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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this ebook. - -Title: La vuelta al mundo de un novelista; vol. 2/3 - -Author: Vincente Blasco Ibáñez - -Release Date: November 20, 2020 [EBook #63816] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at - http://www.pgdp.net (This file was produced from images - available at The Internet Archive) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VUELTA AL MUNDO DE UN -NOVELISTA; VOL. 2/3 *** - - - - - LA VUELTA AL MUNDO, - DE UN NOVELISTA - - - - - VICENTE BLASCO IBAÑEZ - - LA VUELTA AL MUNDO, - DE UN NOVELISTA - - TOMO II - - CHINA.--MACAO.--HONG-KONG.--FILIPINAS. - JAVA.--SINGAPORE.--BIRMANIA.--CALCUTA - - - PROMETEO - - Germanías, 33.--VALENCIA - (Published In Spain) - 1924 - - - ES PROPIEDAD.--Reservados todos - los derechos de reproducción, traducción - y adaptación. - - Copyright 1924, by V. Blasco Ibáñez. - - - - - LA VUELTA AL MUNDO, DE UN NOVELISTA - - - - -I - -EN MUKDEN - - Caballitos manchures y perros siberianos.--Un desierto de nieve por - cuya posesión se mataron 154.000 rusos y japoneses.--La dinastía de - «Los Muy Puros» y sus mausoleos.--El frío, maestro de - humildad.--Las escalinatas chinas y «el sendero imperial».--La - chiquillería pedigüeña de las estaciones.--Un gendarme que - pega.--Indignación patriótica.--La incoherencia de los demonios - blancos. - - -Espero las primeras luces del alba paseando por los salones del Hotel -Yamata, en la estación de Mukden. - -Miro por las grandes puertas de cristales que dan á los andenes y veo -correr grupos de chinos cargados con fardos envueltos en telas de -colores ó llevando maletas de forma europea. Han descendido de un tren -procedente del interior de la China y van al asalto de otro más corto -que debe conducirles á Dairén, á Port Arthur y demás poblaciones del -inmediato golfo de Liao Tung. Luego contemplo por las vidrieras de la -parte opuesta el aspecto de Mukden, ciudad misteriosa para mí, envuelta -en la noche y la nieve. - -La curiosidad me hace salir á la ancha plaza de la estación, pero el -frío es tan intenso que retrocedo á los pocos minutos. En esta plaza hay -muchos carruajes de caballos, en espera sin duda de algún tren matinal; -pero los cocheros, á pesar de sus gorros tártaros y sus gabanes de piel -de zorro, se han refugiado en los cafetines de las inmediaciones. Los -famosos caballitos manchures, nerviosos, agresivos, de largo pelaje, -entretienen su abandono coceando silenciosamente la nieve del suelo, -haciendo exhalar á los vehículos con sus estremecimientos un ruido de -ferretería vieja, expeliendo dos chorros de vapor por sus narices -propensas al relincho. Estos caballos de corta alzada se muerden entre -ellos, y cuando se entregan á la excitación de la carrera galopan como -desbocados. Por entre sus patas se deslizan perros siberianos de -hirsutas lanas. De tarde en tarde aparece un cochero. Como va forrado en -pieles y las orejeras de su gorro las lleva sueltas y erguidas, tiene el -aspecto de una bestia de la noche que momentáneamente marcha en posición -vertical. - -Vuelvo á sentir la misma extrañeza que en Corea viendo esta aglomeración -de caballos. Los ojos parecen haberse acostumbrado á la escasez de -animales que se nota en el Japón, donde todo lo hace el brazo humano, -sin pedir auxilio á las especies domesticadas que ayudan al hombre en su -trabajo. - -Van surgiendo de la nocturna lobreguez las techumbres nevadas de los -edificios. La ciudad de Mukden, á la que los naturales llaman Fengtien, -empieza á dibujarse en la lívida penumbra con un aspecto contradictorio -é híbrido. Cerca de la estación hay edificios modernos de muchos pisos, -que imitan la arquitectura norteamericana con todas sus audacias. Más -allá, las calles son iguales á las japonesas y coreanas, tienen una -amplitud de cuarenta ó cincuenta metros y edificios de un solo piso -hechos de madera. - -Llegan varios automóviles y sus conductores se ofrecen para llevarnos á -los mausoleos imperiales de la dinastía manchura, lo más interesante que -existe en las inmediaciones de Mukden. Salimos con los primeros -resplandores del alba, por unas calles anchas y completamente dormidas -bajo sus sábanas de nieve. Luego, en pleno campo, el frío, el silencio y -la luz cenicienta del amanecer invernal dan una tristeza abrumadora al -dilatado paisaje. - -Pensamos que más de un millón de hombres se batieron aquí, en la famosa -batalla de Mukden, que duró dos meses, por la posesión de un suelo -monótono é inclemente como un paisaje ártico. Luego recordamos que esta -tierra goza, como tantas otras, una primavera y un verano. Los -exploradores del río Amur, que corre por la Manchuria septentrional, -cuentan cómo en los bosques de sus orillas chorrea la miel formando -arroyuelos: tantas son sus flores y sus abejas. En su parte meridional, -que es donde estamos, se obtienen grandes cosechas de toda clase de -cereales. Pero nosotros sólo vemos ahora una planicie de nieve, y -surgiendo de ella, como grupos de escobas plantadas por el mango, -algunos bosquecillos de árboles negros y escuetos. - -El automóvil, al marchar por esta llanura uniforme, donde su conductor -tiene que adivinar con ojos de piloto la existencia del camino oculto, -cae en hoyos ignorados ó se ladea de un modo alarmante al borde de -taludes invisibles. Algunas veces saltamos sobre inexplicables oleajes -del suelo. Es que nos hemos metido en un cementerio chino y vamos -pasando sobre las cúpulas de tierra de los sepulcros, que apenas si se -revelan con ligerísimas curvas en el igualamiento realizado por la -nieve. - -La lucha de nacionalidades agita sordamente al país manchur y se deja -adivinar en las casas de madera que se agrupan como avanzadas de la -ciudad sobre este mar sólido y blanco, de horizontes infinitos. En unas -ondea la bandera japonesa, en otras el pabellón quinticolor de la -República china. Los verdaderos dueños del país, chinos y manchures, -duermen con la bandera izada sobre sus techos, para que dé testimonio -hasta en las horas nocturnas de la nacionalidad del suelo. Los japoneses -son cada vez más numerosos en Mukden y van acaparando el comercio. Su -gobierno posee ya legítimamente la tierra coreana que existe al otro -lado del río Yalu. Además, sostiene una guarnición en Mukden y otras -ciudades manchuras que son de la China, con pretexto de guardar el -ferrocarril. Desea convertir en propiedad definitiva lo que es hasta -ahora ocupación temporal. La propaganda japonesa habla frecuentemente de -los 87.000 rusos y los 67.000 japoneses que murieron batallando -alrededor de Mukden. Ve en tan enorme montón de cadáveres un título de -propiedad para anexionarse definitivamente este centro ferroviario á -veinticuatro horas de Pekín. - -Una música alegre y ruidosa anima de pronto el silencioso desierto -blanco. Nos cruzamos con una boda china. El cortejo va en busca de la -novia, que debe haber abandonado la cama á media noche para hermosearse. -Al frente marcha un grupo de músicos sonando gaitas y tamboriles. Van -vestidos de rojo con galones de oro y en la cabeza llevan unos -sombreros-paraguas barnizados de amarillo. Seguido de una escolta de -invitados y parientes pasa el pintarrajeado palanquín nupcial, con -manojos de plumas en sus ángulos y una gran flor dorada en su vértice. - -Otra vez los campos de nieve, los árboles negruzcos, y grandes revuelos -de cuervos alzándose en espiral para caer sobre algún cadáver invisible. -Después de varias millas de avance fatigoso llegamos á las tumbas de los -emperadores manchures. - -Los que están en ellas fundaron la última dinastía china, ó sea la -destronada. Hasta hace tres siglos los manchures fueron un pueblo -nómada, de civilización rudimentaria, pero muy numeroso. La palabra -china _Mand-chou_ significa «país muy poblado». Estos jinetes, hábiles -arqueros, se batían indistintamente á pie ó á caballo. - -El Imperio chino, que parece en la Historia viejo como el mundo, -sucediéndose dentro de él las dinastías casi lo mismo que en el antiguo -Egipto, estuvo en peligro de perecer destrozado á mediados del siglo -XVII. El último de los Ming, viéndose desobedecido por muchas de sus -provincias, necesitó auxiliares para combatir á los rebeldes y acudieron -en su defensa los tártaros de la Manchuria, acaudillados por su rey -Chunti-Ti. Éste, después de restablecer el orden, destronó al emperador -que le había llamado, se hizo dueño de Pekín y acabó por apoderarse de -toda la China, fundando la dinastía 22, llamada de los Tai Thing (Los -Muy Puros), que ha durado hasta nuestros días. En realidad, los últimos -emperadores nada tenían de chinos por su origen ni por su aspecto -físico. Eran tártaros-manchures. Por eso los republicanos chinos -pudieron dar á su revolución un carácter nacional, combatiendo á los -monarcas intrusos en nombre de la antigua China. - -Un bosque de árboles escuetos y ennegrecidos por el invierno rodea el -parque donde están las tumbas monumentales de los primeros soberanos de -la dinastía Tai Thing. Al echar pie á tierra nos hundimos en la nieve. -Un obstáculo inesperado nos inmoviliza luego ante el arco que da acceso -al parque. El encargado del monumento no ha venido aún de la ciudad, y -los dos guardias que lo vigilan son unos soldados manchures, grandes, de -perfil caballuno, sobrios en palabras y obedientes á la consigna. Uno de -nuestros guías tiene que ir en busca de dicho empleado, no sé dónde, y -quedamos frente á la entrada del monumento, rodeados de la mañana -lívida, con nieve hasta media pierna y recibiendo en el rostro un viento -cortante. - -A un lado hay una casucha de aspecto miserable, el cuerpo de guardia de -los cuatro soldados que custodian este monumento histórico. -Instintivamente voy hacia dicho refugio, atraído por las caras amarillas -de los dos hombres libres de servicio que nos miran por un ventano. Me -asomo á este antro con amable sonrisa. Veo una tarima á medio metro del -suelo y sobre ella mantas y algunas prendas haraposas de estos -guerreros, que no se distinguen ciertamente por la flamancia de sus -uniformes. - -Hay en el ambiente la densidad hedionda de los locales cerrados donde -han dormido toda una noche hombres de excesiva salud. Varios ladrillos -forman un pequeño fogón, y dentro de él hay lumbre, con más ceniza que -brasas. - -¡Ah, el frío! ¡Cómo aterciopela los caracteres más ásperos! ¡Qué gran -maestro de humildad! Su influencia es tan poderosa como la del hambre. -Me siento agradecido junto á este fogón, poniendo los pies sobre las -moribundas brasas, hasta que noto cómo las suelas de mis zapatos -empiezan á quemarse. - -De todos modos debo abandonar mi asiento. Varias señoras han adivinado -mi retiro y entran en el tabuco soldadesco, lanzando exclamaciones de -sorpresa á la vista del mísero hogar. Algunas de ellas son millonarias -de los Estados Unidos, y además hermosas y de gustos refinados; pero hay -que ver sus amabilidades y sonrisas con los guerreros manchures para -justificar tal invasión. Ponen sus piececitos elegantemente calzados -sobre la lumbre mediocre, y hablan á estos jayanes amarillos, con gorra -de piel rematada por dos orejas asnales, como si el mundo estuviese ya -transformado bajo el rasero de una revolución igualitaria, como si la -moneda hubiese perdido toda influencia, siendo los únicos potentados del -planeta capaces de dispensar mercedes los poseedores del pan y del -fuego. - -Llega al fin el personaje deseado y podemos entrar en la avenida -cubierta de nieve virgen que conduce á las tumbas imperiales. Los -soberanos manchures construyeron aquí unos mausoleos semejantes á los -que habían levantado cerca de Pekín los Ming, anteriores á ellos. - -Todas las avenidas están bordeadas con imágenes gigantescas de granito -que representan animales. Parejas de caballos, de camellos, de elefantes -y leones, esculpidos en una piedra negruzca, se suceden, formando -luengas perspectivas. Al final de estas procesiones de animales pétreos -se alzan los templos funerarios. - -Son edificios que en otro lugar parecerían sonrientes; se les cree en el -primer momento palacios erigidos por la vanidad de un soberano para -albergar escenas de placer. Su arquitectura tiene oros y lacas -multicolores como materiales primarios. Tal vez en verano, cuando los -campos de la Manchuria son tierras labradas, abundantes en polvo, -parezcan dichos edificios menos alegres y vistosos; pero ahora la nieve -ha barnizado la laca con una humedad de lluvia, y los panteones tienen -la frescura brillante de algo recién construído. Además, los envuelve en -sus fulgores un sol adolescente que acaba de romper los grises telones -de la mañana. - -Por primera vez veo en las escalinatas de estos mausoleos el famoso -«sendero imperial». - -Todos los palacios chinos, aunque la madera es su principal materia -constructiva, están asentados sobre plataformas de mármol, y las -escalinatas amplias y extensas que conducen á ellas resultan siempre la -parte más trabajada del monumento. Los escultores han cincelado en sus -barandas, sin tener en cuenta el tiempo ni la minuciosidad de su -trabajo, toda una fauna de reptiles fantásticos. Estas escalinatas -imperiales se hallan partidas por un bloque de mármol, acostado en mitad -de los peldaños, que las divide en dos. Tal bloque es lo que se llama -«sendero imperial». - -Cuando el emperador tenía que ascender por una de aquéllas, nunca -empleaba los peldaños. Éstos eran para sus palaciegos, simples mortales, -á los que era lícito mover las piernas como los demás hombres; el Hijo -del Cielo sólo podía subir por una pendiente. Mientras los personajes de -su séquito iban avanzando escalón por escalón--los mandarines letrados -por los peldaños de la derecha, los mandarines militares por los de la -izquierda--, el Hijo del Cielo ascendía lentamente por el bloque de -mármol intermedio. - -En algunos de los palacios de Pekín hay «senderos imperiales» hasta de -18 metros y de una sola pieza. La piedra ostenta cincelado el emblema -del Imperio de Enmedio: dos dragones en posición invertida, teniendo -cada uno de ellos la cabeza junto á la cola del otro. Las escamas de -esta pareja de bestias heráldicas forman profundas rugosidades en el -mármol; así el divino monarca podía afirmar sus pies, calzados -simplemente con ligeras sandalias de pergamino. - -Volvemos á Mukden para ver los barrios viejos, que aún conservan sus -murallas y sus puertas-castillos, con techumbres cornudas. Visitamos -igualmente el palacio que construyeron los emperadores manchures, y hoy -se halla convertido en museo. Pero aunque todo esto nos sorprende y nos -interesa, por ser una primera visión de la vida china, se empalidece -algunos días después cuando llegamos á Pekín, menospreciando su recuerdo -como el de una copia borrosa comparada con la obra original. - -Al recorrer las calles de Mukden nos fijamos en la enorme cantidad de -anuncios industriales colocados en paredes y vallas por los almacenes de -los Estados Unidos y de Europa establecidos aquí. Ostentan figuras de -colores, vestidas á la moda occidental, pero los rostros de dichos -monigotes, pretenciosamente elegantes, aunque guardan los rasgos -principales de la raza blanca, tienen los ojos oblicuos, poco abiertos, -y una sonrisa achinada, para que el público amarillo les reconozca una -belleza verdadera. - -Antes del mediodía salimos para Pekín. Atravesamos campos grises, cuyo -suelo ligeramente rizado recuerda la arena fina de las playas con las -huellas caprichosas del viento. De estos arenales obscuros surgen -islotes de arboleda ennegrecida. - -Vemos marchar, paralelas al tren, largas caravanas de carretas. Estos -vehículos, de techo redondo, van tirados por caballitos manchures, -fieros, peludos, de inagotable vigor. Su pequeñez contrasta con el -tamaño del carruaje, dando á la caravana cierto aspecto cómico de -juguete. - -Los hombres, seguidos por numerosos perros, marchan al lado de sus -caballos. Todos llevan gorro de pieles; pero como el día es de sol, han -soltado las orejeras que defienden su rostro por ambos lados, y los dos -apéndices, erguidos sobre la cabeza, acompañan su marcha con un -balanceo grotesco. Las huellas de sus pies se destacan en blanco sobre -el camino gris. Lo que creíamos arena es simplemente nieve sucia. - -Al quedar inmóvil nuestro coche en una estación, más allá del término -del andén, se va agolpando una muchedumbre contra el alambrado de púas -que defiende la vía. Por primera vez nos vemos enfrente del populacho de -este país de inmensa procreación, donde la gente surge de todas partes -con una abundancia rumorosa de colmena y la existencia humana parece -valer menos que en otras tierras. - -El pueblo bajo va en China invariablemente vestido de lienzo azul; pero -á causa de ser muy crudos los inviernos en las provincias -septentrionales, se procuran todos el abrigo necesario forrando -interiormente pantalones y blusas con una capa de algodón en rama. Los -soldados también van con ropas acolchadas, lo que les da un aspecto -hinchado y cuadrangular. Como los trajes del populacho son andrajosos, -se escapa por todas las roturas su relleno algodonado, y los mendigos, -los jornaleros del campo, toda la chiquillería sucia y pedigüeña -amontonada en las vallas de las estaciones, tienen aspecto de insectos -aplastados, que sueltan por las grietas de su cascarón azul las -reventaduras de unas entrañas mantecosas. - -Vemos debajo de nuestras ventanillas, clavándose las púas del alambrado -sin que parezcan sentirlo, más de cien muchachuelos de cara amarillenta -salpicada de costras de suciedad. Parece dudoso que se hayan lavado -alguna vez. Los más conservan la coleta que la República china ha -suprimido en Pekín y otras poblaciones importantes. Revueltas con ellos -hay varias muchachas, vestidas igualmente con pantalones y blusa azules, -que dejan asomar sus rellenos blancos. Se las conoce por su cara, más -ancha de pómulos y menos sucia que la de los varones; por su peinado, -que consiste simplemente en una cortinilla de pelos recortados caída -sobre la frente y una trenza anudada sobre el cogote. - -Se empujan todos levantando los brazos, con las manos muy abiertas. -Chillan, rugen, algunos lloran. Los más pequeños caen al suelo -zarandeados y pateados por sus camaradas, pero se levantan -inmediatamente para unirse al pedigüeño concierto. Otras veces fingen -dolores ó los exageran, para atraer la piedad. - -Los empleados del tren recomiendan que no se dé dinero á las -muchedumbres mendicantes de las estaciones. La República quiere suprimir -esta vil costumbre de otros tiempos. Pero ¡cómo resistirse á unas -vociferaciones de súplica que duran ya varios minutos! La infancia -inspira siempre interés, y éste aumenta cuando los niños tienen el -atractivo del exotismo. Toda esta avalancha de muchachos con faz -arrugada y ojos de viejo, de niñas con peinado de mujer, carillenas y -que imitan los gestos de las comadres, nos impulsa á la desobediencia, y -empezamos á arrojar puñados de monedas por las ventanillas. - -¡Nunca lo hubiéramos hecho!... Al ver el dinero, los grandes se unen á -los pequeños. Grupos de mocetones que contemplaban impasibles el paso -del tren se arrojan en medio de la chiquillería, disputando á puñetazos -y bofetadas la conquista de las monedas. - -En el extremo del andén hay un féretro chino, con forro de estera, que -indudablemente contiene un cadáver. Siempre se encuentra algún muerto en -las estaciones chinas. Todo hombre amarillo, al sentirse morir fuera de -su casa, si tiene dinero ó parientes, pide que lo trasladen á su país -natal. Si muere en el otro extremo del planeta, procura dejar antes lo -necesario para que lo entierren en China. Aquí los muertos viajan tanto -como los vivos. Unas mujeres que están junto á dicho féretro corren -también para cazar en el aire algunas de las monedas, con agresivo -manoteo. - -Un personaje inesperado surge en mitad de esta ola de rostros amarillos -y manos ganchudas que se retira del alambrado con el reflujo de sus -empujones y avanza otra vez para chocar contra sus púas. Es un soldado -vestido de azul, con polainas blancas y gorra á estilo japonés. Sostiene -su fusil con una mano y lleva en la otra un látigo de cuero. - -Desde el primer momento se da á conocer como un hombre extraordinario, -verdaderamente extraordinario por su fealdad y por su energía dinámica. -Tiene el rostro amarillo de cera, con numerosas arrugas á pesar de su -juventud. Debajo de la gorra le cuelgan hasta los hombros unas melenas -lacias, semejantes á los pelos de mono con que adornan algunas señoras -sus abrigos. En cuanto á pegar, no he visto en mi vida manos más ágiles -é incansables. No es un hombre: es toda una compañía que se lanza á -través de la masa adversaria, partiéndola, sembrando el espanto y la -dispersión, abriendo un desierto medroso en torno á su personalidad -soberbia y triunfante. - -Pega con las manos y casi al mismo tiempo con los pies, como si se -mantuviese en el aire por obra de nuevas leyes de gravitación. Esparce -culatazos, latigazos, patadas, y su deseo sería morder igualmente; pero -nadie se pone al alcance de su dentadura de caballo. - -Surge de las diversas ventanillas un coro de indignación. Todos nos -equivocamos. Varias señoras norteamericanas protestan en inglés; yo -vocifero en español, como si el terrible guerrero pudiera entendernos. - -Hemos visto soldados nipones en Mukden ocupando una tierra que no les -pertenece, y como este guerrero azul de las melenas desmayadas y la -gorra á lo japonés es extremadamente feo, no sentimos duda alguna sobre -su nacionalidad. Todos enronquecemos, indignados por las brutalidades -del invasor. - ---¿Con qué derecho les pega usted, miserable? Váyase á su país. Estos -pobres chinos están en su casa... ¡Verdugo!... ¡Salvaje!... - -Pero un intérprete corre de ventanilla en ventanilla dando -explicaciones. Nos equivocamos. Es un gendarme chino que desea librarnos -á su modo, por los medios que él considera más seguros y prontos, del -ruidoso asalto de estos mendigos. - -Callamos, algo avergonzados de nuestro error, sintiendo una repentina -simpatía por el militar de las greñas de mono. ¡Las deducciones -incoherentes del patriotismo!... Al saber que es chino, ya nos parece -más aceptable y natural que les pegue á sus compatriotas. - -El pobre hombre que acudió creyendo realizar una buena acción permanece -ahora inmóvil, intimidado por nuestros gritos, mirándonos con sus -ojillos agudos. No comprende nuestras protestas por un acto tan -corriente. En China, los representantes de la autoridad siempre llevaron -un látigo en la mano. - -Al saber que no es japonés y si pega lo hace dentro de su casa, algunos -viajeros hasta le echan cigarrillos. Él saluda con sonrisa humilde, -enciende uno y empieza á fumar, rodeado de toda la masa humana á la que -zurró momentos antes, y que le contempla con cierta admiración. - -Todos permanecen quietos. Algunos se rascan los chichones recientes ó se -limpian con las manos la sangre de sus rostros. - -El gendarme no puede explicarse nuestra indignación anterior, ni las -repentinas muestras de simpatía que recibe ahora. Fuma y nos mira -asomados á nuestras ventanillas, como si fuésemos bestias raras dentro -de una jaula ambulante. - -Se adivina su pensamiento: - -«¡Demonios blancos, locos y bárbaros!... Nunca sabe uno cómo darles -gusto.» - - - - -II - -LA LLEGADA Á PEKÍN - - Los bandidos chinos y los trenes-fortalezas.--Una mala noche.--El - Imperio del bambú soberano y de la paliza paternal.--5.000 años de - historia conocida.--Recordando á Marco Polo.--Los cuatro grandes - héroes de la Geografía.--«Micer Millones».--Cómo por obra de Marco - Polo salieron Colón y los navegantes españoles hacia Pekín, para - visitar al Gran Kan, y dieron con la ignorada América.--El - despertar en Tien-Tsin.--Los chinos elegantes.--Agricultura sabia y - campos de tumbas.--Una puerta de diez siglos con telegrafía sin - hilos. - - -Al cerrar la noche, nuestro tren se transforma en una fortaleza. - -Varios oficiales llevando largo abrigo de pieles y gorra con insignias -de oro, á la que han añadido orejeras peludas, pasan de vagón en vagón -dando órdenes, como si preparasen la resistencia á un asalto. En las dos -plataformas de nuestro coche se sitúan centinelas con el fusil cargado y -la bayoneta calada. En el pasillo quedan algunos más para relevar á sus -compañeros durante la noche. A la cabeza y á la cola del tren van dos -numerosos destacamentos en vagones blindados. - -Nuestros defensores pertenecen al nuevo cuerpo que acaba de crear la -República china con el título de «Guardia de Ferrocarriles». El país -está infestado de bandoleros que asaltan los trenes. Muchos de estos -bandidos son antiguos soldados. El chino, después de conocer la vida -militar, en la que come mejor que la mayoría de sus compatriotas á -cambio de mantener un fusil en uno de sus hombros, ya no quiere -desprenderse de dicha arma, pues ve en ella la herramienta del más fácil -y agradable de los oficios. Si lo licencian ó lo expulsan de su -regimiento, se agrega á la partida de facinerosos más inmediata. - -Hace cuatro meses fué asaltado un tren entre Pekín y Shanghai, y los -bandidos secuestraron á los que iban en él (europeos y norteamericanos), -para exigir grandes rescates. El gobierno, después de este suceso, se -preocupa de vigilar las líneas férreas. No quiere que se repitan las -reclamaciones diplomáticas; teme que el Japón aproveche tales incidentes -para insinuar una vez más la conveniencia de que China le ceda la -custodia de sus ferrocarriles. Esto traería como primer resultado el -establecimiento de tropas japonesas dentro del territorio chino: una -invasión disimulada igual á la de Manchuria. - -No es algo nuevo, que debe atribuirse á la anarquía política del país -con motivo de su revolución, esta inseguridad de los caminos. Los -bandoleros y los piratas abundaron siempre en China, llegando en otros -siglos á quebrantar la autoridad de los emperadores, estableciendo un -Estado nuevo y excepcional dentro del vasto Imperio. El vulgo aún -muestra admiración por ciertos bandoleros famosos del mar y de los -caminos, héroes de antiguos poemas y novelas. - -Los soldados instalados en el pasillo de nuestro vagón hablan en voz -alta, fuman y discuten con una inconsciencia que impide toda protesta. -Están aquí para defendernos, y como ellos no deben dormir, encuentran -natural que sus protegidos se priven igualmente del sueño. Sus orejeras -peludas, sus pellizas rústicas, las greñas aceitosas que cuelgan por -debajo de sus gorras, les dan un aspecto inquietante. Tal vez han sido -bandidos antes de figurar como defensores del orden. Según se dice, la -Guardia de Ferrocarriles la ha reclutado el gobierno entre el personal -de las antiguas bandas, para mayor seguridad. Si les conviene, mañana, -en vez de ir dentro del tren para defenderlo, se apostarán al lado de la -vía para asaltarlo. - -Esto no les impide mostrarse joviales, agradecidos y un tanto -confianzudos. Cuando les dan cigarrillos, acogen el regalo con -gesticulaciones cómicas de gratitud. Si pasa una señora por el corredor -señalan las sortijas ó los pendientes que lleva, y á continuación fingen -que sacan el revólver, imitando con la boca varios tiros imaginarios. -Pretenden expresar con esta mímica su resolución de batirse hasta la -muerte en defensa de tales alhajas; pero mejor preferirían apoderarse de -ellas, al verse lejos de la vigilancia de sus oficiales, jóvenes, -correctos, de aire militar europeo, que mantienen firmemente la -disciplina. - -Los coches-camas del Japón imitan á los de la América del Norte. Los que -ruedan por las líneas chinas son parecidos á los de Europa, pero más -abundantes en dorados, y con una altura tan exagerada y absurda de sus -camas superiores, que hace necesario el empleo de una escala de muchos -travesaños para poder acostarse en ellas. - -Como las voces de los chinos no nos dejan dormir, entretengo mi insomnio -pensando en la historia de esta aglomeración humana, la más antigua y -numerosa de todas las existentes, sobre cuyo suelo vamos deslizándonos á -través de la noche. Esta historia abarca más de 5.000 años, y sus -episodios salientes son veintidós cambios de dinastía y dos grandes -invasiones: la de los tártaros mogoles y la de los manchures. - -Egipto es de mayor antigüedad; mejor dicho; los historiadores han ido -más lejos en sus descubrimientos, ensanchando las fronteras de su -pasado. Pero el viejo Egipto hace miles de años que dejó de existir, y -la China se conserva viva y sólida, como en los tiempos de sus -emperadores fabulosos. - -Recientemente desorientó al mundo, saltando sin transiciones -constitucionales del régimen despótico más absoluto á la República -democrática. Mas esto no pasa de ser un cambio de fachada, ya que la -revolución todavía no ha reformado gran cosa en el interior del -edificio. - -El país más grande y más viejo de la tierra conservó hasta hace una -docena de años la forma de gobierno de las sociedades primitivas: el -régimen patriarcal. La autoridad política imitaba la autoridad del jefe -del hogar. El emperador era el padre de los padres, reinando sobre -centenares de millones de súbditos, como los patriarcas de la Biblia -sobre su descendencia. El Hijo del Cielo pegaba ó premiaba como un -padre, y sus palabras eran manifestaciones de la sabiduría divina. Del -mismo modo el padre chino ha guardado dentro de su hogar, hasta hace -poco, el derecho de vida ó muerte sobre sus hijos, casándolos á su -antojo, sin consultar para nada su voluntad. - -Durante 5.000 años el bambú flexible y duro fué el verdadero cetro de -este Imperio, la varilla mágica que hizo marchar los engranajes del -Estado, impulsando á los hombres á la práctica de la virtud. El único -chino exento del peligro de sufrir una paliza era el Hijo del Cielo. Sus -ministros más apreciados, los mandarines favoritos, los virreyes de las -provincias, todos podían recibir por orden del emperador unas cuantas -docenas de bastonazos, como penitencia de faltas ó descuidos. Y después -de soportar esta muestra del interés imperial, continuaban en el -ejercicio de sus funciones. - -Acostumbrados desde su niñez á los castigos del padre, nunca se creyeron -los chinos deshonrados por unos cuantos palos más ó menos en el curso de -su existencia. La paliza no cortaba una carrera ni quebrantaba el -prestigio del que la sufría. Era como para nosotros pagar una multa por -infracción de los reglamentos municipales. La policía imperial llevaba -el bambú ó el látigo siempre en la diestra, para aplicar el correctivo -apenas notada la falta. - -Este Imperio, gobernado lo mismo que una casa por un padre de origen -celeste, con cerca de 500 millones de hijos, fué creando en el curso de -cincuenta siglos una civilización que hoy se cae al suelo de puro vieja -y refinada, pero tuvo en todas las épocas el poder de asimilarse á sus -vencedores, de transformar á los caudillos fieros que se adueñaron de su -territorio, convirtiéndolos en emperadores chinos, iguales á las -dinastías fenecidas. - -Hasta hace 800 años, nuestro mundo occidental, indiscutiblemente bárbaro -en comparación con el llamado Imperio de Enmedio, nada sabía de éste. -Los capitanes que siguieron á Alejandro hasta la India y los romanos del -Imperio llegaron á conocer vagamente la existencia del llamado «País de -la seda». Mas á esto se limitaron sus noticias sobre la tierra china. -Algunos viajeros árabes la visitaron en los primeros siglos de la Edad -Media, pero nada se supo en Occidente de sus relatos. - -La humanidad se ha desenvuelto en dos escenarios diferentes sobre el -gran macizo continental que forman juntas Asia y Europa, sin que el -grupo de la vertiente atlántica-mediterránea supiese nada del otro grupo -establecido en la opuesta vertiente del Pacífico. Ni Grecia ni Roma -tuvieron noticias de la civilización que se iba desarrollando, con -muchos siglos de adelanto sobre ellas, al otro lado de la barrera -formada por el Asia Menor, la Persia, la India y los mares misteriosos. - -Las expediciones de los cruzados y las guerras implacables de -Gengis-Kan, que arrancaron á tantos pueblos asiáticos de sus alvéolos -históricos, lanzándolos como piedras en opuestas direcciones, dejaron -adivinar un poco del misterio chino. Pero fué un hombre aislado, un -comerciante, un explorador amigo de correr aventuras, quien hizo conocer -á los países de Europa lo que existía en este mundo lejano, envuelto en -sombras para los occidentales. Este hombre se llamó Marco Polo. - -Cuatro grandes héroes tiene la Geografía: Alejandro, que llevó la -influencia griega hasta el Ganges; Marco Polo, Colón y Magallanes. Pero -el héroe macedónico pudo realizar en gran parte su corta y asombrosa -carrera porque su padre le había legado toda la fuerza militar y la -sabiduría de Grecia, acaparadas astutamente por él. Colón descubrió un -mundo nuevo auxiliado por los Pinzones y otros nautas españoles, que á -causa de la posición geográfica de su país conocían mejor que los demás -navegantes la existencia de tierras misteriosas en el Océano. Magallanes -vió completada su circunnavegación del planeta gracias á la energía de -Sebastián del Cano, que supo dar fin á tan magna empresa. - -Marco Polo no tuvo colaboradores. Fué un simple mercader de genio, -aficionado al estudio y á los descubrimientos, hábil para aprender las -lenguas y amoldarse á los ambientes; un entendimiento ágil, capaz de -ejercer las más diversas funciones. - -Su padre y su tío habían hecho ya viajes comerciales á través de la -misteriosa Asia, y le llevaron con ellos al ser mozo. Durante veintidós -años vivió lejos de Europa, habituándose á los usos del Extremo Oriente. -Su vida se desarrolla de la mitad del siglo XIII al primer tercio del -siglo XIV. Viajó por el Asia Menor, la Persia, la India, y llegó á China -cuando el nieto de Gengis-Kan acababa de establecer la dinastía mongola -en el Imperio de Enmedio, declarando á Pekín su capital. - -El Gran Kan--nombre que Marco Polo da al emperador de la China y la -tradición consagró durante siglos--necesitaba extranjeros leales que le -sirviesen, en un país recién conquistado y sordamente hostil á sus -nuevos dominadores. Por tal razón acogió favorablemente al mercader -veneciano, que además podía darle noticias de su remoto y desconocido -mundo. - -Marco Polo fué un personaje en el Pekín de hace siete siglos, que se -llamaba entonces Cambaluc (la Ciudad del Señor), y él titula en su libro -Gran Ciudad del Catay. Este título se cambió luego en Pe-King (Corte del -Norte), por haber estado la capital en otras ciudades situadas más al -Sur. El veneciano hasta llegó á ser virrey de una provincia china; pero -su curiosidad le impulsó á correr nuevas tierras, viajando por Sumatra, -Java, Ceilán y Tartaria. - -Pocos autores han influido en las letras como este hombre de acción, -falto de pretensiones literarias. Al volver á su país, los venecianos -escucharon con interés el relato de sus maravillosos viajes. Luego los -incrédulos y los maldicientes hicieron materia de dudas y bromas estas -historias de un mundo lejano, y muchos de sus compatriotas acabaron por -apodarle _Micer Millones_. Unos lo llamaban así por las riquezas -fabulosas que describía en sus relatos; otros, peor intencionados, -calculaban por millones las mentiras salidas de su boca. Estando en la -cárcel por haber caído prisionero de los enemigos de Venecia en una -batalla naval, escribió la crónica de sus viajes á través del Asia. En -sus últimos días, al hablar melancólicamente de la incredulidad de sus -contemporáneos, afirmó no haber puesto en su libro ni la décima parte de -las maravillas vistas por él. - -La veracidad de Marco Polo ha sido comprobada por muchos sabios y -exploradores modernos, sin encontrar en su libro errores geográficos de -bulto ni descripciones inverosímiles. Su obra circuló entre los hombres -doctos de los dos últimos siglos de la Edad Media. Poetas y novelistas -la explotaron para sus relatos caballerescos. Él hizo conocer al Preste -Juan de las Indias, rey misterioso del que tanto se ocuparon los autores -medioevales; él lanzó los nombres de Catay y Cipango para designar á la -China y el Japón; él fué el primero en describir como testigo visual las -riquezas del Gran Kan y sus palacios de Pekín. - -Colón no pudo leer directamente el libro de Marco Polo. Este relato sólo -fué popularizado por medio de la imprenta años después del -descubrimiento de América. Pero empleó como autores de consulta á muchos -que se habían inspirado en el aventurero mercader, repitiendo sus -descripciones de las riquezas asiáticas, en cuya busca fué Colón al -salir de España, siguiendo el rumbo de Occidente. Por Marco Polo conocía -también la existencia del Gran Kan, y estaba tan cierto de encontrarlo, -que pidió á los Reyes Católicos una carta de presentación escrita en -latín, para que aquel le recibiese en su ciudad de Catay como enviado de -España. - -El libro de un explorador que vivió en Pekín á fines del siglo XIII -sirvió para que dos siglos después otro aventurero genial, con tres -puñados de españoles sobre tres barquitos, fuese en busca del Japón y la -China por el lado de Poniente, aprovechando la redondez de la tierra. Y -al insistir en tan audaz aventura dieron todos, sin esperarlo, con una -muralla infranqueable en medio de los mares, la tierra virgen de las -nuevas Indias, mal llamada después América... - -Acabo por dormirme, no obstante los gritos y las risotadas de nuestros -guardianes. Cuando despierto entra el sol por los resquicios de las -ventanillas. Parece que ya hemos pasado la parte más peligrosa del -camino: unas tierras encharcadas por las grandes crecidas fluviales, en -cuyos pantanos, exuberantes de vegetación, se refugian los bandoleros. - -Llegamos á la ciudad de Tien-Tsin, el puerto más inmediato á Pekín. En -el vagón-comedor encuentro á varios europeos residentes en dicha -población, que han subido al tren para trasladarse á la capital. Todos -ellos llevan abrigos de pieles con el pelo á la parte exterior. En otras -mesas hay numerosos chinos de aspecto elegante, que hablan en inglés y -usan el tenedor como los occidentales. Son mercaderes acaudalados ó -personajes adictos al gobierno de la República, que se dirigen á Pekín -para despachar sus asuntos. Llevan el traje nacional: una túnica de rica -seda azul, chaleco negro de damasco abotonado hasta el cuello, y un -solideo de igual color con botón de coral ó de jade. Como la sotana azul -está abierta á partir de las rodillas, deja ver su forro interior de -suaves y costosas pieles. Además, llevan un pantalón sujeto al tobillo, -muy ancho y acolchado por dentro. Todos ellos aman las joyas. Ostentan -valiosas sortijas en las manos finamente cuidadas, y cadenas de oro -sobre el pecho. - -Uno de estos personajes, joven y de sonrisa afable, me explica la -vestimenta que usan los chinos modernos según las estaciones. En -invierno prefieren el traje nacional. Es más abrigador; su amplitud -permite forrarlo con pieles y acolchados. En verano imitan á los -coloniales de origen europeo, y se visten de blanco, con pantalón y -chaqueta cerrada. - -A la nieve ha sucedido el polvo. Corre el ferrocarril por unas llanuras -amarillas divididas en campos. Todo está arado. Cuando pase el invierno, -esta sucesión de parcelas cultivadas resultará atractiva con su -interminable oleaje de mieses; pero ahora el viento levanta remolinos de -tierra rojiza, y los servidores del comedor deben sacudir á cada momento -el cuero de los divanes y los manteles de las mesas. - -Tienen cierta semejanza estos campos con las planicies de la Argentina -después de la siembra, pero con más abundancia forestal. Todas las -propiedades están orladas de árboles, á los que arrebató el invierno su -follaje: hileras de esqueletos grises, elevando al cielo sus múltiples y -nudosos brazos. - -Hay en todas las estaciones muchedumbres vestidas de azul. Hombres y -mujeres usan el mismo traje, de idéntico color. El pantalón y la blusa -son el uniforme de la nación china sin distinción de sexos. En los -pueblos rurales se conserva la trenza varonil. Sólo los chinos de las -grandes ciudades y los que viven en el extranjero aprovecharon la caída -del Imperio para cortarse este apéndice tradicional. - -Lo que produjo mayor asombro á Marco Polo, y algunos siglos después á -los primeros misioneros establecidos en China, fué el desarrollo de su -agricultura. En aquellos tiempos los labriegos de Europa eran unos -bárbaros que cultivaban sus tierras de un modo rudimentario. Todos los -adelantos agrícolas posteriores fueron las más de las veces simples -copias de la agricultura china. - -Admiramos desde el tren huertas que merecen el título de jardines. Las -grandes extensiones dedicadas á los cereales revelan un trabajo -minucioso. Mas con frecuencia, partiendo los vastos rectángulos de -tierra cultivada, vemos un oleaje de pequeñas cúpulas que son tumbas. -Estos grupos de sepulturas se prolongan á veces hasta el horizonte, -formando cementerios interminables. - -Los chinos pueden ordenar su enterramiento sin ningún obstáculo legal. -Cada uno improvisa un cementerio en el campo de su pertenencia. Las -tumbas no desaparecen con el curso de los siglos, y á las nuevas -generaciones les basta añadir unas paletadas de tierra sobre los -montículos sepulcrales para que éstos persistan á través de miles de -años con más consistencia que los monumentos de granito. - -Cada uno defiende las tumbas de sus muertos al defender la propiedad de -la tierra que le alimenta. Y como en este país, poblado por cerca de -quinientos millones de seres, la cantidad de defunciones alcanza todos -los años á una cifra enorme y no se borra ninguna tumba aunque -transcurran siglos y siglos, resulta que los que se fueron roban cada -vez más terreno á los que llegan, estrechando los límites de su -actividad. - -Más de una cuarta parte de la inmensa China se halla ocupada por tumbas. -Además, éstas son eternamente sagradas y no hay gobierno que se atreva á -tocarlas. Una de las dificultades mayores con que tropiezan los blancos -al construir ferrocarriles, es la imposibilidad de expropiar una tierra -que tenga sepulcros. Algunas veces se ven obligados á desviar la línea -férrea con absurdos rodeos porque los descendientes de unos chinos que -murieron hace tres ó cuatro siglos se niegan á remover las sepulturas de -éstos. - -La República lleva hechas algunas reformas, pero no se atreverá en -muchos años á aligerar el suelo patrio de tantos millones y millones de -tumbas. Los muertos pesan sobre el país con una fuerza abrumadora; lo -siguen gobernando, y habrá que empezar por hacerlos desaparecer para que -la China entre en la vida moderna. - -Son tantos los sepulcros en algunos campos, que sus poseedores, -necesitados de hacerlos producir, aprovechan los espacios libres entre -los montículos y van trazando con el arado surcos tortuosos. Así -obtienen hileras de espigas nutridas con el zumo de unos ascendientes á -los que nunca conocieron, pero que les inspira un respeto supersticioso. - -El japonés venera á sus antepasados porque se han convertido en dioses, -y él á su vez será dios cuando sus descendientes le rindan igual culto. -El chino los respeta porque les tiene miedo. Venera las tumbas de unos -abuelos remotísimos cuyo nombre ignora; se arruina y vende hasta los -objetos de primera necesidad para costear funerales ostentosos en honor -de los que fallecen dentro de su casa. Como teme á los muertos, procura -mantenerlos tranquilos y contentos, para que no vengan á atormentarle -durante la noche, ni siembren de fracasos y desgracias el camino de su -vida. Alguien ha definido á este país diciendo que es una aglomeración -de quinientos millones de vivos, aterrados por la presencia de miles de -millones de muertos. - -Los cementerios se suceden en el paisaje, cada vez con mayor frecuencia. -Al final sólo vemos tumbas, y emergiendo de su oleaje rojizo algunas -chozas de esteras y pedazos de lata, semejantes á las que existen en los -suburbios de todas las ciudades. - -Empieza á deslizarse paralelamente al tren una alta muralla gris de -apretadas almenas. En la faja de terreno intermedia van pasando pequeñas -huertas y casitas de hortelanos. Vemos, con cinematográfica rapidez, una -puerta que perfora lo mismo que un túnel este bastión interminable, y -sobre su arcada sombría un castillo rojo con tres tejados superpuestos, -cuyos ángulos tienen forma de cuernos. - -Esta puerta, fortificada al estilo chino, la hemos contemplado muchas -veces en libros de viajes. A continuación, con violenta antítesis -visual, se alzan sobre la muralla unos palos gigantescos que se -aproximan á nosotros. Son dos poderosas antenas de comunicación -inalámbrica, instaladas por los norteamericanos. ¡La telegrafía sin -hilos junto á una puerta que cuenta más de mil años!... - -Va aminorando su marcha el tren y se inmoviliza finalmente luego de -rozar una especie de malecón que es una antigua muralla cortada. - -Hemos llegado á Pekín. - - - - -III - -LAS TRES CIUDADES DE PEKÍN - - La forma geométrica de Pekín.--La ciudad china, la ciudad tártara y - la ciudad prohibida.--El edificio chino y la tienda de - campaña.--Los geomantes y sus adivinaciones.--Los espíritus del - Viento y del Agua.--La cuarta ciudad.--El barrio de las Legaciones - y sus tropas visibles y ocultas.--La seguridad de las calles de - Pekín y la policía china. - - -Todas las mañanas, al saltar fuera de mi cama en el «Grand Hôtel des -Wagons-Lits», siento la misma duda, y me pregunto: - ---¿Estoy verdaderamente en Pekín? - -El aspecto europeo de mi habitación me obliga á descorrer las cortinas -de una ventana y limpiar sus vidrios, empañados por el frío exterior. -Veo enfrente un canal, á un lado una muralla obscura, y al pie del hotel -una larga fila de cochecitos con las varas en el suelo, mientras sus -conductores, cruzando los brazos sobre el pecho, abrigan sus manos -conservándolas bajo los sobacos. Todos estos chinos miran á las -ventanas, y uno de ellos que me llevó por la ciudad en días anteriores, -al reconocer á su cliente inicia una mímica apasionada para hacerme -saber que me espera desde el alba. - -Una vez más me convenzo de que estoy en Pekín, pero esto no impedirá que -al despertar mañana sufra la misma duda. ¡Es tan extraordinario vivir en -esta población, cuyo nombre aprendemos desde niños, como algo -remotísimo que nunca llegaremos á ver!... - -La gran ciudad china figura en nuestras primeras impresiones como un -lugar inaudito de absurda lejanía. Cuando oíamos hablar, siendo -pequeños, de alguna persona que se había alejado para siempre, decían: -«Se fué á Pekín», y no era preciso añadir más. Los hombres de verbo -enérgico, para concretar algo que no podría realizarse nunca ó no -tolerarían de ningún modo, afirmaban: «Ni aquí ni en Pekín», y todo -quedaba dicho. - -Esta capital misteriosa se hallaba al otro lado del planeta, debajo de -nuestras plantas, y como sus habitantes de ojitos oblicuos, sonrisa -astuta y trenza en el cogote vivían cabeza abajo, era natural que todo -lo hiciesen al revés que los blancos, lo que abría ante nuestra -imaginación infantil una serie interminable de espectáculos grotescos y -disparatados. - -Me convenzo todas las mañanas de que estoy en Pekín é igualmente de que -los chinos no son tan extravagantes como los creíamos en nuestra niñez. -La vida moderna ha cambiado la fisonomía de todos los pueblos, hasta del -Imperio chino, que parecía eterno como una momia y hoy es una República. -Pero no obstante la general transformación, guarda esta ciudad el -prestigio misterioso y el novelesco interés que envolvió siempre su -nombre. - -Verdaderamente sólo á partir del régimen republicano forma Pekín una -ciudad única. Mientras existieron los emperadores estuvo compuesta de -tres ciudades: la china, la tártara y la imperial, llamada también -«ciudad prohibida», cada una de ellas con su defensa de anchos muros y -puertas profundas, coronadas por castillos. - -Pekín es, de todas las capitales de la tierra, la que tiene una forma -más exactamente geométrica y una orientación escrupulosamente -geográfica. Su eje va de Norte á Sur rigurosamente. La calle de -Chien-Men, que divide toda la ciudad china y gran parte de la tártara, -llegando hasta la primera puerta de la ciudad imperial, es una línea -escrupulosamente trazada entre estos dos puntos cardinales, y las calles -secundarias que la atraviesan van con igual exactitud de Este á Oeste. -Las murallas que abarcan á las tres ciudades forman en su conjunto un -cuadrilátero y cada una de sus caras es paralela á uno de los cuatro -límites geográficos. - -Al examinar el plano de Pekín se cree estar viendo un dibujo geométrico. -Abajo, en el Sur, hay un rectángulo más ancho que alto, que es la ciudad -china. Encima un cuadrado perfecto, la ciudad tártara, y en el centro de -ella un segundo cuadrado, la ciudad imperial. La ciudad china, reservada -en otros siglos al populacho, ocupa el lugar del vestíbulo en un plano -arquitectónico; después viene, como si fuese el cuerpo principal del -edificio, la ciudad tártara, y en su corazón, bien guardado por todas -sus caras, está el santuario, la ciudad imperial, donde residía el Hijo -del Cielo. - -Marco Polo cuenta que el nieto de Gengis-Kan, al establecer su capital -en Pekín, tuvo en cuenta las predicciones de algunos adivinos que le -acompañaban en sus conquistas. Como éstos le aseguraron que su -descendencia perecería por una sublevación de dicha ciudad, el Gran Kan -levantó al lado de la antigua Cambaluc, ó sea la ciudad china, la actual -ciudad tártara, repartiendo los solares entre sus feudatarios más -adictos. De tal modo, sus herederos vivirían rodeados siempre por los -nietos de los antiguos conquistadores, sirviéndoles éstos de guardia y -defensa. Para que los enemigos del Hijo del Cielo pudiesen llegar hasta -él, tenían que asaltar primeramente la ciudad china, que por sí sola -representaba todo un sistema de fortificación. Luego, salvando el canal -que separa dicha ciudad de la tártara, debían hacerse dueños de los -baluartes de ésta última, todavía más altos y robustos, y finalmente, al -verse poseedores de la ciudad tártara, tropezaban con las murallas de la -«ciudad roja», nombre que se da igualmente por el color de sus muros á -la ciudad imperial ó prohibida. - -Durante varios siglos de paz se fué quebrantando la división de razas -que separaba á los conquistados, habitantes de la ciudad china, de los -vecinos de la ciudad tártara, descendientes de los conquistadores. Esta -última, por contener en su recinto los palacios imperiales, vivía bajo -un régimen militar, cerrándose sus puertas á la puesta del sol y -quedando sometidos sus habitantes á todas las molestias de una plaza -fuerte. Como precisamente los nietos de los tártaros eran los más ricos -y dados á los placeres, se fueron trasladando á la ciudad china, para -vivir con mayor libertad. Hace ya muchos años que estas denominaciones -no son más que recuerdos históricos. Las familias chinas y tártaras se -han mezclado por enlaces matrimoniales y viven indistintamente en una ó -en otra ciudad. - -La arquitectura de Pekín recuerda el origen nómada del pueblo chino en -los tiempos remotos de su historia. También fueron de vida errante las -dos invasiones de jinetes tártaros y manchures. A causa de esta -influencia, muchos que han estudiado su arquitectura reconocen en todas -sus construcciones--palacios, templos, torres ó casas particulares--una -imitación de la tienda de campaña habitada por sus ascendientes. - -En China sólo se construyeron durante los pasados siglos edificios de un -piso único. Cuando se quería darles cierta altura para que adquiriesen -proporciones majestuosas, eran levantados sobre mesetas de piedra. En -los barrios comerciales, la necesidad de vivir sin quitar espacio al -propio almacén obligó á muchos á construir sobre su establecimiento una -especie de buhardilla, que sirve de habitación. Pero es creencia -tradicional que el vivir en piso alto atrae las enfermedades, y -manteniéndose en contacto á todas horas con la tierra se reciben -efluvios misteriosos que vigorizan la salud. - -El parecido entre el edificio chinesco y la tienda de campaña resulta -exacto. Las techumbres, negras ó de tejas barnizadas, son externamente -cóncavas, como la cubierta de lona de la tienda, que forma bajo el soplo -del viento una curva entrante. Las columnas, siempre de madera, carecen -de capiteles y basamentos, aunque el edificio se halle revestido con -pomposa riqueza. Están cubiertas de laca y oro, pero son iguales de -arriba á abajo, sin ningún adorno saliente, como los postes que forman -el andamiaje interior de los campamentos. Los ángulos de las techumbres -se encorvan hacia arriba, lo mismo que los extremos de la tienda, -sostenidos por lanzas. - -Los chinos han ratificado con sus ideas supersticiosas esta forma curva -de los ángulos de sus tejados. Son muchos los que aún creen en la -actualidad que sus ascendientes dieron figura de cuerno á los remates de -los aleros para dejar más espacio á los espíritus del Agua y del Aire, -señores de nuestra existencia. Así no se rasgan las alas ni se enredan -en ángulos agudos, como los que fabrican los «demonios blancos» en sus -construcciones. - -Éste es el país de los geomantes. Antes de construir un edificio se pide -consejo á la ciencia geomántica y no se abren los cimientos ni se coloca -una piedra sin que el adivino, enterado del revoloteo de los espíritus y -las direcciones amadas por ellos, estudie el solar y diga al arquitecto -qué orientación debe seguir en sus planos. Son también los geomantes -quienes señalan los terrenos más favorables para enterrar á los muertos -y que los espíritus sean clementes con ellos. Con frecuencia, el adivino -designa como lugar favorable para la futura tumba el campo de algún -amigo suyo, y los herederos se ven obligados á adquirirlo á un precio -fabuloso. Lo más extraordinario es que estos hechiceros que legislan -sobre las buenas ó malas condiciones del suelo únicamente reconocen á la -tierra que los hace vivir una personalidad secundaria y pasiva. Los -dioses, según ellos, sólo habitan la atmósfera. Son _Feng_ (el Viento) y -_Shui_ (el Agua). - -Más de una vez, el europeo ó el norteamericano, después de haber -construído una fábrica, una estación de ferrocarril ó una chimenea de -ladrillos, ve llegar en masa á la chinería de las inmediaciones, que -protesta con desesperación, enumerando las calamidades caídas -recientemente sobre la comarca. Esto se debe á que _Feng_ y _Shui_ están -irritados por las obras groseras que obstruyen una atmósfera en la que -se movían antes con desembarazo. Es el geomante más célebre del distrito -quien ha hecho tal descubrimiento, gracias á su ciencia. Y los -civilizadores del país no tienen otro recurso que buscar al sabio -popular para conseguir con donativos secretos que cambie repentinamente -de opinión. En ciertas ocasiones el geomante es un nacionalista hasta la -xenofobia, que no admite regalos y cree de buena fe en sus revelaciones, -aferrándose á ellas para que los extranjeros se alejen del país. El -populacho insiste en sus protestas, y los mandarines encargados de la -justicia ordenan, para restablecer la paz, la demolición de los -edificios industriales, aunque el gobierno tenga que pagar una fuerte -indemnización á sus dueños. - -La tienda de campaña, origen y modelo de la arquitectura china, se -repite siempre en extensión ó en altura. Una torre de pagoda no es más -que una sucesión de tiendas con los aleros cornudos, colocadas una sobre -otra en armónica disminución. Los pequeños y ligeros edificios -superpuestos deben ser forzosamente en número impar: cinco ó siete por -regla general. Los chinos aborrecen el número par y lo evitan en todas -sus obras. - -Templos y palacios están formados por aglomeraciones de edificios, -siempre en figura de tienda, y teniendo por únicos materiales la madera -y el azulejo. El mármol y el granito se reservan para los basamentos de -las construcciones, para las escalinatas con barandillas admirablemente -cinceladas, para los puentes de atrevida joroba, para los pavimentos de -los patios, encerrados entre cuatro hileras de edificios y por cuyo -centro se desliza un curso de agua. - -Las tres antiguas ciudades que forman la capital china han visto crearse -otra más pequeña junto á la muralla de la ciudad tártara, en el lugar -donde se alza la Puerta de Enfrente, dando paso á la avenida que -atraviesa todo Pekín hasta el Palacio Imperial. Esta cuarta ciudad es el -llamado barrio de las Legaciones, por vivir en él los representantes -diplomáticos y todos los blancos residentes en Pekín. Es como un Estado -independiente dentro del corazón de la China. Hasta tiene un ejército -internacional para su defensa, y en el interior de sus fronteras no -rigen las leyes ni las autoridades del resto del país. - -El lector recordará indudablemente la sublevación de los boxers en 1900 -y la horrible situación en que se vieron los habitantes del barrio de -las Legaciones. Estos boxers, patriotas hasta la ferocidad, se -sublevaron contra los «demonios blancos», exterminando á todos los -individuos de nuestra raza que pudieron encontrar. El personal de las -Legaciones, los exiguos contingentes militares que éstas tenían á su -disposición y los europeos civiles que pudieron armarse sostuvieron una -lucha desesperada durante varias semanas, hasta que llegaron los -refuerzos enviados por las grandes potencias. Tuvieron que batirse uno -contra mil día y noche, sufriendo el hambre, la sed, el insomnio, la -infección de la atmósfera producida por los cadáveres abandonados en las -calles al pie de las barricadas. Como estaban seguros de perecer -sometidos á horribles tormentos si caían en poder de los boxers, se -batieron con el heroísmo del que ha decidido morir, pero sin soltar las -armas. - -Además, el chino es poco propenso á las ofensivas á cuerpo descubierto, -y prefirió atacar las Legaciones oculto en los edificios cercanos, con -la esperanza de rendir á sus enemigos por el hambre y la sed. - -Después de esta cruel experiencia, las naciones poderosas que desean -influir sobre los destinos de la China mantienen en el barrio de las -Legaciones unos contingentes militares dignos de respeto. Se ven en las -calles de esta pequeña ciudad, edificada á estilo europeo, soldados -ingleses, franceses, italianos, y especialmente norteamericanos. - -La Embajada de los Estados Unidos es enorme. Sus varios edificios están -situados junto á una sección interior de la muralla que defiende á la -ciudad tártara. Algunos de ellos son pabellones militares, idénticos á -los de los cuarteles. Desde lo alto de la muralla se ven sus patios y en -ellos grupos de soldados con chambergos puntiagudos que hacen el -ejercicio de fusil y practican el manejo de las ametralladoras. Además, -dentro de la Embajada están las dos enormes antenas de telegrafía -inalámbrica que mantienen en comunicación segura á las Legaciones con el -resto de la tierra. - -Hoy no es probable un ataque de los patriotas exaltados contra este -barrio. Las fuerzas militares de que disponen los embajadores en Pekín y -en las concesiones diplomáticas del puerto de Tient-Sin ascienden, según -parece, á unos ocho mil hombres, lo que representa, por la calidad de -los soldados y por su material de combate, un ejército importantísimo, -teniendo en cuenta la desorganización ruidosa y la propensión á huir, -después de un ataque rechazado, que muestran las muchedumbres chinas. - -No hacen los embajadores ostentación de dichas tropas. Únicamente se ven -en las calles, con alguna frecuencia, soldados norteamericanos; lo que -no resulta extraordinario, por ser el gobierno de los Estados Unidos el -que ejerce mayor influencia sobre la República china. Soldados nipones -apenas se encuentran, aparte de los centinelas que guardan la entrada de -su Legación; pero en Pekín ascienden á varios miles los tenderos -japoneses, vigorosos, jóvenes, de sonrisa astuta. Según me dicen algunos -diplomáticos, todo japonés tiene oculto en su tienda el uniforme y el -fusil, y basta que su embajador lance una palabra, para que media hora -después formen en sus patios dos regimientos tan bien organizados como -los de la guarnición de Tokio, sin que nadie pueda adivinar de dónde -surgieron. - -Este barrio de las Legaciones es interesante y ameno á causa de las -rivalidades ocultas, las ceremonias y las etiquetas exteriores, que -forman el tejido de su vida diaria. Recuerda el mundo diplomático de -Constantinopla antes de que fuese destronado el último sultán absoluto, -cuando aún existían los privilegios internacionales de las -Capitulaciones. Las esposas de los diplomáticos reproducen en Pekín las -elegancias y placeres de la vida occidental. Son frecuentes las fiestas -de sociedad, los banquetes conmemorativos, las recepciones oficiales. - -El primer hotel europeo de Pekín lo estableció, en pleno barrio de las -Legaciones, la Compañía europea de los Wagons-Lits y lleva este mismo -título. Es un hotel de tipo francés, que algunos consideran algo -anticuado. Recientemente, la influencia norteamericana creó el Gran -Hotel de Pekín, edificio enorme, á semejanza de los de Nueva York, con -vastas salas de baile y una feria de bulliciosas tiendas en su piso -bajo. La tranquilidad actual de la China ha permitido la audacia de -construir este albergue lujoso fuera del barrio de las Legaciones. En -torno á él se están edificando casas á la europea para las familias -occidentales, cada vez más numerosas. De ocurrir una revolución -nacionalista, las fuerzas que guarnecen las Legaciones podrían defender -con facilidad este nuevo barrio anexo. - -Los que conocemos á Pekín desde hace muchísimos años por nuestras -lecturas, preferimos el tranquilo y señorial Hotel de los Wagons-Lits. -Lo vimos mencionado siempre en los relatos de la lejana ciudad como -única residencia de los europeos de entonces, y nos parece que -instalados en él estamos más de veras en China. - -Tengo un amigo y compañero de letras que ha residido en esta capital dos -largas temporadas, y me conduce á muchos lugares cuyo conocimiento -requiere una larga observación. Es el marqués de Dosfuentes, ministro -plenipotenciario de España; diplomático que vive como un prócer de otra -época, escritor que en su libro _El alma nacional_ supo condensar como -nadie lo mejor y lo más sano de nuestra raza. La Legación de España, -edificio gracioso, de elegante sencillez, ha aumentado sus atractivos -para la sociedad internacional de Pekín con las fiestas que da -frecuentemente nuestro ministro. Gracias á él pude conocer en poco -tiempo todas las personalidades interesantes de este barrio célebre que -asisten fielmente á sus comidas y recepciones. - -En los primeros días causa extrañeza ver con qué naturalidad se -desarrolla la vida europea dentro de esta urbe asiática tenida hasta -hace poco por misteriosa. Parece imposible que á una distancia de dos -docenas de años nada más, fuesen martirizados y hechos pedazos todos los -blancos que pudo pillar la muchedumbre amarilla en sus calles. Las -señoras van solas en plena noche á través del gentío chino, sin recibir -el menor insulto; tal vez con más seguridad que en algunas ciudades -europeas. - -Al pasear por Pekín se nota inmediatamente la abundancia de policía y el -método con que cumple ésta sus funciones. A cortas distancias hay -agentes que con sus movimientos de brazos regulan la circulación. Sólo -los pobres marchan á pie. Muchos chinos van en automóvil, y el resto de -los transeúntes se vale del carruajito de ruedas ligeras, tirado por un -solo hombre, que aquí se llama _ricsha_. En la gran avenida que parte -longitudinalmente á Pekín, las _ricshas_ forman filas de seis y de ocho, -circulando por la derecha ó la izquierda, según su dirección. Ninguno de -los caballos humanos deja de obedecer los manoteos ordenadores de la -policía. Además, cada cien metros hay una pareja de gendarmes con el -fusil al hombro, más correctamente uniformados y de mejor cara que -nuestros guardianes del ferrocarril. - -Se adivina en toda la ciudad un orden firme y severo, una vigilancia -continua é inexorable. Robos y homicidios abundan menos que en la -mayoría de las capitales de Europa. El chino del Norte, grande de -estatura, sobrio en palabras, honesto en sus tratos, se parece muy poco -al chino del Sur, pequeñito, bullanguero, astuto, propenso á la mentira, -que es el más conocido en el mundo, porque junto con tan malas -cualidades posee otras muy excelentes, que hacen de él un elemento -valioso de emigración. - -Después de comer en la Legación de España veo que una de las invitadas, -señora joven y elegante, se vuelve sola á su casa á las once de la -noche. Al extrañarme de ello, como de una audacia inconcebible, me dice -con naturalidad que todas las noches hace lo mismo. Toma una _ricsha_, -cuyo conductor no conoce las más de las veces, y se hace llevar por él á -su domicilio, fuera del barrio de las Legaciones, á través de calles -puramente chinas. - -Nunca la ocurrió el menor percance. Jamás ha sentido la inquietud del -miedo. En las vías solitarias encuentra siempre á un policía, con su -gorra redonda galoneada de blanco y el revólver sobre una cadera. Otras -veces es una pareja de gendarmes con fusiles al hombro y cargados. - -No todos pueden decir lo mismo en la mayoría de las ciudades de -Occidente, más peligrosas y desiertas después de media noche que los -senderos de una selva. - - - - -IV - -SINGULARIDADES DE LA VIDA CHINA - - La ciudad más grande del mundo.--Las antiguas calles y sus - muchedumbres.--Casas, muebles y gorros.--Los casamientos.--Los pies - de las chinas.--Vanidad con que las mujeres á estilo antiguo - aprecian su deformación.--Las damas manchures.--La cocina china y - sus horripilantes picadillos.--Vinos de animales.--Los cocineros - chinos esparcidos por el mundo.--Sus caprichos de artista.--Lo que - vió una dama al bajar á su cocina, y la respuesta del cocinero para - que todos quedasen contentos. - - -A mediados del siglo XIX era Pekín la ciudad más grande del mundo. -Londres encerraba escasamente millón y medio de habitantes; Nueva York y -París, muchos menos. Pekín tenía el mismo vecindario que ahora: dos -millones y medio de seres. - -Su área era también superior á la de todas las grandes urbes de -Occidente, por apreciarse las categorías de los personajes chinos con -arreglo á la extensión de terreno que ocupan sus viviendas. Por eso en -todas las construcciones de algún valor procuran los arquitectos engañar -al visitante con perspectivas hábilmente dispuestas, que agrandan las -proporciones de los edificios y especialmente la amplitud de los -jardines. - -La población de Pekín ha parecido siempre dos ó tres veces más numerosa -que lo es en realidad, por las ceremonias de la etiqueta china y las -costumbres especiales del país. En tiempo del Imperio ningún personaje -salía á la calle sin ir en un palanquín llevado á hombros y con largo -séquito de domésticos. Los mandarines allegados al emperador debían ir -seguidos cuando menos de cien acompañantes. Los jueces, al dirigirse á -los sitios donde administraban justicia, llevaban detrás de ellos todo -su tribunal formado en procesión: secretarios, procuradores, alguaciles -y litigantes. Los mandarines militares, á partir de un grado equivalente -al nuestro de capitán, iban con una escolta de jinetes. Esta escolta, -según la importancia del jefe, llegaba á convertirse en nutrido -escuadrón. Todos galopaban sin orden determinado, pero procurando -mantener al personaje en el centro del grupo. - -Además llenaban las calles, de sol á sol, los pequeños cortejos de los -particulares. Éstos se consideraban desprestigiados si no hacían sus -visitas en un palanquín con numerosos servidores. Unos se relevaban para -el sostenimiento de la pequeña casa portátil, otros llevaban los objetos -usuales de su dueño: el quitasol, el abanico, la pipa, etc. - -Otro motivo de gran afluencia en las calles del Pekín imperial era la -costumbre de trabajar á domicilio, observada por los menestrales desde -tiempos remotos. El carpintero, el herrero, el sastre, circulaban por la -ciudad con sus oficiales y aprendices, llevando las materias y -herramientas para su trabajo. Hasta los impresores iban á las casas de -los letrados con su prensa, sus resmas de papel y sus tarros de tinta -para imprimir libros. Los autores guardaban en su domicilio las planchas -de madera grabadas, cada una de las cuales era una página, y no tenían -más que sacarlas á la puerta para que el impresor fabricase en unas -cuantas horas centenares de volúmenes, tirados en un papel sutil, de -dobles planas, plegadas y sin cortar, forma que todavía subsiste. - -El tercer motivo de aglomeración en las vías públicas era que en Pekín -todo se hacía á brazo, y el transporte de maderos y ladrillos para las -obras del gobierno y los edificios particulares exigía largos rosarios -de atletas doblados bajo pesos abrumadores. - -Hoy la vida antigua de la ciudad está modificada. Han desaparecido casi -por completo los palanquines, como ocurrió en las ciudades japonesas. La -_ricsha_, más ligera y que sólo exige un hombre para su manejo, ha -democratizado la circulación. - -Son los blancos quienes implantaron este nuevo medio de transporte en el -Extremo Oriente. Algunos misioneros norteamericanos, viejos y achacosos, -al establecerse en el Japón en 1860, se hicieron llevar por naturales -del país en carruajitos de tal especie. Los japoneses se apropiaron la -innovación, creando la _koruma_, y del Imperio del Sol Naciente han -copiado el uso de su _ricsha_ los chinos y otros pueblos asiáticos. -Antes sólo podían ir en palanquín los mandarines y los comerciantes -ricos; ahora todos los chinos que gozan de un pequeño bienestar usan la -_ricsha_. Esto ha aumentado la afluencia en las calles, pero con un tono -uniforme y obscuro, sin la brillantez colorinesca de los antiguos -cortejos. - -Algunos próceres chinos apegados á la tradición se niegan á aceptar el -automóvil, como muchos de sus compatriotas que viajaron por los países -occidentales. Tampoco se atreven á resucitar el antiguo palanquín, y dan -sus paseos en unas berlinas azules, de ruedas doradas, con el interior -forrado de seda gris perla. En estos carruajes vistosos, tapizados como -un tocador de dama, no hacen mala figura los personajes de la antigua -corte, chinos de aventajada estatura, algo gruesos, con ricas -vestimentas de seda azul. Dos caballitos mogoles, de exigua talla con -relación al vehículo, tiran de éste, y á veces se muerden entre ellos, -obligando á echar pie á tierra á uno de los lacayos, para ponerlos en -paz. - -Al ser de un solo piso, las casas están compuestas de numerosos -pabellones separados por patios y jardines. Los chinos son los únicos en -el Extremo Oriente semejantes á nosotros por su mueblaje. Se sientan en -sillas y no en el suelo, comen sobre una mesa, duermen en camas. En sus -salones, el gran lujo son los biombos. Sus diversas hojas contienen -paisajes y escenas de la vida ordinaria, pintados con minuciosa -observación. En todas las viviendas de alguna comodidad, los pisos -tienen debajo de ellos tubos de piedra que transmiten el calor de una -hoguera encendida en el subterráneo. - -Una contradicción artística de este pueblo. Ama las líneas simples en su -arquitectura; algunos de sus edificios célebres parecen diseños -geométricos, y en cambio muestra horror por la línea recta cuando -fabrica muebles y objetos de lujo. Talla la madera y los metales con -ondulaciones reptilescas. Los contornos de sillas y mesas parecen estar -formados con una interminable curva vermicular. El eterno modelo es un -dragón, con sus enroscamientos escamosos. - -Este pueblo que durante siglos vistió de un modo uniforme, obedeciendo -las leyes suntuarias decretadas por el Hijo del Cielo, conserva por -tradición el mismo corte de traje en los diversos grados sociales. La -importancia de las personas se aprecia únicamente por la riqueza de las -telas que usan. - -La elegancia y el rango de cada uno se concentra en el gorro ó solideo -que cubre su cabeza. En él se exhiben los signos honoríficos, iguales á -las condecoraciones que los mandarines civiles de Europa se colocan -sobre el pecho en forma de cruces y los mandarines militares sobre los -hombros en forma de charreteras. Cada tocado indica la categoría de su -portador por medio del botón que lo termina. Unas veces el botón es de -seda, otras de oro ó de piedras preciosas, abarcando su simbolismo todas -las dignidades, hasta las puramente literarias. Además, los mandarines -letrados, para demostrar su alejamiento de los trabajos materiales, se -dejaron crecer hasta hace poco las uñas de sus manos. Sólo las exhibían -en días de ceremonia, guardándolas el tiempo restante metidas en fundas -de bambú. - -Bien sabida es la enorme influencia del llamado Código de los Ritos en -este país ceremonioso. La gran sabiduría para la China imperial -consistió en conocer la mayor cantidad de palabras y todas las reglas de -una complicadísima etiqueta. La escritura china, que es ideológica, no -tiene letras sueltas. Cada signo es una palabra, y la gran ciencia -consiste en poder guardar en la memoria veinte mil, treinta mil y hasta -cuarenta mil de ellos, y tenerlos igualmente prontos al extremo del -pincel que sirve de pluma. El que además llegaba á dominar todos los -enrevesamientos interminables de la etiqueta, se consideraba apto para -los más altos cargos del gobierno, pues éstos se obtenían siempre por -examen. Hoy todo ha cambiado, y los letrados que figuran en la República -china saben algo más que palabras sin ideas ó cortesías interminables y -falsas. - -La autoridad despótica del padre mantuvo hasta hace poco un régimen -absurdo dentro de las familias. Los hijos nunca eran consultados para su -casamiento, lo mismo que en el antiguo Japón. Con frecuencia, dos amigos -faltos aún de descendientes se prometían de un modo solemnísimo unir en -matrimonio los hijos que pudieran tener más adelante, si eran de sexo -distinto. La solemnidad de tal promesa consistía en desgarrarse la -túnica en dos pedazos, dándose recíprocamente la mitad. El Código de los -Ritos protestó en vano contra estas absurdas costumbres. Los padres -celosos de su poder absoluto siguieron casando á los hijos según su -capricho ó su interés, y vendiendo sus hijas al marido que ofrecía más. - -En las provincias del interior todavía es el casamiento un juego de azar -para el hombre. Como los chinos tradicionalistas mantienen á sus hijas -reclusas, el que desea contraer matrimonio se vale de los oficios de -viejas casamenteras, sometidas por las antiguas leyes, en caso de -engaño, á severísimas penas, que algunas veces llegaban hasta la -estrangulación. - -A pesar de tales amenazas de la ley, las casamenteras, sobornadas por -los padres, engañan casi siempre á los novios, exagerando descaradamente -las gracias y los méritos de sus futuras. Como el marido ve por primera -vez á su esposa al abrir la portezuela del palanquín que la trae á su -casa, no le queda otro recurso, si le han engañado con falsos informes -sobre su belleza, que devolverla inmediatamente á sus padres, dando por -terminada la fiesta y despidiendo al ruidoso cortejo de músicos é -invitados. Pero esto se ve con más frecuencia en las comedias chinas que -en la realidad, ya que el marido, si adopta tal resolución, pierde el -dinero que dió al suegro por obtener á su hija, así como los regalos que -lleva hechos. - -El juego es la gran pasión del populacho, desarrollándose este vicio -especialmente en las provincias del Sur. La diversión que más le -entusiasma, los fuegos artificiales. Los pirotécnicos de Europa copiaron -mucho de los de aquí, pero en realidad nunca han llegado á dar á sus -obras la duración y el brillo de los fuegos chinos. - -Hoy se usa en Pekín la tarjeta de visita como en Europa. La única -variante consiste en estar impresa por ambas caras: á un lado en -caracteres chinos, al otro en letras occidentales. En tiempo del -Imperio, la tarjeta, originaria de aquí, era de enormes dimensiones, y -tenía tres emblemas representando las tres felicidades más grandes que -puede obtener un chino: un heredero, un empleo público y una vida -larguísima, simbolizados por las figuras de un niño, un mandarín y una -cigüeña. - -Al circular por las calles de Pekín sentí inmediatamente cierta -curiosidad que hace mirar al suelo á todos los extranjeros. Deseaba ver -los pies de las chinas. - -Una de las primeras reformas de la República fué abolir la bárbara -costumbre que estropea los pies de las mujeres para hacerlos -extremadamente pequeños. Ahora existe ya toda una generación de -adolescentes con los pies intactos, iguales á los de las otras mujeres; -pero á los pocos días de circular por Pekín se van encontrando damas de -la burguesía y de la aristocracia con las extremidades desfiguradas por -tan absurda costumbre, muchas de ellas todavía jóvenes, de veintiocho ó -treinta años de edad. - -Esta deformación no es de origen antiquísimo, como se imaginan algunos. -Data del siglo X y no se comprende cómo pudo generalizarse en tan vasto -Imperio. Los invasores tártaros tuvieron el buen sentido de no imitar -dicho uso de los vencidos, y sus mujeres, nueva aristocracia del país, -dejaron crecer sus pies en libertad, sin considerarse por ello menos -hermosas que las chinas tradicionales. Lo más censurable fué que las -mujeres del pueblo, por imitar á las de arriba, comprimieron igualmente -los pies de sus hijas, y millones de hembras han tenido que ganarse la -subsistencia trabajando, á pesar de faltarles un sólido apoyo por culpa -de sus extremidades deformadas. - -Todos saben cómo se realiza esta tortura, obligando á las niñas á usar -diminutos zapatos de metal, que sólo abandonan cuando son mujeres. Los -dedos se doblan y se anquilosan, quedando adheridos á las plantas de los -pies, y éstos no son al fin mas que dos muñones dentro de un calzado que -por su forma redonda se asemeja á las pezuñas de ciertos animales. - -Las mujeres que sufrieron tal mutilación marchan con una dificultad que -causa cierta angustia al observador la primera vez que las ve. Avanzan -con igual movimiento que una persona montada en zancos; parece que sus -rodillas no pueden doblarse; se balancean con un contoneo grotesco, -semejante al del pato. Y sin embargo, los poetas chinos han cantado en -el curso de los siglos este andar torpe, comparándolo con los balanceos -de la flor, con el sauce llorón, etc. - -A pesar de la dificultad que sufren en sus movimientos, siempre están -las chinas dispuestas á pasear, y lo que lamentan es que sus esposos y -padres no las concedan mayor libertad. No es la deformación de sus pies -lo que las hace sedentarias, sino la dureza del régimen familiar. Todas -llevan pantalones de seda azul, muy anchos de boca, y resulta cómico y -triste á un tiempo ver salir de dicha funda ondeante una pantorrilla -enjuta, toda hueso, con media blanca, rematada por un muñón y una -pezuñita de raso negro, sostenida por cintas, que hace oficio de zapato. - -Según dicen algunos que por sus observaciones íntimas pueden estar bien -enterados, esta estúpida amputación pedestre anquilosa la pantorrilla -femenil, haciéndola de una delgadez esquelética, pero en cambio engruesa -el muslo y sus vecindades superiores, particularidad plástica que -parece muy de acuerdo con la estética china. He encontrado en los museos -y jardines ex imperiales muchas de estas damas balanceantes y casi -faltas de pies. Reían con cierta vanidad al notar nuestra sorpresa y la -atención con que mirábamos sus extremidades. Exageraban sus movimientos -para que no sintiésemos duda alguna sobre su agilidad. Hacían toda clase -de remilgos y monadas, como niñas traviesas. - -Las mujeres chinas son más grandes que las del Japón. Algunas de ellas, -á no ser por sus ojitos oblicuos, pasarían por europeas, á causa de su -tez blanca y sus formas redondeadas. Todas se pintan el rostro, jóvenes -y maduras. Emplean el negro para dar á sus cejas la forma de un -semicírculo y se colocan una mancha de bermellón en el labio inferior. -Las damas de origen manchur usan como signo de nobleza el peinado de su -raza, un lazo parecido al de las alsacianas hecho con sus cabellos. Las -más de las chinas son de naricita corta; las manchures tienen un perfil -aquilino y soberbio de raza de presa. - -Otro signo de aristocracia histórica en estas últimas es el no usar -ningún carruaje de origen europeo. Su vehículo nobiliario está -representado por la vieja carreta manchur. Yo he visto en un camino, -cerca del Palacio de Verano, á varias princesas de la antigua corte -imperial, una de ellas tía del joven ex emperador. Todas iban pintadas y -con su peinado en forma de lazo, ocupando una especie de carreta de -labriego tirada por dos caballitos manchures. Sus asientos eran -almohadas puestas sobre el fondo de tablas del vehículo, y como éste -carecía de muelles, en cada bache de la ruta sus Altezas y Excelencias -tenían que agarrarse á los varales para no rodar fuera de él. Una -pintora norteamericana, antigua retratista de la emperatriz regente, que -tuvo la bondad de mostrarme el Palacio de Verano, hizo detenerse la -carreta para saludar á las amigas de su época gloriosa, y yo gocé el -honor de cruzar varias sonrisas con estos fantasmas del pasado, sin -entender ninguna de sus palabras. - -Gracias á la cocina del país volvemos á encontrar la China de costumbres -extrañas y originalidades desconcertantes que tanto nos asombró de niños -en los libros. Los gastrónomos de esta tierra son los que han hecho -retroceder hasta un límite más remoto el catálogo de las materias -utilizadas por el estómago humano. En las carnicerías venden gatos y -perros, que, según afirman los conocedores, fueron cebados con arroz, -estando sujetos á una argolla día y noche para su engorde. Como este -consumo podría ser causa de que las ratas, libres de enemigos, se -multiplicasen de un modo peligroso, también las venden en los mismos -establecimientos, desolladas y formando manojos de á docena, unidas por -los rabos. El chino aburrido de comer arroz con cerdo emplea dichas -carnes como variantes. ¡Y pensar que este país es el del faisán, -abundando tanto como la gallina!... - -La gran especialidad gastronómica nacional es la de los picadillos que -se sirven al principio de todo banquete. Hay unas cuarenta clases de -picadillos, entrando en tales platos los componentes más inverosímiles: -gusanos de tierra, cucarachas enormes, de un negro brillantísimo, que he -visto vender en las calles, huevos empollados con sus pequeños fetos, -capullos de seda hervidos conservando sus larvas... - -Salsas y trituraciones modifican el aspecto y el gusto de estos -picadillos. En idéntica forma son presentados los famosos nidos de -golondrinas, filamentos gelatinosos, iguales por su aspecto á los -fideos, y la aleta dorsal del tiburón, de la que se utiliza solamente -las fibras de su base. - -Algunos de estos manjares, que repugnan á nuestros estómagos, resultan -costosísimos. Para hacer un simple plato de picadillo hay que dar caza á -un tiburón, empleándose únicamente de tan enorme organismo un pequeño -manojo de filamentos pegado al lomo. - -He procurado evitar el conocimiento directo de estas singularidades -gastronómicas; pero no me espantan ni me escandalizan. Mi humilde -estómago europeo data de unos cuantos siglos nada más y está próximo aún -á la nutrición monótona de nuestros silvestres antepasados. El estómago -chino cuenta con una historia de 5.000 años, tiempo suficiente para que -cocineros y comilones refinados llegasen en fuerza de inventos y -caprichos á las más remotas y disparatadas combinaciones. - -Nosotros también saboreamos manjares y bebemos líquidos que hubiesen -dado náuseas á nuestros bisabuelos y tal vez á nuestros abuelos. Hoy -mismo, la mayoría de las gentes que viven en los campos y en los barrios -pobres no llegan á comprender cómo las personas de educación superior -comen ostras y otros mariscos crudos, quesos fermentados abundantes en -gusanos, ó beben cerveza y ciertos aperitivos hediondos. - -Muchos chinos opulentos se han arruinado dando banquetes á sus amigos. -Estas comilongas, inverosímiles para los blancos, duran á veces una -noche entera, desfilando sobre la mesa los platos más inauditos. Los -patricios de Roma, con sus lampreas devoradoras de esclavos, no llegaron -á la costosa extravagancia de los próceres chinescos. - -Las supersticiones de la farmacopea nacional influyen en la confección -de las bebidas. En algunas ciudades del Sur hay restoranes famosos por -sus bodegas, repletas de venerables tinajas que únicamente son abiertas -para los conocedores ricos, capaces de pagar dignamente su contenido. -Estas vasijas preciosas guardan «vino de mono», «vino de culebra», «vino -de pollo», llamados así porque hace años se hallan dichos animales en -maceración dentro de la tinaja, comunicando al líquido sus cualidades -especiales. Según parece, el vino de mono es un excelente afrodisíaco; -el de pollo evita las enfermedades del pecho y el de reptiles da valor y -ligereza. Algunos europeos que por engaño probaron el picadillo de -gusanos de seda me afirman que tiene un sabor parecido al de las -castañas hervidas. - -Sin embargo, el chino es un excelente guisandero, y se le encuentra -ahora en las cocinas de muchos hoteles, de muchos trasatlánticos y de -importantes casas de América, lo mismo del Norte que del Sur. Siente una -verdadera vocación por la química nutritiva, asimilándose fácilmente las -combinaciones gastronómicas de los blancos. Luego las perfecciona con su -paciencia sonriente y su despierto ingenio. Muchos arroces inventados -por ellos figuran entre los mejores platos de la cocina moderna. En las -ciudades de los Estados Unidos, los restoranes chinescos atraen siempre -numerosa clientela. Las familias más acomodadas de algunas capitales de -la América del Sur aprecian mucho á los cocineros chinos, por su -laboriosidad y por las novedades que añaden á los guisos del país. - -De vez en cuando estos amarillos, con su nerviosidad de artistas -mimados, se permiten caprichos semejantes á los de un tenor célebre. -Todos son jugadores, y al ir por la mañana al mercado, antes de hacer -sus compras entran en el café de algún compatriota, para dedicarse con -otros chinos á juegos de azar, de nombres poéticos y resultados -terribles. Si pierden, dan á comer á sus amos con una parquedad -inexplicable, cual si la población hubiese quedado sitiada de pronto. -Cuando ganan, los sorprenden con un banquete inaudito, cual si se -hubiesen trastornado las leyes económicas y todo lo diesen gratis en el -mercado. - -Lo peligroso en estos artistas admirables es que sienten con frecuencia -la nostalgia del remoto país al que serán llevados cuando mueran, ya que -para eso pagan todos los meses su cotización á una empresa encargada de -repatriar cadáveres amarillos. Recuerdan los platos que comieron en su -niñez guisados por su madre, y procuran resucitar en el fogón esta época -de la vida, que es siempre para todos la más conmovedora... - -En una ciudad histórica de la América del Sur, los convidados de una -familia aristocrática se hacían lenguas de cierto caldo preparado por el -cocinero chino de la casa. Era un secreto profesional que el «maestro» -se negaba á revelar. - -La señora, excitada su curiosidad por el mutismo sonriente del chino, -bajó un día á la cocina para sorprender el misterio de la marmita -burbujeante. Al levantar la tapa y ver su interior, dió un grito de -espanto. Una rata enorme subía y bajaba á impulsos del hervor, -derramando sus jugos en el líquido. - -Como la dama insistiese en sus exclamaciones de asco, el artista -amarillo creyó llegado á su vez el momento de enfadarse. ¿A qué tantos -extremos de asombro, como si presenciase algo inaudito?... Que cada cual -siga sus gustos; lo importante es vivir todos en paz, tolerándose. Y en -su español balbuciente y propenso al tuteo, dijo á la señora: - ---No grites; todo arreglado... Caldo para ti, rata para mí. - - - - -V - -TEMPLOS Y FILÓSOFOS - - El templo del Gran Lama.--La capilla secreta.--Un - milagro.--Doctores y bachilleres en armas.--Laotsé y Confucio.--El - templo de Confucio y el Salón de los Clásicos.--Culto de la - República china á Confucio.--El templo del Cielo.--El simbolismo - del número 9.--La ceremonia imperial en el solsticio de - invierno.--El templo de la Agricultura.--Cómo araba todos los años - el Hijo del Cielo.--Progreso de la agricultura china hace miles de - años.--Su abono predilecto y más precioso.--Cómo se produce - públicamente en calles y caminos. - - -En el extremo Norte de Pekín, cerca de la muralla de la Ciudad Tártara, -esparce sus diversos edificios el templo del Gran Lama, famoso en otros -siglos. Más que templo es un vastísimo monasterio, habitado por bonzos -venidos del Tibet, á los que se unieron chinos budistas deseosos de -recibir las doctrinas guardadas durante largos siglos por el Gran Lama -en su misteriosa ciudad de Lassa. Este templo de Pekín llegó á albergar -1.500 bonzos, proveyendo los emperadores á la manutención de todos ellos -y haciendo además cuantiosos donativos para embellecer y agrandar sus -construcciones. - -Mientras duró el Imperio, el templo del Gran Lama y su seminario de -bonzos fueron tan cerrados y hostiles al extranjero como la Ciudad -Prohibida. Con el triunfo de la República, llegaron para este monasterio -la pobreza y el olvido. Los republicanos chinos son indiferentes en -materias religiosas ó profesan la filosofía de Confucio, el más alto -personaje nacional. - -Para poder vivir han abierto los bonzos el templo del Gran Lama y lo -muestran lo mismo que un museo. Algunos de ellos hasta aprendieron unas -pocas palabras de inglés para pedir propina á los visitantes. - -Como todos los monumentos chinos, es una agrupación de edificios -sueltos, con patios enlosados de granito y un jardín de cedros -seculares. En todo el Extremo Oriente no he visto nada que dé una -impresión tan absoluta de vejez como este templo caído en la pobreza. -Los edificios de Occidente, hechos de piedra, adquieren con el abandono -y la ruina un aspecto sombrío y majestuoso. Las construcciones -asiáticas, compuestas de mármol cincelado que toma á través de los -siglos un tono de marfil con caries, de ladrillos vidriados, de tejas -coloreadas y barnizadas, de maderas que se desconchan dejando caer -escamas de laca y de oro, hacen pensar en una momia de las que mantienen -sobre su costillaje, al quedar expuestas á la luz, harapos bordados, -restos de afeites, perfumes corrompidos, joyas empañadas por la tierra y -los zumos cadavéricos. - -Esta pagoda, majestuosa en otro tiempo, tiene ahora sus techumbres -cubiertas de matorrales. Una variedad innúmera de plantas parásitas -silvestremente floridas ha surgido entre las tejas, separándolas con el -empuje de sus raíces. Los cuervos, eternos figurantes de todo cielo de -Asia, revolotean sobre los patios ó se alinean en los aleros, lanzando -graznidos. Las maderas enormes de los techos están acribilladas por la -carcoma y dejan caer poco á poco su corazón hecho polvo. Las columnas -pierden sus estucos rojos y se motean de blanco con la viruela de la -vejez. - -Los habitantes de este monasterio parecen igualmente decrépitos y -sonríen con una melancolía fatalista. Son bonzos sin edad, seres -inclasificables, que tienen en el rostro una expresión de fanatismo y de -rutina. Las ideas generosas del dulce Gautama se modificaron al ser -interpretadas por numerosas generaciones de sacerdotes profesionales, y -hoy no son más que un pretexto para ceremonias. Estos monjes del budismo -han perdido de vista á Buda. Sólo conocen los actos del rito y los -repiten automáticamente, sin sospechar su significado. - -Vemos en uno de los santuarios la estatua gigantesca de Maitreya, ó sea -el Buda chino; imagen jovial, carillena, extremadamente panzuda, que -hace reir á los mismos sacerdotes que le rinden culto. ¡Cuán lejos este -coloso grotesco del sereno y noble solitario de Kamakura, esculpido -igualmente por chinos!... - -El interior de los santuarios es tan vetusto como las fachadas. Brilla -el oro por todas partes, pero un oro agrietado, de resplandor -agonizante, con grandes manchas negras. Algunos bonzos, para atraerse la -generosidad de los curiosos, hacen sonar los dos instrumentos litúrgicos -de todo templo budista: la campana y el timbal. Otros más inferiores, -que son á modo de sacristanes, se han puesto su traje de ceremonia para -guardar las puertas, manto rojo y anaranjado, con un gorro puntiagudo de -idénticos colores, que recuerda la montera con que los artistas -simbolizan á la Locura. - -En las primeras horas de la mañana, cuando los bonzos celebran sus -oficios, el aspecto general del templo ofrece todavía cierta -magnificencia. Los oficiantes llevan sus capas pluviales rojas, de color -de limón ó de azafrán, parecidas á las del culto católico. Las únicas -riquezas que conserva la pagoda de su esplendoroso pasado son las -vestiduras rituales, regaladas muchas de ellas por remotas emperatrices. - -Uno de los servidores del templo, mediante una propina extraordinaria, -nos abre cierto santuario que puede llamarse secreto. En otros tiempos -sólo lo veían los emperadores, y ahora, para entrar en él, hay que -aprovechar la ausencia de los bonzos más importantes. Este pequeño y -misterioso escondrijo contiene varias imágenes fálicas, traídas del -Tibet hace siglos, que representan el acto de la procreación con un -naturalismo sin tapujos. Además, el sacristán budista nos proporciona -las señas de ciertos artífices chinos que venden reproducciones en -bronce de estas esculturas divinas, tan solemnemente ingenuas, que á -pesar de sus gestos no resultan pornográficas. - -Otro de los servidores, decrépito y vacilante, como todo lo que nos -rodea, cuenta con balbuceos, traducidos por nuestro intérprete, la -historia milagrosa de un Buda de cara feroz que toca el techo con su -cabeza. Todo él está tallado en un árbol del Tibet. Un emperador de -Pekín vió en sueños la imagen, y envió á un santo bonzo á la remota -ciudad tibetana para saber si realmente existía. El hombre de Dios -encontró la imagen en Lassa, y sin vacilar se la echó á cuestas, -emprendiendo el regreso á la China. (Necesito advertir que la imagen es -un coloso de varios metros de altura y pesa indudablemente una cantidad -respetable de toneladas. Pero en materia de milagros deben pasarse por -alto estos pequeños detalles.) En su viaje de vuelta tuvo que atravesar -el bonzo la Siberia rusa, y como no conocía el idioma del país se vió en -grandes peligros. Pero el Buda que llevaba á sus espaldas era poseedor -de todos los idiomas de los hombres y se encargó de hablar en ruso por -él, sacándolo de apuros. - -A pesar de la pobreza mental de sus actuales habitantes, este monasterio -despierta gran interés cuando se recuerda lo que representó para China, -hace muchos siglos, la introducción del budismo. La nueva religión -despertó la vida espiritual del país. Numerosos chinos, ansiosos de -saber, emprendieron largas y penosas peregrinaciones hacia el remoto -Tibet, donde eran guardados en toda su pureza los recuerdos y las -doctrinas de Buda. Tuvieron que atravesar países bárbaros, siempre en -guerra; arrostraron la esclavitud y la muerte, y tales viajes -emprendidos con un fin puramente teológico sirvieron para aportar á la -cerrada China nociones geográficas y relatos de costumbres de otros -pueblos, hasta entonces desconocidos. - -En las inmediaciones del templo del Gran Lama existe el de Confucio y su -anexo llamado el Salón de los Clásicos. - -Confucio es el primero de los chinos. De los quinientos millones de -seres que pueblan este país, muy pocos recuerdan los nombres de sus -emperadores, ni aun los de aquéllos que figuran gloriosamente en su -historia. Pero ninguno ignora quién fué Kung-Tsé, nombre chino de -Confucio. No hay ejemplo de que un varón ilustre de Occidente haya -llegado á una celebridad tan absoluta. En este país, donde cargos y -honores no son transferibles, y los herederos de los mandarines más -poderosos vuelven á sumirse en las últimas capas sociales si no logran á -su vez conquistar por el estudio y el examen la posición de sus padres, -la única nobleza reconocida es la de los descendientes de dicho -filósofo. La República, que se muestra ajena á todas las religiones del -país, ha acrecentado aún más la fama de Confucio, tributándole un culto -nacional. En ningún pueblo se vió jamás rendir tales honores á un -moralista, conservandole su condición simple de hombre, sin pretender -convertirlo en hijo de Dios. - -En realidad, el pueblo chino, á pesar de su rutinarismo, fué siempre el -más respetuoso para la inteligencia, y este respeto viene durando miles -de años, sin ningún eclipse. Los invasores mogoles y manchures eran -bárbaros de á caballo, que sólo creían en la fuerza y encontraban -insípida la existencia sin las aventuras y peligros de la guerra. Y sin -embargo, para poder reinar sobre tan vasto Imperio, tuvieron que -amoldarse á las costumbres tradicionales, dejando que marchasen en su -cortejo los mandarines letrados á la derecha y los mandarines militares -á la izquierda. - -Los antiguos ejércitos chinos hasta tenían una organización literaria. -Los jefes y oficiales se titulaban, según sus grados, «doctores en -armas» y «bachilleres». Para ser bachiller bastaba manejar hábilmente el -sable, la espada y la ballesta, dando pruebas, en un riguroso examen, de -estar ejercitados igualmente en la equitación y la gimnasia. El grado de -doctor sólo se otorgaba á los que poseían conocimientos profundos de -estrategia y eran capaces de dirigir un ejército y atacar ó defender una -plaza. - -Mostraron los emperadores tártaros gran empeño en dar el primero de los -lugares á los «graduados en armas», pero no pudieron conseguirlo. La -opinión pública estableció siempre una diferencia entre los doctores -civiles y los doctores militares, respetando más á los primeros. Muchos -siglos antes de Cicerón, este pueblo había puesto en práctica su _Cedant -arma togoe_. - -Confucio tiene un predecesor, el moralista Lao-Tseu ó Laotsé. Este -espíritu puro y superior vivió seiscientos años antes de nuestra era y -un siglo antes que Confucio. Pero Laotsé tuvo la desgracia de dar motivo -después de muerto á una religión de supersticiones y magias que es la -seguida por el populacho chino, y esto ha rodeado su memoria de un -sinnúmero de leyendas que la desfiguran de un modo lamentable. El fondo -del llamado taoísmo es una filosofía que recomienda el anonadamiento de -las pasiones materiales, el alejamiento de los placeres del mundo, la -contemplación de la naturaleza divina para confundirse con ella, como -las aguas de una fuente vuelven al mar del que proceden. - -No creó Confucio una religión, pero su vida pura sirve de ejemplo á -todos los chinos. En las escuelas se repiten sus aforismos morales y sus -cantos elegíacos, pues este filósofo fué al mismo tiempo un poeta y un -amante apasionado de la música. - -Haciendo un breve parangón entre los dos grandes conductores del pueblo -chino, puede decirse que Laotsé se preocupó más del hombre que de la -humanidad. Según él, la vida es un período transitorio y su objeto -principal debe ser puramente contemplativo. La filosofía moralista de -Laotsé resulta estéril para la felicidad común. Confucio, por el -contrario, pensó en la sociedad más que en el hombre, fundando aquélla -sobre las leyes de la más generosa moral. Para él, la virtud no consiste -únicamente en abstenerse de acciones condenables. Hay que ser útil -además á los otros seres, contribuyendo activamente á la felicidad de -todos. - -El uno considera la civilización como causa de la decadencia del género -humano; el otro la acepta como el mayor destino del hombre sobre la -tierra. El primero se pierde en las profundidades de la metafísica, el -segundo propuso leyes y costumbres, muchas de las cuales rigen hoy la -vida superior del pueblo chino. Laotsé fué un gran filósofo, Confucio un -gran legislador. - -«Responde al mal con la justicia y á la bondad con la bondad.» Así habló -Laotsé cuando aún faltaban seis siglos para el nacimiento de Jesús. -«Trata á los demás hombres como tú deseas que te traten á ti.» Esto lo -dijo Confucio quinientos años antes de la era cristiana. - -Mientras en los otros países se dedicaban templos á dioses imaginarios y -muchas veces crueles, la nación china los elevó á un simple hombre, -porque fué apóstol de la dulzura humana, de la moral y la virtud. El -templo de Confucio en Pekín es de majestuosa simplicidad, muy grande, -pero solemnemente vacío. Sus paredes no contienen imágenes; su principal -adorno es una calma absoluta. Las columnas y las murallas, de un rojo -uniforme, sólo tienen ligeros toques de oro. Después de haber visto la -exorbitante profusión de dioses y monstruos en las pagodas, los ojos -parecen descansar placenteramente en este vasto local sin ídolos y sin -tallados. En el centro, como único adorno, hay un ramo gigantesco de -lotos surgiendo de un vaso de bronce de iguales dimensiones. - -Nichos abiertos en los muros de color sanguíneo contienen pequeños -obeliscos de piedra. En sus lados están grabadas sentencias morales de -los filósofos á cuya gloria fueron erigidos estos monumentos simples. La -piedra de Confucio es más grande y parece presidir á las otras, ocupando -un sitio preferente, el mismo del altar mayor en los templos. A ambos -lados de ella están las piedras representativas de sus cuatro asociados -(uno de los cuales fué su célebre continuador Mencio), de sus doce -discípulos más ilustres, y de setenta y dos discípulos menores, -alineados con arreglo á fechas y méritos. - -En este panteón severo, que nunca guardó cadáveres, y en la próxima -sala, llamada de los Clásicos, donde se reúne algunas veces la Academia -de Pekín, no se desarrolla ningún acto con carácter religioso. En -realidad, Confucio fué un moralista que se mantuvo al margen de las -religiones positivas. Todas, incluso el catolicismo, pueden admitir su -moral y amoldar á sus doctrinas la personalidad del filósofo. Sólo una -vez por año el presidente de la República viene al templo con su cortejo -de grandes funcionarios--como venía antes el emperador--para tributar un -homenaje al más grande de los chinos en presencia de los alumnos de las -escuelas, y una música acompaña los coros de voces infantiles cuando -éstas entonan los viejos himnos del poeta de la moral. - -Los dos templos indiscutiblemente más antiguos de Pekín se hallan en el -extremo opuesto, al principio de la Ciudad China, según se llega por el -camino del Sur, y en ellos se ha rendido culto hasta hace poco á las -nociones religiosas de las primeras dinastías, con ceremonias que datan -de más de tres mil años. Son el templo del Cielo y el templo de la -Agricultura. - -Cada uno de ellos está formado por una aglomeración de capillas y los -dos tienen en torno un parque de árboles centenarios, que adquirieron -enormes proporciones. Únicamente separa á ambos parques sagrados la -famosa calle de Enfrente, al avanzar recta por el centro de Pekín desde -la puerta de igual nombre en la muralla de la ciudad tártara, á la -puerta del Sur que da entrada á la Ciudad China. - -La puerta y la calle se llaman de Enfrente (Chien-Men) porque están en -el mismo eje que pasa por el centro del palacio imperial y por mitad -también del Salón del Trono, donde daba audiencia el Hijo del Cielo. -Éste, sin moverse de su asiento, si hacía abrir las puertas de los tres -recintos fortificados de la Ciudad Imperial y la puerta del muro de la -Ciudad Tártara, podía ver toda la longitud de la calle de Enfrente, -bordeada de edificios y hormigueante de muchedumbre, en una extensión de -diez kilómetros. - -Una vez al año seguía el emperador este camino para ir al templo del -Cielo. Esta solemnidad era el día del solsticio de invierno. Jamás en el -resto del año atravesaba el divino monarca las calles de su capital. No -por ello lograban los súbditos ver su rostro el día de la citada fiesta. -Los habitantes de la calle de Enmedio debían permanecer recluidos en sus -casas, con pena de muerte si osaban mirar por una rendija. Las calles -adyacentes quedaban cerradas con altas vallas. Debía ser un espectáculo -interesante la marcha lenta y aparatosa del cortejo imperial por esta -amplia avenida, completamente desierta. - -Hace ocho años todavía era el Chien-Men la calle más «pintoresca» de la -China. Hoy sus edificios siguen ocupados por los primeros comercios de -Pekín; pero un incendio destruyó las antiguas fachadas de sus tiendas, -todas ellas con celosías cubiertas de oro viejo y la madera tallada en -forma de flores, ramajes y dragones. - -El comerciante chino, inventor del anuncio, sigue poniendo en sus -puertas grandes tableros avanzados sobre la calle, con inscripciones -doradas y dibujos quiméricos en sus dos superficies. Dicho ornato -industrial da una originalidad animada y colorinesca al Chien-Men, de -perspectiva interminable. Pero los que pudieron ver esta calle antes del -incendio se hacen lenguas de la suntuosidad artística que ofrecían las -fachadas de sus tiendas, cubiertas de sólidos encajes dorados. - -Atravesamos las avenidas del parque que rodea el templo del Cielo. Es -tan extenso este bosque situado en el interior de una ciudad amurallada, -que hay que usar la ricsha para visitar todos los edificios esparcidos -en sus arboledas. Se comprende la admiración de los primeros blancos que -visitaron Pekín cuando las grandes urbes de Europa aún no habían trazado -sus parques actuales. Resultaba inaudito encontrar dentro de una ciudad -fortificada estas arboledas de límite invisible, que parecen crecer en -pleno campo. Además, el Chien-Men era entonces la única calle del mundo -con cincuenta metros de anchura. - -Vamos visitando los edificios sagrados anexos al verdadero templo. Estas -construcciones, no muy altas, tienen sus gruesos muros pintados con un -rojo obscuro de sangre, que es aquí el color de las construcciones -majestuosas y cubre uniformemente palacios y templos. Las tejas son de -un azul cerúleo, en armonía con el culto celeste. Puentes de mármol se -encorvan sin objeto sobre anchos fosos invadidos por la hierba. Antes -corría por estos canales un agua verdosa y clarísima, en la que nadaban -todas las especies fantásticas é inverosímiles de la fauna fluvial del -país: peces rojos, dorados, violeta, de ojos telescópicos y monstruosos, -arrastrando una larguísima falda transparente de bailarina, moviendo sus -nadaderas sutiles y amplias como manteletas de encaje. - -Subiendo escalinatas de mármol partidas por el «sendero imperial», -llegamos al altar del sacrificio. A primera vista parece demasiado bajo, -en relación con la arboleda y los otros edificios del parque. Pero los -chinos no aman la enormidad en sus monumentos; buscan su belleza en la -armonía de las proporciones, con arreglo á la educación de sus ojos. -Este altar se compone de tres torres bajas y anchas, superpuestas en -ángulos entrantes. Los tres rellanos son de mármol blanquísimo y -uniforme, habiendo concentrado los escultores toda su labor en las -barandas. - -Cada una de dichas mesetas está separada de las otras por escalinatas de -nueve peldaños. El 9 es el número sagrado de los chinos, como el 7 lo -fué de los pueblos cristianos. La primitiva religión del país tiene -nueve cielos; su antigua ciencia da á la tierra nueve grados; las -divisiones del tiempo y del espacio se basan siempre sobre el citado -número. - -Subía el emperador, en una mañana brumosa y frígida de nuestro mes de -Diciembre, á la plataforma más alta de dicho altar, para rendir -sacrificio á sus padres, los señores del cielo. En esta ceremonia vestía -una túnica de piel de cordero negro, forrada interiormente de zorro -blanco, y encima un gabán de seda, en el que estaban bordados los dos -dragones celestiales, el sol, la luna y las estrellas. - -Él era el único que se erguía en la última meseta del cono truncado. Los -personajes de su séquito quedaban inmóviles en los peldaños de las tres -series de escalinatas: los letrados á la derecha, los guerreros á la -izquierda. Y el soberano iba ofreciendo á los espíritus celestes las -viandas preparadas para esta ceremonia, los rollos escritos en pergamino -y en seda, un novillo sin ningún defecto, un disco de lapislázuli. El -público silencioso de altos dignatarios no ignoraba que el Hijo del -Cielo se había preparado para esta ceremonia con ayunos y largos -exámenes de conciencia, siendo la pureza de su alma y los virtuosos -deseos de hacer á su pueblo feliz la principal ofrenda dedicada á sus -mayores, que le estaban mirando desde lo alto del cielo. - -Iba acompañada la ceremonia por músicas litúrgicas. En un pabellón de -este mismo parque se guardan muchos instrumentos empleados en dicha -fiesta. Son grandes tambores, címbalos y _gongs_. También hay arpas -enormes que tienen por base cisnes y perros azules con melena de león. - -Después del triple altar se llega por una avenida al verdadero templo -del Cielo, especie de rotonda cuya cúpula se halla sostenida por -columnas de laca roja. En sus muros circulares brilla una falsa -primavera de flores de oro. - -Seis religiones vienen existiendo en la China hace muchos siglos. Tres -de ellas poseen á la mayoría de la nación: el taoísmo, el confucismo y -el budismo. (El taoísmo es la religión basada en las doctrinas de -Laotsé. Éste llamó _Tao_ á la razón que gobierna el mundo, ó sea la -suprema virtud.) Además, el islamismo, el cristianismo y el judaísmo -tienen numerosos adeptos. Sus comunidades resultan sin embargo de poca -importancia comparadas con la enorme cifra de la población china; los -cristianos no pasan de dos millones; los judíos son menos, y los -mahometanos, más numerosos, sólo llegan á veinte millones. - -El confucismo es la religión de los letrados; el taoísmo y el budismo, -religiones del pueblo, cuentan sus fieles por centenares de millones. -Las tres se asocian fraternalmente, tomándose unas á otras doctrinas y -ritos y absteniéndose de todo proselitismo. A pesar de su tolerancia -miran con recelo á los misioneros cristianos, porque se han inmiscuído -muchas veces en los asuntos políticos del país, protegiendo á terribles -malhechores convertidos á sus creencias para escapar á la justicia. -Tampoco aman á los chinos musulmanes, á causa de su insurrección en -1856, que duró nueve años. - -Los emperadores, respetuosos siempre para las varias religiones de sus -súbditos, sólo rendían culto al cielo y manifestaban además un -agradecimiento místico á la tierra arada, sustentadora de la nación. - -El templo de la Agricultura, vecino al del Cielo, tiene un parque menos -extenso que el de éste, pero sus proporciones resultarían -extraordinarias en muchas capitales de Europa. El mismo emperador, que -ofrecía con sus manos un tributo á los dioses celestes en el solsticio -de invierno, celebraba otra ceremonia religiosa al llegar la época en -que son aradas las tierras. En presencia de sus cortesanos y con todo el -aparato de un acto de gobierno, el Hijo del Cielo empuñaba la esteva de -un arado amarillo al que iban uncidos dos bueyes con cuernos dorados y -labraba un trozo de campo sin ayuda de nadie, sembrándolo después. - -Este es el pueblo que dió á la humanidad la seda, el arroz, el naranjo y -otros frutos preciosos. La corte imperial, al venerar religiosamente el -cultivo de la tierra, adoraba la gloria de su propia nación. - -La maestría y el entusiasmo aportados por los chinos á las labores -agrícolas han acabado por hacer sufrir una molestia obsesionante á los -extranjeros, dificultando su vida mientras permanecen en el país. Estos -agricultores intensivos se preocuparon de los abonos hace miles de años, -cuando nadie en nuestro mundo tenía la menor idea de lo que pudiera ser -un fertilizante. Y de todas las materias que reconstituyen y tonifican -las fuerzas germinativas del suelo, la más preferida por ellos es la de -procedencia humana. - -Ya dije algo de esta predilección con motivo de cierto encuentro en una -calle de Kioto. Es verdad que el chino mezcla la citada materia con -otras para dosificar sus energías fecundantes, pero no resulta menos -cierto que todas las plantas de sus admirables huertas tienen al pie -invariablemente algo que pasó por una letrina. - -En los hoteles importantes de Pekín y otras ciudades, los directores, -para tranquilidad de la clientela, fijan un anuncio en el vestíbulo -afirmando rotundamente que todas las hortalizas preparadas en su cocina -proceden de terrenos propiedad del establecimiento cultivados á estilo -europeo. - -Ríe el chino de los escrúpulos y ascos de la gente occidental. -Establece comparaciones entre el estiércol podrido de cuadra que -empleamos en nuestros campos y la materia preferida por él, no pudiendo -comprender por qué razón los detritus de las personas deben ser más -repugnantes que los proporcionados por los animales, y acaba -compadeciéndonos, como si fuésemos unos niños incoherentes y -caprichosos. - -Como el abono humano es el más apreciado de todos, el acto de producirlo -no representa algo vergonzoso é inmundo, como en nuestros países, -desarrollándose públicamente con la mayor tranquilidad. Dentro de Pekín, -la policía de la República vela por dar á la capital una disciplina -europea, y no permite en las calles principales estos desahogos á lo -chino, tan apreciados por la agricultura. Pero al pasar en _ricsha_ ó -automóvil por las vías apartadas ó por las afueras, siempre se encuentra -algún chino en cuclillas, con un pedazo de diario en la mano, cuya -lectura no le interesa, y que sonríe al transeunte sin cambiar de -postura. Algunas veces no está solo, y á continuación de él se extiende -una larga fila de compatriotas con el mismo encogimiento y no menor -tranquilidad. - -Todo agricultor se preocupa de instalar en sus campos una letrina cerca -del camino para que la use el viandante. Escoge para esto el lugar más -agradable: la sombra de un árbol frondoso, un grupo de arbustos -floridos. Hasta hay quien afirma que los más letrados colocan en dichos -lugares carteles con versos, rogando al transeunte que haga alto y deje -su recuerdo. - -Pero yo no los he visto. - - - - -VI - -LA CIUDAD PROHIBIDA - - Los mares y las montañas de los jardines imperiales.--La «Montaña - del Carbón».--El árbol sentenciado á cadena perpetua por lesa - majestad.--Los guardianes de la República.--Los grandes patios de - mármol y sus ríos.--Los tesoros del Hijo del Cielo.--Las - recepciones solemnes en la Sala de la Gran Reunión.--Todo Pekín - visto desde el trono.--Los dueños alados y definitivos de la Ciudad - Prohibida.--Robos de las tropas civilizadoras.--Un museo formado - con lo que dejaron ó lo que devolvieron.--La ironía de los - chinos.--«Nosotros los salvajes.» - - -Antes de 1911, fecha de la caída del régimen imperial, el europeo -llegado á Pekín sólo podía ver el templo del Cielo y de la Agricultura, -con sus vastos parques. La Ciudad Prohibida estaba cerrada para él, é -igualmente muchos templos antiguos que eran al mismo tiempo boncerías -habitadas por monjes fanáticos. - -La República ha abierto todas las residencias imperiales, y desde hace -catorce años un nuevo Pekín se ofrece á la curiosidad de los viajeros. -La llamada Ciudad Prohibida puede ser visitada á todas horas en los tres -diferentes recintos que la componen. - -El primero lo designó siempre el pueblo con el nombre de Ciudad -Amarilla, á causa del color de las tejas barnizadas que cubren sus -techos. En ella estaban los ministerios y otros centros de la vida -oficial, pudiendo ser visitada por los extranjeros de distinción. El -segundo recinto era la Ciudad Roja, llamada así por el color de sus -muros. Nadie pasaba sus puertas si no pertenecía á la corte del Hijo del -Cielo. En sus construcciones más avanzadas vivían los soldados de la -Guardia del emperador y sus cortesanos. El tercer núcleo, ó sea el lugar -central y misterioso donde estaban las habitaciones del soberano y su -familia, se llamaba la Ciudad Violeta, también por el color de sus -techumbres. - -Pocos entraban en la Ciudad Violeta. Los mandarines importantes y los -embajadores recibidos por el Hijo del Cielo no iban más allá de los -patios majestuosos de la Ciudad Roja. Aun en el presente continúa siendo -inaccesible la Ciudad Violeta, por estar reservada una parte de ella -para el joven emperador sin corona, que sigue llevando, cerca del -presidente de la República, una existencia misteriosa. - -Así como los antiguos viajeros quedaban admirados ante los grandes -parques existentes dentro de la ciudad amurallada de Pekín, se siente -asombro ahora viendo los jardines de la Ciudad Prohibida. Se cree vivir -en pleno campo al contemplar arboledas que parecen interminables; -montañas cubiertas de palacios y pagodas con techos superpuestos y -cornudos, de cuyos aleros penden campanillas de sonoros -estremecimientos; lagos por los que navegan sampanes con proas de dragón -y cámaras doradas de techo redondo. Y estos vastos jardines están en el -interior de un recinto fortificado; los guardan murallas, invisibles -desde aquí, pero que se extienden kilómetros y kilómetros. - -Los emperadores chinos y los mandarines opulentos consideraron un jardín -como el más precioso adorno de toda vivienda rica, reproduciendo en su -frondosidad las bellezas naturales con arreglo á un gusto pueril y -extremadamente minucioso, mas no por esto indigno de consideración. -Visitando esta Ciudad Prohibida, tan grande como algunas capitales de -Europa y que sirvió de simple vivienda á un solo hombre, se puede -apreciar cuán necesario es para la vida humana el contacto con la -Naturaleza. Estos monarcas absolutos, que durante largos siglos -dominaron la mayor parte del mundo asiático y por exigencias de la -etiqueta debían mantenerse aislados de su pueblo, reprodujeron en el -interior de su ciudad-palacio los esplendores del campo, ya que no -podían ir á contemplarlos como simples viajeros. - -Ahora los jardines imperiales están olvidados. La República no puede -mantener un ejército de miles de jardineros como lo hacían los Hijos del -Cielo, derrochadores de tesoros. Pero á pesar de su abandono creciente y -la tristeza de las tardes invernales, aún ofrecen un aspecto de -melancólica majestad. - -Los lagos son varios y enormes, con islas y penínsulas cubiertas de -arboleda. Como los chinos de Pekín vivían y morían lejos del Océano, no -vieron obstáculo alguno en llamar enfáticamente «mares» á estas -extensiones acuáticas, y todavía conservan dicho título. Dentro de la -Ciudad Prohibida se encuentran el Mar de Enmedio, el Mar del Norte, el -Mar de las Cañas, y otros. - -No bastando á los emperadores abrir mares en el suelo de sus jardines, -elevaron igualmente montañas. Pekín está asentado en una llanura -polvorienta, y sólo al perder de vista la capital empiezan á columbrarse -las estribaciones de una cordillera. Pero los jardines de la Ciudad -Prohibida tienen montañas que ostentan en sus cumbres palacios y -templos, siendo la más famosa de ellas la llamada _Mee-Chaen_ (Montaña -del Carbón). - -Según cuentan, debe su título á que cierto emperador, durante una de las -remotas guerras civiles, hizo previsoramente enormes acopios de carbón, -temiendo un asedio de sus enemigos. La gigantesca masa de combustible -quedó en el olvido, los huracanes polvorientos que soplan sobre la -planicie pekinesa la fueron cubriendo de tierra, y acabó por convertirse -en una colina de rudas pendientes. Luego, los emperadores, despreciando -por innecesario el contenido de la montaña artificial, cubrieron sus -laderas con jardines, y durante varios siglos fué un lugar predilecto -dentro de este mundo cerrado y majestuoso. - -Hoy la Montaña del Carbón está abandonada. En sus caminos sólo se ven -boncerías desiertas ó palacios que habitaron los mandarines favoritos y -caen ahora poco a poco en escombros. Entre estos edificios crecen -bosques de lilas y extienden su venerable ramaje los cedros centenarios. -Bandas de pájaros saltarines animan con sus voces una soledad verde que -dura de sol á sol. - -No creo, sin embargo, que estas avenidas en pendiente se viesen más -frecuentadas en los buenos tiempos del Imperio. El chino rico gusta de -los jardines para verlos desde una ventana; rara vez pasea por ellos, -los aprecia como un deleite de los ojos. Los mandarines del pasado -únicamente debieron subir en palanquín los caminos ásperos de la Montaña -del Carbón para llegar á su cumbre y sentarse en la torre que la corona, -contemplando desde sus miradores todo el ámbito de una ciudad que sólo -de tarde en tarde podían visitar á causa de sus deberes palaciegos. - -En el centro del Mar de Enmedio ó de los Lotos, sobre una colina -artificial con bosques y palacios, está el famoso árbol encadenado. - -Cuando los emperadores manchures, hace dos siglos y medio, destronaron á -la dinastía de los Ming, apoderándose de Pekín, el último de los Ming no -quiso sobrevivir á tal vergüenza y se ahorcó de una rama de dicho -árbol. A los nuevos emperadores les convenía mantener intacto el -prestigio de su investidura, la inviolabilidad religiosa de sus -personas, y ordenaron el procesamiento del árbol por haber prestado sus -ramas para esta acción sacrílega, condenándolo á prisión perpetua como -reo de lesa majestad. El árbol hace muchos años que está seco, pero aún -se mantiene erguido, negro y leñoso, en medio de una vegetación que goza -de plena libertad, teniendo enroscadas á su tronco y sus brazos -numerosas cadenas manchadas de herrumbre. - -Sobre los canales con riberas de piedra que llevan el agua de un «mar» á -otro, se lanzan las curvas de los puentes de mármol. En otros sitios -ponen en comunicación el jardín con las islas. El arqueamiento exagerado -de estos puentes resulta penoso para los pies occidentales. Uno de -ellos, á pesar de su magnificencia, recibe el apodo de «El Jorobado» por -la altura de su curva. El tiempo y el abandono han desgastado además los -pequeños escalones de su doble pendiente, haciendo aún más difícil su -tránsito. Pero los personajes chinos iban calzados con ligeras -zapatillas de fieltro, que les permitían ajustar sus plantas á las -sinuosidades del suelo, ascendiendo por ellas mejor que nosotros. Ya -dije también cómo el monarca, con sus ligeras sandalias de pergamino, -subía ritualmente las escalinatas por el «sendero imperial», que no -siempre era camino fácil. - -Actualmente los jardines de la Ciudad Prohibida no tienen otros -guardianes que hombres del ejército. Al licenciar la República el -personal enorme mantenido por los emperadores en sus palacios, lo suplió -con soldados de línea. Como el ejército es muy numeroso en este país -extraordinariamente poblado y gusta más de vivir tranquilo que de -ejercicios y maniobras, una gran parte de la guarnición de Pekín se -halla dedicada á la vigilancia de los edificios públicos. - -En todos los kioscos se encuentran soldados y fusiles. Sobre las riberas -marmóreas de los lagos circulan patrullas con el arma al hombro. Junto á -los puentes de atrevida curva hay militares que se apresuran a ofrecer -una mano á los viajeros, ayudándolos á pasar sobre el lomo resbaladizo -de mármol, en espera de una propina ó un simple cigarrillo. Si no -reciben nada, no por ello dejan de sonreir y hacer cortesías. Estos -mocetones, procedentes de las provincias del Norte, campesinos de buen -humor que la República ha convertido en soldados, parecen más grandes de -lo que son en realidad á causa de sus trajes de invierno, acolchados -interiormente. Los forros de algodón en rama los hacen extremadamente -obesos. Hay nieve en los rincones sombríos de la arboleda, flotan sobre -los lagos anchas placas de helado cristal, pero como luce el sol, estos -guerreros han dejado sueltas las orejeras de piel de sus gorras. Cuando -pasa un destacamento se ve sobre las cabezas de sus hombres y por debajo -de las hileras de bayonetas cómo se balancean al compás de la marcha los -pares de orejas erguidas. - -Por encima de las murallas de la Ciudad Roja espejean las techumbres de -los palacios imperiales, todas con tejas de laca amarilla, color que -únicamente podía usar el Hijo del Cielo. Una sucesión de nueve patios -enormes (siempre el número simbólico), en torno á los cuales corre una -cuádruple fila de edificios, forma el núcleo de la Ciudad Prohibida. -Estos patios se comunican á través de portadas, sobre mesetas de mármol -que tienen por ambos lados amplios graderíos. Las portadas también son -de mármol y constan de tres puertas, estando reservada la del centro -para el emperador y las otras para los mandarines, según su categoría. -Sobre cada una de aquéllas existe un pabellón de madera laqueada y -dorada, con techo amarillo, cuyos aleros se encorvan en los ángulos. - -Estos patios, orientados con arreglo á los puntos cardinales, tienen al -Sur y al Norte las portadas de acceso, á ambos lados de ellas los -salones más importantes, y al Este y al Oeste galerías, detrás de las -cuales existen almacenes, dormitorios y cuadras. En torno al primer -patio vivían los funcionarios palaciegos más modestos y los jefes de la -Guardia imperial. Hay que advertir que la Ciudad Prohibida contaba -siempre con una guarnición de 15.000 infantes y 5.000 jinetes. - -Todos los nueve patios tienen pavimento de mármol, y por su centro corre -un río atravesado por tres ó cinco puentes. Su extensión es tan enorme -que el hombre parece perdido en ella, achicándose con una modestia -lamentable cuando se aleja á uno de sus extremos. Para cortar la -monotonía de estas llanuras rectangulares, embaldosadas de blanco y -cerradas por ostentosos edificios, se alzan en ellas grandes pedestales -sustentando leones chinescos, de ojos saltones como bolas, dentadura de -cocodrilo y melena de perro. Otras veces sostienen cigüeñas de bronce ó -vasos que parecen campanas olvidadas. - -El segundo patio, el más enorme de todos, guarda en su fondo la sala -imperial. Dentro de ella recibía el Hijo del Cielo á los embajadores y -los príncipes feudatarios. En las galerías del Este y del Oeste estaban -los almacenes de las cosas preciosas de su pertenencia particular, -vastos salones que muchas veces no podían contener los tesoros del -celeste emperador, dueño absoluto de un país más grande que Europa. - -Uno de los edificios guardaba los vasos de bronce y diversas obras de -metal hechas por los artífices de Pekín ó regaladas por los gobernadores -de las provincias. Otro contenía las peleterías preciosas enviadas por -los cazadores de las provincias limítrofes con Siberia. El enorme -Imperio chino abarcaba todos los climas y poseía todas las faunas, desde -el oso de las llanuras de hielo á la pantera y el tigre de los arrozales -cercanos á los mares del Sur. - -En un tercer depósito se almacenaban las vestiduras de honor que el Hijo -del Cielo regalaba como si fuesen condecoraciones á los funcionarios -dignos de tal recompensa: gabanes de seda, con forros de zorro azul, de -cibelina, de armiño. Otra sala contenía las piedras sin montar del -tesoro imperial, diamantes, amatistas, esmeraldas, mármoles raros, jade -de un verde tierno que parece vivir ó veteado de oro, perlas finas -pescadas por los súbditos de las provincias meridionales. El ropero -imperial ocupaba un edificio de dos pisos, con armarios y cofres -repletos de maravillosas vestimentas, ligeras y coloreadas como flores. -En un sexto depósito estaban las armas, ricas y célebres, tomadas al -enemigo, y otras ofrecidas por los embajadores de los monarcas -tributarios. - -Creo oportuno recordar cómo fué en otras épocas el poder de los -emperadores chinos. Nos hemos habituado tanto en los últimos tiempos á -ver subyugado este país á las exigencias abusivas y crueles de las -naciones europeas y de los japoneses, que apenas si nos damos cuenta de -que el Hijo del Cielo vivió durante siglos y siglos, dentro del mundo -asiático, más poderoso y obedecido que ningún monarca lo fué en -Occidente. No había pueblo del viejo mundo que no reconociese su -autoridad y temiera sus ejércitos innumerables. El Japón fué el único -que se libró de tal vasallaje, por su posición insular y por los -caprichos oceánicos que destruyeron todas las flotas chinas llegadas á -sus costas. El cruel Timur, ó sea el famoso Tamerlán, terror y azote de -tantos pueblos, se declaró feudatario del Gran Kan residente en Pekín. - -Hay que imaginarse el aspecto de este segundo patio en días de gran -recepción. Se abre en su parte Norte lo que puede llamarse sala del -trono y que los chinos titulan _Tacho-Tien_ (Sala de la Gran Reunión). -En el centro de ella colocaban el asiento del emperador, quedando las -cuatro patas de dicho mueble á ambos lados del eje que divide por mitad -á Pekín. Si abrían la puerta central del pabellón Sur, y sucesivamente -las portadas de la Ciudad Roja, de la Amarilla y de la Tártara--todas -colocadas exactamente en la misma línea--, el Hijo del Cielo, sin -moverse de su asiento, podía extender sus miradas hasta el extremo Sur -de Pekín, á través de toda la Ciudad China, en una extensión -longitudinal de muchos kilómetros, viendo como un hormiguero la remota -actividad de las muchedumbres circulando por la calle de Enfrente. - -A la meseta de mármol que sustenta la Sala de la Gran Reunión se sube -por cinco escalinatas que dan á otras tantas terrazas con balaustradas -de maravillosa labor. El mármol ha sido trabajado como algo dúctil que -adquiriese rápida forma bajo los dedos. Cigüeñas y dragones parecen -correr entre los encajes marmóreos. Los siglos han dado á la preciosa -piedra un color amarillo de miel. - -Las puertas de esta sala imperial son de laca roja y de oro, con menudos -dragones deslizándose entre ramajes complicados. También son de rojo y -de oro las grandes columnas, y estos dos colores imperiales se repiten -en el adorno de los muros, dando á todo el salón una visualidad que hace -recordar las tintas de la bandera española agitada por el viento. - -Sobre pedestales quebrados por los golpes más que por los siglos, se -ven unos vasos maravillosos de bronce verde, con adornos de oro pálido -profundamente rayado. Fueron soldados japoneses los que en 1900 rascaron -con sus cuchillos-bayonetas esta capa de oro, para llevarse el precioso -polvo. Tal rapiña no resultó un acto extraordinario. Las tropas europeas -llegadas á Pekín en la misma expedición contra los boxers mostraron -igual conducta. Lo admirable de estas vasijas gigantescas, desfiguradas -por la rapacidad de los invasores, es su timbre sonoro. Basta dar en -ellas con los nudillos para que salga de sus entrañas una vibración -misteriosa y ultraterrena, un eco que hace recordar las melodías -planetarias imaginadas por los pitagóricos. - -Todo el salón es de madera, paredes y columnas, pero con numerosas capas -de laca roja, dorada ó de bronce verdoso, que imitan los tonos de los -metales y las piedras preciosas, dando además á dichos colores la -frescura eterna de su barniz, en cuyo brillo no logran morder los años. - -El canal que atraviesa este segundo patio es profundo como un río. Cinco -puentes de mármol lo atraviesan, para que en otros tiempos pudiesen -pasar á la vez los imponentes cortejos del Hijo del Cielo. Sobre las -cinco mesetas de mármol que se escalonan hasta la Sala de la Gran -Reunión se mantenían derechos miles de mandarines durante el curso de la -ceremonia imperial. - -En este patio, donde podrían desplegarse cómodamente varios batallones -europeos, formaban los destacamentos de las Ocho Banderas en que estaba -dividido el ejército chino, con sus corazas multicolores, sus yelmos -metálicos en forma de sombrilla, sus lanzas rematadas por anchos -alfanjes, sus mosquetes que tenían por culatas cabezas de dragón, sus -vestimentas de tinte anaranjado ó azul. Sobre el bosque brillante de las -armas ondeaban las Ocho Banderas, emblemas de las antiguas tribus -manchures, amarilla, blanca, roja, azul ó con diversas combinaciones de -estos cuatro colores. En el fondo, ocupando un lugar secundario y -modesto, formaban las tropas de la Bandera Verde, las más numerosas y -plebeyas, que mantenían el orden en las provincias del Imperio, haciendo -oficio de gendarmería. - -Hoy, todas las explanadas de mármol de la Ciudad Imperial, majestuosas y -enormes, como no las tiene ningún palacio de la tierra, están -solitarias. De tarde en tarde, cual si fuesen hormigas, se deslizan por -sus llanuras cuadrangulares y blancas algunos pequeños grupos de -soldados ó de curiosos. Sus verdaderos habitantes de ahora vuelan y -viven en los aleros. - -Los adornos salientes de los edificios tienen un color blancuzco, á -causa de la capa de fenta depositada por los palomos. Éstos deshonran -igualmente con sus residuos las terrazas de mármol y las imágenes de -leones, tortugas y cigüeñas de verdoso bronce erguidas sobre pedestales. -Unos cuervos pequeños y de graciosos movimientos revolotean en los -patios ó se posan en los filos de las techumbres, alterando con sus -voces el silencio de la gran ruina. Gritan como niños asustados; otras -veces parecen burlarse de los que entran y salen en este palacio de -inusitadas proporciones, que ellos poseen ahora absolutamente. En -realidad, los personajes soberbios de la Historia, al construir -monumentos que se imaginan inmortales, trabajan para el cuervo, la -araña, el lagarto y la hiedra, sus herederos forzosos. - -En los edificios de otros patios ha improvisado la República china un -museo con lo que se pudo salvar de la rapacidad de las tropas -civilizadas cuando vinieron en 1900 á socorrer á los sitiados del barrio -de las Legaciones y á dispersar á los boxers. Dichas salas ofrecen un -aspecto poco ordenado, pero su magnificencia deslumbra y llega á fatigar -los ojos. Mejor que museo debía titularse lo que se guarda en ellas -«Colección de riquezas nacionales que no pudieron robar los -representantes de la civilización occidental». - -Sus porcelanas son de valor inestimable, piezas antiquísimas que parecen -fabricadas por manos superiores á las del hombre. Se ven en las vitrinas -lujosos muebles con todos los caprichos de la curva escamosa del dragón, -tallados en ricas maderas; tronos de oro; corazas con incrustaciones de -pedrería; árboles cuyas hojas y troncos están hechos con valvas de -madreperla; armas cinceladas como joyas; trajes de ceremonia con bestias -heráldicas de grueso realce; cetros de oro y cristal de roca; esmaltes -de tan enormes proporciones que resulta inexplicable su producción; -cascos y sombreros cubiertos enteramente de perlas, cual si hubiese -caído sobre ellos un rocío celeste. - -Muchos de estos objetos los ocultaron chinos fieles á la dinastía, -cuando llegó la expedición de los países civilizadores, devolviéndolos -luego al gobierno. Otros fueron robados por las tropas invasoras, y las -comisiones encargadas de remediar tales delitos consiguieron -rescatarlos. ¡Pero desaparecieron tantas riquezas!... ¡Fueron tan -numerosos los robos!... - -Cada vez que nos muestran un objeto precioso estúpidamente destrozado, -los guardianes del museo se limitan á decir: - ---Esto lo hicieron las tropas de las naciones civilizadas. - -Y sonríen con una amabilidad irónica. - -El pueblo chino ha cometido crueldades, como todos los pueblos de la -tierra, pero muchas menos que las imaginadas por la ignorancia -occidental. La culpa remota de este error la tienen los sacerdotes -budistas, que tanto aquí como en el Japón han hecho circular durante -varios siglos estampas horripilantes representando cuantos tormentos -sufren en la otra vida los que mueren en pecado. Son casi iguales á las -estampas del infierno y de sus suplicios que existen en los países -católicos. - -Muchos viajeros, al ver estas escenas del infierno budista, las creyeron -una fiel representación de tormentos complicados y monstruosos que -aplicaban antiguamente chinos y japoneses. Nada más falso. En China han -existido la muerte á palos y la decapitación, como en casi todos los -países de la tierra. Durante las revueltas populares y las guerras -civiles abundaron refinadas ejecuciones y matanzas, aunque tal vez menos -que en ciertos países de Europa y América. Sus piratas y sus bandidos de -tierra firme no fueron peores que los de otras partes. - -En cambio, la expedición civilizadora contra los boxers abundó en -episodios inauditos. Un soldado procedente de uno de los países más -cultos de Europa, al pasar con varios camaradas por una de las calles de -Pekín, vió en la puerta de su tienda á un mercader extremadamente gordo, -con esa obesidad monstruosa producto de una vida sedentaria, lenta y -pacífica. - ---Me interesa saber--dijo--lo que ese chino tiene en el vientre. - -Y de un bayonetazo le rajó el abdomen, echando afuera sus tripas. - -Estos chinos que parecen cansados y hasta apolillados, después de -cincuenta siglos de civilización á su modo, hablan con ironía del estado -que ocupan en el mundo moderno. - -«Nosotros los salvajes», dicen con burlona modestia. Y añaden poco -después: «Los blancos, que nos hacen el favor de querer -civilizarnos...» - -Hemos mencionado ligeramente algo de lo ocurrido durante la última -entrada en Pekín de las tropas civilizadoras. En otra expedición militar -emprendida en tiempos de Napoleón III por un ejército de ingleses y -franceses, el robo de los palacios imperiales resultó inaudito. Casi -todas las riquezas de arte chino existentes en Europa datan de aquella -invasión de bandidos civilizados. - -Además, la artillería de las citadas tropas se instaló en el primitivo -Palacio de Verano, cerca de Pekín, y la explosión intencionada ó casual -de su depósito de pólvora hizo desaparecer instantáneamente este -monumento célebre del arte chino. - -Otra intervención anterior de Inglaterra, en la primera mitad del siglo -XIX, que la permitió adueñarse de Hong-Kong, aún fué más vergonzosa. Los -gobernantes chinos, para librar á su pueblo del envilecimiento del opio, -prohibieron el consumo de dicha droga. Los ingleses siguieron entrándola -de contrabando, porque así convenía á su comercio, y como el virrey de -Cantón embargase varios cargamentos, echándolos al agua, la piadosa y -liberal Inglaterra envió sus batallones y sus navíos contra el gobierno -del Hijo del Cielo para defender una vez más la civilización... y la -venta del opio. - ---Nosotros los salvajes--repiten sonriendo los chinos. - -Saben que su enorme y viejo país, rutinario y fatigado como todos los -pueblos extremadamente antiguos, dió al mundo la brújula, la imprenta, -la pólvora, la porcelana y los principios fundamentales de la -agricultura científica. - - - - -VII - -EL PALACIO DE VERANO - - La retratista de la emperatriz.--La mentalidad de una soberana - china.--Los hermosos camellos de Pekín.--Las murallas de la capital - y su antigua artillería.--Maravillas del Palacio de Verano.--El - «lago-mar».--El famoso Navío de Mármol.--Un puerto de comercio - improvisado, para que el Hijo del Cielo se disfrazase de - vagabundo.--Robo de dos azulejos.--El feliz «triángulo» - imperial.--El joven ex emperador y el presidente de la República. - - -Miss Catalina Carl es una pintora notable de los Estados Unidos y la -única dama de raza blanca que vivió en los palacios imperiales de la -China. - -En 1905, estando en Shanghai, fué llamada á Pekín por la Legación -norteamericana. La emperatriz regente, que vivía como ciertas reinas -famosas de otras épocas, gobernando á su modo el vastísimo Imperio y -haciendo frente á las ambiciones de las potencias occidentales, sentía -repentinamente deseos de imitar la existencia de los remotos soberanos -de Europa. Pero tales deseos no eran más que movimientos de curiosidad, -retrogradando en seguida á sus antiguas costumbres. Esta emperatriz, que -fué verdaderamente el último soberano chino--la República se proclamó -tres años después de su muerte--, quiso que la retratase un artista -blanco, y al saber que una pintora célebre viajaba por sus Estados, -aprovechó la ocasión, prefiriendo servir de modelo á una mujer. - -La citada artista ha escrito un libro interesante sobre su vida -palaciega y además me relató nuevas anécdotas durante mi permanencia en -Pekín. Era la emperatriz una manchur de carácter enérgico, que ejercía -con verdadera vocación sus funciones de gobernante. Teniendo que dirigir -los destinos de un territorio enorme como un continente, con una -población de cuatrocientos á quinientos millones de seres, se equivocó -muchas veces; pero un hombre de talento, obligado á desempeñar una -autoridad tan variada y extensa, tal vez habría cometido los mismos -errores. - -En su tiempo ocurrió la revolución de los boxers. Mirada del lado -europeo, esta revolución resulta un alzamiento horripilante por sus -crueldades. Examinada desde el punto de vista chino, fué una protesta -nacionalista, una explosión de odio contra los extranjeros, dominadores -del país. Por esto la figura de la última soberana resulta confusa y -contradictoria. Algunos la creen una emperatriz mesalinesca, con los -defectos de Catalina de Rusia. Otros la admiran como una gran patriota. -Miss Carl sólo guarda de ella excelentes recuerdos y se enternece al -relatar sus bondades. - -Esta reina, poseedora de más súbditos y territorios que ningún soberano -de Europa, recibió á la artista californiana con una afabilidad -burguesa, sin aparato alguno. Al saber que era huérfana, le dijo: - ---Yo seré tu madre. No te preocupes de tu porvenir. Corre á mi cargo -hacerte feliz. - -Y la instaló en uno de sus palacios, con un mayordomo que capitaneaba á -trescientos domésticos. En el Extremo Oriente la importancia de los -personajes se mide por el número de criados, y nadie sabe hasta dónde -puede llegar la cantidad de éstos, teniendo en cuenta las divisiones del -servicio. Uno está encargado solamente de los platos, otro de las -copas, cada lecho de la casa tiene un sirviente especial, etc. - -Después que la pintora tomó posesión de su palacio y pasó revista á su -batallón de servidores, aún tuvo que esperar varios meses para dar -principio á su obra. Hacer un retrato de la emperatriz de la China era -negocio de Estado, digno de largos estudios y lentas discusiones. -Primeramente una comisión de astrólogos levantó el horóscopo de miss -Carl para saber si su espíritu era compatible con el de la sagrada -emperatriz, ó iba á causarle graves daños al ponerse en contacto con -ella. Cuando al fin reconocieron los sabios que podía aproximarse á la -soberana sin peligro alguno, los geomantes del palacio entraron en -funciones para decidir qué edificio sería el más á propósito para el -trabajo de la artista. Y después de encontrado el sitio, hubo que hacer -nuevos estudios, fijando el día y la hora favorables para dar la primera -pincelada. - -Tan satisfecha quedó la emperatriz de miss Carl, que años después le -pidió que hiciese un segundo retrato de ella. Estas dos obras adornan -los salones más grandes del Palacio de Verano. La soberana aparece en -ambos lienzos ocupando un trono, con el traje femenino de la dinastía -manchur. Va cubierta de joyas lo mismo que un ídolo; tiene los pies -pequeños naturalmente, sin la deformación tradicional de las antiguas -chinas; su tocado se levanta y se abre sobre la frente como una -canastilla de flores. - -Mientras era pintada por su retratista, iba haciéndola preguntas, con -una curiosidad de niña, sobre el modo de vivir las mujeres en los países -de raza blanca. - -La etiqueta china no le había permitido ver nunca las calles de Pekín. -Gobernaba su vastísimo Imperio sin haber visitado ninguna de sus -ciudades. Todo lo sabía de oídas, según se lo habían contado sus -mandarines. Cuando atravesaba la capital una vez al año para ir al -Templo del Cielo con el joven emperador, ó al trasladarse desde su -residencia de invierno en Pekín al Palacio de Verano, no le era posible -ver á su pueblo. Calles y caminos quedaban desiertos desde un día antes. -Los chinos sabían que era delito, pagado con la cabeza, todo intento de -conocer á sus soberanos. La emperatriz, seguida de su brillante séquito, -pasaba como un fantasma por estas calles muertas, y para que su tránsito -resultase aún más irreal, servidores palaciegos ocultos en tejados y -árboles dejaban caer una lluvia de pétalos rojos y amarillos, colores -emblemáticos de la dinastía, como un homenaje celeste. - -Para esta dueña absoluta de quinientos millones de seres humanos, la -mayor diversión era asomarse con disimulo á una ventana, en las horas -matinales, viendo á los pobres servidores de sus cocinas que traían á -cuestas sacos ó cestos de comestibles. Así podía conocer otras gentes -que los personajes de su corte. Poco después, la tradición y el orgullo -dinástico renacían en su interior, haciéndole incomprensible la vida -ordinaria de las soberanas europeas. - -Mostraba una simpatía instintiva y una admiración «de clase» por la -reina Victoria de la Gran Bretaña. Se había enterado por sus ministros y -por los diplomáticos de la existencia de esta emperatriz, semejante á -ella, que gobernaba la otra vertiente del mundo. - -En el fondo de su alma china se creía superior á su colega. Los sabios -del país, herederos de cinco mil años de ciencia, le habían enseñado que -el Imperio de Enmedio ocupa el vértice de la tierra, mientras la pobre -Europa se mantiene agarrada, con grandes esfuerzos, á uno de sus lados. -Pero de todos modos, Victoria resultaba la única mujer que podía -compararse con su persona celeste en el mundo de los blancos. Propiedad -de ella eran las islas flotantes que marchan por los mares arrojando -humo; también le pertenecía una parte del Asia, la India, el país más -poblado después de la China, y la Hija del Cielo no podía comprender -cómo tan gran señora salía á pie por unas calles donde marcha todo el -mundo y viajaba sin largo séquito, lo mismo que una tendera de Pekín. - ---¿Tú crees que verdaderamente vive así?