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-The Project Gutenberg EBook of Cuentos populares en Chile, by Ramón A. Laval
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Cuentos populares en Chile
-
-Author: Ramón A. Laval
-
-Release Date: October 10, 2020 [EBook #63424]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS POPULARES EN CHILE ***
-
-
-
-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images available at The Internet Archive)
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-
-
- REVISTA DE FOLKLORE CHILENO
- Tomo IX.--1923
-
- CUENTOS
- POPULARES EN CHILE
-
- (recogidos de la tradición oral)
-
- POR
-
- RAMON A. LAVAL
-
- Socio fundador
- de la Sociedad de Folklore Chileno y de la Sociedad Chilena
- de Historia y Geografía, Miembro Correspondiente de la Real
- Academia de la Historia, Membre de la Société des Traditions
- Populaires et de la Société des Américanistes de Paris, Socio
- correspondiente da Sociedade de Geographia de Rio de Janeiro.
-
- SANTIAGO DE CHILE
- IMPRENTA CERVANTES
- MONEDA, 1170
- 1923
-
-
-
-
-I PARTE
-
-Cuentos maravillosos, Cuentos de
-animales, Anécdotas.
-
-
-
-
-Cuentos populares en Chile, recogidos de la tradición
-oral[A]
-
-
-
-
-1. EL SOLDADILLO.
-
-
-El Soldadillo se estaba aburriendo en su casa y se le puso en la cabeza
-salir a rodar tierras, por ser hombre y por saber.
-
-Salió, pues, un día, llevando al hombro unas alforjas muy bien provistas
-y un buen cuchillo asegurado a la cintura.
-
-Después de haber andado unas cuantas horas, en un camino apartado se
-encontró con un hermoso joven, elegantemente vestido. El Soldadillo, que
-era hombre bien hablado, se sacó su gorra y saludando con todo respeto,
-preguntó:
-
---¿A dónde va, mi señor? Si lo puedo servir en algo, estoy a sus
-órdenes.
-
-El Príncipe, porque el joven era hijo de Rey, le contestó:
-
---Si quieres acompañarme, te daré buen sueldo; el sirviente que traía se
-me perdió en el camino, y necesito de una persona que me ayude; pero ésa
-ha de ser muy valiente, porque nos hemos de ver quizás en qué peligros.
-
---Su mercé, respondió el Soldadillo, tal vez haya oído hablar de su
-servidor, porque yo he peleado en todas las batallas que ha dado Su
-Sacarreal Majestad el Rey su padre, y siempre me porté con valor y nunca
-volví la espalda al enemigo. Juan me llamo, señor, y por sobrenombre me
-dicen el Sordaíllo.
-
---¡Con que tú eres, hombre, el mentado Soldadillo! No he podido
-encontrar mejor compañero; he andado con suerte; desde luego te tomo a
-mi servicio.
-
-Siguieron andando los dos, más que como patrón y sirviente, conversando
-como amigos. El Príncipe le contó cómo se había enamorado, por un
-retrato que había visto, de la más linda princesa del mundo, a quien
-andaba buscando: estaba encantada y nadie sabía en donde se hallaba.
-
-El Soldadillo le prometió ayudarlo en todo y no dejarlo mientras no
-dieran con la princesa, y hasta dejarse matar por él, aunque--le
-dijo--todavía no ha nacido quien se atreva a tocarme un pelo.
-
-Siguieron andando y andando, y hacía ya muchos días que iban por el
-mismo camino, cuando encontraron a un hombre que se ejercitaba en dar
-saltos muy grandes. El Soldadillo le preguntó:
-
---¿Cómo te llamáis, ho?
-
---Yo me llamo--contestó el hombre--Saltín, Saltón, hijo del buen
-Saltaor.
-
---¿Y en qué te ocupáis, hó?
-
---En saltar, pus, ñor; y pueo dar saltos de más de dos cuairas, pus,
-ñor.
-
---Este hombre nos conviene--le dijo el Príncipe al
-Soldadillo;--pregúntale si quiere entrar a mi servicio.
-
-Entonces el Soldadillo le dijo al hombre:
-
---¿Por qué no te venís con nosotros?
-
---Si me dan buena paga, me voy con ustedes.
-
-Y Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, se fué con ellos.
-
-Siguieron andando y andando, y más adelante toparon con un hombre que se
-llevaba tranqueando de arriba para abajo, a grandes pasos, y que no
-descansaba ni un momento.
-
---¿Cómo te llamáis, ho?--le preguntó el Soldadillo; y el otro le
-contestó:
-
---Yo me llamo Andín, Andón, hijo del buen Andaor.
-
---¿Y en qué trabajáis, vos?
-
---En andar, pus, ñor; ese es mi oficio; porque yo soy lo mesmito que el
-Judío Errante, que me canso cuando me siento; y aemás soy muy forzúo, y
-me los pueo echar a toos ustees al hombro y llevarlos aonde ustees me
-igan; porque han de saber que soy nieto de Carguín, Cargón, hijo del
-buen Cargaor, y que hei sacao las juerzas de mi agüelo.
-
---Este hombre nos conviene--le dijo el Príncipe al
-Soldadillo;--contrátalo a ver si quiere servirme.
-
-Entonces el Soldadillo le dijo al hombre:
-
---¿Por qué no te venís con nosotros? Te daremos buena paga.
-
---Métale, pus, ñor--contestó Andín, Andón, hijo del buen Andaor; y para
-probarles que era cierto lo que les había dicho acerca de las fuerzas
-que tenía, agarró a los tres compañeros en sus brazos y siguió cargado
-con ellos, como si tal cosa.
-
-Bien les vino a los pobres, porque estaban muy cansados.
-
-Así anduvieron por tres días, hasta que encontraron a un hombre sentado
-en la tierra, que con una mano rodeaba una de sus orejas, como para
-escuchar mejor. El Soldadillo le dijo:
-
---¿Qué hace ahí, mi amigo? ¿se puede saber?
-
---Como nó--le contestó el hombre:--estoy oyendo a una niña que está
-encerrada siete estados bajo tierra llorando sin consuelo y quejándose
-de que la tienen encantada. En este momento, dice: ¿Qué será del Rey,
-mi padre? ¡Cómo llorará mi madre! ¡Cuándo vendrá el príncipe que ha de
-libertarme!
-
-El Príncipe no dudó que la princesa encerrada era la que él buscaba, e
-inmediatamente preguntó al hombre:
-
---¿Cómo te llamas tú?
-
---Yo me llamo, señor--le contestó--Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor.
-
---Vente conmigo y te pagaré bien--le dijo el Príncipe.
-
---Eso quisiera yo--le dijo Oidín--porque estoy sin empleo.
-
-Y Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor, pasó a ocupar su lugar al apa de
-Andín, Andón, hijo del buen Andaor.
-
-Siguiendo las indicaciones de Oidín, que a cada rato hacía que Andín se
-parara, para escuchar mejor, se metió Andín con su carga por un bosque
-muy tupido, llegando una noche, al cabo de siete días de marcha, frente
-a un castillo. Dieron seis vueltas alrededor de él, sin encontrar puerta
-alguna; sólo veían una fila de ventanas, todas alumbradas, pero muy
-altas y defendidas por gruesos barrotes de fierro. A la séptima vuelta
-vieron una puerta toda de fierro, hecha de una sola pieza y con un gran
-llamador. Golpearon y nadie contestó; golpearon dos veces más y tampoco
-nadie salió. Entonces el Soldadillo dijo:
-
---Que se queden todos aquí; a mí me agarra en peso Saltín, Saltón, hijo
-del buen Saltaor, y de un salto nos ponemos dentro del castillo.
-
-Así lo hicieron; pero todavía no ponían un pie en tierra, cuando oyeron
-cerca de ellos una voz de trueno que decía:
-
---¡Carne humana huele aquí! Carne humana huele aquí!
-
-Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, todo asustado, de un brinco
-volvió afuera, dejando sólo a mi buen Soldadillo frente a frente de un
-gigante enorme.
-
---A peliar vengo con vos--le dijo el Soldadillo;--y no me grite tan
-fuerte, que no soy sordo y le pueo cortar la lengua con este
-cuchillito; ni me mire tan fiero, porque tamién le pueo sacar los ojos
-con estos cinco deos. Sepa el cara e capacho viejo, que está hablando
-con el Sordaíllo y quien se mete con él, sale fregao.
-
-Esto que dice el Soldadillo y el gigante que se le va encima; pero el
-Soldadillo le saca el cuerpo con toda ligereza, y plantándose detrás, le
-da con su cuchillito un tajo tan bien refuerte, que me le corta al
-gigante los nervios de la corva de la pierna derecha, y de otro tajo me
-le rebana los nervios de la corva de la pierna izquierda, y mi buen
-gigante cae al suelo dando unos bramidos que hacían temblar toda la
-tierra.
-
-Los de afuera oían los bramidos, todos asustados, y por más que el
-Príncipe le decía a Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, que los
-transladara a todos adentro para ayudar al Soldadillo, Saltín no quiso
-obedecerle, porque, como el miedo es cosa viva, todavía le temblaban las
-carnes y no se animaba a ponerse cerca del gigante.
-
-De repente se dejan de oir los bufidos y las puertas del castillo se
-abren de par en par. Mi buen Soldadillo, con el cuchillo en la mano,
-chorreando sangre, les dice que ha muerto al guardián del castillo y que
-ya pueden entrar sin cuidado. No sabía el pobre los peligros que todavía
-le esperaban.
-
-Entraron, y al pasar por un gran comedor, todo lleno de manjares, Andín,
-Saltín y Oidín, quisieron sentarse a comer, pero el Príncipe y el
-Soldadillo dijeron que era preciso sacar primero a la Princesa; que
-después habría tiempo para comer y mucho más. Tuvieron que obedecer,
-porque donde manda capitán no manda marinero, y el que manda, manda, y
-mano a la cartuchera; y sirviéndoles de guía Oidín, Oidón, hijo del buen
-Oidor, llegaron hasta un pozo. El Soldadillo buscó una barra de fierro y
-la atravesó en la boca del pozo; buscó después unos cordeles y amarrando
-un extremo en la barra y el otro a su cintura, lo descolgaron.
-
-Lo que sucedió después es digno de oirse.
-
-Cuando llegó al primer estado bajo tierra, el Soldadillo que entra a una
-sala muy hermosa y que se le presenta un enorme culebrón con siete
-cabezas. El Soldadillo, que estaba curado de espantos, no se asustó,
-antes, echando pie atrás, alzó el cuchillo y de un fuerte golpe le cortó
-a la Culebra una de sus cabezas. El Culebrón dió un silbido que aturdió,
-y desapareció por un agujero; y el Soldadillo la siguió de atrás. Al
-llegar al segundo estado, nuevo combate; la Culebra quería enroscar con
-su cola al Soldadillo, pero éste, haciéndole un quite, logró ponérsele
-al frente y cortarle otra de las cabezas. El Culebrón arrancó como un
-condenado por un portillo y el Soldadillo se coló detrás de él por el
-mismo portillo. Llegaron al tercer estado, la Culebra con cinco cabezas
-no más, y el Soldadillo, firme como un peral y con su cuchillo en la
-mano. Tercer combate; el Culebrón quería enterrarle la lanceta de una de
-sus bocas, pero el Soldadillo en un dos por tres, ¡zás! le cortó otra
-cabeza. Ya no le quedaban al Culebrón mas que cuatro cabezas, las mismas
-cuatro que le cortó mi valiente Soldadillo, una en cada estado a que el
-Culebrón bajaba, hasta que llegaron al séptimo, en que le cortó la
-última y me lo dejó sin poder moverse más.
-
-Ya tenemos al Soldadillo en el séptimo estado bajo tierra, libre del
-gigante y del Culebrón y oyendo los quejidos de la Princesa, que no
-sabía de qué parte salían.
-
-Buscando y buscando, da con una puerta, que abre con mucho cuidado y se
-encuentra dentro de una pieza tan grande y tan linda como no había visto
-otra en su vida; estaba toda cubierta de oro y plata y alumbrada con
-muchos blandones, candelabros y arañas, y en medio, tendida en el suelo,
-desmayada, la más hermosa Princesa que hayan visto ojos humanos. La
-cargó en brazos y la llevó en ellos hasta que llegó al primer estado, y
-amarrándose allí nuevamente el cordel a la cintura, gritó que lo
-suspendieran. Cuando llegó arriba, todos se quedaron con la boca abierta
-de ver tan hermosa Princesa, y al Príncipe casi se le salía el corazón
-por la boca, tan fuertemente le saltaba.
-
-Cuando la Princesa volvió en sí, contó que una vieja bruja la había
-hechizado y encerrado en ese castillo, del cual nadie tenía noticias, y
-que el encantamiento debía durar hasta que un príncipe viniera a
-librarla.
-
-El Príncipe estaba muy feliz, porque había encontrado a su Princesa; y
-después de comer de los exquisitos manjares que habían encontrado
-preparados, el Príncipe, no queriendo demorar su casamiento, ordenó a
-Andín, Andón, hijo del buen Andaor, que cargara con todos y los llevara
-a la Corte del Rey, su padre.
-
-¡Bueno en el hombre forzudo! A todos se los echó al hombro como si no
-pesaran más que una pluma, y en un par de días llegaron a la capital del
-reino, donde se celebró el matrimonio con grandes fiestas y banquetes, y
-vivieron muchos años muy felices y dichosos y rodeados de hermosos hijos
-que se parecían a ellos.
-
-Después de la boda, el Soldadillo y sus demás compañeros pidieron
-licencia al Príncipe para retirarse, y entonces éste y la Princesa les
-dieron a cada uno un gran talego de plata y al Soldadillo dos; y a los
-cuatro, trajes muy ricos, pues estaban muy agradecidos de ellos; porque
-sin Andín, Andón, hijo del buen Andaor, no habrían podido llegar al
-castillo; sin Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor, no habrían sabido dónde
-se encontraba la Princesa; sin Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, no
-habrían podido entrar al castillo; y sin el Soldadillo, la Princesa
-habría seguido encantada hasta ahora. Bien dicen que Dios, sin ser
-vaquero, todo lo rodea.
-
-Y aquí se acabó el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la
-guatita al aire y el potito al viento; y pase por una mata de poroto
-para que Fulano me cuente otro.
-
-
-
-
-2. EL PESCADITO ENCANTADO
-
-(Referido en 1911 por Samuel Antonio Letelier, de 9 años, de Molina. Lo
-oyó contar en 1910 en Linares)
-
-
-Este era un Rey que no se alimentaba sino de pescados, y para que lo
-abasteciera de esta carne tenía a su servicio a un viejecito que todos
-los días iba a pescar al mar. Le pagaba bien por su trabajo; pero lo
-tenía amenazado con que le haría cortar la cabeza el día que no le
-llevara provisión fresca de ellos.
-
-Este viejecito vivía en una pequeña casa cerca de la costa, en compañía
-de su mujer, de dos hijas a quienes quería entrañablemente, sobre todo a
-la menor, que era muy buena y cariñosa con él; y de una perrita, que
-todas las tardes, cuando volvía con la pesca, salía a recibirlo.
-
-Un día el viejecito no sacó nada en la red, a pesar de haberla arrojado
-muchas veces al agua; y lamentándose de su mala suerte, se sentó en un
-peñasco a llorar su desgracia, porque veía que su fin iba a llegar.
-
-Llorando estaba cuando entre las olas asomó la cabeza un Pescadito
-colorado y le preguntó:--«¿Por qué llora el buen viejo?» El interpelado,
-entre sollozos, le contó lo que le pasaba; que por más que había echado
-las redes al mar, nada había sacado, y que si no le llevaba pescados al
-Rey, éste le haría cortar la cabeza.
-
-El Pescadito le dijo entonces:--«Yo te daré todos los pescados que tú
-quieras, mientras vivas, con la condición de que me des a la que salga a
-recibirte cuando vuelvas a tu casa». El viejo le dijo que no tenía
-inconveniente en aceptar esta condición, porque el pobre se figuraba
-que, como de costumbre, saldría a recibirlo la perrita.
-
-El Pescadito ordenó al anciano que echara la red; el viejo obedeció, y
-pocos momentos después la sacaba llena de congrios, corvinas, truchas y
-robalos, tan grandes, tan gordos y tan lindos como nunca los había
-visto.
-
-Se fué muy contento a su casa, y cuando le faltaban unas dos cuadras
-para llegar a ella, salió a encontrarlo su hija menor. Ya había olvidado
-su promesa.
-
-Estaba la familia del pescador sentada a la mesa tomando la sopa, cuando
-se oyó un fuerte silbido que venía del lado del mar; y sólo entonces se
-acordó el anciano que tenía que llevar a su hija menor para entregársela
-al Pescadito. Al punto se puso muy triste, lo cual todas notaron.
-Entonces le pidieron que les dijera por qué tan de repente se había
-puesto así, siendo que debía estar contento como nunca por haber traído
-tan buena pesca. Les contó él lo que le había pasado, y concluido su
-relato, la hija menor le dijo:--«Cumpla, padre, lo que ha prometido,
-porque si no, es seguro que mañana no pescará nada y el Rey le mandará
-cortar la cabeza».
-
-Llorando se fueron los dos para el mar; y cuando llegaron, el Pescadito,
-que estaba esperándolos, mandó al pescador que se subiese a una roca y
-dejara a su hija en la arena, porque las aguas iban a subir y se iban a
-tragar a la niña.
-
-Así sucedió. Subió el mar y la niña desapareció.
-
-En cuanto descendieron las aguas, bajó el pobre viejo y se volvió a su
-casa triste y lloroso.
-
-Cuando la niña desapareció debajo del agua, el Pescadito la llevó a un
-hermoso palacio que había en el fondo del mar y le dijo que cuanto veía
-todo era de ella; pero que si quería vivir feliz, no encendiera ni
-fósforo ni vela en la noche, porque en el momento que alumbrara su
-dormitorio, todo lo perdería.
-
-El palacio era más grande y mejor que el del Rey a quien servía su
-padre, y de nada faltaba en él. En el día estaba muy bien alumbrado,
-pero en la noche, en el instante mismo en que la niña se acostaba,
-quedaba sumido entre tinieblas.
-
-Estaba custodiado por un enorme perro que se llamaba Leofricome, al
-cual--dijo el Pescadito a la niña--debería pedir todo lo que necesitase,
-con la seguridad de que al punto se vería servida.
-
-Todas las noches, en cuanto la niña se metía en la cama y el palacio se
-obscurecía, sentía que alguien se acostaba a su lado. Ardía ella en
-deseos de saber quién era la persona que dormía con ella.
-
-Una tarde que la niña paseaba, acompañada de Leofricome, por el huerto
-que había en el fondo del palacio, vió que en una rama de un peral muy
-alto estaba una tenquita cantando que se volvía loca.
-
-La niña preguntó a Leofricome:--«¿Qué hace aquella tenquita que está
-cantando allá arriba de aquel peral?» Leofricome le contestó que era su
-hermana, que al día siguiente se iba a casar y que venía a convidarla.
-
-La niña le dijo:--«¿Podré conseguir permiso para ir al casamiento?»
-Leofricome le contestó que sí, que hablara en la noche con el Pescadito
-cuando se acostara con ella.
-
-La niña se quedó pensativa, porque creía que era un hombre el que dormía
-a su lado. Sin embargo, en la noche, completamente a obscuras, habló con
-el sér que la acompañaba, y éste le dió el permiso que pedía para ir a
-casa de sus padres; pero hasta por dos días solamente y debiendo ir
-acompañada de Leofricome.
-
-Cuando llegó a casa de sus padres, cargada de regalos para ellos y para
-su hermana, estaban en lo mejor de la fiesta.
-
-Leofricome se quedó en la puerta cuidando que la niña no huyera, y ella
-se fué adentro con sus padres a contarles todo lo que le había pasado.
-
-La madre le aconsejó que cuando se fuese llevara dos paquetes de velas y
-dos cajas de fósforos y que encendiese una vela cuando en la noche
-sintiera roncar al Pescadito o al hombre que se acostaba en su cama.
-
-Pasaron los dos días que la niña tenía de permiso y volvió con
-Leofricome al fondo del mar; y en la misma noche, deseosa de conocer al
-que compartía el lecho con ella, en cuanto lo sintió roncar encendió
-una vela y vió que era un príncipe hermosísimo. Entusiasmada, para verlo
-mejor, inclinó la luz; pero, por su desgracia, cayó una gota de esperma
-sobre la mano derecha, que el Príncipe tenía fuera de la cama.
-
-Con la impresión de calor que la esperma produjo en la piel de su mano,
-despertó el Príncipe, la reprendió muy airado, le dijo que ya no
-volvería a verlo más e inmediatamente se transformó en pescadito
-colorado y se fué.
-
-Desde aquella noche se vió en el palacio la luz de la luna y de las
-estrellas, lo mismo que en la tierra.
-
-Después de algún tiempo la niña tuvo un hijo que nació con un candadito
-de oro en el estómago.
-
-Cuando ya se sintió bien, fué donde Leofricome y le dijo que quería
-volver a casa de sus padres. Leofricome le contestó que no podía salir
-del mar sin permiso del Pescadito, a no ser que quisiera ver muerto a su
-padre. Entonces ella le preguntó que a dónde podría irse, porque no
-quería vivir más en el palacio, que a cada paso le recordaba su
-desgracia.
-
-Leofricome tomó un ovillo de hilo, y cogiendo la punta, lo lanzó con
-todas sus fuerzas; en seguida dijo a la niña que siguiese el camino que
-el hilo le indicaba y que sería bien recibida en la casa en que había
-ido a dar la otra punta.
-
-Después de andar muchos días, porque el extremo del ovillo había caído
-muy lejos, llegó con su niño a unos corrales que pertenecían al palacio
-de los padres del Príncipe.
-
-Cuando entraron, todos los animales se pusieron a bramar a la vez, y el
-Rey, al sentir tanto ruido, dijo a la Reina:--«Algo extraordinario debe
-de pasar en los corrales, cuando los animales forman tanta bulla».--Fué
-a los corrales, y encontró a la niña que estaba dándole de mamar a la
-guagua. Los recogió y los llevó al palacio.
-
-Cuando el Rey y la Reina vieron que la guagua tenía en el estómago un
-candadito de oro, conocieron que era hijo del Pescadito, porque el
-Pescadito tenía la misma señal, y los recibieron como a hijos de ellos,
-a la madre y al niño, y todos comían en la misma mesa.
-
-Pasado algún tiempo, volvió una noche el Pescadito a su palacio para ver
-si la niña continuaba siempre allí, porque seguía amándola con mucho
-cariño y no podía olvidarla. Cuando vió que no estaba, escribió una
-carta a sus padres en que les preguntaba si habían visto por casualidad
-a una niña de las señas que les daba; y la mandó con Leofricome.
-
-Los padres le contestaron que la niña por la cual les preguntaba debía
-de ser una que hacía tiempo había llegado a su palacio con una
-criaturita que tenía un candadito de oro en el estómago, y que ellos
-tenían a su lado como a hijos.
-
-Supo la niña que el Pescadito iba a ir a buscarla y temiendo que fuera
-con intenciones de matarlos a ella y a su hijo, huyó, sin decir nada,
-para unas montañas y se ocultó en un bosque.
-
-Llegó el Pescadito y se encontró con que la madre y el niño habían
-desaparecido. Salió inmediatamente a buscarlos, y después de mucho
-tiempo y de grandes trabajos, los encontró en el bosque.
-
-En este mismo instante se acabó el encanto, y el Pescadito, convertido
-en el hermoso Príncipe que la niña había visto a la luz de la vela, se
-arrodilló a sus plantas y le suplicó que lo perdonara; que lo hiciese
-por su hijo; que todo lo que había pasado había sido efecto del encanto
-que en ese momento se rompía.
-
-La niña, feliz de volver a ver otra vez a su Príncipe, lo perdonó de muy
-buena gana, y vueltos al palacio de los Reyes, se casaron para siempre,
-vivieron muy dichosos y fueron reyes del mar; y Leofricome, transformado
-en un gallardo mozo, fué mayordomo del palacio.
-
-
-
-
-3. DELGADINA Y EL CULEBRÓN
-
-(Recitador: Pedro Danús, de 13 años, de Santiago. La oyó contar en la
-misma ciudad)
-
-
-Para saber y contar y contar para saber: que est’era ño Antequera, de
-media caña y de caña entera; no le echaré los combates porque voy a
-tomar mate; ni los dejaré de echar porque su poquito ha de llevar: San
-Juan recibe lo que te dan; sea harina o sea pan, lo echaremos al costal
-con sus patas de animal, con sus picos de zorzal, que se enganchan, que
-se ensanchan por las narices de...[B].
-
-Este era un caballero muy rico casado con una señora muy hermosa. Ambos
-se amaban entrañablemente, y hacía más feliz esta unión una linda
-guagüita que Dios les había concedido y que era todo su encanto. La
-guagua se llamaba Delgadina. No había cumplido un año todavía, cuando
-murió la mamá. El caballero lloró su desgracia, y como era completamente
-solo, sin parientes, mandó criar afuera a su hijita.
-
-El caballero se aburría en su soledad y no hallaba qué hacer. Para
-distraerse se entregó al juego y con tan mala suerte que perdió toda su
-fortuna, menos una cantidad que había apartado para atender a la crianza
-y educación de su hija.
-
-Cuando entró Delgadina a los quince años, se la entregaron a su padre,
-grande, bonita e instruida en toda clase de conocimientos, porque había
-recibido una educación esmerada, pero al mismo tiempo era sumamente
-sencilla, inocente y sin malicia, porque había vivido encerrada y no
-conocía el mundo.
-
-Ya se le había concluido al caballero la plata que había dejado de
-reserva, y ni siquiera tenía para hacer los gastos del día siguiente.
-Esto lo tenía muy afligido, pero tanto dió y cavó que al fin se acordó
-que en un rincón de la casa había un fusil viejo abandonado, y se
-decidió a salir a cazar para tener con que alimentar a su hija. Tan
-pobre estaba que tuvo que pedir a una comadre que vivía cerca de su casa
-un poco de plata prestada para comprar fulminantes, pólvora y balas, y
-aceite para limpiar el cañón, que estaba sumamente mohoso.
-
-Salió muy de madrugada y cazó un buen número de pajaritos que entregó a
-su hija para que los guisara, porque no tenían sirvienta. Delgadina los
-peló, los destripó y fué a lavarlos a un estero que corría a poca
-distancia de la casa.
-
-Cuando venía de vuelta, vió al lado de una piedra una Culebrita que
-estaba helada de frío. Delgadina tenía buen corazón y la tomó, y para
-calentarla se la echó al seno y se la llevó para la casa.
-
-Todo el día anduvo con la Culebrita en el seno; en la noche la arregló
-en una canastilla entre algodones y lana, y todos los días le daba de la
-misma comida que comía ella.
-
-Mientras su padre andaba cazando, Delgadina se entretenía en los
-quehaceres de la casa, porque era muy hacendosa; en seguida arreglaba la
-comida que había sobrado el día anterior y se la daba a otras personas
-más pobres que ellos, porque era muy compasiva y sufría con la desgracia
-de los otros; y una vez terminadas estas tareas, se ponía a jugar con la
-Culebrita a las escondidas, al pillarse y a otros juegos en que se
-entretienen los niños. Las dos eran muy buenas amigas y se querían como
-si fuesen hermanas.
-
-Con el cuidado de Delgadina creció rápidamente la Culebrita, de tal modo
-que al poco tiempo no cabía en la canastilla. Hubo que ponerla en una
-gran canasta y poco después en una tina; tanto creció y engordó.
-
-Ya la Culebrita se había convertido en un gran culebrón y fué preciso
-trasladarla a un tonel; pero el tonel también se hizo chico al fin, pues
-no tenía espacio para moverse ni podía salir de él.
-
-Entonces el Culebrón le dijo a Delgadina que subiese sobre una silla y
-apoyase sus manos en el borde del tonel para lamérselas; que con esto
-cada vez que se las lavara y las sacudiera sin secárselas caerían onzas
-de oro de entre sus dedos.
-
-Delgadina obedeció, y el Culebrón pasó repetidas veces su lengua por las
-manos de la niña. En seguida le dijo que se iba porque ya no cabía en
-donde estaba. Delgadina lloró mucho, porque desde que llegó a casa de su
-padre la Culebra había sido la única amiga que había tenido y estaba muy
-acostumbrada con su compañía.
-
-El Culebrón la consoló y le dijo que no llorase, que él siempre la
-acompañaría; que estuviese tranquila, que velaría por ella y la libraría
-de los peligros en que pudiera verse envuelta.
-
-Terminadas estas palabras, el tonel estalló y el Culebrón desapareció.
-
-Delgadina se quedó muy triste con la ida de su compañera y esa noche
-apenas cerró los ojos. Al otro día se levantó muy de alba y fué al
-estero vecino a lavarse. Cuando concluyó de lavarse sacudió las manos y
-a cada movimiento que hacía caían de entre sus dedos multitud de onzas
-de oro. Ella no conocía el valor de estas monedas, ni siquiera se le
-ocurrió de que fuesen dinero; más bien pensó que eran botones.
-
-En ese momento pasaba por ahí mismo un falte y le dijo a Delgadina que
-si le daba esos botones le traería zapatos, ropa blanca y vestidos muy
-elegantes. Delgadina le dió las onzas, que eran muchas, y al día
-siguiente, a la misma hora, el falte le trajo lo que le había
-prometido.
-
-Delgadina se lavó y peinó con más cuidado que otras veces, se vistió la
-nueva ropa, con la cual se veía más hermosa aún, y se fué a su casa para
-que la viese su padre; pero éste ya había salido a cazar.
-
-Mientras regresaba el padre, Delgadina fué a casa de su madrina, que era
-una vieja bruja mala y envidiosa, que tenía una hija muy fea y tan mala
-y envidiosa como ella. Ambas se quedaron asustadas de ver a Delgadina
-tan bonita y elegante y le aconsejaron que se volviese a su casa a
-esperar la vuelta de su padre para que le diera una sorpresa.
-
-Así lo hizo Delgadina. Mientras tanto la vieja y la hija se quedaron
-acechando al cazador, y en cuanto lo divisaron salieron a su encuentro y
-lo convidaron a almorzar; le dijeron que tenían leche con arroz, postre
-que sabían le gustaba mucho.
-
-Cuando el caballero estaba tomando el postre, la vieja, que hervía de
-envidia, le dijo que Delgadina tenía unos vestidos de mucho valor y que
-se los había regalado un hombre.
-
-El caballero, inquieto, se levantó inmediatamente, cargó su fusil hasta
-la boca, y sin siquiera dar las gracias se fué precipidamente para su
-casa.
-
-Delgadina, que estaba en la puerta esperándolo, no hizo mas que verlo y
-corrió hacia él con los brazos abiertos; pero él le apuntó con el fusil
-y disparó. El arma, desviada por una mano invisible, no dió en el
-blanco, y las balas se clavaron en la tierra.
-
-Delgadina, asustada de la acción de su padre y maliciando cuál era la
-causa de su enojo, corrió al estero, se mojó las manos, y sacudiéndolas
-le decía al caballero, que la había seguido: «Estos botones me ha
-costado la ropa que tengo puesta»--y era de ver cómo caían las onzas,
-unas tras otras, brillantes como si acabasen de ser acuñadas.
-
-Con esto el padre se tranquilizó, y muy contento se puso a recoger las
-monedas. Recogió una cantidad muy grande, porque Delgadina, cuando veía
-que sus manos se secaban, corría al estero a mojárselas de nuevo y
-sacudirlas; y esto lo repitió tantas veces que del cansancio no podía
-mover los brazos y tuvo que irse a acostar a la cama para descansar.
-
-El padre de Delgadina pasó a ser uno de los hombres más ricos y
-poderosos de su país.
-
-Sucedió que la fama de su riqueza y de cómo la había hecho corrió de
-boca en boca y llegó por fin a oídos del Rey, que mandó buscar al
-caballero para conocerlo.
-
-Después de varios días de viaje por mar, porque la Corte estaba
-distante, llegó el caballero a presencia del Rey y le contó su historia.
-El Rey quiso conocer a Delgadina y ordenó al caballero que se la
-trajera, porque deseaba ver cómo caían las onzas de oro de sus manos. Le
-agregó que si no la traía, la cabeza le costaba.
-
-Llegó el padre a su casa llorando inconsolablemente y no se atrevía a
-decirle a su hija lo que le había pasado. Pero, en vista de la
-insistencia y ruegos de Delgadina, se lo contó todo. Ella le
-dijo:--«Lléveme no más, padre, ¿qué puede pasarnos? nada tenemos que
-temer, pues nada malo hago».
-
-La malvada vieja, madrina de Delgadina, que estaba presente, se ofreció
-para acompañarla:--«Compadre,--le dijo al caballero--usted no soportará
-su dolor si el Rey quiere dejarla; yo la llevaré».--El caballero
-accedió, porque verdaderamente ya sufría mucho.
-
-Se embarcaron en un buque Delgadina, la vieja y la hija de ésta.
-
-Cuando ya habían navegado tres días y el buque estaba muy distante de la
-costa, la vieja dijo a su hija:
-
---«Matemos a Delgadina y la echamos al mar, y yo haré que el Rey se case
-contigo».--«No la matemos,--le dijo la hija;--saquémosle los ojos no más
-y la echamos al agua».
-
-Y así lo hicieron. Una noche esperaron que Delgadina estuviese bien
-dormida, le arrancaron los ojos y la arrojaron a las olas.
-
-Pero aconteció que la niña, en vez de caer al agua cayó en el bote de un
-viejo pescador que en ese preciso momento pasaba al lado del buque, sin
-lo cual habría perecido seguramente.
-
-Dejemos por un momento a Delgadina.
-
-Llegó la vieja con su hija donde el Rey, y postrándose a sus plantas,
-habló de esta manera:--«Señor, mi esposo, a quien Vuestra Majestad
-ordenó trajera a su presencia a nuestra hija Delgadina, muy a su pesar
-no ha podido concurrir, pero me encargó a mí que yo la trajera, y hela
-aquí, pero debo advertir a Vuestra Majestad que con la navegación ha
-perdido la virtud que tenía de que al mojar sus manos y sacudirlas le
-brotaban de ellas onzas de oro, y que no la recuperará hasta que se case
-y tenga un hijo».
-
-El Rey creyó lo que la vieja le dijo, y a pesar de que la muchacha le
-era muy antipática, se casó con ella.
-
-Ahora volvamos a Delgadina.
-
-El viejo pescador en cuya barca había caído Delgadina era muy pobre y
-con el producto de su trabajo ganaba apenas para sustentar a su mujer y
-a sus pequeños hijos; pero el hombre era bueno, tuvo lástima de la pobre
-ciega, y vistiéndola de hombre la llevó a su choza, donde fué recibida
-como miembro de la familia. Todos la querían por su buen carácter y
-procuraban con su cariño y atenciones hacerla olvidar su desgracia. En
-el pueblo no maliciaban que era mujer y la llamaban Delgadino.
-
-Un día que estaban conversando sentados en la puerta del ranchito, pasó
-frente a ellos un leñador con su carreta cargada de leña.--«¿Qué lleva
-esa carreta, taitita?» preguntó Delgadino al viejo.--«Leña, hijito», le
-contestó él.--«Y por qué no la compra».--«Porque no tengo plata, pues,
-hijito».--«Taitita, lléveme para adentro», le dijo Delgadina.
-
-La llevó para adentro el viejo y cuando estuvieron en la pieza Delgadina
-le pidió que le trajese una palangana con agua y que la dejase sola por
-un instante. Cuando el pescador se fué, Delgadina metió las manos en el
-agua y sacándolas las sacudió repetidas veces, y de cada sacudida caían
-a chorro de entre sus dedos las onzas de oro.
-
-Delgadina llamó al viejo.--«Tome esas monedas, taitita, le dijo, y
-compre la leña y lo demás que necesite, porque toda esa plata es suya.»
