces. No se sabe ciertamente quién es
-moribundo de madera pintada ó moribundo de carne y hueso. Según parece,
-estas imágenes sirven para hacer ver á los pecadores cómo vivirán
-después de la muerte si perseveran en sus vicios.
-
-Un poco más allá hay tendidos varios pordioseros, igualmente desnudos,
-igualmente esqueléticos por su flacura. Los horripilantes monigotes
-brillan á causa de su barniz; los peregrinos casi agonizantes tienen un
-charolado igual por el sudor con que barniza el sol sus cuerpos
-escuálidos, como si extrajese de ellos los últimos jugos. Algunos son
-ciegos y un enjambre de moscas voltea en torno á sus órbitas vacías.
-Todos tienen al lado media corteza de coco que les sirve de plato para
-recibir las limosnas. No se mueven, no se dan cuenta de lo que cae en
-sus rústicos cuencos. Para ellos la limosna tal vez llega tarde.
-
-Me hace entrar mi compañero azafranado en la más milagrosa de las
-pagodas. No quiere privarme de ninguna de las maravillas de esta colina
-santa. Avanzamos por el interior de un templo menos iluminado que los
-otros, y á los pocos momentos deseo salir de él cuanto antes. Encuentro
-tendidos en colchonetas ó simples mantas á varios hombres flacos, de tez
-pálida, y una transparencia malsana en las orejas y la nariz. Su tos
-cavernosa hace innecesarias las explicaciones. Son tísicos que vinieron
-hasta aquí atraídos por la esperanza. Los bonzos de la pagoda afirman
-haber presenciado muchas curaciones inauditas.
-
-Sigo avanzando hasta el fondo, interesado por un grupo misterioso. Lo
-componen varias mujeres que rodean á otra tendida en un lecho, blanca é
-inmóvil, como si estuviese desmayada. Veo trapos ensangrentados. Un olor
-de maternidad se une á la respiración de los tísicos. Suena un vagido
-infantil, gangueante y tenaz.
-
-Mi boncito sonríe y balbucea explicaciones... Entendido. Es una gloria
-nacer en el famoso templo, y hay madres que vienen de muy lejos para que
-sus hijos reciban tal santificación al entrar en la vida.
-
-
-
-
-XXII
-
-LA BAHÍA DEL DIAMANTE
-
- Un brazo del Ganges.--La yungla y sus gentes.--El camino de
- Calcuta.--Cañonazos de sus defensores.--Abandonamos el
- «Franconia».--Invasión alada.--La marina fluvial de los
- indostánicos.--El maquinismo inglés en las riberas del Ganges.--El
- yute.--Fabricación de sacos para toda la tierra.--Los homenajes al
- río sagrado.--Caimanes y flores.
-
-
-Llevamos dos días navegando á través del golfo de Bengala, desde la
-desembocadura del Irrawaddy, caudaloso río de Rangoon, á las bocas del
-Ganges y el Brahmaputra.
-
-En la madrugada del tercer día despierto con la alarma que produce la
-inmovilidad, cuando se ha conciliado el sueño en pleno movimiento. El
-Franconia ha cesado de marchar y en la calma de la noche suenan gritos.
-Miro por un ventano de mi camarote y veo las luces de dos vaporcitos
-deslizándose sobre un mar completamente horizontal y tranquilo como las
-extensiones de agua dulce. Debemos estar cerca de las bocas del Ganges,
-y estos vaporcitos pertenecen sin duda á los prácticos encargados de
-dirigir el rumbo de los buques á través de unas tierras fangosas, por
-canales cuya profundidad cambia con frecuencia.
-
-No puedo dormir el resto de la noche. El vapor ha reanudado su marcha
-lentamente, y sólo pienso en la masa acuática que va pasando debajo de
-nuestros pies. ¡El Ganges!... ¡Estamos en el Ganges! Las aguas que
-cortamos proceden en su mayor parte del río sagrado.
-
-Apenas amanece subo á la cubierta, ansioso de contemplar las primeras
-tierras de la India. Sólo veo un mar amarillo. Las verdaderas bocas del
-Ganges quedan á nuestra derecha y cubren el golfo de Bengala, en una
-extensión de muchas leguas, con su aporte líquido, dulce y terroso.
-Nosotros vamos á penetrar por el río Hooghly, en cuyas riberas está la
-ciudad de Calcuta.
-
-Este curso fluvial que hasta tiene nombre propio no es más que un brazo
-del Ganges desprendido de él á cierta distancia del golfo de Bengala
-para desarrollarse por su propia cuenta. Los indostánicos que viven en
-sus orillas le tributan sin embargo los mismos honores que al río padre,
-venerado como un dios, cuando se desliza ante los templos y palacios de
-la santa ciudad de Benarés.
-
-Dos orillas bajas van surgiendo del horizonte rojizo, con anchos
-intervalos de agua libre. Son las islas avanzadas de la desembocadura de
-este retoño gangético. Vamos á navegar todo el día por él: primeramente
-sobre el _Franconia_, luego en un vapor más pequeño, á través de los
-aluviones del vasto estuario cubiertos de eterna vegetación.
-
-Al deslizarnos entre las primeras islas vemos en sus orillas chozas de
-techo cónico, bosquecillos de cocoteros y palmeras. No está bien
-determinado el límite entre la tierra y el agua. Hay espacios que nos
-parecen sólidos y firmes á causa del verdor de sus plantas, y de pronto
-los vemos atravesados por una piragua que se abre paso entre aquéllas.
-Otros los creemos de gran profundidad acuática y son prados medio
-líquidos, en los que rumian los bueyes, hundidos hasta el vientre.
-Hombres de color de chocolate, con turbante blanco y un andrajo lumbar
-del mismo color por toda vestimenta, cuidan estos rebaños ó trepan por
-los gráciles troncos de los árboles que les proporcionan su alimento.
-
-Avanzan las tierras unas hacia otras, como si se buscasen, y navegamos
-por un canal que parece de barro líquido, siguiendo dos líneas de boyas
-indicadoras de nuestro rumbo.
-
-Ya estamos dentro del Hooghly. Sus riberas tienen en primer término
-campos de plátanos, cuyas hojas son de un verde charolado y amarillento.
-Es la única tierra que trabajan sus habitantes. Más allá de la estrecha
-faja cultivada se extiende la yungla famosa, la _jungle_, tantas veces
-descrita por los autores ingleses, llanura interminable cubierta de una
-vegetación relativamente baja, de la que surgen á largos trechos grupos
-naturales de cocoteros y palmeras. Vuelan á la vez muchas gaviotas y
-muchos cuervos, sin que se note entre ellos ningún intento agresivo,
-pues se comparten amigablemente el dominio de la atmósfera. Del
-misterioso verdor de la yungla vemos elevarse nubes volantes,
-triangulares y negras. Los pájaros aletean en tribu, trasladándose de
-una parte á otra de la interminable selva, asustados tal vez por las
-bestias carnívoras que cazan en sus espesuras.
-
-Un estrépito seco y ensordecedor corta el aire. Son tiros de cañón.
-Luego nos enteramos de que numerosas baterías de campaña guarnecen la
-bahía del Diamante, donde nosotros vamos á anclar, defendiendo la
-entrada de esta vía fluvial que es el camino más directo de Calcuta.
-Ahora lo vemos solitario, con orillas de río salvaje. Avanzamos contra
-su corriente lo mismo que un buque explorador, pero sabemos que por aquí
-pasan cuantas naves de comercio y de guerra desean llegar á la ciudad
-más importante del Imperio de las Indias.
-
-Vemos en la orilla izquierda todo un regimiento de artillería
-ejercitándose en el tiro. Tiene para campo de experiencias la soledad de
-la yungla. Sus cañones repiten los disparos con la rapidez de las armas
-modernas. Es un estrépito que enardece y entusiasma, lo mismo que una
-música belicosa, cuando se le oye á espaldas de las piezas. Escuchándolo
-de frente gusta menos.
-
-Examinamos con anteojos marítimos el uniforme de campaña que usan los
-ingleses en la India. Parecen niños. Llevan borceguíes y gruesas medias
-atadas debajo de las rodillas. Éstas quedan completamente al
-descubierto, pues el pantalón no es más que un simple calzoncillo hasta
-la mitad del muslo. Su camisa carece de mangas y de cuello. Un casco es
-lo único de carácter militar que usan estos guerreros, obligados á vivir
-en plena yungla bajo el asfixiante calor de las horas meridianas.
-
-Cerca de nuestro anclaje empezamos á encontrar la navegación indostánica
-del río: largas piraguas con bogadores obscuros y sudorosos, que sueltan
-sus remos terminados por una paleta redonda y quedan inmóviles
-contemplando nuestro buque. El agua es tan densa, que las pequeñas
-rompientes de su oleaje en las orillas parecen ribazos de tierra
-carmesí.
-
-Se ensancha de pronto la corriente, formando un vasto circo acuático. El
-redondel de la vegetación aparece cortado en varios lugares por manchas
-rojas y blancas de edificios. Son los pabellones de las tropas de
-artillería y algunas viviendas de particulares que empiezan á desmontar
-la yungla, estableciendo explotaciones agrícolas. Nos detenemos en la
-llamada bahía del Diamante. El _Franconia_, por su calado, no puede ir
-más allá. Sólo los vapores de 6.000 ú 8.000 toneladas siguen remontando
-el río, en horas de gran marea, hasta llegar á los muelles de Calcuta.
-
-Quedamos anclados en esta bahía fluvial de aguas rojas, que únicamente á
-la salida ó la puesta del sol toman un esplendor blanco y luminoso capaz
-de recordar el del diamante. Es aquí donde el _Franconia_ va á sufrir
-una de las mayores transformaciones de su viaje. Permanecerá varios días
-como si fuese un barco abandonado, guardando solamente la tripulación
-necesaria para su limpieza. Todos los viajeros se trasladan á Calcuta y
-con ellos gran parte de la dotación del buque, que ha podido conseguir
-la licencia necesaria.
-
-Dos grandes vapores fluviales con triple cubierta, elegante restorán y
-numerosa servidumbre van á llevarnos hasta la metrópoli de las Indias,
-navegando seis horas por el río. Unos viajeros quedarán en Calcuta tres
-días, volviendo inmediatamente al buque. Otros piensan seguir adelante
-hasta Benarés, regresando al _Franconia_ á tiempo para ir á Ceilán y de
-esta isla á Bombay, dando la vuelta á toda la península indostánica.
-Algunos renuncian á ver Ceilán y continúan su viaje á través de toda la
-India, no volviendo á encontrar el _Franconia_ hasta el puerto de
-Bombay.
-
-Yo voy á Benarés, y volveré al buque para ir luego á Ceilán y Bombay.
-Desde este último puerto subiré á Delhi, Agra y otras ciudades célebres
-de la Rajputana. De tal modo conoceré lo más interesante que puedan ver
-los que hacen la travesía directa de Calcuta á Bombay, y no me privaré,
-como ellos, de visitar Ceilán.
-
-Al echar sus anclas el _Franconia_ en esta bahía, donde no hay otro
-buque, toda la yungla parece estremecerse y levantar la cabeza,
-interesada por su presencia. Vienen de tierra nubes de mariposas blancas
-y rojizas, introduciéndose por los ventanos de los camarotes. Se alzan
-sobre la selva nuevos triángulos negros de aves. Los pájaros de presa
-empiezan su ronda aleteante en torno al buque, espiando la caída de
-basuras y desperdicios para desplomarse sobre estos islotes de
-nutrición.
-
-Mientras estamos en Calcuta y Benarés, los oficiales del campamento
-visitan el _Franconia_ y se llevan á sus viviendas á los marinos que
-permanecieron en el vapor para que conozcan un poco la vida en la
-yungla. A mi regreso me cuenta un joven piloto sus excursiones por una
-pequeña parte de esta selva baja, interminable y poco explorada, que
-refresca el Ganges antes de perderse en el mar. Ha visto serpientes boas
-de grandes dimensiones y torpe arrastre. Un tigre trae alarmados hace
-meses á los pobladores de la bahía del Diamante. Mata todas las noches
-animales en los nuevos establecimientos agrícolas, y nunca lo pueden
-descubrir. Todavía hay en la yungla gentes que llevan una vida salvaje.
-Dos mujeres huyeron á todo correr viendo al marino y á varios
-artilleros. La presencia de los blancos las infunde pavor.
-
-A las dos de la tarde abandonamos el _Franconia_. Cuando los dos vapores
-fluviales se despegan de su casco, ocurre algo extraordinario que
-demuestra el instinto de los habitantes alados de la yungla. Mientras
-hemos permanecido en el paquebote, las bandas de cuervos, milanos y
-gaviotas se limitaron á volar á gran altura sobre sus cubiertas. Apenas
-nos alejamos, los muros de verdura que rodean la vasta copa de la bahía
-empiezan á vomitar nubes de estos pájaros sobre el buque,
-desparramándose en él como si estuviese desierto.
-
-No osan descender á las cubiertas bajas, por estar en ellas los hombres
-de guardia. Forman filas agarrados al cordaje de los mástiles, se
-alinean lo mismo que los pingüinos en las barandillas, se sostienen
-aleteantes, como animales de cimera heráldica, sobre los bordes de la
-chimenea. Hasta ocupan el nido del vigía en el mástil de proa, y los que
-no encuentran espacio donde posar sus patas, forman un anillo
-revoloteante que abarca el buque entero. A los pocos minutos tiene éste
-engruesados todos sus contornos por una línea de vida animal negra y
-palpitante.
-
-Se inicia nuestra navegación aguas arriba, cruzándonos á cada minuto con
-una muestra curiosa de la marina de cabotaje indostánica. Hombres
-esbeltos y cobrizos reman de pie sobre las cubiertas de unos barcos
-relativamente grandes, con vela rectangular y popa alterosa, llevando en
-ella una enorme pala que sirve de timón. Lo mismo debieron ser las naves
-que surcaban estas aguas hace dos mil años. En otras de arquitectura
-semejante, los remeros ocupan una plataforma yuxtapuesta á la proa,
-mucho más baja que el alcázar posterior. Estos bogadores, que manejan
-unos remos larguísimos, retroceden varios pasos al dar su palada, y
-luego avanzan hacia la popa otro tanto para clavar su remo y repetir la
-operación. Algunos barcos más veloces por la estrechez de su casco
-tienen una cámara baja, una vela cuadrada con pequeños rectángulos
-negros y blancos, y cuatro bogadores que se agitan incansables, como
-duendes, moviendo en la proa sus remos de paleta.
-
-Pasan barcos cargados de tinajas, estivadas verticalmente, con los
-vientres juntos. De lejos parecen enormes huevos rojos cuidadosamente
-colocados en un cesto flotante. Otros llevan láminas de mármol puestas
-de canto en la cubierta, como las hojas de un libro. Los más transportan
-pirámides de sacos apilados en torno á sus mástiles. Y todos estos
-buques de forma primitiva cabecean violentamente con el oleaje que
-levantan las ruedas de nuestros dos vapores.
-
-Al atardecer, el río de aguas bermejas va tomando un color de perla.
-Según avanzamos ofrecen sus orillas un aspecto de actividad civilizada,
-intensa y productora. Vemos fábricas grandes como pueblos;
-construcciones bajas que ocupan vastísimos espacios. Surgen sobre sus
-techumbres chimeneas esbeltas de ladrillo y extienden además sobre las
-aguas numerosos tentáculos de muelles y vías férreas. En algunas de
-estas fábricas, aparte de los talleres y el chocerío, ocupado por los
-jornaleros indígenas, hay edificios elegantes rodeados de jardines.
-Grandes piraguas pasan de una orilla á otra las muchedumbres
-multicolores que han acabado su trabajo.
-
-Se van multiplicando las chimeneas. Ya no se elevan, como al principio,
-en una sola de las orillas. Surgen igualmente de la ribera opuesta y del
-fondo del horizonte, siempre cerrado por la lengua de tierra de una
-revuelta inmediata.
-
-Adivinamos la proximidad de Calcuta. La bruma que exhala el río á estas
-horas se une al humo de las fábricas, envolviendo el ocaso en una
-opacidad impropia de este clima. Parece que nos acerquemos á Londres,
-pero un Londres de nieblas doradas y multitudes colorinescas.
-
-Desfilan por las dos orillas miles de hombres y mujeres, rosarios
-interminables de cuentas blancas, rojas, violetas, amarillas,
-azafranadas y verdes. Todos marchan en fila, poniendo cada uno su pie
-sobre la huella del que le precede. Es una particularidad que noto desde
-mi entrada en la India y he seguido viendo en todas mis excursiones á
-través del país. Rara vez marchan juntos dos indostánicos por un camino.
-Hasta la familia avanza longitudinalmente, por amplia que sea la vía: el
-padre delante, la madre detrás con fardos en la cabeza, y á continuación
-la prole, casi siempre por orden de estatura. Es la «fila india», de que
-se ha hablado tantas veces. También en la salida de las fábricas se nota
-esta tendencia á la marcha separada y silenciosa. La muchedumbre se
-desgrana en la misma puerta, se esparce como los hilillos de un líquido
-derramado, alejándose en luengas y multicolores filas.
-
-Todas estas fábricas son para preparar y tejer el yute, la gran
-producción de la provincia de Bengala. Casi todos los sacos que usa la
-agricultura de Europa y América proceden de estos centros industriales,
-cada vez más enormes, que llenan las orillas del Ganges. Aquí se
-utilizan las fibras de la citada planta, creándose piezas de ruda tela,
-que luego corta y cose en forma de sacos el país importador. La riqueza
-de Calcuta, su importancia comercial, el movimiento de su puerto,
-dependen de esta exportación que abarca el mundo entero.
-
-En días sucesivos, hablando con varios cónsules residentes en Calcuta,
-me doy cuenta de que las funciones de los más de ellos tienen por única
-base la producción del yute. Todos los sacos que sirven de envase al
-trigo y el maíz de la Argentina ó al azúcar de Cuba fueron tejidos en
-las fábricas de Bengala.
-
-Esta industria no deja de ofrecer cierta exterioridad pintoresca á causa
-de las masas indígenas que trabajan en sus talleres; mas esto no impide
-que el viajero sienta la amargura de la decepción al ver el maquinismo
-inglés establecido en uno de los brazos del Ganges, vaciando sobre su
-corriente las cenizas y carbonillas de sus máquinas de vapor, mezclando
-el humo de la hulla con las brumas vesperales del río sagrado. Pero la
-India antigua, inmutable y misteriosa resurge siempre, rompiendo la
-envoltura moderna en que la encierran sus nuevos amos.
-
-Vemos á trechos, flotando sobre el río, luengas guirnaldas de flores. El
-indostánico necesita hacer todos los días un presente florido al padre
-Ganges.
-
-En el restorán de nuestro vapor hay una especie de _maître d’hôtel_
-vestido á la inglesa y con zapatos de charol, la mayor distinción á que
-puede aspirar un mestizo. Dirige con aire de superioridad, como si fuese
-un europeo, á los otros servidores, que van descalzos, con levita
-blanca, faja roja y un abultado turbante de este último color.
-
-Poco antes del anochecer, este indio con _smoking_, que se agita dando
-órdenes á la servidumbre para que recoja la vajilla del té, mira á un
-lado y á otro para convencerse de que todos los viajeros se han ido del
-comedor á las cubiertas superiores, toma varios manojos de rosas que
-adornan las mesas, y dirigiéndose á un ventano las va arrojando con
-lenta solemnidad sobre las aguas nacaradas por la luz del ocaso.
-
-Veo que las dos orillas tienen una faja ondeante de flores rojas y
-doradas. El manso oleaje arranca estas masas de pétalos, las balancea
-unos segundos y vuelve á pegarlas á las riberas.
-
-De tarde en tarde, la corriente, teñida de rosa pálido por la agonía del
-sol, se corta de abajo á arriba, dejando ver el avance de un lomo
-dentado como una sierra: un caparazón de bestia antediluviana.
-
-Es el caimán, venerable y respetado habitante de este río, al que echan
-sus devotos flores y cadáveres.
-
-
-
-
-XXIII
-
-EL QUEMADERO DE CALCUTA
-
- Caras europeas y vestiduras exóticas.--Los «ghats» del Ganges.--Las
- estadísticas médicas de la India.--Un cortejo fúnebre.--La última
- oración.--Los fugitivos de la muerte convertidos en animales.--Las
- hogueras de la mañana.--El horrible enano del Quemadero y sus
- clasificaciones.--Cremación de una madre que parece una niña.--Las
- purificaciones preliminares.--Cadáver de pobre esperando que
- alguien pague su leña.
-
-
-Calcuta es la segunda capital del Imperio británico. Birmingham, ciudad
-de Inglaterra que figura por su población después de Londres, resulta
-muy inferior á Calcuta, pues ésta tiene un millón trescientos mil
-habitantes. El setenta por ciento de ellos son de religión brahmanista y
-un veinticinco por ciento mahometanos indostánicos.
-
-Hasta 1911 Calcuta fué la capital de la India, pero como las conquistas
-y anexiones de los ingleses han ido extendiendo su imperio hacia el
-Norte, hubo que trasladar en dicha fecha el centro del gobierno á la
-ciudad de Delhi. Estos cambios no resultan extraordinarios en la vida
-política de la India. Durante dos mil años de historia conocida, un
-movimiento de exacta repetición ha desplazado cada cinco siglos la
-capitalidad de la India, pasándola de unas ciudades á otras, y
-devolviéndola más de una vez á alguna que la tuvo en otro tiempo. Delhi
-fué capital del poderoso Gran Mogol y ha vuelto á serlo ahora del virrey
-enviado por el gobierno de Londres.
-
-Actualmente sólo figura Calcuta como capital de la Presidencia de
-Bengala, pero conserva los palacios y museos con que la embellecieron
-los anteriores virreyes. Sus calles están á todas horas del día tan
-llenas de gentío, que el viajero la supone una población todavía mayor
-que la mencionada.
-
-Ofrece esta muchedumbre para el europeo una novedad extraordinaria,
-después de haber viajado por el Extremo Oriente. En el Japón, en China,
-en las islas de Malasia, no causan extrañeza las vestimentas originales
-y multicolores, por ser las personas que las usan de razas distintas á
-la nuestra. Sus rostros amarillos ó cobrizos, sus ojos oblicuos apenas
-abiertos, parecen armonizarse con sus trajes extraordinarios. Pero el
-indostánico es de nuestra raza. Pertenecemos á distintas subdivisiones
-étnicas que tienen un tronco común. Numerosos habitantes de la India son
-casi negros, otros de color cobrizo, los hay rigurosamente blancos, más
-blancos que muchos europeos, pero todos son nuestros parientes por los
-rasgos fisonómicos y jamás han conocido la tentación de usar zapatos,
-llevando una simple tela arrollada á su cuerpo y mostrándose, apenas lo
-permite la temperatura, en una desnudez casi completa.
-
-Con frecuencia se encuentran indostánicos que ofrecen una rara semejanza
-con personas que conocimos en Europa y América. Y este parecido resulta
-cómico al contemplar cómo el respetable señor que tratamos bajo otros
-cielos, se pasea ahora por una calle de la India ligero de ropa y
-descalzo. He visto en Calcuta jóvenes bracmanes, de tez blanca, gruesos,
-lustrosos, el pelo retinto y brillante partido por una raya en el lado
-izquierdo y las dos crenchas alisadas con aceite de jazmín. Todos
-ellos, á pesar de llevar los pies descalzos y una especie de toga alba
-pasada bajo el brazo derecho y descansando su extremo en el hombro
-opuesto, tienen un gran parecido con ciertos sacerdotes romanos que usan
-garbosamente hábitos de rica seda.
-
-El primer día de mi permanencia en Calcuta procuro satisfacer, sin
-pérdida de tiempo, una curiosidad algo malsana que me agita desde que
-empezamos á navegar sobre las aguas del Ganges. Dejo para los días
-siguientes mi visita á los monumentos y jardines, el estudio de las
-muchedumbres que circulan por sus avenidas y se aglomeran en sus
-bazares. Quiero ver cuanto antes lo que llaman los indostánicos el campo
-de Nimtola y los ingleses el «Burning Ghat».
-
-Esta palabra _ghat_ debo usarla frecuentemente al hablar de la India. Un
-_ghat_ es una escalinata, un graderío, muchas veces una rampa de piedra
-con rebordes salientes á cierta distancia, para afirmar mejor el pie
-descalzo, y que desciende por la ribera del Ganges hasta cierta
-profundidad de sus aguas. De este modo las multitudes devotas puedan
-permanecer sumergidas hasta los hombros, mientras hacen inmóviles sus
-oraciones.
-
-Los _ghat_ de Benarés son famosos. La santa ciudad, situada toda ella á
-la derecha del río sagrado, tiene una sucesión de rampas y escalinatas,
-sobre las cuales se agrupan en días de fiesta más de cien mil
-peregrinos. Pero olvidemos estos _ghat_ de Benarés, de los que hablaré
-en lugar oportuno, para circunscribirnos al «Burning Ghat» de Calcuta, ó
-sea al «Ghat del Quemadero».
-
-El Municipio de Calcuta ha construído en el lugar llamado Nimtola un
-edificio donde son quemados los muertos, con arreglo á la religión
-indostánica. Este campo de Nimtola está más arriba del Howrah Bridge,
-único puente de Calcuta que atraviesa el río Hooghly, y aparece siempre
-como obstruído por la enorme aglomeración de vehículos y viandantes.
-Junto al Quemadero pasa la ancha y populosa avenida que costea el río,
-siempre llena de tranvías, camiones automóviles y carretas tiradas por
-bueyes. Por ella se desliza la mayor parte de la actividad del puerto y
-de la estación del ferrocarril que va al Norte de la India. Hace años se
-hallaba lejos de Calcuta; pero ésta se ha estirado rápidamente á lo
-largo del río, envolviendo á Nimtola en los tentáculos de su
-crecimiento.
-
-Los quemaderos célebres de la India están en las orillas del Ganges. Los
-príncipes y los ricos se hacen llevar moribundos á Benarés para que los
-incineren en la orilla del río sagrado, pues éste parece concentrar su
-importancia divina al lamer con ondulaciones cargadas de flores y
-podredumbres las murallas de dicha ciudad. En las poblaciones lejanas
-del Ganges el _ghat_ de las quemas se construye al lado de un río, de un
-lago o un pequeño estanque. Lo que importa para la ceremonia es que el
-cadáver pueda recibir una inmersión antes de que lo consuma el fuego. El
-río de Calcuta es un brazo del Ganges, y los nacidos en la capital de
-Bengala consideran esto como un regalo precioso que los dioses han hecho
-á su ciudad.
-
-El campo estrecho de Nimtola se prolonga entre el declive del río y la
-avenida Strand Road North, por donde pasa, como ya dije, toda la ruidosa
-circulación del comercio fluvial. Unos muros con arcadas separan la
-calle del Quemadero. Cerca de la puerta hay un pequeño santuario
-dedicado á Siva, el más terrible, y tal vez por esto el más admirado, de
-los personajes de la trinidad Indostánica. Junto al templo existe una
-oficina, donde varios funcionarios mestizos inscriben en libros las
-enfermedades que dieron término á la existencia de los que van á ser
-quemados.
-
-Uno de estos funcionarios, joven indostánico de educación europea,
-sonríe al hablarme de la utilidad de sus funciones. La inmensa mayoría
-de las familias que acompañan á sus muertos ignoran qué enfermedad fué
-la que acabó con ellos. En los barrios indígenas de Calcuta temen á los
-médicos y prescinden de ellos. No hay quien pueda contestar á los
-empleados del registro; sólo saben que el muerto ha muerto, y dejan que
-el representante de la ley ponga en su libro la enfermedad que le
-parezca preferible para el caso. Luego, con arreglo á tales registros,
-se forman estadísticas que sirven para estudio y guía de los sabios de
-Europa y América.
-
-Nos aproximamos á Nimtola por las estrechas callejuelas de los barrios
-inmediatos, procurando evitar la ancha avenida paralela al río,
-demasiado abundante en vehículos, de un suelo desigual, donde las ruedas
-se enganchan en los rieles salientes y cuyos charcos negros salpican con
-pestífera hediondez.
-
-Nuestro automóvil tiene que hacer alto, pegándose á uno de los muros,
-para dejar paso á una muchedumbre que avanza á nuestra espalda y se
-anuncia con cierta salmodia monótona. Se desliza, rozando nuestro
-vehículo, una doble fila de indostánicos, todos con vestiduras blancas.
-Cuatro de éstos llevan en hombros unas angarillas hechas con ramas de
-árboles y forradas de gasa color de rosa. Encima de este lecho portátil
-vemos manojos de flores amarillas y rojas y varias plantas verdes.
-Debajo del sudario vegetal va un pequeño cadáver: el flaco cuerpo de una
-niña que no debe tener más de doce años. Los que lo llevan en hombros,
-así como los que le preceden y le siguen, son todos de tipo
-europeo--únicamente su tez tiene un color trigueño algo subido--, y su
-aspecto físico de occidentales contrasta con el manto de gasa ó de lino
-arrollado á su cuerpo por toda vestimenta.
-
-En este cortejo fúnebre lo primero que llama la atención es la velocidad
-con que marcha. Parece que un enemigo invisible venga persiguiendo y
-acosando á todos estos hombres. Caminan como una tropa fugitiva. La
-gente abre paso para no ser atropellada, pegándose á los muros. Los
-vehículos se apartan también, avisados por su canto melancólico y tenaz.
-Todos los hombres repiten las mismas palabras, con un tonillo semejante
-al de los muchachos cuando deletrean sus lecciones en las escuelas de
-los pueblos: «_Bolo hari. Hari bolo._»
-
-_Hari_, en sánscrito, es Dios, y lo que dicen con su monótona cantilena
-los acompañantes del entierro es «¡Por Dios! ¡por Dios!»
-
-Algo más allá pasa junto á nosotros un segundo cortejo fúnebre. Al salir
-á la gran avenida, frente á las puertas de Nimtola, vemos muchos otros
-que van llegando por todos lados y tienen que detenerse en este lugar
-convergente, para ir pasando adelante por riguroso turno.
-
-Los hay de séquito numeroso, como el de la niña cubierta de flores y
-plantas. Otros son tristes, sin adorno alguno, y detrás de los dos
-portadores de la camilla fúnebre sólo marchan unas pobres mujeres
-envueltas en mantos blancos, que las cubren de la frente á los pies,
-mostrando cada una de ellas un brazo y una pierna, delgados, rojizos,
-con numerosos anillos de metal blanco.
-
-El joven empleado me explica la preparación de estos cadáveres antes de
-llegar al Quemadero. Algunos fueron ungidos por sus familias con manteca
-sagrada; los más pobres no han recibido este embadurnamiento final.
-Todos ellos, al salir por última vez de su vivienda, oyen la suprema
-oración, dicha en sánscrito por el jefe de la familia, por un bracmán o
-un amigo. (El sánscrito es lengua muerta y sagrada para los indostánicos
-modernos; lo que el latín para nosotros.)
-
-«¡Oh tú espíritu que te fuiste!... Vamos á quemar todas las partes de tu
-cuerpo terrenal, que, por estar repleto de pasiones y de ignorancia,
-unió á sus actos píos muchos otros que fueron impíos. Quiera el Supremo
-Señor perdonar todas las acciones pecaminosas que cometiste á sabiendas
-ó inconscientemente, dejándote ascender á las alturas celestiales.»
-
-En una ciudad populosa como Calcuta sólo se permite llevar á orillas del
-río á los enfermos cuando han muerto; pero en las poblaciones del
-interior, muchas familias, si creen que uno de los suyos está en la
-agonía, lo conducen preventivamente al borde del Ganges, con lo cual se
-evitan las molestias y gastos de un cortejo fúnebre. Además, procuran
-aumentar la purificación del moribundo tapándole la boca y los oídos con
-limo del río sagrado, y luego lo abandonan para venir á quemarlo el día
-siguiente.
-
-Ocurre algunas veces que estos agonizantes, no examinados por un médico,
-sólo sufren accidentes pasajeros, y al recobrar sus sentidos sienten el
-imperativo de la conservación, que les impulsa á seguir viviendo, y se
-escapan para que sus parientes no los asfixien llenándoles de nuevo los
-orificios respiratorios con el barro gangético. Estos fugitivos caen en
-la más extraordinaria y terrible de las existencias, pues viven sin
-vivir. Su familia los da por muertos y reniega de ellos, considerándolos
-como unos impíos que contravinieron las leyes divinas. Si los ven no los
-reconocen. Nadie se les aproxima, temiendo su contagio. El paria, á
-pesar de su miseria, resulta superior á él. Las gentes de castas
-elevadas evitan al paria, pero saben que existe. Este hombre que huyó
-de la muerte vive como una sombra, y aunque grite nadie le oye. Prolonga
-su vida en los lugares desiertos, alimentándose con inmundicias que
-disputa á los perros y los chacales. Acaba por ir completamente desnudo,
-cubierto de pelo, como una fiera. Las bestias aúllan á su paso,
-enfurecidas por su presencia, los niños huyen, las mujeres se cubren el
-rostro, hasta que al fin muere en completo aislamiento, y su espíritu,
-según los buenos creyentes, da un salto atrás, volviendo á encarnarse en
-los animales más viles é inferiores.
-
-Entro en el patio abierto de Nimtola donde son quemados los cadáveres, y
-durante un par de horas creo vivir en el seno de una pesadilla
-fuliginosa. Me avergüenzo en los días siguientes al pensar que encontré
-interesante este espectáculo y me resistí á abandonarlo, á pesar del
-ambiente caliginoso y los hedores de la materia quemada. Siempre ocurre
-lo mismo con las sensaciones violentas que recibimos; nos parecen más
-terribles las cosas recordadas á distancia que en el momento de verlas
-directamente.
-
-Se extiende el río á mi izquierda. Pasan por su centro rosarios de
-barcazas de las que tiran remolcadores. De tarde en tarde corta sus
-aguas un vapor blanco, un tranvía fluvial que conduce las gentes á la
-gran estación de ferrocarril del Norte de la India. El puente de Howrah
-corta en apariencia el curso de este gran camino acuático. En la orilla
-de Nimtola veo numerosos búfalos de piel negruzca, que sólo elevan sobre
-la corriente el dorso de su lomo y su cabeza chata y cornuda. Junto al
-_ghat_ que se hunde en el río hay centenares de indostánicos con el agua
-hasta el talle ó los pechos, inmóviles y en oración.
-
-La llanura triangular del Quemadero tiene, cuando entro en ella, varios
-hoyos largos y estrechos, cubiertos de tizones que humean ligeramente.
-Son restos de las hogueras mortuorias que empezaron á arder en las
-primeras horas de la mañana. En el fondo de una de estas hogueras
-agonizantes adivino el contorno de un esqueleto. Veo como una bola de
-cenizas y en mitad de ella dos estrellas rojas. La esfera cenicienta es
-un cráneo quemado que aún conserva su forma. Las dos manchas ígneas, un
-doble reflejo de la combustión del cerebro, que sigue ardiendo dentro de
-su cápsula caliza... Un capricho del fuego ha respetado la forma del
-cadáver, consumiendo su solidez interior.
-
-Bastan unos cuantos golpes de bastón para que todo se desparrame en
-cenizas, y así lo hace un enano de aspecto inquietante que parece el
-dueño de este lugar. Recuerdo á Quasimodo y á otros personajes
-extraordinarios inventados por la literatura romántica, habitantes de
-bóvedas de catedrales, de cementerios y ruinas frecuentadas por
-fantasmas.
-
-Es un hombrecillo de cabeza enorme por las mechas de pelo lacio y sucio
-que la cubren. Lleva el busto desnudo, surcado de cicatrices, lo mismo
-que el rostro. Como es guardián de este lugar, nos imaginamos que las
-tales cicatrices deben ser huellas de quemaduras. Un harapo anudado al
-talle constituye toda su vestimenta. Su orgullo debe ser un collar hecho
-de conchas que le cae sobre el pecho.
-
-Este enano de ojos diabólicos y rictus feroz va de un lado á otro con
-aire importante, hablando á las familias de los difuntos, señalando los
-lugares donde pueden levantarse las nuevas piras. Con una habilidad
-profesional y sin más herramienta que una horquilla corta, borra en
-pocos instantes los restos de las cremaciones anteriores. Echa al río
-los residuos de la leña consumida y las cenizas del esqueleto que
-deshizo á palos minutos antes. Los devotos metidos en el agua no se
-apartan al ver caer entre ellos estas migajas fúnebres. Continúan sus
-pías gesticulaciones, cruzan las manos sobre el pecho, las elevan, beben
-sorbos del líquido sagrado. Unos lo tragan; otros hacen buches con él y
-vuelven á arrojarlo.
-
-Según me explica el joven empleado, estas cremaciones de la mañana han
-sido de muertos cuyas familias pudieron pagar leña abundante. El costo
-de una pira modesta es de seis á ocho rupias, lo necesario nada más para
-que el cuerpo quede totalmente consumido. Los pobres, cuyas familias
-economizan la madera, sólo son quemados á medias. Doblan su cadáver para
-que ocupe menos sitio dentro de la pira, lo rompen por la cintura,
-pegando las piernas á la mitad superior, y aun así, se consume la leña
-muchas veces antes de que el cuerpo esté totalmente carbonizado... Pero
-el gnomo terrible, guardián de este lugar, no puede perder tiempo,
-necesita espacio para los otros cadáveres que van llegando, y cuando ve
-que una hoguera agonizante no puede dar más fuego, echa al río el montón
-de cenizas. Y las entrañas solamente chamuscadas, así como los huesos á
-medio carbonizar, caen en el santo Ganges junto á los devotos que
-continúan sus oraciones y sus tragos rituales.
-
-Este enano indostánico, que se muestra humilde é hipócrita con los que
-él considera de casta superior, habla á nuestro acompañante al mismo
-tiempo que nos sonríe manteniéndose á cierta distancia, pues sabe que no
-debe tocar á los seres elevados ni con el aliento. El joven funcionario
-nos explica sus chistes crueles. Clasifica á los muertos como si fuesen
-viandas de cocina: en asados, á medio asar y crudos. Él solo respeta á
-los bien asados, ó sea á los ricos, que consumen mucha leña. Como la
-mayoría de sus correligionarios, este hombrecillo considera uno de los
-espectáculos más interesantes que pueden presenciarse en esta vida la
-cremación de un cadáver de rajá. Cuando muere alguno de éstos en la
-ciudad de Benarés, llegan muchedumbres de largas distancias para
-deleitarse con el perfume de la pira de sándalo y otras maderas
-preciosas, que va consumiendo lentamente el cuerpo del príncipe,
-mientras satura la atmósfera de bálsamos celestiales.
-
-En realidad, este Quemadero de Calcuta no difunde hedores nauseabundos.
-Hay en el ambiente un fuerte olor de madera quemada y sólo un lejano
-tufillo de carne recién salida del asador. Tal vez sea esto por la
-delgadez inaudita de los cadáveres indostánicos. Son esqueletos con
-forro de piel. Causa asombro que el cuerpo humano pueda llegar á tal
-consunción.
-
-La pequeñez de los cadáveres nos reserva una sorpresa. La primera
-cremación va á ser la de la niña cuyo entierro encontramos en una
-calleja inmediata. El gnomo, ayudado por unos cuantos hombres de dicho
-séquito, empieza á preparar la pira. Colocan, como si fuesen los
-cimientos de un edificio, cuatro troncos gruesos que forman un
-rectángulo. En el interior depositan simétricamente otros leños más
-delgados, y así forman la base de la futura hoguera.
-
-Se oye un graznido continuo de las bandas de cuervos alineados encima de
-las arcadas ó que revolotean atrevidamente sobre nuestras cabezas. En
-toda Asia abunda el cuervo, como he dicho repetidas veces, pero en
-Calcuta resulta un personaje familiar y hay que convivir con él. Son las
-once de la mañana y la luz del sol desciende casi verticalmente de un
-cielo limpio de nubes. Al calor de su refracción se une el de algunas
-hogueras que todavía arden en un extremo de la fúnebre explanada. Este
-fuego se hace sentir y no se deja ver. El resplandor solar borra las
-llamas. De sus lenguas rojas no se ve más que el hilillo humoso del
-vértice.
-
-Cada cortejo ha dejado en el suelo las angarillas de sus muertos,
-sentándose en torno á ellas para esperar. Con el encogimiento y la
-timidez de un rezagado pobre entra un último entierro. Dos portadores,
-un anciano y un niño, sostienen una camilla hecha con ramas y sobre ella
-va tendido un cadáver cubierto por un andrajo de hedionda suciedad, que
-parece oler á cólera, á peste bubónica, á todas las enfermedades
-contagiosas de la multitud indostánica. Tres mujeres marchan detrás del
-muerto, envueltas en velos blancos, con los brazos y las piernas llenos
-de ajorcas pesadas y de vil metal.
-
-Recibe el enano con hostilidad á esta comitiva miserable. Es un «crudo»
-el que llega. Discute con los portadores y les obliga á que esperen con
-su muerto lejos de los otros cortejos. El viejo y el niño acaban por
-abandonar su camilla y desaparecen. Las mujeres, sentadas en el suelo,
-velan el cadáver. Por el borde del repugnante sudario asoma un pie
-flaquísimo, y esta especie de garra inferior guarda aún en su tobillo el
-envoltorio de un trapo, último vestigio de enfermedad y agonía.
-
-Las tres mujeres, que llevan un adorno de metal en sus narices, tienen
-fijas las miradas sobre el relieve del cadáver invisible. Toda su
-emoción se denuncia en el agrandamiento de sus ojos. Nadie llora en este
-lugar. No veo una sola lágrima. El indostánico ignora que el dolor debe
-expresarse con un derramamiento de humores oculares.
-
-Me voy fijando en una particularidad de los diversos cadáveres que
-esperan su turno para la cremación. Se adivina su sexo por la envoltura
-exterior. Las mujeres tienen depositado un manojo de flores en la
-oquedad que se marca entre su vientre y el arranque de sus piernas. A
-los cadáveres masculinos les han colocado una piedra en el mismo sitio.
-
-Empieza la ceremonia de la purificación para la niña delgadísima, cuya
-familia debe ser bien acomodada á juzgar por su acompañamiento. Y aquí
-experimentamos la sorpresa de que hablé antes. Esta muchachita resulta
-una hembra de más de treinta años; una madre de familia. Y sin embargo,
-aun después de conocer su verdadera edad, ¡nos parece una cosa tan
-insignificante bajo su envoltura de gasas y de flores!... ¡Abulta tan
-poco su pobre cuerpo!...
-
-El marido, cuya cabeza empieza á grisear, está procediendo á su
-purificación. Nos lo muestran de lejos, mientras un barbero le afeita en
-la bajada del _ghat_. Los dos se hallan en cuclillas, frente á frente.
-Los barberos indostánicos trabajan así. Agarran al parroquiano por una
-oreja ó le pellizcan una mejilla, mientras con la otra mano rasuran su
-cara y su cráneo.
-
-Este hombre de gesto grave y ojos dilatados y fijos que no saben llorar
-paga al barbero su trabajo con unas moneditas de níquel é inmediatamente
-se desnuda, quedando sólo con un cinturón que le pasa entre las piernas.
-Debe purificarse en el río antes de prender fuego á la pira de su
-esposa. Va descendiendo por el _ghat_ hasta quedar con el agua por
-encima de los pechos. Ora, sumerge su cabeza, bebe, hace los buches
-rituales, y vuelve á subir para vestirse una túnica blanca,
-completamente nueva, que dejó en mitad de la escalinata.
-
-Al lado de las angarillas de color rosa está sentado en el suelo un
-muchacho como de doce años. Es el hijo de la difunta. Tiene una
-expresión de perrito triste que sigue el entierro de su amo. Pero está
-mudo; no puede aullar como el otro. Mira con fijeza, sin una lágrima en
-las papilas, el cuerpecito de flaca adolescente que marca sus gráciles
-contornos bajo el sudario color de rosa.
-
-Una señora que está á mi lado rompe á llorar viendo este dolor
-silencioso.
-
---¡Pobrecito!... ¡Pobrecito mío!
-
-Él vuelve su cabeza, adivinando la compasión, la dolorosa ternura de
-estas palabras que no puede comprender. Vemos su tez de canela
-aterciopelada, sus ojos negros de antílope agrandados por el dolor. Nos
-mira un momento sin expresión alguna. Luego, su vista se desliza,
-volviendo otra vez á posarse en el cuerpecito de su madre.
-
-No puede continuar dicha contemplación. Los amigos de la familia han
-levantado las angarillas y llevan el cadáver hacia el Ganges, por el
-graderío del _ghat_. Cuando á los portadores les llega el agua á la
-cintura sumergen la camilla fúnebre. Se lleva la corriente de golpe las
-coronas de flores, los manojos de verdura que adornaban el lecho de la
-muerta. La gasa se destiñe, formando sobre el agua una gran mancha
-purpúrea, como si fuese de sangre.
-
-Esta inmersión hace que se marquen instantáneamente todos los contornos
-del cadáver, lo mismo que si estuviese desnudo. Las gasas desteñidas
-tienen ahora un color de carne y parecen no existir, adheridas al cuerpo
-femenino. Pero este cuerpo ¡es tan poquita cosa!... Parece imposible que
-haya podido salir de su interior el adolescente que continúa sentado en
-el suelo, mirando con fijeza hipnótica el lugar donde poco antes estaba
-la muerta.
-
-Chorreando agua vuelve el cadáver á subir el _ghat_, mientras sus
-conductores reanudan el cántico monótono de una hora antes: «_Bolo hari.
-Hari bolo._» Lo colocan sobre la base de la pira. Luego el enano y sus
-ayudantes van amontonando sobre la difunta nuevos leños, hasta que al
-fin completan la pira en forma de edificio, rematándola con una especie
-de techo de doble pendiente.
-
-Pasa por el río uno de los vapores blancos. En sus cubiertas van
-numerosas señoras rubias con trajes de fina batista y gentlemen de
-aspecto elegante. Deben vivir en _bengalows_ de las afueras, con hermoso
-jardín, y vienen á Calcuta para hacer sus compras ó para tomar el tren
-en la estación inmediata de Howrah. Nadie mira hacia el Quemadero. El
-esbelto barco levanta una sucesión de ondulaciones que mecen las
-guirnaldas floridas arrancadas al cadáver y la mancha roja de sus velos
-desteñidos. Estas ondulaciones chocan con el pecho inmóvil de los
-devotos que se bañan en el Ganges; pasan en delgadas láminas sobre el
-lomo de los búfalos hundidos en la ribera fangosa.
-
-Contemplamos con angustia los preparativos para la cremación de esta
-pobre indostánica, empequeñecida por el dolor y la muerte. No la
-conocimos cuando vivía; nunca sabremos su nombre; pero el azar nos ha
-unido á ella con un recuerdo sentimental que durará lo que dure nuestra
-existencia.
-
-El esposo, entorpecido por el dolor, no sabe cómo debe cumplir sus
-funciones rituales. Tal vez no asistió nunca á un entierro en el que
-tuviese que figurar como el primero de los acompañantes. A él le
-corresponde prender fuego á la pira, dando vueltas en torno de ella para
-que el fuego surja de todos lados al mismo tiempo. El horrible gnomo ha
-puesto una antorcha en sus manos y le indica lo que debe hacer, con la
-suficiencia de un sacristán que asiste á un entierro de primera clase en
-las iglesias de Europa.
-
-Se adivina que el pobre marido no ve. Avanza su antorcha y las más de
-las veces su llama se pierde en el aire... Pero sus ojos continúan
-secos. Al fin el montón de leña empieza á arder. Se escapa entre el
-llamear crepitante de la madera tierna una nube de pavesas de las ropas
-sutiles. A través de los troncos que se ennegrecen y se rajan vemos algo
-semejante á unas ramas blanquecinas, los miembros gráciles de la muerta
-que burbujean con el chirrido de la grasa. Arde el cadáver, y entre los
-desgarrones de la carne abierta y retorcida por el fuego comienzan á
-asomar las aristas rígidas de los huesos.
-
---¡Vámonos, vámonos!--dice alguien detrás de mí con voz desfalleciente.
-
-Sí, debemos irnos... Y sin embargo, quedamos inmóviles, sin voluntad,
-con los pies fijos en el suelo, como el que contempla la lumbre de una
-chimenea en las noches invernales y á cada minuto se da á sí mismo la
-orden de abandonar el asiento sin conseguir verse obedecido. Sentimos á
-un tiempo la atracción de la llama, la terrible curiosidad de las
-emociones violentas, el horror de la muerte.
-
-Suena un estallido en el interior de la pira. Es la ruptura del vientre
-agujereado por el fuego, el esparcimiento de las vísceras, la dilatación
-de los vapores humanos, algo horrible que va más allá de los leños
-ardientes y cae en el suelo. Pero el enano se mantiene cerca de las
-llamas, con una previsión de técnico, y recoge velozmente todo lo que el
-fuego expelió, volviendo á arrojarlo en la hoguera. Ha llegado la hora
-de irnos. ¿Para qué seguir contemplando la cremación de los otros?...
-¡Adiós, madre calcutana, pequeña como una niña, que nunca conocimos y
-recordaremos siempre!
-
-El gnomo, que sabe calcular el curso de las incineraciones, ha
-abandonado esta pira, juzgando inútil su presencia, y se ocupa en
-levantar otra, discutiendo con los acompañantes del difunto sobre la
-clase y el precio de la leña.
-
-En el patio exterior volvemos á encontrar las tres mujeres sentadas en
-el suelo en torno á la camilla de la que surge el pie enjuto con su
-vendaje de harapos.
-
-Sus portadores, el viejo y el niño, aún no han vuelto. Buscan sin duda
-en su barrio, inútilmente, almas piadosas capaces de darles una limosna.
-No encuentran con qué pagar la leña que está esperando este infeliz
-indostánico, pobre en el curso de toda su obscura historia, pobre hasta
-más allá de la muerte.
-
-La igualdad ante la nada final sólo existe físicamente. Los hombres se
-han encargado de suprimir esta igualdad consoladora, prolongando basta
-el interior del misterio de la muerte las desigualdades de nuestra
-jerarquía social. En este pueblo se muere según la leña que se puede
-comprar. En otros de Asia, según los objetos de cartón destinados á
-embellecer la vida ultraterrena. En nuestros países civilizados, según
-las ceremonias y pompas pagadas que se desarrollan ante las tumbas, con
-un carácter de supuesta espiritualidad.
-
-Dejo caer cinco rupias sobre el sudario hediondo y contagioso que cubre
-á este cadáver.
-
-Las tres mujeres levantan la cabeza y me miran con unos ojos secos,
-dilatados por el asombro. ¡Un blanco preocupándose de un pobre
-indostánico de casta inferior!... Mi acción inesperada, incomprensible,
-parece impresionarlas más que la vecindad de la muerte.
-
-
- FIN DEL TOMO SEGUNDO
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- _Págs._
-
-I.--EN MUKDEN.--Caballitos manchures y perros siberianos.--Un
-desierto de nieve por cuya posesión
-se mataron 154.000 rusos y japoneses.--La dinastía
-de «Los Muy Puros» y sus mausoleos.--El frío, maestro
-de humildad.--Las escalinatas chinas y «el sendero
-imperial».--La chiquillería pedigüeña de las estaciones.--Un
-gendarme que pega.--Indignación patriótica.--La
-incoherencia de los demonios blancos. 5
-
-II.--LA LLEGADA Á PEKÍN.--Los bandidos chinos y
-los trenes-fortalezas.--Una mala noche.--El imperio
-del bambú soberano y de la paliza paternal.--5.000
-años de historia conocida.--Recordando á Marco
-Polo.--Los cuatro grandes héroes de la Geografía.--_Micer
-Millones._--Cómo por obra de Marco Polo salieron
-Colón y los navegantes españoles hacia Pekín,
-para visitar al Gran Kan, y dieron con la ignorada
-América.--El despertar en Tien-Tsin.--Los chinos
-elegantes.--Agricultura sabia y campos de tumbas.--Una
-puerta de diez siglos con telegrafía sin
-hilos. 19
-
-III.--LAS TRES CIUDADES DE PEKÍN.--La forma
-geométrica de Pekín.--La ciudad china, la ciudad
-tártara y la ciudad prohibida.--El edificio chino y la
-tienda de campaña.--Los geomantes y sus adivinaciones.--Los
-espíritus del Viento y del Agua.--La
-cuarta ciudad.--El barrio de las Legaciones y sus
-tropas visibles y ocultas.--La seguridad de las calles
-de Pekín y la policía china. 32
-
-IV.--SINGULARIDADES DE LA VIDA CHINA.--La
-ciudad más grande del mundo.--Las antiguas calles
-y sus muchedumbres.--Casas, muebles y gorros.--Los
-casamientos.--Los pies de las chinas.--Vanidad
-con que las mujeres á estilo antiguo aprecian
-su deformación.--Las damas manchures.--La cocina
-china y sus horripilantes picadillos.--Vinos de animales.--Los
-cocineros chinos esparcidos por el mundo.--Sus
-caprichos de artista.--Lo que vió una dama
-al bajar á su cocina, y la respuesta del cocinero para
-que todos quedasen contentos. 44
-
-V.--TEMPLOS Y FILÓSOFOS.--El templo del Gran
-Lama.--La capilla secreta.--Un milagro.--Doctores
-y bachilleres en armas.--Laotsé y Confucio.--El templo
-de Confucio y el Salón de los Clásicos.--Culto de
-la República china á Confucio.--El templo del Cielo.--El
-simbolismo del número 9.--La ceremonia imperial
-en el solsticio de invierno.--El templo de la Agricultura.--Cómo
-araba todos los años el Hijo del Cielo.--Progreso
-de la agricultura china hace miles de
-años.--Su abono predilecto y más precioso.--Cómo
-se produce públicamente en calles y caminos. 57
-
-VI.--LA CIUDAD PROHIBIDA.--Los mares y las montañas
-de los jardines imperiales.--La «Montaña del
-Carbón».--El árbol sentenciado á cadena perpetua
-por lesa majestad.--Los guardianes de la República.--Los
-grandes patios de mármol y sus ríos.--Los
-tesoros del Hijo del Cielo.--Las recepciones solemnes
-en la Sala de la Gran Reunión.--Todo Pekín
-visto desde el trono.--Los dueños alados y definitivos
-de la Ciudad Prohibida.--Robos de las tropas
-civilizadoras.--Un museo formado con lo que dejaron
-ó lo que devolvieron.--La ironía de los chinos.--«Nosotros
-los salvajes». 72
-
-VII.--EL PALACIO DE VERANO.--La retratista de la
-emperatriz.--La mentalidad de una soberana china.--Los
-hermosos camellos de Pekín.--Las murallas de
-la capital y su antigua artillería.--Maravillas del Palacio
-de Verano.--El «lago-mar».--El famoso Navío
-de Mármol.--Un puerto de comercio improvisado,
-para que el Hijo del Cielo se disfrazase de vagabundo.--Robo
-de dos azulejos.--El feliz «triángulo» imperial.--El
-joven ex emperador y el presidente de la
-República. 86
-
-VIII.--LA GRAN MURALLA.--Un muro de 600 leguas
-edificado en ocho años.--El chino sabe demasiado
-para ser militar.--Las industrias fúnebres.--Entierros
-ruinosos.--Las tumbas de los emperadores de la
-dinastía «Luminosa».--En las puertas de la Tartaria.--Los
-vagabundos de la Gran Muralla.--La caravana
-de Kalgán.--El frío viento de la Mongolia.--Los dos
-ciegos musulmanes. 102
-
-IX.--EN MARCHA HACIA EL RÍO AZUL.--Los bandidos
-de Ling Tcheng.--Dos trenes fortificados.--Compañeros
-que van cayendo.--La exportación de
-huevos chinos.--Faisanes laqueados.--La amazona
-misteriosa del bosque fúnebre de los Ming.--Los
-bandidos no aparecen.--Decepción de algunas viajeras.--Opiniones
-sobre la República china.--Un
-cuerpo robusto falto de sistema nervioso.--La China
-aún no sabe que existe.--El Gran Canal.--El río
-Amarillo y el río Azul.--La civilización del trigo y
-la civilización del arroz.--Los pueblos asiáticos eternamente
-casados con el hambre. 117
-
-X.--SHANGHAI, LA RICA Y ALEGRE.--Un abordaje
-de chinos en el río Azul.--La ciudad literaria de Nankín.--El
-«Londres del Extremo Oriente».--La Concesión
-Francesa y la Concesión Internacional.--Las
-palabras _boom_ y _krac_.--Placeres y despilfarros.--Las
-cortesanas del país y el mujerío internacional.--«Princesas
-chinas» y opio.--Una colonia española
-interesante.--Dos frailes notables, directores de Misiones.--La
-propaganda católica y la propaganda
-protestante.--Sus diversos recursos.--El barrio chino
-de Shanghai y sus callejones hormigueantes de
-muchedumbre.--Visita al famoso «Jardín del Mandarín»
-que el lector conoce desde su niñez. 133
-
-XI.--EN EL MAR AMARILLO.--El regreso al _Franconia_.--Peces
-y perros chinos.--El mar más frecuentado
-del mundo.--Audacia extraordinaria de los marineros
-del mar Amarillo.--Los tres tripulantes del
-ataúd.--La hermosa bahía de Hong-Kong.--Calles
-en pendiente y la avenida de la Reina.--De cómo el
-que se retrata pierde una parte de su alma, absorbida
-por el objetivo.--La carretera de la Cornisa en la
-isla de «los Arroyos Floridos».--Fisonomía de los
-puertos del Extremo Oriente. 148
-
-XII.--HONG-KONG Y CANTÓN.--Las huelgas de los
-chinos.--Banquetes ruidosos.--Servidumbre de las
-casas ricas de Hong-Kong.--«No vaya usted á Cantón».--Historia
-del gran puerto del té y de la porcelana.--La
-republicana Cantón y sus habitantes revolucionarios.--El
-doctor Sun Yat Sen.--Las dos Chinas.--Viaje
-á Cantón.--La ciudad flotante sobre el
-río Perla.--Los «bajeles de flores».--Agresividad xenófoba
-de los cantoneses ante los buques de guerra
-anclados en el río.--Tiros en las calles.--Los cónsules
-nos aconsejan un pronto regreso á Hong-Kong.--Los
-piratas del estuario.--Una novela de 70 tomos
-y 1.000 personajes.--El asalto del vapor-correo de
-Macao.--La capitana de los dos revólveres.--Voy á
-Macao. 162
-
-XIII.--VIAJE Á MACAO.--Registro de chinos antes
-de su entrada en el vapor.--Cubiertas transformadas
-en jaulas y puente convertido en fortaleza.--Recuerdos
-del asalto de los piratas.--«¡Necesito matar á un
-chino!»--La interesante «Ciudad del Santo Nombre
-de Dios en China».--Los juncos con cañones, anclados
-en su antiguo puerto.--El nuevo puerto de Macao.--Gran
-porvenir de la ciudad.--Excelente administración
-del gobernador Rodrigues.--La gruta de
-Camoens.--El juego del «Fan-tan» y otras particularidades
-interesantes del viejo Macao.--La calle de la
-Felicidad y sus altares.--Regreso á media noche por
-el estuario de los piratas.--Las fosforescencias del
-mar chino.--Espectáculo inolvidable. 176
-
-XIV.--EL PUEBLO FILIPINO.--La bahía de Manila.--Obsequios
-de filipinos y españoles.--Limpieza y elegancia
-de la ciudad.--El traje gracioso y señorial de
-las mujeres.--Los jardines.--Las escuelas y su profesorado
-filipino.--Generosidad del gobierno americano
-para el sostenimiento de la enseñanza.--Ansia del
-filipino por instruirse.--La colonización española.--Su
-trabajo fundamental, penoso y mal conocido.--Filipinas
-desea ser independiente.--Suavidad del
-régimen americano.--Autonomía dada por Wilson.--Palabras
-de un tribuno filipino.--El gobernador
-Wood.--Lo que dicen unos y otros.--Mi opinión
-particular. 197
-
-XV.--EN EL MAR DE LA INSULANDIA.--Un guerrero
-del aire.--El paso de la Línea.--Desfile de oasis
-montañosos sobre el desierto azul.--La historia del
-mundo reproduciéndose en cada isla.--Epopeya de
-los descubridores portugueses.--Lo que vieron un
-día en las Molucas.--Encuentro de los dos pueblos
-ibéricos al otro lado del planeta.--Los últimos héroes
-españoles del ciclo de los descubrimientos.--Mendaña
-y el oro del rey Salomón.--Una flota, mandada
-por una mujer.--La almiranta doña Isabel.--El místico
-Quirós.--Llegada de la reina de Saba á Manila.--Los
-elefantes don Pedro y don Fernando.--Los
-descubridores de «Australia Ignota».--«Austrialia
-del Espíritu Santo».--El piloto Torres, primer explorador
-de las costas australianas. 215
-
-XVI.--EL PAÍS DE LAS ESPECIAS.--La vieja Batavia
-y la famosa Compañía de las Grandes Indias.--Cómo
-vivió Java dos siglos y medio de colonización
-holandesa.--Opulencia de Batavia.--Abundancia de
-dinero y de enfermedades mortales.--El monopolio
-de las especias.--Destrucción de artículos para mantener
-su escasez.--Las ciudades-jardines de Weltevreden
-y Micer Cornelius.--Una plaza de un kilómetro
-cuadrado.--El país del _batik_.--Muchedumbres
-hermosas y colorinescas.--El dulce mahometismo
-del pueblo javanés.--Facilidad de las javanesas para
-desnudarse.--El turbante y los pies descalzos.--Baño
-de las mujeres en las calles.--Dos condiciones
-exigidas por los antiguos javaneses para dejarse matar
-tranquilamente.--El «traidor» Erberfeld y su
-eterna execración.--Reparto equitativo de las vergüenzas
-del pasado. 228
-
-XVII.--EL PARAÍSO JAVANÉS.--Enorme población
-de Java.--Sus arrozales en escalones.--Exuberancia
-vegetal.--Las chozas y sus habitantes.--Duchas naturales
-al aire libre.--Adán y Eva como antes del pecado.--Llegada
-á Garoet.--Nos extraviamos en sus
-alrededores.--Una tempestad ecuatorial.--El refugio
-de los veinte javaneses misteriosos.--Fuga bajo la
-tormenta.--Lo que vi á las puertas de Garoet y no
-olvidaré nunca. 243
-
-XVIII.--BAJO LA LLUVIA ECUATORIAL.--Mi cama
-y mis compañeros de alcoba.--Los vendedores de
-Garoet.--La superstición del dólar.--Javaneses y
-malayos.--Locura homicida de los que «corren el
-_amok_».--La lira de cañas.--El baile en el hotel.--La
-«Sinfonía de la selva».--Los cuatro jóvenes nobles
-y sus danzas.--Regalo de un _kris_ del antepasado.--El
-Guiñol javanés.--Una novela caballeresca con monigotes
-y música. 259
-
-XIX.--LA PUERTA DEL EXTREMO ORIENTE.--El
-jardín de Buitenzorg.--Flores que parecen insectos
-é insectos iguales á pedazos de madera.--El estrecho
-de Gaspar.--Los fenicios del Pacífico y sus
-portentosas navegaciones.--Verdadera patria de
-Simbad el Marino.--La cosmopolita ciudad de Singapore.--El
-gobernador Raffles.--Mezcla de pueblos
-y religiones.--Mi primera visita á un templo brahmanista.--El
-cultivo actual del caucho.--Rutina inglesa
-de los futbolistas de Singapore.--Degradación
-de los blancos que van en tranvía.--Juglares y domadores
-de serpientes.--El _smoking_ blanco.--Los
-maravillosos sastres chinos.--Cuatro trajes en dos
-horas. 275
-
-XX.--LA CIUDAD DE LOS ELEFANTES.--La muerte
-del más gordo de los _stewards_.--Una mosca javanesa.--Cadáver
-al agua.--El río de Rangoon.--La famosa
-pagoda de Shway Dagon.--Todos bonzos.--La superioridad
-de la mujer birmana.--Sus enormes cigarros.--Los
-serpenteros de Rangoon y sus pupilas.--Abundancia
-de elefantes.--Su inteligencia y sus
-trabajos.--Hombres con pendientes y peinado de
-mujer.--La policía pega. 290
-
-XXI.--LOS TRES CABELLOS DE BUDA.--El aspecto
-de Rangoon.--Los Lagos Reales y sus peces sagrados.--Europeos
-de Rangoon que no han visitado
-nunca la pagoda de los tres cabellos de Buda.--Miedo
-á las muchedumbres de peregrinos.--El orgullo
-británico y los pies desnudos.--Un entierro de fanáticos
-de Madrás.--El templo más antiguo del
-mundo.--La interminable escalera, su mercadillo y
-su basura.--La montaña de oro, centro de la meseta
-sagrada.--Pagodas, pagodones y pagodines.--Gran
-variedad de imágenes de Buda.--Mi amigo el
-joven bonzo.--Cosas horripilantes y curiosas que me
-enseña. 304
-
-XXII.--LA BAHÍA DEL DIAMANTE.--Un brazo del
-Ganges.--La yungla y sus gentes.--El camino de
-Calcuta.--Cañonazos de sus defensores.--Abandonamos
-el _Franconia_.--Invasión alada.--La marina
-fluvial de los indostánicos.--El maquinismo inglés
-en las riberas del Ganges.--El yute.--Fabricación
-de sacos para toda la tierra.--Los homenajes al río
-sagrado.--Caimanes y flores. 319
-
-XXIII.--EL QUEMADERO DE CALCUTA.--Caras europeas
-y vestiduras exóticas.--Los _ghats_ del Ganges.--Las
-estadísticas médicas de la India.--Un cortejo
-fúnebre.--La última oración.--Los fugitivos de
-la muerte convertidos en animales.--Las hogueras
-de la mañana.--El horrible enano del Quemadero y
-sus clasificaciones.--Cremación de una madre que
-parece una niña.--Las purificaciones preliminares.--Cadáver
-de pobre esperando que alguien pague
-su leña. 329
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VUELTA AL MUNDO DE UN NOVELISTA;
-VOL. 2/3 ***
-
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-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
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-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
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-electronic works. See paragraph 1.E below.
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-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
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-works in the collection are in the public domain in the United
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- The Project Gutenberg eBook of La vuelta al mundo, de una
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-<pre style='margin-bottom:6em;'>The Project Gutenberg EBook of La vuelta al mundo de un novelista; vol.
-2/3, by Vincente Blasco Ibáñez
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this ebook.
-
-Title: La vuelta al mundo de un novelista; vol. 2/3
-
-Author: Vincente Blasco Ibáñez
-
-Release Date: November 20, 2020 [EBook #63816]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team
- at http://www.pgdp.net (This file was produced from images
- available at The Internet Archive)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VUELTA AL MUNDO DE UN
-NOVELISTA; VOL. 2/3 ***
-</pre><hr class="full" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_1" id="page_1">[Pg 1]</a></span></p>
-
-<div class="c">
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-</div>
-<div class="c">
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-
-<table border="0" cellpadding="0"
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-<tr><td class="c">
-<a href="#INDICE"><b>AL ÍNDICE</b></a><br />
-</td></tr>
-</table>
-
-<p class="c">LA VUELTA AL MUNDO,<br />
-DE UN NOVELISTA</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">[Pg 2]</a></span>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">[Pg 3]</a></span>&nbsp; </p>
-
-<p class="c"><span class="smcap">Vicente</span> BLASCO IBAÑEZ</p>
-
-<h1>LA VUELTA AL MUNDO,<br />
-DE UN NOVELISTA</h1>
-
-<p class="c"><b>TOMO II</b><br />
-<br /><br />
-
-CHINA.&mdash;MACAO.&mdash;HONG-KONG.&mdash;FILIPINAS.<br />
-JAVA.&mdash;SINGAPORE.&mdash;BIRMANIA.&mdash;CALCUTA
-
-<br /><br />
-<br />
-<br /><br />
-PROMETEO<br />
-Germanías, 33.&mdash;VALENCIA<br />
-(Published in Spain)<br />
-1924<br /></p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">[Pg 4]</a></span>&nbsp; </p>
-
-<div class="blockquote">
-<p><span style="text-decoration:overline;"><span class="smcap">Es propiedad.</span>&mdash;Reservados todos</span><br />
-los derechos de reproducción, traducción<br />
-y adaptación.<br />
-</p><p style="text-decoration:underline;">
-Copyright 1924, by V. Blasco Ibáñez.<br /></p>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">[Pg 5]</a></span>&nbsp; </p>
-
-<h1>LA VUELTA AL MUNDO, DE UN NOVELISTA</h1>
-
-<h2><a name="I" id="I"></a>I<br /><br />
-EN MUKDEN</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Caballitos manchures y perros siberianos.&mdash;Un desierto de nieve por
-cuya posesión se mataron 154.000 rusos y japoneses.&mdash;La dinastía de
-«Los Muy Puros» y sus mausoleos.&mdash;El frío, maestro de
-humildad.&mdash;Las escalinatas chinas y «el sendero imperial».&mdash;La
-chiquillería pedigüeña de las estaciones.&mdash;Un gendarme que
-pega.&mdash;Indignación patriótica.&mdash;La incoherencia de los demonios
-blancos.</p></div>
-
-<p>Espero las primeras luces del alba paseando por los salones del Hotel
-Yamata, en la estación de Mukden.</p>
-
-<p>Miro por las grandes puertas de cristales que dan á los andenes y veo
-correr grupos de chinos cargados con fardos envueltos en telas de
-colores ó llevando maletas de forma europea. Han descendido de un tren
-procedente del interior de la China y van al asalto de otro más corto
-que debe conducirles á Dairén, á Port Arthur y demás poblaciones del
-inmediato golfo de Liao Tung. Luego contemplo por las vidrieras de la
-parte opuesta el aspecto de Mukden, ciudad misteriosa para mí, envuelta
-<span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">[Pg 6]</a></span>en la noche y la nieve.</p>
-
-<p>La curiosidad me hace salir á la ancha plaza de la estación, pero el
-frío es tan intenso que retrocedo á los pocos minutos. En esta plaza hay
-muchos carruajes de caballos, en espera sin duda de algún tren matinal;
-pero los cocheros, á pesar de sus gorros tártaros y sus gabanes de piel
-de zorro, se han refugiado en los cafetines de las inmediaciones. Los
-famosos caballitos manchures, nerviosos, agresivos, de largo pelaje,
-entretienen su abandono coceando silenciosamente la nieve del suelo,
-haciendo exhalar á los vehículos con sus estremecimientos un ruido de
-ferretería vieja, expeliendo dos chorros de vapor por sus narices
-propensas al relincho. Estos caballos de corta alzada se muerden entre
-ellos, y cuando se entregan á la excitación de la carrera galopan como
-desbocados. Por entre sus patas se deslizan perros siberianos de
-hirsutas lanas. De tarde en tarde aparece un cochero. Como va forrado en
-pieles y las orejeras de su gorro las lleva sueltas y erguidas, tiene el
-aspecto de una bestia de la noche que momentáneamente marcha en posición
-vertical.</p>
-
-<p>Vuelvo á sentir la misma extrañeza que en Corea viendo esta aglomeración
-de caballos. Los ojos parecen haberse acostumbrado á la escasez de
-animales que se nota en el Japón, donde todo lo hace el brazo humano,
-sin pedir auxilio á las especies domesticadas que ayudan al hombre en su
-trabajo.</p>
-
-<p>Van surgiendo de la nocturna lobreguez las techumbres nevadas de los
-edificios. La ciudad de Mukden, á la que los naturales llaman Fengtien,
-empieza á dibujarse en la lívida penumbra con un aspecto contradictorio
-é híbrido. Cerca de la estación hay edificios modernos de muchos pisos,
-que imitan la arquitectura norteamericana con todas sus audacias. Más
-allá, las calles son iguales á las japonesas y coreanas, tienen una
-amplitud de<span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">[Pg 7]</a></span> cuarenta ó cincuenta metros y edificios de un solo piso
-hechos de madera.</p>
-
-<p>Llegan varios automóviles y sus conductores se ofrecen para llevarnos á
-los mausoleos imperiales de la dinastía manchura, lo más interesante que
-existe en las inmediaciones de Mukden. Salimos con los primeros
-resplandores del alba, por unas calles anchas y completamente dormidas
-bajo sus sábanas de nieve. Luego, en pleno campo, el frío, el silencio y
-la luz cenicienta del amanecer invernal dan una tristeza abrumadora al
-dilatado paisaje.</p>
-
-<p>Pensamos que más de un millón de hombres se batieron aquí, en la famosa
-batalla de Mukden, que duró dos meses, por la posesión de un suelo
-monótono é inclemente como un paisaje ártico. Luego recordamos que esta
-tierra goza, como tantas otras, una primavera y un verano. Los
-exploradores del río Amur, que corre por la Manchuria septentrional,
-cuentan cómo en los bosques de sus orillas chorrea la miel formando
-arroyuelos: tantas son sus flores y sus abejas. En su parte meridional,
-que es donde estamos, se obtienen grandes cosechas de toda clase de
-cereales. Pero nosotros sólo vemos ahora una planicie de nieve, y
-surgiendo de ella, como grupos de escobas plantadas por el mango,
-algunos bosquecillos de árboles negros y escuetos.</p>
-
-<p>El automóvil, al marchar por esta llanura uniforme, donde su conductor
-tiene que adivinar con ojos de piloto la existencia del camino oculto,
-cae en hoyos ignorados ó se ladea de un modo alarmante al borde de
-taludes invisibles. Algunas veces saltamos sobre inexplicables oleajes
-del suelo. Es que nos hemos metido en un cementerio chino y vamos
-pasando sobre las cúpulas de tierra de los sepulcros, que apenas si se
-revelan con ligerísimas curvas en el igualamiento realizado por la
-nieve.<span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">[Pg 8]</a></span></p>
-
-<p>La lucha de nacionalidades agita sordamente al país manchur y se deja
-adivinar en las casas de madera que se agrupan como avanzadas de la
-ciudad sobre este mar sólido y blanco, de horizontes infinitos. En unas
-ondea la bandera japonesa, en otras el pabellón quinticolor de la
-República china. Los verdaderos dueños del país, chinos y manchures,
-duermen con la bandera izada sobre sus techos, para que dé testimonio
-hasta en las horas nocturnas de la nacionalidad del suelo. Los japoneses
-son cada vez más numerosos en Mukden y van acaparando el comercio. Su
-gobierno posee ya legítimamente la tierra coreana que existe al otro
-lado del río Yalu. Además, sostiene una guarnición en Mukden y otras
-ciudades manchuras que son de la China, con pretexto de guardar el
-ferrocarril. Desea convertir en propiedad definitiva lo que es hasta
-ahora ocupación temporal. La propaganda japonesa habla frecuentemente de
-los 87.000 rusos y los 67.000 japoneses que murieron batallando
-alrededor de Mukden. Ve en tan enorme montón de cadáveres un título de
-propiedad para anexionarse definitivamente este centro ferroviario á
-veinticuatro horas de Pekín.</p>
-
-<p>Una música alegre y ruidosa anima de pronto el silencioso desierto
-blanco. Nos cruzamos con una boda china. El cortejo va en busca de la
-novia, que debe haber abandonado la cama á media noche para hermosearse.
-Al frente marcha un grupo de músicos sonando gaitas y tamboriles. Van
-vestidos de rojo con galones de oro y en la cabeza llevan unos
-sombreros-paraguas barnizados de amarillo. Seguido de una escolta de
-invitados y parientes pasa el pintarrajeado palanquín nupcial, con
-manojos de plumas en sus ángulos y una gran flor dorada en su vértice.</p>
-
-<p>Otra vez los campos de nieve, los árboles negruzcos,<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">[Pg 9]</a></span> y grandes revuelos
-de cuervos alzándose en espiral para caer sobre algún cadáver invisible.
-Después de varias millas de avance fatigoso llegamos á las tumbas de los
-emperadores manchures.</p>
-
-<p>Los que están en ellas fundaron la última dinastía china, ó sea la
-destronada. Hasta hace tres siglos los manchures fueron un pueblo
-nómada, de civilización rudimentaria, pero muy numeroso. La palabra
-china <i>Mand-chou</i> significa «país muy poblado». Estos jinetes, hábiles
-arqueros, se batían indistintamente á pie ó á caballo.</p>
-
-<p>El Imperio chino, que parece en la Historia viejo como el mundo,
-sucediéndose dentro de él las dinastías casi lo mismo que en el antiguo
-Egipto, estuvo en peligro de perecer destrozado á mediados del siglo
-XVII. El último de los Ming, viéndose desobedecido por muchas de sus
-provincias, necesitó auxiliares para combatir á los rebeldes y acudieron
-en su defensa los tártaros de la Manchuria, acaudillados por su rey
-Chunti-Ti. Éste, después de restablecer el orden, destronó al emperador
-que le había llamado, se hizo dueño de Pekín y acabó por apoderarse de
-toda la China, fundando la dinastía 22, llamada de los Tai Thing (Los
-Muy Puros), que ha durado hasta nuestros días. En realidad, los últimos
-emperadores nada tenían de chinos por su origen ni por su aspecto
-físico. Eran tártaros-manchures. Por eso los republicanos chinos
-pudieron dar á su revolución un carácter nacional, combatiendo á los
-monarcas intrusos en nombre de la antigua China.</p>
-
-<p>Un bosque de árboles escuetos y ennegrecidos por el invierno rodea el
-parque donde están las tumbas monumentales de los primeros soberanos de
-la dinastía Tai Thing. Al echar pie á tierra nos hundimos en la nieve.
-Un obstáculo inesperado nos inmoviliza luego ante el<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">[Pg 10]</a></span> arco que da acceso
-al parque. El encargado del monumento no ha venido aún de la ciudad, y
-los dos guardias que lo vigilan son unos soldados manchures, grandes, de
-perfil caballuno, sobrios en palabras y obedientes á la consigna. Uno de
-nuestros guías tiene que ir en busca de dicho empleado, no sé dónde, y
-quedamos frente á la entrada del monumento, rodeados de la mañana
-lívida, con nieve hasta media pierna y recibiendo en el rostro un viento
-cortante.</p>
-
-<p>A un lado hay una casucha de aspecto miserable, el cuerpo de guardia de
-los cuatro soldados que custodian este monumento histórico.
-Instintivamente voy hacia dicho refugio, atraído por las caras amarillas
-de los dos hombres libres de servicio que nos miran por un ventano. Me
-asomo á este antro con amable sonrisa. Veo una tarima á medio metro del
-suelo y sobre ella mantas y algunas prendas haraposas de estos
-guerreros, que no se distinguen ciertamente por la flamancia de sus
-uniformes.</p>
-
-<p>Hay en el ambiente la densidad hedionda de los locales cerrados donde
-han dormido toda una noche hombres de excesiva salud. Varios ladrillos
-forman un pequeño fogón, y dentro de él hay lumbre, con más ceniza que
-brasas.</p>
-
-<p>¡Ah, el frío! ¡Cómo aterciopela los caracteres más ásperos! ¡Qué gran
-maestro de humildad! Su influencia es tan poderosa como la del hambre.
-Me siento agradecido junto á este fogón, poniendo los pies sobre las
-moribundas brasas, hasta que noto cómo las suelas de mis zapatos
-empiezan á quemarse.</p>
-
-<p>De todos modos debo abandonar mi asiento. Varias señoras han adivinado
-mi retiro y entran en el tabuco soldadesco, lanzando exclamaciones de
-sorpresa á la vista del mísero hogar. Algunas de ellas son millonarias<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">[Pg 11]</a></span>
-de los Estados Unidos, y además hermosas y de gustos refinados; pero hay
-que ver sus amabilidades y sonrisas con los guerreros manchures para
-justificar tal invasión. Ponen sus piececitos elegantemente calzados
-sobre la lumbre mediocre, y hablan á estos jayanes amarillos, con gorra
-de piel rematada por dos orejas asnales, como si el mundo estuviese ya
-transformado bajo el rasero de una revolución igualitaria, como si la
-moneda hubiese perdido toda influencia, siendo los únicos potentados del
-planeta capaces de dispensar mercedes los poseedores del pan y del
-fuego.</p>
-
-<p>Llega al fin el personaje deseado y podemos entrar en la avenida
-cubierta de nieve virgen que conduce á las tumbas imperiales. Los
-soberanos manchures construyeron aquí unos mausoleos semejantes á los
-que habían levantado cerca de Pekín los Ming, anteriores á ellos.</p>
-
-<p>Todas las avenidas están bordeadas con imágenes gigantescas de granito
-que representan animales. Parejas de caballos, de camellos, de elefantes
-y leones, esculpidos en una piedra negruzca, se suceden, formando
-luengas perspectivas. Al final de estas procesiones de animales pétreos
-se alzan los templos funerarios.</p>
-
-<p>Son edificios que en otro lugar parecerían sonrientes; se les cree en el
-primer momento palacios erigidos por la vanidad de un soberano para
-albergar escenas de placer. Su arquitectura tiene oros y lacas
-multicolores como materiales primarios. Tal vez en verano, cuando los
-campos de la Manchuria son tierras labradas, abundantes en polvo,
-parezcan dichos edificios menos alegres y vistosos; pero ahora la nieve
-ha barnizado la laca con una humedad de lluvia, y los panteones tienen
-la frescura brillante de algo recién construído. Además, los envuelve en
-sus fulgores un sol adolescente que acaba de romper los grises telones
-de la mañana.<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">[Pg 12]</a></span></p>
-
-<p>Por primera vez veo en las escalinatas de estos mausoleos el famoso
-«sendero imperial».</p>
-
-<p>Todos los palacios chinos, aunque la madera es su principal materia
-constructiva, están asentados sobre plataformas de mármol, y las
-escalinatas amplias y extensas que conducen á ellas resultan siempre la
-parte más trabajada del monumento. Los escultores han cincelado en sus
-barandas, sin tener en cuenta el tiempo ni la minuciosidad de su
-trabajo, toda una fauna de reptiles fantásticos. Estas escalinatas
-imperiales se hallan partidas por un bloque de mármol, acostado en mitad
-de los peldaños, que las divide en dos. Tal bloque es lo que se llama
-«sendero imperial».</p>
-
-<p>Cuando el emperador tenía que ascender por una de aquéllas, nunca
-empleaba los peldaños. Éstos eran para sus palaciegos, simples mortales,
-á los que era lícito mover las piernas como los demás hombres; el Hijo
-del Cielo sólo podía subir por una pendiente. Mientras los personajes de
-su séquito iban avanzando escalón por escalón&mdash;los mandarines letrados
-por los peldaños de la derecha, los mandarines militares por los de la
-izquierda&mdash;, el Hijo del Cielo ascendía lentamente por el bloque de
-mármol intermedio.</p>
-
-<p>En algunos de los palacios de Pekín hay «senderos imperiales» hasta de
-18 metros y de una sola pieza. La piedra ostenta cincelado el emblema
-del Imperio de Enmedio: dos dragones en posición invertida, teniendo
-cada uno de ellos la cabeza junto á la cola del otro. Las escamas de
-esta pareja de bestias heráldicas forman profundas rugosidades en el
-mármol; así el divino monarca podía afirmar sus pies, calzados
-simplemente con ligeras sandalias de pergamino.</p>
-
-<p>Volvemos á Mukden para ver los barrios viejos, que aún conservan sus
-murallas y sus puertas-castillos, con<span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">[Pg 13]</a></span> techumbres cornudas. Visitamos
-igualmente el palacio que construyeron los emperadores manchures, y hoy
-se halla convertido en museo. Pero aunque todo esto nos sorprende y nos
-interesa, por ser una primera visión de la vida china, se empalidece
-algunos días después cuando llegamos á Pekín, menospreciando su recuerdo
-como el de una copia borrosa comparada con la obra original.</p>
-
-<p>Al recorrer las calles de Mukden nos fijamos en la enorme cantidad de
-anuncios industriales colocados en paredes y vallas por los almacenes de
-los Estados Unidos y de Europa establecidos aquí. Ostentan figuras de
-colores, vestidas á la moda occidental, pero los rostros de dichos
-monigotes, pretenciosamente elegantes, aunque guardan los rasgos
-principales de la raza blanca, tienen los ojos oblicuos, poco abiertos,
-y una sonrisa achinada, para que el público amarillo les reconozca una
-belleza verdadera.</p>
-
-<p>Antes del mediodía salimos para Pekín. Atravesamos campos grises, cuyo
-suelo ligeramente rizado recuerda la arena fina de las playas con las
-huellas caprichosas del viento. De estos arenales obscuros surgen
-islotes de arboleda ennegrecida.</p>
-
-<p>Vemos marchar, paralelas al tren, largas caravanas de carretas. Estos
-vehículos, de techo redondo, van tirados por caballitos manchures,
-fieros, peludos, de inagotable vigor. Su pequeñez contrasta con el
-tamaño del carruaje, dando á la caravana cierto aspecto cómico de
-juguete.</p>
-
-<p>Los hombres, seguidos por numerosos perros, marchan al lado de sus
-caballos. Todos llevan gorro de pieles; pero como el día es de sol, han
-soltado las orejeras que defienden su rostro por ambos lados, y los dos
-apéndices, erguidos sobre la cabeza, acompañan su marcha<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">[Pg 14]</a></span> con un
-balanceo grotesco. Las huellas de sus pies se destacan en blanco sobre
-el camino gris. Lo que creíamos arena es simplemente nieve sucia.</p>
-
-<p>Al quedar inmóvil nuestro coche en una estación, más allá del término
-del andén, se va agolpando una muchedumbre contra el alambrado de púas
-que defiende la vía. Por primera vez nos vemos enfrente del populacho de
-este país de inmensa procreación, donde la gente surge de todas partes
-con una abundancia rumorosa de colmena y la existencia humana parece
-valer menos que en otras tierras.</p>
-
-<p>El pueblo bajo va en China invariablemente vestido de lienzo azul; pero
-á causa de ser muy crudos los inviernos en las provincias
-septentrionales, se procuran todos el abrigo necesario forrando
-interiormente pantalones y blusas con una capa de algodón en rama. Los
-soldados también van con ropas acolchadas, lo que les da un aspecto
-hinchado y cuadrangular. Como los trajes del populacho son andrajosos,
-se escapa por todas las roturas su relleno algodonado, y los mendigos,
-los jornaleros del campo, toda la chiquillería sucia y pedigüeña
-amontonada en las vallas de las estaciones, tienen aspecto de insectos
-aplastados, que sueltan por las grietas de su cascarón azul las
-reventaduras de unas entrañas mantecosas.</p>
-
-<p>Vemos debajo de nuestras ventanillas, clavándose las púas del alambrado
-sin que parezcan sentirlo, más de cien muchachuelos de cara amarillenta
-salpicada de costras de suciedad. Parece dudoso que se hayan lavado
-alguna vez. Los más conservan la coleta que la República china ha
-suprimido en Pekín y otras poblaciones importantes. Revueltas con ellos
-hay varias muchachas, vestidas igualmente con pantalones y blusa azules,
-que dejan asomar sus rellenos blancos. Se las conoce por su<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">[Pg 15]</a></span> cara, más
-ancha de pómulos y menos sucia que la de los varones; por su peinado,
-que consiste simplemente en una cortinilla de pelos recortados caída
-sobre la frente y una trenza anudada sobre el cogote.</p>
-
-<p>Se empujan todos levantando los brazos, con las manos muy abiertas.
-Chillan, rugen, algunos lloran. Los más pequeños caen al suelo
-zarandeados y pateados por sus camaradas, pero se levantan
-inmediatamente para unirse al pedigüeño concierto. Otras veces fingen
-dolores ó los exageran, para atraer la piedad.</p>
-
-<p>Los empleados del tren recomiendan que no se dé dinero á las
-muchedumbres mendicantes de las estaciones. La República quiere suprimir
-esta vil costumbre de otros tiempos. Pero ¡cómo resistirse á unas
-vociferaciones de súplica que duran ya varios minutos! La infancia
-inspira siempre interés, y éste aumenta cuando los niños tienen el
-atractivo del exotismo. Toda esta avalancha de muchachos con faz
-arrugada y ojos de viejo, de niñas con peinado de mujer, carillenas y
-que imitan los gestos de las comadres, nos impulsa á la desobediencia, y
-empezamos á arrojar puñados de monedas por las ventanillas.</p>
-
-<p>¡Nunca lo hubiéramos hecho!... Al ver el dinero, los grandes se unen á
-los pequeños. Grupos de mocetones que contemplaban impasibles el paso
-del tren se arrojan en medio de la chiquillería, disputando á puñetazos
-y bofetadas la conquista de las monedas.</p>
-
-<p>En el extremo del andén hay un féretro chino, con forro de estera, que
-indudablemente contiene un cadáver. Siempre se encuentra algún muerto en
-las estaciones chinas. Todo hombre amarillo, al sentirse morir fuera de
-su casa, si tiene dinero ó parientes, pide que lo trasladen á su país
-natal. Si muere en el otro extremo del planeta, procura dejar antes lo
-necesario para que lo entie<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">[Pg 16]</a></span>rren en China. Aquí los muertos viajan tanto
-como los vivos. Unas mujeres que están junto á dicho féretro corren
-también para cazar en el aire algunas de las monedas, con agresivo
-manoteo.</p>
-
-<p>Un personaje inesperado surge en mitad de esta ola de rostros amarillos
-y manos ganchudas que se retira del alambrado con el reflujo de sus
-empujones y avanza otra vez para chocar contra sus púas. Es un soldado
-vestido de azul, con polainas blancas y gorra á estilo japonés. Sostiene
-su fusil con una mano y lleva en la otra un látigo de cuero.</p>
-
-<p>Desde el primer momento se da á conocer como un hombre extraordinario,
-verdaderamente extraordinario por su fealdad y por su energía dinámica.