--preguntaba á su retratista--. -¿No me habrán engañado? - -Miss Carl tiene la bondad de acompañarme á los lugares cerrados y -maravillosos donde vivió algunos años cerca de la emperatriz regente: al -Palacio de Verano, retiro favorito de ésta. Desde la caída del Imperio -ha vuelto pocas veces á este paraíso regio. Le infunde una tristeza -profunda ver con aspecto de próximas ruinas los palacios y los jardines -que ningún blanco visitó antes de ella. - -Vamos á pasar un día entero en el Palacio de Verano, y aun así nos -faltará tiempo para conocer todos sus valles y montañas, abundantes en -alcázares y pagodas; para viajar--ésta es la palabra exacta--por las -cuatro orillas de mármol de su lago. - -Esta artista experimentó tan hondamente la atracción de la vida china, -que no ha querido marcharse de Pekín, á pesar de haber desaparecido casi -todos los personajes del tiempo del Imperio, y habita en el nuevo barrio -europeo que ha ido formándose junto al antiguo de las Legaciones. - -Seguimos en automóvil la larga avenida de la Paz Perpetua y otras calles -no menos anchas de la Ciudad Tártara. Vemos algunos mercados, -rebullentes de muchedumbre á esta hora matinal. En las cercanías del -llamado del Carbón abundan las caravanas de camellos. Todos los -artistas que han pintado escenas de Pekín colocan invariablemente junto -á sus murallas una fila de camellos, y este detalle, que parece -rebuscado adorno, no es más que copia exacta de la realidad. Siempre -tuve que detener mi automóvil en las puertas de Pekín para dejar paso á -estas escuadras de navíos terrestres, que avanzan moviendo la cabeza -como una proa y balanceando sus costados. - -El camello de aquí no es el de África, pelado, calloso y de una delgadez -que marca la osamenta bajo la piel, como si fuese á rasgarla con sus -aristas. Las caravanas chinas están compuestas de camellos gallardos y -majestuosos. Se mueven de un modo rítmico, sus ojos abultados tienen una -expresión inteligente; además ostentan el regio adorno de sus lanas -rojizas, semejantes á las melenas del león. Estas lanas les caen por -ambos lados como una gualdrapa y se extienden piernas abajo en forma de -pantalones. - -Por el interior de la ciudad marchan en fila y atados, para que no -entorpezcan la circulación. Cada uno lleva la cuerda de su bozal sujeta -á la cola del compañero que le precede. En las cercanías de los -mercados, al verse libres de sus cargas, doblan las patas y quedan -inmóviles sobre las aceras, mientras los camelleros venden sus -mercancías. - -Sopla el viento mongólico de una mañana invernal. Los charcos de las -avenidas están helados. En los rincones, adonde no llega el sol, hay -montones de nieve. Los camellos, con sus cuatro patas ocultas, parecen -sobre la acera montones de lana rojiza, de los que surgen sus cuellos de -reptil antediluviano y lanzan por sus narices curvas dos chorros de -vapor. - -Atravesamos una de las puertas de Pekín. Todas ellas están rematadas por -castillos de vetustas techumbres. Los colores de sus muros se hallan -tan modificados por el tiempo, que es imposible darles una clasificación -dentro de la gama conocida. - -La antigua muralla de Pekín es la fortificación más grandiosa y más -inútil que puede encontrarse en el mundo entero. Su anchura va más allá -de las proporciones conocidas. En realidad se compone de dos murallas, -habiendo rellenado los antiguos constructores, con tierra y escombros, -el espacio abierto entre ambas. A causa de esto, las puertas son -profundas como túneles, y no obstante su altura parecen agujeros de -ratonera por su extremada longitud. Al pasarlas se encuentra una nueva -muralla en forma de media luna, una plaza de armas en la que puede -formar desahogadamente un batallón, y otro castillo para que los -asaltantes, después de haber tomado la primera puerta, encuentren el -obstáculo de una segunda. Sin embargo, las fortificaciones de Pekín no -sostuvieron jamás ningún sitio heroico y los invasores las atravesaron -con facilidad. - -En los castillos de aleros cornudos que coronan estas puertas hay -grandes troneras para la artillería, pero hace más de cien años que no -se ha asomado á ellas la boca de un cañón. Los basamentos de las -baterías superiores son de madera y están casi pulverizados por la -carcoma. Además, la antigua artillería china necesitaba para funcionar -unas plataformas extraordinariamente macizas. Este pueblo de admirables -fundidores, que fabricó Budas colosales cuando en Europa no sabían ir -los broncistas más allá de las dimensiones humanas, produjo cañones tan -grandes como las piezas recientes de la artillería moderna. Su tiro era -incierto y corto, pero en cambio sus bocas imitaban fauces horribles de -dragón, gargantas de monstruos quiméricos, para infundir pánico á los -enemigos. - -Nuestro automóvil corre por los suburbios de Pekín y se lanza luego á -través de la campiña. El Palacio de Verano está á veinte kilómetros, en -un lugar que los emperadores modificaron á su gusto para hacer surgir de -él un paraíso, como Luis XIV hizo brotar de áridas llanuras los jardines -de Versalles con sus fuentes y estanques. Pero la obra de los soberanos -chinos resulta más enorme en sus dimensiones que la del rey francés. -Fueron varios monarcas celestes los que se sucedieron en su ejecución. -Además, contaron con el trabajo disciplinado y tenaz de muchedumbres -incansables. - -Seguimos las riberas de un canal que va desde Pekín al Palacio de -Verano. Ahora este curso acuático está interrumpido en varios lugares. -Antes el Hijo del Cielo podía ir desde la Ciudad Violeta al Palacio de -Verano en barcas doradas, de las que tiraban grupos de servidores -caminando por la orilla. - -Paso un día entero en este palacio-jardín, que tiene varias leguas de -circuito. Como se halla lejos de la capital, sólo de tarde en tarde ve -llegar visitantes, y los soldados que lo guardan llevan una vida -campestre, como si viviesen destacados en un fortín de la frontera -tártara. Un ambiente melancólico de profunda paz envuelve esta obra -vastísima, destinada á unos soberanos de origen celeste cuya sucesión se -cortó para siempre. - -Vemos las salas de audiencia, la parte del Palacio de Verano que los -emperadores destinaban al mundo exterior. Aquí venían á turbar su vida -campestre ministros, embajadores ó virreyes de las provincias. En uno de -los salones, dos estatuas enormes de bronce, representando un fénix y un -dragón, se alzan sobre pedestales de jaspe con sus bocas abiertas. Según -me explica mi acompañante, que tantas veces pasó por estas habitaciones, -las dos bestias esparcían por sus fauces una nube invisible de perfume -mientras duraba la audiencia imperial. También vemos en patios y salones -grandes vasos de bronce, verdes y dorados, con una fauna enroscada de -monstruos escamosos. Estos recipientes contenían agua. Los chinos -consideran higiénico tener vasijas de agua en sus habitaciones, por -creer que este líquido purifica la atmósfera tragándose los miasmas. - -Más allá de las salas de recepción y antes de llegar á los edificios que -fueron las verdaderas residencias imperiales, está el teatro, patio -enorme encuadrado por palacios bajos de madera dorada y laqueada, sobre -plataformas de mármol. - -En el centro de dicho patio se levanta el escenario, edificio de tres -pisos. Los actores hablaban á gritos, pasando de un piso á otro, según -las exigencias escénicas. - -Miss Carl me describe las representaciones á que asistió muchas veces. -Duraban un día entero, y en los entreactos comía el público, servido por -el personal de las cocinas imperiales. Tres lados del patio estaban -ocupados por los funcionarios de la corte, los personajes invitados por -el emperador y los mandarines célebres por su sabiduría ó sus hazañas -guerreras. El lado restante era para las mujeres de la familia imperial -y su séquito de damas. Varios biombos colocados oportunamente las -permitían ver el escenario sin ser vistas á su vez por la concurrencia -masculina. - -Después del teatro vamos pasando al pie de una sucesión de colinas con -vertientes escalonadas, formando bancales. Estos peldaños tienen muros -de contención, hechos de azulejos, y fueron jardines. Ahora se muestran -cubiertos de hierbas parásitas, secas por el frío. En tiempo de los -emperadores estaban plantados de peonías, y cada una de dichas cumbres -era una pirámide de flores, sustentando en su cúspide un edificio rojo -y dorado, pagoda ó kiosko. - -Se abre de pronto el paisaje, se apartan bruscamente edificios, -columnatas y montañas. Una llanura blanca y azul se prolonga ante -nosotros. Es el famoso «mar» del Palacio de Verano, extensión acuática -que no tiene semejante en ningún jardín de la tierra. - -Los estanques de Versalles y otros parques famosos pierden su -importancia al compararse con esta magnificencia líquida. Para apoyar -tal afirmación baste decir que este lago, cuyos límites sólo se abarcan -desde una altura y que por única vez justifica la énfasis de los chinos -al llamarle «mar», tiene todas sus riberas enlosadas de mármol en una -extensión de kilómetros y kilómetros, con balaustradas también de -mármol, talladas como un mueble precioso. Es una riqueza aplastante--no -puede llamarse de otro modo--, y sin embargo la amplitud de la -perspectiva, el aire libre, el movimiento luminoso de las aguas, dan una -ligereza simpática á su solemne enormidad. - -Sobre una gran parte de estas riberas se extienden caminos cubiertos, -galerías de madera pintada, que parecen no tener fin. En sus techos hay -miles de paisajes representando los lugares más célebres de la China. -Por los frisos corren procesiones de animales con una variedad infinita. -Se adivina que esta obra ha costado muchos años, interviniendo en ella -numerosas huestes de pintores. Es un trabajo verdaderamente chino, de -aparente sencillez, que asombra y desorienta luego por su diversidad, -cuando se le examina detalle por detalle, acabando por fatigar al -observador. Paseando el Hijo del Cielo, durante años y años, por estas -galerías, llegaba á conocer, aunque fuese de un modo vago ó imperfecto, -la grandeza de sus Estados con su fauna y su flora, así como los -aspectos de sus ciudades. - -Ríos interiores parten del lago, serpenteando luego á través de los -jardines. Puentes de mármol de giba audaz se encorvan sobre sus orillas. -Todas las pequeñas montañas son artificiales, hechas á brazo por -multitudes innúmeras de trabajadores. Los palacios y templos de sus -cumbres tienen plataformas y balaustradas de mármol, paredes de -porcelana verde, blanca y azul, aleros de madera tallada con tejas de -amarillo oro--el color imperial--, y por el filo de sus ángulos avanzan -hileras de dragones y monos. - -Junto á la extensión acuática hay bosquecillos frondosos, de suaves -penumbras, y ante las escalinatas de los embarcaderos se alzan arcos -triunfales. Los puentes de mármol ponen en comunicación la orilla con -dorados kioscos para tomar el té. - -Todo el centro del lago es blanco y sólido, con rugosidades azuladas. El -invierno lo ha helado profundamente. Junto á las orillas la costra -glacial se ha roto, y el agua, libre, deja ver su verde profundidad, en -la que tiemblan las cabelleras de una sedosa vegetación. De vez en -cuando pasan, como relámpagos de púrpura y oro, peces chinos de largos -faldellines en su cola. Varios cisnes blancos, salidos no sé de dónde, -vienen á nuestro encuentro cortando el agua libre y frígida, con la -esperanza de que ofrezcamos algo á sus ávidos picos. Barcas doradas de -aspecto vetusto se balancean, como recuerdos del pasado, entre los -pequeños témpanos sueltos de la ribera. - -Un buque mucho mayor y completamente blanco atrae la atención del -visitante. Es el famoso Navío de Mármol. Esta isla en forma de -embarcación la hizo construir uno de los últimos emperadores, colocando -sobre su casco de mármol un palacio, también de la misma piedra. Un -puente une la orilla y el buque inmóvil. - -Los republicanos chinos explican el origen de este capricho de un -monarca que, á semejanza de casi todos sus iguales, nunca había visto el -Océano. En el pasado siglo necesitó la China realizar grandes esfuerzos -pecuniarios para crear una verdadera flota moderna, capaz de repeler las -ambiciones, cada vez más intolerables, de las potencias europeas y del -Japón. Cuando al fin se reunieron los fondos necesarios para construir -navíos de combate, el Hijo del Cielo empezó por dedicar una parte de -ellos á su marina del Palacio de Verano, y creó este buque de mármol. - -No intento comprobar la anécdota consultando á mi simpática acompañante. -Se muestra emocionada por los recuerdos que despierta en ella este -palacio. Guarda una memoria demasiado viva de las bondades de su -imperial modelo, para que pueda aceptar la citada explicación sobre el -origen del Navío de Mármol. - -Visitamos en lo alto de una montaña artificial el templo de los Diez Mil -Budas. Luego pasamos á otras cumbres ocupadas por nuevos palacios y -nuevas pagodas. En escalinatas y mesetas vamos encontrando soldados que -parecen enfermos de hidropesía, á causa de la hinchazón de sus -uniformes, acolchados interiormente. Sufren las molestias del frío y la -soledad, pero al mismo tiempo son los únicos poseedores del inmenso -jardín, como si hubiesen heredado á los Hijos del Cielo. - -En lo alto de la Montaña del Oeste, un kiosco con miradores de porcelana -y columnas de laca ha sido convertido en restorán para los visitantes. -Al entrar en él vemos un grupo de soldados en torno á una mesa, comiendo -cacahuetes y pepitas de calabaza á guisa de aperitivos. - -Almorzamos en dicho kiosco, contemplando á nuestros pies toda la llanura -blanca del «mar» congelado. Miss Carl nos explica las particularidades -del paisaje. Vemos casi en el límite del horizonte varias colinas con -pagodas en su cumbre. Sobre una de ellas se alza una torre formada por -siete pequeños templos superpuestos. - -Nos asombra el saber que estas alturas lejanas también pertenecen al -Palacio de Verano y los límites del jardín imperial aún van más lejos. -Cerrará la noche sin que hayamos visto más de una mitad de este mundo -aparte, creado para los monarcas más invisibles de la tierra. Nadie como -ellos supo buscar la paz y la dulzura de la vida. Fueron pastores de -hombres, destinados por herencia á regir los rebaños más numerosos del -mundo, y sin embargo vivieron alejados de sus semejantes, como si -perteneciesen á otra humanidad, en un paraíso artificial moldeado -egoístamente con arreglo á sus caprichos. - -Algunos emperadores sentían de pronto la nostalgia de la vida vulgar, -deseaban rozarse con el populacho, conocer las amargas luchas sostenidas -por sus súbditos para ganarse el puñado de arroz. Aburridos de su -excesiva majestad, ansiaban no ser Hijos del Cielo, querían vivir como -simples hombres. - -En tales momentos, los directores de sus placeres improvisaban un puerto -á orillas de este lago, con numerosos «juncos» mercantes anclados en sus -aguas y todo el caserío de una ciudad comercial. Los cortesanos se -disfrazaban de mercaderes y marinos; las damas de la corte eran criadas -de taberna ó desempeñaban peores papeles. El Hijo del Cielo, vestido -como un vagabundo, hacía sus pequeños robos en el mercado de la ciudad -fingida y circulaba por sus peores antros, sin que nadie se atreviese á -reconocerlo. De pronto reñían cuchillo en mano falsos navegantes y -tenderos, chillaban las hembras, acudía la guardia, y así iban -reproduciéndose todas las escenas de los puertos chinos, corrompidos y -pululantes como una gusanera. Este Carnaval divertía durante unas -semanas al Hijo del Cielo y á las 80.000 ó 100.000 personas que vivían -en torno de él. - -Vemos de lejos las arboledas del Parque de Caza. Ahora están -despobladas. En tiempos del Imperio volaban sobre sus frondas millares -de palomos amaestrados, á los que habían puesto una flautita debajo de -cada ala. Eran animales eólicos que al volar iban dejando una estela de -dulces sonidos, y como las pequeñas flautas tenían diversos tonos, estos -músicos alados poblaban el espacio con las caprichosas armonías de una -orquesta vagorosa. - -Encontramos nuevas escaleras cubiertas, cuyos techos guardan pintada una -fauna infinita de dragones. Parece imposible que la imaginación haya -podido concebir tantas variedades de un solo animal quimérico. La -baranda de las múltiples escalinatas es maciza, hecha con azulejos -verdes y amarillos. - -Como el Palacio de Verano lleva varios años de abandono, estas barandas, -faltas de reparación, han dejado caer sus ladrillos esmaltados en -diversos lugares. Tomo dos, uno verde y otro amarillo oro, para -ocultarlos debajo de mi gabán. Pienso que cuando vuelva á Europa me será -grato ver sobre mi mesa estos dos fragmentos del Palacio de Verano. Me -siento ladrón, como la mayor parte de los europeos que vinieron aquí -para civilizar á los chinos. Además, ¿cuánto podrán durar aún estas -construcciones frágiles y olvidadas?... ¿Existirá el Palacio de Verano á -mediados del presente siglo?... - -Al volver á la capital pasamos ante las ruinas del otro Palacio de -Verano, el más antiguo, que destruyeron las tropas anglo-francesas con -la voladura de su polvorín. Pero apenas me fijo en él, me preocupa algo -más reciente. Sé que en Pekín existe un emperador, á pesar de que el -país está constituído en República hace doce años. He preguntado -repetidas veces por él, y nadie conoce con certeza el lugar donde vive -oculto. - -Los chinos, tan extraordinariamente tildados de crueles, resultan -incomprensibles muchas veces por su dulzura y su tolerancia, virtudes -que les permiten encontrar una solución agradable á los conflictos más -enrevesados. - -Cuando en Europa se destrona á un monarca, se le hace salir del país -inmediatamente. En algunas ocasiones, para liquidar de veras el pasado, -hasta se le corta la cabeza. - -En China, los republicanos, después de su triunfo, dejaron en paz al -joven emperador para que continuase viviendo lo mismo que antes. Y como -en realidad el monarca no había salido nunca de la Ciudad Prohibida, ni -gobernado otra cosa que su vivienda--los ministros lo hacían todo en su -nombre--, debe pensar á estas horas que la República no se diferencia -mucho del antiguo régimen. - -Algunos que parecen bien enterados me aseguran que continúa instalado -dentro de la Ciudad Prohibida, en lo más céntrico de la Ciudad Violeta. -Es tan enorme y con entrañas tan complicadas la antigua Ciudad -Imperial--una legua de circuito--, que el monarca destronado puede -seguir ocupando varios palacios y un jardín, sin que su antiguo pueblo -sepa dónde está. En verdad, cuando era emperador su vida no abarcaba -mayor espacio sobre la tierra. - -Parece que este jovenzuelo es más feliz que antes, porque no recibe -visitas y nadie le molesta con inútiles consultas. Le casaron de niño -con una de su edad, y los dos siguen jugando, ya mayores, en kioscos y -jardines. Él está enamorado de una amiga de su mujer, perteneciente á -una gran familia de mandarines adictos al Imperio. Los chinos sólo -tienen una esposa legítima, pero la costumbre les permite un número -ilimitado de amigas dentro de la casa. Y el feliz «triángulo» imperial -vive paradisíacamente en el centro de Pekín, sin que nadie se acuerde de -su existencia. - -De tarde en tarde el ex emperador recibe la visita del presidente de la -República, que también habita un palacio dentro de la antigua Ciudad -Prohibida. Unas veces es un mandarín letrado, otras un «doctor en -armas», ó sea un general, pues la República china sufre los cambios -bruscos de los seres en crecimiento, las aventuras violentas de toda -juventud. - -El último Hijo del Cielo no sabe en realidad lo que es un presidente de -República. Debe creerlo un ministro universal, un favorito como los que -gobernaban en otro tiempo la China despóticamente, mientras sus abuelos -imperiales permanecían invisibles en la paz majestuosa del Palacio de -Verano. - -Bien puede ser que algunas veces se le ocurra la conveniencia de -aplicarle al Presidente unas cuantas docenas de bastonazos con un bambú -duro, para que atienda con más generosidad á sus gastos. Pero no ve en -torno de él á los eunucos de la antigua corte encargados de dicha -función. - -Sólo encuentra en sus jardines militares azules, de uniforme repleto -durante el invierno, que le miran frente á frente con una audacia de -campesinos sublevados, no pudiendo comprender por qué razón á un hombre -que marcha lo mismo que ellos sobre la tierra lo llamaron sus pobres -antepasados, durante cincuenta siglos, el Hijo del Cielo. - - - - -VIII - -LA GRAN MURALLA - - Un muro de 600 leguas edificado en ocho años.--El chino sabe - demasiado para ser militar.--Las industrias fúnebres.--Entierros - ruinosos.--Las tumbas de los emperadores de la dinastía - «Luminosa».--En las puertas de la Tartaria.--Los vagabundos de la - Gran Muralla.--La caravana de Kalgán.--El frío viento de la - Mongolia.--Los dos ciegos musulmanes. - - -En este país extremadamente viejo, decano de todas las naciones -actuales, no abundan los monumentos que puedan llamarse antiguos. -Templos y palacios sólo alcanzan una vida de contados siglos. Lo eterno -es la China, su historia y sus costumbres. El alma del país perdura -inmutable á través de miles de años. La exterioridad de las cosas -resulta transitoria y ha sufrido muchas renovaciones. - -Su monumento más venerable y famoso es la Gran Muralla. Representa en la -historia del pueblo chino lo que las Pirámides para la primitiva nación -egipcia. - -Las Pirámides tienen algunos miles de años más que la Gran Muralla. -Cuando el emperador Hoang-Ti levantó ésta 240 años antes de J. C., las -Pirámides eran ya antigüedades milenarias que venían á contemplar -viajeros de otros países. Pero como esfuerzo constructivo, la obra china -resulta más enorme que la de los primeros Faraones de Memfis. Resultan -las Pirámides más grandiosas al poder abarcarlas el visitante con sus -ojos; imponen un respeto casi místico por su pesadez de cumbre; tienen -la concreción aplastante del amontonamiento. La Gran Muralla es una obra -de extensión, un trabajo de gigantes en sentido horizontal, que casi -nadie ha podido apreciar en conjunto, pues esto exigiría un viaje -larguísimo. Los chinos, para crearla, manejaron indudablemente mayor -cantidad de materias que los fellahs constructores de las Pirámides. - -Ocupa la Gran Muralla una longitud de 600 leguas, distancia mayor que la -existente entre Madrid y París. Algunos han calculado que con sus -materiales se podría construir un muro que diese por dos veces la vuelta -á la tierra. Tal obra la ordenó Hoang-Ti, porque deseaba separar sus -Estados del resto del mundo, y para él todo el mundo eran los tártaros y -los manchures, que podían atacar á su nación por el Norte. - -Hoang-Ti sólo gobernaba entonces la verdadera China, ó sea las llamadas -Diez y ocho Provincias. Una cosa es la China y otra el Imperio chino. -Los tártaros y los manchures, que á pesar de la Gran Muralla acabaron -por invadir el suelo de la China, fundieron sus territorios con las -provincias de los vencidos, dando así su extensión actual á este Imperio -de once millones de kilómetros cuadrados y quinientos millones de -habitantes. Hace muchos siglos que la Gran Muralla resulta una obra -completamente inútil, por haber quedado dentro del Imperio, -extendiéndose la nación á un lado y á otro de sus baluartes; pero en sus -primeros tiempos significó un gran adelanto como obra de fortificación, -defendiendo á la China de sus más temibles enemigos. - -Se extiende sin interrupción 2.400 kilómetros sobre cumbres de montañas, -sobre valles profundos, y algunas veces sus cimientos se apoyan en -pilotes para atravesar terrenos blandos y pantanosos. El emperador -exigió á los ingenieros que no dejasen fuera de la muralla la más -pequeña parcela de sus tierras, y esta orden hizo aún más dificultoso el -trabajo. Quiso además que la obra colosal se terminase cuanto antes y -fué emprendida por muchos puntos á la vez, dedicándose á ella millones -de hombres. - -En menos de ocho años se realizó, venciendo todos los obstáculos -naturales, y según cuentan los historiadores, murieron en esta empresa -sobrehumana unos 400.000 hombres. - -Su trazado tiene el ondulamiento del dragón, línea favorita de los -artistas chinos, pero tal forma se debe también á la exigencia imperial -de seguir con rigurosa exactitud los límites de sus provincias -septentrionales. En algunos sitios parece suspendida de los flancos -escarpados de las montañas; otras veces se oculta en gargantas profundas -ó pasa como un puente sobre ríos y torrenteras. - -Todo el que visita Pekín siente la atracción de la Gran Muralla. -Presenta ésta diversos aspectos según los sitios que atraviesa, é -imagínese el lector si ofrecerá puntos de vista distintos en una -extensión de 600 leguas. El lugar más frecuentado por pintores y -fotógrafos se halla á varias horas de Pekín, empleándose para llegar á -él un ferrocarril que va á la Mongolia y tiene por término la ciudad de -Kalgán, situada casi en pleno desierto. - -Atravesamos la mayor parte de la capital, poco después de amanecer, para -ir á la estación de esta línea férrea construída por una empresa china. -Se halla fuera de las murallas, al otro extremo de la Ciudad Tártara. -Nunca como en esta mañana me di cuenta de la extensión de Pekín. Nuestro -automóvil rueda kilómetros y kilómetros, siempre por avenidas que -parecen sin término. Vemos calles laterales con las fachadas llenas de -anuncios colorinescos y el arroyo obscurecido por una apretada -muchedumbre. Atravesamos mercados con inmóviles caravanas de camellos. - -Todas las puertas de la antigua Ciudad Prohibida ostentan á ambos lados, -clavadas en su muralla rosa, dos banderas cuyas telas tienen muchos -metros de amplitud. Es el pabellón quinticolor de la China -revolucionaria, rojo, amarillo, azul, blanco y negro. La República hace -gran ostentación de su nueva bandera, como si esto bastase para -modernizar á un país que hasta hace poco no conocía otro símbolo -patriótico que los dos dragones heráldicos de sus emperadores. Algunos -edificios oficiales han adornado sus fachadas con falsas columnas y -capiteles de papel multicolor que muestran la prodigiosa habilidad -manual de los artífices del país. Estamos en las fiestas de Año Nuevo, -colocadas por el calendario chino algunos días después de nuestro 1.º de -Enero, y todos los palacios gubernamentales se cubren de dichos adornos. - -Llegamos finalmente á la estación del ferrocarril de Mongolia. Junto á -ella se extiende un campo de maniobras, y mientras llega la hora de -partir el tren vemos cómo trotan, cómo se echan al suelo y nos apuntan -con sus fusiles varios grupos de soldados vistiendo uniforme blanco y -azul, todos con zapatillas afieltradas, de pie negro y caña blanca, que -son el calzado nacional. - -Dicen que estos soldados resultan tan excelentes como los mejores si los -dirigen oficiales extranjeros, capaces de hacerlos avanzar con su -ejemplo y con el automatismo de la disciplina. Pero al ser mandados por -generales chinos no hay tropas más blandas, más refractarias al ataque á -pecho descubierto, con menos «mordiente». Esta flojedad, incomprensible -en hombres que aprecian la vida menos que nosotros y parecen más -acostumbrados á sufrir el dolor físico, sólo puede explicarse teniendo -en cuenta que el chino, por regla general, es más astuto é inteligente -que el blanco. - -Sabe demasiado para ser militar; tiene una experiencia de varios miles -de años á su espalda, y las expresiones sonoras «patria», «gloria», -etc., que en otros países empujan los hombres á la muerte, no despiertan -en él grandes entusiasmos. Su positivismo le hace pensar que los -provechos de la victoria serán para sus jefes y no para él. Sabe que si -queda inválido no recibirá ninguna recompensa digna de tan enorme -desgracia. Pero el porvenir es una sucesión de sorpresas, y ¡quién sabe -lo que hará en lo futuro este pueblo de quinientos millones de seres!... - -Sus campesinos, individualmente valerosos, sobrios y crueles, pueden -convertirse en temibles soldados si los reune y los entusiasma un ideal -común, algo que hable á su orgullo de raza y á su positivismo. Mas por -el momento, los que conocen á este ejército afirman que nada vale como -fuerza agresiva y tampoco puede servir gran cosa para la defensa del -país en caso de invasión. Los chinos, como todos los pueblos de un gran -pasado histórico, miran con superioridad á los países que estuvieron -bajo su dependencia, política ó intelectual. Como los japoneses fueron -sus discípulos y los vapulearon hace treinta años en una guerra, se -vengan de ellos llamándoles «los enanos». Pero es indudable que si las -potencias europeas y los Estados Unidos no se preocupasen de mantener la -independencia de la República china, «los enanos» habrían aprovechado -cualquier pretexto para llegar hasta Pekín--sólo están de él á -veinticuatro horas de ferrocarril--, barriendo con facilidad á todo este -ejército azul y blanco, de zapatillas silenciosas. - -Empieza á deslizarse el tren sobre los campos inmediatos á la capital. -Pasan ante las ventanillas grupos de árboles ennegrecidos por el -invierno y montones de tierra que son tumbas, cada vez más numerosas. -Algunas de ellas deben ser de gente rica, cuyos parientes cuidaron de su -ornamentación, haciendo algo más que amontonar terrones sobre los -féretros. (Había olvidado decir que el ataúd chino no lo descienden al -fondo de una fosa, como en nuestros cementerios. Queda sobre el suelo y -lo van cubriendo con tierra hasta que forma ésta una cúpula -suficientemente gruesa para preservarlo de las injurias atmosféricas.) -El adorno escultórico de los cementerios ricos es siempre el mismo: una -gran tortuga de piedra que lleva sobre el lomo un obelisco ó una torre -de pagoditas superpuestas. Esta tortuga, emblema de una larga vida, con -la pareja de dragones imperiales y el ave fénix, constituye el grupo -principal del simbolismo chino. - -Pasamos junto á canales que tienen sus taludes cubiertos de nieve. -Cisnes blancos y negros abren el agua verdosa con el plumón de sus -pechos. Entretengo la monotonía del viaje pensando en la importancia que -las supersticiones taoístas han dado á las ceremonias del entierro. - -Hasta el coolí más humilde ahorra pequeñas monedas pensando en el -féretro que ocupará después de muerto. Los almacenes de pompas fúnebres -son los establecimientos más importantes en los barrios populares de -Pekín. Hay talleres enormes de carpintería que fabrican montañas de -ataúdes de pino blanco, dentro de los cuales se encajan otros de maderas -más valiosas. - -Un entierro magnífico es la ambición suprema de todos los habitantes de -este país; el glorioso final de una existencia. Las familias contraen -deudas que agobian el resto de su vida, ó se arruinan totalmente, -perdiendo su rango social, para costear unos funerales. Tardan éstos -con frecuencia meses y aun años á causa de los preparativos que exigen. -Los entierros, escrupulosamente reglamentados según su costo, se -escalonan en clases, y la memoria de una persona se venera de acuerdo -con la importancia de su sepelio. - -En los funerales de un rico se queman muebles, armas de caza, perros; -antiguamente palanquines con sus portadores, ahora berlinas tiradas por -caballos ó automóviles de marcas célebres. Lo que constituyó en vida el -lujo del difunto, debe seguirle más allá de la tumba. Pero este pueblo, -hábil en toda clase de negocios, ha encontrado el medio de proporcionar -á los muertos sus comodidades terrenales sin que por ello pierda el -capital de los vivos unos objetos tan preciosos para la existencia. Y -los muebles, las armas, los automóviles, los animales domésticos, son -todos de cartón, construídos por notables artífices que reproducen el -original con una escrupulosidad puramente china, sin olvidar detalle. - -Los muertos de gran familia quedan provisionalmente metidos en ataúdes, -esperando que todo esté listo para sus funerales. El fallecimiento de un -personaje proporciona á los escultores fúnebres largo trabajo, y por más -que se afanen transcurre mucho tiempo antes de que la familia pueda -realizar un entierro suntuoso. El público acude á ver el desfile de -objetos y bestias de cartón para apreciar la fidelidad con que fueron -reproducidos, y admira que tan costosas obras estén destinadas á -convertirse en cenizas sobre una tumba. - -Continuamente se encuentran en las calles de Pekín bandas de músicos que -van á ponerse á la cabeza de un cortejo fúnebre. Chinitos mofletudos y -sonrientes pasan cargados con enormes _gongs_ y otros instrumentos no -menos ruidosos y de grandes dimensiones. Ellos y los músicos que les -siguen parecen alegres por la abundancia de trabajo. La muerte fomenta -los negocios del país y aviva la actividad de las gentes. Hay entierros -que llegan á costar 300.000 ó 400.000 dólares chinos, figurando en ellos -centenares de hombres con dobles estandartes, varias bandas de músicos y -una procesión interminable de falsos carruajes, monigotes y casas -portátiles, destinados á convertirse en humo. - -Abandonamos el tren en mitad de nuestra marcha á la Gran Muralla. Son -las nueve. El sol de una hermosa mañana de invierno empieza á caldear la -tierra. Los charcos han perdido su costra blanca de la noche. Lloran los -árboles con la licuefacción de la escarcha de sus hojas. El terreno ha -ido subiendo y no obscurece ya la atmósfera el polvo amarillento de los -alrededores de Pekín. Se respira un aire fresco de montaña. Vemos en el -horizonte las cumbres de la Mongolia, que parecen haberse acercado á -nosotros repentinamente. - -Marchamos dos horas á caballo para ver un grupo de mausoleos de los -emperadores Ming. Son más ostentosos y ocupan mayor espacio que los que -visitamos en las cercanías de Mukden, construídos por la dinastía de los -«Muy Puros». Pero el aspecto arquitectónico de unos y otros casi es -igual; largas avenidas que conducen á templos multicolores y tienen en -sus bordes parejas de animales gigantescos esculpidos en granito: -elefantes, caballos, licornios y leones. Lo más notable de este parque -fúnebre es su arboleda, que se extiende kilómetros y kilómetros, -formando una selva de sagrado silencio. El suelo está cubierto de césped -finísimo y resbaladizo. Con gran frecuencia pasamos sobre el arco de un -puente de mármol. Los arquitectos paisajistas de la China se complacen -en hacer dar á un mismo arroyo numerosas revueltas, de modo que se -coloque incesantemente ante el paso del visitante, sólo por el placer -de ir lanzando nuevos puentes sobre su curso. - -El puente es la obra suprema del artista chino, y cuanto más abunda en -un paisaje, mayor esplendor le proporciona. Esta predisposición á la -línea tortuosa la siguen también al trazar las avenidas funerarias. -Únicamente son rectas en cortos espacios, torciéndose inmediatamente -para tomar una nueva dirección y volver más allá á la línea primitiva. -Según parece, en estos bosques sepulcrales los constructores emplearon -la línea quebrada con un fin religioso, para desorientar y fatigar á los -malos espíritus. Como éstos sólo vuelan en línea recta, llegarían -fácilmente hasta el monumento fúnebre levantado en su último término si -las avenidas fuesen tiradas á cordel. Gracias á tales tortuosidades, -queda defendido el sepulcro por masas de arboleda que lo ocultan á los -demonios alados. - -Visitamos las tumbas de estos Ming, emperadores que en el siglo XIII -formaron una verdadera dinastía nacional, gobernando á la China entre -los invasores tártaros, á quienes destronaron, y los invasores -manchures, que los destronaron á su vez. El primero de los Ming fué -verdaderamente un héroe, un gran capitán salido del pueblo, que llegó á -convertirse en emperador. Empezó de niño como acólito de una pagoda; -luego, de joven, ganó su vida barriendo el templo y sirviendo de criado -á los sacerdotes. Al sublevarse la nación contra los últimos -descendientes de Gengis-Kan, este sacristancito chino se lanzó á la -guerra, revelándose como hábil guerrero y astuto político, que supo -reunir en torno á su persona las fuerzas populares hasta entonces -disgregadas, batiendo para siempre á los tártaros y entronizando á su -familia con el título de dinastía Ming, que significa «Luminosa». - -No llegó el primero de los Ming á reinar en Pekín. Su capital fué -Nankín, ciudad creada por él, donde se halla todavía su tumba. - -Volvemos al tren y éste reanuda su marcha hacia las montañas de la -Mongolia, que llenan el horizonte. Siguiendo la orilla de un río, se -desliza poco después por las tortuosidades de continuos desfiladeros. -Empezamos á ver cortinas de fortificación que, partiendo del valle -fluvial, se remontan á las cumbres. Son defensas secundarias, á espaldas -de la Gran Muralla, cuya proximidad se deja adivinar. - -Todas las montañas son rojizas, á causa de su vegetación seca y quemada -por el frío. En verano deben vestirse de un verde tierno y jugoso. Ahora -su aspecto es áspero y fiero; parecen forradas todas ellas con pieles de -león. - -Creo adivinar el destino de las murallas que cortan el largo y tortuoso -valle. Veo caminos fortificados que suben á las cumbres; escalinatas -entre dos murallas con almenas, para poner á cubierto de los flechazos -enemigos á las huestes que ascendían por sus peldaños de roca. Los -puentes que se encorvan sobre el río tienen igualmente almenas y dan -acceso á castillos ruinosos que fueron cuarteles. Las tropas chinas no -podían pasar el invierno entero acampadas en la Gran Muralla. -Precisamente en esta región serpentea sobre cumbres donde sopla durante -largos meses el frío viento de la Mongolia. La guarnición vivía en el -valle, de temperatura más templada, y al dar la alarma los destacamentos -avanzados podía ascender rápidamente por los caminos cubiertos, yendo á -ocupar sus sitios de combate. - -Se detiene el tren en la estación de Chinglungchiao, nombre que no es -fácil para dicho ni para escrito. Desde la estación se ve sobre las -cumbres inmediatas una torre cuadrada y varios lienzos de muro que se -alejan. Es la Gran Muralla, que llega hasta aquí en uno de sus ángulos -entrantes y retrocede con brusquedad, perdiéndose entre picachos de -rocas. - -Empezamos á ascender por la pendiente de un barranco. La marcha se -prolonga más de una hora. Algunas veces el suelo deja de ser pedregoso y -pasamos entre pequeños rectángulos de tierra cultivada por unos -labriegos puramente tártaros. Los chinos que vienen con nosotros, -intérpretes y guías, con sus sotanas negras y sus birretes de seda -rematados por un botón rojo, resultan extranjeros en este país. - -El tártaro lleva gorro de pieles y barbas lacias. Todos tienen los -pómulos muy anchos y unos ojitos menos oblicuos que los chinos, pero más -duros. Nos rodea una tropa de ellos, con trajes andrajosos, cuya tela -acolchada de algodón deja escapar éste por las roturas. Los calzones son -tan rígidos por su forro interior y por la suciedad externa, que parecen -tallados en madera como dos troncos huecos de árbol. - -Muchos de estos hombres, formando grupos de cuatro, sostienen ramas -peladas de árbol de las que penden unos sillones viejos de junco, y -cuando se cansa un viajero le invitan á que se siente en el rústico -palanquín. Así lo llevan cuesta arriba con esfuerzos escandalosamente -exagerados para exigir luego mayor recompensa. Cada cien pasos se -detienen, y el primero de los cuatro portadores lanza un grito. Apoyan -entonces la barra en unas horquillas y cambian ésta de hombro, -continuando su ascensión. - -Otros tártaros son comerciantes de la Gran Muralla y acosan á los -viajeros ofreciéndoles «curiosidades» del país, especialmente -cencerritos y eslabones fabricados por los herreros indígenas. Lo que -más venden son piezas de la antigua moneda mongola. Esta moneda, la más -original que puede encontrarse en el mundo, consiste en pequeños sables -de bronce, yataganes de la longitud de un dedo, que tienen grabadas en -su hoja la leyenda de la pieza y el año en letras chinas. - -Llegamos finalmente á una de las puertas del interminable recinto -fortificado, la de la ruta que va á Kalgán, ciudad importante del -desierto. Lo mismo que los antiguos soldados del Hijo del Cielo, -empezamos á subir por unas escaleras fortificadas, hasta lo alto de la -Gran Muralla. Una vez sobre ella marchamos entre dos filas de almenas -por un camino enlosado de granito, en el que pueden avanzar cómodamente -diez hombres de frente. - -Sólo logramos ver la parte más insignificante de esta obra que ocupa una -extensión igual á la longitud de dos ó tres naciones medianas de Europa. -Y sin embargo, este reducido sector nos parece algo extraordinario que -hace presentir la enormidad de todo lo que permanece oculto más allá de -nuestro poder visual. - -La muralla sube por ambos lados siguiendo las pendientes, escala las -cumbres, desaparece, la vemos surgir á muchos kilómetros de distancia -sobre nuevas alturas, se oculta en los valles, y así va hundiéndose y -emergiendo en los sucesivos términos del horizonte, hasta no ser mas que -un hilillo rojo casi esfumado entre remotas montañas azules. A -distancias regulares se levantan torreones cuadrados, todos parecidos. -Los arqueros, desde lo alto de sus plataformas, podían cruzar sus -disparos de modo que no quedase un fragmento del muro sin ser defendido -por sus flechas. - -Caminamos mucho tiempo sobre el lomo de esta obra que parece infinita. -El tiempo apenas ha causado mella en su masa de piedras y ladrillos. La -soledad del lugar la conservó, como la campana neumática preserva los -objetos confiados á su vacío. - -Al otro lado se extiende la árida tierra mongola, que es como una -antesala del desierto de Gobi, y diversos países de misterio, poblados -por demonios guardadores de tesoros, por tribus nómadas de bandidos, y -en cuyos remotos valles hay ciudades santas que gobiernan dioses -vivientes. Allá está Ourga, donde se deja adorar el Buda hecho carne, -divinidad que muere envenenada muchas veces, si los santos Lamas del -Tibet, establecidos en Lassa, consideran que ha vivido demasiado y -ansían darle un sucesor más sumiso, para lo cual les basta con enviarle -un nuevo médico. Allá los lagos de nafta que arden incesantemente -poblando la noche de resplandores infernales; allá las tribus guerreras -que pertenecen de nombre al inmenso Imperio chino, pero hace años viven -con independencia, aliadas á los Soviets de Siberia, y ensoberbecidas -por el armamento que les regala el gobierno rojo de Moscou. - -Vamos encontrando monótono el espectáculo al poco rato de marchar por -estos caminos almenados que se empinan siguiendo las pendientes y en -cuyas piedras pulidas por los siglos resbalamos con demasiada -frecuencia. Luego el interés renace al pensar que esta obra de color -rojizo, que sólo parece tener un siglo de existencia, fué construida -hace 2.300 años. Siempre que vemos el interior de un torreón recordamos -que la Gran Muralla tiene 20.000 de ellos, todos iguales. - -En la puerta atravesada por el camino de Kalgán se notan más las -roeduras del tiempo. Un castillo fué adosado á ella, y esta -fortificación suplementaria es ahora un montón de ruinas. El arco de la -puerta se mantiene intacto. Detrás de él se halla obstruido el camino -por masas de mampostería derrumbada, semejantes á los pedruscos que -forman islotes en el lecho de los barrancos. - -Vemos cómo se aproxima cortando el desierto una caravana de mulas y -camellos procedente de la Mongolia. La fila de bestias, con sus arrieros -tártaros, atraviesa la puerta-túnel de la muralla. Luego saltan -aquéllas, con una agilidad de cabras, sobre las ruinas que obstruyen el -paso, y vuelven á formarse más allá en el camino libre que desciende á -las llanuras cultivadas de la China. - -Unos gendarmes con guedejas de pelo de mono, gorra azul y blanca y -revólver al costado, se han unido á nosotros en las inmediaciones de la -muralla. Su compañía es oportuna. Todos estos grupos de comerciantes de -monedas-yataganes, de portadores de palanquines rústicos, de vagabundos -con andrajos duros como la madera, ojitos feroces y barbas de chivo, si -se limitan á pedirnos dinero valiéndose de gesticulaciones humildes ó -exagerando desvergonzadamente el menor servicio que prestan, es porque -ven á nuestro lado á estos gendarmes algo grotescos con sus melenas -lacias, que han sustituido á la antigua trenza, y sus orejeras peludas. -De no estar ellos presentes, exteriorizarían sin duda sus deseos con -menos humildad. - -Desciende el sol, y un viento helado y cortante, el terrible viento de -la Mongolia, empieza á cantar en torreones y almenas. Los mismos -habitantes del país acogen con una sonrisa crispada estos chillidos -atmosféricos. Unos introducen sus manos en los guantes-manoplas que les -cuelgan del pescuezo. Otros más pobres se las meten bajo los sobacos y -empiezan á bailar para defenderse por adelantado del frío. - -Es tan brusco este soplo, huracanado y glacial, que nos hace correr -muralla abajo, con gran arremolinamiento de faldas y gabanes, levantando -todos las manos para asegurar los sombreros. - -Al pie de la escalera fortificada, junto al arco de la puerta, en una -especie de hornacina, vemos arrodillados á dos mendigos, viejos -tártaros de luenga barba blanca. Uno de ellos tiene un vago parecido con -Anatolio France. - -Los dos están ciegos, con esa ceguera extremada y monstruosa de los -países orientales, que no se contenta con borrar la vista y destruye -además ferozmente los globos de los ojos. Tienen sus cuencas rojas y -completamente huecas. Las moscas invernales se sobreviven y alimentan -revoloteando en torno á estos cuatro orificios de herida, siempre -frescos y sangrientos. - -Murmuran oraciones con voz monótona, balanceando sus diestras tendidas. -Canturrean como si cumpliesen un rito, indiferentes á que el viajero se -detenga ó siga adelante. - -Se adivina que estos chinos son musulmanes. El nombre de Alá, -confusamente pronunciado, pasa á través de la sorda melopea de sus -invocaciones. Tienen además la gravedad fatalista de los mendigos del -Islam. - -Reciben las monedas en sus manos impasibles y siguen suspirando -palabras, fijas sus órbitas sin ojos en el infinito. - -Estos dos habitantes de la Gran Muralla no se mueven nunca de la -hornacina que les sirve de refugio: aquí duermen; aquí comen cuando -tienen de qué. - -¿Para qué canturrean todos los días, si sólo de tarde en tarde se -presentan viajeros?... ¿Quién puede darles limosnas en este desierto?... -¿Qué es lo que ven en su eterna noche, arrodillados junto á esta puerta -que da entrada á una de las soledades del mundo más extensas y -misteriosas?... - - - - -IX - -EN MARCHA HACIA EL RÍO AZUL - - Los bandidos de Ling Tcheng.--Dos trenes fortificados.--Compañeros - que van cayendo.--La exportación de huevos chinos.--Faisanes - laqueados.--La amazona misteriosa del bosque fúnebre de los - Ming.--Los bandidos no aparecen.--Decepción de algunas - viajeras.--Opiniones sobre la República china.--Un cuerpo robusto - falto de sistema nervioso.--La China aún no sabe que existe.--El - Gran Canal.--El río Amarillo y el río Azul.--La civilización del - trigo y la civilización del arroz.--Los pueblos asiáticos - eternamente casados con el Hambre. - - -Muchos europeos residentes en Pekín, ingenieros, comerciantes y hasta -diplomáticos, se unen a nosotros para aprovechar el tren especial que -debe conducirnos á Shanghai, á través de una parte considerable de la -China. - -El gobierno ha tomado grandes precauciones para que no se repita al -pasar nosotros por Ling Tcheng el ataque que sufrió hace unos meses un -tren de lujo, lleno de europeos y norteamericanos. Varias partidas de -soldados desertores, capitaneadas por un oficial joven llamado Suen Mei -Yao, atacaron dicho tren durante la noche llevándose secuestrados á -todos sus viajeros, incluso las mujeres y los niños. Fué un acto de -bandolerismo y al mismo tiempo una maniobra política para crear -dificultades al gobierno de Pekín con las grandes potencias. - -Las circunstancias no han cambiado. Antes de nuestra salida de la -capital los diarios hablan largamente sobre la posibilidad de que seamos -atacados en la región de Ling Tcheng, favorable para esta clase de -operaciones. Además, los mismos periódicos, con una asombrosa -imprudencia informativa, mencionan las enormes fortunas de algunos de -mis compañeros de viaje. Especialmente hay una señora, vestida de luto, -que va con un hijo único, y lo mismo en el _Franconia_ que en hoteles y -ferrocarriles es siempre mi vecina más inmediata. La dama apenas habla, -sonríe modestamente y parece no tener fuerzas para manifestar una -opinión contraria á lo que dicen los demás. El hijo, tímido como la -madre, y de una perfecta y silenciosa educación, se ve buscado por todas -las señoritas, que se disputan el bailar con él. Estos dos compañeros, -siempre deseosos de pasar inadvertidos, poseen varias explotaciones de -petróleo en California y hay años en que la madre recibe algo así como -10.000 dólares todos los días. ¡Qué golpe para los bandidos chinos!... - -Como son muchos los personajes de Pekín que necesitan ir á Shanghai y -otros puertos del Sur y desean agregarse á nuestro viaje, se forman -finalmente dos trenes especiales. Cada uno de ellos lleva enormes -proyectores eléctricos, como los que usa la marina de guerra, y á la -cabeza y la cola vagones blindados con una compañía de infantería y -varias ametralladoras. Además, el Ministerio de la Guerra ha hecho -concentrar tropas en las estaciones estratégicas, dentro de la vasta -zona montañosa donde se mueven las partidas de bandidos. - -Creemos que con tantas precauciones nos será posible llegar sin tropiezo -á Shanghai, realizando el viaje en treinta y seis horas. Los dos trenes -están compuestos de vagones-dormitorios, vagones-comedores y -vagones-salones con balconaje exterior para contemplar el paisaje. -Nunca he visto en Europa algo semejante por sus comodidades y su lujo. -Únicamente los llamados «trenes de millonarios», que van de Nueva York á -Los Ángeles durante el invierno, pueden compararse con estos dos, -organizados por el gobierno chino. El material rodante es el mismo, pues -los vagones de Pekín fueron comprados en la América del Norte. - -La estación se llena de gente blanca poco antes de nuestra salida; -habitantes del Barrio de las Legaciones que ven en esto un motivo para -pasar el tiempo; familias de origen europeo y americano venidas para -despedir á padres y maridos. - -Un joven pálido, envuelto en mantas, que parece moribundo, llega hasta -el tren en un palanquín, escoltado por un médico, una _nurse_ americana -y varios servidores chinos. Es un compañero nuestro, enfermo de una -pulmonía aguda. Prefiere ser llevado al _Franconia_ á quedarse en un -hospital de Pekín, y corre el riesgo de morir en el vagón durante tan -largo viaje. Su madre y su hermana lo acompañan, haciendo esfuerzos por -ocultar su inquietud. Se interrumpe el regocijo de la despedida; cesan -los comentarios jactanciosos sobre un probable ataque al tren. Todos -pensamos en la posibilidad de que este joven sea una de las víctimas -exigidas por la Aventura á nuestro viaje perigeo. - -De los que salimos de Nueva York ya cayó uno. La Nochebuena, estando en -Yokohama, la policía japonesa trajo al _Franconia_ un fogonero -encontrado inánime en los muelles. Le creían simplemente ebrio, por -haber bebido con exceso en honor de la cristiana festividad, y al -examinarlo el médico de á bordo se convenció de que estaba muerto desde -muchas horas antes. Ahora, este joven, al que he visto bailar muchas -veces en los salones del _Franconia_, viene en nuestro tren como un -moribundo. Parece milagroso que no seamos más los que hayamos caído con -una congestión en los pulmones después de tanto paseo nocturno en -_ricsha_ descubierta por las calles glaciales de Pekín ó de la visita á -la Gran Muralla, bajo el viento mongólico de una tarde de Enero. - -Empieza nuestro viaje. Vemos tropas en todas las estaciones, pero esto -ya es para nosotros un espectáculo ordinario. Nos interesa más el -aspecto de la campiña, que se va repitiendo, siempre igual, durante el -primer día de viaje, y se reproducirá á la mañana siguiente, aunque con -las variaciones propias de un cambio de clima, pues vamos en línea recta -del Norte al Sur. - -Todo el suelo está arado. Fuera de las secciones ocupadas por las tumbas -no hay un solo palmo de tierra falto de cultivo. Sin embargo, como -estamos en invierno, la llanura es amarilla. No se ven más que surcos, -terrones sueltos y rastrojos á los que arranca el viento columnas de -polvo. En primavera y verano estas llanuras deben ser verdes y cobrizas. - -Una vida animal exuberante se desarrolla sobre la campiña cuidadosamente -trabajada. Corren por los campos manadas de aves domésticas, -persiguiendo á los parásitos de la tierra, en cantidades incalculables. -Sólo aquí pueden verse unas bandas tan numerosas. El suelo parece haber -adquirido una vida extraordinaria: se mueve, ondea; tantas son las -gallinas que marchan sobre él. En torno á estanques y canales ó -cubriendo sus aguas en largos trechos, aletean tropas de ánades y patos. -Esta China inmensa es la mayor productora de huevos que existe. En -algunas estaciones vemos grandes conos de metal, semejantes á los que -emplean los ferrocarriles europeos para el envase de vinos y aceites. -Los gigantescos cilindros contienen una pasta espesa, formada por -millones de huevos, crudos y revueltos, que esparce una intolerable -hediondez. Los confiteros la adquieren en los puertos de Europa para que -sirva de base á sus dulces y perfumadas combinaciones. Vemos también -fábricas que utilizan la gran producción de huevos para secarlos y -triturarlos, enviándolos á otros países en forma de polvo. - -En todos los pueblos, hasta en los más pobres, grupos de hembras -vociferantes ofrecen comestibles á los viajeros; platos guisados por -ellas que tienen como principal componente el pollo ó el faisán. Este -último animal, tan apreciado en Europa, es vulgarísimo en los pueblos -chinos. Se le ve tanto como la gallina en todos los corrales. - -Muchas de las estaciones, con sus vendedoras de cara redonda, tez -amarilla y ojos oblicuos, me recuerdan las de Méjico, donde se aglomeran -igualmente numerosas mujeres ofreciendo empanadas y trozos de ave -espolvoreados de rojo. Aquí los comestibles también son del mismo color. -Veo faisanes guisados, cubiertos con una capa purpúrea y charolada; pero -no está compuesta, como en Méjico, del pimiento extremadamente picante -llamado «chile». Los chinos, con objeto de dar mayor ostentación á las -aves asadas las rebocan con laca roja, la misma que emplean en el -barnizamiento de un vaso ó un mueble. - -Pasan por los caminos polvorientos muchos jinetes que tienen aspecto de -labriegos ricos y van hacia sus propiedades montados en una mula -encaparazonada de seda con penacho de plumas. Recuerdo un encuentro de -hace pocos días, al visitar la tumba de los Ming. Cuando nos dirigíamos -á dichos mausoleos montados en unos caballejos alquilones, se unió á -nosotros por algunos minutos un jinete interesante. - -Era una mujer, vestida con pantalones y blusa de seda azul, un azul -verdoso, igual al de la chispa eléctrica, secreto tradicional de los -tintoreros del país. Esta hembra, grande y arrogante, se sostenía -montada sin estribos, avanzando hacia el pecho de la bestia sus largas -piernas y sus pies enteros, metidos en zapatitos de fieltro, sin la -deformación que sufren las más de sus compatriotas. El delantero de su -blusa desaparecía bajo numerosos collares y amuletos de múltiples -colores. La cabeza la llevaba destocada, ostentando el peinado del país, -una cortinilla de pelo lacio sobre la frente y el resto de la cabellera -anudado sobre la nuca. En cambio, su mula, nerviosa y trotadora, agitaba -entre las orejas un penacho de plumas azules y sus flancos iban -cubiertos con una gualdrapa de borlas de seda. - -Así marchaba, completamente sola, á través de unas tierras desiertas. De -todo lo que he visto en China, su encuentro resulta tal vez lo más -novelesco. Nuestros guías é intérpretes parecieron no menos extrañados -por su presencia. No diré que fuese hermosa. Nosotros no podemos -apreciar el atractivo de una cara de pómulos anchos y nariz algo -aplastada, por más que los ojos tengan una expresión graciosamente -diabólica. Pero era una hembra de estatura arrogante y esbelto vigor; -una criatura sana, de miembros gimnásticos, é iba sola por campos -despoblados, en un país donde las mujeres únicamente salen de casa -acompañadas por domésticos ó buscándose entre ellas para formar grupo. - -Tal vez era una labradora rica y viuda que iba varonilmente hacia una de -sus propiedades. Me acordé de muchas novelas chinas escritas hace miles -de años que tienen por tema hazañas de piratas y bandidos. Siempre en -estas bandas de aventureros hay una mujer extraordinaria, una walkyria -de ojos oblicuos y cuerpo arrogante, capitana que se hace obedecer -puñal en mano por los más terribles desalmados. - -Trotó unos instantes junto á nosotros, como si no nos viese. Al examinar -su perfil achatado de Diana amarilla, sorprendí el rabillo de uno de sus -ojos mirándonos disimuladamente con fría curiosidad. Luego, cansada de -ver á los «demonios blancos», taconeó su mula, desapareciendo entre las -primeras arboledas de las tumbas de los Ming. - -Tan extraordinario me pareció este encuentro en los linderos del inmenso -bosque fúnebre, que llegué á imaginar la absurda hipótesis de que una de -las antiguas emperatrices hubiese abandonado su sepulcro por unas horas -para correr la China del presente, constituida en República... Y no la -vimos más. Ahora pasan mujeres á caballo cerca del tren, pero son -labriegas de aspecto zafio. Avanzan con el trotecito de sus asnos en pos -del marido, ó van acompañadas por jornaleros que las escoltan á pie. - -Durante la noche pasamos el sector más peligroso de nuestro viaje, país -de montañas donde las partidas de rebeldes pueden enriscarse con -facilidad después de un atentado contra el tren. Vemos correr sobre el -paisaje inquietos resplandores de incendio. Son las mangas luminosas de -los reflectores que exploran nuestro camino, haciendo surgir los rieles -de la nocturna lobreguez, como dos barras de plata. En todas las -estaciones hay grupos de oficiales que suben al tren arrastrando sus -sables para dar noticias y tomar órdenes. - -Algunas damas empiezan á mostrar cierto desaliento al ver que -transcurren las horas nocturnas sin que nos ataquen los bandidos. Como -viajan para adquirir «experiencia en la vida», sienten no conocer las -emociones de un secuestro armado. Vamos á pasar á través de una China -en pleno desorden sin ningún incidente digno de ser contado, como el que -viaja en un tren de lujo entre Nueva York y Boston. - -Después de media noche los viajeros se encierran en sus camarotes para -dormir y únicamente quedan despiertos los centinelas situados en las -plataformas y sus relevos, que fuman y conversan á gritos en los -pasillos. Mientras espero la llegada del sueño tendido en mi litera, -reflexiono sobre la situación actual de la China para concretar mis -opiniones. - -Indudablemente la joven República vive en un estado anárquico. El -gobierno de Pekín apenas si se ve obedecido en una menguada parte del -territorio nacional, y sería menospreciado generalmente de faltarle el -apoyo que le conceden los Estados Unidos é Inglaterra. Existen dos -Repúblicas: la del Norte, que es donde estamos, y la del Sur, ó sea la -de Cantón, dirigida por el doctor Sun Yat Sen. - -Se nota además en la China revolucionaria una innovación fatal, una -verdadera regresión política que por suerte no resultará permanente, -pues es á modo de una enfermedad que sufren todas las Repúblicas -jóvenes. Al desaparecer el Imperio, los militares chinos han alcanzado -una importancia que nunca tuvieron. Ya dije cómo durante miles de años -el mandarín letrado fué más importante que el «doctor en armas», -monopolizando como función propia el gobierno del país. Ahora China, -bajo el régimen republicano, es una especie de Méjico. El Presidente -(sea quien sea) aparece siempre en los retratos con numerosos -entorchados y un kepis, del que cuelga un manojo de plumas con el -desmayo del sauce llorón. Este general-presidente es en realidad un -personaje decorativo, pues se sostiene en Pekín gracias á la protección -de otros generales que dominan las provincias con la cruel rapacidad de -los procónsules, y á los que llaman _tou-kiuns_. - -Pero la anarquía actual no pondrá en peligro de muerte á esta vastísima -nación. China ha pasado en su historia de cincuenta siglos por períodos -más tremendos, en los que estuvo próxima á perecer despedazada--guerras -civiles que duraron cien años, hambres exterminadoras, etcétera--, y sin -embargo su prodigioso vigor interno la hizo surgir de tales conflictos -con una salud renovada, continuando su existencia. - -Las cosas no son simples y uniformes como se las imaginan los espíritus -dados á la generalización. En nuestra vida todo resulta complejo, y las -más de las veces contradictorio é inexplicable para nuestros sentidos. -La China no es un pueblo uniforme; existen dos Chinas: una la -tradicional, que todos conocen, la China milenaria de los biombos, con -ceremonias enrevesadas hasta la puerilidad y supersticiones distintas á -las nuestras. La otra es el inmenso pueblo chino, agrupación humana la -más dispuesta al trabajo, que soporta alegremente la fatiga y siente en -todo momento el ansia de saber. - -El deseo del chino es ganarse la subsistencia, aunque sea trabajando -catorce ó diez y seis horas al día, y apenas queda libre aprovechar su -descanso para aprender. Ningún comerciante del mundo puede compararse -con él por su inteligencia despierta, ávida de novedades y ágil para -salvar obstáculos. Ningún obrero supera al de aquí en habilidad manual y -tenacidad sonriente para el trabajo. Como en esta tierra pudieron los -pobres, durante 5.000 años, subir á los más altos puestos del Estado -gracias al estudio, las biografías de sus letrados más célebres -contienen ejemplos de una tenacidad heroica para adquirir la -instrucción. Algunos, después de trabajar en su juventud manualmente el -día entero, estudiaban de noche al resplandor de la luna. Otros abrían -un orificio en la pared del vecino para aprovechar su luz, y bajo este -reflejo débil aprendían sus complicadas lecciones. - -Esta ansia de saber y la facilidad para asimilarse lo que otros -estudiaron, han producido la actual República. Los jóvenes chinos -educados en la América del Norte y en Europa acabaron por vencer con sus -predicaciones el más viejo, el más absoluto y carcomido de los Imperios, -intentando organizar sobre sus ruinas lo que ellos llaman «la gran -democracia amarilla». - -Existe un abismo entre las ilusiones generosas de estos apóstoles -inexpertos y el ambiente que los rodea, todo corrupción, rutina y vejez. -Los generales fabricados por la República roban lo mismo que los -antiguos virreyes nombrados por el emperador. El gran vicio de la China -consistió siempre en que los funcionarios consideran los dineros -públicos como algo propio, quedándose la mayor parte de ellos y enviando -sólo un pequeño tributo al ser lejano é invisible que gobierna en Pekín. - -La inmoralidad administrativa y la falta de solidaridad entre los -hombres son las dos enfermedades mayores de la nueva República. En -realidad, los chinos se ignoran entre ellos. Es tan vasto el antiguo -Imperio, que cada uno conoce su provincia nada más, y aun dentro de ella -sólo se siente ligado al pueblo en que nació. - -Anatolio France ha dicho que «la China empezará á existir cuando los -chinos se enteren de que existe una China». - -Se esfuerza la República por hacérselo saber, pero son pocos aún los que -se han enterado en este país de centenares de millones de seres. Antes -tenían noticia de la existencia de un emperador en Pekín. Ahora no -saben nada, y en algunas regiones tal vez creen que la llamada República -es una emperatriz semejante á la que gobernó hasta pocos años antes de -la revolución. - -Mas iguales situaciones, confusas y anárquicas, se han visto en países -europeos, y aún pueden verse en algunos de América, sin que por ello ose -nadie profetizar su muerte. La China saldrá de esta crisis. Es un país -antiquísimo y al mismo tiempo eternamente joven, pues tiene el poder de -renovarse gracias á la vitalidad de sus muchedumbres. Hasta los mayores -detractores del chino reconocen su sobriedad, su valor para sobrellevar -las privaciones de la pobreza, su entusiasmo en el trabajo. Ningún -pueblo de la tierra está mejor dotado para amoldarse á los climas más -extremos, soportando lo mismo los fríos de Siberia que los ardores del -Trópico. El gran geógrafo Reclús veía en los chinos y en los españoles -los dos únicos pueblos aptos naturalmente para la colonización, á causa -de la variedad geográfica de sus respectivos países, que les permite -adaptarse á las diversas temperaturas del globo. - -El chino, primer comerciante de la tierra, se extiende por todos los -continentes, instalándose en ellos como si estuviese en su casa. No hay -trabajo que le intimide. Se entrega á su labor como si ésta fuese para -él una finalidad desinteresada y no un medio de vivir. Produce -sonriendo, cual si experimentase un placer. Yo he sentido asombro muchas -veces viendo la alegre facilidad de su producción. Más adelante contaré -lo que me ocurrió con un sastre chino de Singapore. - -Los republicanos de Pekín muestran una justa cólera ante las críticas de -algunos viajeros que se imaginan haber estudiado su país. - ---Que nos den tiempo--dicen--para realizar nuestras reformas. El Japón -no hizo más que copiar la fuerza guerrera é industrial de Europa, y para -ello necesitó cincuenta años... Y á nosotros nos exigen que en doce ó -catorce hayamos dado la perfección de una República como los Estados -Unidos de América á este país que por ser el más viejo de la tierra está -saturado cual ninguno de prejuicios y rutinas. - -Las potencias de Europa han puesto sus ojos en la China para -apropiársela. Pero cada una de ellas desea la mejor parte, sus -rivalidades neutralizan toda agresión, y mientras tanto la nueva -República va viviendo. Lo importante para ella es que tan peligroso -equilibrio se prolongue muchos años, lo que la permitirá realizar -lentamente su evolución, que no puede ser obra instantánea. - -Observan los Estados Unidos con la China una política en la que van -mezclados el egoísmo comercial y cierto romanticismo democrático. Su -industria ve un inmenso mercado de exportación en este país de -quinientos millones de seres. Su gobierno procura atraérselo por medio -de la gratitud, y para ello le proteje abiertamente de las ambiciones -conquistadoras del Japón. Los políticos de Wáshington creen de buena fe -en la posibilidad de una gran República amarilla. Están convencidos de -que si los demás países dejan á la China desarrollarse por sí misma, en -completa paz, soportará las enfermedades propias de una democracia -joven, y antes de medio siglo podrá ser una verdadera República, -sólidamente cimentada y ordenada, algo que tendría derecho á titularse -los Estados Unidos de Asia. - -Muchos consideran esto un ensueño generoso é inconsistente, una ilusión -que se verán obligados á abandonar los gobernantes de los Estados Unidos -y bien pudiera ser causa de la temida guerra del Pacífico. Pero nadie -posee los secretos del porvenir, y muchas veces la realidad se complace -en buscar lo que todos creen ilusión, con preferencia á las deducciones -frías del raciocinio. - ---¿Por qué no podemos hacer nosotros--dicen los republicanos chinos--lo -mismo que hicieron las democracias de Europa y América?... Nuestro -pueblo llevaba inventados muchos de los actuales progresos de la -civilización blanca cuando los europeos vivían aún en hordas ó alojados -en cavernas. - -Yo siento por el pueblo chino el respeto que merece un glorioso -antepasado. Recuerdo la emoción de Goethe, á los ochenta años de edad, -leyendo en su retiro de Weimar una novela china de fábula sana, con -descripciones tan frescas y vivientes como las de una obra moderna. - ---¡Y pensar--decía asombrado el poeta--que esta novela fué escrita hace -3.000 años, cuando muchos de los hombres de Europa acampaban aún en los -bosques! - -Digamos como resumen que la China actual es un organismo enorme y -fuerte, pero falto de sistema nervioso, lo que le obliga á permanecer -caído. El Japón sueña con llegar á ser su cerebro director. Quinientos -millones de chinos, sobrios, inteligentes, incansables, organizados por -los japoneses... ¡qué amenaza para el resto de la tierra! - -Los Estados Unidos, para evitar el tan famoso «peligro amarillo» y al -mismo tiempo por el romanticismo democrático mencionado antes, procuran -que las demás potencias dejen en paz á la República china y ésta se vaya -reformando lentamente por sí sola, hasta crearse, sin ingerencias -extranjeras, el alma moderna que aún no posee. - -Al despertar en la mañana siguiente vemos desde el tren una China -nueva. Nos aproximamos á la parte tropical del país. Empezamos á sentir -calor y nos desprendemos de nuestros trajes á la moda de Pekín. - -En el Barrio de las Legaciones todos llevan durante el invierno ricos -abrigos de pieles y un costoso gorro de marta á estilo siberiano. Me -desprendo de mi pelliza y de un gorro de esta clase, que tal vez no -usaré más. Ha terminado el frío. En adelante nuestro viaje será por -tierras cálidas, á un lado y á otro de la línea ecuatorial. - -Nos aproximamos al río Yang-Tsé, el famoso río Azul. Todo el terreno que -estamos cruzando desde Pekín á Shanghai lo componen la cuenca de dos -cursos fluviales dignos por su enormidad de la fama que gozan: el -Hoang-Ho (río Amarillo) y el Yang-Tsé (río Azul). En realidad estas dos -cuencas son la verdadera China, y hasta los tiempos de la antigua -República romana el pueblo chino se desarrolló entre ellas sin ir más -allá. Después, el Imperio de los Hijos del Cielo fué realizando -conquistas ó sufriendo invasiones de bárbaros que le aportaron sus -propios territorios, y hoy comprende, además de la antigua China, la -Mongolia, la Manchuria, el Turquestán y el Tibet. - -Hemos atravesado durante la noche la cuenca del caudaloso río Amarillo, -que cambia con frecuencia de curso, inundando provincias enteras, -convirtiendo otras en terrenos pantanosos, condenando al suplicio del -hambre millones de seres, y haciendo emigrar á ciudades en masa. Ahora -estamos en la vertiente septentrional del río Azul. - -Vemos desde el balconaje del coche-salón lagunas cultivadas, arrozales -que se pierden de vista, con bandas de patos blancos y rojizos. Ésta es -la China productora de arroz. A trechos encontramos un ancho río -artificial, cuyas riberas están tiradas á cordel, y enormes plazas -acuáticas que sirven de puertos. Centenares de juncos, tocándose por sus -bordas, alzan en el aire un bosque de mástiles. - -El Imperio realizó hace muchos siglos una obra tan enorme como la Gran -Muralla, aunque menos famosa que ésta. Es el Gran Canal, que atraviesa -la mayor parte de la China, yendo desde los puertos del Sur hasta Pekín. -Para abrirlo se necesitaron largos años de trabajo y varios millones de -hombres. - -Está ahora el Gran Canal roto en algunos puntos de su enorme trayecto, -pero todavía puede navegarse miles de kilómetros dentro de él y la -numerosa marina mercante del país lo utiliza para sus viajes interiores. -Varios lagos alimentan con sus reservas este curso de agua artificial, -el más grande que se conoce. Los Hijos del Cielo lo abrieron para que -llegasen por él todos los tributos en arroz pagados por las provincias -del Sur, envíos de insustituíble necesidad para el mantenimiento de -Pekín y las muchedumbres del Norte. - -Los arrozales del Japón, pequeños y tan escrupulosamente limpios como -los estanques de un paseo, no son comparables con estas llanuras -acuáticas que atravesamos durante horas y horas, camino de Nankín, -antigua capital de la China á orillas del río Azul. - -Indudablemente el mundo está dividido en dos civilizaciones, la del -trigo y la del arroz; mas el europeo se equivoca al imaginarse el arroz -como un alimento asiático, abundantísimo. Representa la más seductora de -las nutriciones para los hombres amarillos, pero la mayoría de ellos -sólo lo comen de tarde en tarde, y si llegan á hacer de él su alimento -diario, lo absorben en muy reducidas cantidades. - -La ambrosía divina del Olimpo indostánico es el arroz con _cury_. Los -dioses en sus banquetes no conocen nada mejor. Los magnates de todos -los pueblos amarillos se nutren igualmente con este don del cielo. Los -demás mortales, cuyo número asciende á centenares de millones, lo toman -con palillos para que dure mayor tiempo el placer de comerlo, y -prolongan voluptuosamente la absorción del montoncito colocado sobre un -plato no más grande que una copa. El populacho indostánico considera un -banquete tener en la palma de la mano izquierda un puñadito de arroz é -ir llevándoselo á la boca con dos dedos de la diestra, grano á grano. - -Los pueblos de la vieja Asia viven desde los más remotos siglos de su -historia indisolublemente casados con el Hambre. - - - - -X - -SHANGHAI, LA RICA Y ALEGRE - - Un abordaje de chinos en el río Azul.--La ciudad literaria de - Nankín.--El «Londres del Extremo Oriente».--La Concesión Francesa y - la Concesión Internacional.--Las palabras «boom» y - «krac».--Placeres y despilfarros.--Las cortesanas del país y el - mujerío internacional.--«Princesas chinas» y opio.--Una colonia - española interesante.--Dos frailes notables, directores de - Misiones.--La propaganda católica y la propaganda protestante.--Sus - diversos recursos.--El barrio chino de Shanghai y sus callejones - hormigueantes de muchedumbre.--Visita al famoso «Jardín del - Mandarín» que el lector conoce desde su niñez. - - -El tren nos deja en la estación de Pukow, á orillas del río Azul. Éste -abre ante nosotros su enorme camino acuático de un color de ópalo -verdoso, parecido al del ajenjo. - -A semejanza de algunos cursos fluviales de América, creemos que es río -porque así lo afirma la geografía, pero más bien parece por su extensión -y su abundancia de barcos un brazo de mar ó un estrecho. Estamos á -doscientos kilómetros de su desembocadura, y sin embargo pasan por él -numerosos vapores de tonelaje considerable; buques que han hecho la -travesía del Océano y remontan el río Azul hacia puertos situados en el -corazón de la China. - -En sus orillas no se sabe dónde termina la tierra y empieza el río. Hay -centenares, hay miles de embarcaciones del país, llamadas «sampanes», -que sirven de eterna vivienda á las familias que las tripulan y -transportan además mercancías. A veces tales barcos se inmovilizan meses -y años en una ribera. - -El agua permanece invisible entre los cascos apretados de esta flota -pululante y miserable. Mujeres, hombres y niños corren por dicha ribera -adicional y movediza, saltando de un barco á otro. Surgen de ella á la -vez un griterío continuo y un olor nauseabundo de cocina disparatada. En -todas las grandes ciudades de la China del Sur volveremos á encontrar -estas poblaciones fluviales, que se descomponen de la noche á la mañana -y vuelven á reformarse, conteniendo un vecindario casi tan numeroso como -el de la ciudad terrestre. - -Atravesamos el río Azul en un vapor blanco que con ágiles viradas evita -la proa de los grandes buques de carga que suben ó bajan su majestuoso -curso. En la orilla de enfrente está Nankín. La estación del ferrocarril -tiene muelles que avanzan en el río, y vemos agitarse sobre ellos una -muchedumbre de hombres medio desnudos. - -Todavía está nuestro buque á tres ó cuatro metros de la orilla y sus -tripulantes se ocupan en las operaciones del atraco, cuando toda esta -turba de atletas ligeros de ropa, tomando carrera, salta é invade -nuestra cubierta. Son unos doscientos y el entarimado se estremece con -la caída de sus cuerpos. - -Me doy cuenta de lo que debieron ser en otros siglos los abordajes de -los piratas. Así aparecían indudablemente sobre la cubierta del velero -descuidado las hordas de bandidos marítimos que figuran en las antiguas -novelas chinas. Saltan todos á un tiempo, sin orden alguno, y hasta -parece que se empujan mientras están suspendidos en el aire, -apresurando cada cual la caída del que va delante. Algunos se escurren -en el espacio todavía abierto entre el buque y el muelle, y al agujerear -el agua como piedras, levantan surtidores de espuma. La gente ríe. ¿Qué -importa unos chinos menos? ¡Hay tantos! Pero el chino escapa mejor que -el blanco de los peligros; tiene mayor agilidad para hurtar el cuerpo á -la muerte, y á los pocos segundos los vemos emerger en el callejón -acuático, que el atraco de nuestro buque va haciendo cada vez más -angosto. Todos acaban por asaltar la cubierta, librándose de perecer -ahogados ó aplastados. - -Estos portadores de equipajes se adueñan de cuanto viene en el buque, -desde el saco de mano al baúl más enorme, y con su ligereza de duendes -amarillos pasan en unos segundos toda nuestra impedimenta á los andenes -de la estación. - -Visitamos Nankín á toda prisa. En realidad, resulta más interesante -visto en los libros que directamente. La capital creada por el primer -Ming es casi una ruina. Su fundador la construyó en gran escala para dos -ó tres millones de habitantes, y solo tiene 50.000. Su decadencia le -proporciona cierto interés melancólico. Dentro de su recinto, -fortificado con gruesas murallas y puertas-castillos, lo mismo que -Pekín, ocupan los jardines mayor espacio que las casas. - -Su industria principal es un tejido fino de algodón amarillento, llamado -«nankín», tela célebre en el mundo á partir del siglo XVIII, que fué -cuando empezaron á usarla los europeos en verano, para librarse del -calor de sus casacas bordadas. Además, esta ciudad decadente disfruta el -mismo prestigio que algunas universidades antiguas de nuestro mundo. Los -mandarines letrados que adquieren sus títulos en la ciudad literaria de -Nankín se consideran superiores á los demás. Aquí se producen la mejor -tinta china y el papel más fino; aquí están las imprentas que publican -los libros más bellos. - -A cierta distancia de Nankín se halla el mausoleo del fundador de la -dinastía «Luminosa». Pero ya hemos visto las tumbas de otros Ming, y -como deseamos llegar á Shanghai á media noche, prescindimos de tal -visita. - -Reanudamos el viaje al ponerse el sol. Antes de que se extinga la luz -notamos cierta variación en la campiña, que revela la proximidad de un -gran puerto comercial. Las barracas de madera con tejado cornudo, las -vallas de los campos y hasta los puentes ostentan grandes anuncios de -letras blancas sobre fondo amarillo. Como estos rótulos están escritos -con caracteres chinescos, resultan decorativos y agradables para -nuestros ojos, divirtiéndonos en encontrar analogías entre sus letras -geroglíficas y diversas figuras de personas y animales. - -Cierra la noche. Nos faltan cinco horas para llegar á Shanghai. Mientras -comemos va pasando el tren ante estaciones repletas de gentío. Detrás de -su masa obscura adivinamos la presencia de grandes ciudades. Los centros -más importantes de la industria china se hallan establecidos en esta -zona, entre el río Azul y Shanghai. De aquí salen los tejidos de seda -que se esparcen por el mundo entero; aquí se prepara igualmente la seda -en rama, primera materia para las hilanderías de Lyón y otros centros -industriales de Europa. - -Columbramos detrás de las empalizadas la muchedumbre que ha acudido para -ver nuestro tren. Sobre sus cabezas se agitan numerosas luces, como -fuegos fatuos. Son linternas de cristal fijas al extremo de palos; -faroles de papel, redondos como frutos, ó prolongados en forma de pez. A -lo lejos, en el interior de las ciudades, se destacan edificios de suave -fuego sobre el negro terciopelo de la noche. Continúan las fiestas del -nuevo año. Templos y edificios oficiales han iluminado los perfiles de -sus techumbres ganchudas. - -Después de las once llegamos á Shanghai, y durante el resto de la noche -y el día siguiente corro las calles y establecimientos de esta -población, la más viviente, la más rica y dada á los placeres de toda la -China. - -Shanghai es el mayor puerto de exportación é importación del antiguo -Imperio Celeste. Hong-Kong rivaliza con él en movimiento marítimo, pero -no es más que un puerto de tránsito, mientras que Shanghai es puerto -terminal. Además, Hong-Kong pertenece á Inglaterra, y Shanghai es de -todos. Figura como ciudad china, y en realidad sólo una parte de ella es -gobernada por funcionarios enviados de Pekín. El resto se compone de dos -extensos distritos que los blancos gobiernan á su gusto. Uno de ellos es -la Concesión Francesa, y el otro, más grande, la Concesión -Internacional, el verdadero Shanghai de los negocios, dirigido por los -cónsules de todos los países, dentro de cuya corporación se hace sentir -naturalmente la influencia de los representantes de las naciones más -poderosas en China, que son Inglaterra y los Estados Unidos. - -Habitan la Concesión Francesa los apoderados y agentes de las grandes -sederías de Lyón, que adquieren aquí su primera materia. Además, pasan -de 100.000 los chinos que se han instalado en dicha parte de la ciudad, -bajo el amparo de las autoridades francesas, para librarse de las -arbitrariedades de sus mandarines. Calles y avenidas han sido -rebautizadas últimamente con motivo de la guerra. Están bordeadas de -hotelitos con jardines, las vigilan policías amarillos traídos del -Tonkín, con sombreros en forma de paraguas, y se titulan Avenida Joffre, -Avenida Foch, Avenida de Verdún, etc. - -En la Concesión Internacional, verdadero núcleo de Shanghai, los -edificios están ocupados por Bancos, grandes oficinas mercantiles, y -bazares enormes á lo norteamericano, fundados y dirigidos por chinos. -Estas construcciones de numerosos pisos, al estilo de Nueva York, se -alinean á lo largo de un río navegable cuya agua sólo se ve á pequeños -trechos, tan abundantes son los vapores de comercio y los buques de -guerra anclados en él. Unos policías indostánicos de anchas barbas y -turbantes abultados, traídos por los ingleses, vigilan las calles de -este Shanghai internacional. - -Se nota inmediatamente la abundancia de dinero, la gran prosperidad de -los negocios. Los ingleses han inventado dos palabras que por su eufonía -no necesitan explicación y retratan exactamente el estado de los -negocios en un país. Cuando los valores suben vertiginosamente y todo -aumenta de precio, siendo general la abundancia de dinero, concretan tal -prosperidad diciendo que es un _boom_, palabra sonora é imitativa del -ruido de una explosión. Si todo marcha mal y la riqueza se oculta, -viniéndose abajo las empresas con el derrumbamiento de la quiebra, -expresan ésto con la palabra _krac_, sonido de lo que se rompe y viene -abajo. - -Shanghai está en pleno boom cuando llego á él. Todos son ricos. Gentes -que años antes no pasaban de ser modestos empleados, poseen ahora -millones. Se vive actualmente en este puerto chino como en la California -de á mediados del siglo XIX. - -Tal abundancia, que en ciertos casos merece llamarse excesiva, se nota -especialmente de noche en los lugares de placer. Shanghai, además de ser -célebre en todo el Extremo Oriente por sus industrias y el movimiento de -su puerto, hace sonreir á muchos cuando escuchan su nombre, unas voces -con nostalgia, otras con cierta malicia. Es la capital del placer y el -despilfarro. Hay en ella una calle de varios kilómetros, que se llama -«Fou-Tcheou Road», y está iluminada magníficamente hasta que sale el -sol. Toda la noche permanecen abiertos sus restoranes, sus -cafés-cantantes, sus casas de juego, y otras más difíciles de mencionar -por su verdadero nombre. - -La mujer china goza aquí mayor libertad que en el resto del país. Las -cortesanas de Shanghai son célebres y figuran en muchas novelas y -comedias de la literatura nacional. Se las ve pasar de noche por la -citada calle sentadas en _ricshas_, con vestiduras floreadas y vistosas -que las cubren desde el cuello hasta los pies, el rostro pintado como el -de una muñeca, los ojos prolongados por negras pinceladas, fijos é -inexpresivos. Van de restorán en restorán para figurar en los banquetes. -Toda comida china carece de atractivo si durante su curso de muchas -horas no van pasando por el salón numerosas cortesanas de dicha especie. -Conversan graciosamente con los comensales, coquetean, dicen versos y -canciones, y se retiran para dejar sitio á las compañeras que llegan, -yendo ellas á su vez á dar animación con su presencia á otros banquetes. -El anfitrión se encarga de remunerarlas por esta visita fugaz. - -Los grandes mercaderes chinos deseosos de imitar la vida de los europeos -frecuentan restoranes elegantes y menos «alegres» con sus esposas é -hijas, conservando los trajes nacionales de vistosa suntuosidad. Todos -son ricos en este país y despilfarran el dinero: los comerciantes -ingleses y norteamericanos, los sederos franceses, los hombres de -negocios de las otras colonias extranjeras; pero los capitalistas más -fuertes hay que buscarlos entre los chinos, admirables comerciantes que -en un puerto como Shanghai pueden dar amplia expansión á sus facultades, -monopolizando las introducciones de artículos extranjeros y la -producción nacional de la seda. - -Hasta los contados españoles que viven aquí resultan más interesantes y -más ricos que los de otros lugares del Extremo Oriente. El cónsul de -España, Julio Palencia y Tubau, hijo de un eminente comediógrafo y de -una de las mejores actrices que tuvo nuestro teatro, está casado con una -hermosa dama, nacida en Grecia, hija de un célebre político de dicho -país. Este matrimonio de gustos artísticos, refinadamente intelectual, -me invita á comer en su casa (una «villa» de frondoso jardín, cerca de -la Concesión Francesa) con los principales individuos de la pequeña y -prestigiosa colonia española, y escucho lo que me cuentan con verdadero -interés, pues todos ellos, por su estado social, conocen á fondo el -país. - -Uno de ellos, llamado Lafuente, es un arquitecto nacido en Madrid, que -ha construído el Gran Hotel de Shanghai; otro, apellidado Ramos, es -dueño de las mejores salas de cinematógrafo que existen en esta capital -del placer; y Cohen (el millonario de la colonia) posee casi todas las -_ricshas_ circulantes en la ciudad, que ascienden á varios miles, lo que -le proporciona un ingreso diario enorme, uniendo á tal industria otras -de no menos consideración. Este es el elemento civil que tiene España en -Shanghai. El religioso aún resulta más interesante. - -Estoy sentado á la mesa frente á dos frailes que son al mismo tiempo dos -hombres de acción, el padre Castrillo y el padre Cuevas, superiores de -las Misiones Agustiniana y Recoletana, existentes en China. - -El padre Castrillo, con su barbilla gris en punta y su frente voluminosa -de hombre de tenaces voluntades, me hace recordar á los héroes de la -conquista americana en el siglo XVI. En Shanghai lo respetan como si -fuese uno de los fundadores de la moderna ciudad, admirándole además por -sus dotes de organizador y financiero. Adivinó el porvenir de este -puerto antes que los ingleses, los norteamericanos y todos los que -explotan hoy sus negocios. Empleó los dineros de su comunidad (la de los -Agustinos del Escorial) en comprar terrenos alrededor del viejo -Shanghai, en la peor de las épocas, cuando eran frecuentes las -revoluciones y la sangre de enormes matanzas humanas corría por las -riberas del río Azul. - -Hoy la ciudad se ha ensanchado considerablemente y muchos de sus -edificios principales son propiedad de la orden representada por el -padre Castrillo. Éste goza de tal prestigio financiero y conoce tan á -fondo la población europea que vió formarse desde su primer núcleo, que -los banqueros más importantes, ingleses y norteamericanos, le piden -informes y consejos en momentos de duda; y el fraile castellano, con su -barbilla cervantesca, su sotana simple de clérigo y el sombrero de teja -echado atrás sobre la cabeza voluminosa, va bonachonamente de un lado á -otro, mirándolo todo con sus ojos que parecen distraídos y no pierden -detalle. Basta cruzar con él unas palabras para convencerse en seguida -de que es «alguien». - -La conversación con estos dos representantes de la propaganda católica -resulta de un gran interés geográfico. El padre Cuevas, misionero de -evangélica bondad y español entusiasta, me cuenta cómo envían todos los -años el dinero y los objetos más necesarios á las Misiones establecidas -en el interior de la China. La palabra «interior» hay que apreciarla -después de haber hecho memoria de la enormidad de esta nación, casi tan -grande como Europa. Me hablan los dos religiosos de un amigo suyo que es -obispo en no recuerdo qué ciudad situada junto á unas cataratas que -sólo muy contados viajeros conocen. Para llegar á ella hay que hacer un -viaje por el río Azul y sus afluentes, que dura sesenta días. - -Ahora, con los decretos de la República, que favorecen el traje á la -europea y permiten á los chinos la ablación de la trenza tradicional, -pueden los misioneros católicos recobrar un poco de su aspecto -religioso. En tiempo de los emperadores iban vestidos de chinos y usaban -coleta como los del país, para cumplir las funciones de su ministerio -con mayor libertad. - -Julio Palencia recuerda una visita que recibió hace algunos años en este -mismo Consulado, cuando era simple vicecónsul. Vió entrar una mañana en -su oficina á un mandarín, que le hizo varias reverencias á estilo del -país y empezó á balbucear en español con gran dificultad. - ---Yo soy el padre Ibáñez, obispo de... - -Y avergonzado por no encontrar palabras en su propio idioma para seguir -expresándose, se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo humildemente: - ---Perdóneme, señor cónsul. Hace más de treinta años que no he tenido -ocasión de hablar mi lengua. - -Resulta meritoria y altamente digna de respeto la vida de los misioneros -en el interior de la China, por su desinterés y sus penalidades. Pero en -los resultados de la propaganda cristiana no son los católicos los que -llevan la mejor parte. Las Misiones protestantes resultan más poderosas, -sin que esto suponga mayores méritos de un personal sobre otro. La -diferencia consiste simplemente en que las primeras disponen de -capitales muy superiores á la renta de las Misiones católicas. Además, -los Estados Unidos han dado un carácter casi laico y de ciencia práctica -á sus centros catequistas. Una gran parte de estos misioneros americanos -no son sacerdotes, ni sus funciones, puramente temporales, comprometen -el porvenir de su vida. Se parecen á las Hermanas de la Caridad dentro -del catolicismo, que hacen votos por tiempo limitado y pueden volver á -la vida profana. - -Muchos norteamericanos jóvenes, profesores ó escritores, deseosos de ver -mundo y exponer la vida por un ideal generoso, así como numerosas -señoritas que han pasado por las escuelas, solicitan ingresar en las -Misiones de la China, donde actúan como maestros más que como -catequistas, dedicándose á la enseñanza de la agricultura y otras -ciencias prácticas. Algunos de los empleados de la «American Express», -que nos guían á través de la China y hablan su lengua, pasaron varios -años en las Misiones norteamericanas. - -La propaganda católica es dirigida en primer término por los sacerdotes -franceses. Su apoyo más importante es la «Sociedad de San Javier», -establecida en Lyón, que tomó con justicia el título del santo español -Francisco Javier, por haber sido éste el primer misionero en Asia. Dicha -sociedad recauda unos siete millones de francos anualmente, dedicados en -gran parte á las Misiones de China. Otra sociedad francesa, llamada de -la «Santa Infancia», ha gastado 80 millones en medio siglo para asegurar -el bautismo de los niños paganos, invirtiendo en China la mayor parte de -esta prodigalidad pueril. - -Las Misiones protestantes, inglesas y norteamericanas, disponen todos -los años de unos cien millones, sin contar los donativos en especies que -reciben, máquinas agrícolas, material de escuelas, etc. - -Esta ciudad bulliciosa y rica, que gobierna una junta de cónsules, y -todos llaman por su puerto y sus negocios el «Londres del Extremo -Oriente», guarda á un mismo tiempo los directores de la propaganda -moral cristiana y los lugares de corrupción más ruidosos de Asia. He -estado poco tiempo en Shanghai y siento el deseo de volver á ella, con -preferencia á otras ciudades conocidas en mi viaje. Tengo el -presentimiento de que estudiándola puede escribirse una de las novelas -más interesantes y originales de la época moderna. - -La noche en la enorme calle de Fou-Tchéou Road no tiene igual en el -mundo. Se ven hembras de todos los países, se oye hablar todos los -idiomas. El gran sacudimiento ruso ha enviado hasta Shanghai una ola de -mujeres de cabellera roja y ojos verdes, sentimentales, complicadas y -medio salvajes á un mismo tiempo. Las cortesanas europeas se mezclan con -las chinas. Los millonarios del _boom_ arrojan á puñados los billetes. -Una cena en Shanghai es algo que va más allá de las fantasías del -_Satiricón_. El teatro chino florece aquí más que en ninguna otra -ciudad, y como los papeles de mujer son desempeñados por jovenzuelos de -dulces ademanes, la llamada «princesa china» rivaliza con el mujerío -internacional. El hombre blanco, influenciado por el ambiente del país, -se entrega al opio con un entusiasmo de neófito, y acaba por visitar las -casas lujosas de las «princesas chinas», cuyos directores intoxican al -imberbe personal con cierta hierba para que languidezca y tome un -aspecto más interesante. - -¡El barrio chino de Shanghai!... Ahora me parecen los chinos de Pekín, -grandes, parcos en palabras y de sonrisa grave, hombres de otra nación. -Aquí encuentro por primera vez al chino pequeño, bullanguero, saltarín y -propenso al engaño. La ciudad china de Shanghai se diferencia de todo lo -que he visto en el Norte. - -Sus calles tortuosas, estrechas y húmedas son iguales á las de un zoco -musulmán. El suelo resulta elástico bajo el talón, tantas son las capas -de suciedad que forman su costra. En las tiendecitas, semejantes á -cuevas, se ven las industrias más diversas: ebanistas labrando muebles -riquísimos, vendedores de pájaros, ropavejeros que ofrecen túnicas de -mandarín con forros de preciosa cibelina colonizada por los piojos, -acuarios con peces de formas fantásticas, fábricas de ataúdes, -carnicerías con animales desollados de imposible identificación. Y -apretándose en las angostas callejuelas, gente, mucha gente; multitudes -como sólo pueden encontrarse en estos pueblos-hormigueros de Asia, -habituadas á una miseria inaudita. - -Como hace menos frío que en Pekín, muchos van medio desnudos. Otros -conservan orgullosamente sus andrajos acolchados, pero los llevan -sueltos, colgando de las roturas las vedijas blancas de su relleno. Hay -que abrirse paso con los codos entre mendigos que son caricaturas -humanas, desfigurados por las enfermedades de un modo horrible. Los -leprosos tienden su diestra implorante, que es un muñón falto de dedos. -Otros carecen de nariz, y por dos orificios negros, completamente al -descubierto, se columbra el interior de su cráneo... Y toda esta -muchedumbre regatea, grita, se empuja, pide limosna ó canta. - -Grupos de mendigos entonan una especie de villancicos á coro, frente á -los mostradores de panaderos y carniceros, avanzando al mismo tiempo con -ambas manos la olla que recibe las ofrendas. Como estamos en un país de -juglares asombrosos, muchos jóvenes, aprendices de equilibrista, se -pasean con un junco en la nariz, á cuyo término da vueltas un plato ó -una rueda. - -Si atravesamos este Patio de los Milagros haciendo un esfuerzo para -soportar tanto contacto peligroso, tanto hedor inmundo, es porque -deseamos visitar el célebre «Jardín del Mandarín»... Y aquí considero -útil hacer una advertencia. Los chinos no saben lo que es un mandarín, -como ignoraban hasta hace poco la existencia de una nación llamada -China. - -La palabra «mandarín» es portuguesa. Como los portugueses fueron los -primeros marinos de Europa que visitaron los puertos de China, al anclar -en Cantón llamaron «mandarines» á todos los funcionarios del país que -ejercían algún «mando» sobre sus compatriotas. También creo oportuno -mencionar que la China ha ignorado, hasta las innovaciones recientes de -la República, el nombre exacto de casi todas las naciones de Europa, -designándolas á su modo. Nadie sabía aquí el nombre de un país llamado -España. Como el comercio chino lleva tres siglos de negocios con Manila, -capital de la isla de Luzón, España fué llamada hasta hace poco «la Gran -Luzón», y todavía los mandarines de Shanghai y otros puertos usan dicho -título al dirigirse á nuestros cónsules. - -Actualmente está el «Jardín del Mandarín» en el centro de la ciudad -china de Shanghai. El tal jardín se ha convertido en casas, y lo único -que se conserva es su pequeño lago. Resulta interesante este redondel -acuático reflejando en su fondo las construcciones de aleros carcomidos -y tejados brillantes de laca que forman su orilla circular. - -En mitad del lago hay una isla, ocupada toda ella por un kiosco para -tomar el té y un sauce que se encorva lloroso sobre el agua verde. Un -puente la une con la orilla, pero este puente no es recto. Resultaría -demasiado simple para el gusto chino. Avanza formando ángulos, y así el -viaje resulta más largo y ofrece diversos puntos de vista. Dicho islote -con su kiosco, su sauce y su puente en ángulos es lo que deseamos ver. -Resulta tan célebre para el chino como el Partenón, las Pirámides, la -Alhambra, las catedrales góticas ó el Capitolio de Wáshington para -nosotros. - -El lector conoce perfectamente la isla del «Jardín del Mandarín»; la -conoce casi tan bien como yo que la he visto con mis ojos. No haga -gestos negativos. Repito que la conoce desde su niñez. Es la isla con un -kiosco, un sauce y un puente que figura en todas las tazas de té y en -sus platillos, en todos los mantones llamados de Manila, en todas las -cajas de laca, en todos los abanicos chinescos. - -Los artistas de este país llevan cuatro siglos copiando la isla del -«Jardín del Mandarín», y así continuarán otros tantos. A pesar de su -aspecto frívolo y frágil, es el monumento chino más conocido en toda la -tierra. - - - - -XI - -EN EL MAR AMARILLO - - El regreso al «Franconia».--Peces y perros chinos.--El mar más - frecuentado del mundo.--Audacia extraordinaria de los marineros del - mar Amarillo.--Los tres tripulantes del ataúd.--La hermosa bahía de - Hong-Kong.--Calles en pendiente y la avenida de la Reina.--De cómo - el que se retrata pierde una parte de su alma, absorbida por el - objetivo.--La carretera de la Cornisa en la isla de «los Arroyos - Floridos».--Fisonomía de los puertos del Extremo Oriente. - - -A causa de su calado, el _Franconia_ nos espera á catorce millas de -Shanghai, en un lugar llamado Woosung, que es donde anclan los -trasatlánticos que por su considerable tonelaje no pueden remontar el -río Whangpoo hasta los muelles del «Londres del Extremo Oriente». - -Un remolcador nos lleva aguas abajo hacia su desembocadura en el -estuario del río Azul entre buques cada vez más numerosos, cuyo tamaño é -importancia aumentan según vamos avanzando. Vapores de diversas -nacionalidades se deslizan entre juncos panzudos con velas cuadradas de -estera y sampanes tripulados por familias casi desnudas. Volvemos con -cierta emoción al trasatlántico que abandonamos en las costas niponas. -Sentimos la inquietud inexplicable del que regresa á su casa después de -una larga ausencia. - -Hemos encontrado en Shanghai á muchos compañeros de viaje que se -quedaron en el buque, mientras nosotros, formando tres pequeños grupos, -pasábamos á través de la Corea y la China. Estos compañeros que vienen -en el pequeño vapor fluvial y los otros que esperan en el trasatlántico -han visitado durante nuestra excursión varias islas japonesas y algunos -puertos de la China. - -Vamos casi aglomerados en las dos cubiertas de este pequeño buque. -Vuelven de una sola vez al _Franconia_ los viajeros que han pasado -varios días en Shanghai y todos los individuos de su dotación que -bajaron á tierra con permiso. Los que hemos atravesado una parte de la -China arrastramos la impedimenta de un nuevo equipaje que guarda las -compras hechas en Pekín. Yo voy sentado en la cumbre de un montón de -maletas y fardos que me pertenecen en su mayor parte, y debo preocuparme -además de dos vasos de porcelana que contienen unas cuantas docenas de -peces chinos, interesantemente monstruosos, con largos faldellines de -bermellón y oro, comprados en los callejones inmediatos al «Jardín del -Mandarín». - -Veremos cuántos de estos animales de una fealdad adorable llegan vivos á -Europa, para aclimatarse en los pequeños estanques de mi jardín de -Mentón. - -Cuando subimos al _Franconia_, cerca del anochecer, encontramos en -pasillos y salones una fauna aleteante y flotante, adquirida igualmente -por nuestros compañeros durante su estadía en los puertos. Canturrean en -jaulas pájaros amaestrados por la habilidosa paciencia china; nadan en -redomas y hasta en lavabos peces semejantes á los míos. Los oficiales -del buque ejercen una rigurosa vigilancia, examinando todo lo que traen -los pasajeros. Hay orden terminante de no admitir ningún perro. En todas -las expediciones alrededor del mundo, las señoras se muestran -entusiasmadas por la belleza y la baratura de unos pequeños canes -chinescos, llamados «pekineses», y se apresuran á comprarlos. Ninguno -llega al final del viaje. Me cuentan los oficiales que en una travesía -anterior hubo que echar al agua más de doscientos «pekineses». Para -evitar la repetición de esta mortandad inevitable y que el buque no -atraviese los mares como una perrera flotante, dejando detrás de él una -estela de ladridos, las gentes del trasatlántico se muestran inflexibles -en la aplicación de dicha orden. Algunas damas norteamericanas, con la -intrepidez de su raza y valiéndose de astucias dignas de un drama -cinematográfico, consiguen introducir en su camarote al lindo perrito -chinesco, pero antes de que zarpe el buque se descubre el engaño, y -tienen que confiar el animal de lujo á los cargadores y barqueros -indígenas que todavía están junto á las escalas del _Franconia_. - -Reanudamos nuestra existencia de navegantes. Sentimos un placer familiar -al repetir las comidas, los paseos, todos los episodios algo monótonos -de la vida sana y ampliamente respirada que llevamos á través de las -soledades del Pacífico. El viaje de Shanghai á Hong-Kong por el mar -Amarillo resulta comparable á los paseos que se dan por el interior de -la propia casa sin encontrarse solo un momento. No existe un mar más -poblado que el de la China. Por todas partes se ven grandes juncos de -cabotaje y barcas de pesca. La sirena del _Franconia_ tiene que rugir á -cada momento para dar aviso á los carabelones que navegan pesadamente -delante de su proa, sin que parezcan enterarse del peligro. Es algo -igual á la marcha de un automóvil por una avenida en la que abundan los -transeuntes sordos y distraídos. - -Se explica tan enorme cantidad de velas por la importancia que ha tenido -siempre en China la vida marítima. Su arquitectura naval resulta -semejante á la nuestra de la Edad Media. Los buques son más altos de -popa que de proa y los mueve un velamen primitivo. Estos cascos -enormemente panzudos y de poco calado se sostienen por su anchura, y -como les falta profundidad, navegan balanceándose de tal modo que el -observador cree á cada momento en una catástrofe. Con esto queda dicho -lo malo de la marina china. Añadamos que ningún pueblo de la tierra -posee tantos navegantes y tantos buques. Los juncos y sampanes son -incontables. La cantidad de chinos que viven sobre el agua, en mares y -ríos, asciende á millones. Como todos ellos llevan á sus familias, las -generaciones nacidas sobre el agua se suceden sin interrupción, y hay -todo un mundo que puede llamarse anfibio, refractario á la vida -terrestre, el cual encuentra agradable la existencia sobre estos buques -de forma milenaria. - -De día nuestro paquebote avanza rodeado de juncos que se balancean con -la grotesca inestabilidad del ebrio, á pesar de que la agitación de las -olas casi es nula. Todos marchan con el mismo rumbo, pues aprovechan -periódicamente los vientos para sus viajes en masa hacia el Sur ó hacia -el Norte. - -La vista de estos buques iguales á las carabelas y galeones del -descubrimiento de América nos hace evocar la dura existencia de los -navegantes españoles y portugueses en el siglo XVI. Mientras la cubierta -del Franconia permanece inmóvil, como si fuese un fragmento de tierra -firme, estas escuadrillas de otros siglos avanzan hacia el Sur -balanceándose y cabeceando con un movimiento llamado de tornillo. Esto -nos hace comprender cómo en la época de los grandes descubrimientos -españoles raro era el marino, por larga que fuese su historia de hombre -de mar, que no acababa mareándose. Muchas de las citadas descubiertas -fueron hechas por tripulaciones que estaban completamente «almadiadas», -nombre que dan al mareo los pilotos de aquella época en sus libros de -navegación. - -De noche todo el mar está poblado de luces, como si se diese sobre él -una fiesta. Cada junco lleva un farol. Además, en el interior de su popa -siempre va un pequeño altar dedicado á los espíritus marítimos, ante el -cual encienden lámparas los tripulantes ó queman varillas olorosas. - -Según afirman los capitanes blancos, no existe marino más admirable que -el chino por su desprecio al peligro. Todo lo que flota le sirve para -embarcarse tranquilamente. Metidos en una especie de artesa hecha con -cuatro tablas y empujada por una vela de fibras vegetales, se lanzan mar -adentro, perdiendo de vista las costas. Y esto lo hacen en uno de los -mares más peligrosos del planeta por los ciclones que barren su agitada -extensión. Todos los años hay tornados que en menos de una hora suprimen -centenares de juncos y sampanes. Pero el huracán mortífero sólo perturba -por unos días las navegaciones de este pueblo acostumbrado á las -catástrofes. ¡Hay tantos chinos!... La fecundidad de la raza lucha con -las cóleras del Océano, con las inundaciones homicidas de los ríos, con -las epidemias, con los temblores del suelo, y acaba por triunfar, -considerando un episodio ordinario la pérdida de algunos centenares de -miles de seres. - -Un día antes de la llegada á Hong-Kong presencio un espectáculo -inaudito, algo que no habría creído nunca de no haberlo visto. Estamos -entre la isla de Formosa y la costa china, cerca del pequeño -archipiélago designado con el nombre español de Pescadores. En dicho -estrecho menudean los tornados, y los más de los días, aunque las -condiciones atmosféricas sean buenas, el oleaje resulta violento para -los buques pequeños. Poco después de la salida del sol noto que algunos -marineros del _Franconia_ se avisan y corren á un costado del buque. -Necesito concentrar toda mi energía visual y seguir las indicaciones de -ellos para contemplar finalmente el extraordinario espectáculo. Tres -chinos medio desnudos vienen hacia nosotros, de pie sobre las olas; unas -olas altas, de largas pendientes, que los ocultan en sus profundos -valles y los elevan de nuevo unos momentos para hacerlos desaparecer -otra vez. Sólo cuando pasan cerca de nuestro buque, ó mejor dicho, -cuando el _Franconia_ en su avance llega al nivel de ellos, es cuando me -doy cuenta de que los tres van sobre un bote que más bien merece el -título de ataúd, embarcación de tres metros de largo que asoma sobre las -olas unos cuantos centímetros de borda. Como este barquichuelo va lleno -de agua, apenas si se nota su reborde negro por encima del mar. Bogan -apresuradamente. De vez en cuando abandona el remo uno de ellos y se -dedica á vaciar la obscura artesa. Y así marchan sobre el rudo oleaje -del estrecho, que esta mañana hace balancearse al _Franconia_. - -No podemos adivinar adónde se dirigen. Por todos lados se ve agua. A -esta hora matinal no se distinguen las costas de la China ni de Formosa, -y aun en el caso de que se dejaran ver, no serían mas que montañas de -vagoroso azul esfumado por una distancia enorme. Tal vez son marineros -que han salido de alguno de los juncos que se acuestan y se levantan en -el horizonte y van tranquilamente hacia otro junco lejano. - -El oficial que está de guardia en el puente del _Franconia_ sonríe -celebrando esta audacia y afirma que los chinos serían los primeros -marineros del mundo si tuviesen quien supiera mandarlos. Los tres -remeros han pasado ante nuestro paquebote sin torcer la cabeza para -mirarlo; nos vuelven la espalda con una indiferencia majestuosa. Los -vemos subir y bajar sobre las inquietas montañas de agua. A cada nueva -aparición resultan más pequeños. La marcha del _Franconia_ en sentido -inverso los aleja con extraordinaria rapidez, como si sus golpes de remo -tuviesen una potencia mágica. Ellos y su féretro navegante no son mas -que un pequeño tapón que se envían las cumbres azules al hincharse y -desplomarse; luego un punto; después nada. Parece que se los haya -tragado el mar. Viendo esta atrevida inconsciencia se comprenden las -aventuras y hazañas de los piratas amarillos de otros siglos, que tantas -veces pusieron en peligro la vida del Imperio. - -Llegamos á Hong-Kong á los tres días de nuestra salida de Shanghai. Esta -posesión inglesa ocupa una gran isla de las muchas que emergen sobre el -enorme estuario que forma al desembocar en el Océano el río Perla, ó sea -el río de Cantón. Entre dicha isla y la península de Kowloon, situada -enfrente, se abre una bahía famosa en el mundo por su belleza. Solamente -la de Río Janeiro y la de Sydney en Australia pueden compararse con -ella. - -Los ingleses se posesionaron de Hong-Kong en 1841, como una consecuencia -de la llamada guerra del opio. Ya dijimos algo de esta guerra. El -comercio de la Gran Bretaña vendía opio á los chinos; el Imperio Celeste -se opuso á la difusión de esta droga fatal, embargando varios -cargamentos ingleses enviados á Cantón y echándolos al agua. El gobierno -de Londres declaró la guerra á la China, y después de un rápido triunfo -se quedó, como indemnización por los gastos de la campaña y por los -cargamentos de opio anegados, con la isla de Hong-Kong, que es un -magnífico puerto de paso situado estratégicamente. - -Hay que reconocer, sin embargo, que la Gran Bretaña ha sabido hermosear -su adquisición. En 1841 era una montaña rocosa y casi desierta. Hoy -existe en ella una rica ciudad abundante en palacios y jardines, con -largas calles de Bancos y lujosos almacenes. Esta ciudad se llama -oficialmente Victoria, en honor de la vieja reina de Inglaterra, pero -todos continúan llamándola Hong-Kong. - -Se entra en su bahía como el que penetra en un salón viéndose obligado á -cruzar antes varias antecámaras. Veo á la luz violeta del amanecer una -costa de colinas abruptas. Sus rocas pardas ó con un color de sangre -tostada tienen manchas obscuras de vegetación. En torno al _Franconia_ -son cada vez más densos los grupos de buques chinos con alta arboladura -de velas cuadradas hechas de fibras de bambú. Todos marchan hacia el -mismo punto, como un rebaño que estrecha sus hileras y toma una -formación triangular para deslizarse mejor por la entrada del aprisco. -Empiezan á verse entre los panzudos juncos pequeños sampanes con un -hombre en el timón, padre ó marido, y una tripulación de mujeres -amarillas. Estas amazonas del mar llevan pantalones azules por toda -vestidura, el tronco tetudo completamente descubierto, y manejan las -velas ó el remo con sudorosa fuerza. - -Nos introducimos entre dos islas, siguiendo el estrecho que da entrada á -la bahía, y es tal la abundancia de buques chinos casi pegados al casco -del trasatlántico, que obligan á éste á marchar con exagerada lentitud, -haciendo rugir á cada instante la sirena de su máquina. Se abre -repentinamente ante la proa la planicie verdosa de este abrigo marítimo, -uno de los más frecuentados del mundo. Los grandes paquebotes de -comercio amarrados á tierra enmascaran el movimiento de los muelles. En -el centro están anclados algunos buques de guerra ingleses. Sus cascos -blancos de perfil atrevido revelan el impulso de una gran velocidad aun -permaneciendo inmóviles. - -Fondea el _Franconia_ frente á Hong-Kong, en los muelles de la península -de Kowloon, ó sea de la tierra firme. Cada cinco minutos llega un -vaporcito y parte otro, atravesando la bahía para poner en comunicación -la ciudad de Victoria, situada en la isla, con los barrios que están -naciendo en la península de enfrente. - -Se han preocupado los ingleses de crear jardines y bosques, y Hong-Kong -ofrece desde la orilla opuesta un hermoso aspecto con su largo caserío, -que sigue el borde de la bahía, y sus pendientes verdes, que algunas -mañanas están ocultas bajo las nubes. Un funicular asciende rectamente á -la cumbre del Pico, nombre de la montaña en que se apoya la ciudad de -Victoria. Sobre dicha cúspide existe un sanatorio que goza de una vista -maravillosa. - -Quince mil habitantes de raza blanca y trescientos mil chinos forman la -población de Hong-Kong. Como la ciudad se inició entre el mar y una -montaña abrupta, ha tenido que ir prolongando su crecimiento por el -borde de la bahía, lo que la da actualmente una extensión de muchos -kilómetros. Su calle principal, llamada de la Reina, es casi tan larga -como toda la ciudad y ofrece magnífico aspecto; pero no ha podido seguir -la línea recta, plegándose á los contornos de la montaña y las -ondulaciones de la ribera. Esta avenida, espina dorsal de Hong-Kong, -tiene á la derecha el mar y á la izquierda calles estrechas de rápida -pendiente que se remontan por las faldas del Pico. En ellas vive el -vecindario chino y siempre están llenas de muchedumbre. Todas las -fachadas tienen anuncios en orden vertical, palabra sobre palabra, -pintados en fajas de tela ondeantes. - -Dentro de la avenida de la Reina se hallan los grandes almacenes de -sedas, de porcelana, de bordados, de todo lo que produce la industria -china, y dichos comercios son generalmente sucursales de las fábricas de -Cantón. El viajero que llega por la parte de Oriente, viniendo del Japón -y del interior de la China, nota en Hong-Kong una diferencia -arquitectónica. En las calles principales los edificios ya no son de -madera. Todos ellos fueron construídos con piedra. La montaña inmediata -la proporciona en abundancia. El orden público es guardado, lo mismo que -en la Concesión Internacional de Shanghai, por agentes indostánicos, -belicosos sikhs de barbas anchas y obscuro turbante, montañeses al -servicio de Inglaterra, unas veces como soldados y otras como policías. - -En las avenidas paralelas al mar, de suelo horizontal bien pavimentado, -el medio de locomoción es la ricsha, como en todas las ciudades -asiáticas. Los chinos que tiran aquí de los carruajitos son más -vigorosos: verdaderos atletas de piernas extremadamente desarrolladas, -semejantes á columnas. El lujo de todo europeo de Hong-Kong, -especialmente de los hombres de negocios, es llevar tres hombres en su -_ricsha_. Uno empuña las varas, otros dos empujan, y el ligero vehículo -con su ocupante parece que va por el aire, tal es su velocidad. Cuando -se detiene, los tres diablos medio desnudos sacan al señor de su asiento -como en volandas y lo ponen en el suelo. - -El antiguo palanquín es empleado aún en las calles pendientes de -Hong-Kong. Parejas de chinos con sombrero de paraguas y unos -calzoncillos por todo traje sostienen en hombros dos barras flexibles -sobre las cuales va el sillón del palanquín. En los restoranes y hoteles -esparcidos entre las arboledas de la montaña, siempre hay fotógrafos que -se ofrecen para retratar á los viajeros ocupando este vehículo -tradicional. Pero antes hay que entenderse con los portadores. Muchos de -ellos se niegan con tenacidad á dejarse retratar. Otros, tentados por la -codicia, se deciden heroicamente á colocarse ante el objetivo mediante -una buena propina. Todos saben que la máquina fotográfica absorbe una -parte del alma de los que se ponen ante ella, acortando en consecuencia -los días de su vida. - -Se nota en los comercios de Hong-Kong y también en los de Shanghai una -supervivencia monetaria que hace recordar el antiguo tráfico español. El -peso mejicano sirve todavía de unidad en las operaciones de los -mercaderes chinos. La Nao de Acapulco trajo á Manila durante dos siglos -cargamentos de pesos fabricados en las casas de moneda de Nueva España -para pagar las mercancías chinas, y al declararse la independencia de -Méjico continuó dicha exportación de moneda, inundando los mercados del -Extremo Oriente. - -La isla de Hong-Kong tiene en torno de ella un camino para automóviles, -que es una de las Cornisas más hermosas del mundo. La de la Costa Azul -resulta superior por las ciudades que ha ido estableciendo á lo largo de -ella la colaboración de los ricos de Europa, mas no excede á la de esta -isla en la hermosura é interés de los paisajes. Su título exacto es -Heung-Kong, que significa en chino «Arroyos Floridos», y tal nombre no -resulta hiperbólico, pues lo justifica la olorosa vegetación de sus -jardines tropicales. - -Los elegantes hoteles creados junto á este camino de la costa, los -palacios y parques de varios personajes de Hong-Kong que me invitan á su -mesa, no me atraen tanto como el incesante movimiento de la bahía, en la -que se mezclan la marina medioeval de los amarillos y los más recientes -progresos de la navegación inventados por los blancos. Aquí, como en -los ríos de la China, existen barrios flotantes formados de sampanes, -que sirven ahora de casa y servirán luego de sepulcro á las familias que -los tripulan, proporcionándoles al mismo tiempo el medio de ganarse el -arroz. Las marineras, desnudas de cintura arriba, con adornos verdes de -falso jade en las cabelleras cerdosas, ponen la mirada de sus ojillos -tirantes, insolentes y fijos en el blanco que examina sus viviendas. - -Al ver á una humanidad tan distinta de la nuestra, se duda algo del -porvenir de la República china y de la liberación de otras -naciones-hormigueros pertenecientes á este mundo extremadamente viejo. - -¡Pueblos de Asia!... Pueblos eternamente siervos, que en su historia de -miles de años no han vivido ni una hora la vida de la libertad, siendo -los primeros en considerar la democracia algo absurdo, opuesto al ritmo -de la existencia; pueblos que únicamente son virtuosos cuando tienen -miedo á alguien, y si no ven la corrección inmediata olvidan todo -respeto, mostrando una insolencia de escolares sublevados. ¿Cómo -llegarán nunca á ser algo grande, si, exceptuando una minoría escogida y -superior, todos sus hombres ignoran la dignidad personal?... - -Encuentro en un pequeño libro de notas las siguientes líneas, escritas -con lápiz á la luz del ocaso, navegando sobre las aguas nacaradas de la -bahía de Hong-Kong, dentro de un bote automóvil conducido por dos -muchachuelos chinos. - -Los puertos del Extremo Oriente son pedazos de Europa caídos en el mundo -antiguo, nuevos Londres con sol y cielo azul, donde el humo de la hulla -y las vedijas de la niebla no alcanzan á vencer el esplendor luminoso de -Asia. - -Sus muelles con montañas de carbón de piedra, con torres de metal que -guardan lagos de petróleo, con apilamientos de productos exóticos, -huelen á ostra muerta; tienen un perfume de agua en putrefacción, de -drogas químicas, de frutos tropicales, de maderas olorosas. En estas -gusaneras humanas, hombres por todas partes, amarillos, rojos, cobrizos, -que apenas sienten el calor quedan en cueros, con sólo un trapo pasado -entre las piernas. El policía indostánico no se digna hablar al -indígena; simplemente levanta el vergajo y pega. Los chicuelos pasan el -día nadando. Las mujeres reman. - -Sobre las bordas de los grandes trasatlánticos asoma sus filas de -cabezas con turbantes la servidumbre compuesta de indios y los fogoneros -de las máquinas pertenecientes á la misma raza. Son hombres que parecen -convalecientes de una fiebre por el color pálido de su epidermis, por su -extremada delgadez y sus ojos de calentura. Unas barbas horizontales les -ensanchan el enjuto rostro, iguales á las de un enfermo que no se ha -afeitado en varios meses. - -Todo se junta sobre las aguas de estos puertos: grandes paquebotes -iguales á ciudades, juncos que aún no han salido de la Edad Media, -sampanes que son chozas flotantes donde las familias nacen y mueren, -cruceros de guerra llegados para exigir indemnizaciones ó vigilar el -cobro de las aduanas. - -Sobre los muelles pasan los palanquines sostenidos por unos coolíes de -grandes sombreros que parecen setas vivientes, _ricshas_ empujadas por -corredores de redondas piernas, hombres-caballos y hombres-balanzas que -lo llevan todo en dos discos de fibra pendientes de un grueso bambú -incrustado en un hombro; mujeres que trabajan más que los varones y se -entregan á una reproducción fatalista durante su reposo de bestia de -labor. - -La policía arrastra hasta los buques marineros que ha recogido inánimes -en los muelles. Los cree borrachos y han muerto á consecuencia de un -hartazgo alcohólico. Otros, al recobrar la razón, bajan castigados al -infierno de las máquinas. - -Vendedores ambulantes gritan ante los trasatlánticos que tienen su pared -de acero pegada al muelle. Un mercado provisional extiende sus puestos -junto á la férrea pared perforada de ventanos redondos. En las blancas -terrazas de estos palacios flotantes, sus huéspedes miran los objetos -que ofrece la muchedumbre amarilla más abajo de sus pies: sillones de -junco, amuletos de falso jade, sombrillas de cartón pintarrajeado, -abanicos de plumas. - -Salen buques para la costa americana, que es la acera de enfrente, y -está, sin embargo, en el lado opuesto del planeta. Llegan otros de los -diversos rincones del Océano Pacífico, gran plaza de la humanidad futura -que aún ignora la mayor parte de Europa. - -Para que el mundo de los blancos se entere de la existencia é -importancia del Pacífico, será necesaria una gran guerra. Así se dió -cuenta por primera vez de que existía el Japón. - - - - -XII - -HONG-KONG Y CANTÓN - - Las huelgas de los chinos.--Banquetes ruidosos.--Servidumbre de las - casas ricas de Hong-Kong.--«No vaya usted á Cantón».--Historia del - gran puerto del té y de la porcelana.--La republicana Cantón y sus - habitantes revolucionarios.--El doctor Sun Yat Sen.--Las dos - Chinas.--Viaje á Cantón.--La ciudad flotante sobre el río - Perla.--Los «bajeles de flores».--Agresividad xenófoba de los - cantoneses ante los buques de guerra anclados en el río.--Tiros en - las calles.--Los cónsules nos aconsejan un pronto regreso á - Hong-Kong.--Los piratas del estuario.--Una novela de 70 tomos y - 1.000 personajes.--El asalto del vapor-correo de Macao.--La - capitana de los dos revólveres.--Voy á Macao. - - -Encuentro á los hombres de negocios de Hong-Kong en pleno _boom_, lo -mismo que los de Shanghai. Hablo con varios jóvenes que hace meses eran -simples empleados y ahora tienen más de 100.000 dólares, adquiridos en -rápidas especulaciones. Otros negociantes más viejos sonríen -escépticamente al considerar tales triunfos. Han conocido en su vida -varios _boom_ pero no menos _krac_, y saben que en estos países de -formación reciente las fortunas se crean y se deshacen con igual -prontitud. - -La prosperidad de Hong-Kong parece dificultar su vida interior. Cerca -está Cantón, la más revolucionaria de las ciudades del antiguo Imperio, -que solivianta los ánimos de las nueve décimas partes de la población -de Hong-Kong. Los chinos de este puerto inglés no son sindicalistas ni -saben qué puede significar tal nombre, pero encuentran agradable ver -doblados ó triplicados sus jornales y gozan además cierto placer -interior dificultando la vida de los «demonios blancos». Los comités -revolucionarios de Cantón se dedican á organizar huelgas en las colonias -próximas, gobernadas por europeos, y estas huelgas han obtenido hasta -ahora en Hong-Kong un éxito completo y ruidoso. Los hombres amarillos -son insustituibles para la resistencia pasiva y no hay miedo de que -ninguno de ellos falte á las órdenes secretas de sus directores. - -Hong-Kong ha visto su vida paralizada semanas enteras. Hasta los -portadores de palanquines y _ricshas_ desaparecieron cual si se los -hubiese tragado el suelo. Las calles de la hermosa ciudad quedaron -desiertas, como avenidas de cementerio. Y el gobierno de Hong-Kong, que -se compone de un gobernador enviado por la corona de Inglaterra y los -personajes más importantes de la ciudad, tuvo que transigir repetidas -veces con las imposiciones de los revolucionarios. Hay quien dice que -esta derrota de los ingleses dentro de Hong-Kong se debe á la excesiva -prosperidad del país. Autoridades y comerciantes se enriquecen en poco -tiempo, y esto parece quitarles energía para hacer frente á las -imposiciones de los chinos. Desean que se restablezca cuanto antes la -marcha normal de los negocios y continúen sus ganancias. - -En Macao, ciudad portuguesa, que está á cuatro horas de Hong-Kong, al -otro lado del estuario, los agitadores de Cantón intentaron varias veces -sublevar á los habitantes chinos; pero como su gobernador se encontraba -en otras condiciones que las autoridades de Hong-Kong pudo hacer uso de -medios enérgicos, sin miedo á que le echasen en cara anteriores -complacencias, y los movimientos subversivos contra el europeo -resultaron otros tantos fracasos. - -Viven los negociantes de Hong-Kong con tanto lujo como los de Shanghai, -pero aquí los lugares de placer son menos numerosos. Los chinos ricos -mantienen con sus banquetes una calle entera de restoranes instalados en -edificios de varios pisos. Toda la noche reflejan sobre las aguas de la -bahía sus balconajes y sus aleros ribeteados de guirnaldas eléctricas. -En este barrio resultan tan enormes los estrépitos como la iluminación. -Los anfitriones de unos banquetes que duran la noche entera y cuestan -miles de dólares quieren que sean acompañados de una pompa exterior -reveladora de su generosidad. Frente á la puerta hay bandas de música -pagadas por ellos, en las cuales el bombo, los platillos y los chinescos -de abundantes campanillas son los instrumentos dominantes. Arden entre -servicio y servicio vistosas piezas de fuegos artificiales; _tracas_ -ensordecedoras corren á lo largo de la calle ó por encima de los -tejados, con un tiroteo de batalla. - -Los ricos de raza blanca dan sus banquetes á la europea, en el lujoso -Hotel de Repulse Bay, junto al camino de la Cornisa, ó en sus palacios -de esplendorosa vegetación sobre las vertientes del Pico. Una de las -manifestaciones de opulencia es la cantidad de servidores. Todo rico -tiene á sus órdenes un ejército de coolíes. Únicamente con tal -exuberancia de personal se consigue que marche á medias el servicio de -una casa, pues cada doméstico chino sólo quiere encargarse de una -función, limitada y fija. Justo es añadir que no hay criados más baratos -y que exijan menos atenciones de sus dueños. El coolí recibe una -cantidad determinada al mes y su amo no tiene que preocuparse de su -comida ni de su instalación. Él se procura por su cuenta el alimento y -para dormir le basta con el umbral de una puerta ó el hueco de una -escalera. En realidad, no se sabe cuándo come ni duerme. El dueño le ve -llegar siempre que le llama y muchas veces lo encuentra sin llamarlo -espiando todo lo de la casa con sus ojitos de párpados tirantes, que -parecen cosidos, y su sonrisa mecánica é inexpresiva. - -Quiero visitar la ciudad de Cantón, y todos me dicen lo mismo: - ---No vaya usted. Parece que andan á tiros diariamente los partidarios -del doctor y sus adversarios. Además, si se juntan unos y otros, será -para matar á los europeos por lo de las aduanas. - -Sé que hay alguna exageración en tales afirmaciones, pero de todos modos -resulta indudable que la capital de la China del Sur vive hace tiempo en -un estado de revuelta. - -Cantón fué la única metrópoli del Extremo Oriente que conocieron durante -siglos europeos y americanos. Pekín permaneció cerrada para el mundo -blanco hasta el último tercio del siglo XIX. Los Hijos del Cielo, -deseosos de conservar aislado su vasto Imperio, habilitaron á Cantón -como único puerto en el que podían ser admitidos los buques de las -naciones cristianas. - -Cuando los portugueses del siglo XVI anclaron por primera vez ante dicha -ciudad, vieron que otros navegantes no europeos les habían precedido en -su descubrimiento. Eran los marinos árabes, que tenían en ella desde -mucho antes depósitos de mercancías y una mezquita. Durante cien años -los capitanes portugueses monopolizaron el tráfico con Cantón, llevando -á Europa por el Cabo de Buena Esperanza sus sederías y porcelanas. Los -españoles adquirían estos mismos artículos en Manila, enviados por los -mercaderes cantoneses, y la Nao de Acapulco los llevaba hasta Nueva -España á través del Pacífico. - -Fué bien entrado el siglo XVII cuando los ingleses empezaron á visitar -el río de Cantón para cargar en sus naves el té, hierba cada vez más -apreciada en Europa y América y que dió vida á una gran navegación para -surtir los mercados de Liverpool, Salem, Boston y Nueva York. Esta -afluencia de buques europeos y americanos fomentó la emigración -indígena, y á ella se debe que todos los chinos esparcidos en el mundo -sean de las provincias del Sur y consideren á Cantón como su verdadera -capital, con preferencia á Pekín. - -Al reunir algunos de estos emigrantes considerables fortunas en América, -su deseo fué volver á Cantón para disfrutarlas, aumentando la riqueza de -la ciudad. Los que no regresaron á su patria mantuvieron correspondencia -con sus familias, y todo esto hizo que Cantón siguiese el movimiento -liberal de nuestra época, pensando de modo distinto al resto del -Imperio. - -Cantoneses han sido los chinos más ilustrados de los últimos tiempos. -Desde hace medio siglo la juventud intelectual de Cantón completó sus -estudios en los Estados Unidos y en Europa. Además, estos chinos del Sur -son más inquietos y menos sufridos que los del Norte. Sus antecesores -actuaron muchas veces de piratas ó vivieron en las montañas como -rebeldes. En los últimos años del Imperio los cantoneses entonaban en -las calles canciones injuriosas para el Hijo del Cielo y los gobernantes -de Pekín, sin que las autoridades imperiales de la ciudad osasen tomar -medidas contra tales irreverencias. - -Como era lógico, el movimiento republicano que dió fin á la dinastía de -«los Muy Puros» tuvo su origen en Cantón. Pero una vez establecida la -República, los hijos de dicha ciudad se negaron á continuar siendo -gobernados desde Pekín, como en tiempos del Imperio, declarándose -independientes y constituyendo la llamada República del Sur. - -Este separatismo no es algo circunstancial, inventado por las -divergencias de los partidos políticos. En realidad existen dos Chinas, -completamente distintas. El habitante de Pekín, grande de estatura, -sereno de rostro, parco en palabras, medio tártaro y medio manchur, no -se parece al chino exuberante, imaginativo, de ingobernable -individualismo, que puebla las provincias meridionales y al extenderse -como emigrante por América se llama orgullosamente cantonés. - -El doctor Sun Yat Sen, creador de la República del Sur y su eterno -Presidente, es un médico de Cantón que estudió en los Estados Unidos, -trabajando con energía en la época del Imperio para hacer triunfar la -República. Mas ahora, dentro de su propia casa, lucha con numerosos -adversarios que dificultan su política interior y además hace frente á -las naciones extranjeras, mantenedoras del gobierno de Pekín, que se -niegan á reconocer la República del Sur. - -En el presente momento sostiene una lucha franca con todas las -potencias. Éstas cobran los ingresos de las aduanas chinas, y después de -guardarse una parte de ellos por indemnizaciones acordadas hace años, -entregan el resto al gobierno de Pekín. El doctor, Presidente del Sur, -se opone á que las potencias intervengan las aduanas dependientes de -Cantón si no se comprometen á entregarle el sobrante, dado hasta ahora á -sus enemigos de la China del Norte. - -Se hallan actualmente anclados en el río Perla buques de guerra de todas -las naciones que tienen intereses en China, para intimidar á Sun Yat Sen -con esta demostración naval. - ---No vaya usted--me repiten--. El populacho de Cantón se muestra furioso -contra los blancos y puede ocurrir de pronto una matanza. Después vendrá -la intervención armada de las potencias y también los castigos y las -indemnizaciones, pero el que haya sido muerto en la revuelta seguirá -muerto. - -Voy, sin embargo, á Cantón, y el viaje resulta breve, fatigoso, casi -inútil. Hay un ferrocarril que parte de Hong-Kong, pero hace más de un -año que no funciona. La línea es inglesa, y como el presidente de la -República de Cantón se quedó repetidas veces con el material rodante, -sus directores han creído oportuno suspender el servicio. Viajamos por -el río en cómodos vapores á estilo americano, con varias cubiertas, que -son á modo de hoteles flotantes. - -Pasamos entre las numerosas islas del estuario, siguiendo unos canales -dorados por el sol naciente, con riberas de verde obscuro. Dentro ya del -río atravesamos un estrecho que los descubridores portugueses llamaron -Boca Tigris. A la ida, navegando contra la corriente, invertimos unas -seis horas. El regreso, como es natural, resulta más rápido. - -A pesar de que los europeos llevan tres siglos establecidos en Cantón, -todavía viven aparte, ocupando un barrio llamado Shameen, separado del -resto de la población por un canal y que es el lugar donde estaban -antiguamente las factorías. Hoy Shameen es una ciudad de tipo americano, -con edificios de muchos pisos y varios hoteles, de los cuales el -Victoria es el mejor y el más concurrido. Una cuarta parte de los -vecinos de este Cantón blanco son franceses y los restantes de lengua -inglesa. El «Christian College», establecimiento importantísimo -sostenido por los misioneros de los Estados Unidos, sirve de Universidad -á muchos centenares de jóvenes del país, que reciben en él una -educación moderna. Ocupa el resto de Cantón una área enorme y está -habitado por más de dos millones de chinos. Las antiguas murallas, -parecidas á las de Pekín, fueron cortadas en varios puntos para dar -expansión á la ciudad. Además, una parte de los habitantes, más de -150.000, viven sobre el río en sampanes. - -La población flotante de Cantón fué siempre un objeto de curiosidad para -los viajeros. Los barcos forman grupos, como las manzanas de edificios -en las ciudades terrestres. Sus bordas se tocan y los vecinos pasan -indistintamente de una cubierta á otra. Angostos canales separan estos -barrios de embarcaciones, sirviendo de callejuelas, por las que se -deslizan diminutas canoas. Hay sampanes que son tiendas donde se vende -lo más indispensable para las necesidades de esta población anfibia. -Otros barcos viejísimos sirven de templos, y bonzos de existencia -vagabunda viven mezclados con los habitantes del Cantón fluvial, -mendigos, contrabandistas y eternos figurantes de todas las revueltas. - -También han flotado durante siglos en las orillas del río Perla los -famosos «bajeles de flores». El lector sabe indudablemente de qué sirven -estas casas acuáticas, unidas á tierra por un ligero puente y con -galerías cubiertas de plantas trepadoras y vasos floridos. Su -tripulación--llamémosla así--es de mujeres con el rostro pintado y -túnicas de colores primaverales. Estos «bajeles de flores», iluminados -toda la noche, pueblan las obscuras aguas de reflejos dorados y alegres -músicas. De sus patios surgen cohetes voladores que cortan la lobreguez -celeste con cuchilladas de luz silbadora y multicolor. - -Son restoranes y palacios del amor fácil para las gentes libertinas del -país. El europeo que consigue penetrar en un «bajel de flores» sale casi -siempre golpeado por los parroquianos. Más de una vez ha desaparecido -el visitante blanco en el lecho fangoso del río. - -Quedan aún muchos «bajeles de flores», pero no llegamos á verlos ni -exteriormente. Los viajeros recién llegados á Cantón sólo conocemos las -calles medio europeas del barrio de Shameen, entre el desembarcadero y -el Hotel Victoria, que hemos atravesado en ricsha. - -Los chinos cantoneses nos parecen menos educados, más levantiscos é -insolentes que los de otras ciudades. Gritan al vernos pasar, con una -voz agresiva; se dirigen á los compatriotas que tiran de nuestras -ricshas, y aunque no puedo entender sus palabras, creo adivinarlas por -los gestos con que las subrayan. Insultan indudablemente á estos -compatriotas que sirven de caballos á los blancos. Se nota en la -muchedumbre una excitación extraordinaria, á causa sin duda de los -cruceros anclados en el río. Hay numerosos barcos de guerra ingleses, -franceses y norteamericanos; además un crucero de Italia y otro de -Portugal, todos con los cañones desenfundados y prontos á la acción. - -Después del almuerzo en el Hotel Victoria, cuando los más curiosos nos -disponemos á salir por las calles de los barrios chinos para visitar sus -famosos almacenes de porcelana, llegan varios enviados de los cónsules y -nos advierten que sería razonable y prudente un regreso inmediato á -Hong-Kong. - -Hace varias horas que en un extremo de Cantón las tropas del doctor Sun -Yat Sen emplean sus fusiles y ametralladoras contra unos insurrectos. -¿Qué desean? ¿Por qué luchan?... Nadie lo sabe con certeza. Tal vez son -cantoneses que no consideran bastante revolucionario al doctor, y como -tienen armas á su alcance, se sublevan contra él, ya que no destruye con -una rapidez milagrosa los cruceros de los blancos. - -Nos marchamos en las primeras horas de la tarde, viendo otra vez los -barrios flotantes del Cantón fluvial, y en plena noche llegamos á -nuestros camarotes del _Franconia_. - -Al día siguiente hablo á mis amigos de Hong-Kong de ir á Macao, y esto -les produce más alarma que el viaje á Cantón. Todos dicen lo mismo: - ---No vaya usted. Los piratas atacan el vapor-correo siempre que les -conviene. Hace pocos meses se llevaron secuestrados á todos los que iban -en él. - -Con frecuencia se oye hablar en China de piratas; pero en las provincias -del Sur y especialmente en el estuario del río Perla, la piratería es -objeto de un respeto simpático, como el que infunden las instituciones -tradicionales. La novela, dentro de la literatura china, es un género -tan antiguo como la poesía lírica. Desde hace miles de años existen aquí -novelas de tres géneros: históricas, de aventuras y de costumbres; pero -la más famosa de todas es la escrita por Chinai Ngan, novelista del -siglo XII, que vivió bajo la dinastía de los Kin. Este Chinai Ngan es el -Wálter Scott chino; pero á pesar de que su fecundidad fué tan grande -como la del célebre novelista escocés, sólo ha dejado una obra única, -que se titula _Historia de las riberas de un río_. Debo añadir que esta -novela famosa, leída en el curso de 800 años por todos los jóvenes -chinos, tiene nada menos que 70 tomos y sus personajes principales son -más de 100, sin contar los tipos secundarios, que tal vez pasan de -1.000. Todos los capítulos constan de dos partes, y en el transcurso de -la obra se plantean, se desarrollan y epilogan 140 intrigas ó argumentos -diferentes. - -Este monumento literario es simplemente un relato de interminables -hazañas, verdaderas ó fantásticas, que los piratas realizaron en el -siglo X, bajo la dinastía de los Soung, al hacer la guerra á dichos -emperadores. La China vivió en aquel período desgarrada por las guerras -civiles y el bandidaje, despoblándose á consecuencia de largas hambres y -pestes. Esta anarquía preparó la invasión y dominación de los mongoles, -y comparada con ella, las dificultades actuales de la República resultan -hechos insignificantes. Como todos los jóvenes leen la novela famosa de -Chinai Ngan, empiezan su vida considerando la profesión de pirata como -una aventura interesante que no puede deshonrar para siempre la vida de -un hombre. - -Me burlo del miedo que pretenden infundirme con sus piratas los -habitantes de Hong-Kong. Luego me parece más serio y digno de ser tenido -en cuenta tal peligro, cuando escucho á un joven comerciante español, -establecido en Hong-Kong, llamado Gabino Caballero, que me sigue á todas -partes amablemente. Estaba en el buque-correo de Macao la tarde del -asalto y fué prisionero de los piratas. Acompañaba á su suegra, una -señora filipina, deseosa de ser examinada por un médico especialista -portugués que reside en Macao. - -Acababan de sentarse á la mesa en el comedor del buque, cuando oyeron -los primeros disparos. Las autoridades de Hong-Kong, preocupadas por -osadías anteriores de los piratas, habían alojado en el vapor unos -cuantos polizontes indostánicos armados de carabinas. Los piratas fueron -avanzando de la proa á la popa, hiriendo á estos guardias ó -desarmándolos por sorpresa. Al final se apoderaron de todo el buque, -dejando medio muerto al capitán inglés, al maquinista y á otros de la -tripulación que iniciaron una resistencia inútil. Mi amigo Caballero -abandonó la mesa al oir los tiros, pero antes de llegar á la puerta del -comedor se vió arrollado y golpeado contra la pared por una manga de -chinos en armas que entraron como una tromba, ordenando á gritos que -pusieran todos sus manos en alto. - -Al frente de ellos iba una mujer, la eterna capitana de todas las -novelas chinas de piratas, joven vestida á la europea, como una heroína -de cinematógrafo, con falda azul y blusa blanca. Detalle curioso: esta -amazona tenía un revólver en cada mano, y dichas armas estaban sujetas á -sus muñecas por dos tiras de cuero en forma de pulseras. De tal modo -podía soltar sus revólveres para registrar los bolsillos de los -viajeros, volviendo á recobrar instantáneamente dichas armas colgantes -en un caso de alarma. - -El español tuvo que entregar su cartera y sus sortijas. Afortunadamente -para él, éstas salían con facilidad de sus dedos. Un viajero que se -esforzaba inútilmente por sacar las suyas se vió ayudado con una -prontitud horrible. Los piratas le cortaron los dedos de una cuchillada -y siguieron adelante en su registro. Como el capitán y el maquinista -estaban tendidos en el puente sobre charcos de sangre, la joven de los -dos revólveres tomó el mando del buque. Uno de los pasajeros, industrial -de profesión, fué obligado á descender á las máquinas para dirigir su -funcionamiento, ayudándole como fogoneros otros camaradas de infortunio. - -Estos piratas no eran marinos. Se habían embarcado como pasajeros en -Hong-Kong, distribuyéndose con arreglo á su vestimenta en los -departamentos de las diversas clases, y al sonar una señal convenida, -cada grupo se arrojó sobre un lugar previamente designado. - -Navegó el buque varias horas con un timoneo loco por los canales del -estuario. Muchos juncos pacíficos de cabotaje se vieron próximos á ser -pasados por ojo, librándose de la catástrofe en el último momento -gracias á una virada oportuna. Aun así, el vapor, que marchaba como un -ebrio, arrancó á muchos veleros, con sus bruscos roces, todo lo que -sobresalía de sus cascos. Al fin los piratas lo encallaron, pasada media -noche, en una costa desierta, á varias leguas de Hong-Kong, -desapareciendo tierra adentro, y unos pescadores llevaron á la ciudad la -noticia del suceso para que un buque de guerra viniese á recoger las -víctimas. - -En el presente caso los piratas se contentaron con el botín, sin -llevarse á los viajeros para exigir un rescate. Otras veces, montando -juncos armados, toman por asalto á los vapores y raptan á sus pasajeros. -Escriben después á las familias de éstos exigiendo fuertes cantidades, y -si el dinero tarda en llegar envían como advertencia una oreja cortada ó -un dedo, anunciando la continuación metódica de tales amputaciones. - ---Pero todos los días no hay asalto de piratas--digo después de oir -tales historias. - -Efectivamente, estos atentados sólo ocurren cada seis meses, poco más ó -menos. Las autoridades británicas, después de una piratería, adoptan las -medidas más severas. Buques armados surcan incesantemente los canales -del estuario, la policía bate las islas, el tribunal de Hong-Kong -muestra una severidad inusitada y condena á ser ahorcados á todos los -chinos que han cometido un crimen, aunque éste no tenga carácter -pirático. - -Transcurre el tiempo sin que los bandidos de los canales den motivo para -que hablen de ellos; la autoridad se muestra menos vigilante, creyendo -terminado dicho mal, y cuando la gente se embarca con mayor confianza -para ir á Macao, ciudad de vida agradable y juego libre, donde los -chinos ricos arriesgan su dinero al «Fan-tan» y los viajeros blancos -pueden admirar los antiguos edificios de aire señorial, una nueva banda -de piratas da otro golpe, con capitana ó sin ella. - -A pesar de tales relatos me embarco al día siguiente para la colonia -portuguesa. Otros pueden seguir con tranquilidad su viaje sin sentir la -atracción de Macao. Yo he nacido en la Península Ibérica y además soy -escritor. - -Sería vergonzoso haber estado á cuatro ó cinco horas de distancia y no -visitar la vieja ciudad donde Camoens, desterrado y pobre, compuso su -poema inmortal, pensando en las glorias de la patria lejana. - - - - -XIII - -VIAJE Á MACAO - - Registro de chinos antes de su entrada en el vapor.--Cubiertas - transformadas en jaulas y puente convertido en - fortaleza.--Recuerdos del asalto de los piratas.--«¡Necesito matar - á un chino!»--La interesante «Ciudad del Santo Nombre de Dios en - China».--Los juncos con cañones, anclados en su antiguo puerto.--El - nuevo puerto de Macao.--Gran porvenir de la ciudad.--Excelente - administración del gobernador Rodrigues.--La gruta de Camoens.--El - juego del «Fan-tan» y otras particularidades interesantes del viejo - Macao.--La calle de la Felicidad y sus altares.--Regreso á media - noche por el estuario de los piratas.--Las fosforescencias del mar - chino.