-
-El viejo pescador compró con las onzas una gran casa y allí se instaló
-la familia con toda clase de comodidades. Ya habían dejado de ser
-pobres, no necesitaban trabajar, de nada les faltaba, vivían felices.
-
-Una mañana Delgadina fué sorprendida con el llanto y los gritos de
-angustia de su familia adoptiva. Quiso saber qué había ocurrido, y el
-viejo, entre sollozos le dijo:--«¡Ay, Delgadino! esta mañana mandé al
-mozo con mi hijito menor al campo y de repente salió de debajo de un
-gran peñasco que hay a la orilla del camino, un enorme Culebrón que se
-llevó a mi hijito. ¡Ya se lo habrá comido! Ay, ay, ay! pobre hijito mío!
-ya no te veremos más!»
-
-Delgadina se entristeció mucho, porque el niño arrebatado por el
-Culebrón había sido siempre muy cariñoso con ella y era su regalón; pero
-pensaba entre sí que el Culebrón bien podía ser la culebrita que ella
-había criado, y le dijo al viejo que la llevara al lado del peñasco. El
-viejo no quería; sin embargo, después de mucho rogarlo Delgadina,
-consintió en ello y la condujo hasta el pie del peñasco.
-
-Ellos que llegan y el Culebrón que aparece arrastrándose suavemente y
-llevando sobre sus espaldas al niño, que iba risueño, sano, sin el menor
-rasguño y cargado de regalos.
-
-El Culebrón le dijo al viejo:--«Te entrego a tu hijo, vivo, pero con la
-condición de que le saques los ojos, y se los pongas a Delgadina, y si
-no lo haces yo lo mataré y yo mismo se los sacaré. Vestirás a Delgadina
-de mujer con los vestidos más ricos que encuentres; e irás a la ciudad
-gritando por las calles que el Culebrón va a salir y se va a comer a
-chicos y a grandes»; y desapareció inmediatamente sin dar lugar a que
-Delgadina le pidiera, como era su intención, que no dejaran ciego al
-niño, que ella se había acostumbrado ya a no ver la luz y que vivía
-contenta como estaba.
-
-El viejo no tuvo más remedio que hacer lo que el Culebrón le había
-mandado. Era preferible tener a su hijo ciego que muerto, y por otra
-parte Delgadina había sido tan buena con ellos.
-
-Al día siguiente muy temprano se trasladó el viejo a la ciudad y con su
-voz más fuerte se fué gritando por las calles:--«El Culebrón va a salir
-y se va a comer a chicos y a grandes».
-
-El Rey oyó los gritos y preguntó qué bulla era ésa. Cuando le contaron
-de qué se trataba, ordenó que diesen al viejo cien azotes para que no
-anduviera atemorizando a la gente.
-
-Ya le iban a dar al viejo los cien azotes cuando apareció Delgadina
-vestida con un traje riquísimo a interceder ante el Rey para que no lo
-castigaran. El Rey quedó deslumbrado de la hermosura de Delgadina, de la
-riqueza de su traje y del brillo de las joyas que cargaba; hizo
-suspender el castigo y convidó a su mesa al viejo y a Delgadina.
-
-La vieja y la hija conocieron inmediatamente a Delgadina, pero se
-desentendieron de ello y la agasajaron mucho. Cuando estuvieron solas
-dijo la madre:--«No te decía yo que la matásemos!»--«Mamita, contestó la
-hija, aunque se parece mucho a Delgadina, no puede ser ella ¿no le
-arrancó usted misma los ojos? y ella los tenía negros y los de ésta son
-azules. Y fíjese que el viejo es el padre de ella y no se parece en nada
-a su compadre». Con esto se tranquilizaron.
-
-Muchas veces más convidó el Rey a comer a Delgadina, y siempre tenía
-ella gran cuidado de no lavarse las manos en la mesa; pero en una
-ocasión que se las manchó con fruta hubo de lavárselas, y sucedió que
-sin querer las sacudió. Inmediatamente comenzaron a caer de entre sus
-dedos a puñados las onzas de oro, tan nuevecitas, tan amarillas como si
-estuvieran recién acuñadas. Todos se quedaron con la boca abierta y no
-podían salir de su asombro.
-
-Entonces el Rey conoció que había sido engañado por la vieja y que la
-verdadera Delgadina era la que hasta entonces había pasado por hija del
-antiguo pescador. El Rey le pidió que le contase su historia y Delgadina
-accedió gustosa.
-
-La vieja y su hija protestaron de que todo era mentira, y entonces el
-Rey hizo venir al viejo y a su familia, que corroboraron lo que a ellos
-les constaba, y como si esto no fuese bastante apareció de súbito el
-Culebrón, que refirió todo lo sucedido sin omitir detalles.
-
-Cuando hubo concluido el Culebrón su relato, se convirtió en un hermoso
-niño, y volviéndose a Delgadina le dijo:--«Yo soy el Angel de tu guarda
-y he hecho esto contigo porque siempre fuiste buena hija y compasiva con
-los pobres; yo estaré continuamente a tu lado y velaré por ti».
-
-Mientras hablaba el niño, vieron todos que le brotaban de sus espaldas
-dos brillantes alas, que desplegó suavemente cuando terminó, y emprendió
-el vuelo desapareciendo ante la vista atónita de los circunstantes.
-
-El Rey hizo quemar a la vieja y a su hija, mandó buscar al padre de
-Delgadina y se casó con ella; y en el momento mismo en que le ponían la
-bendición, el hijo del viejo pescador recobró la vista.
-
-Y así todos los buenos fueron felices y los malos castigados.
-
-Y aquí se acabó el cuento y entró por la puerta del convento, nosotros
-nos quedamos afuera y los frailes se quedaron adentro.
-
-
-
-
-4. LA TENQUITA.
-
-(Recitado en 1905 por Polonia Gonzalez, de 50 años, de la provincia de
-Colchagua)
-
-
-Para saber y contar y contar para aprender.
-
-Esta era una Tenquita que tenía unos tenquitos muy lindos, que acababan
-de salir del huevo.
-
-Una mañanita salió a buscarles que comer, y como era invierno y había
-caído mucha nieve, a la Tenquita se le heló una patita.
-
-Al verse coja la avecita se afligió mucho y llorando le dijo a la Nieve:
-
---Nieve, ¿por qué eres tan mala que me quemaste la patita a mí?[C].
-
-Y la Nieve le contestó:
-
---Más malo es el Sol que me derrite a mí.
-
-Entonces la Tenquita se fué donde el Sol, y le dijo:
-
---Sol, ¿por qué eres tan malo que derrites a la Nieve y la Nieve me
-quema la patita a mí?
-
-Y el Sol le respondió:
-
---Más malo es el Nublado que me tapa a mí.
-
-Se fué la Tenquita a ver al Nublado, y le dijo:
-
---Nublado, ¿por qué eres tan malo que tapas al Sol, el Sol derrite a la
-Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?
-
---Más malo es el Viento que me corre a mí.
-
-Fué la Tenquita donde el Viento, y le dijo:
-
---Viento, ¿por qué eres tan malo que corres al Nublado, el Nublado tapa
-al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?
-
---Más mala es la Pared que me ataja a mí.
-
-Fué la Tenquita a ver a la Pared, y le dijo:
-
---Pared, ¿por qué eres tan mala que atajas al Viento, el Viento corre al
-Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me
-quema la patita a mí?
-
---Más malo es el Ratón que me agujerea a mí.
-
-Fué la Tenquita donde el Ratón y le dijo:
-
---Ratón, ¿por qué eres tan malo que agujereas a la Pared, la Pared ataja
-al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol
-derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?
-
---Más malo es el Gato que me come a mí.
-
-Fué la Tenquita donde el Gato y le dijo:
-
---Gato, ¿por qué eres tan malo que te comes al Ratón, el Ratón agujerea
-a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el
-Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la
-patita a mí?
-
---Más malo es el Perro que me corre a mí.
-
-Entonces la Tenquita fué donde el Perro y le dijo:
-
---Perro, ¿por qué eres tan malo que corres al Gato, el Gato come al
-Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento
-corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la
-Nieve me quema la patita a mí?
-
---Más malo es el Palo que me pega a mí.
-
-Fué entonces la Tenquita donde el Palo, y le dijo:
-
---Palo, ¿por qué eres tan malo que pegas al Perro, el Perro corre al
-Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared
-ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el
-Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?
-
---Más malo es el Fuego que me quema a mí.
-
-Fué la Tenquita donde el Fuego y le dijo:
-
---Fuego, ¿por qué eres tan malo que quemas al Palo, el Palo pega al
-Perro, el Perro corre al Gato, el Gato corre al Ratón, el Ratón agujerea
-la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el
-Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve, y la Nieve me quema la
-patita a mí?
-
---Más mala es el Agua que me apaga a mí.
-
-Fué la Tenquita donde el Agua y le dijo:
-
---Agua, ¿por qué eres tan mala que apagas al fuego, el Fuego quema al
-Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al
-Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento
-corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la
-Nieve me quema la patita a mí?
-
---Más malo es el Buey que me bebe a mí.
-
-Fué la Tenquita donde el Buey y le dijo:
-
---Buey, ¿por qué eres tan malo que bebes el Agua, el Agua apaga al
-Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al
-Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared
-ataja al Viento el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el
-Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?
-
---Más malo es el Cuchillo que me mata a mí.
-
-Fué la Tenquita donde el Cuchillo, y le dijo:
-
---Cuchillo, ¿por qué eres tan malo que matas al Buey, el Buey se bebe al
-Agua, el Agua apaga al Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al
-Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea
-a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el
-Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la
-patita a mí?
-
---Más malo es el Hombre que me hace a mí.
-
-Fué la Tenquita donde el Hombre, y le dijo:
-
---Hombre, ¿por qué eres tan malo que haces al Cuchillo, el Cuchillo mata
-al Buey, el Buey se bebe al Agua, el Agua apaga al Fuego, el Fuego quema
-al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al
-Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento
-corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la
-Nieve me quema la patita a mí?
-
---Pregúntaselo al Señor que me hizo a mí.
-
-Fué entonces la Tenquita donde su Divina Majestad, y arrodillándose
-humildemente delante de ella inclinó la cabeza hasta besar el suelo, y
-le dijo:
-
---Señor, ¿por qué hiciste al Hombre, que es tan malo, el Hombre hace al
-Cuchillo, el Cuchillo mata al Buey, el Buey se bebe al Agua, el Agua
-apaga al Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro
-corre al Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la
-Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al
-Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?
-
-Y la Tenquita se puso a llorar tan amargamente que daba lástima verla.
-
-El Señor se compadeció de la desgracia de la pobre avecita y le dijo con
-mucha dulzura:
-
---Vete tranquila, Tenquita, a cuidar a tus tenquitos, que están
-tiritando de frío y muriéndose de hambre.
-
-La Tenquita, como buena cristiana, obedeció al momento y cuando llegó a
-su nidito se encontró con que tenía buena y sana la patita quemada.
-
- En el cuento que sigue, español, pero que no he visto impreso, el
- desarrollo es casi el mismo que el de la Tenquita. Lo publico como
- nota comparativa.
-
-
-
-
-5. EL GALLITO (Cuento de pega)
-
-(Dictado en 1911 por don Victoriano de Castro, español, de 55 años. Lo
-oyó contar en Belver de los Montes, provincia de Zaragoza, donde el
-cuento era muy popular, cuando él era niño)
-
-
-Había una vez en una aldea un Gallo, que recibió una invitación de otro
-Gallo, primo suyo, para asistir a sus bodas. El Gallo se levantó muy
-temprano, se acicaló y vistió convenientemente y emprendió el viaje,
-olvidando tomar el desayuno.
-
-En el camino encontró una boñiga de vaca, toda llena de granos de trigo
-sin digerir; y aquí vinieron los apuros de mi buen Gallo, que empezó a
-decir entre sí:
-
---¿Qué haré? picaré o no picaré? si pico, me mancho el pico, y si no, me
-muero de hambre.
-
-Así estuvo meditando por algún rato y mirando los granos de trigo, hasta
-que cayó en la tentación y se dió un buen hartazgo.
-
-Siguió su camino y a poco andar encontró una mata de Malva y le dijo:
-
---Malva, límpiame el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.
-
-La Malva dijo:
-
---No quiero.
-
-Más adelante encontró a una Oveja y le dijo:
-
---Oveja, come a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a
-la boda de mi primo Juan Periquito.
-
-La Oveja dijo:
-
---No quiero.
-
-Siguió andando y más adelante encontró a un Lobo y le dijo:
-
---Lobo, come a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no
-quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.
-
-El Lobo dijo:
-
---No quiero.
-
-Siguió el Gallo su camino y más adelante encontró a un Perro y le dijo:
-
---Perro, mata a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no
-quiso comer a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la
-boda de mi primo Juan Periquito.
-
-El Perro dijo:
-
---No quiero.
-
-A poco andar encontró el Gallo a un Palo y le dijo:
-
---Palo, apalea a Perro, que Perro no quiso matar a Lobo, que Lobo no
-quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no
-quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.
-
-El Palo dijo:
-
---No quiero.
-
-Anduvo el Gallo un rato más y se encontró con un Fuego y le dijo:
-
---Fuego, quema a Palo, que Palo no quiso pegar a Perro, que Perro no
-quiso matar a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso
-comer a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la boda
-de mi primo Juan Periquito.
-
-El Fuego dijo:
-
---No quiero.
-
-Más adelante encontró el Gallo al Agua y le dijo:
-
---Agua, apaga a Fuego, que Fuego no quiso quemar a Palo, que Palo no
-quiso pegar a Perro, que Perro no quiso matar a Lobo, que Lobo no quiso
-comer a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no quiso
-limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.
-
-El Agua dijo:
-
---No quiero.
-
-Siguió andando el Gallo y más adelante encontró a un Burro, y le dijo:
-
---Burro, bébete a Agua, que Agua no quiso apagar a Fuego, que Fuego no
-quiso quemar a Palo, que Palo no quiso pegar a Perro, que Perro no quiso
-matar a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso comer
-a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi
-primo Juan Periquito.
-
-(Aquí se suspende el cuento y se habla de cualquiera otra cosa. De
-pronto se dice:--«¿Dónde llegaba? ¿al Palo? ¿al Fuego?»; y cuando
-contesta alguno:--«Al Burro», se le dice:--«Alzale la cola y bésale el
-c...»)
-
-
-
-
-6. LA TORTILLA O EL CANARITO ENCANTADO
-
-(Referido por don Osvaldo Martínez, Presbítero, de Santiago, en 1912)
-
-
-Este era un Rey que tenía una hija única, de una hermosura
-extraordinaria, virtuosa, caritativa y hacendosa. El Rey la amaba
-entrañablemente y, como se dice, tenía puestos los ojos en ella.
-
-La Princesa acostumbraba subir todos los días a la terraza del palacio y
-allí pasaba las horas cosiendo o bordando y recreándose con la vista de
-las plantas, árboles y flores que adornaban el parque real, que desde
-allí se dominaba.
-
-Un día que estaba en su acostumbrado trabajo, un lindo Canarito se paró
-en la rama de un árbol que casi llegaba hasta donde ella estaba sentada,
-y entonó un canto tan melodioso que la princesa, a fin de oirle mejor,
-se levantó para acercarse a la avecita, pero apenas se movió de su
-asiento, el Canarito se fué.
-
-La Princesa, pensando que el pajarito podía volver, hizo colocar una
-jaula con trampa en el mismo árbol, para cazarlo.
-
-Efectivamente, el Canarito volvió al día siguiente, pero en vez de
-acercarse a la jaula, se posó en el bastidor de la Princesa y después de
-gorjear unos cuantos trinos, tomó con el pico una madeja de seda y
-emprendió el vuelo.
-
-Al otro día estaba la Princesa, como siempre, ocupada en sus labores,
-cuando de repente llega el Canarito, se para en el bastidor, canta
-dulcemente un instante, y tomando con el pico el dedal de oro que la
-Princesa acababa de dejar en el costurero, y abriendo las alas
-desapareció en el espacio.
-
-La repetición de la aventura preocupó bastante a la Princesa, que no
-pasó buena noche. Sin embargo, se levantó temprano y volvió a la terraza
-a continuar su bordado, pensando en el Canarito, de quien a toda costa
-quería apoderarse.
-
-En esto estaba cuando llega la linda avecita, cantando aún mejor que en
-los días anteriores, y sin siquiera detenerse un momento, se apodera de
-las tijeras de oro de la Princesa, y elevándose por los aires, se pierde
-de vista.
-
-La Princesa cayó gravemente enferma. Por llamado del Rey, vinieron los
-médicos más prestigiosos y los adivinos de más fama, tanto del país como
-del extranjero, y ninguno pudo conocer la enfermedad.
-
-Mientras tanto, la Princesa languidecía, su mal se agravaba, y se iba
-consumiendo poco a poco. El Rey, desesperado, hizo publicar un bando en
-que ofrecía grandes riquezas al que lograra sanar a su hija.
-
-Muchos lo tentaron, pero ninguno lo consiguió, y la Princesa seguía
-empeorando a ojos vistas.
-
- * * * * *
-
-En un pueblo algo alejado de la ciudad en que la Corte residía, vivía
-una viejecita que tenía un hijo vivo y despierto, llamado Juan.
-
-Un día lo llamó y le dijo:
-
---Mira, Juanito, toma estas tres tortillas que acabo de hacer al
-rescoldo y se las llevas a la Princesa, que ellas le darán salud. Que no
-te vayas a comer ninguna, ni se te pierdan, porque las tres han de
-llegar a poder de la Princesa.
-
-El muchacho tenía la costumbre de obedecer sin replicar. Subió en un
-burro; a un lado de las alforjas colocó las tortillas y al otro un
-pedazo de pan, harina y un poco de charqui y se puso en marcha.
-
-La mitad del camino llevaría andado, cuando el burro se puso a corcovear
-y por más que Juanito le pegaba fuerte y feo con una varilla, el animal
-no avanzaba un paso.
-
-Viendo la porfía de la bestia, Juanito sacó las tortillas de las
-alforjas y descendió del burro para seguir a pie; pero en cuanto bajó,
-se le cayó una de las tortillas y se le fué rodando por el camino.
-
-Era de ver cómo Juanito corría detrás de la tortilla, que rodaba y
-rodaba, sin poderla alcanzar; y el pícaro burro, que antes no quería
-moverse, cómo seguía a Juanito, que casi le pisaba los talones.
-
-Por fin la tortilla se metió adentro de una cueva y Juanito se coló
-detrás de ella.
-
-Cuando Juanito estuvo adentro, se encontró, sin saber cómo, en un gran
-comedor regiamente amueblado. La mesa estaba cubierta de ricas viandas y
-manjares de toda especie que exhalaban un perfume delicioso, y como al
-muchacho, con la carrera, se le había abierto el apetito, tomó el
-cucharón para servirse un plato de cazuela y ya iba a meterlo en la
-sopera, cuando el cucharón se le enderezó en la mano y pegándole
-fuertemente en la cara le dijo:
-
---¿Cómo te atreves a comer antes que tus amos?
-
-En esto se sintió un gran ruído, y entró rodando al comedor una gran
-bola de cobre. Juanito, lleno de miedo, apenas tuvo tiempo de esconderse
-detrás de la puerta, y desde allí pudo ver que la bola se abría en dos
-partes, como una concha, y de ella salía un lindo canario.
-
-Con el mismo ruído y el mismo aparato entraron otras dos bolas más, una
-tras otra, y de cada una salió otro canario.
-
-Las tres avecitas sacudieron sus plumas un momento, como si se
-desperezaran, y después, volando, se introdujeron a un elegante
-dormitorio situado al lado del comedor, en el que había tres lujosas
-camas.
-
-Juanito continuaba observando desde su escondite, con la curiosidad que
-es de suponer, tan extraños acontecimientos. De pronto vió que tres
-negros atravesaban el patio y el comedor y entraban al dormitorio
-conduciendo sendos baños de plata, que colocaban al lado de las camas.
-
-Inmediatamente los Canaritos se zambulleron en el agua y un rato después
-salían de los baños transformados en hermosos Príncipes. Los esclavos
-los perfumaron, los enjuagaron y ayudaron a vestirse, y en seguida se
-retiraron, dejándolos recostados en sus camas, contándose lo que les
-había pasado en los últimos quince días, tiempo que no se veían.
-
-Dos de los Príncipes nada importante tuvieron que referir; pero, en
-cambio, el tercero contó que en una de sus excursiones había divisado a
-una Princesa tan hermosa como no había visto otra en su vida, que estaba
-perdidamente enamorado de ella y que, no hallando cómo llamar su
-atención, le había robado un día una madeja de seda con que bordaba,
-otro día su dedal y al siguiente unas tijeras de oro, objetos que tenía
-al lado en su velador. Y tomándolos, los besaba tiernamente, diciéndoles
-las palabras más dulces y cariñosas.
-
-Después de escuchar esto, Juanito logró escabullirse sin ser notado, y
-como el hambre le apretaba, se metió en la cocina, en la cual no
-encontró a nadie. Con temor probó de uno de los guisos, y viendo que
-nada le pasaba, se creyó autorizado para hartar su estómago.
-
-Después de satisfacer su apetito, salió, sin tropiezos, de aquel palacio
-encantado, y al lado afuera de la entrada de la cueva, tropezó con su
-burro, que lo esperaba. Montó en él, y a las pocas horas se encontró
-frente al palacio del Rey.
-
-Pidió permiso al jefe de la guardia para pasar a ver a la Princesa y
-entregarle las tortillas, con las cuales--aseguraba él--sanaría la
-enferma. Al principio no querían dejarlo entrar, pero en vista de su
-insistencia, lo condujeron a presencia del Rey, y como la petición de
-Juanito estaba de acuerdo con el bando que el mismo Rey había mandado
-publicar, ordenó que se le llevase a las habitaciones de la Princesa.
-
-La Princesa, cansada con las preguntas de tanto charlatán como había ido
-a visitarla, en cuanto entró Juanito se dió vuelta para la pared; pero
-éste, sin inmutarse, le habló en los siguientes términos, de un
-resuello:
-
---Manda a decir mi mamita que su mercé es su señorita, que tenga muy
-buenos días y que cómo está y que aquí le manda estas tres tortillas,
-pero no le traigo más que dos, porque la otra se me fué rodando cuando
-salí de mi tierra, y yo, por seguirla, llegué hasta un palacio
-encantado, en donde vi y oí cosas tan maravillosas como tal vez no habrá
-visto ni oído alma viviente en este mundo. Figúrese usted, señorita que,
-escondido detrás de la puerta del comedor del palacio, vi que llegaban
-tres grandes bolas de cobre, que al rodar metían mucho ruido y que se
-abrían por la mitad y que de cada una de ellas salía un canarito.
-
-Al llegar a este punto, la Princesa se volvió para el lado de Juanito, e
-incorporándose en la cama, le preguntó con ansiedad:
-
---¿Y qué hicieron esos pajaritos?
-
---Sacudieron sus alitas y en seguida se fueron volando a un dormitorio
-situado al lado del comedor y en el cual había tres camas; y entonces
-llegaron tres negros, trayendo cada uno un baño que depositó al lado de
-las camas; en cada uno de ellos se metió un Canario y a los pocos
-instantes salieron convertidos en tres hermosos Príncipes, que se
-recostaron en sus camas y empezaron a contarse lo que les había ocurrido
-en los últimos días. Dos de ellos no tuvieron nada nuevo que contar,
-pero el otro, que era el más lindo de los tres, les dijo que un día que
-pasaba volando por el palacio de un Rey, divisó a la Princesa más
-hermosa que en su vida había visto, que se había enamorado perdidamente
-de ella y que, para llamar su atención, le había robado un día una
-madeja de seda, otra vez el dedal de oro y otro día sus tijeras. No oí
-más, porque ya no aguantaba el hambre y me fuí a la cocina a comer algo.
-Después que maté el hambre salí, y al lado afuera encontré a mi burro,
-monté en él y me vine a cumplir el encargo de mi mamita. Pero su mercé
-me perdonará que no le haya traído más que dos de las tres tortillas que
-mi mamita me entregó para su mercé, porque como habrá visto, no es mía
-la culpa de que se me haya perdido una.
-
-La Princesa, que había escuchado anhelante a Juanito, contestó:
-
---Está muy bien, Juanito ¿y serías capaz de llevarme a la cueva en que
-está el palacio encantado?
-
---Como nó pues, señorita, si el camino es bien refácil; no está más que
-a la vueltecita de la esquina.
-
-La Princesa hizo llamar al Rey.
-
---Padre, le dijo, todos los que hasta ahora han venido a verme no han
-sido sino unos charlatanes, con excepción de este niño, que es médico
-verdadero. El me ha traído la salud, pero aunque me siento bien, para
-restablecerme por completo necesito hacer un viaje de unos cuantos días,
-y espero que Vuestra Majestad no me negará el permiso. El solo me
-acompañará.
-
-El Rey se quedó admirado de ver el cambio tan radical que en un momento
-se había operado en la salud de su hija, y como la amaba tanto y nada se
-atrevía a negarle, le concedió el permiso que solicitaba. Quiso que
-llevara dinero, mucho dinero, para los gastos que pudieran ofrecérsele;
-pero ella lo rehusó, lo mismo que el séquito que se le ofrecía, y salió
-sin más compañía que Juanito, montados ambos en el burro que había
-traído al niño a palacio.
-
-El burro los condujo en pocas horas hasta la entrada de la cueva, en
-donde bajaron. La Princesa le dió a Juanito una carta para el Rey, en la
-que le decía que no pasase cuidados por ella, que estaba bien, que en
-pocos días más regresaría completamente restablecida, y que le entregara
-a Juanito el dinero que había ofrecido al que la sanase de su
-enfermedad.
-
-Deshizo Juanito el camino y puso en manos del Rey la carta de la
-Princesa. El Rey ordenó que se le diese una gran suma de dinero y con
-ella regresó Juanito a casa de su madre, y ambos, desde entonces, llevan
-una vida tranquila y holgada.
-
- * * * * *
-
-Volvamos a la Princesa que, una vez que quedó sola, entró al interior de
-la cueva y se encontró de repente en medio de un gran comedor regiamente
-amueblado. No sabía qué hacerse, cuando entró el Canarito revoloteando
-y cantando alegremente y después de hacerle mil gracias a su adorada, se
-detuvo y le habló de esta suerte:
-
---Hermosa Princesa, ¿cómo te has atrevido a poner tus plantas en este
-sitio en que te esperan tantos peligros?
-
---Linda avecita, por verte y tenerte a mi lado encontraré livianos todos
-los trabajos que se me presenten; no aspiro sino a estar en tu compañía
-y oir tu hermoso canto.
-
---Princesa, esta cueva encantada está al cuidado de una vieja hechicera;
-búscala y la encontrarás en la última pieza del interior y dile que
-deseas ocuparte y vienes a ofrecerle tus servicios; ella los aceptará y
-te encargará trabajos que te parecerán imposibles de ejecutar, pero no
-tengas cuidado que yo velaré siempre por tí y te ayudaré.
-
-La Princesa, después de recorrer muchos patios y galerías, llegó a una
-pieza a cuya puerta estaba sentada una vieja de aspecto repelente, con
-la cabellera desgreñada, el rostro sucio, las uñas larguísimas, los ojos
-encarnizados. En cuanto divisó a la Princesa, con voz áspera le
-preguntó:
-
---¿Qué buscas aquí, vil gusanillo de la tierra?
-
---Señora, le contestó, necesito emplearme y andaba buscando dónde
-servir, cuando llegué a esta casa y como encontré la puerta franca y
-nadie acudió a mi llamado, entré hasta este sitio sin encontrar en mi
-camino a ninguna persona; ¿no querría Ud. tomarme a su servicio?
-
---Está bien, dijo la vieja; retírate a aquella pieza y mañana, de alba,
-vienes a recibir mis órdenes.
-
-La Princesa se retiró sumamente afligida; el rostro mal agestado de la
-Bruja y su voz dura y antipática la atemorizaron y pasó la noche sin
-dormir.
-
-Apenas amaneció se fué a la pieza de la vieja, que ya estaba en pie y
-que la esperaba con un gran frasco de vidrio.
-
---Toma este frasco, le dijo, y antes de las doce del día me lo traerás
-lleno de lágrimas de picaflores; si no consigues llenarlo, te costará la
-vida.
-
-La Princesa salió llorando sin saber a dónde dirigirse, pero a poco
-andar vió en un árbol al Canarito, que le dijo:
-
---Ve a aquel monte que se divisa allí cerca; antes de subir cortarás una
-varillita de la primera planta que encuentres a mano derecha del camino
-que conduce a la cima, subes y esperas arriba la salida del sol; colocas
-el frasco en el suelo e inmediatamente vendrá una multitud de picaflores
-y uno tras otro irá parándose en la boca del frasco.
-
-Entonces tú les vas dando un golpecito en la cabeza con la varilla y
-derramará cada uno tres lágrimas dentro del frasco. Serán tantos y se
-turnarán tan rápidamente que en menos de una hora lo llenarán.
-
-Siguió la princesa el camino que le indicó el Canario y al llegar al
-monte cortó una varilla del primer arbusto que halló a la derecha de la
-senda; en seguida continuó su marcha, y una vez que estuvo arriba, dejó
-el frasco en el suelo, se sentó sobre una piedra y se quedó meditando
-sobre su triste suerte y las raras aventuras de su corta vida, hasta que
-el sol se levantó brillante y majestuoso en el horizonte.
-
-Inmediatamente acudió de todas partes una multitud de picaflores, cuyas
-plumas tornasoladas lanzaban vívidos reflejos al ser heridas por los
-rayos solares. Las lindas avecitas revoloteaban en torno de la Princesa,
-y saliendo del grupo, de a dos y de a tres se paraban en el borde de la
-boca del frasco y esperaban que la joven les diese un suave golpecito en
-la cabeza con la varilla, para retirarse y dejar el puesto a otras de
-sus compañeras. Esta escena se repitió con tal rapidez que, aunque sólo
-eran tres las lágrimas que cada picaflor depositaba en el frasco, en
-media hora éste se había llenado. Sin embargo de haber cumplido su
-tarea, la Princesa no se movió de aquel sitio: el solo recuerdo de la
-Bruja le imponía pavor y la hacía extremecerse, ¡y se sentía tan bien en
-medio de los árboles y de los pajaritos!
-
-Cuando el sol llegó a lo más alto del cielo, la Princesa se despidió
-cariñosamente de los picaflores, agradeciéndoles con frases llenas de
-dulzura el servicio que le habían hecho; y rodeada de ellos, que no la
-dejaron sino cuando llegó al plano, descendió del cerro con el frasco en
-sus brazos.
-
-Pocos momentos después llegaba a la cueva y se encontraba en presencia
-de la aborrecible vieja, y entregándole el frasco le decía:
-
---Señora, estáis servida.
-
---Está bien, refunfuñó la Bruja; mañana temprano vendrás a recibir una
-nueva orden.
-
-Y arrojándole un mendrugo de pan, le indicó con el dedo que se retirara
-a su cuarto.
-
-La Princesa pasó la noche sin dormir, así es que muy temprano, antes que
-amaneciese, ya estaba en presencia de la hechicera. La vieja, que la
-esperaba, le pasó un cofre de una hermosura imponderable, cubierto de
-incrustaciones de oro y de adornos de flores de diamantes, perlas y
-rubíes, y entregándole una llavecita, le ordenó que la llevase a casa de
-otra vieja, su amiga, porque era su cumpleaños. Esta amiga la abriría y
-sacaría su contenido y después debía regresar la Princesa con la caja y
-estar de vuelta antes del mediodía.
-
-Salió la Princesa llorando y sin saber cómo, se halló de pronto al pie
-del monte en que había estado la mañana anterior. Allí encontró al
-Canarito, que le dijo:
-
---Enjuga tu llanto, hermosa Princesa, y quédate aquí hasta la hora
-conveniente. Lo que la vieja desea es que abras el cofre; pero no lo
-abrirás, ni tampoco lo llevarás a casa de la amiga de la Bruja, porque
-ella te lo haría abrir. Poco antes de las doce te irás a la cueva y
-entregarás el cofre a la vieja diciéndole que su amiga lo había abierto
-y habían salido de adentro unos guerreros que la habían muerto. Y el
-Canarito se fué.
-
-Mientras llegaba la hora, la Princesa se entretuvo con los picaflores
-que revoloteaban a su alrededor de la manera más graciosa, haciendo mil
-figuras y evoluciones como si bailaran; pero cuando el sol iba a llegar
-al mediodía, bajó siempre rodeada de las avecitas, hasta que llegó a la
-cueva. La vieja la esperaba en el interior, en la puerta de su
-habitación, y le entregó el cofre diciéndole que apenas la amiga lo
-había abierto, habían salido de él una cantidad innumerable de guerreros
-armados que en un momento le dieron la muerte, desapareciendo en
-seguida.
-
---Pero ¿es cierto lo que me dices, muchacha? contestó la vieja, ¡si no
-puede ser!
-
---Pero así ha sido, señora.
-
---A ver, pásame la llave.
-
-Y tomándola, abre el cofre y sale de él un verdadero ejército de jóvenes
-armados de espadas, lanzas y hachas con las cuales traspasan y destrozan
-a la infame vieja, que se revuelca en el suelo en medio de un mar de
-sangre. Los jóvenes guerreros desaparecen dejándola por muerta; pero la
-Bruja tenía la vida de los gatos, y, arrastrándose como pudo, se echó a
-la cama.
-
-La Princesa quedó anonadada con esta escena, y se habría quedado quién
-sabe hasta cuándo como enclavada en el suelo, si la voz de la vieja no
-la hubiese sacado de su abstracción.
-
---Hijita, le dijo la vieja con un tono que trataba de aparecer cariñoso,
-vaya a la otra pieza, tome el primero de los frascos que hay en el
-armario y me lo trae; quiero tomar del licor que hay en él para morir y
-dejar de sufrir.
-
-Pasó la Princesa a la pieza contigua, y ahí encontró al Canarito, que le
-dijo muy quedo al oído:
-
---No le lleves el primero sino el último de los frascos del armario,
-para que muera de veras: cualquier otro que le lleves le dará la vida y
-no terminarán nunca nuestros sufrimientos.
-
-Obedeció la Princesa y le llevó el último frasco.
-
---¿Este es el primero, hijita?
-
---Sí, señora, éste es el primero.
-
---No vaya a haberse equivocado y haya tomado el segundo.
-
---No, señora, estoy completamente segura de que he traído el primero.
-
---Entonces deme una cucharada de él.
-
-La Princesa le pasó una cucharada del líquido que el frasco contenía y
-la vieja se lo bebió con ansia; pero apenas lo tragó, comenzó la Bruja a
-torcerse, a despedazarse con las uñas, a morderse las manos y los
-brazos, dando unos gritos tan desaforados que parecía que el palacio se
-iba a venir al suelo.
-
-Por suerte, todo esto duró poco, porque la vieja, en medio de los
-mayores dolores, entregó pronto su alma al diablo, a quien con tanto
-empeño había servido durante su larga vida.
-
-En cuanto cesaron los alaridos de la Bruja, sucedió una cosa inesperada.
-La cueva y el palacio se convirtieron en un bello y extenso país; los
-Canarios, en tres hermosos príncipes; los negros que había visto
-Juanito, en grandes de la corte, y los picaflores, en los habitantes del
-reino, todos los cuales vinieron a rendir homenaje a la Princesa.
-
-Acercóse a ella el más hermoso de los tres Príncipes e hincando una
-rodilla en tierra, habló a la Princesa de esta manera:
-
---Princesa, yo soy aquel Canario que os arrebató la madeja de seda, el
-dedal y las tijeras y que más tarde os aconsejó lo que debíais hacer
-para libraros y librarnos de la malvada hechicera que por satisfacer una
-ruin venganza mató a nuestros padres y nos tenía hechizados a mí, a mis
-hermanos y a nuestro pueblo. Bien sabéis que yo os amo y que no podré
-vivir sino en vuestra compañía. Sé que vos me amáis también, pues por
-amor a mí habéis arrastrando tantos peligros. ¿Queréis que vayamos ahora
-mismo donde vuestro padre, que es nuestro vecino, para pedir vuestra
-mano?