-Tiene el rostro amarillo de cera, con numerosas arrugas á pesar de su
-juventud. Debajo de la gorra le cuelgan hasta los hombros unas melenas
-lacias, semejantes á los pelos de mono con que adornan algunas señoras
-sus abrigos. En cuanto á pegar, no he visto en mi vida manos más ágiles
-é incansables. No es un hombre: es toda una compañía que se lanza á
-través de la masa adversaria, partiéndola, sembrando el espanto y la
-dispersión, abriendo un desierto medroso en torno á su personalidad
-soberbia y triunfante.</p>
-
-<p>Pega con las manos y casi al mismo tiempo con los pies, como si se
-mantuviese en el aire por obra de nuevas leyes de gravitación. Esparce
-culatazos, latigazos, patadas, y su deseo sería morder igualmente; pero
-nadie se pone al alcance de su dentadura de caballo.</p>
-
-<p>Surge de las diversas ventanillas un coro de indignación. Todos nos
-equivocamos. Varias señoras norteamericanas protestan en inglés; yo
-vocifero en español, como si el terrible guerrero pudiera entendernos.<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">[Pg 17]</a></span></p>
-
-<p>Hemos visto soldados nipones en Mukden ocupando una tierra que no les
-pertenece, y como este guerrero azul de las melenas desmayadas y la
-gorra á lo japonés es extremadamente feo, no sentimos duda alguna sobre
-su nacionalidad. Todos enronquecemos, indignados por las brutalidades
-del invasor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Con qué derecho les pega usted, miserable? Váyase á su país. Estos
-pobres chinos están en su casa... ¡Verdugo!... ¡Salvaje!...</p>
-
-<p>Pero un intérprete corre de ventanilla en ventanilla dando
-explicaciones. Nos equivocamos. Es un gendarme chino que desea librarnos
-á su modo, por los medios que él considera más seguros y prontos, del
-ruidoso asalto de estos mendigos.</p>
-
-<p>Callamos, algo avergonzados de nuestro error, sintiendo una repentina
-simpatía por el militar de las greñas de mono. ¡Las deducciones
-incoherentes del patriotismo!... Al saber que es chino, ya nos parece
-más aceptable y natural que les pegue á sus compatriotas.</p>
-
-<p>El pobre hombre que acudió creyendo realizar una buena acción permanece
-ahora inmóvil, intimidado por nuestros gritos, mirándonos con sus
-ojillos agudos. No comprende nuestras protestas por un acto tan
-corriente. En China, los representantes de la autoridad siempre llevaron
-un látigo en la mano.</p>
-
-<p>Al saber que no es japonés y si pega lo hace dentro de su casa, algunos
-viajeros hasta le echan cigarrillos. Él saluda con sonrisa humilde,
-enciende uno y empieza á fumar, rodeado de toda la masa humana á la que
-zurró momentos antes, y que le contempla con cierta admiración.</p>
-
-<p>Todos permanecen quietos. Algunos se rascan los chichones recientes ó se
-limpian con las manos la sangre de sus rostros.<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">[Pg 18]</a></span></p>
-
-<p>El gendarme no puede explicarse nuestra indignación anterior, ni las
-repentinas muestras de simpatía que recibe ahora. Fuma y nos mira
-asomados á nuestras ventanillas, como si fuésemos bestias raras dentro
-de una jaula ambulante.</p>
-
-<p>Se adivina su pensamiento:</p>
-
-<p>«¡Demonios blancos, locos y bárbaros!... Nunca sabe uno cómo darles
-gusto.»<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">[Pg 19]</a></span></p>
-
-<h2><a name="II" id="II"></a>II<br /><br />
-LA LLEGADA Á PEKÍN</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Los bandidos chinos y los trenes-fortalezas.&mdash;Una mala noche.&mdash;El
-Imperio del bambú soberano y de la paliza paternal.&mdash;5.000 años de
-historia conocida.&mdash;Recordando á Marco Polo.&mdash;Los cuatro grandes
-héroes de la Geografía.&mdash;«Micer Millones».&mdash;Cómo por obra de Marco
-Polo salieron Colón y los navegantes españoles hacia Pekín, para
-visitar al Gran Kan, y dieron con la ignorada América.&mdash;El
-despertar en Tien-Tsin.&mdash;Los chinos elegantes.&mdash;Agricultura sabia y
-campos de tumbas.&mdash;Una puerta de diez siglos con telegrafía sin
-hilos.</p></div>
-
-<p>Al cerrar la noche, nuestro tren se transforma en una fortaleza.</p>
-
-<p>Varios oficiales llevando largo abrigo de pieles y gorra con insignias
-de oro, á la que han añadido orejeras peludas, pasan de vagón en vagón
-dando órdenes, como si preparasen la resistencia á un asalto. En las dos
-plataformas de nuestro coche se sitúan centinelas con el fusil cargado y
-la bayoneta calada. En el pasillo quedan algunos más para relevar á sus
-compañeros durante la noche. A la cabeza y á la cola del tren van dos
-numerosos destacamentos en vagones blindados.</p>
-
-<p>Nuestros defensores pertenecen al nuevo cuerpo que acaba de crear la
-República china con el título de «Guardia de Ferrocarriles». El país
-está infestado de bandoleros que asaltan los trenes. Muchos de estos
-bandidos son antiguos soldados. El chino, después de conocer la<span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">[Pg 20]</a></span> vida
-militar, en la que come mejor que la mayoría de sus compatriotas á
-cambio de mantener un fusil en uno de sus hombros, ya no quiere
-desprenderse de dicha arma, pues ve en ella la herramienta del más fácil
-y agradable de los oficios. Si lo licencian ó lo expulsan de su
-regimiento, se agrega á la partida de facinerosos más inmediata.</p>
-
-<p>Hace cuatro meses fué asaltado un tren entre Pekín y Shanghai, y los
-bandidos secuestraron á los que iban en él (europeos y norteamericanos),
-para exigir grandes rescates. El gobierno, después de este suceso, se
-preocupa de vigilar las líneas férreas. No quiere que se repitan las
-reclamaciones diplomáticas; teme que el Japón aproveche tales incidentes
-para insinuar una vez más la conveniencia de que China le ceda la
-custodia de sus ferrocarriles. Esto traería como primer resultado el
-establecimiento de tropas japonesas dentro del territorio chino: una
-invasión disimulada igual á la de Manchuria.</p>
-
-<p>No es algo nuevo, que debe atribuirse á la anarquía política del país
-con motivo de su revolución, esta inseguridad de los caminos. Los
-bandoleros y los piratas abundaron siempre en China, llegando en otros
-siglos á quebrantar la autoridad de los emperadores, estableciendo un
-Estado nuevo y excepcional dentro del vasto Imperio. El vulgo aún
-muestra admiración por ciertos bandoleros famosos del mar y de los
-caminos, héroes de antiguos poemas y novelas.</p>
-
-<p>Los soldados instalados en el pasillo de nuestro vagón hablan en voz
-alta, fuman y discuten con una inconsciencia que impide toda protesta.
-Están aquí para defendernos, y como ellos no deben dormir, encuentran
-natural que sus protegidos se priven igualmente del sueño. Sus orejeras
-peludas, sus pellizas rústicas, las greñas aceitosas que cuelgan por
-debajo de sus gorras,<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">[Pg 21]</a></span> les dan un aspecto inquietante. Tal vez han sido
-bandidos antes de figurar como defensores del orden. Según se dice, la
-Guardia de Ferrocarriles la ha reclutado el gobierno entre el personal
-de las antiguas bandas, para mayor seguridad. Si les conviene, mañana,
-en vez de ir dentro del tren para defenderlo, se apostarán al lado de la
-vía para asaltarlo.</p>
-
-<p>Esto no les impide mostrarse joviales, agradecidos y un tanto
-confianzudos. Cuando les dan cigarrillos, acogen el regalo con
-gesticulaciones cómicas de gratitud. Si pasa una señora por el corredor
-señalan las sortijas ó los pendientes que lleva, y á continuación fingen
-que sacan el revólver, imitando con la boca varios tiros imaginarios.
-Pretenden expresar con esta mímica su resolución de batirse hasta la
-muerte en defensa de tales alhajas; pero mejor preferirían apoderarse de
-ellas, al verse lejos de la vigilancia de sus oficiales, jóvenes,
-correctos, de aire militar europeo, que mantienen firmemente la
-disciplina.</p>
-
-<p>Los coches-camas del Japón imitan á los de la América del Norte. Los que
-ruedan por las líneas chinas son parecidos á los de Europa, pero más
-abundantes en dorados, y con una altura tan exagerada y absurda de sus
-camas superiores, que hace necesario el empleo de una escala de muchos
-travesaños para poder acostarse en ellas.</p>
-
-<p>Como las voces de los chinos no nos dejan dormir, entretengo mi insomnio
-pensando en la historia de esta aglomeración humana, la más antigua y
-numerosa de todas las existentes, sobre cuyo suelo vamos deslizándonos á
-través de la noche. Esta historia abarca más de 5.000 años, y sus
-episodios salientes son veintidós cambios de dinastía y dos grandes
-invasiones: la de los tártaros mogoles y la de los manchures.<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">[Pg 22]</a></span></p>
-
-<p>Egipto es de mayor antigüedad; mejor dicho; los historiadores han ido
-más lejos en sus descubrimientos, ensanchando las fronteras de su
-pasado. Pero el viejo Egipto hace miles de años que dejó de existir, y
-la China se conserva viva y sólida, como en los tiempos de sus
-emperadores fabulosos.</p>
-
-<p>Recientemente desorientó al mundo, saltando sin transiciones
-constitucionales del régimen despótico más absoluto á la República
-democrática. Mas esto no pasa de ser un cambio de fachada, ya que la
-revolución todavía no ha reformado gran cosa en el interior del
-edificio.</p>
-
-<p>El país más grande y más viejo de la tierra conservó hasta hace una
-docena de años la forma de gobierno de las sociedades primitivas: el
-régimen patriarcal. La autoridad política imitaba la autoridad del jefe
-del hogar. El emperador era el padre de los padres, reinando sobre
-centenares de millones de súbditos, como los patriarcas de la Biblia
-sobre su descendencia. El Hijo del Cielo pegaba ó premiaba como un
-padre, y sus palabras eran manifestaciones de la sabiduría divina. Del
-mismo modo el padre chino ha guardado dentro de su hogar, hasta hace
-poco, el derecho de vida ó muerte sobre sus hijos, casándolos á su
-antojo, sin consultar para nada su voluntad.</p>
-
-<p>Durante 5.000 años el bambú flexible y duro fué el verdadero cetro de
-este Imperio, la varilla mágica que hizo marchar los engranajes del
-Estado, impulsando á los hombres á la práctica de la virtud. El único
-chino exento del peligro de sufrir una paliza era el Hijo del Cielo. Sus
-ministros más apreciados, los mandarines favoritos, los virreyes de las
-provincias, todos podían recibir por orden del emperador unas cuantas
-docenas de bastonazos, como penitencia de faltas ó descuidos. Y después
-de soportar esta muestra del interés imperial, continuaban en el
-ejercicio de sus funciones.<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">[Pg 23]</a></span></p>
-
-<p>Acostumbrados desde su niñez á los castigos del padre, nunca se creyeron
-los chinos deshonrados por unos cuantos palos más ó menos en el curso de
-su existencia. La paliza no cortaba una carrera ni quebrantaba el
-prestigio del que la sufría. Era como para nosotros pagar una multa por
-infracción de los reglamentos municipales. La policía imperial llevaba
-el bambú ó el látigo siempre en la diestra, para aplicar el correctivo
-apenas notada la falta.</p>
-
-<p>Este Imperio, gobernado lo mismo que una casa por un padre de origen
-celeste, con cerca de 500 millones de hijos, fué creando en el curso de
-cincuenta siglos una civilización que hoy se cae al suelo de puro vieja
-y refinada, pero tuvo en todas las épocas el poder de asimilarse á sus
-vencedores, de transformar á los caudillos fieros que se adueñaron de su
-territorio, convirtiéndolos en emperadores chinos, iguales á las
-dinastías fenecidas.</p>
-
-<p>Hasta hace 800 años, nuestro mundo occidental, indiscutiblemente bárbaro
-en comparación con el llamado Imperio de Enmedio, nada sabía de éste.
-Los capitanes que siguieron á Alejandro hasta la India y los romanos del
-Imperio llegaron á conocer vagamente la existencia del llamado «País de
-la seda». Mas á esto se limitaron sus noticias sobre la tierra china.
-Algunos viajeros árabes la visitaron en los primeros siglos de la Edad
-Media, pero nada se supo en Occidente de sus relatos.</p>
-
-<p>La humanidad se ha desenvuelto en dos escenarios diferentes sobre el
-gran macizo continental que forman juntas Asia y Europa, sin que el
-grupo de la vertiente atlántica-mediterránea supiese nada del otro grupo
-establecido en la opuesta vertiente del Pacífico. Ni Grecia ni Roma
-tuvieron noticias de la civilización que se iba desarrollando, con
-muchos siglos de adelanto sobre ellas,<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">[Pg 24]</a></span> al otro lado de la barrera
-formada por el Asia Menor, la Persia, la India y los mares misteriosos.</p>
-
-<p>Las expediciones de los cruzados y las guerras implacables de
-Gengis-Kan, que arrancaron á tantos pueblos asiáticos de sus alvéolos
-históricos, lanzándolos como piedras en opuestas direcciones, dejaron
-adivinar un poco del misterio chino. Pero fué un hombre aislado, un
-comerciante, un explorador amigo de correr aventuras, quien hizo conocer
-á los países de Europa lo que existía en este mundo lejano, envuelto en
-sombras para los occidentales. Este hombre se llamó Marco Polo.</p>
-
-<p>Cuatro grandes héroes tiene la Geografía: Alejandro, que llevó la
-influencia griega hasta el Ganges; Marco Polo, Colón y Magallanes. Pero
-el héroe macedónico pudo realizar en gran parte su corta y asombrosa
-carrera porque su padre le había legado toda la fuerza militar y la
-sabiduría de Grecia, acaparadas astutamente por él. Colón descubrió un
-mundo nuevo auxiliado por los Pinzones y otros nautas españoles, que á
-causa de la posición geográfica de su país conocían mejor que los demás
-navegantes la existencia de tierras misteriosas en el Océano. Magallanes
-vió completada su circunnavegación del planeta gracias á la energía de
-Sebastián del Cano, que supo dar fin á tan magna empresa.</p>
-
-<p>Marco Polo no tuvo colaboradores. Fué un simple mercader de genio,
-aficionado al estudio y á los descubrimientos, hábil para aprender las
-lenguas y amoldarse á los ambientes; un entendimiento ágil, capaz de
-ejercer las más diversas funciones.</p>
-
-<p>Su padre y su tío habían hecho ya viajes comerciales á través de la
-misteriosa Asia, y le llevaron con ellos al ser mozo. Durante veintidós
-años vivió lejos de Europa, habituándose á los usos del Extremo Oriente.
-Su vida se desarrolla de la mitad del siglo XIII al primer tercio del<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">[Pg 25]</a></span>
-siglo XIV. Viajó por el Asia Menor, la Persia, la India, y llegó á China
-cuando el nieto de Gengis-Kan acababa de establecer la dinastía mongola
-en el Imperio de Enmedio, declarando á Pekín su capital.</p>
-
-<p>El Gran Kan&mdash;nombre que Marco Polo da al emperador de la China y la
-tradición consagró durante siglos&mdash;necesitaba extranjeros leales que le
-sirviesen, en un país recién conquistado y sordamente hostil á sus
-nuevos dominadores. Por tal razón acogió favorablemente al mercader
-veneciano, que además podía darle noticias de su remoto y desconocido
-mundo.</p>
-
-<p>Marco Polo fué un personaje en el Pekín de hace siete siglos, que se
-llamaba entonces Cambaluc (la Ciudad del Señor), y él titula en su libro
-Gran Ciudad del Catay. Este título se cambió luego en Pe-King (Corte del
-Norte), por haber estado la capital en otras ciudades situadas más al
-Sur. El veneciano hasta llegó á ser virrey de una provincia china; pero
-su curiosidad le impulsó á correr nuevas tierras, viajando por Sumatra,
-Java, Ceilán y Tartaria.</p>
-
-<p>Pocos autores han influido en las letras como este hombre de acción,
-falto de pretensiones literarias. Al volver á su país, los venecianos
-escucharon con interés el relato de sus maravillosos viajes. Luego los
-incrédulos y los maldicientes hicieron materia de dudas y bromas estas
-historias de un mundo lejano, y muchos de sus compatriotas acabaron por
-apodarle <i>Micer Millones</i>. Unos lo llamaban así por las riquezas
-fabulosas que describía en sus relatos; otros, peor intencionados,
-calculaban por millones las mentiras salidas de su boca. Estando en la
-cárcel por haber caído prisionero de los enemigos de Venecia en una
-batalla naval, escribió la crónica de sus viajes á través del Asia. En
-sus últimos días, al hablar melancólicamente de la incredu<span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">[Pg 26]</a></span>lidad de sus
-contemporáneos, afirmó no haber puesto en su libro ni la décima parte de
-las maravillas vistas por él.</p>
-
-<p>La veracidad de Marco Polo ha sido comprobada por muchos sabios y
-exploradores modernos, sin encontrar en su libro errores geográficos de
-bulto ni descripciones inverosímiles. Su obra circuló entre los hombres
-doctos de los dos últimos siglos de la Edad Media. Poetas y novelistas
-la explotaron para sus relatos caballerescos. Él hizo conocer al Preste
-Juan de las Indias, rey misterioso del que tanto se ocuparon los autores
-medioevales; él lanzó los nombres de Catay y Cipango para designar á la
-China y el Japón; él fué el primero en describir como testigo visual las
-riquezas del Gran Kan y sus palacios de Pekín.</p>
-
-<p>Colón no pudo leer directamente el libro de Marco Polo. Este relato sólo
-fué popularizado por medio de la imprenta años después del
-descubrimiento de América. Pero empleó como autores de consulta á muchos
-que se habían inspirado en el aventurero mercader, repitiendo sus
-descripciones de las riquezas asiáticas, en cuya busca fué Colón al
-salir de España, siguiendo el rumbo de Occidente. Por Marco Polo conocía
-también la existencia del Gran Kan, y estaba tan cierto de encontrarlo,
-que pidió á los Reyes Católicos una carta de presentación escrita en
-latín, para que aquel le recibiese en su ciudad de Catay como enviado de
-España.</p>
-
-<p>El libro de un explorador que vivió en Pekín á fines del siglo XIII
-sirvió para que dos siglos después otro aventurero genial, con tres
-puñados de españoles sobre tres barquitos, fuese en busca del Japón y la
-China por el lado de Poniente, aprovechando la redondez de la tierra. Y
-al insistir en tan audaz aventura dieron todos, sin esperarlo, con una
-muralla infranqueable en medio<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">[Pg 27]</a></span> de los mares, la tierra virgen de las
-nuevas Indias, mal llamada después América...</p>
-
-<p>Acabo por dormirme, no obstante los gritos y las risotadas de nuestros
-guardianes. Cuando despierto entra el sol por los resquicios de las
-ventanillas. Parece que ya hemos pasado la parte más peligrosa del
-camino: unas tierras encharcadas por las grandes crecidas fluviales, en
-cuyos pantanos, exuberantes de vegetación, se refugian los bandoleros.</p>
-
-<p>Llegamos á la ciudad de Tien-Tsin, el puerto más inmediato á Pekín. En
-el vagón-comedor encuentro á varios europeos residentes en dicha
-población, que han subido al tren para trasladarse á la capital. Todos
-ellos llevan abrigos de pieles con el pelo á la parte exterior. En otras
-mesas hay numerosos chinos de aspecto elegante, que hablan en inglés y
-usan el tenedor como los occidentales. Son mercaderes acaudalados ó
-personajes adictos al gobierno de la República, que se dirigen á Pekín
-para despachar sus asuntos. Llevan el traje nacional: una túnica de rica
-seda azul, chaleco negro de damasco abotonado hasta el cuello, y un
-solideo de igual color con botón de coral ó de jade. Como la sotana azul
-está abierta á partir de las rodillas, deja ver su forro interior de
-suaves y costosas pieles. Además, llevan un pantalón sujeto al tobillo,
-muy ancho y acolchado por dentro. Todos ellos aman las joyas. Ostentan
-valiosas sortijas en las manos finamente cuidadas, y cadenas de oro
-sobre el pecho.</p>
-
-<p>Uno de estos personajes, joven y de sonrisa afable, me explica la
-vestimenta que usan los chinos modernos según las estaciones. En
-invierno prefieren el traje nacional. Es más abrigador; su amplitud
-permite forrarlo con pieles y acolchados. En verano imitan á los
-coloniales de origen europeo, y se visten de blanco, con pantalón y
-chaqueta cerrada.<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">[Pg 28]</a></span></p>
-
-<p>A la nieve ha sucedido el polvo. Corre el ferrocarril por unas llanuras
-amarillas divididas en campos. Todo está arado. Cuando pase el invierno,
-esta sucesión de parcelas cultivadas resultará atractiva con su
-interminable oleaje de mieses; pero ahora el viento levanta remolinos de
-tierra rojiza, y los servidores del comedor deben sacudir á cada momento
-el cuero de los divanes y los manteles de las mesas.</p>
-
-<p>Tienen cierta semejanza estos campos con las planicies de la Argentina
-después de la siembra, pero con más abundancia forestal. Todas las
-propiedades están orladas de árboles, á los que arrebató el invierno su
-follaje: hileras de esqueletos grises, elevando al cielo sus múltiples y
-nudosos brazos.</p>
-
-<p>Hay en todas las estaciones muchedumbres vestidas de azul. Hombres y
-mujeres usan el mismo traje, de idéntico color. El pantalón y la blusa
-son el uniforme de la nación china sin distinción de sexos. En los
-pueblos rurales se conserva la trenza varonil. Sólo los chinos de las
-grandes ciudades y los que viven en el extranjero aprovecharon la caída
-del Imperio para cortarse este apéndice tradicional.</p>
-
-<p>Lo que produjo mayor asombro á Marco Polo, y algunos siglos después á
-los primeros misioneros establecidos en China, fué el desarrollo de su
-agricultura. En aquellos tiempos los labriegos de Europa eran unos
-bárbaros que cultivaban sus tierras de un modo rudimentario. Todos los
-adelantos agrícolas posteriores fueron las más de las veces simples
-copias de la agricultura china.</p>
-
-<p>Admiramos desde el tren huertas que merecen el título de jardines. Las
-grandes extensiones dedicadas á los cereales revelan un trabajo
-minucioso. Mas con frecuencia, partiendo los vastos rectángulos de
-tierra cultivada, vemos un oleaje de pequeñas cúpulas que son tumbas.<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">[Pg 29]</a></span>
-Estos grupos de sepulturas se prolongan á veces hasta el horizonte,
-formando cementerios interminables.</p>
-
-<p>Los chinos pueden ordenar su enterramiento sin ningún obstáculo legal.
-Cada uno improvisa un cementerio en el campo de su pertenencia. Las
-tumbas no desaparecen con el curso de los siglos, y á las nuevas
-generaciones les basta añadir unas paletadas de tierra sobre los
-montículos sepulcrales para que éstos persistan á través de miles de
-años con más consistencia que los monumentos de granito.</p>
-
-<p>Cada uno defiende las tumbas de sus muertos al defender la propiedad de
-la tierra que le alimenta. Y como en este país, poblado por cerca de
-quinientos millones de seres, la cantidad de defunciones alcanza todos
-los años á una cifra enorme y no se borra ninguna tumba aunque
-transcurran siglos y siglos, resulta que los que se fueron roban cada
-vez más terreno á los que llegan, estrechando los límites de su
-actividad.</p>
-
-<p>Más de una cuarta parte de la inmensa China se halla ocupada por tumbas.
-Además, éstas son eternamente sagradas y no hay gobierno que se atreva á
-tocarlas. Una de las dificultades mayores con que tropiezan los blancos
-al construir ferrocarriles, es la imposibilidad de expropiar una tierra
-que tenga sepulcros. Algunas veces se ven obligados á desviar la línea
-férrea con absurdos rodeos porque los descendientes de unos chinos que
-murieron hace tres ó cuatro siglos se niegan á remover las sepulturas de
-éstos.</p>
-
-<p>La República lleva hechas algunas reformas, pero no se atreverá en
-muchos años á aligerar el suelo patrio de tantos millones y millones de
-tumbas. Los muertos pesan sobre el país con una fuerza abrumadora; lo
-siguen gobernando, y habrá que empezar por hacerlos desaparecer para que
-la China entre en la vida moderna.<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">[Pg 30]</a></span></p>
-
-<p>Son tantos los sepulcros en algunos campos, que sus poseedores,
-necesitados de hacerlos producir, aprovechan los espacios libres entre
-los montículos y van trazando con el arado surcos tortuosos. Así
-obtienen hileras de espigas nutridas con el zumo de unos ascendientes á
-los que nunca conocieron, pero que les inspira un respeto supersticioso.</p>
-
-<p>El japonés venera á sus antepasados porque se han convertido en dioses,
-y él á su vez será dios cuando sus descendientes le rindan igual culto.
-El chino los respeta porque les tiene miedo. Venera las tumbas de unos
-abuelos remotísimos cuyo nombre ignora; se arruina y vende hasta los
-objetos de primera necesidad para costear funerales ostentosos en honor
-de los que fallecen dentro de su casa. Como teme á los muertos, procura
-mantenerlos tranquilos y contentos, para que no vengan á atormentarle
-durante la noche, ni siembren de fracasos y desgracias el camino de su
-vida. Alguien ha definido á este país diciendo que es una aglomeración
-de quinientos millones de vivos, aterrados por la presencia de miles de
-millones de muertos.</p>
-
-<p>Los cementerios se suceden en el paisaje, cada vez con mayor frecuencia.
-Al final sólo vemos tumbas, y emergiendo de su oleaje rojizo algunas
-chozas de esteras y pedazos de lata, semejantes á las que existen en los
-suburbios de todas las ciudades.</p>
-
-<p>Empieza á deslizarse paralelamente al tren una alta muralla gris de
-apretadas almenas. En la faja de terreno intermedia van pasando pequeñas
-huertas y casitas de hortelanos. Vemos, con cinematográfica rapidez, una
-puerta que perfora lo mismo que un túnel este bastión interminable, y
-sobre su arcada sombría un castillo rojo con tres tejados superpuestos,
-cuyos ángulos tienen forma de cuernos.<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">[Pg 31]</a></span></p>
-
-<p>Esta puerta, fortificada al estilo chino, la hemos contemplado muchas
-veces en libros de viajes. A continuación, con violenta antítesis
-visual, se alzan sobre la muralla unos palos gigantescos que se
-aproximan á nosotros. Son dos poderosas antenas de comunicación
-inalámbrica, instaladas por los norteamericanos. ¡La telegrafía sin
-hilos junto á una puerta que cuenta más de mil años!...</p>
-
-<p>Va aminorando su marcha el tren y se inmoviliza finalmente luego de
-rozar una especie de malecón que es una antigua muralla cortada.</p>
-
-<p>Hemos llegado á Pekín.<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">[Pg 32]</a></span></p>
-
-<h2><a name="III" id="III"></a>III<br /><br />
-LAS TRES CIUDADES DE PEKÍN</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">La forma geométrica de Pekín.&mdash;La ciudad china, la ciudad tártara y
-la ciudad prohibida.&mdash;El edificio chino y la tienda de
-campaña.&mdash;Los geomantes y sus adivinaciones.&mdash;Los espíritus del
-Viento y del Agua.&mdash;La cuarta ciudad.&mdash;El barrio de las Legaciones
-y sus tropas visibles y ocultas.&mdash;La seguridad de las calles de
-Pekín y la policía china.</p></div>
-
-<p>Todas las mañanas, al saltar fuera de mi cama en el «Grand Hôtel des
-Wagons-Lits», siento la misma duda, y me pregunto:</p>
-
-<p>&mdash;¿Estoy verdaderamente en Pekín?</p>
-
-<p>El aspecto europeo de mi habitación me obliga á descorrer las cortinas
-de una ventana y limpiar sus vidrios, empañados por el frío exterior.
-Veo enfrente un canal, á un lado una muralla obscura, y al pie del hotel
-una larga fila de cochecitos con las varas en el suelo, mientras sus
-conductores, cruzando los brazos sobre el pecho, abrigan sus manos
-conservándolas bajo los sobacos. Todos estos chinos miran á las
-ventanas, y uno de ellos que me llevó por la ciudad en días anteriores,
-al reconocer á su cliente inicia una mímica apasionada para hacerme
-saber que me espera desde el alba.</p>
-
-<p>Una vez más me convenzo de que estoy en Pekín, pero esto no impedirá que
-al despertar mañana sufra la misma duda. ¡Es tan extraordinario vivir en
-esta pobla<span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">[Pg 33]</a></span>ción, cuyo nombre aprendemos desde niños, como algo
-remotísimo que nunca llegaremos á ver!...</p>
-
-<p>La gran ciudad china figura en nuestras primeras impresiones como un
-lugar inaudito de absurda lejanía. Cuando oíamos hablar, siendo
-pequeños, de alguna persona que se había alejado para siempre, decían:
-«Se fué á Pekín», y no era preciso añadir más. Los hombres de verbo
-enérgico, para concretar algo que no podría realizarse nunca ó no
-tolerarían de ningún modo, afirmaban: «Ni aquí ni en Pekín», y todo
-quedaba dicho.</p>
-
-<p>Esta capital misteriosa se hallaba al otro lado del planeta, debajo de
-nuestras plantas, y como sus habitantes de ojitos oblicuos, sonrisa
-astuta y trenza en el cogote vivían cabeza abajo, era natural que todo
-lo hiciesen al revés que los blancos, lo que abría ante nuestra
-imaginación infantil una serie interminable de espectáculos grotescos y
-disparatados.</p>
-
-<p>Me convenzo todas las mañanas de que estoy en Pekín é igualmente de que
-los chinos no son tan extravagantes como los creíamos en nuestra niñez.
-La vida moderna ha cambiado la fisonomía de todos los pueblos, hasta del
-Imperio chino, que parecía eterno como una momia y hoy es una República.
-Pero no obstante la general transformación, guarda esta ciudad el
-prestigio misterioso y el novelesco interés que envolvió siempre su
-nombre.</p>
-
-<p>Verdaderamente sólo á partir del régimen republicano forma Pekín una
-ciudad única. Mientras existieron los emperadores estuvo compuesta de
-tres ciudades: la china, la tártara y la imperial, llamada también
-«ciudad prohibida», cada una de ellas con su defensa de anchos muros y
-puertas profundas, coronadas por castillos.</p>
-
-<p>Pekín es, de todas las capitales de la tierra, la que<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">[Pg 34]</a></span> tiene una forma
-más exactamente geométrica y una orientación escrupulosamente
-geográfica. Su eje va de Norte á Sur rigurosamente. La calle de
-Chien-Men, que divide toda la ciudad china y gran parte de la tártara,
-llegando hasta la primera puerta de la ciudad imperial, es una línea
-escrupulosamente trazada entre estos dos puntos cardinales, y las calles
-secundarias que la atraviesan van con igual exactitud de Este á Oeste.
-Las murallas que abarcan á las tres ciudades forman en su conjunto un
-cuadrilátero y cada una de sus caras es paralela á uno de los cuatro
-límites geográficos.</p>
-
-<p>Al examinar el plano de Pekín se cree estar viendo un dibujo geométrico.
-Abajo, en el Sur, hay un rectángulo más ancho que alto, que es la ciudad
-china. Encima un cuadrado perfecto, la ciudad tártara, y en el centro de
-ella un segundo cuadrado, la ciudad imperial. La ciudad china, reservada
-en otros siglos al populacho, ocupa el lugar del vestíbulo en un plano
-arquitectónico; después viene, como si fuese el cuerpo principal del
-edificio, la ciudad tártara, y en su corazón, bien guardado por todas
-sus caras, está el santuario, la ciudad imperial, donde residía el Hijo
-del Cielo.</p>
-
-<p>Marco Polo cuenta que el nieto de Gengis-Kan, al establecer su capital
-en Pekín, tuvo en cuenta las predicciones de algunos adivinos que le
-acompañaban en sus conquistas. Como éstos le aseguraron que su
-descendencia perecería por una sublevación de dicha ciudad, el Gran Kan
-levantó al lado de la antigua Cambaluc, ó sea la ciudad china, la actual
-ciudad tártara, repartiendo los solares entre sus feudatarios más
-adictos. De tal modo, sus herederos vivirían rodeados siempre por los
-nietos de los antiguos conquistadores, sirviéndoles éstos de guardia y
-defensa. Para que los enemigos del Hijo del Cielo pudiesen llegar hasta
-él, tenían que asaltar<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">[Pg 35]</a></span> primeramente la ciudad china, que por sí sola
-representaba todo un sistema de fortificación. Luego, salvando el canal
-que separa dicha ciudad de la tártara, debían hacerse dueños de los
-baluartes de ésta última, todavía más altos y robustos, y finalmente, al
-verse poseedores de la ciudad tártara, tropezaban con las murallas de la
-«ciudad roja», nombre que se da igualmente por el color de sus muros á
-la ciudad imperial ó prohibida.</p>
-
-<p>Durante varios siglos de paz se fué quebrantando la división de razas
-que separaba á los conquistados, habitantes de la ciudad china, de los
-vecinos de la ciudad tártara, descendientes de los conquistadores. Esta
-última, por contener en su recinto los palacios imperiales, vivía bajo
-un régimen militar, cerrándose sus puertas á la puesta del sol y
-quedando sometidos sus habitantes á todas las molestias de una plaza
-fuerte. Como precisamente los nietos de los tártaros eran los más ricos
-y dados á los placeres, se fueron trasladando á la ciudad china, para
-vivir con mayor libertad. Hace ya muchos años que estas denominaciones
-no son más que recuerdos históricos. Las familias chinas y tártaras se
-han mezclado por enlaces matrimoniales y viven indistintamente en una ó
-en otra ciudad.</p>
-
-<p>La arquitectura de Pekín recuerda el origen nómada del pueblo chino en
-los tiempos remotos de su historia. También fueron de vida errante las
-dos invasiones de jinetes tártaros y manchures. A causa de esta
-influencia, muchos que han estudiado su arquitectura reconocen en todas
-sus construcciones&mdash;palacios, templos, torres ó casas particulares&mdash;una
-imitación de la tienda de campaña habitada por sus ascendientes.</p>
-
-<p>En China sólo se construyeron durante los pasados siglos edificios de un
-piso único. Cuando se quería darles cierta altura para que adquiriesen
-proporciones majes<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">[Pg 36]</a></span>tuosas, eran levantados sobre mesetas de piedra. En
-los barrios comerciales, la necesidad de vivir sin quitar espacio al
-propio almacén obligó á muchos á construir sobre su establecimiento una
-especie de buhardilla, que sirve de habitación. Pero es creencia
-tradicional que el vivir en piso alto atrae las enfermedades, y
-manteniéndose en contacto á todas horas con la tierra se reciben
-efluvios misteriosos que vigorizan la salud.</p>
-
-<p>El parecido entre el edificio chinesco y la tienda de campaña resulta
-exacto. Las techumbres, negras ó de tejas barnizadas, son externamente
-cóncavas, como la cubierta de lona de la tienda, que forma bajo el soplo
-del viento una curva entrante. Las columnas, siempre de madera, carecen
-de capiteles y basamentos, aunque el edificio se halle revestido con
-pomposa riqueza. Están cubiertas de laca y oro, pero son iguales de
-arriba á abajo, sin ningún adorno saliente, como los postes que forman
-el andamiaje interior de los campamentos. Los ángulos de las techumbres
-se encorvan hacia arriba, lo mismo que los extremos de la tienda,
-sostenidos por lanzas.</p>
-
-<p>Los chinos han ratificado con sus ideas supersticiosas esta forma curva
-de los ángulos de sus tejados. Son muchos los que aún creen en la
-actualidad que sus ascendientes dieron figura de cuerno á los remates de
-los aleros para dejar más espacio á los espíritus del Agua y del Aire,
-señores de nuestra existencia. Así no se rasgan las alas ni se enredan
-en ángulos agudos, como los que fabrican los «demonios blancos» en sus
-construcciones.</p>
-
-<p>Éste es el país de los geomantes. Antes de construir un edificio se pide
-consejo á la ciencia geomántica y no se abren los cimientos ni se coloca
-una piedra sin que el adivino, enterado del revoloteo de los espíritus y
-las direcciones amadas por ellos, estudie el solar y diga al arquitecto
-qué orientación debe seguir en sus planos.<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">[Pg 37]</a></span> Son también los geomantes
-quienes señalan los terrenos más favorables para enterrar á los muertos
-y que los espíritus sean clementes con ellos. Con frecuencia, el adivino
-designa como lugar favorable para la futura tumba el campo de algún
-amigo suyo, y los herederos se ven obligados á adquirirlo á un precio
-fabuloso. Lo más extraordinario es que estos hechiceros que legislan
-sobre las buenas ó malas condiciones del suelo únicamente reconocen á la
-tierra que los hace vivir una personalidad secundaria y pasiva. Los
-dioses, según ellos, sólo habitan la atmósfera. Son <i>Feng</i> (el Viento) y
-<i>Shui</i> (el Agua).</p>
-
-<p>Más de una vez, el europeo ó el norteamericano, después de haber
-construído una fábrica, una estación de ferrocarril ó una chimenea de
-ladrillos, ve llegar en masa á la chinería de las inmediaciones, que
-protesta con desesperación, enumerando las calamidades caídas
-recientemente sobre la comarca. Esto se debe á que <i>Feng</i> y <i>Shui</i> están
-irritados por las obras groseras que obstruyen una atmósfera en la que
-se movían antes con desembarazo. Es el geomante más célebre del distrito
-quien ha hecho tal descubrimiento, gracias á su ciencia. Y los
-civilizadores del país no tienen otro recurso que buscar al sabio
-popular para conseguir con donativos secretos que cambie repentinamente
-de opinión. En ciertas ocasiones el geomante es un nacionalista hasta la
-xenofobia, que no admite regalos y cree de buena fe en sus revelaciones,
-aferrándose á ellas para que los extranjeros se alejen del país. El
-populacho insiste en sus protestas, y los mandarines encargados de la
-justicia ordenan, para restablecer la paz, la demolición de los
-edificios industriales, aunque el gobierno tenga que pagar una fuerte
-indemnización á sus dueños.</p>
-
-<p>La tienda de campaña, origen y modelo de la arquitectura china, se
-repite siempre en extensión ó en altu<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">[Pg 38]</a></span>ra. Una torre de pagoda no es más
-que una sucesión de tiendas con los aleros cornudos, colocadas una sobre
-otra en armónica disminución. Los pequeños y ligeros edificios
-superpuestos deben ser forzosamente en número impar: cinco ó siete por
-regla general. Los chinos aborrecen el número par y lo evitan en todas
-sus obras.</p>
-
-<p>Templos y palacios están formados por aglomeraciones de edificios,
-siempre en figura de tienda, y teniendo por únicos materiales la madera
-y el azulejo. El mármol y el granito se reservan para los basamentos de
-las construcciones, para las escalinatas con barandillas admirablemente
-cinceladas, para los puentes de atrevida joroba, para los pavimentos de
-los patios, encerrados entre cuatro hileras de edificios y por cuyo
-centro se desliza un curso de agua.</p>
-
-<p>Las tres antiguas ciudades que forman la capital china han visto crearse
-otra más pequeña junto á la muralla de la ciudad tártara, en el lugar
-donde se alza la Puerta de Enfrente, dando paso á la avenida que
-atraviesa todo Pekín hasta el Palacio Imperial. Esta cuarta ciudad es el
-llamado barrio de las Legaciones, por vivir en él los representantes
-diplomáticos y todos los blancos residentes en Pekín. Es como un Estado
-independiente dentro del corazón de la China. Hasta tiene un ejército
-internacional para su defensa, y en el interior de sus fronteras no
-rigen las leyes ni las autoridades del resto del país.</p>
-
-<p>El lector recordará indudablemente la sublevación de los boxers en 1900
-y la horrible situación en que se vieron los habitantes del barrio de
-las Legaciones. Estos boxers, patriotas hasta la ferocidad, se
-sublevaron contra los «demonios blancos», exterminando á todos los
-individuos de nuestra raza que pudieron encontrar. El personal de las
-Legaciones, los exiguos contingentes<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">[Pg 39]</a></span> militares que éstas tenían á su
-disposición y los europeos civiles que pudieron armarse sostuvieron una
-lucha desesperada durante varias semanas, hasta que llegaron los
-refuerzos enviados por las grandes potencias. Tuvieron que batirse uno
-contra mil día y noche, sufriendo el hambre, la sed, el insomnio, la
-infección de la atmósfera producida por los cadáveres abandonados en las
-calles al pie de las barricadas. Como estaban seguros de perecer
-sometidos á horribles tormentos si caían en poder de los boxers, se
-batieron con el heroísmo del que ha decidido morir, pero sin soltar las
-armas.</p>
-
-<p>Además, el chino es poco propenso á las ofensivas á cuerpo descubierto,
-y prefirió atacar las Legaciones oculto en los edificios cercanos, con
-la esperanza de rendir á sus enemigos por el hambre y la sed.</p>
-
-<p>Después de esta cruel experiencia, las naciones poderosas que desean
-influir sobre los destinos de la China mantienen en el barrio de las
-Legaciones unos contingentes militares dignos de respeto. Se ven en las
-calles de esta pequeña ciudad, edificada á estilo europeo, soldados
-ingleses, franceses, italianos, y especialmente norteamericanos.</p>
-
-<p>La Embajada de los Estados Unidos es enorme. Sus varios edificios están
-situados junto á una sección interior de la muralla que defiende á la
-ciudad tártara. Algunos de ellos son pabellones militares, idénticos á
-los de los cuarteles. Desde lo alto de la muralla se ven sus patios y en
-ellos grupos de soldados con chambergos puntiagudos que hacen el
-ejercicio de fusil y practican el manejo de las ametralladoras. Además,
-dentro de la Embajada están las dos enormes antenas de telegrafía
-inalámbrica que mantienen en comunicación segura á las Legaciones con el
-resto de la tierra.</p>
-
-<p>Hoy no es probable un ataque de los patriotas exal<span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">[Pg 40]</a></span>tados contra este
-barrio. Las fuerzas militares de que disponen los embajadores en Pekín y
-en las concesiones diplomáticas del puerto de Tient-Sin ascienden, según
-parece, á unos ocho mil hombres, lo que representa, por la calidad de
-los soldados y por su material de combate, un ejército importantísimo,
-teniendo en cuenta la desorganización ruidosa y la propensión á huir,
-después de un ataque rechazado, que muestran las muchedumbres chinas.</p>
-
-<p>No hacen los embajadores ostentación de dichas tropas. Únicamente se ven
-en las calles, con alguna frecuencia, soldados norteamericanos; lo que
-no resulta extraordinario, por ser el gobierno de los Estados Unidos el
-que ejerce mayor influencia sobre la República china. Soldados nipones
-apenas se encuentran, aparte de los centinelas que guardan la entrada de
-su Legación; pero en Pekín ascienden á varios miles los tenderos
-japoneses, vigorosos, jóvenes, de sonrisa astuta. Según me dicen algunos
-diplomáticos, todo japonés tiene oculto en su tienda el uniforme y el
-fusil, y basta que su embajador lance una palabra, para que media hora
-después formen en sus patios dos regimientos tan bien organizados como
-los de la guarnición de Tokio, sin que nadie pueda adivinar de dónde
-surgieron.</p>
-
-<p>Este barrio de las Legaciones es interesante y ameno á causa de las
-rivalidades ocultas, las ceremonias y las etiquetas exteriores, que
-forman el tejido de su vida diaria. Recuerda el mundo diplomático de
-Constantinopla antes de que fuese destronado el último sultán absoluto,
-cuando aún existían los privilegios internacionales de las
-Capitulaciones. Las esposas de los diplomáticos reproducen en Pekín las
-elegancias y placeres de la vida occidental. Son frecuentes las fiestas
-de sociedad, los banquetes conmemorativos, las recepciones oficiales.<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">[Pg 41]</a></span></p>
-
-<p>El primer hotel europeo de Pekín lo estableció, en pleno barrio de las
-Legaciones, la Compañía europea de los Wagons-Lits y lleva este mismo
-título. Es un hotel de tipo francés, que algunos consideran algo
-anticuado. Recientemente, la influencia norteamericana creó el Gran
-Hotel de Pekín, edificio enorme, á semejanza de los de Nueva York, con
-vastas salas de baile y una feria de bulliciosas tiendas en su piso
-bajo. La tranquilidad actual de la China ha permitido la audacia de
-construir este albergue lujoso fuera del barrio de las Legaciones. En
-torno á él se están edificando casas á la europea para las familias
-occidentales, cada vez más numerosas. De ocurrir una revolución
-nacionalista, las fuerzas que guarnecen las Legaciones podrían defender
-con facilidad este nuevo barrio anexo.</p>
-
-<p>Los que conocemos á Pekín desde hace muchísimos años por nuestras
-lecturas, preferimos el tranquilo y señorial Hotel de los Wagons-Lits.
-Lo vimos mencionado siempre en los relatos de la lejana ciudad como
-única residencia de los europeos de entonces, y nos parece que
-instalados en él estamos más de veras en China.</p>
-
-<p>Tengo un amigo y compañero de letras que ha residido en esta capital dos
-largas temporadas, y me conduce á muchos lugares cuyo conocimiento
-requiere una larga observación. Es el marqués de Dosfuentes, ministro
-plenipotenciario de España; diplomático que vive como un prócer de otra
-época, escritor que en su libro <i>El alma nacional</i> supo condensar como
-nadie lo mejor y lo más sano de nuestra raza. La Legación de España,
-edificio gracioso, de elegante sencillez, ha aumentado sus atractivos
-para la sociedad internacional de Pekín con las fiestas que da
-frecuentemente nuestro ministro. Gracias á él pude conocer en poco
-tiempo todas las per<span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">[Pg 42]</a></span>sonalidades interesantes de este barrio célebre que
-asisten fielmente á sus comidas y recepciones.</p>
-
-<p>En los primeros días causa extrañeza ver con qué naturalidad se
-desarrolla la vida europea dentro de esta urbe asiática tenida hasta
-hace poco por misteriosa. Parece imposible que á una distancia de dos
-docenas de años nada más, fuesen martirizados y hechos pedazos todos los
-blancos que pudo pillar la muchedumbre amarilla en sus calles. Las
-señoras van solas en plena noche á través del gentío chino, sin recibir
-el menor insulto; tal vez con más seguridad que en algunas ciudades
-europeas.</p>
-
-<p>Al pasear por Pekín se nota inmediatamente la abundancia de policía y el
-método con que cumple ésta sus funciones. A cortas distancias hay
-agentes que con sus movimientos de brazos regulan la circulación. Sólo
-los pobres marchan á pie. Muchos chinos van en automóvil, y el resto de
-los transeúntes se vale del carruajito de ruedas ligeras, tirado por un
-solo hombre, que aquí se llama <i>ricsha</i>. En la gran avenida que parte
-longitudinalmente á Pekín, las <i>ricshas</i> forman filas de seis y de ocho,
-circulando por la derecha ó la izquierda, según su dirección. Ninguno de
-los caballos humanos deja de obedecer los manoteos ordenadores de la
-policía. Además, cada cien metros hay una pareja de gendarmes con el
-fusil al hombro, más correctamente uniformados y de mejor cara que
-nuestros guardianes del ferrocarril.</p>
-
-<p>Se adivina en toda la ciudad un orden firme y severo, una vigilancia
-continua é inexorable. Robos y homicidios abundan menos que en la
-mayoría de las capitales de Europa. El chino del Norte, grande de
-estatura, sobrio en palabras, honesto en sus tratos, se parece muy poco
-al chino del Sur, pequeñito, bullanguero, astuto, propenso á la mentira,
-que es el más co<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">[Pg 43]</a></span>nocido en el mundo, porque junto con tan malas
-cualidades posee otras muy excelentes, que hacen de él un elemento
-valioso de emigración.</p>
-
-<p>Después de comer en la Legación de España veo que una de las invitadas,
-señora joven y elegante, se vuelve sola á su casa á las once de la
-noche. Al extrañarme de ello, como de una audacia inconcebible, me dice
-con naturalidad que todas las noches hace lo mismo. Toma una <i>ricsha</i>,
-cuyo conductor no conoce las más de las veces, y se hace llevar por él á
-su domicilio, fuera del barrio de las Legaciones, á través de calles
-puramente chinas.</p>
-
-<p>Nunca la ocurrió el menor percance. Jamás ha sentido la inquietud del
-miedo. En las vías solitarias encuentra siempre á un policía, con su
-gorra redonda galoneada de blanco y el revólver sobre una cadera. Otras
-veces es una pareja de gendarmes con fusiles al hombro y cargados.</p>
-
-<p>No todos pueden decir lo mismo en la mayoría de las ciudades de
-Occidente, más peligrosas y desiertas después de media noche que los
-senderos de una selva.<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">[Pg 44]</a></span></p>
-
-<h2><a name="IV" id="IV"></a>IV<br /><br />
-SINGULARIDADES DE LA VIDA CHINA</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">La ciudad más grande del mundo.&mdash;Las antiguas calles y sus
-muchedumbres.&mdash;Casas, muebles y gorros.&mdash;Los casamientos.&mdash;Los pies
-de las chinas.&mdash;Vanidad con que las mujeres á estilo antiguo
-aprecian su deformación.&mdash;Las damas manchures.&mdash;La cocina china y
-sus horripilantes picadillos.&mdash;Vinos de animales.&mdash;Los cocineros
-chinos esparcidos por el mundo.&mdash;Sus caprichos de artista.&mdash;Lo que
-vió una dama al bajar á su cocina, y la respuesta del cocinero para
-que todos quedasen contentos.</p></div>
-
-<p>A mediados del siglo XIX era Pekín la ciudad más grande del mundo.
-Londres encerraba escasamente millón y medio de habitantes; Nueva York y
-París, muchos menos. Pekín tenía el mismo vecindario que ahora: dos
-millones y medio de seres.</p>
-
-<p>Su área era también superior á la de todas las grandes urbes de
-Occidente, por apreciarse las categorías de los personajes chinos con
-arreglo á la extensión de terreno que ocupan sus viviendas. Por eso en
-todas las construcciones de algún valor procuran los arquitectos engañar
-al visitante con perspectivas hábilmente dispuestas, que agrandan las
-proporciones de los edificios y especialmente la amplitud de los
-jardines.</p>
-
-<p>La población de Pekín ha parecido siempre dos ó tres veces más numerosa
-que lo es en realidad, por las ceremonias de la etiqueta china y las
-costumbres espe<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">[Pg 45]</a></span>ciales del país. En tiempo del Imperio ningún personaje
-salía á la calle sin ir en un palanquín llevado á hombros y con largo
-séquito de domésticos. Los mandarines allegados al emperador debían ir
-seguidos cuando menos de cien acompañantes. Los jueces, al dirigirse á
-los sitios donde administraban justicia, llevaban detrás de ellos todo
-su tribunal formado en procesión: secretarios, procuradores, alguaciles
-y litigantes. Los mandarines militares, á partir de un grado equivalente
-al nuestro de capitán, iban con una escolta de jinetes. Esta escolta,
-según la importancia del jefe, llegaba á convertirse en nutrido
-escuadrón. Todos galopaban sin orden determinado, pero procurando
-mantener al personaje en el centro del grupo.</p>
-
-<p>Además llenaban las calles, de sol á sol, los pequeños cortejos de los
-particulares. Éstos se consideraban desprestigiados si no hacían sus
-visitas en un palanquín con numerosos servidores. Unos se relevaban para
-el sostenimiento de la pequeña casa portátil, otros llevaban los objetos
-usuales de su dueño: el quitasol, el abanico, la pipa, etc.</p>
-
-<p>Otro motivo de gran afluencia en las calles del Pekín imperial era la
-costumbre de trabajar á domicilio, observada por los menestrales desde
-tiempos remotos. El carpintero, el herrero, el sastre, circulaban por la
-ciudad con sus oficiales y aprendices, llevando las materias y
-herramientas para su trabajo. Hasta los impresores iban á las casas de
-los letrados con su prensa, sus resmas de papel y sus tarros de tinta
-para imprimir libros. Los autores guardaban en su domicilio las planchas
-de madera grabadas, cada una de las cuales era una página, y no tenían
-más que sacarlas á la puerta para que el impresor fabricase en unas
-cuantas horas centenares de volúmenes, tirados en un papel sutil, de
-do<span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">[Pg 46]</a></span>bles planas, plegadas y sin cortar, forma que todavía subsiste.</p>
-
-<p>El tercer motivo de aglomeración en las vías públicas era que en Pekín
-todo se hacía á brazo, y el transporte de maderos y ladrillos para las
-obras del gobierno y los edificios particulares exigía largos rosarios
-de atletas doblados bajo pesos abrumadores.</p>
-
-<p>Hoy la vida antigua de la ciudad está modificada. Han desaparecido casi
-por completo los palanquines, como ocurrió en las ciudades japonesas. La
-<i>ricsha</i>, más ligera y que sólo exige un hombre para su manejo, ha
-democratizado la circulación.</p>
-
-<p>Son los blancos quienes implantaron este nuevo medio de transporte en el
-Extremo Oriente. Algunos misioneros norteamericanos, viejos y achacosos,
-al establecerse en el Japón en 1860, se hicieron llevar por naturales
-del país en carruajitos de tal especie. Los japoneses se apropiaron la
-innovación, creando la <i>koruma</i>, y del Imperio del Sol Naciente han
-copiado el uso de su <i>ricsha</i> los chinos y otros pueblos asiáticos.
-Antes sólo podían ir en palanquín los mandarines y los comerciantes
-ricos; ahora todos los chinos que gozan de un pequeño bienestar usan la
-<i>ricsha</i>. Esto ha aumentado la afluencia en las calles, pero con un tono
-uniforme y obscuro, sin la brillantez colorinesca de los antiguos
-cortejos.</p>
-
-<p>Algunos próceres chinos apegados á la tradición se niegan á aceptar el
-automóvil, como muchos de sus compatriotas que viajaron por los países
-occidentales. Tampoco se atreven á resucitar el antiguo palanquín, y dan
-sus paseos en unas berlinas azules, de ruedas doradas, con el interior
-forrado de seda gris perla. En estos carruajes vistosos, tapizados como
-un tocador de dama, no hacen mala figura los personajes de la antigua
-corte,<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">[Pg 47]</a></span> chinos de aventajada estatura, algo gruesos, con ricas
-vestimentas de seda azul. Dos caballitos mogoles, de exigua talla con
-relación al vehículo, tiran de éste, y á veces se muerden entre ellos,
-obligando á echar pie á tierra á uno de los lacayos, para ponerlos en
-paz.</p>
-
-<p>Al ser de un solo piso, las casas están compuestas de numerosos
-pabellones separados por patios y jardines. Los chinos son los únicos en
-el Extremo Oriente semejantes á nosotros por su mueblaje. Se sientan en
-sillas y no en el suelo, comen sobre una mesa, duermen en camas. En sus
-salones, el gran lujo son los biombos. Sus diversas hojas contienen
-paisajes y escenas de la vida ordinaria, pintados con minuciosa
-observación. En todas las viviendas de alguna comodidad, los pisos
-tienen debajo de ellos tubos de piedra que transmiten el calor de una
-hoguera encendida en el subterráneo.</p>
-
-<p>Una contradicción artística de este pueblo. Ama las líneas simples en su
-arquitectura; algunos de sus edificios célebres parecen diseños
-geométricos, y en cambio muestra horror por la línea recta cuando
-fabrica muebles y objetos de lujo. Talla la madera y los metales con
-ondulaciones reptilescas. Los contornos de sillas y mesas parecen estar
-formados con una interminable curva vermicular. El eterno modelo es un
-dragón, con sus enroscamientos escamosos.</p>
-
-<p>Este pueblo que durante siglos vistió de un modo uniforme, obedeciendo
-las leyes suntuarias decretadas por el Hijo del Cielo, conserva por
-tradición el mismo corte de traje en los diversos grados sociales. La
-importancia de las personas se aprecia únicamente por la riqueza de las
-telas que usan.</p>
-
-<p>La elegancia y el rango de cada uno se concentra en el gorro ó solideo
-que cubre su cabeza. En él se exhiben los signos honoríficos, iguales á
-las condecoraciones que<span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">[Pg 48]</a></span> los mandarines civiles de Europa se colocan
-sobre el pecho en forma de cruces y los mandarines militares sobre los
-hombros en forma de charreteras. Cada tocado indica la categoría de su
-portador por medio del botón que lo termina. Unas veces el botón es de
-seda, otras de oro ó de piedras preciosas, abarcando su simbolismo todas
-las dignidades, hasta las puramente literarias. Además, los mandarines
-letrados, para demostrar su alejamiento de los trabajos materiales, se
-dejaron crecer hasta hace poco las uñas de sus manos. Sólo las exhibían
-en días de ceremonia, guardándolas el tiempo restante metidas en fundas
-de bambú.</p>
-
-<p>Bien sabida es la enorme influencia del llamado Código de los Ritos en
-este país ceremonioso. La gran sabiduría para la China imperial
-consistió en conocer la mayor cantidad de palabras y todas las reglas de
-una complicadísima etiqueta. La escritura china, que es ideológica, no
-tiene letras sueltas. Cada signo es una palabra, y la gran ciencia
-consiste en poder guardar en la memoria veinte mil, treinta mil y hasta
-cuarenta mil de ellos, y tenerlos igualmente prontos al extremo del
-pincel que sirve de pluma. El que además llegaba á dominar todos los
-enrevesamientos interminables de la etiqueta, se consideraba apto para
-los más altos cargos del gobierno, pues éstos se obtenían siempre por
-examen. Hoy todo ha cambiado, y los letrados que figuran en la República
-china saben algo más que palabras sin ideas ó cortesías interminables y
-falsas.</p>
-
-<p>La autoridad despótica del padre mantuvo hasta hace poco un régimen
-absurdo dentro de las familias. Los hijos nunca eran consultados para su
-casamiento, lo mismo que en el antiguo Japón. Con frecuencia, dos amigos
-faltos aún de descendientes se prometían de un modo solemnísimo unir en
-matrimonio los hijos que pudieran<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">[Pg 49]</a></span> tener más adelante, si eran de sexo
-distinto. La solemnidad de tal promesa consistía en desgarrarse la
-túnica en dos pedazos, dándose recíprocamente la mitad. El Código de los
-Ritos protestó en vano contra estas absurdas costumbres. Los padres
-celosos de su poder absoluto siguieron casando á los hijos según su
-capricho ó su interés, y vendiendo sus hijas al marido que ofrecía más.</p>
-
-<p>En las provincias del interior todavía es el casamiento un juego de azar
-para el hombre. Como los chinos tradicionalistas mantienen á sus hijas
-reclusas, el que desea contraer matrimonio se vale de los oficios de
-viejas casamenteras, sometidas por las antiguas leyes, en caso de
-engaño, á severísimas penas, que algunas veces llegaban hasta la
-estrangulación.</p>
-
-<p>A pesar de tales amenazas de la ley, las casamenteras, sobornadas por
-los padres, engañan casi siempre á los novios, exagerando descaradamente
-las gracias y los méritos de sus futuras. Como el marido ve por primera
-vez á su esposa al abrir la portezuela del palanquín que la trae á su
-casa, no le queda otro recurso, si le han engañado con falsos informes
-sobre su belleza, que devolverla inmediatamente á sus padres, dando por
-terminada la fiesta y despidiendo al ruidoso cortejo de músicos é
-invitados. Pero esto se ve con más frecuencia en las comedias chinas que
-en la realidad, ya que el marido, si adopta tal resolución, pierde el
-dinero que dió al suegro por obtener á su hija, así como los regalos que
-lleva hechos.</p>
-
-<p>El juego es la gran pasión del populacho, desarrollándose este vicio
-especialmente en las provincias del Sur. La diversión que más le
-entusiasma, los fuegos artificiales. Los pirotécnicos de Europa copiaron
-mucho de los de aquí, pero en realidad nunca han llegado á dar á sus
-obras la duración y el brillo de los fuegos chinos.<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">[Pg 50]</a></span></p>
-
-<p>Hoy se usa en Pekín la tarjeta de visita como en Europa. La única
-variante consiste en estar impresa por ambas caras: á un lado en
-caracteres chinos, al otro en letras occidentales. En tiempo del
-Imperio, la tarjeta, originaria de aquí, era de enormes dimensiones, y
-tenía tres emblemas representando las tres felicidades más grandes que
-puede obtener un chino: un heredero, un empleo público y una vida
-larguísima, simbolizados por las figuras de un niño, un mandarín y una
-cigüeña.</p>
-
-<p>Al circular por las calles de Pekín sentí inmediatamente cierta
-curiosidad que hace mirar al suelo á todos los extranjeros. Deseaba ver
-los pies de las chinas.</p>
-
-<p>Una de las primeras reformas de la República fué abolir la bárbara
-costumbre que estropea los pies de las mujeres para hacerlos
-extremadamente pequeños. Ahora existe ya toda una generación de
-adolescentes con los pies intactos, iguales á los de las otras mujeres;
-pero á los pocos días de circular por Pekín se van encontrando damas de
-la burguesía y de la aristocracia con las extremidades desfiguradas por
-tan absurda costumbre, muchas de ellas todavía jóvenes, de veintiocho ó
-treinta años de edad.</p>
-
-<p>Esta deformación no es de origen antiquísimo, como se imaginan algunos.
-Data del siglo X y no se comprende cómo pudo generalizarse en tan vasto
-Imperio. Los invasores tártaros tuvieron el buen sentido de no imitar
-dicho uso de los vencidos, y sus mujeres, nueva aristocracia del país,
-dejaron crecer sus pies en libertad, sin considerarse por ello menos
-hermosas que las chinas tradicionales. Lo más censurable fué que las
-mujeres del pueblo, por imitar á las de arriba, comprimieron igualmente
-los pies de sus hijas, y millones de hembras han tenido que ganarse la
-subsistencia trabajando, á pesar<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">[Pg 51]</a></span> de faltarles un sólido apoyo por culpa
-de sus extremidades deformadas.</p>
-
-<p>Todos saben cómo se realiza esta tortura, obligando á las niñas á usar
-diminutos zapatos de metal, que sólo abandonan cuando son mujeres. Los
-dedos se doblan y se anquilosan, quedando adheridos á las plantas de los
-pies, y éstos no son al fin mas que dos muñones dentro de un calzado que
-por su forma redonda se asemeja á las pezuñas de ciertos animales.</p>
-
-<p>Las mujeres que sufrieron tal mutilación marchan con una dificultad que
-causa cierta angustia al observador la primera vez que las ve. Avanzan
-con igual movimiento que una persona montada en zancos; parece que sus
-rodillas no pueden doblarse; se balancean con un contoneo grotesco,
-semejante al del pato. Y sin embargo, los poetas chinos han cantado en
-el curso de los siglos este andar torpe, comparándolo con los balanceos
-de la flor, con el sauce llorón, etc.</p>
-
-<p>A pesar de la dificultad que sufren en sus movimientos, siempre están
-las chinas dispuestas á pasear, y lo que lamentan es que sus esposos y
-padres no las concedan mayor libertad. No es la deformación de sus pies
-lo que las hace sedentarias, sino la dureza del régimen familiar. Todas
-llevan pantalones de seda azul, muy anchos de boca, y resulta cómico y
-triste á un tiempo ver salir de dicha funda ondeante una pantorrilla
-enjuta, toda hueso, con media blanca, rematada por un muñón y una
-pezuñita de raso negro, sostenida por cintas, que hace oficio de zapato.</p>
-
-<p>Según dicen algunos que por sus observaciones íntimas pueden estar bien
-enterados, esta estúpida amputación pedestre anquilosa la pantorrilla
-femenil, haciéndola de una delgadez esquelética, pero en cambio engruesa
-el muslo y sus vecindades superiores, particu<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">[Pg 52]</a></span>laridad plástica que
-parece muy de acuerdo con la estética china. He encontrado en los museos
-y jardines ex imperiales muchas de estas damas balanceantes y casi
-faltas de pies. Reían con cierta vanidad al notar nuestra sorpresa y la
-atención con que mirábamos sus extremidades. Exageraban sus movimientos
-para que no sintiésemos duda alguna sobre su agilidad. Hacían toda clase
-de remilgos y monadas, como niñas traviesas.</p>
-
-<p>Las mujeres chinas son más grandes que las del Japón. Algunas de ellas,
-á no ser por sus ojitos oblicuos, pasarían por europeas, á causa de su
-tez blanca y sus formas redondeadas. Todas se pintan el rostro, jóvenes
-y maduras. Emplean el negro para dar á sus cejas la forma de un
-semicírculo y se colocan una mancha de bermellón en el labio inferior.
-Las damas de origen manchur usan como signo de nobleza el peinado de su
-raza, un lazo parecido al de las alsacianas hecho con sus cabellos. Las
-más de las chinas son de naricita corta; las manchures tienen un perfil
-aquilino y soberbio de raza de presa.</p>
-
-<p>Otro signo de aristocracia histórica en estas últimas es el no usar
-ningún carruaje de origen europeo. Su vehículo nobiliario está
-representado por la vieja carreta manchur. Yo he visto en un camino,
-cerca del Palacio de Verano, á varias princesas de la antigua corte
-imperial, una de ellas tía del joven ex emperador. Todas iban pintadas y
-con su peinado en forma de lazo, ocupando una especie de carreta de
-labriego tirada por dos caballitos manchures. Sus asientos eran
-almohadas puestas sobre el fondo de tablas del vehículo, y como éste
-carecía de muelles, en cada bache de la ruta sus Altezas y Excelencias
-tenían que agarrarse á los varales para no rodar fuera de él. Una
-pintora norteamericana, antigua retratista de la emperatriz regente, que
-tuvo la bondad de mostrarme el Palacio de Verano, hizo detenerse la<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">[Pg 53]</a></span>
-carreta para saludar á las amigas de su época gloriosa, y yo gocé el
-honor de cruzar varias sonrisas con estos fantasmas del pasado, sin
-entender ninguna de sus palabras.</p>
-
-<p>Gracias á la cocina del país volvemos á encontrar la China de costumbres
-extrañas y originalidades desconcertantes que tanto nos asombró de niños
-en los libros. Los gastrónomos de esta tierra son los que han hecho
-retroceder hasta un límite más remoto el catálogo de las materias
-utilizadas por el estómago humano. En las carnicerías venden gatos y
-perros, que, según afirman los conocedores, fueron cebados con arroz,
-estando sujetos á una argolla día y noche para su engorde. Como este
-consumo podría ser causa de que las ratas, libres de enemigos, se
-multiplicasen de un modo peligroso, también las venden en los mismos
-establecimientos, desolladas y formando manojos de á docena, unidas por
-los rabos. El chino aburrido de comer arroz con cerdo emplea dichas
-carnes como variantes. ¡Y pensar que este país es el del faisán,
-abundando tanto como la gallina!...</p>
-
-<p>La gran especialidad gastronómica nacional es la de los picadillos que
-se sirven al principio de todo banquete. Hay unas cuarenta clases de
-picadillos, entrando en tales platos los componentes más inverosímiles:
-gusanos de tierra, cucarachas enormes, de un negro brillantísimo, que he
-visto vender en las calles, huevos empollados con sus pequeños fetos,
-capullos de seda hervidos conservando sus larvas...</p>
-
-<p>Salsas y trituraciones modifican el aspecto y el gusto de estos
-picadillos. En idéntica forma son presentados los famosos nidos de
-golondrinas, filamentos gelatinosos, iguales por su aspecto á los
-fideos, y la aleta dorsal del tiburón, de la que se utiliza solamente
-las fibras de su base.<span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">[Pg 54]</a></span></p>
-
-<p>Algunos de estos manjares, que repugnan á nuestros estómagos, resultan
-costosísimos. Para hacer un simple plato de picadillo hay que dar caza á
-un tiburón, empleándose únicamente de tan enorme organismo un pequeño
-manojo de filamentos pegado al lomo.</p>
-
-<p>He procurado evitar el conocimiento directo de estas singularidades
-gastronómicas; pero no me espantan ni me escandalizan. Mi humilde
-estómago europeo data de unos cuantos siglos nada más y está próximo aún
-á la nutrición monótona de nuestros silvestres antepasados. El estómago
-chino cuenta con una historia de 5.000 años, tiempo suficiente para que
-cocineros y comilones refinados llegasen en fuerza de inventos y
-caprichos á las más remotas y disparatadas combinaciones.</p>
-
-<p>Nosotros también saboreamos manjares y bebemos líquidos que hubiesen
-dado náuseas á nuestros bisabuelos y tal vez á nuestros abuelos. Hoy
-mismo, la mayoría de las gentes que viven en los campos y en los barrios
-pobres no llegan á comprender cómo las personas de educación superior
-comen ostras y otros mariscos crudos, quesos fermentados abundantes en
-gusanos, ó beben cerveza y ciertos aperitivos hediondos.</p>
-
-<p>Muchos chinos opulentos se han arruinado dando banquetes á sus amigos.
-Estas comilongas, inverosímiles para los blancos, duran á veces una
-noche entera, desfilando sobre la mesa los platos más inauditos. Los
-patricios de Roma, con sus lampreas devoradoras de esclavos, no llegaron
-á la costosa extravagancia de los próceres chinescos.</p>
-
-<p>Las supersticiones de la farmacopea nacional influyen en la confección
-de las bebidas. En algunas ciudades del Sur hay restoranes famosos por
-sus bodegas, repletas de venerables tinajas que únicamente son abiertas
-para los conocedores ricos, capaces de pagar dignamente<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">[Pg 55]</a></span> su contenido.
-Estas vasijas preciosas guardan «vino de mono», «vino de culebra», «vino
-de pollo», llamados así porque hace años se hallan dichos animales en
-maceración dentro de la tinaja, comunicando al líquido sus cualidades
-especiales. Según parece, el vino de mono es un excelente afrodisíaco;
-el de pollo evita las enfermedades del pecho y el de reptiles da valor y
-ligereza. Algunos europeos que por engaño probaron el picadillo de
-gusanos de seda me afirman que tiene un sabor parecido al de las
-castañas hervidas.</p>
-
-<p>Sin embargo, el chino es un excelente guisandero, y se le encuentra
-ahora en las cocinas de muchos hoteles, de muchos trasatlánticos y de
-importantes casas de América, lo mismo del Norte que del Sur. Siente una
-verdadera vocación por la química nutritiva, asimilándose fácilmente las
-combinaciones gastronómicas de los blancos. Luego las perfecciona con su
-paciencia sonriente y su despierto ingenio. Muchos arroces inventados
-por ellos figuran entre los mejores platos de la cocina moderna. En las
-ciudades de los Estados Unidos, los restoranes chinescos atraen siempre
-numerosa clientela. Las familias más acomodadas de algunas capitales de
-la América del Sur aprecian mucho á los cocineros chinos, por su
-laboriosidad y por las novedades que añaden á los guisos del país.</p>
-
-<p>De vez en cuando estos amarillos, con su nerviosidad de artistas
-mimados, se permiten caprichos semejantes á los de un tenor célebre.
-Todos son jugadores, y al ir por la mañana al mercado, antes de hacer
-sus compras entran en el café de algún compatriota, para dedicarse con
-otros chinos á juegos de azar, de nombres poéticos y resultados
-terribles. Si pierden, dan á comer á sus amos con una parquedad
-inexplicable, cual si la población hubiese quedado sitiada de pronto.
-Cuando ganan, los<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">[Pg 56]</a></span> sorprenden con un banquete inaudito, cual si se
-hubiesen trastornado las leyes económicas y todo lo diesen gratis en el
-mercado.</p>
-
-<p>Lo peligroso en estos artistas admirables es que sienten con frecuencia
-la nostalgia del remoto país al que serán llevados cuando mueran, ya que
-para eso pagan todos los meses su cotización á una empresa encargada de
-repatriar cadáveres amarillos. Recuerdan los platos que comieron en su
-niñez guisados por su madre, y procuran resucitar en el fogón esta época
-de la vida, que es siempre para todos la más conmovedora...</p>
-
-<p>En una ciudad histórica de la América del Sur, los convidados de una
-familia aristocrática se hacían lenguas de cierto caldo preparado por el
-cocinero chino de la casa. Era un secreto profesional que el «maestro»
-se negaba á revelar.</p>
-
-<p>La señora, excitada su curiosidad por el mutismo sonriente del chino,
-bajó un día á la cocina para sorprender el misterio de la marmita
-burbujeante. Al levantar la tapa y ver su interior, dió un grito de
-espanto. Una rata enorme subía y bajaba á impulsos del hervor,
-derramando sus jugos en el líquido.</p>
-
-<p>Como la dama insistiese en sus exclamaciones de asco, el artista
-amarillo creyó llegado á su vez el momento de enfadarse. ¿A qué tantos
-extremos de asombro, como si presenciase algo inaudito?... Que cada cual
-siga sus gustos; lo importante es vivir todos en paz, tolerándose. Y en
-su español balbuciente y propenso al tuteo, dijo á la señora:</p>
-
-<p>&mdash;No grites; todo arreglado... Caldo para ti, rata para mí.<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">[Pg 57]</a></span></p>
-
-<h2><a name="V" id="V"></a>V<br /><br />
-TEMPLOS Y FILÓSOFOS</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">El templo del Gran Lama.&mdash;La capilla secreta.&mdash;Un
-milagro.&mdash;Doctores y bachilleres en armas.&mdash;Laotsé y Confucio.&mdash;El
-templo de Confucio y el Salón de los Clásicos.&mdash;Culto de la
-República china á Confucio.&mdash;El templo del Cielo.&mdash;El simbolismo
-del número 9.&mdash;La ceremonia imperial en el solsticio de
-invierno.&mdash;El templo de la Agricultura.&mdash;Cómo araba todos los años
-el Hijo del Cielo.&mdash;Progreso de la agricultura china hace miles de
-años.&mdash;Su abono predilecto y más precioso.&mdash;Cómo se produce
-públicamente en calles y caminos.</p></div>
-
-<p>En el extremo Norte de Pekín, cerca de la muralla de la Ciudad Tártara,
-esparce sus diversos edificios el templo del Gran Lama, famoso en otros
-siglos. Más que templo es un vastísimo monasterio, habitado por bonzos
-venidos del Tibet, á los que se unieron chinos budistas deseosos de
-recibir las doctrinas guardadas durante largos siglos por el Gran Lama
-en su misteriosa ciudad de Lassa. Este templo de Pekín llegó á albergar
-1.500 bonzos, proveyendo los emperadores á la manutención de todos ellos
-y haciendo además cuantiosos donativos para embellecer y agrandar sus
-construcciones.</p>
-
-<p>Mientras duró el Imperio, el templo del Gran Lama y su seminario de
-bonzos fueron tan cerrados y hostiles al extranjero como la Ciudad
-Prohibida. Con el triunfo de la República, llegaron para este monasterio
-la po<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">[Pg 58]</a></span>breza y el olvido. Los republicanos chinos son indiferentes en
-materias religiosas ó profesan la filosofía de Confucio, el más alto
-personaje nacional.</p>
-
-<p>Para poder vivir han abierto los bonzos el templo del Gran Lama y lo
-muestran lo mismo que un museo. Algunos de ellos hasta aprendieron unas
-pocas palabras de inglés para pedir propina á los visitantes.</p>
-
-<p>Como todos los monumentos chinos, es una agrupación de edificios
-sueltos, con patios enlosados de granito y un jardín de cedros
-seculares. En todo el Extremo Oriente no he visto nada que dé una
-impresión tan absoluta de vejez como este templo caído en la pobreza.
-Los edificios de Occidente, hechos de piedra, adquieren con el abandono
-y la ruina un aspecto sombrío y majestuoso. Las construcciones
-asiáticas, compuestas de mármol cincelado que toma á través de los
-siglos un tono de marfil con caries, de ladrillos vidriados, de tejas
-coloreadas y barnizadas, de maderas que se desconchan dejando caer
-escamas de laca y de oro, hacen pensar en una momia de las que mantienen
-sobre su costillaje, al quedar expuestas á la luz, harapos bordados,
-restos de afeites, perfumes corrompidos, joyas empañadas por la tierra y
-los zumos cadavéricos.</p>
-
-<p>Esta pagoda, majestuosa en otro tiempo, tiene ahora sus techumbres
-cubiertas de matorrales. Una variedad innúmera de plantas parásitas
-silvestremente floridas ha surgido entre las tejas, separándolas con el
-empuje de sus raíces. Los cuervos, eternos figurantes de todo cielo de
-Asia, revolotean sobre los patios ó se alinean en los aleros, lanzando
-graznidos. Las maderas enormes de los techos están acribilladas por la
-carcoma y dejan caer poco á poco su corazón hecho polvo. Las columnas
-pierden sus estucos rojos y se motean de blanco con la viruela de la
-vejez.<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">[Pg 59]</a></span></p>
-
-<p>Los habitantes de este monasterio parecen igualmente decrépitos y
-sonríen con una melancolía fatalista. Son bonzos sin edad, seres
-inclasificables, que tienen en el rostro una expresión de fanatismo y de
-rutina. Las ideas generosas del dulce Gautama se modificaron al ser
-interpretadas por numerosas generaciones de sacerdotes profesionales, y
-hoy no son más que un pretexto para ceremonias. Estos monjes del budismo
-han perdido de vista á Buda. Sólo conocen los actos del rito y los
-repiten automáticamente, sin sospechar su significado.</p>
-
-<p>Vemos en uno de los santuarios la estatua gigantesca de Maitreya, ó sea
-el Buda chino; imagen jovial, carillena, extremadamente panzuda, que
-hace reir á los mismos sacerdotes que le rinden culto. ¡Cuán lejos este
-coloso grotesco del sereno y noble solitario de Kamakura, esculpido
-igualmente por chinos!...</p>
-
-<p>El interior de los santuarios es tan vetusto como las fachadas. Brilla
-el oro por todas partes, pero un oro agrietado, de resplandor
-agonizante, con grandes manchas negras. Algunos bonzos, para atraerse la
-generosidad de los curiosos, hacen sonar los dos instrumentos litúrgicos
-de todo templo budista: la campana y el timbal. Otros más inferiores,
-que son á modo de sacristanes, se han puesto su traje de ceremonia para
-guardar las puertas, manto rojo y anaranjado, con un gorro puntiagudo de
-idénticos colores, que recuerda la montera con que los artistas
-simbolizan á la Locura.</p>
-
-<p>En las primeras horas de la mañana, cuando los bonzos celebran sus
-oficios, el aspecto general del templo ofrece todavía cierta
-magnificencia. Los oficiantes llevan sus capas pluviales rojas, de color
-de limón ó de azafrán, parecidas á las del culto católico. Las únicas
-riquezas que conserva la pagoda de su esplendoroso pa<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">[Pg 60]</a></span>sado son las
-vestiduras rituales, regaladas muchas de ellas por remotas emperatrices.</p>
-
-<p>Uno de los servidores del templo, mediante una propina extraordinaria,
-nos abre cierto santuario que puede llamarse secreto. En otros tiempos
-sólo lo veían los emperadores, y ahora, para entrar en él, hay que
-aprovechar la ausencia de los bonzos más importantes. Este pequeño y
-misterioso escondrijo contiene varias imágenes fálicas, traídas del
-Tibet hace siglos, que representan el acto de la procreación con un
-naturalismo sin tapujos. Además, el sacristán budista nos proporciona
-las señas de ciertos artífices chinos que venden reproducciones en
-bronce de estas esculturas divinas, tan solemnemente ingenuas, que á
-pesar de sus gestos no resultan pornográficas.</p>
-
-<p>Otro de los servidores, decrépito y vacilante, como todo lo que nos
-rodea, cuenta con balbuceos, traducidos por nuestro intérprete, la
-historia milagrosa de un Buda de cara feroz que toca el techo con su
-cabeza. Todo él está tallado en un árbol del Tibet. Un emperador de
-Pekín vió en sueños la imagen, y envió á un santo bonzo á la remota
-ciudad tibetana para saber si realmente existía. El hombre de Dios
-encontró la imagen en Lassa, y sin vacilar se la echó á cuestas,
-emprendiendo el regreso á la China. (Necesito advertir que la imagen es
-un coloso de varios metros de altura y pesa indudablemente una cantidad
-respetable de toneladas. Pero en materia de milagros deben pasarse por
-alto estos pequeños detalles.) En su viaje de vuelta tuvo que atravesar
-el bonzo la Siberia rusa, y como no conocía el idioma del país se vió en
-grandes peligros. Pero el Buda que llevaba á sus espaldas era poseedor
-de todos los idiomas de los hombres y se encargó de hablar en ruso por
-él, sacándolo de apuros.<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">[Pg 61]</a></span></p>
-
-<p>A pesar de la pobreza mental de sus actuales habitantes, este monasterio
-despierta gran interés cuando se recuerda lo que representó para China,
-hace muchos siglos, la introducción del budismo. La nueva religión
-despertó la vida espiritual del país. Numerosos chinos, ansiosos de
-saber, emprendieron largas y penosas peregrinaciones hacia el remoto
-Tibet, donde eran guardados en toda su pureza los recuerdos y las
-doctrinas de Buda. Tuvieron que atravesar países bárbaros, siempre en
-guerra; arrostraron la esclavitud y la muerte, y tales viajes
-emprendidos con un fin puramente teológico sirvieron para aportar á la
-cerrada China nociones geográficas y relatos de costumbres de otros
-pueblos, hasta entonces desconocidos.</p>
-
-<p>En las inmediaciones del templo del Gran Lama existe el de Confucio y su
-anexo llamado el Salón de los Clásicos.</p>
-
-<p>Confucio es el primero de los chinos. De los quinientos millones de
-seres que pueblan este país, muy pocos recuerdan los nombres de sus
-emperadores, ni aun los de aquéllos que figuran gloriosamente en su
-historia. Pero ninguno ignora quién fué Kung-Tsé, nombre chino de
-Confucio. No hay ejemplo de que un varón ilustre de Occidente haya
-llegado á una celebridad tan absoluta. En este país, donde cargos y
-honores no son transferibles, y los herederos de los mandarines más
-poderosos vuelven á sumirse en las últimas capas sociales si no logran á
-su vez conquistar por el estudio y el examen la posición de sus padres,
-la única nobleza reconocida es la de los descendientes de dicho
-filósofo. La República, que se muestra ajena á todas las religiones del
-país, ha acrecentado aún más la fama de Confucio, tributándole un culto
-nacional. En ningún pueblo se vió jamás rendir tales honores á un
-moralista, conservan<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">[Pg 62]</a></span>dole su condición simple de hombre, sin pretender
-convertirlo en hijo de Dios.</p>
-
-<p>En realidad, el pueblo chino, á pesar de su rutinarismo, fué siempre el
-más respetuoso para la inteligencia, y este respeto viene durando miles
-de años, sin ningún eclipse. Los invasores mogoles y manchures eran
-bárbaros de á caballo, que sólo creían en la fuerza y encontraban
-insípida la existencia sin las aventuras y peligros de la guerra. Y sin
-embargo, para poder reinar sobre tan vasto Imperio, tuvieron que
-amoldarse á las costumbres tradicionales, dejando que marchasen en su
-cortejo los mandarines letrados á la derecha y los mandarines militares
-á la izquierda.</p>
-
-<p>Los antiguos ejércitos chinos hasta tenían una organización literaria.
-Los jefes y oficiales se titulaban, según sus grados, «doctores en
-armas» y «bachilleres». Para ser bachiller bastaba manejar hábilmente el
-sable, la espada y la ballesta, dando pruebas, en un riguroso examen, de
-estar ejercitados igualmente en la equitación y la gimnasia. El grado de
-doctor sólo se otorgaba á los que poseían conocimientos profundos de
-estrategia y eran capaces de dirigir un ejército y atacar ó defender una
-plaza.</p>
-
-<p>Mostraron los emperadores tártaros gran empeño en dar el primero de los
-lugares á los «graduados en armas», pero no pudieron conseguirlo. La
-opinión pública estableció siempre una diferencia entre los doctores
-civiles y los doctores militares, respetando más á los primeros. Muchos
-siglos antes de Cicerón, este pueblo había puesto en práctica su <i>Cedant
-arma togoe</i>.</p>
-
-<p>Confucio tiene un predecesor, el moralista Lao-Tseu ó Laotsé. Este
-espíritu puro y superior vivió seiscientos años antes de nuestra era y
-un siglo antes que Confucio. Pero Laotsé tuvo la desgracia de dar motivo
-después de muerto á una religión de supersticiones y magias que es<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">[Pg 63]</a></span> la
-seguida por el populacho chino, y esto ha rodeado su memoria de un
-sinnúmero de leyendas que la desfiguran de un modo lamentable. El fondo
-del llamado taoísmo es una filosofía que recomienda el anonadamiento de
-las pasiones materiales, el alejamiento de los placeres del mundo, la
-contemplación de la naturaleza divina para confundirse con ella, como
-las aguas de una fuente vuelven al mar del que proceden.</p>
-
-<p>No creó Confucio una religión, pero su vida pura sirve de ejemplo á
-todos los chinos. En las escuelas se repiten sus aforismos morales y sus
-cantos elegíacos, pues este filósofo fué al mismo tiempo un poeta y un
-amante apasionado de la música.</p>
-
-<p>Haciendo un breve parangón entre los dos grandes conductores del pueblo
-chino, puede decirse que Laotsé se preocupó más del hombre que de la
-humanidad. Según él, la vida es un período transitorio y su objeto
-principal debe ser puramente contemplativo. La filosofía moralista de
-Laotsé resulta estéril para la felicidad común. Confucio, por el
-contrario, pensó en la sociedad más que en el hombre, fundando aquélla
-sobre las leyes de la más generosa moral. Para él, la virtud no consiste
-únicamente en abstenerse de acciones condenables. Hay que ser útil
-además á los otros seres, contribuyendo activamente á la felicidad de
-todos.</p>
-
-<p>El uno considera la civilización como causa de la decadencia del género
-humano; el otro la acepta como el mayor destino del hombre sobre la
-tierra. El primero se pierde en las profundidades de la metafísica, el
-segundo propuso leyes y costumbres, muchas de las cuales rigen hoy la
-vida superior del pueblo chino. Laotsé fué un gran filósofo, Confucio un
-gran legislador.</p>
-
-<p>«Responde al mal con la justicia y á la bondad con la bondad.» Así habló
-Laotsé cuando aún faltaban seis<span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">[Pg 64]</a></span> siglos para el nacimiento de Jesús.
-«Trata á los demás hombres como tú deseas que te traten á ti.» Esto lo
-dijo Confucio quinientos años antes de la era cristiana.</p>
-
-<p>Mientras en los otros países se dedicaban templos á dioses imaginarios y
-muchas veces crueles, la nación china los elevó á un simple hombre,
-porque fué apóstol de la dulzura humana, de la moral y la virtud. El
-templo de Confucio en Pekín es de majestuosa simplicidad, muy grande,
-pero solemnemente vacío. Sus paredes no contienen imágenes; su principal
-adorno es una calma absoluta. Las columnas y las murallas, de un rojo
-uniforme, sólo tienen ligeros toques de oro. Después de haber visto la
-exorbitante profusión de dioses y monstruos en las pagodas, los ojos
-parecen descansar placenteramente en este vasto local sin ídolos y sin
-tallados. En el centro, como único adorno, hay un ramo gigantesco de
-lotos surgiendo de un vaso de bronce de iguales dimensiones.</p>
-
-<p>Nichos abiertos en los muros de color sanguíneo contienen pequeños
-obeliscos de piedra. En sus lados están grabadas sentencias morales de
-los filósofos á cuya gloria fueron erigidos estos monumentos simples. La
-piedra de Confucio es más grande y parece presidir á las otras, ocupando
-un sitio preferente, el mismo del altar mayor en los templos. A ambos
-lados de ella están las piedras representativas de sus cuatro asociados
-(uno de los cuales fué su célebre continuador Mencio), de sus doce
-discípulos más ilustres, y de setenta y dos discípulos menores,
-alineados con arreglo á fechas y méritos.</p>
-
-<p>En este panteón severo, que nunca guardó cadáveres, y en la próxima
-sala, llamada de los Clásicos, donde se reúne algunas veces la Academia
-de Pekín, no se desarrolla ningún acto con carácter religioso. En
-realidad, Confucio fué un moralista que se mantuvo al mar<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">[Pg 65]</a></span>gen de las
-religiones positivas. Todas, incluso el catolicismo, pueden admitir su
-moral y amoldar á sus doctrinas la personalidad del filósofo. Sólo una
-vez por año el presidente de la República viene al templo con su cortejo
-de grandes funcionarios&mdash;como venía antes el emperador&mdash;para tributar un
-homenaje al más grande de los chinos en presencia de los alumnos de las
-escuelas, y una música acompaña los coros de voces infantiles cuando
-éstas entonan los viejos himnos del poeta de la moral.</p>
-
-<p>Los dos templos indiscutiblemente más antiguos de Pekín se hallan en el
-extremo opuesto, al principio de la Ciudad China, según se llega por el
-camino del Sur, y en ellos se ha rendido culto hasta hace poco á las
-nociones religiosas de las primeras dinastías, con ceremonias que datan
-de más de tres mil años. Son el templo del Cielo y el templo de la
-Agricultura.</p>
-
-<p>Cada uno de ellos está formado por una aglomeración de capillas y los
-dos tienen en torno un parque de árboles centenarios, que adquirieron
-enormes proporciones. Únicamente separa á ambos parques sagrados la
-famosa calle de Enfrente, al avanzar recta por el centro de Pekín desde
-la puerta de igual nombre en la muralla de la ciudad tártara, á la
-puerta del Sur que da entrada á la Ciudad China.</p>
-
-<p>La puerta y la calle se llaman de Enfrente (Chien-Men) porque están en
-el mismo eje que pasa por el centro del palacio imperial y por mitad
-también del Salón del Trono, donde daba audiencia el Hijo del Cielo.
-Éste, sin moverse de su asiento, si hacía abrir las puertas de los tres
-recintos fortificados de la Ciudad Imperial y la puerta del muro de la
-Ciudad Tártara, podía ver toda la longitud de la calle de Enfrente,
-bordeada de edificios y hormigueante de muchedumbre, en una extensión de
-diez kilómetros.<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">[Pg 66]</a></span></p>
-
-<p>Una vez al año seguía el emperador este camino para ir al templo del
-Cielo. Esta solemnidad era el día del solsticio de invierno. Jamás en el
-resto del año atravesaba el divino monarca las calles de su capital. No
-por ello lograban los súbditos ver su rostro el día de la citada fiesta.
-Los habitantes de la calle de Enmedio debían permanecer recluidos en sus
-casas, con pena de muerte si osaban mirar por una rendija. Las calles
-adyacentes quedaban cerradas con altas vallas. Debía ser un espectáculo
-interesante la marcha lenta y aparatosa del cortejo imperial por esta
-amplia avenida, completamente desierta.</p>
-
-<p>Hace ocho años todavía era el Chien-Men la calle más «pintoresca» de la
-China. Hoy sus edificios siguen ocupados por los primeros comercios de
-Pekín; pero un incendio destruyó las antiguas fachadas de sus tiendas,
-todas ellas con celosías cubiertas de oro viejo y la madera tallada en
-forma de flores, ramajes y dragones.</p>
-
-<p>El comerciante chino, inventor del anuncio, sigue poniendo en sus
-puertas grandes tableros avanzados sobre la calle, con inscripciones
-doradas y dibujos quiméricos en sus dos superficies. Dicho ornato
-industrial da una originalidad animada y colorinesca al Chien-Men, de
-perspectiva interminable. Pero los que pudieron ver esta calle antes del
-incendio se hacen lenguas de la suntuosidad artística que ofrecían las
-fachadas de sus tiendas, cubiertas de sólidos encajes dorados.</p>
-
-<p>Atravesamos las avenidas del parque que rodea el templo del Cielo. Es
-tan extenso este bosque situado en el interior de una ciudad amurallada,
-que hay que usar la ricsha para visitar todos los edificios esparcidos
-en sus arboledas. Se comprende la admiración de los primeros blancos que
-visitaron Pekín cuando las grandes urbes de Europa aún no habían trazado
-sus parques actuales.<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">[Pg 67]</a></span> Resultaba inaudito encontrar dentro de una ciudad
-fortificada estas arboledas de límite invisible, que parecen crecer en
-pleno campo. Además, el Chien-Men era entonces la única calle del mundo
-con cincuenta metros de anchura.</p>
-
-<p>Vamos visitando los edificios sagrados anexos al verdadero templo. Estas
-construcciones, no muy altas, tienen sus gruesos muros pintados con un
-rojo obscuro de sangre, que es aquí el color de las construcciones
-majestuosas y cubre uniformemente palacios y templos. Las tejas son de
-un azul cerúleo, en armonía con el culto celeste. Puentes de mármol se
-encorvan sin objeto sobre anchos fosos invadidos por la hierba. Antes
-corría por estos canales un agua verdosa y clarísima, en la que nadaban
-todas las especies fantásticas é inverosímiles de la fauna fluvial del
-país: peces rojos, dorados, violeta, de ojos telescópicos y monstruosos,
-arrastrando una larguísima falda transparente de bailarina, moviendo sus
-nadaderas sutiles y amplias como manteletas de encaje.</p>
-
-<p>Subiendo escalinatas de mármol partidas por el «sendero imperial»,
-llegamos al altar del sacrificio. A primera vista parece demasiado bajo,
-en relación con la arboleda y los otros edificios del parque. Pero los
-chinos no aman la enormidad en sus monumentos; buscan su belleza en la
-armonía de las proporciones, con arreglo á la educación de sus ojos.