--Espectáculo inolvidable. - - -En las primeras horas de la mañana nos embarcamos para Macao. Vemos ante -el buque numerosos grupos de chinos. Un retén de policía regula su -avance, uno por uno, sobre la pasarela que junta al casco con el muelle. -Todos son registrados de cabeza á pies, y sólo pueden seguir adelante -cuando el agente indostánico queda convencido de que no llevan el más -pequeño cortaplumas. Como estos hombres amarillos se parecen todos por -su traje azul y sus rostros casi uniformes, es difícil establecer -distinciones entre un coolí pacífico que va por sus negocios á Macao y -un pirata que prepara con sus compañeros el ataque del buque en mitad -del viaje. - -Este vapor-correo es igual á todos los que navegan en el estuario y los -ríos cercanos, pero después del asalto que presenció mi compatriota, se -han hecho en él grandes reformas defensivas. Verjas de gruesos barrotes, -semejantes á las de las cárceles, lo dividen en varias secciones. Un -gendarme indostánico, con uniforme azul, gorra blanca, carabina y -revólver, guarda la puerta abierta de cada una de dichas barreras -mientras dura el embarque. Cuando el buque empieza á navegar todas las -entradas de los jaulones se cierran interiormente y los centinelas -quedan detrás, apoyando sus carabinas sobre la cruz de los barrotes. - -La cubierta superior también está interrumpida por fuertes enrejados que -cortan la comunicación entre las diversas clases del pasaje, y para -evitar que los asaltantes puedan deslizarse al otro lado de ellos, -sacando el cuerpo fuera de la borda, se han prolongado las verjas sobre -el mar con semicírculos exteriores de puntas agudas como lanzas. El -puente donde va el capitán está defendido con placas de acero -cromatizado, iguales á las mamparas que cubren á los artilleros en las -piezas modernas. De este modo los tiros de los piratas no pueden -alcanzar á los que dirigen el buque. Pero los que presenciaron el último -asalto no muestran gran fe en tales precauciones y creen que los chinos -inventarán algo inesperado para salvar estos obstáculos defensivos. - -Antes del embarque nos hemos despojado de los relojes y joyas de uso -diario. Vienen conmigo dos señoras, acompañadas de sus doncellas. Una de -las mencionadas damas, muy hermosa y elegante, nació en Bombay, pero es -hija de español. Está casada con Mr. Stephan, director del Banco de -Hong-Kong y Shanghai, institución financiera la más importante de todo -el Extremo Oriente. Su director figura por derecho propio en el Consejo -de gobierno de Hong-Kong, siendo á modo de su ministro de Hacienda. - -La señora de Stephan lleva muchos años deseando ir á Macao y nunca se -decidió á realizar tal viaje por miedo á los piratas. Prudencia -justificadísima. En realidad, no podrían imaginar los bandidos del -estuario un golpe más fructuoso que secuestrar á la esposa del director -del Banco de Hong-Kong y Shanghai. ¡Qué rescate de miles y miles de -libras esterlinas!... Mas al enterarse dicha señora de que yo voy á -Macao, se decide con repentina energía á realizar el mismo viaje, como -si mi presencia pudiera proporcionarle una seguridad extraordinaria. - -Somos ocho, las dos señoras con sus doncellas, dos españoles residentes -en Hong-Kong, un amigo holandés que habla un sinnúmero de lenguas, y yo. -Va retrocediendo por la popa de nuestro buque la isla de Hong-Kong -envuelta en nieblas matinales rasguñeadas á trechos por el sol. Sobre la -cima del Pico, este turbante de brumas pierde por momentos su opacidad -gris, y empieza á brillar como un tejido de filamentos de oro. - -Fuera de la bahía el mar del estuario muestra una tersura de lago, y su -color azul tiene la claridad láctea de la porcelana. Los juncos son -numerosísimos. Ya dije que en las costas de China la navegación forma -enjambres, pero aquí, cerca de la embocadura del río Perla, aún resulta -más densa, y nuestro buque tiene que rugir incesantemente para evitar -colisiones. - -Estos juncos de construcción medioeval, á pesar de la tranquilidad de -las aguas navegan en una posición inestable para nuestros ojos, con la -proa casi hundida y la popa muy en alto, cual si fueran á sumergirse -definitivamente en cada uno de sus cabeceos. Los canales se ensanchan, -formando brazos de mar relucientes y tranquilos, como láminas de -espejo. Flotando en sus aguas adormecidas hay pequeños islotes de -basura, caída de los barcos ó arrancada de las riberas. - -No disminuye la afluencia de embarcaciones según nos alejamos de -Hong-Kong; por el contrario, ésta parece aún mayor al meternos entre las -islas. Sobre las bordas de los juncos vemos marineras achaparradas y -fornidas: con bíceps de hombre, pechos colgantes y adornos verdes en la -cerdosa cabellera. - -También las tierras insulares se muestran cada vez más numerosas. Por la -derecha nos deslizamos junto á la isla de Lantao, cuya longitud alcanza -á veinte millas. A babor, la ribera está cortada por incontables canales -y estrechos, que forman pequeños archipiélagos. En el horizonte empieza -á elevarse un grupo de cumbres, titulado por los descubridores -portugueses _Nove Illas_, las Nueve Islas. Antes de ser dueños de Macao, -los marinos de Portugal se establecieron en otra isla de este estuario -llamada Sancian, donde murió San Francisco Javier cuando se proponía -entrar en China como primer apóstol del cristianismo. - -Mi compatriota Caballero me va mostrando los diversos lugares del buque -donde presenció el ataque de los piratas. Ésta es la mesa en que se -hallaba comiendo al sonar los primeros disparos. Aquí le robaron la -cartera, zarandeándole un poco. Más allá daba gritos de mando la -muchacha de los dos revólveres. Luego me lleva á visitar al capitán, que -es el mismo que mandaba el buque en aquella triste ocasión. - -Los guardianes cobrizos no nos dejan entrar en el recinto acorazado del -puente y el capitán se decide á salir de su fortaleza. Es un inglés que -tiene paralizada la parte izquierda de su cuerpo á consecuencia de las -heridas que recibió en dicho asalto. Desde entonces se muestra -taciturno y repite el mismo deseo, como obsesionado por una idea tenaz. -Sonríe un poco al reconocer á mi compatriota, y cuando éste hace memoria -de los terribles episodios de aquella tarde, frunce el ceño, mira su -brazo inútil y murmura: - ---Esto no puede quedar así. Es preciso que yo mate á un chino... -Necesito matar á un chino. - -Se ve claro que no descansará hasta conseguir dicha compensación. Tal -vez se negó á aceptar el retiro á que tiene derecho y continúa mandando -el buque porque «necesita matar á un chino», y así tiene más -probabilidades de proporcionarse el citado gusto. Lo matará, estoy -seguro de ello; tal vez lo ha matado á estas horas. ¡Hay tantos chinos -para escoger!... Después de mi regreso á Europa, he leído todos los -meses noticias de nuevos asaltos de piratas en el estuario de Hong-Kong, -con secuestros de viajeros, combates y numerosos muertos y heridos. El -capitán debe haber matado á su chino, si es que los chinos no han -acabado definitivamente con él. - -Todos los de nuestro grupo almorzamos en un salón de la cubierta más -alta, para evitarnos el roce con las familias que ocupan el comedor de -primera clase. Son gentes bien educadas, pero el olor especial de los -chinos resulta intolerable para muchos olfatos europeos. Ellos, por su -parte, declaran que nosotros expelemos un hedor de carne cruda, digna de -nuestra condición de bárbaros. Tal vez el hacernos comer aparte es -también para que no veamos los manjares favoritos de estos pasajeros. - -Algunos son personajes importantes, vecinos de Hong-Kong, que van á -pasar unos días en sus casas de Macao. Visten ricas túnicas de seda azul -y ostentan botones de piedras preciosas. Uno de estos chinos opulentos -ha sido ennoblecido por el rey de la Gran Bretaña y goza el título de -baronet. La importancia financiera de todos ellos y su trato con los -blancos hacen que el populacho los considere traidores á su raza, y como -en Hong-Kong las asociaciones chinas son temibles por sus venganzas, -estos personajes viven encerrados en sus palacios, y cuando desean unos -días de esparcimiento se trasladan á Macao, donde el orden es más firme -y las autoridades portuguesas pueden ofrecerles mayores seguridades. - -Dejamos de navegar entre islas, saliendo á dilatados espacios de mar -libre, y vemos en el horizonte un promontorio con un castillo y un faro -sobre su lomo. Mucho tiempo después, al dar vuelta á dicho promontorio, -aparece lentamente la vieja é interesante ciudad de Macao. - -Tiene un aspecto, multicolor y ligero, de población del Extremo Oriente, -y al mismo tiempo una estabilidad sólida que revela el origen de sus -fundadores. Los edificios son obra de albañilería en su mayor parte, y -no de madera, como en las otras ciudades chinas. Los más tienen un piso -superior, con arcadas ó galerías cubiertas, y por encima de sus -techumbres se remontan los campanarios de las iglesias católicas. - -Macao, que fué llamada primitivamente «Ciudad del Santo Nombre de Dios -en China» y luego vió sustituído dicho título por el de _Macau_, de -origen indígena, resultaría altamente exótica si se la pudiera trasladar -de pronto á las cercanías de Lisboa. Vista aquí, después de haber -visitado las principales ciudades del litoral chino, nos recuerda al -antiguo Portugal y parece venir de ella una respiración lejanísima de -nuestro mundo. - -El puerto viejo es más chino que la ciudad. Puedo añadir que en ninguno -de los puertos del Extremo Oriente se consigue ver la marina mercante -que ancla en las aguas de Macao. - -Nuestro vapor va pasando ante una fila de grandes juncos, galeones -panzudos que parecen imaginados por un artista en delirio más que por -hombres dedicados a la navegación. Tienen en su proa dragones enroscados -y dorados, amenazando con sus fauces ignívomas el azul del cielo y del -mar. El velamen de sus arboladuras se compone de esteras de bambú, en -forma de alas de murciélago. Las popas se remontan como alcázares, y á -lo largo de sus bordas avanzan los cuellos de una docena de cañones. Son -cortos y de un calibre enorme; piezas antiguas de hierro que se cargan -por la boca y deben enviar sus balas á poca distancia, pero con un -estrépito infernal, lo que suple para sus artilleros la mediocridad del -alcance. - -La marinería tiene igualmente un aspecto arcaico y poco tranquilizador: -atletas amarillos y medio desnudos, guardando muchos de ellos en el -occipucio una trenza que parte su espalda sudorosa. De los castillos de -algunos galeones surgen columnitas de humo perfumado, revelando la -existencia de un altar en honor á la Diosa de las Aguas, ante cuyo ídolo -arden varillas de sándalo. Todas las proas tienen en ambas caras unos -agujeros redondos y pintados que imitan ojos. Los marineros chinos sólo -se embarcan confiadamente en un buque que tenga ojos. Saben que así, -mientras ellos duermen ó durante las lobregueces de la tormenta, el -junco, que á fuerza de existir adquiere una vida misteriosa como todos -los objetos, podrá ver arrecifes y escollos, desviándose de tales -peligros cual una bestia prudente. - -Siento inquietud y repulsión al imaginar la posibilidad de que una -aventura de mi viaje me hiciese navegar en estos buques extraordinarios, -pocas veces vistos en Shanghai y Hong-Kong. Los que conocen el país me -explican las especialidades de esta marina mercante armada de cañones -que navega por los recovecos del gran estuario y remonta los ríos -cientos de leguas hasta las ciudades del interior. Conservan estos -barcos su vieja artillería con pretexto de hacer frente á los piratas, -pero en realidad son contrabandistas y vienen á cargar el opio que les -proporcionan los mercaderes chinos de Macao. Algunas veces se oye desde -la ciudad el cañoneo que sostienen con otros juncos del gobierno -encargados de perseguir á los traficantes de la citada droga. El -belicoso estruendo, agrandado por la sonoridad de los canales, no causa -ninguna emoción en los vecinos de este puerto libre. La mercancía ya ha -sido vendida y cobrada. ¡Que los chinos peleen á su gusto!... - -Macao es una península semejante á Gibraltar, aunque su montaña tiene -menos altura. Un istmo la une al territorio del antiguo Imperio, y su -puerto era el mejor de todo el estuario antes de que los ingleses -fundasen á Hong-Kong, hace tres cuartos de siglo. En esta península se -ha ido extendiendo una ciudad de 80.000 habitantes, cifra extraordinaria -si se tiene en cuenta el espacio reducido de la colonia. El comercio ha -realizado tal milagro. - -En el siglo XVI dió el gobierno chino á los portugueses este territorio -de unos pocos kilómetros como recompensa por haber auxiliado con sus -buques á las autoridades de Cantón en lucha contra unos piratas que -pretendían apoderarse de dicha capital. Los holandeses intentaron -hacerse dueños de la nueva colonia, pero fueron menos afortunados que en -Ceylán, en Java y otras posesiones del Extremo Oriente arrebatadas por -ellos á los portugueses. El vecindario repelió sus asaltos, derrotando -finalmente á la flota holandesa. - -Llevó después Macao una existencia decadente, y en el siglo XIX su -guarnición sostuvo empeñados combates con los chinos, que pretendían -recobrar la península. Ahora adquiere cada año mayor importancia, y -dentro de poco rivalizará con Hong-Kong, gracias á su nuevo puerto. - -El gobernador actual, doctor Rodrigo Rodrigues, es un médico que gozaba -de justo renombre en su patria antes de entrar en la vida política; un -republicano de los que combatieron desinteresadamente á la monarquía de -su país, y luego, al verse triunfantes, tuvieron que abandonar su -antigua profesión para servir á la joven República portuguesa. - -Durante las horas pasadas en Macao pude apreciar lo que mi amigo -Rodrigues lleva hecho en varios años de gobierno. Una recaudación de los -impuestos, bien administrada, ha dado lo suficiente para la construcción -de un puerto grandioso, en el que podrán fondear trasatlánticos de gran -tonelaje. Macao pasará rápidamente del tranquilo canal en que anclan -ahora escuadrillas de juncos dedicados al cabotaje y al contrabando, á -la vida tumultuosa de un puerto moderno, con toda clase de facilidades -para la descarga y el transporte; y este puerto atraerá á todos los -buques que no sean ingleses, por estar más cerca de Cantón que el de -Hong-Kong. - -Guiados por los ayudantes del gobernador, jóvenes de gran cultura -intelectual, vamos conociendo la ciudad, pintoresca mescolanza de -edificios chinos y caserones portugueses del siglo XVII. Una fachada de -piedra es lo único que resta de la antigua catedral de San Pablo y del -convento anexo, fundado por los jesuítas para descanso y preparación de -sus misioneros antes de que se lanzasen en el interior de la China. Este -templo se incendió en 1835, pero su enorme fachada se mantiene en pie, -con la piedra enrojecida por el sol más que por las llamas, y á través -de sus ventanales se ve el muro azul del cielo, que parece servirle de -apoyo. - -El castillo guarda recuerdos del ataque de los holandeses en el siglo -XVII. Vemos en su capilla una losa sin nombre que cubre los restos de -los defensores de Macao. Como dice el doctor Rodrigues, el culto al -soldado desconocido creado por la última guerra lo inventaron los -defensores de Macao hace más de doscientos años... - -En una explanada del castillo nos obsequian con un té abundante en -alfajores y otras pastelerías portuguesas, que recuerdan las de -Andalucía. ¡Panorama inolvidable!... - -Frente á nosotros, por la parte del istmo, se levanta una cordillera que -ocupa gran parte del horizonte: las montañas de Catay. Rodrigues y yo -recordamos á Marco Polo. El nombre de Catay lo aplicó el célebre viajero -á la China entera, y durante siglos el mundo cristiano dió el título de -unas montañas del Sur á todo el vasto Imperio gobernado por el Gran Kan. - -A nuestros pies extiende la ciudad la masa apretada de sus tejados, -obscuros como los de Europa. A trechos surgen de ellos techumbres -chinescas y remates de pagodas budistas. Muchas fachadas están pintadas -de rosa ó azul, colores tiernos que infunden una alegre juventud á las -construcciones vetustas. - -Más allá de la ciudad, islas y canales se repiten hasta el infinito, -como si la tierra entera fuese una sucesión de brazos acuáticos -abarcando cumbres emergidas. En estos canales de riberas altas, que -tienen una mitad longitudinal de su faja líquida negra como el ébano y -la otra mitad dorada por el sol, cabecean bajo la brisa de la tarde -docenas y docenas de juncos de velamen ganchudo, como el techo de las -pagodas. Todos ellos vienen hacia Macao ó regresan á puertos cuyos -nombres enrevesados sólo sus tripulantes pueden pronunciar. Tropieza la -vista con el lomo obscuro de una montaña, creyendo que es el límite del -horizonte. Más allá de su línea oblicua hay algo que brilla como un -charco de metal en fusión. Es un nuevo canal del estuario, un estrecho -navegable por el que pasan otros juncos y sampanes empequeñecidos por la -distancia. Más allá una nueva montaña, que es otra isla; luego un -fragmento de canal, en tercer ó cuarto término; y nuevas tierras -insulares, hasta que todo este mundo sumergido y emergente se esfuma por -obra de la distancia, confundiéndose el azul de las montañas lejanas con -el azul de las aguas y del cielo. - -Visitamos al fin lo más interesante para nosotros, lo que nos trajo á -Macao con el atractivo de la devoción literaria. El gobernador nos -muestra el jardín donde está la gruta en cuyo interior meditaba y -escribía Camoens durante las horas calurosas de este país casi tropical. -Dicho jardín tiene un atractivo comparable al de los muebles que -empiezan á envejecer. En sus arriates y arboledas se mezclan la -melancolía de los antiguos huertos chinos y la majestad de los jardines -portugueses de Cintra. Vemos estatuas de mandarines que tienen la cabeza -y las manos de loza. El resto de su cuerpo está formado con plantas á -las que dieron forma humana los jardineros con sus tijeras. - -El retiro predilecto del poeta ha sido desfigurado y vulgarizado por una -admiración excesiva. La gruta no es más que un corredor entre grandes -piedras, ocupado ahora por el busto de Camoens. Todas las rocas próximas -desaparecen bajo lápidas que ostentan grabados fragmentos del autor de -_Os Lusiadas_ ó versos de autores célebres que le glorifican. Tantas -placas de mármol dan á este lugar, que con razón puede llamarse poético, -un aspecto antipático de cementerio. - -Algunos vecinos de Macao, especialmente parejas jóvenes, vienen á -merendar en el histórico jardín, y al son de un gramófono ó un -organillo bailan ante el busto coronado de laureles. No importa; es -fácil suprimir con la imaginación estas fealdades de la realidad y ver -el antiguo huerto tal como fué, con sus arboledas pendientes, su breve -gruta limpia de adornos, y meditando bajo la fresca arcada el hidalgo -portugués tuerto en la guerra, soldado heroico como el manco Cervantes, -y desterrado de Goa á uno de los lugares más lejanos de la monarquía -lusitana, dueña entonces de colonias en las dos costas de África, en el -mar de las Indias y en los archipiélagos situados más allá del estrecho -de Malaca. - -Al cerrar la noche abandonamos la calle principal de Macao, abundante en -bazares chinos, para correr las callejuelas adyacentes, que ofrecen á -dicha hora un aspecto interesante. - -Macao no goza fama de ser un lugar de virtudes, mas no por eso debe -considerársele peor que los otros puertos del Extremo Oriente. Se -diferencia de ellos en que los defectos de la vida china están aquí -reglamentados, y por ello más á la vista que en las demás ciudades. Esta -reglamentación sirve para que el viajero pueda verlos más directamente y -con mayor seguridad al hallarse todos ellos bajo la vigilancia de la -policía. - -La pequeña península de Macao, sin más tierra que la de sus paseos ni -otra industria que su puerto, sólo ha podido vivir imponiendo -contribuciones públicas á los vicios de la población china. Estos vicios -son inevitables. En Shanghai, en Hong-Kong, en todas las ciudades del -Extremo Oriente, existen en mayores proporciones y sus explotadores -pagan en secreto á las autoridades por su tolerancia, lo que sirve -únicamente para el aumento de la fortuna personal de éstas. En Macao -satisfacen un impuesto público, severamente administrado, y sus -productos no sirven para enriquecer á ningún funcionario, empleándose -por entero en grandes obras públicas, como la construcción del nuevo -puerto, que cambiará completamente la vida de la colonia. - -El gran vicio chino es el juego, y en Macao es libre. Algunos llaman á -este pequeño país el «Monte-Carlo del Extremo Oriente», y lo sería en -realidad si tuviese más próximas las grandes ciudades de Cantón y -Hong-Kong. El juego favorito de los chinos se llama el «Fan-tan». - -Entramos en una de las casas dedicadas á este vicio nacional. Hay tantas -de ellas que resulta difícil escoger. Todas tienen en sus fachadas -anuncios luminosos y rótulos chinescos en grandes bandas de tela -colgante. También se ven en las mismas calles fumaderos de opio con sus -lamparillas de luz fúnebre y sus duros lechos de asceta; pero ¿á quién -puede interesarle un fumadero de opio en esta ciudad que es el principal -depósito de dicho artículo?... - -Los portugueses de Macao no merecen las censuras hipócritas que les -dedican otras colonias europeas de Asia. Nunca ha impuesto Portugal á -cañonazos el consumo de la citada droga, como Inglaterra, que hizo en -1842 la llamada «guerra del opio». Los mercaderes de Macao la venden á -los buques que vienen á buscarla, y esta operación comercial proporciona -un ingreso al Tesoro público. Lo mismo la pueden encontrar los chinos en -otras colonias gobernadas por europeos, pero de un modo oculto, y lo que -entregan por hacer tal negocio lo guardan en su bolsillo particular las -autoridades. - -Resulta el juego del «Fan-tan» lento y de prolongada emoción, como al -chino le place que sean todas sus diversiones. La rapidez pugna con los -gustos de su vida. La enorme mesa de juego está en el piso bajo, y en -torno á ella se agrupan los «puntos» de clase ínfima, coolíes, marineros -y trabajadores del puerto. - -Subimos por una escalera bien iluminada al piso superior. El suelo está -perforado por una gran abertura oval, que da exactamente sobre la mesa -colocada en el piso bajo. En torno á su barandilla se sientan en -banquetas de hule los jugadores de más distinción. Ciertas casas tienen -una segunda y una tercera galería en sus pisos superiores, lo que -triplica ó cuadruplica el número de las personas que intervienen en el -juego. Asomados á cada baranda, unos empleados reciben el dinero de los -jugadores de su piso y lo bajan hasta la mesa en pequeños cestos -pendientes de cordeles, indicando con unas vocecitas que suenan como -chillidos de gato el número y la cantidad de las apuestas. - -Este público del primer piso resulta para mí de gran novedad. En ninguna -de las ciudades chinas había visto tales personajes. Me siento entre -algunos viejos con aire de mandarín venido á menos. Son letrados de -exquisitos modales que han perdido tal vez una carrera brillante por las -villanías propias del juego. A pesar de sus ojitos que no son más que -dos líneas negras entre párpados que parecen cosidos, de su faz amarilla -y arrugada y de sus bigotes colgantes, me recuerdan á muchos _gentlemen_ -arruinados que conocí en Monte-Carlo. - -También puedo examinar aquí de cerca á las mujeres chinas en plena -libertad. Van vestidas con pantalones y blusas de rica seda azul; llevan -un flequillo de pelo sobre la abultada frente; en su pecho y sus muñecas -centellea la pedrería de abundantes joyas; fuman sin parar cigarrillos -con perfume de opio, sosteniendo entre dos dedos una larguísima boquilla -de carey; ponen una pierna sobre otra, saliéndoles del ancho pantalón -unas pantorrillas delgadas que no se armonizan con la anchura de su -rostro; ríen con cierta insolencia, murmurando palabras ininteligibles, -mientras examinan fijamente á las señoras europeas que acaban de -entrar. Todas juegan sumas considerables, manejando el dinero con una -inconsciencia oriental. Las más de ellas son cocotas nacionales, -residentes en Hong-Kong y Cantón, y han venido á Macao para jugar al -«Fan-tan» con permiso de los opulentos comerciantes que las mantienen. - -La mesa está presidida por una especie de mandarín de barbas lacias y -blancas, que desarrolla con una lentitud majestuosa la marcha del juego. -Tiene á su lado un gran montón de _sapeques_, piezas metálicas con un -agujero en el centro. Agarra sin mirar un puñado de tales monedas y las -coloca bajo una maceta de hojalata vuelta boca abajo. El juego consiste -en levantar dicho receptáculo cuando todos, en los diversos pisos, han -hecho ya sus puestas, y con una varilla muy larga, para que no haya -sospecha de trampa, va separando los _sapeques_ por grupos de á cuatro, -hasta que al final quedan unas piezas sueltas, que pueden ser cuatro, -tres, dos ó una, números á los que arriesgan su dinero los jugadores. - -Esta separación de cuatro en cuatro la va haciendo con una lentitud -desesperante, pues así le gusta al público. El chino no conoce el valor -de las horas. Además, no hay miedo de que se cierre el establecimiento. -Las casas del «Fan-tan» carecen de puertas y las partidas se suceden día -y noche, renovándose el personal de la mesa. Hay «puntos» que se hacen -traer la comida de un figón inmediato, duermen sobre la banqueta de hule -cuando les rinde el sueño y no salen de la timba en varias semanas, -mientras les queda un peso mejicano. - -Algunos de estos jugadores dan pruebas de una visualidad maravillosa. -Apenas el venerable personaje levanta el vaso y empieza á contar las -piezas, adivinan desde el piso superior con una mirada de águila -cuántas quedan en el confuso y enorme montón, anunciando por anticipado -el número ganancioso. - -Mientras las señoras vuelven al palacio del gobernador, donde nos espera -un gran banquete, corro yo con uno de sus ayudantes, el teniente de -navío Sebastián Da Costa, notable escritor portugués, á conocer otra de -las singularidades del viejo Macao, la llamada «rua da Felicidade». Esta -calle de la Felicidad resulta semejante por su tráfico á las que existen -en todos los puertos de mar, pero aquí ofrece el interés de ser -únicamente chinos los que la frecuentan, empujados por el acuciamiento -de la lascivia. - -Se compone de casas estrechas, cuyo piso bajo ocupa enteramente la -puerta. A través de su abertura se ve una especie de zaguán con el -arranque de la escalera que conduce á las habitaciones superiores, y -algunos asientos chinescos, ocupados por las dueñas y sus amigas. Son -mujeronas de cabeza voluminosa, miembros delgados y grueso tronco, con -una nariz tan aplastada que apenas si resulta visible cuando sitúan de -perfil su ancho rostro, amarillo como la cera. Estas hembras maduras, -retiradas de las peleas sexuales, fuman gruesos cigarros mientras -conversan lentamente. Otras se peinan entre ellas á la luz de una -lámpara colocada ante sus ídolos predilectos. - -Las pensionistas de dichas casas juegan en medio de la calle, como un -colegio en asueto. Verdaderamente es la función que les corresponde, á -juzgar por sus pocos años. Todas ellas son chinitas apenas entradas en -la pubertad. Se persiguen como gatas traviesas, dando maullidos de -regocijo. Algunas se acercan á nosotros después de colocarse ante el -menudo rostro una careta de gesto monstruoso, una máscara espantable de -dragón ó de genio, como únicamente saben imaginarlas los artistas -chinos, y las pobrecitas rugen para infundirnos pavor, riendo á -continuación de su travesura. - -Nos fijamos en los diversos altares de las casas. Todos ellos guardan -bajo marco imágenes de papel doradas y multicolores: dioses ó diosas de -las Aguas, del Viento, de la Felicidad, etc. En algunas de dichas -viviendas las huéspedas no tienen dinero para adquirir divinidades -protectoras, mas no por eso carecen de altar. Han colocado en la pared, -bajo doseles de colores, un anuncio de la Compañía Trasatlántica -Japonesa, con un vapor de cuatro chimeneas y un mar de grandes olas, y -le encienden todas las noches su lámpara, lo mismo que en las casas -vecinas. Tales improvisaciones no asombran á ningún chino. - -Volvemos á atravesar la gran calle de Macao, que tiene en las primeras -horas de la noche un aspecto de capital de provincia. Pasean por sus -aceras numerosos sacerdotes y oficiales vestidos de paisano; jóvenes de -una elegancia marcial, con gran fieltro á lo mosquetero y chaleco -blanco. - -Nos obsequia el gobernador Rodrigues con una magnífica comida en su -palacio. Admiro los salones de esta residencia, que no es vieja pero -empieza á adquirir el encanto de lo antiguo. Muchos de sus muebles -proceden de Cantón y tienen más de un siglo. En los rincones hay grandes -ánforas de porcelana multicolor, como las fabricaban los chinos en otros -tiempos. - -Con el deseo de que viésemos Macao detenidamente, no ha querido el -doctor Rodrigues dejarnos partir á media tarde en el vapor de Hong-Kong. -Por miedo á los asaltos de los piratas, este vapor emprende su regreso -poco después de su llegada, para que no le sorprenda la noche en el -camino. Las aguas portuguesas son las más seguras. El vigía del castillo -de Macao sigue durante dos horas la marcha de los buques por el enorme -espacio de mar abierto ante la ciudad, y puede dar aviso á los cañoneros -portugueses si nota algo extraordinario. Lo peligroso es el dédalo de -canales é islas inmediato á Hong-Kong, y el vapor-correo procura pasarlo -antes que se oculte el sol. - -Nosotros saldremos de aquí después del banquete. Un remolcador del -puerto se encargará de llevarnos á Hong-Kong. Hasta las once de la noche -estamos en la grata compañía del gobernador, su esposa é hijas y las -familias de sus ayudantes. Nos vemos tratados con la proverbial cortesía -de los hidalgos portugueses. Algunas damas cantan _fados_ y romanzas -sentimentales de la patria lejana. Cuando cesa la música hablamos de lo -que fueron los navegantes portugueses y españoles dentro de la historia -del progreso humano. - -Salimos para Hong-Kong en el pequeño vapor. Va tripulado por media -docena de marineros que son chinos de Macao. Su patrón parece ser el -único portugués, pero acabo por creerle también mestizo, nacido en la -colonia. Todos ellos se entienden en lengua china para sus maniobras. - -El barco tiene en la proa un cañoncito de tiro rápido cuidadosamente -enfundado, á causa de la humedad atmosférica. Creo además que los -tripulantes llevan algunas carabinas... pero ¡vamos encontrando en -nuestro camino tantos juncos! Pasamos al lado de buques que resultan -enormes si se les compara con nuestra pequeñez, y de su interior puede -desplomarse repentinamente sobre esta cubierta una cascada de diablos -amarillos y medio desnudos, que se apoderarían del barquito antes de que -nadie pudiese desenfundar el cañón ni tocar una carabina. - -Pienso que si los tripulantes de algunos de los juncos de comercio -supiesen quién viene en este pequeño buque se sentirían inclinados á -intentar una aventura capaz de enriquecerlos. Por suerte, para todos los -navíos de forma arcaica y su marinería vagabunda que sólo se muestra -honesta cuando ve próximos los golpes, nuestra embarcación no es más que -un cañonero de Macao que se dirige á Hong-Kong en plena noche por un -asunto del servicio. - -Sospechas ó inquietudes van desapareciendo según avanza nuestra -navegación sobre las aguas del estuario. El misterio de la noche nos -penetra y nos avasalla. Queremos gozar la belleza de la hora presente, -que tal vez no volveremos á conocer nunca en lo que nos resta de vivir. - -Si me preguntan cuál es la sensación más honda y duradera de mi viaje -alrededor del mundo, tal vez afirme que el viaje de Macao á Hong-Kong, -sobre un mar dormido como una laguna, bajo la cúpula de una noche -esplendorosa, con el incentivo de marchar en el misterio, costeando -peligros y casi al ras de las aguas. El mar es muy distinto cuando se -navega por él pudiendo tocarlo con la mano á como se ve desde la última -cubierta de un trasatlántico, alta como la plataforma de una torre. - -Ha surgido la luna sobre el lomo obscuro de una de tantas islas. Es -simplemente un cuarto creciente, pero la vagorosa luz traza un ancho -camino de lácteo resplandor sobre la llanura lóbrega moteada de rojo por -las lucecitas de los juncos. Las estrellas son tantas en este cielo -tibio, que al levantar la cabeza para verlas, parpadean los ojos cual si -lloviese sobre ellos polvo de luz. Detrás de la popa huye el camino -lunar, ondeado por el cabrilleo de las aguas. Este camino forma un -triángulo. Se estrecha hasta unir sus dos bordes en el límite del -horizonte y sobre este vértice asoma á intervalos un diamante rojo que -lanza contados centelleos, siempre los mismos, y vuelve á ocultarse en -momentáneo eclipse: el faro de Macao. - -Ofrece la proa un espectáculo más extraordinario al deslizarse por sus -dos flancos el agua partida en espumas. - -¡Las fosforescencias del mar chino!... En noches anteriores, al pasar la -bahía de Hong-Kong sobre los vaporcitos que van y vienen entre la ciudad -y la península de enfrente, llamó mi atención un resplandor verde de las -aguas próximas. Creí al principio en un reflejo de la luz de posición, -situada en el puente, y que corresponde al lado de estribor. Pero al ver -que en el costado opuesto no existía ninguna luz roja y las aguas -seguían brillando con la misma luminosidad verde, me di cuenta de que -era un reflejo fosforescente como no lo había visto nunca en otros -mares. - -Ahora, al regresar de Macao, considero casi insignificante la -luminosidad extraordinaria de la bahía de Hong-Kong. Aquí, en pleno -estuario, donde el agua tranquila de los canales es una mezcla de la -salinidad de las mareas oceánicas y los aportes dulces del río Perla, -cargados de vida animal, la fosforescencia resulta algo inaudito, algo -que nunca pude concebir que existiese. - -Brillan junto al buque, durante largos espacios de tiempo, las aguas que -nos rodean, con una luminosidad igual á la de Hong-Kong. Es el mismo -espejismo de ojos felinos que he visto tantas noches en mis travesías á -América... De pronto ocurren mudas explosiones de luz á flor de agua, -como si la proa, al avanzar, fuese rompiendo focos eléctricos. Parece -que en el seno del estuario se alumbren de pronto innumerables tubos de -mercurio, que revienten grandes bolsas luminosas, esparciendo un -resplandor verde semejante al de los teatros y los _cabarets_ de última -moda; y el buque entero queda envuelto por unos segundos en una aurora -inverosímil que parece de otro planeta. - -Sentados en la proa unos junto á otros, viajamos á través de la -obscuridad sin poder vernos, y de repente nos contemplamos de cabeza á -pies, con un color de exhalación eléctrica que en el primer momento nos -hace inconocibles. - -Menospreciamos el abrigo del único camarote del barco para no perder -este espectáculo ultraterreno, y seguimos en la cubierta, con las ropas -chorreando humedad, temblorosos de frío, mientras vamos pasando entre -islas de una temperatura tropical. Esperamos un nuevo reventón de -resplandores mágicos en el seno de las aguas. - -Queremos ver una vez más, bajo esta luz de misteriosa apoteosis, el -deslizamiento de los peces despertados por nuestra proa, negros y -elípticos como manchas prolongadas de tinta china. - - - - -XIV - -EL PUEBLO FILIPINO - - La bahía de Manila.--Obsequios de filipinos y españoles.--Limpieza - y elegancia de la ciudad.--El traje gracioso y señorial de las - mujeres.--Los jardines.--Las escuelas y su profesorado - filipino.--Generosidad del gobierno americano para el sostenimiento - de la enseñanza.--Ansia del filipino por instruirse.--La - colonización española.--Su trabajo fundamental, penoso y mal - conocido.--Filipinas desea ser independiente.--Suavidad del régimen - americano.--Autonomía dada por Wilson.--Palabras de un tribuno - filipino.--El gobernador Wood.--Lo que dicen unos y otros.--Mi - opinión particular. - - -Dos días después, á la salida del sol, cruza el _Franconia_ un estrecho -entre la tierra firme y la llamada isla del Corregidor. - -Se extiende ante nuestra proa un mar tranquilo, luminoso, como los lagos -cantados en odas y romanzas. Parece no tener límites, lo mismo que el -Océano, á causa de la neblina sutil que cubre el horizonte con sus -telones de gasas doradas. Es la famosa bahía de Manila. - -Navegamos por ella mucho tiempo, viendo las blancuras de Cavite á -nuestra derecha. Enfrente van asomando, poco á poco, sobre la llanura -azul, los nuevos muelles de Manila, las techumbres de sus almacenes, las -arboledas de sus jardines y el caserío albo, amarillo y rosa, sobre -cuyos tejados se remontan las torres de las iglesias. - -Ha quedado en mi memoria la capital de Filipinas como algo que vive -aparte de todas las sensaciones aglomeradas durante mi viaje. Sólo -permanecí en ella un par de días no completos y una noche, pero estas -docenas de horas valen como si fuesen meses; tantos fueron los nuevos -amigos que adquirí en dicho espacio de tiempo, las ideas que recibí de -ellos, las manifestaciones afectuosas de que me vi objeto. - -Únicamente pude ver Manila, y aunque es ciudad hermosa, merecedora de -gran interés, su conocimiento no autoriza para poder hablar del -archipiélago filipino. Éste es casi un mundo; tiene más de doce millones -de habitantes y consta de 3.000 islas entre grandes y pequeñas, según me -afirman los que lo han explorado con detención. - -Deseo volver sin prisa á este país, donde se mezclan en el momento -presente tres siglos de civilización española, el aporte continuo de los -Estados Unidos, nación la más progresiva de nuestros tiempos, y las -influencias que envían diversos pueblos de la tierra por encima del -Océano, como esos polen de larga fecundación capaces de reproducir -vegetaciones exóticas á distancias enormes. Siento interés por estudiar -y describir detenidamente la vida de esta antigua colonia española, que -es hoy un Estado autónomo y aspira con fe inquebrantable á convertirse -en una República independiente. Mas por ahora tendré que limitarme á -contar lo que vi, expresándolo con un juicio sereno, libre de -sugestiones. - -Enumeraré con brevedad los honores que filipinos, españoles y -norteamericanos residentes en el archipiélago me dispensaron durante mi -breve permanencia en Manila. En los salones del Casino Español fuí -obsequiado con un banquete de más de trescientos cubiertos, al que -asistieron las primeras autoridades americanas y todos los individuos de -la Asamblea filipina, senadores y representantes. En la misma noche di -una conferencia en el teatro, y al día siguiente, otra de carácter -literario en la Escuela Normal. El Senado de Filipinas me recibió en -sesión solemne, con asistencia además de los diputados que forman la -Cámara de representantes, concediéndome el alto honor de ocupar un -asiento al lado de su presidente, y éste me saludó con las más -satisfactorias expresiones que puede recibir un escritor amigo de la -libertad. Finalmente, el general Wood, gobernador de Filipinas, me dió -un almuerzo en su palacio de Malacañang, antigua residencia de los -capitanes generales españoles. - -Al anclar el _Franconia_, vi cerca de él á un vapor de la Trasatlántica -Española, el _Isla de Panay_, completamente empavesado, con aspecto de -gala. Creí que era este adorno por alguna festividad nacional. Luego -experimenté una de las mayores emociones de mi vida al saber que las -banderas y los gritos de la tripulación asomada á las bordas eran para -saludar mi llegada. Antes de dirigirme á la ciudad subí al _Isla de -Panay_, deseoso de responder á este saludo espontáneo. Bebí una copa de -champaña con el capitán y los oficiales, recibiendo los abrazos de la -marinería, que mostraba un gozo sincero al encontrarse con un español -conocido de todos ellos tan lejos de la madre patria. - -Uno de los más afectuosos en sus manifestaciones fué el capellán del -_Isla de Panay_. Durante mi permanencia en Manila se mostraron -igualmente efusivos conmigo numerosos frailes españoles que asistieron á -mis dos conferencias; unos, profesores de la Universidad Católica de -Manila; otros, aficionados a las lecturas literarias. Estando á tres mil -leguas de la patria parecen empequeñecerse nuestras particulares -apreciaciones sobre los misterios que rodean la vida, y nos atrae con -repentino sentimiento de fraternidad la condición común de españoles. - -Mi primera impresión al visitar Manila fué igual á la del que entra en -una casa pulcra y clara, después de haber atravesado varias calles -rebullentes de muchedumbre, luminosas, pero sucias. Creo que todos los -que lleguen á Filipinas, después de viajar por la China y otros países -del Extremo Oriente, experimentarán la misma impresión. - -Tiene Manila un aire de estabilidad, de solidez y señorío, que contrasta -con el aspecto ligero y provisional de las ciudades del Extremo Oriente, -hechas de madera y tejidos de bambú. Los edificios, aunque de poca -elevación, son fuertes; los templos y los baluartes de la gran muralla, -estilo Vauban, construída por los españoles, dan á Manila una respetable -antigüedad. Hasta las cabañas, hechas sobre pilotes y con tejidos -vegetales, que sirven de vivienda al pueblo en los suburbios, están -alineadas con un método que parece revelar la cohesión de este país. -Digámoslo de una vez. Filipinas tiene un pasado histórico--el de su -infancia--, y quiere llegar á la completa virilidad sin perder su -fisonomía propia. - -La limpieza de Manila se refleja en sus habitantes. De todas las -capitales de Asia, incluyendo las mejores colonias de origen europeo, es -Manila la ciudad más pulcra y elegante. Las mujeres van vestidas con el -traje nacional, que sorprende por su gracia y su distinción á las -viajeras de gustos más refinados. Todas llevan una falda de cola larga, -como si fuesen á entrar en un baile solemne, y se la recogen con gracia -señorial. Sobre esta falda de seda, que es de diverso color, según el -gusto de quien la usa, llevan todas ellas un corpiño hecho de encajes -filipinos, célebres por su artística sutilidad. La gorguera del escote -y unas puntas sobre los hombros parecen de lejos los extremos de unas -alas plegadas, dando á las filipinas cierto aspecto de mariposas, como -si fuesen á abrir de pronto unos brazos voladores, elevándose sobre el -suelo. - -Los hombres son igualmente de una elegancia que puede llamarse tropical. -Nunca he visto muchedumbres tan blancas é inmaculadas. El calor hace -sudar copiosamente, pero los filipinos cambian varias veces de traje -durante el día, y es imposible sorprender en ellos la más leve mancha. - -Mientras daba mi conferencia en la Escuela Normal, no pude menos de -admirar el hermoso golpe de vista que ofrecía un público de dos mil -hombres, todos vestidos de blanco, con corbata negra. Dentro de él se -destacaban lo mismo que arriates floridos los colores violeta, rosa ó -azul celeste de los grupos de damas llevando el traje nacional. - -Al aspecto limpio de esta ciudad y á la elegancia de sus habitantes hay -que añadir la hermosura de su flora. En los jardines se ven árboles de -extrañas formas para los ojos europeos, cuyos nombres no tengo tiempo de -conocer. En los alrededores de Manila corre el automóvil á través de -campos sobre los que yerguen su aéreo surtidor de verdes plumajes -innumerables especies de palmeras. Atravesamos un jardín con unos -arbustos grandes como árboles y flores enormes de un rojo mágico, que -recuerdan el jardín encantado de Klingser en la leyenda wagneriana de -Parsifal. Algunos pasos más allá empiezo á ver tumbas entre esta -vegetación maravillosa, y me entero de que marchamos por un cementerio. -Creo que en ninguna parte de la tierra la fealdad de la muerte ha -logrado ocultarse bajo una envoltura tan seductora. - -En la mesa, á la hora de los postres, es cuando se aprecia mejor la -dulce fecundidad de este suelo paradisíaco, saboreando frutos que -existen indudablemente en otros países tropicales, pero en ninguno de -ellos llegan á adquirir la sabrosa madurez que en Filipinas. - -De todo cuanto me muestran en Manila lo más extraordinario son las -escuelas. Yo he viajado por la mayor parte de los Estados Unidos y -conozco el enorme desarrollo de su enseñanza pública. Por eso puedo -afirmar que las escuelas de filipinas son superiores á las de muchos -Estados de la gran República. Hay que añadir que su profesorado, tanto -masculino como femenino, está compuesto de hijos del archipiélago. Pude -conversar en varias escuelas con maestros y maestras. Ellos son unos -_gentlemen_ pulcramente vestidos con el traje de ceremonia del país, -_smoking_ blanco y corbata negra. Ellas llevan la falda de seda y el -corpiño de gasa, pues por nacionalismo consideran oportuno dar sus -lecciones vistiendo á la filipina. - -Todos revelan en su conversación una gran cultura, un continuo estudio, -un ansia insaciable de saber. Esto último es lo que caracteriza á los -filipinos modernos. Maestros y discípulos desean siempre saber más; -sienten una verdadera hambre de conocimientos y prestan una atención -concentrada á toda novedad intelectual que les sorprende. - -Las escuelas son muy grandes. El miedo á los temblores de tierra no -permite elevar los edificios, pero éstos compensan la escasez de pisos -superiores con la ocupación de vastos terrenos. A pesar de su amplitud -casi resultan estrechas, tanta es la población escolar que viene á -ocuparlas todas las mañanas. Los niños acuden gozosos á estos edificios, -como si fuesen lugares de placer infantil, tan atractiva y dulce resulta -en ellos la enseñanza. Llama inmediatamente la atención el gesto -reflexivo con que escuchan á sus maestros, la ansiedad que muestran por -no perder una palabra de sus explicaciones. - -También es admirable la agilidad de sus manos al realizar en horas de -descanso algunas labores de tejido artístico. Esta ligereza manual es -una condición asiática. Ningún niño de los Estados Unidos ni de Europa -podría fabricar los cestos festoneados, las cajas redondas de colores -que tejen con el mayor desembarazo niños y niñas de ocho á diez años en -las escuelas de Manila. - -Una visita á dichas escuelas sirve para adquirir la convicción de que -éste es un pueblo de gran inteligencia nativa y no menos facilidad para -aprender cuanto se le enseñe. Gracias á sus condiciones naturales no -perderá nunca su personalidad propia, resistiéndose á cuantas -influencias extrañas intenten arrebatársela. - -Sería injusto olvidar que el ensanchamiento de la escuela en Filipinas y -la esplendidez con que se atiende á las necesidades de su enseñanza es -un resultado de la influencia de los Estados Unidos. Todos los -gobernadores americanos se han preocupado especialmente de la -instrucción pública. Con ello satisfacen el anhelo más ferviente del -pueblo filipino, deseoso de aprender, siguen al mismo tiempo la -tradición de los Estados Unidos, que siempre consideraron la enseñanza -como la primera función pública, y realizan un trabajo lento de -conquista espiritual, del que hablaré más adelante, y al que confían el -éxito definitivo de su dominación. - -Igualmente sería enorme injusticia negar ú olvidar que España, durante -su época colonial, ilustró á este país como podía hacerse entonces. Tres -siglos de civilización española han quedado para siempre en la historia -de Filipinas, con las torpezas y errores propios de otros tiempos, pero -igualmente con todos sus adelantos espirituales. El cristianismo de los -filipinos es obra de los sacerdotes españoles. Ellos enseñaron á leer á -las masas indígenas. Las autoridades enviadas por la metrópoli lejana -fueron estableciendo aquí todos los progresos del resto del mundo, -teniendo que luchar para ello con las distancias, considerablemente más -grandes en aquella época de navegación á vela, cuando aún existía -intacta la muralla arenosa del istmo de Suez. - -Sin la colonización española el filipino habría llegado á los tiempos -modernos en un estado de cultura embrionaria y paralizada, semejante al -de las tribus que todavía existen en muchos archipiélagos vecinos ó como -el de los pueblos mahometanos que tantas veces constituyeron un peligro -para Manila con sus piraterías. - -A España le correspondió aquí el mismo trabajo que en las repúblicas -americanas que hablan su lengua. Echó los cimientos del edificio, lo más -pesado y menos agradecido, lo que exige mayores esfuerzos y queda oculto -á las miradas superficiales. Ella tuvo que luchar con la primitiva -barbarie, estableciendo las bases fundamentales de la civilización. -Luego llegan los pueblos modernos, los últimos que triunfaron, y al -encontrarse con la sólida y ruda obra sin terminar, se encargan de los -adornos de su fachada, columnas, capiteles, cornisas, todo lo que supone -refinamiento y atrae la admiración frívola del curioso; pero las paredes -maestras, los fundamentos ocultos bajo el suelo, son obra del albañil, -que sudó y se esforzó más que nadie, para ver finalmente su trabajo -olvidado ó menospreciado. - -Por suerte, este olvido no puede durar siempre. Un edificio, para -remontarse, necesita reforzar sus cimientos; y á causa de esto todos los -pueblos civilizados en otros siglos por España, si quieren hacerse más -grandes, tendrán que ahondar en su base, y al hacerlo encontrarán las -virtudes del primer constructor: la paciencia y la fe de España. - -Nuestro país, que tantos errores cometió de carácter rudamente paternal -al extender su civilización sobre la mayor parte del planeta, dió -muestra al mismo tiempo de una virtud que no abunda en los dominadores -coloniales. Allá donde fué el español se unió con la mujer de la tierra, -constituyendo una familia. Entiéndase bien esto. Muchos colonizadores de -otras razas se unen también con la mujer del país, pero es tomándola por -concubina, y huyen luego, dejándola el presente abrumador de varios -bastardos. El español, por influencia cristiana ó por una predisposición -á igualarse con los indígenas, se casó en las colonias; mezcló su sangre -con la de los naturales, creó una familia legal, y en todas partes son -sus nobles y legítimos descendientes los mestizos que ostentan sus -apellidos. - -Los hombres no viven únicamente de pan. Una metrópoli poderosa se engaña -si cree que dando á sus colonias los adelantos materiales se lo ha dado -todo. El hombre necesita el alimento moral de la consideración; y los -españoles, que en el terreno político fueron siempre poco propensos á la -igualdad, la practicaron como nadie en la vida moral y en la familia, -emparentando con los del país sin mantenerse en orgulloso aislamiento, -como lo hacen otros pueblos dominadores. - -Durante mi visita á Manila encuentro á los filipinos en una gran -efervescencia política. Debo hablar de ella, pues el motivo de dicha -agitación es hondo y permanente. Tengo la certeza de que va á repetirse -durante años y años de un modo pacífico, y sólo tendrá término cuando se -realicen los deseos de todos. El pueblo filipino quiere ser -independiente. Antes de seguir adelante necesito hacer una aclaración. -Siento desde hace muchos años honda simpatía por los Estados Unidos de -América. Para mí, el régimen menos imperfecto, dentro de la imperfección -humana, es la República federal, tal como ellos la establecieron. Además -considero al pueblo norteamericano como la más ordenada y consciente de -todas las democracias que han existido en la Historia. Al mismo tiempo -me inspira un afecto fraternal el pueblo filipino. Después de mi paso -por Manila, admiro su fe y su tenacidad para conseguir una existencia -independiente, y deseo que obtenga todo lo que pueda favorecer su -bienestar y su progreso. - -Encontrándome entre estos dos afectos que en ciertos puntos resultan -contradictorios, voy á mencionar con fría imparcialidad lo que dicen -unos y otros. - -Se sublevó el pueblo filipino contra la dominación española -considerando, como todas las repúblicas hoy florecientes de América, que -era ya bastante crecido para marchar por sí solo. Procedió como los -hijos que por ley natural abandonan la casa paterna. Cuando los -acorazados de los Estados Unidos desembarcaron sus tropas en Cavite -existían una República filipina y un ejército filipino. Los Estados -Unidos les ayudaron en su guerra contra la monarquía española, y... -todavía no han abandonado el país. - -La gran República americana no es un Imperio de rapiña, una nación sin -más ley que la fuerza, de esas que proceden en el curso de la Historia -lo mismo que un bandido actúa en una carretera, apoderándose de la -hacienda de los débiles porque son débiles. Muy al contrario, la -historia de esta gran democracia abunda en esfuerzos y hazañas á favor -de la libertad de los pueblos y la independencia de los humildes. Dicha -historia habrá tenido eclipses, como la de todas las naciones; pero es -indiscutible que los Estados Unidos arrostraron el peligro de morir -despedazados y sostuvieron la más terrible de las guerras por suprimir -la esclavitud de los negros, y hace pocos años vinieron -desinteresadamente á batirse en Europa, llamando á su cruzada generosa -«la guerra por la libertad del mundo». - -El gobierno de Wáshington envió sus tropas á Filipinas para ayudar á los -naturales en su guerra contra la metrópoli y para proteger su -constitución futura de pueblo libre. A nadie se le puede ocurrir que la -generosa democracia americana hiciese tal intervención para apoderarse -simplemente de Filipinas y quedarse con el archipiélago, basándose en el -bandidesco principio de que el más fuerte puede apoderarse sin -escrúpulos de lo que pertenece á otros, aunque ellos no quieran. Esta -política cínica fué la del Imperio alemán, y levantó contra ella la -opinión de todo el mundo. Para seguir tan inmorales principios de -derecho no valía la pena destronar á Guillermo II. - -Apresurémonos á decir que los Estados Unidos jamás han manifestado de un -modo preciso su voluntad de quedarse «para siempre» con Filipinas. Por -el contrario, muchos de sus gobernantes y sus directores de opinión han -reconocido á los filipinos la legitimidad de sus deseos en pro de la -independencia. Lo único que discuten es la oportunidad de tal -independencia, las condiciones actuales del archipiélago filipino para -disfrutarla, creyendo que aún no ha llegado el momento de que este país, -que tiene gran parte de su territorio en los albores de la civilización, -pueda llevar la existencia de un pueblo libre y sin tutela. - -Hay que añadir lealmente que el régimen dulce y tolerante seguido aquí -por los Estados Unidos no se parece á la actitud que observan otras -naciones en los territorios que dominan. Después de la ocupación -militar, el gobierno de Wáshington dió al archipiélago un régimen -puramente civil, y en tiempo del presidente Wilson, este régimen, cada -vez más suave y transigente con los filipinos, se convirtió en una -verdadera autonomía. Hoy Filipinas tiene una Asamblea legislativa, -compuesta de un Senado y una Cámara de representantes, con ministros -hijos del país que trabajan á las órdenes del gobernador general, quien -es depositario absoluto del Poder ejecutivo. Pero con frecuencia surgen -conflictos entre estos dos poderes, y los legisladores se colocan en -actitud de protesta ante el gobernador enviado de Wáshington. - -Un filipino ilustre, el gran orador Manuel Quezón, presidente actual del -Senado, expresó el verdadero sentimiento de su pueblo al decir en uno de -sus discursos: «No importa que sea suave el yugo de un poder extranjero; -no importa que pese ligeramente sobre los hombros; si no está impuesto -por la voz de su propia nación, el hombre no quiere, no puede ni cree -ser feliz bajo tal peso.» - -Todo el pueblo filipino piensa del mismo modo con rara unanimidad. -Reconoce los beneficios de la dominación americana, agradece los -esfuerzos hechos por ella para difundir la enseñanza, las obras públicas -que lleva realizadas, la conducta benévola de las autoridades -extranjeras en muchos asuntos... pero quiere la independencia. - -Algunos filipinos conservadores intentaron crear partidos transigentes, -poniéndose de acuerdo con las autoridades americanas; pero fracasaron -por completo, faltos de apoyo popular. La Asamblea filipina, aunque -compuesta de diversos grupos políticos, es en absoluto partidaria de la -independencia, pues todos sus individuos comulgan en el mismo ideal. -Cuando se realizan nuevas elecciones, únicamente triunfan los candidatos -nacionalistas, que son los sostenedores de la independencia del -archipiélago. - -A los filipinos eminentes que trabajaron y murieron por la liberación de -su país han sucedido otros muy jóvenes, que luchan con no menos -entusiasmo, dentro de una política pacífica. - -Pueden contarse á docenas los hombres notables de este movimiento. -Sergio Osmeña, talento organizador, sabe razonar con una lógica -avasalladora; Manuel Quezón, orador brillante, es el gran propagandista -del nacionalismo. Para servir mejor á su patria aprendió el inglés, de -tal modo, que puede pronunciar discursos en dicha lengua, y varias veces -ha hablado en Wáshington ante los representantes del gobierno y en otras -ciudades de los Estados Unidos, defendiendo la independencia filipina. - -Es asombroso el espíritu liberal de la Constitución del pueblo -americano, respetuosa para el pensamiento y su emisión como la de ningún -otro país. Al amparo de ella los filipinos pueden abogar por su -independencia y arbitrar toda clase de medios y recursos para -conseguirla. Durante el gran banquete dado en mi honor por el Casino -Español estuvieron sentados cerca de mí, en la mesa presidencial, varios -almirantes y generales de los Estados Unidos que ejercen autoridad en -Manila. Estos militares de la más verdadera de las Repúblicas escucharon -con calma y respeto los razonados discursos de varios oradores filipinos -proclamando la necesidad de independencia que siente su patria y su -voluntad firmísima de trabajar por ella. - -También son ardientes propagandistas el incansable Teodoro Kalaw, -presidente del Comité «Por la Independencia»; el enérgico senador -Alegre, que hizo sus estudios en España, y tantos otros que desisto de -nombrar, pues su mención resultaría larguísima. - -El general Wood, actual gobernador de Filipinas y hombre de sólida -inteligencia, tiene un espíritu civil á pesar de su profesión de -soldado. Habla el español con facilidad, pues lo aprendió en su -juventud, y luego ha viajado mucho por la América de nuestra lengua y -por España. Le conozco desde que fué candidato en 1920 á la presidencia -de los Estados Unidos, y, como ya dije antes, me obsequió con un -almuerzo en su palacio, cuyos salones conservan aún los retratos de los -antiguos capitanes generales españoles. Sobre la puerta del palacio de -Malacañang queda también un gran escudo de España. Los gobernadores -americanos se han limitado á ensanchar el palacio, sin tocar un cuadro -ni un mueble de la antigua casa del gobierno español. - -Hablo con Wood y otros personajes americanos residentes en el -archipiélago. Noto en todos ellos una simpatía sincera por los -filipinos. El gobernador no formula la menor queja contra los -partidarios de la independencia, á pesar de que en la actualidad, por la -pugna entre el Poder ejecutivo y el legislativo, algunos de aquéllos le -han atacado. Pero aquí los ataques no rebasan los límites de la política -y jamás resultan personalmente ofensivos, lo que prueba una vez más la -cultura de las costumbres. - -Todos los americanos que trato en Manila muestran igual opinión. Nadie -niega rotundamente el derecho de los filipinos á su independencia. Sólo -discuten la oportunidad de esta independencia. No creen llegado el -momento de reconocerla. - ---Si abandonamos Filipinas--dicen muchos de ellos--el pueblo no podrá -mantenerse independiente. Necesita un ejército, una gran marina, para -guardar sus tres mil islas. A las puertas vive el Japón, ansioso de -nuevas tierras para expansionarse. ¡Lo que tardaría á encontrar un -pretexto, á inventar un conflicto para dejarse caer sobre este -archipiélago!... Y si nosotros nos fuésemos, resultaría muy difícil que -pudiéramos repetir la visita. En los Estados Unidos todo lo dirige la -opinión, y es casi seguro que luego de habernos marchado, esta opinión -nos impediría volver, no queriendo arrostrar los peligros y gastos de -una guerra por un país abandonado antes. - -Debo mencionar también lo que dicen los filipinos ansiosos de -independencia. Los más instruidos encogen los hombros cuando les hablan -de que una gran parte de su país está todavía á medio civilizar. Lo -mismo decían los ingleses cuando se declararon independientes las -colonias de América, teniendo á sus espaldas tres cuartas partes del -actual territorio de los Estados Unidos ocupadas por tribus enteramente -salvajes. El fantasma de la invasión japonesa no les impresiona gran -cosa. Con una arrogancia caballeresca, que revela su antigua educación -española, contestan simplemente: - ---De ocurrir eso nos defenderíamos todos desesperadamente hasta morir. - -Además, juzgan que no sería incompatible una completa independencia -filipina con el estacionamiento militar de los Estados Unidos en este -archipiélago, para tener una base fuerte cerca del Japón. - -El argumento de que no están preparados para la independencia les hace -sonreir. ¿Dónde está el reloj que marca la hora justa para tal -reforma?... ¿Quién tiene el instrumento capaz de medir si un pueblo debe -ser independiente ó no merece serlo todavía?... - -Esto lo considero cierto. Nadie puede probar que es nadador ó no lo es -mientras no se meta en el agua. Y para que un pueblo demuestre que -merece la independencia, lo primero es dársela. - -Tengo mi opinión propia, formada después de oir á unos y á otros. - -No niegan los Estados Unidos el derecho de Filipinas á su independencia, -ni lo negarán nunca de un modo terminante. Se oponen á ello sus nobles -tradiciones civiles. Existen dentro de la gran República imperialistas -que se muestran á veces cínicos y brutales en sus deseos, mas la inmensa -mayoría del pueblo americano es enemiga de guerras y dominaciones por la -fuerza, y cree generosamente que todo país debe gozar su libertad. - -Pero no es menos cierto que el gobierno de Wáshington, teniendo en -cuenta los informes de las autoridades de Filipinas, aprecia cada vez -más el valor económico de este archipiélago y su situación estratégica, -deseando conservarlo á todo trance. - -Para algunos americanos, nunca llegará el momento oportuno de dar á los -filipinos su independencia. Aunque todos los naturales del archipiélago -fuesen un portento de educación cívica, encontrarían siempre motivos -para decir que no era llegada la hora. ¡Es tan fácil inventar pretextos, -teniendo en cuenta la imperfección humana!... Confían en el tiempo y en -la escuela para que se adormezca poco á poco este sentimiento de -independencia, y acabe Filipinas por entrar mansamente en la -Confederación americana como un simple territorio. - -La escuela de primera enseñanza emplea la lengua inglesa. Los profesores -filipinos dan sus lecciones en inglés, con arreglo á los métodos -oficiales. El español únicamente se estudia en la segunda enseñanza y en -la Universidad como una lengua extranjera. - -El idioma moldea el alma; por eso la dominación americana ha creado aquí -escuelas verdaderamente maravillosas, y al dar al filipino más pobre una -educación brillante, procura hacer de él un futuro súbdito de los -Estados Unidos. - -Los partidarios de la independencia velan á la parte de fuera de la -escuela. Jamás se ha hablado tanto en Filipinas la lengua española. En -tiempos de nuestra dominación, el pueblo, como señal de protesta, -hablaba el tagalo. Sólo los de una cultura superior conocían aquélla. - -Ahora, como una afirmación de nacionalismo, los niños que hablan inglés -en la escuela aprenden el español en su casa, y esta es la lengua -espontánea muchas veces de sus juegos callejeros. - -Después de extinguirse los apasionamientos propios de toda revolución, -los filipinos amantes de la independencia reconocen la parte de -beneficios que tuvo para ellos la civilización española, y adoptan -nuestra lengua como un arma de largo alcance. En todo el archipiélago, -según me afirman los conocedores, existen más de veinte lenguas -vernáculas, y el tagalo usado en Manila no es mas que una de ellas. En -cambio, el español tiene grupos parlantes en todas las islas. Además, es -la lengua de veinte naciones del Nuevo Mundo y de cien millones de -seres. Valiéndose de ella, los filipinos no quedan aislados en un -extremo del Pacífico y se ponen en comunicación espiritual con la mayor -parte de las naciones que acompañan á los Estados Unidos en el disfrute -del continente americano. - -Yo veo la historia futura de Filipinas á modo de una carrera de jinetes. -La escuela oficial, magnífica y opulenta, fabrica americanos para el -porvenir. El nacionalismo filipino espera en la calle á las nuevas -generaciones y les inspira el amor á la independencia. El fuego sagrado -de la patria se va renovando así de pecho en pecho. - -Es una obra de paciencia y de tenacidad. Esta lucha pacífica va á durar -muchos años; pero vencerán finalmente los filipinos si el entusiasmo que -muestran ahora no es una ráfaga estrepitosa y pasajera; si desafían al -cansancio, si no se desalientan ante lo largo del camino, y acaban por -convencer al pueblo americano de que son dignos de obtener su -independencia, provocando uno de esos arrolladores y generosos -movimientos de opinión tan frecuentes en la vida de los Estados Unidos. - -Como dicen los cabalgadores de las llanuras sudamericanas: «Es asunto de -ver á quién de los dos se le cansará antes el caballo.» - - - - -XV - -EN EL MAR DE LA INSULANDIA - - Un guerrero del aire.--El paso de la Línea.--Desfile de oasis - montañosos sobre el desierto azul.--La historia del mundo - reproduciéndose en cada isla.--Epopeya de los descubridores - portugueses.--Lo que vieron un día en las Molucas.--Encuentro de - los dos pueblos ibéricos al otro lado del planeta.--Los últimos - héroes españoles del ciclo de los descubrimientos.--Mendaña y el - oro del rey Salomón.--Una flota mandada por una mujer.--La - almiranta doña Isabel.--El místico Quirós.--Llegada de la reina de - Saba á Manila.--Los elefantes don Pedro y don Fernando.--Los - descubridores de «Australia Ignota».--«Austrialia del Espíritu - Santo».--El piloto Torres, primer explorador de las costas - australianas. - - -Desde la barandilla de una cubierta saludo á los grupos de filipinos y -españoles que han venido á despedirnos. El muelle está repleto de -gentío. Los vendedores tagalos ofrecen pesados machetes, lanzas y -espadas flamígeras de los moros de Joló, primorosos encajes manileños, -cajitas fabricadas con fibras del país, y mis compañeros de viaje -adquieren estos recuerdos de su paso por la isla de Luzón. - -Estrecho una vez más la mano de Potous, cónsul de España, que empezó su -carrera como magistrado, del conde de Paracamps, español de espíritu -progresivo y el más notable organizador que existe en Filipinas, del -ilustre periodista Romero Salas y otros amigos. - -Unas señoritas vestidas de labradoras valencianas me entregan cestos de -flores. La colonia española, como recuerdo de mis dos conferencias, me -sorprende con un magnífico regalo. Recibo el saludo de varias damas -filipinas que llevan el traje nacional. Unas son directoras de colegio, -otras desempeñan cargos en la administración de justicia, lo que -demuestra la cultura de la mujer en este archipiélago. - -Parte el _Franconia_ entre aclamaciones. Al mismo tiempo la atmósfera se -conmueve con un estrépito mecánico que parece ahogar los gritos de la -blanca muchedumbre agrupada en los muelles. Media docena de aeroplanos -militares evolucionan sobre nuestro buque, acompañándolo durante su -navegación por la bahía. - -Viene con nosotros hasta Calcuta el general Mitchel, jefe de la aviación -americana, que en el último período de la guerra europea mandó las -fuerzas aéreas de todos los aliados. Es un hombre todavía joven y habla -correctamente el español por haber vivido en distintas repúblicas de -América. Luego de pasar varias semanas en Manila, continúa su viaje -alrededor del mundo, estudiando la aviación de las naciones y colonias -de Asia. - -Este guerrero de la atmósfera me expone con voz dulce de poeta una serie -de «anticipaciones» capaces de asombrar á la imaginación mejor -preparada. Así me entero de cómo el avión ha cambiado completamente la -guerra, cómo acabará por hacerla imposible, cómo podrá igualar tal vez -un día su velocidad con la del curso del sol, dando las escuadrillas -voladoras la vuelta á nuestro planeta sin dejarse alcanzar por la noche. - -Seis días va á durar nuestra navegación entre Manila y las costas de -Java. En esta travesía cortaremos la línea ecuatorial, y como son muchos -los viajeros que no han pasado dicha línea, los organizadores de -fiestas del _Franconia_ preparan su bautizo. - -Conozco de sobra esta mascarada marítima que se desarrolla en los buques -al pasar el Ecuador. Siete veces he ido de Europa á la América del Sur y -otras tantas he hecho el viaje de vuelta. Como no me interesan los -desfiles de ondinas y tritones acompañados de estridentes músicas, el -cortejo burlesco de Neptuno, la inmersión de los neófitos en un estanque -improvisado y demás ceremonias burlescas que van á entretener á los -pasajeros durante un par de días, huyo de tales festejos, refugiándome -en la cubierta más alta, como lo hacen otros que también están cansados -del rito ecuatorial. - -Compensa con exceso el espectáculo del mar la monotonía de nuestras -horas solitarias. Cruzamos una de las secciones del Pacífico más -hermosas y menos frecuentadas. La gran corriente de la navegación, al -venir de Hong-Kong ó Manila, tuerce hacia el Oeste buscando la puerta -del estrecho de Malaca, ó sea Singapore. Nosotros seguimos rectamente -hacia el Sur, cortando la línea ecuatorial por una ruta que únicamente -siguen los contados barcos que desde la China ó el Japón van á Java. - -El mar es de un azul intenso, como si fuese sólido. Las nubes, bogando -aisladas en el cielo esplendoroso, también son de una blancura tan -espesa que parecen talladas en mármol, como las que figuran en los -altares. Saltan ante la proa enjambres de peces voladores. Agitan sus -alas unos momentos, y al volver á caer, parece que forcejean para -introducirse en el agua, como si la taladrasen. A un lado del buque, el -mar es de un azul compacto y mate; en el opuesto centellea como una -llanura sembrada de espejos rotos. La atmósfera, cada vez más caliente, -da un aspecto de solidez á la materia líquida y la materia gaseosa. - -Transcurren los dos primeros días sin que veamos en el inmenso redondel, -del que somos eterno centro, una blancura de vela, un hilillo de vapor. -El Océano parece de una majestad sin objeto dentro de esta calma -desierta. - -Pienso que nunca volveré á pasar por aquí. La líquida llanura ecuatorial -parece creada únicamente para los que permanecemos horas y horas en la -solitaria cubierta con un codo en la barandilla y el rostro sobre una -mano, embriagándonos de azul, de sol y de silencio. Pero nosotros -desapareceremos y las olas seguirán hinchándose en aristas infinitas, y -los peces continuarán sus saltos voladores, y se repetirán las albas y -los ocasos. Y cuando, transcurridos los siglos, no quede un hueso ni tal -vez dos moléculas juntas de la materia que forma ahora nuestros cuerpos, -se reproducirá igualmente este espectáculo que nuestra vanidad humana se -imagina fabricado expresamente para admiración y recreo de los -animalillos razonantes que pasamos metidos en una especie de dedal. - -El día antes de la fiesta de la Línea y los días siguientes navegamos -entre islas. En estos parajes de la Oceanía próximos al macizo asiático -las hay á cientos y á miles. Unas pocas alcanzamos á verlas con nuestros -ojos. Detrás de ellas adivinamos con la imaginación toda la infinita -variedad del continente esporádico de la Malasia. - -Algunas son picos de sombrío rosa, que emergen del mar con gorgueras de -espuma. Otras extienden una sucesión horizontal de montañas y playas. -Estas últimas no se ven á cierta distancia y las montañas parecerían -islas sueltas á no ser por las filas de cocoteros que surgen de la -orilla arenosa. Sus troncos delgados se disuelven en el azul del cielo; -sus copas robustas parecen hileras de embarcaciones negras flotando -sobre el mar. - -Más adentro de las costas y empalidecida por la distancia, hay siempre -alguna montaña envuelta en nubes que aún parece más enorme por su -aislamiento; cono de volcán dormido hace miles de años. Los naturales de -la isla han poblado seguramente esta altura inaccesible con dioses y -demonios, dedicándoles sacrificios humanos desde el principio de su -historia. Siglos de guerras y matanzas han venido desarrollándose sobre -estos fragmentos de tierra, por los consejos y mandatos de los -habitantes de la Montaña Sagrada. Es todo un mundo igual al nuestro, -pero dentro de marco más reducido. - -La isla queda atrás. Sólo es ya una mancha sombría, una nube á flor de -las aguas azules; luego se borra para siempre. Vienen al encuentro de -nuestra proa nuevas montañas con su cúspide envuelta en vapores, nuevas -arboledas bajas que parecen flotar sobre el horizonte, nuevas bocanadas -de perfume vegetal, caldeado por el sol y salado por la respiración -oceánica. - -Apreciamos este mundo insular con una serenidad sintética y divinamente -superior á causa de nuestra situación. Somos ahora la inteligencia que -aprecia las cosas desde lo alto y pasa adelante, insensible á las -influencias del medio. Desembarcados en cualquiera de dichas islas -resultaríamos á los pocos meses uno más dentro del grupo humano que la -habita, sentiríamos la servidumbre del ambiente, se nos impondrían con -la fuerza del pasado personas y cosas. Pero vamos montados en una caja -de hierro, con agujeros redondos para ver y respirar, la cual lleva una -hoguera en sus entrañas y vence momentáneamente las influencias -esclavizadoras del tiempo y del espacio. - -Pasamos á través de sociedades humanas que se mueven siglos y siglos en -el redondel aislado de estos oasis terrestres perdidos sobre el desierto -salobre. Dichos pueblos insulares no son para nosotros más que un -accidente de viaje. Los vemos como Gulliver á los pigmeos, y esta -momentánea superioridad nos permite apreciar por comparación la pequeñez -y monotonía de la historia general de nuestra especie. - -Todas estas islas que viven breves horas ante nosotros y luego se -disuelven, han tenido dioses que hablaron con voz de trueno entre las -nubes de la gran montaña, santos que realizaron milagros, déspotas que -las hicieron sufrir los martirios de una autoridad falsamente paternal, -y recuerdan tal vez con orgullo las hazañas de algún jefe victorioso que -arrastró las muchedumbres á la muerte. Todas ellas han visto nacer á un -Napoleón, y sus habitantes se consideran los primeros hombres de la -tierra, despreciando á los de la isla de enfrente por una inferioridad -que justifica su deseo de esclavizarlos. - -Nosotros también apreciamos orgullosamente la superioridad de nuestra -isla flotante, en la que se juntan todas las maravillas de la -civilización, comparándola con estas islas inmóviles, sujetas al fondo -oceánico por raíces de granito ó de coral y que guardan -estacionariamente los modelos más rudimentarios de la sociabilidad -humana... Luego, un sentimiento confuso de justicia nos hace dudar de -nuestro momentáneo orgullo de semidioses navegantes. ¿Qué somos -verdaderamente?... Ochocientos seres humanos, entre señores y -servidores, metidos en una caja férrea y llevando con nosotros un -cementerio de animales puestos al frío para que puedan alimentarnos con -sus cadáveres. Una música anima nuestras digestiones y sirve para que -los aficionados á la danza puedan dar saltos y sientan el cosquilleo de -la sensualidad después de las cinco comidas rituales. - -Por arriba poblamos el azul oceánico de alegres ritmos y lo -entenebrecemos con el humo industrial, residuo de fuerzas domadas que -han transformado nuestra vida parasitaria sobre la corteza del planeta. -Por abajo suelta nuestra isla obscura el sucio arroyo de unas aguas que -han barrido todos los lugares cerrados, viles receptáculos de la humana -miseria. Una estela de cajones y latas que contuvieron los medicamentos -contra nuestra eterna enfermedad, el hambre, va marcando el paso del -buque sobre esta llanura móvil y profunda, que es á la vez vieja como el -mundo y pueril como los primeros vagidos de la vida planetaria. - -Corta mis reflexiones un repique de campanas. Dentro de la garita en -forma de púlpito que existe en el mástil de proa para que el vigía -atalaye el mar durante la noche, un grumete mueve las dos campanas que -sirven ordinariamente para marcar las horas de servicio á los diversos -«cuartos» en que se divide la tripulación. Este repique me hace saber -que estamos en domingo y son las diez de la mañana. - -Un campaneo semejante al de una iglesia anuncia los oficios divinos -todos los domingos. En el gran salón un oficial con uniforme de gala lee -las plegarias, y la mayoría de los viajeros, libro en mano, canta. - -Estamos ante las costas de Borneo. La melodía lenta y solemne de los -corales evangélicos empieza á extenderse sobre el mar. Éste es ahora de -un azul obscuro, erizado de pequeñas protuberancias angulosas, como si -en pleno sol cayese sobre él un aguacero invisible. Senderos de azul más -claro y completamente liso serpentean sobre su lomo como si fuesen ríos, -revelando la existencia de ocultas corrientes. - -El recuerdo de Filipinas, que va alejándose á nuestras espaldas, y la -cercanía creciente de Java, cuyo misterio pretendemos imaginar, lleva -nuestro pensamiento hacia los europeos que navegaron por primera vez en -estos mares incógnitos y pusieron sus pies sobre las tierras oceánicas, -innumerables ínsulas de misterio. - -Java fué de los portugueses, como las Molucas, Sumatra, Ceilán y tantas -otras tierras que están ahora cada vez más cerca de nosotros. Holanda, -aprovechando su guerra con España, se apoderó en el siglo XVII de casi -todas las posesiones portuguesas en el Oriente asiático. No hay que -olvidar que Portugal había sido anexionado á España en dicho período, y -precisamente bajo el dominio de los Austrias españoles fué cuando sufrió -tan enorme despojo. - -Viajando por estos mares es como se mide con exactitud la grandeza de -los descubridores portugueses, dignos hermanos de nuestros descubridores -y conquistadores de América. - -Las grandes hazañas se aprecian mejor viendo el terreno donde se -desarrollaron que leyendo su relato en los libros. Al navegar por las -costas de la India, por el estrecho de Malaca, por los innumerables -archipiélagos malayos que Reclús llama la Insulandia, se admira la -audacia argonáutica de Gama, la energía colonizadora de Almeida y -Alburquerque, el atrevimiento paladinesco de los capitanes lusitanos, -que, semejantes á Cortés y Pizarro, se apoderaron de reinos importantes -con unos cuantos compañeros de armas y unos pequeños buques, lo mismo -que los héroes de las novelas de caballería. - -En estos mares se desarrolló el episodio más trascendental de la -historia humana. Un día, estando los portugueses en el archipiélago de -las Molucas, cerca de Java, para cargar sus buques de especias--la -mercancía más rica entonces, después del oro--, vieron asombrados cómo -avanzaba hacia ellos un navío con cruces pintadas en sus velas -cuadrangulares. - -No venía del Occidente este buque de cristianos, ó sea de Portugal; se -aproximaba por el Oriente, surgiendo de su inmenso y desconocido Océano. -Era un resto de la flota de Magallanes, una nave española, al mando de -Sebastián del Cano, que acababa de atravesar la ignota soledad del -Pacífico dando la vuelta entera á la tierra. Los dos pueblos de la -península ibérica, partiendo en opuestas direcciones, habían venido á -encontrarse al otro lado del planeta. Su rivalidad en los -descubrimientos sirvió para que los humanos conociesen la extensión y -forma del globo que habitan. - -Al recordar esto pienso en las afirmaciones absurdas que el -apasionamiento religioso ha sugerido muchas veces á hombres superiores. -El fanatismo hasta la ceguera no ha sido privilegio único de los -católicos. Guizot, el seco é injusto protestante, afirmó que puede -escribirse la historia de la civilización universal sin mentar una sola -vez el nombre de España. - -Evocan para mí estos mares el recuerdo de otros navegantes menos -conocidos, héroes sin fortuna que fueron los últimos en la historia de -los descubrimientos españoles. Abarco con la imaginación los -archipiélagos innumerables de esta Oceanía, cuyos macizos más poblados -vamos costeando. - -Cuando los españoles, en el siglo XVI, habían tomado ya posesión de la -mayor parte de América, quedaron muchos pilotos y soldados que, no -contentos con los puestos que ocupaban en el llamado Nuevo Mundo, -tendieron su ávida vista sobre el desierto del Pacífico. Un joven -capitán, Álvaro de Mendaña, sobrino de un letrado virrey accidental del -Perú, pudo formar, gracias á la protección de éste y á su propia -fortuna, una pequeña flota, con la que se lanzó á realizar -descubrimientos. - -Después de sufrir grandes penalidades en la parte más desparramada de -la Polinesia, donde las islas parecen insignificantes y perdidas como -granos de arena, dió con el actual archipiélago de Salomón. Mendaña fué -quien le puso tal nombre. Todos los navegantes de aquella época llevaban -en su pensamiento la historia santa y el deseo de encontrar oro, -acoplando inmediatamente ambas cosas á sus descubrimientos. Creyó de -buena fe que estas islas cercanas á Nueva Guinea eran las visitadas por -las flotas del rey Salomón para recoger en sus costas grandes -cargamentos de oro. Repelido por los habitantes de dichas islas, que -todavía son ahora antropófagos, hallándose con los buques maltrechos y -sin bastimentos, Mendaña se volvió al Perú luego de llamar á una de las -islas Guadalcanar y á otra Santa Isabel, nombres que aún conservan. - -El rey de España le dió el título de Adelantado de las islas de Salomón, -y con el resto de sus bienes pudo organizar otra flota, luego de casarse -con una dama gallega, de carácter varonil, llamada doña Isabel Barreto. - -Ésta se agregó á la expedición descubridora. Otras mujeres casadas con -soldados y marineros se embarcaron igualmente para poblar las islas de -Oceanía. Llevó Mendaña en tal viaje como piloto mayor al portugués Pedro -Fernández de Quirós, navegante algo místico, que recuerda por su -carácter raro y contradictorio la figura de Colón, como una copia -borrosa puede recordar al original. Esta segunda flotilla, por -circunstancias que no son del caso relatar, no volvió al archipiélago de -Salomón. - -Mendaña descubrió las actuales islas Marquesas, que él tituló Marquesas -de Mendoza para agradecer el apoyo del marqués del mismo nombre, que era -entonces virrey del Perú. También hizo el descubrimiento de la isla de -Santa Cruz, al Noroeste de las actuales Nuevas Hébridas, instalando en -ella una colonia. Pero enfermedades epidémicas, de las que todavía en -el presente suprimen poblaciones enteras de la Oceanía, se ensañaron en -los descubridores, haciendo morir á Mendaña y á muchos de sus -compañeros. - -A partir de aquí se desarrolla uno de los episodios más interesantes y -menos conocidos de la epopeya de los descubrimientos oceánicos. Como el -rey había dado á Mendaña, para él y su familia, el gobierno de la flota -y de las islas que encontrase, su esposa doña Isabel le sucedió en el -mando, siendo la única almiranta que se conoce en la Historia. - -Intentó continuar la colonia de Santa Cruz fundada por su esposo, pero -tan enorme fué la mortandad de su gente, que hubo de renunciar á dicho -empeño, embarcándose con los restos de la expedición para buscar refugio -en Filipinas. Los buques estaban casi inservibles después de tan luenga -travesía por mares inexplorados y sus tripulaciones mermadas y enfermas. -De las tres pequeñas naves eran arrojados todos los días varios -cadáveres al mar. Los víveres y el agua escaseaban. Además, el carácter -enérgico de la almiranta y sus veleidades autoritarias provocaron -numerosas protestas é intentos de rebelión. Pero doña Isabel, secundada -por Quirós, se hizo respetar en el curso de un viaje tan abundante en -penalidades y miserias. - -La más insistente de las quejas de las tripulaciones fué por la escasez -de agua potable, repartida con desesperante parsimonia, mientras la -almiranta, al decir de los hombres, empleaba muchas botijas de ella en -el lavado de sus ropas interiores. - -Finalmente llegaron dos de los buques á Filipinas y el otro se perdió. -Al entrar el _San Jerónimo_, que era el de la almiranta Barrete, en la -bahía de Manila, lo saludaron los cañones de la plaza con una salva de -honor. Todos querían ver á doña Isabel y sus infortunados compañeros, y -como aquélla tenía el título de gobernadora de las islas de Salomón, la -gente la llamó «la reina de Saba». - -La permanencia en Manila de estos descubridores maltrechos y celebrados -coincidió con grandes fiestas por la llegada de un nuevo gobernador. Dos -personajes extraordinarios compartieron con la reina de Saba la -curiosidad y el entusiasmo del vulgo. El rey del Cambodge, para -agradecer un auxilio militar prestado por el gobierno de Filipinas, -había enviado á Manila dos elefantes, los primeros que se vieron en -dicha ciudad, y el pueblo celebraba sus inteligentes habilidades, -llamando al uno don Pedro y al otro don Fernando. - -Doña Isabel se casó en Filipinas con un capitán de la Nao de Acapulco, -pariente de su esposo, y regresaron juntos al Perú, pasando de allí á -España para organizar una tercera flota que les permitiese instalarse -definitivamente en las islas descubiertas. Pero la almiranta y su -segundo marido no volvieron nunca á las islas de Salomón. - -El piloto Quirós también regresó á España con el deseo de emprender -nuevos descubrimientos en el Pacífico. Dándose cuenta de las ideas de su -época, de la extremada religiosidad del nuevo rey Felipe III, y -siguiendo sus propias inclinaciones, se fué á Roma á pie, vestido de -peregrino, con ocasión de un jubileo general. Consiguió ver al papa -Clemente VIII, hablándole de sus proyectos náuticos y cristianos; éste -le recomendó al rey de España, y gracias á tales protecciones pudo -conseguir, con una rapidez extraordinaria para aquellos tiempos, la -formación en el Perú de una flota puesta bajo su mando. - -En su viaje por el Pacífico exploró las Nuevas Hébridas y otras islas -cercanas á Australia y Nueva Guinea. En sus documentos de navegación -llama «Australia Ignota» á las tierras que descubre, siendo tal vez el -primero en usar dicha palabra. Además, bautizó á la isla del Espíritu -Santo, encontrada por él, «Austrialia del Espíritu Santo», aludiendo con -dicho título á la dinastía de Austria que reinaba entonces en España. - -Hombre de exagerada religiosidad, se preocupó Quirós de bautizar -pequeños indígenas y celebrar las fiestas del santoral más que de hacer -observaciones geográficas y mantener en buen orden su flota. Fundó una -colonia, llamada Nueva Jerusalén, y para acallar las protestas de sus -tripulaciones, cansadas de tan defectuosa dirección, agració á los más -bulliciosos con las insignias del Espíritu Santo, orden creada por él -según autorización que le había dado el Papa. - -Ansioso de hacer saber á sus protectores los descubrimientos que llevaba -realizados, abandonó á los otros buques de su flota, volviéndose á -Méjico y pasando de allí á España. El resto de su vida lo empleó en -solicitar recursos para una nueva exploración, pero todos se habían dado -cuenta del verdadero carácter de este hombre y murió sin conseguir sus -deseos. - -Su segundo era un piloto de gran mérito, Luis Vaez de Torres. Al verse -abandonado por Quirós tuvo que buscar refugio en Filipinas, pero antes -exploró las costas de Nueva Guinea y de Australia, y todavía se llama de -Torres el estrecho encontrado por él entre estas dos islas enormes. - -Un siglo antes de que los holandeses creyesen descubrir Australia por -primera vez, llamándola Nueva Holanda, así como otras tierras -inmediatas, los españoles habían ya navegado frente á sus costas, -desembarcando en ellas, faltos de víveres, para traficar con los -naturales. - - - - -XVI - -EL PAÍS DE LAS ESPECIAS - - La vieja Batavia y la famosa Compañía de las Grandes Indias.--Cómo - vivió Java dos siglos y medio de colonización holandesa.--Opulencia - de Batavia.--Abundancia de dinero y de enfermedades mortales.--El - monopolio de las especias.--Destrucción de artículos para mantener - su escasez.--Las ciudades-jardines de Weltevreden y Micer - Cornelius.--Una plaza de un kilómetro cuadrado.--El país del - «batik».--Muchedumbres hermosas y colorinescas.--El dulce - mahometismo del pueblo javanés.--Facilidad de las javanesas para - desnudarse.--El turbante y los pies descalzos.--Baño de las mujeres - en las calles.--Dos condiciones exigidas por los antiguos javaneses - para dejarse matar tranquilamente.--El «traidor» Erberfeld y su - eterna execración.--Reparto equitativo de las vergüenzas del - pasado. - - -Al detenerse el _Franconia_ en Tandjong Priok cae sobre nosotros el -calor ecuatorial con toda su húmeda pesadez. Nos hallamos á unos cuantos -grados nada más de la Línea, en una ribera de Java, entre terrenos de -verdura exuberante pero bajos y casi anegados. - -Batavia, la antigua metrópoli javanesa, está á varias millas del mar. Un -canal navegable permitía la llegada hasta cerca de sus almacenes á los -navíos de otros tiempos, que eran de poco calado. Hoy los vapores quedan -en el puerto moderno de Tandjong Priok y por el canal sólo navegan -sampanes del país y rosarios de lanchones tirados por remolcadores. - -Ver Java fué uno de mis mayores deseos al emprender el viaje alrededor -del mundo. Siempre leí con predilección los relatos escritos en pasados -siglos sobre esta isla inagotablemente productora. Ya he dicho cómo los -holandeses se la arrebataron á los portugueses en 1600, lo mismo que -Sumatra, las Molucas y otros archipiélagos inmediatos. Los reyes -indígenas, quejosos de la dominación portuguesa, se aliaron con los -holandeses, y su auxilio fué decisivo para que éstos se apoderasen del -país. Al poco tiempo se convencieron de que sus nuevos dominadores no -eran preferibles á los antiguos. Holanda cedió á una sociedad mercantil -el gobierno y explotación de sus colonias oceánicas, y ésta se hizo -famosa en la Historia con el título de Compañía de las Grandes Indias. - -El actual gobierno de los holandeses en Java es dulce, tolerante, -progresivo, y ha realizado grandes obras; pero el período de 1600 á -1860--más de dos siglos y medio--, que fué el de la Compañía de las -Grandes Indias y otras organizaciones sucesoras de igual carácter, puede -considerarse como la muestra más completa que se conoce de colonización -ávida, cruel é inexorablemente mercantil. Todos los defectos probados ó -problemáticos de la colonización española en América pierden importancia -si se les compara con la dureza explotadora de la célebre Compañía en -sus posesiones oceánicas. - -Un gobernador enviado de Holanda reinaba como monarca absoluto sobre -todas las islas. Este personaje sólo se dejaba ver en una carroza dorada -con tiro de seis caballos, escoltada por oficiales y precedida de varios -negros armados de cachiporras de plata, dispuestos á golpear al que no -hiciese alto reverentemente y saludase doblando el espinazo. Los -criollos ricos y los holandeses que iban en carrozas más modestas debían -echar pie á tierra con sus mujeres é hijos para unir sus encorvamientos -á los de la muchedumbre. Este virrey tenía un Consejo de diez y seis -ministros, llamados _edel-heers_, ó sea consejeros de Indias, que no por -ser secundarios resultaban menos temibles. Los que de ellos no -gobernaban por delegación en Macasar ó alguna otra capital isleña y -permanecían en Batavia, podían usar también carroza dorada, pero de -cuatro caballos, y los propietarios de los otros carruajes debían -ponerse de pie para saludar á Sus Excelencias. - -Todas las Indias holandesas estaban organizadas como una oficina -mercantil. El ejército, cuya oficialidad era en gran parte extranjera, -dependía de los funcionarios civiles. Éstos veían designados los cargos -de su escalafón en términos comerciales. Los más modestos se llamaban -asistentes, y al ascender obtenían los títulos de tenedor de libros, -submarchante, marchante, gran marchante y gobernador. Dichos grados -civiles tenían sus correspondientes uniformes y gozaban de honores -militares. El empleo de gran marchante estaba asimilado al de teniente -coronel, submarchante equivalía á capitán, y tenedor de libros á -teniente. - -En ningún país de la tierra corrió el dinero como en la antigua Java; -más que en Méjico y en el Perú, á raíz de la explotación de minas -famosas. Los empleados percibían anualmente gratificaciones ocultas que -representaban veinte veces el valor de sus sueldos. La Compañía no -necesitaba cuidarse de la moralidad de ellos para mantener sus -ganancias. Hubo años en que sus accionistas recibieron dividendos de 60 -por 100. - -La riqueza de este país consistió principalmente en la explotación de -las especias. Al quedar los holandeses dueños absolutos de las Molucas, -dominaron los mercados del mundo como únicos vendedores de tales -materias. Nadie las poseía fuera de ellos. Los ingleses aún no les -habían arrebatado Ceilán ni intentado el cultivo de las especias en sus -colonias. - -Deseosa la Compañía de mantener la rareza de tales productos, se valió -de un sistema brutal. Todos los años cargaba en los navíos holandeses -las especias que consideraba necesarias para el consumo de Europa, -quemando á continuación el resto guardado en sus almacenes. Con el deseo -de asegurar más aún su monopolio, decretó en cada isla un cultivo único. -Sólo permitía á Ceilán que recolectase la canela. Las islas Banda eran -las únicas que podían cosechar la nuez moscada. Amboine y otras tierras -inmediatas tuvieron el monopolio del clavo de olor. Anualmente sus -comisionados recorrían las islas con destacamentos de tropas, arrancando -y quemando los árboles de especias en los lugares no autorizados para su -cosecha. También repetían tal destrucción al encontrar, por ejemplo, -árboles de canela en una isla solamente autorizada para recoger el -clavo. Como el consumo de los europeos no exigía grandes cargamentos á -causa del enorme precio de tales materias, el trabajo de la Compañía -durante muchos años consistió especialmente en destruir los productos, -para que no se generalizasen y abaratasen. - -La situación exacta de los centros de especiería era un secreto de -Estado. Los funcionarios, al irse de Java, debían hacer entrega de los -planos y todos los papeles concernientes á dicho emplazamiento. Todavía -en los primeros lustros del siglo XIX, un vecino de Batavia fué azotado, -marcado con un hierro candente y relegado á una isla casi desierta, por -haber hecho ver á un inglés un mapa interior de las islas Molucas. - -Otro motivo de opulencia para la antigua Batavia fué que comerciantes y -funcionarios enriquecidos en el país no lograban fácilmente volver á -Europa con su fortuna. Los giros sólo podían hacerse por medio de la -Compañía, y ésta tasaba á cada habitante el dinero que podía enviar -fuera de la isla. Además, como la moneda javanesa era emitida por la -misma Compañía, experimentaba un enorme descuento al pasar á Europa. - -Fácil es imaginarse cómo sería la vida dentro de esta ciudad colonial, -abundante en ricos que no sabían cómo gastar su dinero y sometida á una -autoridad despótica. Todos los viajeros, hasta principios del siglo XIX, -se hicieron lenguas de la opulencia de Batavia. Hoy parece una ciudad -moribunda. Se desdobló hace un siglo, creándose á corta distancia de -ella la ciudad de Weltevreden, y ésta, á su vez, tiene una prolongación -que se llama Micer Cornelius. Las tres ciudades, Batavia, Weltevreden y -Micer Cornelius, ocupando un área enorme, forman unidas la gran -metrópoli javanesa. - -Insisto en la extensión de su área. Hay que acostumbrarse á las -modalidades de este país para saber cuándo se halla uno dentro de una -ciudad ó en pleno campo, Corre el automóvil por amplias avenidas orladas -de árboles grandiosos, como sólo pueden desarrollarse en estas tierras -solares y fecundas. A un lado y á otro se extiende la vegetación de -frondosos jardines, abundantes en flores. Y al preguntar el viajero -cuándo llegará á la ciudad, le contestan que hace una hora que está -dentro de ella. - -Las avenidas son calles y los jardines son casas. Todo vecino tiene en -torno á su vivienda un gran espacio de tierra, hermoseado por los olores -y perfumes de la flora tropical. Como en este país de terremotos no -pueden construirse edificios altos, las casas, de un solo piso, -levantadas sobre plataformas, por elegantes y cómodas que sean, -permanecen casi ocultas bajo el ramaje de los árboles. Hasta en muchas -calles las tiendas están en el fondo de jardines. Únicamente en la vieja -Batavia, construída con arreglo al gusto de otros tiempos, y en el -centro de Weltevreden, abundante en comercios modernos, se encuentran -plazas y calles cuyos edificios están unidos y sin jardín, dando las -fachadas sobre la acera para lucir sus escaparates. - -La vieja Batavia, tan hiperbólicamente descrita por los viajeros de hace -un siglo, resulta pobre y decadente en la actualidad. Establecida sobre -terrenos bajos próximos al mar y cortada por las acequias naturales de -su desagüe, todavía los holandeses, con la nostalgia del colono que -recuerda á todas horas la patria lejana, abrieron canales artificiales -en sus vías más céntricas, á semejanza de los de Amsterdam. Inútil es -decir lo que representan estas vías acuáticas en el interior de una -ciudad, y bajo una temperatura extremadamente cálida, para la -reproducción de los mosquitos. Con motivo fué reputada Batavia como una -de las ciudades más insalubres del mundo. Los holandeses se enriquecían -en ella con rapidez, pero morían no menos aprisa. - -A principios del pasado siglo un gobernador trasladó su vivienda algunas -millas más lejos del mar, donde se halla ahora Weltevreden, y la mayor -parte de los habitantes de Batavia le siguieron, creándose la nueva -ciudad. Pero la nostalgia patriótica les hizo volver á abrir grandes -canales en las avenidas de Weltevreden, y el mosquito se enseñoreó -igualmente de la segunda capital. - -Al entrar en la vieja Batavia se pasa por una especie de arco de -triunfo, levantado en tiempos de la Compañía de las Grandes Indias. Es -de mampostería blanca, con hornacinas que cobijan varias estatuas -simbólicas pintadas de negro. A un lado de este monumento casi fúnebre -puede verse una de las curiosidades tradicionales del pueblo javanés. - -Caído en el suelo hay un cañón de bronce verdoso, desmontado hace -siglos, y en torno se extiende un prado de flores de papel ofrecidas por -los devotos de dicho ídolo. Un indígena establecido cerca del cañón -vende varillas de sándalo, que las mujeres queman con los ojos puestos -en el cilindro de bronce ornado de relieves. Todos saben en Java que la -mujer que se sienta sobre este cañón y le dedica flores é incienso queda -en estado de tener un hijo á los nueve meses justos. - -Al borde del canal más grande se extiende una fila de caserones de dos -pisos--altura extraordinaria en este país--, que ostentan fachadas algo -ruinosas, con galerías cubiertas, columnatas y remates ondulados al -gusto del siglo XVIII. Estos palacios de los ricos de otros tiempos, -cuyos descendientes se trasladaron á Weltevreden, están ahora ocupados -por oficinas comerciales y por bancos. Los negocios se hacen todavía en -Batavia, y al caer la tarde jefes y empleados regresan á sus _bengalows_ -floridos de Weltevreden, por ser peligroso para la salud pasar la noche -en la vieja ciudad. - -Los chinos forman la mayoría del vecindario de Batavia, y todo el -movimiento nocturno se concentra en sus calles tortuosas, cuyas fachadas -tienen celosías con dragones de oro y de cuyas ventanas penden rótulos -sobre telas ondeantes. - -Después del recogimiento constructivo de Batavia, que aglomeró sus casas -como todas las ciudades antiguas, sorprende la extensión inaudita de -Weltevreden. Todas las calles importantes tienen kilómetros y -kilómetros. - -Atravesar alguna de sus plazas á las horas de sol es todo un viaje. Se -sabe la existencia de la plaza porque lo afirman los guías, pero el -visitante, al separarse de una hilera de edificios, ve enfrente un -jardín, marcha por él hasta sentir cansancio, y cuando cree hallarse en -plena selva tropical, lejos de la ciudad, columbra á través de los -troncos las techumbres de otros pabellones rodeados de jardines. Es la -acera de enfrente. - -En el centro de Weltevreden está la llamada plaza del Rey, que tiene un -kilómetro de longitud por cada uno de sus lados. Es la plaza más grande -del mundo dentro de una ciudad. En la parte central de este kilómetro -cuadrado, verde como una pradera, galopan soldados amaestrando sus -caballos y pastan finas vacas holandesas. Todo en ella tiene un aspecto -de campo libre á pesar de la arboleda urbana que orla sus cuatro lados -frente á los jardines de los particulares. - -Viendo las casas de las gentes acomodadas de Weltevreden se adivinan su -dinero, su escrupulosa limpieza y sus comodidades; pero en otros países, -y sin el marco esplendoroso que les proporciona la vegetación de sus -jardines, estas construcciones se verían tal vez menospreciadas. Son -ligeras y frágiles. No tienen la estabilidad señorial de los caserones -de Batavia ocupados ahora por el comercio, que aún guardan sus -pavimentos y sus grandes zócalos á la altura de un hombre hechos con -losas de mármol blanquísimo. - -Los _bengalows_ elegantes de Weltevreden ofrecen una particularidad que -aún parece hacerlos más inestables. Todos ellos carecen de fachada; -únicamente las piezas interiores que sirven para dormir tienen tabiques -y puertas. El techo está sostenido en su parte delantera por ligeras -columnas, y el comedor, el gran salón para recibir visitas, el gabinete -íntimo donde la familia lee, se hallan descubiertos, á la vista del que -pasa. Los árboles del jardín sirven de movible cortina, y bajo los -aleros de estas piezas sin pared se balancean macetas colgantes de -alabastro con chorros de flores. Hasta las casas de los empleados más -modestos tienen en torno un jardín y las habitaciones principales sin -más abrigo que el techo. - -A un lado de Weltevreden se ha ido formando durante el siglo XIX la -tercera ciudad, ó sea Micer Cornelius. Dicho personaje fué un holandés -que se defendió heroicamente cuando los ingleses desembarcaron en Java, -ocupando la isla. Esto ocurrió en la época de Napoleón. Como el -emperador francés se anexionó á Holanda, acabando por dar la corona de -este país á uno de sus hermanos, el gobernador inglés Raffles, fundador -de Singapore, organizó una expedición desde dicha colonia, apoderándose -de todas las Indias holandesas, y Java no fué devuelta á sus antiguos -poseedores hasta 1816. - -Micer Cornelius fué al principio una barriada indígena á la que acudían -los javaneses en días de fiesta para sus diversiones un poco libres. Las -principales viviendas estaban dedicadas á industrias vergonzosas. Este -suburbio es hoy una ciudad-jardín como Weltevreden, urbanizada por las -gentes de la clase media que desean crearse un hogar propio. - -Puede afirmarse que lo más extraordinario en Java es el aspecto de las -muchedumbres y su belleza corporal. La vegetación maravillosa de esta -isla puede encontrarse igualmente en las inmediaciones de Singapore ó en -Ceilán. Pero los habitantes de dichos lugares no son comparables á los -javaneses por el color de su epidermis ni por la infinita variedad de -sus vestiduras. - -Ya dije en otro lugar cómo es la tez metálica de los javaneses y -especialmente de sus mujeres. Resulta exacto compararla con el bronce, -pero un bronce recién frotado, limpio, que brilla como el oro. Parece -que la piel de estas gentes tenga una luz interior. Sus cuerpos, lo -mismo en hombres que en mujeres, son de una esbeltez que deja al -viajero, algunas veces, absorto por la admiración. - -El lector debe estar enterado de que Java es el país del _batik_. Aquí -se fabrica esta tela, pintada con toda clase de colores y puesta en uso -por la moda hace poco tiempo, que las fábricas europeas falsifican a -causa de su alto precio. Hasta los mendigos van en Java vestidos de -batik. - -En realidad el traje nacional consiste en una pieza de dicho tejido, el -_sarog_, que hombres y mujeres llevan arrollada sobre sus piernas, como -una falda de corto paso. Los varones añaden una camisa y las mujeres -también, pero tan corta la de éstas, que deja al descubierto una gran -faja de carne desnuda entre su borde y el _sarog_. Muchas hembras -prescinden en el campo ó dentro de sus casas de esta breve camiseta, y -van desnudas de cintura arriba, mostrando unas abundancias mamilares que -también parecen ser algo especial de esta isla paradisíaca. - -Los pechos de las javanesas se sostienen macizos y erguidos hasta -después de las majestuosas amplificaciones que trae la maternidad. -Avanzan rigurosamente horizontales, no obstante su volumen, y algunas -veces, tal es su dura soberbia, que, abandonando la línea recta, elevan -hacia el rostro de su portadora los dos agudos botones de sus vértices. - -Están pintadas las faldas de _batik_ con los colores innúmeros de una -primavera fantástica, y á estas flores inverosímiles, que muchas veces -son de oro, se agregan tigres de perfil heráldico, reptiles vomitando -fuego, leones de melena verde. Una muchedumbre javanesa recuerda á los -pueblos de la Edad Media, vestidos con ropas blasonadas y de violentos -colores. Los chinos, siempre trajeados de azul, resultan humildes y -obscuros al lado de los naturales de la isla. - -Empieza aquí el uso del turbante, tocado que seguiremos encontrando en -los otros pueblos de Asia. Creo oportuno advertir que el pueblo de Java -es por entero musulmán. Este país lo catequizaron los bracmanes -indostánicos en remotos siglos; luego fué budista, y aún quedan de tal -época maravillosa ruinas de templos en su interior. Pero mucho antes que -los portugueses, llegaron á Java los malayos y otros pueblos que habían -recibido de los marinos árabes el mahometismo, y todos los habitantes de -la isla profesan actualmente dicha religión. - -Es un mahometismo especial, suave y dulce. En Java sólo pueden ser así -las cosas. Los santones no tienen la influencia que en otros países -musulmanes; se ven pocas mezquitas y todas ellas son pobres. Las mujeres -javanesas gozan de absoluta libertad y no se limitan á ir con la cara -destapada á todas partes. Fácilmente se desnudan de cabeza a pies, con -una sencillez paradisíaca. Los hombres toman toda clase de bebidas -alcohólicas, si se las ofrecen gratuitamente. - -Los más llevan el pequeño turbante característico de Java, que consiste -en un pañuelo obscuro y dorado de _batik_ enroscado sobre la cabeza y -con dos cuernecitos en la frente que indican el nudo terminal. He visto -en las calles de Weltevreden ricos personajes javaneses que se dirigían -á los clubs más lujosos vistiendo uniforme por ser oficiales del -ejército colonial. A todos ellos, por detrás del kepis holandés les -asomaba la torta del turbante. Sin embargo, éste no es obligatorio. Los -javaneses de la capital que se dedican á oficios manuales y los -comerciantes de los pueblos llevan un gorrito redondo de terciopelo con -bordados, semejante al que usan en las oficinas de Europa algunos -funcionarios viejos. - -A partir de Java, empiezan también para nosotros los pies descalzos y la -marcha silenciosa. Los japoneses van montados sobre banquitos que á -cada paso lanzan el chacoloteo de la madera. Los chinos usan zapatillas -y su marcha afieltrada les permite aproximarse como fantasmas. El -javanés va descalzo, y á partir del lujoso y célebre «Hotel de las -Indias» de Weltevreden, vamos á ser servidos en los hoteles de -Singapore, de Birmania y de toda la India por camareros elegantemente -vestidos, pero sin zapatos. - -La parte más grande del Asia desconoce el calzado. Este tormento queda -para los blancos. Los camareros que en el inmenso comedor del citado -«Hotel de las Indias» nos sirven platos javaneses rociados de salsas -infernales van todos vestidos de blanco, con levitas inmaculadas y -pantalones cortos, en la cabeza el pequeño turbante de _batik_ y los -pies completamente desnudos. - -A ciertas horas del día, en los canales de las calles más importantes, -que son de cierta profundidad, se ven numerosos grupos de mujeres -descendiendo con lentitud las escaleras de piedra para meterse en el -agua, sin más traje que una de esas telas asiáticas, extremadamente -sutiles, que tienen además el tono rosa de la carne. Apenas se -encuclillan en los últimos escalones para que el agua les llegue al -cuello, dicha tela desaparece, pegándose á todas las curvas entrantes y -salientes de estas buenas mozas de piel de oro. Luego remontan con paso -tranquilo la escalera, hasta el lugar donde dejaron sus ropas secas. - -Tal baño en las calles no llama la atención de ningún habitante blanco -de la ciudad. Lo ven todos los días. Además tiene por base un motivo -religioso, respetado por las autoridades. Como estas mujeres son -musulmanas, hacen sus abluciones rituales en el canal. La temperatura de -Java, que algunos llaman «la isla del sudor», convierte en voluptuoso -placer tal acto de devoción. De aquí la facilidad de las javanesas para -desnudarse, su amor al agua y su odio al vestido... cuando no es muy -rico. - -Las más de estas mujeres resultarían de una belleza apreciable, á pesar -de sus facciones exóticas, si no fuese por su costumbre de mascar betel, -materia que desfigura sus bocas y les hace escupir una saliva del mismo -color de la sangre. En las calles se encuentran con frecuencia -preparadores de esta materia que tanto repugna á los europeos. - -Hay también numerosos vendedores de comestibles que libran á las -javanesas de la necesidad de encender fuego para la preparación de sus -alimentos. Los que ofrecen melones, plátanos, mangos y otros frutos del -país, condimentan igualmente arroz guisado con _cary_, entregándolo -envuelto en hojas de platanero que sirven de platos. Sólo las gentes del -país pueden comer este guiso popular, que despierta en la boca los -ardores de un incendio. También, sentadas al pie de los árboles, hay -mujeres que venden té y otras bebidas refrescantes. - -Los hombres mostraron en tiempo de la Compañía de las Grandes Indias -ciertas preocupaciones supersticiosas, que ésta hubo de respetar para -que no ocurriese una sublevación general. La justicia de la citada -Compañía, tremendamente severa, castigaba con suplicios rigurosos hasta -ciertas faltas de poca gravedad entre los blancos. La constancia de los -naturales en el sufrimiento de penas bárbaras pareció increíble á muchos -viajeros de entonces. El javanés recibía tranquilamente la muerte, pero -á condición de que lo matasen llevando calzoncillos blancos y no le -cortaran la cabeza. Los tribunales tuvieron siempre con sus reos esta -complacencia. Para un javanés, lo terrible no era morir, sino llegar al -otro mundo con la cabeza bajo el brazo y sin calzoncillos blancos, por -tener la certeza de que en tal forma no lo recibirían en el cielo. - -Todo esto es muy antiguo y con razón empieza á olvidarse. El régimen -actual resulta muy distinto al de la antigua Compañía, pero aún queda en -Batavia, intacto y con frescura de obra cuidadosamente renovada, un -monumento de la crueldad de los antiguos colonizadores. - -Pocos son los viajeros que no van á visitar, junto á la iglesia vieja de -Batavia, la lápida del «traidor» Erberfeld. Ésta consiste en una gran -piedra vertical incrustada en el muro de un jardín con la siguiente -inscripción, primero en holandés y luego en javanés: - -CENTER -PARA PERPETUAR EL NOMBRE EXECRABLE DEL TRAIDOR - PIETER ERBERFELD - QUEDA PROHIBIDO PARA SIEMPRE - CONSTRUIR Ó PLANTAR EN ESTE SITIO. - BATAVIA, 14 ABRIL 1722. - -El mencionado Erberfeld fué un mestizo rico, hijo de un colono alemán y -de una javanesa, que intentó en el siglo XVIII una revolución para echar -fuera de su país á los europeos. Él y catorce personajes javaneses, sus -compañeros de conjura, fueron condenados á muerte como traidores, aunque -muchos sospechan que la tal conspiración no representaba ningún peligro -serio, y el principal delito de Erberfeld consistió en las tentaciones -que inspiraban sus ricas propiedades á muchos de los dominadores. - -Erberfeld y el javanés Catadia, reputado también como jefe, merecieron -un suplicio aparte, consignado así en su sentencia: «Serán extendidos y -atados cada uno sobre una cruz y se les cortará la mano derecha. Luego -serán atenaceados en los brazos, las piernas y los pechos, de modo que -las tenazas ardientes se lleven pedazos de su carne. Después se les -abrirá el vientre y el pecho de abajo á arriba, se les arrancará el -corazón y se les echará al rostro. La cabeza cortada puesta sobre una -estaca y el cuerpo hecho cuartos, quedarán expuestos fuera de la ciudad, -para que sean comidos por las aves de presa.» - -Encima de la lápida que execra la memoria del «traidor» hay una cabeza -de yeso atravesada por un largo clavo ó hierro de lanza. Es una cabeza -de difunto con los ojos cerrados. Algunos dicen que dentro del yeso está -el verdadero cráneo de Erberfeld. - -Por detrás de este monumento se abren las ramas de un jardín tropical. -Los plataneros extienden como un dosel sus anchas hojas barnizadas sobre -la cabeza del martirizado. - -¡Y pensar que fué en la vieja Holanda protestante donde se imprimieron y -editaron la mayor parte de los libros, algunas veces fantásticos, sobre -las crueldades de los españoles en América, más de un siglo antes de la -ejecución horrible de Erberfeld y sus catorce compañeros javaneses!... - -Suplicios parecidos se encuentran en la historia de todos los pueblos: -es cierto. Francia repitió con Damiens las crueldades horripilantes -sufridas por Erberfeld, algunos años después del martirio de éste. - -Son barbaries del pasado... Conformes. Pero que las vergüenzas de ese -pasado se repartan con equidad entre todos los países, sin distinciones -injustas y fanáticas para aplicárselas á España solamente. - - - - -XVII - -EL PARAÍSO JAVANÉS - - Enorme población de Java.--Sus arrozales en escalones.--Exuberancia - vegetal.--Las chozas y sus habitantes.--Duchas naturales al aire - libre.--Adán y Eva como antes del pecado.--Llegada á Garoet.--Nos - extraviamos en sus alrededores.--Una tempestad ecuatorial.--El - refugio de los veinte javaneses misteriosos.--Fuga bajo la - tormenta.--Lo que vi á las puertas de Garoet y no olvidaré nunca. - - -Vamos á Garoet, hermoso valle del interior de Java, situado á gran -altura, lo que le hace ser deseado por los que sufren el clima abrumador -de los terrenos bajos próximos al mar. Hasta de Singapore vienen muchas -gentes quebrantadas por la temperatura ecuatorial para vivir unos meses -en sus sanatorios y hoteles. Seis horas de ferrocarril necesitamos para -llegar á dicha población, y durante su trayecto cambian los paisajes á -medida que el tren va ganando altura de valle en valle. - -Isla estrecha y larga, tendida exactamente de Este á Oeste, tiene Java -una cordillera de volcanes muertos que es como su espina dorsal; pero -esta barrera montuosa nunca fué un obstáculo para la vida de los -naturales. Cortada casi simétricamente por numerosos pasos, les resultó -fácil á los primitivos javaneses y á los navegantes malayos que se -esparcieron por sus costas trasladarse de la ribera Norte á la del Sur -para la explotación de sus terrenos feraces. Merced á esta facilidad -topográfica, á la fecundidad del suelo y la dulzura del ambiente, Java -ha sido en todo tiempo el país más poblado de la tierra. Tiene hoy 35 -millones de seres, y en muchos de sus distritos se cuentan más de 600 -habitantes por kilómetro cuadrado, cifra que no alcanza ninguna de las -naciones de Europa. - -Todas las colonias actuales holandesas que fueron antiguamente de la -Compañía de las Grandes Indias representan una población de más de 50 -millones de seres. Esto da á Holanda, que aparece en Europa -mediocremente representada por la extensión de su territorio y la -cantidad de sus habitantes, un aumento enorme de poder, económico y -político. - -La exuberancia de población la nota el viajero, especialmente, fuera de -las ciudades. En otros países los campos están casi siempre solitarios, -y hay que preguntarse quién pudo abrir los surcos y sembrar las llanuras -que se muestran cultivadas. Sólo de tarde en tarde llega á verse algún -hombre que trabaja, encorvado sobre la tierra, ó guía bestias de labor. -En Java los caminos parecen calles, y sobre algunos campos se aglomera -la gente lo mismo que si fuesen plazas. - -No hay estación de ferrocarril, por modesta que sea, que no tenga en sus -muelles una muchedumbre. La moderna colonización holandesa ha trazado -una red de líneas férreas, excelentemente construidas, por las que -circulan numerosos trenes. Son ferrocarriles como los de Europa por su -material y su servicio. Sólo el gentío que llena los vagones nos hace -recordar que estamos en Java; multitudes vestidas de _batik_ con una -riqueza colorinesca, semejante á la de las flores de sus jardines, y una -parte considerable de sus cuerpos en tranquila desnudez. - -El viaje á Garoet nos permite apreciar directamente la riqueza de Java -y el trabajo de las muchedumbres laboriosas que surgen de todas partes, -como las procesiones de un hormiguero. - -Son arrozales los más de los campos, lagunas fangosas de una -horizontalidad que se pierde de vista. Parejas de carabaos labran esta -tierra medio líquida. Tienen los cuernos blancos y casi rectos. Su piel -es obscura y lustrosa, como la del elefante y el hipopótamo. Avanzan con -un esfuerzo tenaz, sudorosos bajo el sol tórrido, y cuando se detienen -junto á una charca, sus dueños meten un cubo en el agua rojiza y bañan -sus lomos y flancos, lo que los hace brillar por unos segundos como si -fuesen tallados en azabache. - -Los hombres van desnudos, con sólo un trapo entre las piernas. Sus -espaldas son de bronce dorado. En la cabeza llevan un sombrero de paja -del tamaño y la forma de una sombrilla japonesa. Formando largas hileras -se encorvan y se alzan á un mismo tiempo cavando el barro. Las hembras -se unen á ellos para realizar la misma operación, y desde lejos el grupo -laborioso toma el aspecto de una orla de flores por sus pañales de -_batik_ rosa, azul, rojo ó azafrán. - -Muchos han llamado á Java la Isla del Paraíso, y no resulta hiperbólico -tal título en los valles situados á cierta altura sobre el mar, donde el -clima es más dulce que en las tierras vecinas al Océano. - -Tienen los caminos un color rojo obscuro de sangre coagulada. Ríos y -arroyos son de un rojo más brillante y claro, igual al de la sangre -fresca. Estos colores ardientes contrastan con el verde temblón de las -plantas de arroz, el verde charolado de los plataneros y otros árboles -frutales en torno á las viviendas, y el verde amarillento con reflejos -metálicos de los matorrales y palmeras que cubren los terrenos sin -cultivar. En otros países tropicales los bosques son leñosos, de escaso -follaje, con las ramas atormentadas, torcidas, recias. Aquí se muestran -siempre frescos y tiernos. Las hojas están impregnadas de humedad y bajo -su sombra conserva la tierra una blandura rezumante de esponja. Las -prolíficas fuerzas de este clima no dejan libre de germinación una -pulgada del suelo. La verdura lo invade todo, agitando sus penachos de -flores naturales. Solamente los caminos y las vías férreas dejan ver el -color de la corteza terrestre, mas para esto es preciso que los limpien -casi todos los días. - -Alcanzan los bambúes proporciones colosales. Las chozas están siempre al -amparo de un grupo de estas cañas que se remontan majestuosas en el -espacio. Junto á las viviendas hay bosquecillos de cocoteros y plátanos -para las necesidades de la casa. Frente á cada puerta se alza un mástil -que parece destinado á sostener una bandera; pero lo que izan en su -parte más alta es una jaula con uno ó varios pájaros. Vistos de lejos -parecen loros de brillantes colores. Tal vez son otras aves de rico -plumaje, y las colocan á esta altura para librarlas de las bestias de -presa que vagan por los bosques y bajan á beber en los arrozales. - -Este es el país de la célebre pantera negra de Java y otras fieras no -menos temibles. Aún abundan en el centro de la isla, descendiendo en -determinadas épocas á los lugares poblados. En otro tiempo la diversión -de los javaneses era organizar combates de hombres con tigres y -panteras. Las autoridades holandesas suprimieron esta fiesta, y el -javanés sólo puede imitar á sus abuelos cuando circula la noticia de que -un felino enorme caza en la comarca, armándose entonces para salir con -sus convecinos á matarlo. - -El terreno va elevándose. Se nota en la atmósfera y en el aspecto de -los campos que nuestro tren asciende de meseta en meseta. Hemos dejado -atrás la grandiosa estación de Bandoeng, ciudad de modernas -construcciones que rivaliza con Weltevreden y va á convertirse en -capital de la isla. Vemos campos de té compuestos de filas de arbolitos -con la copa redonda, semejantes á pequeños naranjos; plantaciones de -cacao y de tapioca; vastas extensiones de caña de azúcar. También vemos -montones de cocos y grupos de mujeres sentadas en el suelo que extraen -la pulpa de dichos frutos para las fábricas productoras del llamado -aceite de copra. - -Los ingenieros holandeses han hecho pasar la vía férrea sobre abismos de -una profundidad que da vértigos. En el fondo de tales cortes se ven los -hombres como puntos movedizos. Estos trayectos montañosos son de corta -duración. Inmediatamente entramos en un nuevo valle paradisíaco, con -armoniosos grupos de arboleda y extensiones acuáticas plantadas de arroz -que brillan como espejos. - -En todas las estaciones pequeñas encontramos la misma gente de tez -dorada y ojos negros que parecen absorber la luz sin devolverla. Sus -pupilas, á causa de esta opacidad, brillan con un resplandor blanco y -mate. Los hombres que desempeñan oficios prescinden del pañal llamado -sarong y usan calzoncillos blancos y el birrete redondo de viejo -oficinista; pero la mayoría de los javaneses, fieles á la vestimenta -tradicional, llevan envueltas sus piernas con telas multicolores. Las -mujeres, según vamos avanzando por el interior de la isla, muestran cada -vez más su desnudez de cintura arriba. - -Ahora los arrozales ya no se extienden en línea horizontal. Se escalonan -formando bancales en las vertientes de las montañas, todos con ribazos -curvos. Parecen tazones superpuestos de una fuente interminable. - -El agua va pasando de arrozal en arrozal; se desploma en gruesos chorros -de un tazón á otro. Como el javanés gusta mucho de bañarse y su -condición de musulmán le permite apreciar este placer como un acto -devoto, no hay chorro de agua roja que no tenga debajo á un mocetón -cobrizo enteramente desnudo. Al pasar el tren junto á él sonríe y mira á -los viajeros, sin ocurrírsele que está enseñando algo más que su -dentadura brillante. A veces es una pareja la que toma esta ducha -natural: Adán y Eva, completamente en cueros, rodeados de los -esplendores del paraíso javanés. - -Los arrozales son de una continua producción. En unos la planta apenas -surge del agua, en otros es alta y verde, más allá ya tiene las espigas -maduras y la siegan. Estos campos en escalera ofrecen un aspecto -elegante; parecen el esbozo de un jardín. A trechos hay islas de chozas -sobre el espejo acuático de los arrozales, con huertecitos de plátanos y -cocoteros. También existen muchos sombrajes de techos cónicos, -semejantes á kioscos, y en ellos se reúne la gente para conversar medio -desnuda ó con vestiduras de variadas tintas. - -No puedo comprender cómo los javaneses pasan su vida entre arrozales y -se recrean al borde de aguas de lento curso. En otros países la -abundancia de mosquitos haría penosa su existencia. Pero en esta época -del año no se ven en Java tales insectos, y me afirman que en los meses -restantes tampoco resultan extraordinariamente molestos por su número. -Tal vez se debe esto á que en realidad no existen aguas que sean -totalmente estancadas. - -Por los caminos vemos pasar algunas javanesas guapetonas, montadas en -bicicleta y con una vestimenta en la que se confunden el gusto europeo y -el del país. También circulan automóviles; pero lo que más abunda es el -carruaje, de dos ruedas tirado por unos caballitos inquietos, tan -pequeños, que parecen corresponder por su talla á otra humanidad -distinta de la nuestra. - -Llegamos á Garoet. Antes de instalarnos en esta población, donde -pasaremos la noche, vamos á correr un espacio de treinta kilómetros -alrededor de ella para visitar sus lagos, que son antiguos cráteres de -considerable profundidad acuática. - -Varios automóviles nos llevan en fila veloz por unos caminos anchos y -orlados de árboles gigantescos. Nos detenemos algunas veces en pequeñas -aldeas para ver sus viviendas, con tabiques de fibras trenzadas y el -piso á dos metros del suelo, montado sobre pilotes. Todas las casas -javanesas se hallan en alto, á causa de la humedad del suelo y para -defensa de los reptiles é insectos que tanto abundan en estos países -cálidos de vida animal exuberante. - -La gente sale á las puertas de sus chozas con una desnudez paradisíaca. -Hombres esbeltos, de fuerte musculatura, miran con timidez casi infantil -á las extranjeras que los examinan desde lo alto de sus automóviles. -Algunas les hacen señas para que permanezcan quietos mientras preparan -su máquina fotográfica. - -Numerosas madres de familia se han despojado de su corta blusa y llevan -por toda vestimenta un pañal colorinesco, que las cubre del bajo vientre -á la mitad de las piernas. Hasta el ombligo todo es cara en ellas, y al -hablar al extranjero casi lo tocan con sus exageraciones pectorales, -firmes y puntiagudas. Muchas jovencitas van á estilo de muchacho, sin -otra ropa que un simple calzoncillo, conmoviendo inconscientemente á los -mirones con su desnudez dorada de Tanagra. - -Ocupo uno de los automóviles, con una señora y su doncella, y los tres -nos aburrimos de seguir á los demás vehículos que marchan en fila por -los bordes monótonos de un lago. Con gestos más que con palabras, -expresamos el deseo de volver á Garoet á nuestro chófer, javanés de unos -diez y siete años, descalzo, con birrete redondo y pantalones blancos. A -su lado lleva un ayudante de la misma edad é igual pergenio. Ninguno de -los dos sabe expresarse más que en el idioma de la isla. - -Los antiguos holandeses tuvieron buen cuidado en no enseñar su idioma á -los naturales. Es más, consideraron delito el conocimiento de la lengua -neerlandesa, mirando como sospechoso á todo indígena que la aprendía. -¡Quién sabe si con esta bárbara precaución, que estableció un abismo -profundo entre gobernantes y naturales, impidieron el crecimiento de ese -espíritu separatista que surge en todas las colonias, cuando el mestizo -aprende lo mismo que el blanco y se considera igual á él!... Sólo hace -pocos años permitieron los dominadores de la isla que los javaneses -aprendiesen el holandés. - -No conocen los dos muchachos del automóvil otra lengua que la de su -provincia. Al fin nos entienden cuando repetimos muchas veces la palabra -«Garoet» señalando el horizonte, y contentos de marchar con -independencia se apartan del grupo de automóviles. Empezamos á correr -solos, por caminos cada vez más arbolados y más solitarios. Noto que -nuestra pareja indígena habla como si discutiese y mira en torno con -cierta duda, sin refrenar por ello la marcha del vehículo. A la media -hora de carrera veloz, nos detenemos cerca de una pequeña estación de -ferrocarril. Los dos javaneses leen con sorpresa su rótulo. Vuelven á -discutir, se enardecen como si se echasen en cara un mutuo error, y -viran el carruaje, para retroceder por donde hemos venido. Sus sonrisas -humildes nos revelan el misterio de sus palabras. Se han extraviado; es -otra la dirección que debemos seguir. Y lo peor es que continúan -discutiendo, dándonos á entender con esto que no saben por dónde van y -marchan enteramente al azar. - -Empezamos á reconocer la imprudencia de habernos separado de los guías é -intérpretes de nuestro grupo, lanzándonos por el interior de Java como -si fuese el Bosque de Bolonia en París, con dos muchachos cobrizos á los -que no entendemos. - -Al salir de los túneles verdes que forma la arboleda, notamos que el sol -se ha ocultado y el cielo es cada vez más sombrío. Esto no significa que -lo veamos obscuro. En Java no es posible la obscuridad, y hasta las -noches más lóbregas son de un azul fosforescente. Pero la tarde parece -de ámbar rojizo, y agrandado por el eco de las próximas montañas suena -un estrépito creciente. Es la sucesión de truenos de toda tormenta en el -Trópico, tan frecuentes é inmediatos que se juntan, formando una -detonación única. Vemos también á través de la columnata interminable de -los árboles el zig-zag de unos rayos que caen por grupos, culebreando al -mismo tiempo en el cielo. - -Se aproxima la tempestad de los países calientes con su rapidez casi -instantánea. En unos cuantos minutos se ha aglomerado en el horizonte y -va á descargar sobre nosotros. He visto muchas tempestades en América. -Su lluvia abrumadora no parece caer á raudales, sino en masas compactas, -como si el azul celeste fuese el lecho de una laguna que se desfondase -de golpe. Creía imposible presenciar mayores violencias atmosféricas, -pero la tempestad de Java sobrepasa todo lo que llevo visto y lo que -podía imaginar. - -El espacio está impregnado de vibraciones eléctricas. Respiramos con -cierta angustia en una atmósfera que parece muerta por su calma -absoluta. A pesar de la velocidad del vehículo, sentimos correr por -nuestro rostro gotas de sudor. Los árboles se alzan inmóviles, sin el -más leve estremecimiento. Como si hubiesen encontrado ya su ruta, los -dos muchachos no se hablan y miran ávidamente el pedazo de camino -visible ante ellos. - -Se doblegan de pronto los árboles más fuertes, se acuesta la vegetación -entera bajo una ráfaga aulladora, suena un estallido de catástrofe, el -ámbar de la tarde se hace verde bajo la luz de un rayo que acaba de caer -cerca de nosotros, y en el mismo momento una especie de mazazo hace -temblar la capota del vehículo, como si la demoliese. Es simplemente la -lluvia que empieza, la inundación aérea, la cascada celeste que mantiene -la fertilidad de este paraíso, pero en el momento de su derrumbe tiene -la violencia de una catástrofe. - -En unos instantes cambia todo el paisaje. Los árboles convulsionados -lanzan chorros por todas sus hojas, los campos se convierten en lagunas, -el camino brilla como si fuese de metal, empiezan á caer gotas del techo -del carruaje. - -Es de cuero un poco viejo, pero en otro país resistiría perfectamente la -lluvia. Aquí empiezo á creer que aunque fuese de metal representaría -poca cosa para cubrirnos del aguacero feroz. Empieza á llover á través -del techo, y á los pocos minutos chorreamos agua lo mismo que los -árboles. Corre el automóvil fustigado por la tormenta; mejor dicho, -huye, como si su fuga pudiera salvarnos de la lluvia. Nos cubrimos los -ojos deslumbrados por unos relámpagos que inflaman el paisaje. El trueno -ensordecedor contrae nuestros rostros con muecas de suplicio nervioso. -Patinan las ruedas sobre un camino convertido en arroyo; trazan ángulos -violentos rozando los árboles de las orillas. - -Nos detenemos unos instantes, pero nuestra inmovilidad resulta peor. La -lluvia pasa con más violencia a través del techo fijo ahora. Estamos al -pie de árboles gigantescos que atraen el rayo. Cae una exhalación en las -inmediaciones y emprendemos otra vez la peligrosa carrera, como si esto -pudiera librarnos igualmente del mortal lanzazo eléctrico. - -Vemos á un lado del camino una especie de kiosco como los que existen -dentro de los arrozales. No es una vivienda; sirve simplemente de lugar -de reunión. ¡Nos hemos salvado! - -Ayudo á mis dos compañeras de infortunio á echar pie al suelo, y en el -breve espacio entre el automóvil y la choza, una docena de pasos nada -más, sentimos cómo la lluvia se desliza por dentro de nuestras ropas, á -lo largo de las espaldas. - -El refugio está lleno. Es una techumbre de paja sostenida por tabiques -de troncos y esteras. En su interior, sentados en el suelo, hay unos -veinte javaneses. Al vernos entrar hablan entre ellos y sonríen con una -expresión intraducible. La sonrisa puede ser de burla; puede ser de -lástima y simpatía. - -Nos hallamos en un camino poco frecuentado. Esta gente no tiene la menor -noticia de que un grupo de viajeros llegó horas antes á Garoet y visita -el país. Nos ven entrar en su refugio como si nos hubiese vomitado la -tempestad. Ignoran de dónde pueden venir unas gentes que no hablan el -holandés y tienen un aspecto físico distinto al de sus dominadores. -Todos ellos van casi desnudos y esparcen en este recinto cerrado un -fuerte olor de carne masculina húmeda. Muchos llevan metido en la parte -trasera de su faldellín un _kris_ malayo, puñal de hoja flamígera que -les sirve para su defensa. - -Yo llevo un revólver en mi viaje, pero lo dejé en el bolso de mano que -los mozos de la estación de Garoet trasladaron al hotel. No tengo ni un -bastón, y estoy metido dentro de una choza, entre dos mujeres, inquietas -y asustadizas, con sobrado motivo, y veinte hombres que representan -otros tantos misterios. - -Siguen conversando y mirándonos. Algunos de ellos mascan betel y arrojan -en el suelo salivazos rojos que parecen de sangre. La señora que -acompaño se sube el pecho del vestido para ocultar su collar de perlas y -da vuelta á sus sortijas de modo que las piedras queden invisibles -dentro de sus manos cerradas. - -Un vejete desdentado, semejante á un fauno, sonríe al ver estas acciones -que pasaron inadvertidas para los otros... Y siguen hablando; y nosotros -no entendemos nada, y fuera de este refugio continúan el trueno, el -rayo, el diluvio tropical... - -¡Ah, no!... ¡vámonos! Es una imprudencia continuar aquí. Nuestros dos -muchachos parecen alegrarse al ver que volvemos al automóvil. Tal vez -han pensado lo mismo que nosotros. Puede ser también que juzguen -preferible correr á estar aguantando la tempestad dentro de un carruaje -en el que entra la lluvia por todas partes. - -Volvemos á rodar por los caminos inundados, bajo el martilleo de la -tormenta. El chófer y su acólito conocen ya el terreno por donde -corremos y señalan el horizonte amarillo de lluvia y surcado de -relámpagos, repitiendo: «_¡Garut!... ¡Garut!_» - -Adivino que aún estamos lejos de la ciudad, y como el aguacero continúa -asaltándonos, descendemos otra vez en una casa de buen aspecto, rodeada -de cocoteros y plataneros: una vivienda, al parecer, de campesinos -acomodados. La habitación está en alto, y una docena de escalones de -madera nos permiten subir hasta su plataforma, cubierta de esterilla -fina y limpia. Los tabiques son de una estera más fuerte y encima de -ellos hay un espacio libre que permite la ventilación de todas las -piezas y está cubierto por la techumbre de troncos y paja. En este -desván aéreo se han refugiado varios loros y otros pájaros domésticos, -asustados por la tormenta. Vemos los ojitos brillantes de dos monos que -marchan á cuatro patas en la penumbra, saltando de un tronco á otro. - -En la pieza delantera, completamente descubierta, que sirve de salón y -comedor, nos recibe sonriente el patriarca de la casa, un viejo, desnudo -de cintura arriba. Otros hombres más jóvenes, que deben ser sus hijos, -van aún con menos ropas que él. Las mujeres de la familia, sin más que -su pañal de _batik_, nos hablan con una verbosidad inútil, sonriendo al -mismo tiempo á los hombres de su casa y hasta á los dos muchachuelos del -automóvil. Como es natural, se burlan un poco de los tres extranjeros -que no pueden entenderlas, que intentan expresarse por señas, y mojados -de cabeza á pies ofrecen un aspecto lamentable. Es la ropa chorreante lo -que nos proporciona un aspecto ridículo. Los javaneses, por el -contrario, parecen hermoseados por la lluvia, que da jugo y brillo á su -desnudez. - -Como empieza á decrecer la tormenta volvemos al automóvil. Las mujeres, -más expresivas y habladoras que los hombres, consiguen hacernos entender -por señas que la ciudad no está lejos. Los dos muchachos, con sus -chillidos y gesticulaciones simiescas, nos repiten lo mismo. - -Corre el vehículo por caminos cada vez más amplios, cuyos alrededores -revelan la proximidad de un grupo de civilización. Al mismo tiempo la -lluvia empieza á hilarse, pasando de la tromba compacta al filamento de -gotas separadas. Se alejan los truenos; el rayo no es más que un -resplandor temblón en el horizonte. Comienzan á subir del suelo los -perfumes de ruda embriaguez que exhala la tierra mojada. Lanza de golpe -la flora tropical todos sus olores contenidos durante la tormenta. -Dilatamos nuestros pechos con una aspiración amplia y voluptuosa, -saboreando de nuevo la belleza paradisíaca que nos rodea. - -Una impresión de calma se esparce por nuestro interior. Nos sentimos en -un estado de placidez, semejante al del que escucha la «Sinfonía -Pastoral» de Beethoven, cuando se aleja la tormenta y la dulce -tranquilidad del campo empieza á restablecerse. - -Sigue cayendo la lluvia, una lluvia que parece luminosa y perfumada. Sus -gotas son de ámbar y resbalan con suavidad sobre el cristal de la tarde. -Los huertecillos se convierten gradualmente en jardines y las chozas en -casitas de aspecto europeo. El camino es ahora una avenida urbanizada -que va salvando sobre el lomo de los puentes varios arroyos y barrancos. - -Ya estamos en las afueras de Garoet... Y es aquí, á las puertas de la -ciudad, donde presencio uno de los espectáculos más inolvidables de mi -vida. - -La lluvia, que sigue cayendo con una insistencia dulce, representa un -placer para los naturales. El hormiguero humano ha empezado á surgir de -todos sus refugios. Los javaneses marchan en lentas filas por los -senderos. Niños completamente desnudos se colocan debajo de los -canalones para prolongar el deleite de la mojadura. La tormenta es un -baño más para este pueblo que sufre calores tórridos. - -Vemos venir hacia nosotros una muchedumbre de mujeres que nos parece -interminable. Todas ellas son jóvenes. Deben volver de trabajar en los -talleres de Garoet que fabrican el _batik_. ¿Cuántas son?... Difícil -calcularlo. Van en grupos escalonados y llenan toda la extensión -visible del camino. - -Brillan de cintura arriba sus carnes mojadas. Las cabelleras, formando -rodete sobre la cúspide de sus cabezas, tienen adornos de diamantes -naturales con el chorreo de las gotas que se desprenden de ellas. La -caricia fría de la lluvia las cosquillea al deslizarse por la piel -dorada y fina de sus pechos y espaldas. Marchan abrazadas unas con -otras, cantan y gritan excitadas por la electricidad de la atmósfera y -los besos húmedos del aguacero. - -Llevan como falda una pieza de _batik_. Pero esta tela de colorines -puede ensuciarse en los charcos del camino y todas ellas, -tranquilamente, se la han subido más arriba de las caderas, marchando -con desembarazo sin preocuparse de su desnudez inferior, tan absoluta -como la de arriba. Les basta para sus escrúpulos pudorosos llevar -arrugado sobre el talle este fino pañal que abulta menos que una faja. - -El primer grupo, al pasar junto al automóvil, nos saluda con gritos y -risas, sin echar abajo su faldamenta. Creen innecesaria tal molestia... -¡Pasamos tan aprisa! - -No es impudor. Para que lo fuese resultaría preciso que estas muchachas -conociesen los escrúpulos de las gentes vestidas, y creyeran inmoral el -desnudo. Pero saben que los blancos nos asombramos ante ciertas partes -del cuerpo descubiertas, y como ellas marchan casi en cueros para sentir -mejor la caricia de la lluvia, les place conmovernos un poco con su -inocente exhibición. Algunos hombres que van entre ellas y son tal vez -de sus familias ríen igualmente de esta broma juvenil. - -Y así van pasando y pasando las muchachas, con su falda recogida en el -talle... Son más de doscientas; tal vez trescientas. - -Continúa mucho tiempo el desfile de caras sonrientes, de piernas -desnudas, de triángulos sexuales, que asoman, se eclipsan y vuelven á -surgir con los movimientos del paso. En algunas corre la lluvia sin -obstáculos, lo mismo que si resbalase sobre la piedra lisa. En las más -de ellas se detiene unos momentos, cautiva antes de caer, de igual modo -que cuando se enreda en las marañas de una vegetación naciente. - - - - -XVIII - -BAJO LA LLUVIA ECUATORIAL - - Mi cama y mis compañeros de alcoba.--Los vendedores de Garoet.--La - superstición del dólar.--Javaneses y malayos.--Locura homicida de - los que «corren el amok».--La lira de cañas.--El baile en el - hotel.--La «Sinfonía de la selva».--Los cuatro jóvenes nobles y sus - danzas.--Regalo de un «kris» del antepasado.--El Guiñol - javanés.--Una novela caballeresca con monigotes y música. - - -Nuestro hotel de Garoet es un jardín con numerosos edificios de un solo -piso esparcidos en sus frondosidades. Nos refugiamos al bajar del -automóvil en el más importante de ellos, donde están los salones -comunes, los comedores y la oficina del gerente. - -Me entero de que mi pequeño equipaje me espera en una habitación situada -al otro extremo del hotel. Hay que buscarla bajo la lluvia por avenidas -que deben ser interesantes á las horas de sol, á causa de sus arriates -de flores y sus arboledas umbrosas, pero en este momento corren por -ellas verdaderos arroyos, y cada rama deja caer un chorro continuo. - -Silba el gerente y viene á buscarme un portero javanés, con turbante de -_batik_, levita blanca y descalzo. Sostiene un paraguas con ambas manos, -mejor dicho, una cúpula de cartón barnizado, debajo de la cual pueden -marchar varias personas sin mojarse. Es tan enorme este techo portátil, -que el javanés hace esfuerzos para sostenerlo, á pesar de que ha caído -el viento y la lluvia desciende copiosa, pero mansa, á través de una -atmósfera dormida. Como el porta-paraguas va descalzo y sólo se preocupa -de mantener su cúpula, avanza rectamente, sin reparar en charcos. -Nosotros le seguimos pegados á él, y esto libra nuestras cabezas de la -lluvia, pero nos hundimos á cada instante en las charcas rojizas y los -regueros serpenteantes del jardín. - -Es mi habitación una pieza de grandes proporciones, con muebles -holandeses, solemnes y viejos, que datan sin dada de la Compañía de las -Grandes Indias. La cama se muestra tan ancha como larga; pero esta -amplitud, que en el primer momento representa un motivo de agrado, queda -olvidada á causa de su dureza. Tiene sin duda alguna un colchón, pero la -materia que le sirve de relleno ha adquirido una densidad igual á la de -las cortezas de los árboles. Las gentes del país afirman que en un lecho -duro se siente menos el calor. Además, el mismo calor justifica la -escasez de sábanas. La cama sólo tiene una, la que cubre el colchón. El -viajero debe dormir sin taparse, y para el caso de que sienta frío, una -manta ligera, á cuadros blancos y azules, está plegada á los pies. - -En cambio abundan las almohadas, algunas de ellas de aspecto raro y uso -desconocido para mí. Una, larga y dura como un madero, sirve -indudablemente para apoyar la cabeza; otra es para colocársela entre las -piernas, y dos más pequeñas se acoplan entre los brazos y el tronco. Hay -que dormir con los miembros abiertos en cruz de San Andrés, la misma -postura de los reos de otros siglos condenados á ser hechos cuartos por -la dislocación. De este modo parece que se siente menos la caliginosidad -de la noche ecuatorial, que hace correr sobre el cuerpo regueros de -sudor. - -Al inclinarme sobre mi pequeña maleta noto que el cuarto está ocupado -por varios camaradas que me acompañarán toda la noche. Saltan sobre el -suelo unos animalillos verdes. Las ranas invaden tranquilamente estas -viviendas de un solo piso. Por las paredes y el techo corren lagartos -rugosos y negruzcos. El servidor javanés, que ha dejado su paraguas á la -parte de afuera, ríe de mi asombro y me habla, sabiendo que no puedo -entenderle. Conozco sin embargo lo que me dice por haberlo oído en otros -hoteles de países cálidos. Hay que respetar á estos compañeros de -habitación para no privarse de sus buenos servicios. La rana se come los -insectos que reptan y saltan sobre el suelo, bestias prolíficas que -pueden depositar sus innumerables huevecillos debajo de nuestras uñas si -descendemos de la cama con los pies descalzos. El lagarto se come los -mosquitos. - -Me falta tiempo para seguir examinando mi dormitorio. Éste tiene, como -todas las casas de los javaneses acomodados, un salón exterior y -abierto. El pórtico que extiende su techumbre sobre el frente del -edificio se halla dividido por tabiques, y cada uno de tales espacios -guarda sillones, una lámpara en el centro y macetas de flores que penden -del alero. - -Mi pequeño salón, al que se llega subiendo tres escalones, está ya medio -invadido por una multitud infantil que se aprieta para quedar á -cubierto, librando de la lluvia los objetos sostenidos por sus manos. -Todo Garoet sabe que ha llegado un grupo de viajeros, y como el -vecindario vive de los visitantes, aguarda con impaciencia el regreso de -los automóviles que la tempestad ha sorprendido en pleno campo. - -Nosotros somos los primeros en volver y recibimos el empuje de todos los -vendedores de Garoet. Hombres y mujeres se mantienen al acecho en las -inmediaciones del edificio central, pero han destacado contra nosotros -sus numerosas proles cargadas de telas de _batik_ y polichinelas del -teatro javanés, á los que dan movimientos y posturas cómicas, imitando -sus voces gangueantes. Se sientan á nuestras plantas para ofrecernos sus -mercancías, marcando el precio con los dedos. Al principio usan la -palabra _guilder_, que es el florín holandés, pero inmediatamente la -abandonan para repetir con insistencia: «_¡Dollar! ¡dollar!_» - -En todo el Extremo Oriente se nota una idolatría monetaria que puede -titularse la «superstición del dólar». En China, en Java, en la India, -hasta en el Japón, cuyos habitantes no sienten gran amor hacia los -Estados Unidos, lo mismo los tenderos que los míseros vendedores -instalados en plena calle ó á la puerta de los templos muestran un -respeto casi místico por el dólar americano. Aun en los países de -dominación inglesa, la libra esterlina representa poco comparada con -aquél. Cuando se desea comprar un objeto, el vendedor, en mitad de sus -regateos, hace una rebaja considerable si le pagan en dólares. Pero ha -de ser en moneda, nada de cheque; en billetes de los Estados Unidos; y -después de contemplarlos con devoción los oculta apresuradamente. - -Es la única moneda que inspira fe, y por adquirirla lo dan todo más -barato. Debo añadir que los demás billetes que circulan por el Extremo -Oriente merecen con razón menos respeto por su falta de fijeza -monetaria, incluyendo los de la India inglesa. Los Bancos de toda ciudad -importante emiten papel, y cuando se llega á otra capital con dicha -moneda hay que cambiarla por la del nuevo país, sufriendo un descuento. -El prestigio monetario de la más rica de las naciones ha llegado hasta -este rincón de Java, y los niños y niñas que intentan hacer sus ventas -valiéndose de señas, repiten á coro al mostrar sus mercancías: -«_¡Dollar! ¡dollar!_» - -Se nota en esta muchedumbre infantil las diferencias étnicas de la dos -razas que componen la población de la isla: javaneses y malayos. Los -javaneses, pasivos y laboriosos, sirvieron siempre á los dominadores de -la isla, plegándose con humilde fatalismo á sus órdenes. En el curso de -veinte siglos han sido brahmanistas, budistas y musulmanes. De seguir -los portugueses en Java, todos serían ahora católicos. Si continúan -mahometanos, es porque la Compañía de las Indias, que tuvo á sueldo á -los santones javaneses, más traficantes que fanáticos, jamás sintió la -necesidad de evangelizar á sus nuevos súbditos. - -Esta ductilidad para cambiar de creencias no significa en los javaneses -excepticismo religioso. Al contrario, como todos los humildes que se ven -eternamente oprimidos y no tienen esperanza alguna de liberación, su -único consuelo lo encuentran en el ejercicio de sus devociones y en la -certeza de otra vida que será más dichosa. Necesitan una religión y -toman la que les permiten sus dominadores. - -Los malayos resultan más ingobernables y menos religiosos que el -javanés, cultivador de la tierra, eterno siervo del campo de arroz que -empezaron á formar sus ascendientes hace siglos. Nietos de piratas y -audaces navegantes, los malayos poblaron las costas, lanzándose á la -pesca y al cabotaje, ó se esparcieron por el interior de las islas para -ejercer industrias manuales ó llevar una existencia vagabunda. Estos -habitantes belicosos de Java formaron en otros siglos una casta militar -y noble, siendo los únicos que hicieron guerra á los invasores, -dificultando la colonización portuguesa y alterando el régimen de -explotación mercantil de la Compañía de las Indias con sus frecuentes -revueltas. - -Aun hoy el malayo resulta el más inquietante de los javaneses. Si el -blanco le ofende, espera una ocasión propicia para vengarse de él, -asesinándolo. Los más pobres procuran ser empleados del gobierno, -ingresando en la policía ó en los trabajos públicos. Otros se hacen -soldados y abrazan el cristianismo, para considerarse de este modo -iguales á los militares holandeses. - -La belicosidad de la raza, los instintos sanguinarios, herencia de -largos siglos de piraterías y matanzas, despiertan de pronto en ellos. -Cuando un malayo se considera ofendido por un blanco, ó siente odio -contra la organización social que le rodea, una mortífera embriaguez lo -enloquece, y armándose de un _kris_ se lanza á la calle para matar á -todo el que se pone á su alcance, dando golpes á ciegas, hasta que lo -matan á él. Es una demencia semejante á la de los moros de Filipinas -conocidos con el nombre de «juramentados». - -En Java esta locura homicida es llamada el _amock_, y cuando sale uno de -dichos furiosos por el centro de la población esparciendo muertes hasta -que le hacen caer sus perseguidores, llaman á tan horrible episodio -«correr el _amock_». La autoridad tiene establecidos puestos de -vigilancia para cortar inmediatamente los efectos de esta locura -nacional. Son casi siempre policías malayos los que acuden para «correr -el _amock_». Tienen en sus cuerpos de guardia un tronco vacío, de madera -sonora, que tocan con el puño, y esta campana avisa á las gentes para -que se refugien en las casas. De todas las puertas arrojan sillas, -taburetes y otros objetos á los pies del terrible _amock_ para hacerlo -caer, pero éste sigue corriendo las más de las veces llevando en alto su -machete amenazador. Los policías cuentan con un arma especial para -sujetarle, que nunca yerra. Es una gran horquilla, entre cuyos dos -dientes meten al fugitivo, clavándolo contra una pared ó un árbol. De -este modo lo inmovilizan y lo matan, pues es inútil esperar que se -rinda. - -Los malayos son en el campo grandes cazadores de bestias feroces. En -otro tiempo su mayor diversión era presenciar luchas de hombres con -panteras y tigres. También, hasta hace poco, en las poblaciones del -interior celebraban torneos á caballo, terminados muchas veces por botes -de lanza mortales. Eran fiestas originarias de la época en que los -conquistadores musulmanes se apoderaron de Java. - -Se nota en estos pequeños indígenas que tengo sentados á mis pies la -diferencia de razas. El niño malayo domina á su compañero de puro origen -isleño, impide sus negocios, le amenaza, y acaba finalmente por -obligarlo á que le ceda su mercancía, vendiéndola él por su cuenta. - -Vuelvo otra vez al centro del hotel arrostrando la lluvia, ya que el -hombre de la cúpula portátil no acude á mis gritos. Bajo los pórticos -del comedor encuentro á los primeros compañeros de viaje que acaban de -llegar. Luego, en el curso del atardecer, van presentándose los otros -vehículos llenos de gentes desfiguradas por la lluvia. Pero todos nos -hemos resignado á esta humedad irremediable. Ha sido inútil emplear las -contadas prendas de recambio que guardábamos en nuestros pequeños -equipajes. Dentro de este hotel-jardín la lluvia las moja en seguida. -Además, nos acostumbramos fácilmente á ir con los pies húmedos y el -cuerpo impregnado de agua y sudor, en esta tierra donde los aguaceros -son tibios. - -Una orquesta rara pero agradable suena incesantemente en otro pórtico -del hotel. Es una melodía bucólica, un susurro de suaves flautas, una -música eoliana y vagorosa, sin la energía del soplido humano. Voy hacia -ella y encuentro sentados en el suelo á varios adolescentes que hacen -sonar el instrumento típico de esta parte de Java: una lira hecha con -cañas. - -Un grueso bambú horizontal sostiene cinco, más delgados, en forma de -peine. Las cinco varillas están metidas en otras tantas cañas huecas, -que al moverse chocan sus paredes con el espigón central. Cada una de -las cañas emite una nota diferente, y en esto consiste el secreto de los -fabricantes del rústico instrumento. Los pequeños músicos tienen en sus -manos dos liras, ó sea diez notas, y agitándolas con rítmico movimiento -producen una melodía indeterminada y soñolienta, dentro de la cual se -forman al azar grupos de notas bizarras como las combinaciones -caprichosas de los vidrios sueltos en el interior de un caleidoscopio. - -Al son de esta melopea danzan varios muchachitos moviendo el vientre y -las caderas lo mismo que las odaliscas. Todos ellos llevan el _saroc_ de -colorines arrollado sobre las piernas, tienen un rostro aterciopelado de -chocolate con leche, y sus ojos grandes y un poco oblicuos parecen de -mujer. Muestran la gracia equívoca del efebo asiático, que hace imaginar -repugnantes vicios. También es posible que estos pequeños bailarines no -hagan más que seguir una tradición, repitiendo danzas que vieron desde -pequeños, sin sospechar su malicia ni las suposiciones del blanco -escandalizado. - -Mientras las liras de cañas susurran su melodía sin regla y siguen -danzando los javanesitos, expelen las canales del tejado el agua á -plenos chorros, los relámpagos iluminan otra vez con exhalaciones verdes -la tarde color de ámbar, y rueda el carro de los truenos sobre edificios -y arboledas. - -A las nueve de la noche, después de la comida, asistimos á un gran baile -javanés, para el cual han venido los mejores danzarines y la orquesta -más famosa de toda la región. - -La servidumbre descalza aparta las mesas, y todo el comedor queda -convertido en una sala de espectáculos. Este comedor se halla abierto -por tres de sus caras; es una techumbre sostenida por numerosos arcos -blancos. Más allá hace brillar el jardín sus hojas de charol bajo unos -focos de luz eléctrica, cuyas lunas se muestran rayadas incesantemente -por hilos de cristal. Continúa la lluvia del Trópico, una lluvia sin -medida en el volumen y la duración. Todo está impregnado de humedad: -nuestras ropas, las servilletas, los manteles. Luego, en los -dormitorios, encontraremos igualmente húmedas sábanas y toallas. Debajo -de los techos la atmósfera, vibrante de perfumes vegetales, parece -compuesta de agua flúida. - -Este baile debe ser algo extraordinario, pues van llegando en sus -automóviles los javaneses más opulentos de las inmediaciones. La mayor -parte de la propiedad de la isla continúa en poder de los antiguos -nobles y los comerciantes enriquecidos. Conservan sus trajes por un -sentimiento oculto de nacionalismo, pero se apropian las comodidades más -costosas de sus dominadores. - -Los instrumentos de la orquesta del baile son tan originales como las -liras de cañas. Los músicos, sentados en el suelo, hacen sonar una -especie de violines, apoyándolos verticalmente en una rodilla como si -fuesen violoncelos. Otros golpean con sus manos tambores y discos -metálicos. Un viejo hiere con sus palillos un teclado de tablitas, cada -una de las cuales emite una nota distinta. El más importante de los -instrumentos es una especie de banco con grandes orificios, y en cada -uno de ellos una vasija de metal semejante á los cántaros que emplean -los lecheros. El músico golpea estos vasos con mazas forradas de piel, -arrancándoles largas vibraciones. - -Tocan una especie de preludio que en los primeros instantes parece -arañar los oídos con sus discordancias. Poco á poco surge del -enmarañamiento acústico algo concreto que podría llamarse la «Sinfonía -de la selva». Los instrumentos reproducen la risa luminosa del arroyo, -el murmullo de las hojas, el rebullir de la vida animal en los -matorrales. Indudablemente, los instrumentos de cuerda imitan el zumbido -tenaz de los insectos. El músico ha copiado con ingenuidad los vagidos -de la Naturaleza, como en los albores de toda civilización los artistas -primitivos reprodujeron á su modo las plantas y los seres que les -rodeaban. - -Sentados en el suelo, sobre esteras de junco, hay varios danzarines, -hombres y mujeres. Ellas son las únicas que cantan, con una voz chillona -y discordante que recuerda el cacareo de la gallina. En el espacio -libre, ante la orquesta, un hombre y una mujer bailan esta danza -coreada. En realidad permanecen inmóviles; sus pies no se separan del -suelo. Son los brazos los que se agitan, y más aún las manos, -acompañando con lentas dilataciones el ritmo de la música. - -Entre las gentes del país acudidas para presenciar este baile hay cuatro -jóvenes nobles que llaman la atención por la elegancia híbrida de sus -trajes. Son javaneses por sus cabezas; del cuello á la cintura son -europeos; luego recobran su nacionalidad hasta los pies. Me explicaré -con más detalles. Van tocados con el pequeño turbante de _batik_ negro y -dorado, que forma un lacito de dos pequeños cuernos sobre la frente. -Visten _smoking_ y chaleco blanco. La pechera de su camisa es de -encajes, y dos botones de diamantes centellean debajo de su corbata -negra. A continuación llevan las piernas envueltas en una rica tela de -_batik_ obscura, con anchas rayas de oro. Por debajo asoman los pies -pequeños, metidos en calcetines de seda calada y escarpines de charol. -Los cuatro, como signo de su categoría, llevan un _kris_ antiguo, una -espadita dorada puesta oblicuamente sobre sus riñones, cuya empuñadura -despega el _smoking_ de su espalda. - -Han venido en sus automóviles, atraídos por esta fiesta á la que asisten -muchas viajeras americanas, hermosas y elegantes. Guardan una gravedad -de próceres musulmanes. Ocupan una mesa, bebiendo simples limonadas, y -miran con sus ojos negros y ardientes á tantas mujeres blancas, que -parecen traer en su perfume las seducciones de un mundo lejanísimo. Los -cuatro llevan el bigote recortado, según la moda actual, y revelan en -todos sus gestos una educación á la europea. - -El gerente del hotel va contando á los viajeros que estos jóvenes son -ricos, de antigua nobleza, y viven además, como amigos y acompañantes, -cerca del regente de la provincia. (El regente es el gobernador -indígena, poderoso personaje que ha venido á sustituir á los antiguos -reyezuelos.) El mismo gerente se hace lenguas de lo que son los cuatro -jóvenes como bailarines. Por espíritu de tradición han sabido guardar -fielmente las antiguas danzas de la isla. Los profesionales del baile -javanés que están presentes reconocen y admiran la superioridad de estos -señores. - ---¡Ay!... ¡Si ellos quisieran bailar!... - -Basta que el hotelero exponga esta posibilidad hipotética, para que -varias señoritas americanas, con la intrepidez propia de su pueblo, -deseen una inmediata realización. Algunas de ellas piden á los cuatro -_gentlemen_ de la espadita dorada que salgan á bailar, y ellos, -respetuosos y algo avergonzados al verse objeto de la atención general, -acaban por ceder, aunque ninguno quiere ser el primero. - -Al fin, uno de ellos se desprende de los escarpines de charol y su -chófer indígena surge de la masa de javaneses agrupada al pie de las -escalinatas del jardín, para quitarle los calcetines. Avanza con los -pies desnudos, color chocolate claro, que asoman por el borde de la rica -falda de _batik_. Sus dedos se encorvan y se dilatan como si recobrasen -la agilidad de los remotos ascendientes. Se ha puesto un gran velo verde -sobre sus hombros, con las puntas caídas atrás y la amplia curva -delantera más abajo de su pecho. Este velo va á resultar en el curso de -la danza tan importante como su persona. - -La primera de las bailarinas se coloca de pie ante él y empieza á -cantar. El joven señor inicia su danza sin moverse del sitio que ocupa, -expresándolo todo con las manos, con los balanceos lentos de sus brazos, -con las posturas fijas que adopta luego su cuerpo. En realidad, la mujer -no hace más que acompañar con su canto los gestos del bailarín. Algunas -veces refleja los movimientos elegantes de éste, pero con una modestia -de espejo pobre y turbio. Se nota su voluntad de no rivalizar con el -hombre en unas actitudes que pueden llamarse escultóricas. Éste imita -los contoneos soberbios y dominadores de los animales machos en la vida -libre de la Naturaleza. Es una danza monótona, y sin embargo, pocas -veces he visto un cuerpo humano en tan nobles posturas. - -Los cuatro _gentlemen_ van saliendo por turno. Cada uno de ellos -interpreta de modo diferente danzas de miles de años que expresan la -superioridad absoluta del hombre y la humilde servidumbre de la mujer en -las sociedades primitivas. - -Hablo valiéndome de un intérprete con el primero de los jóvenes que -salió á bailar. Me mira con extraordinario interés al saber que soy un -blanco de los que fabrican libros y alguna vez escribiré lo que he -presenciado esta noche. Él ama los cantos de su isla, las -representaciones teatrales. Tal vez compone versos, aunque protesta -apresuradamente cuando el traductor se lo pregunta en mi nombre. - -Luego muestra una generosidad de gran señor. Quiere que me lleve un -recuerdo de él, y desprendiéndose de su espadita dorada me la entrega. -Para que aprecie más el regalo me hace ver la hoja, roída por el óxido -de los años. Es un arma honorífica, uno de los muchos _kris_ legados por -sus abuelos, que él usa únicamente por su antigüedad. Me explica que la -hoja, llena de rugosidades como la piel de la serpiente, está compuesta -de numerosas piececitas fundidas unas sobre otras, como si fuesen -escamas, y las pequeñas grietas en semicírculo de dichas escamas -contuvieron un veneno casi fulminante, capaz de acabar á un herido en -pocos segundos. ¡Pero han pasado tantos años desde entonces!... Ahora el -terrible _kris_ no es más que un arma de museo roída por la herrumbre y -que puede romperse como el cristal. - -Siguiendo un largo corredor y varias escalinatas cubiertas que nos -libran de la lluvia, vamos á una especie de Guiñol establecido dentro -del hotel. - -Tienen los javaneses un verdadero teatro en el que figuran actores de -carne y hueso, pero su espectáculo preferido es la representación por -medio de muñecos. Tal vez estos autómatas, al ser más irreales, dejan -mayor espacio á la imaginación del público. - -El teatro es un salón sin ningún asiento. Gran parte de los espectadores -están en el suelo. Un lado lo ocupa la orquesta. Son músicos iguales á -los del baile, aunque todos ellos ofrecen la particularidad de que -actúan con cierto cansancio, teniendo los ojos cerrados. Parece que -estén dormidos, pero cuando le toca á cada uno hacer sonar su -instrumento, cumple dicha función sin entreabrir los párpados y vuelve á -inmovilizarse en su actitud soñolienta. Luego, pienso que adoptan este -gesto por refinamiento artístico, para concentrar mejor sus facultades y -aislarse de la realidad, viendo más intensamente en su imaginación las -peripecias del drama. - -Delante de los músicos y de espaldas á ellos está sentado en el suelo un -viejo de voz lenta que habla sin mirar al público. Ante sus rodillas se -extiende un tabladillo de escasa altura. A ambos lados tiene dos vasijas -de porcelana, y dentro de ellas, en aparente desorden, están los -personajes de la obra, monigotes de cabezas monstruosas, verdes ó -purpúreas; vistiendo túnicas de floreado _batik_ y con brazos -articulados semejantes á las antenas de las langostas. Estos autómatas, -que representan príncipes, guerreros, bellas damas ó humildes siervos, -tienen al final de sus brazos dos altos bastones que recuerdan los que -usaban las señoras de la corte de Versalles. - -El viejo director constituye por sí solo todo el teatro. Unos muñecos -los fija en los agujeros del tablado y quedan inmóviles como un coro que -intervendrá oportunamente. Otros los mantiene en sus manos, agarrando al -mismo tiempo el espigón central y los dos bastones terminales de los -brazos, lo que le permite con una simple frotación de los dedos, ocultos -bajo la falda, poner en movimiento su cabeza y las otras extremidades -articuladas. - -Los directores de estos espectáculos tienen el nombre de _dálang_ y -gozan de gran respeto. Guardan desde hace siglos una autoridad -tradicional semejante á la del sacerdote ó el bardo. Todos ellos son -poetas y grandes improvisadores. Estos _dálang_ dirigen algunas veces -representaciones con actores enmascarados, siendo los únicos que pueden -hablar en ellas. Los comediantes no hacen más que una pantomima, -acompañando con sus gestos la declamación del director. Las piezas se -llaman _topeng_ (lo mismo las representadas por seres vivos que las de -monigotes), y sus argumentos están sacados de la mitología ó la historia -heroica de Java. La música no cesa un momento y sirve de eterno fondo á -los lentos recitados del _dálang_. - -Me explican el drama: una lucha de paladines por el amor de una -princesa; batallas, conquistas, raptos, persecuciones, y sobre todo -muchos golpes. Existe un argumento, un cañamazo dramático, pero no hay -nada escrito, y el viejo _dálang_ va bordando sobre la materia -tradicional todas las flores repentinas de su imaginación. - -Esto no es un teatro. Para serlo tendría que ajustarse á los límites del -espacio y del tiempo, á la estrechez de un escenario, á las murallas -aisladoras de una decoración. En realidad es una novela contada todos -los días con nuevas variaciones y ayudada por medio de los monigotes y -la música. - -Miro al viejo cuentista con un interés confraternal. Mantiene su cabeza -baja, hablando y moviendo los personajes con el aire abstraído y -concentrado del que se entrega á una improvisación. - -La orquesta dormida colabora incesantemente con él á pesar de sus ojos -cerrados. El _dálang_ está de espaldas á los músicos, no existe entre -ellos ninguna relación directa, y sin embargo los instrumentos me hacen -ver los episodios de esta novela javanesa más que las acciones de los -monigotes. - -Dos personajes se mueven al extremo de las manos del improvisador, se -aproximan y se apartan sin chocarse, pues esto podría deteriorar sus -frágiles cuerpos, y no obstante sé que acaban de entablar un combate -encarnizado. Nunca he oído á una música expresar mejor los golpes. Estos -instrumentistas soñolientos lanzan acordes secos, de una precisión -matemática, sin mirarse entre ellos. - -Poco después abren todos la boca, viejos, adolescentes y niños, lanzando -un rugido con cierta sordina. Es el rumor lejano de una muchedumbre que -interviene en el curso de la historia. - -Yo cierro también los ojos para no ver las filas de monigotes inmóviles -sobre el tabladillo que representan grotescamente á dicha multitud. Y al -quedar en voluntaria ceguera lo mismo que los músicos, contemplo el -pueblo evocado por el novelista javanés. Es una masa de hombres -cobrizos, medio desnudos, que aclama á los héroes triunfantes, malayos -de armaduras doradas, héroes anteriores al desembarco de portugueses y -holandeses, cuando los habitantes de esta isla no conocían aún la -existencia de Mahoma y alzaban en el interior de ella imágenes colosales -de Buda, templos ciclópeos que la vegetación invasora del Trópico guardó -durante muchos siglos en el misterio de su noche verde. - - - - -XIX - -LA PUERTA DEL EXTREMO ORIENTE - - El jardín de Buitenzorg.--Flores que parecen insectos é insectos - iguales á pedazos de madera.--El estrecho de Gaspar.--Los fenicios - del Pacífico y sus portentosas navegaciones.--Verdadera patria de - Simbad el Marino.--La cosmopolita ciudad de Singapore.--El - gobernador Raffles.--Mezcla de pueblos y religiones.--Mi primera - visita á un templo brahmanista.--El cultivo actual del - caucho.--Rutina inglesa de los futbolistas de - Singapore.--Degradación de los blancos que van en - tranvía.--Juglares y domadores de serpientes.--El «smoking» - blanco.--Los maravillosos sastres chinos.