-
---Príncipe, contestó la joven, mi anhelo es ser vuestra esposa; partamos
-cuanto antes.
-
-El pueblo, entusiasmado, aclamó a la Princesa, llamándola su reina, su
-buena y querida reina, y jurando amarla y protegerla de todo peligro.
-
-Grande fué el alborozo del Rey, padre de la Princesa, al verla llegar
-completamente sana de su enfermedad y en tan buena compañía. Las bodas
-se celebraron al día siguiente y hubo grandes fiestas y regocijos
-públicos en los dos reinos, cuyos pueblos confraternizaban como si
-fueran uno. Los novios fueron muy felices; gobernaron a su pueblo con
-bondad paternal y Dios los premió dándoles hijos bellos y virtuosos, que
-les hicieron agradable su peregrinación en esta vida.
-
-
-
-
-7. EL REY TIENE CACHITO
-
-(Contado por el Presbítero don Osvaldo Martínez, de Santiago, en 1912)
-
-
-Este era un Rey que cayó enfermo de un fuerte dolor a la cabeza. Su
-dolencia lo obligó durante muchos días a guardar cama y durante ellos no
-pudo ocuparse de los asuntos de gobierno. Cuando se levantó, se encontró
-con que le había salido un cachito.
-
-El Rey, por supuesto, quiso tener oculta de todos esta desgracia; pero
-no lo consiguió: el pelo le creció tanto que tuvo necesidad de hacer
-llamar a un peluquero, encargando que le trajeran el más discreto de la
-ciudad.
-
-Sus Ministros pasaron revista a todos los fígaros de la capital y por
-fin creyeron encontrar al que su Majestad necesitaba: era éste un pobre
-hombre que, aunque manejaba magistralmente la tijera y la navaja, casi
-no tenía clientela porque era muy reservado y poco comunicativo; no
-hablaba sino cuando era de absoluta necesidad.
-
-Con los informes de los Ministros, el Rey lo nombró su peluquero.
-
-En la primera sesión, el Rey le dijo que a ninguna persona debía
-comunicarle su desgracia y le exigió bajo juramento que así lo hiciese.
-El Peluquero juró que a ninguna persona diría que el Rey tenía un
-cachito. Después de esto le cortó el pelo y se retiró para volver dentro
-de un mes.
-
-No hizo mas que salir el Peluquero y sentir un desasosiego como nunca lo
-había tenido; y lo peor es que este malestar no lo dejaba y
-experimentaba como una necesidad de echar afuera aquel secreto que le
-hormigueaba por todo el cuerpo. Y aquí tenemos a nuestro hombre, que
-hasta entonces había vivido tranquilo, convertido en el ser más
-desgraciado de la tierra: no comía, no dormía, no trabajaba, no tenía
-ánimos para nada.
-
-Y sin embargo de no comer, se iba hinchando, hinchando hasta ponerse
-redondo como una tinaja.
-
-El pobre hombre se sentía desfallecer, no hallaba qué hacerse; estaba
-seguro de que se moriría en horas más si no contaba su secreto. Pero ¿y
-el juramento? El era buen cristiano y por nada de la vida perdería su
-alma.
-
-Desesperado, salió al campo; y aquí le ocurrió una idea salvadora. Con
-una estaca que halló a mano abrió un hoyo y echándose de barriga en
-tierra se puso a decirle:--¡El Rey tiene cachito! el Rey tiene
-cachito!--repitiendo la frase no menos de cien veces; y a medida que la
-iba diciendo, la barriga se le iba deshinchando. En seguida tapó el hoyo
-con la misma tierra que de él había sacado.
-
-¡Qué desahogado, qué aliviado y qué flaco se levantó el Barbero! ¡Qué
-feliz se sintió! Pocos momentos después llegó a su casa pidiendo
-desaforadamente que le dieran de comer; ¡qué apetito! todo lo que le
-servían se le hacía poco! La mujer estaba desesperada: ¿de dónde sacaría
-alimentos suficientes para llenar aquel tonel sin fondo? Se comió todo
-lo que pilló a mano, cuanta materia engullible había en la casa, y por
-fin, más cansado de hacer funcionar las mandíbulas que satisfecho, se
-acostó. ¡Era de ver la placidez con que dormía el santo varón! Durmió
-dos días con sus noches, y se levantó feliz, cantando y con grandes
-disposiciones para trabajar. Era otro hombre.
-
-Pasaron los días uno tras otro hasta completar una semana, cuando
-ocurrió una cosa inesperada. Los niños de la escuela habían ido a hacer
-la chancha al campo vecino y encontraron una mata de capachitos, que
-había brotado precisamente en el lugar en que el Peluquero había hecho
-el hoyo; arrancaban las florecitas y tomándolas con el dedo pulgar,
-índice y cordial, las reventaban en sus frentes, como tienen costumbre
-de hacerlo; pero en esta vez la florecitas, al estallar, decían:
-
---¡El Rey tiene cachito!
-
-Admirados los niños de este prodigio, llevaron a sus casas todos los
-capachitos que quedaban y repitieron la prueba y los capachitos siempre
-decían:--¡El Rey tiene cachito!
-
-No se podía dudar de la noticia, y ella corrió como el aceite: en pocos
-instantes la conocía toda la ciudad. Y tanto y tanto cundió que llegó a
-oídos del Rey.
-
-El Rey hizo llamar al Peluquero y después de apostrofarlo duramente le
-dijo que le haría pagar con la vida su indiscreción. El Peluquero
-respetuosamente repuso:--Señor, yo juré a Vuestra Majestad no decirle a
-ninguna persona su secreto y lo he cumplido, porque hasta ahora no se lo
-he dicho a alma nacida. ¿Qué culpa tengo yo si los capachitos lo andan
-proclamando a los cuatro vientos?
-
-Por cierto que se cuidó de contarle lo que había hecho, y como de esto
-no había testigos, el Rey hubo de perdonarlo.
-
-
-
-
-8. EL CUERPO SIN ALMA.
-
-(Referido en 1912 por Beatriz Montecinos, de 50 años, de Talca)
-
-
-Para saber y contar y contar para saber.
-
-Este era un caballero que tenía un fundo cerca de la ciudad, muy grande
-y muy hermoso, pero que tenía la maldición de que nadie podía vivir en
-él, porque, sin saber cómo ni por qué, al otro día amanecían muertos los
-que pretendían trabajarlo. El caballero estaba desesperado, y ofreció
-darlo a medias al que se atreviese a sembrarlo.
-
-Había en la misma ciudad una viuda muy pobre, que tenía tres hijos,
-decididos y valientes, los cuales se pusieron de acuerdo para
-trasladarse al fundo. Partieron, llevando cada uno un pedazo de pan y
-otro de queso, que para más no les alcanzó el poco dinero que tenían.
-
-Habían andado ya un buen trecho, cuando el menor se hizo a un lado de
-sus hermanos, que siguieron andando, porque se le ofreció una necesidad.
-Iba ya a reunirse con ellos, cuando se le presentó una pobre vieja
-pidiéndole una limosna. El, compadecido, le dió el pan y el queso que
-llevaba, y entonces la anciana le entregó una varillita, diciéndole que
-era de virtud y que le haría todo lo que le pidiese, y desapareció.
-
-Llegaron los tres hermanos al fundo muy de madrugada y convinieron en
-que mientras iban a trabajar los dos menores, el mayor se quedaría
-haciendo la comida para los tres.
-
-Fueron los menores al trabajo y cuando el mayor tenía hecha la comida y
-en punto para servirla, salió de un pozo que había cerca de la cocina un
-enorme Culebrón, y el joven, del susto, se fué de espaldas y casi se
-mató del golpe.
-
---La vida o la comida, le dijo el Culebrón.
-
---La comida, le contestó el pobre, más muerto que vivo.
-
-El Culebrón devoró la comida y en seguida desapareció por el pozo.
-
-Poco después llegaron los otros dos hermanos, quienes, de tanto que
-habían trabajado, venían que no podían más de hambre. Cuando supieron lo
-que había pasado, casi se murieron de rabia.
-
-Al día siguiente se quedó el segundo haciendo la comida, partieron a
-trabajar los otros dos, y sucedió lo mismo que el día anterior: salió el
-Culebrón, se comió la comida, y dejó tocando tabletas a los tres
-hermanos.
-
-El tercer día se quedó el menor, y en el momento en que éste retiraba la
-olla del fuego, salió el Culebrón y le dijo:
-
---La vida o la comida.
-
---Ni la vida ni la comida, le respondió el joven, y poniéndose en facha
-con su varillita en la mano, obligó al Culebrón a retirarse a su pozo
-bastante mal herido.
-
-Llegaron los otros dos, y comieron todos con mucho apetito.
-
-Después dijo el más joven:
-
---Para vernos libres en adelante de este estorbo, amárrenme con un
-cordel y descuélguenme en el pozo y yo mataré al Culebrón donde se
-encuentre. Cuando mueva la cuerda es para que la tiren y me suban.
-
-Bajó el joven, y en el fondo del pozo se encontró con un hermosísimo
-palacio, que tenía todas las puertas y ventanas cerradas. Golpeó
-inútilmente, porque no le abrieron. Entonces, sacando su varillita,
-dijo:
-
---Dios y una hormiguita, e inmediatamente se convirtió en hormiga. Así
-pudo entrar por una rendija y llegó a una sala en donde había una niña
-más bella que el sol. Se le subió por un costado y de repente la picó.
-
---¿Quién me pica? dijo la niña.
-
---Yo, señorita, contestó el joven desencantándose.
-
-Se pusieron a conversar. La niña le dijo que eran tres hermanas, hijas
-del Culebrón, el cual las tenía encerradas bajo siete llaves y no les
-permitía ver a nadie.
-
---Yo mataré al Culebrón y las libraré a ustedes.
-
---No podrás matarlo--le dijo la joven--porque mi padre es el Cuerpo sin
-Alma.
-
---Pero tú podrás averiguar en dónde tiene el alma y entonces yo daré
-buena cuenta de él.
-
-Fué la niña al lugar en que estaba su padre, y con ella el joven,
-convertido en hormiga, pegado a su costado.
-
---Papá, ¿por qué lo llaman a usted el Cuerpo sin Alma?
-
---No te lo diré, porque las paredes tienen oídos y los matorrales ojos.
-
---Pero si aquí estamos solos, y encerradas como vivimos ¿a quién podría
-confiarle lo que usted me diga?
-
-Entonces él repuso:
-
---Hija, has de saber que en el monte vecino hay una laguna; dentro de la
-laguna hay un toro; matando a ese toro, sale de su cuerpo un león;
-matando a ese león, sale una zorra muy corredora, que nadie la podrá
-alcanzar; adentro de la zorra hay una paloma; y adentro de la paloma, un
-huevo. Ese huevo es mi alma, y si llegan a quebrarlo, soy muerto.
-
-Siguieron hablando un rato sobre otras cosas y poco después la niña se
-retiró a su pieza. Inmediatamente el joven se fué corriendo para la
-laguna, y apenas había llegado a la orilla, salió el toro bramando y
-escarbando la tierra que daba miedo.
-
---Dios y un toro de los más bravos--dijo el joven sacando la varillita y
-al punto se convirtió en toro y se puso a pelear con el que había salido
-de la laguna, hasta que lo mató. Por el hocico del toro muerto salió un
-león, que echaba el cielo abajo con sus rugidos.
-
---Dios y un león de los más bravos--dijo el joven a la varillita, y
-convirtiéndose en león, atacó rudamente a su contrario y lo mató.
-Entonces salió la zorra corredora del hocico del león muerto, y tanto y
-tan bien corría que no se le veían las patas.
-
---Dios y un perro zorrero, de los más corredores y más bravos, dijo el
-joven, y en el mismo instante se volvió perro, y tan ligero corría, que
-las patas no tocaban el suelo. En un momento alcanzó a la zorra y
-también la despachó.
-
-Mientras tanto el Cuerpo sin Alma se sentía muy enfermo y daba unos
-quejidos terribles. La niña se acercó a preguntarle qué tenía.
-
---Retírate, traidora--le dijo el Culebrón--si no quieres que te mate.
-
-Del cuerpo de la zorra salió una paloma, que se perdió en el espacio. El
-joven dijo:
-
---Dios y un halcón de los más voladores;--y convertido en halcón dió
-alcance a la paloma, la mató y le sacó del buche el huevo que tenía
-guardado y que era el alma del Culebrón.
-
-Poco después se presentó en el palacio y mostrándole el huevo, dijo al
-Culebrón, que apenas respiraba ya, tan desfallecido estaba:
-
---¿Conoces esto?
-
---¿Cómo no lo he de conocer, si es mi alma?
-
---Te la entregaré si me das el manojo de llaves del palacio.
-
-El Cuerpo sin Alma le entregó las llaves y el joven, disparándole el
-huevo, le dijo:
-
---Ahí la tienes.
-
-Pero el huevo le dió en la frente al Culebrón y se reventó, y el
-Culebrón cayó muerto.
-
-El joven se fué a librar a las tres niñas, pero la menor, que era la que
-él había visto, no quería que sacase a las otras, porque estaba
-enamorada de él y temía que sus hermanas, que también eran muy bellas,
-le robasen su amor. Pero él le dijo:
-
---Si nosotros también somos tres; mis hermanos se casarán con tus
-hermanas.
-
-Las sacó a las otras dos de su encierro y amarrando primeramente a la
-menor, movió el cordel y los que estaban arriba la subieron. Los dos
-hermanos, cuando la vieron tan buena moza, se pusieron a pelear, para
-ver cuál se la llevaba; pero ella les dijo que eran tres y que luego
-subirían las otras dos.
-
-Cuando hubieron subido las tres niñas, los hermanos mayores no volvieron
-a echar el cordel, y tomando cada uno a su compañera, dejaron abandonada
-a la menor, que esperó en vano que subiera el joven que había quedado en
-el pozo.
-
-Un momento después conoció éste su desgracia, y, turbado con la pena que
-le causaba la traición de sus hermanos, por decirle a la varillita
-“siete estados para arriba”, le dijo “siete estados para abajo” y llegó
-a la tierra de los pigmeos, donde, del golpe tan violento que recibió,
-quedó sin sentidos. Cuando volvió en sí, los pigmeos le habían robado su
-varillita de virtud.
-
-El pobre entró a sufrir mucho y llegó su miseria a tal estado que se vió
-obligado a ocuparse como cuidador de los rebaños del Rey de los pigmeos
-para ganarse la vida.
-
-Un día que lloraba su desgracia, se le apareció una Aguilita y le
-preguntó:
-
---¿Por qué está tan triste y llorando?
-
---¿Cómo no he de llorar, distante de la que amo y viéndome en el estado
-en que me hallo y sin esperanzas de volver a la tierra?
-
---Yo lo sacaré de aquí si le parece; pero tiene que llevar mucha carne,
-porque el viaje es largo y hay que atravesar el mar.
-
---Está bien, llevaremos un cordero.
-
-Y el joven mató un cordero y dividiéndolo en cuartos lo puso sobre el
-Aguila y él se montó en seguida encima.
-
-Al poco rato el Aguilita pidió de comer y él le puso en el pico un
-cuarto de cordero. Volaron un rato, y el Aguilita pidió más, y él le
-entregó el segundo cuarto; después, el tercero; y por fin el único que
-quedaba.
-
-Iban volando por sobre el mar cuando el Aguilita dijo:
-
---Compañero, ¿queda carnecita? mire que me faltan las fuerzas y nos
-caeremos al mar y nos ahogaremos si no como.
-
-El joven se cortó una pierna y se la atravesó en el pico al Aguila. Esta
-escena se repitió dos veces más, y el joven tuvo que cortar su otra
-pierna y el brazo izquierdo, que el Aguila devoró en un instante. De
-pronto dijo el Aguila:
-
---Ya llegamos; bájese, compañerito, que en aquel palacio está su niña; y
-apúrese porque la van a casar con un príncipe y ella no quiere, porque
-lo está esperando a usted.
-
---¿Y cómo me bajo--respondió el joven--si no tengo piernas?
-
---Echese al suelo no más, y no se demore, que lo dejan sin novia.
-
-Al dejarse caer, el joven se encontró con sus dos piernas y sus dos
-brazos, y si buen mozo había sido antes, quedó desde entonces mucho
-mejor. Llorando de alegría, le dió las gracias a la Aguilita, y ella,
-convirtiéndose en ángel, le dijo que era el de su guarda, que viéndolo
-tan triste, había venido a sacarlo de apuros.
-
-Cuando llegó al palacio en que estaba su amada, la alegría de ésta fué
-grande, y en lugar de celebrarse el matrimonio con el príncipe con quien
-la obligaban a casarse, se casó con el joven que tanto había sufrido por
-ella y había sido su primer amor. La fiesta estuvo muy buena y hasta
-ahora estará que se arde; yo me encontré en ella y comí y tomé hasta que
-casi reventé. Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento para
-serranías de más adentro.
-
-
-
-
-9. LA HUACHITA CORDERA.
-
-(Referido en Abril de 1914 por Mercedes Albornoz, de 14 años, Villa
-Alegre)
-
-
-Este era un hombre que vivía en el campo y había quedado viudo con dos
-hijos pequeños: un niñito y una niñita. El hombre era pobre y para
-alimentar a sus hijos tenía que salir a trabajar todos los días antes
-que apareciera el sol, y como los niños no eran capaces de hacer nada,
-se los dejaba encomendados a una vecina que los trataba con mucho
-cariño, les lavaba su ropita y les daba muy bien de comer.
-
-Mejoró un poco la situación del hombre y se casó con la vecina; pero
-ésta, apenas salía su marido de la casa, obligaba a los niños a hacer el
-fuego, a que le trajesen agua del río en baldes que eran muy pesados
-para ellos, a barrer y ejecutar otros trabajos superiores a sus escasas
-y débiles fuerzas; y si la leña no estaba bien encendida, o los baldes
-no llegaban completamente llenos, o quedaba un poco de basura en el
-suelo, les pegaba cruelmente con lo primero que hallaba a mano.
-
-Una vez, el niño le dijo a la niña:--Vámonos de aquí, hermanita; ¿para
-qué estamos sufriendo tanto?,--y al otro día muy temprano dejaron su
-lecho, abandonaron la casa en que habían nacido y marcharon a la
-ventura, alimentándose de frutas y de yerbas y durmiendo en las cuevas
-de las montañas o en los ranchos abandonados que encontraban en su
-camino.
-
-Después de muchos días de marcha, llegaron a una tierra desierta, sin
-casas ni árboles, en la que el calor del sol se hacía sentir con toda su
-fuerza. Los niños morían de sed y en ninguna parte hallaban agua para
-aplacarla. Por fin llegaron a la orilla de una laguna y cuando se
-disponían a beber, oyeron una voz que decía:
-
---El que de esta agua bebiere tiburón se ha de volver y devorará a su
-hermano.
-
---Hermanita, no tomemos de esta agua--dijo el niño--aguantemos la sed y
-vámonos, puede ser que más allá encontremos agua buena.
-
-Muy tristes se apartaron de la laguna y a cada instante más sedientos;
-pero luego tropezaron con un pozo y el corazón se les alegró.
-Sirviéndose de una cuerda que estaba en el suelo al lado del brocal,
-echaron adentro un tiesto que cerca estaba, y cuando ya lo alzaban
-repleto de agua, salió del pozo una voz que decía:
-
---El que de esta agua bebiere, sierpe se ha de volver y devorará a su
-hermano.
-
---Hermanita, no tomemos de esta agua--dijo el niño--aguantemos la sed y
-vámonos, pueda ser que más allá encontremos otra mejor.
-
-La niña no soportaba la sed, y si no hubiera sido por la amenaza de que
-si bebía de esa agua devoraría a su hermano, habría bebido hasta
-saciarse.
-
-Continuaron su camino muy tristes, desfallecidos, casi sin fuerzas para
-andar, pero a los pocos pasos tropezaron con un arroyo de agua fresca y
-cristalina. Echáronse de bruces para beber y cuando sus secas fauces
-estaban a punto de humedecerse, oyeron estas palabras que salían de la
-corriente:
-
---El que de esta agua beba, corderito se ha de volver.
-
---Hermanita no tomemos...--alcanzó apenas a decir el niño, cuando vió a
-su hermana convertida en corderita. La pobrecilla, no oyendo la amenaza
-de que si bebía devoraría a su hermano, se apresuró a apagar su sed y
-alcanzó a tragar unos cuantos sorbos de aquella agua maldita.
-
-Es fácil suponer en qué estado dejaría esta desgracia a los pobres
-hermanos, que ya no tuvieron otro consuelo que conversar y comunicarse
-sus penas, porque, por suerte para ellos, al experimentar la niña su
-transformación, no había perdido el uso de la palabra. Sin embargo, el
-niño lloraba mucho; no podía acostumbrarse a ver a su hermana convertida
-en animal.
-
-Un día le salió al paso una viejecita.
-
---¿Por qué llora tanto, hijito?--le preguntó.
-
---¿Cómo no he de llorar, mamita, con la desgracia que nos ha sucedido?
-¡Qué no daría yo por ver a mi hermana convertida en mujer otra vez!
-
---Hijito, eso no es posible por ahora; pero con esta varillita de virtud
-que voy a ocultar en las lanas de la Corderita, tendrá ella lo que
-quiera; podrá hasta volverse mujer por tres horas cada vez que lo desee,
-y para siempre cuando un príncipe quiera casarse con ella.
-
-Y desapareció después de colocar una varita entre las lanas de la
-Cordera.
-
-Desde ese momento la Corderita dejó de lamentarse y se la veía brincar y
-correr al rededor de su hermano y balar alegremente; porque ha de
-saberse que no hablaba con él sino cuando estaban solos.
-
-Pasó algún tiempo, y el niño que ya se había convertido en hombre, entró
-a servir como pastor de los rebaños del Rey, el cual, como era muy
-bondadoso, le permitió conservar la Corderita a su lado.
-
-Sucedió que en la noche del primer día en que el pastor había entrado en
-funciones, el hijo del Rey tuvo que pasar por el patio en que estaban
-las habitaciones de los sirvientes, y se extrañó de oir de la más
-alejada, que era la que ocupaba el pastor y la Corderita, una voz
-femenina. Se detuvo a escuchar para referirle a la Reina, su madre, lo
-que oyera, pues era prohibido que las sirvientas penetraran a las piezas
-de ese patio; pero no sintió sino murmullos y no alcanzó a entender ni
-una palabra. Al día siguiente, el Príncipe refirió a su madre lo
-sucedido, y en la tarde, cuando el pastor regresó, después de guardar el
-ganado, fué conducido a presencia de la Reina.
-
-A la pregunta que le hizo la Reina de quién era la mujer que en la noche
-anterior había estado en su aposento, contestó:
-
---No estaba, señora, con ninguna mujer, sino con una huachita Cordera
-que el Rey mi Señor me ha permitido guardar a mi lado y a la que he
-conseguido enseñar varias palabras. (No se atrevió a contarle la
-verdad).
-
---¿Y qué palabras sabe? preguntó la Reina admirada.
-
---Dice ya, papá, mamá, hermano y otras.
-
---Tráeme la Corderita; quiero verla.
-
-Fué el jóven a su pieza, contó a su hermana lo que había hablado con la
-Reina y le aconsejó que mientras tanto no dijese más palabras que las
-que él había dicho a la Reina que le había enseñado, y la condujo a la
-presencia de la soberana.
-
-La Corderita se bañaba todos los días en el río, de modo que siempre
-estaba muy limpia. La Reina quedó encantada y le dijo al pastor que se
-la dejase, que ella la cuidaría muy bien.
-
-La Reina le tomó mucho cariño y a todas partes iba con ella. La
-Corderita la llamaba mamá; al Rey le decía papá, y al Príncipe hermano.
-
-La Reina se dijo un día:--Si un rústico pastor ha podido enseñar a este
-animalito a pronunciar unas cuantas palabras, ¿por qué no he de
-conseguir yo que aprenda a hablar como una persona?
-
-Desde ese día comenzó a enseñarle a hablar, y la Huachita se hacía la
-que no sabía y que poco a poco iba aprendiendo.
-
-Pasó así algún tiempo, hasta que para celebrar una victoria obtenida por
-el Rey, se organizaron grandes fiestas, entre ellas unas carreras de
-caballos a que debía concurrir toda la Corte.
-
-Cuando llegó ese día, la Corderita, que hasta entonces no había hecho
-uso de la virtud que tenía, quiso ir a las carreras; y después que los
-Reyes, el Príncipe y demás potentados que vivían en palacio salieron,
-ella también salió sin que nadie la viera, y se fué al campo, y al lado
-de un espino que allí había, dijo:
-
---Varillita de virtud, por la virtud que Dios te ha dado, haz que me
-convierta en mujer, vestida con un traje de color de estrellas y que
-aparezca aquí para llevarme a las fiestas una carroza de plata
-arrastrada por dos parejas de caballos y servida por tres pajes negros.
-E inmediatamente se encontró convertida en una hermosísima joven,
-vestida como había pedido y con el coche con los tres negritos. La piel
-de cordero estaba a su lado, y antes de subir a la carroza la dejó
-colgada de una rama del espino, y partió.
-
-Cuando llegó a la plaza, atrajo las miradas de todos por su hermosura y
-la riqueza y esplendor de su traje. Nadie la conocía y unos a otros se
-decían: «¿de dónde vendrá esta princesa?» El Príncipe, sobre todo, la
-atendió mucho y se enamoró perdidamente de ella. Cuando sonó la hora en
-que debía retirarse, el Príncipe le preguntó si volvería al día
-siguiente y ella le contestó que sí.
-
-En la Corte no se habló en el resto del día de otra cosa que de la
-fiesta; pero la preocupación de todos era la bellísima joven
-desconocida.
-
-Llegó el día siguiente y todo el mundo se trasladó a las carreras.
-
-Una vez que la Corderita se encontró sola, volvió al campo, y al pie del
-espino pidió a la varillita que la transformara en mujer, vestida con
-traje de color de la luna y las estrellas y la condujese a la fiesta en
-una carroza de oro arrastrada por tres parejas de caballos y servida por
-seis pajes negros; y al punto todo se hizo como ella lo había pedido.
-Dejó la piel de oveja colgada de una rama del espino, subió al carruaje
-y se fué a las fiestas.
-
-A su entrada, la atención de la multitud se concentró en ella, y si
-hermosa la habían encontrado el día anterior, más hermosa aun la
-encontraron en este día. El Príncipe, todavía más enamorado, fué a
-colocarse inmediatamente a su lado y allí estuvo conversando con ella
-hasta el momento que la joven se levantó para retirarse.
-
-El otro día era el último de las carreras. La afluencia de gente fué
-mayor; puede decirse que toda la ciudad se había trasladado a
-presenciarlas.
-
-A la misma hora que los días anteriores, llegó la joven en una carroza
-de diamantes arrastrada por cuatro parejas de caballos y servida por
-doce negros; su traje tenía los colores de la luna, de las estrellas y
-del sol naciente, y si linda la habían encontrado las otras dos veces,
-más linda la hallaron esta vez. Todos los ojos estaban clavados en ella
-y de los labios de la muchedumbre no salían sino alabanzas en su honor.
-Apenas la divisó el Príncipe fué a sentarse a su lado a cortejarla.
-Cuando estaba hablándola con más entusiasmo, llegó un paje con un recado
-de la Reina y el Príncipe tuvo que abandonar su asiento por un momento;
-a su regreso se encontró con que estaba vacío el lugar que ocupaba la
-niña.
-
-Se acabaron las fiestas y nadie volvió a ver a la joven.
-
-El Príncipe se puso muy triste y languidecía rápidamente. Los médicos
-nada pudieron para curar su mal y los Reyes lloraban la próxima muerte
-de su único hijo.
-
-Un día, cuando ya se había perdido toda esperanza de salvación, dijo la
-Corderita a la Reina:
-
---Mamá, ¿quiere que vaya yo a cuidar al enfermo? Quién sabe si pueda
-sanarlo!
-
-¡Qué se perdía con que fuese! La Reina consintió y ella misma condujo a
-la Corderita a las habitaciones del enfermo y la dejó allí.
-
-Apenas se retiró la Reina, la Corderita pidió muy quedito a la varillita
-que la convirtiera en mujer, ataviada con el mismo traje con que se
-había presentado a las carreras, y una vez transformada, se acercó a la
-cama del enfermo y lo llamó dulcemente. El Príncipe abrió los ojos y a
-la vista de su amada sintió que le volvía la vida.
-
-Tres horas conversaron alegremente y al terminar este tiempo la joven
-tornó a convertirse en la Huachita Cordera.
-
-El Príncipe hizo llamar a los Reyes, y les dijo:
-
---Padres, la Corderita me ha sanado; me siento perfectamente bien y es
-preciso que me dejen casarme con ella.
-
-Apenas el Príncipe dijo estas palabras, cumpliéndose el vaticinio de la
-viejecita que había dado a la Corderita la virtud, se transformó ésta
-para siempre en la bellísima niña que todos habían visto en las fiestas,
-y los Reyes, henchidos de contento, consintieron en el matrimonio de su
-hijo con la joven.
-
-Los novios fueron muy felices y vivieron en una perpetua luna de miel y
-tuvieron muchos hijos.
-
-El hermano de la joven, que hasta el día antes del matrimonio había
-continuado como pastor, fué ennoblecido y siguió viviendo en la Corte,
-desempeñando empleos muy principales.
-
-Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento.
-
-
-
-
-10. LAS SIETE CIEGAS.
-
-(Referido por el niño Luis Smith, de 12 años, en 1910)
-
-
-Hubo en un país lejano un Rey muy malo que se complacía en el daño que
-causaba a sus súbditos.
-
-Un día que salió a cazar, y se extravió en el bosque, vió en la puerta
-de una choza a una jovencita muy bella y agraciada, y llevándola a
-Palacio se casó con ella.
-
-Un mes nada más duró la felicidad de la Reina. Transcurrido este corto
-tiempo, durante el cual el Rey fué tierno y cariñoso con ella, se reveló
-nuevamente en él el hombre perverso, de fieros instintos. Con pretextos
-y sin pretextos, todo lo encontraba malo, y como la Reina era la persona
-que tenía más cerca, la desgraciada pagaba el pato. Un día que amaneció
-de más mal humor que de ordinario, hizo sacar los ojos a la Reina y
-ordenó que la encerrasen en un calabozo húmedo y sin luz, que daba a uno
-de los patios interiores del palacio, y que la sometiesen a una
-alimentación escasa.
-
-Poco tiempo después, el Rey se casó con otra joven, la cual también sólo
-un mes fué feliz, y pasó otro mes al lado de su esposo sufriendo toda
-clase de vejámenes; después, privada de la vista, fué a hacer compañía
-en el calabozo a su predecesora.
-
-La misma suerte corrieron cinco niñas más, con las cuales el monarca
-contrajo matrimonio sucesivamente.
-
-Las siete desgraciadas tuvieron un hijo cada una en su prisión, pero
-sólo la primera lo conservó; las otras, muertas de hambre, se comieron
-los suyos, y si no hubiera sido porque la primera mujer logró ocultar a
-su hijo y que éste, como si adivinara el destino que le estaba reservado
-si las compañeras de su madre lo descubrían, jamás lanzó el menor gemido
-ni se le oyó llorar.
-
-La criatura era hermosa y fué creciendo. Su madre le enseñaba a hablar
-en las noches, cuando sus compañeras dormían, y paulatinamente fué
-comunicándole los pocos conocimientos que tenía, lo que el niño aprendía
-con suma facilidad, porque estaba dotado de gran inteligencia.
-
-Una vez el niño encontró un clavo y, jugando, se puso a escarbar la
-pared al lado del sitio que ocupaba su madre. La muralla, con la
-humedad, estaba blanda, así es que en pocos momentos hizo un pequeño
-forado por el que penetró un poco de luz; le dieron deseos de salir para
-conocer el mundo, de que tanto había oído hablar a su madre, y para
-conseguirlo continuó trabajando hasta que el agujero fué suficientemente
-grande para dejarlo pasar. Le contó a su madre lo que había hecho y le
-pidió que mientras él andaba afuera cubriera ella el forado con su
-cuerpo para que el carcelero no lo viese.
-
-Salió el chico y se encontró con un hermoso huerto. No se cansaba de
-admirar el cielo, tan azul y tan bello; mucho también le llamaron la
-atención los árboles, las flores y los frutos; tomó algunos de éstos,
-los probó y los encontró sabrosísimos. Cogió entonces todos los que pudo
-para llevárselos a su madre, la cual sólo entonces comunicó la
-existencia de su hijo a sus compañeras de desgracia e hizo que el niño
-les repartiera frutas.
-
-Desde ese momento el niño fué la alegría de todas, que lo quisieron
-entrañablemente, y él les pagaba su cariño renovándoles cada día las
-provisiones que tomaba en el huerto.
-
-Cada vez que el niño estaba fuera, la madre pasaba sobresaltada,
-temiendo que uno de los hortelanos lo encontrara y lo llevase a
-presencia del Rey. Por lo que pudiese suceder, le dijo un día:--Hijo, si
-te llegan a ver, te preguntarán de dónde vienes, cómo te llamas y
-quiénes son tus padres, y tú contestarás que vienes del mundo que tu
-nombre es el Viento y que eres hijo del Trueno y de la Lluvia.
-
-Pasó algún tiempo, más de un año, sin que nada se descubriera, porque el
-chico practicaba sus excursiones muy de mañana y los hortelanos no eran
-madrugadores; pero una vez que uno de éstos se levantó más temprano que
-de costumbre, fué cogido y llevado a la presencia del Rey. Al Rey le
-cayó en gracia el chico y le preguntó:
-
---¿De dónde vienes?
-
---Del mundo.
-
---¿Quién es tu padre?
-
---El Trueno.
-
---¿Y tu madre?
-
---La Lluvia.
-
- * * * * *
-
-Poco después de haberle hecho sacar los ojos a su séptima mujer y
-haberla encerrado en el calabozo, el Rey se había casado por octava vez;
-pero en ésta _le salió el futre_, como vulgarmente se dice, porque la
-nueva esposa no era el manso cordero, ni la humilde paloma que las
-anteriores. Mujer de carácter fuerte, de corazón duro y envidiosa,
-dominó a su marido por completo. El Rey se fué acostumbrando poco a poco
-a obedecer, y como consecuencia, su carácter se debilitó y dulcificó.
-
-Como dijimos, el chico le cayó en gracia al Rey, sólo de verlo, y mucho
-más cuando lo oyó responder con tanto despejo a sus preguntas; y ordenó
-que lo vistiesen bien y lo dejasen en completa libertad para andar por
-el palacio y sus dependencias.
-
-El niño vivía con la servidumbre, que lo adoraba. Cuando concluía su
-comida, recogía todos los restos y se los llevaba a las ciegas, con las
-cuales conversaba un rato cada vez que entraba a la prisión,
-especialmente en la noche, antes de retirarse al cuarto que se le había
-destinado.
-
-A medida que el niño crecía en altura, crecía también en inteligencia,
-de tal modo que su fama salió de los patios de la servidumbre y llegó a
-oídos de la Reina. Ella también quiso oírlo, y al escuchar sus
-contestaciones tan prontas y oportunas, se propuso perderlo. La Reina
-era envidiosa y no tenía hijos. Se fingió enferma, hizo llamar al Rey y
-le dijo que había soñado que no sanaría de su enfermedad sino tomando
-leche de leona traída por un león en odre de león, y que había de ser el
-niño quien la fuese a buscar.