-Este altar se compone de tres torres bajas y anchas, superpuestas en
-ángulos entrantes. Los tres rellanos son de mármol blanquísimo y
-uniforme, habiendo concentrado los escultores toda su labor en las
-barandas.</p>
-
-<p>Cada una de dichas mesetas está separada de las otras por escalinatas de
-nueve peldaños. El 9 es el número sagrado de los chinos, como el 7 lo
-fué de los pueblos cristianos. La primitiva religión del país tiene
-nueve<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">[Pg 68]</a></span> cielos; su antigua ciencia da á la tierra nueve grados; las
-divisiones del tiempo y del espacio se basan siempre sobre el citado
-número.</p>
-
-<p>Subía el emperador, en una mañana brumosa y frígida de nuestro mes de
-Diciembre, á la plataforma más alta de dicho altar, para rendir
-sacrificio á sus padres, los señores del cielo. En esta ceremonia vestía
-una túnica de piel de cordero negro, forrada interiormente de zorro
-blanco, y encima un gabán de seda, en el que estaban bordados los dos
-dragones celestiales, el sol, la luna y las estrellas.</p>
-
-<p>Él era el único que se erguía en la última meseta del cono truncado. Los
-personajes de su séquito quedaban inmóviles en los peldaños de las tres
-series de escalinatas: los letrados á la derecha, los guerreros á la
-izquierda. Y el soberano iba ofreciendo á los espíritus celestes las
-viandas preparadas para esta ceremonia, los rollos escritos en pergamino
-y en seda, un novillo sin ningún defecto, un disco de lapislázuli. El
-público silencioso de altos dignatarios no ignoraba que el Hijo del
-Cielo se había preparado para esta ceremonia con ayunos y largos
-exámenes de conciencia, siendo la pureza de su alma y los virtuosos
-deseos de hacer á su pueblo feliz la principal ofrenda dedicada á sus
-mayores, que le estaban mirando desde lo alto del cielo.</p>
-
-<p>Iba acompañada la ceremonia por músicas litúrgicas. En un pabellón de
-este mismo parque se guardan muchos instrumentos empleados en dicha
-fiesta. Son grandes tambores, címbalos y <i>gongs</i>. También hay arpas
-enormes que tienen por base cisnes y perros azules con melena de león.</p>
-
-<p>Después del triple altar se llega por una avenida al verdadero templo
-del Cielo, especie de rotonda cuya cúpula se halla sostenida por
-columnas de laca roja. En<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">[Pg 69]</a></span> sus muros circulares brilla una falsa
-primavera de flores de oro.</p>
-
-<p>Seis religiones vienen existiendo en la China hace muchos siglos. Tres
-de ellas poseen á la mayoría de la nación: el taoísmo, el confucismo y
-el budismo. (El taoísmo es la religión basada en las doctrinas de
-Laotsé. Éste llamó <i>Tao</i> á la razón que gobierna el mundo, ó sea la
-suprema virtud.) Además, el islamismo, el cristianismo y el judaísmo
-tienen numerosos adeptos. Sus comunidades resultan sin embargo de poca
-importancia comparadas con la enorme cifra de la población china; los
-cristianos no pasan de dos millones; los judíos son menos, y los
-mahometanos, más numerosos, sólo llegan á veinte millones.</p>
-
-<p>El confucismo es la religión de los letrados; el taoísmo y el budismo,
-religiones del pueblo, cuentan sus fieles por centenares de millones.
-Las tres se asocian fraternalmente, tomándose unas á otras doctrinas y
-ritos y absteniéndose de todo proselitismo. A pesar de su tolerancia
-miran con recelo á los misioneros cristianos, porque se han inmiscuído
-muchas veces en los asuntos políticos del país, protegiendo á terribles
-malhechores convertidos á sus creencias para escapar á la justicia.
-Tampoco aman á los chinos musulmanes, á causa de su insurrección en
-1856, que duró nueve años.</p>
-
-<p>Los emperadores, respetuosos siempre para las varias religiones de sus
-súbditos, sólo rendían culto al cielo y manifestaban además un
-agradecimiento místico á la tierra arada, sustentadora de la nación.</p>
-
-<p>El templo de la Agricultura, vecino al del Cielo, tiene un parque menos
-extenso que el de éste, pero sus proporciones resultarían
-extraordinarias en muchas capitales de Europa. El mismo emperador, que
-ofrecía con sus manos un tributo á los dioses celestes en el solsti<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">[Pg 70]</a></span>cio
-de invierno, celebraba otra ceremonia religiosa al llegar la época en
-que son aradas las tierras. En presencia de sus cortesanos y con todo el
-aparato de un acto de gobierno, el Hijo del Cielo empuñaba la esteva de
-un arado amarillo al que iban uncidos dos bueyes con cuernos dorados y
-labraba un trozo de campo sin ayuda de nadie, sembrándolo después.</p>
-
-<p>Este es el pueblo que dió á la humanidad la seda, el arroz, el naranjo y
-otros frutos preciosos. La corte imperial, al venerar religiosamente el
-cultivo de la tierra, adoraba la gloria de su propia nación.</p>
-
-<p>La maestría y el entusiasmo aportados por los chinos á las labores
-agrícolas han acabado por hacer sufrir una molestia obsesionante á los
-extranjeros, dificultando su vida mientras permanecen en el país. Estos
-agricultores intensivos se preocuparon de los abonos hace miles de años,
-cuando nadie en nuestro mundo tenía la menor idea de lo que pudiera ser
-un fertilizante. Y de todas las materias que reconstituyen y tonifican
-las fuerzas germinativas del suelo, la más preferida por ellos es la de
-procedencia humana.</p>
-
-<p>Ya dije algo de esta predilección con motivo de cierto encuentro en una
-calle de Kioto. Es verdad que el chino mezcla la citada materia con
-otras para dosificar sus energías fecundantes, pero no resulta menos
-cierto que todas las plantas de sus admirables huertas tienen al pie
-invariablemente algo que pasó por una letrina.</p>
-
-<p>En los hoteles importantes de Pekín y otras ciudades, los directores,
-para tranquilidad de la clientela, fijan un anuncio en el vestíbulo
-afirmando rotundamente que todas las hortalizas preparadas en su cocina
-proceden de terrenos propiedad del establecimiento cultivados á estilo
-europeo.</p>
-
-<p>Ríe el chino de los escrúpulos y ascos de la gente<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">[Pg 71]</a></span> occidental.
-Establece comparaciones entre el estiércol podrido de cuadra que
-empleamos en nuestros campos y la materia preferida por él, no pudiendo
-comprender por qué razón los detritus de las personas deben ser más
-repugnantes que los proporcionados por los animales, y acaba
-compadeciéndonos, como si fuésemos unos niños incoherentes y
-caprichosos.</p>
-
-<p>Como el abono humano es el más apreciado de todos, el acto de producirlo
-no representa algo vergonzoso é inmundo, como en nuestros países,
-desarrollándose públicamente con la mayor tranquilidad. Dentro de Pekín,
-la policía de la República vela por dar á la capital una disciplina
-europea, y no permite en las calles principales estos desahogos á lo
-chino, tan apreciados por la agricultura. Pero al pasar en <i>ricsha</i> ó
-automóvil por las vías apartadas ó por las afueras, siempre se encuentra
-algún chino en cuclillas, con un pedazo de diario en la mano, cuya
-lectura no le interesa, y que sonríe al transeunte sin cambiar de
-postura. Algunas veces no está solo, y á continuación de él se extiende
-una larga fila de compatriotas con el mismo encogimiento y no menor
-tranquilidad.</p>
-
-<p>Todo agricultor se preocupa de instalar en sus campos una letrina cerca
-del camino para que la use el viandante. Escoge para esto el lugar más
-agradable: la sombra de un árbol frondoso, un grupo de arbustos
-floridos. Hasta hay quien afirma que los más letrados colocan en dichos
-lugares carteles con versos, rogando al transeunte que haga alto y deje
-su recuerdo.</p>
-
-<p>Pero yo no los he visto.<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">[Pg 72]</a></span></p>
-
-<h2><a name="VI" id="VI"></a>VI<br /><br />
-LA CIUDAD PROHIBIDA</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Los mares y las montañas de los jardines imperiales.&mdash;La «Montaña
-del Carbón».&mdash;El árbol sentenciado á cadena perpetua por lesa
-majestad.&mdash;Los guardianes de la República.&mdash;Los grandes patios de
-mármol y sus ríos.&mdash;Los tesoros del Hijo del Cielo.&mdash;Las
-recepciones solemnes en la Sala de la Gran Reunión.&mdash;Todo Pekín
-visto desde el trono.&mdash;Los dueños alados y definitivos de la Ciudad
-Prohibida.&mdash;Robos de las tropas civilizadoras.&mdash;Un museo formado
-con lo que dejaron ó lo que devolvieron.&mdash;La ironía de los
-chinos.&mdash;«Nosotros los salvajes.»</p></div>
-
-<p>Antes de 1911, fecha de la caída del régimen imperial, el europeo
-llegado á Pekín sólo podía ver el templo del Cielo y de la Agricultura,
-con sus vastos parques. La Ciudad Prohibida estaba cerrada para él, é
-igualmente muchos templos antiguos que eran al mismo tiempo boncerías
-habitadas por monjes fanáticos.</p>
-
-<p>La República ha abierto todas las residencias imperiales, y desde hace
-catorce años un nuevo Pekín se ofrece á la curiosidad de los viajeros.
-La llamada Ciudad Prohibida puede ser visitada á todas horas en los tres
-diferentes recintos que la componen.</p>
-
-<p>El primero lo designó siempre el pueblo con el nombre de Ciudad
-Amarilla, á causa del color de las tejas barnizadas que cubren sus
-techos. En ella estaban los ministerios y otros centros de la vida
-oficial, pudiendo<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">[Pg 73]</a></span> ser visitada por los extranjeros de distinción. El
-segundo recinto era la Ciudad Roja, llamada así por el color de sus
-muros. Nadie pasaba sus puertas si no pertenecía á la corte del Hijo del
-Cielo. En sus construcciones más avanzadas vivían los soldados de la
-Guardia del emperador y sus cortesanos. El tercer núcleo, ó sea el lugar
-central y misterioso donde estaban las habitaciones del soberano y su
-familia, se llamaba la Ciudad Violeta, también por el color de sus
-techumbres.</p>
-
-<p>Pocos entraban en la Ciudad Violeta. Los mandarines importantes y los
-embajadores recibidos por el Hijo del Cielo no iban más allá de los
-patios majestuosos de la Ciudad Roja. Aun en el presente continúa siendo
-inaccesible la Ciudad Violeta, por estar reservada una parte de ella
-para el joven emperador sin corona, que sigue llevando, cerca del
-presidente de la República, una existencia misteriosa.</p>
-
-<p>Así como los antiguos viajeros quedaban admirados ante los grandes
-parques existentes dentro de la ciudad amurallada de Pekín, se siente
-asombro ahora viendo los jardines de la Ciudad Prohibida. Se cree vivir
-en pleno campo al contemplar arboledas que parecen interminables;
-montañas cubiertas de palacios y pagodas con techos superpuestos y
-cornudos, de cuyos aleros penden campanillas de sonoros
-estremecimientos; lagos por los que navegan sampanes con proas de dragón
-y cámaras doradas de techo redondo. Y estos vastos jardines están en el
-interior de un recinto fortificado; los guardan murallas, invisibles
-desde aquí, pero que se extienden kilómetros y kilómetros.</p>
-
-<p>Los emperadores chinos y los mandarines opulentos consideraron un jardín
-como el más precioso adorno de toda vivienda rica, reproduciendo en su
-frondosidad las bellezas naturales con arreglo á un gusto pueril y
-extre<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">[Pg 74]</a></span>madamente minucioso, mas no por esto indigno de consideración.
-Visitando esta Ciudad Prohibida, tan grande como algunas capitales de
-Europa y que sirvió de simple vivienda á un solo hombre, se puede
-apreciar cuán necesario es para la vida humana el contacto con la
-Naturaleza. Estos monarcas absolutos, que durante largos siglos
-dominaron la mayor parte del mundo asiático y por exigencias de la
-etiqueta debían mantenerse aislados de su pueblo, reprodujeron en el
-interior de su ciudad-palacio los esplendores del campo, ya que no
-podían ir á contemplarlos como simples viajeros.</p>
-
-<p>Ahora los jardines imperiales están olvidados. La República no puede
-mantener un ejército de miles de jardineros como lo hacían los Hijos del
-Cielo, derrochadores de tesoros. Pero á pesar de su abandono creciente y
-la tristeza de las tardes invernales, aún ofrecen un aspecto de
-melancólica majestad.</p>
-
-<p>Los lagos son varios y enormes, con islas y penínsulas cubiertas de
-arboleda. Como los chinos de Pekín vivían y morían lejos del Océano, no
-vieron obstáculo alguno en llamar enfáticamente «mares» á estas
-extensiones acuáticas, y todavía conservan dicho título. Dentro de la
-Ciudad Prohibida se encuentran el Mar de Enmedio, el Mar del Norte, el
-Mar de las Cañas, y otros.</p>
-
-<p>No bastando á los emperadores abrir mares en el suelo de sus jardines,
-elevaron igualmente montañas. Pekín está asentado en una llanura
-polvorienta, y sólo al perder de vista la capital empiezan á columbrarse
-las estribaciones de una cordillera. Pero los jardines de la Ciudad
-Prohibida tienen montañas que ostentan en sus cumbres palacios y
-templos, siendo la más famosa de ellas la llamada <i>Mee-Chaen</i> (Montaña
-del Carbón).</p>
-
-<p>Según cuentan, debe su título á que cierto emperador, durante una de las
-remotas guerras civiles, hizo previ<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">[Pg 75]</a></span>soramente enormes acopios de carbón,
-temiendo un asedio de sus enemigos. La gigantesca masa de combustible
-quedó en el olvido, los huracanes polvorientos que soplan sobre la
-planicie pekinesa la fueron cubriendo de tierra, y acabó por convertirse
-en una colina de rudas pendientes. Luego, los emperadores, despreciando
-por innecesario el contenido de la montaña artificial, cubrieron sus
-laderas con jardines, y durante varios siglos fué un lugar predilecto
-dentro de este mundo cerrado y majestuoso.</p>
-
-<p>Hoy la Montaña del Carbón está abandonada. En sus caminos sólo se ven
-boncerías desiertas ó palacios que habitaron los mandarines favoritos y
-caen ahora poco a poco en escombros. Entre estos edificios crecen
-bosques de lilas y extienden su venerable ramaje los cedros centenarios.
-Bandas de pájaros saltarines animan con sus voces una soledad verde que
-dura de sol á sol.</p>
-
-<p>No creo, sin embargo, que estas avenidas en pendiente se viesen más
-frecuentadas en los buenos tiempos del Imperio. El chino rico gusta de
-los jardines para verlos desde una ventana; rara vez pasea por ellos,
-los aprecia como un deleite de los ojos. Los mandarines del pasado
-únicamente debieron subir en palanquín los caminos ásperos de la Montaña
-del Carbón para llegar á su cumbre y sentarse en la torre que la corona,
-contemplando desde sus miradores todo el ámbito de una ciudad que sólo
-de tarde en tarde podían visitar á causa de sus deberes palaciegos.</p>
-
-<p>En el centro del Mar de Enmedio ó de los Lotos, sobre una colina
-artificial con bosques y palacios, está el famoso árbol encadenado.</p>
-
-<p>Cuando los emperadores manchures, hace dos siglos y medio, destronaron á
-la dinastía de los Ming, apoderándose de Pekín, el último de los Ming no
-quiso sobre<span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">[Pg 76]</a></span>vivir á tal vergüenza y se ahorcó de una rama de dicho
-árbol. A los nuevos emperadores les convenía mantener intacto el
-prestigio de su investidura, la inviolabilidad religiosa de sus
-personas, y ordenaron el procesamiento del árbol por haber prestado sus
-ramas para esta acción sacrílega, condenándolo á prisión perpetua como
-reo de lesa majestad. El árbol hace muchos años que está seco, pero aún
-se mantiene erguido, negro y leñoso, en medio de una vegetación que goza
-de plena libertad, teniendo enroscadas á su tronco y sus brazos
-numerosas cadenas manchadas de herrumbre.</p>
-
-<p>Sobre los canales con riberas de piedra que llevan el agua de un «mar» á
-otro, se lanzan las curvas de los puentes de mármol. En otros sitios
-ponen en comunicación el jardín con las islas. El arqueamiento exagerado
-de estos puentes resulta penoso para los pies occidentales. Uno de
-ellos, á pesar de su magnificencia, recibe el apodo de «El Jorobado» por
-la altura de su curva. El tiempo y el abandono han desgastado además los
-pequeños escalones de su doble pendiente, haciendo aún más difícil su
-tránsito. Pero los personajes chinos iban calzados con ligeras
-zapatillas de fieltro, que les permitían ajustar sus plantas á las
-sinuosidades del suelo, ascendiendo por ellas mejor que nosotros. Ya
-dije también cómo el monarca, con sus ligeras sandalias de pergamino,
-subía ritualmente las escalinatas por el «sendero imperial», que no
-siempre era camino fácil.</p>
-
-<p>Actualmente los jardines de la Ciudad Prohibida no tienen otros
-guardianes que hombres del ejército. Al licenciar la República el
-personal enorme mantenido por los emperadores en sus palacios, lo suplió
-con soldados de línea. Como el ejército es muy numeroso en este país
-extraordinariamente poblado y gusta más de vivir tranquilo que de
-ejercicios y maniobras, una gran<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">[Pg 77]</a></span> parte de la guarnición de Pekín se
-halla dedicada á la vigilancia de los edificios públicos.</p>
-
-<p>En todos los kioscos se encuentran soldados y fusiles. Sobre las riberas
-marmóreas de los lagos circulan patrullas con el arma al hombro. Junto á
-los puentes de atrevida curva hay militares que se apresuran a ofrecer
-una mano á los viajeros, ayudándolos á pasar sobre el lomo resbaladizo
-de mármol, en espera de una propina ó un simple cigarrillo. Si no
-reciben nada, no por ello dejan de sonreir y hacer cortesías. Estos
-mocetones, procedentes de las provincias del Norte, campesinos de buen
-humor que la República ha convertido en soldados, parecen más grandes de
-lo que son en realidad á causa de sus trajes de invierno, acolchados
-interiormente. Los forros de algodón en rama los hacen extremadamente
-obesos. Hay nieve en los rincones sombríos de la arboleda, flotan sobre
-los lagos anchas placas de helado cristal, pero como luce el sol, estos
-guerreros han dejado sueltas las orejeras de piel de sus gorras. Cuando
-pasa un destacamento se ve sobre las cabezas de sus hombres y por debajo
-de las hileras de bayonetas cómo se balancean al compás de la marcha los
-pares de orejas erguidas.</p>
-
-<p>Por encima de las murallas de la Ciudad Roja espejean las techumbres de
-los palacios imperiales, todas con tejas de laca amarilla, color que
-únicamente podía usar el Hijo del Cielo. Una sucesión de nueve patios
-enormes (siempre el número simbólico), en torno á los cuales corre una
-cuádruple fila de edificios, forma el núcleo de la Ciudad Prohibida.
-Estos patios se comunican á través de portadas, sobre mesetas de mármol
-que tienen por ambos lados amplios graderíos. Las portadas también son
-de mármol y constan de tres puertas, estando reservada la del centro
-para el emperador y las otras para los mandarines, según su categoría.
-Sobre cada una de<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">[Pg 78]</a></span> aquéllas existe un pabellón de madera laqueada y
-dorada, con techo amarillo, cuyos aleros se encorvan en los ángulos.</p>
-
-<p>Estos patios, orientados con arreglo á los puntos cardinales, tienen al
-Sur y al Norte las portadas de acceso, á ambos lados de ellas los
-salones más importantes, y al Este y al Oeste galerías, detrás de las
-cuales existen almacenes, dormitorios y cuadras. En torno al primer
-patio vivían los funcionarios palaciegos más modestos y los jefes de la
-Guardia imperial. Hay que advertir que la Ciudad Prohibida contaba
-siempre con una guarnición de 15.000 infantes y 5.000 jinetes.</p>
-
-<p>Todos los nueve patios tienen pavimento de mármol, y por su centro corre
-un río atravesado por tres ó cinco puentes. Su extensión es tan enorme
-que el hombre parece perdido en ella, achicándose con una modestia
-lamentable cuando se aleja á uno de sus extremos. Para cortar la
-monotonía de estas llanuras rectangulares, embaldosadas de blanco y
-cerradas por ostentosos edificios, se alzan en ellas grandes pedestales
-sustentando leones chinescos, de ojos saltones como bolas, dentadura de
-cocodrilo y melena de perro. Otras veces sostienen cigüeñas de bronce ó
-vasos que parecen campanas olvidadas.</p>
-
-<p>El segundo patio, el más enorme de todos, guarda en su fondo la sala
-imperial. Dentro de ella recibía el Hijo del Cielo á los embajadores y
-los príncipes feudatarios. En las galerías del Este y del Oeste estaban
-los almacenes de las cosas preciosas de su pertenencia particular,
-vastos salones que muchas veces no podían contener los tesoros del
-celeste emperador, dueño absoluto de un país más grande que Europa.</p>
-
-<p>Uno de los edificios guardaba los vasos de bronce y diversas obras de
-metal hechas por los artífices de Pekín ó regaladas por los gobernadores
-de las provincias. Otro<span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">[Pg 79]</a></span> contenía las peleterías preciosas enviadas por
-los cazadores de las provincias limítrofes con Siberia. El enorme
-Imperio chino abarcaba todos los climas y poseía todas las faunas, desde
-el oso de las llanuras de hielo á la pantera y el tigre de los arrozales
-cercanos á los mares del Sur.</p>
-
-<p>En un tercer depósito se almacenaban las vestiduras de honor que el Hijo
-del Cielo regalaba como si fuesen condecoraciones á los funcionarios
-dignos de tal recompensa: gabanes de seda, con forros de zorro azul, de
-cibelina, de armiño. Otra sala contenía las piedras sin montar del
-tesoro imperial, diamantes, amatistas, esmeraldas, mármoles raros, jade
-de un verde tierno que parece vivir ó veteado de oro, perlas finas
-pescadas por los súbditos de las provincias meridionales. El ropero
-imperial ocupaba un edificio de dos pisos, con armarios y cofres
-repletos de maravillosas vestimentas, ligeras y coloreadas como flores.
-En un sexto depósito estaban las armas, ricas y célebres, tomadas al
-enemigo, y otras ofrecidas por los embajadores de los monarcas
-tributarios.</p>
-
-<p>Creo oportuno recordar cómo fué en otras épocas el poder de los
-emperadores chinos. Nos hemos habituado tanto en los últimos tiempos á
-ver subyugado este país á las exigencias abusivas y crueles de las
-naciones europeas y de los japoneses, que apenas si nos damos cuenta de
-que el Hijo del Cielo vivió durante siglos y siglos, dentro del mundo
-asiático, más poderoso y obedecido que ningún monarca lo fué en
-Occidente. No había pueblo del viejo mundo que no reconociese su
-autoridad y temiera sus ejércitos innumerables. El Japón fué el único
-que se libró de tal vasallaje, por su posición insular y por los
-caprichos oceánicos que destruyeron todas las flotas chinas llegadas á
-sus costas. El cruel Timur, ó sea<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">[Pg 80]</a></span> el famoso Tamerlán, terror y azote de
-tantos pueblos, se declaró feudatario del Gran Kan residente en Pekín.</p>
-
-<p>Hay que imaginarse el aspecto de este segundo patio en días de gran
-recepción. Se abre en su parte Norte lo que puede llamarse sala del
-trono y que los chinos titulan <i>Tacho-Tien</i> (Sala de la Gran Reunión).
-En el centro de ella colocaban el asiento del emperador, quedando las
-cuatro patas de dicho mueble á ambos lados del eje que divide por mitad
-á Pekín. Si abrían la puerta central del pabellón Sur, y sucesivamente
-las portadas de la Ciudad Roja, de la Amarilla y de la Tártara&mdash;todas
-colocadas exactamente en la misma línea&mdash;, el Hijo del Cielo, sin
-moverse de su asiento, podía extender sus miradas hasta el extremo Sur
-de Pekín, á través de toda la Ciudad China, en una extensión
-longitudinal de muchos kilómetros, viendo como un hormiguero la remota
-actividad de las muchedumbres circulando por la calle de Enfrente.</p>
-
-<p>A la meseta de mármol que sustenta la Sala de la Gran Reunión se sube
-por cinco escalinatas que dan á otras tantas terrazas con balaustradas
-de maravillosa labor. El mármol ha sido trabajado como algo dúctil que
-adquiriese rápida forma bajo los dedos. Cigüeñas y dragones parecen
-correr entre los encajes marmóreos. Los siglos han dado á la preciosa
-piedra un color amarillo de miel.</p>
-
-<p>Las puertas de esta sala imperial son de laca roja y de oro, con menudos
-dragones deslizándose entre ramajes complicados. También son de rojo y
-de oro las grandes columnas, y estos dos colores imperiales se repiten
-en el adorno de los muros, dando á todo el salón una visualidad que hace
-recordar las tintas de la bandera española agitada por el viento.</p>
-
-<p>Sobre pedestales quebrados por los golpes más que<span class="pagenum"><a name="page_81" id="page_81">[Pg 81]</a></span> por los siglos, se
-ven unos vasos maravillosos de bronce verde, con adornos de oro pálido
-profundamente rayado. Fueron soldados japoneses los que en 1900 rascaron
-con sus cuchillos-bayonetas esta capa de oro, para llevarse el precioso
-polvo. Tal rapiña no resultó un acto extraordinario. Las tropas europeas
-llegadas á Pekín en la misma expedición contra los boxers mostraron
-igual conducta. Lo admirable de estas vasijas gigantescas, desfiguradas
-por la rapacidad de los invasores, es su timbre sonoro. Basta dar en
-ellas con los nudillos para que salga de sus entrañas una vibración
-misteriosa y ultraterrena, un eco que hace recordar las melodías
-planetarias imaginadas por los pitagóricos.</p>
-
-<p>Todo el salón es de madera, paredes y columnas, pero con numerosas capas
-de laca roja, dorada ó de bronce verdoso, que imitan los tonos de los
-metales y las piedras preciosas, dando además á dichos colores la
-frescura eterna de su barniz, en cuyo brillo no logran morder los años.</p>
-
-<p>El canal que atraviesa este segundo patio es profundo como un río. Cinco
-puentes de mármol lo atraviesan, para que en otros tiempos pudiesen
-pasar á la vez los imponentes cortejos del Hijo del Cielo. Sobre las
-cinco mesetas de mármol que se escalonan hasta la Sala de la Gran
-Reunión se mantenían derechos miles de mandarines durante el curso de la
-ceremonia imperial.</p>
-
-<p>En este patio, donde podrían desplegarse cómodamente varios batallones
-europeos, formaban los destacamentos de las Ocho Banderas en que estaba
-dividido el ejército chino, con sus corazas multicolores, sus yelmos
-metálicos en forma de sombrilla, sus lanzas rematadas por anchos
-alfanjes, sus mosquetes que tenían por culatas cabezas de dragón, sus
-vestimentas de tinte anaranjado ó azul. Sobre el bosque brillante de las
-armas<span class="pagenum"><a name="page_82" id="page_82">[Pg 82]</a></span> ondeaban las Ocho Banderas, emblemas de las antiguas tribus
-manchures, amarilla, blanca, roja, azul ó con diversas combinaciones de
-estos cuatro colores. En el fondo, ocupando un lugar secundario y
-modesto, formaban las tropas de la Bandera Verde, las más numerosas y
-plebeyas, que mantenían el orden en las provincias del Imperio, haciendo
-oficio de gendarmería.</p>
-
-<p>Hoy, todas las explanadas de mármol de la Ciudad Imperial, majestuosas y
-enormes, como no las tiene ningún palacio de la tierra, están
-solitarias. De tarde en tarde, cual si fuesen hormigas, se deslizan por
-sus llanuras cuadrangulares y blancas algunos pequeños grupos de
-soldados ó de curiosos. Sus verdaderos habitantes de ahora vuelan y
-viven en los aleros.</p>
-
-<p>Los adornos salientes de los edificios tienen un color blancuzco, á
-causa de la capa de fenta depositada por los palomos. Éstos deshonran
-igualmente con sus residuos las terrazas de mármol y las imágenes de
-leones, tortugas y cigüeñas de verdoso bronce erguidas sobre pedestales.
-Unos cuervos pequeños y de graciosos movimientos revolotean en los
-patios ó se posan en los filos de las techumbres, alterando con sus
-voces el silencio de la gran ruina. Gritan como niños asustados; otras
-veces parecen burlarse de los que entran y salen en este palacio de
-inusitadas proporciones, que ellos poseen ahora absolutamente. En
-realidad, los personajes soberbios de la Historia, al construir
-monumentos que se imaginan inmortales, trabajan para el cuervo, la
-araña, el lagarto y la hiedra, sus herederos forzosos.</p>
-
-<p>En los edificios de otros patios ha improvisado la República china un
-museo con lo que se pudo salvar de la rapacidad de las tropas
-civilizadas cuando vinieron en 1900 á socorrer á los sitiados del barrio
-de las Legaciones y á dispersar á los boxers. Dichas salas ofrecen<span class="pagenum"><a name="page_83" id="page_83">[Pg 83]</a></span> un
-aspecto poco ordenado, pero su magnificencia deslumbra y llega á fatigar
-los ojos. Mejor que museo debía titularse lo que se guarda en ellas
-«Colección de riquezas nacionales que no pudieron robar los
-representantes de la civilización occidental».</p>
-
-<p>Sus porcelanas son de valor inestimable, piezas antiquísimas que parecen
-fabricadas por manos superiores á las del hombre. Se ven en las vitrinas
-lujosos muebles con todos los caprichos de la curva escamosa del dragón,
-tallados en ricas maderas; tronos de oro; corazas con incrustaciones de
-pedrería; árboles cuyas hojas y troncos están hechos con valvas de
-madreperla; armas cinceladas como joyas; trajes de ceremonia con bestias
-heráldicas de grueso realce; cetros de oro y cristal de roca; esmaltes
-de tan enormes proporciones que resulta inexplicable su producción;
-cascos y sombreros cubiertos enteramente de perlas, cual si hubiese
-caído sobre ellos un rocío celeste.</p>
-
-<p>Muchos de estos objetos los ocultaron chinos fieles á la dinastía,
-cuando llegó la expedición de los países civilizadores, devolviéndolos
-luego al gobierno. Otros fueron robados por las tropas invasoras, y las
-comisiones encargadas de remediar tales delitos consiguieron
-rescatarlos. ¡Pero desaparecieron tantas riquezas!... ¡Fueron tan
-numerosos los robos!...</p>
-
-<p>Cada vez que nos muestran un objeto precioso estúpidamente destrozado,
-los guardianes del museo se limitan á decir:</p>
-
-<p>&mdash;Esto lo hicieron las tropas de las naciones civilizadas.</p>
-
-<p>Y sonríen con una amabilidad irónica.</p>
-
-<p>El pueblo chino ha cometido crueldades, como todos los pueblos de la
-tierra, pero muchas menos que las imaginadas por la ignorancia
-occidental. La culpa remota de este error la tienen los sacerdotes
-budistas, que tanto<span class="pagenum"><a name="page_84" id="page_84">[Pg 84]</a></span> aquí como en el Japón han hecho circular durante
-varios siglos estampas horripilantes representando cuantos tormentos
-sufren en la otra vida los que mueren en pecado. Son casi iguales á las
-estampas del infierno y de sus suplicios que existen en los países
-católicos.</p>
-
-<p>Muchos viajeros, al ver estas escenas del infierno budista, las creyeron
-una fiel representación de tormentos complicados y monstruosos que
-aplicaban antiguamente chinos y japoneses. Nada más falso. En China han
-existido la muerte á palos y la decapitación, como en casi todos los
-países de la tierra. Durante las revueltas populares y las guerras
-civiles abundaron refinadas ejecuciones y matanzas, aunque tal vez menos
-que en ciertos países de Europa y América. Sus piratas y sus bandidos de
-tierra firme no fueron peores que los de otras partes.</p>
-
-<p>En cambio, la expedición civilizadora contra los boxers abundó en
-episodios inauditos. Un soldado procedente de uno de los países más
-cultos de Europa, al pasar con varios camaradas por una de las calles de
-Pekín, vió en la puerta de su tienda á un mercader extremadamente gordo,
-con esa obesidad monstruosa producto de una vida sedentaria, lenta y
-pacífica.</p>
-
-<p>&mdash;Me interesa saber&mdash;dijo&mdash;lo que ese chino tiene en el vientre.</p>
-
-<p>Y de un bayonetazo le rajó el abdomen, echando afuera sus tripas.</p>
-
-<p>Estos chinos que parecen cansados y hasta apolillados, después de
-cincuenta siglos de civilización á su modo, hablan con ironía del estado
-que ocupan en el mundo moderno.</p>
-
-<p>«Nosotros los salvajes», dicen con burlona modestia. Y añaden poco
-después: «Los blancos, que nos hacen el favor de querer
-civilizarnos...»<span class="pagenum"><a name="page_85" id="page_85">[Pg 85]</a></span></p>
-
-<p>Hemos mencionado ligeramente algo de lo ocurrido durante la última
-entrada en Pekín de las tropas civilizadoras. En otra expedición militar
-emprendida en tiempos de Napoleón III por un ejército de ingleses y
-franceses, el robo de los palacios imperiales resultó inaudito. Casi
-todas las riquezas de arte chino existentes en Europa datan de aquella
-invasión de bandidos civilizados.</p>
-
-<p>Además, la artillería de las citadas tropas se instaló en el primitivo
-Palacio de Verano, cerca de Pekín, y la explosión intencionada ó casual
-de su depósito de pólvora hizo desaparecer instantáneamente este
-monumento célebre del arte chino.</p>
-
-<p>Otra intervención anterior de Inglaterra, en la primera mitad del siglo
-XIX, que la permitió adueñarse de Hong-Kong, aún fué más vergonzosa. Los
-gobernantes chinos, para librar á su pueblo del envilecimiento del opio,
-prohibieron el consumo de dicha droga. Los ingleses siguieron entrándola
-de contrabando, porque así convenía á su comercio, y como el virrey de
-Cantón embargase varios cargamentos, echándolos al agua, la piadosa y
-liberal Inglaterra envió sus batallones y sus navíos contra el gobierno
-del Hijo del Cielo para defender una vez más la civilización... y la
-venta del opio.</p>
-
-<p>&mdash;Nosotros los salvajes&mdash;repiten sonriendo los chinos.</p>
-
-<p>Saben que su enorme y viejo país, rutinario y fatigado como todos los
-pueblos extremadamente antiguos, dió al mundo la brújula, la imprenta,
-la pólvora, la porcelana y los principios fundamentales de la
-agricultura científica.<span class="pagenum"><a name="page_86" id="page_86">[Pg 86]</a></span></p>
-
-<h2><a name="VII" id="VII"></a>VII<br /><br />
-EL PALACIO DE VERANO</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">La retratista de la emperatriz.&mdash;La mentalidad de una soberana
-china.&mdash;Los hermosos camellos de Pekín.&mdash;Las murallas de la capital
-y su antigua artillería.&mdash;Maravillas del Palacio de Verano.&mdash;El
-«lago-mar».&mdash;El famoso Navío de Mármol.&mdash;Un puerto de comercio
-improvisado, para que el Hijo del Cielo se disfrazase de
-vagabundo.&mdash;Robo de dos azulejos.&mdash;El feliz «triángulo»
-imperial.&mdash;El joven ex emperador y el presidente de la República.</p></div>
-
-<p>Miss Catalina Carl es una pintora notable de los Estados Unidos y la
-única dama de raza blanca que vivió en los palacios imperiales de la
-China.</p>
-
-<p>En 1905, estando en Shanghai, fué llamada á Pekín por la Legación
-norteamericana. La emperatriz regente, que vivía como ciertas reinas
-famosas de otras épocas, gobernando á su modo el vastísimo Imperio y
-haciendo frente á las ambiciones de las potencias occidentales, sentía
-repentinamente deseos de imitar la existencia de los remotos soberanos
-de Europa. Pero tales deseos no eran más que movimientos de curiosidad,
-retrogradando en seguida á sus antiguas costumbres. Esta emperatriz, que
-fué verdaderamente el último soberano chino&mdash;la República se proclamó
-tres años después de su muerte&mdash;, quiso que la retratase un artista
-blanco, y al saber que una pintora célebre viajaba por sus Estados,
-aprovechó la ocasión, prefiriendo servir de modelo á una mujer.<span class="pagenum"><a name="page_87" id="page_87">[Pg 87]</a></span></p>
-
-<p>La citada artista ha escrito un libro interesante sobre su vida
-palaciega y además me relató nuevas anécdotas durante mi permanencia en
-Pekín. Era la emperatriz una manchur de carácter enérgico, que ejercía
-con verdadera vocación sus funciones de gobernante. Teniendo que dirigir
-los destinos de un territorio enorme como un continente, con una
-población de cuatrocientos á quinientos millones de seres, se equivocó
-muchas veces; pero un hombre de talento, obligado á desempeñar una
-autoridad tan variada y extensa, tal vez habría cometido los mismos
-errores.</p>
-
-<p>En su tiempo ocurrió la revolución de los boxers. Mirada del lado
-europeo, esta revolución resulta un alzamiento horripilante por sus
-crueldades. Examinada desde el punto de vista chino, fué una protesta
-nacionalista, una explosión de odio contra los extranjeros, dominadores
-del país. Por esto la figura de la última soberana resulta confusa y
-contradictoria. Algunos la creen una emperatriz mesalinesca, con los
-defectos de Catalina de Rusia. Otros la admiran como una gran patriota.
-Miss Carl sólo guarda de ella excelentes recuerdos y se enternece al
-relatar sus bondades.</p>
-
-<p>Esta reina, poseedora de más súbditos y territorios que ningún soberano
-de Europa, recibió á la artista californiana con una afabilidad
-burguesa, sin aparato alguno. Al saber que era huérfana, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Yo seré tu madre. No te preocupes de tu porvenir. Corre á mi cargo
-hacerte feliz.</p>
-
-<p>Y la instaló en uno de sus palacios, con un mayordomo que capitaneaba á
-trescientos domésticos. En el Extremo Oriente la importancia de los
-personajes se mide por el número de criados, y nadie sabe hasta dónde
-puede llegar la cantidad de éstos, teniendo en cuenta las divisiones del
-servicio. Uno está encargado<span class="pagenum"><a name="page_88" id="page_88">[Pg 88]</a></span> solamente de los platos, otro de las
-copas, cada lecho de la casa tiene un sirviente especial, etc.</p>
-
-<p>Después que la pintora tomó posesión de su palacio y pasó revista á su
-batallón de servidores, aún tuvo que esperar varios meses para dar
-principio á su obra. Hacer un retrato de la emperatriz de la China era
-negocio de Estado, digno de largos estudios y lentas discusiones.
-Primeramente una comisión de astrólogos levantó el horóscopo de miss
-Carl para saber si su espíritu era compatible con el de la sagrada
-emperatriz, ó iba á causarle graves daños al ponerse en contacto con
-ella. Cuando al fin reconocieron los sabios que podía aproximarse á la
-soberana sin peligro alguno, los geomantes del palacio entraron en
-funciones para decidir qué edificio sería el más á propósito para el
-trabajo de la artista. Y después de encontrado el sitio, hubo que hacer
-nuevos estudios, fijando el día y la hora favorables para dar la primera
-pincelada.</p>
-
-<p>Tan satisfecha quedó la emperatriz de miss Carl, que años después le
-pidió que hiciese un segundo retrato de ella. Estas dos obras adornan
-los salones más grandes del Palacio de Verano. La soberana aparece en
-ambos lienzos ocupando un trono, con el traje femenino de la dinastía
-manchur. Va cubierta de joyas lo mismo que un ídolo; tiene los pies
-pequeños naturalmente, sin la deformación tradicional de las antiguas
-chinas; su tocado se levanta y se abre sobre la frente como una
-canastilla de flores.</p>
-
-<p>Mientras era pintada por su retratista, iba haciéndola preguntas, con
-una curiosidad de niña, sobre el modo de vivir las mujeres en los países
-de raza blanca.</p>
-
-<p>La etiqueta china no le había permitido ver nunca las calles de Pekín.
-Gobernaba su vastísimo Imperio sin haber visitado ninguna de sus
-ciudades. Todo lo sabía de oídas, según se lo habían contado sus
-mandarines.<span class="pagenum"><a name="page_89" id="page_89">[Pg 89]</a></span> Cuando atravesaba la capital una vez al año para ir al
-Templo del Cielo con el joven emperador, ó al trasladarse desde su
-residencia de invierno en Pekín al Palacio de Verano, no le era posible
-ver á su pueblo. Calles y caminos quedaban desiertos desde un día antes.
-Los chinos sabían que era delito, pagado con la cabeza, todo intento de
-conocer á sus soberanos. La emperatriz, seguida de su brillante séquito,
-pasaba como un fantasma por estas calles muertas, y para que su tránsito
-resultase aún más irreal, servidores palaciegos ocultos en tejados y
-árboles dejaban caer una lluvia de pétalos rojos y amarillos, colores
-emblemáticos de la dinastía, como un homenaje celeste.</p>
-
-<p>Para esta dueña absoluta de quinientos millones de seres humanos, la
-mayor diversión era asomarse con disimulo á una ventana, en las horas
-matinales, viendo á los pobres servidores de sus cocinas que traían á
-cuestas sacos ó cestos de comestibles. Así podía conocer otras gentes
-que los personajes de su corte. Poco después, la tradición y el orgullo
-dinástico renacían en su interior, haciéndole incomprensible la vida
-ordinaria de las soberanas europeas.</p>
-
-<p>Mostraba una simpatía instintiva y una admiración «de clase» por la
-reina Victoria de la Gran Bretaña. Se había enterado por sus ministros y
-por los diplomáticos de la existencia de esta emperatriz, semejante á
-ella, que gobernaba la otra vertiente del mundo.</p>
-
-<p>En el fondo de su alma china se creía superior á su colega. Los sabios
-del país, herederos de cinco mil años de ciencia, le habían enseñado que
-el Imperio de Enmedio ocupa el vértice de la tierra, mientras la pobre
-Europa se mantiene agarrada, con grandes esfuerzos, á uno de sus lados.
-Pero de todos modos, Victoria resultaba la única mujer que podía
-compararse con su persona<span class="pagenum"><a name="page_90" id="page_90">[Pg 90]</a></span> celeste en el mundo de los blancos. Propiedad
-de ella eran las islas flotantes que marchan por los mares arrojando
-humo; también le pertenecía una parte del Asia, la India, el país más
-poblado después de la China, y la Hija del Cielo no podía comprender
-cómo tan gran señora salía á pie por unas calles donde marcha todo el
-mundo y viajaba sin largo séquito, lo mismo que una tendera de Pekín.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tú crees que verdaderamente vive así?&mdash;preguntaba á su retratista&mdash;.
-¿No me habrán engañado?</p>
-
-<p>Miss Carl tiene la bondad de acompañarme á los lugares cerrados y
-maravillosos donde vivió algunos años cerca de la emperatriz regente: al
-Palacio de Verano, retiro favorito de ésta. Desde la caída del Imperio
-ha vuelto pocas veces á este paraíso regio. Le infunde una tristeza
-profunda ver con aspecto de próximas ruinas los palacios y los jardines
-que ningún blanco visitó antes de ella.</p>
-
-<p>Vamos á pasar un día entero en el Palacio de Verano, y aun así nos
-faltará tiempo para conocer todos sus valles y montañas, abundantes en
-alcázares y pagodas; para viajar&mdash;ésta es la palabra exacta&mdash;por las
-cuatro orillas de mármol de su lago.</p>
-
-<p>Esta artista experimentó tan hondamente la atracción de la vida china,
-que no ha querido marcharse de Pekín, á pesar de haber desaparecido casi
-todos los personajes del tiempo del Imperio, y habita en el nuevo barrio
-europeo que ha ido formándose junto al antiguo de las Legaciones.</p>
-
-<p>Seguimos en automóvil la larga avenida de la Paz Perpetua y otras calles
-no menos anchas de la Ciudad Tártara. Vemos algunos mercados,
-rebullentes de muchedumbre á esta hora matinal. En las cercanías del
-llamado del Carbón abundan las caravanas de camellos.<span class="pagenum"><a name="page_91" id="page_91">[Pg 91]</a></span> Todos los
-artistas que han pintado escenas de Pekín colocan invariablemente junto
-á sus murallas una fila de camellos, y este detalle, que parece
-rebuscado adorno, no es más que copia exacta de la realidad. Siempre
-tuve que detener mi automóvil en las puertas de Pekín para dejar paso á
-estas escuadras de navíos terrestres, que avanzan moviendo la cabeza
-como una proa y balanceando sus costados.</p>
-
-<p>El camello de aquí no es el de África, pelado, calloso y de una delgadez
-que marca la osamenta bajo la piel, como si fuese á rasgarla con sus
-aristas. Las caravanas chinas están compuestas de camellos gallardos y
-majestuosos. Se mueven de un modo rítmico, sus ojos abultados tienen una
-expresión inteligente; además ostentan el regio adorno de sus lanas
-rojizas, semejantes á las melenas del león. Estas lanas les caen por
-ambos lados como una gualdrapa y se extienden piernas abajo en forma de
-pantalones.</p>
-
-<p>Por el interior de la ciudad marchan en fila y atados, para que no
-entorpezcan la circulación. Cada uno lleva la cuerda de su bozal sujeta
-á la cola del compañero que le precede. En las cercanías de los
-mercados, al verse libres de sus cargas, doblan las patas y quedan
-inmóviles sobre las aceras, mientras los camelleros venden sus
-mercancías.</p>
-
-<p>Sopla el viento mongólico de una mañana invernal. Los charcos de las
-avenidas están helados. En los rincones, adonde no llega el sol, hay
-montones de nieve. Los camellos, con sus cuatro patas ocultas, parecen
-sobre la acera montones de lana rojiza, de los que surgen sus cuellos de
-reptil antediluviano y lanzan por sus narices curvas dos chorros de
-vapor.</p>
-
-<p>Atravesamos una de las puertas de Pekín. Todas ellas están rematadas por
-castillos de vetustas techum<span class="pagenum"><a name="page_92" id="page_92">[Pg 92]</a></span>bres. Los colores de sus muros se hallan
-tan modificados por el tiempo, que es imposible darles una clasificación
-dentro de la gama conocida.</p>
-
-<p>La antigua muralla de Pekín es la fortificación más grandiosa y más
-inútil que puede encontrarse en el mundo entero. Su anchura va más allá
-de las proporciones conocidas. En realidad se compone de dos murallas,
-habiendo rellenado los antiguos constructores, con tierra y escombros,
-el espacio abierto entre ambas. A causa de esto, las puertas son
-profundas como túneles, y no obstante su altura parecen agujeros de
-ratonera por su extremada longitud. Al pasarlas se encuentra una nueva
-muralla en forma de media luna, una plaza de armas en la que puede
-formar desahogadamente un batallón, y otro castillo para que los
-asaltantes, después de haber tomado la primera puerta, encuentren el
-obstáculo de una segunda. Sin embargo, las fortificaciones de Pekín no
-sostuvieron jamás ningún sitio heroico y los invasores las atravesaron
-con facilidad.</p>
-
-<p>En los castillos de aleros cornudos que coronan estas puertas hay
-grandes troneras para la artillería, pero hace más de cien años que no
-se ha asomado á ellas la boca de un cañón. Los basamentos de las
-baterías superiores son de madera y están casi pulverizados por la
-carcoma. Además, la antigua artillería china necesitaba para funcionar
-unas plataformas extraordinariamente macizas. Este pueblo de admirables
-fundidores, que fabricó Budas colosales cuando en Europa no sabían ir
-los broncistas más allá de las dimensiones humanas, produjo cañones tan
-grandes como las piezas recientes de la artillería moderna. Su tiro era
-incierto y corto, pero en cambio sus bocas imitaban fauces horribles de
-dragón, gargantas de monstruos quiméricos, para infundir pánico á los
-enemigos.<span class="pagenum"><a name="page_93" id="page_93">[Pg 93]</a></span></p>
-
-<p>Nuestro automóvil corre por los suburbios de Pekín y se lanza luego á
-través de la campiña. El Palacio de Verano está á veinte kilómetros, en
-un lugar que los emperadores modificaron á su gusto para hacer surgir de
-él un paraíso, como Luis XIV hizo brotar de áridas llanuras los jardines
-de Versalles con sus fuentes y estanques. Pero la obra de los soberanos
-chinos resulta más enorme en sus dimensiones que la del rey francés.
-Fueron varios monarcas celestes los que se sucedieron en su ejecución.
-Además, contaron con el trabajo disciplinado y tenaz de muchedumbres
-incansables.</p>
-
-<p>Seguimos las riberas de un canal que va desde Pekín al Palacio de
-Verano. Ahora este curso acuático está interrumpido en varios lugares.
-Antes el Hijo del Cielo podía ir desde la Ciudad Violeta al Palacio de
-Verano en barcas doradas, de las que tiraban grupos de servidores
-caminando por la orilla.</p>
-
-<p>Paso un día entero en este palacio-jardín, que tiene varias leguas de
-circuito. Como se halla lejos de la capital, sólo de tarde en tarde ve
-llegar visitantes, y los soldados que lo guardan llevan una vida
-campestre, como si viviesen destacados en un fortín de la frontera
-tártara. Un ambiente melancólico de profunda paz envuelve esta obra
-vastísima, destinada á unos soberanos de origen celeste cuya sucesión se
-cortó para siempre.</p>
-
-<p>Vemos las salas de audiencia, la parte del Palacio de Verano que los
-emperadores destinaban al mundo exterior. Aquí venían á turbar su vida
-campestre ministros, embajadores ó virreyes de las provincias. En uno de
-los salones, dos estatuas enormes de bronce, representando un fénix y un
-dragón, se alzan sobre pedestales de jaspe con sus bocas abiertas. Según
-me explica mi acompañante, que tantas veces pasó por estas habitaciones,
-las dos bestias esparcían por sus fauces una<span class="pagenum"><a name="page_94" id="page_94">[Pg 94]</a></span> nube invisible de perfume
-mientras duraba la audiencia imperial. También vemos en patios y salones
-grandes vasos de bronce, verdes y dorados, con una fauna enroscada de
-monstruos escamosos. Estos recipientes contenían agua. Los chinos
-consideran higiénico tener vasijas de agua en sus habitaciones, por
-creer que este líquido purifica la atmósfera tragándose los miasmas.</p>
-
-<p>Más allá de las salas de recepción y antes de llegar á los edificios que
-fueron las verdaderas residencias imperiales, está el teatro, patio
-enorme encuadrado por palacios bajos de madera dorada y laqueada, sobre
-plataformas de mármol.</p>
-
-<p>En el centro de dicho patio se levanta el escenario, edificio de tres
-pisos. Los actores hablaban á gritos, pasando de un piso á otro, según
-las exigencias escénicas.</p>
-
-<p>Miss Carl me describe las representaciones á que asistió muchas veces.
-Duraban un día entero, y en los entreactos comía el público, servido por
-el personal de las cocinas imperiales. Tres lados del patio estaban
-ocupados por los funcionarios de la corte, los personajes invitados por
-el emperador y los mandarines célebres por su sabiduría ó sus hazañas
-guerreras. El lado restante era para las mujeres de la familia imperial
-y su séquito de damas. Varios biombos colocados oportunamente las
-permitían ver el escenario sin ser vistas á su vez por la concurrencia
-masculina.</p>
-
-<p>Después del teatro vamos pasando al pie de una sucesión de colinas con
-vertientes escalonadas, formando bancales. Estos peldaños tienen muros
-de contención, hechos de azulejos, y fueron jardines. Ahora se muestran
-cubiertos de hierbas parásitas, secas por el frío. En tiempo de los
-emperadores estaban plantados de peonías, y cada una de dichas cumbres
-era una pirámide de flores,<span class="pagenum"><a name="page_95" id="page_95">[Pg 95]</a></span> sustentando en su cúspide un edificio rojo
-y dorado, pagoda ó kiosko.</p>
-
-<p>Se abre de pronto el paisaje, se apartan bruscamente edificios,
-columnatas y montañas. Una llanura blanca y azul se prolonga ante
-nosotros. Es el famoso «mar» del Palacio de Verano, extensión acuática
-que no tiene semejante en ningún jardín de la tierra.</p>
-
-<p>Los estanques de Versalles y otros parques famosos pierden su
-importancia al compararse con esta magnificencia líquida. Para apoyar
-tal afirmación baste decir que este lago, cuyos límites sólo se abarcan
-desde una altura y que por única vez justifica la énfasis de los chinos
-al llamarle «mar», tiene todas sus riberas enlosadas de mármol en una
-extensión de kilómetros y kilómetros, con balaustradas también de
-mármol, talladas como un mueble precioso. Es una riqueza aplastante&mdash;no
-puede llamarse de otro modo&mdash;, y sin embargo la amplitud de la
-perspectiva, el aire libre, el movimiento luminoso de las aguas, dan una
-ligereza simpática á su solemne enormidad.</p>
-
-<p>Sobre una gran parte de estas riberas se extienden caminos cubiertos,
-galerías de madera pintada, que parecen no tener fin. En sus techos hay
-miles de paisajes representando los lugares más célebres de la China.
-Por los frisos corren procesiones de animales con una variedad infinita.
-Se adivina que esta obra ha costado muchos años, interviniendo en ella
-numerosas huestes de pintores. Es un trabajo verdaderamente chino, de
-aparente sencillez, que asombra y desorienta luego por su diversidad,
-cuando se le examina detalle por detalle, acabando por fatigar al
-observador. Paseando el Hijo del Cielo, durante años y años, por estas
-galerías, llegaba á conocer, aunque fuese de un modo vago ó imperfecto,
-la grandeza de sus Estados con su fauna y su flora, así como los
-aspectos de sus ciudades.<span class="pagenum"><a name="page_96" id="page_96">[Pg 96]</a></span></p>
-
-<p>Ríos interiores parten del lago, serpenteando luego á través de los
-jardines. Puentes de mármol de giba audaz se encorvan sobre sus orillas.
-Todas las pequeñas montañas son artificiales, hechas á brazo por
-multitudes innúmeras de trabajadores. Los palacios y templos de sus
-cumbres tienen plataformas y balaustradas de mármol, paredes de
-porcelana verde, blanca y azul, aleros de madera tallada con tejas de
-amarillo oro&mdash;el color imperial&mdash;, y por el filo de sus ángulos avanzan
-hileras de dragones y monos.</p>
-
-<p>Junto á la extensión acuática hay bosquecillos frondosos, de suaves
-penumbras, y ante las escalinatas de los embarcaderos se alzan arcos
-triunfales. Los puentes de mármol ponen en comunicación la orilla con
-dorados kioscos para tomar el té.</p>
-
-<p>Todo el centro del lago es blanco y sólido, con rugosidades azuladas. El
-invierno lo ha helado profundamente. Junto á las orillas la costra
-glacial se ha roto, y el agua, libre, deja ver su verde profundidad, en
-la que tiemblan las cabelleras de una sedosa vegetación. De vez en
-cuando pasan, como relámpagos de púrpura y oro, peces chinos de largos
-faldellines en su cola. Varios cisnes blancos, salidos no sé de dónde,
-vienen á nuestro encuentro cortando el agua libre y frígida, con la
-esperanza de que ofrezcamos algo á sus ávidos picos. Barcas doradas de
-aspecto vetusto se balancean, como recuerdos del pasado, entre los
-pequeños témpanos sueltos de la ribera.</p>
-
-<p>Un buque mucho mayor y completamente blanco atrae la atención del
-visitante. Es el famoso Navío de Mármol. Esta isla en forma de
-embarcación la hizo construir uno de los últimos emperadores, colocando
-sobre su casco de mármol un palacio, también de la misma piedra. Un
-puente une la orilla y el buque inmóvil.<span class="pagenum"><a name="page_97" id="page_97">[Pg 97]</a></span></p>
-
-<p>Los republicanos chinos explican el origen de este capricho de un
-monarca que, á semejanza de casi todos sus iguales, nunca había visto el
-Océano. En el pasado siglo necesitó la China realizar grandes esfuerzos
-pecuniarios para crear una verdadera flota moderna, capaz de repeler las
-ambiciones, cada vez más intolerables, de las potencias europeas y del
-Japón. Cuando al fin se reunieron los fondos necesarios para construir
-navíos de combate, el Hijo del Cielo empezó por dedicar una parte de
-ellos á su marina del Palacio de Verano, y creó este buque de mármol.</p>
-
-<p>No intento comprobar la anécdota consultando á mi simpática acompañante.
-Se muestra emocionada por los recuerdos que despierta en ella este
-palacio. Guarda una memoria demasiado viva de las bondades de su
-imperial modelo, para que pueda aceptar la citada explicación sobre el
-origen del Navío de Mármol.</p>
-
-<p>Visitamos en lo alto de una montaña artificial el templo de los Diez Mil
-Budas. Luego pasamos á otras cumbres ocupadas por nuevos palacios y
-nuevas pagodas. En escalinatas y mesetas vamos encontrando soldados que
-parecen enfermos de hidropesía, á causa de la hinchazón de sus
-uniformes, acolchados interiormente. Sufren las molestias del frío y la
-soledad, pero al mismo tiempo son los únicos poseedores del inmenso
-jardín, como si hubiesen heredado á los Hijos del Cielo.</p>
-
-<p>En lo alto de la Montaña del Oeste, un kiosco con miradores de porcelana
-y columnas de laca ha sido convertido en restorán para los visitantes.
-Al entrar en él vemos un grupo de soldados en torno á una mesa, comiendo
-cacahuetes y pepitas de calabaza á guisa de aperitivos.</p>
-
-<p>Almorzamos en dicho kiosco, contemplando á nuestros pies toda la llanura
-blanca del «mar» congelado.<span class="pagenum"><a name="page_98" id="page_98">[Pg 98]</a></span> Miss Carl nos explica las particularidades
-del paisaje. Vemos casi en el límite del horizonte varias colinas con
-pagodas en su cumbre. Sobre una de ellas se alza una torre formada por
-siete pequeños templos superpuestos.</p>
-
-<p>Nos asombra el saber que estas alturas lejanas también pertenecen al
-Palacio de Verano y los límites del jardín imperial aún van más lejos.
-Cerrará la noche sin que hayamos visto más de una mitad de este mundo
-aparte, creado para los monarcas más invisibles de la tierra. Nadie como
-ellos supo buscar la paz y la dulzura de la vida. Fueron pastores de
-hombres, destinados por herencia á regir los rebaños más numerosos del
-mundo, y sin embargo vivieron alejados de sus semejantes, como si
-perteneciesen á otra humanidad, en un paraíso artificial moldeado
-egoístamente con arreglo á sus caprichos.</p>
-
-<p>Algunos emperadores sentían de pronto la nostalgia de la vida vulgar,
-deseaban rozarse con el populacho, conocer las amargas luchas sostenidas
-por sus súbditos para ganarse el puñado de arroz. Aburridos de su
-excesiva majestad, ansiaban no ser Hijos del Cielo, querían vivir como
-simples hombres.</p>
-
-<p>En tales momentos, los directores de sus placeres improvisaban un puerto
-á orillas de este lago, con numerosos «juncos» mercantes anclados en sus
-aguas y todo el caserío de una ciudad comercial. Los cortesanos se
-disfrazaban de mercaderes y marinos; las damas de la corte eran criadas
-de taberna ó desempeñaban peores papeles. El Hijo del Cielo, vestido
-como un vagabundo, hacía sus pequeños robos en el mercado de la ciudad
-fingida y circulaba por sus peores antros, sin que nadie se atreviese á
-reconocerlo. De pronto reñían cuchillo en mano falsos navegantes y
-tenderos, chillaban las hembras, acudía la guardia, y así iban
-reproduciéndose todas las escenas de los puertos chinos, corrompi<span class="pagenum"><a name="page_99" id="page_99">[Pg 99]</a></span>dos y
-pululantes como una gusanera. Este Carnaval divertía durante unas
-semanas al Hijo del Cielo y á las 80.000 ó 100.000 personas que vivían
-en torno de él.</p>
-
-<p>Vemos de lejos las arboledas del Parque de Caza. Ahora están
-despobladas. En tiempos del Imperio volaban sobre sus frondas millares
-de palomos amaestrados, á los que habían puesto una flautita debajo de
-cada ala. Eran animales eólicos que al volar iban dejando una estela de
-dulces sonidos, y como las pequeñas flautas tenían diversos tonos, estos
-músicos alados poblaban el espacio con las caprichosas armonías de una
-orquesta vagorosa.</p>
-
-<p>Encontramos nuevas escaleras cubiertas, cuyos techos guardan pintada una
-fauna infinita de dragones. Parece imposible que la imaginación haya
-podido concebir tantas variedades de un solo animal quimérico. La
-baranda de las múltiples escalinatas es maciza, hecha con azulejos
-verdes y amarillos.</p>
-
-<p>Como el Palacio de Verano lleva varios años de abandono, estas barandas,
-faltas de reparación, han dejado caer sus ladrillos esmaltados en
-diversos lugares. Tomo dos, uno verde y otro amarillo oro, para
-ocultarlos debajo de mi gabán. Pienso que cuando vuelva á Europa me será
-grato ver sobre mi mesa estos dos fragmentos del Palacio de Verano. Me
-siento ladrón, como la mayor parte de los europeos que vinieron aquí
-para civilizar á los chinos. Además, ¿cuánto podrán durar aún estas
-construcciones frágiles y olvidadas?... ¿Existirá el Palacio de Verano á
-mediados del presente siglo?...</p>
-
-<p>Al volver á la capital pasamos ante las ruinas del otro Palacio de
-Verano, el más antiguo, que destruyeron las tropas anglo-francesas con
-la voladura de su polvorín. Pero apenas me fijo en él, me preocupa algo
-más reciente. Sé que en Pekín existe un emperador, á pesar de<span class="pagenum"><a name="page_100" id="page_100">[Pg 100]</a></span> que el
-país está constituído en República hace doce años. He preguntado
-repetidas veces por él, y nadie conoce con certeza el lugar donde vive
-oculto.</p>
-
-<p>Los chinos, tan extraordinariamente tildados de crueles, resultan
-incomprensibles muchas veces por su dulzura y su tolerancia, virtudes
-que les permiten encontrar una solución agradable á los conflictos más
-enrevesados.</p>
-
-<p>Cuando en Europa se destrona á un monarca, se le hace salir del país
-inmediatamente. En algunas ocasiones, para liquidar de veras el pasado,
-hasta se le corta la cabeza.</p>
-
-<p>En China, los republicanos, después de su triunfo, dejaron en paz al
-joven emperador para que continuase viviendo lo mismo que antes. Y como
-en realidad el monarca no había salido nunca de la Ciudad Prohibida, ni
-gobernado otra cosa que su vivienda&mdash;los ministros lo hacían todo en su
-nombre&mdash;, debe pensar á estas horas que la República no se diferencia
-mucho del antiguo régimen.</p>
-
-<p>Algunos que parecen bien enterados me aseguran que continúa instalado
-dentro de la Ciudad Prohibida, en lo más céntrico de la Ciudad Violeta.
-Es tan enorme y con entrañas tan complicadas la antigua Ciudad
-Imperial&mdash;una legua de circuito&mdash;, que el monarca destronado puede
-seguir ocupando varios palacios y un jardín, sin que su antiguo pueblo
-sepa dónde está. En verdad, cuando era emperador su vida no abarcaba
-mayor espacio sobre la tierra.</p>
-
-<p>Parece que este jovenzuelo es más feliz que antes, porque no recibe
-visitas y nadie le molesta con inútiles consultas. Le casaron de niño
-con una de su edad, y los dos siguen jugando, ya mayores, en kioscos y
-jardines. Él está enamorado de una amiga de su mujer, pertene<span class="pagenum"><a name="page_101" id="page_101">[Pg 101]</a></span>ciente á
-una gran familia de mandarines adictos al Imperio. Los chinos sólo
-tienen una esposa legítima, pero la costumbre les permite un número
-ilimitado de amigas dentro de la casa. Y el feliz «triángulo» imperial
-vive paradisíacamente en el centro de Pekín, sin que nadie se acuerde de
-su existencia.</p>
-
-<p>De tarde en tarde el ex emperador recibe la visita del presidente de la
-República, que también habita un palacio dentro de la antigua Ciudad
-Prohibida. Unas veces es un mandarín letrado, otras un «doctor en
-armas», ó sea un general, pues la República china sufre los cambios
-bruscos de los seres en crecimiento, las aventuras violentas de toda
-juventud.</p>
-
-<p>El último Hijo del Cielo no sabe en realidad lo que es un presidente de
-República. Debe creerlo un ministro universal, un favorito como los que
-gobernaban en otro tiempo la China despóticamente, mientras sus abuelos
-imperiales permanecían invisibles en la paz majestuosa del Palacio de
-Verano.</p>
-
-<p>Bien puede ser que algunas veces se le ocurra la conveniencia de
-aplicarle al Presidente unas cuantas docenas de bastonazos con un bambú
-duro, para que atienda con más generosidad á sus gastos. Pero no ve en
-torno de él á los eunucos de la antigua corte encargados de dicha
-función.</p>
-
-<p>Sólo encuentra en sus jardines militares azules, de uniforme repleto
-durante el invierno, que le miran frente á frente con una audacia de
-campesinos sublevados, no pudiendo comprender por qué razón á un hombre
-que marcha lo mismo que ellos sobre la tierra lo llamaron sus pobres
-antepasados, durante cincuenta siglos, el Hijo del Cielo.<span class="pagenum"><a name="page_102" id="page_102">[Pg 102]</a></span></p>
-
-<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII<br /><br />
-LA GRAN MURALLA</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Un muro de 600 leguas edificado en ocho años.&mdash;El chino sabe
-demasiado para ser militar.&mdash;Las industrias fúnebres.&mdash;Entierros
-ruinosos.&mdash;Las tumbas de los emperadores de la dinastía
-«Luminosa».&mdash;En las puertas de la Tartaria.&mdash;Los vagabundos de la
-Gran Muralla.&mdash;La caravana de Kalgán.&mdash;El frío viento de la
-Mongolia.&mdash;Los dos ciegos musulmanes.</p></div>
-
-<p>En este país extremadamente viejo, decano de todas las naciones
-actuales, no abundan los monumentos que puedan llamarse antiguos.
-Templos y palacios sólo alcanzan una vida de contados siglos. Lo eterno
-es la China, su historia y sus costumbres. El alma del país perdura
-inmutable á través de miles de años. La exterioridad de las cosas
-resulta transitoria y ha sufrido muchas renovaciones.</p>
-
-<p>Su monumento más venerable y famoso es la Gran Muralla. Representa en la
-historia del pueblo chino lo que las Pirámides para la primitiva nación
-egipcia.</p>
-
-<p>Las Pirámides tienen algunos miles de años más que la Gran Muralla.
-Cuando el emperador Hoang-Ti levantó ésta 240 años antes de J. C., las
-Pirámides eran ya antigüedades milenarias que venían á contemplar
-viajeros de otros países. Pero como esfuerzo constructivo, la obra china
-resulta más enorme que la de los primeros Faraones de Memfis. Resultan
-las Pirámides más gran<span class="pagenum"><a name="page_103" id="page_103">[Pg 103]</a></span>diosas al poder abarcarlas el visitante con sus
-ojos; imponen un respeto casi místico por su pesadez de cumbre; tienen
-la concreción aplastante del amontonamiento. La Gran Muralla es una obra
-de extensión, un trabajo de gigantes en sentido horizontal, que casi
-nadie ha podido apreciar en conjunto, pues esto exigiría un viaje
-larguísimo. Los chinos, para crearla, manejaron indudablemente mayor
-cantidad de materias que los fellahs constructores de las Pirámides.</p>
-
-<p>Ocupa la Gran Muralla una longitud de 600 leguas, distancia mayor que la
-existente entre Madrid y París. Algunos han calculado que con sus
-materiales se podría construir un muro que diese por dos veces la vuelta
-á la tierra. Tal obra la ordenó Hoang-Ti, porque deseaba separar sus
-Estados del resto del mundo, y para él todo el mundo eran los tártaros y
-los manchures, que podían atacar á su nación por el Norte.</p>
-
-<p>Hoang-Ti sólo gobernaba entonces la verdadera China, ó sea las llamadas
-Diez y ocho Provincias. Una cosa es la China y otra el Imperio chino.
-Los tártaros y los manchures, que á pesar de la Gran Muralla acabaron
-por invadir el suelo de la China, fundieron sus territorios con las
-provincias de los vencidos, dando así su extensión actual á este Imperio
-de once millones de kilómetros cuadrados y quinientos millones de
-habitantes. Hace muchos siglos que la Gran Muralla resulta una obra
-completamente inútil, por haber quedado dentro del Imperio,
-extendiéndose la nación á un lado y á otro de sus baluartes; pero en sus
-primeros tiempos significó un gran adelanto como obra de fortificación,
-defendiendo á la China de sus más temibles enemigos.</p>
-
-<p>Se extiende sin interrupción 2.400 kilómetros sobre cumbres de montañas,
-sobre valles profundos, y algunas veces sus cimientos se apoyan en
-pilotes para atra<span class="pagenum"><a name="page_104" id="page_104">[Pg 104]</a></span>vesar terrenos blandos y pantanosos. El emperador
-exigió á los ingenieros que no dejasen fuera de la muralla la más
-pequeña parcela de sus tierras, y esta orden hizo aún más dificultoso el
-trabajo. Quiso además que la obra colosal se terminase cuanto antes y
-fué emprendida por muchos puntos á la vez, dedicándose á ella millones
-de hombres.</p>
-
-<p>En menos de ocho años se realizó, venciendo todos los obstáculos
-naturales, y según cuentan los historiadores, murieron en esta empresa
-sobrehumana unos 400.000 hombres.</p>
-
-<p>Su trazado tiene el ondulamiento del dragón, línea favorita de los
-artistas chinos, pero tal forma se debe también á la exigencia imperial
-de seguir con rigurosa exactitud los límites de sus provincias
-septentrionales. En algunos sitios parece suspendida de los flancos
-escarpados de las montañas; otras veces se oculta en gargantas profundas
-ó pasa como un puente sobre ríos y torrenteras.</p>
-
-<p>Todo el que visita Pekín siente la atracción de la Gran Muralla.
-Presenta ésta diversos aspectos según los sitios que atraviesa, é
-imagínese el lector si ofrecerá puntos de vista distintos en una
-extensión de 600 leguas. El lugar más frecuentado por pintores y
-fotógrafos se halla á varias horas de Pekín, empleándose para llegar á
-él un ferrocarril que va á la Mongolia y tiene por término la ciudad de
-Kalgán, situada casi en pleno desierto.</p>
-
-<p>Atravesamos la mayor parte de la capital, poco después de amanecer, para
-ir á la estación de esta línea férrea construída por una empresa china.
-Se halla fuera de las murallas, al otro extremo de la Ciudad Tártara.
-Nunca como en esta mañana me di cuenta de la extensión de Pekín. Nuestro
-automóvil rueda kilómetros y kilómetros, siempre por avenidas que
-parecen sin tér<span class="pagenum"><a name="page_105" id="page_105">[Pg 105]</a></span>mino. Vemos calles laterales con las fachadas llenas de
-anuncios colorinescos y el arroyo obscurecido por una apretada
-muchedumbre. Atravesamos mercados con inmóviles caravanas de camellos.</p>
-
-<p>Todas las puertas de la antigua Ciudad Prohibida ostentan á ambos lados,
-clavadas en su muralla rosa, dos banderas cuyas telas tienen muchos
-metros de amplitud. Es el pabellón quinticolor de la China
-revolucionaria, rojo, amarillo, azul, blanco y negro. La República hace
-gran ostentación de su nueva bandera, como si esto bastase para
-modernizar á un país que hasta hace poco no conocía otro símbolo
-patriótico que los dos dragones heráldicos de sus emperadores. Algunos
-edificios oficiales han adornado sus fachadas con falsas columnas y
-capiteles de papel multicolor que muestran la prodigiosa habilidad
-manual de los artífices del país. Estamos en las fiestas de Año Nuevo,
-colocadas por el calendario chino algunos días después de nuestro 1.º de
-Enero, y todos los palacios gubernamentales se cubren de dichos adornos.</p>
-
-<p>Llegamos finalmente á la estación del ferrocarril de Mongolia. Junto á
-ella se extiende un campo de maniobras, y mientras llega la hora de
-partir el tren vemos cómo trotan, cómo se echan al suelo y nos apuntan
-con sus fusiles varios grupos de soldados vistiendo uniforme blanco y
-azul, todos con zapatillas afieltradas, de pie negro y caña blanca, que
-son el calzado nacional.</p>
-
-<p>Dicen que estos soldados resultan tan excelentes como los mejores si los
-dirigen oficiales extranjeros, capaces de hacerlos avanzar con su
-ejemplo y con el automatismo de la disciplina. Pero al ser mandados por
-generales chinos no hay tropas más blandas, más refractarias al ataque á
-pecho descubierto, con menos «mordiente». Esta flojedad, incomprensible
-en hombres que aprecian la vida menos que nosotros y parecen más<span class="pagenum"><a name="page_106" id="page_106">[Pg 106]</a></span>
-acostumbrados á sufrir el dolor físico, sólo puede explicarse teniendo
-en cuenta que el chino, por regla general, es más astuto é inteligente
-que el blanco.</p>
-
-<p>Sabe demasiado para ser militar; tiene una experiencia de varios miles
-de años á su espalda, y las expresiones sonoras «patria», «gloria»,
-etc., que en otros países empujan los hombres á la muerte, no despiertan
-en él grandes entusiasmos. Su positivismo le hace pensar que los
-provechos de la victoria serán para sus jefes y no para él. Sabe que si
-queda inválido no recibirá ninguna recompensa digna de tan enorme
-desgracia. Pero el porvenir es una sucesión de sorpresas, y ¡quién sabe
-lo que hará en lo futuro este pueblo de quinientos millones de seres!...</p>
-
-<p>Sus campesinos, individualmente valerosos, sobrios y crueles, pueden
-convertirse en temibles soldados si los reune y los entusiasma un ideal
-común, algo que hable á su orgullo de raza y á su positivismo. Mas por
-el momento, los que conocen á este ejército afirman que nada vale como
-fuerza agresiva y tampoco puede servir gran cosa para la defensa del
-país en caso de invasión. Los chinos, como todos los pueblos de un gran
-pasado histórico, miran con superioridad á los países que estuvieron
-bajo su dependencia, política ó intelectual. Como los japoneses fueron
-sus discípulos y los vapulearon hace treinta años en una guerra, se
-vengan de ellos llamándoles «los enanos». Pero es indudable que si las
-potencias europeas y los Estados Unidos no se preocupasen de mantener la
-independencia de la República china, «los enanos» habrían aprovechado
-cualquier pretexto para llegar hasta Pekín&mdash;sólo están de él á
-veinticuatro horas de ferrocarril&mdash;, barriendo con facilidad á todo este
-ejército azul y blanco, de zapatillas silenciosas.</p>
-
-<p>Empieza á deslizarse el tren sobre los campos inme<span class="pagenum"><a name="page_107" id="page_107">[Pg 107]</a></span>diatos á la capital.
-Pasan ante las ventanillas grupos de árboles ennegrecidos por el
-invierno y montones de tierra que son tumbas, cada vez más numerosas.
-Algunas de ellas deben ser de gente rica, cuyos parientes cuidaron de su
-ornamentación, haciendo algo más que amontonar terrones sobre los
-féretros. (Había olvidado decir que el ataúd chino no lo descienden al
-fondo de una fosa, como en nuestros cementerios. Queda sobre el suelo y
-lo van cubriendo con tierra hasta que forma ésta una cúpula
-suficientemente gruesa para preservarlo de las injurias atmosféricas.)
-El adorno escultórico de los cementerios ricos es siempre el mismo: una
-gran tortuga de piedra que lleva sobre el lomo un obelisco ó una torre
-de pagoditas superpuestas. Esta tortuga, emblema de una larga vida, con
-la pareja de dragones imperiales y el ave fénix, constituye el grupo
-principal del simbolismo chino.</p>
-
-<p>Pasamos junto á canales que tienen sus taludes cubiertos de nieve.
-Cisnes blancos y negros abren el agua verdosa con el plumón de sus
-pechos. Entretengo la monotonía del viaje pensando en la importancia que
-las supersticiones taoístas han dado á las ceremonias del entierro.</p>
-
-<p>Hasta el coolí más humilde ahorra pequeñas monedas pensando en el
-féretro que ocupará después de muerto. Los almacenes de pompas fúnebres
-son los establecimientos más importantes en los barrios populares de
-Pekín. Hay talleres enormes de carpintería que fabrican montañas de
-ataúdes de pino blanco, dentro de los cuales se encajan otros de maderas
-más valiosas.</p>
-
-<p>Un entierro magnífico es la ambición suprema de todos los habitantes de
-este país; el glorioso final de una existencia. Las familias contraen
-deudas que agobian el resto de su vida, ó se arruinan totalmente,
-perdiendo su<span class="pagenum"><a name="page_108" id="page_108">[Pg 108]</a></span> rango social, para costear unos funerales. Tardan éstos
-con frecuencia meses y aun años á causa de los preparativos que exigen.
-Los entierros, escrupulosamente reglamentados según su costo, se
-escalonan en clases, y la memoria de una persona se venera de acuerdo
-con la importancia de su sepelio.</p>
-
-<p>En los funerales de un rico se queman muebles, armas de caza, perros;
-antiguamente palanquines con sus portadores, ahora berlinas tiradas por
-caballos ó automóviles de marcas célebres. Lo que constituyó en vida el
-lujo del difunto, debe seguirle más allá de la tumba. Pero este pueblo,
-hábil en toda clase de negocios, ha encontrado el medio de proporcionar
-á los muertos sus comodidades terrenales sin que por ello pierda el
-capital de los vivos unos objetos tan preciosos para la existencia. Y
-los muebles, las armas, los automóviles, los animales domésticos, son
-todos de cartón, construídos por notables artífices que reproducen el
-original con una escrupulosidad puramente china, sin olvidar detalle.</p>
-
-<p>Los muertos de gran familia quedan provisionalmente metidos en ataúdes,
-esperando que todo esté listo para sus funerales. El fallecimiento de un
-personaje proporciona á los escultores fúnebres largo trabajo, y por más
-que se afanen transcurre mucho tiempo antes de que la familia pueda
-realizar un entierro suntuoso. El público acude á ver el desfile de
-objetos y bestias de cartón para apreciar la fidelidad con que fueron
-reproducidos, y admira que tan costosas obras estén destinadas á
-convertirse en cenizas sobre una tumba.</p>
-
-<p>Continuamente se encuentran en las calles de Pekín bandas de músicos que
-van á ponerse á la cabeza de un cortejo fúnebre. Chinitos mofletudos y
-sonrientes pasan cargados con enormes <i>gongs</i> y otros instrumentos no
-menos ruidosos y de grandes dimensiones. Ellos y los<span class="pagenum"><a name="page_109" id="page_109">[Pg 109]</a></span> músicos que les
-siguen parecen alegres por la abundancia de trabajo. La muerte fomenta
-los negocios del país y aviva la actividad de las gentes. Hay entierros
-que llegan á costar 300.000 ó 400.000 dólares chinos, figurando en ellos
-centenares de hombres con dobles estandartes, varias bandas de músicos y
-una procesión interminable de falsos carruajes, monigotes y casas
-portátiles, destinados á convertirse en humo.</p>
-
-<p>Abandonamos el tren en mitad de nuestra marcha á la Gran Muralla. Son
-las nueve. El sol de una hermosa mañana de invierno empieza á caldear la
-tierra. Los charcos han perdido su costra blanca de la noche. Lloran los
-árboles con la licuefacción de la escarcha de sus hojas. El terreno ha
-ido subiendo y no obscurece ya la atmósfera el polvo amarillento de los
-alrededores de Pekín. Se respira un aire fresco de montaña. Vemos en el
-horizonte las cumbres de la Mongolia, que parecen haberse acercado á
-nosotros repentinamente.</p>
-
-<p>Marchamos dos horas á caballo para ver un grupo de mausoleos de los
-emperadores Ming. Son más ostentosos y ocupan mayor espacio que los que
-visitamos en las cercanías de Mukden, construídos por la dinastía de los
-«Muy Puros». Pero el aspecto arquitectónico de unos y otros casi es
-igual; largas avenidas que conducen á templos multicolores y tienen en
-sus bordes parejas de animales gigantescos esculpidos en granito:
-elefantes, caballos, licornios y leones. Lo más notable de este parque
-fúnebre es su arboleda, que se extiende kilómetros y kilómetros,
-formando una selva de sagrado silencio. El suelo está cubierto de césped
-finísimo y resbaladizo. Con gran frecuencia pasamos sobre el arco de un
-puente de mármol. Los arquitectos paisajistas de la China se complacen
-en hacer dar á un mismo arroyo numerosas revueltas, de modo que se
-coloque incesantemente ante el<span class="pagenum"><a name="page_110" id="page_110">[Pg 110]</a></span> paso del visitante, sólo por el placer
-de ir lanzando nuevos puentes sobre su curso.</p>
-
-<p>El puente es la obra suprema del artista chino, y cuanto más abunda en
-un paisaje, mayor esplendor le proporciona. Esta predisposición á la
-línea tortuosa la siguen también al trazar las avenidas funerarias.
-Únicamente son rectas en cortos espacios, torciéndose inmediatamente
-para tomar una nueva dirección y volver más allá á la línea primitiva.
-Según parece, en estos bosques sepulcrales los constructores emplearon
-la línea quebrada con un fin religioso, para desorientar y fatigar á los
-malos espíritus. Como éstos sólo vuelan en línea recta, llegarían
-fácilmente hasta el monumento fúnebre levantado en su último término si
-las avenidas fuesen tiradas á cordel. Gracias á tales tortuosidades,
-queda defendido el sepulcro por masas de arboleda que lo ocultan á los
-demonios alados.</p>
-
-<p>Visitamos las tumbas de estos Ming, emperadores que en el siglo XIII
-formaron una verdadera dinastía nacional, gobernando á la China entre
-los invasores tártaros, á quienes destronaron, y los invasores
-manchures, que los destronaron á su vez. El primero de los Ming fué
-verdaderamente un héroe, un gran capitán salido del pueblo, que llegó á
-convertirse en emperador. Empezó de niño como acólito de una pagoda;
-luego, de joven, ganó su vida barriendo el templo y sirviendo de criado
-á los sacerdotes. Al sublevarse la nación contra los últimos
-descendientes de Gengis-Kan, este sacristancito chino se lanzó á la
-guerra, revelándose como hábil guerrero y astuto político, que supo
-reunir en torno á su persona las fuerzas populares hasta entonces
-disgregadas, batiendo para siempre á los tártaros y entronizando á su
-familia con el título de dinastía Ming, que significa «Luminosa».<span class="pagenum"><a name="page_111" id="page_111">[Pg 111]</a></span></p>
-
-<p>No llegó el primero de los Ming á reinar en Pekín. Su capital fué
-Nankín, ciudad creada por él, donde se halla todavía su tumba.</p>
-
-<p>Volvemos al tren y éste reanuda su marcha hacia las montañas de la
-Mongolia, que llenan el horizonte. Siguiendo la orilla de un río, se
-desliza poco después por las tortuosidades de continuos desfiladeros.
-Empezamos á ver cortinas de fortificación que, partiendo del valle
-fluvial, se remontan á las cumbres. Son defensas secundarias, á espaldas
-de la Gran Muralla, cuya proximidad se deja adivinar.</p>
-
-<p>Todas las montañas son rojizas, á causa de su vegetación seca y quemada
-por el frío. En verano deben vestirse de un verde tierno y jugoso. Ahora
-su aspecto es áspero y fiero; parecen forradas todas ellas con pieles de
-león.</p>
-
-<p>Creo adivinar el destino de las murallas que cortan el largo y tortuoso
-valle. Veo caminos fortificados que suben á las cumbres; escalinatas
-entre dos murallas con almenas, para poner á cubierto de los flechazos
-enemigos á las huestes que ascendían por sus peldaños de roca. Los
-puentes que se encorvan sobre el río tienen igualmente almenas y dan
-acceso á castillos ruinosos que fueron cuarteles. Las tropas chinas no
-podían pasar el invierno entero acampadas en la Gran Muralla.
-Precisamente en esta región serpentea sobre cumbres donde sopla durante
-largos meses el frío viento de la Mongolia. La guarnición vivía en el
-valle, de temperatura más templada, y al dar la alarma los destacamentos
-avanzados podía ascender rápidamente por los caminos cubiertos, yendo á
-ocupar sus sitios de combate.</p>
-
-<p>Se detiene el tren en la estación de Chinglungchiao, nombre que no es
-fácil para dicho ni para escrito. Desde la estación se ve sobre las
-cumbres inmediatas una torre cuadrada y varios lienzos de muro que se
-alejan. Es la<span class="pagenum"><a name="page_112" id="page_112">[Pg 112]</a></span> Gran Muralla, que llega hasta aquí en uno de sus ángulos
-entrantes y retrocede con brusquedad, perdiéndose entre picachos de
-rocas.</p>
-
-<p>Empezamos á ascender por la pendiente de un barranco. La marcha se
-prolonga más de una hora. Algunas veces el suelo deja de ser pedregoso y
-pasamos entre pequeños rectángulos de tierra cultivada por unos
-labriegos puramente tártaros. Los chinos que vienen con nosotros,
-intérpretes y guías, con sus sotanas negras y sus birretes de seda
-rematados por un botón rojo, resultan extranjeros en este país.</p>
-
-<p>El tártaro lleva gorro de pieles y barbas lacias. Todos tienen los
-pómulos muy anchos y unos ojitos menos oblicuos que los chinos, pero más
-duros. Nos rodea una tropa de ellos, con trajes andrajosos, cuya tela
-acolchada de algodón deja escapar éste por las roturas. Los calzones son
-tan rígidos por su forro interior y por la suciedad externa, que parecen
-tallados en madera como dos troncos huecos de árbol.</p>
-
-<p>Muchos de estos hombres, formando grupos de cuatro, sostienen ramas
-peladas de árbol de las que penden unos sillones viejos de junco, y
-cuando se cansa un viajero le invitan á que se siente en el rústico
-palanquín. Así lo llevan cuesta arriba con esfuerzos escandalosamente
-exagerados para exigir luego mayor recompensa. Cada cien pasos se
-detienen, y el primero de los cuatro portadores lanza un grito. Apoyan
-entonces la barra en unas horquillas y cambian ésta de hombro,
-continuando su ascensión.</p>
-
-<p>Otros tártaros son comerciantes de la Gran Muralla y acosan á los
-viajeros ofreciéndoles «curiosidades» del país, especialmente
-cencerritos y eslabones fabricados por los herreros indígenas. Lo que
-más venden son piezas de la antigua moneda mongola. Esta moneda, la más<span class="pagenum"><a name="page_113" id="page_113">[Pg 113]</a></span>
-original que puede encontrarse en el mundo, consiste en pequeños sables
-de bronce, yataganes de la longitud de un dedo, que tienen grabadas en
-su hoja la leyenda de la pieza y el año en letras chinas.</p>
-
-<p>Llegamos finalmente á una de las puertas del interminable recinto
-fortificado, la de la ruta que va á Kalgán, ciudad importante del
-desierto. Lo mismo que los antiguos soldados del Hijo del Cielo,
-empezamos á subir por unas escaleras fortificadas, hasta lo alto de la
-Gran Muralla. Una vez sobre ella marchamos entre dos filas de almenas
-por un camino enlosado de granito, en el que pueden avanzar cómodamente
-diez hombres de frente.</p>
-
-<p>Sólo logramos ver la parte más insignificante de esta obra que ocupa una
-extensión igual á la longitud de dos ó tres naciones medianas de Europa.
-Y sin embargo, este reducido sector nos parece algo extraordinario que
-hace presentir la enormidad de todo lo que permanece oculto más allá de
-nuestro poder visual.</p>
-
-<p>La muralla sube por ambos lados siguiendo las pendientes, escala las
-cumbres, desaparece, la vemos surgir á muchos kilómetros de distancia
-sobre nuevas alturas, se oculta en los valles, y así va hundiéndose y
-emergiendo en los sucesivos términos del horizonte, hasta no ser mas que
-un hilillo rojo casi esfumado entre remotas montañas azules. A
-distancias regulares se levantan torreones cuadrados, todos parecidos.
-Los arqueros, desde lo alto de sus plataformas, podían cruzar sus
-disparos de modo que no quedase un fragmento del muro sin ser defendido
-por sus flechas.</p>
-
-<p>Caminamos mucho tiempo sobre el lomo de esta obra que parece infinita.
-El tiempo apenas ha causado mella en su masa de piedras y ladrillos. La
-soledad del lugar la conservó, como la campana neumática preserva los
-objetos confiados á su vacío.<span class="pagenum"><a name="page_114" id="page_114">[Pg 114]</a></span></p>
-
-<p>Al otro lado se extiende la árida tierra mongola, que es como una
-antesala del desierto de Gobi, y diversos países de misterio, poblados
-por demonios guardadores de tesoros, por tribus nómadas de bandidos, y
-en cuyos remotos valles hay ciudades santas que gobiernan dioses
-vivientes. Allá está Ourga, donde se deja adorar el Buda hecho carne,
-divinidad que muere envenenada muchas veces, si los santos Lamas del
-Tibet, establecidos en Lassa, consideran que ha vivido demasiado y
-ansían darle un sucesor más sumiso, para lo cual les basta con enviarle
-un nuevo médico. Allá los lagos de nafta que arden incesantemente
-poblando la noche de resplandores infernales; allá las tribus guerreras
-que pertenecen de nombre al inmenso Imperio chino, pero hace años viven
-con independencia, aliadas á los Soviets de Siberia, y ensoberbecidas
-por el armamento que les regala el gobierno rojo de Moscou.</p>
-
-<p>Vamos encontrando monótono el espectáculo al poco rato de marchar por
-estos caminos almenados que se empinan siguiendo las pendientes y en
-cuyas piedras pulidas por los siglos resbalamos con demasiada
-frecuencia. Luego el interés renace al pensar que esta obra de color
-rojizo, que sólo parece tener un siglo de existencia, fué construida
-hace 2.300 años. Siempre que vemos el interior de un torreón recordamos
-que la Gran Muralla tiene 20.000 de ellos, todos iguales.</p>
-
-<p>En la puerta atravesada por el camino de Kalgán se notan más las
-roeduras del tiempo. Un castillo fué adosado á ella, y esta
-fortificación suplementaria es ahora un montón de ruinas. El arco de la
-puerta se mantiene intacto. Detrás de él se halla obstruido el camino
-por masas de mampostería derrumbada, semejantes á los pedruscos que
-forman islotes en el lecho de los barrancos.</p>
-
-<p>Vemos cómo se aproxima cortando el desierto una<span class="pagenum"><a name="page_115" id="page_115">[Pg 115]</a></span> caravana de mulas y
-camellos procedente de la Mongolia. La fila de bestias, con sus arrieros
-tártaros, atraviesa la puerta-túnel de la muralla. Luego saltan
-aquéllas, con una agilidad de cabras, sobre las ruinas que obstruyen el
-paso, y vuelven á formarse más allá en el camino libre que desciende á
-las llanuras cultivadas de la China.</p>
-
-<p>Unos gendarmes con guedejas de pelo de mono, gorra azul y blanca y
-revólver al costado, se han unido á nosotros en las inmediaciones de la
-muralla. Su compañía es oportuna. Todos estos grupos de comerciantes de
-monedas-yataganes, de portadores de palanquines rústicos, de vagabundos
-con andrajos duros como la madera, ojitos feroces y barbas de chivo, si
-se limitan á pedirnos dinero valiéndose de gesticulaciones humildes ó
-exagerando desvergonzadamente el menor servicio que prestan, es porque
-ven á nuestro lado á estos gendarmes algo grotescos con sus melenas
-lacias, que han sustituido á la antigua trenza, y sus orejeras peludas.