--Cuatro trajes en dos - horas. - - -Buitenzorg es la residencia veraniega del gobernador de Java. El -palacio, reconstruido varias veces á consecuencia de los temblores de -tierra, no ofrece nada de extraordinario. Lo que ha hecho famoso el -nombre de Buitenzorg es su Jardín Botánico, anexo á la vivienda -gubernamental. Como el terreno es más alto que en Batavia y la atmósfera -menos densa y caliginosa, la vegetación se desarrolla en este lugar con -toda magnificencia. - -Antes de marcharnos de Java queremos ver las especialidades más célebres -de dicho jardín. Atravesamos una ancha avenida que es un túnel de -verdura, pues los ramajes laterales se tocan, formando una bóveda -compacta. En realidad, esta galería vegetal se compone únicamente de dos -higueras banianos, árboles que tienen la particularidad de reproducirse -invadiendo las tierras próximas, de convertir sus ramas cuando tocan el -suelo en otros tantos troncos con raíces, que á su vez producen nuevos -soportes. En el Jardín Botánico de Calcuta, uno sólo de estos banianos -ocupa un espacio considerable y desde lejos ofrece el aspecto de un -macizo de arboleda. - -En los pequeños lagos de Buitenzorg admiramos la Victoria Regia, planta -acuática de corola blanca cuyas hojas, de dos metros de diámetro, flotan -como escudos sobre las aguas, y tal es su aspecto de estabilidad, que -tientan á poner el pie en ellas como si fuesen de piedra verde. - -Los bambúes alcanzan dimensiones de árboles seculares. Se balancean al -más leve soplo de la brisa y parecen conversar entre ellos con el -frotamiento de sus menudas hojas. Estas cañas enormes son de diversos -colores: amarillas, negras, moteadas. Todas las variedades de la palmera -existen aquí igualmente, desde las de fuste grácil y ligero surtidor de -ramas, que se inclinan con una gracia infantil, hasta las de tronco -redondo y alto como una torre, que desafían erguidas los huracanes del -tornado. Vemos también una gran variedad de lianas semejantes á madejas -de reptiles adormecidos. - -Una colección célebre de orquídeas nos desorienta á causa de sus -bizarras formas, y no sabemos finalmente con certeza si son flores ó -parásitos monstruosos. En cambio, vemos en una sección zoológica pedazos -de madera en apariencia medio podridos, hojas secas, grumos de detritus -vegetal que son en realidad insectos. Estos seres vivos, de admirable -mimetismo, adoptan la forma de la basura de la selva y permanecen -inmóviles para no alarmar á sus presas, sorprendiéndolas mortalmente. - -Al abandonar Java nos damos cuenta de la incongruencia que existe entre -la fealdad del puerto de Tandjong-Priok y las bellezas interiores de la -isla. Viendo estos muelles tostados por el sol y su continuación de -terrenos pantanosos y selvas bajas, que son como nidos de la fiebre, -nadie puede sospechar los paisajes paradisíacos que empiezan á -desarrollarse cuando se penetra una docena de millas tierra adentro. - -Entre Java y Singapore la travesía resulta tan plácida como si -navegásemos por un río. El _Franconia_ va partiendo aguas verdes, con -islotes de vegetaciones flotantes. - -Avanzamos teniendo á la derecha la isla de Banka y á la izquierda la -enorme Sumatra, que figura con Borneo como las dos posesiones más -extensas de Holanda. Tan grandes son estos macizos insulares, que una -parte de su interior se halla en estado salvaje y los holandeses tienen -que mantener una actitud defensiva ante muchas de sus tribus. Siempre -que estos indígenas irreductibles encuentran ocasión, le cortan la -cabeza al blanco para guardarla como el mejor de los trofeos. También se -repiten los casos de canibalismo, á pesar de los esfuerzos de las -autoridades para extender las costumbres civilizadas. En estos países, -situados bajo la línea ecuatorial, el europeo colonizador no hace más -que pasar, siéndole imposible vivir muchos años á causa del clima y las -enfermedades. En realidad son factorías más que colonias, ya que el -blanco no puede reproducirse en ellas ni crear una familia estable. - -En el llamado estrecho de Gaspar, las dos costas de Banka y Sumatra se -aproximan de tal modo, que el mar parece un río. Entre ambas riberas se -extienden fajas de baba amarillenta, espuma sucia de un canal en el que -permanecen como enredadas las inmundicias traídas por las corrientes del -Océano libre. - -Nuestro paquebote marcha con cierta precaución, á causa de la escasa -profundidad. Cuando salimos de un estrecho es para entrar en otro ó ir -pasando á través de islas é islotes de pequeños archipiélagos. El mar -tiene un verde claro de pradera que denuncia el poco fondo de sus aguas. -A trechos se esparcen sobre este color verde grandes manchas de un -blanco lácteo, reflejo de los campos de arena submarinos. - -Singapore es la puerta del Extremo Oriente. Al pasarla habremos dejado á -nuestras espaldas la parte del mundo más distinta á Europa. Al otro lado -del estrecho de Malaca vamos á encontrar la India, mas esta tierra ya no -pertenece al Extremo Oriente y debe llamársela simplemente Oriente. - -Es cierto que sus diversos pueblos se diferencian en costumbres y -religiones de los países europeos; pero no han vivido miles y miles de -años ignorados de nosotros como el Japón, la China y las agrupaciones -malayas. Alejandro llevó la cultura griega á este Oriente indostánico. -Los hombres de nuestra antigüedad conocieron la India y tuvieron -noticias de las diversas civilizaciones desarrolladas á orillas del -Ganges. Los nautas árabes mantuvieron durante la Edad Media la -comunicación de Europa con el citado Oriente indostánico, aunque ésta no -resultase directa. Fué á partir del estrecho de Malaca, ó sea del -presente Singapore, donde empezaba la noche y la ignorancia para -nuestros pueblos. Nadie sabía nada cierto sobre Catay y Cipango, el -actual Extremo Oriente. - -Al aproximarnos á Singapore vemos en estrechos y canales un enjambre de -pequeños buques de cabotaje, pertenecientes á la marina malaya. Estos -navegantes tradicionalistas han copiado en sus barcos las arboladuras de -la marina de los occidentales, pero sus cascos, aunque construídos -igualmente por un procedimiento moderno, conservan siempre la popa más -alta que la proa, lo que les da cierto aire de carabelas, disfrazadas de -bergantines y goletas. - -Como nuestro mundo ha vivido docenas de siglos prestando sólo atención á -los grupos humanos de la vertiente atlántica, sin sospechar siquiera lo -que ocurría en la vertiente del Pacífico, la mayoría de las gentes que -merecen el título de ilustradas ignoran en la actualidad lo que fueron -los malayos como marinos y sus servicios á la civilización. Cuando Vasco -de Gama, después de navegar solitariamente por las costas de África, fué -avanzando en el mar de las Indias, quedó asombrado de la cantidad de -buques asiáticos que pasaban á su vista. Estos argonautas de un mundo -distinto al nuestro tenían sobrado espacio para comerciar sin salirse de -sus mares, y si alguna vez llegaban á deslizarse por las estrechuras del -mar Rojo, una barrera sólida les cerraba el paso, repeliéndolos hacia -otros rumbos. - -Los malayos fueron los fenicios del Pacífico. De conocerse la historia -de sus periplos podrían haberse escrito, basándose en ellos, numerosas -odiseas. Según varios autores que estudiaron á fondo las tradiciones de -esta raza de mercaderes y corsarios, la _Historia de Simbad el Marino_ y -otras muchas aventuras marítimas que figuran en _Las mil y una noches_ -no son más que relatos de proezas de malayos adoptadas por los -navegantes árabes, discípulos y continuadores de aquéllos. - -A falta de una historia detallada y sólida, nos sirve para adivinar los -antiguos viajes de los navegantes malayos la actual existencia de grupos -de su misma raza en los lugares más distantes del Pacífico. Los -argonautas amarillos construyeron sus primitivas flotas en estas riberas -de Sumatra que vamos costeando. De aquí se lanzaron á piratear y -comerciar por toda la inmensidad marítima que se ofrecía á las proas de -sus barcos con ojos, cuando aún vivían la mayor parte de los europeos en -pleno salvajismo. - -Los habitantes de Madagascar son malayos de origen, lo que demuestra que -por el Este llegaron éstos hasta las costas de África. Una gran parte de -los pobladores del Japón actual son igualmente de origen malayo, lo que -marca sus navegaciones hacia el Norte. Los indígenas del archipiélago de -Hawai y otras islas oceánicas, situadas más allá de la mitad del camino -entre Asia y América, también son malayos. ¿Por qué razón estos -vagabundos del mayor de los Océanos, que realizaron la parte más grande -y difícil de su travesía llegando á dichas islas y estableciéndose en -ellas, no pudieron continuarla desembarcando en América, como uno de los -varios pueblos que según las tradiciones americanas se extendieron de -Norte á Sur, miles de años antes de la llegada de los conquistadores -españoles?... - -Estos malayos de ahora que pasan en sus buquecitos anticuados junto á -nuestro paquebote ignoran completamente las hazañas de sus antecesores. -Hasta hace medio siglo eran piratas, pero una continua persecución les -ha obligado á llevar la existencia de pobres marineros de cabotaje, sin -audacias y sin ambiciones. - -Singapore es la obra de sir Stamford Raffles, funcionario enérgico que á -principios del siglo XIX se apoderó de todas las islas holandesas, -gobernando en Batavia á nombre de Inglaterra. En el Jardín Botánico de -Buitenzorg está la tumba de su esposa. - -Cuando después de la caída de Napoleón tuvo que entregar, por acuerdos -diplomáticos de Europa, las ricas posesiones holandesas al gobierno de -La Haya, no quiso que su patria abandonase estos parajes y fundó la -ciudad de Singapore, que domina el estrecho de Malaca. Dos siglos antes -que Raffles, el gran Alburquerque había visto la importancia del -estrecho de Malaca, y pretendió fundar en él una colonia portuguesa para -obtener de tal modo el monopolio del Extremo Oriente. - -Paseando por las calles de Singapore aprecia el viajero su valor -comercial y estratégico. Dos mundos se encuentran y confunden en ella; -dos Orientes completamente distintos. Hoy tiene más de 300.000 -habitantes y es una ciudad con barrios modernos y edificios altísimos. -Posee igualmente plazas extensas y puentes colgantes sobre pequeños ríos -navegables. Estos cursos de agua casi resultan invisibles; tantos son -los barcos indígenas que flotan en ellos, borda contra borda. - -La estatua del gobernador Raffles se alza en el centro de la parte -europea de Singapore. En los barrios que no ocupan los blancos, vive -separado por razas y creencias todo el vecindario cosmopolita. Éste -únicamente se deja ver mezclado en las grandes avenidas centrales. La -ciudad inglesa de Singapore es ante todo una ciudad china, por la -superioridad numérica de tal raza. Más de la mitad de su población se -compone de chinos. Lo mismo que en Batavia, estos trabajadores -infatigables acaparan todos los oficios manuales. Además, como son -grandes ahorradores de dinero, se dedican al préstamo. El chino, fuera -de su país, es igual al judío por su actividad inteligente y ávida, y se -ve tan odiado como éste. - -En las calles de Singapore es donde empezamos á ver indostánicos con el -busto de bronce completamente desnudo y largas cabelleras sueltas ó -anudadas á estilo femenil; cingaleses con los ojos pintados, la cabeza -rematada por una peineta y cierto aspecto intolerable de afeminamiento; -árabes con alquiceles flotantes que marchan lentos y majestuosos; -mujeres del Malabar llevando en sus narices botones de pedrería y -numerosos anillos de plata en los dedos de los pies. También pasa por -las aceras, con trote menudo, la china de zapatillas silenciosas, más -enana y más gorda de lo que es en realidad, á causa de su ancha blusa y -sus holgados pantalones de lustrina negra. - -Dentro de las avenidas céntricas los comercios son europeos, pero en las -vías laterales se nota la misma confusión de ciudad cosmopolita. Los -chinos y los malayos poseen numerosas tiendas, é interpolados entre -ellas figuran templos de diversas religiones: pagodas budistas, -santuarios brahmanistas, iglesias católicas, capillas protestantes. - ---En este puerto de paso--me dice un amigo que hace años vive en -Singapore--han venido á juntarse todas las religiones. Brahma, Buda, -Confucio, Cristo y Mahoma se rozan á todas horas, acaban por mezclarse y -algunas veces hasta se confunden. - -Aquí visito el primer templo brahmanista. Ocupa el centro de un patio, -rodeado de una muralla blanca con pilastras. Sobre estas pilastras, á -guisa de capiteles, hay unas cabras de yeso cuyo tamaño es doble del -natural. Están sentadas sobre las cuatro patas encogidas, y sus cuerpos -son blancos, pero con ojos azules y los hocicos de un rojo sangriento. -Dentro del patio, y al amparo de un cobertizo, veo algunos carros con -imágenes de ídolos pintarrajeadas. Estos vehículos de ruedas macizas -salen en las procesiones organizadas por los bracmanes. - -Tengo que descalzarme para entrar en el santuario, aunque todo él puede -verse desde el patio por estar descubierta su parte delantera. Sobre los -altares hay ofrendas de cirios, cocos y plátanos. - -Van saliendo poco á poco de las boncerías próximas los sacerdotes y sus -ayudantes, atraídos por esta visita inesperada. Son unos hombres de -color obscuro, casi negros, pero con nariz aguileña, y su delgadez -resulta extraordinaria. No tienen sobre su esqueleto más que la grasa -precisa para rellenar las oquedades de los huesos, y aun así se les ven -las aristas del costillaje, de las clavículas y las rótulas. Su -vestidura es una simple tela roja anudada á la cintura. Todos llevan -cabelleras largas, á estilo de mujer, sujetas por un peine de concha. -Hay un niño entre ellos, hijo de alguno de los sacerdotes, al que todos -acarician con esa ternura paternal que los indostánicos muestran por la -infancia. Este sacristancito, espigado y esbelto, va completamente -desnudo. Lleva cabellera larga y peineta como los hombres. Sus partes -genitales las tiene ocultas en una bolsita blanca, única vestimenta que -conoce su cuerpo. - -Singapore está en pleno _boom_, como los otros mercados del Extremo -Oriente. Aquí existe un motivo especial para la prosperidad de los -negocios. El cultivo del caucho, que es uno de los descubrimientos más -importantes de la agricultura moderna, tiene su principal centro en esta -tierra. - -Hace unos cuantos años nada más, el caucho era una materia preciosa que -se producía naturalmente y los aventureros iban á buscar en las selvas -vírgenes de los países situados bajo el Ecuador. Viajando por la América -del Sur conocí á muchos varones enérgicos, de existencia novelesca, que -se lanzaban á través de los bosques inexplorados de Bolivia y el Brasil -en busca de grupos de árboles productores del caucho, llevando una vida -llena de peligros, teniendo que batirse con las fieras, con los hombres -y las enfermedades. La invención del automóvil y otros descubrimientos -recientes, al aumentar de un modo ilimitado el consumo del caucho, -hicieron necesaria la busca de nuevos medios de producción, y el árbol -natural, perdido en las selvas, ha pasado á ser un cultivo -científicamente ordenado y explotado en los países ecuatoriales de Asia. - -Singapore es ciudad inglesa, pero sólo ocupa una punta de la extensa -península de Malaca. Detrás de ella existen el Estado independiente del -sultán de Johore y otros países autónomos, que forman agrupados la -llamada Federación de Estados Malayos, bajo el protectorado de -Inglaterra. - -Visitamos en la ciudad de Johore una parte del palacio del sultán, una -mezquita y el Casino, donde funciona la ruleta. A Johore la llaman el -«Monte-Carlo de Asia», pero cuando nosotros pasamos por ella se notaba -gran falta de jugadores y la ruleta permanecía inactiva á pesar del -_boom_ de los negocios. - -En otras excursiones por cerca de Singapore vamos viendo los campos -plantados de caucho y las fábricas donde se prepara y solidifica esta -materia tan preciosa para las industrias de nuestro tiempo. La -vegetación tropical embellece dichos alrededores, cubriendo con su -exuberante verdor llanuras, barrancos y montañas. El baniano, de ramas -multiplicadoras, cubre espacios enormes; hay campos extensos plantados -de mandioca, principal alimento de la gente popular, y bosques de -cocoteros á lo largo de las playas. - -Dentro de Singapore se muestra el tradicionalismo británico con una -rutina que hace sonreir. Los empleados ingleses, muchos negociantes -jóvenes y los hijos de europeos nacidos en la ciudad se dedican al juego -del fútbol ó del _tennis_ en las praderas de césped que existen dentro -de las plazas. Pero como en Inglaterra estos juegos son por la tarde, en -Singapore se desarrollan á la misma hora, con una temperatura de más de -40 grados, bajo una atmósfera pesada que cubre de sudor hasta á los que -contemplan simplemente la partida. - -El calor de Singapore hace ansiar al viajero una pronta vuelta al buque -y que éste salga cuanto antes á los espacios dilatados del Océano, donde -siempre sopla alguna brisa. La ciudad es atrayente y bella; su -vecindario inspira interés á causa de sus variedades pintorescas, ¡pero -el calor!... No debe olvidarse que Singapore está á menos de dos grados -de la línea ecuatorial. - -Toda su vida europea se concentra en un par de hoteles enormes. El más -antiguo, ó sea el llamado Raffles, figura entre los ochenta grandes -hoteles que conoce invariablemente todo el que da la vuelta al mundo. -Como en él se concentran las diversiones elegantes de Singapore y -cuantos pasan por la puerta del Extremo Oriente vienen á sentarse en las -mesas de su comedor, los mercaderes de la ciudad han establecido puestos -de venta en su piso bajo y el hotel es á modo de un pueblo en eterno -movimiento. - -Vendedores obesos con el rostro de color canela y ojos profundamente -negros ofrecen las famosas cañas de Malaca convertidas en bastones, -elefantes de ébano y marfil, aves del Paraíso traídas de las Molucas, -jarrones de porcelana, telas finísimas con dibujos indostánicos. Las -riquezas de la India se juntan aquí con las de la China y el Japón. - -Encuentro en Singapore á dos damas que hablan nuestro idioma; dos -chilenas distinguidas, la señora Eltin y su hermana, casadas con dos -hombres de negocios del país. Asisto con ellas á un baile en el Hotel -Raffles, que se repite tres veces por semana, y es el centro de reunión -de los blancos. - -Ir á pie es considerado en toda Asia como función deshonrosa. El tranvía -sólo lo emplean las gentes de color. Un blanco se vería desconsiderado -si montase en él, y los mismos que lo ocupan habitualmente mostrarían -extrañeza por tal desconocimiento de las categorías sociales. La -_ricsha_ se acepta como algo medianamente tolerable nada más. El blanco -sólo empieza á contar en las colonias europeas de Asia cuando tiene -automóvil. Durante el baile en el Hotel Raffles, una nube de lacayos, -descalzos, con levita blanca y turbante, se agitan para hacer pasar ante -la escalinata los centenares de automóviles que han ido aglomerándose en -las cercanías. - -Las damas visten como en Europa. El descote y los brazos desnudos les -permiten soportar los trajes de etiqueta de otros climas. Los hombres -van de blanco, con telas ligerísimas fabricadas en China. Todos llevan -_smoking_, pero cortado en este género sutil. Me apresuro á usar por -comodidad tal innovación en mi indumento de ceremonia. - -Durante la tarde he presenciado en los jardines del Hotel Raffles la -primera fiesta de juglares indostánicos, maravillosos escamoteadores que -sacan pajarillos vivos de diversos lugares de sus cuerpos casi desnudos, -hacen crecer plantas á la vista, y después de introducir á un colega -suyo en un pequeño serón, atraviesan éste con una espada repetidas veces -y luego el compañero vuelve á surgir, incólume y sonriente. Todo esto lo -han hecho sin ningún aparato escénico que se preste á trampas, en pleno -jardín, á las cuatro de la tarde, sobre el césped de una pradera. - -Además, nos encontramos por primera vez con algo que nos acompañará por -toda la India. Los encantadores de reptiles colocan sus cestos redondos -de junco rojizo sobre la misma pradera, lanzan los sones plañideros de -una pequeña gaita, é inmediatamente se alzan las tapas de los cestos y -empiezan á remontarse varias serpientes, balanceándose al compás de la -triste música. - -Son completamente distintas á las que se ven en África y América, de -cabeza triangular y cuello delgado. Aquí es la terrible cobra, cuyo -veneno mata en unos segundos, la «naja» de pescuezo hinchado, que parece -llevar una gorguera y encorva cuello y cabeza, considerablemente -dilatados, como si fuesen la hoja de un platanero. En mitad de sus -ejercicios algunas de ellas, seducidas por la frescura del césped, se -deslizan hacia un lado del extenso corro de señoras y caballeros que -presencian el espectáculo. Chillidos femeninos, espectadores que -abandonan los asientos y hacen unos pasos atrás; pero el encantador -agarra á las fugitivas por la cola y tira de ellas, haciéndolas volver -para que sigan danzando... ¡Mas tantas veces he de hablar de este -espectáculo! ¡Lo encontraré con tanta frecuencia durante mi viaje por la -India!... - -Siento miedo al pensar en el suplicio de vestir un _smoking_ negro para -el baile de la noche. En Singapore significa algo así como enfundarse en -una armadura antigua de hierro. Me aconsejan que busque á uno cualquiera -de los sastres chinos que trabajan en los edificios anexos al hotel. -Adopto tal indicación sin ninguna esperanza de éxito. Son las cinco de -la tarde y el baile empezará á las nueve de la noche, después de la -comida. ¡Qué puede hacer un sastre en tan pocas horas!... - -Entro en la tienda. Una docena de chinitos sentados en el suelo cosen y -cosen con pequeñas máquinas. Al mismo tiempo cantan, ríen ó conversan -lanzando una serie de chillidos iguales á los de una banda de gorriones -descarados. - -El dueño, obeso, carilleno, jovial, acoge mi demanda con una sonrisa -protectora y parpadea sus ojitos apenas abiertos. Sabe perfectamente lo -que es la prisa de un europeo llegado á estos países de calor sin la -indumentaria conveniente. Él está aquí para remediar tales olvidos. - ---¿Cuántos trajes desea?--acaba por decirme. - -Me extraña su pregunta. Con uno tengo de sobra, pero debe fijarse antes -de aceptar mi encargo. Lo necesito para esta misma noche, para dentro de -unas horas, y reconozco que el plazo es muy corto. - ---¿Le parece bien que haga cuatro?--sigue diciendo--. Lo difícil es el -primero. Después, lo mismo me cuesta hacer uno que media docena. En -estos países se suda mucho y nunca se tiene bastante ropa. - -Lo que yo deseo saber es el tiempo que necesitará para proporcionarme un -traje blanco, uno nada más, y él contesta: - ---Si me da un traje suyo como modelo le haré los cuatro en una hora; si -es por medida, pido dos horas. - -Dejo que tome mis medidas este maestro jactancioso y jocundo. Mientras -apunta los resultados dice palabras ininteligibles á su personal y toda -la chinería ríe igualmente. Deben estar burlándose de mí. - -Me voy un poco amoscado, seguro además de que todo lo prometido -resultará mentira. Ni cuatro trajes, ni uno siquiera. De recibirlos, lo -más pronto será mañana. - -Vuelvo dos ó tres veces al azar de mis paseos ante la tienda del sastre. -El maestro, detrás de su mostrador, corta y corta en una pieza enorme de -tela blanca; los chinitos, acurrucados en el suelo, cosen y cosen, entre -una algarabía de jaula revuelta. Me reconocen al pasar, ríen, me hacen -señas incomprensibles. Sin duda siguen burlándose del cliente -extranjero. - -Transcurren dos horas. A las siete, poco antes de la comida, vuelvo -lentamente hacia la tienda del chino. Reflexiono sobre la conveniencia -de dar un bastonazo oportuno para suprimir este regocijo chinesco que -se permiten á costa de mi persona... Encuentro cerrada la puerta. Lo -que yo temía. Volveré mañana, para ver si el «maestro» piensa seguir -fisgándose de mí. - -Al entrar en el Hotel Raffles me llama el conserje y veo á un muchacho -con dos ligeros paquetes; uno de los mismos chinitos que cosía en el -suelo con las piernas cruzadas. El empleado del hotel me traduce el -mensaje del sastre: - ---Aquí tiene los cuatro trajes. Hace media hora que está el _boy_ -esperando para entregárselos, ¡pero como no sabía el nombre de su -cliente!... No se los pague al chico. Ya se los pagará usted al sastre -cuando le parezca. - -Y á las nueve de la noche me visto uno de los _smokings_ blancos, sin -defecto alguno, igual á todos los que usan los elegantes de Singapore. - - - - -XX - -LA CIUDAD DE LOS ELEFANTES - - La muerte del más gordo de los «stewards».--Una mosca - javanesa.--Cadáver al agua.--El río de Rangoon.--La famosa pagoda - de Shway Dagon.--Todos bonzos.--La superioridad de la mujer - birmana.--Sus enormes cigarros.--Los serpenteros de Rangoon y sus - pupilas.--Abundancia de elefantes.--Su inteligencia y sus - trabajos.--Hombres con pendientes y peinado de mujer.--La policía - pega. - - -Seguimos el extenso callejón marítimo del estrecho de Malaca--el más -largo de nuestro planeta--, y al final entramos en el mar de las Indias -y su prolongación el golfo de Bengala. - -Vamos á Birmania, en la ribera Este de dicho golfo, y el _Franconia_ -costea durante tres días la dilatadísima península malaya, pasando junto -á los archipiélagos tendidos ante ella. - -Dos días después de nuestra salida de Singapore me dicen en secreto que -alguien ha muerto en el buque y á las diez de la mañana arrojarán su -cadáver. Nos faltan veinticuatro horas para llegar á Rangoon, pero el -desembarco en dicho puerto no es fácil. Los grandes vapores quedan -anclados en el río á gran distancia de la ciudad. Además, por exigencias -sanitarias, conviene desembarazarse cuanto antes de dicho cadáver. - -El que murió es un criado de comedor, un _steward_ que llamaba la -atención por ser el más gordo del buque; inglés rubicundo, alto y -cuadrado, con un peso de 110 kilos. Al bajar en Batavia le picó una -mosca, sin que en el primer momento diese importancia alguna á este -incidente. En el trayecto de Java á Singapore la simple picadura se -enconó como si fuese de un reptil venenoso y anoche ha muerto -completamente desfigurado, con las facciones tumefactas y ennegrecidas. -Esto no es extraordinario. En los países tropicales, insectos en -apariencia inofensivos transmiten infecciones de muerte. - -Este pobre _steward_ es el segundo que cae en nuestro viaje. El joven -americano que vino moribundo de Pekín á Shanghai ha conseguido salvarse -en la enfermería del buque. Aún está convaleciente y no baja á tierra. -Tal vez termine su viaje alrededor del mundo sin ver otra cosa que -puertos de ciudades lejanas y extensiones desiertas de Océano, pero -habrá conservado su vida. Este atleta rubicundo y alegre, que durante la -última guerra sirvió en varios buques que fueron torpedeados, salvándose -de la explosión mortal y de las llamas del incendio, ha caído finalmente -por obra de una mosca de Java y está abajo, negro como si su cadáver -fuese de carbón, putrefacto en breves horas, siendo una amenaza para la -existencia de los demás, un foco de contagios exóticos é inexplicables. - -No quiere el comandante que se divulgue la noticia de tal defunción. La -vida ordinaria del paquebote debe continuar como todos los días. Los -pocos viajeros conocedores del suceso seguimos á las gentes del buque -que disimuladamente se dirigen hacia la popa por los corredores -destinados al servicio. - -Hay en el _Franconia_ toda una parte que ignoran los pasajeros: galerías -por donde puede correr la marinería de popa á proa, sin necesidad de -atravesar los salones y escalinatas de lujo. Con estas galerías se -comunican los departamentos de máquinas, los depósitos de víveres, las -cocinas y otras dependencias. Son como los pasadizos y escaleras de -servicio que existen en los grandes hoteles. - -Nos deslizamos por una puertecita generalmente inadvertida y caemos en -pleno movimiento de las gentes que sirven las múltiples necesidades de -este palacio flotante. Los _stewards_ marchan todos hacia la popa -rápidamente, deseosos de que no se percaten de su ausencia los señores -que están arriba. Llegamos á un amplio espacio descubierto por tres de -sus caras y con techo, situado sobre el timón, en la parte más saliente -de la popa. Cerca están los talleres de lavado, y las mujeres que -trabajan en ellos suspenden sus operaciones para unirse á la fúnebre -despedida. - -Muchos pasajeros han comprado pájaros en los puertos del Extremo -Oriente, entregándolos á hombres de la tripulación para que los cuiden -fuera del ambiente de sus camarotes, y es en este lugar donde permanecen -guardados dentro de jaulas pendientes del techo. Surge de ellas un -continuo trino de canarios y calandrias que la paciencia china convirtió -en incansables cantores. - -Se van agrupando en dicha parte del _Franconia_ unos trescientos -hombres. Todos llevan su uniforme azul de gala, con botones dorados, -ropa que les hace sudar en esta mañana cálida. El capitán llega seguido -del estado mayor del buque y se sitúa junto al féretro. Es un cajón de -madera blanca construído horas antes. Una bandera lo cubre por entero -con sus rayas de colores. Lo han depositado sobre una tabla colocada en -el mismo borde de un portalón abierto en la barandilla. No hay más que -hacer un movimiento de palanca, y el féretro, arrastrado por la pesadez -de los hierros encerrados en él, se irá á fondo inmediatamente. - -Uno de los oficiales, encargado de las lecturas religiosas todos los -domingos, recita las oraciones propias del acto. Varios grumetes van -distribuyendo libros entre el compacto gentío: volúmenes de salmos, -encuadernados en chagrín negro. - -Suena una música dulce y quejumbrosa. La orquesta del buque permanece -invisible en esta aglomeración de hombres que escuchan con la frente -baja. Todos abren su libro y se inicia un canto religioso, un coral de -numerosas estrofas, que se prolonga media hora. Ya dije que esta gente -canta bien, y la melancolía de sus voces, el lamento de los violines, el -féretro embanderado que cada vez se inclina más sobre el abismo, la -extensión azul y dorada del mar desierto, un cielo por cuyo horizonte -resbalan lentamente montañas de vedijas blancas, todo da un interés -emocionante al triste episodio de nuestro viaje. - -Las aves que penden del techo, enardecidas por este coro de centenares -de voces se unen á él lanzando trinos ruidosos. Cantan con una energía -que eriza sus plumas é hincha sus gargantas como si fuesen á -desgarrarse. - -De pronto un chapuzón en el mar, una pequeña columna de espuma que -asciende recta como un surtidor. Obedeciendo á un leve signo del -comandante, los marineros han dejado caer el féretro cuando menos lo -esperábamos. Nadie se mueve; continúa el cántico. El _Franconia_, que -había aminorado su marcha, vuelve á agitar las hélices á toda velocidad. -Ya debe estar el muerto muy lejos de nosotros, pero siguen los lamentos -musicales por su eterno reposo. - -Cesa al fin el salmo fúnebre. Las trompetas lanzan un toque marcial -indicando que la energía y el trabajo diarios para vencer al peligro van -á reanudarse. Los grumetes recogen en cestos los libros de plegarias. El -capitán y sus oficiales saludan y se retiran. Todos van á despojarse -apresuradamente de sus uniformes azules para recobrar las prendas -blancas de diario. A los pocos minutos me veo solo en este lugar donde -se aglomeraban tantos hombres. - -Vuelven á funcionar las máquinas del taller inmediato, exhalando un olor -de ropa mojada y lejía batida. Las mujeres de brazos arremangados mueven -otra vez sus planchas. Y los pájaros, dentro de sus cárceles -balanceantes, siguen cantando furiosamente, excitados aún por la música -humana que vino á interrumpir sus conciertos solitarios. - -El mar es al día siguiente de un verde amarillento; horas después se -hace rojizo, y al final toma un color terroso tan denso, que nuestro -buque parece deslizarse por una llanura. Hemos entrado en el Irrawady, -río de Rangoon, y debemos remontarlo muchas millas hasta llegar al sitio -donde fondean los trasatlánticos de importancia, no pudiendo ir más -adelante. El canal navegable está marcado por dos filas de boyas y los -buques trazan grandes revueltas al seguirlo. - -Las riberas son amarillas y bajas, con estrechas zonas de fresco verdor. -A largos trechos hay grupos de árboles que indican la existencia de -casas invisibles. Pasan cerca de nosotros barcas pintadas á cuadros -blancos y negros, y sus tripulantes, medio desnudos, mueven unos -canaletes terminados por paletas completamente redondas. Algunas veces -el grupo de árboles deja ver las techumbres de paja de un pueblo y sobre -ellas una pirámide en forma de campanilla, que es el adorno central de -todas las pagodas birmanas. En las ciudades esta misma pirámide se halla -cubierta de oro. Aquí es blanca, con una costra de cal cuidadosamente -mantenida. - -Con el desplazamiento de su volumen dentro de esta agua canalizada, -levanta nuestro vapor grandes olas entre su casco y la orilla. Veleros -de arboladura mixta, medio asiática y medio europea, que se deslizan en -dirección opuesta, cabecean con violencia, cual si hiciesen frente á una -tempestad. Las olas cortas y continuas no les dan tiempo para levantarse -y volver á caer rítmicamente, como en el mar. Pero la marinería malaya -no presta atención á tales sacudidas, que hunden el extremo de su proa, -y acodándose en las bordas contempla inmóvil el paso de nuestro -trasatlántico. - -Anclamos en el fondeadero de Hastings, lejos de Rangoon. Sus edificios -modernos y las cúpulas de oro de sus pagodas se ven algo esfumados por -encima de las arboledas de los jardines. Unos vaporcitos nos llevan á la -ciudad, navegando á través de numerosos paquebotes y veleros que han -podido avanzar más en el río, anclando según su calado. - -Al saltar á tierra nos damos cuenta de que acabamos de entrar en un -mundo distinto á los que conocimos en anteriores escalas. Estamos en la -India; pero una India más colorinesca y alegre que la famosa y -tradicional que veremos semanas después. - -Birmania es la última adquisición de los ingleses en el Oriente índico. -Hace unas decenas de años nada más aún existía un reino de Birmania. Al -anexionarse Inglaterra á este país, su capital, Mandalay, situada en el -interior, á veinticuatro horas de ferrocarril, ha perdido su antigua -importancia. Rangoon, puerto principal de todo el Este del golfo de -Bengala, absorbe la vida de los países inmediatos. - -No se nota aquí el cosmopolitismo de Singapore. Los habitantes son -puramente birmanos. Pero la importancia religiosa de la ciudad, á causa -de la célebre pagoda llamada Shway Dagon, atrae numerosos peregrinos de -todos los países budistas, hasta de las provincias más interiores de la -China. - -El budismo es una religión en decadencia. Posee aún centenares de -millones de adeptos porque la China y el Japón abrazaron las doctrinas -del innovador Gautama. Pero este sacro personaje, nacido en la India, -después de ver aceptados sus dogmas en su propia patria quedó vencido -por el brahmanismo, que se rehizo de su primera derrota, reconquistando -finalmente la mayor parte del país. - -Hoy sólo quedan dos centros del budismo en toda la India: Ceilán y -Birmania. En Ceilán está la ciudad de Kandi con su pagoda, que guarda un -diente de Buda. En Birmania los peregrinos van á Rangoon para visitar la -Shway Dagon, edificada sobre tres cabellos del sacro personaje. - -A pesar de que son muchísimos los peregrinos que llegan de la China, del -Tibet y otros países lejanos, apenas se nota su presencia, por quedar -como sumergidos en la gran masa birmana. - -La muchedumbre de Rangoon agrupada en las calles es habladora, -comunicativa, y siente curiosidad por todo. Ama los colores vistosos y -los emplea con preferencia en sus trajes. Fanáticamente budista, -considera el estado sacerdotal como el más perfecto, y procediendo -lógicamente, todos los rangoneses procuran ser bonzos, aunque sólo sea -durante un corto período de su juventud. Los hombres antes de casarse se -agregan á cualquiera boncería, llevando una existencia semejante á la de -los novicios en un convento católico. Lo que les importa es poder -afeitarse la cabeza por entero, al modo sacerdotal, y llevar como -vestidura una tela de varios metros arrollada al cuerpo, lo mismo que la -antigua toga romana. Como este hábito tiene un tinte de azafrán fuerte -y vistoso, la enorme cantidad de bonzos perpetuos ó circunstanciales -refuerza el aspecto multicolor de las muchedumbres. - -Los hijos de familia acomodada son pequeños bonzos de exterior pulcro, -con anteojos de concha los más de ellos y manto de azafrán muy amarillo, -que tiene de lejos el color del oro. Los bonzos mendicantes, -extremadamente delgados, ofrecen un aspecto grotesco por el abultamiento -de su vientre. Cuando pasan ante una tienda desenvuelven su manto -descolorido y revelan el misterio de su incomprensible obesidad sacando -á luz una olla de metal en la que van recogiendo las limosnas de los -devotos; su única comida. - -Una particularidad del pueblo birmano, que no se repite en ningún otro -de Asia, es la supremacía que gozan las mujeres sobre los hombres. Esta -superioridad ha servido para que la birmana sea de inteligencia -despierta, con una gracia algo maligna y gran habilidad para el manejo -de los negocios. - -Muchas de las tiendas de Rangoon están dirigidas por mujeres. En las -calles hablan á los hombres con voz fuerte y una expresión autoritaria. -La esposa marcha siempre delante, seguida del marido. Además, según me -dicen, son ellas muchas veces las únicas que ganan dinero para el -sostenimiento de la familia. Esto resulta extraordinario en Asia luego -de haber visto la japonesa y la china, criaturas supeditadas -completamente al hombre. En el resto de la India la mujer es tan esclava -del marido, que hace menos de un siglo todavía se quemaba sobre la pira -sepulcral de éste, por considerarse incapaz de continuar viviendo sin su -apoyo. Hoy seguiría quemándose lo mismo, si lo permitieran las -autoridades inglesas, pues la viudez representa para la indostánica el -más horrible y absoluto de los olvidos. - -La mujer birmana es de ojos negros, algo oblicuos, pero más grandes y -saltones que los de otras asiáticas. Como puede expresarse libremente, -esto comunica á sus palabras y actitudes cierto atrevimiento incitante. -Todas ellas resultan un poco cabezonas, pero tal vez sea á consecuencia -de su tocado, que consiste en un gorrito redondo de terciopelo, con una -gran rosa blanca de perlas que cuelga por el lado derecho, y la -cabellera en bandós muy ahuecados. Además, todas son de pequeña -estatura, y sus miembros algo gráciles no armonizan bien con la amplitud -de su busto. - -Su boca es más atractiva que las de muchas asiáticas--especialmente las -javanesas--, porque no masca el betel, que hincha los labios, ennegrece -los dientes y escoria las encías. En cambio, las birmanas se entregan á -otro vicio que hace apestante su aliento. Todas ellas son fumadoras, -terriblemente fumadoras, como no lo es ningún hombre. - -Ignoran el cigarrillo y desconocen también el cigarro de forma elíptica -que usan los occidentales. Lo que ellas fuman á todas horas es un -cilindro de hojas de tabaco muy apretadas, igual por sus dos extremos, -largo más de un palmo y con el grueso de un barrote de silla. Tan enorme -es el diámetro de estos cigarros, que toda birmana, por grande que tenga -la boca, debe abrir mucho las mandíbulas y poner los labios en círculo -para abarcar con ellos su final, lo que da un aspecto cómico á las -chupadas de la fumadora. Y como son un poco enanas, según ya he dicho, -parece que vayan adheridas á sus enormes cigarros y que éstos tiren de -ellas. - -Unas llevan arrolladas á sus piernas piezas de seda con flores pintadas; -otras usan pantalones anchos como las chinas. Su busto lo cubren con una -camiseta corta que deja visible por arriba el arranque de los pechos y -muestra por abajo, entre las dos prendas, un reborde de la carne del -talle. Su tocado consiste unas veces en el gorrito obscuro, con la rosa -de falsas perlas pendiente á la derecha, y otras en un rodete de adornos -blancos sobre el peinado, que huele á jazmín. - -La libertad de que gozan va acompañada, según dicen, de excesos y -abusos. Como vieron desde pequeñas dentro del hogar la superioridad -autoritaria y algo despectiva de la madre sobre el padre, continúan -menospreciando al hombre, por creerlo inferior, y lo reemplazan con -demasiada frecuencia. Todas aman la música, la danza, los cantos, y la -ilusión de muchas de ellas es poder ingresar en las compañías de baile y -de juglares que circulan por el país. - -Apenas damos unos cuantos pasos en un jardín vecino al desembarcadero, -salen á nuestro encuentro las especialidades animales de la India. Oímos -la estridencia de diversas gaitas surgiendo de los grupos de naturales -situados en las aceras inmediatas. Los domadores de serpientes, -acurrucados sobre el asfalto, hacen sonar sus plañideros instrumentos, -mientras del semicírculo de cestos que tienen ante ellos van surgiendo -reptiles de cuello hinchado. - -Aquí los serpenteros son más numerosos que en Singapore. Los hay de -todas las edades. Unos adolescentes, gritones y confianzudos, agarran la -terrible cobra con sus dos manos y vienen hacia nosotros para que la -contemplemos de cerca. Estos novicios deben haber heredado de sus padres -la colección de reptiles que les proporciona el arroz. - -Hay cobras que se agitan medio adormecidas, con el aire del que cumple -maquinalmente una obligación diaria. Otras parecen furiosas, y sus -dueños las tratan con visibles precauciones, rehuyendo los golpes que -les tiran á las manos con su boca silbante. Todos creen que estos -hombres arrancan á sus reptiles los colmillos venenosos y emplean además -con ellos otros procedimientos para dominarlos. Así será, pero los tales -medios no deben ser perfectos, ya que todas las semanas hablan los -periódicos de la muerte casi fulminante de alguno de estos encantadores -á consecuencia de un mordisco de sus pupilas. - -Empleamos algún tiempo en presenciar tales danzas. El calor es sofocante -en las calles; las moscas pululan sobre las aceras, se suben por la piel -rugosa de las serpientes, picoteando sus escamas verdes, blancas y -rojizas, se pasean por la gorguera inflamada de su cuello hinchado y -luego vienen hacia nosotros. ¡No!... ¡Vámonos! - -En el centro del jardín suenan gritos de regocijo y acude corriendo la -gente. Vemos sobre las cabezas de la muchedumbre el lomo gris y redondo, -el cráneo prehistórico, con rudas oquedades y aristas, de varios -elefantes. - -Rangoon es la ciudad de los elefantes, y para nuestra diversión han sido -enviados al jardín los más célebres por su inteligencia. - -Horas después, al visitar los alrededores, vemos los grandes depósitos -de madera, principal industria de la población. Es madera pesadísima, -troncos cortados en el interior de Birmania que tienen la dureza del -hierro. Los elefantes se encargan de acarrear estas piezas y colocarlas -en ordenados montones. No podrían realizar los hombres dicho trabajo con -la rapidez y la facilidad que lo ejecutan ellos. Todos llevan una -especie de cincha de la que pende una cadena rematada por un gancho. Así -toman los enormes maderos de la orilla del río y los arrastran hasta el -aserradero. Cuando deben colocarlos en pilas los levantan con su -trompa, y realizan tal labor sin vacilación alguna. - -Se ha exagerado algo la inteligencia de este animal al querer igualarla -con la del hombre. Sin embargo la creo muy superior á la del resto de -los animales. Es un poco tarda, un poco espesa en su curso, pero se -desenvuelve indudablemente siguiendo un encadenamiento de raciocinios -lógicos. - -Las dos parejas de elefantes que salen á nuestro encuentro en el jardín -del desembarcadero son cuatro celebridades, que muestran una -superioridad de artista sobre los cientos de camaradas empleados en los -depósitos de maderas. Cada uno de ellos sostiene sobre su lomo á un -indio que le habla cariñosamente y lleva las manos libres, sin emplear -el bastón de que se valen otros conductores para hacerse entender. - -Han arrojado una pelota de fútbol en medio de la pradera, y los -elefantes se mueven con una ligereza extraordinaria, dada la pesadez de -su especie, enviándose aquélla con la trompa y recogiéndola igualmente -antes de que toque el césped. Las evoluciones de este juego nos hacen ir -de un lado á otro, deseosos de no perder detalle y evitando al mismo -tiempo que nos pille un pie cualquiera de estas patas redondas como -torres que dejan profundas huellas en la hierba. - -Unos trabajadores de la ciudad traen pesados maderos, y estos animales -los manejan con su trompa á la voz de mando de sus conductores. Dos de -ellos agarran un largo tronco por sus extremos para subirlo y bajarlo -acompasadamente. Otros trabajan solos y un madero de varios quintales lo -hacen girar con la ligereza de un bastoncillo. - -Llama mi atención la muchedumbre que se ha ido aglomerando en torno á la -pradera. Los naturales de Rangoon, siempre ociosos y callejeros, -sienten excitada su curiosidad por esta fiesta extraordinaria. - -Las mujeres no muestran interés por los elefantes y siguen su camino, -dando chupadas al enorme cigarro. Los hombres miran tales juegos con un -entusiasmo infantil. - -Casi todos estos varones son de gran belleza física. Aquí empieza á -verse el hombre blanco, perfectamente blanco, que existe en la India -entera, mezclado con otros indostánicos cobrizos y casi negros. -Representa el tipo ario ideal, que tal vez sólo existió en la -imaginación de algunos autores. - -Vestidos con una especie de sábana blanca arrollada lo mismo que una -toga, recuerdan las figuras escultóricas de la antigüedad helénica. -Todos llevan pendientes, pero con una abundancia que no deja sin -aprovechamiento ninguna de las prominencias de su rostro. Empiezan por -colgarse dos de cada oreja: uno en el lóbulo y otro en lo alto del -pabellón auricular. Después de colocados estos cuatro adornos todavía -sitúan en su cara un quinto pendiente, colgándolo de una aleta de sus -narices ó de un agujero que perfora su tabique central. Además, estos -hombres, blancos y hermosos, que no tienen ningún aspecto femenino, y -cuyo perfil aguileño recuerda el de muchos héroes, llevan la cabellera -larga y enroscada en forma de rodete sobre la cúspide de su cráneo. - -El ansia de ver mejor les hace avanzar, estrechando su círculo, quitando -terreno al escenario de la fiesta, y lo que es más grave, mezclándose, -no obstante su inferioridad de raza, con todos nosotros. Presiento que -esto va á acabar mal. - -La autoridad anglo-india no puede tolerar un olvido tan insolente de la -diferencia de castas. Acompañando á nuestros grupos se mueven dentro -del jardín varios policías indostánicos, barbudos y con turbante. -Igualmente vienen con nosotros desde que desembarcamos, ciertos -individuos de casco blanco y vestimenta civil, que tienen la tez sucia -del mestizo y su aire vanidoso. Como bastón llevan un vergajo. Son de la -policía secreta. - -De pronto se dan cuenta de este avance del público indígena y marchan -contra él dando gritos de cólera. Empujan á los grupos, y á pesar de que -retroceden obedientes, levantan sus vergajos para acelerar la retirada -general, repartiendo golpes á mansalva. - -Los hombres más hermosos y esbeltos de la tierra huyen murmurando -protestas, cual si fuesen niños. Sus vestiduras blancas aletean -ridículamente con la precipitación del miedo. Un poco más allá vuelven á -detenerse con pueril indecisión, temiendo los garrotazos de sus -compatriotas al servicio de los ingleses, pero sin querer privarse de -presenciar los juegos de los elefantes. - -Siento indignación ante tal atropello. Indios que pegan á los indios... -¡miserables! - -Luego pienso en Europa, donde la policía blanca golpea igualmente á los -blancos. - - - - -XXI - -LOS TRES CABELLOS DE BUDA - - El aspecto de Rangoon.--Los Lagos Reales y sus peces - sagrados.--Europeos de Rangoon que no han visitado nunca la pagoda - de los tres cabellos de Buda.--Miedo á las muchedumbres de - peregrinos.--El orgullo británico y los pies desnudos.--Un entierro - de fanáticos de Madrás.--El templo más antiguo del mundo.--La - interminable escalera, su mercadillo y su basura.--La montaña de - oro, centro de la meseta sagrada.--Pagodas, pagodones y - pagodines.--Gran variedad de imágenes de Buda.--Mi amigo el joven - bonzo.--Cosas horripilantes y curiosas que me enseña. - - -Las calles de Rangoon ofrecen una novedad para el viajero que llega del -Extremo Oriente. No se ve en ellas ninguna _ricsha_. Después de -Singapore el hombre ya no sirve de bestia de tiro á sus semejantes. - -Abundan los animales en la India, y el caballo ó el buey resultan más -baratos para la tracción que el brazo humano. El indostánico es de -musculatura débil, y se necesitan varios de ellos para hacer el mismo -trabajo que realiza fácilmente un chino ó un japonés. Como los -rangoneses son budistas, no existen aquí animales sagrados, y el buey -tira de los carromatos y hasta va enganchado en parejas á una especie de -tílburi ligero que usan las familias del país y tiene como toldo una -sombrilla de cartón pintado. - -Empiezan á encontrarse carruajes de alquiler arrastrados por caballos, -lo mismo que en Europa; pero estos vehículos tienen un aspecto -indostánico. Son una especie de landós cerrados, y su madera guarda el -color natural bajo una capa de barniz. El cochero, sentado en un -pescante muy alto, lleva grandes barbas y usa el mismo gorro que los -policías sikis. Los haces de hierba para el pienso de sus dos bestias -los guarda previsoramente amontonados en el techo del carruaje. También -hay automóviles de alquiler, y estos vehículos los emplean con -preferencia los viajeros que no quieren encerrarse en coches birmaneses, -cuyos caballos marchan con soñolienta lentitud. - -Visitamos la parte moderna de la ciudad, los barrios construídos por la -dominación británica, vaga copia de la metrópoli tal como puede -recordarse á una distancia de miles de leguas. - -En las grandes plazas jardineadas hay estatuas de la Reina Victoria y -Eduardo VII. También vemos un monumento en conmemoración del jubileo de -dicha soberana, primera emperatriz de las Indias. Pasamos ante diversos -palacios, que son del gobernador, de los secretarios de Estado, del -Tribunal Supremo, todos con fachadas de piedra negruzca é idéntica -arquitectura que si se reflejasen en las aguas del Támesis. Existen dos -catedrales, una protestante, otra católica, y la gran mezquita, elevadas -en los últimos años. - -Dentro de las modernas avenidas, que tienen de cincuenta á cien metros -de anchura, como recuerdo de la antigua ciudad birmana, cuyos edificios -desaparecieron en gran parte, surgen á trechos algunas pagodas rodeadas -de un círculo de pagodines, elevando sobre los otros edificios el remate -de su cúpula de oro en forma de campanilla. - -Fuera de la ciudad corremos por caminos polvorientos hacia un gran -parque formado sobre los antiguos jardines de los reyes de Birmania. -Como recuerdo de dicha época, que parece remotísima y está separada de -nosotros por menos de medio siglo, quedan dos lagos, que la gente llama -aún Lagos Reales. Uno de ellos tiene una isla con un sauce, un kiosko y -un puente, semejante á la del «Jardín del Mandarín» de Shanghai. En sus -aguas nadan unos animalejos negros y monstruosos que parecen grandes -sanguijuelas con aletas. Son los peces sagrados del antiguo reino de -Birmania, y en dicha época si alguien osaba pescarlos corría el riesgo -de que le cortasen la cabeza. Ahora, el guardián indígena, que echa al -agua unas semillas redondas para atraer sus interminables enjambres, nos -enseña un bocal vacío y nos propone en voz baja vendernos como recuerdo -algunos de dichos gusarapos. - -Un deseo obsesionante nos acompaña, y deseamos terminar la visita de los -jardines para realizarlo cuanto antes. Queremos ver la célebre pagoda de -Shway Dagon. - -Algunos europeos residentes en Rangoon muestran extrañeza al enterarse -de nuestro deseo. Los hay que llevan seis años viviendo en la capital de -Birmania y nunca se les ocurrió visitar esta pagoda, cuya cúpula -luminosa ven todos los días lejos de la ciudad, por encima de arboledas -y tejados, brillando como una montaña de oro. Sienten repugnancia al -pensar en las peregrinaciones miserables que llegan á este templo del -misterioso centro de Asia. Conocen por relatos de visitantes las -suciedades contagiosas de tales muchedumbres. Además repugna á su -orgullo de raza tener que aceptar ciertos preliminares molestos que -exigen los bonzos para permitir la entrada en su recinto. - -Hablo con oficiales ingleses de la guarnición de Rangoon, y ninguno de -ellos ha estado en dicha pagoda. Otros compatriotas suyos, comerciantes -ó funcionarios civiles, se han abstenido igualmente de tal visita. -Tendrían que entrar descalzos en el templo, pero con los pies -completamente desnudos, pues los bonzos ignoran la invención europea de -los calcetines, y no quieren proporcionarles el gusto de poder infligir -á sus dominadores tal humillación. - -Me hablan de tisis, lepra, peste bubónica y otras enfermedades de las -multitudes devotas que visitan la famosa pagoda y á veces se quedan en -ella por muchos días. Sólo algún viajero de gustos raros, algún artista -de los que buscan á todo trance espectáculos pintorescos, puede pasar -por las humillaciones y contagios que supone tal visita. - -Voy á la pagoda Shway Dagon. Juzgo imperdonable haber venido á un país -tan alejado de la corriente general de viajeros, como es Birmania, haber -visto de lejos el cono luminoso de este templo célebre en lo alto de una -colina, y no subir á dicha plataforma, donde se agrupan innumerables -santuarios de caprichosa suntuosidad. - -Al dirigirnos hacia el templo, otra vez por caminos abundantes en polvo, -nos cierra el paso un cortejo. Vemos hombres desnudos y completamente -blancos que saltan ante nuestro automóvil con los brazos abiertos para -indicar al chófer indostánico que debe hacer alto. Acostumbrados á la -vista de hombres amarillos, cobrizos ó achocolatados, nos causa -extrañeza la desnudez de estos blancos, iguales á nosotros, que sólo -llevan un andrajo entre las piernas. - -Tienen en sus ojos un brillo inquietante. Sobre sus frentes se levanta -una cabellera que, anudada en el cogote, cae por la espalda como un -manojo de crines. Detrás de ellos suena el estrépito inarmónico de -varios bombos y címbalos. Otros hombres, igualmente blancos y desnudos, -danzan al son de esta música una especie de baile pírrico. Extienden al -mismo tiempo un brazo y una pierna ó los encogen, quedando en actitudes -semejantes á las que aparecen en los antiguos vasos griegos. Todos -tienen en sus ojos una luz malsana, como si se hallasen bajo la -influencia de drogas perturbadoras. - -Dejamos pasar esta vanguardia de locos, y á continuación se desliza -junto á nuestro automóvil una carroza fúnebre, blanca y encristalada. En -el interior de su urna va el muerto, completamente visible, desnudo y -tendido sobre un lecho de hojas. Racimos de plátanos y haces de flores -adornan los cuatro lados del vehículo. Nuestro chófer nos explica que es -un entierro al estilo de Madrás, y todos estos diablos blancos que -acompañan al camarada difunto con su danza guerrera pertenecen á la -misma cofradía religiosa. - -Se va alejando la música estridente y seguimos nuestro camino. La -entrada de la Shway Dagon se puede adivinar mucho antes de verla, por -los grupos de naturales que, viniendo de distintos puntos, se juntan -para seguir una misma dirección. En esta muchedumbre pintoresca las -manchas azafranadas de los bonzos son cada vez más numerosas. - -Ocupa la célebre pagoda toda una colina, y su entrada empieza al pie de -esta eminencia, viéndose obligados los visitantes á subir una escalera -de ciento veinte peldaños para llegar á la plataforma donde se halla el -verdadero templo. Lo más molesto es tener que descalzarse al principio -de dicha escalinata y ascender por ella con los pies completamente -desnudos. - -Unas familias inglesas miran con asombro nuestros preparativos desde lo -alto de sus automóviles. Han venido hasta aquí para ver de lejos una -parte de la escalinata cubierta y la muchedumbre indígena que sube por -ella. Solamente para satisfacer esta curiosidad traen todos ellos medio -rostro tapado con velos que sin duda fueron sumergidos previamente en -diversos líquidos antisépticos. - -Confieso que la humanidad amarilla, blanca y cobriza que se roza con -nosotros no exhala perfumes agradables para un olfato europeo. Huele á -sándalo falsificado del que se quema en las pagodas, á sudor frío, á -fiebre. Pero ya es tarde para arrepentirse. ¡Arriba! Vamos á conocer la -ciudad religiosa que se ha ido amontonando en el transcurso de veintidós -siglos en torno á un cono gigantesco de mampostería construído sobre una -reliquia. Este templo es el más antiguo del mundo. Ninguna religión de -las que existen actualmente puede presentar otro que haya abierto sus -puertas por primera vez á los fieles hace dos mil cuatrocientos años. - -Conozco su historia. Al morir Buda, dos discípulos suyos que eran -birmanos cortaron tres cabellos de la cabeza del santo maestro y los -trajeron á Rangoon, su patria, que existía entonces con distinto nombre -al pie de esta colina. Metidos en un relicario de oro, los enterraron -bajo los cimientos del cono central de la pagoda, que asciende á una -altura de ciento diez metros. - -Este cono, que unos comparan por su forma á una campanilla y otros á un -quitasol asiático de boca estrecha y remate puntiagudo, tiene ocultos -sus ladrillos bajo una capa de hojas de oro. Su punta está enriquecida -con cuatro mil seiscientas piedras preciosas incrustadas en ella: -diamantes, rubíes, esmeraldas. Ningún humano puede verlas. Sólo las -conocen las aves de vuelo alto y los espíritus celestes. Pero los -devotos saben que existen, y esto les basta. El tributo al cielo no -puede ser más discreto y limpio de vanidosas ostentaciones. - -Forma el pináculo de este macizo siete círculos antes de llegar á su -extremo final, y penden de ellos cien campanillas de oro y mil -cuatrocientas de plata. También representan un homenaje desinteresado á -la divinidad, pues nadie puede verlas de cerca. Mas cuando sopla la -brisa todas las campanillas se estremecen á la vez y desciende hasta los -fieles una música argentina y vagorosa que les hace pensar en el canto -de los _tomines_, ángeles del cielo budista. - -Me siento en el primer peldaño de la escalinata del templo, y con ayuda -de un jovenzuelo rangonés que se ha diputado á sí mismo como mi guía y -traductor gesticulante, me quito los zapatos, luego los calcetines, y -quedo sin más que mi traje blanco, un casco de corcho del mismo color y -un bastoncito que me sirve de apoyo. - -Los hombres civilizados cultivamos la finura y limpieza de nuestros pies -lo mismo que la de nuestras manos, y esto sirve para que nos -consideremos disminuídos y humillados por repentina debilidad al perder -los zapatos. Representa á veces cierto placer marchar descalzos por una -playa ó una habitación; pero sentimos acobardamiento al colocar nuestras -finas plantas sobre una tierra pedregosa que sólo puede ser hollada con -pies duros y primitivos, férreamente calzados por recias callosidades. - -Empiezo á subir la escalinata con paso vacilante de ebrio. Noto desde -los primeros peldaños que este monumento religioso, como todos los de -Asia, es una mezcla confusa de antigüedad venerable y fragilidad -moderna. Hace más de dos mil años, en tiempos de Mario y de Julio César, -ya subían por esta escalera gentes devotas como las que se codean ahora -conmigo y tal vez curiosos escépticos iguales á mí. Pero las -construcciones asiáticas sólo tienen una parte sólida, que dura largos -siglos, y todo el resto se compone de materias frágiles y formas -graciosas, que es preciso renovar cada veinte años. - -La escalinata, toda en línea directa, tiene, por suerte, varios rellanos -intermedios. De ser en escalones continuos, daría vértigos. Estos -peldaños aparecen desiguales y de materias diversas. Los hay de mármol -que aún guardan borrosos relieves de una escultura milenaria; otros más -recientes son de ladrillos, de asfalto ó de simple tierra apisonada, al -azar de las recomposiciones. Algunos, suaves y dúctiles, se dejan -dominar por el pie sin imponer fatiga alguna; los más se resisten á ser -montados, como las cabalgaduras bravas, y hay que elevar mucho la -rodilla para dominar su lomo. - -Una techumbre de madera con pinturas religiosas cubre esta escalinata y -á los dos lados de su graderío se van elevando los puestos de un -mercado. Los rangoneses venden en él figurillas sagradas, juguetes -grotescos, cuadros de vidrio representando escenas de la vida de Buda, -telas bordadas con la imagen del hombre-dios é innumerables objetos de -metal, martilleado y repujado con la habilidad de los broncistas -indostánicos. - -Muchos de estos pequeños comercios están dirigidos por mujeres. Todas -fuman tagarninas enormes, añadiendo el perfume acre de sus chorros de -humo al hedor asiático de la muchedumbre devota. Miran á los raros -blancos que se detienen ante sus puestos con unos ojos saltones, cuyas -pupilas negras tienen cierta expresión incitante y burlona á la vez. -Algunas están medio tendidas detrás de su mostrador en un diván rústico. -Veo á dos de ellas acostadas en una verdadera cama, en medio de su -tiendecita de cuadros religiosos. Se han pasado mutuamente un brazo por -detrás de la cabeza, y enlazadas así miran á lo alto. De vez en cuando -cruzan ojeadas afectuosas y se ofrecen el cigarrote desmesurado y único -que sirve para las dos. Se adivina que no las preocupa la prosperidad de -su comercio, y el comprador que ose interrumpirlas con sus demandas -recibirá malas respuestas. - -Subo con lentitud los ciento veinte escalones, haciendo alto en los -rellanos para realizar algunas compras, que entrego á mi acompañante, y -porque así lo exigen mis pies. En estos peldaños hay piedrecitas -sueltas, granos de metal caídos de los objetos que adquieren los -devotos, pedazos de vidrio y numerosas expectoraciones de los mascadores -de betel. Por todas partes veo salivazos rojos como de sangre, y -necesito marchar en zigzag para no poner sobre ellos mis pies desnudos. - -Salgo finalmente á cielo descubierto. Estoy en la meseta de la pagoda, -toda ella enlosada de mármol, lo que me permite caminar con más -seguridad. Continúan aquí las mismas suciedades de la escalera, pero hay -espacio más amplio para evitarlas. - -El orden arquitectónico de la plataforma sagrada es muy sencillo. En el -centro está el santuario mayor, el cono macizo que guarda en sus -cimientos la divina reliquia, y en torno á él toda una ciudad de pagodas -secundarias, pagodones y pagodines, estatuas y columnatas. - -La plataforma tiene medio kilómetro de circuito, y sin embargo cada día -resulta más estrecho el terreno reservado á la circulación de los -devotos. Nuevos santuarios hechos á expensas de los ricos de Birmania ó -por donativos de extranjeros invaden la santa meseta. No se guarda -ningún orden en las construcciones y éstas son derribadas con frecuencia -para darlas nueva forma. En el transcurso de unos cuantos años cambia el -aspecto de la Shway Dagon. Lo único inmutable es el cono esplendoroso -que ocupa su centro. En las vertientes de la colina hay varios elefantes -policromos, de doble tamaño natural, con una torre dorada sobre el lomo -que es una capilla. - -Al ver una pequeña puerta en el sanctum sanctorum central, intento -entrar por ella creyendo que el enorme cono es hueco, á pesar de lo que -he leído, y guarda en su interior un templo misterioso. Pero retrocedo -al convencerme de que la tal puerta no es más que un angosto pasadizo -que lo atraviesa rectamente para que los servidores del templo no tengan -que rodear toda su base. - -Mis dos acólitos ríen de mi error. Ahora son dos, por haberse unido á -nosotros un muchacho de familia acomodada, á juzgar por su vestimenta. -Está cumpliendo su noviciado de bonzo temporal, y lleva un magnífico -manto color de oro, la cabeza redonda pulcramente afeitada y anteojos de -concha. - -Revela con su habilidad para expresarse una educación superior á la de -los otros bonzos. Muestra con cierto orgullo la altura de este -monumento, cuyo esplendor puede verse á una distancia de muchas leguas, -y me explica luego, con palabras inglesas sueltas y abundantes -gesticulaciones, que cada quince ó veinte años es recubierto de láminas -de oro para que guarde su magnificencia, lo que significa un trabajo -enorme. Además, su parte inferior recibe todos los días, á la altura de -las manos de los visitantes, un sinnúmero de pequeños papeles de oro. -Son presentes de míseros peregrinos, que algunas veces se quedan varios -días sin comer luego de haber pegado en el muro su piadosa ofrenda. - -Puede afirmarse que en toda Asia no existe actualmente un templo que -goce la «universalidad» de la Shway Dagon. Cuantos pueblos adoran las -doctrinas de Buda han elevado un santuario en esta meseta. Los hay de -muchas provincias de la China, del Tibet, de las posesiones francesas de -la Indo-China, hasta de las tierras limítrofes con la Siberia y del -Japón. Todas estas capillas tienen columnas en sus fachadas y remates de -techos superpuestos que ascienden en disminución, finalizando con una -punta rutilante igual á la del céntrico macizo. Sus paredes son de -menuda labor, con ese tallado minucioso de los asiáticos, en el que -varias generaciones consumen su vida. La madera ó la piedra tienen sus -primorosos calados cubiertos de laca y oro. - -Se extiende el oro por los santuarios, y los reflejos pálidos y -discretos de su materia tallada parecen un homenaje de humildad ante el -oro cegador y estrepitoso del cono central. Hay templos cuyo dorado -empieza á desconcharse con la viruela blanca de los siglos. Otros de -construcción reciente ofrecen el color gris de la albañilería, en espera -de generosos devotos que paguen los adornos que deben cubrirlos. Veo -santuarios completamente azules. Tienen sobre sus láminas de laca -celeste flores y hojas nacaradas que forman enrejados blancos con -reflejos de perla. Y todos estos templos, apoyados unos en otros para -disputarse un terreno cada vez más escaso, ofrecen el mismo aspecto de -amontonamiento que los panteones de las necrópolis occidentales. - -En los espacios libres de pagodas secundarias vemos árboles dorados con -frutos de cristal, urnas en forma de flechas, columnas sueltas de -mosaico, imágenes de _Nats_, divinidades primitivas de los birmanos con -las que ha transigido el budismo para no molestar los sentimientos del -pueblo, «perros celestiales» semejantes á los leones de melenas -puntiagudas que adornan las pagodas de Kioto y de Pekín, estatuas de -elefantes con un templo sobre sus lomos. - -Un estrépito de feria se esparce por la sagrada meseta. Los instrumentos -rituales del budismo son la campana y el tambor, y cada pagoda hace -sonar los suyos como los barracones de espectáculos cuando se disputan -la atención del público. Bonzos de diversas razas golpean á puño -cerrado los sagrados timbales ó dan con un mazo á las campanas. Niños y -mujeres se aproximan á nosotros para vendernos ristras de flores rojas y -amarillas, que parecen arrancadas de una tumba. Tales guirnaldas son -para ofrecerlas al hombre-dios que reina en este lugar. - -Aletean los cuervos lanzando sus graznidos sobre los techos que les -sirven de refugio. Junto á estos eternos figurantes de todo cielo de -Asia vemos aletear bandas de palomas blancas. También están alojadas en -el templo, y entre dos especies volátiles tan antagónicas parece existir -una paz absoluta. Perros con grandes peladuras en sus lomos y el hocico -babeante, como si llorasen su propia miseria, corretean entre las -pantorrillas del gentío buscando algo que devorar. La mayor parte de los -fieles son mendigos devotos, que llegaron hasta aquí pidiendo limosna, y -continúan su industria dentro de la pagoda. Algunos tienen lepra. Otros -muestran al remover su manto llagas, sangrantes como heridas, en el -pecho ó bajo los brazos. - -Dentro de algunos de los santuarios hay bonzos de rostro achinado y capa -parda, que acompañan su oración con movimientos rigurosamente mecánicos, -siempre iguales y sin término. Se inclinan hasta tocar el suelo con sus -manos y su cabeza, se yerguen poco á poco, repiten la misma inclinación -violenta y vuelven á empezar. Así continúan hasta que el cansancio los -vence y ruedan por el suelo insensibles como cadáveres. - -Allí donde da el sol quema el mármol las plantas de los pies y nos -obliga á marchar rápidamente. En el interior de las capillas el -pavimento tiene una frialdad de tumba, de lugar cerrado hace siglos que -no conoció nunca la tibieza del calor celeste, y nos hace estornudar á -los que no estamos acostumbrados á ir descalzos. - -Asombra la gran cantidad de Budas que pueblan estas pagodas. Los hay de -mármol, de oro, de alabastro, enormes como gigantes ó de simple talla -humana; derechos, en cuclillas y tendidos. Unos son dulces, humanos, de -expresión inteligente; tienen un rostro casi europeo. Otros se muestran -feroces, malignos, verdaderamente asiáticos, con unos ojitos oblicuos, -de párpados estirados y casi juntos, que parecen hostiles á todo el que -no mire del mismo modo que ellos. - -Cada pueblo budista ha formado á su propia imagen la figura del -hombre-dios y le rinde culto con ceremonias litúrgicas diferentes. En -todos los santuarios se ven flores, luces y varillas humeantes de -sándalo. Fuera de él hay salivazos rojos sobre el suelo y una mezcla en -el ambiente de malos olores naturales, de perfumes pegajosos, de flores -marchitas. Por encima de esta variedad contradictoria, ruidosa, y -vibrante de contagios microbianos, continúa brillando el cono central -como una hoguera inmóvil de oro sobre los tres cabellos de Buda -recogidos por sus discípulos. - -Mi nuevo amigo el bonzo tiene empeño en hacerme conocer todo lo -interesante de la Shway Dagon. No sería esta célebre pagoda un lugar -verdaderamente santo si le faltase la virtud de curar enfermedades y -realizar otros prodigios de los que trastornan el ritmo de la -Naturaleza. - -El dolor humano necesita consoladoras ilusiones bajo todos los cielos de -nuestro planeta, sin distinción de castas ni dogmas. Las pobres gentes -que llegan hasta aquí, después de marchar en caravana meses y tal vez -años, esperan el milagro, y su esperanza inspira respeto. Deseo en este -momento que el santo Buda pueda complacer á todos los dolientes que le -imploran, pobre rebaño humano roído por las enfermedades y las miserias -asiáticas. - -Nos detenemos ante un santuario que tiene junto á su puerta unos cuantos -hombres desnudos tendidos en el suelo. Todos ofrecen un aspecto -horrible. Los hay que son á modo de imágenes del hambre: esqueletos -limpios de músculos cubiertos simplemente por su epidermis, con los ojos -perdidos en la profundidad de unas órbitas como pozos y las mandíbulas -desencajadas. Otros están muertos y tienen el abdomen desgarrado. Un -cuervo les picotea las entrañas. - -Solamente cuando el joven bonzo, ganoso de que admire su templo, me -aproxima á tales horrores, veo que son esculturas policromas, pero con -un realismo tan minucioso y exacto que resulta fácil el engaño. Ocurre -aquí en pleno sol lo que en ciertos museos de figuras de cera con el -auxilio de los juegos de luces. No se sabe ciertamente quién es -moribundo de madera pintada ó moribundo de carne y hueso. Según parece, -estas imágenes sirven para hacer ver á los pecadores cómo vivirán -después de la muerte si perseveran en sus vicios. - -Un poco más allá hay tendidos varios pordioseros, igualmente desnudos, -igualmente esqueléticos por su flacura. Los horripilantes monigotes -brillan á causa de su barniz; los peregrinos casi agonizantes tienen un -charolado igual por el sudor con que barniza el sol sus cuerpos -escuálidos, como si extrajese de ellos los últimos jugos. Algunos son -ciegos y un enjambre de moscas voltea en torno á sus órbitas vacías. -Todos tienen al lado media corteza de coco que les sirve de plato para -recibir las limosnas. No se mueven, no se dan cuenta de lo que cae en -sus rústicos cuencos. Para ellos la limosna tal vez llega tarde. - -Me hace entrar mi compañero azafranado en la más milagrosa de las -pagodas. No quiere privarme de ninguna de las maravillas de esta colina -santa. Avanzamos por el interior de un templo menos iluminado que los -otros, y á los pocos momentos deseo salir de él cuanto antes. Encuentro -tendidos en colchonetas ó simples mantas á varios hombres flacos, de tez -pálida, y una transparencia malsana en las orejas y la nariz. Su tos -cavernosa hace innecesarias las explicaciones. Son tísicos que vinieron -hasta aquí atraídos por la esperanza. Los bonzos de la pagoda afirman -haber presenciado muchas curaciones inauditas. - -Sigo avanzando hasta el fondo, interesado por un grupo misterioso. Lo -componen varias mujeres que rodean á otra tendida en un lecho, blanca é -inmóvil, como si estuviese desmayada. Veo trapos ensangrentados. Un olor -de maternidad se une á la respiración de los tísicos. Suena un vagido -infantil, gangueante y tenaz. - -Mi boncito sonríe y balbucea explicaciones... Entendido. Es una gloria -nacer en el famoso templo, y hay madres que vienen de muy lejos para que -sus hijos reciban tal santificación al entrar en la vida. - - - - -XXII - -LA BAHÍA DEL DIAMANTE - - Un brazo del Ganges.--La yungla y sus gentes.--El camino de - Calcuta.--Cañonazos de sus defensores.--Abandonamos el - «Franconia».--Invasión alada.--La marina fluvial de los - indostánicos.--El maquinismo inglés en las riberas del Ganges.--El - yute.--Fabricación de sacos para toda la tierra.--Los homenajes al - río sagrado.--Caimanes y flores. - - -Llevamos dos días navegando á través del golfo de Bengala, desde la -desembocadura del Irrawaddy, caudaloso río de Rangoon, á las bocas del -Ganges y el Brahmaputra. - -En la madrugada del tercer día despierto con la alarma que produce la -inmovilidad, cuando se ha conciliado el sueño en pleno movimiento. El -Franconia ha cesado de marchar y en la calma de la noche suenan gritos. -Miro por un ventano de mi camarote y veo las luces de dos vaporcitos -deslizándose sobre un mar completamente horizontal y tranquilo como las -extensiones de agua dulce. Debemos estar cerca de las bocas del Ganges, -y estos vaporcitos pertenecen sin duda á los prácticos encargados de -dirigir el rumbo de los buques á través de unas tierras fangosas, por -canales cuya profundidad cambia con frecuencia. - -No puedo dormir el resto de la noche. El vapor ha reanudado su marcha -lentamente, y sólo pienso en la masa acuática que va pasando debajo de -nuestros pies. ¡El Ganges!... ¡Estamos en el Ganges! Las aguas que -cortamos proceden en su mayor parte del río sagrado. - -Apenas amanece subo á la cubierta, ansioso de contemplar las primeras -tierras de la India. Sólo veo un mar amarillo. Las verdaderas bocas del -Ganges quedan á nuestra derecha y cubren el golfo de Bengala, en una -extensión de muchas leguas, con su aporte líquido, dulce y terroso. -Nosotros vamos á penetrar por el río Hooghly, en cuyas riberas está la -ciudad de Calcuta. - -Este curso fluvial que hasta tiene nombre propio no es más que un brazo -del Ganges desprendido de él á cierta distancia del golfo de Bengala -para desarrollarse por su propia cuenta. Los indostánicos que viven en -sus orillas le tributan sin embargo los mismos honores que al río padre, -venerado como un dios, cuando se desliza ante los templos y palacios de -la santa ciudad de Benarés. - -Dos orillas bajas van surgiendo del horizonte rojizo, con anchos -intervalos de agua libre. Son las islas avanzadas de la desembocadura de -este retoño gangético. Vamos á navegar todo el día por él: primeramente -sobre el _Franconia_, luego en un vapor más pequeño, á través de los -aluviones del vasto estuario cubiertos de eterna vegetación. - -Al deslizarnos entre las primeras islas vemos en sus orillas chozas de -techo cónico, bosquecillos de cocoteros y palmeras. No está bien -determinado el límite entre la tierra y el agua. Hay espacios que nos -parecen sólidos y firmes á causa del verdor de sus plantas, y de pronto -los vemos atravesados por una piragua que se abre paso entre aquéllas. -Otros los creemos de gran profundidad acuática y son prados medio -líquidos, en los que rumian los bueyes, hundidos hasta el vientre. -Hombres de color de chocolate, con turbante blanco y un andrajo lumbar -del mismo color por toda vestimenta, cuidan estos rebaños ó trepan por -los gráciles troncos de los árboles que les proporcionan su alimento. - -Avanzan las tierras unas hacia otras, como si se buscasen, y navegamos -por un canal que parece de barro líquido, siguiendo dos líneas de boyas -indicadoras de nuestro rumbo. - -Ya estamos dentro del Hooghly. Sus riberas tienen en primer término -campos de plátanos, cuyas hojas son de un verde charolado y amarillento. -Es la única tierra que trabajan sus habitantes. Más allá de la estrecha -faja cultivada se extiende la yungla famosa, la _jungle_, tantas veces -descrita por los autores ingleses, llanura interminable cubierta de una -vegetación relativamente baja, de la que surgen á largos trechos grupos -naturales de cocoteros y palmeras. Vuelan á la vez muchas gaviotas y -muchos cuervos, sin que se note entre ellos ningún intento agresivo, -pues se comparten amigablemente el dominio de la atmósfera. Del -misterioso verdor de la yungla vemos elevarse nubes volantes, -triangulares y negras. Los pájaros aletean en tribu, trasladándose de -una parte á otra de la interminable selva, asustados tal vez por las -bestias carnívoras que cazan en sus espesuras. - -Un estrépito seco y ensordecedor corta el aire. Son tiros de cañón. -Luego nos enteramos de que numerosas baterías de campaña guarnecen la -bahía del Diamante, donde nosotros vamos á anclar, defendiendo la -entrada de esta vía fluvial que es el camino más directo de Calcuta. -Ahora lo vemos solitario, con orillas de río salvaje. Avanzamos contra -su corriente lo mismo que un buque explorador, pero sabemos que por aquí -pasan cuantas naves de comercio y de guerra desean llegar á la ciudad -más importante del Imperio de las Indias. - -Vemos en la orilla izquierda todo un regimiento de artillería -ejercitándose en el tiro. Tiene para campo de experiencias la soledad de -la yungla. Sus cañones repiten los disparos con la rapidez de las armas -modernas. Es un estrépito que enardece y entusiasma, lo mismo que una -música belicosa, cuando se le oye á espaldas de las piezas. Escuchándolo -de frente gusta menos. - -Examinamos con anteojos marítimos el uniforme de campaña que usan los -ingleses en la India. Parecen niños. Llevan borceguíes y gruesas medias -atadas debajo de las rodillas. Éstas quedan completamente al -descubierto, pues el pantalón no es más que un simple calzoncillo hasta -la mitad del muslo. Su camisa carece de mangas y de cuello. Un casco es -lo único de carácter militar que usan estos guerreros, obligados á vivir -en plena yungla bajo el asfixiante calor de las horas meridianas. - -Cerca de nuestro anclaje empezamos á encontrar la navegación indostánica -del río: largas piraguas con bogadores obscuros y sudorosos, que sueltan -sus remos terminados por una paleta redonda y quedan inmóviles -contemplando nuestro buque. El agua es tan densa, que las pequeñas -rompientes de su oleaje en las orillas parecen ribazos de tierra -carmesí. - -Se ensancha de pronto la corriente, formando un vasto circo acuático. El -redondel de la vegetación aparece cortado en varios lugares por manchas -rojas y blancas de edificios. Son los pabellones de las tropas de -artillería y algunas viviendas de particulares que empiezan á desmontar -la yungla, estableciendo explotaciones agrícolas. Nos detenemos en la -llamada bahía del Diamante. El _Franconia_, por su calado, no puede ir -más allá. Sólo los vapores de 6.000 ú 8.000 toneladas siguen remontando -el río, en horas de gran marea, hasta llegar á los muelles de Calcuta. - -Quedamos anclados en esta bahía fluvial de aguas rojas, que únicamente á -la salida ó la puesta del sol toman un esplendor blanco y luminoso capaz -de recordar el del diamante. Es aquí donde el _Franconia_ va á sufrir -una de las mayores transformaciones de su viaje. Permanecerá varios días -como si fuese un barco abandonado, guardando solamente la tripulación -necesaria para su limpieza. Todos los viajeros se trasladan á Calcuta y -con ellos gran parte de la dotación del buque, que ha podido conseguir -la licencia necesaria. - -Dos grandes vapores fluviales con triple cubierta, elegante restorán y -numerosa servidumbre van á llevarnos hasta la metrópoli de las Indias, -navegando seis horas por el río. Unos viajeros quedarán en Calcuta tres -días, volviendo inmediatamente al buque. Otros piensan seguir adelante -hasta Benarés, regresando al _Franconia_ á tiempo para ir á Ceilán y de -esta isla á Bombay, dando la vuelta á toda la península indostánica. -Algunos renuncian á ver Ceilán y continúan su viaje á través de toda la -India, no volviendo á encontrar el _Franconia_ hasta el puerto de -Bombay. - -Yo voy á Benarés, y volveré al buque para ir luego á Ceilán y Bombay. -Desde este último puerto subiré á Delhi, Agra y otras ciudades célebres -de la Rajputana. De tal modo conoceré lo más interesante que puedan ver -los que hacen la travesía directa de Calcuta á Bombay, y no me privaré, -como ellos, de visitar Ceilán. - -Al echar sus anclas el _Franconia_ en esta bahía, donde no hay otro -buque, toda la yungla parece estremecerse y levantar la cabeza, -interesada por su presencia. Vienen de tierra nubes de mariposas blancas -y rojizas, introduciéndose por los ventanos de los camarotes. Se alzan -sobre la selva nuevos triángulos negros de aves. Los pájaros de presa -empiezan su ronda aleteante en torno al buque, espiando la caída de -basuras y desperdicios para desplomarse sobre estos islotes de -nutrición. - -Mientras estamos en Calcuta y Benarés, los oficiales del campamento -visitan el _Franconia_ y se llevan á sus viviendas á los marinos que -permanecieron en el vapor para que conozcan un poco la vida en la -yungla. A mi regreso me cuenta un joven piloto sus excursiones por una -pequeña parte de esta selva baja, interminable y poco explorada, que -refresca el Ganges antes de perderse en el mar. Ha visto serpientes boas -de grandes dimensiones y torpe arrastre. Un tigre trae alarmados hace -meses á los pobladores de la bahía del Diamante. Mata todas las noches -animales en los nuevos establecimientos agrícolas, y nunca lo pueden -descubrir. Todavía hay en la yungla gentes que llevan una vida salvaje. -Dos mujeres huyeron á todo correr viendo al marino y á varios -artilleros. La presencia de los blancos las infunde pavor. - -A las dos de la tarde abandonamos el _Franconia_. Cuando los dos vapores -fluviales se despegan de su casco, ocurre algo extraordinario que -demuestra el instinto de los habitantes alados de la yungla. Mientras -hemos permanecido en el paquebote, las bandas de cuervos, milanos y -gaviotas se limitaron á volar á gran altura sobre sus cubiertas. Apenas -nos alejamos, los muros de verdura que rodean la vasta copa de la bahía -empiezan á vomitar nubes de estos pájaros sobre el buque, -desparramándose en él como si estuviese desierto. - -No osan descender á las cubiertas bajas, por estar en ellas los hombres -de guardia. Forman filas agarrados al cordaje de los mástiles, se -alinean lo mismo que los pingüinos en las barandillas, se sostienen -aleteantes, como animales de cimera heráldica, sobre los bordes de la -chimenea. Hasta ocupan el nido del vigía en el mástil de proa, y los que -no encuentran espacio donde posar sus patas, forman un anillo -revoloteante que abarca el buque entero. A los pocos minutos tiene éste -engruesados todos sus contornos por una línea de vida animal negra y -palpitante. - -Se inicia nuestra navegación aguas arriba, cruzándonos á cada minuto con -una muestra curiosa de la marina de cabotaje indostánica. Hombres -esbeltos y cobrizos reman de pie sobre las cubiertas de unos barcos -relativamente grandes, con vela rectangular y popa alterosa, llevando en -ella una enorme pala que sirve de timón. Lo mismo debieron ser las naves -que surcaban estas aguas hace dos mil años. En otras de arquitectura -semejante, los remeros ocupan una plataforma yuxtapuesta á la proa, -mucho más baja que el alcázar posterior. Estos bogadores, que manejan -unos remos larguísimos, retroceden varios pasos al dar su palada, y -luego avanzan hacia la popa otro tanto para clavar su remo y repetir la -operación. Algunos barcos más veloces por la estrechez de su casco -tienen una cámara baja, una vela cuadrada con pequeños rectángulos -negros y blancos, y cuatro bogadores que se agitan incansables, como -duendes, moviendo en la proa sus remos de paleta. - -Pasan barcos cargados de tinajas, estivadas verticalmente, con los -vientres juntos. De lejos parecen enormes huevos rojos cuidadosamente -colocados en un cesto flotante. Otros llevan láminas de mármol puestas -de canto en la cubierta, como las hojas de un libro. Los más transportan -pirámides de sacos apilados en torno á sus mástiles. Y todos estos -buques de forma primitiva cabecean violentamente con el oleaje que -levantan las ruedas de nuestros dos vapores. - -Al atardecer, el río de aguas bermejas va tomando un color de perla. -Según avanzamos ofrecen sus orillas un aspecto de actividad civilizada, -intensa y productora. Vemos fábricas grandes como pueblos; -construcciones bajas que ocupan vastísimos espacios. Surgen sobre sus -techumbres chimeneas esbeltas de ladrillo y extienden además sobre las -aguas numerosos tentáculos de muelles y vías férreas. En algunas de -estas fábricas, aparte de los talleres y el chocerío, ocupado por los -jornaleros indígenas, hay edificios elegantes rodeados de jardines. -Grandes piraguas pasan de una orilla á otra las muchedumbres -multicolores que han acabado su trabajo. - -Se van multiplicando las chimeneas. Ya no se elevan, como al principio, -en una sola de las orillas. Surgen igualmente de la ribera opuesta y del -fondo del horizonte, siempre cerrado por la lengua de tierra de una -revuelta inmediata. - -Adivinamos la proximidad de Calcuta. La bruma que exhala el río á estas -horas se une al humo de las fábricas, envolviendo el ocaso en una -opacidad impropia de este clima. Parece que nos acerquemos á Londres, -pero un Londres de nieblas doradas y multitudes colorinescas. - -Desfilan por las dos orillas miles de hombres y mujeres, rosarios -interminables de cuentas blancas, rojas, violetas, amarillas, -azafranadas y verdes. Todos marchan en fila, poniendo cada uno su pie -sobre la huella del que le precede. Es una particularidad que noto desde -mi entrada en la India y he seguido viendo en todas mis excursiones á -través del país. Rara vez marchan juntos dos indostánicos por un camino. -Hasta la familia avanza longitudinalmente, por amplia que sea la vía: el -padre delante, la madre detrás con fardos en la cabeza, y á continuación -la prole, casi siempre por orden de estatura. Es la «fila india», de que -se ha hablado tantas veces. También en la salida de las fábricas se nota -esta tendencia á la marcha separada y silenciosa. La muchedumbre se -desgrana en la misma puerta, se esparce como los hilillos de un líquido -derramado, alejándose en luengas y multicolores filas. - -Todas estas fábricas son para preparar y tejer el yute, la gran -producción de la provincia de Bengala. Casi todos los sacos que usa la -agricultura de Europa y América proceden de estos centros industriales, -cada vez más enormes, que llenan las orillas del Ganges. Aquí se -utilizan las fibras de la citada planta, creándose piezas de ruda tela, -que luego corta y cose en forma de sacos el país importador. La riqueza -de Calcuta, su importancia comercial, el movimiento de su puerto, -dependen de esta exportación que abarca el mundo entero. - -En días sucesivos, hablando con varios cónsules residentes en Calcuta, -me doy cuenta de que las funciones de los más de ellos tienen por única -base la producción del yute. Todos los sacos que sirven de envase al -trigo y el maíz de la Argentina ó al azúcar de Cuba fueron tejidos en -las fábricas de Bengala. - -Esta industria no deja de ofrecer cierta exterioridad pintoresca á causa -de las masas indígenas que trabajan en sus talleres; mas esto no impide -que el viajero sienta la amargura de la decepción al ver el maquinismo -inglés establecido en uno de los brazos del Ganges, vaciando sobre su -corriente las cenizas y carbonillas de sus máquinas de vapor, mezclando -el humo de la hulla con las brumas vesperales del río sagrado. Pero la -India antigua, inmutable y misteriosa resurge siempre, rompiendo la -envoltura moderna en que la encierran sus nuevos amos. - -Vemos á trechos, flotando sobre el río, luengas guirnaldas de flores. El -indostánico necesita hacer todos los días un presente florido al padre -Ganges. - -En el restorán de nuestro vapor hay una especie de _maître d’hôtel_ -vestido á la inglesa y con zapatos de charol, la mayor distinción á que -puede aspirar un mestizo. Dirige con aire de superioridad, como si fuese -un europeo, á los otros servidores, que van descalzos, con levita -blanca, faja roja y un abultado turbante de este último color. - -Poco antes del anochecer, este indio con _smoking_, que se agita dando -órdenes á la servidumbre para que recoja la vajilla del té, mira á un -lado y á otro para convencerse de que todos los viajeros se han ido del -comedor á las cubiertas superiores, toma varios manojos de rosas que -adornan las mesas, y dirigiéndose á un ventano las va arrojando con -lenta solemnidad sobre las aguas nacaradas por la luz del ocaso. - -Veo que las dos orillas tienen una faja ondeante de flores rojas y -doradas. El manso oleaje arranca estas masas de pétalos, las balancea -unos segundos y vuelve á pegarlas á las riberas. - -De tarde en tarde, la corriente, teñida de rosa pálido por la agonía del -sol, se corta de abajo á arriba, dejando ver el avance de un lomo -dentado como una sierra: un caparazón de bestia antediluviana. - -Es el caimán, venerable y respetado habitante de este río, al que echan -sus devotos flores y cadáveres. - - - - -XXIII - -EL QUEMADERO DE CALCUTA - - Caras europeas y vestiduras exóticas.--Los «ghats» del Ganges.--Las - estadísticas médicas de la India.--Un cortejo fúnebre.--La última - oración.--Los fugitivos de la muerte convertidos en animales.--Las - hogueras de la mañana.--El horrible enano del Quemadero y sus - clasificaciones.--Cremación de una madre que parece una niña.--Las - purificaciones preliminares.--Cadáver de pobre esperando que - alguien pague su leña. - - -Calcuta es la segunda capital del Imperio británico. Birmingham, ciudad -de Inglaterra que figura por su población después de Londres, resulta -muy inferior á Calcuta, pues ésta tiene un millón trescientos mil -habitantes. El setenta por ciento de ellos son de religión brahmanista y -un veinticinco por ciento mahometanos indostánicos. - -Hasta 1911 Calcuta fué la capital de la India, pero como las conquistas -y anexiones de los ingleses han ido extendiendo su imperio hacia el -Norte, hubo que trasladar en dicha fecha el centro del gobierno á la -ciudad de Delhi. Estos cambios no resultan extraordinarios en la vida -política de la India. Durante dos mil años de historia conocida, un -movimiento de exacta repetición ha desplazado cada cinco siglos la -capitalidad de la India, pasándola de unas ciudades á otras, y -devolviéndola más de una vez á alguna que la tuvo en otro tiempo. Delhi -fué capital del poderoso Gran Mogol y ha vuelto á serlo ahora del virrey -enviado por el gobierno de Londres. - -Actualmente sólo figura Calcuta como capital de la Presidencia de -Bengala, pero conserva los palacios y museos con que la embellecieron -los anteriores virreyes. Sus calles están á todas horas del día tan -llenas de gentío, que el viajero la supone una población todavía mayor -que la mencionada. - -Ofrece esta muchedumbre para el europeo una novedad extraordinaria, -después de haber viajado por el Extremo Oriente. En el Japón, en China, -en las islas de Malasia, no causan extrañeza las vestimentas originales -y multicolores, por ser las personas que las usan de razas distintas á -la nuestra. Sus rostros amarillos ó cobrizos, sus ojos oblicuos apenas -abiertos, parecen armonizarse con sus trajes extraordinarios. Pero el -indostánico es de nuestra raza. Pertenecemos á distintas subdivisiones -étnicas que tienen un tronco común. Numerosos habitantes de la India son -casi negros, otros de color cobrizo, los hay rigurosamente blancos, más -blancos que muchos europeos, pero todos son nuestros parientes por los -rasgos fisonómicos y jamás han conocido la tentación de usar zapatos, -llevando una simple tela arrollada á su cuerpo y mostrándose, apenas lo -permite la temperatura, en una desnudez casi completa. - -Con frecuencia se encuentran indostánicos que ofrecen una rara semejanza -con personas que conocimos en Europa y América. Y este parecido resulta -cómico al contemplar cómo el respetable señor que tratamos bajo otros -cielos, se pasea ahora por una calle de la India ligero de ropa y -descalzo. He visto en Calcuta jóvenes bracmanes, de tez blanca, gruesos, -lustrosos, el pelo retinto y brillante partido por una raya en el lado -izquierdo y las dos crenchas alisadas con aceite de jazmín. Todos -ellos, á pesar de llevar los pies descalzos y una especie de toga alba -pasada bajo el brazo derecho y descansando su extremo en el hombro -opuesto, tienen un gran parecido con ciertos sacerdotes romanos que usan -garbosamente hábitos de rica seda. - -El primer día de mi permanencia en Calcuta procuro satisfacer, sin -pérdida de tiempo, una curiosidad algo malsana que me agita desde que -empezamos á navegar sobre las aguas del Ganges. Dejo para los días -siguientes mi visita á los monumentos y jardines, el estudio de las -muchedumbres que circulan por sus avenidas y se aglomeran en sus -bazares. Quiero ver cuanto antes lo que llaman los indostánicos el campo -de Nimtola y los ingleses el «Burning Ghat». - -Esta palabra _ghat_ debo usarla frecuentemente al hablar de la India. Un -_ghat_ es una escalinata, un graderío, muchas veces una rampa de piedra -con rebordes salientes á cierta distancia, para afirmar mejor el pie -descalzo, y que desciende por la ribera del Ganges hasta cierta -profundidad de sus aguas. De este modo las multitudes devotas puedan -permanecer sumergidas hasta los hombros, mientras hacen inmóviles sus -oraciones. - -Los _ghat_ de Benarés son famosos. La santa ciudad, situada toda ella á -la derecha del río sagrado, tiene una sucesión de rampas y escalinatas, -sobre las cuales se agrupan en días de fiesta más de cien mil -peregrinos. Pero olvidemos estos _ghat_ de Benarés, de los que hablaré -en lugar oportuno, para circunscribirnos al «Burning Ghat» de Calcuta, ó -sea al «Ghat del Quemadero». - -El Municipio de Calcuta ha construído en el lugar llamado Nimtola un -edificio donde son quemados los muertos, con arreglo á la religión -indostánica. Este campo de Nimtola está más arriba del Howrah Bridge, -único puente de Calcuta que atraviesa el río Hooghly, y aparece siempre -como obstruído por la enorme aglomeración de vehículos y viandantes. -Junto al Quemadero pasa la ancha y populosa avenida que costea el río, -siempre llena de tranvías, camiones automóviles y carretas tiradas por -bueyes. Por ella se desliza la mayor parte de la actividad del puerto y -de la estación del ferrocarril que va al Norte de la India. Hace años se -hallaba lejos de Calcuta; pero ésta se ha estirado rápidamente á lo -largo del río, envolviendo á Nimtola en los tentáculos de su -crecimiento. - -Los quemaderos célebres de la India están en las orillas del Ganges. Los -príncipes y los ricos se hacen llevar moribundos á Benarés para que los -incineren en la orilla del río sagrado, pues éste parece concentrar su -importancia divina al lamer con ondulaciones cargadas de flores y -podredumbres las murallas de dicha ciudad. En las poblaciones lejanas -del Ganges el _ghat_ de las quemas se construye al lado de un río, de un -lago o un pequeño estanque. Lo que importa para la ceremonia es que el -cadáver pueda recibir una inmersión antes de que lo consuma el fuego. El -río de Calcuta es un brazo del Ganges, y los nacidos en la capital de -Bengala consideran esto como un regalo precioso que los dioses han hecho -á su ciudad. - -El campo estrecho de Nimtola se prolonga entre el declive del río y la -avenida Strand Road North, por donde pasa, como ya dije, toda la ruidosa -circulación del comercio fluvial. Unos muros con arcadas separan la -calle del Quemadero. Cerca de la puerta hay un pequeño santuario -dedicado á Siva, el más terrible, y tal vez por esto el más admirado, de -los personajes de la trinidad Indostánica. Junto al templo existe una -oficina, donde varios funcionarios mestizos inscriben en libros las -enfermedades que dieron término á la existencia de los que van á ser -quemados. - -Uno de estos funcionarios, joven indostánico de educación europea, -sonríe al hablarme de la utilidad de sus funciones. La inmensa mayoría -de las familias que acompañan á sus muertos ignoran qué enfermedad fué -la que acabó con ellos. En los barrios indígenas de Calcuta temen á los -médicos y prescinden de ellos. No hay quien pueda contestar á los -empleados del registro; sólo saben que el muerto ha muerto, y dejan que -el representante de la ley ponga en su libro la enfermedad que le -parezca preferible para el caso. Luego, con arreglo á tales registros, -se forman estadísticas que sirven para estudio y guía de los sabios de -Europa y América. - -Nos aproximamos á Nimtola por las estrechas callejuelas de los barrios -inmediatos, procurando evitar la ancha avenida paralela al río, -demasiado abundante en vehículos, de un suelo desigual, donde las ruedas -se enganchan en los rieles salientes y cuyos charcos negros salpican con -pestífera hediondez. - -Nuestro automóvil tiene que hacer alto, pegándose á uno de los muros, -para dejar paso á una muchedumbre que avanza á nuestra espalda y se -anuncia con cierta salmodia monótona. Se desliza, rozando nuestro -vehículo, una doble fila de indostánicos, todos con vestiduras blancas. -Cuatro de éstos llevan en hombros unas angarillas hechas con ramas de -árboles y forradas de gasa color de rosa. Encima de este lecho portátil -vemos manojos de flores amarillas y rojas y varias plantas verdes. -Debajo del sudario vegetal va un pequeño cadáver: el flaco cuerpo de una -niña que no debe tener más de doce años. Los que lo llevan en hombros, -así como los que le preceden y le siguen, son todos de tipo -europeo--únicamente su tez tiene un color trigueño algo subido--, y su -aspecto físico de occidentales contrasta con el manto de gasa ó de lino -arrollado á su cuerpo por toda vestimenta. - -En este cortejo fúnebre lo primero que llama la atención es la velocidad -con que marcha. Parece que un enemigo invisible venga persiguiendo y -acosando á todos estos hombres. Caminan como una tropa fugitiva. La -gente abre paso para no ser atropellada, pegándose á los muros. Los -vehículos se apartan también, avisados por su canto melancólico y tenaz. -Todos los hombres repiten las mismas palabras, con un tonillo semejante -al de los muchachos cuando deletrean sus lecciones en las escuelas de -los pueblos: «_Bolo hari. Hari bolo._» - -_Hari_, en sánscrito, es Dios, y lo que dicen con su monótona cantilena -los acompañantes del entierro es «¡Por Dios! ¡por Dios!» - -Algo más allá pasa junto á nosotros un segundo cortejo fúnebre. Al salir -á la gran avenida, frente á las puertas de Nimtola, vemos muchos otros -que van llegando por todos lados y tienen que detenerse en este lugar -convergente, para ir pasando adelante por riguroso turno. - -Los hay de séquito numeroso, como el de la niña cubierta de flores y -plantas. Otros son tristes, sin adorno alguno, y detrás de los dos -portadores de la camilla fúnebre sólo marchan unas pobres mujeres -envueltas en mantos blancos, que las cubren de la frente á los pies, -mostrando cada una de ellas un brazo y una pierna, delgados, rojizos, -con numerosos anillos de metal blanco. - -El joven empleado me explica la preparación de estos cadáveres antes de -llegar al Quemadero. Algunos fueron ungidos por sus familias con manteca -sagrada; los más pobres no han recibido este embadurnamiento final. -Todos ellos, al salir por última vez de su vivienda, oyen la suprema -oración, dicha en sánscrito por el jefe de la familia, por un bracmán o -un amigo. (El sánscrito es lengua muerta y sagrada para los indostánicos -modernos; lo que el latín para nosotros.) - -«¡Oh tú espíritu que te fuiste!... Vamos á quemar todas las partes de tu -cuerpo terrenal, que, por estar repleto de pasiones y de ignorancia, -unió á sus actos píos muchos otros que fueron impíos. Quiera el Supremo -Señor perdonar todas las acciones pecaminosas que cometiste á sabiendas -ó inconscientemente, dejándote ascender á las alturas celestiales.» - -En una ciudad populosa como Calcuta sólo se permite llevar á orillas del -río á los enfermos cuando han muerto; pero en las poblaciones del -interior, muchas familias, si creen que uno de los suyos está en la -agonía, lo conducen preventivamente al borde del Ganges, con lo cual se -evitan las molestias y gastos de un cortejo fúnebre. Además, procuran -aumentar la purificación del moribundo tapándole la boca y los oídos con -limo del río sagrado, y luego lo abandonan para venir á quemarlo el día -siguiente. - -Ocurre algunas veces que estos agonizantes, no examinados por un médico, -sólo sufren accidentes pasajeros, y al recobrar sus sentidos sienten el -imperativo de la conservación, que les impulsa á seguir viviendo, y se -escapan para que sus parientes no los asfixien llenándoles de nuevo los -orificios respiratorios con el barro gangético. Estos fugitivos caen en -la más extraordinaria y terrible de las existencias, pues viven sin -vivir. Su familia los da por muertos y reniega de ellos, considerándolos -como unos impíos que contravinieron las leyes divinas. Si los ven no los -reconocen. Nadie se les aproxima, temiendo su contagio. El paria, á -pesar de su miseria, resulta superior á él. Las gentes de castas -elevadas evitan al paria, pero saben que existe. Este hombre que huyó -de la muerte vive como una sombra, y aunque grite nadie le oye. Prolonga -su vida en los lugares desiertos, alimentándose con inmundicias que -disputa á los perros y los chacales. Acaba por ir completamente desnudo, -cubierto de pelo, como una fiera. Las bestias aúllan á su paso, -enfurecidas por su presencia, los niños huyen, las mujeres se cubren el -rostro, hasta que al fin muere en completo aislamiento, y su espíritu, -según los buenos creyentes, da un salto atrás, volviendo á encarnarse en -los animales más viles é inferiores. - -Entro en el patio abierto de Nimtola donde son quemados los cadáveres, y -durante un par de horas creo vivir en el seno de una pesadilla -fuliginosa. Me avergüenzo en los días siguientes al pensar que encontré -interesante este espectáculo y me resistí á abandonarlo, á pesar del -ambiente caliginoso y los hedores de la materia quemada. Siempre ocurre -lo mismo con las sensaciones violentas que recibimos; nos parecen más -terribles las cosas recordadas á distancia que en el momento de verlas -directamente. - -Se extiende el río á mi izquierda. Pasan por su centro rosarios de -barcazas de las que tiran remolcadores. De tarde en tarde corta sus -aguas un vapor blanco, un tranvía fluvial que conduce las gentes á la -gran estación de ferrocarril del Norte de la India. El puente de Howrah -corta en apariencia el curso de este gran camino acuático. En la orilla -de Nimtola veo numerosos búfalos de piel negruzca, que sólo elevan sobre -la corriente el dorso de su lomo y su cabeza chata y cornuda. Junto al -_ghat_ que se hunde en el río hay centenares de indostánicos con el agua -hasta el talle ó los pechos, inmóviles y en oración. - -La llanura triangular del Quemadero tiene, cuando entro en ella, varios -hoyos largos y estrechos, cubiertos de tizones que humean ligeramente. -Son restos de las hogueras mortuorias que empezaron á arder en las -primeras horas de la mañana. En el fondo de una de estas hogueras -agonizantes adivino el contorno de un esqueleto. Veo como una bola de -cenizas y en mitad de ella dos estrellas rojas. La esfera cenicienta es -un cráneo quemado que aún conserva su forma. Las dos manchas ígneas, un -doble reflejo de la combustión del cerebro, que sigue ardiendo dentro de -su cápsula caliza... Un capricho del fuego ha respetado la forma del -cadáver, consumiendo su solidez interior. - -Bastan unos cuantos golpes de bastón para que todo se desparrame en -cenizas, y así lo hace un enano de aspecto inquietante que parece el -dueño de este lugar. Recuerdo á Quasimodo y á otros personajes -extraordinarios inventados por la literatura romántica, habitantes de -bóvedas de catedrales, de cementerios y ruinas frecuentadas por -fantasmas. - -Es un hombrecillo de cabeza enorme por las mechas de pelo lacio y sucio -que la cubren. Lleva el busto desnudo, surcado de cicatrices, lo mismo -que el rostro. Como es guardián de este lugar, nos imaginamos que las -tales cicatrices deben ser huellas de quemaduras. Un harapo anudado al -talle constituye toda su vestimenta. Su orgullo debe ser un collar hecho -de conchas que le cae sobre el pecho. - -Este enano de ojos diabólicos y rictus feroz va de un lado á otro con -aire importante, hablando á las familias de los difuntos, señalando los -lugares donde pueden levantarse las nuevas piras. Con una habilidad -profesional y sin más herramienta que una horquilla corta, borra en -pocos instantes los restos de las cremaciones anteriores. Echa al río -los residuos de la leña consumida y las cenizas del esqueleto que -deshizo á palos minutos antes. Los devotos metidos en el agua no se -apartan al ver caer entre ellos estas migajas fúnebres. Continúan sus -pías gesticulaciones, cruzan las manos sobre el pecho, las elevan, beben -sorbos del líquido sagrado. Unos lo tragan; otros hacen buches con él y -vuelven á arrojarlo. - -Según me explica el joven empleado, estas cremaciones de la mañana han -sido de muertos cuyas familias pudieron pagar leña abundante. El costo -de una pira modesta es de seis á ocho rupias, lo necesario nada más para -que el cuerpo quede totalmente consumido. Los pobres, cuyas familias -economizan la madera, sólo son quemados á medias. Doblan su cadáver para -que ocupe menos sitio dentro de la pira, lo rompen por la cintura, -pegando las piernas á la mitad superior, y aun así, se consume la leña -muchas veces antes de que el cuerpo esté totalmente carbonizado... Pero -el gnomo terrible, guardián de este lugar, no puede perder tiempo, -necesita espacio para los otros cadáveres que van llegando, y cuando ve -que una hoguera agonizante no puede dar más fuego, echa al río el montón -de cenizas. Y las entrañas solamente chamuscadas, así como los huesos á -medio carbonizar, caen en el santo Ganges junto á los devotos que -continúan sus oraciones y sus tragos rituales. - -Este enano indostánico, que se muestra humilde é hipócrita con los que -él considera de casta superior, habla á nuestro acompañante al mismo -tiempo que nos sonríe manteniéndose á cierta distancia, pues sabe que no -debe tocar á los seres elevados ni con el aliento. El joven funcionario -nos explica sus chistes crueles. Clasifica á los muertos como si fuesen -viandas de cocina: en asados, á medio asar y crudos. Él solo respeta á -los bien asados, ó sea á los ricos, que consumen mucha leña. Como la -mayoría de sus correligionarios, este hombrecillo considera uno de los -espectáculos más interesantes que pueden presenciarse en esta vida la -cremación de un cadáver de rajá. Cuando muere alguno de éstos en la -ciudad de Benarés, llegan muchedumbres de largas distancias para -deleitarse con el perfume de la pira de sándalo y otras maderas -preciosas, que va consumiendo lentamente el cuerpo del príncipe, -mientras satura la atmósfera de bálsamos celestiales. - -En realidad, este Quemadero de Calcuta no difunde hedores nauseabundos. -Hay en el ambiente un fuerte olor de madera quemada y sólo un lejano -tufillo de carne recién salida del asador. Tal vez sea esto por la -delgadez inaudita de los cadáveres indostánicos. Son esqueletos con -forro de piel. Causa asombro que el cuerpo humano pueda llegar á tal -consunción. - -La pequeñez de los cadáveres nos reserva una sorpresa. La primera -cremación va á ser la de la niña cuyo entierro encontramos en una -calleja inmediata. El gnomo, ayudado por unos cuantos hombres de dicho -séquito, empieza á preparar la pira. Colocan, como si fuesen los -cimientos de un edificio, cuatro troncos gruesos que forman un -rectángulo. En el interior depositan simétricamente otros leños más -delgados, y así forman la base de la futura hoguera. - -Se oye un graznido continuo de las bandas de cuervos alineados encima de -las arcadas ó que revolotean atrevidamente sobre nuestras cabezas. En -toda Asia abunda el cuervo, como he dicho repetidas veces, pero en -Calcuta resulta un personaje familiar y hay que convivir con él. Son las -once de la mañana y la luz del sol desciende casi verticalmente de un -cielo limpio de nubes. Al calor de su refracción se une el de algunas -hogueras que todavía arden en un extremo de la fúnebre explanada. Este -fuego se hace sentir y no se deja ver. El resplandor solar borra las -llamas. De sus lenguas rojas no se ve más que el hilillo humoso del -vértice. - -Cada cortejo ha dejado en el suelo las angarillas de sus muertos, -sentándose en torno á ellas para esperar. Con el encogimiento y la -timidez de un rezagado pobre entra un último entierro. Dos portadores, -un anciano y un niño, sostienen una camilla hecha con ramas y sobre ella -va tendido un cadáver cubierto por un andrajo de hedionda suciedad, que -parece oler á cólera, á peste bubónica, á todas las enfermedades -contagiosas de la multitud indostánica. Tres mujeres marchan detrás del -muerto, envueltas en velos blancos, con los brazos y las piernas llenos -de ajorcas pesadas y de vil metal. - -Recibe el enano con hostilidad á esta comitiva miserable. Es un «crudo» -el que llega. Discute con los portadores y les obliga á que esperen con -su muerto lejos de los otros cortejos. El viejo y el niño acaban por -abandonar su camilla y desaparecen. Las mujeres, sentadas en el suelo, -velan el cadáver. Por el borde del repugnante sudario asoma un pie -flaquísimo, y esta especie de garra inferior guarda aún en su tobillo el -envoltorio de un trapo, último vestigio de enfermedad y agonía. - -Las tres mujeres, que llevan un adorno de metal en sus narices, tienen -fijas las miradas sobre el relieve del cadáver invisible. Toda su -emoción se denuncia en el agrandamiento de sus ojos. Nadie llora en este -lugar. No veo una sola lágrima. El indostánico ignora que el dolor debe -expresarse con un derramamiento de humores oculares. - -Me voy fijando en una particularidad de los diversos cadáveres que -esperan su turno para la cremación. Se adivina su sexo por la envoltura -exterior. Las mujeres tienen depositado un manojo de flores en la -oquedad que se marca entre su vientre y el arranque de sus piernas. A -los cadáveres masculinos les han colocado una piedra en el mismo sitio. - -Empieza la ceremonia de la purificación para la niña delgadísima, cuya -familia debe ser bien acomodada á juzgar por su acompañamiento. Y aquí -experimentamos la sorpresa de que hablé antes. Esta muchachita resulta -una hembra de más de treinta años; una madre de familia. Y sin embargo, -aun después de conocer su verdadera edad, ¡nos parece una cosa tan -insignificante bajo su envoltura de gasas y de flores!... ¡Abulta tan -poco su pobre cuerpo!... - -El marido, cuya cabeza empieza á grisear, está procediendo á su -purificación. Nos lo muestran de lejos, mientras un barbero le afeita en -la bajada del _ghat_. Los dos se hallan en cuclillas, frente á frente. -Los barberos indostánicos trabajan así. Agarran al parroquiano por una -oreja ó le pellizcan una mejilla, mientras con la otra mano rasuran su -cara y su cráneo. - -Este hombre de gesto grave y ojos dilatados y fijos que no saben llorar -paga al barbero su trabajo con unas moneditas de níquel é inmediatamente -se desnuda, quedando sólo con un cinturón que le pasa entre las piernas. -Debe purificarse en el río antes de prender fuego á la pira de su -esposa. Va descendiendo por el _ghat_ hasta quedar con el agua por -encima de los pechos. Ora, sumerge su cabeza, bebe, hace los buches -rituales, y vuelve á subir para vestirse una túnica blanca, -completamente nueva, que dejó en mitad de la escalinata. - -Al lado de las angarillas de color rosa está sentado en el suelo un -muchacho como de doce años. Es el hijo de la difunta. Tiene una -expresión de perrito triste que sigue el entierro de su amo. Pero está -mudo; no puede aullar como el otro. Mira con fijeza, sin una lágrima en -las papilas, el cuerpecito de flaca adolescente que marca sus gráciles -contornos bajo el sudario color de rosa. - -Una señora que está á mi lado rompe á llorar viendo este dolor -silencioso. - ---¡Pobrecito!... ¡Pobrecito mío! - -Él vuelve su cabeza, adivinando la compasión, la dolorosa ternura de -estas palabras que no puede comprender. Vemos su tez de canela -aterciopelada, sus ojos negros de antílope agrandados por el dolor. Nos -mira un momento sin expresión alguna. Luego, su vista se desliza, -volviendo otra vez á posarse en el cuerpecito de su madre. - -No puede continuar dicha contemplación. Los amigos de la familia han -levantado las angarillas y llevan el cadáver hacia el Ganges, por el -graderío del _ghat_. Cuando á los portadores les llega el agua á la -cintura sumergen la camilla fúnebre. Se lleva la corriente de golpe las -coronas de flores, los manojos de verdura que adornaban el lecho de la -muerta. La gasa se destiñe, formando sobre el agua una gran mancha -purpúrea, como si fuese de sangre. - -Esta inmersión hace que se marquen instantáneamente todos los contornos -del cadáver, lo mismo que si estuviese desnudo. Las gasas desteñidas -tienen ahora un color de carne y parecen no existir, adheridas al cuerpo -femenino. Pero este cuerpo ¡es tan poquita cosa!... Parece imposible que -haya podido salir de su interior el adolescente que continúa sentado en -el suelo, mirando con fijeza hipnótica el lugar donde poco antes estaba -la muerta. - -Chorreando agua vuelve el cadáver á subir el _ghat_, mientras sus -conductores reanudan el cántico monótono de una hora antes: «_Bolo hari. -Hari bolo._» Lo colocan sobre la base de la pira. Luego el enano y sus -ayudantes van amontonando sobre la difunta nuevos leños, hasta que al -fin completan la pira en forma de edificio, rematándola con una especie -de techo de doble pendiente. - -Pasa por el río uno de los vapores blancos. En sus cubiertas van -numerosas señoras rubias con trajes de fina batista y gentlemen de -aspecto elegante. Deben vivir en _bengalows_ de las afueras, con hermoso -jardín, y vienen á Calcuta para hacer sus compras ó para tomar el tren -en la estación inmediata de Howrah. Nadie mira hacia el Quemadero. El -esbelto barco levanta una sucesión de ondulaciones que mecen las -guirnaldas floridas arrancadas al cadáver y la mancha roja de sus velos -desteñidos. Estas ondulaciones chocan con el pecho inmóvil de los -devotos que se bañan en el Ganges; pasan en delgadas láminas sobre el -lomo de los búfalos hundidos en la ribera fangosa. - -Contemplamos con angustia los preparativos para la cremación de esta -pobre indostánica, empequeñecida por el dolor y la muerte. No la -conocimos cuando vivía; nunca sabremos su nombre; pero el azar nos ha -unido á ella con un recuerdo sentimental que durará lo que dure nuestra -existencia. - -El esposo, entorpecido por el dolor, no sabe cómo debe cumplir sus -funciones rituales. Tal vez no asistió nunca á un entierro en el que -tuviese que figurar como el primero de los acompañantes. A él le -corresponde prender fuego á la pira, dando vueltas en torno de ella para -que el fuego surja de todos lados al mismo tiempo. El horrible gnomo ha -puesto una antorcha en sus manos y le indica lo que debe hacer, con la -suficiencia de un sacristán que asiste á un entierro de primera clase en -las iglesias de Europa. - -Se adivina que el pobre marido no ve. Avanza su antorcha y las más de -las veces su llama se pierde en el aire... Pero sus ojos continúan -secos. Al fin el montón de leña empieza á arder. Se escapa entre el -llamear crepitante de la madera tierna una nube de pavesas de las ropas -sutiles. A través de los troncos que se ennegrecen y se rajan vemos algo -semejante á unas ramas blanquecinas, los miembros gráciles de la muerta -que burbujean con el chirrido de la grasa. Arde el cadáver, y entre los -desgarrones de la carne abierta y retorcida por el fuego comienzan á -asomar las aristas rígidas de los huesos. - ---¡Vámonos, vámonos!--dice alguien detrás de mí con voz desfalleciente. - -Sí, debemos irnos... Y sin embargo, quedamos inmóviles, sin voluntad, -con los pies fijos en el suelo, como el que contempla la lumbre de una -chimenea en las noches invernales y á cada minuto se da á sí mismo la -orden de abandonar el asiento sin conseguir verse obedecido. Sentimos á -un tiempo la atracción de la llama, la terrible curiosidad de las -emociones violentas, el horror de la muerte. - -Suena un estallido en el interior de la pira. Es la ruptura del vientre -agujereado por el fuego, el esparcimiento de las vísceras, la dilatación -de los vapores humanos, algo horrible que va más allá de los leños -ardientes y cae en el suelo. Pero el enano se mantiene cerca de las -llamas, con una previsión de técnico, y recoge velozmente todo lo que el -fuego expelió, volviendo á arrojarlo en la hoguera. Ha llegado la hora -de irnos. ¿Para qué seguir contemplando la cremación de los otros?... -¡Adiós, madre calcutana, pequeña como una niña, que nunca conocimos y -recordaremos siempre! - -El gnomo, que sabe calcular el curso de las incineraciones, ha -abandonado esta pira, juzgando inútil su presencia, y se ocupa en -levantar otra, discutiendo con los acompañantes del difunto sobre la -clase y el precio de la leña. - -En el patio exterior volvemos á encontrar las tres mujeres sentadas en -el suelo en torno á la camilla de la que surge el pie enjuto con su -vendaje de harapos. - -Sus portadores, el viejo y el niño, aún no han vuelto. Buscan sin duda -en su barrio, inútilmente, almas piadosas capaces de darles una limosna. -No encuentran con qué pagar la leña que está esperando este infeliz -indostánico, pobre en el curso de toda su obscura historia, pobre hasta -más allá de la muerte. - -La igualdad ante la nada final sólo existe físicamente. Los hombres se -han encargado de suprimir esta igualdad consoladora, prolongando basta -el interior del misterio de la muerte las desigualdades de nuestra -jerarquía social. En este pueblo se muere según la leña que se puede -comprar. En otros de Asia, según los objetos de cartón destinados á -embellecer la vida ultraterrena. En nuestros países civilizados, según -las ceremonias y pompas pagadas que se desarrollan ante las tumbas, con -un carácter de supuesta espiritualidad. - -Dejo caer cinco rupias sobre el sudario hediondo y contagioso que cubre -á este cadáver. - -Las tres mujeres levantan la cabeza y me miran con unos ojos secos, -dilatados por el asombro. ¡Un blanco preocupándose de un pobre -indostánico de casta inferior!... Mi acción inesperada, incomprensible, -parece impresionarlas más que la vecindad de la muerte. - - - FIN DEL TOMO SEGUNDO - - - - -ÍNDICE - - - _Págs._ - -I.--EN MUKDEN.--Caballitos manchures y perros siberianos.--Un -desierto de nieve por cuya posesión -se mataron 154.000 rusos y japoneses.--La dinastía -de «Los Muy Puros» y sus mausoleos.--El frío, maestro -de humildad.--Las escalinatas chinas y «el sendero -imperial».--La chiquillería pedigüeña de las estaciones.--Un -gendarme que pega.--Indignación patriótica.--La -incoherencia de los demonios blancos. 5 - -II.--LA LLEGADA Á PEKÍN.--Los bandidos chinos y -los trenes-fortalezas.--Una mala noche.--El imperio -del bambú soberano y de la paliza paternal.--5.000 -años de historia conocida.--Recordando á Marco -Polo.--Los cuatro grandes héroes de la Geografía.--_Micer -Millones._--Cómo por obra de Marco Polo salieron -Colón y los navegantes españoles hacia Pekín, -para visitar al Gran Kan, y dieron con la ignorada -América.--El despertar en Tien-Tsin.--Los chinos -elegantes.--Agricultura sabia y campos de tumbas.--Una -puerta de diez siglos con telegrafía sin -hilos. 19 - -III.--LAS TRES CIUDADES DE PEKÍN.--La forma -geométrica de Pekín.--La ciudad china, la ciudad -tártara y la ciudad prohibida.--El edificio chino y la -tienda de campaña.--Los geomantes y sus adivinaciones.--Los -espíritus del Viento y del Agua.--La -cuarta ciudad.--El barrio de las Legaciones y sus -tropas visibles y ocultas.--La seguridad de las calles -de Pekín y la policía china. 32 - -IV.--SINGULARIDADES DE LA VIDA CHINA.--La -ciudad más grande del mundo.--Las antiguas calles -y sus muchedumbres.--Casas, muebles y gorros.--Los -casamientos.--Los pies de las chinas.--Vanidad -con que las mujeres á estilo antiguo aprecian -su deformación.--Las damas manchures.--La cocina -china y sus horripilantes picadillos.--Vinos de animales.--Los -cocineros chinos esparcidos por el mundo.--Sus -caprichos de artista.--Lo que vió una dama -al bajar á su cocina, y la respuesta del cocinero para -que todos quedasen contentos. 44 - -V.--TEMPLOS Y FILÓSOFOS.--El templo del Gran -Lama.--La capilla secreta.--Un milagro.--Doctores -y bachilleres en armas.--Laotsé y Confucio.--El templo -de Confucio y el Salón de los Clásicos.--Culto de -la República china á Confucio.--El templo del Cielo.--El -simbolismo del número 9.--La ceremonia imperial -en el solsticio de invierno.--El templo de la Agricultura.--Cómo -araba todos los años el Hijo del Cielo.--Progreso -de la agricultura china hace miles de -años.--Su abono predilecto y más precioso.--Cómo -se produce públicamente en calles y caminos. 57 - -VI.--LA CIUDAD PROHIBIDA.--Los mares y las montañas -de los jardines imperiales.--La «Montaña del -Carbón».--El árbol sentenciado á cadena perpetua -por lesa majestad.--Los guardianes de la República.--Los -grandes patios de mármol y sus ríos.--Los -tesoros del Hijo del Cielo.--Las recepciones solemnes -en la Sala de la Gran Reunión.--Todo Pekín -visto desde el trono.--Los dueños alados y definitivos -de la Ciudad Prohibida.--Robos de las tropas -civilizadoras.--Un museo formado con lo que dejaron -ó lo que devolvieron.--La ironía de los chinos.--«Nosotros -los salvajes». 72 - -VII.--EL PALACIO DE VERANO.--La retratista de la -emperatriz.--La mentalidad de una soberana china.--Los -hermosos camellos de Pekín.--Las murallas de -la capital y su antigua artillería.--Maravillas del Palacio -de Verano.--El «lago-mar».--El famoso Navío -de Mármol.--Un puerto de comercio improvisado, -para que el Hijo del Cielo se disfrazase de vagabundo.--Robo -de dos azulejos.--El feliz «triángulo» imperial.--El -joven ex emperador y el presidente de la -República. 86 - -VIII.--LA GRAN MURALLA.--Un muro de 600 leguas -edificado en ocho años.--El chino sabe demasiado -para ser militar.--Las industrias fúnebres.--Entierros -ruinosos.--Las tumbas de los emperadores de la -dinastía «Luminosa».--En las puertas de la Tartaria.--Los -vagabundos de la Gran Muralla.--La caravana -de Kalgán.--El frío viento de la Mongolia.--Los dos -ciegos musulmanes. 102 - -IX.--EN MARCHA HACIA EL RÍO AZUL.--Los bandidos -de Ling Tcheng.--Dos trenes fortificados.--Compañeros -que van cayendo.--La exportación de -huevos chinos.--Faisanes laqueados.--La amazona -misteriosa del bosque fúnebre de los Ming.--Los -bandidos no aparecen.--Decepción de algunas viajeras.--Opiniones -sobre la República china.--Un -cuerpo robusto falto de sistema nervioso.--La China -aún no sabe que existe.--El Gran Canal.--El río -Amarillo y el río Azul.--La civilización del trigo y -la civilización del arroz.--Los pueblos asiáticos eternamente -casados con el hambre. 117 - -X.--SHANGHAI, LA RICA Y ALEGRE.--Un abordaje -de chinos en el río Azul.--La ciudad literaria de Nankín.--El -«Londres del Extremo Oriente».--La Concesión -Francesa y la Concesión Internacional.--Las -palabras _boom_ y _krac_.--Placeres y despilfarros.--Las -cortesanas del país y el mujerío internacional.--«Princesas -chinas» y opio.--Una colonia española -interesante.--Dos frailes notables, directores de Misiones.--La -propaganda católica y la propaganda -protestante.--Sus diversos recursos.--El barrio chino -de Shanghai y sus callejones hormigueantes de -muchedumbre.--Visita al famoso «Jardín del Mandarín» -que el lector conoce desde su niñez. 133 - -XI.--EN EL MAR AMARILLO.--El regreso al _Franconia_.--Peces -y perros chinos.--El mar más frecuentado -del mundo.--Audacia extraordinaria de los marineros -del mar Amarillo.--Los tres tripulantes del -ataúd.--La hermosa bahía de Hong-Kong.--Calles -en pendiente y la avenida de la Reina.--De cómo el -que se retrata pierde una parte de su alma, absorbida -por el objetivo.--La carretera de la Cornisa en la -isla de «los Arroyos Floridos».--Fisonomía de los -puertos del Extremo Oriente. 148 - -XII.--HONG-KONG Y CANTÓN.--Las huelgas de los -chinos.--Banquetes ruidosos.--Servidumbre de las -casas ricas de Hong-Kong.--«No vaya usted á Cantón».--Historia -del gran puerto del té y de la porcelana.--La -republicana Cantón y sus habitantes revolucionarios.--El -doctor Sun Yat Sen.--Las dos Chinas.--Viaje -á Cantón.--La ciudad flotante sobre el -río Perla.--Los «bajeles de flores».--Agresividad xenófoba -de los cantoneses ante los buques de guerra -anclados en el río.--Tiros en las calles.--Los cónsules -nos aconsejan un pronto regreso á Hong-Kong.--Los -piratas del estuario.--Una novela de 70 tomos -y 1.000 personajes.--El asalto del vapor-correo de -Macao.--La capitana de los dos revólveres.--Voy á -Macao. 162 - -XIII.--VIAJE Á MACAO.--Registro de chinos antes -de su entrada en el vapor.--Cubiertas transformadas -en jaulas y puente convertido en fortaleza.--Recuerdos -del asalto de los piratas.--«¡Necesito matar á un -chino!»--La interesante «Ciudad del Santo Nombre -de Dios en China».--Los juncos con cañones, anclados -en su antiguo puerto.--El nuevo puerto de Macao.--Gran -porvenir de la ciudad.--Excelente administración -del gobernador Rodrigues.--La gruta de -Camoens.--El juego del «Fan-tan» y otras particularidades -interesantes del viejo Macao.--La calle de la -Felicidad y sus altares.--Regreso á media noche por -el estuario de los piratas.--Las fosforescencias del -mar chino.--Espectáculo inolvidable. 176 - -XIV.--EL PUEBLO FILIPINO.--La bahía de Manila.--Obsequios -de filipinos y españoles.--Limpieza y elegancia -de la ciudad.--El traje gracioso y señorial de -las mujeres.--Los jardines.--Las escuelas y su profesorado -filipino.--Generosidad del gobierno americano -para el sostenimiento de la enseñanza.--Ansia del -filipino por instruirse.--La colonización española.--Su -trabajo fundamental, penoso y mal conocido.--Filipinas -desea ser independiente.--Suavidad del -régimen americano.--Autonomía dada por Wilson.--Palabras -de un tribuno filipino.--El gobernador -Wood.--Lo que dicen unos y otros.--Mi opinión -particular. 197 - -XV.--EN EL MAR DE LA INSULANDIA.--Un guerrero -del aire.--El paso de la Línea.--Desfile de oasis -montañosos sobre el desierto azul.--La historia del -mundo reproduciéndose en cada isla.--Epopeya de -los descubridores portugueses.--Lo que vieron un -día en las Molucas.--Encuentro de los dos pueblos -ibéricos al otro lado del planeta.--Los últimos héroes -españoles del ciclo de los descubrimientos.--Mendaña -y el oro del rey Salomón.--Una flota, mandada -por una mujer.--La almiranta doña Isabel.--El místico -Quirós.--Llegada de la reina de Saba á Manila.--Los -elefantes don Pedro y don Fernando.--Los -descubridores de «Australia Ignota».--«Austrialia -del Espíritu Santo».--El piloto Torres, primer explorador -de las costas australianas. 215 - -XVI.--EL PAÍS DE LAS ESPECIAS.--La vieja Batavia -y la famosa Compañía de las Grandes Indias.--Cómo -vivió Java dos siglos y medio de colonización -holandesa.--Opulencia de Batavia.--Abundancia de -dinero y de enfermedades mortales.--El monopolio -de las especias.--Destrucción de artículos para mantener -su escasez.--Las ciudades-jardines de Weltevreden -y Micer Cornelius.--Una plaza de un kilómetro -cuadrado.--El país del _batik_.--Muchedumbres -hermosas y colorinescas.--El dulce mahometismo -del pueblo javanés.--Facilidad de las javanesas para -desnudarse.--El turbante y los pies descalzos.--Baño -de las mujeres en las calles.--Dos condiciones -exigidas por los antiguos javaneses para dejarse matar -tranquilamente.--El «traidor» Erberfeld y su -eterna execración.--Reparto equitativo de las vergüenzas -del pasado. 228 - -XVII.--EL PARAÍSO JAVANÉS.--Enorme población -de Java.--Sus arrozales en escalones.--Exuberancia -vegetal.--Las chozas y sus habitantes.--Duchas naturales -al aire libre.--Adán y Eva como antes del pecado.--Llegada -á Garoet.--Nos extraviamos en sus -alrededores.--Una tempestad ecuatorial.--El refugio -de los veinte javaneses misteriosos.--Fuga bajo la -tormenta.--Lo que vi á las puertas de Garoet y no -olvidaré nunca. 243 - -XVIII.--BAJO LA LLUVIA ECUATORIAL.--Mi cama -y mis compañeros de alcoba.--Los vendedores de -Garoet.--La superstición del dólar.--Javaneses y -malayos.--Locura homicida de los que «corren el -_amok_».--La lira de cañas.--El baile en el hotel.--La -«Sinfonía de la selva».--Los cuatro jóvenes nobles -y sus danzas.--Regalo de un _kris_ del antepasado.--El -Guiñol javanés.--Una novela caballeresca con monigotes -y música. 259 - -XIX.--LA PUERTA DEL EXTREMO ORIENTE.--El -jardín de Buitenzorg.--Flores que parecen insectos -é insectos iguales á pedazos de madera.--El estrecho -de Gaspar.--Los fenicios del Pacífico y sus -portentosas navegaciones.--Verdadera patria de -Simbad el Marino.--La cosmopolita ciudad de Singapore.--El -gobernador Raffles.--Mezcla de pueblos -y religiones.--Mi primera visita á un templo brahmanista.--El -cultivo actual del caucho.--Rutina inglesa -de los futbolistas de Singapore.--Degradación -de los blancos que van en tranvía.--Juglares y domadores -de serpientes.--El _smoking_ blanco.--Los -maravillosos sastres chinos.--Cuatro trajes en dos -horas. 275 - -XX.--LA CIUDAD DE LOS ELEFANTES.--La muerte -del más gordo de los _stewards_.--Una mosca javanesa.--Cadáver -al agua.--El río de Rangoon.--La famosa -pagoda de Shway Dagon.--Todos bonzos.--La superioridad -de la mujer birmana.--Sus enormes cigarros.--Los -serpenteros de Rangoon y sus pupilas.--Abundancia -de elefantes.--Su inteligencia y sus -trabajos.--Hombres con pendientes y peinado de -mujer.--La policía pega. 290 - -XXI.--LOS TRES CABELLOS DE BUDA.--El aspecto -de Rangoon.--Los Lagos Reales y sus peces sagrados.--Europeos -de Rangoon que no han visitado -nunca la pagoda de los tres cabellos de Buda.--Miedo -á las muchedumbres de peregrinos.--El orgullo -británico y los pies desnudos.--Un entierro de fanáticos -de Madrás.--El templo más antiguo del -mundo.--La interminable escalera, su mercadillo y -su basura.--La montaña de oro, centro de la meseta -sagrada.--Pagodas, pagodones y pagodines.--Gran -variedad de imágenes de Buda.--Mi amigo el -joven bonzo.--Cosas horripilantes y curiosas que me -enseña. 304 - -XXII.--LA BAHÍA DEL DIAMANTE.--Un brazo del -Ganges.--La yungla y sus gentes.--El camino de -Calcuta.--Cañonazos de sus defensores.--Abandonamos -el _Franconia_.--Invasión alada.--La marina -fluvial de los indostánicos.--El maquinismo inglés -en las riberas del Ganges.--El yute.--Fabricación -de sacos para toda la tierra.--Los homenajes al río -sagrado.--Caimanes y flores. 319 - -XXIII.--EL QUEMADERO DE CALCUTA.--Caras europeas -y vestiduras exóticas.--Los _ghats_ del Ganges.--Las -estadísticas médicas de la India.--Un cortejo -fúnebre.--La última oración.--Los fugitivos de -la muerte convertidos en animales.--Las hogueras -de la mañana.--El horrible enano del Quemadero y -sus clasificaciones.--Cremación de una madre que -parece una niña.--Las purificaciones preliminares.--Cadáver -de pobre esperando que alguien pague -su leña. 329 - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VUELTA AL MUNDO DE UN NOVELISTA; -VOL. 2/3 *** - -***** This file should be named 63816-0.txt or 63816-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this ebook. - -Title: La vuelta al mundo de un novelista; vol. 2/3 - -Author: Vincente Blasco Ibáñez - -Release Date: November 20, 2020 [EBook #63816] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team - at http://www.pgdp.net (This file was produced from images - available at The Internet Archive) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VUELTA AL MUNDO DE UN -NOVELISTA; VOL. 2/3 *** -</pre><hr class="full" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_1" id="page_1">[Pg 1]</a></span></p> - -<div class="c"> -<img src="images/cover.jpg" height="550" alt="" /> -</div> -<div class="c"> -<img src="images/inside-front.jpg" height="550" alt="" /> -</div> - -<table border="0" cellpadding="0" -style="border:3px double gray;padding:1em;"> -<tr><td class="c"> -<a href="#INDICE"><b>AL ÍNDICE</b></a><br /> -</td></tr> -</table> - -<p class="c">LA VUELTA AL MUNDO,<br /> -DE UN NOVELISTA</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">[Pg 2]</a></span> </p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">[Pg 3]</a></span> </p> - -<p class="c"><span class="smcap">Vicente</span> BLASCO IBAÑEZ</p> - -<h1>LA VUELTA AL MUNDO,<br /> -DE UN NOVELISTA</h1> - -<p class="c"><b>TOMO II</b><br /> -<br /><br /> - -CHINA.—MACAO.—HONG-KONG.—FILIPINAS.<br /> -JAVA.—SINGAPORE.—BIRMANIA.—CALCUTA - -<br /><br /> -<br /> -<br /><br /> -PROMETEO<br /> -Germanías, 33.—VALENCIA<br /> -(Published in Spain)<br /> -1924<br /></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">[Pg 4]</a></span> </p> - -<div class="blockquote"> -<p><span style="text-decoration:overline;"><span class="smcap">Es propiedad.</span>—Reservados todos</span><br /> -los derechos de reproducción, traducción<br /> -y adaptación.<br /> -</p><p style="text-decoration:underline;"> -Copyright 1924, by V. Blasco Ibáñez.<br /></p> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">[Pg 5]</a></span> </p> - -<h1>LA VUELTA AL MUNDO, DE UN NOVELISTA</h1> - -<h2><a name="I" id="I"></a>I<br /><br /> -EN MUKDEN</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Caballitos manchures y perros siberianos.—Un desierto de nieve por -cuya posesión se mataron 154.000 rusos y japoneses.—La dinastía de -«Los Muy Puros» y sus mausoleos.—El frío, maestro de -humildad.—Las escalinatas chinas y «el sendero imperial».—La -chiquillería pedigüeña de las estaciones.—Un gendarme que -pega.—Indignación patriótica.—La incoherencia de los demonios -blancos.</p></div> - -<p>Espero las primeras luces del alba paseando por los salones del Hotel -Yamata, en la estación de Mukden.</p> - -<p>Miro por las grandes puertas de cristales que dan á los andenes y veo -correr grupos de chinos cargados con fardos envueltos en telas de -colores ó llevando maletas de forma europea. Han descendido de un tren -procedente del interior de la China y van al asalto de otro más corto -que debe conducirles á Dairén, á Port Arthur y demás poblaciones del -inmediato golfo de Liao Tung. Luego contemplo por las vidrieras de la -parte opuesta el aspecto de Mukden, ciudad misteriosa para mí, envuelta -<span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">[Pg 6]</a></span>en la noche y la nieve.</p> - -<p>La curiosidad me hace salir á la ancha plaza de la estación, pero el -frío es tan intenso que retrocedo á los pocos minutos. En esta plaza hay -muchos carruajes de caballos, en espera sin duda de algún tren matinal; -pero los cocheros, á pesar de sus gorros tártaros y sus gabanes de piel -de zorro, se han refugiado en los cafetines de las inmediaciones. Los -famosos caballitos manchures, nerviosos, agresivos, de largo pelaje, -entretienen su abandono coceando silenciosamente la nieve del suelo, -haciendo exhalar á los vehículos con sus estremecimientos un ruido de -ferretería vieja, expeliendo dos chorros de vapor por sus narices -propensas al relincho. Estos caballos de corta alzada se muerden entre -ellos, y cuando se entregan á la excitación de la carrera galopan como -desbocados. Por entre sus patas se deslizan perros siberianos de -hirsutas lanas. De tarde en tarde aparece un cochero. Como va forrado en -pieles y las orejeras de su gorro las lleva sueltas y erguidas, tiene el -aspecto de una bestia de la noche que momentáneamente marcha en posición -vertical.</p> - -<p>Vuelvo á sentir la misma extrañeza que en Corea viendo esta aglomeración -de caballos. Los ojos parecen haberse acostumbrado á la escasez de -animales que se nota en el Japón, donde todo lo hace el brazo humano, -sin pedir auxilio á las especies domesticadas que ayudan al hombre en su -trabajo.</p> - -<p>Van surgiendo de la nocturna lobreguez las techumbres nevadas de los -edificios. La ciudad de Mukden, á la que los naturales llaman Fengtien, -empieza á dibujarse en la lívida penumbra con un aspecto contradictorio -é híbrido. Cerca de la estación hay edificios modernos de muchos pisos, -que imitan la arquitectura norteamericana con todas sus audacias. Más -allá, las calles son iguales á las japonesas y coreanas, tienen una -amplitud de<span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">[Pg 7]</a></span> cuarenta ó cincuenta metros y edificios de un solo piso -hechos de madera.</p> - -<p>Llegan varios automóviles y sus conductores se ofrecen para llevarnos á -los mausoleos imperiales de la dinastía manchura, lo más interesante que -existe en las inmediaciones de Mukden. Salimos con los primeros -resplandores del alba, por unas calles anchas y completamente dormidas -bajo sus sábanas de nieve. Luego, en pleno campo, el frío, el silencio y -la luz cenicienta del amanecer invernal dan una tristeza abrumadora al -dilatado paisaje.</p> - -<p>Pensamos que más de un millón de hombres se batieron aquí, en la famosa -batalla de Mukden, que duró dos meses, por la posesión de un suelo -monótono é inclemente como un paisaje ártico. Luego recordamos que esta -tierra goza, como tantas otras, una primavera y un verano. Los -exploradores del río Amur, que corre por la Manchuria septentrional, -cuentan cómo en los bosques de sus orillas chorrea la miel formando -arroyuelos: tantas son sus flores y sus abejas. En su parte meridional, -que es donde estamos, se obtienen grandes cosechas de toda clase de -cereales. Pero nosotros sólo vemos ahora una planicie de nieve, y -surgiendo de ella, como grupos de escobas plantadas por el mango, -algunos bosquecillos de árboles negros y escuetos.</p> - -<p>El automóvil, al marchar por esta llanura uniforme, donde su conductor -tiene que adivinar con ojos de piloto la existencia del camino oculto, -cae en hoyos ignorados ó se ladea de un modo alarmante al borde de -taludes invisibles. Algunas veces saltamos sobre inexplicables oleajes -del suelo. Es que nos hemos metido en un cementerio chino y vamos -pasando sobre las cúpulas de tierra de los sepulcros, que apenas si se -revelan con ligerísimas curvas en el igualamiento realizado por la -nieve.<span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">[Pg 8]</a></span></p> - -<p>La lucha de nacionalidades agita sordamente al país manchur y se deja -adivinar en las casas de madera que se agrupan como avanzadas de la -ciudad sobre este mar sólido y blanco, de horizontes infinitos. En unas -ondea la bandera japonesa, en otras el pabellón quinticolor de la -República china. Los verdaderos dueños del país, chinos y manchures, -duermen con la bandera izada sobre sus techos, para que dé testimonio -hasta en las horas nocturnas de la nacionalidad del suelo. Los japoneses -son cada vez más numerosos en Mukden y van acaparando el comercio. Su -gobierno posee ya legítimamente la tierra coreana que existe al otro -lado del río Yalu. Además, sostiene una guarnición en Mukden y otras -ciudades manchuras que son de la China, con pretexto de guardar el -ferrocarril. Desea convertir en propiedad definitiva lo que es hasta -ahora ocupación temporal. La propaganda japonesa habla frecuentemente de -los 87.000 rusos y los 67.000 japoneses que murieron batallando -alrededor de Mukden. Ve en tan enorme montón de cadáveres un título de -propiedad para anexionarse definitivamente este centro ferroviario á -veinticuatro horas de Pekín.</p> - -<p>Una música alegre y ruidosa anima de pronto el silencioso desierto -blanco. Nos cruzamos con una boda china. El cortejo va en busca de la -novia, que debe haber abandonado la cama á media noche para hermosearse. -Al frente marcha un grupo de músicos sonando gaitas y tamboriles. Van -vestidos de rojo con galones de oro y en la cabeza llevan unos -sombreros-paraguas barnizados de amarillo. Seguido de una escolta de -invitados y parientes pasa el pintarrajeado palanquín nupcial, con -manojos de plumas en sus ángulos y una gran flor dorada en su vértice.</p> - -<p>Otra vez los campos de nieve, los árboles negruzcos,<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">[Pg 9]</a></span> y grandes revuelos -de cuervos alzándose en espiral para caer sobre algún cadáver invisible. -Después de varias millas de avance fatigoso llegamos á las tumbas de los -emperadores manchures.</p> - -<p>Los que están en ellas fundaron la última dinastía china, ó sea la -destronada. Hasta hace tres siglos los manchures fueron un pueblo -nómada, de civilización rudimentaria, pero muy numeroso. La palabra -china <i>Mand-chou</i> significa «país muy poblado». Estos jinetes, hábiles -arqueros, se batían indistintamente á pie ó á caballo.</p> - -<p>El Imperio chino, que parece en la Historia viejo como el mundo, -sucediéndose dentro de él las dinastías casi lo mismo que en el antiguo -Egipto, estuvo en peligro de perecer destrozado á mediados del siglo -XVII. El último de los Ming, viéndose desobedecido por muchas de sus -provincias, necesitó auxiliares para combatir á los rebeldes y acudieron -en su defensa los tártaros de la Manchuria, acaudillados por su rey -Chunti-Ti. Éste, después de restablecer el orden, destronó al emperador -que le había llamado, se hizo dueño de Pekín y acabó por apoderarse de -toda la China, fundando la dinastía 22, llamada de los Tai Thing (Los -Muy Puros), que ha durado hasta nuestros días. En realidad, los últimos -emperadores nada tenían de chinos por su origen ni por su aspecto -físico. Eran tártaros-manchures. Por eso los republicanos chinos -pudieron dar á su revolución un carácter nacional, combatiendo á los -monarcas intrusos en nombre de la antigua China.</p> - -<p>Un bosque de árboles escuetos y ennegrecidos por el invierno rodea el -parque donde están las tumbas monumentales de los primeros soberanos de -la dinastía Tai Thing. Al echar pie á tierra nos hundimos en la nieve. -Un obstáculo inesperado nos inmoviliza luego ante el<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">[Pg 10]</a></span> arco que da acceso -al parque. El encargado del monumento no ha venido aún de la ciudad, y -los dos guardias que lo vigilan son unos soldados manchures, grandes, de -perfil caballuno, sobrios en palabras y obedientes á la consigna. Uno de -nuestros guías tiene que ir en busca de dicho empleado, no sé dónde, y -quedamos frente á la entrada del monumento, rodeados de la mañana -lívida, con nieve hasta media pierna y recibiendo en el rostro un viento -cortante.</p> - -<p>A un lado hay una casucha de aspecto miserable, el cuerpo de guardia de -los cuatro soldados que custodian este monumento histórico. -Instintivamente voy hacia dicho refugio, atraído por las caras amarillas -de los dos hombres libres de servicio que nos miran por un ventano. Me -asomo á este antro con amable sonrisa. Veo una tarima á medio metro del -suelo y sobre ella mantas y algunas prendas haraposas de estos -guerreros, que no se distinguen ciertamente por la flamancia de sus -uniformes.</p> - -<p>Hay en el ambiente la densidad hedionda de los locales cerrados donde -han dormido toda una noche hombres de excesiva salud. Varios ladrillos -forman un pequeño fogón, y dentro de él hay lumbre, con más ceniza que -brasas.</p> - -<p>¡Ah, el frío! ¡Cómo aterciopela los caracteres más ásperos! ¡Qué gran -maestro de humildad! Su influencia es tan poderosa como la del hambre. -Me siento agradecido junto á este fogón, poniendo los pies sobre las -moribundas brasas, hasta que noto cómo las suelas de mis zapatos -empiezan á quemarse.</p> - -<p>De todos modos debo abandonar mi asiento. Varias señoras han adivinado -mi retiro y entran en el tabuco soldadesco, lanzando exclamaciones de -sorpresa á la vista del mísero hogar. Algunas de ellas son millonarias<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">[Pg 11]</a></span> -de los Estados Unidos, y además hermosas y de gustos refinados; pero hay -que ver sus amabilidades y sonrisas con los guerreros manchures para -justificar tal invasión. Ponen sus piececitos elegantemente calzados -sobre la lumbre mediocre, y hablan á estos jayanes amarillos, con gorra -de piel rematada por dos orejas asnales, como si el mundo estuviese ya -transformado bajo el rasero de una revolución igualitaria, como si la -moneda hubiese perdido toda influencia, siendo los únicos potentados del -planeta capaces de dispensar mercedes los poseedores del pan y del -fuego.</p> - -<p>Llega al fin el personaje deseado y podemos entrar en la avenida -cubierta de nieve virgen que conduce á las tumbas imperiales. Los -soberanos manchures construyeron aquí unos mausoleos semejantes á los -que habían levantado cerca de Pekín los Ming, anteriores á ellos.</p> - -<p>Todas las avenidas están bordeadas con imágenes gigantescas de granito -que representan animales. Parejas de caballos, de camellos, de elefantes -y leones, esculpidos en una piedra negruzca, se suceden, formando -luengas perspectivas. Al final de estas procesiones de animales pétreos -se alzan los templos funerarios.</p> - -<p>Son edificios que en otro lugar parecerían sonrientes; se les cree en el -primer momento palacios erigidos por la vanidad de un soberano para -albergar escenas de placer. Su arquitectura tiene oros y lacas -multicolores como materiales primarios. Tal vez en verano, cuando los -campos de la Manchuria son tierras labradas, abundantes en polvo, -parezcan dichos edificios menos alegres y vistosos; pero ahora la nieve -ha barnizado la laca con una humedad de lluvia, y los panteones tienen -la frescura brillante de algo recién construído. Además, los envuelve en -sus fulgores un sol adolescente que acaba de romper los grises telones -de la mañana.<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">[Pg 12]</a></span></p> - -<p>Por primera vez veo en las escalinatas de estos mausoleos el famoso -«sendero imperial».</p> - -<p>Todos los palacios chinos, aunque la madera es su principal materia -constructiva, están asentados sobre plataformas de mármol, y las -escalinatas amplias y extensas que conducen á ellas resultan siempre la -parte más trabajada del monumento. Los escultores han cincelado en sus -barandas, sin tener en cuenta el tiempo ni la minuciosidad de su -trabajo, toda una fauna de reptiles fantásticos. Estas escalinatas -imperiales se hallan partidas por un bloque de mármol, acostado en mitad -de los peldaños, que las divide en dos. Tal bloque es lo que se llama -«sendero imperial».</p> - -<p>Cuando el emperador tenía que ascender por una de aquéllas, nunca -empleaba los peldaños. Éstos eran para sus palaciegos, simples mortales, -á los que era lícito mover las piernas como los demás hombres; el Hijo -del Cielo sólo podía subir por una pendiente. Mientras los personajes de -su séquito iban avanzando escalón por escalón—los mandarines letrados -por los peldaños de la derecha, los mandarines militares por los de la -izquierda—, el Hijo del Cielo ascendía lentamente por el bloque de -mármol intermedio.</p> - -<p>En algunos de los palacios de Pekín hay «senderos imperiales» hasta de -18 metros y de una sola pieza. La piedra ostenta cincelado el emblema -del Imperio de Enmedio: dos dragones en posición invertida, teniendo -cada uno de ellos la cabeza junto á la cola del otro. Las escamas de -esta pareja de bestias heráldicas forman profundas rugosidades en el -mármol; así el divino monarca podía afirmar sus pies, calzados -simplemente con ligeras sandalias de pergamino.</p> - -<p>Volvemos á Mukden para ver los barrios viejos, que aún conservan sus -murallas y sus puertas-castillos, con<span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">[Pg 13]</a></span> techumbres cornudas. Visitamos -igualmente el palacio que construyeron los emperadores manchures, y hoy -se halla convertido en museo. Pero aunque todo esto nos sorprende y nos -interesa, por ser una primera visión de la vida china, se empalidece -algunos días después cuando llegamos á Pekín, menospreciando su recuerdo -como el de una copia borrosa comparada con la obra original.</p> - -<p>Al recorrer las calles de Mukden nos fijamos en la enorme cantidad de -anuncios industriales colocados en paredes y vallas por los almacenes de -los Estados Unidos y de Europa establecidos aquí. Ostentan figuras de -colores, vestidas á la moda occidental, pero los rostros de dichos -monigotes, pretenciosamente elegantes, aunque guardan los rasgos -principales de la raza blanca, tienen los ojos oblicuos, poco abiertos, -y una sonrisa achinada, para que el público amarillo les reconozca una -belleza verdadera.</p> - -<p>Antes del mediodía salimos para Pekín. Atravesamos campos grises, cuyo -suelo ligeramente rizado recuerda la arena fina de las playas con las -huellas caprichosas del viento. De estos arenales obscuros surgen -islotes de arboleda ennegrecida.</p> - -<p>Vemos marchar, paralelas al tren, largas caravanas de carretas. Estos -vehículos, de techo redondo, van tirados por caballitos manchures, -fieros, peludos, de inagotable vigor. Su pequeñez contrasta con el -tamaño del carruaje, dando á la caravana cierto aspecto cómico de -juguete.</p> - -<p>Los hombres, seguidos por numerosos perros, marchan al lado de sus -caballos. Todos llevan gorro de pieles; pero como el día es de sol, han -soltado las orejeras que defienden su rostro por ambos lados, y los dos -apéndices, erguidos sobre la cabeza, acompañan su marcha<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">[Pg 14]</a></span> con un -balanceo grotesco. Las huellas de sus pies se destacan en blanco sobre -el camino gris. Lo que creíamos arena es simplemente nieve sucia.</p> - -<p>Al quedar inmóvil nuestro coche en una estación, más allá del término -del andén, se va agolpando una muchedumbre contra el alambrado de púas -que defiende la vía. Por primera vez nos vemos enfrente del populacho de -este país de inmensa procreación, donde la gente surge de todas partes -con una abundancia rumorosa de colmena y la existencia humana parece -valer menos que en otras tierras.</p> - -<p>El pueblo bajo va en China invariablemente vestido de lienzo azul; pero -á causa de ser muy crudos los inviernos en las provincias -septentrionales, se procuran todos el abrigo necesario forrando -interiormente pantalones y blusas con una capa de algodón en rama. Los -soldados también van con ropas acolchadas, lo que les da un aspecto -hinchado y cuadrangular. Como los trajes del populacho son andrajosos, -se escapa por todas las roturas su relleno algodonado, y los mendigos, -los jornaleros del campo, toda la chiquillería sucia y pedigüeña -amontonada en las vallas de las estaciones, tienen aspecto de insectos -aplastados, que sueltan por las grietas de su cascarón azul las -reventaduras de unas entrañas mantecosas.</p> - -<p>Vemos debajo de nuestras ventanillas, clavándose las púas del alambrado -sin que parezcan sentirlo, más de cien muchachuelos de cara amarillenta -salpicada de costras de suciedad. Parece dudoso que se hayan lavado -alguna vez. Los más conservan la coleta que la República china ha -suprimido en Pekín y otras poblaciones importantes. Revueltas con ellos -hay varias muchachas, vestidas igualmente con pantalones y blusa azules, -que dejan asomar sus rellenos blancos. Se las conoce por su<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">[Pg 15]</a></span> cara, más -ancha de pómulos y menos sucia que la de los varones; por su peinado, -que consiste simplemente en una cortinilla de pelos recortados caída -sobre la frente y una trenza anudada sobre el cogote.</p> - -<p>Se empujan todos levantando los brazos, con las manos muy abiertas. -Chillan, rugen, algunos lloran. Los más pequeños caen al suelo -zarandeados y pateados por sus camaradas, pero se levantan -inmediatamente para unirse al pedigüeño concierto. Otras veces fingen -dolores ó los exageran, para atraer la piedad.</p> - -<p>Los empleados del tren recomiendan que no se dé dinero á las -muchedumbres mendicantes de las estaciones. La República quiere suprimir -esta vil costumbre de otros tiempos. Pero ¡cómo resistirse á unas -vociferaciones de súplica que duran ya varios minutos! La infancia -inspira siempre interés, y éste aumenta cuando los niños tienen el -atractivo del exotismo. Toda esta avalancha de muchachos con faz -arrugada y ojos de viejo, de niñas con peinado de mujer, carillenas y -que imitan los gestos de las comadres, nos impulsa á la desobediencia, y -empezamos á arrojar puñados de monedas por las ventanillas.</p> - -<p>¡Nunca lo hubiéramos hecho!... Al ver el dinero, los grandes se unen á -los pequeños. Grupos de mocetones que contemplaban impasibles el paso -del tren se arrojan en medio de la chiquillería, disputando á puñetazos -y bofetadas la conquista de las monedas.