-
-El Rey, que no hacía sino la voluntad de su mujer, aunque a disgusto
-ordenó al niño que cumpliera los deseos de la Reina. El niño, muy
-afligido, fué a contarle a su madre lo que le pasaba, y ésta le dijo:
-
---La Reina quiere perderte, pero nada te sucederá si sigues mis
-consejos. Pide al cocinero, antes de partir, una cacerola, pan, leche y
-sal suficiente para sazonarla; te vas por tal y tal camino hasta que
-llegues a una llanura en que verás una gran peña a orillas de un
-riachuelo sombreado de árboles; haces una sopa de pan con leche y dejas
-la cacerola entre el arroyo y la peña y te ocultas detrás de un árbol.
-Poco después llegará un león, que después de olfatear la sopa la comerá;
-una vez que se la haya tomado toda, dirá él:--¡Qué buena está esta sopa!
-¿Quién la habrá traído?--Entonces sales de tu escondite y le
-contestas:--«Yo, señor», y el león, agradecido te dará lo que le pidas.
-
-Provisto de la cacerola y de las raciones de pan, leche y sal
-suficientes, se dirigió afuera de la ciudad y siguió por el camino que
-su madre le había indicado, hasta llegar a la peña. Allí se detuvo, hizo
-la sopa de pan con leche y depositó la cacerola entre el riachuelo y la
-peña y ocultándose detrás de un corpulento árbol, esperó. Pocos momentos
-después llegaron a sus oídos los espantosos rugidos de un león, y casi
-en seguida vió aparecer a la terrible fiera, que, rabiosa, rugía y
-escarbaba la tierra, y abriendo las narices aspiraba el aire en todas
-direcciones como si buscara con el olfato el lugar en que se encontraba
-un ser extraño; pero sucedió que lo primero que llegó a sus narices fué
-el olor suavísimo para él de la sopa de pan con leche, y dirigiéndose al
-sitio en que el niño la había dejado, se la tomó poco a poco,
-saboreándola con delicia.
-
-Una vez que concluyó de comérsela, se lamió los bigotes y exclamó:
-
---¡Qué cosa más rica! ¡Quién la habrá dejado aquí? Y entonces el niño,
-saliendo de su escondite, exclamó:
-
---Yo la traje, señor León.
-
-El León lo miró un poco sorprendido y después de un rato, le preguntó:
-
---¿Qué quieres que te dé en pago del placer que me has proporcionado?
-
---Señor León--le contestó el niño--lo que quiero es un poco de leche de
-leona en odre de león, y que sea llevada al palacio por un león, para
-que se mejore la Reina, que está enferma.
-
---Está bien--le dijo el León--tendrás lo que pides; pero, en cuanto
-llegues al palacio, le pegarás tres veces en la cabeza con esta
-varillita al leoncito que conduzca el odre y le dirás «ándate para tu
-casa».
-
-Y mientras el León hablaba, apareció un leoncito con un odre sobre sus
-espaldas.
-
-Púsose en marcha el niño, yendo adelante el leoncito con su carga.
-Cuando llegaron frente al palacio, estaba la Reina en uno de los
-balcones, y al divisar al niño y a su compañero, casi se murió de ira.
-
-Frente a la puerta del palacio echó el niño sobre sus hombros el odre y,
-recordando las instrucciones del León, dió al leoncito tres golpes con
-la varilla, diciéndole al mismo tiempo: «ándate para tu casa». El
-leoncito desapareció.
-
-El odio de la Reina para con el hijo de la ciega creció después de esta
-aventura y juró que lo haría morir. Hízose enferma nuevamente y le dijo
-al Rey que había soñado que no sanaría sino viendo las torres cantando y
-las almenas bailando, y que debía ser el niño quien se las había de
-traer. El Rey, temiendo la ira de la Reina, ordenó al niño, a pesar del
-cariño que le tenía, que fuese en busca de los objetos que aquélla decía
-necesitar.
-
-El niño se fué llorando al calabozo y le contó a su madre lo que la
-Reina exigía de él.
-
---No tengas cuidado--le dijo la ciega--la Reina quiere que mueras; pero
-si sigues mis instrucciones, nada te sucederá. Pide al hortelano que te
-preste un burrito y a la mujer del jardinero su guitarra. Montado en el
-burro, tomas tal y tal camino; y después de andar siete horas, llegarás
-a una ciudad encantada, en la cual no verás más ser humano que una vieja
-bruja. Desde que divises la ciudad tocarás la guitarra sin cesar hasta
-que salgas, y, aunque la vieja te la pida, ni dejarás de tocar ni se la
-darás. Tú tienes bastante inteligencia para manejarte bien en lo demás
-que pueda sucederte.
-
-Se abrigó el niño con un poncho, porque hacía mucho frío, y montado
-sobre el burro y con la guitarra colgada al cuello por medio de una
-correa, se dirigió a la ciudad. Cuando estuvo cerca, se puso a tocarla y
-le salió al encuentro una horrible vieja que le pidió se la vendiera;
-pero el niño, sin dejar de tañerla ni un momento, le contestó que no la
-vendía, pero que más allacito se la daría si le mostraba todo lo que
-había de interesante y curioso dentro de la ciudad.
-
-Se pusieron en marcha, el niño toca que toca y la vieja chancleteando a
-su lado, hasta que llegaron a un chiquero muy elegante, en que había un
-chanchito muy bien cuidado.
-
---¿Y este chanchito, mamita?
-
---Este chanchito es la vida de la actual mujer de tu padre; ¡pero dame
-tu guitarra, niño!
-
---Más adelante se la daré, mamita.
-
-Continuaron por la misma calle; el niño dale que dale a las cuerdas de
-la guitarra y la vieja sin perderle pisada. Llegaron a una plaza, en
-medio de la cual, entre flores de colores brillantísimos que despedían
-una fragancia exquisita, se elevaba una delgada columna de agua dorada.
-
---¿Qué es esto, mamita? preguntó el niño.
-
---Esta es el agua maravillosa que da vista a los ciegos; pero ¡dame tu
-guitarra, hijito!
-
---Más adelante se la daré, mamita.
-
-Un poco más allá, siguiendo la misma calle, en medio de otra, entre
-jardines y sobre una mesa hecha de un solo diamante, vió el niño un
-castillo en miniatura, de marfil, del cual salían voces argentinas de
-una belleza inefable que lo dejaron extático por un momento; se habría
-dicho que dentro había un coro de ángeles. Al mismo tiempo, de las
-troneras del castillo salían como disparados unos pequeños proyectiles,
-que una vez en el aire, se movían graciosamente como si bailasen.
-
-El niño preguntó:
-
---¿Y qué son estas cosas, mamita?
-
---Estas son las torres que cantan y las almenas que bailan; pero ¡dame
-tu guitarra, hijito!
-
---Dentro de poco se la daré, mamita; no tenga cuidado.
-
-Por fin llegaron a un lugar en que había muchas velas encendidas, unas
-largas, casi enteras, otras medianas y otras menores.
-
---Y esto ¿qué es, mamita?
-
-Estas velas son la vida de los habitantes del país.
-
---¿Y esta vela tan alta y tan gruesa, que está adelante de todas? ¿Tal
-vez es la vida del Rey mi padre?
-
---No, hijito; esa es mi vida, que, como ves, durará más, mucho más que
-las otras; pero dame tu...
-
-No alcanzó a terminar la frase la bruja, porque el niño, sin dejar de
-tocar con la mano izquierda, con la derecha tomó un extremo del poncho y
-dando con él un fuerte golpe a la vela, la apagó, y la vieja cayó al
-mismo tiempo en el suelo muerta para siempre.
-
-En seguida el niño llenó un frasco del agua maravillosa, guardó en las
-petacas que llevaba el burro las torres cantando y las almenas bailando,
-y ató el chancho con un lazo que aseguró a la enjalma, y se volvió muy
-alegre a la ciudad en que residía el Rey su padre.
-
-Cuando llegó a la plaza del palacio, divisó a la Reina asomada al
-balcón, y cuando ésta vió al niño sano y salvo, de la rabia se arrancaba
-los cabellos.
-
-El niño se desmontó de su cabalgadura y tomando entre sus manos al
-chanchito lo arrojó con fuerza al suelo matándolo inmediatamente; en el
-momento mismo la malvada Reina lanzó el último suspiro y entregó su alma
-al diablo.
-
-Después de esto se fué a la prisión en que estaban las ciegas, y con el
-agua maravillosa volvió la vista a su madre y a sus seis compañeras de
-infortunio. Hecho lo cual se fué a ver al Rey y le contó todo lo
-sucedido. El Rey se sintió doblemente feliz y aliviado al oir la
-relación del niño, primeramente de verse libre de aquella mujer que le
-había hecho perder su personalidad; y segundo, de saber que aquel niño a
-quien tanto cariño había tomado, era su hijo.
-
-Se casó nuevamente con la madre del niño y hubo grandes fiestas en
-palacio. El pueblo también se divirtió, porque el Rey quiso que todos se
-alegrasen. Lo pasado sirvió de lección al soberano, que en adelante fué
-bueno con su pueblo y gobernó justicieramente. Las seis compañeras de la
-nueva Reina se casaron cada una con un grande de la Corte y fueron muy
-felices.
-
-Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento por la mar adentro.
-
-
-
-
-11. EL MIÑIQUE.
-
-(Referido por el niño Mannel Oporto, de 14 años, de Temuco, que lo oyó
-contar en Santiago en 1911)
-
-
-Para saber y contar y contar para aprender. Estos eran dos viejecitos
-muy pobres y muy desgraciados. El marido era aguador y la mujer
-lavandera; pero por más que trabajaban, el dinero que recibían apenas
-les alcanzaba para no morirse de hambre.
-
-Una noche que hablaban de su pobreza y de su soledad, dijo la viejecita:
-
---Si siquiera hubiéramos tenido un hijo, aunque hubiera sido chiquitito,
-nos habría ayudado a pasar sin tantas escaceses y habríamos tenido con
-quien conversar en las noches y quien nos cuidara cuando hubiésemos
-caído enfermos.
-
---Así es, respondió el aguador; pero, ¿qué sacamos con hablar de estas
-cosas?
-
---Tendrán el hijo que desean--dijo una voz que venía del techo.
-
-Los dos ancianos se miraron asustados; y como era tarde, se acostaron y
-se quedaron profundamente dormidos.
-
-Al otro día se levantaron de madrugada, como de costumbre; el viejecito
-se fué a acarrear agua para sus parroquianos, y su mujer se puso a lavar
-ropa.
-
-Apenas se había puesto la lavandera a su trabajo, sintió que por entre
-el brazo derecho y la manga de la camisa le andaba algo, y creyendo que
-podía ser una lagartija u otro bicho, se asustó y sacudió el brazo.
-Sintió caer algo en la artesa; pero aunque nada vió, oyó una vocesita
-atiplada, que decía:
-
---Mamita, sáqueme luego del agua, que me ahogo. Buscó la anciana y
-después de fijarse mucho descubrió una guagua tan pequeñita que apenas
-se veía y que movía pies y manos en el agua jabonada, como si nadara.
-
-Los viejos lo criaron con todo cariño y cuidado y como era tan
-chiquitín, lo llamaron Miñique, nombre que le venía muy bien, porque, en
-verdad, el niño nunca fué más grande que el menor de los dedos de la
-mano.
-
-En lo único que creció Miñique fué en fuerzas, que llegó a tenerlas
-prodigiosas; y en voz, que cuando gritaba, era más recia que la de
-cualquier hombre.
-
-Los ancianos lograron ocultar la existencia del niño, que ni siquiera
-era sospechada de nadie. Era tan lindo, que temían se lo robaran, y el
-conversar y entretenerse con él era el único consuelo que tenían.
-
-Pasaron siete años y los viejecitos se pusieron tan achacosos que no
-podían trabajar y el dinero se les concluía.
-
-Treinta centavos no más les quedaban, cuando la antigua lavandera le
-dijo a Miñique:
-
---Hijito, tome este diez, y vaya a la carnicería y me lo compra de
-carne.
-
-Fué el Miñique a la carnicería y golpeó en el mostrador. El carnicero
-miraba y como a nadie veía, dijo:
-
---¿Quién golpea?
-
---Yo, el Miñique--le contestó un vozarrón que llegó a
-asustarlo:--véndame un diez de carne.
-
-Se asomó el carnicero por encima del mostrador y después de algún
-trabajo logró ver a un hombrecito que apenas se levantaba unos diez
-centímetros del suelo.
-
---¿Y de dónde vas a sacar fuerzas para llevarte diez centavos de carne?
-El trozo que te diera sería muy pesado para ti.
-
---Pero, señor, ¿que quiere reírse de mí? ¡Si un buey entero me da, soy
-capaz de llevarme el buey!
-
---Bueno, replicó el carnicero; dame el diez y te llevas ese buey que
-está colgado en la puerta.
-
-Esto que oye el Miñique, se echa el buey al hombro y se lanza a correr
-con su carga. El carnicero se quedó con la boca abierta, alelado, sin
-acertar ni a moverse; y toda la gente que transitaba por la calle se
-hacía cruces, pues no se explicaba como podía correr un animal
-despostado y con las patas hacia arriba; porque al Miñique, como era muy
-chiquitito y estaba debajo del animal, nadie lo veía.
-
-Los viejecitos se pusieron muy contentos con la adquisición del Miñique,
-y le dijeron que fuese a comprar cinco centavos de pan.
-
-Se fué el Miñique corriendo a la panadería y se puso a golpear en el
-mostrador. El panadero sentía los golpes, pero no veía a nadie.
-
---¿Quién golpea?--preguntó.
-
---Yo, el Miñique--contestó el niño, con voz formidable.--Deme un cinco
-de pan.
-
-El panadero se inclinó sobre el mostrador y, asustado de ver aquel
-pedacito de hombre, le dijo:
-
---¿Y cómo podrás llevar, siendo tan chico cinco centavos de pan?
-
---Las cosas de Ud.; ¿que cómo me los llevaré? Pues, lo mismo que se lo
-lleva toda la gente que viene a comprarle. Si me da lleno de pan aquel
-gran canasto que está sobre el mostrador, verá Ud. que me lo llevo muy
-bien.
-
---Dame los cinco centavos y llévate el canasto.
-
---Tome el cinco, y écheme el canasto al hombro.
-
-Cogió el panadero la pequeña moneda, y, temiendo aplastar al Miñique con
-el peso del canasto, con mucho cuidado se lo colocó encima.
-
-Apenas sintió el Miñique que tenía el canasto en sus hombros, echó a
-correr como si la carga que llevaba fuese una pluma; y aquí fué la
-admiración del panadero, y de todos los que pasaban por la calle, que
-veían como un canasto corría solo sin que nadie lo empujara o lo llevara
-tras de sí.
-
-Llenos de alegría recibieron los viejos al Miñique; y muy pronto se
-sentaron a comer un buen asado. El viejecito dijo:
-
---Dejaremos carne para dos días, y la demás la haremos charqui mañana y
-así tendremos para comer mucho tiempo.
-
-Siguieron conversando muy contentos. En la noche dijo la anciana:
-
---¡Quién pudiera tomar un matecito!
-
---Mamita, le dijo el niño, déme diez centavos y yo le traeré un cinco de
-azúcar y otro cinco de yerba.
-
---Aquí tiene, hijito.
-
-Salió el Miñique y se dirigió al almacén de la esquina.
-
---¿Quién golpea?--preguntó el despachero.
-
---El Miñique,--contestó el niño.--Deme un cinco de azúcar y un cinco de
-yerba.
-
-Se asomó el comerciante por encima del mostrador y cuando vió aquel
-pergenio, le dijo:
-
---Pero, niño, ¿y cómo vas a llevar el azúcar y la yerba? Es mucho para
-ti.
-
---No tenga cuidado por eso, señor, que si por un 5 me da un cajón de
-azúcar y por otro 5 un barril de yerba, yo me los llevaré solito, sin
-que nadie me ayude.
-
---Bueno, pásame los 10 centavos y llévate aquel cajón y aquel barril.
-
---Aquí tiene el 10; pero amarre el barril encima del cajón y después me
-los echa a la espalda y verá bueno. No sabe usted las fuerzas que tengo.
-
-El despachero se reía de lo que le decía el Miñique, que creía eran
-puras bromas; sin embargo, hizo lo que el niño le pidió, y al cargar el
-enorme bulto sobre el pequeñuelo le dijo:
-
---¡Cuidado, niño, no te vaya a aplastar!
-
---No tema nada; échemelo no más.
-
-Al sentir el Miñique que el bulto tocaba sus espaldas, se asió de la
-cuerda y echó a correr, dejando asombrado al almacenero.
-
-Es de imaginarse el gusto de los padres del Miñique cuando lo vieron
-llegar con su preciosa carga. Ya no se morirían de hambre: tenían
-bastante carne, pan, azúcar y yerba. ¿Qué más querían? Se tomaron sus
-buenos mates y se acostaron; y al otro día el viejo charquió la carne
-del buey.
-
-Cuando el charqui estuvo hecho dijo la viejecita:
-
---¡Quién tuviera algunas cebollitas para hacer un valdiviano!
-
---¿No le queda todavía un cinco, mamita? Démelo y yo le traeré cebollas.
-
-Le entregó la anciana el cinco, y al salir el niño a la calle se
-encontró uno de esos cortaplumas pequeñitos que algunas personas suelen
-usar como dije. Lo tomó, se lo guardó en la faltriquera y siguió su
-camino.
-
-A poco andar encontró a un cebollero, que llevaba su mercancía en dos
-grandes árgenas que pendían a uno y otro lado del caballo que montaba.
-
---Oiga, amigo--le gritó el Miñique--véndame un cinco de cebollas.
-
-El cebollero miraba a todas partes, pero no veía al comprador, a quien
-ocultaba la yerba que brotaba a la orilla de la acera.
-
---¡Que me venda un cinco de cebollas, le digo!--repitió el Miñique.
-
-Pero apenas concluyó de decir estas palabras, una vaca que venía por la
-misma calle comiendo la yerba que crecía en la orilla de la acera, junto
-con tragarse un puñado de ella, se tragó al Miñique. El Miñique siguió
-gritando desde adentro de la barriga del animal:
-
---¡Véndame luego el cinco de cebollas! ¡Mire que mi mamita me está
-esperando!
-
-El cebollero, casi se volvía loco buscando al que le hablaba, sin
-poderlo encontrar. ¿Cómo iba a figurarse que la voz salía de adentro de
-la vaca?
-
-Sólo al rato de haber sido tragado vino a darse cuenta el Miñique del
-lugar en que se encontraba; pero como era de ánimo esforzado, no se
-atemorizó, antes bien sacó su cortaplumas del bolsillo y poco a poco
-abrió un buen tajo en la guata del animal y salió por ahí, no muy limpio
-ni muy fragante, en verdad, pero sano y salvo. El animal cayó muerto a
-los pocos instantes, y el Miñique, cogiéndolo de la cola lo arrastró
-hasta su casa, en donde fué hecho charqui también.
-
-Inmediatamente de dejar la vaca en poder de sus padres, que lo lavaron y
-le cambiaron ropa, volvió el Miñique tras el cebollero, y habiéndolo
-alcanzado, le gritó:
-
---¿Qué hubo, amigo? Me vende o no el cinco de cebollas?
-
---Pero niño--respondió el cebollero,--¿cómo podrás llevar media docena
-de cebollas grandes? Una sola sería demasiado peso para ti.
-
---¿Qué se ha imaginado usted, señor cebollero? Si me da por el cinco las
-dos árgenas, verá que me las llevo yo solito, sin necesidad de pedir
-ayuda a nadie.
-
---Ya está, te doy las dos árgenas con cebollas por el cinco--le dijo el
-cebollero, pensando que eran simples bravatas las del chiquitín:--dame
-el cinco y aquí tienes las dos árgenas--agregó, bajándolas.
-
-Le entregó el Miñique la moneda y cogiendo las árgenas de la parte en
-que estaban unidas, apretó a correr, arrastrándolas tras de sí, con
-tanta ligereza, que en un momento se perdió de vista, dejando
-estupefacto al vendedor de cebollas.
-
-Con estas aventuras, la fama del Miñique se extendió por todo el país y
-el Rey manifestó deseos de conocerlo.
-
-Como la capital estaba lejos, el Miñique quiso ir a caballo y cogió una
-lauchita que domesticó fácilmente. De una horquilla de peinado hizo
-frenos y estribos; de un pedazo de cabritilla de guante viejo, la silla
-de montar; y de un cordón de zapatos las riendas y demás arreos; se
-colgó a la cintura, a manera de espada, el pequeño cortaplumas con la
-cuchillita abierta, y montando en su cabalgadura se dirigió a la capital
-del reino.
-
-Cuando llegó a palacio, fué la admiración de todos: el Rey, la Reina,
-los Príncipes, las Princesas, los señores y damas de la Corte, lo
-acogieron con entusiasmo; no sabían qué admirar más en él, si su pequeña
-estatura o sus fuerzas prodigiosas, o si su belleza o su voz
-estentórea. Fué calificado como la primera maravilla del reino, y el Rey
-quiso mantenerlo a su lado. Pero cuando el monarca le comunicó su
-decisión, el Miñique observó respetuosamente que no podía abandonar a
-sus padres, ancianos, achacosos y miserables, cuyo único sostén era él;
-si él les faltaba, los pobres viejos se morirían.
-
-Mucho le agradaron al Rey los buenos sentimientos del Miñique para con
-sus padres, a quienes hizo venir, les dió habitación en palacio y
-proveyó a todas sus necesidades.
-
-El Miñique sirvió al Rey de modo extraordinario en una guerra a que fué
-provocado por sus enemigos; él solo bastó para mover toda la artillería,
-en ocasión de que los caballos se habían hecho muy escasos; y él
-también, con su voz potente, transmitió las órdenes del general en jefe.
-Por sus servicios fué condecorado y ascendido a capitán en el campo de
-batalla; y vivió el resto de sus días querido y agasajado de todos.
-
-
-
-
-12. LOS TRES CONSEJOS.
-
-(Contado por la Señora Clorinda B. de Somerville, en 1915)
-
-
-Han de saber que vivía en un pueblo un matrimonio muy bien avenido y que
-habría sido completamente feliz si la fortuna le hubiese prestado alguna
-ayuda; pero parece que se complacía en volverle las espaldas. Era inútil
-cuanto había hecho el marido, hombre bueno a carta cabal, para encontrar
-trabajo, porque nadie se lo proporcionaba. La mujer, que era una perla,
-cosía y bordaba a la perfección; pero, por desgracia, tampoco nadie la
-ayudaba. Tenían un hijo de unos doce años, bueno como ellos, estudioso e
-inteligente, que era su único consuelo; y sin embargo, su vista hacía
-sufrir al padre, porque pensaba en el triste porvenir que le aguardaba.
-
-Un día, Juan--así se llamaba nuestro hombre--tomó una determinación
-desesperada.
-
---Rosa,--dijo a su mujer--esta situación no puede continuar; si aquí no
-encuentro en qué ganar la vida, iré a buscarla fuera del pueblo; y como
-necesito llevar algún dinero para mis primeros gastos, venderemos los
-muebles que no te sean indispensables, y del producto tomaré yo una
-parte y te quedarás tú con la otra para subvenir a tus necesidades y a
-la de nuestro hijo, mientras encuentras costuras y yo vuelvo. Dios ha de
-permitir que nada les falte en mi ausencia y que ésta sea corta.
-
-La venta de los muebles produjo mil pesos. El tomó seiscientos, y con
-las lágrimas en los ojos se despidió de su mujer y su hijo.
-
-Al pasar por la casa de un compadre, excelente persona, pero un poco
-alocado--se dijo:
-
---Voy a despedirme de mi compadre y a recomendarle que cuide de su
-ahijado mientras yo regreso,--y entró.
-
---A despedirme de Ud. vengo, compadrito.
-
---¿A dónde va, compadre?
-
---A donde Dios quiera, pues. Voy a tentar suerte, a ver si encuentro
-trabajo en otra parte, ya que aquí no se gana ni para cigarros.
-
---Yo lo acompaño, compadre. ¿Cuánto lleva Ud. para el camino?
-
---Trescientos pesos.
-
---¡Lo que son las casualidades! yo también tengo aquí otros trescientos;
-me los echo al bolsillo y vamos andando.
-
-De mucho consuelo sirvió a Juan la compañía de su compadre, que era
-hombre alegre y decidor. Sus chistes le hacían reir y distraerse de la
-pena que le ocasionaba la separación de su familia, y conversando y
-conversando, marchaban sin sentir el camino.
-
-Después de andar una semana, llegaron a la plaza de una ciudad, y en una
-de sus esquinas vieron una muchedumbre de gente reunida. La natural
-curiosidad hizo que se acercaran y vieron en medio del grupo a un
-anciano que pregonaba:
-
---Tres consejos, señores, por sólo trescientos pesos; tres consejos que
-procurarán la fortuna y la felicidad a quién los conozca! Tres consejos,
-a cien pesos cada uno! ¿Nadie se interesa por ellos?
-
-Juan sintió como si una voz interior le ordenara comprarlos, y sin poder
-contenerse se acercó al anciano y le dijo:
-
---Yo los compro; aquí están los trescientos pesos.
-
-El anciano recibió el dinero y acercando sus labios al oído de Juan,
-murmuró:
-
---Estos son los tres consejos, que te harán feliz si los sigues en todo
-momento: No dejes lo viejo por lo mozo; No preguntes lo que no te
-importe; y No te dejes llevar de la primera nueva.
-
-Al apartarse Juan del anciano, todos lo miraban lastimosamente.
-
---Está loco,--decían.--¡Pobrecito!
-
-Su compadre le preguntó:
-
---Pero, compadre, por Dios, ¿qué ha hecho? ¿Que ha perdido el juicio?
-¿Que no ve que ese viejo es un miserable charlatán, que lo ha robado?
-
-Juan callaba y se decía:--Bien puede que así sea, pero también puede ser
-que todos se equivoquen;--y se proponía seguir los consejos que había
-recibido, cada vez que se le presentara la ocasión.
-
-Almorzaron y salieron de la ciudad, porque en ella había también escasez
-de trabajo; y poco después se encontraron con que el camino que seguían
-se dividía en dos, uno antiguo y otro recién construido. Preguntaron
-cuál de los dos era mejor y le contestaron que el viejo era muy largo e
-incómodo y por eso nadie transitaba por él, y que todo el mundo
-prefería el nuevo por ser nuevo, más cómodo y más corto.
-
-Juan, que se acordó del primer consejo que le había vendido el anciano,
-dijo a su compañero:
-
---Vámonos por el camino antiguo; acuérdese, compadre, del refrán que
-dice: _No dejes lo viejo por lo mozo ni lo cierto por lo dudoso_.
-
---No, compadre, dijo el otro, mejor es que sigamos por el nuevo para
-llegar más pronto.
-
---Yo, compadre, me voy por el viejo.
-
---Y yo por el nuevo, y verá cuál de los dos entra primero a la ciudad.
-Lo esperaré en la plaza.
-
-En verdad, el camino que tomó Juan, que había sido completamente
-abandonado hacía más de un año, era muy incómodo; estaba cubierto de
-matas de cardo y de toda clase de malezas, de charcos y de montones de
-piedras y de tierra, que dificultaban el paso; y sólo después de cuatro
-horas de penoso marchar logró salir de él y llegar a otra ciudad.
-
-Cuando Juan entró a la plaza, se asombró grandemente de no encontrar a
-su compadre, el cual, según sus cálculos, debía haber llegado más de una
-hora antes que él. No sabiendo qué pensar ni qué hacer, se sentó en un
-escaño a esperar los acontecimientos. De pronto, el ruido que producían
-varias personas que se acercaban lo sacó de su meditación y, poniéndose
-de pie se dirigió al grupo. ¡Cuál no sería el asombro del pobre Juan al
-ver que traían muerto a su compadre, que había sido acribillado a
-puñaladas en el camino nuevo para robarle la cartera! Juan lloró
-sinceramente a su amigo y no se separó de su cadáver hasta dejarlo
-sepultado.
-
-Juan se encontraba sin recursos, pero en fin estaba vivo; y del
-cementerio salió pensando que el primer consejo bien valía los cien
-pesos que le había costado; pero esto no lo salvaba de la triste
-situación en que se veía. Por suerte, al día siguiente, encontró
-ocupación, y aunque el trabajo era rudo y no muy bien remunerado, se
-propuso no salir de la ciudad. Como era económico y llevaba una vida
-tranquila y arreglada, logró reunir en los nueve años que vivió en ella
-algún dinero, y pensó entonces en volver a su pueblo a reunirse con su
-mujer y su hijo, de quienes en todo ese tiempo no había tenido noticias,
-a fin de establecerse y trabajar por su cuenta al lado de ellos.
-
-Se despidió de su jefe y de sus compañeros de trabajo, que sintieron su
-ida muy de veras, pues todos lo apreciaban por sus buenas prendas, y
-partió contento y lleno de ilusiones en el porvenir. Pero tal vez el
-ensimismamiento en que iba lo hizo equivocar el camino y tomó otro
-diferente del que pensaba seguir y de repente se encontró en medio de un
-espeso bosque.
-
-Era de noche y desesperaba ya de encontrar salida, cuando divisó una
-luz. Guiándose por ella, llegó a un gran palacio, y dirigiéndose a un
-hombre que estaba allí cerca, le preguntó quién era el dueño.--Nadie lo
-conoce; pero se sabe que el que entra a su casa nunca más sale de ella.
-
-Juan dijo:--Yo entraré. Entre morir comido de las fieras si duermo a la
-intemperie y correr la aventura de salvar estando adentro, prefiero lo
-último--y llamó a la puerta.
-
-Salió a abrir un criado muy bien vestido.
-
---¿Qué se le ofrece?--preguntó.
-
---Deseo que se me dé alojamiento por esta noche--respondió Juan.
-
---Aquí no se niega el alojamiento a nadie; pase a la sala mientras aviso
-al señor conde.
-
-Poco después entró un caballero de aspecto simpático y le dió la
-bienvenida. Conversaron un rato y al cabo de un momento el dueño de casa
-lo invitó a cenar y pasaron al comedor, una hermosa sala, por cierto,
-regiamente amueblada, como todo el palacio. Pero, una cosa llamó
-particularmente la atención de Juan y fué que en un extremo de la bien
-presentada mesa había una calavera colocada entre dos velas encendidas.
-Cuando tal vió, un estremecimiento nervioso recorrió todo su cuerpo,
-porque se acordó de lo que le había dicho el hombre que estaba cerca del
-palacio:--«El que entra a esta casa nunca más sale de ella».--Pero
-también vino inmediatamente a su memoria el segundo consejo del
-anciano:--No preguntes lo que no te importe;--y continuó la
-conversación, fingiendo toda indiferencia.
-
-Se sirvió la cena, y aunque la vista de la calavera le había quitado el
-apetito, no lo quiso manifestar, y comió con la mayor tranquilidad.
-
-Al fin de la comida, dos sirvientes condujeron al medio del comedor a
-una hermosa dama cargada de cadenas, y a una seña del conde comenzaron a
-azotarla sin piedad, hasta que, una vez que le corrió la sangre por la
-espalda, dejaron de martirizarla y se la llevaron.
-
-Juan miraba hacer y callaba.
-
-El conde estaba sorprendido de ver que su huésped no le dirigiese
-ninguna pregunta sobre lo que veía, a pesar de que él se valía de todos
-los medios posibles para que se las hiciese; pero el recuerdo del
-segundo consejo sellaba los labios de Juan.
-
-Terminada la cena, el conde invitó a Juan a visitar las demás
-habitaciones del palacio, y después de recorrerlas, nuestro hombre se
-limitó a alabar el buen gusto con que estaban adornadas y la riqueza de
-los muebles, por todo lo cual felicitó al propietario. Este le dijo:--No
-acepto sus felicitaciones hasta que concluyamos, y aún nos queda por ver
-lo mejor:--Y abriendo una puerta de bronce, se presentó a los ojos de
-Juan el espectáculo más horrible. No menos de cien esqueletos apoyados
-en las paredes rodeaban la enorme sala, y un sinnúmero de calaveras y de
-huesos sueltos cubrían todo el piso. Juan se extremeció por segunda vez,
-pero no habló ni media palabra.
-
---¿Qué le parece esto? le preguntó el conde.
-
---Que esta sala es posiblemente el cementerio de sus antepasados.
-
---No, señor mío. Todos los esqueletos y huesos que Ud. ve son de
-personas que fueron mis huéspedes, como Ud.; pero todas ellas me
-preguntaron qué significaba la calavera alumbrada por dos velas que
-tenía en la mesa del comedor; quién era la dama que azotaban mis criados
-y por qué la maltrataban; y yo, que había jurado matar a todo el que me
-dirigiera estas preguntas, en vez de contestárselas los hacía
-estrangular. La dama que mis sirvientes llevaron encadenada al comedor y
-azotaron tan cruelmente, es mi mujer, y recibe ese castigo por haber
-faltado a la fe que me debía; y la calavera que está en la mesa, es la
-de su cómplice, a quien maté con mis propias manos. Usted es un hombre
-extraordinario; es Ud. el único que, en diez años que pasaron estos
-acontecimientos, no me ha hecho ninguna pregunta; y como mi juramento
-agregaba que dejaría de heredero de todos mis bienes al primero que no
-me las hiciera, mañana entregaré a Ud. el testamento en que lo
-constituyo mi heredero universal.
-
-Cuando Juan despertó al siguiente día, encontró el testamento ofrecido
-sobre el velador. Se levantó apresuradamente para agradecer al conde su
-generosa determinación, salió de su cuarto para preguntar si ya se había
-levantado y vió todo el palacio enlutado y a los criados vestidos de
-negro.
-
---¿Qué ocurre?--les preguntó.
-
---El señor ha amanecido muerto.
-
---Muy afligido puso a Juan esta noticia, y lloró de corazón la muerte de
-su benefactor.
-
-Al otro día, después de sepultar los restos del fallecido, Juan convocó
-a la servidumbre y les leyó el testamento. Todos le reconocieron
-inmediatamente por su patrón.
-
-Juan dijo al mayordomo:
-
---Yo voy a partir en busca de mi mujer y de mi hijo para establecernos
-aquí; pero mientras tanto querría que no se martirizara más a la esposa
-del antiguo amo de este palacio; creo que ha purgado bien su falta y
-que, si su marido no la perdonó, ya Dios la habrá perdonado. Atiéndasela
-en mi ausencia de modo que nada le falte y que descanse en sus últimos
-días.
-
---Señor, la señora condesa amaneció muerta esta mañana.
-
-Dispuso Juan que se la sepultase dignamente, y montando en un hermoso
-caballo y con la cartera repleta de buenos billetes partió a buscar a su
-esposa y a su hijo.
-
-A pesar de las tétricas aventuras que le habían pasado, iba contento por
-el camino, y pensaba:--¡Qué bien hice en comprarle los tres consejos al
-anciano! Bien vale el segundo los cien pesos que di por él!
-
-Cuando llegó a su pueblo no le conocieron. Preguntó por su mujer y le
-dijeron que se había ido con un hijo que tenía, un año después de haber
-sido abandonada por su marido, pero no sabían a dónde. Entonces picó
-espuelas a su caballo y después de algunos días de marcha llegó a una
-gran ciudad, en la que, a fuerza de preguntar, le dieron noticias de
-ella. Le dijeron donde vivía y que, aunque a nadie molestaba, también
-nadie la visitaba, con excepción de un clérigo que todos los días iba a
-verla. Y esto se lo dijeron con cierto retintín nada tranquilizador.
-
-Pero Juan se acordó a tiempo del tercer consejo, y aquietado, fué a la
-casa y llamó. La sirvienta le dijo que la señora no recibía a nadie,
-pero él insistió en verla diciéndole que era muy amigo de su marido y
-que le traía muy buenas noticias de él. Con este recado, la señora lo
-recibió inmediatamente. El, sin darse a conocer, estuvo conversando con
-Rosa un buen rato y le inventó una historia cualquiera de su marido.