-De no estar ellos presentes, exteriorizarían sin duda sus deseos con
-menos humildad.</p>
-
-<p>Desciende el sol, y un viento helado y cortante, el terrible viento de
-la Mongolia, empieza á cantar en torreones y almenas. Los mismos
-habitantes del país acogen con una sonrisa crispada estos chillidos
-atmosféricos. Unos introducen sus manos en los guantes-manoplas que les
-cuelgan del pescuezo. Otros más pobres se las meten bajo los sobacos y
-empiezan á bailar para defenderse por adelantado del frío.</p>
-
-<p>Es tan brusco este soplo, huracanado y glacial, que nos hace correr
-muralla abajo, con gran arremolinamiento de faldas y gabanes, levantando
-todos las manos para asegurar los sombreros.</p>
-
-<p>Al pie de la escalera fortificada, junto al arco de la puerta, en una
-especie de hornacina, vemos arrodillados<span class="pagenum"><a name="page_116" id="page_116">[Pg 116]</a></span> á dos mendigos, viejos
-tártaros de luenga barba blanca. Uno de ellos tiene un vago parecido con
-Anatolio France.</p>
-
-<p>Los dos están ciegos, con esa ceguera extremada y monstruosa de los
-países orientales, que no se contenta con borrar la vista y destruye
-además ferozmente los globos de los ojos. Tienen sus cuencas rojas y
-completamente huecas. Las moscas invernales se sobreviven y alimentan
-revoloteando en torno á estos cuatro orificios de herida, siempre
-frescos y sangrientos.</p>
-
-<p>Murmuran oraciones con voz monótona, balanceando sus diestras tendidas.
-Canturrean como si cumpliesen un rito, indiferentes á que el viajero se
-detenga ó siga adelante.</p>
-
-<p>Se adivina que estos chinos son musulmanes. El nombre de Alá,
-confusamente pronunciado, pasa á través de la sorda melopea de sus
-invocaciones. Tienen además la gravedad fatalista de los mendigos del
-Islam.</p>
-
-<p>Reciben las monedas en sus manos impasibles y siguen suspirando
-palabras, fijas sus órbitas sin ojos en el infinito.</p>
-
-<p>Estos dos habitantes de la Gran Muralla no se mueven nunca de la
-hornacina que les sirve de refugio: aquí duermen; aquí comen cuando
-tienen de qué.</p>
-
-<p>¿Para qué canturrean todos los días, si sólo de tarde en tarde se
-presentan viajeros?... ¿Quién puede darles limosnas en este desierto?...
-¿Qué es lo que ven en su eterna noche, arrodillados junto á esta puerta
-que da entrada á una de las soledades del mundo más extensas y
-misteriosas?...<span class="pagenum"><a name="page_117" id="page_117">[Pg 117]</a></span></p>
-
-<h2><a name="IX" id="IX"></a>IX<br /><br />
-EN MARCHA HACIA EL RÍO AZUL</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Los bandidos de Ling Tcheng.&mdash;Dos trenes fortificados.&mdash;Compañeros
-que van cayendo.&mdash;La exportación de huevos chinos.&mdash;Faisanes
-laqueados.&mdash;La amazona misteriosa del bosque fúnebre de los
-Ming.&mdash;Los bandidos no aparecen.&mdash;Decepción de algunas
-viajeras.&mdash;Opiniones sobre la República china.&mdash;Un cuerpo robusto
-falto de sistema nervioso.&mdash;La China aún no sabe que existe.&mdash;El
-Gran Canal.&mdash;El río Amarillo y el río Azul.&mdash;La civilización del
-trigo y la civilización del arroz.&mdash;Los pueblos asiáticos
-eternamente casados con el Hambre.</p></div>
-
-<p>Muchos europeos residentes en Pekín, ingenieros, comerciantes y hasta
-diplomáticos, se unen a nosotros para aprovechar el tren especial que
-debe conducirnos á Shanghai, á través de una parte considerable de la
-China.</p>
-
-<p>El gobierno ha tomado grandes precauciones para que no se repita al
-pasar nosotros por Ling Tcheng el ataque que sufrió hace unos meses un
-tren de lujo, lleno de europeos y norteamericanos. Varias partidas de
-soldados desertores, capitaneadas por un oficial joven llamado Suen Mei
-Yao, atacaron dicho tren durante la noche llevándose secuestrados á
-todos sus viajeros, incluso las mujeres y los niños. Fué un acto de
-bandolerismo y al mismo tiempo una maniobra política para crear
-dificultades al gobierno de Pekín con las grandes potencias.<span class="pagenum"><a name="page_118" id="page_118">[Pg 118]</a></span></p>
-
-<p>Las circunstancias no han cambiado. Antes de nuestra salida de la
-capital los diarios hablan largamente sobre la posibilidad de que seamos
-atacados en la región de Ling Tcheng, favorable para esta clase de
-operaciones. Además, los mismos periódicos, con una asombrosa
-imprudencia informativa, mencionan las enormes fortunas de algunos de
-mis compañeros de viaje. Especialmente hay una señora, vestida de luto,
-que va con un hijo único, y lo mismo en el <i>Franconia</i> que en hoteles y
-ferrocarriles es siempre mi vecina más inmediata. La dama apenas habla,
-sonríe modestamente y parece no tener fuerzas para manifestar una
-opinión contraria á lo que dicen los demás. El hijo, tímido como la
-madre, y de una perfecta y silenciosa educación, se ve buscado por todas
-las señoritas, que se disputan el bailar con él. Estos dos compañeros,
-siempre deseosos de pasar inadvertidos, poseen varias explotaciones de
-petróleo en California y hay años en que la madre recibe algo así como
-10.000 dólares todos los días. ¡Qué golpe para los bandidos chinos!...</p>
-
-<p>Como son muchos los personajes de Pekín que necesitan ir á Shanghai y
-otros puertos del Sur y desean agregarse á nuestro viaje, se forman
-finalmente dos trenes especiales. Cada uno de ellos lleva enormes
-proyectores eléctricos, como los que usa la marina de guerra, y á la
-cabeza y la cola vagones blindados con una compañía de infantería y
-varias ametralladoras. Además, el Ministerio de la Guerra ha hecho
-concentrar tropas en las estaciones estratégicas, dentro de la vasta
-zona montañosa donde se mueven las partidas de bandidos.</p>
-
-<p>Creemos que con tantas precauciones nos será posible llegar sin tropiezo
-á Shanghai, realizando el viaje en treinta y seis horas. Los dos trenes
-están compuestos de vagones-dormitorios, vagones-comedores y
-vagones-sa<span class="pagenum"><a name="page_119" id="page_119">[Pg 119]</a></span>lones con balconaje exterior para contemplar el paisaje.
-Nunca he visto en Europa algo semejante por sus comodidades y su lujo.
-Únicamente los llamados «trenes de millonarios», que van de Nueva York á
-Los Ángeles durante el invierno, pueden compararse con estos dos,
-organizados por el gobierno chino. El material rodante es el mismo, pues
-los vagones de Pekín fueron comprados en la América del Norte.</p>
-
-<p>La estación se llena de gente blanca poco antes de nuestra salida;
-habitantes del Barrio de las Legaciones que ven en esto un motivo para
-pasar el tiempo; familias de origen europeo y americano venidas para
-despedir á padres y maridos.</p>
-
-<p>Un joven pálido, envuelto en mantas, que parece moribundo, llega hasta
-el tren en un palanquín, escoltado por un médico, una <i>nurse</i> americana
-y varios servidores chinos. Es un compañero nuestro, enfermo de una
-pulmonía aguda. Prefiere ser llevado al <i>Franconia</i> á quedarse en un
-hospital de Pekín, y corre el riesgo de morir en el vagón durante tan
-largo viaje. Su madre y su hermana lo acompañan, haciendo esfuerzos por
-ocultar su inquietud. Se interrumpe el regocijo de la despedida; cesan
-los comentarios jactanciosos sobre un probable ataque al tren. Todos
-pensamos en la posibilidad de que este joven sea una de las víctimas
-exigidas por la Aventura á nuestro viaje perigeo.</p>
-
-<p>De los que salimos de Nueva York ya cayó uno. La Nochebuena, estando en
-Yokohama, la policía japonesa trajo al <i>Franconia</i> un fogonero
-encontrado inánime en los muelles. Le creían simplemente ebrio, por
-haber bebido con exceso en honor de la cristiana festividad, y al
-examinarlo el médico de á bordo se convenció de que estaba muerto desde
-muchas horas antes. Ahora, este joven, al que he visto bailar muchas
-veces en los salones<span class="pagenum"><a name="page_120" id="page_120">[Pg 120]</a></span> del <i>Franconia</i>, viene en nuestro tren como un
-moribundo. Parece milagroso que no seamos más los que hayamos caído con
-una congestión en los pulmones después de tanto paseo nocturno en
-<i>ricsha</i> descubierta por las calles glaciales de Pekín ó de la visita á
-la Gran Muralla, bajo el viento mongólico de una tarde de Enero.</p>
-
-<p>Empieza nuestro viaje. Vemos tropas en todas las estaciones, pero esto
-ya es para nosotros un espectáculo ordinario. Nos interesa más el
-aspecto de la campiña, que se va repitiendo, siempre igual, durante el
-primer día de viaje, y se reproducirá á la mañana siguiente, aunque con
-las variaciones propias de un cambio de clima, pues vamos en línea recta
-del Norte al Sur.</p>
-
-<p>Todo el suelo está arado. Fuera de las secciones ocupadas por las tumbas
-no hay un solo palmo de tierra falto de cultivo. Sin embargo, como
-estamos en invierno, la llanura es amarilla. No se ven más que surcos,
-terrones sueltos y rastrojos á los que arranca el viento columnas de
-polvo. En primavera y verano estas llanuras deben ser verdes y cobrizas.</p>
-
-<p>Una vida animal exuberante se desarrolla sobre la campiña cuidadosamente
-trabajada. Corren por los campos manadas de aves domésticas,
-persiguiendo á los parásitos de la tierra, en cantidades incalculables.
-Sólo aquí pueden verse unas bandas tan numerosas. El suelo parece haber
-adquirido una vida extraordinaria: se mueve, ondea; tantas son las
-gallinas que marchan sobre él. En torno á estanques y canales ó
-cubriendo sus aguas en largos trechos, aletean tropas de ánades y patos.
-Esta China inmensa es la mayor productora de huevos que existe. En
-algunas estaciones vemos grandes conos de metal, semejantes á los que
-emplean los ferrocarriles europeos para el envase de vinos y aceites.
-Los gigantescos cilindros contienen una pasta espesa,<span class="pagenum"><a name="page_121" id="page_121">[Pg 121]</a></span> formada por
-millones de huevos, crudos y revueltos, que esparce una intolerable
-hediondez. Los confiteros la adquieren en los puertos de Europa para que
-sirva de base á sus dulces y perfumadas combinaciones. Vemos también
-fábricas que utilizan la gran producción de huevos para secarlos y
-triturarlos, enviándolos á otros países en forma de polvo.</p>
-
-<p>En todos los pueblos, hasta en los más pobres, grupos de hembras
-vociferantes ofrecen comestibles á los viajeros; platos guisados por
-ellas que tienen como principal componente el pollo ó el faisán. Este
-último animal, tan apreciado en Europa, es vulgarísimo en los pueblos
-chinos. Se le ve tanto como la gallina en todos los corrales.</p>
-
-<p>Muchas de las estaciones, con sus vendedoras de cara redonda, tez
-amarilla y ojos oblicuos, me recuerdan las de Méjico, donde se aglomeran
-igualmente numerosas mujeres ofreciendo empanadas y trozos de ave
-espolvoreados de rojo. Aquí los comestibles también son del mismo color.
-Veo faisanes guisados, cubiertos con una capa purpúrea y charolada; pero
-no está compuesta, como en Méjico, del pimiento extremadamente picante
-llamado «chile». Los chinos, con objeto de dar mayor ostentación á las
-aves asadas las rebocan con laca roja, la misma que emplean en el
-barnizamiento de un vaso ó un mueble.</p>
-
-<p>Pasan por los caminos polvorientos muchos jinetes que tienen aspecto de
-labriegos ricos y van hacia sus propiedades montados en una mula
-encaparazonada de seda con penacho de plumas. Recuerdo un encuentro de
-hace pocos días, al visitar la tumba de los Ming. Cuando nos dirigíamos
-á dichos mausoleos montados en unos caballejos alquilones, se unió á
-nosotros por algunos minutos un jinete interesante.<span class="pagenum"><a name="page_122" id="page_122">[Pg 122]</a></span></p>
-
-<p>Era una mujer, vestida con pantalones y blusa de seda azul, un azul
-verdoso, igual al de la chispa eléctrica, secreto tradicional de los
-tintoreros del país. Esta hembra, grande y arrogante, se sostenía
-montada sin estribos, avanzando hacia el pecho de la bestia sus largas
-piernas y sus pies enteros, metidos en zapatitos de fieltro, sin la
-deformación que sufren las más de sus compatriotas. El delantero de su
-blusa desaparecía bajo numerosos collares y amuletos de múltiples
-colores. La cabeza la llevaba destocada, ostentando el peinado del país,
-una cortinilla de pelo lacio sobre la frente y el resto de la cabellera
-anudado sobre la nuca. En cambio, su mula, nerviosa y trotadora, agitaba
-entre las orejas un penacho de plumas azules y sus flancos iban
-cubiertos con una gualdrapa de borlas de seda.</p>
-
-<p>Así marchaba, completamente sola, á través de unas tierras desiertas. De
-todo lo que he visto en China, su encuentro resulta tal vez lo más
-novelesco. Nuestros guías é intérpretes parecieron no menos extrañados
-por su presencia. No diré que fuese hermosa. Nosotros no podemos
-apreciar el atractivo de una cara de pómulos anchos y nariz algo
-aplastada, por más que los ojos tengan una expresión graciosamente
-diabólica. Pero era una hembra de estatura arrogante y esbelto vigor;
-una criatura sana, de miembros gimnásticos, é iba sola por campos
-despoblados, en un país donde las mujeres únicamente salen de casa
-acompañadas por domésticos ó buscándose entre ellas para formar grupo.</p>
-
-<p>Tal vez era una labradora rica y viuda que iba varonilmente hacia una de
-sus propiedades. Me acordé de muchas novelas chinas escritas hace miles
-de años que tienen por tema hazañas de piratas y bandidos. Siempre en
-estas bandas de aventureros hay una mujer extraordinaria, una walkyria
-de ojos oblicuos y cuerpo<span class="pagenum"><a name="page_123" id="page_123">[Pg 123]</a></span> arrogante, capitana que se hace obedecer
-puñal en mano por los más terribles desalmados.</p>
-
-<p>Trotó unos instantes junto á nosotros, como si no nos viese. Al examinar
-su perfil achatado de Diana amarilla, sorprendí el rabillo de uno de sus
-ojos mirándonos disimuladamente con fría curiosidad. Luego, cansada de
-ver á los «demonios blancos», taconeó su mula, desapareciendo entre las
-primeras arboledas de las tumbas de los Ming.</p>
-
-<p>Tan extraordinario me pareció este encuentro en los linderos del inmenso
-bosque fúnebre, que llegué á imaginar la absurda hipótesis de que una de
-las antiguas emperatrices hubiese abandonado su sepulcro por unas horas
-para correr la China del presente, constituida en República... Y no la
-vimos más. Ahora pasan mujeres á caballo cerca del tren, pero son
-labriegas de aspecto zafio. Avanzan con el trotecito de sus asnos en pos
-del marido, ó van acompañadas por jornaleros que las escoltan á pie.</p>
-
-<p>Durante la noche pasamos el sector más peligroso de nuestro viaje, país
-de montañas donde las partidas de rebeldes pueden enriscarse con
-facilidad después de un atentado contra el tren. Vemos correr sobre el
-paisaje inquietos resplandores de incendio. Son las mangas luminosas de
-los reflectores que exploran nuestro camino, haciendo surgir los rieles
-de la nocturna lobreguez, como dos barras de plata. En todas las
-estaciones hay grupos de oficiales que suben al tren arrastrando sus
-sables para dar noticias y tomar órdenes.</p>
-
-<p>Algunas damas empiezan á mostrar cierto desaliento al ver que
-transcurren las horas nocturnas sin que nos ataquen los bandidos. Como
-viajan para adquirir «experiencia en la vida», sienten no conocer las
-emociones de un secuestro armado. Vamos á pasar á través de una<span class="pagenum"><a name="page_124" id="page_124">[Pg 124]</a></span> China
-en pleno desorden sin ningún incidente digno de ser contado, como el que
-viaja en un tren de lujo entre Nueva York y Boston.</p>
-
-<p>Después de media noche los viajeros se encierran en sus camarotes para
-dormir y únicamente quedan despiertos los centinelas situados en las
-plataformas y sus relevos, que fuman y conversan á gritos en los
-pasillos. Mientras espero la llegada del sueño tendido en mi litera,
-reflexiono sobre la situación actual de la China para concretar mis
-opiniones.</p>
-
-<p>Indudablemente la joven República vive en un estado anárquico. El
-gobierno de Pekín apenas si se ve obedecido en una menguada parte del
-territorio nacional, y sería menospreciado generalmente de faltarle el
-apoyo que le conceden los Estados Unidos é Inglaterra. Existen dos
-Repúblicas: la del Norte, que es donde estamos, y la del Sur, ó sea la
-de Cantón, dirigida por el doctor Sun Yat Sen.</p>
-
-<p>Se nota además en la China revolucionaria una innovación fatal, una
-verdadera regresión política que por suerte no resultará permanente,
-pues es á modo de una enfermedad que sufren todas las Repúblicas
-jóvenes. Al desaparecer el Imperio, los militares chinos han alcanzado
-una importancia que nunca tuvieron. Ya dije cómo durante miles de años
-el mandarín letrado fué más importante que el «doctor en armas»,
-monopolizando como función propia el gobierno del país. Ahora China,
-bajo el régimen republicano, es una especie de Méjico. El Presidente
-(sea quien sea) aparece siempre en los retratos con numerosos
-entorchados y un kepis, del que cuelga un manojo de plumas con el
-desmayo del sauce llorón. Este general-presidente es en realidad un
-personaje decorativo, pues se sostiene en Pekín gracias á la protección
-de otros generales que dominan las provin<span class="pagenum"><a name="page_125" id="page_125">[Pg 125]</a></span>cias con la cruel rapacidad de
-los procónsules, y á los que llaman <i>tou-kiuns</i>.</p>
-
-<p>Pero la anarquía actual no pondrá en peligro de muerte á esta vastísima
-nación. China ha pasado en su historia de cincuenta siglos por períodos
-más tremendos, en los que estuvo próxima á perecer despedazada&mdash;guerras
-civiles que duraron cien años, hambres exterminadoras, etcétera&mdash;, y sin
-embargo su prodigioso vigor interno la hizo surgir de tales conflictos
-con una salud renovada, continuando su existencia.</p>
-
-<p>Las cosas no son simples y uniformes como se las imaginan los espíritus
-dados á la generalización. En nuestra vida todo resulta complejo, y las
-más de las veces contradictorio é inexplicable para nuestros sentidos.
-La China no es un pueblo uniforme; existen dos Chinas: una la
-tradicional, que todos conocen, la China milenaria de los biombos, con
-ceremonias enrevesadas hasta la puerilidad y supersticiones distintas á
-las nuestras. La otra es el inmenso pueblo chino, agrupación humana la
-más dispuesta al trabajo, que soporta alegremente la fatiga y siente en
-todo momento el ansia de saber.</p>
-
-<p>El deseo del chino es ganarse la subsistencia, aunque sea trabajando
-catorce ó diez y seis horas al día, y apenas queda libre aprovechar su
-descanso para aprender. Ningún comerciante del mundo puede compararse
-con él por su inteligencia despierta, ávida de novedades y ágil para
-salvar obstáculos. Ningún obrero supera al de aquí en habilidad manual y
-tenacidad sonriente para el trabajo. Como en esta tierra pudieron los
-pobres, durante 5.000 años, subir á los más altos puestos del Estado
-gracias al estudio, las biografías de sus letrados más célebres
-contienen ejemplos de una tenacidad heroica para adquirir la
-instrucción. Algunos, después de<span class="pagenum"><a name="page_126" id="page_126">[Pg 126]</a></span> trabajar en su juventud manualmente el
-día entero, estudiaban de noche al resplandor de la luna. Otros abrían
-un orificio en la pared del vecino para aprovechar su luz, y bajo este
-reflejo débil aprendían sus complicadas lecciones.</p>
-
-<p>Esta ansia de saber y la facilidad para asimilarse lo que otros
-estudiaron, han producido la actual República. Los jóvenes chinos
-educados en la América del Norte y en Europa acabaron por vencer con sus
-predicaciones el más viejo, el más absoluto y carcomido de los Imperios,
-intentando organizar sobre sus ruinas lo que ellos llaman «la gran
-democracia amarilla».</p>
-
-<p>Existe un abismo entre las ilusiones generosas de estos apóstoles
-inexpertos y el ambiente que los rodea, todo corrupción, rutina y vejez.
-Los generales fabricados por la República roban lo mismo que los
-antiguos virreyes nombrados por el emperador. El gran vicio de la China
-consistió siempre en que los funcionarios consideran los dineros
-públicos como algo propio, quedándose la mayor parte de ellos y enviando
-sólo un pequeño tributo al ser lejano é invisible que gobierna en Pekín.</p>
-
-<p>La inmoralidad administrativa y la falta de solidaridad entre los
-hombres son las dos enfermedades mayores de la nueva República. En
-realidad, los chinos se ignoran entre ellos. Es tan vasto el antiguo
-Imperio, que cada uno conoce su provincia nada más, y aun dentro de ella
-sólo se siente ligado al pueblo en que nació.</p>
-
-<p>Anatolio France ha dicho que «la China empezará á existir cuando los
-chinos se enteren de que existe una China».</p>
-
-<p>Se esfuerza la República por hacérselo saber, pero son pocos aún los que
-se han enterado en este país de centenares de millones de seres. Antes
-tenían noticia de la<span class="pagenum"><a name="page_127" id="page_127">[Pg 127]</a></span> existencia de un emperador en Pekín. Ahora no
-saben nada, y en algunas regiones tal vez creen que la llamada República
-es una emperatriz semejante á la que gobernó hasta pocos años antes de
-la revolución.</p>
-
-<p>Mas iguales situaciones, confusas y anárquicas, se han visto en países
-europeos, y aún pueden verse en algunos de América, sin que por ello ose
-nadie profetizar su muerte. La China saldrá de esta crisis. Es un país
-antiquísimo y al mismo tiempo eternamente joven, pues tiene el poder de
-renovarse gracias á la vitalidad de sus muchedumbres. Hasta los mayores
-detractores del chino reconocen su sobriedad, su valor para sobrellevar
-las privaciones de la pobreza, su entusiasmo en el trabajo. Ningún
-pueblo de la tierra está mejor dotado para amoldarse á los climas más
-extremos, soportando lo mismo los fríos de Siberia que los ardores del
-Trópico. El gran geógrafo Reclús veía en los chinos y en los españoles
-los dos únicos pueblos aptos naturalmente para la colonización, á causa
-de la variedad geográfica de sus respectivos países, que les permite
-adaptarse á las diversas temperaturas del globo.</p>
-
-<p>El chino, primer comerciante de la tierra, se extiende por todos los
-continentes, instalándose en ellos como si estuviese en su casa. No hay
-trabajo que le intimide. Se entrega á su labor como si ésta fuese para
-él una finalidad desinteresada y no un medio de vivir. Produce
-sonriendo, cual si experimentase un placer. Yo he sentido asombro muchas
-veces viendo la alegre facilidad de su producción. Más adelante contaré
-lo que me ocurrió con un sastre chino de Singapore.</p>
-
-<p>Los republicanos de Pekín muestran una justa cólera ante las críticas de
-algunos viajeros que se imaginan haber estudiado su país.</p>
-
-<p>&mdash;Que nos den tiempo&mdash;dicen&mdash;para realizar nuestras<span class="pagenum"><a name="page_128" id="page_128">[Pg 128]</a></span> reformas. El Japón
-no hizo más que copiar la fuerza guerrera é industrial de Europa, y para
-ello necesitó cincuenta años... Y á nosotros nos exigen que en doce ó
-catorce hayamos dado la perfección de una República como los Estados
-Unidos de América á este país que por ser el más viejo de la tierra está
-saturado cual ninguno de prejuicios y rutinas.</p>
-
-<p>Las potencias de Europa han puesto sus ojos en la China para
-apropiársela. Pero cada una de ellas desea la mejor parte, sus
-rivalidades neutralizan toda agresión, y mientras tanto la nueva
-República va viviendo. Lo importante para ella es que tan peligroso
-equilibrio se prolongue muchos años, lo que la permitirá realizar
-lentamente su evolución, que no puede ser obra instantánea.</p>
-
-<p>Observan los Estados Unidos con la China una política en la que van
-mezclados el egoísmo comercial y cierto romanticismo democrático. Su
-industria ve un inmenso mercado de exportación en este país de
-quinientos millones de seres. Su gobierno procura atraérselo por medio
-de la gratitud, y para ello le proteje abiertamente de las ambiciones
-conquistadoras del Japón. Los políticos de Wáshington creen de buena fe
-en la posibilidad de una gran República amarilla. Están convencidos de
-que si los demás países dejan á la China desarrollarse por sí misma, en
-completa paz, soportará las enfermedades propias de una democracia
-joven, y antes de medio siglo podrá ser una verdadera República,
-sólidamente cimentada y ordenada, algo que tendría derecho á titularse
-los Estados Unidos de Asia.</p>
-
-<p>Muchos consideran esto un ensueño generoso é inconsistente, una ilusión
-que se verán obligados á abandonar los gobernantes de los Estados Unidos
-y bien pudiera ser causa de la temida guerra del Pacífico. Pero<span class="pagenum"><a name="page_129" id="page_129">[Pg 129]</a></span> nadie
-posee los secretos del porvenir, y muchas veces la realidad se complace
-en buscar lo que todos creen ilusión, con preferencia á las deducciones
-frías del raciocinio.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no podemos hacer nosotros&mdash;dicen los republicanos chinos&mdash;lo
-mismo que hicieron las democracias de Europa y América?... Nuestro
-pueblo llevaba inventados muchos de los actuales progresos de la
-civilización blanca cuando los europeos vivían aún en hordas ó alojados
-en cavernas.</p>
-
-<p>Yo siento por el pueblo chino el respeto que merece un glorioso
-antepasado. Recuerdo la emoción de Goethe, á los ochenta años de edad,
-leyendo en su retiro de Weimar una novela china de fábula sana, con
-descripciones tan frescas y vivientes como las de una obra moderna.</p>
-
-<p>&mdash;¡Y pensar&mdash;decía asombrado el poeta&mdash;que esta novela fué escrita hace
-3.000 años, cuando muchos de los hombres de Europa acampaban aún en los
-bosques!</p>
-
-<p>Digamos como resumen que la China actual es un organismo enorme y
-fuerte, pero falto de sistema nervioso, lo que le obliga á permanecer
-caído. El Japón sueña con llegar á ser su cerebro director. Quinientos
-millones de chinos, sobrios, inteligentes, incansables, organizados por
-los japoneses... ¡qué amenaza para el resto de la tierra!</p>
-
-<p>Los Estados Unidos, para evitar el tan famoso «peligro amarillo» y al
-mismo tiempo por el romanticismo democrático mencionado antes, procuran
-que las demás potencias dejen en paz á la República china y ésta se vaya
-reformando lentamente por sí sola, hasta crearse, sin ingerencias
-extranjeras, el alma moderna que aún no posee.</p>
-
-<p>Al despertar en la mañana siguiente vemos desde el<span class="pagenum"><a name="page_130" id="page_130">[Pg 130]</a></span> tren una China
-nueva. Nos aproximamos á la parte tropical del país. Empezamos á sentir
-calor y nos desprendemos de nuestros trajes á la moda de Pekín.</p>
-
-<p>En el Barrio de las Legaciones todos llevan durante el invierno ricos
-abrigos de pieles y un costoso gorro de marta á estilo siberiano. Me
-desprendo de mi pelliza y de un gorro de esta clase, que tal vez no
-usaré más. Ha terminado el frío. En adelante nuestro viaje será por
-tierras cálidas, á un lado y á otro de la línea ecuatorial.</p>
-
-<p>Nos aproximamos al río Yang-Tsé, el famoso río Azul. Todo el terreno que
-estamos cruzando desde Pekín á Shanghai lo componen la cuenca de dos
-cursos fluviales dignos por su enormidad de la fama que gozan: el
-Hoang-Ho (río Amarillo) y el Yang-Tsé (río Azul). En realidad estas dos
-cuencas son la verdadera China, y hasta los tiempos de la antigua
-República romana el pueblo chino se desarrolló entre ellas sin ir más
-allá. Después, el Imperio de los Hijos del Cielo fué realizando
-conquistas ó sufriendo invasiones de bárbaros que le aportaron sus
-propios territorios, y hoy comprende, además de la antigua China, la
-Mongolia, la Manchuria, el Turquestán y el Tibet.</p>
-
-<p>Hemos atravesado durante la noche la cuenca del caudaloso río Amarillo,
-que cambia con frecuencia de curso, inundando provincias enteras,
-convirtiendo otras en terrenos pantanosos, condenando al suplicio del
-hambre millones de seres, y haciendo emigrar á ciudades en masa. Ahora
-estamos en la vertiente septentrional del río Azul.</p>
-
-<p>Vemos desde el balconaje del coche-salón lagunas cultivadas, arrozales
-que se pierden de vista, con bandas de patos blancos y rojizos. Ésta es
-la China productora de arroz. A trechos encontramos un ancho río
-artificial, cuyas riberas están tiradas á cordel, y enormes<span class="pagenum"><a name="page_131" id="page_131">[Pg 131]</a></span> plazas
-acuáticas que sirven de puertos. Centenares de juncos, tocándose por sus
-bordas, alzan en el aire un bosque de mástiles.</p>
-
-<p>El Imperio realizó hace muchos siglos una obra tan enorme como la Gran
-Muralla, aunque menos famosa que ésta. Es el Gran Canal, que atraviesa
-la mayor parte de la China, yendo desde los puertos del Sur hasta Pekín.
-Para abrirlo se necesitaron largos años de trabajo y varios millones de
-hombres.</p>
-
-<p>Está ahora el Gran Canal roto en algunos puntos de su enorme trayecto,
-pero todavía puede navegarse miles de kilómetros dentro de él y la
-numerosa marina mercante del país lo utiliza para sus viajes interiores.
-Varios lagos alimentan con sus reservas este curso de agua artificial,
-el más grande que se conoce. Los Hijos del Cielo lo abrieron para que
-llegasen por él todos los tributos en arroz pagados por las provincias
-del Sur, envíos de insustituíble necesidad para el mantenimiento de
-Pekín y las muchedumbres del Norte.</p>
-
-<p>Los arrozales del Japón, pequeños y tan escrupulosamente limpios como
-los estanques de un paseo, no son comparables con estas llanuras
-acuáticas que atravesamos durante horas y horas, camino de Nankín,
-antigua capital de la China á orillas del río Azul.</p>
-
-<p>Indudablemente el mundo está dividido en dos civilizaciones, la del
-trigo y la del arroz; mas el europeo se equivoca al imaginarse el arroz
-como un alimento asiático, abundantísimo. Representa la más seductora de
-las nutriciones para los hombres amarillos, pero la mayoría de ellos
-sólo lo comen de tarde en tarde, y si llegan á hacer de él su alimento
-diario, lo absorben en muy reducidas cantidades.</p>
-
-<p>La ambrosía divina del Olimpo indostánico es el arroz con <i>cury</i>. Los
-dioses en sus banquetes no conocen<span class="pagenum"><a name="page_132" id="page_132">[Pg 132]</a></span> nada mejor. Los magnates de todos
-los pueblos amarillos se nutren igualmente con este don del cielo. Los
-demás mortales, cuyo número asciende á centenares de millones, lo toman
-con palillos para que dure mayor tiempo el placer de comerlo, y
-prolongan voluptuosamente la absorción del montoncito colocado sobre un
-plato no más grande que una copa. El populacho indostánico considera un
-banquete tener en la palma de la mano izquierda un puñadito de arroz é
-ir llevándoselo á la boca con dos dedos de la diestra, grano á grano.</p>
-
-<p>Los pueblos de la vieja Asia viven desde los más remotos siglos de su
-historia indisolublemente casados con el Hambre.<span class="pagenum"><a name="page_133" id="page_133">[Pg 133]</a></span></p>
-
-<h2><a name="X" id="X"></a>X<br /><br />
-SHANGHAI, LA RICA Y ALEGRE</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Un abordaje de chinos en el río Azul.&mdash;La ciudad literaria de
-Nankín.&mdash;El «Londres del Extremo Oriente».&mdash;La Concesión Francesa y
-la Concesión Internacional.&mdash;Las palabras «boom» y
-«krac».&mdash;Placeres y despilfarros.&mdash;Las cortesanas del país y el
-mujerío internacional.&mdash;«Princesas chinas» y opio.&mdash;Una colonia
-española interesante.&mdash;Dos frailes notables, directores de
-Misiones.&mdash;La propaganda católica y la propaganda protestante.&mdash;Sus
-diversos recursos.&mdash;El barrio chino de Shanghai y sus callejones
-hormigueantes de muchedumbre.&mdash;Visita al famoso «Jardín del
-Mandarín» que el lector conoce desde su niñez.</p></div>
-
-<p>El tren nos deja en la estación de Pukow, á orillas del río Azul. Éste
-abre ante nosotros su enorme camino acuático de un color de ópalo
-verdoso, parecido al del ajenjo.</p>
-
-<p>A semejanza de algunos cursos fluviales de América, creemos que es río
-porque así lo afirma la geografía, pero más bien parece por su extensión
-y su abundancia de barcos un brazo de mar ó un estrecho. Estamos á
-doscientos kilómetros de su desembocadura, y sin embargo pasan por él
-numerosos vapores de tonelaje considerable; buques que han hecho la
-travesía del Océano y remontan el río Azul hacia puertos situados en el
-corazón de la China.</p>
-
-<p>En sus orillas no se sabe dónde termina la tierra y em<span class="pagenum"><a name="page_134" id="page_134">[Pg 134]</a></span>pieza el río. Hay
-centenares, hay miles de embarcaciones del país, llamadas «sampanes»,
-que sirven de eterna vivienda á las familias que las tripulan y
-transportan además mercancías. A veces tales barcos se inmovilizan meses
-y años en una ribera.</p>
-
-<p>El agua permanece invisible entre los cascos apretados de esta flota
-pululante y miserable. Mujeres, hombres y niños corren por dicha ribera
-adicional y movediza, saltando de un barco á otro. Surgen de ella á la
-vez un griterío continuo y un olor nauseabundo de cocina disparatada. En
-todas las grandes ciudades de la China del Sur volveremos á encontrar
-estas poblaciones fluviales, que se descomponen de la noche á la mañana
-y vuelven á reformarse, conteniendo un vecindario casi tan numeroso como
-el de la ciudad terrestre.</p>
-
-<p>Atravesamos el río Azul en un vapor blanco que con ágiles viradas evita
-la proa de los grandes buques de carga que suben ó bajan su majestuoso
-curso. En la orilla de enfrente está Nankín. La estación del ferrocarril
-tiene muelles que avanzan en el río, y vemos agitarse sobre ellos una
-muchedumbre de hombres medio desnudos.</p>
-
-<p>Todavía está nuestro buque á tres ó cuatro metros de la orilla y sus
-tripulantes se ocupan en las operaciones del atraco, cuando toda esta
-turba de atletas ligeros de ropa, tomando carrera, salta é invade
-nuestra cubierta. Son unos doscientos y el entarimado se estremece con
-la caída de sus cuerpos.</p>
-
-<p>Me doy cuenta de lo que debieron ser en otros siglos los abordajes de
-los piratas. Así aparecían indudablemente sobre la cubierta del velero
-descuidado las hordas de bandidos marítimos que figuran en las antiguas
-novelas chinas. Saltan todos á un tiempo, sin orden alguno, y hasta
-parece que se empujan mientras están sus<span class="pagenum"><a name="page_135" id="page_135">[Pg 135]</a></span>pendidos en el aire,
-apresurando cada cual la caída del que va delante. Algunos se escurren
-en el espacio todavía abierto entre el buque y el muelle, y al agujerear
-el agua como piedras, levantan surtidores de espuma. La gente ríe. ¿Qué
-importa unos chinos menos? ¡Hay tantos! Pero el chino escapa mejor que
-el blanco de los peligros; tiene mayor agilidad para hurtar el cuerpo á
-la muerte, y á los pocos segundos los vemos emerger en el callejón
-acuático, que el atraco de nuestro buque va haciendo cada vez más
-angosto. Todos acaban por asaltar la cubierta, librándose de perecer
-ahogados ó aplastados.</p>
-
-<p>Estos portadores de equipajes se adueñan de cuanto viene en el buque,
-desde el saco de mano al baúl más enorme, y con su ligereza de duendes
-amarillos pasan en unos segundos toda nuestra impedimenta á los andenes
-de la estación.</p>
-
-<p>Visitamos Nankín á toda prisa. En realidad, resulta más interesante
-visto en los libros que directamente. La capital creada por el primer
-Ming es casi una ruina. Su fundador la construyó en gran escala para dos
-ó tres millones de habitantes, y solo tiene 50.000. Su decadencia le
-proporciona cierto interés melancólico. Dentro de su recinto,
-fortificado con gruesas murallas y puertas-castillos, lo mismo que
-Pekín, ocupan los jardines mayor espacio que las casas.</p>
-
-<p>Su industria principal es un tejido fino de algodón amarillento, llamado
-«nankín», tela célebre en el mundo á partir del siglo XVIII, que fué
-cuando empezaron á usarla los europeos en verano, para librarse del
-calor de sus casacas bordadas. Además, esta ciudad decadente disfruta el
-mismo prestigio que algunas universidades antiguas de nuestro mundo. Los
-mandarines letrados que adquieren sus títulos en la ciudad literaria de
-Nankín<span class="pagenum"><a name="page_136" id="page_136">[Pg 136]</a></span> se consideran superiores á los demás. Aquí se producen la mejor
-tinta china y el papel más fino; aquí están las imprentas que publican
-los libros más bellos.</p>
-
-<p>A cierta distancia de Nankín se halla el mausoleo del fundador de la
-dinastía «Luminosa». Pero ya hemos visto las tumbas de otros Ming, y
-como deseamos llegar á Shanghai á media noche, prescindimos de tal
-visita.</p>
-
-<p>Reanudamos el viaje al ponerse el sol. Antes de que se extinga la luz
-notamos cierta variación en la campiña, que revela la proximidad de un
-gran puerto comercial. Las barracas de madera con tejado cornudo, las
-vallas de los campos y hasta los puentes ostentan grandes anuncios de
-letras blancas sobre fondo amarillo. Como estos rótulos están escritos
-con caracteres chinescos, resultan decorativos y agradables para
-nuestros ojos, divirtiéndonos en encontrar analogías entre sus letras
-geroglíficas y diversas figuras de personas y animales.</p>
-
-<p>Cierra la noche. Nos faltan cinco horas para llegar á Shanghai. Mientras
-comemos va pasando el tren ante estaciones repletas de gentío. Detrás de
-su masa obscura adivinamos la presencia de grandes ciudades. Los centros
-más importantes de la industria china se hallan establecidos en esta
-zona, entre el río Azul y Shanghai. De aquí salen los tejidos de seda
-que se esparcen por el mundo entero; aquí se prepara igualmente la seda
-en rama, primera materia para las hilanderías de Lyón y otros centros
-industriales de Europa.</p>
-
-<p>Columbramos detrás de las empalizadas la muchedumbre que ha acudido para
-ver nuestro tren. Sobre sus cabezas se agitan numerosas luces, como
-fuegos fatuos. Son linternas de cristal fijas al extremo de palos;
-faroles de papel, redondos como frutos, ó prolongados en forma de pez. A
-lo lejos, en el interior de las ciudades, se destacan edificios de suave
-fuego sobre el negro<span class="pagenum"><a name="page_137" id="page_137">[Pg 137]</a></span> terciopelo de la noche. Continúan las fiestas del
-nuevo año. Templos y edificios oficiales han iluminado los perfiles de
-sus techumbres ganchudas.</p>
-
-<p>Después de las once llegamos á Shanghai, y durante el resto de la noche
-y el día siguiente corro las calles y establecimientos de esta
-población, la más viviente, la más rica y dada á los placeres de toda la
-China.</p>
-
-<p>Shanghai es el mayor puerto de exportación é importación del antiguo
-Imperio Celeste. Hong-Kong rivaliza con él en movimiento marítimo, pero
-no es más que un puerto de tránsito, mientras que Shanghai es puerto
-terminal. Además, Hong-Kong pertenece á Inglaterra, y Shanghai es de
-todos. Figura como ciudad china, y en realidad sólo una parte de ella es
-gobernada por funcionarios enviados de Pekín. El resto se compone de dos
-extensos distritos que los blancos gobiernan á su gusto. Uno de ellos es
-la Concesión Francesa, y el otro, más grande, la Concesión
-Internacional, el verdadero Shanghai de los negocios, dirigido por los
-cónsules de todos los países, dentro de cuya corporación se hace sentir
-naturalmente la influencia de los representantes de las naciones más
-poderosas en China, que son Inglaterra y los Estados Unidos.</p>
-
-<p>Habitan la Concesión Francesa los apoderados y agentes de las grandes
-sederías de Lyón, que adquieren aquí su primera materia. Además, pasan
-de 100.000 los chinos que se han instalado en dicha parte de la ciudad,
-bajo el amparo de las autoridades francesas, para librarse de las
-arbitrariedades de sus mandarines. Calles y avenidas han sido
-rebautizadas últimamente con motivo de la guerra. Están bordeadas de
-hotelitos con jardines, las vigilan policías amarillos traídos del
-Tonkín, con sombreros en forma de paraguas, y se titulan Avenida Joffre,
-Avenida Foch, Avenida de Verdún, etc.<span class="pagenum"><a name="page_138" id="page_138">[Pg 138]</a></span></p>
-
-<p>En la Concesión Internacional, verdadero núcleo de Shanghai, los
-edificios están ocupados por Bancos, grandes oficinas mercantiles, y
-bazares enormes á lo norteamericano, fundados y dirigidos por chinos.
-Estas construcciones de numerosos pisos, al estilo de Nueva York, se
-alinean á lo largo de un río navegable cuya agua sólo se ve á pequeños
-trechos, tan abundantes son los vapores de comercio y los buques de
-guerra anclados en él. Unos policías indostánicos de anchas barbas y
-turbantes abultados, traídos por los ingleses, vigilan las calles de
-este Shanghai internacional.</p>
-
-<p>Se nota inmediatamente la abundancia de dinero, la gran prosperidad de
-los negocios. Los ingleses han inventado dos palabras que por su eufonía
-no necesitan explicación y retratan exactamente el estado de los
-negocios en un país. Cuando los valores suben vertiginosamente y todo
-aumenta de precio, siendo general la abundancia de dinero, concretan tal
-prosperidad diciendo que es un <i>boom</i>, palabra sonora é imitativa del
-ruido de una explosión. Si todo marcha mal y la riqueza se oculta,
-viniéndose abajo las empresas con el derrumbamiento de la quiebra,
-expresan ésto con la palabra <i>krac</i>, sonido de lo que se rompe y viene
-abajo.</p>
-
-<p>Shanghai está en pleno boom cuando llego á él. Todos son ricos. Gentes
-que años antes no pasaban de ser modestos empleados, poseen ahora
-millones. Se vive actualmente en este puerto chino como en la California
-de á mediados del siglo XIX.</p>
-
-<p>Tal abundancia, que en ciertos casos merece llamarse excesiva, se nota
-especialmente de noche en los lugares de placer. Shanghai, además de ser
-célebre en todo el Extremo Oriente por sus industrias y el movimiento de
-su puerto, hace sonreir á muchos cuando escuchan su nombre, unas voces
-con nostalgia, otras con cierta ma<span class="pagenum"><a name="page_139" id="page_139">[Pg 139]</a></span>licia. Es la capital del placer y el
-despilfarro. Hay en ella una calle de varios kilómetros, que se llama
-«Fou-Tcheou Road», y está iluminada magníficamente hasta que sale el
-sol. Toda la noche permanecen abiertos sus restoranes, sus
-cafés-cantantes, sus casas de juego, y otras más difíciles de mencionar
-por su verdadero nombre.</p>
-
-<p>La mujer china goza aquí mayor libertad que en el resto del país. Las
-cortesanas de Shanghai son célebres y figuran en muchas novelas y
-comedias de la literatura nacional. Se las ve pasar de noche por la
-citada calle sentadas en <i>ricshas</i>, con vestiduras floreadas y vistosas
-que las cubren desde el cuello hasta los pies, el rostro pintado como el
-de una muñeca, los ojos prolongados por negras pinceladas, fijos é
-inexpresivos. Van de restorán en restorán para figurar en los banquetes.
-Toda comida china carece de atractivo si durante su curso de muchas
-horas no van pasando por el salón numerosas cortesanas de dicha especie.
-Conversan graciosamente con los comensales, coquetean, dicen versos y
-canciones, y se retiran para dejar sitio á las compañeras que llegan,
-yendo ellas á su vez á dar animación con su presencia á otros banquetes.
-El anfitrión se encarga de remunerarlas por esta visita fugaz.</p>
-
-<p>Los grandes mercaderes chinos deseosos de imitar la vida de los europeos
-frecuentan restoranes elegantes y menos «alegres» con sus esposas é
-hijas, conservando los trajes nacionales de vistosa suntuosidad. Todos
-son ricos en este país y despilfarran el dinero: los comerciantes
-ingleses y norteamericanos, los sederos franceses, los hombres de
-negocios de las otras colonias extranjeras; pero los capitalistas más
-fuertes hay que buscarlos entre los chinos, admirables comerciantes que
-en un puerto como Shanghai pueden dar amplia expansión á sus facultades,
-monopolizando las introducciones de<span class="pagenum"><a name="page_140" id="page_140">[Pg 140]</a></span> artículos extranjeros y la
-producción nacional de la seda.</p>
-
-<p>Hasta los contados españoles que viven aquí resultan más interesantes y
-más ricos que los de otros lugares del Extremo Oriente. El cónsul de
-España, Julio Palencia y Tubau, hijo de un eminente comediógrafo y de
-una de las mejores actrices que tuvo nuestro teatro, está casado con una
-hermosa dama, nacida en Grecia, hija de un célebre político de dicho
-país. Este matrimonio de gustos artísticos, refinadamente intelectual,
-me invita á comer en su casa (una «villa» de frondoso jardín, cerca de
-la Concesión Francesa) con los principales individuos de la pequeña y
-prestigiosa colonia española, y escucho lo que me cuentan con verdadero
-interés, pues todos ellos, por su estado social, conocen á fondo el
-país.</p>
-
-<p>Uno de ellos, llamado Lafuente, es un arquitecto nacido en Madrid, que
-ha construído el Gran Hotel de Shanghai; otro, apellidado Ramos, es
-dueño de las mejores salas de cinematógrafo que existen en esta capital
-del placer; y Cohen (el millonario de la colonia) posee casi todas las
-<i>ricshas</i> circulantes en la ciudad, que ascienden á varios miles, lo que
-le proporciona un ingreso diario enorme, uniendo á tal industria otras
-de no menos consideración. Este es el elemento civil que tiene España en
-Shanghai. El religioso aún resulta más interesante.</p>
-
-<p>Estoy sentado á la mesa frente á dos frailes que son al mismo tiempo dos
-hombres de acción, el padre Castrillo y el padre Cuevas, superiores de
-las Misiones Agustiniana y Recoletana, existentes en China.</p>
-
-<p>El padre Castrillo, con su barbilla gris en punta y su frente voluminosa
-de hombre de tenaces voluntades, me hace recordar á los héroes de la
-conquista americana en<span class="pagenum"><a name="page_141" id="page_141">[Pg 141]</a></span> el siglo XVI. En Shanghai lo respetan como si
-fuese uno de los fundadores de la moderna ciudad, admirándole además por
-sus dotes de organizador y financiero. Adivinó el porvenir de este
-puerto antes que los ingleses, los norteamericanos y todos los que
-explotan hoy sus negocios. Empleó los dineros de su comunidad (la de los
-Agustinos del Escorial) en comprar terrenos alrededor del viejo
-Shanghai, en la peor de las épocas, cuando eran frecuentes las
-revoluciones y la sangre de enormes matanzas humanas corría por las
-riberas del río Azul.</p>
-
-<p>Hoy la ciudad se ha ensanchado considerablemente y muchos de sus
-edificios principales son propiedad de la orden representada por el
-padre Castrillo. Éste goza de tal prestigio financiero y conoce tan á
-fondo la población europea que vió formarse desde su primer núcleo, que
-los banqueros más importantes, ingleses y norteamericanos, le piden
-informes y consejos en momentos de duda; y el fraile castellano, con su
-barbilla cervantesca, su sotana simple de clérigo y el sombrero de teja
-echado atrás sobre la cabeza voluminosa, va bonachonamente de un lado á
-otro, mirándolo todo con sus ojos que parecen distraídos y no pierden
-detalle. Basta cruzar con él unas palabras para convencerse en seguida
-de que es «alguien».</p>
-
-<p>La conversación con estos dos representantes de la propaganda católica
-resulta de un gran interés geográfico. El padre Cuevas, misionero de
-evangélica bondad y español entusiasta, me cuenta cómo envían todos los
-años el dinero y los objetos más necesarios á las Misiones establecidas
-en el interior de la China. La palabra «interior» hay que apreciarla
-después de haber hecho memoria de la enormidad de esta nación, casi tan
-grande como Europa. Me hablan los dos religiosos de un amigo suyo que es
-obispo en no recuerdo qué ciudad situada<span class="pagenum"><a name="page_142" id="page_142">[Pg 142]</a></span> junto á unas cataratas que
-sólo muy contados viajeros conocen. Para llegar á ella hay que hacer un
-viaje por el río Azul y sus afluentes, que dura sesenta días.</p>
-
-<p>Ahora, con los decretos de la República, que favorecen el traje á la
-europea y permiten á los chinos la ablación de la trenza tradicional,
-pueden los misioneros católicos recobrar un poco de su aspecto
-religioso. En tiempo de los emperadores iban vestidos de chinos y usaban
-coleta como los del país, para cumplir las funciones de su ministerio
-con mayor libertad.</p>
-
-<p>Julio Palencia recuerda una visita que recibió hace algunos años en este
-mismo Consulado, cuando era simple vicecónsul. Vió entrar una mañana en
-su oficina á un mandarín, que le hizo varias reverencias á estilo del
-país y empezó á balbucear en español con gran dificultad.</p>
-
-<p>&mdash;Yo soy el padre Ibáñez, obispo de...</p>
-
-<p>Y avergonzado por no encontrar palabras en su propio idioma para seguir
-expresándose, se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo humildemente:</p>
-
-<p>&mdash;Perdóneme, señor cónsul. Hace más de treinta años que no he tenido
-ocasión de hablar mi lengua.</p>
-
-<p>Resulta meritoria y altamente digna de respeto la vida de los misioneros
-en el interior de la China, por su desinterés y sus penalidades. Pero en
-los resultados de la propaganda cristiana no son los católicos los que
-llevan la mejor parte. Las Misiones protestantes resultan más poderosas,
-sin que esto suponga mayores méritos de un personal sobre otro. La
-diferencia consiste simplemente en que las primeras disponen de
-capitales muy superiores á la renta de las Misiones católicas. Además,
-los Estados Unidos han dado un carácter casi laico y de ciencia práctica
-á sus centros catequistas. Una gran parte de estos misioneros americanos
-no son sacerdotes,<span class="pagenum"><a name="page_143" id="page_143">[Pg 143]</a></span> ni sus funciones, puramente temporales, comprometen
-el porvenir de su vida. Se parecen á las Hermanas de la Caridad dentro
-del catolicismo, que hacen votos por tiempo limitado y pueden volver á
-la vida profana.</p>
-
-<p>Muchos norteamericanos jóvenes, profesores ó escritores, deseosos de ver
-mundo y exponer la vida por un ideal generoso, así como numerosas
-señoritas que han pasado por las escuelas, solicitan ingresar en las
-Misiones de la China, donde actúan como maestros más que como
-catequistas, dedicándose á la enseñanza de la agricultura y otras
-ciencias prácticas. Algunos de los empleados de la «American Express»,
-que nos guían á través de la China y hablan su lengua, pasaron varios
-años en las Misiones norteamericanas.</p>
-
-<p>La propaganda católica es dirigida en primer término por los sacerdotes
-franceses. Su apoyo más importante es la «Sociedad de San Javier»,
-establecida en Lyón, que tomó con justicia el título del santo español
-Francisco Javier, por haber sido éste el primer misionero en Asia. Dicha
-sociedad recauda unos siete millones de francos anualmente, dedicados en
-gran parte á las Misiones de China. Otra sociedad francesa, llamada de
-la «Santa Infancia», ha gastado 80 millones en medio siglo para asegurar
-el bautismo de los niños paganos, invirtiendo en China la mayor parte de
-esta prodigalidad pueril.</p>
-
-<p>Las Misiones protestantes, inglesas y norteamericanas, disponen todos
-los años de unos cien millones, sin contar los donativos en especies que
-reciben, máquinas agrícolas, material de escuelas, etc.</p>
-
-<p>Esta ciudad bulliciosa y rica, que gobierna una junta de cónsules, y
-todos llaman por su puerto y sus negocios el «Londres del Extremo
-Oriente», guarda á un mismo tiempo los directores de la propaganda
-moral<span class="pagenum"><a name="page_144" id="page_144">[Pg 144]</a></span> cristiana y los lugares de corrupción más ruidosos de Asia. He
-estado poco tiempo en Shanghai y siento el deseo de volver á ella, con
-preferencia á otras ciudades conocidas en mi viaje. Tengo el
-presentimiento de que estudiándola puede escribirse una de las novelas
-más interesantes y originales de la época moderna.</p>
-
-<p>La noche en la enorme calle de Fou-Tchéou Road no tiene igual en el
-mundo. Se ven hembras de todos los países, se oye hablar todos los
-idiomas. El gran sacudimiento ruso ha enviado hasta Shanghai una ola de
-mujeres de cabellera roja y ojos verdes, sentimentales, complicadas y
-medio salvajes á un mismo tiempo. Las cortesanas europeas se mezclan con
-las chinas. Los millonarios del <i>boom</i> arrojan á puñados los billetes.
-Una cena en Shanghai es algo que va más allá de las fantasías del
-<i>Satiricón</i>. El teatro chino florece aquí más que en ninguna otra
-ciudad, y como los papeles de mujer son desempeñados por jovenzuelos de
-dulces ademanes, la llamada «princesa china» rivaliza con el mujerío
-internacional. El hombre blanco, influenciado por el ambiente del país,
-se entrega al opio con un entusiasmo de neófito, y acaba por visitar las
-casas lujosas de las «princesas chinas», cuyos directores intoxican al
-imberbe personal con cierta hierba para que languidezca y tome un
-aspecto más interesante.</p>
-
-<p>¡El barrio chino de Shanghai!... Ahora me parecen los chinos de Pekín,
-grandes, parcos en palabras y de sonrisa grave, hombres de otra nación.
-Aquí encuentro por primera vez al chino pequeño, bullanguero, saltarín y
-propenso al engaño. La ciudad china de Shanghai se diferencia de todo lo
-que he visto en el Norte.</p>
-
-<p>Sus calles tortuosas, estrechas y húmedas son iguales á las de un zoco
-musulmán. El suelo resulta elástico bajo el talón, tantas son las capas
-de suciedad que for<span class="pagenum"><a name="page_145" id="page_145">[Pg 145]</a></span>man su costra. En las tiendecitas, semejantes á
-cuevas, se ven las industrias más diversas: ebanistas labrando muebles
-riquísimos, vendedores de pájaros, ropavejeros que ofrecen túnicas de
-mandarín con forros de preciosa cibelina colonizada por los piojos,
-acuarios con peces de formas fantásticas, fábricas de ataúdes,
-carnicerías con animales desollados de imposible identificación. Y
-apretándose en las angostas callejuelas, gente, mucha gente; multitudes
-como sólo pueden encontrarse en estos pueblos-hormigueros de Asia,
-habituadas á una miseria inaudita.</p>
-
-<p>Como hace menos frío que en Pekín, muchos van medio desnudos. Otros
-conservan orgullosamente sus andrajos acolchados, pero los llevan
-sueltos, colgando de las roturas las vedijas blancas de su relleno. Hay
-que abrirse paso con los codos entre mendigos que son caricaturas
-humanas, desfigurados por las enfermedades de un modo horrible. Los
-leprosos tienden su diestra implorante, que es un muñón falto de dedos.
-Otros carecen de nariz, y por dos orificios negros, completamente al
-descubierto, se columbra el interior de su cráneo... Y toda esta
-muchedumbre regatea, grita, se empuja, pide limosna ó canta.</p>
-
-<p>Grupos de mendigos entonan una especie de villancicos á coro, frente á
-los mostradores de panaderos y carniceros, avanzando al mismo tiempo con
-ambas manos la olla que recibe las ofrendas. Como estamos en un país de
-juglares asombrosos, muchos jóvenes, aprendices de equilibrista, se
-pasean con un junco en la nariz, á cuyo término da vueltas un plato ó
-una rueda.</p>
-
-<p>Si atravesamos este Patio de los Milagros haciendo un esfuerzo para
-soportar tanto contacto peligroso, tanto hedor inmundo, es porque
-deseamos visitar el célebre «Jardín del Mandarín»... Y aquí considero
-útil hacer<span class="pagenum"><a name="page_146" id="page_146">[Pg 146]</a></span> una advertencia. Los chinos no saben lo que es un mandarín,
-como ignoraban hasta hace poco la existencia de una nación llamada
-China.</p>
-
-<p>La palabra «mandarín» es portuguesa. Como los portugueses fueron los
-primeros marinos de Europa que visitaron los puertos de China, al anclar
-en Cantón llamaron «mandarines» á todos los funcionarios del país que
-ejercían algún «mando» sobre sus compatriotas. También creo oportuno
-mencionar que la China ha ignorado, hasta las innovaciones recientes de
-la República, el nombre exacto de casi todas las naciones de Europa,
-designándolas á su modo. Nadie sabía aquí el nombre de un país llamado
-España. Como el comercio chino lleva tres siglos de negocios con Manila,
-capital de la isla de Luzón, España fué llamada hasta hace poco «la Gran
-Luzón», y todavía los mandarines de Shanghai y otros puertos usan dicho
-título al dirigirse á nuestros cónsules.</p>
-
-<p>Actualmente está el «Jardín del Mandarín» en el centro de la ciudad
-china de Shanghai. El tal jardín se ha convertido en casas, y lo único
-que se conserva es su pequeño lago. Resulta interesante este redondel
-acuático reflejando en su fondo las construcciones de aleros carcomidos
-y tejados brillantes de laca que forman su orilla circular.</p>
-
-<p>En mitad del lago hay una isla, ocupada toda ella por un kiosco para
-tomar el té y un sauce que se encorva lloroso sobre el agua verde. Un
-puente la une con la orilla, pero este puente no es recto. Resultaría
-demasiado simple para el gusto chino. Avanza formando ángulos, y así el
-viaje resulta más largo y ofrece diversos puntos de vista. Dicho islote
-con su kiosco, su sauce y su puente en ángulos es lo que deseamos ver.
-Resulta tan célebre para el chino como el Partenón, las Pirámides,<span class="pagenum"><a name="page_147" id="page_147">[Pg 147]</a></span> la
-Alhambra, las catedrales góticas ó el Capitolio de Wáshington para
-nosotros.</p>
-
-<p>El lector conoce perfectamente la isla del «Jardín del Mandarín»; la
-conoce casi tan bien como yo que la he visto con mis ojos. No haga
-gestos negativos. Repito que la conoce desde su niñez. Es la isla con un
-kiosco, un sauce y un puente que figura en todas las tazas de té y en
-sus platillos, en todos los mantones llamados de Manila, en todas las
-cajas de laca, en todos los abanicos chinescos.</p>
-
-<p>Los artistas de este país llevan cuatro siglos copiando la isla del
-«Jardín del Mandarín», y así continuarán otros tantos. A pesar de su
-aspecto frívolo y frágil, es el monumento chino más conocido en toda la
-tierra.<span class="pagenum"><a name="page_148" id="page_148">[Pg 148]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XI" id="XI"></a>XI<br /><br />
-EN EL MAR AMARILLO</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">El regreso al «Franconia».&mdash;Peces y perros chinos.&mdash;El mar más
-frecuentado del mundo.&mdash;Audacia extraordinaria de los marineros del
-mar Amarillo.&mdash;Los tres tripulantes del ataúd.&mdash;La hermosa bahía de
-Hong-Kong.&mdash;Calles en pendiente y la avenida de la Reina.&mdash;De cómo
-el que se retrata pierde una parte de su alma, absorbida por el
-objetivo.&mdash;La carretera de la Cornisa en la isla de «los Arroyos
-Floridos».&mdash;Fisonomía de los puertos del Extremo Oriente.</p></div>
-
-<p>A causa de su calado, el <i>Franconia</i> nos espera á catorce millas de
-Shanghai, en un lugar llamado Woosung, que es donde anclan los
-trasatlánticos que por su considerable tonelaje no pueden remontar el
-río Whangpoo hasta los muelles del «Londres del Extremo Oriente».</p>
-
-<p>Un remolcador nos lleva aguas abajo hacia su desembocadura en el
-estuario del río Azul entre buques cada vez más numerosos, cuyo tamaño é
-importancia aumentan según vamos avanzando. Vapores de diversas
-nacionalidades se deslizan entre juncos panzudos con velas cuadradas de
-estera y sampanes tripulados por familias casi desnudas. Volvemos con
-cierta emoción al trasatlántico que abandonamos en las costas niponas.
-Sentimos la inquietud inexplicable del que regresa á su casa después de
-una larga ausencia.</p>
-
-<p>Hemos encontrado en Shanghai á muchos compañeros de viaje que se
-quedaron en el buque, mientras nos<span class="pagenum"><a name="page_149" id="page_149">[Pg 149]</a></span>otros, formando tres pequeños grupos,
-pasábamos á través de la Corea y la China. Estos compañeros que vienen
-en el pequeño vapor fluvial y los otros que esperan en el trasatlántico
-han visitado durante nuestra excursión varias islas japonesas y algunos
-puertos de la China.</p>
-
-<p>Vamos casi aglomerados en las dos cubiertas de este pequeño buque.
-Vuelven de una sola vez al <i>Franconia</i> los viajeros que han pasado
-varios días en Shanghai y todos los individuos de su dotación que
-bajaron á tierra con permiso. Los que hemos atravesado una parte de la
-China arrastramos la impedimenta de un nuevo equipaje que guarda las
-compras hechas en Pekín. Yo voy sentado en la cumbre de un montón de
-maletas y fardos que me pertenecen en su mayor parte, y debo preocuparme
-además de dos vasos de porcelana que contienen unas cuantas docenas de
-peces chinos, interesantemente monstruosos, con largos faldellines de
-bermellón y oro, comprados en los callejones inmediatos al «Jardín del
-Mandarín».</p>
-
-<p>Veremos cuántos de estos animales de una fealdad adorable llegan vivos á
-Europa, para aclimatarse en los pequeños estanques de mi jardín de
-Mentón.</p>
-
-<p>Cuando subimos al <i>Franconia</i>, cerca del anochecer, encontramos en
-pasillos y salones una fauna aleteante y flotante, adquirida igualmente
-por nuestros compañeros durante su estadía en los puertos. Canturrean en
-jaulas pájaros amaestrados por la habilidosa paciencia china; nadan en
-redomas y hasta en lavabos peces semejantes á los míos. Los oficiales
-del buque ejercen una rigurosa vigilancia, examinando todo lo que traen
-los pasajeros. Hay orden terminante de no admitir ningún perro. En todas
-las expediciones alrededor del mundo, las señoras se muestran
-entusiasmadas por la belleza y<span class="pagenum"><a name="page_150" id="page_150">[Pg 150]</a></span> la baratura de unos pequeños canes
-chinescos, llamados «pekineses», y se apresuran á comprarlos. Ninguno
-llega al final del viaje. Me cuentan los oficiales que en una travesía
-anterior hubo que echar al agua más de doscientos «pekineses». Para
-evitar la repetición de esta mortandad inevitable y que el buque no
-atraviese los mares como una perrera flotante, dejando detrás de él una
-estela de ladridos, las gentes del trasatlántico se muestran inflexibles
-en la aplicación de dicha orden. Algunas damas norteamericanas, con la
-intrepidez de su raza y valiéndose de astucias dignas de un drama
-cinematográfico, consiguen introducir en su camarote al lindo perrito
-chinesco, pero antes de que zarpe el buque se descubre el engaño, y
-tienen que confiar el animal de lujo á los cargadores y barqueros
-indígenas que todavía están junto á las escalas del <i>Franconia</i>.</p>
-
-<p>Reanudamos nuestra existencia de navegantes. Sentimos un placer familiar
-al repetir las comidas, los paseos, todos los episodios algo monótonos
-de la vida sana y ampliamente respirada que llevamos á través de las
-soledades del Pacífico. El viaje de Shanghai á Hong-Kong por el mar
-Amarillo resulta comparable á los paseos que se dan por el interior de
-la propia casa sin encontrarse solo un momento. No existe un mar más
-poblado que el de la China. Por todas partes se ven grandes juncos de
-cabotaje y barcas de pesca. La sirena del <i>Franconia</i> tiene que rugir á
-cada momento para dar aviso á los carabelones que navegan pesadamente
-delante de su proa, sin que parezcan enterarse del peligro. Es algo
-igual á la marcha de un automóvil por una avenida en la que abundan los
-transeuntes sordos y distraídos.</p>
-
-<p>Se explica tan enorme cantidad de velas por la importancia que ha tenido
-siempre en China la vida marítima. Su arquitectura naval resulta
-semejante á la<span class="pagenum"><a name="page_151" id="page_151">[Pg 151]</a></span> nuestra de la Edad Media. Los buques son más altos de
-popa que de proa y los mueve un velamen primitivo. Estos cascos
-enormemente panzudos y de poco calado se sostienen por su anchura, y
-como les falta profundidad, navegan balanceándose de tal modo que el
-observador cree á cada momento en una catástrofe. Con esto queda dicho
-lo malo de la marina china. Añadamos que ningún pueblo de la tierra
-posee tantos navegantes y tantos buques. Los juncos y sampanes son
-incontables. La cantidad de chinos que viven sobre el agua, en mares y
-ríos, asciende á millones. Como todos ellos llevan á sus familias, las
-generaciones nacidas sobre el agua se suceden sin interrupción, y hay
-todo un mundo que puede llamarse anfibio, refractario á la vida
-terrestre, el cual encuentra agradable la existencia sobre estos buques
-de forma milenaria.</p>
-
-<p>De día nuestro paquebote avanza rodeado de juncos que se balancean con
-la grotesca inestabilidad del ebrio, á pesar de que la agitación de las
-olas casi es nula. Todos marchan con el mismo rumbo, pues aprovechan
-periódicamente los vientos para sus viajes en masa hacia el Sur ó hacia
-el Norte.</p>
-
-<p>La vista de estos buques iguales á las carabelas y galeones del
-descubrimiento de América nos hace evocar la dura existencia de los
-navegantes españoles y portugueses en el siglo XVI. Mientras la cubierta
-del Franconia permanece inmóvil, como si fuese un fragmento de tierra
-firme, estas escuadrillas de otros siglos avanzan hacia el Sur
-balanceándose y cabeceando con un movimiento llamado de tornillo. Esto
-nos hace comprender cómo en la época de los grandes descubrimientos
-españoles raro era el marino, por larga que fuese su historia de hombre
-de mar, que no acababa mareándose. Muchas de las citadas descubiertas
-fueron hechas por tripulacio<span class="pagenum"><a name="page_152" id="page_152">[Pg 152]</a></span>nes que estaban completamente «almadiadas»,
-nombre que dan al mareo los pilotos de aquella época en sus libros de
-navegación.</p>
-
-<p>De noche todo el mar está poblado de luces, como si se diese sobre él
-una fiesta. Cada junco lleva un farol. Además, en el interior de su popa
-siempre va un pequeño altar dedicado á los espíritus marítimos, ante el
-cual encienden lámparas los tripulantes ó queman varillas olorosas.</p>
-
-<p>Según afirman los capitanes blancos, no existe marino más admirable que
-el chino por su desprecio al peligro. Todo lo que flota le sirve para
-embarcarse tranquilamente. Metidos en una especie de artesa hecha con
-cuatro tablas y empujada por una vela de fibras vegetales, se lanzan mar
-adentro, perdiendo de vista las costas. Y esto lo hacen en uno de los
-mares más peligrosos del planeta por los ciclones que barren su agitada
-extensión. Todos los años hay tornados que en menos de una hora suprimen
-centenares de juncos y sampanes. Pero el huracán mortífero sólo perturba
-por unos días las navegaciones de este pueblo acostumbrado á las
-catástrofes. ¡Hay tantos chinos!... La fecundidad de la raza lucha con
-las cóleras del Océano, con las inundaciones homicidas de los ríos, con
-las epidemias, con los temblores del suelo, y acaba por triunfar,
-considerando un episodio ordinario la pérdida de algunos centenares de
-miles de seres.</p>
-
-<p>Un día antes de la llegada á Hong-Kong presencio un espectáculo
-inaudito, algo que no habría creído nunca de no haberlo visto. Estamos
-entre la isla de Formosa y la costa china, cerca del pequeño
-archipiélago designado con el nombre español de Pescadores. En dicho
-estrecho menudean los tornados, y los más de los días, aunque las
-condiciones atmosféricas sean buenas, el oleaje resulta<span class="pagenum"><a name="page_153" id="page_153">[Pg 153]</a></span> violento para
-los buques pequeños. Poco después de la salida del sol noto que algunos
-marineros del <i>Franconia</i> se avisan y corren á un costado del buque.
-Necesito concentrar toda mi energía visual y seguir las indicaciones de
-ellos para contemplar finalmente el extraordinario espectáculo. Tres
-chinos medio desnudos vienen hacia nosotros, de pie sobre las olas; unas
-olas altas, de largas pendientes, que los ocultan en sus profundos
-valles y los elevan de nuevo unos momentos para hacerlos desaparecer
-otra vez. Sólo cuando pasan cerca de nuestro buque, ó mejor dicho,
-cuando el <i>Franconia</i> en su avance llega al nivel de ellos, es cuando me
-doy cuenta de que los tres van sobre un bote que más bien merece el
-título de ataúd, embarcación de tres metros de largo que asoma sobre las
-olas unos cuantos centímetros de borda. Como este barquichuelo va lleno
-de agua, apenas si se nota su reborde negro por encima del mar. Bogan
-apresuradamente. De vez en cuando abandona el remo uno de ellos y se
-dedica á vaciar la obscura artesa. Y así marchan sobre el rudo oleaje
-del estrecho, que esta mañana hace balancearse al <i>Franconia</i>.</p>
-
-<p>No podemos adivinar adónde se dirigen. Por todos lados se ve agua. A
-esta hora matinal no se distinguen las costas de la China ni de Formosa,
-y aun en el caso de que se dejaran ver, no serían mas que montañas de
-vagoroso azul esfumado por una distancia enorme. Tal vez son marineros
-que han salido de alguno de los juncos que se acuestan y se levantan en
-el horizonte y van tranquilamente hacia otro junco lejano.</p>
-
-<p>El oficial que está de guardia en el puente del <i>Franconia</i> sonríe
-celebrando esta audacia y afirma que los chinos serían los primeros
-marineros del mundo si tuviesen quien supiera mandarlos. Los tres
-remeros han pasado ante nuestro paquebote sin torcer la cabeza para<span class="pagenum"><a name="page_154" id="page_154">[Pg 154]</a></span>
-mirarlo; nos vuelven la espalda con una indiferencia majestuosa. Los
-vemos subir y bajar sobre las inquietas montañas de agua. A cada nueva
-aparición resultan más pequeños. La marcha del <i>Franconia</i> en sentido
-inverso los aleja con extraordinaria rapidez, como si sus golpes de remo
-tuviesen una potencia mágica. Ellos y su féretro navegante no son mas
-que un pequeño tapón que se envían las cumbres azules al hincharse y
-desplomarse; luego un punto; después nada. Parece que se los haya
-tragado el mar. Viendo esta atrevida inconsciencia se comprenden las
-aventuras y hazañas de los piratas amarillos de otros siglos, que tantas
-veces pusieron en peligro la vida del Imperio.</p>
-
-<p>Llegamos á Hong-Kong á los tres días de nuestra salida de Shanghai. Esta
-posesión inglesa ocupa una gran isla de las muchas que emergen sobre el
-enorme estuario que forma al desembocar en el Océano el río Perla, ó sea
-el río de Cantón. Entre dicha isla y la península de Kowloon, situada
-enfrente, se abre una bahía famosa en el mundo por su belleza. Solamente
-la de Río Janeiro y la de Sydney en Australia pueden compararse con
-ella.</p>
-
-<p>Los ingleses se posesionaron de Hong-Kong en 1841, como una consecuencia
-de la llamada guerra del opio. Ya dijimos algo de esta guerra. El
-comercio de la Gran Bretaña vendía opio á los chinos; el Imperio Celeste
-se opuso á la difusión de esta droga fatal, embargando varios
-cargamentos ingleses enviados á Cantón y echándolos al agua. El gobierno
-de Londres declaró la guerra á la China, y después de un rápido triunfo
-se quedó, como indemnización por los gastos de la campaña y por los
-cargamentos de opio anegados, con la isla de Hong-Kong, que es un
-magnífico puerto de paso situado estratégicamente.</p>
-
-<p>Hay que reconocer, sin embargo, que la Gran Bre<span class="pagenum"><a name="page_155" id="page_155">[Pg 155]</a></span>taña ha sabido hermosear
-su adquisición. En 1841 era una montaña rocosa y casi desierta. Hoy
-existe en ella una rica ciudad abundante en palacios y jardines, con
-largas calles de Bancos y lujosos almacenes. Esta ciudad se llama
-oficialmente Victoria, en honor de la vieja reina de Inglaterra, pero
-todos continúan llamándola Hong-Kong.</p>
-
-<p>Se entra en su bahía como el que penetra en un salón viéndose obligado á
-cruzar antes varias antecámaras. Veo á la luz violeta del amanecer una
-costa de colinas abruptas. Sus rocas pardas ó con un color de sangre
-tostada tienen manchas obscuras de vegetación. En torno al <i>Franconia</i>
-son cada vez más densos los grupos de buques chinos con alta arboladura
-de velas cuadradas hechas de fibras de bambú. Todos marchan hacia el
-mismo punto, como un rebaño que estrecha sus hileras y toma una
-formación triangular para deslizarse mejor por la entrada del aprisco.
-Empiezan á verse entre los panzudos juncos pequeños sampanes con un
-hombre en el timón, padre ó marido, y una tripulación de mujeres
-amarillas. Estas amazonas del mar llevan pantalones azules por toda
-vestidura, el tronco tetudo completamente descubierto, y manejan las
-velas ó el remo con sudorosa fuerza.</p>
-
-<p>Nos introducimos entre dos islas, siguiendo el estrecho que da entrada á
-la bahía, y es tal la abundancia de buques chinos casi pegados al casco
-del trasatlántico, que obligan á éste á marchar con exagerada lentitud,
-haciendo rugir á cada instante la sirena de su máquina. Se abre
-repentinamente ante la proa la planicie verdosa de este abrigo marítimo,
-uno de los más frecuentados del mundo. Los grandes paquebotes de
-comercio amarrados á tierra enmascaran el movimiento de los muelles. En
-el centro están anclados algunos buques de<span class="pagenum"><a name="page_156" id="page_156">[Pg 156]</a></span> guerra ingleses. Sus cascos
-blancos de perfil atrevido revelan el impulso de una gran velocidad aun
-permaneciendo inmóviles.</p>
-
-<p>Fondea el <i>Franconia</i> frente á Hong-Kong, en los muelles de la península
-de Kowloon, ó sea de la tierra firme. Cada cinco minutos llega un
-vaporcito y parte otro, atravesando la bahía para poner en comunicación
-la ciudad de Victoria, situada en la isla, con los barrios que están
-naciendo en la península de enfrente.</p>
-
-<p>Se han preocupado los ingleses de crear jardines y bosques, y Hong-Kong
-ofrece desde la orilla opuesta un hermoso aspecto con su largo caserío,
-que sigue el borde de la bahía, y sus pendientes verdes, que algunas
-mañanas están ocultas bajo las nubes. Un funicular asciende rectamente á
-la cumbre del Pico, nombre de la montaña en que se apoya la ciudad de
-Victoria. Sobre dicha cúspide existe un sanatorio que goza de una vista
-maravillosa.</p>
-
-<p>Quince mil habitantes de raza blanca y trescientos mil chinos forman la
-población de Hong-Kong. Como la ciudad se inició entre el mar y una
-montaña abrupta, ha tenido que ir prolongando su crecimiento por el
-borde de la bahía, lo que la da actualmente una extensión de muchos
-kilómetros. Su calle principal, llamada de la Reina, es casi tan larga
-como toda la ciudad y ofrece magnífico aspecto; pero no ha podido seguir
-la línea recta, plegándose á los contornos de la montaña y las
-ondulaciones de la ribera. Esta avenida, espina dorsal de Hong-Kong,
-tiene á la derecha el mar y á la izquierda calles estrechas de rápida
-pendiente que se remontan por las faldas del Pico. En ellas vive el
-vecindario chino y siempre están llenas de muchedumbre. Todas las
-fachadas tienen anuncios en orden vertical, palabra sobre palabra,
-pintados en fajas de tela ondeantes.</p>
-
-<p>Dentro de la avenida de la Reina se hallan los gran<span class="pagenum"><a name="page_157" id="page_157">[Pg 157]</a></span>des almacenes de
-sedas, de porcelana, de bordados, de todo lo que produce la industria
-china, y dichos comercios son generalmente sucursales de las fábricas de
-Cantón. El viajero que llega por la parte de Oriente, viniendo del Japón
-y del interior de la China, nota en Hong-Kong una diferencia
-arquitectónica. En las calles principales los edificios ya no son de
-madera. Todos ellos fueron construídos con piedra. La montaña inmediata
-la proporciona en abundancia. El orden público es guardado, lo mismo que
-en la Concesión Internacional de Shanghai, por agentes indostánicos,
-belicosos sikhs de barbas anchas y obscuro turbante, montañeses al
-servicio de Inglaterra, unas veces como soldados y otras como policías.</p>
-
-<p>En las avenidas paralelas al mar, de suelo horizontal bien pavimentado,
-el medio de locomoción es la ricsha, como en todas las ciudades
-asiáticas. Los chinos que tiran aquí de los carruajitos son más
-vigorosos: verdaderos atletas de piernas extremadamente desarrolladas,
-semejantes á columnas. El lujo de todo europeo de Hong-Kong,
-especialmente de los hombres de negocios, es llevar tres hombres en su
-<i>ricsha</i>. Uno empuña las varas, otros dos empujan, y el ligero vehículo
-con su ocupante parece que va por el aire, tal es su velocidad. Cuando
-se detiene, los tres diablos medio desnudos sacan al señor de su asiento
-como en volandas y lo ponen en el suelo.</p>
-
-<p>El antiguo palanquín es empleado aún en las calles pendientes de
-Hong-Kong. Parejas de chinos con sombrero de paraguas y unos
-calzoncillos por todo traje sostienen en hombros dos barras flexibles
-sobre las cuales va el sillón del palanquín. En los restoranes y hoteles
-esparcidos entre las arboledas de la montaña, siempre hay fotógrafos que
-se ofrecen para retratar á los<span class="pagenum"><a name="page_158" id="page_158">[Pg 158]</a></span> viajeros ocupando este vehículo
-tradicional. Pero antes hay que entenderse con los portadores. Muchos de
-ellos se niegan con tenacidad á dejarse retratar. Otros, tentados por la
-codicia, se deciden heroicamente á colocarse ante el objetivo mediante
-una buena propina. Todos saben que la máquina fotográfica absorbe una
-parte del alma de los que se ponen ante ella, acortando en consecuencia
-los días de su vida.</p>
-
-<p>Se nota en los comercios de Hong-Kong y también en los de Shanghai una
-supervivencia monetaria que hace recordar el antiguo tráfico español. El
-peso mejicano sirve todavía de unidad en las operaciones de los
-mercaderes chinos. La Nao de Acapulco trajo á Manila durante dos siglos
-cargamentos de pesos fabricados en las casas de moneda de Nueva España
-para pagar las mercancías chinas, y al declararse la independencia de
-Méjico continuó dicha exportación de moneda, inundando los mercados del
-Extremo Oriente.</p>
-
-<p>La isla de Hong-Kong tiene en torno de ella un camino para automóviles,
-que es una de las Cornisas más hermosas del mundo. La de la Costa Azul
-resulta superior por las ciudades que ha ido estableciendo á lo largo de
-ella la colaboración de los ricos de Europa, mas no excede á la de esta
-isla en la hermosura é interés de los paisajes. Su título exacto es
-Heung-Kong, que significa en chino «Arroyos Floridos», y tal nombre no
-resulta hiperbólico, pues lo justifica la olorosa vegetación de sus
-jardines tropicales.</p>
-
-<p>Los elegantes hoteles creados junto á este camino de la costa, los
-palacios y parques de varios personajes de Hong-Kong que me invitan á su
-mesa, no me atraen tanto como el incesante movimiento de la bahía, en la
-que se mezclan la marina medioeval de los amarillos y los más recientes
-progresos de la navegación inventados<span class="pagenum"><a name="page_159" id="page_159">[Pg 159]</a></span> por los blancos. Aquí, como en
-los ríos de la China, existen barrios flotantes formados de sampanes,
-que sirven ahora de casa y servirán luego de sepulcro á las familias que
-los tripulan, proporcionándoles al mismo tiempo el medio de ganarse el
-arroz. Las marineras, desnudas de cintura arriba, con adornos verdes de
-falso jade en las cabelleras cerdosas, ponen la mirada de sus ojillos
-tirantes, insolentes y fijos en el blanco que examina sus viviendas.</p>
-
-<p>Al ver á una humanidad tan distinta de la nuestra, se duda algo del
-porvenir de la República china y de la liberación de otras
-naciones-hormigueros pertenecientes á este mundo extremadamente viejo.</p>
-
-<p>¡Pueblos de Asia!... Pueblos eternamente siervos, que en su historia de
-miles de años no han vivido ni una hora la vida de la libertad, siendo
-los primeros en considerar la democracia algo absurdo, opuesto al ritmo
-de la existencia; pueblos que únicamente son virtuosos cuando tienen
-miedo á alguien, y si no ven la corrección inmediata olvidan todo
-respeto, mostrando una insolencia de escolares sublevados. ¿Cómo
-llegarán nunca á ser algo grande, si, exceptuando una minoría escogida y
-superior, todos sus hombres ignoran la dignidad personal?...</p>
-
-<p>Encuentro en un pequeño libro de notas las siguientes líneas, escritas
-con lápiz á la luz del ocaso, navegando sobre las aguas nacaradas de la
-bahía de Hong-Kong, dentro de un bote automóvil conducido por dos
-muchachuelos chinos.</p>
-
-<p>Los puertos del Extremo Oriente son pedazos de Europa caídos en el mundo
-antiguo, nuevos Londres con sol y cielo azul, donde el humo de la hulla
-y las vedijas de la niebla no alcanzan á vencer el esplendor luminoso de
-Asia.</p>
-
-<p>Sus muelles con montañas de carbón de piedra, con<span class="pagenum"><a name="page_160" id="page_160">[Pg 160]</a></span> torres de metal que
-guardan lagos de petróleo, con apilamientos de productos exóticos,
-huelen á ostra muerta; tienen un perfume de agua en putrefacción, de
-drogas químicas, de frutos tropicales, de maderas olorosas. En estas
-gusaneras humanas, hombres por todas partes, amarillos, rojos, cobrizos,
-que apenas sienten el calor quedan en cueros, con sólo un trapo pasado
-entre las piernas. El policía indostánico no se digna hablar al
-indígena; simplemente levanta el vergajo y pega. Los chicuelos pasan el
-día nadando. Las mujeres reman.</p>
-
-<p>Sobre las bordas de los grandes trasatlánticos asoma sus filas de
-cabezas con turbantes la servidumbre compuesta de indios y los fogoneros
-de las máquinas pertenecientes á la misma raza. Son hombres que parecen
-convalecientes de una fiebre por el color pálido de su epidermis, por su
-extremada delgadez y sus ojos de calentura. Unas barbas horizontales les
-ensanchan el enjuto rostro, iguales á las de un enfermo que no se ha
-afeitado en varios meses.</p>
-
-<p>Todo se junta sobre las aguas de estos puertos: grandes paquebotes
-iguales á ciudades, juncos que aún no han salido de la Edad Media,
-sampanes que son chozas flotantes donde las familias nacen y mueren,
-cruceros de guerra llegados para exigir indemnizaciones ó vigilar el
-cobro de las aduanas.</p>
-
-<p>Sobre los muelles pasan los palanquines sostenidos por unos coolíes de
-grandes sombreros que parecen setas vivientes, <i>ricshas</i> empujadas por
-corredores de redondas piernas, hombres-caballos y hombres-balanzas que
-lo llevan todo en dos discos de fibra pendientes de un grueso bambú
-incrustado en un hombro; mujeres que trabajan más que los varones y se
-entregan á una reproducción fatalista durante su reposo de bestia de
-labor.</p>
-
-<p>La policía arrastra hasta los buques marineros que<span class="pagenum"><a name="page_161" id="page_161">[Pg 161]</a></span> ha recogido inánimes
-en los muelles. Los cree borrachos y han muerto á consecuencia de un
-hartazgo alcohólico. Otros, al recobrar la razón, bajan castigados al
-infierno de las máquinas.</p>
-
-<p>Vendedores ambulantes gritan ante los trasatlánticos que tienen su pared
-de acero pegada al muelle. Un mercado provisional extiende sus puestos
-junto á la férrea pared perforada de ventanos redondos. En las blancas
-terrazas de estos palacios flotantes, sus huéspedes miran los objetos
-que ofrece la muchedumbre amarilla más abajo de sus pies: sillones de
-junco, amuletos de falso jade, sombrillas de cartón pintarrajeado,
-abanicos de plumas.</p>
-
-<p>Salen buques para la costa americana, que es la acera de enfrente, y
-está, sin embargo, en el lado opuesto del planeta. Llegan otros de los
-diversos rincones del Océano Pacífico, gran plaza de la humanidad futura
-que aún ignora la mayor parte de Europa.</p>
-
-<p>Para que el mundo de los blancos se entere de la existencia é
-importancia del Pacífico, será necesaria una gran guerra. Así se dió
-cuenta por primera vez de que existía el Japón.<span class="pagenum"><a name="page_162" id="page_162">[Pg 162]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XII" id="XII"></a>XII<br /><br />
-HONG-KONG Y CANTÓN</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Las huelgas de los chinos.&mdash;Banquetes ruidosos.&mdash;Servidumbre de las
-casas ricas de Hong-Kong.&mdash;«No vaya usted á Cantón».&mdash;Historia del
-gran puerto del té y de la porcelana.&mdash;La republicana Cantón y sus
-habitantes revolucionarios.&mdash;El doctor Sun Yat Sen.&mdash;Las dos
-Chinas.&mdash;Viaje á Cantón.&mdash;La ciudad flotante sobre el río
-Perla.&mdash;Los «bajeles de flores».&mdash;Agresividad xenófoba de los
-cantoneses ante los buques de guerra anclados en el río.&mdash;Tiros en
-las calles.&mdash;Los cónsules nos aconsejan un pronto regreso á
-Hong-Kong.&mdash;Los piratas del estuario.&mdash;Una novela de 70 tomos y
-1.000 personajes.&mdash;El asalto del vapor-correo de Macao.&mdash;La
-capitana de los dos revólveres.&mdash;Voy á Macao.</p></div>
-
-<p>Encuentro á los hombres de negocios de Hong-Kong en pleno <i>boom</i>, lo
-mismo que los de Shanghai. Hablo con varios jóvenes que hace meses eran
-simples empleados y ahora tienen más de 100.000 dólares, adquiridos en
-rápidas especulaciones. Otros negociantes más viejos sonríen
-escépticamente al considerar tales triunfos. Han conocido en su vida
-varios <i>boom</i> pero no menos <i>krac</i>, y saben que en estos países de
-formación reciente las fortunas se crean y se deshacen con igual
-prontitud.</p>
-
-<p>La prosperidad de Hong-Kong parece dificultar su vida interior. Cerca
-está Cantón, la más revolucionaria de las ciudades del antiguo Imperio,
-que solivianta los ánimos de las nueve décimas partes de la población
-de<span class="pagenum"><a name="page_163" id="page_163">[Pg 163]</a></span> Hong-Kong. Los chinos de este puerto inglés no son sindicalistas ni
-saben qué puede significar tal nombre, pero encuentran agradable ver
-doblados ó triplicados sus jornales y gozan además cierto placer
-interior dificultando la vida de los «demonios blancos». Los comités
-revolucionarios de Cantón se dedican á organizar huelgas en las colonias
-próximas, gobernadas por europeos, y estas huelgas han obtenido hasta
-ahora en Hong-Kong un éxito completo y ruidoso. Los hombres amarillos
-son insustituibles para la resistencia pasiva y no hay miedo de que
-ninguno de ellos falte á las órdenes secretas de sus directores.</p>
-
-<p>Hong-Kong ha visto su vida paralizada semanas enteras. Hasta los
-portadores de palanquines y <i>ricshas</i> desaparecieron cual si se los
-hubiese tragado el suelo. Las calles de la hermosa ciudad quedaron
-desiertas, como avenidas de cementerio. Y el gobierno de Hong-Kong, que
-se compone de un gobernador enviado por la corona de Inglaterra y los
-personajes más importantes de la ciudad, tuvo que transigir repetidas
-veces con las imposiciones de los revolucionarios. Hay quien dice que
-esta derrota de los ingleses dentro de Hong-Kong se debe á la excesiva
-prosperidad del país. Autoridades y comerciantes se enriquecen en poco
-tiempo, y esto parece quitarles energía para hacer frente á las
-imposiciones de los chinos. Desean que se restablezca cuanto antes la
-marcha normal de los negocios y continúen sus ganancias.</p>
-
-<p>En Macao, ciudad portuguesa, que está á cuatro horas de Hong-Kong, al
-otro lado del estuario, los agitadores de Cantón intentaron varias veces
-sublevar á los habitantes chinos; pero como su gobernador se encontraba
-en otras condiciones que las autoridades de Hong-Kong pudo hacer uso de
-medios enérgicos, sin miedo á<span class="pagenum"><a name="page_164" id="page_164">[Pg 164]</a></span> que le echasen en cara anteriores
-complacencias, y los movimientos subversivos contra el europeo
-resultaron otros tantos fracasos.</p>
-
-<p>Viven los negociantes de Hong-Kong con tanto lujo como los de Shanghai,
-pero aquí los lugares de placer son menos numerosos. Los chinos ricos
-mantienen con sus banquetes una calle entera de restoranes instalados en
-edificios de varios pisos. Toda la noche reflejan sobre las aguas de la
-bahía sus balconajes y sus aleros ribeteados de guirnaldas eléctricas.
