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Laval - -Release Date: October 10, 2020 [EBook #63424] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS POPULARES EN CHILE *** - - - - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images available at The Internet Archive) - - - - - - - - - - REVISTA DE FOLKLORE CHILENO - Tomo IX.--1923 - - CUENTOS - POPULARES EN CHILE - - (recogidos de la tradición oral) - - POR - - RAMON A. LAVAL - - Socio fundador - de la Sociedad de Folklore Chileno y de la Sociedad Chilena - de Historia y Geografía, Miembro Correspondiente de la Real - Academia de la Historia, Membre de la Société des Traditions - Populaires et de la Société des Américanistes de Paris, Socio - correspondiente da Sociedade de Geographia de Rio de Janeiro. - - SANTIAGO DE CHILE - IMPRENTA CERVANTES - MONEDA, 1170 - 1923 - - - - -I PARTE - -Cuentos maravillosos, Cuentos de -animales, Anécdotas. - - - - -Cuentos populares en Chile, recogidos de la tradición -oral[A] - - - - -1. EL SOLDADILLO. - - -El Soldadillo se estaba aburriendo en su casa y se le puso en la cabeza -salir a rodar tierras, por ser hombre y por saber. - -Salió, pues, un día, llevando al hombro unas alforjas muy bien provistas -y un buen cuchillo asegurado a la cintura. - -Después de haber andado unas cuantas horas, en un camino apartado se -encontró con un hermoso joven, elegantemente vestido. El Soldadillo, que -era hombre bien hablado, se sacó su gorra y saludando con todo respeto, -preguntó: - ---¿A dónde va, mi señor? Si lo puedo servir en algo, estoy a sus -órdenes. - -El Príncipe, porque el joven era hijo de Rey, le contestó: - ---Si quieres acompañarme, te daré buen sueldo; el sirviente que traía se -me perdió en el camino, y necesito de una persona que me ayude; pero ésa -ha de ser muy valiente, porque nos hemos de ver quizás en qué peligros. - ---Su mercé, respondió el Soldadillo, tal vez haya oído hablar de su -servidor, porque yo he peleado en todas las batallas que ha dado Su -Sacarreal Majestad el Rey su padre, y siempre me porté con valor y nunca -volví la espalda al enemigo. Juan me llamo, señor, y por sobrenombre me -dicen el Sordaíllo. - ---¡Con que tú eres, hombre, el mentado Soldadillo! No he podido -encontrar mejor compañero; he andado con suerte; desde luego te tomo a -mi servicio. - -Siguieron andando los dos, más que como patrón y sirviente, conversando -como amigos. El Príncipe le contó cómo se había enamorado, por un -retrato que había visto, de la más linda princesa del mundo, a quien -andaba buscando: estaba encantada y nadie sabía en donde se hallaba. - -El Soldadillo le prometió ayudarlo en todo y no dejarlo mientras no -dieran con la princesa, y hasta dejarse matar por él, aunque--le -dijo--todavía no ha nacido quien se atreva a tocarme un pelo. - -Siguieron andando y andando, y hacía ya muchos días que iban por el -mismo camino, cuando encontraron a un hombre que se ejercitaba en dar -saltos muy grandes. El Soldadillo le preguntó: - ---¿Cómo te llamáis, ho? - ---Yo me llamo--contestó el hombre--Saltín, Saltón, hijo del buen -Saltaor. - ---¿Y en qué te ocupáis, hó? - ---En saltar, pus, ñor; y pueo dar saltos de más de dos cuairas, pus, -ñor. - ---Este hombre nos conviene--le dijo el Príncipe al -Soldadillo;--pregúntale si quiere entrar a mi servicio. - -Entonces el Soldadillo le dijo al hombre: - ---¿Por qué no te venís con nosotros? - ---Si me dan buena paga, me voy con ustedes. - -Y Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, se fué con ellos. - -Siguieron andando y andando, y más adelante toparon con un hombre que se -llevaba tranqueando de arriba para abajo, a grandes pasos, y que no -descansaba ni un momento. - ---¿Cómo te llamáis, ho?--le preguntó el Soldadillo; y el otro le -contestó: - ---Yo me llamo Andín, Andón, hijo del buen Andaor. - ---¿Y en qué trabajáis, vos? - ---En andar, pus, ñor; ese es mi oficio; porque yo soy lo mesmito que el -Judío Errante, que me canso cuando me siento; y aemás soy muy forzúo, y -me los pueo echar a toos ustees al hombro y llevarlos aonde ustees me -igan; porque han de saber que soy nieto de Carguín, Cargón, hijo del -buen Cargaor, y que hei sacao las juerzas de mi agüelo. - ---Este hombre nos conviene--le dijo el Príncipe al -Soldadillo;--contrátalo a ver si quiere servirme. - -Entonces el Soldadillo le dijo al hombre: - ---¿Por qué no te venís con nosotros? Te daremos buena paga. - ---Métale, pus, ñor--contestó Andín, Andón, hijo del buen Andaor; y para -probarles que era cierto lo que les había dicho acerca de las fuerzas -que tenía, agarró a los tres compañeros en sus brazos y siguió cargado -con ellos, como si tal cosa. - -Bien les vino a los pobres, porque estaban muy cansados. - -Así anduvieron por tres días, hasta que encontraron a un hombre sentado -en la tierra, que con una mano rodeaba una de sus orejas, como para -escuchar mejor. El Soldadillo le dijo: - ---¿Qué hace ahí, mi amigo? ¿se puede saber? - ---Como nó--le contestó el hombre:--estoy oyendo a una niña que está -encerrada siete estados bajo tierra llorando sin consuelo y quejándose -de que la tienen encantada. En este momento, dice: ¿Qué será del Rey, -mi padre? ¡Cómo llorará mi madre! ¡Cuándo vendrá el príncipe que ha de -libertarme! - -El Príncipe no dudó que la princesa encerrada era la que él buscaba, e -inmediatamente preguntó al hombre: - ---¿Cómo te llamas tú? - ---Yo me llamo, señor--le contestó--Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor. - ---Vente conmigo y te pagaré bien--le dijo el Príncipe. - ---Eso quisiera yo--le dijo Oidín--porque estoy sin empleo. - -Y Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor, pasó a ocupar su lugar al apa de -Andín, Andón, hijo del buen Andaor. - -Siguiendo las indicaciones de Oidín, que a cada rato hacía que Andín se -parara, para escuchar mejor, se metió Andín con su carga por un bosque -muy tupido, llegando una noche, al cabo de siete días de marcha, frente -a un castillo. Dieron seis vueltas alrededor de él, sin encontrar puerta -alguna; sólo veían una fila de ventanas, todas alumbradas, pero muy -altas y defendidas por gruesos barrotes de fierro. A la séptima vuelta -vieron una puerta toda de fierro, hecha de una sola pieza y con un gran -llamador. Golpearon y nadie contestó; golpearon dos veces más y tampoco -nadie salió. Entonces el Soldadillo dijo: - ---Que se queden todos aquí; a mí me agarra en peso Saltín, Saltón, hijo -del buen Saltaor, y de un salto nos ponemos dentro del castillo. - -Así lo hicieron; pero todavía no ponían un pie en tierra, cuando oyeron -cerca de ellos una voz de trueno que decía: - ---¡Carne humana huele aquí! Carne humana huele aquí! - -Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, todo asustado, de un brinco -volvió afuera, dejando sólo a mi buen Soldadillo frente a frente de un -gigante enorme. - ---A peliar vengo con vos--le dijo el Soldadillo;--y no me grite tan -fuerte, que no soy sordo y le pueo cortar la lengua con este -cuchillito; ni me mire tan fiero, porque tamién le pueo sacar los ojos -con estos cinco deos. Sepa el cara e capacho viejo, que está hablando -con el Sordaíllo y quien se mete con él, sale fregao. - -Esto que dice el Soldadillo y el gigante que se le va encima; pero el -Soldadillo le saca el cuerpo con toda ligereza, y plantándose detrás, le -da con su cuchillito un tajo tan bien refuerte, que me le corta al -gigante los nervios de la corva de la pierna derecha, y de otro tajo me -le rebana los nervios de la corva de la pierna izquierda, y mi buen -gigante cae al suelo dando unos bramidos que hacían temblar toda la -tierra. - -Los de afuera oían los bramidos, todos asustados, y por más que el -Príncipe le decía a Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, que los -transladara a todos adentro para ayudar al Soldadillo, Saltín no quiso -obedecerle, porque, como el miedo es cosa viva, todavía le temblaban las -carnes y no se animaba a ponerse cerca del gigante. - -De repente se dejan de oir los bufidos y las puertas del castillo se -abren de par en par. Mi buen Soldadillo, con el cuchillo en la mano, -chorreando sangre, les dice que ha muerto al guardián del castillo y que -ya pueden entrar sin cuidado. No sabía el pobre los peligros que todavía -le esperaban. - -Entraron, y al pasar por un gran comedor, todo lleno de manjares, Andín, -Saltín y Oidín, quisieron sentarse a comer, pero el Príncipe y el -Soldadillo dijeron que era preciso sacar primero a la Princesa; que -después habría tiempo para comer y mucho más. Tuvieron que obedecer, -porque donde manda capitán no manda marinero, y el que manda, manda, y -mano a la cartuchera; y sirviéndoles de guía Oidín, Oidón, hijo del buen -Oidor, llegaron hasta un pozo. El Soldadillo buscó una barra de fierro y -la atravesó en la boca del pozo; buscó después unos cordeles y amarrando -un extremo en la barra y el otro a su cintura, lo descolgaron. - -Lo que sucedió después es digno de oirse. - -Cuando llegó al primer estado bajo tierra, el Soldadillo que entra a una -sala muy hermosa y que se le presenta un enorme culebrón con siete -cabezas. El Soldadillo, que estaba curado de espantos, no se asustó, -antes, echando pie atrás, alzó el cuchillo y de un fuerte golpe le cortó -a la Culebra una de sus cabezas. El Culebrón dió un silbido que aturdió, -y desapareció por un agujero; y el Soldadillo la siguió de atrás. Al -llegar al segundo estado, nuevo combate; la Culebra quería enroscar con -su cola al Soldadillo, pero éste, haciéndole un quite, logró ponérsele -al frente y cortarle otra de las cabezas. El Culebrón arrancó como un -condenado por un portillo y el Soldadillo se coló detrás de él por el -mismo portillo. Llegaron al tercer estado, la Culebra con cinco cabezas -no más, y el Soldadillo, firme como un peral y con su cuchillo en la -mano. Tercer combate; el Culebrón quería enterrarle la lanceta de una de -sus bocas, pero el Soldadillo en un dos por tres, ¡zás! le cortó otra -cabeza. Ya no le quedaban al Culebrón mas que cuatro cabezas, las mismas -cuatro que le cortó mi valiente Soldadillo, una en cada estado a que el -Culebrón bajaba, hasta que llegaron al séptimo, en que le cortó la -última y me lo dejó sin poder moverse más. - -Ya tenemos al Soldadillo en el séptimo estado bajo tierra, libre del -gigante y del Culebrón y oyendo los quejidos de la Princesa, que no -sabía de qué parte salían. - -Buscando y buscando, da con una puerta, que abre con mucho cuidado y se -encuentra dentro de una pieza tan grande y tan linda como no había visto -otra en su vida; estaba toda cubierta de oro y plata y alumbrada con -muchos blandones, candelabros y arañas, y en medio, tendida en el suelo, -desmayada, la más hermosa Princesa que hayan visto ojos humanos. La -cargó en brazos y la llevó en ellos hasta que llegó al primer estado, y -amarrándose allí nuevamente el cordel a la cintura, gritó que lo -suspendieran. Cuando llegó arriba, todos se quedaron con la boca abierta -de ver tan hermosa Princesa, y al Príncipe casi se le salía el corazón -por la boca, tan fuertemente le saltaba. - -Cuando la Princesa volvió en sí, contó que una vieja bruja la había -hechizado y encerrado en ese castillo, del cual nadie tenía noticias, y -que el encantamiento debía durar hasta que un príncipe viniera a -librarla. - -El Príncipe estaba muy feliz, porque había encontrado a su Princesa; y -después de comer de los exquisitos manjares que habían encontrado -preparados, el Príncipe, no queriendo demorar su casamiento, ordenó a -Andín, Andón, hijo del buen Andaor, que cargara con todos y los llevara -a la Corte del Rey, su padre. - -¡Bueno en el hombre forzudo! A todos se los echó al hombro como si no -pesaran más que una pluma, y en un par de días llegaron a la capital del -reino, donde se celebró el matrimonio con grandes fiestas y banquetes, y -vivieron muchos años muy felices y dichosos y rodeados de hermosos hijos -que se parecían a ellos. - -Después de la boda, el Soldadillo y sus demás compañeros pidieron -licencia al Príncipe para retirarse, y entonces éste y la Princesa les -dieron a cada uno un gran talego de plata y al Soldadillo dos; y a los -cuatro, trajes muy ricos, pues estaban muy agradecidos de ellos; porque -sin Andín, Andón, hijo del buen Andaor, no habrían podido llegar al -castillo; sin Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor, no habrían sabido dónde -se encontraba la Princesa; sin Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, no -habrían podido entrar al castillo; y sin el Soldadillo, la Princesa -habría seguido encantada hasta ahora. Bien dicen que Dios, sin ser -vaquero, todo lo rodea. - -Y aquí se acabó el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la -guatita al aire y el potito al viento; y pase por una mata de poroto -para que Fulano me cuente otro. - - - - -2. EL PESCADITO ENCANTADO - -(Referido en 1911 por Samuel Antonio Letelier, de 9 años, de Molina. Lo -oyó contar en 1910 en Linares) - - -Este era un Rey que no se alimentaba sino de pescados, y para que lo -abasteciera de esta carne tenía a su servicio a un viejecito que todos -los días iba a pescar al mar. Le pagaba bien por su trabajo; pero lo -tenía amenazado con que le haría cortar la cabeza el día que no le -llevara provisión fresca de ellos. - -Este viejecito vivía en una pequeña casa cerca de la costa, en compañía -de su mujer, de dos hijas a quienes quería entrañablemente, sobre todo a -la menor, que era muy buena y cariñosa con él; y de una perrita, que -todas las tardes, cuando volvía con la pesca, salía a recibirlo. - -Un día el viejecito no sacó nada en la red, a pesar de haberla arrojado -muchas veces al agua; y lamentándose de su mala suerte, se sentó en un -peñasco a llorar su desgracia, porque veía que su fin iba a llegar. - -Llorando estaba cuando entre las olas asomó la cabeza un Pescadito -colorado y le preguntó:--«¿Por qué llora el buen viejo?» El interpelado, -entre sollozos, le contó lo que le pasaba; que por más que había echado -las redes al mar, nada había sacado, y que si no le llevaba pescados al -Rey, éste le haría cortar la cabeza. - -El Pescadito le dijo entonces:--«Yo te daré todos los pescados que tú -quieras, mientras vivas, con la condición de que me des a la que salga a -recibirte cuando vuelvas a tu casa». El viejo le dijo que no tenía -inconveniente en aceptar esta condición, porque el pobre se figuraba -que, como de costumbre, saldría a recibirlo la perrita. - -El Pescadito ordenó al anciano que echara la red; el viejo obedeció, y -pocos momentos después la sacaba llena de congrios, corvinas, truchas y -robalos, tan grandes, tan gordos y tan lindos como nunca los había -visto. - -Se fué muy contento a su casa, y cuando le faltaban unas dos cuadras -para llegar a ella, salió a encontrarlo su hija menor. Ya había olvidado -su promesa. - -Estaba la familia del pescador sentada a la mesa tomando la sopa, cuando -se oyó un fuerte silbido que venía del lado del mar; y sólo entonces se -acordó el anciano que tenía que llevar a su hija menor para entregársela -al Pescadito. Al punto se puso muy triste, lo cual todas notaron. -Entonces le pidieron que les dijera por qué tan de repente se había -puesto así, siendo que debía estar contento como nunca por haber traído -tan buena pesca. Les contó él lo que le había pasado, y concluido su -relato, la hija menor le dijo:--«Cumpla, padre, lo que ha prometido, -porque si no, es seguro que mañana no pescará nada y el Rey le mandará -cortar la cabeza». - -Llorando se fueron los dos para el mar; y cuando llegaron, el Pescadito, -que estaba esperándolos, mandó al pescador que se subiese a una roca y -dejara a su hija en la arena, porque las aguas iban a subir y se iban a -tragar a la niña. - -Así sucedió. Subió el mar y la niña desapareció. - -En cuanto descendieron las aguas, bajó el pobre viejo y se volvió a su -casa triste y lloroso. - -Cuando la niña desapareció debajo del agua, el Pescadito la llevó a un -hermoso palacio que había en el fondo del mar y le dijo que cuanto veía -todo era de ella; pero que si quería vivir feliz, no encendiera ni -fósforo ni vela en la noche, porque en el momento que alumbrara su -dormitorio, todo lo perdería. - -El palacio era más grande y mejor que el del Rey a quien servía su -padre, y de nada faltaba en él. En el día estaba muy bien alumbrado, -pero en la noche, en el instante mismo en que la niña se acostaba, -quedaba sumido entre tinieblas. - -Estaba custodiado por un enorme perro que se llamaba Leofricome, al -cual--dijo el Pescadito a la niña--debería pedir todo lo que necesitase, -con la seguridad de que al punto se vería servida. - -Todas las noches, en cuanto la niña se metía en la cama y el palacio se -obscurecía, sentía que alguien se acostaba a su lado. Ardía ella en -deseos de saber quién era la persona que dormía con ella. - -Una tarde que la niña paseaba, acompañada de Leofricome, por el huerto -que había en el fondo del palacio, vió que en una rama de un peral muy -alto estaba una tenquita cantando que se volvía loca. - -La niña preguntó a Leofricome:--«¿Qué hace aquella tenquita que está -cantando allá arriba de aquel peral?» Leofricome le contestó que era su -hermana, que al día siguiente se iba a casar y que venía a convidarla. - -La niña le dijo:--«¿Podré conseguir permiso para ir al casamiento?» -Leofricome le contestó que sí, que hablara en la noche con el Pescadito -cuando se acostara con ella. - -La niña se quedó pensativa, porque creía que era un hombre el que dormía -a su lado. Sin embargo, en la noche, completamente a obscuras, habló con -el sér que la acompañaba, y éste le dió el permiso que pedía para ir a -casa de sus padres; pero hasta por dos días solamente y debiendo ir -acompañada de Leofricome. - -Cuando llegó a casa de sus padres, cargada de regalos para ellos y para -su hermana, estaban en lo mejor de la fiesta. - -Leofricome se quedó en la puerta cuidando que la niña no huyera, y ella -se fué adentro con sus padres a contarles todo lo que le había pasado. - -La madre le aconsejó que cuando se fuese llevara dos paquetes de velas y -dos cajas de fósforos y que encendiese una vela cuando en la noche -sintiera roncar al Pescadito o al hombre que se acostaba en su cama. - -Pasaron los dos días que la niña tenía de permiso y volvió con -Leofricome al fondo del mar; y en la misma noche, deseosa de conocer al -que compartía el lecho con ella, en cuanto lo sintió roncar encendió -una vela y vió que era un príncipe hermosísimo. Entusiasmada, para verlo -mejor, inclinó la luz; pero, por su desgracia, cayó una gota de esperma -sobre la mano derecha, que el Príncipe tenía fuera de la cama. - -Con la impresión de calor que la esperma produjo en la piel de su mano, -despertó el Príncipe, la reprendió muy airado, le dijo que ya no -volvería a verlo más e inmediatamente se transformó en pescadito -colorado y se fué. - -Desde aquella noche se vió en el palacio la luz de la luna y de las -estrellas, lo mismo que en la tierra. - -Después de algún tiempo la niña tuvo un hijo que nació con un candadito -de oro en el estómago. - -Cuando ya se sintió bien, fué donde Leofricome y le dijo que quería -volver a casa de sus padres. Leofricome le contestó que no podía salir -del mar sin permiso del Pescadito, a no ser que quisiera ver muerto a su -padre. Entonces ella le preguntó que a dónde podría irse, porque no -quería vivir más en el palacio, que a cada paso le recordaba su -desgracia. - -Leofricome tomó un ovillo de hilo, y cogiendo la punta, lo lanzó con -todas sus fuerzas; en seguida dijo a la niña que siguiese el camino que -el hilo le indicaba y que sería bien recibida en la casa en que había -ido a dar la otra punta. - -Después de andar muchos días, porque el extremo del ovillo había caído -muy lejos, llegó con su niño a unos corrales que pertenecían al palacio -de los padres del Príncipe. - -Cuando entraron, todos los animales se pusieron a bramar a la vez, y el -Rey, al sentir tanto ruido, dijo a la Reina:--«Algo extraordinario debe -de pasar en los corrales, cuando los animales forman tanta bulla».--Fué -a los corrales, y encontró a la niña que estaba dándole de mamar a la -guagua. Los recogió y los llevó al palacio. - -Cuando el Rey y la Reina vieron que la guagua tenía en el estómago un -candadito de oro, conocieron que era hijo del Pescadito, porque el -Pescadito tenía la misma señal, y los recibieron como a hijos de ellos, -a la madre y al niño, y todos comían en la misma mesa. - -Pasado algún tiempo, volvió una noche el Pescadito a su palacio para ver -si la niña continuaba siempre allí, porque seguía amándola con mucho -cariño y no podía olvidarla. Cuando vió que no estaba, escribió una -carta a sus padres en que les preguntaba si habían visto por casualidad -a una niña de las señas que les daba; y la mandó con Leofricome. - -Los padres le contestaron que la niña por la cual les preguntaba debía -de ser una que hacía tiempo había llegado a su palacio con una -criaturita que tenía un candadito de oro en el estómago, y que ellos -tenían a su lado como a hijos. - -Supo la niña que el Pescadito iba a ir a buscarla y temiendo que fuera -con intenciones de matarlos a ella y a su hijo, huyó, sin decir nada, -para unas montañas y se ocultó en un bosque. - -Llegó el Pescadito y se encontró con que la madre y el niño habían -desaparecido. Salió inmediatamente a buscarlos, y después de mucho -tiempo y de grandes trabajos, los encontró en el bosque. - -En este mismo instante se acabó el encanto, y el Pescadito, convertido -en el hermoso Príncipe que la niña había visto a la luz de la vela, se -arrodilló a sus plantas y le suplicó que lo perdonara; que lo hiciese -por su hijo; que todo lo que había pasado había sido efecto del encanto -que en ese momento se rompía. - -La niña, feliz de volver a ver otra vez a su Príncipe, lo perdonó de muy -buena gana, y vueltos al palacio de los Reyes, se casaron para siempre, -vivieron muy dichosos y fueron reyes del mar; y Leofricome, transformado -en un gallardo mozo, fué mayordomo del palacio. - - - - -3. DELGADINA Y EL CULEBRÓN - -(Recitador: Pedro Danús, de 13 años, de Santiago. La oyó contar en la -misma ciudad) - - -Para saber y contar y contar para saber: que est’era ño Antequera, de -media caña y de caña entera; no le echaré los combates porque voy a -tomar mate; ni los dejaré de echar porque su poquito ha de llevar: San -Juan recibe lo que te dan; sea harina o sea pan, lo echaremos al costal -con sus patas de animal, con sus picos de zorzal, que se enganchan, que -se ensanchan por las narices de...[B]. - -Este era un caballero muy rico casado con una señora muy hermosa. Ambos -se amaban entrañablemente, y hacía más feliz esta unión una linda -guagüita que Dios les había concedido y que era todo su encanto. La -guagua se llamaba Delgadina. No había cumplido un año todavía, cuando -murió la mamá. El caballero lloró su desgracia, y como era completamente -solo, sin parientes, mandó criar afuera a su hijita. - -El caballero se aburría en su soledad y no hallaba qué hacer. Para -distraerse se entregó al juego y con tan mala suerte que perdió toda su -fortuna, menos una cantidad que había apartado para atender a la crianza -y educación de su hija. - -Cuando entró Delgadina a los quince años, se la entregaron a su padre, -grande, bonita e instruida en toda clase de conocimientos, porque había -recibido una educación esmerada, pero al mismo tiempo era sumamente -sencilla, inocente y sin malicia, porque había vivido encerrada y no -conocía el mundo. - -Ya se le había concluido al caballero la plata que había dejado de -reserva, y ni siquiera tenía para hacer los gastos del día siguiente. -Esto lo tenía muy afligido, pero tanto dió y cavó que al fin se acordó -que en un rincón de la casa había un fusil viejo abandonado, y se -decidió a salir a cazar para tener con que alimentar a su hija. Tan -pobre estaba que tuvo que pedir a una comadre que vivía cerca de su casa -un poco de plata prestada para comprar fulminantes, pólvora y balas, y -aceite para limpiar el cañón, que estaba sumamente mohoso. - -Salió muy de madrugada y cazó un buen número de pajaritos que entregó a -su hija para que los guisara, porque no tenían sirvienta. Delgadina los -peló, los destripó y fué a lavarlos a un estero que corría a poca -distancia de la casa. - -Cuando venía de vuelta, vió al lado de una piedra una Culebrita que -estaba helada de frío. Delgadina tenía buen corazón y la tomó, y para -calentarla se la echó al seno y se la llevó para la casa. - -Todo el día anduvo con la Culebrita en el seno; en la noche la arregló -en una canastilla entre algodones y lana, y todos los días le daba de la -misma comida que comía ella. - -Mientras su padre andaba cazando, Delgadina se entretenía en los -quehaceres de la casa, porque era muy hacendosa; en seguida arreglaba la -comida que había sobrado el día anterior y se la daba a otras personas -más pobres que ellos, porque era muy compasiva y sufría con la desgracia -de los otros; y una vez terminadas estas tareas, se ponía a jugar con la -Culebrita a las escondidas, al pillarse y a otros juegos en que se -entretienen los niños. Las dos eran muy buenas amigas y se querían como -si fuesen hermanas. - -Con el cuidado de Delgadina creció rápidamente la Culebrita, de tal modo -que al poco tiempo no cabía en la canastilla. Hubo que ponerla en una -gran canasta y poco después en una tina; tanto creció y engordó. - -Ya la Culebrita se había convertido en un gran culebrón y fué preciso -trasladarla a un tonel; pero el tonel también se hizo chico al fin, pues -no tenía espacio para moverse ni podía salir de él. - -Entonces el Culebrón le dijo a Delgadina que subiese sobre una silla y -apoyase sus manos en el borde del tonel para lamérselas; que con esto -cada vez que se las lavara y las sacudiera sin secárselas caerían onzas -de oro de entre sus dedos. - -Delgadina obedeció, y el Culebrón pasó repetidas veces su lengua por las -manos de la niña. En seguida le dijo que se iba porque ya no cabía en -donde estaba. Delgadina lloró mucho, porque desde que llegó a casa de su -padre la Culebra había sido la única amiga que había tenido y estaba muy -acostumbrada con su compañía. - -El Culebrón la consoló y le dijo que no llorase, que él siempre la -acompañaría; que estuviese tranquila, que velaría por ella y la libraría -de los peligros en que pudiera verse envuelta. - -Terminadas estas palabras, el tonel estalló y el Culebrón desapareció. - -Delgadina se quedó muy triste con la ida de su compañera y esa noche -apenas cerró los ojos. Al otro día se levantó muy de alba y fué al -estero vecino a lavarse. Cuando concluyó de lavarse sacudió las manos y -a cada movimiento que hacía caían de entre sus dedos multitud de onzas -de oro. Ella no conocía el valor de estas monedas, ni siquiera se le -ocurrió de que fuesen dinero; más bien pensó que eran botones. - -En ese momento pasaba por ahí mismo un falte y le dijo a Delgadina que -si le daba esos botones le traería zapatos, ropa blanca y vestidos muy -elegantes. Delgadina le dió las onzas, que eran muchas, y al día -siguiente, a la misma hora, el falte le trajo lo que le había -prometido. - -Delgadina se lavó y peinó con más cuidado que otras veces, se vistió la -nueva ropa, con la cual se veía más hermosa aún, y se fué a su casa para -que la viese su padre; pero éste ya había salido a cazar. - -Mientras regresaba el padre, Delgadina fué a casa de su madrina, que era -una vieja bruja mala y envidiosa, que tenía una hija muy fea y tan mala -y envidiosa como ella. Ambas se quedaron asustadas de ver a Delgadina -tan bonita y elegante y le aconsejaron que se volviese a su casa a -esperar la vuelta de su padre para que le diera una sorpresa. - -Así lo hizo Delgadina. Mientras tanto la vieja y la hija se quedaron -acechando al cazador, y en cuanto lo divisaron salieron a su encuentro y -lo convidaron a almorzar; le dijeron que tenían leche con arroz, postre -que sabían le gustaba mucho. - -Cuando el caballero estaba tomando el postre, la vieja, que hervía de -envidia, le dijo que Delgadina tenía unos vestidos de mucho valor y que -se los había regalado un hombre. - -El caballero, inquieto, se levantó inmediatamente, cargó su fusil hasta -la boca, y sin siquiera dar las gracias se fué precipidamente para su -casa. - -Delgadina, que estaba en la puerta esperándolo, no hizo mas que verlo y -corrió hacia él con los brazos abiertos; pero él le apuntó con el fusil -y disparó. El arma, desviada por una mano invisible, no dió en el -blanco, y las balas se clavaron en la tierra. - -Delgadina, asustada de la acción de su padre y maliciando cuál era la -causa de su enojo, corrió al estero, se mojó las manos, y sacudiéndolas -le decía al caballero, que la había seguido: «Estos botones me ha -costado la ropa que tengo puesta»--y era de ver cómo caían las onzas, -unas tras otras, brillantes como si acabasen de ser acuñadas. - -Con esto el padre se tranquilizó, y muy contento se puso a recoger las -monedas. Recogió una cantidad muy grande, porque Delgadina, cuando veía -que sus manos se secaban, corría al estero a mojárselas de nuevo y -sacudirlas; y esto lo repitió tantas veces que del cansancio no podía -mover los brazos y tuvo que irse a acostar a la cama para descansar. - -El padre de Delgadina pasó a ser uno de los hombres más ricos y -poderosos de su país. - -Sucedió que la fama de su riqueza y de cómo la había hecho corrió de -boca en boca y llegó por fin a oídos del Rey, que mandó buscar al -caballero para conocerlo. - -Después de varios días de viaje por mar, porque la Corte estaba -distante, llegó el caballero a presencia del Rey y le contó su historia. -El Rey quiso conocer a Delgadina y ordenó al caballero que se la -trajera, porque deseaba ver cómo caían las onzas de oro de sus manos. Le -agregó que si no la traía, la cabeza le costaba. - -Llegó el padre a su casa llorando inconsolablemente y no se atrevía a -decirle a su hija lo que le había pasado. Pero, en vista de la -insistencia y ruegos de Delgadina, se lo contó todo. Ella le -dijo:--«Lléveme no más, padre, ¿qué puede pasarnos? nada tenemos que -temer, pues nada malo hago». - -La malvada vieja, madrina de Delgadina, que estaba presente, se ofreció -para acompañarla:--«Compadre,--le dijo al caballero--usted no soportará -su dolor si el Rey quiere dejarla; yo la llevaré».--El caballero -accedió, porque verdaderamente ya sufría mucho. - -Se embarcaron en un buque Delgadina, la vieja y la hija de ésta. - -Cuando ya habían navegado tres días y el buque estaba muy distante de la -costa, la vieja dijo a su hija: - ---«Matemos a Delgadina y la echamos al mar, y yo haré que el Rey se case -contigo».--«No la matemos,--le dijo la hija;--saquémosle los ojos no más -y la echamos al agua». - -Y así lo hicieron. Una noche esperaron que Delgadina estuviese bien -dormida, le arrancaron los ojos y la arrojaron a las olas. - -Pero aconteció que la niña, en vez de caer al agua cayó en el bote de un -viejo pescador que en ese preciso momento pasaba al lado del buque, sin -lo cual habría perecido seguramente. - -Dejemos por un momento a Delgadina. - -Llegó la vieja con su hija donde el Rey, y postrándose a sus plantas, -habló de esta manera:--«Señor, mi esposo, a quien Vuestra Majestad -ordenó trajera a su presencia a nuestra hija Delgadina, muy a su pesar -no ha podido concurrir, pero me encargó a mí que yo la trajera, y hela -aquí, pero debo advertir a Vuestra Majestad que con la navegación ha -perdido la virtud que tenía de que al mojar sus manos y sacudirlas le -brotaban de ellas onzas de oro, y que no la recuperará hasta que se case -y tenga un hijo». - -El Rey creyó lo que la vieja le dijo, y a pesar de que la muchacha le -era muy antipática, se casó con ella. - -Ahora volvamos a Delgadina. - -El viejo pescador en cuya barca había caído Delgadina era muy pobre y -con el producto de su trabajo ganaba apenas para sustentar a su mujer y -a sus pequeños hijos; pero el hombre era bueno, tuvo lástima de la pobre -ciega, y vistiéndola de hombre la llevó a su choza, donde fué recibida -como miembro de la familia. Todos la querían por su buen carácter y -procuraban con su cariño y atenciones hacerla olvidar su desgracia. En -el pueblo no maliciaban que era mujer y la llamaban Delgadino. - -Un día que estaban conversando sentados en la puerta del ranchito, pasó -frente a ellos un leñador con su carreta cargada de leña.--«¿Qué lleva -esa carreta, taitita?» preguntó Delgadino al viejo.--«Leña, hijito», le -contestó él.--«Y por qué no la compra».--«Porque no tengo plata, pues, -hijito».--«Taitita, lléveme para adentro», le dijo Delgadina. - -La llevó para adentro el viejo y cuando estuvieron en la pieza Delgadina -le pidió que le trajese una palangana con agua y que la dejase sola por -un instante. Cuando el pescador se fué, Delgadina metió las manos en el -agua y sacándolas las sacudió repetidas veces, y de cada sacudida caían -a chorro de entre sus dedos las onzas de oro. - -Delgadina llamó al viejo.--«Tome esas monedas, taitita, le dijo, y -compre la leña y lo demás que necesite, porque toda esa plata es suya.» - -El viejo pescador compró con las onzas una gran casa y allí se instaló -la familia con toda clase de comodidades. Ya habían dejado de ser -pobres, no necesitaban trabajar, de nada les faltaba, vivían felices. - -Una mañana Delgadina fué sorprendida con el llanto y los gritos de -angustia de su familia adoptiva. Quiso saber qué había ocurrido, y el -viejo, entre sollozos le dijo:--«¡Ay, Delgadino! esta mañana mandé al -mozo con mi hijito menor al campo y de repente salió de debajo de un -gran peñasco que hay a la orilla del camino, un enorme Culebrón que se -llevó a mi hijito. ¡Ya se lo habrá comido! Ay, ay, ay! pobre hijito mío! -ya no te veremos más!» - -Delgadina se entristeció mucho, porque el niño arrebatado por el -Culebrón había sido siempre muy cariñoso con ella y era su regalón; pero -pensaba entre sí que el Culebrón bien podía ser la culebrita que ella -había criado, y le dijo al viejo que la llevara al lado del peñasco. El -viejo no quería; sin embargo, después de mucho rogarlo Delgadina, -consintió en ello y la condujo hasta el pie del peñasco. - -Ellos que llegan y el Culebrón que aparece arrastrándose suavemente y -llevando sobre sus espaldas al niño, que iba risueño, sano, sin el menor -rasguño y cargado de regalos. - -El Culebrón le dijo al viejo:--«Te entrego a tu hijo, vivo, pero con la -condición de que le saques los ojos, y se los pongas a Delgadina, y si -no lo haces yo lo mataré y yo mismo se los sacaré. Vestirás a Delgadina -de mujer con los vestidos más ricos que encuentres; e irás a la ciudad -gritando por las calles que el Culebrón va a salir y se va a comer a -chicos y a grandes»; y desapareció inmediatamente sin dar lugar a que -Delgadina le pidiera, como era su intención, que no dejaran ciego al -niño, que ella se había acostumbrado ya a no ver la luz y que vivía -contenta como estaba. - -El viejo no tuvo más remedio que hacer lo que el Culebrón le había -mandado. Era preferible tener a su hijo ciego que muerto, y por otra -parte Delgadina había sido tan buena con ellos. - -Al día siguiente muy temprano se trasladó el viejo a la ciudad y con su -voz más fuerte se fué gritando por las calles:--«El Culebrón va a salir -y se va a comer a chicos y a grandes». - -El Rey oyó los gritos y preguntó qué bulla era ésa. Cuando le contaron -de qué se trataba, ordenó que diesen al viejo cien azotes para que no -anduviera atemorizando a la gente. - -Ya le iban a dar al viejo los cien azotes cuando apareció Delgadina -vestida con un traje riquísimo a interceder ante el Rey para que no lo -castigaran. El Rey quedó deslumbrado de la hermosura de Delgadina, de la -riqueza de su traje y del brillo de las joyas que cargaba; hizo -suspender el castigo y convidó a su mesa al viejo y a Delgadina. - -La vieja y la hija conocieron inmediatamente a Delgadina, pero se -desentendieron de ello y la agasajaron mucho. Cuando estuvieron solas -dijo la madre:--«No te decía yo que la matásemos!»--«Mamita, contestó la -hija, aunque se parece mucho a Delgadina, no puede ser ella ¿no le -arrancó usted misma los ojos? y ella los tenía negros y los de ésta son -azules. Y fíjese que el viejo es el padre de ella y no se parece en nada -a su compadre». Con esto se tranquilizaron. - -Muchas veces más convidó el Rey a comer a Delgadina, y siempre tenía -ella gran cuidado de no lavarse las manos en la mesa; pero en una -ocasión que se las manchó con fruta hubo de lavárselas, y sucedió que -sin querer las sacudió. Inmediatamente comenzaron a caer de entre sus -dedos a puñados las onzas de oro, tan nuevecitas, tan amarillas como si -estuvieran recién acuñadas. Todos se quedaron con la boca abierta y no -podían salir de su asombro. - -Entonces el Rey conoció que había sido engañado por la vieja y que la -verdadera Delgadina era la que hasta entonces había pasado por hija del -antiguo pescador. El Rey le pidió que le contase su historia y Delgadina -accedió gustosa. - -La vieja y su hija protestaron de que todo era mentira, y entonces el -Rey hizo venir al viejo y a su familia, que corroboraron lo que a ellos -les constaba, y como si esto no fuese bastante apareció de súbito el -Culebrón, que refirió todo lo sucedido sin omitir detalles. - -Cuando hubo concluido el Culebrón su relato, se convirtió en un hermoso -niño, y volviéndose a Delgadina le dijo:--«Yo soy el Angel de tu guarda -y he hecho esto contigo porque siempre fuiste buena hija y compasiva con -los pobres; yo estaré continuamente a tu lado y velaré por ti». - -Mientras hablaba el niño, vieron todos que le brotaban de sus espaldas -dos brillantes alas, que desplegó suavemente cuando terminó, y emprendió -el vuelo desapareciendo ante la vista atónita de los circunstantes. - -El Rey hizo quemar a la vieja y a su hija, mandó buscar al padre de -Delgadina y se casó con ella; y en el momento mismo en que le ponían la -bendición, el hijo del viejo pescador recobró la vista. - -Y así todos los buenos fueron felices y los malos castigados. - -Y aquí se acabó el cuento y entró por la puerta del convento, nosotros -nos quedamos afuera y los frailes se quedaron adentro. - - - - -4. LA TENQUITA. - -(Recitado en 1905 por Polonia Gonzalez, de 50 años, de la provincia de -Colchagua) - - -Para saber y contar y contar para aprender. - -Esta era una Tenquita que tenía unos tenquitos muy lindos, que acababan -de salir del huevo. - -Una mañanita salió a buscarles que comer, y como era invierno y había -caído mucha nieve, a la Tenquita se le heló una patita. - -Al verse coja la avecita se afligió mucho y llorando le dijo a la Nieve: - ---Nieve, ¿por qué eres tan mala que me quemaste la patita a mí?[C]. - -Y la Nieve le contestó: - ---Más malo es el Sol que me derrite a mí. - -Entonces la Tenquita se fué donde el Sol, y le dijo: - ---Sol, ¿por qué eres tan malo que derrites a la Nieve y la Nieve me -quema la patita a mí? - -Y el Sol le respondió: - ---Más malo es el Nublado que me tapa a mí. - -Se fué la Tenquita a ver al Nublado, y le dijo: - ---Nublado, ¿por qué eres tan malo que tapas al Sol, el Sol derrite a la -Nieve y la Nieve me quema la patita a mí? - ---Más malo es el Viento que me corre a mí. - -Fué la Tenquita donde el Viento, y le dijo: - ---Viento, ¿por qué eres tan malo que corres al Nublado, el Nublado tapa -al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí? - ---Más mala es la Pared que me ataja a mí. - -Fué la Tenquita a ver a la Pared, y le dijo: - ---Pared, ¿por qué eres tan mala que atajas al Viento, el Viento corre al -Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me -quema la patita a mí? - ---Más malo es el Ratón que me agujerea a mí. - -Fué la Tenquita donde el Ratón y le dijo: - ---Ratón, ¿por qué eres tan malo que agujereas a la Pared, la Pared ataja -al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol -derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí? - ---Más malo es el Gato que me come a mí. - -Fué la Tenquita donde el Gato y le dijo: - ---Gato, ¿por qué eres tan malo que te comes al Ratón, el Ratón agujerea -a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el -Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la -patita a mí? - ---Más malo es el Perro que me corre a mí. - -Entonces la Tenquita fué donde el Perro y le dijo: - ---Perro, ¿por qué eres tan malo que corres al Gato, el Gato come al -Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento -corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la -Nieve me quema la patita a mí? - ---Más malo es el Palo que me pega a mí. - -Fué entonces la Tenquita donde el Palo, y le dijo: - ---Palo, ¿por qué eres tan malo que pegas al Perro, el Perro corre al -Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared -ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el -Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí? - ---Más malo es el Fuego que me quema a mí. - -Fué la Tenquita donde el Fuego y le dijo: - ---Fuego, ¿por qué eres tan malo que quemas al Palo, el Palo pega al -Perro, el Perro corre al Gato, el Gato corre al Ratón, el Ratón agujerea -la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el -Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve, y la Nieve me quema la -patita a mí? - ---Más mala es el Agua que me apaga a mí. - -Fué la Tenquita donde el Agua y le dijo: - ---Agua, ¿por qué eres tan mala que apagas al fuego, el Fuego quema al -Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al -Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento -corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la -Nieve me quema la patita a mí? - ---Más malo es el Buey que me bebe a mí. - -Fué la Tenquita donde el Buey y le dijo: - ---Buey, ¿por qué eres tan malo que bebes el Agua, el Agua apaga al -Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al -Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared -ataja al Viento el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el -Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí? - ---Más malo es el Cuchillo que me mata a mí. - -Fué la Tenquita donde el Cuchillo, y le dijo: - ---Cuchillo, ¿por qué eres tan malo que matas al Buey, el Buey se bebe al -Agua, el Agua apaga al Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al -Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea -a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el -Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la -patita a mí? - ---Más malo es el Hombre que me hace a mí. - -Fué la Tenquita donde el Hombre, y le dijo: - ---Hombre, ¿por qué eres tan malo que haces al Cuchillo, el Cuchillo mata -al Buey, el Buey se bebe al Agua, el Agua apaga al Fuego, el Fuego quema -al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al -Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento -corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la -Nieve me quema la patita a mí? - ---Pregúntaselo al Señor que me hizo a mí. - -Fué entonces la Tenquita donde su Divina Majestad, y arrodillándose -humildemente delante de ella inclinó la cabeza hasta besar el suelo, y -le dijo: - ---Señor, ¿por qué hiciste al Hombre, que es tan malo, el Hombre hace al -Cuchillo, el Cuchillo mata al Buey, el Buey se bebe al Agua, el Agua -apaga al Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro -corre al Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la -Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al -Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí? - -Y la Tenquita se puso a llorar tan amargamente que daba lástima verla. - -El Señor se compadeció de la desgracia de la pobre avecita y le dijo con -mucha dulzura: - ---Vete tranquila, Tenquita, a cuidar a tus tenquitos, que están -tiritando de frío y muriéndose de hambre. - -La Tenquita, como buena cristiana, obedeció al momento y cuando llegó a -su nidito se encontró con que tenía buena y sana la patita quemada. - - En el cuento que sigue, español, pero que no he visto impreso, el - desarrollo es casi el mismo que el de la Tenquita. Lo publico como - nota comparativa. - - - - -5. EL GALLITO (Cuento de pega) - -(Dictado en 1911 por don Victoriano de Castro, español, de 55 años. Lo -oyó contar en Belver de los Montes, provincia de Zaragoza, donde el -cuento era muy popular, cuando él era niño) - - -Había una vez en una aldea un Gallo, que recibió una invitación de otro -Gallo, primo suyo, para asistir a sus bodas. El Gallo se levantó muy -temprano, se acicaló y vistió convenientemente y emprendió el viaje, -olvidando tomar el desayuno. - -En el camino encontró una boñiga de vaca, toda llena de granos de trigo -sin digerir; y aquí vinieron los apuros de mi buen Gallo, que empezó a -decir entre sí: - ---¿Qué haré? picaré o no picaré? si pico, me mancho el pico, y si no, me -muero de hambre. - -Así estuvo meditando por algún rato y mirando los granos de trigo, hasta -que cayó en la tentación y se dió un buen hartazgo. - -Siguió su camino y a poco andar encontró una mata de Malva y le dijo: - ---Malva, límpiame el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito. - -La Malva dijo: - ---No quiero. - -Más adelante encontró a una Oveja y le dijo: - ---Oveja, come a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a -la boda de mi primo Juan Periquito. - -La Oveja dijo: - ---No quiero. - -Siguió andando y más adelante encontró a un Lobo y le dijo: - ---Lobo, come a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no -quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito. - -El Lobo dijo: - ---No quiero. - -Siguió el Gallo su camino y más adelante encontró a un Perro y le dijo: - ---Perro, mata a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no -quiso comer a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la -boda de mi primo Juan Periquito. - -El Perro dijo: - ---No quiero. - -A poco andar encontró el Gallo a un Palo y le dijo: - ---Palo, apalea a Perro, que Perro no quiso matar a Lobo, que Lobo no -quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no -quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito. - -El Palo dijo: - ---No quiero. - -Anduvo el Gallo un rato más y se encontró con un Fuego y le dijo: - ---Fuego, quema a Palo, que Palo no quiso pegar a Perro, que Perro no -quiso matar a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso -comer a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la boda -de mi primo Juan Periquito. - -El Fuego dijo: - ---No quiero. - -Más adelante encontró el Gallo al Agua y le dijo: - ---Agua, apaga a Fuego, que Fuego no quiso quemar a Palo, que Palo no -quiso pegar a Perro, que Perro no quiso matar a Lobo, que Lobo no quiso -comer a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no quiso -limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito. - -El Agua dijo: - ---No quiero. - -Siguió andando el Gallo y más adelante encontró a un Burro, y le dijo: - ---Burro, bébete a Agua, que Agua no quiso apagar a Fuego, que Fuego no -quiso quemar a Palo, que Palo no quiso pegar a Perro, que Perro no quiso -matar a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso comer -a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi -primo Juan Periquito. - -(Aquí se suspende el cuento y se habla de cualquiera otra cosa. De -pronto se dice:--«¿Dónde llegaba? ¿al Palo? ¿al Fuego?»; y cuando -contesta alguno:--«Al Burro», se le dice:--«Alzale la cola y bésale el -c...») - - - - -6. LA TORTILLA O EL CANARITO ENCANTADO - -(Referido por don Osvaldo Martínez, Presbítero, de Santiago, en 1912) - - -Este era un Rey que tenía una hija única, de una hermosura -extraordinaria, virtuosa, caritativa y hacendosa. El Rey la amaba -entrañablemente y, como se dice, tenía puestos los ojos en ella. - -La Princesa acostumbraba subir todos los días a la terraza del palacio y -allí pasaba las horas cosiendo o bordando y recreándose con la vista de -las plantas, árboles y flores que adornaban el parque real, que desde -allí se dominaba. - -Un día que estaba en su acostumbrado trabajo, un lindo Canarito se paró -en la rama de un árbol que casi llegaba hasta donde ella estaba sentada, -y entonó un canto tan melodioso que la princesa, a fin de oirle mejor, -se levantó para acercarse a la avecita, pero apenas se movió de su -asiento, el Canarito se fué. - -La Princesa, pensando que el pajarito podía volver, hizo colocar una -jaula con trampa en el mismo árbol, para cazarlo. - -Efectivamente, el Canarito volvió al día siguiente, pero en vez de -acercarse a la jaula, se posó en el bastidor de la Princesa y después de -gorjear unos cuantos trinos, tomó con el pico una madeja de seda y -emprendió el vuelo. - -Al otro día estaba la Princesa, como siempre, ocupada en sus labores, -cuando de repente llega el Canarito, se para en el bastidor, canta -dulcemente un instante, y tomando con el pico el dedal de oro que la -Princesa acababa de dejar en el costurero, y abriendo las alas -desapareció en el espacio. - -La repetición de la aventura preocupó bastante a la Princesa, que no -pasó buena noche. Sin embargo, se levantó temprano y volvió a la terraza -a continuar su bordado, pensando en el Canarito, de quien a toda costa -quería apoderarse. - -En esto estaba cuando llega la linda avecita, cantando aún mejor que en -los días anteriores, y sin siquiera detenerse un momento, se apodera de -las tijeras de oro de la Princesa, y elevándose por los aires, se pierde -de vista. - -La Princesa cayó gravemente enferma. Por llamado del Rey, vinieron los -médicos más prestigiosos y los adivinos de más fama, tanto del país como -del extranjero, y ninguno pudo conocer la enfermedad. - -Mientras tanto, la Princesa languidecía, su mal se agravaba, y se iba -consumiendo poco a poco. El Rey, desesperado, hizo publicar un bando en -que ofrecía grandes riquezas al que lograra sanar a su hija. - -Muchos lo tentaron, pero ninguno lo consiguió, y la Princesa seguía -empeorando a ojos vistas. - - * * * * * - -En un pueblo algo alejado de la ciudad en que la Corte residía, vivía -una viejecita que tenía un hijo vivo y despierto, llamado Juan. - -Un día lo llamó y le dijo: - ---Mira, Juanito, toma estas tres tortillas que acabo de hacer al -rescoldo y se las llevas a la Princesa, que ellas le darán salud. Que no -te vayas a comer ninguna, ni se te pierdan, porque las tres han de -llegar a poder de la Princesa. - -El muchacho tenía la costumbre de obedecer sin replicar. Subió en un -burro; a un lado de las alforjas colocó las tortillas y al otro un -pedazo de pan, harina y un poco de charqui y se puso en marcha. - -La mitad del camino llevaría andado, cuando el burro se puso a corcovear -y por más que Juanito le pegaba fuerte y feo con una varilla, el animal -no avanzaba un paso. - -Viendo la porfía de la bestia, Juanito sacó las tortillas de las -alforjas y descendió del burro para seguir a pie; pero en cuanto bajó, -se le cayó una de las tortillas y se le fué rodando por el camino. - -Era de ver cómo Juanito corría detrás de la tortilla, que rodaba y -rodaba, sin poderla alcanzar; y el pícaro burro, que antes no quería -moverse, cómo seguía a Juanito, que casi le pisaba los talones. - -Por fin la tortilla se metió adentro de una cueva y Juanito se coló -detrás de ella. - -Cuando Juanito estuvo adentro, se encontró, sin saber cómo, en un gran -comedor regiamente amueblado. La mesa estaba cubierta de ricas viandas y -manjares de toda especie que exhalaban un perfume delicioso, y como al -muchacho, con la carrera, se le había abierto el apetito, tomó el -cucharón para servirse un plato de cazuela y ya iba a meterlo en la -sopera, cuando el cucharón se le enderezó en la mano y pegándole -fuertemente en la cara le dijo: - ---¿Cómo te atreves a comer antes que tus amos? - -En esto se sintió un gran ruído, y entró rodando al comedor una gran -bola de cobre. Juanito, lleno de miedo, apenas tuvo tiempo de esconderse -detrás de la puerta, y desde allí pudo ver que la bola se abría en dos -partes, como una concha, y de ella salía un lindo canario. - -Con el mismo ruído y el mismo aparato entraron otras dos bolas más, una -tras otra, y de cada una salió otro canario. - -Las tres avecitas sacudieron sus plumas un momento, como si se -desperezaran, y después, volando, se introdujeron a un elegante -dormitorio situado al lado del comedor, en el que había tres lujosas -camas. - -Juanito continuaba observando desde su escondite, con la curiosidad que -es de suponer, tan extraños acontecimientos. De pronto vió que tres -negros atravesaban el patio y el comedor y entraban al dormitorio -conduciendo sendos baños de plata, que colocaban al lado de las camas. - -Inmediatamente los Canaritos se zambulleron en el agua y un rato después -salían de los baños transformados en hermosos Príncipes. Los esclavos -los perfumaron, los enjuagaron y ayudaron a vestirse, y en seguida se -retiraron, dejándolos recostados en sus camas, contándose lo que les -había pasado en los últimos quince días, tiempo que no se veían. - -Dos de los Príncipes nada importante tuvieron que referir; pero, en -cambio, el tercero contó que en una de sus excursiones había divisado a -una Princesa tan hermosa como no había visto otra en su vida, que estaba -perdidamente enamorado de ella y que, no hallando cómo llamar su -atención, le había robado un día una madeja de seda con que bordaba, -otro día su dedal y al siguiente unas tijeras de oro, objetos que tenía -al lado en su velador. Y tomándolos, los besaba tiernamente, diciéndoles -las palabras más dulces y cariñosas. - -Después de escuchar esto, Juanito logró escabullirse sin ser notado, y -como el hambre le apretaba, se metió en la cocina, en la cual no -encontró a nadie. Con temor probó de uno de los guisos, y viendo que -nada le pasaba, se creyó autorizado para hartar su estómago. - -Después de satisfacer su apetito, salió, sin tropiezos, de aquel palacio -encantado, y al lado afuera de la entrada de la cueva, tropezó con su -burro, que lo esperaba. Montó en él, y a las pocas horas se encontró -frente al palacio del Rey. - -Pidió permiso al jefe de la guardia para pasar a ver a la Princesa y -entregarle las tortillas, con las cuales--aseguraba él--sanaría la -enferma. Al principio no querían dejarlo entrar, pero en vista de su -insistencia, lo condujeron a presencia del Rey, y como la petición de -Juanito estaba de acuerdo con el bando que el mismo Rey había mandado -publicar, ordenó que se le llevase a las habitaciones de la Princesa. - -La Princesa, cansada con las preguntas de tanto charlatán como había ido -a visitarla, en cuanto entró Juanito se dió vuelta para la pared; pero -éste, sin inmutarse, le habló en los siguientes términos, de un -resuello: - ---Manda a decir mi mamita que su mercé es su señorita, que tenga muy -buenos días y que cómo está y que aquí le manda estas tres tortillas, -pero no le traigo más que dos, porque la otra se me fué rodando cuando -salí de mi tierra, y yo, por seguirla, llegué hasta un palacio -encantado, en donde vi y oí cosas tan maravillosas como tal vez no habrá -visto ni oído alma viviente en este mundo. Figúrese usted, señorita que, -escondido detrás de la puerta del comedor del palacio, vi que llegaban -tres grandes bolas de cobre, que al rodar metían mucho ruido y que se -abrían por la mitad y que de cada una de ellas salía un canarito. - -Al llegar a este punto, la Princesa se volvió para el lado de Juanito, e -incorporándose en la cama, le preguntó con ansiedad: - ---¿Y qué hicieron esos pajaritos? - ---Sacudieron sus alitas y en seguida se fueron volando a un dormitorio -situado al lado del comedor y en el cual había tres camas; y entonces -llegaron tres negros, trayendo cada uno un baño que depositó al lado de -las camas; en cada uno de ellos se metió un Canario y a los pocos -instantes salieron convertidos en tres hermosos Príncipes, que se -recostaron en sus camas y empezaron a contarse lo que les había ocurrido -en los últimos días. Dos de ellos no tuvieron nada nuevo que contar, -pero el otro, que era el más lindo de los tres, les dijo que un día que -pasaba volando por el palacio de un Rey, divisó a la Princesa más -hermosa que en su vida había visto, que se había enamorado perdidamente -de ella y que, para llamar su atención, le había robado un día una -madeja de seda, otra vez el dedal de oro y otro día sus tijeras. No oí -más, porque ya no aguantaba el hambre y me fuí a la cocina a comer algo. -Después que maté el hambre salí, y al lado afuera encontré a mi burro, -monté en él y me vine a cumplir el encargo de mi mamita. Pero su mercé -me perdonará que no le haya traído más que dos de las tres tortillas que -mi mamita me entregó para su mercé, porque como habrá visto, no es mía -la culpa de que se me haya perdido una. - -La Princesa, que había escuchado anhelante a Juanito, contestó: - ---Está muy bien, Juanito ¿y serías capaz de llevarme a la cueva en que -está el palacio encantado? - ---Como nó pues, señorita, si el camino es bien refácil; no está más que -a la vueltecita de la esquina. - -La Princesa hizo llamar al Rey. - ---Padre, le dijo, todos los que hasta ahora han venido a verme no han -sido sino unos charlatanes, con excepción de este niño, que es médico -verdadero. El me ha traído la salud, pero aunque me siento bien, para -restablecerme por completo necesito hacer un viaje de unos cuantos días, -y espero que Vuestra Majestad no me negará el permiso. El solo me -acompañará. - -El Rey se quedó admirado de ver el cambio tan radical que en un momento -se había operado en la salud de su hija, y como la amaba tanto y nada se -atrevía a negarle, le concedió el permiso que solicitaba. Quiso que -llevara dinero, mucho dinero, para los gastos que pudieran ofrecérsele; -pero ella lo rehusó, lo mismo que el séquito que se le ofrecía, y salió -sin más compañía que Juanito, montados ambos en el burro que había -traído al niño a palacio. - -El burro los condujo en pocas horas hasta la entrada de la cueva, en -donde bajaron. La Princesa le dió a Juanito una carta para el Rey, en la -que le decía que no pasase cuidados por ella, que estaba bien, que en -pocos días más regresaría completamente restablecida, y que le entregara -a Juanito el dinero que había ofrecido al que la sanase de su -enfermedad. - -Deshizo Juanito el camino y puso en manos del Rey la carta de la -Princesa. El Rey ordenó que se le diese una gran suma de dinero y con -ella regresó Juanito a casa de su madre, y ambos, desde entonces, llevan -una vida tranquila y holgada. - - * * * * * - -Volvamos a la Princesa que, una vez que quedó sola, entró al interior de -la cueva y se encontró de repente en medio de un gran comedor regiamente -amueblado. No sabía qué hacerse, cuando entró el Canarito revoloteando -y cantando alegremente y después de hacerle mil gracias a su adorada, se -detuvo y le habló de esta suerte: - ---Hermosa Princesa, ¿cómo te has atrevido a poner tus plantas en este -sitio en que te esperan tantos peligros? - ---Linda avecita, por verte y tenerte a mi lado encontraré livianos todos -los trabajos que se me presenten; no aspiro sino a estar en tu compañía -y oir tu hermoso canto. - ---Princesa, esta cueva encantada está al cuidado de una vieja hechicera; -búscala y la encontrarás en la última pieza del interior y dile que -deseas ocuparte y vienes a ofrecerle tus servicios; ella los aceptará y -te encargará trabajos que te parecerán imposibles de ejecutar, pero no -tengas cuidado que yo velaré siempre por tí y te ayudaré. - -La Princesa, después de recorrer muchos patios y galerías, llegó a una -pieza a cuya puerta estaba sentada una vieja de aspecto repelente, con -la cabellera desgreñada, el rostro sucio, las uñas larguísimas, los ojos -encarnizados. En cuanto divisó a la Princesa, con voz áspera le -preguntó: - ---¿Qué buscas aquí, vil gusanillo de la tierra? - ---Señora, le contestó, necesito emplearme y andaba buscando dónde -servir, cuando llegué a esta casa y como encontré la puerta franca y -nadie acudió a mi llamado, entré hasta este sitio sin encontrar en mi -camino a ninguna persona; ¿no querría Ud. tomarme a su servicio? - ---Está bien, dijo la vieja; retírate a aquella pieza y mañana, de alba, -vienes a recibir mis órdenes. - -La Princesa se retiró sumamente afligida; el rostro mal agestado de la -Bruja y su voz dura y antipática la atemorizaron y pasó la noche sin -dormir. - -Apenas amaneció se fué a la pieza de la vieja, que ya estaba en pie y -que la esperaba con un gran frasco de vidrio. - ---Toma este frasco, le dijo, y antes de las doce del día me lo traerás -lleno de lágrimas de picaflores; si no consigues llenarlo, te costará la -vida. - -La Princesa salió llorando sin saber a dónde dirigirse, pero a poco -andar vió en un árbol al Canarito, que le dijo: - ---Ve a aquel monte que se divisa allí cerca; antes de subir cortarás una -varillita de la primera planta que encuentres a mano derecha del camino -que conduce a la cima, subes y esperas arriba la salida del sol; colocas -el frasco en el suelo e inmediatamente vendrá una multitud de picaflores -y uno tras otro irá parándose en la boca del frasco. - -Entonces tú les vas dando un golpecito en la cabeza con la varilla y -derramará cada uno tres lágrimas dentro del frasco. Serán tantos y se -turnarán tan rápidamente que en menos de una hora lo llenarán. - -Siguió la princesa el camino que le indicó el Canario y al llegar al -monte cortó una varilla del primer arbusto que halló a la derecha de la -senda; en seguida continuó su marcha, y una vez que estuvo arriba, dejó -el frasco en el suelo, se sentó sobre una piedra y se quedó meditando -sobre su triste suerte y las raras aventuras de su corta vida, hasta que -el sol se levantó brillante y majestuoso en el horizonte. - -Inmediatamente acudió de todas partes una multitud de picaflores, cuyas -plumas tornasoladas lanzaban vívidos reflejos al ser heridas por los -rayos solares. Las lindas avecitas revoloteaban en torno de la Princesa, -y saliendo del grupo, de a dos y de a tres se paraban en el borde de la -boca del frasco y esperaban que la joven les diese un suave golpecito en -la cabeza con la varilla, para retirarse y dejar el puesto a otras de -sus compañeras. Esta escena se repitió con tal rapidez que, aunque sólo -eran tres las lágrimas que cada picaflor depositaba en el frasco, en -media hora éste se había llenado. Sin embargo de haber cumplido su -tarea, la Princesa no se movió de aquel sitio: el solo recuerdo de la -Bruja le imponía pavor y la hacía extremecerse, ¡y se sentía tan bien en -medio de los árboles y de los pajaritos! - -Cuando el sol llegó a lo más alto del cielo, la Princesa se despidió -cariñosamente de los picaflores, agradeciéndoles con frases llenas de -dulzura el servicio que le habían hecho; y rodeada de ellos, que no la -dejaron sino cuando llegó al plano, descendió del cerro con el frasco en -sus brazos. - -Pocos momentos después llegaba a la cueva y se encontraba en presencia -de la aborrecible vieja, y entregándole el frasco le decía: - ---Señora, estáis servida. - ---Está bien, refunfuñó la Bruja; mañana temprano vendrás a recibir una -nueva orden. - -Y arrojándole un mendrugo de pan, le indicó con el dedo que se retirara -a su cuarto. - -La Princesa pasó la noche sin dormir, así es que muy temprano, antes que -amaneciese, ya estaba en presencia de la hechicera. La vieja, que la -esperaba, le pasó un cofre de una hermosura imponderable, cubierto de -incrustaciones de oro y de adornos de flores de diamantes, perlas y -rubíes, y entregándole una llavecita, le ordenó que la llevase a casa de -otra vieja, su amiga, porque era su cumpleaños. Esta amiga la abriría y -sacaría su contenido y después debía regresar la Princesa con la caja y -estar de vuelta antes del mediodía. - -Salió la Princesa llorando y sin saber cómo, se halló de pronto al pie -del monte en que había estado la mañana anterior. Allí encontró al -Canarito, que le dijo: - ---Enjuga tu llanto, hermosa Princesa, y quédate aquí hasta la hora -conveniente. Lo que la vieja desea es que abras el cofre; pero no lo -abrirás, ni tampoco lo llevarás a casa de la amiga de la Bruja, porque -ella te lo haría abrir. Poco antes de las doce te irás a la cueva y -entregarás el cofre a la vieja diciéndole que su amiga lo había abierto -y habían salido de adentro unos guerreros que la habían muerto. Y el -Canarito se fué. - -Mientras llegaba la hora, la Princesa se entretuvo con los picaflores -que revoloteaban a su alrededor de la manera más graciosa, haciendo mil -figuras y evoluciones como si bailaran; pero cuando el sol iba a llegar -al mediodía, bajó siempre rodeada de las avecitas, hasta que llegó a la -cueva. La vieja la esperaba en el interior, en la puerta de su -habitación, y le entregó el cofre diciéndole que apenas la amiga lo -había abierto, habían salido de él una cantidad innumerable de guerreros -armados que en un momento le dieron la muerte, desapareciendo en -seguida. - ---Pero ¿es cierto lo que me dices, muchacha? contestó la vieja, ¡si no -puede ser! - ---Pero así ha sido, señora. - ---A ver, pásame la llave. - -Y tomándola, abre el cofre y sale de él un verdadero ejército de jóvenes -armados de espadas, lanzas y hachas con las cuales traspasan y destrozan -a la infame vieja, que se revuelca en el suelo en medio de un mar de -sangre. Los jóvenes guerreros desaparecen dejándola por muerta; pero la -Bruja tenía la vida de los gatos, y, arrastrándose como pudo, se echó a -la cama. - -La Princesa quedó anonadada con esta escena, y se habría quedado quién -sabe hasta cuándo como enclavada en el suelo, si la voz de la vieja no -la hubiese sacado de su abstracción. - ---Hijita, le dijo la vieja con un tono que trataba de aparecer cariñoso, -vaya a la otra pieza, tome el primero de los frascos que hay en el -armario y me lo trae; quiero tomar del licor que hay en él para morir y -dejar de sufrir. - -Pasó la Princesa a la pieza contigua, y ahí encontró al Canarito, que le -dijo muy quedo al oído: - ---No le lleves el primero sino el último de los frascos del armario, -para que muera de veras: cualquier otro que le lleves le dará la vida y -no terminarán nunca nuestros sufrimientos. - -Obedeció la Princesa y le llevó el último frasco. - ---¿Este es el primero, hijita? - ---Sí, señora, éste es el primero. - ---No vaya a haberse equivocado y haya tomado el segundo. - ---No, señora, estoy completamente segura de que he traído el primero. - ---Entonces deme una cucharada de él. - -La Princesa le pasó una cucharada del líquido que el frasco contenía y -la vieja se lo bebió con ansia; pero apenas lo tragó, comenzó la Bruja a -torcerse, a despedazarse con las uñas, a morderse las manos y los -brazos, dando unos gritos tan desaforados que parecía que el palacio se -iba a venir al suelo. - -Por suerte, todo esto duró poco, porque la vieja, en medio de los -mayores dolores, entregó pronto su alma al diablo, a quien con tanto -empeño había servido durante su larga vida. - -En cuanto cesaron los alaridos de la Bruja, sucedió una cosa inesperada. -La cueva y el palacio se convirtieron en un bello y extenso país; los -Canarios, en tres hermosos príncipes; los negros que había visto -Juanito, en grandes de la corte, y los picaflores, en los habitantes del -reino, todos los cuales vinieron a rendir homenaje a la Princesa. - -Acercóse a ella el más hermoso de los tres Príncipes e hincando una -rodilla en tierra, habló a la Princesa de esta manera: - ---Princesa, yo soy aquel Canario que os arrebató la madeja de seda, el -dedal y las tijeras y que más tarde os aconsejó lo que debíais hacer -para libraros y librarnos de la malvada hechicera que por satisfacer una -ruin venganza mató a nuestros padres y nos tenía hechizados a mí, a mis -hermanos y a nuestro pueblo. Bien sabéis que yo os amo y que no podré -vivir sino en vuestra compañía. Sé que vos me amáis también, pues por -amor a mí habéis arrastrando tantos peligros. ¿Queréis que vayamos ahora -mismo donde vuestro padre, que es nuestro vecino, para pedir vuestra -mano? - ---Príncipe, contestó la joven, mi anhelo es ser vuestra esposa; partamos -cuanto antes. - -El pueblo, entusiasmado, aclamó a la Princesa, llamándola su reina, su -buena y querida reina, y jurando amarla y protegerla de todo peligro. - -Grande fué el alborozo del Rey, padre de la Princesa, al verla llegar -completamente sana de su enfermedad y en tan buena compañía. Las bodas -se celebraron al día siguiente y hubo grandes fiestas y regocijos -públicos en los dos reinos, cuyos pueblos confraternizaban como si -fueran uno. Los novios fueron muy felices; gobernaron a su pueblo con -bondad paternal y Dios los premió dándoles hijos bellos y virtuosos, que -les hicieron agradable su peregrinación en esta vida. - - - - -7. EL REY TIENE CACHITO - -(Contado por el Presbítero don Osvaldo Martínez, de Santiago, en 1912) - - -Este era un Rey que cayó enfermo de un fuerte dolor a la cabeza. Su -dolencia lo obligó durante muchos días a guardar cama y durante ellos no -pudo ocuparse de los asuntos de gobierno. Cuando se levantó, se encontró -con que le había salido un cachito. - -El Rey, por supuesto, quiso tener oculta de todos esta desgracia; pero -no lo consiguió: el pelo le creció tanto que tuvo necesidad de hacer -llamar a un peluquero, encargando que le trajeran el más discreto de la -ciudad. - -Sus Ministros pasaron revista a todos los fígaros de la capital y por -fin creyeron encontrar al que su Majestad necesitaba: era éste un pobre -hombre que, aunque manejaba magistralmente la tijera y la navaja, casi -no tenía clientela porque era muy reservado y poco comunicativo; no -hablaba sino cuando era de absoluta necesidad. - -Con los informes de los Ministros, el Rey lo nombró su peluquero. - -En la primera sesión, el Rey le dijo que a ninguna persona debía -comunicarle su desgracia y le exigió bajo juramento que así lo hiciese. -El Peluquero juró que a ninguna persona diría que el Rey tenía un -cachito. Después de esto le cortó el pelo y se retiró para volver dentro -de un mes. - -No hizo mas que salir el Peluquero y sentir un desasosiego como nunca lo -había tenido; y lo peor es que este malestar no lo dejaba y -experimentaba como una necesidad de echar afuera aquel secreto que le -hormigueaba por todo el cuerpo. Y aquí tenemos a nuestro hombre, que -hasta entonces había vivido tranquilo, convertido en el ser más -desgraciado de la tierra: no comía, no dormía, no trabajaba, no tenía -ánimos para nada. - -Y sin embargo de no comer, se iba hinchando, hinchando hasta ponerse -redondo como una tinaja. - -El pobre hombre se sentía desfallecer, no hallaba qué hacerse; estaba -seguro de que se moriría en horas más si no contaba su secreto. Pero ¿y -el juramento? El era buen cristiano y por nada de la vida perdería su -alma. - -Desesperado, salió al campo; y aquí le ocurrió una idea salvadora. Con -una estaca que halló a mano abrió un hoyo y echándose de barriga en -tierra se puso a decirle:--¡El Rey tiene cachito! el Rey tiene -cachito!--repitiendo la frase no menos de cien veces; y a medida que la -iba diciendo, la barriga se le iba deshinchando. En seguida tapó el hoyo -con la misma tierra que de él había sacado. - -¡Qué desahogado, qué aliviado y qué flaco se levantó el Barbero! ¡Qué -feliz se sintió! Pocos momentos después llegó a su casa pidiendo -desaforadamente que le dieran de comer; ¡qué apetito! todo lo que le -servían se le hacía poco! La mujer estaba desesperada: ¿de dónde sacaría -alimentos suficientes para llenar aquel tonel sin fondo? Se comió todo -lo que pilló a mano, cuanta materia engullible había en la casa, y por -fin, más cansado de hacer funcionar las mandíbulas que satisfecho, se -acostó. ¡Era de ver la placidez con que dormía el santo varón! Durmió -dos días con sus noches, y se levantó feliz, cantando y con grandes -disposiciones para trabajar. Era otro hombre. - -Pasaron los días uno tras otro hasta completar una semana, cuando -ocurrió una cosa inesperada. Los niños de la escuela habían ido a hacer -la chancha al campo vecino y encontraron una mata de capachitos, que -había brotado precisamente en el lugar en que el Peluquero había hecho -el hoyo; arrancaban las florecitas y tomándolas con el dedo pulgar, -índice y cordial, las reventaban en sus frentes, como tienen costumbre -de hacerlo; pero en esta vez la florecitas, al estallar, decían: - ---¡El Rey tiene cachito! - -Admirados los niños de este prodigio, llevaron a sus casas todos los -capachitos que quedaban y repitieron la prueba y los capachitos siempre -decían:--¡El Rey tiene cachito! - -No se podía dudar de la noticia, y ella corrió como el aceite: en pocos -instantes la conocía toda la ciudad. Y tanto y tanto cundió que llegó a -oídos del Rey. - -El Rey hizo llamar al Peluquero y después de apostrofarlo duramente le -dijo que le haría pagar con la vida su indiscreción. El Peluquero -respetuosamente repuso:--Señor, yo juré a Vuestra Majestad no decirle a -ninguna persona su secreto y lo he cumplido, porque hasta ahora no se lo -he dicho a alma nacida. ¿Qué culpa tengo yo si los capachitos lo andan -proclamando a los cuatro vientos? - -Por cierto que se cuidó de contarle lo que había hecho, y como de esto -no había testigos, el Rey hubo de perdonarlo. - - - - -8. EL CUERPO SIN ALMA. - -(Referido en 1912 por Beatriz Montecinos, de 50 años, de Talca) - - -Para saber y contar y contar para saber. - -Este era un caballero que tenía un fundo cerca de la ciudad, muy grande -y muy hermoso, pero que tenía la maldición de que nadie podía vivir en -él, porque, sin saber cómo ni por qué, al otro día amanecían muertos los -que pretendían trabajarlo. El caballero estaba desesperado, y ofreció -darlo a medias al que se atreviese a sembrarlo. - -Había en la misma ciudad una viuda muy pobre, que tenía tres hijos, -decididos y valientes, los cuales se pusieron de acuerdo para -trasladarse al fundo. Partieron, llevando cada uno un pedazo de pan y -otro de queso, que para más no les alcanzó el poco dinero que tenían. - -Habían andado ya un buen trecho, cuando el menor se hizo a un lado de -sus hermanos, que siguieron andando, porque se le ofreció una necesidad. -Iba ya a reunirse con ellos, cuando se le presentó una pobre vieja -pidiéndole una limosna. El, compadecido, le dió el pan y el queso que -llevaba, y entonces la anciana le entregó una varillita, diciéndole que -era de virtud y que le haría todo lo que le pidiese, y desapareció. - -Llegaron los tres hermanos al fundo muy de madrugada y convinieron en -que mientras iban a trabajar los dos menores, el mayor se quedaría -haciendo la comida para los tres. - -Fueron los menores al trabajo y cuando el mayor tenía hecha la comida y -en punto para servirla, salió de un pozo que había cerca de la cocina un -enorme Culebrón, y el joven, del susto, se fué de espaldas y casi se -mató del golpe. - ---La vida o la comida, le dijo el Culebrón. - ---La comida, le contestó el pobre, más muerto que vivo. - -El Culebrón devoró la comida y en seguida desapareció por el pozo. - -Poco después llegaron los otros dos hermanos, quienes, de tanto que -habían trabajado, venían que no podían más de hambre. Cuando supieron lo -que había pasado, casi se murieron de rabia. - -Al día siguiente se quedó el segundo haciendo la comida, partieron a -trabajar los otros dos, y sucedió lo mismo que el día anterior: salió el -Culebrón, se comió la comida, y dejó tocando tabletas a los tres -hermanos. - -El tercer día se quedó el menor, y en el momento en que éste retiraba la -olla del fuego, salió el Culebrón y le dijo: - ---La vida o la comida. - ---Ni la vida ni la comida, le respondió el joven, y poniéndose en facha -con su varillita en la mano, obligó al Culebrón a retirarse a su pozo -bastante mal herido. - -Llegaron los otros dos, y comieron todos con mucho apetito. - -Después dijo el más joven: - ---Para vernos libres en adelante de este estorbo, amárrenme con un -cordel y descuélguenme en el pozo y yo mataré al Culebrón donde se -encuentre. Cuando mueva la cuerda es para que la tiren y me suban. - -Bajó el joven, y en el fondo del pozo se encontró con un hermosísimo -palacio, que tenía todas las puertas y ventanas cerradas. Golpeó -inútilmente, porque no le abrieron. Entonces, sacando su varillita, -dijo: - ---Dios y una hormiguita, e inmediatamente se convirtió en hormiga. Así -pudo entrar por una rendija y llegó a una sala en donde había una niña -más bella que el sol. Se le subió por un costado y de repente la picó. - ---¿Quién me pica? dijo la niña. - ---Yo, señorita, contestó el joven desencantándose. - -Se pusieron a conversar. La niña le dijo que eran tres hermanas, hijas -del Culebrón, el cual las tenía encerradas bajo siete llaves y no les -permitía ver a nadie. - ---Yo mataré al Culebrón y las libraré a ustedes. - ---No podrás matarlo--le dijo la joven--porque mi padre es el Cuerpo sin -Alma. - ---Pero tú podrás averiguar en dónde tiene el alma y entonces yo daré -buena cuenta de él. - -Fué la niña al lugar en que estaba su padre, y con ella el joven, -convertido en hormiga, pegado a su costado. - ---Papá, ¿por qué lo llaman a usted el Cuerpo sin Alma? - ---No te lo diré, porque las paredes tienen oídos y los matorrales ojos. - ---Pero si aquí estamos solos, y encerradas como vivimos ¿a quién podría -confiarle lo que usted me diga? - -Entonces él repuso: - ---Hija, has de saber que en el monte vecino hay una laguna; dentro de la -laguna hay un toro; matando a ese toro, sale de su cuerpo un león; -matando a ese león, sale una zorra muy corredora, que nadie la podrá -alcanzar; adentro de la zorra hay una paloma; y adentro de la paloma, un -huevo. Ese huevo es mi alma, y si llegan a quebrarlo, soy muerto. - -Siguieron hablando un rato sobre otras cosas y poco después la niña se -retiró a su pieza. Inmediatamente el joven se fué corriendo para la -laguna, y apenas había llegado a la orilla, salió el toro bramando y -escarbando la tierra que daba miedo. - ---Dios y un toro de los más bravos--dijo el joven sacando la varillita y -al punto se convirtió en toro y se puso a pelear con el que había salido -de la laguna, hasta que lo mató. Por el hocico del toro muerto salió un -león, que echaba el cielo abajo con sus rugidos. - ---Dios y un león de los más bravos--dijo el joven a la varillita, y -convirtiéndose en león, atacó rudamente a su contrario y lo mató. -Entonces salió la zorra corredora del hocico del león muerto, y tanto y -tan bien corría que no se le veían las patas. - ---Dios y un perro zorrero, de los más corredores y más bravos, dijo el -joven, y en el mismo instante se volvió perro, y tan ligero corría, que -las patas no tocaban el suelo. En un momento alcanzó a la zorra y -también la despachó. - -Mientras tanto el Cuerpo sin Alma se sentía muy enfermo y daba unos -quejidos terribles. La niña se acercó a preguntarle qué tenía. - ---Retírate, traidora--le dijo el Culebrón--si no quieres que te mate. - -Del cuerpo de la zorra salió una paloma, que se perdió en el espacio. El -joven dijo: - ---Dios y un halcón de los más voladores;--y convertido en halcón dió -alcance a la paloma, la mató y le sacó del buche el huevo que tenía -guardado y que era el alma del Culebrón. - -Poco después se presentó en el palacio y mostrándole el huevo, dijo al -Culebrón, que apenas respiraba ya, tan desfallecido estaba: - ---¿Conoces esto? - ---¿Cómo no lo he de conocer, si es mi alma? - ---Te la entregaré si me das el manojo de llaves del palacio. - -El Cuerpo sin Alma le entregó las llaves y el joven, disparándole el -huevo, le dijo: - ---Ahí la tienes. - -Pero el huevo le dió en la frente al Culebrón y se reventó, y el -Culebrón cayó muerto. - -El joven se fué a librar a las tres niñas, pero la menor, que era la que -él había visto, no quería que sacase a las otras, porque estaba -enamorada de él y temía que sus hermanas, que también eran muy bellas, -le robasen su amor. Pero él le dijo: - ---Si nosotros también somos tres; mis hermanos se casarán con tus -hermanas. - -Las sacó a las otras dos de su encierro y amarrando primeramente a la -menor, movió el cordel y los que estaban arriba la subieron. Los dos -hermanos, cuando la vieron tan buena moza, se pusieron a pelear, para -ver cuál se la llevaba; pero ella les dijo que eran tres y que luego -subirían las otras dos. - -Cuando hubieron subido las tres niñas, los hermanos mayores no volvieron -a echar el cordel, y tomando cada uno a su compañera, dejaron abandonada -a la menor, que esperó en vano que subiera el joven que había quedado en -el pozo. - -Un momento después conoció éste su desgracia, y, turbado con la pena que -le causaba la traición de sus hermanos, por decirle a la varillita -“siete estados para arriba”, le dijo “siete estados para abajo” y llegó -a la tierra de los pigmeos, donde, del golpe tan violento que recibió, -quedó sin sentidos. Cuando volvió en sí, los pigmeos le habían robado su -varillita de virtud. - -El pobre entró a sufrir mucho y llegó su miseria a tal estado que se vió -obligado a ocuparse como cuidador de los rebaños del Rey de los pigmeos -para ganarse la vida. - -Un día que lloraba su desgracia, se le apareció una Aguilita y le -preguntó: - ---¿Por qué está tan triste y llorando? - ---¿Cómo no he de llorar, distante de la que amo y viéndome en el estado -en que me hallo y sin esperanzas de volver a la tierra? - ---Yo lo sacaré de aquí si le parece; pero tiene que llevar mucha carne, -porque el viaje es largo y hay que atravesar el mar. - ---Está bien, llevaremos un cordero. - -Y el joven mató un cordero y dividiéndolo en cuartos lo puso sobre el -Aguila y él se montó en seguida encima. - -Al poco rato el Aguilita pidió de comer y él le puso en el pico un -cuarto de cordero. Volaron un rato, y el Aguilita pidió más, y él le -entregó el segundo cuarto; después, el tercero; y por fin el único que -quedaba. - -Iban volando por sobre el mar cuando el Aguilita dijo: - ---Compañero, ¿queda carnecita? mire que me faltan las fuerzas y nos -caeremos al mar y nos ahogaremos si no como. - -El joven se cortó una pierna y se la atravesó en el pico al Aguila. Esta -escena se repitió dos veces más, y el joven tuvo que cortar su otra -pierna y el brazo izquierdo, que el Aguila devoró en un instante. De -pronto dijo el Aguila: - ---Ya llegamos; bájese, compañerito, que en aquel palacio está su niña; y -apúrese porque la van a casar con un príncipe y ella no quiere, porque -lo está esperando a usted. - ---¿Y cómo me bajo--respondió el joven--si no tengo piernas? - ---Echese al suelo no más, y no se demore, que lo dejan sin novia. - -Al dejarse caer, el joven se encontró con sus dos piernas y sus dos -brazos, y si buen mozo había sido antes, quedó desde entonces mucho -mejor. Llorando de alegría, le dió las gracias a la Aguilita, y ella, -convirtiéndose en ángel, le dijo que era el de su guarda, que viéndolo -tan triste, había venido a sacarlo de apuros. - -Cuando llegó al palacio en que estaba su amada, la alegría de ésta fué -grande, y en lugar de celebrarse el matrimonio con el príncipe con quien -la obligaban a casarse, se casó con el joven que tanto había sufrido por -ella y había sido su primer amor. La fiesta estuvo muy buena y hasta -ahora estará que se arde; yo me encontré en ella y comí y tomé hasta que -casi reventé. Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento para -serranías de más adentro. - - - - -9. LA HUACHITA CORDERA. - -(Referido en Abril de 1914 por Mercedes Albornoz, de 14 años, Villa -Alegre) - - -Este era un hombre que vivía en el campo y había quedado viudo con dos -hijos pequeños: un niñito y una niñita. El hombre era pobre y para -alimentar a sus hijos tenía que salir a trabajar todos los días antes -que apareciera el sol, y como los niños no eran capaces de hacer nada, -se los dejaba encomendados a una vecina que los trataba con mucho -cariño, les lavaba su ropita y les daba muy bien de comer. - -Mejoró un poco la situación del hombre y se casó con la vecina; pero -ésta, apenas salía su marido de la casa, obligaba a los niños a hacer el -fuego, a que le trajesen agua del río en baldes que eran muy pesados -para ellos, a barrer y ejecutar otros trabajos superiores a sus escasas -y débiles fuerzas; y si la leña no estaba bien encendida, o los baldes -no llegaban completamente llenos, o quedaba un poco de basura en el -suelo, les pegaba cruelmente con lo primero que hallaba a mano. - -Una vez, el niño le dijo a la niña:--Vámonos de aquí, hermanita; ¿para -qué estamos sufriendo tanto?,--y al otro día muy temprano dejaron su -lecho, abandonaron la casa en que habían nacido y marcharon a la -ventura, alimentándose de frutas y de yerbas y durmiendo en las cuevas -de las montañas o en los ranchos abandonados que encontraban en su -camino. - -Después de muchos días de marcha, llegaron a una tierra desierta, sin -casas ni árboles, en la que el calor del sol se hacía sentir con toda su -fuerza. Los niños morían de sed y en ninguna parte hallaban agua para -aplacarla. Por fin llegaron a la orilla de una laguna y cuando se -disponían a beber, oyeron una voz que decía: - ---El que de esta agua bebiere tiburón se ha de volver y devorará a su -hermano. - ---Hermanita, no tomemos de esta agua--dijo el niño--aguantemos la sed y -vámonos, puede ser que más allá encontremos agua buena. - -Muy tristes se apartaron de la laguna y a cada instante más sedientos; -pero luego tropezaron con un pozo y el corazón se les alegró. -Sirviéndose de una cuerda que estaba en el suelo al lado del brocal, -echaron adentro un tiesto que cerca estaba, y cuando ya lo alzaban -repleto de agua, salió del pozo una voz que decía: - ---El que de esta agua bebiere, sierpe se ha de volver y devorará a su -hermano. - ---Hermanita, no tomemos de esta agua--dijo el niño--aguantemos la sed y -vámonos, pueda ser que más allá encontremos otra mejor. - -La niña no soportaba la sed, y si no hubiera sido por la amenaza de que -si bebía de esa agua devoraría a su hermano, habría bebido hasta -saciarse. - -Continuaron su camino muy tristes, desfallecidos, casi sin fuerzas para -andar, pero a los pocos pasos tropezaron con un arroyo de agua fresca y -cristalina. Echáronse de bruces para beber y cuando sus secas fauces -estaban a punto de humedecerse, oyeron estas palabras que salían de la -corriente: - ---El que de esta agua beba, corderito se ha de volver. - ---Hermanita no tomemos...--alcanzó apenas a decir el niño, cuando vió a -su hermana convertida en corderita. La pobrecilla, no oyendo la amenaza -de que si bebía devoraría a su hermano, se apresuró a apagar su sed y -alcanzó a tragar unos cuantos sorbos de aquella agua maldita. - -Es fácil suponer en qué estado dejaría esta desgracia a los pobres -hermanos, que ya no tuvieron otro consuelo que conversar y comunicarse -sus penas, porque, por suerte para ellos, al experimentar la niña su -transformación, no había perdido el uso de la palabra. Sin embargo, el -niño lloraba mucho; no podía acostumbrarse a ver a su hermana convertida -en animal. - -Un día le salió al paso una viejecita. - ---¿Por qué llora tanto, hijito?--le preguntó. - ---¿Cómo no he de llorar, mamita, con la desgracia que nos ha sucedido? -¡Qué no daría yo por ver a mi hermana convertida en mujer otra vez! - ---Hijito, eso no es posible por ahora; pero con esta varillita de virtud -que voy a ocultar en las lanas de la Corderita, tendrá ella lo que -quiera; podrá hasta volverse mujer por tres horas cada vez que lo desee, -y para siempre cuando un príncipe quiera casarse con ella. - -Y desapareció después de colocar una varita entre las lanas de la -Cordera. - -Desde ese momento la Corderita dejó de lamentarse y se la veía brincar y -correr al rededor de su hermano y balar alegremente; porque ha de -saberse que no hablaba con él sino cuando estaban solos. - -Pasó algún tiempo, y el niño que ya se había convertido en hombre, entró -a servir como pastor de los rebaños del Rey, el cual, como era muy -bondadoso, le permitió conservar la Corderita a su lado. - -Sucedió que en la noche del primer día en que el pastor había entrado en -funciones, el hijo del Rey tuvo que pasar por el patio en que estaban -las habitaciones de los sirvientes, y se extrañó de oir de la más -alejada, que era la que ocupaba el pastor y la Corderita, una voz -femenina. Se detuvo a escuchar para referirle a la Reina, su madre, lo -que oyera, pues era prohibido que las sirvientas penetraran a las piezas -de ese patio; pero no sintió sino murmullos y no alcanzó a entender ni -una palabra. Al día siguiente, el Príncipe refirió a su madre lo -sucedido, y en la tarde, cuando el pastor regresó, después de guardar el -ganado, fué conducido a presencia de la Reina. - -A la pregunta que le hizo la Reina de quién era la mujer que en la noche -anterior había estado en su aposento, contestó: - ---No estaba, señora, con ninguna mujer, sino con una huachita Cordera -que el Rey mi Señor me ha permitido guardar a mi lado y a la que he -conseguido enseñar varias palabras. (No se atrevió a contarle la -verdad). - ---¿Y qué palabras sabe? preguntó la Reina admirada. - ---Dice ya, papá, mamá, hermano y otras. - ---Tráeme la Corderita; quiero verla. - -Fué el jóven a su pieza, contó a su hermana lo que había hablado con la -Reina y le aconsejó que mientras tanto no dijese más palabras que las -que él había dicho a la Reina que le había enseñado, y la condujo a la -presencia de la soberana. - -La Corderita se bañaba todos los días en el río, de modo que siempre -estaba muy limpia. La Reina quedó encantada y le dijo al pastor que se -la dejase, que ella la cuidaría muy bien. - -La Reina le tomó mucho cariño y a todas partes iba con ella. La -Corderita la llamaba mamá; al Rey le decía papá, y al Príncipe hermano. - -La Reina se dijo un día:--Si un rústico pastor ha podido enseñar a este -animalito a pronunciar unas cuantas palabras, ¿por qué no he de -conseguir yo que aprenda a hablar como una persona? - -Desde ese día comenzó a enseñarle a hablar, y la Huachita se hacía la -que no sabía y que poco a poco iba aprendiendo. - -Pasó así algún tiempo, hasta que para celebrar una victoria obtenida por -el Rey, se organizaron grandes fiestas, entre ellas unas carreras de -caballos a que debía concurrir toda la Corte. - -Cuando llegó ese día, la Corderita, que hasta entonces no había hecho -uso de la virtud que tenía, quiso ir a las carreras; y después que los -Reyes, el Príncipe y demás potentados que vivían en palacio salieron, -ella también salió sin que nadie la viera, y se fué al campo, y al lado -de un espino que allí había, dijo: - ---Varillita de virtud, por la virtud que Dios te ha dado, haz que me -convierta en mujer, vestida con un traje de color de estrellas y que -aparezca aquí para llevarme a las fiestas una carroza de plata -arrastrada por dos parejas de caballos y servida por tres pajes negros. -E inmediatamente se encontró convertida en una hermosísima joven, -vestida como había pedido y con el coche con los tres negritos. La piel -de cordero estaba a su lado, y antes de subir a la carroza la dejó -colgada de una rama del espino, y partió. - -Cuando llegó a la plaza, atrajo las miradas de todos por su hermosura y -la riqueza y esplendor de su traje. Nadie la conocía y unos a otros se -decían: «¿de dónde vendrá esta princesa?» El Príncipe, sobre todo, la -atendió mucho y se enamoró perdidamente de ella. Cuando sonó la hora en -que debía retirarse, el Príncipe le preguntó si volvería al día -siguiente y ella le contestó que sí. - -En la Corte no se habló en el resto del día de otra cosa que de la -fiesta; pero la preocupación de todos era la bellísima joven -desconocida. - -Llegó el día siguiente y todo el mundo se trasladó a las carreras. - -Una vez que la Corderita se encontró sola, volvió al campo, y al pie del -espino pidió a la varillita que la transformara en mujer, vestida con -traje de color de la luna y las estrellas y la condujese a la fiesta en -una carroza de oro arrastrada por tres parejas de caballos y servida por -seis pajes negros; y al punto todo se hizo como ella lo había pedido. -Dejó la piel de oveja colgada de una rama del espino, subió al carruaje -y se fué a las fiestas. - -A su entrada, la atención de la multitud se concentró en ella, y si -hermosa la habían encontrado el día anterior, más hermosa aun la -encontraron en este día. El Príncipe, todavía más enamorado, fué a -colocarse inmediatamente a su lado y allí estuvo conversando con ella -hasta el momento que la joven se levantó para retirarse. - -El otro día era el último de las carreras. La afluencia de gente fué -mayor; puede decirse que toda la ciudad se había trasladado a -presenciarlas. - -A la misma hora que los días anteriores, llegó la joven en una carroza -de diamantes arrastrada por cuatro parejas de caballos y servida por -doce negros; su traje tenía los colores de la luna, de las estrellas y -del sol naciente, y si linda la habían encontrado las otras dos veces, -más linda la hallaron esta vez. Todos los ojos estaban clavados en ella -y de los labios de la muchedumbre no salían sino alabanzas en su honor. -Apenas la divisó el Príncipe fué a sentarse a su lado a cortejarla. -Cuando estaba hablándola con más entusiasmo, llegó un paje con un recado -de la Reina y el Príncipe tuvo que abandonar su asiento por un momento; -a su regreso se encontró con que estaba vacío el lugar que ocupaba la -niña. - -Se acabaron las fiestas y nadie volvió a ver a la joven. - -El Príncipe se puso muy triste y languidecía rápidamente. Los médicos -nada pudieron para curar su mal y los Reyes lloraban la próxima muerte -de su único hijo. - -Un día, cuando ya se había perdido toda esperanza de salvación, dijo la -Corderita a la Reina: - ---Mamá, ¿quiere que vaya yo a cuidar al enfermo? Quién sabe si pueda -sanarlo! - -¡Qué se perdía con que fuese! La Reina consintió y ella misma condujo a -la Corderita a las habitaciones del enfermo y la dejó allí. - -Apenas se retiró la Reina, la Corderita pidió muy quedito a la varillita -que la convirtiera en mujer, ataviada con el mismo traje con que se -había presentado a las carreras, y una vez transformada, se acercó a la -cama del enfermo y lo llamó dulcemente. El Príncipe abrió los ojos y a -la vista de su amada sintió que le volvía la vida. - -Tres horas conversaron alegremente y al terminar este tiempo la joven -tornó a convertirse en la Huachita Cordera. - -El Príncipe hizo llamar a los Reyes, y les dijo: - ---Padres, la Corderita me ha sanado; me siento perfectamente bien y es -preciso que me dejen casarme con ella. - -Apenas el Príncipe dijo estas palabras, cumpliéndose el vaticinio de la -viejecita que había dado a la Corderita la virtud, se transformó ésta -para siempre en la bellísima niña que todos habían visto en las fiestas, -y los Reyes, henchidos de contento, consintieron en el matrimonio de su -hijo con la joven. - -Los novios fueron muy felices y vivieron en una perpetua luna de miel y -tuvieron muchos hijos. - -El hermano de la joven, que hasta el día antes del matrimonio había -continuado como pastor, fué ennoblecido y siguió viviendo en la Corte, -desempeñando empleos muy principales. - -Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento. - - - - -10. LAS SIETE CIEGAS. - -(Referido por el niño Luis Smith, de 12 años, en 1910) - - -Hubo en un país lejano un Rey muy malo que se complacía en el daño que -causaba a sus súbditos. - -Un día que salió a cazar, y se extravió en el bosque, vió en la puerta -de una choza a una jovencita muy bella y agraciada, y llevándola a -Palacio se casó con ella. - -Un mes nada más duró la felicidad de la Reina. Transcurrido este corto -tiempo, durante el cual el Rey fué tierno y cariñoso con ella, se reveló -nuevamente en él el hombre perverso, de fieros instintos. Con pretextos -y sin pretextos, todo lo encontraba malo, y como la Reina era la persona -que tenía más cerca, la desgraciada pagaba el pato. Un día que amaneció -de más mal humor que de ordinario, hizo sacar los ojos a la Reina y -ordenó que la encerrasen en un calabozo húmedo y sin luz, que daba a uno -de los patios interiores del palacio, y que la sometiesen a una -alimentación escasa. - -Poco tiempo después, el Rey se casó con otra joven, la cual también sólo -un mes fué feliz, y pasó otro mes al lado de su esposo sufriendo toda -clase de vejámenes; después, privada de la vista, fué a hacer compañía -en el calabozo a su predecesora. - -La misma suerte corrieron cinco niñas más, con las cuales el monarca -contrajo matrimonio sucesivamente. - -Las siete desgraciadas tuvieron un hijo cada una en su prisión, pero -sólo la primera lo conservó; las otras, muertas de hambre, se comieron -los suyos, y si no hubiera sido porque la primera mujer logró ocultar a -su hijo y que éste, como si adivinara el destino que le estaba reservado -si las compañeras de su madre lo descubrían, jamás lanzó el menor gemido -ni se le oyó llorar. - -La criatura era hermosa y fué creciendo. Su madre le enseñaba a hablar -en las noches, cuando sus compañeras dormían, y paulatinamente fué -comunicándole los pocos conocimientos que tenía, lo que el niño aprendía -con suma facilidad, porque estaba dotado de gran inteligencia. - -Una vez el niño encontró un clavo y, jugando, se puso a escarbar la -pared al lado del sitio que ocupaba su madre. La muralla, con la -humedad, estaba blanda, así es que en pocos momentos hizo un pequeño -forado por el que penetró un poco de luz; le dieron deseos de salir para -conocer el mundo, de que tanto había oído hablar a su madre, y para -conseguirlo continuó trabajando hasta que el agujero fué suficientemente -grande para dejarlo pasar. Le contó a su madre lo que había hecho y le -pidió que mientras él andaba afuera cubriera ella el forado con su -cuerpo para que el carcelero no lo viese. - -Salió el chico y se encontró con un hermoso huerto. No se cansaba de -admirar el cielo, tan azul y tan bello; mucho también le llamaron la -atención los árboles, las flores y los frutos; tomó algunos de éstos, -los probó y los encontró sabrosísimos. Cogió entonces todos los que pudo -para llevárselos a su madre, la cual sólo entonces comunicó la -existencia de su hijo a sus compañeras de desgracia e hizo que el niño -les repartiera frutas. - -Desde ese momento el niño fué la alegría de todas, que lo quisieron -entrañablemente, y él les pagaba su cariño renovándoles cada día las -provisiones que tomaba en el huerto. - -Cada vez que el niño estaba fuera, la madre pasaba sobresaltada, -temiendo que uno de los hortelanos lo encontrara y lo llevase a -presencia del Rey. Por lo que pudiese suceder, le dijo un día:--Hijo, si -te llegan a ver, te preguntarán de dónde vienes, cómo te llamas y -quiénes son tus padres, y tú contestarás que vienes del mundo que tu -nombre es el Viento y que eres hijo del Trueno y de la Lluvia. - -Pasó algún tiempo, más de un año, sin que nada se descubriera, porque el -chico practicaba sus excursiones muy de mañana y los hortelanos no eran -madrugadores; pero una vez que uno de éstos se levantó más temprano que -de costumbre, fué cogido y llevado a la presencia del Rey. Al Rey le -cayó en gracia el chico y le preguntó: - ---¿De dónde vienes? - ---Del mundo. - ---¿Quién es tu padre? - ---El Trueno. - ---¿Y tu madre? - ---La Lluvia. - - * * * * * - -Poco después de haberle hecho sacar los ojos a su séptima mujer y -haberla encerrado en el calabozo, el Rey se había casado por octava vez; -pero en ésta _le salió el futre_, como vulgarmente se dice, porque la -nueva esposa no era el manso cordero, ni la humilde paloma que las -anteriores. Mujer de carácter fuerte, de corazón duro y envidiosa, -dominó a su marido por completo. El Rey se fué acostumbrando poco a poco -a obedecer, y como consecuencia, su carácter se debilitó y dulcificó. - -Como dijimos, el chico le cayó en gracia al Rey, sólo de verlo, y mucho -más cuando lo oyó responder con tanto despejo a sus preguntas; y ordenó -que lo vistiesen bien y lo dejasen en completa libertad para andar por -el palacio y sus dependencias. - -El niño vivía con la servidumbre, que lo adoraba. Cuando concluía su -comida, recogía todos los restos y se los llevaba a las ciegas, con las -cuales conversaba un rato cada vez que entraba a la prisión, -especialmente en la noche, antes de retirarse al cuarto que se le había -destinado. - -A medida que el niño crecía en altura, crecía también en inteligencia, -de tal modo que su fama salió de los patios de la servidumbre y llegó a -oídos de la Reina. Ella también quiso oírlo, y al escuchar sus -contestaciones tan prontas y oportunas, se propuso perderlo. La Reina -era envidiosa y no tenía hijos. Se fingió enferma, hizo llamar al Rey y -le dijo que había soñado que no sanaría de su enfermedad sino tomando -leche de leona traída por un león en odre de león, y que había de ser el -niño quien la fuese a buscar. - -El Rey, que no hacía sino la voluntad de su mujer, aunque a disgusto -ordenó al niño que cumpliera los deseos de la Reina. El niño, muy -afligido, fué a contarle a su madre lo que le pasaba, y ésta le dijo: - ---La Reina quiere perderte, pero nada te sucederá si sigues mis -consejos. Pide al cocinero, antes de partir, una cacerola, pan, leche y -sal suficiente para sazonarla; te vas por tal y tal camino hasta que -llegues a una llanura en que verás una gran peña a orillas de un -riachuelo sombreado de árboles; haces una sopa de pan con leche y dejas -la cacerola entre el arroyo y la peña y te ocultas detrás de un árbol. -Poco después llegará un león, que después de olfatear la sopa la comerá; -una vez que se la haya tomado toda, dirá él:--¡Qué buena está esta sopa! -¿Quién la habrá traído?--Entonces sales de tu escondite y le -contestas:--«Yo, señor», y el león, agradecido te dará lo que le pidas. - -Provisto de la cacerola y de las raciones de pan, leche y sal -suficientes, se dirigió afuera de la ciudad y siguió por el camino que -su madre le había indicado, hasta llegar a la peña. Allí se detuvo, hizo -la sopa de pan con leche y depositó la cacerola entre el riachuelo y la -peña y ocultándose detrás de un corpulento árbol, esperó. Pocos momentos -después llegaron a sus oídos los espantosos rugidos de un león, y casi -en seguida vió aparecer a la terrible fiera, que, rabiosa, rugía y -escarbaba la tierra, y abriendo las narices aspiraba el aire en todas -direcciones como si buscara con el olfato el lugar en que se encontraba -un ser extraño; pero sucedió que lo primero que llegó a sus narices fué -el olor suavísimo para él de la sopa de pan con leche, y dirigiéndose al -sitio en que el niño la había dejado, se la tomó poco a poco, -saboreándola con delicia. - -Una vez que concluyó de comérsela, se lamió los bigotes y exclamó: - ---¡Qué cosa más rica! ¡Quién la habrá dejado aquí? Y entonces el niño, -saliendo de su escondite, exclamó: - ---Yo la traje, señor León. - -El León lo miró un poco sorprendido y después de un rato, le preguntó: - ---¿Qué quieres que te dé en pago del placer que me has proporcionado? - ---Señor León--le contestó el niño--lo que quiero es un poco de leche de -leona en odre de león, y que sea llevada al palacio por un león, para -que se mejore la Reina, que está enferma. - ---Está bien--le dijo el León--tendrás lo que pides; pero, en cuanto -llegues al palacio, le pegarás tres veces en la cabeza con esta -varillita al leoncito que conduzca el odre y le dirás «ándate para tu -casa». - -Y mientras el León hablaba, apareció un leoncito con un odre sobre sus -espaldas. - -Púsose en marcha el niño, yendo adelante el leoncito con su carga. -Cuando llegaron frente al palacio, estaba la Reina en uno de los -balcones, y al divisar al niño y a su compañero, casi se murió de ira. - -Frente a la puerta del palacio echó el niño sobre sus hombros el odre y, -recordando las instrucciones del León, dió al leoncito tres golpes con -la varilla, diciéndole al mismo tiempo: «ándate para tu casa». El -leoncito desapareció. - -El odio de la Reina para con el hijo de la ciega creció después de esta -aventura y juró que lo haría morir. Hízose enferma nuevamente y le dijo -al Rey que había soñado que no sanaría sino viendo las torres cantando y -las almenas bailando, y que debía ser el niño quien se las había de -traer. El Rey, temiendo la ira de la Reina, ordenó al niño, a pesar del -cariño que le tenía, que fuese en busca de los objetos que aquélla decía -necesitar. - -El niño se fué llorando al calabozo y le contó a su madre lo que la -Reina exigía de él. - ---No tengas cuidado--le dijo la ciega--la Reina quiere que mueras; pero -si sigues mis instrucciones, nada te sucederá. Pide al hortelano que te -preste un burrito y a la mujer del jardinero su guitarra. Montado en el -burro, tomas tal y tal camino; y después de andar siete horas, llegarás -a una ciudad encantada, en la cual no verás más ser humano que una vieja -bruja. Desde que divises la ciudad tocarás la guitarra sin cesar hasta -que salgas, y, aunque la vieja te la pida, ni dejarás de tocar ni se la -darás. Tú tienes bastante inteligencia para manejarte bien en lo demás -que pueda sucederte. - -Se abrigó el niño con un poncho, porque hacía mucho frío, y montado -sobre el burro y con la guitarra colgada al cuello por medio de una -correa, se dirigió a la ciudad. Cuando estuvo cerca, se puso a tocarla y -le salió al encuentro una horrible vieja que le pidió se la vendiera; -pero el niño, sin dejar de tañerla ni un momento, le contestó que no la -vendía, pero que más allacito se la daría si le mostraba todo lo que -había de interesante y curioso dentro de la ciudad. - -Se pusieron en marcha, el niño toca que toca y la vieja chancleteando a -su lado, hasta que llegaron a un chiquero muy elegante, en que había un -chanchito muy bien cuidado. - ---¿Y este chanchito, mamita? - ---Este chanchito es la vida de la actual mujer de tu padre; ¡pero dame -tu guitarra, niño! - ---Más adelante se la daré, mamita. - -Continuaron por la misma calle; el niño dale que dale a las cuerdas de -la guitarra y la vieja sin perderle pisada. Llegaron a una plaza, en -medio de la cual, entre flores de colores brillantísimos que despedían -una fragancia exquisita, se elevaba una delgada columna de agua dorada. - ---¿Qué es esto, mamita? preguntó el niño. - ---Esta es el agua maravillosa que da vista a los ciegos; pero ¡dame tu -guitarra, hijito! - ---Más adelante se la daré, mamita. - -Un poco más allá, siguiendo la misma calle, en medio de otra, entre -jardines y sobre una mesa hecha de un solo diamante, vió el niño un -castillo en miniatura, de marfil, del cual salían voces argentinas de -una belleza inefable que lo dejaron extático por un momento; se habría -dicho que dentro había un coro de ángeles. Al mismo tiempo, de las -troneras del castillo salían como disparados unos pequeños proyectiles, -que una vez en el aire, se movían graciosamente como si bailasen. - -El niño preguntó: - ---¿Y qué son estas cosas, mamita? - ---Estas son las torres que cantan y las almenas que bailan; pero ¡dame -tu guitarra, hijito! - ---Dentro de poco se la daré, mamita; no tenga cuidado. - -Por fin llegaron a un lugar en que había muchas velas encendidas, unas -largas, casi enteras, otras medianas y otras menores. - ---Y esto ¿qué es, mamita? - -Estas velas son la vida de los habitantes del país. - ---¿Y esta vela tan alta y tan gruesa, que está adelante de todas? ¿Tal -vez es la vida del Rey mi padre? - ---No, hijito; esa es mi vida, que, como ves, durará más, mucho más que -las otras; pero dame tu... - -No alcanzó a terminar la frase la bruja, porque el niño, sin dejar de -tocar con la mano izquierda, con la derecha tomó un extremo del poncho y -dando con él un fuerte golpe a la vela, la apagó, y la vieja cayó al -mismo tiempo en el suelo muerta para siempre. - -En seguida el niño llenó un frasco del agua maravillosa, guardó en las -petacas que llevaba el burro las torres cantando y las almenas bailando, -y ató el chancho con un lazo que aseguró a la enjalma, y se volvió muy -alegre a la ciudad en que residía el Rey su padre. - -Cuando llegó a la plaza del palacio, divisó a la Reina asomada al -balcón, y cuando ésta vió al niño sano y salvo, de la rabia se arrancaba -los cabellos. - -El niño se desmontó de su cabalgadura y tomando entre sus manos al -chanchito lo arrojó con fuerza al suelo matándolo inmediatamente; en el -momento mismo la malvada Reina lanzó el último suspiro y entregó su alma -al diablo. - -Después de esto se fué a la prisión en que estaban las ciegas, y con el -agua maravillosa volvió la vista a su madre y a sus seis compañeras de -infortunio. Hecho lo cual se fué a ver al Rey y le contó todo lo -sucedido. El Rey se sintió doblemente feliz y aliviado al oir la -relación del niño, primeramente de verse libre de aquella mujer que le -había hecho perder su personalidad; y segundo, de saber que aquel niño a -quien tanto cariño había tomado, era su hijo. - -Se casó nuevamente con la madre del niño y hubo grandes fiestas en -palacio. El pueblo también se divirtió, porque el Rey quiso que todos se -alegrasen. Lo pasado sirvió de lección al soberano, que en adelante fué -bueno con su pueblo y gobernó justicieramente. Las seis compañeras de la -nueva Reina se casaron cada una con un grande de la Corte y fueron muy -felices. - -Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento por la mar adentro. - - - - -11. EL MIÑIQUE. - -(Referido por el niño Mannel Oporto, de 14 años, de Temuco, que lo oyó -contar en Santiago en 1911) - - -Para saber y contar y contar para aprender. Estos eran dos viejecitos -muy pobres y muy desgraciados. El marido era aguador y la mujer -lavandera; pero por más que trabajaban, el dinero que recibían apenas -les alcanzaba para no morirse de hambre. - -Una noche que hablaban de su pobreza y de su soledad, dijo la viejecita: - ---Si siquiera hubiéramos tenido un hijo, aunque hubiera sido chiquitito, -nos habría ayudado a pasar sin tantas escaceses y habríamos tenido con -quien conversar en las noches y quien nos cuidara cuando hubiésemos -caído enfermos. - ---Así es, respondió el aguador; pero, ¿qué sacamos con hablar de estas -cosas? - ---Tendrán el hijo que desean--dijo una voz que venía del techo. - -Los dos ancianos se miraron asustados; y como era tarde, se acostaron y -se quedaron profundamente dormidos. - -Al otro día se levantaron de madrugada, como de costumbre; el viejecito -se fué a acarrear agua para sus parroquianos, y su mujer se puso a lavar -ropa. - -Apenas se había puesto la lavandera a su trabajo, sintió que por entre -el brazo derecho y la manga de la camisa le andaba algo, y creyendo que -podía ser una lagartija u otro bicho, se asustó y sacudió el brazo. -Sintió caer algo en la artesa; pero aunque nada vió, oyó una vocesita -atiplada, que decía: - ---Mamita, sáqueme luego del agua, que me ahogo. Buscó la anciana y -después de fijarse mucho descubrió una guagua tan pequeñita que apenas -se veía y que movía pies y manos en el agua jabonada, como si nadara. - -Los viejos lo criaron con todo cariño y cuidado y como era tan -chiquitín, lo llamaron Miñique, nombre que le venía muy bien, porque, en -verdad, el niño nunca fué más grande que el menor de los dedos de la -mano. - -En lo único que creció Miñique fué en fuerzas, que llegó a tenerlas -prodigiosas; y en voz, que cuando gritaba, era más recia que la de -cualquier hombre. - -Los ancianos lograron ocultar la existencia del niño, que ni siquiera -era sospechada de nadie. Era tan lindo, que temían se lo robaran, y el -conversar y entretenerse con él era el único consuelo que tenían. - -Pasaron siete años y los viejecitos se pusieron tan achacosos que no -podían trabajar y el dinero se les concluía. - -Treinta centavos no más les quedaban, cuando la antigua lavandera le -dijo a Miñique: - ---Hijito, tome este diez, y vaya a la carnicería y me lo compra de -carne. - -Fué el Miñique a la carnicería y golpeó en el mostrador. El carnicero -miraba y como a nadie veía, dijo: - ---¿Quién golpea? - ---Yo, el Miñique--le contestó un vozarrón que llegó a -asustarlo:--véndame un diez de carne. - -Se asomó el carnicero por encima del mostrador y después de algún -trabajo logró ver a un hombrecito que apenas se levantaba unos diez -centímetros del suelo. - ---¿Y de dónde vas a sacar fuerzas para llevarte diez centavos de carne? -El trozo que te diera sería muy pesado para ti. - ---Pero, señor, ¿que quiere reírse de mí? ¡Si un buey entero me da, soy -capaz de llevarme el buey! - ---Bueno, replicó el carnicero; dame el diez y te llevas ese buey que -está colgado en la puerta. - -Esto que oye el Miñique, se echa el buey al hombro y se lanza a correr -con su carga. El carnicero se quedó con la boca abierta, alelado, sin -acertar ni a moverse; y toda la gente que transitaba por la calle se -hacía cruces, pues no se explicaba como podía correr un animal -despostado y con las patas hacia arriba; porque al Miñique, como era muy -chiquitito y estaba debajo del animal, nadie lo veía. - -Los viejecitos se pusieron muy contentos con la adquisición del Miñique, -y le dijeron que fuese a comprar cinco centavos de pan. - -Se fué el Miñique corriendo a la panadería y se puso a golpear en el -mostrador. El panadero sentía los golpes, pero no veía a nadie. - ---¿Quién golpea?--preguntó. - ---Yo, el Miñique--contestó el niño, con voz formidable.--Deme un cinco -de pan. - -El panadero se inclinó sobre el mostrador y, asustado de ver aquel -pedacito de hombre, le dijo: - ---¿Y cómo podrás llevar, siendo tan chico cinco centavos de pan? - ---Las cosas de Ud.; ¿que cómo me los llevaré? Pues, lo mismo que se lo -lleva toda la gente que viene a comprarle. Si me da lleno de pan aquel -gran canasto que está sobre el mostrador, verá Ud. que me lo llevo muy -bien. - ---Dame los cinco centavos y llévate el canasto. - ---Tome el cinco, y écheme el canasto al hombro. - -Cogió el panadero la pequeña moneda, y, temiendo aplastar al Miñique con -el peso del canasto, con mucho cuidado se lo colocó encima. - -Apenas sintió el Miñique que tenía el canasto en sus hombros, echó a -correr como si la carga que llevaba fuese una pluma; y aquí fué la -admiración del panadero, y de todos los que pasaban por la calle, que -veían como un canasto corría solo sin que nadie lo empujara o lo llevara -tras de sí. - -Llenos de alegría recibieron los viejos al Miñique; y muy pronto se -sentaron a comer un buen asado. El viejecito dijo: - ---Dejaremos carne para dos días, y la demás la haremos charqui mañana y -así tendremos para comer mucho tiempo. - -Siguieron conversando muy contentos. En la noche dijo la anciana: - ---¡Quién pudiera tomar un matecito! - ---Mamita, le dijo el niño, déme diez centavos y yo le traeré un cinco de -azúcar y otro cinco de yerba. - ---Aquí tiene, hijito. - -Salió el Miñique y se dirigió al almacén de la esquina. - ---¿Quién golpea?--preguntó el despachero. - ---El Miñique,--contestó el niño.--Deme un cinco de azúcar y un cinco de -yerba. - -Se asomó el comerciante por encima del mostrador y cuando vió aquel -pergenio, le dijo: - ---Pero, niño, ¿y cómo vas a llevar el azúcar y la yerba? Es mucho para -ti. - ---No tenga cuidado por eso, señor, que si por un 5 me da un cajón de -azúcar y por otro 5 un barril de yerba, yo me los llevaré solito, sin -que nadie me ayude. - ---Bueno, pásame los 10 centavos y llévate aquel cajón y aquel barril. - ---Aquí tiene el 10; pero amarre el barril encima del cajón y después me -los echa a la espalda y verá bueno. No sabe usted las fuerzas que tengo. - -El despachero se reía de lo que le decía el Miñique, que creía eran -puras bromas; sin embargo, hizo lo que el niño le pidió, y al cargar el -enorme bulto sobre el pequeñuelo le dijo: - ---¡Cuidado, niño, no te vaya a aplastar! - ---No tema nada; échemelo no más. - -Al sentir el Miñique que el bulto tocaba sus espaldas, se asió de la -cuerda y echó a correr, dejando asombrado al almacenero. - -Es de imaginarse el gusto de los padres del Miñique cuando lo vieron -llegar con su preciosa carga. Ya no se morirían de hambre: tenían -bastante carne, pan, azúcar y yerba. ¿Qué más querían? Se tomaron sus -buenos mates y se acostaron; y al otro día el viejo charquió la carne -del buey. - -Cuando el charqui estuvo hecho dijo la viejecita: - ---¡Quién tuviera algunas cebollitas para hacer un valdiviano! - ---¿No le queda todavía un cinco, mamita? Démelo y yo le traeré cebollas. - -Le entregó la anciana el cinco, y al salir el niño a la calle se -encontró uno de esos cortaplumas pequeñitos que algunas personas suelen -usar como dije. Lo tomó, se lo guardó en la faltriquera y siguió su -camino. - -A poco andar encontró a un cebollero, que llevaba su mercancía en dos -grandes árgenas que pendían a uno y otro lado del caballo que montaba. - ---Oiga, amigo--le gritó el Miñique--véndame un cinco de cebollas. - -El cebollero miraba a todas partes, pero no veía al comprador, a quien -ocultaba la yerba que brotaba a la orilla de la acera. - ---¡Que me venda un cinco de cebollas, le digo!--repitió el Miñique. - -Pero apenas concluyó de decir estas palabras, una vaca que venía por la -misma calle comiendo la yerba que crecía en la orilla de la acera, junto -con tragarse un puñado de ella, se tragó al Miñique. El Miñique siguió -gritando desde adentro de la barriga del animal: - ---¡Véndame luego el cinco de cebollas! ¡Mire que mi mamita me está -esperando! - -El cebollero, casi se volvía loco buscando al que le hablaba, sin -poderlo encontrar. ¿Cómo iba a figurarse que la voz salía de adentro de -la vaca? - -Sólo al rato de haber sido tragado vino a darse cuenta el Miñique del -lugar en que se encontraba; pero como era de ánimo esforzado, no se -atemorizó, antes bien sacó su cortaplumas del bolsillo y poco a poco -abrió un buen tajo en la guata del animal y salió por ahí, no muy limpio -ni muy fragante, en verdad, pero sano y salvo. El animal cayó muerto a -los pocos instantes, y el Miñique, cogiéndolo de la cola lo arrastró -hasta su casa, en donde fué hecho charqui también. - -Inmediatamente de dejar la vaca en poder de sus padres, que lo lavaron y -le cambiaron ropa, volvió el Miñique tras el cebollero, y habiéndolo -alcanzado, le gritó: - ---¿Qué hubo, amigo? Me vende o no el cinco de cebollas? - ---Pero niño--respondió el cebollero,--¿cómo podrás llevar media docena -de cebollas grandes? Una sola sería demasiado peso para ti. - ---¿Qué se ha imaginado usted, señor cebollero? Si me da por el cinco las -dos árgenas, verá que me las llevo yo solito, sin necesidad de pedir -ayuda a nadie. - ---Ya está, te doy las dos árgenas con cebollas por el cinco--le dijo el -cebollero, pensando que eran simples bravatas las del chiquitín:--dame -el cinco y aquí tienes las dos árgenas--agregó, bajándolas. - -Le entregó el Miñique la moneda y cogiendo las árgenas de la parte en -que estaban unidas, apretó a correr, arrastrándolas tras de sí, con -tanta ligereza, que en un momento se perdió de vista, dejando -estupefacto al vendedor de cebollas. - -Con estas aventuras, la fama del Miñique se extendió por todo el país y -el Rey manifestó deseos de conocerlo. - -Como la capital estaba lejos, el Miñique quiso ir a caballo y cogió una -lauchita que domesticó fácilmente. De una horquilla de peinado hizo -frenos y estribos; de un pedazo de cabritilla de guante viejo, la silla -de montar; y de un cordón de zapatos las riendas y demás arreos; se -colgó a la cintura, a manera de espada, el pequeño cortaplumas con la -cuchillita abierta, y montando en su cabalgadura se dirigió a la capital -del reino. - -Cuando llegó a palacio, fué la admiración de todos: el Rey, la Reina, -los Príncipes, las Princesas, los señores y damas de la Corte, lo -acogieron con entusiasmo; no sabían qué admirar más en él, si su pequeña -estatura o sus fuerzas prodigiosas, o si su belleza o su voz -estentórea. Fué calificado como la primera maravilla del reino, y el Rey -quiso mantenerlo a su lado. Pero cuando el monarca le comunicó su -decisión, el Miñique observó respetuosamente que no podía abandonar a -sus padres, ancianos, achacosos y miserables, cuyo único sostén era él; -si él les faltaba, los pobres viejos se morirían. - -Mucho le agradaron al Rey los buenos sentimientos del Miñique para con -sus padres, a quienes hizo venir, les dió habitación en palacio y -proveyó a todas sus necesidades. - -El Miñique sirvió al Rey de modo extraordinario en una guerra a que fué -provocado por sus enemigos; él solo bastó para mover toda la artillería, -en ocasión de que los caballos se habían hecho muy escasos; y él -también, con su voz potente, transmitió las órdenes del general en jefe. -Por sus servicios fué condecorado y ascendido a capitán en el campo de -batalla; y vivió el resto de sus días querido y agasajado de todos. - - - - -12. LOS TRES CONSEJOS. - -(Contado por la Señora Clorinda B. de Somerville, en 1915) - - -Han de saber que vivía en un pueblo un matrimonio muy bien avenido y que -habría sido completamente feliz si la fortuna le hubiese prestado alguna -ayuda; pero parece que se complacía en volverle las espaldas. Era inútil -cuanto había hecho el marido, hombre bueno a carta cabal, para encontrar -trabajo, porque nadie se lo proporcionaba. La mujer, que era una perla, -cosía y bordaba a la perfección; pero, por desgracia, tampoco nadie la -ayudaba. Tenían un hijo de unos doce años, bueno como ellos, estudioso e -inteligente, que era su único consuelo; y sin embargo, su vista hacía -sufrir al padre, porque pensaba en el triste porvenir que le aguardaba. - -Un día, Juan--así se llamaba nuestro hombre--tomó una determinación -desesperada. - ---Rosa,--dijo a su mujer--esta situación no puede continuar; si aquí no -encuentro en qué ganar la vida, iré a buscarla fuera del pueblo; y como -necesito llevar algún dinero para mis primeros gastos, venderemos los -muebles que no te sean indispensables, y del producto tomaré yo una -parte y te quedarás tú con la otra para subvenir a tus necesidades y a -la de nuestro hijo, mientras encuentras costuras y yo vuelvo. Dios ha de -permitir que nada les falte en mi ausencia y que ésta sea corta. - -La venta de los muebles produjo mil pesos. El tomó seiscientos, y con -las lágrimas en los ojos se despidió de su mujer y su hijo. - -Al pasar por la casa de un compadre, excelente persona, pero un poco -alocado--se dijo: - ---Voy a despedirme de mi compadre y a recomendarle que cuide de su -ahijado mientras yo regreso,--y entró. - ---A despedirme de Ud. vengo, compadrito. - ---¿A dónde va, compadre? - ---A donde Dios quiera, pues. Voy a tentar suerte, a ver si encuentro -trabajo en otra parte, ya que aquí no se gana ni para cigarros. - ---Yo lo acompaño, compadre. ¿Cuánto lleva Ud. para el camino? - ---Trescientos pesos. - ---¡Lo que son las casualidades! yo también tengo aquí otros trescientos; -me los echo al bolsillo y vamos andando. - -De mucho consuelo sirvió a Juan la compañía de su compadre, que era -hombre alegre y decidor. Sus chistes le hacían reir y distraerse de la -pena que le ocasionaba la separación de su familia, y conversando y -conversando, marchaban sin sentir el camino. - -Después de andar una semana, llegaron a la plaza de una ciudad, y en una -de sus esquinas vieron una muchedumbre de gente reunida. La natural -curiosidad hizo que se acercaran y vieron en medio del grupo a un -anciano que pregonaba: - ---Tres consejos, señores, por sólo trescientos pesos; tres consejos que -procurarán la fortuna y la felicidad a quién los conozca! Tres consejos, -a cien pesos cada uno! ¿Nadie se interesa por ellos? - -Juan sintió como si una voz interior le ordenara comprarlos, y sin poder -contenerse se acercó al anciano y le dijo: - ---Yo los compro; aquí están los trescientos pesos. - -El anciano recibió el dinero y acercando sus labios al oído de Juan, -murmuró: - ---Estos son los tres consejos, que te harán feliz si los sigues en todo -momento: No dejes lo viejo por lo mozo; No preguntes lo que no te -importe; y No te dejes llevar de la primera nueva. - -Al apartarse Juan del anciano, todos lo miraban lastimosamente. - ---Está loco,--decían.--¡Pobrecito! - -Su compadre le preguntó: - ---Pero, compadre, por Dios, ¿qué ha hecho? ¿Que ha perdido el juicio? -¿Que no ve que ese viejo es un miserable charlatán, que lo ha robado? - -Juan callaba y se decía:--Bien puede que así sea, pero también puede ser -que todos se equivoquen;--y se proponía seguir los consejos que había -recibido, cada vez que se le presentara la ocasión. - -Almorzaron y salieron de la ciudad, porque en ella había también escasez -de trabajo; y poco después se encontraron con que el camino que seguían -se dividía en dos, uno antiguo y otro recién construido. Preguntaron -cuál de los dos era mejor y le contestaron que el viejo era muy largo e -incómodo y por eso nadie transitaba por él, y que todo el mundo -prefería el nuevo por ser nuevo, más cómodo y más corto. - -Juan, que se acordó del primer consejo que le había vendido el anciano, -dijo a su compañero: - ---Vámonos por el camino antiguo; acuérdese, compadre, del refrán que -dice: _No dejes lo viejo por lo mozo ni lo cierto por lo dudoso_. - ---No, compadre, dijo el otro, mejor es que sigamos por el nuevo para -llegar más pronto. - ---Yo, compadre, me voy por el viejo. - ---Y yo por el nuevo, y verá cuál de los dos entra primero a la ciudad. -Lo esperaré en la plaza. - -En verdad, el camino que tomó Juan, que había sido completamente -abandonado hacía más de un año, era muy incómodo; estaba cubierto de -matas de cardo y de toda clase de malezas, de charcos y de montones de -piedras y de tierra, que dificultaban el paso; y sólo después de cuatro -horas de penoso marchar logró salir de él y llegar a otra ciudad. - -Cuando Juan entró a la plaza, se asombró grandemente de no encontrar a -su compadre, el cual, según sus cálculos, debía haber llegado más de una -hora antes que él. No sabiendo qué pensar ni qué hacer, se sentó en un -escaño a esperar los acontecimientos. De pronto, el ruido que producían -varias personas que se acercaban lo sacó de su meditación y, poniéndose -de pie se dirigió al grupo. ¡Cuál no sería el asombro del pobre Juan al -ver que traían muerto a su compadre, que había sido acribillado a -puñaladas en el camino nuevo para robarle la cartera! Juan lloró -sinceramente a su amigo y no se separó de su cadáver hasta dejarlo -sepultado. - -Juan se encontraba sin recursos, pero en fin estaba vivo; y del -cementerio salió pensando que el primer consejo bien valía los cien -pesos que le había costado; pero esto no lo salvaba de la triste -situación en que se veía. Por suerte, al día siguiente, encontró -ocupación, y aunque el trabajo era rudo y no muy bien remunerado, se -propuso no salir de la ciudad. Como era económico y llevaba una vida -tranquila y arreglada, logró reunir en los nueve años que vivió en ella -algún dinero, y pensó entonces en volver a su pueblo a reunirse con su -mujer y su hijo, de quienes en todo ese tiempo no había tenido noticias, -a fin de establecerse y trabajar por su cuenta al lado de ellos. - -Se despidió de su jefe y de sus compañeros de trabajo, que sintieron su -ida muy de veras, pues todos lo apreciaban por sus buenas prendas, y -partió contento y lleno de ilusiones en el porvenir. Pero tal vez el -ensimismamiento en que iba lo hizo equivocar el camino y tomó otro -diferente del que pensaba seguir y de repente se encontró en medio de un -espeso bosque. - -Era de noche y desesperaba ya de encontrar salida, cuando divisó una -luz. Guiándose por ella, llegó a un gran palacio, y dirigiéndose a un -hombre que estaba allí cerca, le preguntó quién era el dueño.--Nadie lo -conoce; pero se sabe que el que entra a su casa nunca más sale de ella. - -Juan dijo:--Yo entraré. Entre morir comido de las fieras si duermo a la -intemperie y correr la aventura de salvar estando adentro, prefiero lo -último--y llamó a la puerta. - -Salió a abrir un criado muy bien vestido. - ---¿Qué se le ofrece?--preguntó. - ---Deseo que se me dé alojamiento por esta noche--respondió Juan. - ---Aquí no se niega el alojamiento a nadie; pase a la sala mientras aviso -al señor conde. - -Poco después entró un caballero de aspecto simpático y le dió la -bienvenida. Conversaron un rato y al cabo de un momento el dueño de casa -lo invitó a cenar y pasaron al comedor, una hermosa sala, por cierto, -regiamente amueblada, como todo el palacio. Pero, una cosa llamó -particularmente la atención de Juan y fué que en un extremo de la bien -presentada mesa había una calavera colocada entre dos velas encendidas. -Cuando tal vió, un estremecimiento nervioso recorrió todo su cuerpo, -porque se acordó de lo que le había dicho el hombre que estaba cerca del -palacio:--«El que entra a esta casa nunca más sale de ella».--Pero -también vino inmediatamente a su memoria el segundo consejo del -anciano:--No preguntes lo que no te importe;--y continuó la -conversación, fingiendo toda indiferencia. - -Se sirvió la cena, y aunque la vista de la calavera le había quitado el -apetito, no lo quiso manifestar, y comió con la mayor tranquilidad. - -Al fin de la comida, dos sirvientes condujeron al medio del comedor a -una hermosa dama cargada de cadenas, y a una seña del conde comenzaron a -azotarla sin piedad, hasta que, una vez que le corrió la sangre por la -espalda, dejaron de martirizarla y se la llevaron. - -Juan miraba hacer y callaba. - -El conde estaba sorprendido de ver que su huésped no le dirigiese -ninguna pregunta sobre lo que veía, a pesar de que él se valía de todos -los medios posibles para que se las hiciese; pero el recuerdo del -segundo consejo sellaba los labios de Juan. - -Terminada la cena, el conde invitó a Juan a visitar las demás -habitaciones del palacio, y después de recorrerlas, nuestro hombre se -limitó a alabar el buen gusto con que estaban adornadas y la riqueza de -los muebles, por todo lo cual felicitó al propietario. Este le dijo:--No -acepto sus felicitaciones hasta que concluyamos, y aún nos queda por ver -lo mejor:--Y abriendo una puerta de bronce, se presentó a los ojos de -Juan el espectáculo más horrible. No menos de cien esqueletos apoyados -en las paredes rodeaban la enorme sala, y un sinnúmero de calaveras y de -huesos sueltos cubrían todo el piso. Juan se extremeció por segunda vez, -pero no habló ni media palabra. - ---¿Qué le parece esto? le preguntó el conde. - ---Que esta sala es posiblemente el cementerio de sus antepasados. - ---No, señor mío. Todos los esqueletos y huesos que Ud. ve son de -personas que fueron mis huéspedes, como Ud.; pero todas ellas me -preguntaron qué significaba la calavera alumbrada por dos velas que -tenía en la mesa del comedor; quién era la dama que azotaban mis criados -y por qué la maltrataban; y yo, que había jurado matar a todo el que me -dirigiera estas preguntas, en vez de contestárselas los hacía -estrangular. La dama que mis sirvientes llevaron encadenada al comedor y -azotaron tan cruelmente, es mi mujer, y recibe ese castigo por haber -faltado a la fe que me debía; y la calavera que está en la mesa, es la -de su cómplice, a quien maté con mis propias manos. Usted es un hombre -extraordinario; es Ud. el único que, en diez años que pasaron estos -acontecimientos, no me ha hecho ninguna pregunta; y como mi juramento -agregaba que dejaría de heredero de todos mis bienes al primero que no -me las hiciera, mañana entregaré a Ud. el testamento en que lo -constituyo mi heredero universal. - -Cuando Juan despertó al siguiente día, encontró el testamento ofrecido -sobre el velador. Se levantó apresuradamente para agradecer al conde su -generosa determinación, salió de su cuarto para preguntar si ya se había -levantado y vió todo el palacio enlutado y a los criados vestidos de -negro. - ---¿Qué ocurre?