-Contándosela estaba, cuando entró un joven clérigo. Rosa se lo presentó
-diciéndole que era su hijo, a quien había logrado educar a costa de
-grandes sacrificios, que por suerte estaban plenamente compensados, pues
-el joven era muy bueno con ella y era su único sostén. Y mientras decía
-esto lo acariciaba cariñosamente.
-
-Juan entonces se dió a conocer y es de imaginarse cuán grande sería la
-alegría de los tres.
-
-Pasadas las primeras espanciones, Juan refirió su verdadera historia, y
-después de descansar tres días partieron los tres a intaslarse en el
-palacio que el conde había dejado a Juan.
-
-Nuestro héroe pensaba por el camino:
-
---¡Qué bien hice en seguir el tercer consejo del anciano! Si no es que
-lo recuerdo a tiempo, mato a mi mujer, y yo y mi hijo habríamos sido
-desgraciados para siempre! ¡Feliz consejo! Qué bien dados fueron los
-cien pesos que pagué por ti!
-
-Juan y Rosa y su hijo vivieron muchos años en el palacio, siendo
-bendecidos de todos, pues la enorme fortuna que poseían les permitía
-practicar grandes obras de caridad.
-
-
-
-
-13. EL LORO ADIVINO.
-
-(Referido por José Luis Pino, de 20 años, de Rancagua, en 1912)
-
-
-Para saber y contar, aprender y escuchar. Esta era una perrita muerta
-que me quería morder, y yo, como estaba vivo, me supe defender. Este era
-un hombre que tenía dos hijos, uno era más grande y el otro era más
-chico, uno se llamaba Pancho y el otro Francisco, uno comía pan y el
-otro ballico. Fin del principio y principio del fin.
-
-Han de saber que en una ciudad, capital de un reino, vivía una viuda
-pobre, pero hacendosa, que tenía tres hijas muy bellas, que se llamaban
-Flor Rosa, Flor Hortensia y Flor María; las había criado muy bien, y
-eran honestas, modestas y trabajadoras. Los vecinos apreciaban mucho a
-esta familia y se deshacían en alabanzas cuando hablaban de ella; que es
-cuanto puede decirse en su favor.
-
-Sucedió que una noche en que las tres niñas cosían empeñosamente, porque
-al otro día temprano tenían que entregar un traje de novia, conversaban
-haciéndose bromas para acortar las horas. Las alegres carcajadas que
-provocaban sus dichos atrajeron la atención del Rey, que casualmente
-pasaba en ese momento frente a la puerta de la casa de la viuda, y se
-detuvo a escuchar lo que decían. Hablaban de casamiento.
-
---A ver, Flor-Rosa,--decía una de ellas,--si pudieras escoger ¿con quién
-te casarías?
-
---¡Vaya una pregunta! pues con el pastelero del Rey, para comer todos
-los días sabrosos pasteles. ¿Y tú, Flor-Hortensia?
-
---¿Yo? Yo me contentaría con el cocinero del Rey, y entonces comería los
-mejores guisados que se hacen en el país. ¿Y tú, Flor-María?
-
---Si en mí estuviese, yo me casaría con el Rey y le daría dos hijos y
-una hija, que serían los más bellos de la tierra y tendrían el Sol, el
-Lucero y la Luna en la frente.
-
-El Rey se retiró y al otro día se presentó en la casa de la viuda
-acompañado de sus Ministros, de su pastelero y de su cocinero.
-
---Vengo--dijo--a cumplir los deseos de vuestras hijas. ¿Cuál es
-Flor-Rosa?
-
-Flor-Rosa se adelantó.
-
---Te casarás con mi pastelero y tendrás veinte mil pesos de dote. ¿Cuál
-de las dos que queda es Flor-Hortensia?
-
-Flor-Hortensia se presentó ante el Rey.
-
---Te casarás con mi cocinero y también tendrás veinte mil pesos de dote.
-Y tú, Flor-María, te casarás conmigo; pero tendrás que darme dos hijos
-y una hija que tengan el Sol, el Lucero y la Luna en su frente, como lo
-has prometido.
-
-Se celebraron las bodas, y todo en apariencia marchó bien durante los
-primeros meses; pero la envidia se había apoderado del corazón de las
-dos hermanas mayores, que a toda costa querían la pérdida de la Reina.
-
-Poco antes de enterarse los nueve meses de matrimonio, un Rey vecino
-declaró la guerra al marido de Flor-María, que tuvo que salir
-apresuradamente con su ejército a defenderse del enemigo; pero antes de
-partir recomendó a sus cuñadas que cuidaran de su mujer.
-
-Días después la Reina tuvo dos hijos y una hija: los tres, que eran
-hermosísimos lucían en su frente, un Sol el que primero había nacido; el
-segundo un Lucero, y la niña la Luna llena.
-
-Flor-Rosa y Flor-Hortensia, que asistían a su hermana, encontraron que
-no podía ser más propicia esta ocasión para saciar su envidia; y
-cambiaron los niños que acababan de nacer por tres perrillos que en la
-mañana había tenido una perra de Flor-Rosa. Cuando Flor-María pidió sus
-hijos para verlos, le pasaron los tres animalitos.
-
-Las hermanas de la Reina mandaron un propio al campamento a dar al Rey
-la triste nueva, que ambas envidiosas habían cuidado de hacer pública y
-que ya todos conocían en el país. El Rey mandó decir que emparedaran a
-la Reina y no dejaran sino un pequeño ventanillo en la muralla, del
-tamaño indispensable para poderle pasar todos los días un pan y un vaso
-de agua, único alimento que tendría hasta que Dios se sirviese llevarla.
-
-Mientras tanto Flor-Rosa había colocado a las tres criaturas en una
-artesa que depositó en un arroyo que corría a los pies del palacio.
-
-Un hortelano que vivía más abajo del palacio sacaba agua del arroyo
-justamente en el momento que la artesa pasaba por ahí y metiéndose en el
-agua, la sacó.
-
-La mujer del hortelano, una robusta campesina que también había tenido
-una guagua en la noche anterior y se le había muerto recién nacida, en
-cuanto vió a los tres pequeñuelos que le presentaba su marido, tan
-bellos tan risueños, dijo que los criaría y cuidaría como si fueran sus
-propios hijos.
-
-Los niños recibieron los nombres de los astros que cada uno llevaba en
-su frente; de modo que el que había nacido primero se llamó Sol; el
-segundo Lucero; y la niña, Luna.
-
-Los tres crecieron creyendo que eran hijos del honrado hortelano y de su
-mujer y amándolos y respetándolos como si hubiesen sido sus padres
-verdaderos.
-
-Trascurrieron algunos años y murió la excelente mujer que los había
-críado.
-
-Los niños, a medida que crecían en edad, crecían en hermosura; pero
-desde pequeñitos los habían acostumbrado a llevar un pañuelo que les
-cubría la frente y la cabeza, así es que nadie sabía que cada uno de
-ellos tenía un astro en la frente.
-
-A los doce años, el hortelano se enfermó gravemente; llamó a los niños y
-les contó su historia. Poco después murió y los dejó de herederos.
-
-Terminado el luto que guardaron por él, dijo Sol a sus hermanos:
-
---Voy a salir a buscar a nuestros padres; y mientras tanto Uds. se
-sostendrán con el producto de la huerta.
-
-Lucero y Luna no querían que se fuese, pero él les dijo que era
-necesario, y partió apercibido de dinero y provisiones para un mes.
-
-Anduvo Sol varios días sin tropezar con nadie, hasta que, por fin, al
-terminar la semana, se encontró con una viejecita muy simpática, que le
-pidió una limosna. El niño le dió un pedacito de pan y otro de queso. La
-viejecita le dió las gracias y le preguntó:
-
---¿A dónde va, hijito?
-
---A buscar a mis padres, a quienes no conozco ni sé dónde se
-encuentran,--le contestó Sol--y le contó su historia.
-
-La viejecita le dijo:
-
---Para encontrarlos, necesita apoderarte del Arbol que canta, del Agua
-de la vida y del Loro adivino; y yo lo ayudaré a dar con ellos.
-
-Y entregándole tres gruesos ovillos de hilo, le agregó:
-
---Ande todo el largo del hilo que contienen estos ovillos y llegará al
-palacio de un Rey ciego; él le dirá lo que tiene que hacer para
-encontrar lo que busca.
-
-Ató el niño la punta de la hebra de uno de los ovillos al tronco de un
-árbol, y despidiéndose de la viejecita se fué, desenrollando el ovillo;
-concluido éste, hizo lo mismo con el segundo, y después con el tercero,
-y por fin llegó donde el Rey ciego.
-
-El Rey le preguntó:
-
---¿Qué desea, joven?
-
---Vengo de parte de una viejecita que me entregó tres ovillos de hilo y
-me dijo que su Sacra y Real Majestad me diría cómo debía hacer para
-apoderarme del Arbol que canta, del Agua de la vida y del Loro adivino,
-por medio de los cuales podría encontrar a mis padres.
-
---Para alcanzar todas estas cosas, monta en el caballo que luego van a
-traerte y lo dejas ir; él, por si solo, te llevará hasta el Arbol que
-canta, del cual tomarás nada más que el cogollo, que basta, pues,
-plantado, en tres días será tan corpulento como el Arbol mismo y cantará
-como él. El Arbol te dirá lo que debes hacer en seguida. Cuidado con
-incomodar al caballo en lo más mínimo, porque, en cuanto se sienta
-molestado se deshará de tí y no conseguirás nada.
-
-Si logras salir bien en tu empresa, pasas a verme a la vuelta.
-
-Sol prometió obedecer en todo, se despidió del Rey ciego y montó en el
-caballo que le acababan de traer, que, en cuanto sintió el peso de su
-jinete, partió a toda velocidad.
-
-Después de siete días de marcha, llegaron caballo y caballero a una
-plazoleta cubierta de menudo césped y rodeada de hermosos árboles a cuya
-entrada había dos enormes montones de piedras. El caballo, que hasta
-entonces se había limitado a correr en línea recta, se puso a hacer
-cabriolas alrededor de la plazoleta; y Sol, entusiasmado de los
-movimientos elegantes del animal, le clavó las espuelas, en un momento
-en que se detuvo, para que continuara; pero el bruto, dando un salto, lo
-sacó de la silla y lo disparó lejos, convirtiéndose el niño en piedra al
-tocar el suelo.
-
-Trascurrieron treinta días desde la partida de Sol, y Lucero y Luna
-perdieron la esperanza de que volviera. Entonces acordaron que Lucero
-saliese a buscarlo.
-
-Tomó Lucero un poco de dinero y provisiones para un mes y con un abrazo
-se despidió de su hermana, prometiendo volver antes de los treinta días.
-
-A los siete de marcha, le salió al encuentro la misma viejecita que
-había hablado con Sol.
-
---¡Una limosnita, mi caballerito!
-
-Lucero le dió un pan y un buen pedazo de queso.
-
---¡Gracias, hijito! ¿Y se puede saber a dónde va?
-
---¡Cómo no! Voy en busca de mis padres, a quienes no conozco, ni sé
-siquiera dónde se encuentran, y de mi hermano mayor, que hace más de un
-mes salió de la casa, en la misma diligencia que yo y aún no ha vuelto.
-
-Lucero contó su historia a la viejecita, que la escuchó atentamente como
-si no la conociera, y una vez que terminó, le dió las mismas
-instrucciones que a su hermano y le entregó los tres ovillos.
-
-Llegó Lucero al palacio del Rey ciego, quien, con las correspondientes
-recomendaciones, le hizo entregar el caballo.
-
-Cuando estuvieron en la plazoleta, el caballo se puso a bailar
-alrededor del árbol, pero Lucero permaneció tranquilo hasta que el bruto
-se detuvo. Se bajó entonces, y con algún trabajo pudo subir por el
-tronco hasta el cogollo, que cortó.
-
-En cuanto Lucero estuvo en tierra, el Arbol comenzó a cantar
-melodiosamente, y cantando dijo al niño:
-
---Sigue el camino que está al frente de tí, y donde termina encontrarás
-un pozo; toma una jarro que hallarás a su lado, y sentándote en el
-brocal, espera que las aguas suban hasta llegar al borde; entonces
-solamente llenarás el jarro. En seguida viertes un poco del agua que
-saques sobre las piedras que encuentres alrededor del pozo y a la
-entrada de esta plazoleta, sin temor de que el agua se acabe, porque es
-inagotable, y verás que las piedras se convierten inmediatamente en
-hombres, pues lo son, y entre ellos está tu hermano, que se han
-convertido en guijarros por no seguir fielmente las instrucciones que
-recibieron del Rey ciego, ni las que yo les dí.
-
-Llegó Lucero al pozo, tomó el jarro y se sentó en el brocal, esperando
-que las aguas, que subían con una lentitud desesperante, alcanzaran
-hasta arriba; pero transcurrían las horas, una tras otra, se acercaba la
-noche, y aún faltaba medio metro para que las aguas tocaran el borde del
-brocal. El niño era nervioso y no aguantó más; se inclinó hacia el
-interior, introdujo el jarro en el agua, pero apenas tocó el líquido,
-una fuerza violenta lo arrojó hacia atrás y al caer en el suelo quedó,
-como su hermano, convertido en piedra.
-
-Luna esperó pacientemente la vuelta de Lucero; pero trascurrió el mes y
-no apareció. Tomó entonces dinero y provisiones para un largo viaje y se
-puso en marcha, dispuesta a no regresar sin sus hermanos.
-
-A los siete días de camino se encontró con la viejecita.
-
---¡Una limosnita, mi señorita, para esta pobre vieja!
-
---¡Cómo no, mamita! ¡Con mucho gusto! Y dígame antes ¿vive usted sola?
-
---No, mi hijita, me acompañan siete nietecitos, que no tienen padre ni
-madre y cuyo único sostén es esta pobre vieja desvalida.
-
-La niña, que era muy bondadosa y compasiva entregó a la anciana la mitad
-de las provisiones y del dinero que llevaba. La viejecita se deshizo en
-agradecimientos, y le preguntó:
-
---¿A dónde va, mi hijita?
-
---En busca de mis padres a quienes no conozco ni sé dónde se encuentran,
-y de dos hermanos que salieron con el mismo objeto y que no han vuelto,
-a pesar de haber transcurrido de más el plazo que fijaron para su
-regreso. Y le contó su historia.
-
---Yo, hijita, la ayudaré a encontrarlos, y créame que los encontrará. El
-bien que se hace, tiene que ser premiado. Tome estos tres ovillos de
-hilo y ande todo el largo de ellos; al concluirlos, llegará al palacio
-de un Rey ciego, quien le indicará lo que debe hacer en seguida.
-
-Anduvo la hermosa niña hasta concluir los tres ovillos de hilo, en lo
-cual demoró siete días completos. Entró al palacio del Rey ciego, que la
-recibió afablemente y le dió las mismas instrucciones que a sus
-hermanos. Cuando le trajeron el caballo, lo acarició pasándole la mano
-por la cabeza y por el cuello, y le decía:
-
---¡Qué pelo tan suave! Si parece que fuera de seda. ¡Qué caballo tiene
-vuestra Majestad, señor Rey! Yo nunca he visto otro de tan buen porte y
-tan proporcionado como éste!
-
-El caballo, como si comprendiera las alabanzas de la niña, relinchaba
-alegremente.
-
-Montó Luna en él, y despidiéndose del Rey, partió a toda carrera.
-
-Más o menos a medio día llegaron a un hermoso prado atravesado por un
-arroyuelo de limpidísimas aguas. La niña invitó al caballo a que se
-detuviera para bajarse, y el animal se paró. Descendió la niña, le quitó
-el freno y le dijo, acariciándolo:
-
---Come, caballito lindo, y bebe y descansa que bastante falta te hace,
-pues has corrido tanto y debes sentirte fatigado.
-
-Después de solazarse el caballo un par de horas, él mismo se acercó a
-Luna, que volvió a montar y continuó su marcha.
-
-Todos los días, hasta completar el séptimo, que llegaron a la plazoleta,
-Luna dió dos horas de descanso a su cabalgadura, escogiendo siempre los
-sitios mejor empastados y con buena agua, para que el noble bruto
-pudiera reponerse.
-
-El caballo dejó su preciosa carga cerca del Arbol, el cual
-inmediatamente se puso a cantar las más armoniosas melodías, e inclinó
-su copa hacia la niña, como si la convidara a cortar el cogollo; lo
-cual, ejecutado por Luna, el Arbol la invitó a que fuera a traer el agua
-de la vida.
-
-Cuando la niña llegó al pozo, el agua alcanzaba al borde del brocal, así
-es que inmediatamente llenó el jarro sin dificultad. En el mismo momento
-en que Luna introducía el jarro en el agua, un hermosísimo loro de
-brillantes y variadas plumas se posó en su hombro derecho y la saludó:
-
---Buenos días, bella Luna.
-
---Buenos los tengas tú, preciosa ave. ¿Eres tal vez el Loro adivino, que
-me ayudará a encontrar a mis padres?
-
---Sí, yo soy. Apresúrate a verter agua de la vida sobre las piedras para
-que volvamos pronto al palacio del Rey ciego e irnos, en seguida, a tu
-casa.
-
-Comenzó la niña a echar agua sobre las piedras que rodeaban el brocal
-del pozo, y al mojar la primera se levantó Lucero, que abrazó
-cariñosamente a su hermano. Apenas el agua tocaba una piedra, se alzaba
-un hombre: un conde, un marqués, un príncipe. Continuó con las que
-estaban a la entrada de la plazoleta, y al caer el agua sobre la primera
-de éstas, apareció Sol. Los tres hermanos se estrecharon entre sus
-brazos, y Sol y Lucero agobiaban a Luna a preguntas, que ella contestaba
-risueña, sin dejar de echar agua sobre las piedras. Terminada esta
-tarea, montó a caballo y salió de la plazoleta seguida de una multitud
-de apuestos jóvenes, que lanzaban hurras y vivas a su libertadora: jamás
-rey ni reina llevó tan numeroso y escogido séquito ni fueron tan
-aclamados como lo fué Luna en esta ocasión.
-
-A poca distancia de la plazoleta la avenida se dividía en tres caminos,
-y allí se despidieron todos de los tres hermanos, tomando cada cual el
-que le convenía. Sol, Lucero y Luna siguieron por el que conducía al
-palacio del Rey ciego, al que llegaron en breve tiempo, porque parece
-que las distancias se habían acortado.
-
-Se desmontó la niña del caballo y el Loro le dijo al oído:
-
---Humedece con el agua de la vida los ojos del Rey y en seguida arroja
-un poco de la misma agua a la cabeza del caballo.
-
-La niña obedeció, y el Rey recobró la vista y el caballo se convirtió
-instantáneamente en el más hermoso y gallardo príncipe que haya pisado
-la tierra. El Rey y el Príncipe se abrazaron tiernamente.
-
---¡Por fin han terminado nuestras penas--dijo el Rey--gracias a esta
-heroica niña!
-
-Y refirió a los tres hermanos que hacía veintiún años que una bruja, su
-enemiga, lo había dejado ciego a él y había encantado a su hijo,
-situaciones que debían durar hasta que alguien se apoderara del Arbol
-que canta, del Agua de la vida y del Loro adivino.
-
-El Príncipe, que se había enamorado de Luna, pidió a su padre que lo
-dejara casarse con ella, si ella lo aceptaba por esposo. Luna manifestó
-su alegría ante tal petición; pero el Rey les observó que, aun cuando él
-aceptaba plenamente esta unión, era menester esperar que los niños
-encontraran a sus padres para pedirla en matrimonio. Se convino en que
-se haría así, y al otro día partieron nuestros pequeños héroes.
-
-Cuando nuestros viajantes llegaron a su casa, Luna plantó la rama del
-Arbol que canta en medio del jardín, y en tres días había crecido tanto
-y estaba tan corpulento como el árbol de que provenía. El Loro adivino
-vivía en sus ramas y solía acompañar en sus cantos al Arbol, que era la
-delicia de todo el vecindario.
-
-La fama de este Arbol maravilloso se extendió por todo el país y bien
-pronto llegó a oídos del Rey, que quiso conocerlo; y al efecto,
-acompañado de la Corte, de sus cuñadas y de muchas damas, se trasladó a
-la casa de los niños.
-
-Lo primero que llamó la atención de todos fué la hermosura incomparable
-de los tres hermanos y la simpatía que despertaban.
-
-Parecía que el Arbol hubiese reservado sus mejores cantos para esta
-visita: las melodías que entonó eran tan dulces, tan suaves, tan
-armoniosas, que el Rey y su comitiva se quedaron extasiados escuchándolo
-y las horas pasaron sin sentirlas.
-
-De pronto el Arbol calló y poco a poco el auditorio volvió en sí. El Rey
-fué el primero en hablar:
-
---¡Qué cosa tan extraordinaria--dijo--que un árbol cante!
-
-El Loro habló entonces, con voz entera y clara, que todos oyeron
-perfectamente:
-
---Es verdad, su Majestad, que es muy extraordinario; pero no tanto como
-el que una mujer dé a luz tres perros, en vez de tres criaturas, cosa
-que tan fácilmente hicieron creer a vuestra Majestad sus cuñadas.
-
---¿Cómo? ¿Qué dice ese Loro?
-
---Yo contaré a vuestra Majestad cómo pasaron las cosas. Pero ante todo,
-haga vuestra Majestad que amarren bien a sus cuñadas a un árbol, porque
-al ver que se van a poner en descubierto sus picardías, tratarán de
-escabullirse y huir. Y ordene también que inmediatamente saquen a la
-Reina de su entierro, porque si no sale luego de ahí, morirá; y que la
-traigan aquí, pues su presencia es necesaria.
-
-El Rey dispuso que, con fuertes correas, ataran a un árbol a las
-hermanas de su mujer, y que, sin demora, libraran a la Reina del
-emparedamiento en que estaba y la trajeran.
-
-Momentos después llegó la Reina en silla de manos. Los doce años de
-encierro y la falta de alimentos la habían convertido en un esqueleto
-viviente; no podía andar, ni tenía fuerzas para hablar. Pero Luna,
-apenas la vió, como impulsada por un resorte, corrió a su habitación y
-volviendo con el jarro del agua de la vida le dió a beber un trago. Al
-punto la Reina se levantó de la silla en que estaba sin ánimos y como
-muerta, revestida de su antigua juventud, belleza y esplendor; y al
-verla, los personajes de la Corte, sin poder contenerse, prorrumpieron
-en gritos de júbilo, aclamando a su soberana.
-
-El Loro pidió que le escucharan, y al instante se hizo el silencio mas
-profundo. Entonces refirió como las hermanas de la Reina corroídas por
-la envidia, aprovecharon la ausencia del Rey para substituir por tres
-perrillos despreciables los hermosos hijos que Flor-María había tenido y
-que, como lo había prometido, nacieron el uno con el Sol en la frente,
-el otro con el Lucero y la niña con la Luna llena; cómo Flor-Rosa los
-había echado al arroyo en una artesa y habían sido salvados por el
-hortelano; cómo se habían criado y crecido ignorando su origen; y por
-fin, cómo Luna había logrado conquistar al Arbol que canta, al Agua de
-la vida y al Loro adivino, que era él.
-
-El Rey preguntó:
-
---¿Y cómo podré encontrar a mis hijos?
-
---Ahí están, al lado de la Reina; que les quiten las fajas que cubren su
-frente y vuestra Majestad los reconocerá.
-
-La Reina se apresuró a descubrir la frente de sus hijos; y si bellos los
-había encontrado el Rey y los personajes de sus séquitos cuando entraron
-a la huerta, más hermosos aparecieron a su vista despojados del paño que
-les ocultaba la frente y la cabeza. La Reina no se cansaba de
-acariciarlos, y ellos le pagaban su cariño cubriéndola de besos y
-llamándola «mamacita querida».
-
-El Rey pidió perdón a su esposa por los sufrimientos que tan
-injustamente le había infligido y la Reina se lo acordó cumplidamente.
-
-Cuando se disponía a regresar a palacio, sintieron gran ruido, como si
-se acercara numerosa tropa de caballería, y luego se oyeron sones de
-trompetas y clarines.
-
-Eran el Rey que había recuperado la vista gracias a Luna, y el Príncipe
-su hijo, que venían a pedir la mano de la princesa, y que, previo
-consentimiento de la interesada, que lo dió de muy buen grado, le fué
-concedida.
-
-Las cuñadas del Rey, Flor-Rosa y Flor-Hortensia, fueron atadas de manos
-y pies a cuatro caballos, los que, partiendo cada uno en opuesta
-dirección, las descuartizaron.
-
-El matrimonio del Príncipe con Luna se celebró siete días después. Las
-fiestas de palacio y las organizadas para solaz del pueblo fueron tan
-espléndidas que todavía se alude a ellas en el reino cuando se quiere
-ponderar la magnificencia de alguna solemnidad.
-
-Los personajes de este cuento vivieron muchos años y todos fueron muy
-felices y venturosos.
-
-Y con esto se acaba el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la
-guatita al aire y el potito al viento.
-
-
-
-
-14. EL MEDIO POLLO[D].
-
-(Contado en 1906 por Polonia González, de 50 años, más o menos, natural
-de la provincia de Colchagua)
-
-
-Para saber y contar y contar para saber. Est’era y esterita para secar
-peritas; est’era y esterones para secar orejones.
-
-Est’era una Gallineta muy buena ponedora y muy buena sacadora; y una vez
-que puso veinte huevos, se echó y sacó diez y nueve pollitos no más y se
-levantó muy atingida porque había perdido un huevito.
-
-Bueno, pues. Principió la Gallinita a darle vueltas al huevito y conoció
-que estaba medio huero, y entonces pensó:
-
---Si me echo otra vez, saldrá cuando menos un medio pollito.--Y así fué
-que salió un medio pollito del cascaroncito.
-
-Bueno, pues. La Gallinita era muy querendonaza con sus hijitos; pero
-quería más que a ninguno al Medio-pollito, porque le tenía un cariño con
-lástima, porque cada vez que lo veía le daba pena del verlo que no podía
-volar, porque no tenía mas que una alita pues, y andaba a saltitos
-porque no tenía mas que una patita.
-
-Entonces el Medio-pollo fué creciendo y la Gallinita poniéndose
-viejancona, y no podía trabajar. Entonces el Medio-pollito le dijo a su
-mamita:
-
---Viejecita, écheme la bendición porque me voy a rodar tierras y no
-volveré hasta que tenga qué darle para que descanse.
-
-Bueno, pues. Entonces la Gallinita le echó la bendición al Medio-pollo y
-se quedó llorando y el Medio-pollo salió a rodar tierras y se fué a
-saltitos, porque no tenía más que una patita sola no más.
-
-Entonces el Medio-pollo anduvo muchos días sin encontrar trabajo; y un
-día que estaba escarbando con el pico en un montón de hojas, se encontró
-una naranjita de oro y casi se cagó del gusto y la escondió debajo de la
-alita y pensó:--Si se la llevo al Rey me dará gransitas para llevarle a
-mi mamita.
-
-Bueno pues. Se fué donde el Rey y en el camino se encontró con un
-Arriero que traía una recua muy grande de mulas y que venía de vuelta.
-
-Entonces el Medio-pollo le preguntó al Arriero:
-
---¿De dónde viene, mi Arrierito?
-
---Me he vuelto--es que le dijo el Arriero--porque el río trae mucha agua
-y no me animo a pasarlo porque se pueden ahogar las mulitas.
-
---Donde usted me ve--es que le dijo el Medio-pollo--yo lo voy a pasar no
-más, porque tengo que ir donde el Rey.
-
-Entonces le dijo el Arriero:
-
---¿Por qué no me lleváis con mis mulitas, Medio-pollo?
-
-Bueno--es que le dijo el Medio-pollo--
-
- Métete en mi potito
- y tráncate con un palito.
-
-Y entonces se metieron en el buche del Medio-pollo el Arriero y todas
-sus mulitas.
-
-Bueno. Entonces el Medio-pollo llegó al río, que venía muy anchazo de
-tanta agua que traía y se paró a la orilla y se puso a pensar:--Yo no
-puedo volar porque no tengo mas que una alita. ¿Qué hago yo? me voy a
-tomar toda la agüita para dejarlo seco y poder pasar.
-
-Y entonces el Medio-pollo se tomó toda el agua del río y pasó para el
-otro lado, y siguió marchando un día entero hasta que topó con un Tigre
-que estaba descansando en una piedra. Entonces el Medio-pollo es que le
-dijo:
-
---¿Qué hace ahí, compadrito Tigre?
-
---Tengo que ir donde el Rey--es que le dijo el Tigre--y estoy muy
-cansado. ¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito?
-
---Bueno--es que le dijo el Medio-pollo--
-
- Métete en mi potito
- y tráncate con un palito.
-
-Y entonces es que el Tigre se metió en el buche del Medio-pollo.
-
-Bueno, pues. Entonces el Medio-pollo la endilgó por el camino otro día
-más, hasta que se encontró con un León que estaba echado en un ladito.
-Entonces el Medio-pollo es que le dijo:
-
---¿Qué hace ahí, compadrito León?
-
---¡Qué he de hacer Medio-pollito!--es que le dijo el León.--Estoy medio
-despiado de tanto andar y tengo que ir a la casa del Rey y no puedo más.
-¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito?
-
---Bueno--es que le dijo el Medio-pollo--
-
- Métete en mi potito
- y tráncate con un palito.
-
-Y al tirito se metió el León en el buche del Medio-pollo.
-
-Todavía tuvo que andar un día más el Medio-pollo, hasta que tropezó con
-una Zorra que se estaba haciendo la dormida debajo de unos árboles.
-Entonces el Medio-pollo es que le dijo:
-
---¿Qué está haciendo ahí, mi comadrita Zorra?
-
-Y es que la Zorra le dijo:
-
---Aquí estoy, compadrito, medio muerta de hambre. Hace una pila de días
-que no como ni un racimito de uvas siquiera.
-
-Entonces es que le dijo el Medio-pollo:
-
---Yo la llevaré, comadrita, donde el Rey; pueda ser que le tenga lástima
-y le dé alguna cosita que comer.
-
- Métase en mi potito
- y tránquese con un palito.
-
-Bueno, pues. Se metió la Zorra en el buche del Medio-pollo y siguió
-andando hasta que topó con el palacio del Rey. Y entonces el
-Medio-pollo, cuando lo llevaron donde el Rey, es que le dijo:
-
---Mi Rey, mi soberano, aquí he venido desde muy lejazo para traerle a su
-Sacarrial Majestad esta naranjita de oro, que es regalo que yo le
-traigo.
-
-Bueno. Entonces el Rey agarró la naranjita y les dijo a sus pajes que
-llevaran al Medio-pollo al gallinero para que estuviera con todos sus
-compañeros, y les dijo que le echaran harta gransita, y harto triguito y
-maicito bastantazo, para que se llenara.
-
-Y entonces cuando dejaron al Medio-pollo en el gallinero, todos los
-gallos, las gallinas y los pavos se le fueron encima a picotearlo y casi
-se lo comieron vivo. Y entonces el Medio-pollo, cuando se vió acorralado
-y que me lo querían avasallar, se fué a un rinconcito, pujó un
-poquichicho y entonces salió la Zorra y se comió todos los gallos y
-toditas las gallinas y toditos los pavos, y no dejó ni unito, y se
-arrancó para la Cordillera; y entonces es que el Medio-pollo se comió
-todas las gransitas.
-
-Bueno, pues. Entonces al otro día fueron los pajes, con las claras, al
-gallinero para ver como había amanecido el Medio-pollo, y se quedaron
-todos patifríos cuando vieron que el Medio-pollo se había comido todas
-las aves, porque no sabían que se las había comido la Zorra; y entonces
-se fueron todos apurados donde el Rey y es que le dijeron:
-
---Señor, el Medio-pollo se ha comido todas las aves y no ha dejado una
-ni para un remedio.
-
-Entonces es que dijo el Rey:
-
---Bueno. ¿Qué hacemos entonces con el Medio-pollo? Yo no lo puedo matar
-porque me ha traído este regalo.
-
-Y es que un paje le dijo:
-
---Si a su Sacarrial Majestad le parece, lo echaremos al potrero donde
-están los caballos y los coches de su Majestad y pueda ser que los
-caballos lo maten a patadas.
-
---Bueno,--es que les dijo el Rey--; pero yo les prohibo que ustedes lo
-maten.
-
-Y lo echaron al potrero.
-
-Y entonces, cuando el pobrecito Medio-pollo se vió entre las patas de
-tantísima bestia, le dió miedo como un diablo, y arrimándose a un
-rinconcito, pujó un poquichicho y echó al León para afuera; y entonces
-el León se comió a todititos los caballos y no dejó ni unito ni para un
-remedio; y se arrancó para la Cordillera.
-
-Bueno, pues. Al otro día bien de albita, fueron los pajes a ver si los
-caballos habían matado al Medio-pollo, y casi se fueron de espaldas
-cuando vieron al Medio-pollo arriba de un árbol cantando a todo lo que
-le daba el pico, como haciéndoles burla porque se había comido todos los
-caballos. Así lo creían ellos, porque ellos no sabían que se los había
-comido el León. Y entonces se fueron corriendo donde el Rey y se lo
-contaron todo.
-
-Bueno. El Rey se quedó todo admirado y es que les dijo:
-
---Yo no puedo matar a ese Medio-pollo que me ha traído esta naranja de
-oro de regalo. Ustedes sabrán lo que con él hacen, pero les prohibo que
-lo maten.
-
-Bueno. Entonces el paje principal es que le dijo:
-
---Si su Sacarrial Majestad quiere, lo echamos a este Medio-pollo al
-potrero donde están las vacas y ahí lo matan con seguridad.
-
-El Rey no dijo nada; y entonces lo echaron al potrero de las vacas.
-
-Bueno, pues. El pobre Medio-pollito se vió todo afligido entremedio de
-las patas de tantísima vaca, y no hallaba qué hacerse, porque con el
-susto se le había olvidado que todavía tenía adentro del buche al Tigre;
-y entonces de puro miedo se le escapó un pedito, y donde se le abrió el
-potito salió el Tigre hecho una fiera y se comió todititas las vacas; y
-arrancó después para la Cordillera.
-
-Al otro día bien tempranito, con las diucas, se fueron los pajes para
-el potrero de las vacas, y cuando vieron que no quedaba ni una ni para
-un remedio, casi se cayeron muertos, y en nada estuvo que no se quedaron
-muertos de la rabia cuando vieron al Medio-pollo encaramado en una rama
-y que se reía de ellos y cantaba ¡cucurucú! ¡cucurucú!
-
-Bueno, pues. Se fueron entonces todos furiosos donde el Rey, y es que le
-dijeron:
-
---Señor, hay que matar a este Medio-pollo, porque tiene al diablo metido
-adentro del cuerpo; se ha comido en la noche todas las vacas, y si lo
-dejamos con vida nos va a comer a todos nosotros.
-
-Entonces el Rey es que les dijo:
-
---¿Cómo voy a matar a este Medio-pollo que me ha traído un regalo tan
-bueno? Ya he prohibido que lo maten.
-
---Bueno, pues, señor,--dijo el paje principal--no lo mataremos; pero si
-su Sacarrial Majestad no se enoja, lo echaremos al horno del pan para
-que se ase al rescoldo, porque, en la de no, nos va a comer a todos.
-
-Entonces esos brutos echaron al Medio-pollito al horno, cuando estaba
-bien caldeado, y el pobrecito casi se cagó del susto. Se arrimó como
-pudo a la boca del horno y se puso a pensar:--¿Qué hago yo? Si me largo
-un pedito, con el vientecito que eche van a crecer las llamitas y me
-quemo más lueguito.
-
-Ya se le estaban chamuscando las plumitas al pobrecito.