</p> - -<p>En el extremo del andén hay un féretro chino, con forro de estera, que -indudablemente contiene un cadáver. Siempre se encuentra algún muerto en -las estaciones chinas. Todo hombre amarillo, al sentirse morir fuera de -su casa, si tiene dinero ó parientes, pide que lo trasladen á su país -natal. Si muere en el otro extremo del planeta, procura dejar antes lo -necesario para que lo entie<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">[Pg 16]</a></span>rren en China. Aquí los muertos viajan tanto -como los vivos. Unas mujeres que están junto á dicho féretro corren -también para cazar en el aire algunas de las monedas, con agresivo -manoteo.</p> - -<p>Un personaje inesperado surge en mitad de esta ola de rostros amarillos -y manos ganchudas que se retira del alambrado con el reflujo de sus -empujones y avanza otra vez para chocar contra sus púas. Es un soldado -vestido de azul, con polainas blancas y gorra á estilo japonés. Sostiene -su fusil con una mano y lleva en la otra un látigo de cuero.</p> - -<p>Desde el primer momento se da á conocer como un hombre extraordinario, -verdaderamente extraordinario por su fealdad y por su energía dinámica. -Tiene el rostro amarillo de cera, con numerosas arrugas á pesar de su -juventud. Debajo de la gorra le cuelgan hasta los hombros unas melenas -lacias, semejantes á los pelos de mono con que adornan algunas señoras -sus abrigos. En cuanto á pegar, no he visto en mi vida manos más ágiles -é incansables. No es un hombre: es toda una compañía que se lanza á -través de la masa adversaria, partiéndola, sembrando el espanto y la -dispersión, abriendo un desierto medroso en torno á su personalidad -soberbia y triunfante.</p> - -<p>Pega con las manos y casi al mismo tiempo con los pies, como si se -mantuviese en el aire por obra de nuevas leyes de gravitación. Esparce -culatazos, latigazos, patadas, y su deseo sería morder igualmente; pero -nadie se pone al alcance de su dentadura de caballo.</p> - -<p>Surge de las diversas ventanillas un coro de indignación. Todos nos -equivocamos. Varias señoras norteamericanas protestan en inglés; yo -vocifero en español, como si el terrible guerrero pudiera entendernos.<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">[Pg 17]</a></span></p> - -<p>Hemos visto soldados nipones en Mukden ocupando una tierra que no les -pertenece, y como este guerrero azul de las melenas desmayadas y la -gorra á lo japonés es extremadamente feo, no sentimos duda alguna sobre -su nacionalidad. Todos enronquecemos, indignados por las brutalidades -del invasor.</p> - -<p>—¿Con qué derecho les pega usted, miserable? Váyase á su país. Estos -pobres chinos están en su casa... ¡Verdugo!... ¡Salvaje!...</p> - -<p>Pero un intérprete corre de ventanilla en ventanilla dando -explicaciones. Nos equivocamos. Es un gendarme chino que desea librarnos -á su modo, por los medios que él considera más seguros y prontos, del -ruidoso asalto de estos mendigos.</p> - -<p>Callamos, algo avergonzados de nuestro error, sintiendo una repentina -simpatía por el militar de las greñas de mono. ¡Las deducciones -incoherentes del patriotismo!... Al saber que es chino, ya nos parece -más aceptable y natural que les pegue á sus compatriotas.</p> - -<p>El pobre hombre que acudió creyendo realizar una buena acción permanece -ahora inmóvil, intimidado por nuestros gritos, mirándonos con sus -ojillos agudos. No comprende nuestras protestas por un acto tan -corriente. En China, los representantes de la autoridad siempre llevaron -un látigo en la mano.</p> - -<p>Al saber que no es japonés y si pega lo hace dentro de su casa, algunos -viajeros hasta le echan cigarrillos. Él saluda con sonrisa humilde, -enciende uno y empieza á fumar, rodeado de toda la masa humana á la que -zurró momentos antes, y que le contempla con cierta admiración.</p> - -<p>Todos permanecen quietos. Algunos se rascan los chichones recientes ó se -limpian con las manos la sangre de sus rostros.<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">[Pg 18]</a></span></p> - -<p>El gendarme no puede explicarse nuestra indignación anterior, ni las -repentinas muestras de simpatía que recibe ahora. Fuma y nos mira -asomados á nuestras ventanillas, como si fuésemos bestias raras dentro -de una jaula ambulante.</p> - -<p>Se adivina su pensamiento:</p> - -<p>«¡Demonios blancos, locos y bárbaros!... Nunca sabe uno cómo darles -gusto.»<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">[Pg 19]</a></span></p> - -<h2><a name="II" id="II"></a>II<br /><br /> -LA LLEGADA Á PEKÍN</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Los bandidos chinos y los trenes-fortalezas.—Una mala noche.—El -Imperio del bambú soberano y de la paliza paternal.—5.000 años de -historia conocida.—Recordando á Marco Polo.—Los cuatro grandes -héroes de la Geografía.—«Micer Millones».—Cómo por obra de Marco -Polo salieron Colón y los navegantes españoles hacia Pekín, para -visitar al Gran Kan, y dieron con la ignorada América.—El -despertar en Tien-Tsin.—Los chinos elegantes.—Agricultura sabia y -campos de tumbas.—Una puerta de diez siglos con telegrafía sin -hilos.</p></div> - -<p>Al cerrar la noche, nuestro tren se transforma en una fortaleza.</p> - -<p>Varios oficiales llevando largo abrigo de pieles y gorra con insignias -de oro, á la que han añadido orejeras peludas, pasan de vagón en vagón -dando órdenes, como si preparasen la resistencia á un asalto. En las dos -plataformas de nuestro coche se sitúan centinelas con el fusil cargado y -la bayoneta calada. En el pasillo quedan algunos más para relevar á sus -compañeros durante la noche. A la cabeza y á la cola del tren van dos -numerosos destacamentos en vagones blindados.</p> - -<p>Nuestros defensores pertenecen al nuevo cuerpo que acaba de crear la -República china con el título de «Guardia de Ferrocarriles». El país -está infestado de bandoleros que asaltan los trenes. Muchos de estos -bandidos son antiguos soldados. El chino, después de conocer la<span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">[Pg 20]</a></span> vida -militar, en la que come mejor que la mayoría de sus compatriotas á -cambio de mantener un fusil en uno de sus hombros, ya no quiere -desprenderse de dicha arma, pues ve en ella la herramienta del más fácil -y agradable de los oficios. Si lo licencian ó lo expulsan de su -regimiento, se agrega á la partida de facinerosos más inmediata.</p> - -<p>Hace cuatro meses fué asaltado un tren entre Pekín y Shanghai, y los -bandidos secuestraron á los que iban en él (europeos y norteamericanos), -para exigir grandes rescates. El gobierno, después de este suceso, se -preocupa de vigilar las líneas férreas. No quiere que se repitan las -reclamaciones diplomáticas; teme que el Japón aproveche tales incidentes -para insinuar una vez más la conveniencia de que China le ceda la -custodia de sus ferrocarriles. Esto traería como primer resultado el -establecimiento de tropas japonesas dentro del territorio chino: una -invasión disimulada igual á la de Manchuria.</p> - -<p>No es algo nuevo, que debe atribuirse á la anarquía política del país -con motivo de su revolución, esta inseguridad de los caminos. Los -bandoleros y los piratas abundaron siempre en China, llegando en otros -siglos á quebrantar la autoridad de los emperadores, estableciendo un -Estado nuevo y excepcional dentro del vasto Imperio. El vulgo aún -muestra admiración por ciertos bandoleros famosos del mar y de los -caminos, héroes de antiguos poemas y novelas.</p> - -<p>Los soldados instalados en el pasillo de nuestro vagón hablan en voz -alta, fuman y discuten con una inconsciencia que impide toda protesta. -Están aquí para defendernos, y como ellos no deben dormir, encuentran -natural que sus protegidos se priven igualmente del sueño. Sus orejeras -peludas, sus pellizas rústicas, las greñas aceitosas que cuelgan por -debajo de sus gorras,<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">[Pg 21]</a></span> les dan un aspecto inquietante. Tal vez han sido -bandidos antes de figurar como defensores del orden. Según se dice, la -Guardia de Ferrocarriles la ha reclutado el gobierno entre el personal -de las antiguas bandas, para mayor seguridad. Si les conviene, mañana, -en vez de ir dentro del tren para defenderlo, se apostarán al lado de la -vía para asaltarlo.</p> - -<p>Esto no les impide mostrarse joviales, agradecidos y un tanto -confianzudos. Cuando les dan cigarrillos, acogen el regalo con -gesticulaciones cómicas de gratitud. Si pasa una señora por el corredor -señalan las sortijas ó los pendientes que lleva, y á continuación fingen -que sacan el revólver, imitando con la boca varios tiros imaginarios. -Pretenden expresar con esta mímica su resolución de batirse hasta la -muerte en defensa de tales alhajas; pero mejor preferirían apoderarse de -ellas, al verse lejos de la vigilancia de sus oficiales, jóvenes, -correctos, de aire militar europeo, que mantienen firmemente la -disciplina.</p> - -<p>Los coches-camas del Japón imitan á los de la América del Norte. Los que -ruedan por las líneas chinas son parecidos á los de Europa, pero más -abundantes en dorados, y con una altura tan exagerada y absurda de sus -camas superiores, que hace necesario el empleo de una escala de muchos -travesaños para poder acostarse en ellas.</p> - -<p>Como las voces de los chinos no nos dejan dormir, entretengo mi insomnio -pensando en la historia de esta aglomeración humana, la más antigua y -numerosa de todas las existentes, sobre cuyo suelo vamos deslizándonos á -través de la noche. Esta historia abarca más de 5.000 años, y sus -episodios salientes son veintidós cambios de dinastía y dos grandes -invasiones: la de los tártaros mogoles y la de los manchures.<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">[Pg 22]</a></span></p> - -<p>Egipto es de mayor antigüedad; mejor dicho; los historiadores han ido -más lejos en sus descubrimientos, ensanchando las fronteras de su -pasado. Pero el viejo Egipto hace miles de años que dejó de existir, y -la China se conserva viva y sólida, como en los tiempos de sus -emperadores fabulosos.</p> - -<p>Recientemente desorientó al mundo, saltando sin transiciones -constitucionales del régimen despótico más absoluto á la República -democrática. Mas esto no pasa de ser un cambio de fachada, ya que la -revolución todavía no ha reformado gran cosa en el interior del -edificio.</p> - -<p>El país más grande y más viejo de la tierra conservó hasta hace una -docena de años la forma de gobierno de las sociedades primitivas: el -régimen patriarcal. La autoridad política imitaba la autoridad del jefe -del hogar. El emperador era el padre de los padres, reinando sobre -centenares de millones de súbditos, como los patriarcas de la Biblia -sobre su descendencia. El Hijo del Cielo pegaba ó premiaba como un -padre, y sus palabras eran manifestaciones de la sabiduría divina. Del -mismo modo el padre chino ha guardado dentro de su hogar, hasta hace -poco, el derecho de vida ó muerte sobre sus hijos, casándolos á su -antojo, sin consultar para nada su voluntad.</p> - -<p>Durante 5.000 años el bambú flexible y duro fué el verdadero cetro de -este Imperio, la varilla mágica que hizo marchar los engranajes del -Estado, impulsando á los hombres á la práctica de la virtud. El único -chino exento del peligro de sufrir una paliza era el Hijo del Cielo. Sus -ministros más apreciados, los mandarines favoritos, los virreyes de las -provincias, todos podían recibir por orden del emperador unas cuantas -docenas de bastonazos, como penitencia de faltas ó descuidos. Y después -de soportar esta muestra del interés imperial, continuaban en el -ejercicio de sus funciones.<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">[Pg 23]</a></span></p> - -<p>Acostumbrados desde su niñez á los castigos del padre, nunca se creyeron -los chinos deshonrados por unos cuantos palos más ó menos en el curso de -su existencia. La paliza no cortaba una carrera ni quebrantaba el -prestigio del que la sufría. Era como para nosotros pagar una multa por -infracción de los reglamentos municipales. La policía imperial llevaba -el bambú ó el látigo siempre en la diestra, para aplicar el correctivo -apenas notada la falta.</p> - -<p>Este Imperio, gobernado lo mismo que una casa por un padre de origen -celeste, con cerca de 500 millones de hijos, fué creando en el curso de -cincuenta siglos una civilización que hoy se cae al suelo de puro vieja -y refinada, pero tuvo en todas las épocas el poder de asimilarse á sus -vencedores, de transformar á los caudillos fieros que se adueñaron de su -territorio, convirtiéndolos en emperadores chinos, iguales á las -dinastías fenecidas.</p> - -<p>Hasta hace 800 años, nuestro mundo occidental, indiscutiblemente bárbaro -en comparación con el llamado Imperio de Enmedio, nada sabía de éste. -Los capitanes que siguieron á Alejandro hasta la India y los romanos del -Imperio llegaron á conocer vagamente la existencia del llamado «País de -la seda». Mas á esto se limitaron sus noticias sobre la tierra china. -Algunos viajeros árabes la visitaron en los primeros siglos de la Edad -Media, pero nada se supo en Occidente de sus relatos.</p> - -<p>La humanidad se ha desenvuelto en dos escenarios diferentes sobre el -gran macizo continental que forman juntas Asia y Europa, sin que el -grupo de la vertiente atlántica-mediterránea supiese nada del otro grupo -establecido en la opuesta vertiente del Pacífico. Ni Grecia ni Roma -tuvieron noticias de la civilización que se iba desarrollando, con -muchos siglos de adelanto sobre ellas,<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">[Pg 24]</a></span> al otro lado de la barrera -formada por el Asia Menor, la Persia, la India y los mares misteriosos.</p> - -<p>Las expediciones de los cruzados y las guerras implacables de -Gengis-Kan, que arrancaron á tantos pueblos asiáticos de sus alvéolos -históricos, lanzándolos como piedras en opuestas direcciones, dejaron -adivinar un poco del misterio chino. Pero fué un hombre aislado, un -comerciante, un explorador amigo de correr aventuras, quien hizo conocer -á los países de Europa lo que existía en este mundo lejano, envuelto en -sombras para los occidentales. Este hombre se llamó Marco Polo.</p> - -<p>Cuatro grandes héroes tiene la Geografía: Alejandro, que llevó la -influencia griega hasta el Ganges; Marco Polo, Colón y Magallanes. Pero -el héroe macedónico pudo realizar en gran parte su corta y asombrosa -carrera porque su padre le había legado toda la fuerza militar y la -sabiduría de Grecia, acaparadas astutamente por él. Colón descubrió un -mundo nuevo auxiliado por los Pinzones y otros nautas españoles, que á -causa de la posición geográfica de su país conocían mejor que los demás -navegantes la existencia de tierras misteriosas en el Océano. Magallanes -vió completada su circunnavegación del planeta gracias á la energía de -Sebastián del Cano, que supo dar fin á tan magna empresa.</p> - -<p>Marco Polo no tuvo colaboradores. Fué un simple mercader de genio, -aficionado al estudio y á los descubrimientos, hábil para aprender las -lenguas y amoldarse á los ambientes; un entendimiento ágil, capaz de -ejercer las más diversas funciones.</p> - -<p>Su padre y su tío habían hecho ya viajes comerciales á través de la -misteriosa Asia, y le llevaron con ellos al ser mozo. Durante veintidós -años vivió lejos de Europa, habituándose á los usos del Extremo Oriente. -Su vida se desarrolla de la mitad del siglo XIII al primer tercio del<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">[Pg 25]</a></span> -siglo XIV. Viajó por el Asia Menor, la Persia, la India, y llegó á China -cuando el nieto de Gengis-Kan acababa de establecer la dinastía mongola -en el Imperio de Enmedio, declarando á Pekín su capital.</p> - -<p>El Gran Kan—nombre que Marco Polo da al emperador de la China y la -tradición consagró durante siglos—necesitaba extranjeros leales que le -sirviesen, en un país recién conquistado y sordamente hostil á sus -nuevos dominadores. Por tal razón acogió favorablemente al mercader -veneciano, que además podía darle noticias de su remoto y desconocido -mundo.</p> - -<p>Marco Polo fué un personaje en el Pekín de hace siete siglos, que se -llamaba entonces Cambaluc (la Ciudad del Señor), y él titula en su libro -Gran Ciudad del Catay. Este título se cambió luego en Pe-King (Corte del -Norte), por haber estado la capital en otras ciudades situadas más al -Sur. El veneciano hasta llegó á ser virrey de una provincia china; pero -su curiosidad le impulsó á correr nuevas tierras, viajando por Sumatra, -Java, Ceilán y Tartaria.</p> - -<p>Pocos autores han influido en las letras como este hombre de acción, -falto de pretensiones literarias. Al volver á su país, los venecianos -escucharon con interés el relato de sus maravillosos viajes. Luego los -incrédulos y los maldicientes hicieron materia de dudas y bromas estas -historias de un mundo lejano, y muchos de sus compatriotas acabaron por -apodarle <i>Micer Millones</i>. Unos lo llamaban así por las riquezas -fabulosas que describía en sus relatos; otros, peor intencionados, -calculaban por millones las mentiras salidas de su boca. Estando en la -cárcel por haber caído prisionero de los enemigos de Venecia en una -batalla naval, escribió la crónica de sus viajes á través del Asia. En -sus últimos días, al hablar melancólicamente de la incredu<span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">[Pg 26]</a></span>lidad de sus -contemporáneos, afirmó no haber puesto en su libro ni la décima parte de -las maravillas vistas por él.</p> - -<p>La veracidad de Marco Polo ha sido comprobada por muchos sabios y -exploradores modernos, sin encontrar en su libro errores geográficos de -bulto ni descripciones inverosímiles. Su obra circuló entre los hombres -doctos de los dos últimos siglos de la Edad Media. Poetas y novelistas -la explotaron para sus relatos caballerescos. Él hizo conocer al Preste -Juan de las Indias, rey misterioso del que tanto se ocuparon los autores -medioevales; él lanzó los nombres de Catay y Cipango para designar á la -China y el Japón; él fué el primero en describir como testigo visual las -riquezas del Gran Kan y sus palacios de Pekín.</p> - -<p>Colón no pudo leer directamente el libro de Marco Polo. Este relato sólo -fué popularizado por medio de la imprenta años después del -descubrimiento de América. Pero empleó como autores de consulta á muchos -que se habían inspirado en el aventurero mercader, repitiendo sus -descripciones de las riquezas asiáticas, en cuya busca fué Colón al -salir de España, siguiendo el rumbo de Occidente. Por Marco Polo conocía -también la existencia del Gran Kan, y estaba tan cierto de encontrarlo, -que pidió á los Reyes Católicos una carta de presentación escrita en -latín, para que aquel le recibiese en su ciudad de Catay como enviado de -España.</p> - -<p>El libro de un explorador que vivió en Pekín á fines del siglo XIII -sirvió para que dos siglos después otro aventurero genial, con tres -puñados de españoles sobre tres barquitos, fuese en busca del Japón y la -China por el lado de Poniente, aprovechando la redondez de la tierra. Y -al insistir en tan audaz aventura dieron todos, sin esperarlo, con una -muralla infranqueable en medio<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">[Pg 27]</a></span> de los mares, la tierra virgen de las -nuevas Indias, mal llamada después América...</p> - -<p>Acabo por dormirme, no obstante los gritos y las risotadas de nuestros -guardianes. Cuando despierto entra el sol por los resquicios de las -ventanillas. Parece que ya hemos pasado la parte más peligrosa del -camino: unas tierras encharcadas por las grandes crecidas fluviales, en -cuyos pantanos, exuberantes de vegetación, se refugian los bandoleros.</p> - -<p>Llegamos á la ciudad de Tien-Tsin, el puerto más inmediato á Pekín. En -el vagón-comedor encuentro á varios europeos residentes en dicha -población, que han subido al tren para trasladarse á la capital. Todos -ellos llevan abrigos de pieles con el pelo á la parte exterior. En otras -mesas hay numerosos chinos de aspecto elegante, que hablan en inglés y -usan el tenedor como los occidentales. Son mercaderes acaudalados ó -personajes adictos al gobierno de la República, que se dirigen á Pekín -para despachar sus asuntos. Llevan el traje nacional: una túnica de rica -seda azul, chaleco negro de damasco abotonado hasta el cuello, y un -solideo de igual color con botón de coral ó de jade. Como la sotana azul -está abierta á partir de las rodillas, deja ver su forro interior de -suaves y costosas pieles. Además, llevan un pantalón sujeto al tobillo, -muy ancho y acolchado por dentro. Todos ellos aman las joyas. Ostentan -valiosas sortijas en las manos finamente cuidadas, y cadenas de oro -sobre el pecho.</p> - -<p>Uno de estos personajes, joven y de sonrisa afable, me explica la -vestimenta que usan los chinos modernos según las estaciones. En -invierno prefieren el traje nacional. Es más abrigador; su amplitud -permite forrarlo con pieles y acolchados. En verano imitan á los -coloniales de origen europeo, y se visten de blanco, con pantalón y -chaqueta cerrada.<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">[Pg 28]</a></span></p> - -<p>A la nieve ha sucedido el polvo. Corre el ferrocarril por unas llanuras -amarillas divididas en campos. Todo está arado. Cuando pase el invierno, -esta sucesión de parcelas cultivadas resultará atractiva con su -interminable oleaje de mieses; pero ahora el viento levanta remolinos de -tierra rojiza, y los servidores del comedor deben sacudir á cada momento -el cuero de los divanes y los manteles de las mesas.</p> - -<p>Tienen cierta semejanza estos campos con las planicies de la Argentina -después de la siembra, pero con más abundancia forestal. Todas las -propiedades están orladas de árboles, á los que arrebató el invierno su -follaje: hileras de esqueletos grises, elevando al cielo sus múltiples y -nudosos brazos.</p> - -<p>Hay en todas las estaciones muchedumbres vestidas de azul. Hombres y -mujeres usan el mismo traje, de idéntico color. El pantalón y la blusa -son el uniforme de la nación china sin distinción de sexos. En los -pueblos rurales se conserva la trenza varonil. Sólo los chinos de las -grandes ciudades y los que viven en el extranjero aprovecharon la caída -del Imperio para cortarse este apéndice tradicional.</p> - -<p>Lo que produjo mayor asombro á Marco Polo, y algunos siglos después á -los primeros misioneros establecidos en China, fué el desarrollo de su -agricultura. En aquellos tiempos los labriegos de Europa eran unos -bárbaros que cultivaban sus tierras de un modo rudimentario. Todos los -adelantos agrícolas posteriores fueron las más de las veces simples -copias de la agricultura china.</p> - -<p>Admiramos desde el tren huertas que merecen el título de jardines. Las -grandes extensiones dedicadas á los cereales revelan un trabajo -minucioso. Mas con frecuencia, partiendo los vastos rectángulos de -tierra cultivada, vemos un oleaje de pequeñas cúpulas que son tumbas.<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">[Pg 29]</a></span> -Estos grupos de sepulturas se prolongan á veces hasta el horizonte, -formando cementerios interminables.</p> - -<p>Los chinos pueden ordenar su enterramiento sin ningún obstáculo legal. -Cada uno improvisa un cementerio en el campo de su pertenencia. Las -tumbas no desaparecen con el curso de los siglos, y á las nuevas -generaciones les basta añadir unas paletadas de tierra sobre los -montículos sepulcrales para que éstos persistan á través de miles de -años con más consistencia que los monumentos de granito.</p> - -<p>Cada uno defiende las tumbas de sus muertos al defender la propiedad de -la tierra que le alimenta. Y como en este país, poblado por cerca de -quinientos millones de seres, la cantidad de defunciones alcanza todos -los años á una cifra enorme y no se borra ninguna tumba aunque -transcurran siglos y siglos, resulta que los que se fueron roban cada -vez más terreno á los que llegan, estrechando los límites de su -actividad.</p> - -<p>Más de una cuarta parte de la inmensa China se halla ocupada por tumbas. -Además, éstas son eternamente sagradas y no hay gobierno que se atreva á -tocarlas. Una de las dificultades mayores con que tropiezan los blancos -al construir ferrocarriles, es la imposibilidad de expropiar una tierra -que tenga sepulcros. Algunas veces se ven obligados á desviar la línea -férrea con absurdos rodeos porque los descendientes de unos chinos que -murieron hace tres ó cuatro siglos se niegan á remover las sepulturas de -éstos.</p> - -<p>La República lleva hechas algunas reformas, pero no se atreverá en -muchos años á aligerar el suelo patrio de tantos millones y millones de -tumbas. Los muertos pesan sobre el país con una fuerza abrumadora; lo -siguen gobernando, y habrá que empezar por hacerlos desaparecer para que -la China entre en la vida moderna.<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">[Pg 30]</a></span></p> - -<p>Son tantos los sepulcros en algunos campos, que sus poseedores, -necesitados de hacerlos producir, aprovechan los espacios libres entre -los montículos y van trazando con el arado surcos tortuosos. Así -obtienen hileras de espigas nutridas con el zumo de unos ascendientes á -los que nunca conocieron, pero que les inspira un respeto supersticioso.</p> - -<p>El japonés venera á sus antepasados porque se han convertido en dioses, -y él á su vez será dios cuando sus descendientes le rindan igual culto. -El chino los respeta porque les tiene miedo. Venera las tumbas de unos -abuelos remotísimos cuyo nombre ignora; se arruina y vende hasta los -objetos de primera necesidad para costear funerales ostentosos en honor -de los que fallecen dentro de su casa. Como teme á los muertos, procura -mantenerlos tranquilos y contentos, para que no vengan á atormentarle -durante la noche, ni siembren de fracasos y desgracias el camino de su -vida. Alguien ha definido á este país diciendo que es una aglomeración -de quinientos millones de vivos, aterrados por la presencia de miles de -millones de muertos.</p> - -<p>Los cementerios se suceden en el paisaje, cada vez con mayor frecuencia. -Al final sólo vemos tumbas, y emergiendo de su oleaje rojizo algunas -chozas de esteras y pedazos de lata, semejantes á las que existen en los -suburbios de todas las ciudades.</p> - -<p>Empieza á deslizarse paralelamente al tren una alta muralla gris de -apretadas almenas. En la faja de terreno intermedia van pasando pequeñas -huertas y casitas de hortelanos. Vemos, con cinematográfica rapidez, una -puerta que perfora lo mismo que un túnel este bastión interminable, y -sobre su arcada sombría un castillo rojo con tres tejados superpuestos, -cuyos ángulos tienen forma de cuernos.<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">[Pg 31]</a></span></p> - -<p>Esta puerta, fortificada al estilo chino, la hemos contemplado muchas -veces en libros de viajes. A continuación, con violenta antítesis -visual, se alzan sobre la muralla unos palos gigantescos que se -aproximan á nosotros. Son dos poderosas antenas de comunicación -inalámbrica, instaladas por los norteamericanos. ¡La telegrafía sin -hilos junto á una puerta que cuenta más de mil años!...</p> - -<p>Va aminorando su marcha el tren y se inmoviliza finalmente luego de -rozar una especie de malecón que es una antigua muralla cortada.</p> - -<p>Hemos llegado á Pekín.<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">[Pg 32]</a></span></p> - -<h2><a name="III" id="III"></a>III<br /><br /> -LAS TRES CIUDADES DE PEKÍN</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">La forma geométrica de Pekín.—La ciudad china, la ciudad tártara y -la ciudad prohibida.—El edificio chino y la tienda de -campaña.—Los geomantes y sus adivinaciones.—Los espíritus del -Viento y del Agua.—La cuarta ciudad.—El barrio de las Legaciones -y sus tropas visibles y ocultas.—La seguridad de las calles de -Pekín y la policía china.</p></div> - -<p>Todas las mañanas, al saltar fuera de mi cama en el «Grand Hôtel des -Wagons-Lits», siento la misma duda, y me pregunto:</p> - -<p>—¿Estoy verdaderamente en Pekín?</p> - -<p>El aspecto europeo de mi habitación me obliga á descorrer las cortinas -de una ventana y limpiar sus vidrios, empañados por el frío exterior. -Veo enfrente un canal, á un lado una muralla obscura, y al pie del hotel -una larga fila de cochecitos con las varas en el suelo, mientras sus -conductores, cruzando los brazos sobre el pecho, abrigan sus manos -conservándolas bajo los sobacos. Todos estos chinos miran á las -ventanas, y uno de ellos que me llevó por la ciudad en días anteriores, -al reconocer á su cliente inicia una mímica apasionada para hacerme -saber que me espera desde el alba.</p> - -<p>Una vez más me convenzo de que estoy en Pekín, pero esto no impedirá que -al despertar mañana sufra la misma duda. ¡Es tan extraordinario vivir en -esta pobla<span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">[Pg 33]</a></span>ción, cuyo nombre aprendemos desde niños, como algo -remotísimo que nunca llegaremos á ver!...</p> - -<p>La gran ciudad china figura en nuestras primeras impresiones como un -lugar inaudito de absurda lejanía. Cuando oíamos hablar, siendo -pequeños, de alguna persona que se había alejado para siempre, decían: -«Se fué á Pekín», y no era preciso añadir más. Los hombres de verbo -enérgico, para concretar algo que no podría realizarse nunca ó no -tolerarían de ningún modo, afirmaban: «Ni aquí ni en Pekín», y todo -quedaba dicho.</p> - -<p>Esta capital misteriosa se hallaba al otro lado del planeta, debajo de -nuestras plantas, y como sus habitantes de ojitos oblicuos, sonrisa -astuta y trenza en el cogote vivían cabeza abajo, era natural que todo -lo hiciesen al revés que los blancos, lo que abría ante nuestra -imaginación infantil una serie interminable de espectáculos grotescos y -disparatados.</p> - -<p>Me convenzo todas las mañanas de que estoy en Pekín é igualmente de que -los chinos no son tan extravagantes como los creíamos en nuestra niñez. -La vida moderna ha cambiado la fisonomía de todos los pueblos, hasta del -Imperio chino, que parecía eterno como una momia y hoy es una República. -Pero no obstante la general transformación, guarda esta ciudad el -prestigio misterioso y el novelesco interés que envolvió siempre su -nombre.</p> - -<p>Verdaderamente sólo á partir del régimen republicano forma Pekín una -ciudad única. Mientras existieron los emperadores estuvo compuesta de -tres ciudades: la china, la tártara y la imperial, llamada también -«ciudad prohibida», cada una de ellas con su defensa de anchos muros y -puertas profundas, coronadas por castillos.</p> - -<p>Pekín es, de todas las capitales de la tierra, la que<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">[Pg 34]</a></span> tiene una forma -más exactamente geométrica y una orientación escrupulosamente -geográfica. Su eje va de Norte á Sur rigurosamente. La calle de -Chien-Men, que divide toda la ciudad china y gran parte de la tártara, -llegando hasta la primera puerta de la ciudad imperial, es una línea -escrupulosamente trazada entre estos dos puntos cardinales, y las calles -secundarias que la atraviesan van con igual exactitud de Este á Oeste. -Las murallas que abarcan á las tres ciudades forman en su conjunto un -cuadrilátero y cada una de sus caras es paralela á uno de los cuatro -límites geográficos.</p> - -<p>Al examinar el plano de Pekín se cree estar viendo un dibujo geométrico. -Abajo, en el Sur, hay un rectángulo más ancho que alto, que es la ciudad -china. Encima un cuadrado perfecto, la ciudad tártara, y en el centro de -ella un segundo cuadrado, la ciudad imperial. La ciudad china, reservada -en otros siglos al populacho, ocupa el lugar del vestíbulo en un plano -arquitectónico; después viene, como si fuese el cuerpo principal del -edificio, la ciudad tártara, y en su corazón, bien guardado por todas -sus caras, está el santuario, la ciudad imperial, donde residía el Hijo -del Cielo.</p> - -<p>Marco Polo cuenta que el nieto de Gengis-Kan, al establecer su capital -en Pekín, tuvo en cuenta las predicciones de algunos adivinos que le -acompañaban en sus conquistas. Como éstos le aseguraron que su -descendencia perecería por una sublevación de dicha ciudad, el Gran Kan -levantó al lado de la antigua Cambaluc, ó sea la ciudad china, la actual -ciudad tártara, repartiendo los solares entre sus feudatarios más -adictos. De tal modo, sus herederos vivirían rodeados siempre por los -nietos de los antiguos conquistadores, sirviéndoles éstos de guardia y -defensa. Para que los enemigos del Hijo del Cielo pudiesen llegar hasta -él, tenían que asaltar<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">[Pg 35]</a></span> primeramente la ciudad china, que por sí sola -representaba todo un sistema de fortificación. Luego, salvando el canal -que separa dicha ciudad de la tártara, debían hacerse dueños de los -baluartes de ésta última, todavía más altos y robustos, y finalmente, al -verse poseedores de la ciudad tártara, tropezaban con las murallas de la -«ciudad roja», nombre que se da igualmente por el color de sus muros á -la ciudad imperial ó prohibida.</p> - -<p>Durante varios siglos de paz se fué quebrantando la división de razas -que separaba á los conquistados, habitantes de la ciudad china, de los -vecinos de la ciudad tártara, descendientes de los conquistadores. Esta -última, por contener en su recinto los palacios imperiales, vivía bajo -un régimen militar, cerrándose sus puertas á la puesta del sol y -quedando sometidos sus habitantes á todas las molestias de una plaza -fuerte. Como precisamente los nietos de los tártaros eran los más ricos -y dados á los placeres, se fueron trasladando á la ciudad china, para -vivir con mayor libertad. Hace ya muchos años que estas denominaciones -no son más que recuerdos históricos. Las familias chinas y tártaras se -han mezclado por enlaces matrimoniales y viven indistintamente en una ó -en otra ciudad.</p> - -<p>La arquitectura de Pekín recuerda el origen nómada del pueblo chino en -los tiempos remotos de su historia. También fueron de vida errante las -dos invasiones de jinetes tártaros y manchures. A causa de esta -influencia, muchos que han estudiado su arquitectura reconocen en todas -sus construcciones—palacios, templos, torres ó casas particulares—una -imitación de la tienda de campaña habitada por sus ascendientes.</p> - -<p>En China sólo se construyeron durante los pasados siglos edificios de un -piso único. Cuando se quería darles cierta altura para que adquiriesen -proporciones majes<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">[Pg 36]</a></span>tuosas, eran levantados sobre mesetas de piedra. En -los barrios comerciales, la necesidad de vivir sin quitar espacio al -propio almacén obligó á muchos á construir sobre su establecimiento una -especie de buhardilla, que sirve de habitación. Pero es creencia -tradicional que el vivir en piso alto atrae las enfermedades, y -manteniéndose en contacto á todas horas con la tierra se reciben -efluvios misteriosos que vigorizan la salud.</p> - -<p>El parecido entre el edificio chinesco y la tienda de campaña resulta -exacto. Las techumbres, negras ó de tejas barnizadas, son externamente -cóncavas, como la cubierta de lona de la tienda, que forma bajo el soplo -del viento una curva entrante. Las columnas, siempre de madera, carecen -de capiteles y basamentos, aunque el edificio se halle revestido con -pomposa riqueza. Están cubiertas de laca y oro, pero son iguales de -arriba á abajo, sin ningún adorno saliente, como los postes que forman -el andamiaje interior de los campamentos. Los ángulos de las techumbres -se encorvan hacia arriba, lo mismo que los extremos de la tienda, -sostenidos por lanzas.</p> - -<p>Los chinos han ratificado con sus ideas supersticiosas esta forma curva -de los ángulos de sus tejados. Son muchos los que aún creen en la -actualidad que sus ascendientes dieron figura de cuerno á los remates de -los aleros para dejar más espacio á los espíritus del Agua y del Aire, -señores de nuestra existencia. Así no se rasgan las alas ni se enredan -en ángulos agudos, como los que fabrican los «demonios blancos» en sus -construcciones.</p> - -<p>Éste es el país de los geomantes. Antes de construir un edificio se pide -consejo á la ciencia geomántica y no se abren los cimientos ni se coloca -una piedra sin que el adivino, enterado del revoloteo de los espíritus y -las direcciones amadas por ellos, estudie el solar y diga al arquitecto -qué orientación debe seguir en sus planos.<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">[Pg 37]</a></span> Son también los geomantes -quienes señalan los terrenos más favorables para enterrar á los muertos -y que los espíritus sean clementes con ellos. Con frecuencia, el adivino -designa como lugar favorable para la futura tumba el campo de algún -amigo suyo, y los herederos se ven obligados á adquirirlo á un precio -fabuloso. Lo más extraordinario es que estos hechiceros que legislan -sobre las buenas ó malas condiciones del suelo únicamente reconocen á la -tierra que los hace vivir una personalidad secundaria y pasiva. Los -dioses, según ellos, sólo habitan la atmósfera. Son <i>Feng</i> (el Viento) y -<i>Shui</i> (el Agua).</p> - -<p>Más de una vez, el europeo ó el norteamericano, después de haber -construído una fábrica, una estación de ferrocarril ó una chimenea de -ladrillos, ve llegar en masa á la chinería de las inmediaciones, que -protesta con desesperación, enumerando las calamidades caídas -recientemente sobre la comarca. Esto se debe á que <i>Feng</i> y <i>Shui</i> están -irritados por las obras groseras que obstruyen una atmósfera en la que -se movían antes con desembarazo. Es el geomante más célebre del distrito -quien ha hecho tal descubrimiento, gracias á su ciencia. Y los -civilizadores del país no tienen otro recurso que buscar al sabio -popular para conseguir con donativos secretos que cambie repentinamente -de opinión. En ciertas ocasiones el geomante es un nacionalista hasta la -xenofobia, que no admite regalos y cree de buena fe en sus revelaciones, -aferrándose á ellas para que los extranjeros se alejen del país. El -populacho insiste en sus protestas, y los mandarines encargados de la -justicia ordenan, para restablecer la paz, la demolición de los -edificios industriales, aunque el gobierno tenga que pagar una fuerte -indemnización á sus dueños.</p> - -<p>La tienda de campaña, origen y modelo de la arquitectura china, se -repite siempre en extensión ó en altu<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">[Pg 38]</a></span>ra. Una torre de pagoda no es más -que una sucesión de tiendas con los aleros cornudos, colocadas una sobre -otra en armónica disminución. Los pequeños y ligeros edificios -superpuestos deben ser forzosamente en número impar: cinco ó siete por -regla general. Los chinos aborrecen el número par y lo evitan en todas -sus obras.</p> - -<p>Templos y palacios están formados por aglomeraciones de edificios, -siempre en figura de tienda, y teniendo por únicos materiales la madera -y el azulejo. El mármol y el granito se reservan para los basamentos de -las construcciones, para las escalinatas con barandillas admirablemente -cinceladas, para los puentes de atrevida joroba, para los pavimentos de -los patios, encerrados entre cuatro hileras de edificios y por cuyo -centro se desliza un curso de agua.</p> - -<p>Las tres antiguas ciudades que forman la capital china han visto crearse -otra más pequeña junto á la muralla de la ciudad tártara, en el lugar -donde se alza la Puerta de Enfrente, dando paso á la avenida que -atraviesa todo Pekín hasta el Palacio Imperial. Esta cuarta ciudad es el -llamado barrio de las Legaciones, por vivir en él los representantes -diplomáticos y todos los blancos residentes en Pekín. Es como un Estado -independiente dentro del corazón de la China. Hasta tiene un ejército -internacional para su defensa, y en el interior de sus fronteras no -rigen las leyes ni las autoridades del resto del país.</p> - -<p>El lector recordará indudablemente la sublevación de los boxers en 1900 -y la horrible situación en que se vieron los habitantes del barrio de -las Legaciones. Estos boxers, patriotas hasta la ferocidad, se -sublevaron contra los «demonios blancos», exterminando á todos los -individuos de nuestra raza que pudieron encontrar. El personal de las -Legaciones, los exiguos contingentes<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">[Pg 39]</a></span> militares que éstas tenían á su -disposición y los europeos civiles que pudieron armarse sostuvieron una -lucha desesperada durante varias semanas, hasta que llegaron los -refuerzos enviados por las grandes potencias. Tuvieron que batirse uno -contra mil día y noche, sufriendo el hambre, la sed, el insomnio, la -infección de la atmósfera producida por los cadáveres abandonados en las -calles al pie de las barricadas. Como estaban seguros de perecer -sometidos á horribles tormentos si caían en poder de los boxers, se -batieron con el heroísmo del que ha decidido morir, pero sin soltar las -armas.</p> - -<p>Además, el chino es poco propenso á las ofensivas á cuerpo descubierto, -y prefirió atacar las Legaciones oculto en los edificios cercanos, con -la esperanza de rendir á sus enemigos por el hambre y la sed.</p> - -<p>Después de esta cruel experiencia, las naciones poderosas que desean -influir sobre los destinos de la China mantienen en el barrio de las -Legaciones unos contingentes militares dignos de respeto. Se ven en las -calles de esta pequeña ciudad, edificada á estilo europeo, soldados -ingleses, franceses, italianos, y especialmente norteamericanos.</p> - -<p>La Embajada de los Estados Unidos es enorme. Sus varios edificios están -situados junto á una sección interior de la muralla que defiende á la -ciudad tártara. Algunos de ellos son pabellones militares, idénticos á -los de los cuarteles. Desde lo alto de la muralla se ven sus patios y en -ellos grupos de soldados con chambergos puntiagudos que hacen el -ejercicio de fusil y practican el manejo de las ametralladoras. Además, -dentro de la Embajada están las dos enormes antenas de telegrafía -inalámbrica que mantienen en comunicación segura á las Legaciones con el -resto de la tierra.</p> - -<p>Hoy no es probable un ataque de los patriotas exal<span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">[Pg 40]</a></span>tados contra este -barrio. Las fuerzas militares de que disponen los embajadores en Pekín y -en las concesiones diplomáticas del puerto de Tient-Sin ascienden, según -parece, á unos ocho mil hombres, lo que representa, por la calidad de -los soldados y por su material de combate, un ejército importantísimo, -teniendo en cuenta la desorganización ruidosa y la propensión á huir, -después de un ataque rechazado, que muestran las muchedumbres chinas.</p> - -<p>No hacen los embajadores ostentación de dichas tropas. Únicamente se ven -en las calles, con alguna frecuencia, soldados norteamericanos; lo que -no resulta extraordinario, por ser el gobierno de los Estados Unidos el -que ejerce mayor influencia sobre la República china. Soldados nipones -apenas se encuentran, aparte de los centinelas que guardan la entrada de -su Legación; pero en Pekín ascienden á varios miles los tenderos -japoneses, vigorosos, jóvenes, de sonrisa astuta. Según me dicen algunos -diplomáticos, todo japonés tiene oculto en su tienda el uniforme y el -fusil, y basta que su embajador lance una palabra, para que media hora -después formen en sus patios dos regimientos tan bien organizados como -los de la guarnición de Tokio, sin que nadie pueda adivinar de dónde -surgieron.</p> - -<p>Este barrio de las Legaciones es interesante y ameno á causa de las -rivalidades ocultas, las ceremonias y las etiquetas exteriores, que -forman el tejido de su vida diaria. Recuerda el mundo diplomático de -Constantinopla antes de que fuese destronado el último sultán absoluto, -cuando aún existían los privilegios internacionales de las -Capitulaciones. Las esposas de los diplomáticos reproducen en Pekín las -elegancias y placeres de la vida occidental. Son frecuentes las fiestas -de sociedad, los banquetes conmemorativos, las recepciones oficiales.<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">[Pg 41]</a></span></p> - -<p>El primer hotel europeo de Pekín lo estableció, en pleno barrio de las -Legaciones, la Compañía europea de los Wagons-Lits y lleva este mismo -título. Es un hotel de tipo francés, que algunos consideran algo -anticuado. Recientemente, la influencia norteamericana creó el Gran -Hotel de Pekín, edificio enorme, á semejanza de los de Nueva York, con -vastas salas de baile y una feria de bulliciosas tiendas en su piso -bajo. La tranquilidad actual de la China ha permitido la audacia de -construir este albergue lujoso fuera del barrio de las Legaciones. En -torno á él se están edificando casas á la europea para las familias -occidentales, cada vez más numerosas. De ocurrir una revolución -nacionalista, las fuerzas que guarnecen las Legaciones podrían defender -con facilidad este nuevo barrio anexo.</p> - -<p>Los que conocemos á Pekín desde hace muchísimos años por nuestras -lecturas, preferimos el tranquilo y señorial Hotel de los Wagons-Lits. -Lo vimos mencionado siempre en los relatos de la lejana ciudad como -única residencia de los europeos de entonces, y nos parece que -instalados en él estamos más de veras en China.</p> - -<p>Tengo un amigo y compañero de letras que ha residido en esta capital dos -largas temporadas, y me conduce á muchos lugares cuyo conocimiento -requiere una larga observación. Es el marqués de Dosfuentes, ministro -plenipotenciario de España; diplomático que vive como un prócer de otra -época, escritor que en su libro <i>El alma nacional</i> supo condensar como -nadie lo mejor y lo más sano de nuestra raza. La Legación de España, -edificio gracioso, de elegante sencillez, ha aumentado sus atractivos -para la sociedad internacional de Pekín con las fiestas que da -frecuentemente nuestro ministro. Gracias á él pude conocer en poco -tiempo todas las per<span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">[Pg 42]</a></span>sonalidades interesantes de este barrio célebre que -asisten fielmente á sus comidas y recepciones.</p> - -<p>En los primeros días causa extrañeza ver con qué naturalidad se -desarrolla la vida europea dentro de esta urbe asiática tenida hasta -hace poco por misteriosa. Parece imposible que á una distancia de dos -docenas de años nada más, fuesen martirizados y hechos pedazos todos los -blancos que pudo pillar la muchedumbre amarilla en sus calles. Las -señoras van solas en plena noche á través del gentío chino, sin recibir -el menor insulto; tal vez con más seguridad que en algunas ciudades -europeas.</p> - -<p>Al pasear por Pekín se nota inmediatamente la abundancia de policía y el -método con que cumple ésta sus funciones. A cortas distancias hay -agentes que con sus movimientos de brazos regulan la circulación. Sólo -los pobres marchan á pie. Muchos chinos van en automóvil, y el resto de -los transeúntes se vale del carruajito de ruedas ligeras, tirado por un -solo hombre, que aquí se llama <i>ricsha</i>. En la gran avenida que parte -longitudinalmente á Pekín, las <i>ricshas</i> forman filas de seis y de ocho, -circulando por la derecha ó la izquierda, según su dirección. Ninguno de -los caballos humanos deja de obedecer los manoteos ordenadores de la -policía. Además, cada cien metros hay una pareja de gendarmes con el -fusil al hombro, más correctamente uniformados y de mejor cara que -nuestros guardianes del ferrocarril.</p> - -<p>Se adivina en toda la ciudad un orden firme y severo, una vigilancia -continua é inexorable. Robos y homicidios abundan menos que en la -mayoría de las capitales de Europa. El chino del Norte, grande de -estatura, sobrio en palabras, honesto en sus tratos, se parece muy poco -al chino del Sur, pequeñito, bullanguero, astuto, propenso á la mentira, -que es el más co<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">[Pg 43]</a></span>nocido en el mundo, porque junto con tan malas -cualidades posee otras muy excelentes, que hacen de él un elemento -valioso de emigración.</p> - -<p>Después de comer en la Legación de España veo que una de las invitadas, -señora joven y elegante, se vuelve sola á su casa á las once de la -noche. Al extrañarme de ello, como de una audacia inconcebible, me dice -con naturalidad que todas las noches hace lo mismo. Toma una <i>ricsha</i>, -cuyo conductor no conoce las más de las veces, y se hace llevar por él á -su domicilio, fuera del barrio de las Legaciones, á través de calles -puramente chinas.</p> - -<p>Nunca la ocurrió el menor percance. Jamás ha sentido la inquietud del -miedo. En las vías solitarias encuentra siempre á un policía, con su -gorra redonda galoneada de blanco y el revólver sobre una cadera. Otras -veces es una pareja de gendarmes con fusiles al hombro y cargados.</p> - -<p>No todos pueden decir lo mismo en la mayoría de las ciudades de -Occidente, más peligrosas y desiertas después de media noche que los -senderos de una selva.<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">[Pg 44]</a></span></p> - -<h2><a name="IV" id="IV"></a>IV<br /><br /> -SINGULARIDADES DE LA VIDA CHINA</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">La ciudad más grande del mundo.—Las antiguas calles y sus -muchedumbres.—Casas, muebles y gorros.—Los casamientos.—Los pies -de las chinas.—Vanidad con que las mujeres á estilo antiguo -aprecian su deformación.—Las damas manchures.—La cocina china y -sus horripilantes picadillos.—Vinos de animales.—Los cocineros -chinos esparcidos por el mundo.—Sus caprichos de artista.—Lo que -vió una dama al bajar á su cocina, y la respuesta del cocinero para -que todos quedasen contentos.</p></div> - -<p>A mediados del siglo XIX era Pekín la ciudad más grande del mundo. -Londres encerraba escasamente millón y medio de habitantes; Nueva York y -París, muchos menos. Pekín tenía el mismo vecindario que ahora: dos -millones y medio de seres.</p> - -<p>Su área era también superior á la de todas las grandes urbes de -Occidente, por apreciarse las categorías de los personajes chinos con -arreglo á la extensión de terreno que ocupan sus viviendas. Por eso en -todas las construcciones de algún valor procuran los arquitectos engañar -al visitante con perspectivas hábilmente dispuestas, que agrandan las -proporciones de los edificios y especialmente la amplitud de los -jardines.</p> - -<p>La población de Pekín ha parecido siempre dos ó tres veces más numerosa -que lo es en realidad, por las ceremonias de la etiqueta china y las -costumbres espe<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">[Pg 45]</a></span>ciales del país. En tiempo del Imperio ningún personaje -salía á la calle sin ir en un palanquín llevado á hombros y con largo -séquito de domésticos. Los mandarines allegados al emperador debían ir -seguidos cuando menos de cien acompañantes. Los jueces, al dirigirse á -los sitios donde administraban justicia, llevaban detrás de ellos todo -su tribunal formado en procesión: secretarios, procuradores, alguaciles -y litigantes. Los mandarines militares, á partir de un grado equivalente -al nuestro de capitán, iban con una escolta de jinetes. Esta escolta, -según la importancia del jefe, llegaba á convertirse en nutrido -escuadrón. Todos galopaban sin orden determinado, pero procurando -mantener al personaje en el centro del grupo.</p> - -<p>Además llenaban las calles, de sol á sol, los pequeños cortejos de los -particulares. Éstos se consideraban desprestigiados si no hacían sus -visitas en un palanquín con numerosos servidores. Unos se relevaban para -el sostenimiento de la pequeña casa portátil, otros llevaban los objetos -usuales de su dueño: el quitasol, el abanico, la pipa, etc.</p> - -<p>Otro motivo de gran afluencia en las calles del Pekín imperial era la -costumbre de trabajar á domicilio, observada por los menestrales desde -tiempos remotos. El carpintero, el herrero, el sastre, circulaban por la -ciudad con sus oficiales y aprendices, llevando las materias y -herramientas para su trabajo. Hasta los impresores iban á las casas de -los letrados con su prensa, sus resmas de papel y sus tarros de tinta -para imprimir libros. Los autores guardaban en su domicilio las planchas -de madera grabadas, cada una de las cuales era una página, y no tenían -más que sacarlas á la puerta para que el impresor fabricase en unas -cuantas horas centenares de volúmenes, tirados en un papel sutil, de -do<span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">[Pg 46]</a></span>bles planas, plegadas y sin cortar, forma que todavía subsiste.</p> - -<p>El tercer motivo de aglomeración en las vías públicas era que en Pekín -todo se hacía á brazo, y el transporte de maderos y ladrillos para las -obras del gobierno y los edificios particulares exigía largos rosarios -de atletas doblados bajo pesos abrumadores.</p> - -<p>Hoy la vida antigua de la ciudad está modificada. Han desaparecido casi -por completo los palanquines, como ocurrió en las ciudades japonesas. La -<i>ricsha</i>, más ligera y que sólo exige un hombre para su manejo, ha -democratizado la circulación.</p> - -<p>Son los blancos quienes implantaron este nuevo medio de transporte en el -Extremo Oriente. Algunos misioneros norteamericanos, viejos y achacosos, -al establecerse en el Japón en 1860, se hicieron llevar por naturales -del país en carruajitos de tal especie. Los japoneses se apropiaron la -innovación, creando la <i>koruma</i>, y del Imperio del Sol Naciente han -copiado el uso de su <i>ricsha</i> los chinos y otros pueblos asiáticos. -Antes sólo podían ir en palanquín los mandarines y los comerciantes -ricos; ahora todos los chinos que gozan de un pequeño bienestar usan la -<i>ricsha</i>. Esto ha aumentado la afluencia en las calles, pero con un tono -uniforme y obscuro, sin la brillantez colorinesca de los antiguos -cortejos.</p> - -<p>Algunos próceres chinos apegados á la tradición se niegan á aceptar el -automóvil, como muchos de sus compatriotas que viajaron por los países -occidentales. Tampoco se atreven á resucitar el antiguo palanquín, y dan -sus paseos en unas berlinas azules, de ruedas doradas, con el interior -forrado de seda gris perla. En estos carruajes vistosos, tapizados como -un tocador de dama, no hacen mala figura los personajes de la antigua -corte,<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">[Pg 47]</a></span> chinos de aventajada estatura, algo gruesos, con ricas -vestimentas de seda azul. Dos caballitos mogoles, de exigua talla con -relación al vehículo, tiran de éste, y á veces se muerden entre ellos, -obligando á echar pie á tierra á uno de los lacayos, para ponerlos en -paz.</p> - -<p>Al ser de un solo piso, las casas están compuestas de numerosos -pabellones separados por patios y jardines. Los chinos son los únicos en -el Extremo Oriente semejantes á nosotros por su mueblaje. Se sientan en -sillas y no en el suelo, comen sobre una mesa, duermen en camas. En sus -salones, el gran lujo son los biombos. Sus diversas hojas contienen -paisajes y escenas de la vida ordinaria, pintados con minuciosa -observación. En todas las viviendas de alguna comodidad, los pisos -tienen debajo de ellos tubos de piedra que transmiten el calor de una -hoguera encendida en el subterráneo.</p> - -<p>Una contradicción artística de este pueblo. Ama las líneas simples en su -arquitectura; algunos de sus edificios célebres parecen diseños -geométricos, y en cambio muestra horror por la línea recta cuando -fabrica muebles y objetos de lujo. Talla la madera y los metales con -ondulaciones reptilescas. Los contornos de sillas y mesas parecen estar -formados con una interminable curva vermicular. El eterno modelo es un -dragón, con sus enroscamientos escamosos.</p> - -<p>Este pueblo que durante siglos vistió de un modo uniforme, obedeciendo -las leyes suntuarias decretadas por el Hijo del Cielo, conserva por -tradición el mismo corte de traje en los diversos grados sociales. La -importancia de las personas se aprecia únicamente por la riqueza de las -telas que usan.</p> - -<p>La elegancia y el rango de cada uno se concentra en el gorro ó solideo -que cubre su cabeza. En él se exhiben los signos honoríficos, iguales á -las condecoraciones que<span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">[Pg 48]</a></span> los mandarines civiles de Europa se colocan -sobre el pecho en forma de cruces y los mandarines militares sobre los -hombros en forma de charreteras. Cada tocado indica la categoría de su -portador por medio del botón que lo termina. Unas veces el botón es de -seda, otras de oro ó de piedras preciosas, abarcando su simbolismo todas -las dignidades, hasta las puramente literarias. Además, los mandarines -letrados, para demostrar su alejamiento de los trabajos materiales, se -dejaron crecer hasta hace poco las uñas de sus manos. Sólo las exhibían -en días de ceremonia, guardándolas el tiempo restante metidas en fundas -de bambú.</p> - -<p>Bien sabida es la enorme influencia del llamado Código de los Ritos en -este país ceremonioso. La gran sabiduría para la China imperial -consistió en conocer la mayor cantidad de palabras y todas las reglas de -una complicadísima etiqueta. La escritura china, que es ideológica, no -tiene letras sueltas. Cada signo es una palabra, y la gran ciencia -consiste en poder guardar en la memoria veinte mil, treinta mil y hasta -cuarenta mil de ellos, y tenerlos igualmente prontos al extremo del -pincel que sirve de pluma. El que además llegaba á dominar todos los -enrevesamientos interminables de la etiqueta, se consideraba apto para -los más altos cargos del gobierno, pues éstos se obtenían siempre por -examen. Hoy todo ha cambiado, y los letrados que figuran en la República -china saben algo más que palabras sin ideas ó cortesías interminables y -falsas.</p> - -<p>La autoridad despótica del padre mantuvo hasta hace poco un régimen -absurdo dentro de las familias. Los hijos nunca eran consultados para su -casamiento, lo mismo que en el antiguo Japón. Con frecuencia, dos amigos -faltos aún de descendientes se prometían de un modo solemnísimo unir en -matrimonio los hijos que pudieran<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">[Pg 49]</a></span> tener más adelante, si eran de sexo -distinto. La solemnidad de tal promesa consistía en desgarrarse la -túnica en dos pedazos, dándose recíprocamente la mitad. El Código de los -Ritos protestó en vano contra estas absurdas costumbres. Los padres -celosos de su poder absoluto siguieron casando á los hijos según su -capricho ó su interés, y vendiendo sus hijas al marido que ofrecía más.</p> - -<p>En las provincias del interior todavía es el casamiento un juego de azar -para el hombre. Como los chinos tradicionalistas mantienen á sus hijas -reclusas, el que desea contraer matrimonio se vale de los oficios de -viejas casamenteras, sometidas por las antiguas leyes, en caso de -engaño, á severísimas penas, que algunas veces llegaban hasta la -estrangulación.</p> - -<p>A pesar de tales amenazas de la ley, las casamenteras, sobornadas por -los padres, engañan casi siempre á los novios, exagerando descaradamente -las gracias y los méritos de sus futuras. Como el marido ve por primera -vez á su esposa al abrir la portezuela del palanquín que la trae á su -casa, no le queda otro recurso, si le han engañado con falsos informes -sobre su belleza, que devolverla inmediatamente á sus padres, dando por -terminada la fiesta y despidiendo al ruidoso cortejo de músicos é -invitados. Pero esto se ve con más frecuencia en las comedias chinas que -en la realidad, ya que el marido, si adopta tal resolución, pierde el -dinero que dió al suegro por obtener á su hija, así como los regalos que -lleva hechos.</p> - -<p>El juego es la gran pasión del populacho, desarrollándose este vicio -especialmente en las provincias del Sur. La diversión que más le -entusiasma, los fuegos artificiales. Los pirotécnicos de Europa copiaron -mucho de los de aquí, pero en realidad nunca han llegado á dar á sus -obras la duración y el brillo de los fuegos chinos.<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">[Pg 50]</a></span></p> - -<p>Hoy se usa en Pekín la tarjeta de visita como en Europa. La única -variante consiste en estar impresa por ambas caras: á un lado en -caracteres chinos, al otro en letras occidentales. En tiempo del -Imperio, la tarjeta, originaria de aquí, era de enormes dimensiones, y -tenía tres emblemas representando las tres felicidades más grandes que -puede obtener un chino: un heredero, un empleo público y una vida -larguísima, simbolizados por las figuras de un niño, un mandarín y una -cigüeña.</p> - -<p>Al circular por las calles de Pekín sentí inmediatamente cierta -curiosidad que hace mirar al suelo á todos los extranjeros. Deseaba ver -los pies de las chinas.</p> - -<p>Una de las primeras reformas de la República fué abolir la bárbara -costumbre que estropea los pies de las mujeres para hacerlos -extremadamente pequeños. Ahora existe ya toda una generación de -adolescentes con los pies intactos, iguales á los de las otras mujeres; -pero á los pocos días de circular por Pekín se van encontrando damas de -la burguesía y de la aristocracia con las extremidades desfiguradas por -tan absurda costumbre, muchas de ellas todavía jóvenes, de veintiocho ó -treinta años de edad.</p> - -<p>Esta deformación no es de origen antiquísimo, como se imaginan algunos. -Data del siglo X y no se comprende cómo pudo generalizarse en tan vasto -Imperio. Los invasores tártaros tuvieron el buen sentido de no imitar -dicho uso de los vencidos, y sus mujeres, nueva aristocracia del país, -dejaron crecer sus pies en libertad, sin considerarse por ello menos -hermosas que las chinas tradicionales. Lo más censurable fué que las -mujeres del pueblo, por imitar á las de arriba, comprimieron igualmente -los pies de sus hijas, y millones de hembras han tenido que ganarse la -subsistencia trabajando, á pesar<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">[Pg 51]</a></span> de faltarles un sólido apoyo por culpa -de sus extremidades deformadas.</p> - -<p>Todos saben cómo se realiza esta tortura, obligando á las niñas á usar -diminutos zapatos de metal, que sólo abandonan cuando son mujeres. Los -dedos se doblan y se anquilosan, quedando adheridos á las plantas de los -pies, y éstos no son al fin mas que dos muñones dentro de un calzado que -por su forma redonda se asemeja á las pezuñas de ciertos animales.</p> - -<p>Las mujeres que sufrieron tal mutilación marchan con una dificultad que -causa cierta angustia al observador la primera vez que las ve. Avanzan -con igual movimiento que una persona montada en zancos; parece que sus -rodillas no pueden doblarse; se balancean con un contoneo grotesco, -semejante al del pato. Y sin embargo, los poetas chinos han cantado en -el curso de los siglos este andar torpe, comparándolo con los balanceos -de la flor, con el sauce llorón, etc.</p> - -<p>A pesar de la dificultad que sufren en sus movimientos, siempre están -las chinas dispuestas á pasear, y lo que lamentan es que sus esposos y -padres no las concedan mayor libertad. No es la deformación de sus pies -lo que las hace sedentarias, sino la dureza del régimen familiar. Todas -llevan pantalones de seda azul, muy anchos de boca, y resulta cómico y -triste á un tiempo ver salir de dicha funda ondeante una pantorrilla -enjuta, toda hueso, con media blanca, rematada por un muñón y una -pezuñita de raso negro, sostenida por cintas, que hace oficio de zapato.</p> - -<p>Según dicen algunos que por sus observaciones íntimas pueden estar bien -enterados, esta estúpida amputación pedestre anquilosa la pantorrilla -femenil, haciéndola de una delgadez esquelética, pero en cambio engruesa -el muslo y sus vecindades superiores, particu<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">[Pg 52]</a></span>laridad plástica que -parece muy de acuerdo con la estética china. He encontrado en los museos -y jardines ex imperiales muchas de estas damas balanceantes y casi -faltas de pies. Reían con cierta vanidad al notar nuestra sorpresa y la -atención con que mirábamos sus extremidades. Exageraban sus movimientos -para que no sintiésemos duda alguna sobre su agilidad. Hacían toda clase -de remilgos y monadas, como niñas traviesas.</p> - -<p>Las mujeres chinas son más grandes que las del Japón. Algunas de ellas, -á no ser por sus ojitos oblicuos, pasarían por europeas, á causa de su -tez blanca y sus formas redondeadas. Todas se pintan el rostro, jóvenes -y maduras. Emplean el negro para dar á sus cejas la forma de un -semicírculo y se colocan una mancha de bermellón en el labio inferior. -Las damas de origen manchur usan como signo de nobleza el peinado de su -raza, un lazo parecido al de las alsacianas hecho con sus cabellos. Las -más de las chinas son de naricita corta; las manchures tienen un perfil -aquilino y soberbio de raza de presa.</p> - -<p>Otro signo de aristocracia histórica en estas últimas es el no usar -ningún carruaje de origen europeo. Su vehículo nobiliario está -representado por la vieja carreta manchur. Yo he visto en un camino, -cerca del Palacio de Verano, á varias princesas de la antigua corte -imperial, una de ellas tía del joven ex emperador. Todas iban pintadas y -con su peinado en forma de lazo, ocupando una especie de carreta de -labriego tirada por dos caballitos manchures. Sus asientos eran -almohadas puestas sobre el fondo de tablas del vehículo, y como éste -carecía de muelles, en cada bache de la ruta sus Altezas y Excelencias -tenían que agarrarse á los varales para no rodar fuera de él. Una -pintora norteamericana, antigua retratista de la emperatriz regente, que -tuvo la bondad de mostrarme el Palacio de Verano, hizo detenerse la<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">[Pg 53]</a></span> -carreta para saludar á las amigas de su época gloriosa, y yo gocé el -honor de cruzar varias sonrisas con estos fantasmas del pasado, sin -entender ninguna de sus palabras.</p> - -<p>Gracias á la cocina del país volvemos á encontrar la China de costumbres -extrañas y originalidades desconcertantes que tanto nos asombró de niños -en los libros. Los gastrónomos de esta tierra son los que han hecho -retroceder hasta un límite más remoto el catálogo de las materias -utilizadas por el estómago humano. En las carnicerías venden gatos y -perros, que, según afirman los conocedores, fueron cebados con arroz, -estando sujetos á una argolla día y noche para su engorde. Como este -consumo podría ser causa de que las ratas, libres de enemigos, se -multiplicasen de un modo peligroso, también las venden en los mismos -establecimientos, desolladas y formando manojos de á docena, unidas por -los rabos. El chino aburrido de comer arroz con cerdo emplea dichas -carnes como variantes. ¡Y pensar que este país es el del faisán, -abundando tanto como la gallina!...</p> - -<p>La gran especialidad gastronómica nacional es la de los picadillos que -se sirven al principio de todo banquete. Hay unas cuarenta clases de -picadillos, entrando en tales platos los componentes más inverosímiles: -gusanos de tierra, cucarachas enormes, de un negro brillantísimo, que he -visto vender en las calles, huevos empollados con sus pequeños fetos, -capullos de seda hervidos conservando sus larvas...</p> - -<p>Salsas y trituraciones modifican el aspecto y el gusto de estos -picadillos. En idéntica forma son presentados los famosos nidos de -golondrinas, filamentos gelatinosos, iguales por su aspecto á los -fideos, y la aleta dorsal del tiburón, de la que se utiliza solamente -las fibras de su base.<span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">[Pg 54]</a></span></p> - -<p>Algunos de estos manjares, que repugnan á nuestros estómagos, resultan -costosísimos. Para hacer un simple plato de picadillo hay que dar caza á -un tiburón, empleándose únicamente de tan enorme organismo un pequeño -manojo de filamentos pegado al lomo.</p> - -<p>He procurado evitar el conocimiento directo de estas singularidades -gastronómicas; pero no me espantan ni me escandalizan. Mi humilde -estómago europeo data de unos cuantos siglos nada más y está próximo aún -á la nutrición monótona de nuestros silvestres antepasados. El estómago -chino cuenta con una historia de 5.000 años, tiempo suficiente para que -cocineros y comilones refinados llegasen en fuerza de inventos y -caprichos á las más remotas y disparatadas combinaciones.</p> - -<p>Nosotros también saboreamos manjares y bebemos líquidos que hubiesen -dado náuseas á nuestros bisabuelos y tal vez á nuestros abuelos. Hoy -mismo, la mayoría de las gentes que viven en los campos y en los barrios -pobres no llegan á comprender cómo las personas de educación superior -comen ostras y otros mariscos crudos, quesos fermentados abundantes en -gusanos, ó beben cerveza y ciertos aperitivos hediondos.</p> - -<p>Muchos chinos opulentos se han arruinado dando banquetes á sus amigos. -Estas comilongas, inverosímiles para los blancos, duran á veces una -noche entera, desfilando sobre la mesa los platos más inauditos. Los -patricios de Roma, con sus lampreas devoradoras de esclavos, no llegaron -á la costosa extravagancia de los próceres chinescos.</p> - -<p>Las supersticiones de la farmacopea nacional influyen en la confección -de las bebidas. En algunas ciudades del Sur hay restoranes famosos por -sus bodegas, repletas de venerables tinajas que únicamente son abiertas -para los conocedores ricos, capaces de pagar dignamente<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">[Pg 55]</a></span> su contenido. -Estas vasijas preciosas guardan «vino de mono», «vino de culebra», «vino -de pollo», llamados así porque hace años se hallan dichos animales en -maceración dentro de la tinaja, comunicando al líquido sus cualidades -especiales. Según parece, el vino de mono es un excelente afrodisíaco; -el de pollo evita las enfermedades del pecho y el de reptiles da valor y -ligereza. Algunos europeos que por engaño probaron el picadillo de -gusanos de seda me afirman que tiene un sabor parecido al de las -castañas hervidas.</p> - -<p>Sin embargo, el chino es un excelente guisandero, y se le encuentra -ahora en las cocinas de muchos hoteles, de muchos trasatlánticos y de -importantes casas de América, lo mismo del Norte que del Sur. Siente una -verdadera vocación por la química nutritiva, asimilándose fácilmente las -combinaciones gastronómicas de los blancos. Luego las perfecciona con su -paciencia sonriente y su despierto ingenio. Muchos arroces inventados -por ellos figuran entre los mejores platos de la cocina moderna. En las -ciudades de los Estados Unidos, los restoranes chinescos atraen siempre -numerosa clientela. Las familias más acomodadas de algunas capitales de -la América del Sur aprecian mucho á los cocineros chinos, por su -laboriosidad y por las novedades que añaden á los guisos del país.</p> - -<p>De vez en cuando estos amarillos, con su nerviosidad de artistas -mimados, se permiten caprichos semejantes á los de un tenor célebre. -Todos son jugadores, y al ir por la mañana al mercado, antes de hacer -sus compras entran en el café de algún compatriota, para dedicarse con -otros chinos á juegos de azar, de nombres poéticos y resultados -terribles. Si pierden, dan á comer á sus amos con una parquedad -inexplicable, cual si la población hubiese quedado sitiada de pronto. -Cuando ganan, los<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">[Pg 56]</a></span> sorprenden con un banquete inaudito, cual si se -hubiesen trastornado las leyes económicas y todo lo diesen gratis en el -mercado.</p> - -<p>Lo peligroso en estos artistas admirables es que sienten con frecuencia -la nostalgia del remoto país al que serán llevados cuando mueran, ya que -para eso pagan todos los meses su cotización á una empresa encargada de -repatriar cadáveres amarillos. Recuerdan los platos que comieron en su -niñez guisados por su madre, y procuran resucitar en el fogón esta época -de la vida, que es siempre para todos la más conmovedora...</p> - -<p>En una ciudad histórica de la América del Sur, los convidados de una -familia aristocrática se hacían lenguas de cierto caldo preparado por el -cocinero chino de la casa. Era un secreto profesional que el «maestro» -se negaba á revelar.</p> - -<p>La señora, excitada su curiosidad por el mutismo sonriente del chino, -bajó un día á la cocina para sorprender el misterio de la marmita -burbujeante. Al levantar la tapa y ver su interior, dió un grito de -espanto. Una rata enorme subía y bajaba á impulsos del hervor, -derramando sus jugos en el líquido.</p> - -<p>Como la dama insistiese en sus exclamaciones de asco, el artista -amarillo creyó llegado á su vez el momento de enfadarse. ¿A qué tantos -extremos de asombro, como si presenciase algo inaudito?... Que cada cual -siga sus gustos; lo importante es vivir todos en paz, tolerándose. Y en -su español balbuciente y propenso al tuteo, dijo á la señora:</p> - -<p>—No grites; todo arreglado... Caldo para ti, rata para mí.<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">[Pg 57]</a></span></p> - -<h2><a name="V" id="V"></a>V<br /><br /> -TEMPLOS Y FILÓSOFOS</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">El templo del Gran Lama.—La capilla secreta.—Un -milagro.—Doctores y bachilleres en armas.—Laotsé y Confucio.—El -templo de Confucio y el Salón de los Clásicos.—Culto de la -República china á Confucio.—El templo del Cielo.—El simbolismo -del número 9.—La ceremonia imperial en el solsticio de -invierno.—El templo de la Agricultura.—Cómo araba todos los años -el Hijo del Cielo.—Progreso de la agricultura china hace miles de -años.—Su abono predilecto y más precioso.—Cómo se produce -públicamente en calles y caminos.</p></div> - -<p>En el extremo Norte de Pekín, cerca de la muralla de la Ciudad Tártara, -esparce sus diversos edificios el templo del Gran Lama, famoso en otros -siglos. Más que templo es un vastísimo monasterio, habitado por bonzos -venidos del Tibet, á los que se unieron chinos budistas deseosos de -recibir las doctrinas guardadas durante largos siglos por el Gran Lama -en su misteriosa ciudad de Lassa. Este templo de Pekín llegó á albergar -1.500 bonzos, proveyendo los emperadores á la manutención de todos ellos -y haciendo además cuantiosos donativos para embellecer y agrandar sus -construcciones.</p> - -<p>Mientras duró el Imperio, el templo del Gran Lama y su seminario de -bonzos fueron tan cerrados y hostiles al extranjero como la Ciudad -Prohibida. Con el triunfo de la República, llegaron para este monasterio -la po<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">[Pg 58]</a></span>breza y el olvido. Los republicanos chinos son indiferentes en -materias religiosas ó profesan la filosofía de Confucio, el más alto -personaje nacional.</p> - -<p>Para poder vivir han abierto los bonzos el templo del Gran Lama y lo -muestran lo mismo que un museo. Algunos de ellos hasta aprendieron unas -pocas palabras de inglés para pedir propina á los visitantes.</p> - -<p>Como todos los monumentos chinos, es una agrupación de edificios -sueltos, con patios enlosados de granito y un jardín de cedros -seculares. En todo el Extremo Oriente no he visto nada que dé una -impresión tan absoluta de vejez como este templo caído en la pobreza. -Los edificios de Occidente, hechos de piedra, adquieren con el abandono -y la ruina un aspecto sombrío y majestuoso. Las construcciones -asiáticas, compuestas de mármol cincelado que toma á través de los -siglos un tono de marfil con caries, de ladrillos vidriados, de tejas -coloreadas y barnizadas, de maderas que se desconchan dejando caer -escamas de laca y de oro, hacen pensar en una momia de las que mantienen -sobre su costillaje, al quedar expuestas á la luz, harapos bordados, -restos de afeites, perfumes corrompidos, joyas empañadas por la tierra y -los zumos cadavéricos.</p> - -<p>Esta pagoda, majestuosa en otro tiempo, tiene ahora sus techumbres -cubiertas de matorrales. Una variedad innúmera de plantas parásitas -silvestremente floridas ha surgido entre las tejas, separándolas con el -empuje de sus raíces. Los cuervos, eternos figurantes de todo cielo de -Asia, revolotean sobre los patios ó se alinean en los aleros, lanzando -graznidos. Las maderas enormes de los techos están acribilladas por la -carcoma y dejan caer poco á poco su corazón hecho polvo. Las columnas -pierden sus estucos rojos y se motean de blanco con la viruela de la -vejez.<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">[Pg 59]</a></span></p> - -<p>Los habitantes de este monasterio parecen igualmente decrépitos y -sonríen con una melancolía fatalista. Son bonzos sin edad, seres -inclasificables, que tienen en el rostro una expresión de fanatismo y de -rutina. Las ideas generosas del dulce Gautama se modificaron al ser -interpretadas por numerosas generaciones de sacerdotes profesionales, y -hoy no son más que un pretexto para ceremonias. Estos monjes del budismo -han perdido de vista á Buda. Sólo conocen los actos del rito y los -repiten automáticamente, sin sospechar su significado.</p> - -<p>Vemos en uno de los santuarios la estatua gigantesca de Maitreya, ó sea -el Buda chino; imagen jovial, carillena, extremadamente panzuda, que -hace reir á los mismos sacerdotes que le rinden culto. ¡Cuán lejos este -coloso grotesco del sereno y noble solitario de Kamakura, esculpido -igualmente por chinos!...</p> - -<p>El interior de los santuarios es tan vetusto como las fachadas. Brilla -el oro por todas partes, pero un oro agrietado, de resplandor -agonizante, con grandes manchas negras. Algunos bonzos, para atraerse la -generosidad de los curiosos, hacen sonar los dos instrumentos litúrgicos -de todo templo budista: la campana y el timbal. Otros más inferiores, -que son á modo de sacristanes, se han puesto su traje de ceremonia para -guardar las puertas, manto rojo y anaranjado, con un gorro puntiagudo de -idénticos colores, que recuerda la montera con que los artistas -simbolizan á la Locura.</p> - -<p>En las primeras horas de la mañana, cuando los bonzos celebran sus -oficios, el aspecto general del templo ofrece todavía cierta -magnificencia. Los oficiantes llevan sus capas pluviales rojas, de color -de limón ó de azafrán, parecidas á las del culto católico. Las únicas -riquezas que conserva la pagoda de su esplendoroso pa<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">[Pg 60]</a></span>sado son las -vestiduras rituales, regaladas muchas de ellas por remotas emperatrices.</p> - -<p>Uno de los servidores del templo, mediante una propina extraordinaria, -nos abre cierto santuario que puede llamarse secreto. En otros tiempos -sólo lo veían los emperadores, y ahora, para entrar en él, hay que -aprovechar la ausencia de los bonzos más importantes. Este pequeño y -misterioso escondrijo contiene varias imágenes fálicas, traídas del -Tibet hace siglos, que representan el acto de la procreación con un -naturalismo sin tapujos. Además, el sacristán budista nos proporciona -las señas de ciertos artífices chinos que venden reproducciones en -bronce de estas esculturas divinas, tan solemnemente ingenuas, que á -pesar de sus gestos no resultan pornográficas.</p> - -<p>Otro de los servidores, decrépito y vacilante, como todo lo que nos -rodea, cuenta con balbuceos, traducidos por nuestro intérprete, la -historia milagrosa de un Buda de cara feroz que toca el techo con su -cabeza. Todo él está tallado en un árbol del Tibet. Un emperador de -Pekín vió en sueños la imagen, y envió á un santo bonzo á la remota -ciudad tibetana para saber si realmente existía. El hombre de Dios -encontró la imagen en Lassa, y sin vacilar se la echó á cuestas, -emprendiendo el regreso á la China. (Necesito advertir que la imagen es -un coloso de varios metros de altura y pesa indudablemente una cantidad -respetable de toneladas. Pero en materia de milagros deben pasarse por -alto estos pequeños detalles.) En su viaje de vuelta tuvo que atravesar -el bonzo la Siberia rusa, y como no conocía el idioma del país se vió en -grandes peligros. Pero el Buda que llevaba á sus espaldas era poseedor -de todos los idiomas de los hombres y se encargó de hablar en ruso por -él, sacándolo de apuros.<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">[Pg 61]</a></span></p> - -<p>A pesar de la pobreza mental de sus actuales habitantes, este monasterio -despierta gran interés cuando se recuerda lo que representó para China, -hace muchos siglos, la introducción del budismo. La nueva religión -despertó la vida espiritual del país. Numerosos chinos, ansiosos de -saber, emprendieron largas y penosas peregrinaciones hacia el remoto -Tibet, donde eran guardados en toda su pureza los recuerdos y las -doctrinas de Buda. Tuvieron que atravesar países bárbaros, siempre en -guerra; arrostraron la esclavitud y la muerte, y tales viajes -emprendidos con un fin puramente teológico sirvieron para aportar á la -cerrada China nociones geográficas y relatos de costumbres de otros -pueblos, hasta entonces desconocidos.</p> - -<p>En las inmediaciones del templo del Gran Lama existe el de Confucio y su -anexo llamado el Salón de los Clásicos.</p> - -<p>Confucio es el primero de los chinos. De los quinientos millones de -seres que pueblan este país, muy pocos recuerdan los nombres de sus -emperadores, ni aun los de aquéllos que figuran gloriosamente en su -historia. Pero ninguno ignora quién fué Kung-Tsé, nombre chino de -Confucio. No hay ejemplo de que un varón ilustre de Occidente haya -llegado á una celebridad tan absoluta. En este país, donde cargos y -honores no son transferibles, y los herederos de los mandarines más -poderosos vuelven á sumirse en las últimas capas sociales si no logran á -su vez conquistar por el estudio y el examen la posición de sus padres, -la única nobleza reconocida es la de los descendientes de dicho -filósofo. La República, que se muestra ajena á todas las religiones del -país, ha acrecentado aún más la fama de Confucio, tributándole un culto -nacional. En ningún pueblo se vió jamás rendir tales honores á un -moralista, conservan<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">[Pg 62]</a></span>dole su condición simple de hombre, sin pretender -convertirlo en hijo de Dios.</p> - -<p>En realidad, el pueblo chino, á pesar de su rutinarismo, fué siempre el -más respetuoso para la inteligencia, y este respeto viene durando miles -de años, sin ningún eclipse. Los invasores mogoles y manchures eran -bárbaros de á caballo, que sólo creían en la fuerza y encontraban -insípida la existencia sin las aventuras y peligros de la guerra. Y sin -embargo, para poder reinar sobre tan vasto Imperio, tuvieron que -amoldarse á las costumbres tradicionales, dejando que marchasen en su -cortejo los mandarines letrados á la derecha y los mandarines militares -á la izquierda.</p> - -<p>Los antiguos ejércitos chinos hasta tenían una organización literaria. -Los jefes y oficiales se titulaban, según sus grados, «doctores en -armas» y «bachilleres». Para ser bachiller bastaba manejar hábilmente el -sable, la espada y la ballesta, dando pruebas, en un riguroso examen, de -estar ejercitados igualmente en la equitación y la gimnasia. El grado de -doctor sólo se otorgaba á los que poseían conocimientos profundos de -estrategia y eran capaces de dirigir un ejército y atacar ó defender una -plaza.</p> - -<p>Mostraron los emperadores tártaros gran empeño en dar el primero de los -lugares á los «graduados en armas», pero no pudieron conseguirlo. La -opinión pública estableció siempre una diferencia entre los doctores -civiles y los doctores militares, respetando más á los primeros. Muchos -siglos antes de Cicerón, este pueblo había puesto en práctica su <i>Cedant -arma togoe</i>.</p> - -<p>Confucio tiene un predecesor, el moralista Lao-Tseu ó Laotsé. Este -espíritu puro y superior vivió seiscientos años antes de nuestra era y -un siglo antes que Confucio. Pero Laotsé tuvo la desgracia de dar motivo -después de muerto á una religión de supersticiones y magias que es<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">[Pg 63]</a></span> la -seguida por el populacho chino, y esto ha rodeado su memoria de un -sinnúmero de leyendas que la desfiguran de un modo lamentable. El fondo -del llamado taoísmo es una filosofía que recomienda el anonadamiento de -las pasiones materiales, el alejamiento de los placeres del mundo, la -contemplación de la naturaleza divina para confundirse con ella, como -las aguas de una fuente vuelven al mar del que proceden.</p> - -<p>No creó Confucio una religión, pero su vida pura sirve de ejemplo á -todos los chinos. En las escuelas se repiten sus aforismos morales y sus -cantos elegíacos, pues este filósofo fué al mismo tiempo un poeta y un -amante apasionado de la música.</p> - -<p>Haciendo un breve parangón entre los dos grandes conductores del pueblo -chino, puede decirse que Laotsé se preocupó más del hombre que de la -humanidad. Según él, la vida es un período transitorio y su objeto -principal debe ser puramente contemplativo. La filosofía moralista de -Laotsé resulta estéril para la felicidad común. Confucio, por el -contrario, pensó en la sociedad más que en el hombre, fundando aquélla -sobre las leyes de la más generosa moral. Para él, la virtud no consiste -únicamente en abstenerse de acciones condenables. Hay que ser útil -además á los otros seres, contribuyendo activamente á la felicidad de -todos.</p> - -<p>El uno considera la civilización como causa de la decadencia del género -humano; el otro la acepta como el mayor destino del hombre sobre la -tierra. El primero se pierde en las profundidades de la metafísica, el -segundo propuso leyes y costumbres, muchas de las cuales rigen hoy la -vida superior del pueblo chino. Laotsé fué un gran filósofo, Confucio un -gran legislador.</p> - -<p>«Responde al mal con la justicia y á la bondad con la bondad.» Así habló -Laotsé cuando aún faltaban seis<span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">[Pg 64]</a></span> siglos para el nacimiento de Jesús. -«Trata á los demás hombres como tú deseas que te traten á ti.» Esto lo -dijo Confucio quinientos años antes de la era cristiana.</p> - -<p>Mientras en los otros países se dedicaban templos á dioses imaginarios y -muchas veces crueles, la nación china los elevó á un simple hombre, -porque fué apóstol de la dulzura humana, de la moral y la virtud. El -templo de Confucio en Pekín es de majestuosa simplicidad, muy grande, -pero solemnemente vacío. Sus paredes no contienen imágenes; su principal -adorno es una calma absoluta. Las columnas y las murallas, de un rojo -uniforme, sólo tienen ligeros toques de oro. Después de haber visto la -exorbitante profusión de dioses y monstruos en las pagodas, los ojos -parecen descansar placenteramente en este vasto local sin ídolos y sin -tallados. En el centro, como único adorno, hay un ramo gigantesco de -lotos surgiendo de un vaso de bronce de iguales dimensiones.</p> - -<p>Nichos abiertos en los muros de color sanguíneo contienen pequeños -obeliscos de piedra. En sus lados están grabadas sentencias morales de -los filósofos á cuya gloria fueron erigidos estos monumentos simples. La -piedra de Confucio es más grande y parece presidir á las otras, ocupando -un sitio preferente, el mismo del altar mayor en los templos. A ambos -lados de ella están las piedras representativas de sus cuatro asociados -(uno de los cuales fué su célebre continuador Mencio), de sus doce -discípulos más ilustres, y de setenta y dos discípulos menores, -alineados con arreglo á fechas y méritos.</p> - -<p>En este panteón severo, que nunca guardó cadáveres, y en la próxima -sala, llamada de los Clásicos, donde se reúne algunas veces la Academia -de Pekín, no se desarrolla ningún acto con carácter religioso. En -realidad, Confucio fué un moralista que se mantuvo al mar<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">[Pg 65]</a></span>gen de las -religiones positivas. Todas, incluso el catolicismo, pueden admitir su -moral y amoldar á sus doctrinas la personalidad del filósofo. Sólo una -vez por año el presidente de la República viene al templo con su cortejo -de grandes funcionarios—como venía antes el emperador—para tributar un -homenaje al más grande de los chinos en presencia de los alumnos de las -escuelas, y una música acompaña los coros de voces infantiles cuando -éstas entonan los viejos himnos del poeta de la moral.</p> - -<p>Los dos templos indiscutiblemente más antiguos de Pekín se hallan en el -extremo opuesto, al principio de la Ciudad China, según se llega por el -camino del Sur, y en ellos se ha rendido culto hasta hace poco á las -nociones religiosas de las primeras dinastías, con ceremonias que datan -de más de tres mil años. Son el templo del Cielo y el templo de la -Agricultura.</p> - -<p>Cada uno de ellos está formado por una aglomeración de capillas y los -dos tienen en torno un parque de árboles centenarios, que adquirieron -enormes proporciones. Únicamente separa á ambos parques sagrados la -famosa calle de Enfrente, al avanzar recta por el centro de Pekín desde -la puerta de igual nombre en la muralla de la ciudad tártara, á la -puerta del Sur que da entrada á la Ciudad China.</p> - -<p>La puerta y la calle se llaman de Enfrente (Chien-Men) porque están en -el mismo eje que pasa por el centro del palacio imperial y por mitad -también del Salón del Trono, donde daba audiencia el Hijo del Cielo. -Éste, sin moverse de su asiento, si hacía abrir las puertas de los tres -recintos fortificados de la Ciudad Imperial y la puerta del muro de la -Ciudad Tártara, podía ver toda la longitud de la calle de Enfrente, -bordeada de edificios y hormigueante de muchedumbre, en una extensión de -diez kilómetros.<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">[Pg 66]</a></span></p> - -<p>Una vez al año seguía el emperador este camino para ir al templo del -Cielo. Esta solemnidad era el día del solsticio de invierno. Jamás en el -resto del año atravesaba el divino monarca las calles de su capital. No -por ello lograban los súbditos ver su rostro el día de la citada fiesta. -Los habitantes de la calle de Enmedio debían permanecer recluidos en sus -casas, con pena de muerte si osaban mirar por una rendija. Las calles -adyacentes quedaban cerradas con altas vallas. Debía ser un espectáculo -interesante la marcha lenta y aparatosa del cortejo imperial por esta -amplia avenida, completamente desierta.</p> - -<p>Hace ocho años todavía era el Chien-Men la calle más «pintoresca» de la -China. Hoy sus edificios siguen ocupados por los primeros comercios de -Pekín; pero un incendio destruyó las antiguas fachadas de sus tiendas, -todas ellas con celosías cubiertas de oro viejo y la madera tallada en -forma de flores, ramajes y dragones.</p> - -<p>El comerciante chino, inventor del anuncio, sigue poniendo en sus -puertas grandes tableros avanzados sobre la calle, con inscripciones -doradas y dibujos quiméricos en sus dos superficies. Dicho ornato -industrial da una originalidad animada y colorinesca al Chien-Men, de -perspectiva interminable. Pero los que pudieron ver esta calle antes del -incendio se hacen lenguas de la suntuosidad artística que ofrecían las -fachadas de sus tiendas, cubiertas de sólidos encajes dorados.</p> - -<p>Atravesamos las avenidas del parque que rodea el templo del Cielo. Es -tan extenso este bosque situado en el interior de una ciudad amurallada, -que hay que usar la ricsha para visitar todos los edificios esparcidos -en sus arboledas. Se comprende la admiración de los primeros blancos que -visitaron Pekín cuando las grandes urbes de Europa aún no habían trazado -sus parques actuales.<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">[Pg 67]</a></span> Resultaba inaudito encontrar dentro de una ciudad -fortificada estas arboledas de límite invisible, que parecen crecer en -pleno campo. Además, el Chien-Men era entonces la única calle del mundo -con cincuenta metros de anchura.</p> - -<p>Vamos visitando los edificios sagrados anexos al verdadero templo. Estas -construcciones, no muy altas, tienen sus gruesos muros pintados con un -rojo obscuro de sangre, que es aquí el color de las construcciones -majestuosas y cubre uniformemente palacios y templos. Las tejas son de -un azul cerúleo, en armonía con el culto celeste. Puentes de mármol se -encorvan sin objeto sobre anchos fosos invadidos por la hierba. Antes -corría por estos canales un agua verdosa y clarísima, en la que nadaban -todas las especies fantásticas é inverosímiles de la fauna fluvial del -país: peces rojos, dorados, violeta, de ojos telescópicos y monstruosos, -arrastrando una larguísima falda transparente de bailarina, moviendo sus -nadaderas sutiles y amplias como manteletas de encaje.</p> - -<p>Subiendo escalinatas de mármol partidas por el «sendero imperial», -llegamos al altar del sacrificio. A primera vista parece demasiado bajo, -en relación con la arboleda y los otros edificios del parque. Pero los -chinos no aman la enormidad en sus monumentos; buscan su belleza en la -armonía de las proporciones, con arreglo á la educación de sus ojos. -Este altar se compone de tres torres bajas y anchas, superpuestas en -ángulos entrantes. Los tres rellanos son de mármol blanquísimo y -uniforme, habiendo concentrado los escultores toda su labor en las -barandas.</p> - -<p>Cada una de dichas mesetas está separada de las otras por escalinatas de -nueve peldaños. El 9 es el número sagrado de los chinos, como el 7 lo -fué de los pueblos cristianos. La primitiva religión del país tiene -nueve<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">[Pg 68]</a></span> cielos; su antigua ciencia da á la tierra nueve grados; las -divisiones del tiempo y del espacio se basan siempre sobre el citado -número.</p> - -<p>Subía el emperador, en una mañana brumosa y frígida de nuestro mes de -Diciembre, á la plataforma más alta de dicho altar, para rendir -sacrificio á sus padres, los señores del cielo. En esta ceremonia vestía -una túnica de piel de cordero negro, forrada interiormente de zorro -blanco, y encima un gabán de seda, en el que estaban bordados los dos -dragones celestiales, el sol, la luna y las estrellas.</p> - -<p>Él era el único que se erguía en la última meseta del cono truncado. Los -personajes de su séquito quedaban inmóviles en los peldaños de las tres -series de escalinatas: los letrados á la derecha, los guerreros á la -izquierda. Y el soberano iba ofreciendo á los espíritus celestes las -viandas preparadas para esta ceremonia, los rollos escritos en pergamino -y en seda, un novillo sin ningún defecto, un disco de lapislázuli. El -público silencioso de altos dignatarios no ignoraba que el Hijo del -Cielo se había preparado para esta ceremonia con ayunos y largos -exámenes de conciencia, siendo la pureza de su alma y los virtuosos -deseos de hacer á su pueblo feliz la principal ofrenda dedicada á sus -mayores, que le estaban mirando desde lo alto del cielo.</p> - -<p>Iba acompañada la ceremonia por músicas litúrgicas. En un pabellón de -este mismo parque se guardan muchos instrumentos empleados en dicha -fiesta. Son grandes tambores, címbalos y <i>gongs</i>. También hay arpas -enormes que tienen por base cisnes y perros azules con melena de león.</p> - -<p>Después del triple altar se llega por una avenida al verdadero templo -del Cielo, especie de rotonda cuya cúpula se halla sostenida por -columnas de laca roja. En<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">[Pg 69]</a></span> sus muros circulares brilla una falsa -primavera de flores de oro.</p> - -<p>Seis religiones vienen existiendo en la China hace muchos siglos. Tres -de ellas poseen á la mayoría de la nación: el taoísmo, el confucismo y -el budismo. (El taoísmo es la religión basada en las doctrinas de -Laotsé. Éste llamó <i>Tao</i> á la razón que gobierna el mundo, ó sea la -suprema virtud.) Además, el islamismo, el cristianismo y el judaísmo -tienen numerosos adeptos. Sus comunidades resultan sin embargo de poca -importancia comparadas con la enorme cifra de la población china; los -cristianos no pasan de dos millones; los judíos son menos, y los -mahometanos, más numerosos, sólo llegan á veinte millones.</p> - -<p>El confucismo es la religión de los letrados; el taoísmo y el budismo, -religiones del pueblo, cuentan sus fieles por centenares de millones. -Las tres se asocian fraternalmente, tomándose unas á otras doctrinas y -ritos y absteniéndose de todo proselitismo. A pesar de su tolerancia -miran con recelo á los misioneros cristianos, porque se han inmiscuído -muchas veces en los asuntos políticos del país, protegiendo á terribles -malhechores convertidos á sus creencias para escapar á la justicia. -Tampoco aman á los chinos musulmanes, á causa de su insurrección en -1856, que duró nueve años.</p> - -<p>Los emperadores, respetuosos siempre para las varias religiones de sus -súbditos, sólo rendían culto al cielo y manifestaban además un -agradecimiento místico á la tierra arada, sustentadora de la nación.</p> - -<p>El templo de la Agricultura, vecino al del Cielo, tiene un parque menos -extenso que el de éste, pero sus proporciones resultarían -extraordinarias en muchas capitales de Europa. El mismo emperador, que -ofrecía con sus manos un tributo á los dioses celestes en el solsti<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">[Pg 70]</a></span>cio -de invierno, celebraba otra ceremonia religiosa al llegar la época en -que son aradas las tierras. En presencia de sus cortesanos y con todo el -aparato de un acto de gobierno, el Hijo del Cielo empuñaba la esteva de -un arado amarillo al que iban uncidos dos bueyes con cuernos dorados y -labraba un trozo de campo sin ayuda de nadie, sembrándolo después.</p> - -<p>Este es el pueblo que dió á la humanidad la seda, el arroz, el naranjo y -otros frutos preciosos. La corte imperial, al venerar religiosamente el -cultivo de la tierra, adoraba la gloria de su propia nación.</p> - -<p>La maestría y el entusiasmo aportados por los chinos á las labores -agrícolas han acabado por hacer sufrir una molestia obsesionante á los -extranjeros, dificultando su vida mientras permanecen en el país. Estos -agricultores intensivos se preocuparon de los abonos hace miles de años, -cuando nadie en nuestro mundo tenía la menor idea de lo que pudiera ser -un fertilizante. Y de todas las materias que reconstituyen y tonifican -las fuerzas germinativas del suelo, la más preferida por ellos es la de -procedencia humana.</p> - -<p>Ya dije algo de esta predilección con motivo de cierto encuentro en una -calle de Kioto. Es verdad que el chino mezcla la citada materia con -otras para dosificar sus energías fecundantes, pero no resulta menos -cierto que todas las plantas de sus admirables huertas tienen al pie -invariablemente algo que pasó por una letrina.</p> - -<p>En los hoteles importantes de Pekín y otras ciudades, los directores, -para tranquilidad de la clientela, fijan un anuncio en el vestíbulo -afirmando rotundamente que todas las hortalizas preparadas en su cocina -proceden de terrenos propiedad del establecimiento cultivados á estilo -europeo.</p> - -<p>Ríe el chino de los escrúpulos y ascos de la gente<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">[Pg 71]</a></span> occidental. -Establece comparaciones entre el estiércol podrido de cuadra que -empleamos en nuestros campos y la materia preferida por él, no pudiendo -comprender por qué razón los detritus de las personas deben ser más -repugnantes que los proporcionados por los animales, y acaba -compadeciéndonos, como si fuésemos unos niños incoherentes y -caprichosos.</p> - -<p>Como el abono humano es el más apreciado de todos, el acto de producirlo -no representa algo vergonzoso é inmundo, como en nuestros países, -desarrollándose públicamente con la mayor tranquilidad. Dentro de Pekín, -la policía de la República vela por dar á la capital una disciplina -europea, y no permite en las calles principales estos desahogos á lo -chino, tan apreciados por la agricultura. Pero al pasar en <i>ricsha</i> ó -automóvil por las vías apartadas ó por las afueras, siempre se encuentra -algún chino en cuclillas, con un pedazo de diario en la mano, cuya -lectura no le interesa, y que sonríe al transeunte sin cambiar de -postura. Algunas veces no está solo, y á continuación de él se extiende -una larga fila de compatriotas con el mismo encogimiento y no menor -tranquilidad.</p> - -<p>Todo agricultor se preocupa de instalar en sus campos una letrina cerca -del camino para que la use el viandante. Escoge para esto el lugar más -agradable: la sombra de un árbol frondoso, un grupo de arbustos -floridos. Hasta hay quien afirma que los más letrados colocan en dichos -lugares carteles con versos, rogando al transeunte que haga alto y deje -su recuerdo.</p> - -<p>Pero yo no los he visto.<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">[Pg 72]</a></span></p> - -<h2><a name="VI" id="VI"></a>VI<br /><br /> -LA CIUDAD PROHIBIDA</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Los mares y las montañas de los jardines imperiales.—La «Montaña -del Carbón».—El árbol sentenciado á cadena perpetua por lesa -majestad.—Los guardianes de la República.—Los grandes patios de -mármol y sus ríos.—Los tesoros del Hijo del Cielo.—Las -recepciones solemnes en la Sala de la Gran Reunión.—Todo Pekín -visto desde el trono.—Los dueños alados y definitivos de la Ciudad -Prohibida.—Robos de las tropas civilizadoras.—Un museo formado -con lo que dejaron ó lo que devolvieron.—La ironía de los -chinos.—«Nosotros los salvajes.»</p></div> - -<p>Antes de 1911, fecha de la caída del régimen imperial, el europeo -llegado á Pekín sólo podía ver el templo del Cielo y de la Agricultura, -con sus vastos parques. La Ciudad Prohibida estaba cerrada para él, é -igualmente muchos templos antiguos que eran al mismo tiempo boncerías -habitadas por monjes fanáticos.</p> - -<p>La República ha abierto todas las residencias imperiales, y desde hace -catorce años un nuevo Pekín se ofrece á la curiosidad de los viajeros. -La llamada Ciudad Prohibida puede ser visitada á todas horas en los tres -diferentes recintos que la componen.</p> - -<p>El primero lo designó siempre el pueblo con el nombre de Ciudad -Amarilla, á causa del color de las tejas barnizadas que cubren sus -techos. En ella estaban los ministerios y otros centros de la vida -oficial, pudiendo<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">[Pg 73]</a></span> ser visitada por los extranjeros de distinción. El -segundo recinto era la Ciudad Roja, llamada así por el color de sus -muros. Nadie pasaba sus puertas si no pertenecía á la corte del Hijo del -Cielo. En sus construcciones más avanzadas vivían los soldados de la -Guardia del emperador y sus cortesanos. El tercer núcleo, ó sea el lugar -central y misterioso donde estaban las habitaciones del soberano y su -familia, se llamaba la Ciudad Violeta, también por el color de sus -techumbres.</p> - -<p>Pocos entraban en la Ciudad Violeta. Los mandarines importantes y los -embajadores recibidos por el Hijo del Cielo no iban más allá de los -patios majestuosos de la Ciudad Roja. Aun en el presente continúa siendo -inaccesible la Ciudad Violeta, por estar reservada una parte de ella -para el joven emperador sin corona, que sigue llevando, cerca del -presidente de la República, una existencia misteriosa.</p> - -<p>Así como los antiguos viajeros quedaban admirados ante los grandes -parques existentes dentro de la ciudad amurallada de Pekín, se siente -asombro ahora viendo los jardines de la Ciudad Prohibida. Se cree vivir -en pleno campo al contemplar arboledas que parecen interminables; -montañas cubiertas de palacios y pagodas con techos superpuestos y -cornudos, de cuyos aleros penden campanillas de sonoros -estremecimientos; lagos por los que navegan sampanes con proas de dragón -y cámaras doradas de techo redondo. Y estos vastos jardines están en el -interior de un recinto fortificado; los guardan murallas, invisibles -desde aquí, pero que se extienden kilómetros y kilómetros.</p> - -<p>Los emperadores chinos y los mandarines opulentos consideraron un jardín -como el más precioso adorno de toda vivienda rica, reproduciendo en su -frondosidad las bellezas naturales con arreglo á un gusto pueril y -extre<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">[Pg 74]</a></span>madamente minucioso, mas no por esto indigno de consideración. -Visitando esta Ciudad Prohibida, tan grande como algunas capitales de -Europa y que sirvió de simple vivienda á un solo hombre, se puede -apreciar cuán necesario es para la vida humana el contacto con la -Naturaleza. Estos monarcas absolutos, que durante largos siglos -dominaron la mayor parte del mundo asiático y por exigencias de la -etiqueta debían mantenerse aislados de su pueblo, reprodujeron en el -interior de su ciudad-palacio los esplendores del campo, ya que no -podían ir á contemplarlos como simples viajeros.</p> - -<p>Ahora los jardines imperiales están olvidados. La República no puede -mantener un ejército de miles de jardineros como lo hacían los Hijos del -Cielo, derrochadores de tesoros. Pero á pesar de su abandono creciente y -la tristeza de las tardes invernales, aún ofrecen un aspecto de -melancólica majestad.</p> - -<p>Los lagos son varios y enormes, con islas y penínsulas cubiertas de -arboleda. Como los chinos de Pekín vivían y morían lejos del Océano, no -vieron obstáculo alguno en llamar enfáticamente «mares» á estas -extensiones acuáticas, y todavía conservan dicho título. Dentro de la -Ciudad Prohibida se encuentran el Mar de Enmedio, el Mar del Norte, el -Mar de las Cañas, y otros.</p> - -<p>No bastando á los emperadores abrir mares en el suelo de sus jardines, -elevaron igualmente montañas. Pekín está asentado en una llanura -polvorienta, y sólo al perder de vista la capital empiezan á columbrarse -las estribaciones de una cordillera. Pero los jardines de la Ciudad -Prohibida tienen montañas que ostentan en sus cumbres palacios y -templos, siendo la más famosa de ellas la llamada <i>Mee-Chaen</i> (Montaña -del Carbón).</p> - -<p>Según cuentan, debe su título á que cierto emperador, durante una de las -remotas guerras civiles, hizo previ<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">[Pg 75]</a></span>soramente enormes acopios de carbón, -temiendo un asedio de sus enemigos. La gigantesca masa de combustible -quedó en el olvido, los huracanes polvorientos que soplan sobre la -planicie pekinesa la fueron cubriendo de tierra, y acabó por convertirse -en una colina de rudas pendientes. Luego, los emperadores, despreciando -por innecesario el contenido de la montaña artificial, cubrieron sus -laderas con jardines, y durante varios siglos fué un lugar predilecto -dentro de este mundo cerrado y majestuoso.</p> - -<p>Hoy la Montaña del Carbón está abandonada. En sus caminos sólo se ven -boncerías desiertas ó palacios que habitaron los mandarines favoritos y -caen ahora poco a poco en escombros. Entre estos edificios crecen -bosques de lilas y extienden su venerable ramaje los cedros centenarios. -Bandas de pájaros saltarines animan con sus voces una soledad verde que -dura de sol á sol.</p> - -<p>No creo, sin embargo, que estas avenidas en pendiente se viesen más -frecuentadas en los buenos tiempos del Imperio. El chino rico gusta de -los jardines para verlos desde una ventana; rara vez pasea por ellos, -los aprecia como un deleite de los ojos. Los mandarines del pasado -únicamente debieron subir en palanquín los caminos ásperos de la Montaña -del Carbón para llegar á su cumbre y sentarse en la torre que la corona, -contemplando desde sus miradores todo el ámbito de una ciudad que sólo -de tarde en tarde podían visitar á causa de sus deberes palaciegos.</p> - -<p>En el centro del Mar de Enmedio ó de los Lotos, sobre una colina -artificial con bosques y palacios, está el famoso árbol encadenado.</p> - -<p>Cuando los emperadores manchures, hace dos siglos y medio, destronaron á -la dinastía de los Ming, apoderándose de Pekín, el último de los Ming no -quiso sobre<span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">[Pg 76]</a></span>vivir á tal vergüenza y se ahorcó de una rama de dicho -árbol. A los nuevos emperadores les convenía mantener intacto el -prestigio de su investidura, la inviolabilidad religiosa de sus -personas, y ordenaron el procesamiento del árbol por haber prestado sus -ramas para esta acción sacrílega, condenándolo á prisión perpetua como -reo de lesa majestad. El árbol hace muchos años que está seco, pero aún -se mantiene erguido, negro y leñoso, en medio de una vegetación que goza -de plena libertad, teniendo enroscadas á su tronco y sus brazos -numerosas cadenas manchadas de herrumbre.</p> - -<p>Sobre los canales con riberas de piedra que llevan el agua de un «mar» á -otro, se lanzan las curvas de los puentes de mármol. En otros sitios -ponen en comunicación el jardín con las islas. El arqueamiento exagerado -de estos puentes resulta penoso para los pies occidentales. Uno de -ellos, á pesar de su magnificencia, recibe el apodo de «El Jorobado» por -la altura de su curva. El tiempo y el abandono han desgastado además los -pequeños escalones de su doble pendiente, haciendo aún más difícil su -tránsito. Pero los personajes chinos iban calzados con ligeras -zapatillas de fieltro, que les permitían ajustar sus plantas á las -sinuosidades del suelo, ascendiendo por ellas mejor que nosotros. Ya -dije también cómo el monarca, con sus ligeras sandalias de pergamino, -subía ritualmente las escalinatas por el «sendero imperial», que no -siempre era camino fácil.</p> - -<p>Actualmente los jardines de la Ciudad Prohibida no tienen otros -guardianes que hombres del ejército. Al licenciar la República el -personal enorme mantenido por los emperadores en sus palacios, lo suplió -con soldados de línea. Como el ejército es muy numeroso en este país -extraordinariamente poblado y gusta más de vivir tranquilo que de -ejercicios y maniobras, una gran<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">[Pg 77]</a></span> parte de la guarnición de Pekín se -halla dedicada á la vigilancia de los edificios públicos.</p> - -<p>En todos los kioscos se encuentran soldados y fusiles. Sobre las riberas -marmóreas de los lagos circulan patrullas con el arma al hombro. Junto á -los puentes de atrevida curva hay militares que se apresuran a ofrecer -una mano á los viajeros, ayudándolos á pasar sobre el lomo resbaladizo -de mármol, en espera de una propina ó un simple cigarrillo. Si no -reciben nada, no por ello dejan de sonreir y hacer cortesías. Estos -mocetones, procedentes de las provincias del Norte, campesinos de buen -humor que la República ha convertido en soldados, parecen más grandes de -lo que son en realidad á causa de sus trajes de invierno, acolchados -interiormente. Los forros de algodón en rama los hacen extremadamente -obesos. Hay nieve en los rincones sombríos de la arboleda, flotan sobre -los lagos anchas placas de helado cristal, pero como luce el sol, estos -guerreros han dejado sueltas las orejeras de piel de sus gorras. Cuando -pasa un destacamento se ve sobre las cabezas de sus hombres y por debajo -de las hileras de bayonetas cómo se balancean al compás de la marcha los -pares de orejas erguidas.</p> - -<p>Por encima de las murallas de la Ciudad Roja espejean las techumbres de -los palacios imperiales, todas con tejas de laca amarilla, color que -únicamente podía usar el Hijo del Cielo. Una sucesión de nueve patios -enormes (siempre el número simbólico), en torno á los cuales corre una -cuádruple fila de edificios, forma el núcleo de la Ciudad Prohibida. -Estos patios se comunican á través de portadas, sobre mesetas de mármol -que tienen por ambos lados amplios graderíos. Las portadas también son -de mármol y constan de tres puertas, estando reservada la del centro -para el emperador y las otras para los mandarines, según su categoría. -Sobre cada una de<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">[Pg 78]</a></span> aquéllas existe un pabellón de madera laqueada y -dorada, con techo amarillo, cuyos aleros se encorvan en los ángulos.</p> - -<p>Estos patios, orientados con arreglo á los puntos cardinales, tienen al -Sur y al Norte las portadas de acceso, á ambos lados de ellas los -salones más importantes, y al Este y al Oeste galerías, detrás de las -cuales existen almacenes, dormitorios y cuadras. En torno al primer -patio vivían los funcionarios palaciegos más modestos y los jefes de la -Guardia imperial. Hay que advertir que la Ciudad Prohibida contaba -siempre con una guarnición de 15.000 infantes y 5.000 jinetes.</p> - -<p>Todos los nueve patios tienen pavimento de mármol, y por su centro corre -un río atravesado por tres ó cinco puentes. Su extensión es tan enorme -que el hombre parece perdido en ella, achicándose con una modestia -lamentable cuando se aleja á uno de sus extremos. Para cortar la -monotonía de estas llanuras rectangulares, embaldosadas de blanco y -cerradas por ostentosos edificios, se alzan en ellas grandes pedestales -sustentando leones chinescos, de ojos saltones como bolas, dentadura de -cocodrilo y melena de perro. Otras veces sostienen cigüeñas de bronce ó -vasos que parecen campanas olvidadas.</p> - -<p>El segundo patio, el más enorme de todos, guarda en su fondo la sala -imperial. Dentro de ella recibía el Hijo del Cielo á los embajadores y -los príncipes feudatarios. En las galerías del Este y del Oeste estaban -los almacenes de las cosas preciosas de su pertenencia particular, -vastos salones que muchas veces no podían contener los tesoros del -celeste emperador, dueño absoluto de un país más grande que Europa.</p> - -<p>Uno de los edificios guardaba los vasos de bronce y diversas obras de -metal hechas por los artífices de Pekín ó regaladas por los gobernadores -de las provincias. Otro<span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">[Pg 79]</a></span> contenía las peleterías preciosas enviadas por -los cazadores de las provincias limítrofes con Siberia. El enorme -Imperio chino abarcaba todos los climas y poseía todas las faunas, desde -el oso de las llanuras de hielo á la pantera y el tigre de los arrozales -cercanos á los mares del Sur.</p> - -<p>En un tercer depósito se almacenaban las vestiduras de honor que el Hijo -del Cielo regalaba como si fuesen condecoraciones á los funcionarios -dignos de tal recompensa: gabanes de seda, con forros de zorro azul, de -cibelina, de armiño. Otra sala contenía las piedras sin montar del -tesoro imperial, diamantes, amatistas, esmeraldas, mármoles raros, jade -de un verde tierno que parece vivir ó veteado de oro, perlas finas -pescadas por los súbditos de las provincias meridionales. El ropero -imperial ocupaba un edificio de dos pisos, con armarios y cofres -repletos de maravillosas vestimentas, ligeras y coloreadas como flores. -En un sexto depósito estaban las armas, ricas y célebres, tomadas al -enemigo, y otras ofrecidas por los embajadores de los monarcas -tributarios.</p> - -<p>Creo oportuno recordar cómo fué en otras épocas el poder de los -emperadores chinos. Nos hemos habituado tanto en los últimos tiempos á -ver subyugado este país á las exigencias abusivas y crueles de las -naciones europeas y de los japoneses, que apenas si nos damos cuenta de -que el Hijo del Cielo vivió durante siglos y siglos, dentro del mundo -asiático, más poderoso y obedecido que ningún monarca lo fué en -Occidente. No había pueblo del viejo mundo que no reconociese su -autoridad y temiera sus ejércitos innumerables. El Japón fué el único -que se libró de tal vasallaje, por su posición insular y por los -caprichos oceánicos que destruyeron todas las flotas chinas llegadas á -sus costas. El cruel Timur, ó sea<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">[Pg 80]</a></span> el famoso Tamerlán, terror y azote de -tantos pueblos, se declaró feudatario del Gran Kan residente en Pekín.</p> - -<p>Hay que imaginarse el aspecto de este segundo patio en días de gran -recepción. Se abre en su parte Norte lo que puede llamarse sala del -trono y que los chinos titulan <i>Tacho-Tien</i> (Sala de la Gran Reunión). -En el centro de ella colocaban el asiento del emperador, quedando las -cuatro patas de dicho mueble á ambos lados del eje que divide por mitad -á Pekín. Si abrían la puerta central del pabellón Sur, y sucesivamente -las portadas de la Ciudad Roja, de la Amarilla y de la Tártara—todas -colocadas exactamente en la misma línea—, el Hijo del Cielo, sin -moverse de su asiento, podía extender sus miradas hasta el extremo Sur -de Pekín, á través de toda la Ciudad China, en una extensión -longitudinal de muchos kilómetros, viendo como un hormiguero la remota -actividad de las muchedumbres circulando por la calle de Enfrente.</p> - -<p>A la meseta de mármol que sustenta la Sala de la Gran Reunión se sube -por cinco escalinatas que dan á otras tantas terrazas con balaustradas -de maravillosa labor. El mármol ha sido trabajado como algo dúctil que -adquiriese rápida forma bajo los dedos. Cigüeñas y dragones parecen -correr entre los encajes marmóreos. Los siglos han dado á la preciosa -piedra un color amarillo de miel.</p> - -<p>Las puertas de esta sala imperial son de laca roja y de oro, con menudos -dragones deslizándose entre ramajes complicados. También son de rojo y -de oro las grandes columnas, y estos dos colores imperiales se repiten -en el adorno de los muros, dando á todo el salón una visualidad que hace -recordar las tintas de la bandera española agitada por el viento.</p> - -<p>Sobre pedestales quebrados por los golpes más que<span class="pagenum"><a name="page_81" id="page_81">[Pg 81]</a></span> por los siglos, se -ven unos vasos maravillosos de bronce verde, con adornos de oro pálido -profundamente rayado. Fueron soldados japoneses los que en 1900 rascaron -con sus cuchillos-bayonetas esta capa de oro, para llevarse el precioso -polvo. Tal rapiña no resultó un acto extraordinario. Las tropas europeas -llegadas á Pekín en la misma expedición contra los boxers mostraron -igual conducta. Lo admirable de estas vasijas gigantescas, desfiguradas -por la rapacidad de los invasores, es su timbre sonoro. Basta dar en -ellas con los nudillos para que salga de sus entrañas una vibración -misteriosa y ultraterrena, un eco que hace recordar las melodías -planetarias imaginadas por los pitagóricos.</p> - -<p>Todo el salón es de madera, paredes y columnas, pero con numerosas capas -de laca roja, dorada ó de bronce verdoso, que imitan los tonos de los -metales y las piedras preciosas, dando además á dichos colores la -frescura eterna de su barniz, en cuyo brillo no logran morder los años.</p> - -<p>El canal que atraviesa este segundo patio es profundo como un río. Cinco -puentes de mármol lo atraviesan, para que en otros tiempos pudiesen -pasar á la vez los imponentes cortejos del Hijo del Cielo. Sobre las -cinco mesetas de mármol que se escalonan hasta la Sala de la Gran -Reunión se mantenían derechos miles de mandarines durante el curso de la -ceremonia imperial.</p> - -<p>En este patio, donde podrían desplegarse cómodamente varios batallones -europeos, formaban los destacamentos de las Ocho Banderas en que estaba -dividido el ejército chino, con sus corazas multicolores, sus yelmos -metálicos en forma de sombrilla, sus lanzas rematadas por anchos -alfanjes, sus mosquetes que tenían por culatas cabezas de dragón, sus -vestimentas de tinte anaranjado ó azul. Sobre el bosque brillante de las -armas<span class="pagenum"><a name="page_82" id="page_82">[Pg 82]</a></span> ondeaban las Ocho Banderas, emblemas de las antiguas tribus -manchures, amarilla, blanca, roja, azul ó con diversas combinaciones de -estos cuatro colores. En el fondo, ocupando un lugar secundario y -modesto, formaban las tropas de la Bandera Verde, las más numerosas y -plebeyas, que mantenían el orden en las provincias del Imperio, haciendo -oficio de gendarmería.</p> - -<p>Hoy, todas las explanadas de mármol de la Ciudad Imperial, majestuosas y -enormes, como no las tiene ningún palacio de la tierra, están -solitarias. De tarde en tarde, cual si fuesen hormigas, se deslizan por -sus llanuras cuadrangulares y blancas algunos pequeños grupos de -soldados ó de curiosos. Sus verdaderos habitantes de ahora vuelan y -viven en los aleros.</p> - -<p>Los adornos salientes de los edificios tienen un color blancuzco, á -causa de la capa de fenta depositada por los palomos. Éstos deshonran -igualmente con sus residuos las terrazas de mármol y las imágenes de -leones, tortugas y cigüeñas de verdoso bronce erguidas sobre pedestales. -Unos cuervos pequeños y de graciosos movimientos revolotean en los -patios ó se posan en los filos de las techumbres, alterando con sus -voces el silencio de la gran ruina. Gritan como niños asustados; otras -veces parecen burlarse de los que entran y salen en este palacio de -inusitadas proporciones, que ellos poseen ahora absolutamente. En -realidad, los personajes soberbios de la Historia, al construir -monumentos que se imaginan inmortales, trabajan para el cuervo, la -araña, el lagarto y la hiedra, sus herederos forzosos.</p> - -<p>En los edificios de otros patios ha improvisado la República china un -museo con lo que se pudo salvar de la rapacidad de las tropas -civilizadas cuando vinieron en 1900 á socorrer á los sitiados del barrio -de las Legaciones y á dispersar á los boxers. Dichas salas ofrecen<span class="pagenum"><a name="page_83" id="page_83">[Pg 83]</a></span> un -aspecto poco ordenado, pero su magnificencia deslumbra y llega á fatigar -los ojos. Mejor que museo debía titularse lo que se guarda en ellas -«Colección de riquezas nacionales que no pudieron robar los -representantes de la civilización occidental».</p> - -<p>Sus porcelanas son de valor inestimable, piezas antiquísimas que parecen -fabricadas por manos superiores á las del hombre. Se ven en las vitrinas -lujosos muebles con todos los caprichos de la curva escamosa del dragón, -tallados en ricas maderas; tronos de oro; corazas con incrustaciones de -pedrería; árboles cuyas hojas y troncos están hechos con valvas de -madreperla; armas cinceladas como joyas; trajes de ceremonia con bestias -heráldicas de grueso realce; cetros de oro y cristal de roca; esmaltes -de tan enormes proporciones que resulta inexplicable su producción; -cascos y sombreros cubiertos enteramente de perlas, cual si hubiese -caído sobre ellos un rocío celeste.</p> - -<p>Muchos de estos objetos los ocultaron chinos fieles á la dinastía, -cuando llegó la expedición de los países civilizadores, devolviéndolos -luego al gobierno. Otros fueron robados por las tropas invasoras, y las -comisiones encargadas de remediar tales delitos consiguieron -rescatarlos. ¡Pero desaparecieron tantas riquezas!... ¡Fueron tan -numerosos los robos!...</p> - -<p>Cada vez que nos muestran un objeto precioso estúpidamente destrozado, -los guardianes del museo se limitan á decir:</p> - -<p>—Esto lo hicieron las tropas de las naciones civilizadas.</p> - -<p>Y sonríen con una amabilidad irónica.</p> - -<p>El pueblo chino ha cometido crueldades, como todos los pueblos de la -tierra, pero muchas menos que las imaginadas por la ignorancia -occidental. La culpa remota de este error la tienen los sacerdotes -budistas, que tanto<span class="pagenum"><a name="page_84" id="page_84">[Pg 84]</a></span> aquí como en el Japón han hecho circular durante -varios siglos estampas horripilantes representando cuantos tormentos -sufren en la otra vida los que mueren en pecado. Son casi iguales á las -estampas del infierno y de sus suplicios que existen en los países -católicos.</p> - -<p>Muchos viajeros, al ver estas escenas del infierno budista, las creyeron -una fiel representación de tormentos complicados y monstruosos que -aplicaban antiguamente chinos y japoneses. Nada más falso. En China han -existido la muerte á palos y la decapitación, como en casi todos los -países de la tierra. Durante las revueltas populares y las guerras -civiles abundaron refinadas ejecuciones y matanzas, aunque tal vez menos -que en ciertos países de Europa y América. Sus piratas y sus bandidos de -tierra firme no fueron peores que los de otras partes.</p> - -<p>En cambio, la expedición civilizadora contra los boxers abundó en -episodios inauditos. Un soldado procedente de uno de los países más -cultos de Europa, al pasar con varios camaradas por una de las calles de -Pekín, vió en la puerta de su tienda á un mercader extremadamente gordo, -con esa obesidad monstruosa producto de una vida sedentaria, lenta y -pacífica.</p> - -<p>—Me interesa saber—dijo—lo que ese chino tiene en el vientre.</p> - -<p>Y de un bayonetazo le rajó el abdomen, echando afuera sus tripas.</p> - -<p>Estos chinos que parecen cansados y hasta apolillados, después de -cincuenta siglos de civilización á su modo, hablan con ironía del estado -que ocupan en el mundo moderno.</p> - -<p>«Nosotros los salvajes», dicen con burlona modestia. Y añaden poco -después: «Los blancos, que nos hacen el favor de querer -civilizarnos...»<span class="pagenum"><a name="page_85" id="page_85">[Pg 85]</a></span></p> - -<p>Hemos mencionado ligeramente algo de lo ocurrido durante la última -entrada en Pekín de las tropas civilizadoras. En otra expedición militar -emprendida en tiempos de Napoleón III por un ejército de ingleses y -franceses, el robo de los palacios imperiales resultó inaudito. Casi -todas las riquezas de arte chino existentes en Europa datan de aquella -invasión de bandidos civilizados.</p> - -<p>Además, la artillería de las citadas tropas se instaló en el primitivo -Palacio de Verano, cerca de Pekín, y la explosión intencionada ó casual -de su depósito de pólvora hizo desaparecer instantáneamente este -monumento célebre del arte chino.</p> - -<p>Otra intervención anterior de Inglaterra, en la primera mitad del siglo -XIX, que la permitió adueñarse de Hong-Kong, aún fué más vergonzosa. Los -gobernantes chinos, para librar á su pueblo del envilecimiento del opio, -prohibieron el consumo de dicha droga. Los ingleses siguieron entrándola -de contrabando, porque así convenía á su comercio, y como el virrey de -Cantón embargase varios cargamentos, echándolos al agua, la piadosa y -liberal Inglaterra envió sus batallones y sus navíos contra el gobierno -del Hijo del Cielo para defender una vez más la civilización... y la -venta del opio.</p> - -<p>—Nosotros los salvajes—repiten sonriendo los chinos.</p> - -<p>Saben que su enorme y viejo país, rutinario y fatigado como todos los -pueblos extremadamente antiguos, dió al mundo la brújula, la imprenta, -la pólvora, la porcelana y los principios fundamentales de la -agricultura científica.<span class="pagenum"><a name="page_86" id="page_86">[Pg 86]</a></span></p> - -<h2><a name="VII" id="VII"></a>VII<br /><br /> -EL PALACIO DE VERANO</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">La retratista de la emperatriz.—La mentalidad de una soberana -china.—Los hermosos camellos de Pekín.—Las murallas de la capital -y su antigua artillería.—Maravillas del Palacio de Verano.—El -«lago-mar».—El famoso Navío de Mármol.—Un puerto de comercio -improvisado, para que el Hijo del Cielo se disfrazase de -vagabundo.—Robo de dos azulejos.—El feliz «triángulo» -imperial.—El joven ex emperador y el presidente de la República.</p></div> - -<p>Miss Catalina Carl es una pintora notable de los Estados Unidos y la -única dama de raza blanca que vivió en los palacios imperiales de la -China.</p> - -<p>En 1905, estando en Shanghai, fué llamada á Pekín por la Legación -norteamericana. La emperatriz regente, que vivía como ciertas reinas -famosas de otras épocas, gobernando á su modo el vastísimo Imperio y -haciendo frente á las ambiciones de las potencias occidentales, sentía -repentinamente deseos de imitar la existencia de los remotos soberanos -de Europa. Pero tales deseos no eran más que movimientos de curiosidad, -retrogradando en seguida á sus antiguas costumbres. Esta emperatriz, que -fué verdaderamente el último soberano chino—la República se proclamó -tres años después de su muerte—, quiso que la retratase un artista -blanco, y al saber que una pintora célebre viajaba por sus Estados, -aprovechó la ocasión, prefiriendo servir de modelo á una mujer.<span class="pagenum"><a name="page_87" id="page_87">[Pg 87]</a></span></p> - -<p>La citada artista ha escrito un libro interesante sobre su vida -palaciega y además me relató nuevas anécdotas durante mi permanencia en -Pekín. Era la emperatriz una manchur de carácter enérgico, que ejercía -con verdadera vocación sus funciones de gobernante. Teniendo que dirigir -los destinos de un territorio enorme como un continente, con una -población de cuatrocientos á quinientos millones de seres, se equivocó -muchas veces; pero un hombre de talento, obligado á desempeñar una -autoridad tan variada y extensa, tal vez habría cometido los mismos -errores.</p> - -<p>En su tiempo ocurrió la revolución de los boxers. Mirada del lado -europeo, esta revolución resulta un alzamiento horripilante por sus -crueldades. Examinada desde el punto de vista chino, fué una protesta -nacionalista, una explosión de odio contra los extranjeros, dominadores -del país. Por esto la figura de la última soberana resulta confusa y -contradictoria. Algunos la creen una emperatriz mesalinesca, con los -defectos de Catalina de Rusia. Otros la admiran como una gran patriota. -Miss Carl sólo guarda de ella excelentes recuerdos y se enternece al -relatar sus bondades.</p> - -<p>Esta reina, poseedora de más súbditos y territorios que ningún soberano -de Europa, recibió á la artista californiana con una afabilidad -burguesa, sin aparato alguno. Al saber que era huérfana, le dijo:</p> - -<p>—Yo seré tu madre. No te preocupes de tu porvenir. Corre á mi cargo -hacerte feliz.</p> - -<p>Y la instaló en uno de sus palacios, con un mayordomo que capitaneaba á -trescientos domésticos. En el Extremo Oriente la importancia de los -personajes se mide por el número de criados, y nadie sabe hasta dónde -puede llegar la cantidad de éstos, teniendo en cuenta las divisiones del -servicio. Uno está encargado<span class="pagenum"><a name="page_88" id="page_88">[Pg 88]</a></span> solamente de los platos, otro de las -copas, cada lecho de la casa tiene un sirviente especial, etc.</p> - -<p>Después que la pintora tomó posesión de su palacio y pasó revista á su -batallón de servidores, aún tuvo que esperar varios meses para dar -principio á su obra. Hacer un retrato de la emperatriz de la China era -negocio de Estado, digno de largos estudios y lentas discusiones. -Primeramente una comisión de astrólogos levantó el horóscopo de miss -Carl para saber si su espíritu era compatible con el de la sagrada -emperatriz, ó iba á causarle graves daños al ponerse en contacto con -ella. Cuando al fin reconocieron los sabios que podía aproximarse á la -soberana sin peligro alguno, los geomantes del palacio entraron en -funciones para decidir qué edificio sería el más á propósito para el -trabajo de la artista. Y después de encontrado el sitio, hubo que hacer -nuevos estudios, fijando el día y la hora favorables para dar la primera -pincelada.</p> - -<p>Tan satisfecha quedó la emperatriz de miss Carl, que años después le -pidió que hiciese un segundo retrato de ella. Estas dos obras adornan -los salones más grandes del Palacio de Verano. La soberana aparece en -ambos lienzos ocupando un trono, con el traje femenino de la dinastía -manchur. Va cubierta de joyas lo mismo que un ídolo; tiene los pies -pequeños naturalmente, sin la deformación tradicional de las antiguas -chinas; su tocado se levanta y se abre sobre la frente como una -canastilla de flores.</p> - -<p>Mientras era pintada por su retratista, iba haciéndola preguntas, con -una curiosidad de niña, sobre el modo de vivir las mujeres en los países -de raza blanca.</p> - -<p>La etiqueta china no le había permitido ver nunca las calles de Pekín. -Gobernaba su vastísimo Imperio sin haber visitado ninguna de sus -ciudades. Todo lo sabía de oídas, según se lo habían contado sus -mandarines.<span class="pagenum"><a name="page_89" id="page_89">[Pg 89]</a></span> Cuando atravesaba la capital una vez al año para ir al -Templo del Cielo con el joven emperador, ó al trasladarse desde su -residencia de invierno en Pekín al Palacio de Verano, no le era posible -ver á su pueblo. Calles y caminos quedaban desiertos desde un día antes. -Los chinos sabían que era delito, pagado con la cabeza, todo intento de -conocer á sus soberanos. La emperatriz, seguida de su brillante séquito, -pasaba como un fantasma por estas calles muertas, y para que su tránsito -resultase aún más irreal, servidores palaciegos ocultos en tejados y -árboles dejaban caer una lluvia de pétalos rojos y amarillos, colores -emblemáticos de la dinastía, como un homenaje celeste.</p> - -<p>Para esta dueña absoluta de quinientos millones de seres humanos, la -mayor diversión era asomarse con disimulo á una ventana, en las horas -matinales, viendo á los pobres servidores de sus cocinas que traían á -cuestas sacos ó cestos de comestibles. Así podía conocer otras gentes -que los personajes de su corte. Poco después, la tradición y el orgullo -dinástico renacían en su interior, haciéndole incomprensible la vida -ordinaria de las soberanas europeas.</p> - -<p>Mostraba una simpatía instintiva y una admiración «de clase» por la -reina Victoria de la Gran Bretaña. Se había enterado por sus ministros y -por los diplomáticos de la existencia de esta emperatriz, semejante á -ella, que gobernaba la otra vertiente del mundo.</p> - -<p>En el fondo de su alma china se creía superior á su colega. Los sabios -del país, herederos de cinco mil años de ciencia, le habían enseñado que -el Imperio de Enmedio ocupa el vértice de la tierra, mientras la pobre -Europa se mantiene agarrada, con grandes esfuerzos, á uno de sus lados. -Pero de todos modos, Victoria resultaba la única mujer que podía -compararse con su persona<span class="pagenum"><a name="page_90" id="page_90">[Pg 90]</a></span> celeste en el mundo de los blancos. Propiedad -de ella eran las islas flotantes que marchan por los mares arrojando -humo; también le pertenecía una parte del Asia, la India, el país más -poblado después de la China, y la Hija del Cielo no podía comprender -cómo tan gran señora salía á pie por unas calles donde marcha todo el -mundo y viajaba sin largo séquito, lo mismo que una tendera de Pekín.</p> - -<p>—¿Tú crees que verdaderamente vive así?—preguntaba á su retratista—. -¿No me habrán engañado?</p> - -<p>Miss Carl tiene la bondad de acompañarme á los lugares cerrados y -maravillosos donde vivió algunos años cerca de la emperatriz regente: al -Palacio de Verano, retiro favorito de ésta. Desde la caída del Imperio -ha vuelto pocas veces á este paraíso regio. Le infunde una tristeza -profunda ver con aspecto de próximas ruinas los palacios y los jardines -que ningún blanco visitó antes de ella.</p> - -<p>Vamos á pasar un día entero en el Palacio de Verano, y aun así nos -faltará tiempo para conocer todos sus valles y montañas, abundantes en -alcázares y pagodas; para viajar—ésta es la palabra exacta—por las -cuatro orillas de mármol de su lago.</p> - -<p>Esta artista experimentó tan hondamente la atracción de la vida china, -que no ha querido marcharse de Pekín, á pesar de haber desaparecido casi -todos los personajes del tiempo del Imperio, y habita en el nuevo barrio -europeo que ha ido formándose junto al antiguo de las Legaciones.</p> - -<p>Seguimos en automóvil la larga avenida de la Paz Perpetua y otras calles -no menos anchas de la Ciudad Tártara. Vemos algunos mercados, -rebullentes de muchedumbre á esta hora matinal. En las cercanías del -llamado del Carbón abundan las caravanas de camellos.<span class="pagenum"><a name="page_91" id="page_91">[Pg 91]</a></span> Todos los -artistas que han pintado escenas de Pekín colocan invariablemente junto -á sus murallas una fila de camellos, y este detalle, que parece -rebuscado adorno, no es más que copia exacta de la realidad. Siempre -tuve que detener mi automóvil en las puertas de Pekín para dejar paso á -estas escuadras de navíos terrestres, que avanzan moviendo la cabeza -como una proa y balanceando sus costados.</p> - -<p>El camello de aquí no es el de África, pelado, calloso y de una delgadez -que marca la osamenta bajo la piel, como si fuese á rasgarla con sus -aristas. Las caravanas chinas están compuestas de camellos gallardos y -majestuosos. Se mueven de un modo rítmico, sus ojos abultados tienen una -expresión inteligente; además ostentan el regio adorno de sus lanas -rojizas, semejantes á las melenas del león. Estas lanas les caen por -ambos lados como una gualdrapa y se extienden piernas abajo en forma de -pantalones.</p> - -<p>Por el interior de la ciudad marchan en fila y atados, para que no -entorpezcan la circulación. Cada uno lleva la cuerda de su bozal sujeta -á la cola del compañero que le precede. En las cercanías de los -mercados, al verse libres de sus cargas, doblan las patas y quedan -inmóviles sobre las aceras, mientras los camelleros venden sus -mercancías.</p> - -<p>Sopla el viento mongólico de una mañana invernal. Los charcos de las -avenidas están helados. En los rincones, adonde no llega el sol, hay -montones de nieve. Los camellos, con sus cuatro patas ocultas, parecen -sobre la acera montones de lana rojiza, de los que surgen sus cuellos de -reptil antediluviano y lanzan por sus narices curvas dos chorros de -vapor.</p> - -<p>Atravesamos una de las puertas de Pekín. Todas ellas están rematadas por -castillos de vetustas techum<span class="pagenum"><a name="page_92" id="page_92">[Pg 92]</a></span>bres. Los colores de sus muros se hallan -tan modificados por el tiempo, que es imposible darles una clasificación -dentro de la gama conocida.</p> - -<p>La antigua muralla de Pekín es la fortificación más grandiosa y más -inútil que puede encontrarse en el mundo entero. Su anchura va más allá -de las proporciones conocidas. En realidad se compone de dos murallas, -habiendo rellenado los antiguos constructores, con tierra y escombros, -el espacio abierto entre ambas. A causa de esto, las puertas son -profundas como túneles, y no obstante su altura parecen agujeros de -ratonera por su extremada longitud. Al pasarlas se encuentra una nueva -muralla en forma de media luna, una plaza de armas en la que puede -formar desahogadamente un batallón, y otro castillo para que los -asaltantes, después de haber tomado la primera puerta, encuentren el -obstáculo de una segunda. Sin embargo, las fortificaciones de Pekín no -sostuvieron jamás ningún sitio heroico y los invasores las atravesaron -con facilidad.</p> - -<p>En los castillos de aleros cornudos que coronan estas puertas hay -grandes troneras para la artillería, pero hace más de cien años que no -se ha asomado á ellas la boca de un cañón. Los basamentos de las -baterías superiores son de madera y están casi pulverizados por la -carcoma. Además, la antigua artillería china necesitaba para funcionar -unas plataformas extraordinariamente macizas. Este pueblo de admirables -fundidores, que fabricó Budas colosales cuando en Europa no sabían ir -los broncistas más allá de las dimensiones humanas, produjo cañones tan -grandes como las piezas recientes de la artillería moderna. Su tiro era -incierto y corto, pero en cambio sus bocas imitaban fauces horribles de -dragón, gargantas de monstruos quiméricos, para infundir pánico á los -enemigos.<span class="pagenum"><a name="page_93" id="page_93">[Pg 93]</a></span></p> - -<p>Nuestro automóvil corre por los suburbios de Pekín y se lanza luego á -través de la campiña. El Palacio de Verano está á veinte kilómetros, en -un lugar que los emperadores modificaron á su gusto para hacer surgir de -él un paraíso, como Luis XIV hizo brotar de áridas llanuras los jardines -de Versalles con sus fuentes y estanques. Pero la obra de los soberanos -chinos resulta más enorme en sus dimensiones que la del rey francés. -Fueron varios monarcas celestes los que se sucedieron en su ejecución. -Además, contaron con el trabajo disciplinado y tenaz de muchedumbres -incansables.</p> - -<p>Seguimos las riberas de un canal que va desde Pekín al Palacio de -Verano. Ahora este curso acuático está interrumpido en varios lugares. -Antes el Hijo del Cielo podía ir desde la Ciudad Violeta al Palacio de -Verano en barcas doradas, de las que tiraban grupos de servidores -caminando por la orilla.</p> - -<p>Paso un día entero en este palacio-jardín, que tiene varias leguas de -circuito. Como se halla lejos de la capital, sólo de tarde en tarde ve -llegar visitantes, y los soldados que lo guardan llevan una vida -campestre, como si viviesen destacados en un fortín de la frontera -tártara. Un ambiente melancólico de profunda paz envuelve esta obra -vastísima, destinada á unos soberanos de origen celeste cuya sucesión se -cortó para siempre.</p> - -<p>Vemos las salas de audiencia, la parte del Palacio de Verano que los -emperadores destinaban al mundo exterior. Aquí venían á turbar su vida -campestre ministros, embajadores ó virreyes de las provincias. En uno de -los salones, dos estatuas enormes de bronce, representando un fénix y un -dragón, se alzan sobre pedestales de jaspe con sus bocas abiertas. Según -me explica mi acompañante, que tantas veces pasó por estas habitaciones, -las dos bestias esparcían por sus fauces una<span class="pagenum"><a name="page_94" id="page_94">[Pg 94]</a></span> nube invisible de perfume -mientras duraba la audiencia imperial. También vemos en patios y salones -grandes vasos de bronce, verdes y dorados, con una fauna enroscada de -monstruos escamosos. Estos recipientes contenían agua. Los chinos -consideran higiénico tener vasijas de agua en sus habitaciones, por -creer que este líquido purifica la atmósfera tragándose los miasmas.</p> - -<p>Más allá de las salas de recepción y antes de llegar á los edificios que -fueron las verdaderas residencias imperiales, está el teatro, patio -enorme encuadrado por palacios bajos de madera dorada y laqueada, sobre -plataformas de mármol.</p> - -<p>En el centro de dicho patio se levanta el escenario, edificio de tres -pisos. Los actores hablaban á gritos, pasando de un piso á otro, según -las exigencias escénicas.</p> - -<p>Miss Carl me describe las representaciones á que asistió muchas veces. -Duraban un día entero, y en los entreactos comía el público, servido por -el personal de las cocinas imperiales. Tres lados del patio estaban -ocupados por los funcionarios de la corte, los personajes invitados por -el emperador y los mandarines célebres por su sabiduría ó sus hazañas -guerreras. El lado restante era para las mujeres de la familia imperial -y su séquito de damas. Varios biombos colocados oportunamente las -permitían ver el escenario sin ser vistas á su vez por la concurrencia -masculina.</p> - -<p>Después del teatro vamos pasando al pie de una sucesión de colinas con -vertientes escalonadas, formando bancales. Estos peldaños tienen muros -de contención, hechos de azulejos, y fueron jardines. Ahora se muestran -cubiertos de hierbas parásitas, secas por el frío. En tiempo de los -emperadores estaban plantados de peonías, y cada una de dichas cumbres -era una pirámide de flores,<span class="pagenum"><a name="page_95" id="page_95">[Pg 95]</a></span> sustentando en su cúspide un edificio rojo -y dorado, pagoda ó kiosko.</p> - -<p>Se abre de pronto el paisaje, se apartan bruscamente edificios, -columnatas y montañas. Una llanura blanca y azul se prolonga ante -nosotros. Es el famoso «mar» del Palacio de Verano, extensión acuática -que no tiene semejante en ningún jardín de la tierra.</p> - -<p>Los estanques de Versalles y otros parques famosos pierden su -importancia al compararse con esta magnificencia líquida. Para apoyar -tal afirmación baste decir que este lago, cuyos límites sólo se abarcan -desde una altura y que por única vez justifica la énfasis de los chinos -al llamarle «mar», tiene todas sus riberas enlosadas de mármol en una -extensión de kilómetros y kilómetros, con balaustradas también de -mármol, talladas como un mueble precioso. Es una riqueza aplastante—no -puede llamarse de otro modo—, y sin embargo la amplitud de la -perspectiva, el aire libre, el movimiento luminoso de las aguas, dan una -ligereza simpática á su solemne enormidad.</p> - -<p>Sobre una gran parte de estas riberas se extienden caminos cubiertos, -galerías de madera pintada, que parecen no tener fin. En sus techos hay -miles de paisajes representando los lugares más célebres de la China. -Por los frisos corren procesiones de animales con una variedad infinita. -Se adivina que esta obra ha costado muchos años, interviniendo en ella -numerosas huestes de pintores. Es un trabajo verdaderamente chino, de -aparente sencillez, que asombra y desorienta luego por su diversidad, -cuando se le examina detalle por detalle, acabando por fatigar al -observador. Paseando el Hijo del Cielo, durante años y años, por estas -galerías, llegaba á conocer, aunque fuese de un modo vago ó imperfecto, -la grandeza de sus Estados con su fauna y su flora, así como los -aspectos de sus ciudades.<span class="pagenum"><a name="page_96" id="page_96">[Pg 96]</a></span></p> - -<p>Ríos interiores parten del lago, serpenteando luego á través de los -jardines. Puentes de mármol de giba audaz se encorvan sobre sus orillas. -Todas las pequeñas montañas son artificiales, hechas á brazo por -multitudes innúmeras de trabajadores. Los palacios y templos de sus -cumbres tienen plataformas y balaustradas de mármol, paredes de -porcelana verde, blanca y azul, aleros de madera tallada con tejas de -amarillo oro—el color imperial—, y por el filo de sus ángulos avanzan -hileras de dragones y monos.</p> - -<p>Junto á la extensión acuática hay bosquecillos frondosos, de suaves -penumbras, y ante las escalinatas de los embarcaderos se alzan arcos -triunfales. Los puentes de mármol ponen en comunicación la orilla con -dorados kioscos para tomar el té.</p> - -<p>Todo el centro del lago es blanco y sólido, con rugosidades azuladas. El -invierno lo ha helado profundamente. Junto á las orillas la costra -glacial se ha roto, y el agua, libre, deja ver su verde profundidad, en -la que tiemblan las cabelleras de una sedosa vegetación. De vez en -cuando pasan, como relámpagos de púrpura y oro, peces chinos de largos -faldellines en su cola. Varios cisnes blancos, salidos no sé de dónde, -vienen á nuestro encuentro cortando el agua libre y frígida, con la -esperanza de que ofrezcamos algo á sus ávidos picos. Barcas doradas de -aspecto vetusto se balancean, como recuerdos del pasado, entre los -pequeños témpanos sueltos de la ribera.</p> - -<p>Un buque mucho mayor y completamente blanco atrae la atención del -visitante. Es el famoso Navío de Mármol. Esta isla en forma de -embarcación la hizo construir uno de los últimos emperadores, colocando -sobre su casco de mármol un palacio, también de la misma piedra. Un -puente une la orilla y el buque inmóvil.<span class="pagenum"><a name="page_97" id="page_97">[Pg 97]</a></span></p> - -<p>Los republicanos chinos explican el origen de este capricho de un -monarca que, á semejanza de casi todos sus iguales, nunca había visto el -Océano. En el pasado siglo necesitó la China realizar grandes esfuerzos -pecuniarios para crear una verdadera flota moderna, capaz de repeler las -ambiciones, cada vez más intolerables, de las potencias europeas y del -Japón. Cuando al fin se reunieron los fondos necesarios para construir -navíos de combate, el Hijo del Cielo empezó por dedicar una parte de -ellos á su marina del Palacio de Verano, y creó este buque de mármol.</p> - -<p>No intento comprobar la anécdota consultando á mi simpática acompañante. -Se muestra emocionada por los recuerdos que despierta en ella este -palacio. Guarda una memoria demasiado viva de las bondades de su -imperial modelo, para que pueda aceptar la citada explicación sobre el -origen del Navío de Mármol.</p> - -<p>Visitamos en lo alto de una montaña artificial el templo de los Diez Mil -Budas. Luego pasamos á otras cumbres ocupadas por nuevos palacios y -nuevas pagodas. En escalinatas y mesetas vamos encontrando soldados que -parecen enfermos de hidropesía, á causa de la hinchazón de sus -uniformes, acolchados interiormente. Sufren las molestias del frío y la -soledad, pero al mismo tiempo son los únicos poseedores del inmenso -jardín, como si hubiesen heredado á los Hijos del Cielo.</p> - -<p>En lo alto de la Montaña del Oeste, un kiosco con miradores de porcelana -y columnas de laca ha sido convertido en restorán para los visitantes. -Al entrar en él vemos un grupo de soldados en torno á una mesa, comiendo -cacahuetes y pepitas de calabaza á guisa de aperitivos.</p> - -<p>Almorzamos en dicho kiosco, contemplando á nuestros pies toda la llanura -blanca del «mar» congelado.<span class="pagenum"><a name="page_98" id="page_98">[Pg 98]</a></span> Miss Carl nos explica las particularidades -del paisaje. Vemos casi en el límite del horizonte varias colinas con -pagodas en su cumbre. Sobre una de ellas se alza una torre formada por -siete pequeños templos superpuestos.</p> - -<p>Nos asombra el saber que estas alturas lejanas también pertenecen al -Palacio de Verano y los límites del jardín imperial aún van más lejos. -Cerrará la noche sin que hayamos visto más de una mitad de este mundo -aparte, creado para los monarcas más invisibles de la tierra. Nadie como -ellos supo buscar la paz y la dulzura de la vida. Fueron pastores de -hombres, destinados por herencia á regir los rebaños más numerosos del -mundo, y sin embargo vivieron alejados de sus semejantes, como si -perteneciesen á otra humanidad, en un paraíso artificial moldeado -egoístamente con arreglo á sus caprichos.</p> - -<p>Algunos emperadores sentían de pronto la nostalgia de la vida vulgar, -deseaban rozarse con el populacho, conocer las amargas luchas sostenidas -por sus súbditos para ganarse el puñado de arroz. Aburridos de su -excesiva majestad, ansiaban no ser Hijos del Cielo, querían vivir como -simples hombres.</p> - -<p>En tales momentos, los directores de sus placeres improvisaban un puerto -á orillas de este lago, con numerosos «juncos» mercantes anclados en sus -aguas y todo el caserío de una ciudad comercial. Los cortesanos se -disfrazaban de mercaderes y marinos; las damas de la corte eran criadas -de taberna ó desempeñaban peores papeles. El Hijo del Cielo, vestido -como un vagabundo, hacía sus pequeños robos en el mercado de la ciudad -fingida y circulaba por sus peores antros, sin que nadie se atreviese á -reconocerlo. De pronto reñían cuchillo en mano falsos navegantes y -tenderos, chillaban las hembras, acudía la guardia, y así iban -reproduciéndose todas las escenas de los puertos chinos, corrompi<span class="pagenum"><a name="page_99" id="page_99">[Pg 99]</a></span>dos y -pululantes como una gusanera. Este Carnaval divertía durante unas -semanas al Hijo del Cielo y á las 80.000 ó 100.000 personas que vivían -en torno de él.</p> - -<p>Vemos de lejos las arboledas del Parque de Caza. Ahora están -despobladas. En tiempos del Imperio volaban sobre sus frondas millares -de palomos amaestrados, á los que habían puesto una flautita debajo de -cada ala. Eran animales eólicos que al volar iban dejando una estela de -dulces sonidos, y como las pequeñas flautas tenían diversos tonos, estos -músicos alados poblaban el espacio con las caprichosas armonías de una -orquesta vagorosa.</p> - -<p>Encontramos nuevas escaleras cubiertas, cuyos techos guardan pintada una -fauna infinita de dragones. Parece imposible que la imaginación haya -podido concebir tantas variedades de un solo animal quimérico. La -baranda de las múltiples escalinatas es maciza, hecha con azulejos -verdes y amarillos.</p> - -<p>Como el Palacio de Verano lleva varios años de abandono, estas barandas, -faltas de reparación, han dejado caer sus ladrillos esmaltados en -diversos lugares. Tomo dos, uno verde y otro amarillo oro, para -ocultarlos debajo de mi gabán. Pienso que cuando vuelva á Europa me será -grato ver sobre mi mesa estos dos fragmentos del Palacio de Verano. Me -siento ladrón, como la mayor parte de los europeos que vinieron aquí -para civilizar á los chinos. Además, ¿cuánto podrán durar aún estas -construcciones frágiles y olvidadas?... ¿Existirá el Palacio de Verano á -mediados del presente siglo?...</p> - -<p>Al volver á la capital pasamos ante las ruinas del otro Palacio de -Verano, el más antiguo, que destruyeron las tropas anglo-francesas con -la voladura de su polvorín. Pero apenas me fijo en él, me preocupa algo -más reciente. Sé que en Pekín existe un emperador, á pesar de<span class="pagenum"><a name="page_100" id="page_100">[Pg 100]</a></span> que el -país está constituído en República hace doce años. He preguntado -repetidas veces por él, y nadie conoce con certeza el lugar donde vive -oculto.</p> - -<p>Los chinos, tan extraordinariamente tildados de crueles, resultan -incomprensibles muchas veces por su dulzura y su tolerancia, virtudes -que les permiten encontrar una solución agradable á los conflictos más -enrevesados.</p> - -<p>Cuando en Europa se destrona á un monarca, se le hace salir del país -inmediatamente. En algunas ocasiones, para liquidar de veras el pasado, -hasta se le corta la cabeza.</p> - -<p>En China, los republicanos, después de su triunfo, dejaron en paz al -joven emperador para que continuase viviendo lo mismo que antes. Y como -en realidad el monarca no había salido nunca de la Ciudad Prohibida, ni -gobernado otra cosa que su vivienda—los ministros lo hacían todo en su -nombre—, debe pensar á estas horas que la República no se diferencia -mucho del antiguo régimen.</p> - -<p>Algunos que parecen bien enterados me aseguran que continúa instalado -dentro de la Ciudad Prohibida, en lo más céntrico de la Ciudad Violeta. -Es tan enorme y con entrañas tan complicadas la antigua Ciudad -Imperial—una legua de circuito—, que el monarca destronado puede -seguir ocupando varios palacios y un jardín, sin que su antiguo pueblo -sepa dónde está. En verdad, cuando era emperador su vida no abarcaba -mayor espacio sobre la tierra.