--les preguntó. - ---El señor ha amanecido muerto. - ---Muy afligido puso a Juan esta noticia, y lloró de corazón la muerte de -su benefactor. - -Al otro día, después de sepultar los restos del fallecido, Juan convocó -a la servidumbre y les leyó el testamento. Todos le reconocieron -inmediatamente por su patrón. - -Juan dijo al mayordomo: - ---Yo voy a partir en busca de mi mujer y de mi hijo para establecernos -aquí; pero mientras tanto querría que no se martirizara más a la esposa -del antiguo amo de este palacio; creo que ha purgado bien su falta y -que, si su marido no la perdonó, ya Dios la habrá perdonado. Atiéndasela -en mi ausencia de modo que nada le falte y que descanse en sus últimos -días. - ---Señor, la señora condesa amaneció muerta esta mañana. - -Dispuso Juan que se la sepultase dignamente, y montando en un hermoso -caballo y con la cartera repleta de buenos billetes partió a buscar a su -esposa y a su hijo. - -A pesar de las tétricas aventuras que le habían pasado, iba contento por -el camino, y pensaba:--¡Qué bien hice en comprarle los tres consejos al -anciano! Bien vale el segundo los cien pesos que di por él! - -Cuando llegó a su pueblo no le conocieron. Preguntó por su mujer y le -dijeron que se había ido con un hijo que tenía, un año después de haber -sido abandonada por su marido, pero no sabían a dónde. Entonces picó -espuelas a su caballo y después de algunos días de marcha llegó a una -gran ciudad, en la que, a fuerza de preguntar, le dieron noticias de -ella. Le dijeron donde vivía y que, aunque a nadie molestaba, también -nadie la visitaba, con excepción de un clérigo que todos los días iba a -verla. Y esto se lo dijeron con cierto retintín nada tranquilizador. - -Pero Juan se acordó a tiempo del tercer consejo, y aquietado, fué a la -casa y llamó. La sirvienta le dijo que la señora no recibía a nadie, -pero él insistió en verla diciéndole que era muy amigo de su marido y -que le traía muy buenas noticias de él. Con este recado, la señora lo -recibió inmediatamente. El, sin darse a conocer, estuvo conversando con -Rosa un buen rato y le inventó una historia cualquiera de su marido. -Contándosela estaba, cuando entró un joven clérigo. Rosa se lo presentó -diciéndole que era su hijo, a quien había logrado educar a costa de -grandes sacrificios, que por suerte estaban plenamente compensados, pues -el joven era muy bueno con ella y era su único sostén. Y mientras decía -esto lo acariciaba cariñosamente. - -Juan entonces se dió a conocer y es de imaginarse cuán grande sería la -alegría de los tres. - -Pasadas las primeras espanciones, Juan refirió su verdadera historia, y -después de descansar tres días partieron los tres a intaslarse en el -palacio que el conde había dejado a Juan. - -Nuestro héroe pensaba por el camino: - ---¡Qué bien hice en seguir el tercer consejo del anciano! Si no es que -lo recuerdo a tiempo, mato a mi mujer, y yo y mi hijo habríamos sido -desgraciados para siempre! ¡Feliz consejo! Qué bien dados fueron los -cien pesos que pagué por ti! - -Juan y Rosa y su hijo vivieron muchos años en el palacio, siendo -bendecidos de todos, pues la enorme fortuna que poseían les permitía -practicar grandes obras de caridad. - - - - -13. EL LORO ADIVINO. - -(Referido por José Luis Pino, de 20 años, de Rancagua, en 1912) - - -Para saber y contar, aprender y escuchar. Esta era una perrita muerta -que me quería morder, y yo, como estaba vivo, me supe defender. Este era -un hombre que tenía dos hijos, uno era más grande y el otro era más -chico, uno se llamaba Pancho y el otro Francisco, uno comía pan y el -otro ballico. Fin del principio y principio del fin. - -Han de saber que en una ciudad, capital de un reino, vivía una viuda -pobre, pero hacendosa, que tenía tres hijas muy bellas, que se llamaban -Flor Rosa, Flor Hortensia y Flor María; las había criado muy bien, y -eran honestas, modestas y trabajadoras. Los vecinos apreciaban mucho a -esta familia y se deshacían en alabanzas cuando hablaban de ella; que es -cuanto puede decirse en su favor. - -Sucedió que una noche en que las tres niñas cosían empeñosamente, porque -al otro día temprano tenían que entregar un traje de novia, conversaban -haciéndose bromas para acortar las horas. Las alegres carcajadas que -provocaban sus dichos atrajeron la atención del Rey, que casualmente -pasaba en ese momento frente a la puerta de la casa de la viuda, y se -detuvo a escuchar lo que decían. Hablaban de casamiento. - ---A ver, Flor-Rosa,--decía una de ellas,--si pudieras escoger ¿con quién -te casarías? - ---¡Vaya una pregunta! pues con el pastelero del Rey, para comer todos -los días sabrosos pasteles. ¿Y tú, Flor-Hortensia? - ---¿Yo? Yo me contentaría con el cocinero del Rey, y entonces comería los -mejores guisados que se hacen en el país. ¿Y tú, Flor-María? - ---Si en mí estuviese, yo me casaría con el Rey y le daría dos hijos y -una hija, que serían los más bellos de la tierra y tendrían el Sol, el -Lucero y la Luna en la frente. - -El Rey se retiró y al otro día se presentó en la casa de la viuda -acompañado de sus Ministros, de su pastelero y de su cocinero. - ---Vengo--dijo--a cumplir los deseos de vuestras hijas. ¿Cuál es -Flor-Rosa? - -Flor-Rosa se adelantó. - ---Te casarás con mi pastelero y tendrás veinte mil pesos de dote. ¿Cuál -de las dos que queda es Flor-Hortensia? - -Flor-Hortensia se presentó ante el Rey. - ---Te casarás con mi cocinero y también tendrás veinte mil pesos de dote. -Y tú, Flor-María, te casarás conmigo; pero tendrás que darme dos hijos -y una hija que tengan el Sol, el Lucero y la Luna en su frente, como lo -has prometido. - -Se celebraron las bodas, y todo en apariencia marchó bien durante los -primeros meses; pero la envidia se había apoderado del corazón de las -dos hermanas mayores, que a toda costa querían la pérdida de la Reina. - -Poco antes de enterarse los nueve meses de matrimonio, un Rey vecino -declaró la guerra al marido de Flor-María, que tuvo que salir -apresuradamente con su ejército a defenderse del enemigo; pero antes de -partir recomendó a sus cuñadas que cuidaran de su mujer. - -Días después la Reina tuvo dos hijos y una hija: los tres, que eran -hermosísimos lucían en su frente, un Sol el que primero había nacido; el -segundo un Lucero, y la niña la Luna llena. - -Flor-Rosa y Flor-Hortensia, que asistían a su hermana, encontraron que -no podía ser más propicia esta ocasión para saciar su envidia; y -cambiaron los niños que acababan de nacer por tres perrillos que en la -mañana había tenido una perra de Flor-Rosa. Cuando Flor-María pidió sus -hijos para verlos, le pasaron los tres animalitos. - -Las hermanas de la Reina mandaron un propio al campamento a dar al Rey -la triste nueva, que ambas envidiosas habían cuidado de hacer pública y -que ya todos conocían en el país. El Rey mandó decir que emparedaran a -la Reina y no dejaran sino un pequeño ventanillo en la muralla, del -tamaño indispensable para poderle pasar todos los días un pan y un vaso -de agua, único alimento que tendría hasta que Dios se sirviese llevarla. - -Mientras tanto Flor-Rosa había colocado a las tres criaturas en una -artesa que depositó en un arroyo que corría a los pies del palacio. - -Un hortelano que vivía más abajo del palacio sacaba agua del arroyo -justamente en el momento que la artesa pasaba por ahí y metiéndose en el -agua, la sacó. - -La mujer del hortelano, una robusta campesina que también había tenido -una guagua en la noche anterior y se le había muerto recién nacida, en -cuanto vió a los tres pequeñuelos que le presentaba su marido, tan -bellos tan risueños, dijo que los criaría y cuidaría como si fueran sus -propios hijos. - -Los niños recibieron los nombres de los astros que cada uno llevaba en -su frente; de modo que el que había nacido primero se llamó Sol; el -segundo Lucero; y la niña, Luna. - -Los tres crecieron creyendo que eran hijos del honrado hortelano y de su -mujer y amándolos y respetándolos como si hubiesen sido sus padres -verdaderos. - -Trascurrieron algunos años y murió la excelente mujer que los había -críado. - -Los niños, a medida que crecían en edad, crecían en hermosura; pero -desde pequeñitos los habían acostumbrado a llevar un pañuelo que les -cubría la frente y la cabeza, así es que nadie sabía que cada uno de -ellos tenía un astro en la frente. - -A los doce años, el hortelano se enfermó gravemente; llamó a los niños y -les contó su historia. Poco después murió y los dejó de herederos. - -Terminado el luto que guardaron por él, dijo Sol a sus hermanos: - ---Voy a salir a buscar a nuestros padres; y mientras tanto Uds. se -sostendrán con el producto de la huerta. - -Lucero y Luna no querían que se fuese, pero él les dijo que era -necesario, y partió apercibido de dinero y provisiones para un mes. - -Anduvo Sol varios días sin tropezar con nadie, hasta que, por fin, al -terminar la semana, se encontró con una viejecita muy simpática, que le -pidió una limosna. El niño le dió un pedacito de pan y otro de queso. La -viejecita le dió las gracias y le preguntó: - ---¿A dónde va, hijito? - ---A buscar a mis padres, a quienes no conozco ni sé dónde se -encuentran,--le contestó Sol--y le contó su historia. - -La viejecita le dijo: - ---Para encontrarlos, necesita apoderarte del Arbol que canta, del Agua -de la vida y del Loro adivino; y yo lo ayudaré a dar con ellos. - -Y entregándole tres gruesos ovillos de hilo, le agregó: - ---Ande todo el largo del hilo que contienen estos ovillos y llegará al -palacio de un Rey ciego; él le dirá lo que tiene que hacer para -encontrar lo que busca. - -Ató el niño la punta de la hebra de uno de los ovillos al tronco de un -árbol, y despidiéndose de la viejecita se fué, desenrollando el ovillo; -concluido éste, hizo lo mismo con el segundo, y después con el tercero, -y por fin llegó donde el Rey ciego. - -El Rey le preguntó: - ---¿Qué desea, joven? - ---Vengo de parte de una viejecita que me entregó tres ovillos de hilo y -me dijo que su Sacra y Real Majestad me diría cómo debía hacer para -apoderarme del Arbol que canta, del Agua de la vida y del Loro adivino, -por medio de los cuales podría encontrar a mis padres. - ---Para alcanzar todas estas cosas, monta en el caballo que luego van a -traerte y lo dejas ir; él, por si solo, te llevará hasta el Arbol que -canta, del cual tomarás nada más que el cogollo, que basta, pues, -plantado, en tres días será tan corpulento como el Arbol mismo y cantará -como él. El Arbol te dirá lo que debes hacer en seguida. Cuidado con -incomodar al caballo en lo más mínimo, porque, en cuanto se sienta -molestado se deshará de tí y no conseguirás nada. - -Si logras salir bien en tu empresa, pasas a verme a la vuelta. - -Sol prometió obedecer en todo, se despidió del Rey ciego y montó en el -caballo que le acababan de traer, que, en cuanto sintió el peso de su -jinete, partió a toda velocidad. - -Después de siete días de marcha, llegaron caballo y caballero a una -plazoleta cubierta de menudo césped y rodeada de hermosos árboles a cuya -entrada había dos enormes montones de piedras. El caballo, que hasta -entonces se había limitado a correr en línea recta, se puso a hacer -cabriolas alrededor de la plazoleta; y Sol, entusiasmado de los -movimientos elegantes del animal, le clavó las espuelas, en un momento -en que se detuvo, para que continuara; pero el bruto, dando un salto, lo -sacó de la silla y lo disparó lejos, convirtiéndose el niño en piedra al -tocar el suelo. - -Trascurrieron treinta días desde la partida de Sol, y Lucero y Luna -perdieron la esperanza de que volviera. Entonces acordaron que Lucero -saliese a buscarlo. - -Tomó Lucero un poco de dinero y provisiones para un mes y con un abrazo -se despidió de su hermana, prometiendo volver antes de los treinta días. - -A los siete de marcha, le salió al encuentro la misma viejecita que -había hablado con Sol. - ---¡Una limosnita, mi caballerito! - -Lucero le dió un pan y un buen pedazo de queso. - ---¡Gracias, hijito! ¿Y se puede saber a dónde va? - ---¡Cómo no! Voy en busca de mis padres, a quienes no conozco, ni sé -siquiera dónde se encuentran, y de mi hermano mayor, que hace más de un -mes salió de la casa, en la misma diligencia que yo y aún no ha vuelto. - -Lucero contó su historia a la viejecita, que la escuchó atentamente como -si no la conociera, y una vez que terminó, le dió las mismas -instrucciones que a su hermano y le entregó los tres ovillos. - -Llegó Lucero al palacio del Rey ciego, quien, con las correspondientes -recomendaciones, le hizo entregar el caballo. - -Cuando estuvieron en la plazoleta, el caballo se puso a bailar -alrededor del árbol, pero Lucero permaneció tranquilo hasta que el bruto -se detuvo. Se bajó entonces, y con algún trabajo pudo subir por el -tronco hasta el cogollo, que cortó. - -En cuanto Lucero estuvo en tierra, el Arbol comenzó a cantar -melodiosamente, y cantando dijo al niño: - ---Sigue el camino que está al frente de tí, y donde termina encontrarás -un pozo; toma una jarro que hallarás a su lado, y sentándote en el -brocal, espera que las aguas suban hasta llegar al borde; entonces -solamente llenarás el jarro. En seguida viertes un poco del agua que -saques sobre las piedras que encuentres alrededor del pozo y a la -entrada de esta plazoleta, sin temor de que el agua se acabe, porque es -inagotable, y verás que las piedras se convierten inmediatamente en -hombres, pues lo son, y entre ellos está tu hermano, que se han -convertido en guijarros por no seguir fielmente las instrucciones que -recibieron del Rey ciego, ni las que yo les dí. - -Llegó Lucero al pozo, tomó el jarro y se sentó en el brocal, esperando -que las aguas, que subían con una lentitud desesperante, alcanzaran -hasta arriba; pero transcurrían las horas, una tras otra, se acercaba la -noche, y aún faltaba medio metro para que las aguas tocaran el borde del -brocal. El niño era nervioso y no aguantó más; se inclinó hacia el -interior, introdujo el jarro en el agua, pero apenas tocó el líquido, -una fuerza violenta lo arrojó hacia atrás y al caer en el suelo quedó, -como su hermano, convertido en piedra. - -Luna esperó pacientemente la vuelta de Lucero; pero trascurrió el mes y -no apareció. Tomó entonces dinero y provisiones para un largo viaje y se -puso en marcha, dispuesta a no regresar sin sus hermanos. - -A los siete días de camino se encontró con la viejecita. - ---¡Una limosnita, mi señorita, para esta pobre vieja! - ---¡Cómo no, mamita! ¡Con mucho gusto! Y dígame antes ¿vive usted sola? - ---No, mi hijita, me acompañan siete nietecitos, que no tienen padre ni -madre y cuyo único sostén es esta pobre vieja desvalida. - -La niña, que era muy bondadosa y compasiva entregó a la anciana la mitad -de las provisiones y del dinero que llevaba. La viejecita se deshizo en -agradecimientos, y le preguntó: - ---¿A dónde va, mi hijita? - ---En busca de mis padres a quienes no conozco ni sé dónde se encuentran, -y de dos hermanos que salieron con el mismo objeto y que no han vuelto, -a pesar de haber transcurrido de más el plazo que fijaron para su -regreso. Y le contó su historia. - ---Yo, hijita, la ayudaré a encontrarlos, y créame que los encontrará. El -bien que se hace, tiene que ser premiado. Tome estos tres ovillos de -hilo y ande todo el largo de ellos; al concluirlos, llegará al palacio -de un Rey ciego, quien le indicará lo que debe hacer en seguida. - -Anduvo la hermosa niña hasta concluir los tres ovillos de hilo, en lo -cual demoró siete días completos. Entró al palacio del Rey ciego, que la -recibió afablemente y le dió las mismas instrucciones que a sus -hermanos. Cuando le trajeron el caballo, lo acarició pasándole la mano -por la cabeza y por el cuello, y le decía: - ---¡Qué pelo tan suave! Si parece que fuera de seda. ¡Qué caballo tiene -vuestra Majestad, señor Rey! Yo nunca he visto otro de tan buen porte y -tan proporcionado como éste! - -El caballo, como si comprendiera las alabanzas de la niña, relinchaba -alegremente. - -Montó Luna en él, y despidiéndose del Rey, partió a toda carrera. - -Más o menos a medio día llegaron a un hermoso prado atravesado por un -arroyuelo de limpidísimas aguas. La niña invitó al caballo a que se -detuviera para bajarse, y el animal se paró. Descendió la niña, le quitó -el freno y le dijo, acariciándolo: - ---Come, caballito lindo, y bebe y descansa que bastante falta te hace, -pues has corrido tanto y debes sentirte fatigado. - -Después de solazarse el caballo un par de horas, él mismo se acercó a -Luna, que volvió a montar y continuó su marcha. - -Todos los días, hasta completar el séptimo, que llegaron a la plazoleta, -Luna dió dos horas de descanso a su cabalgadura, escogiendo siempre los -sitios mejor empastados y con buena agua, para que el noble bruto -pudiera reponerse. - -El caballo dejó su preciosa carga cerca del Arbol, el cual -inmediatamente se puso a cantar las más armoniosas melodías, e inclinó -su copa hacia la niña, como si la convidara a cortar el cogollo; lo -cual, ejecutado por Luna, el Arbol la invitó a que fuera a traer el agua -de la vida. - -Cuando la niña llegó al pozo, el agua alcanzaba al borde del brocal, así -es que inmediatamente llenó el jarro sin dificultad. En el mismo momento -en que Luna introducía el jarro en el agua, un hermosísimo loro de -brillantes y variadas plumas se posó en su hombro derecho y la saludó: - ---Buenos días, bella Luna. - ---Buenos los tengas tú, preciosa ave. ¿Eres tal vez el Loro adivino, que -me ayudará a encontrar a mis padres? - ---Sí, yo soy. Apresúrate a verter agua de la vida sobre las piedras para -que volvamos pronto al palacio del Rey ciego e irnos, en seguida, a tu -casa. - -Comenzó la niña a echar agua sobre las piedras que rodeaban el brocal -del pozo, y al mojar la primera se levantó Lucero, que abrazó -cariñosamente a su hermano. Apenas el agua tocaba una piedra, se alzaba -un hombre: un conde, un marqués, un príncipe. Continuó con las que -estaban a la entrada de la plazoleta, y al caer el agua sobre la primera -de éstas, apareció Sol. Los tres hermanos se estrecharon entre sus -brazos, y Sol y Lucero agobiaban a Luna a preguntas, que ella contestaba -risueña, sin dejar de echar agua sobre las piedras. Terminada esta -tarea, montó a caballo y salió de la plazoleta seguida de una multitud -de apuestos jóvenes, que lanzaban hurras y vivas a su libertadora: jamás -rey ni reina llevó tan numeroso y escogido séquito ni fueron tan -aclamados como lo fué Luna en esta ocasión. - -A poca distancia de la plazoleta la avenida se dividía en tres caminos, -y allí se despidieron todos de los tres hermanos, tomando cada cual el -que le convenía. Sol, Lucero y Luna siguieron por el que conducía al -palacio del Rey ciego, al que llegaron en breve tiempo, porque parece -que las distancias se habían acortado. - -Se desmontó la niña del caballo y el Loro le dijo al oído: - ---Humedece con el agua de la vida los ojos del Rey y en seguida arroja -un poco de la misma agua a la cabeza del caballo. - -La niña obedeció, y el Rey recobró la vista y el caballo se convirtió -instantáneamente en el más hermoso y gallardo príncipe que haya pisado -la tierra. El Rey y el Príncipe se abrazaron tiernamente. - ---¡Por fin han terminado nuestras penas--dijo el Rey--gracias a esta -heroica niña! - -Y refirió a los tres hermanos que hacía veintiún años que una bruja, su -enemiga, lo había dejado ciego a él y había encantado a su hijo, -situaciones que debían durar hasta que alguien se apoderara del Arbol -que canta, del Agua de la vida y del Loro adivino. - -El Príncipe, que se había enamorado de Luna, pidió a su padre que lo -dejara casarse con ella, si ella lo aceptaba por esposo. Luna manifestó -su alegría ante tal petición; pero el Rey les observó que, aun cuando él -aceptaba plenamente esta unión, era menester esperar que los niños -encontraran a sus padres para pedirla en matrimonio. Se convino en que -se haría así, y al otro día partieron nuestros pequeños héroes. - -Cuando nuestros viajantes llegaron a su casa, Luna plantó la rama del -Arbol que canta en medio del jardín, y en tres días había crecido tanto -y estaba tan corpulento como el árbol de que provenía. El Loro adivino -vivía en sus ramas y solía acompañar en sus cantos al Arbol, que era la -delicia de todo el vecindario. - -La fama de este Arbol maravilloso se extendió por todo el país y bien -pronto llegó a oídos del Rey, que quiso conocerlo; y al efecto, -acompañado de la Corte, de sus cuñadas y de muchas damas, se trasladó a -la casa de los niños. - -Lo primero que llamó la atención de todos fué la hermosura incomparable -de los tres hermanos y la simpatía que despertaban. - -Parecía que el Arbol hubiese reservado sus mejores cantos para esta -visita: las melodías que entonó eran tan dulces, tan suaves, tan -armoniosas, que el Rey y su comitiva se quedaron extasiados escuchándolo -y las horas pasaron sin sentirlas. - -De pronto el Arbol calló y poco a poco el auditorio volvió en sí. El Rey -fué el primero en hablar: - ---¡Qué cosa tan extraordinaria--dijo--que un árbol cante! - -El Loro habló entonces, con voz entera y clara, que todos oyeron -perfectamente: - ---Es verdad, su Majestad, que es muy extraordinario; pero no tanto como -el que una mujer dé a luz tres perros, en vez de tres criaturas, cosa -que tan fácilmente hicieron creer a vuestra Majestad sus cuñadas. - ---¿Cómo? ¿Qué dice ese Loro? - ---Yo contaré a vuestra Majestad cómo pasaron las cosas. Pero ante todo, -haga vuestra Majestad que amarren bien a sus cuñadas a un árbol, porque -al ver que se van a poner en descubierto sus picardías, tratarán de -escabullirse y huir. Y ordene también que inmediatamente saquen a la -Reina de su entierro, porque si no sale luego de ahí, morirá; y que la -traigan aquí, pues su presencia es necesaria. - -El Rey dispuso que, con fuertes correas, ataran a un árbol a las -hermanas de su mujer, y que, sin demora, libraran a la Reina del -emparedamiento en que estaba y la trajeran. - -Momentos después llegó la Reina en silla de manos. Los doce años de -encierro y la falta de alimentos la habían convertido en un esqueleto -viviente; no podía andar, ni tenía fuerzas para hablar. Pero Luna, -apenas la vió, como impulsada por un resorte, corrió a su habitación y -volviendo con el jarro del agua de la vida le dió a beber un trago. Al -punto la Reina se levantó de la silla en que estaba sin ánimos y como -muerta, revestida de su antigua juventud, belleza y esplendor; y al -verla, los personajes de la Corte, sin poder contenerse, prorrumpieron -en gritos de júbilo, aclamando a su soberana. - -El Loro pidió que le escucharan, y al instante se hizo el silencio mas -profundo. Entonces refirió como las hermanas de la Reina corroídas por -la envidia, aprovecharon la ausencia del Rey para substituir por tres -perrillos despreciables los hermosos hijos que Flor-María había tenido y -que, como lo había prometido, nacieron el uno con el Sol en la frente, -el otro con el Lucero y la niña con la Luna llena; cómo Flor-Rosa los -había echado al arroyo en una artesa y habían sido salvados por el -hortelano; cómo se habían criado y crecido ignorando su origen; y por -fin, cómo Luna había logrado conquistar al Arbol que canta, al Agua de -la vida y al Loro adivino, que era él. - -El Rey preguntó: - ---¿Y cómo podré encontrar a mis hijos? - ---Ahí están, al lado de la Reina; que les quiten las fajas que cubren su -frente y vuestra Majestad los reconocerá. - -La Reina se apresuró a descubrir la frente de sus hijos; y si bellos los -había encontrado el Rey y los personajes de sus séquitos cuando entraron -a la huerta, más hermosos aparecieron a su vista despojados del paño que -les ocultaba la frente y la cabeza. La Reina no se cansaba de -acariciarlos, y ellos le pagaban su cariño cubriéndola de besos y -llamándola «mamacita querida». - -El Rey pidió perdón a su esposa por los sufrimientos que tan -injustamente le había infligido y la Reina se lo acordó cumplidamente. - -Cuando se disponía a regresar a palacio, sintieron gran ruido, como si -se acercara numerosa tropa de caballería, y luego se oyeron sones de -trompetas y clarines. - -Eran el Rey que había recuperado la vista gracias a Luna, y el Príncipe -su hijo, que venían a pedir la mano de la princesa, y que, previo -consentimiento de la interesada, que lo dió de muy buen grado, le fué -concedida. - -Las cuñadas del Rey, Flor-Rosa y Flor-Hortensia, fueron atadas de manos -y pies a cuatro caballos, los que, partiendo cada uno en opuesta -dirección, las descuartizaron. - -El matrimonio del Príncipe con Luna se celebró siete días después. Las -fiestas de palacio y las organizadas para solaz del pueblo fueron tan -espléndidas que todavía se alude a ellas en el reino cuando se quiere -ponderar la magnificencia de alguna solemnidad. - -Los personajes de este cuento vivieron muchos años y todos fueron muy -felices y venturosos. - -Y con esto se acaba el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la -guatita al aire y el potito al viento. - - - - -14. EL MEDIO POLLO[D]. - -(Contado en 1906 por Polonia González, de 50 años, más o menos, natural -de la provincia de Colchagua) - - -Para saber y contar y contar para saber. Est’era y esterita para secar -peritas; est’era y esterones para secar orejones. - -Est’era una Gallineta muy buena ponedora y muy buena sacadora; y una vez -que puso veinte huevos, se echó y sacó diez y nueve pollitos no más y se -levantó muy atingida porque había perdido un huevito. - -Bueno, pues. Principió la Gallinita a darle vueltas al huevito y conoció -que estaba medio huero, y entonces pensó: - ---Si me echo otra vez, saldrá cuando menos un medio pollito.--Y así fué -que salió un medio pollito del cascaroncito. - -Bueno, pues. La Gallinita era muy querendonaza con sus hijitos; pero -quería más que a ninguno al Medio-pollito, porque le tenía un cariño con -lástima, porque cada vez que lo veía le daba pena del verlo que no podía -volar, porque no tenía mas que una alita pues, y andaba a saltitos -porque no tenía mas que una patita. - -Entonces el Medio-pollo fué creciendo y la Gallinita poniéndose -viejancona, y no podía trabajar. Entonces el Medio-pollito le dijo a su -mamita: - ---Viejecita, écheme la bendición porque me voy a rodar tierras y no -volveré hasta que tenga qué darle para que descanse. - -Bueno, pues. Entonces la Gallinita le echó la bendición al Medio-pollo y -se quedó llorando y el Medio-pollo salió a rodar tierras y se fué a -saltitos, porque no tenía más que una patita sola no más. - -Entonces el Medio-pollo anduvo muchos días sin encontrar trabajo; y un -día que estaba escarbando con el pico en un montón de hojas, se encontró -una naranjita de oro y casi se cagó del gusto y la escondió debajo de la -alita y pensó:--Si se la llevo al Rey me dará gransitas para llevarle a -mi mamita. - -Bueno pues. Se fué donde el Rey y en el camino se encontró con un -Arriero que traía una recua muy grande de mulas y que venía de vuelta. - -Entonces el Medio-pollo le preguntó al Arriero: - ---¿De dónde viene, mi Arrierito? - ---Me he vuelto--es que le dijo el Arriero--porque el río trae mucha agua -y no me animo a pasarlo porque se pueden ahogar las mulitas. - ---Donde usted me ve--es que le dijo el Medio-pollo--yo lo voy a pasar no -más, porque tengo que ir donde el Rey. - -Entonces le dijo el Arriero: - ---¿Por qué no me lleváis con mis mulitas, Medio-pollo? - -Bueno--es que le dijo el Medio-pollo-- - - Métete en mi potito - y tráncate con un palito. - -Y entonces se metieron en el buche del Medio-pollo el Arriero y todas -sus mulitas. - -Bueno. Entonces el Medio-pollo llegó al río, que venía muy anchazo de -tanta agua que traía y se paró a la orilla y se puso a pensar:--Yo no -puedo volar porque no tengo mas que una alita. ¿Qué hago yo? me voy a -tomar toda la agüita para dejarlo seco y poder pasar. - -Y entonces el Medio-pollo se tomó toda el agua del río y pasó para el -otro lado, y siguió marchando un día entero hasta que topó con un Tigre -que estaba descansando en una piedra. Entonces el Medio-pollo es que le -dijo: - ---¿Qué hace ahí, compadrito Tigre? - ---Tengo que ir donde el Rey--es que le dijo el Tigre--y estoy muy -cansado. ¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito? - ---Bueno--es que le dijo el Medio-pollo-- - - Métete en mi potito - y tráncate con un palito. - -Y entonces es que el Tigre se metió en el buche del Medio-pollo. - -Bueno, pues. Entonces el Medio-pollo la endilgó por el camino otro día -más, hasta que se encontró con un León que estaba echado en un ladito. -Entonces el Medio-pollo es que le dijo: - ---¿Qué hace ahí, compadrito León? - ---¡Qué he de hacer Medio-pollito!--es que le dijo el León.--Estoy medio -despiado de tanto andar y tengo que ir a la casa del Rey y no puedo más. -¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito? - ---Bueno--es que le dijo el Medio-pollo-- - - Métete en mi potito - y tráncate con un palito. - -Y al tirito se metió el León en el buche del Medio-pollo. - -Todavía tuvo que andar un día más el Medio-pollo, hasta que tropezó con -una Zorra que se estaba haciendo la dormida debajo de unos árboles. -Entonces el Medio-pollo es que le dijo: - ---¿Qué está haciendo ahí, mi comadrita Zorra? - -Y es que la Zorra le dijo: - ---Aquí estoy, compadrito, medio muerta de hambre. Hace una pila de días -que no como ni un racimito de uvas siquiera. - -Entonces es que le dijo el Medio-pollo: - ---Yo la llevaré, comadrita, donde el Rey; pueda ser que le tenga lástima -y le dé alguna cosita que comer. - - Métase en mi potito - y tránquese con un palito. - -Bueno, pues. Se metió la Zorra en el buche del Medio-pollo y siguió -andando hasta que topó con el palacio del Rey. Y entonces el -Medio-pollo, cuando lo llevaron donde el Rey, es que le dijo: - ---Mi Rey, mi soberano, aquí he venido desde muy lejazo para traerle a su -Sacarrial Majestad esta naranjita de oro, que es regalo que yo le -traigo. - -Bueno. Entonces el Rey agarró la naranjita y les dijo a sus pajes que -llevaran al Medio-pollo al gallinero para que estuviera con todos sus -compañeros, y les dijo que le echaran harta gransita, y harto triguito y -maicito bastantazo, para que se llenara. - -Y entonces cuando dejaron al Medio-pollo en el gallinero, todos los -gallos, las gallinas y los pavos se le fueron encima a picotearlo y casi -se lo comieron vivo. Y entonces el Medio-pollo, cuando se vió acorralado -y que me lo querían avasallar, se fué a un rinconcito, pujó un -poquichicho y entonces salió la Zorra y se comió todos los gallos y -toditas las gallinas y toditos los pavos, y no dejó ni unito, y se -arrancó para la Cordillera; y entonces es que el Medio-pollo se comió -todas las gransitas. - -Bueno, pues. Entonces al otro día fueron los pajes, con las claras, al -gallinero para ver como había amanecido el Medio-pollo, y se quedaron -todos patifríos cuando vieron que el Medio-pollo se había comido todas -las aves, porque no sabían que se las había comido la Zorra; y entonces -se fueron todos apurados donde el Rey y es que le dijeron: - ---Señor, el Medio-pollo se ha comido todas las aves y no ha dejado una -ni para un remedio. - -Entonces es que dijo el Rey: - ---Bueno. ¿Qué hacemos entonces con el Medio-pollo? Yo no lo puedo matar -porque me ha traído este regalo. - -Y es que un paje le dijo: - ---Si a su Sacarrial Majestad le parece, lo echaremos al potrero donde -están los caballos y los coches de su Majestad y pueda ser que los -caballos lo maten a patadas. - ---Bueno,--es que les dijo el Rey--; pero yo les prohibo que ustedes lo -maten. - -Y lo echaron al potrero. - -Y entonces, cuando el pobrecito Medio-pollo se vió entre las patas de -tantísima bestia, le dió miedo como un diablo, y arrimándose a un -rinconcito, pujó un poquichicho y echó al León para afuera; y entonces -el León se comió a todititos los caballos y no dejó ni unito ni para un -remedio; y se arrancó para la Cordillera. - -Bueno, pues. Al otro día bien de albita, fueron los pajes a ver si los -caballos habían matado al Medio-pollo, y casi se fueron de espaldas -cuando vieron al Medio-pollo arriba de un árbol cantando a todo lo que -le daba el pico, como haciéndoles burla porque se había comido todos los -caballos. Así lo creían ellos, porque ellos no sabían que se los había -comido el León. Y entonces se fueron corriendo donde el Rey y se lo -contaron todo. - -Bueno. El Rey se quedó todo admirado y es que les dijo: - ---Yo no puedo matar a ese Medio-pollo que me ha traído esta naranja de -oro de regalo. Ustedes sabrán lo que con él hacen, pero les prohibo que -lo maten. - -Bueno. Entonces el paje principal es que le dijo: - ---Si su Sacarrial Majestad quiere, lo echamos a este Medio-pollo al -potrero donde están las vacas y ahí lo matan con seguridad. - -El Rey no dijo nada; y entonces lo echaron al potrero de las vacas. - -Bueno, pues. El pobre Medio-pollito se vió todo afligido entremedio de -las patas de tantísima vaca, y no hallaba qué hacerse, porque con el -susto se le había olvidado que todavía tenía adentro del buche al Tigre; -y entonces de puro miedo se le escapó un pedito, y donde se le abrió el -potito salió el Tigre hecho una fiera y se comió todititas las vacas; y -arrancó después para la Cordillera. - -Al otro día bien tempranito, con las diucas, se fueron los pajes para -el potrero de las vacas, y cuando vieron que no quedaba ni una ni para -un remedio, casi se cayeron muertos, y en nada estuvo que no se quedaron -muertos de la rabia cuando vieron al Medio-pollo encaramado en una rama -y que se reía de ellos y cantaba ¡cucurucú! ¡cucurucú! - -Bueno, pues. Se fueron entonces todos furiosos donde el Rey, y es que le -dijeron: - ---Señor, hay que matar a este Medio-pollo, porque tiene al diablo metido -adentro del cuerpo; se ha comido en la noche todas las vacas, y si lo -dejamos con vida nos va a comer a todos nosotros. - -Entonces el Rey es que les dijo: - ---¿Cómo voy a matar a este Medio-pollo que me ha traído un regalo tan -bueno? Ya he prohibido que lo maten. - ---Bueno, pues, señor,--dijo el paje principal--no lo mataremos; pero si -su Sacarrial Majestad no se enoja, lo echaremos al horno del pan para -que se ase al rescoldo, porque, en la de no, nos va a comer a todos. - -Entonces esos brutos echaron al Medio-pollito al horno, cuando estaba -bien caldeado, y el pobrecito casi se cagó del susto. Se arrimó como -pudo a la boca del horno y se puso a pensar:--¿Qué hago yo? Si me largo -un pedito, con el vientecito que eche van a crecer las llamitas y me -quemo más lueguito. - -Ya se le estaban chamuscando las plumitas al pobrecito. - -Bueno, pues. El Medio-pollito no se acordaba que tenía metido el Río en -el buche; pero con el calor de las llamitas principiaron a alborotarse -las aguas y a sonarle las tripitas, y entonces, medio muerto de gusto, -se acordó del Río y pujó con todas sus fuerzas, y entonces es que salió -toda el agua de un de repente y apagó el fuego. Y como era la hora en -que venían los pajes, se ahogaron toditos y no quedó ni unito. - -Entonces fué el Medio-pollo donde el Rey y es que le dijo: - ---Ya están muertos todos esos condenados que me querían matar. - -Entonces el Rey, muy contento de ver vivo al Medio-pollito, es que le -dijo: - ---Yo les había prohibido a mis pajes que te mataran. Y ¿qué vais a hacer -ahora Medio-pollito? - ---Si su Sacarrial Majestad me da permiso, yo me voy para mi tierra--es -que le dijo el Medio-pollo--porque quiero ver a mi mamita, que estará -con cuidado. - -El Rey mandó entonces al mayordomo que le diera al Medio-pollo todo el -trigo que había en la troje, que era una barbaridad; y entonces el -Medio-pollo volvió a pujar y salió el Arriero con todas sus mulitas y -cargaron todo el triguito. - -Bueno. Entonces cuando llegaron a su tierra, el Arriero y el -Medio-pollito se repartieron el trigo como hermanos, hicieron dos pilas -igualitas y cada uno agarró la suya. - -Entonces la Gallinita se puso muy contenta de volver a ver a su -Medio-pollito, y ya nunquita más tuvo que trabajar. - -Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento. - - - - -15. EL BARCO DE LOS TRES HACHAZOS. - -(Me lo refirió el Capitán D. Alberto Muñoz Figueroa, de Santiago, en -1922). - - - -Para saber y contar etc. - -Han de saber que un Rey tenía en medio del huerto de su palacio un árbol -muy corpulento que nunca fué regado sino con aguas de su hija, y esta -circunstancia, por disposición de una bruja que había criado a la -Princesa, había comunicado al árbol la virtud de que no pudiera ser -tocado por ninguna herramienta, so pena de morir el que la manejara, -salvo que la operación se hiciera en día que no hubiera sido regado -directamente por quien tenía la obligación de hacerlo. - -Pues bien, el Rey, que conocía esta virtud, hizo publicar por todas -partes que no daría la mano de su hija sino a quien fuese capaz de hacer -un barco con solos tres hachazos que diera al tronco de aquel árbol. - -Muchos pretendientes se presentaron a tentar la prueba, pero todos, al -descargar el primer golpe, caían muertos como si hubieran sido heridos -por un rayo. - -Entre los súbditos del Rey había un joven pobre, excelente hijo, que un -día amaneció con la idea de ir a conquistar la mano de la Princesa, y -provisto de la bendición de su madre, de una hacha, de un hierro para -marcar y de una tortilla que su madre le dió, emprendió el camino, sin -darse cuenta de la dificultad de la empresa que iba a acometer. - -A poco andar, le salió al paso un viejecito que con voz compungida le -pidió una limosna. El joven, compadecido, le entregó la tortilla que -llevaba, y el viejecito, en pago de su buena obra, le dió un pito -diciéndole que podría servirle cada vez que se encontrara en apuros. -Antes de retirarse, le aconsejó que tomara a su servicio a las cuatro -primeras personas que encontrara en su camino; y despidiéndose de él, le -indicó por donde debía seguir. - -Nuevamente púsose en marcha el joven y después de tres días de camino se -encontró con un hombre que estaba tendido de bruces en el suelo, -bebiéndose el agua de un río. - ---¿Qué estás haciendo?--preguntó Antonio, que así se llamaba el joven. - ---¿Qué quiere que haga?--contestó el interpelado--tomándome el agua de -este río, hasta dejarlo seco, porque hoy he amanecido con una sed muy -grande. - ---¿Y serás capaz de bebértela toda? - ---¡Ya lo creo, pues; si para mí el agua que arrastra un río es como un -vaso de agua para otros! Y si en vez de agua arrastrara vino, mejor que -mejor; más luego lo secaría! - ---¿Por qué no te vienes conmigo? Tú puedes servirme y cuando termine la -empresa en que me he metido, te pagaré bien. - ---Perfectamente, me voy con Ud., señor. - -Y siguieron muy tranquilamente por el mismo camino. - -No habían andado todavía media hora, cuando tropezaron con un cazador, -que con un fusil de caza hacía la puntería a un objeto que ninguno de -los dos alcanzaba a divisar. - ---¿A quién le apuntas?--preguntó Antonio. - ---A un mosco que veo volando como a una legua de altura--respondió el -cazador. - ---¿Y crees que podrás matarlo? - ---¡Que si lo creo! estoy seguro de que lo mataré! y si no, esperen un -momento. - -Y dicho esto, disparó. - -Un buen rato después cayó a los pies de ellos el mosco con el cuerpo -atravesado de un balín. Antonio y su compañero quedaron admirados, tanto -de la buena vista del Cazador como de su admirable puntería. - ---¿Quieres venirte conmigo?--le dijo Antonio.--Posiblemente tenga que -servirme de ti en una empresa en que me he metido, y una vez que le dé -buen fin, me encontraré en situación de pagarte como sea debido. - ---Pues, señor, me voy con usted. - -Y los tres continuaron la interrumpida marcha; y después de haber andado -una media hora, toparon con un hombre muy alto y muy flaco que estaba -fuertemente abrazado al tronco de un grueso árbol. - ---¡Qué hombre más raro!--dijo Antonio--,¿por qué estará abrazado al -árbol? - ---Señor,--le contestó el hombre--mi oficio es correr y más correr, y si -no me ataran o me sujetara como ahora lo estoy, tendría que seguir -corriendo. - ---¿No sería bueno--dijo Antonio a sus compañeros--que llevásemos a este -hombre con nosotros? quién sabe si necesitemos de la virtud que tiene! - ---Bueno sería que viniese con nosotros--contestaron los interpelados. - ---Me gustaría irme con ustedes--dijo el hombre corredor--pero sería -necesario, para no seguir corriendo, que me llevasen amarrado. - -Entonces uno de los acompañantes de Antonio se sacó de la cintura una -fuerte correa y con ella ató las piernas del Corredor, que fué llevado -en hombros de uno y otro alternativamente; así continuaron su camino -hasta que encontraron a otro hombre que estaba tendido en tierra con una -oreja pegada al suelo. - ---¡Qué curioso lo que oigo,--decía el hombre--, qué curioso! - ---¿Y qué es lo que oyes?--interrogó Antonio. - ---Oigo que una señora aconseja a su hija que no deje de regar temprano -con sus aguas cierto árbol, cada vez que se presente algún pretendiente -de su mano para hacer un barco de tres hachazos, porque regado el árbol, -nadie podrá hacer el barco en el mismo día. - ---Pues es preciso que tú nos acompañes--dijo Antonio--y no tengas -cuidado, que se te pagará bien. - ---Bueno, pues, señor, me iré con usted. - -Y los cinco siguieron camino hasta llegar al palacio del Rey, en el cual -se les dió alojamiento, como se acostumbraba con todos los que -pretendían hacer el barco. - -Fijado el día de la prueba, Antonio se puso en acecho desde antes que -amaneciera, y cuando el sol despuntaba sus rayos, como viera que la -Princesa llegaba al pie del árbol y, encuclillándose, se preparaba para -regarlo, sacó el pito que le había obsequiado el anciano y llevándoselo -a los labios sopló, y se produjo ¡Dios mío! un sonido tan espantoso que -la Princesa, toda asustada, huyó a refugiarse en su aposento, sin -conseguir regar el árbol. - -La prueba debía tener lugar a las 12, y desde mucho antes los corredores -del patio en que estaba el árbol se hallaban repletos de nobles y -grandes de la Corte que, presididos por los Reyes y la Princesa, -querían presenciarla. Al dar el reloj el primer campanazo, salió Antonio -con su hacha al hombro, y sonando el duodécimo, pegó, uno en pos de -otro, ni uno más, ni uno menos, los tres golpes que tenía derecho a dar, -y lo que hasta entonces ninguno de los numerosos candidatos que habían -tentado la empresa había podido hacer, resultó ahora de la manera más -sorprendente: como por encanto surgió del lugar que hasta un momento -antes ocupaba el árbol, un buque maravilloso, con toda la armazón de oro -y las velas de plata, que se movía majestuosamente en un hermoso -estanque, entre cisnes y pececitos dorados. Un hurra estruendoso salió -de la boca de todos y los mismos Reyes y la Princesa, muy a su pesar, no -pudieron contener sus aplausos. - -Los Reyes, no obstante el buen éxito de la prueba, no quisieron conceder -a Antonio la mano de su hija, aunque ella, en vista del espléndido -resultado obtenido por el joven y su gallarda figura, se inclinaba a -aceptarlo por marido, y le impusieron, para conseguirla, la ejecución de -nuevos trabajos, que Antonio aceptó de lleno, decidido como estaba a -casarse con la Princesa, de quién se había enamorado profundamente, -desde que la vió. - -Aceptadas las nuevas exigencias de los padres de la Princesa, el Rey -condujo a Antonio a una inmensa bodega toda llena de enormes toneles de -vino y le dijo: - ---Tienes que beberte todo este vino antes que den las 12 del día de -mañana, so pena de la vida,--y le entregó las llaves y se fué. - -Esperó Antonio que el Rey se alejase, y cuando calculó que ya estaría en -palacio, fué en busca del Bebedor e introduciéndole en la bodega, le -preguntó si se encontraba capaz de ingerir antes del mediodía todo el -vino y licor que allí se guardaba. El Bebedor le contestó que tan capaz -se sentía de bebérselo que no le pedía sino dos horas para dejar -completamente secos los toneles. Y así fué, en efecto, porque dos horas -más tarde volvió Antonio a la bodega y no halló ni rastros de líquido; -sólo vió al Bebedor, que, sentado en un poyo, fumaba tranquilamente un -cigarro.--«Aquí estamos, señor,--le dijo--descansando un poco, porque -después de beber, mejor que andar, es sentarse un ratito y pitar un -cigarro». - -Al otro día el Rey pidió a Antonio las llaves de la bodega, y se quedó -mudo de espanto al ver que aquella grandísima cantidad de toneles poco -antes repletos de vino y licores, estaba completamente vacía. Atontado -se fué a sus habitaciones, pero antes dijo a Antonio: - ---En un momento más te llamaré. - -El Rey tenía un hechicero a su servicio y a él le pidió consejo acerca -de qué trabajo debería proponerle a Antonio que éste no fuera capaz de -ejecutarlo. - -El hechicero le dijo: - ---Escriba V. M. dos cartas para el Rey su vecino, una me entrega a mí, -que me transformaré en jote y la llevaré en un santiamén; la otra se la -entrega al pretendiente de la Princesa para que él le dé curso, y -veremos cuál de los dos trae primero la contestación. - ---Me parece bien--murmuró el Rey, y ordenó a su secretario que -inmediatamente escribiese las dos cartas y que estuvieran listas en un -momento. Con esto, mandó el monarca que llamasen a Antonio, quien, de -pie ante el trono, oyó respetuosamente la orden que se le daba, y que, -como la anterior, se sancionaba con pena de la vida. Antonio prometió -entregar al Rey la contestación antes que el jote, y salió. - -Inmediatamente reunió a sus compañeros y les contó el apuro en que se -encontraba. - ---No tenga cuidado, señor,--dijo el Hombre Largo--yo me encargaré de -llevar la carta y traer la contestación, y por muy ligero que vuele el -jote yo correré más rápidamente que lo que él vuela. - ---Y nosotros velaremos por lo que pueda suceder--agregó el Cazador. - -Y al punto el Hombre Largo tomó la carta y zancajeando con velocidad -pasmosa, se perdió de vista en un momento. Y tan lijero anduvo que -cuando el jote iba aún con la carta, el Hombre Largo volvía ya con la -respuesta. Se cruzaron en lo alto de un cerro, el corredor corriendo y -el Jote volando, y cuando éste, que como se ha dicho, era el Hechicero, -lo divisó, dejó caer desde lo alto un anillo. El Hombre Largo, a pesar -de la rapidez de su carrera, vió brillar el anillo en el suelo y se -detuvo a recogerlo; encontrolo hermoso y pareciéndole que no le quedaría -mal, se lo puso; pero apenas introdujo el dedo en el anillo, cayó en -tierra dominado de un violento sueño. Con su vista perspicaz el Cazador -vió todo lo ocurrido desde el lugar en que se hallaba, y comprendiendo -que era el anillo el que había dejado como muerto a su compañero, le -hizo los puntos con su fusil y disparó con tanto acierto que la bala -rompió el anillo y cayó destrozado al suelo. Roto el encanto, el Hombre -Largo continuó su carrera y en un momento llegó donde Antonio y le -entregó la respuesta, que Antonio llevó inmediatamente al Rey. El Jote -se demoró más de un día aún en llegar con la contestación, y el Rey, -despechado, lo hizo matar. - -Al otro día, bien temprano, el Rey, aconsejado por la Reina, hizo -entregar a Antonio veinte conejos que debía soltar en la montaña para -que anduviesen libremente y traerlos todos en la tarde; si no los traía -su cuello recibiría las caricias de la cuchilla del verdugo. Antonio -ofreció volver con los veinte conejos; y preguntó si esa sería la última -prueba a que se le sometía. El Rey le prometió que si salía bien en -ésta, no le impondría sino otra más. - -Partió Antonio llevando los conejos y acompañado del mayordomo de -palacio, que iba para comprobar si Antonio soltaba los animalitos; y -como viera que en cuanto llegaron a la montaña les daba completa -libertad y que desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, se volvió y -contó a los Reyes cómo los conejos habían huído más que ligero y que -sería muy difícil que Antonio pudiera cogerlos. El Rey, que recordaba -cómo Antonio, había salido tan bien de las empresas anteriores, pidió a -la Reina que se disfrazase y fuese a comprarle un par de conejos y le -diese por ellos el dinero que le pidiese. Hízolo así la Reina; se vistió -con los vestidos de su doncella, se peinó de distinta manera que como -Antonio la había visto y, arreglada, en fin, de modo que no la -conociese, partió para la montaña. Antonio la divisó desde lejos y la -conoció perfectamente, y sacando el pito, lo hizo sonar. Como por -encanto los conejos, saliendo de todas partes, se reunieron en un -momento frente a Antonio, retozando graciosamente. - -Poco después llegó la Reina, se sentó al lado de Antonio y entabló -conversación con él. Primero le habló de otras cosas y después de los -conejos.--Qué hermosos los conejitos--le dijo--,¿por qué no me vende un -par para hacer cría?--Antonio le contestó que no podía, que tenía que -entregar los veinte, completos, en la tarde, so pena de vida. Ella le -ofrecía lo que quisiera, este mundo y el otro; pero inútilmente, porque -Antonio no cedía ni aflojaba un pelo. Sin embargo, como la Reina -continuara con sus exigencias, Antonio le dijo que sólo de una manera le -entregaría el par de conejos, y hasta media docena si le parecía y era -dejándose aplicar una marca en las posaderas. La Reina, que no quería -que Antonio se casara con su hija, viendo que no había otro medio de -concluir con él, aceptó la proposición, y Antonio, para no hacerla -sufrir, ya que con su sufrimiento nada ganaba, en vez de calentar el -hierro, lo impregnó de tinta indeleble y lo estampó en las partes -convenidas; después de lo cual la falsa doncella recibió los dos conejos -y envolviéndolos en el delantal, se fué contentísima a paso ligero. ¿Qué -le importaba a ella la marca? Antonio, que no podía entregar sino 18 -conejos, moriría a manos del verdugo y nadie sabría lo que a ella le -había pasado. Pero la Reina no contaba con el pito de Antonio, quién una -vez que calculó que la Reina estaba próxima a llegar a palacio, sacó el -silbato y lo hizo sonar: un minuto después el par de conejos estaba con -sus compañeros frente a Antonio. La Reina no se dió cuenta de la huida -de los animalitos, así fué que casi se cayó muerta de rabia cuando al -querer mostrarlos al Rey se encontró con que no traía ninguno. Contó al -Rey lo que le había sucedido y sólo pudo consolarse con la esperanza de -que los conejos no se hubieran ido a reunir con los otros que tenía -Antonio, esperanza que le salió fallida, ya que poco después entró el -joven y entregó al Rey los veinte conejos. - ---Señor,--le dijo--me parece que he cumplido. Ojalá, para salir luego de -cuidados, me diga cuál es el trabajo que me falta ejecutar. - ---Es éste--le contestó el Rey:--toma ese saco; a las 12, me lo traes -lleno de nada, nonada, tres ayes y una verdad; y ya sabes, si falta -alguna de estas tres cosas ¡fuera cabeza! - ---No tenga cuidado S. M., que será complacido. - -Al día siguiente salió Antonio provisto de su saco, y después de echar -en él, alternativamente, el hierro para marcar, un gran manojo de -hortiga caballuna, una piedra y un trozo de madera, ató la boca del -saco, se fué al palacio y colocándose al lado del estanque en que estaba -el buque de los tres hachazos, esperó que bajaran el Rey, la Reina, la -Princesa y los nobles, como en todas las pruebas anteriores. Poco antes -de las 12 ya estaba reunida toda la concurrencia, y sonando la duodécima -campanada del reloj, dijo el Rey: - ---Supongo que habrás traído _nada_ en el saco. - ---Sí, Majestad, y aquí está--contestó Antonio--sacando el pedazo de -madera, que arrojó al estanque;--ya ve V. M. que nada. - ---Es verdad--dijo el Rey--¿y la nonada? - ---Aquí la tiene V. M.--respondió el joven, mostrando la piedra que -extrajo del saco,--pues si la arrojo al agua, _no nada_. - -El Rey no tuvo más remedio que asentir, y con voz alterada por la cólera -al verse vencido, preguntó: - ---¿Y los tres ayes? - ---Para eso será preciso que V. M. comisione a alguno de los suyos, para -que no se crea que los falsifico. - -Ordenó el Rey a la doncella de la Princesa que fuese a sacar los ayes, y -al acercarse al joven para cumplir el mandato, éste le dijo: - ---Es preciso meter al saco las dos manos y buscar con cuidado entre unas -yerbas que hay en el fondo, para que no se escapen. - -La niña creyó que si buscaba rápidamente los ayes podrían escaparse y el -joven perder la partida, y para conseguirlo, metió las manos -precipitadamente entre las ortigas, que juntaba y apartaba para -facilitar la salida de los ayes, pero no duró sino un instante, porque -las manos se le irritaron de tal manera y era tan grande el dolor que -sentía que tuvo que sacarlas casi al momento, gritando «¡ay, ay, ay!» -Antonio dijo entonces al Rey: - ---Ahí tiene V. M. los tres ayes que me había exigido. - ---Ahora veamos esa verdad, dijo el Rey con voz alterada. - -Y sacando Antonio del saco el hierro de marcar, dijo: - ---Ha de saber V. M. que ayer, mientras cuidaba los conejos en la -montaña, vino la Reina, a quién conocí perfectamente, a pesar del -disfraz, y me pidió que le vendiera dos de esos animalitos, y yo, -después de discutir un poco, consentí en dárselos con la condición... - ---De que se le diera la mano de nuestra hija--exclamó la Reina, -dirigiéndose al Rey, pero de modo que todos oyeron lo que decía. - ---Eso es,--confirmó Antonio--y espero que después de lo sucedido, V. M. -no se negará a permitir mi matrimonio con su hija. - ---Lo permito gustoso--contestó el monarca,--tanto más cuanto veo que -eres una persona de tal mérito que no hay empresa que se te encomiende, -por difícil que sea, que no la ejecutes de la manera más cumplida. - -Y así fué como Antonio, mozo pobre, pero bueno, se casó con la hija del -Rey y llegó más tarde a sentarse en el trono, siendo feliz hasta donde -se puede serlo en esta tierra de desgracias, con su mujer y los -numerosos hijos que tuvo. - - - - -16. HERMOSURA DEL MUNDO, O EL CASTILLO DE LOS TRES AZUELAZOS. - -(Contado por Tránsito González, maestro carpintero, de Choapa y 57 años -de edad. Me lo refirió en Peñaflor, en 1922.) - - -Vivían en un pueblo dos viejitos casados desde hacía muchos años; pero -Dios no los había favorecido dándoles un hijo siquiera. Tenían numeroso -ganado y algún dinero, y temiendo morirse pronto y no sabiendo a quien -dejarle sus bienes, adoptaron a un huerfanito que recién nacido había -perdido a sus padres, y lo criaron con grande esmero y cariño. El -chiquitín se llamaba Nicomedes, pero el nombre no le venía, porque era -un comedor terrible: cuando era guagua, no le aguantó ninguna ama, -porque, a las que le llevaban, les secaba los pechos de dos o tres -chupetadas y tuvieron que criarlo con leche de vaca, y apenas le bastaba -la de dos. Cuando le salieron dientes, comenzó por comerse un conejo y -una gallina al día, después siguió con un cabrito, después con una oveja -o un cordero, y cuando tenía doce años se comía un buey descansadamente. -Por causa de su voraz apetito nadie lo llamaba por su nombre y todos le -decían Comín, Comón, hijo del buen Comedor. - -Llegó el caso de que de tanto comer el niño, el ganado se les iba -concluyendo a los viejos, quienes, por otra parte, gozaban de muy buena -salud y parecía que cada día estaban mejor y que nunca se iban a morir; -temieron, entonces, quedar en la miseria, y para evitarlo le dijeron a -Comín que saliera a buscar a donde ganarse la vida, que ya no podían -tenerlo a su lado por más tiempo. - -Se despidió Comín de sus padres adoptivos, y llegó a una hacienda cuyo -dueño lo tomó a su servicio para que le cuidara un enorme ganado de -ovejas que tenía, y como era muy friolento, para que en la noche le -tuviera fuego encendido a la hora que se lo pidiera. El sueldo que -pagaba era bueno; pero había una condición bastante dura, y era que si -alguna vez no le tenía fuego encendido, o le faltaba alguna oveja, que -las contaban una vez por semana, lo mandaba degollar. Comín aceptó el -contrato, pero tenía la intención de comer a su gusto todas las ovejas -que su hambre insaciable le pidiese, siquiera por siete días, y mandarse -cambiar antes que contasen el ganado. - -El hacendado le pedía fuego todas las noches a distintas horas y Comín -siempre se lo proporcionaba, de modo que nunca lo pudo pillar, y como -las ovejas las contaban sólo una vez por semana, tampoco pudieron notar -que se comía cuatro o cinco cada día. - -Seis hacía ya que estaba en la hacienda, cuando en la cocina, en la hora -de la comida, oyó contar que el Rey de las Tres Puntas del Aromo ofrecía -dar en matrimonio a su hija Hermosura del Mundo y un millón de pesos a -aquel que frente a su castillo, de tres azuelazos, construyera en tres -días otro castillo tan lindo o mejor que el del Rey y en el cual debían -lucir el Sol y la Luna, y el que se presentara a hacerlo y no lo -hiciera, tenía pena de la vida. Comín se dijo:--Yo voy a tentar la -aventura: entre que mañana me degüellen cuando vean que faltan -tantísimas ovejas y correr la suerte de poder levantar el castillo de -tres azuelazos, lo haga o no, prefiero esto último. Y al otro día por la -mañana, después de salir con el ganado y dejarlo abandonado en el campo, -se mandó cambiar, no llevando por todo bastimento sino un pan que había -guardado en el desayuno. - -Unas cuantas horas había andado cuando le salió al encuentro un viejito -y con voz temblorosa le pidió algo que comer, si llevaba. - ---Sí, llevo un pan, buen anciano,--le dijo Comín--y tómelo todo para -usted. - ---Y tú ¿qué vas a comer, hijito? - ---Lo que Dios quiera, taitita; lo que es con un pan no tengo ni para -comenzar, y lo mismo me da comerlo que no comerlo. - ---Está bien, hijito, ¿y a dónde vas? - ---Voy a conquistar la mano de Hermosura del Mundo, hija del Rey de las -Tres Puntas del Aromo y a ganar un millón de pesos. - ---¿Y lo conseguirás? - ---No lo sé, pero a eso voy. Me dicen que el Rey la dará en matrimonio al -que de tres golpes de azuela le haga, en tres días, frente al suyo, un -castillo tan lindo o mejor que el de él, en el que, además, se vean el -Sol y la Luna; y el que se presente y no lo haga, tiene pena de la vida. - ---¿Y con qué cuentas para hacerlo? - ---Con la ayuda de Dios solamente, porque ni siquiera tengo la azuela. - ---Quiero premiar tu buen corazón, Toma esta azuelita--le dijo el viejo -pasándole una nuevecita que sacó de debajo del poncho;--con ella, en el -primer día darás un solo golpe en el suelo en el lugar que te indiquen, -e inmediatamente aparecerán los cimientos; en el segundo día darás -también con la azuelita un golpe en los cimientos y aparecerán las -murallas; en el tercer día darás otro golpe con la misma azuelita en las -murallas, y entonces quedará completamente terminado el castillo, que -será más hermoso y estará mejor amueblado que el del Rey. Toma, además, -este pitito; haciéndolo sonar cuando te encuentres en apuros, te verás -libre de todo mal. - -Y despidiéndose de Comín, se fué el viejito por un lado y Comín por -otro. - -A poco andar Comín encontró a un hombre que estaba tendido en el suelo y -con una oreja pegada a la tierra. - ---¿Qué hace amigo?--preguntó Comín. - ---Estoy oyendo a unos pimeos que discuten acaloradamente sobre una -carrera, y estoy muy entretenido con la disputa que tienen acerca de si -ganó este caballo o ganó el otro. - ---¿Y cómo se llama usted? - ---Escuchín, Escuchón, hijo del buen Escuchador. - ---¿Quieres que vamos juntos a rodar tierras? - ---No, señor, déjeme aquí, que estoy muy divertido con la carrera de los -pimeos. - ---Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene -una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse -al que levante en tres días, frente al suyo, de tres azuelazos, un -castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de -levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña -usted y me ayuda? Habrá, además, un premio de un millón de pesos. - ---Vaya, pues, lo acompañaré por tratarse de una aventura poco común y yo -soy muy amigo de las aventuras. - -Marcharon en compañía por un buen rato conversando alegremente, hasta -que encontraron a un hombre que miraba con mucha atención hacia arriba. - ---¿Qué hace, amigo?--preguntó Comín. - ---Aquí estoy aguaitando a una aguilita que anda muy altazo por las -regiones del cielo.--Y haciéndoles los puntos con una carabina que tenía -al lado disparó. Nada divisaban ni Comín ni Escuchín, por más que -miraban, pero como un cuarto de hora más tarde percibieron un puntito -negro que poco a poco se fué agrandando, hasta que, por fin, media hora -después del disparo, vieron caer a sus pies una águila. - ---¿Y cómo se llama usted? - ---Aguaitín, Aguaitón, hijo del buen Aguaitador. - ---¿Por qué no vamos juntos a rodar tierras? - ---No, señor, déjeme aquí, que lo paso muy entretenido cazando pajaritos. - ---Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene -una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse -al que levante en tres días frente al suyo, de tres azuelazos, un -castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de -levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña -usted y me ayuda? Habrá además un premio de un millón de pesos. - ---Si es así, lo acompañaré, por tratarse de una aventura que no se ve -todos los días, y yo me muero por las aventuras raras. - -Siguieron andando los tres, departiendo amigablemente, hasta que -llegaron a la orilla de un gran río, muy ancho y muy correntoso, y en la -margen opuesta vieron a un hombre que con pies de cabra formaba una -represa. - ---¿Qué hace ahí, mi amigo? - ---Juntando un poquito de agua, señor, para tomármela y apagar mi sed. - ---¿Y cómo se llama usted? - ---Tomín, Tomón, hijo del buen Tomador. - ---¿Por qué no se viene con nosotros a rodar tierras? - ---No señor, déjeme por aquí, que hay tantos ríos; mire que yo ando -siempre sediento y me hace mucha falta el agua. - ---Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene -una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo, y la da para -casarse al que levante en tres días, frente al suyo, de tres azuelazos, -un castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención -de levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me -acompaña usted y me ayuda? Habrá además, un premio de un millón de -pesos. - ---Por tratarse de casamiento, en donde habrá harto que tomar, lo -acompañaré, pues; pero si van a las Tres Puntas del Aromo tienen que -pasar para este lado. - ---Díganos si sabe, donde está el puente para atravesarlo. - ---Qué puente ni qué niño muerto, señor; si para atravesarlo no hay más -puente que mi estómago, como ustedes van a verlo;--y tendiéndose de -guatita, dió dos o tres sorbidos, ¡qué sorbidos, Dios Santo! y dejó el -río completamente seco y Comín y sus compañeros pudieron pasar a pie -enjuto al otro lado, y acompañados de Tomín siguieron su camino. - -Poco después llegaron a un llano y vieron a un hombre que corría con una -rapidez extraordinaria. - ---¿Qué hace, amigo?--le preguntó Comín. - ---Aquí me tiene señor, apostando carreras con el Viento. - ---¿Y cómo le va en las carreras? - ---No muy mal, señor: cuando corremos cuesta arriba, salimos iguales, -pero cuando corremos cuesta abajo, yo se la gano al Viento. - ---¿Y cómo se llama usted? - ---Corrín, Corrón hijo del buen Corredor. - ---¿Por qué no se viene con nosotros? No le faltará trabajo: vamos a las -Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene una hija muy linda, -que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse al que de tres -azuelazos levante frente al suyo, en tres días, un castillo en que se -vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de levantar ese -castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña usted y me -ayuda? Habrá, además, un premio de un millón de pesos. - ---Vaya, pues, lo acompañaré, porque supongo que me pagará bien. - ---Como no, pues, ho! una vez que me case con la princesa te daré harta -plata. El millón de pesos que me entregue el Rey será para ustedes. - -Y los cinco continuaron andando hasta que dieron con uno que estaba con -los calzones abajo aspirando aire a dos carrillos. - ---¿Qué está haciendo amigo? - ---Preparándome para rosar esa montaña y esa risquería que ahí se -divisan, porque pienso sembrar en ellas. - ---¿Pero cuánto tiempo se va a demorar en rosarlas, cercarlas y -sembrarlas? - ---Un ratito no más, pues; va usted a ver con qué facilidad lo hago. - -Los hizo retirarse a un lado, y después de aspirar más aire comenzó a -lanzarlo por el trasero con tanto tino que los troncos de los árboles y -los riscos, que volaban en todas direcciones, al caer iban formando una -cerca perfectamente hecha y el terreno quedó completamente limpio, en -punto de ararlo. - ---¿Y cómo se llama usted? - ---Peín, Peón, hijo del buen Peorrón. - ---¿Por qué no se viene con nosotros? le pagaremos bien. Vamos a las Tres -Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene una hija muy linda que se -llama Hermosura del Mundo y la da para casarse al que de tres azuelazos -levante frente al suyo, en tres días, un castillo en que se vean el Sol -y la Luna, y yo voy con la intención de levantar ese castillo y casarme -con la Princesa. Habrá, además, un premio de un millón de pesos, que se -repartirá entre ustedes. - ---Si es así, dejaré este trabajo para otra vez y me iré con ustedes. - -Y los seis siguieron la interrumpida marcha y por fin llegaron al -castillo del Rey, que los recibió en presencia de la Reina, de la -Princesa y de toda la Corte. - -Se adelantó Comín, que hacía de jefe de los recién llegados, y -respetuosamente habló así al Rey: - ---Después de muchos días de penoso viaje llego a presencia de su -Sacarrial Majestad a pretender la mano de vuestra hija Hermosura del -Mundo, para lo cual me comprometo a hacer en tres días como su Sacarrial -Majestad lo exige, un castillo tan lindo o mejor que el de su Sacarrial -Majestad, de sólo tres azuelazos, y no espero para levantarlo sino saber -si siempre su Sacarrial Majestad mantiene su promesa, y en caso de que -sí, que se me indique el sitio en que debo construirlo. - -La Princesa, que estaba sentada a la izquierda del Rey (la Reina estaba -a la derecha), le pegó en el codo y le dijo al oido: - ---Papá, no quiero casarme con él, aunque haga el castillo de tres -azuelazos; es muy gordo y muy ordinario; impóngale otras obligaciones. - -La verdad es que hasta entonces no se habían presentado otros -pretendientes que reyes y príncipes, y que Comín, ante ellos, tenía que -parecer a Hermosura del Mundo un ser despreciable; así es que el Rey -encontró razón a su hija, y en consecuencia de lo que ella pedía, -contestó a Comín: - ---Encuentro que es corta mi exigencia de hacer solamente un castillo en -cambio de la mano de mi hija, así es que últimamente he decidido que a -esa prueba se agreguen otros seis trabajos más, de modo que por todos -sean siete. - ---¿Y se podría saber de antemano cuáles son esos seis trabajos? - ---Los iré diciendo uno a uno a medida que se ejecuten los anteriores. - ---Está bien, señor, me someto a todas las exigencias de su Sacarrial -Majestad. - ---Piénsalo bien, antes, mira que cualquiera de las pruebas que no lleves -a buen fin les costará la vida a ti y a tus compañeros, porque supongo -que cuentas con la ayuda de ellos para ejecutarlas. - ---Así es, efectivamente, señor. - ---Pero cada prueba no puede ser llevada a cabo sino por uno solo y todos -seis sois solidarios del desempeño de cada uno. - ---Como he dicho me someto respetuosamente a todas las condiciones de su -Sacarrial Majestad. - ---Si es así, puedes comenzar; el castillo debe levantarse en esa plaza -que está frente a mi palacio: tienes tres días de plazo para hacerlo y -en cada día no puedes dar más de un azuelazo. - -Comín se dirigió al sitio que se le indicaba y levantando la azuelita -que le había dado el viejito, dió el primer azuelazo; y los Reyes, -Hermosura del Mundo y la Corte vieron asombrados lo que hasta entonces -no habían conseguido ver: la azuela que toca la tierra y los cimientos -que quedan hechos instantáneamente. - ---Papá, este roto va a salir con la suya; yo no me caso con él. - ---No tenga cuidado, hijita, que si logra hacer el castillo, todavía -tendrá que hacer otros seis trabajos, a cual más difícil, para lo cual -nos aconsejaremos de su madrina, a quien, como bruja que es, se le -ocurrirán cosas que será imposible hacer. - ---Ojalá sea así, papá, porque yo no me caso con este guatón indecente. - -Trascurrieron una tras otra las 24 horas que tiene el día, el sol salió -por donde siempre sale y llegó el momento en que Comín debía dar el -segundo azuelazo, y lo dió ante la familia real y la Corte con el mismo -éxito que el primero, pues tocar la tierra con la azuela y alzarse las -murallas del castillo fueron cosas simultáneas. - -Todos se quedaron con la boca abierta. - -Cuando volvieron en sí, Hermosura del Mundo dijo al Rey: - ---Papá, ya le he dicho, por nada del mundo me caso con ese hombre. - ---Si ya lo sé, hijita; no tenga cuidado, confíe en su padre. - -Pero al otro día crecieron los temores de la Princesa: tercer azuelazo -dado por Comín y el castillo que queda terminado. Pero ¡qué castillo, -señores! Había que verlo! Ante él el del Rey parecía un mamarracho. -Amigos, todos, todos sin excepción, al ver aquella maravilla, se cayeron -de espaldas. - -Cuando volvieron de su estupor, dijo Comín: - ---¿Por qué no pasamos a visitarlo? - -Y se dirigieron al castillo presididos por el Rey. - -¡Qué les diré de la admiración que produjeron los decorados, los -tapices, y los muebles! No salían sino voces de alabanza de todos los -labios y el Rey, enamorado del hermoso alcázar, resolvió quedarse -viviendo ahí y dejar el otro palacio para la servidumbre. Pero a pesar -de todo, la Princesa no se resolvía a dar su mano al gordo Comín. - ---Señor,--dijo éste, una vez que el Rey y acompañantes recorrieron el -palacio--¿cuál será la prueba a que vuestra Majestad me va a someter -mañana? - ---Esta tarde te la daré a conocer--contestó el monarca. (El Rey quería -darse tiempo para consultar a su comadre bruja, y fué lo que hizo cuando -Comín y sus compañeros se retiraron.) - ---Comadre, ¿qué hacemos para que el castillo nos salga de balde y Comín -no se case con Hermosura del Mundo? - ---Pídale que en tres días le haga otro castillo igual o mejor en el -aire. - ---De veras, comadre, que esto no lo podrá hacer. - -Mientras tanto Escuchín oía lo que el Rey y la Bruja conversaban y dijo -a Comín y compañeros: - ---En la mala estamos, amigos. Por consejo de la Bruja, el Rey va a -mandar hacer a Comín un castillo en el aire igual o mejor que el de los -tres azuelazos. Pero se me ocurre una idea que puede salvarnos: Comín -ofrece hacer el castillo diciéndole al Rey que nosotros pondremos los -maestros, pero que él proporcione los trabajadores y los materiales; los -maestros serán tres loros que oigo hablar a siete leguas de aquí, como -si fueran cristianos. Hay que irlos a buscar, enseñarles lo que deben -decir y los ponemos en el aire, muy alto para que no los vean y desde -ahí pidan los materiales. - ---Pero ¿quién los va a buscar? - ---Corrín puede ir por ellos. - -Fué Corrín y en un cuarto de hora estaba de vuelta con los tres loros. - -Les enseñaron a las avecitas lo que tenían que hacer, y como eran muy -inteligentes, en poco rato aprendieron la lección. - -Al otro día muy temprano estaban los loros en el aire, colocados a -cierta distancia uno de otro; y la cosa resultó a maravilla, porque el -día amaneció con una neblina tan espesa que ni con anteojos de larga -vista los habrían divisado. - -Llegó la hora de la prueba y estaba todo preparado: los canteros con la -piedra labrada para los cimientos y para las murallas; los albañiles, -con la mezcla en punto; los carpinteros, con las puertas y ventanas; y -así los demás. - -Cuando ya estaban todos reunidos, se oye la voz de los maestros que -desde el aire piden los materiales: - ---¡Ya están hechos los heridos! suban luego las piedras para los -cimientos! ¿Qué hacen que no suben la mezcla? ¡Pronto, porque no es cosa -para demorarse! - -Y gritaban de todos lados que se apuraran, que estaban perdiendo tiempo. -Pero los trabajadores no hacían más que mirar para arriba y no hallaban -por donde subir; hasta que una comisión de ellos se presentó al Rey y le -dijo que no sabían como pasar los materiales que desde tan alto les -pedían los maestros; que aunque hubiera escaleras que alcanzaran a -llegar hasta ellos nadie se atrevería a subir tan arriba, pues todos -temerían caer con el peso de los materiales, o que les diera un vahido y -se les fuera la cabeza. El Rey les encontró razón sobrada, y dispuso que -no se siguiera el trabajo, y a Comín le dijo que en la tarde le diría -cuál sería el que tendría que ejecutar al día siguiente. - -Cuando quedaron solos, el Rey preguntó a la Bruja: - ---Comadre, ¿qué trabajo daremos mañana a Comín? - ---Haga que le pongan cuarenta fondos de comida, de los más grandes que -se encuentren, y ordénele que él, o uno de sus compañeros, se lo coma -en un solo día, y si no se lo come, los manda fusilar y el castillo le -sale de balde y la Princesa no se casa con el guatón. - -Escuchín que todo lo oía dijo a sus compañeros: - ---Perdidos somos, amigos; la maldita bruja aconseja al Rey que mañana -haga poner cuarenta fondos de comida para que uno solo de nosotros se lo -coma en un día, y si no, nos manda fusilar a todos. - -Y entonces dijo Comín, cuya gracia no conocían sus amigos: - ---Compañeros, ¿para qué estoy yo aquí? hace un montón de días que no -como casi nada, así es que los cuarenta fondos puedo despacharlos en un -suspiro; tengo apetito como un diacho. - -Desde antes que aclarara, los cocineros del Rey se pusieron a preparar -los cuarenta fondos de comida. ¡Puchas que echaban carne! Veinte -terneros y veinte corderos tuvieron que descuerar y destripar. ¡Y papas! -y porotos! y choclos! y cebollas! un saco de cada cosa vaciaron en cada -fondo, fuera del arroz, del cilantro, yerbabuena y comino! Y como si -todo eso fuera poco, al lado de cada fondo vaciaron una gran canastada -de pan. Había para dar de comer a un ejército entero! - -Comín, que veía los preparativos, se refregaba las manos de gusto. -¡Hacía tiempo que no comía hasta quedar satisfecho! - -Dando las 12 el reloj del castillo, anunció el Cocinero Mayor que la -comida estaba en punto y pidió que se adelantara el que debía comérsela. -Comín se presentó y preguntó si ya podía comenzar. - ---A la hora que quiera--contestó el Cocinero Mayor--pero no tiene de -plazo sino hasta las 5 de la tarde para comérselo todo. - ---¿Hasta las 5?--dijo Comín--va a ver que antes de las 2 van a quedar -los fondos pelados. - -Y así fué, en efecto; porque aquel hombre no puede decirse que comía, ni -que tragaba, ni que engullía, sino que devoraba todo lo que estaba a su -alcance y las enormes presas de carne y las cucharonadas de papas, -porotos, y cebollas y los panes desaparecían como por encanto al llegar -a su boca, y llegaban incesantemente. - -A las 2 de la tarde no quedaban ni rastros de aquel inmenso guisado, y -el Maestro de Cocina y sus ayudantes vieron con asombro que no había -necesidad de limpiar los fondos, porque tan limpios los dejó Comín que -brillaban como patenas. - -Comín dijo al Cocinero Mayor: - ---Señor Cocinero Mayor, ¿no prepararon un fondito de dulce de alcayota o -de manjar blanco? mire que estoy acostumbrado a tomar desengraso. Y -también me hace falta un barril de café, bien cargadito, para asentar el -estómago. - -El Cocinero Mayor se fué con Comín a donde el Rey. - ---Señor,--dijo el Cocinero--ya se comió este bárbaro los cuarenta fondos -de comida, y todavía pide un fondo de postre y un barril de café. - -El Rey, admirado, preguntó a Comín: - ---¿Y cómo pudiste pasar tanta comida? - ---A fuerza de pan, pues, señor,--contestó Comín. - ---¿Y todavía persistes en tomar postre y café? - ---Si su Sacarrial Majestad se digna ordenar que me lo den, me lo tomaré, -señor. - -El Rey ordenó que complacieran a Comín, y a éste le dijo que al otro día -temprano le daría un nuevo trabajo. - -El Rey mandó llamar a la Bruja. - ---Comadre, ¿qué trabajo les damos mañana a estos bárbaros, que no lo -puedan hacer para que el castillo me salga de balde y Hermosura del -Mundo no se case con Comín? - ---Disponga Su Majestad que uno de ellos se tome en un solo día cuarenta -toneles de aguardiente y de vino, veinte de cada cosa, y si no lo hace, -que no lo hará, los manda fusilar a todos y así le sale de balde el -castillo y la Princesa seguirá soltera. - ---Me parece bien el consejo, comadre. - -Escuchín, que todo lo oía, dijo a sus amigos: - ---Perdidos somos, compañeros; la maldita bruja aconseja al Rey que -mañana haga tomar a uno de nosotros 40 toneles de aguardiente y de vino, -veinte de cada cosa, en un solo día, y si no se lo toma, nos hace -fusilar a todos. - ---¿Y para qué he venido yo?--dijo Tomín. - ---Pero, compañero, se le van a quemar las tripas con tanto aguardiente. - ---No se apure por eso, amigo, que mis tripas están blindadas. - -Al día siguiente dijo el Rey a Comín. - ---Voy a encerrar a uno de ustedes en la bodega y antes de las 5 de la -tarde debe beberse los veinticinco toneles de aguardiente y los -veinticinco de vino que hay en ella, y si no, ya saben lo que les pasa. -(El Rey agregó diez toneles más, por lo que pudiera suceder). - -Se adelantó Tomín: - ---A mí me toca, Sacarrial Majestad, desempeñar esa prueba. Puede su -Sacarrial Majestad encerrarme en la bodega a la hora que quiera, con la -seguridad de que sus deseos serán cumplidos. - -Y efectivamente, cuando el Rey abrió la bodega, a las 5, vió con asombro -que los toneles estaban completamente secos. - ---Pero, hombre, por Dios ¿cómo has podido beber tanto? - ---Señor, es que yo no tomo sino en dos ocasiones: cuando tengo sed y -cuando no la tengo. - ---Se comprende, entonces; aunque no lo encuentro muy claro. - ---Comadre, le dijo a la Bruja una vez que quedaron solos,--voy saliendo -mal con sus consejos; si siguen así las cosas, tengo que largar el -millón de pesos y dejar que Comín se case con Hermosura del Mundo; es -preciso que se le ocurra algo más difícil, algo que ninguno de estos -bárbaros pueda hacer. - ---Mire, compadre, esta vez si que la sacamos bien con seguridad: dígale -que uno de ellos tiene que apostar conmigo a cuál llega primero a Roma -con una carta que su Majestad, nos entregará y si yo llego primero con -la contestación, ellos perderán, vuestra Majestad los manda fusilar y el -Castillo le sale gratis y Hermosura del Mundo no se casa con Comín. - ---Compañeros,--dijo Escuchín a sus amigos--perdidos somos; el Rey, por -consejo de la maldita Bruja, va a hacer que uno de nosotros apueste con -la Bruja a cual vuelve primero con la contestación de una carta que han -de llevar a Roma, y si gana la Bruja nos fusilan a todos. - ---¿Y para qué estoy yo aquí--dijo Corrín--sino para correr con quien -quiera? - -Tempranito, al otro día, hizo llamar el Rey a Comín y a sus compañeros. - ---Uno de ustedes y mi comadre van a llevarme cada uno una carta a Roma y -si mi comadre vuelve primero con la contesta, los seis serán fusilados -sin remisión. ¿Cuál es el que va a ir? - ---Yo, señor,--dijo Corrín. - -Y el Rey entregándoles una carta a Corrín y otra a la Bruja, los hizo -colocarse uno al lado del otro, como cuando se colocan los caballos para -correr, y diciéndoles “una, dos, tres”, salieron disparados como -flechas, pero todavía no salían de la ciudad y ya Corrín se les perdió -de vista y no había ni luces de él. Cuando Comín venía de vuelta con la -contesta, la Bruja no llevaba andado ni la mitad del camino de ida; la -Bruja lo divisó desde lejos y viéndose perdida, se transformó en una -linda jovencita y lo esperó sentada en una piedra, a la sombra de un -árbol. - ---¿A dónde va tan ligero, señor, con tanto calor como hace? Siéntese un -ratito a descansar y sírvase estos membrillitos para que se -refresque;--y le mostraba dos hermosos membrillos, que llegaban a estar -fragantes. - -Corrín no resistió la tentación y se sentó al lado de la joven. -Conversaron un rato y después dijo él: - ---Voy a dormir una siestecita, tengo tiempo de más para cumplir mi -encargo;--y se recostó en la falda de la Bruja, la cual, en cuanto -Corrín se quedó dormido, le puso adormideras en la cabeza para que no -despertara tan luego, le sacó del bolsillo la carta que traía de Roma y -partió con ella de regreso, dejando a Corrín con la cabeza apoyada en la -piedra en que acababa de estar sentada. - -Pero todo lo que hablaron Corrín y la Bruja transformada en niña lo oyó -Escuchín y les dijo a sus compañeros: - ---Perdidos somos, amigos; la Bruja ha hecho tal y cual cosa, le ha -robado la contesta a Corrín, a quien ha puesto adormideras en la cabeza, -y lo ha dejado durmiendo y la maldita vieja estará de vuelta, con la -carta, en un par de horas. - ---No hay cuidado dijo Aguaitín; desde aquí veo durmiendo a Corrín y lo -voy a despertar, y al mismo tiempo castigaré a la Bruja. - -Y haciendo la puntería con su carabina primero a la Bruja, le quebró una -pata y la dejó coja que no podía ni mover el pie; y de otro disparo -atravesó una oreja a Corrín que despertó y salió corriendo a todo -escape, hasta que encontró a la vieja y quitándole la carta, en dos -zancajos llegó al palacio y se la entregó al Rey. - -Comín preguntó al Rey cuál sería la otra prueba; y el Rey, esperando que -llegara la Bruja, le contestó que les daba una semana de descanso. - -Transcurridos siete días, llegó la Bruja cojeando, y como estaba picada -con Comín y sus compañeros, para embromarlos de una vez a todos, le -aconsejó al Rey que mandara a los seis amigos solos a pelear contra el -numeroso ejército de los moros que le había declarado la guerra, y -siendo ellos tan pocos contra tantos, con seguridad los matarían, o -cuando menos los tomarían prisioneros, y entonces el Rey se quedaría de -balde con el castillo y la Princesa seguiría tan soltera como hasta -entonces. Al Rey le pareció que este consejo era el mejor que había -recibido de la Bruja y ya le parecía verse libre de Comín y de sus -compañeros; pero Escuchín, que no se descuidaba, lo oyó todo y se lo -comunicó a sus amigos: - ---Perdidos somos--les dijo;--la Bruja aconseja al Rey que nos mande a -nosotros solos a combatir con el numeroso ejército moro que le ha -declarado la guerra; ¿qué va a ser de nosotros? - ---En la buena estamos, compañeros--dijo Comín.--Cuando nos coloquen -frente a los moros y cuando estén todavía lejos, Aguaitín les disparará -con su carabina, y cuando el ejército enemigo esté más cerca, Peín les -disparará con su transpontín y con ésto quedamos vencedores. - -Así quedó convenido y el plan se ejecutó al día siguiente en todas sus -partes tal como se había establecido. Primeramente Aguaitín dió buena -cuenta de gran número de moros, pero ésto se hacía sólo con el objeto de -dar tiempo a Peín para prepararse, y tan bien se preparó, tanto aire -aspiró que cuando los moros habían avanzado hasta llegar a una legua de -distancia, bajándose los calzones volvió el trasero hacia ellos y -lanzando una terrible andanada de ventosidades, los elevó a todos a -grande altura, yendo a caer muertos a enorme distancia. Esta fué la -primera batalla en que se usaron los gases asfixiantes. - -A pesar del beneficio que para el reino significaba tan espléndida -victoria, Hermosura del Mundo no cedía, y pidió al Rey que le exigiera -el trabajo que faltaba para completar los siete. Y he aquí cual fué el -séptimo trabajo, siempre aconsejado por la Bruja: - -Tenía el Rey una hermosa conejera poblada de cincuenta lindísimos -conejos de raza fina. Díjole la Bruja: - ---Entregue a Comín los cincuenta conejos y le ordena que los lleve a la -montaña durante tres días y los suelte en ella, y que en la tarde los -traiga arriándolos como si fuesen un rebaño de corderos, y si no vuelve -con los cincuenta, sin que le falte ninguno, los hace fusilar a todos. - -Y así se hizo. - -Llevó Comín los conejos en dos sacos y los soltó en la montaña, y los -animalitos, apenas se vieron libres, huyeron en todas direcciones. Comín -pensaba: - ---Ahora sí que es cierto que el Rey nos hace sacar el orujo a mí y a mis -compañeros, porque ¿cómo voy a juntar estos conejos de miéchica cuando -llegue la hora de volverme con ellos, sueltos, como si fuesen un rebaño -de corderos? Seguramente llegaré sin ninguno. - -Comín se quedó triste y pensativo por un momento y se recostó en el -musgo, sobre el costado izquierdo; después de un rato, sintiéndose -cansado, se dió vuelta al otro lado y sintió que algo duro le molestaba; -creyó que sería una piedra y se incorporó para quitarla, pero no halló -nada en el suelo; entonces se registró para ver qué podía ser lo que le -incomodaba y encontró en un bolsillo de sus pantalones el pito que le -había dado el viejito, y se dijo, acordándose de un verso que había oído -cantar antes de salir de su tierra: - - --Quién canta su mal espanta, - quién llora, su mal aumenta; - -no estoy yo para dejarme morir; pasemos este mal rato tocando el pito y -esto algo disipará mis penas;--y se llevó el pito a la boca y no hizo -mas que hacerlo sonar y principian a llegar de carrerita todos los -conejos, unos de un lado, otros de otro y se pusieron a bailar delante -de él al compás de lo que tocaba. Imagínense cuánto sería el gusto del -atribulado Comín, porque, por más que él tratara de engañarse, el susto -se lo comía vivo; tanta fué la alegría de que se vió inundado todo su -ser que no pudo contenerse y se puso a bailar con los conejos, hasta que -se sintió fatigado. Díjoles entonces a los conejitos: - ---Váyanse a corretear y a comer no más, mientras yo duermo una -siestecita, que cuando sea tiempo los llamaré. - -Y con esto los animalitos se fueron y perdieron de vista en un abrir y -cerrar de ojos. - -Mientras Comín dormía, el Rey le dijo a la Bruja: - ---Comadre, no sé por qué me tinca que este diablo de Comín va a volver -con los cincuenta conejos, ¿por qué no va a ver si los ha soltado y le -compra uno, aunque le pida lo que le pida? - ---Voy, compadre, y haré lo posible por quitarle uno siquiera. - -Y se fué la vieja para donde estaba Comín, pero en la mitad del camino -se transformó en la misma hermosa niña que robó la carta a Corrín. Pero, -Comín que la había divisado desde lejos, antes que se transformara, se -preparó para el ataque y poco antes que la Bruja llegase tocó el pito, y -los conejos, apareciendo por todos lados, se formaron en círculo delante -de Comín, como esperando sus órdenes. Llegó la Bruja transformada en -niña y en verdad que venía hecha una tentación, pero Comín, que no -olvidaba lo que le había pasado a su compañero pocos días antes, cuando -volvía con la contestación de la carta que había llevado a Roma, apenas -la falsa joven se le sentó al lado y con palabras halagüeñas le pidió -que le vendiera un par de esos lindos conejitos, que los quería para -cría, y que estaba dispuesta a darle lo que por ellos pidiera, fuese lo -que fuese, Comín le dijo: - ---Señorita, aquí está muy fresco, así es que no se imagine que tengo -calor y no me venga a ofrecer membrillos para refrescarme, por que no -seré tan leso como lo fué Corrín en días pasados, que se dejó embaucar -tan fácilmente por usted. A otro perro con ese hueso. - ---¿De qué cosas me habla usted, que no le entiendo? ¿Quién es ese Corrín -y qué membrillos son esos? - ---Mira, bruja de moledera, no te hagáis la lesa! más bien ándate donde -tu compadre el Rey para que vea que no sacáis nada conmigo, y ándate -luego, porque si no, la sacáis chueca. - ---Este hombre debe estar loco--dijo la Bruja--mejor será que me vaya. - -Y se fué donde el Rey. - ---Señor--le dijo--este pícaro de Comín tiene a los conejos mansitos, -como si los hubiera criado guachitos. Y lo peor es que me conoció y no -pude sacarle ninguno. - ---¿Y qué hacemos, comadre? Fíjese que su ahijada no quiere casarse con -él y va a salir triunfante de todas las pruebas. - ---Compadre, haga que mañana vaya mi comadre la Reina, pueda ser que ella -consiga comprarle un conejito siquiera. - ---Eso haremos, comadre; ella es muy habilosa y pueda ser que con su -talento lo consiga; aunque lo dudo. - -Cuando el Sol se puso, llegó Comín con los cincuenta conejos que le -habían entregado, ni uno más ni uno menos; y al día siguiente volvió a -salir con ellos y los dejó que se fueran a retozar con toda -tranquilidad. Poco después llegó la Reina disfrazada, muy empolvada y -con mucho colorete, pero a pesar de todo Comín la conoció, tocó el pito -y los animalitos llegaron corriendo y se congregaron a su rededor. - ---¡Qué lindos los conejitos! ¿son para venderlos? - ---No se venden, señorita; son del Rey y tengo que entregar en la tarde -los cincuenta que son, porque si falta alguno nos fusilan a mí y a mis -compañeros; con que usted verá si puedo vender uno solo que sea. - ---Pero uno siquiera. - ---¿Pero que no ha entendido lo que acabo de decirle? Si falta uno solo -de los cincuenta conejos que me han entregado, nos despachan a mí y a -mis cinco compañeros para el otro mundo. - ---¿Y si le diera 5.000 pesos por uno? - ---Ni aunque me dé 10.000. - ---¿Ni por 20.000 pesos? - ---Ni por 50.000; valen más mi vida y la de mis cinco amigos. - ---Mire, le daré 100.000 pesos. - ---Sea por 100.000 pesos, y además un abrazo y un beso y un mordisco en -el pescuezo. - ---Todo lo que me pide, menos el mordisco. - ---Sin mordisco, no hay venta. - ---Si es así, venga también el mordisco, pero que no sea muy fuerte. - -Entregó la Reina los 100.000 pesos, se dejó besar y abrazar y tuvo que -aguantar un mordisco formidable de aquel gran comedor, que le arrancó -medio cogote con sus dientes; pero la Reina, a pesar del intenso dolor -que le produjo la herida, que casi se desmayó, se dió por feliz y -satisfecha cuando Comín le entregó un conejo, que se llevó muy bien -envuelto en la falda de su rico vestido. Comín se quedó aguaitándola, y -cuando vió que iba a llegar al palacio, tocó el pito y al oirlo el -conejo abrió un agujero en la tela en que iba envuelto y partió a todo -escape a reunirse con sus compañeros, que lo esperaban delante de Comín. -La Reina no se dió cuenta de la huída del animalito y sólo cuando -extendió su vestido ante su marido para mostrárselo, vino a conocer su -desgracia. Por cierto que al Rey sólo le contó lo de los 100.000, y por -lo que hacía a la herida del cuello, que no podía moverlo, lo atribuyó a -que se le había producido al pasar por debajo de una rama quebrada. - -Al otro día, también por consejo de la Bruja, fué Hermosura del Mundo, -muy bien disfrazada, a comprar un conejo y Comín que la conoció muy -bien, se lo vendió por otros 100.000, un beso, un abrazo y qué sé yo qué -otros cariños más, porque la Princesa a todo estaba dispuesta, menos a -casarse con Comín. Pero la Hermosura del Mundo le pasó lo que a su -madre, que, a pesar de haber envuelto el conejito con toda prolijidad, -asegurándolo con alfileres de gancho, el animalito, obedeciendo al -llamado del pito, logró desprenderse de su encierro sin que Hermosura -del Mundo lo notara, y llegó muy sí señor a reunirse con los otros -conejos. - -Comín dijo al Rey: - ---Supongo que su Sacarrial Majestad no nos va a tener toda la vida a mí -y a mis compañeros exigiéndonos pruebas casi imposibles de ejecutar y -que algún día esto ha de tener fin. Creo haber ganado sobradamente la -mano de vuestra hija llevando a cabo los siete trabajos que se nos han -impuesto, y espero que vuestra Majestad me la concederá hoy mismo: - -Pero el Rey, que ya había sido aconsejado por la Bruja, le contestó: - ---Es cierto Comín que tú y tus compañeros habéis ejecutado las siete -pruebas que os he exigido, aunque una no se terminó, pero todavía voy a -imponeros una más, y será la última: ésto y mucho más vale Hermosura del -Mundo. - ---¿Y cuál será esa última prueba, señor? - ---Coge ese saco y llénamelo de verdades. - ---Perfectamente, señor, y si quiere le lleno dos. ¿Puedo comenzar luego? - ---Puedes comenzar. - -La Corte estaba reunida, el Rey sentado en su trono; la Reina, con su -cogote entrapajado, a la derecha del Rey; Hermosura del Mundo, a la -izquierda; la Bruja, al lado de la Princesa; y a uno y otro lado de la -gran sala, los grandes de la Corte y principales dignatarios y -funcionarios. Se adelantó Comín, tomó el saco que se le había indicado y -principió: - ---¿Es verdad, señor, que para conceder la mano de Hermosura del Mundo -vuestra Majestad antes no pedía sino que se le construyera en tres días -y de tres azuelazos un castillo igual o mejor que el de su Sacarrial -Majestad y en el cual se vieran el Sol y la Luna?, y que en esta vez, a -exigencias de vuestra hija la Princesa Hermosura del Mundo, que me -encuentra muy guatón y ordinario, me ha obligado vuestra Majestad a -ejecutar muchos otros trabajos, a cual de ellos más difícil? - ---Sí, es verdad. - ---Y muy grande. Entra, verdad, al saco.--Y haciéndose como que echaba -algo al saco, continuó: - ---¿Es verdad, señor, que ejecutados todos los trabajos a entera -satisfacción de su Majestad, vuestra Majestad, por consejos de esa Bruja -infernal dispuso se me entregaran cincuenta conejos que debía soltar en -la montaña y traerlos en la tarde, durante tres días, sin que faltara -uno solo, so pena de la vida de seis personas, y que la misma Bruja, -transformada en una hermosa niña, trató de quitarme uno de los conejos -para que vuestra Majestad nos mandara fusilar a mí y a mis cinco -compañeros; pero yo la conocí y no bastaron ni sus ofertas, ni sus -tentaciones y demás argucias de que se valió para que yo le entregara -uno? - ---También es verdad. - ---Otra verdad al saco, y van dos. Las que voy a decir en seguida son tan -gordas que cada una es bastante para llenar un saco. - -Y dirigiéndose a la Reina preguntó: - ---No es verdad señora, que vuestra Majestad, disfrazada de dama de la -Corte, fué el segundo día a comprarme un conejo con el mismo fin que su -comadre la maldita Bruja, y que después de muchas ofertas consentí en -entregarle uno en cambio de 100.000 pesos, un beso... - ---Mira, hijo, le dijo la Reina al Rey, estamos tonteando; es mejor que -se casen luego; ¿no ves que es inútil batallar con él y que siempre -saldremos perdiendo? - -Todavía hablaba la Reina cuando apareció al lado de Comín, sin que nadie -supiera de donde salía, el mismo anciano que le había dado el pito, y -dirigiéndose a la Princesa le dijo: - ---Hermosura del Mundo, cásate con él y serás feliz. - -Y tocando a Comín con el palo que le servía de bastón, quedó Comín -transformado en un gallardo joven y cambió no sólo de figura sino que -hasta del modo de hablar. - -Se casaron, y Comín dejó de ser el gran comedor de antes; pero sus -compañeros, que siguieron a su servicio, conservaron las virtudes de que -gozaban y fueron poderosos defensores del reino. Hermosura del Mundo -fué, como se lo pronosticó el viejito, muy feliz con su marido y jamás -se acordó de que hubiera sido guatón y de modales ordinarios. Tuvieron -un semillero de niños, todos buenos e inteligentes, y fueron para ellos -una verdadera corona, más valiosa que la que ciñeron en su frente a la -muerte del Rey. - -Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento y pase por un zapatito -roto para que alguno de los que me oyen cuente otro. - - - - -17. EL ARBOL DE LAS TRES MANZANAS DE ORO. - -(Referido en 1912 por Juan Ignacio Montecinos, de 32 años, de San -Felipe, quien lo oyó contar en Santiago, siendo niño.) - - -Este era un viejo Rey, muy rico y poderoso, que gobernaba un extenso -país, lleno de recursos y muy poblado. - -Este Rey tenía tres hijos, hermosos, fuertes y valientes, queridos de -todo el pueblo, y mucho más de sus padres, a quienes respetaban y amaban -con idolatría. - -El Rey y su familia moraban en un suntuoso palacio, a cuyos pies se -extendía un huerto plantado de toda clase de árboles frutales de las -especies más escogidas y variadas; pero su principal ornamento era un -enorme y bellísimo manzano, cuya copa descollaba sobre todos y se -divisaba desde muy lejos. Su tronco de plata y sus hojas de bronce eran -la admiración de cuantos lo veían. - -Una antigua leyenda ligaba su existencia a la suerte del reino. - -Este árbol prodigioso daba todos los años tres manzanas de oro, que -maduraban sucesivamente en las tres primeras noches del mes de Enero; -pero desde hacía tres años, alguien se introducía en el huerto y se las -robaba en el momento preciso en que entraban en sazón sin que hubiese -sido posible atrapar, y ni siquiera ver, al miserable que las substraía, -a pesar de las infinitas precauciones que se tomaban para impedir su -entrada, y de que una numerosa guardia, armada hasta los dientes, se -establecía aquellas tres noches alrededor del árbol. Poco antes de las -doce un sueño irresistible se apoderaba de todos, y no despertaban -hasta el día siguiente, cuando ya la fruta había desaparecido. - -El Rey se sentía sumamente afligido con esta desgracia, que lo era, y -muy grande, pues, como se ha dicho, la suerte del reino dependía del -manzano maravilloso. - -Una vez, en el último día del año, que el Rey se hallaba rodeado de sus -hijos y de todos los grandes de la Corte, dijo: - ---Mañana a media noche madurará la primera manzana de oro, y por cuarta -vez vendrá el misterioso ladrón y se la robará. ¿No hay entre todos -ustedes un valiente que estorbe su entrada? - -Se acercó al trono el hijo mayor del Rey e hincando una rodilla ante su -anciano padre, habló de esta manera: - ---Mi señor y padre, yo me propongo esperar a nuestro enemigo y no -dejarme dominar por el sueño, y por fuerte que sea, vencerlo y -arrastrarlo encadenado a vuestras plantas. - ---Anda, hijo, contestó el Rey, y quiera Dios que te vaya bien en la -empresa. - -Se retiró el príncipe a sus habitaciones, y aunque no eran más de las 2 -de la tarde, se echó a dormir, a fin de no tener sueño en la noche, Como -a las 11 despertó, y armándose de poderosas armas, se dirigió al huerto -y se sentó al pie del manzano a esperar la llegada del ladrón. - -Al dar la campana del reloj del palacio el primer golpe de las 12, se -iluminó el huerto con una luz tan viva que el Príncipe, como herido por -un rayo, perdió la vista y cayó desvanecido en tierra. - -Al día siguiente lo encontraron tendido, como muerto, y en el árbol sólo -vieron dos manzanas de oro: una había sido robada. - -En el consejo que se celebró ese día, se comentó el hecho en medio de -gritos de venganza; pero nadie, sino el segundo de los hijos del Rey, se -ofreció para velar esa noche y hacer un escarmiento en el desconocido -personaje que se había propuesto acabar con la tranquilidad del reino. - -Pero el hombre propone y Dios dispone, y las cosas no resultaron según -los deseos del Príncipe. Los hechos se repitieron en igual forma que en -la noche anterior, y en la mañana siguiente encontraron al Príncipe -tendido en el suelo, sin conocimiento y sin vista. En el árbol no -quedaba sino una manzana. - -La consternación más profunda se pintaba en todos los rostros. En el -consejo nadie se atrevía a hablar; parecía que todos habían perdido el -uso de la palabra. - -Pero he aquí que el tercero de los príncipes, jovencito imberbe de unos -18 años, se adelantó hasta el trono, y prosternándose ante su padre, se -expresó del siguiente modo: - ---Señor y padre amado, me aflige veros triste y contemplar a mis -hermanos en el miserable estado en que han quedado; me aflige ver al -pueblo sobrecogido de espanto y a todos sin ánimo ni valor para nada. Yo -deseo acabar con este estado de cosas: quiero que la paz vuelva a todos, -y espero que Dios dará fuerzas suficientes a mi brazo para vencer al -enemigo común y volver a todos la tranquilidad. Dadme vuestra bendición, -bendecid también mis armas, y que Dios me ayude. - -Con los ojos inundados de lágrimas, bendijo el Rey al Príncipe y bendijo -asimismo las armas que éste depositó a sus pies. En seguida, el -Príncipe, pidiendo permiso al Rey para retirarse, salió de la sala con -paso tranquilo, se dirigió a sus habitaciones, en donde estuvo orando -hasta cerca de las 12, hora en que, armado nada más que de su arco y de -una flecha (las armas que su padre había bendecido), se dirigió al -huerto con la confianza de que había de vencer. - -Poco después sintió un ruido, como el de una gran ave que volara a corta -distancia, y al dar el reloj la primera campanada de las 12, el huerto -se iluminó con una luz vivísima. Pero el Príncipe en vez de mirar -inmediatamente hacia el árbol de las manzanas de oro, como lo habían -hecho sus hermanos, se prosternó humildemente y sólo después de invocar -el nombre de Dios y pedirle su ayuda, tomó el arco y colocó la flecha en -la cuerda. Al resplandor de la luz, que se había dulcificado -notablemente, pudo ver el Príncipe una Aguila enorme, con las plumas de -oro, que tenía sobre sus hombros a una hermosísima Princesa sujeta de la -cintura con una cadena de oro, cuyo extremo apretaba el águila -fuertemente con una de sus patas, mientras con la otra trataba de -agarrar la única manzana que quedaba. En el preciso momento que el ave -la cogía, el Príncipe lanzó la flecha e hirió la pata con que el ave -acababa de tomar la manzana. El Aguila lanzó un grito de dolor, soltó la -manzana, que el Príncipe se apresuró a levantar, y huyó. Pero antes la -Princesa arrancó al ave una pluma de oro y lanzándosela al joven, le -gritó: - ---Guárdala, que ella te servirá para encontrarme. - -Cuando el Príncipe volvió al palacio con sus trofeos, fué recibido con -los mayores transportes de alegría. El Rey no cabía en sí de gozo, pues -como todos los demás, temía que al Príncipe le hubiese sucedido la misma -desgracia que tan cruelmente había herido a sus hermanos. - -Una vez que el joven terminó de referir la aventura, manifestó a sus -padres que tenía deseos de ir a la conquista de la hermosa Princesa, y -de matar al Aguila para librar al reino de las desgracias que este -monstruo pudiera causarle. - -El Rey le dió permiso para tentar esta nueva empresa; y el joven, que -tenía prisa de partir, pues el recuerdo de la Princesa le había medio -trastornado, arregló en un momento sus prevenciones de viaje, y sin -acompañarse de nadie, se lanzó por el primer camino que halló a su paso. - -Así marchó al azar días y días, preguntando en todas partes si sabían en -donde se encontraría el Aguila de las plumas de oro; pero nadie le daba -noticias. - -Un día que iba muy triste y pensativo porque el tiempo pasaba y pasaba -sin adelantar en sus diligencias, fué de pronto sacado de su meditación -por la algazara que formaban unos cuantos niños dentro de una zanja -abierta a orillas del camino. Se acercó a ver qué motivaba la bulla y -vió que los chicos ortigaban a una gran rana que tenían en el suelo -tendida de espaldas. El Príncipe les increpó su crueldad, los castigó -suavemente y los obligó a retirarse. En seguida tomó la rana y la ocultó -a alguna distancia entre la yerba a fin de que, si los niños volvían, no -la encontraran. - -Anduvo todavía varios días, siguiendo caminos y cruzando bosques en que -no encontraba a nadie, hasta que por fin llegó a una choza que se -levantaba a orillas de un arroyo. En la puerta estaba sentada una -viejecita de aspecto agradable, que tomaba tranquilamente su mate, que -ella misma se cebaba. El Príncipe la saludó afablemente y le preguntó si -podría decirle en dónde encontraría al Aguila de las plumas de oro y a -la Princesa que tenía prisionera. La viejecita le contestó que -seguramente podría darle algunas noticias que le interesarían, pero que -era bueno que bajase del caballo para que se sirviera un matecito y -descansara. El Príncipe accedió a los deseos de la anciana, quien le -cebó su buen mate con hojas de cedrón y cáscaras de naranjas, y después -lo condujo a una pieza en que había una excelente cama, que el Príncipe, -que no había reposado en lecho desde que había salido de palacio, -encontró más blanda y agradable que la que tenía en sus habitaciones. - -Durmió el Príncipe como un ángel de Dios, y al día siguiente se levantó -reconfortado y alegre y con mayores deseos de continuar la aventura. -Agradeció a la viejecita sus servicios, la obsequió con algunas de las -provisiones que llevaba y le rogó que le diese las noticias que le había -ofrecido. La anciana le dijo: - ---Joven Príncipe, tú has sido bueno conmigo, tienes un corazón -bondadoso, pues te apiadas de la desgracia ajena, y yo quiero pagar la -deuda que contigo tengo contraída, en cuanto mi poder alcance, y -premiar tu virtud. - -El Príncipe no comprendió lo que la buena mujer le decía, y pensando que -tal vez se referiría a las provisiones que le había obsequiado, le dijo: - ---¡Señora! si el alojamiento que usted me ha ofrecido y la buena noche -que he pasado en su casa valen cien veces más que los pobres víveres que -le he dejado; de manera que yo soy siempre su deudor! - ---No es esa mi deuda, ¿Te acuerdas, Príncipe, de aquella rana que -ortigaban unos niños dentro de una zanja y a quien tú salvaste? Pues, -aquella rana soy yo, que a estas horas habría perecido a manos de -aquellos malvados muchachos si tú no me quitas de su poder. Yo soy -agradecida, y pagaré mi deuda de la mejor manera posible. - -»En un palacio muy distante de aquí vive un gigante hechicero, muy -malvado, y mi enemigo. El es quien tiene prisionera a la Princesa que -buscas y él también el que, convertido en águila con las plumas de oro, -va todos los años a robar al huerto de tu padre las manzanas del árbol -maravilloso. Esas manzanas son las que mantienen su poder, y como en su -última correría sólo alcanzó a robar dos, su poder no durará sino los -ocho primeros meses de este año; además, la pluma que le arrancó la -Princesa ha disminuido su fuerza, que también se ha aminorado un poco -con la herida que tú le causaste en una pata, y que lo ha dejado cojo. -Si tú quieres esperar que se cumplan los ocho meses, no te costará más -trabajo conquistar a la Princesa que vencer al Gigante en lucha -ordinaria, de hombre a hombre, con la seguridad de que, con los medios -que yo te proporcione, saldrás vencedor; pero, si desde luego quieres -rescatar a la prisionera y matar al enemigo de tu patria, tendrás que -correr muchos y grandes peligros, a pesar de las fuerzas que ha perdido -el Gigante, pues su poder siempre es mucho y está rodeado de feroces -auxiliares. - ---Prefiero correr los peligros, dijo el Príncipe, y dar fin de una vez a -esta empresa, aunque perezca en la contienda. - ---No perecerás, pero tendrás que pasar grandes fatigas. Sigue el camino -que principia aquí al frente de mi choza, y después de tres días de -marcha llegarás a casa de una bruja tuerta, más mala que la hiel y -comadre muy querida del Gigante: ésta es la primera avanzada que tienes -que vencer. Cuando llegues, la encontrarás sentada a la puerta, con la -espalda vuelta al camino; te acercarás a ella, procurando que no te -sienta y cuando llegues a donde está, trata de meterle en el ojo derecho -la pluma de oro que te lanzó la Princesa, y quedará ciega: entonces te -apoderas de un hacha que guarda detrás de la puerta y que te servirá -para vencer a las fieras que custodian el palacio del Gigante, para -pelear con este mismo y derrotarlo y para cortar las cadenas con que -está aprisionada la Princesa. Tomarás también una redoma que la Bruja -tiene en una mesa de arrimo que hay en la primera pieza de la derecha; -el agua que contiene es de virtud, y para aprovecharla introducirás en -ella la pluma de oro y te lavarás las quemaduras y heridas que te -produzcan los monstruos guardianes del palacio. De la misma manera -curarás, cuando vuelvas a palacio, la ceguera de tus hermanos. Si alguna -desgracia imprevista te sucede, acuérdate de mí, y correré en tu -auxilio. Ahora anda, y que Dios te ayude. - -Partió el Príncipe todo alborozado, y a los tres días de casi un -continuo andar, el caballo se detuvo a corta distancia de la puerta de -una modesta casa, en la cual había una mujer sentada en un piso, con la -espalda vuelta al camino. Se bajó el Príncipe de su caballo y andando -muy quedito, en la punta de los pies, se acercó a la mujer y le metió la -pluma de oro en uno de sus ojos; pero por desgracia se equivocó, pues en -vez de introducirla en el derecho, que era el sano, se la metió en el -izquierdo, que era el tuerto. La mujer, al sentirse herida, entró a la -casa y volvió rápidamente trayendo un poco de agua de la redoma, con la -que roció al Príncipe, diciendo al mismo tiempo: “Vuélvete quiltro”. Y -el Príncipe se convirtió al punto en un perrillo sucio y despreciable. -La mujer tomó incontinenti un garrote y le propinó una de las palizas -más famosas de que haya memoria. - -El Príncipe huyó al interior de la casa con la cola entre las piernas, -aullando lastimosamente. - -¡Cómo se lamentaba el pobre de su error! Ya todo estaba perdido! Adiós, -Princesa, y padres y hermanos! - -Pero de repente se acordó de la última recomendación de la viejecita y -se puso a decir muy bajito, para que no lo oyeran: «¡Ranita, Ranita, -acuérdate de este pobre príncipe!» Y casi al mismo instante que -terminaba estas palabras, vió a su lado a la Rana. - -Dió la Rana un salto y díjole al oído: «No tengas cuidado, esperemos que -la Bruja duerma y entonces pagará las hechas y por hacer». - -Pasadas unas dos o tres horas, se acercaron a la puerta de la pieza en -que la Bruja dormía y sintieron que roncaba ruidosamente. Entonces la -Rana se convirtió en la Viejecita que había conocido el Príncipe tres -días antes y diciendo unas palabras ininteligibles, el Príncipe dejó de -ser perro y tomó su forma natural. La pluma de oro sirvió para abrir la -puerta del dormitorio de la Bruja, sin que hiciera ruido: y entonces -tomando el Príncipe el hacha que estaba tras de la puerta, asestó a la -Bruja tal golpe en el cuello que le separó la cabeza de los hombros. - -La Viejecita tomó la redoma y le dijo al Príncipe que ella lo -acompañaría para que no le sucediera otra nueva desgracia. Abandonaron -la casa, y a la luz de la Luna vió el Príncipe dos caballos, el de él, -en que montó, y otro más, en que subió la Viejecita. - -Emprendieron la marcha, y cuando ya era de día, divisó el Príncipe, muy -lejos, muy lejos, en la cumbre de una alta montaña, una especie de -castillo. La Viejecita le dijo: «Este es el palacio del Gigante, a quien -venceremos con la ayuda de Dios.» - -Siguieron avanzando, y cuando ya estaban como a una legua de distancia -del palacio, llegó hasta ellos un ruido ensordecedor de maullidos, -ladridos y rugidos espantosos, como si miles de fieras lanzaran a un -tiempo sus gritos amenazadores. Cualquiera habría retrocedido lleno de -pavor, pero nuestros viajeros siguieron impertérritos su camino. - -Media legua más habrían andado los caballos cuando un impedimento -bastante serio los detuvo por un instante: las fieras no se contentaban -ya con sus gritos sino que al mismo tiempo lanzaban por hocico y narices -gruesos chorros de fuego líquido que llegaban hasta nuestros caminantes -y casi los abrasaban. Pero la pluma de oro empapada en el agua de la -redoma se portó a las mil maravillas, pues no sólo les curó como por -ensalmo las llagas que el fuego les había producido, sino que además los -inmunizó para recibir nuevas quemaduras. - -Entonces pudieron avanzar sin cuidado; pero antes de llegar hasta la -puerta del palacio tenían que atravesar una larga extensión de terreno -ocupada por una multitud de leones, tigres, serpientes, demonios y otras -fieras y monstruos servidores del Gigante, que estaban dispuestos a -despedazar a los dos intrusos o dejarse destrozar por ellos antes que -permitir llegaran hasta su amo. - -Pero el Príncipe, armado del hacha encontrada en la pieza de la Bruja, y -la Viejecita blandiendo la pluma de oro impregnada con agua de la -redoma, pudieron derrotar, aunque con algún trabajo y sacando algunas -heridas, a sus poderosos enemigos, que quedaron tendidos en el campo, -sin vida. - -Hélos ahora en presencia del Gigante, el cual, al verlos acercarse, -levantó su pesada muleta de hierro, capaz, no de matar a un solo -cristiano, sino de concluir con un numeroso ejército. - -El Príncipe se adelantaba hacia él sin temor, y una vez que el Gigante -lo tuvo a su alcance, dejó caer la muleta con tal fuerza que más de la -mitad de ella penetró en la tierra. El Príncipe, en cuanto notó el -movimiento del Gigante, esquivó el cuerpo, y alzando su hacha, la -descargó sobre la pierna sana de su enemigo, que cortó como si fuera de -queso. El monstruo, no pudiendo mantenerse en pie, cayó cuan largo era, -y el Príncipe, corriendo apresuradamente, de un hachazo le cortó la -cabeza a cercén. - -La liberación de la Princesa fué cosa de un momento; con un suave golpe -del hacha se cortó la cadena de oro que la aprisionaba, y pudo arrojarse -en los brazos de su libertador. - -En carros y caballos que había en el mismo palacio, cargó el Príncipe -todas las riquezas que encontró, e inmediatamente se pusieron todos en -camino para el reino de su padre. Por medio del arte de la Viejecita, -que tan buenos servicios le había prestado, en pocas horas llegaron a la -entrada de la capital. Allí la Viejecita se despidió del Príncipe y de -la Princesa y después de aconsejarles que fueran siempre buenos y -virtuosos, único modo de obtener la felicidad, desapareció de su vista. -La Viejecita era la Virgen. - -El Príncipe fué acogido por todos en medio de la mayor alegría y -proclamado salvador de la patria. Sus hermanos recobraron la vista -sirviéndose de la pluma de oro y del agua de la redoma. - -El matrimonio del joven Príncipe y de la Princesa fué uno de los -acontecimientos más celebrados. Se hicieron grandes fiestas para el -pueblo, que se divirtió alegremente, y yo me encontré en ellas y bebí -mucho y comí más que un sabañón. - - - - -18. LOS HIJOS DEL PESCADOR, O EL CASTILLO DE LA TORDERÁS, IRÁS Y NO -VOLVERÁS. - -(Narrador: José Pino, de veinte años, de Rancagua.) - - -Para saber y contar, escuchar y aprender. Esteras y esteritas, para -sacar peritas; esteras y esterones, para sacar orejones. No le eche -tantas chacharachas, por que la vieja es muy lacha, ni se las deje de -echar, porque de todo ha de llevar: pan y pan para las monjas de San -Juan; pan y harina para las monjas Capuchinas; pan y queso, para los -tontos lesos. Fin del principio y principio del fin. ¡Atención! - -Han de saber que hace muchos años vivían en un pueblecito de la costa -dos pobres viejos, marido y mujer, muy apreciados de los vecinos por su -bondad y por lo serviciales que eran con todo el mundo. - -El marido era pescador y la mujer se ocupaba de los quehaceres de la -casa, que, aunque no eran muchos, no dejaban de ser bastantes para sus -años. Sus bienes se reducían a la choza que habitaban, a la red, una -yegua, una perra y unos cuantos pesos, muy pocos, por cierto, que habían -logrado reunir a fuerza de privaciones y que guardaban cuidadosamente -para atender a las enfermedades que pudieran sobrevenirles o a -cualesquiera otras necesidades imprevistas. - -Sucedió una vez que durante varios días le fué muy mal al viejito en la -pesca. Echaba la red y no sacaba nada; sin embargo, los otros pescadores -retiraban sus redes llenas. - -«¿Qué diantres habré hecho yo para que el cielo me castigue así?»--decía -desesperado el anciano; y volvía a echar la red, y nada, siempre vacía. - -En las tardes se iba triste a su casa, y a pesar de que su mujer trataba -de consolarlo y le contaba chascarros para hacerlo reir, no lo -conseguía. - -Se comieron las pocas economías que tenían, y cuando no les quedaba ya -ni un chico, el pobre viejo, llorando, se fué a la playa, montado en su -yegua como acostumbraba hacerlo, y tirando la red al mar, dijo:--«En -nombre sea de Dios y que se haga su voluntad»; y después de un rato, al -retirarla, la encontró tan pesada, que para sacarla tuvo que amarrarla a -la cincha de la yegua. - -Mientras la yegua tiraba la red, el viejo se refregaba las manos de -gusto, y riéndose decía:--«En fin la suerte cambia; tendremos para comer -algunos días y aún podremos vender algo.» ¡Pero cuál no sería su asombro -cuando al examinar la red encontró que lo único que había pescado era un -pecesillo que no medía más de una cuarta! - -Y ese ser tan pequeño, ¿cómo pesaba tánto, que él, que era tan forzudo, -no había podido arrastrar la red y había tenido que auxiliarse de la -yegua para sacarla? Tomó su cuchillo e iba a abrir el pescadito para ver -lo que lo hacía tan pesado, y cuando estaba a punto de hacer esta -operación, oyó que el pez le decía:--«No me mates aquí. Llévame para tu -casa y allá me partes en cinco trozos: la cabeza, que te comerás tú; la -cola, que se comerá tu mujer; los dos costados, que darás uno a la yegua -y el otro a la perra; y por último, el lomo, que plantarás en el jardín. -Si haces lo que te digo, no tendrás de qué quejarte, y además, en -adelante, siempre cogerás pesca en abundancia». - -Se fué el pescador a su choza e hizo lo que le había ordenado el -pececito; y ¡oh maravilla! al otro día tuvo la viejecita dos niños muy -hermosos y tan parecidos el uno al otro, que era de confundirlos; -asimismo, la yegua tuvo dos potrillos del mismo pelo y del mismo tamaño; -la perra dos perritos casi iguales, y en el jardín nacieron dos -naranjos. - -Desde ese mismo día el viejecito pescó como ningún otro; de manera que -tuvo alimento suficiente para toda la familia y pescado para vender en -la ciudad vecina. La fortuna le sonreía de todas maneras, pues los niños -crecían sanos y robustos y eran excelentes personas. - -Pasaron los años unos tras otros y los niños transformados ya en -hombres, cumplieron los veinte. Entonces el mayor, que se llamaba -Francisco, quiso salir a rodar tierras, para probar fortuna, y le pidió -la bendición a sus padres. Inmediatamente después de abrazarlos, armose -de una espada, montó en su caballo y seguido de su perro, partió al -galope. - -Después de algunos días de marcha, llegó a una ciudad y notó que la poca -gente que andaba por las calles parecía consternada por una gran -desgracia. Al mismo tiempo se oían lamentos, llantos y alaridos por -todas partes. - -Detuvo Francisco a una viejecita que iba toda llorosa y le preguntó por -qué los habitantes de la ciudad andaban tan tristes. - ---¡Cómo no hemos de estar afligidos, patroncito, cuando hoy debe comerse -el culebrón a la única hija de nuestro rey, la princesa más bella y más -bondadosa que se conoce, tan querida de los pobres, pues a todos nos -auxilia y nos consuela! Ah! esta es la peor desgracia que podía -sucedernos! - -Y la anciana lloraba sin consuelo. - ---Pero, cuénteme que es eso del culebrón y por qué se va a comer a la -Princesa. - ---Ha de saber, señor, que en la montaña vecina se ha establecido desde -hace años, un culebrón enorme, que tiene siete cabezas y al cual nadie -ha podido matar, por valiente que haya sido, pues en cuanto le cortan -una, al momento renace, y para concluir con él habría que cortarle las -siete de una vez; pero hasta ahora, señor, ninguno lo ha conseguido, a -pesar de que el Rey ha ofrecido como premio la mano de su hija, y lo -único que se ha sacado es que hayamos tenido que lamentar el -desaparecimiento de los más nobles caballeros, de los mejores soldados -del ejército que tentaron la aventura. Pero esto, mi caballerito, nada -sería; lo peor es que la fiera, para no envenenar el agua, lo cual -acabaría con la población del reino, exige que cada año se le entregue -una princesa de sangre real; ya se le han entregado las primas y -sobrinas del rey y no queda sino la única hija que nuestro monarca -tiene, a quien tanto quiere que se mira en ella, y lo mismo el pueblo -entero, que la adora; y hoy a las 12 del día, se vence el plazo, en que -el culebrón vendrá a buscarla. La princesa se dirigió temprano a la -montaña, para que la fiera dé hoy también cuenta de ella. - ---Pues, por esta vez, buena anciana, el culebrón no saldrá con la suya, -que para algo Dios ha dado fuerza a mi brazo y ha infundido valor en mi -espíritu. - -Pidió el hijo del pescador las señas del lugar en que estaba la princesa -y, dadas por la viejecita clavó espuelas al caballo y partió a toda -carrera. - -Halló Francisco a la princesa sentada en una piedra, llorando -amargamente y enjugándose las lágrimas con su larga y brillante -cabellera rubia, cuyas crenchas, sueltas, pendían a uno y otro lado del -cuello. El joven trató de consolarla y le prometió que mataría al -monstruo antes que tocara uno solo de sus cabellos; y con tanta -seguridad hablaba, que logró infundir confianza en la princesa. -Conversaron un rato, hasta que Francisco, que se sentía fatigado, quiso -descansar mientras llegaba la hora del combate, y tendiéndose en tierra -y apoyando la cabeza en las faldas de la princesa, se quedó dormido. -Momentos antes, mientras hablaban, la Princesa había dado al joven un -pañuelo, con su cifra, y un valioso anillo, diciéndole que tal vez -podría servirle de algo más tarde. - -Junto con sentirse la primera campanada de las 12 en los relojes de la -ciudad, se oyó un rugido formidable que conmovió toda la montaña y, -naturalmente, despertó al joven. - -Monta éste apresuradamente en su caballo y empuñando la espada, llama a -su perro y se apercibe para la pelea. Fué ésta un espectáculo digno de -verse. El Culebrón adelantaba las siete cabezas hacia su enemigo y -trataba ya de morderlo con sus afilados colmillos, ya de estrecharlo -entre sus cuellos; pero, por un lado el caballo, que esquivaba los -ataques con toda rapidez, y el perro, por otro, que acosaba a la fiera -con sus dentelladas, le impedían dañar al hijo del pescador. - -De vez en cuando nuestro combatiente lograba asestar con su espada un -terrible golpe en alguno de los cuellos de la bestia y una de las -cabezas rodaba por el suelo; pero era inútil, porque en el mismo -instante de ser cortada aparecía otra nueva. - -Largas horas habían transcurrido desde el comienzo del combate y ninguno -de los dos enemigos había conseguido ventaja sensible sobre el otro; -pero sucedió que el Culebrón, por defenderse del perro que acababa de -abrirle ancha herida cerca de la cola y de la cual manaba sangre en -abundancia, dirigió las siete cabezas hacia atrás, y entonces el hijo -del pescador, aprovechando de la circunstancia de que el monstruo no -podía atacarlo, levantó la espada con las dos manos y, con robusta -fuerza, la dejó caer un poco más abajo de donde el cuello se dividía en -siete. El rugido que lanzó el animal al sentirse mortalmente herido, fué -tremendo, y se oyó a muchas leguas de distancia; pero, inmediatamente se -produjo el silencio más completo. El Culebrón no volvería ya a molestar -a nadie y el reino se vería libre, en adelante, de tan cruel enemigo. - -Francisco bajó de su caballo y, cortando una por una las siete lenguas -de la bestia, las envolvió en el pañuelo de la Princesa y las guardó en -su pecho. - -Mientras tanto la Princesa, que había presenciado el terrible combate y -que a cada momento le parecía ver a su defensor triturado en las fauces -del fiero monstruo, presa del mayor terror, enmudeció--y cuando el -joven, ya vencedor, corrió hacia ella para subirla a su caballo y -conducirla a la ciudad, no pudo articular ni una palabra y hubo de -limitarse a manifestarle su gratitud por medio de señas. - -El joven dejó a la princesa en las puertas de la capital y, -prometiéndole que volvería en tiempo oportuno, se despidió y fué a -alojarse en una choza abandonada que se levantaba no muy lejos y cerca -de la cual había agua y pasto en abundancia para su caballo y pesca y -caza para él y su perro. - -En el mismo día en que se efectuó el combate, un negro, que el cocinero -del rey ocupaba en acarrear leña de la montaña, tropezó con el Culebrón, -que yacía en tierra todavía caliente, pues no hacía mucho que había sido -matado. El enorme peso del animal impidió al negro cargarlo, a pesar de -sus fuerzas, y entonces, a hachazos, lo cortó en varios trozos, que -arrojó en el carro de que se servía para conducir la leña, y llevándolo -a palacio se presentó al Rey, diciéndole que acababa de matarlo y -exigiéndole el cumplimiento de la promesa de que casaría a su hija con -el vencedor del monstruo. La princesa había llegado pocos momentos -antes; pero como había quedado muda y estaba como atontada de miedo, no -se hallaba en situación de desmentir al miserable negro. - -Como parecía evidente que el negro había sido el matador del Culebrón, y -palabra de Rey no puede faltar, concedió el Rey al negro la mano de la -Princesa y se convino en que, en unos quince días más, cuando la -Princesa hubiera salido del estado de inconsciencia en que se -encontraba, se celebraría la boda. - -Pasaron los días y aunque la Princesa no recobró la palabra, se -prepararon los festejos para la celebración del matrimonio. Las fiestas -debían comenzar con una gran comida, a que asistiría toda la corte. La -Princesa estaba desesperada, pero como no podía hablar, a pesar de los -esfuerzos que hacía para explicar por medio de gestos la impostura del -negro, no pudo darse a entender. - -Llegó el día del banquete, y el hijo del pescador, que estaba en autos -de todo por lo que se decía en la ciudad, cuando fué la hora de la -comida, ordenó a su perro que, sin que nadie lo viera, arrebatara al -negro su plato. El perro ejecutó la orden por dos veces seguidas, sin -ser visto; el negro, creyendo que algunos de los servidores adrede le -sacaba los platos ante de tocarlos, formó grande alharaca y se armó el -alboroto consiguiente. La tercera vez, Francisco mandó al perro que se -dejara ver; y al ser sorprendido en el acto de robar el plato al negro, -el Rey ordenó a sus guardias que lo siguieran y trajeran a su presencia -al amo del perro. - -Cuando llegaron a la choza en que el joven se hospedaba, el capitán de -la guardia le intimó orden de seguirlo, pero Francisco dijo que sólo -iría si lo iban a buscar en coche, porque él era quien debía estar en la -mesa sentado al lado de la Princesa en lugar del horrible negro, que no -pasaba de ser un impostor; que se le llevara ante el Rey no en calidad -de preso, sino en la forma que indicaba y probaría palmariamente lo que -acababa de decir. - -Volvió el capitán con el mensaje ante el monarca y a pesar de las -protestas del negro, con gran contento de la Princesa y de las damas y -señoras de la corte dispuso el Rey que trajeran al joven en coche, como -él lo pedía, para oir sus alegaciones. - -Al entrar Francisco en la sala del convite, llamó la atención de los -circunstantes, por su varonil hermosura y por su cortesanía. Pidió -permiso al Rey para hablar y, concedido que le fué, preguntó al negro si -las cabezas del Culebrón (que aún se conservaban como recuerdo y -permanecían expuestas a la admiración del público), estaban completas -cuando las había traído a la ciudad. El negro contestó que estaban -completas; pues él nada les había sacado ni notó que nada les faltara; -que después de terminado el combate que había sostenido con la fiera, -se había limitado a cortar con su hacha el cuello principal del animal. -Francisco pidió entonces al Rey y a todos los presentes que tomaran nota -de lo que acababan de oir, y tornó a preguntar al negro: - ---¿Estás seguro de que nada les faltaba? ¿Todas tenían sus dos ojos, sus -dos orejas, su lengua? - ---Supongo que todas las tendrían, porque, como he dicho, yo nada les -saqué. - ---De manera, repuso el joven, dirigiéndose al Rey, que si yo tuviera en -mi poder o los ojos, o las orejas, o las lenguas del Culebrón, ¿sería yo -el matador del monstruo? Ya que después que le trajeron a palacio yo no -habría podido sacárselos, pues si lo hubiese tentado, me lo habrían -impedido los guardias que, según he oído, lo han custodiado día y noche. - ---Así es--contestó el Rey. - ---Así es--murmuraron los que estaban en la mesa. - ---Pues bien, aquí están las siete lenguas del monstruo, que yo corté -después de matarlo, y envolví en este pañuelo con la cifra de la -Princesa, que ella misma me entregó antes del combate. Con esto queda -comprobado que el negro es un miserable embustero que no hizo otra cosa -que dividir el cadáver del monstruo que yo había dejado abandonado -mientras conducía a la princesa a la ciudad; y a mayor abundamiento, he -aquí un anillo que también ella me obsequió y que si su Majestad me -permite colocaré en la mano de su antigua dueña. - -A una señal de asentimiento que el Rey hizo, Francisco se acercó a la -Princesa, y en cuanto el joven colocó el anillo en su mano, la gentil -niña recobró el habla y exclamó: - ---¡Padre, este es mi salvador; él es el verdadero matador del culebrón! - -El Rey ordenó a la guardia que en el acto sacaran al negro de la sala y -lo despeñaran desde la cumbre de un cerro muy alto, que servía para -ajusticiar a los criminales; y a Francisco que se sentara al lado de la -Princesa, que desde ese momento pasaba a ser su prometida. - -La fiesta, que había comenzado en medio de la mayor tristeza, pues la -vista del negro los tenía a todos desazonados, se tornó en francamente -alegre y terminó con la celebración del matrimonio del hijo del pescador -con la princesa. - -Cuando los novios estuvieron en sus habitaciones, el joven se asomó -casualmente a una ventana y vió que a la distancia se elevaba una gruesa -columna de humo rojizo. - ---Parece que hay un incendio--dijo Francisco a la Princesa. - ---No es un incendio--le contestó ella;--es el humo de la fogata que -todas las noches encienden en el castillo de la «Torderás, irás y no -volverás». - ---¡Qué nombre más raro tiene ese castillo! - ---Se llama así porque el que a él va, no vuelve. - ---Pues no le valdrá a ese castillo el nombre de la «Torderás, irás y no -volverás», porque yo iré y volveré. - -La princesa rogó con insistencia a su marido que no fuese, que no se -expusiera al peligro, pero Francisco le contestó: - ---Si triunfé del Culebrón que tanto daño causaba al reino, ¿por qué no -venceré los peligros que en el castillo puedan presentárseme? - -Y saliendo de las habitaciones, se fué a la caballeriza y sin más -compañía que su fiel perro partió a la luz de la Luna. - -Aquel humo rojizo que aparentaba estar no muy distante del palacio, -parecía alejarse a medida que el joven avanzaba hacia él; y sólo en la -mañana, después de una marcha continua de la noche entera, logró él -acercarse al castillo. Pero ojalá nunca hubiera llegado hasta ahí, -porque no bien se encontró en ese sitio, comenzó a salir, como si del -suelo brotara, una muchedumbre de viejas horribles, que lo rodearon y -que dándose fuertes tirones de la cabellera, se arrancaban pelos que -arrojaban al intruso que iba a turbarlas en su reposo. Al principio nada -ocurrió, pero en el mismo instante que uno de los muchos pelos de las -viejas, que flotaban en el aire, tocó a Francisco, tanto éste como su -caballo y su perro se convirtieron en piedras. - -Volvamos ahora a casa del pescador, que ya es tiempo. - -Desde que Francisco salió de casa de sus padres, ni éstos ni el hermano -que quedó con ellos habían tenido noticias suyas. Se consolaban de la -ausencia del deudo querido visitando diariamente el naranjo que había -nacido al mismo tiempo que él, de uno de los costados del pescado, y que -a él le había correspondido. Viéndolo y cuidándolo, les parecía estar -con Francisco. - -Un día el árbol que hasta entonces había crecido esbelto y lozano, -amaneció mustio, con las hojas amarillas, como si estuviera a punto de -secarse. Al verlo en este estado, Domingo, gemelo de Francisco, dijo a -sus padres: - ---A Francisco debe haberle ocurrido alguna desgracia, porque su naranjo -ha amanecido enfermo. Si me dan permiso, salgo inmediatamente en su -socorro. - -Bendijéronle sus padres; y ciñéndose la espada, montó en su caballo y -partió a la carrera, acompañado de su perro, hasta llegar a la misma -ciudad a que había arribado su hermano. - -La primera persona a quien encontró fué aquella viejecita que contó a -Francisco la historia del Culebrón. Domingo la saludó cariñosamente y le -preguntó por las últimas noticias que circulaban en la ciudad. La -viejecita le refirió cómo un joven muy parecido a él, casi igual, que -había llegado días antes había librado a la Princesa y al reino del -Culebrón; el matrimonio del joven con la Princesa y la desaparición del -novio; todo sin omitir detalle ni circunstancia de interés. - -Por los datos de la anciana, no dudó Domingo que el desaparecido era su -hermano, y para averiguar mejor las cosas, se dirigió al palacio. Los -guardias creyeron que era el esposo de la Princesa y lo dejaron pasar. -La Princesa también creyó que era su marido y lo recibió con mucha -alegría. - ---¿Qué te habías hecho en estos tres días?--le dijo--Creía que te había -acaecido alguna desgracia: que el caballo te hubiera arrojado, que te -hubieran asesinado... - ---Por suerte, hija, no me ha pasado nada serio; me extravié y me costó -mucho dar con el camino; pero, dime: ¿qué es ese humo rojizo que se -divisa a lo lejos? - ---Pero, hijo, ¿qué se te ha hecho la memoria? ¿No te acuerdas que te -dije la otra vez, en la noche de nuestro casamiento, que ese humo salía -de la «Torderás, irás y no volverás»? ¿Y que, efectivamente, el que iba -a él iba pero no volvía, y que, a pesar de mis súplicas, montaste en tu -caballo y te fuiste? - ---Ciertamente, ahora me acuerdo; pero, como acabo de decirte, me -extravié. Sin embargo, iré de nuevo y volveré. - -Domingo comprendió, por la conversación anterior, que a su hermano le -había sucedido algo grave en su expedición al castillo, y se propuso -salvarlo. Se despidió de la princesa con un «hasta luego» y, montando en -su caballo, partió en dirección al castillo, seguido de su perro. - -Al amanecer llegó a inmediaciones del castillo, y vió como salían las -horribles viejas a estorbarle el paso, y como le tiraban los cabellos -que se arrancaban de la cabeza; y adivinando con qué fin lo hacían, -desenvainó la espada, clavó espuelas al caballo y arremetió contra las -brujas. Tanto menudeó los golpes y con tanto acierto, que en pocos -minutos no quedó en pie sino una de las arpías. - -Iba Domingo a matarla, pero ella se arrodilló suplicante, y le dijo: - ---¡Perdóname la vida, señor, y te devolveré a tu hermano, que está -encantado! - ---Está bien--le dijo Domingo--no te mataré, pero desencantarás no sólo a -mi hermano, sino a todos los demás que estén encantados en este castillo -maldito y en sus dependencias; e inmediatamente después saldrás de este -país para no volver más a él, so pena de la vida. - -La vieja cortó una varita de un árbol que estaba allí cerca y con ella -fué tocando una por una las piedras diseminadas en el suelo y, a medida -que las tocaba, se convertían en gallardos mancebos, montados en briosos -caballos. Una vez que no quedaron piedras, la vieja hechicera, seguida -siempre de Domingo, armado de su espada, penetró en el castillo, desde -cuya puerta se divisaban interminables galerías de estatuas de mármol -que representaban bellísimas niñas: unas de pie, otras sentadas, otras -de rodillas, etc. También las fué tocando la vieja con la varita, y en -cuanto sentían su contacto, se animaban y descendían de sus pedestales. -Eran las numerosas jóvenes que el Culebrón, en vez de devorarlas, como -todos lo creían, llevaba al castillo, en donde eran transformadas en -estatuas por las hechiceras. - -Francisco y Domingo se abrazaron cariñosamente, y sin pérdida de tiempo -emprendieron marcha a la ciudad, seguidos de los innumerables jóvenes de -uno y otro sexo recientemente desencantados, que entonaban loores a su -libertador. - -Llegaron a palacio y Francisco contó al Rey y a la Princesa las -peregrinas aventuras que les habían acaecido. - -Al día siguiente se celebró el fausto acontecimiento con un gran -banquete, al que concurrió toda la familia real y los jóvenes salvados -por Domingo. El fué, naturalmente, el héroe de la fiesta, y a cada -momento se le aclamaba. - -Invitado por el Rey a que escogiera la que más le agradara para esposa, -entre las jóvenes salvadas por él mismo, todas las cuales eran de sangre -real, fijó su atención en una que descollaba entre todas por su aspecto -dulce y modesto. Era prima de la princesa, mujer de su hermano, y muy -querida del Rey y de ella. - -Con ella se casó y fijaron su residencia en el antiguo castillo de la -«Torderás, irás y no volverás», el que, libre de la maléfica influencia -del Culebrón y de sus servidoras, se había transformado en una -espléndida mansión. Domingo le cambió el fatídico nombre con que era -conocido, por el de «Castillo de la Torderás, si a él vas, contento -volverás»; y en efecto, quien lo visitaba salía plenamente satisfecho de -la magnificencia con que era atendido por sus dueños. - -Francisco y Domingo no olvidaron a sus padres en la prosperidad: los -llevaron a su lado y los honraron como buenos hijos. Dios los premió, -haciéndolos felices hasta el fin de su vida, que fué larga y se deslizó -dulcemente, sin penalidades ni contratiempos. - -Y aquí se acabó el cuento, y se lo llevó el viento, y se entró por la -puerta de un convento; los frailes, que lo oyeron, quedaron muy alegres; -los mochos y sirvientes se cayeron de contentos. - - - - -19. EL COMPADRITO LEÓN, POTITO QUEMADO. - -(Contado por Beatriz Montecinos, de Talca, de 50 años, en 1911). - - -Este era un Rey muy rico, que tenía un Monito muy ladrón, y el monito -iba todas las noches a robarle charqui para comérselo con sus amigos. - -Un día fué el Rey a la bodega para ver cuanto charqui le quedaba porque -lo iba a vender al día siguiente. El Rey, al entrar a la bodega, se cayó -de espaldas del susto que le dió porque encontró tan poquito charqui. -Llamó entonces al Mayordomo y le dijo:--¿Tú has vendido charqui? El -Mayordomo le contestó:--Yo no, su mercé; yo para nada he entrado a la -bodega y ni siquiera he visto el charqui. - -El Rey se puso a contar el charqui para ver si en la noche se lo iban a -robar; una vez que contó los líos, llamó a sus mozos y les mandó que -toda la noche hicieran ronda por la orilla de la bodega y pudieran -pillar al ladrón, advirtiéndoles que a la mañana siguiente vendría a -saber lo que había pasado. - -Los pobres mozos casi se murieron de frío en la noche, y no vieron a -nadie. - -Al otro día tempranito fué el Rey a preguntar si habían visto al ladrón. -Los mozos le contestaron que no habían visto a nadie. Entonces llamó al -Mayordomo, entró con él a la bodega, contó de nuevo el charqui y vió que -le faltaban muchos líos. - -Enojado como un diablo, porque creía que el Mayordomo era el ladrón y se -estaba haciendo el leso, le dijo:--Te doy de plazo dos días para que -pilles al ladrón, y si en los dos días no lo has pillado, con tu cabeza -pagarás el charqui que se ha perdido. Y se fué dejando todo afligido al -pobre Mayordomo. - -Cuando el Mayordomo se quedó solo, se puso a decir:--¡Buena cosa, que mi -amito sea tan injusto conmigo, cuando yo ni malicio quien pueda ser el -ladrón! - -Cansado de tanto pensar el pobre hombre, se le ocurrió ir donde una -vieja bruja que tenía pacto con el diablo, para pedirle consejo. - -Se fué donde la vieja y le contó todo lo que le había pasado y lo que el -Rey le había dicho. La vieja le dijo que no fuera miedoso porque nada le -pasaría.--“Váyase a la casa--le dijo--recoja hartas chamisas y haga una -fogata bien grande adentro de la bodega y se fija bien por donde sale el -humo y viene a avisármelo”. - -El Mayordomo se fué contento porque ya el Rey no mandaría cortarle la -cabeza. Agarró las chamisas y les atracó fuego. Ligerito vió el humito -que salía por un portillito que había en un rincón. Al tirito se fué -donde la vieja y le dijo que el humo salía por un portillito que había -en un rincón. Entonces la vieja le dijo que hiciera un mono de liga y le -pusiera en las manos una baraja y pusiera una mesa con harta plata en un -lado y una vela encendida en el otro, y que todo lo arreglara muy bien y -lo pusiera frente al portillo y volviera al otro día. - -El Mayordomo se fué e hizo todo lo que la vieja le había encargado. - -Después que dejó todo arreglado, se fué dejando bien cerrada la bodega. - -En la noche llegó mi buen Monito, que se entraba por el portillito, y -vió al compañero con la baraja en la mano y con tantísima plata en la -mesa que llegó a saltar de gusto, porque decía:--«Esta noche le gano -toda la plata y me voy a remoler donde mis chiquillas con plata y con -harto charqui». - -Entró como de costumbre, y le dijo al otro mono: - ---Ya estoy aquí, compañerito de mi alma; vamos a rifar quien talla. - -Y agarró una chaucha y la tiró para arriba diciendo: - ---¿Cara o sello? Sello! te tocó a ti; ya está; principia. - -Y como el mono de liga estaba quieto, el Monito le dijo: - ---Contra na estáis enojado, porque si no me jugáis, te quito la plata y -te pego. - -El Monito viendo, que la hora se pasaba y el otro no jugaba, le quitó la -baraja y se puso a tallar él. Luego tiró dos cartas y le preguntó: - ---¿A cuál vay vos?; y el otro mono callado. - -Le dijo entonces: - ---Bueno, ya que no querís escoger, escogeré yo; te apuesto cien pesos a -la sota de oro; y el otro mono, callado. - -El Monito tiró y ganó, y siguió jugando hasta que le ganó todita la -plata al otro. Después dijo: - ---Me teníay que dar más plata, todavía, porque me habís quedado -debiendo; y el otro mono callado. - -Y le ha dado tanta rabia al Monito porque el otro no le contestaba ni le -hacía caso, que le dijo: - ---Ya que vos no me pagáis, yo te pagaré; y le endilgó un puñete tan -fuertazo que lo botó de la silla. - -Quedó el Monito pegado de la mano derecha. Entonces le dijo al mono de -liga: - ---Si no me soltáis, te mando otro puñete, cosa que te haga escupir -tachuelas. Y el mono callado. - -Le mandó entonces otro puñete, y se quedó pegado de la mano izquierda. -Después le dijo: - ---Si no me soltáis, te mando una patá que te hago estornudar pejerreyes. - -También le mandó la patada y también quedó pegado de la pata derecha. - -Después le largó una patada con la pata izquierda, y se quedó pegado de -esta pata. - -Después le lanzó un colazo, y quedó pegado de la cola. - -Después le mandó un guatazo, y se quedó pegado de la guata. - -Ya no le quedaba libre más que la cabeza. - -Entonces le dijo: - ---Suéltame, monito lindo, te doy toda la plata que te he ganado, toda la -que yo traía, y toda la que tú queray. Y el otro mono callado. - -Entonces vió que era lesera rogarlo, y le mandó un cabezazo a matarlo: y -también quedó pegado de la cabeza. - -A todo esto venían ya las claras del día y el Monito estaba frito. -Llorando estaba el Monito su desgracia y lamentándose de su suerte, -cuando llegó el Mayordomo y lo vió. Entonces casi se volvió loco de -gusto el Mayordomo, porque había pillado al ladrón. Más que ligerito se -fué donde el Rey para avisarle que el ladrón había caído en la trampa. -El Rey fué corriendo a ver quien era el ladrón, y cuando entró en la -bodega se quedó abismado de ver a su Monito preso; y le ha dado toitita -la rabia, que mandó que lo sacaran y lo amarraran a los castaños para -que le echaran dos fondos de agua hirviendo y le metieran por el poto un -barra de fierro que estuviera bien caldeada. - -Sacaron los mozos al Monito y lo amarraron a los castaños y se fueron a -calentar el fierro y el agua. - -Cuando estaba solo el Monito, acierta a pasar por ahí su compadre León, -que le preguntó: - ---Qué está haciendo ahí, compadrito? Apuesto que me lo han pillado -robando castañas. - -Entonces el Monito le contestó: - ---¡Ay compadrito, si Ud. supiera lo que me pasa, estoy seguro que no se -reiría de mí sino que me salvaría! - -El compadre León al oirlo hablar con tanta pena, le preguntó: - ---¿Qué le pasa, compadrito? - -Y el Monito le contestó: - ---¡Qué malos son conmigo, compadrito! ¿a quién se le ocurre que un -Monito tan chico como yo se va a comer una ternera tamañaza, y más no -teniendo ni una pisquita de ganas de comer? ¿por qué, compadrito, usted -que es tan bueno y es bien grande no se come la ternera y me salva a mí? - -El compadre León llevaba harta hambre, porque hacía hartazos días que no -probaba ni agua, así es que le dijo al Monito: - ---Bueno, pero ¿qué hay que hacer? - -Entonces el Monito le contestó: - ---Primero me tiene que cortar las amarras, quedando usted en mi lugar. -Después vendrán dos hombres a preguntarle si se come la ternera, y usted -les dirá que sí, que se la come toitita. Entonces le entregarán la -ternera y lo dejarán en paz con su pancita bien llena. - ---Muy bien le dijo el compadre León, manos a la obra; y ligerito desató -al Monito, y se puso él en su lugar para que lo amarrara. - -El Monito lo amarró bien amarrado para que no se fuera, y cuando acabó -de amarrarlo, le dijo: - ---Adiós, compadrito León, que goce mucho con la ternera y que no se vaya -a empachar. - -Y se fué, dejando al compadre León bien amarrado y con la boca que se le -hacía agua. - -El compadre León llegaba a menear la cola de contento y no hallaba las -horas que le trajeran la ternera. - -Por fin llegaron los hombres con los fondos de agua hirviendo y la barra -de fierro, que llegaba a venir coloradita de lo caldeada que estaba. El -León creyó que la barra era el asador que había servido para asar la -ternera y que a la ternera la traían en los fondos. - -En cuanto llegaron los hombres le dijeron: - ---¡Ah! endenantes erais Monito y ahora te volvisteis leoncito; pero esto -no te servirá de nada. - -El compadre León, creyendo que le preguntaban si se comía la ternera, -contestó: - ---¡Sí me la como! ¡Sí me la como! - ---Si ya te la vais a comer, Monito diablo, le dijeron; y diciendo y -haciendo, le han echado encima los dos fondos de agua hirviendo y me lo -han dejado lo mismo que pollo en punto de echarlo a la cazuela; y más -que ligerito y antes que el compadre León se repusiera, le han metido la -barra caldeadita por el poto, y se lo dejaron lo mismito que luche. - -El compadrito León, del dolor que le dió, cortó las amarras y se arrancó -antes que le hicieran otra cosa peor. Se fué bramando lo mismito que un -buey cuando lo marcan. - -Cuando iba corriendo, le salió al camino su compadre Monito y desde -lejitos le dijo: - ---¿Qué hubo, compadrito León, potito quemado? ¿se comió la ternera? -¿Bueno que estaría bien rica, no? - -El compadrito León potito quemado casi no podía hablar del dolor; pero -se paró un ratito y le contestó: - -Ya me las pagarís bien, Monito picarón. - -Una vez que se mejoró el compadrito León potito quemado, se fué donde -una comadre Zorra que tenía, que era el mismo diablo y veía debajo del -agua, a preguntarle como haría para pillar al Monito. La comadre Zorra -cuando vió a su compadre León con el poto quemado, casi se murió de la -risa que le dió y le hizo muchísima burla. Después que se cansó de reir, -le aconsejó al compadre León que se fuera a la orilla del río y se -escondiera bien detrás de una piedra, sin hablar ni una sola palabra, -porque todos los días iba el Monito a tomar agua ahí. - -El compadre Leoncito potito quemado le dió las gracias, y se fué a donde -la Zorra le había dicho y se escondió y esperó que llegara el Monito. - -En esto estaba cuando llegó el Monito y le mereció ver la punta de la -cola al compadrito León. Entonces el Monito se puso todo malicioso y -antes de tomar agua comenzó a decir: - ---Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... - -Y así siguió hasta que el compadre León se aburrió y le dijo: - ---Tómame no más, Monito. - -Entonces el Monito dijo: - ---Yo no tomo agua que habla, porque ahí está mi compadre Leoncito potito -quemado: y se arrancó antes que el compadre León lo pillara. - -El compadre León salió de su escondite rabiando porque no había pillado -al Monito y se fué a donde la comadre Zorra a contarle lo que le había -pasado. La comadre Zorra casi le pegó al verlo tan tonto, y después que -lo retó bien le dijo: - ---Vaya otra vez a ponerse detrás de la misma piedra y no le diga ni una -palabra, aunque esté todo un día esperando. - -El compadre León prometió quedarse callado y se fué ligerito a -esconderse antes que llegara el Monito y lo pillara. - -Después de mucho rato llegó el Monito con un palito en la mano y se puso -a decir lo mismo que la primera vez: - -Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... hasta -que se cansó, y como nadie le contestara, se puso a tomar agua. - -En esto estaba cuando el compadre Leoncito potito quemado pegó un salto -y me lo pescó al Monito de una mano. El Monito, todo afligido, le dijo: - -Mire, compadrito, perdóneme por esta vez,--y el de León no le hacía -caso. - ---Bueno, compadrito, ya que no me perdona, no me agarre de esa manito -porque la tengo enferma; agárreme esta otra. - -El compadre fué a agarrarle la otra mano; pero en vez de la mano le -agarró el palito que le alargó el Monito. Donde el Monito, en cuanto se -vió libre, se arrancó gritando: - ---¡Buena cosa, mi compadre Leoncito potito quemado! por agarrarme la -manito me agarró el palito. - -El compadre León agarró el palito y lo hizo pedacitos, jurando y -perjurando porque el Monito había vuelto a hacerlo leso. - -Otra vez se fué donde la comadre Zorra. - -La comadre, al saber lo que había pasado, agarró una varilla y le sobó -el lomo al compadrito León para que se le quitara lo pavo. Después que -le dió unos cuantos varillazos, le dijo: - ---Váyase a la mata de palma donde el Monito va a almorzar, por detrás de -los sauces para que así no lo vea, y no le haga caso de nada, y lleve un -buen cordel para que lo traiga amarrado. - -El compadre León le dió las gracias a su comadre Zorra y le prometió -seguir su consejo al pie de la letra. - -Desde arriba de la palma divisó el Monito al compadre León, que venía -haciéndose el lesito, y se puso a gritarle: - ---Compadrito León potito quemado, ¿por qué no se sube a la palma a comer -coquitos conmigo? ¡mire que están muy ricos! Al León se le hacía agua el -hocico y ya le parecía que estaba comiendo coquitos; pero se acordó del -encargo de su comadre Zorra y de los varillazos que le había dado, y le -contestó al Monito: - ---No quiero cocos, a comerte vengo. - -Pero el Monito le dijo: - ---Suba no más, compadrito, después que comamos coquitos me come a mí. -Tíreme una punta del cordel y usted se amarra de la otra a la cintura y -yo lo subo. - -Ya se estaba haciendo tarde, así es que el compadre León, de puro -aburrido que estaba, hizo lo que el Monito le indicaba: le tiró el -cordel y él se amarró bien a la cintura. El Monito le decía: - ---¡Ay compadrito! ¡cuántos coquitos se va a comer, y después me comerá a -mí! - -Mientras el León iba subiendo, el Monito se iba bajando. Cuando el -compadre León iba a llegar arriba, vió que el Monito estaba abajo. Lleno -de rabia le dijo: - ---¡Ah, pícaro! me habís engañado! pero me las tenís que pagar no -más!;--y ya se iba a bajar, cuando le dice el Monito: - ---Ya está frito mi compadrito León potito quemado; y lo amarró bien -firme a la palma, dejando al pobre Leoncito colgado. - -El Monito principió a hacerlo rabiar, diciéndole que era un tonto, que -ya lo había hecho leso tres veces y todavía no escarmentaba y que para -celebrar la diablura que había hecho se iba a robar más charqui. - -El compadre León ya estaba desesperado porque nadie lo sacaba, sino que, -al contrario, pasaban y le hacían burla como un diablo. - -En esto pasó su comadre Zorra y lo vió y en vez de apurarse en sacarlo, -lo principió a retar. El compadre León le pedía perdón diciéndole que -ya no iba a ser más tonto. Entonces la comadre Zorra lo perdonó, y por -librarlo más luego, cortó el cordel; donde el pobre León, hijito de mi -alma, casi se mató del costalazo que se dió. - -La comadre Zorra, después que lo retó otra vez bien retado, le dijo: - ---Mire, compadre, fíjese bien en lo que le voy a decir, porque si no -hace lo que yo le digo, yo misma le doy la contra. Váyase a la cueva de -la bruja que está detrás del cerro del Palomo, y ahí me pilla al Monito -con toda seguridad, porque ahí va todos los días a machacar el charqui. -Y adiós, compadre, no se le olvide lo que le digo, y no vaya a ser cosa -de que vuelva a meter la pata otra vez. - -El compadre León potito quemado se fué a donde la Zorra le había dicho. -Cuando llegó a la cueva, pilló adentro a mi buen Monito, machacando -charqui. El compadre Leoncito se paró en la puerta y le dijo: - ---¡Ah Monito pícaro, al fin te voy a matar, después de tanto tiempo que -te has reído de mí! - -El Monito, sin afligirse ni apurarse, le dijo: - ---¡Buena cosa, compadre, que usted se moleste tanto por mí, cuando yo -estaba pensando ir ahora mismito a verlo para pedirle perdón! - ---Pícaro, le dijo el León ¿todavía no estáy contento con lo que te hay -reído de mí? pero ya no te reirís más, porque tu fin ha llegado. Reza el -acto de contrición. - -Entonces el Monito le dijo: - ---Bueno; ya que viene tan guapo, sírvase un pedacito de charqui, que -está muy rico. - ---No quiero--le contestó el León;--el único charqui que voy a comer eres -tú; así es que prepárate. - ---Bueno--le dijo el Monito;--pero como todos los reos que están en -capilla tienen derecho de pedir y que se le conceda una gracia, yo pido -que para que mi compadre León me coma mejor, me deje acabar este -charqui, y después, para que yo no sufra tanto, usted abre la boca y -cierra los ojos, y yo me tiro de cabeza dentro de su hocico. Pero, mi -compadrito Leoncito ¿por qué no me perdona mejor? si todo lo que le hey -hecho ha sido pura broma, por juar no más, y para ver qué cara ponía! - -Aburrido ya el León de tanta lata y pensando que se le podía escapar, le -dijo: - ---Ya te has comido todo el charqui y te he concedido todo lo que tú -querías, así es que te espero. - -El compadre León se sentó en la puerta, y el Monito le dijo: - ---¡Ya voy! - -Entonces el compadre León abrió la boca y cerró los ojos; pero el pobre -León no contaba con lo que le iba a pasar: el Monito tomó la piedra en -que estaba machacando el charqui y se la zumbó en toita la cabeza, -haciéndosela pedacitos. - -El Monito, contento de su obra, se puso a bailar de gusto, y quiso -conservar un recuerdo de su compadrito León, que tanto y con tan poca -suerte lo había perseguido. Agarró un cuchillo y se puso a descuerarlo. -Cuando ya acabó de sacarle el cuero, lo puso al sol para que se secara. -Al otro día volvió y como lo encontró seco, se puso a hacer un lazo con -el cuero del pobre Leoncito. Cuando acabó de hacerlo, se puso en la -puerta a bornearlo para ver cómo le había quedado. En esto estaba, -cuando pasó la Zorra y le dijo: - ---Qué bonito tu lacito, Monito; ¿querís que lo probemos? - ---Métele--le dijo el Monito. - -Después de pensar como lo habían de probar, el Monito le dijo: - ---Nos tiramos el lazo una vez cada uno, y el que caiga primero tiene que -servir de caballo al otro. - ---Pero yo lo tiro primero, por ser más grande que tú, le dijo la Zorra. - ---Bueno--contestó el Monito--pero desgraciada de ti si no me lo -apuntas. - -La Zorra agarró el lazo y se puso a bornearlo mientras el Monito se -preparaba para pasar: - ---Ya está--le dijo la Zorra;--y el Monito pasó como un diablo sin que la -Zorra lo pillara. - ---¡Estay frita, Zorrita; tú en mis lazos caerís y mi yegüecita serís! - -Cuando ha pasado la Zorra y el buen Monito le ha echado el lazo medio a -medio de la guata; el Monito le dijo: - ---¡No te lo decía yo! Ahora te voy a ensillar y por los potreros -saldremos a andar. - -Se arregló una monturita con los pedazos de cuero que le habían sobrado -y las echó el buen Monito a caballito en la Zorra. - -La Zorra iba toda rabiosa porque la habían cazado; pero dijo: - ---¡Ya me las pagará el Monito de miéchica!