-
-Bueno, pues. El Medio-pollito no se acordaba que tenía metido el Río en
-el buche; pero con el calor de las llamitas principiaron a alborotarse
-las aguas y a sonarle las tripitas, y entonces, medio muerto de gusto,
-se acordó del Río y pujó con todas sus fuerzas, y entonces es que salió
-toda el agua de un de repente y apagó el fuego. Y como era la hora en
-que venían los pajes, se ahogaron toditos y no quedó ni unito.
-
-Entonces fué el Medio-pollo donde el Rey y es que le dijo:
-
---Ya están muertos todos esos condenados que me querían matar.
-
-Entonces el Rey, muy contento de ver vivo al Medio-pollito, es que le
-dijo:
-
---Yo les había prohibido a mis pajes que te mataran. Y ¿qué vais a hacer
-ahora Medio-pollito?
-
---Si su Sacarrial Majestad me da permiso, yo me voy para mi tierra--es
-que le dijo el Medio-pollo--porque quiero ver a mi mamita, que estará
-con cuidado.
-
-El Rey mandó entonces al mayordomo que le diera al Medio-pollo todo el
-trigo que había en la troje, que era una barbaridad; y entonces el
-Medio-pollo volvió a pujar y salió el Arriero con todas sus mulitas y
-cargaron todo el triguito.
-
-Bueno. Entonces cuando llegaron a su tierra, el Arriero y el
-Medio-pollito se repartieron el trigo como hermanos, hicieron dos pilas
-igualitas y cada uno agarró la suya.
-
-Entonces la Gallinita se puso muy contenta de volver a ver a su
-Medio-pollito, y ya nunquita más tuvo que trabajar.
-
-Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento.
-
-
-
-
-15. EL BARCO DE LOS TRES HACHAZOS.
-
-(Me lo refirió el Capitán D. Alberto Muñoz Figueroa, de Santiago, en
-1922).
-
-
-
-Para saber y contar etc.
-
-Han de saber que un Rey tenía en medio del huerto de su palacio un árbol
-muy corpulento que nunca fué regado sino con aguas de su hija, y esta
-circunstancia, por disposición de una bruja que había criado a la
-Princesa, había comunicado al árbol la virtud de que no pudiera ser
-tocado por ninguna herramienta, so pena de morir el que la manejara,
-salvo que la operación se hiciera en día que no hubiera sido regado
-directamente por quien tenía la obligación de hacerlo.
-
-Pues bien, el Rey, que conocía esta virtud, hizo publicar por todas
-partes que no daría la mano de su hija sino a quien fuese capaz de hacer
-un barco con solos tres hachazos que diera al tronco de aquel árbol.
-
-Muchos pretendientes se presentaron a tentar la prueba, pero todos, al
-descargar el primer golpe, caían muertos como si hubieran sido heridos
-por un rayo.
-
-Entre los súbditos del Rey había un joven pobre, excelente hijo, que un
-día amaneció con la idea de ir a conquistar la mano de la Princesa, y
-provisto de la bendición de su madre, de una hacha, de un hierro para
-marcar y de una tortilla que su madre le dió, emprendió el camino, sin
-darse cuenta de la dificultad de la empresa que iba a acometer.
-
-A poco andar, le salió al paso un viejecito que con voz compungida le
-pidió una limosna. El joven, compadecido, le entregó la tortilla que
-llevaba, y el viejecito, en pago de su buena obra, le dió un pito
-diciéndole que podría servirle cada vez que se encontrara en apuros.
-Antes de retirarse, le aconsejó que tomara a su servicio a las cuatro
-primeras personas que encontrara en su camino; y despidiéndose de él, le
-indicó por donde debía seguir.
-
-Nuevamente púsose en marcha el joven y después de tres días de camino se
-encontró con un hombre que estaba tendido de bruces en el suelo,
-bebiéndose el agua de un río.
-
---¿Qué estás haciendo?--preguntó Antonio, que así se llamaba el joven.
-
---¿Qué quiere que haga?--contestó el interpelado--tomándome el agua de
-este río, hasta dejarlo seco, porque hoy he amanecido con una sed muy
-grande.
-
---¿Y serás capaz de bebértela toda?
-
---¡Ya lo creo, pues; si para mí el agua que arrastra un río es como un
-vaso de agua para otros! Y si en vez de agua arrastrara vino, mejor que
-mejor; más luego lo secaría!
-
---¿Por qué no te vienes conmigo? Tú puedes servirme y cuando termine la
-empresa en que me he metido, te pagaré bien.
-
---Perfectamente, me voy con Ud., señor.
-
-Y siguieron muy tranquilamente por el mismo camino.
-
-No habían andado todavía media hora, cuando tropezaron con un cazador,
-que con un fusil de caza hacía la puntería a un objeto que ninguno de
-los dos alcanzaba a divisar.
-
---¿A quién le apuntas?--preguntó Antonio.
-
---A un mosco que veo volando como a una legua de altura--respondió el
-cazador.
-
---¿Y crees que podrás matarlo?
-
---¡Que si lo creo! estoy seguro de que lo mataré! y si no, esperen un
-momento.
-
-Y dicho esto, disparó.
-
-Un buen rato después cayó a los pies de ellos el mosco con el cuerpo
-atravesado de un balín. Antonio y su compañero quedaron admirados, tanto
-de la buena vista del Cazador como de su admirable puntería.
-
---¿Quieres venirte conmigo?--le dijo Antonio.--Posiblemente tenga que
-servirme de ti en una empresa en que me he metido, y una vez que le dé
-buen fin, me encontraré en situación de pagarte como sea debido.
-
---Pues, señor, me voy con usted.
-
-Y los tres continuaron la interrumpida marcha; y después de haber andado
-una media hora, toparon con un hombre muy alto y muy flaco que estaba
-fuertemente abrazado al tronco de un grueso árbol.
-
---¡Qué hombre más raro!--dijo Antonio--,¿por qué estará abrazado al
-árbol?
-
---Señor,--le contestó el hombre--mi oficio es correr y más correr, y si
-no me ataran o me sujetara como ahora lo estoy, tendría que seguir
-corriendo.
-
---¿No sería bueno--dijo Antonio a sus compañeros--que llevásemos a este
-hombre con nosotros? quién sabe si necesitemos de la virtud que tiene!
-
---Bueno sería que viniese con nosotros--contestaron los interpelados.
-
---Me gustaría irme con ustedes--dijo el hombre corredor--pero sería
-necesario, para no seguir corriendo, que me llevasen amarrado.
-
-Entonces uno de los acompañantes de Antonio se sacó de la cintura una
-fuerte correa y con ella ató las piernas del Corredor, que fué llevado
-en hombros de uno y otro alternativamente; así continuaron su camino
-hasta que encontraron a otro hombre que estaba tendido en tierra con una
-oreja pegada al suelo.
-
---¡Qué curioso lo que oigo,--decía el hombre--, qué curioso!
-
---¿Y qué es lo que oyes?--interrogó Antonio.
-
---Oigo que una señora aconseja a su hija que no deje de regar temprano
-con sus aguas cierto árbol, cada vez que se presente algún pretendiente
-de su mano para hacer un barco de tres hachazos, porque regado el árbol,
-nadie podrá hacer el barco en el mismo día.
-
---Pues es preciso que tú nos acompañes--dijo Antonio--y no tengas
-cuidado, que se te pagará bien.
-
---Bueno, pues, señor, me iré con usted.
-
-Y los cinco siguieron camino hasta llegar al palacio del Rey, en el cual
-se les dió alojamiento, como se acostumbraba con todos los que
-pretendían hacer el barco.
-
-Fijado el día de la prueba, Antonio se puso en acecho desde antes que
-amaneciera, y cuando el sol despuntaba sus rayos, como viera que la
-Princesa llegaba al pie del árbol y, encuclillándose, se preparaba para
-regarlo, sacó el pito que le había obsequiado el anciano y llevándoselo
-a los labios sopló, y se produjo ¡Dios mío! un sonido tan espantoso que
-la Princesa, toda asustada, huyó a refugiarse en su aposento, sin
-conseguir regar el árbol.
-
-La prueba debía tener lugar a las 12, y desde mucho antes los corredores
-del patio en que estaba el árbol se hallaban repletos de nobles y
-grandes de la Corte que, presididos por los Reyes y la Princesa,
-querían presenciarla. Al dar el reloj el primer campanazo, salió Antonio
-con su hacha al hombro, y sonando el duodécimo, pegó, uno en pos de
-otro, ni uno más, ni uno menos, los tres golpes que tenía derecho a dar,
-y lo que hasta entonces ninguno de los numerosos candidatos que habían
-tentado la empresa había podido hacer, resultó ahora de la manera más
-sorprendente: como por encanto surgió del lugar que hasta un momento
-antes ocupaba el árbol, un buque maravilloso, con toda la armazón de oro
-y las velas de plata, que se movía majestuosamente en un hermoso
-estanque, entre cisnes y pececitos dorados. Un hurra estruendoso salió
-de la boca de todos y los mismos Reyes y la Princesa, muy a su pesar, no
-pudieron contener sus aplausos.
-
-Los Reyes, no obstante el buen éxito de la prueba, no quisieron conceder
-a Antonio la mano de su hija, aunque ella, en vista del espléndido
-resultado obtenido por el joven y su gallarda figura, se inclinaba a
-aceptarlo por marido, y le impusieron, para conseguirla, la ejecución de
-nuevos trabajos, que Antonio aceptó de lleno, decidido como estaba a
-casarse con la Princesa, de quién se había enamorado profundamente,
-desde que la vió.
-
-Aceptadas las nuevas exigencias de los padres de la Princesa, el Rey
-condujo a Antonio a una inmensa bodega toda llena de enormes toneles de
-vino y le dijo:
-
---Tienes que beberte todo este vino antes que den las 12 del día de
-mañana, so pena de la vida,--y le entregó las llaves y se fué.
-
-Esperó Antonio que el Rey se alejase, y cuando calculó que ya estaría en
-palacio, fué en busca del Bebedor e introduciéndole en la bodega, le
-preguntó si se encontraba capaz de ingerir antes del mediodía todo el
-vino y licor que allí se guardaba. El Bebedor le contestó que tan capaz
-se sentía de bebérselo que no le pedía sino dos horas para dejar
-completamente secos los toneles. Y así fué, en efecto, porque dos horas
-más tarde volvió Antonio a la bodega y no halló ni rastros de líquido;
-sólo vió al Bebedor, que, sentado en un poyo, fumaba tranquilamente un
-cigarro.--«Aquí estamos, señor,--le dijo--descansando un poco, porque
-después de beber, mejor que andar, es sentarse un ratito y pitar un
-cigarro».
-
-Al otro día el Rey pidió a Antonio las llaves de la bodega, y se quedó
-mudo de espanto al ver que aquella grandísima cantidad de toneles poco
-antes repletos de vino y licores, estaba completamente vacía. Atontado
-se fué a sus habitaciones, pero antes dijo a Antonio:
-
---En un momento más te llamaré.
-
-El Rey tenía un hechicero a su servicio y a él le pidió consejo acerca
-de qué trabajo debería proponerle a Antonio que éste no fuera capaz de
-ejecutarlo.
-
-El hechicero le dijo:
-
---Escriba V. M. dos cartas para el Rey su vecino, una me entrega a mí,
-que me transformaré en jote y la llevaré en un santiamén; la otra se la
-entrega al pretendiente de la Princesa para que él le dé curso, y
-veremos cuál de los dos trae primero la contestación.
-
---Me parece bien--murmuró el Rey, y ordenó a su secretario que
-inmediatamente escribiese las dos cartas y que estuvieran listas en un
-momento. Con esto, mandó el monarca que llamasen a Antonio, quien, de
-pie ante el trono, oyó respetuosamente la orden que se le daba, y que,
-como la anterior, se sancionaba con pena de la vida. Antonio prometió
-entregar al Rey la contestación antes que el jote, y salió.
-
-Inmediatamente reunió a sus compañeros y les contó el apuro en que se
-encontraba.
-
---No tenga cuidado, señor,--dijo el Hombre Largo--yo me encargaré de
-llevar la carta y traer la contestación, y por muy ligero que vuele el
-jote yo correré más rápidamente que lo que él vuela.
-
---Y nosotros velaremos por lo que pueda suceder--agregó el Cazador.
-
-Y al punto el Hombre Largo tomó la carta y zancajeando con velocidad
-pasmosa, se perdió de vista en un momento. Y tan lijero anduvo que
-cuando el jote iba aún con la carta, el Hombre Largo volvía ya con la
-respuesta. Se cruzaron en lo alto de un cerro, el corredor corriendo y
-el Jote volando, y cuando éste, que como se ha dicho, era el Hechicero,
-lo divisó, dejó caer desde lo alto un anillo. El Hombre Largo, a pesar
-de la rapidez de su carrera, vió brillar el anillo en el suelo y se
-detuvo a recogerlo; encontrolo hermoso y pareciéndole que no le quedaría
-mal, se lo puso; pero apenas introdujo el dedo en el anillo, cayó en
-tierra dominado de un violento sueño. Con su vista perspicaz el Cazador
-vió todo lo ocurrido desde el lugar en que se hallaba, y comprendiendo
-que era el anillo el que había dejado como muerto a su compañero, le
-hizo los puntos con su fusil y disparó con tanto acierto que la bala
-rompió el anillo y cayó destrozado al suelo. Roto el encanto, el Hombre
-Largo continuó su carrera y en un momento llegó donde Antonio y le
-entregó la respuesta, que Antonio llevó inmediatamente al Rey. El Jote
-se demoró más de un día aún en llegar con la contestación, y el Rey,
-despechado, lo hizo matar.
-
-Al otro día, bien temprano, el Rey, aconsejado por la Reina, hizo
-entregar a Antonio veinte conejos que debía soltar en la montaña para
-que anduviesen libremente y traerlos todos en la tarde; si no los traía
-su cuello recibiría las caricias de la cuchilla del verdugo. Antonio
-ofreció volver con los veinte conejos; y preguntó si esa sería la última
-prueba a que se le sometía. El Rey le prometió que si salía bien en
-ésta, no le impondría sino otra más.
-
-Partió Antonio llevando los conejos y acompañado del mayordomo de
-palacio, que iba para comprobar si Antonio soltaba los animalitos; y
-como viera que en cuanto llegaron a la montaña les daba completa
-libertad y que desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, se volvió y
-contó a los Reyes cómo los conejos habían huído más que ligero y que
-sería muy difícil que Antonio pudiera cogerlos. El Rey, que recordaba
-cómo Antonio, había salido tan bien de las empresas anteriores, pidió a
-la Reina que se disfrazase y fuese a comprarle un par de conejos y le
-diese por ellos el dinero que le pidiese. Hízolo así la Reina; se vistió
-con los vestidos de su doncella, se peinó de distinta manera que como
-Antonio la había visto y, arreglada, en fin, de modo que no la
-conociese, partió para la montaña. Antonio la divisó desde lejos y la
-conoció perfectamente, y sacando el pito, lo hizo sonar. Como por
-encanto los conejos, saliendo de todas partes, se reunieron en un
-momento frente a Antonio, retozando graciosamente.
-
-Poco después llegó la Reina, se sentó al lado de Antonio y entabló
-conversación con él. Primero le habló de otras cosas y después de los
-conejos.--Qué hermosos los conejitos--le dijo--,¿por qué no me vende un
-par para hacer cría?--Antonio le contestó que no podía, que tenía que
-entregar los veinte, completos, en la tarde, so pena de vida. Ella le
-ofrecía lo que quisiera, este mundo y el otro; pero inútilmente, porque
-Antonio no cedía ni aflojaba un pelo. Sin embargo, como la Reina
-continuara con sus exigencias, Antonio le dijo que sólo de una manera le
-entregaría el par de conejos, y hasta media docena si le parecía y era
-dejándose aplicar una marca en las posaderas. La Reina, que no quería
-que Antonio se casara con su hija, viendo que no había otro medio de
-concluir con él, aceptó la proposición, y Antonio, para no hacerla
-sufrir, ya que con su sufrimiento nada ganaba, en vez de calentar el
-hierro, lo impregnó de tinta indeleble y lo estampó en las partes
-convenidas; después de lo cual la falsa doncella recibió los dos conejos
-y envolviéndolos en el delantal, se fué contentísima a paso ligero. ¿Qué
-le importaba a ella la marca? Antonio, que no podía entregar sino 18
-conejos, moriría a manos del verdugo y nadie sabría lo que a ella le
-había pasado. Pero la Reina no contaba con el pito de Antonio, quién una
-vez que calculó que la Reina estaba próxima a llegar a palacio, sacó el
-silbato y lo hizo sonar: un minuto después el par de conejos estaba con
-sus compañeros frente a Antonio. La Reina no se dió cuenta de la huida
-de los animalitos, así fué que casi se cayó muerta de rabia cuando al
-querer mostrarlos al Rey se encontró con que no traía ninguno. Contó al
-Rey lo que le había sucedido y sólo pudo consolarse con la esperanza de
-que los conejos no se hubieran ido a reunir con los otros que tenía
-Antonio, esperanza que le salió fallida, ya que poco después entró el
-joven y entregó al Rey los veinte conejos.
-
---Señor,--le dijo--me parece que he cumplido. Ojalá, para salir luego de
-cuidados, me diga cuál es el trabajo que me falta ejecutar.
-
---Es éste--le contestó el Rey:--toma ese saco; a las 12, me lo traes
-lleno de nada, nonada, tres ayes y una verdad; y ya sabes, si falta
-alguna de estas tres cosas ¡fuera cabeza!
-
---No tenga cuidado S. M., que será complacido.
-
-Al día siguiente salió Antonio provisto de su saco, y después de echar
-en él, alternativamente, el hierro para marcar, un gran manojo de
-hortiga caballuna, una piedra y un trozo de madera, ató la boca del
-saco, se fué al palacio y colocándose al lado del estanque en que estaba
-el buque de los tres hachazos, esperó que bajaran el Rey, la Reina, la
-Princesa y los nobles, como en todas las pruebas anteriores. Poco antes
-de las 12 ya estaba reunida toda la concurrencia, y sonando la duodécima
-campanada del reloj, dijo el Rey:
-
---Supongo que habrás traído _nada_ en el saco.
-
---Sí, Majestad, y aquí está--contestó Antonio--sacando el pedazo de
-madera, que arrojó al estanque;--ya ve V. M. que nada.
-
---Es verdad--dijo el Rey--¿y la nonada?
-
---Aquí la tiene V. M.--respondió el joven, mostrando la piedra que
-extrajo del saco,--pues si la arrojo al agua, _no nada_.
-
-El Rey no tuvo más remedio que asentir, y con voz alterada por la cólera
-al verse vencido, preguntó:
-
---¿Y los tres ayes?
-
---Para eso será preciso que V. M. comisione a alguno de los suyos, para
-que no se crea que los falsifico.
-
-Ordenó el Rey a la doncella de la Princesa que fuese a sacar los ayes, y
-al acercarse al joven para cumplir el mandato, éste le dijo:
-
---Es preciso meter al saco las dos manos y buscar con cuidado entre unas
-yerbas que hay en el fondo, para que no se escapen.
-
-La niña creyó que si buscaba rápidamente los ayes podrían escaparse y el
-joven perder la partida, y para conseguirlo, metió las manos
-precipitadamente entre las ortigas, que juntaba y apartaba para
-facilitar la salida de los ayes, pero no duró sino un instante, porque
-las manos se le irritaron de tal manera y era tan grande el dolor que
-sentía que tuvo que sacarlas casi al momento, gritando «¡ay, ay, ay!»
-Antonio dijo entonces al Rey:
-
---Ahí tiene V. M. los tres ayes que me había exigido.
-
---Ahora veamos esa verdad, dijo el Rey con voz alterada.
-
-Y sacando Antonio del saco el hierro de marcar, dijo:
-
---Ha de saber V. M. que ayer, mientras cuidaba los conejos en la
-montaña, vino la Reina, a quién conocí perfectamente, a pesar del
-disfraz, y me pidió que le vendiera dos de esos animalitos, y yo,
-después de discutir un poco, consentí en dárselos con la condición...
-
---De que se le diera la mano de nuestra hija--exclamó la Reina,
-dirigiéndose al Rey, pero de modo que todos oyeron lo que decía.
-
---Eso es,--confirmó Antonio--y espero que después de lo sucedido, V. M.
-no se negará a permitir mi matrimonio con su hija.
-
---Lo permito gustoso--contestó el monarca,--tanto más cuanto veo que
-eres una persona de tal mérito que no hay empresa que se te encomiende,
-por difícil que sea, que no la ejecutes de la manera más cumplida.
-
-Y así fué como Antonio, mozo pobre, pero bueno, se casó con la hija del
-Rey y llegó más tarde a sentarse en el trono, siendo feliz hasta donde
-se puede serlo en esta tierra de desgracias, con su mujer y los
-numerosos hijos que tuvo.
-
-
-
-
-16. HERMOSURA DEL MUNDO, O EL CASTILLO DE LOS TRES AZUELAZOS.
-
-(Contado por Tránsito González, maestro carpintero, de Choapa y 57 años
-de edad. Me lo refirió en Peñaflor, en 1922.)
-
-
-Vivían en un pueblo dos viejitos casados desde hacía muchos años; pero
-Dios no los había favorecido dándoles un hijo siquiera. Tenían numeroso
-ganado y algún dinero, y temiendo morirse pronto y no sabiendo a quien
-dejarle sus bienes, adoptaron a un huerfanito que recién nacido había
-perdido a sus padres, y lo criaron con grande esmero y cariño. El
-chiquitín se llamaba Nicomedes, pero el nombre no le venía, porque era
-un comedor terrible: cuando era guagua, no le aguantó ninguna ama,
-porque, a las que le llevaban, les secaba los pechos de dos o tres
-chupetadas y tuvieron que criarlo con leche de vaca, y apenas le bastaba
-la de dos. Cuando le salieron dientes, comenzó por comerse un conejo y
-una gallina al día, después siguió con un cabrito, después con una oveja
-o un cordero, y cuando tenía doce años se comía un buey descansadamente.
-Por causa de su voraz apetito nadie lo llamaba por su nombre y todos le
-decían Comín, Comón, hijo del buen Comedor.
-
-Llegó el caso de que de tanto comer el niño, el ganado se les iba
-concluyendo a los viejos, quienes, por otra parte, gozaban de muy buena
-salud y parecía que cada día estaban mejor y que nunca se iban a morir;
-temieron, entonces, quedar en la miseria, y para evitarlo le dijeron a
-Comín que saliera a buscar a donde ganarse la vida, que ya no podían
-tenerlo a su lado por más tiempo.
-
-Se despidió Comín de sus padres adoptivos, y llegó a una hacienda cuyo
-dueño lo tomó a su servicio para que le cuidara un enorme ganado de
-ovejas que tenía, y como era muy friolento, para que en la noche le
-tuviera fuego encendido a la hora que se lo pidiera. El sueldo que
-pagaba era bueno; pero había una condición bastante dura, y era que si
-alguna vez no le tenía fuego encendido, o le faltaba alguna oveja, que
-las contaban una vez por semana, lo mandaba degollar. Comín aceptó el
-contrato, pero tenía la intención de comer a su gusto todas las ovejas
-que su hambre insaciable le pidiese, siquiera por siete días, y mandarse
-cambiar antes que contasen el ganado.
-
-El hacendado le pedía fuego todas las noches a distintas horas y Comín
-siempre se lo proporcionaba, de modo que nunca lo pudo pillar, y como
-las ovejas las contaban sólo una vez por semana, tampoco pudieron notar
-que se comía cuatro o cinco cada día.
-
-Seis hacía ya que estaba en la hacienda, cuando en la cocina, en la hora
-de la comida, oyó contar que el Rey de las Tres Puntas del Aromo ofrecía
-dar en matrimonio a su hija Hermosura del Mundo y un millón de pesos a
-aquel que frente a su castillo, de tres azuelazos, construyera en tres
-días otro castillo tan lindo o mejor que el del Rey y en el cual debían
-lucir el Sol y la Luna, y el que se presentara a hacerlo y no lo
-hiciera, tenía pena de la vida. Comín se dijo:--Yo voy a tentar la
-aventura: entre que mañana me degüellen cuando vean que faltan
-tantísimas ovejas y correr la suerte de poder levantar el castillo de
-tres azuelazos, lo haga o no, prefiero esto último. Y al otro día por la
-mañana, después de salir con el ganado y dejarlo abandonado en el campo,
-se mandó cambiar, no llevando por todo bastimento sino un pan que había
-guardado en el desayuno.
-
-Unas cuantas horas había andado cuando le salió al encuentro un viejito
-y con voz temblorosa le pidió algo que comer, si llevaba.
-
---Sí, llevo un pan, buen anciano,--le dijo Comín--y tómelo todo para
-usted.
-
---Y tú ¿qué vas a comer, hijito?
-
---Lo que Dios quiera, taitita; lo que es con un pan no tengo ni para
-comenzar, y lo mismo me da comerlo que no comerlo.
-
---Está bien, hijito, ¿y a dónde vas?
-
---Voy a conquistar la mano de Hermosura del Mundo, hija del Rey de las
-Tres Puntas del Aromo y a ganar un millón de pesos.
-
---¿Y lo conseguirás?
-
---No lo sé, pero a eso voy. Me dicen que el Rey la dará en matrimonio al
-que de tres golpes de azuela le haga, en tres días, frente al suyo, un
-castillo tan lindo o mejor que el de él, en el que, además, se vean el
-Sol y la Luna; y el que se presente y no lo haga, tiene pena de la vida.
-
---¿Y con qué cuentas para hacerlo?
-
---Con la ayuda de Dios solamente, porque ni siquiera tengo la azuela.
-
---Quiero premiar tu buen corazón, Toma esta azuelita--le dijo el viejo
-pasándole una nuevecita que sacó de debajo del poncho;--con ella, en el
-primer día darás un solo golpe en el suelo en el lugar que te indiquen,
-e inmediatamente aparecerán los cimientos; en el segundo día darás
-también con la azuelita un golpe en los cimientos y aparecerán las
-murallas; en el tercer día darás otro golpe con la misma azuelita en las
-murallas, y entonces quedará completamente terminado el castillo, que
-será más hermoso y estará mejor amueblado que el del Rey. Toma, además,
-este pitito; haciéndolo sonar cuando te encuentres en apuros, te verás
-libre de todo mal.
-
-Y despidiéndose de Comín, se fué el viejito por un lado y Comín por
-otro.
-
-A poco andar Comín encontró a un hombre que estaba tendido en el suelo y
-con una oreja pegada a la tierra.
-
---¿Qué hace amigo?--preguntó Comín.
-
---Estoy oyendo a unos pimeos que discuten acaloradamente sobre una
-carrera, y estoy muy entretenido con la disputa que tienen acerca de si
-ganó este caballo o ganó el otro.
-
---¿Y cómo se llama usted?
-
---Escuchín, Escuchón, hijo del buen Escuchador.
-
---¿Quieres que vamos juntos a rodar tierras?
-
---No, señor, déjeme aquí, que estoy muy divertido con la carrera de los
-pimeos.
-
---Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene
-una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse
-al que levante en tres días, frente al suyo, de tres azuelazos, un
-castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de
-levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña
-usted y me ayuda? Habrá, además, un premio de un millón de pesos.
-
---Vaya, pues, lo acompañaré por tratarse de una aventura poco común y yo
-soy muy amigo de las aventuras.
-
-Marcharon en compañía por un buen rato conversando alegremente, hasta
-que encontraron a un hombre que miraba con mucha atención hacia arriba.
-
---¿Qué hace, amigo?--preguntó Comín.
-
---Aquí estoy aguaitando a una aguilita que anda muy altazo por las
-regiones del cielo.--Y haciéndoles los puntos con una carabina que tenía
-al lado disparó. Nada divisaban ni Comín ni Escuchín, por más que
-miraban, pero como un cuarto de hora más tarde percibieron un puntito
-negro que poco a poco se fué agrandando, hasta que, por fin, media hora
-después del disparo, vieron caer a sus pies una águila.
-
---¿Y cómo se llama usted?
-
---Aguaitín, Aguaitón, hijo del buen Aguaitador.
-
---¿Por qué no vamos juntos a rodar tierras?
-
---No, señor, déjeme aquí, que lo paso muy entretenido cazando pajaritos.
-
---Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene
-una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse
-al que levante en tres días frente al suyo, de tres azuelazos, un
-castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de
-levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña
-usted y me ayuda? Habrá además un premio de un millón de pesos.
-
---Si es así, lo acompañaré, por tratarse de una aventura que no se ve
-todos los días, y yo me muero por las aventuras raras.
-
-Siguieron andando los tres, departiendo amigablemente, hasta que
-llegaron a la orilla de un gran río, muy ancho y muy correntoso, y en la
-margen opuesta vieron a un hombre que con pies de cabra formaba una
-represa.
-
---¿Qué hace ahí, mi amigo?
-
---Juntando un poquito de agua, señor, para tomármela y apagar mi sed.
-
---¿Y cómo se llama usted?
-
---Tomín, Tomón, hijo del buen Tomador.
-
---¿Por qué no se viene con nosotros a rodar tierras?
-
---No señor, déjeme por aquí, que hay tantos ríos; mire que yo ando
-siempre sediento y me hace mucha falta el agua.
-
---Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene
-una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo, y la da para
-casarse al que levante en tres días, frente al suyo, de tres azuelazos,
-un castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención
-de levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me
-acompaña usted y me ayuda? Habrá además, un premio de un millón de
-pesos.
-
---Por tratarse de casamiento, en donde habrá harto que tomar, lo
-acompañaré, pues; pero si van a las Tres Puntas del Aromo tienen que
-pasar para este lado.
-
---Díganos si sabe, donde está el puente para atravesarlo.
-
---Qué puente ni qué niño muerto, señor; si para atravesarlo no hay más
-puente que mi estómago, como ustedes van a verlo;--y tendiéndose de
-guatita, dió dos o tres sorbidos, ¡qué sorbidos, Dios Santo! y dejó el
-río completamente seco y Comín y sus compañeros pudieron pasar a pie
-enjuto al otro lado, y acompañados de Tomín siguieron su camino.
-
-Poco después llegaron a un llano y vieron a un hombre que corría con una
-rapidez extraordinaria.
-
---¿Qué hace, amigo?--le preguntó Comín.
-
---Aquí me tiene señor, apostando carreras con el Viento.
-
---¿Y cómo le va en las carreras?
-
---No muy mal, señor: cuando corremos cuesta arriba, salimos iguales,
-pero cuando corremos cuesta abajo, yo se la gano al Viento.
-
---¿Y cómo se llama usted?
-
---Corrín, Corrón hijo del buen Corredor.
-
---¿Por qué no se viene con nosotros? No le faltará trabajo: vamos a las
-Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene una hija muy linda,
-que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse al que de tres
-azuelazos levante frente al suyo, en tres días, un castillo en que se
-vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de levantar ese
-castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña usted y me
-ayuda? Habrá, además, un premio de un millón de pesos.
-
---Vaya, pues, lo acompañaré, porque supongo que me pagará bien.
-
---Como no, pues, ho! una vez que me case con la princesa te daré harta
-plata. El millón de pesos que me entregue el Rey será para ustedes.
-
-Y los cinco continuaron andando hasta que dieron con uno que estaba con
-los calzones abajo aspirando aire a dos carrillos.
-
---¿Qué está haciendo amigo?
-
---Preparándome para rosar esa montaña y esa risquería que ahí se
-divisan, porque pienso sembrar en ellas.
-
---¿Pero cuánto tiempo se va a demorar en rosarlas, cercarlas y
-sembrarlas?
-
---Un ratito no más, pues; va usted a ver con qué facilidad lo hago.
-
-Los hizo retirarse a un lado, y después de aspirar más aire comenzó a
-lanzarlo por el trasero con tanto tino que los troncos de los árboles y
-los riscos, que volaban en todas direcciones, al caer iban formando una
-cerca perfectamente hecha y el terreno quedó completamente limpio, en
-punto de ararlo.
-
---¿Y cómo se llama usted?
-
---Peín, Peón, hijo del buen Peorrón.
-
---¿Por qué no se viene con nosotros? le pagaremos bien. Vamos a las Tres
-Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene una hija muy linda que se
-llama Hermosura del Mundo y la da para casarse al que de tres azuelazos
-levante frente al suyo, en tres días, un castillo en que se vean el Sol
-y la Luna, y yo voy con la intención de levantar ese castillo y casarme
-con la Princesa. Habrá, además, un premio de un millón de pesos, que se
-repartirá entre ustedes.
-
---Si es así, dejaré este trabajo para otra vez y me iré con ustedes.
-
-Y los seis siguieron la interrumpida marcha y por fin llegaron al
-castillo del Rey, que los recibió en presencia de la Reina, de la
-Princesa y de toda la Corte.
-
-Se adelantó Comín, que hacía de jefe de los recién llegados, y
-respetuosamente habló así al Rey:
-
---Después de muchos días de penoso viaje llego a presencia de su
-Sacarrial Majestad a pretender la mano de vuestra hija Hermosura del
-Mundo, para lo cual me comprometo a hacer en tres días como su Sacarrial
-Majestad lo exige, un castillo tan lindo o mejor que el de su Sacarrial
-Majestad, de sólo tres azuelazos, y no espero para levantarlo sino saber
-si siempre su Sacarrial Majestad mantiene su promesa, y en caso de que
-sí, que se me indique el sitio en que debo construirlo.
-
-La Princesa, que estaba sentada a la izquierda del Rey (la Reina estaba
-a la derecha), le pegó en el codo y le dijo al oido:
-
---Papá, no quiero casarme con él, aunque haga el castillo de tres
-azuelazos; es muy gordo y muy ordinario; impóngale otras obligaciones.
-
-La verdad es que hasta entonces no se habían presentado otros
-pretendientes que reyes y príncipes, y que Comín, ante ellos, tenía que
-parecer a Hermosura del Mundo un ser despreciable; así es que el Rey
-encontró razón a su hija, y en consecuencia de lo que ella pedía,
-contestó a Comín:
-
---Encuentro que es corta mi exigencia de hacer solamente un castillo en
-cambio de la mano de mi hija, así es que últimamente he decidido que a
-esa prueba se agreguen otros seis trabajos más, de modo que por todos
-sean siete.
-
---¿Y se podría saber de antemano cuáles son esos seis trabajos?
-
---Los iré diciendo uno a uno a medida que se ejecuten los anteriores.
-
---Está bien, señor, me someto a todas las exigencias de su Sacarrial
-Majestad.
-
---Piénsalo bien, antes, mira que cualquiera de las pruebas que no lleves
-a buen fin les costará la vida a ti y a tus compañeros, porque supongo
-que cuentas con la ayuda de ellos para ejecutarlas.
-
---Así es, efectivamente, señor.
-
---Pero cada prueba no puede ser llevada a cabo sino por uno solo y todos
-seis sois solidarios del desempeño de cada uno.
-
---Como he dicho me someto respetuosamente a todas las condiciones de su
-Sacarrial Majestad.
-
---Si es así, puedes comenzar; el castillo debe levantarse en esa plaza
-que está frente a mi palacio: tienes tres días de plazo para hacerlo y
-en cada día no puedes dar más de un azuelazo.
-
-Comín se dirigió al sitio que se le indicaba y levantando la azuelita
-que le había dado el viejito, dió el primer azuelazo; y los Reyes,
-Hermosura del Mundo y la Corte vieron asombrados lo que hasta entonces
-no habían conseguido ver: la azuela que toca la tierra y los cimientos
-que quedan hechos instantáneamente.
-
---Papá, este roto va a salir con la suya; yo no me caso con él.
-
---No tenga cuidado, hijita, que si logra hacer el castillo, todavía
-tendrá que hacer otros seis trabajos, a cual más difícil, para lo cual
-nos aconsejaremos de su madrina, a quien, como bruja que es, se le
-ocurrirán cosas que será imposible hacer.