</p> - -<p>Parece que este jovenzuelo es más feliz que antes, porque no recibe -visitas y nadie le molesta con inútiles consultas. Le casaron de niño -con una de su edad, y los dos siguen jugando, ya mayores, en kioscos y -jardines. Él está enamorado de una amiga de su mujer, pertene<span class="pagenum"><a name="page_101" id="page_101">[Pg 101]</a></span>ciente á -una gran familia de mandarines adictos al Imperio. Los chinos sólo -tienen una esposa legítima, pero la costumbre les permite un número -ilimitado de amigas dentro de la casa. Y el feliz «triángulo» imperial -vive paradisíacamente en el centro de Pekín, sin que nadie se acuerde de -su existencia.</p> - -<p>De tarde en tarde el ex emperador recibe la visita del presidente de la -República, que también habita un palacio dentro de la antigua Ciudad -Prohibida. Unas veces es un mandarín letrado, otras un «doctor en -armas», ó sea un general, pues la República china sufre los cambios -bruscos de los seres en crecimiento, las aventuras violentas de toda -juventud.</p> - -<p>El último Hijo del Cielo no sabe en realidad lo que es un presidente de -República. Debe creerlo un ministro universal, un favorito como los que -gobernaban en otro tiempo la China despóticamente, mientras sus abuelos -imperiales permanecían invisibles en la paz majestuosa del Palacio de -Verano.</p> - -<p>Bien puede ser que algunas veces se le ocurra la conveniencia de -aplicarle al Presidente unas cuantas docenas de bastonazos con un bambú -duro, para que atienda con más generosidad á sus gastos. Pero no ve en -torno de él á los eunucos de la antigua corte encargados de dicha -función.</p> - -<p>Sólo encuentra en sus jardines militares azules, de uniforme repleto -durante el invierno, que le miran frente á frente con una audacia de -campesinos sublevados, no pudiendo comprender por qué razón á un hombre -que marcha lo mismo que ellos sobre la tierra lo llamaron sus pobres -antepasados, durante cincuenta siglos, el Hijo del Cielo.<span class="pagenum"><a name="page_102" id="page_102">[Pg 102]</a></span></p> - -<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII<br /><br /> -LA GRAN MURALLA</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Un muro de 600 leguas edificado en ocho años.—El chino sabe -demasiado para ser militar.—Las industrias fúnebres.—Entierros -ruinosos.—Las tumbas de los emperadores de la dinastía -«Luminosa».—En las puertas de la Tartaria.—Los vagabundos de la -Gran Muralla.—La caravana de Kalgán.—El frío viento de la -Mongolia.—Los dos ciegos musulmanes.</p></div> - -<p>En este país extremadamente viejo, decano de todas las naciones -actuales, no abundan los monumentos que puedan llamarse antiguos. -Templos y palacios sólo alcanzan una vida de contados siglos. Lo eterno -es la China, su historia y sus costumbres. El alma del país perdura -inmutable á través de miles de años. La exterioridad de las cosas -resulta transitoria y ha sufrido muchas renovaciones.</p> - -<p>Su monumento más venerable y famoso es la Gran Muralla. Representa en la -historia del pueblo chino lo que las Pirámides para la primitiva nación -egipcia.</p> - -<p>Las Pirámides tienen algunos miles de años más que la Gran Muralla. -Cuando el emperador Hoang-Ti levantó ésta 240 años antes de J. C., las -Pirámides eran ya antigüedades milenarias que venían á contemplar -viajeros de otros países. Pero como esfuerzo constructivo, la obra china -resulta más enorme que la de los primeros Faraones de Memfis. Resultan -las Pirámides más gran<span class="pagenum"><a name="page_103" id="page_103">[Pg 103]</a></span>diosas al poder abarcarlas el visitante con sus -ojos; imponen un respeto casi místico por su pesadez de cumbre; tienen -la concreción aplastante del amontonamiento. La Gran Muralla es una obra -de extensión, un trabajo de gigantes en sentido horizontal, que casi -nadie ha podido apreciar en conjunto, pues esto exigiría un viaje -larguísimo. Los chinos, para crearla, manejaron indudablemente mayor -cantidad de materias que los fellahs constructores de las Pirámides.</p> - -<p>Ocupa la Gran Muralla una longitud de 600 leguas, distancia mayor que la -existente entre Madrid y París. Algunos han calculado que con sus -materiales se podría construir un muro que diese por dos veces la vuelta -á la tierra. Tal obra la ordenó Hoang-Ti, porque deseaba separar sus -Estados del resto del mundo, y para él todo el mundo eran los tártaros y -los manchures, que podían atacar á su nación por el Norte.</p> - -<p>Hoang-Ti sólo gobernaba entonces la verdadera China, ó sea las llamadas -Diez y ocho Provincias. Una cosa es la China y otra el Imperio chino. -Los tártaros y los manchures, que á pesar de la Gran Muralla acabaron -por invadir el suelo de la China, fundieron sus territorios con las -provincias de los vencidos, dando así su extensión actual á este Imperio -de once millones de kilómetros cuadrados y quinientos millones de -habitantes. Hace muchos siglos que la Gran Muralla resulta una obra -completamente inútil, por haber quedado dentro del Imperio, -extendiéndose la nación á un lado y á otro de sus baluartes; pero en sus -primeros tiempos significó un gran adelanto como obra de fortificación, -defendiendo á la China de sus más temibles enemigos.</p> - -<p>Se extiende sin interrupción 2.400 kilómetros sobre cumbres de montañas, -sobre valles profundos, y algunas veces sus cimientos se apoyan en -pilotes para atra<span class="pagenum"><a name="page_104" id="page_104">[Pg 104]</a></span>vesar terrenos blandos y pantanosos. El emperador -exigió á los ingenieros que no dejasen fuera de la muralla la más -pequeña parcela de sus tierras, y esta orden hizo aún más dificultoso el -trabajo. Quiso además que la obra colosal se terminase cuanto antes y -fué emprendida por muchos puntos á la vez, dedicándose á ella millones -de hombres.</p> - -<p>En menos de ocho años se realizó, venciendo todos los obstáculos -naturales, y según cuentan los historiadores, murieron en esta empresa -sobrehumana unos 400.000 hombres.</p> - -<p>Su trazado tiene el ondulamiento del dragón, línea favorita de los -artistas chinos, pero tal forma se debe también á la exigencia imperial -de seguir con rigurosa exactitud los límites de sus provincias -septentrionales. En algunos sitios parece suspendida de los flancos -escarpados de las montañas; otras veces se oculta en gargantas profundas -ó pasa como un puente sobre ríos y torrenteras.</p> - -<p>Todo el que visita Pekín siente la atracción de la Gran Muralla. -Presenta ésta diversos aspectos según los sitios que atraviesa, é -imagínese el lector si ofrecerá puntos de vista distintos en una -extensión de 600 leguas. El lugar más frecuentado por pintores y -fotógrafos se halla á varias horas de Pekín, empleándose para llegar á -él un ferrocarril que va á la Mongolia y tiene por término la ciudad de -Kalgán, situada casi en pleno desierto.</p> - -<p>Atravesamos la mayor parte de la capital, poco después de amanecer, para -ir á la estación de esta línea férrea construída por una empresa china. -Se halla fuera de las murallas, al otro extremo de la Ciudad Tártara. -Nunca como en esta mañana me di cuenta de la extensión de Pekín. Nuestro -automóvil rueda kilómetros y kilómetros, siempre por avenidas que -parecen sin tér<span class="pagenum"><a name="page_105" id="page_105">[Pg 105]</a></span>mino. Vemos calles laterales con las fachadas llenas de -anuncios colorinescos y el arroyo obscurecido por una apretada -muchedumbre. Atravesamos mercados con inmóviles caravanas de camellos.</p> - -<p>Todas las puertas de la antigua Ciudad Prohibida ostentan á ambos lados, -clavadas en su muralla rosa, dos banderas cuyas telas tienen muchos -metros de amplitud. Es el pabellón quinticolor de la China -revolucionaria, rojo, amarillo, azul, blanco y negro. La República hace -gran ostentación de su nueva bandera, como si esto bastase para -modernizar á un país que hasta hace poco no conocía otro símbolo -patriótico que los dos dragones heráldicos de sus emperadores. Algunos -edificios oficiales han adornado sus fachadas con falsas columnas y -capiteles de papel multicolor que muestran la prodigiosa habilidad -manual de los artífices del país. Estamos en las fiestas de Año Nuevo, -colocadas por el calendario chino algunos días después de nuestro 1.º de -Enero, y todos los palacios gubernamentales se cubren de dichos adornos.</p> - -<p>Llegamos finalmente á la estación del ferrocarril de Mongolia. Junto á -ella se extiende un campo de maniobras, y mientras llega la hora de -partir el tren vemos cómo trotan, cómo se echan al suelo y nos apuntan -con sus fusiles varios grupos de soldados vistiendo uniforme blanco y -azul, todos con zapatillas afieltradas, de pie negro y caña blanca, que -son el calzado nacional.</p> - -<p>Dicen que estos soldados resultan tan excelentes como los mejores si los -dirigen oficiales extranjeros, capaces de hacerlos avanzar con su -ejemplo y con el automatismo de la disciplina. Pero al ser mandados por -generales chinos no hay tropas más blandas, más refractarias al ataque á -pecho descubierto, con menos «mordiente». Esta flojedad, incomprensible -en hombres que aprecian la vida menos que nosotros y parecen más<span class="pagenum"><a name="page_106" id="page_106">[Pg 106]</a></span> -acostumbrados á sufrir el dolor físico, sólo puede explicarse teniendo -en cuenta que el chino, por regla general, es más astuto é inteligente -que el blanco.</p> - -<p>Sabe demasiado para ser militar; tiene una experiencia de varios miles -de años á su espalda, y las expresiones sonoras «patria», «gloria», -etc., que en otros países empujan los hombres á la muerte, no despiertan -en él grandes entusiasmos. Su positivismo le hace pensar que los -provechos de la victoria serán para sus jefes y no para él. Sabe que si -queda inválido no recibirá ninguna recompensa digna de tan enorme -desgracia. Pero el porvenir es una sucesión de sorpresas, y ¡quién sabe -lo que hará en lo futuro este pueblo de quinientos millones de seres!...</p> - -<p>Sus campesinos, individualmente valerosos, sobrios y crueles, pueden -convertirse en temibles soldados si los reune y los entusiasma un ideal -común, algo que hable á su orgullo de raza y á su positivismo. Mas por -el momento, los que conocen á este ejército afirman que nada vale como -fuerza agresiva y tampoco puede servir gran cosa para la defensa del -país en caso de invasión. Los chinos, como todos los pueblos de un gran -pasado histórico, miran con superioridad á los países que estuvieron -bajo su dependencia, política ó intelectual. Como los japoneses fueron -sus discípulos y los vapulearon hace treinta años en una guerra, se -vengan de ellos llamándoles «los enanos». Pero es indudable que si las -potencias europeas y los Estados Unidos no se preocupasen de mantener la -independencia de la República china, «los enanos» habrían aprovechado -cualquier pretexto para llegar hasta Pekín—sólo están de él á -veinticuatro horas de ferrocarril—, barriendo con facilidad á todo este -ejército azul y blanco, de zapatillas silenciosas.</p> - -<p>Empieza á deslizarse el tren sobre los campos inme<span class="pagenum"><a name="page_107" id="page_107">[Pg 107]</a></span>diatos á la capital. -Pasan ante las ventanillas grupos de árboles ennegrecidos por el -invierno y montones de tierra que son tumbas, cada vez más numerosas. -Algunas de ellas deben ser de gente rica, cuyos parientes cuidaron de su -ornamentación, haciendo algo más que amontonar terrones sobre los -féretros. (Había olvidado decir que el ataúd chino no lo descienden al -fondo de una fosa, como en nuestros cementerios. Queda sobre el suelo y -lo van cubriendo con tierra hasta que forma ésta una cúpula -suficientemente gruesa para preservarlo de las injurias atmosféricas.) -El adorno escultórico de los cementerios ricos es siempre el mismo: una -gran tortuga de piedra que lleva sobre el lomo un obelisco ó una torre -de pagoditas superpuestas. Esta tortuga, emblema de una larga vida, con -la pareja de dragones imperiales y el ave fénix, constituye el grupo -principal del simbolismo chino.</p> - -<p>Pasamos junto á canales que tienen sus taludes cubiertos de nieve. -Cisnes blancos y negros abren el agua verdosa con el plumón de sus -pechos. Entretengo la monotonía del viaje pensando en la importancia que -las supersticiones taoístas han dado á las ceremonias del entierro.</p> - -<p>Hasta el coolí más humilde ahorra pequeñas monedas pensando en el -féretro que ocupará después de muerto. Los almacenes de pompas fúnebres -son los establecimientos más importantes en los barrios populares de -Pekín. Hay talleres enormes de carpintería que fabrican montañas de -ataúdes de pino blanco, dentro de los cuales se encajan otros de maderas -más valiosas.</p> - -<p>Un entierro magnífico es la ambición suprema de todos los habitantes de -este país; el glorioso final de una existencia. Las familias contraen -deudas que agobian el resto de su vida, ó se arruinan totalmente, -perdiendo su<span class="pagenum"><a name="page_108" id="page_108">[Pg 108]</a></span> rango social, para costear unos funerales. Tardan éstos -con frecuencia meses y aun años á causa de los preparativos que exigen. -Los entierros, escrupulosamente reglamentados según su costo, se -escalonan en clases, y la memoria de una persona se venera de acuerdo -con la importancia de su sepelio.</p> - -<p>En los funerales de un rico se queman muebles, armas de caza, perros; -antiguamente palanquines con sus portadores, ahora berlinas tiradas por -caballos ó automóviles de marcas célebres. Lo que constituyó en vida el -lujo del difunto, debe seguirle más allá de la tumba. Pero este pueblo, -hábil en toda clase de negocios, ha encontrado el medio de proporcionar -á los muertos sus comodidades terrenales sin que por ello pierda el -capital de los vivos unos objetos tan preciosos para la existencia. Y -los muebles, las armas, los automóviles, los animales domésticos, son -todos de cartón, construídos por notables artífices que reproducen el -original con una escrupulosidad puramente china, sin olvidar detalle.</p> - -<p>Los muertos de gran familia quedan provisionalmente metidos en ataúdes, -esperando que todo esté listo para sus funerales. El fallecimiento de un -personaje proporciona á los escultores fúnebres largo trabajo, y por más -que se afanen transcurre mucho tiempo antes de que la familia pueda -realizar un entierro suntuoso. El público acude á ver el desfile de -objetos y bestias de cartón para apreciar la fidelidad con que fueron -reproducidos, y admira que tan costosas obras estén destinadas á -convertirse en cenizas sobre una tumba.</p> - -<p>Continuamente se encuentran en las calles de Pekín bandas de músicos que -van á ponerse á la cabeza de un cortejo fúnebre. Chinitos mofletudos y -sonrientes pasan cargados con enormes <i>gongs</i> y otros instrumentos no -menos ruidosos y de grandes dimensiones. Ellos y los<span class="pagenum"><a name="page_109" id="page_109">[Pg 109]</a></span> músicos que les -siguen parecen alegres por la abundancia de trabajo. La muerte fomenta -los negocios del país y aviva la actividad de las gentes. Hay entierros -que llegan á costar 300.000 ó 400.000 dólares chinos, figurando en ellos -centenares de hombres con dobles estandartes, varias bandas de músicos y -una procesión interminable de falsos carruajes, monigotes y casas -portátiles, destinados á convertirse en humo.</p> - -<p>Abandonamos el tren en mitad de nuestra marcha á la Gran Muralla. Son -las nueve. El sol de una hermosa mañana de invierno empieza á caldear la -tierra. Los charcos han perdido su costra blanca de la noche. Lloran los -árboles con la licuefacción de la escarcha de sus hojas. El terreno ha -ido subiendo y no obscurece ya la atmósfera el polvo amarillento de los -alrededores de Pekín. Se respira un aire fresco de montaña. Vemos en el -horizonte las cumbres de la Mongolia, que parecen haberse acercado á -nosotros repentinamente.</p> - -<p>Marchamos dos horas á caballo para ver un grupo de mausoleos de los -emperadores Ming. Son más ostentosos y ocupan mayor espacio que los que -visitamos en las cercanías de Mukden, construídos por la dinastía de los -«Muy Puros». Pero el aspecto arquitectónico de unos y otros casi es -igual; largas avenidas que conducen á templos multicolores y tienen en -sus bordes parejas de animales gigantescos esculpidos en granito: -elefantes, caballos, licornios y leones. Lo más notable de este parque -fúnebre es su arboleda, que se extiende kilómetros y kilómetros, -formando una selva de sagrado silencio. El suelo está cubierto de césped -finísimo y resbaladizo. Con gran frecuencia pasamos sobre el arco de un -puente de mármol. Los arquitectos paisajistas de la China se complacen -en hacer dar á un mismo arroyo numerosas revueltas, de modo que se -coloque incesantemente ante el<span class="pagenum"><a name="page_110" id="page_110">[Pg 110]</a></span> paso del visitante, sólo por el placer -de ir lanzando nuevos puentes sobre su curso.</p> - -<p>El puente es la obra suprema del artista chino, y cuanto más abunda en -un paisaje, mayor esplendor le proporciona. Esta predisposición á la -línea tortuosa la siguen también al trazar las avenidas funerarias. -Únicamente son rectas en cortos espacios, torciéndose inmediatamente -para tomar una nueva dirección y volver más allá á la línea primitiva. -Según parece, en estos bosques sepulcrales los constructores emplearon -la línea quebrada con un fin religioso, para desorientar y fatigar á los -malos espíritus. Como éstos sólo vuelan en línea recta, llegarían -fácilmente hasta el monumento fúnebre levantado en su último término si -las avenidas fuesen tiradas á cordel. Gracias á tales tortuosidades, -queda defendido el sepulcro por masas de arboleda que lo ocultan á los -demonios alados.</p> - -<p>Visitamos las tumbas de estos Ming, emperadores que en el siglo XIII -formaron una verdadera dinastía nacional, gobernando á la China entre -los invasores tártaros, á quienes destronaron, y los invasores -manchures, que los destronaron á su vez. El primero de los Ming fué -verdaderamente un héroe, un gran capitán salido del pueblo, que llegó á -convertirse en emperador. Empezó de niño como acólito de una pagoda; -luego, de joven, ganó su vida barriendo el templo y sirviendo de criado -á los sacerdotes. Al sublevarse la nación contra los últimos -descendientes de Gengis-Kan, este sacristancito chino se lanzó á la -guerra, revelándose como hábil guerrero y astuto político, que supo -reunir en torno á su persona las fuerzas populares hasta entonces -disgregadas, batiendo para siempre á los tártaros y entronizando á su -familia con el título de dinastía Ming, que significa «Luminosa».<span class="pagenum"><a name="page_111" id="page_111">[Pg 111]</a></span></p> - -<p>No llegó el primero de los Ming á reinar en Pekín. Su capital fué -Nankín, ciudad creada por él, donde se halla todavía su tumba.</p> - -<p>Volvemos al tren y éste reanuda su marcha hacia las montañas de la -Mongolia, que llenan el horizonte. Siguiendo la orilla de un río, se -desliza poco después por las tortuosidades de continuos desfiladeros. -Empezamos á ver cortinas de fortificación que, partiendo del valle -fluvial, se remontan á las cumbres. Son defensas secundarias, á espaldas -de la Gran Muralla, cuya proximidad se deja adivinar.</p> - -<p>Todas las montañas son rojizas, á causa de su vegetación seca y quemada -por el frío. En verano deben vestirse de un verde tierno y jugoso. Ahora -su aspecto es áspero y fiero; parecen forradas todas ellas con pieles de -león.</p> - -<p>Creo adivinar el destino de las murallas que cortan el largo y tortuoso -valle. Veo caminos fortificados que suben á las cumbres; escalinatas -entre dos murallas con almenas, para poner á cubierto de los flechazos -enemigos á las huestes que ascendían por sus peldaños de roca. Los -puentes que se encorvan sobre el río tienen igualmente almenas y dan -acceso á castillos ruinosos que fueron cuarteles. Las tropas chinas no -podían pasar el invierno entero acampadas en la Gran Muralla. -Precisamente en esta región serpentea sobre cumbres donde sopla durante -largos meses el frío viento de la Mongolia. La guarnición vivía en el -valle, de temperatura más templada, y al dar la alarma los destacamentos -avanzados podía ascender rápidamente por los caminos cubiertos, yendo á -ocupar sus sitios de combate.</p> - -<p>Se detiene el tren en la estación de Chinglungchiao, nombre que no es -fácil para dicho ni para escrito. Desde la estación se ve sobre las -cumbres inmediatas una torre cuadrada y varios lienzos de muro que se -alejan. Es la<span class="pagenum"><a name="page_112" id="page_112">[Pg 112]</a></span> Gran Muralla, que llega hasta aquí en uno de sus ángulos -entrantes y retrocede con brusquedad, perdiéndose entre picachos de -rocas.</p> - -<p>Empezamos á ascender por la pendiente de un barranco. La marcha se -prolonga más de una hora. Algunas veces el suelo deja de ser pedregoso y -pasamos entre pequeños rectángulos de tierra cultivada por unos -labriegos puramente tártaros. Los chinos que vienen con nosotros, -intérpretes y guías, con sus sotanas negras y sus birretes de seda -rematados por un botón rojo, resultan extranjeros en este país.</p> - -<p>El tártaro lleva gorro de pieles y barbas lacias. Todos tienen los -pómulos muy anchos y unos ojitos menos oblicuos que los chinos, pero más -duros. Nos rodea una tropa de ellos, con trajes andrajosos, cuya tela -acolchada de algodón deja escapar éste por las roturas. Los calzones son -tan rígidos por su forro interior y por la suciedad externa, que parecen -tallados en madera como dos troncos huecos de árbol.</p> - -<p>Muchos de estos hombres, formando grupos de cuatro, sostienen ramas -peladas de árbol de las que penden unos sillones viejos de junco, y -cuando se cansa un viajero le invitan á que se siente en el rústico -palanquín. Así lo llevan cuesta arriba con esfuerzos escandalosamente -exagerados para exigir luego mayor recompensa. Cada cien pasos se -detienen, y el primero de los cuatro portadores lanza un grito. Apoyan -entonces la barra en unas horquillas y cambian ésta de hombro, -continuando su ascensión.</p> - -<p>Otros tártaros son comerciantes de la Gran Muralla y acosan á los -viajeros ofreciéndoles «curiosidades» del país, especialmente -cencerritos y eslabones fabricados por los herreros indígenas. Lo que -más venden son piezas de la antigua moneda mongola. Esta moneda, la más<span class="pagenum"><a name="page_113" id="page_113">[Pg 113]</a></span> -original que puede encontrarse en el mundo, consiste en pequeños sables -de bronce, yataganes de la longitud de un dedo, que tienen grabadas en -su hoja la leyenda de la pieza y el año en letras chinas.</p> - -<p>Llegamos finalmente á una de las puertas del interminable recinto -fortificado, la de la ruta que va á Kalgán, ciudad importante del -desierto. Lo mismo que los antiguos soldados del Hijo del Cielo, -empezamos á subir por unas escaleras fortificadas, hasta lo alto de la -Gran Muralla. Una vez sobre ella marchamos entre dos filas de almenas -por un camino enlosado de granito, en el que pueden avanzar cómodamente -diez hombres de frente.</p> - -<p>Sólo logramos ver la parte más insignificante de esta obra que ocupa una -extensión igual á la longitud de dos ó tres naciones medianas de Europa. -Y sin embargo, este reducido sector nos parece algo extraordinario que -hace presentir la enormidad de todo lo que permanece oculto más allá de -nuestro poder visual.</p> - -<p>La muralla sube por ambos lados siguiendo las pendientes, escala las -cumbres, desaparece, la vemos surgir á muchos kilómetros de distancia -sobre nuevas alturas, se oculta en los valles, y así va hundiéndose y -emergiendo en los sucesivos términos del horizonte, hasta no ser mas que -un hilillo rojo casi esfumado entre remotas montañas azules. A -distancias regulares se levantan torreones cuadrados, todos parecidos. -Los arqueros, desde lo alto de sus plataformas, podían cruzar sus -disparos de modo que no quedase un fragmento del muro sin ser defendido -por sus flechas.</p> - -<p>Caminamos mucho tiempo sobre el lomo de esta obra que parece infinita. -El tiempo apenas ha causado mella en su masa de piedras y ladrillos. La -soledad del lugar la conservó, como la campana neumática preserva los -objetos confiados á su vacío.<span class="pagenum"><a name="page_114" id="page_114">[Pg 114]</a></span></p> - -<p>Al otro lado se extiende la árida tierra mongola, que es como una -antesala del desierto de Gobi, y diversos países de misterio, poblados -por demonios guardadores de tesoros, por tribus nómadas de bandidos, y -en cuyos remotos valles hay ciudades santas que gobiernan dioses -vivientes. Allá está Ourga, donde se deja adorar el Buda hecho carne, -divinidad que muere envenenada muchas veces, si los santos Lamas del -Tibet, establecidos en Lassa, consideran que ha vivido demasiado y -ansían darle un sucesor más sumiso, para lo cual les basta con enviarle -un nuevo médico. Allá los lagos de nafta que arden incesantemente -poblando la noche de resplandores infernales; allá las tribus guerreras -que pertenecen de nombre al inmenso Imperio chino, pero hace años viven -con independencia, aliadas á los Soviets de Siberia, y ensoberbecidas -por el armamento que les regala el gobierno rojo de Moscou.</p> - -<p>Vamos encontrando monótono el espectáculo al poco rato de marchar por -estos caminos almenados que se empinan siguiendo las pendientes y en -cuyas piedras pulidas por los siglos resbalamos con demasiada -frecuencia. Luego el interés renace al pensar que esta obra de color -rojizo, que sólo parece tener un siglo de existencia, fué construida -hace 2.300 años. Siempre que vemos el interior de un torreón recordamos -que la Gran Muralla tiene 20.000 de ellos, todos iguales.</p> - -<p>En la puerta atravesada por el camino de Kalgán se notan más las -roeduras del tiempo. Un castillo fué adosado á ella, y esta -fortificación suplementaria es ahora un montón de ruinas. El arco de la -puerta se mantiene intacto. Detrás de él se halla obstruido el camino -por masas de mampostería derrumbada, semejantes á los pedruscos que -forman islotes en el lecho de los barrancos.</p> - -<p>Vemos cómo se aproxima cortando el desierto una<span class="pagenum"><a name="page_115" id="page_115">[Pg 115]</a></span> caravana de mulas y -camellos procedente de la Mongolia. La fila de bestias, con sus arrieros -tártaros, atraviesa la puerta-túnel de la muralla. Luego saltan -aquéllas, con una agilidad de cabras, sobre las ruinas que obstruyen el -paso, y vuelven á formarse más allá en el camino libre que desciende á -las llanuras cultivadas de la China.</p> - -<p>Unos gendarmes con guedejas de pelo de mono, gorra azul y blanca y -revólver al costado, se han unido á nosotros en las inmediaciones de la -muralla. Su compañía es oportuna. Todos estos grupos de comerciantes de -monedas-yataganes, de portadores de palanquines rústicos, de vagabundos -con andrajos duros como la madera, ojitos feroces y barbas de chivo, si -se limitan á pedirnos dinero valiéndose de gesticulaciones humildes ó -exagerando desvergonzadamente el menor servicio que prestan, es porque -ven á nuestro lado á estos gendarmes algo grotescos con sus melenas -lacias, que han sustituido á la antigua trenza, y sus orejeras peludas. -De no estar ellos presentes, exteriorizarían sin duda sus deseos con -menos humildad.</p> - -<p>Desciende el sol, y un viento helado y cortante, el terrible viento de -la Mongolia, empieza á cantar en torreones y almenas. Los mismos -habitantes del país acogen con una sonrisa crispada estos chillidos -atmosféricos. Unos introducen sus manos en los guantes-manoplas que les -cuelgan del pescuezo. Otros más pobres se las meten bajo los sobacos y -empiezan á bailar para defenderse por adelantado del frío.</p> - -<p>Es tan brusco este soplo, huracanado y glacial, que nos hace correr -muralla abajo, con gran arremolinamiento de faldas y gabanes, levantando -todos las manos para asegurar los sombreros.</p> - -<p>Al pie de la escalera fortificada, junto al arco de la puerta, en una -especie de hornacina, vemos arrodillados<span class="pagenum"><a name="page_116" id="page_116">[Pg 116]</a></span> á dos mendigos, viejos -tártaros de luenga barba blanca. Uno de ellos tiene un vago parecido con -Anatolio France.</p> - -<p>Los dos están ciegos, con esa ceguera extremada y monstruosa de los -países orientales, que no se contenta con borrar la vista y destruye -además ferozmente los globos de los ojos. Tienen sus cuencas rojas y -completamente huecas. Las moscas invernales se sobreviven y alimentan -revoloteando en torno á estos cuatro orificios de herida, siempre -frescos y sangrientos.</p> - -<p>Murmuran oraciones con voz monótona, balanceando sus diestras tendidas. -Canturrean como si cumpliesen un rito, indiferentes á que el viajero se -detenga ó siga adelante.</p> - -<p>Se adivina que estos chinos son musulmanes. El nombre de Alá, -confusamente pronunciado, pasa á través de la sorda melopea de sus -invocaciones. Tienen además la gravedad fatalista de los mendigos del -Islam.</p> - -<p>Reciben las monedas en sus manos impasibles y siguen suspirando -palabras, fijas sus órbitas sin ojos en el infinito.</p> - -<p>Estos dos habitantes de la Gran Muralla no se mueven nunca de la -hornacina que les sirve de refugio: aquí duermen; aquí comen cuando -tienen de qué.</p> - -<p>¿Para qué canturrean todos los días, si sólo de tarde en tarde se -presentan viajeros?... ¿Quién puede darles limosnas en este desierto?... -¿Qué es lo que ven en su eterna noche, arrodillados junto á esta puerta -que da entrada á una de las soledades del mundo más extensas y -misteriosas?...<span class="pagenum"><a name="page_117" id="page_117">[Pg 117]</a></span></p> - -<h2><a name="IX" id="IX"></a>IX<br /><br /> -EN MARCHA HACIA EL RÍO AZUL</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Los bandidos de Ling Tcheng.—Dos trenes fortificados.—Compañeros -que van cayendo.—La exportación de huevos chinos.—Faisanes -laqueados.—La amazona misteriosa del bosque fúnebre de los -Ming.—Los bandidos no aparecen.—Decepción de algunas -viajeras.—Opiniones sobre la República china.—Un cuerpo robusto -falto de sistema nervioso.—La China aún no sabe que existe.—El -Gran Canal.—El río Amarillo y el río Azul.—La civilización del -trigo y la civilización del arroz.—Los pueblos asiáticos -eternamente casados con el Hambre.</p></div> - -<p>Muchos europeos residentes en Pekín, ingenieros, comerciantes y hasta -diplomáticos, se unen a nosotros para aprovechar el tren especial que -debe conducirnos á Shanghai, á través de una parte considerable de la -China.</p> - -<p>El gobierno ha tomado grandes precauciones para que no se repita al -pasar nosotros por Ling Tcheng el ataque que sufrió hace unos meses un -tren de lujo, lleno de europeos y norteamericanos. Varias partidas de -soldados desertores, capitaneadas por un oficial joven llamado Suen Mei -Yao, atacaron dicho tren durante la noche llevándose secuestrados á -todos sus viajeros, incluso las mujeres y los niños. Fué un acto de -bandolerismo y al mismo tiempo una maniobra política para crear -dificultades al gobierno de Pekín con las grandes potencias.<span class="pagenum"><a name="page_118" id="page_118">[Pg 118]</a></span></p> - -<p>Las circunstancias no han cambiado. Antes de nuestra salida de la -capital los diarios hablan largamente sobre la posibilidad de que seamos -atacados en la región de Ling Tcheng, favorable para esta clase de -operaciones. Además, los mismos periódicos, con una asombrosa -imprudencia informativa, mencionan las enormes fortunas de algunos de -mis compañeros de viaje. Especialmente hay una señora, vestida de luto, -que va con un hijo único, y lo mismo en el <i>Franconia</i> que en hoteles y -ferrocarriles es siempre mi vecina más inmediata. La dama apenas habla, -sonríe modestamente y parece no tener fuerzas para manifestar una -opinión contraria á lo que dicen los demás. El hijo, tímido como la -madre, y de una perfecta y silenciosa educación, se ve buscado por todas -las señoritas, que se disputan el bailar con él. Estos dos compañeros, -siempre deseosos de pasar inadvertidos, poseen varias explotaciones de -petróleo en California y hay años en que la madre recibe algo así como -10.000 dólares todos los días. ¡Qué golpe para los bandidos chinos!...</p> - -<p>Como son muchos los personajes de Pekín que necesitan ir á Shanghai y -otros puertos del Sur y desean agregarse á nuestro viaje, se forman -finalmente dos trenes especiales. Cada uno de ellos lleva enormes -proyectores eléctricos, como los que usa la marina de guerra, y á la -cabeza y la cola vagones blindados con una compañía de infantería y -varias ametralladoras. Además, el Ministerio de la Guerra ha hecho -concentrar tropas en las estaciones estratégicas, dentro de la vasta -zona montañosa donde se mueven las partidas de bandidos.</p> - -<p>Creemos que con tantas precauciones nos será posible llegar sin tropiezo -á Shanghai, realizando el viaje en treinta y seis horas. Los dos trenes -están compuestos de vagones-dormitorios, vagones-comedores y -vagones-sa<span class="pagenum"><a name="page_119" id="page_119">[Pg 119]</a></span>lones con balconaje exterior para contemplar el paisaje. -Nunca he visto en Europa algo semejante por sus comodidades y su lujo. -Únicamente los llamados «trenes de millonarios», que van de Nueva York á -Los Ángeles durante el invierno, pueden compararse con estos dos, -organizados por el gobierno chino. El material rodante es el mismo, pues -los vagones de Pekín fueron comprados en la América del Norte.</p> - -<p>La estación se llena de gente blanca poco antes de nuestra salida; -habitantes del Barrio de las Legaciones que ven en esto un motivo para -pasar el tiempo; familias de origen europeo y americano venidas para -despedir á padres y maridos.</p> - -<p>Un joven pálido, envuelto en mantas, que parece moribundo, llega hasta -el tren en un palanquín, escoltado por un médico, una <i>nurse</i> americana -y varios servidores chinos. Es un compañero nuestro, enfermo de una -pulmonía aguda. Prefiere ser llevado al <i>Franconia</i> á quedarse en un -hospital de Pekín, y corre el riesgo de morir en el vagón durante tan -largo viaje. Su madre y su hermana lo acompañan, haciendo esfuerzos por -ocultar su inquietud. Se interrumpe el regocijo de la despedida; cesan -los comentarios jactanciosos sobre un probable ataque al tren. Todos -pensamos en la posibilidad de que este joven sea una de las víctimas -exigidas por la Aventura á nuestro viaje perigeo.</p> - -<p>De los que salimos de Nueva York ya cayó uno. La Nochebuena, estando en -Yokohama, la policía japonesa trajo al <i>Franconia</i> un fogonero -encontrado inánime en los muelles. Le creían simplemente ebrio, por -haber bebido con exceso en honor de la cristiana festividad, y al -examinarlo el médico de á bordo se convenció de que estaba muerto desde -muchas horas antes. Ahora, este joven, al que he visto bailar muchas -veces en los salones<span class="pagenum"><a name="page_120" id="page_120">[Pg 120]</a></span> del <i>Franconia</i>, viene en nuestro tren como un -moribundo. Parece milagroso que no seamos más los que hayamos caído con -una congestión en los pulmones después de tanto paseo nocturno en -<i>ricsha</i> descubierta por las calles glaciales de Pekín ó de la visita á -la Gran Muralla, bajo el viento mongólico de una tarde de Enero.</p> - -<p>Empieza nuestro viaje. Vemos tropas en todas las estaciones, pero esto -ya es para nosotros un espectáculo ordinario. Nos interesa más el -aspecto de la campiña, que se va repitiendo, siempre igual, durante el -primer día de viaje, y se reproducirá á la mañana siguiente, aunque con -las variaciones propias de un cambio de clima, pues vamos en línea recta -del Norte al Sur.</p> - -<p>Todo el suelo está arado. Fuera de las secciones ocupadas por las tumbas -no hay un solo palmo de tierra falto de cultivo. Sin embargo, como -estamos en invierno, la llanura es amarilla. No se ven más que surcos, -terrones sueltos y rastrojos á los que arranca el viento columnas de -polvo. En primavera y verano estas llanuras deben ser verdes y cobrizas.</p> - -<p>Una vida animal exuberante se desarrolla sobre la campiña cuidadosamente -trabajada. Corren por los campos manadas de aves domésticas, -persiguiendo á los parásitos de la tierra, en cantidades incalculables. -Sólo aquí pueden verse unas bandas tan numerosas. El suelo parece haber -adquirido una vida extraordinaria: se mueve, ondea; tantas son las -gallinas que marchan sobre él. En torno á estanques y canales ó -cubriendo sus aguas en largos trechos, aletean tropas de ánades y patos. -Esta China inmensa es la mayor productora de huevos que existe. En -algunas estaciones vemos grandes conos de metal, semejantes á los que -emplean los ferrocarriles europeos para el envase de vinos y aceites. -Los gigantescos cilindros contienen una pasta espesa,<span class="pagenum"><a name="page_121" id="page_121">[Pg 121]</a></span> formada por -millones de huevos, crudos y revueltos, que esparce una intolerable -hediondez. Los confiteros la adquieren en los puertos de Europa para que -sirva de base á sus dulces y perfumadas combinaciones. Vemos también -fábricas que utilizan la gran producción de huevos para secarlos y -triturarlos, enviándolos á otros países en forma de polvo.</p> - -<p>En todos los pueblos, hasta en los más pobres, grupos de hembras -vociferantes ofrecen comestibles á los viajeros; platos guisados por -ellas que tienen como principal componente el pollo ó el faisán. Este -último animal, tan apreciado en Europa, es vulgarísimo en los pueblos -chinos. Se le ve tanto como la gallina en todos los corrales.</p> - -<p>Muchas de las estaciones, con sus vendedoras de cara redonda, tez -amarilla y ojos oblicuos, me recuerdan las de Méjico, donde se aglomeran -igualmente numerosas mujeres ofreciendo empanadas y trozos de ave -espolvoreados de rojo. Aquí los comestibles también son del mismo color. -Veo faisanes guisados, cubiertos con una capa purpúrea y charolada; pero -no está compuesta, como en Méjico, del pimiento extremadamente picante -llamado «chile». Los chinos, con objeto de dar mayor ostentación á las -aves asadas las rebocan con laca roja, la misma que emplean en el -barnizamiento de un vaso ó un mueble.</p> - -<p>Pasan por los caminos polvorientos muchos jinetes que tienen aspecto de -labriegos ricos y van hacia sus propiedades montados en una mula -encaparazonada de seda con penacho de plumas. Recuerdo un encuentro de -hace pocos días, al visitar la tumba de los Ming. Cuando nos dirigíamos -á dichos mausoleos montados en unos caballejos alquilones, se unió á -nosotros por algunos minutos un jinete interesante.<span class="pagenum"><a name="page_122" id="page_122">[Pg 122]</a></span></p> - -<p>Era una mujer, vestida con pantalones y blusa de seda azul, un azul -verdoso, igual al de la chispa eléctrica, secreto tradicional de los -tintoreros del país. Esta hembra, grande y arrogante, se sostenía -montada sin estribos, avanzando hacia el pecho de la bestia sus largas -piernas y sus pies enteros, metidos en zapatitos de fieltro, sin la -deformación que sufren las más de sus compatriotas. El delantero de su -blusa desaparecía bajo numerosos collares y amuletos de múltiples -colores. La cabeza la llevaba destocada, ostentando el peinado del país, -una cortinilla de pelo lacio sobre la frente y el resto de la cabellera -anudado sobre la nuca. En cambio, su mula, nerviosa y trotadora, agitaba -entre las orejas un penacho de plumas azules y sus flancos iban -cubiertos con una gualdrapa de borlas de seda.</p> - -<p>Así marchaba, completamente sola, á través de unas tierras desiertas. De -todo lo que he visto en China, su encuentro resulta tal vez lo más -novelesco. Nuestros guías é intérpretes parecieron no menos extrañados -por su presencia. No diré que fuese hermosa. Nosotros no podemos -apreciar el atractivo de una cara de pómulos anchos y nariz algo -aplastada, por más que los ojos tengan una expresión graciosamente -diabólica. Pero era una hembra de estatura arrogante y esbelto vigor; -una criatura sana, de miembros gimnásticos, é iba sola por campos -despoblados, en un país donde las mujeres únicamente salen de casa -acompañadas por domésticos ó buscándose entre ellas para formar grupo.</p> - -<p>Tal vez era una labradora rica y viuda que iba varonilmente hacia una de -sus propiedades. Me acordé de muchas novelas chinas escritas hace miles -de años que tienen por tema hazañas de piratas y bandidos. Siempre en -estas bandas de aventureros hay una mujer extraordinaria, una walkyria -de ojos oblicuos y cuerpo<span class="pagenum"><a name="page_123" id="page_123">[Pg 123]</a></span> arrogante, capitana que se hace obedecer -puñal en mano por los más terribles desalmados.</p> - -<p>Trotó unos instantes junto á nosotros, como si no nos viese. Al examinar -su perfil achatado de Diana amarilla, sorprendí el rabillo de uno de sus -ojos mirándonos disimuladamente con fría curiosidad. Luego, cansada de -ver á los «demonios blancos», taconeó su mula, desapareciendo entre las -primeras arboledas de las tumbas de los Ming.</p> - -<p>Tan extraordinario me pareció este encuentro en los linderos del inmenso -bosque fúnebre, que llegué á imaginar la absurda hipótesis de que una de -las antiguas emperatrices hubiese abandonado su sepulcro por unas horas -para correr la China del presente, constituida en República... Y no la -vimos más. Ahora pasan mujeres á caballo cerca del tren, pero son -labriegas de aspecto zafio. Avanzan con el trotecito de sus asnos en pos -del marido, ó van acompañadas por jornaleros que las escoltan á pie.</p> - -<p>Durante la noche pasamos el sector más peligroso de nuestro viaje, país -de montañas donde las partidas de rebeldes pueden enriscarse con -facilidad después de un atentado contra el tren. Vemos correr sobre el -paisaje inquietos resplandores de incendio. Son las mangas luminosas de -los reflectores que exploran nuestro camino, haciendo surgir los rieles -de la nocturna lobreguez, como dos barras de plata. En todas las -estaciones hay grupos de oficiales que suben al tren arrastrando sus -sables para dar noticias y tomar órdenes.</p> - -<p>Algunas damas empiezan á mostrar cierto desaliento al ver que -transcurren las horas nocturnas sin que nos ataquen los bandidos. Como -viajan para adquirir «experiencia en la vida», sienten no conocer las -emociones de un secuestro armado. Vamos á pasar á través de una<span class="pagenum"><a name="page_124" id="page_124">[Pg 124]</a></span> China -en pleno desorden sin ningún incidente digno de ser contado, como el que -viaja en un tren de lujo entre Nueva York y Boston.</p> - -<p>Después de media noche los viajeros se encierran en sus camarotes para -dormir y únicamente quedan despiertos los centinelas situados en las -plataformas y sus relevos, que fuman y conversan á gritos en los -pasillos. Mientras espero la llegada del sueño tendido en mi litera, -reflexiono sobre la situación actual de la China para concretar mis -opiniones.</p> - -<p>Indudablemente la joven República vive en un estado anárquico. El -gobierno de Pekín apenas si se ve obedecido en una menguada parte del -territorio nacional, y sería menospreciado generalmente de faltarle el -apoyo que le conceden los Estados Unidos é Inglaterra. Existen dos -Repúblicas: la del Norte, que es donde estamos, y la del Sur, ó sea la -de Cantón, dirigida por el doctor Sun Yat Sen.</p> - -<p>Se nota además en la China revolucionaria una innovación fatal, una -verdadera regresión política que por suerte no resultará permanente, -pues es á modo de una enfermedad que sufren todas las Repúblicas -jóvenes. Al desaparecer el Imperio, los militares chinos han alcanzado -una importancia que nunca tuvieron. Ya dije cómo durante miles de años -el mandarín letrado fué más importante que el «doctor en armas», -monopolizando como función propia el gobierno del país. Ahora China, -bajo el régimen republicano, es una especie de Méjico. El Presidente -(sea quien sea) aparece siempre en los retratos con numerosos -entorchados y un kepis, del que cuelga un manojo de plumas con el -desmayo del sauce llorón. Este general-presidente es en realidad un -personaje decorativo, pues se sostiene en Pekín gracias á la protección -de otros generales que dominan las provin<span class="pagenum"><a name="page_125" id="page_125">[Pg 125]</a></span>cias con la cruel rapacidad de -los procónsules, y á los que llaman <i>tou-kiuns</i>.</p> - -<p>Pero la anarquía actual no pondrá en peligro de muerte á esta vastísima -nación. China ha pasado en su historia de cincuenta siglos por períodos -más tremendos, en los que estuvo próxima á perecer despedazada—guerras -civiles que duraron cien años, hambres exterminadoras, etcétera—, y sin -embargo su prodigioso vigor interno la hizo surgir de tales conflictos -con una salud renovada, continuando su existencia.</p> - -<p>Las cosas no son simples y uniformes como se las imaginan los espíritus -dados á la generalización. En nuestra vida todo resulta complejo, y las -más de las veces contradictorio é inexplicable para nuestros sentidos. -La China no es un pueblo uniforme; existen dos Chinas: una la -tradicional, que todos conocen, la China milenaria de los biombos, con -ceremonias enrevesadas hasta la puerilidad y supersticiones distintas á -las nuestras. La otra es el inmenso pueblo chino, agrupación humana la -más dispuesta al trabajo, que soporta alegremente la fatiga y siente en -todo momento el ansia de saber.</p> - -<p>El deseo del chino es ganarse la subsistencia, aunque sea trabajando -catorce ó diez y seis horas al día, y apenas queda libre aprovechar su -descanso para aprender. Ningún comerciante del mundo puede compararse -con él por su inteligencia despierta, ávida de novedades y ágil para -salvar obstáculos. Ningún obrero supera al de aquí en habilidad manual y -tenacidad sonriente para el trabajo. Como en esta tierra pudieron los -pobres, durante 5.000 años, subir á los más altos puestos del Estado -gracias al estudio, las biografías de sus letrados más célebres -contienen ejemplos de una tenacidad heroica para adquirir la -instrucción. Algunos, después de<span class="pagenum"><a name="page_126" id="page_126">[Pg 126]</a></span> trabajar en su juventud manualmente el -día entero, estudiaban de noche al resplandor de la luna. Otros abrían -un orificio en la pared del vecino para aprovechar su luz, y bajo este -reflejo débil aprendían sus complicadas lecciones.</p> - -<p>Esta ansia de saber y la facilidad para asimilarse lo que otros -estudiaron, han producido la actual República. Los jóvenes chinos -educados en la América del Norte y en Europa acabaron por vencer con sus -predicaciones el más viejo, el más absoluto y carcomido de los Imperios, -intentando organizar sobre sus ruinas lo que ellos llaman «la gran -democracia amarilla».</p> - -<p>Existe un abismo entre las ilusiones generosas de estos apóstoles -inexpertos y el ambiente que los rodea, todo corrupción, rutina y vejez. -Los generales fabricados por la República roban lo mismo que los -antiguos virreyes nombrados por el emperador. El gran vicio de la China -consistió siempre en que los funcionarios consideran los dineros -públicos como algo propio, quedándose la mayor parte de ellos y enviando -sólo un pequeño tributo al ser lejano é invisible que gobierna en Pekín.</p> - -<p>La inmoralidad administrativa y la falta de solidaridad entre los -hombres son las dos enfermedades mayores de la nueva República. En -realidad, los chinos se ignoran entre ellos. Es tan vasto el antiguo -Imperio, que cada uno conoce su provincia nada más, y aun dentro de ella -sólo se siente ligado al pueblo en que nació.</p> - -<p>Anatolio France ha dicho que «la China empezará á existir cuando los -chinos se enteren de que existe una China».</p> - -<p>Se esfuerza la República por hacérselo saber, pero son pocos aún los que -se han enterado en este país de centenares de millones de seres. Antes -tenían noticia de la<span class="pagenum"><a name="page_127" id="page_127">[Pg 127]</a></span> existencia de un emperador en Pekín. Ahora no -saben nada, y en algunas regiones tal vez creen que la llamada República -es una emperatriz semejante á la que gobernó hasta pocos años antes de -la revolución.</p> - -<p>Mas iguales situaciones, confusas y anárquicas, se han visto en países -europeos, y aún pueden verse en algunos de América, sin que por ello ose -nadie profetizar su muerte. La China saldrá de esta crisis. Es un país -antiquísimo y al mismo tiempo eternamente joven, pues tiene el poder de -renovarse gracias á la vitalidad de sus muchedumbres. Hasta los mayores -detractores del chino reconocen su sobriedad, su valor para sobrellevar -las privaciones de la pobreza, su entusiasmo en el trabajo. Ningún -pueblo de la tierra está mejor dotado para amoldarse á los climas más -extremos, soportando lo mismo los fríos de Siberia que los ardores del -Trópico. El gran geógrafo Reclús veía en los chinos y en los españoles -los dos únicos pueblos aptos naturalmente para la colonización, á causa -de la variedad geográfica de sus respectivos países, que les permite -adaptarse á las diversas temperaturas del globo.</p> - -<p>El chino, primer comerciante de la tierra, se extiende por todos los -continentes, instalándose en ellos como si estuviese en su casa. No hay -trabajo que le intimide. Se entrega á su labor como si ésta fuese para -él una finalidad desinteresada y no un medio de vivir. Produce -sonriendo, cual si experimentase un placer. Yo he sentido asombro muchas -veces viendo la alegre facilidad de su producción. Más adelante contaré -lo que me ocurrió con un sastre chino de Singapore.</p> - -<p>Los republicanos de Pekín muestran una justa cólera ante las críticas de -algunos viajeros que se imaginan haber estudiado su país.</p> - -<p>—Que nos den tiempo—dicen—para realizar nuestras<span class="pagenum"><a name="page_128" id="page_128">[Pg 128]</a></span> reformas. El Japón -no hizo más que copiar la fuerza guerrera é industrial de Europa, y para -ello necesitó cincuenta años... Y á nosotros nos exigen que en doce ó -catorce hayamos dado la perfección de una República como los Estados -Unidos de América á este país que por ser el más viejo de la tierra está -saturado cual ninguno de prejuicios y rutinas.</p> - -<p>Las potencias de Europa han puesto sus ojos en la China para -apropiársela. Pero cada una de ellas desea la mejor parte, sus -rivalidades neutralizan toda agresión, y mientras tanto la nueva -República va viviendo. Lo importante para ella es que tan peligroso -equilibrio se prolongue muchos años, lo que la permitirá realizar -lentamente su evolución, que no puede ser obra instantánea.</p> - -<p>Observan los Estados Unidos con la China una política en la que van -mezclados el egoísmo comercial y cierto romanticismo democrático. Su -industria ve un inmenso mercado de exportación en este país de -quinientos millones de seres. Su gobierno procura atraérselo por medio -de la gratitud, y para ello le proteje abiertamente de las ambiciones -conquistadoras del Japón. Los políticos de Wáshington creen de buena fe -en la posibilidad de una gran República amarilla. Están convencidos de -que si los demás países dejan á la China desarrollarse por sí misma, en -completa paz, soportará las enfermedades propias de una democracia -joven, y antes de medio siglo podrá ser una verdadera República, -sólidamente cimentada y ordenada, algo que tendría derecho á titularse -los Estados Unidos de Asia.</p> - -<p>Muchos consideran esto un ensueño generoso é inconsistente, una ilusión -que se verán obligados á abandonar los gobernantes de los Estados Unidos -y bien pudiera ser causa de la temida guerra del Pacífico. Pero<span class="pagenum"><a name="page_129" id="page_129">[Pg 129]</a></span> nadie -posee los secretos del porvenir, y muchas veces la realidad se complace -en buscar lo que todos creen ilusión, con preferencia á las deducciones -frías del raciocinio.</p> - -<p>—¿Por qué no podemos hacer nosotros—dicen los republicanos chinos—lo -mismo que hicieron las democracias de Europa y América?... Nuestro -pueblo llevaba inventados muchos de los actuales progresos de la -civilización blanca cuando los europeos vivían aún en hordas ó alojados -en cavernas.</p> - -<p>Yo siento por el pueblo chino el respeto que merece un glorioso -antepasado. Recuerdo la emoción de Goethe, á los ochenta años de edad, -leyendo en su retiro de Weimar una novela china de fábula sana, con -descripciones tan frescas y vivientes como las de una obra moderna.</p> - -<p>—¡Y pensar—decía asombrado el poeta—que esta novela fué escrita hace -3.000 años, cuando muchos de los hombres de Europa acampaban aún en los -bosques!</p> - -<p>Digamos como resumen que la China actual es un organismo enorme y -fuerte, pero falto de sistema nervioso, lo que le obliga á permanecer -caído. El Japón sueña con llegar á ser su cerebro director. Quinientos -millones de chinos, sobrios, inteligentes, incansables, organizados por -los japoneses... ¡qué amenaza para el resto de la tierra!</p> - -<p>Los Estados Unidos, para evitar el tan famoso «peligro amarillo» y al -mismo tiempo por el romanticismo democrático mencionado antes, procuran -que las demás potencias dejen en paz á la República china y ésta se vaya -reformando lentamente por sí sola, hasta crearse, sin ingerencias -extranjeras, el alma moderna que aún no posee.</p> - -<p>Al despertar en la mañana siguiente vemos desde el<span class="pagenum"><a name="page_130" id="page_130">[Pg 130]</a></span> tren una China -nueva. Nos aproximamos á la parte tropical del país. Empezamos á sentir -calor y nos desprendemos de nuestros trajes á la moda de Pekín.</p> - -<p>En el Barrio de las Legaciones todos llevan durante el invierno ricos -abrigos de pieles y un costoso gorro de marta á estilo siberiano. Me -desprendo de mi pelliza y de un gorro de esta clase, que tal vez no -usaré más. Ha terminado el frío. En adelante nuestro viaje será por -tierras cálidas, á un lado y á otro de la línea ecuatorial.</p> - -<p>Nos aproximamos al río Yang-Tsé, el famoso río Azul. Todo el terreno que -estamos cruzando desde Pekín á Shanghai lo componen la cuenca de dos -cursos fluviales dignos por su enormidad de la fama que gozan: el -Hoang-Ho (río Amarillo) y el Yang-Tsé (río Azul). En realidad estas dos -cuencas son la verdadera China, y hasta los tiempos de la antigua -República romana el pueblo chino se desarrolló entre ellas sin ir más -allá. Después, el Imperio de los Hijos del Cielo fué realizando -conquistas ó sufriendo invasiones de bárbaros que le aportaron sus -propios territorios, y hoy comprende, además de la antigua China, la -Mongolia, la Manchuria, el Turquestán y el Tibet.</p> - -<p>Hemos atravesado durante la noche la cuenca del caudaloso río Amarillo, -que cambia con frecuencia de curso, inundando provincias enteras, -convirtiendo otras en terrenos pantanosos, condenando al suplicio del -hambre millones de seres, y haciendo emigrar á ciudades en masa. Ahora -estamos en la vertiente septentrional del río Azul.</p> - -<p>Vemos desde el balconaje del coche-salón lagunas cultivadas, arrozales -que se pierden de vista, con bandas de patos blancos y rojizos. Ésta es -la China productora de arroz. A trechos encontramos un ancho río -artificial, cuyas riberas están tiradas á cordel, y enormes<span class="pagenum"><a name="page_131" id="page_131">[Pg 131]</a></span> plazas -acuáticas que sirven de puertos. Centenares de juncos, tocándose por sus -bordas, alzan en el aire un bosque de mástiles.</p> - -<p>El Imperio realizó hace muchos siglos una obra tan enorme como la Gran -Muralla, aunque menos famosa que ésta. Es el Gran Canal, que atraviesa -la mayor parte de la China, yendo desde los puertos del Sur hasta Pekín. -Para abrirlo se necesitaron largos años de trabajo y varios millones de -hombres.</p> - -<p>Está ahora el Gran Canal roto en algunos puntos de su enorme trayecto, -pero todavía puede navegarse miles de kilómetros dentro de él y la -numerosa marina mercante del país lo utiliza para sus viajes interiores. -Varios lagos alimentan con sus reservas este curso de agua artificial, -el más grande que se conoce. Los Hijos del Cielo lo abrieron para que -llegasen por él todos los tributos en arroz pagados por las provincias -del Sur, envíos de insustituíble necesidad para el mantenimiento de -Pekín y las muchedumbres del Norte.</p> - -<p>Los arrozales del Japón, pequeños y tan escrupulosamente limpios como -los estanques de un paseo, no son comparables con estas llanuras -acuáticas que atravesamos durante horas y horas, camino de Nankín, -antigua capital de la China á orillas del río Azul.</p> - -<p>Indudablemente el mundo está dividido en dos civilizaciones, la del -trigo y la del arroz; mas el europeo se equivoca al imaginarse el arroz -como un alimento asiático, abundantísimo. Representa la más seductora de -las nutriciones para los hombres amarillos, pero la mayoría de ellos -sólo lo comen de tarde en tarde, y si llegan á hacer de él su alimento -diario, lo absorben en muy reducidas cantidades.</p> - -<p>La ambrosía divina del Olimpo indostánico es el arroz con <i>cury</i>. Los -dioses en sus banquetes no conocen<span class="pagenum"><a name="page_132" id="page_132">[Pg 132]</a></span> nada mejor. Los magnates de todos -los pueblos amarillos se nutren igualmente con este don del cielo. Los -demás mortales, cuyo número asciende á centenares de millones, lo toman -con palillos para que dure mayor tiempo el placer de comerlo, y -prolongan voluptuosamente la absorción del montoncito colocado sobre un -plato no más grande que una copa. El populacho indostánico considera un -banquete tener en la palma de la mano izquierda un puñadito de arroz é -ir llevándoselo á la boca con dos dedos de la diestra, grano á grano.</p> - -<p>Los pueblos de la vieja Asia viven desde los más remotos siglos de su -historia indisolublemente casados con el Hambre.<span class="pagenum"><a name="page_133" id="page_133">[Pg 133]</a></span></p> - -<h2><a name="X" id="X"></a>X<br /><br /> -SHANGHAI, LA RICA Y ALEGRE</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Un abordaje de chinos en el río Azul.—La ciudad literaria de -Nankín.—El «Londres del Extremo Oriente».—La Concesión Francesa y -la Concesión Internacional.—Las palabras «boom» y -«krac».—Placeres y despilfarros.—Las cortesanas del país y el -mujerío internacional.—«Princesas chinas» y opio.—Una colonia -española interesante.—Dos frailes notables, directores de -Misiones.—La propaganda católica y la propaganda protestante.—Sus -diversos recursos.—El barrio chino de Shanghai y sus callejones -hormigueantes de muchedumbre.—Visita al famoso «Jardín del -Mandarín» que el lector conoce desde su niñez.</p></div> - -<p>El tren nos deja en la estación de Pukow, á orillas del río Azul. Éste -abre ante nosotros su enorme camino acuático de un color de ópalo -verdoso, parecido al del ajenjo.</p> - -<p>A semejanza de algunos cursos fluviales de América, creemos que es río -porque así lo afirma la geografía, pero más bien parece por su extensión -y su abundancia de barcos un brazo de mar ó un estrecho. Estamos á -doscientos kilómetros de su desembocadura, y sin embargo pasan por él -numerosos vapores de tonelaje considerable; buques que han hecho la -travesía del Océano y remontan el río Azul hacia puertos situados en el -corazón de la China.</p> - -<p>En sus orillas no se sabe dónde termina la tierra y em<span class="pagenum"><a name="page_134" id="page_134">[Pg 134]</a></span>pieza el río. Hay -centenares, hay miles de embarcaciones del país, llamadas «sampanes», -que sirven de eterna vivienda á las familias que las tripulan y -transportan además mercancías. A veces tales barcos se inmovilizan meses -y años en una ribera.</p> - -<p>El agua permanece invisible entre los cascos apretados de esta flota -pululante y miserable. Mujeres, hombres y niños corren por dicha ribera -adicional y movediza, saltando de un barco á otro. Surgen de ella á la -vez un griterío continuo y un olor nauseabundo de cocina disparatada. En -todas las grandes ciudades de la China del Sur volveremos á encontrar -estas poblaciones fluviales, que se descomponen de la noche á la mañana -y vuelven á reformarse, conteniendo un vecindario casi tan numeroso como -el de la ciudad terrestre.</p> - -<p>Atravesamos el río Azul en un vapor blanco que con ágiles viradas evita -la proa de los grandes buques de carga que suben ó bajan su majestuoso -curso. En la orilla de enfrente está Nankín. La estación del ferrocarril -tiene muelles que avanzan en el río, y vemos agitarse sobre ellos una -muchedumbre de hombres medio desnudos.</p> - -<p>Todavía está nuestro buque á tres ó cuatro metros de la orilla y sus -tripulantes se ocupan en las operaciones del atraco, cuando toda esta -turba de atletas ligeros de ropa, tomando carrera, salta é invade -nuestra cubierta. Son unos doscientos y el entarimado se estremece con -la caída de sus cuerpos.</p> - -<p>Me doy cuenta de lo que debieron ser en otros siglos los abordajes de -los piratas. Así aparecían indudablemente sobre la cubierta del velero -descuidado las hordas de bandidos marítimos que figuran en las antiguas -novelas chinas. Saltan todos á un tiempo, sin orden alguno, y hasta -parece que se empujan mientras están sus<span class="pagenum"><a name="page_135" id="page_135">[Pg 135]</a></span>pendidos en el aire, -apresurando cada cual la caída del que va delante. Algunos se escurren -en el espacio todavía abierto entre el buque y el muelle, y al agujerear -el agua como piedras, levantan surtidores de espuma. La gente ríe. ¿Qué -importa unos chinos menos? ¡Hay tantos! Pero el chino escapa mejor que -el blanco de los peligros; tiene mayor agilidad para hurtar el cuerpo á -la muerte, y á los pocos segundos los vemos emerger en el callejón -acuático, que el atraco de nuestro buque va haciendo cada vez más -angosto. Todos acaban por asaltar la cubierta, librándose de perecer -ahogados ó aplastados.</p> - -<p>Estos portadores de equipajes se adueñan de cuanto viene en el buque, -desde el saco de mano al baúl más enorme, y con su ligereza de duendes -amarillos pasan en unos segundos toda nuestra impedimenta á los andenes -de la estación.</p> - -<p>Visitamos Nankín á toda prisa. En realidad, resulta más interesante -visto en los libros que directamente. La capital creada por el primer -Ming es casi una ruina. Su fundador la construyó en gran escala para dos -ó tres millones de habitantes, y solo tiene 50.000. Su decadencia le -proporciona cierto interés melancólico. Dentro de su recinto, -fortificado con gruesas murallas y puertas-castillos, lo mismo que -Pekín, ocupan los jardines mayor espacio que las casas.</p> - -<p>Su industria principal es un tejido fino de algodón amarillento, llamado -«nankín», tela célebre en el mundo á partir del siglo XVIII, que fué -cuando empezaron á usarla los europeos en verano, para librarse del -calor de sus casacas bordadas. Además, esta ciudad decadente disfruta el -mismo prestigio que algunas universidades antiguas de nuestro mundo. Los -mandarines letrados que adquieren sus títulos en la ciudad literaria de -Nankín<span class="pagenum"><a name="page_136" id="page_136">[Pg 136]</a></span> se consideran superiores á los demás. Aquí se producen la mejor -tinta china y el papel más fino; aquí están las imprentas que publican -los libros más bellos.</p> - -<p>A cierta distancia de Nankín se halla el mausoleo del fundador de la -dinastía «Luminosa». Pero ya hemos visto las tumbas de otros Ming, y -como deseamos llegar á Shanghai á media noche, prescindimos de tal -visita.</p> - -<p>Reanudamos el viaje al ponerse el sol. Antes de que se extinga la luz -notamos cierta variación en la campiña, que revela la proximidad de un -gran puerto comercial. Las barracas de madera con tejado cornudo, las -vallas de los campos y hasta los puentes ostentan grandes anuncios de -letras blancas sobre fondo amarillo. Como estos rótulos están escritos -con caracteres chinescos, resultan decorativos y agradables para -nuestros ojos, divirtiéndonos en encontrar analogías entre sus letras -geroglíficas y diversas figuras de personas y animales.</p> - -<p>Cierra la noche. Nos faltan cinco horas para llegar á Shanghai. Mientras -comemos va pasando el tren ante estaciones repletas de gentío. Detrás de -su masa obscura adivinamos la presencia de grandes ciudades. Los centros -más importantes de la industria china se hallan establecidos en esta -zona, entre el río Azul y Shanghai. De aquí salen los tejidos de seda -que se esparcen por el mundo entero; aquí se prepara igualmente la seda -en rama, primera materia para las hilanderías de Lyón y otros centros -industriales de Europa.</p> - -<p>Columbramos detrás de las empalizadas la muchedumbre que ha acudido para -ver nuestro tren. Sobre sus cabezas se agitan numerosas luces, como -fuegos fatuos. Son linternas de cristal fijas al extremo de palos; -faroles de papel, redondos como frutos, ó prolongados en forma de pez. A -lo lejos, en el interior de las ciudades, se destacan edificios de suave -fuego sobre el negro<span class="pagenum"><a name="page_137" id="page_137">[Pg 137]</a></span> terciopelo de la noche. Continúan las fiestas del -nuevo año. Templos y edificios oficiales han iluminado los perfiles de -sus techumbres ganchudas.</p> - -<p>Después de las once llegamos á Shanghai, y durante el resto de la noche -y el día siguiente corro las calles y establecimientos de esta -población, la más viviente, la más rica y dada á los placeres de toda la -China.</p> - -<p>Shanghai es el mayor puerto de exportación é importación del antiguo -Imperio Celeste. Hong-Kong rivaliza con él en movimiento marítimo, pero -no es más que un puerto de tránsito, mientras que Shanghai es puerto -terminal. Además, Hong-Kong pertenece á Inglaterra, y Shanghai es de -todos. Figura como ciudad china, y en realidad sólo una parte de ella es -gobernada por funcionarios enviados de Pekín. El resto se compone de dos -extensos distritos que los blancos gobiernan á su gusto. Uno de ellos es -la Concesión Francesa, y el otro, más grande, la Concesión -Internacional, el verdadero Shanghai de los negocios, dirigido por los -cónsules de todos los países, dentro de cuya corporación se hace sentir -naturalmente la influencia de los representantes de las naciones más -poderosas en China, que son Inglaterra y los Estados Unidos.</p> - -<p>Habitan la Concesión Francesa los apoderados y agentes de las grandes -sederías de Lyón, que adquieren aquí su primera materia. Además, pasan -de 100.000 los chinos que se han instalado en dicha parte de la ciudad, -bajo el amparo de las autoridades francesas, para librarse de las -arbitrariedades de sus mandarines. Calles y avenidas han sido -rebautizadas últimamente con motivo de la guerra. Están bordeadas de -hotelitos con jardines, las vigilan policías amarillos traídos del -Tonkín, con sombreros en forma de paraguas, y se titulan Avenida Joffre, -Avenida Foch, Avenida de Verdún, etc.<span class="pagenum"><a name="page_138" id="page_138">[Pg 138]</a></span></p> - -<p>En la Concesión Internacional, verdadero núcleo de Shanghai, los -edificios están ocupados por Bancos, grandes oficinas mercantiles, y -bazares enormes á lo norteamericano, fundados y dirigidos por chinos. -Estas construcciones de numerosos pisos, al estilo de Nueva York, se -alinean á lo largo de un río navegable cuya agua sólo se ve á pequeños -trechos, tan abundantes son los vapores de comercio y los buques de -guerra anclados en él. Unos policías indostánicos de anchas barbas y -turbantes abultados, traídos por los ingleses, vigilan las calles de -este Shanghai internacional.</p> - -<p>Se nota inmediatamente la abundancia de dinero, la gran prosperidad de -los negocios. Los ingleses han inventado dos palabras que por su eufonía -no necesitan explicación y retratan exactamente el estado de los -negocios en un país. Cuando los valores suben vertiginosamente y todo -aumenta de precio, siendo general la abundancia de dinero, concretan tal -prosperidad diciendo que es un <i>boom</i>, palabra sonora é imitativa del -ruido de una explosión. Si todo marcha mal y la riqueza se oculta, -viniéndose abajo las empresas con el derrumbamiento de la quiebra, -expresan ésto con la palabra <i>krac</i>, sonido de lo que se rompe y viene -abajo.</p> - -<p>Shanghai está en pleno boom cuando llego á él. Todos son ricos. Gentes -que años antes no pasaban de ser modestos empleados, poseen ahora -millones. Se vive actualmente en este puerto chino como en la California -de á mediados del siglo XIX.</p> - -<p>Tal abundancia, que en ciertos casos merece llamarse excesiva, se nota -especialmente de noche en los lugares de placer. Shanghai, además de ser -célebre en todo el Extremo Oriente por sus industrias y el movimiento de -su puerto, hace sonreir á muchos cuando escuchan su nombre, unas voces -con nostalgia, otras con cierta ma<span class="pagenum"><a name="page_139" id="page_139">[Pg 139]</a></span>licia. Es la capital del placer y el -despilfarro. Hay en ella una calle de varios kilómetros, que se llama -«Fou-Tcheou Road», y está iluminada magníficamente hasta que sale el -sol. Toda la noche permanecen abiertos sus restoranes, sus -cafés-cantantes, sus casas de juego, y otras más difíciles de mencionar -por su verdadero nombre.</p> - -<p>La mujer china goza aquí mayor libertad que en el resto del país. Las -cortesanas de Shanghai son célebres y figuran en muchas novelas y -comedias de la literatura nacional. Se las ve pasar de noche por la -citada calle sentadas en <i>ricshas</i>, con vestiduras floreadas y vistosas -que las cubren desde el cuello hasta los pies, el rostro pintado como el -de una muñeca, los ojos prolongados por negras pinceladas, fijos é -inexpresivos. Van de restorán en restorán para figurar en los banquetes. -Toda comida china carece de atractivo si durante su curso de muchas -horas no van pasando por el salón numerosas cortesanas de dicha especie. -Conversan graciosamente con los comensales, coquetean, dicen versos y -canciones, y se retiran para dejar sitio á las compañeras que llegan, -yendo ellas á su vez á dar animación con su presencia á otros banquetes. -El anfitrión se encarga de remunerarlas por esta visita fugaz.</p> - -<p>Los grandes mercaderes chinos deseosos de imitar la vida de los europeos -frecuentan restoranes elegantes y menos «alegres» con sus esposas é -hijas, conservando los trajes nacionales de vistosa suntuosidad. Todos -son ricos en este país y despilfarran el dinero: los comerciantes -ingleses y norteamericanos, los sederos franceses, los hombres de -negocios de las otras colonias extranjeras; pero los capitalistas más -fuertes hay que buscarlos entre los chinos, admirables comerciantes que -en un puerto como Shanghai pueden dar amplia expansión á sus facultades, -monopolizando las introducciones de<span class="pagenum"><a name="page_140" id="page_140">[Pg 140]</a></span> artículos extranjeros y la -producción nacional de la seda.</p> - -<p>Hasta los contados españoles que viven aquí resultan más interesantes y -más ricos que los de otros lugares del Extremo Oriente. El cónsul de -España, Julio Palencia y Tubau, hijo de un eminente comediógrafo y de -una de las mejores actrices que tuvo nuestro teatro, está casado con una -hermosa dama, nacida en Grecia, hija de un célebre político de dicho -país. Este matrimonio de gustos artísticos, refinadamente intelectual, -me invita á comer en su casa (una «villa» de frondoso jardín, cerca de -la Concesión Francesa) con los principales individuos de la pequeña y -prestigiosa colonia española, y escucho lo que me cuentan con verdadero -interés, pues todos ellos, por su estado social, conocen á fondo el -país.</p> - -<p>Uno de ellos, llamado Lafuente, es un arquitecto nacido en Madrid, que -ha construído el Gran Hotel de Shanghai; otro, apellidado Ramos, es -dueño de las mejores salas de cinematógrafo que existen en esta capital -del placer; y Cohen (el millonario de la colonia) posee casi todas las -<i>ricshas</i> circulantes en la ciudad, que ascienden á varios miles, lo que -le proporciona un ingreso diario enorme, uniendo á tal industria otras -de no menos consideración. Este es el elemento civil que tiene España en -Shanghai. El religioso aún resulta más interesante.</p> - -<p>Estoy sentado á la mesa frente á dos frailes que son al mismo tiempo dos -hombres de acción, el padre Castrillo y el padre Cuevas, superiores de -las Misiones Agustiniana y Recoletana, existentes en China.</p> - -<p>El padre Castrillo, con su barbilla gris en punta y su frente voluminosa -de hombre de tenaces voluntades, me hace recordar á los héroes de la -conquista americana en<span class="pagenum"><a name="page_141" id="page_141">[Pg 141]</a></span> el siglo XVI. En Shanghai lo respetan como si -fuese uno de los fundadores de la moderna ciudad, admirándole además por -sus dotes de organizador y financiero. Adivinó el porvenir de este -puerto antes que los ingleses, los norteamericanos y todos los que -explotan hoy sus negocios. Empleó los dineros de su comunidad (la de los -Agustinos del Escorial) en comprar terrenos alrededor del viejo -Shanghai, en la peor de las épocas, cuando eran frecuentes las -revoluciones y la sangre de enormes matanzas humanas corría por las -riberas del río Azul.</p> - -<p>Hoy la ciudad se ha ensanchado considerablemente y muchos de sus -edificios principales son propiedad de la orden representada por el -padre Castrillo. Éste goza de tal prestigio financiero y conoce tan á -fondo la población europea que vió formarse desde su primer núcleo, que -los banqueros más importantes, ingleses y norteamericanos, le piden -informes y consejos en momentos de duda; y el fraile castellano, con su -barbilla cervantesca, su sotana simple de clérigo y el sombrero de teja -echado atrás sobre la cabeza voluminosa, va bonachonamente de un lado á -otro, mirándolo todo con sus ojos que parecen distraídos y no pierden -detalle. Basta cruzar con él unas palabras para convencerse en seguida -de que es «alguien».</p> - -<p>La conversación con estos dos representantes de la propaganda católica -resulta de un gran interés geográfico. El padre Cuevas, misionero de -evangélica bondad y español entusiasta, me cuenta cómo envían todos los -años el dinero y los objetos más necesarios á las Misiones establecidas -en el interior de la China. La palabra «interior» hay que apreciarla -después de haber hecho memoria de la enormidad de esta nación, casi tan -grande como Europa. Me hablan los dos religiosos de un amigo suyo que es -obispo en no recuerdo qué ciudad situada<span class="pagenum"><a name="page_142" id="page_142">[Pg 142]</a></span> junto á unas cataratas que -sólo muy contados viajeros conocen. Para llegar á ella hay que hacer un -viaje por el río Azul y sus afluentes, que dura sesenta días.</p> - -<p>Ahora, con los decretos de la República, que favorecen el traje á la -europea y permiten á los chinos la ablación de la trenza tradicional, -pueden los misioneros católicos recobrar un poco de su aspecto -religioso. En tiempo de los emperadores iban vestidos de chinos y usaban -coleta como los del país, para cumplir las funciones de su ministerio -con mayor libertad.</p> - -<p>Julio Palencia recuerda una visita que recibió hace algunos años en este -mismo Consulado, cuando era simple vicecónsul. Vió entrar una mañana en -su oficina á un mandarín, que le hizo varias reverencias á estilo del -país y empezó á balbucear en español con gran dificultad.</p> - -<p>—Yo soy el padre Ibáñez, obispo de...</p> - -<p>Y avergonzado por no encontrar palabras en su propio idioma para seguir -expresándose, se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo humildemente:</p> - -<p>—Perdóneme, señor cónsul. Hace más de treinta años que no he tenido -ocasión de hablar mi lengua.</p> - -<p>Resulta meritoria y altamente digna de respeto la vida de los misioneros -en el interior de la China, por su desinterés y sus penalidades. Pero en -los resultados de la propaganda cristiana no son los católicos los que -llevan la mejor parte. Las Misiones protestantes resultan más poderosas, -sin que esto suponga mayores méritos de un personal sobre otro. La -diferencia consiste simplemente en que las primeras disponen de -capitales muy superiores á la renta de las Misiones católicas. Además, -los Estados Unidos han dado un carácter casi laico y de ciencia práctica -á sus centros catequistas. Una gran parte de estos misioneros americanos -no son sacerdotes,<span class="pagenum"><a name="page_143" id="page_143">[Pg 143]</a></span> ni sus funciones, puramente temporales, comprometen -el porvenir de su vida. Se parecen á las Hermanas de la Caridad dentro -del catolicismo, que hacen votos por tiempo limitado y pueden volver á -la vida profana.</p> - -<p>Muchos norteamericanos jóvenes, profesores ó escritores, deseosos de ver -mundo y exponer la vida por un ideal generoso, así como numerosas -señoritas que han pasado por las escuelas, solicitan ingresar en las -Misiones de la China, donde actúan como maestros más que como -catequistas, dedicándose á la enseñanza de la agricultura y otras -ciencias prácticas. Algunos de los empleados de la «American Express», -que nos guían á través de la China y hablan su lengua, pasaron varios -años en las Misiones norteamericanas.</p> - -<p>La propaganda católica es dirigida en primer término por los sacerdotes -franceses. Su apoyo más importante es la «Sociedad de San Javier», -establecida en Lyón, que tomó con justicia el título del santo español -Francisco Javier, por haber sido éste el primer misionero en Asia. Dicha -sociedad recauda unos siete millones de francos anualmente, dedicados en -gran parte á las Misiones de China. Otra sociedad francesa, llamada de -la «Santa Infancia», ha gastado 80 millones en medio siglo para asegurar -el bautismo de los niños paganos, invirtiendo en China la mayor parte de -esta prodigalidad pueril.</p> - -<p>Las Misiones protestantes, inglesas y norteamericanas, disponen todos -los años de unos cien millones, sin contar los donativos en especies que -reciben, máquinas agrícolas, material de escuelas, etc.</p> - -<p>Esta ciudad bulliciosa y rica, que gobierna una junta de cónsules, y -todos llaman por su puerto y sus negocios el «Londres del Extremo -Oriente», guarda á un mismo tiempo los directores de la propaganda -moral<span class="pagenum"><a name="page_144" id="page_144">[Pg 144]</a></span> cristiana y los lugares de corrupción más ruidosos de Asia. He -estado poco tiempo en Shanghai y siento el deseo de volver á ella, con -preferencia á otras ciudades conocidas en mi viaje. Tengo el -presentimiento de que estudiándola puede escribirse una de las novelas -más interesantes y originales de la época moderna.</p> - -<p>La noche en la enorme calle de Fou-Tchéou Road no tiene igual en el -mundo. Se ven hembras de todos los países, se oye hablar todos los -idiomas. El gran sacudimiento ruso ha enviado hasta Shanghai una ola de -mujeres de cabellera roja y ojos verdes, sentimentales, complicadas y -medio salvajes á un mismo tiempo. Las cortesanas europeas se mezclan con -las chinas. Los millonarios del <i>boom</i> arrojan á puñados los billetes. -Una cena en Shanghai es algo que va más allá de las fantasías del -<i>Satiricón</i>. El teatro chino florece aquí más que en ninguna otra -ciudad, y como los papeles de mujer son desempeñados por jovenzuelos de -dulces ademanes, la llamada «princesa china» rivaliza con el mujerío -internacional. El hombre blanco, influenciado por el ambiente del país, -se entrega al opio con un entusiasmo de neófito, y acaba por visitar las -casas lujosas de las «princesas chinas», cuyos directores intoxican al -imberbe personal con cierta hierba para que languidezca y tome un -aspecto más interesante.</p> - -<p>¡El barrio chino de Shanghai!... Ahora me parecen los chinos de Pekín, -grandes, parcos en palabras y de sonrisa grave, hombres de otra nación. -Aquí encuentro por primera vez al chino pequeño, bullanguero, saltarín y -propenso al engaño. La ciudad china de Shanghai se diferencia de todo lo -que he visto en el Norte.</p> - -<p>Sus calles tortuosas, estrechas y húmedas son iguales á las de un zoco -musulmán. El suelo resulta elástico bajo el talón, tantas son las capas -de suciedad que for<span class="pagenum"><a name="page_145" id="page_145">[Pg 145]</a></span>man su costra. En las tiendecitas, semejantes á -cuevas, se ven las industrias más diversas: ebanistas labrando muebles -riquísimos, vendedores de pájaros, ropavejeros que ofrecen túnicas de -mandarín con forros de preciosa cibelina colonizada por los piojos, -acuarios con peces de formas fantásticas, fábricas de ataúdes, -carnicerías con animales desollados de imposible identificación. Y -apretándose en las angostas callejuelas, gente, mucha gente; multitudes -como sólo pueden encontrarse en estos pueblos-hormigueros de Asia, -habituadas á una miseria inaudita.</p> - -<p>Como hace menos frío que en Pekín, muchos van medio desnudos. Otros -conservan orgullosamente sus andrajos acolchados, pero los llevan -sueltos, colgando de las roturas las vedijas blancas de su relleno. Hay -que abrirse paso con los codos entre mendigos que son caricaturas -humanas, desfigurados por las enfermedades de un modo horrible. Los -leprosos tienden su diestra implorante, que es un muñón falto de dedos. -Otros carecen de nariz, y por dos orificios negros, completamente al -descubierto, se columbra el interior de su cráneo... Y toda esta -muchedumbre regatea, grita, se empuja, pide limosna ó canta.</p> - -<p>Grupos de mendigos entonan una especie de villancicos á coro, frente á -los mostradores de panaderos y carniceros, avanzando al mismo tiempo con -ambas manos la olla que recibe las ofrendas. Como estamos en un país de -juglares asombrosos, muchos jóvenes, aprendices de equilibrista, se -pasean con un junco en la nariz, á cuyo término da vueltas un plato ó -una rueda.</p> - -<p>Si atravesamos este Patio de los Milagros haciendo un esfuerzo para -soportar tanto contacto peligroso, tanto hedor inmundo, es porque -deseamos visitar el célebre «Jardín del Mandarín»... Y aquí considero -útil hacer<span class="pagenum"><a name="page_146" id="page_146">[Pg 146]</a></span> una advertencia. Los chinos no saben lo que es un mandarín, -como ignoraban hasta hace poco la existencia de una nación llamada -China.</p> - -<p>La palabra «mandarín» es portuguesa. Como los portugueses fueron los -primeros marinos de Europa que visitaron los puertos de China, al anclar -en Cantón llamaron «mandarines» á todos los funcionarios del país que -ejercían algún «mando» sobre sus compatriotas. También creo oportuno -mencionar que la China ha ignorado, hasta las innovaciones recientes de -la República, el nombre exacto de casi todas las naciones de Europa, -designándolas á su modo. Nadie sabía aquí el nombre de un país llamado -España. Como el comercio chino lleva tres siglos de negocios con Manila, -capital de la isla de Luzón, España fué llamada hasta hace poco «la Gran -Luzón», y todavía los mandarines de Shanghai y otros puertos usan dicho -título al dirigirse á nuestros cónsules.</p> - -<p>Actualmente está el «Jardín del Mandarín» en el centro de la ciudad -china de Shanghai. El tal jardín se ha convertido en casas, y lo único -que se conserva es su pequeño lago. Resulta interesante este redondel -acuático reflejando en su fondo las construcciones de aleros carcomidos -y tejados brillantes de laca que forman su orilla circular.</p> - -<p>En mitad del lago hay una isla, ocupada toda ella por un kiosco para -tomar el té y un sauce que se encorva lloroso sobre el agua verde. Un -puente la une con la orilla, pero este puente no es recto. Resultaría -demasiado simple para el gusto chino. Avanza formando ángulos, y así el -viaje resulta más largo y ofrece diversos puntos de vista. Dicho islote -con su kiosco, su sauce y su puente en ángulos es lo que deseamos ver. -Resulta tan célebre para el chino como el Partenón, las Pirámides,<span class="pagenum"><a name="page_147" id="page_147">[Pg 147]</a></span> la -Alhambra, las catedrales góticas ó el Capitolio de Wáshington para -nosotros.</p> - -<p>El lector conoce perfectamente la isla del «Jardín del Mandarín»; la -conoce casi tan bien como yo que la he visto con mis ojos. No haga -gestos negativos. Repito que la conoce desde su niñez. Es la isla con un -kiosco, un sauce y un puente que figura en todas las tazas de té y en -sus platillos, en todos los mantones llamados de Manila, en todas las -cajas de laca, en todos los abanicos chinescos.</p> - -<p>Los artistas de este país llevan cuatro siglos copiando la isla del -«Jardín del Mandarín», y así continuarán otros tantos. A pesar de su -aspecto frívolo y frágil, es el monumento chino más conocido en toda la -tierra.<span class="pagenum"><a name="page_148" id="page_148">[Pg 148]</a></span></p> - -<h2><a name="XI" id="XI"></a>XI<br /><br /> -EN EL MAR AMARILLO</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">El regreso al «Franconia».—Peces y perros chinos.—El mar más -frecuentado del mundo.—Audacia extraordinaria de los marineros del -mar Amarillo.—Los tres tripulantes del ataúd.—La hermosa bahía de -Hong-Kong.—Calles en pendiente y la avenida de la Reina.—De cómo -el que se retrata pierde una parte de su alma, absorbida por el -objetivo.—La carretera de la Cornisa en la isla de «los Arroyos -Floridos».—Fisonomía de los puertos del Extremo Oriente.</p></div> - -<p>A causa de su calado, el <i>Franconia</i> nos espera á catorce millas de -Shanghai, en un lugar llamado Woosung, que es donde anclan los -trasatlánticos que por su considerable tonelaje no pueden remontar el -río Whangpoo hasta los muelles del «Londres del Extremo Oriente».</p> - -<p>Un remolcador nos lleva aguas abajo hacia su desembocadura en el -estuario del río Azul entre buques cada vez más numerosos, cuyo tamaño é -importancia aumentan según vamos avanzando. Vapores de diversas -nacionalidades se deslizan entre juncos panzudos con velas cuadradas de -estera y sampanes tripulados por familias casi desnudas. Volvemos con -cierta emoción al trasatlántico que abandonamos en las costas niponas. -Sentimos la inquietud inexplicable del que regresa á su casa después de -una larga ausencia.</p> - -<p>Hemos encontrado en Shanghai á muchos compañeros de viaje que se -quedaron en el buque, mientras nos<span class="pagenum"><a name="page_149" id="page_149">[Pg 149]</a></span>otros, formando tres pequeños grupos, -pasábamos á través de la Corea y la China. Estos compañeros que vienen -en el pequeño vapor fluvial y los otros que esperan en el trasatlántico -han visitado durante nuestra excursión varias islas japonesas y algunos -puertos de la China.</p> - -<p>Vamos casi aglomerados en las dos cubiertas de este pequeño buque. -Vuelven de una sola vez al <i>Franconia</i> los viajeros que han pasado -varios días en Shanghai y todos los individuos de su dotación que -bajaron á tierra con permiso. Los que hemos atravesado una parte de la -China arrastramos la impedimenta de un nuevo equipaje que guarda las -compras hechas en Pekín. Yo voy sentado en la cumbre de un montón de -maletas y fardos que me pertenecen en su mayor parte, y debo preocuparme -además de dos vasos de porcelana que contienen unas cuantas docenas de -peces chinos, interesantemente monstruosos, con largos faldellines de -bermellón y oro, comprados en los callejones inmediatos al «Jardín del -Mandarín».</p> - -<p>Veremos cuántos de estos animales de una fealdad adorable llegan vivos á -Europa, para aclimatarse en los pequeños estanques de mi jardín de -Mentón.</p> - -<p>Cuando subimos al <i>Franconia</i>, cerca del anochecer, encontramos en -pasillos y salones una fauna aleteante y flotante, adquirida igualmente -por nuestros compañeros durante su estadía en los puertos. Canturrean en -jaulas pájaros amaestrados por la habilidosa paciencia china; nadan en -redomas y hasta en lavabos peces semejantes á los míos. Los oficiales -del buque ejercen una rigurosa vigilancia, examinando todo lo que traen -los pasajeros. Hay orden terminante de no admitir ningún perro. En todas -las expediciones alrededor del mundo, las señoras se muestran -entusiasmadas por la belleza y<span class="pagenum"><a name="page_150" id="page_150">[Pg 150]</a></span> la baratura de unos pequeños canes -chinescos, llamados «pekineses», y se apresuran á comprarlos. Ninguno -llega al final del viaje. Me cuentan los oficiales que en una travesía -anterior hubo que echar al agua más de doscientos «pekineses». Para -evitar la repetición de esta mortandad inevitable y que el buque no -atraviese los mares como una perrera flotante, dejando detrás de él una -estela de ladridos, las gentes del trasatlántico se muestran inflexibles -en la aplicación de dicha orden. Algunas damas norteamericanas, con la -intrepidez de su raza y valiéndose de astucias dignas de un drama -cinematográfico, consiguen introducir en su camarote al lindo perrito -chinesco, pero antes de que zarpe el buque se descubre el engaño, y -tienen que confiar el animal de lujo á los cargadores y barqueros -indígenas que todavía están junto á las escalas del <i>Franconia</i>.</p> - -<p>Reanudamos nuestra existencia de navegantes. Sentimos un placer familiar -al repetir las comidas, los paseos, todos los episodios algo monótonos -de la vida sana y ampliamente respirada que llevamos á través de las -soledades del Pacífico. El viaje de Shanghai á Hong-Kong por el mar -Amarillo resulta comparable á los paseos que se dan por el interior de -la propia casa sin encontrarse solo un momento. No existe un mar más -poblado que el de la China. Por todas partes se ven grandes juncos de -cabotaje y barcas de pesca. La sirena del <i>Franconia</i> tiene que rugir á -cada momento para dar aviso á los carabelones que navegan pesadamente -delante de su proa, sin que parezcan enterarse del peligro. Es algo -igual á la marcha de un automóvil por una avenida en la que abundan los -transeuntes sordos y distraídos.</p> - -<p>Se explica tan enorme cantidad de velas por la importancia que ha tenido -siempre en China la vida marítima. Su arquitectura naval resulta -semejante á la<span class="pagenum"><a name="page_151" id="page_151">[Pg 151]</a></span> nuestra de la Edad Media. Los buques son más altos de -popa que de proa y los mueve un velamen primitivo. Estos cascos -enormemente panzudos y de poco calado se sostienen por su anchura, y -como les falta profundidad, navegan balanceándose de tal modo que el -observador cree á cada momento en una catástrofe. Con esto queda dicho -lo malo de la marina china. Añadamos que ningún pueblo de la tierra -posee tantos navegantes y tantos buques. Los juncos y sampanes son -incontables. La cantidad de chinos que viven sobre el agua, en mares y -ríos, asciende á millones. Como todos ellos llevan á sus familias, las -generaciones nacidas sobre el agua se suceden sin interrupción, y hay -todo un mundo que puede llamarse anfibio, refractario á la vida -terrestre, el cual encuentra agradable la existencia sobre estos buques -de forma milenaria.</p> - -<p>De día nuestro paquebote avanza rodeado de juncos que se balancean con -la grotesca inestabilidad del ebrio, á pesar de que la agitación de las -olas casi es nula. Todos marchan con el mismo rumbo, pues aprovechan -periódicamente los vientos para sus viajes en masa hacia el Sur ó hacia -el Norte.</p> - -<p>La vista de estos buques iguales á las carabelas y galeones del -descubrimiento de América nos hace evocar la dura existencia de los -navegantes españoles y portugueses en el siglo XVI. Mientras la cubierta -del Franconia permanece inmóvil, como si fuese un fragmento de tierra -firme, estas escuadrillas de otros siglos avanzan hacia el Sur -balanceándose y cabeceando con un movimiento llamado de tornillo. Esto -nos hace comprender cómo en la época de los grandes descubrimientos -españoles raro era el marino, por larga que fuese su historia de hombre -de mar, que no acababa mareándose. Muchas de las citadas descubiertas -fueron hechas por tripulacio<span class="pagenum"><a name="page_152" id="page_152">[Pg 152]</a></span>nes que estaban completamente «almadiadas», -nombre que dan al mareo los pilotos de aquella época en sus libros de -navegación.</p> - -<p>De noche todo el mar está poblado de luces, como si se diese sobre él -una fiesta. Cada junco lleva un farol. Además, en el interior de su popa -siempre va un pequeño altar dedicado á los espíritus marítimos, ante el -cual encienden lámparas los tripulantes ó queman varillas olorosas.</p> - -<p>Según afirman los capitanes blancos, no existe marino más admirable que -el chino por su desprecio al peligro. Todo lo que flota le sirve para -embarcarse tranquilamente. Metidos en una especie de artesa hecha con -cuatro tablas y empujada por una vela de fibras vegetales, se lanzan mar -adentro, perdiendo de vista las costas. Y esto lo hacen en uno de los -mares más peligrosos del planeta por los ciclones que barren su agitada -extensión. Todos los años hay tornados que en menos de una hora suprimen -centenares de juncos y sampanes. Pero el huracán mortífero sólo perturba -por unos días las navegaciones de este pueblo acostumbrado á las -catástrofes. ¡Hay tantos chinos!... La fecundidad de la raza lucha con -las cóleras del Océano, con las inundaciones homicidas de los ríos, con -las epidemias, con los temblores del suelo, y acaba por triunfar, -considerando un episodio ordinario la pérdida de algunos centenares de -miles de seres.</p> - -<p>Un día antes de la llegada á Hong-Kong presencio un espectáculo -inaudito, algo que no habría creído nunca de no haberlo visto. Estamos -entre la isla de Formosa y la costa china, cerca del pequeño -archipiélago designado con el nombre español de Pescadores. En dicho -estrecho menudean los tornados, y los más de los días, aunque las -condiciones atmosféricas sean buenas, el oleaje resulta<span class="pagenum"><a name="page_153" id="page_153">[Pg 153]</a></span> violento para -los buques pequeños. Poco después de la salida del sol noto que algunos -marineros del <i>Franconia</i> se avisan y corren á un costado del buque. -Necesito concentrar toda mi energía visual y seguir las indicaciones de -ellos para contemplar finalmente el extraordinario espectáculo. Tres -chinos medio desnudos vienen hacia nosotros, de pie sobre las olas; unas -olas altas, de largas pendientes, que los ocultan en sus profundos -valles y los elevan de nuevo unos momentos para hacerlos desaparecer -otra vez. Sólo cuando pasan cerca de nuestro buque, ó mejor dicho, -cuando el <i>Franconia</i> en su avance llega al nivel de ellos, es cuando me -doy cuenta de que los tres van sobre un bote que más bien merece el -título de ataúd, embarcación de tres metros de largo que asoma sobre las -olas unos cuantos centímetros de borda. Como este barquichuelo va lleno -de agua, apenas si se nota su reborde negro por encima del mar. Bogan -apresuradamente. De vez en cuando abandona el remo uno de ellos y se -dedica á vaciar la obscura artesa. Y así marchan sobre el rudo oleaje -del estrecho, que esta mañana hace balancearse al <i>Franconia</i>.</p> - -<p>No podemos adivinar adónde se dirigen. Por todos lados se ve agua. A -esta hora matinal no se distinguen las costas de la China ni de Formosa, -y aun en el caso de que se dejaran ver, no serían mas que montañas de -vagoroso azul esfumado por una distancia enorme. Tal vez son marineros -que han salido de alguno de los juncos que se acuestan y se levantan en -el horizonte y van tranquilamente hacia otro junco lejano.</p> - -<p>El oficial que está de guardia en el puente del <i>Franconia</i> sonríe -celebrando esta audacia y afirma que los chinos serían los primeros -marineros del mundo si tuviesen quien supiera mandarlos. Los tres -remeros han pasado ante nuestro paquebote sin torcer la cabeza para<span class="pagenum"><a name="page_154" id="page_154">[Pg 154]</a></span> -mirarlo; nos vuelven la espalda con una indiferencia majestuosa. Los -vemos subir y bajar sobre las inquietas montañas de agua. A cada nueva -aparición resultan más pequeños. La marcha del <i>Franconia</i> en sentido -inverso los aleja con extraordinaria rapidez, como si sus golpes de remo -tuviesen una potencia mágica. Ellos y su féretro navegante no son mas -que un pequeño tapón que se envían las cumbres azules al hincharse y -desplomarse; luego un punto; después nada. Parece que se los haya -tragado el mar. Viendo esta atrevida inconsciencia se comprenden las -aventuras y hazañas de los piratas amarillos de otros siglos, que tantas -veces pusieron en peligro la vida del Imperio.</p> - -<p>Llegamos á Hong-Kong á los tres días de nuestra salida de Shanghai. Esta -posesión inglesa ocupa una gran isla de las muchas que emergen sobre el -enorme estuario que forma al desembocar en el Océano el río Perla, ó sea -el río de Cantón. Entre dicha isla y la península de Kowloon, situada -enfrente, se abre una bahía famosa en el mundo por su belleza. Solamente -la de Río Janeiro y la de Sydney en Australia pueden compararse con -ella.</p> - -<p>Los ingleses se posesionaron de Hong-Kong en 1841, como una consecuencia -de la llamada guerra del opio. Ya dijimos algo de esta guerra. El -comercio de la Gran Bretaña vendía opio á los chinos; el Imperio Celeste -se opuso á la difusión de esta droga fatal, embargando varios -cargamentos ingleses enviados á Cantón y echándolos al agua. El gobierno -de Londres declaró la guerra á la China, y después de un rápido triunfo -se quedó, como indemnización por los gastos de la campaña y por los -cargamentos de opio anegados, con la isla de Hong-Kong, que es un -magnífico puerto de paso situado estratégicamente.</p> - -<p>Hay que reconocer, sin embargo, que la Gran Bre<span class="pagenum"><a name="page_155" id="page_155">[Pg 155]</a></span>taña ha sabido hermosear -su adquisición. En 1841 era una montaña rocosa y casi desierta. Hoy -existe en ella una rica ciudad abundante en palacios y jardines, con -largas calles de Bancos y lujosos almacenes. Esta ciudad se llama -oficialmente Victoria, en honor de la vieja reina de Inglaterra, pero -todos continúan llamándola Hong-Kong.</p> - -<p>Se entra en su bahía como el que penetra en un salón viéndose obligado á -cruzar antes varias antecámaras. Veo á la luz violeta del amanecer una -costa de colinas abruptas. Sus rocas pardas ó con un color de sangre -tostada tienen manchas obscuras de vegetación. En torno al <i>Franconia</i> -son cada vez más densos los grupos de buques chinos con alta arboladura -de velas cuadradas hechas de fibras de bambú. Todos marchan hacia el -mismo punto, como un rebaño que estrecha sus hileras y toma una -formación triangular para deslizarse mejor por la entrada del aprisco. -Empiezan á verse entre los panzudos juncos pequeños sampanes con un -hombre en el timón, padre ó marido, y una tripulación de mujeres -amarillas. Estas amazonas del mar llevan pantalones azules por toda -vestidura, el tronco tetudo completamente descubierto, y manejan las -velas ó el remo con sudorosa fuerza.</p> - -<p>Nos introducimos entre dos islas, siguiendo el estrecho que da entrada á -la bahía, y es tal la abundancia de buques chinos casi pegados al casco -del trasatlántico, que obligan á éste á marchar con exagerada lentitud, -haciendo rugir á cada instante la sirena de su máquina. Se abre -repentinamente ante la proa la planicie verdosa de este abrigo marítimo, -uno de los más frecuentados del mundo. Los grandes paquebotes de -comercio amarrados á tierra enmascaran el movimiento de los muelles. En -el centro están anclados algunos buques de<span class="pagenum"><a name="page_156" id="page_156">[Pg 156]</a></span> guerra ingleses. Sus cascos -blancos de perfil atrevido revelan el impulso de una gran velocidad aun -permaneciendo inmóviles.</p> - -<p>Fondea el <i>Franconia</i> frente á Hong-Kong, en los muelles de la península -de Kowloon, ó sea de la tierra firme. Cada cinco minutos llega un -vaporcito y parte otro, atravesando la bahía para poner en comunicación -la ciudad de Victoria, situada en la isla, con los barrios que están -naciendo en la península de enfrente.</p> - -<p>Se han preocupado los ingleses de crear jardines y bosques, y Hong-Kong -ofrece desde la orilla opuesta un hermoso aspecto con su largo caserío, -que sigue el borde de la bahía, y sus pendientes verdes, que algunas -mañanas están ocultas bajo las nubes. Un funicular asciende rectamente á -la cumbre del Pico, nombre de la montaña en que se apoya la ciudad de -Victoria. Sobre dicha cúspide existe un sanatorio que goza de una vista -maravillosa.</p> - -<p>Quince mil habitantes de raza blanca y trescientos mil chinos forman la -población de Hong-Kong. Como la ciudad se inició entre el mar y una -montaña abrupta, ha tenido que ir prolongando su crecimiento por el -borde de la bahía, lo que la da actualmente una extensión de muchos -kilómetros. Su calle principal, llamada de la Reina, es casi tan larga -como toda la ciudad y ofrece magnífico aspecto; pero no ha podido seguir -la línea recta, plegándose á los contornos de la montaña y las -ondulaciones de la ribera. Esta avenida, espina dorsal de Hong-Kong, -tiene á la derecha el mar y á la izquierda calles estrechas de rápida -pendiente que se remontan por las faldas del Pico. En ellas vive el -vecindario chino y siempre están llenas de muchedumbre. Todas las -fachadas tienen anuncios en orden vertical, palabra sobre palabra, -pintados en fajas de tela ondeantes.</p> - -<p>Dentro de la avenida de la Reina se hallan los gran<span class="pagenum"><a name="page_157" id="page_157">[Pg 157]</a></span>des almacenes de -sedas, de porcelana, de bordados, de todo lo que produce la industria -china, y dichos comercios son generalmente sucursales de las fábricas de -Cantón. El viajero que llega por la parte de Oriente, viniendo del Japón -y del interior de la China, nota en Hong-Kong una diferencia -arquitectónica. En las calles principales los edificios ya no son de -madera. Todos ellos fueron construídos con piedra. La montaña inmediata -la proporciona en abundancia. El orden público es guardado, lo mismo que -en la Concesión Internacional de Shanghai, por agentes indostánicos, -belicosos sikhs de barbas anchas y obscuro turbante, montañeses al -servicio de Inglaterra, unas veces como soldados y otras como policías.</p> - -<p>En las avenidas paralelas al mar, de suelo horizontal bien pavimentado, -el medio de locomoción es la ricsha, como en todas las ciudades -asiáticas. Los chinos que tiran aquí de los carruajitos son más -vigorosos: verdaderos atletas de piernas extremadamente desarrolladas, -semejantes á columnas. El lujo de todo europeo de Hong-Kong, -especialmente de los hombres de negocios, es llevar tres hombres en su -<i>ricsha</i>. Uno empuña las varas, otros dos empujan, y el ligero vehículo -con su ocupante parece que va por el aire, tal es su velocidad. Cuando -se detiene, los tres diablos medio desnudos sacan al señor de su asiento -como en volandas y lo ponen en el suelo.</p> - -<p>El antiguo palanquín es empleado aún en las calles pendientes de -Hong-Kong. Parejas de chinos con sombrero de paraguas y unos -calzoncillos por todo traje sostienen en hombros dos barras flexibles -sobre las cuales va el sillón del palanquín. En los restoranes y hoteles -esparcidos entre las arboledas de la montaña, siempre hay fotógrafos que -se ofrecen para retratar á los<span class="pagenum"><a name="page_158" id="page_158">[Pg 158]</a></span> viajeros ocupando este vehículo -tradicional. Pero antes hay que entenderse con los portadores. Muchos de -ellos se niegan con tenacidad á dejarse retratar. Otros, tentados por la -codicia, se deciden heroicamente á colocarse ante el objetivo mediante -una buena propina. Todos saben que la máquina fotográfica absorbe una -parte del alma de los que se ponen ante ella, acortando en consecuencia -los días de su vida.</p> - -<p>Se nota en los comercios de Hong-Kong y también en los de Shanghai una -supervivencia monetaria que hace recordar el antiguo tráfico español. El -peso mejicano sirve todavía de unidad en las operaciones de los -mercaderes chinos. La Nao de Acapulco trajo á Manila durante dos siglos -cargamentos de pesos fabricados en las casas de moneda de Nueva España -para pagar las mercancías chinas, y al declararse la independencia de -Méjico continuó dicha exportación de moneda, inundando los mercados del -Extremo Oriente.</p> - -<p>La isla de Hong-Kong tiene en torno de ella un camino para automóviles, -que es una de las Cornisas más hermosas del mundo. La de la Costa Azul -resulta superior por las ciudades que ha ido estableciendo á lo largo de -ella la colaboración de los ricos de Europa, mas no excede á la de esta -isla en la hermosura é interés de los paisajes. Su título exacto es -Heung-Kong, que significa en chino «Arroyos Floridos», y tal nombre no -resulta hiperbólico, pues lo justifica la olorosa vegetación de sus -jardines tropicales.</p> - -<p>Los elegantes hoteles creados junto á este camino de la costa, los -palacios y parques de varios personajes de Hong-Kong que me invitan á su -mesa, no me atraen tanto como el incesante movimiento de la bahía, en la -que se mezclan la marina medioeval de los amarillos y los más recientes -progresos de la navegación inventados<span class="pagenum"><a name="page_159" id="page_159">[Pg 159]</a></span> por los blancos. Aquí, como en -los ríos de la China, existen barrios flotantes formados de sampanes, -que sirven ahora de casa y servirán luego de sepulcro á las familias que -los tripulan, proporcionándoles al mismo tiempo el medio de ganarse el -arroz. Las marineras, desnudas de cintura arriba, con adornos verdes de -falso jade en las cabelleras cerdosas, ponen la mirada de sus ojillos -tirantes, insolentes y fijos en el blanco que examina sus viviendas.</p> - -<p>Al ver á una humanidad tan distinta de la nuestra, se duda algo del -porvenir de la República china y de la liberación de otras -naciones-hormigueros pertenecientes á este mundo extremadamente viejo.</p> - -<p>¡Pueblos de Asia!... Pueblos eternamente siervos, que en su historia de -miles de años no han vivido ni una hora la vida de la libertad, siendo -los primeros en considerar la democracia algo absurdo, opuesto al ritmo -de la existencia; pueblos que únicamente son virtuosos cuando tienen -miedo á alguien, y si no ven la corrección inmediata olvidan todo -respeto, mostrando una insolencia de escolares sublevados. ¿Cómo -llegarán nunca á ser algo grande, si, exceptuando una minoría escogida y -superior, todos sus hombres ignoran la dignidad personal?...</p> - -<p>Encuentro en un pequeño libro de notas las siguientes líneas, escritas -con lápiz á la luz del ocaso, navegando sobre las aguas nacaradas de la -bahía de Hong-Kong, dentro de un bote automóvil conducido por dos -muchachuelos chinos.</p> - -<p>Los puertos del Extremo Oriente son pedazos de Europa caídos en el mundo -antiguo, nuevos Londres con sol y cielo azul, donde el humo de la hulla -y las vedijas de la niebla no alcanzan á vencer el esplendor luminoso de -Asia.</p> - -<p>Sus muelles con montañas de carbón de piedra, con<span class="pagenum"><a name="page_160" id="page_160">[Pg 160]</a></span> torres de metal que -guardan lagos de petróleo, con apilamientos de productos exóticos, -huelen á ostra muerta; tienen un perfume de agua en putrefacción, de -drogas químicas, de frutos tropicales, de maderas olorosas. En estas -gusaneras humanas, hombres por todas partes, amarillos, rojos, cobrizos, -que apenas sienten el calor quedan en cueros, con sólo un trapo pasado -entre las piernas. El policía indostánico no se digna hablar al -indígena; simplemente levanta el vergajo y pega. Los chicuelos pasan el -día nadando. Las mujeres reman.</p> - -<p>Sobre las bordas de los grandes trasatlánticos asoma sus filas de -cabezas con turbantes la servidumbre compuesta de indios y los fogoneros -de las máquinas pertenecientes á la misma raza. Son hombres que parecen -convalecientes de una fiebre por el color pálido de su epidermis, por su -extremada delgadez y sus ojos de calentura. Unas barbas horizontales les -ensanchan el enjuto rostro, iguales á las de un enfermo que no se ha -afeitado en varios meses.</p> - -<p>Todo se junta sobre las aguas de estos puertos: grandes paquebotes -iguales á ciudades, juncos que aún no han salido de la Edad Media, -sampanes que son chozas flotantes donde las familias nacen y mueren, -cruceros de guerra llegados para exigir indemnizaciones ó vigilar el -cobro de las aduanas.</p> - -<p>Sobre los muelles pasan los palanquines sostenidos por unos coolíes de -grandes sombreros que parecen setas vivientes, <i>ricshas</i> empujadas por -corredores de redondas piernas, hombres-caballos y hombres-balanzas que -lo llevan todo en dos discos de fibra pendientes de un grueso bambú -incrustado en un hombro; mujeres que trabajan más que los varones y se -entregan á una reproducción fatalista durante su reposo de bestia de -labor.</p> - -<p>La policía arrastra hasta los buques marineros que<span class="pagenum"><a name="page_161" id="page_161">[Pg 161]</a></span> ha recogido inánimes -en los muelles. Los cree borrachos y han muerto á consecuencia de un -hartazgo alcohólico. Otros, al recobrar la razón, bajan castigados al -infierno de las máquinas.</p> - -<p>Vendedores ambulantes gritan ante los trasatlánticos que tienen su pared -de acero pegada al muelle. Un mercado provisional extiende sus puestos -junto á la férrea pared perforada de ventanos redondos. En las blancas -terrazas de estos palacios flotantes, sus huéspedes miran los objetos -que ofrece la muchedumbre amarilla más abajo de sus pies: sillones de -junco, amuletos de falso jade, sombrillas de cartón pintarrajeado, -abanicos de plumas.</p> - -<p>Salen buques para la costa americana, que es la acera de enfrente, y -está, sin embargo, en el lado opuesto del planeta. Llegan otros de los -diversos rincones del Océano Pacífico, gran plaza de la humanidad futura -que aún ignora la mayor parte de Europa.</p> - -<p>Para que el mundo de los blancos se entere de la existencia é -importancia del Pacífico, será necesaria una gran guerra. Así se dió -cuenta por primera vez de que existía el Japón.<span class="pagenum"><a name="page_162" id="page_162">[Pg 162]</a></span></p> - -<h2><a name="XII" id="XII"></a>XII<br /><br /> -HONG-KONG Y CANTÓN</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Las huelgas de los chinos.—Banquetes ruidosos.—Servidumbre de las -casas ricas de Hong-Kong.—«No vaya usted á Cantón».—Historia del -gran puerto del té y de la porcelana.—La republicana Cantón y sus -habitantes revolucionarios.—El doctor Sun Yat Sen.—Las dos -Chinas.—Viaje á Cantón.—La ciudad flotante sobre el río -Perla.—Los «bajeles de flores».—Agresividad xenófoba de los -cantoneses ante los buques de guerra anclados en el río.—Tiros en -las calles.—Los cónsules nos aconsejan un pronto regreso á -Hong-Kong.—Los piratas del estuario.—Una novela de 70 tomos y -1.000 personajes.—El asalto del vapor-correo de Macao.—La -capitana de los dos revólveres.—Voy á Macao.</p></div> - -<p>Encuentro á los hombres de negocios de Hong-Kong en pleno <i>boom</i>, lo -mismo que los de Shanghai. Hablo con varios jóvenes que hace meses eran -simples empleados y ahora tienen más de 100.000 dólares, adquiridos en -rápidas especulaciones. Otros negociantes más viejos sonríen -escépticamente al considerar tales triunfos. Han conocido en su vida -varios <i>boom</i> pero no menos <i>krac</i>, y saben que en estos países de -formación reciente las fortunas se crean y se deshacen con igual -prontitud.</p> - -<p>La prosperidad de Hong-Kong parece dificultar su vida interior. Cerca -está Cantón, la más revolucionaria de las ciudades del antiguo Imperio, -que solivianta los ánimos de las nueve décimas partes de la población -de<span class="pagenum"><a name="page_163" id="page_163">[Pg 163]</a></span> Hong-Kong. Los chinos de este puerto inglés no son sindicalistas ni -saben qué puede significar tal nombre, pero encuentran agradable ver -doblados ó triplicados sus jornales y gozan además cierto placer -interior dificultando la vida de los «demonios blancos». Los comités -revolucionarios de Cantón se dedican á organizar huelgas en las colonias -próximas, gobernadas por europeos, y estas huelgas han obtenido hasta -ahora en Hong-Kong un éxito completo y ruidoso. Los hombres amarillos -son insustituibles para la resistencia pasiva y no hay miedo de que -ninguno de ellos falte á las órdenes secretas de sus directores.</p> - -<p>Hong-Kong ha visto su vida paralizada semanas enteras. Hasta los -portadores de palanquines y <i>ricshas</i> desaparecieron cual si se los -hubiese tragado el suelo. Las calles de la hermosa ciudad quedaron -desiertas, como avenidas de cementerio. Y el gobierno de Hong-Kong, que -se compone de un gobernador enviado por la corona de Inglaterra y los -personajes más importantes de la ciudad, tuvo que transigir repetidas -veces con las imposiciones de los revolucionarios. Hay quien dice que -esta derrota de los ingleses dentro de Hong-Kong se debe á la excesiva -prosperidad del país. Autoridades y comerciantes se enriquecen en poco -tiempo, y esto parece quitarles energía para hacer frente á las -imposiciones de los chinos. Desean que se restablezca cuanto antes la -marcha normal de los negocios y continúen sus ganancias.</p> - -<p>En Macao, ciudad portuguesa, que está á cuatro horas de Hong-Kong, al -otro lado del estuario, los agitadores de Cantón intentaron varias veces -sublevar á los habitantes chinos; pero como su gobernador se encontraba -en otras condiciones que las autoridades de Hong-Kong pudo hacer uso de -medios enérgicos, sin miedo á<span class="pagenum"><a name="page_164" id="page_164">[Pg 164]</a></span> que le echasen en cara anteriores -complacencias, y los movimientos subversivos contra el europeo -resultaron otros tantos fracasos.</p> - -<p>Viven los negociantes de Hong-Kong con tanto lujo como los de Shanghai, -pero aquí los lugares de placer son menos numerosos. Los chinos ricos -mantienen con sus banquetes una calle entera de restoranes instalados en -edificios de varios pisos. Toda la noche reflejan sobre las aguas de la -bahía sus balconajes y sus aleros ribeteados de guirnaldas eléctricas. -En este barrio resultan tan enormes los estrépitos como la iluminación. -Los anfitriones de unos banquetes que duran la noche entera y cuestan -miles de dólares quieren que sean acompañados de una pompa exterior -reveladora de su generosidad. Frente á la puerta hay bandas de música -pagadas por ellos, en las cuales el bombo, los platillos y los chinescos -de abundantes campanillas son los instrumentos dominantes. Arden entre -servicio y servicio vistosas piezas de fuegos artificiales; <i>tracas</i> -ensordecedoras corren á lo largo de la calle ó por encima de los -tejados, con un tiroteo de batalla.</p> - -<p>Los ricos de raza blanca dan sus banquetes á la europea, en el lujoso -Hotel de Repulse Bay, junto al camino de la Cornisa, ó en sus palacios -de esplendorosa vegetación sobre las vertientes del Pico. Una de las -manifestaciones de opulencia es la cantidad de servidores. Todo rico -tiene á sus órdenes un ejército de coolíes. Únicamente con tal -exuberancia de personal se consigue que marche á medias el servicio de -una casa, pues cada doméstico chino sólo quiere encargarse de una -función, limitada y fija. Justo es añadir que no hay criados más baratos -y que exijan menos atenciones de sus dueños. El coolí recibe una -cantidad determinada al mes y su amo no tiene que preocuparse de su -comida ni de su instalación.<span class="pagenum"><a name="page_165" id="page_165">[Pg 165]</a></span> Él se procura por su cuenta el alimento y -para dormir le basta con el umbral de una puerta ó el hueco de una -escalera. En realidad, no se sabe cuándo come ni duerme. El dueño le ve -llegar siempre que le llama y muchas veces lo encuentra sin llamarlo -espiando todo lo de la casa con sus ojitos de párpados tirantes, que -parecen cosidos, y su sonrisa mecánica é inexpresiva.</p> - -<p>Quiero visitar la ciudad de Cantón, y todos me dicen lo mismo:</p> - -<p>—No vaya usted. Parece que andan á tiros diariamente los partidarios -del doctor y sus adversarios. Además, si se juntan unos y otros, será -para matar á los europeos por lo de las aduanas.</p> - -<p>Sé que hay alguna exageración en tales afirmaciones, pero de todos modos -resulta indudable que la capital de la China del Sur vive hace tiempo en -un estado de revuelta.</p> - -<p>Cantón fué la única metrópoli del Extremo Oriente que conocieron durante -siglos europeos y americanos. Pekín permaneció cerrada para el mundo -blanco hasta el último tercio del siglo XIX. Los Hijos del Cielo, -deseosos de conservar aislado su vasto Imperio, habilitaron á Cantón -como único puerto en el que podían ser admitidos los buques de las -naciones cristianas.</p> - -<p>Cuando los portugueses del siglo XVI anclaron por primera vez ante dicha -ciudad, vieron que otros navegantes no europeos les habían precedido en -su descubrimiento. Eran los marinos árabes, que tenían en ella desde -mucho antes depósitos de mercancías y una mezquita. Durante cien años -los capitanes portugueses monopolizaron el tráfico con Cantón, llevando -á Europa por el Cabo de Buena Esperanza sus sederías y porcelanas. Los -españoles adquirían estos mismos artículos en Manila, enviados por los -mercaderes cantoneses, y la<span class="pagenum"><a name="page_166" id="page_166">[Pg 166]</a></span> Nao de Acapulco los llevaba hasta Nueva -España á través del Pacífico.</p> - -<p>Fué bien entrado el siglo XVII cuando los ingleses empezaron á visitar -el río de Cantón para cargar en sus naves el té, hierba cada vez más -apreciada en Europa y América y que dió vida á una gran navegación para -surtir los mercados de Liverpool, Salem, Boston y Nueva York. Esta -afluencia de buques europeos y americanos fomentó la emigración -indígena, y á ella se debe que todos los chinos esparcidos en el mundo -sean de las provincias del Sur y consideren á Cantón como su verdadera -capital, con preferencia á Pekín.</p> - -<p>Al reunir algunos de estos emigrantes considerables fortunas en América, -su deseo fué volver á Cantón para disfrutarlas, aumentando la riqueza de -la ciudad. Los que no regresaron á su patria mantuvieron correspondencia -con sus familias, y todo esto hizo que Cantón siguiese el movimiento -liberal de nuestra época, pensando de modo distinto al resto del -Imperio.</p> - -<p>Cantoneses han sido los chinos más ilustrados de los últimos tiempos. -Desde hace medio siglo la juventud intelectual de Cantón completó sus -estudios en los Estados Unidos y en Europa. Además, estos chinos del Sur -son más inquietos y menos sufridos que los del Norte. Sus antecesores -actuaron muchas veces de piratas ó vivieron en las montañas como -rebeldes. En los últimos años del Imperio los cantoneses entonaban en -las calles canciones injuriosas para el Hijo del Cielo y los gobernantes -de Pekín, sin que las autoridades imperiales de la ciudad osasen tomar -medidas contra tales irreverencias.</p> - -<p>Como era lógico, el movimiento republicano que dió fin á la dinastía de -«los Muy Puros» tuvo su origen en Cantón. Pero una vez establecida la -República, los hijos de dicha ciudad se negaron á continuar siendo -goberna<span class="pagenum"><a name="page_167" id="page_167">[Pg 167]</a></span>dos desde Pekín, como en tiempos del Imperio, declarándose -independientes y constituyendo la llamada República del Sur.</p> - -<p>Este separatismo no es algo circunstancial, inventado por las -divergencias de los partidos políticos. En realidad existen dos Chinas, -completamente distintas. El habitante de Pekín, grande de estatura, -sereno de rostro, parco en palabras, medio tártaro y medio manchur, no -se parece al chino exuberante, imaginativo, de ingobernable -individualismo, que puebla las provincias meridionales y al extenderse -como emigrante por América se llama orgullosamente cantonés.</p> - -<p>El doctor Sun Yat Sen, creador de la República del Sur y su eterno -Presidente, es un médico de Cantón que estudió en los Estados Unidos, -trabajando con energía en la época del Imperio para hacer triunfar la -República. Mas ahora, dentro de su propia casa, lucha con numerosos -adversarios que dificultan su política interior y además hace frente á -las naciones extranjeras, mantenedoras del gobierno de Pekín, que se -niegan á reconocer la República del Sur.</p> - -<p>En el presente momento sostiene una lucha franca con todas las -potencias. Éstas cobran los ingresos de las aduanas chinas, y después de -guardarse una parte de ellos por indemnizaciones acordadas hace años, -entregan el resto al gobierno de Pekín. El doctor, Presidente del Sur, -se opone á que las potencias intervengan las aduanas dependientes de -Cantón si no se comprometen á entregarle el sobrante, dado hasta ahora á -sus enemigos de la China del Norte.</p> - -<p>Se hallan actualmente anclados en el río Perla buques de guerra de todas -las naciones que tienen intereses en China, para intimidar á Sun Yat Sen -con esta demostración naval.<span class="pagenum"><a name="page_168" id="page_168">[Pg 168]</a></span></p> - -<p>—No vaya usted—me repiten—. El populacho de Cantón se muestra furioso -contra los blancos y puede ocurrir de pronto una matanza. Después vendrá -la intervención armada de las potencias y también los castigos y las -indemnizaciones, pero el que haya sido muerto en la revuelta seguirá -muerto.</p> - -<p>Voy, sin embargo, á Cantón, y el viaje resulta breve, fatigoso, casi -inútil. Hay un ferrocarril que parte de Hong-Kong, pero hace más de un -año que no funciona. La línea es inglesa, y como el presidente de la -República de Cantón se quedó repetidas veces con el material rodante, -sus directores han creído oportuno suspender el servicio. Viajamos por -el río en cómodos vapores á estilo americano, con varias cubiertas, que -son á modo de hoteles flotantes.</p> - -<p>Pasamos entre las numerosas islas del estuario, siguiendo unos canales -dorados por el sol naciente, con riberas de verde obscuro. Dentro ya del -río atravesamos un estrecho que los descubridores portugueses llamaron -Boca Tigris. A la ida, navegando contra la corriente, invertimos unas -seis horas. El regreso, como es natural, resulta más rápido.</p> - -<p>A pesar de que los europeos llevan tres siglos establecidos en Cantón, -todavía viven aparte, ocupando un barrio llamado Shameen, separado del -resto de la población por un canal y que es el lugar donde estaban -antiguamente las factorías. Hoy Shameen es una ciudad de tipo americano, -con edificios de muchos pisos y varios hoteles, de los cuales el -Victoria es el mejor y el más concurrido. Una cuarta parte de los -vecinos de este Cantón blanco son franceses y los restantes de lengua -inglesa. El «Christian College», establecimiento importantísimo -sostenido por los misioneros de los Estados Unidos, sirve de Universidad -á muchos centenares de jóvenes<span class="pagenum"><a name="page_169" id="page_169">[Pg 169]</a></span> del país, que reciben en él una -educación moderna. Ocupa el resto de Cantón una área enorme y está -habitado por más de dos millones de chinos. Las antiguas murallas, -parecidas á las de Pekín, fueron cortadas en varios puntos para dar -expansión á la ciudad. Además, una parte de los habitantes, más de -150.000, viven sobre el río en sampanes.</p> - -<p>La población flotante de Cantón fué siempre un objeto de curiosidad para -los viajeros. Los barcos forman grupos, como las manzanas de edificios -en las ciudades terrestres. Sus bordas se tocan y los vecinos pasan -indistintamente de una cubierta á otra. Angostos canales separan estos -barrios de embarcaciones, sirviendo de callejuelas, por las que se -deslizan diminutas canoas. Hay sampanes que son tiendas donde se vende -lo más indispensable para las necesidades de esta población anfibia. -Otros barcos viejísimos sirven de templos, y bonzos de existencia -vagabunda viven mezclados con los habitantes del Cantón fluvial, -mendigos, contrabandistas y eternos figurantes de todas las revueltas.</p> - -<p>También han flotado durante siglos en las orillas del río Perla los -famosos «bajeles de flores». El lector sabe indudablemente de qué sirven -estas casas acuáticas, unidas á tierra por un ligero puente y con -galerías cubiertas de plantas trepadoras y vasos floridos. Su -tripulación—llamémosla así—es de mujeres con el rostro pintado y -túnicas de colores primaverales. Estos «bajeles de flores», iluminados -toda la noche, pueblan las obscuras aguas de reflejos dorados y alegres -músicas. De sus patios surgen cohetes voladores que cortan la lobreguez -celeste con cuchilladas de luz silbadora y multicolor.</p> - -<p>Son restoranes y palacios del amor fácil para las gentes libertinas del -país. El europeo que consigue penetrar en un «bajel de flores» sale casi -siempre golpeado por los<span class="pagenum"><a name="page_170" id="page_170">[Pg 170]</a></span> parroquianos. Más de una vez ha desaparecido -el visitante blanco en el lecho fangoso del río.</p> - -<p>Quedan aún muchos «bajeles de flores», pero no llegamos á verlos ni -exteriormente. Los viajeros recién llegados á Cantón sólo conocemos las -calles medio europeas del barrio de Shameen, entre el desembarcadero y -el Hotel Victoria, que hemos atravesado en ricsha.</p> - -<p>Los chinos cantoneses nos parecen menos educados, más levantiscos é -insolentes que los de otras ciudades. Gritan al vernos pasar, con una -voz agresiva; se dirigen á los compatriotas que tiran de nuestras -ricshas, y aunque no puedo entender sus palabras, creo adivinarlas por -los gestos con que las subrayan. Insultan indudablemente á estos -compatriotas que sirven de caballos á los blancos. Se nota en la -muchedumbre una excitación extraordinaria, á causa sin duda de los -cruceros anclados en el río. Hay numerosos barcos de guerra ingleses, -franceses y norteamericanos; además un crucero de Italia y otro de -Portugal, todos con los cañones desenfundados y prontos á la acción.</p> - -<p>Después del almuerzo en el Hotel Victoria, cuando los más curiosos nos -disponemos á salir por las calles de los barrios chinos para visitar sus -famosos almacenes de porcelana, llegan varios enviados de los cónsules y -nos advierten que sería razonable y prudente un regreso inmediato á -Hong-Kong.</p> - -<p>Hace varias horas que en un extremo de Cantón las tropas del doctor Sun -Yat Sen emplean sus fusiles y ametralladoras contra unos insurrectos. -¿Qué desean? ¿Por qué luchan?... Nadie lo sabe con certeza. Tal vez son -cantoneses que no consideran bastante revolucionario al doctor, y como -tienen armas á su alcance, se sublevan contra él, ya que no destruye con -una rapidez milagrosa los cruceros de los blancos.<span class="pagenum"><a name="page_171" id="page_171">[Pg 171]</a></span></p> - -<p>Nos marchamos en las primeras horas de la tarde, viendo otra vez los -barrios flotantes del Cantón fluvial, y en plena noche llegamos á -nuestros camarotes del <i>Franconia</i>.</p> - -<p>Al día siguiente hablo á mis amigos de Hong-Kong de ir á Macao, y esto -les produce más alarma que el viaje á Cantón. Todos dicen lo mismo:</p> - -<p>—No vaya usted. Los piratas atacan el vapor-correo siempre que les -conviene. Hace pocos meses se llevaron secuestrados á todos los que iban -en él.</p> - -<p>Con frecuencia se oye hablar en China de piratas; pero en las provincias -del Sur y especialmente en el estuario del río Perla, la piratería es -objeto de un respeto simpático, como el que infunden las instituciones -tradicionales. La novela, dentro de la literatura china, es un género -tan antiguo como la poesía lírica. Desde hace miles de años existen aquí -novelas de tres géneros: históricas, de aventuras y de costumbres; pero -la más famosa de todas es la escrita por Chinai Ngan, novelista del -siglo XII, que vivió bajo la dinastía de los Kin. Este Chinai Ngan es el -Wálter Scott chino; pero á pesar de que su fecundidad fué tan grande -como la del célebre novelista escocés, sólo ha dejado una obra única, -que se titula <i>Historia de las riberas de un río</i>. Debo añadir que esta -novela famosa, leída en el curso de 800 años por todos los jóvenes -chinos, tiene nada menos que 70 tomos y sus personajes principales son -más de 100, sin contar los tipos secundarios, que tal vez pasan de -1.000. Todos los capítulos constan de dos partes, y en el transcurso de -la obra se plantean, se desarrollan y epilogan 140 intrigas ó argumentos -diferentes.</p> - -<p>Este monumento literario es simplemente un relato de interminables -hazañas, verdaderas ó fantásticas, que los piratas realizaron en el -siglo X, bajo la dinastía de<span class="pagenum"><a name="page_172" id="page_172">[Pg 172]</a></span> los Soung, al hacer la guerra á dichos -emperadores. La China vivió en aquel período desgarrada por las guerras -civiles y el bandidaje, despoblándose á consecuencia de largas hambres y -pestes. Esta anarquía preparó la invasión y dominación de los mongoles, -y comparada con ella, las dificultades actuales de la República resultan -hechos insignificantes. Como todos los jóvenes leen la novela famosa de -Chinai Ngan, empiezan su vida considerando la profesión de pirata como -una aventura interesante que no puede deshonrar para siempre la vida de -un hombre.</p> - -<p>Me burlo del miedo que pretenden infundirme con sus piratas los -habitantes de Hong-Kong. Luego me parece más serio y digno de ser tenido -en cuenta tal peligro, cuando escucho á un joven comerciante español, -establecido en Hong-Kong, llamado Gabino Caballero, que me sigue á todas -partes amablemente. Estaba en el buque-correo de Macao la tarde del -asalto y fué prisionero de los piratas. Acompañaba á su suegra, una -señora filipina, deseosa de ser examinada por un médico especialista -portugués que reside en Macao.</p> - -<p>Acababan de sentarse á la mesa en el comedor del buque, cuando oyeron -los primeros disparos. Las autoridades de Hong-Kong, preocupadas por -osadías anteriores de los piratas, habían alojado en el vapor unos -cuantos polizontes indostánicos armados de carabinas. Los piratas fueron -avanzando de la proa á la popa, hiriendo á estos guardias ó -desarmándolos por sorpresa. Al final se apoderaron de todo el buque, -dejando medio muerto al capitán inglés, al maquinista y á otros de la -tripulación que iniciaron una resistencia inútil. Mi amigo Caballero -abandonó la mesa al oir los tiros, pero antes de llegar á la puerta del -comedor se vió arrollado y golpeado contra la pared por una manga de -chinos<span class="pagenum"><a name="page_173" id="page_173">[Pg 173]</a></span> en armas que entraron como una tromba, ordenando á gritos que -pusieran todos sus manos en alto.</p> - -<p>Al frente de ellos iba una mujer, la eterna capitana de todas las -novelas chinas de piratas, joven vestida á la europea, como una heroína -de cinematógrafo, con falda azul y blusa blanca. Detalle curioso: esta -amazona tenía un revólver en cada mano, y dichas armas estaban sujetas á -sus muñecas por dos tiras de cuero en forma de pulseras. De tal modo -podía soltar sus revólveres para registrar los bolsillos de los -viajeros, volviendo á recobrar instantáneamente dichas armas colgantes -en un caso de alarma.</p> - -<p>El español tuvo que entregar su cartera y sus sortijas. Afortunadamente -para él, éstas salían con facilidad de sus dedos. Un viajero que se -esforzaba inútilmente por sacar las suyas se vió ayudado con una -prontitud horrible. Los piratas le cortaron los dedos de una cuchillada -y siguieron adelante en su registro. Como el capitán y el maquinista -estaban tendidos en el puente sobre charcos de sangre, la joven de los -dos revólveres tomó el mando del buque. Uno de los pasajeros, industrial -de profesión, fué obligado á descender á las máquinas para dirigir su -funcionamiento, ayudándole como fogoneros otros camaradas de infortunio.</p> - -<p>Estos piratas no eran marinos. Se habían embarcado como pasajeros en -Hong-Kong, distribuyéndose con arreglo á su vestimenta en los -departamentos de las diversas clases, y al sonar una señal convenida, -cada grupo se arrojó sobre un lugar previamente designado.</p> - -<p>Navegó el buque varias horas con un timoneo loco por los canales del -estuario. Muchos juncos pacíficos de cabotaje se vieron próximos á ser -pasados por ojo, librándose de la catástrofe en el último momento -gracias á una virada oportuna. Aun así, el vapor, que marchaba<span class="pagenum"><a name="page_174" id="page_174">[Pg 174]</a></span> como un -ebrio, arrancó á muchos veleros, con sus bruscos roces, todo lo que -sobresalía de sus cascos. Al fin los piratas lo encallaron, pasada media -noche, en una costa desierta, á varias leguas de Hong-Kong, -desapareciendo tierra adentro, y unos pescadores llevaron á la ciudad la -noticia del suceso para que un buque de guerra viniese á recoger las -víctimas.</p> - -<p>En el presente caso los piratas se contentaron con el botín, sin -llevarse á los viajeros para exigir un rescate. Otras veces, montando -juncos armados, toman por asalto á los vapores y raptan á sus pasajeros. -Escriben después á las familias de éstos exigiendo fuertes cantidades, y -si el dinero tarda en llegar envían como advertencia una oreja cortada ó -un dedo, anunciando la continuación metódica de tales amputaciones.</p> - -<p>—Pero todos los días no hay asalto de piratas—digo después de oir -tales historias.</p> - -<p>Efectivamente, estos atentados sólo ocurren cada seis meses, poco más ó -menos. Las autoridades británicas, después de una piratería, adoptan las -medidas más severas. Buques armados surcan incesantemente los canales -del estuario, la policía bate las islas, el tribunal de Hong-Kong -muestra una severidad inusitada y condena á ser ahorcados á todos los -chinos que han cometido un crimen, aunque éste no tenga carácter -pirático.</p> - -<p>Transcurre el tiempo sin que los bandidos de los canales den motivo para -que hablen de ellos; la autoridad se muestra menos vigilante, creyendo -terminado dicho mal, y cuando la gente se embarca con mayor confianza -para ir á Macao, ciudad de vida agradable y juego libre, donde los -chinos ricos arriesgan su dinero al «Fan-tan» y los viajeros blancos -pueden admirar los antiguos edificios de aire señorial, una nueva banda -de piratas da otro golpe, con capitana ó sin ella.<span class="pagenum"><a name="page_175" id="page_175">[Pg 175]</a></span></p> - -<p>A pesar de tales relatos me embarco al día siguiente para la colonia -portuguesa. Otros pueden seguir con tranquilidad su viaje sin sentir la -atracción de Macao. Yo he nacido en la Península Ibérica y además soy -escritor.</p> - -<p>Sería vergonzoso haber estado á cuatro ó cinco horas de distancia y no -visitar la vieja ciudad donde Camoens, desterrado y pobre, compuso su -poema inmortal, pensando en las glorias de la patria lejana.<span class="pagenum"><a name="page_176" id="page_176">[Pg 176]</a></span></p> - -<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII<br /><br /> -VIAJE Á MACAO</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Registro de chinos antes de su entrada en el vapor.—Cubiertas -transformadas en jaulas y puente convertido en -fortaleza.—Recuerdos del asalto de los piratas.—«¡Necesito matar -á un chino!»—La interesante «Ciudad del Santo Nombre de Dios en -China».—Los juncos con cañones, anclados en su antiguo puerto.—El -nuevo puerto de Macao.—Gran porvenir de la ciudad.—Excelente -administración del gobernador Rodrigues.—La gruta de Camoens.—El -juego del «Fan-tan» y otras particularidades interesantes del viejo -Macao.—La calle de la Felicidad y sus altares.—Regreso á media -noche por el estuario de los piratas.—Las fosforescencias del mar -chino.—Espectáculo inolvidable.</p></div> - -<p>En las primeras horas de la mañana nos embarcamos para Macao. Vemos ante -el buque numerosos grupos de chinos. Un retén de policía regula su -avance, uno por uno, sobre la pasarela que junta al casco con el muelle. -Todos son registrados de cabeza á pies, y sólo pueden seguir adelante -cuando el agente indostánico queda convencido de que no llevan el más -pequeño cortaplumas. Como estos hombres amarillos se parecen todos por -su traje azul y sus rostros casi uniformes, es difícil establecer -distinciones entre un coolí pacífico que va por sus negocios á Macao y -un pirata que prepara con sus compañeros el ataque del buque en mitad -del viaje.</p> - -<p>Este vapor-correo es igual á todos los que navegan<span class="pagenum"><a name="page_177" id="page_177">[Pg 177]</a></span> en el estuario y los -ríos cercanos, pero después del asalto que presenció mi compatriota, se -han hecho en él grandes reformas defensivas. Verjas de gruesos barrotes, -semejantes á las de las cárceles, lo dividen en varias secciones. Un -gendarme indostánico, con uniforme azul, gorra blanca, carabina y -revólver, guarda la puerta abierta de cada una de dichas barreras -mientras dura el embarque. Cuando el buque empieza á navegar todas las -entradas de los jaulones se cierran interiormente y los centinelas -quedan detrás, apoyando sus carabinas sobre la cruz de los barrotes.</p> - -<p>La cubierta superior también está interrumpida por fuertes enrejados que -cortan la comunicación entre las diversas clases del pasaje, y para -evitar que los asaltantes puedan deslizarse al otro lado de ellos, -sacando el cuerpo fuera de la borda, se han prolongado las verjas sobre -el mar con semicírculos exteriores de puntas agudas como lanzas. El -puente donde va el capitán está defendido con placas de acero -cromatizado, iguales á las mamparas que cubren á los artilleros en las -piezas modernas. De este modo los tiros de los piratas no pueden -alcanzar á los que dirigen el buque. Pero los que presenciaron el último -asalto no muestran gran fe en tales precauciones y creen que los chinos -inventarán algo inesperado para salvar estos obstáculos defensivos.</p> - -<p>Antes del embarque nos hemos despojado de los relojes y joyas de uso -diario. Vienen conmigo dos señoras, acompañadas de sus doncellas. Una de -las mencionadas damas, muy hermosa y elegante, nació en Bombay, pero es -hija de español. Está casada con Mr. Stephan, director del Banco de -Hong-Kong y Shanghai, institución financiera la más importante de todo -el Extremo Oriente. Su director figura por derecho propio en el Con<span class="pagenum"><a name="page_178" id="page_178">[Pg 178]</a></span>sejo -de gobierno de Hong-Kong, siendo á modo de su ministro de Hacienda.</p> - -<p>La señora de Stephan lleva muchos años deseando ir á Macao y nunca se -decidió á realizar tal viaje por miedo á los piratas. Prudencia -justificadísima. En realidad, no podrían imaginar los bandidos del -estuario un golpe más fructuoso que secuestrar á la esposa del director -del Banco de Hong-Kong y Shanghai. ¡Qué rescate de miles y miles de -libras esterlinas!... Mas al enterarse dicha señora de que yo voy á -Macao, se decide con repentina energía á realizar el mismo viaje, como -si mi presencia pudiera proporcionarle una seguridad extraordinaria.</p> - -<p>Somos ocho, las dos señoras con sus doncellas, dos españoles residentes -en Hong-Kong, un amigo holandés que habla un sinnúmero de lenguas, y yo. -Va retrocediendo por la popa de nuestro buque la isla de Hong-Kong -envuelta en nieblas matinales rasguñeadas á trechos por el sol. Sobre la -cima del Pico, este turbante de brumas pierde por momentos su opacidad -gris, y empieza á brillar como un tejido de filamentos de oro.</p> - -<p>Fuera de la bahía el mar del estuario muestra una tersura de lago, y su -color azul tiene la claridad láctea de la porcelana. Los juncos son -numerosísimos. Ya dije que en las costas de China la navegación forma -enjambres, pero aquí, cerca de la embocadura del río Perla, aún resulta -más densa, y nuestro buque tiene que rugir incesantemente para evitar -colisiones.</p> - -<p>Estos juncos de construcción medioeval, á pesar de la tranquilidad de -las aguas navegan en una posición inestable para nuestros ojos, con la -proa casi hundida y la popa muy en alto, cual si fueran á sumergirse -definitivamente en cada uno de sus cabeceos. Los canales se ensanchan, -formando brazos de mar relucientes y<span class="pagenum"><a name="page_179" id="page_179">[Pg 179]</a></span> tranquilos, como láminas de -espejo. Flotando en sus aguas adormecidas hay pequeños islotes de -basura, caída de los barcos ó arrancada de las riberas.</p> - -<p>No disminuye la afluencia de embarcaciones según nos alejamos de -Hong-Kong; por el contrario, ésta parece aún mayor al meternos entre las -islas. Sobre las bordas de los juncos vemos marineras achaparradas y -fornidas: con bíceps de hombre, pechos colgantes y adornos verdes en la -cerdosa cabellera.</p> - -<p>También las tierras insulares se muestran cada vez más numerosas. Por la -derecha nos deslizamos junto á la isla de Lantao, cuya longitud alcanza -á veinte millas. A babor, la ribera está cortada por incontables canales -y estrechos, que forman pequeños archipiélagos. En el horizonte empieza -á elevarse un grupo de cumbres, titulado por los descubridores -portugueses <i>Nove Illas</i>, las Nueve Islas. Antes de ser dueños de Macao, -los marinos de Portugal se establecieron en otra isla de este estuario -llamada Sancian, donde murió San Francisco Javier cuando se proponía -entrar en China como primer apóstol del cristianismo.</p> - -<p>Mi compatriota Caballero me va mostrando los diversos lugares del buque -donde presenció el ataque de los piratas. Ésta es la mesa en que se -hallaba comiendo al sonar los primeros disparos. Aquí le robaron la -cartera, zarandeándole un poco. Más allá daba gritos de mando la -muchacha de los dos revólveres. Luego me lleva á visitar al capitán, que -es el mismo que mandaba el buque en aquella triste ocasión.</p> - -<p>Los guardianes cobrizos no nos dejan entrar en el recinto acorazado del -puente y el capitán se decide á salir de su fortaleza. Es un inglés que -tiene paralizada la parte izquierda de su cuerpo á consecuencia de las -heridas que recibió en dicho asalto. Desde entonces se<span class="pagenum"><a name="page_180" id="page_180">[Pg 180]</a></span> muestra -taciturno y repite el mismo deseo, como obsesionado por una idea tenaz. -Sonríe un poco al reconocer á mi compatriota, y cuando éste hace memoria -de los terribles episodios de aquella tarde, frunce el ceño, mira su -brazo inútil y murmura:</p> - -<p>—Esto no puede quedar así. Es preciso que yo mate á un chino... -Necesito matar á un chino.</p> - -<p>Se ve claro que no descansará hasta conseguir dicha compensación. Tal -vez se negó á aceptar el retiro á que tiene derecho y continúa mandando -el buque porque «necesita matar á un chino», y así tiene más -probabilidades de proporcionarse el citado gusto. Lo matará, estoy -seguro de ello; tal vez lo ha matado á estas horas. ¡Hay tantos chinos -para escoger!... Después de mi regreso á Europa, he leído todos los -meses noticias de nuevos asaltos de piratas en el estuario de Hong-Kong, -con secuestros de viajeros, combates y numerosos muertos y heridos. El -capitán debe haber matado á su chino, si es que los chinos no han -acabado definitivamente con él.</p> - -<p>Todos los de nuestro grupo almorzamos en un salón de la cubierta más -alta, para evitarnos el roce con las familias que ocupan el comedor de -primera clase. Son gentes bien educadas, pero el olor especial de los -chinos resulta intolerable para muchos olfatos europeos. Ellos, por su -parte, declaran que nosotros expelemos un hedor de carne cruda, digna de -nuestra condición de bárbaros. Tal vez el hacernos comer aparte es -también para que no veamos los manjares favoritos de estos pasajeros.</p> - -<p>Algunos son personajes importantes, vecinos de Hong-Kong, que van á -pasar unos días en sus casas de Macao. Visten ricas túnicas de seda azul -y ostentan botones de piedras preciosas. Uno de estos chinos opulentos -ha sido ennoblecido por el rey de la Gran Bretaña y goza el título de -baronet. La importancia financiera de<span class="pagenum"><a name="page_181" id="page_181">[Pg 181]</a></span> todos ellos y su trato con los -blancos hacen que el populacho los considere traidores á su raza, y como -en Hong-Kong las asociaciones chinas son temibles por sus venganzas, -estos personajes viven encerrados en sus palacios, y cuando desean unos -días de esparcimiento se trasladan á Macao, donde el orden es más firme -y las autoridades portuguesas pueden ofrecerles mayores seguridades.</p> - -<p>Dejamos de navegar entre islas, saliendo á dilatados espacios de mar -libre, y vemos en el horizonte un promontorio con un castillo y un faro -sobre su lomo. Mucho tiempo después, al dar vuelta á dicho promontorio, -aparece lentamente la vieja é interesante ciudad de Macao.</p> - -<p>Tiene un aspecto, multicolor y ligero, de población del Extremo Oriente, -y al mismo tiempo una estabilidad sólida que revela el origen de sus -fundadores. Los edificios son obra de albañilería en su mayor parte, y -no de madera, como en las otras ciudades chinas. Los más tienen un piso -superior, con arcadas ó galerías cubiertas, y por encima de sus -techumbres se remontan los campanarios de las iglesias católicas.</p> - -<p>Macao, que fué llamada primitivamente «Ciudad del Santo Nombre de Dios -en China» y luego vió sustituído dicho título por el de <i>Macau</i>, de -origen indígena, resultaría altamente exótica si se la pudiera trasladar -de pronto á las cercanías de Lisboa. Vista aquí, después de haber -visitado las principales ciudades del litoral chino, nos recuerda al -antiguo Portugal y parece venir de ella una respiración lejanísima de -nuestro mundo.</p> - -<p>El puerto viejo es más chino que la ciudad. Puedo añadir que en ninguno -de los puertos del Extremo Oriente se consigue ver la marina mercante -que ancla en las aguas de Macao.</p> - -<p>Nuestro vapor va pasando ante una fila de grandes<span class="pagenum"><a name="page_182" id="page_182">[Pg 182]</a></span> juncos, galeones -panzudos que parecen imaginados por un artista en delirio más que por -hombres dedicados a la navegación. Tienen en su proa dragones enroscados -y dorados, amenazando con sus fauces ignívomas el azul del cielo y del -mar. El velamen de sus arboladuras se compone de esteras de bambú, en -forma de alas de murciélago. Las popas se remontan como alcázares, y á -lo largo de sus bordas avanzan los cuellos de una docena de cañones. Son -cortos y de un calibre enorme; piezas antiguas de hierro que se cargan -por la boca y deben enviar sus balas á poca distancia, pero con un -estrépito infernal, lo que suple para sus artilleros la mediocridad del -alcance.</p> - -<p>La marinería tiene igualmente un aspecto arcaico y poco tranquilizador: -atletas amarillos y medio desnudos, guardando muchos de ellos en el -occipucio una trenza que parte su espalda sudorosa. De los castillos de -algunos galeones surgen columnitas de humo perfumado, revelando la -existencia de un altar en honor á la Diosa de las Aguas, ante cuyo ídolo -arden varillas de sándalo. Todas las proas tienen en ambas caras unos -agujeros redondos y pintados que imitan ojos. Los marineros chinos sólo -se embarcan confiadamente en un buque que tenga ojos. Saben que así, -mientras ellos duermen ó durante las lobregueces de la tormenta, el -junco, que á fuerza de existir adquiere una vida misteriosa como todos -los objetos, podrá ver arrecifes y escollos, desviándose de tales -peligros cual una bestia prudente.</p> - -<p>Siento inquietud y repulsión al imaginar la posibilidad de que una -aventura de mi viaje me hiciese navegar en estos buques extraordinarios, -pocas veces vistos en Shanghai y Hong-Kong. Los que conocen el país me -explican las especialidades de esta marina mercante armada de cañones -que navega por los recovecos del gran es<span class="pagenum"><a name="page_183" id="page_183">[Pg 183]</a></span>tuario y remonta los ríos -cientos de leguas hasta las ciudades del interior. Conservan estos -barcos su vieja artillería con pretexto de hacer frente á los piratas, -pero en realidad son contrabandistas y vienen á cargar el opio que les -proporcionan los mercaderes chinos de Macao. Algunas veces se oye desde -la ciudad el cañoneo que sostienen con otros juncos del gobierno -encargados de perseguir á los traficantes de la citada droga. El -belicoso estruendo, agrandado por la sonoridad de los canales, no causa -ninguna emoción en los vecinos de este puerto libre. La mercancía ya ha -sido vendida y cobrada. ¡Que los chinos peleen á su gusto!...</p> - -<p>Macao es una península semejante á Gibraltar, aunque su montaña tiene -menos altura. Un istmo la une al territorio del antiguo Imperio, y su -puerto era el mejor de todo el estuario antes de que los ingleses -fundasen á Hong-Kong, hace tres cuartos de siglo. En esta península se -ha ido extendiendo una ciudad de 80.000 habitantes, cifra extraordinaria -si se tiene en cuenta el espacio reducido de la colonia. El comercio ha -realizado tal milagro.</p> - -<p>En el siglo XVI dió el gobierno chino á los portugueses este territorio -de unos pocos kilómetros como recompensa por haber auxiliado con sus -buques á las autoridades de Cantón en lucha contra unos piratas que -pretendían apoderarse de dicha capital. Los holandeses intentaron -hacerse dueños de la nueva colonia, pero fueron menos afortunados que en -Ceylán, en Java y otras posesiones del Extremo Oriente arrebatadas por -ellos á los portugueses. El vecindario repelió sus asaltos, derrotando -finalmente á la flota holandesa.</p> - -<p>Llevó después Macao una existencia decadente, y en el siglo XIX su -guarnición sostuvo empeñados combates con los chinos, que pretendían -recobrar la península.<span class="pagenum"><a name="page_184" id="page_184">[Pg 184]</a></span> Ahora adquiere cada año mayor importancia, y -dentro de poco rivalizará con Hong-Kong, gracias á su nuevo puerto.</p> - -<p>El gobernador actual, doctor Rodrigo Rodrigues, es un médico que gozaba -de justo renombre en su patria antes de entrar en la vida política; un -republicano de los que combatieron desinteresadamente á la monarquía de -su país, y luego, al verse triunfantes, tuvieron que abandonar su -antigua profesión para servir á la joven República portuguesa.</p> - -<p>Durante las horas pasadas en Macao pude apreciar lo que mi amigo -Rodrigues lleva hecho en varios años de gobierno. Una recaudación de los -impuestos, bien administrada, ha dado lo suficiente para la construcción -de un puerto grandioso, en el que podrán fondear trasatlánticos de gran -tonelaje. Macao pasará rápidamente del tranquilo canal en que anclan -ahora escuadrillas de juncos dedicados al cabotaje y al contrabando, á -la vida tumultuosa de un puerto moderno, con toda clase de facilidades -para la descarga y el transporte; y este puerto atraerá á todos los -buques que no sean ingleses, por estar más cerca de Cantón que el de -Hong-Kong.</p> - -<p>Guiados por los ayudantes del gobernador, jóvenes de gran cultura -intelectual, vamos conociendo la ciudad, pintoresca mescolanza de -edificios chinos y caserones portugueses del siglo XVII. Una fachada de -piedra es lo único que resta de la antigua catedral de San Pablo y del -convento anexo, fundado por los jesuítas para descanso y preparación de -sus misioneros antes de que se lanzasen en el interior de la China. Este -templo se incendió en 1835, pero su enorme fachada se mantiene en pie, -con la piedra enrojecida por el sol más que por las llamas, y á través -de sus ventanales se ve el muro azul del cielo, que parece servirle de -apoyo.<span class="pagenum"><a name="page_185" id="page_185">[Pg 185]</a></span></p> - -<p>El castillo guarda recuerdos del ataque de los holandeses en el siglo -XVII. Vemos en su capilla una losa sin nombre que cubre los restos de -los defensores de Macao. Como dice el doctor Rodrigues, el culto al -soldado desconocido creado por la última guerra lo inventaron los -defensores de Macao hace más de doscientos años...</p> - -<p>En una explanada del castillo nos obsequian con un té abundante en -alfajores y otras pastelerías portuguesas, que recuerdan las de -Andalucía. ¡Panorama inolvidable!...</p> - -<p>Frente á nosotros, por la parte del istmo, se levanta una cordillera que -ocupa gran parte del horizonte: las montañas de Catay. Rodrigues y yo -recordamos á Marco Polo. El nombre de Catay lo aplicó el célebre viajero -á la China entera, y durante siglos el mundo cristiano dió el título de -unas montañas del Sur á todo el vasto Imperio gobernado por el Gran Kan.</p> - -<p>A nuestros pies extiende la ciudad la masa apretada de sus tejados, -obscuros como los de Europa. A trechos surgen de ellos techumbres -chinescas y remates de pagodas budistas. Muchas fachadas están pintadas -de rosa ó azul, colores tiernos que infunden una alegre juventud á las -construcciones vetustas.</p> - -<p>Más allá de la ciudad, islas y canales se repiten hasta el infinito, -como si la tierra entera fuese una sucesión de brazos acuáticos -abarcando cumbres emergidas. En estos canales de riberas altas, que -tienen una mitad longitudinal de su faja líquida negra como el ébano y -la otra mitad dorada por el sol, cabecean bajo la brisa de la tarde -docenas y docenas de juncos de velamen ganchudo, como el techo de las -pagodas. Todos ellos vienen hacia Macao ó regresan á puertos cuyos -nombres enrevesados sólo sus tripulantes pueden pronunciar. Tropieza la -vista con el lomo obscuro de una montaña, creyendo<span class="pagenum"><a name="page_186" id="page_186">[Pg 186]</a></span> que es el límite del -horizonte. Más allá de su línea oblicua hay algo que brilla como un -charco de metal en fusión. Es un nuevo canal del estuario, un estrecho -navegable por el que pasan otros juncos y sampanes empequeñecidos por la -distancia. Más allá una nueva montaña, que es otra isla; luego un -fragmento de canal, en tercer ó cuarto término; y nuevas tierras -insulares, hasta que todo este mundo sumergido y emergente se esfuma por -obra de la distancia, confundiéndose el azul de las montañas lejanas con -el azul de las aguas y del cielo.