-En este barrio resultan tan enormes los estrépitos como la iluminación.
-Los anfitriones de unos banquetes que duran la noche entera y cuestan
-miles de dólares quieren que sean acompañados de una pompa exterior
-reveladora de su generosidad. Frente á la puerta hay bandas de música
-pagadas por ellos, en las cuales el bombo, los platillos y los chinescos
-de abundantes campanillas son los instrumentos dominantes. Arden entre
-servicio y servicio vistosas piezas de fuegos artificiales; <i>tracas</i>
-ensordecedoras corren á lo largo de la calle ó por encima de los
-tejados, con un tiroteo de batalla.</p>
-
-<p>Los ricos de raza blanca dan sus banquetes á la europea, en el lujoso
-Hotel de Repulse Bay, junto al camino de la Cornisa, ó en sus palacios
-de esplendorosa vegetación sobre las vertientes del Pico. Una de las
-manifestaciones de opulencia es la cantidad de servidores. Todo rico
-tiene á sus órdenes un ejército de coolíes. Únicamente con tal
-exuberancia de personal se consigue que marche á medias el servicio de
-una casa, pues cada doméstico chino sólo quiere encargarse de una
-función, limitada y fija. Justo es añadir que no hay criados más baratos
-y que exijan menos atenciones de sus dueños. El coolí recibe una
-cantidad determinada al mes y su amo no tiene que preocuparse de su
-comida ni de su instalación.<span class="pagenum"><a name="page_165" id="page_165">[Pg 165]</a></span> Él se procura por su cuenta el alimento y
-para dormir le basta con el umbral de una puerta ó el hueco de una
-escalera. En realidad, no se sabe cuándo come ni duerme. El dueño le ve
-llegar siempre que le llama y muchas veces lo encuentra sin llamarlo
-espiando todo lo de la casa con sus ojitos de párpados tirantes, que
-parecen cosidos, y su sonrisa mecánica é inexpresiva.</p>
-
-<p>Quiero visitar la ciudad de Cantón, y todos me dicen lo mismo:</p>
-
-<p>&mdash;No vaya usted. Parece que andan á tiros diariamente los partidarios
-del doctor y sus adversarios. Además, si se juntan unos y otros, será
-para matar á los europeos por lo de las aduanas.</p>
-
-<p>Sé que hay alguna exageración en tales afirmaciones, pero de todos modos
-resulta indudable que la capital de la China del Sur vive hace tiempo en
-un estado de revuelta.</p>
-
-<p>Cantón fué la única metrópoli del Extremo Oriente que conocieron durante
-siglos europeos y americanos. Pekín permaneció cerrada para el mundo
-blanco hasta el último tercio del siglo XIX. Los Hijos del Cielo,
-deseosos de conservar aislado su vasto Imperio, habilitaron á Cantón
-como único puerto en el que podían ser admitidos los buques de las
-naciones cristianas.</p>
-
-<p>Cuando los portugueses del siglo XVI anclaron por primera vez ante dicha
-ciudad, vieron que otros navegantes no europeos les habían precedido en
-su descubrimiento. Eran los marinos árabes, que tenían en ella desde
-mucho antes depósitos de mercancías y una mezquita. Durante cien años
-los capitanes portugueses monopolizaron el tráfico con Cantón, llevando
-á Europa por el Cabo de Buena Esperanza sus sederías y porcelanas. Los
-españoles adquirían estos mismos artículos en Manila, enviados por los
-mercaderes cantoneses, y la<span class="pagenum"><a name="page_166" id="page_166">[Pg 166]</a></span> Nao de Acapulco los llevaba hasta Nueva
-España á través del Pacífico.</p>
-
-<p>Fué bien entrado el siglo XVII cuando los ingleses empezaron á visitar
-el río de Cantón para cargar en sus naves el té, hierba cada vez más
-apreciada en Europa y América y que dió vida á una gran navegación para
-surtir los mercados de Liverpool, Salem, Boston y Nueva York. Esta
-afluencia de buques europeos y americanos fomentó la emigración
-indígena, y á ella se debe que todos los chinos esparcidos en el mundo
-sean de las provincias del Sur y consideren á Cantón como su verdadera
-capital, con preferencia á Pekín.</p>
-
-<p>Al reunir algunos de estos emigrantes considerables fortunas en América,
-su deseo fué volver á Cantón para disfrutarlas, aumentando la riqueza de
-la ciudad. Los que no regresaron á su patria mantuvieron correspondencia
-con sus familias, y todo esto hizo que Cantón siguiese el movimiento
-liberal de nuestra época, pensando de modo distinto al resto del
-Imperio.</p>
-
-<p>Cantoneses han sido los chinos más ilustrados de los últimos tiempos.
-Desde hace medio siglo la juventud intelectual de Cantón completó sus
-estudios en los Estados Unidos y en Europa. Además, estos chinos del Sur
-son más inquietos y menos sufridos que los del Norte. Sus antecesores
-actuaron muchas veces de piratas ó vivieron en las montañas como
-rebeldes. En los últimos años del Imperio los cantoneses entonaban en
-las calles canciones injuriosas para el Hijo del Cielo y los gobernantes
-de Pekín, sin que las autoridades imperiales de la ciudad osasen tomar
-medidas contra tales irreverencias.</p>
-
-<p>Como era lógico, el movimiento republicano que dió fin á la dinastía de
-«los Muy Puros» tuvo su origen en Cantón. Pero una vez establecida la
-República, los hijos de dicha ciudad se negaron á continuar siendo
-goberna<span class="pagenum"><a name="page_167" id="page_167">[Pg 167]</a></span>dos desde Pekín, como en tiempos del Imperio, declarándose
-independientes y constituyendo la llamada República del Sur.</p>
-
-<p>Este separatismo no es algo circunstancial, inventado por las
-divergencias de los partidos políticos. En realidad existen dos Chinas,
-completamente distintas. El habitante de Pekín, grande de estatura,
-sereno de rostro, parco en palabras, medio tártaro y medio manchur, no
-se parece al chino exuberante, imaginativo, de ingobernable
-individualismo, que puebla las provincias meridionales y al extenderse
-como emigrante por América se llama orgullosamente cantonés.</p>
-
-<p>El doctor Sun Yat Sen, creador de la República del Sur y su eterno
-Presidente, es un médico de Cantón que estudió en los Estados Unidos,
-trabajando con energía en la época del Imperio para hacer triunfar la
-República. Mas ahora, dentro de su propia casa, lucha con numerosos
-adversarios que dificultan su política interior y además hace frente á
-las naciones extranjeras, mantenedoras del gobierno de Pekín, que se
-niegan á reconocer la República del Sur.</p>
-
-<p>En el presente momento sostiene una lucha franca con todas las
-potencias. Éstas cobran los ingresos de las aduanas chinas, y después de
-guardarse una parte de ellos por indemnizaciones acordadas hace años,
-entregan el resto al gobierno de Pekín. El doctor, Presidente del Sur,
-se opone á que las potencias intervengan las aduanas dependientes de
-Cantón si no se comprometen á entregarle el sobrante, dado hasta ahora á
-sus enemigos de la China del Norte.</p>
-
-<p>Se hallan actualmente anclados en el río Perla buques de guerra de todas
-las naciones que tienen intereses en China, para intimidar á Sun Yat Sen
-con esta demostración naval.<span class="pagenum"><a name="page_168" id="page_168">[Pg 168]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No vaya usted&mdash;me repiten&mdash;. El populacho de Cantón se muestra furioso
-contra los blancos y puede ocurrir de pronto una matanza. Después vendrá
-la intervención armada de las potencias y también los castigos y las
-indemnizaciones, pero el que haya sido muerto en la revuelta seguirá
-muerto.</p>
-
-<p>Voy, sin embargo, á Cantón, y el viaje resulta breve, fatigoso, casi
-inútil. Hay un ferrocarril que parte de Hong-Kong, pero hace más de un
-año que no funciona. La línea es inglesa, y como el presidente de la
-República de Cantón se quedó repetidas veces con el material rodante,
-sus directores han creído oportuno suspender el servicio. Viajamos por
-el río en cómodos vapores á estilo americano, con varias cubiertas, que
-son á modo de hoteles flotantes.</p>
-
-<p>Pasamos entre las numerosas islas del estuario, siguiendo unos canales
-dorados por el sol naciente, con riberas de verde obscuro. Dentro ya del
-río atravesamos un estrecho que los descubridores portugueses llamaron
-Boca Tigris. A la ida, navegando contra la corriente, invertimos unas
-seis horas. El regreso, como es natural, resulta más rápido.</p>
-
-<p>A pesar de que los europeos llevan tres siglos establecidos en Cantón,
-todavía viven aparte, ocupando un barrio llamado Shameen, separado del
-resto de la población por un canal y que es el lugar donde estaban
-antiguamente las factorías. Hoy Shameen es una ciudad de tipo americano,
-con edificios de muchos pisos y varios hoteles, de los cuales el
-Victoria es el mejor y el más concurrido. Una cuarta parte de los
-vecinos de este Cantón blanco son franceses y los restantes de lengua
-inglesa. El «Christian College», establecimiento importantísimo
-sostenido por los misioneros de los Estados Unidos, sirve de Universidad
-á muchos centenares de jóvenes<span class="pagenum"><a name="page_169" id="page_169">[Pg 169]</a></span> del país, que reciben en él una
-educación moderna. Ocupa el resto de Cantón una área enorme y está
-habitado por más de dos millones de chinos. Las antiguas murallas,
-parecidas á las de Pekín, fueron cortadas en varios puntos para dar
-expansión á la ciudad. Además, una parte de los habitantes, más de
-150.000, viven sobre el río en sampanes.</p>
-
-<p>La población flotante de Cantón fué siempre un objeto de curiosidad para
-los viajeros. Los barcos forman grupos, como las manzanas de edificios
-en las ciudades terrestres. Sus bordas se tocan y los vecinos pasan
-indistintamente de una cubierta á otra. Angostos canales separan estos
-barrios de embarcaciones, sirviendo de callejuelas, por las que se
-deslizan diminutas canoas. Hay sampanes que son tiendas donde se vende
-lo más indispensable para las necesidades de esta población anfibia.
-Otros barcos viejísimos sirven de templos, y bonzos de existencia
-vagabunda viven mezclados con los habitantes del Cantón fluvial,
-mendigos, contrabandistas y eternos figurantes de todas las revueltas.</p>
-
-<p>También han flotado durante siglos en las orillas del río Perla los
-famosos «bajeles de flores». El lector sabe indudablemente de qué sirven
-estas casas acuáticas, unidas á tierra por un ligero puente y con
-galerías cubiertas de plantas trepadoras y vasos floridos. Su
-tripulación&mdash;llamémosla así&mdash;es de mujeres con el rostro pintado y
-túnicas de colores primaverales. Estos «bajeles de flores», iluminados
-toda la noche, pueblan las obscuras aguas de reflejos dorados y alegres
-músicas. De sus patios surgen cohetes voladores que cortan la lobreguez
-celeste con cuchilladas de luz silbadora y multicolor.</p>
-
-<p>Son restoranes y palacios del amor fácil para las gentes libertinas del
-país. El europeo que consigue penetrar en un «bajel de flores» sale casi
-siempre golpeado por los<span class="pagenum"><a name="page_170" id="page_170">[Pg 170]</a></span> parroquianos. Más de una vez ha desaparecido
-el visitante blanco en el lecho fangoso del río.</p>
-
-<p>Quedan aún muchos «bajeles de flores», pero no llegamos á verlos ni
-exteriormente. Los viajeros recién llegados á Cantón sólo conocemos las
-calles medio europeas del barrio de Shameen, entre el desembarcadero y
-el Hotel Victoria, que hemos atravesado en ricsha.</p>
-
-<p>Los chinos cantoneses nos parecen menos educados, más levantiscos é
-insolentes que los de otras ciudades. Gritan al vernos pasar, con una
-voz agresiva; se dirigen á los compatriotas que tiran de nuestras
-ricshas, y aunque no puedo entender sus palabras, creo adivinarlas por
-los gestos con que las subrayan. Insultan indudablemente á estos
-compatriotas que sirven de caballos á los blancos. Se nota en la
-muchedumbre una excitación extraordinaria, á causa sin duda de los
-cruceros anclados en el río. Hay numerosos barcos de guerra ingleses,
-franceses y norteamericanos; además un crucero de Italia y otro de
-Portugal, todos con los cañones desenfundados y prontos á la acción.</p>
-
-<p>Después del almuerzo en el Hotel Victoria, cuando los más curiosos nos
-disponemos á salir por las calles de los barrios chinos para visitar sus
-famosos almacenes de porcelana, llegan varios enviados de los cónsules y
-nos advierten que sería razonable y prudente un regreso inmediato á
-Hong-Kong.</p>
-
-<p>Hace varias horas que en un extremo de Cantón las tropas del doctor Sun
-Yat Sen emplean sus fusiles y ametralladoras contra unos insurrectos.
-¿Qué desean? ¿Por qué luchan?... Nadie lo sabe con certeza. Tal vez son
-cantoneses que no consideran bastante revolucionario al doctor, y como
-tienen armas á su alcance, se sublevan contra él, ya que no destruye con
-una rapidez milagrosa los cruceros de los blancos.<span class="pagenum"><a name="page_171" id="page_171">[Pg 171]</a></span></p>
-
-<p>Nos marchamos en las primeras horas de la tarde, viendo otra vez los
-barrios flotantes del Cantón fluvial, y en plena noche llegamos á
-nuestros camarotes del <i>Franconia</i>.</p>
-
-<p>Al día siguiente hablo á mis amigos de Hong-Kong de ir á Macao, y esto
-les produce más alarma que el viaje á Cantón. Todos dicen lo mismo:</p>
-
-<p>&mdash;No vaya usted. Los piratas atacan el vapor-correo siempre que les
-conviene. Hace pocos meses se llevaron secuestrados á todos los que iban
-en él.</p>
-
-<p>Con frecuencia se oye hablar en China de piratas; pero en las provincias
-del Sur y especialmente en el estuario del río Perla, la piratería es
-objeto de un respeto simpático, como el que infunden las instituciones
-tradicionales. La novela, dentro de la literatura china, es un género
-tan antiguo como la poesía lírica. Desde hace miles de años existen aquí
-novelas de tres géneros: históricas, de aventuras y de costumbres; pero
-la más famosa de todas es la escrita por Chinai Ngan, novelista del
-siglo XII, que vivió bajo la dinastía de los Kin. Este Chinai Ngan es el
-Wálter Scott chino; pero á pesar de que su fecundidad fué tan grande
-como la del célebre novelista escocés, sólo ha dejado una obra única,
-que se titula <i>Historia de las riberas de un río</i>. Debo añadir que esta
-novela famosa, leída en el curso de 800 años por todos los jóvenes
-chinos, tiene nada menos que 70 tomos y sus personajes principales son
-más de 100, sin contar los tipos secundarios, que tal vez pasan de
-1.000. Todos los capítulos constan de dos partes, y en el transcurso de
-la obra se plantean, se desarrollan y epilogan 140 intrigas ó argumentos
-diferentes.</p>
-
-<p>Este monumento literario es simplemente un relato de interminables
-hazañas, verdaderas ó fantásticas, que los piratas realizaron en el
-siglo X, bajo la dinastía de<span class="pagenum"><a name="page_172" id="page_172">[Pg 172]</a></span> los Soung, al hacer la guerra á dichos
-emperadores. La China vivió en aquel período desgarrada por las guerras
-civiles y el bandidaje, despoblándose á consecuencia de largas hambres y
-pestes. Esta anarquía preparó la invasión y dominación de los mongoles,
-y comparada con ella, las dificultades actuales de la República resultan
-hechos insignificantes. Como todos los jóvenes leen la novela famosa de
-Chinai Ngan, empiezan su vida considerando la profesión de pirata como
-una aventura interesante que no puede deshonrar para siempre la vida de
-un hombre.</p>
-
-<p>Me burlo del miedo que pretenden infundirme con sus piratas los
-habitantes de Hong-Kong. Luego me parece más serio y digno de ser tenido
-en cuenta tal peligro, cuando escucho á un joven comerciante español,
-establecido en Hong-Kong, llamado Gabino Caballero, que me sigue á todas
-partes amablemente. Estaba en el buque-correo de Macao la tarde del
-asalto y fué prisionero de los piratas. Acompañaba á su suegra, una
-señora filipina, deseosa de ser examinada por un médico especialista
-portugués que reside en Macao.</p>
-
-<p>Acababan de sentarse á la mesa en el comedor del buque, cuando oyeron
-los primeros disparos. Las autoridades de Hong-Kong, preocupadas por
-osadías anteriores de los piratas, habían alojado en el vapor unos
-cuantos polizontes indostánicos armados de carabinas. Los piratas fueron
-avanzando de la proa á la popa, hiriendo á estos guardias ó
-desarmándolos por sorpresa. Al final se apoderaron de todo el buque,
-dejando medio muerto al capitán inglés, al maquinista y á otros de la
-tripulación que iniciaron una resistencia inútil. Mi amigo Caballero
-abandonó la mesa al oir los tiros, pero antes de llegar á la puerta del
-comedor se vió arrollado y golpeado contra la pared por una manga de
-chinos<span class="pagenum"><a name="page_173" id="page_173">[Pg 173]</a></span> en armas que entraron como una tromba, ordenando á gritos que
-pusieran todos sus manos en alto.</p>
-
-<p>Al frente de ellos iba una mujer, la eterna capitana de todas las
-novelas chinas de piratas, joven vestida á la europea, como una heroína
-de cinematógrafo, con falda azul y blusa blanca. Detalle curioso: esta
-amazona tenía un revólver en cada mano, y dichas armas estaban sujetas á
-sus muñecas por dos tiras de cuero en forma de pulseras. De tal modo
-podía soltar sus revólveres para registrar los bolsillos de los
-viajeros, volviendo á recobrar instantáneamente dichas armas colgantes
-en un caso de alarma.</p>
-
-<p>El español tuvo que entregar su cartera y sus sortijas. Afortunadamente
-para él, éstas salían con facilidad de sus dedos. Un viajero que se
-esforzaba inútilmente por sacar las suyas se vió ayudado con una
-prontitud horrible. Los piratas le cortaron los dedos de una cuchillada
-y siguieron adelante en su registro. Como el capitán y el maquinista
-estaban tendidos en el puente sobre charcos de sangre, la joven de los
-dos revólveres tomó el mando del buque. Uno de los pasajeros, industrial
-de profesión, fué obligado á descender á las máquinas para dirigir su
-funcionamiento, ayudándole como fogoneros otros camaradas de infortunio.</p>
-
-<p>Estos piratas no eran marinos. Se habían embarcado como pasajeros en
-Hong-Kong, distribuyéndose con arreglo á su vestimenta en los
-departamentos de las diversas clases, y al sonar una señal convenida,
-cada grupo se arrojó sobre un lugar previamente designado.</p>
-
-<p>Navegó el buque varias horas con un timoneo loco por los canales del
-estuario. Muchos juncos pacíficos de cabotaje se vieron próximos á ser
-pasados por ojo, librándose de la catástrofe en el último momento
-gracias á una virada oportuna. Aun así, el vapor, que marchaba<span class="pagenum"><a name="page_174" id="page_174">[Pg 174]</a></span> como un
-ebrio, arrancó á muchos veleros, con sus bruscos roces, todo lo que
-sobresalía de sus cascos. Al fin los piratas lo encallaron, pasada media
-noche, en una costa desierta, á varias leguas de Hong-Kong,
-desapareciendo tierra adentro, y unos pescadores llevaron á la ciudad la
-noticia del suceso para que un buque de guerra viniese á recoger las
-víctimas.</p>
-
-<p>En el presente caso los piratas se contentaron con el botín, sin
-llevarse á los viajeros para exigir un rescate. Otras veces, montando
-juncos armados, toman por asalto á los vapores y raptan á sus pasajeros.
-Escriben después á las familias de éstos exigiendo fuertes cantidades, y
-si el dinero tarda en llegar envían como advertencia una oreja cortada ó
-un dedo, anunciando la continuación metódica de tales amputaciones.</p>
-
-<p>&mdash;Pero todos los días no hay asalto de piratas&mdash;digo después de oir
-tales historias.</p>
-
-<p>Efectivamente, estos atentados sólo ocurren cada seis meses, poco más ó
-menos. Las autoridades británicas, después de una piratería, adoptan las
-medidas más severas. Buques armados surcan incesantemente los canales
-del estuario, la policía bate las islas, el tribunal de Hong-Kong
-muestra una severidad inusitada y condena á ser ahorcados á todos los
-chinos que han cometido un crimen, aunque éste no tenga carácter
-pirático.</p>
-
-<p>Transcurre el tiempo sin que los bandidos de los canales den motivo para
-que hablen de ellos; la autoridad se muestra menos vigilante, creyendo
-terminado dicho mal, y cuando la gente se embarca con mayor confianza
-para ir á Macao, ciudad de vida agradable y juego libre, donde los
-chinos ricos arriesgan su dinero al «Fan-tan» y los viajeros blancos
-pueden admirar los antiguos edificios de aire señorial, una nueva banda
-de piratas da otro golpe, con capitana ó sin ella.<span class="pagenum"><a name="page_175" id="page_175">[Pg 175]</a></span></p>
-
-<p>A pesar de tales relatos me embarco al día siguiente para la colonia
-portuguesa. Otros pueden seguir con tranquilidad su viaje sin sentir la
-atracción de Macao. Yo he nacido en la Península Ibérica y además soy
-escritor.</p>
-
-<p>Sería vergonzoso haber estado á cuatro ó cinco horas de distancia y no
-visitar la vieja ciudad donde Camoens, desterrado y pobre, compuso su
-poema inmortal, pensando en las glorias de la patria lejana.<span class="pagenum"><a name="page_176" id="page_176">[Pg 176]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII<br /><br />
-VIAJE Á MACAO</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Registro de chinos antes de su entrada en el vapor.&mdash;Cubiertas
-transformadas en jaulas y puente convertido en
-fortaleza.&mdash;Recuerdos del asalto de los piratas.&mdash;«¡Necesito matar
-á un chino!»&mdash;La interesante «Ciudad del Santo Nombre de Dios en
-China».&mdash;Los juncos con cañones, anclados en su antiguo puerto.&mdash;El
-nuevo puerto de Macao.&mdash;Gran porvenir de la ciudad.&mdash;Excelente
-administración del gobernador Rodrigues.&mdash;La gruta de Camoens.&mdash;El
-juego del «Fan-tan» y otras particularidades interesantes del viejo
-Macao.&mdash;La calle de la Felicidad y sus altares.&mdash;Regreso á media
-noche por el estuario de los piratas.&mdash;Las fosforescencias del mar
-chino.&mdash;Espectáculo inolvidable.</p></div>
-
-<p>En las primeras horas de la mañana nos embarcamos para Macao. Vemos ante
-el buque numerosos grupos de chinos. Un retén de policía regula su
-avance, uno por uno, sobre la pasarela que junta al casco con el muelle.
-Todos son registrados de cabeza á pies, y sólo pueden seguir adelante
-cuando el agente indostánico queda convencido de que no llevan el más
-pequeño cortaplumas. Como estos hombres amarillos se parecen todos por
-su traje azul y sus rostros casi uniformes, es difícil establecer
-distinciones entre un coolí pacífico que va por sus negocios á Macao y
-un pirata que prepara con sus compañeros el ataque del buque en mitad
-del viaje.</p>
-
-<p>Este vapor-correo es igual á todos los que navegan<span class="pagenum"><a name="page_177" id="page_177">[Pg 177]</a></span> en el estuario y los
-ríos cercanos, pero después del asalto que presenció mi compatriota, se
-han hecho en él grandes reformas defensivas. Verjas de gruesos barrotes,
-semejantes á las de las cárceles, lo dividen en varias secciones. Un
-gendarme indostánico, con uniforme azul, gorra blanca, carabina y
-revólver, guarda la puerta abierta de cada una de dichas barreras
-mientras dura el embarque. Cuando el buque empieza á navegar todas las
-entradas de los jaulones se cierran interiormente y los centinelas
-quedan detrás, apoyando sus carabinas sobre la cruz de los barrotes.</p>
-
-<p>La cubierta superior también está interrumpida por fuertes enrejados que
-cortan la comunicación entre las diversas clases del pasaje, y para
-evitar que los asaltantes puedan deslizarse al otro lado de ellos,
-sacando el cuerpo fuera de la borda, se han prolongado las verjas sobre
-el mar con semicírculos exteriores de puntas agudas como lanzas. El
-puente donde va el capitán está defendido con placas de acero
-cromatizado, iguales á las mamparas que cubren á los artilleros en las
-piezas modernas. De este modo los tiros de los piratas no pueden
-alcanzar á los que dirigen el buque. Pero los que presenciaron el último
-asalto no muestran gran fe en tales precauciones y creen que los chinos
-inventarán algo inesperado para salvar estos obstáculos defensivos.</p>
-
-<p>Antes del embarque nos hemos despojado de los relojes y joyas de uso
-diario. Vienen conmigo dos señoras, acompañadas de sus doncellas. Una de
-las mencionadas damas, muy hermosa y elegante, nació en Bombay, pero es
-hija de español. Está casada con Mr. Stephan, director del Banco de
-Hong-Kong y Shanghai, institución financiera la más importante de todo
-el Extremo Oriente. Su director figura por derecho propio en el Con<span class="pagenum"><a name="page_178" id="page_178">[Pg 178]</a></span>sejo
-de gobierno de Hong-Kong, siendo á modo de su ministro de Hacienda.</p>
-
-<p>La señora de Stephan lleva muchos años deseando ir á Macao y nunca se
-decidió á realizar tal viaje por miedo á los piratas. Prudencia
-justificadísima. En realidad, no podrían imaginar los bandidos del
-estuario un golpe más fructuoso que secuestrar á la esposa del director
-del Banco de Hong-Kong y Shanghai. ¡Qué rescate de miles y miles de
-libras esterlinas!... Mas al enterarse dicha señora de que yo voy á
-Macao, se decide con repentina energía á realizar el mismo viaje, como
-si mi presencia pudiera proporcionarle una seguridad extraordinaria.</p>
-
-<p>Somos ocho, las dos señoras con sus doncellas, dos españoles residentes
-en Hong-Kong, un amigo holandés que habla un sinnúmero de lenguas, y yo.
-Va retrocediendo por la popa de nuestro buque la isla de Hong-Kong
-envuelta en nieblas matinales rasguñeadas á trechos por el sol. Sobre la
-cima del Pico, este turbante de brumas pierde por momentos su opacidad
-gris, y empieza á brillar como un tejido de filamentos de oro.</p>
-
-<p>Fuera de la bahía el mar del estuario muestra una tersura de lago, y su
-color azul tiene la claridad láctea de la porcelana. Los juncos son
-numerosísimos. Ya dije que en las costas de China la navegación forma
-enjambres, pero aquí, cerca de la embocadura del río Perla, aún resulta
-más densa, y nuestro buque tiene que rugir incesantemente para evitar
-colisiones.</p>
-
-<p>Estos juncos de construcción medioeval, á pesar de la tranquilidad de
-las aguas navegan en una posición inestable para nuestros ojos, con la
-proa casi hundida y la popa muy en alto, cual si fueran á sumergirse
-definitivamente en cada uno de sus cabeceos. Los canales se ensanchan,
-formando brazos de mar relucientes y<span class="pagenum"><a name="page_179" id="page_179">[Pg 179]</a></span> tranquilos, como láminas de
-espejo. Flotando en sus aguas adormecidas hay pequeños islotes de
-basura, caída de los barcos ó arrancada de las riberas.</p>
-
-<p>No disminuye la afluencia de embarcaciones según nos alejamos de
-Hong-Kong; por el contrario, ésta parece aún mayor al meternos entre las
-islas. Sobre las bordas de los juncos vemos marineras achaparradas y
-fornidas: con bíceps de hombre, pechos colgantes y adornos verdes en la
-cerdosa cabellera.</p>
-
-<p>También las tierras insulares se muestran cada vez más numerosas. Por la
-derecha nos deslizamos junto á la isla de Lantao, cuya longitud alcanza
-á veinte millas. A babor, la ribera está cortada por incontables canales
-y estrechos, que forman pequeños archipiélagos. En el horizonte empieza
-á elevarse un grupo de cumbres, titulado por los descubridores
-portugueses <i>Nove Illas</i>, las Nueve Islas. Antes de ser dueños de Macao,
-los marinos de Portugal se establecieron en otra isla de este estuario
-llamada Sancian, donde murió San Francisco Javier cuando se proponía
-entrar en China como primer apóstol del cristianismo.</p>
-
-<p>Mi compatriota Caballero me va mostrando los diversos lugares del buque
-donde presenció el ataque de los piratas. Ésta es la mesa en que se
-hallaba comiendo al sonar los primeros disparos. Aquí le robaron la
-cartera, zarandeándole un poco. Más allá daba gritos de mando la
-muchacha de los dos revólveres. Luego me lleva á visitar al capitán, que
-es el mismo que mandaba el buque en aquella triste ocasión.</p>
-
-<p>Los guardianes cobrizos no nos dejan entrar en el recinto acorazado del
-puente y el capitán se decide á salir de su fortaleza. Es un inglés que
-tiene paralizada la parte izquierda de su cuerpo á consecuencia de las
-heridas que recibió en dicho asalto. Desde entonces se<span class="pagenum"><a name="page_180" id="page_180">[Pg 180]</a></span> muestra
-taciturno y repite el mismo deseo, como obsesionado por una idea tenaz.
-Sonríe un poco al reconocer á mi compatriota, y cuando éste hace memoria
-de los terribles episodios de aquella tarde, frunce el ceño, mira su
-brazo inútil y murmura:</p>
-
-<p>&mdash;Esto no puede quedar así. Es preciso que yo mate á un chino...
-Necesito matar á un chino.</p>
-
-<p>Se ve claro que no descansará hasta conseguir dicha compensación. Tal
-vez se negó á aceptar el retiro á que tiene derecho y continúa mandando
-el buque porque «necesita matar á un chino», y así tiene más
-probabilidades de proporcionarse el citado gusto. Lo matará, estoy
-seguro de ello; tal vez lo ha matado á estas horas. ¡Hay tantos chinos
-para escoger!... Después de mi regreso á Europa, he leído todos los
-meses noticias de nuevos asaltos de piratas en el estuario de Hong-Kong,
-con secuestros de viajeros, combates y numerosos muertos y heridos. El
-capitán debe haber matado á su chino, si es que los chinos no han
-acabado definitivamente con él.</p>
-
-<p>Todos los de nuestro grupo almorzamos en un salón de la cubierta más
-alta, para evitarnos el roce con las familias que ocupan el comedor de
-primera clase. Son gentes bien educadas, pero el olor especial de los
-chinos resulta intolerable para muchos olfatos europeos. Ellos, por su
-parte, declaran que nosotros expelemos un hedor de carne cruda, digna de
-nuestra condición de bárbaros. Tal vez el hacernos comer aparte es
-también para que no veamos los manjares favoritos de estos pasajeros.</p>
-
-<p>Algunos son personajes importantes, vecinos de Hong-Kong, que van á
-pasar unos días en sus casas de Macao. Visten ricas túnicas de seda azul
-y ostentan botones de piedras preciosas. Uno de estos chinos opulentos
-ha sido ennoblecido por el rey de la Gran Bretaña y goza el título de
-baronet. La importancia financiera de<span class="pagenum"><a name="page_181" id="page_181">[Pg 181]</a></span> todos ellos y su trato con los
-blancos hacen que el populacho los considere traidores á su raza, y como
-en Hong-Kong las asociaciones chinas son temibles por sus venganzas,
-estos personajes viven encerrados en sus palacios, y cuando desean unos
-días de esparcimiento se trasladan á Macao, donde el orden es más firme
-y las autoridades portuguesas pueden ofrecerles mayores seguridades.</p>
-
-<p>Dejamos de navegar entre islas, saliendo á dilatados espacios de mar
-libre, y vemos en el horizonte un promontorio con un castillo y un faro
-sobre su lomo. Mucho tiempo después, al dar vuelta á dicho promontorio,
-aparece lentamente la vieja é interesante ciudad de Macao.</p>
-
-<p>Tiene un aspecto, multicolor y ligero, de población del Extremo Oriente,
-y al mismo tiempo una estabilidad sólida que revela el origen de sus
-fundadores. Los edificios son obra de albañilería en su mayor parte, y
-no de madera, como en las otras ciudades chinas. Los más tienen un piso
-superior, con arcadas ó galerías cubiertas, y por encima de sus
-techumbres se remontan los campanarios de las iglesias católicas.</p>
-
-<p>Macao, que fué llamada primitivamente «Ciudad del Santo Nombre de Dios
-en China» y luego vió sustituído dicho título por el de <i>Macau</i>, de
-origen indígena, resultaría altamente exótica si se la pudiera trasladar
-de pronto á las cercanías de Lisboa. Vista aquí, después de haber
-visitado las principales ciudades del litoral chino, nos recuerda al
-antiguo Portugal y parece venir de ella una respiración lejanísima de
-nuestro mundo.</p>
-
-<p>El puerto viejo es más chino que la ciudad. Puedo añadir que en ninguno
-de los puertos del Extremo Oriente se consigue ver la marina mercante
-que ancla en las aguas de Macao.</p>
-
-<p>Nuestro vapor va pasando ante una fila de grandes<span class="pagenum"><a name="page_182" id="page_182">[Pg 182]</a></span> juncos, galeones
-panzudos que parecen imaginados por un artista en delirio más que por
-hombres dedicados a la navegación. Tienen en su proa dragones enroscados
-y dorados, amenazando con sus fauces ignívomas el azul del cielo y del
-mar. El velamen de sus arboladuras se compone de esteras de bambú, en
-forma de alas de murciélago. Las popas se remontan como alcázares, y á
-lo largo de sus bordas avanzan los cuellos de una docena de cañones. Son
-cortos y de un calibre enorme; piezas antiguas de hierro que se cargan
-por la boca y deben enviar sus balas á poca distancia, pero con un
-estrépito infernal, lo que suple para sus artilleros la mediocridad del
-alcance.</p>
-
-<p>La marinería tiene igualmente un aspecto arcaico y poco tranquilizador:
-atletas amarillos y medio desnudos, guardando muchos de ellos en el
-occipucio una trenza que parte su espalda sudorosa. De los castillos de
-algunos galeones surgen columnitas de humo perfumado, revelando la
-existencia de un altar en honor á la Diosa de las Aguas, ante cuyo ídolo
-arden varillas de sándalo. Todas las proas tienen en ambas caras unos
-agujeros redondos y pintados que imitan ojos. Los marineros chinos sólo
-se embarcan confiadamente en un buque que tenga ojos. Saben que así,
-mientras ellos duermen ó durante las lobregueces de la tormenta, el
-junco, que á fuerza de existir adquiere una vida misteriosa como todos
-los objetos, podrá ver arrecifes y escollos, desviándose de tales
-peligros cual una bestia prudente.</p>
-
-<p>Siento inquietud y repulsión al imaginar la posibilidad de que una
-aventura de mi viaje me hiciese navegar en estos buques extraordinarios,
-pocas veces vistos en Shanghai y Hong-Kong. Los que conocen el país me
-explican las especialidades de esta marina mercante armada de cañones
-que navega por los recovecos del gran es<span class="pagenum"><a name="page_183" id="page_183">[Pg 183]</a></span>tuario y remonta los ríos
-cientos de leguas hasta las ciudades del interior. Conservan estos
-barcos su vieja artillería con pretexto de hacer frente á los piratas,
-pero en realidad son contrabandistas y vienen á cargar el opio que les
-proporcionan los mercaderes chinos de Macao. Algunas veces se oye desde
-la ciudad el cañoneo que sostienen con otros juncos del gobierno
-encargados de perseguir á los traficantes de la citada droga. El
-belicoso estruendo, agrandado por la sonoridad de los canales, no causa
-ninguna emoción en los vecinos de este puerto libre. La mercancía ya ha
-sido vendida y cobrada. ¡Que los chinos peleen á su gusto!...</p>
-
-<p>Macao es una península semejante á Gibraltar, aunque su montaña tiene
-menos altura. Un istmo la une al territorio del antiguo Imperio, y su
-puerto era el mejor de todo el estuario antes de que los ingleses
-fundasen á Hong-Kong, hace tres cuartos de siglo. En esta península se
-ha ido extendiendo una ciudad de 80.000 habitantes, cifra extraordinaria
-si se tiene en cuenta el espacio reducido de la colonia. El comercio ha
-realizado tal milagro.</p>
-
-<p>En el siglo XVI dió el gobierno chino á los portugueses este territorio
-de unos pocos kilómetros como recompensa por haber auxiliado con sus
-buques á las autoridades de Cantón en lucha contra unos piratas que
-pretendían apoderarse de dicha capital. Los holandeses intentaron
-hacerse dueños de la nueva colonia, pero fueron menos afortunados que en
-Ceylán, en Java y otras posesiones del Extremo Oriente arrebatadas por
-ellos á los portugueses. El vecindario repelió sus asaltos, derrotando
-finalmente á la flota holandesa.</p>
-
-<p>Llevó después Macao una existencia decadente, y en el siglo XIX su
-guarnición sostuvo empeñados combates con los chinos, que pretendían
-recobrar la península.<span class="pagenum"><a name="page_184" id="page_184">[Pg 184]</a></span> Ahora adquiere cada año mayor importancia, y
-dentro de poco rivalizará con Hong-Kong, gracias á su nuevo puerto.</p>
-
-<p>El gobernador actual, doctor Rodrigo Rodrigues, es un médico que gozaba
-de justo renombre en su patria antes de entrar en la vida política; un
-republicano de los que combatieron desinteresadamente á la monarquía de
-su país, y luego, al verse triunfantes, tuvieron que abandonar su
-antigua profesión para servir á la joven República portuguesa.</p>
-
-<p>Durante las horas pasadas en Macao pude apreciar lo que mi amigo
-Rodrigues lleva hecho en varios años de gobierno. Una recaudación de los
-impuestos, bien administrada, ha dado lo suficiente para la construcción
-de un puerto grandioso, en el que podrán fondear trasatlánticos de gran
-tonelaje. Macao pasará rápidamente del tranquilo canal en que anclan
-ahora escuadrillas de juncos dedicados al cabotaje y al contrabando, á
-la vida tumultuosa de un puerto moderno, con toda clase de facilidades
-para la descarga y el transporte; y este puerto atraerá á todos los
-buques que no sean ingleses, por estar más cerca de Cantón que el de
-Hong-Kong.</p>
-
-<p>Guiados por los ayudantes del gobernador, jóvenes de gran cultura
-intelectual, vamos conociendo la ciudad, pintoresca mescolanza de
-edificios chinos y caserones portugueses del siglo XVII. Una fachada de
-piedra es lo único que resta de la antigua catedral de San Pablo y del
-convento anexo, fundado por los jesuítas para descanso y preparación de
-sus misioneros antes de que se lanzasen en el interior de la China. Este
-templo se incendió en 1835, pero su enorme fachada se mantiene en pie,
-con la piedra enrojecida por el sol más que por las llamas, y á través
-de sus ventanales se ve el muro azul del cielo, que parece servirle de
-apoyo.<span class="pagenum"><a name="page_185" id="page_185">[Pg 185]</a></span></p>
-
-<p>El castillo guarda recuerdos del ataque de los holandeses en el siglo
-XVII. Vemos en su capilla una losa sin nombre que cubre los restos de
-los defensores de Macao. Como dice el doctor Rodrigues, el culto al
-soldado desconocido creado por la última guerra lo inventaron los
-defensores de Macao hace más de doscientos años...</p>
-
-<p>En una explanada del castillo nos obsequian con un té abundante en
-alfajores y otras pastelerías portuguesas, que recuerdan las de
-Andalucía. ¡Panorama inolvidable!...</p>
-
-<p>Frente á nosotros, por la parte del istmo, se levanta una cordillera que
-ocupa gran parte del horizonte: las montañas de Catay. Rodrigues y yo
-recordamos á Marco Polo. El nombre de Catay lo aplicó el célebre viajero
-á la China entera, y durante siglos el mundo cristiano dió el título de
-unas montañas del Sur á todo el vasto Imperio gobernado por el Gran Kan.</p>
-
-<p>A nuestros pies extiende la ciudad la masa apretada de sus tejados,
-obscuros como los de Europa. A trechos surgen de ellos techumbres
-chinescas y remates de pagodas budistas. Muchas fachadas están pintadas
-de rosa ó azul, colores tiernos que infunden una alegre juventud á las
-construcciones vetustas.</p>
-
-<p>Más allá de la ciudad, islas y canales se repiten hasta el infinito,
-como si la tierra entera fuese una sucesión de brazos acuáticos
-abarcando cumbres emergidas. En estos canales de riberas altas, que
-tienen una mitad longitudinal de su faja líquida negra como el ébano y
-la otra mitad dorada por el sol, cabecean bajo la brisa de la tarde
-docenas y docenas de juncos de velamen ganchudo, como el techo de las
-pagodas. Todos ellos vienen hacia Macao ó regresan á puertos cuyos
-nombres enrevesados sólo sus tripulantes pueden pronunciar. Tropieza la
-vista con el lomo obscuro de una montaña, creyendo<span class="pagenum"><a name="page_186" id="page_186">[Pg 186]</a></span> que es el límite del
-horizonte. Más allá de su línea oblicua hay algo que brilla como un
-charco de metal en fusión. Es un nuevo canal del estuario, un estrecho
-navegable por el que pasan otros juncos y sampanes empequeñecidos por la
-distancia. Más allá una nueva montaña, que es otra isla; luego un
-fragmento de canal, en tercer ó cuarto término; y nuevas tierras
-insulares, hasta que todo este mundo sumergido y emergente se esfuma por
-obra de la distancia, confundiéndose el azul de las montañas lejanas con
-el azul de las aguas y del cielo.</p>
-
-<p>Visitamos al fin lo más interesante para nosotros, lo que nos trajo á
-Macao con el atractivo de la devoción literaria. El gobernador nos
-muestra el jardín donde está la gruta en cuyo interior meditaba y
-escribía Camoens durante las horas calurosas de este país casi tropical.
-Dicho jardín tiene un atractivo comparable al de los muebles que
-empiezan á envejecer. En sus arriates y arboledas se mezclan la
-melancolía de los antiguos huertos chinos y la majestad de los jardines
-portugueses de Cintra. Vemos estatuas de mandarines que tienen la cabeza
-y las manos de loza. El resto de su cuerpo está formado con plantas á
-las que dieron forma humana los jardineros con sus tijeras.</p>
-
-<p>El retiro predilecto del poeta ha sido desfigurado y vulgarizado por una
-admiración excesiva. La gruta no es más que un corredor entre grandes
-piedras, ocupado ahora por el busto de Camoens. Todas las rocas próximas
-desaparecen bajo lápidas que ostentan grabados fragmentos del autor de
-<i>Os Lusiadas</i> ó versos de autores célebres que le glorifican. Tantas
-placas de mármol dan á este lugar, que con razón puede llamarse poético,
-un aspecto antipático de cementerio.</p>
-
-<p>Algunos vecinos de Macao, especialmente parejas jóvenes, vienen á
-merendar en el histórico jardín, y al son<span class="pagenum"><a name="page_187" id="page_187">[Pg 187]</a></span> de un gramófono ó un
-organillo bailan ante el busto coronado de laureles. No importa; es
-fácil suprimir con la imaginación estas fealdades de la realidad y ver
-el antiguo huerto tal como fué, con sus arboledas pendientes, su breve
-gruta limpia de adornos, y meditando bajo la fresca arcada el hidalgo
-portugués tuerto en la guerra, soldado heroico como el manco Cervantes,
-y desterrado de Goa á uno de los lugares más lejanos de la monarquía
-lusitana, dueña entonces de colonias en las dos costas de África, en el
-mar de las Indias y en los archipiélagos situados más allá del estrecho
-de Malaca.</p>
-
-<p>Al cerrar la noche abandonamos la calle principal de Macao, abundante en
-bazares chinos, para correr las callejuelas adyacentes, que ofrecen á
-dicha hora un aspecto interesante.</p>
-
-<p>Macao no goza fama de ser un lugar de virtudes, mas no por eso debe
-considerársele peor que los otros puertos del Extremo Oriente. Se
-diferencia de ellos en que los defectos de la vida china están aquí
-reglamentados, y por ello más á la vista que en las demás ciudades. Esta
-reglamentación sirve para que el viajero pueda verlos más directamente y
-con mayor seguridad al hallarse todos ellos bajo la vigilancia de la
-policía.</p>
-
-<p>La pequeña península de Macao, sin más tierra que la de sus paseos ni
-otra industria que su puerto, sólo ha podido vivir imponiendo
-contribuciones públicas á los vicios de la población china. Estos vicios
-son inevitables. En Shanghai, en Hong-Kong, en todas las ciudades del
-Extremo Oriente, existen en mayores proporciones y sus explotadores
-pagan en secreto á las autoridades por su tolerancia, lo que sirve
-únicamente para el aumento de la fortuna personal de éstas. En Macao
-satisfacen un impuesto público, severamente administrado, y sus
-productos no sirven para enriquecer á nin<span class="pagenum"><a name="page_188" id="page_188">[Pg 188]</a></span>gún funcionario, empleándose
-por entero en grandes obras públicas, como la construcción del nuevo
-puerto, que cambiará completamente la vida de la colonia.</p>
-
-<p>El gran vicio chino es el juego, y en Macao es libre. Algunos llaman á
-este pequeño país el «Monte-Carlo del Extremo Oriente», y lo sería en
-realidad si tuviese más próximas las grandes ciudades de Cantón y
-Hong-Kong. El juego favorito de los chinos se llama el «Fan-tan».</p>
-
-<p>Entramos en una de las casas dedicadas á este vicio nacional. Hay tantas
-de ellas que resulta difícil escoger. Todas tienen en sus fachadas
-anuncios luminosos y rótulos chinescos en grandes bandas de tela
-colgante. También se ven en las mismas calles fumaderos de opio con sus
-lamparillas de luz fúnebre y sus duros lechos de asceta; pero ¿á quién
-puede interesarle un fumadero de opio en esta ciudad que es el principal
-depósito de dicho artículo?...</p>
-
-<p>Los portugueses de Macao no merecen las censuras hipócritas que les
-dedican otras colonias europeas de Asia. Nunca ha impuesto Portugal á
-cañonazos el consumo de la citada droga, como Inglaterra, que hizo en
-1842 la llamada «guerra del opio». Los mercaderes de Macao la venden á
-los buques que vienen á buscarla, y esta operación comercial proporciona
-un ingreso al Tesoro público. Lo mismo la pueden encontrar los chinos en
-otras colonias gobernadas por europeos, pero de un modo oculto, y lo que
-entregan por hacer tal negocio lo guardan en su bolsillo particular las
-autoridades.</p>
-
-<p>Resulta el juego del «Fan-tan» lento y de prolongada emoción, como al
-chino le place que sean todas sus diversiones. La rapidez pugna con los
-gustos de su vida. La enorme mesa de juego está en el piso bajo, y en
-torno á ella se agrupan los «puntos» de clase ínfima, coolíes, marineros
-y trabajadores del puerto.<span class="pagenum"><a name="page_189" id="page_189">[Pg 189]</a></span></p>
-
-<p>Subimos por una escalera bien iluminada al piso superior. El suelo está
-perforado por una gran abertura oval, que da exactamente sobre la mesa
-colocada en el piso bajo. En torno á su barandilla se sientan en
-banquetas de hule los jugadores de más distinción. Ciertas casas tienen
-una segunda y una tercera galería en sus pisos superiores, lo que
-triplica ó cuadruplica el número de las personas que intervienen en el
-juego. Asomados á cada baranda, unos empleados reciben el dinero de los
-jugadores de su piso y lo bajan hasta la mesa en pequeños cestos
-pendientes de cordeles, indicando con unas vocecitas que suenan como
-chillidos de gato el número y la cantidad de las apuestas.</p>
-
-<p>Este público del primer piso resulta para mí de gran novedad. En ninguna
-de las ciudades chinas había visto tales personajes. Me siento entre
-algunos viejos con aire de mandarín venido á menos. Son letrados de
-exquisitos modales que han perdido tal vez una carrera brillante por las
-villanías propias del juego. A pesar de sus ojitos que no son más que
-dos líneas negras entre párpados que parecen cosidos, de su faz amarilla
-y arrugada y de sus bigotes colgantes, me recuerdan á muchos <i>gentlemen</i>
-arruinados que conocí en Monte-Carlo.</p>
-
-<p>También puedo examinar aquí de cerca á las mujeres chinas en plena
-libertad. Van vestidas con pantalones y blusas de rica seda azul; llevan
-un flequillo de pelo sobre la abultada frente; en su pecho y sus muñecas
-centellea la pedrería de abundantes joyas; fuman sin parar cigarrillos
-con perfume de opio, sosteniendo entre dos dedos una larguísima boquilla
-de carey; ponen una pierna sobre otra, saliéndoles del ancho pantalón
-unas pantorrillas delgadas que no se armonizan con la anchura de su
-rostro; ríen con cierta insolencia, murmurando palabras ininteligibles,
-mientras examinan fijamente á las<span class="pagenum"><a name="page_190" id="page_190">[Pg 190]</a></span> señoras europeas que acaban de
-entrar. Todas juegan sumas considerables, manejando el dinero con una
-inconsciencia oriental. Las más de ellas son cocotas nacionales,
-residentes en Hong-Kong y Cantón, y han venido á Macao para jugar al
-«Fan-tan» con permiso de los opulentos comerciantes que las mantienen.</p>
-
-<p>La mesa está presidida por una especie de mandarín de barbas lacias y
-blancas, que desarrolla con una lentitud majestuosa la marcha del juego.
-Tiene á su lado un gran montón de <i>sapeques</i>, piezas metálicas con un
-agujero en el centro. Agarra sin mirar un puñado de tales monedas y las
-coloca bajo una maceta de hojalata vuelta boca abajo. El juego consiste
-en levantar dicho receptáculo cuando todos, en los diversos pisos, han
-hecho ya sus puestas, y con una varilla muy larga, para que no haya
-sospecha de trampa, va separando los <i>sapeques</i> por grupos de á cuatro,
-hasta que al final quedan unas piezas sueltas, que pueden ser cuatro,
-tres, dos ó una, números á los que arriesgan su dinero los jugadores.</p>
-
-<p>Esta separación de cuatro en cuatro la va haciendo con una lentitud
-desesperante, pues así le gusta al público. El chino no conoce el valor
-de las horas. Además, no hay miedo de que se cierre el establecimiento.
-Las casas del «Fan-tan» carecen de puertas y las partidas se suceden día
-y noche, renovándose el personal de la mesa. Hay «puntos» que se hacen
-traer la comida de un figón inmediato, duermen sobre la banqueta de hule
-cuando les rinde el sueño y no salen de la timba en varias semanas,
-mientras les queda un peso mejicano.</p>
-
-<p>Algunos de estos jugadores dan pruebas de una visualidad maravillosa.
-Apenas el venerable personaje levanta el vaso y empieza á contar las
-piezas, adivinan desde el piso superior con una mirada de águila
-cuántas<span class="pagenum"><a name="page_191" id="page_191">[Pg 191]</a></span> quedan en el confuso y enorme montón, anunciando por anticipado
-el número ganancioso.</p>
-
-<p>Mientras las señoras vuelven al palacio del gobernador, donde nos espera
-un gran banquete, corro yo con uno de sus ayudantes, el teniente de
-navío Sebastián Da Costa, notable escritor portugués, á conocer otra de
-las singularidades del viejo Macao, la llamada «rua da Felicidade». Esta
-calle de la Felicidad resulta semejante por su tráfico á las que existen
-en todos los puertos de mar, pero aquí ofrece el interés de ser
-únicamente chinos los que la frecuentan, empujados por el acuciamiento
-de la lascivia.</p>
-
-<p>Se compone de casas estrechas, cuyo piso bajo ocupa enteramente la
-puerta. A través de su abertura se ve una especie de zaguán con el
-arranque de la escalera que conduce á las habitaciones superiores, y
-algunos asientos chinescos, ocupados por las dueñas y sus amigas. Son
-mujeronas de cabeza voluminosa, miembros delgados y grueso tronco, con
-una nariz tan aplastada que apenas si resulta visible cuando sitúan de
-perfil su ancho rostro, amarillo como la cera. Estas hembras maduras,
-retiradas de las peleas sexuales, fuman gruesos cigarros mientras
-conversan lentamente. Otras se peinan entre ellas á la luz de una
-lámpara colocada ante sus ídolos predilectos.</p>
-
-<p>Las pensionistas de dichas casas juegan en medio de la calle, como un
-colegio en asueto. Verdaderamente es la función que les corresponde, á
-juzgar por sus pocos años. Todas ellas son chinitas apenas entradas en
-la pubertad. Se persiguen como gatas traviesas, dando maullidos de
-regocijo. Algunas se acercan á nosotros después de colocarse ante el
-menudo rostro una careta de gesto monstruoso, una máscara espantable de
-dragón ó de genio, como únicamente saben imaginarlas los artis<span class="pagenum"><a name="page_192" id="page_192">[Pg 192]</a></span>tas
-chinos, y las pobrecitas rugen para infundirnos pavor, riendo á
-continuación de su travesura.</p>
-
-<p>Nos fijamos en los diversos altares de las casas. Todos ellos guardan
-bajo marco imágenes de papel doradas y multicolores: dioses ó diosas de
-las Aguas, del Viento, de la Felicidad, etc. En algunas de dichas
-viviendas las huéspedas no tienen dinero para adquirir divinidades
-protectoras, mas no por eso carecen de altar. Han colocado en la pared,
-bajo doseles de colores, un anuncio de la Compañía Trasatlántica
-Japonesa, con un vapor de cuatro chimeneas y un mar de grandes olas, y
-le encienden todas las noches su lámpara, lo mismo que en las casas
-vecinas. Tales improvisaciones no asombran á ningún chino.</p>
-
-<p>Volvemos á atravesar la gran calle de Macao, que tiene en las primeras
-horas de la noche un aspecto de capital de provincia. Pasean por sus
-aceras numerosos sacerdotes y oficiales vestidos de paisano; jóvenes de
-una elegancia marcial, con gran fieltro á lo mosquetero y chaleco
-blanco.</p>
-
-<p>Nos obsequia el gobernador Rodrigues con una magnífica comida en su
-palacio. Admiro los salones de esta residencia, que no es vieja pero
-empieza á adquirir el encanto de lo antiguo. Muchos de sus muebles
-proceden de Cantón y tienen más de un siglo. En los rincones hay grandes
-ánforas de porcelana multicolor, como las fabricaban los chinos en otros
-tiempos.</p>
-
-<p>Con el deseo de que viésemos Macao detenidamente, no ha querido el
-doctor Rodrigues dejarnos partir á media tarde en el vapor de Hong-Kong.
-Por miedo á los asaltos de los piratas, este vapor emprende su regreso
-poco después de su llegada, para que no le sorprenda la noche en el
-camino. Las aguas portuguesas son las más seguras. El vigía del castillo
-de Macao sigue durante<span class="pagenum"><a name="page_193" id="page_193">[Pg 193]</a></span> dos horas la marcha de los buques por el enorme
-espacio de mar abierto ante la ciudad, y puede dar aviso á los cañoneros
-portugueses si nota algo extraordinario. Lo peligroso es el dédalo de
-canales é islas inmediato á Hong-Kong, y el vapor-correo procura pasarlo
-antes que se oculte el sol.</p>
-
-<p>Nosotros saldremos de aquí después del banquete. Un remolcador del
-puerto se encargará de llevarnos á Hong-Kong. Hasta las once de la noche
-estamos en la grata compañía del gobernador, su esposa é hijas y las
-familias de sus ayudantes. Nos vemos tratados con la proverbial cortesía
-de los hidalgos portugueses. Algunas damas cantan <i>fados</i> y romanzas
-sentimentales de la patria lejana. Cuando cesa la música hablamos de lo
-que fueron los navegantes portugueses y españoles dentro de la historia
-del progreso humano.</p>
-
-<p>Salimos para Hong-Kong en el pequeño vapor. Va tripulado por media
-docena de marineros que son chinos de Macao. Su patrón parece ser el
-único portugués, pero acabo por creerle también mestizo, nacido en la
-colonia. Todos ellos se entienden en lengua china para sus maniobras.</p>
-
-<p>El barco tiene en la proa un cañoncito de tiro rápido cuidadosamente
-enfundado, á causa de la humedad atmosférica. Creo además que los
-tripulantes llevan algunas carabinas... pero ¡vamos encontrando en
-nuestro camino tantos juncos! Pasamos al lado de buques que resultan
-enormes si se les compara con nuestra pequeñez, y de su interior puede
-desplomarse repentinamente sobre esta cubierta una cascada de diablos
-amarillos y medio desnudos, que se apoderarían del barquito antes de que
-nadie pudiese desenfundar el cañón ni tocar una carabina.</p>
-
-<p>Pienso que si los tripulantes de algunos de los jun<span class="pagenum"><a name="page_194" id="page_194">[Pg 194]</a></span>cos de comercio
-supiesen quién viene en este pequeño buque se sentirían inclinados á
-intentar una aventura capaz de enriquecerlos. Por suerte, para todos los
-navíos de forma arcaica y su marinería vagabunda que sólo se muestra
-honesta cuando ve próximos los golpes, nuestra embarcación no es más que
-un cañonero de Macao que se dirige á Hong-Kong en plena noche por un
-asunto del servicio.</p>
-
-<p>Sospechas ó inquietudes van desapareciendo según avanza nuestra
-navegación sobre las aguas del estuario. El misterio de la noche nos
-penetra y nos avasalla. Queremos gozar la belleza de la hora presente,
-que tal vez no volveremos á conocer nunca en lo que nos resta de vivir.</p>
-
-<p>Si me preguntan cuál es la sensación más honda y duradera de mi viaje
-alrededor del mundo, tal vez afirme que el viaje de Macao á Hong-Kong,
-sobre un mar dormido como una laguna, bajo la cúpula de una noche
-esplendorosa, con el incentivo de marchar en el misterio, costeando
-peligros y casi al ras de las aguas. El mar es muy distinto cuando se
-navega por él pudiendo tocarlo con la mano á como se ve desde la última
-cubierta de un trasatlántico, alta como la plataforma de una torre.</p>
-
-<p>Ha surgido la luna sobre el lomo obscuro de una de tantas islas. Es
-simplemente un cuarto creciente, pero la vagorosa luz traza un ancho
-camino de lácteo resplandor sobre la llanura lóbrega moteada de rojo por
-las lucecitas de los juncos. Las estrellas son tantas en este cielo
-tibio, que al levantar la cabeza para verlas, parpadean los ojos cual si
-lloviese sobre ellos polvo de luz. Detrás de la popa huye el camino
-lunar, ondeado por el cabrilleo de las aguas. Este camino forma un
-triángulo. Se estrecha hasta unir sus dos bordes en el límite del
-horizonte y sobre este vértice asoma á intervalos un dia<span class="pagenum"><a name="page_195" id="page_195">[Pg 195]</a></span>mante rojo que
-lanza contados centelleos, siempre los mismos, y vuelve á ocultarse en
-momentáneo eclipse: el faro de Macao.</p>
-
-<p>Ofrece la proa un espectáculo más extraordinario al deslizarse por sus
-dos flancos el agua partida en espumas.</p>
-
-<p>¡Las fosforescencias del mar chino!... En noches anteriores, al pasar la
-bahía de Hong-Kong sobre los vaporcitos que van y vienen entre la ciudad
-y la península de enfrente, llamó mi atención un resplandor verde de las
-aguas próximas. Creí al principio en un reflejo de la luz de posición,
-situada en el puente, y que corresponde al lado de estribor. Pero al ver
-que en el costado opuesto no existía ninguna luz roja y las aguas
-seguían brillando con la misma luminosidad verde, me di cuenta de que
-era un reflejo fosforescente como no lo había visto nunca en otros
-mares.</p>
-
-<p>Ahora, al regresar de Macao, considero casi insignificante la
-luminosidad extraordinaria de la bahía de Hong-Kong. Aquí, en pleno
-estuario, donde el agua tranquila de los canales es una mezcla de la
-salinidad de las mareas oceánicas y los aportes dulces del río Perla,
-cargados de vida animal, la fosforescencia resulta algo inaudito, algo
-que nunca pude concebir que existiese.</p>
-
-<p>Brillan junto al buque, durante largos espacios de tiempo, las aguas que
-nos rodean, con una luminosidad igual á la de Hong-Kong. Es el mismo
-espejismo de ojos felinos que he visto tantas noches en mis travesías á
-América... De pronto ocurren mudas explosiones de luz á flor de agua,
-como si la proa, al avanzar, fuese rompiendo focos eléctricos. Parece
-que en el seno del estuario se alumbren de pronto innumerables tubos de
-mercurio, que revienten grandes bolsas luminosas, esparciendo un
-resplandor verde semejante al de los teatros y<span class="pagenum"><a name="page_196" id="page_196">[Pg 196]</a></span> los <i>cabarets</i> de última
-moda; y el buque entero queda envuelto por unos segundos en una aurora
-inverosímil que parece de otro planeta.</p>
-
-<p>Sentados en la proa unos junto á otros, viajamos á través de la
-obscuridad sin poder vernos, y de repente nos contemplamos de cabeza á
-pies, con un color de exhalación eléctrica que en el primer momento nos
-hace inconocibles.</p>
-
-<p>Menospreciamos el abrigo del único camarote del barco para no perder
-este espectáculo ultraterreno, y seguimos en la cubierta, con las ropas
-chorreando humedad, temblorosos de frío, mientras vamos pasando entre
-islas de una temperatura tropical. Esperamos un nuevo reventón de
-resplandores mágicos en el seno de las aguas.</p>
-
-<p>Queremos ver una vez más, bajo esta luz de misteriosa apoteosis, el
-deslizamiento de los peces despertados por nuestra proa, negros y
-elípticos como manchas prolongadas de tinta china.<span class="pagenum"><a name="page_197" id="page_197">[Pg 197]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV<br /><br />
-EL PUEBLO FILIPINO</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">La bahía de Manila.&mdash;Obsequios de filipinos y españoles.&mdash;Limpieza
-y elegancia de la ciudad.&mdash;El traje gracioso y señorial de las
-mujeres.&mdash;Los jardines.&mdash;Las escuelas y su profesorado
-filipino.&mdash;Generosidad del gobierno americano para el sostenimiento
-de la enseñanza.&mdash;Ansia del filipino por instruirse.&mdash;La
-colonización española.&mdash;Su trabajo fundamental, penoso y mal
-conocido.&mdash;Filipinas desea ser independiente.&mdash;Suavidad del régimen
-americano.&mdash;Autonomía dada por Wilson.&mdash;Palabras de un tribuno
-filipino.&mdash;El gobernador Wood.&mdash;Lo que dicen unos y otros.&mdash;Mi
-opinión particular.</p></div>
-
-<p>Dos días después, á la salida del sol, cruza el <i>Franconia</i> un estrecho
-entre la tierra firme y la llamada isla del Corregidor.</p>
-
-<p>Se extiende ante nuestra proa un mar tranquilo, luminoso, como los lagos
-cantados en odas y romanzas. Parece no tener límites, lo mismo que el
-Océano, á causa de la neblina sutil que cubre el horizonte con sus
-telones de gasas doradas. Es la famosa bahía de Manila.</p>
-
-<p>Navegamos por ella mucho tiempo, viendo las blancuras de Cavite á
-nuestra derecha. Enfrente van asomando, poco á poco, sobre la llanura
-azul, los nuevos muelles de Manila, las techumbres de sus almacenes, las
-arboledas de sus jardines y el caserío albo, amari<span class="pagenum"><a name="page_198" id="page_198">[Pg 198]</a></span>llo y rosa, sobre
-cuyos tejados se remontan las torres de las iglesias.</p>
-
-<p>Ha quedado en mi memoria la capital de Filipinas como algo que vive
-aparte de todas las sensaciones aglomeradas durante mi viaje. Sólo
-permanecí en ella un par de días no completos y una noche, pero estas
-docenas de horas valen como si fuesen meses; tantos fueron los nuevos
-amigos que adquirí en dicho espacio de tiempo, las ideas que recibí de
-ellos, las manifestaciones afectuosas de que me vi objeto.</p>
-
-<p>Únicamente pude ver Manila, y aunque es ciudad hermosa, merecedora de
-gran interés, su conocimiento no autoriza para poder hablar del
-archipiélago filipino. Éste es casi un mundo; tiene más de doce millones
-de habitantes y consta de 3.000 islas entre grandes y pequeñas, según me
-afirman los que lo han explorado con detención.</p>
-
-<p>Deseo volver sin prisa á este país, donde se mezclan en el momento
-presente tres siglos de civilización española, el aporte continuo de los
-Estados Unidos, nación la más progresiva de nuestros tiempos, y las
-influencias que envían diversos pueblos de la tierra por encima del
-Océano, como esos polen de larga fecundación capaces de reproducir
-vegetaciones exóticas á distancias enormes. Siento interés por estudiar
-y describir detenidamente la vida de esta antigua colonia española, que
-es hoy un Estado autónomo y aspira con fe inquebrantable á convertirse
-en una República independiente. Mas por ahora tendré que limitarme á
-contar lo que vi, expresándolo con un juicio sereno, libre de
-sugestiones.</p>
-
-<p>Enumeraré con brevedad los honores que filipinos, españoles y
-norteamericanos residentes en el archipiélago me dispensaron durante mi
-breve permanencia en Manila. En los salones del Casino Español fuí
-obsequiado<span class="pagenum"><a name="page_199" id="page_199">[Pg 199]</a></span> con un banquete de más de trescientos cubiertos, al que
-asistieron las primeras autoridades americanas y todos los individuos de
-la Asamblea filipina, senadores y representantes. En la misma noche di
-una conferencia en el teatro, y al día siguiente, otra de carácter
-literario en la Escuela Normal. El Senado de Filipinas me recibió en
-sesión solemne, con asistencia además de los diputados que forman la
-Cámara de representantes, concediéndome el alto honor de ocupar un
-asiento al lado de su presidente, y éste me saludó con las más
-satisfactorias expresiones que puede recibir un escritor amigo de la
-libertad. Finalmente, el general Wood, gobernador de Filipinas, me dió
-un almuerzo en su palacio de Malacañang, antigua residencia de los
-capitanes generales españoles.</p>
-
-<p>Al anclar el <i>Franconia</i>, vi cerca de él á un vapor de la Trasatlántica
-Española, el <i>Isla de Panay</i>, completamente empavesado, con aspecto de
-gala. Creí que era este adorno por alguna festividad nacional. Luego
-experimenté una de las mayores emociones de mi vida al saber que las
-banderas y los gritos de la tripulación asomada á las bordas eran para
-saludar mi llegada. Antes de dirigirme á la ciudad subí al <i>Isla de
-Panay</i>, deseoso de responder á este saludo espontáneo. Bebí una copa de
-champaña con el capitán y los oficiales, recibiendo los abrazos de la
-marinería, que mostraba un gozo sincero al encontrarse con un español
-conocido de todos ellos tan lejos de la madre patria.</p>
-
-<p>Uno de los más afectuosos en sus manifestaciones fué el capellán del
-<i>Isla de Panay</i>. Durante mi permanencia en Manila se mostraron
-igualmente efusivos conmigo numerosos frailes españoles que asistieron á
-mis dos conferencias; unos, profesores de la Universidad Católica de
-Manila; otros, aficionados a las lecturas literarias. Estando á tres mil
-leguas de la patria parecen empequeñe<span class="pagenum"><a name="page_200" id="page_200">[Pg 200]</a></span>cerse nuestras particulares
-apreciaciones sobre los misterios que rodean la vida, y nos atrae con
-repentino sentimiento de fraternidad la condición común de españoles.</p>
-
-<p>Mi primera impresión al visitar Manila fué igual á la del que entra en
-una casa pulcra y clara, después de haber atravesado varias calles
-rebullentes de muchedumbre, luminosas, pero sucias. Creo que todos los
-que lleguen á Filipinas, después de viajar por la China y otros países
-del Extremo Oriente, experimentarán la misma impresión.</p>
-
-<p>Tiene Manila un aire de estabilidad, de solidez y señorío, que contrasta
-con el aspecto ligero y provisional de las ciudades del Extremo Oriente,
-hechas de madera y tejidos de bambú. Los edificios, aunque de poca
-elevación, son fuertes; los templos y los baluartes de la gran muralla,
-estilo Vauban, construída por los españoles, dan á Manila una respetable
-antigüedad. Hasta las cabañas, hechas sobre pilotes y con tejidos
-vegetales, que sirven de vivienda al pueblo en los suburbios, están
-alineadas con un método que parece revelar la cohesión de este país.
-Digámoslo de una vez. Filipinas tiene un pasado histórico&mdash;el de su
-infancia&mdash;, y quiere llegar á la completa virilidad sin perder su
-fisonomía propia.</p>
-
-<p>La limpieza de Manila se refleja en sus habitantes. De todas las
-capitales de Asia, incluyendo las mejores colonias de origen europeo, es
-Manila la ciudad más pulcra y elegante. Las mujeres van vestidas con el
-traje nacional, que sorprende por su gracia y su distinción á las
-viajeras de gustos más refinados. Todas llevan una falda de cola larga,
-como si fuesen á entrar en un baile solemne, y se la recogen con gracia
-señorial. Sobre esta falda de seda, que es de diverso color, según el
-gusto de quien la usa, llevan todas ellas un corpiño hecho de encajes
-filipinos, célebres por su artística sutili<span class="pagenum"><a name="page_201" id="page_201">[Pg 201]</a></span>dad. La gorguera del escote
-y unas puntas sobre los hombros parecen de lejos los extremos de unas
-alas plegadas, dando á las filipinas cierto aspecto de mariposas, como
-si fuesen á abrir de pronto unos brazos voladores, elevándose sobre el
-suelo.</p>
-
-<p>Los hombres son igualmente de una elegancia que puede llamarse tropical.
-Nunca he visto muchedumbres tan blancas é inmaculadas. El calor hace
-sudar copiosamente, pero los filipinos cambian varias veces de traje
-durante el día, y es imposible sorprender en ellos la más leve mancha.</p>
-
-<p>Mientras daba mi conferencia en la Escuela Normal, no pude menos de
-admirar el hermoso golpe de vista que ofrecía un público de dos mil
-hombres, todos vestidos de blanco, con corbata negra. Dentro de él se
-destacaban lo mismo que arriates floridos los colores violeta, rosa ó
-azul celeste de los grupos de damas llevando el traje nacional.</p>
-
-<p>Al aspecto limpio de esta ciudad y á la elegancia de sus habitantes hay
-que añadir la hermosura de su flora. En los jardines se ven árboles de
-extrañas formas para los ojos europeos, cuyos nombres no tengo tiempo de
-conocer. En los alrededores de Manila corre el automóvil á través de
-campos sobre los que yerguen su aéreo surtidor de verdes plumajes
-innumerables especies de palmeras. Atravesamos un jardín con unos
-arbustos grandes como árboles y flores enormes de un rojo mágico, que
-recuerdan el jardín encantado de Klingser en la leyenda wagneriana de
-Parsifal. Algunos pasos más allá empiezo á ver tumbas entre esta
-vegetación maravillosa, y me entero de que marchamos por un cementerio.
-Creo que en ninguna parte de la tierra la fealdad de la muerte ha
-logrado ocultarse bajo una envoltura tan seductora.<span class="pagenum"><a name="page_202" id="page_202">[Pg 202]</a></span></p>
-
-<p>En la mesa, á la hora de los postres, es cuando se aprecia mejor la
-dulce fecundidad de este suelo paradisíaco, saboreando frutos que
-existen indudablemente en otros países tropicales, pero en ninguno de
-ellos llegan á adquirir la sabrosa madurez que en Filipinas.</p>
-
-<p>De todo cuanto me muestran en Manila lo más extraordinario son las
-escuelas. Yo he viajado por la mayor parte de los Estados Unidos y
-conozco el enorme desarrollo de su enseñanza pública. Por eso puedo
-afirmar que las escuelas de filipinas son superiores á las de muchos
-Estados de la gran República. Hay que añadir que su profesorado, tanto
-masculino como femenino, está compuesto de hijos del archipiélago. Pude
-conversar en varias escuelas con maestros y maestras. Ellos son unos
-<i>gentlemen</i> pulcramente vestidos con el traje de ceremonia del país,
-<i>smoking</i> blanco y corbata negra. Ellas llevan la falda de seda y el
-corpiño de gasa, pues por nacionalismo consideran oportuno dar sus
-lecciones vistiendo á la filipina.</p>
-
-<p>Todos revelan en su conversación una gran cultura, un continuo estudio,
-un ansia insaciable de saber. Esto último es lo que caracteriza á los
-filipinos modernos. Maestros y discípulos desean siempre saber más;
-sienten una verdadera hambre de conocimientos y prestan una atención
-concentrada á toda novedad intelectual que les sorprende.</p>
-
-<p>Las escuelas son muy grandes. El miedo á los temblores de tierra no
-permite elevar los edificios, pero éstos compensan la escasez de pisos
-superiores con la ocupación de vastos terrenos. A pesar de su amplitud
-casi resultan estrechas, tanta es la población escolar que viene á
-ocuparlas todas las mañanas. Los niños acuden gozosos á estos edificios,
-como si fuesen lugares de placer infantil, tan atractiva y dulce resulta
-en ellos la en<span class="pagenum"><a name="page_203" id="page_203">[Pg 203]</a></span>señanza. Llama inmediatamente la atención el gesto
-reflexivo con que escuchan á sus maestros, la ansiedad que muestran por
-no perder una palabra de sus explicaciones.</p>
-
-<p>También es admirable la agilidad de sus manos al realizar en horas de
-descanso algunas labores de tejido artístico. Esta ligereza manual es
-una condición asiática. Ningún niño de los Estados Unidos ni de Europa
-podría fabricar los cestos festoneados, las cajas redondas de colores
-que tejen con el mayor desembarazo niños y niñas de ocho á diez años en
-las escuelas de Manila.</p>
-
-<p>Una visita á dichas escuelas sirve para adquirir la convicción de que
-éste es un pueblo de gran inteligencia nativa y no menos facilidad para
-aprender cuanto se le enseñe. Gracias á sus condiciones naturales no
-perderá nunca su personalidad propia, resistiéndose á cuantas
-influencias extrañas intenten arrebatársela.</p>
-
-<p>Sería injusto olvidar que el ensanchamiento de la escuela en Filipinas y
-la esplendidez con que se atiende á las necesidades de su enseñanza es
-un resultado de la influencia de los Estados Unidos. Todos los
-gobernadores americanos se han preocupado especialmente de la
-instrucción pública. Con ello satisfacen el anhelo más ferviente del
-pueblo filipino, deseoso de aprender, siguen al mismo tiempo la
-tradición de los Estados Unidos, que siempre consideraron la enseñanza
-como la primera función pública, y realizan un trabajo lento de
-conquista espiritual, del que hablaré más adelante, y al que confían el
-éxito definitivo de su dominación.</p>
-
-<p>Igualmente sería enorme injusticia negar ú olvidar que España, durante
-su época colonial, ilustró á este país como podía hacerse entonces. Tres
-siglos de civilización española han quedado para siempre en la historia
-de Filipinas, con las torpezas y errores propios de<span class="pagenum"><a name="page_204" id="page_204">[Pg 204]</a></span> otros tiempos, pero
-igualmente con todos sus adelantos espirituales. El cristianismo de los
-filipinos es obra de los sacerdotes españoles. Ellos enseñaron á leer á
-las masas indígenas. Las autoridades enviadas por la metrópoli lejana
-fueron estableciendo aquí todos los progresos del resto del mundo,
-teniendo que luchar para ello con las distancias, considerablemente más
-grandes en aquella época de navegación á vela, cuando aún existía
-intacta la muralla arenosa del istmo de Suez.</p>
-
-<p>Sin la colonización española el filipino habría llegado á los tiempos
-modernos en un estado de cultura embrionaria y paralizada, semejante al
-de las tribus que todavía existen en muchos archipiélagos vecinos ó como
-el de los pueblos mahometanos que tantas veces constituyeron un peligro
-para Manila con sus piraterías.</p>
-
-<p>A España le correspondió aquí el mismo trabajo que en las repúblicas
-americanas que hablan su lengua. Echó los cimientos del edificio, lo más
-pesado y menos agradecido, lo que exige mayores esfuerzos y queda oculto
-á las miradas superficiales. Ella tuvo que luchar con la primitiva
-barbarie, estableciendo las bases fundamentales de la civilización.
-Luego llegan los pueblos modernos, los últimos que triunfaron, y al
-encontrarse con la sólida y ruda obra sin terminar, se encargan de los
-adornos de su fachada, columnas, capiteles, cornisas, todo lo que supone
-refinamiento y atrae la admiración frívola del curioso; pero las paredes
-maestras, los fundamentos ocultos bajo el suelo, son obra del albañil,
-que sudó y se esforzó más que nadie, para ver finalmente su trabajo
-olvidado ó menospreciado.</p>
-
-<p>Por suerte, este olvido no puede durar siempre. Un edificio, para
-remontarse, necesita reforzar sus cimientos; y á causa de esto todos los
-pueblos civilizados en otros siglos por España, si quieren hacerse más
-grandes,<span class="pagenum"><a name="page_205" id="page_205">[Pg 205]</a></span> tendrán que ahondar en su base, y al hacerlo encontrarán las
-virtudes del primer constructor: la paciencia y la fe de España.</p>
-
-<p>Nuestro país, que tantos errores cometió de carácter rudamente paternal
-al extender su civilización sobre la mayor parte del planeta, dió
-muestra al mismo tiempo de una virtud que no abunda en los dominadores
-coloniales. Allá donde fué el español se unió con la mujer de la tierra,
-constituyendo una familia. Entiéndase bien esto. Muchos colonizadores de
-otras razas se unen también con la mujer del país, pero es tomándola por
-concubina, y huyen luego, dejándola el presente abrumador de varios
-bastardos. El español, por influencia cristiana ó por una predisposición
-á igualarse con los indígenas, se casó en las colonias; mezcló su sangre
-con la de los naturales, creó una familia legal, y en todas partes son
-sus nobles y legítimos descendientes los mestizos que ostentan sus
-apellidos.</p>
-
-<p>Los hombres no viven únicamente de pan. Una metrópoli poderosa se engaña
-si cree que dando á sus colonias los adelantos materiales se lo ha dado
-todo. El hombre necesita el alimento moral de la consideración; y los
-españoles, que en el terreno político fueron siempre poco propensos á la
-igualdad, la practicaron como nadie en la vida moral y en la familia,
-emparentando con los del país sin mantenerse en orgulloso aislamiento,
-como lo hacen otros pueblos dominadores.</p>
-
-<p>Durante mi visita á Manila encuentro á los filipinos en una gran
-efervescencia política. Debo hablar de ella, pues el motivo de dicha
-agitación es hondo y permanente. Tengo la certeza de que va á repetirse
-durante años y años de un modo pacífico, y sólo tendrá término cuando se
-realicen los deseos de todos. El pueblo filipino quiere ser
-independiente.<span class="pagenum"><a name="page_206" id="page_206">[Pg 206]</a></span> Antes de seguir adelante necesito hacer una aclaración.
-Siento desde hace muchos años honda simpatía por los Estados Unidos de
-América. Para mí, el régimen menos imperfecto, dentro de la imperfección
-humana, es la República federal, tal como ellos la establecieron. Además
-considero al pueblo norteamericano como la más ordenada y consciente de
-todas las democracias que han existido en la Historia. Al mismo tiempo
-me inspira un afecto fraternal el pueblo filipino. Después de mi paso
-por Manila, admiro su fe y su tenacidad para conseguir una existencia
-independiente, y deseo que obtenga todo lo que pueda favorecer su
-bienestar y su progreso.</p>
-
-<p>Encontrándome entre estos dos afectos que en ciertos puntos resultan
-contradictorios, voy á mencionar con fría imparcialidad lo que dicen
-unos y otros.</p>
-
-<p>Se sublevó el pueblo filipino contra la dominación española
-considerando, como todas las repúblicas hoy florecientes de América, que
-era ya bastante crecido para marchar por sí solo. Procedió como los
-hijos que por ley natural abandonan la casa paterna. Cuando los
-acorazados de los Estados Unidos desembarcaron sus tropas en Cavite
-existían una República filipina y un ejército filipino. Los Estados
-Unidos les ayudaron en su guerra contra la monarquía española, y...
-todavía no han abandonado el país.</p>
-
-<p>La gran República americana no es un Imperio de rapiña, una nación sin
-más ley que la fuerza, de esas que proceden en el curso de la Historia
-lo mismo que un bandido actúa en una carretera, apoderándose de la
-hacienda de los débiles porque son débiles. Muy al contrario, la
-historia de esta gran democracia abunda en esfuerzos y hazañas á favor
-de la libertad de los pueblos y la independencia de los humildes. Dicha
-historia habrá<span class="pagenum"><a name="page_207" id="page_207">[Pg 207]</a></span> tenido eclipses, como la de todas las naciones; pero es
-indiscutible que los Estados Unidos arrostraron el peligro de morir
-despedazados y sostuvieron la más terrible de las guerras por suprimir
-la esclavitud de los negros, y hace pocos años vinieron
-desinteresadamente á batirse en Europa, llamando á su cruzada generosa
-«la guerra por la libertad del mundo».</p>
-
-<p>El gobierno de Wáshington envió sus tropas á Filipinas para ayudar á los
-naturales en su guerra contra la metrópoli y para proteger su
-constitución futura de pueblo libre. A nadie se le puede ocurrir que la
-generosa democracia americana hiciese tal intervención para apoderarse
-simplemente de Filipinas y quedarse con el archipiélago, basándose en el
-bandidesco principio de que el más fuerte puede apoderarse sin
-escrúpulos de lo que pertenece á otros, aunque ellos no quieran. Esta
-política cínica fué la del Imperio alemán, y levantó contra ella la
-opinión de todo el mundo. Para seguir tan inmorales principios de
-derecho no valía la pena destronar á Guillermo II.</p>
-
-<p>Apresurémonos á decir que los Estados Unidos jamás han manifestado de un
-modo preciso su voluntad de quedarse «para siempre» con Filipinas. Por
-el contrario, muchos de sus gobernantes y sus directores de opinión han
-reconocido á los filipinos la legitimidad de sus deseos en pro de la
-independencia. Lo único que discuten es la oportunidad de tal
-independencia, las condiciones actuales del archipiélago filipino para
-disfrutarla, creyendo que aún no ha llegado el momento de que este país,
-que tiene gran parte de su territorio en los albores de la civilización,
-pueda llevar la existencia de un pueblo libre y sin tutela.</p>
-
-<p>Hay que añadir lealmente que el régimen dulce y tolerante seguido aquí
-por los Estados Unidos no se<span class="pagenum"><a name="page_208" id="page_208">[Pg 208]</a></span> parece á la actitud que observan otras
-naciones en los territorios que dominan. Después de la ocupación
-militar, el gobierno de Wáshington dió al archipiélago un régimen
-puramente civil, y en tiempo del presidente Wilson, este régimen, cada
-vez más suave y transigente con los filipinos, se convirtió en una
-verdadera autonomía. Hoy Filipinas tiene una Asamblea legislativa,
-compuesta de un Senado y una Cámara de representantes, con ministros
-hijos del país que trabajan á las órdenes del gobernador general, quien
-es depositario absoluto del Poder ejecutivo. Pero con frecuencia surgen
-conflictos entre estos dos poderes, y los legisladores se colocan en
-actitud de protesta ante el gobernador enviado de Wáshington.</p>
-
-<p>Un filipino ilustre, el gran orador Manuel Quezón, presidente actual del
-Senado, expresó el verdadero sentimiento de su pueblo al decir en uno de
-sus discursos: «No importa que sea suave el yugo de un poder extranjero;
-no importa que pese ligeramente sobre los hombros; si no está impuesto
-por la voz de su propia nación, el hombre no quiere, no puede ni cree
-ser feliz bajo tal peso.»</p>
-
-<p>Todo el pueblo filipino piensa del mismo modo con rara unanimidad.
-Reconoce los beneficios de la dominación americana, agradece los
-esfuerzos hechos por ella para difundir la enseñanza, las obras públicas
-que lleva realizadas, la conducta benévola de las autoridades
-extranjeras en muchos asuntos... pero quiere la independencia.</p>
-
-<p>Algunos filipinos conservadores intentaron crear partidos transigentes,
-poniéndose de acuerdo con las autoridades americanas; pero fracasaron
-por completo, faltos de apoyo popular. La Asamblea filipina, aunque
-compuesta de diversos grupos políticos, es en absoluto<span class="pagenum"><a name="page_209" id="page_209">[Pg 209]</a></span> partidaria de la
-independencia, pues todos sus individuos comulgan en el mismo ideal.
-Cuando se realizan nuevas elecciones, únicamente triunfan los candidatos
-nacionalistas, que son los sostenedores de la independencia del
-archipiélago.</p>
-
-<p>A los filipinos eminentes que trabajaron y murieron por la liberación de
-su país han sucedido otros muy jóvenes, que luchan con no menos
-entusiasmo, dentro de una política pacífica.</p>
-
-<p>Pueden contarse á docenas los hombres notables de este movimiento.
-Sergio Osmeña, talento organizador, sabe razonar con una lógica
-avasalladora; Manuel Quezón, orador brillante, es el gran propagandista
-del nacionalismo. Para servir mejor á su patria aprendió el inglés, de
-tal modo, que puede pronunciar discursos en dicha lengua, y varias veces
-ha hablado en Wáshington ante los representantes del gobierno y en otras
-ciudades de los Estados Unidos, defendiendo la independencia filipina.</p>
-
-<p>Es asombroso el espíritu liberal de la Constitución del pueblo
-americano, respetuosa para el pensamiento y su emisión como la de ningún
-otro país. Al amparo de ella los filipinos pueden abogar por su
-independencia y arbitrar toda clase de medios y recursos para
-conseguirla. Durante el gran banquete dado en mi honor por el Casino
-Español estuvieron sentados cerca de mí, en la mesa presidencial, varios
-almirantes y generales de los Estados Unidos que ejercen autoridad en
-Manila. Estos militares de la más verdadera de las Repúblicas escucharon
-con calma y respeto los razonados discursos de varios oradores filipinos
-proclamando la necesidad de independencia que siente su patria y su
-voluntad firmísima de trabajar por ella.</p>
-
-<p>También son ardientes propagandistas el incansable<span class="pagenum"><a name="page_210" id="page_210">[Pg 210]</a></span> Teodoro Kalaw,
-presidente del Comité «Por la Independencia»; el enérgico senador
-Alegre, que hizo sus estudios en España, y tantos otros que desisto de
-nombrar, pues su mención resultaría larguísima.</p>
-
-<p>El general Wood, actual gobernador de Filipinas y hombre de sólida
-inteligencia, tiene un espíritu civil á pesar de su profesión de
-soldado. Habla el español con facilidad, pues lo aprendió en su
-juventud, y luego ha viajado mucho por la América de nuestra lengua y
-por España. Le conozco desde que fué candidato en 1920 á la presidencia
-de los Estados Unidos, y, como ya dije antes, me obsequió con un
-almuerzo en su palacio, cuyos salones conservan aún los retratos de los
-antiguos capitanes generales españoles. Sobre la puerta del palacio de
-Malacañang queda también un gran escudo de España. Los gobernadores
-americanos se han limitado á ensanchar el palacio, sin tocar un cuadro
-ni un mueble de la antigua casa del gobierno español.</p>
-
-<p>Hablo con Wood y otros personajes americanos residentes en el
-archipiélago. Noto en todos ellos una simpatía sincera por los
-filipinos. El gobernador no formula la menor queja contra los
-partidarios de la independencia, á pesar de que en la actualidad, por la
-pugna entre el Poder ejecutivo y el legislativo, algunos de aquéllos le
-han atacado. Pero aquí los ataques no rebasan los límites de la política
-y jamás resultan personalmente ofensivos, lo que prueba una vez más la
-cultura de las costumbres.</p>
-
-<p>Todos los americanos que trato en Manila muestran igual opinión. Nadie
-niega rotundamente el derecho de los filipinos á su independencia. Sólo
-discuten la oportunidad de esta independencia. No creen llegado el
-momento de reconocerla.</p>
-
-<p>&mdash;Si abandonamos Filipinas&mdash;dicen muchos de <span class="pagenum"><a name="page_211" id="page_211">[Pg 211]</a></span>ellos&mdash;el pueblo no podrá
-mantenerse independiente. Necesita un ejército, una gran marina, para
-guardar sus tres mil islas. A las puertas vive el Japón, ansioso de
-nuevas tierras para expansionarse. ¡Lo que tardaría á encontrar un
-pretexto, á inventar un conflicto para dejarse caer sobre este
-archipiélago!... Y si nosotros nos fuésemos, resultaría muy difícil que
-pudiéramos repetir la visita. En los Estados Unidos todo lo dirige la
-opinión, y es casi seguro que luego de habernos marchado, esta opinión
-nos impediría volver, no queriendo arrostrar los peligros y gastos de
-una guerra por un país abandonado antes.</p>
-
-<p>Debo mencionar también lo que dicen los filipinos ansiosos de
-independencia. Los más instruidos encogen los hombros cuando les hablan
-de que una gran parte de su país está todavía á medio civilizar. Lo
-mismo decían los ingleses cuando se declararon independientes las
-colonias de América, teniendo á sus espaldas tres cuartas partes del
-actual territorio de los Estados Unidos ocupadas por tribus enteramente
-salvajes. El fantasma de la invasión japonesa no les impresiona gran
-cosa. Con una arrogancia caballeresca, que revela su antigua educación
-española, contestan simplemente:</p>
-
-<p>&mdash;De ocurrir eso nos defenderíamos todos desesperadamente hasta morir.</p>
-
-<p>Además, juzgan que no sería incompatible una completa independencia
-filipina con el estacionamiento militar de los Estados Unidos en este
-archipiélago, para tener una base fuerte cerca del Japón.</p>
-
-<p>El argumento de que no están preparados para la independencia les hace
-sonreir. ¿Dónde está el reloj que marca la hora justa para tal
-reforma?... ¿Quién tiene el instrumento capaz de medir si un pueblo debe
-ser independiente ó no merece serlo todavía?...</p>
-
-<p>Esto lo considero cierto. Nadie puede probar que es<span class="pagenum"><a name="page_212" id="page_212">[Pg 212]</a></span> nadador ó no lo es
-mientras no se meta en el agua. Y para que un pueblo demuestre que
-merece la independencia, lo primero es dársela.</p>
-
-<p>Tengo mi opinión propia, formada después de oir á unos y á otros.</p>
-
-<p>No niegan los Estados Unidos el derecho de Filipinas á su independencia,
-ni lo negarán nunca de un modo terminante. Se oponen á ello sus nobles
-tradiciones civiles. Existen dentro de la gran República imperialistas
-que se muestran á veces cínicos y brutales en sus deseos, mas la inmensa
-mayoría del pueblo americano es enemiga de guerras y dominaciones por la
-fuerza, y cree generosamente que todo país debe gozar su libertad.</p>
-
-<p>Pero no es menos cierto que el gobierno de Wáshington, teniendo en
-cuenta los informes de las autoridades de Filipinas, aprecia cada vez
-más el valor económico de este archipiélago y su situación estratégica,
-deseando conservarlo á todo trance.</p>
-
-<p>Para algunos americanos, nunca llegará el momento oportuno de dar á los
-filipinos su independencia. Aunque todos los naturales del archipiélago
-fuesen un portento de educación cívica, encontrarían siempre motivos
-para decir que no era llegada la hora. ¡Es tan fácil inventar pretextos,
-teniendo en cuenta la imperfección humana!... Confían en el tiempo y en
-la escuela para que se adormezca poco á poco este sentimiento de
-independencia, y acabe Filipinas por entrar mansamente en la
-Confederación americana como un simple territorio.</p>
-
-<p>La escuela de primera enseñanza emplea la lengua inglesa. Los profesores
-filipinos dan sus lecciones en inglés, con arreglo á los métodos
-oficiales. El español únicamente se estudia en la segunda enseñanza y en
-la Universidad como una lengua extranjera.<span class="pagenum"><a name="page_213" id="page_213">[Pg 213]</a></span></p>
-
-<p>El idioma moldea el alma; por eso la dominación americana ha creado aquí
-escuelas verdaderamente maravillosas, y al dar al filipino más pobre una
-educación brillante, procura hacer de él un futuro súbdito de los
-Estados Unidos.</p>
-
-<p>Los partidarios de la independencia velan á la parte de fuera de la
-escuela. Jamás se ha hablado tanto en Filipinas la lengua española. En
-tiempos de nuestra dominación, el pueblo, como señal de protesta,
-hablaba el tagalo. Sólo los de una cultura superior conocían aquélla.</p>
-
-<p>Ahora, como una afirmación de nacionalismo, los niños que hablan inglés
-en la escuela aprenden el español en su casa, y esta es la lengua
-espontánea muchas veces de sus juegos callejeros.</p>
-
-<p>Después de extinguirse los apasionamientos propios de toda revolución,
-los filipinos amantes de la independencia reconocen la parte de
-beneficios que tuvo para ellos la civilización española, y adoptan
-nuestra lengua como un arma de largo alcance. En todo el archipiélago,
-según me afirman los conocedores, existen más de veinte lenguas
-vernáculas, y el tagalo usado en Manila no es mas que una de ellas. En
-cambio, el español tiene grupos parlantes en todas las islas. Además, es
-la lengua de veinte naciones del Nuevo Mundo y de cien millones de
-seres. Valiéndose de ella, los filipinos no quedan aislados en un
-extremo del Pacífico y se ponen en comunicación espiritual con la mayor
-parte de las naciones que acompañan á los Estados Unidos en el disfrute
-del continente americano.</p>
-
-<p>Yo veo la historia futura de Filipinas á modo de una carrera de jinetes.