-
---Ojalá sea así, papá, porque yo no me caso con este guatón indecente.
-
-Trascurrieron una tras otra las 24 horas que tiene el día, el sol salió
-por donde siempre sale y llegó el momento en que Comín debía dar el
-segundo azuelazo, y lo dió ante la familia real y la Corte con el mismo
-éxito que el primero, pues tocar la tierra con la azuela y alzarse las
-murallas del castillo fueron cosas simultáneas.
-
-Todos se quedaron con la boca abierta.
-
-Cuando volvieron en sí, Hermosura del Mundo dijo al Rey:
-
---Papá, ya le he dicho, por nada del mundo me caso con ese hombre.
-
---Si ya lo sé, hijita; no tenga cuidado, confíe en su padre.
-
-Pero al otro día crecieron los temores de la Princesa: tercer azuelazo
-dado por Comín y el castillo que queda terminado. Pero ¡qué castillo,
-señores! Había que verlo! Ante él el del Rey parecía un mamarracho.
-Amigos, todos, todos sin excepción, al ver aquella maravilla, se cayeron
-de espaldas.
-
-Cuando volvieron de su estupor, dijo Comín:
-
---¿Por qué no pasamos a visitarlo?
-
-Y se dirigieron al castillo presididos por el Rey.
-
-¡Qué les diré de la admiración que produjeron los decorados, los
-tapices, y los muebles! No salían sino voces de alabanza de todos los
-labios y el Rey, enamorado del hermoso alcázar, resolvió quedarse
-viviendo ahí y dejar el otro palacio para la servidumbre. Pero a pesar
-de todo, la Princesa no se resolvía a dar su mano al gordo Comín.
-
---Señor,--dijo éste, una vez que el Rey y acompañantes recorrieron el
-palacio--¿cuál será la prueba a que vuestra Majestad me va a someter
-mañana?
-
---Esta tarde te la daré a conocer--contestó el monarca. (El Rey quería
-darse tiempo para consultar a su comadre bruja, y fué lo que hizo cuando
-Comín y sus compañeros se retiraron.)
-
---Comadre, ¿qué hacemos para que el castillo nos salga de balde y Comín
-no se case con Hermosura del Mundo?
-
---Pídale que en tres días le haga otro castillo igual o mejor en el
-aire.
-
---De veras, comadre, que esto no lo podrá hacer.
-
-Mientras tanto Escuchín oía lo que el Rey y la Bruja conversaban y dijo
-a Comín y compañeros:
-
---En la mala estamos, amigos. Por consejo de la Bruja, el Rey va a
-mandar hacer a Comín un castillo en el aire igual o mejor que el de los
-tres azuelazos. Pero se me ocurre una idea que puede salvarnos: Comín
-ofrece hacer el castillo diciéndole al Rey que nosotros pondremos los
-maestros, pero que él proporcione los trabajadores y los materiales; los
-maestros serán tres loros que oigo hablar a siete leguas de aquí, como
-si fueran cristianos. Hay que irlos a buscar, enseñarles lo que deben
-decir y los ponemos en el aire, muy alto para que no los vean y desde
-ahí pidan los materiales.
-
---Pero ¿quién los va a buscar?
-
---Corrín puede ir por ellos.
-
-Fué Corrín y en un cuarto de hora estaba de vuelta con los tres loros.
-
-Les enseñaron a las avecitas lo que tenían que hacer, y como eran muy
-inteligentes, en poco rato aprendieron la lección.
-
-Al otro día muy temprano estaban los loros en el aire, colocados a
-cierta distancia uno de otro; y la cosa resultó a maravilla, porque el
-día amaneció con una neblina tan espesa que ni con anteojos de larga
-vista los habrían divisado.
-
-Llegó la hora de la prueba y estaba todo preparado: los canteros con la
-piedra labrada para los cimientos y para las murallas; los albañiles,
-con la mezcla en punto; los carpinteros, con las puertas y ventanas; y
-así los demás.
-
-Cuando ya estaban todos reunidos, se oye la voz de los maestros que
-desde el aire piden los materiales:
-
---¡Ya están hechos los heridos! suban luego las piedras para los
-cimientos! ¿Qué hacen que no suben la mezcla? ¡Pronto, porque no es cosa
-para demorarse!
-
-Y gritaban de todos lados que se apuraran, que estaban perdiendo tiempo.
-Pero los trabajadores no hacían más que mirar para arriba y no hallaban
-por donde subir; hasta que una comisión de ellos se presentó al Rey y le
-dijo que no sabían como pasar los materiales que desde tan alto les
-pedían los maestros; que aunque hubiera escaleras que alcanzaran a
-llegar hasta ellos nadie se atrevería a subir tan arriba, pues todos
-temerían caer con el peso de los materiales, o que les diera un vahido y
-se les fuera la cabeza. El Rey les encontró razón sobrada, y dispuso que
-no se siguiera el trabajo, y a Comín le dijo que en la tarde le diría
-cuál sería el que tendría que ejecutar al día siguiente.
-
-Cuando quedaron solos, el Rey preguntó a la Bruja:
-
---Comadre, ¿qué trabajo daremos mañana a Comín?
-
---Haga que le pongan cuarenta fondos de comida, de los más grandes que
-se encuentren, y ordénele que él, o uno de sus compañeros, se lo coma
-en un solo día, y si no se lo come, los manda fusilar y el castillo le
-sale de balde y la Princesa no se casa con el guatón.
-
-Escuchín que todo lo oía dijo a sus compañeros:
-
---Perdidos somos, amigos; la maldita bruja aconseja al Rey que mañana
-haga poner cuarenta fondos de comida para que uno solo de nosotros se lo
-coma en un día, y si no, nos manda fusilar a todos.
-
-Y entonces dijo Comín, cuya gracia no conocían sus amigos:
-
---Compañeros, ¿para qué estoy yo aquí? hace un montón de días que no
-como casi nada, así es que los cuarenta fondos puedo despacharlos en un
-suspiro; tengo apetito como un diacho.
-
-Desde antes que aclarara, los cocineros del Rey se pusieron a preparar
-los cuarenta fondos de comida. ¡Puchas que echaban carne! Veinte
-terneros y veinte corderos tuvieron que descuerar y destripar. ¡Y papas!
-y porotos! y choclos! y cebollas! un saco de cada cosa vaciaron en cada
-fondo, fuera del arroz, del cilantro, yerbabuena y comino! Y como si
-todo eso fuera poco, al lado de cada fondo vaciaron una gran canastada
-de pan. Había para dar de comer a un ejército entero!
-
-Comín, que veía los preparativos, se refregaba las manos de gusto.
-¡Hacía tiempo que no comía hasta quedar satisfecho!
-
-Dando las 12 el reloj del castillo, anunció el Cocinero Mayor que la
-comida estaba en punto y pidió que se adelantara el que debía comérsela.
-Comín se presentó y preguntó si ya podía comenzar.
-
---A la hora que quiera--contestó el Cocinero Mayor--pero no tiene de
-plazo sino hasta las 5 de la tarde para comérselo todo.
-
---¿Hasta las 5?--dijo Comín--va a ver que antes de las 2 van a quedar
-los fondos pelados.
-
-Y así fué, en efecto; porque aquel hombre no puede decirse que comía, ni
-que tragaba, ni que engullía, sino que devoraba todo lo que estaba a su
-alcance y las enormes presas de carne y las cucharonadas de papas,
-porotos, y cebollas y los panes desaparecían como por encanto al llegar
-a su boca, y llegaban incesantemente.
-
-A las 2 de la tarde no quedaban ni rastros de aquel inmenso guisado, y
-el Maestro de Cocina y sus ayudantes vieron con asombro que no había
-necesidad de limpiar los fondos, porque tan limpios los dejó Comín que
-brillaban como patenas.
-
-Comín dijo al Cocinero Mayor:
-
---Señor Cocinero Mayor, ¿no prepararon un fondito de dulce de alcayota o
-de manjar blanco? mire que estoy acostumbrado a tomar desengraso. Y
-también me hace falta un barril de café, bien cargadito, para asentar el
-estómago.
-
-El Cocinero Mayor se fué con Comín a donde el Rey.
-
---Señor,--dijo el Cocinero--ya se comió este bárbaro los cuarenta fondos
-de comida, y todavía pide un fondo de postre y un barril de café.
-
-El Rey, admirado, preguntó a Comín:
-
---¿Y cómo pudiste pasar tanta comida?
-
---A fuerza de pan, pues, señor,--contestó Comín.
-
---¿Y todavía persistes en tomar postre y café?
-
---Si su Sacarrial Majestad se digna ordenar que me lo den, me lo tomaré,
-señor.
-
-El Rey ordenó que complacieran a Comín, y a éste le dijo que al otro día
-temprano le daría un nuevo trabajo.
-
-El Rey mandó llamar a la Bruja.
-
---Comadre, ¿qué trabajo les damos mañana a estos bárbaros, que no lo
-puedan hacer para que el castillo me salga de balde y Hermosura del
-Mundo no se case con Comín?
-
---Disponga Su Majestad que uno de ellos se tome en un solo día cuarenta
-toneles de aguardiente y de vino, veinte de cada cosa, y si no lo hace,
-que no lo hará, los manda fusilar a todos y así le sale de balde el
-castillo y la Princesa seguirá soltera.
-
---Me parece bien el consejo, comadre.
-
-Escuchín, que todo lo oía, dijo a sus amigos:
-
---Perdidos somos, compañeros; la maldita bruja aconseja al Rey que
-mañana haga tomar a uno de nosotros 40 toneles de aguardiente y de vino,
-veinte de cada cosa, en un solo día, y si no se lo toma, nos hace
-fusilar a todos.
-
---¿Y para qué he venido yo?--dijo Tomín.
-
---Pero, compañero, se le van a quemar las tripas con tanto aguardiente.
-
---No se apure por eso, amigo, que mis tripas están blindadas.
-
-Al día siguiente dijo el Rey a Comín.
-
---Voy a encerrar a uno de ustedes en la bodega y antes de las 5 de la
-tarde debe beberse los veinticinco toneles de aguardiente y los
-veinticinco de vino que hay en ella, y si no, ya saben lo que les pasa.
-(El Rey agregó diez toneles más, por lo que pudiera suceder).
-
-Se adelantó Tomín:
-
---A mí me toca, Sacarrial Majestad, desempeñar esa prueba. Puede su
-Sacarrial Majestad encerrarme en la bodega a la hora que quiera, con la
-seguridad de que sus deseos serán cumplidos.
-
-Y efectivamente, cuando el Rey abrió la bodega, a las 5, vió con asombro
-que los toneles estaban completamente secos.
-
---Pero, hombre, por Dios ¿cómo has podido beber tanto?
-
---Señor, es que yo no tomo sino en dos ocasiones: cuando tengo sed y
-cuando no la tengo.
-
---Se comprende, entonces; aunque no lo encuentro muy claro.
-
---Comadre, le dijo a la Bruja una vez que quedaron solos,--voy saliendo
-mal con sus consejos; si siguen así las cosas, tengo que largar el
-millón de pesos y dejar que Comín se case con Hermosura del Mundo; es
-preciso que se le ocurra algo más difícil, algo que ninguno de estos
-bárbaros pueda hacer.
-
---Mire, compadre, esta vez si que la sacamos bien con seguridad: dígale
-que uno de ellos tiene que apostar conmigo a cuál llega primero a Roma
-con una carta que su Majestad, nos entregará y si yo llego primero con
-la contestación, ellos perderán, vuestra Majestad los manda fusilar y el
-Castillo le sale gratis y Hermosura del Mundo no se casa con Comín.
-
---Compañeros,--dijo Escuchín a sus amigos--perdidos somos; el Rey, por
-consejo de la maldita Bruja, va a hacer que uno de nosotros apueste con
-la Bruja a cual vuelve primero con la contestación de una carta que han
-de llevar a Roma, y si gana la Bruja nos fusilan a todos.
-
---¿Y para qué estoy yo aquí--dijo Corrín--sino para correr con quien
-quiera?
-
-Tempranito, al otro día, hizo llamar el Rey a Comín y a sus compañeros.
-
---Uno de ustedes y mi comadre van a llevarme cada uno una carta a Roma y
-si mi comadre vuelve primero con la contesta, los seis serán fusilados
-sin remisión. ¿Cuál es el que va a ir?
-
---Yo, señor,--dijo Corrín.
-
-Y el Rey entregándoles una carta a Corrín y otra a la Bruja, los hizo
-colocarse uno al lado del otro, como cuando se colocan los caballos para
-correr, y diciéndoles “una, dos, tres”, salieron disparados como
-flechas, pero todavía no salían de la ciudad y ya Corrín se les perdió
-de vista y no había ni luces de él. Cuando Comín venía de vuelta con la
-contesta, la Bruja no llevaba andado ni la mitad del camino de ida; la
-Bruja lo divisó desde lejos y viéndose perdida, se transformó en una
-linda jovencita y lo esperó sentada en una piedra, a la sombra de un
-árbol.
-
---¿A dónde va tan ligero, señor, con tanto calor como hace? Siéntese un
-ratito a descansar y sírvase estos membrillitos para que se
-refresque;--y le mostraba dos hermosos membrillos, que llegaban a estar
-fragantes.
-
-Corrín no resistió la tentación y se sentó al lado de la joven.
-Conversaron un rato y después dijo él:
-
---Voy a dormir una siestecita, tengo tiempo de más para cumplir mi
-encargo;--y se recostó en la falda de la Bruja, la cual, en cuanto
-Corrín se quedó dormido, le puso adormideras en la cabeza para que no
-despertara tan luego, le sacó del bolsillo la carta que traía de Roma y
-partió con ella de regreso, dejando a Corrín con la cabeza apoyada en la
-piedra en que acababa de estar sentada.
-
-Pero todo lo que hablaron Corrín y la Bruja transformada en niña lo oyó
-Escuchín y les dijo a sus compañeros:
-
---Perdidos somos, amigos; la Bruja ha hecho tal y cual cosa, le ha
-robado la contesta a Corrín, a quien ha puesto adormideras en la cabeza,
-y lo ha dejado durmiendo y la maldita vieja estará de vuelta, con la
-carta, en un par de horas.
-
---No hay cuidado dijo Aguaitín; desde aquí veo durmiendo a Corrín y lo
-voy a despertar, y al mismo tiempo castigaré a la Bruja.
-
-Y haciendo la puntería con su carabina primero a la Bruja, le quebró una
-pata y la dejó coja que no podía ni mover el pie; y de otro disparo
-atravesó una oreja a Corrín que despertó y salió corriendo a todo
-escape, hasta que encontró a la vieja y quitándole la carta, en dos
-zancajos llegó al palacio y se la entregó al Rey.
-
-Comín preguntó al Rey cuál sería la otra prueba; y el Rey, esperando que
-llegara la Bruja, le contestó que les daba una semana de descanso.
-
-Transcurridos siete días, llegó la Bruja cojeando, y como estaba picada
-con Comín y sus compañeros, para embromarlos de una vez a todos, le
-aconsejó al Rey que mandara a los seis amigos solos a pelear contra el
-numeroso ejército de los moros que le había declarado la guerra, y
-siendo ellos tan pocos contra tantos, con seguridad los matarían, o
-cuando menos los tomarían prisioneros, y entonces el Rey se quedaría de
-balde con el castillo y la Princesa seguiría tan soltera como hasta
-entonces. Al Rey le pareció que este consejo era el mejor que había
-recibido de la Bruja y ya le parecía verse libre de Comín y de sus
-compañeros; pero Escuchín, que no se descuidaba, lo oyó todo y se lo
-comunicó a sus amigos:
-
---Perdidos somos--les dijo;--la Bruja aconseja al Rey que nos mande a
-nosotros solos a combatir con el numeroso ejército moro que le ha
-declarado la guerra; ¿qué va a ser de nosotros?
-
---En la buena estamos, compañeros--dijo Comín.--Cuando nos coloquen
-frente a los moros y cuando estén todavía lejos, Aguaitín les disparará
-con su carabina, y cuando el ejército enemigo esté más cerca, Peín les
-disparará con su transpontín y con ésto quedamos vencedores.
-
-Así quedó convenido y el plan se ejecutó al día siguiente en todas sus
-partes tal como se había establecido. Primeramente Aguaitín dió buena
-cuenta de gran número de moros, pero ésto se hacía sólo con el objeto de
-dar tiempo a Peín para prepararse, y tan bien se preparó, tanto aire
-aspiró que cuando los moros habían avanzado hasta llegar a una legua de
-distancia, bajándose los calzones volvió el trasero hacia ellos y
-lanzando una terrible andanada de ventosidades, los elevó a todos a
-grande altura, yendo a caer muertos a enorme distancia. Esta fué la
-primera batalla en que se usaron los gases asfixiantes.
-
-A pesar del beneficio que para el reino significaba tan espléndida
-victoria, Hermosura del Mundo no cedía, y pidió al Rey que le exigiera
-el trabajo que faltaba para completar los siete. Y he aquí cual fué el
-séptimo trabajo, siempre aconsejado por la Bruja:
-
-Tenía el Rey una hermosa conejera poblada de cincuenta lindísimos
-conejos de raza fina. Díjole la Bruja:
-
---Entregue a Comín los cincuenta conejos y le ordena que los lleve a la
-montaña durante tres días y los suelte en ella, y que en la tarde los
-traiga arriándolos como si fuesen un rebaño de corderos, y si no vuelve
-con los cincuenta, sin que le falte ninguno, los hace fusilar a todos.
-
-Y así se hizo.
-
-Llevó Comín los conejos en dos sacos y los soltó en la montaña, y los
-animalitos, apenas se vieron libres, huyeron en todas direcciones. Comín
-pensaba:
-
---Ahora sí que es cierto que el Rey nos hace sacar el orujo a mí y a mis
-compañeros, porque ¿cómo voy a juntar estos conejos de miéchica cuando
-llegue la hora de volverme con ellos, sueltos, como si fuesen un rebaño
-de corderos? Seguramente llegaré sin ninguno.
-
-Comín se quedó triste y pensativo por un momento y se recostó en el
-musgo, sobre el costado izquierdo; después de un rato, sintiéndose
-cansado, se dió vuelta al otro lado y sintió que algo duro le molestaba;
-creyó que sería una piedra y se incorporó para quitarla, pero no halló
-nada en el suelo; entonces se registró para ver qué podía ser lo que le
-incomodaba y encontró en un bolsillo de sus pantalones el pito que le
-había dado el viejito, y se dijo, acordándose de un verso que había oído
-cantar antes de salir de su tierra:
-
- --Quién canta su mal espanta,
- quién llora, su mal aumenta;
-
-no estoy yo para dejarme morir; pasemos este mal rato tocando el pito y
-esto algo disipará mis penas;--y se llevó el pito a la boca y no hizo
-mas que hacerlo sonar y principian a llegar de carrerita todos los
-conejos, unos de un lado, otros de otro y se pusieron a bailar delante
-de él al compás de lo que tocaba. Imagínense cuánto sería el gusto del
-atribulado Comín, porque, por más que él tratara de engañarse, el susto
-se lo comía vivo; tanta fué la alegría de que se vió inundado todo su
-ser que no pudo contenerse y se puso a bailar con los conejos, hasta que
-se sintió fatigado. Díjoles entonces a los conejitos:
-
---Váyanse a corretear y a comer no más, mientras yo duermo una
-siestecita, que cuando sea tiempo los llamaré.
-
-Y con esto los animalitos se fueron y perdieron de vista en un abrir y
-cerrar de ojos.
-
-Mientras Comín dormía, el Rey le dijo a la Bruja:
-
---Comadre, no sé por qué me tinca que este diablo de Comín va a volver
-con los cincuenta conejos, ¿por qué no va a ver si los ha soltado y le
-compra uno, aunque le pida lo que le pida?
-
---Voy, compadre, y haré lo posible por quitarle uno siquiera.
-
-Y se fué la vieja para donde estaba Comín, pero en la mitad del camino
-se transformó en la misma hermosa niña que robó la carta a Corrín. Pero,
-Comín que la había divisado desde lejos, antes que se transformara, se
-preparó para el ataque y poco antes que la Bruja llegase tocó el pito, y
-los conejos, apareciendo por todos lados, se formaron en círculo delante
-de Comín, como esperando sus órdenes. Llegó la Bruja transformada en
-niña y en verdad que venía hecha una tentación, pero Comín, que no
-olvidaba lo que le había pasado a su compañero pocos días antes, cuando
-volvía con la contestación de la carta que había llevado a Roma, apenas
-la falsa joven se le sentó al lado y con palabras halagüeñas le pidió
-que le vendiera un par de esos lindos conejitos, que los quería para
-cría, y que estaba dispuesta a darle lo que por ellos pidiera, fuese lo
-que fuese, Comín le dijo:
-
---Señorita, aquí está muy fresco, así es que no se imagine que tengo
-calor y no me venga a ofrecer membrillos para refrescarme, por que no
-seré tan leso como lo fué Corrín en días pasados, que se dejó embaucar
-tan fácilmente por usted. A otro perro con ese hueso.
-
---¿De qué cosas me habla usted, que no le entiendo? ¿Quién es ese Corrín
-y qué membrillos son esos?
-
---Mira, bruja de moledera, no te hagáis la lesa! más bien ándate donde
-tu compadre el Rey para que vea que no sacáis nada conmigo, y ándate
-luego, porque si no, la sacáis chueca.
-
---Este hombre debe estar loco--dijo la Bruja--mejor será que me vaya.
-
-Y se fué donde el Rey.
-
---Señor--le dijo--este pícaro de Comín tiene a los conejos mansitos,
-como si los hubiera criado guachitos. Y lo peor es que me conoció y no
-pude sacarle ninguno.
-
---¿Y qué hacemos, comadre? Fíjese que su ahijada no quiere casarse con
-él y va a salir triunfante de todas las pruebas.
-
---Compadre, haga que mañana vaya mi comadre la Reina, pueda ser que ella
-consiga comprarle un conejito siquiera.
-
---Eso haremos, comadre; ella es muy habilosa y pueda ser que con su
-talento lo consiga; aunque lo dudo.
-
-Cuando el Sol se puso, llegó Comín con los cincuenta conejos que le
-habían entregado, ni uno más ni uno menos; y al día siguiente volvió a
-salir con ellos y los dejó que se fueran a retozar con toda
-tranquilidad. Poco después llegó la Reina disfrazada, muy empolvada y
-con mucho colorete, pero a pesar de todo Comín la conoció, tocó el pito
-y los animalitos llegaron corriendo y se congregaron a su rededor.
-
---¡Qué lindos los conejitos! ¿son para venderlos?
-
---No se venden, señorita; son del Rey y tengo que entregar en la tarde
-los cincuenta que son, porque si falta alguno nos fusilan a mí y a mis
-compañeros; con que usted verá si puedo vender uno solo que sea.
-
---Pero uno siquiera.
-
---¿Pero que no ha entendido lo que acabo de decirle? Si falta uno solo
-de los cincuenta conejos que me han entregado, nos despachan a mí y a
-mis cinco compañeros para el otro mundo.
-
---¿Y si le diera 5.000 pesos por uno?
-
---Ni aunque me dé 10.000.
-
---¿Ni por 20.000 pesos?
-
---Ni por 50.000; valen más mi vida y la de mis cinco amigos.
-
---Mire, le daré 100.000 pesos.
-
---Sea por 100.000 pesos, y además un abrazo y un beso y un mordisco en
-el pescuezo.
-
---Todo lo que me pide, menos el mordisco.
-
---Sin mordisco, no hay venta.
-
---Si es así, venga también el mordisco, pero que no sea muy fuerte.
-
-Entregó la Reina los 100.000 pesos, se dejó besar y abrazar y tuvo que
-aguantar un mordisco formidable de aquel gran comedor, que le arrancó
-medio cogote con sus dientes; pero la Reina, a pesar del intenso dolor
-que le produjo la herida, que casi se desmayó, se dió por feliz y
-satisfecha cuando Comín le entregó un conejo, que se llevó muy bien
-envuelto en la falda de su rico vestido. Comín se quedó aguaitándola, y
-cuando vió que iba a llegar al palacio, tocó el pito y al oirlo el
-conejo abrió un agujero en la tela en que iba envuelto y partió a todo
-escape a reunirse con sus compañeros, que lo esperaban delante de Comín.
-La Reina no se dió cuenta de la huída del animalito y sólo cuando
-extendió su vestido ante su marido para mostrárselo, vino a conocer su
-desgracia. Por cierto que al Rey sólo le contó lo de los 100.000, y por
-lo que hacía a la herida del cuello, que no podía moverlo, lo atribuyó a
-que se le había producido al pasar por debajo de una rama quebrada.
-
-Al otro día, también por consejo de la Bruja, fué Hermosura del Mundo,
-muy bien disfrazada, a comprar un conejo y Comín que la conoció muy
-bien, se lo vendió por otros 100.000, un beso, un abrazo y qué sé yo qué
-otros cariños más, porque la Princesa a todo estaba dispuesta, menos a
-casarse con Comín. Pero la Hermosura del Mundo le pasó lo que a su
-madre, que, a pesar de haber envuelto el conejito con toda prolijidad,
-asegurándolo con alfileres de gancho, el animalito, obedeciendo al
-llamado del pito, logró desprenderse de su encierro sin que Hermosura
-del Mundo lo notara, y llegó muy sí señor a reunirse con los otros
-conejos.
-
-Comín dijo al Rey:
-
---Supongo que su Sacarrial Majestad no nos va a tener toda la vida a mí
-y a mis compañeros exigiéndonos pruebas casi imposibles de ejecutar y
-que algún día esto ha de tener fin. Creo haber ganado sobradamente la
-mano de vuestra hija llevando a cabo los siete trabajos que se nos han
-impuesto, y espero que vuestra Majestad me la concederá hoy mismo:
-
-Pero el Rey, que ya había sido aconsejado por la Bruja, le contestó:
-
---Es cierto Comín que tú y tus compañeros habéis ejecutado las siete
-pruebas que os he exigido, aunque una no se terminó, pero todavía voy a
-imponeros una más, y será la última: ésto y mucho más vale Hermosura del
-Mundo.
-
---¿Y cuál será esa última prueba, señor?
-
---Coge ese saco y llénamelo de verdades.
-
---Perfectamente, señor, y si quiere le lleno dos. ¿Puedo comenzar luego?
-
---Puedes comenzar.
-
-La Corte estaba reunida, el Rey sentado en su trono; la Reina, con su
-cogote entrapajado, a la derecha del Rey; Hermosura del Mundo, a la
-izquierda; la Bruja, al lado de la Princesa; y a uno y otro lado de la
-gran sala, los grandes de la Corte y principales dignatarios y
-funcionarios. Se adelantó Comín, tomó el saco que se le había indicado y
-principió:
-
---¿Es verdad, señor, que para conceder la mano de Hermosura del Mundo
-vuestra Majestad antes no pedía sino que se le construyera en tres días
-y de tres azuelazos un castillo igual o mejor que el de su Sacarrial
-Majestad y en el cual se vieran el Sol y la Luna?, y que en esta vez, a
-exigencias de vuestra hija la Princesa Hermosura del Mundo, que me
-encuentra muy guatón y ordinario, me ha obligado vuestra Majestad a
-ejecutar muchos otros trabajos, a cual de ellos más difícil?
-
---Sí, es verdad.
-
---Y muy grande. Entra, verdad, al saco.--Y haciéndose como que echaba
-algo al saco, continuó:
-
---¿Es verdad, señor, que ejecutados todos los trabajos a entera
-satisfacción de su Majestad, vuestra Majestad, por consejos de esa Bruja
-infernal dispuso se me entregaran cincuenta conejos que debía soltar en
-la montaña y traerlos en la tarde, durante tres días, sin que faltara
-uno solo, so pena de la vida de seis personas, y que la misma Bruja,
-transformada en una hermosa niña, trató de quitarme uno de los conejos
-para que vuestra Majestad nos mandara fusilar a mí y a mis cinco
-compañeros; pero yo la conocí y no bastaron ni sus ofertas, ni sus
-tentaciones y demás argucias de que se valió para que yo le entregara
-uno?
-
---También es verdad.
-
---Otra verdad al saco, y van dos. Las que voy a decir en seguida son tan
-gordas que cada una es bastante para llenar un saco.
-
-Y dirigiéndose a la Reina preguntó:
-
---No es verdad señora, que vuestra Majestad, disfrazada de dama de la
-Corte, fué el segundo día a comprarme un conejo con el mismo fin que su
-comadre la maldita Bruja, y que después de muchas ofertas consentí en
-entregarle uno en cambio de 100.000 pesos, un beso...
-
---Mira, hijo, le dijo la Reina al Rey, estamos tonteando; es mejor que
-se casen luego; ¿no ves que es inútil batallar con él y que siempre
-saldremos perdiendo?
-
-Todavía hablaba la Reina cuando apareció al lado de Comín, sin que nadie
-supiera de donde salía, el mismo anciano que le había dado el pito, y
-dirigiéndose a la Princesa le dijo:
-
---Hermosura del Mundo, cásate con él y serás feliz.
-
-Y tocando a Comín con el palo que le servía de bastón, quedó Comín
-transformado en un gallardo joven y cambió no sólo de figura sino que
-hasta del modo de hablar.
-
-Se casaron, y Comín dejó de ser el gran comedor de antes; pero sus
-compañeros, que siguieron a su servicio, conservaron las virtudes de que
-gozaban y fueron poderosos defensores del reino. Hermosura del Mundo
-fué, como se lo pronosticó el viejito, muy feliz con su marido y jamás
-se acordó de que hubiera sido guatón y de modales ordinarios. Tuvieron
-un semillero de niños, todos buenos e inteligentes, y fueron para ellos
-una verdadera corona, más valiosa que la que ciñeron en su frente a la
-muerte del Rey.
-
-Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento y pase por un zapatito
-roto para que alguno de los que me oyen cuente otro.
-
-
-
-
-17. EL ARBOL DE LAS TRES MANZANAS DE ORO.
-
-(Referido en 1912 por Juan Ignacio Montecinos, de 32 años, de San
-Felipe, quien lo oyó contar en Santiago, siendo niño.)
-
-
-Este era un viejo Rey, muy rico y poderoso, que gobernaba un extenso
-país, lleno de recursos y muy poblado.
-
-Este Rey tenía tres hijos, hermosos, fuertes y valientes, queridos de
-todo el pueblo, y mucho más de sus padres, a quienes respetaban y amaban
-con idolatría.
-
-El Rey y su familia moraban en un suntuoso palacio, a cuyos pies se
-extendía un huerto plantado de toda clase de árboles frutales de las
-especies más escogidas y variadas; pero su principal ornamento era un
-enorme y bellísimo manzano, cuya copa descollaba sobre todos y se
-divisaba desde muy lejos. Su tronco de plata y sus hojas de bronce eran
-la admiración de cuantos lo veían.
-
-Una antigua leyenda ligaba su existencia a la suerte del reino.
-
-Este árbol prodigioso daba todos los años tres manzanas de oro, que
-maduraban sucesivamente en las tres primeras noches del mes de Enero;
-pero desde hacía tres años, alguien se introducía en el huerto y se las
-robaba en el momento preciso en que entraban en sazón sin que hubiese
-sido posible atrapar, y ni siquiera ver, al miserable que las substraía,
-a pesar de las infinitas precauciones que se tomaban para impedir su
-entrada, y de que una numerosa guardia, armada hasta los dientes, se
-establecía aquellas tres noches alrededor del árbol. Poco antes de las
-doce un sueño irresistible se apoderaba de todos, y no despertaban
-hasta el día siguiente, cuando ya la fruta había desaparecido.
-
-El Rey se sentía sumamente afligido con esta desgracia, que lo era, y
-muy grande, pues, como se ha dicho, la suerte del reino dependía del
-manzano maravilloso.
-
-Una vez, en el último día del año, que el Rey se hallaba rodeado de sus
-hijos y de todos los grandes de la Corte, dijo:
-
---Mañana a media noche madurará la primera manzana de oro, y por cuarta
-vez vendrá el misterioso ladrón y se la robará. ¿No hay entre todos
-ustedes un valiente que estorbe su entrada?
-
-Se acercó al trono el hijo mayor del Rey e hincando una rodilla ante su
-anciano padre, habló de esta manera:
-
---Mi señor y padre, yo me propongo esperar a nuestro enemigo y no
-dejarme dominar por el sueño, y por fuerte que sea, vencerlo y
-arrastrarlo encadenado a vuestras plantas.
-
---Anda, hijo, contestó el Rey, y quiera Dios que te vaya bien en la
-empresa.
-
-Se retiró el príncipe a sus habitaciones, y aunque no eran más de las 2
-de la tarde, se echó a dormir, a fin de no tener sueño en la noche, Como
-a las 11 despertó, y armándose de poderosas armas, se dirigió al huerto
-y se sentó al pie del manzano a esperar la llegada del ladrón.
-
-Al dar la campana del reloj del palacio el primer golpe de las 12, se
-iluminó el huerto con una luz tan viva que el Príncipe, como herido por
-un rayo, perdió la vista y cayó desvanecido en tierra.
-
-Al día siguiente lo encontraron tendido, como muerto, y en el árbol sólo
-vieron dos manzanas de oro: una había sido robada.
-
-En el consejo que se celebró ese día, se comentó el hecho en medio de
-gritos de venganza; pero nadie, sino el segundo de los hijos del Rey, se
-ofreció para velar esa noche y hacer un escarmiento en el desconocido
-personaje que se había propuesto acabar con la tranquilidad del reino.
-
-Pero el hombre propone y Dios dispone, y las cosas no resultaron según
-los deseos del Príncipe. Los hechos se repitieron en igual forma que en
-la noche anterior, y en la mañana siguiente encontraron al Príncipe
-tendido en el suelo, sin conocimiento y sin vista. En el árbol no
-quedaba sino una manzana.
-
-La consternación más profunda se pintaba en todos los rostros. En el
-consejo nadie se atrevía a hablar; parecía que todos habían perdido el
-uso de la palabra.
-
-Pero he aquí que el tercero de los príncipes, jovencito imberbe de unos
-18 años, se adelantó hasta el trono, y prosternándose ante su padre, se
-expresó del siguiente modo:
-
---Señor y padre amado, me aflige veros triste y contemplar a mis
-hermanos en el miserable estado en que han quedado; me aflige ver al
-pueblo sobrecogido de espanto y a todos sin ánimo ni valor para nada. Yo
-deseo acabar con este estado de cosas: quiero que la paz vuelva a todos,
-y espero que Dios dará fuerzas suficientes a mi brazo para vencer al
-enemigo común y volver a todos la tranquilidad. Dadme vuestra bendición,
-bendecid también mis armas, y que Dios me ayude.
-
-Con los ojos inundados de lágrimas, bendijo el Rey al Príncipe y bendijo
-asimismo las armas que éste depositó a sus pies. En seguida, el
-Príncipe, pidiendo permiso al Rey para retirarse, salió de la sala con
-paso tranquilo, se dirigió a sus habitaciones, en donde estuvo orando
-hasta cerca de las 12, hora en que, armado nada más que de su arco y de
-una flecha (las armas que su padre había bendecido), se dirigió al
-huerto con la confianza de que había de vencer.