</p> - -<p>Visitamos al fin lo más interesante para nosotros, lo que nos trajo á -Macao con el atractivo de la devoción literaria. El gobernador nos -muestra el jardín donde está la gruta en cuyo interior meditaba y -escribía Camoens durante las horas calurosas de este país casi tropical. -Dicho jardín tiene un atractivo comparable al de los muebles que -empiezan á envejecer. En sus arriates y arboledas se mezclan la -melancolía de los antiguos huertos chinos y la majestad de los jardines -portugueses de Cintra. Vemos estatuas de mandarines que tienen la cabeza -y las manos de loza. El resto de su cuerpo está formado con plantas á -las que dieron forma humana los jardineros con sus tijeras.</p> - -<p>El retiro predilecto del poeta ha sido desfigurado y vulgarizado por una -admiración excesiva. La gruta no es más que un corredor entre grandes -piedras, ocupado ahora por el busto de Camoens. Todas las rocas próximas -desaparecen bajo lápidas que ostentan grabados fragmentos del autor de -<i>Os Lusiadas</i> ó versos de autores célebres que le glorifican. Tantas -placas de mármol dan á este lugar, que con razón puede llamarse poético, -un aspecto antipático de cementerio.</p> - -<p>Algunos vecinos de Macao, especialmente parejas jóvenes, vienen á -merendar en el histórico jardín, y al son<span class="pagenum"><a name="page_187" id="page_187">[Pg 187]</a></span> de un gramófono ó un -organillo bailan ante el busto coronado de laureles. No importa; es -fácil suprimir con la imaginación estas fealdades de la realidad y ver -el antiguo huerto tal como fué, con sus arboledas pendientes, su breve -gruta limpia de adornos, y meditando bajo la fresca arcada el hidalgo -portugués tuerto en la guerra, soldado heroico como el manco Cervantes, -y desterrado de Goa á uno de los lugares más lejanos de la monarquía -lusitana, dueña entonces de colonias en las dos costas de África, en el -mar de las Indias y en los archipiélagos situados más allá del estrecho -de Malaca.</p> - -<p>Al cerrar la noche abandonamos la calle principal de Macao, abundante en -bazares chinos, para correr las callejuelas adyacentes, que ofrecen á -dicha hora un aspecto interesante.</p> - -<p>Macao no goza fama de ser un lugar de virtudes, mas no por eso debe -considerársele peor que los otros puertos del Extremo Oriente. Se -diferencia de ellos en que los defectos de la vida china están aquí -reglamentados, y por ello más á la vista que en las demás ciudades. Esta -reglamentación sirve para que el viajero pueda verlos más directamente y -con mayor seguridad al hallarse todos ellos bajo la vigilancia de la -policía.</p> - -<p>La pequeña península de Macao, sin más tierra que la de sus paseos ni -otra industria que su puerto, sólo ha podido vivir imponiendo -contribuciones públicas á los vicios de la población china. Estos vicios -son inevitables. En Shanghai, en Hong-Kong, en todas las ciudades del -Extremo Oriente, existen en mayores proporciones y sus explotadores -pagan en secreto á las autoridades por su tolerancia, lo que sirve -únicamente para el aumento de la fortuna personal de éstas. En Macao -satisfacen un impuesto público, severamente administrado, y sus -productos no sirven para enriquecer á nin<span class="pagenum"><a name="page_188" id="page_188">[Pg 188]</a></span>gún funcionario, empleándose -por entero en grandes obras públicas, como la construcción del nuevo -puerto, que cambiará completamente la vida de la colonia.</p> - -<p>El gran vicio chino es el juego, y en Macao es libre. Algunos llaman á -este pequeño país el «Monte-Carlo del Extremo Oriente», y lo sería en -realidad si tuviese más próximas las grandes ciudades de Cantón y -Hong-Kong. El juego favorito de los chinos se llama el «Fan-tan».</p> - -<p>Entramos en una de las casas dedicadas á este vicio nacional. Hay tantas -de ellas que resulta difícil escoger. Todas tienen en sus fachadas -anuncios luminosos y rótulos chinescos en grandes bandas de tela -colgante. También se ven en las mismas calles fumaderos de opio con sus -lamparillas de luz fúnebre y sus duros lechos de asceta; pero ¿á quién -puede interesarle un fumadero de opio en esta ciudad que es el principal -depósito de dicho artículo?...</p> - -<p>Los portugueses de Macao no merecen las censuras hipócritas que les -dedican otras colonias europeas de Asia. Nunca ha impuesto Portugal á -cañonazos el consumo de la citada droga, como Inglaterra, que hizo en -1842 la llamada «guerra del opio». Los mercaderes de Macao la venden á -los buques que vienen á buscarla, y esta operación comercial proporciona -un ingreso al Tesoro público. Lo mismo la pueden encontrar los chinos en -otras colonias gobernadas por europeos, pero de un modo oculto, y lo que -entregan por hacer tal negocio lo guardan en su bolsillo particular las -autoridades.</p> - -<p>Resulta el juego del «Fan-tan» lento y de prolongada emoción, como al -chino le place que sean todas sus diversiones. La rapidez pugna con los -gustos de su vida. La enorme mesa de juego está en el piso bajo, y en -torno á ella se agrupan los «puntos» de clase ínfima, coolíes, marineros -y trabajadores del puerto.<span class="pagenum"><a name="page_189" id="page_189">[Pg 189]</a></span></p> - -<p>Subimos por una escalera bien iluminada al piso superior. El suelo está -perforado por una gran abertura oval, que da exactamente sobre la mesa -colocada en el piso bajo. En torno á su barandilla se sientan en -banquetas de hule los jugadores de más distinción. Ciertas casas tienen -una segunda y una tercera galería en sus pisos superiores, lo que -triplica ó cuadruplica el número de las personas que intervienen en el -juego. Asomados á cada baranda, unos empleados reciben el dinero de los -jugadores de su piso y lo bajan hasta la mesa en pequeños cestos -pendientes de cordeles, indicando con unas vocecitas que suenan como -chillidos de gato el número y la cantidad de las apuestas.</p> - -<p>Este público del primer piso resulta para mí de gran novedad. En ninguna -de las ciudades chinas había visto tales personajes. Me siento entre -algunos viejos con aire de mandarín venido á menos. Son letrados de -exquisitos modales que han perdido tal vez una carrera brillante por las -villanías propias del juego. A pesar de sus ojitos que no son más que -dos líneas negras entre párpados que parecen cosidos, de su faz amarilla -y arrugada y de sus bigotes colgantes, me recuerdan á muchos <i>gentlemen</i> -arruinados que conocí en Monte-Carlo.</p> - -<p>También puedo examinar aquí de cerca á las mujeres chinas en plena -libertad. Van vestidas con pantalones y blusas de rica seda azul; llevan -un flequillo de pelo sobre la abultada frente; en su pecho y sus muñecas -centellea la pedrería de abundantes joyas; fuman sin parar cigarrillos -con perfume de opio, sosteniendo entre dos dedos una larguísima boquilla -de carey; ponen una pierna sobre otra, saliéndoles del ancho pantalón -unas pantorrillas delgadas que no se armonizan con la anchura de su -rostro; ríen con cierta insolencia, murmurando palabras ininteligibles, -mientras examinan fijamente á las<span class="pagenum"><a name="page_190" id="page_190">[Pg 190]</a></span> señoras europeas que acaban de -entrar. Todas juegan sumas considerables, manejando el dinero con una -inconsciencia oriental. Las más de ellas son cocotas nacionales, -residentes en Hong-Kong y Cantón, y han venido á Macao para jugar al -«Fan-tan» con permiso de los opulentos comerciantes que las mantienen.</p> - -<p>La mesa está presidida por una especie de mandarín de barbas lacias y -blancas, que desarrolla con una lentitud majestuosa la marcha del juego. -Tiene á su lado un gran montón de <i>sapeques</i>, piezas metálicas con un -agujero en el centro. Agarra sin mirar un puñado de tales monedas y las -coloca bajo una maceta de hojalata vuelta boca abajo. El juego consiste -en levantar dicho receptáculo cuando todos, en los diversos pisos, han -hecho ya sus puestas, y con una varilla muy larga, para que no haya -sospecha de trampa, va separando los <i>sapeques</i> por grupos de á cuatro, -hasta que al final quedan unas piezas sueltas, que pueden ser cuatro, -tres, dos ó una, números á los que arriesgan su dinero los jugadores.</p> - -<p>Esta separación de cuatro en cuatro la va haciendo con una lentitud -desesperante, pues así le gusta al público. El chino no conoce el valor -de las horas. Además, no hay miedo de que se cierre el establecimiento. -Las casas del «Fan-tan» carecen de puertas y las partidas se suceden día -y noche, renovándose el personal de la mesa. Hay «puntos» que se hacen -traer la comida de un figón inmediato, duermen sobre la banqueta de hule -cuando les rinde el sueño y no salen de la timba en varias semanas, -mientras les queda un peso mejicano.</p> - -<p>Algunos de estos jugadores dan pruebas de una visualidad maravillosa. -Apenas el venerable personaje levanta el vaso y empieza á contar las -piezas, adivinan desde el piso superior con una mirada de águila -cuántas<span class="pagenum"><a name="page_191" id="page_191">[Pg 191]</a></span> quedan en el confuso y enorme montón, anunciando por anticipado -el número ganancioso.</p> - -<p>Mientras las señoras vuelven al palacio del gobernador, donde nos espera -un gran banquete, corro yo con uno de sus ayudantes, el teniente de -navío Sebastián Da Costa, notable escritor portugués, á conocer otra de -las singularidades del viejo Macao, la llamada «rua da Felicidade». Esta -calle de la Felicidad resulta semejante por su tráfico á las que existen -en todos los puertos de mar, pero aquí ofrece el interés de ser -únicamente chinos los que la frecuentan, empujados por el acuciamiento -de la lascivia.</p> - -<p>Se compone de casas estrechas, cuyo piso bajo ocupa enteramente la -puerta. A través de su abertura se ve una especie de zaguán con el -arranque de la escalera que conduce á las habitaciones superiores, y -algunos asientos chinescos, ocupados por las dueñas y sus amigas. Son -mujeronas de cabeza voluminosa, miembros delgados y grueso tronco, con -una nariz tan aplastada que apenas si resulta visible cuando sitúan de -perfil su ancho rostro, amarillo como la cera. Estas hembras maduras, -retiradas de las peleas sexuales, fuman gruesos cigarros mientras -conversan lentamente. Otras se peinan entre ellas á la luz de una -lámpara colocada ante sus ídolos predilectos.</p> - -<p>Las pensionistas de dichas casas juegan en medio de la calle, como un -colegio en asueto. Verdaderamente es la función que les corresponde, á -juzgar por sus pocos años. Todas ellas son chinitas apenas entradas en -la pubertad. Se persiguen como gatas traviesas, dando maullidos de -regocijo. Algunas se acercan á nosotros después de colocarse ante el -menudo rostro una careta de gesto monstruoso, una máscara espantable de -dragón ó de genio, como únicamente saben imaginarlas los artis<span class="pagenum"><a name="page_192" id="page_192">[Pg 192]</a></span>tas -chinos, y las pobrecitas rugen para infundirnos pavor, riendo á -continuación de su travesura.</p> - -<p>Nos fijamos en los diversos altares de las casas. Todos ellos guardan -bajo marco imágenes de papel doradas y multicolores: dioses ó diosas de -las Aguas, del Viento, de la Felicidad, etc. En algunas de dichas -viviendas las huéspedas no tienen dinero para adquirir divinidades -protectoras, mas no por eso carecen de altar. Han colocado en la pared, -bajo doseles de colores, un anuncio de la Compañía Trasatlántica -Japonesa, con un vapor de cuatro chimeneas y un mar de grandes olas, y -le encienden todas las noches su lámpara, lo mismo que en las casas -vecinas. Tales improvisaciones no asombran á ningún chino.</p> - -<p>Volvemos á atravesar la gran calle de Macao, que tiene en las primeras -horas de la noche un aspecto de capital de provincia. Pasean por sus -aceras numerosos sacerdotes y oficiales vestidos de paisano; jóvenes de -una elegancia marcial, con gran fieltro á lo mosquetero y chaleco -blanco.</p> - -<p>Nos obsequia el gobernador Rodrigues con una magnífica comida en su -palacio. Admiro los salones de esta residencia, que no es vieja pero -empieza á adquirir el encanto de lo antiguo. Muchos de sus muebles -proceden de Cantón y tienen más de un siglo. En los rincones hay grandes -ánforas de porcelana multicolor, como las fabricaban los chinos en otros -tiempos.</p> - -<p>Con el deseo de que viésemos Macao detenidamente, no ha querido el -doctor Rodrigues dejarnos partir á media tarde en el vapor de Hong-Kong. -Por miedo á los asaltos de los piratas, este vapor emprende su regreso -poco después de su llegada, para que no le sorprenda la noche en el -camino. Las aguas portuguesas son las más seguras. El vigía del castillo -de Macao sigue durante<span class="pagenum"><a name="page_193" id="page_193">[Pg 193]</a></span> dos horas la marcha de los buques por el enorme -espacio de mar abierto ante la ciudad, y puede dar aviso á los cañoneros -portugueses si nota algo extraordinario. Lo peligroso es el dédalo de -canales é islas inmediato á Hong-Kong, y el vapor-correo procura pasarlo -antes que se oculte el sol.</p> - -<p>Nosotros saldremos de aquí después del banquete. Un remolcador del -puerto se encargará de llevarnos á Hong-Kong. Hasta las once de la noche -estamos en la grata compañía del gobernador, su esposa é hijas y las -familias de sus ayudantes. Nos vemos tratados con la proverbial cortesía -de los hidalgos portugueses. Algunas damas cantan <i>fados</i> y romanzas -sentimentales de la patria lejana. Cuando cesa la música hablamos de lo -que fueron los navegantes portugueses y españoles dentro de la historia -del progreso humano.</p> - -<p>Salimos para Hong-Kong en el pequeño vapor. Va tripulado por media -docena de marineros que son chinos de Macao. Su patrón parece ser el -único portugués, pero acabo por creerle también mestizo, nacido en la -colonia. Todos ellos se entienden en lengua china para sus maniobras.</p> - -<p>El barco tiene en la proa un cañoncito de tiro rápido cuidadosamente -enfundado, á causa de la humedad atmosférica. Creo además que los -tripulantes llevan algunas carabinas... pero ¡vamos encontrando en -nuestro camino tantos juncos! Pasamos al lado de buques que resultan -enormes si se les compara con nuestra pequeñez, y de su interior puede -desplomarse repentinamente sobre esta cubierta una cascada de diablos -amarillos y medio desnudos, que se apoderarían del barquito antes de que -nadie pudiese desenfundar el cañón ni tocar una carabina.</p> - -<p>Pienso que si los tripulantes de algunos de los jun<span class="pagenum"><a name="page_194" id="page_194">[Pg 194]</a></span>cos de comercio -supiesen quién viene en este pequeño buque se sentirían inclinados á -intentar una aventura capaz de enriquecerlos. Por suerte, para todos los -navíos de forma arcaica y su marinería vagabunda que sólo se muestra -honesta cuando ve próximos los golpes, nuestra embarcación no es más que -un cañonero de Macao que se dirige á Hong-Kong en plena noche por un -asunto del servicio.</p> - -<p>Sospechas ó inquietudes van desapareciendo según avanza nuestra -navegación sobre las aguas del estuario. El misterio de la noche nos -penetra y nos avasalla. Queremos gozar la belleza de la hora presente, -que tal vez no volveremos á conocer nunca en lo que nos resta de vivir.</p> - -<p>Si me preguntan cuál es la sensación más honda y duradera de mi viaje -alrededor del mundo, tal vez afirme que el viaje de Macao á Hong-Kong, -sobre un mar dormido como una laguna, bajo la cúpula de una noche -esplendorosa, con el incentivo de marchar en el misterio, costeando -peligros y casi al ras de las aguas. El mar es muy distinto cuando se -navega por él pudiendo tocarlo con la mano á como se ve desde la última -cubierta de un trasatlántico, alta como la plataforma de una torre.</p> - -<p>Ha surgido la luna sobre el lomo obscuro de una de tantas islas. Es -simplemente un cuarto creciente, pero la vagorosa luz traza un ancho -camino de lácteo resplandor sobre la llanura lóbrega moteada de rojo por -las lucecitas de los juncos. Las estrellas son tantas en este cielo -tibio, que al levantar la cabeza para verlas, parpadean los ojos cual si -lloviese sobre ellos polvo de luz. Detrás de la popa huye el camino -lunar, ondeado por el cabrilleo de las aguas. Este camino forma un -triángulo. Se estrecha hasta unir sus dos bordes en el límite del -horizonte y sobre este vértice asoma á intervalos un dia<span class="pagenum"><a name="page_195" id="page_195">[Pg 195]</a></span>mante rojo que -lanza contados centelleos, siempre los mismos, y vuelve á ocultarse en -momentáneo eclipse: el faro de Macao.</p> - -<p>Ofrece la proa un espectáculo más extraordinario al deslizarse por sus -dos flancos el agua partida en espumas.</p> - -<p>¡Las fosforescencias del mar chino!... En noches anteriores, al pasar la -bahía de Hong-Kong sobre los vaporcitos que van y vienen entre la ciudad -y la península de enfrente, llamó mi atención un resplandor verde de las -aguas próximas. Creí al principio en un reflejo de la luz de posición, -situada en el puente, y que corresponde al lado de estribor. Pero al ver -que en el costado opuesto no existía ninguna luz roja y las aguas -seguían brillando con la misma luminosidad verde, me di cuenta de que -era un reflejo fosforescente como no lo había visto nunca en otros -mares.</p> - -<p>Ahora, al regresar de Macao, considero casi insignificante la -luminosidad extraordinaria de la bahía de Hong-Kong. Aquí, en pleno -estuario, donde el agua tranquila de los canales es una mezcla de la -salinidad de las mareas oceánicas y los aportes dulces del río Perla, -cargados de vida animal, la fosforescencia resulta algo inaudito, algo -que nunca pude concebir que existiese.</p> - -<p>Brillan junto al buque, durante largos espacios de tiempo, las aguas que -nos rodean, con una luminosidad igual á la de Hong-Kong. Es el mismo -espejismo de ojos felinos que he visto tantas noches en mis travesías á -América... De pronto ocurren mudas explosiones de luz á flor de agua, -como si la proa, al avanzar, fuese rompiendo focos eléctricos. Parece -que en el seno del estuario se alumbren de pronto innumerables tubos de -mercurio, que revienten grandes bolsas luminosas, esparciendo un -resplandor verde semejante al de los teatros y<span class="pagenum"><a name="page_196" id="page_196">[Pg 196]</a></span> los <i>cabarets</i> de última -moda; y el buque entero queda envuelto por unos segundos en una aurora -inverosímil que parece de otro planeta.</p> - -<p>Sentados en la proa unos junto á otros, viajamos á través de la -obscuridad sin poder vernos, y de repente nos contemplamos de cabeza á -pies, con un color de exhalación eléctrica que en el primer momento nos -hace inconocibles.</p> - -<p>Menospreciamos el abrigo del único camarote del barco para no perder -este espectáculo ultraterreno, y seguimos en la cubierta, con las ropas -chorreando humedad, temblorosos de frío, mientras vamos pasando entre -islas de una temperatura tropical. Esperamos un nuevo reventón de -resplandores mágicos en el seno de las aguas.</p> - -<p>Queremos ver una vez más, bajo esta luz de misteriosa apoteosis, el -deslizamiento de los peces despertados por nuestra proa, negros y -elípticos como manchas prolongadas de tinta china.<span class="pagenum"><a name="page_197" id="page_197">[Pg 197]</a></span></p> - -<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV<br /><br /> -EL PUEBLO FILIPINO</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">La bahía de Manila.—Obsequios de filipinos y españoles.—Limpieza -y elegancia de la ciudad.—El traje gracioso y señorial de las -mujeres.—Los jardines.—Las escuelas y su profesorado -filipino.—Generosidad del gobierno americano para el sostenimiento -de la enseñanza.—Ansia del filipino por instruirse.—La -colonización española.—Su trabajo fundamental, penoso y mal -conocido.—Filipinas desea ser independiente.—Suavidad del régimen -americano.—Autonomía dada por Wilson.—Palabras de un tribuno -filipino.—El gobernador Wood.—Lo que dicen unos y otros.—Mi -opinión particular.</p></div> - -<p>Dos días después, á la salida del sol, cruza el <i>Franconia</i> un estrecho -entre la tierra firme y la llamada isla del Corregidor.</p> - -<p>Se extiende ante nuestra proa un mar tranquilo, luminoso, como los lagos -cantados en odas y romanzas. Parece no tener límites, lo mismo que el -Océano, á causa de la neblina sutil que cubre el horizonte con sus -telones de gasas doradas. Es la famosa bahía de Manila.</p> - -<p>Navegamos por ella mucho tiempo, viendo las blancuras de Cavite á -nuestra derecha. Enfrente van asomando, poco á poco, sobre la llanura -azul, los nuevos muelles de Manila, las techumbres de sus almacenes, las -arboledas de sus jardines y el caserío albo, amari<span class="pagenum"><a name="page_198" id="page_198">[Pg 198]</a></span>llo y rosa, sobre -cuyos tejados se remontan las torres de las iglesias.</p> - -<p>Ha quedado en mi memoria la capital de Filipinas como algo que vive -aparte de todas las sensaciones aglomeradas durante mi viaje. Sólo -permanecí en ella un par de días no completos y una noche, pero estas -docenas de horas valen como si fuesen meses; tantos fueron los nuevos -amigos que adquirí en dicho espacio de tiempo, las ideas que recibí de -ellos, las manifestaciones afectuosas de que me vi objeto.</p> - -<p>Únicamente pude ver Manila, y aunque es ciudad hermosa, merecedora de -gran interés, su conocimiento no autoriza para poder hablar del -archipiélago filipino. Éste es casi un mundo; tiene más de doce millones -de habitantes y consta de 3.000 islas entre grandes y pequeñas, según me -afirman los que lo han explorado con detención.</p> - -<p>Deseo volver sin prisa á este país, donde se mezclan en el momento -presente tres siglos de civilización española, el aporte continuo de los -Estados Unidos, nación la más progresiva de nuestros tiempos, y las -influencias que envían diversos pueblos de la tierra por encima del -Océano, como esos polen de larga fecundación capaces de reproducir -vegetaciones exóticas á distancias enormes. Siento interés por estudiar -y describir detenidamente la vida de esta antigua colonia española, que -es hoy un Estado autónomo y aspira con fe inquebrantable á convertirse -en una República independiente. Mas por ahora tendré que limitarme á -contar lo que vi, expresándolo con un juicio sereno, libre de -sugestiones.</p> - -<p>Enumeraré con brevedad los honores que filipinos, españoles y -norteamericanos residentes en el archipiélago me dispensaron durante mi -breve permanencia en Manila. En los salones del Casino Español fuí -obsequiado<span class="pagenum"><a name="page_199" id="page_199">[Pg 199]</a></span> con un banquete de más de trescientos cubiertos, al que -asistieron las primeras autoridades americanas y todos los individuos de -la Asamblea filipina, senadores y representantes. En la misma noche di -una conferencia en el teatro, y al día siguiente, otra de carácter -literario en la Escuela Normal. El Senado de Filipinas me recibió en -sesión solemne, con asistencia además de los diputados que forman la -Cámara de representantes, concediéndome el alto honor de ocupar un -asiento al lado de su presidente, y éste me saludó con las más -satisfactorias expresiones que puede recibir un escritor amigo de la -libertad. Finalmente, el general Wood, gobernador de Filipinas, me dió -un almuerzo en su palacio de Malacañang, antigua residencia de los -capitanes generales españoles.</p> - -<p>Al anclar el <i>Franconia</i>, vi cerca de él á un vapor de la Trasatlántica -Española, el <i>Isla de Panay</i>, completamente empavesado, con aspecto de -gala. Creí que era este adorno por alguna festividad nacional. Luego -experimenté una de las mayores emociones de mi vida al saber que las -banderas y los gritos de la tripulación asomada á las bordas eran para -saludar mi llegada. Antes de dirigirme á la ciudad subí al <i>Isla de -Panay</i>, deseoso de responder á este saludo espontáneo. Bebí una copa de -champaña con el capitán y los oficiales, recibiendo los abrazos de la -marinería, que mostraba un gozo sincero al encontrarse con un español -conocido de todos ellos tan lejos de la madre patria.</p> - -<p>Uno de los más afectuosos en sus manifestaciones fué el capellán del -<i>Isla de Panay</i>. Durante mi permanencia en Manila se mostraron -igualmente efusivos conmigo numerosos frailes españoles que asistieron á -mis dos conferencias; unos, profesores de la Universidad Católica de -Manila; otros, aficionados a las lecturas literarias. Estando á tres mil -leguas de la patria parecen empequeñe<span class="pagenum"><a name="page_200" id="page_200">[Pg 200]</a></span>cerse nuestras particulares -apreciaciones sobre los misterios que rodean la vida, y nos atrae con -repentino sentimiento de fraternidad la condición común de españoles.</p> - -<p>Mi primera impresión al visitar Manila fué igual á la del que entra en -una casa pulcra y clara, después de haber atravesado varias calles -rebullentes de muchedumbre, luminosas, pero sucias. Creo que todos los -que lleguen á Filipinas, después de viajar por la China y otros países -del Extremo Oriente, experimentarán la misma impresión.</p> - -<p>Tiene Manila un aire de estabilidad, de solidez y señorío, que contrasta -con el aspecto ligero y provisional de las ciudades del Extremo Oriente, -hechas de madera y tejidos de bambú. Los edificios, aunque de poca -elevación, son fuertes; los templos y los baluartes de la gran muralla, -estilo Vauban, construída por los españoles, dan á Manila una respetable -antigüedad. Hasta las cabañas, hechas sobre pilotes y con tejidos -vegetales, que sirven de vivienda al pueblo en los suburbios, están -alineadas con un método que parece revelar la cohesión de este país. -Digámoslo de una vez. Filipinas tiene un pasado histórico—el de su -infancia—, y quiere llegar á la completa virilidad sin perder su -fisonomía propia.</p> - -<p>La limpieza de Manila se refleja en sus habitantes. De todas las -capitales de Asia, incluyendo las mejores colonias de origen europeo, es -Manila la ciudad más pulcra y elegante. Las mujeres van vestidas con el -traje nacional, que sorprende por su gracia y su distinción á las -viajeras de gustos más refinados. Todas llevan una falda de cola larga, -como si fuesen á entrar en un baile solemne, y se la recogen con gracia -señorial. Sobre esta falda de seda, que es de diverso color, según el -gusto de quien la usa, llevan todas ellas un corpiño hecho de encajes -filipinos, célebres por su artística sutili<span class="pagenum"><a name="page_201" id="page_201">[Pg 201]</a></span>dad. La gorguera del escote -y unas puntas sobre los hombros parecen de lejos los extremos de unas -alas plegadas, dando á las filipinas cierto aspecto de mariposas, como -si fuesen á abrir de pronto unos brazos voladores, elevándose sobre el -suelo.</p> - -<p>Los hombres son igualmente de una elegancia que puede llamarse tropical. -Nunca he visto muchedumbres tan blancas é inmaculadas. El calor hace -sudar copiosamente, pero los filipinos cambian varias veces de traje -durante el día, y es imposible sorprender en ellos la más leve mancha.</p> - -<p>Mientras daba mi conferencia en la Escuela Normal, no pude menos de -admirar el hermoso golpe de vista que ofrecía un público de dos mil -hombres, todos vestidos de blanco, con corbata negra. Dentro de él se -destacaban lo mismo que arriates floridos los colores violeta, rosa ó -azul celeste de los grupos de damas llevando el traje nacional.</p> - -<p>Al aspecto limpio de esta ciudad y á la elegancia de sus habitantes hay -que añadir la hermosura de su flora. En los jardines se ven árboles de -extrañas formas para los ojos europeos, cuyos nombres no tengo tiempo de -conocer. En los alrededores de Manila corre el automóvil á través de -campos sobre los que yerguen su aéreo surtidor de verdes plumajes -innumerables especies de palmeras. Atravesamos un jardín con unos -arbustos grandes como árboles y flores enormes de un rojo mágico, que -recuerdan el jardín encantado de Klingser en la leyenda wagneriana de -Parsifal. Algunos pasos más allá empiezo á ver tumbas entre esta -vegetación maravillosa, y me entero de que marchamos por un cementerio. -Creo que en ninguna parte de la tierra la fealdad de la muerte ha -logrado ocultarse bajo una envoltura tan seductora.<span class="pagenum"><a name="page_202" id="page_202">[Pg 202]</a></span></p> - -<p>En la mesa, á la hora de los postres, es cuando se aprecia mejor la -dulce fecundidad de este suelo paradisíaco, saboreando frutos que -existen indudablemente en otros países tropicales, pero en ninguno de -ellos llegan á adquirir la sabrosa madurez que en Filipinas.</p> - -<p>De todo cuanto me muestran en Manila lo más extraordinario son las -escuelas. Yo he viajado por la mayor parte de los Estados Unidos y -conozco el enorme desarrollo de su enseñanza pública. Por eso puedo -afirmar que las escuelas de filipinas son superiores á las de muchos -Estados de la gran República. Hay que añadir que su profesorado, tanto -masculino como femenino, está compuesto de hijos del archipiélago. Pude -conversar en varias escuelas con maestros y maestras. Ellos son unos -<i>gentlemen</i> pulcramente vestidos con el traje de ceremonia del país, -<i>smoking</i> blanco y corbata negra. Ellas llevan la falda de seda y el -corpiño de gasa, pues por nacionalismo consideran oportuno dar sus -lecciones vistiendo á la filipina.</p> - -<p>Todos revelan en su conversación una gran cultura, un continuo estudio, -un ansia insaciable de saber. Esto último es lo que caracteriza á los -filipinos modernos. Maestros y discípulos desean siempre saber más; -sienten una verdadera hambre de conocimientos y prestan una atención -concentrada á toda novedad intelectual que les sorprende.</p> - -<p>Las escuelas son muy grandes. El miedo á los temblores de tierra no -permite elevar los edificios, pero éstos compensan la escasez de pisos -superiores con la ocupación de vastos terrenos. A pesar de su amplitud -casi resultan estrechas, tanta es la población escolar que viene á -ocuparlas todas las mañanas. Los niños acuden gozosos á estos edificios, -como si fuesen lugares de placer infantil, tan atractiva y dulce resulta -en ellos la en<span class="pagenum"><a name="page_203" id="page_203">[Pg 203]</a></span>señanza. Llama inmediatamente la atención el gesto -reflexivo con que escuchan á sus maestros, la ansiedad que muestran por -no perder una palabra de sus explicaciones.</p> - -<p>También es admirable la agilidad de sus manos al realizar en horas de -descanso algunas labores de tejido artístico. Esta ligereza manual es -una condición asiática. Ningún niño de los Estados Unidos ni de Europa -podría fabricar los cestos festoneados, las cajas redondas de colores -que tejen con el mayor desembarazo niños y niñas de ocho á diez años en -las escuelas de Manila.</p> - -<p>Una visita á dichas escuelas sirve para adquirir la convicción de que -éste es un pueblo de gran inteligencia nativa y no menos facilidad para -aprender cuanto se le enseñe. Gracias á sus condiciones naturales no -perderá nunca su personalidad propia, resistiéndose á cuantas -influencias extrañas intenten arrebatársela.</p> - -<p>Sería injusto olvidar que el ensanchamiento de la escuela en Filipinas y -la esplendidez con que se atiende á las necesidades de su enseñanza es -un resultado de la influencia de los Estados Unidos. Todos los -gobernadores americanos se han preocupado especialmente de la -instrucción pública. Con ello satisfacen el anhelo más ferviente del -pueblo filipino, deseoso de aprender, siguen al mismo tiempo la -tradición de los Estados Unidos, que siempre consideraron la enseñanza -como la primera función pública, y realizan un trabajo lento de -conquista espiritual, del que hablaré más adelante, y al que confían el -éxito definitivo de su dominación.</p> - -<p>Igualmente sería enorme injusticia negar ú olvidar que España, durante -su época colonial, ilustró á este país como podía hacerse entonces. Tres -siglos de civilización española han quedado para siempre en la historia -de Filipinas, con las torpezas y errores propios de<span class="pagenum"><a name="page_204" id="page_204">[Pg 204]</a></span> otros tiempos, pero -igualmente con todos sus adelantos espirituales. El cristianismo de los -filipinos es obra de los sacerdotes españoles. Ellos enseñaron á leer á -las masas indígenas. Las autoridades enviadas por la metrópoli lejana -fueron estableciendo aquí todos los progresos del resto del mundo, -teniendo que luchar para ello con las distancias, considerablemente más -grandes en aquella época de navegación á vela, cuando aún existía -intacta la muralla arenosa del istmo de Suez.</p> - -<p>Sin la colonización española el filipino habría llegado á los tiempos -modernos en un estado de cultura embrionaria y paralizada, semejante al -de las tribus que todavía existen en muchos archipiélagos vecinos ó como -el de los pueblos mahometanos que tantas veces constituyeron un peligro -para Manila con sus piraterías.</p> - -<p>A España le correspondió aquí el mismo trabajo que en las repúblicas -americanas que hablan su lengua. Echó los cimientos del edificio, lo más -pesado y menos agradecido, lo que exige mayores esfuerzos y queda oculto -á las miradas superficiales. Ella tuvo que luchar con la primitiva -barbarie, estableciendo las bases fundamentales de la civilización. -Luego llegan los pueblos modernos, los últimos que triunfaron, y al -encontrarse con la sólida y ruda obra sin terminar, se encargan de los -adornos de su fachada, columnas, capiteles, cornisas, todo lo que supone -refinamiento y atrae la admiración frívola del curioso; pero las paredes -maestras, los fundamentos ocultos bajo el suelo, son obra del albañil, -que sudó y se esforzó más que nadie, para ver finalmente su trabajo -olvidado ó menospreciado.</p> - -<p>Por suerte, este olvido no puede durar siempre. Un edificio, para -remontarse, necesita reforzar sus cimientos; y á causa de esto todos los -pueblos civilizados en otros siglos por España, si quieren hacerse más -grandes,<span class="pagenum"><a name="page_205" id="page_205">[Pg 205]</a></span> tendrán que ahondar en su base, y al hacerlo encontrarán las -virtudes del primer constructor: la paciencia y la fe de España.</p> - -<p>Nuestro país, que tantos errores cometió de carácter rudamente paternal -al extender su civilización sobre la mayor parte del planeta, dió -muestra al mismo tiempo de una virtud que no abunda en los dominadores -coloniales. Allá donde fué el español se unió con la mujer de la tierra, -constituyendo una familia. Entiéndase bien esto. Muchos colonizadores de -otras razas se unen también con la mujer del país, pero es tomándola por -concubina, y huyen luego, dejándola el presente abrumador de varios -bastardos. El español, por influencia cristiana ó por una predisposición -á igualarse con los indígenas, se casó en las colonias; mezcló su sangre -con la de los naturales, creó una familia legal, y en todas partes son -sus nobles y legítimos descendientes los mestizos que ostentan sus -apellidos.</p> - -<p>Los hombres no viven únicamente de pan. Una metrópoli poderosa se engaña -si cree que dando á sus colonias los adelantos materiales se lo ha dado -todo. El hombre necesita el alimento moral de la consideración; y los -españoles, que en el terreno político fueron siempre poco propensos á la -igualdad, la practicaron como nadie en la vida moral y en la familia, -emparentando con los del país sin mantenerse en orgulloso aislamiento, -como lo hacen otros pueblos dominadores.</p> - -<p>Durante mi visita á Manila encuentro á los filipinos en una gran -efervescencia política. Debo hablar de ella, pues el motivo de dicha -agitación es hondo y permanente. Tengo la certeza de que va á repetirse -durante años y años de un modo pacífico, y sólo tendrá término cuando se -realicen los deseos de todos. El pueblo filipino quiere ser -independiente.<span class="pagenum"><a name="page_206" id="page_206">[Pg 206]</a></span> Antes de seguir adelante necesito hacer una aclaración. -Siento desde hace muchos años honda simpatía por los Estados Unidos de -América. Para mí, el régimen menos imperfecto, dentro de la imperfección -humana, es la República federal, tal como ellos la establecieron. Además -considero al pueblo norteamericano como la más ordenada y consciente de -todas las democracias que han existido en la Historia. Al mismo tiempo -me inspira un afecto fraternal el pueblo filipino. Después de mi paso -por Manila, admiro su fe y su tenacidad para conseguir una existencia -independiente, y deseo que obtenga todo lo que pueda favorecer su -bienestar y su progreso.</p> - -<p>Encontrándome entre estos dos afectos que en ciertos puntos resultan -contradictorios, voy á mencionar con fría imparcialidad lo que dicen -unos y otros.</p> - -<p>Se sublevó el pueblo filipino contra la dominación española -considerando, como todas las repúblicas hoy florecientes de América, que -era ya bastante crecido para marchar por sí solo. Procedió como los -hijos que por ley natural abandonan la casa paterna. Cuando los -acorazados de los Estados Unidos desembarcaron sus tropas en Cavite -existían una República filipina y un ejército filipino. Los Estados -Unidos les ayudaron en su guerra contra la monarquía española, y... -todavía no han abandonado el país.</p> - -<p>La gran República americana no es un Imperio de rapiña, una nación sin -más ley que la fuerza, de esas que proceden en el curso de la Historia -lo mismo que un bandido actúa en una carretera, apoderándose de la -hacienda de los débiles porque son débiles. Muy al contrario, la -historia de esta gran democracia abunda en esfuerzos y hazañas á favor -de la libertad de los pueblos y la independencia de los humildes. Dicha -historia habrá<span class="pagenum"><a name="page_207" id="page_207">[Pg 207]</a></span> tenido eclipses, como la de todas las naciones; pero es -indiscutible que los Estados Unidos arrostraron el peligro de morir -despedazados y sostuvieron la más terrible de las guerras por suprimir -la esclavitud de los negros, y hace pocos años vinieron -desinteresadamente á batirse en Europa, llamando á su cruzada generosa -«la guerra por la libertad del mundo».</p> - -<p>El gobierno de Wáshington envió sus tropas á Filipinas para ayudar á los -naturales en su guerra contra la metrópoli y para proteger su -constitución futura de pueblo libre. A nadie se le puede ocurrir que la -generosa democracia americana hiciese tal intervención para apoderarse -simplemente de Filipinas y quedarse con el archipiélago, basándose en el -bandidesco principio de que el más fuerte puede apoderarse sin -escrúpulos de lo que pertenece á otros, aunque ellos no quieran. Esta -política cínica fué la del Imperio alemán, y levantó contra ella la -opinión de todo el mundo. Para seguir tan inmorales principios de -derecho no valía la pena destronar á Guillermo II.</p> - -<p>Apresurémonos á decir que los Estados Unidos jamás han manifestado de un -modo preciso su voluntad de quedarse «para siempre» con Filipinas. Por -el contrario, muchos de sus gobernantes y sus directores de opinión han -reconocido á los filipinos la legitimidad de sus deseos en pro de la -independencia. Lo único que discuten es la oportunidad de tal -independencia, las condiciones actuales del archipiélago filipino para -disfrutarla, creyendo que aún no ha llegado el momento de que este país, -que tiene gran parte de su territorio en los albores de la civilización, -pueda llevar la existencia de un pueblo libre y sin tutela.</p> - -<p>Hay que añadir lealmente que el régimen dulce y tolerante seguido aquí -por los Estados Unidos no se<span class="pagenum"><a name="page_208" id="page_208">[Pg 208]</a></span> parece á la actitud que observan otras -naciones en los territorios que dominan. Después de la ocupación -militar, el gobierno de Wáshington dió al archipiélago un régimen -puramente civil, y en tiempo del presidente Wilson, este régimen, cada -vez más suave y transigente con los filipinos, se convirtió en una -verdadera autonomía. Hoy Filipinas tiene una Asamblea legislativa, -compuesta de un Senado y una Cámara de representantes, con ministros -hijos del país que trabajan á las órdenes del gobernador general, quien -es depositario absoluto del Poder ejecutivo. Pero con frecuencia surgen -conflictos entre estos dos poderes, y los legisladores se colocan en -actitud de protesta ante el gobernador enviado de Wáshington.</p> - -<p>Un filipino ilustre, el gran orador Manuel Quezón, presidente actual del -Senado, expresó el verdadero sentimiento de su pueblo al decir en uno de -sus discursos: «No importa que sea suave el yugo de un poder extranjero; -no importa que pese ligeramente sobre los hombros; si no está impuesto -por la voz de su propia nación, el hombre no quiere, no puede ni cree -ser feliz bajo tal peso.»</p> - -<p>Todo el pueblo filipino piensa del mismo modo con rara unanimidad. -Reconoce los beneficios de la dominación americana, agradece los -esfuerzos hechos por ella para difundir la enseñanza, las obras públicas -que lleva realizadas, la conducta benévola de las autoridades -extranjeras en muchos asuntos... pero quiere la independencia.</p> - -<p>Algunos filipinos conservadores intentaron crear partidos transigentes, -poniéndose de acuerdo con las autoridades americanas; pero fracasaron -por completo, faltos de apoyo popular. La Asamblea filipina, aunque -compuesta de diversos grupos políticos, es en absoluto<span class="pagenum"><a name="page_209" id="page_209">[Pg 209]</a></span> partidaria de la -independencia, pues todos sus individuos comulgan en el mismo ideal. -Cuando se realizan nuevas elecciones, únicamente triunfan los candidatos -nacionalistas, que son los sostenedores de la independencia del -archipiélago.</p> - -<p>A los filipinos eminentes que trabajaron y murieron por la liberación de -su país han sucedido otros muy jóvenes, que luchan con no menos -entusiasmo, dentro de una política pacífica.</p> - -<p>Pueden contarse á docenas los hombres notables de este movimiento. -Sergio Osmeña, talento organizador, sabe razonar con una lógica -avasalladora; Manuel Quezón, orador brillante, es el gran propagandista -del nacionalismo. Para servir mejor á su patria aprendió el inglés, de -tal modo, que puede pronunciar discursos en dicha lengua, y varias veces -ha hablado en Wáshington ante los representantes del gobierno y en otras -ciudades de los Estados Unidos, defendiendo la independencia filipina.</p> - -<p>Es asombroso el espíritu liberal de la Constitución del pueblo -americano, respetuosa para el pensamiento y su emisión como la de ningún -otro país. Al amparo de ella los filipinos pueden abogar por su -independencia y arbitrar toda clase de medios y recursos para -conseguirla. Durante el gran banquete dado en mi honor por el Casino -Español estuvieron sentados cerca de mí, en la mesa presidencial, varios -almirantes y generales de los Estados Unidos que ejercen autoridad en -Manila. Estos militares de la más verdadera de las Repúblicas escucharon -con calma y respeto los razonados discursos de varios oradores filipinos -proclamando la necesidad de independencia que siente su patria y su -voluntad firmísima de trabajar por ella.</p> - -<p>También son ardientes propagandistas el incansable<span class="pagenum"><a name="page_210" id="page_210">[Pg 210]</a></span> Teodoro Kalaw, -presidente del Comité «Por la Independencia»; el enérgico senador -Alegre, que hizo sus estudios en España, y tantos otros que desisto de -nombrar, pues su mención resultaría larguísima.</p> - -<p>El general Wood, actual gobernador de Filipinas y hombre de sólida -inteligencia, tiene un espíritu civil á pesar de su profesión de -soldado. Habla el español con facilidad, pues lo aprendió en su -juventud, y luego ha viajado mucho por la América de nuestra lengua y -por España. Le conozco desde que fué candidato en 1920 á la presidencia -de los Estados Unidos, y, como ya dije antes, me obsequió con un -almuerzo en su palacio, cuyos salones conservan aún los retratos de los -antiguos capitanes generales españoles. Sobre la puerta del palacio de -Malacañang queda también un gran escudo de España. Los gobernadores -americanos se han limitado á ensanchar el palacio, sin tocar un cuadro -ni un mueble de la antigua casa del gobierno español.</p> - -<p>Hablo con Wood y otros personajes americanos residentes en el -archipiélago. Noto en todos ellos una simpatía sincera por los -filipinos. El gobernador no formula la menor queja contra los -partidarios de la independencia, á pesar de que en la actualidad, por la -pugna entre el Poder ejecutivo y el legislativo, algunos de aquéllos le -han atacado. Pero aquí los ataques no rebasan los límites de la política -y jamás resultan personalmente ofensivos, lo que prueba una vez más la -cultura de las costumbres.</p> - -<p>Todos los americanos que trato en Manila muestran igual opinión. Nadie -niega rotundamente el derecho de los filipinos á su independencia. Sólo -discuten la oportunidad de esta independencia. No creen llegado el -momento de reconocerla.</p> - -<p>—Si abandonamos Filipinas—dicen muchos de <span class="pagenum"><a name="page_211" id="page_211">[Pg 211]</a></span>ellos—el pueblo no podrá -mantenerse independiente. Necesita un ejército, una gran marina, para -guardar sus tres mil islas. A las puertas vive el Japón, ansioso de -nuevas tierras para expansionarse. ¡Lo que tardaría á encontrar un -pretexto, á inventar un conflicto para dejarse caer sobre este -archipiélago!... Y si nosotros nos fuésemos, resultaría muy difícil que -pudiéramos repetir la visita. En los Estados Unidos todo lo dirige la -opinión, y es casi seguro que luego de habernos marchado, esta opinión -nos impediría volver, no queriendo arrostrar los peligros y gastos de -una guerra por un país abandonado antes.</p> - -<p>Debo mencionar también lo que dicen los filipinos ansiosos de -independencia. Los más instruidos encogen los hombros cuando les hablan -de que una gran parte de su país está todavía á medio civilizar. Lo -mismo decían los ingleses cuando se declararon independientes las -colonias de América, teniendo á sus espaldas tres cuartas partes del -actual territorio de los Estados Unidos ocupadas por tribus enteramente -salvajes. El fantasma de la invasión japonesa no les impresiona gran -cosa. Con una arrogancia caballeresca, que revela su antigua educación -española, contestan simplemente:</p> - -<p>—De ocurrir eso nos defenderíamos todos desesperadamente hasta morir.</p> - -<p>Además, juzgan que no sería incompatible una completa independencia -filipina con el estacionamiento militar de los Estados Unidos en este -archipiélago, para tener una base fuerte cerca del Japón.</p> - -<p>El argumento de que no están preparados para la independencia les hace -sonreir. ¿Dónde está el reloj que marca la hora justa para tal -reforma?... ¿Quién tiene el instrumento capaz de medir si un pueblo debe -ser independiente ó no merece serlo todavía?...</p> - -<p>Esto lo considero cierto. Nadie puede probar que es<span class="pagenum"><a name="page_212" id="page_212">[Pg 212]</a></span> nadador ó no lo es -mientras no se meta en el agua. Y para que un pueblo demuestre que -merece la independencia, lo primero es dársela.</p> - -<p>Tengo mi opinión propia, formada después de oir á unos y á otros.</p> - -<p>No niegan los Estados Unidos el derecho de Filipinas á su independencia, -ni lo negarán nunca de un modo terminante. Se oponen á ello sus nobles -tradiciones civiles. Existen dentro de la gran República imperialistas -que se muestran á veces cínicos y brutales en sus deseos, mas la inmensa -mayoría del pueblo americano es enemiga de guerras y dominaciones por la -fuerza, y cree generosamente que todo país debe gozar su libertad.</p> - -<p>Pero no es menos cierto que el gobierno de Wáshington, teniendo en -cuenta los informes de las autoridades de Filipinas, aprecia cada vez -más el valor económico de este archipiélago y su situación estratégica, -deseando conservarlo á todo trance.</p> - -<p>Para algunos americanos, nunca llegará el momento oportuno de dar á los -filipinos su independencia. Aunque todos los naturales del archipiélago -fuesen un portento de educación cívica, encontrarían siempre motivos -para decir que no era llegada la hora. ¡Es tan fácil inventar pretextos, -teniendo en cuenta la imperfección humana!... Confían en el tiempo y en -la escuela para que se adormezca poco á poco este sentimiento de -independencia, y acabe Filipinas por entrar mansamente en la -Confederación americana como un simple territorio.</p> - -<p>La escuela de primera enseñanza emplea la lengua inglesa. Los profesores -filipinos dan sus lecciones en inglés, con arreglo á los métodos -oficiales. El español únicamente se estudia en la segunda enseñanza y en -la Universidad como una lengua extranjera.<span class="pagenum"><a name="page_213" id="page_213">[Pg 213]</a></span></p> - -<p>El idioma moldea el alma; por eso la dominación americana ha creado aquí -escuelas verdaderamente maravillosas, y al dar al filipino más pobre una -educación brillante, procura hacer de él un futuro súbdito de los -Estados Unidos.</p> - -<p>Los partidarios de la independencia velan á la parte de fuera de la -escuela. Jamás se ha hablado tanto en Filipinas la lengua española. En -tiempos de nuestra dominación, el pueblo, como señal de protesta, -hablaba el tagalo. Sólo los de una cultura superior conocían aquélla.</p> - -<p>Ahora, como una afirmación de nacionalismo, los niños que hablan inglés -en la escuela aprenden el español en su casa, y esta es la lengua -espontánea muchas veces de sus juegos callejeros.</p> - -<p>Después de extinguirse los apasionamientos propios de toda revolución, -los filipinos amantes de la independencia reconocen la parte de -beneficios que tuvo para ellos la civilización española, y adoptan -nuestra lengua como un arma de largo alcance. En todo el archipiélago, -según me afirman los conocedores, existen más de veinte lenguas -vernáculas, y el tagalo usado en Manila no es mas que una de ellas. En -cambio, el español tiene grupos parlantes en todas las islas. Además, es -la lengua de veinte naciones del Nuevo Mundo y de cien millones de -seres. Valiéndose de ella, los filipinos no quedan aislados en un -extremo del Pacífico y se ponen en comunicación espiritual con la mayor -parte de las naciones que acompañan á los Estados Unidos en el disfrute -del continente americano.</p> - -<p>Yo veo la historia futura de Filipinas á modo de una carrera de jinetes. -La escuela oficial, magnífica y opulenta, fabrica americanos para el -porvenir. El nacionalismo filipino espera en la calle á las nuevas -generaciones y les inspira el amor á la independencia. El fuego<span class="pagenum"><a name="page_214" id="page_214">[Pg 214]</a></span> sagrado -de la patria se va renovando así de pecho en pecho.</p> - -<p>Es una obra de paciencia y de tenacidad. Esta lucha pacífica va á durar -muchos años; pero vencerán finalmente los filipinos si el entusiasmo que -muestran ahora no es una ráfaga estrepitosa y pasajera; si desafían al -cansancio, si no se desalientan ante lo largo del camino, y acaban por -convencer al pueblo americano de que son dignos de obtener su -independencia, provocando uno de esos arrolladores y generosos -movimientos de opinión tan frecuentes en la vida de los Estados Unidos.</p> - -<p>Como dicen los cabalgadores de las llanuras sudamericanas: «Es asunto de -ver á quién de los dos se le cansará antes el caballo.»<span class="pagenum"><a name="page_215" id="page_215">[Pg 215]</a></span></p> - -<h2><a name="XV" id="XV"></a>XV<br /><br /> -EN EL MAR DE LA INSULANDIA</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Un guerrero del aire.—El paso de la Línea.—Desfile de oasis -montañosos sobre el desierto azul.—La historia del mundo -reproduciéndose en cada isla.—Epopeya de los descubridores -portugueses.—Lo que vieron un día en las Molucas.—Encuentro de -los dos pueblos ibéricos al otro lado del planeta.—Los últimos -héroes españoles del ciclo de los descubrimientos.—Mendaña y el -oro del rey Salomón.—Una flota mandada por una mujer.—La -almiranta doña Isabel.—El místico Quirós.—Llegada de la reina de -Saba á Manila.—Los elefantes don Pedro y don Fernando.—Los -descubridores de «Australia Ignota».—«Austrialia del Espíritu -Santo».—El piloto Torres, primer explorador de las costas -australianas.</p></div> - -<p>Desde la barandilla de una cubierta saludo á los grupos de filipinos y -españoles que han venido á despedirnos. El muelle está repleto de -gentío. Los vendedores tagalos ofrecen pesados machetes, lanzas y -espadas flamígeras de los moros de Joló, primorosos encajes manileños, -cajitas fabricadas con fibras del país, y mis compañeros de viaje -adquieren estos recuerdos de su paso por la isla de Luzón.</p> - -<p>Estrecho una vez más la mano de Potous, cónsul de España, que empezó su -carrera como magistrado, del conde de Paracamps, español de espíritu -progresivo y el más notable organizador que existe en Filipinas, del -ilustre periodista Romero Salas y otros amigos.<span class="pagenum"><a name="page_216" id="page_216">[Pg 216]</a></span></p> - -<p>Unas señoritas vestidas de labradoras valencianas me entregan cestos de -flores. La colonia española, como recuerdo de mis dos conferencias, me -sorprende con un magnífico regalo. Recibo el saludo de varias damas -filipinas que llevan el traje nacional. Unas son directoras de colegio, -otras desempeñan cargos en la administración de justicia, lo que -demuestra la cultura de la mujer en este archipiélago.</p> - -<p>Parte el <i>Franconia</i> entre aclamaciones. Al mismo tiempo la atmósfera se -conmueve con un estrépito mecánico que parece ahogar los gritos de la -blanca muchedumbre agrupada en los muelles. Media docena de aeroplanos -militares evolucionan sobre nuestro buque, acompañándolo durante su -navegación por la bahía.</p> - -<p>Viene con nosotros hasta Calcuta el general Mitchel, jefe de la aviación -americana, que en el último período de la guerra europea mandó las -fuerzas aéreas de todos los aliados. Es un hombre todavía joven y habla -correctamente el español por haber vivido en distintas repúblicas de -América. Luego de pasar varias semanas en Manila, continúa su viaje -alrededor del mundo, estudiando la aviación de las naciones y colonias -de Asia.</p> - -<p>Este guerrero de la atmósfera me expone con voz dulce de poeta una serie -de «anticipaciones» capaces de asombrar á la imaginación mejor -preparada. Así me entero de cómo el avión ha cambiado completamente la -guerra, cómo acabará por hacerla imposible, cómo podrá igualar tal vez -un día su velocidad con la del curso del sol, dando las escuadrillas -voladoras la vuelta á nuestro planeta sin dejarse alcanzar por la noche.</p> - -<p>Seis días va á durar nuestra navegación entre Manila y las costas de -Java. En esta travesía cortaremos la línea ecuatorial, y como son muchos -los viajeros que no<span class="pagenum"><a name="page_217" id="page_217">[Pg 217]</a></span> han pasado dicha línea, los organizadores de -fiestas del <i>Franconia</i> preparan su bautizo.</p> - -<p>Conozco de sobra esta mascarada marítima que se desarrolla en los buques -al pasar el Ecuador. Siete veces he ido de Europa á la América del Sur y -otras tantas he hecho el viaje de vuelta. Como no me interesan los -desfiles de ondinas y tritones acompañados de estridentes músicas, el -cortejo burlesco de Neptuno, la inmersión de los neófitos en un estanque -improvisado y demás ceremonias burlescas que van á entretener á los -pasajeros durante un par de días, huyo de tales festejos, refugiándome -en la cubierta más alta, como lo hacen otros que también están cansados -del rito ecuatorial.</p> - -<p>Compensa con exceso el espectáculo del mar la monotonía de nuestras -horas solitarias. Cruzamos una de las secciones del Pacífico más -hermosas y menos frecuentadas. La gran corriente de la navegación, al -venir de Hong-Kong ó Manila, tuerce hacia el Oeste buscando la puerta -del estrecho de Malaca, ó sea Singapore. Nosotros seguimos rectamente -hacia el Sur, cortando la línea ecuatorial por una ruta que únicamente -siguen los contados barcos que desde la China ó el Japón van á Java.</p> - -<p>El mar es de un azul intenso, como si fuese sólido. Las nubes, bogando -aisladas en el cielo esplendoroso, también son de una blancura tan -espesa que parecen talladas en mármol, como las que figuran en los -altares. Saltan ante la proa enjambres de peces voladores. Agitan sus -alas unos momentos, y al volver á caer, parece que forcejean para -introducirse en el agua, como si la taladrasen. A un lado del buque, el -mar es de un azul compacto y mate; en el opuesto centellea como una -llanura sembrada de espejos rotos. La atmósfera, cada vez más caliente, -da un aspecto de solidez á la materia líquida y la materia gaseosa.<span class="pagenum"><a name="page_218" id="page_218">[Pg 218]</a></span></p> - -<p>Transcurren los dos primeros días sin que veamos en el inmenso redondel, -del que somos eterno centro, una blancura de vela, un hilillo de vapor. -El Océano parece de una majestad sin objeto dentro de esta calma -desierta.</p> - -<p>Pienso que nunca volveré á pasar por aquí. La líquida llanura ecuatorial -parece creada únicamente para los que permanecemos horas y horas en la -solitaria cubierta con un codo en la barandilla y el rostro sobre una -mano, embriagándonos de azul, de sol y de silencio. Pero nosotros -desapareceremos y las olas seguirán hinchándose en aristas infinitas, y -los peces continuarán sus saltos voladores, y se repetirán las albas y -los ocasos. Y cuando, transcurridos los siglos, no quede un hueso ni tal -vez dos moléculas juntas de la materia que forma ahora nuestros cuerpos, -se reproducirá igualmente este espectáculo que nuestra vanidad humana se -imagina fabricado expresamente para admiración y recreo de los -animalillos razonantes que pasamos metidos en una especie de dedal.</p> - -<p>El día antes de la fiesta de la Línea y los días siguientes navegamos -entre islas. En estos parajes de la Oceanía próximos al macizo asiático -las hay á cientos y á miles. Unas pocas alcanzamos á verlas con nuestros -ojos. Detrás de ellas adivinamos con la imaginación toda la infinita -variedad del continente esporádico de la Malasia.</p> - -<p>Algunas son picos de sombrío rosa, que emergen del mar con gorgueras de -espuma. Otras extienden una sucesión horizontal de montañas y playas. -Estas últimas no se ven á cierta distancia y las montañas parecerían -islas sueltas á no ser por las filas de cocoteros que surgen de la -orilla arenosa. Sus troncos delgados se disuelven en el azul del cielo; -sus copas robustas parecen hileras de embarcaciones negras flotando -sobre el mar.</p> - -<p>Más adentro de las costas y empalidecida por la dis<span class="pagenum"><a name="page_219" id="page_219">[Pg 219]</a></span>tancia, hay siempre -alguna montaña envuelta en nubes que aún parece más enorme por su -aislamiento; cono de volcán dormido hace miles de años. Los naturales de -la isla han poblado seguramente esta altura inaccesible con dioses y -demonios, dedicándoles sacrificios humanos desde el principio de su -historia. Siglos de guerras y matanzas han venido desarrollándose sobre -estos fragmentos de tierra, por los consejos y mandatos de los -habitantes de la Montaña Sagrada. Es todo un mundo igual al nuestro, -pero dentro de marco más reducido.</p> - -<p>La isla queda atrás. Sólo es ya una mancha sombría, una nube á flor de -las aguas azules; luego se borra para siempre. Vienen al encuentro de -nuestra proa nuevas montañas con su cúspide envuelta en vapores, nuevas -arboledas bajas que parecen flotar sobre el horizonte, nuevas bocanadas -de perfume vegetal, caldeado por el sol y salado por la respiración -oceánica.</p> - -<p>Apreciamos este mundo insular con una serenidad sintética y divinamente -superior á causa de nuestra situación. Somos ahora la inteligencia que -aprecia las cosas desde lo alto y pasa adelante, insensible á las -influencias del medio. Desembarcados en cualquiera de dichas islas -resultaríamos á los pocos meses uno más dentro del grupo humano que la -habita, sentiríamos la servidumbre del ambiente, se nos impondrían con -la fuerza del pasado personas y cosas. Pero vamos montados en una caja -de hierro, con agujeros redondos para ver y respirar, la cual lleva una -hoguera en sus entrañas y vence momentáneamente las influencias -esclavizadoras del tiempo y del espacio.</p> - -<p>Pasamos á través de sociedades humanas que se mueven siglos y siglos en -el redondel aislado de estos oasis terrestres perdidos sobre el desierto -salobre. Dichos pueblos insulares no son para nosotros más que un -accidente<span class="pagenum"><a name="page_220" id="page_220">[Pg 220]</a></span> de viaje. Los vemos como Gulliver á los pigmeos, y esta -momentánea superioridad nos permite apreciar por comparación la pequeñez -y monotonía de la historia general de nuestra especie.</p> - -<p>Todas estas islas que viven breves horas ante nosotros y luego se -disuelven, han tenido dioses que hablaron con voz de trueno entre las -nubes de la gran montaña, santos que realizaron milagros, déspotas que -las hicieron sufrir los martirios de una autoridad falsamente paternal, -y recuerdan tal vez con orgullo las hazañas de algún jefe victorioso que -arrastró las muchedumbres á la muerte. Todas ellas han visto nacer á un -Napoleón, y sus habitantes se consideran los primeros hombres de la -tierra, despreciando á los de la isla de enfrente por una inferioridad -que justifica su deseo de esclavizarlos.</p> - -<p>Nosotros también apreciamos orgullosamente la superioridad de nuestra -isla flotante, en la que se juntan todas las maravillas de la -civilización, comparándola con estas islas inmóviles, sujetas al fondo -oceánico por raíces de granito ó de coral y que guardan -estacionariamente los modelos más rudimentarios de la sociabilidad -humana... Luego, un sentimiento confuso de justicia nos hace dudar de -nuestro momentáneo orgullo de semidioses navegantes. ¿Qué somos -verdaderamente?... Ochocientos seres humanos, entre señores y -servidores, metidos en una caja férrea y llevando con nosotros un -cementerio de animales puestos al frío para que puedan alimentarnos con -sus cadáveres. Una música anima nuestras digestiones y sirve para que -los aficionados á la danza puedan dar saltos y sientan el cosquilleo de -la sensualidad después de las cinco comidas rituales.</p> - -<p>Por arriba poblamos el azul oceánico de alegres ritmos y lo -entenebrecemos con el humo industrial, residuo de fuerzas domadas que -han transformado nuestra<span class="pagenum"><a name="page_221" id="page_221">[Pg 221]</a></span> vida parasitaria sobre la corteza del planeta. -Por abajo suelta nuestra isla obscura el sucio arroyo de unas aguas que -han barrido todos los lugares cerrados, viles receptáculos de la humana -miseria. Una estela de cajones y latas que contuvieron los medicamentos -contra nuestra eterna enfermedad, el hambre, va marcando el paso del -buque sobre esta llanura móvil y profunda, que es á la vez vieja como el -mundo y pueril como los primeros vagidos de la vida planetaria.</p> - -<p>Corta mis reflexiones un repique de campanas. Dentro de la garita en -forma de púlpito que existe en el mástil de proa para que el vigía -atalaye el mar durante la noche, un grumete mueve las dos campanas que -sirven ordinariamente para marcar las horas de servicio á los diversos -«cuartos» en que se divide la tripulación. Este repique me hace saber -que estamos en domingo y son las diez de la mañana.</p> - -<p>Un campaneo semejante al de una iglesia anuncia los oficios divinos -todos los domingos. En el gran salón un oficial con uniforme de gala lee -las plegarias, y la mayoría de los viajeros, libro en mano, canta.</p> - -<p>Estamos ante las costas de Borneo. La melodía lenta y solemne de los -corales evangélicos empieza á extenderse sobre el mar. Éste es ahora de -un azul obscuro, erizado de pequeñas protuberancias angulosas, como si -en pleno sol cayese sobre él un aguacero invisible. Senderos de azul más -claro y completamente liso serpentean sobre su lomo como si fuesen ríos, -revelando la existencia de ocultas corrientes.</p> - -<p>El recuerdo de Filipinas, que va alejándose á nuestras espaldas, y la -cercanía creciente de Java, cuyo misterio pretendemos imaginar, lleva -nuestro pensamiento hacia los europeos que navegaron por primera vez en -estos mares incógnitos y pusieron sus pies so<span class="pagenum"><a name="page_222" id="page_222">[Pg 222]</a></span>bre las tierras oceánicas, -innumerables ínsulas de misterio.</p> - -<p>Java fué de los portugueses, como las Molucas, Sumatra, Ceilán y tantas -otras tierras que están ahora cada vez más cerca de nosotros. Holanda, -aprovechando su guerra con España, se apoderó en el siglo XVII de casi -todas las posesiones portuguesas en el Oriente asiático. No hay que -olvidar que Portugal había sido anexionado á España en dicho período, y -precisamente bajo el dominio de los Austrias españoles fué cuando sufrió -tan enorme despojo.</p> - -<p>Viajando por estos mares es como se mide con exactitud la grandeza de -los descubridores portugueses, dignos hermanos de nuestros descubridores -y conquistadores de América.</p> - -<p>Las grandes hazañas se aprecian mejor viendo el terreno donde se -desarrollaron que leyendo su relato en los libros. Al navegar por las -costas de la India, por el estrecho de Malaca, por los innumerables -archipiélagos malayos que Reclús llama la Insulandia, se admira la -audacia argonáutica de Gama, la energía colonizadora de Almeida y -Alburquerque, el atrevimiento paladinesco de los capitanes lusitanos, -que, semejantes á Cortés y Pizarro, se apoderaron de reinos importantes -con unos cuantos compañeros de armas y unos pequeños buques, lo mismo -que los héroes de las novelas de caballería.</p> - -<p>En estos mares se desarrolló el episodio más trascendental de la -historia humana. Un día, estando los portugueses en el archipiélago de -las Molucas, cerca de Java, para cargar sus buques de especias—la -mercancía más rica entonces, después del oro—, vieron asombrados cómo -avanzaba hacia ellos un navío con cruces pintadas en sus velas -cuadrangulares.<span class="pagenum"><a name="page_223" id="page_223">[Pg 223]</a></span></p> - -<p>No venía del Occidente este buque de cristianos, ó sea de Portugal; se -aproximaba por el Oriente, surgiendo de su inmenso y desconocido Océano. -Era un resto de la flota de Magallanes, una nave española, al mando de -Sebastián del Cano, que acababa de atravesar la ignota soledad del -Pacífico dando la vuelta entera á la tierra. Los dos pueblos de la -península ibérica, partiendo en opuestas direcciones, habían venido á -encontrarse al otro lado del planeta. Su rivalidad en los -descubrimientos sirvió para que los humanos conociesen la extensión y -forma del globo que habitan.</p> - -<p>Al recordar esto pienso en las afirmaciones absurdas que el -apasionamiento religioso ha sugerido muchas veces á hombres superiores. -El fanatismo hasta la ceguera no ha sido privilegio único de los -católicos. Guizot, el seco é injusto protestante, afirmó que puede -escribirse la historia de la civilización universal sin mentar una sola -vez el nombre de España.</p> - -<p>Evocan para mí estos mares el recuerdo de otros navegantes menos -conocidos, héroes sin fortuna que fueron los últimos en la historia de -los descubrimientos españoles. Abarco con la imaginación los -archipiélagos innumerables de esta Oceanía, cuyos macizos más poblados -vamos costeando.</p> - -<p>Cuando los españoles, en el siglo XVI, habían tomado ya posesión de la -mayor parte de América, quedaron muchos pilotos y soldados que, no -contentos con los puestos que ocupaban en el llamado Nuevo Mundo, -tendieron su ávida vista sobre el desierto del Pacífico. Un joven -capitán, Álvaro de Mendaña, sobrino de un letrado virrey accidental del -Perú, pudo formar, gracias á la protección de éste y á su propia -fortuna, una pequeña flota, con la que se lanzó á realizar -descubrimientos.</p> - -<p>Después de sufrir grandes penalidades en la parte<span class="pagenum"><a name="page_224" id="page_224">[Pg 224]</a></span> más desparramada de -la Polinesia, donde las islas parecen insignificantes y perdidas como -granos de arena, dió con el actual archipiélago de Salomón. Mendaña fué -quien le puso tal nombre. Todos los navegantes de aquella época llevaban -en su pensamiento la historia santa y el deseo de encontrar oro, -acoplando inmediatamente ambas cosas á sus descubrimientos. Creyó de -buena fe que estas islas cercanas á Nueva Guinea eran las visitadas por -las flotas del rey Salomón para recoger en sus costas grandes -cargamentos de oro. Repelido por los habitantes de dichas islas, que -todavía son ahora antropófagos, hallándose con los buques maltrechos y -sin bastimentos, Mendaña se volvió al Perú luego de llamar á una de las -islas Guadalcanar y á otra Santa Isabel, nombres que aún conservan.</p> - -<p>El rey de España le dió el título de Adelantado de las islas de Salomón, -y con el resto de sus bienes pudo organizar otra flota, luego de casarse -con una dama gallega, de carácter varonil, llamada doña Isabel Barreto.</p> - -<p>Ésta se agregó á la expedición descubridora. Otras mujeres casadas con -soldados y marineros se embarcaron igualmente para poblar las islas de -Oceanía. Llevó Mendaña en tal viaje como piloto mayor al portugués Pedro -Fernández de Quirós, navegante algo místico, que recuerda por su -carácter raro y contradictorio la figura de Colón, como una copia -borrosa puede recordar al original. Esta segunda flotilla, por -circunstancias que no son del caso relatar, no volvió al archipiélago de -Salomón.</p> - -<p>Mendaña descubrió las actuales islas Marquesas, que él tituló Marquesas -de Mendoza para agradecer el apoyo del marqués del mismo nombre, que era -entonces virrey del Perú. También hizo el descubrimiento de la isla de -Santa Cruz, al Noroeste de las actuales Nuevas Hébridas, instalando en -ella una colonia. Pero enfermedades<span class="pagenum"><a name="page_225" id="page_225">[Pg 225]</a></span> epidémicas, de las que todavía en -el presente suprimen poblaciones enteras de la Oceanía, se ensañaron en -los descubridores, haciendo morir á Mendaña y á muchos de sus -compañeros.</p> - -<p>A partir de aquí se desarrolla uno de los episodios más interesantes y -menos conocidos de la epopeya de los descubrimientos oceánicos. Como el -rey había dado á Mendaña, para él y su familia, el gobierno de la flota -y de las islas que encontrase, su esposa doña Isabel le sucedió en el -mando, siendo la única almiranta que se conoce en la Historia.</p> - -<p>Intentó continuar la colonia de Santa Cruz fundada por su esposo, pero -tan enorme fué la mortandad de su gente, que hubo de renunciar á dicho -empeño, embarcándose con los restos de la expedición para buscar refugio -en Filipinas. Los buques estaban casi inservibles después de tan luenga -travesía por mares inexplorados y sus tripulaciones mermadas y enfermas. -De las tres pequeñas naves eran arrojados todos los días varios -cadáveres al mar. Los víveres y el agua escaseaban. Además, el carácter -enérgico de la almiranta y sus veleidades autoritarias provocaron -numerosas protestas é intentos de rebelión. Pero doña Isabel, secundada -por Quirós, se hizo respetar en el curso de un viaje tan abundante en -penalidades y miserias.</p> - -<p>La más insistente de las quejas de las tripulaciones fué por la escasez -de agua potable, repartida con desesperante parsimonia, mientras la -almiranta, al decir de los hombres, empleaba muchas botijas de ella en -el lavado de sus ropas interiores.</p> - -<p>Finalmente llegaron dos de los buques á Filipinas y el otro se perdió. -Al entrar el <i>San Jerónimo</i>, que era el de la almiranta Barrete, en la -bahía de Manila, lo saludaron los cañones de la plaza con una salva de -honor. Todos<span class="pagenum"><a name="page_226" id="page_226">[Pg 226]</a></span> querían ver á doña Isabel y sus infortunados compañeros, y -como aquélla tenía el título de gobernadora de las islas de Salomón, la -gente la llamó «la reina de Saba».</p> - -<p>La permanencia en Manila de estos descubridores maltrechos y celebrados -coincidió con grandes fiestas por la llegada de un nuevo gobernador. Dos -personajes extraordinarios compartieron con la reina de Saba la -curiosidad y el entusiasmo del vulgo. El rey del Cambodge, para -agradecer un auxilio militar prestado por el gobierno de Filipinas, -había enviado á Manila dos elefantes, los primeros que se vieron en -dicha ciudad, y el pueblo celebraba sus inteligentes habilidades, -llamando al uno don Pedro y al otro don Fernando.</p> - -<p>Doña Isabel se casó en Filipinas con un capitán de la Nao de Acapulco, -pariente de su esposo, y regresaron juntos al Perú, pasando de allí á -España para organizar una tercera flota que les permitiese instalarse -definitivamente en las islas descubiertas. Pero la almiranta y su -segundo marido no volvieron nunca á las islas de Salomón.</p> - -<p>El piloto Quirós también regresó á España con el deseo de emprender -nuevos descubrimientos en el Pacífico. Dándose cuenta de las ideas de su -época, de la extremada religiosidad del nuevo rey Felipe III, y -siguiendo sus propias inclinaciones, se fué á Roma á pie, vestido de -peregrino, con ocasión de un jubileo general. Consiguió ver al papa -Clemente VIII, hablándole de sus proyectos náuticos y cristianos; éste -le recomendó al rey de España, y gracias á tales protecciones pudo -conseguir, con una rapidez extraordinaria para aquellos tiempos, la -formación en el Perú de una flota puesta bajo su mando.</p> - -<p>En su viaje por el Pacífico exploró las Nuevas Hébridas y otras islas -cercanas á Australia y Nueva Guinea. En sus documentos de navegación -llama «Australia Ignota» á las tierras que descubre, siendo tal vez el -pri<span class="pagenum"><a name="page_227" id="page_227">[Pg 227]</a></span>mero en usar dicha palabra. Además, bautizó á la isla del Espíritu -Santo, encontrada por él, «Austrialia del Espíritu Santo», aludiendo con -dicho título á la dinastía de Austria que reinaba entonces en España.</p> - -<p>Hombre de exagerada religiosidad, se preocupó Quirós de bautizar -pequeños indígenas y celebrar las fiestas del santoral más que de hacer -observaciones geográficas y mantener en buen orden su flota. Fundó una -colonia, llamada Nueva Jerusalén, y para acallar las protestas de sus -tripulaciones, cansadas de tan defectuosa dirección, agració á los más -bulliciosos con las insignias del Espíritu Santo, orden creada por él -según autorización que le había dado el Papa.</p> - -<p>Ansioso de hacer saber á sus protectores los descubrimientos que llevaba -realizados, abandonó á los otros buques de su flota, volviéndose á -Méjico y pasando de allí á España. El resto de su vida lo empleó en -solicitar recursos para una nueva exploración, pero todos se habían dado -cuenta del verdadero carácter de este hombre y murió sin conseguir sus -deseos.</p> - -<p>Su segundo era un piloto de gran mérito, Luis Vaez de Torres. Al verse -abandonado por Quirós tuvo que buscar refugio en Filipinas, pero antes -exploró las costas de Nueva Guinea y de Australia, y todavía se llama de -Torres el estrecho encontrado por él entre estas dos islas enormes.</p> - -<p>Un siglo antes de que los holandeses creyesen descubrir Australia por -primera vez, llamándola Nueva Holanda, así como otras tierras -inmediatas, los españoles habían ya navegado frente á sus costas, -desembarcando en ellas, faltos de víveres, para traficar con los -naturales.<span class="pagenum"><a name="page_228" id="page_228">[Pg 228]</a></span></p> - -<h2><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI<br /><br /> -EL PAÍS DE LAS ESPECIAS</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">La vieja Batavia y la famosa Compañía de las Grandes Indias.—Cómo -vivió Java dos siglos y medio de colonización holandesa.—Opulencia -de Batavia.—Abundancia de dinero y de enfermedades mortales.—El -monopolio de las especias.—Destrucción de artículos para mantener -su escasez.—Las ciudades-jardines de Weltevreden y Micer -Cornelius.—Una plaza de un kilómetro cuadrado.—El país del -«batik».—Muchedumbres hermosas y colorinescas.—El dulce -mahometismo del pueblo javanés.—Facilidad de las javanesas para -desnudarse.—El turbante y los pies descalzos.—Baño de las mujeres -en las calles.—Dos condiciones exigidas por los antiguos javaneses -para dejarse matar tranquilamente.—El «traidor» Erberfeld y su -eterna execración.—Reparto equitativo de las vergüenzas del -pasado.</p></div> - -<p>Al detenerse el <i>Franconia</i> en Tandjong Priok cae sobre nosotros el -calor ecuatorial con toda su húmeda pesadez. Nos hallamos á unos cuantos -grados nada más de la Línea, en una ribera de Java, entre terrenos de -verdura exuberante pero bajos y casi anegados.</p> - -<p>Batavia, la antigua metrópoli javanesa, está á varias millas del mar. Un -canal navegable permitía la llegada hasta cerca de sus almacenes á los -navíos de otros tiempos, que eran de poco calado. Hoy los vapores quedan -en el puerto moderno de Tandjong Priok y por el canal sólo navegan -sampanes del país y rosarios de lanchones tirados por remolcadores.<span class="pagenum"><a name="page_229" id="page_229">[Pg 229]</a></span></p> - -<p>Ver Java fué uno de mis mayores deseos al emprender el viaje alrededor -del mundo. Siempre leí con predilección los relatos escritos en pasados -siglos sobre esta isla inagotablemente productora. Ya he dicho cómo los -holandeses se la arrebataron á los portugueses en 1600, lo mismo que -Sumatra, las Molucas y otros archipiélagos inmediatos. Los reyes -indígenas, quejosos de la dominación portuguesa, se aliaron con los -holandeses, y su auxilio fué decisivo para que éstos se apoderasen del -país. Al poco tiempo se convencieron de que sus nuevos dominadores no -eran preferibles á los antiguos. Holanda cedió á una sociedad mercantil -el gobierno y explotación de sus colonias oceánicas, y ésta se hizo -famosa en la Historia con el título de Compañía de las Grandes Indias.</p> - -<p>El actual gobierno de los holandeses en Java es dulce, tolerante, -progresivo, y ha realizado grandes obras; pero el período de 1600 á -1860—más de dos siglos y medio—, que fué el de la Compañía de las -Grandes Indias y otras organizaciones sucesoras de igual carácter, puede -considerarse como la muestra más completa que se conoce de colonización -ávida, cruel é inexorablemente mercantil. Todos los defectos probados ó -problemáticos de la colonización española en América pierden importancia -si se les compara con la dureza explotadora de la célebre Compañía en -sus posesiones oceánicas.</p> - -<p>Un gobernador enviado de Holanda reinaba como monarca absoluto sobre -todas las islas. Este personaje sólo se dejaba ver en una carroza dorada -con tiro de seis caballos, escoltada por oficiales y precedida de varios -negros armados de cachiporras de plata, dispuestos á golpear al que no -hiciese alto reverentemente y saludase doblando el espinazo. Los -criollos ricos y los holandeses que iban en carrozas más modestas debían -echar pie á tierra con sus mujeres é hijos para unir sus encor<span class="pagenum"><a name="page_230" id="page_230">[Pg 230]</a></span>vamientos -á los de la muchedumbre. Este virrey tenía un Consejo de diez y seis -ministros, llamados <i>edel-heers</i>, ó sea consejeros de Indias, que no por -ser secundarios resultaban menos temibles. Los que de ellos no -gobernaban por delegación en Macasar ó alguna otra capital isleña y -permanecían en Batavia, podían usar también carroza dorada, pero de -cuatro caballos, y los propietarios de los otros carruajes debían -ponerse de pie para saludar á Sus Excelencias.</p> - -<p>Todas las Indias holandesas estaban organizadas como una oficina -mercantil. El ejército, cuya oficialidad era en gran parte extranjera, -dependía de los funcionarios civiles. Éstos veían designados los cargos -de su escalafón en términos comerciales. Los más modestos se llamaban -asistentes, y al ascender obtenían los títulos de tenedor de libros, -submarchante, marchante, gran marchante y gobernador. Dichos grados -civiles tenían sus correspondientes uniformes y gozaban de honores -militares. El empleo de gran marchante estaba asimilado al de teniente -coronel, submarchante equivalía á capitán, y tenedor de libros á -teniente.</p> - -<p>En ningún país de la tierra corrió el dinero como en la antigua Java; -más que en Méjico y en el Perú, á raíz de la explotación de minas -famosas. Los empleados percibían anualmente gratificaciones ocultas que -representaban veinte veces el valor de sus sueldos. La Compañía no -necesitaba cuidarse de la moralidad de ellos para mantener sus -ganancias. Hubo años en que sus accionistas recibieron dividendos de 60 -por 100.</p> - -<p>La riqueza de este país consistió principalmente en la explotación de -las especias. Al quedar los holandeses dueños absolutos de las Molucas, -dominaron los mercados del mundo como únicos vendedores de tales -materias. Nadie las poseía fuera de ellos. Los ingleses aún no<span class="pagenum"><a name="page_231" id="page_231">[Pg 231]</a></span> les -habían arrebatado Ceilán ni intentado el cultivo de las especias en sus -colonias.</p> - -<p>Deseosa la Compañía de mantener la rareza de tales productos, se valió -de un sistema brutal. Todos los años cargaba en los navíos holandeses -las especias que consideraba necesarias para el consumo de Europa, -quemando á continuación el resto guardado en sus almacenes. Con el deseo -de asegurar más aún su monopolio, decretó en cada isla un cultivo único. -Sólo permitía á Ceilán que recolectase la canela. Las islas Banda eran -las únicas que podían cosechar la nuez moscada. Amboine y otras tierras -inmediatas tuvieron el monopolio del clavo de olor. Anualmente sus -comisionados recorrían las islas con destacamentos de tropas, arrancando -y quemando los árboles de especias en los lugares no autorizados para su -cosecha. También repetían tal destrucción al encontrar, por ejemplo, -árboles de canela en una isla solamente autorizada para recoger el -clavo. Como el consumo de los europeos no exigía grandes cargamentos á -causa del enorme precio de tales materias, el trabajo de la Compañía -durante muchos años consistió especialmente en destruir los productos, -para que no se generalizasen y abaratasen.</p> - -<p>La situación exacta de los centros de especiería era un secreto de -Estado. Los funcionarios, al irse de Java, debían hacer entrega de los -planos y todos los papeles concernientes á dicho emplazamiento. Todavía -en los primeros lustros del siglo XIX, un vecino de Batavia fué azotado, -marcado con un hierro candente y relegado á una isla casi desierta, por -haber hecho ver á un inglés un mapa interior de las islas Molucas.</p> - -<p>Otro motivo de opulencia para la antigua Batavia fué que comerciantes y -funcionarios enriquecidos en el país no lograban fácilmente volver á -Europa con su<span class="pagenum"><a name="page_232" id="page_232">[Pg 232]</a></span> fortuna. Los giros sólo podían hacerse por medio de la -Compañía, y ésta tasaba á cada habitante el dinero que podía enviar -fuera de la isla. Además, como la moneda javanesa era emitida por la -misma Compañía, experimentaba un enorme descuento al pasar á Europa.</p> - -<p>Fácil es imaginarse cómo sería la vida dentro de esta ciudad colonial, -abundante en ricos que no sabían cómo gastar su dinero y sometida á una -autoridad despótica. Todos los viajeros, hasta principios del siglo XIX, -se hicieron lenguas de la opulencia de Batavia. Hoy parece una ciudad -moribunda. Se desdobló hace un siglo, creándose á corta distancia de -ella la ciudad de Weltevreden, y ésta, á su vez, tiene una prolongación -que se llama Micer Cornelius. Las tres ciudades, Batavia, Weltevreden y -Micer Cornelius, ocupando un área enorme, forman unidas la gran -metrópoli javanesa.</p> - -<p>Insisto en la extensión de su área. Hay que acostumbrarse á las -modalidades de este país para saber cuándo se halla uno dentro de una -ciudad ó en pleno campo, Corre el automóvil por amplias avenidas orladas -de árboles grandiosos, como sólo pueden desarrollarse en estas tierras -solares y fecundas. A un lado y á otro se extiende la vegetación de -frondosos jardines, abundantes en flores. Y al preguntar el viajero -cuándo llegará á la ciudad, le contestan que hace una hora que está -dentro de ella.</p> - -<p>Las avenidas son calles y los jardines son casas. Todo vecino tiene en -torno á su vivienda un gran espacio de tierra, hermoseado por los olores -y perfumes de la flora tropical. Como en este país de terremotos no -pueden construirse edificios altos, las casas, de un solo piso, -levantadas sobre plataformas, por elegantes y cómodas que sean, -permanecen casi ocultas bajo el ramaje de los árboles. Hasta en muchas -calles las tiendas están en el fondo de jardines. Únicamente en la vieja -Batavia, cons<span class="pagenum"><a name="page_233" id="page_233">[Pg 233]</a></span>truída con arreglo al gusto de otros tiempos, y en el -centro de Weltevreden, abundante en comercios modernos, se encuentran -plazas y calles cuyos edificios están unidos y sin jardín, dando las -fachadas sobre la acera para lucir sus escaparates.</p> - -<p>La vieja Batavia, tan hiperbólicamente descrita por los viajeros de hace -un siglo, resulta pobre y decadente en la actualidad. Establecida sobre -terrenos bajos próximos al mar y cortada por las acequias naturales de -su desagüe, todavía los holandeses, con la nostalgia del colono que -recuerda á todas horas la patria lejana, abrieron canales artificiales -en sus vías más céntricas, á semejanza de los de Amsterdam. Inútil es -decir lo que representan estas vías acuáticas en el interior de una -ciudad, y bajo una temperatura extremadamente cálida, para la -reproducción de los mosquitos. Con motivo fué reputada Batavia como una -de las ciudades más insalubres del mundo. Los holandeses se enriquecían -en ella con rapidez, pero morían no menos aprisa.</p> - -<p>A principios del pasado siglo un gobernador trasladó su vivienda algunas -millas más lejos del mar, donde se halla ahora Weltevreden, y la mayor -parte de los habitantes de Batavia le siguieron, creándose la nueva -ciudad. Pero la nostalgia patriótica les hizo volver á abrir grandes -canales en las avenidas de Weltevreden, y el mosquito se enseñoreó -igualmente de la segunda capital.</p> - -<p>Al entrar en la vieja Batavia se pasa por una especie de arco de -triunfo, levantado en tiempos de la Compañía de las Grandes Indias. Es -de mampostería blanca, con hornacinas que cobijan varias estatuas -simbólicas pintadas de negro. A un lado de este monumento casi fúnebre -puede verse una de las curiosidades tradicionales del pueblo javanés.<span class="pagenum"><a name="page_234" id="page_234">[Pg 234]</a></span></p> - -<p>Caído en el suelo hay un cañón de bronce verdoso, desmontado hace -siglos, y en torno se extiende un prado de flores de papel ofrecidas por -los devotos de dicho ídolo. Un indígena establecido cerca del cañón -vende varillas de sándalo, que las mujeres queman con los ojos puestos -en el cilindro de bronce ornado de relieves. Todos saben en Java que la -mujer que se sienta sobre este cañón y le dedica flores é incienso queda -en estado de tener un hijo á los nueve meses justos.</p> - -<p>Al borde del canal más grande se extiende una fila de caserones de dos -pisos—altura extraordinaria en este país—, que ostentan fachadas algo -ruinosas, con galerías cubiertas, columnatas y remates ondulados al -gusto del siglo XVIII. Estos palacios de los ricos de otros tiempos, -cuyos descendientes se trasladaron á Weltevreden, están ahora ocupados -por oficinas comerciales y por bancos. Los negocios se hacen todavía en -Batavia, y al caer la tarde jefes y empleados regresan á sus <i>bengalows</i> -floridos de Weltevreden, por ser peligroso para la salud pasar la noche -en la vieja ciudad.</p> - -<p>Los chinos forman la mayoría del vecindario de Batavia, y todo el -movimiento nocturno se concentra en sus calles tortuosas, cuyas fachadas -tienen celosías con dragones de oro y de cuyas ventanas penden rótulos -sobre telas ondeantes.</p> - -<p>Después del recogimiento constructivo de Batavia, que aglomeró sus casas -como todas las ciudades antiguas, sorprende la extensión inaudita de -Weltevreden. Todas las calles importantes tienen kilómetros y -kilómetros.</p> - -<p>Atravesar alguna de sus plazas á las horas de sol es todo un viaje. Se -sabe la existencia de la plaza porque lo afirman los guías, pero el -visitante, al separarse de una hilera de edificios, ve enfrente un -jardín, marcha<span class="pagenum"><a name="page_235" id="page_235">[Pg 235]</a></span> por él hasta sentir cansancio, y cuando cree hallarse en -plena selva tropical, lejos de la ciudad, columbra á través de los -troncos las techumbres de otros pabellones rodeados de jardines. Es la -acera de enfrente.</p> - -<p>En el centro de Weltevreden está la llamada plaza del Rey, que tiene un -kilómetro de longitud por cada uno de sus lados. Es la plaza más grande -del mundo dentro de una ciudad. En la parte central de este kilómetro -cuadrado, verde como una pradera, galopan soldados amaestrando sus -caballos y pastan finas vacas holandesas. Todo en ella tiene un aspecto -de campo libre á pesar de la arboleda urbana que orla sus cuatro lados -frente á los jardines de los particulares.</p> - -<p>Viendo las casas de las gentes acomodadas de Weltevreden se adivinan su -dinero, su escrupulosa limpieza y sus comodidades; pero en otros países, -y sin el marco esplendoroso que les proporciona la vegetación de sus -jardines, estas construcciones se verían tal vez menospreciadas. Son -ligeras y frágiles. No tienen la estabilidad señorial de los caserones -de Batavia ocupados ahora por el comercio, que aún guardan sus -pavimentos y sus grandes zócalos á la altura de un hombre hechos con -losas de mármol blanquísimo.</p> - -<p>Los <i>bengalows</i> elegantes de Weltevreden ofrecen una particularidad que -aún parece hacerlos más inestables. Todos ellos carecen de fachada; -únicamente las piezas interiores que sirven para dormir tienen tabiques -y puertas. El techo está sostenido en su parte delantera por ligeras -columnas, y el comedor, el gran salón para recibir visitas, el gabinete -íntimo donde la familia lee, se hallan descubiertos, á la vista del que -pasa. Los árboles del jardín sirven de movible cortina, y bajo los -aleros de estas piezas sin pared se balancean macetas colgantes de -alabastro con chorros de flores. Hasta las<span class="pagenum"><a name="page_236" id="page_236">[Pg 236]</a></span> casas de los empleados más -modestos tienen en torno un jardín y las habitaciones principales sin -más abrigo que el techo.</p> - -<p>A un lado de Weltevreden se ha ido formando durante el siglo XIX la -tercera ciudad, ó sea Micer Cornelius. Dicho personaje fué un holandés -que se defendió heroicamente cuando los ingleses desembarcaron en Java, -ocupando la isla. Esto ocurrió en la época de Napoleón. Como el -emperador francés se anexionó á Holanda, acabando por dar la corona de -este país á uno de sus hermanos, el gobernador inglés Raffles, fundador -de Singapore, organizó una expedición desde dicha colonia, apoderándose -de todas las Indias holandesas, y Java no fué devuelta á sus antiguos -poseedores hasta 1816.</p> - -<p>Micer Cornelius fué al principio una barriada indígena á la que acudían -los javaneses en días de fiesta para sus diversiones un poco libres. Las -principales viviendas estaban dedicadas á industrias vergonzosas. Este -suburbio es hoy una ciudad-jardín como Weltevreden, urbanizada por las -gentes de la clase media que desean crearse un hogar propio.</p> - -<p>Puede afirmarse que lo más extraordinario en Java es el aspecto de las -muchedumbres y su belleza corporal. La vegetación maravillosa de esta -isla puede encontrarse igualmente en las inmediaciones de Singapore ó en -Ceilán. Pero los habitantes de dichos lugares no son comparables á los -javaneses por el color de su epidermis ni por la infinita variedad de -sus vestiduras.</p> - -<p>Ya dije en otro lugar cómo es la tez metálica de los javaneses y -especialmente de sus mujeres. Resulta exacto compararla con el bronce, -pero un bronce recién frotado, limpio, que brilla como el oro. Parece -que la piel de estas gentes tenga una luz interior. Sus cuerpos, lo -mismo en hombres que en mujeres, son de una esbeltez<span class="pagenum"><a name="page_237" id="page_237">[Pg 237]</a></span> que deja al -viajero, algunas veces, absorto por la admiración.</p> - -<p>El lector debe estar enterado de que Java es el país del <i>batik</i>. Aquí -se fabrica esta tela, pintada con toda clase de colores y puesta en uso -por la moda hace poco tiempo, que las fábricas europeas falsifican a -causa de su alto precio. Hasta los mendigos van en Java vestidos de -batik.</p> - -<p>En realidad el traje nacional consiste en una pieza de dicho tejido, el -<i>sarog</i>, que hombres y mujeres llevan arrollada sobre sus piernas, como -una falda de corto paso. Los varones añaden una camisa y las mujeres -también, pero tan corta la de éstas, que deja al descubierto una gran -faja de carne desnuda entre su borde y el <i>sarog</i>. Muchas hembras -prescinden en el campo ó dentro de sus casas de esta breve camiseta, y -van desnudas de cintura arriba, mostrando unas abundancias mamilares que -también parecen ser algo especial de esta isla paradisíaca.</p> - -<p>Los pechos de las javanesas se sostienen macizos y erguidos hasta -después de las majestuosas amplificaciones que trae la maternidad. -Avanzan rigurosamente horizontales, no obstante su volumen, y algunas -veces, tal es su dura soberbia, que, abandonando la línea recta, elevan -hacia el rostro de su portadora los dos agudos botones de sus vértices.</p> - -<p>Están pintadas las faldas de <i>batik</i> con los colores innúmeros de una -primavera fantástica, y á estas flores inverosímiles, que muchas veces -son de oro, se agregan tigres de perfil heráldico, reptiles vomitando -fuego, leones de melena verde. Una muchedumbre javanesa recuerda á los -pueblos de la Edad Media, vestidos con ropas blasonadas y de violentos -colores. Los chinos, siempre trajeados de azul, resultan humildes y -obscuros al lado de los naturales de la isla.<span class="pagenum"><a name="page_238" id="page_238">[Pg 238]</a></span></p> - -<p>Empieza aquí el uso del turbante, tocado que seguiremos encontrando en -los otros pueblos de Asia. Creo oportuno advertir que el pueblo de Java -es por entero musulmán. Este país lo catequizaron los bracmanes -indostánicos en remotos siglos; luego fué budista, y aún quedan de tal -época maravillosa ruinas de templos en su interior. Pero mucho antes que -los portugueses, llegaron á Java los malayos y otros pueblos que habían -recibido de los marinos árabes el mahometismo, y todos los habitantes de -la isla profesan actualmente dicha religión.</p> - -<p>Es un mahometismo especial, suave y dulce. En Java sólo pueden ser así -las cosas. Los santones no tienen la influencia que en otros países -musulmanes; se ven pocas mezquitas y todas ellas son pobres. Las mujeres -javanesas gozan de absoluta libertad y no se limitan á ir con la cara -destapada á todas partes. Fácilmente se desnudan de cabeza a pies, con -una sencillez paradisíaca. Los hombres toman toda clase de bebidas -alcohólicas, si se las ofrecen gratuitamente.</p> - -<p>Los más llevan el pequeño turbante característico de Java, que consiste -en un pañuelo obscuro y dorado de <i>batik</i> enroscado sobre la cabeza y -con dos cuernecitos en la frente que indican el nudo terminal. He visto -en las calles de Weltevreden ricos personajes javaneses que se dirigían -á los clubs más lujosos vistiendo uniforme por ser oficiales del -ejército colonial. A todos ellos, por detrás del kepis holandés les -asomaba la torta del turbante. Sin embargo, éste no es obligatorio. Los -javaneses de la capital que se dedican á oficios manuales y los -comerciantes de los pueblos llevan un gorrito redondo de terciopelo con -bordados, semejante al que usan en las oficinas de Europa algunos -funcionarios viejos.</p> - -<p>A partir de Java, empiezan también para nosotros los pies descalzos y la -marcha silenciosa. Los japoneses<span class="pagenum"><a name="page_239" id="page_239">[Pg 239]</a></span> van montados sobre banquitos que á -cada paso lanzan el chacoloteo de la madera. Los chinos usan zapatillas -y su marcha afieltrada les permite aproximarse como fantasmas. El -javanés va descalzo, y á partir del lujoso y célebre «Hotel de las -Indias» de Weltevreden, vamos á ser servidos en los hoteles de -Singapore, de Birmania y de toda la India por camareros elegantemente -vestidos, pero sin zapatos.</p> - -<p>La parte más grande del Asia desconoce el calzado. Este tormento queda -para los blancos. Los camareros que en el inmenso comedor del citado -«Hotel de las Indias» nos sirven platos javaneses rociados de salsas -infernales van todos vestidos de blanco, con levitas inmaculadas y -pantalones cortos, en la cabeza el pequeño turbante de <i>batik</i> y los -pies completamente desnudos.</p> - -<p>A ciertas horas del día, en los canales de las calles más importantes, -que son de cierta profundidad, se ven numerosos grupos de mujeres -descendiendo con lentitud las escaleras de piedra para meterse en el -agua, sin más traje que una de esas telas asiáticas, extremadamente -sutiles, que tienen además el tono rosa de la carne. Apenas se -encuclillan en los últimos escalones para que el agua les llegue al -cuello, dicha tela desaparece, pegándose á todas las curvas entrantes y -salientes de estas buenas mozas de piel de oro. Luego remontan con paso -tranquilo la escalera, hasta el lugar donde dejaron sus ropas secas.</p> - -<p>Tal baño en las calles no llama la atención de ningún habitante blanco -de la ciudad. Lo ven todos los días. Además tiene por base un motivo -religioso, respetado por las autoridades. Como estas mujeres son -musulmanas, hacen sus abluciones rituales en el canal. La temperatura de -Java, que algunos llaman «la isla del sudor», convierte en voluptuoso -placer tal acto de devo<span class="pagenum"><a name="page_240" id="page_240">[Pg 240]</a></span>ción. De aquí la facilidad de las javanesas para -desnudarse, su amor al agua y su odio al vestido... cuando no es muy -rico.</p> - -<p>Las más de estas mujeres resultarían de una belleza apreciable, á pesar -de sus facciones exóticas, si no fuese por su costumbre de mascar betel, -materia que desfigura sus bocas y les hace escupir una saliva del mismo -color de la sangre. En las calles se encuentran con frecuencia -preparadores de esta materia que tanto repugna á los europeos.</p> - -<p>Hay también numerosos vendedores de comestibles que libran á las -javanesas de la necesidad de encender fuego para la preparación de sus -alimentos. Los que ofrecen melones, plátanos, mangos y otros frutos del -país, condimentan igualmente arroz guisado con <i>cary</i>, entregándolo -envuelto en hojas de platanero que sirven de platos. Sólo las gentes del -país pueden comer este guiso popular, que despierta en la boca los -ardores de un incendio. También, sentadas al pie de los árboles, hay -mujeres que venden té y otras bebidas refrescantes.</p> - -<p>Los hombres mostraron en tiempo de la Compañía de las Grandes Indias -ciertas preocupaciones supersticiosas, que ésta hubo de respetar para -que no ocurriese una sublevación general. La justicia de la citada -Compañía, tremendamente severa, castigaba con suplicios rigurosos hasta -ciertas faltas de poca gravedad entre los blancos. La constancia de los -naturales en el sufrimiento de penas bárbaras pareció increíble á muchos -viajeros de entonces. El javanés recibía tranquilamente la muerte, pero -á condición de que lo matasen llevando calzoncillos blancos y no le -cortaran la cabeza. Los tribunales tuvieron siempre con sus reos esta -complacencia. Para un javanés, lo terrible no era morir, sino llegar al -otro mundo con la cabeza bajo el brazo y sin calzon<span class="pagenum"><a name="page_241" id="page_241">[Pg 241]</a></span>cillos blancos, por -tener la certeza de que en tal forma no lo recibirían en el cielo.</p> - -<p>Todo esto es muy antiguo y con razón empieza á olvidarse. El régimen -actual resulta muy distinto al de la antigua Compañía, pero aún queda en -Batavia, intacto y con frescura de obra cuidadosamente renovada, un -monumento de la crueldad de los antiguos colonizadores.</p> - -<p>Pocos son los viajeros que no van á visitar, junto á la iglesia vieja de -Batavia, la lápida del «traidor» Erberfeld. Ésta consiste en una gran -piedra vertical incrustada en el muro de un jardín con la siguiente -inscripción, primero en holandés y luego en javanés:</p> - -<div class="blockquot"> -<p class="c">PARA PERPETUAR EL NOMBRE EXECRABLE DEL TRAIDOR<br /> - PIETER ERBERFELD<br /> - QUEDA PROHIBIDO PARA SIEMPRE<br /> - CONSTRUIR Ó PLANTAR EN ESTE SITIO.<br /> - BATAVIA, 14 ABRIL 1722.</p> -</div> - -<p>El mencionado Erberfeld fué un mestizo rico, hijo de un colono alemán y -de una javanesa, que intentó en el siglo XVIII una revolución para echar -fuera de su país á los europeos. Él y catorce personajes javaneses, sus -compañeros de conjura, fueron condenados á muerte como traidores, aunque -muchos sospechan que la tal conspiración no representaba ningún peligro -serio, y el principal delito de Erberfeld consistió en las tentaciones -que inspiraban sus ricas propiedades á muchos de los dominadores.</p> - -<p>Erberfeld y el javanés Catadia, reputado también como jefe, merecieron -un suplicio aparte, consignado así en su sentencia: «Serán extendidos y -atados cada uno sobre una cruz y se les cortará la mano derecha. Luego -serán atenaceados en los brazos, las piernas y los pechos, de modo que -las tenazas ardientes se lleven pe<span class="pagenum"><a name="page_242" id="page_242">[Pg 242]</a></span>dazos de su carne. Después se les -abrirá el vientre y el pecho de abajo á arriba, se les arrancará el -corazón y se les echará al rostro. La cabeza cortada puesta sobre una -estaca y el cuerpo hecho cuartos, quedarán expuestos fuera de la ciudad, -para que sean comidos por las aves de presa.»</p> - -<p>Encima de la lápida que execra la memoria del «traidor» hay una cabeza -de yeso atravesada por un largo clavo ó hierro de lanza. Es una cabeza -de difunto con los ojos cerrados. Algunos dicen que dentro del yeso está -el verdadero cráneo de Erberfeld.</p> - -<p>Por detrás de este monumento se abren las ramas de un jardín tropical. -Los plataneros extienden como un dosel sus anchas hojas barnizadas sobre -la cabeza del martirizado.</p> - -<p>¡Y pensar que fué en la vieja Holanda protestante donde se imprimieron y -editaron la mayor parte de los libros, algunas veces fantásticos, sobre -las crueldades de los españoles en América, más de un siglo antes de la -ejecución horrible de Erberfeld y sus catorce compañeros javaneses!...</p> - -<p>Suplicios parecidos se encuentran en la historia de todos los pueblos: -es cierto. Francia repitió con Damiens las crueldades horripilantes -sufridas por Erberfeld, algunos años después del martirio de éste.</p> - -<p>Son barbaries del pasado... Conformes. Pero que las vergüenzas de ese -pasado se repartan con equidad entre todos los países, sin distinciones -injustas y fanáticas para aplicárselas á España solamente.<span class="pagenum"><a name="page_243" id="page_243">[Pg 243]</a></span></p> - -<h2><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII<br /><br /> -EL PARAÍSO JAVANÉS</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Enorme población de Java.—Sus arrozales en escalones.—Exuberancia -vegetal.—Las chozas y sus habitantes.—Duchas naturales al aire -libre.—Adán y Eva como antes del pecado.—Llegada á Garoet.—Nos -extraviamos en sus alrededores.—Una tempestad ecuatorial.—El -refugio de los veinte javaneses misteriosos.—Fuga bajo la -tormenta.—Lo que vi á las puertas de Garoet y no olvidaré nunca.</p></div> - -<p>Vamos á Garoet, hermoso valle del interior de Java, situado á gran -altura, lo que le hace ser deseado por los que sufren el clima abrumador -de los terrenos bajos próximos al mar. Hasta de Singapore vienen muchas -gentes quebrantadas por la temperatura ecuatorial para vivir unos meses -en sus sanatorios y hoteles. Seis horas de ferrocarril necesitamos para -llegar á dicha población, y durante su trayecto cambian los paisajes á -medida que el tren va ganando altura de valle en valle.</p> - -<p>Isla estrecha y larga, tendida exactamente de Este á Oeste, tiene Java -una cordillera de volcanes muertos que es como su espina dorsal; pero -esta barrera montuosa nunca fué un obstáculo para la vida de los -naturales. Cortada casi simétricamente por numerosos pasos, les resultó -fácil á los primitivos javaneses y á los navegantes malayos que se -esparcieron por sus costas trasladarse de la ribera Norte á la del Sur -para la explotación de sus terrenos feraces. Merced á esta facili<span class="pagenum"><a name="page_244" id="page_244">[Pg 244]</a></span>dad -topográfica, á la fecundidad del suelo y la dulzura del ambiente, Java -ha sido en todo tiempo el país más poblado de la tierra. Tiene hoy 35 -millones de seres, y en muchos de sus distritos se cuentan más de 600 -habitantes por kilómetro cuadrado, cifra que no alcanza ninguna de las -naciones de Europa.</p> - -<p>Todas las colonias actuales holandesas que fueron antiguamente de la -Compañía de las Grandes Indias representan una población de más de 50 -millones de seres. Esto da á Holanda, que aparece en Europa -mediocremente representada por la extensión de su territorio y la -cantidad de sus habitantes, un aumento enorme de poder, económico y -político.</p> - -<p>La exuberancia de población la nota el viajero, especialmente, fuera de -las ciudades. En otros países los campos están casi siempre solitarios, -y hay que preguntarse quién pudo abrir los surcos y sembrar las llanuras -que se muestran cultivadas. Sólo de tarde en tarde llega á verse algún -hombre que trabaja, encorvado sobre la tierra, ó guía bestias de labor. -En Java los caminos parecen calles, y sobre algunos campos se aglomera -la gente lo mismo que si fuesen plazas.</p> - -<p>No hay estación de ferrocarril, por modesta que sea, que no tenga en sus -muelles una muchedumbre. La moderna colonización holandesa ha trazado -una red de líneas férreas, excelentemente construidas, por las que -circulan numerosos trenes. Son ferrocarriles como los de Europa por su -material y su servicio. Sólo el gentío que llena los vagones nos hace -recordar que estamos en Java; multitudes vestidas de <i>batik</i> con una -riqueza colorinesca, semejante á la de las flores de sus jardines, y una -parte considerable de sus cuerpos en tranquila desnudez.</p> - -<p>El viaje á Garoet nos permite apreciar directamente<span class="pagenum"><a name="page_245" id="page_245">[Pg 245]</a></span> la riqueza de Java -y el trabajo de las muchedumbres laboriosas que surgen de todas partes, -como las procesiones de un hormiguero.</p> - -<p>Son arrozales los más de los campos, lagunas fangosas de una -horizontalidad que se pierde de vista. Parejas de carabaos labran esta -tierra medio líquida. Tienen los cuernos blancos y casi rectos. Su piel -es obscura y lustrosa, como la del elefante y el hipopótamo. Avanzan con -un esfuerzo tenaz, sudorosos bajo el sol tórrido, y cuando se detienen -junto á una charca, sus dueños meten un cubo en el agua rojiza y bañan -sus lomos y flancos, lo que los hace brillar por unos segundos como si -fuesen tallados en azabache.</p> - -<p>Los hombres van desnudos, con sólo un trapo entre las piernas. Sus -espaldas son de bronce dorado. En la cabeza llevan un sombrero de paja -del tamaño y la forma de una sombrilla japonesa. Formando largas hileras -se encorvan y se alzan á un mismo tiempo cavando el barro. Las hembras -se unen á ellos para realizar la misma operación, y desde lejos el grupo -laborioso toma el aspecto de una orla de flores por sus pañales de -<i>batik</i> rosa, azul, rojo ó azafrán.</p> - -<p>Muchos han llamado á Java la Isla del Paraíso, y no resulta hiperbólico -tal título en los valles situados á cierta altura sobre el mar, donde el -clima es más dulce que en las tierras vecinas al Océano.</p> - -<p>Tienen los caminos un color rojo obscuro de sangre coagulada. Ríos y -arroyos son de un rojo más brillante y claro, igual al de la sangre -fresca. Estos colores ardientes contrastan con el verde temblón de las -plantas de arroz, el verde charolado de los plataneros y otros árboles -frutales en torno á las viviendas, y el verde amarillento con reflejos -metálicos de los matorrales y palmeras que cubren los terrenos sin -cultivar. En otros paí<span class="pagenum"><a name="page_246" id="page_246">[Pg 246]</a></span>ses tropicales los bosques son leñosos, de escaso -follaje, con las ramas atormentadas, torcidas, recias. Aquí se muestran -siempre frescos y tiernos. Las hojas están impregnadas de humedad y bajo -su sombra conserva la tierra una blandura rezumante de esponja. Las -prolíficas fuerzas de este clima no dejan libre de germinación una -pulgada del suelo. La verdura lo invade todo, agitando sus penachos de -flores naturales. Solamente los caminos y las vías férreas dejan ver el -color de la corteza terrestre, mas para esto es preciso que los limpien -casi todos los días.</p> - -<p>Alcanzan los bambúes proporciones colosales. Las chozas están siempre al -amparo de un grupo de estas cañas que se remontan majestuosas en el -espacio. Junto á las viviendas hay bosquecillos de cocoteros y plátanos -para las necesidades de la casa. Frente á cada puerta se alza un mástil -que parece destinado á sostener una bandera; pero lo que izan en su -parte más alta es una jaula con uno ó varios pájaros. Vistos de lejos -parecen loros de brillantes colores. Tal vez son otras aves de rico -plumaje, y las colocan á esta altura para librarlas de las bestias de -presa que vagan por los bosques y bajan á beber en los arrozales.</p> - -<p>Este es el país de la célebre pantera negra de Java y otras fieras no -menos temibles. Aún abundan en el centro de la isla, descendiendo en -determinadas épocas á los lugares poblados. En otro tiempo la diversión -de los javaneses era organizar combates de hombres con tigres y -panteras. Las autoridades holandesas suprimieron esta fiesta, y el -javanés sólo puede imitar á sus abuelos cuando circula la noticia de que -un felino enorme caza en la comarca, armándose entonces para salir con -sus convecinos á matarlo.</p> - -<p>El terreno va elevándose. Se nota en la atmósfera y<span class="pagenum"><a name="page_247" id="page_247">[Pg 247]</a></span> en el aspecto de -los campos que nuestro tren asciende de meseta en meseta. Hemos dejado -atrás la grandiosa estación de Bandoeng, ciudad de modernas -construcciones que rivaliza con Weltevreden y va á convertirse en -capital de la isla. Vemos campos de té compuestos de filas de arbolitos -con la copa redonda, semejantes á pequeños naranjos; plantaciones de -cacao y de tapioca; vastas extensiones de caña de azúcar. También vemos -montones de cocos y grupos de mujeres sentadas en el suelo que extraen -la pulpa de dichos frutos para las fábricas productoras del llamado -aceite de copra.</p> - -<p>Los ingenieros holandeses han hecho pasar la vía férrea sobre abismos de -una profundidad que da vértigos. En el fondo de tales cortes se ven los -hombres como puntos movedizos. Estos trayectos montañosos son de corta -duración. Inmediatamente entramos en un nuevo valle paradisíaco, con -armoniosos grupos de arboleda y extensiones acuáticas plantadas de arroz -que brillan como espejos.</p> - -<p>En todas las estaciones pequeñas encontramos la misma gente de tez -dorada y ojos negros que parecen absorber la luz sin devolverla. Sus -pupilas, á causa de esta opacidad, brillan con un resplandor blanco y -mate. Los hombres que desempeñan oficios prescinden del pañal llamado -sarong y usan calzoncillos blancos y el birrete redondo de viejo -oficinista; pero la mayoría de los javaneses, fieles á la vestimenta -tradicional, llevan envueltas sus piernas con telas multicolores. Las -mujeres, según vamos avanzando por el interior de la isla, muestran cada -vez más su desnudez de cintura arriba.</p> - -<p>Ahora los arrozales ya no se extienden en línea horizontal. Se escalonan -formando bancales en las vertientes de las montañas, todos con ribazos -curvos. Parecen tazones superpuestos de una fuente interminable.<span class="pagenum"><a name="page_248" id="page_248">[Pg 248]</a></span></p> - -<p>El agua va pasando de arrozal en arrozal; se desploma en gruesos chorros -de un tazón á otro. Como el javanés gusta mucho de bañarse y su -condición de musulmán le permite apreciar este placer como un acto -devoto, no hay chorro de agua roja que no tenga debajo á un mocetón -cobrizo enteramente desnudo. Al pasar el tren junto á él sonríe y mira á -los viajeros, sin ocurrírsele que está enseñando algo más que su -dentadura brillante. A veces es una pareja la que toma esta ducha -natural: Adán y Eva, completamente en cueros, rodeados de los -esplendores del paraíso javanés.</p> - -<p>Los arrozales son de una continua producción. En unos la planta apenas -surge del agua, en otros es alta y verde, más allá ya tiene las espigas -maduras y la siegan. Estos campos en escalera ofrecen un aspecto -elegante; parecen el esbozo de un jardín. A trechos hay islas de chozas -sobre el espejo acuático de los arrozales, con huertecitos de plátanos y -cocoteros. También existen muchos sombrajes de techos cónicos, -semejantes á kioscos, y en ellos se reúne la gente para conversar medio -desnuda ó con vestiduras de variadas tintas.</p> - -<p>No puedo comprender cómo los javaneses pasan su vida entre arrozales y -se recrean al borde de aguas de lento curso. En otros países la -abundancia de mosquitos haría penosa su existencia. Pero en esta época -del año no se ven en Java tales insectos, y me afirman que en los meses -restantes tampoco resultan extraordinariamente molestos por su número. -Tal vez se debe esto á que en realidad no existen aguas que sean -totalmente estancadas.</p> - -<p>Por los caminos vemos pasar algunas javanesas guapetonas, montadas en -bicicleta y con una vestimenta en la que se confunden el gusto europeo y -el del país. También circulan automóviles; pero lo que más abunda es el<span class="pagenum"><a name="page_249" id="page_249">[Pg 249]</a></span> -carruaje, de dos ruedas tirado por unos caballitos inquietos, tan -pequeños, que parecen corresponder por su talla á otra humanidad -distinta de la nuestra.</p> - -<p>Llegamos á Garoet. Antes de instalarnos en esta población, donde -pasaremos la noche, vamos á correr un espacio de treinta kilómetros -alrededor de ella para visitar sus lagos, que son antiguos cráteres de -considerable profundidad acuática.</p> - -<p>Varios automóviles nos llevan en fila veloz por unos caminos anchos y -orlados de árboles gigantescos. Nos detenemos algunas veces en pequeñas -aldeas para ver sus viviendas, con tabiques de fibras trenzadas y el -piso á dos metros del suelo, montado sobre pilotes. Todas las casas -javanesas se hallan en alto, á causa de la humedad del suelo y para -defensa de los reptiles é insectos que tanto abundan en estos países -cálidos de vida animal exuberante.</p> - -<p>La gente sale á las puertas de sus chozas con una desnudez paradisíaca. -Hombres esbeltos, de fuerte musculatura, miran con timidez casi infantil -á las extranjeras que los examinan desde lo alto de sus automóviles. -Algunas les hacen señas para que permanezcan quietos mientras preparan -su máquina fotográfica.</p> - -<p>Numerosas madres de familia se han despojado de su corta blusa y llevan -por toda vestimenta un pañal colorinesco, que las cubre del bajo vientre -á la mitad de las piernas. Hasta el ombligo todo es cara en ellas, y al -hablar al extranjero casi lo tocan con sus exageraciones pectorales, -firmes y puntiagudas. Muchas jovencitas van á estilo de muchacho, sin -otra ropa que un simple calzoncillo, conmoviendo inconscientemente á los -mirones con su desnudez dorada de Tanagra.</p> - -<p>Ocupo uno de los automóviles, con una señora y su doncella, y los tres -nos aburrimos de seguir á los demás<span class="pagenum"><a name="page_250" id="page_250">[Pg 250]</a></span> vehículos que marchan en fila por -los bordes monótonos de un lago. Con gestos más que con palabras, -expresamos el deseo de volver á Garoet á nuestro chófer, javanés de unos -diez y siete años, descalzo, con birrete redondo y pantalones blancos. A -su lado lleva un ayudante de la misma edad é igual pergenio. Ninguno de -los dos sabe expresarse más que en el idioma de la isla.</p> - -<p>Los antiguos holandeses tuvieron buen cuidado en no enseñar su idioma á -los naturales. Es más, consideraron delito el conocimiento de la lengua -neerlandesa, mirando como sospechoso á todo indígena que la aprendía. -¡Quién sabe si con esta bárbara precaución, que estableció un abismo -profundo entre gobernantes y naturales, impidieron el crecimiento de ese -espíritu separatista que surge en todas las colonias, cuando el mestizo -aprende lo mismo que el blanco y se considera igual á él!... Sólo hace -pocos años permitieron los dominadores de la isla que los javaneses -aprendiesen el holandés.</p> - -<p>No conocen los dos muchachos del automóvil otra lengua que la de su -provincia. Al fin nos entienden cuando repetimos muchas veces la palabra -«Garoet» señalando el horizonte, y contentos de marchar con -independencia se apartan del grupo de automóviles. Empezamos á correr -solos, por caminos cada vez más arbolados y más solitarios. Noto que -nuestra pareja indígena habla como si discutiese y mira en torno con -cierta duda, sin refrenar por ello la marcha del vehículo. A la media -hora de carrera veloz, nos detenemos cerca de una pequeña estación de -ferrocarril. Los dos javaneses leen con sorpresa su rótulo. Vuelven á -discutir, se enardecen como si se echasen en cara un mutuo error, y -viran el carruaje, para retroceder por donde hemos venido. Sus sonrisas -humildes nos revelan el misterio de sus pala<span class="pagenum"><a name="page_251" id="page_251">[Pg 251]</a></span>bras. Se han extraviado; es -otra la dirección que debemos seguir. Y lo peor es que continúan -discutiendo, dándonos á entender con esto que no saben por dónde van y -marchan enteramente al azar.</p> - -<p>Empezamos á reconocer la imprudencia de habernos separado de los guías é -intérpretes de nuestro grupo, lanzándonos por el interior de Java como -si fuese el Bosque de Bolonia en París, con dos muchachos cobrizos á los -que no entendemos.</p> - -<p>Al salir de los túneles verdes que forma la arboleda, notamos que el sol -se ha ocultado y el cielo es cada vez más sombrío. Esto no significa que -lo veamos obscuro. En Java no es posible la obscuridad, y hasta las -noches más lóbregas son de un azul fosforescente. Pero la tarde parece -de ámbar rojizo, y agrandado por el eco de las próximas montañas suena -un estrépito creciente. Es la sucesión de truenos de toda tormenta en el -Trópico, tan frecuentes é inmediatos que se juntan, formando una -detonación única. Vemos también á través de la columnata interminable de -los árboles el zig-zag de unos rayos que caen por grupos, culebreando al -mismo tiempo en el cielo.</p> - -<p>Se aproxima la tempestad de los países calientes con su rapidez casi -instantánea. En unos cuantos minutos se ha aglomerado en el horizonte y -va á descargar sobre nosotros. He visto muchas tempestades en América. -Su lluvia abrumadora no parece caer á raudales, sino en masas compactas, -como si el azul celeste fuese el lecho de una laguna que se desfondase -de golpe. Creía imposible presenciar mayores violencias atmosféricas, -pero la tempestad de Java sobrepasa todo lo que llevo visto y lo que -podía imaginar.</p> - -<p>El espacio está impregnado de vibraciones eléctricas. Respiramos con -cierta angustia en una atmósfera que<span class="pagenum"><a name="page_252" id="page_252">[Pg 252]</a></span> parece muerta por su calma -absoluta. A pesar de la velocidad del vehículo, sentimos correr por -nuestro rostro gotas de sudor. Los árboles se alzan inmóviles, sin el -más leve estremecimiento. Como si hubiesen encontrado ya su ruta, los -dos muchachos no se hablan y miran ávidamente el pedazo de camino -visible ante ellos.</p> - -<p>Se doblegan de pronto los árboles más fuertes, se acuesta la vegetación -entera bajo una ráfaga aulladora, suena un estallido de catástrofe, el -ámbar de la tarde se hace verde bajo la luz de un rayo que acaba de caer -cerca de nosotros, y en el mismo momento una especie de mazazo hace -temblar la capota del vehículo, como si la demoliese. Es simplemente la -lluvia que empieza, la inundación aérea, la cascada celeste que mantiene -la fertilidad de este paraíso, pero en el momento de su derrumbe tiene -la violencia de una catástrofe.</p> - -<p>En unos instantes cambia todo el paisaje. Los árboles convulsionados -lanzan chorros por todas sus hojas, los campos se convierten en lagunas, -el camino brilla como si fuese de metal, empiezan á caer gotas del techo -del carruaje.</p> - -<p>Es de cuero un poco viejo, pero en otro país resistiría perfectamente la -lluvia. Aquí empiezo á creer que aunque fuese de metal representaría -poca cosa para cubrirnos del aguacero feroz. Empieza á llover á través -del techo, y á los pocos minutos chorreamos agua lo mismo que los -árboles. Corre el automóvil fustigado por la tormenta; mejor dicho, -huye, como si su fuga pudiera salvarnos de la lluvia. Nos cubrimos los -ojos deslumbrados por unos relámpagos que inflaman el paisaje. El trueno -ensordecedor contrae nuestros rostros con muecas de suplicio nervioso. -Patinan las ruedas sobre un camino convertido en arroyo; trazan ángulos -violentos rozando los árboles de las orillas.<span class="pagenum"><a name="page_253" id="page_253">[Pg 253]</a></span></p> - -<p>Nos detenemos unos instantes, pero nuestra inmovilidad resulta peor. La -lluvia pasa con más violencia a través del techo fijo ahora. Estamos al -pie de árboles gigantescos que atraen el rayo. Cae una exhalación en las -inmediaciones y emprendemos otra vez la peligrosa carrera, como si esto -pudiera librarnos igualmente del mortal lanzazo eléctrico.</p> - -<p>Vemos á un lado del camino una especie de kiosco como los que existen -dentro de los arrozales. No es una vivienda; sirve simplemente de lugar -de reunión. ¡Nos hemos salvado!</p> - -<p>Ayudo á mis dos compañeras de infortunio á echar pie al suelo, y en el -breve espacio entre el automóvil y la choza, una docena de pasos nada -más, sentimos cómo la lluvia se desliza por dentro de nuestras ropas, á -lo largo de las espaldas.</p> - -<p>El refugio está lleno. Es una techumbre de paja sostenida por tabiques -de troncos y esteras. En su interior, sentados en el suelo, hay unos -veinte javaneses. Al vernos entrar hablan entre ellos y sonríen con una -expresión intraducible. La sonrisa puede ser de burla; puede ser de -lástima y simpatía.</p> - -<p>Nos hallamos en un camino poco frecuentado. Esta gente no tiene la menor -noticia de que un grupo de viajeros llegó horas antes á Garoet y visita -el país. Nos ven entrar en su refugio como si nos hubiese vomitado la -tempestad. Ignoran de dónde pueden venir unas gentes que no hablan el -holandés y tienen un aspecto físico distinto al de sus dominadores. -Todos ellos van casi desnudos y esparcen en este recinto cerrado un -fuerte olor de carne masculina húmeda. Muchos llevan metido en la parte -trasera de su faldellín un <i>kris</i> malayo, puñal de hoja flamígera que -les sirve para su defensa.</p> - -<p>Yo llevo un revólver en mi viaje, pero lo dejé en el<span class="pagenum"><a name="page_254" id="page_254">[Pg 254]</a></span> bolso de mano que -los mozos de la estación de Garoet trasladaron al hotel. No tengo ni un -bastón, y estoy metido dentro de una choza, entre dos mujeres, inquietas -y asustadizas, con sobrado motivo, y veinte hombres que representan -otros tantos misterios.</p> - -<p>Siguen conversando y mirándonos. Algunos de ellos mascan betel y arrojan -en el suelo salivazos rojos que parecen de sangre. La señora que -acompaño se sube el pecho del vestido para ocultar su collar de perlas y -da vuelta á sus sortijas de modo que las piedras queden invisibles -dentro de sus manos cerradas.</p> - -<p>Un vejete desdentado, semejante á un fauno, sonríe al ver estas acciones -que pasaron inadvertidas para los otros... Y siguen hablando; y nosotros -no entendemos nada, y fuera de este refugio continúan el trueno, el -rayo, el diluvio tropical...</p> - -<p>¡Ah, no!... ¡vámonos! Es una imprudencia continuar aquí. Nuestros dos -muchachos parecen alegrarse al ver que volvemos al automóvil. Tal vez -han pensado lo mismo que nosotros. Puede ser también que juzguen -preferible correr á estar aguantando la tempestad dentro de un carruaje -en el que entra la lluvia por todas partes.</p> - -<p>Volvemos á rodar por los caminos inundados, bajo el martilleo de la -tormenta. El chófer y su acólito conocen ya el terreno por donde -corremos y señalan el horizonte amarillo de lluvia y surcado de -relámpagos, repitiendo: «<i>¡Garut!... ¡Garut!</i>»</p> - -<p>Adivino que aún estamos lejos de la ciudad, y como el aguacero continúa -asaltándonos, descendemos otra vez en una casa de buen aspecto, rodeada -de cocoteros y plataneros: una vivienda, al parecer, de campesinos -acomodados. La habitación está en alto, y una docena de escalones de -madera nos permiten subir hasta su plataforma, cubierta de esterilla -fina y limpia. Los tabiques<span class="pagenum"><a name="page_255" id="page_255">[Pg 255]</a></span> son de una estera más fuerte y encima de -ellos hay un espacio libre que permite la ventilación de todas las -piezas y está cubierto por la techumbre de troncos y paja. En este -desván aéreo se han refugiado varios loros y otros pájaros domésticos, -asustados por la tormenta. Vemos los ojitos brillantes de dos monos que -marchan á cuatro patas en la penumbra, saltando de un tronco á otro.</p> - -<p>En la pieza delantera, completamente descubierta, que sirve de salón y -comedor, nos recibe sonriente el patriarca de la casa, un viejo, desnudo -de cintura arriba. Otros hombres más jóvenes, que deben ser sus hijos, -van aún con menos ropas que él. Las mujeres de la familia, sin más que -su pañal de <i>batik</i>, nos hablan con una verbosidad inútil, sonriendo al -mismo tiempo á los hombres de su casa y hasta á los dos muchachuelos del -automóvil. Como es natural, se burlan un poco de los tres extranjeros -que no pueden entenderlas, que intentan expresarse por señas, y mojados -de cabeza á pies ofrecen un aspecto lamentable. Es la ropa chorreante lo -que nos proporciona un aspecto ridículo. Los javaneses, por el -contrario, parecen hermoseados por la lluvia, que da jugo y brillo á su -desnudez.</p> - -<p>Como empieza á decrecer la tormenta volvemos al automóvil. Las mujeres, -más expresivas y habladoras que los hombres, consiguen hacernos entender -por señas que la ciudad no está lejos. Los dos muchachos, con sus -chillidos y gesticulaciones simiescas, nos repiten lo mismo.</p> - -<p>Corre el vehículo por caminos cada vez más amplios, cuyos alrededores -revelan la proximidad de un grupo de civilización. Al mismo tiempo la -lluvia empieza á hilarse, pasando de la tromba compacta al filamento de -gotas separadas. Se alejan los truenos; el rayo<span class="pagenum"><a name="page_256" id="page_256">[Pg 256]</a></span> no es más que un -resplandor temblón en el horizonte. Comienzan á subir del suelo los -perfumes de ruda embriaguez que exhala la tierra mojada. Lanza de golpe -la flora tropical todos sus olores contenidos durante la tormenta. -Dilatamos nuestros pechos con una aspiración amplia y voluptuosa, -saboreando de nuevo la belleza paradisíaca que nos rodea.</p> - -<p>Una impresión de calma se esparce por nuestro interior. Nos sentimos en -un estado de placidez, semejante al del que escucha la «Sinfonía -Pastoral» de Beethoven, cuando se aleja la tormenta y la dulce -tranquilidad del campo empieza á restablecerse.</p> - -<p>Sigue cayendo la lluvia, una lluvia que parece luminosa y perfumada. Sus -gotas son de ámbar y resbalan con suavidad sobre el cristal de la tarde. -Los huertecillos se convierten gradualmente en jardines y las chozas en -casitas de aspecto europeo. El camino es ahora una avenida urbanizada -que va salvando sobre el lomo de los puentes varios arroyos y barrancos.</p> - -<p>Ya estamos en las afueras de Garoet... Y es aquí, á las puertas de la -ciudad, donde presencio uno de los espectáculos más inolvidables de mi -vida.</p> - -<p>La lluvia, que sigue cayendo con una insistencia dulce, representa un -placer para los naturales. El hormiguero humano ha empezado á surgir de -todos sus refugios. Los javaneses marchan en lentas filas por los -senderos. Niños completamente desnudos se colocan debajo de los -canalones para prolongar el deleite de la mojadura. La tormenta es un -baño más para este pueblo que sufre calores tórridos.</p> - -<p>Vemos venir hacia nosotros una muchedumbre de mujeres que nos parece -interminable. Todas ellas son jóvenes. Deben volver de trabajar en los -talleres de Garoet que fabrican el <i>batik</i>. ¿Cuántas son?... Difícil -cal<span class="pagenum"><a name="page_257" id="page_257">[Pg 257]</a></span>cularlo. Van en grupos escalonados y llenan toda la extensión -visible del camino.</p> - -<p>Brillan de cintura arriba sus carnes mojadas. Las cabelleras, formando -rodete sobre la cúspide de sus cabezas, tienen adornos de diamantes -naturales con el chorreo de las gotas que se desprenden de ellas. La -caricia fría de la lluvia las cosquillea al deslizarse por la piel -dorada y fina de sus pechos y espaldas. Marchan abrazadas unas con -otras, cantan y gritan excitadas por la electricidad de la atmósfera y -los besos húmedos del aguacero.</p> - -<p>Llevan como falda una pieza de <i>batik</i>. Pero esta tela de colorines -puede ensuciarse en los charcos del camino y todas ellas, -tranquilamente, se la han subido más arriba de las caderas, marchando -con desembarazo sin preocuparse de su desnudez inferior, tan absoluta -como la de arriba. Les basta para sus escrúpulos pudorosos llevar -arrugado sobre el talle este fino pañal que abulta menos que una faja.</p> - -<p>El primer grupo, al pasar junto al automóvil, nos saluda con gritos y -risas, sin echar abajo su faldamenta. Creen innecesaria tal molestia... -¡Pasamos tan aprisa!</p> - -<p>No es impudor. Para que lo fuese resultaría preciso que estas muchachas -conociesen los escrúpulos de las gentes vestidas, y creyeran inmoral el -desnudo. Pero saben que los blancos nos asombramos ante ciertas partes -del cuerpo descubiertas, y como ellas marchan casi en cueros para sentir -mejor la caricia de la lluvia, les place conmovernos un poco con su -inocente exhibición. Algunos hombres que van entre ellas y son tal vez -de sus familias ríen igualmente de esta broma juvenil.</p> - -<p>Y así van pasando y pasando las muchachas, con su falda recogida en el -talle... Son más de doscientas; tal vez trescientas.<span class="pagenum"><a name="page_258" id="page_258">[Pg 258]</a></span></p> - -<p>Continúa mucho tiempo el desfile de caras sonrientes, de piernas -desnudas, de triángulos sexuales, que asoman, se eclipsan y vuelven á -surgir con los movimientos del paso. En algunas corre la lluvia sin -obstáculos, lo mismo que si resbalase sobre la piedra lisa. En las más -de ellas se detiene unos momentos, cautiva antes de caer, de igual modo -que cuando se enreda en las marañas de una vegetación naciente.<span class="pagenum"><a name="page_259" id="page_259">[Pg 259]</a></span></p> - -<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII<br /><br /> -BAJO LA LLUVIA ECUATORIAL</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Mi cama y mis compañeros de alcoba.—Los vendedores de Garoet.—La -superstición del dólar.—Javaneses y malayos.—Locura homicida de -los que «corren el amok».—La lira de cañas.—El baile en el -hotel.—La «Sinfonía de la selva».—Los cuatro jóvenes nobles y sus -danzas.—Regalo de un «kris» del antepasado.—El Guiñol -javanés.—Una novela caballeresca con monigotes y música.</p></div> - -<p>Nuestro hotel de Garoet es un jardín con numerosos edificios de un solo -piso esparcidos en sus frondosidades. Nos refugiamos al bajar del -automóvil en el más importante de ellos, donde están los salones -comunes, los comedores y la oficina del gerente.</p> - -<p>Me entero de que mi pequeño equipaje me espera en una habitación situada -al otro extremo del hotel. Hay que buscarla bajo la lluvia por avenidas -que deben ser interesantes á las horas de sol, á causa de sus arriates -de flores y sus arboledas umbrosas, pero en este momento corren por -ellas verdaderos arroyos, y cada rama deja caer un chorro continuo.</p> - -<p>Silba el gerente y viene á buscarme un portero javanés, con turbante de -<i>batik</i>, levita blanca y descalzo. Sostiene un paraguas con ambas manos, -mejor dicho, una cúpula de cartón barnizado, debajo de la cual pueden -marchar varias personas sin mojarse. Es tan enorme este techo portátil, -que el javanés hace esfuerzos para<span class="pagenum"><a name="page_260" id="page_260">[Pg 260]</a></span> sostenerlo, á pesar de que ha caído -el viento y la lluvia desciende copiosa, pero mansa, á través de una -atmósfera dormida. Como el porta-paraguas va descalzo y sólo se preocupa -de mantener su cúpula, avanza rectamente, sin reparar en charcos. -Nosotros le seguimos pegados á él, y esto libra nuestras cabezas de la -lluvia, pero nos hundimos á cada instante en las charcas rojizas y los -regueros serpenteantes del jardín.</p> - -<p>Es mi habitación una pieza de grandes proporciones, con muebles -holandeses, solemnes y viejos, que datan sin dada de la Compañía de las -Grandes Indias. La cama se muestra tan ancha como larga; pero esta -amplitud, que en el primer momento representa un motivo de agrado, queda -olvidada á causa de su dureza. Tiene sin duda alguna un colchón, pero la -materia que le sirve de relleno ha adquirido una densidad igual á la de -las cortezas de los árboles. Las gentes del país afirman que en un lecho -duro se siente menos el calor. Además, el mismo calor justifica la -escasez de sábanas. La cama sólo tiene una, la que cubre el colchón. El -viajero debe dormir sin taparse, y para el caso de que sienta frío, una -manta ligera, á cuadros blancos y azules, está plegada á los pies.</p> - -<p>En cambio abundan las almohadas, algunas de ellas de aspecto raro y uso -desconocido para mí. Una, larga y dura como un madero, sirve -indudablemente para apoyar la cabeza; otra es para colocársela entre las -piernas, y dos más pequeñas se acoplan entre los brazos y el tronco. Hay -que dormir con los miembros abiertos en cruz de San Andrés, la misma -postura de los reos de otros siglos condenados á ser hechos cuartos por -la dislocación. De este modo parece que se siente menos la caliginosidad -de la noche ecuatorial, que hace correr sobre el cuerpo regueros de -sudor.<span class="pagenum"><a name="page_261" id="page_261">[Pg 261]</a></span></p> - -<p>Al inclinarme sobre mi pequeña maleta noto que el cuarto está ocupado -por varios camaradas que me acompañarán toda la noche. Saltan sobre el -suelo unos animalillos verdes. Las ranas invaden tranquilamente estas -viviendas de un solo piso. Por las paredes y el techo corren lagartos -rugosos y negruzcos. El servidor javanés, que ha dejado su paraguas á la -parte de afuera, ríe de mi asombro y me habla, sabiendo que no puedo -entenderle. Conozco sin embargo lo que me dice por haberlo oído en otros -hoteles de países cálidos. Hay que respetar á estos compañeros de -habitación para no privarse de sus buenos servicios. La rana se come los -insectos que reptan y saltan sobre el suelo, bestias prolíficas que -pueden depositar sus innumerables huevecillos debajo de nuestras uñas si -descendemos de la cama con los pies descalzos. El lagarto se come los -mosquitos.</p> - -<p>Me falta tiempo para seguir examinando mi dormitorio. Éste tiene, como -todas las casas de los javaneses acomodados, un salón exterior y -abierto. El pórtico que extiende su techumbre sobre el frente del -edificio se halla dividido por tabiques, y cada uno de tales espacios -guarda sillones, una lámpara en el centro y macetas de flores que penden -del alero.</p> - -<p>Mi pequeño salón, al que se llega subiendo tres escalones, está ya medio -invadido por una multitud infantil que se aprieta para quedar á -cubierto, librando de la lluvia los objetos sostenidos por sus manos. -Todo Garoet sabe que ha llegado un grupo de viajeros, y como el -vecindario vive de los visitantes, aguarda con impaciencia el regreso de -los automóviles que la tempestad ha sorprendido en pleno campo.</p> - -<p>Nosotros somos los primeros en volver y recibimos el empuje de todos los -vendedores de Garoet. Hombres y mujeres se mantienen al acecho en las -inmediaciones<span class="pagenum"><a name="page_262" id="page_262">[Pg 262]</a></span> del edificio central, pero han destacado contra nosotros -sus numerosas proles cargadas de telas de <i>batik</i> y polichinelas del -teatro javanés, á los que dan movimientos y posturas cómicas, imitando -sus voces gangueantes. Se sientan á nuestras plantas para ofrecernos sus -mercancías, marcando el precio con los dedos. Al principio usan la -palabra <i>guilder</i>, que es el florín holandés, pero inmediatamente la -abandonan para repetir con insistencia: «<i>¡Dollar! ¡dollar!</i>»</p> - -<p>En todo el Extremo Oriente se nota una idolatría monetaria que puede -titularse la «superstición del dólar». En China, en Java, en la India, -hasta en el Japón, cuyos habitantes no sienten gran amor hacia los -Estados Unidos, lo mismo los tenderos que los míseros vendedores -instalados en plena calle ó á la puerta de los templos muestran un -respeto casi místico por el dólar americano. Aun en los países de -dominación inglesa, la libra esterlina representa poco comparada con -aquél. Cuando se desea comprar un objeto, el vendedor, en mitad de sus -regateos, hace una rebaja considerable si le pagan en dólares. Pero ha -de ser en moneda, nada de cheque; en billetes de los Estados Unidos; y -después de contemplarlos con devoción los oculta apresuradamente.</p> - -<p>Es la única moneda que inspira fe, y por adquirirla lo dan todo más -barato. Debo añadir que los demás billetes que circulan por el Extremo -Oriente merecen con razón menos respeto por su falta de fijeza -monetaria, incluyendo los de la India inglesa. Los Bancos de toda ciudad -importante emiten papel, y cuando se llega á otra capital con dicha -moneda hay que cambiarla por la del nuevo país, sufriendo un descuento. -El prestigio monetario de la más rica de las naciones ha llegado hasta -este rincón de Java, y los niños y niñas que in<span class="pagenum"><a name="page_263" id="page_263">[Pg 263]</a></span>tentan hacer sus ventas -valiéndose de señas, repiten á coro al mostrar sus mercancías: -«<i>¡Dollar! ¡dollar!</i>»</p> - -<p>Se nota en esta muchedumbre infantil las diferencias étnicas de la dos -razas que componen la población de la isla: javaneses y malayos. Los -javaneses, pasivos y laboriosos, sirvieron siempre á los dominadores de -la isla, plegándose con humilde fatalismo á sus órdenes. En el curso de -veinte siglos han sido brahmanistas, budistas y musulmanes. De seguir -los portugueses en Java, todos serían ahora católicos. Si continúan -mahometanos, es porque la Compañía de las Indias, que tuvo á sueldo á -los santones javaneses, más traficantes que fanáticos, jamás sintió la -necesidad de evangelizar á sus nuevos súbditos.</p> - -<p>Esta ductilidad para cambiar de creencias no significa en los javaneses -excepticismo religioso. Al contrario, como todos los humildes que se ven -eternamente oprimidos y no tienen esperanza alguna de liberación, su -único consuelo lo encuentran en el ejercicio de sus devociones y en la -certeza de otra vida que será más dichosa. Necesitan una religión y -toman la que les permiten sus dominadores.</p> - -<p>Los malayos resultan más ingobernables y menos religiosos que el -javanés, cultivador de la tierra, eterno siervo del campo de arroz que -empezaron á formar sus ascendientes hace siglos. Nietos de piratas y -audaces navegantes, los malayos poblaron las costas, lanzándose á la -pesca y al cabotaje, ó se esparcieron por el interior de las islas para -ejercer industrias manuales ó llevar una existencia vagabunda. Estos -habitantes belicosos de Java formaron en otros siglos una casta militar -y noble, siendo los únicos que hicieron guerra á los invasores, -dificultando la colonización portuguesa y alterando el régimen de -explotación mercantil de la Compañía de las Indias con sus frecuentes -revueltas.<span class="pagenum"><a name="page_264" id="page_264">[Pg 264]</a></span></p> - -<p>Aun hoy el malayo resulta el más inquietante de los javaneses. Si el -blanco le ofende, espera una ocasión propicia para vengarse de él, -asesinándolo. Los más pobres procuran ser empleados del gobierno, -ingresando en la policía ó en los trabajos públicos. Otros se hacen -soldados y abrazan el cristianismo, para considerarse de este modo -iguales á los militares holandeses.</p> - -<p>La belicosidad de la raza, los instintos sanguinarios, herencia de -largos siglos de piraterías y matanzas, despiertan de pronto en ellos. -Cuando un malayo se considera ofendido por un blanco, ó siente odio -contra la organización social que le rodea, una mortífera embriaguez lo -enloquece, y armándose de un <i>kris</i> se lanza á la calle para matar á -todo el que se pone á su alcance, dando golpes á ciegas, hasta que lo -matan á él. Es una demencia semejante á la de los moros de Filipinas -conocidos con el nombre de «juramentados».</p> - -<p>En Java esta locura homicida es llamada el <i>amock</i>, y cuando sale uno de -dichos furiosos por el centro de la población esparciendo muertes hasta -que le hacen caer sus perseguidores, llaman á tan horrible episodio -«correr el <i>amock</i>». La autoridad tiene establecidos puestos de -vigilancia para cortar inmediatamente los efectos de esta locura -nacional. Son casi siempre policías malayos los que acuden para «correr -el <i>amock</i>». Tienen en sus cuerpos de guardia un tronco vacío, de madera -sonora, que tocan con el puño, y esta campana avisa á las gentes para -que se refugien en las casas. De todas las puertas arrojan sillas, -taburetes y otros objetos á los pies del terrible <i>amock</i> para hacerlo -caer, pero éste sigue corriendo las más de las veces llevando en alto su -machete amenazador. Los policías cuentan con un arma especial para -sujetarle, que nunca yerra. Es una gran horquilla, entre<span class="pagenum"><a name="page_265" id="page_265">[Pg 265]</a></span> cuyos dos -dientes meten al fugitivo, clavándolo contra una pared ó un árbol. De -este modo lo inmovilizan y lo matan, pues es inútil esperar que se -rinda.</p> - -<p>Los malayos son en el campo grandes cazadores de bestias feroces. En -otro tiempo su mayor diversión era presenciar luchas de hombres con -panteras y tigres. También, hasta hace poco, en las poblaciones del -interior celebraban torneos á caballo, terminados muchas veces por botes -de lanza mortales. Eran fiestas originarias de la época en que los -conquistadores musulmanes se apoderaron de Java.</p> - -<p>Se nota en estos pequeños indígenas que tengo sentados á mis pies la -diferencia de razas. El niño malayo domina á su compañero de puro origen -isleño, impide sus negocios, le amenaza, y acaba finalmente por -obligarlo á que le ceda su mercancía, vendiéndola él por su cuenta.</p> - -<p>Vuelvo otra vez al centro del hotel arrostrando la lluvia, ya que el -hombre de la cúpula portátil no acude á mis gritos. Bajo los pórticos -del comedor encuentro á los primeros compañeros de viaje que acaban de -llegar. Luego, en el curso del atardecer, van presentándose los otros -vehículos llenos de gentes desfiguradas por la lluvia. Pero todos nos -hemos resignado á esta humedad irremediable. Ha sido inútil emplear las -contadas prendas de recambio que guardábamos en nuestros pequeños -equipajes. Dentro de este hotel-jardín la lluvia las moja en seguida. -Además, nos acostumbramos fácilmente á ir con los pies húmedos y el -cuerpo impregnado de agua y sudor, en esta tierra donde los aguaceros -son tibios.</p> - -<p>Una orquesta rara pero agradable suena incesantemente en otro pórtico -del hotel. Es una melodía bucólica, un susurro de suaves flautas, una -música eoliana y vagorosa, sin la energía del soplido humano. Voy hacia<span class="pagenum"><a name="page_266" id="page_266">[Pg 266]</a></span> -ella y encuentro sentados en el suelo á varios adolescentes que hacen -sonar el instrumento típico de esta parte de Java: una lira hecha con -cañas.</p> - -<p>Un grueso bambú horizontal sostiene cinco, más delgados, en forma de -peine. Las cinco varillas están metidas en otras tantas cañas huecas, -que al moverse chocan sus paredes con el espigón central. Cada una de -las cañas emite una nota diferente, y en esto consiste el secreto de los -fabricantes del rústico instrumento. Los pequeños músicos tienen en sus -manos dos liras, ó sea diez notas, y agitándolas con rítmico movimiento -producen una melodía indeterminada y soñolienta, dentro de la cual se -forman al azar grupos de notas bizarras como las combinaciones -caprichosas de los vidrios sueltos en el interior de un caleidoscopio.</p> - -<p>Al son de esta melopea danzan varios muchachitos moviendo el vientre y -las caderas lo mismo que las odaliscas. Todos ellos llevan el <i>saroc</i> de -colorines arrollado sobre las piernas, tienen un rostro aterciopelado de -chocolate con leche, y sus ojos grandes y un poco oblicuos parecen de -mujer. Muestran la gracia equívoca del efebo asiático, que hace imaginar -repugnantes vicios. También es posible que estos pequeños bailarines no -hagan más que seguir una tradición, repitiendo danzas que vieron desde -pequeños, sin sospechar su malicia ni las suposiciones del blanco -escandalizado.</p> - -<p>Mientras las liras de cañas susurran su melodía sin regla y siguen -danzando los javanesitos, expelen las canales del tejado el agua á -plenos chorros, los relámpagos iluminan otra vez con exhalaciones verdes -la tarde color de ámbar, y rueda el carro de los truenos sobre edificios -y arboledas.</p> - -<p>A las nueve de la noche, después de la comida, asistimos á un gran baile -javanés, para el cual han venido<span class="pagenum"><a name="page_267" id="page_267">[Pg 267]</a></span> los mejores danzarines y la orquesta -más famosa de toda la región.</p> - -<p>La servidumbre descalza aparta las mesas, y todo el comedor queda -convertido en una sala de espectáculos. Este comedor se halla abierto -por tres de sus caras; es una techumbre sostenida por numerosos arcos -blancos. Más allá hace brillar el jardín sus hojas de charol bajo unos -focos de luz eléctrica, cuyas lunas se muestran rayadas incesantemente -por hilos de cristal. Continúa la lluvia del Trópico, una lluvia sin -medida en el volumen y la duración. Todo está impregnado de humedad: -nuestras ropas, las servilletas, los manteles. Luego, en los -dormitorios, encontraremos igualmente húmedas sábanas y toallas. Debajo -de los techos la atmósfera, vibrante de perfumes vegetales, parece -compuesta de agua flúida.</p> - -<p>Este baile debe ser algo extraordinario, pues van llegando en sus -automóviles los javaneses más opulentos de las inmediaciones. La mayor -parte de la propiedad de la isla continúa en poder de los antiguos -nobles y los comerciantes enriquecidos. Conservan sus trajes por un -sentimiento oculto de nacionalismo, pero se apropian las comodidades más -costosas de sus dominadores.</p> - -<p>Los instrumentos de la orquesta del baile son tan originales como las -liras de cañas. Los músicos, sentados en el suelo, hacen sonar una -especie de violines, apoyándolos verticalmente en una rodilla como si -fuesen violoncelos. Otros golpean con sus manos tambores y discos -metálicos. Un viejo hiere con sus palillos un teclado de tablitas, cada -una de las cuales emite una nota distinta. El más importante de los -instrumentos es una especie de banco con grandes orificios, y en cada -uno de ellos una vasija de metal semejante á los cántaros que emplean -los lecheros. El músico golpea estos vasos<span class="pagenum"><a name="page_268" id="page_268">[Pg 268]</a></span> con mazas forradas de piel, -arrancándoles largas vibraciones.</p> - -<p>Tocan una especie de preludio que en los primeros instantes parece -arañar los oídos con sus discordancias. Poco á poco surge del -enmarañamiento acústico algo concreto que podría llamarse la «Sinfonía -de la selva». Los instrumentos reproducen la risa luminosa del arroyo, -el murmullo de las hojas, el rebullir de la vida animal en los -matorrales. Indudablemente, los instrumentos de cuerda imitan el zumbido -tenaz de los insectos. El músico ha copiado con ingenuidad los vagidos -de la Naturaleza, como en los albores de toda civilización los artistas -primitivos reprodujeron á su modo las plantas y los seres que les -rodeaban.</p> - -<p>Sentados en el suelo, sobre esteras de junco, hay varios danzarines, -hombres y mujeres. Ellas son las únicas que cantan, con una voz chillona -y discordante que recuerda el cacareo de la gallina. En el espacio -libre, ante la orquesta, un hombre y una mujer bailan esta danza -coreada. En realidad permanecen inmóviles; sus pies no se separan del -suelo. Son los brazos los que se agitan, y más aún las manos, -acompañando con lentas dilataciones el ritmo de la música.</p> - -<p>Entre las gentes del país acudidas para presenciar este baile hay cuatro -jóvenes nobles que llaman la atención por la elegancia híbrida de sus -trajes. Son javaneses por sus cabezas; del cuello á la cintura son -europeos; luego recobran su nacionalidad hasta los pies. Me explicaré -con más detalles. Van tocados con el pequeño turbante de <i>batik</i> negro y -dorado, que forma un lacito de dos pequeños cuernos sobre la frente. -Visten <i>smoking</i> y chaleco blanco. La pechera de su camisa es de -encajes, y dos botones de diamantes centellean debajo de su corbata -negra. A continuación llevan las piernas envueltas<span class="pagenum"><a name="page_269" id="page_269">[Pg 269]</a></span> en una rica tela de -<i>batik</i> obscura, con anchas rayas de oro. Por debajo asoman los pies -pequeños, metidos en calcetines de seda calada y escarpines de charol. -Los cuatro, como signo de su categoría, llevan un <i>kris</i> antiguo, una -espadita dorada puesta oblicuamente sobre sus riñones, cuya empuñadura -despega el <i>smoking</i> de su espalda.</p> - -<p>Han venido en sus automóviles, atraídos por esta fiesta á la que asisten -muchas viajeras americanas, hermosas y elegantes. Guardan una gravedad -de próceres musulmanes. Ocupan una mesa, bebiendo simples limonadas, y -miran con sus ojos negros y ardientes á tantas mujeres blancas, que -parecen traer en su perfume las seducciones de un mundo lejanísimo. Los -cuatro llevan el bigote recortado, según la moda actual, y revelan en -todos sus gestos una educación á la europea.</p> - -<p>El gerente del hotel va contando á los viajeros que estos jóvenes son -ricos, de antigua nobleza, y viven además, como amigos y acompañantes, -cerca del regente de la provincia. (El regente es el gobernador -indígena, poderoso personaje que ha venido á sustituir á los antiguos -reyezuelos.) El mismo gerente se hace lenguas de lo que son los cuatro -jóvenes como bailarines. Por espíritu de tradición han sabido guardar -fielmente las antiguas danzas de la isla. Los profesionales del baile -javanés que están presentes reconocen y admiran la superioridad de estos -señores.</p> - -<p>—¡Ay!... ¡Si ellos quisieran bailar!...</p> - -<p>Basta que el hotelero exponga esta posibilidad hipotética, para que -varias señoritas americanas, con la intrepidez propia de su pueblo, -deseen una inmediata realización. Algunas de ellas piden á los cuatro -<i>gentlemen</i> de la espadita dorada que salgan á bailar, y ellos, -respetuosos y algo avergonzados al verse objeto de la<span class="pagenum"><a name="page_270" id="page_270">[Pg 270]</a></span> atención general, -acaban por ceder, aunque ninguno quiere ser el primero.</p> - -<p>Al fin, uno de ellos se desprende de los escarpines de charol y su -chófer indígena surge de la masa de javaneses agrupada al pie de las -escalinatas del jardín, para quitarle los calcetines. Avanza con los -pies desnudos, color chocolate claro, que asoman por el borde de la rica -falda de <i>batik</i>. Sus dedos se encorvan y se dilatan como si recobrasen -la agilidad de los remotos ascendientes. Se ha puesto un gran velo verde -sobre sus hombros, con las puntas caídas atrás y la amplia curva -delantera más abajo de su pecho. Este velo va á resultar en el curso de -la danza tan importante como su persona.</p> - -<p>La primera de las bailarinas se coloca de pie ante él y empieza á -cantar. El joven señor inicia su danza sin moverse del sitio que ocupa, -expresándolo todo con las manos, con los balanceos lentos de sus brazos, -con las posturas fijas que adopta luego su cuerpo. En realidad, la mujer -no hace más que acompañar con su canto los gestos del bailarín. Algunas -veces refleja los movimientos elegantes de éste, pero con una modestia -de espejo pobre y turbio. Se nota su voluntad de no rivalizar con el -hombre en unas actitudes que pueden llamarse escultóricas. Éste imita -los contoneos soberbios y dominadores de los animales machos en la vida -libre de la Naturaleza. Es una danza monótona, y sin embargo, pocas -veces he visto un cuerpo humano en tan nobles posturas.</p> - -<p>Los cuatro <i>gentlemen</i> van saliendo por turno. Cada uno de ellos -interpreta de modo diferente danzas de miles de años que expresan la -superioridad absoluta del hombre y la humilde servidumbre de la mujer en -las sociedades primitivas.</p> - -<p>Hablo valiéndome de un intérprete con el primero<span class="pagenum"><a name="page_271" id="page_271">[Pg 271]</a></span> de los jóvenes que -salió á bailar. Me mira con extraordinario interés al saber que soy un -blanco de los que fabrican libros y alguna vez escribiré lo que he -presenciado esta noche. Él ama los cantos de su isla, las -representaciones teatrales. Tal vez compone versos, aunque protesta -apresuradamente cuando el traductor se lo pregunta en mi nombre.