--y lo llevó por unos potreros -donde había muchos campesinos. - -El Monito como iba diciéndole:--Puchas que me ha salido rica la -potranquita,--no se fijó por donde lo llevaba. - -Cuando los campesinos vieron a la Zorra, creyeron que se iba a comer las -gallinas y le echaron los perros. La Zorra se arrinconó a la orilla de -la zarzamora; pero como vió que no estaba segura porque los perros ya se -la comían, miró para un lado y otro a ver si había por donde arrancar; y -ha merecido ver un portillito, hijito de mi alma, pues, y las ha -envelado como un diablo dejando al pobre Monito encajado en la -zarzamora, donde lo pillaron los perros y se lo comieron sin dejar ni -tampoco un huesito ni para un remedio. - -La comadre Zorra, del susto que lleva, está corriendo todavía; y colorín -colorado, el cuento está acabado, y pase por un zapatito roto para que -usted me cuente otro. - - * * * * * - - _El cuento que sigue, contado por la misma Beatriz Montecinos, es - una variante de la parte final del que acaba de leerse._ - - - - -20. EL MIÑACO[E] - -(Beatriz Montecinos) - - -Esta era una viejita que tenía un hijo, muy chiquito, pero muy -habilosazo y se llamaba Miñaco. Un día le dijo a la madre que iba a -buscar empleo y se fué adonde un León que tenía barra para poner a los -presos, y entonces estaba la Leona cuidándolos, y se fué a hacer el -trato adonde don Leonardo, que era el León, y le dijo que lo tomaba para -irle a dejar el almuerzo y la comida a la Leona. De tanto viaje, ya se -aburrió y dijo que iba entonces a matar a la Leona, para no ir más. - -Como dos días se estuvo previniendo, machacando ají, pimienta y sal y de -otras cosas fuertes para matar a la Leona. - -Entonces, un día, cuando ya no había ningún preso, preguntó que para qué -era esa barra; le contestó la Leona que para poner a los hombres malos -que hacían robos, muertes o salteos. La Leona le dijo que pusiera el pie -y entonces le dijo el Miñaco que ella lo pusiera primero para aprender -como ponían a los presos, y la Leona le puso el pie. - -Una vez puesto el pie la Leona, el Miñaco le puso llave a la barra y le -dijo que hiciera empeño a salirse. Hizo empeño la Leona a salirse. -Entonces el Miñaco le dijo: - ---¡Ay por Dios, pues!, esto ya no lo voy a hacer nunca; pero lo que -tengo pensado de hacer no dejo de hacerlo; y mete las manos a los -bolsillos y le planta el ají en los ojos, en la boca y en el poto, y se -fué. La Leona, de tanto costalearse, y presa, se murió. - -Y viendo que el Miñaco no volvía, el León se puso en acuerdo por qué no -llegaba, y salió a buscarlo y no lo encontró por ninguna parte, hasta -que llegó allá donde estaba la Leona y la encontró muerta. Entonces no -hizo empeño a sacar la Leona sino a buscar al Miñaco para agarrarlo y -matarlo luego. Entonces ya cuando lo alcanzó, dijo el Miñaco:--«¿A dónde -me meto?» No tuvo más tiempo que para arrancar y meterse en una cueva de -hormigas ¡Miren Uds. dónde se metió!, así por que el León no hallaba a -quien dejar cuidándolo, y andaba por casualidad un Jote amigo y lo llamó -el León y le dijo: - ---Mire, amigo, venga, cuídeme aquí--le dijo--mientras voy a la casa a -buscar una barreta. - -Mientras que el León fué, el Jote no sabía a quien tenía dentro. Empezó -a mirar el Jote para adentro a ver quien era y el Miñaco vino entonces y -agarró un puñado de tierra, se la tiró a los ojos al Jote y arrancó. -Cuando llegó el León, halló al Jote ciego y le dijo que se fuera y -siguió al Miñaco. - -A mucho que había andado, lo volvió a alcanzar. Entonces el Miñaco -corrió a unos álamos que habían muy lejos y muy altos para subirse -arriba y que el León no lo alcanzara, y decía: - ---Si el tío Leoncito me alcanza, me come no más, por la maldá que le hey -hecho, que no ha sio chica. - -Cuando ya llegó el León, subió para arriba también a ver si lo podía -alcanzar y caía para abajo. - -Entonces dijo el Miñaco: «Esto está malo; el tío Leoncito me alcanza y -me come,»--y quebró un gancho del mismo álamo, y como era habiloso, el -León que iba a estirar la mano para pescarlo, y el Miñaco le pegó un -palo en la mano con que estaba pescado y cayó el León, y quedó solo la -bolsa[F]. - -Entonces dijo el Miñaco «Ahora sí que estoy bien puesto,» y se bajó y -del cuero del León muerto hizo montura y riendas y salió con ellos al -hombro. - -En una de éstas iba atravesando una Zorra por el camino y le dijo la -Zorra: - ---¿Para dónde vas, Miñaco, con esa montura al hombro? - -Le dijo que la ensillara a ella; y entonces le dijo el Miñaco que no la -ensillaba porque lo volteaba. Hasta el último ya la ensilló, y salió a -caballo en ella, pero le salió un poco brincadora. - -Entonces la Zorra le dijo: - ---Mira, Miñaco, ¿por dónde nos vamos? por el camino pueden venir algunos -y nos corren; vámoslos por adentro de este potrero. Y tocó la desgracia -que venían tres cazadores con tres galgos y uno de ellos vió al Miñaco -que iba a caballo de una Zorra; entonces dijeron que les iban a animar -los galgos pa divertirse con el Miñaco un poco; y los animaron. La Zorra -le dijo entonces: - ---¡Miñaco, por Dios! ¿qué vamos a hacer? ahora tenimos que arrancar -firme; agárrate bien Miñaco, déjate caer para mi cogote y agárrate bien, -que yo voy a correr a todo escape;--y empezó a correr orillando la -cerca, hasta que hallaron un agujero por donde salirse. Entonces ella -pasó, y el Miñaco quedó abierto de piernas en el portillo y pasaron por -entremedio de él los galgos; y viendo que ya habían pasado y sintiendo -perder su montura le gritó a la Zorra: - ---Señora, los estribos no más le encargo. - -Entonces los galgos, cuando oyeron esto, volvieron para atrás y se lo -comieron. Y la Zorra se libró y se llevó la montura; y se acabó el -cuento y se lo llevó el viento y pasó por una mata de porotos para que -Ud. cuente otro. - - - - -21. CHILINDRIN Y CHILINDRON. - -(Referido en 1917, por Anastasio Puga, de 92 años, natural de -Guacarhue.) - - -Han de saber que había una vez en el Norte un ladrón famoso, tan ladino -y sutil para hacer sus robos, que nunca pudo probársele ninguno, no -obstante que, en muchos casos, faltó poco para pillarlo con las manos en -la masa, como se dice. Su nombre era Chilindrín. - -La fama de este ladrón corrió por todo el país y llegó a noticias de -Chilindrón, otro ladrón, también de fama, que había sentado sus reales -en tierras del Sur. Y como tanto se hablara de sus hazañas y con tan -vivos colores las pintaran, Chilindrón deseó vivamente conocerlo, -cultivar su amistad y pedirle lo nombrara su segundo, si resultaba -cierto lo que de él se decía, que lo superaba y le daba ciento y una en -el difícil y arriesgado arte que ambos ejercitaban. Y se puso en camino -para ofrecerle sus servicios. - -Pero, por el mismo tiempo, la fama de Chilindrón, desbordando del campo -de sus fechorías, atravesó el centro del país y llegó al Norte; y sus -aventuras, revestidas del ropaje de lo maravilloso, infundieron en -Chilindrín el deseo vehemente de conocer a Chilindrón y ponerse a sus -órdenes, si no mentían los que relataban sus fechorías. Y montando en su -caballo, partió para el Sur. En ese tiempo no había trenes en el país, -ni los caminos eran buenos, así es que uno y otro demoraron largo tiempo -para arribar a las cercanías de la capital. Pero al fin de muchas -peripecias y fatigas y de largos días de marcha, llegó Chilindrín a un -tupido bosque que crecía en una llanura no distante de la ciudad, y -desmontándose del caballo, se sentó en el suelo a descansar, apoyada la -espalda en un frondoso roble. - -Poco después llegó Chilindrín al mismo sitio, y sin bajarse del caballo, -saludó al que descansaba: - ---Buenos días, mi amigo, ¿durmiendo la siesta? - ---No, amigo; espero solamente que pase el calor para continuar viaje al -Sur. - ---Pues yo voy al Norte, y si a usted no le parece mal, bajaré de mi -caballo, y mientras llega la tarde, pitaremos un cigarro y echaremos un -párrafo para acortar el tiempo. - -Y descendiendo de su cabalgadura, se sentó al lado del otro, y dijo: - ---¿Querrá creer, compañero, que hace ya veinte días que marcho sin -descansar? Y quizás cuánto me falte todavía para dar con el que busco! - ---¿Y se puede saber tras de quién anda? si no es indiscreta la pregunta. - ---Indiscreta no, pero usted sabe que _las paredes tienen oídos y los -matorrales ojos_; mas, como usted me inspira confianza, le diré al oído -que a quien busco es al famoso ladrón Chilindrín, que me dicen es el -número uno para robar. - -Y todo esto se lo dijo muy quedo, muy quedito, casi pegada la boca a la -oreja de su interlocutor. - ---Pero, amigo, si soy yo Chilindrín, que he dejado mis canchas para -conocer a Chilindrón, de quien cuentan maravillas y no acaban. - ---Y yo soy Chilindrón, amigo de mi alma. - -Y ambos ladrones se abrazaron efusivamente. - -Conversaron un buen rato, hasta alentar la confianza; y después de -reposar un momento, entablaron este diálogo, comenzando Chilindrón: - ---Compañero, no se imagina usted qué gustazo tendría yo si lo viera -ejecutar una de sus hazañas. - ---Y yo diera lo que no tengo por verlo hacer a usted una de las que -tanto renombre le han dado. - ---Comience usted, hermanito, que viene del Norte. - ---Aunque esta no es una razón para que yo comience, empezaré yo. ¿Ve ese -nido de águila que está en la copa de este mismo roble? El águila está -echada en él y yo le voy a robar los huevos sin que me sienta. - -Y escupiéndose las manos Chilindrín, con la suavidad y el tiento de un -gato subió por el tronco, y tan bién lo hizo, que no se sintió ni el -menor ruido. - -Chilindrón esperó que Chilindrín fuera por la mitad del tronco, y -entonces, imitando a su flamante amigo, se escupió también las manos, y -subió tras él, sin ser sentido. - -Cuando Chilindrín llegó a lo más alto del árbol, con mucho tino metió la -mano en el nido, y sin que el águila se diera cuenta de lo que pasaba, -retiró un huevo y se lo metió en el bolsillo. Pero Chilindrón, que ya -había llegado hasta donde estaba Chilindrín, con el mismo tino y -suavidad que éste, metió la mano en el bolsillo de su amigo, y sacándole -el huevo recién robado, lo guardó en su propio bolsillo. - -Y esta operación se repitió por cuatro veces, pasando los huevos del -nido al bolsillo de Chilindrín y del bolsillo de Chilindrín al de -Chilindrón, sin que el águila ni Chilindrín advirtiesen las jugadas que -se les hacían. - -E inmediatamente de guardarse el cuarto huevo, Chilindrón se deslizó por -el tronco y con aire de afectada curiosidad se puso a mirar como bajaba -el famoso ladrón nortino, a quien, en cuanto puso pie en tierra, -preguntó: - ---¿Y cómo le fué, compañerito? ¿Lo sintió el águila? - ---Ni siquiera se meneó, compañero. Aquí traigo los huevos. - -Y Chilindrín metía las manos en sus bolsillos, las pasaba de uno a otro, -se palpaba todo el cuerpo, y, no encontrando nada, exclamó: - ---¡Caramba! ¿dónde los he metido? ¿qué se han hecho? - ---No busque más, compañero,--le dijo Chilindrón,--aquí están los huevos -que usted le robó al águila y que yo se los iba robando a usted a medida -que usted los guardaba en sus bolsillos. _Donde hay uno hay otro, y -nunca falta un roto para un descosido_, y para un Chilindrín aquí tiene -usted un Chilindrón. - ---¡Vengan esos cinco jazmines, compañero! Usted es más diablo de lo que -yo me imaginaba, y con usted _me ha salido el futre_. Juremos ser -hermanos en adelante y vivir y trabajar juntos, y entonces ¿quién podrá -nada contra nosotros? - -Y con un apretón de manos sellaron el pacto de vivir unidos y marchar -siempre de acuerdo. - -Nuestros dos ladrones se establecieron en las afueras de la capital; y -como necesitaban de una persona que los cuidara en caso de enfermedad y -atendiera a los menesteres de la casa, acordaron que Chilindrín se -casaría con una hermana joven y bien parecida que Chilindrón tenía en el -Sur y que hicieron venir. - -Se casó, pues, Chilindrín, y todo marchaba a maravilla, pues los dos -amigos, con sus robos, se daban toda clase de comodidades. - - * * * * * - -Gobernaba en ese entonces el país un Rey muy rico, que había recibido de -sus antepasados una enorme fortuna, que él, por su parte, había -acrecentado prodigiosamente. Las joyas, alhajas y monedas de oro que -componían esta fortuna, formaban grandes montones que se guardaban en -una elevadísima torre construida especialmente para este objeto, a los -pies del palacio, y la cual visitaba el Rey el día primero de cada mes. - -Nuestros ladrones, que oyeron hablar de estas riquezas, se propusieron -robarlas, y para el efecto, una noche, pasando por los techos de unas -casas a otras, llegaron hasta la torre, y como si fueran lagartijas, se -pegaron a la muralla y subieron hasta lo más alto, donde encontraron una -especie de ventana, o más bien tronera, que tenía atravesado un grueso -barrote de hierro. A éste, después de quebrar un vidrio, ataron una soga -que llevaban consigo, y se deslizaron por ella, primeramente Chilindrín -y en seguida Chilindrón. - -Los ojos de los ladrones no se saciaban mirando tantas riquezas, a la -luz de un farol, de que también iban provistos; pero era preciso salir -antes que llegara el día; así fué que llenaron precipitadamente sus -bolsillos de lo que les pareció de más valor, y subiendo por el cordel, -que retiraron, se fueron a su casa, bastante satisfechos del resultado -obtenido. La visita se repitió varias noches consecutivas, con mejor -éxito aun, pues llevaron unos saquetes para el acarreo de lo que -robaran. - -Pero como los días corren unos tras otros sin que nadie pueda atajarlos -por bien que maneje el lazo, llegó el fin del mes, y al día siguiente el -Rey, acompañado de sus ministros y consejeros, se trasladó a la torre -para depositar el dinero recaudado en los treinta días anteriores y -contemplar sus riquezas. - -Pónganse ustedes en lugar del Rey y se darán cuenta de cómo se quedaría -aquel monarca avaro, que tenía su alma puesta en su tesoro, al ver el -enorme hueco dejado por los ladrones en el principal montón, en el que -estaban las alhajas más preciadas. Su ira no tuvo límites; desenvainando -el sable, arremetió contra sus ministros y consejeros, como si ellos -fueran los autores del robo. No es decible cuánto costó apaciguarlo. - -Una vez vuelto a la calma, se dedicaron todos a ver por dónde penetraba -el ladrón--ellos suponían que era uno solamente--empresa conceptuada -poco menos que imposible, ya que la torre no tenía otra entrada que la -puerta, y ésta, que era de hierro, tenía muchas cerraduras secretas, -sólo conocidas del Rey. Pero no descubrieron el menor rastro. - -Cien conjeturas se formaron a este respecto, a cual más descabellada, -hasta que un ciego, antiguo ladrón y actual consejero del Rey, que -formaba entre los del séquito dijo: - ---Que traigan ramas de árboles que estén bien secas y préndaseles fuego -aquí adentro, y los que tengan ojos vean desde afuera por dónde sale -humo; por ahí seguramente se introdujo el autor del robo. - -Y efectivamente, así se descubrió la tronera que servía de entrada a -Chilindrín y a Chilindrón. - -El ciego aconsejó que se guardara completo silencio acerca de lo -sucedido y que en el sitio preciso en que debía posar los pies el que -bajara desde la tronera, se colocara una gran tina de alquitrán -suficientemente espeso para que no pudiera salir el que penetrara en él, -y se esperara hasta el día siguiente. Se encontró bueno el consejo y se -siguió en todas sus partes. - -Ya entrada la noche, a la hora que tenían costumbre, nuestros -protagonistas subieron hasta la tronera de la torre y por la cuerda bajó -primero Chilindrín; y cuando, soltándola, se dejó caer al suelo, sintió -que se hundía hasta el pecho en una sustancia pegajosa, a la cual se -adhirió de tal suerte que no podía moverse. Inmediatamente gritó a su -compañero que bajaba detrás de él: - ---No te sueltes, porque te quedarás pegado, como yo, en esta tina de -alquitrán. Balancéate de modo que el cordel contigo tome vuelo, y cuando -te hayas desviado bastante del centro, déjate caer y me cortas la -cabeza, te la llevas y la entierras donde nadie te vea; así no sabrán -quién soy, y tú no te comprometerás. - -Con gran dolor de su alma, y sólo después de porfiarle mucho Chilindrín -exigiéndole que hiciera lo que le decía, Chilindrón le cortó la cabeza a -su cuñado y la dejó desangrar completamente dentro de la misma tina en -que quedaba el cuerpo; en seguida la envolvió bien en un gran pañuelo y -la guardó dentro del saquete que había llevado; y como en éste quedara -espacio todavía, escogió las más hermosas alhajas del gran montón y con -ellas lo llenó, y asegurándoselo bien al hombro, subió por el cordel, -que dejó colgando del barrote. - -El Rey, por su parte, pasó en vela toda la noche, contando las horas que -faltaban para coger al ladrón, y anticipadamente gozaba pensando en los -tormentos que le haría sufrir en público, para escarmiento de los que -pudieran tentarse de repetir la aventura. - -Y como nadie es capaz de atajar las horas, aunque muchos lo quisieran, -fueron sucediéndose una en seguida de otra hasta que llegó el día y el -momento en que el Rey y su séquito debían trasladarse a la torre del -tesoro. - -No es para descrita la cara que pusieron el Rey y sus acompañantes al -encontrarse con un cuerpo sin cabeza dentro de la tina. Nuevas iras del -monarca y nuevo trabajo de sus acompañantes para apaciguarlo. Quien en -definitiva consiguió reducirlo fué el ciego, asegurándole por todos los -santos del cielo que todo se descubriría. - -Una vez que se restableció la calma, habló nuevamente el ciego: - ---Lo que ustedes están viendo demuestra que los ladrones son dos, y no -uno solo, como habíamos creído. Para descubrir al segundo, propongo que -en un serón de cuero se arrastre por todas las calles de la ciudad el -cuerpo aquí presente; adelante irá un pregonero gritando: «Esta es la -justicia que hace el Rey nuestro señor, con los que pretenden robarle su -tesoro»,--y atrás, mezclados entre los curiosos, irán unos cuantos -individuos de la policía, disfrazados de paisanos; y cuando éstos oigan -que en alguna casa lloran o se lamentan, pondrán una señal en la puerta -de la calle. Después será fácil averiguar en cuál de las casas marcadas -vive la familia del ladrón degollado, y como _por la hebra se saca el -ovillo_, teniendo este dato, sin gran trabajo se dará con el ladrón que -falta. - -Todos encontraron excelente el consejo del ciego, y en la tarde del -siguiente día se ejecutaron sus instrucciones al pie de la letra. - -Cuando se inició el paseo del cuerpo, Chilindrón andaba en la calle, y -como no tenía un pelo de leso, sospechó al punto lo que se pretendía, y -más se aseguró en su creencia al distinguir entre la muchedumbre que -seguía al cadáver a varios miembros de la policía, disfrazados. -Apresuradamente se dirigió a su casa y comunicó a su hermana, la mujer -de Chilindrín, las sospechas que tenía, convertidas casi en certidumbre, -y le aconsejó que cuando pasaran el cuerpo de su marido por frente de -la casa, no hiciera la menor manifestación de dolor: y para mayor -seguridad, la encerró en una pieza interior. Pero cuando la mujer oyó la -voz del pregonero y los gritos de la multitud, no pudo contenerse y se -lanzó a llorar a toda boca, de tal manera que, a pesar de las -precauciones tomadas por Chilindrón, las lamentaciones de la viuda se -oían perfectamente en la calle. Entonces Chilindrón se fué a la cocina y -cogiendo una hachuela se puso a partir leña y adrede se cortó el dedo -chico de la mano izquierda, y sacando a la viuda de donde estaba -encerrada, le mostró la mano chorreando sangre y le encargó que en sus -quejas se refiriera a este hecho. Y en efecto, cuando momentos después -el muerto y su séquito pasaban por la casa y uno de los soldados de la -policía disfrazados entró a averiguar de qué provenían las -lamentaciones, oyó que la mujer le decía:--«¡Te has cortado la mano! -¿qué va a ser de nosotros? Ya no podrás trabajar y nos moriremos de -hambre», y el herido contestaba:--«Si no es nada mujer, si apenas me he -cortado un dedo, que, en buena cuenta, no me hará ninguna falta». El -soldado, que vió lo que pasaba y oyó lo que ambos decían, creyó que era -cierta la causa del llanto de la mujer y se retiró sin hablar palabra. -Pero un segundo soldado, que al mismo tiempo que el otro había salido de -la multitud, había hecho, mientras tanto, una cruz con alquitrán líquido -en la puerta de la calle. - -La casa de Chilindrón fué la única en que se oyeron llantos en ese día. -En razón de lo cual el ciego aconsejó que prendieran al hombre del dedo -cortado y a la mujer llorona, porque uno y otro debían de ser parientes -del degollado. Pero cuando los de la policía llegaron a la calle en que -los presuntos reos vivían, no pudieron dar con la casa, porque todas las -del barrio, que eran exactamente iguales, tenían en su puerta la misma -cruz que el soldado había puesto por señal. ¿Qué había sucedido? Que -poco después de pasar el cortejo por su casa, Chilindrón había salido a -la calle a asomarse, y al entrar vió la cruz en la puerta, y, siempre -sospechoso, por lo que pudiera suceder, hizo en la noche otra igual en -todas las puertas del barrio. - -La pesquisa no dió, pues, el resultado que se esperaba, y la ira del Rey -subió de punto, pero de nuevo el ciego lo calmó. - -Dijo el ciego: - ---Soy de opinión que se deje el cadáver en el cerro que hay en el -oriente de la ciudad y se publique por pregón que se le abandona para -que sea pasto de los buitres y los jotes; pero mientras tanto, algunos -soldados estarán en acecho ocultos entre los espinos del cerro, y en -cuanto vean que alguien se acerca para llevárselo, se apoderarán de él. -Como por el cerro no transita nadie, es claro que cualquiera que -atraviese por ahí, es porque trata de llevarse el cadáver. - -El consejo fué encontrado muy bueno, y el Rey ordenó ponerlo en -práctica. - -Pero Chilindrón, que era más diablo que el ciego, al oir el pregón -adivinó lo que se pretendía, y así que llegó la noche, vistió un hábito -franciscano, se encasquetó la capucha y armado de unas muy buenas -tijeras montó en una mula, en cuyas ancas aseguró un cuero de rico vino -añejo recargado con zumo de amapolas, y muchos hábitos de religioso de -la misma orden, y las echó para el cerro. A pesar de ser la noche muy -oscura, los soldados distinguieron perfectamente un bulto que llegaba al -lado del cadáver, al parecer un hombre que bajaba de un caballo, y al -punto corrieron hacia él para prenderlo; pero cuando llegaron se dieron -cuenta de que el que iban a tomar era un pobre fraile que devotamente -rezaba el rosario y que los invitó a hacerle coro. Los soldados no -aceptaron la invitación y más bien por fórmula que por otra cosa, le -preguntaron a dónde iba y por qué había elegido un camino que nadie -frecuentaba. El fraile contestó que en el convento se había concluído -por completo e! vino para la misa y había ido a la ciudad a comprar del -mejor y ahí lo llevaba en un cuero a la grupa de su cabalgadura; que -aprovechando el viaje había pasado a comprar veinte hábitos, que también -le habían encargado, y que si había escogido el camino que pasaba por el -cerro era porque, yendo por él, se libraba de dar una gran rodeo por la -falda, y llegaría al convento antes de amanecer. Los soldados -comprobaron que verdaderamente la mula cargaba el cuero de vino y los -hábitos que decía el padre y al pedirle excusas por el susto que le -habían hecho pasar, le rogaron les convidase con un vasito de vino para -pasar el frío. Chilindrón les dijo que con mucho gusto y que no sólo un -vasito les daría, sino dos a cada uno; y sacando de la manga un vaso de -cuerno de tamaño más que mediano, fué llenándolo y pasándolo -sucesivamente a todos los soldados, y mientras escanciaba les -decía:--«Después que queden satisfechos me dejarán terminar -tranquilamente mi rosarito, pues tengo la santa devoción de rezar uno -completo, de quince casas, siempre que en mi camino tropiezo con algún -difunto». - -Terminada la primera rueda, comenzó a servirles de nuevo, pero la fuerza -del vino, y más que la del vino, la del narcótico, adormeció a los -soldados, que poco a poco fueron cayendo y quedaron tendidos en el suelo -como pollos muertos. - -Chilindrón esperó un rato, y después de comprobar que no los despertaría -ni una carreta que pasara por sobre ellos, sacó sus tijeras y con la -maestría de un peluquero de convento, les hizo corona y cerquillo; -después los desnudó de sus ropas y los vistió con los hábitos que había -llevado; y en seguida hizo un montón de uniformes y les prendió fuego, -tiró al suelo el odre y en su lugar colocó el cadáver de su amigo y -cuñado, montó en la mula y clavándole las espuelas, emprendió marcha a -su casa. - -Cuando los vapores del vino y los efectos del narcótico hubieron cesado, -los soldados abrieron los ojos y se miraron espantados; creyeron que -estaban soñando, pero al fin volvieron a la realidad y comprendieron la -sangrienta burla de que habían sido juguete. Después de deliberar un -rato, vieron que no tenían más remedio que presentarse al Rey como -estaban, para darle cuenta de la aventura que les había sucedido y que -había dado al traste con la comisión que se les encomendara. - -El Rey escuchó la relación sin inmutarse y comprendió que se las había -con un enemigo con quien no podía luchar, pero, como había que castigar -a alguien, ordenó que a cada uno de los soldados le dieran cien azotes, -para que otra vez no se dejaran meter el dedo en la boca, y que al ciego -lo quemaran, para no recibir de él consejos que, aunque sabios al -parecer, habían resultado desastrosos. - -Chilindrón siguió robando muy tranquilo algún tiempo más, sin que nadie -lo molestara, hasta que, cansado de la vida de ladrón, se fué con su -hermana a otro reino muy distante, en donde nadie los conocía, y pasaron -ahí la gran vida. - - - - -22. JUAN VALIENTE, EL DE LA VAQUILLA - -(Referido por el niño Samuel Antonio Letelier, de Molina, de 9 años. Lo -oyó contar en Linares.) - - -Estos eran un Rey y una Reina que tenían muchos potreros llenos de -animales, y los cuidaba un hombre muy honrado, que no sabía lo que era -miedo, y famoso campañista, el cual se llamaba Juan. - -Un día los reyes le mandaron a Juan que trajera todas las vacas, que -eran muchas, para ordeñarlas, y Juan las trajo y los reyes se recreaban -viendo tanta vaca gorda y cómo las lechaban. - -Entre las vacas había una vaquilla flacuchenta y chiquitita. El Rey le -dijo a la Reina: - ---Démosela a Juan para él; este hombre se ha portado muy bien con -nosotros y ha hecho crecer y le ha dado valor a nuestra hacienda. - ---Bueno--dijo la Reina--démosela--y se la dieron. - -Juan cuidó mucho su vaquilla y en poquito tiempo creció y engordó y se -puso más gorda que las vacas del Rey. - -Un día la vió la Reina y le dijo a Juan: - ---Mata esa vaquilla que está tan gorda, y la hacemos charqui. - -Juan le dijo: - ---Esa vaquilla es mía y no la mato sino cuando yo quiera. - -La Reina insistió en que la matara, pero Juan se fué donde el Rey a -poner reclamo. - -El Rey le dijo:--«Vete mejor con tu vaquilla a otra parte, porque la -Reina está muy enojada contigo y quiere que la maten». - -Se fué Juan con su vaquilla, y apenas se había alejado un poco de la -ciudad, unos bandidos salieron de una casa que había a la entrada de un -bosque y se la quitaron. - -En la noche Juan se escondió en el pajar de la casa de los bandidos para -ver si podía rescatar su vaquilla; pero desde su escondite vió cómo la -mataban y después se la comían asada. - -Juan tuvo mucha pena y llorando decía:--«Me la han de pagar estos -badulaques». - -Mientras comían y bebían, los bandidos formaban una gran zalagarda. El -capitán los hizo callar y les dijo:--«Vámonos a dormir y mañana subimos -al mirador a ver si pasa alguna niña para divertirnos con ella». - -Esto que oye Juan, sale calladito y se va a casa de una comadre a -pedirle ropa de mujer, se vistió con ella, se puso colorete, se empolvó -y debajo de las polleras escondió un sable bien afilado. - -Ya entrada la mañana, salió y pasó por frente a la casa de los -bandidos, imitando el modo de andar de las mujeres. - -Los bandidos estaban en el mirador, y en cuanto la vieron, bajaron a -invitarla a tomar un refresco, porque hacía mucho calor. Ella aceptó y -le sirvieron licor y le pasaron la guitarra para que los divirtiera -tocando y cantando. - -En la tarde, el capitán echó a los bandidos que se fuesen a la montaña, -diciéndoles:--«Yo me quedaré aquí con esta prenda». - -Se fueron los bandidos; y mientras el capitán, vuelto de espaldas, -sacaba vino de un barril, Juan se arremangó las polleras, sacó el sable -y dió al jefe de los ladrones dos o tres feroces cuchilladas y arrancó a -esconderse en el mismo pajar. - -El capitán, que había quedado herido solamente, gritaba como un -condenado, tanto y tan fuerte que los bandidos que estaban en la montaña -oyeron los gritos y creyeron que el capitán habría matado a la niña, y -fueron corriendo a ver lo que había sucedido. - -Cuando entraron, hallaron el cuerpo del capitán en el suelo, muy mal -herido; lo tomaron, lo pusieron en la cama y uno dijo:--«Mañana temprano -salimos a buscar a alguna vieja médica yerbatera para que cure al -capitán». - -Juan, que oyó esto, se fué inmediatamente a casa de su comadre, y ahí, -con untos y pomadas, se pintó arrugas en la cara, tan bien que parecía -una verdadera vieja, y vistiéndose con muy pobres vestidos y llevando -escondido el mismo sable, se fué de madrugada a dar vueltas por frente a -la casa de los bandidos, haciéndose la que buscaba yerbas. - -Los bandidos, que estaban en el mirador, la vieron, y bajó uno a -preguntarle si conocía a alguna médica que supiera curar heridas. - ---Yo soy médica--le contestó Juan--y no hay quién me gane a curar -heridas. - -Entonces la llevó a presencia del capitán, y tras ellos siguieron los -demás bandidos. - -Examinó Juan las heridas con mucho cuidado y en seguida mandó a los -bandidos a la ciudad que fuesen a buscar una pomada que era muy escasa, -y que cada uno pasase a una botica diferente, por si los otros no la -encontraban. - -Salieron los bandidos, unos por un lado, otros por otro, y Juan subió al -mirador a aguaitarlos, y una vez que se aseguró de que iban lejos, sacó -el sable y acabó con la vida del capitán. - -Después de lo cual, se llenó los bolsillos de plata, anillos y -prendedores de oro, que encontró en gran cantidad en la pieza del -capitán, y se fué a casa de su comadre, en donde se lavó bien y se -vistió de hombre. - -Cuando volvieron los bandidos, se encontraron con su capitán muerto y se -dijeron:--«Pillados somos, vámonos de aquí»--y se fueron para Chillán. - -Juan, que los había seguido, cateándolos, en cuanto vió que no volvían, -se fué con sus padres y unas carretas a la casa de los bandidos y a -hachazos echaron las puertas abajo y se llevaron todo cuanto -encontraron, dejando la casa totalmente desnuda y quedando ellos muy -ricos. - -Poco tiempo después volvieron los bandidos y no hallaron sino las -murallas peladas. Entonces comenzaron a averiguar quién en la ciudad se -había hecho rico de repente en los últimos días, y supieron que Juan -Valiente, el de la vaquilla, se encontraba en este caso. - -Se propusieron entonces saltearlo y matarlo, porque no dudaron que él -era el que había matado a su capitán y robado todos sus bienes; pero -Juan, que no se descuidaba, sabía que los bandidos habían vuelto y que -habían de atacarlo de un momento a otro. - -Así fué que cuando los bandidos vinieron a saltearlo, lo encontraron en -la puerta armado de su sable; y como Juan los había visto desde lejos, -tuvo tiempo de mandar a su padre a avisar a la policía. - -Comenzando a pelear estaba Juan con los bandidos y ya había matado a uno -y a otro lo había dejado mal herido, cuando llegó la policía y tomó -presos a todos los salteadores, que después de juzgárseles, fueron -ahorcados, con lo cual Juan y sus padres vivieron tranquilos, gozando de -las riquezas que Juan había quitado a los ladrones. - -Y con esto se acabó el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la -guatita al aire y el potito al viento. - - - - -23. LA SAPITA ENCANTADA. - -(Referido por Beatriz Montecinos.) - - -Estos eran un Rey y una Reina que tenían tres hijos, que se llamaban -Pedro, José y Juan; y era costumbre en el reino que el Rey dejara su -corona a aquel de sus hijos que mejor le pareciere, sin tomar para nada -en cuenta la edad; y así podía sucederle cualquiera de ellos, aunque -fuese el menor. - -¿Cuál de los tres heredaría el trono? Cuestión era ésta que preocupaba -grandemente al anciano Rey, que no se decidía por ninguno, porque por -los tres sentía igual cariño; ni podía partir el reino para dar a cada -uno su parte, porque de la división resultarían tres pequeños estados, -expuestos en todo momento a ser absorbidos por los reinos vecinos, que -eran tan fuertes y poderosos como el país en cuestión. - -La Reina le aconsejó que para salir de cuidado pusiera sus hijos a -prueba enviándolos fuera del reino, con la condición de que regresaran -casados, en un año, y con dos regalos para los reyes, y aquel cuya -esposa fuera la más bella y cuyos regalos fueran más hermosos y de más -valor, sería el heredero del trono. - -El Rey se dijo: _El consejo de la mujer es poco, pero quien no lo sigue -es un loco_, y decidiéndose por el que acababa de darle la Reina, que le -pareció bueno, llamó a sus hijos, les hizo ver el apuro en que se -encontraba y les propuso que salieran, se casaran y al año justo -tornaran a palacio, y que la corona le correspondería al que volviera -con la esposa más bella y trajera a los reyes dos obsequios que fueran -reputados superiores al de los otros dos. - -Los príncipes aceptaron sin vacilar y sólo pidieron que antes de partir -se les indicara en qué debían consistir los regalos. Después de corta -deliberación, los Reyes acordaron que el premio se adjudicaría al que -presentara, además de la esposa más linda, la pieza de tela más fina y -el perro más hermoso y más pequeño. - -Los príncipes se despidieron cariñosamente de sus padres y partieron -siguiendo el mismo camino, hasta llegar a un punto en que éste se -dividía en tres. Aquí se abrazaron, y prometiendo reunirse en el mismo -sitio al cumplirse el plazo acordado, cada cual tomó su camino. - -Pedro, que era el mayor, tomó el de la derecha, y pasados unos cuantos -días llegó a una casita que se levantaba a orillas de una laguna y en -cuya puerta estaba una señora de edad. En el interior cantaba una niña -con voz maravillosa, y Pedro, pensando que tan linda voz no podía -provenir sino de una persona también muy linda, se propuso conocerla y -pidió permiso a la señora para entrar; pero ella le contestó que lo -dejaría atravesar los umbrales sólo en caso de que prometiese casarse -con la que cantaba. Prometiólo el joven, y entró al salón de la casa, -pero por más que escudriñaba por todas partes, no descubría a persona -alguna, hasta que, en un rincón vió a una Sapita que saltaba. - ---¿Es ésta la que canta?--preguntó Pedro. - ---Sí, ella es--contestó la señora. - ---¿Quién se va a casar con esta sapa asquerosa?--repuso el príncipe, y -lanzándole un escupo, se mandó cambiar. - -Momentos después, José, el segundo de los hijos del Rey, llegó al mismo -sitio, porque a él concurrían los tres caminos; y para abreviar diremos -que le pasó lo mismo que a su hermano Pedro, sólo que, en vez de escupir -a la Sapita, le dió un feroz puntapié y la disparó lejos. - -No haría una hora que había salido José, cuando Juan, el tercero de los -hermanos, llegó a la casita, y oyendo aquella voz tan dulce y melodiosa, -se quedó alelado. Cuando calló la que cantaba, Juan rogó a la señora que -le presentara a la hermosa artista, pues no dudaba que debía de ser -hermosa quien tan linda voz tenía. La señora consintió, pero, como en -los dos casos anteriores, hizo antes prometer a Juan que se casaría con -la que cantaba. Juan se lo juró, y entonces ella le mostró a la Sapita, -que en ese momento andaba a saltitos en su rincón. El Príncipe, aunque -sintió un movimiento de repugnancia, dijo: - ---Palabra de Juan no puede faltar: estoy dispuesto a casarme. - ---Y no te pesará--exclamó la Sapita. - -Y el casamiento se celebró inmediatamente. - -Juan a veces se ponía triste y se sentía desgraciado; pero la voz -encantadora de la Sapita, que parecía adivinar sus penas, y sus palabras -tiernas y cariñosas lo consolaban y le hacían olvidar la fealdad de la -que era su mujer. - -Los otros dos hermanos también se habían casado, pero sus mujeres eran -hermosas y ricas. - -Cuando ya se aproximaba el término del año, Pedro y José pensaron en -volver a palacio, y ocupando lujosos carruajes, partieron con sus -esposas, que iban elegantemente ataviadas. - -Al pasar por la casita de la laguna, vieron a Juan en la puerta, lo -saludaron sin bajarse de sus coches y le pidieron les presentase a su -mujer. Antes que Juan contestara, saltó la Sapita y les dijo: - ---Yo soy la mujer de Juan, y dentro de poco nos juntaremos con ustedes -en el lugar convenido. - -Los dos príncipes y sus mujeres, al ver tan singular esposa, soltaron -una carcajada y dijeron a Juan: - ---¿Cómo te atreverás a presentarte ante nuestros padres acompañado de -esa horrible sapa casposa? - ---Esta ha sido mi suerte--respondió Juan--y estoy contento con ella; -esta horrible sapa, como ustedes la llaman, es mi mujer, me ha hecho -feliz y con ella iré a postrarme ante mis padres. - -Los dos príncipes partieron y convinieron en seguir a palacio sin -esperar a Juan en la encrucijada. Creían que el premio se disputaría -entre los dos solamente, pues no les pasaba por la imaginación que se -asignara al marido de una sapa. ¿Y los regalos que Juan debía presentar? -¿De dónde habría sacado dinero para comprarlos? La casita en que vivía, -modesta por demás, demostraba, a las claras, su probreza. Pero, como -dice el refrán, _el hombre prepara y Dios dispara_, y a esos malos -hermanos les salió el tiro por la culata. - -Transcurrida una hora, la Sapita dijo a Juan: - ---Ya es tiempo de que nos vamos. Ve al huerto y encontrarás dos -burritos: amárralos al viejo carretón que está detrás de la casa y -subamos a él en compañía de la señora que tanto y tan bien nos ha -cuidado. Los burros conocen el camino que han de seguir y saben lo que -han de hacer. En esta cajita hay dos nueces; cuando llegue el momento de -entregar los regalos que debes presentar a tus padres, a cada uno le -pasarás una nuez y les rogarás que las abran. Y vámonos. - -Los burros emprendieron un trotecito muy cundidor y el carretón, que -parecía que de un momento a otro se iba a desarmar, de puro viejo, -crujía como un diablo, pero nada malo le pasaba. Después de algunas -horas de marcha, encontraron en el camino a Pedro, cuyo lujoso coche se -había volcado y hecho pedazos, maltratando a su mujer y dejándola tuerta -para toda su vida, pues una astilla desprendida del carruaje le arrancó -un ojo. Con estos contratiempos, Pedro estaba con un genio de mil -demonios; así es que cuando la Sapita les ofreció a él y a su mujer un -sitio en el carretón, en vez de agradecérselo, la echó a buena parte. - -Una nube de tristeza cubrió el rostro de Juan, que no pudo oir sin -profundo dolor las palabras poco amables de su hermano; pero la Sapita, -que parecía leer en el pensamiento de su marido, le dijo al punto: - ---Desecha tus penas, hijo; no le hagas juicio a tu hermano; pronto -terminarán nuestros pesares y seremos completamente felices. - -Y los burros emprendieron de nuevo su marcha, y no se detuvieron sino un -poco más adelante, en que encontraron a José, a quien se le habían -encabritado los caballos, despedazándole el coche a patadas, una de las -cuales aplastó la hermosa nariz de su mujer y la dejó completamente ñata -para todos los días de su vida. José estaba que no cabía en sí de rabia, -así es que cuando Juan se ofreció para ayudarlo, o si mejor le parecía, -para llevarlos a él y a su esposa en el carretón, se desató en insultos -contra él y la Sapita, a quien llamó asquerosa. - -Juan no dijo nada, pero el dolor lo consumía. La Sapita le dijo:--“¿Por -qué está triste? No haga juicio de los denuestos de su hermano; ¿no ve -que son hijos de la desgracia que ha sufrido? Alégrese, que ya falta -poco para que terminen nuestras penas”.--Y para consolarlo le cantó una -de las más bellas canciones que sabía, la que más le gustaba a Juan. - -Mientras tanto los burritos seguían su menudo trote y no tardaron en -llegar a orillas de un arroyo que pasaba muy cerca de la ciudad en que -residían los reyes. La Sapita dió un salto y se metió en el agua y en el -mismo instante se convirtió en la más hermosa princesa que jamás vieron -ojos humanos. El Príncipe se arrodilló a sus pies y extasiado le besaba -las manos. La Princesa le dijo:--Príncipe, es preciso que lleguemos hoy -a palacio; vuestros hermanos han comprado nuevos coches y se acercan a -mata caballos. Subamos al nuestro, que por muy despacio que nos lleve, -siempre llegaremos antes que ellos. - -Sólo entonces el Príncipe se dió cuenta de nuevos cambios maravillosos: -su traje, completamente nuevo, era de un valor extraordinario; la -anciana señora que les había servido de ama de llaves, era una hermosa -dama elegantemente vestida; los burritos se habían transformado en dos -preciosos caballos ricamente enjaezados; y el carretón se había -convertido en una carroza tan linda que seguramente no se encontraría -otra igual en cocheras reales. - -Llegaron a palacio, y los reyes experimentaron la mayor alegría al -volver a ver a su hijo menor y se sintieron deslumbrados ante la -hermosura y elegancia de su nuera y la majestad de la señora que la -acompañaba. - -Después de besar y abrazar cariñosamente a Juan y a su esposa, les -pidieron que les contaran sus aventuras. - -Refirió el Príncipe cuanto le había pasado desde su salida; y la dama, -cómo una bruja, por odio al Rey su esposo, que quiso arrojarla de sus -estados, con sus malas artes mató al Rey y convirtió a la Princesa en -una sapita, dejándole sólo su hermosa voz y condenándola a vivir en esa -condición hasta un año después que un príncipe consintiera en casarse -con ella; y como hoy se cumplió el año en que el príncipe Juan contrajo -matrimonio con mi hija, la veis transformada en lo que era cuando la -bruja se ensañó contra nosotros. - -Terminaba la dama su relato cuando entraron Pedro y José con sus -respectivas consortes, tuerta la del primero, y con la nariz quebrada la -del segundo, y ambas con sus trajes sucios y despedazados, pues no -habían tenido tiempo de comprar otros nuevos, por temor de llegar -atrasados. - -Grande fué también el gusto que manifestaron los reyes con la llegada de -sus dos hijos mayores, pero el alma se les fué a los pies al ver la -facha de sus mujeres: ¡la una tuerta y con la mitad del rostro hinchado, -y la otra con la nariz desparramada por toda la cara! ¡El contraste era -grande entre ellas y la mujer de Juan! No había duda: el premio le -correspondía a éste. Pero ¿y si los obsequios que debía traer Juan eran -inferiores a los de Pedro y José? Era necesario verlos para resolver. - -Convocaron a los grandes de su Corte para que sirvieran de árbitros, y -ante ellos fueron presentando sus regalos los tres príncipes. Pedro, -como mayor, se acercó el primero y entregó un valioso cofre de cedro -como de media vara, y abierto, sacaron una pieza de tela de seda que -mediría unas veinte varas, muy hermosa, muy fina, con bordados -preciosísimos; de otra caja sacaron un lindo perrito, de una cuarta de -alto, más o menos. Una y otra cosa merecieron ruidosos aplausos, y en -verdad que los merecían. - -Siguió José, que abriendo un cofre de plata de las mismas dimensiones -que el entregado por Pedro, sacó otras veinte varas de tela, también de -seda, pero más fina, más rica y más hermosa que la de su hermano. El -perrito era también más lindo, y más chiquitín que el de Pedro. Estos -obsequios valieron a José una salva de aplausos más larga y bulliciosa -que la anterior. - -Por último, acercóse Juan, que respetuosamente entregó al Rey una de las -nueces que le había dado la Sapita, y la otra a la Reina, y les rogó las -abrieran. Hiciéronlo sin esfuerzo, pues casi se abrieron por sí solas, y -la Reina sacó de la suya una tela primorosamente tejida, de finísimo -hilo de oro y que medía mil varas de largo, ¡cómo sería de fina que toda -cabía en la cáscara de una nuez! De la que abrió el Rey saltó a la mesa -que estaba frente a los monarcas un perrito tan diminuto, tan bellamente -lindo que causó la admiración de todos los presentes. El perrito se puso -a bailar y en cada vuelta que daba lanzaba perlas y diamantes y toda -clase de piedras preciosas. No son para contar los aplausos con que -fueron recibidos ambos objetos y las aclamaciones y vítores que obtuvo -la declaración del Rey de que Juan, el menor de sus hijos, sería el -heredero del trono. - -Y se acabó el cuento y se lo llevó el viento. - - - - -24. GALLARIN Y EL GIGANTE. - -(Contado en Febrero de 1923 por el maestro carpintero Tránsito González, -de 57 años, residente en Peñaflor.) - - -Vivían en un pueblo tres hermanos. Los dos mayores, Juan y Pedro, eran -grandes envidiosos; en cambio, Gallarín, el menor, gozaba de la simpatía -de todo el mundo por su bella presencia y sus buenos sentimientos. - -Un día se les antojó a los dos primeros salir a rodar tierras y no -querían que el menor los acompañara; pero a fuerza de súplicas consiguió -que lo llevaran. - -Anduvieron todo un día, y en la noche llegaron a un castillo en que les -dieron alojamiento. - -Este castillo era de un gigante que tenía tres hijas, y como no había en -él sino una cama para cada una de las personas de la casa, acostaron a -cada hermano con una de las hijas del Gigante. - -Gallarín se fijó que las niñas dormían tocadas con sendos gorros y como -era muy habiloso y algo malicioso, cuando todos dormían se levantó de -puntillas, les sacó los gorros a las niñas, se puso uno él y los otros -dos a sus hermanos, y apagó la luz. - -Gallarín, que temía les hicieran una mala jugada, no dormía, así es que -pudo oir que el Gigante decía a su mujer: - ---Ya será hora de matarlos para hacer una buena cazuela con ellos y -comerlos mañana. Están bien gorditos y la carne es tierna; ¡tendremos -excelente comida para todo el día! - -Y entrando al dormitorio, se acercó a las camas, y cabeza que encontraba -sin gorro ¡zas! caía al suelo cortada por el machete del Gigante, un -machete enorme y muy afilado. - -Concluída esta tarea, el Gigante se retiró a dormir a su pieza, y cuando -Gallarín lo sintió roncar--roncaba tan fuerte que parecía salían truenos -de su boca--les sacó los gorros a sus hermanos, los despertó y les dijo: - ---Hermanitos, es necesario huir inmediatamente, porque si el Gigante nos -pilla cuando se levante, nos mata y nos come hechos cazuela. - -Estaba aclarando, de modo que Juan y Pedro pudieron ver degolladas a las -tres hijas del Gigante, y de la impresión que recibieron, apenas podían -andar, porque las piernas les temblaban; pero Gallarín les infundió -ánimo y les hizo ver lo que se les esperaba si no huían pronto. Salieron -siguiendo a Gallarín, y apenas habían atravesado un gran círculo de -plantas de maravillas que rodeaba el castillo y que era hasta donde -alcanzaba el poder del Gigante, éste los vió desde una ventana. - - --¡Ah, pícaro Gallarín--le gritó-- - ¡Asesinaste a mis hijas, - me robaste mis tres gorros! - ¡Ah, pícaro malnacido! - si te pillo te devoro! - -El Gigante sentía la muerte de sus hijas casi tanto como el robo de los -tres gorros; éstos eran de virtud: el que se los ponía al revés obtenía -todo lo que deseaba. - -Se fueron los tres hermanos y después de unas cuantas horas de marcha -llegaron a la capital del reino. Los tres hermanos consiguieron ocuparse -en el palacio del Rey: los dos mayores como trabajadores al día y -Gallarín como cuidador de pavos. - -La hija del Rey, que era muy linda, se prendó de Gallarín, y esto les -causó una profunda envidia a Juan y a Pedro. Para perder a su hermano, -fueron donde el Rey y le dijeron: - ---Señor, su pavero Gallarín se ha dejado decir que así como mató a las -hijas del Gigante y le robó los tres gorros, es capaz de robar el Loro -adivino que tiene el mismo Gigante en su castillo. - ---¿Eso ha dicho Gallarín? - ---Sí, Señor; eso ha dicho. - -Hizo llamar el Rey a Gallarín, y le dijo: - ---Gallarín, tú te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas -del Gigante y te trajiste los tres gorros eras capaz de traerte el Loro -adivino que hace tiempo me robó el Gigante... - ---No, mi Rey, yo no he dicho tal cosa. - ---Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto. - -Se retiró Gallarín a lo último del huerto y se sentó a llorar en un -tronco que ahí había. En ese momento pasó la Princesa y le preguntó por -qué estaba tan afligido. - ---¿Cómo no lo he de estar, mi Princesa--le contestó Gallarín--siendo que -el Rey me ha dicho que así como maté a las tres hijas del Gigante y me -traje los tres gorros, tenía que traerle el Loro adivino? - ---No se te dé nada--le dijo la Princesa;--lleva este pan y este frasco -de vino y le dices al Loro:--«Mira, Lorito, este es del pan que -comías y del vino que tomabas antes en el reinato de tu antiguo -dueño».--«¿Dame?», te dirá él.--«No te doy», le contestarás tú.--«¡Dame -un poquito, aunque más no sea!» te replicará.--Y entonces tú le darás -pan sopeado en vino, y cuando ya esté curado, lo agarras; y no tengas -cuidado, suceda lo que suceda. Te advierto que el Gigante, cuando está -con los ojos abiertos, está durmiento, y si tiene los ojos cerrados, -está despierto. - -Partió Gallarín para el castillo y encontró al Gigante con los ojos -abiertos; pasó de puntillas por delante de él para no despertarlo, y -llegando hasta donde estaba el Loro, le mostró el pan y el vino que -llevaba. - ---Mira, Lorito, este vino es del que tomabas y este pan del que comías -antes, en el reinato de tu antiguo dueño. - ---¡Ay! qué ricos eran! ¿dame? - ---No te doy. - ---Dame un poquito, aunque más no sea, para probarlos. - -Entonces Gallarín mojó un pedazo de pan en el vino, que era muy añejo, y -se lo dió al Loro, que lo comió con ansias; y le dió más y más hasta que -el pan y el vino se acabaron y el Loro quedó completamente borracho. -Entonces Gallarín lo agarró para huir con él; pero apenas el Loro se vió -cogido, comenzó a gritar desaforadamente: - ---¡Amito! amito! que me llevan! - -A los gritos despertó el Gigante, asió a Gallarín y lo amarró de pies y -manos a un poste, en el último patio del castillo, para comérselo -después. - -El Gigante estaba que no cabía en sí de gusto por haber aprisionado a -Gallarín, así es que salió a convidar otro gigante, su compadre, «para -comerse un cordero tiernecito»--así le dijo. - -Mientras el Gigante andaba afuera, su mujer preparaba el fondo en que -iban a cocer al pobre Gallarín, y con un hacha se puso a partir leña -para encender el fuego. Gallarín, nada tranquilo, miraba cómo trabajaba -la mujer por cortar un grueso tronco demasiado duro, y de pronto se le -ocurrió una idea y le dijo: - ---¡Me da no sé qué, señora, verla trabajar tanto! Si me soltara las -manos siquiera, yo le ayudaría a partir la leña. - -La mujer del Gigante le creyó, le soltó las manos y le entregó el -hacha. - ---Acérqueme el tronco, porque así como estoy, amarrado de los pies, no -alcanzo hasta él. - -La mujer le acercó el tronco. - ---Ahora sujétemelo bien para que no se mueva. - -Y en cuanto la mujer se agachó para sujetar el tronco, mi buen Gallarín -le asesta tan feroz hachazo en el cogote que me la deja tendida, muerta. -Con la misma hacha cortó la cuerda con que tenía atados los pies, en -seguida desnudó a la mujer, la despresó y la echó al fondo, que estaba -hirviendo con las papas, choclos, porotos, zapallo, ajos y cebollas -correspondientes; después tomó la cabeza y la arregló en la cama en que -ella dormía, dejándole los chapes colgando, y en lugar del cuerpo colocó -una almohada debajo de las cobijas, cogió al Loro y disparó a toda -carrera. - -Cuando llegaron los dos gigantes, se fueron al último patio. - ---¡Qué rica debe de estar la cazuela, compadre! ¿No siente el olorcito -que sale del fondo? - ---¡Cómo no, pues, compadre! debe de estar de chuparse los bigotes! - ---Y la Micaela, ¿dónde estará? - -Se fué a buscarla y vió que estaba en la cama. - ---¡Pobre Micaela! Cómo habrá trabajado, compadre, que de puro cansada se -acostó; durmiendo está en su cama. Comeremos nosotros y le guardaremos -su parte; dejémosla que descanse.--Y se pusieron a comer. - ---¡Caráfita que está rica la cazuelita! si el corderito era tan bien -retierno, cómo no había de salir buena! - -Y el Gigante mete el cucharón al fondo por quinta vez y se sirve él una -presa y le pasa otra a su compadre. Este observa la presa que acaban de -servirle y todo asustado, exclama... - ---¡Compadre! usted me convidó a comer un corderito y resulta que lo que -estamos comiendo es una oveja! ¡mire la marca!--y le mostraba la presa -que tenía en la mano. - ---¿Qué es esto?...--grita el Gigante--y dispara corriendo como un -condenado, a ver a su mujer, porque una sospecha terrible pasó por su -imaginación. - -Llega a la cama de su mujer, tira las cobijas al suelo y no ve sino la -cabeza de Micaela y una almohada. El Gigante, que quería entrañablemente -a su mujer, se puso a lanzar grandes alaridos y a gritar: - - --¡Ah, pícaro Gallarín! - ¡Asesinaste a mis hijas, - te llevaste mis tres gorros, - me mataste a mi mujer - y me robaste mi Loro! - ¡Ah, pícaro malnacido! - si te pillo, te devoro! - -Llegó Gallarín al palacio y entregó el Loro al Rey, quien dió muestras -de la mayor alegría al contemplar en su poder esta ave maravillosa, que -antes había sido suya y le había sido arrebatada por el Gigante. - -Pasó algún tiempo, y Juan y Pedro, que hervían de envidia al ver la -predilección que la Princesa demostraba por Gallarín, volvieron donde el -Rey y le dijeron: - ---Sepa su Sacarrial Majestad que su pavero Gallarín se ha dejado decir -que así como mató a las tres hijas del Gigante, se trajo los tres -gorros, le mató a la mujer y le robó el Loro adivino, es capaz de -quitarle el Caballo de las campanillas de oro, que está encerrado bajo -siete llaves. - ---¿Eso ha dicho Gallarín? - ---Sí, Señor, eso ha dicho. - -El Rey hizo llamar a Gallarín. - ---Gallarín, tú te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas -del Gigante, te trajiste los tres gorros, le mataste a la mujer y le -robaste el Loro adivino, eras capaz de quitarle el Caballo de las -campanillas de oro, que tiene encerrado bajo siete llaves. - ---No, Señor; yo no he dicho tal cosa. - ---Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto. - -Salió Gallarín triste y cabizbajo y se sentó a llorar amargamente en una -piedra que había a lo último del jardín. En ese momento pasaba la -Princesa por ahí mismo. - ---¿Por qué lloras, Gallarín? - ---¿Cómo no he de llorar, mi Princesa, cuando mis hermanos, que desean mi -muerte, han ido donde el Rey con el chisme de que yo había dicho que así -como maté a las tres hijas del Gigante, me traje los tres gorros, le -maté a su mujer y le robé el Loro adivino, era capaz de quitarle el -Caballo de las campanillas de oro, que tiene encerrado bajo siete -llaves? - ---No se te dé nada, Gallarín; anda no más, que te irá tan bien como en -las veces anteriores. Toma este poco de algodón y esta espadita de -virtud; aplicas la punta de la espada a la chapa de cada puerta y las -siete se abrirán en cuanto las toques. Después te acercas al caballo, -rellenas bien de algodón las siete campanillas de oro para que no suenen -y aseguras el algodón con cáñamo, para que no se desprenda; te pones las -espuelas que hallarás colgadas detrás de la séptima puerta; en seguida, -le sacas al caballo la silla, lo montas en pelo, le clavas las espuelas -a toda fuerza y el caballo saldrá del castillo a todo correr. Pero no se -te olvide mirar antes si el Gigante está durmiendo, que ya sabes que -duerme cuando tiene los ojos abiertos y está despierto cuando los tiene -cerrados. - -Llegó Gallarín al castillo mientras el Gigante dormía, de modo que pudo -hacer sin inconveniente cuanto la Princesa le había ordenado, aunque -sintió deseos locos de venirse con la silla, que era muy rica: pero, por -suerte para él, la dejó y montó en pelo. - -El Gigante vino a darse cuenta del robo cuando ya Gallarín había salido -del círculo de maravillas, y no pudiendo hacer otra cosa, se puso a -gritar desaforadamente: - - --¡Ah, pícaro Gallarín! - ¡Asesinaste a mis hijas, - te llevaste mis tres gorros, - me mataste a mi mujer - y me robaste mi Loro, - y hoy me has robado el Caballo - de las campanillas de oro! - ¡Ah, pícaro malnacido! - si te pillo, te devoro! - -El Caballo salió a todo escape y no paró hasta llegar con su jinete a -las mismas gradas del trono. - -Grande fué la alegría del Rey al ver al Caballo de las campanillas de -oro y quiso premiar a Gallarín, pero éste le dijo que mientras tanto se -contentaba con ser el cuidador de sus pavos, que a su tiempo le pediría -el galardón que creyera le correspondía. - -Siguió pasando el tiempo, que no se detiene en su marcha, y aún no se -había cumplido un mes cuando Juan y Pedro, cuya envidia crecía con los -triunfos de Gallarín, fraguaron otra mentira contra el hermano que los -había librado de la muerte, que _así paga el Diablo a quien bien le -sirve_; y se presentaron al Rey. - ---Señor--le dijeron--ha de saber Su Sacarrial Majestad que su pavero -Gallarín se ha dejado decir que así como mató a las tres hijas del -Gigante, se trajo los tres gorros, le mató a la mujer y le robó el Loro -adivino y el Caballo de las campanillas de oro, es capaz de traer -prisionero al Gigante mismo. - ---¿Eso ha dicho Gallarín? - ---Sí, Señor; eso ha dicho. - ---¡Ah! y qué bueno fuera que me lo trajese prisionero, por que el -Gigante es el único enemigo que tengo, y libre de él, reinaría -tranquilo! Díganle a Gallarín que venga. - -Vino el pobre Gallarín. - ---¿Con que te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas del -Gigante, te trajiste los tres gorros, le mataste a su mujer y le -robaste el Loro adivino y el Caballo de las campanillas de oro, te -encuentras capaz de traerme prisionero al Gigante mismo? - ---No, Señor; yo no he dicho tal cosa. - ---Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto. - -Salió Gallarín sumamente afligido por la exigencia del Rey, y fué a -sentarse a lo último del jardín, a tiempo que la Princesa pasaba por -ahí. - ---¿Por qué lloras, Gallarín? - ---¿Cómo no he de llorar, mi Princesa, cuando el Rey, instigado por mis -hermanos, que desean mi muerte, me ha dicho que así como maté a las tres -hijas del Gigante, me traje los tres gorros, le maté a su mujer y le -robé el Loro adivino y el Caballo de las campanillas de oro, era capaz -de traerle prisionero al Gigante mismo? - ---No se te dé nada, Gallarín, que en esta empresa te irá tan bien como -en las anteriores. Pídele al Rey mi padre que te mande hacer una gran -jaula de fierro, de gruesos barrotes, con ruedas y con dos -compartimentos: uno desde el que irás tú gobernando el carro, y otro que -será completamente independiente, con puerta que la puedas cerrar tú por -medio de un resorte y en el cual llevarás toda clase de mercaderías. Te -disfrazarás de comerciante francés y pasarás frente al castillo -ofreciendo tus mercaderías. Saldrá el Gigante, querrá comprar algo de lo -que llevas, lo harás entrar para que escoja, y en cuanto esté adentro, -sirviéndote del resorte cerrarás la puerta y te lo traes sin cuidarte de -sus gritos y maldiciones. - -Tal como se lo aconsejó la Princesa así lo hizo Gallarín. El Rey le -mandó fabricar la jaula, y una vez entregada, arregló en el -compartimento que debía ocupar el Gigante un buen número de valiosas -telas y curiosísimos objetos de adorno, y tirado el carro por diez -yuntas de bueyes que Gallarín dirigía desde el departamento que le -correspondía, se dirigió al castillo del Gigante, adornado el rostro de -largos bigotes y una hermosa pera postiza, pregonando con fingido acento -francés:--«Quelq chos de tiend! necesit quelq chos de tiend!» El -Gigante, que estaba en la ventana, lo hizo detenerse y bajó a comprar -algunas cosas. Gallarín lo invitó a entrar para que escogiese más a -gusto, y el Gigante, sin sospechar nada, accedió, y Gallarín, en cuanto -lo vió adentro, tocó el resorte y la puerta se cerró a machote. El -Gigante, al verse preso, bramaba como un toro herido y con sus manazas -tomaba los barrotes y los estremecía tratando de quebrarlos, pero -inútilmente. - -Horas después, Gallarín entraba triunfante a la ciudad, con el Gigante -enjaulado, y era de ver cómo la gente se agolpaba en las calles -aplaudiendo al héroe, que con la prisión del Gigante libraba al reino de -su más terrible enemigo. - -Gallarín, antes de llegar a palacio, se puso uno de los gorros de las -hijas del Gigante con la parte de adelante hacia atrás, e inmediatamente -quedó convertido en un elegante joven, pero conservando siempre sus -hermosas y simpáticas facciones. - -El Rey y la Princesa, que lo esperaban, se levantaron de sus asientos -para recibirlo. - ---Creo, Gallarín--dijo el Monarca--que ha llegado el momento de que -pidas el premio de tus hazañas: - - Mataste a las hijas del Gigante, - le trajiste sus tres gorros, - le mataste a su mujer - y le robastes el Loro, - después trajiste el Caballo - de las campanillas de oro, - -y por último, para coronar tu obra, hoy me has traído prisionero al -Gigante mismo. Pídeme lo que quieras, que si está en mis manos, te será -concedido. - ---Señor--contestó Gallarín--es grande mi osadía al manifestar a Su -Sacarrial Majestad mis pretensiones, pero si me atrevo a formularlas es -porque me veo alentado por una persona que es muy querida de Vuestra -Majestad;--y miraba a la Princesa que le hacía señas para que desechara -todo temor y hablara luego y claramente. - ---¿Y qué es lo que pretendes, Gallarín? Si grandes son tus pretensiones, -grandes son también las empresas que has acometido; vaya lo uno por lo -otro; habla sin cuidado. - ---Majestad, lo que yo pretendo es lo que más amáis: solicito la mano de -vuestra hija. - -El Rey, que se imaginaba que Gallarín le pediría riquezas y honores, tal -vez un título de grande del reino, al oir su petición, dió un salto y -casi se cayó del trono. - ---Pero ¿cómo te atreves a mirar tan alto? medita un poco en quién eres -tú y en quién es mi hija, mide la distancia que hay entre ambos y ve si -es posible tal unión. - ---Es cierto, Su Sacarrial Majestad, que una princesa no debe casarse -sino con un príncipe por lo menos; pero en manos de Su Sacarrial -Majestad está el hacerme príncipe a mí, y entonces ni ella se rebajará -ni yo me enalteceré al casarnos, pues seremos iguales. - -La Princesa no pudo contenerse y aplaudió a dos manos exclamando: - ---¡Bien, Gallarín, muy bien!--Con lo cual, impensadamente dió a conocer -sus sentimientos hacia su pretendiente, así es que el Rey no tuvo más -remedio que acceder a los deseos de los dos jóvenes. - -Gallarín fué hecho príncipe y se casó con la Princesa en medio del -entusiasmo de todo el pueblo, que los amaba y respetaba. Y fueron -felices durante su larga vida, como lo merecían por sus virtudes. - - - - -25. SALIR CON SU DOMINGO SIETE - - -Había una vez un jorobado, buena persona, que llevaba su desgracia con -paciencia, y no era envidioso ni amigo de burlarse del prójimo, como son -casi todos los que tienen el espinazo quebrado; y este buen hombre salió -un día a hacer una diligencia a un pueblo inmediato al suyo y no pudo -regresar hasta la noche. Al pasar por un sitio extraviado, vió, desde un -matorral, un corro de brujas, las cuales, tomadas de las manos, daban -vuelta bailando y cantando: - - Lunes y Martes, Miércoles tres, - -sin cambiar este estribillo. El jorobadito, que era nervioso y vivo de -imaginación, viendo que las brujas no salían de la cantinela - - Lunes y Martes, Miércoles tres, - -no pudo contenerse y desde su escondite gritó: - - Jueves y Viernes, Sábado seis. - -Las danzantes no cupieron en sí de gozo al ver tan lindamente completado -su canto, y, agradecidas, resolvieron premiar a la persona que había -tenido tan feliz inspiración. Llevado el joven al medio del corro, una -propuso darle un palacio; otra, todo el oro que deseara; la de más allá, -hacerlo rey; pero el jorobadito, que oía la discusión muy complacido, -les dijo:--«Yo me contentaría y me daría por muy feliz con que hicierais -desaparecer mi joroba y me asegurarais lo suficiente para tener un buen -pasar»,--gracias, ambas, que inmediatamente le fueron acordadas. - -Al día siguiente nuestro ex-jorobado tropezó en la calle con un amigo -que sufría del mismo mal de que él tan felizmente había sido curado por -las brujas. El amigo se extrañó de verlo tan cambiado y casi no lo -conoció, pues la ausencia de la joroba había convertido al antiguo -corcovado en un real mozo. A la pregunta que le hizo el amigo, a quien -la envidia roía las entrañas, de cómo había ocurrido tal metamorfosis, -el interrogado le refirió la aventura, y el giboso se prometió ir esa -misma noche al sitio en que las brujas se reunían; y así lo hizo, -ocultándose en el mismo matorral desde donde su amigo había presenciado -el baile. Momentos después llegaron las brujas y comenzaron la danza, -cantando: - - Lunes y Martes, Miércoles tres, - Jueves y Viernes, Sábado seis. - -El segundo jorobado, que también deseaba ver desaparecer su corcova, -imitando lo que su amigo había hecho, quiso agregar algo a los versos -que cantaban las brujas, y cuando por cuarta o quinta vez repetían - - Lunes y Martes, Miércoles tres, - Jueves y Viernes, Sábado seis, - -muy ufano exclamó: - - Domingo siete. - -Las brujas detuvieron inmediatamente la danza y unas a otras se miraron -contrariadas. - ---¿Quién es el estúpido que ha venido a perturbar nuestro hermoso -canto?--dijo una. - ---Busquémoslo--contestó otra. - -Y sin gran trabajo encontraron al pobre jorobado, que temblaba de miedo -ante la ira de aquellas mujeres, y lo arrastraron al medio del corro. - ---¿Qué castigo daremos a este miserable?--preguntó la que hacía de jefe. - ---Que le salgan cuernos y rabo--dijo una. - ---Que cuando hable eche sapos y culebras por la boca--repuso otra. - ---No--exclamó una tercera,--por su impertinencia merece que le -obsequiemos con una segunda joroba. - ---¡Eso es! Eso es!--gritaron todas. - -Y a empellones y puntapiés despidieron al giboso, que volvió al pueblo -llevando sobre sí dos hermosas corcovas: una sobre el pecho y otra sobre -la espalda. - - - - -26. LA LORITA ENCANTADA - -(Se lo contó, en 1909, Petronila Riquelme, de 56 años, natural de -Chimbarongo, a don Luis Thayer Ojeda, quien tuvo la bondad de -obsequiarme la transcripción, hecha por él, en Octubre de 1915.) - - -Para saber y contar y contar para saber. Esta era una vieja muy pobre -que había criado a un Huacho que se llamaba Manuel, y a quien ocupaba en -cuidar chanchos en el monte. - -Un día el Huacho le dijo a la vieja: - ---He oído decir que hay un Rey que paga un almud de plata por un año de -trabajo, y yo, mamita, me voy para allá a mejorar suerte. - -Salió Manuel y llegó a donde estaba el Rey, que era el castillo de -Flordelís, y estuvo trabajando con toda la peonada durante un año, y a -todos les fueron pagando un almud de plata; pero cuando estaban haciendo -el pago, una Lora que tenía el Rey hablaba tanto, metiéndose en las -cuentas, que el Rey, aburrido, es que dijo: - ---El que quiera llevarse esta Lora en lugar del almud de plata, que se -la lleve no más, que soy gustoso. - -Y ninguno de los que le oyó quiso llevársela, y entonces Manuel, viendo -que era tan linda, dijo: - ---Yo me la llevaré, Su Majestad, por el almud de plata. - -Y se volvió el Huacho para su tierra, y en el camino cuidaba mucho a la -Lorita y le daba de comer la mitad de lo que conseguía; pero cuando -llegó a su casa, la vieja es que estuvo muy enojada porque quería plata -y no pájaros y le dió a Manuel una buena paliza y lo mandó al monte a -cuidar los chanchos, y después le pegó a la Lora, que casi la mató. - -Entonces la Lora es que dijo:--“Me voy para Flordelís”--y se voló. - -Cuando en la tarde volvió el Huacho y supo que la Lorita se había -volado, se apenó tanto que esa misma noche, al amanecer, se fué de la -casa. - -Anduvo todo el día sin tomar alimento ni descansar, así es que el hambre -se lo comía y no podía más de cansado. - -Se sentó debajo de unos árboles y se quedó dormido. - -Al día siguiente lo despertó una gran bulla que formaban tres lindas -niñas, disputando cuál era la mejor. Entonces él se acercó a las niñas y -les preguntó por qué discutían tan acaloradamente; y una vez que le -explicaron el motivo, les dijo: - ---Su merced, que es la mayor, es el sol, y en el día ¿qué cosa hay más -bonita que el sol?--Su merced, que es la del medio, es la luna, y en la -noche ¿qué cosa hay más bonita que la luna?--Su merced, que es la menor, -es la guía de la mañana, y al amanecer ¿qué cosa hay más bonita que la -guía de la mañana?--Y se fué. - -Con estas cosas que les dijo el Huacho, se quedaron las niñas muy -contentas, y dijeron: - ---¿Y con qué le pagamos a este joven que nos puso en concierto y nos -dejó contentas a las tres? - -Entonces lo llamaron, y la mayor le dió un anillo que daba todo lo que -se le pedía; la del medio le dió una pluma, que no había más que -ponérsela en el zapato para volar más ligero que el viento; y la menor -le dió un gorro, que bastaba ponérselo para hacerse invisible. - -El Huacho les agradeció los regalos y partió nuevamente; y había andado -ya algunas leguas cuando le vino como un desmayo, de lo que no había -comido nada desde la noche antes. - -Entonces le dijo al anillo: - ---Anillito, dame una mesa bien puesta de un todo, con los manjares más -ricos que haya. - -Y entonces se le apareció una mesa llena de los mejores platos y más -ricos vinos, y después que se llenó, se puso a dormir la siesta. A la -tardecita despertó y siguió su camino, hasta que no pudo seguir andando -porque tenía los pies hinchados de tanto que había caminado, y se sentó -a descansar. Y en esto estaba cuando se acordó de repente de su aventura -con las tres niñas y de los regalos que le habían hecho, y dijo: - ---Buen dar con lo tonto que soy, pudiendo volar más ligero que el -viento;--y sacó la pluma y se la puso en el zapato. - -Había volado una porción y ya comenzaba la noche, cuando se le apareció -un águila inmensa de grande, que le dijo: - ---¿Cómo te atreves a volar en mis dominios, vil gusanillo de la tierra? - -Entonces el Huacho le contó toda su historia, y una vez que la oyó el -Aguila, que no era otra persona que el mismo Rey de los Pájaros, le -dijo: - -La Lorita que andas buscando está en el castillo Flordelís, y apúrate, -porque si no llegas esta misma noche, ya será tarde, por lo que allí va -a pasar. - -Se fué el Huacho por el aire, más ligero que el viento, y llegó al -castillo de Flordelís cuando ya todita la gente y hasta el mismo Rey se -habían acostado, y sólo estaba despierto el soldado que estaba de -guardia en la puerta del castillo. - -Entonces el Huacho es que le preguntó: - ---¿Qué nuevas hay por aquí, señor guardia? - ---¿Qué nuevas han de haber? Que mañana se casa la Princesa, que estaba -encantada, y que no era otra que la Lorita que te llevaste en cambio del -almud de plata. - -Cuando esto oyó, le entró al Huacho una gran pensión; pero, acordándose -de su gorra, se la puso, y por el aire se entró al cuarto de la -Princesa, que estaba custodiado por siete soldados moros. - -Y entonces el Huacho, que no se había sacado la gorra, le dijo a la -Princesa: - ---Si eres tú la Lorita que yo me llevé por un almud de plata ¿por qué me -has dejado solo? - -Y la Princesa se asustó tanto que se puso a gritar, y vinieron los siete -soldados moros, y el Rey y la Reina a ver lo que pasaba. - -El Huacho, como estaba invisible, para que no tropezaran con él se -acurrucó en un rincón, y como los que entraron a la pieza nada vieron ni -a nadie encontraron, se volvieron, el Rey y la Reina a sus cuartos y los -soldados moros a su puesto. - -Al rato que todos se fueron, volvió el Huacho a hablar y otra vez la -Princesa gritó que había gente en su pieza, y entraron de nuevo el Rey y -la Reina y los soldados, y como tampoco encontraron a nadie, se enojaron -mucho y se fueron, diciéndole a la Princesa que no fuera a gritar otra -vez, porque no le harían caso a sus gritos. Y salieron. - -Esperó el Huacho un momento, y acercándose a la Princesa le dijo que no -tuviera miedo, que él había hecho un viaje tan largazo por el amor tan -grande que le tenía y que de ninguna manera permitiría que fuera a -casarse con un hombre que no la quería como él; y se quitó el gorro. - -Entonces la Princesa conoció al Huacho y se tranquilizó, y le contó todo -lo que había pasado y que ella se casaba contra su voluntad y que a -nadie quería sino a él, que había despreciado la plata por ella, y la -había cuidado tanto y hasta había tenido que aguantar los malos tratos -de su madre. - -Después de mucho pensar en lo que harían, convinieron que en la comida, -antes del casamiento, la Princesa pidiera la gracia de que cada uno -dijera un discurso y que él vería cómo ella salía bien del paso. - -A la mañana siguiente dijo el Huacho al anillo: - ---Anillito, dame un traje completo, todo bordado de oro y piedras -preciosas, y yo que me ponga bien buenmozo. - -Y así que acabó de hablar, quedó el Huacho hecho un príncipe de bonito y -elegante y la Princesa muy contenta de verlo tan bien plantado. Y -poniéndose el Huacho la pluma en el zapato y el gorro en la cabeza, se -despidió de la Princesa hasta el otro día. - -Al día siguiente, el Huacho, bien de mañana, le dijo al anillo: - ---Anillito, haz que se me presente aquí un caballo de lo mejor y más -lindo, bien aperado y con los aperos enchapados de oro y plata. - -Y en el mismo momento se le puso un lindo caballo blanco por delante y -montado en él dió un paseo por toda la ciudad, y todo el mundo se -quedaba mirándolo con la boca abierta, porque nunca habían visto un -príncipe tan bonito y elegante. Y al acercarse la hora del banquete, se -fué al castillo y cuando el Rey lo vió decía:--“¿qué príncipe tan rico -será éste?” Y él le dijo al Rey que era príncipe que dominaba en el -aire. - -Al comenzar el banquete, la Princesa pidió al Rey la gracia de que todos -dijeran un discurso, y concedida que le fué, dijo la Princesa: - ---Sacarrial Majestad, ¿qué será de más valor, una corona de oro o una -corona de plata? - -El Rey contestó: - ---Una corona de oro. - ---Yo tenía--dijo la Princesa--dos coronas, una de oro y una de plata. -La de oro se me había perdido y he tenido la suerte de encontrarla; y -como no debo conservar sino una, yo pregunto ¿cuál de las dos debo -guardar? - -Todos contestaron: - ---La de oro, la de oro; no tiene vuelta. - -Entonces la Princesa, tomando a Manuel de la mano lo hizo pararse y -dijo: - ---Esta es la corona de oro que yo había perdido y que acabo de -encontrar, y como con ella debo quedarme, con este príncipe me casaré y -él no mas será mi marido. - -Todos aplaudieron lo dicho por la Princesa, menos el novio que iba a -casarse con ella y que tuvo que salir todo acholado. - -Y así fué que Manuel se casó con la Princesa y fueron muy felices, y -todavía lo serán, si es que están vivos. - -Y se acabó el cuento, y se lo llevó el viento y se coló por la puerta de -un convento y los padres que lo oyeron, se quedaron muy contentos. - - - - -27. EL DIABLO Y EL CAMPESINO. - - -El Diablo le propuso a un Campesino trabajar a medias, durante tres -años. El Diablo pondría el terreno y el Campesino la semilla. Terminado -el plazo del contrato, el campesino quedaría dueño del suelo. - -Preguntó el hombre:--¿Y cómo haremos la partición? - -El Diablo contestó: - ---Yo tomaré lo que den las plantas arriba y tú tomarás lo que quede -debajo de la tierra.--Y se fué. - -Entonces el Campesino sembró papas, y cuando llegó el tiempo de partirse -la cosecha, el Diablo tuvo que llevarse las matas y dejar las papas al -hombre. - -El Diablo se repelaba, y pensó: esta otra vez no me harás leso; y dijo -al hombre:--Este año yo tomaré lo que quede debajo de la tierra y tú -serás dueño de lo que quede encima. - -Se fué el Demonio y el Campesino sembró sandías y melones, y cuando el -Diablo vino por la parte que le correspondía y vió que le tocaban puras -raíces, y a su socio lindísimos melones y sandías, se puso a rabiar como -un condenado (_sic_) y se arrancaba las mechas de ira. - -El Diablo no se dió por vencido, y después de meditar un rato, dijo al -hombre:--En el próximo año será para mí lo que produzcan las plantas en -la parte de arriba y debajo de la tierra; lo que den en el medio será -para ti.--Y se fué pensando con esto vencer al Campesino. - -Pero el hombre, sembró maíz; y cuando el Diablo vino a reclamar su -porción, los choclos correspondieron al Campesino y el Diablo quedó -nuevamente burlado. - ---Me la ganaste, rugió el Demonio, tuyo es el campo; pero después nos -veremos la cara. - -Mas el hombre se deja vencer del Diablo sólo cuando quiere, porque tiene -inteligencia de sobra para reirse del enemigo malo, como lo demuestra -este cuento. - - - - -28. EL LIÓN Y EL HOMBRE{*} - -(Narrado en 1888 por el carrilano albañil Pedro Antonio Liberona, -natural de Nancagua, de 55 años de edad, y escrito, según sus recuerdo). -por don Roberto Regifo, en Diciembre de 1921. - - -Taba el Lión viejo en su cueva, entre los riscos más encumbraos di una -montaña. El Lión hijo, al velo tan respetoso, le icía: - ---¿Habrá, paire, en to el mundo uno más guapo que su mercé? (Así -trataban antes los hijos a los paires). - ---Sí, hijo,--le contestó el veterano. - ---¿Cómo ha e ser eso, paire, cuando yo, que soy su hijo, no le tengo -mieo a naiden ni más respeto que a su mercé? - ---No t’engañís, hijo, hay en el mundo un animal muy brao que se la gana -a toos; si nu es por bien, por mal si han de dar; por eso es que yo, -qu’era el rey del mundo, m’hey tenío qu’enriscar entr’estos cerros, por -no dame. - ---Con su permiso, paire, écheme la bendición y yu iré a peliar con ese -animal pa quitale el mundo, ¡qué tanto será lo guapo! Empués e su mercé, -¿qui animal será tan grande que yo no me li alime? - ---Nu es tan grande, hijo; pero es más ardiloso que toos, y se llama -l’Hombre. Yo no ti aré nunca permiso, mientras viva, pa que vais a -peliar con él. - -Quiso que no quiso el Lión joven tuvo que quiase refunfuñando y -afilándose las uñas. - -El Lión viejo ’staba enfermo y a poco murió. - -Empués de lloralo el Lión joven y dejalo tapao con ramas que salió a -cortar, pensó:--Agora sí que no me queo sin peliar con el Hombre; y -salió cordillera aajo a uscalo. - -{*} Esta transcripción, aunque no completamente fonética, se aproxima al -modo de hablar popular lo suficiente para darse cuenta de él. Sin -embargo, debe advertirse que no siempre se han suprimido las eses y -_zetas_, que en numerosos casos no se pronuncian, o suenan como -aspiraciones muy tenues, por carecer la imprenta de los signos -convenientes y no dificultar más la lectura. Lo mismo puede decirse de -la b y de la v, que hay casos en que suenan, pero no con la fuerza que -en el lenguaje que usa en Chile la gente educada. - - - - -28. EL LEÓN Y EL HOMBRE - - -Lo primero qu’encontró en una d’esas vegas que se jorman aentro e los -cajones e la cordillera jué un Caallo flaco. - ---¡Bah!--ijo--ese no mi aguanta na. ¿Vos sos el Hombre?--le gritó. - ---Yo no soy el Hombre, iñor. - ---¿Quién es el Hombre, entonce? - ---El Hombre, iñor, tá más p’aajo y es un animal muy malo y muy guapo; a -mí me tiene bien dao, y porque no me le quería ar, me metió unos fierros -en la oca, mi amarró con unos corriones, y con otros fierros clavaores -que se puso en los talones, se me subió encima y mi agarró a pencazos y -puyazos por las costillas, hasta que tuve qui hacer su oluntá y llevalo -p’onde se li antojaba, y dey me largó p’estos rincones, onde casi me -muero di hambre. - ---¿Pa qué sos leso? Yo voy a uscar al Hombre a ver si es capaz de ponese -conmigo. - -Más abajo, onde ya comienzan los potreros de serranía, vió etrás di una -mangu’e pirca el lomo di un güey, con sus cachos.--Es’es el -Hombre--pensó,--y que bien regrandazas son las uñas que tiene, pero en -la caeza, mientras que yo las tengo en las manos. A ver si es el -Hombre.--Y di un salto apareció encim’e la pirca.--¿Vos sos el -Hombre?--le gritó. - -El Güey se puso a tiritar espantao, y sacando la voz como puo, le -contestó: - ---Yo no soy el Hombre, iñorcito. El Hombre vive más p’aajo. - ---Me querís engañar que no sos vos, porqu’ estay tiritando e cobardía. -¿Y te alimas a peliar conmigo? ¿Pa qué’s ese cuerpo tan regrande y esos -armamentos que tenís en la caeza si no pa ganásela a los que no son -guapos como yo? ¡Pónele al tiro, si querís! - ---¡No, iñorcito, por Dios!, si yo no soy peliaor ni guapo; ya ve qu’el -Hombre me tiene bien amansao y que cuando yo’staba más toruno y me le -quise sulevar, m’echó unos lazos, me tiró al suelo y me marcó el pellejo -con un fierro caliente, qu’entuavía m’escuece; ¿no ve, su señoría, aquí, -en las ancas?... y m’hizo otras cosas más, bien repiores, que me dan -vergüenza... Después me puso yugo y m’hizo tirar la carreta a picanazos; -y aquí’stoy, iñor, paeciendo hasta qui al Hombre se li ocurra matame pa -comeme. - ---¡Tan regrande y tan... vilote! No servís pa na. Me voy.--Y cortó cerro -aajo en busqu’el Hombre. - -Ya iba diisando los planes regaos y al acao di una quebrá vió un humito -y empués el rancho di una posisión d’inquilino, y se jué acercando -espacito a los cercos. - -El Perro del inquilino l’olfatió y salió a lairale. El Lión se sentó a -esperalo y pensó:--Este si qui ha e ser el Hombre; bien mi habían dicho -que nu era tan grande; ¡a mí no me la gana este chicoco!; pero es pura -alharaca lo que trae y no se viene al cuerpo. - -El Perro le lairaba retiraíto. - ---¡A ver, Hombre! callate un poco. ¿Vos sos el Hombre? - ---Yo no soy el Hombre; pero mi amo es el Hombre. - ---Así m’estaa pareciendo, porque lo que sos vos, no mi aguantay ni la -primera trenzá. And’icile a tu amo que vengo a desafialo, a ver si es -cierto qu’es el más guapo el mundo comu icen. - -Cortó el Perro pa la posisión y lueguito vinu el Hombre con una escopeta -cargá. - ---¡Bah!--ijo el Lión--qué raro es el Hombre, nu anda con la caeza agachá -como toos nosotros. ¿Cómo comerá? anda echao p’atrás! Bah! yo tamién me -siento en las patas pa peliar con las manos libres ¿qué gran ventaja mi -ha e llevar?... ¿Vos sos el Hombre?--le preuntó cuando lo vió cerca. - ---Yo soy el Hombre--le contestó el labrador. - - ---A peliar contigo vengo pa saer cuál es el más guapo e los dos en el -mundo. - ---Güeno--le ijo el Hombre--; pero pa que yo pelee tenís que sacame -rabia; retame primero y empués te contesto yo. - -Prencipió el Lión a insultalo de bandío, saltiaor, coarde, lairón, -ausaor, hasta que se cansó e retalo. - ---Agora me toca a mí,--ijo el Hombre.--Allá va una mala palaura;--y le -largó un escopetazo y le quiebró una pata. - ---¡Ay, ay, aicito!--gritó el Lión;--iñorcito Hombre, no peleo más con -usté,--y arrancó a lo que poía cordillera aentro, a enriscase en las -cumbres, pensando:--Bien icía mi finao taita que no juera a peliar con -el Hombre; si con una mala palaura no más me quiebró una pata ¿qui -habría sío si se me le viene al cuerpo? - -Y no bajó nunca más e las montañas, sino a escondías[G]. - - Estaba el viejo León en su cueva, situada entre lo riscos más - encumbrados de una montaña. El León hijo, al contemplarlo tan - respetable, le dijo: - - --¿Habrá, padre, en todo el mundo un ser más valiente que su - merced? (Así trataban antes los hijos a los padres). - - --Sí, hijo--le contestó el anciano. - - --¿Cómo ha de ser eso, padre, cuando yo, que soy su hijo, no le - tengo miedo a nadie ni respeto mas que a su merced? - - --No te engañes, hijo, hay en el mundo un animal muy bravo que - vence a todos; si no es por bien, por mal se han de entregar; por - eso yo, que era el rey del mundo, para no verme vencido, he tenido - que esconderme entre los riscos de estos cerros. - - --Echeme la bendición, padre, y con su permiso iré a pelear con ese - animal y lo despojaré del dominio del mundo. ¡No será tan valiente! - Fuera de su merced ¿qué animal habrá tan grande a quien yo no me - atreva a atacar? - - --No es tan grande, hijo; pero es más astuto que todos y se llama - el Hombre. Mientras yo viva, jamás te daré permiso para que vayas a - pelear con él. - - Quiso que no quiso, el León joven tuvo que quedarse, refunfuñando y - afilándose las uñas. - - El León viejo estaba enfermo y poco después murió. - - Después de llorarlo el León joven y de dejarlo cubierto con unas - ramas que salió a buscar, pensó:--Ahora sí que no me quedo sin - pelear con el Hombre; y bajó de la cordillera al valle para - buscarlo. - - Lo que primeramente encontró en una de las vegas que se forman en - las quebradas de la cordillera, fué a un Caballo flaco. - - --¡Bah!--dijo--ese no se atreverá conmigo. ¿Eres tú el Hombre?--le - gritó. - - --No soy el Hombre, señor. - - --¿Quién es el Hombre, entonces? - - --El Hombre, señor, vive más abajo, y es un animal muy malo y muy - valiente; a mí me tiene completamente subyugado, y porque no quería - entregármele, me metió unos hierros en la boca, me ató con - correones, y con unas espuelas muy clavadoras que se colocó en los - talones, se subió encima de mí y comenzó a darme pencazos y a - clavarme las espuelas por los ijares, hasta que tuve que hacer su - voluntad y llevarlo a donde se le antojaba, y en seguida me largó - para estos rincones, en donde casi me muero de hambre. - - --Eso te sucede por tonto. Yo voy a buscar al Hombre porque deseo - ver si se encuentra capaz de pelear conmigo. - - Más abajo, donde ya comienzan los potreros de serranía, vió detrás - de una cerca de pirca, el lomo de un buey, con sus cuernos.--Este - es el Hombre--pensó,--y qué enormes son las uñas que tiene, pero en - la cabeza, mientras tanto yo tengo las mías en las manos. Veamos si - es el Hombre.--Y de un salto se puso encima de la pirca.--¿Eres tú - el Hombre?--le gritó. - - El Buey se puso a temblar, espantado, y sacando la voz como pudo, - le contestó: - - --Yo no soy el Hombre, señorcito. El Hombre vive más abajo todavía. - - --Quieres hacerme creer que no eres tú y estás temblando de miedo. - Y dime ¿te atreves a combatir conmigo? ¿De qué te sirve ese cuerpo - tan enorme y esas defensas que tienes en la cabeza sino para - triunfar de los que no son valientes como yo? ¡Peleemos - inmediatamente, si te atreves! - - --¡No, señorcito, por Dios! Si yo no soy peleador ni valiente! ya - ve que el Hombre me tiene completamente manso, y una vez, cuando yo - era más joven y quise sublevarme, me ató con unos lazos, me echó al - suelo y me marcó la piel con un hierro candente, que todavía me - escuece; ¿no ve, su señoría, la marca, aquí, en las ancas?... y aun - me hizo otras cosas peores, que me avergüenza... Después me enyugó - y me hizo tirar del carro a golpes de picana; y aquí me tiene, - señor, padeciendo, hasta que al Hombre se le ocurra matarme para - comerme. - - --¡Tan grande y tan... vil! No sirves para nada. Me voy.--Y siguió - bajando el cerro en busca del Hombre. - - Ya divisaba los llanos regados, y al término de una quebrada vió un - humo y después el rancho de una posesión de inquilino, y se acercó - sin hacer ruido a los cercos. - - El Perro del inquilino lo olfateó y salió a ladrarle. El León se - sentó a esperarlo y pensó:--Este sí que ha de ser el Hombre; bien - me habían dicho que no era muy grande; ¡a mí no me vence este - enano!; pero todo no es más que bulla y no se atreve a atacarme. - - El Perro le ladraba desde lejos. - - --¡A ver, Hombre! cállate un poco. ¿Eres tú el Hombre? - - --No soy el Hombre; pero mi amo es el Hombre. - - --Así me parecía, porque, lo que eres tú, no aguantas ni el primer - ataque. Ve y dile a tu amo que vengo a desafiarlo; deseo ver si es - efectivo lo que dicen, que es el ser más valiente del mundo. - - Fué el Perro para la posesión y volvió luego con el Hombre, que - traía una escopeta cargada. - - --¡Bah!--dijo el León--qué raro es el Hombre, no lleva la cabeza - baja como nosotros. ¿De qué manera comerá? anda derecho! Bah! yo - también me siento en las patas traseras para pelear con las manos - libres ¿en qué me aventajará?... ¿Eres tú el Hombre?--le preguntó - cuando lo vió cerca. - - --Yo soy el Hombre--le contestó el labrador. - - --Vengo a pelear contigo para saber cuál de los dos es el más - valiente. - - --Bueno, le dijo el Hombre;--pero para que yo pelee tienes que - irritarme; insúltame tú primeramente y después te contesto yo. - - Púsose el León a tratarlo de bandido, salteador, cobarde, ladrón, - abusador, hasta que se cansó de insultarlo. - - --Ahora me toca a mí--dijo el Hombre.--Allá va una mala palabra; y - disparándole un escopetazo, le quebró una pata. - - --¡Ay, ay, aicito!--gritó el León;--señorcito Hombre, no peleo más - con usted,--y huyó como alma que lleva el diablo para el interior - de la cordillera, a ocultarse entre los riscos de la cumbre, - pensando:--Bien decía mi finado padre que no fuera a pelear con el - Hombre; si con una sola mala palabra me quebró una pata, qué habría - sido de mí si se me viene al cuerpo? - - Y nunca más bajó de las montañas, sino ocultándose. - - - - -29. LOS TRES HERMANOS QUE SALIERON A APRENDER A HABLAR - -(Referido por el niño M. I. Oportot, de 12 años, en 1912.) - - -Este era un huaso rico que tenía tres hijos de muy escasa inteligencia, -y el padre quería que aprendieran a hablar como la gente educada. Dióles -dinero y les ordenó que salieran a conocer mundo, se fijaran cómo -hablaban las personas decentes y no volvieran hasta que no se -encontraran capaces de conversar como los caballeros. - -Salieron los tres hermanos y en un restaurant en que entraron a comer se -sentaron cerca de una mesa en que había unos señores que jugaban al -dominó. - -Al mayor de los tontos le gustó mucho la frase _Nosotros hemos sido_, -que dijo uno de los jugadores contestando a un curioso que preguntaba -quiénes habían ganado la partida; y se llevó repitiéndola hasta que se -le quedó impresa en la memoria. Al segundo le llamó la atención lo que -dijo otro de los jugadores a quien uno de los mirones interrogó por qué -jugaba, y respondió _Por ganar dinero_, y se estuvo dale que dale con la -frasecita, hasta que le pareció que no se le olvidaría. Y al tercero, lo -que más le gustó fué la expresión _Por muy justa causa_, que lanzó otro -de los circunstantes, y que la dijo no menos de cien veces en su -interior, hasta que se le quedó perfectamente grabada. - -Y sucedió que cuando se volvían a su casa, muy contentos de las hermosas -palabras que habían aprendido, al atravesar un campo por donde tenían -que pasar, tropezaron con el cadáver de un hombre que acababa de ser -asesinado y de cuyas heridas manaba sangre en abundancia. - -Se quedaron los tres hermanos asustados, con la boca abierta, -contemplando al muerto, y así estaban cuando llega un guardián de a -caballo y les pregunta: - ---¿Quién ha asesinado a este hombre? - ---Nosotros hemos sido--contesta el mayor. - ---¿Y por qué le dieron muerte? - ---Por ganar dinero--responde el segundo. - ---Entonces van presos los tres--dice el guardián. - ---Por muy justa causa--contesta el tonto menor. - -Y fueron conducidos a la presencia del juez, quien, por suerte para -ellos, les conocía y sabía que eran tontos de nacimiento, que si no, los -manda fusilar. - - - - -30. LAS TRES GANGOSAS - -(Contado por el niño Alfonso González, natural de Santiago, de 12 años, -en 1912.) - - -Para saber y contar hay que escuchar y aprender. Esta era una señora que -tenía tres hijas buenasmozonas, pero gangosas, que habían logrado -hacerse querer de tres jóvenes, con los cuales se entendían por medio de -señas y de cartas, porque la madre les había prohibido que hablaran con -ellos, para que no les conocieran el defecto que tenían. - -Un día tuvo que salir la señora y les ordenó a las niñas que por nada de -este mundo hablaran con sus pretendientes; y encargó a la mayor el -cuidado de las ollas que quedaban al fuego, que no se subieran. - -Los jóvenes, que vieron salir a la señora, deseosos de conversar con las -niñas, en cuanto se perdió de vista se colaron a la casa, y las niñas no -tuvieron más remedio que salir al salón a atenderlos; pero ninguna -hablaba, por más que los jóvenes les hacían mil preguntas. - -De pronto se oyó un ruido como si un líquido se derramara en el fuego; y -entonces la segunda, hablando más por las narices que por la boca, dijo -a la mayor: - ---Hegmana, vaya a veg las ollas que paguese que se han subido. - -Y la interpelada contestó: - ---De vegas, hegmanita, se me había ogvidado el encago de la mamá. - -Y pregunta la segunda: - ---¿No digo la mamá que no hablágamos? - ---¡De vegas! qué memoguia la mía Pog Dios! y tú también hablaste! - ---Pego yo no he dicho nada--dijo la menor;--con ustedes se va a enogag -la mamá y les va a pegag. - -Al oir gangosear a sus prendas, los visitantes tomaron su sombrero y sin -despedirse siquiera, salieron presurosos de la casa. - -Poco después volvió la madre, y al imponerse de lo que había sucedido, -les aplicó a las tres una buena felpa, y mientras les pegaba, les decía: - ---¡Tomen, tontas gangosas! tomen Cuando ya me iba a deshacer de ustedes, -todo lo echaron a perder. - - - - -31. EL CAPON ASADO - -(Me lo refirió el joven D. A. Freire, de Santiago, en 1911.) - - -Un caballero salió a dar un paseo a caballo por las afueras de la ciudad -y le encargó a la cocinera que a su regreso le tuviera un capón asado. -Chepa (Josefa se llamaba la sirvienta) bajó al corral y cogió el más -gordo de los capones que en él se criaban, y se puso a asarlo. El -apetitoso olor que despedía el ave puesta al fuego tentó a la Pepa, que, -no pudiendo resistir sus deseos, se comió un tuto. Cuando, en la tarde -llegó el caballero, la Pepa le sirvió el capón en un azafate, adornado -con ramas de apio, perejil y otras verduras, que ocultaban lindamente -la falta de la presa que la cocinera se había manducado; y el patrón -comenzó inmediatamente a hacer funcionar las mandíbulas, empezando por -la pechuga; sólo al fin vino a darse cuenta de que al ave le faltaba una -pata. - ---¿Que es esto, Chepa?--preguntó a su servidora;--¿desde cuándo los -capones tienen una pata solamente? - ---Desde que existen, pues, señor; siempre no han tenido más que una. - ---¿Cómo es eso? Yo creía que tenían dos, como todas las aves. - ---Vamos al gallinero, patrón, y se convencerá de que los gallos, capones -o no, y las gallinas no tienen sino una pata. - ---Vamos a ver esa maravilla. - -Fueron al gallinero, y como ya se había puesto el sol y las gallinas -dormían, vieron que todas descansaban en una sola pata, como acostumbran -cuando duermen, manteniendo la otra encogida y oculta entre las plumas. - ---¿No ve, patrón, como no tienen más que una pata? - ---Eso lo vamos a ver--contestó el caballero, espantando las aves, que -bajaron de sus dormideros y echaron a correr despavoridas.--¿Ves como -tienen dos patas? - ---¡Qué gracia!--contestó la Chepa--¿y por qué no espantó también al -capón antes de comérselo? - -El caballero no pudo menos que reírse a carcajadas y declararse vencido. - - - - -32. EL VENDEDOR DE COQUITOS - - -Un vendedor de coquitos tenía la costumbre, en vez de pregonar su -mercadería, de hacerla sonar moviendo repetidas veces, de arriba abajo, -el canasto que la contenía. - -Se le acerca un gabacho que no habla castellano ni conoce los coquitos, -y pregunta: - ---Comment s’apelle--ça? - ---Si no se pelan, ñor, se parten. - ---Comment? - ---¡Con la mano! No, iñor, con pieira. - ---Je ne comprend pas. - ---Y si no habís de comprar ¿pa qué preguntay, gringo tal por cual? - - - - -33. EL VENDEDOR DE PEQUENES - -(Variante del anterior). - - -Un francés recién llegado a Santiago, que no habla español, se acerca a -un pequenero y le pregunta, mostrándole los pequenes: - ---Ces sont des gateaux? - ---¡De gato! De purita carne de cordero, iñor! ¿qué si ha figurao usté? - ---Qu’est ce que ce que ça? - ---¿Asáas? Clarito, pus, ñor, y recién sacaítas del horno qui están! - ---Je ne comprend pas. - ---No comprís, pus, gringo leso; pa lo que se me da; ¡cuando la gente se -las pelotea y en un dos por tres se las acaba! - - - - -34. EL CUENTO DE LOS TRES DIFUNTOS - - -Encontraron una vez a tres hombres asesinados, que parecían extranjeros. -Para identificar sus personas, no encontraron sobre ellos señal alguna; -pero al hacerles la autopsia, descubrieron en los intestinos de uno un -tallarín, de lo cual dedujeron que era italiano; en los del otro -descubrieron un poroto, y se tuvo por signo evidente de que era chileno; -en los del tercero no encontraron nada, pero por el habla vinieron a -comprender que era alemán. - - - - -35. EL SACRISTAN QUE HABLA A LOS FIELES. - -(Contado por la Srta. Elisa Echeverría L., de Santiago, en 1914). - - -Un día Domingo amaneció mal de salud el Cura de una parroquia de campo, -y encargó al Sacristán que a la hora conveniente dijera al pueblo que el -señor Cura no podía decir misa por estar enfermo, pero que era bueno que -rezaran el rosario; que el Jueves era vigilia porque el Viernes era San -Simón y San Judas; y que Pedro Martínez y María Jiménez iban a contraer -matrimonio y que si había algún impedimento, pasaran a avisárselo. - -Llegada la hora de la misa, el Sacristán se presentó en el presbiterio y -volviéndose al público dijo: - -“El señor Cura está enfermo, pero con la Rosario se pone bueno; el -Jueves es Viernes, vigilia de Pedro Martínez y María Jiménez; San Simón -y San Judas van a contraer matrimonio, si hay algún impedimento, que se -presenten a avisarlo”. - -Con la falta de costumbre de hablar en presencia de tanta gente, al -pobre Sacristán se le trastrocaron las ideas. - - - - -36. POR QUE EL JOTE TIENE LA CABEZA Y EL COGOTE SIN PLUMAS. - -(Este cuentecillo y los que siguen, hasta el Núm. 40, me fueron contados -en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito González). - - -Unos arrieros llevaban unas cargas de trigo para un pueblo y donde -alojaron les sacaron las cargas y los aparejos a las mulas. - -Cuando al otro día se levantaron y fueron a aparejar las bestias, se -encontraron con que los lacillos, las sobrecargas y las amarras habían -desaparecido. - ---¿Quién se habrá robado los aperos?--dijo el Capataz.--Sería capaz de -darle un costal de trigo a quien me lo dijera. - -Entonces un Burro que estaba pastando por ahí cerca y que había visto en -la noche a una Zorra y a sus Zorritos que se llevaban los lacillos, las -sobrecargas y las amarras, le dijo: - ---Un almud de trigo que me pagaran y que me lo dejaran en ese -peladerito, yo les traía los aperos y los ladrones. - -Hicieron el trato, y entonces el Burro se fué a la madriguera de la -Zorra y se tendió cerca de la entrada. - -Un zorrito salió y al ver al Burro exclamó: - ---¡Ay mamita! Dios ha venido a vernos! mire qué causeíto nos ha dejado -aquí! - -Salió la Zorra y gritó a los zorritos: - ---¡Vengan, niños!, traigan los lacillos, las sobrecargas y las amarras -para amarrar a este Burro y arrastrarlo para adentro. Vamos a tener -comida para una semana por lo menos. - -Amarraron al Burro de todas partes y se pusieron a hacer fuerzas para -arrastrarlo, pero los lazos se les resbalaban de las manos. Entonces -dijo la Zorra: - ---Amarrémonos todos nosotros de los lacillos, de las sobrecargas y de -las amarras y lo arrastraremos mejor. - -Así lo hicieron, y el Burro, al verlos amarrados, se levantó y arrastró -con todos ellos y se los llevó a los arrieros. - -Le dejaron el almud de trigo convenido, en el peladerito que el Burro -había dicho, pero como tenía mucho polvillo, se le ocurrió al Burro lo -siguiente para limpiarlo. Se tendió en el suelo con el trasero vuelto a -donde estaba el trigo, y otra vez se hizo el muerto. Un Jote que andaba -revoloteando por ahí, bajó, y como lo primero que hacen estos pájaros es -comerse la tripa gorda, el Burro, que lo sabía, pujó con todas sus -fuerzas y sacó parte del estantino, y entonces el Jote le dió un -picotazo en esa parte e inmediatamente el Burro frunció el orificio y -junto con el estantino entraron la cabeza y el cogote del Jote. El Jote, -por zafarse, movía las alas como un diablo y con el viento que echaba -lanzó lejos todo el polvillo y dejó el trigo completamente limpio. -Entonces soltó al Jote, que al salir se encontró con la cabeza y el -cogote pelados. Con el calor que los burros tienen adentro se le -desprendieron las plumas, y desde entonces los jotes tienen la cabeza y -el cogote pelados.[H] - - - - -37. LAS TRES MENTIRAS. - - -Un campesino, al morir, dejó por toda herencia a los tres hijos que -tenía la cantidad de trescientos pesos. Los dos mayores, que eran muy -ambiciosos, querían adueñarse de toda la cantidad; y a fin de que uno -solo se quedara con ella, propusieron al menor dejar enterrada la plata -y salir a rodar tierras por un año, y entregarla al que, al volver, -contara la mentira más grande. Aceptó la proposición el menor, y -salieron. Al año justo se juntaron los tres en el mismo punto en que se -habían apartado, que era donde habían enterrado el dinero, y después de -abrazarse, comenzó el mayor: - ---Yo, hermanitos, he trabajado durante todo el año de chacarero, y una -vez planté una mata de garbanzos que creció tanto, tanto, que llegó -hasta el cielo. - ---¡Grandaza está la mentira!--dijeron los otros dos. - ---Ahora diga la suya, hermano--dijo el mayor al segundo. - ---Yo--dijo éste--estuve trabajando en una hilandería, y torcí en una -ocasión un hilo tan largo, tan largo, que mientras yo lo tenía de una -punta la otra llegaba al cielo. - ---Bien regrande la mentira--dijeron los otros dos.--A usted, hermanito, -le toca decir la suya. - ---Yo--dijo el menor--no trabajé en nada fijo, sino en lo que me tocaba; -yo a todo le hacía. Una noche que venía por un camino muy solo, me puse -a torcer un cigarrito, y cuando lo fuí a encender, me encontré con que -no tenía fósforos, y mientras tanto, ya me moría de ganas de fumar. ¿Qué -hice entonces? Divisé una luz en la Luna y subí hasta ella a encender mi -cigarro. - ---¿Y por dónde subiste? - ---Por el hilo que tú torciste. - ---¿Y por donde bajaste? - ---Por el garbanzo que tú plantaste. - -Los trescientos pesos le correspondieron al menor, que era el menos -ambicioso y que ni siquiera se había preocupado en todo el año de urdir -su mentira. - - - - -38. EL PEQUEN Y EL SAPO. - - -Estaba un Sapito arriero tomando el sol, cuando un Pequén, que lo divisó -desde lo alto, bajó y se le puso al lado, sin darle tiempo para saltar -al agua. - -Los sapos, como los burros, tienen fama de ser torpes, pero es un error, -porque son habilosazos y tienen muy buenas ocurrencias. - -Vean, si no, lo que se le ocurrió al Sapo. - -Al ver el peligro en que se hallaba, no se cortó; al contrario, saludó -muy políticamente al Pequén y le dijo: - ---Buenos días, señor Pequén, ¿cómo está su salud y la de sus oficiales -y soldados? porque, seguramente, usted por lo menos es general. Yo tengo -muy buen ojo y estoy cierto de no equivocarme al decirle que debe ser -general,... si acaso no es el Presidente. - -El Pequén dijo para sí: - ---¡Qué sapito tan dije y tan bien educado!--y en voz alta:--Estamos -todos bien, sapito lindo. ¿Y qué se te ofrece a ti? - ---Nada más que no me coma, señor General; siendo usted una persona tan -digna, espero que no tratará de comerse a este pobre Sapo, contimás que -hay aquí tantísimos ratones a su disposición y su carne es tan ricaza. - ---¡Qué sapito tan bien hablado!--pensaba el Pequén para sus adentros, -¿me lo comeré o no me lo comeré? tengo tantísima hambre.--Y hablando -fuerte, le dijo: Veremos, sapito, si te como o no te como. - -Y en esto el Pequén bostezó y cerró los ojos, y el Sapo que no despegaba -los suyos de los de su enemigo, en cuanto lo vió pestañear se echó al -agua y le gritó al Pequén: - - --¡Ah, pájaro indino, - saltiaor de caminos, - que andáis, como garrotero, - saltiando a los pasajeros! - -Y el Pequén dijo: - - --¡En qué hora estaría - que no me comí a esta porquería! - - - - -39. EL GUAIRAO Y EL SAPITO. - - -Pasó volando un Guairao por encima de un estero, y al ver a un Sapito, -bajó para comérselo; pero el Sapito, que lo vió a tiempo, de un salto se -metió al agua. El Guairao, que es medio filósofo, dijo: - ---¡Miren lo que son estos lesos! - - permiten ahogarse en el estero, - por no pasar por mi guargüero. - - - - -40. LOS GUAIRAOS Y EL SAPO. - - -Iban volando dos Guairaos y divisan a un Sapo que estaba de espaldas con -la guata al sol, tan blanquita, que le brillaba. Dice un Guairao al -otro: - ---Hermanito, el que está ahí ¿no es un Sapo? - -Y el Sapo, que los oye, le contesta: - - --No soy un Sapo; - ¿que no vis que soy un trapo? - -Entonces el Guairao dijo: - - --A trapo que habla, - mi guargüero se lo traga. - -Y se lo comió. - - - - -II PARTE - -MITOS, TRADICIONES, CASOS. - -NARRACIONES SUPERSTICIOSAS. - - Benditas sean las tradiciones, tanto más respetables cuanto más - pueriles... Ellas nos conservan lo pintoresco, la noción - sentimental de la vida. En el monótono ir y venir de la péndola, en - el caer de las hojas del calendario, en la vulgaridad de los - hechos, esas tradiciones colocan una flor de poesía. De esta - suerte, y mediante ellas, el itinerario es menos aburrido.--(J. - ORTEGA MUNILLA).--_Tenorios, castañas y buñuelos._ (_Diario Hisp. - Americano_, N.º 394, de 24 de Enero de 1918). - - - - -MITOS - - - - -1. EL CHANCHILLO. - -(Referido por D. H. Iribarren Charlín, de 17 años. 8 de Julio de 1911.) - - -El Chanchillo es un pescado de las playas de Coquimbo, de metro y medio -de largo por 0.70 de diámetro en su parte más gruesa. - -Es tradicional en la costa de la provincia de Coquimbo la buena amistad -que existe entre el Chanchillo y el hombre. Cuando un pescador ha caído -al agua, porque la tempestad haya hecho zozobrar la barca, o por -cualquier otro motivo, si hay cerca un Chanchillo, toma al hombre sobre -su lomo y lo va a dejar a la playa, en un lugar en que esté libre de -todo peligro. De aquí proviene el cariño que el pescador siente por el -Chanchillo, y por lo cual, siempre que lo divisa, lo saluda con los -nombres más dulces. Es común oir contar a los pescadores que un -Chanchillo libró de la muerte a sus padres o abuelos. - -Si un Chanchillo es cogido en las redes y muere antes de que el pescador -pueda librarlo, el hecho produce verdadera consternación en la población -pescadora, que, presa de un miedo supersticioso, pasa dos o tres días -sumida en la tristeza. - - - - -2. EL CHUMACO. - -(Información que en 1921 me suministró el cirujano dentista D. Roberto -Sundt, natural de la provincia de Coquimbo.) - - -Personaje legendario con quien se atemoriza a las mujeres en los campos -y pueblos situados a ambas márgenes del Choapa, cerca de su -desembocadura, advirtiéndoles que se cuiden de él, que no las vaya a -destripar. - -Posiblemente _El Chumaco_ fué el sobrenombre de un bandido sátiro que a -principios del siglo pasado estableciera en aquellos parajes el campo de -sus fechorías. - - - - -3. LA CALCHONA. - -(Contado por el niño D. Ramón Fernández G., estudiante, de 14 años. -Santiago, 1911.) - - -Un hombre, ignorando la condición de su novia, se casó con una bruja. -Por ciertos hechos que ocurrieron más tarde, entró en malicia, y desde -entonces la acechaba, sin que ella lo notara; hasta que una vez, en la -noche, la vió desnudarse; sacarse los ojos, que dejaba en un plato con -agua; untarse el cuerpo con un ungüento negro; envolverse en un cuero de -oveja, y salir al campo, donde se unió a muchas otras ovejas: y en -cuanto se juntó con ellas, vió que todas emprendían desenfrenada -carrera, y las perdió de vista en un instante. - -El marido tornó inmediatamente a su casa y tomando los ojos que su mujer -había dejado en el plato, y el ungüento, los arrojó a una acequia muy -correntosa. - -Cuando la mujer volvió, no pudiendo encontrar ni los ojos ni el -ungüento, siguió convertida en oveja, y desde entonces se la ve correr -por la orilla del río y de los tajamares. Los muchachos le han puesto el -nombre de Calchona, por tener grandes mechones de lana en las -extremidades de sus patas. - - - - -4. OTRA VERSION. - -(Del joven estudiante D. Francisco Vásquez, de 15 años, de Santiago.) - - -En la Chimba de Santiago vivía, hace mucho tiempo, una bruja casada con -un zapatero, al cual le daba todas las noches un licor para hacerlo -dormir. En cuanto el zapatero comenzaba a roncar, la bruja le echaba -unto a sus niñitos, que se convertían en zorros, y en seguida se untaba -ella, y transformada en cabra, salía a merodear. - -Un día tuvo que ausentarse el zapatero y no volvió sino ya muy entrada -la noche. Se quedó todo sorprendido de no encontrar a su mujer ni a sus -niños; pero en un rincón vió cinco zorritos.--¿Qué es esto? dijo el -zapatero. Y uno de los zorritos contestó.--Mi mamita salió, pero antes -nos echó de los untos que hay en esas cajas y nos volvió zorros y -después se echó ella de los mismos untos y se volvió cabra, y salió. - -Tomó el zapatero del unto y les echó a los zorritos, que se volvieron -niños otra vez, sacó el unto de las cajas y lo arrojó a la acequia, que -llevaba mucha agua, y tiró a la calle las cajas con el poco unto que iba -pegado a ellas. - -Al amanecer llegó la cabra y sólo halló las cajas vacías, con un poco de -unto pegado; lo sacó y se lo echó en la cara, y no le alcanzó para más. -Por eso anda todavía de noche, en figura de cabra con cara y manos de -gente. - - - - -5. OTRA VERSION. - - -En una casa de campo vivía un matrimonio joven, con dos hijos pequeños. -La mujer era bruja y los jueves en la noche, mientras su marido dormía -profundamente, gracias a un narcótico que le suministraba con el vino, -en la comida, se trasladaba al aquelarre transformada en oveja. El -marido, sospechoso de que algo pasaba, esperó una vez que su mujer se -levantara de la mesa para traer un guiso de la cocina, y arrojó al -patio el vino con el narcótico. Cuando la mujer volvió, fingió que -acababa de bebérselo. Fueron a acostarse, pero el marido, en lugar de -dormir, atisbaba cuidadosamente a su mujer. Pero antes de media noche se -levantó ella, y el marido la vió desnudarse por completo, untarse el -cuerpo con un ungüento que extraía de un pequeño pote de loza y a la -media noche salir de la casa convertida en oveja. El hombre esperó un -rato, se levantó, ensilló su caballo, guardó en sus bolsillos cuanto -dinero encontró, y tomando a los niños, montó en su cabalgadura y partió -a la carrera, pero no sin incendiar antes la casa, que el fuego consumió -en pocos momentos con todo lo que contenía, incluso el pote de unto. -Cuando la oveja volvió, no halló sino un montón de ruinas, y como había -desaparecido el unto, no pudo tornar a su forma primitiva y tuvo que -seguir viviendo transformada en oveja. Esta es la Calchona, que en todas -partes se introduce, balando tristemente, en busca de sus hijos. - -Los campesinos, que saben que es una mujer que purga sus pecados, la -dejan transitar libremente y le dan leche y las sobras de sus comidas. - - - - -6. LA VIUDA - -(Me lo contó el joven estudiante D. Carlos Puccio, de Molina y 17 años -de edad, en 1911.) - - -Cuando construían el hospital de Molina, a los que pasaban cerca de él a -las 12 de la noche, les salía una mujer vestida de negro (a los que iban -a caballo se les montaba al anca), y del susto, perdían el conocimiento. -Entonces la mujer les robaba todo lo que llevaban. - - - - -7. LA MUJER LARGA. - - -Del Cementerio de Paredones (provincia de Curicó, departamento de -Vichuquén), sale a las 12 de la noche una mujer muy larga. Cuando -alguien se le acerca, se achica y le crujen las enaguas. Al primer canto -del gallo, vuelve a su sepultura. - - - - -8. EL PIGUCHEN. - -(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.) - - -El Piguchén es un culebrón muy viejo, más o menos de medio metro de -largo, cubierto de cerdas; es de color negro y tiene alas. Vive en la -cordillera, pero, volando, llega de noche hasta San Bernardo y Santiago -y le chupa la sangre al ganado. Se esconde en el día, en el hueco de los -árboles viejos y se conoce su presencia porque los troncos están -chorreados de la sangre que vomita. No se le puede coger porque es muy -venenoso, tanto que basta que sus cerdas toquen la piel de un hombre, -para que éste caiga muerto. Para matarlo, cubren el árbol en que está -escondido con una tela fuerte, para que no pueda huir, y en seguida le -prenden fuego al árbol. - -Para ahuyentarlo e impedir que haga daño al ganado, basta hacer sonar un -cuerno de buey; el sonido ronco que produce este instrumento le causa -pavor y se va a otra parte. - -No embiste contra el hombre sino en caso de verse atacado por él. - - - - -9. LA CUCA. - -(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.) - - -Una señora anciana que vivía en la Cordillera, contó a la abuelita del -niño Vásquez, que me hizo ésta y muchas otras relaciones, que aparecía -en la Cordillera un monstruo, mitad mujer, mitad vaca, que andaba -siempre con la cabeza tapada, de manera que no se le veía el rostro. La -llamaban _La Cuca_. Penetraba a las casas, sacaba de sus camas a las -personas que dormían y las dejaba en otro sitio distante, sin causarles -ningún daño. - - - - -10. EL CABRO VIEJO. - -(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.) - - -En la Cordillera vive un ser mitad hombre (un viejo barbudo) y mitad -cabro. Sale por las noches solamente, y si alguna persona pasa cerca de -donde él está, la llama por su nombre; si le contestan, desaparece -inmediatamente y lo encuentran muy lejos, en la misma Cordillera, sin -cabeza y con el cuerpo destrozado; o va a parar a los Pirineos (_sic_). -Muchos trabajadores del ferrocarril transandino son testigos de lo -primero. - - - - -11. EL HOMBRE TIGRE. - -(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.) - - -En el camino de los Callejones (en la misma Cordillera, pero no sabe mi -informante en qué provincia), salía un tigre a atacar a los viajeros y -les robaba, los llevaba a la cueva en que vivía y los mataba. - -Una vez iba por ese camino un sacerdote acompañado de su mozo, y les -salió el tigre. - -El sacerdote se asustó mucho, y al verlo que temblaba de pavor, el mozo -le dijo:--“No se le dé nada, señor”;--y sacándole la montura al caballo, -se revolcó en ella, se volvió tigre y se puso a pelear con el que les -había salido al camino, y lo venció, dejándolo bastante maltratado. El -vencido dijo:--“No me mates, que soy hombre como tú y soy tu amigo”.--El -mozo del cura lo perdonó, y ambos, refregándose en la montura, se -convirtieron en hombres. Entonces el que había salido a atacarlos llevó -al cura y al mozo a la cueva en que vivía y les dió de todo lo que tenía -guardado en ella: espuelas de plata, ropa, sillas de montar, alhajas, -etc. Después de lo cual se despidieron y el cura con su mozo continuó su -camino. - - - - -12. EL PERAL ENCANTADO. - - -En Paredones, provincia de Curicó, hay un peral que se incendia a media -noche. Nadie puede pasar cerca de él, a caballo, porque el caballo se -espanta y arroja al jinete y lo mata. - - -LAGUNAS.--NIÑAS QUE SE PEINAN CON UN PEINE DE ORO. - - - - -13. LA SIRENA DEL RIO CATO. - -(D. Augusto Escárate, de 12 años; ha vivido en Chillán.) - - -Cerca del río Cato, provincia de Ñuble, en una parte alejada del camino, -sale en las tardes de los jueves una niña muy hermosa que tiene los -cabellos de oro y canta con muy linda voz. Algunas personas, atraídas -por el canto, se internan en la montaña en donde está la _Sirena_ (la -conocen con este nombre) y no vuelven más. No se sabe lo que les suceda. - - - - -14. LA SIRENA DE ACULEO. - - -En la laguna de Aculeo sale todas las noches a las 12 a peinarse una -niña, con un peine de oro. Los que pasan cerca y tratan de ir a donde -está la niña, se caen en la laguna y se ahogan irremisiblemente. Se dice -que toca en un arpa de oro y que cuando deja de tocar, salen siete -potros que corren sobre el agua, y siete jinetes que los persiguen -tirándoles el lazo, sin conseguir enlazarlos. - - - - -15. LA LAGUNA DE TAGUATAGUA. - -(Referido por D. Luis Barahona Novoa, dentista, en 1910.) - - -Cuando don Javier Errázuriz hacía secar la laguna de Taguatagua (hace 60 -años, más o menos), decían los pobladores de la hacienda que a la hora -de la siesta salía el Diablo en figura de un toro con las astas de oro. -El mayordomo del fundo lo enlazó un día y el toro cortó el lazo. Mandó -hacer entonces otro más fuerte, de cuero de novillo, que el toro no pudo -cortar, pero arrastró al mayordomo, sin embargo de que montaba un -caballo muy bueno. Cuando el mayordomo iba cerca de la laguna, que aun -no estaba bien seca, sacó su corvo y cortó el lazo, para no morir -ahogado. - -El toro cuidaba de una niña que todas las tardes, después de ponerse el -sol, salía a la orilla de la misma laguna y se sentaba en una piedra a -peinar sus rubios cabellos con un peine de oro. La gente la oía cantar -desde lejos, con voz melodiosa, acompañándose con los sones de un arpa -que tocaba maravillosamente. Si alguien se acercaba, huía -precipitadamente y se zambullía en el agua, para no salir hasta la tarde -siguiente. - - - - -16. LA CUEVA DE LA NIÑA. - - -En la playa de Bucalemu hay, en un cerro, una caverna que llaman la -Cueva de la Niña, en la cual vive una jovencita encantada, que en la -noche sale a peinarse a la playa con un peine de oro, que relumbra a la -luz de la luna. Se sienta en una roca, y si alguno, atraído por su -hermosura, se le acerca, el mar comienza a subir, hasta ahogar al -curioso. Si en el día entran con luz a la cueva, se la apagan de un -soplido, que no se sabe de dónde sale. - - - - -17. LA LAGUNA DE PUDAHUEL. - -(Referido en 1911 por el joven estudiante D. Ramón Fernández, de 15 -años, de Santiago.) - - -Hace muchos años, cuando aun no se había tendido la línea del -ferrocarril que une a Santiago con Valparaíso, seis carreteros que con -sus correspondientes carretas cargadas venían del puerto a la capital, -llegaron a la laguna de Pudahuel, un Viernes Santo. Cinco carreteros no -quisieron seguir adelante, en consideración a lo sagrado del día; pero -el sexto dijo que no le importaba que fuese Viernes Santo y que él no -estaba para perder el tiempo. Y dándole con la picana a los bueyes, se -metió, con la carreta, en el agua, por la parte más baja de la laguna. -En el momento en que iban más o menos por el medio, un Cuero[I] que -había en el fondo asió bueyes y carretas y los atrajo hacia sí. El -carretero, viendo que los bueyes se hundían, los picaneaba y les gritaba -para que salieran afuera; pero inútilmente, porque el Cuero no los -soltó; por el contrario, una vez que aseguró sus presas en lo más hondo -de la laguna, cogió también al carretero, a quien sus compañeros vieron -desaparecer instantes después. - -Desde entonces, todos los Viernes Santos se oyen las voces del -carretero, que llama a sus bueyes. - - - - -18. LA LAGUNA DE LAS TRES PASCUALAS. - -(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez.) - - -Allá en los tiempos en que los españoles dominaban en Chile, vivía cerca -de Concepción, en un hermoso palacio rodeado de huertos y jardines, una -bella dama, madre de tres lindísimas hijas que respondían a los nombres -de Sol, Esperanza y Alegría, pero entre la gente del pueblo, a causa del -nombre de la madre, se las llamaba las tres Pascualas. Murió la madre, y -las niñas se entregaron a una vida disipada, viviendo en continua fiesta -con los jóvenes de Concepción y otras ciudades, que iban a divertirse al -palacio que habitaban. Muchos caballeros se perdieron por culpa de estas -niñas. Las faltas que se cometían en aquel palacio fueron tan numerosas -y tan grandes, que Dios, cansado de tanto pecado, hizo que un día de -gran fiesta, se hundiera el palacio con las tres niñas y todos sus -acompañantes, que serían más de cincuenta personas, llenándose de agua -el espacio que antes ocupaba aquel lugar de disipación y sus -dependencias. Y la extensión de agua que se formó por esta causa, y que -todavía existe, es la que se conoce con el nombre de “Laguna de las tres -Pascualas”. - -Una vez un joven se quedó dormido sobre una gran piedra que hay a la -orilla de esta laguna, y cuando despertó vió que tres hermosas niñas -ponían una mesita delante de él y le sirvieron toda clase de manjares y -vinos exquisitos. Estuvo con ellas el resto del día y toda la noche -divirtiéndose alegremente. Al día siguiente, despertó como a las 12 y se -encontró desnudo sobre un banco de arena del Bío-Bío. - -Siempre que el agua de la laguna baja, se ve una enorme roca que tiene -la forma de una iglesia. Las pocas personas que han conseguido entrar y -salir vivas, dicen que adentro hay un altar maravillosamente lindo, -delante del cual brillan más de cien mil luces. - - - - -HISTORIAS DE BRUJOS - - - - -19. LA CUEVA DE LA MULA - - -En un cerro que se levanta al lado sur del Tinguiririca, en el -departamento de San Fernando, por cuya falda pasa el camino del -Calabozo, hay una cueva de Salamanca que tiene a la entrada una gran -piedra en que se ve estampada una pata de mula. Para entrar a esta cueva -deben hacerlo varias personas en compañía, las cuales pueden tomar para -sí lo que quieran de un gran tesoro que hay en el medio de ella; pero, -para salir, tienen que dejar encerrado a uno de los que entraron. - - - - -20. LA RANA CASTIGADA - -(Me lo refirió el estudiante D. Antonio Morales, de 16 años, en -Santiago, en 1909.) - - -En una casa vivían tres hermanas. - -Un día se propusieron visitar a unas amigas, pero una de ellas, -pretextando hallarse indispuesta, no acompañó a las otras dos. - -Cuando estaban de visita, vieron entrar a la sala una enorme rana, que a -todas causó gran susto. - -Las hermanas, que maliciaban que la que se había quedado sin -acompañarlas era bruja, se imaginaron que podía ser ella, que venía a -molestar a sus amigas, a quienes odiaba; y aunque hicieron lo posible -por que las dueñas de casa no le causaran daño, fué cruelmente -maltratada, dándosele de palos con el mango de un plumero. - -Al llegar las dos niñas a su casa, encontraron a su hermana en cama, -cubierta de contusiones y heridas, que ella explicó diciendo que se -había resbalado y que la caída se las había producido. - -La explicación no era aceptable, y de ello dedujeron las hermanas que -era cierto lo que pensaban. Y lo era, en efecto. - - - - -21. LA RANA VENGATIVA - -(Contado por el mismo joven Morales, en 1909.) - - -Una muchacha del pueblo encuentra en su camino una rana y tomando unas -ortigas le pega fuertemente con ellas en el vientre. La rana quedó sin -movimiento, patas arriba y muy hinchada. - -En la noche, al abrir la muchacha la cama para acostarse, una enorme -rana sale de debajo de la almohada y sentándose en las patas traseras se -queda mirando a la muchacha con una mirada tan fija y tan fuerte que le -heló la sangre y cayó muerta. - -La rana era una bruja. - - - - -22. LA CUEVA DE LAS CARDILLAS - -(Me lo refirió el niño D. Oscar Salinas, de 12 años, en 1912. Lo oyó -contar en Melipilla.) - - -En un cerro situado cerca de las Cardillas, en el departamento de -Melipilla, hay una cueva que, según dicen, está habitada por brujas. - -Una vez un joven se propuso visitar la cueva, y en efecto, fué a ella y -entró alumbrándose con una linterna. Al poco rato de andar, se encontró -con una sala muy hermosa, lujosamente amueblada, y sentadas en -riquísimas sillas, unas cinco niñas de 18 a 20 años, muy bonitas y -ataviadas de costosos trajes y valiosísimas alhajas. Lo invitaron a -comer y él aceptó. Los servicios eran de plata y los cubiertos de oro, y -los manjares tan sabrosos que él, mozo rico y muy aficionado a la buena -mesa, jamás los había comido tan exquisitos. En un descuido de las -jóvenes, se echó al bolsillo un cubierto completo y una tortita de -dulce. Cuando terminó la comida, le exigieron que se quedara a dormir y -él, que se había enamorado de una de las niñas, no se hizo de rogar y -se quedó con ella. Al otro día, cuando despertó, se encontró abrazado a -un esqueleto, y en los bolsillos, en lugar del cubierto, con tres -huesos: en vez de la torta, halló una bosta de buey. La linterna había -desaparecido y le costó mucho trabajo y más de una hora para salir. - - - - -23. EL HOMBRE QUE QUISO VOLAR. - -(Referido en 1911, por D. Francisco 2.º Vásquez, que lo oyó contar en -Santiago.) - - -Vivía en el campo una señora con sus dos hijas, y una vez llegó un -hombre que trabajaba en una chacra vecina a pedir alojamiento y se lo -dieron. - -Serían como las 12 de la noche cuando el hombre despertó, y sintiendo -ruido en la pieza vecina, se levantó descalzo y en paños menores, como -estaba, y se puso a aguaitar por la cerradura de la puerta que -comunicaba su pieza con la de la dueña de casa, y vió a la señora y a -una de sus hijas que, enteramente desnudas, se echaban por todo el -cuerpo un betún negro, y cuando estuvieron completamente embadurnadas, -oyó que decían: “De villa en villa, de lugar en lugar”, y vió que salían -volando por una ventana que estaba abierta y daba al patio. Después de -un buen rato, se metió a la pieza de la señora por la ventana, se -desnudó y se untó todo el cuerpo con el betún negro; después dijo: “De -vida en vida, de lugar en lugar” e inmediatamente voló hasta llegar al -techo y cayó desde esa altura, dándose tan feroz golpe que quedó -aturdido. (No pudo volar bien porque equivocó la fórmula, pues dijo “de -vida en vida, de lugar en lugar”, en vez de decir “de villa en villa, de -lugar en lugar”, que fué como dijeron la señora y su hija). - -Cuando madre e hija llegaron a su pieza, al amanecer, se encontraron con -el cuerpo inanimado del chacarero, y, para castigarlo, la señora lo -convirtió en burro, y lo ocuparon desde entonces para traerlo cargado -de leña que iban a buscar a un cerro cercano. Pasó así mucho tiempo, -hasta que una noche, la hija menor (no la que había volado) le dijo al -burro:--“Te voy a volver hombre, pero con la condición de que te vayas -lejos de aquí y no vuelvas más”. Y lo llevó a un sitio en que la señora -tenía una plantación de repollos, y tomando uno muy chiquito, se lo dió -a comer. En cuanto el burro devoró el repollito, se convirtió en hombre, -y dando las gracias a su bienhechora, se fué. Al llegar el día, se -encontró en un bosque muy oscuro, y unos leñadores que andaban por ahí, -viéndolo desnudo, le fueron a buscar ropa. El hombre se quedó trabajando -con ellos y les contó lo que le había sucedido. - - - - -24. EL FALTE BRUJO. - -(Me lo contó, en 1911, el joven D. Carlos Puccio, de 17 años, de -Molina.) - - -Hay en Molina un falte que se llama Miguel Molina y es brujo y poeta. - -Cuentan de él que una vez, en la Cordillera, se subió en pelo en un -caballo blanco muy lindo que pacía en un potrero y vieron que de repente -desapareció con la cabalgadura. Dicen que llegó hasta la Argentina, pues -ese mismo día lo vieron allá conversando con un amigo suyo. - -Otra vez, que andaba vendiendo su mercadería por unos caminos, un hombre -que conducía una carreta le sacó de la caja un pañuelo; él se hizo el -que nada había visto y lo dejó irse; pero una vez que el hombre se hubo -adelantado como tres cuadras, la carreta comenzó a retroceder hasta que -llegó cerca del falte y el carretero tuvo que devolverle el pañuelo -robado. - - - - -25. LOS BRUJOS DE PEUMO. - -(Procede de D. Roberto Rengifo, quien me entregó escrita esta relación -en 1921.) - - -Cerca del pueblo de Peumo, capital del departamento de Cachapoal, hay -unos cerros aislados cuyas cumbres tienen la forma de bonetes cónicos de -punta alta redondeada, y a ellos acostumbra ir la gente de los -alrededores a holgarse y divertirse los días domingos, llevando causeos -y licores. El más grande de estos cerros se llama Gurutrén o Gulutrén. - -Vivían en ese punto, no hace aún muchos años, algunos pobres -descendientes de los aborígenes, que pasaban por brujos entre los -pobladores modernos, atribuyéndoles que, como en la cumbre del Gulutrén -bailaba el Diablo, subían ellos los sábados a hacer licanes o untos para -echarse en el cuerpo y salir volando como los chonchones. - -Cuentan que el carpintero de la hacienda de Codao, que era la más grande -y próxima de aquellos contornos, se perdía los sábados, de Peumo, y las -malas lenguas lo atribuían a que tenía tratos con los brujos. Y en -prueba de ello referían que algún tiempo después, queriendo volar él -también, subió con los otros brujos al Gulutrén, se echó los untos y -diciendo “Sin Dios ni Santa María”, se tiró desde la cumbre y de repente -se encontró en el aire volando entre una bandada de chonchones; pero, al -pasar por sobre las casas del fundo y divisarlas tan abajo, asustado -exclamó: “¡Ave María, que vamos bien alto!”, y en el acto se cayó y se -mató. El domingo por la mañana lo encontraron reventado, en medio del -camino, frente a las casas[J]. - - - - -26. LA APARICION DE LA CULEBRA. - -(Me lo contó en 1911 el niño D. Juan Pereira, de 16 años, de Cauquenes.) - - -Un caballero invitó a almorzar a una comadre que pasaba por bruja, y en -medio del almuerzo le preguntó si era cierto lo que de ella se decía, y -le pidió que si lo era efectivamente, hiciese que le apareciera a él una -culebra enroscada en el brazo derecho. La comadre se quedó callada; pero -al poco rato el caballero sintió como que se le adormecía el brazo, y -poco a poco fué apareciendo una culebra, que momento a momento le -estrechaba más el brazo. Entonces el caballero le pidió que la hiciera -desaparecer, pero la comadre le dijo que ella misma no podía hacerlo; -que tenía que ir a casa de otra bruja, que le indicó; y que llevara de -unas yerbas de que le entregó un buen manojo. Fué allá, y la otra bruja -le sobó el brazo con el zumo de las yerbas y la culebra fué -desapareciendo poco a poco. - - - - -27. EL COMERCIANTE CONVERTIDO EN BURRO. - - -Nicolás Fuenzalida, de 70 años, guardián de la Biblioteca Nacional, me -contó, en 1920, en presencia de varios empleados de la misma Biblioteca, -que siendo joven de unos veinte años, había sido mozo de un rico -comerciante que recorría todo el Sur con una recua de mulas cargadas de -mercaderías, y él era uno de los diez o más hombres que lo acompañaban -para el servicio y resguardarlo de los bandidos que en aquel tiempo -infestaban los caminos; y que una vez que iban de viaje, se alojaron en -casa de un campesino acomodado que tenía varias hijas muy hermosas. -Comieron bien y se fueron a dormir, el patrón solo, en una pieza cómoda -y bien amueblada, y ellos, en el pajar, cuidando de las bestias. Debían -continuar el viaje al día siguiente, pero el comerciante no apareció, -sin embargo de que nadie lo había visto salir. Esperaron tres días y -como el comerciante no pareciera, dieron aviso al Subdelegado, que, -mientras tanto, se hizo cargo de las mulas y de las cargas. - -Fuenzalida y los demás mozos se fueron cada uno por su lado. - -Pasados algunos años, Fuenzalida se encontró en Santiago con su antiguo -patrón y le preguntó qué le había sucedido en aquella ocasión. El -comerciante le contó que el campesino dueño de la casa en que alojaron, -lo había sorprendido a media noche con la menor de las niñas y, en -venganza, lo había convertido en burro, porque era brujo; que lo había -tenido así seis meses haciéndolo trabajar hasta dejarlo rendido, y todas -las noches, antes de irse a acostar, le propinaba una paliza que lo -dejaba todo derrengado; que pasados los seis meses, le había -dicho:--“Creo que ya estás bien castigado de la falta de lealtad con que -pagaste la hospitalidad que te di; pero si quieres volver a ser hombre, -tendrás que firmarme una escritura por la que conste que te he comprado -y pagado las mulas y mercaderías que todavía están en poder del -Subdelegado, y entregues 10,000 pesos a mi hija, como dote; si no, -seguirás siendo burro toda tu vida”. No tuve más remedio que aceptar, -pues, de haberme negado, todavía sería burro y estaría viviendo a razón -de hambre y yéndome a dormir previa una formidable paliza cada noche. - - - - -28. EL CABALLERO QUE QUISO APRENDER A BRUJO. - -(Referido por D. Francisco 2.º Vásquez.) - - -Un caballero fue a visitar a un amigo y se quedó a tomar once. Servido -el té, el amigo tomó una bandeja, se fué al rincón de la sala y se puso -a decir:--“¡Vengan galletas! ¡vengan tostadas!” y aunque repitió estas -frases varias veces, la bandeja continuaba vacía. Entonces salió al -patio, y el caballero, desde donde estaba sentado, lo veía mover los -labios como si murmurase unas palabras. Después de lo cual entró y se -dirigió nuevamente al rincón con la bandeja y comenzó a repetir las -mismas frases:--“¡Vengan galletas! ¡vengan tostadas!”, y la bandeja, en -un instante se cubrió de galletas y tostadas riquísimas; pero muchas de -las visitas que había en la casa no quisieron ni siquiera probarlas, por -temor de que les ocurriera alguna desgracia. - -Cuando se retiraron las visitas, el caballero le dijo a su -amigo:--“Quisiera que me enseñaras la manera de conseguir los alimentos -que pida”.--“No sólo los alimentos--contestó el amigo--sino todo lo que -uno desee. Ven mañana, en la noche, y te enseñaré”. Volvió el caballero -al otro día, ya oscuro, y el amigo lo llevó a una pieza apartada de la -casa y ahí los dos se desnudaron completamente. El caballero tenía -colgado al cuello un _detente_; el amigo le ordenó que se lo sacara y lo -tirara afuera por una ventana, lo que hizo el otro. Esperaron las 12 de -la noche y se fueron a un cerro cercano y cuando estuvieron arriba, el -amigo balbuceó unas palabras que el caballero no entendió e -inmediatamente se vieron rodeados de multitud de animales feroces y -alimañas horribles. El amigo se puso a acariciar a un culebrón, que se -le enrolló en el cuello, y le dijo al caballero:--“Toma tú el animal que -más te guste”. El caballero tiritaba de miedo y dijo a su amigo que -mejor no le enseñara el arte de ser brujo porque jamás se atrevería a -ejercitarlo. Entonces el amigo murmuró unas cuantas palabras y el -caballero se encontró vestido en la puerta de su casa. - - - - -29. EL ZAPATERO QUE SE VOLVIA GALLO. - - -Siendo yo empleado de la Administración principal de Correos de Santiago -(1888), desempeñaba el puesto de Oficial 2.