-La escuela oficial, magnífica y opulenta, fabrica americanos para el
-porvenir. El nacionalismo filipino espera en la calle á las nuevas
-generaciones y les inspira el amor á la independencia. El fuego<span class="pagenum"><a name="page_214" id="page_214">[Pg 214]</a></span> sagrado
-de la patria se va renovando así de pecho en pecho.</p>
-
-<p>Es una obra de paciencia y de tenacidad. Esta lucha pacífica va á durar
-muchos años; pero vencerán finalmente los filipinos si el entusiasmo que
-muestran ahora no es una ráfaga estrepitosa y pasajera; si desafían al
-cansancio, si no se desalientan ante lo largo del camino, y acaban por
-convencer al pueblo americano de que son dignos de obtener su
-independencia, provocando uno de esos arrolladores y generosos
-movimientos de opinión tan frecuentes en la vida de los Estados Unidos.</p>
-
-<p>Como dicen los cabalgadores de las llanuras sudamericanas: «Es asunto de
-ver á quién de los dos se le cansará antes el caballo.»<span class="pagenum"><a name="page_215" id="page_215">[Pg 215]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XV" id="XV"></a>XV<br /><br />
-EN EL MAR DE LA INSULANDIA</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Un guerrero del aire.&mdash;El paso de la Línea.&mdash;Desfile de oasis
-montañosos sobre el desierto azul.&mdash;La historia del mundo
-reproduciéndose en cada isla.&mdash;Epopeya de los descubridores
-portugueses.&mdash;Lo que vieron un día en las Molucas.&mdash;Encuentro de
-los dos pueblos ibéricos al otro lado del planeta.&mdash;Los últimos
-héroes españoles del ciclo de los descubrimientos.&mdash;Mendaña y el
-oro del rey Salomón.&mdash;Una flota mandada por una mujer.&mdash;La
-almiranta doña Isabel.&mdash;El místico Quirós.&mdash;Llegada de la reina de
-Saba á Manila.&mdash;Los elefantes don Pedro y don Fernando.&mdash;Los
-descubridores de «Australia Ignota».&mdash;«Austrialia del Espíritu
-Santo».&mdash;El piloto Torres, primer explorador de las costas
-australianas.</p></div>
-
-<p>Desde la barandilla de una cubierta saludo á los grupos de filipinos y
-españoles que han venido á despedirnos. El muelle está repleto de
-gentío. Los vendedores tagalos ofrecen pesados machetes, lanzas y
-espadas flamígeras de los moros de Joló, primorosos encajes manileños,
-cajitas fabricadas con fibras del país, y mis compañeros de viaje
-adquieren estos recuerdos de su paso por la isla de Luzón.</p>
-
-<p>Estrecho una vez más la mano de Potous, cónsul de España, que empezó su
-carrera como magistrado, del conde de Paracamps, español de espíritu
-progresivo y el más notable organizador que existe en Filipinas, del
-ilustre periodista Romero Salas y otros amigos.<span class="pagenum"><a name="page_216" id="page_216">[Pg 216]</a></span></p>
-
-<p>Unas señoritas vestidas de labradoras valencianas me entregan cestos de
-flores. La colonia española, como recuerdo de mis dos conferencias, me
-sorprende con un magnífico regalo. Recibo el saludo de varias damas
-filipinas que llevan el traje nacional. Unas son directoras de colegio,
-otras desempeñan cargos en la administración de justicia, lo que
-demuestra la cultura de la mujer en este archipiélago.</p>
-
-<p>Parte el <i>Franconia</i> entre aclamaciones. Al mismo tiempo la atmósfera se
-conmueve con un estrépito mecánico que parece ahogar los gritos de la
-blanca muchedumbre agrupada en los muelles. Media docena de aeroplanos
-militares evolucionan sobre nuestro buque, acompañándolo durante su
-navegación por la bahía.</p>
-
-<p>Viene con nosotros hasta Calcuta el general Mitchel, jefe de la aviación
-americana, que en el último período de la guerra europea mandó las
-fuerzas aéreas de todos los aliados. Es un hombre todavía joven y habla
-correctamente el español por haber vivido en distintas repúblicas de
-América. Luego de pasar varias semanas en Manila, continúa su viaje
-alrededor del mundo, estudiando la aviación de las naciones y colonias
-de Asia.</p>
-
-<p>Este guerrero de la atmósfera me expone con voz dulce de poeta una serie
-de «anticipaciones» capaces de asombrar á la imaginación mejor
-preparada. Así me entero de cómo el avión ha cambiado completamente la
-guerra, cómo acabará por hacerla imposible, cómo podrá igualar tal vez
-un día su velocidad con la del curso del sol, dando las escuadrillas
-voladoras la vuelta á nuestro planeta sin dejarse alcanzar por la noche.</p>
-
-<p>Seis días va á durar nuestra navegación entre Manila y las costas de
-Java. En esta travesía cortaremos la línea ecuatorial, y como son muchos
-los viajeros que no<span class="pagenum"><a name="page_217" id="page_217">[Pg 217]</a></span> han pasado dicha línea, los organizadores de
-fiestas del <i>Franconia</i> preparan su bautizo.</p>
-
-<p>Conozco de sobra esta mascarada marítima que se desarrolla en los buques
-al pasar el Ecuador. Siete veces he ido de Europa á la América del Sur y
-otras tantas he hecho el viaje de vuelta. Como no me interesan los
-desfiles de ondinas y tritones acompañados de estridentes músicas, el
-cortejo burlesco de Neptuno, la inmersión de los neófitos en un estanque
-improvisado y demás ceremonias burlescas que van á entretener á los
-pasajeros durante un par de días, huyo de tales festejos, refugiándome
-en la cubierta más alta, como lo hacen otros que también están cansados
-del rito ecuatorial.</p>
-
-<p>Compensa con exceso el espectáculo del mar la monotonía de nuestras
-horas solitarias. Cruzamos una de las secciones del Pacífico más
-hermosas y menos frecuentadas. La gran corriente de la navegación, al
-venir de Hong-Kong ó Manila, tuerce hacia el Oeste buscando la puerta
-del estrecho de Malaca, ó sea Singapore. Nosotros seguimos rectamente
-hacia el Sur, cortando la línea ecuatorial por una ruta que únicamente
-siguen los contados barcos que desde la China ó el Japón van á Java.</p>
-
-<p>El mar es de un azul intenso, como si fuese sólido. Las nubes, bogando
-aisladas en el cielo esplendoroso, también son de una blancura tan
-espesa que parecen talladas en mármol, como las que figuran en los
-altares. Saltan ante la proa enjambres de peces voladores. Agitan sus
-alas unos momentos, y al volver á caer, parece que forcejean para
-introducirse en el agua, como si la taladrasen. A un lado del buque, el
-mar es de un azul compacto y mate; en el opuesto centellea como una
-llanura sembrada de espejos rotos. La atmósfera, cada vez más caliente,
-da un aspecto de solidez á la materia líquida y la materia gaseosa.<span class="pagenum"><a name="page_218" id="page_218">[Pg 218]</a></span></p>
-
-<p>Transcurren los dos primeros días sin que veamos en el inmenso redondel,
-del que somos eterno centro, una blancura de vela, un hilillo de vapor.
-El Océano parece de una majestad sin objeto dentro de esta calma
-desierta.</p>
-
-<p>Pienso que nunca volveré á pasar por aquí. La líquida llanura ecuatorial
-parece creada únicamente para los que permanecemos horas y horas en la
-solitaria cubierta con un codo en la barandilla y el rostro sobre una
-mano, embriagándonos de azul, de sol y de silencio. Pero nosotros
-desapareceremos y las olas seguirán hinchándose en aristas infinitas, y
-los peces continuarán sus saltos voladores, y se repetirán las albas y
-los ocasos. Y cuando, transcurridos los siglos, no quede un hueso ni tal
-vez dos moléculas juntas de la materia que forma ahora nuestros cuerpos,
-se reproducirá igualmente este espectáculo que nuestra vanidad humana se
-imagina fabricado expresamente para admiración y recreo de los
-animalillos razonantes que pasamos metidos en una especie de dedal.</p>
-
-<p>El día antes de la fiesta de la Línea y los días siguientes navegamos
-entre islas. En estos parajes de la Oceanía próximos al macizo asiático
-las hay á cientos y á miles. Unas pocas alcanzamos á verlas con nuestros
-ojos. Detrás de ellas adivinamos con la imaginación toda la infinita
-variedad del continente esporádico de la Malasia.</p>
-
-<p>Algunas son picos de sombrío rosa, que emergen del mar con gorgueras de
-espuma. Otras extienden una sucesión horizontal de montañas y playas.
-Estas últimas no se ven á cierta distancia y las montañas parecerían
-islas sueltas á no ser por las filas de cocoteros que surgen de la
-orilla arenosa. Sus troncos delgados se disuelven en el azul del cielo;
-sus copas robustas parecen hileras de embarcaciones negras flotando
-sobre el mar.</p>
-
-<p>Más adentro de las costas y empalidecida por la dis<span class="pagenum"><a name="page_219" id="page_219">[Pg 219]</a></span>tancia, hay siempre
-alguna montaña envuelta en nubes que aún parece más enorme por su
-aislamiento; cono de volcán dormido hace miles de años. Los naturales de
-la isla han poblado seguramente esta altura inaccesible con dioses y
-demonios, dedicándoles sacrificios humanos desde el principio de su
-historia. Siglos de guerras y matanzas han venido desarrollándose sobre
-estos fragmentos de tierra, por los consejos y mandatos de los
-habitantes de la Montaña Sagrada. Es todo un mundo igual al nuestro,
-pero dentro de marco más reducido.</p>
-
-<p>La isla queda atrás. Sólo es ya una mancha sombría, una nube á flor de
-las aguas azules; luego se borra para siempre. Vienen al encuentro de
-nuestra proa nuevas montañas con su cúspide envuelta en vapores, nuevas
-arboledas bajas que parecen flotar sobre el horizonte, nuevas bocanadas
-de perfume vegetal, caldeado por el sol y salado por la respiración
-oceánica.</p>
-
-<p>Apreciamos este mundo insular con una serenidad sintética y divinamente
-superior á causa de nuestra situación. Somos ahora la inteligencia que
-aprecia las cosas desde lo alto y pasa adelante, insensible á las
-influencias del medio. Desembarcados en cualquiera de dichas islas
-resultaríamos á los pocos meses uno más dentro del grupo humano que la
-habita, sentiríamos la servidumbre del ambiente, se nos impondrían con
-la fuerza del pasado personas y cosas. Pero vamos montados en una caja
-de hierro, con agujeros redondos para ver y respirar, la cual lleva una
-hoguera en sus entrañas y vence momentáneamente las influencias
-esclavizadoras del tiempo y del espacio.</p>
-
-<p>Pasamos á través de sociedades humanas que se mueven siglos y siglos en
-el redondel aislado de estos oasis terrestres perdidos sobre el desierto
-salobre. Dichos pueblos insulares no son para nosotros más que un
-accidente<span class="pagenum"><a name="page_220" id="page_220">[Pg 220]</a></span> de viaje. Los vemos como Gulliver á los pigmeos, y esta
-momentánea superioridad nos permite apreciar por comparación la pequeñez
-y monotonía de la historia general de nuestra especie.</p>
-
-<p>Todas estas islas que viven breves horas ante nosotros y luego se
-disuelven, han tenido dioses que hablaron con voz de trueno entre las
-nubes de la gran montaña, santos que realizaron milagros, déspotas que
-las hicieron sufrir los martirios de una autoridad falsamente paternal,
-y recuerdan tal vez con orgullo las hazañas de algún jefe victorioso que
-arrastró las muchedumbres á la muerte. Todas ellas han visto nacer á un
-Napoleón, y sus habitantes se consideran los primeros hombres de la
-tierra, despreciando á los de la isla de enfrente por una inferioridad
-que justifica su deseo de esclavizarlos.</p>
-
-<p>Nosotros también apreciamos orgullosamente la superioridad de nuestra
-isla flotante, en la que se juntan todas las maravillas de la
-civilización, comparándola con estas islas inmóviles, sujetas al fondo
-oceánico por raíces de granito ó de coral y que guardan
-estacionariamente los modelos más rudimentarios de la sociabilidad
-humana... Luego, un sentimiento confuso de justicia nos hace dudar de
-nuestro momentáneo orgullo de semidioses navegantes. ¿Qué somos
-verdaderamente?... Ochocientos seres humanos, entre señores y
-servidores, metidos en una caja férrea y llevando con nosotros un
-cementerio de animales puestos al frío para que puedan alimentarnos con
-sus cadáveres. Una música anima nuestras digestiones y sirve para que
-los aficionados á la danza puedan dar saltos y sientan el cosquilleo de
-la sensualidad después de las cinco comidas rituales.</p>
-
-<p>Por arriba poblamos el azul oceánico de alegres ritmos y lo
-entenebrecemos con el humo industrial, residuo de fuerzas domadas que
-han transformado nuestra<span class="pagenum"><a name="page_221" id="page_221">[Pg 221]</a></span> vida parasitaria sobre la corteza del planeta.
-Por abajo suelta nuestra isla obscura el sucio arroyo de unas aguas que
-han barrido todos los lugares cerrados, viles receptáculos de la humana
-miseria. Una estela de cajones y latas que contuvieron los medicamentos
-contra nuestra eterna enfermedad, el hambre, va marcando el paso del
-buque sobre esta llanura móvil y profunda, que es á la vez vieja como el
-mundo y pueril como los primeros vagidos de la vida planetaria.</p>
-
-<p>Corta mis reflexiones un repique de campanas. Dentro de la garita en
-forma de púlpito que existe en el mástil de proa para que el vigía
-atalaye el mar durante la noche, un grumete mueve las dos campanas que
-sirven ordinariamente para marcar las horas de servicio á los diversos
-«cuartos» en que se divide la tripulación. Este repique me hace saber
-que estamos en domingo y son las diez de la mañana.</p>
-
-<p>Un campaneo semejante al de una iglesia anuncia los oficios divinos
-todos los domingos. En el gran salón un oficial con uniforme de gala lee
-las plegarias, y la mayoría de los viajeros, libro en mano, canta.</p>
-
-<p>Estamos ante las costas de Borneo. La melodía lenta y solemne de los
-corales evangélicos empieza á extenderse sobre el mar. Éste es ahora de
-un azul obscuro, erizado de pequeñas protuberancias angulosas, como si
-en pleno sol cayese sobre él un aguacero invisible. Senderos de azul más
-claro y completamente liso serpentean sobre su lomo como si fuesen ríos,
-revelando la existencia de ocultas corrientes.</p>
-
-<p>El recuerdo de Filipinas, que va alejándose á nuestras espaldas, y la
-cercanía creciente de Java, cuyo misterio pretendemos imaginar, lleva
-nuestro pensamiento hacia los europeos que navegaron por primera vez en
-estos mares incógnitos y pusieron sus pies so<span class="pagenum"><a name="page_222" id="page_222">[Pg 222]</a></span>bre las tierras oceánicas,
-innumerables ínsulas de misterio.</p>
-
-<p>Java fué de los portugueses, como las Molucas, Sumatra, Ceilán y tantas
-otras tierras que están ahora cada vez más cerca de nosotros. Holanda,
-aprovechando su guerra con España, se apoderó en el siglo XVII de casi
-todas las posesiones portuguesas en el Oriente asiático. No hay que
-olvidar que Portugal había sido anexionado á España en dicho período, y
-precisamente bajo el dominio de los Austrias españoles fué cuando sufrió
-tan enorme despojo.</p>
-
-<p>Viajando por estos mares es como se mide con exactitud la grandeza de
-los descubridores portugueses, dignos hermanos de nuestros descubridores
-y conquistadores de América.</p>
-
-<p>Las grandes hazañas se aprecian mejor viendo el terreno donde se
-desarrollaron que leyendo su relato en los libros. Al navegar por las
-costas de la India, por el estrecho de Malaca, por los innumerables
-archipiélagos malayos que Reclús llama la Insulandia, se admira la
-audacia argonáutica de Gama, la energía colonizadora de Almeida y
-Alburquerque, el atrevimiento paladinesco de los capitanes lusitanos,
-que, semejantes á Cortés y Pizarro, se apoderaron de reinos importantes
-con unos cuantos compañeros de armas y unos pequeños buques, lo mismo
-que los héroes de las novelas de caballería.</p>
-
-<p>En estos mares se desarrolló el episodio más trascendental de la
-historia humana. Un día, estando los portugueses en el archipiélago de
-las Molucas, cerca de Java, para cargar sus buques de especias&mdash;la
-mercancía más rica entonces, después del oro&mdash;, vieron asombrados cómo
-avanzaba hacia ellos un navío con cruces pintadas en sus velas
-cuadrangulares.<span class="pagenum"><a name="page_223" id="page_223">[Pg 223]</a></span></p>
-
-<p>No venía del Occidente este buque de cristianos, ó sea de Portugal; se
-aproximaba por el Oriente, surgiendo de su inmenso y desconocido Océano.
-Era un resto de la flota de Magallanes, una nave española, al mando de
-Sebastián del Cano, que acababa de atravesar la ignota soledad del
-Pacífico dando la vuelta entera á la tierra. Los dos pueblos de la
-península ibérica, partiendo en opuestas direcciones, habían venido á
-encontrarse al otro lado del planeta. Su rivalidad en los
-descubrimientos sirvió para que los humanos conociesen la extensión y
-forma del globo que habitan.</p>
-
-<p>Al recordar esto pienso en las afirmaciones absurdas que el
-apasionamiento religioso ha sugerido muchas veces á hombres superiores.
-El fanatismo hasta la ceguera no ha sido privilegio único de los
-católicos. Guizot, el seco é injusto protestante, afirmó que puede
-escribirse la historia de la civilización universal sin mentar una sola
-vez el nombre de España.</p>
-
-<p>Evocan para mí estos mares el recuerdo de otros navegantes menos
-conocidos, héroes sin fortuna que fueron los últimos en la historia de
-los descubrimientos españoles. Abarco con la imaginación los
-archipiélagos innumerables de esta Oceanía, cuyos macizos más poblados
-vamos costeando.</p>
-
-<p>Cuando los españoles, en el siglo XVI, habían tomado ya posesión de la
-mayor parte de América, quedaron muchos pilotos y soldados que, no
-contentos con los puestos que ocupaban en el llamado Nuevo Mundo,
-tendieron su ávida vista sobre el desierto del Pacífico. Un joven
-capitán, Álvaro de Mendaña, sobrino de un letrado virrey accidental del
-Perú, pudo formar, gracias á la protección de éste y á su propia
-fortuna, una pequeña flota, con la que se lanzó á realizar
-descubrimientos.</p>
-
-<p>Después de sufrir grandes penalidades en la parte<span class="pagenum"><a name="page_224" id="page_224">[Pg 224]</a></span> más desparramada de
-la Polinesia, donde las islas parecen insignificantes y perdidas como
-granos de arena, dió con el actual archipiélago de Salomón. Mendaña fué
-quien le puso tal nombre. Todos los navegantes de aquella época llevaban
-en su pensamiento la historia santa y el deseo de encontrar oro,
-acoplando inmediatamente ambas cosas á sus descubrimientos. Creyó de
-buena fe que estas islas cercanas á Nueva Guinea eran las visitadas por
-las flotas del rey Salomón para recoger en sus costas grandes
-cargamentos de oro. Repelido por los habitantes de dichas islas, que
-todavía son ahora antropófagos, hallándose con los buques maltrechos y
-sin bastimentos, Mendaña se volvió al Perú luego de llamar á una de las
-islas Guadalcanar y á otra Santa Isabel, nombres que aún conservan.</p>
-
-<p>El rey de España le dió el título de Adelantado de las islas de Salomón,
-y con el resto de sus bienes pudo organizar otra flota, luego de casarse
-con una dama gallega, de carácter varonil, llamada doña Isabel Barreto.</p>
-
-<p>Ésta se agregó á la expedición descubridora. Otras mujeres casadas con
-soldados y marineros se embarcaron igualmente para poblar las islas de
-Oceanía. Llevó Mendaña en tal viaje como piloto mayor al portugués Pedro
-Fernández de Quirós, navegante algo místico, que recuerda por su
-carácter raro y contradictorio la figura de Colón, como una copia
-borrosa puede recordar al original. Esta segunda flotilla, por
-circunstancias que no son del caso relatar, no volvió al archipiélago de
-Salomón.</p>
-
-<p>Mendaña descubrió las actuales islas Marquesas, que él tituló Marquesas
-de Mendoza para agradecer el apoyo del marqués del mismo nombre, que era
-entonces virrey del Perú. También hizo el descubrimiento de la isla de
-Santa Cruz, al Noroeste de las actuales Nuevas Hébridas, instalando en
-ella una colonia. Pero enfermedades<span class="pagenum"><a name="page_225" id="page_225">[Pg 225]</a></span> epidémicas, de las que todavía en
-el presente suprimen poblaciones enteras de la Oceanía, se ensañaron en
-los descubridores, haciendo morir á Mendaña y á muchos de sus
-compañeros.</p>
-
-<p>A partir de aquí se desarrolla uno de los episodios más interesantes y
-menos conocidos de la epopeya de los descubrimientos oceánicos. Como el
-rey había dado á Mendaña, para él y su familia, el gobierno de la flota
-y de las islas que encontrase, su esposa doña Isabel le sucedió en el
-mando, siendo la única almiranta que se conoce en la Historia.</p>
-
-<p>Intentó continuar la colonia de Santa Cruz fundada por su esposo, pero
-tan enorme fué la mortandad de su gente, que hubo de renunciar á dicho
-empeño, embarcándose con los restos de la expedición para buscar refugio
-en Filipinas. Los buques estaban casi inservibles después de tan luenga
-travesía por mares inexplorados y sus tripulaciones mermadas y enfermas.
-De las tres pequeñas naves eran arrojados todos los días varios
-cadáveres al mar. Los víveres y el agua escaseaban. Además, el carácter
-enérgico de la almiranta y sus veleidades autoritarias provocaron
-numerosas protestas é intentos de rebelión. Pero doña Isabel, secundada
-por Quirós, se hizo respetar en el curso de un viaje tan abundante en
-penalidades y miserias.</p>
-
-<p>La más insistente de las quejas de las tripulaciones fué por la escasez
-de agua potable, repartida con desesperante parsimonia, mientras la
-almiranta, al decir de los hombres, empleaba muchas botijas de ella en
-el lavado de sus ropas interiores.</p>
-
-<p>Finalmente llegaron dos de los buques á Filipinas y el otro se perdió.
-Al entrar el <i>San Jerónimo</i>, que era el de la almiranta Barrete, en la
-bahía de Manila, lo saludaron los cañones de la plaza con una salva de
-honor. Todos<span class="pagenum"><a name="page_226" id="page_226">[Pg 226]</a></span> querían ver á doña Isabel y sus infortunados compañeros, y
-como aquélla tenía el título de gobernadora de las islas de Salomón, la
-gente la llamó «la reina de Saba».</p>
-
-<p>La permanencia en Manila de estos descubridores maltrechos y celebrados
-coincidió con grandes fiestas por la llegada de un nuevo gobernador. Dos
-personajes extraordinarios compartieron con la reina de Saba la
-curiosidad y el entusiasmo del vulgo. El rey del Cambodge, para
-agradecer un auxilio militar prestado por el gobierno de Filipinas,
-había enviado á Manila dos elefantes, los primeros que se vieron en
-dicha ciudad, y el pueblo celebraba sus inteligentes habilidades,
-llamando al uno don Pedro y al otro don Fernando.</p>
-
-<p>Doña Isabel se casó en Filipinas con un capitán de la Nao de Acapulco,
-pariente de su esposo, y regresaron juntos al Perú, pasando de allí á
-España para organizar una tercera flota que les permitiese instalarse
-definitivamente en las islas descubiertas. Pero la almiranta y su
-segundo marido no volvieron nunca á las islas de Salomón.</p>
-
-<p>El piloto Quirós también regresó á España con el deseo de emprender
-nuevos descubrimientos en el Pacífico. Dándose cuenta de las ideas de su
-época, de la extremada religiosidad del nuevo rey Felipe III, y
-siguiendo sus propias inclinaciones, se fué á Roma á pie, vestido de
-peregrino, con ocasión de un jubileo general. Consiguió ver al papa
-Clemente VIII, hablándole de sus proyectos náuticos y cristianos; éste
-le recomendó al rey de España, y gracias á tales protecciones pudo
-conseguir, con una rapidez extraordinaria para aquellos tiempos, la
-formación en el Perú de una flota puesta bajo su mando.</p>
-
-<p>En su viaje por el Pacífico exploró las Nuevas Hébridas y otras islas
-cercanas á Australia y Nueva Guinea. En sus documentos de navegación
-llama «Australia Ignota» á las tierras que descubre, siendo tal vez el
-pri<span class="pagenum"><a name="page_227" id="page_227">[Pg 227]</a></span>mero en usar dicha palabra. Además, bautizó á la isla del Espíritu
-Santo, encontrada por él, «Austrialia del Espíritu Santo», aludiendo con
-dicho título á la dinastía de Austria que reinaba entonces en España.</p>
-
-<p>Hombre de exagerada religiosidad, se preocupó Quirós de bautizar
-pequeños indígenas y celebrar las fiestas del santoral más que de hacer
-observaciones geográficas y mantener en buen orden su flota. Fundó una
-colonia, llamada Nueva Jerusalén, y para acallar las protestas de sus
-tripulaciones, cansadas de tan defectuosa dirección, agració á los más
-bulliciosos con las insignias del Espíritu Santo, orden creada por él
-según autorización que le había dado el Papa.</p>
-
-<p>Ansioso de hacer saber á sus protectores los descubrimientos que llevaba
-realizados, abandonó á los otros buques de su flota, volviéndose á
-Méjico y pasando de allí á España. El resto de su vida lo empleó en
-solicitar recursos para una nueva exploración, pero todos se habían dado
-cuenta del verdadero carácter de este hombre y murió sin conseguir sus
-deseos.</p>
-
-<p>Su segundo era un piloto de gran mérito, Luis Vaez de Torres. Al verse
-abandonado por Quirós tuvo que buscar refugio en Filipinas, pero antes
-exploró las costas de Nueva Guinea y de Australia, y todavía se llama de
-Torres el estrecho encontrado por él entre estas dos islas enormes.</p>
-
-<p>Un siglo antes de que los holandeses creyesen descubrir Australia por
-primera vez, llamándola Nueva Holanda, así como otras tierras
-inmediatas, los españoles habían ya navegado frente á sus costas,
-desembarcando en ellas, faltos de víveres, para traficar con los
-naturales.<span class="pagenum"><a name="page_228" id="page_228">[Pg 228]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI<br /><br />
-EL PAÍS DE LAS ESPECIAS</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">La vieja Batavia y la famosa Compañía de las Grandes Indias.&mdash;Cómo
-vivió Java dos siglos y medio de colonización holandesa.&mdash;Opulencia
-de Batavia.&mdash;Abundancia de dinero y de enfermedades mortales.&mdash;El
-monopolio de las especias.&mdash;Destrucción de artículos para mantener
-su escasez.&mdash;Las ciudades-jardines de Weltevreden y Micer
-Cornelius.&mdash;Una plaza de un kilómetro cuadrado.&mdash;El país del
-«batik».&mdash;Muchedumbres hermosas y colorinescas.&mdash;El dulce
-mahometismo del pueblo javanés.&mdash;Facilidad de las javanesas para
-desnudarse.&mdash;El turbante y los pies descalzos.&mdash;Baño de las mujeres
-en las calles.&mdash;Dos condiciones exigidas por los antiguos javaneses
-para dejarse matar tranquilamente.&mdash;El «traidor» Erberfeld y su
-eterna execración.&mdash;Reparto equitativo de las vergüenzas del
-pasado.</p></div>
-
-<p>Al detenerse el <i>Franconia</i> en Tandjong Priok cae sobre nosotros el
-calor ecuatorial con toda su húmeda pesadez. Nos hallamos á unos cuantos
-grados nada más de la Línea, en una ribera de Java, entre terrenos de
-verdura exuberante pero bajos y casi anegados.</p>
-
-<p>Batavia, la antigua metrópoli javanesa, está á varias millas del mar. Un
-canal navegable permitía la llegada hasta cerca de sus almacenes á los
-navíos de otros tiempos, que eran de poco calado. Hoy los vapores quedan
-en el puerto moderno de Tandjong Priok y por el canal sólo navegan
-sampanes del país y rosarios de lanchones tirados por remolcadores.<span class="pagenum"><a name="page_229" id="page_229">[Pg 229]</a></span></p>
-
-<p>Ver Java fué uno de mis mayores deseos al emprender el viaje alrededor
-del mundo. Siempre leí con predilección los relatos escritos en pasados
-siglos sobre esta isla inagotablemente productora. Ya he dicho cómo los
-holandeses se la arrebataron á los portugueses en 1600, lo mismo que
-Sumatra, las Molucas y otros archipiélagos inmediatos. Los reyes
-indígenas, quejosos de la dominación portuguesa, se aliaron con los
-holandeses, y su auxilio fué decisivo para que éstos se apoderasen del
-país. Al poco tiempo se convencieron de que sus nuevos dominadores no
-eran preferibles á los antiguos. Holanda cedió á una sociedad mercantil
-el gobierno y explotación de sus colonias oceánicas, y ésta se hizo
-famosa en la Historia con el título de Compañía de las Grandes Indias.</p>
-
-<p>El actual gobierno de los holandeses en Java es dulce, tolerante,
-progresivo, y ha realizado grandes obras; pero el período de 1600 á
-1860&mdash;más de dos siglos y medio&mdash;, que fué el de la Compañía de las
-Grandes Indias y otras organizaciones sucesoras de igual carácter, puede
-considerarse como la muestra más completa que se conoce de colonización
-ávida, cruel é inexorablemente mercantil. Todos los defectos probados ó
-problemáticos de la colonización española en América pierden importancia
-si se les compara con la dureza explotadora de la célebre Compañía en
-sus posesiones oceánicas.</p>
-
-<p>Un gobernador enviado de Holanda reinaba como monarca absoluto sobre
-todas las islas. Este personaje sólo se dejaba ver en una carroza dorada
-con tiro de seis caballos, escoltada por oficiales y precedida de varios
-negros armados de cachiporras de plata, dispuestos á golpear al que no
-hiciese alto reverentemente y saludase doblando el espinazo. Los
-criollos ricos y los holandeses que iban en carrozas más modestas debían
-echar pie á tierra con sus mujeres é hijos para unir sus encor<span class="pagenum"><a name="page_230" id="page_230">[Pg 230]</a></span>vamientos
-á los de la muchedumbre. Este virrey tenía un Consejo de diez y seis
-ministros, llamados <i>edel-heers</i>, ó sea consejeros de Indias, que no por
-ser secundarios resultaban menos temibles. Los que de ellos no
-gobernaban por delegación en Macasar ó alguna otra capital isleña y
-permanecían en Batavia, podían usar también carroza dorada, pero de
-cuatro caballos, y los propietarios de los otros carruajes debían
-ponerse de pie para saludar á Sus Excelencias.</p>
-
-<p>Todas las Indias holandesas estaban organizadas como una oficina
-mercantil. El ejército, cuya oficialidad era en gran parte extranjera,
-dependía de los funcionarios civiles. Éstos veían designados los cargos
-de su escalafón en términos comerciales. Los más modestos se llamaban
-asistentes, y al ascender obtenían los títulos de tenedor de libros,
-submarchante, marchante, gran marchante y gobernador. Dichos grados
-civiles tenían sus correspondientes uniformes y gozaban de honores
-militares. El empleo de gran marchante estaba asimilado al de teniente
-coronel, submarchante equivalía á capitán, y tenedor de libros á
-teniente.</p>
-
-<p>En ningún país de la tierra corrió el dinero como en la antigua Java;
-más que en Méjico y en el Perú, á raíz de la explotación de minas
-famosas. Los empleados percibían anualmente gratificaciones ocultas que
-representaban veinte veces el valor de sus sueldos. La Compañía no
-necesitaba cuidarse de la moralidad de ellos para mantener sus
-ganancias. Hubo años en que sus accionistas recibieron dividendos de 60
-por 100.</p>
-
-<p>La riqueza de este país consistió principalmente en la explotación de
-las especias. Al quedar los holandeses dueños absolutos de las Molucas,
-dominaron los mercados del mundo como únicos vendedores de tales
-materias. Nadie las poseía fuera de ellos. Los ingleses aún no<span class="pagenum"><a name="page_231" id="page_231">[Pg 231]</a></span> les
-habían arrebatado Ceilán ni intentado el cultivo de las especias en sus
-colonias.</p>
-
-<p>Deseosa la Compañía de mantener la rareza de tales productos, se valió
-de un sistema brutal. Todos los años cargaba en los navíos holandeses
-las especias que consideraba necesarias para el consumo de Europa,
-quemando á continuación el resto guardado en sus almacenes. Con el deseo
-de asegurar más aún su monopolio, decretó en cada isla un cultivo único.
-Sólo permitía á Ceilán que recolectase la canela. Las islas Banda eran
-las únicas que podían cosechar la nuez moscada. Amboine y otras tierras
-inmediatas tuvieron el monopolio del clavo de olor. Anualmente sus
-comisionados recorrían las islas con destacamentos de tropas, arrancando
-y quemando los árboles de especias en los lugares no autorizados para su
-cosecha. También repetían tal destrucción al encontrar, por ejemplo,
-árboles de canela en una isla solamente autorizada para recoger el
-clavo. Como el consumo de los europeos no exigía grandes cargamentos á
-causa del enorme precio de tales materias, el trabajo de la Compañía
-durante muchos años consistió especialmente en destruir los productos,
-para que no se generalizasen y abaratasen.</p>
-
-<p>La situación exacta de los centros de especiería era un secreto de
-Estado. Los funcionarios, al irse de Java, debían hacer entrega de los
-planos y todos los papeles concernientes á dicho emplazamiento. Todavía
-en los primeros lustros del siglo XIX, un vecino de Batavia fué azotado,
-marcado con un hierro candente y relegado á una isla casi desierta, por
-haber hecho ver á un inglés un mapa interior de las islas Molucas.</p>
-
-<p>Otro motivo de opulencia para la antigua Batavia fué que comerciantes y
-funcionarios enriquecidos en el país no lograban fácilmente volver á
-Europa con su<span class="pagenum"><a name="page_232" id="page_232">[Pg 232]</a></span> fortuna. Los giros sólo podían hacerse por medio de la
-Compañía, y ésta tasaba á cada habitante el dinero que podía enviar
-fuera de la isla. Además, como la moneda javanesa era emitida por la
-misma Compañía, experimentaba un enorme descuento al pasar á Europa.</p>
-
-<p>Fácil es imaginarse cómo sería la vida dentro de esta ciudad colonial,
-abundante en ricos que no sabían cómo gastar su dinero y sometida á una
-autoridad despótica. Todos los viajeros, hasta principios del siglo XIX,
-se hicieron lenguas de la opulencia de Batavia. Hoy parece una ciudad
-moribunda. Se desdobló hace un siglo, creándose á corta distancia de
-ella la ciudad de Weltevreden, y ésta, á su vez, tiene una prolongación
-que se llama Micer Cornelius. Las tres ciudades, Batavia, Weltevreden y
-Micer Cornelius, ocupando un área enorme, forman unidas la gran
-metrópoli javanesa.</p>
-
-<p>Insisto en la extensión de su área. Hay que acostumbrarse á las
-modalidades de este país para saber cuándo se halla uno dentro de una
-ciudad ó en pleno campo, Corre el automóvil por amplias avenidas orladas
-de árboles grandiosos, como sólo pueden desarrollarse en estas tierras
-solares y fecundas. A un lado y á otro se extiende la vegetación de
-frondosos jardines, abundantes en flores. Y al preguntar el viajero
-cuándo llegará á la ciudad, le contestan que hace una hora que está
-dentro de ella.</p>
-
-<p>Las avenidas son calles y los jardines son casas. Todo vecino tiene en
-torno á su vivienda un gran espacio de tierra, hermoseado por los olores
-y perfumes de la flora tropical. Como en este país de terremotos no
-pueden construirse edificios altos, las casas, de un solo piso,
-levantadas sobre plataformas, por elegantes y cómodas que sean,
-permanecen casi ocultas bajo el ramaje de los árboles. Hasta en muchas
-calles las tiendas están en el fondo de jardines. Únicamente en la vieja
-Batavia, cons<span class="pagenum"><a name="page_233" id="page_233">[Pg 233]</a></span>truída con arreglo al gusto de otros tiempos, y en el
-centro de Weltevreden, abundante en comercios modernos, se encuentran
-plazas y calles cuyos edificios están unidos y sin jardín, dando las
-fachadas sobre la acera para lucir sus escaparates.</p>
-
-<p>La vieja Batavia, tan hiperbólicamente descrita por los viajeros de hace
-un siglo, resulta pobre y decadente en la actualidad. Establecida sobre
-terrenos bajos próximos al mar y cortada por las acequias naturales de
-su desagüe, todavía los holandeses, con la nostalgia del colono que
-recuerda á todas horas la patria lejana, abrieron canales artificiales
-en sus vías más céntricas, á semejanza de los de Amsterdam. Inútil es
-decir lo que representan estas vías acuáticas en el interior de una
-ciudad, y bajo una temperatura extremadamente cálida, para la
-reproducción de los mosquitos. Con motivo fué reputada Batavia como una
-de las ciudades más insalubres del mundo. Los holandeses se enriquecían
-en ella con rapidez, pero morían no menos aprisa.</p>
-
-<p>A principios del pasado siglo un gobernador trasladó su vivienda algunas
-millas más lejos del mar, donde se halla ahora Weltevreden, y la mayor
-parte de los habitantes de Batavia le siguieron, creándose la nueva
-ciudad. Pero la nostalgia patriótica les hizo volver á abrir grandes
-canales en las avenidas de Weltevreden, y el mosquito se enseñoreó
-igualmente de la segunda capital.</p>
-
-<p>Al entrar en la vieja Batavia se pasa por una especie de arco de
-triunfo, levantado en tiempos de la Compañía de las Grandes Indias. Es
-de mampostería blanca, con hornacinas que cobijan varias estatuas
-simbólicas pintadas de negro. A un lado de este monumento casi fúnebre
-puede verse una de las curiosidades tradicionales del pueblo javanés.<span class="pagenum"><a name="page_234" id="page_234">[Pg 234]</a></span></p>
-
-<p>Caído en el suelo hay un cañón de bronce verdoso, desmontado hace
-siglos, y en torno se extiende un prado de flores de papel ofrecidas por
-los devotos de dicho ídolo. Un indígena establecido cerca del cañón
-vende varillas de sándalo, que las mujeres queman con los ojos puestos
-en el cilindro de bronce ornado de relieves. Todos saben en Java que la
-mujer que se sienta sobre este cañón y le dedica flores é incienso queda
-en estado de tener un hijo á los nueve meses justos.</p>
-
-<p>Al borde del canal más grande se extiende una fila de caserones de dos
-pisos&mdash;altura extraordinaria en este país&mdash;, que ostentan fachadas algo
-ruinosas, con galerías cubiertas, columnatas y remates ondulados al
-gusto del siglo XVIII. Estos palacios de los ricos de otros tiempos,
-cuyos descendientes se trasladaron á Weltevreden, están ahora ocupados
-por oficinas comerciales y por bancos. Los negocios se hacen todavía en
-Batavia, y al caer la tarde jefes y empleados regresan á sus <i>bengalows</i>
-floridos de Weltevreden, por ser peligroso para la salud pasar la noche
-en la vieja ciudad.</p>
-
-<p>Los chinos forman la mayoría del vecindario de Batavia, y todo el
-movimiento nocturno se concentra en sus calles tortuosas, cuyas fachadas
-tienen celosías con dragones de oro y de cuyas ventanas penden rótulos
-sobre telas ondeantes.</p>
-
-<p>Después del recogimiento constructivo de Batavia, que aglomeró sus casas
-como todas las ciudades antiguas, sorprende la extensión inaudita de
-Weltevreden. Todas las calles importantes tienen kilómetros y
-kilómetros.</p>
-
-<p>Atravesar alguna de sus plazas á las horas de sol es todo un viaje. Se
-sabe la existencia de la plaza porque lo afirman los guías, pero el
-visitante, al separarse de una hilera de edificios, ve enfrente un
-jardín, marcha<span class="pagenum"><a name="page_235" id="page_235">[Pg 235]</a></span> por él hasta sentir cansancio, y cuando cree hallarse en
-plena selva tropical, lejos de la ciudad, columbra á través de los
-troncos las techumbres de otros pabellones rodeados de jardines. Es la
-acera de enfrente.</p>
-
-<p>En el centro de Weltevreden está la llamada plaza del Rey, que tiene un
-kilómetro de longitud por cada uno de sus lados. Es la plaza más grande
-del mundo dentro de una ciudad. En la parte central de este kilómetro
-cuadrado, verde como una pradera, galopan soldados amaestrando sus
-caballos y pastan finas vacas holandesas. Todo en ella tiene un aspecto
-de campo libre á pesar de la arboleda urbana que orla sus cuatro lados
-frente á los jardines de los particulares.</p>
-
-<p>Viendo las casas de las gentes acomodadas de Weltevreden se adivinan su
-dinero, su escrupulosa limpieza y sus comodidades; pero en otros países,
-y sin el marco esplendoroso que les proporciona la vegetación de sus
-jardines, estas construcciones se verían tal vez menospreciadas. Son
-ligeras y frágiles. No tienen la estabilidad señorial de los caserones
-de Batavia ocupados ahora por el comercio, que aún guardan sus
-pavimentos y sus grandes zócalos á la altura de un hombre hechos con
-losas de mármol blanquísimo.</p>
-
-<p>Los <i>bengalows</i> elegantes de Weltevreden ofrecen una particularidad que
-aún parece hacerlos más inestables. Todos ellos carecen de fachada;
-únicamente las piezas interiores que sirven para dormir tienen tabiques
-y puertas. El techo está sostenido en su parte delantera por ligeras
-columnas, y el comedor, el gran salón para recibir visitas, el gabinete
-íntimo donde la familia lee, se hallan descubiertos, á la vista del que
-pasa. Los árboles del jardín sirven de movible cortina, y bajo los
-aleros de estas piezas sin pared se balancean macetas colgantes de
-alabastro con chorros de flores. Hasta las<span class="pagenum"><a name="page_236" id="page_236">[Pg 236]</a></span> casas de los empleados más
-modestos tienen en torno un jardín y las habitaciones principales sin
-más abrigo que el techo.</p>
-
-<p>A un lado de Weltevreden se ha ido formando durante el siglo XIX la
-tercera ciudad, ó sea Micer Cornelius. Dicho personaje fué un holandés
-que se defendió heroicamente cuando los ingleses desembarcaron en Java,
-ocupando la isla. Esto ocurrió en la época de Napoleón. Como el
-emperador francés se anexionó á Holanda, acabando por dar la corona de
-este país á uno de sus hermanos, el gobernador inglés Raffles, fundador
-de Singapore, organizó una expedición desde dicha colonia, apoderándose
-de todas las Indias holandesas, y Java no fué devuelta á sus antiguos
-poseedores hasta 1816.</p>
-
-<p>Micer Cornelius fué al principio una barriada indígena á la que acudían
-los javaneses en días de fiesta para sus diversiones un poco libres. Las
-principales viviendas estaban dedicadas á industrias vergonzosas. Este
-suburbio es hoy una ciudad-jardín como Weltevreden, urbanizada por las
-gentes de la clase media que desean crearse un hogar propio.</p>
-
-<p>Puede afirmarse que lo más extraordinario en Java es el aspecto de las
-muchedumbres y su belleza corporal. La vegetación maravillosa de esta
-isla puede encontrarse igualmente en las inmediaciones de Singapore ó en
-Ceilán. Pero los habitantes de dichos lugares no son comparables á los
-javaneses por el color de su epidermis ni por la infinita variedad de
-sus vestiduras.</p>
-
-<p>Ya dije en otro lugar cómo es la tez metálica de los javaneses y
-especialmente de sus mujeres. Resulta exacto compararla con el bronce,
-pero un bronce recién frotado, limpio, que brilla como el oro. Parece
-que la piel de estas gentes tenga una luz interior. Sus cuerpos, lo
-mismo en hombres que en mujeres, son de una esbeltez<span class="pagenum"><a name="page_237" id="page_237">[Pg 237]</a></span> que deja al
-viajero, algunas veces, absorto por la admiración.</p>
-
-<p>El lector debe estar enterado de que Java es el país del <i>batik</i>. Aquí
-se fabrica esta tela, pintada con toda clase de colores y puesta en uso
-por la moda hace poco tiempo, que las fábricas europeas falsifican a
-causa de su alto precio. Hasta los mendigos van en Java vestidos de
-batik.</p>
-
-<p>En realidad el traje nacional consiste en una pieza de dicho tejido, el
-<i>sarog</i>, que hombres y mujeres llevan arrollada sobre sus piernas, como
-una falda de corto paso. Los varones añaden una camisa y las mujeres
-también, pero tan corta la de éstas, que deja al descubierto una gran
-faja de carne desnuda entre su borde y el <i>sarog</i>. Muchas hembras
-prescinden en el campo ó dentro de sus casas de esta breve camiseta, y
-van desnudas de cintura arriba, mostrando unas abundancias mamilares que
-también parecen ser algo especial de esta isla paradisíaca.</p>
-
-<p>Los pechos de las javanesas se sostienen macizos y erguidos hasta
-después de las majestuosas amplificaciones que trae la maternidad.
-Avanzan rigurosamente horizontales, no obstante su volumen, y algunas
-veces, tal es su dura soberbia, que, abandonando la línea recta, elevan
-hacia el rostro de su portadora los dos agudos botones de sus vértices.</p>
-
-<p>Están pintadas las faldas de <i>batik</i> con los colores innúmeros de una
-primavera fantástica, y á estas flores inverosímiles, que muchas veces
-son de oro, se agregan tigres de perfil heráldico, reptiles vomitando
-fuego, leones de melena verde. Una muchedumbre javanesa recuerda á los
-pueblos de la Edad Media, vestidos con ropas blasonadas y de violentos
-colores. Los chinos, siempre trajeados de azul, resultan humildes y
-obscuros al lado de los naturales de la isla.<span class="pagenum"><a name="page_238" id="page_238">[Pg 238]</a></span></p>
-
-<p>Empieza aquí el uso del turbante, tocado que seguiremos encontrando en
-los otros pueblos de Asia. Creo oportuno advertir que el pueblo de Java
-es por entero musulmán. Este país lo catequizaron los bracmanes
-indostánicos en remotos siglos; luego fué budista, y aún quedan de tal
-época maravillosa ruinas de templos en su interior. Pero mucho antes que
-los portugueses, llegaron á Java los malayos y otros pueblos que habían
-recibido de los marinos árabes el mahometismo, y todos los habitantes de
-la isla profesan actualmente dicha religión.</p>
-
-<p>Es un mahometismo especial, suave y dulce. En Java sólo pueden ser así
-las cosas. Los santones no tienen la influencia que en otros países
-musulmanes; se ven pocas mezquitas y todas ellas son pobres. Las mujeres
-javanesas gozan de absoluta libertad y no se limitan á ir con la cara
-destapada á todas partes. Fácilmente se desnudan de cabeza a pies, con
-una sencillez paradisíaca. Los hombres toman toda clase de bebidas
-alcohólicas, si se las ofrecen gratuitamente.</p>
-
-<p>Los más llevan el pequeño turbante característico de Java, que consiste
-en un pañuelo obscuro y dorado de <i>batik</i> enroscado sobre la cabeza y
-con dos cuernecitos en la frente que indican el nudo terminal. He visto
-en las calles de Weltevreden ricos personajes javaneses que se dirigían
-á los clubs más lujosos vistiendo uniforme por ser oficiales del
-ejército colonial. A todos ellos, por detrás del kepis holandés les
-asomaba la torta del turbante. Sin embargo, éste no es obligatorio. Los
-javaneses de la capital que se dedican á oficios manuales y los
-comerciantes de los pueblos llevan un gorrito redondo de terciopelo con
-bordados, semejante al que usan en las oficinas de Europa algunos
-funcionarios viejos.</p>
-
-<p>A partir de Java, empiezan también para nosotros los pies descalzos y la
-marcha silenciosa. Los japoneses<span class="pagenum"><a name="page_239" id="page_239">[Pg 239]</a></span> van montados sobre banquitos que á
-cada paso lanzan el chacoloteo de la madera. Los chinos usan zapatillas
-y su marcha afieltrada les permite aproximarse como fantasmas. El
-javanés va descalzo, y á partir del lujoso y célebre «Hotel de las
-Indias» de Weltevreden, vamos á ser servidos en los hoteles de
-Singapore, de Birmania y de toda la India por camareros elegantemente
-vestidos, pero sin zapatos.</p>
-
-<p>La parte más grande del Asia desconoce el calzado. Este tormento queda
-para los blancos. Los camareros que en el inmenso comedor del citado
-«Hotel de las Indias» nos sirven platos javaneses rociados de salsas
-infernales van todos vestidos de blanco, con levitas inmaculadas y
-pantalones cortos, en la cabeza el pequeño turbante de <i>batik</i> y los
-pies completamente desnudos.</p>
-
-<p>A ciertas horas del día, en los canales de las calles más importantes,
-que son de cierta profundidad, se ven numerosos grupos de mujeres
-descendiendo con lentitud las escaleras de piedra para meterse en el
-agua, sin más traje que una de esas telas asiáticas, extremadamente
-sutiles, que tienen además el tono rosa de la carne. Apenas se
-encuclillan en los últimos escalones para que el agua les llegue al
-cuello, dicha tela desaparece, pegándose á todas las curvas entrantes y
-salientes de estas buenas mozas de piel de oro. Luego remontan con paso
-tranquilo la escalera, hasta el lugar donde dejaron sus ropas secas.</p>
-
-<p>Tal baño en las calles no llama la atención de ningún habitante blanco
-de la ciudad. Lo ven todos los días. Además tiene por base un motivo
-religioso, respetado por las autoridades. Como estas mujeres son
-musulmanas, hacen sus abluciones rituales en el canal. La temperatura de
-Java, que algunos llaman «la isla del sudor», convierte en voluptuoso
-placer tal acto de devo<span class="pagenum"><a name="page_240" id="page_240">[Pg 240]</a></span>ción. De aquí la facilidad de las javanesas para
-desnudarse, su amor al agua y su odio al vestido... cuando no es muy
-rico.</p>
-
-<p>Las más de estas mujeres resultarían de una belleza apreciable, á pesar
-de sus facciones exóticas, si no fuese por su costumbre de mascar betel,
-materia que desfigura sus bocas y les hace escupir una saliva del mismo
-color de la sangre. En las calles se encuentran con frecuencia
-preparadores de esta materia que tanto repugna á los europeos.</p>
-
-<p>Hay también numerosos vendedores de comestibles que libran á las
-javanesas de la necesidad de encender fuego para la preparación de sus
-alimentos. Los que ofrecen melones, plátanos, mangos y otros frutos del
-país, condimentan igualmente arroz guisado con <i>cary</i>, entregándolo
-envuelto en hojas de platanero que sirven de platos. Sólo las gentes del
-país pueden comer este guiso popular, que despierta en la boca los
-ardores de un incendio. También, sentadas al pie de los árboles, hay
-mujeres que venden té y otras bebidas refrescantes.</p>
-
-<p>Los hombres mostraron en tiempo de la Compañía de las Grandes Indias
-ciertas preocupaciones supersticiosas, que ésta hubo de respetar para
-que no ocurriese una sublevación general. La justicia de la citada
-Compañía, tremendamente severa, castigaba con suplicios rigurosos hasta
-ciertas faltas de poca gravedad entre los blancos. La constancia de los
-naturales en el sufrimiento de penas bárbaras pareció increíble á muchos
-viajeros de entonces. El javanés recibía tranquilamente la muerte, pero
-á condición de que lo matasen llevando calzoncillos blancos y no le
-cortaran la cabeza. Los tribunales tuvieron siempre con sus reos esta
-complacencia. Para un javanés, lo terrible no era morir, sino llegar al
-otro mundo con la cabeza bajo el brazo y sin calzon<span class="pagenum"><a name="page_241" id="page_241">[Pg 241]</a></span>cillos blancos, por
-tener la certeza de que en tal forma no lo recibirían en el cielo.</p>
-
-<p>Todo esto es muy antiguo y con razón empieza á olvidarse. El régimen
-actual resulta muy distinto al de la antigua Compañía, pero aún queda en
-Batavia, intacto y con frescura de obra cuidadosamente renovada, un
-monumento de la crueldad de los antiguos colonizadores.</p>
-
-<p>Pocos son los viajeros que no van á visitar, junto á la iglesia vieja de
-Batavia, la lápida del «traidor» Erberfeld. Ésta consiste en una gran
-piedra vertical incrustada en el muro de un jardín con la siguiente
-inscripción, primero en holandés y luego en javanés:</p>
-
-<div class="blockquot">
-<p class="c">PARA PERPETUAR EL NOMBRE EXECRABLE DEL TRAIDOR<br />
- PIETER ERBERFELD<br />
- QUEDA PROHIBIDO PARA SIEMPRE<br />
- CONSTRUIR Ó PLANTAR EN ESTE SITIO.<br />
- BATAVIA, 14 ABRIL 1722.</p>
-</div>
-
-<p>El mencionado Erberfeld fué un mestizo rico, hijo de un colono alemán y
-de una javanesa, que intentó en el siglo XVIII una revolución para echar
-fuera de su país á los europeos. Él y catorce personajes javaneses, sus
-compañeros de conjura, fueron condenados á muerte como traidores, aunque
-muchos sospechan que la tal conspiración no representaba ningún peligro
-serio, y el principal delito de Erberfeld consistió en las tentaciones
-que inspiraban sus ricas propiedades á muchos de los dominadores.</p>
-
-<p>Erberfeld y el javanés Catadia, reputado también como jefe, merecieron
-un suplicio aparte, consignado así en su sentencia: «Serán extendidos y
-atados cada uno sobre una cruz y se les cortará la mano derecha. Luego
-serán atenaceados en los brazos, las piernas y los pechos, de modo que
-las tenazas ardientes se lleven pe<span class="pagenum"><a name="page_242" id="page_242">[Pg 242]</a></span>dazos de su carne. Después se les
-abrirá el vientre y el pecho de abajo á arriba, se les arrancará el
-corazón y se les echará al rostro. La cabeza cortada puesta sobre una
-estaca y el cuerpo hecho cuartos, quedarán expuestos fuera de la ciudad,
-para que sean comidos por las aves de presa.»</p>
-
-<p>Encima de la lápida que execra la memoria del «traidor» hay una cabeza
-de yeso atravesada por un largo clavo ó hierro de lanza. Es una cabeza
-de difunto con los ojos cerrados. Algunos dicen que dentro del yeso está
-el verdadero cráneo de Erberfeld.</p>
-
-<p>Por detrás de este monumento se abren las ramas de un jardín tropical.
-Los plataneros extienden como un dosel sus anchas hojas barnizadas sobre
-la cabeza del martirizado.</p>
-
-<p>¡Y pensar que fué en la vieja Holanda protestante donde se imprimieron y
-editaron la mayor parte de los libros, algunas veces fantásticos, sobre
-las crueldades de los españoles en América, más de un siglo antes de la
-ejecución horrible de Erberfeld y sus catorce compañeros javaneses!...</p>
-
-<p>Suplicios parecidos se encuentran en la historia de todos los pueblos:
-es cierto. Francia repitió con Damiens las crueldades horripilantes
-sufridas por Erberfeld, algunos años después del martirio de éste.</p>
-
-<p>Son barbaries del pasado... Conformes. Pero que las vergüenzas de ese
-pasado se repartan con equidad entre todos los países, sin distinciones
-injustas y fanáticas para aplicárselas á España solamente.<span class="pagenum"><a name="page_243" id="page_243">[Pg 243]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII<br /><br />
-EL PARAÍSO JAVANÉS</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Enorme población de Java.&mdash;Sus arrozales en escalones.&mdash;Exuberancia
-vegetal.&mdash;Las chozas y sus habitantes.&mdash;Duchas naturales al aire
-libre.&mdash;Adán y Eva como antes del pecado.&mdash;Llegada á Garoet.&mdash;Nos
-extraviamos en sus alrededores.&mdash;Una tempestad ecuatorial.&mdash;El
-refugio de los veinte javaneses misteriosos.&mdash;Fuga bajo la
-tormenta.&mdash;Lo que vi á las puertas de Garoet y no olvidaré nunca.</p></div>
-
-<p>Vamos á Garoet, hermoso valle del interior de Java, situado á gran
-altura, lo que le hace ser deseado por los que sufren el clima abrumador
-de los terrenos bajos próximos al mar. Hasta de Singapore vienen muchas
-gentes quebrantadas por la temperatura ecuatorial para vivir unos meses
-en sus sanatorios y hoteles. Seis horas de ferrocarril necesitamos para
-llegar á dicha población, y durante su trayecto cambian los paisajes á
-medida que el tren va ganando altura de valle en valle.</p>
-
-<p>Isla estrecha y larga, tendida exactamente de Este á Oeste, tiene Java
-una cordillera de volcanes muertos que es como su espina dorsal; pero
-esta barrera montuosa nunca fué un obstáculo para la vida de los
-naturales. Cortada casi simétricamente por numerosos pasos, les resultó
-fácil á los primitivos javaneses y á los navegantes malayos que se
-esparcieron por sus costas trasladarse de la ribera Norte á la del Sur
-para la explotación de sus terrenos feraces. Merced á esta facili<span class="pagenum"><a name="page_244" id="page_244">[Pg 244]</a></span>dad
-topográfica, á la fecundidad del suelo y la dulzura del ambiente, Java
-ha sido en todo tiempo el país más poblado de la tierra. Tiene hoy 35
-millones de seres, y en muchos de sus distritos se cuentan más de 600
-habitantes por kilómetro cuadrado, cifra que no alcanza ninguna de las
-naciones de Europa.</p>
-
-<p>Todas las colonias actuales holandesas que fueron antiguamente de la
-Compañía de las Grandes Indias representan una población de más de 50
-millones de seres. Esto da á Holanda, que aparece en Europa
-mediocremente representada por la extensión de su territorio y la
-cantidad de sus habitantes, un aumento enorme de poder, económico y
-político.</p>
-
-<p>La exuberancia de población la nota el viajero, especialmente, fuera de
-las ciudades. En otros países los campos están casi siempre solitarios,
-y hay que preguntarse quién pudo abrir los surcos y sembrar las llanuras
-que se muestran cultivadas. Sólo de tarde en tarde llega á verse algún
-hombre que trabaja, encorvado sobre la tierra, ó guía bestias de labor.
-En Java los caminos parecen calles, y sobre algunos campos se aglomera
-la gente lo mismo que si fuesen plazas.</p>
-
-<p>No hay estación de ferrocarril, por modesta que sea, que no tenga en sus
-muelles una muchedumbre. La moderna colonización holandesa ha trazado
-una red de líneas férreas, excelentemente construidas, por las que
-circulan numerosos trenes. Son ferrocarriles como los de Europa por su
-material y su servicio. Sólo el gentío que llena los vagones nos hace
-recordar que estamos en Java; multitudes vestidas de <i>batik</i> con una
-riqueza colorinesca, semejante á la de las flores de sus jardines, y una
-parte considerable de sus cuerpos en tranquila desnudez.</p>
-
-<p>El viaje á Garoet nos permite apreciar directamente<span class="pagenum"><a name="page_245" id="page_245">[Pg 245]</a></span> la riqueza de Java
-y el trabajo de las muchedumbres laboriosas que surgen de todas partes,
-como las procesiones de un hormiguero.</p>
-
-<p>Son arrozales los más de los campos, lagunas fangosas de una
-horizontalidad que se pierde de vista. Parejas de carabaos labran esta
-tierra medio líquida. Tienen los cuernos blancos y casi rectos. Su piel
-es obscura y lustrosa, como la del elefante y el hipopótamo. Avanzan con
-un esfuerzo tenaz, sudorosos bajo el sol tórrido, y cuando se detienen
-junto á una charca, sus dueños meten un cubo en el agua rojiza y bañan
-sus lomos y flancos, lo que los hace brillar por unos segundos como si
-fuesen tallados en azabache.</p>
-
-<p>Los hombres van desnudos, con sólo un trapo entre las piernas. Sus
-espaldas son de bronce dorado. En la cabeza llevan un sombrero de paja
-del tamaño y la forma de una sombrilla japonesa. Formando largas hileras
-se encorvan y se alzan á un mismo tiempo cavando el barro. Las hembras
-se unen á ellos para realizar la misma operación, y desde lejos el grupo
-laborioso toma el aspecto de una orla de flores por sus pañales de
-<i>batik</i> rosa, azul, rojo ó azafrán.</p>
-
-<p>Muchos han llamado á Java la Isla del Paraíso, y no resulta hiperbólico
-tal título en los valles situados á cierta altura sobre el mar, donde el
-clima es más dulce que en las tierras vecinas al Océano.</p>
-
-<p>Tienen los caminos un color rojo obscuro de sangre coagulada. Ríos y
-arroyos son de un rojo más brillante y claro, igual al de la sangre
-fresca. Estos colores ardientes contrastan con el verde temblón de las
-plantas de arroz, el verde charolado de los plataneros y otros árboles
-frutales en torno á las viviendas, y el verde amarillento con reflejos
-metálicos de los matorrales y palmeras que cubren los terrenos sin
-cultivar. En otros paí<span class="pagenum"><a name="page_246" id="page_246">[Pg 246]</a></span>ses tropicales los bosques son leñosos, de escaso
-follaje, con las ramas atormentadas, torcidas, recias. Aquí se muestran
-siempre frescos y tiernos. Las hojas están impregnadas de humedad y bajo
-su sombra conserva la tierra una blandura rezumante de esponja. Las
-prolíficas fuerzas de este clima no dejan libre de germinación una
-pulgada del suelo. La verdura lo invade todo, agitando sus penachos de
-flores naturales. Solamente los caminos y las vías férreas dejan ver el
-color de la corteza terrestre, mas para esto es preciso que los limpien
-casi todos los días.</p>
-
-<p>Alcanzan los bambúes proporciones colosales. Las chozas están siempre al
-amparo de un grupo de estas cañas que se remontan majestuosas en el
-espacio. Junto á las viviendas hay bosquecillos de cocoteros y plátanos
-para las necesidades de la casa. Frente á cada puerta se alza un mástil
-que parece destinado á sostener una bandera; pero lo que izan en su
-parte más alta es una jaula con uno ó varios pájaros. Vistos de lejos
-parecen loros de brillantes colores. Tal vez son otras aves de rico
-plumaje, y las colocan á esta altura para librarlas de las bestias de
-presa que vagan por los bosques y bajan á beber en los arrozales.</p>
-
-<p>Este es el país de la célebre pantera negra de Java y otras fieras no
-menos temibles. Aún abundan en el centro de la isla, descendiendo en
-determinadas épocas á los lugares poblados. En otro tiempo la diversión
-de los javaneses era organizar combates de hombres con tigres y
-panteras. Las autoridades holandesas suprimieron esta fiesta, y el
-javanés sólo puede imitar á sus abuelos cuando circula la noticia de que
-un felino enorme caza en la comarca, armándose entonces para salir con
-sus convecinos á matarlo.</p>
-
-<p>El terreno va elevándose. Se nota en la atmósfera y<span class="pagenum"><a name="page_247" id="page_247">[Pg 247]</a></span> en el aspecto de
-los campos que nuestro tren asciende de meseta en meseta. Hemos dejado
-atrás la grandiosa estación de Bandoeng, ciudad de modernas
-construcciones que rivaliza con Weltevreden y va á convertirse en
-capital de la isla. Vemos campos de té compuestos de filas de arbolitos
-con la copa redonda, semejantes á pequeños naranjos; plantaciones de
-cacao y de tapioca; vastas extensiones de caña de azúcar. También vemos
-montones de cocos y grupos de mujeres sentadas en el suelo que extraen
-la pulpa de dichos frutos para las fábricas productoras del llamado
-aceite de copra.</p>
-
-<p>Los ingenieros holandeses han hecho pasar la vía férrea sobre abismos de
-una profundidad que da vértigos. En el fondo de tales cortes se ven los
-hombres como puntos movedizos. Estos trayectos montañosos son de corta
-duración. Inmediatamente entramos en un nuevo valle paradisíaco, con
-armoniosos grupos de arboleda y extensiones acuáticas plantadas de arroz
-que brillan como espejos.</p>
-
-<p>En todas las estaciones pequeñas encontramos la misma gente de tez
-dorada y ojos negros que parecen absorber la luz sin devolverla. Sus
-pupilas, á causa de esta opacidad, brillan con un resplandor blanco y
-mate. Los hombres que desempeñan oficios prescinden del pañal llamado
-sarong y usan calzoncillos blancos y el birrete redondo de viejo
-oficinista; pero la mayoría de los javaneses, fieles á la vestimenta
-tradicional, llevan envueltas sus piernas con telas multicolores. Las
-mujeres, según vamos avanzando por el interior de la isla, muestran cada
-vez más su desnudez de cintura arriba.</p>
-
-<p>Ahora los arrozales ya no se extienden en línea horizontal. Se escalonan
-formando bancales en las vertientes de las montañas, todos con ribazos
-curvos. Parecen tazones superpuestos de una fuente interminable.<span class="pagenum"><a name="page_248" id="page_248">[Pg 248]</a></span></p>
-
-<p>El agua va pasando de arrozal en arrozal; se desploma en gruesos chorros
-de un tazón á otro. Como el javanés gusta mucho de bañarse y su
-condición de musulmán le permite apreciar este placer como un acto
-devoto, no hay chorro de agua roja que no tenga debajo á un mocetón
-cobrizo enteramente desnudo. Al pasar el tren junto á él sonríe y mira á
-los viajeros, sin ocurrírsele que está enseñando algo más que su
-dentadura brillante. A veces es una pareja la que toma esta ducha
-natural: Adán y Eva, completamente en cueros, rodeados de los
-esplendores del paraíso javanés.</p>
-
-<p>Los arrozales son de una continua producción. En unos la planta apenas
-surge del agua, en otros es alta y verde, más allá ya tiene las espigas
-maduras y la siegan. Estos campos en escalera ofrecen un aspecto
-elegante; parecen el esbozo de un jardín. A trechos hay islas de chozas
-sobre el espejo acuático de los arrozales, con huertecitos de plátanos y
-cocoteros. También existen muchos sombrajes de techos cónicos,
-semejantes á kioscos, y en ellos se reúne la gente para conversar medio
-desnuda ó con vestiduras de variadas tintas.</p>
-
-<p>No puedo comprender cómo los javaneses pasan su vida entre arrozales y
-se recrean al borde de aguas de lento curso. En otros países la
-abundancia de mosquitos haría penosa su existencia. Pero en esta época
-del año no se ven en Java tales insectos, y me afirman que en los meses
-restantes tampoco resultan extraordinariamente molestos por su número.
-Tal vez se debe esto á que en realidad no existen aguas que sean
-totalmente estancadas.</p>
-
-<p>Por los caminos vemos pasar algunas javanesas guapetonas, montadas en
-bicicleta y con una vestimenta en la que se confunden el gusto europeo y
-el del país. También circulan automóviles; pero lo que más abunda es el<span class="pagenum"><a name="page_249" id="page_249">[Pg 249]</a></span>
-carruaje, de dos ruedas tirado por unos caballitos inquietos, tan
-pequeños, que parecen corresponder por su talla á otra humanidad
-distinta de la nuestra.</p>
-
-<p>Llegamos á Garoet. Antes de instalarnos en esta población, donde
-pasaremos la noche, vamos á correr un espacio de treinta kilómetros
-alrededor de ella para visitar sus lagos, que son antiguos cráteres de
-considerable profundidad acuática.</p>
-
-<p>Varios automóviles nos llevan en fila veloz por unos caminos anchos y
-orlados de árboles gigantescos. Nos detenemos algunas veces en pequeñas
-aldeas para ver sus viviendas, con tabiques de fibras trenzadas y el
-piso á dos metros del suelo, montado sobre pilotes. Todas las casas
-javanesas se hallan en alto, á causa de la humedad del suelo y para
-defensa de los reptiles é insectos que tanto abundan en estos países
-cálidos de vida animal exuberante.</p>
-
-<p>La gente sale á las puertas de sus chozas con una desnudez paradisíaca.
-Hombres esbeltos, de fuerte musculatura, miran con timidez casi infantil
-á las extranjeras que los examinan desde lo alto de sus automóviles.
-Algunas les hacen señas para que permanezcan quietos mientras preparan
-su máquina fotográfica.</p>
-
-<p>Numerosas madres de familia se han despojado de su corta blusa y llevan
-por toda vestimenta un pañal colorinesco, que las cubre del bajo vientre
-á la mitad de las piernas. Hasta el ombligo todo es cara en ellas, y al
-hablar al extranjero casi lo tocan con sus exageraciones pectorales,
-firmes y puntiagudas. Muchas jovencitas van á estilo de muchacho, sin
-otra ropa que un simple calzoncillo, conmoviendo inconscientemente á los
-mirones con su desnudez dorada de Tanagra.</p>
-
-<p>Ocupo uno de los automóviles, con una señora y su doncella, y los tres
-nos aburrimos de seguir á los demás<span class="pagenum"><a name="page_250" id="page_250">[Pg 250]</a></span> vehículos que marchan en fila por
-los bordes monótonos de un lago. Con gestos más que con palabras,
-expresamos el deseo de volver á Garoet á nuestro chófer, javanés de unos
-diez y siete años, descalzo, con birrete redondo y pantalones blancos. A
-su lado lleva un ayudante de la misma edad é igual pergenio. Ninguno de
-los dos sabe expresarse más que en el idioma de la isla.</p>
-
-<p>Los antiguos holandeses tuvieron buen cuidado en no enseñar su idioma á
-los naturales. Es más, consideraron delito el conocimiento de la lengua
-neerlandesa, mirando como sospechoso á todo indígena que la aprendía.
-¡Quién sabe si con esta bárbara precaución, que estableció un abismo
-profundo entre gobernantes y naturales, impidieron el crecimiento de ese
-espíritu separatista que surge en todas las colonias, cuando el mestizo
-aprende lo mismo que el blanco y se considera igual á él!... Sólo hace
-pocos años permitieron los dominadores de la isla que los javaneses
-aprendiesen el holandés.</p>
-
-<p>No conocen los dos muchachos del automóvil otra lengua que la de su
-provincia. Al fin nos entienden cuando repetimos muchas veces la palabra
-«Garoet» señalando el horizonte, y contentos de marchar con
-independencia se apartan del grupo de automóviles. Empezamos á correr
-solos, por caminos cada vez más arbolados y más solitarios. Noto que
-nuestra pareja indígena habla como si discutiese y mira en torno con
-cierta duda, sin refrenar por ello la marcha del vehículo. A la media
-hora de carrera veloz, nos detenemos cerca de una pequeña estación de
-ferrocarril. Los dos javaneses leen con sorpresa su rótulo. Vuelven á
-discutir, se enardecen como si se echasen en cara un mutuo error, y
-viran el carruaje, para retroceder por donde hemos venido. Sus sonrisas
-humildes nos revelan el misterio de sus pala<span class="pagenum"><a name="page_251" id="page_251">[Pg 251]</a></span>bras. Se han extraviado; es
-otra la dirección que debemos seguir. Y lo peor es que continúan
-discutiendo, dándonos á entender con esto que no saben por dónde van y
-marchan enteramente al azar.</p>
-
-<p>Empezamos á reconocer la imprudencia de habernos separado de los guías é
-intérpretes de nuestro grupo, lanzándonos por el interior de Java como
-si fuese el Bosque de Bolonia en París, con dos muchachos cobrizos á los
-que no entendemos.</p>
-
-<p>Al salir de los túneles verdes que forma la arboleda, notamos que el sol
-se ha ocultado y el cielo es cada vez más sombrío. Esto no significa que
-lo veamos obscuro. En Java no es posible la obscuridad, y hasta las
-noches más lóbregas son de un azul fosforescente. Pero la tarde parece
-de ámbar rojizo, y agrandado por el eco de las próximas montañas suena
-un estrépito creciente. Es la sucesión de truenos de toda tormenta en el
-Trópico, tan frecuentes é inmediatos que se juntan, formando una
-detonación única. Vemos también á través de la columnata interminable de
-los árboles el zig-zag de unos rayos que caen por grupos, culebreando al
-mismo tiempo en el cielo.</p>
-
-<p>Se aproxima la tempestad de los países calientes con su rapidez casi
-instantánea. En unos cuantos minutos se ha aglomerado en el horizonte y
-va á descargar sobre nosotros. He visto muchas tempestades en América.
-Su lluvia abrumadora no parece caer á raudales, sino en masas compactas,
-como si el azul celeste fuese el lecho de una laguna que se desfondase
-de golpe. Creía imposible presenciar mayores violencias atmosféricas,
-pero la tempestad de Java sobrepasa todo lo que llevo visto y lo que
-podía imaginar.</p>
-
-<p>El espacio está impregnado de vibraciones eléctricas. Respiramos con
-cierta angustia en una atmósfera que<span class="pagenum"><a name="page_252" id="page_252">[Pg 252]</a></span> parece muerta por su calma
-absoluta. A pesar de la velocidad del vehículo, sentimos correr por
-nuestro rostro gotas de sudor. Los árboles se alzan inmóviles, sin el
-más leve estremecimiento. Como si hubiesen encontrado ya su ruta, los
-dos muchachos no se hablan y miran ávidamente el pedazo de camino
-visible ante ellos.</p>
-
-<p>Se doblegan de pronto los árboles más fuertes, se acuesta la vegetación
-entera bajo una ráfaga aulladora, suena un estallido de catástrofe, el
-ámbar de la tarde se hace verde bajo la luz de un rayo que acaba de caer
-cerca de nosotros, y en el mismo momento una especie de mazazo hace
-temblar la capota del vehículo, como si la demoliese. Es simplemente la
-lluvia que empieza, la inundación aérea, la cascada celeste que mantiene
-la fertilidad de este paraíso, pero en el momento de su derrumbe tiene
-la violencia de una catástrofe.</p>
-
-<p>En unos instantes cambia todo el paisaje. Los árboles convulsionados
-lanzan chorros por todas sus hojas, los campos se convierten en lagunas,
-el camino brilla como si fuese de metal, empiezan á caer gotas del techo
-del carruaje.</p>
-
-<p>Es de cuero un poco viejo, pero en otro país resistiría perfectamente la
-lluvia. Aquí empiezo á creer que aunque fuese de metal representaría
-poca cosa para cubrirnos del aguacero feroz. Empieza á llover á través
-del techo, y á los pocos minutos chorreamos agua lo mismo que los
-árboles. Corre el automóvil fustigado por la tormenta; mejor dicho,
-huye, como si su fuga pudiera salvarnos de la lluvia. Nos cubrimos los
-ojos deslumbrados por unos relámpagos que inflaman el paisaje. El trueno
-ensordecedor contrae nuestros rostros con muecas de suplicio nervioso.
-Patinan las ruedas sobre un camino convertido en arroyo; trazan ángulos
-violentos rozando los árboles de las orillas.<span class="pagenum"><a name="page_253" id="page_253">[Pg 253]</a></span></p>
-
-<p>Nos detenemos unos instantes, pero nuestra inmovilidad resulta peor. La
-lluvia pasa con más violencia a través del techo fijo ahora. Estamos al
-pie de árboles gigantescos que atraen el rayo. Cae una exhalación en las
-inmediaciones y emprendemos otra vez la peligrosa carrera, como si esto
-pudiera librarnos igualmente del mortal lanzazo eléctrico.</p>
-
-<p>Vemos á un lado del camino una especie de kiosco como los que existen
-dentro de los arrozales. No es una vivienda; sirve simplemente de lugar
-de reunión. ¡Nos hemos salvado!</p>
-
-<p>Ayudo á mis dos compañeras de infortunio á echar pie al suelo, y en el
-breve espacio entre el automóvil y la choza, una docena de pasos nada
-más, sentimos cómo la lluvia se desliza por dentro de nuestras ropas, á
-lo largo de las espaldas.</p>
-
-<p>El refugio está lleno. Es una techumbre de paja sostenida por tabiques
-de troncos y esteras. En su interior, sentados en el suelo, hay unos
-veinte javaneses. Al vernos entrar hablan entre ellos y sonríen con una
-expresión intraducible. La sonrisa puede ser de burla; puede ser de
-lástima y simpatía.</p>
-
-<p>Nos hallamos en un camino poco frecuentado. Esta gente no tiene la menor
-noticia de que un grupo de viajeros llegó horas antes á Garoet y visita
-el país. Nos ven entrar en su refugio como si nos hubiese vomitado la
-tempestad. Ignoran de dónde pueden venir unas gentes que no hablan el
-holandés y tienen un aspecto físico distinto al de sus dominadores.
-Todos ellos van casi desnudos y esparcen en este recinto cerrado un
-fuerte olor de carne masculina húmeda. Muchos llevan metido en la parte
-trasera de su faldellín un <i>kris</i> malayo, puñal de hoja flamígera que
-les sirve para su defensa.</p>
-
-<p>Yo llevo un revólver en mi viaje, pero lo dejé en el<span class="pagenum"><a name="page_254" id="page_254">[Pg 254]</a></span> bolso de mano que
-los mozos de la estación de Garoet trasladaron al hotel. No tengo ni un
-bastón, y estoy metido dentro de una choza, entre dos mujeres, inquietas
-y asustadizas, con sobrado motivo, y veinte hombres que representan
-otros tantos misterios.</p>
-
-<p>Siguen conversando y mirándonos. Algunos de ellos mascan betel y arrojan
-en el suelo salivazos rojos que parecen de sangre. La señora que
-acompaño se sube el pecho del vestido para ocultar su collar de perlas y
-da vuelta á sus sortijas de modo que las piedras queden invisibles
-dentro de sus manos cerradas.</p>
-
-<p>Un vejete desdentado, semejante á un fauno, sonríe al ver estas acciones
-que pasaron inadvertidas para los otros... Y siguen hablando; y nosotros
-no entendemos nada, y fuera de este refugio continúan el trueno, el
-rayo, el diluvio tropical...</p>
-
-<p>¡Ah, no!... ¡vámonos! Es una imprudencia continuar aquí. Nuestros dos
-muchachos parecen alegrarse al ver que volvemos al automóvil. Tal vez
-han pensado lo mismo que nosotros. Puede ser también que juzguen
-preferible correr á estar aguantando la tempestad dentro de un carruaje
-en el que entra la lluvia por todas partes.</p>
-
-<p>Volvemos á rodar por los caminos inundados, bajo el martilleo de la
-tormenta. El chófer y su acólito conocen ya el terreno por donde
-corremos y señalan el horizonte amarillo de lluvia y surcado de
-relámpagos, repitiendo: «<i>¡Garut!... ¡Garut!</i>»</p>
-
-<p>Adivino que aún estamos lejos de la ciudad, y como el aguacero continúa
-asaltándonos, descendemos otra vez en una casa de buen aspecto, rodeada
-de cocoteros y plataneros: una vivienda, al parecer, de campesinos
-acomodados. La habitación está en alto, y una docena de escalones de
-madera nos permiten subir hasta su plataforma, cubierta de esterilla
-fina y limpia. Los tabiques<span class="pagenum"><a name="page_255" id="page_255">[Pg 255]</a></span> son de una estera más fuerte y encima de
-ellos hay un espacio libre que permite la ventilación de todas las
-piezas y está cubierto por la techumbre de troncos y paja. En este
-desván aéreo se han refugiado varios loros y otros pájaros domésticos,
-asustados por la tormenta. Vemos los ojitos brillantes de dos monos que
-marchan á cuatro patas en la penumbra, saltando de un tronco á otro.</p>
-
-<p>En la pieza delantera, completamente descubierta, que sirve de salón y
-comedor, nos recibe sonriente el patriarca de la casa, un viejo, desnudo
-de cintura arriba. Otros hombres más jóvenes, que deben ser sus hijos,
-van aún con menos ropas que él. Las mujeres de la familia, sin más que
-su pañal de <i>batik</i>, nos hablan con una verbosidad inútil, sonriendo al
-mismo tiempo á los hombres de su casa y hasta á los dos muchachuelos del
-automóvil. Como es natural, se burlan un poco de los tres extranjeros
-que no pueden entenderlas, que intentan expresarse por señas, y mojados
-de cabeza á pies ofrecen un aspecto lamentable. Es la ropa chorreante lo
-que nos proporciona un aspecto ridículo. Los javaneses, por el
-contrario, parecen hermoseados por la lluvia, que da jugo y brillo á su
-desnudez.</p>
-
-<p>Como empieza á decrecer la tormenta volvemos al automóvil. Las mujeres,
-más expresivas y habladoras que los hombres, consiguen hacernos entender
-por señas que la ciudad no está lejos. Los dos muchachos, con sus
-chillidos y gesticulaciones simiescas, nos repiten lo mismo.</p>
-
-<p>Corre el vehículo por caminos cada vez más amplios, cuyos alrededores
-revelan la proximidad de un grupo de civilización. Al mismo tiempo la
-lluvia empieza á hilarse, pasando de la tromba compacta al filamento de
-gotas separadas. Se alejan los truenos; el rayo<span class="pagenum"><a name="page_256" id="page_256">[Pg 256]</a></span> no es más que un
-resplandor temblón en el horizonte. Comienzan á subir del suelo los
-perfumes de ruda embriaguez que exhala la tierra mojada. Lanza de golpe
-la flora tropical todos sus olores contenidos durante la tormenta.
-Dilatamos nuestros pechos con una aspiración amplia y voluptuosa,
-saboreando de nuevo la belleza paradisíaca que nos rodea.</p>
-
-<p>Una impresión de calma se esparce por nuestro interior. Nos sentimos en
-un estado de placidez, semejante al del que escucha la «Sinfonía
-Pastoral» de Beethoven, cuando se aleja la tormenta y la dulce
-tranquilidad del campo empieza á restablecerse.</p>
-
-<p>Sigue cayendo la lluvia, una lluvia que parece luminosa y perfumada. Sus
-gotas son de ámbar y resbalan con suavidad sobre el cristal de la tarde.
-Los huertecillos se convierten gradualmente en jardines y las chozas en
-casitas de aspecto europeo. El camino es ahora una avenida urbanizada
-que va salvando sobre el lomo de los puentes varios arroyos y barrancos.</p>
-
-<p>Ya estamos en las afueras de Garoet... Y es aquí, á las puertas de la
-ciudad, donde presencio uno de los espectáculos más inolvidables de mi
-vida.</p>
-
-<p>La lluvia, que sigue cayendo con una insistencia dulce, representa un
-placer para los naturales. El hormiguero humano ha empezado á surgir de
-todos sus refugios. Los javaneses marchan en lentas filas por los
-senderos. Niños completamente desnudos se colocan debajo de los
-canalones para prolongar el deleite de la mojadura. La tormenta es un
-baño más para este pueblo que sufre calores tórridos.</p>
-
-<p>Vemos venir hacia nosotros una muchedumbre de mujeres que nos parece
-interminable. Todas ellas son jóvenes. Deben volver de trabajar en los
-talleres de Garoet que fabrican el <i>batik</i>. ¿Cuántas son?... Difícil
-cal<span class="pagenum"><a name="page_257" id="page_257">[Pg 257]</a></span>cularlo. Van en grupos escalonados y llenan toda la extensión
-visible del camino.</p>
-
-<p>Brillan de cintura arriba sus carnes mojadas. Las cabelleras, formando
-rodete sobre la cúspide de sus cabezas, tienen adornos de diamantes
-naturales con el chorreo de las gotas que se desprenden de ellas. La
-caricia fría de la lluvia las cosquillea al deslizarse por la piel
-dorada y fina de sus pechos y espaldas. Marchan abrazadas unas con
-otras, cantan y gritan excitadas por la electricidad de la atmósfera y
-los besos húmedos del aguacero.</p>
-
-<p>Llevan como falda una pieza de <i>batik</i>. Pero esta tela de colorines
-puede ensuciarse en los charcos del camino y todas ellas,
-tranquilamente, se la han subido más arriba de las caderas, marchando
-con desembarazo sin preocuparse de su desnudez inferior, tan absoluta
-como la de arriba. Les basta para sus escrúpulos pudorosos llevar
-arrugado sobre el talle este fino pañal que abulta menos que una faja.</p>
-
-<p>El primer grupo, al pasar junto al automóvil, nos saluda con gritos y
-risas, sin echar abajo su faldamenta. Creen innecesaria tal molestia...
-¡Pasamos tan aprisa!</p>
-
-<p>No es impudor. Para que lo fuese resultaría preciso que estas muchachas
-conociesen los escrúpulos de las gentes vestidas, y creyeran inmoral el
-desnudo. Pero saben que los blancos nos asombramos ante ciertas partes
-del cuerpo descubiertas, y como ellas marchan casi en cueros para sentir
-mejor la caricia de la lluvia, les place conmovernos un poco con su
-inocente exhibición. Algunos hombres que van entre ellas y son tal vez
-de sus familias ríen igualmente de esta broma juvenil.</p>
-
-<p>Y así van pasando y pasando las muchachas, con su falda recogida en el
-talle... Son más de doscientas; tal vez trescientas.<span class="pagenum"><a name="page_258" id="page_258">[Pg 258]</a></span></p>
-
-<p>Continúa mucho tiempo el desfile de caras sonrientes, de piernas
-desnudas, de triángulos sexuales, que asoman, se eclipsan y vuelven á
-surgir con los movimientos del paso. En algunas corre la lluvia sin
-obstáculos, lo mismo que si resbalase sobre la piedra lisa. En las más
-de ellas se detiene unos momentos, cautiva antes de caer, de igual modo
-que cuando se enreda en las marañas de una vegetación naciente.<span class="pagenum"><a name="page_259" id="page_259">[Pg 259]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII<br /><br />
-BAJO LA LLUVIA ECUATORIAL</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Mi cama y mis compañeros de alcoba.&mdash;Los vendedores de Garoet.&mdash;La
-superstición del dólar.&mdash;Javaneses y malayos.&mdash;Locura homicida de
-los que «corren el amok».&mdash;La lira de cañas.&mdash;El baile en el
-hotel.&mdash;La «Sinfonía de la selva».&mdash;Los cuatro jóvenes nobles y sus
-danzas.&mdash;Regalo de un «kris» del antepasado.&mdash;El Guiñol
-javanés.&mdash;Una novela caballeresca con monigotes y música.</p></div>
-
-<p>Nuestro hotel de Garoet es un jardín con numerosos edificios de un solo
-piso esparcidos en sus frondosidades. Nos refugiamos al bajar del
-automóvil en el más importante de ellos, donde están los salones
-comunes, los comedores y la oficina del gerente.</p>
-
-<p>Me entero de que mi pequeño equipaje me espera en una habitación situada
-al otro extremo del hotel. Hay que buscarla bajo la lluvia por avenidas
-que deben ser interesantes á las horas de sol, á causa de sus arriates
-de flores y sus arboledas umbrosas, pero en este momento corren por
-ellas verdaderos arroyos, y cada rama deja caer un chorro continuo.</p>
-
-<p>Silba el gerente y viene á buscarme un portero javanés, con turbante de
-<i>batik</i>, levita blanca y descalzo. Sostiene un paraguas con ambas manos,
-mejor dicho, una cúpula de cartón barnizado, debajo de la cual pueden
-marchar varias personas sin mojarse. Es tan enorme este techo portátil,
-que el javanés hace esfuerzos para<span class="pagenum"><a name="page_260" id="page_260">[Pg 260]</a></span> sostenerlo, á pesar de que ha caído
-el viento y la lluvia desciende copiosa, pero mansa, á través de una
-atmósfera dormida. Como el porta-paraguas va descalzo y sólo se preocupa
-de mantener su cúpula, avanza rectamente, sin reparar en charcos.