</p> - -<p>Luego muestra una generosidad de gran señor. Quiere que me lleve un -recuerdo de él, y desprendiéndose de su espadita dorada me la entrega. -Para que aprecie más el regalo me hace ver la hoja, roída por el óxido -de los años. Es un arma honorífica, uno de los muchos <i>kris</i> legados por -sus abuelos, que él usa únicamente por su antigüedad. Me explica que la -hoja, llena de rugosidades como la piel de la serpiente, está compuesta -de numerosas piececitas fundidas unas sobre otras, como si fuesen -escamas, y las pequeñas grietas en semicírculo de dichas escamas -contuvieron un veneno casi fulminante, capaz de acabar á un herido en -pocos segundos. ¡Pero han pasado tantos años desde entonces!... Ahora el -terrible <i>kris</i> no es más que un arma de museo roída por la herrumbre y -que puede romperse como el cristal.</p> - -<p>Siguiendo un largo corredor y varias escalinatas cubiertas que nos -libran de la lluvia, vamos á una especie de Guiñol establecido dentro -del hotel.</p> - -<p>Tienen los javaneses un verdadero teatro en el que figuran actores de -carne y hueso, pero su espectáculo preferido es la representación por -medio de muñecos. Tal vez estos autómatas, al ser más irreales, dejan -mayor espacio á la imaginación del público.</p> - -<p>El teatro es un salón sin ningún asiento. Gran parte de los espectadores -están en el suelo. Un lado lo ocupa la orquesta. Son músicos iguales á -los del baile, aunque todos ellos ofrecen la particularidad de que -actúan con<span class="pagenum"><a name="page_272" id="page_272">[Pg 272]</a></span> cierto cansancio, teniendo los ojos cerrados. Parece que -estén dormidos, pero cuando le toca á cada uno hacer sonar su -instrumento, cumple dicha función sin entreabrir los párpados y vuelve á -inmovilizarse en su actitud soñolienta. Luego, pienso que adoptan este -gesto por refinamiento artístico, para concentrar mejor sus facultades y -aislarse de la realidad, viendo más intensamente en su imaginación las -peripecias del drama.</p> - -<p>Delante de los músicos y de espaldas á ellos está sentado en el suelo un -viejo de voz lenta que habla sin mirar al público. Ante sus rodillas se -extiende un tabladillo de escasa altura. A ambos lados tiene dos vasijas -de porcelana, y dentro de ellas, en aparente desorden, están los -personajes de la obra, monigotes de cabezas monstruosas, verdes ó -purpúreas; vistiendo túnicas de floreado <i>batik</i> y con brazos -articulados semejantes á las antenas de las langostas. Estos autómatas, -que representan príncipes, guerreros, bellas damas ó humildes siervos, -tienen al final de sus brazos dos altos bastones que recuerdan los que -usaban las señoras de la corte de Versalles.</p> - -<p>El viejo director constituye por sí solo todo el teatro. Unos muñecos -los fija en los agujeros del tablado y quedan inmóviles como un coro que -intervendrá oportunamente. Otros los mantiene en sus manos, agarrando al -mismo tiempo el espigón central y los dos bastones terminales de los -brazos, lo que le permite con una simple frotación de los dedos, ocultos -bajo la falda, poner en movimiento su cabeza y las otras extremidades -articuladas.</p> - -<p>Los directores de estos espectáculos tienen el nombre de <i>dálang</i> y -gozan de gran respeto. Guardan desde hace siglos una autoridad -tradicional semejante á la del sacerdote ó el bardo. Todos ellos son -poetas y gran<span class="pagenum"><a name="page_273" id="page_273">[Pg 273]</a></span>des improvisadores. Estos <i>dálang</i> dirigen algunas veces -representaciones con actores enmascarados, siendo los únicos que pueden -hablar en ellas. Los comediantes no hacen más que una pantomima, -acompañando con sus gestos la declamación del director. Las piezas se -llaman <i>topeng</i> (lo mismo las representadas por seres vivos que las de -monigotes), y sus argumentos están sacados de la mitología ó la historia -heroica de Java. La música no cesa un momento y sirve de eterno fondo á -los lentos recitados del <i>dálang</i>.</p> - -<p>Me explican el drama: una lucha de paladines por el amor de una -princesa; batallas, conquistas, raptos, persecuciones, y sobre todo -muchos golpes. Existe un argumento, un cañamazo dramático, pero no hay -nada escrito, y el viejo <i>dálang</i> va bordando sobre la materia -tradicional todas las flores repentinas de su imaginación.</p> - -<p>Esto no es un teatro. Para serlo tendría que ajustarse á los límites del -espacio y del tiempo, á la estrechez de un escenario, á las murallas -aisladoras de una decoración. En realidad es una novela contada todos -los días con nuevas variaciones y ayudada por medio de los monigotes y -la música.</p> - -<p>Miro al viejo cuentista con un interés confraternal. Mantiene su cabeza -baja, hablando y moviendo los personajes con el aire abstraído y -concentrado del que se entrega á una improvisación.</p> - -<p>La orquesta dormida colabora incesantemente con él á pesar de sus ojos -cerrados. El <i>dálang</i> está de espaldas á los músicos, no existe entre -ellos ninguna relación directa, y sin embargo los instrumentos me hacen -ver los episodios de esta novela javanesa más que las acciones de los -monigotes.</p> - -<p>Dos personajes se mueven al extremo de las manos del improvisador, se -aproximan y se apartan sin cho<span class="pagenum"><a name="page_274" id="page_274">[Pg 274]</a></span>carse, pues esto podría deteriorar sus -frágiles cuerpos, y no obstante sé que acaban de entablar un combate -encarnizado. Nunca he oído á una música expresar mejor los golpes. Estos -instrumentistas soñolientos lanzan acordes secos, de una precisión -matemática, sin mirarse entre ellos.</p> - -<p>Poco después abren todos la boca, viejos, adolescentes y niños, lanzando -un rugido con cierta sordina. Es el rumor lejano de una muchedumbre que -interviene en el curso de la historia.</p> - -<p>Yo cierro también los ojos para no ver las filas de monigotes inmóviles -sobre el tabladillo que representan grotescamente á dicha multitud. Y al -quedar en voluntaria ceguera lo mismo que los músicos, contemplo el -pueblo evocado por el novelista javanés. Es una masa de hombres -cobrizos, medio desnudos, que aclama á los héroes triunfantes, malayos -de armaduras doradas, héroes anteriores al desembarco de portugueses y -holandeses, cuando los habitantes de esta isla no conocían aún la -existencia de Mahoma y alzaban en el interior de ella imágenes colosales -de Buda, templos ciclópeos que la vegetación invasora del Trópico guardó -durante muchos siglos en el misterio de su noche verde.<span class="pagenum"><a name="page_275" id="page_275">[Pg 275]</a></span></p> - -<h2><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX<br /><br /> -LA PUERTA DEL EXTREMO ORIENTE</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">El jardín de Buitenzorg.—Flores que parecen insectos é insectos -iguales á pedazos de madera.—El estrecho de Gaspar.—Los fenicios -del Pacífico y sus portentosas navegaciones.—Verdadera patria de -Simbad el Marino.—La cosmopolita ciudad de Singapore.—El -gobernador Raffles.—Mezcla de pueblos y religiones.—Mi primera -visita á un templo brahmanista.—El cultivo actual del -caucho.—Rutina inglesa de los futbolistas de -Singapore.—Degradación de los blancos que van en -tranvía.—Juglares y domadores de serpientes.—El «smoking» -blanco.—Los maravillosos sastres chinos.—Cuatro trajes en dos -horas.</p></div> - -<p>Buitenzorg es la residencia veraniega del gobernador de Java. El -palacio, reconstruido varias veces á consecuencia de los temblores de -tierra, no ofrece nada de extraordinario. Lo que ha hecho famoso el -nombre de Buitenzorg es su Jardín Botánico, anexo á la vivienda -gubernamental. Como el terreno es más alto que en Batavia y la atmósfera -menos densa y caliginosa, la vegetación se desarrolla en este lugar con -toda magnificencia.</p> - -<p>Antes de marcharnos de Java queremos ver las especialidades más célebres -de dicho jardín. Atravesamos una ancha avenida que es un túnel de -verdura, pues los ramajes laterales se tocan, formando una bóveda -compacta. En realidad, esta galería vegetal se compone únicamente de dos -higueras banianos, árboles que tienen la<span class="pagenum"><a name="page_276" id="page_276">[Pg 276]</a></span> particularidad de reproducirse -invadiendo las tierras próximas, de convertir sus ramas cuando tocan el -suelo en otros tantos troncos con raíces, que á su vez producen nuevos -soportes. En el Jardín Botánico de Calcuta, uno sólo de estos banianos -ocupa un espacio considerable y desde lejos ofrece el aspecto de un -macizo de arboleda.</p> - -<p>En los pequeños lagos de Buitenzorg admiramos la Victoria Regia, planta -acuática de corola blanca cuyas hojas, de dos metros de diámetro, flotan -como escudos sobre las aguas, y tal es su aspecto de estabilidad, que -tientan á poner el pie en ellas como si fuesen de piedra verde.</p> - -<p>Los bambúes alcanzan dimensiones de árboles seculares. Se balancean al -más leve soplo de la brisa y parecen conversar entre ellos con el -frotamiento de sus menudas hojas. Estas cañas enormes son de diversos -colores: amarillas, negras, moteadas. Todas las variedades de la palmera -existen aquí igualmente, desde las de fuste grácil y ligero surtidor de -ramas, que se inclinan con una gracia infantil, hasta las de tronco -redondo y alto como una torre, que desafían erguidas los huracanes del -tornado. Vemos también una gran variedad de lianas semejantes á madejas -de reptiles adormecidos.</p> - -<p>Una colección célebre de orquídeas nos desorienta á causa de sus -bizarras formas, y no sabemos finalmente con certeza si son flores ó -parásitos monstruosos. En cambio, vemos en una sección zoológica pedazos -de madera en apariencia medio podridos, hojas secas, grumos de detritus -vegetal que son en realidad insectos. Estos seres vivos, de admirable -mimetismo, adoptan la forma de la basura de la selva y permanecen -inmóviles para no alarmar á sus presas, sorprendiéndolas mortalmente.</p> - -<p>Al abandonar Java nos damos cuenta de la incongruencia que existe entre -la fealdad del puerto de Tand<span class="pagenum"><a name="page_277" id="page_277">[Pg 277]</a></span>jong-Priok y las bellezas interiores de la -isla. Viendo estos muelles tostados por el sol y su continuación de -terrenos pantanosos y selvas bajas, que son como nidos de la fiebre, -nadie puede sospechar los paisajes paradisíacos que empiezan á -desarrollarse cuando se penetra una docena de millas tierra adentro.</p> - -<p>Entre Java y Singapore la travesía resulta tan plácida como si -navegásemos por un río. El <i>Franconia</i> va partiendo aguas verdes, con -islotes de vegetaciones flotantes.</p> - -<p>Avanzamos teniendo á la derecha la isla de Banka y á la izquierda la -enorme Sumatra, que figura con Borneo como las dos posesiones más -extensas de Holanda. Tan grandes son estos macizos insulares, que una -parte de su interior se halla en estado salvaje y los holandeses tienen -que mantener una actitud defensiva ante muchas de sus tribus. Siempre -que estos indígenas irreductibles encuentran ocasión, le cortan la -cabeza al blanco para guardarla como el mejor de los trofeos. También se -repiten los casos de canibalismo, á pesar de los esfuerzos de las -autoridades para extender las costumbres civilizadas. En estos países, -situados bajo la línea ecuatorial, el europeo colonizador no hace más -que pasar, siéndole imposible vivir muchos años á causa del clima y las -enfermedades. En realidad son factorías más que colonias, ya que el -blanco no puede reproducirse en ellas ni crear una familia estable.</p> - -<p>En el llamado estrecho de Gaspar, las dos costas de Banka y Sumatra se -aproximan de tal modo, que el mar parece un río. Entre ambas riberas se -extienden fajas de baba amarillenta, espuma sucia de un canal en el que -permanecen como enredadas las inmundicias traídas por las corrientes del -Océano libre.</p> - -<p>Nuestro paquebote marcha con cierta precaución, á<span class="pagenum"><a name="page_278" id="page_278">[Pg 278]</a></span> causa de la escasa -profundidad. Cuando salimos de un estrecho es para entrar en otro ó ir -pasando á través de islas é islotes de pequeños archipiélagos. El mar -tiene un verde claro de pradera que denuncia el poco fondo de sus aguas. -A trechos se esparcen sobre este color verde grandes manchas de un -blanco lácteo, reflejo de los campos de arena submarinos.</p> - -<p>Singapore es la puerta del Extremo Oriente. Al pasarla habremos dejado á -nuestras espaldas la parte del mundo más distinta á Europa. Al otro lado -del estrecho de Malaca vamos á encontrar la India, mas esta tierra ya no -pertenece al Extremo Oriente y debe llamársela simplemente Oriente.</p> - -<p>Es cierto que sus diversos pueblos se diferencian en costumbres y -religiones de los países europeos; pero no han vivido miles y miles de -años ignorados de nosotros como el Japón, la China y las agrupaciones -malayas. Alejandro llevó la cultura griega á este Oriente indostánico. -Los hombres de nuestra antigüedad conocieron la India y tuvieron -noticias de las diversas civilizaciones desarrolladas á orillas del -Ganges. Los nautas árabes mantuvieron durante la Edad Media la -comunicación de Europa con el citado Oriente indostánico, aunque ésta no -resultase directa. Fué á partir del estrecho de Malaca, ó sea del -presente Singapore, donde empezaba la noche y la ignorancia para -nuestros pueblos. Nadie sabía nada cierto sobre Catay y Cipango, el -actual Extremo Oriente.</p> - -<p>Al aproximarnos á Singapore vemos en estrechos y canales un enjambre de -pequeños buques de cabotaje, pertenecientes á la marina malaya. Estos -navegantes tradicionalistas han copiado en sus barcos las arboladuras de -la marina de los occidentales, pero sus cascos, aunque construídos -igualmente por un procedimiento<span class="pagenum"><a name="page_279" id="page_279">[Pg 279]</a></span> moderno, conservan siempre la popa más -alta que la proa, lo que les da cierto aire de carabelas, disfrazadas de -bergantines y goletas.</p> - -<p>Como nuestro mundo ha vivido docenas de siglos prestando sólo atención á -los grupos humanos de la vertiente atlántica, sin sospechar siquiera lo -que ocurría en la vertiente del Pacífico, la mayoría de las gentes que -merecen el título de ilustradas ignoran en la actualidad lo que fueron -los malayos como marinos y sus servicios á la civilización. Cuando Vasco -de Gama, después de navegar solitariamente por las costas de África, fué -avanzando en el mar de las Indias, quedó asombrado de la cantidad de -buques asiáticos que pasaban á su vista. Estos argonautas de un mundo -distinto al nuestro tenían sobrado espacio para comerciar sin salirse de -sus mares, y si alguna vez llegaban á deslizarse por las estrechuras del -mar Rojo, una barrera sólida les cerraba el paso, repeliéndolos hacia -otros rumbos.</p> - -<p>Los malayos fueron los fenicios del Pacífico. De conocerse la historia -de sus periplos podrían haberse escrito, basándose en ellos, numerosas -odiseas. Según varios autores que estudiaron á fondo las tradiciones de -esta raza de mercaderes y corsarios, la <i>Historia de Simbad el Marino</i> y -otras muchas aventuras marítimas que figuran en <i>Las mil y una noches</i> -no son más que relatos de proezas de malayos adoptadas por los -navegantes árabes, discípulos y continuadores de aquéllos.</p> - -<p>A falta de una historia detallada y sólida, nos sirve para adivinar los -antiguos viajes de los navegantes malayos la actual existencia de grupos -de su misma raza en los lugares más distantes del Pacífico. Los -argonautas amarillos construyeron sus primitivas flotas en estas riberas -de Sumatra que vamos costeando. De aquí se lanzaron á piratear y -comerciar por toda la inmensidad ma<span class="pagenum"><a name="page_280" id="page_280">[Pg 280]</a></span>rítima que se ofrecía á las proas de -sus barcos con ojos, cuando aún vivían la mayor parte de los europeos en -pleno salvajismo.</p> - -<p>Los habitantes de Madagascar son malayos de origen, lo que demuestra que -por el Este llegaron éstos hasta las costas de África. Una gran parte de -los pobladores del Japón actual son igualmente de origen malayo, lo que -marca sus navegaciones hacia el Norte. Los indígenas del archipiélago de -Hawai y otras islas oceánicas, situadas más allá de la mitad del camino -entre Asia y América, también son malayos. ¿Por qué razón estos -vagabundos del mayor de los Océanos, que realizaron la parte más grande -y difícil de su travesía llegando á dichas islas y estableciéndose en -ellas, no pudieron continuarla desembarcando en América, como uno de los -varios pueblos que según las tradiciones americanas se extendieron de -Norte á Sur, miles de años antes de la llegada de los conquistadores -españoles?...</p> - -<p>Estos malayos de ahora que pasan en sus buquecitos anticuados junto á -nuestro paquebote ignoran completamente las hazañas de sus antecesores. -Hasta hace medio siglo eran piratas, pero una continua persecución les -ha obligado á llevar la existencia de pobres marineros de cabotaje, sin -audacias y sin ambiciones.</p> - -<p>Singapore es la obra de sir Stamford Raffles, funcionario enérgico que á -principios del siglo XIX se apoderó de todas las islas holandesas, -gobernando en Batavia á nombre de Inglaterra. En el Jardín Botánico de -Buitenzorg está la tumba de su esposa.</p> - -<p>Cuando después de la caída de Napoleón tuvo que entregar, por acuerdos -diplomáticos de Europa, las ricas posesiones holandesas al gobierno de -La Haya, no quiso que su patria abandonase estos parajes y fundó la -ciudad de Singapore, que domina el estrecho de Malaca.<span class="pagenum"><a name="page_281" id="page_281">[Pg 281]</a></span> Dos siglos antes -que Raffles, el gran Alburquerque había visto la importancia del -estrecho de Malaca, y pretendió fundar en él una colonia portuguesa para -obtener de tal modo el monopolio del Extremo Oriente.</p> - -<p>Paseando por las calles de Singapore aprecia el viajero su valor -comercial y estratégico. Dos mundos se encuentran y confunden en ella; -dos Orientes completamente distintos. Hoy tiene más de 300.000 -habitantes y es una ciudad con barrios modernos y edificios altísimos. -Posee igualmente plazas extensas y puentes colgantes sobre pequeños ríos -navegables. Estos cursos de agua casi resultan invisibles; tantos son -los barcos indígenas que flotan en ellos, borda contra borda.</p> - -<p>La estatua del gobernador Raffles se alza en el centro de la parte -europea de Singapore. En los barrios que no ocupan los blancos, vive -separado por razas y creencias todo el vecindario cosmopolita. Éste -únicamente se deja ver mezclado en las grandes avenidas centrales. La -ciudad inglesa de Singapore es ante todo una ciudad china, por la -superioridad numérica de tal raza. Más de la mitad de su población se -compone de chinos. Lo mismo que en Batavia, estos trabajadores -infatigables acaparan todos los oficios manuales. Además, como son -grandes ahorradores de dinero, se dedican al préstamo. El chino, fuera -de su país, es igual al judío por su actividad inteligente y ávida, y se -ve tan odiado como éste.</p> - -<p>En las calles de Singapore es donde empezamos á ver indostánicos con el -busto de bronce completamente desnudo y largas cabelleras sueltas ó -anudadas á estilo femenil; cingaleses con los ojos pintados, la cabeza -rematada por una peineta y cierto aspecto intolerable de afeminamiento; -árabes con alquiceles flotantes que marchan lentos y majestuosos; -mujeres del Malabar llevando en sus narices botones de pedrería y -numerosos<span class="pagenum"><a name="page_282" id="page_282">[Pg 282]</a></span> anillos de plata en los dedos de los pies. También pasa por -las aceras, con trote menudo, la china de zapatillas silenciosas, más -enana y más gorda de lo que es en realidad, á causa de su ancha blusa y -sus holgados pantalones de lustrina negra.</p> - -<p>Dentro de las avenidas céntricas los comercios son europeos, pero en las -vías laterales se nota la misma confusión de ciudad cosmopolita. Los -chinos y los malayos poseen numerosas tiendas, é interpolados entre -ellas figuran templos de diversas religiones: pagodas budistas, -santuarios brahmanistas, iglesias católicas, capillas protestantes.</p> - -<p>—En este puerto de paso—me dice un amigo que hace años vive en -Singapore—han venido á juntarse todas las religiones. Brahma, Buda, -Confucio, Cristo y Mahoma se rozan á todas horas, acaban por mezclarse y -algunas veces hasta se confunden.</p> - -<p>Aquí visito el primer templo brahmanista. Ocupa el centro de un patio, -rodeado de una muralla blanca con pilastras. Sobre estas pilastras, á -guisa de capiteles, hay unas cabras de yeso cuyo tamaño es doble del -natural. Están sentadas sobre las cuatro patas encogidas, y sus cuerpos -son blancos, pero con ojos azules y los hocicos de un rojo sangriento. -Dentro del patio, y al amparo de un cobertizo, veo algunos carros con -imágenes de ídolos pintarrajeadas. Estos vehículos de ruedas macizas -salen en las procesiones organizadas por los bracmanes.</p> - -<p>Tengo que descalzarme para entrar en el santuario, aunque todo él puede -verse desde el patio por estar descubierta su parte delantera. Sobre los -altares hay ofrendas de cirios, cocos y plátanos.</p> - -<p>Van saliendo poco á poco de las boncerías próximas los sacerdotes y sus -ayudantes, atraídos por esta visita inesperada. Son unos hombres de -color obscuro,<span class="pagenum"><a name="page_283" id="page_283">[Pg 283]</a></span> casi negros, pero con nariz aguileña, y su delgadez -resulta extraordinaria. No tienen sobre su esqueleto más que la grasa -precisa para rellenar las oquedades de los huesos, y aun así se les ven -las aristas del costillaje, de las clavículas y las rótulas. Su -vestidura es una simple tela roja anudada á la cintura. Todos llevan -cabelleras largas, á estilo de mujer, sujetas por un peine de concha. -Hay un niño entre ellos, hijo de alguno de los sacerdotes, al que todos -acarician con esa ternura paternal que los indostánicos muestran por la -infancia. Este sacristancito, espigado y esbelto, va completamente -desnudo. Lleva cabellera larga y peineta como los hombres. Sus partes -genitales las tiene ocultas en una bolsita blanca, única vestimenta que -conoce su cuerpo.</p> - -<p>Singapore está en pleno <i>boom</i>, como los otros mercados del Extremo -Oriente. Aquí existe un motivo especial para la prosperidad de los -negocios. El cultivo del caucho, que es uno de los descubrimientos más -importantes de la agricultura moderna, tiene su principal centro en esta -tierra.</p> - -<p>Hace unos cuantos años nada más, el caucho era una materia preciosa que -se producía naturalmente y los aventureros iban á buscar en las selvas -vírgenes de los países situados bajo el Ecuador. Viajando por la América -del Sur conocí á muchos varones enérgicos, de existencia novelesca, que -se lanzaban á través de los bosques inexplorados de Bolivia y el Brasil -en busca de grupos de árboles productores del caucho, llevando una vida -llena de peligros, teniendo que batirse con las fieras, con los hombres -y las enfermedades. La invención del automóvil y otros descubrimientos -recientes, al aumentar de un modo ilimitado el consumo del caucho, -hicieron necesaria la busca de nuevos medios de producción, y el árbol -natural, perdido en las selvas,<span class="pagenum"><a name="page_284" id="page_284">[Pg 284]</a></span> ha pasado á ser un cultivo -científicamente ordenado y explotado en los países ecuatoriales de Asia.</p> - -<p>Singapore es ciudad inglesa, pero sólo ocupa una punta de la extensa -península de Malaca. Detrás de ella existen el Estado independiente del -sultán de Johore y otros países autónomos, que forman agrupados la -llamada Federación de Estados Malayos, bajo el protectorado de -Inglaterra.</p> - -<p>Visitamos en la ciudad de Johore una parte del palacio del sultán, una -mezquita y el Casino, donde funciona la ruleta. A Johore la llaman el -«Monte-Carlo de Asia», pero cuando nosotros pasamos por ella se notaba -gran falta de jugadores y la ruleta permanecía inactiva á pesar del -<i>boom</i> de los negocios.</p> - -<p>En otras excursiones por cerca de Singapore vamos viendo los campos -plantados de caucho y las fábricas donde se prepara y solidifica esta -materia tan preciosa para las industrias de nuestro tiempo. La -vegetación tropical embellece dichos alrededores, cubriendo con su -exuberante verdor llanuras, barrancos y montañas. El baniano, de ramas -multiplicadoras, cubre espacios enormes; hay campos extensos plantados -de mandioca, principal alimento de la gente popular, y bosques de -cocoteros á lo largo de las playas.</p> - -<p>Dentro de Singapore se muestra el tradicionalismo británico con una -rutina que hace sonreir. Los empleados ingleses, muchos negociantes -jóvenes y los hijos de europeos nacidos en la ciudad se dedican al juego -del fútbol ó del <i>tennis</i> en las praderas de césped que existen dentro -de las plazas. Pero como en Inglaterra estos juegos son por la tarde, en -Singapore se desarrollan á la misma hora, con una temperatura de más de -40 grados, bajo una atmósfera pesada que cubre de sudor hasta á los que -contemplan simplemente la partida.<span class="pagenum"><a name="page_285" id="page_285">[Pg 285]</a></span></p> - -<p>El calor de Singapore hace ansiar al viajero una pronta vuelta al buque -y que éste salga cuanto antes á los espacios dilatados del Océano, donde -siempre sopla alguna brisa. La ciudad es atrayente y bella; su -vecindario inspira interés á causa de sus variedades pintorescas, ¡pero -el calor!... No debe olvidarse que Singapore está á menos de dos grados -de la línea ecuatorial.</p> - -<p>Toda su vida europea se concentra en un par de hoteles enormes. El más -antiguo, ó sea el llamado Raffles, figura entre los ochenta grandes -hoteles que conoce invariablemente todo el que da la vuelta al mundo. -Como en él se concentran las diversiones elegantes de Singapore y -cuantos pasan por la puerta del Extremo Oriente vienen á sentarse en las -mesas de su comedor, los mercaderes de la ciudad han establecido puestos -de venta en su piso bajo y el hotel es á modo de un pueblo en eterno -movimiento.</p> - -<p>Vendedores obesos con el rostro de color canela y ojos profundamente -negros ofrecen las famosas cañas de Malaca convertidas en bastones, -elefantes de ébano y marfil, aves del Paraíso traídas de las Molucas, -jarrones de porcelana, telas finísimas con dibujos indostánicos. Las -riquezas de la India se juntan aquí con las de la China y el Japón.</p> - -<p>Encuentro en Singapore á dos damas que hablan nuestro idioma; dos -chilenas distinguidas, la señora Eltin y su hermana, casadas con dos -hombres de negocios del país. Asisto con ellas á un baile en el Hotel -Raffles, que se repite tres veces por semana, y es el centro de reunión -de los blancos.</p> - -<p>Ir á pie es considerado en toda Asia como función deshonrosa. El tranvía -sólo lo emplean las gentes de color. Un blanco se vería desconsiderado -si montase en él, y los mismos que lo ocupan habitualmente mostra<span class="pagenum"><a name="page_286" id="page_286">[Pg 286]</a></span>rían -extrañeza por tal desconocimiento de las categorías sociales. La -<i>ricsha</i> se acepta como algo medianamente tolerable nada más. El blanco -sólo empieza á contar en las colonias europeas de Asia cuando tiene -automóvil. Durante el baile en el Hotel Raffles, una nube de lacayos, -descalzos, con levita blanca y turbante, se agitan para hacer pasar ante -la escalinata los centenares de automóviles que han ido aglomerándose en -las cercanías.</p> - -<p>Las damas visten como en Europa. El descote y los brazos desnudos les -permiten soportar los trajes de etiqueta de otros climas. Los hombres -van de blanco, con telas ligerísimas fabricadas en China. Todos llevan -<i>smoking</i>, pero cortado en este género sutil. Me apresuro á usar por -comodidad tal innovación en mi indumento de ceremonia.</p> - -<p>Durante la tarde he presenciado en los jardines del Hotel Raffles la -primera fiesta de juglares indostánicos, maravillosos escamoteadores que -sacan pajarillos vivos de diversos lugares de sus cuerpos casi desnudos, -hacen crecer plantas á la vista, y después de introducir á un colega -suyo en un pequeño serón, atraviesan éste con una espada repetidas veces -y luego el compañero vuelve á surgir, incólume y sonriente. Todo esto lo -han hecho sin ningún aparato escénico que se preste á trampas, en pleno -jardín, á las cuatro de la tarde, sobre el césped de una pradera.</p> - -<p>Además, nos encontramos por primera vez con algo que nos acompañará por -toda la India. Los encantadores de reptiles colocan sus cestos redondos -de junco rojizo sobre la misma pradera, lanzan los sones plañideros de -una pequeña gaita, é inmediatamente se alzan las tapas de los cestos y -empiezan á remontarse varias serpientes, balanceándose al compás de la -triste música.<span class="pagenum"><a name="page_287" id="page_287">[Pg 287]</a></span></p> - -<p>Son completamente distintas á las que se ven en África y América, de -cabeza triangular y cuello delgado. Aquí es la terrible cobra, cuyo -veneno mata en unos segundos, la «naja» de pescuezo hinchado, que parece -llevar una gorguera y encorva cuello y cabeza, considerablemente -dilatados, como si fuesen la hoja de un platanero. En mitad de sus -ejercicios algunas de ellas, seducidas por la frescura del césped, se -deslizan hacia un lado del extenso corro de señoras y caballeros que -presencian el espectáculo. Chillidos femeninos, espectadores que -abandonan los asientos y hacen unos pasos atrás; pero el encantador -agarra á las fugitivas por la cola y tira de ellas, haciéndolas volver -para que sigan danzando... ¡Mas tantas veces he de hablar de este -espectáculo! ¡Lo encontraré con tanta frecuencia durante mi viaje por la -India!...</p> - -<p>Siento miedo al pensar en el suplicio de vestir un <i>smoking</i> negro para -el baile de la noche. En Singapore significa algo así como enfundarse en -una armadura antigua de hierro. Me aconsejan que busque á uno cualquiera -de los sastres chinos que trabajan en los edificios anexos al hotel. -Adopto tal indicación sin ninguna esperanza de éxito. Son las cinco de -la tarde y el baile empezará á las nueve de la noche, después de la -comida. ¡Qué puede hacer un sastre en tan pocas horas!...</p> - -<p>Entro en la tienda. Una docena de chinitos sentados en el suelo cosen y -cosen con pequeñas máquinas. Al mismo tiempo cantan, ríen ó conversan -lanzando una serie de chillidos iguales á los de una banda de gorriones -descarados.</p> - -<p>El dueño, obeso, carilleno, jovial, acoge mi demanda con una sonrisa -protectora y parpadea sus ojitos apenas abiertos. Sabe perfectamente lo -que es la prisa de un europeo llegado á estos países de calor sin la -indumen<span class="pagenum"><a name="page_288" id="page_288">[Pg 288]</a></span>taria conveniente. Él está aquí para remediar tales olvidos.</p> - -<p>—¿Cuántos trajes desea?—acaba por decirme.</p> - -<p>Me extraña su pregunta. Con uno tengo de sobra, pero debe fijarse antes -de aceptar mi encargo. Lo necesito para esta misma noche, para dentro de -unas horas, y reconozco que el plazo es muy corto.</p> - -<p>—¿Le parece bien que haga cuatro?—sigue diciendo—. Lo difícil es el -primero. Después, lo mismo me cuesta hacer uno que media docena. En -estos países se suda mucho y nunca se tiene bastante ropa.</p> - -<p>Lo que yo deseo saber es el tiempo que necesitará para proporcionarme un -traje blanco, uno nada más, y él contesta:</p> - -<p>—Si me da un traje suyo como modelo le haré los cuatro en una hora; si -es por medida, pido dos horas.</p> - -<p>Dejo que tome mis medidas este maestro jactancioso y jocundo. Mientras -apunta los resultados dice palabras ininteligibles á su personal y toda -la chinería ríe igualmente. Deben estar burlándose de mí.</p> - -<p>Me voy un poco amoscado, seguro además de que todo lo prometido -resultará mentira. Ni cuatro trajes, ni uno siquiera. De recibirlos, lo -más pronto será mañana.</p> - -<p>Vuelvo dos ó tres veces al azar de mis paseos ante la tienda del sastre. -El maestro, detrás de su mostrador, corta y corta en una pieza enorme de -tela blanca; los chinitos, acurrucados en el suelo, cosen y cosen, entre -una algarabía de jaula revuelta. Me reconocen al pasar, ríen, me hacen -señas incomprensibles. Sin duda siguen burlándose del cliente -extranjero.</p> - -<p>Transcurren dos horas. A las siete, poco antes de la comida, vuelvo -lentamente hacia la tienda del chino. Reflexiono sobre la conveniencia -de dar un bastonazo oportuno para suprimir este regocijo chinesco que -se<span class="pagenum"><a name="page_289" id="page_289">[Pg 289]</a></span> permiten á costa de mi persona... Encuentro cerrada la puerta. Lo -que yo temía. Volveré mañana, para ver si el «maestro» piensa seguir -fisgándose de mí.</p> - -<p>Al entrar en el Hotel Raffles me llama el conserje y veo á un muchacho -con dos ligeros paquetes; uno de los mismos chinitos que cosía en el -suelo con las piernas cruzadas. El empleado del hotel me traduce el -mensaje del sastre:</p> - -<p>—Aquí tiene los cuatro trajes. Hace media hora que está el <i>boy</i> -esperando para entregárselos, ¡pero como no sabía el nombre de su -cliente!... No se los pague al chico. Ya se los pagará usted al sastre -cuando le parezca.</p> - -<p>Y á las nueve de la noche me visto uno de los <i>smokings</i> blancos, sin -defecto alguno, igual á todos los que usan los elegantes de Singapore.<span class="pagenum"><a name="page_290" id="page_290">[Pg 290]</a></span></p> - -<h2><a name="XX" id="XX"></a>XX<br /><br /> -LA CIUDAD DE LOS ELEFANTES</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">La muerte del más gordo de los «stewards».—Una mosca -javanesa.—Cadáver al agua.—El río de Rangoon.—La famosa pagoda -de Shway Dagon.—Todos bonzos.—La superioridad de la mujer -birmana.—Sus enormes cigarros.—Los serpenteros de Rangoon y sus -pupilas.—Abundancia de elefantes.—Su inteligencia y sus -trabajos.—Hombres con pendientes y peinado de mujer.—La policía -pega.</p></div> - -<p>Seguimos el extenso callejón marítimo del estrecho de Malaca—el más -largo de nuestro planeta—, y al final entramos en el mar de las Indias -y su prolongación el golfo de Bengala.</p> - -<p>Vamos á Birmania, en la ribera Este de dicho golfo, y el <i>Franconia</i> -costea durante tres días la dilatadísima península malaya, pasando junto -á los archipiélagos tendidos ante ella.</p> - -<p>Dos días después de nuestra salida de Singapore me dicen en secreto que -alguien ha muerto en el buque y á las diez de la mañana arrojarán su -cadáver. Nos faltan veinticuatro horas para llegar á Rangoon, pero el -desembarco en dicho puerto no es fácil. Los grandes vapores quedan -anclados en el río á gran distancia de la ciudad. Además, por exigencias -sanitarias, conviene desembarazarse cuanto antes de dicho cadáver.</p> - -<p>El que murió es un criado de comedor, un <i>steward</i> que llamaba la -atención por ser el más gordo del buque;<span class="pagenum"><a name="page_291" id="page_291">[Pg 291]</a></span> inglés rubicundo, alto y -cuadrado, con un peso de 110 kilos. Al bajar en Batavia le picó una -mosca, sin que en el primer momento diese importancia alguna á este -incidente. En el trayecto de Java á Singapore la simple picadura se -enconó como si fuese de un reptil venenoso y anoche ha muerto -completamente desfigurado, con las facciones tumefactas y ennegrecidas. -Esto no es extraordinario. En los países tropicales, insectos en -apariencia inofensivos transmiten infecciones de muerte.</p> - -<p>Este pobre <i>steward</i> es el segundo que cae en nuestro viaje. El joven -americano que vino moribundo de Pekín á Shanghai ha conseguido salvarse -en la enfermería del buque. Aún está convaleciente y no baja á tierra. -Tal vez termine su viaje alrededor del mundo sin ver otra cosa que -puertos de ciudades lejanas y extensiones desiertas de Océano, pero -habrá conservado su vida. Este atleta rubicundo y alegre, que durante la -última guerra sirvió en varios buques que fueron torpedeados, salvándose -de la explosión mortal y de las llamas del incendio, ha caído finalmente -por obra de una mosca de Java y está abajo, negro como si su cadáver -fuese de carbón, putrefacto en breves horas, siendo una amenaza para la -existencia de los demás, un foco de contagios exóticos é inexplicables.</p> - -<p>No quiere el comandante que se divulgue la noticia de tal defunción. La -vida ordinaria del paquebote debe continuar como todos los días. Los -pocos viajeros conocedores del suceso seguimos á las gentes del buque -que disimuladamente se dirigen hacia la popa por los corredores -destinados al servicio.</p> - -<p>Hay en el <i>Franconia</i> toda una parte que ignoran los pasajeros: galerías -por donde puede correr la marinería de popa á proa, sin necesidad de -atravesar los salones y escalinatas de lujo. Con estas galerías se -comunican los<span class="pagenum"><a name="page_292" id="page_292">[Pg 292]</a></span> departamentos de máquinas, los depósitos de víveres, las -cocinas y otras dependencias. Son como los pasadizos y escaleras de -servicio que existen en los grandes hoteles.</p> - -<p>Nos deslizamos por una puertecita generalmente inadvertida y caemos en -pleno movimiento de las gentes que sirven las múltiples necesidades de -este palacio flotante. Los <i>stewards</i> marchan todos hacia la popa -rápidamente, deseosos de que no se percaten de su ausencia los señores -que están arriba. Llegamos á un amplio espacio descubierto por tres de -sus caras y con techo, situado sobre el timón, en la parte más saliente -de la popa. Cerca están los talleres de lavado, y las mujeres que -trabajan en ellos suspenden sus operaciones para unirse á la fúnebre -despedida.</p> - -<p>Muchos pasajeros han comprado pájaros en los puertos del Extremo -Oriente, entregándolos á hombres de la tripulación para que los cuiden -fuera del ambiente de sus camarotes, y es en este lugar donde permanecen -guardados dentro de jaulas pendientes del techo. Surge de ellas un -continuo trino de canarios y calandrias que la paciencia china convirtió -en incansables cantores.</p> - -<p>Se van agrupando en dicha parte del <i>Franconia</i> unos trescientos -hombres. Todos llevan su uniforme azul de gala, con botones dorados, -ropa que les hace sudar en esta mañana cálida. El capitán llega seguido -del estado mayor del buque y se sitúa junto al féretro. Es un cajón de -madera blanca construído horas antes. Una bandera lo cubre por entero -con sus rayas de colores. Lo han depositado sobre una tabla colocada en -el mismo borde de un portalón abierto en la barandilla. No hay más que -hacer un movimiento de palanca, y el féretro, arrastrado por la pesadez -de los hierros encerrados en él, se irá á fondo inmediatamente.<span class="pagenum"><a name="page_293" id="page_293">[Pg 293]</a></span></p> - -<p>Uno de los oficiales, encargado de las lecturas religiosas todos los -domingos, recita las oraciones propias del acto. Varios grumetes van -distribuyendo libros entre el compacto gentío: volúmenes de salmos, -encuadernados en chagrín negro.</p> - -<p>Suena una música dulce y quejumbrosa. La orquesta del buque permanece -invisible en esta aglomeración de hombres que escuchan con la frente -baja. Todos abren su libro y se inicia un canto religioso, un coral de -numerosas estrofas, que se prolonga media hora. Ya dije que esta gente -canta bien, y la melancolía de sus voces, el lamento de los violines, el -féretro embanderado que cada vez se inclina más sobre el abismo, la -extensión azul y dorada del mar desierto, un cielo por cuyo horizonte -resbalan lentamente montañas de vedijas blancas, todo da un interés -emocionante al triste episodio de nuestro viaje.</p> - -<p>Las aves que penden del techo, enardecidas por este coro de centenares -de voces se unen á él lanzando trinos ruidosos. Cantan con una energía -que eriza sus plumas é hincha sus gargantas como si fuesen á -desgarrarse.</p> - -<p>De pronto un chapuzón en el mar, una pequeña columna de espuma que -asciende recta como un surtidor. Obedeciendo á un leve signo del -comandante, los marineros han dejado caer el féretro cuando menos lo -esperábamos. Nadie se mueve; continúa el cántico. El <i>Franconia</i>, que -había aminorado su marcha, vuelve á agitar las hélices á toda velocidad. -Ya debe estar el muerto muy lejos de nosotros, pero siguen los lamentos -musicales por su eterno reposo.</p> - -<p>Cesa al fin el salmo fúnebre. Las trompetas lanzan un toque marcial -indicando que la energía y el trabajo diarios para vencer al peligro van -á reanudarse. Los grumetes recogen en cestos los libros de plegarias. El -capitán y<span class="pagenum"><a name="page_294" id="page_294">[Pg 294]</a></span> sus oficiales saludan y se retiran. Todos van á despojarse -apresuradamente de sus uniformes azules para recobrar las prendas -blancas de diario. A los pocos minutos me veo solo en este lugar donde -se aglomeraban tantos hombres.</p> - -<p>Vuelven á funcionar las máquinas del taller inmediato, exhalando un olor -de ropa mojada y lejía batida. Las mujeres de brazos arremangados mueven -otra vez sus planchas. Y los pájaros, dentro de sus cárceles -balanceantes, siguen cantando furiosamente, excitados aún por la música -humana que vino á interrumpir sus conciertos solitarios.</p> - -<p>El mar es al día siguiente de un verde amarillento; horas después se -hace rojizo, y al final toma un color terroso tan denso, que nuestro -buque parece deslizarse por una llanura. Hemos entrado en el Irrawady, -río de Rangoon, y debemos remontarlo muchas millas hasta llegar al sitio -donde fondean los trasatlánticos de importancia, no pudiendo ir más -adelante. El canal navegable está marcado por dos filas de boyas y los -buques trazan grandes revueltas al seguirlo.</p> - -<p>Las riberas son amarillas y bajas, con estrechas zonas de fresco verdor. -A largos trechos hay grupos de árboles que indican la existencia de -casas invisibles. Pasan cerca de nosotros barcas pintadas á cuadros -blancos y negros, y sus tripulantes, medio desnudos, mueven unos -canaletes terminados por paletas completamente redondas. Algunas veces -el grupo de árboles deja ver las techumbres de paja de un pueblo y sobre -ellas una pirámide en forma de campanilla, que es el adorno central de -todas las pagodas birmanas. En las ciudades esta misma pirámide se halla -cubierta de oro. Aquí es blanca, con una costra de cal cuidadosamente -mantenida.</p> - -<p>Con el desplazamiento de su volumen dentro de esta<span class="pagenum"><a name="page_295" id="page_295">[Pg 295]</a></span> agua canalizada, -levanta nuestro vapor grandes olas entre su casco y la orilla. Veleros -de arboladura mixta, medio asiática y medio europea, que se deslizan en -dirección opuesta, cabecean con violencia, cual si hiciesen frente á una -tempestad. Las olas cortas y continuas no les dan tiempo para levantarse -y volver á caer rítmicamente, como en el mar. Pero la marinería malaya -no presta atención á tales sacudidas, que hunden el extremo de su proa, -y acodándose en las bordas contempla inmóvil el paso de nuestro -trasatlántico.</p> - -<p>Anclamos en el fondeadero de Hastings, lejos de Rangoon. Sus edificios -modernos y las cúpulas de oro de sus pagodas se ven algo esfumados por -encima de las arboledas de los jardines. Unos vaporcitos nos llevan á la -ciudad, navegando á través de numerosos paquebotes y veleros que han -podido avanzar más en el río, anclando según su calado.</p> - -<p>Al saltar á tierra nos damos cuenta de que acabamos de entrar en un -mundo distinto á los que conocimos en anteriores escalas. Estamos en la -India; pero una India más colorinesca y alegre que la famosa y -tradicional que veremos semanas después.</p> - -<p>Birmania es la última adquisición de los ingleses en el Oriente índico. -Hace unas decenas de años nada más aún existía un reino de Birmania. Al -anexionarse Inglaterra á este país, su capital, Mandalay, situada en el -interior, á veinticuatro horas de ferrocarril, ha perdido su antigua -importancia. Rangoon, puerto principal de todo el Este del golfo de -Bengala, absorbe la vida de los países inmediatos.</p> - -<p>No se nota aquí el cosmopolitismo de Singapore. Los habitantes son -puramente birmanos. Pero la importancia religiosa de la ciudad, á causa -de la célebre pagoda llamada Shway Dagon, atrae numerosos peregrinos de<span class="pagenum"><a name="page_296" id="page_296">[Pg 296]</a></span> -todos los países budistas, hasta de las provincias más interiores de la -China.</p> - -<p>El budismo es una religión en decadencia. Posee aún centenares de -millones de adeptos porque la China y el Japón abrazaron las doctrinas -del innovador Gautama. Pero este sacro personaje, nacido en la India, -después de ver aceptados sus dogmas en su propia patria quedó vencido -por el brahmanismo, que se rehizo de su primera derrota, reconquistando -finalmente la mayor parte del país.</p> - -<p>Hoy sólo quedan dos centros del budismo en toda la India: Ceilán y -Birmania. En Ceilán está la ciudad de Kandi con su pagoda, que guarda un -diente de Buda. En Birmania los peregrinos van á Rangoon para visitar la -Shway Dagon, edificada sobre tres cabellos del sacro personaje.</p> - -<p>A pesar de que son muchísimos los peregrinos que llegan de la China, del -Tibet y otros países lejanos, apenas se nota su presencia, por quedar -como sumergidos en la gran masa birmana.</p> - -<p>La muchedumbre de Rangoon agrupada en las calles es habladora, -comunicativa, y siente curiosidad por todo. Ama los colores vistosos y -los emplea con preferencia en sus trajes. Fanáticamente budista, -considera el estado sacerdotal como el más perfecto, y procediendo -lógicamente, todos los rangoneses procuran ser bonzos, aunque sólo sea -durante un corto período de su juventud. Los hombres antes de casarse se -agregan á cualquiera boncería, llevando una existencia semejante á la de -los novicios en un convento católico. Lo que les importa es poder -afeitarse la cabeza por entero, al modo sacerdotal, y llevar como -vestidura una tela de varios metros arrollada al cuerpo, lo mismo que la -antigua toga romana. Como este hábito tiene un tinte de azafrán<span class="pagenum"><a name="page_297" id="page_297">[Pg 297]</a></span> fuerte -y vistoso, la enorme cantidad de bonzos perpetuos ó circunstanciales -refuerza el aspecto multicolor de las muchedumbres.</p> - -<p>Los hijos de familia acomodada son pequeños bonzos de exterior pulcro, -con anteojos de concha los más de ellos y manto de azafrán muy amarillo, -que tiene de lejos el color del oro. Los bonzos mendicantes, -extremadamente delgados, ofrecen un aspecto grotesco por el abultamiento -de su vientre. Cuando pasan ante una tienda desenvuelven su manto -descolorido y revelan el misterio de su incomprensible obesidad sacando -á luz una olla de metal en la que van recogiendo las limosnas de los -devotos; su única comida.</p> - -<p>Una particularidad del pueblo birmano, que no se repite en ningún otro -de Asia, es la supremacía que gozan las mujeres sobre los hombres. Esta -superioridad ha servido para que la birmana sea de inteligencia -despierta, con una gracia algo maligna y gran habilidad para el manejo -de los negocios.</p> - -<p>Muchas de las tiendas de Rangoon están dirigidas por mujeres. En las -calles hablan á los hombres con voz fuerte y una expresión autoritaria. -La esposa marcha siempre delante, seguida del marido. Además, según me -dicen, son ellas muchas veces las únicas que ganan dinero para el -sostenimiento de la familia. Esto resulta extraordinario en Asia luego -de haber visto la japonesa y la china, criaturas supeditadas -completamente al hombre. En el resto de la India la mujer es tan esclava -del marido, que hace menos de un siglo todavía se quemaba sobre la pira -sepulcral de éste, por considerarse incapaz de continuar viviendo sin su -apoyo. Hoy seguiría quemándose lo mismo, si lo permitieran las -autoridades inglesas, pues la viudez representa para la indostánica el -más horrible y absoluto de los olvidos.<span class="pagenum"><a name="page_298" id="page_298">[Pg 298]</a></span></p> - -<p>La mujer birmana es de ojos negros, algo oblicuos, pero más grandes y -saltones que los de otras asiáticas. Como puede expresarse libremente, -esto comunica á sus palabras y actitudes cierto atrevimiento incitante. -Todas ellas resultan un poco cabezonas, pero tal vez sea á consecuencia -de su tocado, que consiste en un gorrito redondo de terciopelo, con una -gran rosa blanca de perlas que cuelga por el lado derecho, y la -cabellera en bandós muy ahuecados. Además, todas son de pequeña -estatura, y sus miembros algo gráciles no armonizan bien con la amplitud -de su busto.</p> - -<p>Su boca es más atractiva que las de muchas asiáticas—especialmente las -javanesas—, porque no masca el betel, que hincha los labios, ennegrece -los dientes y escoria las encías. En cambio, las birmanas se entregan á -otro vicio que hace apestante su aliento. Todas ellas son fumadoras, -terriblemente fumadoras, como no lo es ningún hombre.</p> - -<p>Ignoran el cigarrillo y desconocen también el cigarro de forma elíptica -que usan los occidentales. Lo que ellas fuman á todas horas es un -cilindro de hojas de tabaco muy apretadas, igual por sus dos extremos, -largo más de un palmo y con el grueso de un barrote de silla. Tan enorme -es el diámetro de estos cigarros, que toda birmana, por grande que tenga -la boca, debe abrir mucho las mandíbulas y poner los labios en círculo -para abarcar con ellos su final, lo que da un aspecto cómico á las -chupadas de la fumadora. Y como son un poco enanas, según ya he dicho, -parece que vayan adheridas á sus enormes cigarros y que éstos tiren de -ellas.</p> - -<p>Unas llevan arrolladas á sus piernas piezas de seda con flores pintadas; -otras usan pantalones anchos como las chinas. Su busto lo cubren con una -camiseta corta que deja visible por arriba el arranque de los pechos y<span class="pagenum"><a name="page_299" id="page_299">[Pg 299]</a></span> -muestra por abajo, entre las dos prendas, un reborde de la carne del -talle. Su tocado consiste unas veces en el gorrito obscuro, con la rosa -de falsas perlas pendiente á la derecha, y otras en un rodete de adornos -blancos sobre el peinado, que huele á jazmín.</p> - -<p>La libertad de que gozan va acompañada, según dicen, de excesos y -abusos. Como vieron desde pequeñas dentro del hogar la superioridad -autoritaria y algo despectiva de la madre sobre el padre, continúan -menospreciando al hombre, por creerlo inferior, y lo reemplazan con -demasiada frecuencia. Todas aman la música, la danza, los cantos, y la -ilusión de muchas de ellas es poder ingresar en las compañías de baile y -de juglares que circulan por el país.</p> - -<p>Apenas damos unos cuantos pasos en un jardín vecino al desembarcadero, -salen á nuestro encuentro las especialidades animales de la India. Oímos -la estridencia de diversas gaitas surgiendo de los grupos de naturales -situados en las aceras inmediatas. Los domadores de serpientes, -acurrucados sobre el asfalto, hacen sonar sus plañideros instrumentos, -mientras del semicírculo de cestos que tienen ante ellos van surgiendo -reptiles de cuello hinchado.</p> - -<p>Aquí los serpenteros son más numerosos que en Singapore. Los hay de -todas las edades. Unos adolescentes, gritones y confianzudos, agarran la -terrible cobra con sus dos manos y vienen hacia nosotros para que la -contemplemos de cerca. Estos novicios deben haber heredado de sus padres -la colección de reptiles que les proporciona el arroz.</p> - -<p>Hay cobras que se agitan medio adormecidas, con el aire del que cumple -maquinalmente una obligación diaria. Otras parecen furiosas, y sus -dueños las tratan con visibles precauciones, rehuyendo los golpes que -les<span class="pagenum"><a name="page_300" id="page_300">[Pg 300]</a></span> tiran á las manos con su boca silbante. Todos creen que estos -hombres arrancan á sus reptiles los colmillos venenosos y emplean además -con ellos otros procedimientos para dominarlos. Así será, pero los tales -medios no deben ser perfectos, ya que todas las semanas hablan los -periódicos de la muerte casi fulminante de alguno de estos encantadores -á consecuencia de un mordisco de sus pupilas.</p> - -<p>Empleamos algún tiempo en presenciar tales danzas. El calor es sofocante -en las calles; las moscas pululan sobre las aceras, se suben por la piel -rugosa de las serpientes, picoteando sus escamas verdes, blancas y -rojizas, se pasean por la gorguera inflamada de su cuello hinchado y -luego vienen hacia nosotros. ¡No!... ¡Vámonos!</p> - -<p>En el centro del jardín suenan gritos de regocijo y acude corriendo la -gente. Vemos sobre las cabezas de la muchedumbre el lomo gris y redondo, -el cráneo prehistórico, con rudas oquedades y aristas, de varios -elefantes.</p> - -<p>Rangoon es la ciudad de los elefantes, y para nuestra diversión han sido -enviados al jardín los más célebres por su inteligencia.</p> - -<p>Horas después, al visitar los alrededores, vemos los grandes depósitos -de madera, principal industria de la población. Es madera pesadísima, -troncos cortados en el interior de Birmania que tienen la dureza del -hierro. Los elefantes se encargan de acarrear estas piezas y colocarlas -en ordenados montones. No podrían realizar los hombres dicho trabajo con -la rapidez y la facilidad que lo ejecutan ellos. Todos llevan una -especie de cincha de la que pende una cadena rematada por un gancho. Así -toman los enormes maderos de la orilla del río y los arrastran hasta el -aserradero. Cuando de<span class="pagenum"><a name="page_301" id="page_301">[Pg 301]</a></span>ben colocarlos en pilas los levantan con su -trompa, y realizan tal labor sin vacilación alguna.</p> - -<p>Se ha exagerado algo la inteligencia de este animal al querer igualarla -con la del hombre. Sin embargo la creo muy superior á la del resto de -los animales. Es un poco tarda, un poco espesa en su curso, pero se -desenvuelve indudablemente siguiendo un encadenamiento de raciocinios -lógicos.</p> - -<p>Las dos parejas de elefantes que salen á nuestro encuentro en el jardín -del desembarcadero son cuatro celebridades, que muestran una -superioridad de artista sobre los cientos de camaradas empleados en los -depósitos de maderas. Cada uno de ellos sostiene sobre su lomo á un -indio que le habla cariñosamente y lleva las manos libres, sin emplear -el bastón de que se valen otros conductores para hacerse entender.</p> - -<p>Han arrojado una pelota de fútbol en medio de la pradera, y los -elefantes se mueven con una ligereza extraordinaria, dada la pesadez de -su especie, enviándose aquélla con la trompa y recogiéndola igualmente -antes de que toque el césped. Las evoluciones de este juego nos hacen ir -de un lado á otro, deseosos de no perder detalle y evitando al mismo -tiempo que nos pille un pie cualquiera de estas patas redondas como -torres que dejan profundas huellas en la hierba.</p> - -<p>Unos trabajadores de la ciudad traen pesados maderos, y estos animales -los manejan con su trompa á la voz de mando de sus conductores. Dos de -ellos agarran un largo tronco por sus extremos para subirlo y bajarlo -acompasadamente. Otros trabajan solos y un madero de varios quintales lo -hacen girar con la ligereza de un bastoncillo.</p> - -<p>Llama mi atención la muchedumbre que se ha ido aglomerando en torno á la -pradera. Los naturales de<span class="pagenum"><a name="page_302" id="page_302">[Pg 302]</a></span> Rangoon, siempre ociosos y callejeros, -sienten excitada su curiosidad por esta fiesta extraordinaria.</p> - -<p>Las mujeres no muestran interés por los elefantes y siguen su camino, -dando chupadas al enorme cigarro. Los hombres miran tales juegos con un -entusiasmo infantil.</p> - -<p>Casi todos estos varones son de gran belleza física. Aquí empieza á -verse el hombre blanco, perfectamente blanco, que existe en la India -entera, mezclado con otros indostánicos cobrizos y casi negros. -Representa el tipo ario ideal, que tal vez sólo existió en la -imaginación de algunos autores.</p> - -<p>Vestidos con una especie de sábana blanca arrollada lo mismo que una -toga, recuerdan las figuras escultóricas de la antigüedad helénica. -Todos llevan pendientes, pero con una abundancia que no deja sin -aprovechamiento ninguna de las prominencias de su rostro. Empiezan por -colgarse dos de cada oreja: uno en el lóbulo y otro en lo alto del -pabellón auricular. Después de colocados estos cuatro adornos todavía -sitúan en su cara un quinto pendiente, colgándolo de una aleta de sus -narices ó de un agujero que perfora su tabique central. Además, estos -hombres, blancos y hermosos, que no tienen ningún aspecto femenino, y -cuyo perfil aguileño recuerda el de muchos héroes, llevan la cabellera -larga y enroscada en forma de rodete sobre la cúspide de su cráneo.</p> - -<p>El ansia de ver mejor les hace avanzar, estrechando su círculo, quitando -terreno al escenario de la fiesta, y lo que es más grave, mezclándose, -no obstante su inferioridad de raza, con todos nosotros. Presiento que -esto va á acabar mal.</p> - -<p>La autoridad anglo-india no puede tolerar un olvido tan insolente de la -diferencia de castas. Acompañando á<span class="pagenum"><a name="page_303" id="page_303">[Pg 303]</a></span> nuestros grupos se mueven dentro -del jardín varios policías indostánicos, barbudos y con turbante. -Igualmente vienen con nosotros desde que desembarcamos, ciertos -individuos de casco blanco y vestimenta civil, que tienen la tez sucia -del mestizo y su aire vanidoso. Como bastón llevan un vergajo. Son de la -policía secreta.</p> - -<p>De pronto se dan cuenta de este avance del público indígena y marchan -contra él dando gritos de cólera. Empujan á los grupos, y á pesar de que -retroceden obedientes, levantan sus vergajos para acelerar la retirada -general, repartiendo golpes á mansalva.</p> - -<p>Los hombres más hermosos y esbeltos de la tierra huyen murmurando -protestas, cual si fuesen niños. Sus vestiduras blancas aletean -ridículamente con la precipitación del miedo. Un poco más allá vuelven á -detenerse con pueril indecisión, temiendo los garrotazos de sus -compatriotas al servicio de los ingleses, pero sin querer privarse de -presenciar los juegos de los elefantes.</p> - -<p>Siento indignación ante tal atropello. Indios que pegan á los indios... -¡miserables!</p> - -<p>Luego pienso en Europa, donde la policía blanca golpea igualmente á los -blancos.<span class="pagenum"><a name="page_304" id="page_304">[Pg 304]</a></span></p> - -<h2><a name="XXI" id="XXI"></a>XXI<br /><br /> -LOS TRES CABELLOS DE BUDA</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">El aspecto de Rangoon.—Los Lagos Reales y sus peces -sagrados.—Europeos de Rangoon que no han visitado nunca la pagoda -de los tres cabellos de Buda.—Miedo á las muchedumbres de -peregrinos.—El orgullo británico y los pies desnudos.—Un entierro -de fanáticos de Madrás.—El templo más antiguo del mundo.—La -interminable escalera, su mercadillo y su basura.—La montaña de -oro, centro de la meseta sagrada.—Pagodas, pagodones y -pagodines.—Gran variedad de imágenes de Buda.—Mi amigo el joven -bonzo.—Cosas horripilantes y curiosas que me enseña.</p></div> - -<p>Las calles de Rangoon ofrecen una novedad para el viajero que llega del -Extremo Oriente. No se ve en ellas ninguna <i>ricsha</i>. Después de -Singapore el hombre ya no sirve de bestia de tiro á sus semejantes.</p> - -<p>Abundan los animales en la India, y el caballo ó el buey resultan más -baratos para la tracción que el brazo humano. El indostánico es de -musculatura débil, y se necesitan varios de ellos para hacer el mismo -trabajo que realiza fácilmente un chino ó un japonés. Como los -rangoneses son budistas, no existen aquí animales sagrados, y el buey -tira de los carromatos y hasta va enganchado en parejas á una especie de -tílburi ligero que usan las familias del país y tiene como toldo una -sombrilla de cartón pintado.</p> - -<p>Empiezan á encontrarse carruajes de alquiler arras<span class="pagenum"><a name="page_305" id="page_305">[Pg 305]</a></span>trados por caballos, -lo mismo que en Europa; pero estos vehículos tienen un aspecto -indostánico. Son una especie de landós cerrados, y su madera guarda el -color natural bajo una capa de barniz. El cochero, sentado en un -pescante muy alto, lleva grandes barbas y usa el mismo gorro que los -policías sikis. Los haces de hierba para el pienso de sus dos bestias -los guarda previsoramente amontonados en el techo del carruaje. También -hay automóviles de alquiler, y estos vehículos los emplean con -preferencia los viajeros que no quieren encerrarse en coches birmaneses, -cuyos caballos marchan con soñolienta lentitud.</p> - -<p>Visitamos la parte moderna de la ciudad, los barrios construídos por la -dominación británica, vaga copia de la metrópoli tal como puede -recordarse á una distancia de miles de leguas.</p> - -<p>En las grandes plazas jardineadas hay estatuas de la Reina Victoria y -Eduardo VII. También vemos un monumento en conmemoración del jubileo de -dicha soberana, primera emperatriz de las Indias. Pasamos ante diversos -palacios, que son del gobernador, de los secretarios de Estado, del -Tribunal Supremo, todos con fachadas de piedra negruzca é idéntica -arquitectura que si se reflejasen en las aguas del Támesis. Existen dos -catedrales, una protestante, otra católica, y la gran mezquita, elevadas -en los últimos años.</p> - -<p>Dentro de las modernas avenidas, que tienen de cincuenta á cien metros -de anchura, como recuerdo de la antigua ciudad birmana, cuyos edificios -desaparecieron en gran parte, surgen á trechos algunas pagodas rodeadas -de un círculo de pagodines, elevando sobre los otros edificios el remate -de su cúpula de oro en forma de campanilla.</p> - -<p>Fuera de la ciudad corremos por caminos polvorien<span class="pagenum"><a name="page_306" id="page_306">[Pg 306]</a></span>tos hacia un gran -parque formado sobre los antiguos jardines de los reyes de Birmania. -Como recuerdo de dicha época, que parece remotísima y está separada de -nosotros por menos de medio siglo, quedan dos lagos, que la gente llama -aún Lagos Reales. Uno de ellos tiene una isla con un sauce, un kiosko y -un puente, semejante á la del «Jardín del Mandarín» de Shanghai. En sus -aguas nadan unos animalejos negros y monstruosos que parecen grandes -sanguijuelas con aletas. Son los peces sagrados del antiguo reino de -Birmania, y en dicha época si alguien osaba pescarlos corría el riesgo -de que le cortasen la cabeza. Ahora, el guardián indígena, que echa al -agua unas semillas redondas para atraer sus interminables enjambres, nos -enseña un bocal vacío y nos propone en voz baja vendernos como recuerdo -algunos de dichos gusarapos.</p> - -<p>Un deseo obsesionante nos acompaña, y deseamos terminar la visita de los -jardines para realizarlo cuanto antes. Queremos ver la célebre pagoda de -Shway Dagon.</p> - -<p>Algunos europeos residentes en Rangoon muestran extrañeza al enterarse -de nuestro deseo. Los hay que llevan seis años viviendo en la capital de -Birmania y nunca se les ocurrió visitar esta pagoda, cuya cúpula -luminosa ven todos los días lejos de la ciudad, por encima de arboledas -y tejados, brillando como una montaña de oro. Sienten repugnancia al -pensar en las peregrinaciones miserables que llegan á este templo del -misterioso centro de Asia. Conocen por relatos de visitantes las -suciedades contagiosas de tales muchedumbres. Además repugna á su -orgullo de raza tener que aceptar ciertos preliminares molestos que -exigen los bonzos para permitir la entrada en su recinto.</p> - -<p>Hablo con oficiales ingleses de la guarnición de Rangoon, y ninguno de -ellos ha estado en dicha pagoda.<span class="pagenum"><a name="page_307" id="page_307">[Pg 307]</a></span> Otros compatriotas suyos, comerciantes -ó funcionarios civiles, se han abstenido igualmente de tal visita. -Tendrían que entrar descalzos en el templo, pero con los pies -completamente desnudos, pues los bonzos ignoran la invención europea de -los calcetines, y no quieren proporcionarles el gusto de poder infligir -á sus dominadores tal humillación.</p> - -<p>Me hablan de tisis, lepra, peste bubónica y otras enfermedades de las -multitudes devotas que visitan la famosa pagoda y á veces se quedan en -ella por muchos días. Sólo algún viajero de gustos raros, algún artista -de los que buscan á todo trance espectáculos pintorescos, puede pasar -por las humillaciones y contagios que supone tal visita.</p> - -<p>Voy á la pagoda Shway Dagon. Juzgo imperdonable haber venido á un país -tan alejado de la corriente general de viajeros, como es Birmania, haber -visto de lejos el cono luminoso de este templo célebre en lo alto de una -colina, y no subir á dicha plataforma, donde se agrupan innumerables -santuarios de caprichosa suntuosidad.</p> - -<p>Al dirigirnos hacia el templo, otra vez por caminos abundantes en polvo, -nos cierra el paso un cortejo. Vemos hombres desnudos y completamente -blancos que saltan ante nuestro automóvil con los brazos abiertos para -indicar al chófer indostánico que debe hacer alto. Acostumbrados á la -vista de hombres amarillos, cobrizos ó achocolatados, nos causa -extrañeza la desnudez de estos blancos, iguales á nosotros, que sólo -llevan un andrajo entre las piernas.</p> - -<p>Tienen en sus ojos un brillo inquietante. Sobre sus frentes se levanta -una cabellera que, anudada en el cogote, cae por la espalda como un -manojo de crines. Detrás de ellos suena el estrépito inarmónico de -varios bombos y címbalos. Otros hombres, igualmente blancos y<span class="pagenum"><a name="page_308" id="page_308">[Pg 308]</a></span> desnudos, -danzan al son de esta música una especie de baile pírrico. Extienden al -mismo tiempo un brazo y una pierna ó los encogen, quedando en actitudes -semejantes á las que aparecen en los antiguos vasos griegos. Todos -tienen en sus ojos una luz malsana, como si se hallasen bajo la -influencia de drogas perturbadoras.</p> - -<p>Dejamos pasar esta vanguardia de locos, y á continuación se desliza -junto á nuestro automóvil una carroza fúnebre, blanca y encristalada. En -el interior de su urna va el muerto, completamente visible, desnudo y -tendido sobre un lecho de hojas. Racimos de plátanos y haces de flores -adornan los cuatro lados del vehículo. Nuestro chófer nos explica que es -un entierro al estilo de Madrás, y todos estos diablos blancos que -acompañan al camarada difunto con su danza guerrera pertenecen á la -misma cofradía religiosa.</p> - -<p>Se va alejando la música estridente y seguimos nuestro camino. La -entrada de la Shway Dagon se puede adivinar mucho antes de verla, por -los grupos de naturales que, viniendo de distintos puntos, se juntan -para seguir una misma dirección. En esta muchedumbre pintoresca las -manchas azafranadas de los bonzos son cada vez más numerosas.</p> - -<p>Ocupa la célebre pagoda toda una colina, y su entrada empieza al pie de -esta eminencia, viéndose obligados los visitantes á subir una escalera -de ciento veinte peldaños para llegar á la plataforma donde se halla el -verdadero templo. Lo más molesto es tener que descalzarse al principio -de dicha escalinata y ascender por ella con los pies completamente -desnudos.</p> - -<p>Unas familias inglesas miran con asombro nuestros preparativos desde lo -alto de sus automóviles. Han venido hasta aquí para ver de lejos una -parte de la escalinata cubierta y la muchedumbre indígena que sube por<span class="pagenum"><a name="page_309" id="page_309">[Pg 309]</a></span> -ella. Solamente para satisfacer esta curiosidad traen todos ellos medio -rostro tapado con velos que sin duda fueron sumergidos previamente en -diversos líquidos antisépticos.</p> - -<p>Confieso que la humanidad amarilla, blanca y cobriza que se roza con -nosotros no exhala perfumes agradables para un olfato europeo. Huele á -sándalo falsificado del que se quema en las pagodas, á sudor frío, á -fiebre. Pero ya es tarde para arrepentirse. ¡Arriba! Vamos á conocer la -ciudad religiosa que se ha ido amontonando en el transcurso de veintidós -siglos en torno á un cono gigantesco de mampostería construído sobre una -reliquia. Este templo es el más antiguo del mundo. Ninguna religión de -las que existen actualmente puede presentar otro que haya abierto sus -puertas por primera vez á los fieles hace dos mil cuatrocientos años.</p> - -<p>Conozco su historia. Al morir Buda, dos discípulos suyos que eran -birmanos cortaron tres cabellos de la cabeza del santo maestro y los -trajeron á Rangoon, su patria, que existía entonces con distinto nombre -al pie de esta colina. Metidos en un relicario de oro, los enterraron -bajo los cimientos del cono central de la pagoda, que asciende á una -altura de ciento diez metros.</p> - -<p>Este cono, que unos comparan por su forma á una campanilla y otros á un -quitasol asiático de boca estrecha y remate puntiagudo, tiene ocultos -sus ladrillos bajo una capa de hojas de oro. Su punta está enriquecida -con cuatro mil seiscientas piedras preciosas incrustadas en ella: -diamantes, rubíes, esmeraldas. Ningún humano puede verlas. Sólo las -conocen las aves de vuelo alto y los espíritus celestes. Pero los -devotos saben que existen, y esto les basta. El tributo al cielo no -puede ser más discreto y limpio de vanidosas ostentaciones.</p> - -<p>Forma el pináculo de este macizo siete círculos an<span class="pagenum"><a name="page_310" id="page_310">[Pg 310]</a></span>tes de llegar á su -extremo final, y penden de ellos cien campanillas de oro y mil -cuatrocientas de plata. También representan un homenaje desinteresado á -la divinidad, pues nadie puede verlas de cerca. Mas cuando sopla la -brisa todas las campanillas se estremecen á la vez y desciende hasta los -fieles una música argentina y vagorosa que les hace pensar en el canto -de los <i>tomines</i>, ángeles del cielo budista.</p> - -<p>Me siento en el primer peldaño de la escalinata del templo, y con ayuda -de un jovenzuelo rangonés que se ha diputado á sí mismo como mi guía y -traductor gesticulante, me quito los zapatos, luego los calcetines, y -quedo sin más que mi traje blanco, un casco de corcho del mismo color y -un bastoncito que me sirve de apoyo.</p> - -<p>Los hombres civilizados cultivamos la finura y limpieza de nuestros pies -lo mismo que la de nuestras manos, y esto sirve para que nos -consideremos disminuídos y humillados por repentina debilidad al perder -los zapatos. Representa á veces cierto placer marchar descalzos por una -playa ó una habitación; pero sentimos acobardamiento al colocar nuestras -finas plantas sobre una tierra pedregosa que sólo puede ser hollada con -pies duros y primitivos, férreamente calzados por recias callosidades.</p> - -<p>Empiezo á subir la escalinata con paso vacilante de ebrio. Noto desde -los primeros peldaños que este monumento religioso, como todos los de -Asia, es una mezcla confusa de antigüedad venerable y fragilidad -moderna. Hace más de dos mil años, en tiempos de Mario y de Julio César, -ya subían por esta escalera gentes devotas como las que se codean ahora -conmigo y tal vez curiosos escépticos iguales á mí. Pero las -construcciones asiáticas sólo tienen una parte sólida, que dura largos -siglos,<span class="pagenum"><a name="page_311" id="page_311">[Pg 311]</a></span> y todo el resto se compone de materias frágiles y formas -graciosas, que es preciso renovar cada veinte años.</p> - -<p>La escalinata, toda en línea directa, tiene, por suerte, varios rellanos -intermedios. De ser en escalones continuos, daría vértigos. Estos -peldaños aparecen desiguales y de materias diversas. Los hay de mármol -que aún guardan borrosos relieves de una escultura milenaria; otros más -recientes son de ladrillos, de asfalto ó de simple tierra apisonada, al -azar de las recomposiciones. Algunos, suaves y dúctiles, se dejan -dominar por el pie sin imponer fatiga alguna; los más se resisten á ser -montados, como las cabalgaduras bravas, y hay que elevar mucho la -rodilla para dominar su lomo.</p> - -<p>Una techumbre de madera con pinturas religiosas cubre esta escalinata y -á los dos lados de su graderío se van elevando los puestos de un -mercado. Los rangoneses venden en él figurillas sagradas, juguetes -grotescos, cuadros de vidrio representando escenas de la vida de Buda, -telas bordadas con la imagen del hombre-dios é innumerables objetos de -metal, martilleado y repujado con la habilidad de los broncistas -indostánicos.</p> - -<p>Muchos de estos pequeños comercios están dirigidos por mujeres. Todas -fuman tagarninas enormes, añadiendo el perfume acre de sus chorros de -humo al hedor asiático de la muchedumbre devota. Miran á los raros -blancos que se detienen ante sus puestos con unos ojos saltones, cuyas -pupilas negras tienen cierta expresión incitante y burlona á la vez. -Algunas están medio tendidas detrás de su mostrador en un diván rústico. -Veo á dos de ellas acostadas en una verdadera cama, en medio de su -tiendecita de cuadros religiosos. Se han pasado mutuamente un brazo por -detrás de la cabeza, y enlazadas así miran á lo alto. De vez en cuando -cruzan ojeadas afectuosas y se ofrecen el cigarrote desmesurado y único<span class="pagenum"><a name="page_312" id="page_312">[Pg 312]</a></span> -que sirve para las dos. Se adivina que no las preocupa la prosperidad de -su comercio, y el comprador que ose interrumpirlas con sus demandas -recibirá malas respuestas.</p> - -<p>Subo con lentitud los ciento veinte escalones, haciendo alto en los -rellanos para realizar algunas compras, que entrego á mi acompañante, y -porque así lo exigen mis pies. En estos peldaños hay piedrecitas -sueltas, granos de metal caídos de los objetos que adquieren los -devotos, pedazos de vidrio y numerosas expectoraciones de los mascadores -de betel. Por todas partes veo salivazos rojos como de sangre, y -necesito marchar en zigzag para no poner sobre ellos mis pies desnudos.</p> - -<p>Salgo finalmente á cielo descubierto. Estoy en la meseta de la pagoda, -toda ella enlosada de mármol, lo que me permite caminar con más -seguridad. Continúan aquí las mismas suciedades de la escalera, pero hay -espacio más amplio para evitarlas.</p> - -<p>El orden arquitectónico de la plataforma sagrada es muy sencillo. En el -centro está el santuario mayor, el cono macizo que guarda en sus -cimientos la divina reliquia, y en torno á él toda una ciudad de pagodas -secundarias, pagodones y pagodines, estatuas y columnatas.</p> - -<p>La plataforma tiene medio kilómetro de circuito, y sin embargo cada día -resulta más estrecho el terreno reservado á la circulación de los -devotos. Nuevos santuarios hechos á expensas de los ricos de Birmania ó -por donativos de extranjeros invaden la santa meseta. No se guarda -ningún orden en las construcciones y éstas son derribadas con frecuencia -para darlas nueva forma. En el transcurso de unos cuantos años cambia el -aspecto de la Shway Dagon. Lo único inmutable es el cono esplendoroso -que ocupa su centro. En las vertientes de la colina hay varios elefantes -policromos, de doble tamaño natural, con una torre dorada sobre el lomo -que es una capilla.<span class="pagenum"><a name="page_313" id="page_313">[Pg 313]</a></span></p> - -<p>Al ver una pequeña puerta en el sanctum sanctorum central, intento -entrar por ella creyendo que el enorme cono es hueco, á pesar de lo que -he leído, y guarda en su interior un templo misterioso. Pero retrocedo -al convencerme de que la tal puerta no es más que un angosto pasadizo -que lo atraviesa rectamente para que los servidores del templo no tengan -que rodear toda su base.</p> - -<p>Mis dos acólitos ríen de mi error. Ahora son dos, por haberse unido á -nosotros un muchacho de familia acomodada, á juzgar por su vestimenta. -Está cumpliendo su noviciado de bonzo temporal, y lleva un magnífico -manto color de oro, la cabeza redonda pulcramente afeitada y anteojos de -concha.</p> - -<p>Revela con su habilidad para expresarse una educación superior á la de -los otros bonzos. Muestra con cierto orgullo la altura de este -monumento, cuyo esplendor puede verse á una distancia de muchas leguas, -y me explica luego, con palabras inglesas sueltas y abundantes -gesticulaciones, que cada quince ó veinte años es recubierto de láminas -de oro para que guarde su magnificencia, lo que significa un trabajo -enorme. Además, su parte inferior recibe todos los días, á la altura de -las manos de los visitantes, un sinnúmero de pequeños papeles de oro. -Son presentes de míseros peregrinos, que algunas veces se quedan varios -días sin comer luego de haber pegado en el muro su piadosa ofrenda.</p> - -<p>Puede afirmarse que en toda Asia no existe actualmente un templo que -goce la «universalidad» de la Shway Dagon. Cuantos pueblos adoran las -doctrinas de Buda han elevado un santuario en esta meseta. Los hay de -muchas provincias de la China, del Tibet, de las posesiones francesas de -la Indo-China, hasta de las tierras limítrofes con la Siberia y del -Japón. Todas estas capillas tienen columnas en sus fachadas y remates de -te<span class="pagenum"><a name="page_314" id="page_314">[Pg 314]</a></span>chos superpuestos que ascienden en disminución, finalizando con una -punta rutilante igual á la del céntrico macizo. Sus paredes son de -menuda labor, con ese tallado minucioso de los asiáticos, en el que -varias generaciones consumen su vida. La madera ó la piedra tienen sus -primorosos calados cubiertos de laca y oro.</p> - -<p>Se extiende el oro por los santuarios, y los reflejos pálidos y -discretos de su materia tallada parecen un homenaje de humildad ante el -oro cegador y estrepitoso del cono central. Hay templos cuyo dorado -empieza á desconcharse con la viruela blanca de los siglos. Otros de -construcción reciente ofrecen el color gris de la albañilería, en espera -de generosos devotos que paguen los adornos que deben cubrirlos. Veo -santuarios completamente azules. Tienen sobre sus láminas de laca -celeste flores y hojas nacaradas que forman enrejados blancos con -reflejos de perla. Y todos estos templos, apoyados unos en otros para -disputarse un terreno cada vez más escaso, ofrecen el mismo aspecto de -amontonamiento que los panteones de las necrópolis occidentales.</p> - -<p>En los espacios libres de pagodas secundarias vemos árboles dorados con -frutos de cristal, urnas en forma de flechas, columnas sueltas de -mosaico, imágenes de <i>Nats</i>, divinidades primitivas de los birmanos con -las que ha transigido el budismo para no molestar los sentimientos del -pueblo, «perros celestiales» semejantes á los leones de melenas -puntiagudas que adornan las pagodas de Kioto y de Pekín, estatuas de -elefantes con un templo sobre sus lomos.</p> - -<p>Un estrépito de feria se esparce por la sagrada meseta. Los instrumentos -rituales del budismo son la campana y el tambor, y cada pagoda hace -sonar los suyos como los barracones de espectáculos cuando se disputan -la atención del público. Bonzos de diversas razas golpean<span class="pagenum"><a name="page_315" id="page_315">[Pg 315]</a></span> á puño -cerrado los sagrados timbales ó dan con un mazo á las campanas. Niños y -mujeres se aproximan á nosotros para vendernos ristras de flores rojas y -amarillas, que parecen arrancadas de una tumba. Tales guirnaldas son -para ofrecerlas al hombre-dios que reina en este lugar.</p> - -<p>Aletean los cuervos lanzando sus graznidos sobre los techos que les -sirven de refugio. Junto á estos eternos figurantes de todo cielo de -Asia vemos aletear bandas de palomas blancas. También están alojadas en -el templo, y entre dos especies volátiles tan antagónicas parece existir -una paz absoluta. Perros con grandes peladuras en sus lomos y el hocico -babeante, como si llorasen su propia miseria, corretean entre las -pantorrillas del gentío buscando algo que devorar. La mayor parte de los -fieles son mendigos devotos, que llegaron hasta aquí pidiendo limosna, y -continúan su industria dentro de la pagoda. Algunos tienen lepra. Otros -muestran al remover su manto llagas, sangrantes como heridas, en el -pecho ó bajo los brazos.</p> - -<p>Dentro de algunos de los santuarios hay bonzos de rostro achinado y capa -parda, que acompañan su oración con movimientos rigurosamente mecánicos, -siempre iguales y sin término. Se inclinan hasta tocar el suelo con sus -manos y su cabeza, se yerguen poco á poco, repiten la misma inclinación -violenta y vuelven á empezar. Así continúan hasta que el cansancio los -vence y ruedan por el suelo insensibles como cadáveres.</p> - -<p>Allí donde da el sol quema el mármol las plantas de los pies y nos -obliga á marchar rápidamente. En el interior de las capillas el -pavimento tiene una frialdad de tumba, de lugar cerrado hace siglos que -no conoció nunca la tibieza del calor celeste, y nos hace estornudar á -los que no estamos acostumbrados á ir descalzos.</p> - -<p>Asombra la gran cantidad de Budas que pueblan<span class="pagenum"><a name="page_316" id="page_316">[Pg 316]</a></span> estas pagodas. Los hay de -mármol, de oro, de alabastro, enormes como gigantes ó de simple talla -humana; derechos, en cuclillas y tendidos. Unos son dulces, humanos, de -expresión inteligente; tienen un rostro casi europeo. Otros se muestran -feroces, malignos, verdaderamente asiáticos, con unos ojitos oblicuos, -de párpados estirados y casi juntos, que parecen hostiles á todo el que -no mire del mismo modo que ellos.</p> - -<p>Cada pueblo budista ha formado á su propia imagen la figura del -hombre-dios y le rinde culto con ceremonias litúrgicas diferentes. En -todos los santuarios se ven flores, luces y varillas humeantes de -sándalo. Fuera de él hay salivazos rojos sobre el suelo y una mezcla en -el ambiente de malos olores naturales, de perfumes pegajosos, de flores -marchitas. Por encima de esta variedad contradictoria, ruidosa, y -vibrante de contagios microbianos, continúa brillando el cono central -como una hoguera inmóvil de oro sobre los tres cabellos de Buda -recogidos por sus discípulos.</p> - -<p>Mi nuevo amigo el bonzo tiene empeño en hacerme conocer todo lo -interesante de la Shway Dagon. No sería esta célebre pagoda un lugar -verdaderamente santo si le faltase la virtud de curar enfermedades y -realizar otros prodigios de los que trastornan el ritmo de la -Naturaleza.</p> - -<p>El dolor humano necesita consoladoras ilusiones bajo todos los cielos de -nuestro planeta, sin distinción de castas ni dogmas. Las pobres gentes -que llegan hasta aquí, después de marchar en caravana meses y tal vez -años, esperan el milagro, y su esperanza inspira respeto. Deseo en este -momento que el santo Buda pueda complacer á todos los dolientes que le -imploran, pobre rebaño humano roído por las enfermedades y las miserias -asiáticas.<span class="pagenum"><a name="page_317" id="page_317">[Pg 317]</a></span></p> - -<p>Nos detenemos ante un santuario que tiene junto á su puerta unos cuantos -hombres desnudos tendidos en el suelo. Todos ofrecen un aspecto -horrible. Los hay que son á modo de imágenes del hambre: esqueletos -limpios de músculos cubiertos simplemente por su epidermis, con los ojos -perdidos en la profundidad de unas órbitas como pozos y las mandíbulas -desencajadas. Otros están muertos y tienen el abdomen desgarrado. Un -cuervo les picotea las entrañas.</p> - -<p>Solamente cuando el joven bonzo, ganoso de que admire su templo, me -aproxima á tales horrores, veo que son esculturas policromas, pero con -un realismo tan minucioso y exacto que resulta fácil el engaño. Ocurre -aquí en pleno sol lo que en ciertos museos de figuras de cera con el -auxilio de los juegos de luces. No se sabe ciertamente quién es -moribundo de madera pintada ó moribundo de carne y hueso. Según parece, -estas imágenes sirven para hacer ver á los pecadores cómo vivirán -después de la muerte si perseveran en sus vicios.</p> - -<p>Un poco más allá hay tendidos varios pordioseros, igualmente desnudos, -igualmente esqueléticos por su flacura. Los horripilantes monigotes -brillan á causa de su barniz; los peregrinos casi agonizantes tienen un -charolado igual por el sudor con que barniza el sol sus cuerpos -escuálidos, como si extrajese de ellos los últimos jugos. Algunos son -ciegos y un enjambre de moscas voltea en torno á sus órbitas vacías. -Todos tienen al lado media corteza de coco que les sirve de plato para -recibir las limosnas. No se mueven, no se dan cuenta de lo que cae en -sus rústicos cuencos. Para ellos la limosna tal vez llega tarde.</p> - -<p>Me hace entrar mi compañero azafranado en la más milagrosa de las -pagodas. No quiere privarme de ninguna de las maravillas de esta colina -santa. Avanzamos<span class="pagenum"><a name="page_318" id="page_318">[Pg 318]</a></span> por el interior de un templo menos iluminado que los -otros, y á los pocos momentos deseo salir de él cuanto antes. Encuentro -tendidos en colchonetas ó simples mantas á varios hombres flacos, de tez -pálida, y una transparencia malsana en las orejas y la nariz. Su tos -cavernosa hace innecesarias las explicaciones. Son tísicos que vinieron -hasta aquí atraídos por la esperanza. Los bonzos de la pagoda afirman -haber presenciado muchas curaciones inauditas.</p> - -<p>Sigo avanzando hasta el fondo, interesado por un grupo misterioso. Lo -componen varias mujeres que rodean á otra tendida en un lecho, blanca é -inmóvil, como si estuviese desmayada. Veo trapos ensangrentados. Un olor -de maternidad se une á la respiración de los tísicos. Suena un vagido -infantil, gangueante y tenaz.</p> - -<p>Mi boncito sonríe y balbucea explicaciones... Entendido. Es una gloria -nacer en el famoso templo, y hay madres que vienen de muy lejos para que -sus hijos reciban tal santificación al entrar en la vida.<span class="pagenum"><a name="page_319" id="page_319">[Pg 319]</a></span></p> - -<h2><a name="XXII" id="XXII"></a>XXII<br /><br /> -LA BAHÍA DEL DIAMANTE</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Un brazo del Ganges.—La yungla y sus gentes.—El camino de -Calcuta.—Cañonazos de sus defensores.—Abandonamos el -«Franconia».—Invasión alada.—La marina fluvial de los -indostánicos.—El maquinismo inglés en las riberas del Ganges.—El -yute.—Fabricación de sacos para toda la tierra.—Los homenajes al -río sagrado.—Caimanes y flores.</p></div> - -<p>Llevamos dos días navegando á través del golfo de Bengala, desde la -desembocadura del Irrawaddy, caudaloso río de Rangoon, á las bocas del -Ganges y el Brahmaputra.</p> - -<p>En la madrugada del tercer día despierto con la alarma que produce la -inmovilidad, cuando se ha conciliado el sueño en pleno movimiento. El -Franconia ha cesado de marchar y en la calma de la noche suenan gritos. -Miro por un ventano de mi camarote y veo las luces de dos vaporcitos -deslizándose sobre un mar completamente horizontal y tranquilo como las -extensiones de agua dulce. Debemos estar cerca de las bocas del Ganges, -y estos vaporcitos pertenecen sin duda á los prácticos encargados de -dirigir el rumbo de los buques á través de unas tierras fangosas, por -canales cuya profundidad cambia con frecuencia.</p> - -<p>No puedo dormir el resto de la noche. El vapor ha reanudado su marcha -lentamente, y sólo pienso en la<span class="pagenum"><a name="page_320" id="page_320">[Pg 320]</a></span> masa acuática que va pasando debajo de -nuestros pies. ¡El Ganges!... ¡Estamos en el Ganges! Las aguas que -cortamos proceden en su mayor parte del río sagrado.</p> - -<p>Apenas amanece subo á la cubierta, ansioso de contemplar las primeras -tierras de la India. Sólo veo un mar amarillo. Las verdaderas bocas del -Ganges quedan á nuestra derecha y cubren el golfo de Bengala, en una -extensión de muchas leguas, con su aporte líquido, dulce y terroso. -Nosotros vamos á penetrar por el río Hooghly, en cuyas riberas está la -ciudad de Calcuta.</p> - -<p>Este curso fluvial que hasta tiene nombre propio no es más que un brazo -del Ganges desprendido de él á cierta distancia del golfo de Bengala -para desarrollarse por su propia cuenta. Los indostánicos que viven en -sus orillas le tributan sin embargo los mismos honores que al río padre, -venerado como un dios, cuando se desliza ante los templos y palacios de -la santa ciudad de Benarés.</p> - -<p>Dos orillas bajas van surgiendo del horizonte rojizo, con anchos -intervalos de agua libre. Son las islas avanzadas de la desembocadura de -este retoño gangético. Vamos á navegar todo el día por él: primeramente -sobre el <i>Franconia</i>, luego en un vapor más pequeño, á través de los -aluviones del vasto estuario cubiertos de eterna vegetación.</p> - -<p>Al deslizarnos entre las primeras islas vemos en sus orillas chozas de -techo cónico, bosquecillos de cocoteros y palmeras. No está bien -determinado el límite entre la tierra y el agua. Hay espacios que nos -parecen sólidos y firmes á causa del verdor de sus plantas, y de pronto -los vemos atravesados por una piragua que se abre paso entre aquéllas. -Otros los creemos de gran profundidad acuática y son prados medio -líquidos, en los que rumian los bueyes, hundidos hasta el vientre. -Hombres de<span class="pagenum"><a name="page_321" id="page_321">[Pg 321]</a></span> color de chocolate, con turbante blanco y un andrajo lumbar -del mismo color por toda vestimenta, cuidan estos rebaños ó trepan por -los gráciles troncos de los árboles que les proporcionan su alimento.</p> - -<p>Avanzan las tierras unas hacia otras, como si se buscasen, y navegamos -por un canal que parece de barro líquido, siguiendo dos líneas de boyas -indicadoras de nuestro rumbo.</p> - -<p>Ya estamos dentro del Hooghly. Sus riberas tienen en primer término -campos de plátanos, cuyas hojas son de un verde charolado y amarillento. -Es la única tierra que trabajan sus habitantes. Más allá de la estrecha -faja cultivada se extiende la yungla famosa, la <i>jungle</i>, tantas veces -descrita por los autores ingleses, llanura interminable cubierta de una -vegetación relativamente baja, de la que surgen á largos trechos grupos -naturales de cocoteros y palmeras. Vuelan á la vez muchas gaviotas y -muchos cuervos, sin que se note entre ellos ningún intento agresivo, -pues se comparten amigablemente el dominio de la atmósfera. Del -misterioso verdor de la yungla vemos elevarse nubes volantes, -triangulares y negras. Los pájaros aletean en tribu, trasladándose de -una parte á otra de la interminable selva, asustados tal vez por las -bestias carnívoras que cazan en sus espesuras.</p> - -<p>Un estrépito seco y ensordecedor corta el aire. Son tiros de cañón. -Luego nos enteramos de que numerosas baterías de campaña guarnecen la -bahía del Diamante, donde nosotros vamos á anclar, defendiendo la -entrada de esta vía fluvial que es el camino más directo de Calcuta. -Ahora lo vemos solitario, con orillas de río salvaje. Avanzamos contra -su corriente lo mismo que un buque explorador, pero sabemos que por aquí -pasan cuantas naves de comercio y de guerra desean llegar á la ciudad -más importante del Imperio de las Indias.<span class="pagenum"><a name="page_322" id="page_322">[Pg 322]</a></span></p> - -<p>Vemos en la orilla izquierda todo un regimiento de artillería -ejercitándose en el tiro. Tiene para campo de experiencias la soledad de -la yungla. Sus cañones repiten los disparos con la rapidez de las armas -modernas. Es un estrépito que enardece y entusiasma, lo mismo que una -música belicosa, cuando se le oye á espaldas de las piezas. Escuchándolo -de frente gusta menos.</p> - -<p>Examinamos con anteojos marítimos el uniforme de campaña que usan los -ingleses en la India. Parecen niños. Llevan borceguíes y gruesas medias -atadas debajo de las rodillas. Éstas quedan completamente al -descubierto, pues el pantalón no es más que un simple calzoncillo hasta -la mitad del muslo. Su camisa carece de mangas y de cuello. Un casco es -lo único de carácter militar que usan estos guerreros, obligados á vivir -en plena yungla bajo el asfixiante calor de las horas meridianas.</p> - -<p>Cerca de nuestro anclaje empezamos á encontrar la navegación indostánica -del río: largas piraguas con bogadores obscuros y sudorosos, que sueltan -sus remos terminados por una paleta redonda y quedan inmóviles -contemplando nuestro buque. El agua es tan densa, que las pequeñas -rompientes de su oleaje en las orillas parecen ribazos de tierra -carmesí.</p> - -<p>Se ensancha de pronto la corriente, formando un vasto circo acuático. El -redondel de la vegetación aparece cortado en varios lugares por manchas -rojas y blancas de edificios. Son los pabellones de las tropas de -artillería y algunas viviendas de particulares que empiezan á desmontar -la yungla, estableciendo explotaciones agrícolas. Nos detenemos en la -llamada bahía del Diamante. El <i>Franconia</i>, por su calado, no puede ir -más allá. Sólo los vapores de 6.000 ú 8.000 toneladas siguen remontando -el río, en horas de gran marea, hasta llegar á los muelles de Calcuta.<span class="pagenum"><a name="page_323" id="page_323">[Pg 323]</a></span></p> - -<p>Quedamos anclados en esta bahía fluvial de aguas rojas, que únicamente á -la salida ó la puesta del sol toman un esplendor blanco y luminoso capaz -de recordar el del diamante. Es aquí donde el <i>Franconia</i> va á sufrir -una de las mayores transformaciones de su viaje. Permanecerá varios días -como si fuese un barco abandonado, guardando solamente la tripulación -necesaria para su limpieza. Todos los viajeros se trasladan á Calcuta y -con ellos gran parte de la dotación del buque, que ha podido conseguir -la licencia necesaria.</p> - -<p>Dos grandes vapores fluviales con triple cubierta, elegante restorán y -numerosa servidumbre van á llevarnos hasta la metrópoli de las Indias, -navegando seis horas por el río. Unos viajeros quedarán en Calcuta tres -días, volviendo inmediatamente al buque. Otros piensan seguir adelante -hasta Benarés, regresando al <i>Franconia</i> á tiempo para ir á Ceilán y de -esta isla á Bombay, dando la vuelta á toda la península indostánica. -Algunos renuncian á ver Ceilán y continúan su viaje á través de toda la -India, no volviendo á encontrar el <i>Franconia</i> hasta el puerto de -Bombay.</p> - -<p>Yo voy á Benarés, y volveré al buque para ir luego á Ceilán y Bombay. -Desde este último puerto subiré á Delhi, Agra y otras ciudades célebres -de la Rajputana. De tal modo conoceré lo más interesante que puedan ver -los que hacen la travesía directa de Calcuta á Bombay, y no me privaré, -como ellos, de visitar Ceilán.</p> - -<p>Al echar sus anclas el <i>Franconia</i> en esta bahía, donde no hay otro -buque, toda la yungla parece estremecerse y levantar la cabeza, -interesada por su presencia. Vienen de tierra nubes de mariposas blancas -y rojizas, introduciéndose por los ventanos de los camarotes. Se alzan -sobre la selva nuevos triángulos negros de aves. Los pájaros de presa -empiezan su ronda aleteante en torno al<span class="pagenum"><a name="page_324" id="page_324">[Pg 324]</a></span> buque, espiando la caída de -basuras y desperdicios para desplomarse sobre estos islotes de -nutrición.</p> - -<p>Mientras estamos en Calcuta y Benarés, los oficiales del campamento -visitan el <i>Franconia</i> y se llevan á sus viviendas á los marinos que -permanecieron en el vapor para que conozcan un poco la vida en la -yungla. A mi regreso me cuenta un joven piloto sus excursiones por una -pequeña parte de esta selva baja, interminable y poco explorada, que -refresca el Ganges antes de perderse en el mar. Ha visto serpientes boas -de grandes dimensiones y torpe arrastre. Un tigre trae alarmados hace -meses á los pobladores de la bahía del Diamante. Mata todas las noches -animales en los nuevos establecimientos agrícolas, y nunca lo pueden -descubrir. Todavía hay en la yungla gentes que llevan una vida salvaje. -Dos mujeres huyeron á todo correr viendo al marino y á varios -artilleros. La presencia de los blancos las infunde pavor.</p> - -<p>A las dos de la tarde abandonamos el <i>Franconia</i>. Cuando los dos vapores -fluviales se despegan de su casco, ocurre algo extraordinario que -demuestra el instinto de los habitantes alados de la yungla. Mientras -hemos permanecido en el paquebote, las bandas de cuervos, milanos y -gaviotas se limitaron á volar á gran altura sobre sus cubiertas. Apenas -nos alejamos, los muros de verdura que rodean la vasta copa de la bahía -empiezan á vomitar nubes de estos pájaros sobre el buque, -desparramándose en él como si estuviese desierto.</p> - -<p>No osan descender á las cubiertas bajas, por estar en ellas los hombres -de guardia. Forman filas agarrados al cordaje de los mástiles, se -alinean lo mismo que los pingüinos en las barandillas, se sostienen -aleteantes, como animales de cimera heráldica, sobre los bordes de la -chimenea. Hasta ocupan el nido del vigía en el mástil de proa, y los que -no encuentran espacio donde posar<span class="pagenum"><a name="page_325" id="page_325">[Pg 325]</a></span> sus patas, forman un anillo -revoloteante que abarca el buque entero. A los pocos minutos tiene éste -engruesados todos sus contornos por una línea de vida animal negra y -palpitante.</p> - -<p>Se inicia nuestra navegación aguas arriba, cruzándonos á cada minuto con -una muestra curiosa de la marina de cabotaje indostánica. Hombres -esbeltos y cobrizos reman de pie sobre las cubiertas de unos barcos -relativamente grandes, con vela rectangular y popa alterosa, llevando en -ella una enorme pala que sirve de timón. Lo mismo debieron ser las naves -que surcaban estas aguas hace dos mil años. En otras de arquitectura -semejante, los remeros ocupan una plataforma yuxtapuesta á la proa, -mucho más baja que el alcázar posterior. Estos bogadores, que manejan -unos remos larguísimos, retroceden varios pasos al dar su palada, y -luego avanzan hacia la popa otro tanto para clavar su remo y repetir la -operación. Algunos barcos más veloces por la estrechez de su casco -tienen una cámara baja, una vela cuadrada con pequeños rectángulos -negros y blancos, y cuatro bogadores que se agitan incansables, como -duendes, moviendo en la proa sus remos de paleta.</p> - -<p>Pasan barcos cargados de tinajas, estivadas verticalmente, con los -vientres juntos. De lejos parecen enormes huevos rojos cuidadosamente -colocados en un cesto flotante. Otros llevan láminas de mármol puestas -de canto en la cubierta, como las hojas de un libro. Los más transportan -pirámides de sacos apilados en torno á sus mástiles. Y todos estos -buques de forma primitiva cabecean violentamente con el oleaje que -levantan las ruedas de nuestros dos vapores.</p> - -<p>Al atardecer, el río de aguas bermejas va tomando un color de perla. -Según avanzamos ofrecen sus orillas un aspecto de actividad civilizada, -intensa y pro<span class="pagenum"><a name="page_326" id="page_326">[Pg 326]</a></span>ductora. Vemos fábricas grandes como pueblos; -construcciones bajas que ocupan vastísimos espacios. Surgen sobre sus -techumbres chimeneas esbeltas de ladrillo y extienden además sobre las -aguas numerosos tentáculos de muelles y vías férreas. En algunas de -estas fábricas, aparte de los talleres y el chocerío, ocupado por los -jornaleros indígenas, hay edificios elegantes rodeados de jardines. -Grandes piraguas pasan de una orilla á otra las muchedumbres -multicolores que han acabado su trabajo.</p> - -<p>Se van multiplicando las chimeneas. Ya no se elevan, como al principio, -en una sola de las orillas. Surgen igualmente de la ribera opuesta y del -fondo del horizonte, siempre cerrado por la lengua de tierra de una -revuelta inmediata.</p> - -<p>Adivinamos la proximidad de Calcuta. La bruma que exhala el río á estas -horas se une al humo de las fábricas, envolviendo el ocaso en una -opacidad impropia de este clima. Parece que nos acerquemos á Londres, -pero un Londres de nieblas doradas y multitudes colorinescas.</p> - -<p>Desfilan por las dos orillas miles de hombres y mujeres, rosarios -interminables de cuentas blancas, rojas, violetas, amarillas, -azafranadas y verdes. Todos marchan en fila, poniendo cada uno su pie -sobre la huella del que le precede. Es una particularidad que noto desde -mi entrada en la India y he seguido viendo en todas mis excursiones á -través del país. Rara vez marchan juntos dos indostánicos por un camino. -Hasta la familia avanza longitudinalmente, por amplia que sea la vía: el -padre delante, la madre detrás con fardos en la cabeza, y á continuación -la prole, casi siempre por orden de estatura. Es la «fila india», de que -se ha hablado tantas veces. También en la salida de las fábricas se nota -esta<span class="pagenum"><a name="page_327" id="page_327">[Pg 327]</a></span> tendencia á la marcha separada y silenciosa. La muchedumbre se -desgrana en la misma puerta, se esparce como los hilillos de un líquido -derramado, alejándose en luengas y multicolores filas.</p> - -<p>Todas estas fábricas son para preparar y tejer el yute, la gran -producción de la provincia de Bengala. Casi todos los sacos que usa la -agricultura de Europa y América proceden de estos centros industriales, -cada vez más enormes, que llenan las orillas del Ganges. Aquí se -utilizan las fibras de la citada planta, creándose piezas de ruda tela, -que luego corta y cose en forma de sacos el país importador. La riqueza -de Calcuta, su importancia comercial, el movimiento de su puerto, -dependen de esta exportación que abarca el mundo entero.</p> - -<p>En días sucesivos, hablando con varios cónsules residentes en Calcuta, -me doy cuenta de que las funciones de los más de ellos tienen por única -base la producción del yute. Todos los sacos que sirven de envase al -trigo y el maíz de la Argentina ó al azúcar de Cuba fueron tejidos en -las fábricas de Bengala.</p> - -<p>Esta industria no deja de ofrecer cierta exterioridad pintoresca á causa -de las masas indígenas que trabajan en sus talleres; mas esto no impide -que el viajero sienta la amargura de la decepción al ver el maquinismo -inglés establecido en uno de los brazos del Ganges, vaciando sobre su -corriente las cenizas y carbonillas de sus máquinas de vapor, mezclando -el humo de la hulla con las brumas vesperales del río sagrado. Pero la -India antigua, inmutable y misteriosa resurge siempre, rompiendo la -envoltura moderna en que la encierran sus nuevos amos.</p> - -<p>Vemos á trechos, flotando sobre el río, luengas guirnaldas de flores. El -indostánico necesita hacer todos los días un presente florido al padre -Ganges.<span class="pagenum"><a name="page_328" id="page_328">[Pg 328]</a></span></p> - -<p>En el restorán de nuestro vapor hay una especie de <i>maître d’hôtel</i> -vestido á la inglesa y con zapatos de charol, la mayor distinción á que -puede aspirar un mestizo. Dirige con aire de superioridad, como si fuese -un europeo, á los otros servidores, que van descalzos, con levita -blanca, faja roja y un abultado turbante de este último color.</p> - -<p>Poco antes del anochecer, este indio con <i>smoking</i>, que se agita dando -órdenes á la servidumbre para que recoja la vajilla del té, mira á un -lado y á otro para convencerse de que todos los viajeros se han ido del -comedor á las cubiertas superiores, toma varios manojos de rosas que -adornan las mesas, y dirigiéndose á un ventano las va arrojando con -lenta solemnidad sobre las aguas nacaradas por la luz del ocaso.</p> - -<p>Veo que las dos orillas tienen una faja ondeante de flores rojas y -doradas. El manso oleaje arranca estas masas de pétalos, las balancea -unos segundos y vuelve á pegarlas á las riberas.</p> - -<p>De tarde en tarde, la corriente, teñida de rosa pálido por la agonía del -sol, se corta de abajo á arriba, dejando ver el avance de un lomo -dentado como una sierra: un caparazón de bestia antediluviana.</p> - -<p>Es el caimán, venerable y respetado habitante de este río, al que echan -sus devotos flores y cadáveres.<span class="pagenum"><a name="page_329" id="page_329">[Pg 329]</a></span></p> - -<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a>XXIII<br /><br /> -EL QUEMADERO DE CALCUTA</h2> - -<div class="blockquot"><p class="hang">Caras europeas y vestiduras exóticas.—Los «ghats» del Ganges.—Las -estadísticas médicas de la India.—Un cortejo fúnebre.—La última -oración.—Los fugitivos de la muerte convertidos en animales.—Las -hogueras de la mañana.—El horrible enano del Quemadero y sus -clasificaciones.—Cremación de una madre que parece una niña.—Las -purificaciones preliminares.—Cadáver de pobre esperando que -alguien pague su leña.</p></div> - -<p>Calcuta es la segunda capital del Imperio británico. Birmingham, ciudad -de Inglaterra que figura por su población después de Londres, resulta -muy inferior á Calcuta, pues ésta tiene un millón trescientos mil -habitantes. El setenta por ciento de ellos son de religión brahmanista y -un veinticinco por ciento mahometanos indostánicos.</p> - -<p>Hasta 1911 Calcuta fué la capital de la India, pero como las conquistas -y anexiones de los ingleses han ido extendiendo su imperio hacia el -Norte, hubo que trasladar en dicha fecha el centro del gobierno á la -ciudad de Delhi. Estos cambios no resultan extraordinarios en la vida -política de la India. Durante dos mil años de historia conocida, un -movimiento de exacta repetición ha desplazado cada cinco siglos la -capitalidad de la India, pasándola de unas ciudades á otras, y -devolviéndola más de una vez á alguna que la tuvo en otro tiem<span class="pagenum"><a name="page_330" id="page_330">[Pg 330]</a></span>po. Delhi -fué capital del poderoso Gran Mogol y ha vuelto á serlo ahora del virrey -enviado por el gobierno de Londres.</p> - -<p>Actualmente sólo figura Calcuta como capital de la Presidencia de -Bengala, pero conserva los palacios y museos con que la embellecieron -los anteriores virreyes. Sus calles están á todas horas del día tan -llenas de gentío, que el viajero la supone una población todavía mayor -que la mencionada.</p> - -<p>Ofrece esta muchedumbre para el europeo una novedad extraordinaria, -después de haber viajado por el Extremo Oriente. En el Japón, en China, -en las islas de Malasia, no causan extrañeza las vestimentas originales -y multicolores, por ser las personas que las usan de razas distintas á -la nuestra. Sus rostros amarillos ó cobrizos, sus ojos oblicuos apenas -abiertos, parecen armonizarse con sus trajes extraordinarios. Pero el -indostánico es de nuestra raza. Pertenecemos á distintas subdivisiones -étnicas que tienen un tronco común. Numerosos habitantes de la India son -casi negros, otros de color cobrizo, los hay rigurosamente blancos, más -blancos que muchos europeos, pero todos son nuestros parientes por los -rasgos fisonómicos y jamás han conocido la tentación de usar zapatos, -llevando una simple tela arrollada á su cuerpo y mostrándose, apenas lo -permite la temperatura, en una desnudez casi completa.</p> - -<p>Con frecuencia se encuentran indostánicos que ofrecen una rara semejanza -con personas que conocimos en Europa y América. Y este parecido resulta -cómico al contemplar cómo el respetable señor que tratamos bajo otros -cielos, se pasea ahora por una calle de la India ligero de ropa y -descalzo. He visto en Calcuta jóvenes bracmanes, de tez blanca, gruesos, -lustrosos, el pelo retinto y brillante partido por una raya en el lado -izquier<span class="pagenum"><a name="page_331" id="page_331">[Pg 331]</a></span>do y las dos crenchas alisadas con aceite de jazmín. Todos -ellos, á pesar de llevar los pies descalzos y una especie de toga alba -pasada bajo el brazo derecho y descansando su extremo en el hombro -opuesto, tienen un gran parecido con ciertos sacerdotes romanos que usan -garbosamente hábitos de rica seda.</p> - -<p>El primer día de mi permanencia en Calcuta procuro satisfacer, sin -pérdida de tiempo, una curiosidad algo malsana que me agita desde que -empezamos á navegar sobre las aguas del Ganges. Dejo para los días -siguientes mi visita á los monumentos y jardines, el estudio de las -muchedumbres que circulan por sus avenidas y se aglomeran en sus -bazares. Quiero ver cuanto antes lo que llaman los indostánicos el campo -de Nimtola y los ingleses el «Burning Ghat».</p> - -<p>Esta palabra <i>ghat</i> debo usarla frecuentemente al hablar de la India. Un -<i>ghat</i> es una escalinata, un graderío, muchas veces una rampa de piedra -con rebordes salientes á cierta distancia, para afirmar mejor el pie -descalzo, y que desciende por la ribera del Ganges hasta cierta -profundidad de sus aguas. De este modo las multitudes devotas puedan -permanecer sumergidas hasta los hombros, mientras hacen inmóviles sus -oraciones.</p> - -<p>Los <i>ghat</i> de Benarés son famosos. La santa ciudad, situada toda ella á -la derecha del río sagrado, tiene una sucesión de rampas y escalinatas, -sobre las cuales se agrupan en días de fiesta más de cien mil -peregrinos. Pero olvidemos estos <i>ghat</i> de Benarés, de los que hablaré -en lugar oportuno, para circunscribirnos al «Burning Ghat» de Calcuta, ó -sea al «Ghat del Quemadero».</p> - -<p>El Municipio de Calcuta ha construído en el lugar llamado Nimtola un -edificio donde son quemados los muertos, con arreglo á la religión -indostánica. Este campo de Nimtola está más arriba del Howrah Bridge,<span class="pagenum"><a name="page_332" id="page_332">[Pg 332]</a></span> -único puente de Calcuta que atraviesa el río Hooghly, y aparece siempre -como obstruído por la enorme aglomeración de vehículos y viandantes. -Junto al Quemadero pasa la ancha y populosa avenida que costea el río, -siempre llena de tranvías, camiones automóviles y carretas tiradas por -bueyes. Por ella se desliza la mayor parte de la actividad del puerto y -de la estación del ferrocarril que va al Norte de la India. Hace años se -hallaba lejos de Calcuta; pero ésta se ha estirado rápidamente á lo -largo del río, envolviendo á Nimtola en los tentáculos de su -crecimiento.</p> - -<p>Los quemaderos célebres de la India están en las orillas del Ganges. Los -príncipes y los ricos se hacen llevar moribundos á Benarés para que los -incineren en la orilla del río sagrado, pues éste parece concentrar su -importancia divina al lamer con ondulaciones cargadas de flores y -podredumbres las murallas de dicha ciudad. En las poblaciones lejanas -del Ganges el <i>ghat</i> de las quemas se construye al lado de un río, de un -lago o un pequeño estanque. Lo que importa para la ceremonia es que el -cadáver pueda recibir una inmersión antes de que lo consuma el fuego. El -río de Calcuta es un brazo del Ganges, y los nacidos en la capital de -Bengala consideran esto como un regalo precioso que los dioses han hecho -á su ciudad.</p> - -<p>El campo estrecho de Nimtola se prolonga entre el declive del río y la -avenida Strand Road North, por donde pasa, como ya dije, toda la ruidosa -circulación del comercio fluvial. Unos muros con arcadas separan la -calle del Quemadero. Cerca de la puerta hay un pequeño santuario -dedicado á Siva, el más terrible, y tal vez por esto el más admirado, de -los personajes de la trinidad Indostánica. Junto al templo existe una -oficina, donde varios funcionarios mestizos inscriben en libros las -en<span class="pagenum"><a name="page_333" id="page_333">[Pg 333]</a></span>fermedades que dieron término á la existencia de los que van á ser -quemados.</p> - -<p>Uno de estos funcionarios, joven indostánico de educación europea, -sonríe al hablarme de la utilidad de sus funciones. La inmensa mayoría -de las familias que acompañan á sus muertos ignoran qué enfermedad fué -la que acabó con ellos. En los barrios indígenas de Calcuta temen á los -médicos y prescinden de ellos. No hay quien pueda contestar á los -empleados del registro; sólo saben que el muerto ha muerto, y dejan que -el representante de la ley ponga en su libro la enfermedad que le -parezca preferible para el caso. Luego, con arreglo á tales registros, -se forman estadísticas que sirven para estudio y guía de los sabios de -Europa y América.</p> - -<p>Nos aproximamos á Nimtola por las estrechas callejuelas de los barrios -inmediatos, procurando evitar la ancha avenida paralela al río, -demasiado abundante en vehículos, de un suelo desigual, donde las ruedas -se enganchan en los rieles salientes y cuyos charcos negros salpican con -pestífera hediondez.</p> - -<p>Nuestro automóvil tiene que hacer alto, pegándose á uno de los muros, -para dejar paso á una muchedumbre que avanza á nuestra espalda y se -anuncia con cierta salmodia monótona. Se desliza, rozando nuestro -vehículo, una doble fila de indostánicos, todos con vestiduras blancas. -Cuatro de éstos llevan en hombros unas angarillas hechas con ramas de -árboles y forradas de gasa color de rosa. Encima de este lecho portátil -vemos manojos de flores amarillas y rojas y varias plantas verdes. -Debajo del sudario vegetal va un pequeño cadáver: el flaco cuerpo de una -niña que no debe tener más de doce años. Los que lo llevan en hombros, -así como los que le preceden y le siguen, son todos de tipo -europeo—únicamente su tez tiene un color trigueño algo su<span class="pagenum"><a name="page_334" id="page_334">[Pg 334]</a></span>bido—, y su -aspecto físico de occidentales contrasta con el manto de gasa ó de lino -arrollado á su cuerpo por toda vestimenta.</p> - -<p>En este cortejo fúnebre lo primero que llama la atención es la velocidad -con que marcha. Parece que un enemigo invisible venga persiguiendo y -acosando á todos estos hombres. Caminan como una tropa fugitiva. La -gente abre paso para no ser atropellada, pegándose á los muros. Los -vehículos se apartan también, avisados por su canto melancólico y tenaz. -Todos los hombres repiten las mismas palabras, con un tonillo semejante -al de los muchachos cuando deletrean sus lecciones en las escuelas de -los pueblos: «<i>Bolo hari. Hari bolo.</i>»</p> - -<p><i>Hari</i>, en sánscrito, es Dios, y lo que dicen con su monótona cantilena -los acompañantes del entierro es «¡Por Dios! ¡por Dios!»</p> - -<p>Algo más allá pasa junto á nosotros un segundo cortejo fúnebre. Al salir -á la gran avenida, frente á las puertas de Nimtola, vemos muchos otros -que van llegando por todos lados y tienen que detenerse en este lugar -convergente, para ir pasando adelante por riguroso turno.</p> - -<p>Los hay de séquito numeroso, como el de la niña cubierta de flores y -plantas. Otros son tristes, sin adorno alguno, y detrás de los dos -portadores de la camilla fúnebre sólo marchan unas pobres mujeres -envueltas en mantos blancos, que las cubren de la frente á los pies, -mostrando cada una de ellas un brazo y una pierna, delgados, rojizos, -con numerosos anillos de metal blanco.</p> - -<p>El joven empleado me explica la preparación de estos cadáveres antes de -llegar al Quemadero. Algunos fueron ungidos por sus familias con manteca -sagrada; los más pobres no han recibido este embadurnamiento final. -Todos ellos, al salir por última vez de su vivienda,<span class="pagenum"><a name="page_335" id="page_335">[Pg 335]</a></span> oyen la suprema -oración, dicha en sánscrito por el jefe de la familia, por un bracmán o -un amigo. (El sánscrito es lengua muerta y sagrada para los indostánicos -modernos; lo que el latín para nosotros.)</p> - -<p>«¡Oh tú espíritu que te fuiste!... Vamos á quemar todas las partes de tu -cuerpo terrenal, que, por estar repleto de pasiones y de ignorancia, -unió á sus actos píos muchos otros que fueron impíos. Quiera el Supremo -Señor perdonar todas las acciones pecaminosas que cometiste á sabiendas -ó inconscientemente, dejándote ascender á las alturas celestiales.»</p> - -<p>En una ciudad populosa como Calcuta sólo se permite llevar á orillas del -río á los enfermos cuando han muerto; pero en las poblaciones del -interior, muchas familias, si creen que uno de los suyos está en la -agonía, lo conducen preventivamente al borde del Ganges, con lo cual se -evitan las molestias y gastos de un cortejo fúnebre. Además, procuran -aumentar la purificación del moribundo tapándole la boca y los oídos con -limo del río sagrado, y luego lo abandonan para venir á quemarlo el día -siguiente.</p> - -<p>Ocurre algunas veces que estos agonizantes, no examinados por un médico, -sólo sufren accidentes pasajeros, y al recobrar sus sentidos sienten el -imperativo de la conservación, que les impulsa á seguir viviendo, y se -escapan para que sus parientes no los asfixien llenándoles de nuevo los -orificios respiratorios con el barro gangético. Estos fugitivos caen en -la más extraordinaria y terrible de las existencias, pues viven sin -vivir. Su familia los da por muertos y reniega de ellos, considerándolos -como unos impíos que contravinieron las leyes divinas. Si los ven no los -reconocen. Nadie se les aproxima, temiendo su contagio. El paria, á -pesar de su miseria, resulta superior á él. Las gentes de castas -elevadas evitan al paria, pero saben que existe. Este hom<span class="pagenum"><a name="page_336" id="page_336">[Pg 336]</a></span>bre que huyó -de la muerte vive como una sombra, y aunque grite nadie le oye. Prolonga -su vida en los lugares desiertos, alimentándose con inmundicias que -disputa á los perros y los chacales. Acaba por ir completamente desnudo, -cubierto de pelo, como una fiera. Las bestias aúllan á su paso, -enfurecidas por su presencia, los niños huyen, las mujeres se cubren el -rostro, hasta que al fin muere en completo aislamiento, y su espíritu, -según los buenos creyentes, da un salto atrás, volviendo á encarnarse en -los animales más viles é inferiores.</p> - -<p>Entro en el patio abierto de Nimtola donde son quemados los cadáveres, y -durante un par de horas creo vivir en el seno de una pesadilla -fuliginosa. Me avergüenzo en los días siguientes al pensar que encontré -interesante este espectáculo y me resistí á abandonarlo, á pesar del -ambiente caliginoso y los hedores de la materia quemada. Siempre ocurre -lo mismo con las sensaciones violentas que recibimos; nos parecen más -terribles las cosas recordadas á distancia que en el momento de verlas -directamente.</p> - -<p>Se extiende el río á mi izquierda. Pasan por su centro rosarios de -barcazas de las que tiran remolcadores. De tarde en tarde corta sus -aguas un vapor blanco, un tranvía fluvial que conduce las gentes á la -gran estación de ferrocarril del Norte de la India. El puente de Howrah -corta en apariencia el curso de este gran camino acuático. En la orilla -de Nimtola veo numerosos búfalos de piel negruzca, que sólo elevan sobre -la corriente el dorso de su lomo y su cabeza chata y cornuda. Junto al -<i>ghat</i> que se hunde en el río hay centenares de indostánicos con el agua -hasta el talle ó los pechos, inmóviles y en oración.</p> - -<p>La llanura triangular del Quemadero tiene, cuando entro en ella, varios -hoyos largos y estrechos, cubiertos<span class="pagenum"><a name="page_337" id="page_337">[Pg 337]</a></span> de tizones que humean ligeramente. -Son restos de las hogueras mortuorias que empezaron á arder en las -primeras horas de la mañana. En el fondo de una de estas hogueras -agonizantes adivino el contorno de un esqueleto. Veo como una bola de -cenizas y en mitad de ella dos estrellas rojas. La esfera cenicienta es -un cráneo quemado que aún conserva su forma. Las dos manchas ígneas, un -doble reflejo de la combustión del cerebro, que sigue ardiendo dentro de -su cápsula caliza... Un capricho del fuego ha respetado la forma del -cadáver, consumiendo su solidez interior.</p> - -<p>Bastan unos cuantos golpes de bastón para que todo se desparrame en -cenizas, y así lo hace un enano de aspecto inquietante que parece el -dueño de este lugar. Recuerdo á Quasimodo y á otros personajes -extraordinarios inventados por la literatura romántica, habitantes de -bóvedas de catedrales, de cementerios y ruinas frecuentadas por -fantasmas.</p> - -<p>Es un hombrecillo de cabeza enorme por las mechas de pelo lacio y sucio -que la cubren. Lleva el busto desnudo, surcado de cicatrices, lo mismo -que el rostro. Como es guardián de este lugar, nos imaginamos que las -tales cicatrices deben ser huellas de quemaduras. Un harapo anudado al -talle constituye toda su vestimenta. Su orgullo debe ser un collar hecho -de conchas que le cae sobre el pecho.</p> - -<p>Este enano de ojos diabólicos y rictus feroz va de un lado á otro con -aire importante, hablando á las familias de los difuntos, señalando los -lugares donde pueden levantarse las nuevas piras. Con una habilidad -profesional y sin más herramienta que una horquilla corta, borra en -pocos instantes los restos de las cremaciones anteriores. Echa al río -los residuos de la leña consumida y las cenizas del esqueleto que -deshizo á palos minutos<span class="pagenum"><a name="page_338" id="page_338">[Pg 338]</a></span> antes. Los devotos metidos en el agua no se -apartan al ver caer entre ellos estas migajas fúnebres. Continúan sus -pías gesticulaciones, cruzan las manos sobre el pecho, las elevan, beben -sorbos del líquido sagrado. Unos lo tragan; otros hacen buches con él y -vuelven á arrojarlo.</p> - -<p>Según me explica el joven empleado, estas cremaciones de la mañana han -sido de muertos cuyas familias pudieron pagar leña abundante. El costo -de una pira modesta es de seis á ocho rupias, lo necesario nada más para -que el cuerpo quede totalmente consumido. Los pobres, cuyas familias -economizan la madera, sólo son quemados á medias. Doblan su cadáver para -que ocupe menos sitio dentro de la pira, lo rompen por la cintura, -pegando las piernas á la mitad superior, y aun así, se consume la leña -muchas veces antes de que el cuerpo esté totalmente carbonizado... Pero -el gnomo terrible, guardián de este lugar, no puede perder tiempo, -necesita espacio para los otros cadáveres que van llegando, y cuando ve -que una hoguera agonizante no puede dar más fuego, echa al río el montón -de cenizas. Y las entrañas solamente chamuscadas, así como los huesos á -medio carbonizar, caen en el santo Ganges junto á los devotos que -continúan sus oraciones y sus tragos rituales.</p> - -<p>Este enano indostánico, que se muestra humilde é hipócrita con los que -él considera de casta superior, habla á nuestro acompañante al mismo -tiempo que nos sonríe manteniéndose á cierta distancia, pues sabe que no -debe tocar á los seres elevados ni con el aliento. El joven funcionario -nos explica sus chistes crueles. Clasifica á los muertos como si fuesen -viandas de cocina: en asados, á medio asar y crudos. Él solo respeta á -los bien asados, ó sea á los ricos, que consumen mucha leña. Como la -ma<span class="pagenum"><a name="page_339" id="page_339">[Pg 339]</a></span>yoría de sus correligionarios, este hombrecillo considera uno de los -espectáculos más interesantes que pueden presenciarse en esta vida la -cremación de un cadáver de rajá. Cuando muere alguno de éstos en la -ciudad de Benarés, llegan muchedumbres de largas distancias para -deleitarse con el perfume de la pira de sándalo y otras maderas -preciosas, que va consumiendo lentamente el cuerpo del príncipe, -mientras satura la atmósfera de bálsamos celestiales.</p> - -<p>En realidad, este Quemadero de Calcuta no difunde hedores nauseabundos. -Hay en el ambiente un fuerte olor de madera quemada y sólo un lejano -tufillo de carne recién salida del asador. Tal vez sea esto por la -delgadez inaudita de los cadáveres indostánicos. Son esqueletos con -forro de piel. Causa asombro que el cuerpo humano pueda llegar á tal -consunción.</p> - -<p>La pequeñez de los cadáveres nos reserva una sorpresa. La primera -cremación va á ser la de la niña cuyo entierro encontramos en una -calleja inmediata. El gnomo, ayudado por unos cuantos hombres de dicho -séquito, empieza á preparar la pira. Colocan, como si fuesen los -cimientos de un edificio, cuatro troncos gruesos que forman un -rectángulo. En el interior depositan simétricamente otros leños más -delgados, y así forman la base de la futura hoguera.</p> - -<p>Se oye un graznido continuo de las bandas de cuervos alineados encima de -las arcadas ó que revolotean atrevidamente sobre nuestras cabezas. En -toda Asia abunda el cuervo, como he dicho repetidas veces, pero en -Calcuta resulta un personaje familiar y hay que convivir con él. Son las -once de la mañana y la luz del sol desciende casi verticalmente de un -cielo limpio de nubes. Al calor de su refracción se une el de algunas -hogueras que todavía arden en un extremo de la fúnebre<span class="pagenum"><a name="page_340" id="page_340">[Pg 340]</a></span> explanada. Este -fuego se hace sentir y no se deja ver. El resplandor solar borra las -llamas. De sus lenguas rojas no se ve más que el hilillo humoso del -vértice.</p> - -<p>Cada cortejo ha dejado en el suelo las angarillas de sus muertos, -sentándose en torno á ellas para esperar. Con el encogimiento y la -timidez de un rezagado pobre entra un último entierro. Dos portadores, -un anciano y un niño, sostienen una camilla hecha con ramas y sobre ella -va tendido un cadáver cubierto por un andrajo de hedionda suciedad, que -parece oler á cólera, á peste bubónica, á todas las enfermedades -contagiosas de la multitud indostánica. Tres mujeres marchan detrás del -muerto, envueltas en velos blancos, con los brazos y las piernas llenos -de ajorcas pesadas y de vil metal.</p> - -<p>Recibe el enano con hostilidad á esta comitiva miserable. Es un «crudo» -el que llega. Discute con los portadores y les obliga á que esperen con -su muerto lejos de los otros cortejos. El viejo y el niño acaban por -abandonar su camilla y desaparecen. Las mujeres, sentadas en el suelo, -velan el cadáver. Por el borde del repugnante sudario asoma un pie -flaquísimo, y esta especie de garra inferior guarda aún en su tobillo el -envoltorio de un trapo, último vestigio de enfermedad y agonía.</p> - -<p>Las tres mujeres, que llevan un adorno de metal en sus narices, tienen -fijas las miradas sobre el relieve del cadáver invisible. Toda su -emoción se denuncia en el agrandamiento de sus ojos. Nadie llora en este -lugar. No veo una sola lágrima. El indostánico ignora que el dolor debe -expresarse con un derramamiento de humores oculares.</p> - -<p>Me voy fijando en una particularidad de los diversos cadáveres que -esperan su turno para la cremación. Se adivina su sexo por la envoltura -exterior. Las mujeres tienen depositado un manojo de flores en la -oquedad<span class="pagenum"><a name="page_341" id="page_341">[Pg 341]</a></span> que se marca entre su vientre y el arranque de sus piernas. A -los cadáveres masculinos les han colocado una piedra en el mismo sitio.</p> - -<p>Empieza la ceremonia de la purificación para la niña delgadísima, cuya -familia debe ser bien acomodada á juzgar por su acompañamiento. Y aquí -experimentamos la sorpresa de que hablé antes. Esta muchachita resulta -una hembra de más de treinta años; una madre de familia. Y sin embargo, -aun después de conocer su verdadera edad, ¡nos parece una cosa tan -insignificante bajo su envoltura de gasas y de flores!... ¡Abulta tan -poco su pobre cuerpo!...</p> - -<p>El marido, cuya cabeza empieza á grisear, está procediendo á su -purificación. Nos lo muestran de lejos, mientras un barbero le afeita en -la bajada del <i>ghat</i>. Los dos se hallan en cuclillas, frente á frente. -Los barberos indostánicos trabajan así. Agarran al parroquiano por una -oreja ó le pellizcan una mejilla, mientras con la otra mano rasuran su -cara y su cráneo.</p> - -<p>Este hombre de gesto grave y ojos dilatados y fijos que no saben llorar -paga al barbero su trabajo con unas moneditas de níquel é inmediatamente -se desnuda, quedando sólo con un cinturón que le pasa entre las piernas. -Debe purificarse en el río antes de prender fuego á la pira de su -esposa. Va descendiendo por el <i>ghat</i> hasta quedar con el agua por -encima de los pechos. Ora, sumerge su cabeza, bebe, hace los buches -rituales, y vuelve á subir para vestirse una túnica blanca, -completamente nueva, que dejó en mitad de la escalinata.</p> - -<p>Al lado de las angarillas de color rosa está sentado en el suelo un -muchacho como de doce años. Es el hijo de la difunta. Tiene una -expresión de perrito triste que sigue el entierro de su amo. Pero está -mudo; no puede aullar como el otro. Mira con fijeza, sin una lágrima en<span class="pagenum"><a name="page_342" id="page_342">[Pg 342]</a></span> -las papilas, el cuerpecito de flaca adolescente que marca sus gráciles -contornos bajo el sudario color de rosa.</p> - -<p>Una señora que está á mi lado rompe á llorar viendo este dolor -silencioso.</p> - -<p>—¡Pobrecito!... ¡Pobrecito mío!</p> - -<p>Él vuelve su cabeza, adivinando la compasión, la dolorosa ternura de -estas palabras que no puede comprender. Vemos su tez de canela -aterciopelada, sus ojos negros de antílope agrandados por el dolor. Nos -mira un momento sin expresión alguna. Luego, su vista se desliza, -volviendo otra vez á posarse en el cuerpecito de su madre.</p> - -<p>No puede continuar dicha contemplación. Los amigos de la familia han -levantado las angarillas y llevan el cadáver hacia el Ganges, por el -graderío del <i>ghat</i>. Cuando á los portadores les llega el agua á la -cintura sumergen la camilla fúnebre. Se lleva la corriente de golpe las -coronas de flores, los manojos de verdura que adornaban el lecho de la -muerta. La gasa se destiñe, formando sobre el agua una gran mancha -purpúrea, como si fuese de sangre.</p> - -<p>Esta inmersión hace que se marquen instantáneamente todos los contornos -del cadáver, lo mismo que si estuviese desnudo. Las gasas desteñidas -tienen ahora un color de carne y parecen no existir, adheridas al cuerpo -femenino. Pero este cuerpo ¡es tan poquita cosa!... Parece imposible que -haya podido salir de su interior el adolescente que continúa sentado en -el suelo, mirando con fijeza hipnótica el lugar donde poco antes estaba -la muerta.</p> - -<p>Chorreando agua vuelve el cadáver á subir el <i>ghat</i>, mientras sus -conductores reanudan el cántico monótono de una hora antes: «<i>Bolo hari. -Hari bolo.</i>» Lo colocan sobre la base de la pira. Luego el enano y sus -ayudan<span class="pagenum"><a name="page_343" id="page_343">[Pg 343]</a></span>tes van amontonando sobre la difunta nuevos leños, hasta que al -fin completan la pira en forma de edificio, rematándola con una especie -de techo de doble pendiente.</p> - -<p>Pasa por el río uno de los vapores blancos. En sus cubiertas van -numerosas señoras rubias con trajes de fina batista y gentlemen de -aspecto elegante. Deben vivir en <i>bengalows</i> de las afueras, con hermoso -jardín, y vienen á Calcuta para hacer sus compras ó para tomar el tren -en la estación inmediata de Howrah. Nadie mira hacia el Quemadero. El -esbelto barco levanta una sucesión de ondulaciones que mecen las -guirnaldas floridas arrancadas al cadáver y la mancha roja de sus velos -desteñidos. Estas ondulaciones chocan con el pecho inmóvil de los -devotos que se bañan en el Ganges; pasan en delgadas láminas sobre el -lomo de los búfalos hundidos en la ribera fangosa.</p> - -<p>Contemplamos con angustia los preparativos para la cremación de esta -pobre indostánica, empequeñecida por el dolor y la muerte. No la -conocimos cuando vivía; nunca sabremos su nombre; pero el azar nos ha -unido á ella con un recuerdo sentimental que durará lo que dure nuestra -existencia.</p> - -<p>El esposo, entorpecido por el dolor, no sabe cómo debe cumplir sus -funciones rituales. Tal vez no asistió nunca á un entierro en el que -tuviese que figurar como el primero de los acompañantes. A él le -corresponde prender fuego á la pira, dando vueltas en torno de ella para -que el fuego surja de todos lados al mismo tiempo. El horrible gnomo ha -puesto una antorcha en sus manos y le indica lo que debe hacer, con la -suficiencia de un sacristán que asiste á un entierro de primera clase en -las iglesias de Europa.</p> - -<p>Se adivina que el pobre marido no ve. Avanza su<span class="pagenum"><a name="page_344" id="page_344">[Pg 344]</a></span> antorcha y las más de -las veces su llama se pierde en el aire... Pero sus ojos continúan -secos. Al fin el montón de leña empieza á arder. Se escapa entre el -llamear crepitante de la madera tierna una nube de pavesas de las ropas -sutiles. A través de los troncos que se ennegrecen y se rajan vemos algo -semejante á unas ramas blanquecinas, los miembros gráciles de la muerta -que burbujean con el chirrido de la grasa. Arde el cadáver, y entre los -desgarrones de la carne abierta y retorcida por el fuego comienzan á -asomar las aristas rígidas de los huesos.</p> - -<p>—¡Vámonos, vámonos!—dice alguien detrás de mí con voz desfalleciente.</p> - -<p>Sí, debemos irnos... Y sin embargo, quedamos inmóviles, sin voluntad, -con los pies fijos en el suelo, como el que contempla la lumbre de una -chimenea en las noches invernales y á cada minuto se da á sí mismo la -orden de abandonar el asiento sin conseguir verse obedecido. Sentimos á -un tiempo la atracción de la llama, la terrible curiosidad de las -emociones violentas, el horror de la muerte.</p> - -<p>Suena un estallido en el interior de la pira. Es la ruptura del vientre -agujereado por el fuego, el esparcimiento de las vísceras, la dilatación -de los vapores humanos, algo horrible que va más allá de los leños -ardientes y cae en el suelo. Pero el enano se mantiene cerca de las -llamas, con una previsión de técnico, y recoge velozmente todo lo que el -fuego expelió, volviendo á arrojarlo en la hoguera. Ha llegado la hora -de irnos. ¿Para qué seguir contemplando la cremación de los otros?... -¡Adiós, madre calcutana, pequeña como una niña, que nunca conocimos y -recordaremos siempre!</p> - -<p>El gnomo, que sabe calcular el curso de las incineraciones, ha -abandonado esta pira, juzgando inútil su presencia, y se ocupa en -levantar otra, discutiendo<span class="pagenum"><a name="page_345" id="page_345">[Pg 345]</a></span> con los acompañantes del difunto sobre la -clase y el precio de la leña.</p> - -<p>En el patio exterior volvemos á encontrar las tres mujeres sentadas en -el suelo en torno á la camilla de la que surge el pie enjuto con su -vendaje de harapos.</p> - -<p>Sus portadores, el viejo y el niño, aún no han vuelto. Buscan sin duda -en su barrio, inútilmente, almas piadosas capaces de darles una limosna. -No encuentran con qué pagar la leña que está esperando este infeliz -indostánico, pobre en el curso de toda su obscura historia, pobre hasta -más allá de la muerte.</p> - -<p>La igualdad ante la nada final sólo existe físicamente. Los hombres se -han encargado de suprimir esta igualdad consoladora, prolongando basta -el interior del misterio de la muerte las desigualdades de nuestra -jerarquía social. En este pueblo se muere según la leña que se puede -comprar. En otros de Asia, según los objetos de cartón destinados á -embellecer la vida ultraterrena. En nuestros países civilizados, según -las ceremonias y pompas pagadas que se desarrollan ante las tumbas, con -un carácter de supuesta espiritualidad.</p> - -<p>Dejo caer cinco rupias sobre el sudario hediondo y contagioso que cubre -á este cadáver.</p> - -<p>Las tres mujeres levantan la cabeza y me miran con unos ojos secos, -dilatados por el asombro. ¡Un blanco preocupándose de un pobre -indostánico de casta inferior!... Mi acción inesperada, incomprensible, -parece impresionarlas más que la vecindad de la muerte.</p> - -<p class="fint">FIN DEL TOMO SEGUNDO</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_346" id="page_346">[Pg 346]</a></span> </p> - -<h2><a name="INDICE" id="INDICE"></a>ÍNDICE</h2> - -<table border="0" cellpadding="4" -style="margin:auto 15% auto 15%;"> - -<tr><td> </td><td><small><i>Págs.</i></small></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#I">I.—EN MUKDEN.—Caballitos manchures y perros siberianos.—Un -desierto de nieve por cuya posesión -se mataron 154.000 rusos y japoneses.—La dinastía -de «Los Muy Puros» y sus mausoleos.—El frío, maestro -de humildad.—Las escalinatas chinas y «el sendero -imperial».—La chiquillería pedigüeña de las estaciones.—Un -gendarme que pega.—Indignación patriótica.—La -incoherencia de los demonios blancos.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_5">5</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#II">II.—LA LLEGADA Á PEKÍN.—Los bandidos chinos y -los trenes-fortalezas.—Una mala noche.—El imperio -del bambú soberano y de la paliza paternal.—5.000 -años de historia conocida.—Recordando á Marco -Polo.—Los cuatro grandes héroes de la Geografía.—<i>Micer -Millones.</i>—Cómo por obra de Marco Polo salieron -Colón y los navegantes españoles hacia Pekín, -para visitar al Gran Kan, y dieron con la ignorada -América.—El despertar en Tien-Tsin.—Los chinos -elegantes.—Agricultura sabia y campos de tumbas.—Una -puerta de diez siglos con telegrafía sin -hilos.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_19">19</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#III">III.—LAS TRES CIUDADES DE PEKÍN.—La forma -geométrica de Pekín.—La ciudad china, la ciudad -tártara y la ciudad prohibida.—El edificio chino y la -tienda de campaña.—Los geomantes y sus adivinaciones.—Los -espíritus del Viento y del Agua.—La -cuarta ciudad.—El barrio de las Legaciones y sus -tropas visibles y ocultas.—La seguridad de las calles -de Pekín y la policía china.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_32">32</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#IV">IV.—SINGULARIDADES DE LA VIDA CHINA.—La -ciudad más grande del mundo.—Las antiguas calles -y sus muchedumbres.—Casas, muebles y gorros.—Los -casamientos.—Los pies de las chinas.—Vanidad -con que las mujeres á estilo antiguo aprecian -su deformación.—Las damas manchures.—La cocina -china y sus horripilantes picadillos.—Vinos de animales.—Los -cocineros chinos esparcidos por el mundo.—Sus -caprichos de artista.—Lo que vió una dama -al bajar á su cocina, y la respuesta del cocinero para -que todos quedasen contentos.</a><span class="pagenum"><a name="page_347" id="page_347">[Pg 347]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_44">44</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#V">V.—TEMPLOS Y FILÓSOFOS.—El templo del Gran -Lama.—La capilla secreta.—Un milagro.—Doctores -y bachilleres en armas.—Laotsé y Confucio.—El templo -de Confucio y el Salón de los Clásicos.—Culto de -la República china á Confucio.—El templo del Cielo.—El -simbolismo del número 9.—La ceremonia imperial -en el solsticio de invierno.—El templo de la Agricultura.—Cómo -araba todos los años el Hijo del Cielo.—Progreso -de la agricultura china hace miles de -años.—Su abono predilecto y más precioso.—Cómo -se produce públicamente en calles y caminos.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_57">57</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#VI">VI.—LA CIUDAD PROHIBIDA.—Los mares y las montañas -de los jardines imperiales.—La «Montaña del -Carbón».—El árbol sentenciado á cadena perpetua -por lesa majestad.—Los guardianes de la República.—Los -grandes patios de mármol y sus ríos.—Los -tesoros del Hijo del Cielo.—Las recepciones solemnes -en la Sala de la Gran Reunión.—Todo Pekín -visto desde el trono.—Los dueños alados y definitivos -de la Ciudad Prohibida.—Robos de las tropas -civilizadoras.—Un museo formado con lo que dejaron -ó lo que devolvieron.—La ironía de los chinos.—«Nosotros -los salvajes».</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_72">72</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#VII">VII.—EL PALACIO DE VERANO.—La retratista de la -emperatriz.—La mentalidad de una soberana china.—Los -hermosos camellos de Pekín.—Las murallas de -la capital y su antigua artillería.—Maravillas del Palacio -de Verano.—El «lago-mar».—El famoso Navío -de Mármol.—Un puerto de comercio improvisado, -para que el Hijo del Cielo se disfrazase de vagabundo.—Robo -de dos azulejos.—El feliz «triángulo» imperial.—El -joven ex emperador y el presidente de la -República.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_86">86</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#VIII">VIII.—LA GRAN MURALLA.—Un muro de 600 leguas -edificado en ocho años.—El chino sabe demasiado -para ser militar.—Las industrias fúnebres.—Entierros -ruinosos.—Las tumbas de los emperadores de la -dinastía «Luminosa».—En las puertas de la Tartaria.—Los -vagabundos de la Gran Muralla.—La caravana -de Kalgán.—El frío viento de la Mongolia.—Los dos -ciegos musulmanes.</a><span class="pagenum"><a name="page_348" id="page_348">[Pg 348]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_102">102</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#IX">IX.—EN MARCHA HACIA EL RÍO AZUL.—Los bandidos -de Ling Tcheng.—Dos trenes fortificados.—Compañeros -que van cayendo.—La exportación de -huevos chinos.—Faisanes laqueados.—La amazona -misteriosa del bosque fúnebre de los Ming.—Los -bandidos no aparecen.—Decepción de algunas viajeras.—Opiniones -sobre la República china.—Un -cuerpo robusto falto de sistema nervioso.—La China -aún no sabe que existe.—El Gran Canal.—El río -Amarillo y el río Azul.—La civilización del trigo y -la civilización del arroz.—Los pueblos asiáticos eternamente -casados con el hambre.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_117">117</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#X">X.—SHANGHAI, LA RICA Y ALEGRE.—Un abordaje -de chinos en el río Azul.—La ciudad literaria de Nankín.—El -«Londres del Extremo Oriente».—La Concesión -Francesa y la Concesión Internacional.—Las -palabras <i>boom</i> y <i>krac</i>.—Placeres y despilfarros.—Las -cortesanas del país y el mujerío internacional.—«Princesas -chinas» y opio.—Una colonia española -interesante.—Dos frailes notables, directores de Misiones.—La -propaganda católica y la propaganda -protestante.—Sus diversos recursos.—El barrio chino -de Shanghai y sus callejones hormigueantes de -muchedumbre.—Visita al famoso «Jardín del Mandarín» -que el lector conoce desde su niñez.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_133">133</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XI">XI.—EN EL MAR AMARILLO.—El regreso al <i>Franconia</i>.—Peces -y perros chinos.—El mar más frecuentado -del mundo.—Audacia extraordinaria de los marineros -del mar Amarillo.—Los tres tripulantes del -ataúd.—La hermosa bahía de Hong-Kong.—Calles -en pendiente y la avenida de la Reina.—De cómo el -que se retrata pierde una parte de su alma, absorbida -por el objetivo.—La carretera de la Cornisa en la -isla de «los Arroyos Floridos».—Fisonomía de los -puertos del Extremo Oriente.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_148">148</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XII">XII.—HONG-KONG Y CANTÓN.—Las huelgas de los -chinos.—Banquetes ruidosos.—Servidumbre de las -casas ricas de Hong-Kong.—«No vaya usted á Cantón».—Historia -del gran puerto del té y de la porcelana.—La -republicana Cantón y sus habitantes revolucionarios.—El -doctor Sun Yat Sen.—Las dos Chinas.—Viaje -á Cantón.—La ciudad flotante sobre el -río Perla.—Los «bajeles de flores».—Agresividad xenófoba -de los cantoneses ante los buques de guerra -anclados en el río.—Tiros en las calles.—Los cónsules -nos aconsejan un pronto regreso á Hong-Kong.—Los -piratas del estuario.—Una novela de 70 tomos -y 1.000 personajes.—El asalto del vapor-correo de -Macao.—La capitana de los dos revólveres.—Voy á -Macao.</a><span class="pagenum"><a name="page_349" id="page_349">[Pg 349]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_162">162</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XIII">XIII.—VIAJE Á MACAO.—Registro de chinos antes -de su entrada en el vapor.—Cubiertas transformadas -en jaulas y puente convertido en fortaleza.—Recuerdos -del asalto de los piratas.—«¡Necesito matar á un -chino!»—La interesante «Ciudad del Santo Nombre -de Dios en China».—Los juncos con cañones, anclados -en su antiguo puerto.—El nuevo puerto de Macao.—Gran -porvenir de la ciudad.—Excelente administración -del gobernador Rodrigues.—La gruta de -Camoens.—El juego del «Fan-tan» y otras particularidades -interesantes del viejo Macao.—La calle de la -Felicidad y sus altares.—Regreso á media noche por -el estuario de los piratas.—Las fosforescencias del -mar chino.—Espectáculo inolvidable.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_176">176</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XIV">XIV.—EL PUEBLO FILIPINO.—La bahía de Manila.—Obsequios -de filipinos y españoles.—Limpieza y elegancia -de la ciudad.—El traje gracioso y señorial de -las mujeres.—Los jardines.—Las escuelas y su profesorado -filipino.—Generosidad del gobierno americano -para el sostenimiento de la enseñanza.—Ansia del -filipino por instruirse.—La colonización española.—Su -trabajo fundamental, penoso y mal conocido.—Filipinas -desea ser independiente.—Suavidad del -régimen americano.—Autonomía dada por Wilson.—Palabras -de un tribuno filipino.—El gobernador -Wood.—Lo que dicen unos y otros.—Mi opinión -particular.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_197">197</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XV">XV.—EN EL MAR DE LA INSULANDIA.—Un guerrero -del aire.—El paso de la Línea.—Desfile de oasis -montañosos sobre el desierto azul.—La historia del -mundo reproduciéndose en cada isla.—Epopeya de -los descubridores portugueses.—Lo que vieron un -día en las Molucas.—Encuentro de los dos pueblos -ibéricos al otro lado del planeta.—Los últimos héroes -españoles del ciclo de los descubrimientos.—Mendaña -y el oro del rey Salomón.—Una flota, mandada -por una mujer.—La almiranta doña Isabel.—El místico -Quirós.—Llegada de la reina de Saba á Manila.—Los -elefantes don Pedro y don Fernando.—Los -descubridores de «Australia Ignota».—«Austrialia -del Espíritu Santo».—El piloto Torres, primer explorador -de las costas australianas.</a><span class="pagenum"><a name="page_350" id="page_350">[Pg 350]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_215">215</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XVI">XVI.—EL PAÍS DE LAS ESPECIAS.—La vieja Batavia -y la famosa Compañía de las Grandes Indias.—Cómo -vivió Java dos siglos y medio de colonización -holandesa.—Opulencia de Batavia.—Abundancia de -dinero y de enfermedades mortales.—El monopolio -de las especias.—Destrucción de artículos para mantener -su escasez.—Las ciudades-jardines de Weltevreden -y Micer Cornelius.—Una plaza de un kilómetro -cuadrado.—El país del <i>batik</i>.—Muchedumbres -hermosas y colorinescas.—El dulce mahometismo -del pueblo javanés.—Facilidad de las javanesas para -desnudarse.—El turbante y los pies descalzos.—Baño -de las mujeres en las calles.—Dos condiciones -exigidas por los antiguos javaneses para dejarse matar -tranquilamente.—El «traidor» Erberfeld y su -eterna execración.—Reparto equitativo de las vergüenzas -del pasado.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_228">228</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XVII">XVII.—EL PARAÍSO JAVANÉS.—Enorme población -de Java.—Sus arrozales en escalones.—Exuberancia -vegetal.—Las chozas y sus habitantes.—Duchas naturales -al aire libre.—Adán y Eva como antes del pecado.—Llegada -á Garoet.—Nos extraviamos en sus -alrededores.—Una tempestad ecuatorial.—El refugio -de los veinte javaneses misteriosos.—Fuga bajo la -tormenta.—Lo que vi á las puertas de Garoet y no -olvidaré nunca.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_243">243</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XVIII">XVIII.—BAJO LA LLUVIA ECUATORIAL.—Mi cama -y mis compañeros de alcoba.—Los vendedores de -Garoet.—La superstición del dólar.—Javaneses y -malayos.—Locura homicida de los que «corren el -<i>amok</i>».—La lira de cañas.—El baile en el hotel.—La -«Sinfonía de la selva».—Los cuatro jóvenes nobles -y sus danzas.—Regalo de un <i>kris</i> del antepasado.—El -Guiñol javanés.—Una novela caballeresca con monigotes -y música.</a><span class="pagenum"><a name="page_351" id="page_351">[Pg 351]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_259">259</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XIX">XIX.—LA PUERTA DEL EXTREMO ORIENTE.—El -jardín de Buitenzorg.—Flores que parecen insectos -é insectos iguales á pedazos de madera.—El estrecho -de Gaspar.—Los fenicios del Pacífico y sus -portentosas navegaciones.—Verdadera patria de -Simbad el Marino.—La cosmopolita ciudad de Singapore.—El -gobernador Raffles.—Mezcla de pueblos -y religiones.—Mi primera visita á un templo brahmanista.—El -cultivo actual del caucho.—Rutina inglesa -de los futbolistas de Singapore.—Degradación -de los blancos que van en tranvía.—Juglares y domadores -de serpientes.—El <i>smoking</i> blanco.—Los -maravillosos sastres chinos.—Cuatro trajes en dos -horas.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_275">275</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XX">XX.—LA CIUDAD DE LOS ELEFANTES.—La muerte -del más gordo de los <i>stewards</i>.—Una mosca javanesa.—Cadáver -al agua.—El río de Rangoon.—La famosa -pagoda de Shway Dagon.—Todos bonzos.—La superioridad -de la mujer birmana.—Sus enormes cigarros.—Los -serpenteros de Rangoon y sus pupilas.—Abundancia -de elefantes.—Su inteligencia y sus -trabajos.—Hombres con pendientes y peinado de -mujer.—La policía pega.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_290">290</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XXI">XXI.—LOS TRES CABELLOS DE BUDA.—El aspecto -de Rangoon.—Los Lagos Reales y sus peces sagrados.—Europeos -de Rangoon que no han visitado -nunca la pagoda de los tres cabellos de Buda.—Miedo -á las muchedumbres de peregrinos.—El orgullo -británico y los pies desnudos.—Un entierro de fanáticos -de Madrás.—El templo más antiguo del -mundo.—La interminable escalera, su mercadillo y -su basura.—La montaña de oro, centro de la meseta -sagrada.—Pagodas, pagodones y pagodines.—Gran -variedad de imágenes de Buda.—Mi amigo el -joven bonzo.—Cosas horripilantes y curiosas que me -enseña.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_304">304</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XXII">XXII.—LA BAHÍA DEL DIAMANTE.—Un brazo del -Ganges.—La yungla y sus gentes.—El camino de -Calcuta.—Cañonazos de sus defensores.—Abandonamos -el <i>Franconia</i>.—Invasión alada.—La marina -fluvial de los indostánicos.—El maquinismo inglés -en las riberas del Ganges.—El yute.—Fabricación -de sacos para toda la tierra.—Los homenajes al río -sagrado.—Caimanes y flores.</a><span class="pagenum"><a name="page_352" id="page_352">[Pg 352]</a></span></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_319">319</a></td></tr> - -<tr><td valign="top" class="pdd"><a href="#XXIII">XXIII.—EL QUEMADERO DE CALCUTA.—Caras europeas -y vestiduras exóticas.—Los <i>ghats</i> del Ganges.—Las -estadísticas médicas de la India.—Un cortejo -fúnebre.—La última oración.—Los fugitivos de -la muerte convertidos en animales.—Las hogueras -de la mañana.—El horrible enano del Quemadero y -sus clasificaciones.—Cremación de una madre que -parece una niña.—Las purificaciones preliminares.—Cadáver -de pobre esperando que alguien pague -su leña.</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_329">329</a></td></tr> -</table> - -<div class="c"> -<img src="images/inside-back.jpg" height="550" alt="" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<pre style='margin-top:6em'> -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VUELTA AL MUNDO DE UN NOVELISTA; -VOL. 2/3 *** - -This file should be named 63816-h.htm or 63816-h.zip - -This and all associated files of various formats will be found in: -http://www.gutenberg.org/6/3/8/1/63816/ - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive -specific permission. If you do not charge anything for copies of this -eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook -for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports, -performances and research. They may be modified and printed and given -away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks -not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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Of course, we hope -that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting -free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm -works in compliance with the terms of this agreement for keeping the -Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily -comply with the terms of this agreement by keeping this work in the -same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when -you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are -in a constant state of change. If you are outside the United States, -check the laws of your country in addition to the terms of this -agreement before downloading, copying, displaying, performing, -distributing or creating derivative works based on this work or any -other Project Gutenberg-tm work. 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You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including -any word processing or hypertext form. However, if you provide access -to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format -other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official -version posted on the official Project Gutenberg-tm web site -(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense -to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means -of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain -Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the -full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1. - -1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.8. 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Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our Web site which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - -</pre> -</body> -</html> diff --git a/old/63816-h/images/cover.jpg b/old/63816-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a963aaa..0000000 --- a/old/63816-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/63816-h/images/inside-back.jpg b/old/63816-h/images/inside-back.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index e0fed27..0000000 --- a/old/63816-h/images/inside-back.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/63816-h/images/inside-front.jpg b/old/63816-h/images/inside-front.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f86cf01..0000000 --- a/old/63816-h/images/inside-front.jpg +++ /dev/null |