º de la misma Administración -don Francisco Muñoz Donoso, hermano del canónigo y famoso orador sagrado -don Esteban Muñoz Donoso, en cuya compañía, y en la de toda su familia, -vivía en la calle de Santa Rosa. - -Un día que varios empleados de la oficina hablábamos de los tipos raros -de Santiago, Muñoz Donoso nos refirió la curiosa historia de un zapatero -que contaba haberse vuelto gallo, y habiendo yo manifestado deseos de -oir de boca del mismo zapatero protagonista tan peregrina relación, me -llevó a casa del zapatero, que también vivía en la calle de Santa Rosa. - -El zapatero era un hombre entrado en años, de gesto alegre y de rostro -simpático, a pesar de faltarle un ojo, cuyos párpados se hundían dentro -de la cuenca. - -Sabedor del objeto de mi visita y a la vista de dos chauchas que -deposité sobre su mesa de trabajo, desató la sinhueso, y se lanzó a -contarme aquella historia: - -“Vivía en esta misma calle, cerca de mi casa, señor, un caballero rico -que había perdido su fortuna en las peleas de gallo, a que era -extremadamente aficionado. Un día que este caballero me trajo unos -zapatos para que se los remendara, se puso a departir conmigo y a -quejarse de su mala suerte: ya no le quedaban más de 200 pesos de los -muchos miles que había tenido y pensaba jugarlos el domingo próximo -apostando a un famoso gallo inglés que debían llevar ese día a la -cancha. Yo le dije:--Antes de ir a la cancha, pase, señor, por mi -cuarto, yo dejaré la puerta junta para que entre, y en mi mesita de -trabajo encontrará una jaula con un buen gallo de pelea; llévelo y -apueste cuanto pueda a ese gallo y esté seguro de que ganará. A la -vuelta pasa a dejar la jaula donde la encontró, y, al lado, cinco pesos -por cada apuesta que gane. - -“Llegó el domingo, y yo, señor, que entonces practicaba el arte, me -volví gallo y me metí adentro de la jaula. Pasó el caballero, me llevó a -la cancha, y despaché con toda facilidad cuatro o cinco gallos, incluso -el famoso gallo inglés. - -“En cuanto, de vuelta, me dejó en la mesa y se fué el caballero, salí de -la jaula y me volví hombre y encontré en el sitio convenido más de cien -pesos. - -“Al otro día me dijo el patrón que había ganado como 5,000 pesos y -quedamos en que el domingo volvería a buscar el gallo. Me volvió a -llevar, y como en la vez anterior, maté todos los gallos que me pusieron -al frente, y así siguió sucediendo por más de un mes, el caballero -llenándose de plata y yo ganando cada domingo entre ciento y ciento -cincuenta pesos, de suerte que, como estaba en la pura boya, ya ni -siquiera trabajaba. Señor, todo el mundo me agarró miedo y ya no querían -apostar en mi contra, porque todos se estaban arruinando. Pero sucedió -que una vez, al dar fin a la pelea, un hombre flaco y muy feo, que por -primera vez se le veía en la cancha, desafió a mi patrón para el domingo -siguiente, diciéndole que él llevaría un gallo que valía más que el de -mi patrón y que desde luego le apostaba 20,000 pesos.--“Convenido, le -dijo mi patrón”, y tomando la jaula, la dejó en mi pieza con la parte de -ganancia que me correspondía. Yo, señor, si le he de decir verdad, -cuando oí el desafío de aquel hombre tan feazo, me dió un poquito de -susto, pero, cuando llegó el domingo, para criar valor, porque el susto -me duraba, tomé un buen trago de aguardiente, me volví gallo y me metí -en la jaula. Cuando llegamos a la cancha, ya estaba ahí el hombre flaco, -con un gallo macizo, señor, un gallo que era gigante entre los gallos, y -renovó su apuesta. Fueron a los 20,000 pesos y nos pusieron a mí y a mi -contrario frente a frente. - -“Señor, la pelea fué tremenda. Al ver a aquel gallazo tan grande se me -picó el amor propio y me hirvió la sangre.--“¡Clo, clo, clo!--dijo mi -enemigo después de un buen rato de pelea en que no habíamos hecho más -que arrancarnos las plumas, y me lanza tan feroz estacazo en el ojo -derecho que me lo vació por completo y casi perdí el conocimiento; pero -me sostuvo la rabia y el aguardiente que había tomado, y me le fuí a la -carga con todo denuedo; él se defendía también valerosamente, y el -espectáculo presentaba tantos atractivos que los jugadores curiosos ni -respiraban siquiera. Yo estaba, señor, ciego de la rabia de haber -quedado tuerto, y criaba más valor al oir que todos apostaban contra -mí.--“Van 20,000 pesos más”, gritaba el hombre flaco.--“Van 20,000 más”, -contestaba mi patrón. Creo que entre todos los jugadores apostarían más -de 100,000 pesos a favor del otro gallo. El caso es que de tanto pelear -estábamos los dos contendientes bien cansados, pero yo veía que el otro -estaba más gastado que yo; y picotazo va y picotazo viene, y un -espolonazo chingado y otro que se perdía en el aire, pillé a mi enemigo -en un descuido y... ¡Clo, clo, clo, clo!... con todas las fuerzas que me -quedaban, le atravesé con la espuela la cabeza y lo dejé tendido, -muerto. Señor, no se oían mas que las maldiciones de los perdidos, que -eran casi todos los que ahí estaban, y la voz del patrón que contaba la -plata que recibía y se embolsicaba muy placentero. - -“El patrón me dejó al lado de la jaula $5,000, y al otro día, al verme -tuerto, me preguntó qué me había pasado. Sólo entonces le conté que era -yo el que peleaba convertido en gallo, y le dije que ya no pensaba -volverme gallo nunca más. Creo, señor, le agregué, que el gallo que maté -era un hombre como yo, y quién sabe si era el Diablo el que lo llevaba. - -“El caballero me dijo que como ya había rehecho su fortuna, pensaba no -jugar más y así lo hizo. Pero yo, señor, que era joven, que no olvidaba -que tantas veces había sido gallo y que me gustaba divertirme, remolí -toda la plata, y cuando me quedé sin cobre volví a trabajar en mi -antiguo oficio de zapatero. - -“Señor, la plata que ganan los brujos no aprovecha, se vuelve sal y -agua”. - - - - -30. LA ROSA DE LAS MONJAS CLARAS. - - -En unas misiones que se daban en el Sur de Chile, después de terminadas -las distribuciones piadosas, un hombre se acercó a confesarse con uno de -los misioneros, y, entre otros pecados, se confesó de que practicaba la -magia negra. El sacerdote le dijo que un hombre inteligente no debía -creer en tales cosas, que las prácticas de magia eran simples ilusiones -diabólicas y que nunca producían nada positivo. El penitente le contestó -que no era así y que, si quería comprobarlo, lo pusiera a prueba. El -sacerdote aceptó, y le dijo que le hiciera venir una rosa del rosal tal -y cual que estaba en tal parte del jardín de las monjas clarisas de -Santiago, único de su clase que había en todo el país. El hombre le dijo -que estaba bien, que se la traería en una hora y que, para proceder, lo -encerrara en una pieza oscura y que guardara la llave. Así se hizo, y el -sacerdote, después de cerrar la puerta de la pieza, se guardó la llave. -Como tres cuartos de hora después el sacerdote entró a la pieza, y cuál -no sería su espanto al ver tendido en el suelo un cuerpo sin cabeza. -Repuesto un poco del susto, se propuso hacer una prueba en el cuerpo que -estaba en tierra sin movimiento y le enterró en el talón del pie -izquierdo un alfiler, pero el cuerpo estaba completamente insensible. -Salió, y no volvió a entrar sino una vez cumplida la hora, y si antes -fué grande su espanto al encontrarse con un cadáver, cuánto mayor no -sería al verse frente a frente del hombre, que, de pie, le ofrecía una -rosa, fresca y fragante, y le preguntaba si era de las mismas que le -había pedido. El sacerdote, que estaba sumamente admirado, no contestó -nada, sino que lo invitó a salir del cuarto. Cuando el hombre se puso a -andar, cojeaba y se quejaba. El sacerdote le preguntó qué tenía, y él le -respondió que al dejarse caer desde lo alto de la muralla al jardín de -las monjas, se había clavado una espina del rosal en el talón y le dolía -mucho.--“¿No ves como todo es pura ilusión?--le dijo el padre. No hay -tal espina, ni tal muralla, ni nada; el dolor que sientes proviene de un -alfiler que yo mismo te clavé en el talón”;--y para demostrárselo, le -retiró el alfiler.--“Lo de la espina puede que sea ilusión, repuso el -hombre; pero ¿y la rosa? es o no es de las del jardín de las monjas -claras? Señor, yo no quiero volver a practicar la magia, y deseo seguir -confesándome”. Y terminó su confesión, manifestándose muy arrepentido de -sus pecados. - -Esta historia se la contó a Francisco 2.º Vásquez su abuelita, quien la -oyó de boca del sacerdote que confesó al brujo. - - - - -31. EL CABALLERO QUE FUE TRANSFORMADO EN CABALLO Y DESPUES EN PAVO - -(Contado en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito -González, natural de Choapa, de 57 años de edad.) - - -Un empleado de la administración de la hacienda de Panquehue refirió en -1910 a un grupo de trabajadores, entre los cuales se encontraba el -maestro Tránsito, que, en una ocasión que fué a Talagante,[K] unos -amigos lo convidaron a remoler en casa de unas niñas buenasmozas. El se -atracó a una haciéndosele el enamorado, y como no consiguiera la primera -noche lo que pretendía, se quedó en la casa unos cuantos días, hasta que -salió con la suya, pero engañando a la niña con palabra de casamiento. - -“Cuando me volvía--contaba--muy satisfecho de mi hazaña, al atravesar un -bosquecito me encontré de repente convertido en caballo”. ¡Caramba!, -dije para mí, ¿qué voy a hacer ahora? No es mala la suerte que se me -espera si sigo siendo caballo!” Y me metí en el bosquecito, en donde -pasé el resto del día y toda la noche. - -“Al otro día temprano, unos trabajadores que estaban trillando con -yeguas en un campo cercano, tropezaron conmigo, y uno dijo:--“¡Caracho -con el caballo lindo! ¿Llevémoslo pa l’era?--Ya ’stá, llevémoslo”. Y lo -llevaron. - -“Trabajé muy bien, amigos, para que no me azotaran ni me clavaran las -espuelas, y todos me miraban con la boca abierta de ver tan bien que lo -hacía. En esto llega el capataz de la trilla y pregunta:--“¿De quién es -ese caballo?--Lo encontramos en medio de la mancha de boldos que ’stá pu -allá arriba, contestó uno.--Suéltenlo, dijo el capataz, no vaya a venir -su dueño y nos haga cargos por estar trabajando con caballo ajeno.--Pero -si no tiene marca, señor.--No importa; suéltenlo”. Y con gran contento -de mi parte me soltaron y me volví para la manchita de boldos, como -decían los peones por el bosquecito, no muy ligero, porque, como no -estaba acostumbrado al trabajo que me habían obligado a hacer, me sentía -muy fatigado. - -“Apenas entré al bosque, se me puso por delante la muchacha con que -había estado remoliendo, y tirándome un atado de pasto me dijo:--“Toma, -pa qui aprendáy a burlarte de las mujeres; yo te volví caballo; cómete -ese pasto y mandate a cambiar”. - -“Me comí el pasto y en cuanto tragué la última mascada, me volví hombre -otra vez. - -“Ya era de noche y apreté a correr para el pueblo y en el primer rancho -que vi con luz golpeé y salió a abrir la puerta una mujer como de unos -veinticinco años, nada mal parecida. - ---“Señora, le dije, deme alojamiento por esta noche, porque no sé a -dónde dirigirme, y me siento muy cansado; he perdido mi caballo y ni -siquiera sé en qué parte me encuentro. - ---“Está a la entrada de Talagante, señor, y por lo que hace a -alojamiento, no hay en el rancho mas que esta pieza y no tengo otra cama -que la que usted ve”--y me mostraba una pallasa tirada sobre un catre; -además, mi marido no está en la casa, pues salió a hacer unas -diligencias y no volverá hasta mañana. - ---“Señora, permítame que me ponga en un rincón cualquiera; si lo único -que deseo es estar bajo techo, y no se moleste por mí. - ---“Si no es tan delicado como yo creía, entre, pues, señor. - -“La mujer se desnudó y acostó, y en seguida me dijo: - ---“Ya sabe usted que no hay más que esta cama, si quiere, venga a -acostarse a mi lado. - ---“Pero, señora, si aquí estoy bien y no quiero molestarla, si me basta -con no dormir al sereno. - ---“Venga a acostarse le dicen, y no sea leso. - ---“¿Y si llega su marido de repente y me pilla? - ---“No sea leso, le digo; mi marido está en Malloco y no llegará hasta -mañana con el sol alto. - -“¡Qué diablos! la mujer no era fea, y mejor es dormir aunque sea en una -pallasa que acurrucado en un rincón. Me desnudé y acosté al lado de la -mujer. - -“Al otro día, muy temprano, antes que saliera el sol, sentimos que -alguien se acercaba cantando al rancho. - ---“Es mi marido,--dijo la mujer--¿cómo se habrá venido tan pronto?; pero -no importa, vístase ligerito y se mete debajo del catre. - -“Apenas me había escondido en el lugar que me dijo la mujer, entra el -marido y la mujer le dice: - -“--Anda a buscarme leña, Manuel, para hacer lueguito una cazuela, porque -he amanecido con antojo. - -“Y mientras Manuel iba por leña al sitio, la mujer dijo unas cuantas -palabras que no entendí y me volví pavo, y me echó para el corral, donde -había muchos otros todavía en su dormidero. Me subí como pude y me metí -entre las demás aves, cuando oigo a Manuel que pregunta a su mujer: - ---“¿Y ese pavo tan grandazo y tan gordo? - ---“Es de la vecina y debe haberse pasado ayer en la tarde. - ---“Matémoslo pa que no sea intruso y comimos cazuela ’e pavo con -chichoca, ¿qué te parece, Juana? - ---“Ya ’sta--contestó la mujer y tomando un palo le asestó un feroz -garrotazo al pavo que estaba a mi lado, que cayó redondito al suelo. - -“Para qué les cuento mejor el susto padre que pasé, porque, la verdad, -creí que la Juana me iba a dar el garrotazo a mí. - -“Poco después dijo la mujer a Manuel: - ---“Anda a pedirle a mi comadre Mercedes que me dé un poco de chichoca, -porque se ha acabado la que teníamos. - -“Salió Manuel y la Juana aprovechó el momento de ausencia de su marido -para volverme hombre, y me dijo: - ---“Váyase ligerito por este camino, y que le vaya bien. - -“Y aquí me tienen ustedes que por cierto nunca se habrían figurado que -yo he sido caballo y pavo. - ---De lo último tuavía le quean rastros, dijo un trabajador por debajujo. - ---Y de lo primero también, dijo _despacito_ otro trabajador, porque no -hace mucho tiempo me dió a mí una media patá que me dolió tanto como si -el patrón tuviera herraúras tuavía; y too porque le contesté. - - - - -ILUSIONES - -32. EL CABRO DE LA CALLE DE BUERAS - -(Relatado en 1912 por el niño D. Enrique Alfaro, de 17 años, de -Santiago.) - - -En la calle de Bueras, de Santiago, había, hace años, una higuera, y de -entre sus raíces salía todas las noches un cabro que se paseaba de un -extremo a otro de la calle. Un carnicero, que se llamaba Alejo y vivía -en una casa situada cerca de la higuera, siguió una noche al cabro y lo -alcanzó; pero, aunque le dió muchas cuchilladas, no le hizo daño, porque -era pura ilusión. - - - - -33. LA NIÑA DE LOS GRANDES OJOS. - -(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.) - - -Una noche iban dos jóvenes un poco chispos por la calle del Galán de la -Burra (actual calle de Erasmo Escala, de Santiago) y divisaron, como a -media cuadra, a una niña muy hermosa, con unos ojos que brillaban como -luces, y a medida que se acercaban a ella, le veían los ojos más -grandes; y tanto le fueron creciendo, que al llegar no vieron ni cara ni -cuerpo, sino dos enormes ojos que los miraban fijamente. Los jóvenes, -huyeron despavoridos, rezando en voz alta. - -Se cree que todo fué simple alucinación, producida por la embriaguez. - - - - -34. LAS SOMBRAS. - -(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.) - - -Una noche de luna, un caballero tuvo que emprender un viaje de Talca a -Pelqui, y para llegar a su destino debía atravesar una montaña a -caballo. Al penetrar en ella, el caballo se detuvo espantado, porque -debió ver, como vió el jinete, un cadáver tendido en el suelo, no muy -lejos, con los brazos abiertos. El caballero también se asustó y para -vencer el miedo clavó las espuelas al caballo y lo dirigió derecho hacia -el cadáver. Al llegar cerca de él, pudo darse cuenta de que lo que había -tomado por un muerto era el tronco de un árbol que el tiempo había -derribado; con lo que desapareció todo temor y siguió tranquilo su -camino. - -A poco andar, ve pasar algo extraño por entre los árboles, y el caballo -vuelve a detenerse: era un león. Prepara el viajero un trabuco que -llevaba consigo, que era el arma que se usaba en aquellos tiempos, y -después de disparar, ve que lo que le había parecido un león era la -sombra que proyectaba la cumbre de un cerro vecino. - -Cuando concluyó de pasar la montaña y entró al valle, le sale al -encuentro una viuda,[L] a caballo, que sigue el camino a la par de él. -El caballero le dirige la palabra, pero ella no le contesta. Después de -avanzar largo trecho, en silencio, uno al lado del otro, la viuda deja -su caballo y de un salto se sienta al anca de la cabalgadura de su -compañero, que intenta tomarla, pero no encuentra a nadie. - -Adelanta el caballero en su camino, y a poco andar ve que se eleva de la -tierra algo como una nube; fija su atención y ve que es un fantasma. -Temeroso del peligro que pudiera acarrearle tal encuentro, huye a toda -rienda, y el fantasma detrás. Por suerte, en su carrera desenfrenada, -tropieza con una choza, en la que se mete con caballo y todo. - -En ese momento empieza a amanecer y con la claridad del día se desvanece -todo temor; pero la impresión de lo que le había sucedido le duró mucho -tiempo al caballero. - - - - -MALDICION - -35. EL RISCO DEL ARRIERO - -(1910). - - -En el cerro de las Petacas, departamento de Colchagua, hay un risco muy -grande que tiene una mancha amarillenta que representa a un arriero que -tiene una mula a su lado. Dicen que en tiempos antiguos, un fraile -salió, en ese sitio, a pedir limosna a un arriero que conducía una mula -con una carga de plata, y no sólo no le dio nada, sino que lo injurió. -El sacerdote lo maldijo, y tanto el arriero como la mula quedaron -incrustados en la piedra. - -En otro risco que está cerca, se ve otra mancha amarillenta, que semeja -la figura de un fraile. - - -TESOROS - - INFORMACIONES: - -I.--Los entierros están siempre en pailas de cobre y a los pies de un -boldo o de una patagua. En la noche, entre 7 y 8, salen candelillas del -punto en que está oculto el tesoro. - -II.--Cuando se encuentra un entierro, se toma de él nada más que una -moneda, que se guarda sin gastarla, durante un año. Transcurrido el año -se puede sacar lo demás. Al hallar el entierro, se deben mandar decir -cinco misas por el alma del que fué dueño del tesoro. - - - - -36. EL ENTIERRO DEL NARANJO - -(Referido en 1911, por D. J. Andrés González, de 55 años, de Santiago.) - - -En 1890, más o menos, en una casa situada en la calle de la Recoleta, de -Santiago, frente a la iglesia de este nombre, en la cual vivió y murió -un clérigo, habitaba un hombre que se llamaba Pedro (el informante no se -acuerda del apellido), que tenía una tienda en la misma casa, y a su -servicio un muchachito como de 12 años. Una mañana encontró el dicho -Pedro al muchachito tendido en el patio, sin conocimiento; después de -hacerle algunos remedios, volvió en sí, pero muy asustado. El patrón le -preguntó qué le había pasado, y aunque haciéndose mucho de rogar, contó -al fin que en la noche salió a hacer una necesidad y cuando volvía vió -en el patio, debajo de un naranjo, a un clérigo que le dijo que ahí -mismo había dejado una gran cantidad de plata enterrada. Pedro dijo al -muchacho que habría soñado y que no hiciera juicio de leseras. Al día -siguiente le pagó el sueldo de un mes, le ordenó que se fuese a -medicinar a su casa y que no volviera hasta que estuviere bien bueno. - -En la misma noche el hombre se puso a cavar, y efectivamente encontró un -entierro. Realizó su negocio y se fué para el campo a trabajar en tienda -y despacho. - -De la plata que encontró debajo del naranjo, nada gastó hasta pasado un -año, pues, de otro modo, la habría perdido toda. - -Fué muy rico, pero se botó a tunante y no pasó de una modesta medianía. - - - - -37. LOS DOS VIAJEROS - -(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.) - - -Dos hombres habían salido a hacer una excursión a pie, y después de -mucho andar se extraviaron y rendidos de fatiga se recostaron en la -tierra, a la sombra de unos árboles. Uno de los excursionistas se quedó -dormido casi inmediatamente, pero el otro no pudo cerrar los ojos y se -sentó a fumar un cigarrillo. Mientras fumaba, miró a su compañero, que -seguía durmiendo como un ángel de Dios, y se extrañó sobremanera de ver -que de su boca salían unos como globitos de colores que se desvanecían -en el aire, pero de repente salió uno mucho más grande que los otros que -se elevó un poco y después siguió en dirección hacia el oriente, rodeado -de unos cuantos jotes que lo acompañaban dando manifestaciones de -alegría. Esto le llamó mucho la atención y, levantándose, siguió al -globo y a sus acompañantes, los cuales no se detuvieron sino al llegar -al pie de un peñasco situado en la falda de un cerro cercano, debajo del -cual se introdujo el globo. El hombre dejó una señal y volvió a reunirse -con su compañero, que todavía dormía. Para despertarlo, lo remeció -fuertemente; pero fué menester repetir tres veces la operación para que -produjera resultado. El dormilón, al despertar, dijo a su -amigo:--“Soñaba un sueño muy lindo: que iba por un camino y me -encontraba con unos amigos que me recibieron muy alegremente y me -dijeron que me iban a regalar un tesoro; cuando tú me despertaste, me -llevaban a mostrármelo”. - -El amigo escuchó la relación, y en seguida condujo a su compañero al pie -del peñasco y sin contarle lo que había visto, lo invitó a que lo -acompañara a cavar en el lugar en que había visto desaparecer el globo -de color, y, como lo esperaba, a las pocas azadonadas, tropezaron con -una gran paila llena de onzas de oro. - -Sólo después de repartirse el tesoro entre los dos, contó el que había -estado en vela a su amigo dormilón todo lo que había visto. - - - - -38. EL CLERIGO - -(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.) - - -Hace tiempo, nadie se atrevía a pasar por unos callejones que hay cerca -del río Putagán, porque de improviso, sin que supieran de dónde salía, -se presentaba a los transeúntes un sacerdote y, aunque nada les hacía, -se apoderaba el miedo de ellos y volvían pie atrás, huyendo -despavoridos. - -Una vez un hombre que tenía que ir a dejar unas cargas de trigo a un -lugar vecino a donde se podía llegar por esos callejones o por otro -camino, dijo que iría por los callejones y que se reía del sacerdote que -contaban se aparecía y que no le importaba nada aunque le salieran todos -los curas y frailes de la tierra, que para defenderse de ellos le -bastaba un cuchillo que llevaba, de una media vara de largo; y aunque su -mujer y sus amigos le rogaron que no hiciera tal, él partió para los -callejones. - -Pocas cuadras había andado por ellos, cuando se le aparece el sacerdote -y se le pone por delante; pero nuestro hombre saca su cuchillo y la -emprende contra la aparición. El cura vuelve cara y toma la fuyenda y -el hombre le sigue de atrás blandiendo su arma, aunque sin lograr -alcanzarlo. Improvisamente el clérigo desapareció por entre unos -matorrales, sin dejar huella alguna; pero como el hombre vió el lugar -por donde el sacerdote se hizo humo, se puso a cavar la tierra con el -cuchillo, que de pronto tropezó con un cuerpo duro, hasta que dejó -descubierta una gran tinaja que destapó y vió que estaba llena de -monedas de oro y plata. Entonces fué a buscar las cargas de trigo y, -vaciándolas, llenó los sacos de monedas y se volvió a su casa. - -Cuando llegó era ya de noche y le dijo a su mujer que encendiera luz. - ---No hay mas que un cabito de vela--le dijo ella. - ---Enciéndolo--le contestó el marido. - -Lo encendió ella, y él entró los sacos y los vació en medio de la pieza. -La mujer, cuando vió tanta riqueza, casi se desmayó, y dijo al marido -toda asustada y llorando: - ---¿Qué has hecho, desgraciado? ¿Dónde has robado toda esa plata? - -El marido la tranquilizó contándole cuanto le había sucedido. - -Hizo aún dos viajes más y llegó a ser el hombre más rico de su tierra. -Vive todavía en Chillán. - - - - -EL DIABLO - -39. EL NIÑO DENTUDO - -(1910.) - - -Yendo un inquilino tranquilamente por la orilla de una cerca, sintió -unos vagidos que salían de un matorral; se acercó a él y entre las -malezas vió a un hermoso niño, al parecer de pocos meses, al que tomó en -sus brazos y acarició; sonrióse la criatura, y como al sonreirse -entreabriera la boca, alcanzó el campesino a divisar en las encías unas -cosas blancas como dientes. Admirado, le dijo:--“¡Conque tiene dientes, -m’hijito!”--“¡Y grandazos!”, le contestó el pequeñuelo. Y efectivamente, -vió el hombre que de la boca del niño salían unos dientes descomunales. -En esto conoció que lo que él había tomado por una guagua era el Diablo -en persona, y asustado, lo disparó lejos, exclamando “¡Ave María -Purísima!”, y el Diablo, en el mismo instante reventó, dejando en su -lugar, como es de cajón, un humo denso con fuerte olor a azufre. - - - - -40. EL DIABLO BAILARIN - -(1910.) - - -Es fama que en el siglo XVIII el Diablo era grande amigo de los mineros -de Petorca, donde había sentado sus reales. En los días de pago, bajaba -con ellos al pueblo, o a los lugares inmediatos, a remoler y a bailar -cueca en la plazuela del Diablo, situada casi donde termina la calle de -Silva, o en el cerro de la Plaza y en el del Piojo. - -Una vez que bailaba en este último, lo hacía tan bien que un minero no -pudo menos de exclamar:--“¡Virgen Santísima, y qué bien baila este -roto!”; y el Diablo, al oir la invocación a la Virgen, reventó, dejando -el lugar pasado a azufre quemado. - - - - -41. EL HIJO DEL DIABLO - - -No hace aún muchos años vivía en Petorca un anciano pequeñito y -rechoncho, de unos setenta años de edad, conocido con el nombre de ño -Vicentito Cuchucho, cuyos primeros pasos en el mundo aparecen revestidos -por la imaginación popular de influencias fantásticas y misteriosas. - -Se cuenta que estando la madre de este hombrecito esperando de un -momento a otro la llegada de una guagua, pidió a su marido que le diese -dinero para comprarle ropas. El marido, que era un viejo de más de -sesenta años y que miraba con desconfianza el embarazo de su mujer, le -contestó que no le daría ni un centavo, porque la criatura que iba a dar -a luz no era de él. La mujer, indignada, al oir esta respuesta, lloró y -preguntó al esposo: - ---Entonces ¿de quién es? - ---Eso lo sabrás tú mejor que yo, replicó el marido; pero no es mío. - -A lo cual repuso la mujer: - ---Entonces será del Diablo, y él me dará lo que necesito.--Y nunca más -volvió a pedir dinero a su marido. - -Cuando llegó el momento del parto, apareció de repente en la pieza de la -enferma un gran canasto completamente lleno de ropas para niño recién -nacido, entre las que se veían desde el ombliguero de tela de hilo hasta -las mantillas de la más suave y sedosa bayeta, sin que faltaran las -gorritas de punto ni las mediecitas tejidas de lana. - -¿Quién había traído ese canasto? ¿Por dónde y cuándo lo habían entrado? -Nadie pudo dar razón. - -Desde los primeros días del nacimiento del niño pudo comprobarse el -interés que por él y la madre tomaba el Diablo, que no era otro quien -había llevado la ropita. Siempre encontraba la madre cerca de ella la -riquísima cazuela de ave, el excelente ulpo de harina tostada y la -sabrosa mazamorra, los mejores remedios, los dos últimos, para que las -que crían tengan leche buena y abundante. Al chico le hacía cariño a su -modo: a veces lo encontraban encima de las vigas de la casa, otras en un -sobrado, y una vez lo hallaron jugando con un muñeco, entre las ramas de -un álamo. - -Por supuesto que nadie veía al Diablo, pero todos le echaban a él la -culpa de lo que ocurría; y la madre, justamente alarmada, hizo bautizar -al niño con toda prontitud, creyendo que con hacerlo cristiano cesarían -las atenciones y cuidados de Satanás. Pero fué inútil, porque el Diablo -siguió en las mismas. - -Entonces recurrió la madre a un santo cura de apellido Toledo, que tenía -fama de ser el mejor exorcista del país, para que ahuyentara al demonio, -lo que al fin logró, no sin haber experimentado grandes trabajos y -tenido que sufrir pesadas bromas del enemigo malo. - -El cura Toledo, para llegar a la casa amagada por el Diablo, tenía que -atravesar una estrecha puente formada de una sola tabla, que cruzaba un -cequión. Pues bien, cuando el santo varón iba por la mitad de la puente, -el Diablo la volcaba y el cura caía al agua, hazaña que celebraba el -Diablo con grandes carcajadas, diciendo: “¡Ya eché al agua al pato -jergón!”[M] - -Nada dice la leyenda qué fué del padre de ño Vicentito Cuchucho, y de -éste sólo se sabe que vivió siempre de su trabajo, cultivando una -pequeña heredad que le pertenecía, y que, hasta que murió, se le conoció -con el apodo de =Hijo del Diablo=.[N] - - - - -PACTOS CON EL DIABLO - -42. EL DIABLO GENEROSO - - -Un caballero tenía una gran hacienda que carecía de riego, por lo cual -no le dejaba sino pérdidas en los años secos. - -En el fundo vecino vivía otro hacendado que estaba perdidamente -enamorado de la señora del primero, a la cual cortejaba a escondidas del -marido y de continuo le decía que se fuera con él. Ella le contestaba -que nunca abandonaría a su esposo, porque ella era cristiana y jamás -faltaría a sus deberes, y además su marido era una persona excelente y -muy bondadoso con ella. - -Pero el caballero la persiguió mucho tiempo, y la señora, para librarse -de él, le prometió que si le daba agua abundante al fundo de su esposo y -lo dotaba de molinos, en una noche, haría lo que deseaba. Entonces el -caballero llamó al Diablo y le dijo que si en la noche cumplía con la -condición que la señora de su vecino le había impuesto, le entregaría su -alma en el plazo de un año. El Diablo le prometió que lo haría así, y -picándole una vena le sacó sangre y le hizo firmar una cédula para -sellar el pacto. - -A media noche se sintió un ruido muy grande en la hacienda del marido, -quien despertó a su mujer y le preguntó:--“¿Sientes ese ruido? ¿Qué -será?”--y ella le contestó:--“No sé, ni se me ocurre qué pueda -ser”--Levantóse el marido a ver cuál era la causa de ese ruído, y se -encontró con que en su fundo había una instalación completa de molinos -en movimiento, y con que abundante agua corría por numerosas acequias -que antes no existían. Volvió al dormitorio y preguntó nuevamente a su -esposa qué significaba eso, y tanto insistió en sus preguntas que al fin -le sacó la verdad. Entonces la mandó que se fuera a casa del -pretendiente para que el Diablo se lo llevara con razón. - -La mujer llegó llorando a casa del otro y le refirió cómo su marido la -mandaba a cumplir lo prometido. El caballero le contestó: - ---“¿Tan honrado es tu marido? No seré yo menos que él; te respeto; -vete”. - -En ese momento llegó el Diablo y preguntó al hacendado si estaba -contento, y éste le dijo que siendo el marido de la niña tan honrado que -no había permitido que su esposa faltase a su palabra, él no se había -atrevido ni a tocarla y le había ordenado que se fuera para su casa. - -El Diablo dijo entonces:--“¿Con que así son las cosas? A caballero no -me la ganará ninguno de los dos. Toma tu cédula”. Y desapareció. - -Todos quedaron contentos: el caballero enamorado, libre de su amor -criminal; el marido, con su mujer; y la hacienda, con buen riego y con -molinos. - - - - -43. LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS - -(Contado por la Sta. Zoila Guerrero Gutiérrez, Prado de Peñaflor. -Febrero de 1923.) - - -Una señora viuda tenía una hija muy hermosa, y se servían para los -menesteres de la casa de un negro esclavo que se llamaba Pancho, hombre -trabajador y buen cristiano. - -La niña fué creciendo en edad y en hermosura y el cariño que el negro -tenía a su amita se fué convirtiendo en amor, pero en un amor tan grande -que Pancho no comía, ni dormía, ni tenía valor para trabajar. - -El pobre negro rezaba, se encomendaba a Dios y a todos sus santos para -que lo libraran de aquella pasión que no lo dejaba vivir; pero el cielo -se había puesto sordo y no oía sus oraciones. - -Desesperado y no hallando qué hacerse, salió una noche de la casa y se -fué al cerro a llamar al Diablo para que lo ayudara. Acudió el Diablo al -llamado, y a las súplicas del negro contestó: - ---Si quieres, haré que Rosita--así se llamaba la niña--se enamore de ti -y se case contigo, pero dentro de veinte años vendré a buscarte, y si no -sabes contestarme las doce palabras redobladas, tu alma me pertenecerá. - ---Está bien, contestó Pancho, radiante de alegría, convengo en ello.--Y -con sangre que extrajo de sus venas, firmó la cédula del pacto que -acababa de aceptar y que el Diablo le pasaba. - -Al otro día temprano se dirigió el negro a casa de sus amos. La señora y -la niña estaban en el balcón. La niña, al verlo, dijo a la mamá:--Mire, -mamá, ahí viene Panchito.--¿Qué es eso de Panchito?--preguntó extrañada -la madre, porque la joven siempre había llamado al negro con el nombre -de Facico y tratádolo con cierto desprecio. Pero Rosita no contestó -nada. Y el caso es que desde entonces Rosita se llevaba con Panchito -para arriba, Panchito para abajo, Panchito por aquí, Panchito por acá, -en fin, que todo era Panchito. - -Hubo que dejarla casarse con él, porque la cosa no tenía remedio, pero -tuvo que salir de la casa con su negro, no llevando consigo sino una -imagen de San Pedro, de quien era muy devota, y que fué lo único que la -dejaron sacar. - -Rosita vivió muy feliz y muy enamorada de su Pancho, que hacía cuanto -estaba de su parte para hacerle liviana la vida, trabajando como un -negro, verdaderamente, y cuidando de que nada les faltara a su mujer y a -los cuatro hijos que habían tenido, cuatro lindos mulatitos, que eran el -encanto y la alegría del matrimonio. - -Pero, como muy bien dice la copla, - - Todo gusto es momentáneo; - -sobre todo si hay un contrato de por medio. El plazo en que terminaba el -pacto se aproximaba rápidamente, y el Diablo tenía buen cuidado de -presentarse de vez en cuando a Pancho a recordárselo: - ---Pancho, que dentro de un mes te paso a buscar...--Pancho, que ya no te -quedan sino quince días para que te vengas conmigo...--Pancho, que sólo -falta una semana... etc. - -Y al pobre Pancho se lo comía la tristeza; y por más que averiguaba -entre sus relaciones, nadie conocía las doce palabras redobladas, que -habían de librarlo de las garras del Demonio. - -Rosita, que notó cómo sufría su marido, le pedía y rogaba por lo que más -amaba, le dijera el motivo de sus penas, y sólo después de reiterarle -repetidamente sus ruegos, le confesó cuanto le había sucedido y que ya -no faltaban sino dos días para que el Diablo viniera a llevárselo. - -Rosita, que, como se ha dicho, era tan devota de San Pedro, dijo a su -marido: - ---Encomendémonos al Santo y pongámonos en sus manos; estoy segura de que -él nos librará del Malo, porque siempre me ha tenido lástima y me ha -sacado con bien de todos los peligros en que me he encontrado. Y ambos -se arrodillaron ante la imagen del Príncipe de los Apóstoles y rezaron -con todo fervor. - -Era la última noche que, según el pacto celebrado con el Diablo, quedaba -de vida a Pancho. En la cara del pobre negro y en la de su mujer, -surcadas de lágrimas, se marcaba el intenso dolor que los consumía. El -silencio era profundo. De pronto se oyeron tres golpes en la puerta. -Salió Pancho. El que llamaba era un pobre hombre que con voz lastimera -pedía alojamiento por esa noche. Se había extraviado--dijo--y no sabía -dónde dormir. Rosita, que oía lo que hablaban, desde su asiento invitó -al hombre a que entrara y le alargó una silla. Era un anciano, calvo, de -rostro venerable y simpático adornado de poblada y canosa barba. - -Embelezados con la conversación del anciano, habían olvidado su -desgracia y el peligro inminente que les amenazaba y oyéndole, pasaron -insensiblemente las horas. Cuando el reloj comenzó a dar las 12, se oyó -un fuerte golpe en la puerta y una voz seca y chillona que preguntaba: - ---Amigo, ¿sabe las doce palabras redobladas? - ---Sí las sé--contestó el viejecito poniéndose de pie e imitando la voz -de Pancho, antes de que éste respondiera,--empieza a preguntar, que yo -te iré contestando. - ---Está bien, dijeron desde afuera. Amigo, dígame la una. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, la una te diré: Una ¿qué es -una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura. - ---Está bien: ahora, amigo, dígame las dos. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las dos te diré: Dos ¿qué son -dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte -Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió -pura. - ---Bien: ahora, amigo, dígame las tres. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las tres te diré: Tres ¿qué -son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento -y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a -Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén -y siempre vivió pura. - ---Bien: ahora, amigo, dígame las cuatro. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cuatro te diré: Cuatro -¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San -Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el -cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas -de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí; Una ¿qué es una? -la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura. - ---Bien: ahora, amigo, dígame las cinco. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cinco te diré: Cinco ¿qué -son cinco? Las cinco llagas principales que hirieron a Jesús -crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San -Marcos, San Lucas, San Mateo, y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres -Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos -¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el -monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre -vivió pura. - ---Bien: ahora, amigo, dígame las seis. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las seis te diré: Seis ¿qué -son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. -Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús -crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San -Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres -Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos -¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el -monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre -vivió pura. - ---Bien: ahora, amigo, dígame las siete. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las siete te diré: Siete ¿qué -son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas -que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco -llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son -cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San -Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para -nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley -que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen -que nació en Belén y siempre vivió pura. - ---Bien: ahora, amigo, dígame las ocho. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las ocho te diré: Ocho ¿qué -son ocho? son las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. -Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis -candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? -las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro -¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San -Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el -cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas -de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? -la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura. - ---Bien: ahora, amigo, dígame las nueve. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las nueve te diré. Nueve ¿qué -son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas -entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las -bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? -son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían -en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas -principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? -los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. -Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para -nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley -que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen -que nació en Belén y siempre vivió pura. - ---Bien, amigo, ahora dígame las diez. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las diez te diré: Diez ¿qué -son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses -que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima -Madre. Ocho ¿qué son ocho? las bienaventuranzas que predicó Jesús en la -montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? -las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son -cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. -Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, -San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan -en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos -tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la -Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura. - ---Bien: ahora, amigo, dígame las once. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las once te diré: Once ¿qué -son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez -mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo -humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son -ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete -¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis -candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? -las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro, -¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San -Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías que brillan en el -cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas -que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen -que nació en Belén y vivió siempre pura. - ---Bien, amigo; ahora dígame las doce. - ---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las doce te diré: Doce ¿qué -son doce? los doce apóstoles. Once ¿qué son once? las once mil vírgenes. -Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los -nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su -santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que -predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. -Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús -crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San -Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres -Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos -¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte -Sinaí. Una ¿qué es una? La Virgen que nació en Belén y siempre vivió -pura. - -Quien dijo doce no pase a trece hasta que reviente ése, que por sus -malos hechos bien lo merece. - - * * * * * - -Terminando de decir estas palabras el anciano, se sintió un fuerte -ruído, como si hubiera estallado un barril de pólvora, la pieza se llenó -de humo y un fuerte olor a azufre hacía estornudar violentamente a los -tres que se hallaban en ella. - -Cuando el humo se disipó, vieron delante de sí al viejecito vestido de -una larga túnica, con dos grandes llaves en la mano derecha y rodeada la -cabeza de una aureola de luz. Era el mismo que representaba la imagen -que adornaba la cabecera de la cama de Rosita. - -Pancho y Rosita, poseídos de un santo temor, se arrodillaron ante el -anciano, y cuando un momento después alzaron la cabeza, había -desaparecido. - -Este es el origen de las doce palabras redobladas, que el pueblo, sin -razón, suele llamar Oración de San Cipriano, y a la cual atribuye -virtudes portentosas contra el Diablo, los brujos y toda clase de -peligros. - - - - -APÉNDICE I - - -BIBLIOGRAFIA - -DE LAS OBRAS QUE SE CITAN EN ESTE VOLUMEN - -A la publicada en los CUENTOS POPULARES EN CARAHUE, págs. 259-262, -agréguense los siguientes obras, que no se mencionan en aquella. - - -CAVADA, FRANCISCO J.--Chiloé y los Chilotes. Estudios de folklore y -lingüística de la provincia de Chiloé (Chile). Santiago, Impr. -Universitaria, 1914. - - * * * * * - -ESPINOSA, AURELIO.--Cuentos populares españoles, recogidos de la -tradición oral de España, con una introducción y notas comparativas. -Stanford University, California. Published by the University, 1923-1924. - ----- New Mexican Spanish Folk-Lore. VIII, Short Folk-tales and -Anecdotes. Págs. 142-147 de The Journal of American Folk-Lore, Vol. -XXVII, N.º CIV, April-June, 1914. - - * * * * * - -GRIMM.--Cuentos escogidos de los Hermanos..., traducidos por José Muñoz -Escámez. Edición ilustrada. Madrid, Saturnino Calleja, s. d. - - * * * * * - -La antigua versión castellana del Calila y Dimna. Ed. de la Real -Academia Española, Madrid, Suc. de Hernando, s. d. - - * * * * * - -La Población del Valle de Teotihuacán. El medio en que se ha -desarrollado su evolución étnica y social. Iniciativas para procurar su -mejoramiento. Por la Dirección de Antropología, siendo Director de -investigaciones MANUEL GAMIO. La población contemporánea. Dirección de -Talleres Gráficos dependiente de la Secretaría de Educación Pública. -México, MCMXXII. - - * * * * * - -LAVAL, RAMÓN A.--Oraciones, ensalmos y conjuros del pueblo chileno, -comparados con los que se dicen en España, Santiago, Impr. Cervantes, -1910. - - * * * * * - -Contribución al Folklore de Carahue (Chile). Primera parte. Madrid, -1916. - - * * * * * - -LEHMANN-NITSCHE, ROBERTO.--Europäische Märchen unter den Argentinischen -Araukanern. La Plata, s. d. - - * * * * * - -MONTIEL, C.--Contes soudanais. Paris, Leroux, 1905. - - * * * * * - -PALMA, RICARDO.--Tradiciones Peruanas. (Ropa vieja). Tomo IV. Barcelona, -Montaner y Simón, 1896. - - * * * * * - -PARIS, GASTON.--Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite. Paris, Leroux, -1907. - - * * * * * - -POBLETE, EGIDIO. (Ronquillo).--Cuentos del Domingo. Serie IV. -Valparaíso, Talleres Tipográficos de La Unión, 1916. - - * * * * * - -RODRÍGUEZ MARÍN, FRANCISCO.--El ingenioso hidalgo don Quijote de la -Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra. Edición crítica, -anotada por... Tomo V. Madrid, Impr. de la “Revista de Archivos, -Bibliotecas y Museos”. MCMXVI. - - * * * * * - -TCHÉRAZ, MINAS.--L’Orient inédit. Légendes et traditions armeniennes, -grecques et turques. Paris, Leroux, 1912. - - * * * * * - -VICUÑA CIFUENTES, JULIO.--Mitos y Supersticiones recogidos de la -tradición oral chilena, con notas comparativas a los de otros países -latinos. Santiago, Impr. Universitaria, 1915. - - - - -NOTAS COMPARATIVAS - - -I parte.--CUENTOS MARAVILLOSOS, CUENTOS DE ANIMALES, ANÉCDOTAS. - - -1. EL SOLDADILLO - -CFR.: COSQUIN[O].--Jean de l’Ours, Cont. pop. de Lorraine, t. I, p. 1 y -notas p. 6 a 27. - -BLADÉ.--Etienne l’habile. Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p. 36. - -ESPINOSA.--Juan del Oso, en las págs. 440 y 441 de New-Mexican Spanish -Folk-Lore, III, Folk-Tales. - -LEGERS.--Long, Large et Clairvoyant, Recueil de Cont. pop. slaves, págs. -241-258. - -LENZ.--El Hijo del Oso, Est. Araucanos, p. 261 y 350. - -SÉBILLOT.--Jean de l’Ours. Litt. or. de la Haute-Bret., p. 81 y notas, -p. 85. - - -2. EL PESCADITO ENCANTADO - -ALVAREZ DE MACHADO.--La Sirena (sólo el principio). Bibl. Trad. pop. -esp., t. I, p. 183. - -BLADÉ.--Le Roi des Corbeaux, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 14. - -BRAGA.--O Velho Querecas, Cont. trad. do povo port., p. 4. - -DESPARMET.--Aïcha, la fille du bûcheron (hay un servidor negro). Rev. -Trad. pop., t. XXVIII, p. 505. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--A vida do Gigante (sólo el principio). Cont. da -Carochinha, p. 385. - ----- O Peixe encantado, Hist. da Avósinha, p. 138. - -HERNÁNDEZ DE SOTO.--La Lavandera (varios episodios), Bibl. Trad. pop. -esp., t. X, p. 217. - -HERNÁNDEZ DE SOTO.--El Castillo de las puertas calás, Ib., p. 242. - -LEGRAND.--Le Seigneur du monde souterrain, Rec. de cont. pop. grecs, p. -1. - -MONNIER.--Le roi Cristal, Cont. pop. en Italie, p. 44. - - -3. DELGADINA Y EL CULEBRÓN - -BLADÉ.--En Le Drac, Cont. pop. de Gascogne, t. I., p. 227, se lee: “La -Belle Jeanneton marchait sur ses quinze ans. Elle était cent fois plus -belle que le jour. Quand elle se peignait, le blé tombait de ses -cheveux, par boisseaux. Quand elle se lavait les mains, les doubles -louis d’or et les quadruples d’Espagne tombaient de ses doigts par -douzaines”. - -CARNOY ET NICOLAIDES.--La fille du roi et le garçon de bains, Trad. pop. -de l’Asie Mineure, p. 107. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Moça encontrada no mar, Hist. da Avósinha, p. -223. - -van GENNEP.--Leyenda de Manú, en que figura un pececillo que fué -creciendo gradualmente hasta que apenas cabía en el mar y salvó a Manú -del Diluvio.--Religions, Mœurs et Légendes, t. I, p. 93. - -KLIMO.--La Belle Hélène, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 178. - -MOORE, TH.--El Culebroncito, Bibl. Trad. pop. esp., t. I, p. 137. - -PITRÈ.--Li dui Soru, Fiabe, Nov. e Racc. pop. siciliani, t. II, p. 85. - -SÉBILLOT.--La Sirène, Cont. des Marins, p. 197. - - -4. LA TENQUITA - -BASSET.--La Vieille et la Mouche, Cont. berbères, p. 95. - -BAISSAC.--Hist. de Petit-Jean Queue-de-Bœuf, Le Folk-lore de -l’Ile-Maurice, p. 34. - -BLADÉ.--Le Père et la Fille, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 243. - ----- Le Père, la Mère et la Fille, Ib., p. 246. - ----- Brisquet, Ib., p. 249. - -Calila y Dimna, ed. de la R. Ac. Esp., págs. 289-291. - -CAMPS Y MERCADEL.--Folk-Lore Menorquín, en t. I, p. 243, se lee: “El gat -caça la rata,-rata furada tapia,-tapia atura vent,-vent fa corre’s -núvul,-es núvul tapa sol,-sol fon gel,-gel talla cameta. - -CARNOY.--Kiou-Cou et Kiou-Coclet, Littorale de la Picardie, p. 217. - -COELHO.--A formiga e a neve, Cont. pop. portuguezes, p. 5. - ----- A romanzeira do macaco, Ib., p. 9. - -ESPINOSA.--La Hormiguita, More Folk-Tales, p. 138. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Formiguinha, Cont. da Carochinha, p. 393. - -La Gallinita y el Pollito. Bibl. ilustrada Calleja-IX. - -La población del Valle de Teotihuacán.--Cuando la rana quiere gozar..., -p. 396. - -LEHMANN-NITSCHE.--El Perro y el Ratón, cuento IV de “Europäische Märchen -unter den argentinischen Araukanern”. - -LENZ.--Cuento de un pajarito llamado Caminante, Est. Araucanos, p. 200 y -nota, p. 320. - -MASON.--El Aguila, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 175. - -MONNIER.--Micco y Légende de Tennioje, Cont. pop. en Italie, págs. 89 y -91. - -ORTOLI.--Pedilestu et Mustacina, Cont. pop. de l’île de Corse, p. 237. - -PINEAU.--Biquette, Cont. pop. du Poitou, p. 291. - ----- Le Conte du petit rat, Ib. p. 299. - -PITRÈ.--Pitidda, Fiabe, Nov. et Racc. pop. siciliani, t. III, p. 85. - -ROMERO.--A formiga e a neve, Cont. pop. do Brasil, p. 208. - - -5. EL GALLITO - -BLADÉ.--Les Deniers, (La pega final). Cont. pop. de la Gascogne, t. III, -p. 260. - - -6. LA TORTILLA O EL CANARITO ENCANTADO - -COSQUIN.--V. notas del cuento Le Leoup blanc., t. II, págs. 225-227 y -notas de Firosette, desde p. 242 del mismo tomo. - -ARTIN PACHA.--Les quarente boucs et le bouc chevauchant sur le bouc, -Cont. pop. de la Vallé du Nil, p. 87. - -BRAGA.--O Coelho branco, Cont. trad. do povo port., p. 78. - -C. A. D.--Una Rueda de Conejos, El Folklore Andaluz, p. 355. - -Historia del Macho Cabrío y la Hija del Rey, Las mil noches y una noche, -trad. de Blasco Ibáñez, t. XX, p. 24. - -Les Oiseaux blancs, Rev. Trad. pop., t. XXIX, p. 124. - -PITRÈ.--Marvizia, t. I, p. 149. - -El cuento de la “Tortilla o el Canarito Encantado” es una de las muchas -variantes derivadas de la fábula de Apuleyo “Cupido y Psiquis”, y aunque -en él se ha perdido la prohibición de ver, dos de los trabajos que Venus -impone a Psiquis están representados por los que la vieja hechicera -manda ejecutar a la princesa, y que son casi los mismos: el 1.º, de -llenar un frasco con lágrimas de picaflores, no es otro que el 2.º de la -fábula latina: llenar una botella con agua de la fuente que alimenta la -laguna Estigia: el 2.º, de llevar la caja encantada que debía producir -la muerte a la princesa, corresponde al 3.º del cuento de Apuleyo: -llevar a los infiernos una caja a Proserpina pidiéndole un poco de su -belleza, caja que, devuelta por Proserpina a Psiquis, sólo contiene un -vapor letárgico, que, sin la intervención de Cupido, habría dejado sin -vida a Psiquis. - - -7. EL REY TIENE CACHITO - -COELHO.--O Principe con oreilhas de burro, Cont. pop. port., p. 117, y -Cont. nac. p. creancas, p. 33. - -TCHÉRAZ, MINAS.--L’Orient inédit. Lég. et trad. armeniennes, grecques et -turques, p. 211. - -Este cuento difiere apenas de la fábula de Midas, rey de Frigia. En la -lucha que el sátiro Marsias sostuvo con Apolo en un concurso musical, -las Musas se decidieron por Apolo, que tocaba la cítara, y sólo Midas -estuvo de parte de Marsias, que tocaba la flauta. Ofendido Apolo, -castigó a Midas, transformando sus orejas en orejas de burro. Midas, -avergonzado, las ocultaba bajo un gorro frigio, pero, por más cuidado -que puso, un esclavo se las vió. Midas le exigió silencio, mas este -hombre, no pudiendo soportar el secreto, abrió un hoyo en la tierra y en -él gritó: “El rey Midas tiene orejas de pollino”, y en seguida lo llenó -con la tierra que había sacado. Poco después crecieron en el mismo sitio -unas matas de caña, las que, cada vez que el viento las movía, -murmuraban: “El rey Midas tiene orejas de pollino”. - - -8. EL CUERPO SIN ALMA - -COSQUIN.--Les dons des trois animaux, t. I, p. 166, y notas, págs. 170 y -siguientes. - -ANDREWS.--Corps sans âme, Contes ligures, p. 213. - -APELL.--Joâo Cachorro e o camponês branco, Cont. pop. Russos, p. 275. - -BAISSAC.--Hist. de Corps-sans-âme et de Colle-des-Coeurs, Folkl. de -l’Ile-Maurice, p. 358. - -BRAGA.--Cravo, Rosa e Jasmin, Cont. trad. do pov. port., p. 20. - -BRUEYRE.--Le jeune Roi Easaidh Ruadh, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p. -71 y notas, págs. 80-83. - ----- La Fille de la Mer, p. 84, y II versión, p. 95. - -CARNOY.--Le Corps sans âme, ou le Lion, la Pie et la Fourmi, Lit. orale -de la Picardie, p. 275. - -COELHO.--A Torre de Babylonia, Cont. pop. port., p. 34. - -DESPARMET.--Hammed, le fils de la veuve, Rev. Trad. pop., t. XXVII, p. -241. - ----- Cent-et-un-beautés, Ib., p. 193. - -DOZON.--Les trois frères et les trois sœurs, Cont. albanais, p. 131. - -ESPINOSA.--El Cabayeru e la Pluma, N. Mex. Esp. Folk-Tales, p. 398. - ----- La Princesa encantada, Ctos. pop. españoles, págs. 295 y 297. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Vida do Gigante (la parte final solamente). -Cont. da Carochinha, p. 385. - -KLIMO.--L’Arbre merveilleux, Cont. et Lég. de Hongrie, p. 131. - ----- Le Prince Ambroise, Ib. p. 239. - -LUZEL.--Le Corps-sans-âme, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t. I, p. 427. - -MACLER.--Badikan et Khan Boghou, Cont. armeniens, p. 11. - -MONNIER.--Viola (el fin sólamente), Cont. pop. en Italie, p. 117. - -PITRÈ.--Lu malacunnutta, II, p. 224. - -RIVIÈRE.--Moh’Amed ben Soltan, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 187. (En -la p. 191, muerte del Cuerpo sin alma, que en este cuento es un Ogro; -muy desfigurado). - -SÉBILLOT.--El Capitán Pedro, Ctos. Bretones, p. 130. - ----- El Gigante de las siete mujeres, Ib., p. 176. - -VINSON.--Malbrouc, Folkl. du Pays Basque, p. 80. - - -9. LA HUACHITA CORDERA - -BLADÉ.--La Gardeuse de dindons, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 251. -(Sólo la 2.ª parte). - -PINEAU.--L’Agneaulet, Cont. pop. du Poitou, p. 123. - -La Lapine, Rev. Trad. pop., 1913, p. 207. (Ver también la nota). - - -10. LAS SIETE CIEGAS - -COSQUIN, t. I, en la Introducción, p. XXX, extracta un cuento parecido -al de Las siete Ciegas. - -GUICHOT Y SIERRA.--La Reina Rosa o Tomasito, Bibl. de las Trad. pop. -esp., t. I, p. 172. - -DESPARMET, en el cuento La Princesse Hautaine IV de los Contes maures, -recueillis à Blida, p. 292, se lee:--“Si este hermoso príncipe quiere -llevarme, es preciso que me traiga aquí, en persona, leche de camella en -un odre hecho de piel de leona”. En el cuento V, “La Tortue”, p. 303, un -Rey que quiere hacer morir a su hijo menor, para apoderarse de su mujer, -de quien se ha enamorado, le dice a su Consejero:--“Tu astucia no ha -servido de nada; busca otra”.--“Pues bien, le dice el Consejero, pide al -Príncipe que traiga la manzana que embalsama el aire y el agua que -restituye el alma al hombre. Deberá tomarlas en el jardín de -Preciosa...”. Y como el Príncipe consiguiera llevarle la manzana y el -agua pedidas, pide el Rey nuevo consejo a su Consejero, y éste le -dice:--“Haz venir a tu hijo y ordénale que traiga leche de leona en odre -de piel de leoncito”. Y en el cuento VI, “Le roi Bûcheron”, p. 437: “Una -vez el Sultán tuvo deseos de beber la leche de leona en odre de piel de -leoncito”.--(Rev. de Trad. pop., t. XXVII.) - - -DONZON, en “La Loubie et la Belle de la terre”, Cont. albanais, p. 87: -“Comió (la Lubia) la mitad de lo que el joven había llevado, después de -lo cual salió y dijo: “Que se muestre aquel a quien debo este -beneficio,--y el joven, presentándose, contestó: Heme aquí”.--En -seguida, todo sucedió como el viejo lo había anunciado”. - -En el vol. XXII, p. 137 de las Mil noches y una noche, “Historia contada -por el 11.º Capitán de policía, al Sultán Baibars, se lee: “Y se -congregaron los médicos y le recetaron, como régimen y remedio, que -bebiera leche de osa contenida en un odre de piel de osa virgen”. - - -11. EL MIÑIQUE - -COSQUIN.--Le Petit Poucet, t. II, p. 147, y nota de la p. 150. - -ANDREWS.--Pequeletou, Cont. ligures, p. 132. - ----- Peteoumeletou, Ib., p. 161. - -BLADÉ.--Grain-de-Millet, Cont. de la Gascogne, t. III, p. 78. - -BRAGA.--Manoel Feijâo, Cont. trad. do povo port., p. 191. - -CARNOY.--Pouçot Litt. orale de la Picardie, p. 167. - ----- Jean l’Espiègle, Ib., p. 329. - -COELHO.--Hist. do Grâo de Milho, Cont. pop. portuguezes, p. 80. - -FIGUEIREDO PIMENTEL, O Pequenno Pollegar, Cont. da Carochinha, p. 113. - -LEGERS.--Le Petit Poucet russe, Rec. Cont. pop. slaves, p. 29. - -VINSON.--Petit Poucet y Mundu-milla-pes, Folkl. du pays Basque, págs. -110 y 111. - - -12. LOS TRES CONSEJOS - -BRAGA.--Os tres Conselhos, Cont. trad. do povo portuguez, p. 199. - -ESPINOSA.--Los tres Consejos, New Mex. Sp. Folk-Tales, p. 408. - -Folklore Andaluz, Nota 8 de la p. 80. - -MACLER.--Le Fils de la Vieille, Cont. Armeniens, p. 139. - -ORTOLI.--L’Ustaria di i figli di u Diauli, Cont. pop. de l’île de Corse, -p. 118. - -PITRÈ.--Li tri Rigordi, III, p. 391 y varianti e riscontri, pág. 393. - -ROMERO.--Os tres Conselhos, Cont. pop. do Brasil, p. 251. - - -13. EL LORO ADIVINO - -COSQUIN.--L’Oiseau de verité, t. I, p. 186. - -ANDREWS.--L’Oiseau qui parle, Cont. ligures, p. 193. - -APELL.--A Arbore que canta e a Ave que fala. Cont. pop. russos, p. 101. - ----- As tres Irmâs, Ib., p. 109 y crítica, p. 115. - -ARTIN PACHA.--El Schater Mouhammed, Cont. pop. de la Valle du Nil, p. -265. - -BLADÉ.--La mer qui chante, la pomme qui danse et l’oisillon qui dit -tout, Cont. pop. de la Gascogne, t. I. p. 67. - -BRAGA.--O Rei-Escuta, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 85, y -notas, t. II, p. 192. - ----- As Cunhadas do Rei, Ib., p. 86. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--As tres Maravilhas, Cont. da Carochinha, p. 369. - ----- Os tres principes com estrellas de ouro na testa, Ib. p. 405. (Sólo -el principio). - -HERNÁNDEZ DE SOTO.--El Papagayo Blanco, Bibl. Trad. pop. esp., t. X, p. -175. - -LEGRAND.--Tzitzinœna, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 77. - -LUZEL.--Les deux frères et la sœur, Lég. chre. de la Basse-Bretagne, t. -II, p. 274. - ----- Les trois filles du Boulanger, ou l’Eau qui danse, la Pomme qui -chante et l’Oiseau de Vérité, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, p. 277. - -MACLER.--Cheveux d’argent et Boucles d’or, Cont. armeniens, p. 71. - -MASON.--Los Niños Coronados. Folk-Tales of the Tepecanos, p. 200. - -PITRÈ.--Li figghi di lu cavuliciddaru, t. I, p. 316 y var. y riscontri, -p. 328-335. - -RAMÍREZ, José Luis.--El Agua Amarilla, El Folkl. Andaluz, p. 305. - - -14. EL MEDIO-POLLO - -BASSET.--Moitié de Coq, Cont. pop. berbères, p. 83 y notas, p. 187. - -BEAUVAIS, Armand.--Moité de Có, Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p. -44.--Otro, Ib., t. XXX, p. 44. - -BLADÉ.--Le Voyage du Coq, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 221. - ----- Le Coq et ses amis, Ib., p. 225. - -CARNOY.--Coquelet en voyage, Litt. orale de la Picardie, p. 211. - -COELHO.--O Pinto borrachudo, Cont. pop. portuguezes, p. 20. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--Historia de un pintinho. Historias da Avósinha, p. -90. - -LEHMANN-NITSCHE.--¿Quiere que le cuente el cuento del Gallo Pelado?, en -Rev. de Derecho, Historia y Letras, Buenos Aires. - -ORAIN.--La Boursée d’or, Cont. de l’Ille-et-Vilaine, p. 59. - -PINAU.--Le conte de la petite moitié de geau (coq), Les Cont. pop. du -Poitou, p. 169. - -PITRÈ.--Lu menzu-gadduzzu, t. III, p. 77. - -ROMERO.--O. Pinto pellado, Cont. pop. do Brasil, p. 53. - -SÉBILLOT.--La Moueté de Quene (La Moitié de Cane), Cont. de provinces de -France, p. 281. - ----- Moitié de Coq. Les Joyeuses Hist. de Bretagne, p. 205. - -The Heath Readers. Second Reader. D. C. Heath, and Company. Boston, New -York-Chicago, s. d.--The Half-Chick, p. 128. - - -15. EL BARCO DE LOS TRES HACHAZOS - - -16. HERMOSURA DEL MUNDO, O EL CASTILLO DE LOS TRES AZUELAZOS - -APELL.--O Navio voador, Cont. pop. russos, p. 201 y crítica, p. 210. - -BLADÉ.--Le Navire marchand sur terre, t. III, p. 12. - ----- Etienne l’habile, Ib. p. 36. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--Os seis companheiros, Contos da Carochinha. p. -183. (Sólo las hazañas de Comín y de sus compañeros.) - -GRIMM.--El Pájaro Grifo, Cuentos escogidos, p. 30. - -LUZEL.--Le prix des belles pommes, Cont. pop. de Basse-Bretagne, t. II, -p. 146. - ----- Les trois fils de la veuve, Ib. II, p. 161. - ----- Les compagnons qui viennent a bout de tout, Id. III, p. 296. - ----- Petit-Jean et la Princesse Devineresse, Id. III, p. 326 (últ.º -episodio, desde la pág. 246.) - -MASON.--Los animales ayudan a Juan, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales, -part. I, p. 17. - ----- El traje de piel de piojo (versión a.), Ib. p. 20. (Muy -desfigurado.) - - -PINAU.--Le conte du petit Vacher, Cont. pop. du Poitou, p. 35. - -En este cuento y en muchos otros figuran el episodio de los conejos que -se entregan al héroe para que los lleve en la mañana fuera de palacio, -los deje en libertad y regrese con todos ellos en la tarde; y el de -llenar un saco de verdades. - - -SÉBILLOT.--El barco que anda por mar y por tierra, Cuentos bretones, p. -233. - - -17. EL ARBOL DE LAS TRES MANZANAS DE ORO - -APELL.--O bicho Norka, Cont. pop. russos, p. 291. (Sólo los primeros -episodios.) - -CARNOY.--Les trois fils du roi, Litt. orale de la Picardie, p. 89. (Sólo -la primera parte). - -DESPARMET.--Le Ghoul du Puits, Cont. pop. sur les Ogres, t. 1, p. 397. - ----- Le Ghoul bessé en maraude, Ib. p. 406. (En los dos cuentos, sólo la -primera parte.) - -DOZON.--La Belle de la Terre, Cont. albanais, p. 35. - -KLIMO.--L’Oiseau de feu, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 265. - -PINAU, Les pommes d’or, Cont. pop. du Poitou, p. 1. - -RIVIÈRE.--Les trois frères. Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 234. -(Sólo el principio.) - - -18. LOS HIJOS DEL PESCADOR, O EL CASTILLO DE LA TORDERÁS - -COSQUIN.--Les fils du Pêcheur, t. I., p. 60. - ----- La Bête a sept têtes, Ib., p. 64 y notas págs. 66-81. - ----- La Reine des Poissons, t. II, p. 56. - -ANDREWS.--Les fils du Pêcheur (2 versiones), Cont. ligures, págs. 173 y -253. - -BASSET.--L’Ogresse et les deux frères, Nouveaux Contes berbères, p. 103 -y notas, págs. 304-326. - -BLADÉ.--Les deux Jumeaux, t. I, p. 277. - -BRAGA.--A. Torre de Babylonia, Cont. trad. do pov. port., p. 117. - -BRUEYRE.--La Fille de la Mer, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p. 84 y II -versión, p. 95. - -COELHO.--S. Jorje, Cont. pop. portuguezes, p. 120. - -ESPINOSA.--El Castillo de Irás y no Volverás, Ctos. pop. españoles, p. -289. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Velha Feiticeira, Hist. da Avósinha, p. 314 -(parecido remoto). - -LEGRAND.--Le petit rouget sorcier, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 161. - -MONNIER.--Le Magicien a sept têtes, Cont. pop. en Italie, p. 287. - -PINAUD.--Le Pêcheur, Cont. pop. du Poitou, p. 27. - -RIVIÈRE.--Les deux frères, Rec. de Cont. pop. de la Kabylie, p. 193. - - -19. EL COMPADRITO LEÓN, POTITO QUEMADO - -BAISSAC.--Le Lièvre et la Tortue au bord du bassin du roi, Le Folkl, de -l’Ile-Maurice, p. 2. (Episodio del mono que juega al naipe con el mono -de greda y que después, cuando lo golpea, se va pegando sucesivamente de -las manos, de los pies y de la cabeza.) - -ESPINOSA.--El Conejo y el Coyote, New Mexican Spanish Folk-Tales, págs. -419. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--O Macaco e o Moleque (La escena del mono de -greda), Hist. de Avósinha, p. 217. - ----- A Onça e a Raposa (Escena en que el Mono pregunta: “Agüita ¿te -beberé?), Hist. da Avósinha, p. 324. - -LENZ.--Cuento de un Zorro y un Tigre, Est. Araucanos, p. 189 y notas p. -315. - -LIRA, Carmen.--Tío Conejo y tío Coyote, Los Ctos, de mi tía Panchita, p. -152. - -MASON.--El Muñeco de brea, Porto-Rican Folk-Lore. Folk-Tales, p. 164. - -ROMERO.--O Macaco e o Moleque de cera, Cont. pop. do Brasil, p. 317. - - -21. CHILINDRÍN Y CHILINDRÓN - -BASSET.--L’adroit voleur, Nouveaux Cont. berbères, p. 149 y notas, p. -351. - -ESPINOSA.--Pedro di Urdemales, V, More Folk-Tales, p. 132. - ----- Los dos Ladrones, New Mexican Sp. Folk-Tales, p. 423. (Primer -episodio.) - -HUET.--Le conte du trésor pillé. (Le “Trésor du roi Rhampsinite”) dans -le Roman de Berinus. Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p. 208. - -LEGRAND.--Voleurs, par nature, Rec. Cont. pop. grecs, p. 205. Les deux -voleurs, Rev. de Trad. pop. t. XXVII, p. 323. - -LUZEL.--Le Voleur avisé, Cont. pop. de Bass.-Bretagne, t. III, p. -351.--Variante, p. 367. - -PADILHA.--Vicente o ladrão, Hist. do Arco da Velha, p. 393. - -PARIS.--Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite. - -PITRÈ.--Lu latru di Sicilia e lu latru di Napuli, t. III, p. 157. (Sólo -el episodio con que comienza el cuento chileno.) - ----- Mbroglia e Sbroglia, III, p. 205. - ----- Lu Muratori e sò figghin, III, p. 210. - -RIVIÈRE.--Les deux frères, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 13. - -SÉBILLOT.--El Rata de París y el de Madrid, Ctos. Bretones, p. 222. - - -22. JUAN VALIENTE, EL DE LA VAQUILLA - -ARTIN PACHA.--Souheim-el-Leyl, Cont. pop. de la Vallée du Nil, p. 201. - -GULCHOT Y SIERRA.--Mariquilla la Ministra, en Bibl. de las Trad. pop. -esp., t. I, p. 149 (Algunos episodios solamente.) - -MASON.--Juan y los bandidos, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales, p. 201. - -PINAU.--Louis Bernard, Les Cont. pop. du Poitou, p. 49. - - -23. LA SAPITA ENCANTADA - -ARTIN PACHA.--Les trois fils du Sultan, Cont. pop. de la Vallée du Nil, -p. 103. - -CARNOY.--Les trois chars, Contes français, p. 83. - ----- L’Aiguille, le Chien et la Princesse, Ib., p. 101. - -El Ranchero y sus tres hijos, Poblac. del Valle de Teotihuacán, p. 309. - -ESPINOSA.--La Princesa mona, Ctos pop. esp., p. 306. - -FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Gatinha branca, Hist. da Avósinha, p. 247. - ----- A Sapa casada, Ib. p. 320. - -LIRA, Carmen.--La Mica, Los Ctos. de mi tía Panchita, p. 46. - -LUZEL.--Le Bossu et ses deux frères, t. II, p. 123. - ----- La Princesse métamorphosée en souris, Ib., p. 134. - -PINAU.--La Chatte blanche, Les Cont. pop. du Poiton, p. 111. - -PITRÈ.--La Jimmuruta, t. I, p. 396 y Variante e riscontri, p. 399. - -MASON.--Pedro y San Pablo, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 166. - - -24. GALLARÍN Y EL GIGANTE - -COSQUIN.--Le roi d’Angleterre et son filleul, t. I, p. 32 y notas, -particularmente págs. 46 a 48. - ----- La Belle aux cheveux d’or, t. II, p. 290. - -CARNOY.--Les trois frères et le Géant, Litt, or. de la Picardie, p. 241. - -LUZEL.--La Princesse de Tronkolaine, t. I, p. 66. - ----- Le Perroquet Sorcier, t. II, p. 231. - ----- Le Capitaine Lixur ou le Satyre, t. II, p. 314. - -MONTIEL.--Marandénboné. Cont. soudanais, p. 115. - -PITRE.--Tridicini, t. I, p. 290 y Varianti e riscontri, págs. 295-297. - ----- Lu cuntu di na Riggina, t. I, p. 395. - -RIVIÈRE.--Amor Enneíç, Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 225. - -VINSON.--Malbrouc, Le Folkl. du Pays Basque, p. 80. (Parte de este -cuento corresponde al cuento chileno “El Cuerpo sin alma” y parte a -“Gallarrín”. - - -25. SALIR CON SU DOMINGO SIETE[P] - -Una versión de este cuento se publicó en Santiago en 1880 u 81, en las -columnas de El Nuevo Ferrocarril por el conocido escritor Pedro A. -PÉREZ, que suscribía sus trabajos con el seudónimo de KEFAS; otra, en la -Lira Chilena, año II, Núm. 26, de 25 de Junio de 1899, con el título de -Yuzfen y Mulet, o la Leyenda del Domingo Siete, por el escritor -ecuatoriano ARIAS SÁNCHEZ; otra, en 1891, en el diario La Nación, si mal -no recuerdo, por JUSTO ABEL ROSALES; una cuarta, el 2 de Noviembre de -1892, en El Colono de Angol, por CLEMENTE BARAHONA VEGA; una quinta, por -el mismo BARAHONA VEGA, en el Sur de Concepción, Núm. de 7 de Julio de -1895; y por fin, una sexta, recogida en Provenza por la señora SPERATA -REVILLO DE SAUNIÈRE, en el Núm. 310, de 26 de Octubre de 1914, de El -Peneca, de Santiago.--Cfr. además: - -BRUEYRE.--Légende de Knockgrafton, Cont. pop. de la Gr.-Bretagne, p. -206. - -CARNOY.--Les Lutins et les deux Bossus, Litt. or. de la Picardie, p. 18 -y notas p. 37. - -FRISON.--Le Bossu et les Korrigans, Cont. et Lég. du Morbihan, Rev. des -Trad. pop., t. XVII, p. 343. - -Les Djinns et les deux Bossus, Ib. p. 610. - -HAROU.--Les Bossus et les Nains (conte du Luxenbourg belge), Rev. des -Trad. pop., t. IX, p. 285. - ----- Les deux Bossus (conte du Grand Duché de Luxenbourg), Rev. des -Trad. pop., t. XXXI, p. 128. - -LUZEL.--Les deux Bossus et les Nains, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t. -II, p. 251. - ----- Les Danseurs de nuit (dos versiones), Ib., t. III, págs. 103 y 115. - -PALMA.--Salir con un Domingo siete, Trad. peruanas, t. IV, p. 34. - -PITRÈ.--Lu Scarparu e lu Diavuli, t. II, p. 94. - -RODRÍGUEZ MARÍN.--Nota 21, p. 318 del t. V del Quijote (ed. de 1916). - -SÉBILLOT.--Les Sorciers de Kuéa, Cont. des paysans et des pêcheurs, p. -305. - ----- Les Chats sorciers, Ib. p. 311. - ----- Los dos Gibosos, Ctos. Bretones, p. 252. - -SERÉ.--Les deux Bossus et l’Enchanteurese de Bourret, Rev. de Trad. -pop., t. VIII, p. 549. - -VINSON.--Les deux Bossus, Le Folkl. du pays Basque, p. 14. - - -26. LA LORITA ENCANTADA - -Esta conseja tiene estrecha relación con los numerosos cuentos, comunes -a todas las literaturas populares, en que figuran tres animales -agradecidos, generalmente un león, una hormiga y un ave, que se disputan -una presa, casi siempre un animal muerto, y que dan al que los pone de -acuerdo, un pelo o una uña, una pata y una pluma respectivamente, que le -permiten hacerse invisible, volar y desempeñar otras empresas -maravillosas, o tres hombres poseedores de talismanes que tienen el -mismo poder, de los cuales, por engaño, logra el héroe apoderarse. No -recuerdo haber encontrado en mis lecturas un cuento en que figuren tres -niñas en lugar de los tres animales o de los tres hombres; pero, en -cambio, son numerosísimos aquellos que terminan con el tema en que el -héroe o la heroína refieren que tenían un cofre cuya llave de oro se les -ha perdido y mandaron hacer una de plata, y no tan preciosa como la -otra, y que después han encontrado la primera, y preguntan cuál de las -dos deben preferir, etc. A los cuentos tan conocidos y numerosos en que -se encuentra este episodio, agregaré solamente los que siguen, -publicados en la interesante colección intitulada “Cuentos populares -españoles recogidos de la tradición oral en España... por Aurelio M. -Espinosa: - -Núm. 127, Cabeza de burro, p. 258; Núm. 128, El Castillo de Oropé, p. -260; y Núm. 130, El Lagarto de las siete camisas, p. 267. - -Y además: - - -COSQUIN.--Les dons des trois animaux, t. I, p. 166. - -----Fortuné, t. II, p. 128. - -LUZEL.--L’Hiver et le Rotelet, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, en las -págs. 245-246. - - -27. EL DIABLO Y EL CAMPESINO - -BLADÈ.--La Chèvre et le Loup, t. III, p. 159. - -BRAGA.--O Compadre diabo, Cont. pop. do povo portuguez, p. 75. - -CARNOY.--Saint Crépin et le Diable, Litt. orale de la Picardie, p. 62. - - -28. EL LEÓN Y EL HOMBRE - -BLADÈ.--Le Lion et Notre-Seigneur, Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p. -163. - -POBLETE, (Ronquillo).--La Palabra del Hombre, Cuentos del Domingo, IV -serie, p. 163. - - -29. LOS TRES HERMANOS QUE SALIERON A APRENDER A HABLAR - -CARNOY.--Les trois hommes à la barbe rousse, Litt. orale de la Picardie, -p. 264. - -KLIMO.--Le Diable et les trois garçons slaves, Cont. et Lég. de Hongrie, -p. 277. - -SÉBILLOT.--C’est nous autres, Messieurs, Litt. orale de la H.-Bretagne, -p. 110. - ----- Le sot seigneur et ses fils sots, Les joyeuses hist. de Bretagne, -p. 165. - - -30. LAS TRES GANGOSAS - -BRAGA.--As irmâs gagas, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 179. - -ESPINOSA.--Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 34, p. 144. - - -31. EL CAPÓN ASADO - -ESPINOSA.--Juan sin miedo, New Mexican Folk-Lore, III, Folk-Tales, p. -429. - - -32. EL VENDEDOR DE COQUITOS, Y 33. EL VENDEDOR DE PEQUENES. - -ESPINOSA.--Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 36, p. 144. - - -II PARTE.--MITOS, TRADICIONES, CASOS - - -3. LA CALCHONA - -VICUÑA CIFUENTES.--La Calchona, Mitos y Superst., págs. 21 y 334. - - -6. LA VIUDA - -CAVADA.--La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100. - -VICUÑA CIFUENTES.--La Viuda, Mitos y Superst., p. 92. - - -7. LA MUJER LARGA - -CAVADA.--La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100. - - -8. EL PIGUCHÉN - -CAVADA.--El Piuchén o Piguchén, Chiloé y los Chilotes, p. 102. - -VICUÑA CIFUENTES.--El Piguchén, Mitos y Superst., págs. 80 y 339. - - -13, 14, 15. LAS SIRENAS - -CAVADA.--La Pincoya, Chiloé y los Chilotes, p. 102. - -VICUÑA CIFUENTES.--Las Sirenas, Mitos y Superst., p. 85. - -17. LA LAGUNA DE PUDAHUEL (Nota sobre el Cuero, p. 239.) - -CAVADA.--La Manta, Chiloé y los Chilotes, p. 104. - -VICUÑA CIFUENTES.--El Cuero, Mitos y Superst. págs. 38 y 335. - - -19 A 31. HISTORIAS DE BRUJOS - -VICUÑA CIFUENTES.--Los brujos. Mitos y Superst., págs. 5 a 20. - - -23. EL HOMBRE QUE QUISO VOLAR - -ESPINOSA.--La bruja de Granada, Ctos. pop. españoles, p. 345. - ----- La bruja de Córdoba, Ib., p. 346. - - -36. TESOROS - -VICUÑA CIFUENTES.--Para descubrir y sacar los tesoros, Mitos y Superst., -p. 206. - - -39 A 43. EL DIABLO. PACTOS CON EL DIABLO - -VICUÑA CIFUENTES.--El Diablo, Mitos y Superst., págs. 47 a 52 y 196. - - -43. LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS - -LAVAL.--Las doce palabras redobladas, Orac., ens. y conj., p. 98. - ----- Contr. al Folk. de Carahue, 1.ª parte, p. 31. - -VICUÑA CIFUENTES.--Mitos y Superst., págs. 133 a 156, Núm. 36. - - -VINSON.--Les douze Mistères, Le Folkl. du Pays Basque, p. 11. - -De las obras extranjeras en que se trata de las doce palabras -redobladas, sólo mencionaré la de VINSON, porque el cuento vasco, en el -fondo, es el mismo chileno que me refirieron en Peñaflor. Las demás -están citadas en las notas comparativas que figuran en los libros -citados de VICUÑA CIFUENTES y LAVAL. - - - - -APÉNDICE II - - -VOCABULARIO de las palabras y frases que figuran en este libro con -acepción distinta de las que trae el Diccionario académico, o que no se -encuentran en él. - - -ACUERDO.--_Ponerse en acuerdo._ Vulg. Pensar. - -ACHOLADO.--Corrido, avergonzado. - -AGARRAR.--Tomar, asir, coger, aunque sea suavemente. - -AGUA.--_Ver_ uno _debajo del agua_. Ser muy astuto, habilidoso. - -ALCAYOTA.--Cidra cayote. - -ALELADO.--Asustado, admirado, embobado, extasiado. - -ALFILER.--_Alfiler de gancho._ Imperdible. - -ALTAZO.--aum., vulg. de alto. Muy alto. - -AMARRA.--Lazo corto, de cuero. - -ANIMAR.--Azuzar. - -APEROS.--Aparejo, 2.ª acep. - -APRETAR A CORRER.--Echar a correr. - -ATINGIDO.--Afligido. - -ATRACAR.--Vulg. Arrimar, allegar, encender, prender. - -AÚJERO.--Vulg. Agujero. - -AZUELAZO.--Golpe dado con la azuela. - - -BARRA.--Cepo, 3.ª acepc. - -BARROTE.--Barra de hierro, aunque no sea gruesa. - -BASTANTE.--Mucho. - -BOTAR.--Tirar, arrojar, tumbar. - -BOYA.--_Estar en la pura boya._ Estar de buena suerte; irle bien en -todo. - -BUEN DAR.--_Buen dar con lo tonto que soy._ ¡Vaya que soy tonto! - -¡BUENO EN!... Qué!... _¡Bueno en el hombre forzudo!_ ¡Qué hombre tan -forzudo! - - -CACHO.--Asta, cuerno. - -CALZONES.--Vulg. Pantalones. - -CAMPAÑISTA.--El que cuida de los animales vacunos y caballares en los -fundos grandes que tienen campaña. - -CÁÑAMO.--Bramante, guita. - -CAPACHITO.--Planta muy común, del género _Calceolárea_, que crece a -orillas de los arroyos. - -CAPITÁN.--_Donde manda capitán no manda marinero._ Refr. que aconseja -respeto, obediencia y sumisión a los superiores. - -CARA.--_Cara o sello._ Cara o cruz. - -CARÁFITA.--Interj. Cáspita. (De cáspita, caráspita). - -CARRETÓN.--Carro grande que sirve para el transporte de materiales. - -CASAS.--Dieces. (Del rosario.) - -CAUSEO.--Comida ligera compuesta generalmente de carnes fiambres, -emparedados, vino, etc. - -CAZUELA.--Guiso nacional muy estimado. La receta para hacerla se -encuentra en cualquiera de las numerosas ediciones de libros de cocina -impresos en el país. - -CEBAR (el mate).--Prepararlo, poniendo en la vasija en que se toma, la -yerba y el azúcar necesarios y demás ingredientes que suelen echársele, -como hojas de cedrón, cáscaras de limón o de naranja, etc. En Chile el -mate se toma con azúcar. - -CEQUIÓN.--Aum. de _cequia_=acequia. Acequia ancha que arrastra gran -caudal. - -CIERTO.--Alguno. - -CIGARRO.--Cigarrillo. - -CINCO.--Moneda de plata (últimamente las hacen de níquel), que vale -cinco centavos de peso. El peso tiene cien centavos. - -CLARA.--_Claras del día._ La hora de amanecer. _Con las claras._ Al -amanecer. - -COBIJA.--Vulg. Frazada, manta de la cama. - -COGOLLO.--La copa de los árboles. - -COLA.--_Ir, salir, arrancar con la cola entre las piernas._ Es la fr. -española _Ir, salir, rabo entre piernas_. - -CONDENADO.--Malvado. _Como un condenado._ Mucho, en abundancia. - -CONTESTA.--Vulg. Contestación. - -CONTIMÁS.--Vulg. Cuantimás; tanto más cuanto. - -CONTRA.--_Dar la contra._ Contradecir, molestar, llevar la contraria. - -CORDILLERA.--La Cordillera es, por antonomasia, la de los Andes. - -CORRENTOSO.--Dícese del río o acequia que tiene mucha corriente. - -CORRETEAR.--Vulg. Correr. - -COSA.--_Las cosas de usted._ Qué cosas tiene usted. _¡Buena cosa!_ -Exclamación con que se expresa admiración, sentimiento o desagrado. - -COSTALEARSE.--Golpearse, cayéndose al suelo. - -CRISTO.--_Sin cristo._ Sin dinero; sin un centavo. - -CUAIRA.--Vulg. Cuadra. - -CUECA.--Zamacueca, baile popular chileno, pero no el que describe el -Diccionario de la Academia, pues no tiene nada de ridículo, ni lo bailan -los indios, ni los zambos, ni los chuchumecos. - -CUERPO.--_Sacar el cuerpo._ Desviarlo. - -CUNDIDOR.--Ligero, rápido. - -CURADO.--Ebrio, embriagado. - - -CHAMIZA.--Chamarasca, támaras. - -CHANCHA.--_Hacer la chancha._ Hacer novillos. - -CHAPA.--Cerradura. - -CHAPE.--Vulg. Trenza. - -CHARQUI.--Tasajo; carne cortada en grandes trozos delgados, salada y -secada al sol. - -CHARQUIAR.--Cortar la carne en grandes trozos muy delgados para secarla -al sol y hacer charqui. - -CHAUCHA.--Voz con que vulgarmente se nombra a la moneda de veinte -centavos de peso. - -CHEPA.--Josefa, Josefina. - -CHIQUITITO.--Dim. de _chiquito_. - -CHOCLO.--La mazorca del maíz. - -CHICHOCA.--Vulg. _Chuchoca_. Maíz cocido y después secado al sol. En la -cazuela se pone molida. - -CHUECA.--_Sacarla chueca._ Irle mal a uno en cualquier asunto. - -CHUPETADA.--Vulg. Chupada. - -D. En el lenguaje vulgar no se pronuncia sino raramente al principio de -palabra (icir = decir). No suena en las terminaciones _ado_, _ada_, -_edo_, _eda_, _ido_, _ida_, _odo_, _oda_, _udo_, _uda_ (_pescao_, _ca_ o -_caa_, _mieo_, _alamea_, _perdío_, _salía_, _to_ o _too_, _moa_, -_embúo_, _pelúa_); en medio de dicción, entre dos vocales (aonde = -aonde); ni al fin de palabra (_majestá_, _mercé_). Se pronuncia antes de -diptongo y después de la concurrencia de dos vocales de las cuales la -segunda es débil (Dios, deuda, Aída, Adelaida = Aelaida, cadáuno = cada -uno). Hay algunas excepciones. - -DEBAJUJO.--_Por debajujo._ En voz baja. - -DEDO.--_Dejarse_ uno _meter el dedo en la boca_. Hacer disparates, -tonterías; dejarse engañar. - -DEJAR.--_Te has dejado decir._ Te has atrevido a decir. - -DE LO QUE.--Vulg. Porque. _De lo que no había comido._ Porque no había -comido. - -DESENGRASO.--Vulg. Postre. - -DESPACITO.--Dim. de _despacio_. En voz baja. - -DESPACHERO.--Dueño o administrador de un _despacho_, o sea tienda de -comestibles. - -DIABLO.--_Así paga el diablo a quien bien le sirve._ Fr. muy usada que -se emplea para quejarse de los ingratos. - -DIANTRE.--_Como un diantre._ Como un diablo. - -DIEZ.--Moneda de plata que vale diez centavos de peso. - -DIMINUTIVOS.--En Chile se abusa de los diminutivos. Una señora que se -llama Mercedes es Merceditas, aunque tenga 60 años o más. Un niño chico -es chico, chiquito, chiquitito, chiquitín, chiquirritín, chiquirritito, -chicoco, chicoquito, rechico, requetechico, etc. Un mendigo pide de -limosna un cinquito, un diececito, una chauchita, que, diminutivos o no -diminutivos, siempre son cinco centavos, diez centavos, veinte centavos. - -DIOS.--_Dios, sin ser vaquero, todo lo rodea._ Enseña que Dios dispone -las cosas de modo que resulten bien. - -DONDE.--A casa de... En casa de... Con lo que... - - -ECHARLAS.--Partir, salir. - -EMPASTADO.--Que tiene pasto. - -ENDENANTES, DENANTES y ENENANTES.--Antes, hace poco. - -ENDILGAR.--Vulg. Dar, dirigir, ir, andar. - -ENSIMISMAMIENTO.--Abstracción. - -EN UNA DE ÉSTAS.--En esto. - -ENVELARLAS.--Huir, correr. - -ESCONDIDAS (A las).--Al escondite, juego de muchachos. - -ESPANTO.--_Estar_ uno _curado de espantos_. No asustarse ni de nadie ni -de nada. - -ESPERMA.--Estearina.--_Vela de esperma._ Vela de estearina. - -ES QUE.--Muletilla que puede suprimirse sin menoscabar el sentido de la -frase en que se encuentra. _Es que le dijo_ = le dijo. - -ESTANTINO.--Vulg. Intestino. - - -FACHA.--_Ponerse en facha._ Prepararse para hacer una cosa. - -FALTE.--Buhonero. - -FIERRO.--Hierro. En Chile sólo se usa la voz _hierro_ cuando se habla de -productos químicos o farmacéuticos: _Carbonato de hierro_, -_sesquibromuro de hierro_, _jarabe de hierro y quinina_, _hierro -yodatánico_; sin que falten personas que en estos casos también digan -_fierro_. - -FIESTA.--_Estar la fiesta que se arde._ Estar muy buena, haber en ella -mucha alegría, y comida y bebida en abundancia. - -FLACUCHENTO.--dim. desp. de flacucho. - -FONDO.--Caldera grande. - -FREGAR.--Molestar. - -FRITO.--Jorobado, molido, desazonado, arruinado, perdido. - -FUEGO.--_Hacer el fuego._ Encender carbón o leña. - -FUERTE.--_Fuerte y feo._ Mucho y con fuerza. - -FUTRE.--_Salirle el futre_ a uno. Dar con la horma de su zapato. - - -GANÁRSELA a uno.--Vencerlo. - -GARROTERO.--El que ataca a otro a garrotazos. - -GUACHITO.--V. Huachito. - -GUACHO.--V. Huacho. - -GUAIRAO.--Ave nocturna de la familia de las zancudas. _Ardea naevia._ - -GUARGÜERO.--Garguero. - -GUATA.--Estómago, barriga. - -GUÍA.--Guía de la mañana. El lucero del alba. - - -HABILOSO.--Habilidoso. - - -HABLAR.--_Ser bien hablado._ Ser atento, bien educado; hablar -correctamente. - -HARTAZO.--Aum. de _harto_. Mucho. - -HEBRA.--_Por la hebra se saca el ovillo._ Es el refr. español _Por el -hilo se saca el ovillo_. - -HO.--Vocativo vulgar de _hombre_. - -HOMBRE.--_El hombre prepara y Dios dispara_ se dice por donaire en vez -de _El hombre propone y Dios dispone_. - -HUACHITO.--Dim. de _huacho_. Mansito. - -HUACHO.--Hijo ilegítimo; hijo que ha perdido a sus padres; animal que se -aquerencia en una casa y anda libremente por toda ella. - -HUERTA.--Huerto. - - -INDINO.--Vulg. Indigno. - -INQUILINO.--Trabajador que vive en un fundo rústico, en que se le da -habitación y un pedazo de terreno, en pago de lo cual se le exige -trabajo en beneficio del patrón. - - -JAZMÍN.--_Vengan esos cinco jazmines._ Fr. fam. con que se solicita la -mano de una persona para saludarla o felicitarla. - -JOTE.--Especie de buitre, que se alimenta de animales muertos. -_Cathartes aura, vultur aura._ - -JUAR.--Vulg. Jugar.--_Por juar._ En broma. - -JUNTA (puerta junta).--Entornada. - - -LACILLO.--Lazo de cuero con que se asegura la carga a los animales. - -LECHAR.--Ordeñar. - -LESERA.--Tontería, inocentada. - -LORO, RA.--Vulg. _Lora_. Ave muy común, de plumaje verde que repite -fácilmente las palabras o frases que se le enseñan. _Psittacus -cyanolysos._ - -LUCHE.--Alga marina comestible.--_Ulva luche._ - -LUZ.--_No haber luces_ de una cosa. No verse, no distinguirse. - - -MACHOTE.--_A machote._ Muy bien cerrado. - -MAJESTAD.--_Su Sacarrial Majestad._ Su Sacra y Real Majestad. - -MAMITA.--Vulg. Madre; abuela. También se da este tratamiento, por -cariño, a cualquiera anciana. - -MANDAR.--Dar. - -MANITO.--Dim. de _mano_. Manita, manecita. - -MANJAR BLANCO.--Dulce que se hace con leche, azúcar y vainilla o alguna -otra especia. - -MANO.--_El que manda manda y mano a la cartuchera._ Refr. que aconseja -obediencia al superior. - -MARAVILLA.--Planta compuesta, de las _Cinanterías_. _Heliantus annus._ - -MAS.--Otro, en frases como ésta: No tuvo _mas_ remedio que... - -MEDIO.--Grande. - -MEJOR.--_Ser el mejor_. Ser el más hermoso, el más bueno, entre varios. - -MIÉCHICA.--Vulg. Mierda. - -MIÑIQUE.--Meñique. - -MÉTALE.--Expr. vulg. que se emplea para asentir: _bien_, _está bien_. - -METERSE.--Mezclarse. - -MOLEDERA.--Vulg. Porquería, mierda. - -MONTÓN.--Mucho. - - -NA.--Nada. - -NO.--_En la de no._ Sino, si no, de lo contrario. - -NO MÁS.--Locución que puede suprimirse generalmente sin que la frase en -que se encuentra pierda su sentido, aunque a veces se emplea para dar -más fuerza a una afirmación. - -NUNQUITITA.--Dim. de _nunquita_, que a su vez lo es de _nunca_. - - -ÑATO.--Chato. - -ÑO, ÑOR.--Vulg. Señor. - - -OREJÓN.--Rebanada de membrillo secada al sol. - -ORTIGA CABALLUNA.--Ortiga común en el país, cuyos pelos urticarios son -largos y muy punzadores. _Urtica magellanica._ - -ORTIGA CUYANA.--_Ortiga caballuna._ - -ORUJO.--_Sacarle el orujo_ a uno. Molestarlo, castigarlo, maltratarlo a -golpes. - - -PARARSE.--Levantarse uno de su asiento; ponerse en pie. - -PARED.--_Las paredes tienen oídos y los matorrales ojos._ Encarece el -cuidado que debe tenerse al hablar o al ejecutar cualquiera acción, pues -suele suceder que haya testigos, sin que uno se dé cuenta. La Academia -trae las expresiones: _Las paredes oyen_, _Las paredes tienen ojos_. - -PARTE.--_Echar_ a uno _a buena parte_. Eufemismo, por decirle que se -vaya a la m... - -PATA.--Vulg. Pierna, pie. - -PATIFRÍO.--Sorprendido, admirado, asustado. - -PAVO.--Tonto. - -PEÍTO.--Dim. de _peo_, nombre que en Chile se da vulg. al _pedo_. - -PELADERO.--Sitio llano, sin vegetación. - -PELADO.--Sin nada. - -PELOTEARSE una cosa.--Vulg. Peleársela, arrebatársela de las manos. - -PENSIÓN.--Tristeza, pena. - -PEPA.--Josefa, Josefina. - -PEQUÉN.--Ave carnívora, _Strix cunicularia_.--Especie de empanada, con -un poco de cebolla, grasa y ají, en el interior. - -PEQUENERO.--Vendedor de pequenes. - -PESCADO.--Sólo por excepción se emplea en Chile la voz _pez_, que jamás -usa el vulgo. - -PICANA.--Aguijada. - -PICANEAR.--Aguijonear. - -PIE.--_Echar pie atrás._--Afirmarse, prepararse para pelear. - -PIE DE CABRA.--Artificio compuesto de tres palos fuertemente atados en -la parte superior y que descansan en el suelo formando trípode; el -espacio entre los tres palos se llena de grandes piedras o de sacos de -arena. Varios de estos aparatos colocados uno al lado de otro, forman -una especie de tajamar que se emplea para desviar la corriente de los -riachuelos, arroyos, _cequiones_ (acequia ancha que arrastra gran -caudal). - -PIEIRA.--Vulg. Piedra, guijarro. - -PILLARSE (AL).--Juego en que un muchacho persigue a otros que huyen de -él, hasta que logra coger a uno. - -PIMEO.--Vulg. Pigmeo. - -PISADA.--_Sin perder pisada._ Seguirle los pasos a uno. - -PLANTADO.--_Bien plantado._ Elegante. - -POLLERA.--Saya, falda. - -POTO.--Trasero, culo. - -PRENDEDOR.--Alfiler de corbata. - -PUS.--Vulg. Pues. - - -QUILTRO.--Perrillo ordinario, gozquejo. - -QUITE.--_Hacer un quite._ Desviar el cuerpo. - -QUIZÁS.--Conforme con su etimología, es como si se dijera _Quién sabe_. - - -RATÓN.--Rata. - -RE.--(_Refuerte etc._). La partícula _re_ antepuesta a un adjetivo y -acompañada de _bien_, _tan_, _tan bien_, _muy_, sirve al vulgo para -expresar el grado superlativo. - -REINATO.--Vulg. Reino. - -REMOLER.--Jaranear. Divertirse bebiendo con exceso y bailando cueca al -son de arpa y guitarra. - -REPELARSE.--Sentir pesar, con rabia. - -REPENTE.--_De un de repente._ Vulg. De repente. - -REQUETE.--Desempeña el mismo oficio que la partícula _re_. V. Re. - -RESUELLO.--_De un resuello._ De una vez, sin descansar, sin hacer -ninguna pausa. - -ROTO.--_Nunca falta un roto para un descosido._ Que fácilmente encuentra -uno su pareja. - - -SALTIAOR.--Vulg. Salteador. - -SAPO ARRIERO.--(No he encontrado quien me explique qué clase de sapo es -éste). - -SAZONAR.--Poner a los guisos la sal necesaria para que queden con buen -sabor. - -SEMILLERO.--Gran cantidad, multitud. - -SEÑOR.--_Muy sí, señor._ Muy campante. - -SERÓN DE CUERO.--Ant. Mitad del cuero desecado de un animal vacuno, que -conserva su forma convexa. - -SUMA.--Cantidad. - -SUSPIRO.--_En un suspiro._ En un momento, en breve tiempo. - -SUSTO PADRE.--Susto muy grande. - - -TAITA.--Vulg. Padre. También se da este tratamiento, por cariño, a -cualquier anciano. - -TAMAÑAZO.--Aum. de _tamaño_. Tan grande. - -TAMIÉN.--Vulg. También. - -TENCA.--Avecita cantora muy común. _Mimus thenca._ - -TIERRA.--_Rodar tierras._ Viajar, salir a buscar aventuras. - -TINCAR.--Presentir. - -TIRO.--_Al tiro_; _al tirito_. Al punto, inmediatamente. - -TOÍTO; TOITITO.--Todito, dim. de _todo_. - -TOMAR.--Beber vino u otro licor alcohólico. - -TORTILLA.--Pan sin levadura cocido al rescoldo. - -TRANQUEAR.--Vulg. Andar de prisa y a pasos largos. - -TUTO.--Vulg. Pierna de ave. - - -ULPO.--Bebida hecha con harina de trigo tostado, agua fresca y azúcar. - -ULTIMO.--_Hasta el último._ Por fin. - -UNO.--_Donde hay uno hay otro._ Expr. fam. con que se denota que -fácilmente se encuentra una persona con las mismas cualidades de saber, -valor etc., que otra. - - -VÁMOLOS.--Vulg. Vámonos. - -VARILLA, VARILLITA.--Dim. de _vara_, voz esta última que no se usa sino -cuando se trata de la medida de longitud que tiene m. 0.836. - -Verbos en EAR. El vulgo cambia esta terminación en IAR: _apiarse_, _me -apié_, _apiémonos_. - -VERSO.--Vulg. Estrofa. - -VIDA.--_Pasar la gran vida._ Vivir rodeado de toda clase de -comodidades.--_Tener_ uno _la vida de los gatos_. Es el refr. español -_Tener siete vidas como los gatos_. - -VIEJANCÓN.--Vulg. Vejancón. - -VOS.--Vulg. Tú. - -VUELTA.--_A la vuelta de la esquina_, vulg. Muy cerca. - - -YERBA, YERBAMATE.--Mate. - - -ZARZAMORA.--Es la zarza española. Al fruto le llamamos mora. - -ZUMBARLE a uno una cosa.--Vulg. Disparársela. - - - - -INDICE - - -I PARTE. CUENTOS MARAVILLOSOS, CUENTOS DE ANIMALES, ANÉCDOTAS. - - Págs. - -1. El Soldadillo 5 - -2. El Pescadito Encantado 12 - -3. Delgadina y el Culebrón 17 - -4. La Tenquita 26 - -5. El Gallito 29 - -6. La Tortilla o el Canarito Encantado 32 - -7. El Rey tiene cachito 43 - -8. El Cuerpo sin alma 46 - -9. La Huachita Cordera 51 - -10. Las siete Ciegas 58 - -11. El Miñique 66 - -12. Los tres Consejos 72 - -13. El Loro Adivino 80 - -14. El Medio-Pollo 93 - -15. El Barco de los tres hachazos 99 - -16. Hermosura del Mundo, o el Castillo de los tres azuelazos 109 - -17. El Arbol de las tres Manzanas de oro 132 - -18. Los Hijos del Pescador, o el Castillo de la Torderás, irás y no -volverás 142 - -19. El Compadrito León, potito quemado 154 - -20. El Miñaco 166 - -21. Chilindrín y Chilindrón 169 - -22. Juan Valiente, el de la Vaquilla 179 - -23. La Sapita encantada 183 - -24. Gallarín y el Gigante 190 - -25. Salir con su domingo siete 201 - -26. La Lorita encantada 203 - -27. El Diablo y el Campesino 208 - -28. El León y el Hombre 210 - -29. Los tres hermanos que salieron a aprender a hablar 218 - -30. Las tres Gangosas 219 - -31. El Capón asado 220 - -32. El Vendedor de coquitos 221 - -33. El Vendedor de pequenes 222 - -34. El Cuento de los tres difuntos 222 - -35. El Sacristán que habla a los fieles 223 - -36. Por qué el Jote tiene la cabeza y el cogote sin plumas 223 - -37. Las tres mentiras 225 - -38. El Pequén y el Sapo 226 - -39. El Guairao y el Sapito 227 - -40. Los Guairaos y el Sapo 228 - - -II PARTE. MITOS, TRADICIONES, CASOS. - -1. El Chanchillo 231 - -2. El Chumaco 232 - -3. La Calchona 232 - -4. Otra versión 233 - -5. Otra versión 233 - -6. La Viuda 234 - -7. La Mujer larga 235 - -8. El Piguchén 235 - -9. La Cuca 235 - -10. El Cabro viejo 236 - -11. El Hombre tigre 236 - -12. El Peral encantado 237 - -13. La Sirena del río Cato 237 - -14. La Sirena de Aculeo 237 - -15. La Laguna de Taguatagua 238 - -16. La Cueva de la Niña 238 - -17. La Laguna de Pudahuel 239 - -18. La Laguna de las tres Pascualas 240 - -19. La Cueva de la Mula 241 - -20. La Rana castigada 241 - -21. La Rana vengativa 242 - -22. La Cueva de las Cardillas 242 - -23. El hombre que quiso volar 243 - -24. El Falte brujo 244 - -25. Los brujos de Peumo 244 - -26. La aparición de la culebra 246 - -27. El Comerciante convertido en burro 246 - -28. El Caballero que quiso aprender a brujo 247 - -29. El Zapatero que se volvía gallo 249 - -30. La Rosa de las Monjas Claras 252 - -31. El Caballero que fué transformado en caballo y después en pavo 253 - -32. El Cabro de la calle de Bueras 256 - -33. La Niña de los grandes ojos 257 - -34. Las Sombras 257 - -35. El Risco del Arriero 258 - -36. Tesoros. El entierro del naranjo 259 - -37. Los dos Viajeros 260 - -38. El Clérigo 261 - -39. El Niño dentudo 262 - -40. El Diablo bailarín 263 - -41. El Hijo del Diablo 263 - -42. El Diablo generoso 265 - -43. Las doce palabras redobladas 267 - - -Bibliografía 275 - -Notas comparativas 277 - -Vocabulario 294 - -Indice 303 - - -NOTAS: - -[A] El vocabulario de los chilenismos que se encuentran en estos cuentos -y las notas comparativas, irá al fin de la colección. - -[B] Aquí se nombra a cualquiera de las personas que escuchan el cuento. -Esta es una de las muchas fórmulas que se usan para comenzar estas -narraciones y pertenece a las _con chacharachas_ o _matutines_, nombres -que se dan a la retahila de palabras y expresiones sin sentido, que -contienen. Véase el anexo II de mis cuentos de Carahue. - -[C] Es de regla decir de una sola tirada, sin descansar ni tomar -aliento, las quejas de la Tenquita. - -[D] En este cuento se han transcrito las mismas palabras empleadas por -la González al narrarlo, pero no como las pronunciaba. Quien quiera -imponerse de la pronunciación de la narradora, vea el número de Abril de -1909, T. XXXII, F. 526 a 538, de la _Revista de Derecho, Historia y -Letras_, de Buenos Aires, en que se publicó con grafía fonética, y -comentarios. - -[E] ¿El Meñique? - -[F] Quedó muerto, hecho una bolsa de huesos, informe. - -[G] Lo que se presuma de literario en esta versión, seguramente que no -es adorno superior a las descripciones, reflexiones y formas pintorescas -que daba Liberona a la narración. Pueda ser que algunas haya yo -cambiado, por olvido de los originales; pero no son invenciones mías, -sino reflejos borrosos ya, por los cuarenta años transcurridos, pero -fieles representantes de la impresión causada por el cuento en un niño -de 13 años.--R. RENGIFO - -[H] El maestro Tránsito, que sazonaba sus cuentos con comentarios más o -menos sabrosos, agregó lo que sigue: - -“Una ocasión estaban varios trabajadores reunidos después del trabajo y -entre ellos había uno que era calvo y lampiño; y otro que se las daba de -poeta le dijo: - - “Al amigo Pedro Antonio - le ha pasado lo que al Jote: - por comer la mejor presa, - perdió toda la cabeza - y se le peló el cogote. - -“Lo que ha quedado por refrán y se les dice a los que son faltos de -pelo”. - -[I] El _Cuero_ o _Manta_ es una especie de piel o tela gruesa extendida -en el fondo de los ríos y lagunas, que atrae a las personas, animales y -pequeñas embarcaciones tripuladas que pasan a su alcance. La simple -vecindad de cualquier ser viviente le irrita y se levanta y se recoge -asiendo entre los pliegues que forma con sus movimientos al que ha -tenido la desgracia de acercársele y que irremisiblemente perece -ahogado. El Cuero o Manta se alimenta de sus víctimas. (R. F.) - -[J] Huelga la explicación de haber muerto reventado nuestro carpintero, -pues seguramente acostumbraría él gastar su paga semanal divirtiéndose -en casa de algunas familias pobres de esos lugares, en que se prodigaría -el licor, como acostumbra hacerlo nuestro pueblo en reuniones de esa -especie. El que se sobrepasara atrevidamente en alguna de esas -remoliendas: el que perdiera la vida y le pasara casual o -intencionalmente una carreta por encima, es cosa nada extraña en tiempos -y en campos como aquellos. - -Este cuento de brujos y muchos otros, ciertamente habrán servido para -encubrir o disculpar un asesinato ante los campesinos o gentes -crédulas.--_R. Rengifo._ - -[K] Pueblecito del departamento de Victoria, provincia de Santiago, en -el cual es fama que ha habido muchos brujos, y, según algunas personas, -todavía los hay. - -[L] Véase pág. 234, Núm. 6. - -[M] Nombre vulgar del _Dafila spinacauda_. - -[N] Esta leyenda me fué referida en 1910, pero no tomé nota del nombre -de la persona que me la contó. Igual observación debo hacer respecto de -las que no tienen noticias sobre los informantes y aquellas en que -simplemente indico el año en que me fueron contadas. - -[O] Como en los Cuentos populares de Carahue, y por las razones que ahí -se expresan, comienzo por citar primeramente a COSQUIN, siempre que en -sus Contes populaires de Lorraine haya cuentos que tengan relación con -los que se publican en este volumen. - -[P] De este cuento procede la frase fam., tan común en Chile y en otros -países hispanoamericanos, _salir con su Domingo siete_, que se aplica a -los que dicen o hacen cosas fuera de razón, MEMBREÑO (Hondureñismos, 3.ª -ed., p. 70) atribuye este dicho a que «el domingo nunca ha sido el -séptimo día de la semana», y, por tanto es lógico decir que DOMINGO -SIETE significa «despropósito, disparate». «El Diccionario de la -Academia y con él los demás Diccionarios, cuando afirman que el domingo -es el primer día de la semana, no hacen más que consignar un hecho -reconocido desde hace siglos.» - - - - - - - - -End of Project Gutenberg's Cuentos populares en Chile, by Ramón A. Laval - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS POPULARES EN CHILE *** - -***** This file should be named 63424-0.txt or 63424-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/3/4/2/63424/ - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images available at The Internet Archive) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. 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Laval - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Cuentos populares en Chile - -Author: Ramón A. Laval - -Release Date: October 10, 2020 [EBook #63424] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS POPULARES EN CHILE *** - - - - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images available at The Internet Archive) - - - - - - -</pre> - - -<div class="c"> -<img src="images/cover.jpg" height="550" alt="" /> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_1" id="page_1">{1}</a></span> </p> - -<p class="c">REVISTA DE FOLKLORE CHILENO<br /> -Tomo IX.—1923</p> - -<hr class="dbl"/> - -<h1><span class="sans">CUENTOS<br /> -POPULARES EN CHILE</span></h1> - -<p class="cb"><span class="sans">(recogidos de la tradición oral)<br /><br /> -<small>POR</small><br /><br /> -<big>RAMON A. LAVAL</big></span></p> - -<p class="cb"><small>Socio fundador<br /> -de la Sociedad de Folklore Chileno y de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía,<br /> -Miembro Correspondiente de la Real Academia de la Historia,<br /> -Membre de la Société des Traditions Populaires<br /> -et de la Société des Américanistes de Paris, Socio correspondiente da Sociedade<br /> -de Geographia de Rio de Janeiro.</small><br /><br /><br /> -<br /><br /><br /> -SANTIAGO DE CHILE<br /> -IMPRENTA CERVANTES<br /> -<span class="smcap">Moneda</span>, 1170<br /> -1923</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">{2}</a></span> </p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">{3}</a></span> </p> - -<p style="border:3px double gray;padding:.2em; -margin:1em auto;max-width:10em;" class="cb"> -<a href="#INDICE">AL ÍNDICE</a> -</p> - -<h2>I PARTE<br /> -<br /> -Cuentos maravillosos, Cuentos de<br /> -animales, Anécdotas.<br /></h2> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">{4}</a></span> -<span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">{5}</a></span></p> - -<h2><a name="Cuentos_populares_en_Chile_recogidos_de_la_tradicion" id="Cuentos_populares_en_Chile_recogidos_de_la_tradicion"></a> Cuentos populares en Chile, recogidos de la tradición -oral<a name="FNanchor_A_1" id="FNanchor_A_1"></a><a href="#Footnote_A_1" class="fnanchor">[A]</a></h2> - -<h2><a name="num1-1" id="num1-1"></a>1. EL SOLDADILLO.</h2> - -<p>El Soldadillo se estaba aburriendo en su casa y se le puso en la cabeza -salir a rodar tierras, por ser hombre y por saber.</p> - -<p>Salió, pues, un día, llevando al hombro unas alforjas muy bien provistas -y un buen cuchillo asegurado a la cintura.</p> - -<p>Después de haber andado unas cuantas horas, en un camino apartado se -encontró con un hermoso joven, elegantemente vestido. El Soldadillo, que -era hombre bien hablado, se sacó su gorra y saludando con todo respeto, -preguntó:</p> - -<p>—¿A dónde va, mi señor? Si lo puedo servir en algo, estoy a sus -órdenes.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">{6}</a></span></p><p>El Príncipe, porque el joven era hijo de Rey, le contestó:</p> - -<p>—Si quieres acompañarme, te daré buen sueldo; el sirviente que traía se -me perdió en el camino, y necesito de una persona que me ayude; pero ésa -ha de ser muy valiente, porque nos hemos de ver quizás en qué peligros.</p> - -<p>—Su mercé, respondió el Soldadillo, tal vez haya oído hablar de su -servidor, porque yo he peleado en todas las batallas que ha dado Su -Sacarreal Majestad el Rey su padre, y siempre me porté con valor y nunca -volví la espalda al enemigo. Juan me llamo, señor, y por sobrenombre me -dicen el Sordaíllo.</p> - -<p>—¡Con que tú eres, hombre, el mentado Soldadillo! No he podido -encontrar mejor compañero; he andado con suerte; desde luego te tomo a -mi servicio.</p> - -<p>Siguieron andando los dos, más que como patrón y sirviente, conversando -como amigos. El Príncipe le contó cómo se había enamorado, por un -retrato que había visto, de la más linda princesa del mundo, a quien -andaba buscando: estaba encantada y nadie sabía en donde se hallaba.</p> - -<p>El Soldadillo le prometió ayudarlo en todo y no dejarlo mientras no -dieran con la princesa, y hasta dejarse matar por él, aunque—le -dijo—todavía no ha nacido quien se atreva a tocarme un pelo.</p> - -<p>Siguieron andando y andando, y hacía ya muchos días que iban por el -mismo camino, cuando encontraron a un hombre que se ejercitaba en dar -saltos muy grandes. El Soldadillo le preguntó:</p> - -<p>—¿Cómo te llamáis, ho?</p> - -<p>—Yo me llamo—contestó el hombre—Saltín, Saltón, hijo del buen -Saltaor.</p> - -<p>—¿Y en qué te ocupáis, hó?</p> - -<p>—En saltar, pus, ñor; y pueo dar saltos de más de dos cuairas, pus, -ñor.</p> - -<p>—Este hombre nos conviene—le dijo el Príncipe al -Soldadillo;—pregúntale si quiere entrar a mi servicio.</p> - -<p>Entonces el Soldadillo le dijo al hombre:</p> - -<p>—¿Por qué no te venís con nosotros?<span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">{7}</a></span></p> - -<p>—Si me dan buena paga, me voy con ustedes.</p> - -<p>Y Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, se fué con ellos.</p> - -<p>Siguieron andando y andando, y más adelante toparon con un hombre que se -llevaba tranqueando de arriba para abajo, a grandes pasos, y que no -descansaba ni un momento.</p> - -<p>—¿Cómo te llamáis, ho?—le preguntó el Soldadillo; y el otro le -contestó:</p> - -<p>—Yo me llamo Andín, Andón, hijo del buen Andaor.</p> - -<p>—¿Y en qué trabajáis, vos?</p> - -<p>—En andar, pus, ñor; ese es mi oficio; porque yo soy lo mesmito que el -Judío Errante, que me canso cuando me siento; y aemás soy muy forzúo, y -me los pueo echar a toos ustees al hombro y llevarlos aonde ustees me -igan; porque han de saber que soy nieto de Carguín, Cargón, hijo del -buen Cargaor, y que hei sacao las juerzas de mi agüelo.</p> - -<p>—Este hombre nos conviene—le dijo el Príncipe al -Soldadillo;—contrátalo a ver si quiere servirme.</p> - -<p>Entonces el Soldadillo le dijo al hombre:</p> - -<p>—¿Por qué no te venís con nosotros? Te daremos buena paga.</p> - -<p>—Métale, pus, ñor—contestó Andín, Andón, hijo del buen Andaor; y para -probarles que era cierto lo que les había dicho acerca de las fuerzas -que tenía, agarró a los tres compañeros en sus brazos y siguió cargado -con ellos, como si tal cosa.</p> - -<p>Bien les vino a los pobres, porque estaban muy cansados.</p> - -<p>Así anduvieron por tres días, hasta que encontraron a un hombre sentado -en la tierra, que con una mano rodeaba una de sus orejas, como para -escuchar mejor. El Soldadillo le dijo:</p> - -<p>—¿Qué hace ahí, mi amigo? ¿se puede saber?</p> - -<p>—Como nó—le contestó el hombre:—estoy oyendo a una niña que está -encerrada siete estados bajo tierra llorando sin consuelo y quejándose -de que la tienen encan<span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">{8}</a></span>tada. En este momento, dice: ¿Qué será del Rey, -mi padre? ¡Cómo llorará mi madre! ¡Cuándo vendrá el príncipe que ha de -libertarme!</p> - -<p>El Príncipe no dudó que la princesa encerrada era la que él buscaba, e -inmediatamente preguntó al hombre:</p> - -<p>—¿Cómo te llamas tú?</p> - -<p>—Yo me llamo, señor—le contestó—Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor.</p> - -<p>—Vente conmigo y te pagaré bien—le dijo el Príncipe.</p> - -<p>—Eso quisiera yo—le dijo Oidín—porque estoy sin empleo.</p> - -<p>Y Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor, pasó a ocupar su lugar al apa de -Andín, Andón, hijo del buen Andaor.</p> - -<p>Siguiendo las indicaciones de Oidín, que a cada rato hacía que Andín se -parara, para escuchar mejor, se metió Andín con su carga por un bosque -muy tupido, llegando una noche, al cabo de siete días de marcha, frente -a un castillo. Dieron seis vueltas alrededor de él, sin encontrar puerta -alguna; sólo veían una fila de ventanas, todas alumbradas, pero muy -altas y defendidas por gruesos barrotes de fierro. A la séptima vuelta -vieron una puerta toda de fierro, hecha de una sola pieza y con un gran -llamador. Golpearon y nadie contestó; golpearon dos veces más y tampoco -nadie salió. Entonces el Soldadillo dijo:</p> - -<p>—Que se queden todos aquí; a mí me agarra en peso Saltín, Saltón, hijo -del buen Saltaor, y de un salto nos ponemos dentro del castillo.</p> - -<p>Así lo hicieron; pero todavía no ponían un pie en tierra, cuando oyeron -cerca de ellos una voz de trueno que decía:</p> - -<p>—¡Carne humana huele aquí! Carne humana huele aquí!</p> - -<p>Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, todo asustado, de un brinco -volvió afuera, dejando sólo a mi buen Soldadillo frente a frente de un -gigante enorme.</p> - -<p>—A peliar vengo con vos—le dijo el Soldadillo;—y no me grite tan -fuerte, que no soy sordo y le pueo cortar<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">{9}</a></span> la lengua con este -cuchillito; ni me mire tan fiero, porque tamién le pueo sacar los ojos -con estos cinco deos. Sepa el cara e capacho viejo, que está hablando -con el Sordaíllo y quien se mete con él, sale fregao.</p> - -<p>Esto que dice el Soldadillo y el gigante que se le va encima; pero el -Soldadillo le saca el cuerpo con toda ligereza, y plantándose detrás, le -da con su cuchillito un tajo tan bien refuerte, que me le corta al -gigante los nervios de la corva de la pierna derecha, y de otro tajo me -le rebana los nervios de la corva de la pierna izquierda, y mi buen -gigante cae al suelo dando unos bramidos que hacían temblar toda la -tierra.</p> - -<p>Los de afuera oían los bramidos, todos asustados, y por más que el -Príncipe le decía a Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, que los -transladara a todos adentro para ayudar al Soldadillo, Saltín no quiso -obedecerle, porque, como el miedo es cosa viva, todavía le temblaban las -carnes y no se animaba a ponerse cerca del gigante.</p> - -<p>De repente se dejan de oir los bufidos y las puertas del castillo se -abren de par en par. Mi buen Soldadillo, con el cuchillo en la mano, -chorreando sangre, les dice que ha muerto al guardián del castillo y que -ya pueden entrar sin cuidado. No sabía el pobre los peligros que todavía -le esperaban.</p> - -<p>Entraron, y al pasar por un gran comedor, todo lleno de manjares, Andín, -Saltín y Oidín, quisieron sentarse a comer, pero el Príncipe y el -Soldadillo dijeron que era preciso sacar primero a la Princesa; que -después habría tiempo para comer y mucho más. Tuvieron que obedecer, -porque donde manda capitán no manda marinero, y el que manda, manda, y -mano a la cartuchera; y sirviéndoles de guía Oidín, Oidón, hijo del buen -Oidor, llegaron hasta un pozo. El Soldadillo buscó una barra de fierro y -la atravesó en la boca del pozo; buscó después unos cordeles y amarrando -un extremo en la barra y el otro a su cintura, lo descolgaron.</p> - -<p>Lo que sucedió después es digno de oirse.<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">{10}</a></span></p> - -<p>Cuando llegó al primer estado bajo tierra, el Soldadillo que entra a una -sala muy hermosa y que se le presenta un enorme culebrón con siete -cabezas. El Soldadillo, que estaba curado de espantos, no se asustó, -antes, echando pie atrás, alzó el cuchillo y de un fuerte golpe le cortó -a la Culebra una de sus cabezas. El Culebrón dió un silbido que aturdió, -y desapareció por un agujero; y el Soldadillo la siguió de atrás. Al -llegar al segundo estado, nuevo combate; la Culebra quería enroscar con -su cola al Soldadillo, pero éste, haciéndole un quite, logró ponérsele -al frente y cortarle otra de las cabezas. El Culebrón arrancó como un -condenado por un portillo y el Soldadillo se coló detrás de él por el -mismo portillo. Llegaron al tercer estado, la Culebra con cinco cabezas -no más, y el Soldadillo, firme como un peral y con su cuchillo en la -mano. Tercer combate; el Culebrón quería enterrarle la lanceta de una de -sus bocas, pero el Soldadillo en un dos por tres, ¡zás! le cortó otra -cabeza. Ya no le quedaban al Culebrón mas que cuatro cabezas, las mismas -cuatro que le cortó mi valiente Soldadillo, una en cada estado a que el -Culebrón bajaba, hasta que llegaron al séptimo, en que le cortó la -última y me lo dejó sin poder moverse más.</p> - -<p>Ya tenemos al Soldadillo en el séptimo estado bajo tierra, libre del -gigante y del Culebrón y oyendo los quejidos de la Princesa, que no -sabía de qué parte salían.</p> - -<p>Buscando y buscando, da con una puerta, que abre con mucho cuidado y se -encuentra dentro de una pieza tan grande y tan linda como no había visto -otra en su vida; estaba toda cubierta de oro y plata y alumbrada con -muchos blandones, candelabros y arañas, y en medio, tendida en el suelo, -desmayada, la más hermosa Princesa que hayan visto ojos humanos. La -cargó en brazos y la llevó en ellos hasta que llegó al primer estado, y -amarrándose allí nuevamente el cordel a la cintura, gritó que lo -suspendieran. Cuando llegó arriba, todos se quedaron con la boca abierta -de ver tan hermosa Princesa, y al Príncipe casi se le salía el corazón -por la boca, tan fuertemente le saltaba.<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">{11}</a></span></p> - -<p>Cuando la Princesa volvió en sí, contó que una vieja bruja la había -hechizado y encerrado en ese castillo, del cual nadie tenía noticias, y -que el encantamiento debía durar hasta que un príncipe viniera a -librarla.</p> - -<p>El Príncipe estaba muy feliz, porque había encontrado a su Princesa; y -después de comer de los exquisitos manjares que habían encontrado -preparados, el Príncipe, no queriendo demorar su casamiento, ordenó a -Andín, Andón, hijo del buen Andaor, que cargara con todos y los llevara -a la Corte del Rey, su padre.</p> - -<p>¡Bueno en el hombre forzudo! A todos se los echó al hombro como si no -pesaran más que una pluma, y en un par de días llegaron a la capital del -reino, donde se celebró el matrimonio con grandes fiestas y banquetes, y -vivieron muchos años muy felices y dichosos y rodeados de hermosos hijos -que se parecían a ellos.</p> - -<p>Después de la boda, el Soldadillo y sus demás compañeros pidieron -licencia al Príncipe para retirarse, y entonces éste y la Princesa les -dieron a cada uno un gran talego de plata y al Soldadillo dos; y a los -cuatro, trajes muy ricos, pues estaban muy agradecidos de ellos; porque -sin Andín, Andón, hijo del buen Andaor, no habrían podido llegar al -castillo; sin Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor, no habrían sabido dónde -se encontraba la Princesa; sin Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, no -habrían podido entrar al castillo; y sin el Soldadillo, la Princesa -habría seguido encantada hasta ahora. Bien dicen que Dios, sin ser -vaquero, todo lo rodea.</p> - -<p>Y aquí se acabó el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la -guatita al aire y el potito al viento; y pase por una mata de poroto -para que Fulano me cuente otro.<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">{12}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-2" id="num1-2"></a>2. EL PESCADITO ENCANTADO<br /><br /> -<small>(Referido en 1911 por Samuel Antonio Letelier, de 9 años, de Molina. Lo oyó contar en 1910 en Linares)</small></h2> - -<p>Este era un Rey que no se alimentaba sino de pescados, y para que lo -abasteciera de esta carne tenía a su servicio a un viejecito que todos -los días iba a pescar al mar. Le pagaba bien por su trabajo; pero lo -tenía amenazado con que le haría cortar la cabeza el día que no le -llevara provisión fresca de ellos.</p> - -<p>Este viejecito vivía en una pequeña casa cerca de la costa, en compañía -de su mujer, de dos hijas a quienes quería entrañablemente, sobre todo a -la menor, que era muy buena y cariñosa con él; y de una perrita, que -todas las tardes, cuando volvía con la pesca, salía a recibirlo.</p> - -<p>Un día el viejecito no sacó nada en la red, a pesar de haberla arrojado -muchas veces al agua; y lamentándose de su mala suerte, se sentó en un -peñasco a llorar su desgracia, porque veía que su fin iba a llegar.</p> - -<p>Llorando estaba cuando entre las olas asomó la cabeza un Pescadito -colorado y le preguntó:—«¿Por qué llora el buen viejo?» El interpelado, -entre sollozos, le contó lo que le pasaba; que por más que había echado -las redes al mar, nada había sacado, y que si no le llevaba pescados al -Rey, éste le haría cortar la cabeza.</p> - -<p>El Pescadito le dijo entonces:—«Yo te daré todos los pescados que tú -quieras, mientras vivas, con la condición de que me des a la que salga a -recibirte cuando vuelvas a tu casa». El viejo le dijo que no tenía -inconveniente en aceptar esta condición, porque el pobre se figuraba -que, como de costumbre, saldría a recibirlo la perrita.</p> - -<p>El Pescadito ordenó al anciano que echara la red; el viejo obedeció, y -pocos momentos después la sacaba llena<span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">{13}</a></span> de congrios, corvinas, truchas y -robalos, tan grandes, tan gordos y tan lindos como nunca los había -visto.</p> - -<p>Se fué muy contento a su casa, y cuando le faltaban unas dos cuadras -para llegar a ella, salió a encontrarlo su hija menor. Ya había olvidado -su promesa.</p> - -<p>Estaba la familia del pescador sentada a la mesa tomando la sopa, cuando -se oyó un fuerte silbido que venía del lado del mar; y sólo entonces se -acordó el anciano que tenía que llevar a su hija menor para entregársela -al Pescadito. Al punto se puso muy triste, lo cual todas notaron. -Entonces le pidieron que les dijera por qué tan de repente se había -puesto así, siendo que debía estar contento como nunca por haber traído -tan buena pesca. Les contó él lo que le había pasado, y concluido su -relato, la hija menor le dijo:—«Cumpla, padre, lo que ha prometido, -porque si no, es seguro que mañana no pescará nada y el Rey le mandará -cortar la cabeza».</p> - -<p>Llorando se fueron los dos para el mar; y cuando llegaron, el Pescadito, -que estaba esperándolos, mandó al pescador que se subiese a una roca y -dejara a su hija en la arena, porque las aguas iban a subir y se iban a -tragar a la niña.</p> - -<p>Así sucedió. Subió el mar y la niña desapareció.</p> - -<p>En cuanto descendieron las aguas, bajó el pobre viejo y se volvió a su -casa triste y lloroso.</p> - -<p>Cuando la niña desapareció debajo del agua, el Pescadito la llevó a un -hermoso palacio que había en el fondo del mar y le dijo que cuanto veía -todo era de ella; pero que si quería vivir feliz, no encendiera ni -fósforo ni vela en la noche, porque en el momento que alumbrara su -dormitorio, todo lo perdería.</p> - -<p>El palacio era más grande y mejor que el del Rey a quien servía su -padre, y de nada faltaba en él. En el día estaba muy bien alumbrado, -pero en la noche, en el instante mismo en que la niña se acostaba, -quedaba sumido entre tinieblas.</p> - -<p>Estaba custodiado por un enorme perro que se llamaba<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">{14}</a></span> Leofricome, al -cual—dijo el Pescadito a la niña—debería pedir todo lo que necesitase, -con la seguridad de que al punto se vería servida.</p> - -<p>Todas las noches, en cuanto la niña se metía en la cama y el palacio se -obscurecía, sentía que alguien se acostaba a su lado. Ardía ella en -deseos de saber quién era la persona que dormía con ella.</p> - -<p>Una tarde que la niña paseaba, acompañada de Leofricome, por el huerto -que había en el fondo del palacio, vió que en una rama de un peral muy -alto estaba una tenquita cantando que se volvía loca.</p> - -<p>La niña preguntó a Leofricome:—«¿Qué hace aquella tenquita que está -cantando allá arriba de aquel peral?» Leofricome le contestó que era su -hermana, que al día siguiente se iba a casar y que venía a convidarla.</p> - -<p>La niña le dijo:—«¿Podré conseguir permiso para ir al casamiento?» -Leofricome le contestó que sí, que hablara en la noche con el Pescadito -cuando se acostara con ella.</p> - -<p>La niña se quedó pensativa, porque creía que era un hombre el que dormía -a su lado. Sin embargo, en la noche, completamente a obscuras, habló con -el sér que la acompañaba, y éste le dió el permiso que pedía para ir a -casa de sus padres; pero hasta por dos días solamente y debiendo ir -acompañada de Leofricome.</p> - -<p>Cuando llegó a casa de sus padres, cargada de regalos para ellos y para -su hermana, estaban en lo mejor de la fiesta.</p> - -<p>Leofricome se quedó en la puerta cuidando que la niña no huyera, y ella -se fué adentro con sus padres a contarles todo lo que le había pasado.</p> - -<p>La madre le aconsejó que cuando se fuese llevara dos paquetes de velas y -dos cajas de fósforos y que encendiese una vela cuando en la noche -sintiera roncar al Pescadito o al hombre que se acostaba en su cama.</p> - -<p>Pasaron los dos días que la niña tenía de permiso y volvió con -Leofricome al fondo del mar; y en la misma noche, deseosa de conocer al -que compartía el lecho con<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">{15}</a></span> ella, en cuanto lo sintió roncar encendió -una vela y vió que era un príncipe hermosísimo. Entusiasmada, para verlo -mejor, inclinó la luz; pero, por su desgracia, cayó una gota de esperma -sobre la mano derecha, que el Príncipe tenía fuera de la cama.</p> - -<p>Con la impresión de calor que la esperma produjo en la piel de su mano, -despertó el Príncipe, la reprendió muy airado, le dijo que ya no -volvería a verlo más e inmediatamente se transformó en pescadito -colorado y se fué.</p> - -<p>Desde aquella noche se vió en el palacio la luz de la luna y de las -estrellas, lo mismo que en la tierra.</p> - -<p>Después de algún tiempo la niña tuvo un hijo que nació con un candadito -de oro en el estómago.</p> - -<p>Cuando ya se sintió bien, fué donde Leofricome y le dijo que quería -volver a casa de sus padres. Leofricome le contestó que no podía salir -del mar sin permiso del Pescadito, a no ser que quisiera ver muerto a su -padre. Entonces ella le preguntó que a dónde podría irse, porque no -quería vivir más en el palacio, que a cada paso le recordaba su -desgracia.</p> - -<p>Leofricome tomó un ovillo de hilo, y cogiendo la punta, lo lanzó con -todas sus fuerzas; en seguida dijo a la niña que siguiese el camino que -el hilo le indicaba y que sería bien recibida en la casa en que había -ido a dar la otra punta.</p> - -<p>Después de andar muchos días, porque el extremo del ovillo había caído -muy lejos, llegó con su niño a unos corrales que pertenecían al palacio -de los padres del Príncipe.</p> - -<p>Cuando entraron, todos los animales se pusieron a bramar a la vez, y el -Rey, al sentir tanto ruido, dijo a la Reina:—«Algo extraordinario debe -de pasar en los corrales, cuando los animales forman tanta bulla».—Fué -a los corrales, y encontró a la niña que estaba dándole de mamar a la -guagua. Los recogió y los llevó al palacio.</p> - -<p>Cuando el Rey y la Reina vieron que la guagua tenía en el estómago un -candadito de oro, conocieron que era<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">{16}</a></span> hijo del Pescadito, porque el -Pescadito tenía la misma señal, y los recibieron como a hijos de ellos, -a la madre y al niño, y todos comían en la misma mesa.</p> - -<p>Pasado algún tiempo, volvió una noche el Pescadito a su palacio para ver -si la niña continuaba siempre allí, porque seguía amándola con mucho -cariño y no podía olvidarla. Cuando vió que no estaba, escribió una -carta a sus padres en que les preguntaba si habían visto por casualidad -a una niña de las señas que les daba; y la mandó con Leofricome.</p> - -<p>Los padres le contestaron que la niña por la cual les preguntaba debía -de ser una que hacía tiempo había llegado a su palacio con una -criaturita que tenía un candadito de oro en el estómago, y que ellos -tenían a su lado como a hijos.</p> - -<p>Supo la niña que el Pescadito iba a ir a buscarla y temiendo que fuera -con intenciones de matarlos a ella y a su hijo, huyó, sin decir nada, -para unas montañas y se ocultó en un bosque.</p> - -<p>Llegó el Pescadito y se encontró con que la madre y el niño habían -desaparecido. Salió inmediatamente a buscarlos, y después de mucho -tiempo y de grandes trabajos, los encontró en el bosque.</p> - -<p>En este mismo instante se acabó el encanto, y el Pescadito, convertido -en el hermoso Príncipe que la niña había visto a la luz de la vela, se -arrodilló a sus plantas y le suplicó que lo perdonara; que lo hiciese -por su hijo; que todo lo que había pasado había sido efecto del encanto -que en ese momento se rompía.</p> - -<p>La niña, feliz de volver a ver otra vez a su Príncipe, lo perdonó de muy -buena gana, y vueltos al palacio de los Reyes, se casaron para siempre, -vivieron muy dichosos y fueron reyes del mar; y Leofricome, transformado -en un gallardo mozo, fué mayordomo del palacio.<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">{17}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-3" id="num1-3"></a>3. DELGADINA Y EL CULEBRÓN<br /><br /> -<small>(Recitador: Pedro Danús, de 13 años, de Santiago. La oyó contar en la -misma ciudad)</small></h2> - -<p>Para saber y contar y contar para saber: que est’era ño Antequera, de -media caña y de caña entera; no le echaré los combates porque voy a -tomar mate; ni los dejaré de echar porque su poquito ha de llevar: San -Juan recibe lo que te dan; sea harina o sea pan, lo echaremos al costal -con sus patas de animal, con sus picos de zorzal, que se enganchan, que -se ensanchan por las narices de...<a name="FNanchor_B_2" id="FNanchor_B_2"></a><a href="#Footnote_B_2" class="fnanchor">[B]</a>.</p> - -<p>Este era un caballero muy rico casado con una señora muy hermosa. Ambos -se amaban entrañablemente, y hacía más feliz esta unión una linda -guagüita que Dios les había concedido y que era todo su encanto. La -guagua se llamaba Delgadina. No había cumplido un año todavía, cuando -murió la mamá. El caballero lloró su desgracia, y como era completamente -solo, sin parientes, mandó criar afuera a su hijita.</p> - -<p>El caballero se aburría en su soledad y no hallaba qué hacer. Para -distraerse se entregó al juego y con tan mala suerte que perdió toda su -fortuna, menos una cantidad que había apartado para atender a la crianza -y educación de su hija.</p> - -<p>Cuando entró Delgadina a los quince años, se la entregaron a su padre, -grande, bonita e instruida en toda clase de conocimientos, porque había -recibido una educación esmerada, pero al mismo tiempo era sumamente -sencilla,<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">{18}</a></span> inocente y sin malicia, porque había vivido encerrada y no -conocía el mundo.</p> - -<p>Ya se le había concluido al caballero la plata que había dejado de -reserva, y ni siquiera tenía para hacer los gastos del día siguiente. -Esto lo tenía muy afligido, pero tanto dió y cavó que al fin se acordó -que en un rincón de la casa había un fusil viejo abandonado, y se -decidió a salir a cazar para tener con que alimentar a su hija. Tan -pobre estaba que tuvo que pedir a una comadre que vivía cerca de su casa -un poco de plata prestada para comprar fulminantes, pólvora y balas, y -aceite para limpiar el cañón, que estaba sumamente mohoso.</p> - -<p>Salió muy de madrugada y cazó un buen número de pajaritos que entregó a -su hija para que los guisara, porque no tenían sirvienta. Delgadina los -peló, los destripó y fué a lavarlos a un estero que corría a poca -distancia de la casa.</p> - -<p>Cuando venía de vuelta, vió al lado de una piedra una Culebrita que -estaba helada de frío. Delgadina tenía buen corazón y la tomó, y para -calentarla se la echó al seno y se la llevó para la casa.</p> - -<p>Todo el día anduvo con la Culebrita en el seno; en la noche la arregló -en una canastilla entre algodones y lana, y todos los días le daba de la -misma comida que comía ella.</p> - -<p>Mientras su padre andaba cazando, Delgadina se entretenía en los -quehaceres de la casa, porque era muy hacendosa; en seguida arreglaba la -comida que había sobrado el día anterior y se la daba a otras personas -más pobres que ellos, porque era muy compasiva y sufría con la desgracia -de los otros; y una vez terminadas estas tareas, se ponía a jugar con la -Culebrita a las escondidas, al pillarse y a otros juegos en que se -entretienen los niños. Las dos eran muy buenas amigas y se querían como -si fuesen hermanas.</p> - -<p>Con el cuidado de Delgadina creció rápidamente la Culebrita, de tal modo -que al poco tiempo no cabía en la<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">{19}</a></span> canastilla. Hubo que ponerla en una -gran canasta y poco después en una tina; tanto creció y engordó.</p> - -<p>Ya la Culebrita se había convertido en un gran culebrón y fué preciso -trasladarla a un tonel; pero el tonel también se hizo chico al fin, pues -no tenía espacio para moverse ni podía salir de él.</p> - -<p>Entonces el Culebrón le dijo a Delgadina que subiese sobre una silla y -apoyase sus manos en el borde del tonel para lamérselas; que con esto -cada vez que se las lavara y las sacudiera sin secárselas caerían onzas -de oro de entre sus dedos.</p> - -<p>Delgadina obedeció, y el Culebrón pasó repetidas veces su lengua por las -manos de la niña. En seguida le dijo que se iba porque ya no cabía en -donde estaba. Delgadina lloró mucho, porque desde que llegó a casa de su -padre la Culebra había sido la única amiga que había tenido y estaba muy -acostumbrada con su compañía.</p> - -<p>El Culebrón la consoló y le dijo que no llorase, que él siempre la -acompañaría; que estuviese tranquila, que velaría por ella y la libraría -de los peligros en que pudiera verse envuelta.</p> - -<p>Terminadas estas palabras, el tonel estalló y el Culebrón desapareció.</p> - -<p>Delgadina se quedó muy triste con la ida de su compañera y esa noche -apenas cerró los ojos. Al otro día se levantó muy de alba y fué al -estero vecino a lavarse. Cuando concluyó de lavarse sacudió las manos y -a cada movimiento que hacía caían de entre sus dedos multitud de onzas -de oro. Ella no conocía el valor de estas monedas, ni siquiera se le -ocurrió de que fuesen dinero; más bien pensó que eran botones.</p> - -<p>En ese momento pasaba por ahí mismo un falte y le dijo a Delgadina que -si le daba esos botones le traería zapatos, ropa blanca y vestidos muy -elegantes. Delgadina le dió las onzas, que eran muchas, y al día -siguiente, a la misma hora, el falte le trajo lo que le había -prometido.<span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">{20}</a></span></p> - -<p>Delgadina se lavó y peinó con más cuidado que otras veces, se vistió la -nueva ropa, con la cual se veía más hermosa aún, y se fué a su casa para -que la viese su padre; pero éste ya había salido a cazar.</p> - -<p>Mientras regresaba el padre, Delgadina fué a casa de su madrina, que era -una vieja bruja mala y envidiosa, que tenía una hija muy fea y tan mala -y envidiosa como ella. Ambas se quedaron asustadas de ver a Delgadina -tan bonita y elegante y le aconsejaron que se volviese a su casa a -esperar la vuelta de su padre para que le diera una sorpresa.</p> - -<p>Así lo hizo Delgadina. Mientras tanto la vieja y la hija se quedaron -acechando al cazador, y en cuanto lo divisaron salieron a su encuentro y -lo convidaron a almorzar; le dijeron que tenían leche con arroz, postre -que sabían le gustaba mucho.</p> - -<p>Cuando el caballero estaba tomando el postre, la vieja, que hervía de -envidia, le dijo que Delgadina tenía unos vestidos de mucho valor y que -se los había regalado un hombre.</p> - -<p>El caballero, inquieto, se levantó inmediatamente, cargó su fusil hasta -la boca, y sin siquiera dar las gracias se fué precipidamente para su -casa.</p> - -<p>Delgadina, que estaba en la puerta esperándolo, no hizo mas que verlo y -corrió hacia él con los brazos abiertos; pero él le apuntó con el fusil -y disparó. El arma, desviada por una mano invisible, no dió en el -blanco, y las balas se clavaron en la tierra.</p> - -<p>Delgadina, asustada de la acción de su padre y maliciando cuál era la -causa de su enojo, corrió al estero, se mojó las manos, y sacudiéndolas -le decía al caballero, que la había seguido: «Estos botones me ha -costado la ropa que tengo puesta»—y era de ver cómo caían las onzas, -unas tras otras, brillantes como si acabasen de ser acuñadas.</p> - -<p>Con esto el padre se tranquilizó, y muy contento se puso a recoger las -monedas. Recogió una cantidad muy grande,<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">{21}</a></span> porque Delgadina, cuando veía -que sus manos se secaban, corría al estero a mojárselas de nuevo y -sacudirlas; y esto lo repitió tantas veces que del cansancio no podía -mover los brazos y tuvo que irse a acostar a la cama para descansar.</p> - -<p>El padre de Delgadina pasó a ser uno de los hombres más ricos y -poderosos de su país.</p> - -<p>Sucedió que la fama de su riqueza y de cómo la había hecho corrió de -boca en boca y llegó por fin a oídos del Rey, que mandó buscar al -caballero para conocerlo.</p> - -<p>Después de varios días de viaje por mar, porque la Corte estaba -distante, llegó el caballero a presencia del Rey y le contó su historia. -El Rey quiso conocer a Delgadina y ordenó al caballero que se la -trajera, porque deseaba ver cómo caían las onzas de oro de sus manos. Le -agregó que si no la traía, la cabeza le costaba.</p> - -<p>Llegó el padre a su casa llorando inconsolablemente y no se atrevía a -decirle a su hija lo que le había pasado. Pero, en vista de la -insistencia y ruegos de Delgadina, se lo contó todo. Ella le -dijo:—«Lléveme no más, padre, ¿qué puede pasarnos? nada tenemos que -temer, pues nada malo hago».</p> - -<p>La malvada vieja, madrina de Delgadina, que estaba presente, se ofreció -para acompañarla:—«Compadre,—le dijo al caballero—usted no soportará -su dolor si el Rey quiere dejarla; yo la llevaré».—El caballero -accedió, porque verdaderamente ya sufría mucho.</p> - -<p>Se embarcaron en un buque Delgadina, la vieja y la hija de ésta.</p> - -<p>Cuando ya habían navegado tres días y el buque estaba muy distante de la -costa, la vieja dijo a su hija:</p> - -<p>—«Matemos a Delgadina y la echamos al mar, y yo haré que el Rey se case -contigo».—«No la matemos,—le dijo la hija;—saquémosle los ojos no más -y la echamos al agua».</p> - -<p>Y así lo hicieron. Una noche esperaron que Delgadina<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">{22}</a></span> estuviese bien -dormida, le arrancaron los ojos y la arrojaron a las olas.</p> - -<p>Pero aconteció que la niña, en vez de caer al agua cayó en el bote de un -viejo pescador que en ese preciso momento pasaba al lado del buque, sin -lo cual habría perecido seguramente.</p> - -<p>Dejemos por un momento a Delgadina.</p> - -<p>Llegó la vieja con su hija donde el Rey, y postrándose a sus plantas, -habló de esta manera:—«Señor, mi esposo, a quien Vuestra Majestad -ordenó trajera a su presencia a nuestra hija Delgadina, muy a su pesar -no ha podido concurrir, pero me encargó a mí que yo la trajera, y hela -aquí, pero debo advertir a Vuestra Majestad que con la navegación ha -perdido la virtud que tenía de que al mojar sus manos y sacudirlas le -brotaban de ellas onzas de oro, y que no la recuperará hasta que se case -y tenga un hijo».</p> - -<p>El Rey creyó lo que la vieja le dijo, y a pesar de que la muchacha le -era muy antipática, se casó con ella.</p> - -<p>Ahora volvamos a Delgadina.</p> - -<p>El viejo pescador en cuya barca había caído Delgadina era muy pobre y -con el producto de su trabajo ganaba apenas para sustentar a su mujer y -a sus pequeños hijos; pero el hombre era bueno, tuvo lástima de la pobre -ciega, y vistiéndola de hombre la llevó a su choza, donde fué recibida -como miembro de la familia. Todos la querían por su buen carácter y -procuraban con su cariño y atenciones hacerla olvidar su desgracia. En -el pueblo no maliciaban que era mujer y la llamaban Delgadino.</p> - -<p>Un día que estaban conversando sentados en la puerta del ranchito, pasó -frente a ellos un leñador con su carreta cargada de leña.—«¿Qué lleva -esa carreta, taitita?» preguntó Delgadino al viejo.—«Leña, hijito», le -contestó él.—«Y por qué no la compra».—«Porque no tengo plata, pues, -hijito».—«Taitita, lléveme para adentro», le dijo Delgadina.</p> - -<p>La llevó para adentro el viejo y cuando estuvieron en la pieza Delgadina -le pidió que le trajese una palangana con<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">{23}</a></span> agua y que la dejase sola por -un instante. Cuando el pescador se fué, Delgadina metió las manos en el -agua y sacándolas las sacudió repetidas veces, y de cada sacudida caían -a chorro de entre sus dedos las onzas de oro.</p> - -<p>Delgadina llamó al viejo.—«Tome esas monedas, taitita, le dijo, y -compre la leña y lo demás que necesite, porque toda esa plata es suya.»</p> - -<p>El viejo pescador compró con las onzas una gran casa y allí se instaló -la familia con toda clase de comodidades. Ya habían dejado de ser -pobres, no necesitaban trabajar, de nada les faltaba, vivían felices.</p> - -<p>Una mañana Delgadina fué sorprendida con el llanto y los gritos de -angustia de su familia adoptiva. Quiso saber qué había ocurrido, y el -viejo, entre sollozos le dijo:—«¡Ay, Delgadino! esta mañana mandé al -mozo con mi hijito menor al campo y de repente salió de debajo de un -gran peñasco que hay a la orilla del camino, un enorme Culebrón que se -llevó a mi hijito. ¡Ya se lo habrá comido! Ay, ay, ay! pobre hijito mío! -ya no te veremos más!»</p> - -<p>Delgadina se entristeció mucho, porque el niño arrebatado por el -Culebrón había sido siempre muy cariñoso con ella y era su regalón; pero -pensaba entre sí que el Culebrón bien podía ser la culebrita que ella -había criado, y le dijo al viejo que la llevara al lado del peñasco. El -viejo no quería; sin embargo, después de mucho rogarlo Delgadina, -consintió en ello y la condujo hasta el pie del peñasco.</p> - -<p>Ellos que llegan y el Culebrón que aparece arrastrándose suavemente y -llevando sobre sus espaldas al niño, que iba risueño, sano, sin el menor -rasguño y cargado de regalos.</p> - -<p>El Culebrón le dijo al viejo:—«Te entrego a tu hijo, vivo, pero con la -condición de que le saques los ojos, y se los pongas a Delgadina, y si -no lo haces yo lo mataré y yo mismo se los sacaré. Vestirás a Delgadina -de mujer con los vestidos más ricos que encuentres; e irás a la ciudad -gritando por las calles que el Culebrón va a salir y se va a comer a -chicos y a grandes»; y desapareció inme<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">{24}</a></span>diatamente sin dar lugar a que -Delgadina le pidiera, como era su intención, que no dejaran ciego al -niño, que ella se había acostumbrado ya a no ver la luz y que vivía -contenta como estaba.</p> - -<p>El viejo no tuvo más remedio que hacer lo que el Culebrón le había -mandado. Era preferible tener a su hijo ciego que muerto, y por otra -parte Delgadina había sido tan buena con ellos.</p> - -<p>Al día siguiente muy temprano se trasladó el viejo a la ciudad y con su -voz más fuerte se fué gritando por las calles:—«El Culebrón va a salir -y se va a comer a chicos y a grandes».</p> - -<p>El Rey oyó los gritos y preguntó qué bulla era ésa. Cuando le contaron -de qué se trataba, ordenó que diesen al viejo cien azotes para que no -anduviera atemorizando a la gente.</p> - -<p>Ya le iban a dar al viejo los cien azotes cuando apareció Delgadina -vestida con un traje riquísimo a interceder ante el Rey para que no lo -castigaran. El Rey quedó deslumbrado de la hermosura de Delgadina, de la -riqueza de su traje y del brillo de las joyas que cargaba; hizo -suspender el castigo y convidó a su mesa al viejo y a Delgadina.</p> - -<p>La vieja y la hija conocieron inmediatamente a Delgadina, pero se -desentendieron de ello y la agasajaron mucho. Cuando estuvieron solas -dijo la madre:—«No te decía yo que la matásemos!»—«Mamita, contestó la -hija, aunque se parece mucho a Delgadina, no puede ser ella ¿no le -arrancó usted misma los ojos? y ella los tenía negros y los de ésta son -azules. Y fíjese que el viejo es el padre de ella y no se parece en nada -a su compadre». Con esto se tranquilizaron.</p> - -<p>Muchas veces más convidó el Rey a comer a Delgadina, y siempre tenía -ella gran cuidado de no lavarse las manos en la mesa; pero en una -ocasión que se las manchó con fruta hubo de lavárselas, y sucedió que -sin querer las sacudió. Inmediatamente comenzaron a caer de entre sus -dedos a puñados las onzas de oro, tan nuevecitas, tan<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">{25}</a></span> amarillas como si -estuvieran recién acuñadas. Todos se quedaron con la boca abierta y no -podían salir de su asombro.</p> - -<p>Entonces el Rey conoció que había sido engañado por la vieja y que la -verdadera Delgadina era la que hasta entonces había pasado por hija del -antiguo pescador. El Rey le pidió que le contase su historia y Delgadina -accedió gustosa.</p> - -<p>La vieja y su hija protestaron de que todo era mentira, y entonces el -Rey hizo venir al viejo y a su familia, que corroboraron lo que a ellos -les constaba, y como si esto no fuese bastante apareció de súbito el -Culebrón, que refirió todo lo sucedido sin omitir detalles.</p> - -<p>Cuando hubo concluido el Culebrón su relato, se convirtió en un hermoso -niño, y volviéndose a Delgadina le dijo:—«Yo soy el Angel de tu guarda -y he hecho esto contigo porque siempre fuiste buena hija y compasiva con -los pobres; yo estaré continuamente a tu lado y velaré por ti».</p> - -<p>Mientras hablaba el niño, vieron todos que le brotaban de sus espaldas -dos brillantes alas, que desplegó suavemente cuando terminó, y emprendió -el vuelo desapareciendo ante la vista atónita de los circunstantes.</p> - -<p>El Rey hizo quemar a la vieja y a su hija, mandó buscar al padre de -Delgadina y se casó con ella; y en el momento mismo en que le ponían la -bendición, el hijo del viejo pescador recobró la vista.</p> - -<p>Y así todos los buenos fueron felices y los malos castigados.