-Nosotros le seguimos pegados á él, y esto libra nuestras cabezas de la
-lluvia, pero nos hundimos á cada instante en las charcas rojizas y los
-regueros serpenteantes del jardín.</p>
-
-<p>Es mi habitación una pieza de grandes proporciones, con muebles
-holandeses, solemnes y viejos, que datan sin dada de la Compañía de las
-Grandes Indias. La cama se muestra tan ancha como larga; pero esta
-amplitud, que en el primer momento representa un motivo de agrado, queda
-olvidada á causa de su dureza. Tiene sin duda alguna un colchón, pero la
-materia que le sirve de relleno ha adquirido una densidad igual á la de
-las cortezas de los árboles. Las gentes del país afirman que en un lecho
-duro se siente menos el calor. Además, el mismo calor justifica la
-escasez de sábanas. La cama sólo tiene una, la que cubre el colchón. El
-viajero debe dormir sin taparse, y para el caso de que sienta frío, una
-manta ligera, á cuadros blancos y azules, está plegada á los pies.</p>
-
-<p>En cambio abundan las almohadas, algunas de ellas de aspecto raro y uso
-desconocido para mí. Una, larga y dura como un madero, sirve
-indudablemente para apoyar la cabeza; otra es para colocársela entre las
-piernas, y dos más pequeñas se acoplan entre los brazos y el tronco. Hay
-que dormir con los miembros abiertos en cruz de San Andrés, la misma
-postura de los reos de otros siglos condenados á ser hechos cuartos por
-la dislocación. De este modo parece que se siente menos la caliginosidad
-de la noche ecuatorial, que hace correr sobre el cuerpo regueros de
-sudor.<span class="pagenum"><a name="page_261" id="page_261">[Pg 261]</a></span></p>
-
-<p>Al inclinarme sobre mi pequeña maleta noto que el cuarto está ocupado
-por varios camaradas que me acompañarán toda la noche. Saltan sobre el
-suelo unos animalillos verdes. Las ranas invaden tranquilamente estas
-viviendas de un solo piso. Por las paredes y el techo corren lagartos
-rugosos y negruzcos. El servidor javanés, que ha dejado su paraguas á la
-parte de afuera, ríe de mi asombro y me habla, sabiendo que no puedo
-entenderle. Conozco sin embargo lo que me dice por haberlo oído en otros
-hoteles de países cálidos. Hay que respetar á estos compañeros de
-habitación para no privarse de sus buenos servicios. La rana se come los
-insectos que reptan y saltan sobre el suelo, bestias prolíficas que
-pueden depositar sus innumerables huevecillos debajo de nuestras uñas si
-descendemos de la cama con los pies descalzos. El lagarto se come los
-mosquitos.</p>
-
-<p>Me falta tiempo para seguir examinando mi dormitorio. Éste tiene, como
-todas las casas de los javaneses acomodados, un salón exterior y
-abierto. El pórtico que extiende su techumbre sobre el frente del
-edificio se halla dividido por tabiques, y cada uno de tales espacios
-guarda sillones, una lámpara en el centro y macetas de flores que penden
-del alero.</p>
-
-<p>Mi pequeño salón, al que se llega subiendo tres escalones, está ya medio
-invadido por una multitud infantil que se aprieta para quedar á
-cubierto, librando de la lluvia los objetos sostenidos por sus manos.
-Todo Garoet sabe que ha llegado un grupo de viajeros, y como el
-vecindario vive de los visitantes, aguarda con impaciencia el regreso de
-los automóviles que la tempestad ha sorprendido en pleno campo.</p>
-
-<p>Nosotros somos los primeros en volver y recibimos el empuje de todos los
-vendedores de Garoet. Hombres y mujeres se mantienen al acecho en las
-inmediaciones<span class="pagenum"><a name="page_262" id="page_262">[Pg 262]</a></span> del edificio central, pero han destacado contra nosotros
-sus numerosas proles cargadas de telas de <i>batik</i> y polichinelas del
-teatro javanés, á los que dan movimientos y posturas cómicas, imitando
-sus voces gangueantes. Se sientan á nuestras plantas para ofrecernos sus
-mercancías, marcando el precio con los dedos. Al principio usan la
-palabra <i>guilder</i>, que es el florín holandés, pero inmediatamente la
-abandonan para repetir con insistencia: «<i>¡Dollar! ¡dollar!</i>»</p>
-
-<p>En todo el Extremo Oriente se nota una idolatría monetaria que puede
-titularse la «superstición del dólar». En China, en Java, en la India,
-hasta en el Japón, cuyos habitantes no sienten gran amor hacia los
-Estados Unidos, lo mismo los tenderos que los míseros vendedores
-instalados en plena calle ó á la puerta de los templos muestran un
-respeto casi místico por el dólar americano. Aun en los países de
-dominación inglesa, la libra esterlina representa poco comparada con
-aquél. Cuando se desea comprar un objeto, el vendedor, en mitad de sus
-regateos, hace una rebaja considerable si le pagan en dólares. Pero ha
-de ser en moneda, nada de cheque; en billetes de los Estados Unidos; y
-después de contemplarlos con devoción los oculta apresuradamente.</p>
-
-<p>Es la única moneda que inspira fe, y por adquirirla lo dan todo más
-barato. Debo añadir que los demás billetes que circulan por el Extremo
-Oriente merecen con razón menos respeto por su falta de fijeza
-monetaria, incluyendo los de la India inglesa. Los Bancos de toda ciudad
-importante emiten papel, y cuando se llega á otra capital con dicha
-moneda hay que cambiarla por la del nuevo país, sufriendo un descuento.
-El prestigio monetario de la más rica de las naciones ha llegado hasta
-este rincón de Java, y los niños y niñas que in<span class="pagenum"><a name="page_263" id="page_263">[Pg 263]</a></span>tentan hacer sus ventas
-valiéndose de señas, repiten á coro al mostrar sus mercancías:
-«<i>¡Dollar! ¡dollar!</i>»</p>
-
-<p>Se nota en esta muchedumbre infantil las diferencias étnicas de la dos
-razas que componen la población de la isla: javaneses y malayos. Los
-javaneses, pasivos y laboriosos, sirvieron siempre á los dominadores de
-la isla, plegándose con humilde fatalismo á sus órdenes. En el curso de
-veinte siglos han sido brahmanistas, budistas y musulmanes. De seguir
-los portugueses en Java, todos serían ahora católicos. Si continúan
-mahometanos, es porque la Compañía de las Indias, que tuvo á sueldo á
-los santones javaneses, más traficantes que fanáticos, jamás sintió la
-necesidad de evangelizar á sus nuevos súbditos.</p>
-
-<p>Esta ductilidad para cambiar de creencias no significa en los javaneses
-excepticismo religioso. Al contrario, como todos los humildes que se ven
-eternamente oprimidos y no tienen esperanza alguna de liberación, su
-único consuelo lo encuentran en el ejercicio de sus devociones y en la
-certeza de otra vida que será más dichosa. Necesitan una religión y
-toman la que les permiten sus dominadores.</p>
-
-<p>Los malayos resultan más ingobernables y menos religiosos que el
-javanés, cultivador de la tierra, eterno siervo del campo de arroz que
-empezaron á formar sus ascendientes hace siglos. Nietos de piratas y
-audaces navegantes, los malayos poblaron las costas, lanzándose á la
-pesca y al cabotaje, ó se esparcieron por el interior de las islas para
-ejercer industrias manuales ó llevar una existencia vagabunda. Estos
-habitantes belicosos de Java formaron en otros siglos una casta militar
-y noble, siendo los únicos que hicieron guerra á los invasores,
-dificultando la colonización portuguesa y alterando el régimen de
-explotación mercantil de la Compañía de las Indias con sus frecuentes
-revueltas.<span class="pagenum"><a name="page_264" id="page_264">[Pg 264]</a></span></p>
-
-<p>Aun hoy el malayo resulta el más inquietante de los javaneses. Si el
-blanco le ofende, espera una ocasión propicia para vengarse de él,
-asesinándolo. Los más pobres procuran ser empleados del gobierno,
-ingresando en la policía ó en los trabajos públicos. Otros se hacen
-soldados y abrazan el cristianismo, para considerarse de este modo
-iguales á los militares holandeses.</p>
-
-<p>La belicosidad de la raza, los instintos sanguinarios, herencia de
-largos siglos de piraterías y matanzas, despiertan de pronto en ellos.
-Cuando un malayo se considera ofendido por un blanco, ó siente odio
-contra la organización social que le rodea, una mortífera embriaguez lo
-enloquece, y armándose de un <i>kris</i> se lanza á la calle para matar á
-todo el que se pone á su alcance, dando golpes á ciegas, hasta que lo
-matan á él. Es una demencia semejante á la de los moros de Filipinas
-conocidos con el nombre de «juramentados».</p>
-
-<p>En Java esta locura homicida es llamada el <i>amock</i>, y cuando sale uno de
-dichos furiosos por el centro de la población esparciendo muertes hasta
-que le hacen caer sus perseguidores, llaman á tan horrible episodio
-«correr el <i>amock</i>». La autoridad tiene establecidos puestos de
-vigilancia para cortar inmediatamente los efectos de esta locura
-nacional. Son casi siempre policías malayos los que acuden para «correr
-el <i>amock</i>». Tienen en sus cuerpos de guardia un tronco vacío, de madera
-sonora, que tocan con el puño, y esta campana avisa á las gentes para
-que se refugien en las casas. De todas las puertas arrojan sillas,
-taburetes y otros objetos á los pies del terrible <i>amock</i> para hacerlo
-caer, pero éste sigue corriendo las más de las veces llevando en alto su
-machete amenazador. Los policías cuentan con un arma especial para
-sujetarle, que nunca yerra. Es una gran horquilla, entre<span class="pagenum"><a name="page_265" id="page_265">[Pg 265]</a></span> cuyos dos
-dientes meten al fugitivo, clavándolo contra una pared ó un árbol. De
-este modo lo inmovilizan y lo matan, pues es inútil esperar que se
-rinda.</p>
-
-<p>Los malayos son en el campo grandes cazadores de bestias feroces. En
-otro tiempo su mayor diversión era presenciar luchas de hombres con
-panteras y tigres. También, hasta hace poco, en las poblaciones del
-interior celebraban torneos á caballo, terminados muchas veces por botes
-de lanza mortales. Eran fiestas originarias de la época en que los
-conquistadores musulmanes se apoderaron de Java.</p>
-
-<p>Se nota en estos pequeños indígenas que tengo sentados á mis pies la
-diferencia de razas. El niño malayo domina á su compañero de puro origen
-isleño, impide sus negocios, le amenaza, y acaba finalmente por
-obligarlo á que le ceda su mercancía, vendiéndola él por su cuenta.</p>
-
-<p>Vuelvo otra vez al centro del hotel arrostrando la lluvia, ya que el
-hombre de la cúpula portátil no acude á mis gritos. Bajo los pórticos
-del comedor encuentro á los primeros compañeros de viaje que acaban de
-llegar. Luego, en el curso del atardecer, van presentándose los otros
-vehículos llenos de gentes desfiguradas por la lluvia. Pero todos nos
-hemos resignado á esta humedad irremediable. Ha sido inútil emplear las
-contadas prendas de recambio que guardábamos en nuestros pequeños
-equipajes. Dentro de este hotel-jardín la lluvia las moja en seguida.
-Además, nos acostumbramos fácilmente á ir con los pies húmedos y el
-cuerpo impregnado de agua y sudor, en esta tierra donde los aguaceros
-son tibios.</p>
-
-<p>Una orquesta rara pero agradable suena incesantemente en otro pórtico
-del hotel. Es una melodía bucólica, un susurro de suaves flautas, una
-música eoliana y vagorosa, sin la energía del soplido humano. Voy hacia<span class="pagenum"><a name="page_266" id="page_266">[Pg 266]</a></span>
-ella y encuentro sentados en el suelo á varios adolescentes que hacen
-sonar el instrumento típico de esta parte de Java: una lira hecha con
-cañas.</p>
-
-<p>Un grueso bambú horizontal sostiene cinco, más delgados, en forma de
-peine. Las cinco varillas están metidas en otras tantas cañas huecas,
-que al moverse chocan sus paredes con el espigón central. Cada una de
-las cañas emite una nota diferente, y en esto consiste el secreto de los
-fabricantes del rústico instrumento. Los pequeños músicos tienen en sus
-manos dos liras, ó sea diez notas, y agitándolas con rítmico movimiento
-producen una melodía indeterminada y soñolienta, dentro de la cual se
-forman al azar grupos de notas bizarras como las combinaciones
-caprichosas de los vidrios sueltos en el interior de un caleidoscopio.</p>
-
-<p>Al son de esta melopea danzan varios muchachitos moviendo el vientre y
-las caderas lo mismo que las odaliscas. Todos ellos llevan el <i>saroc</i> de
-colorines arrollado sobre las piernas, tienen un rostro aterciopelado de
-chocolate con leche, y sus ojos grandes y un poco oblicuos parecen de
-mujer. Muestran la gracia equívoca del efebo asiático, que hace imaginar
-repugnantes vicios. También es posible que estos pequeños bailarines no
-hagan más que seguir una tradición, repitiendo danzas que vieron desde
-pequeños, sin sospechar su malicia ni las suposiciones del blanco
-escandalizado.</p>
-
-<p>Mientras las liras de cañas susurran su melodía sin regla y siguen
-danzando los javanesitos, expelen las canales del tejado el agua á
-plenos chorros, los relámpagos iluminan otra vez con exhalaciones verdes
-la tarde color de ámbar, y rueda el carro de los truenos sobre edificios
-y arboledas.</p>
-
-<p>A las nueve de la noche, después de la comida, asistimos á un gran baile
-javanés, para el cual han venido<span class="pagenum"><a name="page_267" id="page_267">[Pg 267]</a></span> los mejores danzarines y la orquesta
-más famosa de toda la región.</p>
-
-<p>La servidumbre descalza aparta las mesas, y todo el comedor queda
-convertido en una sala de espectáculos. Este comedor se halla abierto
-por tres de sus caras; es una techumbre sostenida por numerosos arcos
-blancos. Más allá hace brillar el jardín sus hojas de charol bajo unos
-focos de luz eléctrica, cuyas lunas se muestran rayadas incesantemente
-por hilos de cristal. Continúa la lluvia del Trópico, una lluvia sin
-medida en el volumen y la duración. Todo está impregnado de humedad:
-nuestras ropas, las servilletas, los manteles. Luego, en los
-dormitorios, encontraremos igualmente húmedas sábanas y toallas. Debajo
-de los techos la atmósfera, vibrante de perfumes vegetales, parece
-compuesta de agua flúida.</p>
-
-<p>Este baile debe ser algo extraordinario, pues van llegando en sus
-automóviles los javaneses más opulentos de las inmediaciones. La mayor
-parte de la propiedad de la isla continúa en poder de los antiguos
-nobles y los comerciantes enriquecidos. Conservan sus trajes por un
-sentimiento oculto de nacionalismo, pero se apropian las comodidades más
-costosas de sus dominadores.</p>
-
-<p>Los instrumentos de la orquesta del baile son tan originales como las
-liras de cañas. Los músicos, sentados en el suelo, hacen sonar una
-especie de violines, apoyándolos verticalmente en una rodilla como si
-fuesen violoncelos. Otros golpean con sus manos tambores y discos
-metálicos. Un viejo hiere con sus palillos un teclado de tablitas, cada
-una de las cuales emite una nota distinta. El más importante de los
-instrumentos es una especie de banco con grandes orificios, y en cada
-uno de ellos una vasija de metal semejante á los cántaros que emplean
-los lecheros. El músico golpea estos vasos<span class="pagenum"><a name="page_268" id="page_268">[Pg 268]</a></span> con mazas forradas de piel,
-arrancándoles largas vibraciones.</p>
-
-<p>Tocan una especie de preludio que en los primeros instantes parece
-arañar los oídos con sus discordancias. Poco á poco surge del
-enmarañamiento acústico algo concreto que podría llamarse la «Sinfonía
-de la selva». Los instrumentos reproducen la risa luminosa del arroyo,
-el murmullo de las hojas, el rebullir de la vida animal en los
-matorrales. Indudablemente, los instrumentos de cuerda imitan el zumbido
-tenaz de los insectos. El músico ha copiado con ingenuidad los vagidos
-de la Naturaleza, como en los albores de toda civilización los artistas
-primitivos reprodujeron á su modo las plantas y los seres que les
-rodeaban.</p>
-
-<p>Sentados en el suelo, sobre esteras de junco, hay varios danzarines,
-hombres y mujeres. Ellas son las únicas que cantan, con una voz chillona
-y discordante que recuerda el cacareo de la gallina. En el espacio
-libre, ante la orquesta, un hombre y una mujer bailan esta danza
-coreada. En realidad permanecen inmóviles; sus pies no se separan del
-suelo. Son los brazos los que se agitan, y más aún las manos,
-acompañando con lentas dilataciones el ritmo de la música.</p>
-
-<p>Entre las gentes del país acudidas para presenciar este baile hay cuatro
-jóvenes nobles que llaman la atención por la elegancia híbrida de sus
-trajes. Son javaneses por sus cabezas; del cuello á la cintura son
-europeos; luego recobran su nacionalidad hasta los pies. Me explicaré
-con más detalles. Van tocados con el pequeño turbante de <i>batik</i> negro y
-dorado, que forma un lacito de dos pequeños cuernos sobre la frente.
-Visten <i>smoking</i> y chaleco blanco. La pechera de su camisa es de
-encajes, y dos botones de diamantes centellean debajo de su corbata
-negra. A continuación llevan las piernas envueltas<span class="pagenum"><a name="page_269" id="page_269">[Pg 269]</a></span> en una rica tela de
-<i>batik</i> obscura, con anchas rayas de oro. Por debajo asoman los pies
-pequeños, metidos en calcetines de seda calada y escarpines de charol.
-Los cuatro, como signo de su categoría, llevan un <i>kris</i> antiguo, una
-espadita dorada puesta oblicuamente sobre sus riñones, cuya empuñadura
-despega el <i>smoking</i> de su espalda.</p>
-
-<p>Han venido en sus automóviles, atraídos por esta fiesta á la que asisten
-muchas viajeras americanas, hermosas y elegantes. Guardan una gravedad
-de próceres musulmanes. Ocupan una mesa, bebiendo simples limonadas, y
-miran con sus ojos negros y ardientes á tantas mujeres blancas, que
-parecen traer en su perfume las seducciones de un mundo lejanísimo. Los
-cuatro llevan el bigote recortado, según la moda actual, y revelan en
-todos sus gestos una educación á la europea.</p>
-
-<p>El gerente del hotel va contando á los viajeros que estos jóvenes son
-ricos, de antigua nobleza, y viven además, como amigos y acompañantes,
-cerca del regente de la provincia. (El regente es el gobernador
-indígena, poderoso personaje que ha venido á sustituir á los antiguos
-reyezuelos.) El mismo gerente se hace lenguas de lo que son los cuatro
-jóvenes como bailarines. Por espíritu de tradición han sabido guardar
-fielmente las antiguas danzas de la isla. Los profesionales del baile
-javanés que están presentes reconocen y admiran la superioridad de estos
-señores.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ay!... ¡Si ellos quisieran bailar!...</p>
-
-<p>Basta que el hotelero exponga esta posibilidad hipotética, para que
-varias señoritas americanas, con la intrepidez propia de su pueblo,
-deseen una inmediata realización. Algunas de ellas piden á los cuatro
-<i>gentlemen</i> de la espadita dorada que salgan á bailar, y ellos,
-respetuosos y algo avergonzados al verse objeto de la<span class="pagenum"><a name="page_270" id="page_270">[Pg 270]</a></span> atención general,
-acaban por ceder, aunque ninguno quiere ser el primero.</p>
-
-<p>Al fin, uno de ellos se desprende de los escarpines de charol y su
-chófer indígena surge de la masa de javaneses agrupada al pie de las
-escalinatas del jardín, para quitarle los calcetines. Avanza con los
-pies desnudos, color chocolate claro, que asoman por el borde de la rica
-falda de <i>batik</i>. Sus dedos se encorvan y se dilatan como si recobrasen
-la agilidad de los remotos ascendientes. Se ha puesto un gran velo verde
-sobre sus hombros, con las puntas caídas atrás y la amplia curva
-delantera más abajo de su pecho. Este velo va á resultar en el curso de
-la danza tan importante como su persona.</p>
-
-<p>La primera de las bailarinas se coloca de pie ante él y empieza á
-cantar. El joven señor inicia su danza sin moverse del sitio que ocupa,
-expresándolo todo con las manos, con los balanceos lentos de sus brazos,
-con las posturas fijas que adopta luego su cuerpo. En realidad, la mujer
-no hace más que acompañar con su canto los gestos del bailarín. Algunas
-veces refleja los movimientos elegantes de éste, pero con una modestia
-de espejo pobre y turbio. Se nota su voluntad de no rivalizar con el
-hombre en unas actitudes que pueden llamarse escultóricas. Éste imita
-los contoneos soberbios y dominadores de los animales machos en la vida
-libre de la Naturaleza. Es una danza monótona, y sin embargo, pocas
-veces he visto un cuerpo humano en tan nobles posturas.</p>
-
-<p>Los cuatro <i>gentlemen</i> van saliendo por turno. Cada uno de ellos
-interpreta de modo diferente danzas de miles de años que expresan la
-superioridad absoluta del hombre y la humilde servidumbre de la mujer en
-las sociedades primitivas.</p>
-
-<p>Hablo valiéndome de un intérprete con el primero<span class="pagenum"><a name="page_271" id="page_271">[Pg 271]</a></span> de los jóvenes que
-salió á bailar. Me mira con extraordinario interés al saber que soy un
-blanco de los que fabrican libros y alguna vez escribiré lo que he
-presenciado esta noche. Él ama los cantos de su isla, las
-representaciones teatrales. Tal vez compone versos, aunque protesta
-apresuradamente cuando el traductor se lo pregunta en mi nombre.</p>
-
-<p>Luego muestra una generosidad de gran señor. Quiere que me lleve un
-recuerdo de él, y desprendiéndose de su espadita dorada me la entrega.
-Para que aprecie más el regalo me hace ver la hoja, roída por el óxido
-de los años. Es un arma honorífica, uno de los muchos <i>kris</i> legados por
-sus abuelos, que él usa únicamente por su antigüedad. Me explica que la
-hoja, llena de rugosidades como la piel de la serpiente, está compuesta
-de numerosas piececitas fundidas unas sobre otras, como si fuesen
-escamas, y las pequeñas grietas en semicírculo de dichas escamas
-contuvieron un veneno casi fulminante, capaz de acabar á un herido en
-pocos segundos. ¡Pero han pasado tantos años desde entonces!... Ahora el
-terrible <i>kris</i> no es más que un arma de museo roída por la herrumbre y
-que puede romperse como el cristal.</p>
-
-<p>Siguiendo un largo corredor y varias escalinatas cubiertas que nos
-libran de la lluvia, vamos á una especie de Guiñol establecido dentro
-del hotel.</p>
-
-<p>Tienen los javaneses un verdadero teatro en el que figuran actores de
-carne y hueso, pero su espectáculo preferido es la representación por
-medio de muñecos. Tal vez estos autómatas, al ser más irreales, dejan
-mayor espacio á la imaginación del público.</p>
-
-<p>El teatro es un salón sin ningún asiento. Gran parte de los espectadores
-están en el suelo. Un lado lo ocupa la orquesta. Son músicos iguales á
-los del baile, aunque todos ellos ofrecen la particularidad de que
-actúan con<span class="pagenum"><a name="page_272" id="page_272">[Pg 272]</a></span> cierto cansancio, teniendo los ojos cerrados. Parece que
-estén dormidos, pero cuando le toca á cada uno hacer sonar su
-instrumento, cumple dicha función sin entreabrir los párpados y vuelve á
-inmovilizarse en su actitud soñolienta. Luego, pienso que adoptan este
-gesto por refinamiento artístico, para concentrar mejor sus facultades y
-aislarse de la realidad, viendo más intensamente en su imaginación las
-peripecias del drama.</p>
-
-<p>Delante de los músicos y de espaldas á ellos está sentado en el suelo un
-viejo de voz lenta que habla sin mirar al público. Ante sus rodillas se
-extiende un tabladillo de escasa altura. A ambos lados tiene dos vasijas
-de porcelana, y dentro de ellas, en aparente desorden, están los
-personajes de la obra, monigotes de cabezas monstruosas, verdes ó
-purpúreas; vistiendo túnicas de floreado <i>batik</i> y con brazos
-articulados semejantes á las antenas de las langostas. Estos autómatas,
-que representan príncipes, guerreros, bellas damas ó humildes siervos,
-tienen al final de sus brazos dos altos bastones que recuerdan los que
-usaban las señoras de la corte de Versalles.</p>
-
-<p>El viejo director constituye por sí solo todo el teatro. Unos muñecos
-los fija en los agujeros del tablado y quedan inmóviles como un coro que
-intervendrá oportunamente. Otros los mantiene en sus manos, agarrando al
-mismo tiempo el espigón central y los dos bastones terminales de los
-brazos, lo que le permite con una simple frotación de los dedos, ocultos
-bajo la falda, poner en movimiento su cabeza y las otras extremidades
-articuladas.</p>
-
-<p>Los directores de estos espectáculos tienen el nombre de <i>dálang</i> y
-gozan de gran respeto. Guardan desde hace siglos una autoridad
-tradicional semejante á la del sacerdote ó el bardo. Todos ellos son
-poetas y gran<span class="pagenum"><a name="page_273" id="page_273">[Pg 273]</a></span>des improvisadores. Estos <i>dálang</i> dirigen algunas veces
-representaciones con actores enmascarados, siendo los únicos que pueden
-hablar en ellas. Los comediantes no hacen más que una pantomima,
-acompañando con sus gestos la declamación del director. Las piezas se
-llaman <i>topeng</i> (lo mismo las representadas por seres vivos que las de
-monigotes), y sus argumentos están sacados de la mitología ó la historia
-heroica de Java. La música no cesa un momento y sirve de eterno fondo á
-los lentos recitados del <i>dálang</i>.</p>
-
-<p>Me explican el drama: una lucha de paladines por el amor de una
-princesa; batallas, conquistas, raptos, persecuciones, y sobre todo
-muchos golpes. Existe un argumento, un cañamazo dramático, pero no hay
-nada escrito, y el viejo <i>dálang</i> va bordando sobre la materia
-tradicional todas las flores repentinas de su imaginación.</p>
-
-<p>Esto no es un teatro. Para serlo tendría que ajustarse á los límites del
-espacio y del tiempo, á la estrechez de un escenario, á las murallas
-aisladoras de una decoración. En realidad es una novela contada todos
-los días con nuevas variaciones y ayudada por medio de los monigotes y
-la música.</p>
-
-<p>Miro al viejo cuentista con un interés confraternal. Mantiene su cabeza
-baja, hablando y moviendo los personajes con el aire abstraído y
-concentrado del que se entrega á una improvisación.</p>
-
-<p>La orquesta dormida colabora incesantemente con él á pesar de sus ojos
-cerrados. El <i>dálang</i> está de espaldas á los músicos, no existe entre
-ellos ninguna relación directa, y sin embargo los instrumentos me hacen
-ver los episodios de esta novela javanesa más que las acciones de los
-monigotes.</p>
-
-<p>Dos personajes se mueven al extremo de las manos del improvisador, se
-aproximan y se apartan sin cho<span class="pagenum"><a name="page_274" id="page_274">[Pg 274]</a></span>carse, pues esto podría deteriorar sus
-frágiles cuerpos, y no obstante sé que acaban de entablar un combate
-encarnizado. Nunca he oído á una música expresar mejor los golpes. Estos
-instrumentistas soñolientos lanzan acordes secos, de una precisión
-matemática, sin mirarse entre ellos.</p>
-
-<p>Poco después abren todos la boca, viejos, adolescentes y niños, lanzando
-un rugido con cierta sordina. Es el rumor lejano de una muchedumbre que
-interviene en el curso de la historia.</p>
-
-<p>Yo cierro también los ojos para no ver las filas de monigotes inmóviles
-sobre el tabladillo que representan grotescamente á dicha multitud. Y al
-quedar en voluntaria ceguera lo mismo que los músicos, contemplo el
-pueblo evocado por el novelista javanés. Es una masa de hombres
-cobrizos, medio desnudos, que aclama á los héroes triunfantes, malayos
-de armaduras doradas, héroes anteriores al desembarco de portugueses y
-holandeses, cuando los habitantes de esta isla no conocían aún la
-existencia de Mahoma y alzaban en el interior de ella imágenes colosales
-de Buda, templos ciclópeos que la vegetación invasora del Trópico guardó
-durante muchos siglos en el misterio de su noche verde.<span class="pagenum"><a name="page_275" id="page_275">[Pg 275]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX<br /><br />
-LA PUERTA DEL EXTREMO ORIENTE</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">El jardín de Buitenzorg.&mdash;Flores que parecen insectos é insectos
-iguales á pedazos de madera.&mdash;El estrecho de Gaspar.&mdash;Los fenicios
-del Pacífico y sus portentosas navegaciones.&mdash;Verdadera patria de
-Simbad el Marino.&mdash;La cosmopolita ciudad de Singapore.&mdash;El
-gobernador Raffles.&mdash;Mezcla de pueblos y religiones.&mdash;Mi primera
-visita á un templo brahmanista.&mdash;El cultivo actual del
-caucho.&mdash;Rutina inglesa de los futbolistas de
-Singapore.&mdash;Degradación de los blancos que van en
-tranvía.&mdash;Juglares y domadores de serpientes.&mdash;El «smoking»
-blanco.&mdash;Los maravillosos sastres chinos.&mdash;Cuatro trajes en dos
-horas.</p></div>
-
-<p>Buitenzorg es la residencia veraniega del gobernador de Java. El
-palacio, reconstruido varias veces á consecuencia de los temblores de
-tierra, no ofrece nada de extraordinario. Lo que ha hecho famoso el
-nombre de Buitenzorg es su Jardín Botánico, anexo á la vivienda
-gubernamental. Como el terreno es más alto que en Batavia y la atmósfera
-menos densa y caliginosa, la vegetación se desarrolla en este lugar con
-toda magnificencia.</p>
-
-<p>Antes de marcharnos de Java queremos ver las especialidades más célebres
-de dicho jardín. Atravesamos una ancha avenida que es un túnel de
-verdura, pues los ramajes laterales se tocan, formando una bóveda
-compacta. En realidad, esta galería vegetal se compone únicamente de dos
-higueras banianos, árboles que tienen la<span class="pagenum"><a name="page_276" id="page_276">[Pg 276]</a></span> particularidad de reproducirse
-invadiendo las tierras próximas, de convertir sus ramas cuando tocan el
-suelo en otros tantos troncos con raíces, que á su vez producen nuevos
-soportes. En el Jardín Botánico de Calcuta, uno sólo de estos banianos
-ocupa un espacio considerable y desde lejos ofrece el aspecto de un
-macizo de arboleda.</p>
-
-<p>En los pequeños lagos de Buitenzorg admiramos la Victoria Regia, planta
-acuática de corola blanca cuyas hojas, de dos metros de diámetro, flotan
-como escudos sobre las aguas, y tal es su aspecto de estabilidad, que
-tientan á poner el pie en ellas como si fuesen de piedra verde.</p>
-
-<p>Los bambúes alcanzan dimensiones de árboles seculares. Se balancean al
-más leve soplo de la brisa y parecen conversar entre ellos con el
-frotamiento de sus menudas hojas. Estas cañas enormes son de diversos
-colores: amarillas, negras, moteadas. Todas las variedades de la palmera
-existen aquí igualmente, desde las de fuste grácil y ligero surtidor de
-ramas, que se inclinan con una gracia infantil, hasta las de tronco
-redondo y alto como una torre, que desafían erguidas los huracanes del
-tornado. Vemos también una gran variedad de lianas semejantes á madejas
-de reptiles adormecidos.</p>
-
-<p>Una colección célebre de orquídeas nos desorienta á causa de sus
-bizarras formas, y no sabemos finalmente con certeza si son flores ó
-parásitos monstruosos. En cambio, vemos en una sección zoológica pedazos
-de madera en apariencia medio podridos, hojas secas, grumos de detritus
-vegetal que son en realidad insectos. Estos seres vivos, de admirable
-mimetismo, adoptan la forma de la basura de la selva y permanecen
-inmóviles para no alarmar á sus presas, sorprendiéndolas mortalmente.</p>
-
-<p>Al abandonar Java nos damos cuenta de la incongruencia que existe entre
-la fealdad del puerto de Tand<span class="pagenum"><a name="page_277" id="page_277">[Pg 277]</a></span>jong-Priok y las bellezas interiores de la
-isla. Viendo estos muelles tostados por el sol y su continuación de
-terrenos pantanosos y selvas bajas, que son como nidos de la fiebre,
-nadie puede sospechar los paisajes paradisíacos que empiezan á
-desarrollarse cuando se penetra una docena de millas tierra adentro.</p>
-
-<p>Entre Java y Singapore la travesía resulta tan plácida como si
-navegásemos por un río. El <i>Franconia</i> va partiendo aguas verdes, con
-islotes de vegetaciones flotantes.</p>
-
-<p>Avanzamos teniendo á la derecha la isla de Banka y á la izquierda la
-enorme Sumatra, que figura con Borneo como las dos posesiones más
-extensas de Holanda. Tan grandes son estos macizos insulares, que una
-parte de su interior se halla en estado salvaje y los holandeses tienen
-que mantener una actitud defensiva ante muchas de sus tribus. Siempre
-que estos indígenas irreductibles encuentran ocasión, le cortan la
-cabeza al blanco para guardarla como el mejor de los trofeos. También se
-repiten los casos de canibalismo, á pesar de los esfuerzos de las
-autoridades para extender las costumbres civilizadas. En estos países,
-situados bajo la línea ecuatorial, el europeo colonizador no hace más
-que pasar, siéndole imposible vivir muchos años á causa del clima y las
-enfermedades. En realidad son factorías más que colonias, ya que el
-blanco no puede reproducirse en ellas ni crear una familia estable.</p>
-
-<p>En el llamado estrecho de Gaspar, las dos costas de Banka y Sumatra se
-aproximan de tal modo, que el mar parece un río. Entre ambas riberas se
-extienden fajas de baba amarillenta, espuma sucia de un canal en el que
-permanecen como enredadas las inmundicias traídas por las corrientes del
-Océano libre.</p>
-
-<p>Nuestro paquebote marcha con cierta precaución, á<span class="pagenum"><a name="page_278" id="page_278">[Pg 278]</a></span> causa de la escasa
-profundidad. Cuando salimos de un estrecho es para entrar en otro ó ir
-pasando á través de islas é islotes de pequeños archipiélagos. El mar
-tiene un verde claro de pradera que denuncia el poco fondo de sus aguas.
-A trechos se esparcen sobre este color verde grandes manchas de un
-blanco lácteo, reflejo de los campos de arena submarinos.</p>
-
-<p>Singapore es la puerta del Extremo Oriente. Al pasarla habremos dejado á
-nuestras espaldas la parte del mundo más distinta á Europa. Al otro lado
-del estrecho de Malaca vamos á encontrar la India, mas esta tierra ya no
-pertenece al Extremo Oriente y debe llamársela simplemente Oriente.</p>
-
-<p>Es cierto que sus diversos pueblos se diferencian en costumbres y
-religiones de los países europeos; pero no han vivido miles y miles de
-años ignorados de nosotros como el Japón, la China y las agrupaciones
-malayas. Alejandro llevó la cultura griega á este Oriente indostánico.
-Los hombres de nuestra antigüedad conocieron la India y tuvieron
-noticias de las diversas civilizaciones desarrolladas á orillas del
-Ganges. Los nautas árabes mantuvieron durante la Edad Media la
-comunicación de Europa con el citado Oriente indostánico, aunque ésta no
-resultase directa. Fué á partir del estrecho de Malaca, ó sea del
-presente Singapore, donde empezaba la noche y la ignorancia para
-nuestros pueblos. Nadie sabía nada cierto sobre Catay y Cipango, el
-actual Extremo Oriente.</p>
-
-<p>Al aproximarnos á Singapore vemos en estrechos y canales un enjambre de
-pequeños buques de cabotaje, pertenecientes á la marina malaya. Estos
-navegantes tradicionalistas han copiado en sus barcos las arboladuras de
-la marina de los occidentales, pero sus cascos, aunque construídos
-igualmente por un procedimiento<span class="pagenum"><a name="page_279" id="page_279">[Pg 279]</a></span> moderno, conservan siempre la popa más
-alta que la proa, lo que les da cierto aire de carabelas, disfrazadas de
-bergantines y goletas.</p>
-
-<p>Como nuestro mundo ha vivido docenas de siglos prestando sólo atención á
-los grupos humanos de la vertiente atlántica, sin sospechar siquiera lo
-que ocurría en la vertiente del Pacífico, la mayoría de las gentes que
-merecen el título de ilustradas ignoran en la actualidad lo que fueron
-los malayos como marinos y sus servicios á la civilización. Cuando Vasco
-de Gama, después de navegar solitariamente por las costas de África, fué
-avanzando en el mar de las Indias, quedó asombrado de la cantidad de
-buques asiáticos que pasaban á su vista. Estos argonautas de un mundo
-distinto al nuestro tenían sobrado espacio para comerciar sin salirse de
-sus mares, y si alguna vez llegaban á deslizarse por las estrechuras del
-mar Rojo, una barrera sólida les cerraba el paso, repeliéndolos hacia
-otros rumbos.</p>
-
-<p>Los malayos fueron los fenicios del Pacífico. De conocerse la historia
-de sus periplos podrían haberse escrito, basándose en ellos, numerosas
-odiseas. Según varios autores que estudiaron á fondo las tradiciones de
-esta raza de mercaderes y corsarios, la <i>Historia de Simbad el Marino</i> y
-otras muchas aventuras marítimas que figuran en <i>Las mil y una noches</i>
-no son más que relatos de proezas de malayos adoptadas por los
-navegantes árabes, discípulos y continuadores de aquéllos.</p>
-
-<p>A falta de una historia detallada y sólida, nos sirve para adivinar los
-antiguos viajes de los navegantes malayos la actual existencia de grupos
-de su misma raza en los lugares más distantes del Pacífico. Los
-argonautas amarillos construyeron sus primitivas flotas en estas riberas
-de Sumatra que vamos costeando. De aquí se lanzaron á piratear y
-comerciar por toda la inmensidad ma<span class="pagenum"><a name="page_280" id="page_280">[Pg 280]</a></span>rítima que se ofrecía á las proas de
-sus barcos con ojos, cuando aún vivían la mayor parte de los europeos en
-pleno salvajismo.</p>
-
-<p>Los habitantes de Madagascar son malayos de origen, lo que demuestra que
-por el Este llegaron éstos hasta las costas de África. Una gran parte de
-los pobladores del Japón actual son igualmente de origen malayo, lo que
-marca sus navegaciones hacia el Norte. Los indígenas del archipiélago de
-Hawai y otras islas oceánicas, situadas más allá de la mitad del camino
-entre Asia y América, también son malayos. ¿Por qué razón estos
-vagabundos del mayor de los Océanos, que realizaron la parte más grande
-y difícil de su travesía llegando á dichas islas y estableciéndose en
-ellas, no pudieron continuarla desembarcando en América, como uno de los
-varios pueblos que según las tradiciones americanas se extendieron de
-Norte á Sur, miles de años antes de la llegada de los conquistadores
-españoles?...</p>
-
-<p>Estos malayos de ahora que pasan en sus buquecitos anticuados junto á
-nuestro paquebote ignoran completamente las hazañas de sus antecesores.
-Hasta hace medio siglo eran piratas, pero una continua persecución les
-ha obligado á llevar la existencia de pobres marineros de cabotaje, sin
-audacias y sin ambiciones.</p>
-
-<p>Singapore es la obra de sir Stamford Raffles, funcionario enérgico que á
-principios del siglo XIX se apoderó de todas las islas holandesas,
-gobernando en Batavia á nombre de Inglaterra. En el Jardín Botánico de
-Buitenzorg está la tumba de su esposa.</p>
-
-<p>Cuando después de la caída de Napoleón tuvo que entregar, por acuerdos
-diplomáticos de Europa, las ricas posesiones holandesas al gobierno de
-La Haya, no quiso que su patria abandonase estos parajes y fundó la
-ciudad de Singapore, que domina el estrecho de Malaca.<span class="pagenum"><a name="page_281" id="page_281">[Pg 281]</a></span> Dos siglos antes
-que Raffles, el gran Alburquerque había visto la importancia del
-estrecho de Malaca, y pretendió fundar en él una colonia portuguesa para
-obtener de tal modo el monopolio del Extremo Oriente.</p>
-
-<p>Paseando por las calles de Singapore aprecia el viajero su valor
-comercial y estratégico. Dos mundos se encuentran y confunden en ella;
-dos Orientes completamente distintos. Hoy tiene más de 300.000
-habitantes y es una ciudad con barrios modernos y edificios altísimos.
-Posee igualmente plazas extensas y puentes colgantes sobre pequeños ríos
-navegables. Estos cursos de agua casi resultan invisibles; tantos son
-los barcos indígenas que flotan en ellos, borda contra borda.</p>
-
-<p>La estatua del gobernador Raffles se alza en el centro de la parte
-europea de Singapore. En los barrios que no ocupan los blancos, vive
-separado por razas y creencias todo el vecindario cosmopolita. Éste
-únicamente se deja ver mezclado en las grandes avenidas centrales. La
-ciudad inglesa de Singapore es ante todo una ciudad china, por la
-superioridad numérica de tal raza. Más de la mitad de su población se
-compone de chinos. Lo mismo que en Batavia, estos trabajadores
-infatigables acaparan todos los oficios manuales. Además, como son
-grandes ahorradores de dinero, se dedican al préstamo. El chino, fuera
-de su país, es igual al judío por su actividad inteligente y ávida, y se
-ve tan odiado como éste.</p>
-
-<p>En las calles de Singapore es donde empezamos á ver indostánicos con el
-busto de bronce completamente desnudo y largas cabelleras sueltas ó
-anudadas á estilo femenil; cingaleses con los ojos pintados, la cabeza
-rematada por una peineta y cierto aspecto intolerable de afeminamiento;
-árabes con alquiceles flotantes que marchan lentos y majestuosos;
-mujeres del Malabar llevando en sus narices botones de pedrería y
-numerosos<span class="pagenum"><a name="page_282" id="page_282">[Pg 282]</a></span> anillos de plata en los dedos de los pies. También pasa por
-las aceras, con trote menudo, la china de zapatillas silenciosas, más
-enana y más gorda de lo que es en realidad, á causa de su ancha blusa y
-sus holgados pantalones de lustrina negra.</p>
-
-<p>Dentro de las avenidas céntricas los comercios son europeos, pero en las
-vías laterales se nota la misma confusión de ciudad cosmopolita. Los
-chinos y los malayos poseen numerosas tiendas, é interpolados entre
-ellas figuran templos de diversas religiones: pagodas budistas,
-santuarios brahmanistas, iglesias católicas, capillas protestantes.</p>
-
-<p>&mdash;En este puerto de paso&mdash;me dice un amigo que hace años vive en
-Singapore&mdash;han venido á juntarse todas las religiones. Brahma, Buda,
-Confucio, Cristo y Mahoma se rozan á todas horas, acaban por mezclarse y
-algunas veces hasta se confunden.</p>
-
-<p>Aquí visito el primer templo brahmanista. Ocupa el centro de un patio,
-rodeado de una muralla blanca con pilastras. Sobre estas pilastras, á
-guisa de capiteles, hay unas cabras de yeso cuyo tamaño es doble del
-natural. Están sentadas sobre las cuatro patas encogidas, y sus cuerpos
-son blancos, pero con ojos azules y los hocicos de un rojo sangriento.
-Dentro del patio, y al amparo de un cobertizo, veo algunos carros con
-imágenes de ídolos pintarrajeadas. Estos vehículos de ruedas macizas
-salen en las procesiones organizadas por los bracmanes.</p>
-
-<p>Tengo que descalzarme para entrar en el santuario, aunque todo él puede
-verse desde el patio por estar descubierta su parte delantera. Sobre los
-altares hay ofrendas de cirios, cocos y plátanos.</p>
-
-<p>Van saliendo poco á poco de las boncerías próximas los sacerdotes y sus
-ayudantes, atraídos por esta visita inesperada. Son unos hombres de
-color obscuro,<span class="pagenum"><a name="page_283" id="page_283">[Pg 283]</a></span> casi negros, pero con nariz aguileña, y su delgadez
-resulta extraordinaria. No tienen sobre su esqueleto más que la grasa
-precisa para rellenar las oquedades de los huesos, y aun así se les ven
-las aristas del costillaje, de las clavículas y las rótulas. Su
-vestidura es una simple tela roja anudada á la cintura. Todos llevan
-cabelleras largas, á estilo de mujer, sujetas por un peine de concha.
-Hay un niño entre ellos, hijo de alguno de los sacerdotes, al que todos
-acarician con esa ternura paternal que los indostánicos muestran por la
-infancia. Este sacristancito, espigado y esbelto, va completamente
-desnudo. Lleva cabellera larga y peineta como los hombres. Sus partes
-genitales las tiene ocultas en una bolsita blanca, única vestimenta que
-conoce su cuerpo.</p>
-
-<p>Singapore está en pleno <i>boom</i>, como los otros mercados del Extremo
-Oriente. Aquí existe un motivo especial para la prosperidad de los
-negocios. El cultivo del caucho, que es uno de los descubrimientos más
-importantes de la agricultura moderna, tiene su principal centro en esta
-tierra.</p>
-
-<p>Hace unos cuantos años nada más, el caucho era una materia preciosa que
-se producía naturalmente y los aventureros iban á buscar en las selvas
-vírgenes de los países situados bajo el Ecuador. Viajando por la América
-del Sur conocí á muchos varones enérgicos, de existencia novelesca, que
-se lanzaban á través de los bosques inexplorados de Bolivia y el Brasil
-en busca de grupos de árboles productores del caucho, llevando una vida
-llena de peligros, teniendo que batirse con las fieras, con los hombres
-y las enfermedades. La invención del automóvil y otros descubrimientos
-recientes, al aumentar de un modo ilimitado el consumo del caucho,
-hicieron necesaria la busca de nuevos medios de producción, y el árbol
-natural, perdido en las selvas,<span class="pagenum"><a name="page_284" id="page_284">[Pg 284]</a></span> ha pasado á ser un cultivo
-científicamente ordenado y explotado en los países ecuatoriales de Asia.</p>
-
-<p>Singapore es ciudad inglesa, pero sólo ocupa una punta de la extensa
-península de Malaca. Detrás de ella existen el Estado independiente del
-sultán de Johore y otros países autónomos, que forman agrupados la
-llamada Federación de Estados Malayos, bajo el protectorado de
-Inglaterra.</p>
-
-<p>Visitamos en la ciudad de Johore una parte del palacio del sultán, una
-mezquita y el Casino, donde funciona la ruleta. A Johore la llaman el
-«Monte-Carlo de Asia», pero cuando nosotros pasamos por ella se notaba
-gran falta de jugadores y la ruleta permanecía inactiva á pesar del
-<i>boom</i> de los negocios.</p>
-
-<p>En otras excursiones por cerca de Singapore vamos viendo los campos
-plantados de caucho y las fábricas donde se prepara y solidifica esta
-materia tan preciosa para las industrias de nuestro tiempo. La
-vegetación tropical embellece dichos alrededores, cubriendo con su
-exuberante verdor llanuras, barrancos y montañas. El baniano, de ramas
-multiplicadoras, cubre espacios enormes; hay campos extensos plantados
-de mandioca, principal alimento de la gente popular, y bosques de
-cocoteros á lo largo de las playas.</p>
-
-<p>Dentro de Singapore se muestra el tradicionalismo británico con una
-rutina que hace sonreir. Los empleados ingleses, muchos negociantes
-jóvenes y los hijos de europeos nacidos en la ciudad se dedican al juego
-del fútbol ó del <i>tennis</i> en las praderas de césped que existen dentro
-de las plazas. Pero como en Inglaterra estos juegos son por la tarde, en
-Singapore se desarrollan á la misma hora, con una temperatura de más de
-40 grados, bajo una atmósfera pesada que cubre de sudor hasta á los que
-contemplan simplemente la partida.<span class="pagenum"><a name="page_285" id="page_285">[Pg 285]</a></span></p>
-
-<p>El calor de Singapore hace ansiar al viajero una pronta vuelta al buque
-y que éste salga cuanto antes á los espacios dilatados del Océano, donde
-siempre sopla alguna brisa. La ciudad es atrayente y bella; su
-vecindario inspira interés á causa de sus variedades pintorescas, ¡pero
-el calor!... No debe olvidarse que Singapore está á menos de dos grados
-de la línea ecuatorial.</p>
-
-<p>Toda su vida europea se concentra en un par de hoteles enormes. El más
-antiguo, ó sea el llamado Raffles, figura entre los ochenta grandes
-hoteles que conoce invariablemente todo el que da la vuelta al mundo.
-Como en él se concentran las diversiones elegantes de Singapore y
-cuantos pasan por la puerta del Extremo Oriente vienen á sentarse en las
-mesas de su comedor, los mercaderes de la ciudad han establecido puestos
-de venta en su piso bajo y el hotel es á modo de un pueblo en eterno
-movimiento.</p>
-
-<p>Vendedores obesos con el rostro de color canela y ojos profundamente
-negros ofrecen las famosas cañas de Malaca convertidas en bastones,
-elefantes de ébano y marfil, aves del Paraíso traídas de las Molucas,
-jarrones de porcelana, telas finísimas con dibujos indostánicos. Las
-riquezas de la India se juntan aquí con las de la China y el Japón.</p>
-
-<p>Encuentro en Singapore á dos damas que hablan nuestro idioma; dos
-chilenas distinguidas, la señora Eltin y su hermana, casadas con dos
-hombres de negocios del país. Asisto con ellas á un baile en el Hotel
-Raffles, que se repite tres veces por semana, y es el centro de reunión
-de los blancos.</p>
-
-<p>Ir á pie es considerado en toda Asia como función deshonrosa. El tranvía
-sólo lo emplean las gentes de color. Un blanco se vería desconsiderado
-si montase en él, y los mismos que lo ocupan habitualmente mostra<span class="pagenum"><a name="page_286" id="page_286">[Pg 286]</a></span>rían
-extrañeza por tal desconocimiento de las categorías sociales. La
-<i>ricsha</i> se acepta como algo medianamente tolerable nada más. El blanco
-sólo empieza á contar en las colonias europeas de Asia cuando tiene
-automóvil. Durante el baile en el Hotel Raffles, una nube de lacayos,
-descalzos, con levita blanca y turbante, se agitan para hacer pasar ante
-la escalinata los centenares de automóviles que han ido aglomerándose en
-las cercanías.</p>
-
-<p>Las damas visten como en Europa. El descote y los brazos desnudos les
-permiten soportar los trajes de etiqueta de otros climas. Los hombres
-van de blanco, con telas ligerísimas fabricadas en China. Todos llevan
-<i>smoking</i>, pero cortado en este género sutil. Me apresuro á usar por
-comodidad tal innovación en mi indumento de ceremonia.</p>
-
-<p>Durante la tarde he presenciado en los jardines del Hotel Raffles la
-primera fiesta de juglares indostánicos, maravillosos escamoteadores que
-sacan pajarillos vivos de diversos lugares de sus cuerpos casi desnudos,
-hacen crecer plantas á la vista, y después de introducir á un colega
-suyo en un pequeño serón, atraviesan éste con una espada repetidas veces
-y luego el compañero vuelve á surgir, incólume y sonriente. Todo esto lo
-han hecho sin ningún aparato escénico que se preste á trampas, en pleno
-jardín, á las cuatro de la tarde, sobre el césped de una pradera.</p>
-
-<p>Además, nos encontramos por primera vez con algo que nos acompañará por
-toda la India. Los encantadores de reptiles colocan sus cestos redondos
-de junco rojizo sobre la misma pradera, lanzan los sones plañideros de
-una pequeña gaita, é inmediatamente se alzan las tapas de los cestos y
-empiezan á remontarse varias serpientes, balanceándose al compás de la
-triste música.<span class="pagenum"><a name="page_287" id="page_287">[Pg 287]</a></span></p>
-
-<p>Son completamente distintas á las que se ven en África y América, de
-cabeza triangular y cuello delgado. Aquí es la terrible cobra, cuyo
-veneno mata en unos segundos, la «naja» de pescuezo hinchado, que parece
-llevar una gorguera y encorva cuello y cabeza, considerablemente
-dilatados, como si fuesen la hoja de un platanero. En mitad de sus
-ejercicios algunas de ellas, seducidas por la frescura del césped, se
-deslizan hacia un lado del extenso corro de señoras y caballeros que
-presencian el espectáculo. Chillidos femeninos, espectadores que
-abandonan los asientos y hacen unos pasos atrás; pero el encantador
-agarra á las fugitivas por la cola y tira de ellas, haciéndolas volver
-para que sigan danzando... ¡Mas tantas veces he de hablar de este
-espectáculo! ¡Lo encontraré con tanta frecuencia durante mi viaje por la
-India!...</p>
-
-<p>Siento miedo al pensar en el suplicio de vestir un <i>smoking</i> negro para
-el baile de la noche. En Singapore significa algo así como enfundarse en
-una armadura antigua de hierro. Me aconsejan que busque á uno cualquiera
-de los sastres chinos que trabajan en los edificios anexos al hotel.
-Adopto tal indicación sin ninguna esperanza de éxito. Son las cinco de
-la tarde y el baile empezará á las nueve de la noche, después de la
-comida. ¡Qué puede hacer un sastre en tan pocas horas!...</p>
-
-<p>Entro en la tienda. Una docena de chinitos sentados en el suelo cosen y
-cosen con pequeñas máquinas. Al mismo tiempo cantan, ríen ó conversan
-lanzando una serie de chillidos iguales á los de una banda de gorriones
-descarados.</p>
-
-<p>El dueño, obeso, carilleno, jovial, acoge mi demanda con una sonrisa
-protectora y parpadea sus ojitos apenas abiertos. Sabe perfectamente lo
-que es la prisa de un europeo llegado á estos países de calor sin la
-indumen<span class="pagenum"><a name="page_288" id="page_288">[Pg 288]</a></span>taria conveniente. Él está aquí para remediar tales olvidos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cuántos trajes desea?&mdash;acaba por decirme.</p>
-
-<p>Me extraña su pregunta. Con uno tengo de sobra, pero debe fijarse antes
-de aceptar mi encargo. Lo necesito para esta misma noche, para dentro de
-unas horas, y reconozco que el plazo es muy corto.</p>
-
-<p>&mdash;¿Le parece bien que haga cuatro?&mdash;sigue diciendo&mdash;. Lo difícil es el
-primero. Después, lo mismo me cuesta hacer uno que media docena. En
-estos países se suda mucho y nunca se tiene bastante ropa.</p>
-
-<p>Lo que yo deseo saber es el tiempo que necesitará para proporcionarme un
-traje blanco, uno nada más, y él contesta:</p>
-
-<p>&mdash;Si me da un traje suyo como modelo le haré los cuatro en una hora; si
-es por medida, pido dos horas.</p>
-
-<p>Dejo que tome mis medidas este maestro jactancioso y jocundo. Mientras
-apunta los resultados dice palabras ininteligibles á su personal y toda
-la chinería ríe igualmente. Deben estar burlándose de mí.</p>
-
-<p>Me voy un poco amoscado, seguro además de que todo lo prometido
-resultará mentira. Ni cuatro trajes, ni uno siquiera. De recibirlos, lo
-más pronto será mañana.</p>
-
-<p>Vuelvo dos ó tres veces al azar de mis paseos ante la tienda del sastre.
-El maestro, detrás de su mostrador, corta y corta en una pieza enorme de
-tela blanca; los chinitos, acurrucados en el suelo, cosen y cosen, entre
-una algarabía de jaula revuelta. Me reconocen al pasar, ríen, me hacen
-señas incomprensibles. Sin duda siguen burlándose del cliente
-extranjero.</p>
-
-<p>Transcurren dos horas. A las siete, poco antes de la comida, vuelvo
-lentamente hacia la tienda del chino. Reflexiono sobre la conveniencia
-de dar un bastonazo oportuno para suprimir este regocijo chinesco que
-se<span class="pagenum"><a name="page_289" id="page_289">[Pg 289]</a></span> permiten á costa de mi persona... Encuentro cerrada la puerta. Lo
-que yo temía. Volveré mañana, para ver si el «maestro» piensa seguir
-fisgándose de mí.</p>
-
-<p>Al entrar en el Hotel Raffles me llama el conserje y veo á un muchacho
-con dos ligeros paquetes; uno de los mismos chinitos que cosía en el
-suelo con las piernas cruzadas. El empleado del hotel me traduce el
-mensaje del sastre:</p>
-
-<p>&mdash;Aquí tiene los cuatro trajes. Hace media hora que está el <i>boy</i>
-esperando para entregárselos, ¡pero como no sabía el nombre de su
-cliente!... No se los pague al chico. Ya se los pagará usted al sastre
-cuando le parezca.</p>
-
-<p>Y á las nueve de la noche me visto uno de los <i>smokings</i> blancos, sin
-defecto alguno, igual á todos los que usan los elegantes de Singapore.<span class="pagenum"><a name="page_290" id="page_290">[Pg 290]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XX" id="XX"></a>XX<br /><br />
-LA CIUDAD DE LOS ELEFANTES</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">La muerte del más gordo de los «stewards».&mdash;Una mosca
-javanesa.&mdash;Cadáver al agua.&mdash;El río de Rangoon.&mdash;La famosa pagoda
-de Shway Dagon.&mdash;Todos bonzos.&mdash;La superioridad de la mujer
-birmana.&mdash;Sus enormes cigarros.&mdash;Los serpenteros de Rangoon y sus
-pupilas.&mdash;Abundancia de elefantes.&mdash;Su inteligencia y sus
-trabajos.&mdash;Hombres con pendientes y peinado de mujer.&mdash;La policía
-pega.</p></div>
-
-<p>Seguimos el extenso callejón marítimo del estrecho de Malaca&mdash;el más
-largo de nuestro planeta&mdash;, y al final entramos en el mar de las Indias
-y su prolongación el golfo de Bengala.</p>
-
-<p>Vamos á Birmania, en la ribera Este de dicho golfo, y el <i>Franconia</i>
-costea durante tres días la dilatadísima península malaya, pasando junto
-á los archipiélagos tendidos ante ella.</p>
-
-<p>Dos días después de nuestra salida de Singapore me dicen en secreto que
-alguien ha muerto en el buque y á las diez de la mañana arrojarán su
-cadáver. Nos faltan veinticuatro horas para llegar á Rangoon, pero el
-desembarco en dicho puerto no es fácil. Los grandes vapores quedan
-anclados en el río á gran distancia de la ciudad. Además, por exigencias
-sanitarias, conviene desembarazarse cuanto antes de dicho cadáver.</p>
-
-<p>El que murió es un criado de comedor, un <i>steward</i> que llamaba la
-atención por ser el más gordo del buque;<span class="pagenum"><a name="page_291" id="page_291">[Pg 291]</a></span> inglés rubicundo, alto y
-cuadrado, con un peso de 110 kilos. Al bajar en Batavia le picó una
-mosca, sin que en el primer momento diese importancia alguna á este
-incidente. En el trayecto de Java á Singapore la simple picadura se
-enconó como si fuese de un reptil venenoso y anoche ha muerto
-completamente desfigurado, con las facciones tumefactas y ennegrecidas.
-Esto no es extraordinario. En los países tropicales, insectos en
-apariencia inofensivos transmiten infecciones de muerte.</p>
-
-<p>Este pobre <i>steward</i> es el segundo que cae en nuestro viaje. El joven
-americano que vino moribundo de Pekín á Shanghai ha conseguido salvarse
-en la enfermería del buque. Aún está convaleciente y no baja á tierra.
-Tal vez termine su viaje alrededor del mundo sin ver otra cosa que
-puertos de ciudades lejanas y extensiones desiertas de Océano, pero
-habrá conservado su vida. Este atleta rubicundo y alegre, que durante la
-última guerra sirvió en varios buques que fueron torpedeados, salvándose
-de la explosión mortal y de las llamas del incendio, ha caído finalmente
-por obra de una mosca de Java y está abajo, negro como si su cadáver
-fuese de carbón, putrefacto en breves horas, siendo una amenaza para la
-existencia de los demás, un foco de contagios exóticos é inexplicables.</p>
-
-<p>No quiere el comandante que se divulgue la noticia de tal defunción. La
-vida ordinaria del paquebote debe continuar como todos los días. Los
-pocos viajeros conocedores del suceso seguimos á las gentes del buque
-que disimuladamente se dirigen hacia la popa por los corredores
-destinados al servicio.</p>
-
-<p>Hay en el <i>Franconia</i> toda una parte que ignoran los pasajeros: galerías
-por donde puede correr la marinería de popa á proa, sin necesidad de
-atravesar los salones y escalinatas de lujo. Con estas galerías se
-comunican los<span class="pagenum"><a name="page_292" id="page_292">[Pg 292]</a></span> departamentos de máquinas, los depósitos de víveres, las
-cocinas y otras dependencias. Son como los pasadizos y escaleras de
-servicio que existen en los grandes hoteles.</p>
-
-<p>Nos deslizamos por una puertecita generalmente inadvertida y caemos en
-pleno movimiento de las gentes que sirven las múltiples necesidades de
-este palacio flotante. Los <i>stewards</i> marchan todos hacia la popa
-rápidamente, deseosos de que no se percaten de su ausencia los señores
-que están arriba. Llegamos á un amplio espacio descubierto por tres de
-sus caras y con techo, situado sobre el timón, en la parte más saliente
-de la popa. Cerca están los talleres de lavado, y las mujeres que
-trabajan en ellos suspenden sus operaciones para unirse á la fúnebre
-despedida.</p>
-
-<p>Muchos pasajeros han comprado pájaros en los puertos del Extremo
-Oriente, entregándolos á hombres de la tripulación para que los cuiden
-fuera del ambiente de sus camarotes, y es en este lugar donde permanecen
-guardados dentro de jaulas pendientes del techo. Surge de ellas un
-continuo trino de canarios y calandrias que la paciencia china convirtió
-en incansables cantores.</p>
-
-<p>Se van agrupando en dicha parte del <i>Franconia</i> unos trescientos
-hombres. Todos llevan su uniforme azul de gala, con botones dorados,
-ropa que les hace sudar en esta mañana cálida. El capitán llega seguido
-del estado mayor del buque y se sitúa junto al féretro. Es un cajón de
-madera blanca construído horas antes. Una bandera lo cubre por entero
-con sus rayas de colores. Lo han depositado sobre una tabla colocada en
-el mismo borde de un portalón abierto en la barandilla. No hay más que
-hacer un movimiento de palanca, y el féretro, arrastrado por la pesadez
-de los hierros encerrados en él, se irá á fondo inmediatamente.<span class="pagenum"><a name="page_293" id="page_293">[Pg 293]</a></span></p>
-
-<p>Uno de los oficiales, encargado de las lecturas religiosas todos los
-domingos, recita las oraciones propias del acto. Varios grumetes van
-distribuyendo libros entre el compacto gentío: volúmenes de salmos,
-encuadernados en chagrín negro.</p>
-
-<p>Suena una música dulce y quejumbrosa. La orquesta del buque permanece
-invisible en esta aglomeración de hombres que escuchan con la frente
-baja. Todos abren su libro y se inicia un canto religioso, un coral de
-numerosas estrofas, que se prolonga media hora. Ya dije que esta gente
-canta bien, y la melancolía de sus voces, el lamento de los violines, el
-féretro embanderado que cada vez se inclina más sobre el abismo, la
-extensión azul y dorada del mar desierto, un cielo por cuyo horizonte
-resbalan lentamente montañas de vedijas blancas, todo da un interés
-emocionante al triste episodio de nuestro viaje.</p>
-
-<p>Las aves que penden del techo, enardecidas por este coro de centenares
-de voces se unen á él lanzando trinos ruidosos. Cantan con una energía
-que eriza sus plumas é hincha sus gargantas como si fuesen á
-desgarrarse.</p>
-
-<p>De pronto un chapuzón en el mar, una pequeña columna de espuma que
-asciende recta como un surtidor. Obedeciendo á un leve signo del
-comandante, los marineros han dejado caer el féretro cuando menos lo
-esperábamos. Nadie se mueve; continúa el cántico. El <i>Franconia</i>, que
-había aminorado su marcha, vuelve á agitar las hélices á toda velocidad.
-Ya debe estar el muerto muy lejos de nosotros, pero siguen los lamentos
-musicales por su eterno reposo.</p>
-
-<p>Cesa al fin el salmo fúnebre. Las trompetas lanzan un toque marcial
-indicando que la energía y el trabajo diarios para vencer al peligro van
-á reanudarse. Los grumetes recogen en cestos los libros de plegarias. El
-capitán y<span class="pagenum"><a name="page_294" id="page_294">[Pg 294]</a></span> sus oficiales saludan y se retiran. Todos van á despojarse
-apresuradamente de sus uniformes azules para recobrar las prendas
-blancas de diario. A los pocos minutos me veo solo en este lugar donde
-se aglomeraban tantos hombres.</p>
-
-<p>Vuelven á funcionar las máquinas del taller inmediato, exhalando un olor
-de ropa mojada y lejía batida. Las mujeres de brazos arremangados mueven
-otra vez sus planchas. Y los pájaros, dentro de sus cárceles
-balanceantes, siguen cantando furiosamente, excitados aún por la música
-humana que vino á interrumpir sus conciertos solitarios.</p>
-
-<p>El mar es al día siguiente de un verde amarillento; horas después se
-hace rojizo, y al final toma un color terroso tan denso, que nuestro
-buque parece deslizarse por una llanura. Hemos entrado en el Irrawady,
-río de Rangoon, y debemos remontarlo muchas millas hasta llegar al sitio
-donde fondean los trasatlánticos de importancia, no pudiendo ir más
-adelante. El canal navegable está marcado por dos filas de boyas y los
-buques trazan grandes revueltas al seguirlo.</p>
-
-<p>Las riberas son amarillas y bajas, con estrechas zonas de fresco verdor.
-A largos trechos hay grupos de árboles que indican la existencia de
-casas invisibles. Pasan cerca de nosotros barcas pintadas á cuadros
-blancos y negros, y sus tripulantes, medio desnudos, mueven unos
-canaletes terminados por paletas completamente redondas. Algunas veces
-el grupo de árboles deja ver las techumbres de paja de un pueblo y sobre
-ellas una pirámide en forma de campanilla, que es el adorno central de
-todas las pagodas birmanas. En las ciudades esta misma pirámide se halla
-cubierta de oro. Aquí es blanca, con una costra de cal cuidadosamente
-mantenida.</p>
-
-<p>Con el desplazamiento de su volumen dentro de esta<span class="pagenum"><a name="page_295" id="page_295">[Pg 295]</a></span> agua canalizada,
-levanta nuestro vapor grandes olas entre su casco y la orilla. Veleros
-de arboladura mixta, medio asiática y medio europea, que se deslizan en
-dirección opuesta, cabecean con violencia, cual si hiciesen frente á una
-tempestad. Las olas cortas y continuas no les dan tiempo para levantarse
-y volver á caer rítmicamente, como en el mar. Pero la marinería malaya
-no presta atención á tales sacudidas, que hunden el extremo de su proa,
-y acodándose en las bordas contempla inmóvil el paso de nuestro
-trasatlántico.</p>
-
-<p>Anclamos en el fondeadero de Hastings, lejos de Rangoon. Sus edificios
-modernos y las cúpulas de oro de sus pagodas se ven algo esfumados por
-encima de las arboledas de los jardines. Unos vaporcitos nos llevan á la
-ciudad, navegando á través de numerosos paquebotes y veleros que han
-podido avanzar más en el río, anclando según su calado.</p>
-
-<p>Al saltar á tierra nos damos cuenta de que acabamos de entrar en un
-mundo distinto á los que conocimos en anteriores escalas. Estamos en la
-India; pero una India más colorinesca y alegre que la famosa y
-tradicional que veremos semanas después.</p>
-
-<p>Birmania es la última adquisición de los ingleses en el Oriente índico.
-Hace unas decenas de años nada más aún existía un reino de Birmania. Al
-anexionarse Inglaterra á este país, su capital, Mandalay, situada en el
-interior, á veinticuatro horas de ferrocarril, ha perdido su antigua
-importancia. Rangoon, puerto principal de todo el Este del golfo de
-Bengala, absorbe la vida de los países inmediatos.</p>
-
-<p>No se nota aquí el cosmopolitismo de Singapore. Los habitantes son
-puramente birmanos. Pero la importancia religiosa de la ciudad, á causa
-de la célebre pagoda llamada Shway Dagon, atrae numerosos peregrinos de<span class="pagenum"><a name="page_296" id="page_296">[Pg 296]</a></span>
-todos los países budistas, hasta de las provincias más interiores de la
-China.</p>
-
-<p>El budismo es una religión en decadencia. Posee aún centenares de
-millones de adeptos porque la China y el Japón abrazaron las doctrinas
-del innovador Gautama. Pero este sacro personaje, nacido en la India,
-después de ver aceptados sus dogmas en su propia patria quedó vencido
-por el brahmanismo, que se rehizo de su primera derrota, reconquistando
-finalmente la mayor parte del país.</p>
-
-<p>Hoy sólo quedan dos centros del budismo en toda la India: Ceilán y
-Birmania. En Ceilán está la ciudad de Kandi con su pagoda, que guarda un
-diente de Buda. En Birmania los peregrinos van á Rangoon para visitar la
-Shway Dagon, edificada sobre tres cabellos del sacro personaje.</p>
-
-<p>A pesar de que son muchísimos los peregrinos que llegan de la China, del
-Tibet y otros países lejanos, apenas se nota su presencia, por quedar
-como sumergidos en la gran masa birmana.</p>
-
-<p>La muchedumbre de Rangoon agrupada en las calles es habladora,
-comunicativa, y siente curiosidad por todo. Ama los colores vistosos y
-los emplea con preferencia en sus trajes. Fanáticamente budista,
-considera el estado sacerdotal como el más perfecto, y procediendo
-lógicamente, todos los rangoneses procuran ser bonzos, aunque sólo sea
-durante un corto período de su juventud. Los hombres antes de casarse se
-agregan á cualquiera boncería, llevando una existencia semejante á la de
-los novicios en un convento católico. Lo que les importa es poder
-afeitarse la cabeza por entero, al modo sacerdotal, y llevar como
-vestidura una tela de varios metros arrollada al cuerpo, lo mismo que la
-antigua toga romana. Como este hábito tiene un tinte de azafrán<span class="pagenum"><a name="page_297" id="page_297">[Pg 297]</a></span> fuerte
-y vistoso, la enorme cantidad de bonzos perpetuos ó circunstanciales
-refuerza el aspecto multicolor de las muchedumbres.</p>
-
-<p>Los hijos de familia acomodada son pequeños bonzos de exterior pulcro,
-con anteojos de concha los más de ellos y manto de azafrán muy amarillo,
-que tiene de lejos el color del oro. Los bonzos mendicantes,
-extremadamente delgados, ofrecen un aspecto grotesco por el abultamiento
-de su vientre. Cuando pasan ante una tienda desenvuelven su manto
-descolorido y revelan el misterio de su incomprensible obesidad sacando
-á luz una olla de metal en la que van recogiendo las limosnas de los
-devotos; su única comida.</p>
-
-<p>Una particularidad del pueblo birmano, que no se repite en ningún otro
-de Asia, es la supremacía que gozan las mujeres sobre los hombres. Esta
-superioridad ha servido para que la birmana sea de inteligencia
-despierta, con una gracia algo maligna y gran habilidad para el manejo
-de los negocios.</p>
-
-<p>Muchas de las tiendas de Rangoon están dirigidas por mujeres. En las
-calles hablan á los hombres con voz fuerte y una expresión autoritaria.
-La esposa marcha siempre delante, seguida del marido. Además, según me
-dicen, son ellas muchas veces las únicas que ganan dinero para el
-sostenimiento de la familia. Esto resulta extraordinario en Asia luego
-de haber visto la japonesa y la china, criaturas supeditadas
-completamente al hombre. En el resto de la India la mujer es tan esclava
-del marido, que hace menos de un siglo todavía se quemaba sobre la pira
-sepulcral de éste, por considerarse incapaz de continuar viviendo sin su
-apoyo. Hoy seguiría quemándose lo mismo, si lo permitieran las
-autoridades inglesas, pues la viudez representa para la indostánica el
-más horrible y absoluto de los olvidos.<span class="pagenum"><a name="page_298" id="page_298">[Pg 298]</a></span></p>
-
-<p>La mujer birmana es de ojos negros, algo oblicuos, pero más grandes y
-saltones que los de otras asiáticas. Como puede expresarse libremente,
-esto comunica á sus palabras y actitudes cierto atrevimiento incitante.
-Todas ellas resultan un poco cabezonas, pero tal vez sea á consecuencia
-de su tocado, que consiste en un gorrito redondo de terciopelo, con una
-gran rosa blanca de perlas que cuelga por el lado derecho, y la
-cabellera en bandós muy ahuecados. Además, todas son de pequeña
-estatura, y sus miembros algo gráciles no armonizan bien con la amplitud
-de su busto.</p>
-
-<p>Su boca es más atractiva que las de muchas asiáticas&mdash;especialmente las
-javanesas&mdash;, porque no masca el betel, que hincha los labios, ennegrece
-los dientes y escoria las encías. En cambio, las birmanas se entregan á
-otro vicio que hace apestante su aliento. Todas ellas son fumadoras,
-terriblemente fumadoras, como no lo es ningún hombre.</p>
-
-<p>Ignoran el cigarrillo y desconocen también el cigarro de forma elíptica
-que usan los occidentales. Lo que ellas fuman á todas horas es un
-cilindro de hojas de tabaco muy apretadas, igual por sus dos extremos,
-largo más de un palmo y con el grueso de un barrote de silla. Tan enorme
-es el diámetro de estos cigarros, que toda birmana, por grande que tenga
-la boca, debe abrir mucho las mandíbulas y poner los labios en círculo
-para abarcar con ellos su final, lo que da un aspecto cómico á las
-chupadas de la fumadora. Y como son un poco enanas, según ya he dicho,
-parece que vayan adheridas á sus enormes cigarros y que éstos tiren de
-ellas.</p>
-
-<p>Unas llevan arrolladas á sus piernas piezas de seda con flores pintadas;
-otras usan pantalones anchos como las chinas. Su busto lo cubren con una
-camiseta corta que deja visible por arriba el arranque de los pechos y<span class="pagenum"><a name="page_299" id="page_299">[Pg 299]</a></span>
-muestra por abajo, entre las dos prendas, un reborde de la carne del
-talle. Su tocado consiste unas veces en el gorrito obscuro, con la rosa
-de falsas perlas pendiente á la derecha, y otras en un rodete de adornos
-blancos sobre el peinado, que huele á jazmín.</p>
-
-<p>La libertad de que gozan va acompañada, según dicen, de excesos y
-abusos. Como vieron desde pequeñas dentro del hogar la superioridad
-autoritaria y algo despectiva de la madre sobre el padre, continúan
-menospreciando al hombre, por creerlo inferior, y lo reemplazan con
-demasiada frecuencia. Todas aman la música, la danza, los cantos, y la
-ilusión de muchas de ellas es poder ingresar en las compañías de baile y
-de juglares que circulan por el país.</p>
-
-<p>Apenas damos unos cuantos pasos en un jardín vecino al desembarcadero,
-salen á nuestro encuentro las especialidades animales de la India. Oímos
-la estridencia de diversas gaitas surgiendo de los grupos de naturales
-situados en las aceras inmediatas. Los domadores de serpientes,
-acurrucados sobre el asfalto, hacen sonar sus plañideros instrumentos,
-mientras del semicírculo de cestos que tienen ante ellos van surgiendo
-reptiles de cuello hinchado.</p>
-
-<p>Aquí los serpenteros son más numerosos que en Singapore. Los hay de
-todas las edades. Unos adolescentes, gritones y confianzudos, agarran la
-terrible cobra con sus dos manos y vienen hacia nosotros para que la
-contemplemos de cerca. Estos novicios deben haber heredado de sus padres
-la colección de reptiles que les proporciona el arroz.</p>
-
-<p>Hay cobras que se agitan medio adormecidas, con el aire del que cumple
-maquinalmente una obligación diaria. Otras parecen furiosas, y sus
-dueños las tratan con visibles precauciones, rehuyendo los golpes que
-les<span class="pagenum"><a name="page_300" id="page_300">[Pg 300]</a></span> tiran á las manos con su boca silbante. Todos creen que estos
-hombres arrancan á sus reptiles los colmillos venenosos y emplean además
-con ellos otros procedimientos para dominarlos. Así será, pero los tales
-medios no deben ser perfectos, ya que todas las semanas hablan los
-periódicos de la muerte casi fulminante de alguno de estos encantadores
-á consecuencia de un mordisco de sus pupilas.</p>
-
-<p>Empleamos algún tiempo en presenciar tales danzas. El calor es sofocante
-en las calles; las moscas pululan sobre las aceras, se suben por la piel
-rugosa de las serpientes, picoteando sus escamas verdes, blancas y
-rojizas, se pasean por la gorguera inflamada de su cuello hinchado y
-luego vienen hacia nosotros. ¡No!... ¡Vámonos!</p>
-
-<p>En el centro del jardín suenan gritos de regocijo y acude corriendo la
-gente. Vemos sobre las cabezas de la muchedumbre el lomo gris y redondo,
-el cráneo prehistórico, con rudas oquedades y aristas, de varios
-elefantes.</p>
-
-<p>Rangoon es la ciudad de los elefantes, y para nuestra diversión han sido
-enviados al jardín los más célebres por su inteligencia.</p>
-
-<p>Horas después, al visitar los alrededores, vemos los grandes depósitos
-de madera, principal industria de la población. Es madera pesadísima,
-troncos cortados en el interior de Birmania que tienen la dureza del
-hierro. Los elefantes se encargan de acarrear estas piezas y colocarlas
-en ordenados montones. No podrían realizar los hombres dicho trabajo con
-la rapidez y la facilidad que lo ejecutan ellos. Todos llevan una
-especie de cincha de la que pende una cadena rematada por un gancho. Así
-toman los enormes maderos de la orilla del río y los arrastran hasta el
-aserradero. Cuando de<span class="pagenum"><a name="page_301" id="page_301">[Pg 301]</a></span>ben colocarlos en pilas los levantan con su
-trompa, y realizan tal labor sin vacilación alguna.</p>
-
-<p>Se ha exagerado algo la inteligencia de este animal al querer igualarla
-con la del hombre. Sin embargo la creo muy superior á la del resto de
-los animales. Es un poco tarda, un poco espesa en su curso, pero se
-desenvuelve indudablemente siguiendo un encadenamiento de raciocinios
-lógicos.</p>
-
-<p>Las dos parejas de elefantes que salen á nuestro encuentro en el jardín
-del desembarcadero son cuatro celebridades, que muestran una
-superioridad de artista sobre los cientos de camaradas empleados en los
-depósitos de maderas. Cada uno de ellos sostiene sobre su lomo á un
-indio que le habla cariñosamente y lleva las manos libres, sin emplear
-el bastón de que se valen otros conductores para hacerse entender.</p>
-
-<p>Han arrojado una pelota de fútbol en medio de la pradera, y los
-elefantes se mueven con una ligereza extraordinaria, dada la pesadez de
-su especie, enviándose aquélla con la trompa y recogiéndola igualmente
-antes de que toque el césped. Las evoluciones de este juego nos hacen ir
-de un lado á otro, deseosos de no perder detalle y evitando al mismo
-tiempo que nos pille un pie cualquiera de estas patas redondas como
-torres que dejan profundas huellas en la hierba.</p>
-
-<p>Unos trabajadores de la ciudad traen pesados maderos, y estos animales
-los manejan con su trompa á la voz de mando de sus conductores. Dos de
-ellos agarran un largo tronco por sus extremos para subirlo y bajarlo
-acompasadamente. Otros trabajan solos y un madero de varios quintales lo
-hacen girar con la ligereza de un bastoncillo.</p>
-
-<p>Llama mi atención la muchedumbre que se ha ido aglomerando en torno á la
-pradera. Los naturales de<span class="pagenum"><a name="page_302" id="page_302">[Pg 302]</a></span> Rangoon, siempre ociosos y callejeros,
-sienten excitada su curiosidad por esta fiesta extraordinaria.</p>
-
-<p>Las mujeres no muestran interés por los elefantes y siguen su camino,
-dando chupadas al enorme cigarro. Los hombres miran tales juegos con un
-entusiasmo infantil.</p>
-
-<p>Casi todos estos varones son de gran belleza física. Aquí empieza á
-verse el hombre blanco, perfectamente blanco, que existe en la India
-entera, mezclado con otros indostánicos cobrizos y casi negros.
-Representa el tipo ario ideal, que tal vez sólo existió en la
-imaginación de algunos autores.</p>
-
-<p>Vestidos con una especie de sábana blanca arrollada lo mismo que una
-toga, recuerdan las figuras escultóricas de la antigüedad helénica.
-Todos llevan pendientes, pero con una abundancia que no deja sin
-aprovechamiento ninguna de las prominencias de su rostro. Empiezan por
-colgarse dos de cada oreja: uno en el lóbulo y otro en lo alto del
-pabellón auricular. Después de colocados estos cuatro adornos todavía
-sitúan en su cara un quinto pendiente, colgándolo de una aleta de sus
-narices ó de un agujero que perfora su tabique central. Además, estos
-hombres, blancos y hermosos, que no tienen ningún aspecto femenino, y
-cuyo perfil aguileño recuerda el de muchos héroes, llevan la cabellera
-larga y enroscada en forma de rodete sobre la cúspide de su cráneo.</p>
-
-<p>El ansia de ver mejor les hace avanzar, estrechando su círculo, quitando
-terreno al escenario de la fiesta, y lo que es más grave, mezclándose,
-no obstante su inferioridad de raza, con todos nosotros. Presiento que
-esto va á acabar mal.</p>
-
-<p>La autoridad anglo-india no puede tolerar un olvido tan insolente de la
-diferencia de castas. Acompañando á<span class="pagenum"><a name="page_303" id="page_303">[Pg 303]</a></span> nuestros grupos se mueven dentro
-del jardín varios policías indostánicos, barbudos y con turbante.
-Igualmente vienen con nosotros desde que desembarcamos, ciertos
-individuos de casco blanco y vestimenta civil, que tienen la tez sucia
-del mestizo y su aire vanidoso. Como bastón llevan un vergajo. Son de la
-policía secreta.</p>
-
-<p>De pronto se dan cuenta de este avance del público indígena y marchan
-contra él dando gritos de cólera. Empujan á los grupos, y á pesar de que
-retroceden obedientes, levantan sus vergajos para acelerar la retirada
-general, repartiendo golpes á mansalva.</p>
-
-<p>Los hombres más hermosos y esbeltos de la tierra huyen murmurando
-protestas, cual si fuesen niños. Sus vestiduras blancas aletean
-ridículamente con la precipitación del miedo. Un poco más allá vuelven á
-detenerse con pueril indecisión, temiendo los garrotazos de sus
-compatriotas al servicio de los ingleses, pero sin querer privarse de
-presenciar los juegos de los elefantes.</p>
-
-<p>Siento indignación ante tal atropello. Indios que pegan á los indios...
-¡miserables!</p>
-
-<p>Luego pienso en Europa, donde la policía blanca golpea igualmente á los
-blancos.<span class="pagenum"><a name="page_304" id="page_304">[Pg 304]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XXI" id="XXI"></a>XXI<br /><br />
-LOS TRES CABELLOS DE BUDA</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">El aspecto de Rangoon.&mdash;Los Lagos Reales y sus peces
-sagrados.&mdash;Europeos de Rangoon que no han visitado nunca la pagoda
-de los tres cabellos de Buda.&mdash;Miedo á las muchedumbres de
-peregrinos.&mdash;El orgullo británico y los pies desnudos.&mdash;Un entierro
-de fanáticos de Madrás.&mdash;El templo más antiguo del mundo.&mdash;La
-interminable escalera, su mercadillo y su basura.&mdash;La montaña de
-oro, centro de la meseta sagrada.&mdash;Pagodas, pagodones y
-pagodines.&mdash;Gran variedad de imágenes de Buda.&mdash;Mi amigo el joven
-bonzo.&mdash;Cosas horripilantes y curiosas que me enseña.</p></div>
-
-<p>Las calles de Rangoon ofrecen una novedad para el viajero que llega del
-Extremo Oriente. No se ve en ellas ninguna <i>ricsha</i>. Después de
-Singapore el hombre ya no sirve de bestia de tiro á sus semejantes.</p>
-
-<p>Abundan los animales en la India, y el caballo ó el buey resultan más
-baratos para la tracción que el brazo humano. El indostánico es de
-musculatura débil, y se necesitan varios de ellos para hacer el mismo
-trabajo que realiza fácilmente un chino ó un japonés. Como los
-rangoneses son budistas, no existen aquí animales sagrados, y el buey
-tira de los carromatos y hasta va enganchado en parejas á una especie de
-tílburi ligero que usan las familias del país y tiene como toldo una
-sombrilla de cartón pintado.</p>
-
-<p>Empiezan á encontrarse carruajes de alquiler arras<span class="pagenum"><a name="page_305" id="page_305">[Pg 305]</a></span>trados por caballos,
-lo mismo que en Europa; pero estos vehículos tienen un aspecto
-indostánico. Son una especie de landós cerrados, y su madera guarda el
-color natural bajo una capa de barniz. El cochero, sentado en un
-pescante muy alto, lleva grandes barbas y usa el mismo gorro que los
-policías sikis. Los haces de hierba para el pienso de sus dos bestias
-los guarda previsoramente amontonados en el techo del carruaje. También
-hay automóviles de alquiler, y estos vehículos los emplean con
-preferencia los viajeros que no quieren encerrarse en coches birmaneses,
-cuyos caballos marchan con soñolienta lentitud.</p>
-
-<p>Visitamos la parte moderna de la ciudad, los barrios construídos por la
-dominación británica, vaga copia de la metrópoli tal como puede
-recordarse á una distancia de miles de leguas.</p>
-
-<p>En las grandes plazas jardineadas hay estatuas de la Reina Victoria y
-Eduardo VII. También vemos un monumento en conmemoración del jubileo de
-dicha soberana, primera emperatriz de las Indias. Pasamos ante diversos
-palacios, que son del gobernador, de los secretarios de Estado, del
-Tribunal Supremo, todos con fachadas de piedra negruzca é idéntica
-arquitectura que si se reflejasen en las aguas del Támesis. Existen dos
-catedrales, una protestante, otra católica, y la gran mezquita, elevadas
-en los últimos años.</p>
-
-<p>Dentro de las modernas avenidas, que tienen de cincuenta á cien metros
-de anchura, como recuerdo de la antigua ciudad birmana, cuyos edificios
-desaparecieron en gran parte, surgen á trechos algunas pagodas rodeadas
-de un círculo de pagodines, elevando sobre los otros edificios el remate
-de su cúpula de oro en forma de campanilla.</p>
-
-<p>Fuera de la ciudad corremos por caminos polvorien<span class="pagenum"><a name="page_306" id="page_306">[Pg 306]</a></span>tos hacia un gran
-parque formado sobre los antiguos jardines de los reyes de Birmania.
-Como recuerdo de dicha época, que parece remotísima y está separada de
-nosotros por menos de medio siglo, quedan dos lagos, que la gente llama
-aún Lagos Reales. Uno de ellos tiene una isla con un sauce, un kiosko y
-un puente, semejante á la del «Jardín del Mandarín» de Shanghai. En sus
-aguas nadan unos animalejos negros y monstruosos que parecen grandes
-sanguijuelas con aletas. Son los peces sagrados del antiguo reino de
-Birmania, y en dicha época si alguien osaba pescarlos corría el riesgo
-de que le cortasen la cabeza. Ahora, el guardián indígena, que echa al
-agua unas semillas redondas para atraer sus interminables enjambres, nos
-enseña un bocal vacío y nos propone en voz baja vendernos como recuerdo
-algunos de dichos gusarapos.</p>
-
-<p>Un deseo obsesionante nos acompaña, y deseamos terminar la visita de los
-jardines para realizarlo cuanto antes. Queremos ver la célebre pagoda de
-Shway Dagon.</p>
-
-<p>Algunos europeos residentes en Rangoon muestran extrañeza al enterarse
-de nuestro deseo. Los hay que llevan seis años viviendo en la capital de
-Birmania y nunca se les ocurrió visitar esta pagoda, cuya cúpula
-luminosa ven todos los días lejos de la ciudad, por encima de arboledas
-y tejados, brillando como una montaña de oro. Sienten repugnancia al
-pensar en las peregrinaciones miserables que llegan á este templo del
-misterioso centro de Asia. Conocen por relatos de visitantes las
-suciedades contagiosas de tales muchedumbres. Además repugna á su
-orgullo de raza tener que aceptar ciertos preliminares molestos que
-exigen los bonzos para permitir la entrada en su recinto.</p>
-
-<p>Hablo con oficiales ingleses de la guarnición de Rangoon, y ninguno de
-ellos ha estado en dicha pagoda.<span class="pagenum"><a name="page_307" id="page_307">[Pg 307]</a></span> Otros compatriotas suyos, comerciantes
-ó funcionarios civiles, se han abstenido igualmente de tal visita.
-Tendrían que entrar descalzos en el templo, pero con los pies
-completamente desnudos, pues los bonzos ignoran la invención europea de
-los calcetines, y no quieren proporcionarles el gusto de poder infligir
-á sus dominadores tal humillación.</p>
-
-<p>Me hablan de tisis, lepra, peste bubónica y otras enfermedades de las
-multitudes devotas que visitan la famosa pagoda y á veces se quedan en
-ella por muchos días. Sólo algún viajero de gustos raros, algún artista
-de los que buscan á todo trance espectáculos pintorescos, puede pasar
-por las humillaciones y contagios que supone tal visita.</p>
-
-<p>Voy á la pagoda Shway Dagon. Juzgo imperdonable haber venido á un país
-tan alejado de la corriente general de viajeros, como es Birmania, haber
-visto de lejos el cono luminoso de este templo célebre en lo alto de una
-colina, y no subir á dicha plataforma, donde se agrupan innumerables
-santuarios de caprichosa suntuosidad.</p>
-
-<p>Al dirigirnos hacia el templo, otra vez por caminos abundantes en polvo,
-nos cierra el paso un cortejo. Vemos hombres desnudos y completamente
-blancos que saltan ante nuestro automóvil con los brazos abiertos para
-indicar al chófer indostánico que debe hacer alto. Acostumbrados á la
-vista de hombres amarillos, cobrizos ó achocolatados, nos causa
-extrañeza la desnudez de estos blancos, iguales á nosotros, que sólo
-llevan un andrajo entre las piernas.</p>
-
-<p>Tienen en sus ojos un brillo inquietante. Sobre sus frentes se levanta
-una cabellera que, anudada en el cogote, cae por la espalda como un
-manojo de crines. Detrás de ellos suena el estrépito inarmónico de
-varios bombos y címbalos. Otros hombres, igualmente blancos y<span class="pagenum"><a name="page_308" id="page_308">[Pg 308]</a></span> desnudos,
-danzan al son de esta música una especie de baile pírrico. Extienden al
-mismo tiempo un brazo y una pierna ó los encogen, quedando en actitudes
-semejantes á las que aparecen en los antiguos vasos griegos. Todos
-tienen en sus ojos una luz malsana, como si se hallasen bajo la
-influencia de drogas perturbadoras.</p>
-
-<p>Dejamos pasar esta vanguardia de locos, y á continuación se desliza
-junto á nuestro automóvil una carroza fúnebre, blanca y encristalada. En
-el interior de su urna va el muerto, completamente visible, desnudo y
-tendido sobre un lecho de hojas. Racimos de plátanos y haces de flores
-adornan los cuatro lados del vehículo. Nuestro chófer nos explica que es
-un entierro al estilo de Madrás, y todos estos diablos blancos que
-acompañan al camarada difunto con su danza guerrera pertenecen á la
-misma cofradía religiosa.</p>
-
-<p>Se va alejando la música estridente y seguimos nuestro camino. La
-entrada de la Shway Dagon se puede adivinar mucho antes de verla, por
-los grupos de naturales que, viniendo de distintos puntos, se juntan
-para seguir una misma dirección. En esta muchedumbre pintoresca las
-manchas azafranadas de los bonzos son cada vez más numerosas.</p>
-
-<p>Ocupa la célebre pagoda toda una colina, y su entrada empieza al pie de
-esta eminencia, viéndose obligados los visitantes á subir una escalera
-de ciento veinte peldaños para llegar á la plataforma donde se halla el
-verdadero templo. Lo más molesto es tener que descalzarse al principio
-de dicha escalinata y ascender por ella con los pies completamente
-desnudos.</p>
-
-<p>Unas familias inglesas miran con asombro nuestros preparativos desde lo
-alto de sus automóviles. Han venido hasta aquí para ver de lejos una
-parte de la escalinata cubierta y la muchedumbre indígena que sube por<span class="pagenum"><a name="page_309" id="page_309">[Pg 309]</a></span>
-ella. Solamente para satisfacer esta curiosidad traen todos ellos medio
-rostro tapado con velos que sin duda fueron sumergidos previamente en
-diversos líquidos antisépticos.</p>
-
-<p>Confieso que la humanidad amarilla, blanca y cobriza que se roza con
-nosotros no exhala perfumes agradables para un olfato europeo. Huele á
-sándalo falsificado del que se quema en las pagodas, á sudor frío, á
-fiebre. Pero ya es tarde para arrepentirse. ¡Arriba! Vamos á conocer la
-ciudad religiosa que se ha ido amontonando en el transcurso de veintidós
-siglos en torno á un cono gigantesco de mampostería construído sobre una
-reliquia. Este templo es el más antiguo del mundo. Ninguna religión de
-las que existen actualmente puede presentar otro que haya abierto sus
-puertas por primera vez á los fieles hace dos mil cuatrocientos años.</p>
-
-<p>Conozco su historia. Al morir Buda, dos discípulos suyos que eran
-birmanos cortaron tres cabellos de la cabeza del santo maestro y los
-trajeron á Rangoon, su patria, que existía entonces con distinto nombre
-al pie de esta colina. Metidos en un relicario de oro, los enterraron
-bajo los cimientos del cono central de la pagoda, que asciende á una
-altura de ciento diez metros.</p>
-
-<p>Este cono, que unos comparan por su forma á una campanilla y otros á un
-quitasol asiático de boca estrecha y remate puntiagudo, tiene ocultos
-sus ladrillos bajo una capa de hojas de oro. Su punta está enriquecida
-con cuatro mil seiscientas piedras preciosas incrustadas en ella:
-diamantes, rubíes, esmeraldas. Ningún humano puede verlas. Sólo las
-conocen las aves de vuelo alto y los espíritus celestes. Pero los
-devotos saben que existen, y esto les basta. El tributo al cielo no
-puede ser más discreto y limpio de vanidosas ostentaciones.</p>
-
-<p>Forma el pináculo de este macizo siete círculos an<span class="pagenum"><a name="page_310" id="page_310">[Pg 310]</a></span>tes de llegar á su
-extremo final, y penden de ellos cien campanillas de oro y mil
-cuatrocientas de plata. También representan un homenaje desinteresado á
-la divinidad, pues nadie puede verlas de cerca. Mas cuando sopla la
-brisa todas las campanillas se estremecen á la vez y desciende hasta los
-fieles una música argentina y vagorosa que les hace pensar en el canto
-de los <i>tomines</i>, ángeles del cielo budista.</p>
-
-<p>Me siento en el primer peldaño de la escalinata del templo, y con ayuda
-de un jovenzuelo rangonés que se ha diputado á sí mismo como mi guía y
-traductor gesticulante, me quito los zapatos, luego los calcetines, y
-quedo sin más que mi traje blanco, un casco de corcho del mismo color y
-un bastoncito que me sirve de apoyo.</p>
-
-<p>Los hombres civilizados cultivamos la finura y limpieza de nuestros pies
-lo mismo que la de nuestras manos, y esto sirve para que nos
-consideremos disminuídos y humillados por repentina debilidad al perder
-los zapatos. Representa á veces cierto placer marchar descalzos por una
-playa ó una habitación; pero sentimos acobardamiento al colocar nuestras
-finas plantas sobre una tierra pedregosa que sólo puede ser hollada con
-pies duros y primitivos, férreamente calzados por recias callosidades.</p>
-
-<p>Empiezo á subir la escalinata con paso vacilante de ebrio. Noto desde
-los primeros peldaños que este monumento religioso, como todos los de
-Asia, es una mezcla confusa de antigüedad venerable y fragilidad
-moderna. Hace más de dos mil años, en tiempos de Mario y de Julio César,
-ya subían por esta escalera gentes devotas como las que se codean ahora
-conmigo y tal vez curiosos escépticos iguales á mí. Pero las
-construcciones asiáticas sólo tienen una parte sólida, que dura largos
-siglos,<span class="pagenum"><a name="page_311" id="page_311">[Pg 311]</a></span> y todo el resto se compone de materias frágiles y formas
-graciosas, que es preciso renovar cada veinte años.</p>
-
-<p>La escalinata, toda en línea directa, tiene, por suerte, varios rellanos
-intermedios. De ser en escalones continuos, daría vértigos. Estos
-peldaños aparecen desiguales y de materias diversas. Los hay de mármol
-que aún guardan borrosos relieves de una escultura milenaria; otros más
-recientes son de ladrillos, de asfalto ó de simple tierra apisonada, al
-azar de las recomposiciones. Algunos, suaves y dúctiles, se dejan
-dominar por el pie sin imponer fatiga alguna; los más se resisten á ser
-montados, como las cabalgaduras bravas, y hay que elevar mucho la
-rodilla para dominar su lomo.</p>
-
-<p>Una techumbre de madera con pinturas religiosas cubre esta escalinata y
-á los dos lados de su graderío se van elevando los puestos de un
-mercado. Los rangoneses venden en él figurillas sagradas, juguetes
-grotescos, cuadros de vidrio representando escenas de la vida de Buda,
-telas bordadas con la imagen del hombre-dios é innumerables objetos de
-metal, martilleado y repujado con la habilidad de los broncistas
-indostánicos.</p>
-
-<p>Muchos de estos pequeños comercios están dirigidos por mujeres. Todas
-fuman tagarninas enormes, añadiendo el perfume acre de sus chorros de
-humo al hedor asiático de la muchedumbre devota. Miran á los raros
-blancos que se detienen ante sus puestos con unos ojos saltones, cuyas
-pupilas negras tienen cierta expresión incitante y burlona á la vez.
-Algunas están medio tendidas detrás de su mostrador en un diván rústico.
-Veo á dos de ellas acostadas en una verdadera cama, en medio de su
-tiendecita de cuadros religiosos. Se han pasado mutuamente un brazo por
-detrás de la cabeza, y enlazadas así miran á lo alto. De vez en cuando
-cruzan ojeadas afectuosas y se ofrecen el cigarrote desmesurado y único<span class="pagenum"><a name="page_312" id="page_312">[Pg 312]</a></span>
-que sirve para las dos. Se adivina que no las preocupa la prosperidad de
-su comercio, y el comprador que ose interrumpirlas con sus demandas
-recibirá malas respuestas.</p>
-
-<p>Subo con lentitud los ciento veinte escalones, haciendo alto en los
-rellanos para realizar algunas compras, que entrego á mi acompañante, y
-porque así lo exigen mis pies. En estos peldaños hay piedrecitas
-sueltas, granos de metal caídos de los objetos que adquieren los
-devotos, pedazos de vidrio y numerosas expectoraciones de los mascadores
-de betel. Por todas partes veo salivazos rojos como de sangre, y
-necesito marchar en zigzag para no poner sobre ellos mis pies desnudos.</p>
-
-<p>Salgo finalmente á cielo descubierto. Estoy en la meseta de la pagoda,
-toda ella enlosada de mármol, lo que me permite caminar con más
-seguridad. Continúan aquí las mismas suciedades de la escalera, pero hay
-espacio más amplio para evitarlas.</p>
-
-<p>El orden arquitectónico de la plataforma sagrada es muy sencillo. En el
-centro está el santuario mayor, el cono macizo que guarda en sus
-cimientos la divina reliquia, y en torno á él toda una ciudad de pagodas
-secundarias, pagodones y pagodines, estatuas y columnatas.</p>
-
-<p>La plataforma tiene medio kilómetro de circuito, y sin embargo cada día
-resulta más estrecho el terreno reservado á la circulación de los
-devotos. Nuevos santuarios hechos á expensas de los ricos de Birmania ó
-por donativos de extranjeros invaden la santa meseta. No se guarda
-ningún orden en las construcciones y éstas son derribadas con frecuencia
-para darlas nueva forma. En el transcurso de unos cuantos años cambia el
-aspecto de la Shway Dagon. Lo único inmutable es el cono esplendoroso
-que ocupa su centro. En las vertientes de la colina hay varios elefantes
-policromos, de doble tamaño natural, con una torre dorada sobre el lomo
-que es una capilla.<span class="pagenum"><a name="page_313" id="page_313">[Pg 313]</a></span></p>
-
-<p>Al ver una pequeña puerta en el sanctum sanctorum central, intento
-entrar por ella creyendo que el enorme cono es hueco, á pesar de lo que
-he leído, y guarda en su interior un templo misterioso. Pero retrocedo
-al convencerme de que la tal puerta no es más que un angosto pasadizo
-que lo atraviesa rectamente para que los servidores del templo no tengan
-que rodear toda su base.</p>
-
-<p>Mis dos acólitos ríen de mi error. Ahora son dos, por haberse unido á
-nosotros un muchacho de familia acomodada, á juzgar por su vestimenta.
-Está cumpliendo su noviciado de bonzo temporal, y lleva un magnífico
-manto color de oro, la cabeza redonda pulcramente afeitada y anteojos de
-concha.</p>
-
-<p>Revela con su habilidad para expresarse una educación superior á la de
-los otros bonzos. Muestra con cierto orgullo la altura de este
-monumento, cuyo esplendor puede verse á una distancia de muchas leguas,
-y me explica luego, con palabras inglesas sueltas y abundantes
-gesticulaciones, que cada quince ó veinte años es recubierto de láminas
-de oro para que guarde su magnificencia, lo que significa un trabajo
-enorme. Además, su parte inferior recibe todos los días, á la altura de
-las manos de los visitantes, un sinnúmero de pequeños papeles de oro.
-Son presentes de míseros peregrinos, que algunas veces se quedan varios
-días sin comer luego de haber pegado en el muro su piadosa ofrenda.</p>
-
-<p>Puede afirmarse que en toda Asia no existe actualmente un templo que
-goce la «universalidad» de la Shway Dagon. Cuantos pueblos adoran las
-doctrinas de Buda han elevado un santuario en esta meseta. Los hay de
-muchas provincias de la China, del Tibet, de las posesiones francesas de
-la Indo-China, hasta de las tierras limítrofes con la Siberia y del
-Japón. Todas estas capillas tienen columnas en sus fachadas y remates de
-te<span class="pagenum"><a name="page_314" id="page_314">[Pg 314]</a></span>chos superpuestos que ascienden en disminución, finalizando con una
-punta rutilante igual á la del céntrico macizo. Sus paredes son de
-menuda labor, con ese tallado minucioso de los asiáticos, en el que
-varias generaciones consumen su vida. La madera ó la piedra tienen sus
-primorosos calados cubiertos de laca y oro.</p>
-
-<p>Se extiende el oro por los santuarios, y los reflejos pálidos y
-discretos de su materia tallada parecen un homenaje de humildad ante el
-oro cegador y estrepitoso del cono central. Hay templos cuyo dorado
-empieza á desconcharse con la viruela blanca de los siglos. Otros de
-construcción reciente ofrecen el color gris de la albañilería, en espera
-de generosos devotos que paguen los adornos que deben cubrirlos. Veo
-santuarios completamente azules. Tienen sobre sus láminas de laca
-celeste flores y hojas nacaradas que forman enrejados blancos con
-reflejos de perla. Y todos estos templos, apoyados unos en otros para
-disputarse un terreno cada vez más escaso, ofrecen el mismo aspecto de
-amontonamiento que los panteones de las necrópolis occidentales.</p>
-
-<p>En los espacios libres de pagodas secundarias vemos árboles dorados con
-frutos de cristal, urnas en forma de flechas, columnas sueltas de
-mosaico, imágenes de <i>Nats</i>, divinidades primitivas de los birmanos con
-las que ha transigido el budismo para no molestar los sentimientos del
-pueblo, «perros celestiales» semejantes á los leones de melenas
-puntiagudas que adornan las pagodas de Kioto y de Pekín, estatuas de
-elefantes con un templo sobre sus lomos.</p>
-
-<p>Un estrépito de feria se esparce por la sagrada meseta. Los instrumentos
-rituales del budismo son la campana y el tambor, y cada pagoda hace
-sonar los suyos como los barracones de espectáculos cuando se disputan
-la atención del público. Bonzos de diversas razas golpean<span class="pagenum"><a name="page_315" id="page_315">[Pg 315]</a></span> á puño
-cerrado los sagrados timbales ó dan con un mazo á las campanas. Niños y
-mujeres se aproximan á nosotros para vendernos ristras de flores rojas y
-amarillas, que parecen arrancadas de una tumba. Tales guirnaldas son
-para ofrecerlas al hombre-dios que reina en este lugar.</p>
-
-<p>Aletean los cuervos lanzando sus graznidos sobre los techos que les
-sirven de refugio. Junto á estos eternos figurantes de todo cielo de
-Asia vemos aletear bandas de palomas blancas. También están alojadas en
-el templo, y entre dos especies volátiles tan antagónicas parece existir
-una paz absoluta. Perros con grandes peladuras en sus lomos y el hocico
-babeante, como si llorasen su propia miseria, corretean entre las
-pantorrillas del gentío buscando algo que devorar. La mayor parte de los
-fieles son mendigos devotos, que llegaron hasta aquí pidiendo limosna, y
-continúan su industria dentro de la pagoda. Algunos tienen lepra. Otros
-muestran al remover su manto llagas, sangrantes como heridas, en el
-pecho ó bajo los brazos.</p>
-
-<p>Dentro de algunos de los santuarios hay bonzos de rostro achinado y capa
-parda, que acompañan su oración con movimientos rigurosamente mecánicos,
-siempre iguales y sin término. Se inclinan hasta tocar el suelo con sus
-manos y su cabeza, se yerguen poco á poco, repiten la misma inclinación
-violenta y vuelven á empezar. Así continúan hasta que el cansancio los
-vence y ruedan por el suelo insensibles como cadáveres.</p>
-
-<p>Allí donde da el sol quema el mármol las plantas de los pies y nos
-obliga á marchar rápidamente. En el interior de las capillas el
-pavimento tiene una frialdad de tumba, de lugar cerrado hace siglos que
-no conoció nunca la tibieza del calor celeste, y nos hace estornudar á
-los que no estamos acostumbrados á ir descalzos.</p>
-
-<p>Asombra la gran cantidad de Budas que pueblan<span class="pagenum"><a name="page_316" id="page_316">[Pg 316]</a></span> estas pagodas. Los hay de
-mármol, de oro, de alabastro, enormes como gigantes ó de simple talla
-humana; derechos, en cuclillas y tendidos. Unos son dulces, humanos, de
-expresión inteligente; tienen un rostro casi europeo. Otros se muestran
-feroces, malignos, verdaderamente asiáticos, con unos ojitos oblicuos,
-de párpados estirados y casi juntos, que parecen hostiles á todo el que
-no mire del mismo modo que ellos.</p>
-
-<p>Cada pueblo budista ha formado á su propia imagen la figura del
-hombre-dios y le rinde culto con ceremonias litúrgicas diferentes. En
-todos los santuarios se ven flores, luces y varillas humeantes de
-sándalo. Fuera de él hay salivazos rojos sobre el suelo y una mezcla en
-el ambiente de malos olores naturales, de perfumes pegajosos, de flores
-marchitas. Por encima de esta variedad contradictoria, ruidosa, y
-vibrante de contagios microbianos, continúa brillando el cono central
-como una hoguera inmóvil de oro sobre los tres cabellos de Buda
-recogidos por sus discípulos.</p>
-
-<p>Mi nuevo amigo el bonzo tiene empeño en hacerme conocer todo lo
-interesante de la Shway Dagon. No sería esta célebre pagoda un lugar
-verdaderamente santo si le faltase la virtud de curar enfermedades y
-realizar otros prodigios de los que trastornan el ritmo de la
-Naturaleza.</p>
-
-<p>El dolor humano necesita consoladoras ilusiones bajo todos los cielos de
-nuestro planeta, sin distinción de castas ni dogmas. Las pobres gentes
-que llegan hasta aquí, después de marchar en caravana meses y tal vez
-años, esperan el milagro, y su esperanza inspira respeto. Deseo en este
-momento que el santo Buda pueda complacer á todos los dolientes que le
-imploran, pobre rebaño humano roído por las enfermedades y las miserias
-asiáticas.<span class="pagenum"><a name="page_317" id="page_317">[Pg 317]</a></span></p>
-
-<p>Nos detenemos ante un santuario que tiene junto á su puerta unos cuantos
-hombres desnudos tendidos en el suelo. Todos ofrecen un aspecto
-horrible. Los hay que son á modo de imágenes del hambre: esqueletos
-limpios de músculos cubiertos simplemente por su epidermis, con los ojos
-perdidos en la profundidad de unas órbitas como pozos y las mandíbulas
-desencajadas. Otros están muertos y tienen el abdomen desgarrado. Un
-cuervo les picotea las entrañas.</p>
-
-<p>Solamente cuando el joven bonzo, ganoso de que admire su templo, me
-aproxima á tales horrores, veo que son esculturas policromas, pero con
-un realismo tan minucioso y exacto que resulta fácil el engaño. Ocurre
-aquí en pleno sol lo que en ciertos museos de figuras de cera con el
-auxilio de los juegos de luces. No se sabe ciertamente quién es
-moribundo de madera pintada ó moribundo de carne y hueso. Según parece,
-estas imágenes sirven para hacer ver á los pecadores cómo vivirán
-después de la muerte si perseveran en sus vicios.</p>
-
-<p>Un poco más allá hay tendidos varios pordioseros, igualmente desnudos,
-igualmente esqueléticos por su flacura. Los horripilantes monigotes
-brillan á causa de su barniz; los peregrinos casi agonizantes tienen un
-charolado igual por el sudor con que barniza el sol sus cuerpos
-escuálidos, como si extrajese de ellos los últimos jugos. Algunos son
-ciegos y un enjambre de moscas voltea en torno á sus órbitas vacías.
-Todos tienen al lado media corteza de coco que les sirve de plato para
-recibir las limosnas. No se mueven, no se dan cuenta de lo que cae en
-sus rústicos cuencos. Para ellos la limosna tal vez llega tarde.</p>
-
-<p>Me hace entrar mi compañero azafranado en la más milagrosa de las
-pagodas. No quiere privarme de ninguna de las maravillas de esta colina
-santa. Avanzamos<span class="pagenum"><a name="page_318" id="page_318">[Pg 318]</a></span> por el interior de un templo menos iluminado que los
-otros, y á los pocos momentos deseo salir de él cuanto antes. Encuentro
-tendidos en colchonetas ó simples mantas á varios hombres flacos, de tez
-pálida, y una transparencia malsana en las orejas y la nariz. Su tos
-cavernosa hace innecesarias las explicaciones. Son tísicos que vinieron
-hasta aquí atraídos por la esperanza. Los bonzos de la pagoda afirman
-haber presenciado muchas curaciones inauditas.</p>
-
-<p>Sigo avanzando hasta el fondo, interesado por un grupo misterioso. Lo
-componen varias mujeres que rodean á otra tendida en un lecho, blanca é
-inmóvil, como si estuviese desmayada. Veo trapos ensangrentados. Un olor
-de maternidad se une á la respiración de los tísicos. Suena un vagido
-infantil, gangueante y tenaz.</p>
-
-<p>Mi boncito sonríe y balbucea explicaciones... Entendido. Es una gloria
-nacer en el famoso templo, y hay madres que vienen de muy lejos para que
-sus hijos reciban tal santificación al entrar en la vida.<span class="pagenum"><a name="page_319" id="page_319">[Pg 319]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XXII" id="XXII"></a>XXII<br /><br />
-LA BAHÍA DEL DIAMANTE</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Un brazo del Ganges.&mdash;La yungla y sus gentes.&mdash;El camino de
-Calcuta.&mdash;Cañonazos de sus defensores.&mdash;Abandonamos el
-«Franconia».&mdash;Invasión alada.&mdash;La marina fluvial de los
-indostánicos.&mdash;El maquinismo inglés en las riberas del Ganges.&mdash;El
-yute.&mdash;Fabricación de sacos para toda la tierra.&mdash;Los homenajes al
-río sagrado.&mdash;Caimanes y flores.</p></div>
-
-<p>Llevamos dos días navegando á través del golfo de Bengala, desde la
-desembocadura del Irrawaddy, caudaloso río de Rangoon, á las bocas del
-Ganges y el Brahmaputra.</p>
-
-<p>En la madrugada del tercer día despierto con la alarma que produce la
-inmovilidad, cuando se ha conciliado el sueño en pleno movimiento. El
-Franconia ha cesado de marchar y en la calma de la noche suenan gritos.
-Miro por un ventano de mi camarote y veo las luces de dos vaporcitos
-deslizándose sobre un mar completamente horizontal y tranquilo como las
-extensiones de agua dulce. Debemos estar cerca de las bocas del Ganges,
-y estos vaporcitos pertenecen sin duda á los prácticos encargados de
-dirigir el rumbo de los buques á través de unas tierras fangosas, por
-canales cuya profundidad cambia con frecuencia.</p>
-
-<p>No puedo dormir el resto de la noche. El vapor ha reanudado su marcha
-lentamente, y sólo pienso en la<span class="pagenum"><a name="page_320" id="page_320">[Pg 320]</a></span> masa acuática que va pasando debajo de
-nuestros pies. ¡El Ganges!... ¡Estamos en el Ganges! Las aguas que
-cortamos proceden en su mayor parte del río sagrado.</p>
-
-<p>Apenas amanece subo á la cubierta, ansioso de contemplar las primeras
-tierras de la India. Sólo veo un mar amarillo. Las verdaderas bocas del
-Ganges quedan á nuestra derecha y cubren el golfo de Bengala, en una
-extensión de muchas leguas, con su aporte líquido, dulce y terroso.
-Nosotros vamos á penetrar por el río Hooghly, en cuyas riberas está la
-ciudad de Calcuta.</p>
-
-<p>Este curso fluvial que hasta tiene nombre propio no es más que un brazo
-del Ganges desprendido de él á cierta distancia del golfo de Bengala
-para desarrollarse por su propia cuenta. Los indostánicos que viven en
-sus orillas le tributan sin embargo los mismos honores que al río padre,
-venerado como un dios, cuando se desliza ante los templos y palacios de
-la santa ciudad de Benarés.</p>
-
-<p>Dos orillas bajas van surgiendo del horizonte rojizo, con anchos
-intervalos de agua libre. Son las islas avanzadas de la desembocadura de
-este retoño gangético. Vamos á navegar todo el día por él: primeramente
-sobre el <i>Franconia</i>, luego en un vapor más pequeño, á través de los
-aluviones del vasto estuario cubiertos de eterna vegetación.</p>
-
-<p>Al deslizarnos entre las primeras islas vemos en sus orillas chozas de
-techo cónico, bosquecillos de cocoteros y palmeras. No está bien
-determinado el límite entre la tierra y el agua. Hay espacios que nos
-parecen sólidos y firmes á causa del verdor de sus plantas, y de pronto
-los vemos atravesados por una piragua que se abre paso entre aquéllas.
-Otros los creemos de gran profundidad acuática y son prados medio
-líquidos, en los que rumian los bueyes, hundidos hasta el vientre.
-Hombres de<span class="pagenum"><a name="page_321" id="page_321">[Pg 321]</a></span> color de chocolate, con turbante blanco y un andrajo lumbar
-del mismo color por toda vestimenta, cuidan estos rebaños ó trepan por
-los gráciles troncos de los árboles que les proporcionan su alimento.</p>
-
-<p>Avanzan las tierras unas hacia otras, como si se buscasen, y navegamos
-por un canal que parece de barro líquido, siguiendo dos líneas de boyas
-indicadoras de nuestro rumbo.</p>
-
-<p>Ya estamos dentro del Hooghly. Sus riberas tienen en primer término
-campos de plátanos, cuyas hojas son de un verde charolado y amarillento.
-Es la única tierra que trabajan sus habitantes. Más allá de la estrecha
-faja cultivada se extiende la yungla famosa, la <i>jungle</i>, tantas veces
-descrita por los autores ingleses, llanura interminable cubierta de una
-vegetación relativamente baja, de la que surgen á largos trechos grupos
-naturales de cocoteros y palmeras. Vuelan á la vez muchas gaviotas y
-muchos cuervos, sin que se note entre ellos ningún intento agresivo,
-pues se comparten amigablemente el dominio de la atmósfera. Del
-misterioso verdor de la yungla vemos elevarse nubes volantes,
-triangulares y negras. Los pájaros aletean en tribu, trasladándose de
-una parte á otra de la interminable selva, asustados tal vez por las
-bestias carnívoras que cazan en sus espesuras.</p>
-
-<p>Un estrépito seco y ensordecedor corta el aire. Son tiros de cañón.
-Luego nos enteramos de que numerosas baterías de campaña guarnecen la
-bahía del Diamante, donde nosotros vamos á anclar, defendiendo la
-entrada de esta vía fluvial que es el camino más directo de Calcuta.
-Ahora lo vemos solitario, con orillas de río salvaje. Avanzamos contra
-su corriente lo mismo que un buque explorador, pero sabemos que por aquí
-pasan cuantas naves de comercio y de guerra desean llegar á la ciudad
-más importante del Imperio de las Indias.<span class="pagenum"><a name="page_322" id="page_322">[Pg 322]</a></span></p>
-
-<p>Vemos en la orilla izquierda todo un regimiento de artillería
-ejercitándose en el tiro. Tiene para campo de experiencias la soledad de
-la yungla. Sus cañones repiten los disparos con la rapidez de las armas
-modernas. Es un estrépito que enardece y entusiasma, lo mismo que una
-música belicosa, cuando se le oye á espaldas de las piezas. Escuchándolo
-de frente gusta menos.</p>
-
-<p>Examinamos con anteojos marítimos el uniforme de campaña que usan los
-ingleses en la India. Parecen niños. Llevan borceguíes y gruesas medias
-atadas debajo de las rodillas. Éstas quedan completamente al
-descubierto, pues el pantalón no es más que un simple calzoncillo hasta
-la mitad del muslo. Su camisa carece de mangas y de cuello. Un casco es
-lo único de carácter militar que usan estos guerreros, obligados á vivir
-en plena yungla bajo el asfixiante calor de las horas meridianas.</p>
-
-<p>Cerca de nuestro anclaje empezamos á encontrar la navegación indostánica
-del río: largas piraguas con bogadores obscuros y sudorosos, que sueltan
-sus remos terminados por una paleta redonda y quedan inmóviles
-contemplando nuestro buque. El agua es tan densa, que las pequeñas
-rompientes de su oleaje en las orillas parecen ribazos de tierra
-carmesí.</p>
-
-<p>Se ensancha de pronto la corriente, formando un vasto circo acuático. El
-redondel de la vegetación aparece cortado en varios lugares por manchas
-rojas y blancas de edificios. Son los pabellones de las tropas de
-artillería y algunas viviendas de particulares que empiezan á desmontar
-la yungla, estableciendo explotaciones agrícolas. Nos detenemos en la
-llamada bahía del Diamante. El <i>Franconia</i>, por su calado, no puede ir
-más allá. Sólo los vapores de 6.000 ú 8.000 toneladas siguen remontando
-el río, en horas de gran marea, hasta llegar á los muelles de Calcuta.<span class="pagenum"><a name="page_323" id="page_323">[Pg 323]</a></span></p>
-
-<p>Quedamos anclados en esta bahía fluvial de aguas rojas, que únicamente á
-la salida ó la puesta del sol toman un esplendor blanco y luminoso capaz
-de recordar el del diamante. Es aquí donde el <i>Franconia</i> va á sufrir
-una de las mayores transformaciones de su viaje. Permanecerá varios días
-como si fuese un barco abandonado, guardando solamente la tripulación
-necesaria para su limpieza. Todos los viajeros se trasladan á Calcuta y
-con ellos gran parte de la dotación del buque, que ha podido conseguir
-la licencia necesaria.</p>
-
-<p>Dos grandes vapores fluviales con triple cubierta, elegante restorán y
-numerosa servidumbre van á llevarnos hasta la metrópoli de las Indias,
-navegando seis horas por el río. Unos viajeros quedarán en Calcuta tres
-días, volviendo inmediatamente al buque. Otros piensan seguir adelante
-hasta Benarés, regresando al <i>Franconia</i> á tiempo para ir á Ceilán y de
-esta isla á Bombay, dando la vuelta á toda la península indostánica.
-Algunos renuncian á ver Ceilán y continúan su viaje á través de toda la
-India, no volviendo á encontrar el <i>Franconia</i> hasta el puerto de
-Bombay.</p>
-
-<p>Yo voy á Benarés, y volveré al buque para ir luego á Ceilán y Bombay.
-Desde este último puerto subiré á Delhi, Agra y otras ciudades célebres
-de la Rajputana. De tal modo conoceré lo más interesante que puedan ver
-los que hacen la travesía directa de Calcuta á Bombay, y no me privaré,
-como ellos, de visitar Ceilán.</p>
-
-<p>Al echar sus anclas el <i>Franconia</i> en esta bahía, donde no hay otro
-buque, toda la yungla parece estremecerse y levantar la cabeza,
-interesada por su presencia. Vienen de tierra nubes de mariposas blancas
-y rojizas, introduciéndose por los ventanos de los camarotes. Se alzan
-sobre la selva nuevos triángulos negros de aves. Los pájaros de presa
-empiezan su ronda aleteante en torno al<span class="pagenum"><a name="page_324" id="page_324">[Pg 324]</a></span> buque, espiando la caída de
-basuras y desperdicios para desplomarse sobre estos islotes de
-nutrición.</p>
-
-<p>Mientras estamos en Calcuta y Benarés, los oficiales del campamento
-visitan el <i>Franconia</i> y se llevan á sus viviendas á los marinos que
-permanecieron en el vapor para que conozcan un poco la vida en la
-yungla. A mi regreso me cuenta un joven piloto sus excursiones por una
-pequeña parte de esta selva baja, interminable y poco explorada, que
-refresca el Ganges antes de perderse en el mar. Ha visto serpientes boas
-de grandes dimensiones y torpe arrastre. Un tigre trae alarmados hace
-meses á los pobladores de la bahía del Diamante. Mata todas las noches
-animales en los nuevos establecimientos agrícolas, y nunca lo pueden
-descubrir. Todavía hay en la yungla gentes que llevan una vida salvaje.
-Dos mujeres huyeron á todo correr viendo al marino y á varios
-artilleros. La presencia de los blancos las infunde pavor.</p>
-
-<p>A las dos de la tarde abandonamos el <i>Franconia</i>. Cuando los dos vapores
-fluviales se despegan de su casco, ocurre algo extraordinario que
-demuestra el instinto de los habitantes alados de la yungla. Mientras
-hemos permanecido en el paquebote, las bandas de cuervos, milanos y
-gaviotas se limitaron á volar á gran altura sobre sus cubiertas. Apenas
-nos alejamos, los muros de verdura que rodean la vasta copa de la bahía
-empiezan á vomitar nubes de estos pájaros sobre el buque,
-desparramándose en él como si estuviese desierto.</p>
-
-<p>No osan descender á las cubiertas bajas, por estar en ellas los hombres
-de guardia. Forman filas agarrados al cordaje de los mástiles, se
-alinean lo mismo que los pingüinos en las barandillas, se sostienen
-aleteantes, como animales de cimera heráldica, sobre los bordes de la
-chimenea. Hasta ocupan el nido del vigía en el mástil de proa, y los que
-no encuentran espacio donde posar<span class="pagenum"><a name="page_325" id="page_325">[Pg 325]</a></span> sus patas, forman un anillo
-revoloteante que abarca el buque entero. A los pocos minutos tiene éste
-engruesados todos sus contornos por una línea de vida animal negra y
-palpitante.</p>
-
-<p>Se inicia nuestra navegación aguas arriba, cruzándonos á cada minuto con
-una muestra curiosa de la marina de cabotaje indostánica. Hombres
-esbeltos y cobrizos reman de pie sobre las cubiertas de unos barcos
-relativamente grandes, con vela rectangular y popa alterosa, llevando en
-ella una enorme pala que sirve de timón. Lo mismo debieron ser las naves
-que surcaban estas aguas hace dos mil años. En otras de arquitectura
-semejante, los remeros ocupan una plataforma yuxtapuesta á la proa,
-mucho más baja que el alcázar posterior. Estos bogadores, que manejan
-unos remos larguísimos, retroceden varios pasos al dar su palada, y
-luego avanzan hacia la popa otro tanto para clavar su remo y repetir la
-operación. Algunos barcos más veloces por la estrechez de su casco
-tienen una cámara baja, una vela cuadrada con pequeños rectángulos
-negros y blancos, y cuatro bogadores que se agitan incansables, como
-duendes, moviendo en la proa sus remos de paleta.</p>
-
-<p>Pasan barcos cargados de tinajas, estivadas verticalmente, con los
-vientres juntos. De lejos parecen enormes huevos rojos cuidadosamente
-colocados en un cesto flotante. Otros llevan láminas de mármol puestas
-de canto en la cubierta, como las hojas de un libro. Los más transportan
-pirámides de sacos apilados en torno á sus mástiles. Y todos estos
-buques de forma primitiva cabecean violentamente con el oleaje que
-levantan las ruedas de nuestros dos vapores.</p>
-
-<p>Al atardecer, el río de aguas bermejas va tomando un color de perla.
-Según avanzamos ofrecen sus orillas un aspecto de actividad civilizada,
-intensa y pro<span class="pagenum"><a name="page_326" id="page_326">[Pg 326]</a></span>ductora. Vemos fábricas grandes como pueblos;
-construcciones bajas que ocupan vastísimos espacios. Surgen sobre sus
-techumbres chimeneas esbeltas de ladrillo y extienden además sobre las
-aguas numerosos tentáculos de muelles y vías férreas. En algunas de
-estas fábricas, aparte de los talleres y el chocerío, ocupado por los
-jornaleros indígenas, hay edificios elegantes rodeados de jardines.
-Grandes piraguas pasan de una orilla á otra las muchedumbres
-multicolores que han acabado su trabajo.</p>
-
-<p>Se van multiplicando las chimeneas. Ya no se elevan, como al principio,
-en una sola de las orillas. Surgen igualmente de la ribera opuesta y del
-fondo del horizonte, siempre cerrado por la lengua de tierra de una
-revuelta inmediata.</p>
-
-<p>Adivinamos la proximidad de Calcuta. La bruma que exhala el río á estas
-horas se une al humo de las fábricas, envolviendo el ocaso en una
-opacidad impropia de este clima. Parece que nos acerquemos á Londres,
-pero un Londres de nieblas doradas y multitudes colorinescas.</p>
-
-<p>Desfilan por las dos orillas miles de hombres y mujeres, rosarios
-interminables de cuentas blancas, rojas, violetas, amarillas,
-azafranadas y verdes. Todos marchan en fila, poniendo cada uno su pie
-sobre la huella del que le precede. Es una particularidad que noto desde
-mi entrada en la India y he seguido viendo en todas mis excursiones á
-través del país. Rara vez marchan juntos dos indostánicos por un camino.
-Hasta la familia avanza longitudinalmente, por amplia que sea la vía: el
-padre delante, la madre detrás con fardos en la cabeza, y á continuación
-la prole, casi siempre por orden de estatura. Es la «fila india», de que
-se ha hablado tantas veces. También en la salida de las fábricas se nota
-esta<span class="pagenum"><a name="page_327" id="page_327">[Pg 327]</a></span> tendencia á la marcha separada y silenciosa. La muchedumbre se
-desgrana en la misma puerta, se esparce como los hilillos de un líquido
-derramado, alejándose en luengas y multicolores filas.</p>
-
-<p>Todas estas fábricas son para preparar y tejer el yute, la gran
-producción de la provincia de Bengala. Casi todos los sacos que usa la
-agricultura de Europa y América proceden de estos centros industriales,
-cada vez más enormes, que llenan las orillas del Ganges. Aquí se
-utilizan las fibras de la citada planta, creándose piezas de ruda tela,
-que luego corta y cose en forma de sacos el país importador. La riqueza
-de Calcuta, su importancia comercial, el movimiento de su puerto,
-dependen de esta exportación que abarca el mundo entero.</p>
-
-<p>En días sucesivos, hablando con varios cónsules residentes en Calcuta,
-me doy cuenta de que las funciones de los más de ellos tienen por única
-base la producción del yute. Todos los sacos que sirven de envase al
-trigo y el maíz de la Argentina ó al azúcar de Cuba fueron tejidos en
-las fábricas de Bengala.</p>
-
-<p>Esta industria no deja de ofrecer cierta exterioridad pintoresca á causa
-de las masas indígenas que trabajan en sus talleres; mas esto no impide
-que el viajero sienta la amargura de la decepción al ver el maquinismo
-inglés establecido en uno de los brazos del Ganges, vaciando sobre su
-corriente las cenizas y carbonillas de sus máquinas de vapor, mezclando
-el humo de la hulla con las brumas vesperales del río sagrado. Pero la
-India antigua, inmutable y misteriosa resurge siempre, rompiendo la
-envoltura moderna en que la encierran sus nuevos amos.</p>
-
-<p>Vemos á trechos, flotando sobre el río, luengas guirnaldas de flores. El
-indostánico necesita hacer todos los días un presente florido al padre
-Ganges.<span class="pagenum"><a name="page_328" id="page_328">[Pg 328]</a></span></p>
-
-<p>En el restorán de nuestro vapor hay una especie de <i>maître d’hôtel</i>
-vestido á la inglesa y con zapatos de charol, la mayor distinción á que
-puede aspirar un mestizo. Dirige con aire de superioridad, como si fuese
-un europeo, á los otros servidores, que van descalzos, con levita
-blanca, faja roja y un abultado turbante de este último color.</p>
-
-<p>Poco antes del anochecer, este indio con <i>smoking</i>, que se agita dando
-órdenes á la servidumbre para que recoja la vajilla del té, mira á un
-lado y á otro para convencerse de que todos los viajeros se han ido del
-comedor á las cubiertas superiores, toma varios manojos de rosas que
-adornan las mesas, y dirigiéndose á un ventano las va arrojando con
-lenta solemnidad sobre las aguas nacaradas por la luz del ocaso.</p>
-
-<p>Veo que las dos orillas tienen una faja ondeante de flores rojas y
-doradas. El manso oleaje arranca estas masas de pétalos, las balancea
-unos segundos y vuelve á pegarlas á las riberas.</p>
-
-<p>De tarde en tarde, la corriente, teñida de rosa pálido por la agonía del
-sol, se corta de abajo á arriba, dejando ver el avance de un lomo
-dentado como una sierra: un caparazón de bestia antediluviana.</p>
-
-<p>Es el caimán, venerable y respetado habitante de este río, al que echan
-sus devotos flores y cadáveres.<span class="pagenum"><a name="page_329" id="page_329">[Pg 329]</a></span></p>
-
-<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a>XXIII<br /><br />
-EL QUEMADERO DE CALCUTA</h2>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang">Caras europeas y vestiduras exóticas.&mdash;Los «ghats» del Ganges.&mdash;Las
-estadísticas médicas de la India.&mdash;Un cortejo fúnebre.&mdash;La última
-oración.&mdash;Los fugitivos de la muerte convertidos en animales.&mdash;Las
-hogueras de la mañana.&mdash;El horrible enano del Quemadero y sus
-clasificaciones.&mdash;Cremación de una madre que parece una niña.&mdash;Las
-purificaciones preliminares.&mdash;Cadáver de pobre esperando que
-alguien pague su leña.</p></div>
-
-<p>Calcuta es la segunda capital del Imperio británico. Birmingham, ciudad
-de Inglaterra que figura por su población después de Londres, resulta
-muy inferior á Calcuta, pues ésta tiene un millón trescientos mil
-habitantes. El setenta por ciento de ellos son de religión brahmanista y
-un veinticinco por ciento mahometanos indostánicos.</p>
-
-<p>Hasta 1911 Calcuta fué la capital de la India, pero como las conquistas
-y anexiones de los ingleses han ido extendiendo su imperio hacia el
-Norte, hubo que trasladar en dicha fecha el centro del gobierno á la
-ciudad de Delhi. Estos cambios no resultan extraordinarios en la vida
-política de la India. Durante dos mil años de historia conocida, un
-movimiento de exacta repetición ha desplazado cada cinco siglos la
-capitalidad de la India, pasándola de unas ciudades á otras, y
-devolviéndola más de una vez á alguna que la tuvo en otro tiem<span class="pagenum"><a name="page_330" id="page_330">[Pg 330]</a></span>po. Delhi
-fué capital del poderoso Gran Mogol y ha vuelto á serlo ahora del virrey
-enviado por el gobierno de Londres.</p>
-
-<p>Actualmente sólo figura Calcuta como capital de la Presidencia de
-Bengala, pero conserva los palacios y museos con que la embellecieron
-los anteriores virreyes. Sus calles están á todas horas del día tan
-llenas de gentío, que el viajero la supone una población todavía mayor
-que la mencionada.</p>
-
-<p>Ofrece esta muchedumbre para el europeo una novedad extraordinaria,
-después de haber viajado por el Extremo Oriente. En el Japón, en China,
-en las islas de Malasia, no causan extrañeza las vestimentas originales
-y multicolores, por ser las personas que las usan de razas distintas á
-la nuestra. Sus rostros amarillos ó cobrizos, sus ojos oblicuos apenas
-abiertos, parecen armonizarse con sus trajes extraordinarios. Pero el
-indostánico es de nuestra raza. Pertenecemos á distintas subdivisiones
-étnicas que tienen un tronco común. Numerosos habitantes de la India son
-casi negros, otros de color cobrizo, los hay rigurosamente blancos, más
-blancos que muchos europeos, pero todos son nuestros parientes por los
-rasgos fisonómicos y jamás han conocido la tentación de usar zapatos,
-llevando una simple tela arrollada á su cuerpo y mostrándose, apenas lo
-permite la temperatura, en una desnudez casi completa.</p>
-
-<p>Con frecuencia se encuentran indostánicos que ofrecen una rara semejanza
-con personas que conocimos en Europa y América. Y este parecido resulta
-cómico al contemplar cómo el respetable señor que tratamos bajo otros
-cielos, se pasea ahora por una calle de la India ligero de ropa y
-descalzo. He visto en Calcuta jóvenes bracmanes, de tez blanca, gruesos,
-lustrosos, el pelo retinto y brillante partido por una raya en el lado
-izquier<span class="pagenum"><a name="page_331" id="page_331">[Pg 331]</a></span>do y las dos crenchas alisadas con aceite de jazmín. Todos
-ellos, á pesar de llevar los pies descalzos y una especie de toga alba
-pasada bajo el brazo derecho y descansando su extremo en el hombro
-opuesto, tienen un gran parecido con ciertos sacerdotes romanos que usan
-garbosamente hábitos de rica seda.</p>
-
-<p>El primer día de mi permanencia en Calcuta procuro satisfacer, sin
-pérdida de tiempo, una curiosidad algo malsana que me agita desde que
-empezamos á navegar sobre las aguas del Ganges. Dejo para los días
-siguientes mi visita á los monumentos y jardines, el estudio de las
-muchedumbres que circulan por sus avenidas y se aglomeran en sus
-bazares. Quiero ver cuanto antes lo que llaman los indostánicos el campo
-de Nimtola y los ingleses el «Burning Ghat».</p>
-
-<p>Esta palabra <i>ghat</i> debo usarla frecuentemente al hablar de la India. Un
-<i>ghat</i> es una escalinata, un graderío, muchas veces una rampa de piedra
-con rebordes salientes á cierta distancia, para afirmar mejor el pie
-descalzo, y que desciende por la ribera del Ganges hasta cierta
-profundidad de sus aguas. De este modo las multitudes devotas puedan
-permanecer sumergidas hasta los hombros, mientras hacen inmóviles sus
-oraciones.</p>
-
-<p>Los <i>ghat</i> de Benarés son famosos. La santa ciudad, situada toda ella á
-la derecha del río sagrado, tiene una sucesión de rampas y escalinatas,
-sobre las cuales se agrupan en días de fiesta más de cien mil
-peregrinos. Pero olvidemos estos <i>ghat</i> de Benarés, de los que hablaré
-en lugar oportuno, para circunscribirnos al «Burning Ghat» de Calcuta, ó
-sea al «Ghat del Quemadero».</p>
-
-<p>El Municipio de Calcuta ha construído en el lugar llamado Nimtola un
-edificio donde son quemados los muertos, con arreglo á la religión
-indostánica. Este campo de Nimtola está más arriba del Howrah Bridge,<span class="pagenum"><a name="page_332" id="page_332">[Pg 332]</a></span>
-único puente de Calcuta que atraviesa el río Hooghly, y aparece siempre
-como obstruído por la enorme aglomeración de vehículos y viandantes.
-Junto al Quemadero pasa la ancha y populosa avenida que costea el río,
-siempre llena de tranvías, camiones automóviles y carretas tiradas por
-bueyes. Por ella se desliza la mayor parte de la actividad del puerto y
-de la estación del ferrocarril que va al Norte de la India. Hace años se
-hallaba lejos de Calcuta; pero ésta se ha estirado rápidamente á lo
-largo del río, envolviendo á Nimtola en los tentáculos de su
-crecimiento.</p>
-
-<p>Los quemaderos célebres de la India están en las orillas del Ganges. Los
-príncipes y los ricos se hacen llevar moribundos á Benarés para que los
-incineren en la orilla del río sagrado, pues éste parece concentrar su
-importancia divina al lamer con ondulaciones cargadas de flores y
-podredumbres las murallas de dicha ciudad. En las poblaciones lejanas
-del Ganges el <i>ghat</i> de las quemas se construye al lado de un río, de un
-lago o un pequeño estanque. Lo que importa para la ceremonia es que el
-cadáver pueda recibir una inmersión antes de que lo consuma el fuego. El
-río de Calcuta es un brazo del Ganges, y los nacidos en la capital de
-Bengala consideran esto como un regalo precioso que los dioses han hecho
-á su ciudad.</p>
-
-<p>El campo estrecho de Nimtola se prolonga entre el declive del río y la
-avenida Strand Road North, por donde pasa, como ya dije, toda la ruidosa
-circulación del comercio fluvial. Unos muros con arcadas separan la
-calle del Quemadero. Cerca de la puerta hay un pequeño santuario
-dedicado á Siva, el más terrible, y tal vez por esto el más admirado, de
-los personajes de la trinidad Indostánica. Junto al templo existe una
-oficina, donde varios funcionarios mestizos inscriben en libros las
-en<span class="pagenum"><a name="page_333" id="page_333">[Pg 333]</a></span>fermedades que dieron término á la existencia de los que van á ser
-quemados.</p>
-
-<p>Uno de estos funcionarios, joven indostánico de educación europea,
-sonríe al hablarme de la utilidad de sus funciones. La inmensa mayoría
-de las familias que acompañan á sus muertos ignoran qué enfermedad fué
-la que acabó con ellos. En los barrios indígenas de Calcuta temen á los
-médicos y prescinden de ellos. No hay quien pueda contestar á los
-empleados del registro; sólo saben que el muerto ha muerto, y dejan que
-el representante de la ley ponga en su libro la enfermedad que le
-parezca preferible para el caso. Luego, con arreglo á tales registros,
-se forman estadísticas que sirven para estudio y guía de los sabios de
-Europa y América.</p>
-
-<p>Nos aproximamos á Nimtola por las estrechas callejuelas de los barrios
-inmediatos, procurando evitar la ancha avenida paralela al río,
-demasiado abundante en vehículos, de un suelo desigual, donde las ruedas
-se enganchan en los rieles salientes y cuyos charcos negros salpican con
-pestífera hediondez.</p>
-
-<p>Nuestro automóvil tiene que hacer alto, pegándose á uno de los muros,
-para dejar paso á una muchedumbre que avanza á nuestra espalda y se
-anuncia con cierta salmodia monótona. Se desliza, rozando nuestro
-vehículo, una doble fila de indostánicos, todos con vestiduras blancas.
-Cuatro de éstos llevan en hombros unas angarillas hechas con ramas de
-árboles y forradas de gasa color de rosa. Encima de este lecho portátil
-vemos manojos de flores amarillas y rojas y varias plantas verdes.
-Debajo del sudario vegetal va un pequeño cadáver: el flaco cuerpo de una
-niña que no debe tener más de doce años. Los que lo llevan en hombros,
-así como los que le preceden y le siguen, son todos de tipo
-europeo&mdash;únicamente su tez tiene un color trigueño algo su<span class="pagenum"><a name="page_334" id="page_334">[Pg 334]</a></span>bido&mdash;, y su
-aspecto físico de occidentales contrasta con el manto de gasa ó de lino
-arrollado á su cuerpo por toda vestimenta.</p>
-
-<p>En este cortejo fúnebre lo primero que llama la atención es la velocidad
-con que marcha. Parece que un enemigo invisible venga persiguiendo y
-acosando á todos estos hombres. Caminan como una tropa fugitiva. La
-gente abre paso para no ser atropellada, pegándose á los muros. Los
-vehículos se apartan también, avisados por su canto melancólico y tenaz.
-Todos los hombres repiten las mismas palabras, con un tonillo semejante
-al de los muchachos cuando deletrean sus lecciones en las escuelas de
-los pueblos: «<i>Bolo hari. Hari bolo.</i>»</p>
-
-<p><i>Hari</i>, en sánscrito, es Dios, y lo que dicen con su monótona cantilena
-los acompañantes del entierro es «¡Por Dios! ¡por Dios!»</p>
-
-<p>Algo más allá pasa junto á nosotros un segundo cortejo fúnebre. Al salir
-á la gran avenida, frente á las puertas de Nimtola, vemos muchos otros
-que van llegando por todos lados y tienen que detenerse en este lugar
-convergente, para ir pasando adelante por riguroso turno.</p>
-
-<p>Los hay de séquito numeroso, como el de la niña cubierta de flores y
-plantas. Otros son tristes, sin adorno alguno, y detrás de los dos
-portadores de la camilla fúnebre sólo marchan unas pobres mujeres
-envueltas en mantos blancos, que las cubren de la frente á los pies,
-mostrando cada una de ellas un brazo y una pierna, delgados, rojizos,
-con numerosos anillos de metal blanco.</p>
-
-<p>El joven empleado me explica la preparación de estos cadáveres antes de
-llegar al Quemadero. Algunos fueron ungidos por sus familias con manteca
-sagrada; los más pobres no han recibido este embadurnamiento final.
-Todos ellos, al salir por última vez de su vivienda,<span class="pagenum"><a name="page_335" id="page_335">[Pg 335]</a></span> oyen la suprema
-oración, dicha en sánscrito por el jefe de la familia, por un bracmán o
-un amigo. (El sánscrito es lengua muerta y sagrada para los indostánicos
-modernos; lo que el latín para nosotros.)</p>
-
-<p>«¡Oh tú espíritu que te fuiste!... Vamos á quemar todas las partes de tu
-cuerpo terrenal, que, por estar repleto de pasiones y de ignorancia,
-unió á sus actos píos muchos otros que fueron impíos. Quiera el Supremo
-Señor perdonar todas las acciones pecaminosas que cometiste á sabiendas
-ó inconscientemente, dejándote ascender á las alturas celestiales.»</p>
-
-<p>En una ciudad populosa como Calcuta sólo se permite llevar á orillas del
-río á los enfermos cuando han muerto; pero en las poblaciones del
-interior, muchas familias, si creen que uno de los suyos está en la
-agonía, lo conducen preventivamente al borde del Ganges, con lo cual se
-evitan las molestias y gastos de un cortejo fúnebre. Además, procuran
-aumentar la purificación del moribundo tapándole la boca y los oídos con
-limo del río sagrado, y luego lo abandonan para venir á quemarlo el día
-siguiente.</p>
-
-<p>Ocurre algunas veces que estos agonizantes, no examinados por un médico,
-sólo sufren accidentes pasajeros, y al recobrar sus sentidos sienten el
-imperativo de la conservación, que les impulsa á seguir viviendo, y se
-escapan para que sus parientes no los asfixien llenándoles de nuevo los
-orificios respiratorios con el barro gangético. Estos fugitivos caen en
-la más extraordinaria y terrible de las existencias, pues viven sin
-vivir. Su familia los da por muertos y reniega de ellos, considerándolos
-como unos impíos que contravinieron las leyes divinas. Si los ven no los
-reconocen. Nadie se les aproxima, temiendo su contagio. El paria, á
-pesar de su miseria, resulta superior á él. Las gentes de castas
-elevadas evitan al paria, pero saben que existe. Este hom<span class="pagenum"><a name="page_336" id="page_336">[Pg 336]</a></span>bre que huyó
-de la muerte vive como una sombra, y aunque grite nadie le oye. Prolonga
-su vida en los lugares desiertos, alimentándose con inmundicias que
-disputa á los perros y los chacales. Acaba por ir completamente desnudo,
-cubierto de pelo, como una fiera. Las bestias aúllan á su paso,
-enfurecidas por su presencia, los niños huyen, las mujeres se cubren el
-rostro, hasta que al fin muere en completo aislamiento, y su espíritu,
-según los buenos creyentes, da un salto atrás, volviendo á encarnarse en
-los animales más viles é inferiores.</p>
-
-<p>Entro en el patio abierto de Nimtola donde son quemados los cadáveres, y
-durante un par de horas creo vivir en el seno de una pesadilla
-fuliginosa. Me avergüenzo en los días siguientes al pensar que encontré
-interesante este espectáculo y me resistí á abandonarlo, á pesar del
-ambiente caliginoso y los hedores de la materia quemada. Siempre ocurre
-lo mismo con las sensaciones violentas que recibimos; nos parecen más
-terribles las cosas recordadas á distancia que en el momento de verlas
-directamente.</p>
-
-<p>Se extiende el río á mi izquierda. Pasan por su centro rosarios de
-barcazas de las que tiran remolcadores. De tarde en tarde corta sus
-aguas un vapor blanco, un tranvía fluvial que conduce las gentes á la
-gran estación de ferrocarril del Norte de la India. El puente de Howrah
-corta en apariencia el curso de este gran camino acuático. En la orilla
-de Nimtola veo numerosos búfalos de piel negruzca, que sólo elevan sobre
-la corriente el dorso de su lomo y su cabeza chata y cornuda. Junto al
-<i>ghat</i> que se hunde en el río hay centenares de indostánicos con el agua
-hasta el talle ó los pechos, inmóviles y en oración.</p>
-
-<p>La llanura triangular del Quemadero tiene, cuando entro en ella, varios
-hoyos largos y estrechos, cubiertos<span class="pagenum"><a name="page_337" id="page_337">[Pg 337]</a></span> de tizones que humean ligeramente.
-Son restos de las hogueras mortuorias que empezaron á arder en las
-primeras horas de la mañana. En el fondo de una de estas hogueras
-agonizantes adivino el contorno de un esqueleto. Veo como una bola de
-cenizas y en mitad de ella dos estrellas rojas. La esfera cenicienta es
-un cráneo quemado que aún conserva su forma. Las dos manchas ígneas, un
-doble reflejo de la combustión del cerebro, que sigue ardiendo dentro de
-su cápsula caliza... Un capricho del fuego ha respetado la forma del
-cadáver, consumiendo su solidez interior.</p>
-
-<p>Bastan unos cuantos golpes de bastón para que todo se desparrame en
-cenizas, y así lo hace un enano de aspecto inquietante que parece el
-dueño de este lugar. Recuerdo á Quasimodo y á otros personajes
-extraordinarios inventados por la literatura romántica, habitantes de
-bóvedas de catedrales, de cementerios y ruinas frecuentadas por
-fantasmas.</p>
-
-<p>Es un hombrecillo de cabeza enorme por las mechas de pelo lacio y sucio
-que la cubren. Lleva el busto desnudo, surcado de cicatrices, lo mismo
-que el rostro. Como es guardián de este lugar, nos imaginamos que las
-tales cicatrices deben ser huellas de quemaduras. Un harapo anudado al
-talle constituye toda su vestimenta. Su orgullo debe ser un collar hecho
-de conchas que le cae sobre el pecho.</p>
-
-<p>Este enano de ojos diabólicos y rictus feroz va de un lado á otro con
-aire importante, hablando á las familias de los difuntos, señalando los
-lugares donde pueden levantarse las nuevas piras. Con una habilidad
-profesional y sin más herramienta que una horquilla corta, borra en
-pocos instantes los restos de las cremaciones anteriores. Echa al río
-los residuos de la leña consumida y las cenizas del esqueleto que
-deshizo á palos minutos<span class="pagenum"><a name="page_338" id="page_338">[Pg 338]</a></span> antes. Los devotos metidos en el agua no se
-apartan al ver caer entre ellos estas migajas fúnebres. Continúan sus
-pías gesticulaciones, cruzan las manos sobre el pecho, las elevan, beben
-sorbos del líquido sagrado. Unos lo tragan; otros hacen buches con él y
-vuelven á arrojarlo.</p>
-
-<p>Según me explica el joven empleado, estas cremaciones de la mañana han
-sido de muertos cuyas familias pudieron pagar leña abundante. El costo
-de una pira modesta es de seis á ocho rupias, lo necesario nada más para
-que el cuerpo quede totalmente consumido. Los pobres, cuyas familias
-economizan la madera, sólo son quemados á medias. Doblan su cadáver para
-que ocupe menos sitio dentro de la pira, lo rompen por la cintura,
-pegando las piernas á la mitad superior, y aun así, se consume la leña
-muchas veces antes de que el cuerpo esté totalmente carbonizado... Pero
-el gnomo terrible, guardián de este lugar, no puede perder tiempo,
-necesita espacio para los otros cadáveres que van llegando, y cuando ve
-que una hoguera agonizante no puede dar más fuego, echa al río el montón
-de cenizas. Y las entrañas solamente chamuscadas, así como los huesos á
-medio carbonizar, caen en el santo Ganges junto á los devotos que
-continúan sus oraciones y sus tragos rituales.</p>
-
-<p>Este enano indostánico, que se muestra humilde é hipócrita con los que
-él considera de casta superior, habla á nuestro acompañante al mismo
-tiempo que nos sonríe manteniéndose á cierta distancia, pues sabe que no
-debe tocar á los seres elevados ni con el aliento. El joven funcionario
-nos explica sus chistes crueles. Clasifica á los muertos como si fuesen
-viandas de cocina: en asados, á medio asar y crudos. Él solo respeta á
-los bien asados, ó sea á los ricos, que consumen mucha leña. Como la
-ma<span class="pagenum"><a name="page_339" id="page_339">[Pg 339]</a></span>yoría de sus correligionarios, este hombrecillo considera uno de los
-espectáculos más interesantes que pueden presenciarse en esta vida la
-cremación de un cadáver de rajá. Cuando muere alguno de éstos en la
-ciudad de Benarés, llegan muchedumbres de largas distancias para
-deleitarse con el perfume de la pira de sándalo y otras maderas
-preciosas, que va consumiendo lentamente el cuerpo del príncipe,
-mientras satura la atmósfera de bálsamos celestiales.</p>
-
-<p>En realidad, este Quemadero de Calcuta no difunde hedores nauseabundos.
-Hay en el ambiente un fuerte olor de madera quemada y sólo un lejano
-tufillo de carne recién salida del asador. Tal vez sea esto por la
-delgadez inaudita de los cadáveres indostánicos. Son esqueletos con
-forro de piel. Causa asombro que el cuerpo humano pueda llegar á tal
-consunción.</p>
-
-<p>La pequeñez de los cadáveres nos reserva una sorpresa. La primera
-cremación va á ser la de la niña cuyo entierro encontramos en una
-calleja inmediata. El gnomo, ayudado por unos cuantos hombres de dicho
-séquito, empieza á preparar la pira. Colocan, como si fuesen los
-cimientos de un edificio, cuatro troncos gruesos que forman un
-rectángulo. En el interior depositan simétricamente otros leños más
-delgados, y así forman la base de la futura hoguera.</p>
-
-<p>Se oye un graznido continuo de las bandas de cuervos alineados encima de
-las arcadas ó que revolotean atrevidamente sobre nuestras cabezas. En
-toda Asia abunda el cuervo, como he dicho repetidas veces, pero en
-Calcuta resulta un personaje familiar y hay que convivir con él. Son las
-once de la mañana y la luz del sol desciende casi verticalmente de un
-cielo limpio de nubes. Al calor de su refracción se une el de algunas
-hogueras que todavía arden en un extremo de la fúnebre<span class="pagenum"><a name="page_340" id="page_340">[Pg 340]</a></span> explanada. Este
-fuego se hace sentir y no se deja ver. El resplandor solar borra las
-llamas. De sus lenguas rojas no se ve más que el hilillo humoso del
-vértice.</p>
-
-<p>Cada cortejo ha dejado en el suelo las angarillas de sus muertos,
-sentándose en torno á ellas para esperar. Con el encogimiento y la
-timidez de un rezagado pobre entra un último entierro. Dos portadores,
-un anciano y un niño, sostienen una camilla hecha con ramas y sobre ella
-va tendido un cadáver cubierto por un andrajo de hedionda suciedad, que
-parece oler á cólera, á peste bubónica, á todas las enfermedades
-contagiosas de la multitud indostánica. Tres mujeres marchan detrás del
-muerto, envueltas en velos blancos, con los brazos y las piernas llenos
-de ajorcas pesadas y de vil metal.</p>
-
-<p>Recibe el enano con hostilidad á esta comitiva miserable. Es un «crudo»
-el que llega. Discute con los portadores y les obliga á que esperen con
-su muerto lejos de los otros cortejos. El viejo y el niño acaban por
-abandonar su camilla y desaparecen. Las mujeres, sentadas en el suelo,
-velan el cadáver. Por el borde del repugnante sudario asoma un pie
-flaquísimo, y esta especie de garra inferior guarda aún en su tobillo el
-envoltorio de un trapo, último vestigio de enfermedad y agonía.</p>
-
-<p>Las tres mujeres, que llevan un adorno de metal en sus narices, tienen
-fijas las miradas sobre el relieve del cadáver invisible. Toda su
-emoción se denuncia en el agrandamiento de sus ojos. Nadie llora en este
-lugar. No veo una sola lágrima. El indostánico ignora que el dolor debe
-expresarse con un derramamiento de humores oculares.</p>
-
-<p>Me voy fijando en una particularidad de los diversos cadáveres que
-esperan su turno para la cremación. Se adivina su sexo por la envoltura
-exterior. Las mujeres tienen depositado un manojo de flores en la
-oquedad<span class="pagenum"><a name="page_341" id="page_341">[Pg 341]</a></span> que se marca entre su vientre y el arranque de sus piernas. A
-los cadáveres masculinos les han colocado una piedra en el mismo sitio.</p>
-
-<p>Empieza la ceremonia de la purificación para la niña delgadísima, cuya
-familia debe ser bien acomodada á juzgar por su acompañamiento. Y aquí
-experimentamos la sorpresa de que hablé antes. Esta muchachita resulta
-una hembra de más de treinta años; una madre de familia. Y sin embargo,
-aun después de conocer su verdadera edad, ¡nos parece una cosa tan
-insignificante bajo su envoltura de gasas y de flores!... ¡Abulta tan
-poco su pobre cuerpo!...</p>
-
-<p>El marido, cuya cabeza empieza á grisear, está procediendo á su
-purificación. Nos lo muestran de lejos, mientras un barbero le afeita en
-la bajada del <i>ghat</i>. Los dos se hallan en cuclillas, frente á frente.
-Los barberos indostánicos trabajan así. Agarran al parroquiano por una
-oreja ó le pellizcan una mejilla, mientras con la otra mano rasuran su
-cara y su cráneo.</p>
-
-<p>Este hombre de gesto grave y ojos dilatados y fijos que no saben llorar
-paga al barbero su trabajo con unas moneditas de níquel é inmediatamente
-se desnuda, quedando sólo con un cinturón que le pasa entre las piernas.
-Debe purificarse en el río antes de prender fuego á la pira de su
-esposa. Va descendiendo por el <i>ghat</i> hasta quedar con el agua por
-encima de los pechos. Ora, sumerge su cabeza, bebe, hace los buches
-rituales, y vuelve á subir para vestirse una túnica blanca,
-completamente nueva, que dejó en mitad de la escalinata.</p>
-
-<p>Al lado de las angarillas de color rosa está sentado en el suelo un
-muchacho como de doce años. Es el hijo de la difunta. Tiene una
-expresión de perrito triste que sigue el entierro de su amo. Pero está
-mudo; no puede aullar como el otro. Mira con fijeza, sin una lágrima en<span class="pagenum"><a name="page_342" id="page_342">[Pg 342]</a></span>
-las papilas, el cuerpecito de flaca adolescente que marca sus gráciles
-contornos bajo el sudario color de rosa.</p>
-
-<p>Una señora que está á mi lado rompe á llorar viendo este dolor
-silencioso.</p>
-
-<p>&mdash;¡Pobrecito!... ¡Pobrecito mío!</p>
-
-<p>Él vuelve su cabeza, adivinando la compasión, la dolorosa ternura de
-estas palabras que no puede comprender. Vemos su tez de canela
-aterciopelada, sus ojos negros de antílope agrandados por el dolor. Nos
-mira un momento sin expresión alguna. Luego, su vista se desliza,
-volviendo otra vez á posarse en el cuerpecito de su madre.</p>
-
-<p>No puede continuar dicha contemplación. Los amigos de la familia han
-levantado las angarillas y llevan el cadáver hacia el Ganges, por el
-graderío del <i>ghat</i>. Cuando á los portadores les llega el agua á la
-cintura sumergen la camilla fúnebre. Se lleva la corriente de golpe las
-coronas de flores, los manojos de verdura que adornaban el lecho de la
-muerta. La gasa se destiñe, formando sobre el agua una gran mancha
-purpúrea, como si fuese de sangre.</p>
-
-<p>Esta inmersión hace que se marquen instantáneamente todos los contornos
-del cadáver, lo mismo que si estuviese desnudo. Las gasas desteñidas
-tienen ahora un color de carne y parecen no existir, adheridas al cuerpo
-femenino. Pero este cuerpo ¡es tan poquita cosa!... Parece imposible que
-haya podido salir de su interior el adolescente que continúa sentado en
-el suelo, mirando con fijeza hipnótica el lugar donde poco antes estaba
-la muerta.</p>
-
-<p>Chorreando agua vuelve el cadáver á subir el <i>ghat</i>, mientras sus
-conductores reanudan el cántico monótono de una hora antes: «<i>Bolo hari.
-Hari bolo.</i>» Lo colocan sobre la base de la pira. Luego el enano y sus
-ayudan<span class="pagenum"><a name="page_343" id="page_343">[Pg 343]</a></span>tes van amontonando sobre la difunta nuevos leños, hasta que al
-fin completan la pira en forma de edificio, rematándola con una especie
-de techo de doble pendiente.</p>
-
-<p>Pasa por el río uno de los vapores blancos. En sus cubiertas van
-numerosas señoras rubias con trajes de fina batista y gentlemen de
-aspecto elegante. Deben vivir en <i>bengalows</i> de las afueras, con hermoso
-jardín, y vienen á Calcuta para hacer sus compras ó para tomar el tren
-en la estación inmediata de Howrah. Nadie mira hacia el Quemadero. El
-esbelto barco levanta una sucesión de ondulaciones que mecen las
-guirnaldas floridas arrancadas al cadáver y la mancha roja de sus velos
-desteñidos. Estas ondulaciones chocan con el pecho inmóvil de los
-devotos que se bañan en el Ganges; pasan en delgadas láminas sobre el
-lomo de los búfalos hundidos en la ribera fangosa.</p>
-
-<p>Contemplamos con angustia los preparativos para la cremación de esta
-pobre indostánica, empequeñecida por el dolor y la muerte. No la
-conocimos cuando vivía; nunca sabremos su nombre; pero el azar nos ha
-unido á ella con un recuerdo sentimental que durará lo que dure nuestra
-existencia.</p>
-
-<p>El esposo, entorpecido por el dolor, no sabe cómo debe cumplir sus
-funciones rituales. Tal vez no asistió nunca á un entierro en el que
-tuviese que figurar como el primero de los acompañantes. A él le
-corresponde prender fuego á la pira, dando vueltas en torno de ella para
-que el fuego surja de todos lados al mismo tiempo. El horrible gnomo ha
-puesto una antorcha en sus manos y le indica lo que debe hacer, con la
-suficiencia de un sacristán que asiste á un entierro de primera clase en
-las iglesias de Europa.</p>
-
-<p>Se adivina que el pobre marido no ve. Avanza su<span class="pagenum"><a name="page_344" id="page_344">[Pg 344]</a></span> antorcha y las más de
-las veces su llama se pierde en el aire... Pero sus ojos continúan
-secos. Al fin el montón de leña empieza á arder. Se escapa entre el
-llamear crepitante de la madera tierna una nube de pavesas de las ropas
-sutiles. A través de los troncos que se ennegrecen y se rajan vemos algo
-semejante á unas ramas blanquecinas, los miembros gráciles de la muerta
-que burbujean con el chirrido de la grasa. Arde el cadáver, y entre los
-desgarrones de la carne abierta y retorcida por el fuego comienzan á
-asomar las aristas rígidas de los huesos.</p>
-
-<p>&mdash;¡Vámonos, vámonos!&mdash;dice alguien detrás de mí con voz desfalleciente.</p>
-
-<p>Sí, debemos irnos... Y sin embargo, quedamos inmóviles, sin voluntad,
-con los pies fijos en el suelo, como el que contempla la lumbre de una
-chimenea en las noches invernales y á cada minuto se da á sí mismo la
-orden de abandonar el asiento sin conseguir verse obedecido. Sentimos á
-un tiempo la atracción de la llama, la terrible curiosidad de las
-emociones violentas, el horror de la muerte.</p>
-
-<p>Suena un estallido en el interior de la pira. Es la ruptura del vientre
-agujereado por el fuego, el esparcimiento de las vísceras, la dilatación
-de los vapores humanos, algo horrible que va más allá de los leños
-ardientes y cae en el suelo. Pero el enano se mantiene cerca de las
-llamas, con una previsión de técnico, y recoge velozmente todo lo que el
-fuego expelió, volviendo á arrojarlo en la hoguera. Ha llegado la hora
-de irnos. ¿Para qué seguir contemplando la cremación de los otros?...
-¡Adiós, madre calcutana, pequeña como una niña, que nunca conocimos y
-recordaremos siempre!</p>
-
-<p>El gnomo, que sabe calcular el curso de las incineraciones, ha
-abandonado esta pira, juzgando inútil su presencia, y se ocupa en
-levantar otra, discutiendo<span class="pagenum"><a name="page_345" id="page_345">[Pg 345]</a></span> con los acompañantes del difunto sobre la
-clase y el precio de la leña.</p>
-
-<p>En el patio exterior volvemos á encontrar las tres mujeres sentadas en
-el suelo en torno á la camilla de la que surge el pie enjuto con su
-vendaje de harapos.</p>
-
-<p>Sus portadores, el viejo y el niño, aún no han vuelto. Buscan sin duda
-en su barrio, inútilmente, almas piadosas capaces de darles una limosna.
-No encuentran con qué pagar la leña que está esperando este infeliz
-indostánico, pobre en el curso de toda su obscura historia, pobre hasta
-más allá de la muerte.</p>
-
-<p>La igualdad ante la nada final sólo existe físicamente. Los hombres se
-han encargado de suprimir esta igualdad consoladora, prolongando basta
-el interior del misterio de la muerte las desigualdades de nuestra
-jerarquía social. En este pueblo se muere según la leña que se puede
-comprar. En otros de Asia, según los objetos de cartón destinados á
-embellecer la vida ultraterrena. En nuestros países civilizados, según
-las ceremonias y pompas pagadas que se desarrollan ante las tumbas, con
-un carácter de supuesta espiritualidad.</p>
-
-<p>Dejo caer cinco rupias sobre el sudario hediondo y contagioso que cubre
-á este cadáver.</p>
-
-<p>Las tres mujeres levantan la cabeza y me miran con unos ojos secos,
-dilatados por el asombro. ¡Un blanco preocupándose de un pobre
-indostánico de casta inferior!... Mi acción inesperada, incomprensible,
-parece impresionarlas más que la vecindad de la muerte.</p>
-
-<p class="fint">FIN DEL TOMO SEGUNDO</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_346" id="page_346">[Pg 346]</a></span>&nbsp; </p>
-
-<h2><a name="INDICE" id="INDICE"></a>ÍNDICE</h2>
-
-<table border="0" cellpadding="4"
-style="margin:auto 15% auto 15%;">
-
-<tr><td>&nbsp;</td><td><small><i>Págs.</i></small></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#I">I.&mdash;EN MUKDEN.&mdash;Caballitos manchures y perros siberianos.&mdash;Un
-desierto de nieve por cuya posesión
-se mataron 154.000 rusos y japoneses.&mdash;La dinastía
-de «Los Muy Puros» y sus mausoleos.&mdash;El frío, maestro
-de humildad.&mdash;Las escalinatas chinas y «el sendero
-imperial».&mdash;La chiquillería pedigüeña de las estaciones.&mdash;Un
-gendarme que pega.&mdash;Indignación patriótica.&mdash;La
-incoherencia de los demonios blancos.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_5">5</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#II">II.&mdash;LA LLEGADA Á PEKÍN.&mdash;Los bandidos chinos y
-los trenes-fortalezas.&mdash;Una mala noche.&mdash;El imperio
-del bambú soberano y de la paliza paternal.&mdash;5.000
-años de historia conocida.&mdash;Recordando á Marco
-Polo.&mdash;Los cuatro grandes héroes de la Geografía.&mdash;<i>Micer
-Millones.</i>&mdash;Cómo por obra de Marco Polo salieron
-Colón y los navegantes españoles hacia Pekín,
-para visitar al Gran Kan, y dieron con la ignorada
-América.&mdash;El despertar en Tien-Tsin.&mdash;Los chinos
-elegantes.&mdash;Agricultura sabia y campos de tumbas.&mdash;Una
-puerta de diez siglos con telegrafía sin
-hilos.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_19">19</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#III">III.&mdash;LAS TRES CIUDADES DE PEKÍN.&mdash;La forma
-geométrica de Pekín.&mdash;La ciudad china, la ciudad
-tártara y la ciudad prohibida.&mdash;El edificio chino y la
-tienda de campaña.&mdash;Los geomantes y sus adivinaciones.&mdash;Los
-espíritus del Viento y del Agua.&mdash;La
-cuarta ciudad.&mdash;El barrio de las Legaciones y sus
-tropas visibles y ocultas.&mdash;La seguridad de las calles
-de Pekín y la policía china.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_32">32</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#IV">IV.&mdash;SINGULARIDADES DE LA VIDA CHINA.&mdash;La
-ciudad más grande del mundo.&mdash;Las antiguas calles
-y sus muchedumbres.&mdash;Casas, muebles y gorros.&mdash;Los
-casamientos.&mdash;Los pies de las chinas.&mdash;Vanidad
-con que las mujeres á estilo antiguo aprecian
-su deformación.&mdash;Las damas manchures.&mdash;La cocina
-china y sus horripilantes picadillos.&mdash;Vinos de animales.&mdash;Los
-cocineros chinos esparcidos por el mundo.&mdash;Sus
-caprichos de artista.&mdash;Lo que vió una dama
-al bajar á su cocina, y la respuesta del cocinero para
-que todos quedasen contentos.</a><span class="pagenum"><a name="page_347" id="page_347">[Pg 347]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_44">44</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#V">V.&mdash;TEMPLOS Y FILÓSOFOS.&mdash;El templo del Gran
-Lama.&mdash;La capilla secreta.&mdash;Un milagro.&mdash;Doctores
-y bachilleres en armas.&mdash;Laotsé y Confucio.&mdash;El templo
-de Confucio y el Salón de los Clásicos.&mdash;Culto de
-la República china á Confucio.&mdash;El templo del Cielo.&mdash;El
-simbolismo del número 9.&mdash;La ceremonia imperial
-en el solsticio de invierno.&mdash;El templo de la Agricultura.&mdash;Cómo
-araba todos los años el Hijo del Cielo.&mdash;Progreso
-de la agricultura china hace miles de
-años.&mdash;Su abono predilecto y más precioso.&mdash;Cómo
-se produce públicamente en calles y caminos.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_57">57</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#VI">VI.&mdash;LA CIUDAD PROHIBIDA.&mdash;Los mares y las montañas
-de los jardines imperiales.&mdash;La «Montaña del
-Carbón».&mdash;El árbol sentenciado á cadena perpetua
-por lesa majestad.&mdash;Los guardianes de la República.&mdash;Los
-grandes patios de mármol y sus ríos.&mdash;Los
-tesoros del Hijo del Cielo.&mdash;Las recepciones solemnes
-en la Sala de la Gran Reunión.&mdash;Todo Pekín
-visto desde el trono.&mdash;Los dueños alados y definitivos
-de la Ciudad Prohibida.&mdash;Robos de las tropas
-civilizadoras.&mdash;Un museo formado con lo que dejaron
-ó lo que devolvieron.&mdash;La ironía de los chinos.&mdash;«Nosotros
-los salvajes».</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_72">72</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#VII">VII.&mdash;EL PALACIO DE VERANO.&mdash;La retratista de la
-emperatriz.&mdash;La mentalidad de una soberana china.&mdash;Los
-hermosos camellos de Pekín.&mdash;Las murallas de
-la capital y su antigua artillería.&mdash;Maravillas del Palacio
-de Verano.&mdash;El «lago-mar».&mdash;El famoso Navío
-de Mármol.&mdash;Un puerto de comercio improvisado,
-para que el Hijo del Cielo se disfrazase de vagabundo.&mdash;Robo
-de dos azulejos.&mdash;El feliz «triángulo» imperial.&mdash;El
-joven ex emperador y el presidente de la
-República.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_86">86</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#VIII">VIII.&mdash;LA GRAN MURALLA.&mdash;Un muro de 600 leguas
-edificado en ocho años.&mdash;El chino sabe demasiado
-para ser militar.&mdash;Las industrias fúnebres.&mdash;Entierros
-ruinosos.&mdash;Las tumbas de los emperadores de la
-dinastía «Luminosa».&mdash;En las puertas de la Tartaria.&mdash;Los
-vagabundos de la Gran Muralla.&mdash;La caravana
-de Kalgán.&mdash;El frío viento de la Mongolia.&mdash;Los dos
-ciegos musulmanes.</a><span class="pagenum"><a name="page_348" id="page_348">[Pg 348]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_102">102</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#IX">IX.&mdash;EN MARCHA HACIA EL RÍO AZUL.&mdash;Los bandidos
-de Ling Tcheng.&mdash;Dos trenes fortificados.&mdash;Compañeros
-que van cayendo.&mdash;La exportación de
-huevos chinos.&mdash;Faisanes laqueados.&mdash;La amazona
-misteriosa del bosque fúnebre de los Ming.&mdash;Los
-bandidos no aparecen.&mdash;Decepción de algunas viajeras.&mdash;Opiniones
-sobre la República china.&mdash;Un
-cuerpo robusto falto de sistema nervioso.&mdash;La China
-aún no sabe que existe.&mdash;El Gran Canal.&mdash;El río
-Amarillo y el río Azul.&mdash;La civilización del trigo y
-la civilización del arroz.&mdash;Los pueblos asiáticos eternamente
-casados con el hambre.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_117">117</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#X">X.&mdash;SHANGHAI, LA RICA Y ALEGRE.&mdash;Un abordaje
-de chinos en el río Azul.&mdash;La ciudad literaria de Nankín.&mdash;El
-«Londres del Extremo Oriente».&mdash;La Concesión
-Francesa y la Concesión Internacional.&mdash;Las
-palabras <i>boom</i> y <i>krac</i>.&mdash;Placeres y despilfarros.&mdash;Las
-cortesanas del país y el mujerío internacional.&mdash;«Princesas
-chinas» y opio.&mdash;Una colonia española
-interesante.&mdash;Dos frailes notables, directores de Misiones.&mdash;La
-propaganda católica y la propaganda
-protestante.&mdash;Sus diversos recursos.&mdash;El barrio chino
-de Shanghai y sus callejones hormigueantes de
-muchedumbre.&mdash;Visita al famoso «Jardín del Mandarín»
-que el lector conoce desde su niñez.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_133">133</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XI">XI.&mdash;EN EL MAR AMARILLO.&mdash;El regreso al <i>Franconia</i>.&mdash;Peces
-y perros chinos.&mdash;El mar más frecuentado
-del mundo.&mdash;Audacia extraordinaria de los marineros
-del mar Amarillo.&mdash;Los tres tripulantes del
-ataúd.&mdash;La hermosa bahía de Hong-Kong.&mdash;Calles
-en pendiente y la avenida de la Reina.&mdash;De cómo el
-que se retrata pierde una parte de su alma, absorbida
-por el objetivo.&mdash;La carretera de la Cornisa en la
-isla de «los Arroyos Floridos».&mdash;Fisonomía de los
-puertos del Extremo Oriente.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_148">148</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XII">XII.&mdash;HONG-KONG Y CANTÓN.&mdash;Las huelgas de los
-chinos.&mdash;Banquetes ruidosos.&mdash;Servidumbre de las
-casas ricas de Hong-Kong.&mdash;«No vaya usted á Cantón».&mdash;Historia
-del gran puerto del té y de la porcelana.&mdash;La
-republicana Cantón y sus habitantes revolucionarios.&mdash;El
-doctor Sun Yat Sen.&mdash;Las dos Chinas.&mdash;Viaje
-á Cantón.&mdash;La ciudad flotante sobre el
-río Perla.&mdash;Los «bajeles de flores».&mdash;Agresividad xenófoba
-de los cantoneses ante los buques de guerra
-anclados en el río.&mdash;Tiros en las calles.&mdash;Los cónsules
-nos aconsejan un pronto regreso á Hong-Kong.&mdash;Los
-piratas del estuario.&mdash;Una novela de 70 tomos
-y 1.000 personajes.&mdash;El asalto del vapor-correo de
-Macao.&mdash;La capitana de los dos revólveres.&mdash;Voy á
-Macao.</a><span class="pagenum"><a name="page_349" id="page_349">[Pg 349]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_162">162</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XIII">XIII.&mdash;VIAJE Á MACAO.&mdash;Registro de chinos antes
-de su entrada en el vapor.&mdash;Cubiertas transformadas
-en jaulas y puente convertido en fortaleza.&mdash;Recuerdos
-del asalto de los piratas.&mdash;«¡Necesito matar á un
-chino!»&mdash;La interesante «Ciudad del Santo Nombre
-de Dios en China».&mdash;Los juncos con cañones, anclados
-en su antiguo puerto.&mdash;El nuevo puerto de Macao.&mdash;Gran
-porvenir de la ciudad.&mdash;Excelente administración
-del gobernador Rodrigues.&mdash;La gruta de
-Camoens.&mdash;El juego del «Fan-tan» y otras particularidades
-interesantes del viejo Macao.&mdash;La calle de la
-Felicidad y sus altares.&mdash;Regreso á media noche por
-el estuario de los piratas.&mdash;Las fosforescencias del
-mar chino.&mdash;Espectáculo inolvidable.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_176">176</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XIV">XIV.&mdash;EL PUEBLO FILIPINO.&mdash;La bahía de Manila.&mdash;Obsequios
-de filipinos y españoles.&mdash;Limpieza y elegancia
-de la ciudad.&mdash;El traje gracioso y señorial de
-las mujeres.&mdash;Los jardines.&mdash;Las escuelas y su profesorado
-filipino.&mdash;Generosidad del gobierno americano
-para el sostenimiento de la enseñanza.&mdash;Ansia del
-filipino por instruirse.&mdash;La colonización española.&mdash;Su
-trabajo fundamental, penoso y mal conocido.&mdash;Filipinas
-desea ser independiente.&mdash;Suavidad del
-régimen americano.&mdash;Autonomía dada por Wilson.&mdash;Palabras
-de un tribuno filipino.&mdash;El gobernador
-Wood.&mdash;Lo que dicen unos y otros.&mdash;Mi opinión
-particular.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_197">197</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XV">XV.&mdash;EN EL MAR DE LA INSULANDIA.&mdash;Un guerrero
-del aire.&mdash;El paso de la Línea.&mdash;Desfile de oasis
-montañosos sobre el desierto azul.&mdash;La historia del
-mundo reproduciéndose en cada isla.&mdash;Epopeya de
-los descubridores portugueses.&mdash;Lo que vieron un
-día en las Molucas.&mdash;Encuentro de los dos pueblos
-ibéricos al otro lado del planeta.&mdash;Los últimos héroes
-españoles del ciclo de los descubrimientos.&mdash;Mendaña
-y el oro del rey Salomón.&mdash;Una flota, mandada
-por una mujer.&mdash;La almiranta doña Isabel.&mdash;El místico
-Quirós.&mdash;Llegada de la reina de Saba á Manila.&mdash;Los
-elefantes don Pedro y don Fernando.&mdash;Los
-descubridores de «Australia Ignota».&mdash;«Austrialia
-del Espíritu Santo».&mdash;El piloto Torres, primer explorador
-de las costas australianas.</a><span class="pagenum"><a name="page_350" id="page_350">[Pg 350]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_215">215</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XVI">XVI.&mdash;EL PAÍS DE LAS ESPECIAS.&mdash;La vieja Batavia
-y la famosa Compañía de las Grandes Indias.&mdash;Cómo
-vivió Java dos siglos y medio de colonización
-holandesa.&mdash;Opulencia de Batavia.&mdash;Abundancia de
-dinero y de enfermedades mortales.&mdash;El monopolio
-de las especias.&mdash;Destrucción de artículos para mantener
-su escasez.&mdash;Las ciudades-jardines de Weltevreden
-y Micer Cornelius.&mdash;Una plaza de un kilómetro
-cuadrado.&mdash;El país del <i>batik</i>.&mdash;Muchedumbres
-hermosas y colorinescas.&mdash;El dulce mahometismo
-del pueblo javanés.&mdash;Facilidad de las javanesas para
-desnudarse.&mdash;El turbante y los pies descalzos.&mdash;Baño
-de las mujeres en las calles.&mdash;Dos condiciones
-exigidas por los antiguos javaneses para dejarse matar
-tranquilamente.&mdash;El «traidor» Erberfeld y su
-eterna execración.&mdash;Reparto equitativo de las vergüenzas
-del pasado.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_228">228</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XVII">XVII.&mdash;EL PARAÍSO JAVANÉS.&mdash;Enorme población
-de Java.&mdash;Sus arrozales en escalones.&mdash;Exuberancia
-vegetal.&mdash;Las chozas y sus habitantes.&mdash;Duchas naturales
-al aire libre.&mdash;Adán y Eva como antes del pecado.&mdash;Llegada
-á Garoet.&mdash;Nos extraviamos en sus
-alrededores.&mdash;Una tempestad ecuatorial.&mdash;El refugio
-de los veinte javaneses misteriosos.&mdash;Fuga bajo la
-tormenta.&mdash;Lo que vi á las puertas de Garoet y no
-olvidaré nunca.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_243">243</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XVIII">XVIII.&mdash;BAJO LA LLUVIA ECUATORIAL.&mdash;Mi cama
-y mis compañeros de alcoba.&mdash;Los vendedores de
-Garoet.&mdash;La superstición del dólar.&mdash;Javaneses y
-malayos.&mdash;Locura homicida de los que «corren el
-<i>amok</i>».&mdash;La lira de cañas.&mdash;El baile en el hotel.&mdash;La
-«Sinfonía de la selva».&mdash;Los cuatro jóvenes nobles
-y sus danzas.&mdash;Regalo de un <i>kris</i> del antepasado.&mdash;El
-Guiñol javanés.&mdash;Una novela caballeresca con monigotes
-y música.</a><span class="pagenum"><a name="page_351" id="page_351">[Pg 351]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_259">259</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XIX">XIX.&mdash;LA PUERTA DEL EXTREMO ORIENTE.&mdash;El
-jardín de Buitenzorg.&mdash;Flores que parecen insectos
-é insectos iguales á pedazos de madera.&mdash;El estrecho
-de Gaspar.&mdash;Los fenicios del Pacífico y sus
-portentosas navegaciones.&mdash;Verdadera patria de
-Simbad el Marino.&mdash;La cosmopolita ciudad de Singapore.&mdash;El
-gobernador Raffles.&mdash;Mezcla de pueblos
-y religiones.&mdash;Mi primera visita á un templo brahmanista.&mdash;El
-cultivo actual del caucho.&mdash;Rutina inglesa
-de los futbolistas de Singapore.&mdash;Degradación
-de los blancos que van en tranvía.&mdash;Juglares y domadores
-de serpientes.&mdash;El <i>smoking</i> blanco.&mdash;Los
-maravillosos sastres chinos.&mdash;Cuatro trajes en dos
-horas.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_275">275</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XX">XX.&mdash;LA CIUDAD DE LOS ELEFANTES.&mdash;La muerte
-del más gordo de los <i>stewards</i>.&mdash;Una mosca javanesa.&mdash;Cadáver
-al agua.&mdash;El río de Rangoon.&mdash;La famosa
-pagoda de Shway Dagon.&mdash;Todos bonzos.&mdash;La superioridad
-de la mujer birmana.&mdash;Sus enormes cigarros.&mdash;Los
-serpenteros de Rangoon y sus pupilas.&mdash;Abundancia
-de elefantes.&mdash;Su inteligencia y sus
-trabajos.&mdash;Hombres con pendientes y peinado de
-mujer.&mdash;La policía pega.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_290">290</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XXI">XXI.&mdash;LOS TRES CABELLOS DE BUDA.&mdash;El aspecto
-de Rangoon.&mdash;Los Lagos Reales y sus peces sagrados.&mdash;Europeos
-de Rangoon que no han visitado
-nunca la pagoda de los tres cabellos de Buda.&mdash;Miedo
-á las muchedumbres de peregrinos.&mdash;El orgullo
-británico y los pies desnudos.&mdash;Un entierro de fanáticos
-de Madrás.&mdash;El templo más antiguo del
-mundo.&mdash;La interminable escalera, su mercadillo y
-su basura.&mdash;La montaña de oro, centro de la meseta
-sagrada.&mdash;Pagodas, pagodones y pagodines.&mdash;Gran
-variedad de imágenes de Buda.&mdash;Mi amigo el
-joven bonzo.&mdash;Cosas horripilantes y curiosas que me
-enseña.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_304">304</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XXII">XXII.&mdash;LA BAHÍA DEL DIAMANTE.&mdash;Un brazo del
-Ganges.&mdash;La yungla y sus gentes.&mdash;El camino de
-Calcuta.&mdash;Cañonazos de sus defensores.&mdash;Abandonamos
-el <i>Franconia</i>.&mdash;Invasión alada.&mdash;La marina
-fluvial de los indostánicos.&mdash;El maquinismo inglés
-en las riberas del Ganges.&mdash;El yute.&mdash;Fabricación
-de sacos para toda la tierra.&mdash;Los homenajes al río
-sagrado.&mdash;Caimanes y flores.</a><span class="pagenum"><a name="page_352" id="page_352">[Pg 352]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_319">319</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XXIII">XXIII.&mdash;EL QUEMADERO DE CALCUTA.&mdash;Caras europeas
-y vestiduras exóticas.&mdash;Los <i>ghats</i> del Ganges.&mdash;Las
-estadísticas médicas de la India.&mdash;Un cortejo
-fúnebre.&mdash;La última oración.&mdash;Los fugitivos de
-la muerte convertidos en animales.&mdash;Las hogueras
-de la mañana.&mdash;El horrible enano del Quemadero y
-sus clasificaciones.&mdash;Cremación de una madre que
-parece una niña.&mdash;Las purificaciones preliminares.&mdash;Cadáver
-de pobre esperando que alguien pague
-su leña.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_329">329</a></td></tr>
-</table>
-
-<div class="c">
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-</div>
-
-<hr class="full" />
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-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VUELTA AL MUNDO DE UN NOVELISTA;
-VOL. 2/3 ***
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Binary files differ
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