</p> - -<p>Y aquí se acabó el cuento y entró por la puerta del convento, nosotros -nos quedamos afuera y los frailes se quedaron adentro.<span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">{26}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-4" id="num1-4"></a>4. LA TENQUITA.<br /><br /> -<small>(Recitado en 1905 por Polonia Gonzalez, de 50 años, de la provincia de -Colchagua)</small></h2> - -<p>Para saber y contar y contar para aprender.</p> - -<p>Esta era una Tenquita que tenía unos tenquitos muy lindos, que acababan -de salir del huevo.</p> - -<p>Una mañanita salió a buscarles que comer, y como era invierno y había -caído mucha nieve, a la Tenquita se le heló una patita.</p> - -<p>Al verse coja la avecita se afligió mucho y llorando le dijo a la Nieve:</p> - -<p>—Nieve, ¿por qué eres tan mala que me quemaste la patita a mí?<a name="FNanchor_C_3" id="FNanchor_C_3"></a><a href="#Footnote_C_3" class="fnanchor">[C]</a>.</p> - -<p>Y la Nieve le contestó:</p> - -<p>—Más malo es el Sol que me derrite a mí.</p> - -<p>Entonces la Tenquita se fué donde el Sol, y le dijo:</p> - -<p>—Sol, ¿por qué eres tan malo que derrites a la Nieve y la Nieve me -quema la patita a mí?</p> - -<p>Y el Sol le respondió:</p> - -<p>—Más malo es el Nublado que me tapa a mí.</p> - -<p>Se fué la Tenquita a ver al Nublado, y le dijo:</p> - -<p>—Nublado, ¿por qué eres tan malo que tapas al Sol, el Sol derrite a la -Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p> - -<p>—Más malo es el Viento que me corre a mí.</p> - -<p>Fué la Tenquita donde el Viento, y le dijo:</p> - -<p>—Viento, ¿por qué eres tan malo que corres al Nublado, el Nublado tapa -al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p> - -<p>—Más mala es la Pared que me ataja a mí.</p> - -<p>Fué la Tenquita a ver a la Pared, y le dijo:<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">{27}</a></span></p> - -<p>—Pared, ¿por qué eres tan mala que atajas al Viento, el Viento corre al -Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me -quema la patita a mí?</p> - -<p>—Más malo es el Ratón que me agujerea a mí.</p> - -<p>Fué la Tenquita donde el Ratón y le dijo:</p> - -<p>—Ratón, ¿por qué eres tan malo que agujereas a la Pared, la Pared ataja -al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol -derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p> - -<p>—Más malo es el Gato que me come a mí.</p> - -<p>Fué la Tenquita donde el Gato y le dijo:</p> - -<p>—Gato, ¿por qué eres tan malo que te comes al Ratón, el Ratón agujerea -a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el -Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la -patita a mí?</p> - -<p>—Más malo es el Perro que me corre a mí.</p> - -<p>Entonces la Tenquita fué donde el Perro y le dijo:</p> - -<p>—Perro, ¿por qué eres tan malo que corres al Gato, el Gato come al -Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento -corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la -Nieve me quema la patita a mí?</p> - -<p>—Más malo es el Palo que me pega a mí.</p> - -<p>Fué entonces la Tenquita donde el Palo, y le dijo:</p> - -<p>—Palo, ¿por qué eres tan malo que pegas al Perro, el Perro corre al -Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared -ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el -Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p> - -<p>—Más malo es el Fuego que me quema a mí.</p> - -<p>Fué la Tenquita donde el Fuego y le dijo:</p> - -<p>—Fuego, ¿por qué eres tan malo que quemas al Palo, el Palo pega al -Perro, el Perro corre al Gato, el Gato corre al Ratón, el Ratón agujerea -la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el -Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve, y la Nieve me quema la -patita a mí?<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">{28}</a></span></p> - -<p>—Más mala es el Agua que me apaga a mí.</p> - -<p>Fué la Tenquita donde el Agua y le dijo:</p> - -<p>—Agua, ¿por qué eres tan mala que apagas al fuego, el Fuego quema al -Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al -Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento -corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la -Nieve me quema la patita a mí?</p> - -<p>—Más malo es el Buey que me bebe a mí.</p> - -<p>Fué la Tenquita donde el Buey y le dijo:</p> - -<p>—Buey, ¿por qué eres tan malo que bebes el Agua, el Agua apaga al -Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al -Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared -ataja al Viento el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el -Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p> - -<p>—Más malo es el Cuchillo que me mata a mí.</p> - -<p>Fué la Tenquita donde el Cuchillo, y le dijo:</p> - -<p>—Cuchillo, ¿por qué eres tan malo que matas al Buey, el Buey se bebe al -Agua, el Agua apaga al Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al -Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea -a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el -Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la -patita a mí?</p> - -<p>—Más malo es el Hombre que me hace a mí.</p> - -<p>Fué la Tenquita donde el Hombre, y le dijo:</p> - -<p>—Hombre, ¿por qué eres tan malo que haces al Cuchillo, el Cuchillo mata -al Buey, el Buey se bebe al Agua, el Agua apaga al Fuego, el Fuego quema -al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al -Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento -corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la -Nieve me quema la patita a mí?</p> - -<p>—Pregúntaselo al Señor que me hizo a mí.</p> - -<p>Fué entonces la Tenquita donde su Divina Majestad, y arrodillándose -humildemente delante de ella inclinó la cabeza hasta besar el suelo, y -le dijo:<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">{29}</a></span></p> - -<p>—Señor, ¿por qué hiciste al Hombre, que es tan malo, el Hombre hace al -Cuchillo, el Cuchillo mata al Buey, el Buey se bebe al Agua, el Agua -apaga al Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro -corre al Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la -Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al -Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p> - -<p>Y la Tenquita se puso a llorar tan amargamente que daba lástima verla.</p> - -<p>El Señor se compadeció de la desgracia de la pobre avecita y le dijo con -mucha dulzura:</p> - -<p>—Vete tranquila, Tenquita, a cuidar a tus tenquitos, que están -tiritando de frío y muriéndose de hambre.</p> - -<p>La Tenquita, como buena cristiana, obedeció al momento y cuando llegó a -su nidito se encontró con que tenía buena y sana la patita quemada.</p> - -<div class="blockquot"><p>En el cuento que sigue, español, pero que no he visto impreso, el -desarrollo es casi el mismo que el de la Tenquita. Lo publico como -nota comparativa.</p></div> - -<h2><a name="num1-5" id="num1-5"></a>5. EL GALLITO (Cuento de pega)<br /><br /> -<small>(Dictado en 1911 por don Victoriano de Castro, español, de 55 años. Lo -oyó contar en Belver de los Montes, provincia de Zaragoza, donde el cuento era muy popular, cuando él era niño)</small></h2> - -<p>Había una vez en una aldea un Gallo, que recibió una invitación de otro -Gallo, primo suyo, para asistir a sus bodas. El Gallo se levantó muy -temprano, se acicaló y vistió convenientemente y emprendió el viaje, -olvidando tomar el desayuno.<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">{30}</a></span></p> - -<p>En el camino encontró una boñiga de vaca, toda llena de granos de trigo -sin digerir; y aquí vinieron los apuros de mi buen Gallo, que empezó a -decir entre sí:</p> - -<p>—¿Qué haré? picaré o no picaré? si pico, me mancho el pico, y si no, me -muero de hambre.</p> - -<p>Así estuvo meditando por algún rato y mirando los granos de trigo, hasta -que cayó en la tentación y se dió un buen hartazgo.</p> - -<p>Siguió su camino y a poco andar encontró una mata de Malva y le dijo:</p> - -<p>—Malva, límpiame el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.</p> - -<p>La Malva dijo:</p> - -<p>—No quiero.</p> - -<p>Más adelante encontró a una Oveja y le dijo:</p> - -<p>—Oveja, come a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a -la boda de mi primo Juan Periquito.</p> - -<p>La Oveja dijo:</p> - -<p>—No quiero.</p> - -<p>Siguió andando y más adelante encontró a un Lobo y le dijo:</p> - -<p>—Lobo, come a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no -quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.</p> - -<p>El Lobo dijo:</p> - -<p>—No quiero.</p> - -<p>Siguió el Gallo su camino y más adelante encontró a un Perro y le dijo:</p> - -<p>—Perro, mata a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no -quiso comer a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la -boda de mi primo Juan Periquito.</p> - -<p>El Perro dijo:</p> - -<p>—No quiero.</p> - -<p>A poco andar encontró el Gallo a un Palo y le dijo:</p> - -<p>—Palo, apalea a Perro, que Perro no quiso matar a Lobo, que Lobo no -quiso comer a Oveja, que Oveja no qui<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">{31}</a></span>so comer a Malva, que Malva no -quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.</p> - -<p>El Palo dijo:</p> - -<p>—No quiero.</p> - -<p>Anduvo el Gallo un rato más y se encontró con un Fuego y le dijo:</p> - -<p>—Fuego, quema a Palo, que Palo no quiso pegar a Perro, que Perro no -quiso matar a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso -comer a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la boda -de mi primo Juan Periquito.</p> - -<p>El Fuego dijo:</p> - -<p>—No quiero.</p> - -<p>Más adelante encontró el Gallo al Agua y le dijo:</p> - -<p>—Agua, apaga a Fuego, que Fuego no quiso quemar a Palo, que Palo no -quiso pegar a Perro, que Perro no quiso matar a Lobo, que Lobo no quiso -comer a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no quiso -limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.</p> - -<p>El Agua dijo:</p> - -<p>—No quiero.</p> - -<p>Siguió andando el Gallo y más adelante encontró a un Burro, y le dijo:</p> - -<p>—Burro, bébete a Agua, que Agua no quiso apagar a Fuego, que Fuego no -quiso quemar a Palo, que Palo no quiso pegar a Perro, que Perro no quiso -matar a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso comer -a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi -primo Juan Periquito.</p> - -<p>(Aquí se suspende el cuento y se habla de cualquiera otra cosa. De -pronto se dice:—«¿Dónde llegaba? ¿al Palo? ¿al Fuego?»; y cuando -contesta alguno:—«Al Burro», se le dice:—«Alzale la cola y bésale el -c...»)<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">{32}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-6" id="num1-6"></a>6. LA TORTILLA O EL CANARITO ENCANTADO<br /><br /> -<small>(Referido por don Osvaldo Martínez, Presbítero, de Santiago, en 1912)</small></h2> - -<p>Este era un Rey que tenía una hija única, de una hermosura -extraordinaria, virtuosa, caritativa y hacendosa. El Rey la amaba -entrañablemente y, como se dice, tenía puestos los ojos en ella.</p> - -<p>La Princesa acostumbraba subir todos los días a la terraza del palacio y -allí pasaba las horas cosiendo o bordando y recreándose con la vista de -las plantas, árboles y flores que adornaban el parque real, que desde -allí se dominaba.</p> - -<p>Un día que estaba en su acostumbrado trabajo, un lindo Canarito se paró -en la rama de un árbol que casi llegaba hasta donde ella estaba sentada, -y entonó un canto tan melodioso que la princesa, a fin de oirle mejor, -se levantó para acercarse a la avecita, pero apenas se movió de su -asiento, el Canarito se fué.</p> - -<p>La Princesa, pensando que el pajarito podía volver, hizo colocar una -jaula con trampa en el mismo árbol, para cazarlo.</p> - -<p>Efectivamente, el Canarito volvió al día siguiente, pero en vez de -acercarse a la jaula, se posó en el bastidor de la Princesa y después de -gorjear unos cuantos trinos, tomó con el pico una madeja de seda y -emprendió el vuelo.</p> - -<p>Al otro día estaba la Princesa, como siempre, ocupada en sus labores, -cuando de repente llega el Canarito, se para en el bastidor, canta -dulcemente un instante, y tomando con el pico el dedal de oro que la -Princesa acababa de dejar en el costurero, y abriendo las alas -desapareció en el espacio.</p> - -<p>La repetición de la aventura preocupó bastante a la Princesa, que no -pasó buena noche. Sin embargo, se levantó temprano y volvió a la terraza -a continuar su bor<span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">{33}</a></span>dado, pensando en el Canarito, de quien a toda costa -quería apoderarse.</p> - -<p>En esto estaba cuando llega la linda avecita, cantando aún mejor que en -los días anteriores, y sin siquiera detenerse un momento, se apodera de -las tijeras de oro de la Princesa, y elevándose por los aires, se pierde -de vista.</p> - -<p>La Princesa cayó gravemente enferma. Por llamado del Rey, vinieron los -médicos más prestigiosos y los adivinos de más fama, tanto del país como -del extranjero, y ninguno pudo conocer la enfermedad.</p> - -<p>Mientras tanto, la Princesa languidecía, su mal se agravaba, y se iba -consumiendo poco a poco. El Rey, desesperado, hizo publicar un bando en -que ofrecía grandes riquezas al que lograra sanar a su hija.</p> - -<p>Muchos lo tentaron, pero ninguno lo consiguió, y la Princesa seguía -empeorando a ojos vistas.</p> - -<p> </p> - -<p>En un pueblo algo alejado de la ciudad en que la Corte residía, vivía -una viejecita que tenía un hijo vivo y despierto, llamado Juan.</p> - -<p>Un día lo llamó y le dijo:</p> - -<p>—Mira, Juanito, toma estas tres tortillas que acabo de hacer al -rescoldo y se las llevas a la Princesa, que ellas le darán salud. Que no -te vayas a comer ninguna, ni se te pierdan, porque las tres han de -llegar a poder de la Princesa.</p> - -<p>El muchacho tenía la costumbre de obedecer sin replicar. Subió en un -burro; a un lado de las alforjas colocó las tortillas y al otro un -pedazo de pan, harina y un poco de charqui y se puso en marcha.</p> - -<p>La mitad del camino llevaría andado, cuando el burro se puso a corcovear -y por más que Juanito le pegaba fuerte y feo con una varilla, el animal -no avanzaba un paso.</p> - -<p>Viendo la porfía de la bestia, Juanito sacó las tortillas de las -alforjas y descendió del burro para seguir a pie; pero en cuanto bajó, -se le cayó una de las tortillas y se le fué rodando por el camino.<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">{34}</a></span></p> - -<p>Era de ver cómo Juanito corría detrás de la tortilla, que rodaba y -rodaba, sin poderla alcanzar; y el pícaro burro, que antes no quería -moverse, cómo seguía a Juanito, que casi le pisaba los talones.</p> - -<p>Por fin la tortilla se metió adentro de una cueva y Juanito se coló -detrás de ella.</p> - -<p>Cuando Juanito estuvo adentro, se encontró, sin saber cómo, en un gran -comedor regiamente amueblado. La mesa estaba cubierta de ricas viandas y -manjares de toda especie que exhalaban un perfume delicioso, y como al -muchacho, con la carrera, se le había abierto el apetito, tomó el -cucharón para servirse un plato de cazuela y ya iba a meterlo en la -sopera, cuando el cucharón se le enderezó en la mano y pegándole -fuertemente en la cara le dijo:</p> - -<p>—¿Cómo te atreves a comer antes que tus amos?</p> - -<p>En esto se sintió un gran ruído, y entró rodando al comedor una gran -bola de cobre. Juanito, lleno de miedo, apenas tuvo tiempo de esconderse -detrás de la puerta, y desde allí pudo ver que la bola se abría en dos -partes, como una concha, y de ella salía un lindo canario.</p> - -<p>Con el mismo ruído y el mismo aparato entraron otras dos bolas más, una -tras otra, y de cada una salió otro canario.</p> - -<p>Las tres avecitas sacudieron sus plumas un momento, como si se -desperezaran, y después, volando, se introdujeron a un elegante -dormitorio situado al lado del comedor, en el que había tres lujosas -camas.</p> - -<p>Juanito continuaba observando desde su escondite, con la curiosidad que -es de suponer, tan extraños acontecimientos. De pronto vió que tres -negros atravesaban el patio y el comedor y entraban al dormitorio -conduciendo sendos baños de plata, que colocaban al lado de las camas.</p> - -<p>Inmediatamente los Canaritos se zambulleron en el agua y un rato después -salían de los baños transformados en hermosos Príncipes. Los esclavos -los perfumaron, los enjuagaron y ayudaron a vestirse, y en seguida se -reti<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">{35}</a></span>raron, dejándolos recostados en sus camas, contándose lo que les -había pasado en los últimos quince días, tiempo que no se veían.</p> - -<p>Dos de los Príncipes nada importante tuvieron que referir; pero, en -cambio, el tercero contó que en una de sus excursiones había divisado a -una Princesa tan hermosa como no había visto otra en su vida, que estaba -perdidamente enamorado de ella y que, no hallando cómo llamar su -atención, le había robado un día una madeja de seda con que bordaba, -otro día su dedal y al siguiente unas tijeras de oro, objetos que tenía -al lado en su velador. Y tomándolos, los besaba tiernamente, diciéndoles -las palabras más dulces y cariñosas.</p> - -<p>Después de escuchar esto, Juanito logró escabullirse sin ser notado, y -como el hambre le apretaba, se metió en la cocina, en la cual no -encontró a nadie. Con temor probó de uno de los guisos, y viendo que -nada le pasaba, se creyó autorizado para hartar su estómago.</p> - -<p>Después de satisfacer su apetito, salió, sin tropiezos, de aquel palacio -encantado, y al lado afuera de la entrada de la cueva, tropezó con su -burro, que lo esperaba. Montó en él, y a las pocas horas se encontró -frente al palacio del Rey.</p> - -<p>Pidió permiso al jefe de la guardia para pasar a ver a la Princesa y -entregarle las tortillas, con las cuales—aseguraba él—sanaría la -enferma. Al principio no querían dejarlo entrar, pero en vista de su -insistencia, lo condujeron a presencia del Rey, y como la petición de -Juanito estaba de acuerdo con el bando que el mismo Rey había mandado -publicar, ordenó que se le llevase a las habitaciones de la Princesa.</p> - -<p>La Princesa, cansada con las preguntas de tanto charlatán como había ido -a visitarla, en cuanto entró Juanito se dió vuelta para la pared; pero -éste, sin inmutarse, le habló en los siguientes términos, de un -resuello:</p> - -<p>—Manda a decir mi mamita que su mercé es su señorita, que tenga muy -buenos días y que cómo está y que aquí<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">{36}</a></span> le manda estas tres tortillas, -pero no le traigo más que dos, porque la otra se me fué rodando cuando -salí de mi tierra, y yo, por seguirla, llegué hasta un palacio -encantado, en donde vi y oí cosas tan maravillosas como tal vez no habrá -visto ni oído alma viviente en este mundo. Figúrese usted, señorita que, -escondido detrás de la puerta del comedor del palacio, vi que llegaban -tres grandes bolas de cobre, que al rodar metían mucho ruido y que se -abrían por la mitad y que de cada una de ellas salía un canarito.</p> - -<p>Al llegar a este punto, la Princesa se volvió para el lado de Juanito, e -incorporándose en la cama, le preguntó con ansiedad:</p> - -<p>—¿Y qué hicieron esos pajaritos?</p> - -<p>—Sacudieron sus alitas y en seguida se fueron volando a un dormitorio -situado al lado del comedor y en el cual había tres camas; y entonces -llegaron tres negros, trayendo cada uno un baño que depositó al lado de -las camas; en cada uno de ellos se metió un Canario y a los pocos -instantes salieron convertidos en tres hermosos Príncipes, que se -recostaron en sus camas y empezaron a contarse lo que les había ocurrido -en los últimos días. Dos de ellos no tuvieron nada nuevo que contar, -pero el otro, que era el más lindo de los tres, les dijo que un día que -pasaba volando por el palacio de un Rey, divisó a la Princesa más -hermosa que en su vida había visto, que se había enamorado perdidamente -de ella y que, para llamar su atención, le había robado un día una -madeja de seda, otra vez el dedal de oro y otro día sus tijeras. No oí -más, porque ya no aguantaba el hambre y me fuí a la cocina a comer algo. -Después que maté el hambre salí, y al lado afuera encontré a mi burro, -monté en él y me vine a cumplir el encargo de mi mamita. Pero su mercé -me perdonará que no le haya traído más que dos de las tres tortillas que -mi mamita me entregó para su mercé, porque como habrá visto, no es mía -la culpa de que se me haya perdido una.</p> - -<p>La Princesa, que había escuchado anhelante a Juanito, contestó:<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">{37}</a></span></p> - -<p>—Está muy bien, Juanito ¿y serías capaz de llevarme a la cueva en que -está el palacio encantado?</p> - -<p>—Como nó pues, señorita, si el camino es bien refácil; no está más que -a la vueltecita de la esquina.</p> - -<p>La Princesa hizo llamar al Rey.</p> - -<p>—Padre, le dijo, todos los que hasta ahora han venido a verme no han -sido sino unos charlatanes, con excepción de este niño, que es médico -verdadero. El me ha traído la salud, pero aunque me siento bien, para -restablecerme por completo necesito hacer un viaje de unos cuantos días, -y espero que Vuestra Majestad no me negará el permiso. El solo me -acompañará.</p> - -<p>El Rey se quedó admirado de ver el cambio tan radical que en un momento -se había operado en la salud de su hija, y como la amaba tanto y nada se -atrevía a negarle, le concedió el permiso que solicitaba. Quiso que -llevara dinero, mucho dinero, para los gastos que pudieran ofrecérsele; -pero ella lo rehusó, lo mismo que el séquito que se le ofrecía, y salió -sin más compañía que Juanito, montados ambos en el burro que había -traído al niño a palacio.</p> - -<p>El burro los condujo en pocas horas hasta la entrada de la cueva, en -donde bajaron. La Princesa le dió a Juanito una carta para el Rey, en la -que le decía que no pasase cuidados por ella, que estaba bien, que en -pocos días más regresaría completamente restablecida, y que le entregara -a Juanito el dinero que había ofrecido al que la sanase de su -enfermedad.</p> - -<p>Deshizo Juanito el camino y puso en manos del Rey la carta de la -Princesa. El Rey ordenó que se le diese una gran suma de dinero y con -ella regresó Juanito a casa de su madre, y ambos, desde entonces, llevan -una vida tranquila y holgada.</p> - -<p> </p> - -<p>Volvamos a la Princesa que, una vez que quedó sola, entró al interior de -la cueva y se encontró de repente en medio de un gran comedor regiamente -amueblado. No sabía qué hacerse, cuando entró el Canarito revoloteando<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">{38}</a></span> -y cantando alegremente y después de hacerle mil gracias a su adorada, se -detuvo y le habló de esta suerte:</p> - -<p>—Hermosa Princesa, ¿cómo te has atrevido a poner tus plantas en este -sitio en que te esperan tantos peligros?</p> - -<p>—Linda avecita, por verte y tenerte a mi lado encontraré livianos todos -los trabajos que se me presenten; no aspiro sino a estar en tu compañía -y oir tu hermoso canto.</p> - -<p>—Princesa, esta cueva encantada está al cuidado de una vieja hechicera; -búscala y la encontrarás en la última pieza del interior y dile que -deseas ocuparte y vienes a ofrecerle tus servicios; ella los aceptará y -te encargará trabajos que te parecerán imposibles de ejecutar, pero no -tengas cuidado que yo velaré siempre por tí y te ayudaré.</p> - -<p>La Princesa, después de recorrer muchos patios y galerías, llegó a una -pieza a cuya puerta estaba sentada una vieja de aspecto repelente, con -la cabellera desgreñada, el rostro sucio, las uñas larguísimas, los ojos -encarnizados. En cuanto divisó a la Princesa, con voz áspera le -preguntó:</p> - -<p>—¿Qué buscas aquí, vil gusanillo de la tierra?</p> - -<p>—Señora, le contestó, necesito emplearme y andaba buscando dónde -servir, cuando llegué a esta casa y como encontré la puerta franca y -nadie acudió a mi llamado, entré hasta este sitio sin encontrar en mi -camino a ninguna persona; ¿no querría Ud. tomarme a su servicio?</p> - -<p>—Está bien, dijo la vieja; retírate a aquella pieza y mañana, de alba, -vienes a recibir mis órdenes.</p> - -<p>La Princesa se retiró sumamente afligida; el rostro mal agestado de la -Bruja y su voz dura y antipática la atemorizaron y pasó la noche sin -dormir.</p> - -<p>Apenas amaneció se fué a la pieza de la vieja, que ya estaba en pie y -que la esperaba con un gran frasco de vidrio.</p> - -<p>—Toma este frasco, le dijo, y antes de las doce del día me lo traerás -lleno de lágrimas de picaflores; si no consigues llenarlo, te costará la -vida.<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">{39}</a></span></p> - -<p>La Princesa salió llorando sin saber a dónde dirigirse, pero a poco -andar vió en un árbol al Canarito, que le dijo:</p> - -<p>—Ve a aquel monte que se divisa allí cerca; antes de subir cortarás una -varillita de la primera planta que encuentres a mano derecha del camino -que conduce a la cima, subes y esperas arriba la salida del sol; colocas -el frasco en el suelo e inmediatamente vendrá una multitud de picaflores -y uno tras otro irá parándose en la boca del frasco.</p> - -<p>Entonces tú les vas dando un golpecito en la cabeza con la varilla y -derramará cada uno tres lágrimas dentro del frasco. Serán tantos y se -turnarán tan rápidamente que en menos de una hora lo llenarán.</p> - -<p>Siguió la princesa el camino que le indicó el Canario y al llegar al -monte cortó una varilla del primer arbusto que halló a la derecha de la -senda; en seguida continuó su marcha, y una vez que estuvo arriba, dejó -el frasco en el suelo, se sentó sobre una piedra y se quedó meditando -sobre su triste suerte y las raras aventuras de su corta vida, hasta que -el sol se levantó brillante y majestuoso en el horizonte.</p> - -<p>Inmediatamente acudió de todas partes una multitud de picaflores, cuyas -plumas tornasoladas lanzaban vívidos reflejos al ser heridas por los -rayos solares. Las lindas avecitas revoloteaban en torno de la Princesa, -y saliendo del grupo, de a dos y de a tres se paraban en el borde de la -boca del frasco y esperaban que la joven les diese un suave golpecito en -la cabeza con la varilla, para retirarse y dejar el puesto a otras de -sus compañeras. Esta escena se repitió con tal rapidez que, aunque sólo -eran tres las lágrimas que cada picaflor depositaba en el frasco, en -media hora éste se había llenado. Sin embargo de haber cumplido su -tarea, la Princesa no se movió de aquel sitio: el solo recuerdo de la -Bruja le imponía pavor y la hacía extremecerse, ¡y se sentía tan bien en -medio de los árboles y de los pajaritos!</p> - -<p>Cuando el sol llegó a lo más alto del cielo, la Princesa<span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">{40}</a></span> se despidió -cariñosamente de los picaflores, agradeciéndoles con frases llenas de -dulzura el servicio que le habían hecho; y rodeada de ellos, que no la -dejaron sino cuando llegó al plano, descendió del cerro con el frasco en -sus brazos.</p> - -<p>Pocos momentos después llegaba a la cueva y se encontraba en presencia -de la aborrecible vieja, y entregándole el frasco le decía:</p> - -<p>—Señora, estáis servida.</p> - -<p>—Está bien, refunfuñó la Bruja; mañana temprano vendrás a recibir una -nueva orden.</p> - -<p>Y arrojándole un mendrugo de pan, le indicó con el dedo que se retirara -a su cuarto.</p> - -<p>La Princesa pasó la noche sin dormir, así es que muy temprano, antes que -amaneciese, ya estaba en presencia de la hechicera. La vieja, que la -esperaba, le pasó un cofre de una hermosura imponderable, cubierto de -incrustaciones de oro y de adornos de flores de diamantes, perlas y -rubíes, y entregándole una llavecita, le ordenó que la llevase a casa de -otra vieja, su amiga, porque era su cumpleaños. Esta amiga la abriría y -sacaría su contenido y después debía regresar la Princesa con la caja y -estar de vuelta antes del mediodía.</p> - -<p>Salió la Princesa llorando y sin saber cómo, se halló de pronto al pie -del monte en que había estado la mañana anterior. Allí encontró al -Canarito, que le dijo:</p> - -<p>—Enjuga tu llanto, hermosa Princesa, y quédate aquí hasta la hora -conveniente. Lo que la vieja desea es que abras el cofre; pero no lo -abrirás, ni tampoco lo llevarás a casa de la amiga de la Bruja, porque -ella te lo haría abrir. Poco antes de las doce te irás a la cueva y -entregarás el cofre a la vieja diciéndole que su amiga lo había abierto -y habían salido de adentro unos guerreros que la habían muerto. Y el -Canarito se fué.</p> - -<p>Mientras llegaba la hora, la Princesa se entretuvo con los picaflores -que revoloteaban a su alrededor de la manera más graciosa, haciendo mil -figuras y evoluciones como si<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">{41}</a></span> bailaran; pero cuando el sol iba a llegar -al mediodía, bajó siempre rodeada de las avecitas, hasta que llegó a la -cueva. La vieja la esperaba en el interior, en la puerta de su -habitación, y le entregó el cofre diciéndole que apenas la amiga lo -había abierto, habían salido de él una cantidad innumerable de guerreros -armados que en un momento le dieron la muerte, desapareciendo en -seguida.</p> - -<p>—Pero ¿es cierto lo que me dices, muchacha? contestó la vieja, ¡si no -puede ser!</p> - -<p>—Pero así ha sido, señora.</p> - -<p>—A ver, pásame la llave.</p> - -<p>Y tomándola, abre el cofre y sale de él un verdadero ejército de jóvenes -armados de espadas, lanzas y hachas con las cuales traspasan y destrozan -a la infame vieja, que se revuelca en el suelo en medio de un mar de -sangre. Los jóvenes guerreros desaparecen dejándola por muerta; pero la -Bruja tenía la vida de los gatos, y, arrastrándose como pudo, se echó a -la cama.</p> - -<p>La Princesa quedó anonadada con esta escena, y se habría quedado quién -sabe hasta cuándo como enclavada en el suelo, si la voz de la vieja no -la hubiese sacado de su abstracción.</p> - -<p>—Hijita, le dijo la vieja con un tono que trataba de aparecer cariñoso, -vaya a la otra pieza, tome el primero de los frascos que hay en el -armario y me lo trae; quiero tomar del licor que hay en él para morir y -dejar de sufrir.</p> - -<p>Pasó la Princesa a la pieza contigua, y ahí encontró al Canarito, que le -dijo muy quedo al oído:</p> - -<p>—No le lleves el primero sino el último de los frascos del armario, -para que muera de veras: cualquier otro que le lleves le dará la vida y -no terminarán nunca nuestros sufrimientos.</p> - -<p>Obedeció la Princesa y le llevó el último frasco.</p> - -<p>—¿Este es el primero, hijita?</p> - -<p>—Sí, señora, éste es el primero.</p> - -<p>—No vaya a haberse equivocado y haya tomado el segundo.<span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">{42}</a></span></p> - -<p>—No, señora, estoy completamente segura de que he traído el primero.</p> - -<p>—Entonces deme una cucharada de él.</p> - -<p>La Princesa le pasó una cucharada del líquido que el frasco contenía y -la vieja se lo bebió con ansia; pero apenas lo tragó, comenzó la Bruja a -torcerse, a despedazarse con las uñas, a morderse las manos y los -brazos, dando unos gritos tan desaforados que parecía que el palacio se -iba a venir al suelo.</p> - -<p>Por suerte, todo esto duró poco, porque la vieja, en medio de los -mayores dolores, entregó pronto su alma al diablo, a quien con tanto -empeño había servido durante su larga vida.</p> - -<p>En cuanto cesaron los alaridos de la Bruja, sucedió una cosa inesperada. -La cueva y el palacio se convirtieron en un bello y extenso país; los -Canarios, en tres hermosos príncipes; los negros que había visto -Juanito, en grandes de la corte, y los picaflores, en los habitantes del -reino, todos los cuales vinieron a rendir homenaje a la Princesa.</p> - -<p>Acercóse a ella el más hermoso de los tres Príncipes e hincando una -rodilla en tierra, habló a la Princesa de esta manera:</p> - -<p>—Princesa, yo soy aquel Canario que os arrebató la madeja de seda, el -dedal y las tijeras y que más tarde os aconsejó lo que debíais hacer -para libraros y librarnos de la malvada hechicera que por satisfacer una -ruin venganza mató a nuestros padres y nos tenía hechizados a mí, a mis -hermanos y a nuestro pueblo. Bien sabéis que yo os amo y que no podré -vivir sino en vuestra compañía. Sé que vos me amáis también, pues por -amor a mí habéis arrastrando tantos peligros. ¿Queréis que vayamos ahora -mismo donde vuestro padre, que es nuestro vecino, para pedir vuestra -mano?</p> - -<p>—Príncipe, contestó la joven, mi anhelo es ser vuestra esposa; partamos -cuanto antes.</p> - -<p>El pueblo, entusiasmado, aclamó a la Princesa, llamán<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">{43}</a></span>dola su reina, su -buena y querida reina, y jurando amarla y protegerla de todo peligro.</p> - -<p>Grande fué el alborozo del Rey, padre de la Princesa, al verla llegar -completamente sana de su enfermedad y en tan buena compañía. Las bodas -se celebraron al día siguiente y hubo grandes fiestas y regocijos -públicos en los dos reinos, cuyos pueblos confraternizaban como si -fueran uno. Los novios fueron muy felices; gobernaron a su pueblo con -bondad paternal y Dios los premió dándoles hijos bellos y virtuosos, que -les hicieron agradable su peregrinación en esta vida.</p> - -<h2><a name="num1-7" id="num1-7"></a>7. EL REY TIENE CACHITO<br /><br /> -<small>(Contado por el Presbítero don Osvaldo Martínez, de Santiago, en 1912)</small></h2> - -<p>Este era un Rey que cayó enfermo de un fuerte dolor a la cabeza. Su -dolencia lo obligó durante muchos días a guardar cama y durante ellos no -pudo ocuparse de los asuntos de gobierno. Cuando se levantó, se encontró -con que le había salido un cachito.</p> - -<p>El Rey, por supuesto, quiso tener oculta de todos esta desgracia; pero -no lo consiguió: el pelo le creció tanto que tuvo necesidad de hacer -llamar a un peluquero, encargando que le trajeran el más discreto de la -ciudad.</p> - -<p>Sus Ministros pasaron revista a todos los fígaros de la capital y por -fin creyeron encontrar al que su Majestad necesitaba: era éste un pobre -hombre que, aunque manejaba magistralmente la tijera y la navaja, casi -no tenía clientela porque era muy reservado y poco comunicativo; no -hablaba sino cuando era de absoluta necesidad.<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">{44}</a></span></p> - -<p>Con los informes de los Ministros, el Rey lo nombró su peluquero.</p> - -<p>En la primera sesión, el Rey le dijo que a ninguna persona debía -comunicarle su desgracia y le exigió bajo juramento que así lo hiciese. -El Peluquero juró que a ninguna persona diría que el Rey tenía un -cachito. Después de esto le cortó el pelo y se retiró para volver dentro -de un mes.</p> - -<p>No hizo mas que salir el Peluquero y sentir un desasosiego como nunca lo -había tenido; y lo peor es que este malestar no lo dejaba y -experimentaba como una necesidad de echar afuera aquel secreto que le -hormigueaba por todo el cuerpo. Y aquí tenemos a nuestro hombre, que -hasta entonces había vivido tranquilo, convertido en el ser más -desgraciado de la tierra: no comía, no dormía, no trabajaba, no tenía -ánimos para nada.</p> - -<p>Y sin embargo de no comer, se iba hinchando, hinchando hasta ponerse -redondo como una tinaja.</p> - -<p>El pobre hombre se sentía desfallecer, no hallaba qué hacerse; estaba -seguro de que se moriría en horas más si no contaba su secreto. Pero ¿y -el juramento? El era buen cristiano y por nada de la vida perdería su -alma.</p> - -<p>Desesperado, salió al campo; y aquí le ocurrió una idea salvadora. Con -una estaca que halló a mano abrió un hoyo y echándose de barriga en -tierra se puso a decirle:—¡El Rey tiene cachito! el Rey tiene -cachito!—repitiendo la frase no menos de cien veces; y a medida que la -iba diciendo, la barriga se le iba deshinchando. En seguida tapó el hoyo -con la misma tierra que de él había sacado.</p> - -<p>¡Qué desahogado, qué aliviado y qué flaco se levantó el Barbero! ¡Qué -feliz se sintió! Pocos momentos después llegó a su casa pidiendo -desaforadamente que le dieran de comer; ¡qué apetito! todo lo que le -servían se le hacía poco! La mujer estaba desesperada: ¿de dónde sacaría -alimentos suficientes para llenar aquel tonel sin fondo? Se comió todo -lo que pilló a mano, cuanta materia engullible había en la casa, y por -fin, más cansado de hacer<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">{45}</a></span> funcionar las mandíbulas que satisfecho, se -acostó. ¡Era de ver la placidez con que dormía el santo varón! Durmió -dos días con sus noches, y se levantó feliz, cantando y con grandes -disposiciones para trabajar. Era otro hombre.</p> - -<p>Pasaron los días uno tras otro hasta completar una semana, cuando -ocurrió una cosa inesperada. Los niños de la escuela habían ido a hacer -la chancha al campo vecino y encontraron una mata de capachitos, que -había brotado precisamente en el lugar en que el Peluquero había hecho -el hoyo; arrancaban las florecitas y tomándolas con el dedo pulgar, -índice y cordial, las reventaban en sus frentes, como tienen costumbre -de hacerlo; pero en esta vez la florecitas, al estallar, decían:</p> - -<p>—¡El Rey tiene cachito!</p> - -<p>Admirados los niños de este prodigio, llevaron a sus casas todos los -capachitos que quedaban y repitieron la prueba y los capachitos siempre -decían:—¡El Rey tiene cachito!</p> - -<p>No se podía dudar de la noticia, y ella corrió como el aceite: en pocos -instantes la conocía toda la ciudad. Y tanto y tanto cundió que llegó a -oídos del Rey.</p> - -<p>El Rey hizo llamar al Peluquero y después de apostrofarlo duramente le -dijo que le haría pagar con la vida su indiscreción. El Peluquero -respetuosamente repuso:—Señor, yo juré a Vuestra Majestad no decirle a -ninguna persona su secreto y lo he cumplido, porque hasta ahora no se lo -he dicho a alma nacida. ¿Qué culpa tengo yo si los capachitos lo andan -proclamando a los cuatro vientos?</p> - -<p>Por cierto que se cuidó de contarle lo que había hecho, y como de esto -no había testigos, el Rey hubo de perdonarlo.<span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">{46}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-8" id="num1-8"></a>8. EL CUERPO SIN ALMA.<br /><br /> -<small>(Referido en 1912 por Beatriz Montecinos, de 50 años, de Talca)</small></h2> - -<p>Para saber y contar y contar para saber.</p> - -<p>Este era un caballero que tenía un fundo cerca de la ciudad, muy grande -y muy hermoso, pero que tenía la maldición de que nadie podía vivir en -él, porque, sin saber cómo ni por qué, al otro día amanecían muertos los -que pretendían trabajarlo. El caballero estaba desesperado, y ofreció -darlo a medias al que se atreviese a sembrarlo.</p> - -<p>Había en la misma ciudad una viuda muy pobre, que tenía tres hijos, -decididos y valientes, los cuales se pusieron de acuerdo para -trasladarse al fundo. Partieron, llevando cada uno un pedazo de pan y -otro de queso, que para más no les alcanzó el poco dinero que tenían.</p> - -<p>Habían andado ya un buen trecho, cuando el menor se hizo a un lado de -sus hermanos, que siguieron andando, porque se le ofreció una necesidad. -Iba ya a reunirse con ellos, cuando se le presentó una pobre vieja -pidiéndole una limosna. El, compadecido, le dió el pan y el queso que -llevaba, y entonces la anciana le entregó una varillita, diciéndole que -era de virtud y que le haría todo lo que le pidiese, y desapareció.</p> - -<p>Llegaron los tres hermanos al fundo muy de madrugada y convinieron en -que mientras iban a trabajar los dos menores, el mayor se quedaría -haciendo la comida para los tres.</p> - -<p>Fueron los menores al trabajo y cuando el mayor tenía hecha la comida y -en punto para servirla, salió de un pozo que había cerca de la cocina un -enorme Culebrón, y el joven, del susto, se fué de espaldas y casi se -mató del golpe.</p> - -<p>—La vida o la comida, le dijo el Culebrón.</p> - -<p>—La comida, le contestó el pobre, más muerto que vivo.<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">{47}</a></span></p> - -<p>El Culebrón devoró la comida y en seguida desapareció por el pozo.</p> - -<p>Poco después llegaron los otros dos hermanos, quienes, de tanto que -habían trabajado, venían que no podían más de hambre. Cuando supieron lo -que había pasado, casi se murieron de rabia.</p> - -<p>Al día siguiente se quedó el segundo haciendo la comida, partieron a -trabajar los otros dos, y sucedió lo mismo que el día anterior: salió el -Culebrón, se comió la comida, y dejó tocando tabletas a los tres -hermanos.</p> - -<p>El tercer día se quedó el menor, y en el momento en que éste retiraba la -olla del fuego, salió el Culebrón y le dijo:</p> - -<p>—La vida o la comida.</p> - -<p>—Ni la vida ni la comida, le respondió el joven, y poniéndose en facha -con su varillita en la mano, obligó al Culebrón a retirarse a su pozo -bastante mal herido.</p> - -<p>Llegaron los otros dos, y comieron todos con mucho apetito.</p> - -<p>Después dijo el más joven:</p> - -<p>—Para vernos libres en adelante de este estorbo, amárrenme con un -cordel y descuélguenme en el pozo y yo mataré al Culebrón donde se -encuentre. Cuando mueva la cuerda es para que la tiren y me suban.</p> - -<p>Bajó el joven, y en el fondo del pozo se encontró con un hermosísimo -palacio, que tenía todas las puertas y ventanas cerradas. Golpeó -inútilmente, porque no le abrieron. Entonces, sacando su varillita, -dijo:</p> - -<p>—Dios y una hormiguita, e inmediatamente se convirtió en hormiga. Así -pudo entrar por una rendija y llegó a una sala en donde había una niña -más bella que el sol. Se le subió por un costado y de repente la picó.</p> - -<p>—¿Quién me pica? dijo la niña.</p> - -<p>—Yo, señorita, contestó el joven desencantándose.</p> - -<p>Se pusieron a conversar. La niña le dijo que eran tres hermanas, hijas -del Culebrón, el cual las tenía encerradas bajo siete llaves y no les -permitía ver a nadie.</p> - -<p>—Yo mataré al Culebrón y las libraré a ustedes.<span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">{48}</a></span></p> - -<p>—No podrás matarlo—le dijo la joven—porque mi padre es el Cuerpo sin -Alma.</p> - -<p>—Pero tú podrás averiguar en dónde tiene el alma y entonces yo daré -buena cuenta de él.</p> - -<p>Fué la niña al lugar en que estaba su padre, y con ella el joven, -convertido en hormiga, pegado a su costado.</p> - -<p>—Papá, ¿por qué lo llaman a usted el Cuerpo sin Alma?</p> - -<p>—No te lo diré, porque las paredes tienen oídos y los matorrales ojos.</p> - -<p>—Pero si aquí estamos solos, y encerradas como vivimos ¿a quién podría -confiarle lo que usted me diga?</p> - -<p>Entonces él repuso:</p> - -<p>—Hija, has de saber que en el monte vecino hay una laguna; dentro de la -laguna hay un toro; matando a ese toro, sale de su cuerpo un león; -matando a ese león, sale una zorra muy corredora, que nadie la podrá -alcanzar; adentro de la zorra hay una paloma; y adentro de la paloma, un -huevo. Ese huevo es mi alma, y si llegan a quebrarlo, soy muerto.</p> - -<p>Siguieron hablando un rato sobre otras cosas y poco después la niña se -retiró a su pieza. Inmediatamente el joven se fué corriendo para la -laguna, y apenas había llegado a la orilla, salió el toro bramando y -escarbando la tierra que daba miedo.</p> - -<p>—Dios y un toro de los más bravos—dijo el joven sacando la varillita y -al punto se convirtió en toro y se puso a pelear con el que había salido -de la laguna, hasta que lo mató. Por el hocico del toro muerto salió un -león, que echaba el cielo abajo con sus rugidos.</p> - -<p>—Dios y un león de los más bravos—dijo el joven a la varillita, y -convirtiéndose en león, atacó rudamente a su contrario y lo mató. -Entonces salió la zorra corredora del hocico del león muerto, y tanto y -tan bien corría que no se le veían las patas.</p> - -<p>—Dios y un perro zorrero, de los más corredores y más bravos, dijo el -joven, y en el mismo instante se volvió<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">{49}</a></span> perro, y tan ligero corría, que -las patas no tocaban el suelo. En un momento alcanzó a la zorra y -también la despachó.</p> - -<p>Mientras tanto el Cuerpo sin Alma se sentía muy enfermo y daba unos -quejidos terribles. La niña se acercó a preguntarle qué tenía.</p> - -<p>—Retírate, traidora—le dijo el Culebrón—si no quieres que te mate.</p> - -<p>Del cuerpo de la zorra salió una paloma, que se perdió en el espacio. El -joven dijo:</p> - -<p>—Dios y un halcón de los más voladores;—y convertido en halcón dió -alcance a la paloma, la mató y le sacó del buche el huevo que tenía -guardado y que era el alma del Culebrón.</p> - -<p>Poco después se presentó en el palacio y mostrándole el huevo, dijo al -Culebrón, que apenas respiraba ya, tan desfallecido estaba:</p> - -<p>—¿Conoces esto?</p> - -<p>—¿Cómo no lo he de conocer, si es mi alma?</p> - -<p>—Te la entregaré si me das el manojo de llaves del palacio.</p> - -<p>El Cuerpo sin Alma le entregó las llaves y el joven, disparándole el -huevo, le dijo:</p> - -<p>—Ahí la tienes.</p> - -<p>Pero el huevo le dió en la frente al Culebrón y se reventó, y el -Culebrón cayó muerto.</p> - -<p>El joven se fué a librar a las tres niñas, pero la menor, que era la que -él había visto, no quería que sacase a las otras, porque estaba -enamorada de él y temía que sus hermanas, que también eran muy bellas, -le robasen su amor. Pero él le dijo:</p> - -<p>—Si nosotros también somos tres; mis hermanos se casarán con tus -hermanas.</p> - -<p>Las sacó a las otras dos de su encierro y amarrando primeramente a la -menor, movió el cordel y los que estaban arriba la subieron. Los dos -hermanos, cuando la vieron tan buena moza, se pusieron a pelear, para -ver cuál se la<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">{50}</a></span> llevaba; pero ella les dijo que eran tres y que luego -subirían las otras dos.</p> - -<p>Cuando hubieron subido las tres niñas, los hermanos mayores no volvieron -a echar el cordel, y tomando cada uno a su compañera, dejaron abandonada -a la menor, que esperó en vano que subiera el joven que había quedado en -el pozo.</p> - -<p>Un momento después conoció éste su desgracia, y, turbado con la pena que -le causaba la traición de sus hermanos, por decirle a la varillita -“siete estados para arriba”, le dijo “siete estados para abajo” y llegó -a la tierra de los pigmeos, donde, del golpe tan violento que recibió, -quedó sin sentidos. Cuando volvió en sí, los pigmeos le habían robado su -varillita de virtud.</p> - -<p>El pobre entró a sufrir mucho y llegó su miseria a tal estado que se vió -obligado a ocuparse como cuidador de los rebaños del Rey de los pigmeos -para ganarse la vida.</p> - -<p>Un día que lloraba su desgracia, se le apareció una Aguilita y le -preguntó:</p> - -<p>—¿Por qué está tan triste y llorando?</p> - -<p>—¿Cómo no he de llorar, distante de la que amo y viéndome en el estado -en que me hallo y sin esperanzas de volver a la tierra?</p> - -<p>—Yo lo sacaré de aquí si le parece; pero tiene que llevar mucha carne, -porque el viaje es largo y hay que atravesar el mar.</p> - -<p>—Está bien, llevaremos un cordero.</p> - -<p>Y el joven mató un cordero y dividiéndolo en cuartos lo puso sobre el -Aguila y él se montó en seguida encima.</p> - -<p>Al poco rato el Aguilita pidió de comer y él le puso en el pico un -cuarto de cordero. Volaron un rato, y el Aguilita pidió más, y él le -entregó el segundo cuarto; después, el tercero; y por fin el único que -quedaba.</p> - -<p>Iban volando por sobre el mar cuando el Aguilita dijo:</p> - -<p>—Compañero, ¿queda carnecita? mire que me faltan las fuerzas y nos -caeremos al mar y nos ahogaremos si no como.<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">{51}</a></span></p> - -<p>El joven se cortó una pierna y se la atravesó en el pico al Aguila. Esta -escena se repitió dos veces más, y el joven tuvo que cortar su otra -pierna y el brazo izquierdo, que el Aguila devoró en un instante. De -pronto dijo el Aguila:</p> - -<p>—Ya llegamos; bájese, compañerito, que en aquel palacio está su niña; y -apúrese porque la van a casar con un príncipe y ella no quiere, porque -lo está esperando a usted.</p> - -<p>—¿Y cómo me bajo—respondió el joven—si no tengo piernas?</p> - -<p>—Echese al suelo no más, y no se demore, que lo dejan sin novia.</p> - -<p>Al dejarse caer, el joven se encontró con sus dos piernas y sus dos -brazos, y si buen mozo había sido antes, quedó desde entonces mucho -mejor. Llorando de alegría, le dió las gracias a la Aguilita, y ella, -convirtiéndose en ángel, le dijo que era el de su guarda, que viéndolo -tan triste, había venido a sacarlo de apuros.</p> - -<p>Cuando llegó al palacio en que estaba su amada, la alegría de ésta fué -grande, y en lugar de celebrarse el matrimonio con el príncipe con quien -la obligaban a casarse, se casó con el joven que tanto había sufrido por -ella y había sido su primer amor. La fiesta estuvo muy buena y hasta -ahora estará que se arde; yo me encontré en ella y comí y tomé hasta que -casi reventé. Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento para -serranías de más adentro.</p> - -<h2><a name="num1-9" id="num1-9"></a>9. LA HUACHITA CORDERA.<br /><br /> -<small>(Referido en Abril de 1914 por Mercedes Albornoz, de 14 años, Villa -Alegre)</small></h2> - -<p>Este era un hombre que vivía en el campo y había quedado viudo con dos -hijos pequeños: un niñito y una<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">{52}</a></span> niñita. El hombre era pobre y para -alimentar a sus hijos tenía que salir a trabajar todos los días antes -que apareciera el sol, y como los niños no eran capaces de hacer nada, -se los dejaba encomendados a una vecina que los trataba con mucho -cariño, les lavaba su ropita y les daba muy bien de comer.</p> - -<p>Mejoró un poco la situación del hombre y se casó con la vecina; pero -ésta, apenas salía su marido de la casa, obligaba a los niños a hacer el -fuego, a que le trajesen agua del río en baldes que eran muy pesados -para ellos, a barrer y ejecutar otros trabajos superiores a sus escasas -y débiles fuerzas; y si la leña no estaba bien encendida, o los baldes -no llegaban completamente llenos, o quedaba un poco de basura en el -suelo, les pegaba cruelmente con lo primero que hallaba a mano.</p> - -<p>Una vez, el niño le dijo a la niña:—Vámonos de aquí, hermanita; ¿para -qué estamos sufriendo tanto?,—y al otro día muy temprano dejaron su -lecho, abandonaron la casa en que habían nacido y marcharon a la -ventura, alimentándose de frutas y de yerbas y durmiendo en las cuevas -de las montañas o en los ranchos abandonados que encontraban en su -camino.</p> - -<p>Después de muchos días de marcha, llegaron a una tierra desierta, sin -casas ni árboles, en la que el calor del sol se hacía sentir con toda su -fuerza. Los niños morían de sed y en ninguna parte hallaban agua para -aplacarla. Por fin llegaron a la orilla de una laguna y cuando se -disponían a beber, oyeron una voz que decía:</p> - -<p>—El que de esta agua bebiere tiburón se ha de volver y devorará a su -hermano.</p> - -<p>—Hermanita, no tomemos de esta agua—dijo el niño—aguantemos la sed y -vámonos, puede ser que más allá encontremos agua buena.</p> - -<p>Muy tristes se apartaron de la laguna y a cada instante más sedientos; -pero luego tropezaron con un pozo y el corazón se les alegró. -Sirviéndose de una cuerda que estaba en el suelo al lado del brocal, -echaron adentro<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">{53}</a></span> un tiesto que cerca estaba, y cuando ya lo alzaban -repleto de agua, salió del pozo una voz que decía:</p> - -<p>—El que de esta agua bebiere, sierpe se ha de volver y devorará a su -hermano.</p> - -<p>—Hermanita, no tomemos de esta agua—dijo el niño—aguantemos la sed y -vámonos, pueda ser que más allá encontremos otra mejor.</p> - -<p>La niña no soportaba la sed, y si no hubiera sido por la amenaza de que -si bebía de esa agua devoraría a su hermano, habría bebido hasta -saciarse.</p> - -<p>Continuaron su camino muy tristes, desfallecidos, casi sin fuerzas para -andar, pero a los pocos pasos tropezaron con un arroyo de agua fresca y -cristalina. Echáronse de bruces para beber y cuando sus secas fauces -estaban a punto de humedecerse, oyeron estas palabras que salían de la -corriente:</p> - -<p>—El que de esta agua beba, corderito se ha de volver.</p> - -<p>—Hermanita no tomemos...—alcanzó apenas a decir el niño, cuando vió a -su hermana convertida en corderita. La pobrecilla, no oyendo la amenaza -de que si bebía devoraría a su hermano, se apresuró a apagar su sed y -alcanzó a tragar unos cuantos sorbos de aquella agua maldita.</p> - -<p>Es fácil suponer en qué estado dejaría esta desgracia a los pobres -hermanos, que ya no tuvieron otro consuelo que conversar y comunicarse -sus penas, porque, por suerte para ellos, al experimentar la niña su -transformación, no había perdido el uso de la palabra. Sin embargo, el -niño lloraba mucho; no podía acostumbrarse a ver a su hermana convertida -en animal.</p> - -<p>Un día le salió al paso una viejecita.</p> - -<p>—¿Por qué llora tanto, hijito?—le preguntó.</p> - -<p>—¿Cómo no he de llorar, mamita, con la desgracia que nos ha sucedido? -¡Qué no daría yo por ver a mi hermana convertida en mujer otra vez!</p> - -<p>—Hijito, eso no es posible por ahora; pero con esta varillita de virtud -que voy a ocultar en las lanas de la Corde<span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">{54}</a></span>rita, tendrá ella lo que -quiera; podrá hasta volverse mujer por tres horas cada vez que lo desee, -y para siempre cuando un príncipe quiera casarse con ella.</p> - -<p>Y desapareció después de colocar una varita entre las lanas de la -Cordera.</p> - -<p>Desde ese momento la Corderita dejó de lamentarse y se la veía brincar y -correr al rededor de su hermano y balar alegremente; porque ha de -saberse que no hablaba con él sino cuando estaban solos.</p> - -<p>Pasó algún tiempo, y el niño que ya se había convertido en hombre, entró -a servir como pastor de los rebaños del Rey, el cual, como era muy -bondadoso, le permitió conservar la Corderita a su lado.</p> - -<p>Sucedió que en la noche del primer día en que el pastor había entrado en -funciones, el hijo del Rey tuvo que pasar por el patio en que estaban -las habitaciones de los sirvientes, y se extrañó de oir de la más -alejada, que era la que ocupaba el pastor y la Corderita, una voz -femenina. Se detuvo a escuchar para referirle a la Reina, su madre, lo -que oyera, pues era prohibido que las sirvientas penetraran a las piezas -de ese patio; pero no sintió sino murmullos y no alcanzó a entender ni -una palabra. Al día siguiente, el Príncipe refirió a su madre lo -sucedido, y en la tarde, cuando el pastor regresó, después de guardar el -ganado, fué conducido a presencia de la Reina.</p> - -<p>A la pregunta que le hizo la Reina de quién era la mujer que en la noche -anterior había estado en su aposento, contestó:</p> - -<p>—No estaba, señora, con ninguna mujer, sino con una huachita Cordera -que el Rey mi Señor me ha permitido guardar a mi lado y a la que he -conseguido enseñar varias palabras. (No se atrevió a contarle la -verdad).</p> - -<p>—¿Y qué palabras sabe? preguntó la Reina admirada.</p> - -<p>—Dice ya, papá, mamá, hermano y otras.</p> - -<p>—Tráeme la Corderita; quiero verla.</p> - -<p>Fué el jóven a su pieza, contó a su hermana lo que había hablado con la -Reina y le aconsejó que mientras<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">{55}</a></span> tanto no dijese más palabras que las -que él había dicho a la Reina que le había enseñado, y la condujo a la -presencia de la soberana.</p> - -<p>La Corderita se bañaba todos los días en el río, de modo que siempre -estaba muy limpia. La Reina quedó encantada y le dijo al pastor que se -la dejase, que ella la cuidaría muy bien.</p> - -<p>La Reina le tomó mucho cariño y a todas partes iba con ella. La -Corderita la llamaba mamá; al Rey le decía papá, y al Príncipe hermano.</p> - -<p>La Reina se dijo un día:—Si un rústico pastor ha podido enseñar a este -animalito a pronunciar unas cuantas palabras, ¿por qué no he de -conseguir yo que aprenda a hablar como una persona?</p> - -<p>Desde ese día comenzó a enseñarle a hablar, y la Huachita se hacía la -que no sabía y que poco a poco iba aprendiendo.</p> - -<p>Pasó así algún tiempo, hasta que para celebrar una victoria obtenida por -el Rey, se organizaron grandes fiestas, entre ellas unas carreras de -caballos a que debía concurrir toda la Corte.</p> - -<p>Cuando llegó ese día, la Corderita, que hasta entonces no había hecho -uso de la virtud que tenía, quiso ir a las carreras; y después que los -Reyes, el Príncipe y demás potentados que vivían en palacio salieron, -ella también salió sin que nadie la viera, y se fué al campo, y al lado -de un espino que allí había, dijo:</p> - -<p>—Varillita de virtud, por la virtud que Dios te ha dado, haz que me -convierta en mujer, vestida con un traje de color de estrellas y que -aparezca aquí para llevarme a las fiestas una carroza de plata -arrastrada por dos parejas de caballos y servida por tres pajes negros. -E inmediatamente se encontró convertida en una hermosísima joven, -vestida como había pedido y con el coche con los tres negritos. La piel -de cordero estaba a su lado, y antes de subir a la carroza la dejó -colgada de una rama del espino, y partió.<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">{56}</a></span></p> - -<p>Cuando llegó a la plaza, atrajo las miradas de todos por su hermosura y -la riqueza y esplendor de su traje. Nadie la conocía y unos a otros se -decían: «¿de dónde vendrá esta princesa?» El Príncipe, sobre todo, la -atendió mucho y se enamoró perdidamente de ella. Cuando sonó la hora en -que debía retirarse, el Príncipe le preguntó si volvería al día -siguiente y ella le contestó que sí.</p> - -<p>En la Corte no se habló en el resto del día de otra cosa que de la -fiesta; pero la preocupación de todos era la bellísima joven -desconocida.</p> - -<p>Llegó el día siguiente y todo el mundo se trasladó a las carreras.</p> - -<p>Una vez que la Corderita se encontró sola, volvió al campo, y al pie del -espino pidió a la varillita que la transformara en mujer, vestida con -traje de color de la luna y las estrellas y la condujese a la fiesta en -una carroza de oro arrastrada por tres parejas de caballos y servida por -seis pajes negros; y al punto todo se hizo como ella lo había pedido. -Dejó la piel de oveja colgada de una rama del espino, subió al carruaje -y se fué a las fiestas.</p> - -<p>A su entrada, la atención de la multitud se concentró en ella, y si -hermosa la habían encontrado el día anterior, más hermosa aun la -encontraron en este día. El Príncipe, todavía más enamorado, fué a -colocarse inmediatamente a su lado y allí estuvo conversando con ella -hasta el momento que la joven se levantó para retirarse.</p> - -<p>El otro día era el último de las carreras. La afluencia de gente fué -mayor; puede decirse que toda la ciudad se había trasladado a -presenciarlas.</p> - -<p>A la misma hora que los días anteriores, llegó la joven en una carroza -de diamantes arrastrada por cuatro parejas de caballos y servida por -doce negros; su traje tenía los colores de la luna, de las estrellas y -del sol naciente, y si linda la habían encontrado las otras dos veces, -más linda la hallaron esta vez. Todos los ojos estaban clavados en ella -y de los labios de la muchedumbre no salían sino alabanzas en su honor. -Apenas la divisó el Príncipe<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">{57}</a></span> fué a sentarse a su lado a cortejarla. -Cuando estaba hablándola con más entusiasmo, llegó un paje con un recado -de la Reina y el Príncipe tuvo que abandonar su asiento por un momento; -a su regreso se encontró con que estaba vacío el lugar que ocupaba la -niña.</p> - -<p>Se acabaron las fiestas y nadie volvió a ver a la joven.</p> - -<p>El Príncipe se puso muy triste y languidecía rápidamente. Los médicos -nada pudieron para curar su mal y los Reyes lloraban la próxima muerte -de su único hijo.</p> - -<p>Un día, cuando ya se había perdido toda esperanza de salvación, dijo la -Corderita a la Reina:</p> - -<p>—Mamá, ¿quiere que vaya yo a cuidar al enfermo? Quién sabe si pueda -sanarlo!</p> - -<p>¡Qué se perdía con que fuese! La Reina consintió y ella misma condujo a -la Corderita a las habitaciones del enfermo y la dejó allí.</p> - -<p>Apenas se retiró la Reina, la Corderita pidió muy quedito a la varillita -que la convirtiera en mujer, ataviada con el mismo traje con que se -había presentado a las carreras, y una vez transformada, se acercó a la -cama del enfermo y lo llamó dulcemente. El Príncipe abrió los ojos y a -la vista de su amada sintió que le volvía la vida.</p> - -<p>Tres horas conversaron alegremente y al terminar este tiempo la joven -tornó a convertirse en la Huachita Cordera.</p> - -<p>El Príncipe hizo llamar a los Reyes, y les dijo:</p> - -<p>—Padres, la Corderita me ha sanado; me siento perfectamente bien y es -preciso que me dejen casarme con ella.</p> - -<p>Apenas el Príncipe dijo estas palabras, cumpliéndose el vaticinio de la -viejecita que había dado a la Corderita la virtud, se transformó ésta -para siempre en la bellísima niña que todos habían visto en las fiestas, -y los Reyes, henchidos de contento, consintieron en el matrimonio de su -hijo con la joven.</p> - -<p>Los novios fueron muy felices y vivieron en una perpetua luna de miel y -tuvieron muchos hijos.</p> - -<p>El hermano de la joven, que hasta el día antes del ma<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">{58}</a></span>trimonio había -continuado como pastor, fué ennoblecido y siguió viviendo en la Corte, -desempeñando empleos muy principales.</p> - -<p>Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento.</p> - -<h2><a name="num1-10" id="num1-10"></a>10. LAS SIETE CIEGAS.<br /><br /> -<small>(Referido por el niño Luis Smith, de 12 años, en 1910)</small></h2> - -<p>Hubo en un país lejano un Rey muy malo que se complacía en el daño que -causaba a sus súbditos.</p> - -<p>Un día que salió a cazar, y se extravió en el bosque, vió en la puerta -de una choza a una jovencita muy bella y agraciada, y llevándola a -Palacio se casó con ella.</p> - -<p>Un mes nada más duró la felicidad de la Reina. Transcurrido este corto -tiempo, durante el cual el Rey fué tierno y cariñoso con ella, se reveló -nuevamente en él el hombre perverso, de fieros instintos. Con pretextos -y sin pretextos, todo lo encontraba malo, y como la Reina era la persona -que tenía más cerca, la desgraciada pagaba el pato. Un día que amaneció -de más mal humor que de ordinario, hizo sacar los ojos a la Reina y -ordenó que la encerrasen en un calabozo húmedo y sin luz, que daba a uno -de los patios interiores del palacio, y que la sometiesen a una -alimentación escasa.</p> - -<p>Poco tiempo después, el Rey se casó con otra joven, la cual también sólo -un mes fué feliz, y pasó otro mes al lado de su esposo sufriendo toda -clase de vejámenes; después, privada de la vista, fué a hacer compañía -en el calabozo a su predecesora.</p> - -<p>La misma suerte corrieron cinco niñas más, con las cuales el monarca -contrajo matrimonio sucesivamente.<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">{59}</a></span></p> - -<p>Las siete desgraciadas tuvieron un hijo cada una en su prisión, pero -sólo la primera lo conservó; las otras, muertas de hambre, se comieron -los suyos, y si no hubiera sido porque la primera mujer logró ocultar a -su hijo y que éste, como si adivinara el destino que le estaba reservado -si las compañeras de su madre lo descubrían, jamás lanzó el menor gemido -ni se le oyó llorar.</p> - -<p>La criatura era hermosa y fué creciendo. Su madre le enseñaba a hablar -en las noches, cuando sus compañeras dormían, y paulatinamente fué -comunicándole los pocos conocimientos que tenía, lo que el niño aprendía -con suma facilidad, porque estaba dotado de gran inteligencia.</p> - -<p>Una vez el niño encontró un clavo y, jugando, se puso a escarbar la -pared al lado del sitio que ocupaba su madre. La muralla, con la -humedad, estaba blanda, así es que en pocos momentos hizo un pequeño -forado por el que penetró un poco de luz; le dieron deseos de salir para -conocer el mundo, de que tanto había oído hablar a su madre, y para -conseguirlo continuó trabajando hasta que el agujero fué suficientemente -grande para dejarlo pasar. Le contó a su madre lo que había hecho y le -pidió que mientras él andaba afuera cubriera ella el forado con su -cuerpo para que el carcelero no lo viese.</p> - -<p>Salió el chico y se encontró con un hermoso huerto. No se cansaba de -admirar el cielo, tan azul y tan bello; mucho también le llamaron la -atención los árboles, las flores y los frutos; tomó algunos de éstos, -los probó y los encontró sabrosísimos. Cogió entonces todos los que pudo -para llevárselos a su madre, la cual sólo entonces comunicó la -existencia de su hijo a sus compañeras de desgracia e hizo que el niño -les repartiera frutas.</p> - -<p>Desde ese momento el niño fué la alegría de todas, que lo quisieron -entrañablemente, y él les pagaba su cariño renovándoles cada día las -provisiones que tomaba en el huerto.</p> - -<p>Cada vez que el niño estaba fuera, la madre pasaba<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">{60}</a></span> sobresaltada, -temiendo que uno de los hortelanos lo encontrara y lo llevase a -presencia del Rey. Por lo que pudiese suceder, le dijo un día:—Hijo, si -te llegan a ver, te preguntarán de dónde vienes, cómo te llamas y -quiénes son tus padres, y tú contestarás que vienes del mundo que tu -nombre es el Viento y que eres hijo del Trueno y de la Lluvia.</p> - -<p>Pasó algún tiempo, más de un año, sin que nada se descubriera, porque el -chico practicaba sus excursiones muy de mañana y los hortelanos no eran -madrugadores; pero una vez que uno de éstos se levantó más temprano que -de costumbre, fué cogido y llevado a la presencia del Rey. Al Rey le -cayó en gracia el chico y le preguntó:</p> - -<p>—¿De dónde vienes?</p> - -<p>—Del mundo.</p> - -<p>—¿Quién es tu padre?</p> - -<p>—El Trueno.</p> - -<p>—¿Y tu madre?</p> - -<p>—La Lluvia.</p> - -<p> </p> - -<p>Poco después de haberle hecho sacar los ojos a su séptima mujer y -haberla encerrado en el calabozo, el Rey se había casado por octava vez; -pero en ésta <i>le salió el futre</i>, como vulgarmente se dice, porque la -nueva esposa no era el manso cordero, ni la humilde paloma que las -anteriores. Mujer de carácter fuerte, de corazón duro y envidiosa, -dominó a su marido por completo. El Rey se fué acostumbrando poco a poco -a obedecer, y como consecuencia, su carácter se debilitó y dulcificó.</p> - -<p>Como dijimos, el chico le cayó en gracia al Rey, sólo de verlo, y mucho -más cuando lo oyó responder con tanto despejo a sus preguntas; y ordenó -que lo vistiesen bien y lo dejasen en completa libertad para andar por -el palacio y sus dependencias.</p> - -<p>El niño vivía con la servidumbre, que lo adoraba. Cuando concluía su -comida, recogía todos los restos y se los llevaba a las ciegas, con las -cuales conversaba un rato<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">{61}</a></span> cada vez que entraba a la prisión, -especialmente en la noche, antes de retirarse al cuarto que se le había -destinado.</p> - -<p>A medida que el niño crecía en altura, crecía también en inteligencia, -de tal modo que su fama salió de los patios de la servidumbre y llegó a -oídos de la Reina. Ella también quiso oírlo, y al escuchar sus -contestaciones tan prontas y oportunas, se propuso perderlo. La Reina -era envidiosa y no tenía hijos. Se fingió enferma, hizo llamar al Rey y -le dijo que había soñado que no sanaría de su enfermedad sino tomando -leche de leona traída por un león en odre de león, y que había de ser el -niño quien la fuese a buscar.</p> - -<p>El Rey, que no hacía sino la voluntad de su mujer, aunque a disgusto -ordenó al niño que cumpliera los deseos de la Reina. El niño, muy -afligido, fué a contarle a su madre lo que le pasaba, y ésta le dijo:</p> - -<p>—La Reina quiere perderte, pero nada te sucederá si sigues mis -consejos. Pide al cocinero, antes de partir, una cacerola, pan, leche y -sal suficiente para sazonarla; te vas por tal y tal camino hasta que -llegues a una llanura en que verás una gran peña a orillas de un -riachuelo sombreado de árboles; haces una sopa de pan con leche y dejas -la cacerola entre el arroyo y la peña y te ocultas detrás de un árbol. -Poco después llegará un león, que después de olfatear la sopa la comerá; -una vez que se la haya tomado toda, dirá él:—¡Qué buena está esta sopa! -¿Quién la habrá traído?—Entonces sales de tu escondite y le -contestas:—«Yo, señor», y el león, agradecido te dará lo que le pidas.</p> - -<p>Provisto de la cacerola y de las raciones de pan, leche y sal -suficientes, se dirigió afuera de la ciudad y siguió por el camino que -su madre le había indicado, hasta llegar a la peña. Allí se detuvo, hizo -la sopa de pan con leche y depositó la cacerola entre el riachuelo y la -peña y ocultándose detrás de un corpulento árbol, esperó. Pocos momentos -después llegaron a sus oídos los espan<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">{62}</a></span>tosos rugidos de un león, y casi -en seguida vió aparecer a la terrible fiera, que, rabiosa, rugía y -escarbaba la tierra, y abriendo las narices aspiraba el aire en todas -direcciones como si buscara con el olfato el lugar en que se encontraba -un ser extraño; pero sucedió que lo primero que llegó a sus narices fué -el olor suavísimo para él de la sopa de pan con leche, y dirigiéndose al -sitio en que el niño la había dejado, se la tomó poco a poco, -saboreándola con delicia.</p> - -<p>Una vez que concluyó de comérsela, se lamió los bigotes y exclamó:</p> - -<p>—¡Qué cosa más rica! ¡Quién la habrá dejado aquí? Y entonces el niño, -saliendo de su escondite, exclamó:</p> - -<p>—Yo la traje, señor León.</p> - -<p>El León lo miró un poco sorprendido y después de un rato, le preguntó:</p> - -<p>—¿Qué quieres que te dé en pago del placer que me has proporcionado?</p> - -<p>—Señor León—le contestó el niño—lo que quiero es un poco de leche de -leona en odre de león, y que sea llevada al palacio por un león, para -que se mejore la Reina, que está enferma.</p> - -<p>—Está bien—le dijo el León—tendrás lo que pides; pero, en cuanto -llegues al palacio, le pegarás tres veces en la cabeza con esta -varillita al leoncito que conduzca el odre y le dirás «ándate para tu -casa».</p> - -<p>Y mientras el León hablaba, apareció un leoncito con un odre sobre sus -espaldas.</p> - -<p>Púsose en marcha el niño, yendo adelante el leoncito con su carga. -Cuando llegaron frente al palacio, estaba la Reina en uno de los -balcones, y al divisar al niño y a su compañero, casi se murió de ira.</p> - -<p>Frente a la puerta del palacio echó el niño sobre sus hombros el odre y, -recordando las instrucciones del León, dió al leoncito tres golpes con -la varilla, diciéndole al mismo tiempo: «ándate para tu casa». El -leoncito desapareció.<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">{63}</a></span></p> - -<p>El odio de la Reina para con el hijo de la ciega creció después de esta -aventura y juró que lo haría morir. Hízose enferma nuevamente y le dijo -al Rey que había soñado que no sanaría sino viendo las torres cantando y -las almenas bailando, y que debía ser el niño quien se las había de -traer. El Rey, temiendo la ira de la Reina, ordenó al niño, a pesar del -cariño que le tenía, que fuese en busca de los objetos que aquélla decía -necesitar.</p> - -<p>El niño se fué llorando al calabozo y le contó a su madre lo que la -Reina exigía de él.</p> - -<p>—No tengas cuidado—le dijo la ciega—la Reina quiere que mueras; pero -si sigues mis instrucciones, nada te sucederá. Pide al hortelano que te -preste un burrito y a la mujer del jardinero su guitarra. Montado en el -burro, tomas tal y tal camino; y después de andar siete horas, llegarás -a una ciudad encantada, en la cual no verás más ser humano que una vieja -bruja. Desde que divises la ciudad tocarás la guitarra sin cesar hasta -que salgas, y, aunque la vieja te la pida, ni dejarás de tocar ni se la -darás. Tú tienes bastante inteligencia para manejarte bien en lo demás -que pueda sucederte.</p> - -<p>Se abrigó el niño con un poncho, porque hacía mucho frío, y montado -sobre el burro y con la guitarra colgada al cuello por medio de una -correa, se dirigió a la ciudad. Cuando estuvo cerca, se puso a tocarla y -le salió al encuentro una horrible vieja que le pidió se la vendiera; -pero el niño, sin dejar de tañerla ni un momento, le contestó que no la -vendía, pero que más allacito se la daría si le mostraba todo lo que -había de interesante y curioso dentro de la ciudad.</p> - -<p>Se pusieron en marcha, el niño toca que toca y la vieja chancleteando a -su lado, hasta que llegaron a un chiquero muy elegante, en que había un -chanchito muy bien cuidado.</p> - -<p>—¿Y este chanchito, mamita?</p> - -<p>—Este chanchito es la vida de la actual mujer de tu padre; ¡pero dame -tu guitarra, niño!<span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">{64}</a></span></p> - -<p>—Más adelante se la daré, mamita.</p> - -<p>Continuaron por la misma calle; el niño dale que dale a las cuerdas de -la guitarra y la vieja sin perderle pisada. Llegaron a una plaza, en -medio de la cual, entre flores de colores brillantísimos que despedían -una fragancia exquisita, se elevaba una delgada columna de agua dorada.</p> - -<p>—¿Qué es esto, mamita? preguntó el niño.</p> - -<p>—Esta es el agua maravillosa que da vista a los ciegos; pero ¡dame tu -guitarra, hijito!</p> - -<p>—Más adelante se la daré, mamita.</p> - -<p>Un poco más allá, siguiendo la misma calle, en medio de otra, entre -jardines y sobre una mesa hecha de un solo diamante, vió el niño un -castillo en miniatura, de marfil, del cual salían voces argentinas de -una belleza inefable que lo dejaron extático por un momento; se habría -dicho que dentro había un coro de ángeles. Al mismo tiempo, de las -troneras del castillo salían como disparados unos pequeños proyectiles, -que una vez en el aire, se movían graciosamente como si bailasen.</p> - -<p>El niño preguntó:</p> - -<p>—¿Y qué son estas cosas, mamita?</p> - -<p>—Estas son las torres que cantan y las almenas que bailan; pero ¡dame -tu guitarra, hijito!</p> - -<p>—Dentro de poco se la daré, mamita; no tenga cuidado.</p> - -<p>Por fin llegaron a un lugar en que había muchas velas encendidas, unas -largas, casi enteras, otras medianas y otras menores.</p> - -<p>—Y esto ¿qué es, mamita?</p> - -<p>Estas velas son la vida de los habitantes del país.</p> - -<p>—¿Y esta vela tan alta y tan gruesa, que está adelante de todas? ¿Tal -vez es la vida del Rey mi padre?</p> - -<p>—No, hijito; esa es mi vida, que, como ves, durará más, mucho más que -las otras; pero dame tu...</p> - -<p>No alcanzó a terminar la frase la bruja, porque el niño, sin dejar de -tocar con la mano izquierda, con la derecha tomó un extremo del poncho y -dando con él un fuerte<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">{65}</a></span> golpe a la vela, la apagó, y la vieja cayó al -mismo tiempo en el suelo muerta para siempre.</p> - -<p>En seguida el niño llenó un frasco del agua maravillosa, guardó en las -petacas que llevaba el burro las torres cantando y las almenas bailando, -y ató el chancho con un lazo que aseguró a la enjalma, y se volvió muy -alegre a la ciudad en que residía el Rey su padre.</p> - -<p>Cuando llegó a la plaza del palacio, divisó a la Reina asomada al -balcón, y cuando ésta vió al niño sano y salvo, de la rabia se arrancaba -los cabellos.</p> - -<p>El niño se desmontó de su cabalgadura y tomando entre sus manos al -chanchito lo arrojó con fuerza al suelo matándolo inmediatamente; en el -momento mismo la malvada Reina lanzó el último suspiro y entregó su alma -al diablo.</p> - -<p>Después de esto se fué a la prisión en que estaban las ciegas, y con el -agua maravillosa volvió la vista a su madre y a sus seis compañeras de -infortunio. Hecho lo cual se fué a ver al Rey y le contó todo lo -sucedido. El Rey se sintió doblemente feliz y aliviado al oir la -relación del niño, primeramente de verse libre de aquella mujer que le -había hecho perder su personalidad; y segundo, de saber que aquel niño a -quien tanto cariño había tomado, era su hijo.</p> - -<p>Se casó nuevamente con la madre del niño y hubo grandes fiestas en -palacio. El pueblo también se divirtió, porque el Rey quiso que todos se -alegrasen. Lo pasado sirvió de lección al soberano, que en adelante fué -bueno con su pueblo y gobernó justicieramente. Las seis compañeras de la -nueva Reina se casaron cada una con un grande de la Corte y fueron muy -felices.</p> - -<p>Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento por la mar adentro.<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">{66}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-11" id="num1-11"></a>11. EL MIÑIQUE.<br /><br /> -<small>(Referido por el niño Mannel Oporto, de 14 años, de Temuco, que lo oyó contar en Santiago en 1911)</small></h2> - -<p>Para saber y contar y contar para aprender. Estos eran dos viejecitos -muy pobres y muy desgraciados. El marido era aguador y la mujer -lavandera; pero por más que trabajaban, el dinero que recibían apenas -les alcanzaba para no morirse de hambre.</p> - -<p>Una noche que hablaban de su pobreza y de su soledad, dijo la viejecita:</p> - -<p>—Si siquiera hubiéramos tenido un hijo, aunque hubiera sido chiquitito, -nos habría ayudado a pasar sin tantas escaceses y habríamos tenido con -quien conversar en las noches y quien nos cuidara cuando hubiésemos -caído enfermos.</p> - -<p>—Así es, respondió el aguador; pero, ¿qué sacamos con hablar de estas -cosas?</p> - -<p>—Tendrán el hijo que desean—dijo una voz que venía del techo.</p> - -<p>Los dos ancianos se miraron asustados; y como era tarde, se acostaron y -se quedaron profundamente dormidos.</p> - -<p>Al otro día se levantaron de madrugada, como de costumbre; el viejecito -se fué a acarrear agua para sus parroquianos, y su mujer se puso a lavar -ropa.</p> - -<p>Apenas se había puesto la lavandera a su trabajo, sintió que por entre -el brazo derecho y la manga de la camisa le andaba algo, y creyendo que -podía ser una lagartija u otro bicho, se asustó y sacudió el brazo. -Sintió caer algo en la artesa; pero aunque nada vió, oyó una vocesita -atiplada, que decía:</p> - -<p>—Mamita, sáqueme luego del agua, que me ahogo. Buscó la anciana y -después de fijarse mucho descu<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">{67}</a></span>brió una guagua tan pequeñita que apenas -se veía y que movía pies y manos en el agua jabonada, como si nadara.</p> - -<p>Los viejos lo criaron con todo cariño y cuidado y como era tan -chiquitín, lo llamaron Miñique, nombre que le venía muy bien, porque, en -verdad, el niño nunca fué más grande que el menor de los dedos de la -mano.</p> - -<p>En lo único que creció Miñique fué en fuerzas, que llegó a tenerlas -prodigiosas; y en voz, que cuando gritaba, era más recia que la de -cualquier hombre.</p> - -<p>Los ancianos lograron ocultar la existencia del niño, que ni siquiera -era sospechada de nadie. Era tan lindo, que temían se lo robaran, y el -conversar y entretenerse con él era el único consuelo que tenían.</p> - -<p>Pasaron siete años y los viejecitos se pusieron tan achacosos que no -podían trabajar y el dinero se les concluía.</p> - -<p>Treinta centavos no más les quedaban, cuando la antigua lavandera le -dijo a Miñique:</p> - -<p>—Hijito, tome este diez, y vaya a la carnicería y me lo compra de -carne.</p> - -<p>Fué el Miñique a la carnicería y golpeó en el mostrador. El carnicero -miraba y como a nadie veía, dijo:</p> - -<p>—¿Quién golpea?</p> - -<p>—Yo, el Miñique—le contestó un vozarrón que llegó a -asustarlo:—véndame un diez de carne.</p> - -<p>Se asomó el carnicero por encima del mostrador y después de algún -trabajo logró ver a un hombrecito que apenas se levantaba unos diez -centímetros del suelo.</p> - -<p>—¿Y de dónde vas a sacar fuerzas para llevarte diez centavos de carne? -El trozo que te diera sería muy pesado para ti.</p> - -<p>—Pero, señor, ¿que quiere reírse de mí? ¡Si un buey entero me da, soy -capaz de llevarme el buey!</p> - -<p>—Bueno, replicó el carnicero; dame el diez y te llevas ese buey que -está colgado en la puerta.</p> - -<p>Esto que oye el Miñique, se echa el buey al hombro y se lanza a correr -con su carga. El carnicero se quedó con la boca abierta, alelado, sin -acertar ni a moverse; y<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">{68}</a></span> toda la gente que transitaba por la calle se -hacía cruces, pues no se explicaba como podía correr un animal -despostado y con las patas hacia arriba; porque al Miñique, como era muy -chiquitito y estaba debajo del animal, nadie lo veía.</p> - -<p>Los viejecitos se pusieron muy contentos con la adquisición del Miñique, -y le dijeron que fuese a comprar cinco centavos de pan.</p> - -<p>Se fué el Miñique corriendo a la panadería y se puso a golpear en el -mostrador. El panadero sentía los golpes, pero no veía a nadie.</p> - -<p>—¿Quién golpea?—preguntó.</p> - -<p>—Yo, el Miñique—contestó el niño, con voz formidable.—Deme un cinco -de pan.</p> - -<p>El panadero se inclinó sobre el mostrador y, asustado de ver aquel -pedacito de hombre, le dijo:</p> - -<p>—¿Y cómo podrás llevar, siendo tan chico cinco centavos de pan?</p> - -<p>—Las cosas de Ud.; ¿que cómo me los llevaré? Pues, lo mismo que se lo -lleva toda la gente que viene a comprarle. Si me da lleno de pan aquel -gran canasto que está sobre el mostrador, verá Ud. que me lo llevo muy -bien.</p> - -<p>—Dame los cinco centavos y llévate el canasto.</p> - -<p>—Tome el cinco, y écheme el canasto al hombro.</p> - -<p>Cogió el panadero la pequeña moneda, y, temiendo aplastar al Miñique con -el peso del canasto, con mucho cuidado se lo colocó encima.</p> - -<p>Apenas sintió el Miñique que tenía el canasto en sus hombros, echó a -correr como si la carga que llevaba fuese una pluma; y aquí fué la -admiración del panadero, y de todos los que pasaban por la calle, que -veían como un canasto corría solo sin que nadie lo empujara o lo llevara -tras de sí.</p> - -<p>Llenos de alegría recibieron los viejos al Miñique; y muy pronto se -sentaron a comer un buen asado. El viejecito dijo:</p> - -<p>—Dejaremos carne para dos días, y la demás la hare<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">{69}</a></span>mos charqui mañana y -así tendremos para comer mucho tiempo.</p> - -<p>Siguieron conversando muy contentos. En la noche dijo la anciana:</p> - -<p>—¡Quién pudiera tomar un matecito!</p> - -<p>—Mamita, le dijo el niño, déme diez centavos y yo le traeré un cinco de -azúcar y otro cinco de yerba.</p> - -<p>—Aquí tiene, hijito.</p> - -<p>Salió el Miñique y se dirigió al almacén de la esquina.</p> - -<p>—¿Quién golpea?—preguntó el despachero.</p> - -<p>—El Miñique,—contestó el niño.—Deme un cinco de azúcar y un cinco de -yerba.</p> - -<p>Se asomó el comerciante por encima del mostrador y cuando vió aquel -pergenio, le dijo:</p> - -<p>—Pero, niño, ¿y cómo vas a llevar el azúcar y la yerba? Es mucho para -ti.</p> - -<p>—No tenga cuidado por eso, señor, que si por un 5 me da un cajón de -azúcar y por otro 5 un barril de yerba, yo me los llevaré solito, sin -que nadie me ayude.</p> - -<p>—Bueno, pásame los 10 centavos y llévate aquel cajón y aquel barril.</p> - -<p>—Aquí tiene el 10; pero amarre el barril encima del cajón y después me -los echa a la espalda y verá bueno. No sabe usted las fuerzas que tengo.</p> - -<p>El despachero se reía de lo que le decía el Miñique, que creía eran -puras bromas; sin embargo, hizo lo que el niño le pidió, y al cargar el -enorme bulto sobre el pequeñuelo le dijo:</p> - -<p>—¡Cuidado, niño, no te vaya a aplastar!</p> - -<p>—No tema nada; échemelo no más.</p> - -<p>Al sentir el Miñique que el bulto tocaba sus espaldas, se asió de la -cuerda y echó a correr, dejando asombrado al almacenero.</p> - -<p>Es de imaginarse el gusto de los padres del Miñique cuando lo vieron -llegar con su preciosa carga. Ya no se morirían de hambre: tenían -bastante carne, pan, azúcar y yerba. ¿Qué más querían? Se tomaron sus -buenos mates<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">{70}</a></span> y se acostaron; y al otro día el viejo charquió la carne -del buey.</p> - -<p>Cuando el charqui estuvo hecho dijo la viejecita:</p> - -<p>—¡Quién tuviera algunas cebollitas para hacer un valdiviano!</p> - -<p>—¿No le queda todavía un cinco, mamita? Démelo y yo le traeré cebollas.</p> - -<p>Le entregó la anciana el cinco, y al salir el niño a la calle se -encontró uno de esos cortaplumas pequeñitos que algunas personas suelen -usar como dije. Lo tomó, se lo guardó en la faltriquera y siguió su -camino.</p> - -<p>A poco andar encontró a un cebollero, que llevaba su mercancía en dos -grandes árgenas que pendían a uno y otro lado del caballo que montaba.</p> - -<p>—Oiga, amigo—le gritó el Miñique—véndame un cinco de cebollas.</p> - -<p>El cebollero miraba a todas partes, pero no veía al comprador, a quien -ocultaba la yerba que brotaba a la orilla de la acera.</p> - -<p>—¡Que me venda un cinco de cebollas, le digo!—repitió el Miñique.</p> - -<p>Pero apenas concluyó de decir estas palabras, una vaca que venía por la -misma calle comiendo la yerba que crecía en la orilla de la acera, junto -con tragarse un puñado de ella, se tragó al Miñique. El Miñique siguió -gritando desde adentro de la barriga del animal:</p> - -<p>—¡Véndame luego el cinco de cebollas! ¡Mire que mi mamita me está -esperando!</p> - -<p>El cebollero, casi se volvía loco buscando al que le hablaba, sin -poderlo encontrar. ¿Cómo iba a figurarse que la voz salía de adentro de -la vaca?</p> - -<p>Sólo al rato de haber sido tragado vino a darse cuenta el Miñique del -lugar en que se encontraba; pero como era de ánimo esforzado, no se -atemorizó, antes bien sacó su cortaplumas del bolsillo y poco a poco -abrió un buen tajo en la guata del animal y salió por ahí, no muy limpio -ni muy fragante, en verdad, pero sano y salvo. El animal<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">{71}</a></span> cayó muerto a -los pocos instantes, y el Miñique, cogiéndolo de la cola lo arrastró -hasta su casa, en donde fué hecho charqui también.</p> - -<p>Inmediatamente de dejar la vaca en poder de sus padres, que lo lavaron y -le cambiaron ropa, volvió el Miñique tras el cebollero, y habiéndolo -alcanzado, le gritó:</p> - -<p>—¿Qué hubo, amigo? Me vende o no el cinco de cebollas?</p> - -<p>—Pero niño—respondió el cebollero,—¿cómo podrás llevar media docena -de cebollas grandes? Una sola sería demasiado peso para ti.</p> - -<p>—¿Qué se ha imaginado usted, señor cebollero? Si me da por el cinco las -dos árgenas, verá que me las llevo yo solito, sin necesidad de pedir -ayuda a nadie.</p> - -<p>—Ya está, te doy las dos árgenas con cebollas por el cinco—le dijo el -cebollero, pensando que eran simples bravatas las del chiquitín:—dame -el cinco y aquí tienes las dos árgenas—agregó, bajándolas.</p> - -<p>Le entregó el Miñique la moneda y cogiendo las árgenas de la parte en -que estaban unidas, apretó a correr, arrastrándolas tras de sí, con -tanta ligereza, que en un momento se perdió de vista, dejando -estupefacto al vendedor de cebollas.</p> - -<p>Con estas aventuras, la fama del Miñique se extendió por todo el país y -el Rey manifestó deseos de conocerlo.</p> - -<p>Como la capital estaba lejos, el Miñique quiso ir a caballo y cogió una -lauchita que domesticó fácilmente. De una horquilla de peinado hizo -frenos y estribos; de un pedazo de cabritilla de guante viejo, la silla -de montar; y de un cordón de zapatos las riendas y demás arreos; se -colgó a la cintura, a manera de espada, el pequeño cortaplumas con la -cuchillita abierta, y montando en su cabalgadura se dirigió a la capital -del reino.</p> - -<p>Cuando llegó a palacio, fué la admiración de todos: el Rey, la Reina, -los Príncipes, las Princesas, los señores y damas de la Corte, lo -acogieron con entusiasmo; no sabían qué admirar más en él, si su pequeña -estatura o sus<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">{72}</a></span> fuerzas prodigiosas, o si su belleza o su voz -estentórea. Fué calificado como la primera maravilla del reino, y el Rey -quiso mantenerlo a su lado. Pero cuando el monarca le comunicó su -decisión, el Miñique observó respetuosamente que no podía abandonar a -sus padres, ancianos, achacosos y miserables, cuyo único sostén era él; -si él les faltaba, los pobres viejos se morirían.</p> - -<p>Mucho le agradaron al Rey los buenos sentimientos del Miñique para con -sus padres, a quienes hizo venir, les dió habitación en palacio y -proveyó a todas sus necesidades.</p> - -<p>El Miñique sirvió al Rey de modo extraordinario en una guerra a que fué -provocado por sus enemigos; él solo bastó para mover toda la artillería, -en ocasión de que los caballos se habían hecho muy escasos; y él -también, con su voz potente, transmitió las órdenes del general en jefe. -Por sus servicios fué condecorado y ascendido a capitán en el campo de -batalla; y vivió el resto de sus días querido y agasajado de todos.</p> - -<h2><a name="num1-12" id="num1-12"></a>12. LOS TRES CONSEJOS.<br /><br /> -<small>(Contado por la Señora Clorinda B. de Somerville, en 1915)</small></h2> - -<p>Han de saber que vivía en un pueblo un matrimonio muy bien avenido y que -habría sido completamente feliz si la fortuna le hubiese prestado alguna -ayuda; pero parece que se complacía en volverle las espaldas. Era inútil -cuanto había hecho el marido, hombre bueno a carta cabal, para encontrar -trabajo, porque nadie se lo proporcionaba. La mujer, que era una perla, -cosía y bordaba a la perfección; pero, por desgracia, tampoco nadie la -ayudaba. Tenían un hijo de unos doce años, bueno como ellos, estudioso e -inteligente, que era su único con<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">{73}</a></span>suelo; y sin embargo, su vista hacía -sufrir al padre, porque pensaba en el triste porvenir que le aguardaba.</p> - -<p>Un día, Juan—así se llamaba nuestro hombre—tomó una determinación -desesperada.</p> - -<p>—Rosa,—dijo a su mujer—esta situación no puede continuar; si aquí no -encuentro en qué ganar la vida, iré a buscarla fuera del pueblo; y como -necesito llevar algún dinero para mis primeros gastos, venderemos los -muebles que no te sean indispensables, y del producto tomaré yo una -parte y te quedarás tú con la otra para subvenir a tus necesidades y a -la de nuestro hijo, mientras encuentras costuras y yo vuelvo. Dios ha de -permitir que nada les falte en mi ausencia y que ésta sea corta.</p> - -<p>La venta de los muebles produjo mil pesos. El tomó seiscientos, y con -las lágrimas en los ojos se despidió de su mujer y su hijo.</p> - -<p>Al pasar por la casa de un compadre, excelente persona, pero un poco -alocado—se dijo:</p> - -<p>—Voy a despedirme de mi compadre y a recomendarle que cuide de su -ahijado mientras yo regreso,—y entró.</p> - -<p>—A despedirme de Ud. vengo, compadrito.</p> - -<p>—¿A dónde va, compadre?</p> - -<p>—A donde Dios quiera, pues. Voy a tentar suerte, a ver si encuentro -trabajo en otra parte, ya que aquí no se gana ni para cigarros.</p> - -<p>—Yo lo acompaño, compadre. ¿Cuánto lleva Ud. para el camino?</p> - -<p>—Trescientos pesos.</p> - -<p>—¡Lo que son las casualidades! yo también tengo aquí otros trescientos; -me los echo al bolsillo y vamos andando.</p> - -<p>De mucho consuelo sirvió a Juan la compañía de su compadre, que era -hombre alegre y decidor. Sus chistes le hacían reir y distraerse de la -pena que le ocasionaba la separación de su familia, y conversando y -conversando, marchaban sin sentir el camino.<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">{74}</a></span></p> - -<p>Después de andar una semana, llegaron a la plaza de una ciudad, y en una -de sus esquinas vieron una muchedumbre de gente reunida. La natural -curiosidad hizo que se acercaran y vieron en medio del grupo a un -anciano que pregonaba:</p> - -<p>—Tres consejos, señores, por sólo trescientos pesos; tres consejos que -procurarán la fortuna y la felicidad a quién los conozca! Tres consejos, -a cien pesos cada uno! ¿Nadie se interesa por ellos?</p> - -<p>Juan sintió como si una voz interior le ordenara comprarlos, y sin poder -contenerse se acercó al anciano y le dijo:</p> - -<p>—Yo los compro; aquí están los trescientos pesos.</p> - -<p>El anciano recibió el dinero y acercando sus labios al oído de Juan, -murmuró:</p> - -<p>—Estos son los tres consejos, que te harán feliz si los sigues en todo -momento: No dejes lo viejo por lo mozo; No preguntes lo que no te -importe; y No te dejes llevar de la primera nueva.</p> - -<p>Al apartarse Juan del anciano, todos lo miraban lastimosamente.</p> - -<p>—Está loco,—decían.—¡Pobrecito!</p> - -<p>Su compadre le preguntó:</p> - -<p>—Pero, compadre, por Dios, ¿qué ha hecho? ¿Que ha perdido el juicio? -¿Que no ve que ese viejo es un miserable charlatán, que lo ha robado?</p> - -<p>Juan callaba y se decía:—Bien puede que así sea, pero también puede ser -que todos se equivoquen;—y se proponía seguir los consejos que había -recibido, cada vez que se le presentara la ocasión.</p> - -<p>Almorzaron y salieron de la ciudad, porque en ella había también escasez -de trabajo; y poco después se encontraron con que el camino que seguían -se dividía en dos, uno antiguo y otro recién construido. Preguntaron -cuál de los dos era mejor y le contestaron que el viejo era muy largo e -incómodo y por eso nadie transitaba<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">{75}</a></span> por él, y que todo el mundo -prefería el nuevo por ser nuevo, más cómodo y más corto.</p> - -<p>Juan, que se acordó del primer consejo que le había vendido el anciano, -dijo a su compañero:</p> - -<p>—Vámonos por el camino antiguo; acuérdese, compadre, del refrán que -dice: <i>No dejes lo viejo por lo mozo ni lo cierto por lo dudoso</i>.</p> - -<p>—No, compadre, dijo el otro, mejor es que sigamos por el nuevo para -llegar más pronto.</p> - -<p>—Yo, compadre, me voy por el viejo.</p> - -<p>—Y yo por el nuevo, y verá cuál de los dos entra primero a la ciudad. -Lo esperaré en la plaza.</p> - -<p>En verdad, el camino que tomó Juan, que había sido completamente -abandonado hacía más de un año, era muy incómodo; estaba cubierto de -matas de cardo y de toda clase de malezas, de charcos y de montones de -piedras y de tierra, que dificultaban el paso; y sólo después de cuatro -horas de penoso marchar logró salir de él y llegar a otra ciudad.</p> - -<p>Cuando Juan entró a la plaza, se asombró grandemente de no encontrar a -su compadre, el cual, según sus cálculos, debía haber llegado más de una -hora antes que él. No sabiendo qué pensar ni qué hacer, se sentó en un -escaño a esperar los acontecimientos. De pronto, el ruido que producían -varias personas que se acercaban lo sacó de su meditación y, poniéndose -de pie se dirigió al grupo. ¡Cuál no sería el asombro del pobre Juan al -ver que traían muerto a su compadre, que había sido acribillado a -puñaladas en el camino nuevo para robarle la cartera! Juan lloró -sinceramente a su amigo y no se separó de su cadáver hasta dejarlo -sepultado.</p> - -<p>Juan se encontraba sin recursos, pero en fin estaba vivo; y del -cementerio salió pensando que el primer consejo bien valía los cien -pesos que le había costado; pero esto no lo salvaba de la triste -situación en que se veía. Por suerte, al día siguiente, encontró -ocupación, y aunque el trabajo era rudo y no muy bien remunerado, se -pro<span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">{76}</a></span>puso no salir de la ciudad. Como era económico y llevaba una vida -tranquila y arreglada, logró reunir en los nueve años que vivió en ella -algún dinero, y pensó entonces en volver a su pueblo a reunirse con su -mujer y su hijo, de quienes en todo ese tiempo no había tenido noticias, -a fin de establecerse y trabajar por su cuenta al lado de ellos.</p> - -<p>Se despidió de su jefe y de sus compañeros de trabajo, que sintieron su -ida muy de veras, pues todos lo apreciaban por sus buenas prendas, y -partió contento y lleno de ilusiones en el porvenir. Pero tal vez el -ensimismamiento en que iba lo hizo equivocar el camino y tomó otro -diferente del que pensaba seguir y de repente se encontró en medio de un -espeso bosque.</p> - -<p>Era de noche y desesperaba ya de encontrar salida, cuando divisó una -luz. Guiándose por ella, llegó a un gran palacio, y dirigiéndose a un -hombre que estaba allí cerca, le preguntó quién era el dueño.—Nadie lo -conoce; pero se sabe que el que entra a su casa nunca más sale de ella.</p> - -<p>Juan dijo:—Yo entraré. Entre morir comido de las fieras si duermo a la -intemperie y correr la aventura de salvar estando adentro, prefiero lo -último—y llamó a la puerta.</p> - -<p>Salió a abrir un criado muy bien vestido.</p> - -<p>—¿Qué se le ofrece?—preguntó.</p> - -<p>—Deseo que se me dé alojamiento por esta noche—respondió Juan.</p> - -<p>—Aquí no se niega el alojamiento a nadie; pase a la sala mientras aviso -al señor conde.</p> - -<p>Poco después entró un caballero de aspecto simpático y le dió la -bienvenida. Conversaron un rato y al cabo de un momento el dueño de casa -lo invitó a cenar y pasaron al comedor, una hermosa sala, por cierto, -regiamente amueblada, como todo el palacio. Pero, una cosa llamó -particularmente la atención de Juan y fué que en un extremo de la bien -presentada mesa había<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">{77}</a></span> una calavera colocada entre dos velas encendidas. -Cuando tal vió, un estremecimiento nervioso recorrió todo su cuerpo, -porque se acordó de lo que le había dicho el hombre que estaba cerca del -palacio:—«El que entra a esta casa nunca más sale de ella».—Pero -también vino inmediatamente a su memoria el segundo consejo del -anciano:—No preguntes lo que no te importe;—y continuó la -conversación, fingiendo toda indiferencia.</p> - -<p>Se sirvió la cena, y aunque la vista de la calavera le había quitado el -apetito, no lo quiso manifestar, y comió con la mayor tranquilidad.</p> - -<p>Al fin de la comida, dos sirvientes condujeron al medio del comedor a -una hermosa dama cargada de cadenas, y a una seña del conde comenzaron a -azotarla sin piedad, hasta que, una vez que le corrió la sangre por la -espalda, dejaron de martirizarla y se la llevaron.</p> - -<p>Juan miraba hacer y callaba.</p> - -<p>El conde estaba sorprendido de ver que su huésped no le dirigiese -ninguna pregunta sobre lo que veía, a pesar de que él se valía de todos -los medios posibles para que se las hiciese; pero el recuerdo del -segundo consejo sellaba los labios de Juan.</p> - -<p>Terminada la cena, el conde invitó a Juan a visitar las demás -habitaciones del palacio, y después de recorrerlas, nuestro hombre se -limitó a alabar el buen gusto con que estaban adornadas y la riqueza de -los muebles, por todo lo cual felicitó al propietario. Este le dijo:—No -acepto sus felicitaciones hasta que concluyamos, y aún nos queda por ver -lo mejor:—Y abriendo una puerta de bronce, se presentó a los ojos de -Juan el espectáculo más horrible. No menos de cien esqueletos apoyados -en las paredes rodeaban la enorme sala, y un sinnúmero de calaveras y de -huesos sueltos cubrían todo el piso. Juan se extremeció por segunda vez, -pero no habló ni media palabra.</p> - -<p>—¿Qué le parece esto? le preguntó el conde.<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">{78}</a></span></p> - -<p>—Que esta sala es posiblemente el cementerio de sus antepasados.</p> - -<p>—No, señor mío. Todos los esqueletos y huesos que Ud. ve son de -personas que fueron mis huéspedes, como Ud.; pero todas ellas me -preguntaron qué significaba la calavera alumbrada por dos velas que -tenía en la mesa del comedor; quién era la dama que azotaban mis criados -y por qué la maltrataban; y yo, que había jurado matar a todo el que me -dirigiera estas preguntas, en vez de contestárselas los hacía -estrangular. La dama que mis sirvientes llevaron encadenada al comedor y -azotaron tan cruelmente, es mi mujer, y recibe ese castigo por haber -faltado a la fe que me debía; y la calavera que está en la mesa, es la -de su cómplice, a quien maté con mis propias manos. Usted es un hombre -extraordinario; es Ud. el único que, en diez años que pasaron estos -acontecimientos, no me ha hecho ninguna pregunta; y como mi juramento -agregaba que dejaría de heredero de todos mis bienes al primero que no -me las hiciera, mañana entregaré a Ud. el testamento en que lo -constituyo mi heredero universal.</p> - -<p>Cuando Juan despertó al siguiente día, encontró el testamento ofrecido -sobre el velador. Se levantó apresuradamente para agradecer al conde su -generosa determinación, salió de su cuarto para preguntar si ya se había -levantado y vió todo el palacio enlutado y a los criados vestidos de -negro.</p> - -<p>—¿Qué ocurre?—les preguntó.</p> - -<p>—El señor ha amanecido muerto.</p> - -<p>—Muy afligido puso a Juan esta noticia, y lloró de corazón la muerte de -su benefactor.</p> - -<p>Al otro día, después de sepultar los restos del fallecido, Juan convocó -a la servidumbre y les leyó el testamento. Todos le reconocieron -inmediatamente por su patrón.</p> - -<p>Juan dijo al mayordomo:</p> - -<p>—Yo voy a partir en busca de mi mujer y de mi hijo para establecernos -aquí; pero mientras tanto querría que<span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">{79}</a></span> no se martirizara más a la esposa -del antiguo amo de este palacio; creo que ha purgado bien su falta y -que, si su marido no la perdonó, ya Dios la habrá perdonado. Atiéndasela -en mi ausencia de modo que nada le falte y que descanse en sus últimos -días.</p> - -<p>—Señor, la señora condesa amaneció muerta esta mañana.</p> - -<p>Dispuso Juan que se la sepultase dignamente, y montando en un hermoso -caballo y con la cartera repleta de buenos billetes partió a buscar a su -esposa y a su hijo.</p> - -<p>A pesar de las tétricas aventuras que le habían pasado, iba contento por -el camino, y pensaba:—¡Qué bien hice en comprarle los tres consejos al -anciano! Bien vale el segundo los cien pesos que di por él!</p> - -<p>Cuando llegó a su pueblo no le conocieron. Preguntó por su mujer y le -dijeron que se había ido con un hijo que tenía, un año después de haber -sido abandonada por su marido, pero no sabían a dónde. Entonces picó -espuelas a su caballo y después de algunos días de marcha llegó a una -gran ciudad, en la que, a fuerza de preguntar, le dieron noticias de -ella. Le dijeron donde vivía y que, aunque a nadie molestaba, también -nadie la visitaba, con excepción de un clérigo que todos los días iba a -verla. Y esto se lo dijeron con cierto retintín nada tranquilizador.</p> - -<p>Pero Juan se acordó a tiempo del tercer consejo, y aquietado, fué a la -casa y llamó. La sirvienta le dijo que la señora no recibía a nadie, -pero él insistió en verla diciéndole que era muy amigo de su marido y -que le traía muy buenas noticias de él. Con este recado, la señora lo -recibió inmediatamente. El, sin darse a conocer, estuvo conversando con -Rosa un buen rato y le inventó una historia cualquiera de su marido. -Contándosela estaba, cuando entró un joven clérigo. Rosa se lo presentó -diciéndole que era su hijo, a quien había logrado educar a costa de -grandes sacrificios, que por suerte estaban plenamente compensados, pues -el joven era muy bueno con ella<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">{80}</a></span> y era su único sostén. Y mientras decía -esto lo acariciaba cariñosamente.</p> - -<p>Juan entonces se dió a conocer y es de imaginarse cuán grande sería la -alegría de los tres.</p> - -<p>Pasadas las primeras espanciones, Juan refirió su verdadera historia, y -después de descansar tres días partieron los tres a intaslarse en el -palacio que el conde había dejado a Juan.</p> - -<p>Nuestro héroe pensaba por el camino:</p> - -<p>—¡Qué bien hice en seguir el tercer consejo del anciano! Si no es que -lo recuerdo a tiempo, mato a mi mujer, y yo y mi hijo habríamos sido -desgraciados para siempre! ¡Feliz consejo! Qué bien dados fueron los -cien pesos que pagué por ti!</p> - -<p>Juan y Rosa y su hijo vivieron muchos años en el palacio, siendo -bendecidos de todos, pues la enorme fortuna que poseían les permitía -practicar grandes obras de caridad.</p> - -<h2><a name="num1-13" id="num1-13"></a>13. EL LORO ADIVINO.<br /><br /> -<small>(Referido por José Luis Pino, de 20 años, de Rancagua, en 1912)</small></h2> - -<p>Para saber y contar, aprender y escuchar. Esta era una perrita muerta -que me quería morder, y yo, como estaba vivo, me supe defender. Este era -un hombre que tenía dos hijos, uno era más grande y el otro era más -chico, uno se llamaba Pancho y el otro Francisco, uno comía pan y el -otro ballico. Fin del principio y principio del fin.</p> - -<p>Han de saber que en una ciudad, capital de un reino, vivía una viuda -pobre, pero hacendosa, que tenía tres hijas muy bellas, que se llamaban -Flor Rosa, Flor Hortensia y Flor María; las había criado muy bien, y -eran<span class="pagenum"><a name="page_81" id="page_81">{81}</a></span> honestas, modestas y trabajadoras. Los vecinos apreciaban mucho a -esta familia y se deshacían en alabanzas cuando hablaban de ella; que es -cuanto puede decirse en su favor.</p> - -<p>Sucedió que una noche en que las tres niñas cosían empeñosamente, porque -al otro día temprano tenían que entregar un traje de novia, conversaban -haciéndose bromas para acortar las horas. Las alegres carcajadas que -provocaban sus dichos atrajeron la atención del Rey, que casualmente -pasaba en ese momento frente a la puerta de la casa de la viuda, y se -detuvo a escuchar lo que decían. Hablaban de casamiento.</p> - -<p>—A ver, Flor-Rosa,—decía una de ellas,—si pudieras escoger ¿con quién -te casarías?</p> - -<p>—¡Vaya una pregunta! pues con el pastelero del Rey, para comer todos -los días sabrosos pasteles. ¿Y tú, Flor-Hortensia?</p> - -<p>—¿Yo? Yo me contentaría con el cocinero del Rey, y entonces comería los -mejores guisados que se hacen en el país. ¿Y tú, Flor-María?</p> - -<p>—Si en mí estuviese, yo me casaría con el Rey y le daría dos hijos y -una hija, que serían los más bellos de la tierra y tendrían el Sol, el -Lucero y la Luna en la frente.</p> - -<p>El Rey se retiró y al otro día se presentó en la casa de la viuda -acompañado de sus Ministros, de su pastelero y de su cocinero.</p> - -<p>—Vengo—dijo—a cumplir los deseos de vuestras hijas. ¿Cuál es -Flor-Rosa?</p> - -<p>Flor-Rosa se adelantó.</p> - -<p>—Te casarás con mi pastelero y tendrás veinte mil pesos de dote. ¿Cuál -de las dos que queda es Flor-Hortensia?</p> - -<p>Flor-Hortensia se presentó ante el Rey.</p> - -<p>—Te casarás con mi cocinero y también tendrás veinte mil pesos de dote. -Y tú, Flor-María, te casarás conmi<span class="pagenum"><a name="page_82" id="page_82">{82}</a></span>go; pero tendrás que darme dos hijos -y una hija que tengan el Sol, el Lucero y la Luna en su frente, como lo -has prometido.</p> - -<p>Se celebraron las bodas, y todo en apariencia marchó bien durante los -primeros meses; pero la envidia se había apoderado del corazón de las -dos hermanas mayores, que a toda costa querían la pérdida de la Reina.</p> - -<p>Poco antes de enterarse los nueve meses de matrimonio, un Rey vecino -declaró la guerra al marido de Flor-María, que tuvo que salir -apresuradamente con su ejército a defenderse del enemigo; pero antes de -partir recomendó a sus cuñadas que cuidaran de su mujer.</p> - -<p>Días después la Reina tuvo dos hijos y una hija: los tres, que eran -hermosísimos lucían en su frente, un Sol el que primero había nacido; el -segundo un Lucero, y la niña la Luna llena.</p> - -<p>Flor-Rosa y Flor-Hortensia, que asistían a su hermana, encontraron que -no podía ser más propicia esta ocasión para saciar su envidia; y -cambiaron los niños que acababan de nacer por tres perrillos que en la -mañana había tenido una perra de Flor-Rosa. Cuando Flor-María pidió sus -hijos para verlos, le pasaron los tres animalitos.</p> - -<p>Las hermanas de la Reina mandaron un propio al campamento a dar al Rey -la triste nueva, que ambas envidiosas habían cuidado de hacer pública y -que ya todos conocían en el país. El Rey mandó decir que emparedaran a -la Reina y no dejaran sino un pequeño ventanillo en la muralla, del -tamaño indispensable para poderle pasar todos los días un pan y un vaso -de agua, único alimento que tendría hasta que Dios se sirviese llevarla.</p> - -<p>Mientras tanto Flor-Rosa había colocado a las tres criaturas en una -artesa que depositó en un arroyo que corría a los pies del palacio.</p> - -<p>Un hortelano que vivía más abajo del palacio sacaba agua del arroyo -justamente en el momento que la artesa pasaba por ahí y metiéndose en el -agua, la sacó.<span class="pagenum"><a name="page_83" id="page_83">{83}</a></span></p> - -<p>La mujer del hortelano, una robusta campesina que también había tenido -una guagua en la noche anterior y se le había muerto recién nacida, en -cuanto vió a los tres pequeñuelos que le presentaba su marido, tan -bellos tan risueños, dijo que los criaría y cuidaría como si fueran sus -propios hijos.</p> - -<p>Los niños recibieron los nombres de los astros que cada uno llevaba en -su frente; de modo que el que había nacido primero se llamó Sol; el -segundo Lucero; y la niña, Luna.</p> - -<p>Los tres crecieron creyendo que eran hijos del honrado hortelano y de su -mujer y amándolos y respetándolos como si hubiesen sido sus padres -verdaderos.</p> - -<p>Trascurrieron algunos años y murió la excelente mujer que los había -críado.</p> - -<p>Los niños, a medida que crecían en edad, crecían en hermosura; pero -desde pequeñitos los habían acostumbrado a llevar un pañuelo que les -cubría la frente y la cabeza, así es que nadie sabía que cada uno de -ellos tenía un astro en la frente.</p> - -<p>A los doce años, el hortelano se enfermó gravemente; llamó a los niños y -les contó su historia. Poco después murió y los dejó de herederos.</p> - -<p>Terminado el luto que guardaron por él, dijo Sol a sus hermanos:</p> - -<p>—Voy a salir a buscar a nuestros padres; y mientras tanto Uds. se -sostendrán con el producto de la huerta.</p> - -<p>Lucero y Luna no querían que se fuese, pero él les dijo que era -necesario, y partió apercibido de dinero y provisiones para un mes.</p> - -<p>Anduvo Sol varios días sin tropezar con nadie, hasta que, por fin, al -terminar la semana, se encontró con una viejecita muy simpática, que le -pidió una limosna. El niño le dió un pedacito de pan y otro de queso. La -viejecita le dió las gracias y le preguntó:</p> - -<p>—¿A dónde va, hijito?<span class="pagenum"><a name="page_84" id="page_84">{84}</a></span></p> - -<p>—A buscar a mis padres, a quienes no conozco ni sé dónde se -encuentran,—le contestó Sol—y le contó su historia.</p> - -<p>La viejecita le dijo:</p> - -<p>—Para encontrarlos, necesita apoderarte del Arbol que canta, del Agua -de la vida y del Loro adivino; y yo lo ayudaré a dar con ellos.</p> - -<p>Y entregándole tres gruesos ovillos de hilo, le agregó:</p> - -<p>—Ande todo el largo del hilo que contienen estos ovillos y llegará al -palacio de un Rey ciego; él le dirá lo que tiene que hacer para -encontrar lo que busca.</p> - -<p>Ató el niño la punta de la hebra de uno de los ovillos al tronco de un -árbol, y despidiéndose de la viejecita se fué, desenrollando el ovillo; -concluido éste, hizo lo mismo con el segundo, y después con el tercero, -y por fin llegó donde el Rey ciego.</p> - -<p>El Rey le preguntó:</p> - -<p>—¿Qué desea, joven?</p> - -<p>—Vengo de parte de una viejecita que me entregó tres ovillos de hilo y -me dijo que su Sacra y Real Majestad me diría cómo debía hacer para -apoderarme del Arbol que canta, del Agua de la vida y del Loro adivino, -por medio de los cuales podría encontrar a mis padres.</p> - -<p>—Para alcanzar todas estas cosas, monta en el caballo que luego van a -traerte y lo dejas ir; él, por si solo, te llevará hasta el Arbol que -canta, del cual tomarás nada más que el cogollo, que basta, pues, -plantado, en tres días será tan corpulento como el Arbol mismo y cantará -como él. El Arbol te dirá lo que debes hacer en seguida. Cuidado con -incomodar al caballo en lo más mínimo, porque, en cuanto se sienta -molestado se deshará de tí y no conseguirás nada.</p> - -<p>Si logras salir bien en tu empresa, pasas a verme a la vuelta.</p> - -<p>Sol prometió obedecer en todo, se despidió del Rey ciego y montó en el -caballo que le acababan de traer,<span class="pagenum"><a name="page_85" id="page_85">{85}</a></span> que, en cuanto sintió el peso de su -jinete, partió a toda velocidad.</p> - -<p>Después de siete días de marcha, llegaron caballo y caballero a una -plazoleta cubierta de menudo césped y rodeada de hermosos árboles a cuya -entrada había dos enormes montones de piedras. El caballo, que hasta -entonces se había limitado a correr en línea recta, se puso a hacer -cabriolas alrededor de la plazoleta; y Sol, entusiasmado de los -movimientos elegantes del animal, le clavó las espuelas, en un momento -en que se detuvo, para que continuara; pero el bruto, dando un salto, lo -sacó de la silla y lo disparó lejos, convirtiéndose el niño en piedra al -tocar el suelo.</p> - -<p>Trascurrieron treinta días desde la partida de Sol, y Lucero y Luna -perdieron la esperanza de que volviera. Entonces acordaron que Lucero -saliese a buscarlo.</p> - -<p>Tomó Lucero un poco de dinero y provisiones para un mes y con un abrazo -se despidió de su hermana, prometiendo volver antes de los treinta días.</p> - -<p>A los siete de marcha, le salió al encuentro la misma viejecita que -había hablado con Sol.</p> - -<p>—¡Una limosnita, mi caballerito!</p> - -<p>Lucero le dió un pan y un buen pedazo de queso.</p> - -<p>—¡Gracias, hijito! ¿Y se puede saber a dónde va?</p> - -<p>—¡Cómo no! Voy en busca de mis padres, a quienes no conozco, ni sé -siquiera dónde se encuentran, y de mi hermano mayor, que hace más de un -mes salió de la casa, en la misma diligencia que yo y aún no ha vuelto.</p> - -<p>Lucero contó su historia a la viejecita, que la escuchó atentamente como -si no la conociera, y una vez que terminó, le dió las mismas -instrucciones que a su hermano y le entregó los tres ovillos.</p> - -<p>Llegó Lucero al palacio del Rey ciego, quien, con las correspondientes -recomendaciones, le hizo entregar el caballo.</p> - -<p>Cuando estuvieron en la plazoleta, el caballo se puso<span class="pagenum"><a name="page_86" id="page_86">{86}</a></span> a bailar -alrededor del árbol, pero Lucero permaneció tranquilo hasta que el bruto -se detuvo. Se bajó entonces, y con algún trabajo pudo subir por el -tronco hasta el cogollo, que cortó.</p> - -<p>En cuanto Lucero estuvo en tierra, el Arbol comenzó a cantar -melodiosamente, y cantando dijo al niño:</p> - -<p>—Sigue el camino que está al frente de tí, y donde termina encontrarás -un pozo; toma una jarro que hallarás a su lado, y sentándote en el -brocal, espera que las aguas suban hasta llegar al borde; entonces -solamente llenarás el jarro. En seguida viertes un poco del agua que -saques sobre las piedras que encuentres alrededor del pozo y a la -entrada de esta plazoleta, sin temor de que el agua se acabe, porque es -inagotable, y verás que las piedras se convierten inmediatamente en -hombres, pues lo son, y entre ellos está tu hermano, que se han -convertido en guijarros por no seguir fielmente las instrucciones que -recibieron del Rey ciego, ni las que yo les dí.</p> - -<p>Llegó Lucero al pozo, tomó el jarro y se sentó en el brocal, esperando -que las aguas, que subían con una lentitud desesperante, alcanzaran -hasta arriba; pero transcurrían las horas, una tras otra, se acercaba la -noche, y aún faltaba medio metro para que las aguas tocaran el borde del -brocal. El niño era nervioso y no aguantó más; se inclinó hacia el -interior, introdujo el jarro en el agua, pero apenas tocó el líquido, -una fuerza violenta lo arrojó hacia atrás y al caer en el suelo quedó, -como su hermano, convertido en piedra.</p> - -<p>Luna esperó pacientemente la vuelta de Lucero; pero trascurrió el mes y -no apareció. Tomó entonces dinero y provisiones para un largo viaje y se -puso en marcha, dispuesta a no regresar sin sus hermanos.</p> - -<p>A los siete días de camino se encontró con la viejecita.</p> - -<p>—¡Una limosnita, mi señorita, para esta pobre vieja!</p> - -<p>—¡Cómo no, mamita! ¡Con mucho gusto! Y dígame antes ¿vive usted sola?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_87" id="page_87">{87}</a></span></p><p>—No, mi hijita, me acompañan siete nietecitos, que no tienen padre ni -madre y cuyo único sostén es esta pobre vieja desvalida.</p> - -<p>La niña, que era muy bondadosa y compasiva entregó a la anciana la mitad -de las provisiones y del dinero que llevaba. La viejecita se deshizo en -agradecimientos, y le preguntó:</p> - -<p>—¿A dónde va, mi hijita?</p> - -<p>—En busca de mis padres a quienes no conozco ni sé dónde se encuentran, -y de dos hermanos que salieron con el mismo objeto y que no han vuelto, -a pesar de haber transcurrido de más el plazo que fijaron para su -regreso. Y le contó su historia.</p> - -<p>—Yo, hijita, la ayudaré a encontrarlos, y créame que los encontrará. El -bien que se hace, tiene que ser premiado. Tome estos tres ovillos de -hilo y ande todo el largo de ellos; al concluirlos, llegará al palacio -de un Rey ciego, quien le indicará lo que debe hacer en seguida.</p> - -<p>Anduvo la hermosa niña hasta concluir los tres ovillos de hilo, en lo -cual demoró siete días completos. Entró al palacio del Rey ciego, que la -recibió afablemente y le dió las mismas instrucciones que a sus -hermanos. Cuando le trajeron el caballo, lo acarició pasándole la mano -por la cabeza y por el cuello, y le decía:</p> - -<p>—¡Qué pelo tan suave! Si parece que fuera de seda. ¡Qué caballo tiene -vuestra Majestad, señor Rey! Yo nunca he visto otro de tan buen porte y -tan proporcionado como éste!</p> - -<p>El caballo, como si comprendiera las alabanzas de la niña, relinchaba -alegremente.</p> - -<p>Montó Luna en él, y despidiéndose del Rey, partió a toda carrera.</p> - -<p>Más o menos a medio día llegaron a un hermoso prado atravesado por un -arroyuelo de limpidísimas aguas. La niña invitó al caballo a que se -detuviera para bajarse, y el animal se paró. Descendió la niña, le quitó -el freno y le dijo, acariciándolo:<span class="pagenum"><a name="page_88" id="page_88">{88}</a></span></p> - -<p>—Come, caballito lindo, y bebe y descansa que bastante falta te hace, -pues has corrido tanto y debes sentirte fatigado.</p> - -<p>Después de solazarse el caballo un par de horas, él mismo se acercó a -Luna, que volvió a montar y continuó su marcha.</p> - -<p>Todos los días, hasta completar el séptimo, que llegaron a la plazoleta, -Luna dió dos horas de descanso a su cabalgadura, escogiendo siempre los -sitios mejor empastados y con buena agua, para que el noble bruto -pudiera reponerse.</p> - -<p>El caballo dejó su preciosa carga cerca del Arbol, el cual -inmediatamente se puso a cantar las más armoniosas melodías, e inclinó -su copa hacia la niña, como si la convidara a cortar el cogollo; lo -cual, ejecutado por Luna, el Arbol la invitó a que fuera a traer el agua -de la vida.</p> - -<p>Cuando la niña llegó al pozo, el agua alcanzaba al borde del brocal, así -es que inmediatamente llenó el jarro sin dificultad. En el mismo momento -en que Luna introducía el jarro en el agua, un hermosísimo loro de -brillantes y variadas plumas se posó en su hombro derecho y la saludó:</p> - -<p>—Buenos días, bella Luna.</p> - -<p>—Buenos los tengas tú, preciosa ave. ¿Eres tal vez el Loro adivino, que -me ayudará a encontrar a mis padres?</p> - -<p>—Sí, yo soy. Apresúrate a verter agua de la vida sobre las piedras para -que volvamos pronto al palacio del Rey ciego e irnos, en seguida, a tu -casa.</p> - -<p>Comenzó la niña a echar agua sobre las piedras que rodeaban el brocal -del pozo, y al mojar la primera se levantó Lucero, que abrazó -cariñosamente a su hermano. Apenas el agua tocaba una piedra, se alzaba -un hombre: un conde, un marqués, un príncipe. Continuó con las que -estaban a la entrada de la plazoleta, y al caer el agua sobre la primera -de éstas, apareció Sol. Los tres hermanos se estrecharon entre sus -brazos, y Sol y Lucero agobiaban a Luna a preguntas, que ella contestaba -risue<span class="pagenum"><a name="page_89" id="page_89">{89}</a></span>ña, sin dejar de echar agua sobre las piedras. Terminada esta -tarea, montó a caballo y salió de la plazoleta seguida de una multitud -de apuestos jóvenes, que lanzaban hurras y vivas a su libertadora: jamás -rey ni reina llevó tan numeroso y escogido séquito ni fueron tan -aclamados como lo fué Luna en esta ocasión.</p> - -<p>A poca distancia de la plazoleta la avenida se dividía en tres caminos, -y allí se despidieron todos de los tres hermanos, tomando cada cual el -que le convenía. Sol, Lucero y Luna siguieron por el que conducía al -palacio del Rey ciego, al que llegaron en breve tiempo, porque parece -que las distancias se habían acortado.</p> - -<p>Se desmontó la niña del caballo y el Loro le dijo al oído:</p> - -<p>—Humedece con el agua de la vida los ojos del Rey y en seguida arroja -un poco de la misma agua a la cabeza del caballo.</p> - -<p>La niña obedeció, y el Rey recobró la vista y el caballo se convirtió -instantáneamente en el más hermoso y gallardo príncipe que haya pisado -la tierra. El Rey y el Príncipe se abrazaron tiernamente.</p> - -<p>—¡Por fin han terminado nuestras penas—dijo el Rey—gracias a esta -heroica niña!</p> - -<p>Y refirió a los tres hermanos que hacía veintiún años que una bruja, su -enemiga, lo había dejado ciego a él y había encantado a su hijo, -situaciones que debían durar hasta que alguien se apoderara del Arbol -que canta, del Agua de la vida y del Loro adivino.</p> - -<p>El Príncipe, que se había enamorado de Luna, pidió a su padre que lo -dejara casarse con ella, si ella lo aceptaba por esposo. Luna manifestó -su alegría ante tal petición; pero el Rey les observó que, aun cuando él -aceptaba plenamente esta unión, era menester esperar que los niños -encontraran a sus padres para pedirla en matrimonio. Se convino en que -se haría así, y al otro día partieron nuestros pequeños héroes.</p> - -<p>Cuando nuestros viajantes llegaron a su casa, Luna plantó la rama del -Arbol que canta en medio del jardín,<span class="pagenum"><a name="page_90" id="page_90">{90}</a></span> y en tres días había crecido tanto -y estaba tan corpulento como el árbol de que provenía. El Loro adivino -vivía en sus ramas y solía acompañar en sus cantos al Arbol, que era la -delicia de todo el vecindario.</p> - -<p>La fama de este Arbol maravilloso se extendió por todo el país y bien -pronto llegó a oídos del Rey, que quiso conocerlo; y al efecto, -acompañado de la Corte, de sus cuñadas y de muchas damas, se trasladó a -la casa de los niños.</p> - -<p>Lo primero que llamó la atención de todos fué la hermosura incomparable -de los tres hermanos y la simpatía que despertaban.</p> - -<p>Parecía que el Arbol hubiese reservado sus mejores cantos para esta -visita: las melodías que entonó eran tan dulces, tan suaves, tan -armoniosas, que el Rey y su comitiva se quedaron extasiados escuchándolo -y las horas pasaron sin sentirlas.</p> - -<p>De pronto el Arbol calló y poco a poco el auditorio volvió en sí. El Rey -fué el primero en hablar:</p> - -<p>—¡Qué cosa tan extraordinaria—dijo—que un árbol cante!</p> - -<p>El Loro habló entonces, con voz entera y clara, que todos oyeron -perfectamente:</p> - -<p>—Es verdad, su Majestad, que es muy extraordinario; pero no tanto como -el que una mujer dé a luz tres perros, en vez de tres criaturas, cosa -que tan fácilmente hicieron creer a vuestra Majestad sus cuñadas.</p> - -<p>—¿Cómo? ¿Qué dice ese Loro?</p> - -<p>—Yo contaré a vuestra Majestad cómo pasaron las cosas. Pero ante todo, -haga vuestra Majestad que amarren bien a sus cuñadas a un árbol, porque -al ver que se van a poner en descubierto sus picardías, tratarán de -escabullirse y huir. Y ordene también que inmediatamente saquen a la -Reina de su entierro, porque si no sale luego de ahí, morirá; y que la -traigan aquí, pues su presencia es necesaria.</p> - -<p>El Rey dispuso que, con fuertes correas, ataran a un<span class="pagenum"><a name="page_91" id="page_91">{91}</a></span> árbol a las -hermanas de su mujer, y que, sin demora, libraran a la Reina del -emparedamiento en que estaba y la trajeran.</p> - -<p>Momentos después llegó la Reina en silla de manos. Los doce años de -encierro y la falta de alimentos la habían convertido en un esqueleto -viviente; no podía andar, ni tenía fuerzas para hablar. Pero Luna, -apenas la vió, como impulsada por un resorte, corrió a su habitación y -volviendo con el jarro del agua de la vida le dió a beber un trago. Al -punto la Reina se levantó de la silla en que estaba sin ánimos y como -muerta, revestida de su antigua juventud, belleza y esplendor; y al -verla, los personajes de la Corte, sin poder contenerse, prorrumpieron -en gritos de júbilo, aclamando a su soberana.</p> - -<p>El Loro pidió que le escucharan, y al instante se hizo el silencio mas -profundo. Entonces refirió como las hermanas de la Reina corroídas por -la envidia, aprovecharon la ausencia del Rey para substituir por tres -perrillos despreciables los hermosos hijos que Flor-María había tenido y -que, como lo había prometido, nacieron el uno con el Sol en la frente, -el otro con el Lucero y la niña con la Luna llena; cómo Flor-Rosa los -había echado al arroyo en una artesa y habían sido salvados por el -hortelano; cómo se habían criado y crecido ignorando su origen; y por -fin, cómo Luna había logrado conquistar al Arbol que canta, al Agua de -la vida y al Loro adivino, que era él.</p> - -<p>El Rey preguntó:</p> - -<p>—¿Y cómo podré encontrar a mis hijos?</p> - -<p>—Ahí están, al lado de la Reina; que les quiten las fajas que cubren su -frente y vuestra Majestad los reconocerá.</p> - -<p>La Reina se apresuró a descubrir la frente de sus hijos; y si bellos los -había encontrado el Rey y los personajes de sus séquitos cuando entraron -a la huerta, más hermosos aparecieron a su vista despojados del paño que -les ocultaba la frente y la cabeza. La Reina no se cansaba de -acariciarlos, y ellos le pagaban su cariño cubriéndola de besos y -llamándola «mamacita querida».<span class="pagenum"><a name="page_92" id="page_92">{92}</a></span></p> - -<p>El Rey pidió perdón a su esposa por los sufrimientos que tan -injustamente le había infligido y la Reina se lo acordó cumplidamente.</p> - -<p>Cuando se disponía a regresar a palacio, sintieron gran ruido, como si -se acercara numerosa tropa de caballería, y luego se oyeron sones de -trompetas y clarines.</p> - -<p>Eran el Rey que había recuperado la vista gracias a Luna, y el Príncipe -su hijo, que venían a pedir la mano de la princesa, y que, previo -consentimiento de la interesada, que lo dió de muy buen grado, le fué -concedida.</p> - -<p>Las cuñadas del Rey, Flor-Rosa y Flor-Hortensia, fueron atadas de manos -y pies a cuatro caballos, los que, partiendo cada uno en opuesta -dirección, las descuartizaron.</p> - -<p>El matrimonio del Príncipe con Luna se celebró siete días después. Las -fiestas de palacio y las organizadas para solaz del pueblo fueron tan -espléndidas que todavía se alude a ellas en el reino cuando se quiere -ponderar la magnificencia de alguna solemnidad.</p> - -<p>Los personajes de este cuento vivieron muchos años y todos fueron muy -felices y venturosos.</p> - -<p>Y con esto se acaba el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la -guatita al aire y el potito al viento.<span class="pagenum"><a name="page_93" id="page_93">{93}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-14" id="num1-14"></a>14. EL MEDIO POLLO<a name="FNanchor_D_4" id="FNanchor_D_4"></a><a href="#Footnote_D_4" class="fnanchor">[D]</a>.<br /><br /> -<small>(Contado en 1906 por Polonia González, de 50 años, más o menos, natural de la provincia de Colchagua)</small></h2> - -<p>Para saber y contar y contar para saber. Est’era y esterita para secar -peritas; est’era y esterones para secar orejones.</p> - -<p>Est’era una Gallineta muy buena ponedora y muy buena sacadora; y una vez -que puso veinte huevos, se echó y sacó diez y nueve pollitos no más y se -levantó muy atingida porque había perdido un huevito.</p> - -<p>Bueno, pues. Principió la Gallinita a darle vueltas al huevito y conoció -que estaba medio huero, y entonces pensó:</p> - -<p>—Si me echo otra vez, saldrá cuando menos un medio pollito.—Y así fué -que salió un medio pollito del cascaroncito.</p> - -<p>Bueno, pues. La Gallinita era muy querendonaza con sus hijitos; pero -quería más que a ninguno al Medio-pollito, porque le tenía un cariño con -lástima, porque cada vez que lo veía le daba pena del verlo que no podía -volar, porque no tenía mas que una alita pues, y andaba a saltitos -porque no tenía mas que una patita.</p> - -<p>Entonces el Medio-pollo fué creciendo y la Gallinita poniéndose -viejancona, y no podía trabajar. Entonces el Medio-pollito le dijo a su -mamita:</p> - -<p>—Viejecita, écheme la bendición porque me voy a rodar tierras y no -volveré hasta que tenga qué darle para que descanse.<span class="pagenum"><a name="page_94" id="page_94">{94}</a></span></p> - -<p>Bueno, pues. Entonces la Gallinita le echó la bendición al Medio-pollo y -se quedó llorando y el Medio-pollo salió a rodar tierras y se fué a -saltitos, porque no tenía más que una patita sola no más.</p> - -<p>Entonces el Medio-pollo anduvo muchos días sin encontrar trabajo; y un -día que estaba escarbando con el pico en un montón de hojas, se encontró -una naranjita de oro y casi se cagó del gusto y la escondió debajo de la -alita y pensó:—Si se la llevo al Rey me dará gransitas para llevarle a -mi mamita.</p> - -<p>Bueno pues. Se fué donde el Rey y en el camino se encontró con un -Arriero que traía una recua muy grande de mulas y que venía de vuelta.</p> - -<p>Entonces el Medio-pollo le preguntó al Arriero:</p> - -<p>—¿De dónde viene, mi Arrierito?</p> - -<p>—Me he vuelto—es que le dijo el Arriero—porque el río trae mucha agua -y no me animo a pasarlo porque se pueden ahogar las mulitas.</p> - -<p>—Donde usted me ve—es que le dijo el Medio-pollo—yo lo voy a pasar no -más, porque tengo que ir donde el Rey.</p> - -<p>Entonces le dijo el Arriero:</p> - -<p>—¿Por qué no me lleváis con mis mulitas, Medio-pollo?</p> - -<p>Bueno—es que le dijo el Medio-pollo—</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Métete en mi potito<br /></span> -<span class="i0">y tráncate con un palito.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y entonces se metieron en el buche del Medio-pollo el Arriero y todas -sus mulitas.</p> - -<p>Bueno. Entonces el Medio-pollo llegó al río, que venía muy anchazo de -tanta agua que traía y se paró a la orilla y se puso a pensar:—Yo no -puedo volar porque no tengo mas que una alita. ¿Qué hago yo? me voy a -tomar toda la agüita para dejarlo seco y poder pasar.</p> - -<p>Y entonces el Medio-pollo se tomó toda el agua del río y pasó para el -otro lado, y siguió marchando un día entero hasta que topó con un Tigre -que estaba descansando en una piedra. Entonces el Medio-pollo es que le -dijo:<span class="pagenum"><a name="page_95" id="page_95">{95}</a></span></p> - -<p>—¿Qué hace ahí, compadrito Tigre?</p> - -<p>—Tengo que ir donde el Rey—es que le dijo el Tigre—y estoy muy -cansado. ¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito?</p> - -<p>—Bueno—es que le dijo el Medio-pollo—</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Métete en mi potito<br /></span> -<span class="i0">y tráncate con un palito.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y entonces es que el Tigre se metió en el buche del Medio-pollo.</p> - -<p>Bueno, pues. Entonces el Medio-pollo la endilgó por el camino otro día -más, hasta que se encontró con un León que estaba echado en un ladito. -Entonces el Medio-pollo es que le dijo:</p> - -<p>—¿Qué hace ahí, compadrito León?</p> - -<p>—¡Qué he de hacer Medio-pollito!—es que le dijo el León.—Estoy medio -despiado de tanto andar y tengo que ir a la casa del Rey y no puedo más. -¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito?</p> - -<p>—Bueno—es que le dijo el Medio-pollo—</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Métete en mi potito<br /></span> -<span class="i0">y tráncate con un palito.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y al tirito se metió el León en el buche del Medio-pollo.</p> - -<p>Todavía tuvo que andar un día más el Medio-pollo, hasta que tropezó con -una Zorra que se estaba haciendo la dormida debajo de unos árboles. -Entonces el Medio-pollo es que le dijo:</p> - -<p>—¿Qué está haciendo ahí, mi comadrita Zorra?</p> - -<p>Y es que la Zorra le dijo:</p> - -<p>—Aquí estoy, compadrito, medio muerta de hambre. Hace una pila de días -que no como ni un racimito de uvas siquiera.</p> - -<p>Entonces es que le dijo el Medio-pollo:</p> - -<p>—Yo la llevaré, comadrita, donde el Rey; pueda ser que le tenga lástima -y le dé alguna cosita que comer.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Métase en mi potito<br /></span> -<span class="i0">y tránquese con un palito.<br /></span> -<span class="pagenum"><a name="page_96" id="page_96">{96}</a></span></div></div> -</div> - -<p>Bueno, pues. Se metió la Zorra en el buche del Medio-pollo y siguió -andando hasta que topó con el palacio del Rey. Y entonces el -Medio-pollo, cuando lo llevaron donde el Rey, es que le dijo:</p> - -<p>—Mi Rey, mi soberano, aquí he venido desde muy lejazo para traerle a su -Sacarrial Majestad esta naranjita de oro, que es regalo que yo le -traigo.</p> - -<p>Bueno. Entonces el Rey agarró la naranjita y les dijo a sus pajes que -llevaran al Medio-pollo al gallinero para que estuviera con todos sus -compañeros, y les dijo que le echaran harta gransita, y harto triguito y -maicito bastantazo, para que se llenara.</p> - -<p>Y entonces cuando dejaron al Medio-pollo en el gallinero, todos los -gallos, las gallinas y los pavos se le fueron encima a picotearlo y casi -se lo comieron vivo. Y entonces el Medio-pollo, cuando se vió acorralado -y que me lo querían avasallar, se fué a un rinconcito, pujó un -poquichicho y entonces salió la Zorra y se comió todos los gallos y -toditas las gallinas y toditos los pavos, y no dejó ni unito, y se -arrancó para la Cordillera; y entonces es que el Medio-pollo se comió -todas las gransitas.</p> - -<p>Bueno, pues. Entonces al otro día fueron los pajes, con las claras, al -gallinero para ver como había amanecido el Medio-pollo, y se quedaron -todos patifríos cuando vieron que el Medio-pollo se había comido todas -las aves, porque no sabían que se las había comido la Zorra; y entonces -se fueron todos apurados donde el Rey y es que le dijeron:</p> - -<p>—Señor, el Medio-pollo se ha comido todas las aves y no ha dejado una -ni para un remedio.</p> - -<p>Entonces es que dijo el Rey:</p> - -<p>—Bueno. ¿Qué hacemos entonces con el Medio-pollo? Yo no lo puedo matar -porque me ha traído este regalo.</p> - -<p>Y es que un paje le dijo:</p> - -<p>—Si a su Sacarrial Majestad le parece, lo echaremos al potrero donde -están los caballos y los coches de su Majestad y pueda ser que los -caballos lo maten a patadas.<span class="pagenum"><a name="page_97" id="page_97">{97}</a></span></p> - -<p>—Bueno,—es que les dijo el Rey—; pero yo les prohibo que ustedes lo -maten.</p> - -<p>Y lo echaron al potrero.</p> - -<p>Y entonces, cuando el pobrecito Medio-pollo se vió entre las patas de -tantísima bestia, le dió miedo como un diablo, y arrimándose a un -rinconcito, pujó un poquichicho y echó al León para afuera; y entonces -el León se comió a todititos los caballos y no dejó ni unito ni para un -remedio; y se arrancó para la Cordillera.</p> - -<p>Bueno, pues. Al otro día bien de albita, fueron los pajes a ver si los -caballos habían matado al Medio-pollo, y casi se fueron de espaldas -cuando vieron al Medio-pollo arriba de un árbol cantando a todo lo que -le daba el pico, como haciéndoles burla porque se había comido todos los -caballos. Así lo creían ellos, porque ellos no sabían que se los había -comido el León. Y entonces se fueron corriendo donde el Rey y se lo -contaron todo.</p> - -<p>Bueno. El Rey se quedó todo admirado y es que les dijo:</p> - -<p>—Yo no puedo matar a ese Medio-pollo que me ha traído esta naranja de -oro de regalo. Ustedes sabrán lo que con él hacen, pero les prohibo que -lo maten.</p> - -<p>Bueno. Entonces el paje principal es que le dijo:</p> - -<p>—Si su Sacarrial Majestad quiere, lo echamos a este Medio-pollo al -potrero donde están las vacas y ahí lo matan con seguridad.</p> - -<p>El Rey no dijo nada; y entonces lo echaron al potrero de las vacas.</p> - -<p>Bueno, pues. El pobre Medio-pollito se vió todo afligido entremedio de -las patas de tantísima vaca, y no hallaba qué hacerse, porque con el -susto se le había olvidado que todavía tenía adentro del buche al Tigre; -y entonces de puro miedo se le escapó un pedito, y donde se le abrió el -potito salió el Tigre hecho una fiera y se comió todititas las vacas; y -arrancó después para la Cordillera.</p> - -<p>Al otro día bien tempranito, con las diucas, se fueron<span class="pagenum"><a name="page_98" id="page_98">{98}</a></span> los pajes para -el potrero de las vacas, y cuando vieron que no quedaba ni una ni para -un remedio, casi se cayeron muertos, y en nada estuvo que no se quedaron -muertos de la rabia cuando vieron al Medio-pollo encaramado en una rama -y que se reía de ellos y cantaba ¡cucurucú! ¡cucurucú!</p> - -<p>Bueno, pues. Se fueron entonces todos furiosos donde el Rey, y es que le -dijeron:</p> - -<p>—Señor, hay que matar a este Medio-pollo, porque tiene al diablo metido -adentro del cuerpo; se ha comido en la noche todas las vacas, y si lo -dejamos con vida nos va a comer a todos nosotros.</p> - -<p>Entonces el Rey es que les dijo:</p> - -<p>—¿Cómo voy a matar a este Medio-pollo que me ha traído un regalo tan -bueno? Ya he prohibido que lo maten.</p> - -<p>—Bueno, pues, señor,—dijo el paje principal—no lo mataremos; pero si -su Sacarrial Majestad no se enoja, lo echaremos al horno del pan para -que se ase al rescoldo, porque, en la de no, nos va a comer a todos.</p> - -<p>Entonces esos brutos echaron al Medio-pollito al horno, cuando estaba -bien caldeado, y el pobrecito casi se cagó del susto. Se arrimó como -pudo a la boca del horno y se puso a pensar:—¿Qué hago yo? Si me largo -un pedito, con el vientecito que eche van a crecer las llamitas y me -quemo más lueguito.</p> - -<p>Ya se le estaban chamuscando las plumitas al pobrecito.</p> - -<p>Bueno, pues. El Medio-pollito no se acordaba que tenía metido el Río en -el buche; pero con el calor de las llamitas principiaron a alborotarse -las aguas y a sonarle las tripitas, y entonces, medio muerto de gusto, -se acordó del Río y pujó con todas sus fuerzas, y entonces es que salió -toda el agua de un de repente y apagó el fuego. Y como era la hora en -que venían los pajes, se ahogaron toditos y no quedó ni unito.</p> - -<p>Entonces fué el Medio-pollo donde el Rey y es que le dijo:<span class="pagenum"><a name="page_99" id="page_99">{99}</a></span></p> - -<p>—Ya están muertos todos esos condenados que me querían matar.</p> - -<p>Entonces el Rey, muy contento de ver vivo al Medio-pollito, es que le -dijo:</p> - -<p>—Yo les había prohibido a mis pajes que te mataran. Y ¿qué vais a hacer -ahora Medio-pollito?</p> - -<p>—Si su Sacarrial Majestad me da permiso, yo me voy para mi tierra—es -que le dijo el Medio-pollo—porque quiero ver a mi mamita, que estará -con cuidado.</p> - -<p>El Rey mandó entonces al mayordomo que le diera al Medio-pollo todo el -trigo que había en la troje, que era una barbaridad; y entonces el -Medio-pollo volvió a pujar y salió el Arriero con todas sus mulitas y -cargaron todo el triguito.</p> - -<p>Bueno. Entonces cuando llegaron a su tierra, el Arriero y el -Medio-pollito se repartieron el trigo como hermanos, hicieron dos pilas -igualitas y cada uno agarró la suya.</p> - -<p>Entonces la Gallinita se puso muy contenta de volver a ver a su -Medio-pollito, y ya nunquita más tuvo que trabajar.</p> - -<p>Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento.</p> - -<h2><a name="num1-15" id="num1-15"></a>15. EL BARCO DE LOS TRES HACHAZOS.<br /><br /> -<small>(Me lo refirió el Capitán D. Alberto Muñoz Figueroa, de Santiago, en 1922).</small></h2> - -<p>Para saber y contar etc.</p> - -<p>Han de saber que un Rey tenía en medio del huerto de su palacio un árbol -muy corpulento que nunca fué regado sino con aguas de su hija, y esta -circunstancia, por disposición de una bruja que había criado a la -Princesa, había comunicado al árbol la virtud de que no pudiera ser -tocado por ninguna herramienta, so pena de morir el que la manejara, -salvo que la operación se hiciera en<span class="pagenum"><a name="page_100" id="page_100">{100}</a></span> día que no hubiera sido regado -directamente por quien tenía la obligación de hacerlo.</p> - -<p>Pues bien, el Rey, que conocía esta virtud, hizo publicar por todas -partes que no daría la mano de su hija sino a quien fuese capaz de hacer -un barco con solos tres hachazos que diera al tronco de aquel árbol.</p> - -<p>Muchos pretendientes se presentaron a tentar la prueba, pero todos, al -descargar el primer golpe, caían muertos como si hubieran sido heridos -por un rayo.</p> - -<p>Entre los súbditos del Rey había un joven pobre, excelente hijo, que un -día amaneció con la idea de ir a conquistar la mano de la Princesa, y -provisto de la bendición de su madre, de una hacha, de un hierro para -marcar y de una tortilla que su madre le dió, emprendió el camino, sin -darse cuenta de la dificultad de la empresa que iba a acometer.</p> - -<p>A poco andar, le salió al paso un viejecito que con voz compungida le -pidió una limosna. El joven, compadecido, le entregó la tortilla que -llevaba, y el viejecito, en pago de su buena obra, le dió un pito -diciéndole que podría servirle cada vez que se encontrara en apuros. -Antes de retirarse, le aconsejó que tomara a su servicio a las cuatro -primeras personas que encontrara en su camino; y despidiéndose de él, le -indicó por donde debía seguir.</p> - -<p>Nuevamente púsose en marcha el joven y después de tres días de camino se -encontró con un hombre que estaba tendido de bruces en el suelo, -bebiéndose el agua de un río.</p> - -<p>—¿Qué estás haciendo?—preguntó Antonio, que así se llamaba el joven.</p> - -<p>—¿Qué quiere que haga?—contestó el interpelado—tomándome el agua de -este río, hasta dejarlo seco, porque hoy he amanecido con una sed muy -grande.</p> - -<p>—¿Y serás capaz de bebértela toda?</p> - -<p>—¡Ya lo creo, pues; si para mí el agua que arrastra un río es como un -vaso de agua para otros! Y si en vez<span class="pagenum"><a name="page_101" id="page_101">{101}</a></span> de agua arrastrara vino, mejor que -mejor; más luego lo secaría!</p> - -<p>—¿Por qué no te vienes conmigo? Tú puedes servirme y cuando termine la -empresa en que me he metido, te pagaré bien.</p> - -<p>—Perfectamente, me voy con Ud., señor.</p> - -<p>Y siguieron muy tranquilamente por el mismo camino.</p> - -<p>No habían andado todavía media hora, cuando tropezaron con un cazador, -que con un fusil de caza hacía la puntería a un objeto que ninguno de -los dos alcanzaba a divisar.</p> - -<p>—¿A quién le apuntas?—preguntó Antonio.</p> - -<p>—A un mosco que veo volando como a una legua de altura—respondió el -cazador.</p> - -<p>—¿Y crees que podrás matarlo?</p> - -<p>—¡Que si lo creo! estoy seguro de que lo mataré! y si no, esperen un -momento.</p> - -<p>Y dicho esto, disparó.</p> - -<p>Un buen rato después cayó a los pies de ellos el mosco con el cuerpo -atravesado de un balín. Antonio y su compañero quedaron admirados, tanto -de la buena vista del Cazador como de su admirable puntería.</p> - -<p>—¿Quieres venirte conmigo?—le dijo Antonio.—Posiblemente tenga que -servirme de ti en una empresa en que me he metido, y una vez que le dé -buen fin, me encontraré en situación de pagarte como sea debido.</p> - -<p>—Pues, señor, me voy con usted.</p> - -<p>Y los tres continuaron la interrumpida marcha; y después de haber andado -una media hora, toparon con un hombre muy alto y muy flaco que estaba -fuertemente abrazado al tronco de un grueso árbol.</p> - -<p>—¡Qué hombre más raro!—dijo Antonio—,¿por qué estará abrazado al -árbol?</p> - -<p>—Señor,—le contestó el hombre—mi oficio es correr y más correr, y si -no me ataran o me sujetara como ahora lo estoy, tendría que seguir -corriendo.</p> - -<p>—¿No sería bueno—dijo Antonio a sus compañeros<span class="pagenum"><a name="page_102" id="page_102">{102}</a></span>—que llevásemos a este -hombre con nosotros? quién sabe si necesitemos de la virtud que tiene!</p> - -<p>—Bueno sería que viniese con nosotros—contestaron los interpelados.</p> - -<p>—Me gustaría irme con ustedes—dijo el hombre corredor—pero sería -necesario, para no seguir corriendo, que me llevasen amarrado.</p> - -<p>Entonces uno de los acompañantes de Antonio se sacó de la cintura una -fuerte correa y con ella ató las piernas del Corredor, que fué llevado -en hombros de uno y otro alternativamente; así continuaron su camino -hasta que encontraron a otro hombre que estaba tendido en tierra con una -oreja pegada al suelo.</p> - -<p>—¡Qué curioso lo que oigo,—decía el hombre—, qué curioso!</p> - -<p>—¿Y qué es lo que oyes?—interrogó Antonio.</p> - -<p>—Oigo que una señora aconseja a su hija que no deje de regar temprano -con sus aguas cierto árbol, cada vez que se presente algún pretendiente -de su mano para hacer un barco de tres hachazos, porque regado el árbol, -nadie podrá hacer el barco en el mismo día.</p> - -<p>—Pues es preciso que tú nos acompañes—dijo Antonio—y no tengas -cuidado, que se te pagará bien.</p> - -<p>—Bueno, pues, señor, me iré con usted.</p> - -<p>Y los cinco siguieron camino hasta llegar al palacio del Rey, en el cual -se les dió alojamiento, como se acostumbraba con todos los que -pretendían hacer el barco.</p> - -<p>Fijado el día de la prueba, Antonio se puso en acecho desde antes que -amaneciera, y cuando el sol despuntaba sus rayos, como viera que la -Princesa llegaba al pie del árbol y, encuclillándose, se preparaba para -regarlo, sacó el pito que le había obsequiado el anciano y llevándoselo -a los labios sopló, y se produjo ¡Dios mío! un sonido tan espantoso que -la Princesa, toda asustada, huyó a refugiarse en su aposento, sin -conseguir regar el árbol.</p> - -<p>La prueba debía tener lugar a las 12, y desde mucho antes los corredores -del patio en que estaba el árbol se hallaban repletos de nobles y -grandes de la Corte que, pre<span class="pagenum"><a name="page_103" id="page_103">{103}</a></span>sididos por los Reyes y la Princesa, -querían presenciarla. Al dar el reloj el primer campanazo, salió Antonio -con su hacha al hombro, y sonando el duodécimo, pegó, uno en pos de -otro, ni uno más, ni uno menos, los tres golpes que tenía derecho a dar, -y lo que hasta entonces ninguno de los numerosos candidatos que habían -tentado la empresa había podido hacer, resultó ahora de la manera más -sorprendente: como por encanto surgió del lugar que hasta un momento -antes ocupaba el árbol, un buque maravilloso, con toda la armazón de oro -y las velas de plata, que se movía majestuosamente en un hermoso -estanque, entre cisnes y pececitos dorados. Un hurra estruendoso salió -de la boca de todos y los mismos Reyes y la Princesa, muy a su pesar, no -pudieron contener sus aplausos.</p> - -<p>Los Reyes, no obstante el buen éxito de la prueba, no quisieron conceder -a Antonio la mano de su hija, aunque ella, en vista del espléndido -resultado obtenido por el joven y su gallarda figura, se inclinaba a -aceptarlo por marido, y le impusieron, para conseguirla, la ejecución de -nuevos trabajos, que Antonio aceptó de lleno, decidido como estaba a -casarse con la Princesa, de quién se había enamorado profundamente, -desde que la vió.</p> - -<p>Aceptadas las nuevas exigencias de los padres de la Princesa, el Rey -condujo a Antonio a una inmensa bodega toda llena de enormes toneles de -vino y le dijo:</p> - -<p>—Tienes que beberte todo este vino antes que den las 12 del día de -mañana, so pena de la vida,—y le entregó las llaves y se fué.</p> - -<p>Esperó Antonio que el Rey se alejase, y cuando calculó que ya estaría en -palacio, fué en busca del Bebedor e introduciéndole en la bodega, le -preguntó si se encontraba capaz de ingerir antes del mediodía todo el -vino y licor que allí se guardaba. El Bebedor le contestó que tan capaz -se sentía de bebérselo que no le pedía sino dos horas para dejar -completamente secos los toneles. Y así fué, en efecto, porque dos horas -más tarde volvió Antonio<span class="pagenum"><a name="page_104" id="page_104">{104}</a></span> a la bodega y no halló ni rastros de líquido; -sólo vió al Bebedor, que, sentado en un poyo, fumaba tranquilamente un -cigarro.—«Aquí estamos, señor,—le dijo—descansando un poco, porque -después de beber, mejor que andar, es sentarse un ratito y pitar un -cigarro».</p> - -<p>Al otro día el Rey pidió a Antonio las llaves de la bodega, y se quedó -mudo de espanto al ver que aquella grandísima cantidad de toneles poco -antes repletos de vino y licores, estaba completamente vacía. Atontado -se fué a sus habitaciones, pero antes dijo a Antonio:</p> - -<p>—En un momento más te llamaré.</p> - -<p>El Rey tenía un hechicero a su servicio y a él le pidió consejo acerca -de qué trabajo debería proponerle a Antonio que éste no fuera capaz de -ejecutarlo.</p> - -<p>El hechicero le dijo:</p> - -<p>—Escriba V. M. dos cartas para el Rey su vecino, una me entrega a mí, -que me transformaré en jote y la llevaré en un santiamén; la otra se la -entrega al pretendiente de la Princesa para que él le dé curso, y -veremos cuál de los dos trae primero la contestación.</p> - -<p>—Me parece bien—murmuró el Rey, y ordenó a su secretario que -inmediatamente escribiese las dos cartas y que estuvieran listas en un -momento. Con esto, mandó el monarca que llamasen a Antonio, quien, de -pie ante el trono, oyó respetuosamente la orden que se le daba, y que, -como la anterior, se sancionaba con pena de la vida. Antonio prometió -entregar al Rey la contestación antes que el jote, y salió.</p> - -<p>Inmediatamente reunió a sus compañeros y les contó el apuro en que se -encontraba.</p> - -<p>—No tenga cuidado, señor,—dijo el Hombre Largo—yo me encargaré de -llevar la carta y traer la contestación, y por muy ligero que vuele el -jote yo correré más rápidamente que lo que él vuela.</p> - -<p>—Y nosotros velaremos por lo que pueda suceder—agregó el Cazador.</p> - -<p>Y al punto el Hombre Largo tomó la carta y zanca<span class="pagenum"><a name="page_105" id="page_105">{105}</a></span>jeando con velocidad -pasmosa, se perdió de vista en un momento. Y tan lijero anduvo que -cuando el jote iba aún con la carta, el Hombre Largo volvía ya con la -respuesta. Se cruzaron en lo alto de un cerro, el corredor corriendo y -el Jote volando, y cuando éste, que como se ha dicho, era el Hechicero, -lo divisó, dejó caer desde lo alto un anillo. El Hombre Largo, a pesar -de la rapidez de su carrera, vió brillar el anillo en el suelo y se -detuvo a recogerlo; encontrolo hermoso y pareciéndole que no le quedaría -mal, se lo puso; pero apenas introdujo el dedo en el anillo, cayó en -tierra dominado de un violento sueño. Con su vista perspicaz el Cazador -vió todo lo ocurrido desde el lugar en que se hallaba, y comprendiendo -que era el anillo el que había dejado como muerto a su compañero, le -hizo los puntos con su fusil y disparó con tanto acierto que la bala -rompió el anillo y cayó destrozado al suelo. Roto el encanto, el Hombre -Largo continuó su carrera y en un momento llegó donde Antonio y le -entregó la respuesta, que Antonio llevó inmediatamente al Rey. El Jote -se demoró más de un día aún en llegar con la contestación, y el Rey, -despechado, lo hizo matar.</p> - -<p>Al otro día, bien temprano, el Rey, aconsejado por la Reina, hizo -entregar a Antonio veinte conejos que debía soltar en la montaña para -que anduviesen libremente y traerlos todos en la tarde; si no los traía -su cuello recibiría las caricias de la cuchilla del verdugo. Antonio -ofreció volver con los veinte conejos; y preguntó si esa sería la última -prueba a que se le sometía. El Rey le prometió que si salía bien en -ésta, no le impondría sino otra más.</p> - -<p>Partió Antonio llevando los conejos y acompañado del mayordomo de -palacio, que iba para comprobar si Antonio soltaba los animalitos; y -como viera que en cuanto llegaron a la montaña les daba completa -libertad y que desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, se volvió y -contó a los Reyes cómo los conejos habían huído más que ligero y que -sería muy difícil que Antonio pudie<span class="pagenum"><a name="page_106" id="page_106">{106}</a></span>ra cogerlos. El Rey, que recordaba -cómo Antonio, había salido tan bien de las empresas anteriores, pidió a -la Reina que se disfrazase y fuese a comprarle un par de conejos y le -diese por ellos el dinero que le pidiese. Hízolo así la Reina; se vistió -con los vestidos de su doncella, se peinó de distinta manera que como -Antonio la había visto y, arreglada, en fin, de modo que no la -conociese, partió para la montaña. Antonio la divisó desde lejos y la -conoció perfectamente, y sacando el pito, lo hizo sonar. Como por -encanto los conejos, saliendo de todas partes, se reunieron en un -momento frente a Antonio, retozando graciosamente.</p> - -<p>Poco después llegó la Reina, se sentó al lado de Antonio y entabló -conversación con él. Primero le habló de otras cosas y después de los -conejos.—Qué hermosos los conejitos—le dijo—,¿por qué no me vende un -par para hacer cría?—Antonio le contestó que no podía, que tenía que -entregar los veinte, completos, en la tarde, so pena de vida. Ella le -ofrecía lo que quisiera, este mundo y el otro; pero inútilmente, porque -Antonio no cedía ni aflojaba un pelo. Sin embargo, como la Reina -continuara con sus exigencias, Antonio le dijo que sólo de una manera le -entregaría el par de conejos, y hasta media docena si le parecía y era -dejándose aplicar una marca en las posaderas. La Reina, que no quería -que Antonio se casara con su hija, viendo que no había otro medio de -concluir con él, aceptó la proposición, y Antonio, para no hacerla -sufrir, ya que con su sufrimiento nada ganaba, en vez de calentar el -hierro, lo impregnó de tinta indeleble y lo estampó en las partes -convenidas; después de lo cual la falsa doncella recibió los dos conejos -y envolviéndolos en el delantal, se fué contentísima a paso ligero. ¿Qué -le importaba a ella la marca? Antonio, que no podía entregar sino 18 -conejos, moriría a manos del verdugo y nadie sabría lo que a ella le -había pasado. Pero la Reina no contaba con el pito de Antonio, quién una -vez que calculó que la Reina estaba próxima a llegar a palacio, sa<span class="pagenum"><a name="page_107" id="page_107">{107}</a></span>có el -silbato y lo hizo sonar: un minuto después el par de conejos estaba con -sus compañeros frente a Antonio. La Reina no se dió cuenta de la huida -de los animalitos, así fué que casi se cayó muerta de rabia cuando al -querer mostrarlos al Rey se encontró con que no traía ninguno. Contó al -Rey lo que le había sucedido y sólo pudo consolarse con la esperanza de -que los conejos no se hubieran ido a reunir con los otros que tenía -Antonio, esperanza que le salió fallida, ya que poco después entró el -joven y entregó al Rey los veinte conejos.</p> - -<p>—Señor,—le dijo—me parece que he cumplido. Ojalá, para salir luego de -cuidados, me diga cuál es el trabajo que me falta ejecutar.</p> - -<p>—Es éste—le contestó el Rey:—toma ese saco; a las 12, me lo traes -lleno de nada, nonada, tres ayes y una verdad; y ya sabes, si falta -alguna de estas tres cosas ¡fuera cabeza!</p> - -<p>—No tenga cuidado S. M., que será complacido.</p> - -<p>Al día siguiente salió Antonio provisto de su saco, y después de echar -en él, alternativamente, el hierro para marcar, un gran manojo de -hortiga caballuna, una piedra y un trozo de madera, ató la boca del -saco, se fué al palacio y colocándose al lado del estanque en que estaba -el buque de los tres hachazos, esperó que bajaran el Rey, la Reina, la -Princesa y los nobles, como en todas las pruebas anteriores. Poco antes -de las 12 ya estaba reunida toda la concurrencia, y sonando la duodécima -campanada del reloj, dijo el Rey:</p> - -<p>—Supongo que habrás traído <i>nada</i> en el saco.</p> - -<p>—Sí, Majestad, y aquí está—contestó Antonio—sacando el pedazo de -madera, que arrojó al estanque;—ya ve V. M. que nada.</p> - -<p>—Es verdad—dijo el Rey—¿y la nonada?</p> - -<p>—Aquí la tiene V. M.—respondió el joven, mostrando la piedra que -extrajo del saco,—pues si la arrojo al agua, <i>no nada</i>.<span class="pagenum"><a name="page_108" id="page_108">{108}</a></span></p> - -<p>El Rey no tuvo más remedio que asentir, y con voz alterada por la cólera -al verse vencido, preguntó:</p> - -<p>—¿Y los tres ayes?</p> - -<p>—Para eso será preciso que V. M. comisione a alguno de los suyos, para -que no se crea que los falsifico.</p> - -<p>Ordenó el Rey a la doncella de la Princesa que fuese a sacar los ayes, y -al acercarse al joven para cumplir el mandato, éste le dijo:</p> - -<p>—Es preciso meter al saco las dos manos y buscar con cuidado entre unas -yerbas que hay en el fondo, para que no se escapen.</p> - -<p>La niña creyó que si buscaba rápidamente los ayes podrían escaparse y el -joven perder la partida, y para conseguirlo, metió las manos -precipitadamente entre las ortigas, que juntaba y apartaba para -facilitar la salida de los ayes, pero no duró sino un instante, porque -las manos se le irritaron de tal manera y era tan grande el dolor que -sentía que tuvo que sacarlas casi al momento, gritando «¡ay, ay, ay!» -Antonio dijo entonces al Rey:</p> - -<p>—Ahí tiene V. M. los tres ayes que me había exigido.</p> - -<p>—Ahora veamos esa verdad, dijo el Rey con voz alterada.</p> - -<p>Y sacando Antonio del saco el hierro de marcar, dijo:</p> - -<p>—Ha de saber V. M. que ayer, mientras cuidaba los conejos en la -montaña, vino la Reina, a quién conocí perfectamente, a pesar del -disfraz, y me pidió que le vendiera dos de esos animalitos, y yo, -después de discutir un poco, consentí en dárselos con la condición...</p> - -<p>—De que se le diera la mano de nuestra hija—exclamó la Reina, -dirigiéndose al Rey, pero de modo que todos oyeron lo que decía.</p> - -<p>—Eso es,—confirmó Antonio—y espero que después de lo sucedido, V. M. -no se negará a permitir mi matrimonio con su hija.</p> - -<p>—Lo permito gustoso—contestó el monarca,—tanto más cuanto veo que -eres una persona de tal mérito que<span class="pagenum"><a name="page_109" id="page_109">{109}</a></span> no hay empresa que se te encomiende, -por difícil que sea, que no la ejecutes de la manera más cumplida.</p> - -<p>Y así fué como Antonio, mozo pobre, pero bueno, se casó con la hija del -Rey y llegó más tarde a sentarse en el trono, siendo feliz hasta donde -se puede serlo en esta tierra de desgracias, con su mujer y los -numerosos hijos que tuvo.</p> - -<h2><a name="num1-16" id="num1-16"></a>16. HERMOSURA DEL MUNDO, O EL CASTILLO DE LOS TRES AZUELAZOS.<br /><br /> -<small>(Contado por Tránsito González, maestro carpintero, de Choapa y 57 años de edad. Me lo refirió en Peñaflor, en 1922.)</small></h2> - -<p>Vivían en un pueblo dos viejitos casados desde hacía muchos años; pero -Dios no los había favorecido dándoles un hijo siquiera. Tenían numeroso -ganado y algún dinero, y temiendo morirse pronto y no sabiendo a quien -dejarle sus bienes, adoptaron a un huerfanito que recién nacido había -perdido a sus padres, y lo criaron con grande esmero y cariño. El -chiquitín se llamaba Nicomedes, pero el nombre no le venía, porque era -un comedor terrible: cuando era guagua, no le aguantó ninguna ama, -porque, a las que le llevaban, les secaba los pechos de dos o tres -chupetadas y tuvieron que criarlo con leche de vaca, y apenas le bastaba -la de dos. Cuando le salieron dientes, comenzó por comerse un conejo y -una gallina al día, después siguió con un cabrito, después con una oveja -o un cordero, y cuando tenía doce años se comía un buey descansadamente. -Por causa de su voraz apetito nadie lo llamaba por su nombre y todos le -decían Comín, Comón, hijo del buen Comedor.</p> - -<p>Llegó el caso de que de tanto comer el niño, el ganado se les iba -concluyendo a los viejos, quienes, por otra par<span class="pagenum"><a name="page_110" id="page_110">{110}</a></span>te, gozaban de muy buena -salud y parecía que cada día estaban mejor y que nunca se iban a morir; -temieron, entonces, quedar en la miseria, y para evitarlo le dijeron a -Comín que saliera a buscar a donde ganarse la vida, que ya no podían -tenerlo a su lado por más tiempo.</p> - -<p>Se despidió Comín de sus padres adoptivos, y llegó a una hacienda cuyo -dueño lo tomó a su servicio para que le cuidara un enorme ganado de -ovejas que tenía, y como era muy friolento, para que en la noche le -tuviera fuego encendido a la hora que se lo pidiera. El sueldo que -pagaba era bueno; pero había una condición bastante dura, y era que si -alguna vez no le tenía fuego encendido, o le faltaba alguna oveja, que -las contaban una vez por semana, lo mandaba degollar. Comín aceptó el -contrato, pero tenía la intención de comer a su gusto todas las ovejas -que su hambre insaciable le pidiese, siquiera por siete días, y mandarse -cambiar antes que contasen el ganado.</p> - -<p>El hacendado le pedía fuego todas las noches a distintas horas y Comín -siempre se lo proporcionaba, de modo que nunca lo pudo pillar, y como -las ovejas las contaban sólo una vez por semana, tampoco pudieron notar -que se comía cuatro o cinco cada día.</p> - -<p>Seis hacía ya que estaba en la hacienda, cuando en la cocina, en la hora -de la comida, oyó contar que el Rey de las Tres Puntas del Aromo ofrecía -dar en matrimonio a su hija Hermosura del Mundo y un millón de pesos a -aquel que frente a su castillo, de tres azuelazos, construyera en tres -días otro castillo tan lindo o mejor que el del Rey y en el cual debían -lucir el Sol y la Luna, y el que se presentara a hacerlo y no lo -hiciera, tenía pena de la vida. Comín se dijo:—Yo voy a tentar la -aventura: entre que mañana me degüellen cuando vean que faltan -tantísimas ovejas y correr la suerte de poder levantar el castillo de -tres azuelazos, lo haga o no, prefiero esto último. Y al otro día por la -mañana, después de salir con el ganado y dejarlo abandonado en el campo, -se mandó cam<span class="pagenum"><a name="page_111" id="page_111">{111}</a></span>biar, no llevando por todo bastimento sino un pan que había -guardado en el desayuno.</p> - -<p>Unas cuantas horas había andado cuando le salió al encuentro un viejito -y con voz temblorosa le pidió algo que comer, si llevaba.</p> - -<p>—Sí, llevo un pan, buen anciano,—le dijo Comín—y tómelo todo para -usted.</p> - -<p>—Y tú ¿qué vas a comer, hijito?</p> - -<p>—Lo que Dios quiera, taitita; lo que es con un pan no tengo ni para -comenzar, y lo mismo me da comerlo que no comerlo.</p> - -<p>—Está bien, hijito, ¿y a dónde vas?</p> - -<p>—Voy a conquistar la mano de Hermosura del Mundo, hija del Rey de las -Tres Puntas del Aromo y a ganar un millón de pesos.</p> - -<p>—¿Y lo conseguirás?</p> - -<p>—No lo sé, pero a eso voy. Me dicen que el Rey la dará en matrimonio al -que de tres golpes de azuela le haga, en tres días, frente al suyo, un -castillo tan lindo o mejor que el de él, en el que, además, se vean el -Sol y la Luna; y el que se presente y no lo haga, tiene pena de la vida.</p> - -<p>—¿Y con qué cuentas para hacerlo?</p> - -<p>—Con la ayuda de Dios solamente, porque ni siquiera tengo la azuela.</p> - -<p>—Quiero premiar tu buen corazón, Toma esta azuelita—le dijo el viejo -pasándole una nuevecita que sacó de debajo del poncho;—con ella, en el -primer día darás un solo golpe en el suelo en el lugar que te indiquen, -e inmediatamente aparecerán los cimientos; en el segundo día darás -también con la azuelita un golpe en los cimientos y aparecerán las -murallas; en el tercer día darás otro golpe con la misma azuelita en las -murallas, y entonces quedará completamente terminado el castillo, que -será más hermoso y estará mejor amueblado que el del Rey. Toma, además, -este pitito; haciéndolo sonar cuando te encuentres en apuros, te verás -libre de todo mal.<span class="pagenum"><a name="page_112" id="page_112">{112}</a></span></p> - -<p>Y despidiéndose de Comín, se fué el viejito por un lado y Comín por -otro.</p> - -<p>A poco andar Comín encontró a un hombre que estaba tendido en el suelo y -con una oreja pegada a la tierra.</p> - -<p>—¿Qué hace amigo?—preguntó Comín.</p> - -<p>—Estoy oyendo a unos pimeos que discuten acaloradamente sobre una -carrera, y estoy muy entretenido con la disputa que tienen acerca de si -ganó este caballo o ganó el otro.</p> - -<p>—¿Y cómo se llama usted?</p> - -<p>—Escuchín, Escuchón, hijo del buen Escuchador.</p> - -<p>—¿Quieres que vamos juntos a rodar tierras?</p> - -<p>—No, señor, déjeme aquí, que estoy muy divertido con la carrera de los -pimeos.</p> - -<p>—Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene -una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse -al que levante en tres días, frente al suyo, de tres azuelazos, un -castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de -levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña -usted y me ayuda? Habrá, además, un premio de un millón de pesos.</p> - -<p>—Vaya, pues, lo acompañaré por tratarse de una aventura poco común y yo -soy muy amigo de las aventuras.</p> - -<p>Marcharon en compañía por un buen rato conversando alegremente, hasta -que encontraron a un hombre que miraba con mucha atención hacia arriba.</p> - -<p>—¿Qué hace, amigo?—preguntó Comín.</p> - -<p>—Aquí estoy aguaitando a una aguilita que anda muy altazo por las -regiones del cielo.—Y haciéndoles los puntos con una carabina que tenía -al lado disparó. Nada divisaban ni Comín ni Escuchín, por más que -miraban, pero como un cuarto de hora más tarde percibieron un puntito -negro que poco a poco se fué agrandando, hasta que, por fin, media hora -después del disparo, vieron caer a sus pies una águila.</p> - -<p>—¿Y cómo se llama usted?<span class="pagenum"><a name="page_113" id="page_113">{113}</a></span></p> - -<p>—Aguaitín, Aguaitón, hijo del buen Aguaitador.</p> - -<p>—¿Por qué no vamos juntos a rodar tierras?</p> - -<p>—No, señor, déjeme aquí, que lo paso muy entretenido cazando pajaritos.</p> - -<p>—Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene -una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse -al que levante en tres días frente al suyo, de tres azuelazos, un -castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de -levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña -usted y me ayuda? Habrá además un premio de un millón de pesos.</p> - -<p>—Si es así, lo acompañaré, por tratarse de una aventura que no se ve -todos los días, y yo me muero por las aventuras raras.</p> - -<p>Siguieron andando los tres, departiendo amigablemente, hasta que -llegaron a la orilla de un gran río, muy ancho y muy correntoso, y en la -margen opuesta vieron a un hombre que con pies de cabra formaba una -represa.</p> - -<p>—¿Qué hace ahí, mi amigo?</p> - -<p>—Juntando un poquito de agua, señor, para tomármela y apagar mi sed.</p> - -<p>—¿Y cómo se llama usted?</p> - -<p>—Tomín, Tomón, hijo del buen Tomador.</p> - -<p>—¿Por qué no se viene con nosotros a rodar tierras?</p> - -<p>—No señor, déjeme por aquí, que hay tantos ríos; mire que yo ando -siempre sediento y me hace mucha falta el agua.</p> - -<p>—Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene -una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo, y la da para -casarse al que levante en tres días, frente al suyo, de tres azuelazos, -un castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención -de levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me -acompaña usted y me ayuda? Habrá además, un premio de un millón de -pesos.</p> - -<p>—Por tratarse de casamiento, en donde habrá harto<span class="pagenum"><a name="page_114" id="page_114">{114}</a></span> que tomar, lo -acompañaré, pues; pero si van a las Tres Puntas del Aromo tienen que -pasar para este lado.</p> - -<p>—Díganos si sabe, donde está el puente para atravesarlo.</p> - -<p>—Qué puente ni qué niño muerto, señor; si para atravesarlo no hay más -puente que mi estómago, como ustedes van a verlo;—y tendiéndose de -guatita, dió dos o tres sorbidos, ¡qué sorbidos, Dios Santo! y dejó el -río completamente seco y Comín y sus compañeros pudieron pasar a pie -enjuto al otro lado, y acompañados de Tomín siguieron su camino.</p> - -<p>Poco después llegaron a un llano y vieron a un hombre que corría con una -rapidez extraordinaria.</p> - -<p>—¿Qué hace, amigo?—le preguntó Comín.</p> - -<p>—Aquí me tiene señor, apostando carreras con el Viento.</p> - -<p>—¿Y cómo le va en las carreras?</p> - -<p>—No muy mal, señor: cuando corremos cuesta arriba, salimos iguales, -pero cuando corremos cuesta abajo, yo se la gano al Viento.</p> - -<p>—¿Y cómo se llama usted?</p> - -<p>—Corrín, Corrón hijo del buen Corredor.</p> - -<p>—¿Por qué no se viene con nosotros? No le faltará trabajo: vamos a las -Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene una hija muy linda, -que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse al que de tres -azuelazos levante frente al suyo, en tres días, un castillo en que se -vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de levantar ese -castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña usted y me -ayuda? Habrá, además, un premio de un millón de pesos.</p> - -<p>—Vaya, pues, lo acompañaré, porque supongo que me pagará bien.</p> - -<p>—Como no, pues, ho! una vez que me case con la princesa te daré harta -plata. El millón de pesos que me entregue el Rey será para ustedes.</p> - -<p>Y los cinco continuaron andando hasta que dieron con<span class="pagenum"><a name="page_115" id="page_115">{115}</a></span> uno que estaba con -los calzones abajo aspirando aire a dos carrillos.</p> - -<p>—¿Qué está haciendo amigo?</p> - -<p>—Preparándome para rosar esa montaña y esa risquería que ahí se -divisan, porque pienso sembrar en ellas.</p> - -<p>—¿Pero cuánto tiempo se va a demorar en rosarlas, cercarlas y -sembrarlas?</p> - -<p>—Un ratito no más, pues; va usted a ver con qué facilidad lo hago.</p> - -<p>Los hizo retirarse a un lado, y después de aspirar más aire comenzó a -lanzarlo por el trasero con tanto tino que los troncos de los árboles y -los riscos, que volaban en todas direcciones, al caer iban formando una -cerca perfectamente hecha y el terreno quedó completamente limpio, en -punto de ararlo.</p> - -<p>—¿Y cómo se llama usted?</p> - -<p>—Peín, Peón, hijo del buen Peorrón.</p> - -<p>—¿Por qué no se viene con nosotros? le pagaremos bien. Vamos a las Tres -Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene una hija muy linda que se -llama Hermosura del Mundo y la da para casarse al que de tres azuelazos -levante frente al suyo, en tres días, un castillo en que se vean el Sol -y la Luna, y yo voy con la intención de levantar ese castillo y casarme -con la Princesa. Habrá, además, un premio de un millón de pesos, que se -repartirá entre ustedes.</p> - -<p>—Si es así, dejaré este trabajo para otra vez y me iré con ustedes.</p> - -<p>Y los seis siguieron la interrumpida marcha y por fin llegaron al -castillo del Rey, que los recibió en presencia de la Reina, de la -Princesa y de toda la Corte.</p> - -<p>Se adelantó Comín, que hacía de jefe de los recién llegados, y -respetuosamente habló así al Rey:</p> - -<p>—Después de muchos días de penoso viaje llego a presencia de su -Sacarrial Majestad a pretender la mano de vuestra hija Hermosura del -Mundo, para lo cual me comprometo a hacer en tres días como su Sacarrial -Majestad lo exige, un castillo tan lindo o mejor que el de su Saca<span class="pagenum"><a name="page_116" id="page_116">{116}</a></span>rrial -Majestad, de sólo tres azuelazos, y no espero para levantarlo sino saber -si siempre su Sacarrial Majestad mantiene su promesa, y en caso de que -sí, que se me indique el sitio en que debo construirlo.</p> - -<p>La Princesa, que estaba sentada a la izquierda del Rey (la Reina estaba -a la derecha), le pegó en el codo y le dijo al oido:</p> - -<p>—Papá, no quiero casarme con él, aunque haga el castillo de tres -azuelazos; es muy gordo y muy ordinario; impóngale otras obligaciones.</p> - -<p>La verdad es que hasta entonces no se habían presentado otros -pretendientes que reyes y príncipes, y que Comín, ante ellos, tenía que -parecer a Hermosura del Mundo un ser despreciable; así es que el Rey -encontró razón a su hija, y en consecuencia de lo que ella pedía, -contestó a Comín:</p> - -<p>—Encuentro que es corta mi exigencia de hacer solamente un castillo en -cambio de la mano de mi hija, así es que últimamente he decidido que a -esa prueba se agreguen otros seis trabajos más, de modo que por todos -sean siete.</p> - -<p>—¿Y se podría saber de antemano cuáles son esos seis trabajos?</p> - -<p>—Los iré diciendo uno a uno a medida que se ejecuten los anteriores.</p> - -<p>—Está bien, señor, me someto a todas las exigencias de su Sacarrial -Majestad.</p> - -<p>—Piénsalo bien, antes, mira que cualquiera de las pruebas que no lleves -a buen fin les costará la vida a ti y a tus compañeros, porque supongo -que cuentas con la ayuda de ellos para ejecutarlas.</p> - -<p>—Así es, efectivamente, señor.</p> - -<p>—Pero cada prueba no puede ser llevada a cabo sino por uno solo y todos -seis sois solidarios del desempeño de cada uno.</p> - -<p>—Como he dicho me someto respetuosamente a todas las condiciones de su -Sacarrial Majestad.</p> - -<p>—Si es así, puedes comenzar; el castillo debe levan<span class="pagenum"><a name="page_117" id="page_117">{117}</a></span>tarse en esa plaza -que está frente a mi palacio: tienes tres días de plazo para hacerlo y -en cada día no puedes dar más de un azuelazo.</p> - -<p>Comín se dirigió al sitio que se le indicaba y levantando la azuelita -que le había dado el viejito, dió el primer azuelazo; y los Reyes, -Hermosura del Mundo y la Corte vieron asombrados lo que hasta entonces -no habían conseguido ver: la azuela que toca la tierra y los cimientos -que quedan hechos instantáneamente.</p> - -<p>—Papá, este roto va a salir con la suya; yo no me caso con él.</p> - -<p>—No tenga cuidado, hijita, que si logra hacer el castillo, todavía -tendrá que hacer otros seis trabajos, a cual más difícil, para lo cual -nos aconsejaremos de su madrina, a quien, como bruja que es, se le -ocurrirán cosas que será imposible hacer.</p> - -<p>—Ojalá sea así, papá, porque yo no me caso con este guatón indecente.</p> - -<p>Trascurrieron una tras otra las 24 horas que tiene el día, el sol salió -por donde siempre sale y llegó el momento en que Comín debía dar el -segundo azuelazo, y lo dió ante la familia real y la Corte con el mismo -éxito que el primero, pues tocar la tierra con la azuela y alzarse las -murallas del castillo fueron cosas simultáneas.</p> - -<p>Todos se quedaron con la boca abierta.</p> - -<p>Cuando volvieron en sí, Hermosura del Mundo dijo al Rey:</p> - -<p>—Papá, ya le he dicho, por nada del mundo me caso con ese hombre.</p> - -<p>—Si ya lo sé, hijita; no tenga cuidado, confíe en su padre.</p> - -<p>Pero al otro día crecieron los temores de la Princesa: tercer azuelazo -dado por Comín y el castillo que queda terminado. Pero ¡qué castillo, -señores! Había que verlo! Ante él el del Rey parecía un mamarracho. -Amigos, todos, todos sin excepción, al ver aquella maravilla, se cayeron -de espaldas.<span class="pagenum"><a name="page_118" id="page_118">{118}</a></span></p> - -<p>Cuando volvieron de su estupor, dijo Comín:</p> - -<p>—¿Por qué no pasamos a visitarlo?</p> - -<p>Y se dirigieron al castillo presididos por el Rey.</p> - -<p>¡Qué les diré de la admiración que produjeron los decorados, los -tapices, y los muebles! No salían sino voces de alabanza de todos los -labios y el Rey, enamorado del hermoso alcázar, resolvió quedarse -viviendo ahí y dejar el otro palacio para la servidumbre. Pero a pesar -de todo, la Princesa no se resolvía a dar su mano al gordo Comín.</p> - -<p>—Señor,—dijo éste, una vez que el Rey y acompañantes recorrieron el -palacio—¿cuál será la prueba a que vuestra Majestad me va a someter -mañana?</p> - -<p>—Esta tarde te la daré a conocer—contestó el monarca. (El Rey quería -darse tiempo para consultar a su comadre bruja, y fué lo que hizo cuando -Comín y sus compañeros se retiraron.)</p> - -<p>—Comadre, ¿qué hacemos para que el castillo nos salga de balde y Comín -no se case con Hermosura del Mundo?</p> - -<p>—Pídale que en tres días le haga otro castillo igual o mejor en el -aire.</p> - -<p>—De veras, comadre, que esto no lo podrá hacer.</p> - -<p>Mientras tanto Escuchín oía lo que el Rey y la Bruja conversaban y dijo -a Comín y compañeros:</p> - -<p>—En la mala estamos, amigos. Por consejo de la Bruja, el Rey va a -mandar hacer a Comín un castillo en el aire igual o mejor que el de los -tres azuelazos. Pero se me ocurre una idea que puede salvarnos: Comín -ofrece hacer el castillo diciéndole al Rey que nosotros pondremos los -maestros, pero que él proporcione los trabajadores y los materiales; los -maestros serán tres loros que oigo hablar a siete leguas de aquí, como -si fueran cristianos. Hay que irlos a buscar, enseñarles lo que deben -decir y los ponemos en el aire, muy alto para que no los vean y desde -ahí pidan los materiales.</p> - -<p>—Pero ¿quién los va a buscar?</p> - -<p>—Corrín puede ir por ellos.<span class="pagenum"><a name="page_119" id="page_119">{119}</a></span></p> - -<p>Fué Corrín y en un cuarto de hora estaba de vuelta con los tres loros.</p> - -<p>Les enseñaron a las avecitas lo que tenían que hacer, y como eran muy -inteligentes, en poco rato aprendieron la lección.</p> - -<p>Al otro día muy temprano estaban los loros en el aire, colocados a -cierta distancia uno de otro; y la cosa resultó a maravilla, porque el -día amaneció con una neblina tan espesa que ni con anteojos de larga -vista los habrían divisado.</p> - -<p>Llegó la hora de la prueba y estaba todo preparado: los canteros con la -piedra labrada para los cimientos y para las murallas; los albañiles, -con la mezcla en punto; los carpinteros, con las puertas y ventanas; y -así los demás.</p> - -<p>Cuando ya estaban todos reunidos, se oye la voz de los maestros que -desde el aire piden los materiales:</p> - -<p>—¡Ya están hechos los heridos! suban luego las piedras para los -cimientos! ¿Qué hacen que no suben la mezcla? ¡Pronto, porque no es cosa -para demorarse!</p> - -<p>Y gritaban de todos lados que se apuraran, que estaban perdiendo tiempo. -Pero los trabajadores no hacían más que mirar para arriba y no hallaban -por donde subir; hasta que una comisión de ellos se presentó al Rey y le -dijo que no sabían como pasar los materiales que desde tan alto les -pedían los maestros; que aunque hubiera escaleras que alcanzaran a -llegar hasta ellos nadie se atrevería a subir tan arriba, pues todos -temerían caer con el peso de los materiales, o que les diera un vahido y -se les fuera la cabeza. El Rey les encontró razón sobrada, y dispuso que -no se siguiera el trabajo, y a Comín le dijo que en la tarde le diría -cuál sería el que tendría que ejecutar al día siguiente.</p> - -<p>Cuando quedaron solos, el Rey preguntó a la Bruja:</p> - -<p>—Comadre, ¿qué trabajo daremos mañana a Comín?</p> - -<p>—Haga que le pongan cuarenta fondos de comida, de los más grandes que -se encuentren, y ordénele que él,<span class="pagenum"><a name="page_120" id="page_120">{120}</a></span> o uno de sus compañeros, se lo coma -en un solo día, y si no se lo come, los manda fusilar y el castillo le -sale de balde y la Princesa no se casa con el guatón.</p> - -<p>Escuchín que todo lo oía dijo a sus compañeros:</p> - -<p>—Perdidos somos, amigos; la maldita bruja aconseja al Rey que mañana -haga poner cuarenta fondos de comida para que uno solo de nosotros se lo -coma en un día, y si no, nos manda fusilar a todos.</p> - -<p>Y entonces dijo Comín, cuya gracia no conocían sus amigos:</p> - -<p>—Compañeros, ¿para qué estoy yo aquí? hace un montón de días que no -como casi nada, así es que los cuarenta fondos puedo despacharlos en un -suspiro; tengo apetito como un diacho.</p> - -<p>Desde antes que aclarara, los cocineros del Rey se pusieron a preparar -los cuarenta fondos de comida. ¡Puchas que echaban carne! Veinte -terneros y veinte corderos tuvieron que descuerar y destripar. ¡Y papas! -y porotos! y choclos! y cebollas! un saco de cada cosa vaciaron en cada -fondo, fuera del arroz, del cilantro, yerbabuena y comino! Y como si -todo eso fuera poco, al lado de cada fondo vaciaron una gran canastada -de pan. Había para dar de comer a un ejército entero!</p> - -<p>Comín, que veía los preparativos, se refregaba las manos de gusto. -¡Hacía tiempo que no comía hasta quedar satisfecho!</p> - -<p>Dando las 12 el reloj del castillo, anunció el Cocinero Mayor que la -comida estaba en punto y pidió que se adelantara el que debía comérsela. -Comín se presentó y preguntó si ya podía comenzar.</p> - -<p>—A la hora que quiera—contestó el Cocinero Mayor—pero no tiene de -plazo sino hasta las 5 de la tarde para comérselo todo.</p> - -<p>—¿Hasta las 5?—dijo Comín—va a ver que antes de las 2 van a quedar -los fondos pelados.</p> - -<p>Y así fué, en efecto; porque aquel hombre no puede decirse que comía, ni -que tragaba, ni que engullía, sino<span class="pagenum"><a name="page_121" id="page_121">{121}</a></span> que devoraba todo lo que estaba a su -alcance y las enormes presas de carne y las cucharonadas de papas, -porotos, y cebollas y los panes desaparecían como por encanto al llegar -a su boca, y llegaban incesantemente.</p> - -<p>A las 2 de la tarde no quedaban ni rastros de aquel inmenso guisado, y -el Maestro de Cocina y sus ayudantes vieron con asombro que no había -necesidad de limpiar los fondos, porque tan limpios los dejó Comín que -brillaban como patenas.</p> - -<p>Comín dijo al Cocinero Mayor:</p> - -<p>—Señor Cocinero Mayor, ¿no prepararon un fondito de dulce de alcayota o -de manjar blanco? mire que estoy acostumbrado a tomar desengraso. Y -también me hace falta un barril de café, bien cargadito, para asentar el -estómago.</p> - -<p>El Cocinero Mayor se fué con Comín a donde el Rey.</p> - -<p>—Señor,—dijo el Cocinero—ya se comió este bárbaro los cuarenta fondos -de comida, y todavía pide un fondo de postre y un barril de café.</p> - -<p>El Rey, admirado, preguntó a Comín:</p> - -<p>—¿Y cómo pudiste pasar tanta comida?</p> - -<p>—A fuerza de pan, pues, señor,—contestó Comín.</p> - -<p>—¿Y todavía persistes en tomar postre y café?</p> - -<p>—Si su Sacarrial Majestad se digna ordenar que me lo den, me lo tomaré, -señor.</p> - -<p>El Rey ordenó que complacieran a Comín, y a éste le dijo que al otro día -temprano le daría un nuevo trabajo.</p> - -<p>El Rey mandó llamar a la Bruja.</p> - -<p>—Comadre, ¿qué trabajo les damos mañana a estos bárbaros, que no lo -puedan hacer para que el castillo me salga de balde y Hermosura del -Mundo no se case con Comín?</p> - -<p>—Disponga Su Majestad que uno de ellos se tome en un solo día cuarenta -toneles de aguardiente y de vino, veinte de cada cosa, y si no lo hace, -que no lo hará, los manda fusilar a todos y así le sale de balde el -castillo y la Princesa seguirá soltera.<span class="pagenum"><a name="page_122" id="page_122">{122}</a></span></p> - -<p>—Me parece bien el consejo, comadre.</p> - -<p>Escuchín, que todo lo oía, dijo a sus amigos:</p> - -<p>—Perdidos somos, compañeros; la maldita bruja aconseja al Rey que -mañana haga tomar a uno de nosotros 40 toneles de aguardiente y de vino, -veinte de cada cosa, en un solo día, y si no se lo toma, nos hace -fusilar a todos.</p> - -<p>—¿Y para qué he venido yo?—dijo Tomín.</p> - -<p>—Pero, compañero, se le van a quemar las tripas con tanto aguardiente.</p> - -<p>—No se apure por eso, amigo, que mis tripas están blindadas.</p> - -<p>Al día siguiente dijo el Rey a Comín.</p> - -<p>—Voy a encerrar a uno de ustedes en la bodega y antes de las 5 de la -tarde debe beberse los veinticinco toneles de aguardiente y los -veinticinco de vino que hay en ella, y si no, ya saben lo que les pasa. -(El Rey agregó diez toneles más, por lo que pudiera suceder).</p> - -<p>Se adelantó Tomín:</p> - -<p>—A mí me toca, Sacarrial Majestad, desempeñar esa prueba. Puede su -Sacarrial Majestad encerrarme en la bodega a la hora que quiera, con la -seguridad de que sus deseos serán cumplidos.</p> - -<p>Y efectivamente, cuando el Rey abrió la bodega, a las 5, vió con asombro -que los toneles estaban completamente secos.</p> - -<p>—Pero, hombre, por Dios ¿cómo has podido beber tanto?</p> - -<p>—Señor, es que yo no tomo sino en dos ocasiones: cuando tengo sed y -cuando no la tengo.</p> - -<p>—Se comprende, entonces; aunque no lo encuentro muy claro.</p> - -<p>—Comadre, le dijo a la Bruja una vez que quedaron solos,—voy saliendo -mal con sus consejos; si siguen así las cosas, tengo que largar el -millón de pesos y dejar que Comín se case con Hermosura del Mundo; es -preciso que se le ocurra algo más difícil, algo que ninguno de estos -bárbaros pueda hacer.</p> - -<p>—Mire, compadre, esta vez si que la sacamos bien con seguridad: dígale -que uno de ellos tiene que apostar con<span class="pagenum"><a name="page_123" id="page_123">{123}</a></span>migo a cuál llega primero a Roma -con una carta que su Majestad, nos entregará y si yo llego primero con -la contestación, ellos perderán, vuestra Majestad los manda fusilar y el -Castillo le sale gratis y Hermosura del Mundo no se casa con Comín.</p> - -<p>—Compañeros,—dijo Escuchín a sus amigos—perdidos somos; el Rey, por -consejo de la maldita Bruja, va a hacer que uno de nosotros apueste con -la Bruja a cual vuelve primero con la contestación de una carta que han -de llevar a Roma, y si gana la Bruja nos fusilan a todos.</p> - -<p>—¿Y para qué estoy yo aquí—dijo Corrín—sino para correr con quien -quiera?</p> - -<p>Tempranito, al otro día, hizo llamar el Rey a Comín y a sus compañeros.</p> - -<p>—Uno de ustedes y mi comadre van a llevarme cada uno una carta a Roma y -si mi comadre vuelve primero con la contesta, los seis serán fusilados -sin remisión. ¿Cuál es el que va a ir?</p> - -<p>—Yo, señor,—dijo Corrín.</p> - -<p>Y el Rey entregándoles una carta a Corrín y otra a la Bruja, los hizo -colocarse uno al lado del otro, como cuando se colocan los caballos para -correr, y diciéndoles “una, dos, tres”, salieron disparados como -flechas, pero todavía no salían de la ciudad y ya Corrín se les perdió -de vista y no había ni luces de él. Cuando Comín venía de vuelta con la -contesta, la Bruja no llevaba andado ni la mitad del camino de ida; la -Bruja lo divisó desde lejos y viéndose perdida, se transformó en una -linda jovencita y lo esperó sentada en una piedra, a la sombra de un -árbol.</p> - -<p>—¿A dónde va tan ligero, señor, con tanto calor como hace? Siéntese un -ratito a descansar y sírvase estos membrillitos para que se -refresque;—y le mostraba dos hermosos membrillos, que llegaban a estar -fragantes.</p> - -<p>Corrín no resistió la tentación y se sentó al lado de la joven. -Conversaron un rato y después dijo él:</p> - -<p>—Voy a dormir una siestecita, tengo tiempo de más para cumplir mi -encargo;—y se recostó en la falda de la<span class="pagenum"><a name="page_124" id="page_124">{124}</a></span> Bruja, la cual, en cuanto -Corrín se quedó dormido, le puso adormideras en la cabeza para que no -despertara tan luego, le sacó del bolsillo la carta que traía de Roma y -partió con ella de regreso, dejando a Corrín con la cabeza apoyada en la -piedra en que acababa de estar sentada.</p> - -<p>Pero todo lo que hablaron Corrín y la Bruja transformada en niña lo oyó -Escuchín y les dijo a sus compañeros:</p> - -<p>—Perdidos somos, amigos; la Bruja ha hecho tal y cual cosa, le ha -robado la contesta a Corrín, a quien ha puesto adormideras en la cabeza, -y lo ha dejado durmiendo y la maldita vieja estará de vuelta, con la -carta, en un par de horas.</p> - -<p>—No hay cuidado dijo Aguaitín; desde aquí veo durmiendo a Corrín y lo -voy a despertar, y al mismo tiempo castigaré a la Bruja.</p> - -<p>Y haciendo la puntería con su carabina primero a la Bruja, le quebró una -pata y la dejó coja que no podía ni mover el pie; y de otro disparo -atravesó una oreja a Corrín que despertó y salió corriendo a todo -escape, hasta que encontró a la vieja y quitándole la carta, en dos -zancajos llegó al palacio y se la entregó al Rey.</p> - -<p>Comín preguntó al Rey cuál sería la otra prueba; y el Rey, esperando que -llegara la Bruja, le contestó que les daba una semana de descanso.</p> - -<p>Transcurridos siete días, llegó la Bruja cojeando, y como estaba picada -con Comín y sus compañeros, para embromarlos de una vez a todos, le -aconsejó al Rey que mandara a los seis amigos solos a pelear contra el -numeroso ejército de los moros que le había declarado la guerra, y -siendo ellos tan pocos contra tantos, con seguridad los matarían, o -cuando menos los tomarían prisioneros, y entonces el Rey se quedaría de -balde con el castillo y la Princesa seguiría tan soltera como hasta -entonces. Al Rey le pareció que este consejo era el mejor que había -recibido de la Bruja y ya le parecía verse libre de Comín y de sus -compañeros; pero Escuchín, que no se descui<span class="pagenum"><a name="page_125" id="page_125">{125}</a></span>daba, lo oyó todo y se lo -comunicó a sus amigos:</p> - -<p>—Perdidos somos—les dijo;—la Bruja aconseja al Rey que nos mande a -nosotros solos a combatir con el numeroso ejército moro que le ha -declarado la guerra; ¿qué va a ser de nosotros?</p> - -<p>—En la buena estamos, compañeros—dijo Comín.—Cuando nos coloquen -frente a los moros y cuando estén todavía lejos, Aguaitín les disparará -con su carabina, y cuando el ejército enemigo esté más cerca, Peín les -disparará con su transpontín y con ésto quedamos vencedores.</p> - -<p>Así quedó convenido y el plan se ejecutó al día siguiente en todas sus -partes tal como se había establecido. Primeramente Aguaitín dió buena -cuenta de gran número de moros, pero ésto se hacía sólo con el objeto de -dar tiempo a Peín para prepararse, y tan bien se preparó, tanto aire -aspiró que cuando los moros habían avanzado hasta llegar a una legua de -distancia, bajándose los calzones volvió el trasero hacia ellos y -lanzando una terrible andanada de ventosidades, los elevó a todos a -grande altura, yendo a caer muertos a enorme distancia. Esta fué la -primera batalla en que se usaron los gases asfixiantes.</p> - -<p>A pesar del beneficio que para el reino significaba tan espléndida -victoria, Hermosura del Mundo no cedía, y pidió al Rey que le exigiera -el trabajo que faltaba para completar los siete. Y he aquí cual fué el -séptimo trabajo, siempre aconsejado por la Bruja:</p> - -<p>Tenía el Rey una hermosa conejera poblada de cincuenta lindísimos -conejos de raza fina. Díjole la Bruja:</p> - -<p>—Entregue a Comín los cincuenta conejos y le ordena que los lleve a la -montaña durante tres días y los suelte en ella, y que en la tarde los -traiga arriándolos como si fuesen un rebaño de corderos, y si no vuelve -con los cincuenta, sin que le falte ninguno, los hace fusilar a todos.</p> - -<p>Y así se hizo.</p> - -<p>Llevó Comín los conejos en dos sacos y los soltó en la montaña, y los -animalitos, apenas se vieron libres, huyeron en todas direcciones. Comín -pensaba:<span class="pagenum"><a name="page_126" id="page_126">{126}</a></span></p> - -<p>—Ahora sí que es cierto que el Rey nos hace sacar el orujo a mí y a mis -compañeros, porque ¿cómo voy a juntar estos conejos de miéchica cuando -llegue la hora de volverme con ellos, sueltos, como si fuesen un rebaño -de corderos? Seguramente llegaré sin ninguno.</p> - -<p>Comín se quedó triste y pensativo por un momento y se recostó en el -musgo, sobre el costado izquierdo; después de un rato, sintiéndose -cansado, se dió vuelta al otro lado y sintió que algo duro le molestaba; -creyó que sería una piedra y se incorporó para quitarla, pero no halló -nada en el suelo; entonces se registró para ver qué podía ser lo que le -incomodaba y encontró en un bolsillo de sus pantalones el pito que le -había dado el viejito, y se dijo, acordándose de un verso que había oído -cantar antes de salir de su tierra:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">—Quién canta su mal espanta,<br /></span> -<span class="i0">quién llora, su mal aumenta;<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">no estoy yo para dejarme morir; pasemos este mal rato tocando el pito y -esto algo disipará mis penas;—y se llevó el pito a la boca y no hizo -mas que hacerlo sonar y principian a llegar de carrerita todos los -conejos, unos de un lado, otros de otro y se pusieron a bailar delante -de él al compás de lo que tocaba. Imagínense cuánto sería el gusto del -atribulado Comín, porque, por más que él tratara de engañarse, el susto -se lo comía vivo; tanta fué la alegría de que se vió inundado todo su -ser que no pudo contenerse y se puso a bailar con los conejos, hasta que -se sintió fatigado. Díjoles entonces a los conejitos:</p> - -<p>—Váyanse a corretear y a comer no más, mientras yo duermo una -siestecita, que cuando sea tiempo los llamaré.</p> - -<p>Y con esto los animalitos se fueron y perdieron de vista en un abrir y -cerrar de ojos.</p> - -<p>Mientras Comín dormía, el Rey le dijo a la Bruja:</p> - -<p>—Comadre, no sé por qué me tinca que este diablo de Comín va a volver -con los cincuenta conejos, ¿por qué no<span class="pagenum"><a name="page_127" id="page_127">{127}</a></span> va a ver si los ha soltado y le -compra uno, aunque le pida lo que le pida?</p> - -<p>—Voy, compadre, y haré lo posible por quitarle uno siquiera.</p> - -<p>Y se fué la vieja para donde estaba Comín, pero en la mitad del camino -se transformó en la misma hermosa niña que robó la carta a Corrín. Pero, -Comín que la había divisado desde lejos, antes que se transformara, se -preparó para el ataque y poco antes que la Bruja llegase tocó el pito, y -los conejos, apareciendo por todos lados, se formaron en círculo delante -de Comín, como esperando sus órdenes. Llegó la Bruja transformada en -niña y en verdad que venía hecha una tentación, pero Comín, que no -olvidaba lo que le había pasado a su compañero pocos días antes, cuando -volvía con la contestación de la carta que había llevado a Roma, apenas -la falsa joven se le sentó al lado y con palabras halagüeñas le pidió -que le vendiera un par de esos lindos conejitos, que los quería para -cría, y que estaba dispuesta a darle lo que por ellos pidiera, fuese lo -que fuese, Comín le dijo:</p> - -<p>—Señorita, aquí está muy fresco, así es que no se imagine que tengo -calor y no me venga a ofrecer membrillos para refrescarme, por que no -seré tan leso como lo fué Corrín en días pasados, que se dejó embaucar -tan fácilmente por usted. A otro perro con ese hueso.</p> - -<p>—¿De qué cosas me habla usted, que no le entiendo? ¿Quién es ese Corrín -y qué membrillos son esos?</p> - -<p>—Mira, bruja de moledera, no te hagáis la lesa! más bien ándate donde -tu compadre el Rey para que vea que no sacáis nada conmigo, y ándate -luego, porque si no, la sacáis chueca.</p> - -<p>—Este hombre debe estar loco—dijo la Bruja—mejor será que me vaya.</p> - -<p>Y se fué donde el Rey.</p> - -<p>—Señor—le dijo—este pícaro de Comín tiene a los conejos mansitos, -como si los hubiera criado guachitos. Y lo peor es que me conoció y no -pude sacarle ninguno.<span class="pagenum"><a name="page_128" id="page_128">{128}</a></span></p> - -<p>—¿Y qué hacemos, comadre? Fíjese que su ahijada no quiere casarse con -él y va a salir triunfante de todas las pruebas.</p> - -<p>—Compadre, haga que mañana vaya mi comadre la Reina, pueda ser que ella -consiga comprarle un conejito siquiera.</p> - -<p>—Eso haremos, comadre; ella es muy habilosa y pueda ser que con su -talento lo consiga; aunque lo dudo.</p> - -<p>Cuando el Sol se puso, llegó Comín con los cincuenta conejos que le -habían entregado, ni uno más ni uno menos; y al día siguiente volvió a -salir con ellos y los dejó que se fueran a retozar con toda -tranquilidad. Poco después llegó la Reina disfrazada, muy empolvada y -con mucho colorete, pero a pesar de todo Comín la conoció, tocó el pito -y los animalitos llegaron corriendo y se congregaron a su rededor.</p> - -<p>—¡Qué lindos los conejitos! ¿son para venderlos?</p> - -<p>—No se venden, señorita; son del Rey y tengo que entregar en la tarde -los cincuenta que son, porque si falta alguno nos fusilan a mí y a mis -compañeros; con que usted verá si puedo vender uno solo que sea.</p> - -<p>—Pero uno siquiera.</p> - -<p>—¿Pero que no ha entendido lo que acabo de decirle? Si falta uno solo -de los cincuenta conejos que me han entregado, nos despachan a mí y a -mis cinco compañeros para el otro mundo.</p> - -<p>—¿Y si le diera 5.000 pesos por uno?</p> - -<p>—Ni aunque me dé 10.000.</p> - -<p>—¿Ni por 20.000 pesos?</p> - -<p>—Ni por 50.000; valen más mi vida y la de mis cinco amigos.</p> - -<p>—Mire, le daré 100.000 pesos.</p> - -<p>—Sea por 100.000 pesos, y además un abrazo y un beso y un mordisco en -el pescuezo.</p> - -<p>—Todo lo que me pide, menos el mordisco.</p> - -<p>—Sin mordisco, no hay venta.<span class="pagenum"><a name="page_129" id="page_129">{129}</a></span></p> - -<p>—Si es así, venga también el mordisco, pero que no sea muy fuerte.</p> - -<p>Entregó la Reina los 100.000 pesos, se dejó besar y abrazar y tuvo que -aguantar un mordisco formidable de aquel gran comedor, que le arrancó -medio cogote con sus dientes; pero la Reina, a pesar del intenso dolor -que le produjo la herida, que casi se desmayó, se dió por feliz y -satisfecha cuando Comín le entregó un conejo, que se llevó muy bien -envuelto en la falda de su rico vestido. Comín se quedó aguaitándola, y -cuando vió que iba a llegar al palacio, tocó el pito y al oirlo el -conejo abrió un agujero en la tela en que iba envuelto y partió a todo -escape a reunirse con sus compañeros, que lo esperaban delante de Comín. -La Reina no se dió cuenta de la huída del animalito y sólo cuando -extendió su vestido ante su marido para mostrárselo, vino a conocer su -desgracia. Por cierto que al Rey sólo le contó lo de los 100.000, y por -lo que hacía a la herida del cuello, que no podía moverlo, lo atribuyó a -que se le había producido al pasar por debajo de una rama quebrada.</p> - -<p>Al otro día, también por consejo de la Bruja, fué Hermosura del Mundo, -muy bien disfrazada, a comprar un conejo y Comín que la conoció muy -bien, se lo vendió por otros 100.000, un beso, un abrazo y qué sé yo qué -otros cariños más, porque la Princesa a todo estaba dispuesta, menos a -casarse con Comín. Pero la Hermosura del Mundo le pasó lo que a su -madre, que, a pesar de haber envuelto el conejito con toda prolijidad, -asegurándolo con alfileres de gancho, el animalito, obedeciendo al -llamado del pito, logró desprenderse de su encierro sin que Hermosura -del Mundo lo notara, y llegó muy sí señor a reunirse con los otros -conejos.</p> - -<p>Comín dijo al Rey:</p> - -<p>—Supongo que su Sacarrial Majestad no nos va a tener toda la vida a mí -y a mis compañeros exigiéndonos pruebas casi imposibles de ejecutar y -que algún día esto ha de tener fin. Creo haber ganado sobradamente la<span class="pagenum"><a name="page_130" id="page_130">{130}</a></span> -mano de vuestra hija llevando a cabo los siete trabajos que se nos han -impuesto, y espero que vuestra Majestad me la concederá hoy mismo:</p> - -<p>Pero el Rey, que ya había sido aconsejado por la Bruja, le contestó:</p> - -<p>—Es cierto Comín que tú y tus compañeros habéis ejecutado las siete -pruebas que os he exigido, aunque una no se terminó, pero todavía voy a -imponeros una más, y será la última: ésto y mucho más vale Hermosura del -Mundo.</p> - -<p>—¿Y cuál será esa última prueba, señor?</p> - -<p>—Coge ese saco y llénamelo de verdades.</p> - -<p>—Perfectamente, señor, y si quiere le lleno dos. ¿Puedo comenzar luego?</p> - -<p>—Puedes comenzar.</p> - -<p>La Corte estaba reunida, el Rey sentado en su trono; la Reina, con su -cogote entrapajado, a la derecha del Rey; Hermosura del Mundo, a la -izquierda; la Bruja, al lado de la Princesa; y a uno y otro lado de la -gran sala, los grandes de la Corte y principales dignatarios y -funcionarios. Se adelantó Comín, tomó el saco que se le había indicado y -principió:</p> - -<p>—¿Es verdad, señor, que para conceder la mano de Hermosura del Mundo -vuestra Majestad antes no pedía sino que se le construyera en tres días -y de tres azuelazos un castillo igual o mejor que el de su Sacarrial -Majestad y en el cual se vieran el Sol y la Luna?, y que en esta vez, a -exigencias de vuestra hija la Princesa Hermosura del Mundo, que me -encuentra muy guatón y ordinario, me ha obligado vuestra Majestad a -ejecutar muchos otros trabajos, a cual de ellos más difícil?</p> - -<p>—Sí, es verdad.</p> - -<p>—Y muy grande. Entra, verdad, al saco.—Y haciéndose como que echaba -algo al saco, continuó:</p> - -<p>—¿Es verdad, señor, que ejecutados todos los trabajos a entera -satisfacción de su Majestad, vuestra Majestad, por consejos de esa Bruja -infernal dispuso se me entregaran<span class="pagenum"><a name="page_131" id="page_131">{131}</a></span> cincuenta conejos que debía soltar en -la montaña y traerlos en la tarde, durante tres días, sin que faltara -uno solo, so pena de la vida de seis personas, y que la misma Bruja, -transformada en una hermosa niña, trató de quitarme uno de los conejos -para que vuestra Majestad nos mandara fusilar a mí y a mis cinco -compañeros; pero yo la conocí y no bastaron ni sus ofertas, ni sus -tentaciones y demás argucias de que se valió para que yo le entregara -uno?</p> - -<p>—También es verdad.</p> - -<p>—Otra verdad al saco, y van dos. Las que voy a decir en seguida son tan -gordas que cada una es bastante para llenar un saco.</p> - -<p>Y dirigiéndose a la Reina preguntó:</p> - -<p>—No es verdad señora, que vuestra Majestad, disfrazada de dama de la -Corte, fué el segundo día a comprarme un conejo con el mismo fin que su -comadre la maldita Bruja, y que después de muchas ofertas consentí en -entregarle uno en cambio de 100.000 pesos, un beso...</p> - -<p>—Mira, hijo, le dijo la Reina al Rey, estamos tonteando; es mejor que -se casen luego; ¿no ves que es inútil batallar con él y que siempre -saldremos perdiendo?</p> - -<p>Todavía hablaba la Reina cuando apareció al lado de Comín, sin que nadie -supiera de donde salía, el mismo anciano que le había dado el pito, y -dirigiéndose a la Princesa le dijo:</p> - -<p>—Hermosura del Mundo, cásate con él y serás feliz.</p> - -<p>Y tocando a Comín con el palo que le servía de bastón, quedó Comín -transformado en un gallardo joven y cambió no sólo de figura sino que -hasta del modo de hablar.</p> - -<p>Se casaron, y Comín dejó de ser el gran comedor de antes; pero sus -compañeros, que siguieron a su servicio, conservaron las virtudes de que -gozaban y fueron poderosos defensores del reino. Hermosura del Mundo -fué, como se lo pronosticó el viejito, muy feliz con su marido y jamás -se acordó de que hubiera sido guatón y de modales ordinarios. Tuvieron -un semillero de niños, todos buenos e<span class="pagenum"><a name="page_132" id="page_132">{132}</a></span> inteligentes, y fueron para ellos -una verdadera corona, más valiosa que la que ciñeron en su frente a la -muerte del Rey.</p> - -<p>Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento y pase por un zapatito -roto para que alguno de los que me oyen cuente otro.</p> - -<h2><a name="num1-17" id="num1-17"></a>17. EL ARBOL DE LAS TRES MANZANAS DE ORO.<br /><br /> -<small>(Referido en 1912 por Juan Ignacio Montecinos, de 32 años, de San Felipe, quien lo oyó contar en Santiago, siendo niño.)</small></h2> - -<p>Este era un viejo Rey, muy rico y poderoso, que gobernaba un extenso -país, lleno de recursos y muy poblado.</p> - -<p>Este Rey tenía tres hijos, hermosos, fuertes y valientes, queridos de -todo el pueblo, y mucho más de sus padres, a quienes respetaban y amaban -con idolatría.</p> - -<p>El Rey y su familia moraban en un suntuoso palacio, a cuyos pies se -extendía un huerto plantado de toda clase de árboles frutales de las -especies más escogidas y variadas; pero su principal ornamento era un -enorme y bellísimo manzano, cuya copa descollaba sobre todos y se -divisaba desde muy lejos. Su tronco de plata y sus hojas de bronce eran -la admiración de cuantos lo veían.</p> - -<p>Una antigua leyenda ligaba su existencia a la suerte del reino.</p> - -<p>Este árbol prodigioso daba todos los años tres manzanas de oro, que -maduraban sucesivamente en las tres primeras noches del mes de Enero; -pero desde hacía tres años, alguien se introducía en el huerto y se las -robaba en el momento preciso en que entraban en sazón sin que hubiese -sido posible atrapar, y ni siquiera ver, al miserable que las substraía, -a pesar de las infinitas precauciones que se tomaban para impedir su -entrada, y de que una numerosa guardia, armada hasta los dientes, se -establecía aquellas tres noches alrededor del árbol. Poco antes de las -doce un sueño irresistible se apoderaba de todos, y<span class="pagenum"><a name="page_133" id="page_133">{133}</a></span> no despertaban -hasta el día siguiente, cuando ya la fruta había desaparecido.</p> - -<p>El Rey se sentía sumamente afligido con esta desgracia, que lo era, y -muy grande, pues, como se ha dicho, la suerte del reino dependía del -manzano maravilloso.</p> - -<p>Una vez, en el último día del año, que el Rey se hallaba rodeado de sus -hijos y de todos los grandes de la Corte, dijo:</p> - -<p>—Mañana a media noche madurará la primera manzana de oro, y por cuarta -vez vendrá el misterioso ladrón y se la robará. ¿No hay entre todos -ustedes un valiente que estorbe su entrada?</p> - -<p>Se acercó al trono el hijo mayor del Rey e hincando una rodilla ante su -anciano padre, habló de esta manera:</p> - -<p>—Mi señor y padre, yo me propongo esperar a nuestro enemigo y no -dejarme dominar por el sueño, y por fuerte que sea, vencerlo y -arrastrarlo encadenado a vuestras plantas.</p> - -<p>—Anda, hijo, contestó el Rey, y quiera Dios que te vaya bien en la -empresa.</p> - -<p>Se retiró el príncipe a sus habitaciones, y aunque no eran más de las 2 -de la tarde, se echó a dormir, a fin de no tener sueño en la noche, Como -a las 11 despertó, y armándose de poderosas armas, se dirigió al huerto -y se sentó al pie del manzano a esperar la llegada del ladrón.</p> - -<p>Al dar la campana del reloj del palacio el primer golpe de las 12, se -iluminó el huerto con una luz tan viva que el Príncipe, como herido por -un rayo, perdió la vista y cayó desvanecido en tierra.</p> - -<p>Al día siguiente lo encontraron tendido, como muerto, y en el árbol sólo -vieron dos manzanas de oro: una había sido robada.</p> - -<p>En el consejo que se celebró ese día, se comentó el hecho en medio de -gritos de venganza; pero nadie, sino el segundo de los hijos del Rey, se -ofreció para velar esa noche y hacer un escarmiento en el desconocido -personaje que se había propuesto acabar con la tranquilidad del reino.<span class="pagenum"><a name="page_134" id="page_134">{134}</a></span></p> - -<p>Pero el hombre propone y Dios dispone, y las cosas no resultaron según -los deseos del Príncipe. Los hechos se repitieron en igual forma que en -la noche anterior, y en la mañana siguiente encontraron al Príncipe -tendido en el suelo, sin conocimiento y sin vista. En el árbol no -quedaba sino una manzana.</p> - -<p>La consternación más profunda se pintaba en todos los rostros. En el -consejo nadie se atrevía a hablar; parecía que todos habían perdido el -uso de la palabra.</p> - -<p>Pero he aquí que el tercero de los príncipes, jovencito imberbe de unos -18 años, se adelantó hasta el trono, y prosternándose ante su padre, se -expresó del siguiente modo:</p> - -<p>—Señor y padre amado, me aflige veros triste y contemplar a mis -hermanos en el miserable estado en que han quedado; me aflige ver al -pueblo sobrecogido de espanto y a todos sin ánimo ni valor para nada. Yo -deseo acabar con este estado de cosas: quiero que la paz vuelva a todos, -y espero que Dios dará fuerzas suficientes a mi brazo para vencer al -enemigo común y volver a todos la tranquilidad. Dadme vuestra bendición, -bendecid también mis armas, y que Dios me ayude.</p> - -<p>Con los ojos inundados de lágrimas, bendijo el Rey al Príncipe y bendijo -asimismo las armas que éste depositó a sus pies. En seguida, el -Príncipe, pidiendo permiso al Rey para retirarse, salió de la sala con -paso tranquilo, se dirigió a sus habitaciones, en donde estuvo orando -hasta cerca de las 12, hora en que, armado nada más que de su arco y de -una flecha (las armas que su padre había bendecido), se dirigió al -huerto con la confianza de que había de vencer.</p> - -<p>Poco después sintió un ruido, como el de una gran ave que volara a corta -distancia, y al dar el reloj la primera campanada de las 12, el huerto -se iluminó con una luz vivísima. Pero el Príncipe en vez de mirar -inmediatamente hacia el árbol de las manzanas de oro, como lo habían -hecho sus hermanos, se prosternó humildemente y sólo<span class="pagenum"><a name="page_135" id="page_135">{135}</a></span> después de invocar -el nombre de Dios y pedirle su ayuda, tomó el arco y colocó la flecha en -la cuerda. Al resplandor de la luz, que se había dulcificado -notablemente, pudo ver el Príncipe una Aguila enorme, con las plumas de -oro, que tenía sobre sus hombros a una hermosísima Princesa sujeta de la -cintura con una cadena de oro, cuyo extremo apretaba el águila -fuertemente con una de sus patas, mientras con la otra trataba de -agarrar la única manzana que quedaba. En el preciso momento que el ave -la cogía, el Príncipe lanzó la flecha e hirió la pata con que el ave -acababa de tomar la manzana. El Aguila lanzó un grito de dolor, soltó la -manzana, que el Príncipe se apresuró a levantar, y huyó. Pero antes la -Princesa arrancó al ave una pluma de oro y lanzándosela al joven, le -gritó:</p> - -<p>—Guárdala, que ella te servirá para encontrarme.</p> - -<p>Cuando el Príncipe volvió al palacio con sus trofeos, fué recibido con -los mayores transportes de alegría. El Rey no cabía en sí de gozo, pues -como todos los demás, temía que al Príncipe le hubiese sucedido la misma -desgracia que tan cruelmente había herido a sus hermanos.</p> - -<p>Una vez que el joven terminó de referir la aventura, manifestó a sus -padres que tenía deseos de ir a la conquista de la hermosa Princesa, y -de matar al Aguila para librar al reino de las desgracias que este -monstruo pudiera causarle.</p> - -<p>El Rey le dió permiso para tentar esta nueva empresa; y el joven, que -tenía prisa de partir, pues el recuerdo de la Princesa le había medio -trastornado, arregló en un momento sus prevenciones de viaje, y sin -acompañarse de nadie, se lanzó por el primer camino que halló a su paso.</p> - -<p>Así marchó al azar días y días, preguntando en todas partes si sabían en -donde se encontraría el Aguila de las plumas de oro; pero nadie le daba -noticias.</p> - -<p>Un día que iba muy triste y pensativo porque el tiempo pasaba y pasaba -sin adelantar en sus diligencias, fué de<span class="pagenum"><a name="page_136" id="page_136">{136}</a></span> pronto sacado de su meditación -por la algazara que formaban unos cuantos niños dentro de una zanja -abierta a orillas del camino. Se acercó a ver qué motivaba la bulla y -vió que los chicos ortigaban a una gran rana que tenían en el suelo -tendida de espaldas. El Príncipe les increpó su crueldad, los castigó -suavemente y los obligó a retirarse. En seguida tomó la rana y la ocultó -a alguna distancia entre la yerba a fin de que, si los niños volvían, no -la encontraran.</p> - -<p>Anduvo todavía varios días, siguiendo caminos y cruzando bosques en que -no encontraba a nadie, hasta que por fin llegó a una choza que se -levantaba a orillas de un arroyo. En la puerta estaba sentada una -viejecita de aspecto agradable, que tomaba tranquilamente su mate, que -ella misma se cebaba. El Príncipe la saludó afablemente y le preguntó si -podría decirle en dónde encontraría al Aguila de las plumas de oro y a -la Princesa que tenía prisionera. La viejecita le contestó que -seguramente podría darle algunas noticias que le interesarían, pero que -era bueno que bajase del caballo para que se sirviera un matecito y -descansara. El Príncipe accedió a los deseos de la anciana, quien le -cebó su buen mate con hojas de cedrón y cáscaras de naranjas, y después -lo condujo a una pieza en que había una excelente cama, que el Príncipe, -que no había reposado en lecho desde que había salido de palacio, -encontró más blanda y agradable que la que tenía en sus habitaciones.</p> - -<p>Durmió el Príncipe como un ángel de Dios, y al día siguiente se levantó -reconfortado y alegre y con mayores deseos de continuar la aventura. -Agradeció a la viejecita sus servicios, la obsequió con algunas de las -provisiones que llevaba y le rogó que le diese las noticias que le había -ofrecido. La anciana le dijo:</p> - -<p>—Joven Príncipe, tú has sido bueno conmigo, tienes un corazón -bondadoso, pues te apiadas de la desgracia ajena, y yo quiero pagar la -deuda que contigo<span class="pagenum"><a name="page_137" id="page_137">{137}</a></span> tengo contraída, en cuanto mi poder alcance, y -premiar tu virtud.</p> - -<p>El Príncipe no comprendió lo que la buena mujer le decía, y pensando que -tal vez se referiría a las provisiones que le había obsequiado, le dijo:</p> - -<p>—¡Señora! si el alojamiento que usted me ha ofrecido y la buena noche -que he pasado en su casa valen cien veces más que los pobres víveres que -le he dejado; de manera que yo soy siempre su deudor!</p> - -<p>—No es esa mi deuda, ¿Te acuerdas, Príncipe, de aquella rana que -ortigaban unos niños dentro de una zanja y a quien tú salvaste? Pues, -aquella rana soy yo, que a estas horas habría perecido a manos de -aquellos malvados muchachos si tú no me quitas de su poder. Yo soy -agradecida, y pagaré mi deuda de la mejor manera posible.</p> - -<p>»En un palacio muy distante de aquí vive un gigante hechicero, muy -malvado, y mi enemigo. El es quien tiene prisionera a la Princesa que -buscas y él también el que, convertido en águila con las plumas de oro, -va todos los años a robar al huerto de tu padre las manzanas del árbol -maravilloso. Esas manzanas son las que mantienen su poder, y como en su -última correría sólo alcanzó a robar dos, su poder no durará sino los -ocho primeros meses de este año; además, la pluma que le arrancó la -Princesa ha disminuido su fuerza, que también se ha aminorado un poco -con la herida que tú le causaste en una pata, y que lo ha dejado cojo. -Si tú quieres esperar que se cumplan los ocho meses, no te costará más -trabajo conquistar a la Princesa que vencer al Gigante en lucha -ordinaria, de hombre a hombre, con la seguridad de que, con los medios -que yo te proporcione, saldrás vencedor; pero, si desde luego quieres -rescatar a la prisionera y matar al enemigo de tu patria, tendrás que -correr muchos y grandes peligros, a pesar de las fuerzas que ha perdido -el Gigante, pues su poder siempre es mucho y está rodeado de feroces -auxiliares.<span class="pagenum"><a name="page_138" id="page_138">{138}</a></span></p> - -<p>—Prefiero correr los peligros, dijo el Príncipe, y dar fin de una vez a -esta empresa, aunque perezca en la contienda.</p> - -<p>—No perecerás, pero tendrás que pasar grandes fatigas. Sigue el camino -que principia aquí al frente de mi choza, y después de tres días de -marcha llegarás a casa de una bruja tuerta, más mala que la hiel y -comadre muy querida del Gigante: ésta es la primera avanzada que tienes -que vencer. Cuando llegues, la encontrarás sentada a la puerta, con la -espalda vuelta al camino; te acercarás a ella, procurando que no te -sienta y cuando llegues a donde está, trata de meterle en el ojo derecho -la pluma de oro que te lanzó la Princesa, y quedará ciega: entonces te -apoderas de un hacha que guarda detrás de la puerta y que te servirá -para vencer a las fieras que custodian el palacio del Gigante, para -pelear con este mismo y derrotarlo y para cortar las cadenas con que -está aprisionada la Princesa. Tomarás también una redoma que la Bruja -tiene en una mesa de arrimo que hay en la primera pieza de la derecha; -el agua que contiene es de virtud, y para aprovecharla introducirás en -ella la pluma de oro y te lavarás las quemaduras y heridas que te -produzcan los monstruos guardianes del palacio. De la misma manera -curarás, cuando vuelvas a palacio, la ceguera de tus hermanos. Si alguna -desgracia imprevista te sucede, acuérdate de mí, y correré en tu -auxilio. Ahora anda, y que Dios te ayude.</p> - -<p>Partió el Príncipe todo alborozado, y a los tres días de casi un -continuo andar, el caballo se detuvo a corta distancia de la puerta de -una modesta casa, en la cual había una mujer sentada en un piso, con la -espalda vuelta al camino. Se bajó el Príncipe de su caballo y andando -muy quedito, en la punta de los pies, se acercó a la mujer y le metió la -pluma de oro en uno de sus ojos; pero por desgracia se equivocó, pues en -vez de introducirla en el derecho, que era el sano, se la metió en el -izquierdo, que era<span class="pagenum"><a name="page_139" id="page_139">{139}</a></span> el tuerto. La mujer, al sentirse herida, entró a la -casa y volvió rápidamente trayendo un poco de agua de la redoma, con la -que roció al Príncipe, diciendo al mismo tiempo: “Vuélvete quiltro”. Y -el Príncipe se convirtió al punto en un perrillo sucio y despreciable. -La mujer tomó incontinenti un garrote y le propinó una de las palizas -más famosas de que haya memoria.</p> - -<p>El Príncipe huyó al interior de la casa con la cola entre las piernas, -aullando lastimosamente.</p> - -<p>¡Cómo se lamentaba el pobre de su error! Ya todo estaba perdido! Adiós, -Princesa, y padres y hermanos!</p> - -<p>Pero de repente se acordó de la última recomendación de la viejecita y -se puso a decir muy bajito, para que no lo oyeran: «¡Ranita, Ranita, -acuérdate de este pobre príncipe!» Y casi al mismo instante que -terminaba estas palabras, vió a su lado a la Rana.</p> - -<p>Dió la Rana un salto y díjole al oído: «No tengas cuidado, esperemos que -la Bruja duerma y entonces pagará las hechas y por hacer».</p> - -<p>Pasadas unas dos o tres horas, se acercaron a la puerta de la pieza en -que la Bruja dormía y sintieron que roncaba ruidosamente. Entonces la -Rana se convirtió en la Viejecita que había conocido el Príncipe tres -días antes y diciendo unas palabras ininteligibles, el Príncipe dejó de -ser perro y tomó su forma natural. La pluma de oro sirvió para abrir la -puerta del dormitorio de la Bruja, sin que hiciera ruido: y entonces -tomando el Príncipe el hacha que estaba tras de la puerta, asestó a la -Bruja tal golpe en el cuello que le separó la cabeza de los hombros.</p> - -<p>La Viejecita tomó la redoma y le dijo al Príncipe que ella lo -acompañaría para que no le sucediera otra nueva desgracia. Abandonaron -la casa, y a la luz de la Luna vió el Príncipe dos caballos, el de él, -en que montó, y otro más, en que subió la Viejecita.</p> - -<p>Emprendieron la marcha, y cuando ya era de día, divisó el Príncipe, muy -lejos, muy lejos, en la cumbre de<span class="pagenum"><a name="page_140" id="page_140">{140}</a></span> una alta montaña, una especie de -castillo. La Viejecita le dijo: «Este es el palacio del Gigante, a quien -venceremos con la ayuda de Dios.»</p> - -<p>Siguieron avanzando, y cuando ya estaban como a una legua de distancia -del palacio, llegó hasta ellos un ruido ensordecedor de maullidos, -ladridos y rugidos espantosos, como si miles de fieras lanzaran a un -tiempo sus gritos amenazadores. Cualquiera habría retrocedido lleno de -pavor, pero nuestros viajeros siguieron impertérritos su camino.</p> - -<p>Media legua más habrían andado los caballos cuando un impedimento -bastante serio los detuvo por un instante: las fieras no se contentaban -ya con sus gritos sino que al mismo tiempo lanzaban por hocico y narices -gruesos chorros de fuego líquido que llegaban hasta nuestros caminantes -y casi los abrasaban. Pero la pluma de oro empapada en el agua de la -redoma se portó a las mil maravillas, pues no sólo les curó como por -ensalmo las llagas que el fuego les había producido, sino que además los -inmunizó para recibir nuevas quemaduras.</p> - -<p>Entonces pudieron avanzar sin cuidado; pero antes de llegar hasta la -puerta del palacio tenían que atravesar una larga extensión de terreno -ocupada por una multitud de leones, tigres, serpientes, demonios y otras -fieras y monstruos servidores del Gigante, que estaban dispuestos a -despedazar a los dos intrusos o dejarse destrozar por ellos antes que -permitir llegaran hasta su amo.</p> - -<p>Pero el Príncipe, armado del hacha encontrada en la pieza de la Bruja, y -la Viejecita blandiendo la pluma de oro impregnada con agua de la -redoma, pudieron derrotar, aunque con algún trabajo y sacando algunas -heridas, a sus poderosos enemigos, que quedaron tendidos en el campo, -sin vida.</p> - -<p>Hélos ahora en presencia del Gigante, el cual, al verlos acercarse, -levantó su pesada muleta de hierro, capaz, no<span class="pagenum"><a name="page_141" id="page_141">{141}</a></span> de matar a un solo -cristiano, sino de concluir con un numeroso ejército.</p> - -<p>El Príncipe se adelantaba hacia él sin temor, y una vez que el Gigante -lo tuvo a su alcance, dejó caer la muleta con tal fuerza que más de la -mitad de ella penetró en la tierra. El Príncipe, en cuanto notó el -movimiento del Gigante, esquivó el cuerpo, y alzando su hacha, la -descargó sobre la pierna sana de su enemigo, que cortó como si fuera de -queso. El monstruo, no pudiendo mantenerse en pie, cayó cuan largo era, -y el Príncipe, corriendo apresuradamente, de un hachazo le cortó la -cabeza a cercén.</p> - -<p>La liberación de la Princesa fué cosa de un momento; con un suave golpe -del hacha se cortó la cadena de oro que la aprisionaba, y pudo arrojarse -en los brazos de su libertador.</p> - -<p>En carros y caballos que había en el mismo palacio, cargó el Príncipe -todas las riquezas que encontró, e inmediatamente se pusieron todos en -camino para el reino de su padre. Por medio del arte de la Viejecita, -que tan buenos servicios le había prestado, en pocas horas llegaron a la -entrada de la capital. Allí la Viejecita se despidió del Príncipe y de -la Princesa y después de aconsejarles que fueran siempre buenos y -virtuosos, único modo de obtener la felicidad, desapareció de su vista. -La Viejecita era la Virgen.</p> - -<p>El Príncipe fué acogido por todos en medio de la mayor alegría y -proclamado salvador de la patria. Sus hermanos recobraron la vista -sirviéndose de la pluma de oro y del agua de la redoma.</p> - -<p>El matrimonio del joven Príncipe y de la Princesa fué uno de los -acontecimientos más celebrados. Se hicieron grandes fiestas para el -pueblo, que se divirtió alegremente, y yo me encontré en ellas y bebí -mucho y comí más que un sabañón.<span class="pagenum"><a name="page_142" id="page_142">{142}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-18" id="num1-18"></a>18. LOS HIJOS DEL PESCADOR, O EL CASTILLO DE LA TORDERÁS, IRÁS Y NO -VOLVERÁS.</h2> - -<p>(Narrador: José Pino, de veinte años, de Rancagua.)</p> - -<p>Para saber y contar, escuchar y aprender. Esteras y esteritas, para -sacar peritas; esteras y esterones, para sacar orejones. No le eche -tantas chacharachas, por que la vieja es muy lacha, ni se las deje de -echar, porque de todo ha de llevar: pan y pan para las monjas de San -Juan; pan y harina para las monjas Capuchinas; pan y queso, para los -tontos lesos. Fin del principio y principio del fin. ¡Atención!</p> - -<p>Han de saber que hace muchos años vivían en un pueblecito de la costa -dos pobres viejos, marido y mujer, muy apreciados de los vecinos por su -bondad y por lo serviciales que eran con todo el mundo.</p> - -<p>El marido era pescador y la mujer se ocupaba de los quehaceres de la -casa, que, aunque no eran muchos, no dejaban de ser bastantes para sus -años. Sus bienes se reducían a la choza que habitaban, a la red, una -yegua, una perra y unos cuantos pesos, muy pocos, por cierto, que habían -logrado reunir a fuerza de privaciones y que guardaban cuidadosamente -para atender a las enfermedades que pudieran sobrevenirles o a -cualesquiera otras necesidades imprevistas.</p> - -<p>Sucedió una vez que durante varios días le fué muy mal al viejito en la -pesca. Echaba la red y no sacaba nada; sin embargo, los otros pescadores -retiraban sus redes llenas.</p> - -<p>«¿Qué diantres habré hecho yo para que el cielo me castigue así?»—decía -desesperado el anciano; y volvía a echar la red, y nada, siempre vacía.<span class="pagenum"><a name="page_143" id="page_143">{143}</a></span></p> - -<p>En las tardes se iba triste a su casa, y a pesar de que su mujer trataba -de consolarlo y le contaba chascarros para hacerlo reir, no lo -conseguía.</p> - -<p>Se comieron las pocas economías que tenían, y cuando no les quedaba ya -ni un chico, el pobre viejo, llorando, se fué a la playa, montado en su -yegua como acostumbraba hacerlo, y tirando la red al mar, dijo:—«En -nombre sea de Dios y que se haga su voluntad»; y después de un rato, al -retirarla, la encontró tan pesada, que para sacarla tuvo que amarrarla a -la cincha de la yegua.</p> - -<p>Mientras la yegua tiraba la red, el viejo se refregaba las manos de -gusto, y riéndose decía:—«En fin la suerte cambia; tendremos para comer -algunos días y aún podremos vender algo.» ¡Pero cuál no sería su asombro -cuando al examinar la red encontró que lo único que había pescado era un -pecesillo que no medía más de una cuarta!</p> - -<p>Y ese ser tan pequeño, ¿cómo pesaba tánto, que él, que era tan forzudo, -no había podido arrastrar la red y había tenido que auxiliarse de la -yegua para sacarla? Tomó su cuchillo e iba a abrir el pescadito para ver -lo que lo hacía tan pesado, y cuando estaba a punto de hacer esta -operación, oyó que el pez le decía:—«No me mates aquí. Llévame para tu -casa y allá me partes en cinco trozos: la cabeza, que te comerás tú; la -cola, que se comerá tu mujer; los dos costados, que darás uno a la yegua -y el otro a la perra; y por último, el lomo, que plantarás en el jardín. -Si haces lo que te digo, no tendrás de qué quejarte, y además, en -adelante, siempre cogerás pesca en abundancia».</p> - -<p>Se fué el pescador a su choza e hizo lo que le había ordenado el -pececito; y ¡oh maravilla! al otro día tuvo la viejecita dos niños muy -hermosos y tan parecidos el uno al otro, que era de confundirlos; -asimismo, la yegua tuvo dos potrillos del mismo pelo y del mismo tamaño; -la perra dos perritos casi iguales, y en el jardín nacieron dos -naranjos.<span class="pagenum"><a name="page_144" id="page_144">{144}</a></span></p> - -<p>Desde ese mismo día el viejecito pescó como ningún otro; de manera que -tuvo alimento suficiente para toda la familia y pescado para vender en -la ciudad vecina. La fortuna le sonreía de todas maneras, pues los niños -crecían sanos y robustos y eran excelentes personas.</p> - -<p>Pasaron los años unos tras otros y los niños transformados ya en -hombres, cumplieron los veinte. Entonces el mayor, que se llamaba -Francisco, quiso salir a rodar tierras, para probar fortuna, y le pidió -la bendición a sus padres. Inmediatamente después de abrazarlos, armose -de una espada, montó en su caballo y seguido de su perro, partió al -galope.</p> - -<p>Después de algunos días de marcha, llegó a una ciudad y notó que la poca -gente que andaba por las calles parecía consternada por una gran -desgracia. Al mismo tiempo se oían lamentos, llantos y alaridos por -todas partes.</p> - -<p>Detuvo Francisco a una viejecita que iba toda llorosa y le preguntó por -qué los habitantes de la ciudad andaban tan tristes.</p> - -<p>—¡Cómo no hemos de estar afligidos, patroncito, cuando hoy debe comerse -el culebrón a la única hija de nuestro rey, la princesa más bella y más -bondadosa que se conoce, tan querida de los pobres, pues a todos nos -auxilia y nos consuela! Ah! esta es la peor desgracia que podía -sucedernos!</p> - -<p>Y la anciana lloraba sin consuelo.</p> - -<p>—Pero, cuénteme que es eso del culebrón y por qué se va a comer a la -Princesa.</p> - -<p>—Ha de saber, señor, que en la montaña vecina se ha establecido desde -hace años, un culebrón enorme, que tiene siete cabezas y al cual nadie -ha podido matar, por valiente que haya sido, pues en cuanto le cortan -una, al momento renace, y para concluir con él habría que cortarle las -siete de una vez; pero hasta ahora, señor, ninguno lo ha conseguido, a -pesar de que el Rey ha ofrecido como premio la mano de su hija, y lo -único que se ha sacado es<span class="pagenum"><a name="page_145" id="page_145">{145}</a></span> que hayamos tenido que lamentar el -desaparecimiento de los más nobles caballeros, de los mejores soldados -del ejército que tentaron la aventura. Pero esto, mi caballerito, nada -sería; lo peor es que la fiera, para no envenenar el agua, lo cual -acabaría con la población del reino, exige que cada año se le entregue -una princesa de sangre real; ya se le han entregado las primas y -sobrinas del rey y no queda sino la única hija que nuestro monarca -tiene, a quien tanto quiere que se mira en ella, y lo mismo el pueblo -entero, que la adora; y hoy a las 12 del día, se vence el plazo, en que -el culebrón vendrá a buscarla. La princesa se dirigió temprano a la -montaña, para que la fiera dé hoy también cuenta de ella.</p> - -<p>—Pues, por esta vez, buena anciana, el culebrón no saldrá con la suya, -que para algo Dios ha dado fuerza a mi brazo y ha infundido valor en mi -espíritu.</p> - -<p>Pidió el hijo del pescador las señas del lugar en que estaba la princesa -y, dadas por la viejecita clavó espuelas al caballo y partió a toda -carrera.</p> - -<p>Halló Francisco a la princesa sentada en una piedra, llorando -amargamente y enjugándose las lágrimas con su larga y brillante -cabellera rubia, cuyas crenchas, sueltas, pendían a uno y otro lado del -cuello. El joven trató de consolarla y le prometió que mataría al -monstruo antes que tocara uno solo de sus cabellos; y con tanta -seguridad hablaba, que logró infundir confianza en la princesa. -Conversaron un rato, hasta que Francisco, que se sentía fatigado, quiso -descansar mientras llegaba la hora del combate, y tendiéndose en tierra -y apoyando la cabeza en las faldas de la princesa, se quedó dormido. -Momentos antes, mientras hablaban, la Princesa había dado al joven un -pañuelo, con su cifra, y un valioso anillo, diciéndole que tal vez -podría servirle de algo más tarde.</p> - -<p>Junto con sentirse la primera campanada de las 12 en los relojes de la -ciudad, se oyó un rugido formidable que conmovió toda la montaña y, -naturalmente, despertó al joven.<span class="pagenum"><a name="page_146" id="page_146">{146}</a></span></p> - -<p>Monta éste apresuradamente en su caballo y empuñando la espada, llama a -su perro y se apercibe para la pelea. Fué ésta un espectáculo digno de -verse. El Culebrón adelantaba las siete cabezas hacia su enemigo y -trataba ya de morderlo con sus afilados colmillos, ya de estrecharlo -entre sus cuellos; pero, por un lado el caballo, que esquivaba los -ataques con toda rapidez, y el perro, por otro, que acosaba a la fiera -con sus dentelladas, le impedían dañar al hijo del pescador.</p> - -<p>De vez en cuando nuestro combatiente lograba asestar con su espada un -terrible golpe en alguno de los cuellos de la bestia y una de las -cabezas rodaba por el suelo; pero era inútil, porque en el mismo -instante de ser cortada aparecía otra nueva.</p> - -<p>Largas horas habían transcurrido desde el comienzo del combate y ninguno -de los dos enemigos había conseguido ventaja sensible sobre el otro; -pero sucedió que el Culebrón, por defenderse del perro que acababa de -abrirle ancha herida cerca de la cola y de la cual manaba sangre en -abundancia, dirigió las siete cabezas hacia atrás, y entonces el hijo -del pescador, aprovechando de la circunstancia de que el monstruo no -podía atacarlo, levantó la espada con las dos manos y, con robusta -fuerza, la dejó caer un poco más abajo de donde el cuello se dividía en -siete. El rugido que lanzó el animal al sentirse mortalmente herido, fué -tremendo, y se oyó a muchas leguas de distancia; pero, inmediatamente se -produjo el silencio más completo. El Culebrón no volvería ya a molestar -a nadie y el reino se vería libre, en adelante, de tan cruel enemigo.</p> - -<p>Francisco bajó de su caballo y, cortando una por una las siete lenguas -de la bestia, las envolvió en el pañuelo de la Princesa y las guardó en -su pecho.</p> - -<p>Mientras tanto la Princesa, que había presenciado el terrible combate y -que a cada momento le parecía ver a su defensor triturado en las fauces -del fiero monstruo,<span class="pagenum"><a name="page_147" id="page_147">{147}</a></span> presa del mayor terror, enmudeció—y cuando el -joven, ya vencedor, corrió hacia ella para subirla a su caballo y -conducirla a la ciudad, no pudo articular ni una palabra y hubo de -limitarse a manifestarle su gratitud por medio de señas.</p> - -<p>El joven dejó a la princesa en las puertas de la capital y, -prometiéndole que volvería en tiempo oportuno, se despidió y fué a -alojarse en una choza abandonada que se levantaba no muy lejos y cerca -de la cual había agua y pasto en abundancia para su caballo y pesca y -caza para él y su perro.</p> - -<p>En el mismo día en que se efectuó el combate, un negro, que el cocinero -del rey ocupaba en acarrear leña de la montaña, tropezó con el Culebrón, -que yacía en tierra todavía caliente, pues no hacía mucho que había sido -matado. El enorme peso del animal impidió al negro cargarlo, a pesar de -sus fuerzas, y entonces, a hachazos, lo cortó en varios trozos, que -arrojó en el carro de que se servía para conducir la leña, y llevándolo -a palacio se presentó al Rey, diciéndole que acababa de matarlo y -exigiéndole el cumplimiento de la promesa de que casaría a su hija con -el vencedor del monstruo. La princesa había llegado pocos momentos -antes; pero como había quedado muda y estaba como atontada de miedo, no -se hallaba en situación de desmentir al miserable negro.</p> - -<p>Como parecía evidente que el negro había sido el matador del Culebrón, y -palabra de Rey no puede faltar, concedió el Rey al negro la mano de la -Princesa y se convino en que, en unos quince días más, cuando la -Princesa hubiera salido del estado de inconsciencia en que se -encontraba, se celebraría la boda.</p> - -<p>Pasaron los días y aunque la Princesa no recobró la palabra, se -prepararon los festejos para la celebración del matrimonio. Las fiestas -debían comenzar con una gran comida, a que asistiría toda la corte. La -Princesa estaba desesperada, pero como no podía hablar, a pesar de los<span class="pagenum"><a name="page_148" id="page_148">{148}</a></span> -esfuerzos que hacía para explicar por medio de gestos la impostura del -negro, no pudo darse a entender.</p> - -<p>Llegó el día del banquete, y el hijo del pescador, que estaba en autos -de todo por lo que se decía en la ciudad, cuando fué la hora de la -comida, ordenó a su perro que, sin que nadie lo viera, arrebatara al -negro su plato. El perro ejecutó la orden por dos veces seguidas, sin -ser visto; el negro, creyendo que algunos de los servidores adrede le -sacaba los platos ante de tocarlos, formó grande alharaca y se armó el -alboroto consiguiente. La tercera vez, Francisco mandó al perro que se -dejara ver; y al ser sorprendido en el acto de robar el plato al negro, -el Rey ordenó a sus guardias que lo siguieran y trajeran a su presencia -al amo del perro.</p> - -<p>Cuando llegaron a la choza en que el joven se hospedaba, el capitán de -la guardia le intimó orden de seguirlo, pero Francisco dijo que sólo -iría si lo iban a buscar en coche, porque él era quien debía estar en la -mesa sentado al lado de la Princesa en lugar del horrible negro, que no -pasaba de ser un impostor; que se le llevara ante el Rey no en calidad -de preso, sino en la forma que indicaba y probaría palmariamente lo que -acababa de decir.</p> - -<p>Volvió el capitán con el mensaje ante el monarca y a pesar de las -protestas del negro, con gran contento de la Princesa y de las damas y -señoras de la corte dispuso el Rey que trajeran al joven en coche, como -él lo pedía, para oir sus alegaciones.</p> - -<p>Al entrar Francisco en la sala del convite, llamó la atención de los -circunstantes, por su varonil hermosura y por su cortesanía. Pidió -permiso al Rey para hablar y, concedido que le fué, preguntó al negro si -las cabezas del Culebrón (que aún se conservaban como recuerdo y -permanecían expuestas a la admiración del público), estaban completas -cuando las había traído a la ciudad. El negro contestó que estaban -completas; pues él nada les había sacado ni notó que nada les faltara; -que después de termi<span class="pagenum"><a name="page_149" id="page_149">{149}</a></span>nado el combate que había sostenido con la fiera, -se había limitado a cortar con su hacha el cuello principal del animal. -Francisco pidió entonces al Rey y a todos los presentes que tomaran nota -de lo que acababan de oir, y tornó a preguntar al negro:</p> - -<p>—¿Estás seguro de que nada les faltaba? ¿Todas tenían sus dos ojos, sus -dos orejas, su lengua?</p> - -<p>—Supongo que todas las tendrían, porque, como he dicho, yo nada les -saqué.</p> - -<p>—De manera, repuso el joven, dirigiéndose al Rey, que si yo tuviera en -mi poder o los ojos, o las orejas, o las lenguas del Culebrón, ¿sería yo -el matador del monstruo? Ya que después que le trajeron a palacio yo no -habría podido sacárselos, pues si lo hubiese tentado, me lo habrían -impedido los guardias que, según he oído, lo han custodiado día y noche.</p> - -<p>—Así es—contestó el Rey.</p> - -<p>—Así es—murmuraron los que estaban en la mesa.</p> - -<p>—Pues bien, aquí están las siete lenguas del monstruo, que yo corté -después de matarlo, y envolví en este pañuelo con la cifra de la -Princesa, que ella misma me entregó antes del combate. Con esto queda -comprobado que el negro es un miserable embustero que no hizo otra cosa -que dividir el cadáver del monstruo que yo había dejado abandonado -mientras conducía a la princesa a la ciudad; y a mayor abundamiento, he -aquí un anillo que también ella me obsequió y que si su Majestad me -permite colocaré en la mano de su antigua dueña.</p> - -<p>A una señal de asentimiento que el Rey hizo, Francisco se acercó a la -Princesa, y en cuanto el joven colocó el anillo en su mano, la gentil -niña recobró el habla y exclamó:</p> - -<p>—¡Padre, este es mi salvador; él es el verdadero matador del culebrón!</p> - -<p>El Rey ordenó a la guardia que en el acto sacaran al negro de la sala y -lo despeñaran desde la cumbre de un<span class="pagenum"><a name="page_150" id="page_150">{150}</a></span> cerro muy alto, que servía para -ajusticiar a los criminales; y a Francisco que se sentara al lado de la -Princesa, que desde ese momento pasaba a ser su prometida.</p> - -<p>La fiesta, que había comenzado en medio de la mayor tristeza, pues la -vista del negro los tenía a todos desazonados, se tornó en francamente -alegre y terminó con la celebración del matrimonio del hijo del pescador -con la princesa.</p> - -<p>Cuando los novios estuvieron en sus habitaciones, el joven se asomó -casualmente a una ventana y vió que a la distancia se elevaba una gruesa -columna de humo rojizo.</p> - -<p>—Parece que hay un incendio—dijo Francisco a la Princesa.</p> - -<p>—No es un incendio—le contestó ella;—es el humo de la fogata que -todas las noches encienden en el castillo de la «Torderás, irás y no -volverás».</p> - -<p>—¡Qué nombre más raro tiene ese castillo!</p> - -<p>—Se llama así porque el que a él va, no vuelve.</p> - -<p>—Pues no le valdrá a ese castillo el nombre de la «Torderás, irás y no -volverás», porque yo iré y volveré.</p> - -<p>La princesa rogó con insistencia a su marido que no fuese, que no se -expusiera al peligro, pero Francisco le contestó:</p> - -<p>—Si triunfé del Culebrón que tanto daño causaba al reino, ¿por qué no -venceré los peligros que en el castillo puedan presentárseme?</p> - -<p>Y saliendo de las habitaciones, se fué a la caballeriza y sin más -compañía que su fiel perro partió a la luz de la Luna.</p> - -<p>Aquel humo rojizo que aparentaba estar no muy distante del palacio, -parecía alejarse a medida que el joven avanzaba hacia él; y sólo en la -mañana, después de una marcha continua de la noche entera, logró él -acercarse al castillo. Pero ojalá nunca hubiera llegado hasta ahí, -porque no bien se encontró en ese sitio, comenzó a salir, como si del -suelo brotara, una muchedumbre de viejas<span class="pagenum"><a name="page_151" id="page_151">{151}</a></span> horribles, que lo rodearon y -que dándose fuertes tirones de la cabellera, se arrancaban pelos que -arrojaban al intruso que iba a turbarlas en su reposo. Al principio nada -ocurrió, pero en el mismo instante que uno de los muchos pelos de las -viejas, que flotaban en el aire, tocó a Francisco, tanto éste como su -caballo y su perro se convirtieron en piedras.</p> - -<p>Volvamos ahora a casa del pescador, que ya es tiempo.</p> - -<p>Desde que Francisco salió de casa de sus padres, ni éstos ni el hermano -que quedó con ellos habían tenido noticias suyas. Se consolaban de la -ausencia del deudo querido visitando diariamente el naranjo que había -nacido al mismo tiempo que él, de uno de los costados del pescado, y que -a él le había correspondido. Viéndolo y cuidándolo, les parecía estar -con Francisco.</p> - -<p>Un día el árbol que hasta entonces había crecido esbelto y lozano, -amaneció mustio, con las hojas amarillas, como si estuviera a punto de -secarse. Al verlo en este estado, Domingo, gemelo de Francisco, dijo a -sus padres:</p> - -<p>—A Francisco debe haberle ocurrido alguna desgracia, porque su naranjo -ha amanecido enfermo. Si me dan permiso, salgo inmediatamente en su -socorro.</p> - -<p>Bendijéronle sus padres; y ciñéndose la espada, montó en su caballo y -partió a la carrera, acompañado de su perro, hasta llegar a la misma -ciudad a que había arribado su hermano.</p> - -<p>La primera persona a quien encontró fué aquella viejecita que contó a -Francisco la historia del Culebrón. Domingo la saludó cariñosamente y le -preguntó por las últimas noticias que circulaban en la ciudad. La -viejecita le refirió cómo un joven muy parecido a él, casi igual, que -había llegado días antes había librado a la Princesa y al reino del -Culebrón; el matrimonio del joven con la Princesa y la desaparición del -novio; todo sin omitir detalle ni circunstancia de interés.</p> - -<p>Por los datos de la anciana, no dudó Domingo que el<span class="pagenum"><a name="page_152" id="page_152">{152}</a></span> desaparecido era su -hermano, y para averiguar mejor las cosas, se dirigió al palacio. Los -guardias creyeron que era el esposo de la Princesa y lo dejaron pasar. -La Princesa también creyó que era su marido y lo recibió con mucha -alegría.</p> - -<p>—¿Qué te habías hecho en estos tres días?—le dijo—Creía que te había -acaecido alguna desgracia: que el caballo te hubiera arrojado, que te -hubieran asesinado...</p> - -<p>—Por suerte, hija, no me ha pasado nada serio; me extravié y me costó -mucho dar con el camino; pero, dime: ¿qué es ese humo rojizo que se -divisa a lo lejos?</p> - -<p>—Pero, hijo, ¿qué se te ha hecho la memoria? ¿No te acuerdas que te -dije la otra vez, en la noche de nuestro casamiento, que ese humo salía -de la «Torderás, irás y no volverás»? ¿Y que, efectivamente, el que iba -a él iba pero no volvía, y que, a pesar de mis súplicas, montaste en tu -caballo y te fuiste?</p> - -<p>—Ciertamente, ahora me acuerdo; pero, como acabo de decirte, me -extravié. Sin embargo, iré de nuevo y volveré.</p> - -<p>Domingo comprendió, por la conversación anterior, que a su hermano le -había sucedido algo grave en su expedición al castillo, y se propuso -salvarlo. Se despidió de la princesa con un «hasta luego» y, montando en -su caballo, partió en dirección al castillo, seguido de su perro.</p> - -<p>Al amanecer llegó a inmediaciones del castillo, y vió como salían las -horribles viejas a estorbarle el paso, y como le tiraban los cabellos -que se arrancaban de la cabeza; y adivinando con qué fin lo hacían, -desenvainó la espada, clavó espuelas al caballo y arremetió contra las -brujas. Tanto menudeó los golpes y con tanto acierto, que en pocos -minutos no quedó en pie sino una de las arpías.</p> - -<p>Iba Domingo a matarla, pero ella se arrodilló suplicante, y le dijo:</p> - -<p>—¡Perdóname la vida, señor, y te devolveré a tu hermano, que está -encantado!<span class="pagenum"><a name="page_153" id="page_153">{153}</a></span></p> - -<p>—Está bien—le dijo Domingo—no te mataré, pero desencantarás no sólo a -mi hermano, sino a todos los demás que estén encantados en este castillo -maldito y en sus dependencias; e inmediatamente después saldrás de este -país para no volver más a él, so pena de la vida.</p> - -<p>La vieja cortó una varita de un árbol que estaba allí cerca y con ella -fué tocando una por una las piedras diseminadas en el suelo y, a medida -que las tocaba, se convertían en gallardos mancebos, montados en briosos -caballos. Una vez que no quedaron piedras, la vieja hechicera, seguida -siempre de Domingo, armado de su espada, penetró en el castillo, desde -cuya puerta se divisaban interminables galerías de estatuas de mármol -que representaban bellísimas niñas: unas de pie, otras sentadas, otras -de rodillas, etc. También las fué tocando la vieja con la varita, y en -cuanto sentían su contacto, se animaban y descendían de sus pedestales. -Eran las numerosas jóvenes que el Culebrón, en vez de devorarlas, como -todos lo creían, llevaba al castillo, en donde eran transformadas en -estatuas por las hechiceras.</p> - -<p>Francisco y Domingo se abrazaron cariñosamente, y sin pérdida de tiempo -emprendieron marcha a la ciudad, seguidos de los innumerables jóvenes de -uno y otro sexo recientemente desencantados, que entonaban loores a su -libertador.</p> - -<p>Llegaron a palacio y Francisco contó al Rey y a la Princesa las -peregrinas aventuras que les habían acaecido.</p> - -<p>Al día siguiente se celebró el fausto acontecimiento con un gran -banquete, al que concurrió toda la familia real y los jóvenes salvados -por Domingo. El fué, naturalmente, el héroe de la fiesta, y a cada -momento se le aclamaba.</p> - -<p>Invitado por el Rey a que escogiera la que más le agradara para esposa, -entre las jóvenes salvadas por él mismo, todas las cuales eran de sangre -real, fijó su atención en una que descollaba entre todas por su aspecto -dulce y modesto. Era prima de la princesa, mujer de su hermano, y muy -querida del Rey y de ella.<span class="pagenum"><a name="page_154" id="page_154">{154}</a></span></p> - -<p>Con ella se casó y fijaron su residencia en el antiguo castillo de la -«Torderás, irás y no volverás», el que, libre de la maléfica influencia -del Culebrón y de sus servidoras, se había transformado en una -espléndida mansión. Domingo le cambió el fatídico nombre con que era -conocido, por el de «Castillo de la Torderás, si a él vas, contento -volverás»; y en efecto, quien lo visitaba salía plenamente satisfecho de -la magnificencia con que era atendido por sus dueños.</p> - -<p>Francisco y Domingo no olvidaron a sus padres en la prosperidad: los -llevaron a su lado y los honraron como buenos hijos. Dios los premió, -haciéndolos felices hasta el fin de su vida, que fué larga y se deslizó -dulcemente, sin penalidades ni contratiempos.</p> - -<p>Y aquí se acabó el cuento, y se lo llevó el viento, y se entró por la -puerta de un convento; los frailes, que lo oyeron, quedaron muy alegres; -los mochos y sirvientes se cayeron de contentos.</p> - -<h2><a name="num1-19" id="num1-19"></a>19. EL COMPADRITO LEÓN, POTITO QUEMADO.<br /><br /> -<small>(Contado por Beatriz Montecinos, de Talca, de 50 años, en 1911).</small></h2> - -<p>Este era un Rey muy rico, que tenía un Monito muy ladrón, y el monito -iba todas las noches a robarle charqui para comérselo con sus amigos.</p> - -<p>Un día fué el Rey a la bodega para ver cuanto charqui le quedaba porque -lo iba a vender al día siguiente. El Rey, al entrar a la bodega, se cayó -de espaldas del<span class="pagenum"><a name="page_155" id="page_155">{155}</a></span> susto que le dió porque encontró tan poquito charqui. -Llamó entonces al Mayordomo y le dijo:—¿Tú has vendido charqui? El -Mayordomo le contestó:—Yo no, su mercé; yo para nada he entrado a la -bodega y ni siquiera he visto el charqui.</p> - -<p>El Rey se puso a contar el charqui para ver si en la noche se lo iban a -robar; una vez que contó los líos, llamó a sus mozos y les mandó que -toda la noche hicieran ronda por la orilla de la bodega y pudieran -pillar al ladrón, advirtiéndoles que a la mañana siguiente vendría a -saber lo que había pasado.</p> - -<p>Los pobres mozos casi se murieron de frío en la noche, y no vieron a -nadie.</p> - -<p>Al otro día tempranito fué el Rey a preguntar si habían visto al ladrón. -Los mozos le contestaron que no habían visto a nadie. Entonces llamó al -Mayordomo, entró con él a la bodega, contó de nuevo el charqui y vió que -le faltaban muchos líos.</p> - -<p>Enojado como un diablo, porque creía que el Mayordomo era el ladrón y se -estaba haciendo el leso, le dijo:—Te doy de plazo dos días para que -pilles al ladrón, y si en los dos días no lo has pillado, con tu cabeza -pagarás el charqui que se ha perdido. Y se fué dejando todo afligido al -pobre Mayordomo.</p> - -<p>Cuando el Mayordomo se quedó solo, se puso a decir:—¡Buena cosa, que mi -amito sea tan injusto conmigo, cuando yo ni malicio quien pueda ser el -ladrón!</p> - -<p>Cansado de tanto pensar el pobre hombre, se le ocurrió ir donde una -vieja bruja que tenía pacto con el diablo, para pedirle consejo.</p> - -<p>Se fué donde la vieja y le contó todo lo que le había pasado y lo que el -Rey le había dicho. La vieja le dijo que no fuera miedoso porque nada le -pasaría.—“Váyase a la casa—le dijo—recoja hartas chamisas y haga una -fogata bien grande adentro de la bodega y se fija bien por donde sale el -humo y viene a avisármelo”.<span class="pagenum"><a name="page_156" id="page_156">{156}</a></span></p> - -<p>El Mayordomo se fué contento porque ya el Rey no mandaría cortarle la -cabeza. Agarró las chamisas y les atracó fuego. Ligerito vió el humito -que salía por un portillito que había en un rincón. Al tirito se fué -donde la vieja y le dijo que el humo salía por un portillito que había -en un rincón. Entonces la vieja le dijo que hiciera un mono de liga y le -pusiera en las manos una baraja y pusiera una mesa con harta plata en un -lado y una vela encendida en el otro, y que todo lo arreglara muy bien y -lo pusiera frente al portillo y volviera al otro día.</p> - -<p>El Mayordomo se fué e hizo todo lo que la vieja le había encargado.</p> - -<p>Después que dejó todo arreglado, se fué dejando bien cerrada la bodega.</p> - -<p>En la noche llegó mi buen Monito, que se entraba por el portillito, y -vió al compañero con la baraja en la mano y con tantísima plata en la -mesa que llegó a saltar de gusto, porque decía:—«Esta noche le gano -toda la plata y me voy a remoler donde mis chiquillas con plata y con -harto charqui».</p> - -<p>Entró como de costumbre, y le dijo al otro mono:</p> - -<p>—Ya estoy aquí, compañerito de mi alma; vamos a rifar quien talla.</p> - -<p>Y agarró una chaucha y la tiró para arriba diciendo:</p> - -<p>—¿Cara o sello? Sello! te tocó a ti; ya está; principia.</p> - -<p>Y como el mono de liga estaba quieto, el Monito le dijo:</p> - -<p>—Contra na estáis enojado, porque si no me jugáis, te quito la plata y -te pego.</p> - -<p>El Monito viendo, que la hora se pasaba y el otro no jugaba, le quitó la -baraja y se puso a tallar él. Luego tiró dos cartas y le preguntó:</p> - -<p>—¿A cuál vay vos?; y el otro mono callado.</p> - -<p>Le dijo entonces:</p> - -<p>—Bueno, ya que no querís escoger, escogeré yo; te apuesto cien pesos a -la sota de oro; y el otro mono, callado.<span class="pagenum"><a name="page_157" id="page_157">{157}</a></span></p> - -<p>El Monito tiró y ganó, y siguió jugando hasta que le ganó todita la -plata al otro. Después dijo:</p> - -<p>—Me teníay que dar más plata, todavía, porque me habís quedado -debiendo; y el otro mono callado.</p> - -<p>Y le ha dado tanta rabia al Monito porque el otro no le contestaba ni le -hacía caso, que le dijo:</p> - -<p>—Ya que vos no me pagáis, yo te pagaré; y le endilgó un puñete tan -fuertazo que lo botó de la silla.</p> - -<p>Quedó el Monito pegado de la mano derecha. Entonces le dijo al mono de -liga:</p> - -<p>—Si no me soltáis, te mando otro puñete, cosa que te haga escupir -tachuelas. Y el mono callado.</p> - -<p>Le mandó entonces otro puñete, y se quedó pegado de la mano izquierda. -Después le dijo:</p> - -<p>—Si no me soltáis, te mando una patá que te hago estornudar pejerreyes.</p> - -<p>También le mandó la patada y también quedó pegado de la pata derecha.</p> - -<p>Después le largó una patada con la pata izquierda, y se quedó pegado de -esta pata.</p> - -<p>Después le lanzó un colazo, y quedó pegado de la cola.</p> - -<p>Después le mandó un guatazo, y se quedó pegado de la guata.</p> - -<p>Ya no le quedaba libre más que la cabeza.</p> - -<p>Entonces le dijo:</p> - -<p>—Suéltame, monito lindo, te doy toda la plata que te he ganado, toda la -que yo traía, y toda la que tú queray. Y el otro mono callado.</p> - -<p>Entonces vió que era lesera rogarlo, y le mandó un cabezazo a matarlo: y -también quedó pegado de la cabeza.</p> - -<p>A todo esto venían ya las claras del día y el Monito estaba frito. -Llorando estaba el Monito su desgracia y lamentándose de su suerte, -cuando llegó el Mayordomo y lo vió. Entonces casi se volvió loco de -gusto el Mayordomo, porque había pillado al ladrón. Más que ligerito se -fué donde el Rey para avisarle que el ladrón había caído en<span class="pagenum"><a name="page_158" id="page_158">{158}</a></span> la trampa. -El Rey fué corriendo a ver quien era el ladrón, y cuando entró en la -bodega se quedó abismado de ver a su Monito preso; y le ha dado toitita -la rabia, que mandó que lo sacaran y lo amarraran a los castaños para -que le echaran dos fondos de agua hirviendo y le metieran por el poto un -barra de fierro que estuviera bien caldeada.</p> - -<p>Sacaron los mozos al Monito y lo amarraron a los castaños y se fueron a -calentar el fierro y el agua.</p> - -<p>Cuando estaba solo el Monito, acierta a pasar por ahí su compadre León, -que le preguntó:</p> - -<p>—Qué está haciendo ahí, compadrito? Apuesto que me lo han pillado -robando castañas.</p> - -<p>Entonces el Monito le contestó:</p> - -<p>—¡Ay compadrito, si Ud. supiera lo que me pasa, estoy seguro que no se -reiría de mí sino que me salvaría!</p> - -<p>El compadre León al oirlo hablar con tanta pena, le preguntó:</p> - -<p>—¿Qué le pasa, compadrito?</p> - -<p>Y el Monito le contestó:</p> - -<p>—¡Qué malos son conmigo, compadrito! ¿a quién se le ocurre que un -Monito tan chico como yo se va a comer una ternera tamañaza, y más no -teniendo ni una pisquita de ganas de comer? ¿por qué, compadrito, usted -que es tan bueno y es bien grande no se come la ternera y me salva a mí?</p> - -<p>El compadre León llevaba harta hambre, porque hacía hartazos días que no -probaba ni agua, así es que le dijo al Monito:</p> - -<p>—Bueno, pero ¿qué hay que hacer?</p> - -<p>Entonces el Monito le contestó:</p> - -<p>—Primero me tiene que cortar las amarras, quedando usted en mi lugar. -Después vendrán dos hombres a preguntarle si se come la ternera, y usted -les dirá que sí, que se la come toitita. Entonces le entregarán la -ternera y lo dejarán en paz con su pancita bien llena.<span class="pagenum"><a name="page_159" id="page_159">{159}</a></span></p> - -<p>—Muy bien le dijo el compadre León, manos a la obra; y ligerito desató -al Monito, y se puso él en su lugar para que lo amarrara.</p> - -<p>El Monito lo amarró bien amarrado para que no se fuera, y cuando acabó -de amarrarlo, le dijo:</p> - -<p>—Adiós, compadrito León, que goce mucho con la ternera y que no se vaya -a empachar.</p> - -<p>Y se fué, dejando al compadre León bien amarrado y con la boca que se le -hacía agua.</p> - -<p>El compadre León llegaba a menear la cola de contento y no hallaba las -horas que le trajeran la ternera.</p> - -<p>Por fin llegaron los hombres con los fondos de agua hirviendo y la barra -de fierro, que llegaba a venir coloradita de lo caldeada que estaba. El -León creyó que la barra era el asador que había servido para asar la -ternera y que a la ternera la traían en los fondos.</p> - -<p>En cuanto llegaron los hombres le dijeron:</p> - -<p>—¡Ah! endenantes erais Monito y ahora te volvisteis leoncito; pero esto -no te servirá de nada.</p> - -<p>El compadre León, creyendo que le preguntaban si se comía la ternera, -contestó:</p> - -<p>—¡Sí me la como! ¡Sí me la como!</p> - -<p>—Si ya te la vais a comer, Monito diablo, le dijeron; y diciendo y -haciendo, le han echado encima los dos fondos de agua hirviendo y me lo -han dejado lo mismo que pollo en punto de echarlo a la cazuela; y más -que ligerito y antes que el compadre León se repusiera, le han metido la -barra caldeadita por el poto, y se lo dejaron lo mismito que luche.</p> - -<p>El compadrito León, del dolor que le dió, cortó las amarras y se arrancó -antes que le hicieran otra cosa peor. Se fué bramando lo mismito que un -buey cuando lo marcan.</p> - -<p>Cuando iba corriendo, le salió al camino su compadre Monito y desde -lejitos le dijo:</p> - -<p>—¿Qué hubo, compadrito León, potito quemado? ¿se comió la ternera? -¿Bueno que estaría bien rica, no?<span class="pagenum"><a name="page_160" id="page_160">{160}</a></span></p> - -<p>El compadrito León potito quemado casi no podía hablar del dolor; pero -se paró un ratito y le contestó:</p> - -<p>Ya me las pagarís bien, Monito picarón.</p> - -<p>Una vez que se mejoró el compadrito León potito quemado, se fué donde -una comadre Zorra que tenía, que era el mismo diablo y veía debajo del -agua, a preguntarle como haría para pillar al Monito. La comadre Zorra -cuando vió a su compadre León con el poto quemado, casi se murió de la -risa que le dió y le hizo muchísima burla. Después que se cansó de reir, -le aconsejó al compadre León que se fuera a la orilla del río y se -escondiera bien detrás de una piedra, sin hablar ni una sola palabra, -porque todos los días iba el Monito a tomar agua ahí.</p> - -<p>El compadre Leoncito potito quemado le dió las gracias, y se fué a donde -la Zorra le había dicho y se escondió y esperó que llegara el Monito.</p> - -<p>En esto estaba cuando llegó el Monito y le mereció ver la punta de la -cola al compadrito León. Entonces el Monito se puso todo malicioso y -antes de tomar agua comenzó a decir:</p> - -<p>—Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?...</p> - -<p>Y así siguió hasta que el compadre León se aburrió y le dijo:</p> - -<p>—Tómame no más, Monito.</p> - -<p>Entonces el Monito dijo:</p> - -<p>—Yo no tomo agua que habla, porque ahí está mi compadre Leoncito potito -quemado: y se arrancó antes que el compadre León lo pillara.</p> - -<p>El compadre León salió de su escondite rabiando porque no había pillado -al Monito y se fué a donde la comadre Zorra a contarle lo que le había -pasado. La comadre Zorra casi le pegó al verlo tan tonto, y después que -lo retó bien le dijo:</p> - -<p>—Vaya otra vez a ponerse detrás de la misma piedra y no le diga ni una -palabra, aunque esté todo un día esperando.<span class="pagenum"><a name="page_161" id="page_161">{161}</a></span></p> - -<p>El compadre León prometió quedarse callado y se fué ligerito a -esconderse antes que llegara el Monito y lo pillara.</p> - -<p>Después de mucho rato llegó el Monito con un palito en la mano y se puso -a decir lo mismo que la primera vez:</p> - -<p>Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... hasta -que se cansó, y como nadie le contestara, se puso a tomar agua.</p> - -<p>En esto estaba cuando el compadre Leoncito potito quemado pegó un salto -y me lo pescó al Monito de una mano. El Monito, todo afligido, le dijo:</p> - -<p>Mire, compadrito, perdóneme por esta vez,—y el de León no le hacía -caso.</p> - -<p>—Bueno, compadrito, ya que no me perdona, no me agarre de esa manito -porque la tengo enferma; agárreme esta otra.</p> - -<p>El compadre fué a agarrarle la otra mano; pero en vez de la mano le -agarró el palito que le alargó el Monito. Donde el Monito, en cuanto se -vió libre, se arrancó gritando:</p> - -<p>—¡Buena cosa, mi compadre Leoncito potito quemado! por agarrarme la -manito me agarró el palito.</p> - -<p>El compadre León agarró el palito y lo hizo pedacitos, jurando y -perjurando porque el Monito había vuelto a hacerlo leso.</p> - -<p>Otra vez se fué donde la comadre Zorra.</p> - -<p>La comadre, al saber lo que había pasado, agarró una varilla y le sobó -el lomo al compadrito León para que se le quitara lo pavo. Después que -le dió unos cuantos varillazos, le dijo:</p> - -<p>—Váyase a la mata de palma donde el Monito va a almorzar, por detrás de -los sauces para que así no lo vea, y no le haga caso de nada, y lleve un -buen cordel para que lo traiga amarrado.</p> - -<p>El compadre León le dió las gracias a su comadre Zorra y le prometió -seguir su consejo al pie de la letra.<span class="pagenum"><a name="page_162" id="page_162">{162}</a></span></p> - -<p>Desde arriba de la palma divisó el Monito al compadre León, que venía -haciéndose el lesito, y se puso a gritarle:</p> - -<p>—Compadrito León potito quemado, ¿por qué no se sube a la palma a comer -coquitos conmigo? ¡mire que están muy ricos! Al León se le hacía agua el -hocico y ya le parecía que estaba comiendo coquitos; pero se acordó del -encargo de su comadre Zorra y de los varillazos que le había dado, y le -contestó al Monito:</p> - -<p>—No quiero cocos, a comerte vengo.</p> - -<p>Pero el Monito le dijo:</p> - -<p>—Suba no más, compadrito, después que comamos coquitos me come a mí. -Tíreme una punta del cordel y usted se amarra de la otra a la cintura y -yo lo subo.</p> - -<p>Ya se estaba haciendo tarde, así es que el compadre León, de puro -aburrido que estaba, hizo lo que el Monito le indicaba: le tiró el -cordel y él se amarró bien a la cintura. El Monito le decía:</p> - -<p>—¡Ay compadrito! ¡cuántos coquitos se va a comer, y después me comerá a -mí!</p> - -<p>Mientras el León iba subiendo, el Monito se iba bajando. Cuando el -compadre León iba a llegar arriba, vió que el Monito estaba abajo. Lleno -de rabia le dijo:</p> - -<p>—¡Ah, pícaro! me habís engañado! pero me las tenís que pagar no -más!;—y ya se iba a bajar, cuando le dice el Monito:</p> - -<p>—Ya está frito mi compadrito León potito quemado; y lo amarró bien -firme a la palma, dejando al pobre Leoncito colgado.</p> - -<p>El Monito principió a hacerlo rabiar, diciéndole que era un tonto, que -ya lo había hecho leso tres veces y todavía no escarmentaba y que para -celebrar la diablura que había hecho se iba a robar más charqui.</p> - -<p>El compadre León ya estaba desesperado porque nadie lo sacaba, sino que, -al contrario, pasaban y le hacían burla como un diablo.</p> - -<p>En esto pasó su comadre Zorra y lo vió y en vez de apurarse en sacarlo, -lo principió a retar. El compadre León<span class="pagenum"><a name="page_163" id="page_163">{163}</a></span> le pedía perdón diciéndole que -ya no iba a ser más tonto. Entonces la comadre Zorra lo perdonó, y por -librarlo más luego, cortó el cordel; donde el pobre León, hijito de mi -alma, casi se mató del costalazo que se dió.</p> - -<p>La comadre Zorra, después que lo retó otra vez bien retado, le dijo:</p> - -<p>—Mire, compadre, fíjese bien en lo que le voy a decir, porque si no -hace lo que yo le digo, yo misma le doy la contra. Váyase a la cueva de -la bruja que está detrás del cerro del Palomo, y ahí me pilla al Monito -con toda seguridad, porque ahí va todos los días a machacar el charqui. -Y adiós, compadre, no se le olvide lo que le digo, y no vaya a ser cosa -de que vuelva a meter la pata otra vez.</p> - -<p>El compadre León potito quemado se fué a donde la Zorra le había dicho. -Cuando llegó a la cueva, pilló adentro a mi buen Monito, machacando -charqui. El compadre Leoncito se paró en la puerta y le dijo:</p> - -<p>—¡Ah Monito pícaro, al fin te voy a matar, después de tanto tiempo que -te has reído de mí!</p> - -<p>El Monito, sin afligirse ni apurarse, le dijo:</p> - -<p>—¡Buena cosa, compadre, que usted se moleste tanto por mí, cuando yo -estaba pensando ir ahora mismito a verlo para pedirle perdón!</p> - -<p>—Pícaro, le dijo el León ¿todavía no estáy contento con lo que te hay -reído de mí? pero ya no te reirís más, porque tu fin ha llegado. Reza el -acto de contrición.</p> - -<p>Entonces el Monito le dijo:</p> - -<p>—Bueno; ya que viene tan guapo, sírvase un pedacito de charqui, que -está muy rico.</p> - -<p>—No quiero—le contestó el León;—el único charqui que voy a comer eres -tú; así es que prepárate.</p> - -<p>—Bueno—le dijo el Monito;—pero como todos los reos que están en -capilla tienen derecho de pedir y que se le conceda una gracia, yo pido -que para que mi compadre León me coma mejor, me deje acabar este -charqui, y después, para que yo no sufra tanto, usted abre la boca y<span class="pagenum"><a name="page_164" id="page_164">{164}</a></span> -cierra los ojos, y yo me tiro de cabeza dentro de su hocico. Pero, mi -compadrito Leoncito ¿por qué no me perdona mejor? si todo lo que le hey -hecho ha sido pura broma, por juar no más, y para ver qué cara ponía!</p> - -<p>Aburrido ya el León de tanta lata y pensando que se le podía escapar, le -dijo:</p> - -<p>—Ya te has comido todo el charqui y te he concedido todo lo que tú -querías, así es que te espero.</p> - -<p>El compadre León se sentó en la puerta, y el Monito le dijo:</p> - -<p>—¡Ya voy!</p> - -<p>Entonces el compadre León abrió la boca y cerró los ojos; pero el pobre -León no contaba con lo que le iba a pasar: el Monito tomó la piedra en -que estaba machacando el charqui y se la zumbó en toita la cabeza, -haciéndosela pedacitos.</p> - -<p>El Monito, contento de su obra, se puso a bailar de gusto, y quiso -conservar un recuerdo de su compadrito León, que tanto y con tan poca -suerte lo había perseguido. Agarró un cuchillo y se puso a descuerarlo. -Cuando ya acabó de sacarle el cuero, lo puso al sol para que se secara. -Al otro día volvió y como lo encontró seco, se puso a hacer un lazo con -el cuero del pobre Leoncito. Cuando acabó de hacerlo, se puso en la -puerta a bornearlo para ver cómo le había quedado. En esto estaba, -cuando pasó la Zorra y le dijo:</p> - -<p>—Qué bonito tu lacito, Monito; ¿querís que lo probemos?</p> - -<p>—Métele—le dijo el Monito.</p> - -<p>Después de pensar como lo habían de probar, el Monito le dijo:</p> - -<p>—Nos tiramos el lazo una vez cada uno, y el que caiga primero tiene que -servir de caballo al otro.</p> - -<p>—Pero yo lo tiro primero, por ser más grande que tú, le dijo la Zorra.</p> - -<p>—Bueno—contestó el Monito—pero desgraciada de ti si no me lo -apuntas.<span class="pagenum"><a name="page_165" id="page_165">{165}</a></span></p> - -<p>La Zorra agarró el lazo y se puso a bornearlo mientras el Monito se -preparaba para pasar:</p> - -<p>—Ya está—le dijo la Zorra;—y el Monito pasó como un diablo sin que la -Zorra lo pillara.</p> - -<p>—¡Estay frita, Zorrita; tú en mis lazos caerís y mi yegüecita serís!</p> - -<p>Cuando ha pasado la Zorra y el buen Monito le ha echado el lazo medio a -medio de la guata; el Monito le dijo:</p> - -<p>—¡No te lo decía yo! Ahora te voy a ensillar y por los potreros -saldremos a andar.</p> - -<p>Se arregló una monturita con los pedazos de cuero que le habían sobrado -y las echó el buen Monito a caballito en la Zorra.</p> - -<p>La Zorra iba toda rabiosa porque la habían cazado; pero dijo:</p> - -<p>—¡Ya me las pagará el Monito de miéchica!—y lo llevó por unos potreros -donde había muchos campesinos.</p> - -<p>El Monito como iba diciéndole:—Puchas que me ha salido rica la -potranquita,—no se fijó por donde lo llevaba.</p> - -<p>Cuando los campesinos vieron a la Zorra, creyeron que se iba a comer las -gallinas y le echaron los perros. La Zorra se arrinconó a la orilla de -la zarzamora; pero como vió que no estaba segura porque los perros ya se -la comían, miró para un lado y otro a ver si había por donde arrancar; y -ha merecido ver un portillito, hijito de mi alma, pues, y las ha -envelado como un diablo dejando al pobre Monito encajado en la -zarzamora, donde lo pillaron los perros y se lo comieron sin dejar ni -tampoco un huesito ni para un remedio.</p> - -<p>La comadre Zorra, del susto que lleva, está corriendo todavía; y colorín -colorado, el cuento está acabado, y pase por un zapatito roto para que -usted me cuente otro.</p> - -<p> </p> - -<div class="blockquot2"><p><i>El cuento que sigue, contado por la misma Beatriz Montecinos, es -una variante de la parte final del que acaba de leerse.</i></p></div><p><span class="pagenum"><a name="page_166" id="page_166">{166}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-20" id="num1-20"></a>20. EL MIÑACO<a name="FNanchor_E_5" id="FNanchor_E_5"></a><a href="#Footnote_E_5" class="fnanchor">[E]</a><br /><br /> -<small>(Beatriz Montecinos)</small></h2> - -<p>Esta era una viejita que tenía un hijo, muy chiquito, pero muy -habilosazo y se llamaba Miñaco. Un día le dijo a la madre que iba a -buscar empleo y se fué adonde un León que tenía barra para poner a los -presos, y entonces estaba la Leona cuidándolos, y se fué a hacer el -trato adonde don Leonardo, que era el León, y le dijo que lo tomaba para -irle a dejar el almuerzo y la comida a la Leona. De tanto viaje, ya se -aburrió y dijo que iba entonces a matar a la Leona, para no ir más.</p> - -<p>Como dos días se estuvo previniendo, machacando ají, pimienta y sal y de -otras cosas fuertes para matar a la Leona.</p> - -<p>Entonces, un día, cuando ya no había ningún preso, preguntó que para qué -era esa barra; le contestó la Leona que para poner a los hombres malos -que hacían robos, muertes o salteos. La Leona le dijo que pusiera el pie -y entonces le dijo el Miñaco que ella lo pusiera primero para aprender -como ponían a los presos, y la Leona le puso el pie.</p> - -<p>Una vez puesto el pie la Leona, el Miñaco le puso llave a la barra y le -dijo que hiciera empeño a salirse. Hizo empeño la Leona a salirse. -Entonces el Miñaco le dijo:</p> - -<p>—¡Ay por Dios, pues!, esto ya no lo voy a hacer nunca; pero lo que -tengo pensado de hacer no dejo de hacerlo; y mete las manos a los -bolsillos y le planta el ají en los ojos, en la boca y en el poto, y se -fué. La Leona, de tanto costalearse, y presa, se murió.<span class="pagenum"><a name="page_167" id="page_167">{167}</a></span></p> - -<p>Y viendo que el Miñaco no volvía, el León se puso en acuerdo por qué no -llegaba, y salió a buscarlo y no lo encontró por ninguna parte, hasta -que llegó allá donde estaba la Leona y la encontró muerta. Entonces no -hizo empeño a sacar la Leona sino a buscar al Miñaco para agarrarlo y -matarlo luego. Entonces ya cuando lo alcanzó, dijo el Miñaco:—«¿A dónde -me meto?» No tuvo más tiempo que para arrancar y meterse en una cueva de -hormigas ¡Miren Uds. dónde se metió!, así por que el León no hallaba a -quien dejar cuidándolo, y andaba por casualidad un Jote amigo y lo llamó -el León y le dijo:</p> - -<p>—Mire, amigo, venga, cuídeme aquí—le dijo—mientras voy a la casa a -buscar una barreta.</p> - -<p>Mientras que el León fué, el Jote no sabía a quien tenía dentro. Empezó -a mirar el Jote para adentro a ver quien era y el Miñaco vino entonces y -agarró un puñado de tierra, se la tiró a los ojos al Jote y arrancó. -Cuando llegó el León, halló al Jote ciego y le dijo que se fuera y -siguió al Miñaco.</p> - -<p>A mucho que había andado, lo volvió a alcanzar. Entonces el Miñaco -corrió a unos álamos que habían muy lejos y muy altos para subirse -arriba y que el León no lo alcanzara, y decía:</p> - -<p>—Si el tío Leoncito me alcanza, me come no más, por la maldá que le hey -hecho, que no ha sio chica.</p> - -<p>Cuando ya llegó el León, subió para arriba también a ver si lo podía -alcanzar y caía para abajo.</p> - -<p>Entonces dijo el Miñaco: «Esto está malo; el tío Leoncito me alcanza y -me come,»—y quebró un gancho del mismo álamo, y como era habiloso, el -León que iba a estirar la mano para pescarlo, y el Miñaco le pegó un -palo en la mano con que estaba pescado y cayó el León, y quedó solo la -bolsa<a name="FNanchor_F_6" id="FNanchor_F_6"></a><a href="#Footnote_F_6" class="fnanchor">[F]</a>.</p> - -<p>Entonces dijo el Miñaco «Ahora sí que estoy bien pues<span class="pagenum"><a name="page_168" id="page_168">{168}</a></span>to,» y se bajó y -del cuero del León muerto hizo montura y riendas y salió con ellos al -hombro.</p> - -<p>En una de éstas iba atravesando una Zorra por el camino y le dijo la -Zorra:</p> - -<p>—¿Para dónde vas, Miñaco, con esa montura al hombro?</p> - -<p>Le dijo que la ensillara a ella; y entonces le dijo el Miñaco que no la -ensillaba porque lo volteaba. Hasta el último ya la ensilló, y salió a -caballo en ella, pero le salió un poco brincadora.</p> - -<p>Entonces la Zorra le dijo:</p> - -<p>—Mira, Miñaco, ¿por dónde nos vamos? por el camino pueden venir algunos -y nos corren; vámoslos por adentro de este potrero. Y tocó la desgracia -que venían tres cazadores con tres galgos y uno de ellos vió al Miñaco -que iba a caballo de una Zorra; entonces dijeron que les iban a animar -los galgos pa divertirse con el Miñaco un poco; y los animaron. La Zorra -le dijo entonces:</p> - -<p>—¡Miñaco, por Dios! ¿qué vamos a hacer? ahora tenimos que arrancar -firme; agárrate bien Miñaco, déjate caer para mi cogote y agárrate bien, -que yo voy a correr a todo escape;—y empezó a correr orillando la -cerca, hasta que hallaron un agujero por donde salirse. Entonces ella -pasó, y el Miñaco quedó abierto de piernas en el portillo y pasaron por -entremedio de él los galgos; y viendo que ya habían pasado y sintiendo -perder su montura le gritó a la Zorra:</p> - -<p>—Señora, los estribos no más le encargo.</p> - -<p>Entonces los galgos, cuando oyeron esto, volvieron para atrás y se lo -comieron. Y la Zorra se libró y se llevó la montura; y se acabó el -cuento y se lo llevó el viento y pasó por una mata de porotos para que -Ud. cuente otro.<span class="pagenum"><a name="page_169" id="page_169">{169}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-21" id="num1-21"></a>21. CHILINDRIN Y CHILINDRON.<br /><br /> -<small>(Referido en 1917, por Anastasio Puga, de 92 años, natural de Guacarhue.)</small></h2> - -<p>Han de saber que había una vez en el Norte un ladrón famoso, tan ladino -y sutil para hacer sus robos, que nunca pudo probársele ninguno, no -obstante que, en muchos casos, faltó poco para pillarlo con las manos en -la masa, como se dice. Su nombre era Chilindrín.</p> - -<p>La fama de este ladrón corrió por todo el país y llegó a noticias de -Chilindrón, otro ladrón, también de fama, que había sentado sus reales -en tierras del Sur. Y como tanto se hablara de sus hazañas y con tan -vivos colores las pintaran, Chilindrón deseó vivamente conocerlo, -cultivar su amistad y pedirle lo nombrara su segundo, si resultaba -cierto lo que de él se decía, que lo superaba y le daba ciento y una en -el difícil y arriesgado arte que ambos ejercitaban. Y se puso en camino -para ofrecerle sus servicios.</p> - -<p>Pero, por el mismo tiempo, la fama de Chilindrón, desbordando del campo -de sus fechorías, atravesó el centro del país y llegó al Norte; y sus -aventuras, revestidas del ropaje de lo maravilloso, infundieron en -Chilindrín el deseo vehemente de conocer a Chilindrón y ponerse a sus -órdenes, si no mentían los que relataban sus fechorías. Y montando en su -caballo, partió para el Sur. En ese tiempo no había trenes en el país, -ni los caminos eran buenos, así es que uno y otro demoraron largo tiempo -para arribar a las cercanías de la capital. Pero al fin de muchas -peripecias y fatigas y de largos días de marcha, llegó Chilindrín a un -tupido bosque que crecía en una llanura no distante de la ciudad, y -desmontándose del caballo, se sentó en el suelo a descansar, apoyada la -espalda en un frondoso roble.</p> - -<p>Poco después llegó Chilindrín al mismo sitio, y sin bajarse del caballo, -saludó al que descansaba:<span class="pagenum"><a name="page_170" id="page_170">{170}</a></span></p> - -<p>—Buenos días, mi amigo, ¿durmiendo la siesta?</p> - -<p>—No, amigo; espero solamente que pase el calor para continuar viaje al -Sur.</p> - -<p>—Pues yo voy al Norte, y si a usted no le parece mal, bajaré de mi -caballo, y mientras llega la tarde, pitaremos un cigarro y echaremos un -párrafo para acortar el tiempo.</p> - -<p>Y descendiendo de su cabalgadura, se sentó al lado del otro, y dijo:</p> - -<p>—¿Querrá creer, compañero, que hace ya veinte días que marcho sin -descansar? Y quizás cuánto me falte todavía para dar con el que busco!</p> - -<p>—¿Y se puede saber tras de quién anda? si no es indiscreta la pregunta.</p> - -<p>—Indiscreta no, pero usted sabe que <i>las paredes tienen oídos y los -matorrales ojos</i>; mas, como usted me inspira confianza, le diré al oído -que a quien busco es al famoso ladrón Chilindrín, que me dicen es el -número uno para robar.</p> - -<p>Y todo esto se lo dijo muy quedo, muy quedito, casi pegada la boca a la -oreja de su interlocutor.</p> - -<p>—Pero, amigo, si soy yo Chilindrín, que he dejado mis canchas para -conocer a Chilindrón, de quien cuentan maravillas y no acaban.</p> - -<p>—Y yo soy Chilindrón, amigo de mi alma.</p> - -<p>Y ambos ladrones se abrazaron efusivamente.</p> - -<p>Conversaron un buen rato, hasta alentar la confianza; y después de -reposar un momento, entablaron este diálogo, comenzando Chilindrón:</p> - -<p>—Compañero, no se imagina usted qué gustazo tendría yo si lo viera -ejecutar una de sus hazañas.</p> - -<p>—Y yo diera lo que no tengo por verlo hacer a usted una de las que -tanto renombre le han dado.</p> - -<p>—Comience usted, hermanito, que viene del Norte.</p> - -<p>—Aunque esta no es una razón para que yo comience, empezaré yo. ¿Ve ese -nido de águila que está en la copa de este mismo roble? El águila está -echada en él y yo le voy a robar los huevos sin que me sienta.<span class="pagenum"><a name="page_171" id="page_171">{171}</a></span></p> - -<p>Y escupiéndose las manos Chilindrín, con la suavidad y el tiento de un -gato subió por el tronco, y tan bién lo hizo, que no se sintió ni el -menor ruido.</p> - -<p>Chilindrón esperó que Chilindrín fuera por la mitad del tronco, y -entonces, imitando a su flamante amigo, se escupió también las manos, y -subió tras él, sin ser sentido.</p> - -<p>Cuando Chilindrín llegó a lo más alto del árbol, con mucho tino metió la -mano en el nido, y sin que el águila se diera cuenta de lo que pasaba, -retiró un huevo y se lo metió en el bolsillo. Pero Chilindrón, que ya -había llegado hasta donde estaba Chilindrín, con el mismo tino y -suavidad que éste, metió la mano en el bolsillo de su amigo, y sacándole -el huevo recién robado, lo guardó en su propio bolsillo.</p> - -<p>Y esta operación se repitió por cuatro veces, pasando los huevos del -nido al bolsillo de Chilindrín y del bolsillo de Chilindrín al de -Chilindrón, sin que el águila ni Chilindrín advirtiesen las jugadas que -se les hacían.</p> - -<p>E inmediatamente de guardarse el cuarto huevo, Chilindrón se deslizó por -el tronco y con aire de afectada curiosidad se puso a mirar como bajaba -el famoso ladrón nortino, a quien, en cuanto puso pie en tierra, -preguntó:</p> - -<p>—¿Y cómo le fué, compañerito? ¿Lo sintió el águila?</p> - -<p>—Ni siquiera se meneó, compañero. Aquí traigo los huevos.</p> - -<p>Y Chilindrín metía las manos en sus bolsillos, las pasaba de uno a otro, -se palpaba todo el cuerpo, y, no encontrando nada, exclamó:</p> - -<p>—¡Caramba! ¿dónde los he metido? ¿qué se han hecho?</p> - -<p>—No busque más, compañero,—le dijo Chilindrón,—aquí están los huevos -que usted le robó al águila y que yo se los iba robando a usted a medida -que usted los guardaba en sus bolsillos. <i>Donde hay uno hay otro, y -nunca falta un roto para un descosido</i>, y para un Chilindrín aquí tiene -usted un Chilindrón.</p> - -<p>—¡Vengan esos cinco jazmines, compañero! Usted<span class="pagenum"><a name="page_172" id="page_172">{172}</a></span> es más diablo de lo que -yo me imaginaba, y con usted <i>me ha salido el futre</i>. Juremos ser -hermanos en adelante y vivir y trabajar juntos, y entonces ¿quién podrá -nada contra nosotros?</p> - -<p>Y con un apretón de manos sellaron el pacto de vivir unidos y marchar -siempre de acuerdo.</p> - -<p>Nuestros dos ladrones se establecieron en las afueras de la capital; y -como necesitaban de una persona que los cuidara en caso de enfermedad y -atendiera a los menesteres de la casa, acordaron que Chilindrín se -casaría con una hermana joven y bien parecida que Chilindrón tenía en el -Sur y que hicieron venir.</p> - -<p>Se casó, pues, Chilindrín, y todo marchaba a maravilla, pues los dos -amigos, con sus robos, se daban toda clase de comodidades.</p> - -<p> </p> - -<p>Gobernaba en ese entonces el país un Rey muy rico, que había recibido de -sus antepasados una enorme fortuna, que él, por su parte, había -acrecentado prodigiosamente. Las joyas, alhajas y monedas de oro que -componían esta fortuna, formaban grandes montones que se guardaban en -una elevadísima torre construida especialmente para este objeto, a los -pies del palacio, y la cual visitaba el Rey el día primero de cada mes.</p> - -<p>Nuestros ladrones, que oyeron hablar de estas riquezas, se propusieron -robarlas, y para el efecto, una noche, pasando por los techos de unas -casas a otras, llegaron hasta la torre, y como si fueran lagartijas, se -pegaron a la muralla y subieron hasta lo más alto, donde encontraron una -especie de ventana, o más bien tronera, que tenía atravesado un grueso -barrote de hierro. A éste, después de quebrar un vidrio, ataron una soga -que llevaban consigo, y se deslizaron por ella, primeramente Chilindrín -y en seguida Chilindrón.</p> - -<p>Los ojos de los ladrones no se saciaban mirando tantas<span class="pagenum"><a name="page_173" id="page_173">{173}</a></span> riquezas, a la -luz de un farol, de que también iban provistos; pero era preciso salir -antes que llegara el día; así fué que llenaron precipitadamente sus -bolsillos de lo que les pareció de más valor, y subiendo por el cordel, -que retiraron, se fueron a su casa, bastante satisfechos del resultado -obtenido. La visita se repitió varias noches consecutivas, con mejor -éxito aun, pues llevaron unos saquetes para el acarreo de lo que -robaran.</p> - -<p>Pero como los días corren unos tras otros sin que nadie pueda atajarlos -por bien que maneje el lazo, llegó el fin del mes, y al día siguiente el -Rey, acompañado de sus ministros y consejeros, se trasladó a la torre -para depositar el dinero recaudado en los treinta días anteriores y -contemplar sus riquezas.</p> - -<p>Pónganse ustedes en lugar del Rey y se darán cuenta de cómo se quedaría -aquel monarca avaro, que tenía su alma puesta en su tesoro, al ver el -enorme hueco dejado por los ladrones en el principal montón, en el que -estaban las alhajas más preciadas. Su ira no tuvo límites; desenvainando -el sable, arremetió contra sus ministros y consejeros, como si ellos -fueran los autores del robo. No es decible cuánto costó apaciguarlo.</p> - -<p>Una vez vuelto a la calma, se dedicaron todos a ver por dónde penetraba -el ladrón—ellos suponían que era uno solamente—empresa conceptuada -poco menos que imposible, ya que la torre no tenía otra entrada que la -puerta, y ésta, que era de hierro, tenía muchas cerraduras secretas, -sólo conocidas del Rey. Pero no descubrieron el menor rastro.</p> - -<p>Cien conjeturas se formaron a este respecto, a cual más descabellada, -hasta que un ciego, antiguo ladrón y actual consejero del Rey, que -formaba entre los del séquito dijo:</p> - -<p>—Que traigan ramas de árboles que estén bien secas y préndaseles fuego -aquí adentro, y los que tengan ojos vean desde afuera por dónde sale -humo; por ahí seguramente se introdujo el autor del robo.<span class="pagenum"><a name="page_174" id="page_174">{174}</a></span></p> - -<p>Y efectivamente, así se descubrió la tronera que servía de entrada a -Chilindrín y a Chilindrón.</p> - -<p>El ciego aconsejó que se guardara completo silencio acerca de lo -sucedido y que en el sitio preciso en que debía posar los pies el que -bajara desde la tronera, se colocara una gran tina de alquitrán -suficientemente espeso para que no pudiera salir el que penetrara en él, -y se esperara hasta el día siguiente. Se encontró bueno el consejo y se -siguió en todas sus partes.</p> - -<p>Ya entrada la noche, a la hora que tenían costumbre, nuestros -protagonistas subieron hasta la tronera de la torre y por la cuerda bajó -primero Chilindrín; y cuando, soltándola, se dejó caer al suelo, sintió -que se hundía hasta el pecho en una sustancia pegajosa, a la cual se -adhirió de tal suerte que no podía moverse. Inmediatamente gritó a su -compañero que bajaba detrás de él:</p> - -<p>—No te sueltes, porque te quedarás pegado, como yo, en esta tina de -alquitrán. Balancéate de modo que el cordel contigo tome vuelo, y cuando -te hayas desviado bastante del centro, déjate caer y me cortas la -cabeza, te la llevas y la entierras donde nadie te vea; así no sabrán -quién soy, y tú no te comprometerás.</p> - -<p>Con gran dolor de su alma, y sólo después de porfiarle mucho Chilindrín -exigiéndole que hiciera lo que le decía, Chilindrón le cortó la cabeza a -su cuñado y la dejó desangrar completamente dentro de la misma tina en -que quedaba el cuerpo; en seguida la envolvió bien en un gran pañuelo y -la guardó dentro del saquete que había llevado; y como en éste quedara -espacio todavía, escogió las más hermosas alhajas del gran montón y con -ellas lo llenó, y asegurándoselo bien al hombro, subió por el cordel, -que dejó colgando del barrote.</p> - -<p>El Rey, por su parte, pasó en vela toda la noche, contando las horas que -faltaban para coger al ladrón, y anticipadamente gozaba pensando en los -tormentos que le haría sufrir en público, para escarmiento de los que -pudieran tentarse de repetir la aventura.<span class="pagenum"><a name="page_175" id="page_175">{175}</a></span></p> - -<p>Y como nadie es capaz de atajar las horas, aunque muchos lo quisieran, -fueron sucediéndose una en seguida de otra hasta que llegó el día y el -momento en que el Rey y su séquito debían trasladarse a la torre del -tesoro.</p> - -<p>No es para descrita la cara que pusieron el Rey y sus acompañantes al -encontrarse con un cuerpo sin cabeza dentro de la tina. Nuevas iras del -monarca y nuevo trabajo de sus acompañantes para apaciguarlo. Quien en -definitiva consiguió reducirlo fué el ciego, asegurándole por todos los -santos del cielo que todo se descubriría.</p> - -<p>Una vez que se restableció la calma, habló nuevamente el ciego:</p> - -<p>—Lo que ustedes están viendo demuestra que los ladrones son dos, y no -uno solo, como habíamos creído. Para descubrir al segundo, propongo que -en un serón de cuero se arrastre por todas las calles de la ciudad el -cuerpo aquí presente; adelante irá un pregonero gritando: «Esta es la -justicia que hace el Rey nuestro señor, con los que pretenden robarle su -tesoro»,—y atrás, mezclados entre los curiosos, irán unos cuantos -individuos de la policía, disfrazados de paisanos; y cuando éstos oigan -que en alguna casa lloran o se lamentan, pondrán una señal en la puerta -de la calle. Después será fácil averiguar en cuál de las casas marcadas -vive la familia del ladrón degollado, y como <i>por la hebra se saca el -ovillo</i>, teniendo este dato, sin gran trabajo se dará con el ladrón que -falta.</p> - -<p>Todos encontraron excelente el consejo del ciego, y en la tarde del -siguiente día se ejecutaron sus instrucciones al pie de la letra.</p> - -<p>Cuando se inició el paseo del cuerpo, Chilindrón andaba en la calle, y -como no tenía un pelo de leso, sospechó al punto lo que se pretendía, y -más se aseguró en su creencia al distinguir entre la muchedumbre que -seguía al cadáver a varios miembros de la policía, disfrazados. -Apresuradamente se dirigió a su casa y comunicó a su hermana, la mujer -de Chilindrín, las sospechas que tenía, convertidas casi en certidumbre, -y le aconsejó que cuando pa<span class="pagenum"><a name="page_176" id="page_176">{176}</a></span>saran el cuerpo de su marido por frente de -la casa, no hiciera la menor manifestación de dolor: y para mayor -seguridad, la encerró en una pieza interior. Pero cuando la mujer oyó la -voz del pregonero y los gritos de la multitud, no pudo contenerse y se -lanzó a llorar a toda boca, de tal manera que, a pesar de las -precauciones tomadas por Chilindrón, las lamentaciones de la viuda se -oían perfectamente en la calle. Entonces Chilindrón se fué a la cocina y -cogiendo una hachuela se puso a partir leña y adrede se cortó el dedo -chico de la mano izquierda, y sacando a la viuda de donde estaba -encerrada, le mostró la mano chorreando sangre y le encargó que en sus -quejas se refiriera a este hecho. Y en efecto, cuando momentos después -el muerto y su séquito pasaban por la casa y uno de los soldados de la -policía disfrazados entró a averiguar de qué provenían las -lamentaciones, oyó que la mujer le decía:—«¡Te has cortado la mano! -¿qué va a ser de nosotros? Ya no podrás trabajar y nos moriremos de -hambre», y el herido contestaba:—«Si no es nada mujer, si apenas me he -cortado un dedo, que, en buena cuenta, no me hará ninguna falta». El -soldado, que vió lo que pasaba y oyó lo que ambos decían, creyó que era -cierta la causa del llanto de la mujer y se retiró sin hablar palabra. -Pero un segundo soldado, que al mismo tiempo que el otro había salido de -la multitud, había hecho, mientras tanto, una cruz con alquitrán líquido -en la puerta de la calle.</p> - -<p>La casa de Chilindrón fué la única en que se oyeron llantos en ese día. -En razón de lo cual el ciego aconsejó que prendieran al hombre del dedo -cortado y a la mujer llorona, porque uno y otro debían de ser parientes -del degollado. Pero cuando los de la policía llegaron a la calle en que -los presuntos reos vivían, no pudieron dar con la casa, porque todas las -del barrio, que eran exactamente iguales, tenían en su puerta la misma -cruz que el soldado había puesto por señal. ¿Qué había sucedido? Que -poco después de pasar el cortejo por su casa, Chilindrón había salido a -la calle a asomarse, y al entrar vió la cruz<span class="pagenum"><a name="page_177" id="page_177">{177}</a></span> en la puerta, y, siempre -sospechoso, por lo que pudiera suceder, hizo en la noche otra igual en -todas las puertas del barrio.</p> - -<p>La pesquisa no dió, pues, el resultado que se esperaba, y la ira del Rey -subió de punto, pero de nuevo el ciego lo calmó.</p> - -<p>Dijo el ciego:</p> - -<p>—Soy de opinión que se deje el cadáver en el cerro que hay en el -oriente de la ciudad y se publique por pregón que se le abandona para -que sea pasto de los buitres y los jotes; pero mientras tanto, algunos -soldados estarán en acecho ocultos entre los espinos del cerro, y en -cuanto vean que alguien se acerca para llevárselo, se apoderarán de él. -Como por el cerro no transita nadie, es claro que cualquiera que -atraviese por ahí, es porque trata de llevarse el cadáver.</p> - -<p>El consejo fué encontrado muy bueno, y el Rey ordenó ponerlo en -práctica.</p> - -<p>Pero Chilindrón, que era más diablo que el ciego, al oir el pregón -adivinó lo que se pretendía, y así que llegó la noche, vistió un hábito -franciscano, se encasquetó la capucha y armado de unas muy buenas -tijeras montó en una mula, en cuyas ancas aseguró un cuero de rico vino -añejo recargado con zumo de amapolas, y muchos hábitos de religioso de -la misma orden, y las echó para el cerro. A pesar de ser la noche muy -oscura, los soldados distinguieron perfectamente un bulto que llegaba al -lado del cadáver, al parecer un hombre que bajaba de un caballo, y al -punto corrieron hacia él para prenderlo; pero cuando llegaron se dieron -cuenta de que el que iban a tomar era un pobre fraile que devotamente -rezaba el rosario y que los invitó a hacerle coro. Los soldados no -aceptaron la invitación y más bien por fórmula que por otra cosa, le -preguntaron a dónde iba y por qué había elegido un camino que nadie -frecuentaba. El fraile contestó que en el convento se había concluído -por completo e! vino para la misa y había ido a la ciudad a comprar del<span class="pagenum"><a name="page_178" id="page_178">{178}</a></span> -mejor y ahí lo llevaba en un cuero a la grupa de su cabalgadura; que -aprovechando el viaje había pasado a comprar veinte hábitos, que también -le habían encargado, y que si había escogido el camino que pasaba por el -cerro era porque, yendo por él, se libraba de dar una gran rodeo por la -falda, y llegaría al convento antes de amanecer. Los soldados -comprobaron que verdaderamente la mula cargaba el cuero de vino y los -hábitos que decía el padre y al pedirle excusas por el susto que le -habían hecho pasar, le rogaron les convidase con un vasito de vino para -pasar el frío. Chilindrón les dijo que con mucho gusto y que no sólo un -vasito les daría, sino dos a cada uno; y sacando de la manga un vaso de -cuerno de tamaño más que mediano, fué llenándolo y pasándolo -sucesivamente a todos los soldados, y mientras escanciaba les -decía:—«Después que queden satisfechos me dejarán terminar -tranquilamente mi rosarito, pues tengo la santa devoción de rezar uno -completo, de quince casas, siempre que en mi camino tropiezo con algún -difunto».</p> - -<p>Terminada la primera rueda, comenzó a servirles de nuevo, pero la fuerza -del vino, y más que la del vino, la del narcótico, adormeció a los -soldados, que poco a poco fueron cayendo y quedaron tendidos en el suelo -como pollos muertos.</p> - -<p>Chilindrón esperó un rato, y después de comprobar que no los despertaría -ni una carreta que pasara por sobre ellos, sacó sus tijeras y con la -maestría de un peluquero de convento, les hizo corona y cerquillo; -después los desnudó de sus ropas y los vistió con los hábitos que había -llevado; y en seguida hizo un montón de uniformes y les prendió fuego, -tiró al suelo el odre y en su lugar colocó el cadáver de su amigo y -cuñado, montó en la mula y clavándole las espuelas, emprendió marcha a -su casa.</p> - -<p>Cuando los vapores del vino y los efectos del narcótico hubieron cesado, -los soldados abrieron los ojos y se miraron espantados; creyeron que -estaban soñando, pero al fin volvieron a la realidad y comprendieron la -san<span class="pagenum"><a name="page_179" id="page_179">{179}</a></span>grienta burla de que habían sido juguete. Después de deliberar un -rato, vieron que no tenían más remedio que presentarse al Rey como -estaban, para darle cuenta de la aventura que les había sucedido y que -había dado al traste con la comisión que se les encomendara.</p> - -<p>El Rey escuchó la relación sin inmutarse y comprendió que se las había -con un enemigo con quien no podía luchar, pero, como había que castigar -a alguien, ordenó que a cada uno de los soldados le dieran cien azotes, -para que otra vez no se dejaran meter el dedo en la boca, y que al ciego -lo quemaran, para no recibir de él consejos que, aunque sabios al -parecer, habían resultado desastrosos.</p> - -<p>Chilindrón siguió robando muy tranquilo algún tiempo más, sin que nadie -lo molestara, hasta que, cansado de la vida de ladrón, se fué con su -hermana a otro reino muy distante, en donde nadie los conocía, y pasaron -ahí la gran vida.</p> - -<h2><a name="num1-22" id="num1-22"></a>22. JUAN VALIENTE, EL DE LA VAQUILLA<br /><br /> -<small>(Referido por el niño Samuel Antonio Letelier, de Molina, de 9 años. Lo oyó contar en Linares.)</small></h2> - -<p>Estos eran un Rey y una Reina que tenían muchos potreros llenos de -animales, y los cuidaba un hombre muy honrado, que no sabía lo que era -miedo, y famoso campañista, el cual se llamaba Juan.</p> - -<p>Un día los reyes le mandaron a Juan que trajera todas las vacas, que -eran muchas, para ordeñarlas, y Juan las trajo y los reyes se recreaban -viendo tanta vaca gorda y cómo las lechaban.</p> - -<p>Entre las vacas había una vaquilla flacuchenta y chiquitita. El Rey le -dijo a la Reina:<span class="pagenum"><a name="page_180" id="page_180">{180}</a></span></p> - -<p>—Démosela a Juan para él; este hombre se ha portado muy bien con -nosotros y ha hecho crecer y le ha dado valor a nuestra hacienda.</p> - -<p>—Bueno—dijo la Reina—démosela—y se la dieron.</p> - -<p>Juan cuidó mucho su vaquilla y en poquito tiempo creció y engordó y se -puso más gorda que las vacas del Rey.</p> - -<p>Un día la vió la Reina y le dijo a Juan:</p> - -<p>—Mata esa vaquilla que está tan gorda, y la hacemos charqui.</p> - -<p>Juan le dijo:</p> - -<p>—Esa vaquilla es mía y no la mato sino cuando yo quiera.</p> - -<p>La Reina insistió en que la matara, pero Juan se fué donde el Rey a -poner reclamo.</p> - -<p>El Rey le dijo:—«Vete mejor con tu vaquilla a otra parte, porque la -Reina está muy enojada contigo y quiere que la maten».</p> - -<p>Se fué Juan con su vaquilla, y apenas se había alejado un poco de la -ciudad, unos bandidos salieron de una casa que había a la entrada de un -bosque y se la quitaron.</p> - -<p>En la noche Juan se escondió en el pajar de la casa de los bandidos para -ver si podía rescatar su vaquilla; pero desde su escondite vió cómo la -mataban y después se la comían asada.</p> - -<p>Juan tuvo mucha pena y llorando decía:—«Me la han de pagar estos -badulaques».</p> - -<p>Mientras comían y bebían, los bandidos formaban una gran zalagarda. El -capitán los hizo callar y les dijo:—«Vámonos a dormir y mañana subimos -al mirador a ver si pasa alguna niña para divertirnos con ella».</p> - -<p>Esto que oye Juan, sale calladito y se va a casa de una comadre a -pedirle ropa de mujer, se vistió con ella, se puso colorete, se empolvó -y debajo de las polleras escondió un sable bien afilado.</p> - -<p>Ya entrada la mañana, salió y pasó por frente a la<span class="pagenum"><a name="page_181" id="page_181">{181}</a></span> casa de los -bandidos, imitando el modo de andar de las mujeres.</p> - -<p>Los bandidos estaban en el mirador, y en cuanto la vieron, bajaron a -invitarla a tomar un refresco, porque hacía mucho calor. Ella aceptó y -le sirvieron licor y le pasaron la guitarra para que los divirtiera -tocando y cantando.</p> - -<p>En la tarde, el capitán echó a los bandidos que se fuesen a la montaña, -diciéndoles:—«Yo me quedaré aquí con esta prenda».</p> - -<p>Se fueron los bandidos; y mientras el capitán, vuelto de espaldas, -sacaba vino de un barril, Juan se arremangó las polleras, sacó el sable -y dió al jefe de los ladrones dos o tres feroces cuchilladas y arrancó a -esconderse en el mismo pajar.</p> - -<p>El capitán, que había quedado herido solamente, gritaba como un -condenado, tanto y tan fuerte que los bandidos que estaban en la montaña -oyeron los gritos y creyeron que el capitán habría matado a la niña, y -fueron corriendo a ver lo que había sucedido.</p> - -<p>Cuando entraron, hallaron el cuerpo del capitán en el suelo, muy mal -herido; lo tomaron, lo pusieron en la cama y uno dijo:—«Mañana temprano -salimos a buscar a alguna vieja médica yerbatera para que cure al -capitán».</p> - -<p>Juan, que oyó esto, se fué inmediatamente a casa de su comadre, y ahí, -con untos y pomadas, se pintó arrugas en la cara, tan bien que parecía -una verdadera vieja, y vistiéndose con muy pobres vestidos y llevando -escondido el mismo sable, se fué de madrugada a dar vueltas por frente a -la casa de los bandidos, haciéndose la que buscaba yerbas.</p> - -<p>Los bandidos, que estaban en el mirador, la vieron, y bajó uno a -preguntarle si conocía a alguna médica que supiera curar heridas.</p> - -<p>—Yo soy médica—le contestó Juan—y no hay quién me gane a curar -heridas.<span class="pagenum"><a name="page_182" id="page_182">{182}</a></span></p> - -<p>Entonces la llevó a presencia del capitán, y tras ellos siguieron los -demás bandidos.</p> - -<p>Examinó Juan las heridas con mucho cuidado y en seguida mandó a los -bandidos a la ciudad que fuesen a buscar una pomada que era muy escasa, -y que cada uno pasase a una botica diferente, por si los otros no la -encontraban.</p> - -<p>Salieron los bandidos, unos por un lado, otros por otro, y Juan subió al -mirador a aguaitarlos, y una vez que se aseguró de que iban lejos, sacó -el sable y acabó con la vida del capitán.</p> - -<p>Después de lo cual, se llenó los bolsillos de plata, anillos y -prendedores de oro, que encontró en gran cantidad en la pieza del -capitán, y se fué a casa de su comadre, en donde se lavó bien y se -vistió de hombre.</p> - -<p>Cuando volvieron los bandidos, se encontraron con su capitán muerto y se -dijeron:—«Pillados somos, vámonos de aquí»—y se fueron para Chillán.</p> - -<p>Juan, que los había seguido, cateándolos, en cuanto vió que no volvían, -se fué con sus padres y unas carretas a la casa de los bandidos y a -hachazos echaron las puertas abajo y se llevaron todo cuanto -encontraron, dejando la casa totalmente desnuda y quedando ellos muy -ricos.</p> - -<p>Poco tiempo después volvieron los bandidos y no hallaron sino las -murallas peladas. Entonces comenzaron a averiguar quién en la ciudad se -había hecho rico de repente en los últimos días, y supieron que Juan -Valiente, el de la vaquilla, se encontraba en este caso.</p> - -<p>Se propusieron entonces saltearlo y matarlo, porque no dudaron que él -era el que había matado a su capitán y robado todos sus bienes; pero -Juan, que no se descuidaba, sabía que los bandidos habían vuelto y que -habían de atacarlo de un momento a otro.</p> - -<p>Así fué que cuando los bandidos vinieron a saltearlo, lo encontraron en -la puerta armado de su sable; y como<span class="pagenum"><a name="page_183" id="page_183">{183}</a></span> Juan los había visto desde lejos, -tuvo tiempo de mandar a su padre a avisar a la policía.</p> - -<p>Comenzando a pelear estaba Juan con los bandidos y ya había matado a uno -y a otro lo había dejado mal herido, cuando llegó la policía y tomó -presos a todos los salteadores, que después de juzgárseles, fueron -ahorcados, con lo cual Juan y sus padres vivieron tranquilos, gozando de -las riquezas que Juan había quitado a los ladrones.</p> - -<p>Y con esto se acabó el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la -guatita al aire y el potito al viento.</p> - -<h2><a name="num1-23" id="num1-23"></a>23. LA SAPITA ENCANTADA.<br /><br /> -<small>(Referido por Beatriz Montecinos.)</small></h2> - -<p>Estos eran un Rey y una Reina que tenían tres hijos, que se llamaban -Pedro, José y Juan; y era costumbre en el reino que el Rey dejara su -corona a aquel de sus hijos que mejor le pareciere, sin tomar para nada -en cuenta la edad; y así podía sucederle cualquiera de ellos, aunque -fuese el menor.</p> - -<p>¿Cuál de los tres heredaría el trono? Cuestión era ésta que preocupaba -grandemente al anciano Rey, que no se decidía por ninguno, porque por -los tres sentía igual cariño; ni podía partir el reino para dar a cada -uno su parte, porque de la división resultarían tres pequeños estados, -expuestos en todo momento a ser absorbidos por los reinos vecinos, que -eran tan fuertes y poderosos como el país en cuestión.</p> - -<p>La Reina le aconsejó que para salir de cuidado pusiera sus hijos a -prueba enviándolos fuera del reino, con la condición de que regresaran -casados, en un año, y con dos regalos para los reyes, y aquel cuya -esposa fuera la más<span class="pagenum"><a name="page_184" id="page_184">{184}</a></span> bella y cuyos regalos fueran más hermosos y de más -valor, sería el heredero del trono.</p> - -<p>El Rey se dijo: <i>El consejo de la mujer es poco, pero quien no lo sigue -es un loco</i>, y decidiéndose por el que acababa de darle la Reina, que le -pareció bueno, llamó a sus hijos, les hizo ver el apuro en que se -encontraba y les propuso que salieran, se casaran y al año justo -tornaran a palacio, y que la corona le correspondería al que volviera -con la esposa más bella y trajera a los reyes dos obsequios que fueran -reputados superiores al de los otros dos.</p> - -<p>Los príncipes aceptaron sin vacilar y sólo pidieron que antes de partir -se les indicara en qué debían consistir los regalos. Después de corta -deliberación, los Reyes acordaron que el premio se adjudicaría al que -presentara, además de la esposa más linda, la pieza de tela más fina y -el perro más hermoso y más pequeño.</p> - -<p>Los príncipes se despidieron cariñosamente de sus padres y partieron -siguiendo el mismo camino, hasta llegar a un punto en que éste se -dividía en tres. Aquí se abrazaron, y prometiendo reunirse en el mismo -sitio al cumplirse el plazo acordado, cada cual tomó su camino.</p> - -<p>Pedro, que era el mayor, tomó el de la derecha, y pasados unos cuantos -días llegó a una casita que se levantaba a orillas de una laguna y en -cuya puerta estaba una señora de edad. En el interior cantaba una niña -con voz maravillosa, y Pedro, pensando que tan linda voz no podía -provenir sino de una persona también muy linda, se propuso conocerla y -pidió permiso a la señora para entrar; pero ella le contestó que lo -dejaría atravesar los umbrales sólo en caso de que prometiese casarse -con la que cantaba. Prometiólo el joven, y entró al salón de la casa, -pero por más que escudriñaba por todas partes, no descubría a persona -alguna, hasta que, en un rincón vió a una Sapita que saltaba.</p> - -<p>—¿Es ésta la que canta?—preguntó Pedro.<span class="pagenum"><a name="page_185" id="page_185">{185}</a></span></p> - -<p>—Sí, ella es—contestó la señora.</p> - -<p>—¿Quién se va a casar con esta sapa asquerosa?—repuso el príncipe, y -lanzándole un escupo, se mandó cambiar.</p> - -<p>Momentos después, José, el segundo de los hijos del Rey, llegó al mismo -sitio, porque a él concurrían los tres caminos; y para abreviar diremos -que le pasó lo mismo que a su hermano Pedro, sólo que, en vez de escupir -a la Sapita, le dió un feroz puntapié y la disparó lejos.</p> - -<p>No haría una hora que había salido José, cuando Juan, el tercero de los -hermanos, llegó a la casita, y oyendo aquella voz tan dulce y melodiosa, -se quedó alelado. Cuando calló la que cantaba, Juan rogó a la señora que -le presentara a la hermosa artista, pues no dudaba que debía de ser -hermosa quien tan linda voz tenía. La señora consintió, pero, como en -los dos casos anteriores, hizo antes prometer a Juan que se casaría con -la que cantaba. Juan se lo juró, y entonces ella le mostró a la Sapita, -que en ese momento andaba a saltitos en su rincón. El Príncipe, aunque -sintió un movimiento de repugnancia, dijo:</p> - -<p>—Palabra de Juan no puede faltar: estoy dispuesto a casarme.</p> - -<p>—Y no te pesará—exclamó la Sapita.</p> - -<p>Y el casamiento se celebró inmediatamente.</p> - -<p>Juan a veces se ponía triste y se sentía desgraciado; pero la voz -encantadora de la Sapita, que parecía adivinar sus penas, y sus palabras -tiernas y cariñosas lo consolaban y le hacían olvidar la fealdad de la -que era su mujer.</p> - -<p>Los otros dos hermanos también se habían casado, pero sus mujeres eran -hermosas y ricas.</p> - -<p>Cuando ya se aproximaba el término del año, Pedro y José pensaron en -volver a palacio, y ocupando lujosos carruajes, partieron con sus -esposas, que iban elegantemente ataviadas.</p> - -<p>Al pasar por la casita de la laguna, vieron a Juan en la puerta, lo -saludaron sin bajarse de sus coches y le<span class="pagenum"><a name="page_186" id="page_186">{186}</a></span> pidieron les presentase a su -mujer. Antes que Juan contestara, saltó la Sapita y les dijo:</p> - -<p>—Yo soy la mujer de Juan, y dentro de poco nos juntaremos con ustedes -en el lugar convenido.</p> - -<p>Los dos príncipes y sus mujeres, al ver tan singular esposa, soltaron -una carcajada y dijeron a Juan:</p> - -<p>—¿Cómo te atreverás a presentarte ante nuestros padres acompañado de -esa horrible sapa casposa?</p> - -<p>—Esta ha sido mi suerte—respondió Juan—y estoy contento con ella; -esta horrible sapa, como ustedes la llaman, es mi mujer, me ha hecho -feliz y con ella iré a postrarme ante mis padres.</p> - -<p>Los dos príncipes partieron y convinieron en seguir a palacio sin -esperar a Juan en la encrucijada. Creían que el premio se disputaría -entre los dos solamente, pues no les pasaba por la imaginación que se -asignara al marido de una sapa. ¿Y los regalos que Juan debía presentar? -¿De dónde habría sacado dinero para comprarlos? La casita en que vivía, -modesta por demás, demostraba, a las claras, su probreza. Pero, como -dice el refrán, <i>el hombre prepara y Dios dispara</i>, y a esos malos -hermanos les salió el tiro por la culata.</p> - -<p>Transcurrida una hora, la Sapita dijo a Juan:</p> - -<p>—Ya es tiempo de que nos vamos. Ve al huerto y encontrarás dos -burritos: amárralos al viejo carretón que está detrás de la casa y -subamos a él en compañía de la señora que tanto y tan bien nos ha -cuidado. Los burros conocen el camino que han de seguir y saben lo que -han de hacer. En esta cajita hay dos nueces; cuando llegue el momento de -entregar los regalos que debes presentar a tus padres, a cada uno le -pasarás una nuez y les rogarás que las abran. Y vámonos.</p> - -<p>Los burros emprendieron un trotecito muy cundidor y el carretón, que -parecía que de un momento a otro se iba a desarmar, de puro viejo, -crujía como un diablo, pero nada malo le pasaba. Después de algunas -horas de marcha, encontraron en el camino a Pedro, cuyo lujoso<span class="pagenum"><a name="page_187" id="page_187">{187}</a></span> coche se -había volcado y hecho pedazos, maltratando a su mujer y dejándola tuerta -para toda su vida, pues una astilla desprendida del carruaje le arrancó -un ojo. Con estos contratiempos, Pedro estaba con un genio de mil -demonios; así es que cuando la Sapita les ofreció a él y a su mujer un -sitio en el carretón, en vez de agradecérselo, la echó a buena parte.</p> - -<p>Una nube de tristeza cubrió el rostro de Juan, que no pudo oir sin -profundo dolor las palabras poco amables de su hermano; pero la Sapita, -que parecía leer en el pensamiento de su marido, le dijo al punto:</p> - -<p>—Desecha tus penas, hijo; no le hagas juicio a tu hermano; pronto -terminarán nuestros pesares y seremos completamente felices.</p> - -<p>Y los burros emprendieron de nuevo su marcha, y no se detuvieron sino un -poco más adelante, en que encontraron a José, a quien se le habían -encabritado los caballos, despedazándole el coche a patadas, una de las -cuales aplastó la hermosa nariz de su mujer y la dejó completamente ñata -para todos los días de su vida. José estaba que no cabía en sí de rabia, -así es que cuando Juan se ofreció para ayudarlo, o si mejor le parecía, -para llevarlos a él y a su esposa en el carretón, se desató en insultos -contra él y la Sapita, a quien llamó asquerosa.</p> - -<p>Juan no dijo nada, pero el dolor lo consumía. La Sapita le dijo:—“¿Por -qué está triste? No haga juicio de los denuestos de su hermano; ¿no ve -que son hijos de la desgracia que ha sufrido? Alégrese, que ya falta -poco para que terminen nuestras penas”.—Y para consolarlo le cantó una -de las más bellas canciones que sabía, la que más le gustaba a Juan.</p> - -<p>Mientras tanto los burritos seguían su menudo trote y no tardaron en -llegar a orillas de un arroyo que pasaba muy cerca de la ciudad en que -residían los reyes. La Sapita dió un salto y se metió en el agua y en el -mismo instante se convirtió en la más hermosa princesa que jamás vieron -ojos humanos. El Príncipe se arrodilló a sus<span class="pagenum"><a name="page_188" id="page_188">{188}</a></span> pies y extasiado le besaba -las manos. La Princesa le dijo:—Príncipe, es preciso que lleguemos hoy -a palacio; vuestros hermanos han comprado nuevos coches y se acercan a -mata caballos. Subamos al nuestro, que por muy despacio que nos lleve, -siempre llegaremos antes que ellos.</p> - -<p>Sólo entonces el Príncipe se dió cuenta de nuevos cambios maravillosos: -su traje, completamente nuevo, era de un valor extraordinario; la -anciana señora que les había servido de ama de llaves, era una hermosa -dama elegantemente vestida; los burritos se habían transformado en dos -preciosos caballos ricamente enjaezados; y el carretón se había -convertido en una carroza tan linda que seguramente no se encontraría -otra igual en cocheras reales.</p> - -<p>Llegaron a palacio, y los reyes experimentaron la mayor alegría al -volver a ver a su hijo menor y se sintieron deslumbrados ante la -hermosura y elegancia de su nuera y la majestad de la señora que la -acompañaba.</p> - -<p>Después de besar y abrazar cariñosamente a Juan y a su esposa, les -pidieron que les contaran sus aventuras.</p> - -<p>Refirió el Príncipe cuanto le había pasado desde su salida; y la dama, -cómo una bruja, por odio al Rey su esposo, que quiso arrojarla de sus -estados, con sus malas artes mató al Rey y convirtió a la Princesa en -una sapita, dejándole sólo su hermosa voz y condenándola a vivir en esa -condición hasta un año después que un príncipe consintiera en casarse -con ella; y como hoy se cumplió el año en que el príncipe Juan contrajo -matrimonio con mi hija, la veis transformada en lo que era cuando la -bruja se ensañó contra nosotros.</p> - -<p>Terminaba la dama su relato cuando entraron Pedro y José con sus -respectivas consortes, tuerta la del primero, y con la nariz quebrada la -del segundo, y ambas con sus trajes sucios y despedazados, pues no -habían tenido tiempo de comprar otros nuevos, por temor de llegar -atrasados.<span class="pagenum"><a name="page_189" id="page_189">{189}</a></span></p> - -<p>Grande fué también el gusto que manifestaron los reyes con la llegada de -sus dos hijos mayores, pero el alma se les fué a los pies al ver la -facha de sus mujeres: ¡la una tuerta y con la mitad del rostro hinchado, -y la otra con la nariz desparramada por toda la cara! ¡El contraste era -grande entre ellas y la mujer de Juan! No había duda: el premio le -correspondía a éste. Pero ¿y si los obsequios que debía traer Juan eran -inferiores a los de Pedro y José? Era necesario verlos para resolver.</p> - -<p>Convocaron a los grandes de su Corte para que sirvieran de árbitros, y -ante ellos fueron presentando sus regalos los tres príncipes. Pedro, -como mayor, se acercó el primero y entregó un valioso cofre de cedro -como de media vara, y abierto, sacaron una pieza de tela de seda que -mediría unas veinte varas, muy hermosa, muy fina, con bordados -preciosísimos; de otra caja sacaron un lindo perrito, de una cuarta de -alto, más o menos. Una y otra cosa merecieron ruidosos aplausos, y en -verdad que los merecían.</p> - -<p>Siguió José, que abriendo un cofre de plata de las mismas dimensiones -que el entregado por Pedro, sacó otras veinte varas de tela, también de -seda, pero más fina, más rica y más hermosa que la de su hermano. El -perrito era también más lindo, y más chiquitín que el de Pedro. Estos -obsequios valieron a José una salva de aplausos más larga y bulliciosa -que la anterior.</p> - -<p>Por último, acercóse Juan, que respetuosamente entregó al Rey una de las -nueces que le había dado la Sapita, y la otra a la Reina, y les rogó las -abrieran. Hiciéronlo sin esfuerzo, pues casi se abrieron por sí solas, y -la Reina sacó de la suya una tela primorosamente tejida, de finísimo -hilo de oro y que medía mil varas de largo, ¡cómo sería de fina que toda -cabía en la cáscara de una nuez! De la que abrió el Rey saltó a la mesa -que estaba frente a los monarcas un perrito tan diminuto, tan bellamente -lindo que causó la admiración de todos los presentes. El perrito se puso -a bailar y en cada vuelta que<span class="pagenum"><a name="page_190" id="page_190">{190}</a></span> daba lanzaba perlas y diamantes y toda -clase de piedras preciosas. No son para contar los aplausos con que -fueron recibidos ambos objetos y las aclamaciones y vítores que obtuvo -la declaración del Rey de que Juan, el menor de sus hijos, sería el -heredero del trono.</p> - -<p>Y se acabó el cuento y se lo llevó el viento.</p> - -<h2><a name="num1-24" id="num1-24"></a>24. GALLARIN Y EL GIGANTE.<br /><br /> -<small>(Contado en Febrero de 1923 por el maestro carpintero Tránsito González, -de 57 años, residente en Peñaflor.)</small></h2> - -<p>Vivían en un pueblo tres hermanos. Los dos mayores, Juan y Pedro, eran -grandes envidiosos; en cambio, Gallarín, el menor, gozaba de la simpatía -de todo el mundo por su bella presencia y sus buenos sentimientos.</p> - -<p>Un día se les antojó a los dos primeros salir a rodar tierras y no -querían que el menor los acompañara; pero a fuerza de súplicas consiguió -que lo llevaran.</p> - -<p>Anduvieron todo un día, y en la noche llegaron a un castillo en que les -dieron alojamiento.</p> - -<p>Este castillo era de un gigante que tenía tres hijas, y como no había en -él sino una cama para cada una de las personas de la casa, acostaron a -cada hermano con una de las hijas del Gigante.</p> - -<p>Gallarín se fijó que las niñas dormían tocadas con sendos gorros y como -era muy habiloso y algo malicioso, cuando todos dormían se levantó de -puntillas, les sacó los gorros a las niñas, se puso uno él y los otros -dos a sus hermanos, y apagó la luz.</p> - -<p>Gallarín, que temía les hicieran una mala jugada, no dormía, así es que -pudo oir que el Gigante decía a su mujer:<span class="pagenum"><a name="page_191" id="page_191">{191}</a></span></p> - -<p>—Ya será hora de matarlos para hacer una buena cazuela con ellos y -comerlos mañana. Están bien gorditos y la carne es tierna; ¡tendremos -excelente comida para todo el día!</p> - -<p>Y entrando al dormitorio, se acercó a las camas, y cabeza que encontraba -sin gorro ¡zas! caía al suelo cortada por el machete del Gigante, un -machete enorme y muy afilado.</p> - -<p>Concluída esta tarea, el Gigante se retiró a dormir a su pieza, y cuando -Gallarín lo sintió roncar—roncaba tan fuerte que parecía salían truenos -de su boca—les sacó los gorros a sus hermanos, los despertó y les dijo:</p> - -<p>—Hermanitos, es necesario huir inmediatamente, porque si el Gigante nos -pilla cuando se levante, nos mata y nos come hechos cazuela.</p> - -<p>Estaba aclarando, de modo que Juan y Pedro pudieron ver degolladas a las -tres hijas del Gigante, y de la impresión que recibieron, apenas podían -andar, porque las piernas les temblaban; pero Gallarín les infundió -ánimo y les hizo ver lo que se les esperaba si no huían pronto. Salieron -siguiendo a Gallarín, y apenas habían atravesado un gran círculo de -plantas de maravillas que rodeaba el castillo y que era hasta donde -alcanzaba el poder del Gigante, éste los vió desde una ventana.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">—¡Ah, pícaro Gallarín—le gritó—<br /></span> -<span class="i0">¡Asesinaste a mis hijas,<br /></span> -<span class="i0">me robaste mis tres gorros!<br /></span> -<span class="i0">¡Ah, pícaro malnacido!<br /></span> -<span class="i0">si te pillo te devoro!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>El Gigante sentía la muerte de sus hijas casi tanto como el robo de los -tres gorros; éstos eran de virtud: el que se los ponía al revés obtenía -todo lo que deseaba.</p> - -<p>Se fueron los tres hermanos y después de unas cuantas horas de marcha -llegaron a la capital del reino. Los tres hermanos consiguieron ocuparse -en el palacio del Rey:<span class="pagenum"><a name="page_192" id="page_192">{192}</a></span> los dos mayores como trabajadores al día y -Gallarín como cuidador de pavos.</p> - -<p>La hija del Rey, que era muy linda, se prendó de Gallarín, y esto les -causó una profunda envidia a Juan y a Pedro. Para perder a su hermano, -fueron donde el Rey y le dijeron:</p> - -<p>—Señor, su pavero Gallarín se ha dejado decir que así como mató a las -hijas del Gigante y le robó los tres gorros, es capaz de robar el Loro -adivino que tiene el mismo Gigante en su castillo.</p> - -<p>—¿Eso ha dicho Gallarín?</p> - -<p>—Sí, Señor; eso ha dicho.</p> - -<p>Hizo llamar el Rey a Gallarín, y le dijo:</p> - -<p>—Gallarín, tú te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas -del Gigante y te trajiste los tres gorros eras capaz de traerte el Loro -adivino que hace tiempo me robó el Gigante...</p> - -<p>—No, mi Rey, yo no he dicho tal cosa.</p> - -<p>—Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto.</p> - -<p>Se retiró Gallarín a lo último del huerto y se sentó a llorar en un -tronco que ahí había. En ese momento pasó la Princesa y le preguntó por -qué estaba tan afligido.</p> - -<p>—¿Cómo no lo he de estar, mi Princesa—le contestó Gallarín—siendo que -el Rey me ha dicho que así como maté a las tres hijas del Gigante y me -traje los tres gorros, tenía que traerle el Loro adivino?</p> - -<p>—No se te dé nada—le dijo la Princesa;—lleva este pan y este frasco -de vino y le dices al Loro:—«Mira, Lorito, este es del pan que comías y -del vino que tomabas antes en el reinato de tu antiguo -dueño».—«¿Dame?», te dirá él.—«No te doy», le contestarás tú.—«¡Dame -un poquito, aunque más no sea!» te replicará.—Y entonces tú le darás -pan sopeado en vino, y cuando ya esté curado, lo agarras; y no tengas -cuidado, suceda lo que suceda. Te advierto que el Gigante, cuando está -con los ojos abiertos, está durmiento, y si tiene los ojos cerrados, -está despierto.<span class="pagenum"><a name="page_193" id="page_193">{193}</a></span></p> - -<p>Partió Gallarín para el castillo y encontró al Gigante con los ojos -abiertos; pasó de puntillas por delante de él para no despertarlo, y -llegando hasta donde estaba el Loro, le mostró el pan y el vino que -llevaba.</p> - -<p>—Mira, Lorito, este vino es del que tomabas y este pan del que comías -antes, en el reinato de tu antiguo dueño.</p> - -<p>—¡Ay! qué ricos eran! ¿dame?</p> - -<p>—No te doy.</p> - -<p>—Dame un poquito, aunque más no sea, para probarlos.</p> - -<p>Entonces Gallarín mojó un pedazo de pan en el vino, que era muy añejo, y -se lo dió al Loro, que lo comió con ansias; y le dió más y más hasta que -el pan y el vino se acabaron y el Loro quedó completamente borracho. -Entonces Gallarín lo agarró para huir con él; pero apenas el Loro se vió -cogido, comenzó a gritar desaforadamente:</p> - -<p>—¡Amito! amito! que me llevan!</p> - -<p>A los gritos despertó el Gigante, asió a Gallarín y lo amarró de pies y -manos a un poste, en el último patio del castillo, para comérselo -después.</p> - -<p>El Gigante estaba que no cabía en sí de gusto por haber aprisionado a -Gallarín, así es que salió a convidar otro gigante, su compadre, «para -comerse un cordero tiernecito»—así le dijo.</p> - -<p>Mientras el Gigante andaba afuera, su mujer preparaba el fondo en que -iban a cocer al pobre Gallarín, y con un hacha se puso a partir leña -para encender el fuego. Gallarín, nada tranquilo, miraba cómo trabajaba -la mujer por cortar un grueso tronco demasiado duro, y de pronto se le -ocurrió una idea y le dijo:</p> - -<p>—¡Me da no sé qué, señora, verla trabajar tanto! Si me soltara las -manos siquiera, yo le ayudaría a partir la leña.</p> - -<p>La mujer del Gigante le creyó, le soltó las manos y le entregó el -hacha.<span class="pagenum"><a name="page_194" id="page_194">{194}</a></span></p> - -<p>—Acérqueme el tronco, porque así como estoy, amarrado de los pies, no -alcanzo hasta él.</p> - -<p>La mujer le acercó el tronco.</p> - -<p>—Ahora sujétemelo bien para que no se mueva.</p> - -<p>Y en cuanto la mujer se agachó para sujetar el tronco, mi buen Gallarín -le asesta tan feroz hachazo en el cogote que me la deja tendida, muerta. -Con la misma hacha cortó la cuerda con que tenía atados los pies, en -seguida desnudó a la mujer, la despresó y la echó al fondo, que estaba -hirviendo con las papas, choclos, porotos, zapallo, ajos y cebollas -correspondientes; después tomó la cabeza y la arregló en la cama en que -ella dormía, dejándole los chapes colgando, y en lugar del cuerpo colocó -una almohada debajo de las cobijas, cogió al Loro y disparó a toda -carrera.</p> - -<p>Cuando llegaron los dos gigantes, se fueron al último patio.</p> - -<p>—¡Qué rica debe de estar la cazuela, compadre! ¿No siente el olorcito -que sale del fondo?</p> - -<p>—¡Cómo no, pues, compadre! debe de estar de chuparse los bigotes!</p> - -<p>—Y la Micaela, ¿dónde estará?</p> - -<p>Se fué a buscarla y vió que estaba en la cama.</p> - -<p>—¡Pobre Micaela! Cómo habrá trabajado, compadre, que de puro cansada se -acostó; durmiendo está en su cama. Comeremos nosotros y le guardaremos -su parte; dejémosla que descanse.—Y se pusieron a comer.</p> - -<p>—¡Caráfita que está rica la cazuelita! si el corderito era tan bien -retierno, cómo no había de salir buena!</p> - -<p>Y el Gigante mete el cucharón al fondo por quinta vez y se sirve él una -presa y le pasa otra a su compadre. Este observa la presa que acaban de -servirle y todo asustado, exclama...</p> - -<p>—¡Compadre! usted me convidó a comer un corderito y resulta que lo que -estamos comiendo es una oveja! ¡mire la marca!—y le mostraba la presa -que tenía en la mano.<span class="pagenum"><a name="page_195" id="page_195">{195}</a></span></p> - -<p>—¿Qué es esto?...—grita el Gigante—y dispara corriendo como un -condenado, a ver a su mujer, porque una sospecha terrible pasó por su -imaginación.</p> - -<p>Llega a la cama de su mujer, tira las cobijas al suelo y no ve sino la -cabeza de Micaela y una almohada. El Gigante, que quería entrañablemente -a su mujer, se puso a lanzar grandes alaridos y a gritar:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">—¡Ah, pícaro Gallarín!<br /></span> -<span class="i0">¡Asesinaste a mis hijas,<br /></span> -<span class="i0">te llevaste mis tres gorros,<br /></span> -<span class="i0">me mataste a mi mujer<br /></span> -<span class="i0">y me robaste mi Loro!<br /></span> -<span class="i0">¡Ah, pícaro malnacido!<br /></span> -<span class="i0">si te pillo, te devoro!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Llegó Gallarín al palacio y entregó el Loro al Rey, quien dió muestras -de la mayor alegría al contemplar en su poder esta ave maravillosa, que -antes había sido suya y le había sido arrebatada por el Gigante.</p> - -<p>Pasó algún tiempo, y Juan y Pedro, que hervían de envidia al ver la -predilección que la Princesa demostraba por Gallarín, volvieron donde el -Rey y le dijeron:</p> - -<p>—Sepa su Sacarrial Majestad que su pavero Gallarín se ha dejado decir -que así como mató a las tres hijas del Gigante, se trajo los tres -gorros, le mató a la mujer y le robó el Loro adivino, es capaz de -quitarle el Caballo de las campanillas de oro, que está encerrado bajo -siete llaves.</p> - -<p>—¿Eso ha dicho Gallarín?</p> - -<p>—Sí, Señor, eso ha dicho.</p> - -<p>El Rey hizo llamar a Gallarín.</p> - -<p>—Gallarín, tú te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas -del Gigante, te trajiste los tres gorros, le mataste a la mujer y le -robaste el Loro adivino, eras capaz de quitarle el Caballo de las -campanillas de oro, que tiene encerrado bajo siete llaves.<span class="pagenum"><a name="page_196" id="page_196">{196}</a></span></p> - -<p>—No, Señor; yo no he dicho tal cosa.</p> - -<p>—Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto.</p> - -<p>Salió Gallarín triste y cabizbajo y se sentó a llorar amargamente en una -piedra que había a lo último del jardín. En ese momento pasaba la -Princesa por ahí mismo.</p> - -<p>—¿Por qué lloras, Gallarín?</p> - -<p>—¿Cómo no he de llorar, mi Princesa, cuando mis hermanos, que desean mi -muerte, han ido donde el Rey con el chisme de que yo había dicho que así -como maté a las tres hijas del Gigante, me traje los tres gorros, le -maté a su mujer y le robé el Loro adivino, era capaz de quitarle el -Caballo de las campanillas de oro, que tiene encerrado bajo siete -llaves?</p> - -<p>—No se te dé nada, Gallarín; anda no más, que te irá tan bien como en -las veces anteriores. Toma este poco de algodón y esta espadita de -virtud; aplicas la punta de la espada a la chapa de cada puerta y las -siete se abrirán en cuanto las toques. Después te acercas al caballo, -rellenas bien de algodón las siete campanillas de oro para que no suenen -y aseguras el algodón con cáñamo, para que no se desprenda; te pones las -espuelas que hallarás colgadas detrás de la séptima puerta; en seguida, -le sacas al caballo la silla, lo montas en pelo, le clavas las espuelas -a toda fuerza y el caballo saldrá del castillo a todo correr. Pero no se -te olvide mirar antes si el Gigante está durmiendo, que ya sabes que -duerme cuando tiene los ojos abiertos y está despierto cuando los tiene -cerrados.</p> - -<p>Llegó Gallarín al castillo mientras el Gigante dormía, de modo que pudo -hacer sin inconveniente cuanto la Princesa le había ordenado, aunque -sintió deseos locos de venirse con la silla, que era muy rica: pero, por -suerte para él, la dejó y montó en pelo.</p> - -<p>El Gigante vino a darse cuenta del robo cuando ya Gallarín había salido -del círculo de maravillas, y no pudiendo hacer otra cosa, se puso a -gritar desaforadamente:<span class="pagenum"><a name="page_197" id="page_197">{197}</a></span></p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">—¡Ah, pícaro Gallarín!<br /></span> -<span class="i0">¡Asesinaste a mis hijas,<br /></span> -<span class="i0">te llevaste mis tres gorros,<br /></span> -<span class="i0">me mataste a mi mujer<br /></span> -<span class="i0">y me robaste mi Loro,<br /></span> -<span class="i0">y hoy me has robado el Caballo<br /></span> -<span class="i0">de las campanillas de oro!<br /></span> -<span class="i0">¡Ah, pícaro malnacido!<br /></span> -<span class="i0">si te pillo, te devoro!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>El Caballo salió a todo escape y no paró hasta llegar con su jinete a -las mismas gradas del trono.</p> - -<p>Grande fué la alegría del Rey al ver al Caballo de las campanillas de -oro y quiso premiar a Gallarín, pero éste le dijo que mientras tanto se -contentaba con ser el cuidador de sus pavos, que a su tiempo le pediría -el galardón que creyera le correspondía.</p> - -<p>Siguió pasando el tiempo, que no se detiene en su marcha, y aún no se -había cumplido un mes cuando Juan y Pedro, cuya envidia crecía con los -triunfos de Gallarín, fraguaron otra mentira contra el hermano que los -había librado de la muerte, que <i>así paga el Diablo a quien bien le -sirve</i>; y se presentaron al Rey.</p> - -<p>—Señor—le dijeron—ha de saber Su Sacarrial Majestad que su pavero -Gallarín se ha dejado decir que así como mató a las tres hijas del -Gigante, se trajo los tres gorros, le mató a la mujer y le robó el Loro -adivino y el Caballo de las campanillas de oro, es capaz de traer -prisionero al Gigante mismo.</p> - -<p>—¿Eso ha dicho Gallarín?</p> - -<p>—Sí, Señor; eso ha dicho.</p> - -<p>—¡Ah! y qué bueno fuera que me lo trajese prisionero, por que el -Gigante es el único enemigo que tengo, y libre de él, reinaría -tranquilo! Díganle a Gallarín que venga.</p> - -<p>Vino el pobre Gallarín.</p> - -<p>—¿Con que te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas del -Gigante, te trajiste los tres gorros, le<span class="pagenum"><a name="page_198" id="page_198">{198}</a></span> mataste a su mujer y le -robaste el Loro adivino y el Caballo de las campanillas de oro, te -encuentras capaz de traerme prisionero al Gigante mismo?</p> - -<p>—No, Señor; yo no he dicho tal cosa.</p> - -<p>—Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto.</p> - -<p>Salió Gallarín sumamente afligido por la exigencia del Rey, y fué a -sentarse a lo último del jardín, a tiempo que la Princesa pasaba por -ahí.</p> - -<p>—¿Por qué lloras, Gallarín?</p> - -<p>—¿Cómo no he de llorar, mi Princesa, cuando el Rey, instigado por mis -hermanos, que desean mi muerte, me ha dicho que así como maté a las tres -hijas del Gigante, me traje los tres gorros, le maté a su mujer y le -robé el Loro adivino y el Caballo de las campanillas de oro, era capaz -de traerle prisionero al Gigante mismo?</p> - -<p>—No se te dé nada, Gallarín, que en esta empresa te irá tan bien como -en las anteriores. Pídele al Rey mi padre que te mande hacer una gran -jaula de fierro, de gruesos barrotes, con ruedas y con dos -compartimentos: uno desde el que irás tú gobernando el carro, y otro que -será completamente independiente, con puerta que la puedas cerrar tú por -medio de un resorte y en el cual llevarás toda clase de mercaderías. Te -disfrazarás de comerciante francés y pasarás frente al castillo -ofreciendo tus mercaderías. Saldrá el Gigante, querrá comprar algo de lo -que llevas, lo harás entrar para que escoja, y en cuanto esté adentro, -sirviéndote del resorte cerrarás la puerta y te lo traes sin cuidarte de -sus gritos y maldiciones.</p> - -<p>Tal como se lo aconsejó la Princesa así lo hizo Gallarín. El Rey le -mandó fabricar la jaula, y una vez entregada, arregló en el -compartimento que debía ocupar el Gigante un buen número de valiosas -telas y curiosísimos objetos de adorno, y tirado el carro por diez -yuntas de bueyes que Gallarín dirigía desde el departamento que le -correspondía, se dirigió al castillo del Gigante, adornado el rostro de -largos bigotes y una hermosa pera postiza, pregonando con fingido acento -francés:—«Quelq chos<span class="pagenum"><a name="page_199" id="page_199">{199}</a></span> de tiend! necesit quelq chos de tiend!» El -Gigante, que estaba en la ventana, lo hizo detenerse y bajó a comprar -algunas cosas. Gallarín lo invitó a entrar para que escogiese más a -gusto, y el Gigante, sin sospechar nada, accedió, y Gallarín, en cuanto -lo vió adentro, tocó el resorte y la puerta se cerró a machote. El -Gigante, al verse preso, bramaba como un toro herido y con sus manazas -tomaba los barrotes y los estremecía tratando de quebrarlos, pero -inútilmente.</p> - -<p>Horas después, Gallarín entraba triunfante a la ciudad, con el Gigante -enjaulado, y era de ver cómo la gente se agolpaba en las calles -aplaudiendo al héroe, que con la prisión del Gigante libraba al reino de -su más terrible enemigo.</p> - -<p>Gallarín, antes de llegar a palacio, se puso uno de los gorros de las -hijas del Gigante con la parte de adelante hacia atrás, e inmediatamente -quedó convertido en un elegante joven, pero conservando siempre sus -hermosas y simpáticas facciones.</p> - -<p>El Rey y la Princesa, que lo esperaban, se levantaron de sus asientos -para recibirlo.</p> - -<p>—Creo, Gallarín—dijo el Monarca—que ha llegado el momento de que -pidas el premio de tus hazañas:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Mataste a las hijas del Gigante,<br /></span> -<span class="i0">le trajiste sus tres gorros,<br /></span> -<span class="i0">le mataste a su mujer<br /></span> -<span class="i0">y le robastes el Loro,<br /></span> -<span class="i0">después trajiste el Caballo<br /></span> -<span class="i0">de las campanillas de oro,<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">y por último, para coronar tu obra, hoy me has traído prisionero al -Gigante mismo. Pídeme lo que quieras, que si está en mis manos, te será -concedido.</p> - -<p>—Señor—contestó Gallarín—es grande mi osadía al manifestar a Su -Sacarrial Majestad mis pretensiones, pero si me atrevo a formularlas es -porque me veo alenta<span class="pagenum"><a name="page_200" id="page_200">{200}</a></span>do por una persona que es muy querida de Vuestra -Majestad;—y miraba a la Princesa que le hacía señas para que desechara -todo temor y hablara luego y claramente.</p> - -<p>—¿Y qué es lo que pretendes, Gallarín? Si grandes son tus pretensiones, -grandes son también las empresas que has acometido; vaya lo uno por lo -otro; habla sin cuidado.</p> - -<p>—Majestad, lo que yo pretendo es lo que más amáis: solicito la mano de -vuestra hija.</p> - -<p>El Rey, que se imaginaba que Gallarín le pediría riquezas y honores, tal -vez un título de grande del reino, al oir su petición, dió un salto y -casi se cayó del trono.</p> - -<p>—Pero ¿cómo te atreves a mirar tan alto? medita un poco en quién eres -tú y en quién es mi hija, mide la distancia que hay entre ambos y ve si -es posible tal unión.</p> - -<p>—Es cierto, Su Sacarrial Majestad, que una princesa no debe casarse -sino con un príncipe por lo menos; pero en manos de Su Sacarrial -Majestad está el hacerme príncipe a mí, y entonces ni ella se rebajará -ni yo me enalteceré al casarnos, pues seremos iguales.</p> - -<p>La Princesa no pudo contenerse y aplaudió a dos manos exclamando:</p> - -<p>—¡Bien, Gallarín, muy bien!—Con lo cual, impensadamente dió a conocer -sus sentimientos hacia su pretendiente, así es que el Rey no tuvo más -remedio que acceder a los deseos de los dos jóvenes.</p> - -<p>Gallarín fué hecho príncipe y se casó con la Princesa en medio del -entusiasmo de todo el pueblo, que los amaba y respetaba. Y fueron -felices durante su larga vida, como lo merecían por sus virtudes.<span class="pagenum"><a name="page_201" id="page_201">{201}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-25" id="num1-25"></a>25. SALIR CON SU DOMINGO SIETE</h2> - -<p>Había una vez un jorobado, buena persona, que llevaba su desgracia con -paciencia, y no era envidioso ni amigo de burlarse del prójimo, como son -casi todos los que tienen el espinazo quebrado; y este buen hombre salió -un día a hacer una diligencia a un pueblo inmediato al suyo y no pudo -regresar hasta la noche. Al pasar por un sitio extraviado, vió, desde un -matorral, un corro de brujas, las cuales, tomadas de las manos, daban -vuelta bailando y cantando:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Lunes y Martes, Miércoles tres,<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">sin cambiar este estribillo. El jorobadito, que era nervioso y vivo de -imaginación, viendo que las brujas no salían de la cantinela</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Lunes y Martes, Miércoles tres,<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">no pudo contenerse y desde su escondite gritó:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Jueves y Viernes, Sábado seis.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Las danzantes no cupieron en sí de gozo al ver tan lindamente completado -su canto, y, agradecidas, resolvieron premiar a la persona que había -tenido tan feliz inspiración. Llevado el joven al medio del corro, una -propuso darle un palacio; otra, todo el oro que deseara; la de más allá, -hacerlo rey; pero el jorobadito, que oía la discusión muy complacido, -les dijo:—«Yo me contentaría y me daría por muy feliz con que hicierais -desaparecer mi joroba y me asegurarais lo suficiente para tener un buen -pasar»,—gracias, ambas, que inmediatamente le fueron acordadas.<span class="pagenum"><a name="page_202" id="page_202">{202}</a></span></p> - -<p>Al día siguiente nuestro ex-jorobado tropezó en la calle con un amigo -que sufría del mismo mal de que él tan felizmente había sido curado por -las brujas. El amigo se extrañó de verlo tan cambiado y casi no lo -conoció, pues la ausencia de la joroba había convertido al antiguo -corcovado en un real mozo. A la pregunta que le hizo el amigo, a quien -la envidia roía las entrañas, de cómo había ocurrido tal metamorfosis, -el interrogado le refirió la aventura, y el giboso se prometió ir esa -misma noche al sitio en que las brujas se reunían; y así lo hizo, -ocultándose en el mismo matorral desde donde su amigo había presenciado -el baile. Momentos después llegaron las brujas y comenzaron la danza, -cantando:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Lunes y Martes, Miércoles tres,<br /></span> -<span class="i0">Jueves y Viernes, Sábado seis.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>El segundo jorobado, que también deseaba ver desaparecer su corcova, -imitando lo que su amigo había hecho, quiso agregar algo a los versos -que cantaban las brujas, y cuando por cuarta o quinta vez repetían</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Lunes y Martes, Miércoles tres,<br /></span> -<span class="i0">Jueves y Viernes, Sábado seis,<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">muy ufano exclamó:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Domingo siete.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Las brujas detuvieron inmediatamente la danza y unas a otras se miraron -contrariadas.</p> - -<p>—¿Quién es el estúpido que ha venido a perturbar nuestro hermoso -canto?—dijo una.</p> - -<p>—Busquémoslo—contestó otra.</p> - -<p>Y sin gran trabajo encontraron al pobre jorobado, que temblaba de miedo -ante la ira de aquellas mujeres, y lo arrastraron al medio del corro.<span class="pagenum"><a name="page_203" id="page_203">{203}</a></span></p> - -<p>—¿Qué castigo daremos a este miserable?—preguntó la que hacía de jefe.</p> - -<p>—Que le salgan cuernos y rabo—dijo una.</p> - -<p>—Que cuando hable eche sapos y culebras por la boca—repuso otra.</p> - -<p>—No—exclamó una tercera,—por su impertinencia merece que le -obsequiemos con una segunda joroba.</p> - -<p>—¡Eso es! Eso es!—gritaron todas.</p> - -<p>Y a empellones y puntapiés despidieron al giboso, que volvió al pueblo -llevando sobre sí dos hermosas corcovas: una sobre el pecho y otra sobre -la espalda.</p> - -<h2><a name="num1-26" id="num1-26"></a>26. LA LORITA ENCANTADA<br /><br /> -<small>(Se lo contó, en 1909, Petronila Riquelme, de 56 años, natural de -Chimbarongo, a don Luis Thayer Ojeda, quien tuvo la bondad de -obsequiarme la transcripción, hecha por él, en Octubre de 1915.)</small></h2> - -<p>Para saber y contar y contar para saber. Esta era una vieja muy pobre -que había criado a un Huacho que se llamaba Manuel, y a quien ocupaba en -cuidar chanchos en el monte.</p> - -<p>Un día el Huacho le dijo a la vieja:</p> - -<p>—He oído decir que hay un Rey que paga un almud de plata por un año de -trabajo, y yo, mamita, me voy para allá a mejorar suerte.</p> - -<p>Salió Manuel y llegó a donde estaba el Rey, que era el castillo de -Flordelís, y estuvo trabajando con toda la peonada durante un año, y a -todos les fueron pagando un almud de plata; pero cuando estaban haciendo -el pago, una Lora que tenía el Rey hablaba tanto, metiéndose en las -cuentas, que el Rey, aburrido, es que dijo:</p> - -<p>—El que quiera llevarse esta Lora en lugar del almud de plata, que se -la lleve no más, que soy gustoso.<span class="pagenum"><a name="page_204" id="page_204">{204}</a></span></p> - -<p>Y ninguno de los que le oyó quiso llevársela, y entonces Manuel, viendo -que era tan linda, dijo:</p> - -<p>—Yo me la llevaré, Su Majestad, por el almud de plata.</p> - -<p>Y se volvió el Huacho para su tierra, y en el camino cuidaba mucho a la -Lorita y le daba de comer la mitad de lo que conseguía; pero cuando -llegó a su casa, la vieja es que estuvo muy enojada porque quería plata -y no pájaros y le dió a Manuel una buena paliza y lo mandó al monte a -cuidar los chanchos, y después le pegó a la Lora, que casi la mató.</p> - -<p>Entonces la Lora es que dijo:—“Me voy para Flordelís”—y se voló.</p> - -<p>Cuando en la tarde volvió el Huacho y supo que la Lorita se había -volado, se apenó tanto que esa misma noche, al amanecer, se fué de la -casa.</p> - -<p>Anduvo todo el día sin tomar alimento ni descansar, así es que el hambre -se lo comía y no podía más de cansado.</p> - -<p>Se sentó debajo de unos árboles y se quedó dormido.</p> - -<p>Al día siguiente lo despertó una gran bulla que formaban tres lindas -niñas, disputando cuál era la mejor. Entonces él se acercó a las niñas y -les preguntó por qué discutían tan acaloradamente; y una vez que le -explicaron el motivo, les dijo:</p> - -<p>—Su merced, que es la mayor, es el sol, y en el día ¿qué cosa hay más -bonita que el sol?—Su merced, que es la del medio, es la luna, y en la -noche ¿qué cosa hay más bonita que la luna?—Su merced, que es la menor, -es la guía de la mañana, y al amanecer ¿qué cosa hay más bonita que la -guía de la mañana?—Y se fué.</p> - -<p>Con estas cosas que les dijo el Huacho, se quedaron las niñas muy -contentas, y dijeron:</p> - -<p>—¿Y con qué le pagamos a este joven que nos puso en concierto y nos -dejó contentas a las tres?</p> - -<p>Entonces lo llamaron, y la mayor le dió un anillo que daba todo lo que -se le pedía; la del medio le dió una plu<span class="pagenum"><a name="page_205" id="page_205">{205}</a></span>ma, que no había más que -ponérsela en el zapato para volar más ligero que el viento; y la menor -le dió un gorro, que bastaba ponérselo para hacerse invisible.</p> - -<p>El Huacho les agradeció los regalos y partió nuevamente; y había andado -ya algunas leguas cuando le vino como un desmayo, de lo que no había -comido nada desde la noche antes.</p> - -<p>Entonces le dijo al anillo:</p> - -<p>—Anillito, dame una mesa bien puesta de un todo, con los manjares más -ricos que haya.</p> - -<p>Y entonces se le apareció una mesa llena de los mejores platos y más -ricos vinos, y después que se llenó, se puso a dormir la siesta. A la -tardecita despertó y siguió su camino, hasta que no pudo seguir andando -porque tenía los pies hinchados de tanto que había caminado, y se sentó -a descansar. Y en esto estaba cuando se acordó de repente de su aventura -con las tres niñas y de los regalos que le habían hecho, y dijo:</p> - -<p>—Buen dar con lo tonto que soy, pudiendo volar más ligero que el -viento;—y sacó la pluma y se la puso en el zapato.</p> - -<p>Había volado una porción y ya comenzaba la noche, cuando se le apareció -un águila inmensa de grande, que le dijo:</p> - -<p>—¿Cómo te atreves a volar en mis dominios, vil gusanillo de la tierra?</p> - -<p>Entonces el Huacho le contó toda su historia, y una vez que la oyó el -Aguila, que no era otra persona que el mismo Rey de los Pájaros, le -dijo:</p> - -<p>La Lorita que andas buscando está en el castillo Flordelís, y apúrate, -porque si no llegas esta misma noche, ya será tarde, por lo que allí va -a pasar.</p> - -<p>Se fué el Huacho por el aire, más ligero que el viento, y llegó al -castillo de Flordelís cuando ya todita la gente y hasta el mismo Rey se -habían acostado, y sólo estaba despierto el soldado que estaba de -guardia en la puerta del castillo.<span class="pagenum"><a name="page_206" id="page_206">{206}</a></span></p> - -<p>Entonces el Huacho es que le preguntó:</p> - -<p>—¿Qué nuevas hay por aquí, señor guardia?</p> - -<p>—¿Qué nuevas han de haber? Que mañana se casa la Princesa, que estaba -encantada, y que no era otra que la Lorita que te llevaste en cambio del -almud de plata.</p> - -<p>Cuando esto oyó, le entró al Huacho una gran pensión; pero, acordándose -de su gorra, se la puso, y por el aire se entró al cuarto de la -Princesa, que estaba custodiado por siete soldados moros.</p> - -<p>Y entonces el Huacho, que no se había sacado la gorra, le dijo a la -Princesa:</p> - -<p>—Si eres tú la Lorita que yo me llevé por un almud de plata ¿por qué me -has dejado solo?</p> - -<p>Y la Princesa se asustó tanto que se puso a gritar, y vinieron los siete -soldados moros, y el Rey y la Reina a ver lo que pasaba.</p> - -<p>El Huacho, como estaba invisible, para que no tropezaran con él se -acurrucó en un rincón, y como los que entraron a la pieza nada vieron ni -a nadie encontraron, se volvieron, el Rey y la Reina a sus cuartos y los -soldados moros a su puesto.</p> - -<p>Al rato que todos se fueron, volvió el Huacho a hablar y otra vez la -Princesa gritó que había gente en su pieza, y entraron de nuevo el Rey y -la Reina y los soldados, y como tampoco encontraron a nadie, se enojaron -mucho y se fueron, diciéndole a la Princesa que no fuera a gritar otra -vez, porque no le harían caso a sus gritos. Y salieron.</p> - -<p>Esperó el Huacho un momento, y acercándose a la Princesa le dijo que no -tuviera miedo, que él había hecho un viaje tan largazo por el amor tan -grande que le tenía y que de ninguna manera permitiría que fuera a -casarse con un hombre que no la quería como él; y se quitó el gorro.</p> - -<p>Entonces la Princesa conoció al Huacho y se tranquilizó, y le contó todo -lo que había pasado y que ella se casaba contra su voluntad y que a -nadie quería sino a él,<span class="pagenum"><a name="page_207" id="page_207">{207}</a></span> que había despreciado la plata por ella, y la -había cuidado tanto y hasta había tenido que aguantar los malos tratos -de su madre.</p> - -<p>Después de mucho pensar en lo que harían, convinieron que en la comida, -antes del casamiento, la Princesa pidiera la gracia de que cada uno -dijera un discurso y que él vería cómo ella salía bien del paso.</p> - -<p>A la mañana siguiente dijo el Huacho al anillo:</p> - -<p>—Anillito, dame un traje completo, todo bordado de oro y piedras -preciosas, y yo que me ponga bien buenmozo.</p> - -<p>Y así que acabó de hablar, quedó el Huacho hecho un príncipe de bonito y -elegante y la Princesa muy contenta de verlo tan bien plantado. Y -poniéndose el Huacho la pluma en el zapato y el gorro en la cabeza, se -despidió de la Princesa hasta el otro día.</p> - -<p>Al día siguiente, el Huacho, bien de mañana, le dijo al anillo:</p> - -<p>—Anillito, haz que se me presente aquí un caballo de lo mejor y más -lindo, bien aperado y con los aperos enchapados de oro y plata.</p> - -<p>Y en el mismo momento se le puso un lindo caballo blanco por delante y -montado en él dió un paseo por toda la ciudad, y todo el mundo se -quedaba mirándolo con la boca abierta, porque nunca habían visto un -príncipe tan bonito y elegante. Y al acercarse la hora del banquete, se -fué al castillo y cuando el Rey lo vió decía:—“¿qué príncipe tan rico -será éste?” Y él le dijo al Rey que era príncipe que dominaba en el -aire.</p> - -<p>Al comenzar el banquete, la Princesa pidió al Rey la gracia de que todos -dijeran un discurso, y concedida que le fué, dijo la Princesa:</p> - -<p>—Sacarrial Majestad, ¿qué será de más valor, una corona de oro o una -corona de plata?</p> - -<p>El Rey contestó:</p> - -<p>—Una corona de oro.</p> - -<p>—Yo tenía—dijo la Princesa—dos coronas, una de<span class="pagenum"><a name="page_208" id="page_208">{208}</a></span> oro y una de plata. -La de oro se me había perdido y he tenido la suerte de encontrarla; y -como no debo conservar sino una, yo pregunto ¿cuál de las dos debo -guardar?</p> - -<p>Todos contestaron:</p> - -<p>—La de oro, la de oro; no tiene vuelta.</p> - -<p>Entonces la Princesa, tomando a Manuel de la mano lo hizo pararse y -dijo:</p> - -<p>—Esta es la corona de oro que yo había perdido y que acabo de -encontrar, y como con ella debo quedarme, con este príncipe me casaré y -él no mas será mi marido.</p> - -<p>Todos aplaudieron lo dicho por la Princesa, menos el novio que iba a -casarse con ella y que tuvo que salir todo acholado.</p> - -<p>Y así fué que Manuel se casó con la Princesa y fueron muy felices, y -todavía lo serán, si es que están vivos.</p> - -<p>Y se acabó el cuento, y se lo llevó el viento y se coló por la puerta de -un convento y los padres que lo oyeron, se quedaron muy contentos.</p> - -<h2><a name="num1-27" id="num1-27"></a>27. EL DIABLO Y EL CAMPESINO.</h2> - -<p>El Diablo le propuso a un Campesino trabajar a medias, durante tres -años. El Diablo pondría el terreno y el Campesino la semilla. Terminado -el plazo del contrato, el campesino quedaría dueño del suelo.</p> - -<p>Preguntó el hombre:—¿Y cómo haremos la partición?</p> - -<p>El Diablo contestó:</p> - -<p>—Yo tomaré lo que den las plantas arriba y tú tomarás lo que quede -debajo de la tierra.—Y se fué.</p> - -<p>Entonces el Campesino sembró papas, y cuando llegó el tiempo de partirse -la cosecha, el Diablo tuvo que llevarse las matas y dejar las papas al -hombre.<span class="pagenum"><a name="page_209" id="page_209">{209}</a></span></p> - -<p>El Diablo se repelaba, y pensó: esta otra vez no me harás leso; y dijo -al hombre:—Este año yo tomaré lo que quede debajo de la tierra y tú -serás dueño de lo que quede encima.</p> - -<p>Se fué el Demonio y el Campesino sembró sandías y melones, y cuando el -Diablo vino por la parte que le correspondía y vió que le tocaban puras -raíces, y a su socio lindísimos melones y sandías, se puso a rabiar como -un condenado (<i>sic</i>) y se arrancaba las mechas de ira.</p> - -<p>El Diablo no se dió por vencido, y después de meditar un rato, dijo al -hombre:—En el próximo año será para mí lo que produzcan las plantas en -la parte de arriba y debajo de la tierra; lo que den en el medio será -para ti.—Y se fué pensando con esto vencer al Campesino.</p> - -<p>Pero el hombre, sembró maíz; y cuando el Diablo vino a reclamar su -porción, los choclos correspondieron al Campesino y el Diablo quedó -nuevamente burlado.</p> - -<p>—Me la ganaste, rugió el Demonio, tuyo es el campo; pero después nos -veremos la cara.</p> - -<p>Mas el hombre se deja vencer del Diablo sólo cuando quiere, porque tiene -inteligencia de sobra para reirse del enemigo malo, como lo demuestra -este cuento.<span class="pagenum"><a name="page_210" id="page_210">{210}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-28" id="num1-28"></a>28. EL LIÓN Y EL HOMBRE{*}<br /><br /> -<small>(Narrado en 1888 por el carrilano albañil Pedro Antonio Liberona, natural de Nancagua, de 55 años de edad, y escrito, según sus recuerdo). por don Roberto Regifo, en Diciembre de 1921.</small></h2> - -<p>Taba el Lión viejo en su cueva, entre los riscos más encumbraos di una -montaña. El Lión hijo, al velo tan respetoso, le icía:</p> - -<p>—¿Habrá, paire, en to el mundo uno más guapo que su mercé? (Así -trataban antes los hijos a los paires).</p> - -<p>—Sí, hijo,—le contestó el veterano.</p> - -<p>—¿Cómo ha e ser eso, paire, cuando yo, que soy su hijo, no le tengo -mieo a naiden ni más respeto que a su mercé?</p> - -<p>—No t’engañís, hijo, hay en el mundo un animal muy brao que se la gana -a toos; si nu es por bien, por mal si han de dar; por eso es que yo, -qu’era el rey del mundo, m’hey tenío qu’enriscar entr’estos cerros, por -no dame.</p> - -<p>—Con su permiso, paire, écheme la bendición y yu iré a peliar con ese -animal pa quitale el mundo, ¡qué tanto será lo guapo! Empués e su mercé, -¿qui animal será tan grande que yo no me li alime?</p> - -<p>—Nu es tan grande, hijo; pero es más ardiloso que toos, y se llama -l’Hombre. Yo no ti aré nunca permiso, mientras viva, pa que vais a -peliar con él.</p> - -<p>Quiso que no quiso el Lión joven tuvo que quiase refunfuñando y -afilándose las uñas.</p> - -<p>El Lión viejo ’staba enfermo y a poco murió.</p> - -<p>Empués de lloralo el Lión joven y dejalo tapao con ramas que salió a -cortar, pensó:—Agora sí que no me queo sin peliar con el Hombre; y -salió cordillera aajo a uscalo.</p> - -<p>{*} Esta transcripción, aunque no completamente fonética, se aproxima al -modo de hablar popular lo suficiente para darse cuenta de él. Sin -embargo, debe advertirse que no siempre se han suprimido las eses y -<i>zetas</i>, que en numerosos casos no se pronuncian, o suenan como -aspiraciones muy tenues, por carecer la imprenta de los signos -convenientes y no dificultar más la lectura. Lo mismo puede decirse de -la b y de la v, que hay casos en que suenan, pero no con la fuerza que -en el lenguaje que usa en Chile la gente educada.<span class="pagenum"><a name="page_211" id="page_211">{211}</a></span></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_212" id="page_212">{212}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-28a" id="num1-28a"></a>28. EL LEÓN Y EL HOMBRE</h2> - -<div class="blockquot"> -<p>Lo primero qu’encontró en una d’esas vegas que se jorman aentro e los -cajones e la cordillera jué un Caallo flaco.</p> - -<p>—¡Bah!—ijo—ese no mi aguanta na. ¿Vos sos el Hombre?—le gritó.</p> - -<p>—Yo no soy el Hombre, iñor.</p> - -<p>—¿Quién es el Hombre, entonce?</p> - -<p>—El Hombre, iñor, tá más p’aajo y es un animal muy malo y muy guapo; a -mí me tiene bien dao, y porque no me le quería ar, me metió unos fierros -en la oca, mi amarró con unos corriones, y con otros fierros clavaores -que se puso en los talones, se me subió encima y mi agarró a pencazos y -puyazos por las costillas, hasta que tuve qui hacer su oluntá y llevalo -p’onde se li antojaba, y dey me largó p’estos rincones, onde casi me -muero di hambre.</p> - -<p>—¿Pa qué sos leso? Yo voy a uscar al Hombre a ver si es capaz de ponese -conmigo.</p> - -<p>Más abajo, onde ya comienzan los potreros de serranía, vió etrás di una -mangu’e pirca el lomo di un güey, con sus cachos.—Es’es el -Hombre—pensó,—y que bien regrandazas son las uñas que tiene, pero en -la caeza, mientras que yo las tengo en las manos. A ver si es el -Hombre.—Y di un salto apareció encim’e la pirca.—¿Vos sos el -Hombre?—le gritó.</p> - -<p>El Güey se puso a tiritar espantao, y sacando la voz como puo, le -contestó:</p> - -<p>—Yo no soy el Hombre, iñorcito. El Hombre vive más p’aajo.</p> - -<p>—Me querís engañar que no sos vos, porqu’ estay tiritando e cobardía. -¿Y te alimas a peliar conmigo? ¿Pa qué’s ese cuerpo tan regrande y esos -armamentos que tenís en la caeza si no pa ganásela a los que no son -guapos como yo? ¡Pónele al tiro, si querís!</p> - -<p>—¡No, iñorcito, por Dios!, si yo no soy peliaor ni guapo; ya ve qu’el -Hombre me tiene bien amansao y que cuando yo’staba más toruno y me le -quise sulevar, m’echó unos lazos, me tiró al suelo y me marcó el pellejo -con un fierro caliente, qu’entuavía m’escuece; ¿no ve, su señoría, aquí, -en las ancas?... y m’hizo otras cosas más, bien repiores, que me dan -vergüenza... Después me puso yugo y m’hizo tirar la carreta a picanazos; -y aquí’stoy, iñor, paeciendo hasta qui al Hombre se li ocurra matame pa -comeme.</p> - -<p>—¡Tan regrande y tan... vilote! No servís pa na. Me voy.—Y cortó cerro -aajo en busqu’el Hombre.</p> - -<p>Ya iba diisando los planes regaos y al acao di una quebrá vió un humito -y empués el rancho di una posisión d’inquilino, y se jué acercando -espacito a los cercos.</p> - -<p>El Perro del inquilino l’olfatió y salió a lairale. El Lión se sentó a -esperalo y pensó:—Este si qui ha e ser el Hombre; bien mi habían dicho -que nu era tan grande; ¡a mí no me la gana este chicoco!; pero es pura -alharaca lo que trae y no se viene al cuerpo.</p> - -<p>El Perro le lairaba retiraíto.</p> - -<p>—¡A ver, Hombre! callate un poco. ¿Vos sos el Hombre?</p> - -<p>—Yo no soy el Hombre; pero mi amo es el Hombre.</p> - -<p>—Así m’estaa pareciendo, porque lo que sos vos, no mi aguantay ni la -primera trenzá. And’icile a tu amo que vengo a desafialo, a ver si es -cierto qu’es el más guapo el mundo comu icen.</p> - -<p>Cortó el Perro pa la posisión y lueguito vinu el Hombre con una escopeta -cargá.</p> - -<p>—¡Bah!—ijo el Lión—qué raro es el Hombre, nu anda con la caeza agachá -como toos nosotros. ¿Cómo comerá? anda echao p’atrás! Bah! yo tamién me -siento en las patas pa peliar con las manos libres ¿qué gran ventaja mi -ha e llevar?... ¿Vos sos el Hombre?—le preuntó cuando lo vió cerca.</p> - -<p>—Yo soy el Hombre—le contestó el labrador.</p> - -<p>—A peliar contigo vengo pa saer cuál es el más guapo e los dos en el -mundo.</p> - -<p>—Güeno—le ijo el Hombre—; pero pa que yo pelee tenís que sacame -rabia; retame primero y empués te contesto yo.</p> - -<p>Prencipió el Lión a insultalo de bandío, saltiaor, coarde, lairón, -ausaor, hasta que se cansó e retalo.</p> - -<p>—Agora me toca a mí,—ijo el Hombre.—Allá va una mala palaura;—y le -largó un escopetazo y le quiebró una pata.</p> - -<p>—¡Ay, ay, aicito!—gritó el Lión;—iñorcito Hombre, no peleo más con -usté,—y arrancó a lo que poía cordillera aentro, a enriscase en las -cumbres, pensando:—Bien icía mi finao taita que no juera a peliar con -el Hombre; si con una mala palaura no más me quiebró una pata ¿qui -habría sío si se me le viene al cuerpo?</p> - -<p>Y no bajó nunca más e las montañas, sino a escondías<a name="FNanchor_G_7" id="FNanchor_G_7"></a><a href="#Footnote_G_7" class="fnanchor">[G]</a>.<span class="pagenum"><a name="page_213" id="page_213">{213}</a></span></p> -<p>Estaba el viejo León en su cueva, situada entre lo riscos más -encumbrados de una montaña. El León hijo, al contemplarlo tan -respetable, le dijo:</p> - -<p>—¿Habrá, padre, en todo el mundo un ser más valiente que su -merced? (Así trataban antes los hijos a los padres).</p> - -<p>—Sí, hijo—le contestó el anciano.</p> - -<p>—¿Cómo ha de ser eso, padre, cuando yo, que soy su hijo, no le -tengo miedo a nadie ni respeto mas que a su merced?</p> - -<p>—No te engañes, hijo, hay en el mundo un animal muy bravo que -vence a todos; si no es por bien, por mal se han de entregar; por -eso yo, que era el rey del mundo, para no verme vencido, he tenido -que esconderme entre los riscos de estos cerros.</p> - -<p>—Echeme la bendición, padre, y con su permiso iré a pelear con ese -animal y lo despojaré del dominio del mundo. ¡No será tan valiente! -Fuera de su merced ¿qué animal habrá tan grande a quien yo no me -atreva a atacar?</p> - -<p>—No es tan grande, hijo; pero es más astuto que todos y se llama -el Hombre. Mientras yo viva, jamás te daré permiso para que vayas a -pelear con él.</p> - -<p>Quiso que no quiso, el León joven tuvo que quedarse, refunfuñando y -afilándose las uñas.</p> - -<p>El León viejo estaba enfermo y poco después murió.</p> - -<p>Después de llorarlo el León joven y de dejarlo cubierto con unas -ramas que salió a buscar, pensó:—Ahora sí que no me quedo sin -pelear con el Hombre; y bajó de la cordillera al valle para -buscarlo.</p> - -<p>Lo que primeramente encontró en una de las vegas que se forman en -las quebradas de la cordillera, fué a un Caballo flaco.</p> - -<p>—¡Bah!—dijo—ese no se atreverá conmigo. ¿Eres tú el Hombre?—le -gritó.</p> - -<p>—No soy el Hombre, señor.</p> - -<p>—¿Quién es el Hombre, entonces?</p> - -<p>—El Hombre, señor, vive más abajo, y es un animal muy malo y muy -valiente; a mí me tiene completamente subyugado, y porque no quería -entregármele, me metió unos hierros en la boca, me ató con -correones, y con unas espuelas muy clavadoras que se colocó en los -talones, se subió encima de mí y comenzó a darme pencazos y a -clavarme las espuelas por los ijares, hasta que tuve que hacer su -voluntad y llevarlo a donde se le antojaba, y en seguida me largó -para estos rincones, en donde casi me muero de hambre.</p> - -<p>—Eso te sucede por tonto. Yo voy a buscar al Hombre porque deseo -ver si se encuentra capaz de pelear conmigo.</p> - -<p>Más abajo, donde ya comienzan los potreros de serranía, vió detrás -de una cerca de pirca, el lomo de un buey, con sus cuernos.—Este -es el Hombre—pensó,—y qué enormes son las uñas que tiene, pero en -la cabeza, mientras tanto yo tengo las mías en las manos. Veamos si -es el Hombre.—Y de un salto se puso encima de la pirca.—¿Eres tú -el Hombre?—le gritó.</p> - -<p>El Buey se puso a temblar, espantado, y sacando la voz como pudo, -le contestó:</p> - -<p>—Yo no soy el Hombre, señorcito. El Hombre vive más abajo todavía.</p> - -<p>—Quieres hacerme creer que no eres tú y estás temblando de miedo. -Y dime ¿te atreves a combatir conmigo? ¿De qué te sirve ese cuerpo -tan enorme y esas defensas que tienes en la cabeza sino para -triunfar de los que no son valientes como yo? ¡Peleemos -inmediatamente, si te atreves!</p> - -<p>—¡No, señorcito, por Dios! Si yo no soy peleador ni valiente! ya -ve que el Hombre me tiene completamente manso, y una vez, cuando yo -era más joven y quise sublevarme, me ató con unos lazos, me echó al -suelo y me marcó la piel con un hierro candente, que todavía me -escuece; ¿no ve, su señoría, la marca, aquí, en las ancas?... y aun -me hizo otras cosas peores, que me avergüenza... Después me enyugó -y me hizo tirar del carro a golpes de picana; y aquí me tiene, -señor, padeciendo, hasta que al Hombre se le ocurra matarme para -comerme.</p> - -<p>—¡Tan grande y tan... vil! No sirves para nada. Me voy.—Y siguió -bajando el cerro en busca del Hombre.</p> - -<p>Ya divisaba los llanos regados, y al término de una quebrada vió un -humo y después el rancho de una posesión de inquilino, y se acercó -sin hacer ruido a los cercos.</p> - -<p>El Perro del inquilino lo olfateó y salió a ladrarle. El León se -sentó a esperarlo y pensó:—Este sí que ha de ser el Hombre; bien -me habían dicho que no era muy grande; ¡a mí no me vence este -enano!; pero todo no es más que bulla y no se atreve a atacarme.</p> - -<p>El Perro le ladraba desde lejos.</p> - -<p>—¡A ver, Hombre! cállate un poco. ¿Eres tú el Hombre?</p> - -<p>—No soy el Hombre; pero mi amo es el Hombre.</p> - -<p>—Así me parecía, porque, lo que eres tú, no aguantas ni el primer -ataque. Ve y dile a tu amo que vengo a desafiarlo; deseo ver si es -efectivo lo que dicen, que es el ser más valiente del mundo.</p> - -<p>Fué el Perro para la posesión y volvió luego con el Hombre, que -traía una escopeta cargada.</p> - -<p>—¡Bah!—dijo el León—qué raro es el Hombre, no lleva la cabeza -baja como nosotros. ¿De qué manera comerá? anda derecho! Bah! yo -también me siento en las patas traseras para pelear con las manos -libres ¿en qué me aventajará?... ¿Eres tú el Hombre?—le preguntó -cuando lo vió cerca.</p> - - -<p><span class="pagenum"><a name="page_215" id="page_215">{215}</a></span></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_214" id="page_214">{214}</a></span></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_216" id="page_216">{216}</a></span></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_217" id="page_217">{217}</a></span></p> - -<p>—Yo soy el Hombre—le contestó el labrador.</p> - -<p>—Vengo a pelear contigo para saber cuál de los dos es el más -valiente.</p> - -<p>—Bueno, le dijo el Hombre;—pero para que yo pelee tienes que -irritarme; insúltame tú primeramente y después te contesto yo.</p> - -<p>Púsose el León a tratarlo de bandido, salteador, cobarde, ladrón, -abusador, hasta que se cansó de insultarlo.</p> - -<p>—Ahora me toca a mí—dijo el Hombre.—Allá va una mala palabra; y -disparándole un escopetazo, le quebró una pata.</p> - -<p>—¡Ay, ay, aicito!—gritó el León;—señorcito Hombre, no peleo más -con usted,—y huyó como alma que lleva el diablo para el interior -de la cordillera, a ocultarse entre los riscos de la cumbre, -pensando:—Bien decía mi finado padre que no fuera a pelear con el -Hombre; si con una sola mala palabra me quebró una pata, qué habría -sido de mí si se me viene al cuerpo?</p> - -<p>Y nunca más bajó de las montañas, sino ocultándose.</p></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_218" id="page_218">{218}</a></span></p> - - -<h2><a name="num1-29" id="num1-29"></a>29. LOS TRES HERMANOS QUE SALIERON A APRENDER A HABLAR<br /><br /> -<small>(Referido por el niño M. I. Oportot, de 12 años, en 1912.)</small></h2> - -<p>Este era un huaso rico que tenía tres hijos de muy escasa inteligencia, -y el padre quería que aprendieran a hablar como la gente educada. Dióles -dinero y les ordenó que salieran a conocer mundo, se fijaran cómo -hablaban las personas decentes y no volvieran hasta que no se -encontraran capaces de conversar como los caballeros.</p> - -<p>Salieron los tres hermanos y en un restaurant en que entraron a comer se -sentaron cerca de una mesa en que había unos señores que jugaban al -dominó.</p> - -<p>Al mayor de los tontos le gustó mucho la frase <i>Nosotros hemos sido</i>, -que dijo uno de los jugadores contestando a un curioso que preguntaba -quiénes habían ganado la partida; y se llevó repitiéndola hasta que se -le quedó impresa en la memoria. Al segundo le llamó la atención lo que -dijo otro de los jugadores a quien uno de los mirones interrogó por qué -jugaba, y respondió <i>Por ganar dinero</i>, y se estuvo dale que dale con la -frasecita, hasta que le pareció que no se le olvidaría. Y al tercero, lo -que más le gustó fué la expresión <i>Por muy justa causa</i>, que lanzó otro -de los circunstantes, y que la dijo no menos de cien veces en su -interior, hasta que se le quedó perfectamente grabada.</p> - -<p>Y sucedió que cuando se volvían a su casa, muy contentos de las hermosas -palabras que habían aprendido, al atravesar un campo por donde tenían -que pasar, tropezaron con el cadáver de un hombre que acababa de ser -asesinado y de cuyas heridas manaba sangre en abundancia.</p> - -<p>Se quedaron los tres hermanos asustados, con la boca abierta, -contemplando al muerto, y así estaban cuando llega un guardián de a -caballo y les pregunta:<span class="pagenum"><a name="page_219" id="page_219">{219}</a></span></p> - -<p>—¿Quién ha asesinado a este hombre?</p> - -<p>—Nosotros hemos sido—contesta el mayor.</p> - -<p>—¿Y por qué le dieron muerte?</p> - -<p>—Por ganar dinero—responde el segundo.</p> - -<p>—Entonces van presos los tres—dice el guardián.</p> - -<p>—Por muy justa causa—contesta el tonto menor.</p> - -<p>Y fueron conducidos a la presencia del juez, quien, por suerte para -ellos, les conocía y sabía que eran tontos de nacimiento, que si no, los -manda fusilar.</p> - -<h2><a name="num1-30" id="num1-30"></a>30. LAS TRES GANGOSAS<br /><br /> -<small>(Contado por el niño Alfonso González, natural de Santiago, de 12 años, -en 1912.)</small></h2> - -<p>Para saber y contar hay que escuchar y aprender. Esta era una señora que -tenía tres hijas buenasmozonas, pero gangosas, que habían logrado -hacerse querer de tres jóvenes, con los cuales se entendían por medio de -señas y de cartas, porque la madre les había prohibido que hablaran con -ellos, para que no les conocieran el defecto que tenían.</p> - -<p>Un día tuvo que salir la señora y les ordenó a las niñas que por nada de -este mundo hablaran con sus pretendientes; y encargó a la mayor el -cuidado de las ollas que quedaban al fuego, que no se subieran.</p> - -<p>Los jóvenes, que vieron salir a la señora, deseosos de conversar con las -niñas, en cuanto se perdió de vista se colaron a la casa, y las niñas no -tuvieron más remedio que salir al salón a atenderlos; pero ninguna -hablaba, por más que los jóvenes les hacían mil preguntas.</p> - -<p>De pronto se oyó un ruido como si un líquido se derramara en el fuego; y -entonces la segunda, hablando más por las narices que por la boca, dijo -a la mayor:<span class="pagenum"><a name="page_220" id="page_220">{220}</a></span></p> - -<p>—Hegmana, vaya a veg las ollas que paguese que se han subido.</p> - -<p>Y la interpelada contestó:</p> - -<p>—De vegas, hegmanita, se me había ogvidado el encago de la mamá.</p> - -<p>Y pregunta la segunda:</p> - -<p>—¿No digo la mamá que no hablágamos?</p> - -<p>—¡De vegas! qué memoguia la mía Pog Dios! y tú también hablaste!</p> - -<p>—Pego yo no he dicho nada—dijo la menor;—con ustedes se va a enogag -la mamá y les va a pegag.</p> - -<p>Al oir gangosear a sus prendas, los visitantes tomaron su sombrero y sin -despedirse siquiera, salieron presurosos de la casa.</p> - -<p>Poco después volvió la madre, y al imponerse de lo que había sucedido, -les aplicó a las tres una buena felpa, y mientras les pegaba, les decía:</p> - -<p>—¡Tomen, tontas gangosas! tomen Cuando ya me iba a deshacer de ustedes, -todo lo echaron a perder.</p> - -<h2><a name="num1-31" id="num1-31"></a>31. EL CAPON ASADO<br /><br /> -<small>(Me lo refirió el joven D. A. Freire, de Santiago, en 1911.)</small></h2> - -<p>Un caballero salió a dar un paseo a caballo por las afueras de la ciudad -y le encargó a la cocinera que a su regreso le tuviera un capón asado. -Chepa (Josefa se llamaba la sirvienta) bajó al corral y cogió el más -gordo de los capones que en él se criaban, y se puso a asarlo. El -apetitoso olor que despedía el ave puesta al fuego tentó a la Pepa, que, -no pudiendo resistir sus deseos, se comió un tuto. Cuando, en la tarde -llegó el caballero, la Pepa le sirvió el capón en un azafate, adornado -con ramas de apio, perejil y otras verduras, que ocultaban linda<span class="pagenum"><a name="page_221" id="page_221">{221}</a></span>mente -la falta de la presa que la cocinera se había manducado; y el patrón -comenzó inmediatamente a hacer funcionar las mandíbulas, empezando por -la pechuga; sólo al fin vino a darse cuenta de que al ave le faltaba una -pata.</p> - -<p>—¿Que es esto, Chepa?—preguntó a su servidora;—¿desde cuándo los -capones tienen una pata solamente?</p> - -<p>—Desde que existen, pues, señor; siempre no han tenido más que una.</p> - -<p>—¿Cómo es eso? Yo creía que tenían dos, como todas las aves.</p> - -<p>—Vamos al gallinero, patrón, y se convencerá de que los gallos, capones -o no, y las gallinas no tienen sino una pata.</p> - -<p>—Vamos a ver esa maravilla.</p> - -<p>Fueron al gallinero, y como ya se había puesto el sol y las gallinas -dormían, vieron que todas descansaban en una sola pata, como acostumbran -cuando duermen, manteniendo la otra encogida y oculta entre las plumas.</p> - -<p>—¿No ve, patrón, como no tienen más que una pata?</p> - -<p>—Eso lo vamos a ver—contestó el caballero, espantando las aves, que -bajaron de sus dormideros y echaron a correr despavoridas.—¿Ves como -tienen dos patas?</p> - -<p>—¡Qué gracia!—contestó la Chepa—¿y por qué no espantó también al -capón antes de comérselo?</p> - -<p>El caballero no pudo menos que reírse a carcajadas y declararse vencido.</p> - -<h2><a name="num1-32" id="num1-32"></a>32. EL VENDEDOR DE COQUITOS</h2> - -<p>Un vendedor de coquitos tenía la costumbre, en vez de pregonar su -mercadería, de hacerla sonar moviendo repetidas veces, de arriba abajo, -el canasto que la contenía.</p> - -<p>Se le acerca un gabacho que no habla castellano ni conoce los coquitos, -y pregunta:</p> - -<p>—Comment s’apelle—ça?</p> - -<p>—Si no se pelan, ñor, se parten.<span class="pagenum"><a name="page_222" id="page_222">{222}</a></span></p> - -<p>—Comment?</p> - -<p>—¡Con la mano! No, iñor, con pieira.</p> - -<p>—Je ne comprend pas.</p> - -<p>—Y si no habís de comprar ¿pa qué preguntay, gringo tal por cual?</p> - -<h2><a name="num1-33" id="num1-33"></a>33. EL VENDEDOR DE PEQUENES<br /><br /> -<small>(Variante del anterior).</small></h2> - -<p>Un francés recién llegado a Santiago, que no habla español, se acerca a -un pequenero y le pregunta, mostrándole los pequenes:</p> - -<p>—Ces sont des gateaux?</p> - -<p>—¡De gato! De purita carne de cordero, iñor! ¿qué si ha figurao usté?</p> - -<p>—Qu’est ce que ce que ça?</p> - -<p>—¿Asáas? Clarito, pus, ñor, y recién sacaítas del horno qui están!</p> - -<p>—Je ne comprend pas.</p> - -<p>—No comprís, pus, gringo leso; pa lo que se me da; ¡cuando la gente se -las pelotea y en un dos por tres se las acaba!</p> - -<h2><a name="num1-34" id="num1-34"></a>34. EL CUENTO DE LOS TRES DIFUNTOS</h2> - -<p>Encontraron una vez a tres hombres asesinados, que parecían extranjeros. -Para identificar sus personas, no encontraron sobre ellos señal alguna; -pero al hacerles la autopsia, descubrieron en los intestinos de uno un -tallarín, de lo cual dedujeron que era italiano; en los del otro -descubrieron un poroto, y se tuvo por signo evidente de que era chileno; -en los del tercero no encontraron nada, pero por el habla vinieron a -comprender que era alemán.<span class="pagenum"><a name="page_223" id="page_223">{223}</a></span></p> - -<h2><a name="num1-35" id="num1-35"></a>35. EL SACRISTAN QUE HABLA A LOS FIELES.<br /><br /> -<small>(Contado por la Srta. Elisa Echeverría L., de Santiago, en 1914).</small></h2> - -<p>Un día Domingo amaneció mal de salud el Cura de una parroquia de campo, -y encargó al Sacristán que a la hora conveniente dijera al pueblo que el -señor Cura no podía decir misa por estar enfermo, pero que era bueno que -rezaran el rosario; que el Jueves era vigilia porque el Viernes era San -Simón y San Judas; y que Pedro Martínez y María Jiménez iban a contraer -matrimonio y que si había algún impedimento, pasaran a avisárselo.</p> - -<p>Llegada la hora de la misa, el Sacristán se presentó en el presbiterio y -volviéndose al público dijo:</p> - -<p>“El señor Cura está enfermo, pero con la Rosario se pone bueno; el -Jueves es Viernes, vigilia de Pedro Martínez y María Jiménez; San Simón -y San Judas van a contraer matrimonio, si hay algún impedimento, que se -presenten a avisarlo”.</p> - -<p>Con la falta de costumbre de hablar en presencia de tanta gente, al -pobre Sacristán se le trastrocaron las ideas.</p> - -<h2><a name="num1-36" id="num1-36"></a>36. POR QUE EL JOTE TIENE LA CABEZA Y EL COGOTE SIN PLUMAS.<br /><br /> -<small>(Este cuentecillo y los que siguen, hasta el Núm. 40, me fueron contados -en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito González).</small></h2> - -<p>Unos arrieros llevaban unas cargas de trigo para un pueblo y donde -alojaron les sacaron las cargas y los aparejos a las mulas.</p> - -<p>Cuando al otro día se levantaron y fueron a aparejar las bestias, se -encontraron con que los lacillos, las sobrecargas y las amarras habían -desaparecido.<span class="pagenum"><a name="page_224" id="page_224">{224}</a></span></p> - -<p>—¿Quién se habrá robado los aperos?—dijo el Capataz.—Sería capaz de -darle un costal de trigo a quien me lo dijera.</p> - -<p>Entonces un Burro que estaba pastando por ahí cerca y que había visto en -la noche a una Zorra y a sus Zorritos que se llevaban los lacillos, las -sobrecargas y las amarras, le dijo:</p> - -<p>—Un almud de trigo que me pagaran y que me lo dejaran en ese -peladerito, yo les traía los aperos y los ladrones.</p> - -<p>Hicieron el trato, y entonces el Burro se fué a la madriguera de la -Zorra y se tendió cerca de la entrada.</p> - -<p>Un zorrito salió y al ver al Burro exclamó:</p> - -<p>—¡Ay mamita! Dios ha venido a vernos! mire qué causeíto nos ha dejado -aquí!</p> - -<p>Salió la Zorra y gritó a los zorritos:</p> - -<p>—¡Vengan, niños!, traigan los lacillos, las sobrecargas y las amarras -para amarrar a este Burro y arrastrarlo para adentro. Vamos a tener -comida para una semana por lo menos.</p> - -<p>Amarraron al Burro de todas partes y se pusieron a hacer fuerzas para -arrastrarlo, pero los lazos se les resbalaban de las manos. Entonces -dijo la Zorra:</p> - -<p>—Amarrémonos todos nosotros de los lacillos, de las sobrecargas y de -las amarras y lo arrastraremos mejor.</p> - -<p>Así lo hicieron, y el Burro, al verlos amarrados, se levantó y arrastró -con todos ellos y se los llevó a los arrieros.</p> - -<p>Le dejaron el almud de trigo convenido, en el peladerito que el Burro -había dicho, pero como tenía mucho polvillo, se le ocurrió al Burro lo -siguiente para limpiarlo. Se tendió en el suelo con el trasero vuelto a -donde estaba el trigo, y otra vez se hizo el muerto. Un Jote que andaba -revoloteando por ahí, bajó, y como lo primero que hacen estos pájaros es -comerse la tripa gorda, el Burro, que lo sabía, pujó con todas sus -fuerzas y sacó parte del estantino, y entonces el Jote le dió un -picotazo<span class="pagenum"><a name="page_225" id="page_225">{225}</a></span> en esa parte e inmediatamente el Burro frunció el orificio y -junto con el estantino entraron la cabeza y el cogote del Jote. El Jote, -por zafarse, movía las alas como un diablo y con el viento que echaba -lanzó lejos todo el polvillo y dejó el trigo completamente limpio. -Entonces soltó al Jote, que al salir se encontró con la cabeza y el -cogote pelados. Con el calor que los burros tienen adentro se le -desprendieron las plumas, y desde entonces los jotes tienen la cabeza y -el cogote pelados.<a name="FNanchor_H_8" id="FNanchor_H_8"></a><a href="#Footnote_H_8" class="fnanchor">[H]</a></p> - -<h2><a name="num1-37" id="num1-37"></a>37. LAS TRES MENTIRAS.</h2> - -<p>Un campesino, al morir, dejó por toda herencia a los tres hijos que -tenía la cantidad de trescientos pesos. Los dos mayores, que eran muy -ambiciosos, querían adueñarse de toda la cantidad; y a fin de que uno -solo se quedara con ella, propusieron al menor dejar enterrada la plata -y salir a rodar tierras por un año, y entregarla al que, al volver, -contara la mentira más grande. Aceptó la proposición el menor, y -salieron. Al año justo se juntaron los tres en el mismo punto en que se -habían apartado, que era donde habían enterrado el dinero, y después de -abrazarse, comenzó el mayor:</p> - -<p>—Yo, hermanitos, he trabajado durante todo el año de chacarero, y una -vez planté una mata de garbanzos que creció tanto, tanto, que llegó -hasta el cielo.</p> - -<p>—¡Grandaza está la mentira!—dijeron los otros dos.<span class="pagenum"><a name="page_226" id="page_226">{226}</a></span></p> - -<p>—Ahora diga la suya, hermano—dijo el mayor al segundo.</p> - -<p>—Yo—dijo éste—estuve trabajando en una hilandería, y torcí en una -ocasión un hilo tan largo, tan largo, que mientras yo lo tenía de una -punta la otra llegaba al cielo.</p> - -<p>—Bien regrande la mentira—dijeron los otros dos.—A usted, hermanito, -le toca decir la suya.</p> - -<p>—Yo—dijo el menor—no trabajé en nada fijo, sino en lo que me tocaba; -yo a todo le hacía. Una noche que venía por un camino muy solo, me puse -a torcer un cigarrito, y cuando lo fuí a encender, me encontré con que -no tenía fósforos, y mientras tanto, ya me moría de ganas de fumar. ¿Qué -hice entonces? Divisé una luz en la Luna y subí hasta ella a encender mi -cigarro.</p> - -<p>—¿Y por dónde subiste?</p> - -<p>—Por el hilo que tú torciste.</p> - -<p>—¿Y por donde bajaste?</p> - -<p>—Por el garbanzo que tú plantaste.</p> - -<p>Los trescientos pesos le correspondieron al menor, que era el menos -ambicioso y que ni siquiera se había preocupado en todo el año de urdir -su mentira.</p> - -<h2><a name="num1-38" id="num1-38"></a>38. EL PEQUEN Y EL SAPO.</h2> - -<p>Estaba un Sapito arriero tomando el sol, cuando un Pequén, que lo divisó -desde lo alto, bajó y se le puso al lado, sin darle tiempo para saltar -al agua.</p> - -<p>Los sapos, como los burros, tienen fama de ser torpes, pero es un error, -porque son habilosazos y tienen muy buenas ocurrencias.</p> - -<p>Vean, si no, lo que se le ocurrió al Sapo.</p> - -<p>Al ver el peligro en que se hallaba, no se cortó; al contrario, saludó -muy políticamente al Pequén y le dijo:</p> - -<p>—Buenos días, señor Pequén, ¿cómo está su salud y<span class="pagenum"><a name="page_227" id="page_227">{227}</a></span> la de sus oficiales -y soldados? porque, seguramente, usted por lo menos es general. Yo tengo -muy buen ojo y estoy cierto de no equivocarme al decirle que debe ser -general,... si acaso no es el Presidente.</p> - -<p>El Pequén dijo para sí:</p> - -<p>—¡Qué sapito tan dije y tan bien educado!—y en voz alta:—Estamos -todos bien, sapito lindo. ¿Y qué se te ofrece a ti?</p> - -<p>—Nada más que no me coma, señor General; siendo usted una persona tan -digna, espero que no tratará de comerse a este pobre Sapo, contimás que -hay aquí tantísimos ratones a su disposición y su carne es tan ricaza.</p> - -<p>—¡Qué sapito tan bien hablado!—pensaba el Pequén para sus adentros, -¿me lo comeré o no me lo comeré? tengo tantísima hambre.—Y hablando -fuerte, le dijo: Veremos, sapito, si te como o no te como.</p> - -<p>Y en esto el Pequén bostezó y cerró los ojos, y el Sapo que no despegaba -los suyos de los de su enemigo, en cuanto lo vió pestañear se echó al -agua y le gritó al Pequén:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">—¡Ah, pájaro indino,<br /></span> -<span class="i0">saltiaor de caminos,<br /></span> -<span class="i0">que andáis, como garrotero,<br /></span> -<span class="i0">saltiando a los pasajeros!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y el Pequén dijo:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">—¡En qué hora estaría<br /></span> -<span class="i0">que no me comí a esta porquería!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<h2><a name="num1-39" id="num1-39"></a>39. EL GUAIRAO Y EL SAPITO.</h2> - -<p>Pasó volando un Guairao por encima de un estero, y al ver a un Sapito, -bajó para comérselo; pero el Sapito, que lo vió a tiempo, de un salto se -metió al agua. El Guairao, que es medio filósofo, dijo:<span class="pagenum"><a name="page_228" id="page_228">{228}</a></span></p> - -<p>—¡Miren lo que son estos lesos!</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">permiten ahogarse en el estero,<br /></span> -<span class="i0">por no pasar por mi guargüero.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<h2><a name="num1-40" id="num1-40"></a>40. LOS GUAIRAOS Y EL SAPO.</h2> - -<p>Iban volando dos Guairaos y divisan a un Sapo que estaba de espaldas con -la guata al sol, tan blanquita, que le brillaba. Dice un Guairao al -otro:</p> - -<p>—Hermanito, el que está ahí ¿no es un Sapo?</p> - -<p>Y el Sapo, que los oye, le contesta:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">—No soy un Sapo;<br /></span> -<span class="i0">¿que no vis que soy un trapo?<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Entonces el Guairao dijo:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">—A trapo que habla,<br /></span> -<span class="i0">mi guargüero se lo traga.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y se lo comió.<span class="pagenum"><a name="page_229" id="page_229">{229}</a></span></p> - -<h2><a name="II_Parte" id="II_Parte"></a><span class="smcap">II Parte</span><br /><br /> -<small>MITOS, TRADICIONES, CASOS.</small><br /><br /> -<small><span class="smcap">Narraciones supersticiosas.</span></small></h2> - -<div class="blockquott"><p>Benditas sean las tradiciones, tanto más respetables cuanto más -pueriles... Ellas nos conservan lo pintoresco, la noción -sentimental de la vida. En el monótono ir y venir de la péndola, en -el caer de las hojas del calendario, en la vulgaridad de los -hechos, esas tradiciones colocan una flor de poesía. De esta -suerte, y mediante ellas, el itinerario es menos aburrido.—(<span class="smcap">J. -Ortega Munilla</span>).—<i>Tenorios, castañas y buñuelos.</i> (<i>Diario Hisp. -Americano</i>, N.º 394, de 24 de Enero de 1918).</p></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_231" id="page_231">{231}</a></span></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_230" id="page_230">{230}</a></span></p> - -<h2><a name="MITOS" id="MITOS"></a> MITOS</h2> - -<h2><a name="num2-1" id="num2-1"></a>1. EL CHANCHILLO.<br /><br /> -<small>(Referido por D. H. Iribarren Charlín, de 17 años. 8 de Julio de 1911.)</small></h2> - -<p>El Chanchillo es un pescado de las playas de Coquimbo, de metro y medio -de largo por 0.70 de diámetro en su parte más gruesa.</p> - -<p>Es tradicional en la costa de la provincia de Coquimbo la buena amistad -que existe entre el Chanchillo y el hombre. Cuando un pescador ha caído -al agua, porque la tempestad haya hecho zozobrar la barca, o por -cualquier otro motivo, si hay cerca un Chanchillo, toma al hombre sobre -su lomo y lo va a dejar a la playa, en un lugar en que esté libre de -todo peligro. De aquí proviene el cariño que el pescador siente por el -Chanchillo, y por lo cual, siempre que lo divisa, lo saluda con los -nombres más dulces. Es común oir contar a los pescadores que un -Chanchillo libró de la muerte a sus padres o abuelos.</p> - -<p>Si un Chanchillo es cogido en las redes y muere antes de que el pescador -pueda librarlo, el hecho produce verdadera consternación en la población -pescadora, que, presa de un miedo supersticioso, pasa dos o tres días -sumida en la tristeza.<span class="pagenum"><a name="page_232" id="page_232">{232}</a></span></p> - -<h2><a name="num2-2" id="num2-2"></a>2. EL CHUMACO.<br /><br /> -<small>(Información que en 1921 me suministró el cirujano dentista D. Roberto -Sundt, natural de la provincia de Coquimbo.)</small></h2> - -<p>Personaje legendario con quien se atemoriza a las mujeres en los campos -y pueblos situados a ambas márgenes del Choapa, cerca de su -desembocadura, advirtiéndoles que se cuiden de él, que no las vaya a -destripar.</p> - -<p>Posiblemente <i>El Chumaco</i> fué el sobrenombre de un bandido sátiro que a -principios del siglo pasado estableciera en aquellos parajes el campo de -sus fechorías.</p> - -<h2><a name="num2-3" id="num2-3"></a>3. LA CALCHONA.<br /><br /> -<small>(Contado por el niño D. Ramón Fernández G., estudiante, de 14 años. -Santiago, 1911.)</small></h2> - -<p>Un hombre, ignorando la condición de su novia, se casó con una bruja. -Por ciertos hechos que ocurrieron más tarde, entró en malicia, y desde -entonces la acechaba, sin que ella lo notara; hasta que una vez, en la -noche, la vió desnudarse; sacarse los ojos, que dejaba en un plato con -agua; untarse el cuerpo con un ungüento negro; envolverse en un cuero de -oveja, y salir al campo, donde se unió a muchas otras ovejas: y en -cuanto se juntó con ellas, vió que todas emprendían desenfrenada -carrera, y las perdió de vista en un instante.</p> - -<p>El marido tornó inmediatamente a su casa y tomando los ojos que su mujer -había dejado en el plato, y el ungüento, los arrojó a una acequia muy -correntosa.</p> - -<p>Cuando la mujer volvió, no pudiendo encontrar ni los ojos ni el -ungüento, siguió convertida en oveja, y desde entonces se la ve correr -por la orilla del río y de los tajamares. Los muchachos le han puesto el -nombre de Calchona, por tener grandes mechones de lana en las -extremidades de sus patas.<span class="pagenum"><a name="page_233" id="page_233">{233}</a></span></p> - -<h2><a name="num2-4" id="num2-4"></a>4. OTRA VERSION.<br /><br /> -<small>(Del joven estudiante D. Francisco Vásquez, de 15 años, de Santiago.)</small></h2> - -<p>En la Chimba de Santiago vivía, hace mucho tiempo, una bruja casada con -un zapatero, al cual le daba todas las noches un licor para hacerlo -dormir. En cuanto el zapatero comenzaba a roncar, la bruja le echaba -unto a sus niñitos, que se convertían en zorros, y en seguida se untaba -ella, y transformada en cabra, salía a merodear.</p> - -<p>Un día tuvo que ausentarse el zapatero y no volvió sino ya muy entrada -la noche. Se quedó todo sorprendido de no encontrar a su mujer ni a sus -niños; pero en un rincón vió cinco zorritos.—¿Qué es esto? dijo el -zapatero. Y uno de los zorritos contestó.—Mi mamita salió, pero antes -nos echó de los untos que hay en esas cajas y nos volvió zorros y -después se echó ella de los mismos untos y se volvió cabra, y salió.</p> - -<p>Tomó el zapatero del unto y les echó a los zorritos, que se volvieron -niños otra vez, sacó el unto de las cajas y lo arrojó a la acequia, que -llevaba mucha agua, y tiró a la calle las cajas con el poco unto que iba -pegado a ellas.</p> - -<p>Al amanecer llegó la cabra y sólo halló las cajas vacías, con un poco de -unto pegado; lo sacó y se lo echó en la cara, y no le alcanzó para más. -Por eso anda todavía de noche, en figura de cabra con cara y manos de -gente.</p> - -<h2><a name="num2-5" id="num2-5"></a>5. OTRA VERSION.</h2> - -<p>En una casa de campo vivía un matrimonio joven, con dos hijos pequeños. -La mujer era bruja y los jueves en la noche, mientras su marido dormía -profundamente, gracias a un narcótico que le suministraba con el vino, -en la comida, se trasladaba al aquelarre transformada en oveja. El -marido, sospechoso de que algo pasaba, esperó una vez que su mujer se -levantara de la mesa para traer un<span class="pagenum"><a name="page_234" id="page_234">{234}</a></span> guiso de la cocina, y arrojó al -patio el vino con el narcótico. Cuando la mujer volvió, fingió que -acababa de bebérselo. Fueron a acostarse, pero el marido, en lugar de -dormir, atisbaba cuidadosamente a su mujer. Pero antes de media noche se -levantó ella, y el marido la vió desnudarse por completo, untarse el -cuerpo con un ungüento que extraía de un pequeño pote de loza y a la -media noche salir de la casa convertida en oveja. El hombre esperó un -rato, se levantó, ensilló su caballo, guardó en sus bolsillos cuanto -dinero encontró, y tomando a los niños, montó en su cabalgadura y partió -a la carrera, pero no sin incendiar antes la casa, que el fuego consumió -en pocos momentos con todo lo que contenía, incluso el pote de unto. -Cuando la oveja volvió, no halló sino un montón de ruinas, y como había -desaparecido el unto, no pudo tornar a su forma primitiva y tuvo que -seguir viviendo transformada en oveja. Esta es la Calchona, que en todas -partes se introduce, balando tristemente, en busca de sus hijos.</p> - -<p>Los campesinos, que saben que es una mujer que purga sus pecados, la -dejan transitar libremente y le dan leche y las sobras de sus comidas.</p> - -<h2><a name="num2-6" id="num2-6"></a>6. LA VIUDA<br /><br /> -<small>(Me lo contó el joven estudiante D. Carlos Puccio, de Molina y 17 años -de edad, en 1911.)</small></h2> - -<p>Cuando construían el hospital de Molina, a los que pasaban cerca de él a -las 12 de la noche, les salía una mujer vestida de negro (a los que iban -a caballo se les montaba al anca), y del susto, perdían el conocimiento. -Entonces la mujer les robaba todo lo que llevaban.<span class="pagenum"><a name="page_235" id="page_235">{235}</a></span></p> - -<h2><a name="num2-7" id="num2-7"></a>7. LA MUJER LARGA.</h2> - -<p>Del Cementerio de Paredones (provincia de Curicó, departamento de -Vichuquén), sale a las 12 de la noche una mujer muy larga. Cuando -alguien se le acerca, se achica y le crujen las enaguas. Al primer canto -del gallo, vuelve a su sepultura.</p> - -<h2><a name="num2-8" id="num2-8"></a>8. EL PIGUCHEN.<br /><br /> -<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2> - -<p>El Piguchén es un culebrón muy viejo, más o menos de medio metro de -largo, cubierto de cerdas; es de color negro y tiene alas. Vive en la -cordillera, pero, volando, llega de noche hasta San Bernardo y Santiago -y le chupa la sangre al ganado. Se esconde en el día, en el hueco de los -árboles viejos y se conoce su presencia porque los troncos están -chorreados de la sangre que vomita. No se le puede coger porque es muy -venenoso, tanto que basta que sus cerdas toquen la piel de un hombre, -para que éste caiga muerto. Para matarlo, cubren el árbol en que está -escondido con una tela fuerte, para que no pueda huir, y en seguida le -prenden fuego al árbol.</p> - -<p>Para ahuyentarlo e impedir que haga daño al ganado, basta hacer sonar un -cuerno de buey; el sonido ronco que produce este instrumento le causa -pavor y se va a otra parte.</p> - -<p>No embiste contra el hombre sino en caso de verse atacado por él.</p> - -<h2><a name="num2-9" id="num2-9"></a>9. LA CUCA.<br /><br /> -<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2> - -<p>Una señora anciana que vivía en la Cordillera, contó a la abuelita del -niño Vásquez, que me hizo ésta y muchas otras relaciones, que aparecía -en la Cordillera un<span class="pagenum"><a name="page_236" id="page_236">{236}</a></span> monstruo, mitad mujer, mitad vaca, que andaba -siempre con la cabeza tapada, de manera que no se le veía el rostro. La -llamaban <i>La Cuca</i>. Penetraba a las casas, sacaba de sus camas a las -personas que dormían y las dejaba en otro sitio distante, sin causarles -ningún daño.</p> - -<h2><a name="num2-10" id="num2-10"></a>10. EL CABRO VIEJO.<br /><br /> -<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2> - -<p>En la Cordillera vive un ser mitad hombre (un viejo barbudo) y mitad -cabro. Sale por las noches solamente, y si alguna persona pasa cerca de -donde él está, la llama por su nombre; si le contestan, desaparece -inmediatamente y lo encuentran muy lejos, en la misma Cordillera, sin -cabeza y con el cuerpo destrozado; o va a parar a los Pirineos (<i>sic</i>). -Muchos trabajadores del ferrocarril transandino son testigos de lo -primero.</p> - -<h2><a name="num2-11" id="num2-11"></a>11. EL HOMBRE TIGRE.<br /><br /> -<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2> - -<p>En el camino de los Callejones (en la misma Cordillera, pero no sabe mi -informante en qué provincia), salía un tigre a atacar a los viajeros y -les robaba, los llevaba a la cueva en que vivía y los mataba.</p> - -<p>Una vez iba por ese camino un sacerdote acompañado de su mozo, y les -salió el tigre.</p> - -<p>El sacerdote se asustó mucho, y al verlo que temblaba de pavor, el mozo -le dijo:—“No se le dé nada, señor”;—y sacándole la montura al caballo, -se revolcó en ella, se volvió tigre y se puso a pelear con el que les -había salido al camino, y lo venció, dejándolo bastante maltratado. El -vencido dijo:—“No me mates, que soy hombre como tú y soy tu amigo”.—El -mozo del cura lo perdonó, y ambos, refregándose en la montura, se -convirtieron en<span class="pagenum"><a name="page_237" id="page_237">{237}</a></span> hombres. Entonces el que había salido a atacarlos llevó -al cura y al mozo a la cueva en que vivía y les dió de todo lo que tenía -guardado en ella: espuelas de plata, ropa, sillas de montar, alhajas, -etc. Después de lo cual se despidieron y el cura con su mozo continuó su -camino.</p> - -<h2><a name="num2-12" id="num2-12"></a>12. EL PERAL ENCANTADO.</h2> - -<p>En Paredones, provincia de Curicó, hay un peral que se incendia a media -noche. Nadie puede pasar cerca de él, a caballo, porque el caballo se -espanta y arroja al jinete y lo mata.</p> - -<p>LAGUNAS.—NIÑAS QUE SE PEINAN CON UN PEINE DE ORO.</p> - -<h2><a name="num2-13" id="num2-13"></a>13. LA SIRENA DEL RIO CATO.<br /><br /> -<small>(D. Augusto Escárate, de 12 años; ha vivido en Chillán.)</small></h2> - -<p>Cerca del río Cato, provincia de Ñuble, en una parte alejada del camino, -sale en las tardes de los jueves una niña muy hermosa que tiene los -cabellos de oro y canta con muy linda voz. Algunas personas, atraídas -por el canto, se internan en la montaña en donde está la <i>Sirena</i> (la -conocen con este nombre) y no vuelven más. No se sabe lo que les suceda.</p> - -<h2><a name="num2-14" id="num2-14"></a>14. LA SIRENA DE ACULEO.</h2> - -<p>En la laguna de Aculeo sale todas las noches a las 12 a peinarse una -niña, con un peine de oro. Los que pasan cerca y tratan de ir a donde -está la niña, se caen en la laguna y se ahogan irremisiblemente. Se dice -que toca en un arpa de oro y que cuando deja de tocar, salen siete -potros que corren sobre el agua, y siete jinetes que los persiguen -tirándoles el lazo, sin conseguir enlazarlos.<span class="pagenum"><a name="page_238" id="page_238">{238}</a></span></p> - -<h2><a name="num2-15" id="num2-15"></a>15. LA LAGUNA DE TAGUATAGUA.<br /><br /> -<small>(Referido por D. Luis Barahona Novoa, dentista, en 1910.)</small></h2> - -<p>Cuando don Javier Errázuriz hacía secar la laguna de Taguatagua (hace 60 -años, más o menos), decían los pobladores de la hacienda que a la hora -de la siesta salía el Diablo en figura de un toro con las astas de oro. -El mayordomo del fundo lo enlazó un día y el toro cortó el lazo. Mandó -hacer entonces otro más fuerte, de cuero de novillo, que el toro no pudo -cortar, pero arrastró al mayordomo, sin embargo de que montaba un -caballo muy bueno. Cuando el mayordomo iba cerca de la laguna, que aun -no estaba bien seca, sacó su corvo y cortó el lazo, para no morir -ahogado.</p> - -<p>El toro cuidaba de una niña que todas las tardes, después de ponerse el -sol, salía a la orilla de la misma laguna y se sentaba en una piedra a -peinar sus rubios cabellos con un peine de oro. La gente la oía cantar -desde lejos, con voz melodiosa, acompañándose con los sones de un arpa -que tocaba maravillosamente. Si alguien se acercaba, huía -precipitadamente y se zambullía en el agua, para no salir hasta la tarde -siguiente.</p> - -<h2><a name="num2-16" id="num2-16"></a>16. LA CUEVA DE LA NIÑA.</h2> - -<p>En la playa de Bucalemu hay, en un cerro, una caverna que llaman la -Cueva de la Niña, en la cual vive una jovencita encantada, que en la -noche sale a peinarse a la playa con un peine de oro, que relumbra a la -luz de la luna. Se sienta en una roca, y si alguno, atraído por su -hermosura, se le acerca, el mar comienza a subir, hasta ahogar al -curioso. Si en el día entran con luz a la cueva, se la apagan de un -soplido, que no se sabe de dónde sale.<span class="pagenum"><a name="page_239" id="page_239">{239}</a></span></p> - -<h2><a name="num2-17" id="num2-17"></a>17. LA LAGUNA DE PUDAHUEL.<br /><br /> -<small>(Referido en 1911 por el joven estudiante D. Ramón Fernández, de 15 -años, de Santiago.)</small></h2> - -<p>Hace muchos años, cuando aun no se había tendido la línea del -ferrocarril que une a Santiago con Valparaíso, seis carreteros que con -sus correspondientes carretas cargadas venían del puerto a la capital, -llegaron a la laguna de Pudahuel, un Viernes Santo. Cinco carreteros no -quisieron seguir adelante, en consideración a lo sagrado del día; pero -el sexto dijo que no le importaba que fuese Viernes Santo y que él no -estaba para perder el tiempo. Y dándole con la picana a los bueyes, se -metió, con la carreta, en el agua, por la parte más baja de la laguna. -En el momento en que iban más o menos por el medio, un Cuero<a name="FNanchor_I_9" id="FNanchor_I_9"></a><a href="#Footnote_I_9" class="fnanchor">[I]</a> que -había en el fondo asió bueyes y carretas y los atrajo hacia sí. El -carretero, viendo que los bueyes se hundían, los picaneaba y les gritaba -para que salieran afuera; pero inútilmente, porque el Cuero no los -soltó; por el contrario, una vez que aseguró sus presas en lo más hondo -de la laguna, cogió también al carretero, a quien sus compañeros vieron -desaparecer instantes después.</p> - -<p>Desde entonces, todos los Viernes Santos se oyen las voces del -carretero, que llama a sus bueyes.<span class="pagenum"><a name="page_240" id="page_240">{240}</a></span></p> - -<h2><a name="num2-18" id="num2-18"></a>18. LA LAGUNA DE LAS TRES PASCUALAS.<br /><br /> -<small>(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez.)</small></h2> - -<p>Allá en los tiempos en que los españoles dominaban en Chile, vivía cerca -de Concepción, en un hermoso palacio rodeado de huertos y jardines, una -bella dama, madre de tres lindísimas hijas que respondían a los nombres -de Sol, Esperanza y Alegría, pero entre la gente del pueblo, a causa del -nombre de la madre, se las llamaba las tres Pascualas. Murió la madre, y -las niñas se entregaron a una vida disipada, viviendo en continua fiesta -con los jóvenes de Concepción y otras ciudades, que iban a divertirse al -palacio que habitaban. Muchos caballeros se perdieron por culpa de estas -niñas. Las faltas que se cometían en aquel palacio fueron tan numerosas -y tan grandes, que Dios, cansado de tanto pecado, hizo que un día de -gran fiesta, se hundiera el palacio con las tres niñas y todos sus -acompañantes, que serían más de cincuenta personas, llenándose de agua -el espacio que antes ocupaba aquel lugar de disipación y sus -dependencias. Y la extensión de agua que se formó por esta causa, y que -todavía existe, es la que se conoce con el nombre de “Laguna de las tres -Pascualas”.</p> - -<p>Una vez un joven se quedó dormido sobre una gran piedra que hay a la -orilla de esta laguna, y cuando despertó vió que tres hermosas niñas -ponían una mesita delante de él y le sirvieron toda clase de manjares y -vinos exquisitos. Estuvo con ellas el resto del día y toda la noche -divirtiéndose alegremente. Al día siguiente, despertó como a las 12 y se -encontró desnudo sobre un banco de arena del Bío-Bío.</p> - -<p>Siempre que el agua de la laguna baja, se ve una enorme roca que tiene -la forma de una iglesia. Las pocas personas que han conseguido entrar y -salir vivas, dicen que adentro hay un altar maravillosamente lindo, -delante del cual brillan más de cien mil luces.<span class="pagenum"><a name="page_241" id="page_241">{241}</a></span></p> - -<h2><a name="HISTORIAS_DE_BRUJOS" id="HISTORIAS_DE_BRUJOS"></a>HISTORIAS DE BRUJOS</h2> - -<h2><a name="num2-19" id="num2-19"></a>19. LA CUEVA DE LA MULA</h2> - -<p>En un cerro que se levanta al lado sur del Tinguiririca, en el -departamento de San Fernando, por cuya falda pasa el camino del -Calabozo, hay una cueva de Salamanca que tiene a la entrada una gran -piedra en que se ve estampada una pata de mula. Para entrar a esta cueva -deben hacerlo varias personas en compañía, las cuales pueden tomar para -sí lo que quieran de un gran tesoro que hay en el medio de ella; pero, -para salir, tienen que dejar encerrado a uno de los que entraron.</p> - -<h2><a name="num2-20" id="num2-20"></a>20. LA RANA CASTIGADA<br /><br /> -<small>(Me lo refirió el estudiante D. Antonio Morales, de 16 años, en -Santiago, en 1909.)</small></h2> - -<p>En una casa vivían tres hermanas.</p> - -<p>Un día se propusieron visitar a unas amigas, pero una de ellas, -pretextando hallarse indispuesta, no acompañó a las otras dos.</p> - -<p>Cuando estaban de visita, vieron entrar a la sala una enorme rana, que a -todas causó gran susto.</p> - -<p>Las hermanas, que maliciaban que la que se había quedado sin -acompañarlas era bruja, se imaginaron que podía ser ella, que venía a -molestar a sus amigas, a quienes odiaba; y aunque hicieron lo posible -por que las dueñas de casa no le causaran daño, fué cruelmente -maltratada, dándosele de palos con el mango de un plumero.</p> - -<p>Al llegar las dos niñas a su casa, encontraron a su hermana en cama, -cubierta de contusiones y heridas, que ella explicó diciendo que se -había resbalado y que la caída se las había producido.</p> - -<p>La explicación no era aceptable, y de ello dedujeron las hermanas que -era cierto lo que pensaban. Y lo era, en efecto.<span class="pagenum"><a name="page_242" id="page_242">{242}</a></span></p> - -<h2><a name="num2-21" id="num2-21"></a>21. LA RANA VENGATIVA<br /><br /> -<small>(Contado por el mismo joven Morales, en 1909.)</small></h2> - -<p>Una muchacha del pueblo encuentra en su camino una rana y tomando unas -ortigas le pega fuertemente con ellas en el vientre. La rana quedó sin -movimiento, patas arriba y muy hinchada.</p> - -<p>En la noche, al abrir la muchacha la cama para acostarse, una enorme -rana sale de debajo de la almohada y sentándose en las patas traseras se -queda mirando a la muchacha con una mirada tan fija y tan fuerte que le -heló la sangre y cayó muerta.</p> - -<p>La rana era una bruja.</p> - -<h2><a name="num2-22" id="num2-22"></a>22. LA CUEVA DE LAS CARDILLAS<br /><br /> -<small>(Me lo refirió el niño D. Oscar Salinas, de 12 años, en 1912. Lo oyó -contar en Melipilla.)</small></h2> - -<p>En un cerro situado cerca de las Cardillas, en el departamento de -Melipilla, hay una cueva que, según dicen, está habitada por brujas.</p> - -<p>Una vez un joven se propuso visitar la cueva, y en efecto, fué a ella y -entró alumbrándose con una linterna. Al poco rato de andar, se encontró -con una sala muy hermosa, lujosamente amueblada, y sentadas en -riquísimas sillas, unas cinco niñas de 18 a 20 años, muy bonitas y -ataviadas de costosos trajes y valiosísimas alhajas. Lo invitaron a -comer y él aceptó. Los servicios eran de plata y los cubiertos de oro, y -los manjares tan sabrosos que él, mozo rico y muy aficionado a la buena -mesa, jamás los había comido tan exquisitos. En un descuido de las -jóvenes, se echó al bolsillo un cubierto completo y una tortita de -dulce. Cuando terminó la comida, le exigieron que se quedara a dormir y -él, que se había enamorado de una<span class="pagenum"><a name="page_243" id="page_243">{243}</a></span> de las niñas, no se hizo de rogar y -se quedó con ella. Al otro día, cuando despertó, se encontró abrazado a -un esqueleto, y en los bolsillos, en lugar del cubierto, con tres -huesos: en vez de la torta, halló una bosta de buey. La linterna había -desaparecido y le costó mucho trabajo y más de una hora para salir.</p> - -<h2><a name="num2-23" id="num2-23"></a>23. EL HOMBRE QUE QUISO VOLAR.<br /><br /> -<small>(Referido en 1911, por D. Francisco 2.º Vásquez, que lo oyó contar en -Santiago.)</small></h2> - -<p>Vivía en el campo una señora con sus dos hijas, y una vez llegó un -hombre que trabajaba en una chacra vecina a pedir alojamiento y se lo -dieron.</p> - -<p>Serían como las 12 de la noche cuando el hombre despertó, y sintiendo -ruido en la pieza vecina, se levantó descalzo y en paños menores, como -estaba, y se puso a aguaitar por la cerradura de la puerta que -comunicaba su pieza con la de la dueña de casa, y vió a la señora y a -una de sus hijas que, enteramente desnudas, se echaban por todo el -cuerpo un betún negro, y cuando estuvieron completamente embadurnadas, -oyó que decían: “De villa en villa, de lugar en lugar”, y vió que salían -volando por una ventana que estaba abierta y daba al patio. Después de -un buen rato, se metió a la pieza de la señora por la ventana, se -desnudó y se untó todo el cuerpo con el betún negro; después dijo: “De -vida en vida, de lugar en lugar” e inmediatamente voló hasta llegar al -techo y cayó desde esa altura, dándose tan feroz golpe que quedó -aturdido. (No pudo volar bien porque equivocó la fórmula, pues dijo “de -vida en vida, de lugar en lugar”, en vez de decir “de villa en villa, de -lugar en lugar”, que fué como dijeron la señora y su hija).</p> - -<p>Cuando madre e hija llegaron a su pieza, al amanecer, se encontraron con -el cuerpo inanimado del chacarero, y, para castigarlo, la señora lo -convirtió en burro, y lo ocu<span class="pagenum"><a name="page_244" id="page_244">{244}</a></span>paron desde entonces para traerlo cargado -de leña que iban a buscar a un cerro cercano. Pasó así mucho tiempo, -hasta que una noche, la hija menor (no la que había volado) le dijo al -burro:—“Te voy a volver hombre, pero con la condición de que te vayas -lejos de aquí y no vuelvas más”. Y lo llevó a un sitio en que la señora -tenía una plantación de repollos, y tomando uno muy chiquito, se lo dió -a comer. En cuanto el burro devoró el repollito, se convirtió en hombre, -y dando las gracias a su bienhechora, se fué. Al llegar el día, se -encontró en un bosque muy oscuro, y unos leñadores que andaban por ahí, -viéndolo desnudo, le fueron a buscar ropa. El hombre se quedó trabajando -con ellos y les contó lo que le había sucedido.</p> - -<h2><a name="num2-24" id="num2-24"></a>24. EL FALTE BRUJO.<br /><br /> -<small>(Me lo contó, en 1911, el joven D. Carlos Puccio, de 17 años, de -Molina.)</small></h2> - -<p>Hay en Molina un falte que se llama Miguel Molina y es brujo y poeta.</p> - -<p>Cuentan de él que una vez, en la Cordillera, se subió en pelo en un -caballo blanco muy lindo que pacía en un potrero y vieron que de repente -desapareció con la cabalgadura. Dicen que llegó hasta la Argentina, pues -ese mismo día lo vieron allá conversando con un amigo suyo.</p> - -<p>Otra vez, que andaba vendiendo su mercadería por unos caminos, un hombre -que conducía una carreta le sacó de la caja un pañuelo; él se hizo el -que nada había visto y lo dejó irse; pero una vez que el hombre se hubo -adelantado como tres cuadras, la carreta comenzó a retroceder hasta que -llegó cerca del falte y el carretero tuvo que devolverle el pañuelo -robado.</p> - -<h2><a name="num2-25" id="num2-25"></a>25. LOS BRUJOS DE PEUMO.<br /><br /> -<small>(Procede de D. Roberto Rengifo, quien me entregó escrita esta relación -en 1921.)</small></h2> - -<p>Cerca del pueblo de Peumo, capital del departamento<span class="pagenum"><a name="page_245" id="page_245">{245}</a></span> de Cachapoal, hay -unos cerros aislados cuyas cumbres tienen la forma de bonetes cónicos de -punta alta redondeada, y a ellos acostumbra ir la gente de los -alrededores a holgarse y divertirse los días domingos, llevando causeos -y licores. El más grande de estos cerros se llama Gurutrén o Gulutrén.</p> - -<p>Vivían en ese punto, no hace aún muchos años, algunos pobres -descendientes de los aborígenes, que pasaban por brujos entre los -pobladores modernos, atribuyéndoles que, como en la cumbre del Gulutrén -bailaba el Diablo, subían ellos los sábados a hacer licanes o untos para -echarse en el cuerpo y salir volando como los chonchones.</p> - -<p>Cuentan que el carpintero de la hacienda de Codao, que era la más grande -y próxima de aquellos contornos, se perdía los sábados, de Peumo, y las -malas lenguas lo atribuían a que tenía tratos con los brujos. Y en -prueba de ello referían que algún tiempo después, queriendo volar él -también, subió con los otros brujos al Gulutrén, se echó los untos y -diciendo “Sin Dios ni Santa María”, se tiró desde la cumbre y de repente -se encontró en el aire volando entre una bandada de chonchones; pero, al -pasar por sobre las casas del fundo y divisarlas tan abajo, asustado -exclamó: “¡Ave María, que vamos bien alto!”, y en el acto se cayó y se -mató. El domingo por la mañana lo encontraron reventado, en medio del -camino, frente a las casas<a name="FNanchor_J_10" id="FNanchor_J_10"></a><a href="#Footnote_J_10" class="fnanchor">[J]</a>.<span class="pagenum"><a name="page_246" id="page_246">{246}</a></span></p> - -<h2><a name="num2-26" id="num2-26"></a>26. LA APARICION DE LA CULEBRA.<br /><br /> -<small>(Me lo contó en 1911 el niño D. Juan Pereira, de 16 años, de Cauquenes.)</small></h2> - -<p>Un caballero invitó a almorzar a una comadre que pasaba por bruja, y en -medio del almuerzo le preguntó si era cierto lo que de ella se decía, y -le pidió que si lo era efectivamente, hiciese que le apareciera a él una -culebra enroscada en el brazo derecho. La comadre se quedó callada; pero -al poco rato el caballero sintió como que se le adormecía el brazo, y -poco a poco fué apareciendo una culebra, que momento a momento le -estrechaba más el brazo. Entonces el caballero le pidió que la hiciera -desaparecer, pero la comadre le dijo que ella misma no podía hacerlo; -que tenía que ir a casa de otra bruja, que le indicó; y que llevara de -unas yerbas de que le entregó un buen manojo. Fué allá, y la otra bruja -le sobó el brazo con el zumo de las yerbas y la culebra fué -desapareciendo poco a poco.</p> - -<h2><a name="num2-27" id="num2-27"></a>27. EL COMERCIANTE CONVERTIDO EN BURRO.</h2> - -<p>Nicolás Fuenzalida, de 70 años, guardián de la Biblioteca Nacional, me -contó, en 1920, en presencia de varios empleados de la misma Biblioteca, -que siendo joven de unos veinte años, había sido mozo de un rico -comerciante que recorría todo el Sur con una recua de mulas cargadas de -mercaderías, y él era uno de los diez o más hombres que lo acompañaban -para el servicio y resguardarlo de los bandidos que en aquel tiempo -infestaban los caminos; y que una vez que iban de viaje, se alojaron en -casa de un campesino acomodado que tenía varias hijas muy hermosas. -Comieron bien y se fueron a dormir, el patrón solo, en una pieza cómoda -y bien amueblada, y ellos, en el pajar, cuidando de las bestias. Debían -continuar el viaje al día siguiente, pero el comerciante no apareció,<span class="pagenum"><a name="page_247" id="page_247">{247}</a></span> -sin embargo de que nadie lo había visto salir. Esperaron tres días y -como el comerciante no pareciera, dieron aviso al Subdelegado, que, -mientras tanto, se hizo cargo de las mulas y de las cargas.</p> - -<p>Fuenzalida y los demás mozos se fueron cada uno por su lado.</p> - -<p>Pasados algunos años, Fuenzalida se encontró en Santiago con su antiguo -patrón y le preguntó qué le había sucedido en aquella ocasión. El -comerciante le contó que el campesino dueño de la casa en que alojaron, -lo había sorprendido a media noche con la menor de las niñas y, en -venganza, lo había convertido en burro, porque era brujo; que lo había -tenido así seis meses haciéndolo trabajar hasta dejarlo rendido, y todas -las noches, antes de irse a acostar, le propinaba una paliza que lo -dejaba todo derrengado; que pasados los seis meses, le había -dicho:—“Creo que ya estás bien castigado de la falta de lealtad con que -pagaste la hospitalidad que te di; pero si quieres volver a ser hombre, -tendrás que firmarme una escritura por la que conste que te he comprado -y pagado las mulas y mercaderías que todavía están en poder del -Subdelegado, y entregues 10,000 pesos a mi hija, como dote; si no, -seguirás siendo burro toda tu vida”. No tuve más remedio que aceptar, -pues, de haberme negado, todavía sería burro y estaría viviendo a razón -de hambre y yéndome a dormir previa una formidable paliza cada noche.</p> - -<h2><a name="num2-28" id="num2-28"></a>28. EL CABALLERO QUE QUISO APRENDER A BRUJO.<br /><br /> -<small>(Referido por D. Francisco 2.º Vásquez.)</small></h2> - -<p>Un caballero fue a visitar a un amigo y se quedó a tomar once. Servido -el té, el amigo tomó una bandeja, se fué al rincón de la sala y se puso -a decir:—“¡Vengan galletas! ¡vengan tostadas!” y aunque repitió estas -frases<span class="pagenum"><a name="page_248" id="page_248">{248}</a></span> varias veces, la bandeja continuaba vacía. Entonces salió al -patio, y el caballero, desde donde estaba sentado, lo veía mover los -labios como si murmurase unas palabras. Después de lo cual entró y se -dirigió nuevamente al rincón con la bandeja y comenzó a repetir las -mismas frases:—“¡Vengan galletas! ¡vengan tostadas!”, y la bandeja, en -un instante se cubrió de galletas y tostadas riquísimas; pero muchas de -las visitas que había en la casa no quisieron ni siquiera probarlas, por -temor de que les ocurriera alguna desgracia.</p> - -<p>Cuando se retiraron las visitas, el caballero le dijo a su -amigo:—“Quisiera que me enseñaras la manera de conseguir los alimentos -que pida”.—“No sólo los alimentos—contestó el amigo—sino todo lo que -uno desee. Ven mañana, en la noche, y te enseñaré”. Volvió el caballero -al otro día, ya oscuro, y el amigo lo llevó a una pieza apartada de la -casa y ahí los dos se desnudaron completamente. El caballero tenía -colgado al cuello un <i>detente</i>; el amigo le ordenó que se lo sacara y lo -tirara afuera por una ventana, lo que hizo el otro. Esperaron las 12 de -la noche y se fueron a un cerro cercano y cuando estuvieron arriba, el -amigo balbuceó unas palabras que el caballero no entendió e -inmediatamente se vieron rodeados de multitud de animales feroces y -alimañas horribles. El amigo se puso a acariciar a un culebrón, que se -le enrolló en el cuello, y le dijo al caballero:—“Toma tú el animal que -más te guste”. El caballero tiritaba de miedo y dijo a su amigo que -mejor no le enseñara el arte de ser brujo porque jamás se atrevería a -ejercitarlo. Entonces el amigo murmuró unas cuantas palabras y el -caballero se encontró vestido en la puerta de su casa.<span class="pagenum"><a name="page_249" id="page_249">{249}</a></span></p> - -<h2><a name="num2-29" id="num2-29"></a>29. EL ZAPATERO QUE SE VOLVIA GALLO.</h2> - -<p>Siendo yo empleado de la Administración principal de Correos de Santiago -(1888), desempeñaba el puesto de Oficial 2.º de la misma Administración -don Francisco Muñoz Donoso, hermano del canónigo y famoso orador sagrado -don Esteban Muñoz Donoso, en cuya compañía, y en la de toda su familia, -vivía en la calle de Santa Rosa.</p> - -<p>Un día que varios empleados de la oficina hablábamos de los tipos raros -de Santiago, Muñoz Donoso nos refirió la curiosa historia de un zapatero -que contaba haberse vuelto gallo, y habiendo yo manifestado deseos de -oir de boca del mismo zapatero protagonista tan peregrina relación, me -llevó a casa del zapatero, que también vivía en la calle de Santa Rosa.</p> - -<p>El zapatero era un hombre entrado en años, de gesto alegre y de rostro -simpático, a pesar de faltarle un ojo, cuyos párpados se hundían dentro -de la cuenca.</p> - -<p>Sabedor del objeto de mi visita y a la vista de dos chauchas que -deposité sobre su mesa de trabajo, desató la sinhueso, y se lanzó a -contarme aquella historia:</p> - -<p>“Vivía en esta misma calle, cerca de mi casa, señor, un caballero rico -que había perdido su fortuna en las peleas de gallo, a que era -extremadamente aficionado. Un día que este caballero me trajo unos -zapatos para que se los remendara, se puso a departir conmigo y a -quejarse de su mala suerte: ya no le quedaban más de 200 pesos de los -muchos miles que había tenido y pensaba jugarlos el domingo próximo -apostando a un famoso gallo inglés que debían llevar ese día a la -cancha. Yo le dije:—Antes de ir a la cancha, pase, señor, por mi -cuarto, yo dejaré la puerta junta para que entre, y en mi mesita de -trabajo encontrará una jaula con un buen gallo de pelea; llévelo y -apueste cuanto pueda a ese gallo y esté seguro de que ganará. A la -vuelta pasa a dejar la jaula donde la<span class="pagenum"><a name="page_250" id="page_250">{250}</a></span> encontró, y, al lado, cinco pesos -por cada apuesta que gane.</p> - -<p>“Llegó el domingo, y yo, señor, que entonces practicaba el arte, me -volví gallo y me metí adentro de la jaula. Pasó el caballero, me llevó a -la cancha, y despaché con toda facilidad cuatro o cinco gallos, incluso -el famoso gallo inglés.</p> - -<p>“En cuanto, de vuelta, me dejó en la mesa y se fué el caballero, salí de -la jaula y me volví hombre y encontré en el sitio convenido más de cien -pesos.</p> - -<p>“Al otro día me dijo el patrón que había ganado como 5,000 pesos y -quedamos en que el domingo volvería a buscar el gallo. Me volvió a -llevar, y como en la vez anterior, maté todos los gallos que me pusieron -al frente, y así siguió sucediendo por más de un mes, el caballero -llenándose de plata y yo ganando cada domingo entre ciento y ciento -cincuenta pesos, de suerte que, como estaba en la pura boya, ya ni -siquiera trabajaba. Señor, todo el mundo me agarró miedo y ya no querían -apostar en mi contra, porque todos se estaban arruinando. Pero sucedió -que una vez, al dar fin a la pelea, un hombre flaco y muy feo, que por -primera vez se le veía en la cancha, desafió a mi patrón para el domingo -siguiente, diciéndole que él llevaría un gallo que valía más que el de -mi patrón y que desde luego le apostaba 20,000 pesos.—“Convenido, le -dijo mi patrón”, y tomando la jaula, la dejó en mi pieza con la parte de -ganancia que me correspondía. Yo, señor, si le he de decir verdad, -cuando oí el desafío de aquel hombre tan feazo, me dió un poquito de -susto, pero, cuando llegó el domingo, para criar valor, porque el susto -me duraba, tomé un buen trago de aguardiente, me volví gallo y me metí -en la jaula. Cuando llegamos a la cancha, ya estaba ahí el hombre flaco, -con un gallo macizo, señor, un gallo que era gigante entre los gallos, y -renovó su apuesta. Fueron a los 20,000 pesos y nos pusieron a mí y a mi -contrario frente a frente.</p> - -<p>“Señor, la pelea fué tremenda. Al ver a aquel gallazo<span class="pagenum"><a name="page_251" id="page_251">{251}</a></span> tan grande se me -picó el amor propio y me hirvió la sangre.—“¡Clo, clo, clo!—dijo mi -enemigo después de un buen rato de pelea en que no habíamos hecho más -que arrancarnos las plumas, y me lanza tan feroz estacazo en el ojo -derecho que me lo vació por completo y casi perdí el conocimiento; pero -me sostuvo la rabia y el aguardiente que había tomado, y me le fuí a la -carga con todo denuedo; él se defendía también valerosamente, y el -espectáculo presentaba tantos atractivos que los jugadores curiosos ni -respiraban siquiera. Yo estaba, señor, ciego de la rabia de haber -quedado tuerto, y criaba más valor al oir que todos apostaban contra -mí.—“Van 20,000 pesos más”, gritaba el hombre flaco.—“Van 20,000 más”, -contestaba mi patrón. Creo que entre todos los jugadores apostarían más -de 100,000 pesos a favor del otro gallo. El caso es que de tanto pelear -estábamos los dos contendientes bien cansados, pero yo veía que el otro -estaba más gastado que yo; y picotazo va y picotazo viene, y un -espolonazo chingado y otro que se perdía en el aire, pillé a mi enemigo -en un descuido y... ¡Clo, clo, clo, clo!... con todas las fuerzas que me -quedaban, le atravesé con la espuela la cabeza y lo dejé tendido, -muerto. Señor, no se oían mas que las maldiciones de los perdidos, que -eran casi todos los que ahí estaban, y la voz del patrón que contaba la -plata que recibía y se embolsicaba muy placentero.</p> - -<p>“El patrón me dejó al lado de la jaula $5,000, y al otro día, al verme -tuerto, me preguntó qué me había pasado. Sólo entonces le conté que era -yo el que peleaba convertido en gallo, y le dije que ya no pensaba -volverme gallo nunca más. Creo, señor, le agregué, que el gallo que maté -era un hombre como yo, y quién sabe si era el Diablo el que lo llevaba.</p> - -<p>“El caballero me dijo que como ya había rehecho su fortuna, pensaba no -jugar más y así lo hizo. Pero yo, señor, que era joven, que no olvidaba -que tantas veces había sido gallo y que me gustaba divertirme, remolí -to<span class="pagenum"><a name="page_252" id="page_252">{252}</a></span>da la plata, y cuando me quedé sin cobre volví a trabajar en mi -antiguo oficio de zapatero.</p> - -<p>“Señor, la plata que ganan los brujos no aprovecha, se vuelve sal y -agua”.</p> - -<h2><a name="num2-30" id="num2-30"></a>30. LA ROSA DE LAS MONJAS CLARAS.</h2> - -<p>En unas misiones que se daban en el Sur de Chile, después de terminadas -las distribuciones piadosas, un hombre se acercó a confesarse con uno de -los misioneros, y, entre otros pecados, se confesó de que practicaba la -magia negra. El sacerdote le dijo que un hombre inteligente no debía -creer en tales cosas, que las prácticas de magia eran simples ilusiones -diabólicas y que nunca producían nada positivo. El penitente le contestó -que no era así y que, si quería comprobarlo, lo pusiera a prueba. El -sacerdote aceptó, y le dijo que le hiciera venir una rosa del rosal tal -y cual que estaba en tal parte del jardín de las monjas clarisas de -Santiago, único de su clase que había en todo el país. El hombre le dijo -que estaba bien, que se la traería en una hora y que, para proceder, lo -encerrara en una pieza oscura y que guardara la llave. Así se hizo, y el -sacerdote, después de cerrar la puerta de la pieza, se guardó la llave. -Como tres cuartos de hora después el sacerdote entró a la pieza, y cuál -no sería su espanto al ver tendido en el suelo un cuerpo sin cabeza. -Repuesto un poco del susto, se propuso hacer una prueba en el cuerpo que -estaba en tierra sin movimiento y le enterró en el talón del pie -izquierdo un alfiler, pero el cuerpo estaba completamente insensible. -Salió, y no volvió a entrar sino una vez cumplida la hora, y si antes -fué grande su espanto al encontrarse con un cadáver, cuánto mayor no -sería al verse frente a frente del hombre, que, de pie, le ofrecía una -rosa, fresca y fragante, y le preguntaba si era de las mismas que le -había pedido. El sacerdote, que estaba sumamente admirado, no contestó -nada, sino que lo invitó a salir del cuarto. Cuando el hombre se<span class="pagenum"><a name="page_253" id="page_253">{253}</a></span> puso a -andar, cojeaba y se quejaba. El sacerdote le preguntó qué tenía, y él le -respondió que al dejarse caer desde lo alto de la muralla al jardín de -las monjas, se había clavado una espina del rosal en el talón y le dolía -mucho.—“¿No ves como todo es pura ilusión?—le dijo el padre. No hay -tal espina, ni tal muralla, ni nada; el dolor que sientes proviene de un -alfiler que yo mismo te clavé en el talón”;—y para demostrárselo, le -retiró el alfiler.—“Lo de la espina puede que sea ilusión, repuso el -hombre; pero ¿y la rosa? es o no es de las del jardín de las monjas -claras? Señor, yo no quiero volver a practicar la magia, y deseo seguir -confesándome”. Y terminó su confesión, manifestándose muy arrepentido de -sus pecados.</p> - -<p>Esta historia se la contó a Francisco 2.º Vásquez su abuelita, quien la -oyó de boca del sacerdote que confesó al brujo.</p> - -<h2><a name="num2-31" id="num2-31"></a>31. EL CABALLERO QUE FUE TRANSFORMADO EN CABALLO Y DESPUES EN PAVO<br /><br /> -<small>(Contado en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito -González, natural de Choapa, de 57 años de edad.)</small></h2> - -<p>Un empleado de la administración de la hacienda de Panquehue refirió en -1910 a un grupo de trabajadores, entre los cuales se encontraba el -maestro Tránsito, que, en una ocasión que fué a Talagante,<a name="FNanchor_K_11" id="FNanchor_K_11"></a><a href="#Footnote_K_11" class="fnanchor">[K]</a> unos -amigos lo convidaron a remoler en casa de unas niñas buenasmozas. El se -atracó a una haciéndosele el enamorado, y como no consiguiera la primera -noche lo que pretendía, se quedó en la casa unos cuantos días, hasta que -salió con la suya, pero engañando a la niña con palabra de casamiento.<span class="pagenum"><a name="page_254" id="page_254">{254}</a></span></p> - -<p>“Cuando me volvía—contaba—muy satisfecho de mi hazaña, al atravesar un -bosquecito me encontré de repente convertido en caballo”. ¡Caramba!, -dije para mí, ¿qué voy a hacer ahora? No es mala la suerte que se me -espera si sigo siendo caballo!” Y me metí en el bosquecito, en donde -pasé el resto del día y toda la noche.</p> - -<p>“Al otro día temprano, unos trabajadores que estaban trillando con -yeguas en un campo cercano, tropezaron conmigo, y uno dijo:—“¡Caracho -con el caballo lindo! ¿Llevémoslo pa l’era?—Ya ’stá, llevémoslo”. Y lo -llevaron.</p> - -<p>“Trabajé muy bien, amigos, para que no me azotaran ni me clavaran las -espuelas, y todos me miraban con la boca abierta de ver tan bien que lo -hacía. En esto llega el capataz de la trilla y pregunta:—“¿De quién es -ese caballo?—Lo encontramos en medio de la mancha de boldos que ’stá pu -allá arriba, contestó uno.—Suéltenlo, dijo el capataz, no vaya a venir -su dueño y nos haga cargos por estar trabajando con caballo ajeno.—Pero -si no tiene marca, señor.—No importa; suéltenlo”. Y con gran contento -de mi parte me soltaron y me volví para la manchita de boldos, como -decían los peones por el bosquecito, no muy ligero, porque, como no -estaba acostumbrado al trabajo que me habían obligado a hacer, me sentía -muy fatigado.</p> - -<p>“Apenas entré al bosque, se me puso por delante la muchacha con que -había estado remoliendo, y tirándome un atado de pasto me dijo:—“Toma, -pa qui aprendáy a burlarte de las mujeres; yo te volví caballo; cómete -ese pasto y mandate a cambiar”.</p> - -<p>“Me comí el pasto y en cuanto tragué la última mascada, me volví hombre -otra vez.</p> - -<p>“Ya era de noche y apreté a correr para el pueblo y en el primer rancho -que vi con luz golpeé y salió a abrir la puerta una mujer como de unos -veinticinco años, nada mal parecida.</p> - -<p>—“Señora, le dije, deme alojamiento por esta noche, porque no sé a -dónde dirigirme, y me siento muy cansa<span class="pagenum"><a name="page_255" id="page_255">{255}</a></span>do; he perdido mi caballo y ni -siquiera sé en qué parte me encuentro.</p> - -<p>—“Está a la entrada de Talagante, señor, y por lo que hace a -alojamiento, no hay en el rancho mas que esta pieza y no tengo otra cama -que la que usted ve”—y me mostraba una pallasa tirada sobre un catre; -además, mi marido no está en la casa, pues salió a hacer unas -diligencias y no volverá hasta mañana.</p> - -<p>—“Señora, permítame que me ponga en un rincón cualquiera; si lo único -que deseo es estar bajo techo, y no se moleste por mí.</p> - -<p>—“Si no es tan delicado como yo creía, entre, pues, señor.</p> - -<p>“La mujer se desnudó y acostó, y en seguida me dijo:</p> - -<p>—“Ya sabe usted que no hay más que esta cama, si quiere, venga a -acostarse a mi lado.</p> - -<p>—“Pero, señora, si aquí estoy bien y no quiero molestarla, si me basta -con no dormir al sereno.</p> - -<p>—“Venga a acostarse le dicen, y no sea leso.</p> - -<p>—“¿Y si llega su marido de repente y me pilla?</p> - -<p>—“No sea leso, le digo; mi marido está en Malloco y no llegará hasta -mañana con el sol alto.</p> - -<p>“¡Qué diablos! la mujer no era fea, y mejor es dormir aunque sea en una -pallasa que acurrucado en un rincón. Me desnudé y acosté al lado de la -mujer.</p> - -<p>“Al otro día, muy temprano, antes que saliera el sol, sentimos que -alguien se acercaba cantando al rancho.</p> - -<p>—“Es mi marido,—dijo la mujer—¿cómo se habrá venido tan pronto?; pero -no importa, vístase ligerito y se mete debajo del catre.</p> - -<p>“Apenas me había escondido en el lugar que me dijo la mujer, entra el -marido y la mujer le dice:</p> - -<p>“—Anda a buscarme leña, Manuel, para hacer lueguito una cazuela, porque -he amanecido con antojo.</p> - -<p>“Y mientras Manuel iba por leña al sitio, la mujer dijo unas cuantas -palabras que no entendí y me volví pavo, y me echó para el corral, donde -había muchos otros toda<span class="pagenum"><a name="page_256" id="page_256">{256}</a></span>vía en su dormidero. Me subí como pude y me metí -entre las demás aves, cuando oigo a Manuel que pregunta a su mujer:</p> - -<p>—“¿Y ese pavo tan grandazo y tan gordo?</p> - -<p>—“Es de la vecina y debe haberse pasado ayer en la tarde.</p> - -<p>—“Matémoslo pa que no sea intruso y comimos cazuela ’e pavo con -chichoca, ¿qué te parece, Juana?</p> - -<p>—“Ya ’sta—contestó la mujer y tomando un palo le asestó un feroz -garrotazo al pavo que estaba a mi lado, que cayó redondito al suelo.</p> - -<p>“Para qué les cuento mejor el susto padre que pasé, porque, la verdad, -creí que la Juana me iba a dar el garrotazo a mí.</p> - -<p>“Poco después dijo la mujer a Manuel:</p> - -<p>—“Anda a pedirle a mi comadre Mercedes que me dé un poco de chichoca, -porque se ha acabado la que teníamos.</p> - -<p>“Salió Manuel y la Juana aprovechó el momento de ausencia de su marido -para volverme hombre, y me dijo:</p> - -<p>—“Váyase ligerito por este camino, y que le vaya bien.</p> - -<p>“Y aquí me tienen ustedes que por cierto nunca se habrían figurado que -yo he sido caballo y pavo.</p> - -<p>—De lo último tuavía le quean rastros, dijo un trabajador por debajujo.</p> - -<p>—Y de lo primero también, dijo <i>despacito</i> otro trabajador, porque no -hace mucho tiempo me dió a mí una media patá que me dolió tanto como si -el patrón tuviera herraúras tuavía; y too porque le contesté.</p> - -<h2><a name="num2-32" id="num2-32"></a>ILUSIONES<br /><br /> -<small>32. EL CABRO DE LA CALLE DE BUERAS</small><br /><br /> -<small>(Relatado en 1912 por el niño D. Enrique Alfaro, de 17 años, de Santiago.)</small></h2> - -<p>En la calle de Bueras, de Santiago, había, hace años, una higuera, y de -entre sus raíces salía todas las noches un cabro que se paseaba de un -extremo a otro de la calle.<span class="pagenum"><a name="page_257" id="page_257">{257}</a></span> Un carnicero, que se llamaba Alejo y vivía -en una casa situada cerca de la higuera, siguió una noche al cabro y lo -alcanzó; pero, aunque le dió muchas cuchilladas, no le hizo daño, porque -era pura ilusión.</p> - -<h2><a name="num2-33" id="num2-33"></a>33. LA NIÑA DE LOS GRANDES OJOS.<br /><br /> -<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2> - -<p>Una noche iban dos jóvenes un poco chispos por la calle del Galán de la -Burra (actual calle de Erasmo Escala, de Santiago) y divisaron, como a -media cuadra, a una niña muy hermosa, con unos ojos que brillaban como -luces, y a medida que se acercaban a ella, le veían los ojos más -grandes; y tanto le fueron creciendo, que al llegar no vieron ni cara ni -cuerpo, sino dos enormes ojos que los miraban fijamente. Los jóvenes, -huyeron despavoridos, rezando en voz alta.</p> - -<p>Se cree que todo fué simple alucinación, producida por la embriaguez.</p> - -<h2><a name="num2-34" id="num2-34"></a>34. LAS SOMBRAS.<br /><br /> -<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2> - -<p>Una noche de luna, un caballero tuvo que emprender un viaje de Talca a -Pelqui, y para llegar a su destino debía atravesar una montaña a -caballo. Al penetrar en ella, el caballo se detuvo espantado, porque -debió ver, como vió el jinete, un cadáver tendido en el suelo, no muy -lejos, con los brazos abiertos. El caballero también se asustó y para -vencer el miedo clavó las espuelas al caballo y lo dirigió derecho hacia -el cadáver. Al llegar cerca de él, pudo darse cuenta de que lo que había -tomado por un muerto era el tronco de un árbol que el tiempo había -derribado; con lo que desapareció todo temor y siguió tranquilo su -camino.<span class="pagenum"><a name="page_258" id="page_258">{258}</a></span></p> - -<p>A poco andar, ve pasar algo extraño por entre los árboles, y el caballo -vuelve a detenerse: era un león. Prepara el viajero un trabuco que -llevaba consigo, que era el arma que se usaba en aquellos tiempos, y -después de disparar, ve que lo que le había parecido un león era la -sombra que proyectaba la cumbre de un cerro vecino.</p> - -<p>Cuando concluyó de pasar la montaña y entró al valle, le sale al -encuentro una viuda,<a name="FNanchor_L_12" id="FNanchor_L_12"></a><a href="#Footnote_L_12" class="fnanchor">[L]</a> a caballo, que sigue el camino a la par de él. -El caballero le dirige la palabra, pero ella no le contesta. Después de -avanzar largo trecho, en silencio, uno al lado del otro, la viuda deja -su caballo y de un salto se sienta al anca de la cabalgadura de su -compañero, que intenta tomarla, pero no encuentra a nadie.</p> - -<p>Adelanta el caballero en su camino, y a poco andar ve que se eleva de la -tierra algo como una nube; fija su atención y ve que es un fantasma. -Temeroso del peligro que pudiera acarrearle tal encuentro, huye a toda -rienda, y el fantasma detrás. Por suerte, en su carrera desenfrenada, -tropieza con una choza, en la que se mete con caballo y todo.</p> - -<p>En ese momento empieza a amanecer y con la claridad del día se desvanece -todo temor; pero la impresión de lo que le había sucedido le duró mucho -tiempo al caballero.</p> - -<h2><a name="num2-35" id="num2-35"></a>MALDICION<br /><br /> -<small>35. EL RISCO DEL ARRIERO</small><br /><br /> -<small>(1910).</small></h2> - -<p>En el cerro de las Petacas, departamento de Colchagua, hay un risco muy -grande que tiene una mancha amarillenta que representa a un arriero que -tiene una mula a su lado. Dicen que en tiempos antiguos, un fraile -salió, en ese sitio, a pedir limosna a un arriero que con<span class="pagenum"><a name="page_259" id="page_259">{259}</a></span>ducía una mula -con una carga de plata, y no sólo no le dio nada, sino que lo injurió. -El sacerdote lo maldijo, y tanto el arriero como la mula quedaron -incrustados en la piedra.</p> - -<p>En otro risco que está cerca, se ve otra mancha amarillenta, que semeja -la figura de un fraile.</p> - -<h2>TESOROS</h2> - -<p class="nind"><span class="smcap">Informaciones</span>:</p> - -<p>I.—Los entierros están siempre en pailas de cobre y a los pies de un -boldo o de una patagua. En la noche, entre 7 y 8, salen candelillas del -punto en que está oculto el tesoro.</p> - -<p>II.—Cuando se encuentra un entierro, se toma de él nada más que una -moneda, que se guarda sin gastarla, durante un año. Transcurrido el año -se puede sacar lo demás. Al hallar el entierro, se deben mandar decir -cinco misas por el alma del que fué dueño del tesoro.</p> - -<h2><a name="num2-36" id="num2-36"></a>36. EL ENTIERRO DEL NARANJO<br /><br /> -<small>(Referido en 1911, por D. J. Andrés González, de 55 años, de Santiago.)</small></h2> - -<p>En 1890, más o menos, en una casa situada en la calle de la Recoleta, de -Santiago, frente a la iglesia de este nombre, en la cual vivió y murió -un clérigo, habitaba un hombre que se llamaba Pedro (el informante no se -acuerda del apellido), que tenía una tienda en la misma casa, y a su -servicio un muchachito como de 12 años. Una mañana encontró el dicho -Pedro al muchachito tendido en el patio, sin conocimiento; después de -hacerle algunos remedios, volvió en sí, pero muy asustado. El patrón le -preguntó qué le había pasado, y aunque haciéndose mucho de rogar, contó -al fin que en la noche salió a hacer una necesidad y cuando volvía vió -en el patio, debajo de un naranjo, a un clérigo que le dijo que ahí -mismo había dejado una gran cantidad de plata enterrada. Pedro dijo al -muchacho que habría soñado y que<span class="pagenum"><a name="page_260" id="page_260">{260}</a></span> no hiciera juicio de leseras. Al día -siguiente le pagó el sueldo de un mes, le ordenó que se fuese a -medicinar a su casa y que no volviera hasta que estuviere bien bueno.</p> - -<p>En la misma noche el hombre se puso a cavar, y efectivamente encontró un -entierro. Realizó su negocio y se fué para el campo a trabajar en tienda -y despacho.</p> - -<p>De la plata que encontró debajo del naranjo, nada gastó hasta pasado un -año, pues, de otro modo, la habría perdido toda.</p> - -<p>Fué muy rico, pero se botó a tunante y no pasó de una modesta medianía.</p> - -<h2><a name="num2-37" id="num2-37"></a>37. LOS DOS VIAJEROS<br /><br /> -<small>(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.)</small></h2> - -<p>Dos hombres habían salido a hacer una excursión a pie, y después de -mucho andar se extraviaron y rendidos de fatiga se recostaron en la -tierra, a la sombra de unos árboles. Uno de los excursionistas se quedó -dormido casi inmediatamente, pero el otro no pudo cerrar los ojos y se -sentó a fumar un cigarrillo. Mientras fumaba, miró a su compañero, que -seguía durmiendo como un ángel de Dios, y se extrañó sobremanera de ver -que de su boca salían unos como globitos de colores que se desvanecían -en el aire, pero de repente salió uno mucho más grande que los otros que -se elevó un poco y después siguió en dirección hacia el oriente, rodeado -de unos cuantos jotes que lo acompañaban dando manifestaciones de -alegría. Esto le llamó mucho la atención y, levantándose, siguió al -globo y a sus acompañantes, los cuales no se detuvieron sino al llegar -al pie de un peñasco situado en la falda de un cerro cercano, debajo del -cual se introdujo el globo. El hombre dejó una señal y volvió a reunirse -con su compañero, que todavía dormía. Para despertarlo, lo remeció -fuertemente; pero fué menester repetir tres veces la operación para que -produjera resultado. El dormilón, al<span class="pagenum"><a name="page_261" id="page_261">{261}</a></span> despertar, dijo a su -amigo:—“Soñaba un sueño muy lindo: que iba por un camino y me -encontraba con unos amigos que me recibieron muy alegremente y me -dijeron que me iban a regalar un tesoro; cuando tú me despertaste, me -llevaban a mostrármelo”.</p> - -<p>El amigo escuchó la relación, y en seguida condujo a su compañero al pie -del peñasco y sin contarle lo que había visto, lo invitó a que lo -acompañara a cavar en el lugar en que había visto desaparecer el globo -de color, y, como lo esperaba, a las pocas azadonadas, tropezaron con -una gran paila llena de onzas de oro.</p> - -<p>Sólo después de repartirse el tesoro entre los dos, contó el que había -estado en vela a su amigo dormilón todo lo que había visto.</p> - -<h2><a name="num2-38" id="num2-38"></a>38. EL CLERIGO<br /><br /> -<small>(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.)</small></h2> - -<p>Hace tiempo, nadie se atrevía a pasar por unos callejones que hay cerca -del río Putagán, porque de improviso, sin que supieran de dónde salía, -se presentaba a los transeúntes un sacerdote y, aunque nada les hacía, -se apoderaba el miedo de ellos y volvían pie atrás, huyendo -despavoridos.</p> - -<p>Una vez un hombre que tenía que ir a dejar unas cargas de trigo a un -lugar vecino a donde se podía llegar por esos callejones o por otro -camino, dijo que iría por los callejones y que se reía del sacerdote que -contaban se aparecía y que no le importaba nada aunque le salieran todos -los curas y frailes de la tierra, que para defenderse de ellos le -bastaba un cuchillo que llevaba, de una media vara de largo; y aunque su -mujer y sus amigos le rogaron que no hiciera tal, él partió para los -callejones.</p> - -<p>Pocas cuadras había andado por ellos, cuando se le aparece el sacerdote -y se le pone por delante; pero nuestro hombre saca su cuchillo y la -emprende contra la apa<span class="pagenum"><a name="page_262" id="page_262">{262}</a></span>rición. El cura vuelve cara y toma la fuyenda y -el hombre le sigue de atrás blandiendo su arma, aunque sin lograr -alcanzarlo. Improvisamente el clérigo desapareció por entre unos -matorrales, sin dejar huella alguna; pero como el hombre vió el lugar -por donde el sacerdote se hizo humo, se puso a cavar la tierra con el -cuchillo, que de pronto tropezó con un cuerpo duro, hasta que dejó -descubierta una gran tinaja que destapó y vió que estaba llena de -monedas de oro y plata. Entonces fué a buscar las cargas de trigo y, -vaciándolas, llenó los sacos de monedas y se volvió a su casa.</p> - -<p>Cuando llegó era ya de noche y le dijo a su mujer que encendiera luz.</p> - -<p>—No hay mas que un cabito de vela—le dijo ella.</p> - -<p>—Enciéndolo—le contestó el marido.</p> - -<p>Lo encendió ella, y él entró los sacos y los vació en medio de la pieza. -La mujer, cuando vió tanta riqueza, casi se desmayó, y dijo al marido -toda asustada y llorando:</p> - -<p>—¿Qué has hecho, desgraciado? ¿Dónde has robado toda esa plata?</p> - -<p>El marido la tranquilizó contándole cuanto le había sucedido.</p> - -<p>Hizo aún dos viajes más y llegó a ser el hombre más rico de su tierra. -Vive todavía en Chillán.</p> - -<h2><a name="num2-39" id="num2-39"></a>EL DIABLO<br /><br /> -<small>39. EL NIÑO DENTUDO</small><br /><br /> -<small>(1910.)</small></h2> - -<p>Yendo un inquilino tranquilamente por la orilla de una cerca, sintió -unos vagidos que salían de un matorral; se acercó a él y entre las -malezas vió a un hermoso niño, al parecer de pocos meses, al que tomó en -sus brazos y acarició; sonrióse la criatura, y como al sonreirse -entreabrie<span class="pagenum"><a name="page_263" id="page_263">{263}</a></span>ra la boca, alcanzó el campesino a divisar en las encías unas -cosas blancas como dientes. Admirado, le dijo:—“¡Conque tiene dientes, -m’hijito!”—“¡Y grandazos!”, le contestó el pequeñuelo. Y efectivamente, -vió el hombre que de la boca del niño salían unos dientes descomunales. -En esto conoció que lo que él había tomado por una guagua era el Diablo -en persona, y asustado, lo disparó lejos, exclamando “¡Ave María -Purísima!”, y el Diablo, en el mismo instante reventó, dejando en su -lugar, como es de cajón, un humo denso con fuerte olor a azufre.</p> - -<h2><a name="num2-40" id="num2-40"></a>40. EL DIABLO BAILARIN<br /><br /> -<small>(1910.)</small></h2> - -<p>Es fama que en el siglo XVIII el Diablo era grande amigo de los mineros -de Petorca, donde había sentado sus reales. En los días de pago, bajaba -con ellos al pueblo, o a los lugares inmediatos, a remoler y a bailar -cueca en la plazuela del Diablo, situada casi donde termina la calle de -Silva, o en el cerro de la Plaza y en el del Piojo.</p> - -<p>Una vez que bailaba en este último, lo hacía tan bien que un minero no -pudo menos de exclamar:—“¡Virgen Santísima, y qué bien baila este -roto!”; y el Diablo, al oir la invocación a la Virgen, reventó, dejando -el lugar pasado a azufre quemado.</p> - -<h2><a name="num2-41" id="num2-41"></a>41. EL HIJO DEL DIABLO</h2> - -<p>No hace aún muchos años vivía en Petorca un anciano pequeñito y -rechoncho, de unos setenta años de edad, conocido con el nombre de ño -Vicentito Cuchucho, cuyos primeros pasos en el mundo aparecen revestidos -por la imaginación popular de influencias fantásticas y misteriosas.</p> - -<p>Se cuenta que estando la madre de este hombrecito<span class="pagenum"><a name="page_264" id="page_264">{264}</a></span> esperando de un -momento a otro la llegada de una guagua, pidió a su marido que le diese -dinero para comprarle ropas. El marido, que era un viejo de más de -sesenta años y que miraba con desconfianza el embarazo de su mujer, le -contestó que no le daría ni un centavo, porque la criatura que iba a dar -a luz no era de él. La mujer, indignada, al oir esta respuesta, lloró y -preguntó al esposo:</p> - -<p>—Entonces ¿de quién es?</p> - -<p>—Eso lo sabrás tú mejor que yo, replicó el marido; pero no es mío.</p> - -<p>A lo cual repuso la mujer:</p> - -<p>—Entonces será del Diablo, y él me dará lo que necesito.—Y nunca más -volvió a pedir dinero a su marido.</p> - -<p>Cuando llegó el momento del parto, apareció de repente en la pieza de la -enferma un gran canasto completamente lleno de ropas para niño recién -nacido, entre las que se veían desde el ombliguero de tela de hilo hasta -las mantillas de la más suave y sedosa bayeta, sin que faltaran las -gorritas de punto ni las mediecitas tejidas de lana.</p> - -<p>¿Quién había traído ese canasto? ¿Por dónde y cuándo lo habían entrado? -Nadie pudo dar razón.</p> - -<p>Desde los primeros días del nacimiento del niño pudo comprobarse el -interés que por él y la madre tomaba el Diablo, que no era otro quien -había llevado la ropita. Siempre encontraba la madre cerca de ella la -riquísima cazuela de ave, el excelente ulpo de harina tostada y la -sabrosa mazamorra, los mejores remedios, los dos últimos, para que las -que crían tengan leche buena y abundante. Al chico le hacía cariño a su -modo: a veces lo encontraban encima de las vigas de la casa, otras en un -sobrado, y una vez lo hallaron jugando con un muñeco, entre las ramas de -un álamo.</p> - -<p>Por supuesto que nadie veía al Diablo, pero todos le echaban a él la -culpa de lo que ocurría; y la madre, justamente alarmada, hizo bautizar -al niño con toda prontitud, creyendo que con hacerlo cristiano cesarían -las aten<span class="pagenum"><a name="page_265" id="page_265">{265}</a></span>ciones y cuidados de Satanás. Pero fué inútil, porque el Diablo -siguió en las mismas.</p> - -<p>Entonces recurrió la madre a un santo cura de apellido Toledo, que tenía -fama de ser el mejor exorcista del país, para que ahuyentara al demonio, -lo que al fin logró, no sin haber experimentado grandes trabajos y -tenido que sufrir pesadas bromas del enemigo malo.</p> - -<p>El cura Toledo, para llegar a la casa amagada por el Diablo, tenía que -atravesar una estrecha puente formada de una sola tabla, que cruzaba un -cequión. Pues bien, cuando el santo varón iba por la mitad de la puente, -el Diablo la volcaba y el cura caía al agua, hazaña que celebraba el -Diablo con grandes carcajadas, diciendo: “¡Ya eché al agua al pato -jergón!”<a name="FNanchor_M_13" id="FNanchor_M_13"></a><a href="#Footnote_M_13" class="fnanchor">[M]</a></p> - -<p>Nada dice la leyenda qué fué del padre de ño Vicentito Cuchucho, y de -éste sólo se sabe que vivió siempre de su trabajo, cultivando una -pequeña heredad que le pertenecía, y que, hasta que murió, se le conoció -con el apodo de <b>Hijo del Diablo</b>.<a name="FNanchor_N_14" id="FNanchor_N_14"></a><a href="#Footnote_N_14" class="fnanchor">[N]</a></p> - -<h2><a name="num2-42" id="num2-42"></a>PACTOS CON EL DIABLO<br /><br /> -<small>42. EL DIABLO GENEROSO</small></h2> - -<p>Un caballero tenía una gran hacienda que carecía de riego, por lo cual -no le dejaba sino pérdidas en los años secos.</p> - -<p>En el fundo vecino vivía otro hacendado que estaba perdidamente -enamorado de la señora del primero, a la cual cortejaba a escondidas del -marido y de continuo le decía que se fuera con él. Ella le contestaba -que nunca<span class="pagenum"><a name="page_266" id="page_266">{266}</a></span> abandonaría a su esposo, porque ella era cristiana y jamás -faltaría a sus deberes, y además su marido era una persona excelente y -muy bondadoso con ella.</p> - -<p>Pero el caballero la persiguió mucho tiempo, y la señora, para librarse -de él, le prometió que si le daba agua abundante al fundo de su esposo y -lo dotaba de molinos, en una noche, haría lo que deseaba. Entonces el -caballero llamó al Diablo y le dijo que si en la noche cumplía con la -condición que la señora de su vecino le había impuesto, le entregaría su -alma en el plazo de un año. El Diablo le prometió que lo haría así, y -picándole una vena le sacó sangre y le hizo firmar una cédula para -sellar el pacto.</p> - -<p>A media noche se sintió un ruido muy grande en la hacienda del marido, -quien despertó a su mujer y le preguntó:—“¿Sientes ese ruido? ¿Qué -será?”—y ella le contestó:—“No sé, ni se me ocurre qué pueda -ser”—Levantóse el marido a ver cuál era la causa de ese ruído, y se -encontró con que en su fundo había una instalación completa de molinos -en movimiento, y con que abundante agua corría por numerosas acequias -que antes no existían. Volvió al dormitorio y preguntó nuevamente a su -esposa qué significaba eso, y tanto insistió en sus preguntas que al fin -le sacó la verdad. Entonces la mandó que se fuera a casa del -pretendiente para que el Diablo se lo llevara con razón.</p> - -<p>La mujer llegó llorando a casa del otro y le refirió cómo su marido la -mandaba a cumplir lo prometido. El caballero le contestó:</p> - -<p>—“¿Tan honrado es tu marido? No seré yo menos que él; te respeto; -vete”.</p> - -<p>En ese momento llegó el Diablo y preguntó al hacendado si estaba -contento, y éste le dijo que siendo el marido de la niña tan honrado que -no había permitido que su esposa faltase a su palabra, él no se había -atrevido ni a tocarla y le había ordenado que se fuera para su casa.</p> - -<p>El Diablo dijo entonces:—“¿Con que así son las co<span class="pagenum"><a name="page_267" id="page_267">{267}</a></span>sas? A caballero no -me la ganará ninguno de los dos. Toma tu cédula”. Y desapareció.</p> - -<p>Todos quedaron contentos: el caballero enamorado, libre de su amor -criminal; el marido, con su mujer; y la hacienda, con buen riego y con -molinos.</p> - -<h2><a name="num2-43" id="num2-43"></a>43. LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS<br /><br /> -<small>(Contado por la Sta. Zoila Guerrero Gutiérrez, Prado de Peñaflor. -Febrero de 1923.)</small></h2> - -<p>Una señora viuda tenía una hija muy hermosa, y se servían para los -menesteres de la casa de un negro esclavo que se llamaba Pancho, hombre -trabajador y buen cristiano.</p> - -<p>La niña fué creciendo en edad y en hermosura y el cariño que el negro -tenía a su amita se fué convirtiendo en amor, pero en un amor tan grande -que Pancho no comía, ni dormía, ni tenía valor para trabajar.</p> - -<p>El pobre negro rezaba, se encomendaba a Dios y a todos sus santos para -que lo libraran de aquella pasión que no lo dejaba vivir; pero el cielo -se había puesto sordo y no oía sus oraciones.</p> - -<p>Desesperado y no hallando qué hacerse, salió una noche de la casa y se -fué al cerro a llamar al Diablo para que lo ayudara. Acudió el Diablo al -llamado, y a las súplicas del negro contestó:</p> - -<p>—Si quieres, haré que Rosita—así se llamaba la niña—se enamore de ti -y se case contigo, pero dentro de veinte años vendré a buscarte, y si no -sabes contestarme las doce palabras redobladas, tu alma me pertenecerá.</p> - -<p>—Está bien, contestó Pancho, radiante de alegría, convengo en ello.—Y -con sangre que extrajo de sus venas, firmó la cédula del pacto que -acababa de aceptar y que el Diablo le pasaba.</p> - -<p>Al otro día temprano se dirigió el negro a casa de sus amos. La señora y -la niña estaban en el balcón. La niña,<span class="pagenum"><a name="page_268" id="page_268">{268}</a></span> al verlo, dijo a la mamá:—Mire, -mamá, ahí viene Panchito.—¿Qué es eso de Panchito?—preguntó extrañada -la madre, porque la joven siempre había llamado al negro con el nombre -de Facico y tratádolo con cierto desprecio. Pero Rosita no contestó -nada. Y el caso es que desde entonces Rosita se llevaba con Panchito -para arriba, Panchito para abajo, Panchito por aquí, Panchito por acá, -en fin, que todo era Panchito.</p> - -<p>Hubo que dejarla casarse con él, porque la cosa no tenía remedio, pero -tuvo que salir de la casa con su negro, no llevando consigo sino una -imagen de San Pedro, de quien era muy devota, y que fué lo único que la -dejaron sacar.</p> - -<p>Rosita vivió muy feliz y muy enamorada de su Pancho, que hacía cuanto -estaba de su parte para hacerle liviana la vida, trabajando como un -negro, verdaderamente, y cuidando de que nada les faltara a su mujer y a -los cuatro hijos que habían tenido, cuatro lindos mulatitos, que eran el -encanto y la alegría del matrimonio.</p> - -<p>Pero, como muy bien dice la copla,</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Todo gusto es momentáneo;<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">sobre todo si hay un contrato de por medio. El plazo en que terminaba el -pacto se aproximaba rápidamente, y el Diablo tenía buen cuidado de -presentarse de vez en cuando a Pancho a recordárselo:</p> - -<p>—Pancho, que dentro de un mes te paso a buscar...—Pancho, que ya no te -quedan sino quince días para que te vengas conmigo...—Pancho, que sólo -falta una semana... etc.</p> - -<p>Y al pobre Pancho se lo comía la tristeza; y por más que averiguaba -entre sus relaciones, nadie conocía las doce palabras redobladas, que -habían de librarlo de las garras del Demonio.</p> - -<p>Rosita, que notó cómo sufría su marido, le pedía y rogaba por lo que más -amaba, le dijera el motivo de sus<span class="pagenum"><a name="page_269" id="page_269">{269}</a></span> penas, y sólo después de reiterarle -repetidamente sus ruegos, le confesó cuanto le había sucedido y que ya -no faltaban sino dos días para que el Diablo viniera a llevárselo.</p> - -<p>Rosita, que, como se ha dicho, era tan devota de San Pedro, dijo a su -marido:</p> - -<p>—Encomendémonos al Santo y pongámonos en sus manos; estoy segura de que -él nos librará del Malo, porque siempre me ha tenido lástima y me ha -sacado con bien de todos los peligros en que me he encontrado. Y ambos -se arrodillaron ante la imagen del Príncipe de los Apóstoles y rezaron -con todo fervor.</p> - -<p>Era la última noche que, según el pacto celebrado con el Diablo, quedaba -de vida a Pancho. En la cara del pobre negro y en la de su mujer, -surcadas de lágrimas, se marcaba el intenso dolor que los consumía. El -silencio era profundo. De pronto se oyeron tres golpes en la puerta. -Salió Pancho. El que llamaba era un pobre hombre que con voz lastimera -pedía alojamiento por esa noche. Se había extraviado—dijo—y no sabía -dónde dormir. Rosita, que oía lo que hablaban, desde su asiento invitó -al hombre a que entrara y le alargó una silla. Era un anciano, calvo, de -rostro venerable y simpático adornado de poblada y canosa barba.</p> - -<p>Embelezados con la conversación del anciano, habían olvidado su -desgracia y el peligro inminente que les amenazaba y oyéndole, pasaron -insensiblemente las horas. Cuando el reloj comenzó a dar las 12, se oyó -un fuerte golpe en la puerta y una voz seca y chillona que preguntaba:</p> - -<p>—Amigo, ¿sabe las doce palabras redobladas?</p> - -<p>—Sí las sé—contestó el viejecito poniéndose de pie e imitando la voz -de Pancho, antes de que éste respondiera,—empieza a preguntar, que yo -te iré contestando.</p> - -<p>—Está bien, dijeron desde afuera. Amigo, dígame la una.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, la una te<span class="pagenum"><a name="page_270" id="page_270">{270}</a></span> diré: Una ¿qué es -una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.</p> - -<p>—Está bien: ahora, amigo, dígame las dos.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las dos te diré: Dos ¿qué son -dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte -Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió -pura.</p> - -<p>—Bien: ahora, amigo, dígame las tres.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las tres te diré: Tres ¿qué -son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento -y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a -Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén -y siempre vivió pura.</p> - -<p>—Bien: ahora, amigo, dígame las cuatro.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cuatro te diré: Cuatro -¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San -Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el -cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas -de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí; Una ¿qué es una? -la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.</p> - -<p>—Bien: ahora, amigo, dígame las cinco.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cinco te diré: Cinco ¿qué -son cinco? Las cinco llagas principales que hirieron a Jesús -crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San -Marcos, San Lucas, San Mateo, y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres -Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos -¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el -monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre -vivió pura.</p> - -<p>—Bien: ahora, amigo, dígame las seis.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las seis te diré: Seis ¿qué -son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. -Cinco ¿qué son cinco? las cinco<span class="pagenum"><a name="page_271" id="page_271">{271}</a></span> llagas principales que hirieron a Jesús -crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San -Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres -Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos -¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el -monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre -vivió pura.</p> - -<p>—Bien: ahora, amigo, dígame las siete.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las siete te diré: Siete ¿qué -son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas -que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco -llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son -cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San -Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para -nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley -que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen -que nació en Belén y siempre vivió pura.</p> - -<p>—Bien: ahora, amigo, dígame las ocho.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las ocho te diré: Ocho ¿qué -son ocho? son las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. -Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis -candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? -las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro -¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San -Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el -cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas -de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? -la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.</p> - -<p>—Bien: ahora, amigo, dígame las nueve.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las nueve te diré. Nueve ¿qué -son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas -entrañas de su<span class="pagenum"><a name="page_272" id="page_272">{272}</a></span> santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las -bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? -son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían -en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas -principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? -los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. -Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para -nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley -que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen -que nació en Belén y siempre vivió pura.</p> - -<p>—Bien, amigo, ahora dígame las diez.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las diez te diré: Diez ¿qué -son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses -que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima -Madre. Ocho ¿qué son ocho? las bienaventuranzas que predicó Jesús en la -montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? -las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son -cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. -Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, -San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan -en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos -tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la -Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.</p> - -<p>—Bien: ahora, amigo, dígame las once.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las once te diré: Once ¿qué -son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez -mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo -humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son -ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete -¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis -candilejas que ardían<span class="pagenum"><a name="page_273" id="page_273">{273}</a></span> en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? -las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro, -¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San -Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías que brillan en el -cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas -que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen -que nació en Belén y vivió siempre pura.</p> - -<p>—Bien, amigo; ahora dígame las doce.</p> - -<p>—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las doce te diré: Doce ¿qué -son doce? los doce apóstoles. Once ¿qué son once? las once mil vírgenes. -Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los -nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su -santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que -predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. -Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús -crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San -Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres -Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos -¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte -Sinaí. Una ¿qué es una? La Virgen que nació en Belén y siempre vivió -pura.</p> - -<p>Quien dijo doce no pase a trece hasta que reviente ése, que por sus -malos hechos bien lo merece.</p> - -<p> </p> - -<p>Terminando de decir estas palabras el anciano, se sintió un fuerte -ruído, como si hubiera estallado un barril de pólvora, la pieza se llenó -de humo y un fuerte olor a azufre hacía estornudar violentamente a los -tres que se hallaban en ella.</p> - -<p>Cuando el humo se disipó, vieron delante de sí al viejecito vestido de -una larga túnica, con dos grandes llaves en la mano derecha y rodeada la -cabeza de una<span class="pagenum"><a name="page_274" id="page_274">{274}</a></span> aureola de luz. Era el mismo que representaba la imagen -que adornaba la cabecera de la cama de Rosita.</p> - -<p>Pancho y Rosita, poseídos de un santo temor, se arrodillaron ante el -anciano, y cuando un momento después alzaron la cabeza, había -desaparecido.</p> - -<p>Este es el origen de las doce palabras redobladas, que el pueblo, sin -razón, suele llamar Oración de San Cipriano, y a la cual atribuye -virtudes portentosas contra el Diablo, los brujos y toda clase de -peligros.<span class="pagenum"><a name="page_275" id="page_275">{275}</a></span></p> - -<h2><a name="APENDICE_I" id="APENDICE_I"></a> APÉNDICE I -<br /><br /> -<a name="BIBLIOGRAFIA" id="BIBLIOGRAFIA"></a>BIBLIOGRAFIA<br /><br /> -DE LAS OBRAS QUE SE CITAN EN ESTE VOLUMEN</h2> - -<p>A la publicada en los <span class="smcap">Cuentos populares en Carahue</span>, págs. 259-262, -agréguense los siguientes obras, que no se mencionan en aquella.</p> - -<p><span class="smcap">Cavada, Francisco J.</span>—Chiloé y los Chilotes. Estudios de folklore y -lingüística de la provincia de Chiloé (Chile). Santiago, Impr. -Universitaria, 1914.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Espinosa, Aurelio.</span>—Cuentos populares españoles, recogidos de la -tradición oral de España, con una introducción y notas comparativas. -Stanford University, California. Published by the University, 1923-1924.</p> - -<p>—— New Mexican Spanish Folk-Lore. VIII, Short Folk-tales and -Anecdotes. Págs. 142-147 de The Journal of American Folk-Lore, Vol. -XXVII, N.º CIV, April-June, 1914.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Grimm.</span>—Cuentos escogidos de los Hermanos..., traducidos por José Muñoz -Escámez. Edición ilustrada. Madrid, Saturnino Calleja, s. d.</p> - -<p> </p> - -<p>La antigua versión castellana del Calila y Dimna. Ed. de la Real -Academia Española, Madrid, Suc. de Hernando, s. d.</p> - -<p> </p> - -<p>La Población del Valle de Teotihuacán. El medio en que se ha -desarrollado su evolución étnica y social. Iniciativas para procurar su -mejora<span class="pagenum"><a name="page_276" id="page_276">{276}</a></span>miento. Por la Dirección de Antropología, siendo Director de -investigaciones <span class="smcap">Manuel Gamio</span>. La población contemporánea. Dirección de -Talleres Gráficos dependiente de la Secretaría de Educación Pública. -México, MCMXXII.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Laval, Ramón A.</span>—Oraciones, ensalmos y conjuros del pueblo chileno, -comparados con los que se dicen en España, Santiago, Impr. Cervantes, -1910.</p> - -<p> </p> - -<p>Contribución al Folklore de Carahue (Chile). Primera parte. Madrid, -1916.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Lehmann-Nitsche, Roberto.</span>—Europäische Märchen unter den Argentinischen -Araukanern. La Plata, s. d.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Montiel, C.</span>—Contes soudanais. Paris, Leroux, 1905.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Palma, Ricardo.</span>—Tradiciones Peruanas. (Ropa vieja). Tomo IV. Barcelona, -Montaner y Simón, 1896.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Paris, Gaston.</span>—Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite. Paris, Leroux, -1907.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Poblete, Egidio.</span> (Ronquillo).—Cuentos del Domingo. Serie IV. -Valparaíso, Talleres Tipográficos de La Unión, 1916.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Rodríguez Marín, Francisco.</span>—El ingenioso hidalgo don Quijote de la -Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra. Edición crítica, -anotada por... Tomo V. Madrid, Impr. de la “Revista de Archivos, -Bibliotecas y Museos”. MCMXVI.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Tchéraz, Minas.</span>—L’Orient inédit. Légendes et traditions armeniennes, -grecques et turques. Paris, Leroux, 1912.</p> - -<p> </p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes, Julio.</span>—Mitos y Supersticiones recogidos de la -tradición oral chilena, con notas comparativas a los de otros países -latinos. Santiago, Impr. Universitaria, 1915.<span class="pagenum"><a name="page_277" id="page_277">{277}</a></span></p> - -<h2><a name="NOTAS_COMPARATIVAS" id="NOTAS_COMPARATIVAS"></a>NOTAS COMPARATIVAS</h2> - -<p>I parte.—<span class="smcap">Cuentos maravillosos, cuentos de animales, anécdotas.</span></p> - -<p class="cnum">1. <span class="smcap">El Soldadillo</span></p> - -<p><span class="smcap">Cfr.</span>: <span class="smcap">Cosquin</span><a name="FNanchor_O_15" id="FNanchor_O_15"></a><a href="#Footnote_O_15" class="fnanchor">[O]</a>.—Jean de l’Ours, Cont. pop. de Lorraine, t. I, p. 1 y -notas p. 6 a 27.</p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—Etienne l’habile. Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p. 36.</p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—Juan del Oso, en las págs. 440 y 441 de New-Mexican Spanish -Folk-Lore, III, Folk-Tales.</p> - -<p><span class="smcap">Legers.</span>—Long, Large et Clairvoyant, Recueil de Cont. pop. slaves, págs. -241-258.</p> - -<p><span class="smcap">Lenz.</span>—El Hijo del Oso, Est. Araucanos, p. 261 y 350.</p> - -<p><span class="smcap">Sébillot.</span>—Jean de l’Ours. Litt. or. de la Haute-Bret., p. 81 y notas, -p. 85.</p> - -<p class="cnum">2. <span class="smcap">El Pescadito Encantado</span></p> - -<p><span class="smcap">Alvarez de Machado.</span>—La Sirena (sólo el principio). Bibl. Trad. pop. -esp., t. I, p. 183.</p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—Le Roi des Corbeaux, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 14.</p> - -<p><span class="smcap">Braga.</span>—O Velho Querecas, Cont. trad. do povo port., p. 4.</p> - -<p><span class="smcap">Desparmet.</span>—Aïcha, la fille du bûcheron (hay un servidor negro). Rev. -Trad. pop., t. XXVIII, p. 505.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—A vida do Gigante (sólo el principio). Cont. da -Carochinha, p. 385.</p> - -<p>—— O Peixe encantado, Hist. da Avósinha, p. 138.</p> - -<p><span class="smcap">Hernández de Soto.</span>—La Lavandera (varios episodios), Bibl. Trad. pop. -esp., t. X, p. 217.<span class="pagenum"><a name="page_278" id="page_278">{278}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Hernández de Soto.</span>—El Castillo de las puertas calás, Ib., p. 242.</p> - -<p><span class="smcap">Legrand.</span>—Le Seigneur du monde souterrain, Rec. de cont. pop. grecs, p. -1.</p> - -<p><span class="smcap">Monnier.</span>—Le roi Cristal, Cont. pop. en Italie, p. 44.</p> - -<p class="cnum">3. <span class="smcap">Delgadina y el Culebrón</span></p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—En Le Drac, Cont. pop. de Gascogne, t. I., p. 227, se lee: “La -Belle Jeanneton marchait sur ses quinze ans. Elle était cent fois plus -belle que le jour. Quand elle se peignait, le blé tombait de ses -cheveux, par boisseaux. Quand elle se lavait les mains, les doubles -louis d’or et les quadruples d’Espagne tombaient de ses doigts par -douzaines”.</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy et Nicolaides.</span>—La fille du roi et le garçon de bains, Trad. pop. -de l’Asie Mineure, p. 107.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—A Moça encontrada no mar, Hist. da Avósinha, p. -223.</p> - -<p class="nind">van <span class="smcap">Gennep</span>.—Leyenda de Manú, en que figura un pececillo que fué -creciendo gradualmente hasta que apenas cabía en el mar y salvó a Manú -del Diluvio.—Religions, Mœurs et Légendes, t. I, p. 93.</p> - -<p><span class="smcap">Klimo.</span>—La Belle Hélène, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 178.</p> - -<p><span class="smcap">Moore, Th.</span>—El Culebroncito, Bibl. Trad. pop. esp., t. I, p. 137.</p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—Li dui Soru, Fiabe, Nov. e Racc. pop. siciliani, t. II, p. 85.</p> - -<p><span class="smcap">Sébillot.</span>—La Sirène, Cont. des Marins, p. 197.</p> - -<p class="cnum">4. <span class="smcap">La Tenquita</span></p> - -<p><span class="smcap">Basset.</span>—La Vieille et la Mouche, Cont. berbères, p. 95.</p> - -<p><span class="smcap">Baissac.</span>—Hist. de Petit-Jean Queue-de-Bœuf, Le Folk-lore de -l’Ile-Maurice, p. 34.</p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—Le Père et la Fille, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 243.</p> - -<p>—— Le Père, la Mère et la Fille, Ib., p. 246.</p> - -<p>—— Brisquet, Ib., p. 249.</p> - -<p>Calila y Dimna, ed. de la R. Ac. Esp., págs. 289-291.</p> - -<p><span class="smcap">Camps y Mercadel.</span>—Folk-Lore Menorquín, en t. I, p. 243, se lee: “El gat -caça la rata,-rata furada tapia,-tapia atura vent,-vent fa corre’s -<span class="pagenum"><a name="page_279" id="page_279">{279}</a></span>núvul,-es núvul tapa sol,-sol fon gel,-gel talla cameta.</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Kiou-Cou et Kiou-Coclet, Littorale de la Picardie, p. 217.</p> - -<p><span class="smcap">Coelho.</span>—A formiga e a neve, Cont. pop. portuguezes, p. 5.</p> - -<p>—— A romanzeira do macaco, Ib., p. 9.</p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—La Hormiguita, More Folk-Tales, p. 138.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—A Formiguinha, Cont. da Carochinha, p. 393.</p> - -<p>La Gallinita y el Pollito. Bibl. ilustrada Calleja-IX.</p> - -<p>La población del Valle de Teotihuacán.—Cuando la rana quiere gozar..., -p. 396.</p> - -<p><span class="smcap">Lehmann-Nitsche.</span>—El Perro y el Ratón, cuento IV de “Europäische Märchen -unter den argentinischen Araukanern”.</p> - -<p><span class="smcap">Lenz.</span>—Cuento de un pajarito llamado Caminante, Est. Araucanos, p. 200 y -nota, p. 320.</p> - -<p><span class="smcap">Mason.</span>—El Aguila, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 175.</p> - -<p><span class="smcap">Monnier.</span>—Micco y Légende de Tennioje, Cont. pop. en Italie, págs. 89 y -91.</p> - -<p><span class="smcap">Ortoli.</span>—Pedilestu et Mustacina, Cont. pop. de l’île de Corse, p. 237.</p> - -<p><span class="smcap">Pineau.</span>—Biquette, Cont. pop. du Poitou, p. 291.</p> - -<p>—— Le Conte du petit rat, Ib. p. 299.</p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—Pitidda, Fiabe, Nov. et Racc. pop. siciliani, t. III, p. 85.</p> - -<p><span class="smcap">Romero.</span>—A formiga e a neve, Cont. pop. do Brasil, p. 208.</p> - -<p class="cnum">5. <span class="smcap">El Gallito</span></p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—Les Deniers, (La pega final). Cont. pop. de la Gascogne, t. III, -p. 260.</p> - -<p class="cnum">6. <span class="smcap">La Tortilla o el Canarito Encantado</span></p> - -<p><span class="smcap">Cosquin.</span>—V. notas del cuento Le Leoup blanc., t. II, págs. 225-227 y -notas de Firosette, desde p. 242 del mismo tomo.</p> - -<p><span class="smcap">Artin Pacha.</span>—Les quarente boucs et le bouc chevauchant sur le bouc, -Cont. pop. de la Vallé du Nil, p. 87.</p> - -<p><span class="smcap">Braga.</span>—O Coelho branco, Cont. trad. do povo port., p. 78.</p> - -<p>C. A. D.—Una Rueda de Conejos, El Folklore Andaluz, p. 355.</p> - -<p>Historia del Macho Cabrío y la Hija del Rey, Las mil noches y una noche, -trad. de Blasco Ibáñez, t. XX, p. 24.<span class="pagenum"><a name="page_280" id="page_280">{280}</a></span></p> - -<p>Les Oiseaux blancs, Rev. Trad. pop., t. XXIX, p. 124.</p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—Marvizia, t. I, p. 149.</p> - -<p>El cuento de la “Tortilla o el Canarito Encantado” es una de las muchas -variantes derivadas de la fábula de Apuleyo “Cupido y Psiquis”, y aunque -en él se ha perdido la prohibición de ver, dos de los trabajos que Venus -impone a Psiquis están representados por los que la vieja hechicera -manda ejecutar a la princesa, y que son casi los mismos: el 1.º, de -llenar un frasco con lágrimas de picaflores, no es otro que el 2.º de la -fábula latina: llenar una botella con agua de la fuente que alimenta la -laguna Estigia: el 2.º, de llevar la caja encantada que debía producir -la muerte a la princesa, corresponde al 3.º del cuento de Apuleyo: -llevar a los infiernos una caja a Proserpina pidiéndole un poco de su -belleza, caja que, devuelta por Proserpina a Psiquis, sólo contiene un -vapor letárgico, que, sin la intervención de Cupido, habría dejado sin -vida a Psiquis.</p> - -<p class="cnum">7. <span class="smcap">El Rey tiene cachito</span></p> - -<p><span class="smcap">Coelho.</span>—O Principe con oreilhas de burro, Cont. pop. port., p. 117, y -Cont. nac. p. creancas, p. 33.</p> - -<p><span class="smcap">Tchéraz, Minas.</span>—L’Orient inédit. Lég. et trad. armeniennes, grecques et -turques, p. 211.</p> - -<p>Este cuento difiere apenas de la fábula de Midas, rey de Frigia. En la -lucha que el sátiro Marsias sostuvo con Apolo en un concurso musical, -las Musas se decidieron por Apolo, que tocaba la cítara, y sólo Midas -estuvo de parte de Marsias, que tocaba la flauta. Ofendido Apolo, -castigó a Midas, transformando sus orejas en orejas de burro. Midas, -avergonzado, las ocultaba bajo un gorro frigio, pero, por más cuidado -que puso, un esclavo se las vió. Midas le exigió silencio, mas este -hombre, no pudiendo soportar el secreto, abrió un hoyo en la tierra y en -él gritó: “El rey Midas tiene orejas de pollino”, y en seguida lo llenó -con la tierra que había sacado. Poco después crecieron en el mismo sitio -unas matas de caña, las que, cada vez que el viento las movía, -murmuraban: “El rey Midas tiene orejas de pollino”.</p> - -<p class="cnum">8. <span class="smcap">El Cuerpo sin alma</span></p> - -<p><span class="smcap">Cosquin.</span>—Les dons des trois animaux, t. I, p. 166, y notas, págs. 170 y -siguientes.</p> - -<p><span class="smcap">Andrews.</span>—Corps sans âme, Contes ligures, p. 213.</p> - -<p><span class="smcap">Apell.</span>—Joâo Cachorro e o camponês branco, Cont. pop. Russos, p. 275.<span class="pagenum"><a name="page_281" id="page_281">{281}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Baissac.</span>—Hist. de Corps-sans-âme et de Colle-des-Coeurs, Folkl. de -l’Ile-Maurice, p. 358.</p> - -<p><span class="smcap">Braga.</span>—Cravo, Rosa e Jasmin, Cont. trad. do pov. port., p. 20.</p> - -<p><span class="smcap">Brueyre.</span>—Le jeune Roi Easaidh Ruadh, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p. -71 y notas, págs. 80-83.</p> - -<p>—— La Fille de la Mer, p. 84, y II versión, p. 95.</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Le Corps sans âme, ou le Lion, la Pie et la Fourmi, Lit. orale -de la Picardie, p. 275.</p> - -<p><span class="smcap">Coelho.</span>—A Torre de Babylonia, Cont. pop. port., p. 34.</p> - -<p><span class="smcap">Desparmet.</span>—Hammed, le fils de la veuve, Rev. Trad. pop., t. XXVII, p. -241.</p> - -<p>—— Cent-et-un-beautés, Ib., p. 193.</p> - -<p><span class="smcap">Dozon.</span>—Les trois frères et les trois sœurs, Cont. albanais, p. 131.</p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—El Cabayeru e la Pluma, N. Mex. Esp. Folk-Tales, p. 398.</p> - -<p>—— La Princesa encantada, Ctos. pop. españoles, págs. 295 y 297.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—A Vida do Gigante (la parte final solamente). -Cont. da Carochinha, p. 385.</p> - -<p><span class="smcap">Klimo.</span>—L’Arbre merveilleux, Cont. et Lég. de Hongrie, p. 131.</p> - -<p>—— Le Prince Ambroise, Ib. p. 239.</p> - -<p><span class="smcap">Luzel.</span>—Le Corps-sans-âme, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t. I, p. 427.</p> - -<p><span class="smcap">Macler.</span>—Badikan et Khan Boghou, Cont. armeniens, p. 11.</p> - -<p><span class="smcap">Monnier.</span>—Viola (el fin sólamente), Cont. pop. en Italie, p. 117.</p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—Lu malacunnutta, II, p. 224.</p> - -<p><span class="smcap">Rivière.</span>—Moh’Amed ben Soltan, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 187. (En -la p. 191, muerte del Cuerpo sin alma, que en este cuento es un Ogro; -muy desfigurado).</p> - -<p><span class="smcap">Sébillot.</span>—El Capitán Pedro, Ctos. Bretones, p. 130.</p> - -<p>—— El Gigante de las siete mujeres, Ib., p. 176.</p> - -<p><span class="smcap">Vinson.</span>—Malbrouc, Folkl. du Pays Basque, p. 80.</p> - -<p class="cnum">9. <span class="smcap">La Huachita Cordera</span></p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—La Gardeuse de dindons, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 251. -(Sólo la 2.ª parte).</p> - -<p><span class="smcap">Pineau.</span>—L’Agneaulet, Cont. pop. du Poitou, p. 123.</p> - -<p>La Lapine, Rev. Trad. pop., 1913, p. 207. (Ver también la nota).<span class="pagenum"><a name="page_282" id="page_282">{282}</a></span></p> - -<p class="cnum">10. <span class="smcap">Las siete Ciegas</span></p> - -<p><span class="smcap">Cosquin</span>, t. I, en la Introducción, p. XXX, extracta un cuento parecido -al de Las siete Ciegas.</p> - -<p><span class="smcap">Guichot y Sierra.</span>—La Reina Rosa o Tomasito, Bibl. de las Trad. pop. -esp., t. I, p. 172.</p> - -<p><span class="smcap">Desparmet</span>, en el cuento La Princesse Hautaine IV de los Contes maures, -recueillis à Blida, p. 292, se lee:—“Si este hermoso príncipe quiere -llevarme, es preciso que me traiga aquí, en persona, leche de camella en -un odre hecho de piel de leona”. En el cuento V, “La Tortue”, p. 303, un -Rey que quiere hacer morir a su hijo menor, para apoderarse de su mujer, -de quien se ha enamorado, le dice a su Consejero:—“Tu astucia no ha -servido de nada; busca otra”.—“Pues bien, le dice el Consejero, pide al -Príncipe que traiga la manzana que embalsama el aire y el agua que -restituye el alma al hombre. Deberá tomarlas en el jardín de -Preciosa...”. Y como el Príncipe consiguiera llevarle la manzana y el -agua pedidas, pide el Rey nuevo consejo a su Consejero, y éste le -dice:—“Haz venir a tu hijo y ordénale que traiga leche de leona en odre -de piel de leoncito”. Y en el cuento VI, “Le roi Bûcheron”, p. 437: “Una -vez el Sultán tuvo deseos de beber la leche de leona en odre de piel de -leoncito”.—(Rev. de Trad. pop., t. XXVII.)</p> - -<p><span class="smcap">Donzon</span>, en “La Loubie et la Belle de la terre”, Cont. albanais, p. 87: -“Comió (la Lubia) la mitad de lo que el joven había llevado, después de -lo cual salió y dijo: “Que se muestre aquel a quien debo este -beneficio,—y el joven, presentándose, contestó: Heme aquí”.—En -seguida, todo sucedió como el viejo lo había anunciado”.</p> - -<p>En el vol. XXII, p. 137 de las Mil noches y una noche, “Historia contada -por el 11.º Capitán de policía, al Sultán Baibars, se lee: “Y se -congregaron los médicos y le recetaron, como régimen y remedio, que -bebiera leche de osa contenida en un odre de piel de osa virgen”.</p> - -<p class="cnum">11. <span class="smcap">El Miñique</span></p> - -<p><span class="smcap">Cosquin.</span>—Le Petit Poucet, t. II, p. 147, y nota de la p. 150.</p> - -<p><span class="smcap">Andrews.</span>—Pequeletou, Cont. ligures, p. 132.</p> - -<p>—— Peteoumeletou, Ib., p. 161.</p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—Grain-de-Millet, Cont. de la Gascogne, t. III, p. 78.</p> - -<p><span class="smcap">Braga.</span>—Manoel Feijâo, Cont. trad. do povo port., p. 191.</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Pouçot Litt. orale de la Picardie, p. 167.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_283" id="page_283">{283}</a></span></p><p>—— Jean l’Espiègle, Ib., p. 329.</p> - -<p><span class="smcap">Coelho.</span>—Hist. do Grâo de Milho, Cont. pop. portuguezes, p. 80.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel</span>, O Pequenno Pollegar, Cont. da Carochinha, p. 113.</p> - -<p><span class="smcap">Legers.</span>—Le Petit Poucet russe, Rec. Cont. pop. slaves, p. 29.</p> - -<p><span class="smcap">Vinson.</span>—Petit Poucet y Mundu-milla-pes, Folkl. du pays Basque, págs. -110 y 111.</p> - -<p class="cnum">12. <span class="smcap">Los tres Consejos</span></p> - -<p><span class="smcap">Braga.</span>—Os tres Conselhos, Cont. trad. do povo portuguez, p. 199.</p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—Los tres Consejos, New Mex. Sp. Folk-Tales, p. 408.</p> - -<p>Folklore Andaluz, Nota 8 de la p. 80.</p> - -<p><span class="smcap">Macler.</span>—Le Fils de la Vieille, Cont. Armeniens, p. 139.</p> - -<p><span class="smcap">Ortoli.</span>—L’Ustaria di i figli di u Diauli, Cont. pop. de l’île de Corse, -p. 118.</p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—Li tri Rigordi, III, p. 391 y varianti e riscontri, pág. 393.</p> - -<p><span class="smcap">Romero.</span>—Os tres Conselhos, Cont. pop. do Brasil, p. 251.</p> - -<p class="cnum">13. <span class="smcap">El Loro Adivino</span></p> - -<p><span class="smcap">Cosquin.</span>—L’Oiseau de verité, t. I, p. 186.</p> - -<p><span class="smcap">Andrews.</span>—L’Oiseau qui parle, Cont. ligures, p. 193.</p> - -<p><span class="smcap">Apell.</span>—A Arbore que canta e a Ave que fala. Cont. pop. russos, p. 101.</p> - -<p>—— As tres Irmâs, Ib., p. 109 y crítica, p. 115.</p> - -<p><span class="smcap">Artin Pacha.</span>—El Schater Mouhammed, Cont. pop. de la Valle du Nil, p. -265.</p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—La mer qui chante, la pomme qui danse et l’oisillon qui dit -tout, Cont. pop. de la Gascogne, t. I. p. 67.</p> - -<p><span class="smcap">Braga.</span>—O Rei-Escuta, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 85, y -notas, t. II, p. 192.</p> - -<p>—— As Cunhadas do Rei, Ib., p. 86.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—As tres Maravilhas, Cont. da Carochinha, p. 369.</p> - -<p>—— Os tres principes com estrellas de ouro na testa, Ib. p. 405. (Sólo -el principio).<span class="pagenum"><a name="page_284" id="page_284">{284}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Hernández de Soto.</span>—El Papagayo Blanco, Bibl. Trad. pop. esp., t. X, p. -175.</p> - -<p><span class="smcap">Legrand.</span>—Tzitzinœna, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 77.</p> - -<p><span class="smcap">Luzel.</span>—Les deux frères et la sœur, Lég. chre. de la Basse-Bretagne, t. -II, p. 274.</p> - -<p>—— Les trois filles du Boulanger, ou l’Eau qui danse, la Pomme qui -chante et l’Oiseau de Vérité, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, p. 277.</p> - -<p><span class="smcap">Macler.</span>—Cheveux d’argent et Boucles d’or, Cont. armeniens, p. 71.</p> - -<p><span class="smcap">Mason.</span>—Los Niños Coronados. Folk-Tales of the Tepecanos, p. 200.</p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—Li figghi di lu cavuliciddaru, t. I, p. 316 y var. y riscontri, -p. 328-335.</p> - -<p><span class="smcap">Ramírez</span>, José Luis.—El Agua Amarilla, El Folkl. Andaluz, p. 305.</p> - -<p class="cnum">14. <span class="smcap">El Medio-Pollo</span></p> - -<p><span class="smcap">Basset.</span>—Moitié de Coq, Cont. pop. berbères, p. 83 y notas, p. 187.</p> - -<p><span class="smcap">Beauvais</span>, Armand.—Moité de Có, Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p. -44.—Otro, Ib., t. XXX, p. 44.</p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—Le Voyage du Coq, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 221.</p> - -<p>—— Le Coq et ses amis, Ib., p. 225.</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Coquelet en voyage, Litt. orale de la Picardie, p. 211.</p> - -<p><span class="smcap">Coelho.</span>—O Pinto borrachudo, Cont. pop. portuguezes, p. 20.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—Historia de un pintinho. Historias da Avósinha, p. -90.</p> - -<p><span class="smcap">Lehmann-Nitsche.</span>—¿Quiere que le cuente el cuento del Gallo Pelado?, en -Rev. de Derecho, Historia y Letras, Buenos Aires.</p> - -<p><span class="smcap">Orain.</span>—La Boursée d’or, Cont. de l’Ille-et-Vilaine, p. 59.</p> - -<p><span class="smcap">Pinau.</span>—Le conte de la petite moitié de geau (coq), Les Cont. pop. du -Poitou, p. 169.</p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—Lu menzu-gadduzzu, t. III, p. 77.</p> - -<p><span class="smcap">Romero.</span>—O. Pinto pellado, Cont. pop. do Brasil, p. 53.</p> - -<p><span class="smcap">Sébillot.</span>—La Moueté de Quene (La Moitié de Cane), Cont. de provinces de -France, p. 281.</p> - -<p>—— Moitié de Coq. Les Joyeuses Hist. de Bretagne, p. 205.</p> - -<p>The Heath Readers. Second Reader. D. C. Heath, and Company. Boston, New -York-Chicago, s. d.—The Half-Chick, p. 128.<span class="pagenum"><a name="page_285" id="page_285">{285}</a></span></p> - -<p class="cnum">15. <span class="smcap">El Barco de los tres hachazos</span></p> - -<p class="cnum">16. <span class="smcap">Hermosura del Mundo, o el Castillo de los tres azuelazos</span></p> - -<p><span class="smcap">Apell.</span>—O Navio voador, Cont. pop. russos, p. 201 y crítica, p. 210.</p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—Le Navire marchand sur terre, t. III, p. 12.</p> - -<p>—— Etienne l’habile, Ib. p. 36.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—Os seis companheiros, Contos da Carochinha. p. -183. (Sólo las hazañas de Comín y de sus compañeros.)</p> - -<p><span class="smcap">Grimm.</span>—El Pájaro Grifo, Cuentos escogidos, p. 30.</p> - -<p><span class="smcap">Luzel.</span>—Le prix des belles pommes, Cont. pop. de Basse-Bretagne, t. II, -p. 146.</p> - -<p>—— Les trois fils de la veuve, Ib. II, p. 161.</p> - -<p>—— Les compagnons qui viennent a bout de tout, Id. III, p. 296.</p> - -<p>—— Petit-Jean et la Princesse Devineresse, Id. III, p. 326 (últ.º -episodio, desde la pág. 246.)</p> - -<p><span class="smcap">Mason.</span>—Los animales ayudan a Juan, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales, -part. I, p. 17.</p> - -<p>—— El traje de piel de piojo (versión a.), Ib. p. 20. (Muy -desfigurado.)</p> - -<p><span class="smcap">Pinau.</span>—Le conte du petit Vacher, Cont. pop. du Poitou, p. 35.</p> - -<p>En este cuento y en muchos otros figuran el episodio de los conejos que -se entregan al héroe para que los lleve en la mañana fuera de palacio, -los deje en libertad y regrese con todos ellos en la tarde; y el de -llenar un saco de verdades.</p> - -<p><span class="smcap">Sébillot.</span>—El barco que anda por mar y por tierra, Cuentos bretones, p. -233.</p> - -<p class="cnum">17. <span class="smcap">El Arbol de las tres Manzanas de Oro</span></p> - -<p><span class="smcap">Apell.</span>—O bicho Norka, Cont. pop. russos, p. 291. (Sólo los primeros -episodios.)</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Les trois fils du roi, Litt. orale de la Picardie, p. 89. (Sólo -la primera parte).</p> - -<p><span class="smcap">Desparmet.</span>—Le Ghoul du Puits, Cont. pop. sur les Ogres, t. 1, p. 397.</p> - -<p>—— Le Ghoul bessé en maraude, Ib. p. 406. (En los dos cuentos, sólo la -primera parte.)</p> - -<p><span class="smcap">Dozon.</span>—La Belle de la Terre, Cont. albanais, p. 35.</p> - -<p><span class="smcap">Klimo.</span>—L’Oiseau de feu, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 265.<span class="pagenum"><a name="page_286" id="page_286">{286}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Pinau</span>, Les pommes d’or, Cont. pop. du Poitou, p. 1.</p> - -<p><span class="smcap">Rivière.</span>—Les trois frères. Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 234. -(Sólo el principio.)</p> - -<p class="cnum">18. <span class="smcap">Los Hijos del Pescador, o el Castillo de la Torderás</span></p> - -<p><span class="smcap">Cosquin.</span>—Les fils du Pêcheur, t. I., p. 60.</p> - -<p>—— La Bête a sept têtes, Ib., p. 64 y notas págs. 66-81.</p> - -<p>—— La Reine des Poissons, t. II, p. 56.</p> - -<p><span class="smcap">Andrews.</span>—Les fils du Pêcheur (2 versiones), Cont. ligures, págs. 173 y -253.</p> - -<p><span class="smcap">Basset.</span>—L’Ogresse et les deux frères, Nouveaux Contes berbères, p. 103 -y notas, págs. 304-326.</p> - -<p><span class="smcap">Bladé.</span>—Les deux Jumeaux, t. I, p. 277.</p> - -<p><span class="smcap">Braga.</span>—A. Torre de Babylonia, Cont. trad. do pov. port., p. 117.</p> - -<p><span class="smcap">Brueyre.</span>—La Fille de la Mer, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p. 84 y II -versión, p. 95.</p> - -<p><span class="smcap">Coelho.</span>—S. Jorje, Cont. pop. portuguezes, p. 120.</p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—El Castillo de Irás y no Volverás, Ctos. pop. españoles, p. -289.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—A Velha Feiticeira, Hist. da Avósinha, p. 314 -(parecido remoto).</p> - -<p><span class="smcap">Legrand.</span>—Le petit rouget sorcier, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 161.</p> - -<p><span class="smcap">Monnier.</span>—Le Magicien a sept têtes, Cont. pop. en Italie, p. 287.</p> - -<p><span class="smcap">Pinaud.</span>—Le Pêcheur, Cont. pop. du Poitou, p. 27.</p> - -<p><span class="smcap">Rivière.</span>—Les deux frères, Rec. de Cont. pop. de la Kabylie, p. 193.</p> - -<p class="cnum">19. <span class="smcap">El Compadrito León, potito quemado</span></p> - -<p><span class="smcap">Baissac.</span>—Le Lièvre et la Tortue au bord du bassin du roi, Le Folkl, de -l’Ile-Maurice, p. 2. (Episodio del mono que juega al naipe con el mono -de greda y que después, cuando lo golpea, se va pegando sucesivamente de -las manos, de los pies y de la cabeza.)</p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—El Conejo y el Coyote, New Mexican Spanish Folk-Tales, págs. -419.<span class="pagenum"><a name="page_287" id="page_287">{287}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—O Macaco e o Moleque (La escena del mono de -greda), Hist. de Avósinha, p. 217.</p> - -<p>—— A Onça e a Raposa (Escena en que el Mono pregunta: “Agüita ¿te -beberé?), Hist. da Avósinha, p. 324.</p> - -<p><span class="smcap">Lenz.</span>—Cuento de un Zorro y un Tigre, Est. Araucanos, p. 189 y notas p. -315.</p> - -<p><span class="smcap">Lira</span>, Carmen.—Tío Conejo y tío Coyote, Los Ctos, de mi tía Panchita, p. -152.</p> - -<p><span class="smcap">Mason.</span>—El Muñeco de brea, Porto-Rican Folk-Lore. Folk-Tales, p. 164.</p> - -<p><span class="smcap">Romero.</span>—O Macaco e o Moleque de cera, Cont. pop. do Brasil, p. 317.</p> - -<p class="cnum">21. <span class="smcap">Chilindrín y Chilindrón</span></p> - -<p><span class="smcap">Basset.</span>—L’adroit voleur, Nouveaux Cont. berbères, p. 149 y notas, p. -351.</p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—Pedro di Urdemales, V, More Folk-Tales, p. 132.</p> - -<p>—— Los dos Ladrones, New Mexican Sp. Folk-Tales, p. 423. (Primer -episodio.)</p> - -<p><span class="smcap">Huet.</span>—Le conte du trésor pillé. (Le “Trésor du roi Rhampsinite”) dans -le Roman de Berinus. Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p. 208.</p> - -<p><span class="smcap">Legrand.</span>—Voleurs, par nature, Rec. Cont. pop. grecs, p. 205. Les deux -voleurs, Rev. de Trad. pop. t. XXVII, p. 323.</p> - -<p><span class="smcap">Luzel.</span>—Le Voleur avisé, Cont. pop. de Bass.-Bretagne, t. III, p. -351.—Variante, p. 367.</p> - -<p><span class="smcap">Padilha.</span>—Vicente o ladrão, Hist. do Arco da Velha, p. 393.</p> - -<p><span class="smcap">Paris.</span>—Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite.</p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—Lu latru di Sicilia e lu latru di Napuli, t. III, p. 157. (Sólo -el episodio con que comienza el cuento chileno.)</p> - -<p>—— Mbroglia e Sbroglia, III, p. 205.</p> - -<p>—— Lu Muratori e sò figghin, III, p. 210.</p> - -<p><span class="smcap">Rivière.</span>—Les deux frères, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 13.</p> - -<p><span class="smcap">Sébillot.</span>—El Rata de París y el de Madrid, Ctos. Bretones, p. 222.</p> - -<p class="cnum">22. <span class="smcap">Juan Valiente, el de la Vaquilla</span></p> - -<p><span class="smcap">Artin Pacha.</span>—Souheim-el-Leyl, Cont. pop. de la Vallée du Nil, p. 201.<span class="pagenum"><a name="page_288" id="page_288">{288}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Gulchot y Sierra.</span>—Mariquilla la Ministra, en Bibl. de las Trad. pop. -esp., t. I, p. 149 (Algunos episodios solamente.)</p> - -<p><span class="smcap">Mason.</span>—Juan y los bandidos, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales, p. 201.</p> - -<p><span class="smcap">Pinau.</span>—Louis Bernard, Les Cont. pop. du Poitou, p. 49.</p> - -<p class="cnum">23. <span class="smcap">La Sapita Encantada</span></p> - -<p><span class="smcap">Artin Pacha.</span>—Les trois fils du Sultan, Cont. pop. de la Vallée du Nil, -p. 103.</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Les trois chars, Contes français, p. 83.</p> - -<p>—— L’Aiguille, le Chien et la Princesse, Ib., p. 101.</p> - -<p>El Ranchero y sus tres hijos, Poblac. del Valle de Teotihuacán, p. 309.</p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—La Princesa mona, Ctos pop. esp., p. 306.</p> - -<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>—A Gatinha branca, Hist. da Avósinha, p. 247.</p> - -<p>—— A Sapa casada, Ib. p. 320.</p> - -<p><span class="smcap">Lira</span>, Carmen.—La Mica, Los Ctos. de mi tía Panchita, p. 46.</p> - -<p><span class="smcap">Luzel.</span>—Le Bossu et ses deux frères, t. II, p. 123.</p> - -<p>—— La Princesse métamorphosée en souris, Ib., p. 134.</p> - -<p><span class="smcap">Pinau.</span>—La Chatte blanche, Les Cont. pop. du Poiton, p. 111.</p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—La Jimmuruta, t. I, p. 396 y Variante e riscontri, p. 399.</p> - -<p><span class="smcap">Mason.</span>—Pedro y San Pablo, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 166.</p> - -<p class="cnum">24. <span class="smcap">Gallarín y el Gigante</span></p> - -<p><span class="smcap">Cosquin.</span>—Le roi d’Angleterre et son filleul, t. I, p. 32 y notas, -particularmente págs. 46 a 48.</p> - -<p>—— La Belle aux cheveux d’or, t. II, p. 290.</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Les trois frères et le Géant, Litt, or. de la Picardie, p. 241.</p> - -<p><span class="smcap">Luzel.</span>—La Princesse de Tronkolaine, t. I, p. 66.</p> - -<p>—— Le Perroquet Sorcier, t. II, p. 231.</p> - -<p>—— Le Capitaine Lixur ou le Satyre, t. II, p. 314.</p> - -<p><span class="smcap">Montiel.</span>—Marandénboné. Cont. soudanais, p. 115.</p> - -<p><span class="smcap">Pitre.</span>—Tridicini, t. I, p. 290 y Varianti e riscontri, págs. 295-297.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_289" id="page_289">{289}</a></span></p><p>—— Lu cuntu di na Riggina, t. I, p. 395.</p> - -<p><span class="smcap">Rivière.</span>—Amor Enneíç, Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 225.</p> - -<p><span class="smcap">Vinson.</span>—Malbrouc, Le Folkl. du Pays Basque, p. 80. (Parte de este -cuento corresponde al cuento chileno “El Cuerpo sin alma” y parte a -“Gallarrín”.)</p> - -<p class="cnum">25. <span class="smcap">Salir con su Domingo siete</span><a name="FNanchor_P_16" id="FNanchor_P_16"></a><a href="#Footnote_P_16" class="fnanchor">[P]</a></p> - -<p>Una versión de este cuento se publicó en Santiago en 1880 u 81, en las -columnas de El Nuevo Ferrocarril por el conocido escritor Pedro A. -<span class="smcap">Pérez</span>, que suscribía sus trabajos con el seudónimo de <span class="smcap">Kefas</span>; otra, en la -Lira Chilena, año II, Núm. 26, de 25 de Junio de 1899, con el título de -Yuzfen y Mulet, o la Leyenda del Domingo Siete, por el escritor -ecuatoriano <span class="smcap">Arias Sánchez</span>; otra, en 1891, en el diario La Nación, si mal -no recuerdo, por <span class="smcap">Justo Abel Rosales</span>; una cuarta, el 2 de Noviembre de -1892, en El Colono de Angol, por <span class="smcap">Clemente Barahona Vega</span>; una quinta, por -el mismo <span class="smcap">Barahona Vega</span>, en el Sur de Concepción, Núm. de 7 de Julio de -1895; y por fin, una sexta, recogida en Provenza por la señora <span class="smcap">Sperata -Revillo de Saunière</span>, en el Núm. 310, de 26 de Octubre de 1914, de El -Peneca, de Santiago.—Cfr. además:</p> - -<p><span class="smcap">Brueyre.</span>—Légende de Knockgrafton, Cont. pop. de la Gr.-Bretagne, p. -206.</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Les Lutins et les deux Bossus, Litt. or. de la Picardie, p. 18 -y notas p. 37.</p> - -<p><span class="smcap">Frison.</span>—Le Bossu et les Korrigans, Cont. et Lég. du Morbihan, Rev. des -Trad. pop., t. XVII, p. 343.</p> - -<p>Les Djinns et les deux Bossus, Ib. p. 610.</p> - -<p><span class="smcap">Harou.</span>—Les Bossus et les Nains (conte du Luxenbourg belge), Rev. des -Trad. pop., t. IX, p. 285.</p> - -<p>—— Les deux Bossus (conte du Grand Duché de Luxenbourg), Rev. des -Trad. pop., t. XXXI, p. 128.</p> - -<p><span class="smcap">Luzel.</span>—Les deux Bossus et les Nains, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t. -II, p. 251.</p> - -<p>—— Les Danseurs de nuit (dos versiones), Ib., t. III, págs. 103 y 115.</p> - -<p><span class="smcap">Palma.</span>—Salir con un Domingo siete, Trad. peruanas, t. IV, p. 34.<span class="pagenum"><a name="page_290" id="page_290">{290}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Pitrè.</span>—Lu Scarparu e lu Diavuli, t. II, p. 94.</p> - -<p><span class="smcap">Rodríguez Marín.</span>—Nota 21, p. 318 del t. V del Quijote (ed. de 1916).</p> - -<p><span class="smcap">Sébillot.</span>—Les Sorciers de Kuéa, Cont. des paysans et des pêcheurs, p. -305.</p> - -<p>—— Les Chats sorciers, Ib. p. 311.</p> - -<p>—— Los dos Gibosos, Ctos. Bretones, p. 252.</p> - -<p><span class="smcap">Seré.</span>—Les deux Bossus et l’Enchanteurese de Bourret, Rev. de Trad. -pop., t. VIII, p. 549.</p> - -<p><span class="smcap">Vinson.</span>—Les deux Bossus, Le Folkl. du pays Basque, p. 14.</p> - -<p class="cnum">26. <span class="smcap">La Lorita encantada</span></p> - -<p>Esta conseja tiene estrecha relación con los numerosos cuentos, comunes -a todas las literaturas populares, en que figuran tres animales -agradecidos, generalmente un león, una hormiga y un ave, que se disputan -una presa, casi siempre un animal muerto, y que dan al que los pone de -acuerdo, un pelo o una uña, una pata y una pluma respectivamente, que le -permiten hacerse invisible, volar y desempeñar otras empresas -maravillosas, o tres hombres poseedores de talismanes que tienen el -mismo poder, de los cuales, por engaño, logra el héroe apoderarse. No -recuerdo haber encontrado en mis lecturas un cuento en que figuren tres -niñas en lugar de los tres animales o de los tres hombres; pero, en -cambio, son numerosísimos aquellos que terminan con el tema en que el -héroe o la heroína refieren que tenían un cofre cuya llave de oro se les -ha perdido y mandaron hacer una de plata, y no tan preciosa como la -otra, y que después han encontrado la primera, y preguntan cuál de las -dos deben preferir, etc. A los cuentos tan conocidos y numerosos en que -se encuentra este episodio, agregaré solamente los que siguen, -publicados en la interesante colección intitulada “Cuentos populares -españoles recogidos de la tradición oral en España... por Aurelio M. -Espinosa:</p> - -<p>Núm. 127, Cabeza de burro, p. 258; Núm. 128, El Castillo de Oropé, p. -260; y Núm. 130, El Lagarto de las siete camisas, p. 267.</p> - -<p>Y además:</p> - -<p><span class="smcap">Cosquin.</span>—Les dons des trois animaux, t. I, p. 166.</p> - -<p>——Fortuné, t. II, p. 128.</p> - -<p><span class="smcap">Luzel.</span>—L’Hiver et le Rotelet, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, en las -págs. 245-246.</p> - -<p class="cnum">27. <span class="smcap">El Diablo y el Campesino</span></p> - -<p><span class="smcap">Bladè.</span>—La Chèvre et le Loup, t. III, p. 159.<span class="pagenum"><a name="page_291" id="page_291">{291}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Braga.</span>—O Compadre diabo, Cont. pop. do povo portuguez, p. 75.</p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Saint Crépin et le Diable, Litt. orale de la Picardie, p. 62.</p> - -<p class="cnum">28. <span class="smcap">El León y el Hombre</span></p> - -<p><span class="smcap">Bladè.</span>—Le Lion et Notre-Seigneur, Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p. -163.</p> - -<p><span class="smcap">Poblete</span>, (Ronquillo).—La Palabra del Hombre, Cuentos del Domingo, IV -serie, p. 163.</p> - -<p class="cnum">29. <span class="smcap">Los tres hermanos que salieron a aprender a hablar</span></p> - -<p><span class="smcap">Carnoy.</span>—Les trois hommes à la barbe rousse, Litt. orale de la Picardie, -p. 264.</p> - -<p><span class="smcap">Klimo.</span>—Le Diable et les trois garçons slaves, Cont. et Lég. de Hongrie, -p. 277.</p> - -<p><span class="smcap">Sébillot.</span>—C’est nous autres, Messieurs, Litt. orale de la H.-Bretagne, -p. 110.</p> - -<p>—— Le sot seigneur et ses fils sots, Les joyeuses hist. de Bretagne, -p. 165.</p> - -<p class="cnum">30. <span class="smcap">Las tres Gangosas</span></p> - -<p><span class="smcap">Braga.</span>—As irmâs gagas, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 179.</p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 34, p. 144.</p> - -<p class="cnum">31. <span class="smcap">El Capón asado</span></p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—Juan sin miedo, New Mexican Folk-Lore, III, Folk-Tales, p. -429.</p> - -<p class="cnum">32. <span class="smcap">El Vendedor de coquitos, y 33. El Vendedor de pequenes.</span></p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 36, p. 144.<span class="pagenum"><a name="page_292" id="page_292">{292}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">II parte.</span>—<span class="smcap">Mitos, Tradiciones, Casos</span></p> - -<p class="cnum">3. <span class="smcap">La Calchona</span></p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>—La Calchona, Mitos y Superst., págs. 21 y 334.</p> - -<p class="cnum">6. <span class="smcap">La Viuda</span></p> - -<p><span class="smcap">Cavada.</span>—La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100.</p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>—La Viuda, Mitos y Superst., p. 92.</p> - -<p class="cnum">7. <span class="smcap">La Mujer larga</span></p> - -<p><span class="smcap">Cavada.</span>—La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100.</p> - -<p class="cnum">8. <span class="smcap">El Piguchén</span></p> - -<p><span class="smcap">Cavada.</span>—El Piuchén o Piguchén, Chiloé y los Chilotes, p. 102.</p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>—El Piguchén, Mitos y Superst., págs. 80 y 339.</p> - -<p class="cnum">13, 14, 15. <span class="smcap">Las Sirenas</span></p> - -<p><span class="smcap">Cavada.</span>—La Pincoya, Chiloé y los Chilotes, p. 102.</p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>—Las Sirenas, Mitos y Superst., p. 85.</p> - -<p class="cnum">17. <span class="smcap">La Laguna de Pudahuel</span> (Nota sobre el Cuero, p. 239.)</p> - -<p><span class="smcap">Cavada.</span>—La Manta, Chiloé y los Chilotes, p. 104.</p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>—El Cuero, Mitos y Superst. págs. 38 y 335.</p> - -<p class="cnum">19 <small>A</small> 31. <span class="smcap">Historias de brujos</span></p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>—Los brujos. Mitos y Superst., págs. 5 a 20.</p> - -<p class="cnum">23. <span class="smcap">El Hombre que quiso volar</span></p> - -<p><span class="smcap">Espinosa.</span>—La bruja de Granada, Ctos. pop. españoles, p. 345.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_293" id="page_293">{293}</a></span></p><p>—— La bruja de Córdoba, Ib., p. 346.</p> - -<p class="cnum">36. <span class="smcap">Tesoros</span></p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>—Para descubrir y sacar los tesoros, Mitos y Superst., -p. 206.</p> - -<p class="cnum">39 <small>A</small> 43. <span class="smcap">El Diablo. Pactos con el Diablo</span></p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>—El Diablo, Mitos y Superst., págs. 47 a 52 y 196.</p> - -<p class="cnum">43. <span class="smcap">Las doce palabras redobladas</span></p> - -<p><span class="smcap">Laval.</span>—Las doce palabras redobladas, Orac., ens. y conj., p. 98.</p> - -<p>—— Contr. al Folk. de Carahue, 1.ª parte, p. 31.</p> - -<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>—Mitos y Superst., págs. 133 a 156, Núm. 36.</p> - -<p><span class="smcap">Vinson.</span>—Les douze Mistères, Le Folkl. du Pays Basque, p. 11.</p> - -<p>De las obras extranjeras en que se trata de las doce palabras -redobladas, sólo mencionaré la de <span class="smcap">Vinson</span>, porque el cuento vasco, en el -fondo, es el mismo chileno que me refirieron en Peñaflor. Las demás -están citadas en las notas comparativas que figuran en los libros -citados de <span class="smcap">Vicuña Cifuentes</span> y <span class="smcap">Laval</span>.<span class="pagenum"><a name="page_294" id="page_294">{294}</a></span></p> - -<h2><a name="Apendice_II" id="Apendice_II"></a><span class="smcap">Apéndice II</span></h2> - -<p><span class="smcap"><a name="Vocabulario" id="Vocabulario"></a>Vocabulario</span> de las palabras y frases que figuran en este libro con -acepción distinta de las que trae el Diccionario académico, o que no se -encuentran en él.</p> - -<p><span class="smcap">Acuerdo.</span>—<i>Ponerse en acuerdo.</i> Vulg. Pensar.</p> - -<p><span class="smcap">Acholado.</span>—Corrido, avergonzado.</p> - -<p><span class="smcap">Agarrar.</span>—Tomar, asir, coger, aunque sea suavemente.</p> - -<p><span class="smcap">Agua.</span>—<i>Ver</i> uno <i>debajo del agua</i>. Ser muy astuto, habilidoso.</p> - -<p><span class="smcap">Alcayota.</span>—Cidra cayote.</p> - -<p><span class="smcap">Alelado.</span>—Asustado, admirado, embobado, extasiado.</p> - -<p><span class="smcap">Alfiler.</span>—<i>Alfiler de gancho.</i> Imperdible.</p> - -<p><span class="smcap">Altazo.</span>—aum., vulg. de alto. Muy alto.</p> - -<p><span class="smcap">Amarra.</span>—Lazo corto, de cuero.</p> - -<p><span class="smcap">Animar.</span>—Azuzar.</p> - -<p><span class="smcap">Aperos.</span>—Aparejo, 2.ª acep.</p> - -<p><span class="smcap">Apretar a correr.</span>—Echar a correr.</p> - -<p><span class="smcap">Atingido.</span>—Afligido.</p> - -<p><span class="smcap">Atracar.</span>—Vulg. Arrimar, allegar, encender, prender.</p> - -<p><span class="smcap">Aújero.</span>—Vulg. Agujero.</p> - -<p><span class="smcap">Azuelazo.</span>—Golpe dado con la azuela.</p> - -<p><span class="smcap">Barra.</span>—Cepo, 3.ª acepc.</p> - -<p><span class="smcap">Barrote.</span>—Barra de hierro, aunque no sea gruesa.</p> - -<p><span class="smcap">Bastante.</span>—Mucho.</p> - -<p><span class="smcap">Botar.</span>—Tirar, arrojar, tumbar.</p> - -<p><span class="smcap">Boya.</span>—<i>Estar en la pura boya.</i> Estar de buena suerte; irle bien en -todo.</p> - -<p><span class="smcap">Buen dar.</span>—<i>Buen dar con lo tonto que soy.</i> ¡Vaya que soy tonto!</p> - -<p><span class="smcap">¡Bueno en!</span>... Qué!... <i>¡Bueno en el hombre forzudo!</i> ¡Qué hombre tan -forzudo!</p> - -<p><span class="smcap">Cacho.</span>—Asta, cuerno.</p> - -<p><span class="smcap">Calzones.</span>—Vulg. Pantalones.</p> - -<p><span class="smcap">Campañista.</span>—El que cuida de los animales vacunos y caballares en los -fundos grandes que tienen campaña.</p> - -<p><span class="smcap">Cáñamo.</span>—Bramante, guita.<span class="pagenum"><a name="page_295" id="page_295">{295}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Capachito.</span>—Planta muy común, del género <i>Calceolárea</i>, que crece a -orillas de los arroyos.</p> - -<p><span class="smcap">Capitán.</span>—<i>Donde manda capitán no manda marinero.</i> Refr. que aconseja -respeto, obediencia y sumisión a los superiores.</p> - -<p><span class="smcap">Cara.</span>—<i>Cara o sello.</i> Cara o cruz.</p> - -<p><span class="smcap">Caráfita.</span>—Interj. Cáspita. (De cáspita, caráspita).</p> - -<p><span class="smcap">Carretón.</span>—Carro grande que sirve para el transporte de materiales.</p> - -<p><span class="smcap">Casas.</span>—Dieces. (Del rosario.)</p> - -<p><span class="smcap">Causeo.</span>—Comida ligera compuesta generalmente de carnes fiambres, -emparedados, vino, etc.</p> - -<p><span class="smcap">Cazuela.</span>—Guiso nacional muy estimado. La receta para hacerla se -encuentra en cualquiera de las numerosas ediciones de libros de cocina -impresos en el país.</p> - -<p><span class="smcap">Cebar</span> (el mate).—Prepararlo, poniendo en la vasija en que se toma, la -yerba y el azúcar necesarios y demás ingredientes que suelen echársele, -como hojas de cedrón, cáscaras de limón o de naranja, etc. En Chile el -mate se toma con azúcar.</p> - -<p><span class="smcap">Cequión.</span>—Aum. de <i>cequia</i>=acequia. Acequia ancha que arrastra gran -caudal.</p> - -<p><span class="smcap">Cierto.</span>—Alguno.</p> - -<p><span class="smcap">Cigarro.</span>—Cigarrillo.</p> - -<p><span class="smcap">Cinco.</span>—Moneda de plata (últimamente las hacen de níquel), que vale -cinco centavos de peso. El peso tiene cien centavos.</p> - -<p><span class="smcap">Clara.</span>—<i>Claras del día.</i> La hora de amanecer. <i>Con las claras.</i> Al -amanecer.</p> - -<p><span class="smcap">Cobija.</span>—Vulg. Frazada, manta de la cama.</p> - -<p><span class="smcap">Cogollo.</span>—La copa de los árboles.</p> - -<p><span class="smcap">Cola.</span>—<i>Ir, salir, arrancar con la cola entre las piernas.</i> Es la fr. -española <i>Ir, salir, rabo entre piernas</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Condenado.</span>—Malvado. <i>Como un condenado.</i> Mucho, en abundancia.</p> - -<p><span class="smcap">Contesta.</span>—Vulg. Contestación.</p> - -<p><span class="smcap">Contimás.</span>—Vulg. Cuantimás; tanto más cuanto.</p> - -<p><span class="smcap">Contra.</span>—<i>Dar la contra.</i> Contradecir, molestar, llevar la contraria.</p> - -<p><span class="smcap">Cordillera.</span>—La Cordillera es, por antonomasia, la de los Andes.</p> - -<p><span class="smcap">Correntoso.</span>—Dícese del río o acequia que tiene mucha corriente.</p> - -<p><span class="smcap">Corretear.</span>—Vulg. Correr.</p> - -<p><span class="smcap">Cosa.</span>—<i>Las cosas de usted.</i> Qué cosas tiene usted. <i>¡Buena cosa!</i> -Exclamación con que se expresa admiración, sentimiento o desagrado.</p> - -<p><span class="smcap">Costalearse.</span>—Golpearse, cayéndose al suelo.</p> - -<p><span class="smcap">Cristo.</span>—<i>Sin cristo.</i> Sin dinero; sin un centavo.</p> - -<p><span class="smcap">Cuaira.</span>—Vulg. Cuadra.</p> - -<p><span class="smcap">Cueca.</span>—Zamacueca, baile popular chileno, pero no el que describe el<span class="pagenum"><a name="page_296" id="page_296">{296}</a></span> -Diccionario de la Academia, pues no tiene nada de ridículo, ni lo bailan -los indios, ni los zambos, ni los chuchumecos.</p> - -<p><span class="smcap">Cuerpo.</span>—<i>Sacar el cuerpo.</i> Desviarlo.</p> - -<p><span class="smcap">Cundidor.</span>—Ligero, rápido.</p> - -<p><span class="smcap">Curado.</span>—Ebrio, embriagado.</p> - -<p><span class="smcap">Chamiza.</span>—Chamarasca, támaras.</p> - -<p><span class="smcap">Chancha.</span>—<i>Hacer la chancha.</i> Hacer novillos.</p> - -<p><span class="smcap">Chapa.</span>—Cerradura.</p> - -<p><span class="smcap">Chape.</span>—Vulg. Trenza.</p> - -<p><span class="smcap">Charqui.</span>—Tasajo; carne cortada en grandes trozos delgados, salada y -secada al sol.</p> - -<p><span class="smcap">Charquiar.</span>—Cortar la carne en grandes trozos muy delgados para secarla -al sol y hacer charqui.</p> - -<p><span class="smcap">Chaucha.</span>—Voz con que vulgarmente se nombra a la moneda de veinte -centavos de peso.</p> - -<p><span class="smcap">Chepa.</span>—Josefa, Josefina.</p> - -<p><span class="smcap">Chiquitito.</span>—Dim. de <i>chiquito</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Choclo.</span>—La mazorca del maíz.</p> - -<p><span class="smcap">Chichoca.</span>—Vulg. <i>Chuchoca</i>. Maíz cocido y después secado al sol. En la -cazuela se pone molida.</p> - -<p><span class="smcap">Chueca.</span>—<i>Sacarla chueca.</i> Irle mal a uno en cualquier asunto.</p> - -<p><span class="smcap">Chupetada.</span>—Vulg. Chupada.</p> - -<p>D. En el lenguaje vulgar no se pronuncia sino raramente al principio de -palabra (icir = decir). No suena en las terminaciones <i>ado</i>, <i>ada</i>, -<i>edo</i>, <i>eda</i>, <i>ido</i>, <i>ida</i>, <i>odo</i>, <i>oda</i>, <i>udo</i>, <i>uda</i> (<i>pescao</i>, <i>ca</i> o -<i>caa</i>, <i>mieo</i>, <i>alamea</i>, <i>perdío</i>, <i>salía</i>, <i>to</i> o <i>too</i>, <i>moa</i>, -<i>embúo</i>, <i>pelúa</i>); en medio de dicción, entre dos vocales (aonde = -aonde); ni al fin de palabra (<i>majestá</i>, <i>mercé</i>). Se pronuncia antes de -diptongo y después de la concurrencia de dos vocales de las cuales la -segunda es débil (Dios, deuda, Aída, Adelaida = Aelaida, cadáuno = cada -uno). Hay algunas excepciones.</p> - -<p><span class="smcap">Debajujo.</span>—<i>Por debajujo.</i> En voz baja.</p> - -<p><span class="smcap">Dedo.</span>—<i>Dejarse</i> uno <i>meter el dedo en la boca</i>. Hacer disparates, -tonterías; dejarse engañar.</p> - -<p><span class="smcap">Dejar.</span>—<i>Te has dejado decir.</i> Te has atrevido a decir.</p> - -<p><span class="smcap">De lo que.</span>—Vulg. Porque. <i>De lo que no había comido.</i> Porque no había -comido.</p> - -<p><span class="smcap">Desengraso.</span>—Vulg. Postre.</p> - -<p><span class="smcap">Despacito.</span>—Dim. de <i>despacio</i>. En voz baja.</p> - -<p><span class="smcap">Despachero.</span>—Dueño o administrador de un <i>despacho</i>, o sea tienda de -comestibles.</p> - -<p><span class="smcap">Diablo.</span>—<i>Así paga el diablo a quien bien le sirve.</i> Fr. muy usada que -se emplea para quejarse de los ingratos.<span class="pagenum"><a name="page_297" id="page_297">{297}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Diantre.</span>—<i>Como un diantre.</i> Como un diablo.</p> - -<p><span class="smcap">Diez.</span>—Moneda de plata que vale diez centavos de peso.</p> - -<p><span class="smcap">Diminutivos.</span>—En Chile se abusa de los diminutivos. Una señora que se -llama Mercedes es Merceditas, aunque tenga 60 años o más. Un niño chico -es chico, chiquito, chiquitito, chiquitín, chiquirritín, chiquirritito, -chicoco, chicoquito, rechico, requetechico, etc. Un mendigo pide de -limosna un cinquito, un diececito, una chauchita, que, diminutivos o no -diminutivos, siempre son cinco centavos, diez centavos, veinte centavos.</p> - -<p><span class="smcap">Dios.</span>—<i>Dios, sin ser vaquero, todo lo rodea.</i> Enseña que Dios dispone -las cosas de modo que resulten bien.</p> - -<p><span class="smcap">Donde.</span>—A casa de... En casa de... Con lo que...</p> - -<p><span class="smcap">Echarlas.</span>—Partir, salir.</p> - -<p><span class="smcap">Empastado.</span>—Que tiene pasto.</p> - -<p><span class="smcap">Endenantes</span>, <small>DENANTES</small> y <small>ENENANTES</small>.—Antes, hace poco.</p> - -<p><span class="smcap">Endilgar.</span>—Vulg. Dar, dirigir, ir, andar.</p> - -<p><span class="smcap">Ensimismamiento.</span>—Abstracción.</p> - -<p><span class="smcap">En una de éstas.</span>—En esto.</p> - -<p><span class="smcap">Envelarlas.</span>—Huir, correr.</p> - -<p><span class="smcap">Escondidas</span> (A las).—Al escondite, juego de muchachos.</p> - -<p><span class="smcap">Espanto.</span>—<i>Estar</i> uno <i>curado de espantos</i>. No asustarse ni de nadie ni -de nada.</p> - -<p><span class="smcap">Esperma.</span>—Estearina.—<i>Vela de esperma.</i> Vela de estearina.</p> - -<p><span class="smcap">Es que.</span>—Muletilla que puede suprimirse sin menoscabar el sentido de la -frase en que se encuentra. <i>Es que le dijo</i> = le dijo.</p> - -<p><span class="smcap">Estantino.</span>—Vulg. Intestino.</p> - -<p><span class="smcap">Facha.</span>—<i>Ponerse en facha.</i> Prepararse para hacer una cosa.</p> - -<p><span class="smcap">Falte.</span>—Buhonero.</p> - -<p><span class="smcap">Fierro.</span>—Hierro. En Chile sólo se usa la voz <i>hierro</i> cuando se habla de -productos químicos o farmacéuticos: <i>Carbonato de hierro</i>, -<i>sesquibromuro de hierro</i>, <i>jarabe de hierro y quinina</i>, <i>hierro -yodatánico</i>; sin que falten personas que en estos casos también digan -<i>fierro</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Fiesta.</span>—<i>Estar la fiesta que se arde.</i> Estar muy buena, haber en ella -mucha alegría, y comida y bebida en abundancia.</p> - -<p><span class="smcap">Flacuchento.</span>—dim. desp. de flacucho.</p> - -<p><span class="smcap">Fondo.</span>—Caldera grande.</p> - -<p><span class="smcap">Fregar.</span>—Molestar.</p> - -<p><span class="smcap">Frito.</span>—Jorobado, molido, desazonado, arruinado, perdido.</p> - -<p><span class="smcap">Fuego.</span>—<i>Hacer el fuego.</i> Encender carbón o leña.</p> - -<p><span class="smcap">Fuerte.</span>—<i>Fuerte y feo.</i> Mucho y con fuerza.</p> - -<p><span class="smcap">Futre.</span>—<i>Salirle el futre</i> a uno. Dar con la horma de su zapato.<span class="pagenum"><a name="page_298" id="page_298">{298}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Ganársela</span> a uno.—Vencerlo.</p> - -<p><span class="smcap">Garrotero.</span>—El que ataca a otro a garrotazos.</p> - -<p><span class="smcap">Guachito.</span>—V. Huachito.</p> - -<p><span class="smcap">Guacho.</span>—V. Huacho.</p> - -<p><span class="smcap">Guairao.</span>—Ave nocturna de la familia de las zancudas. <i>Ardea naevia.</i></p> - -<p><span class="smcap">Guargüero.</span>—Garguero.</p> - -<p><span class="smcap">Guata.</span>—Estómago, barriga.</p> - -<p><span class="smcap">Guía.</span>—Guía de la mañana. El lucero del alba.</p> - -<p><span class="smcap">Habiloso.</span>—Habilidoso.</p> - -<p><span class="smcap">Hablar.</span>—<i>Ser bien hablado.</i> Ser atento, bien educado; hablar -correctamente.</p> - -<p><span class="smcap">Hartazo.</span>—Aum. de <i>harto</i>. Mucho.</p> - -<p><span class="smcap">Hebra.</span>—<i>Por la hebra se saca el ovillo.</i> Es el refr. español <i>Por el -hilo se saca el ovillo</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Ho.</span>—Vocativo vulgar de <i>hombre</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Hombre.</span>—<i>El hombre prepara y Dios dispara</i> se dice por donaire en vez -de <i>El hombre propone y Dios dispone</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Huachito.</span>—Dim. de <i>huacho</i>. Mansito.</p> - -<p><span class="smcap">Huacho.</span>—Hijo ilegítimo; hijo que ha perdido a sus padres; animal que se -aquerencia en una casa y anda libremente por toda ella.</p> - -<p><span class="smcap">Huerta.</span>—Huerto.</p> - -<p><span class="smcap">Indino.</span>—Vulg. Indigno.</p> - -<p><span class="smcap">Inquilino.</span>—Trabajador que vive en un fundo rústico, en que se le da -habitación y un pedazo de terreno, en pago de lo cual se le exige -trabajo en beneficio del patrón.</p> - -<p><span class="smcap">Jazmín.</span>—<i>Vengan esos cinco jazmines.</i> Fr. fam. con que se solicita la -mano de una persona para saludarla o felicitarla.</p> - -<p><span class="smcap">Jote.</span>—Especie de buitre, que se alimenta de animales muertos. -<i>Cathartes aura, vultur aura.</i></p> - -<p><span class="smcap">Juar.</span>—Vulg. Jugar.—<i>Por juar.</i> En broma.</p> - -<p><span class="smcap">Junta</span> (puerta junta).—Entornada.</p> - -<p><span class="smcap">Lacillo.</span>—Lazo de cuero con que se asegura la carga a los animales.</p> - -<p><span class="smcap">Lechar.</span>—Ordeñar.</p> - -<p><span class="smcap">Lesera.</span>—Tontería, inocentada.</p> - -<p><span class="smcap">Loro</span>, <small>RA</small>.—Vulg. <i>Lora</i>. Ave muy común, de plumaje verde que repite -fácilmente las palabras o frases que se le enseñan. <i>Psittacus -cyanolysos.</i></p> - -<p><span class="smcap">Luche.</span>—Alga marina comestible.—<i>Ulva luche.</i></p> - -<p><span class="smcap">Luz.</span>—<i>No haber luces</i> de una cosa. No verse, no distinguirse.<span class="pagenum"><a name="page_299" id="page_299">{299}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Machote.</span>—<i>A machote.</i> Muy bien cerrado.</p> - -<p><span class="smcap">Majestad.</span>—<i>Su Sacarrial Majestad.</i> Su Sacra y Real Majestad.</p> - -<p><span class="smcap">Mamita.</span>—Vulg. Madre; abuela. También se da este tratamiento, por -cariño, a cualquiera anciana.</p> - -<p><span class="smcap">Mandar.</span>—Dar.</p> - -<p><span class="smcap">Manito.</span>—Dim. de <i>mano</i>. Manita, manecita.</p> - -<p><span class="smcap">Manjar blanco.</span>—Dulce que se hace con leche, azúcar y vainilla o alguna -otra especia.</p> - -<p><span class="smcap">Mano.</span>—<i>El que manda manda y mano a la cartuchera.</i> Refr. que aconseja -obediencia al superior.</p> - -<p><span class="smcap">Maravilla.</span>—Planta compuesta, de las <i>Cinanterías</i>. <i>Heliantus annus.</i></p> - -<p><span class="smcap">Mas.</span>—Otro, en frases como ésta: No tuvo <i>mas</i> remedio que...</p> - -<p><span class="smcap">Medio.</span>—Grande.</p> - -<p><span class="smcap">Mejor.</span>—<i>Ser el mejor</i>. Ser el más hermoso, el más bueno, entre varios.</p> - -<p><span class="smcap">Miéchica.</span>—Vulg. Mierda.</p> - -<p><span class="smcap">Miñique.</span>—Meñique.</p> - -<p><span class="smcap">Métale.</span>—Expr. vulg. que se emplea para asentir: <i>bien</i>, <i>está bien</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Meterse.</span>—Mezclarse.</p> - -<p><span class="smcap">Moledera.</span>—Vulg. Porquería, mierda.</p> - -<p><span class="smcap">Montón.</span>—Mucho.</p> - -<p><span class="smcap">Na.</span>—Nada.</p> - -<p><span class="smcap">No.</span>—<i>En la de no.</i> Sino, si no, de lo contrario.</p> - -<p><span class="smcap">No más.</span>—Locución que puede suprimirse generalmente sin que la frase en -que se encuentra pierda su sentido, aunque a veces se emplea para dar -más fuerza a una afirmación.</p> - -<p><span class="smcap">Nunquitita.</span>—Dim. de <i>nunquita</i>, que a su vez lo es de <i>nunca</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Ñato.</span>—Chato.</p> - -<p><span class="smcap">Ño</span>, <span class="smcap">Ñor</span>.—Vulg. Señor.</p> - -<p><span class="smcap">Orejón.</span>—Rebanada de membrillo secada al sol.</p> - -<p><span class="smcap">Ortiga caballuna.</span>—Ortiga común en el país, cuyos pelos urticarios son -largos y muy punzadores. <i>Urtica magellanica.</i></p> - -<p><span class="smcap">Ortiga cuyana.</span>—<i>Ortiga caballuna.</i></p> - -<p><span class="smcap">Orujo.</span>—<i>Sacarle el orujo</i> a uno. Molestarlo, castigarlo, maltratarlo a -golpes.</p> - -<p><span class="smcap">Pararse.</span>—Levantarse uno de su asiento; ponerse en pie.</p> - -<p><span class="smcap">Pared.</span>—<i>Las paredes tienen oídos y los matorrales ojos.</i> Encarece el -cuidado que debe tenerse al hablar o al ejecutar cualquiera acción, pues -suele suceder que haya testigos, sin que uno se dé cuenta. La Academia -trae las expresiones: <i>Las paredes oyen</i>, <i>Las paredes tienen ojos</i>.<span class="pagenum"><a name="page_300" id="page_300">{300}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Parte.</span>—<i>Echar</i> a uno <i>a buena parte</i>. Eufemismo, por decirle que se -vaya a la m...</p> - -<p><span class="smcap">Pata.</span>—Vulg. Pierna, pie.</p> - -<p><span class="smcap">Patifrío.</span>—Sorprendido, admirado, asustado.</p> - -<p><span class="smcap">Pavo.</span>—Tonto.</p> - -<p><span class="smcap">Peíto.</span>—Dim. de <i>peo</i>, nombre que en Chile se da vulg. al <i>pedo</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Peladero.</span>—Sitio llano, sin vegetación.</p> - -<p><span class="smcap">Pelado.</span>—Sin nada.</p> - -<p><span class="smcap">Pelotearse</span> una cosa.—Vulg. Peleársela, arrebatársela de las manos.</p> - -<p><span class="smcap">Pensión.</span>—Tristeza, pena.</p> - -<p><span class="smcap">Pepa.</span>—Josefa, Josefina.</p> - -<p><span class="smcap">Pequén.</span>—Ave carnívora, <i>Strix cunicularia</i>.—Especie de empanada, con -un poco de cebolla, grasa y ají, en el interior.</p> - -<p><span class="smcap">Pequenero.</span>—Vendedor de pequenes.</p> - -<p><span class="smcap">Pescado.</span>—Sólo por excepción se emplea en Chile la voz <i>pez</i>, que jamás -usa el vulgo.</p> - -<p><span class="smcap">Picana.</span>—Aguijada.</p> - -<p><span class="smcap">Picanear.</span>—Aguijonear.</p> - -<p><span class="smcap">Pie.</span>—<i>Echar pie atrás.</i>—Afirmarse, prepararse para pelear.</p> - -<p><span class="smcap">Pie de cabra.</span>—Artificio compuesto de tres palos fuertemente atados en -la parte superior y que descansan en el suelo formando trípode; el -espacio entre los tres palos se llena de grandes piedras o de sacos de -arena. Varios de estos aparatos colocados uno al lado de otro, forman -una especie de tajamar que se emplea para desviar la corriente de los -riachuelos, arroyos, <i>cequiones</i> (acequia ancha que arrastra gran -caudal).</p> - -<p><span class="smcap">Pieira.</span>—Vulg. Piedra, guijarro.</p> - -<p><span class="smcap">Pillarse (Al).</span>—Juego en que un muchacho persigue a otros que huyen de -él, hasta que logra coger a uno.</p> - -<p><span class="smcap">Pimeo.</span>—Vulg. Pigmeo.</p> - -<p><span class="smcap">Pisada.</span>—<i>Sin perder pisada.</i> Seguirle los pasos a uno.</p> - -<p><span class="smcap">Plantado.</span>—<i>Bien plantado.</i> Elegante.</p> - -<p><span class="smcap">Pollera.</span>—Saya, falda.</p> - -<p><span class="smcap">Poto.</span>—Trasero, culo.</p> - -<p><span class="smcap">Prendedor.</span>—Alfiler de corbata.</p> - -<p><span class="smcap">Pus.</span>—Vulg. Pues.</p> - -<p><span class="smcap">Quiltro.</span>—Perrillo ordinario, gozquejo.</p> - -<p><span class="smcap">Quite.</span>—<i>Hacer un quite.</i> Desviar el cuerpo.</p> - -<p><span class="smcap">Quizás.</span>—Conforme con su etimología, es como si se dijera <i>Quién sabe</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Ratón.</span>—Rata.</p> - -<p><span class="smcap">Re.</span>—(<i>Refuerte etc.</i>). La partícula <i>re</i> antepuesta a un adjetivo y -acompa<span class="pagenum"><a name="page_301" id="page_301">{301}</a></span>ñada de <i>bien</i>, <i>tan</i>, <i>tan bien</i>, <i>muy</i>, sirve al vulgo para -expresar el grado superlativo.</p> - -<p><span class="smcap">Reinato.</span>—Vulg. Reino.</p> - -<p><span class="smcap">Remoler.</span>—Jaranear. Divertirse bebiendo con exceso y bailando cueca al -son de arpa y guitarra.</p> - -<p><span class="smcap">Repelarse.</span>—Sentir pesar, con rabia.</p> - -<p><span class="smcap">Repente.</span>—<i>De un de repente.</i> Vulg. De repente.</p> - -<p><span class="smcap">Requete.</span>—Desempeña el mismo oficio que la partícula <i>re</i>. V. Re.</p> - -<p><span class="smcap">Resuello.</span>—<i>De un resuello.</i> De una vez, sin descansar, sin hacer -ninguna pausa.</p> - -<p><span class="smcap">Roto.</span>—<i>Nunca falta un roto para un descosido.</i> Que fácilmente encuentra -uno su pareja.</p> - -<p><span class="smcap">Saltiaor.</span>—Vulg. Salteador.</p> - -<p><span class="smcap">Sapo arriero.</span>—(No he encontrado quien me explique qué clase de sapo es -éste).</p> - -<p><span class="smcap">Sazonar.</span>—Poner a los guisos la sal necesaria para que queden con buen -sabor.</p> - -<p><span class="smcap">Semillero.</span>—Gran cantidad, multitud.</p> - -<p><span class="smcap">Señor.</span>—<i>Muy sí, señor.</i> Muy campante.</p> - -<p><span class="smcap">Serón de cuero.</span>—Ant. Mitad del cuero desecado de un animal vacuno, que -conserva su forma convexa.</p> - -<p><span class="smcap">Suma.</span>—Cantidad.</p> - -<p><span class="smcap">Suspiro.</span>—<i>En un suspiro.</i> En un momento, en breve tiempo.</p> - -<p><span class="smcap">Susto padre.</span>—Susto muy grande.</p> - -<p><span class="smcap">Taita.</span>—Vulg. Padre. También se da este tratamiento, por cariño, a -cualquier anciano.</p> - -<p><span class="smcap">Tamañazo.</span>—Aum. de <i>tamaño</i>. Tan grande.</p> - -<p><span class="smcap">Tamién.</span>—Vulg. También.</p> - -<p><span class="smcap">Tenca.</span>—Avecita cantora muy común. <i>Mimus thenca.</i></p> - -<p><span class="smcap">Tierra.</span>—<i>Rodar tierras.</i> Viajar, salir a buscar aventuras.</p> - -<p><span class="smcap">Tincar.</span>—Presentir.</p> - -<p><span class="smcap">Tiro.</span>—<i>Al tiro</i>; <i>al tirito</i>. Al punto, inmediatamente.</p> - -<p><span class="smcap">Toíto</span>; <small>TOITITO</small>.—Todito, dim. de <i>todo</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Tomar.</span>—Beber vino u otro licor alcohólico.</p> - -<p><span class="smcap">Tortilla.</span>—Pan sin levadura cocido al rescoldo.</p> - -<p><span class="smcap">Tranquear.</span>—Vulg. Andar de prisa y a pasos largos.</p> - -<p><span class="smcap">Tuto.</span>—Vulg. Pierna de ave.</p> - -<p><span class="smcap">Ulpo.</span>—Bebida hecha con harina de trigo tostado, agua fresca y azúcar.</p> - -<p><span class="smcap">Ultimo.</span>—<i>Hasta el último.</i> Por fin.<span class="pagenum"><a name="page_302" id="page_302">{302}</a></span></p> - -<p><span class="smcap">Uno.</span>—<i>Donde hay uno hay otro.</i> Expr. fam. con que se denota que -fácilmente se encuentra una persona con las mismas cualidades de saber, -valor etc., que otra.</p> - -<p><span class="smcap">Vámolos.</span>—Vulg. Vámonos.</p> - -<p><span class="smcap">Varilla</span>, <small>VARILLITA</small>.—Dim. de <i>vara</i>, voz esta última que no se usa sino -cuando se trata de la medida de longitud que tiene m. 0.836.</p> - -<p>Verbos en <small>EAR</small>. El vulgo cambia esta terminación en <small>IAR</small>: <i>apiarse</i>, <i>me -apié</i>, <i>apiémonos</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Verso.</span>—Vulg. Estrofa.</p> - -<p><span class="smcap">Vida.</span>—<i>Pasar la gran vida.</i> Vivir rodeado de toda clase de -comodidades.—<i>Tener</i> uno <i>la vida de los gatos</i>. Es el refr. español -<i>Tener siete vidas como los gatos</i>.</p> - -<p><span class="smcap">Viejancón.</span>—Vulg. Vejancón.</p> - -<p><span class="smcap">Vos.</span>—Vulg. Tú.</p> - -<p><span class="smcap">Vuelta.</span>—<i>A la vuelta de la esquina</i>, vulg. Muy cerca.</p> - -<p><span class="smcap">Yerba</span>, <small>YERBAMATE</small>.—Mate.</p> - -<p><span class="smcap">Zarzamora.</span>—Es la zarza española. Al fruto le llamamos mora.</p> - -<p><span class="smcap">Zumbarle</span> a uno una cosa.—Vulg. Disparársela.<span class="pagenum"><a name="page_303" id="page_303">{303}</a></span></p> - -<h2><a name="INDICE" id="INDICE"></a> INDICE</h2> - -<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary=""> - -<tr><th colspan="3"><span class="smcap">I Parte. Cuentos maravillosos, cuentos de animales, anécdotas.</span></th></tr> - -<tr><td> </td><td class="rt">Págs.</td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-1">1.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-1">El Soldadillo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_5">5</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-2">2.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-2">El Pescadito Encantado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_12">12</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-3">3.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-3">Delgadina y el Culebrón</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_17">17</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-4">4.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-4">La Tenquita</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_26">26</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-5">5.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-5">El Gallito</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_29">29</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-6">6.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-6">La Tortilla o el Canarito Encantado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_32">32</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-7">7.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-7">El Rey tiene cachito</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_43">43</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-8">8.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-8">El Cuerpo sin alma</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_46">46</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-9">9.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-9">La Huachita Cordera</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_51">51</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-10">10.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-10">Las siete Ciegas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_58">58</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-11">11.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-11">El Miñique</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_66">66</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-12">12.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-12">Los tres Consejos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_72">72</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-13">13.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-13">El Loro Adivino</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_80">80</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-14">14.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-14">El Medio-Pollo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_93">93</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-15">15.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-15">El Barco de los tres hachazos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_99">99</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-16">16.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-16">Hermosura del Mundo, o el Castillo de los tres azuelazos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_109">109</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-17">17.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-17">El Arbol de las tres Manzanas de oro</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_132">132</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-18">18.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-18">Los Hijos del Pescador, o el Castillo de la Torderás, irás y no<br /> -volverás</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_142">142</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-19">19.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-19">El Compadrito León, potito quemado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_154">154</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-20">20.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-20">El Miñaco</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_166">166</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-21">21.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-21">Chilindrín y Chilindrón</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_169">169</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-22">22.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-22">Juan Valiente, el de la Vaquilla</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_179">179</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-23">23.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-23">La Sapita encantada</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_183">183</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-24">24.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-24">Gallarín y el Gigante</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_190">190</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-25">25.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-25">Salir con su domingo siete</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_201">201</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-26">26.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-26">La Lorita encantada</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_203">203</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-27">27.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-27"> -El Diablo y el Campesino</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_208">208</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-28">28.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-28">El León y el Hombre</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_210">210</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-29">29.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-29">Los tres hermanos que salieron a aprender a hablar</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_218">218</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-30">30.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-30">Las tres Gangosas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_219">219</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-31">31.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-31">El Capón asado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_220">220</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-32">32.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-32">El Vendedor de coquitos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_221">221</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-33">33.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-33">El Vendedor de pequenes</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_222">222</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-34">34.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-34">El Cuento de los tres difuntos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_222">222</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-35">35.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-35">El Sacristán que habla a los fieles</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_223">223</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-36">36.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-36">Por qué el Jote tiene la cabeza y el cogote sin plumas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_223">223</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-37">37.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-37">Las tres mentiras</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_225">225</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-38">38.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-38">El Pequén y el Sapo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_226">226</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-39">39.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-39">El Guairao y el Sapito</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_227">227</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-40">40.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-40">Los Guairaos y el Sapo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_228">228</a></td></tr> - -<tr><th colspan="3"><span class="smcap">II Parte. Mitos, tradiciones, casos.</span></th></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-1">1.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-1">El Chanchillo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_231">231</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-2">2.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-2">El Chumaco</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_232">232</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-3">3.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-3">La Calchona</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_232">232</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-4">4.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-4">Otra versión</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_233">233</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-5">5.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-5">Otra versión</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_233">233</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-6">6.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-6">La Viuda</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_234">234</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-7">7.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-7">La Mujer larga</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_235">235</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-8">8.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-8">El Piguchén</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_235">235</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-9">9.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-9">La Cuca</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_235">235</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-10">10.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-10">El Cabro viejo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_236">236</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-11">11.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-11">El Hombre tigre</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_236">236</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-12">12.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-12">El Peral encantado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_237">237</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-13">13.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-13">La Sirena del río Cato</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_237">237</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-14">14.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-14">La Sirena de Aculeo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_237">237</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-15">15.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-15">La Laguna de Taguatagua</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_238">238</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-16">16.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-16">La Cueva de la Niña</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_238">238</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-17">17.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-17">La Laguna de Pudahuel</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_239">239</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-18">18.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-18">La Laguna de las tres Pascualas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_240">240</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-19">19.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-19">La Cueva de la Mula</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_241">241</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-20">20.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-20">La Rana castigada</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_241">241</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-21">21.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-21">La Rana vengativa</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_242">242</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-22">22.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-22">La Cueva de las Cardillas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_242">242</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-23">23.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-23">El hombre que quiso volar</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_243">243</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-24">24.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-24">El Falte brujo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_244">244</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-25">25.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-25">Los brujos de Peumo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_244">244</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-26">26.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-26">La aparición de la culebra</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_246">246</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-27">27.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-27">El Comerciante convertido en burro</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_246">246</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-28">28.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-28">El Caballero que quiso aprender a brujo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_247">247</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-29">29.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-29">El Zapatero que se volvía gallo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_249">249</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-30">30.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-30">La Rosa de las Monjas Claras</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_252">252</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-31">31.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-31">El Caballero que fué transformado en caballo y después en pavo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_253">253</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-32">32.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-32">El Cabro de la calle de Bueras</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_256">256</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-33">33.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-33">La Niña de los grandes ojos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_257">257</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-34">34.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-34">Las Sombras</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_257">257</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-35">35.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-35">El Risco del Arriero</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_258">258</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-36">36.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-36">Tesoros. El entierro del naranjo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_259">259</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-37">37.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-37">Los dos Viajeros</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_260">260</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-38">38.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-38">El Clérigo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_261">261</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-39">39.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-39">El Niño dentudo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_262">262</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-40">40.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-40">El Diablo bailarín</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_263">263</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-41">41.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-41">El Hijo del Diablo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_263">263</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-42">42.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-42">El Diablo generoso</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_265">265</a></td></tr> - -<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-43">43.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-43">Las doce palabras redobladas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_267">267</a></td></tr> - -<tr><td colspan="2"><a href="#BIBLIOGRAFIA">Bibliografía</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_275">275</a></td></tr> - -<tr><td colspan="2"><a href="#NOTAS_COMPARATIVAS">Notas comparativas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_277">277</a></td></tr> - -<tr><td colspan="2"><a href="#Vocabulario">Vocabulario</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_294">294</a></td></tr> - -<tr><td colspan="2"><a href="#INDICE">Indice</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_303">303</a></td></tr> -</table> - -<div class="footnotes"><p class="cb">NOTAS:</p> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_A_1" id="Footnote_A_1"></a><a href="#FNanchor_A_1"><span class="label">[A]</span></a> El vocabulario de los chilenismos que se encuentran en -estos cuentos y las notas comparativas, irá al fin de la colección.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_B_2" id="Footnote_B_2"></a><a href="#FNanchor_B_2"><span class="label">[B]</span></a> Aquí se nombra a cualquiera de las personas que escuchan el -cuento. Esta es una de las muchas fórmulas que se usan para comenzar -estas narraciones y pertenece a las <i>con chacharachas</i> o <i>matutines</i>, -nombres que se dan a la retahila de palabras y expresiones sin sentido, -que contienen. Véase el anexo II de mis cuentos de Carahue.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_C_3" id="Footnote_C_3"></a><a href="#FNanchor_C_3"><span class="label">[C]</span></a> Es de regla decir de una sola tirada, sin descansar ni -tomar aliento, las quejas de la Tenquita.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_D_4" id="Footnote_D_4"></a><a href="#FNanchor_D_4"><span class="label">[D]</span></a> En este cuento se han transcrito las mismas palabras -empleadas por la González al narrarlo, pero no como las pronunciaba. -Quien quiera imponerse de la pronunciación de la narradora, vea el -número de Abril de 1909, T. XXXII, F. 526 a 538, de la <i>Revista de -Derecho, Historia y Letras</i>, de Buenos Aires, en que se publicó con -grafía fonética, y comentarios.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_E_5" id="Footnote_E_5"></a><a href="#FNanchor_E_5"><span class="label">[E]</span></a> ¿El Meñique?</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_F_6" id="Footnote_F_6"></a><a href="#FNanchor_F_6"><span class="label">[F]</span></a> Quedó muerto, hecho una bolsa de huesos, informe.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_G_7" id="Footnote_G_7"></a><a href="#FNanchor_G_7"><span class="label">[G]</span></a> Lo que se presuma de literario en esta versión, seguramente -que no es adorno superior a las descripciones, reflexiones y formas -pintorescas que daba Liberona a la narración. Pueda ser que algunas haya -yo cambiado, por olvido de los originales; pero no son invenciones mías, -sino reflejos borrosos ya, por los cuarenta años transcurridos, pero -fieles representantes de la impresión causada por el cuento en un niño -de 13 años.—<span class="smcap">R. Rengifo</span></p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_H_8" id="Footnote_H_8"></a><a href="#FNanchor_H_8"><span class="label">[H]</span></a> El maestro Tránsito, que sazonaba sus cuentos con -comentarios más o menos sabrosos, agregó lo que sigue: -</p><p> -“Una ocasión estaban varios trabajadores reunidos después del trabajo y -entre ellos había uno que era calvo y lampiño; y otro que se las daba de -poeta le dijo: -</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">“Al amigo Pedro Antonio<br /></span> -<span class="i0">le ha pasado lo que al Jote:<br /></span> -<span class="i0">por comer la mejor presa,<br /></span> -<span class="i0">perdió toda la cabeza<br /></span> -<span class="i0">y se le peló el cogote.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p> -“Lo que ha quedado por refrán y se les dice a los que son faltos de -pelo”.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_I_9" id="Footnote_I_9"></a><a href="#FNanchor_I_9"><span class="label">[I]</span></a> El <i>Cuero</i> o <i>Manta</i> es una especie de piel o tela gruesa -extendida en el fondo de los ríos y lagunas, que atrae a las personas, -animales y pequeñas embarcaciones tripuladas que pasan a su alcance. La -simple vecindad de cualquier ser viviente le irrita y se levanta y se -recoge asiendo entre los pliegues que forma con sus movimientos al que -ha tenido la desgracia de acercársele y que irremisiblemente perece -ahogado. El Cuero o Manta se alimenta de sus víctimas. (R. F.)</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_J_10" id="Footnote_J_10"></a><a href="#FNanchor_J_10"><span class="label">[J]</span></a> Huelga la explicación de haber muerto reventado nuestro -carpintero, pues seguramente acostumbraría él gastar su paga semanal -divirtiéndose en casa de algunas familias pobres de esos lugares, en que -se prodigaría el licor, como acostumbra hacerlo nuestro pueblo en -reuniones de esa especie. El que se sobrepasara atrevidamente en alguna -de esas remoliendas: el que perdiera la vida y le pasara casual o -intencionalmente una carreta por encima, es cosa nada extraña en tiempos -y en campos como aquellos. -</p><p> -Este cuento de brujos y muchos otros, ciertamente habrán servido para -encubrir o disculpar un asesinato ante los campesinos o gentes -crédulas.—<i>R. Rengifo.</i></p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_K_11" id="Footnote_K_11"></a><a href="#FNanchor_K_11"><span class="label">[K]</span></a> Pueblecito del departamento de Victoria, provincia de -Santiago, en el cual es fama que ha habido muchos brujos, y, según -algunas personas, todavía los hay.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_L_12" id="Footnote_L_12"></a><a href="#FNanchor_L_12"><span class="label">[L]</span></a> Véase pág. 234, Núm. 6.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_M_13" id="Footnote_M_13"></a><a href="#FNanchor_M_13"><span class="label">[M]</span></a> Nombre vulgar del <i>Dafila spinacauda</i>.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_N_14" id="Footnote_N_14"></a><a href="#FNanchor_N_14"><span class="label">[N]</span></a> Esta leyenda me fué referida en 1910, pero no tomé nota del -nombre de la persona que me la contó. Igual observación debo hacer -respecto de las que no tienen noticias sobre los informantes y aquellas -en que simplemente indico el año en que me fueron contadas.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_O_15" id="Footnote_O_15"></a><a href="#FNanchor_O_15"><span class="label">[O]</span></a> Como en los Cuentos populares de Carahue, y por las razones -que ahí se expresan, comienzo por citar primeramente a <span class="smcap">Cosquin</span>, siempre -que en sus Contes populaires de Lorraine haya cuentos que tengan -relación con los que se publican en este volumen.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_P_16" id="Footnote_P_16"></a><a href="#FNanchor_P_16"><span class="label">[P]</span></a> De este cuento procede la frase fam., tan común en Chile y -en otros países hispanoamericanos, <i>salir con su Domingo siete</i>, que se -aplica a los que dicen o hacen cosas fuera de razón, <span class="smcap">Membreño</span> -(Hondureñismos, 3.ª ed., p. 70) atribuye este dicho a que «el domingo -nunca ha sido el séptimo día de la semana», y, por tanto es lógico decir -que <small>DOMINGO SIETE</small> significa «despropósito, disparate». «El Diccionario -de la Academia y con él los demás Diccionarios, cuando afirman que el -domingo es el primer día de la semana, no hacen más que consignar un -hecho reconocido desde hace siglos.»</p></div> - -</div> -<hr class="full" /> - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of Project Gutenberg's Cuentos populares en Chile, by Ramón A. Laval - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS POPULARES EN CHILE *** - -***** This file should be named 63424-h.htm or 63424-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/3/4/2/63424/ - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images available at The Internet Archive) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project -Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you -charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you -do not charge anything for copies of this eBook, complying with the -rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose -such as creation of derivative works, reports, performances and -research. They may be modified and printed and given away--you may do -practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at -http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at -809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email -business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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