-
-Poco después sintió un ruido, como el de una gran ave que volara a corta
-distancia, y al dar el reloj la primera campanada de las 12, el huerto
-se iluminó con una luz vivísima. Pero el Príncipe en vez de mirar
-inmediatamente hacia el árbol de las manzanas de oro, como lo habían
-hecho sus hermanos, se prosternó humildemente y sólo después de invocar
-el nombre de Dios y pedirle su ayuda, tomó el arco y colocó la flecha en
-la cuerda. Al resplandor de la luz, que se había dulcificado
-notablemente, pudo ver el Príncipe una Aguila enorme, con las plumas de
-oro, que tenía sobre sus hombros a una hermosísima Princesa sujeta de la
-cintura con una cadena de oro, cuyo extremo apretaba el águila
-fuertemente con una de sus patas, mientras con la otra trataba de
-agarrar la única manzana que quedaba. En el preciso momento que el ave
-la cogía, el Príncipe lanzó la flecha e hirió la pata con que el ave
-acababa de tomar la manzana. El Aguila lanzó un grito de dolor, soltó la
-manzana, que el Príncipe se apresuró a levantar, y huyó. Pero antes la
-Princesa arrancó al ave una pluma de oro y lanzándosela al joven, le
-gritó:
-
---Guárdala, que ella te servirá para encontrarme.
-
-Cuando el Príncipe volvió al palacio con sus trofeos, fué recibido con
-los mayores transportes de alegría. El Rey no cabía en sí de gozo, pues
-como todos los demás, temía que al Príncipe le hubiese sucedido la misma
-desgracia que tan cruelmente había herido a sus hermanos.
-
-Una vez que el joven terminó de referir la aventura, manifestó a sus
-padres que tenía deseos de ir a la conquista de la hermosa Princesa, y
-de matar al Aguila para librar al reino de las desgracias que este
-monstruo pudiera causarle.
-
-El Rey le dió permiso para tentar esta nueva empresa; y el joven, que
-tenía prisa de partir, pues el recuerdo de la Princesa le había medio
-trastornado, arregló en un momento sus prevenciones de viaje, y sin
-acompañarse de nadie, se lanzó por el primer camino que halló a su paso.
-
-Así marchó al azar días y días, preguntando en todas partes si sabían en
-donde se encontraría el Aguila de las plumas de oro; pero nadie le daba
-noticias.
-
-Un día que iba muy triste y pensativo porque el tiempo pasaba y pasaba
-sin adelantar en sus diligencias, fué de pronto sacado de su meditación
-por la algazara que formaban unos cuantos niños dentro de una zanja
-abierta a orillas del camino. Se acercó a ver qué motivaba la bulla y
-vió que los chicos ortigaban a una gran rana que tenían en el suelo
-tendida de espaldas. El Príncipe les increpó su crueldad, los castigó
-suavemente y los obligó a retirarse. En seguida tomó la rana y la ocultó
-a alguna distancia entre la yerba a fin de que, si los niños volvían, no
-la encontraran.
-
-Anduvo todavía varios días, siguiendo caminos y cruzando bosques en que
-no encontraba a nadie, hasta que por fin llegó a una choza que se
-levantaba a orillas de un arroyo. En la puerta estaba sentada una
-viejecita de aspecto agradable, que tomaba tranquilamente su mate, que
-ella misma se cebaba. El Príncipe la saludó afablemente y le preguntó si
-podría decirle en dónde encontraría al Aguila de las plumas de oro y a
-la Princesa que tenía prisionera. La viejecita le contestó que
-seguramente podría darle algunas noticias que le interesarían, pero que
-era bueno que bajase del caballo para que se sirviera un matecito y
-descansara. El Príncipe accedió a los deseos de la anciana, quien le
-cebó su buen mate con hojas de cedrón y cáscaras de naranjas, y después
-lo condujo a una pieza en que había una excelente cama, que el Príncipe,
-que no había reposado en lecho desde que había salido de palacio,
-encontró más blanda y agradable que la que tenía en sus habitaciones.
-
-Durmió el Príncipe como un ángel de Dios, y al día siguiente se levantó
-reconfortado y alegre y con mayores deseos de continuar la aventura.
-Agradeció a la viejecita sus servicios, la obsequió con algunas de las
-provisiones que llevaba y le rogó que le diese las noticias que le había
-ofrecido. La anciana le dijo:
-
---Joven Príncipe, tú has sido bueno conmigo, tienes un corazón
-bondadoso, pues te apiadas de la desgracia ajena, y yo quiero pagar la
-deuda que contigo tengo contraída, en cuanto mi poder alcance, y
-premiar tu virtud.
-
-El Príncipe no comprendió lo que la buena mujer le decía, y pensando que
-tal vez se referiría a las provisiones que le había obsequiado, le dijo:
-
---¡Señora! si el alojamiento que usted me ha ofrecido y la buena noche
-que he pasado en su casa valen cien veces más que los pobres víveres que
-le he dejado; de manera que yo soy siempre su deudor!
-
---No es esa mi deuda, ¿Te acuerdas, Príncipe, de aquella rana que
-ortigaban unos niños dentro de una zanja y a quien tú salvaste? Pues,
-aquella rana soy yo, que a estas horas habría perecido a manos de
-aquellos malvados muchachos si tú no me quitas de su poder. Yo soy
-agradecida, y pagaré mi deuda de la mejor manera posible.
-
-»En un palacio muy distante de aquí vive un gigante hechicero, muy
-malvado, y mi enemigo. El es quien tiene prisionera a la Princesa que
-buscas y él también el que, convertido en águila con las plumas de oro,
-va todos los años a robar al huerto de tu padre las manzanas del árbol
-maravilloso. Esas manzanas son las que mantienen su poder, y como en su
-última correría sólo alcanzó a robar dos, su poder no durará sino los
-ocho primeros meses de este año; además, la pluma que le arrancó la
-Princesa ha disminuido su fuerza, que también se ha aminorado un poco
-con la herida que tú le causaste en una pata, y que lo ha dejado cojo.
-Si tú quieres esperar que se cumplan los ocho meses, no te costará más
-trabajo conquistar a la Princesa que vencer al Gigante en lucha
-ordinaria, de hombre a hombre, con la seguridad de que, con los medios
-que yo te proporcione, saldrás vencedor; pero, si desde luego quieres
-rescatar a la prisionera y matar al enemigo de tu patria, tendrás que
-correr muchos y grandes peligros, a pesar de las fuerzas que ha perdido
-el Gigante, pues su poder siempre es mucho y está rodeado de feroces
-auxiliares.
-
---Prefiero correr los peligros, dijo el Príncipe, y dar fin de una vez a
-esta empresa, aunque perezca en la contienda.
-
---No perecerás, pero tendrás que pasar grandes fatigas. Sigue el camino
-que principia aquí al frente de mi choza, y después de tres días de
-marcha llegarás a casa de una bruja tuerta, más mala que la hiel y
-comadre muy querida del Gigante: ésta es la primera avanzada que tienes
-que vencer. Cuando llegues, la encontrarás sentada a la puerta, con la
-espalda vuelta al camino; te acercarás a ella, procurando que no te
-sienta y cuando llegues a donde está, trata de meterle en el ojo derecho
-la pluma de oro que te lanzó la Princesa, y quedará ciega: entonces te
-apoderas de un hacha que guarda detrás de la puerta y que te servirá
-para vencer a las fieras que custodian el palacio del Gigante, para
-pelear con este mismo y derrotarlo y para cortar las cadenas con que
-está aprisionada la Princesa. Tomarás también una redoma que la Bruja
-tiene en una mesa de arrimo que hay en la primera pieza de la derecha;
-el agua que contiene es de virtud, y para aprovecharla introducirás en
-ella la pluma de oro y te lavarás las quemaduras y heridas que te
-produzcan los monstruos guardianes del palacio. De la misma manera
-curarás, cuando vuelvas a palacio, la ceguera de tus hermanos. Si alguna
-desgracia imprevista te sucede, acuérdate de mí, y correré en tu
-auxilio. Ahora anda, y que Dios te ayude.
-
-Partió el Príncipe todo alborozado, y a los tres días de casi un
-continuo andar, el caballo se detuvo a corta distancia de la puerta de
-una modesta casa, en la cual había una mujer sentada en un piso, con la
-espalda vuelta al camino. Se bajó el Príncipe de su caballo y andando
-muy quedito, en la punta de los pies, se acercó a la mujer y le metió la
-pluma de oro en uno de sus ojos; pero por desgracia se equivocó, pues en
-vez de introducirla en el derecho, que era el sano, se la metió en el
-izquierdo, que era el tuerto. La mujer, al sentirse herida, entró a la
-casa y volvió rápidamente trayendo un poco de agua de la redoma, con la
-que roció al Príncipe, diciendo al mismo tiempo: “Vuélvete quiltro”. Y
-el Príncipe se convirtió al punto en un perrillo sucio y despreciable.
-La mujer tomó incontinenti un garrote y le propinó una de las palizas
-más famosas de que haya memoria.
-
-El Príncipe huyó al interior de la casa con la cola entre las piernas,
-aullando lastimosamente.
-
-¡Cómo se lamentaba el pobre de su error! Ya todo estaba perdido! Adiós,
-Princesa, y padres y hermanos!
-
-Pero de repente se acordó de la última recomendación de la viejecita y
-se puso a decir muy bajito, para que no lo oyeran: «¡Ranita, Ranita,
-acuérdate de este pobre príncipe!» Y casi al mismo instante que
-terminaba estas palabras, vió a su lado a la Rana.
-
-Dió la Rana un salto y díjole al oído: «No tengas cuidado, esperemos que
-la Bruja duerma y entonces pagará las hechas y por hacer».
-
-Pasadas unas dos o tres horas, se acercaron a la puerta de la pieza en
-que la Bruja dormía y sintieron que roncaba ruidosamente. Entonces la
-Rana se convirtió en la Viejecita que había conocido el Príncipe tres
-días antes y diciendo unas palabras ininteligibles, el Príncipe dejó de
-ser perro y tomó su forma natural. La pluma de oro sirvió para abrir la
-puerta del dormitorio de la Bruja, sin que hiciera ruido: y entonces
-tomando el Príncipe el hacha que estaba tras de la puerta, asestó a la
-Bruja tal golpe en el cuello que le separó la cabeza de los hombros.
-
-La Viejecita tomó la redoma y le dijo al Príncipe que ella lo
-acompañaría para que no le sucediera otra nueva desgracia. Abandonaron
-la casa, y a la luz de la Luna vió el Príncipe dos caballos, el de él,
-en que montó, y otro más, en que subió la Viejecita.
-
-Emprendieron la marcha, y cuando ya era de día, divisó el Príncipe, muy
-lejos, muy lejos, en la cumbre de una alta montaña, una especie de
-castillo. La Viejecita le dijo: «Este es el palacio del Gigante, a quien
-venceremos con la ayuda de Dios.»
-
-Siguieron avanzando, y cuando ya estaban como a una legua de distancia
-del palacio, llegó hasta ellos un ruido ensordecedor de maullidos,
-ladridos y rugidos espantosos, como si miles de fieras lanzaran a un
-tiempo sus gritos amenazadores. Cualquiera habría retrocedido lleno de
-pavor, pero nuestros viajeros siguieron impertérritos su camino.
-
-Media legua más habrían andado los caballos cuando un impedimento
-bastante serio los detuvo por un instante: las fieras no se contentaban
-ya con sus gritos sino que al mismo tiempo lanzaban por hocico y narices
-gruesos chorros de fuego líquido que llegaban hasta nuestros caminantes
-y casi los abrasaban. Pero la pluma de oro empapada en el agua de la
-redoma se portó a las mil maravillas, pues no sólo les curó como por
-ensalmo las llagas que el fuego les había producido, sino que además los
-inmunizó para recibir nuevas quemaduras.
-
-Entonces pudieron avanzar sin cuidado; pero antes de llegar hasta la
-puerta del palacio tenían que atravesar una larga extensión de terreno
-ocupada por una multitud de leones, tigres, serpientes, demonios y otras
-fieras y monstruos servidores del Gigante, que estaban dispuestos a
-despedazar a los dos intrusos o dejarse destrozar por ellos antes que
-permitir llegaran hasta su amo.
-
-Pero el Príncipe, armado del hacha encontrada en la pieza de la Bruja, y
-la Viejecita blandiendo la pluma de oro impregnada con agua de la
-redoma, pudieron derrotar, aunque con algún trabajo y sacando algunas
-heridas, a sus poderosos enemigos, que quedaron tendidos en el campo,
-sin vida.
-
-Hélos ahora en presencia del Gigante, el cual, al verlos acercarse,
-levantó su pesada muleta de hierro, capaz, no de matar a un solo
-cristiano, sino de concluir con un numeroso ejército.
-
-El Príncipe se adelantaba hacia él sin temor, y una vez que el Gigante
-lo tuvo a su alcance, dejó caer la muleta con tal fuerza que más de la
-mitad de ella penetró en la tierra. El Príncipe, en cuanto notó el
-movimiento del Gigante, esquivó el cuerpo, y alzando su hacha, la
-descargó sobre la pierna sana de su enemigo, que cortó como si fuera de
-queso. El monstruo, no pudiendo mantenerse en pie, cayó cuan largo era,
-y el Príncipe, corriendo apresuradamente, de un hachazo le cortó la
-cabeza a cercén.
-
-La liberación de la Princesa fué cosa de un momento; con un suave golpe
-del hacha se cortó la cadena de oro que la aprisionaba, y pudo arrojarse
-en los brazos de su libertador.
-
-En carros y caballos que había en el mismo palacio, cargó el Príncipe
-todas las riquezas que encontró, e inmediatamente se pusieron todos en
-camino para el reino de su padre. Por medio del arte de la Viejecita,
-que tan buenos servicios le había prestado, en pocas horas llegaron a la
-entrada de la capital. Allí la Viejecita se despidió del Príncipe y de
-la Princesa y después de aconsejarles que fueran siempre buenos y
-virtuosos, único modo de obtener la felicidad, desapareció de su vista.
-La Viejecita era la Virgen.
-
-El Príncipe fué acogido por todos en medio de la mayor alegría y
-proclamado salvador de la patria. Sus hermanos recobraron la vista
-sirviéndose de la pluma de oro y del agua de la redoma.
-
-El matrimonio del joven Príncipe y de la Princesa fué uno de los
-acontecimientos más celebrados. Se hicieron grandes fiestas para el
-pueblo, que se divirtió alegremente, y yo me encontré en ellas y bebí
-mucho y comí más que un sabañón.
-
-
-
-
-18. LOS HIJOS DEL PESCADOR, O EL CASTILLO DE LA TORDERÁS, IRÁS Y NO
-VOLVERÁS.
-
-(Narrador: José Pino, de veinte años, de Rancagua.)
-
-
-Para saber y contar, escuchar y aprender. Esteras y esteritas, para
-sacar peritas; esteras y esterones, para sacar orejones. No le eche
-tantas chacharachas, por que la vieja es muy lacha, ni se las deje de
-echar, porque de todo ha de llevar: pan y pan para las monjas de San
-Juan; pan y harina para las monjas Capuchinas; pan y queso, para los
-tontos lesos. Fin del principio y principio del fin. ¡Atención!
-
-Han de saber que hace muchos años vivían en un pueblecito de la costa
-dos pobres viejos, marido y mujer, muy apreciados de los vecinos por su
-bondad y por lo serviciales que eran con todo el mundo.
-
-El marido era pescador y la mujer se ocupaba de los quehaceres de la
-casa, que, aunque no eran muchos, no dejaban de ser bastantes para sus
-años. Sus bienes se reducían a la choza que habitaban, a la red, una
-yegua, una perra y unos cuantos pesos, muy pocos, por cierto, que habían
-logrado reunir a fuerza de privaciones y que guardaban cuidadosamente
-para atender a las enfermedades que pudieran sobrevenirles o a
-cualesquiera otras necesidades imprevistas.
-
-Sucedió una vez que durante varios días le fué muy mal al viejito en la
-pesca. Echaba la red y no sacaba nada; sin embargo, los otros pescadores
-retiraban sus redes llenas.
-
-«¿Qué diantres habré hecho yo para que el cielo me castigue así?»--decía
-desesperado el anciano; y volvía a echar la red, y nada, siempre vacía.
-
-En las tardes se iba triste a su casa, y a pesar de que su mujer trataba
-de consolarlo y le contaba chascarros para hacerlo reir, no lo
-conseguía.
-
-Se comieron las pocas economías que tenían, y cuando no les quedaba ya
-ni un chico, el pobre viejo, llorando, se fué a la playa, montado en su
-yegua como acostumbraba hacerlo, y tirando la red al mar, dijo:--«En
-nombre sea de Dios y que se haga su voluntad»; y después de un rato, al
-retirarla, la encontró tan pesada, que para sacarla tuvo que amarrarla a
-la cincha de la yegua.
-
-Mientras la yegua tiraba la red, el viejo se refregaba las manos de
-gusto, y riéndose decía:--«En fin la suerte cambia; tendremos para comer
-algunos días y aún podremos vender algo.» ¡Pero cuál no sería su asombro
-cuando al examinar la red encontró que lo único que había pescado era un
-pecesillo que no medía más de una cuarta!
-
-Y ese ser tan pequeño, ¿cómo pesaba tánto, que él, que era tan forzudo,
-no había podido arrastrar la red y había tenido que auxiliarse de la
-yegua para sacarla? Tomó su cuchillo e iba a abrir el pescadito para ver
-lo que lo hacía tan pesado, y cuando estaba a punto de hacer esta
-operación, oyó que el pez le decía:--«No me mates aquí. Llévame para tu
-casa y allá me partes en cinco trozos: la cabeza, que te comerás tú; la
-cola, que se comerá tu mujer; los dos costados, que darás uno a la yegua
-y el otro a la perra; y por último, el lomo, que plantarás en el jardín.
-Si haces lo que te digo, no tendrás de qué quejarte, y además, en
-adelante, siempre cogerás pesca en abundancia».
-
-Se fué el pescador a su choza e hizo lo que le había ordenado el
-pececito; y ¡oh maravilla! al otro día tuvo la viejecita dos niños muy
-hermosos y tan parecidos el uno al otro, que era de confundirlos;
-asimismo, la yegua tuvo dos potrillos del mismo pelo y del mismo tamaño;
-la perra dos perritos casi iguales, y en el jardín nacieron dos
-naranjos.
-
-Desde ese mismo día el viejecito pescó como ningún otro; de manera que
-tuvo alimento suficiente para toda la familia y pescado para vender en
-la ciudad vecina. La fortuna le sonreía de todas maneras, pues los niños
-crecían sanos y robustos y eran excelentes personas.
-
-Pasaron los años unos tras otros y los niños transformados ya en
-hombres, cumplieron los veinte. Entonces el mayor, que se llamaba
-Francisco, quiso salir a rodar tierras, para probar fortuna, y le pidió
-la bendición a sus padres. Inmediatamente después de abrazarlos, armose
-de una espada, montó en su caballo y seguido de su perro, partió al
-galope.
-
-Después de algunos días de marcha, llegó a una ciudad y notó que la poca
-gente que andaba por las calles parecía consternada por una gran
-desgracia. Al mismo tiempo se oían lamentos, llantos y alaridos por
-todas partes.
-
-Detuvo Francisco a una viejecita que iba toda llorosa y le preguntó por
-qué los habitantes de la ciudad andaban tan tristes.
-
---¡Cómo no hemos de estar afligidos, patroncito, cuando hoy debe comerse
-el culebrón a la única hija de nuestro rey, la princesa más bella y más
-bondadosa que se conoce, tan querida de los pobres, pues a todos nos
-auxilia y nos consuela! Ah! esta es la peor desgracia que podía
-sucedernos!
-
-Y la anciana lloraba sin consuelo.
-
---Pero, cuénteme que es eso del culebrón y por qué se va a comer a la
-Princesa.
-
---Ha de saber, señor, que en la montaña vecina se ha establecido desde
-hace años, un culebrón enorme, que tiene siete cabezas y al cual nadie
-ha podido matar, por valiente que haya sido, pues en cuanto le cortan
-una, al momento renace, y para concluir con él habría que cortarle las
-siete de una vez; pero hasta ahora, señor, ninguno lo ha conseguido, a
-pesar de que el Rey ha ofrecido como premio la mano de su hija, y lo
-único que se ha sacado es que hayamos tenido que lamentar el
-desaparecimiento de los más nobles caballeros, de los mejores soldados
-del ejército que tentaron la aventura. Pero esto, mi caballerito, nada
-sería; lo peor es que la fiera, para no envenenar el agua, lo cual
-acabaría con la población del reino, exige que cada año se le entregue
-una princesa de sangre real; ya se le han entregado las primas y
-sobrinas del rey y no queda sino la única hija que nuestro monarca
-tiene, a quien tanto quiere que se mira en ella, y lo mismo el pueblo
-entero, que la adora; y hoy a las 12 del día, se vence el plazo, en que
-el culebrón vendrá a buscarla. La princesa se dirigió temprano a la
-montaña, para que la fiera dé hoy también cuenta de ella.
-
---Pues, por esta vez, buena anciana, el culebrón no saldrá con la suya,
-que para algo Dios ha dado fuerza a mi brazo y ha infundido valor en mi
-espíritu.
-
-Pidió el hijo del pescador las señas del lugar en que estaba la princesa
-y, dadas por la viejecita clavó espuelas al caballo y partió a toda
-carrera.
-
-Halló Francisco a la princesa sentada en una piedra, llorando
-amargamente y enjugándose las lágrimas con su larga y brillante
-cabellera rubia, cuyas crenchas, sueltas, pendían a uno y otro lado del
-cuello. El joven trató de consolarla y le prometió que mataría al
-monstruo antes que tocara uno solo de sus cabellos; y con tanta
-seguridad hablaba, que logró infundir confianza en la princesa.
-Conversaron un rato, hasta que Francisco, que se sentía fatigado, quiso
-descansar mientras llegaba la hora del combate, y tendiéndose en tierra
-y apoyando la cabeza en las faldas de la princesa, se quedó dormido.
-Momentos antes, mientras hablaban, la Princesa había dado al joven un
-pañuelo, con su cifra, y un valioso anillo, diciéndole que tal vez
-podría servirle de algo más tarde.
-
-Junto con sentirse la primera campanada de las 12 en los relojes de la
-ciudad, se oyó un rugido formidable que conmovió toda la montaña y,
-naturalmente, despertó al joven.
-
-Monta éste apresuradamente en su caballo y empuñando la espada, llama a
-su perro y se apercibe para la pelea. Fué ésta un espectáculo digno de
-verse. El Culebrón adelantaba las siete cabezas hacia su enemigo y
-trataba ya de morderlo con sus afilados colmillos, ya de estrecharlo
-entre sus cuellos; pero, por un lado el caballo, que esquivaba los
-ataques con toda rapidez, y el perro, por otro, que acosaba a la fiera
-con sus dentelladas, le impedían dañar al hijo del pescador.
-
-De vez en cuando nuestro combatiente lograba asestar con su espada un
-terrible golpe en alguno de los cuellos de la bestia y una de las
-cabezas rodaba por el suelo; pero era inútil, porque en el mismo
-instante de ser cortada aparecía otra nueva.
-
-Largas horas habían transcurrido desde el comienzo del combate y ninguno
-de los dos enemigos había conseguido ventaja sensible sobre el otro;
-pero sucedió que el Culebrón, por defenderse del perro que acababa de
-abrirle ancha herida cerca de la cola y de la cual manaba sangre en
-abundancia, dirigió las siete cabezas hacia atrás, y entonces el hijo
-del pescador, aprovechando de la circunstancia de que el monstruo no
-podía atacarlo, levantó la espada con las dos manos y, con robusta
-fuerza, la dejó caer un poco más abajo de donde el cuello se dividía en
-siete. El rugido que lanzó el animal al sentirse mortalmente herido, fué
-tremendo, y se oyó a muchas leguas de distancia; pero, inmediatamente se
-produjo el silencio más completo. El Culebrón no volvería ya a molestar
-a nadie y el reino se vería libre, en adelante, de tan cruel enemigo.
-
-Francisco bajó de su caballo y, cortando una por una las siete lenguas
-de la bestia, las envolvió en el pañuelo de la Princesa y las guardó en
-su pecho.
-
-Mientras tanto la Princesa, que había presenciado el terrible combate y
-que a cada momento le parecía ver a su defensor triturado en las fauces
-del fiero monstruo, presa del mayor terror, enmudeció--y cuando el
-joven, ya vencedor, corrió hacia ella para subirla a su caballo y
-conducirla a la ciudad, no pudo articular ni una palabra y hubo de
-limitarse a manifestarle su gratitud por medio de señas.
-
-El joven dejó a la princesa en las puertas de la capital y,
-prometiéndole que volvería en tiempo oportuno, se despidió y fué a
-alojarse en una choza abandonada que se levantaba no muy lejos y cerca
-de la cual había agua y pasto en abundancia para su caballo y pesca y
-caza para él y su perro.
-
-En el mismo día en que se efectuó el combate, un negro, que el cocinero
-del rey ocupaba en acarrear leña de la montaña, tropezó con el Culebrón,
-que yacía en tierra todavía caliente, pues no hacía mucho que había sido
-matado. El enorme peso del animal impidió al negro cargarlo, a pesar de
-sus fuerzas, y entonces, a hachazos, lo cortó en varios trozos, que
-arrojó en el carro de que se servía para conducir la leña, y llevándolo
-a palacio se presentó al Rey, diciéndole que acababa de matarlo y
-exigiéndole el cumplimiento de la promesa de que casaría a su hija con
-el vencedor del monstruo. La princesa había llegado pocos momentos
-antes; pero como había quedado muda y estaba como atontada de miedo, no
-se hallaba en situación de desmentir al miserable negro.
-
-Como parecía evidente que el negro había sido el matador del Culebrón, y
-palabra de Rey no puede faltar, concedió el Rey al negro la mano de la
-Princesa y se convino en que, en unos quince días más, cuando la
-Princesa hubiera salido del estado de inconsciencia en que se
-encontraba, se celebraría la boda.
-
-Pasaron los días y aunque la Princesa no recobró la palabra, se
-prepararon los festejos para la celebración del matrimonio. Las fiestas
-debían comenzar con una gran comida, a que asistiría toda la corte. La
-Princesa estaba desesperada, pero como no podía hablar, a pesar de los
-esfuerzos que hacía para explicar por medio de gestos la impostura del
-negro, no pudo darse a entender.
-
-Llegó el día del banquete, y el hijo del pescador, que estaba en autos
-de todo por lo que se decía en la ciudad, cuando fué la hora de la
-comida, ordenó a su perro que, sin que nadie lo viera, arrebatara al
-negro su plato. El perro ejecutó la orden por dos veces seguidas, sin
-ser visto; el negro, creyendo que algunos de los servidores adrede le
-sacaba los platos ante de tocarlos, formó grande alharaca y se armó el
-alboroto consiguiente. La tercera vez, Francisco mandó al perro que se
-dejara ver; y al ser sorprendido en el acto de robar el plato al negro,
-el Rey ordenó a sus guardias que lo siguieran y trajeran a su presencia
-al amo del perro.
-
-Cuando llegaron a la choza en que el joven se hospedaba, el capitán de
-la guardia le intimó orden de seguirlo, pero Francisco dijo que sólo
-iría si lo iban a buscar en coche, porque él era quien debía estar en la
-mesa sentado al lado de la Princesa en lugar del horrible negro, que no
-pasaba de ser un impostor; que se le llevara ante el Rey no en calidad
-de preso, sino en la forma que indicaba y probaría palmariamente lo que
-acababa de decir.
-
-Volvió el capitán con el mensaje ante el monarca y a pesar de las
-protestas del negro, con gran contento de la Princesa y de las damas y
-señoras de la corte dispuso el Rey que trajeran al joven en coche, como
-él lo pedía, para oir sus alegaciones.
-
-Al entrar Francisco en la sala del convite, llamó la atención de los
-circunstantes, por su varonil hermosura y por su cortesanía. Pidió
-permiso al Rey para hablar y, concedido que le fué, preguntó al negro si
-las cabezas del Culebrón (que aún se conservaban como recuerdo y
-permanecían expuestas a la admiración del público), estaban completas
-cuando las había traído a la ciudad. El negro contestó que estaban
-completas; pues él nada les había sacado ni notó que nada les faltara;
-que después de terminado el combate que había sostenido con la fiera,
-se había limitado a cortar con su hacha el cuello principal del animal.
-Francisco pidió entonces al Rey y a todos los presentes que tomaran nota
-de lo que acababan de oir, y tornó a preguntar al negro:
-
---¿Estás seguro de que nada les faltaba? ¿Todas tenían sus dos ojos, sus
-dos orejas, su lengua?
-
---Supongo que todas las tendrían, porque, como he dicho, yo nada les
-saqué.
-
---De manera, repuso el joven, dirigiéndose al Rey, que si yo tuviera en
-mi poder o los ojos, o las orejas, o las lenguas del Culebrón, ¿sería yo
-el matador del monstruo? Ya que después que le trajeron a palacio yo no
-habría podido sacárselos, pues si lo hubiese tentado, me lo habrían
-impedido los guardias que, según he oído, lo han custodiado día y noche.
-
---Así es--contestó el Rey.
-
---Así es--murmuraron los que estaban en la mesa.
-
---Pues bien, aquí están las siete lenguas del monstruo, que yo corté
-después de matarlo, y envolví en este pañuelo con la cifra de la
-Princesa, que ella misma me entregó antes del combate. Con esto queda
-comprobado que el negro es un miserable embustero que no hizo otra cosa
-que dividir el cadáver del monstruo que yo había dejado abandonado
-mientras conducía a la princesa a la ciudad; y a mayor abundamiento, he
-aquí un anillo que también ella me obsequió y que si su Majestad me
-permite colocaré en la mano de su antigua dueña.
-
-A una señal de asentimiento que el Rey hizo, Francisco se acercó a la
-Princesa, y en cuanto el joven colocó el anillo en su mano, la gentil
-niña recobró el habla y exclamó:
-
---¡Padre, este es mi salvador; él es el verdadero matador del culebrón!
-
-El Rey ordenó a la guardia que en el acto sacaran al negro de la sala y
-lo despeñaran desde la cumbre de un cerro muy alto, que servía para
-ajusticiar a los criminales; y a Francisco que se sentara al lado de la
-Princesa, que desde ese momento pasaba a ser su prometida.
-
-La fiesta, que había comenzado en medio de la mayor tristeza, pues la
-vista del negro los tenía a todos desazonados, se tornó en francamente
-alegre y terminó con la celebración del matrimonio del hijo del pescador
-con la princesa.
-
-Cuando los novios estuvieron en sus habitaciones, el joven se asomó
-casualmente a una ventana y vió que a la distancia se elevaba una gruesa
-columna de humo rojizo.
-
---Parece que hay un incendio--dijo Francisco a la Princesa.
-
---No es un incendio--le contestó ella;--es el humo de la fogata que
-todas las noches encienden en el castillo de la «Torderás, irás y no
-volverás».
-
---¡Qué nombre más raro tiene ese castillo!
-
---Se llama así porque el que a él va, no vuelve.
-
---Pues no le valdrá a ese castillo el nombre de la «Torderás, irás y no
-volverás», porque yo iré y volveré.
-
-La princesa rogó con insistencia a su marido que no fuese, que no se
-expusiera al peligro, pero Francisco le contestó:
-
---Si triunfé del Culebrón que tanto daño causaba al reino, ¿por qué no
-venceré los peligros que en el castillo puedan presentárseme?
-
-Y saliendo de las habitaciones, se fué a la caballeriza y sin más
-compañía que su fiel perro partió a la luz de la Luna.
-
-Aquel humo rojizo que aparentaba estar no muy distante del palacio,
-parecía alejarse a medida que el joven avanzaba hacia él; y sólo en la
-mañana, después de una marcha continua de la noche entera, logró él
-acercarse al castillo. Pero ojalá nunca hubiera llegado hasta ahí,
-porque no bien se encontró en ese sitio, comenzó a salir, como si del
-suelo brotara, una muchedumbre de viejas horribles, que lo rodearon y
-que dándose fuertes tirones de la cabellera, se arrancaban pelos que
-arrojaban al intruso que iba a turbarlas en su reposo. Al principio nada
-ocurrió, pero en el mismo instante que uno de los muchos pelos de las
-viejas, que flotaban en el aire, tocó a Francisco, tanto éste como su
-caballo y su perro se convirtieron en piedras.
-
-Volvamos ahora a casa del pescador, que ya es tiempo.
-
-Desde que Francisco salió de casa de sus padres, ni éstos ni el hermano
-que quedó con ellos habían tenido noticias suyas. Se consolaban de la
-ausencia del deudo querido visitando diariamente el naranjo que había
-nacido al mismo tiempo que él, de uno de los costados del pescado, y que
-a él le había correspondido. Viéndolo y cuidándolo, les parecía estar
-con Francisco.
-
-Un día el árbol que hasta entonces había crecido esbelto y lozano,
-amaneció mustio, con las hojas amarillas, como si estuviera a punto de
-secarse. Al verlo en este estado, Domingo, gemelo de Francisco, dijo a
-sus padres:
-
---A Francisco debe haberle ocurrido alguna desgracia, porque su naranjo
-ha amanecido enfermo. Si me dan permiso, salgo inmediatamente en su
-socorro.
-
-Bendijéronle sus padres; y ciñéndose la espada, montó en su caballo y
-partió a la carrera, acompañado de su perro, hasta llegar a la misma
-ciudad a que había arribado su hermano.
-
-La primera persona a quien encontró fué aquella viejecita que contó a
-Francisco la historia del Culebrón. Domingo la saludó cariñosamente y le
-preguntó por las últimas noticias que circulaban en la ciudad. La
-viejecita le refirió cómo un joven muy parecido a él, casi igual, que
-había llegado días antes había librado a la Princesa y al reino del
-Culebrón; el matrimonio del joven con la Princesa y la desaparición del
-novio; todo sin omitir detalle ni circunstancia de interés.
-
-Por los datos de la anciana, no dudó Domingo que el desaparecido era su
-hermano, y para averiguar mejor las cosas, se dirigió al palacio. Los
-guardias creyeron que era el esposo de la Princesa y lo dejaron pasar.
-La Princesa también creyó que era su marido y lo recibió con mucha
-alegría.
-
---¿Qué te habías hecho en estos tres días?--le dijo--Creía que te había
-acaecido alguna desgracia: que el caballo te hubiera arrojado, que te
-hubieran asesinado...
-
---Por suerte, hija, no me ha pasado nada serio; me extravié y me costó
-mucho dar con el camino; pero, dime: ¿qué es ese humo rojizo que se
-divisa a lo lejos?
-
---Pero, hijo, ¿qué se te ha hecho la memoria? ¿No te acuerdas que te
-dije la otra vez, en la noche de nuestro casamiento, que ese humo salía
-de la «Torderás, irás y no volverás»? ¿Y que, efectivamente, el que iba
-a él iba pero no volvía, y que, a pesar de mis súplicas, montaste en tu
-caballo y te fuiste?
-
---Ciertamente, ahora me acuerdo; pero, como acabo de decirte, me
-extravié. Sin embargo, iré de nuevo y volveré.
-
-Domingo comprendió, por la conversación anterior, que a su hermano le
-había sucedido algo grave en su expedición al castillo, y se propuso
-salvarlo. Se despidió de la princesa con un «hasta luego» y, montando en
-su caballo, partió en dirección al castillo, seguido de su perro.
-
-Al amanecer llegó a inmediaciones del castillo, y vió como salían las
-horribles viejas a estorbarle el paso, y como le tiraban los cabellos
-que se arrancaban de la cabeza; y adivinando con qué fin lo hacían,
-desenvainó la espada, clavó espuelas al caballo y arremetió contra las
-brujas. Tanto menudeó los golpes y con tanto acierto, que en pocos
-minutos no quedó en pie sino una de las arpías.
-
-Iba Domingo a matarla, pero ella se arrodilló suplicante, y le dijo:
-
---¡Perdóname la vida, señor, y te devolveré a tu hermano, que está
-encantado!
-
---Está bien--le dijo Domingo--no te mataré, pero desencantarás no sólo a
-mi hermano, sino a todos los demás que estén encantados en este castillo
-maldito y en sus dependencias; e inmediatamente después saldrás de este
-país para no volver más a él, so pena de la vida.
-
-La vieja cortó una varita de un árbol que estaba allí cerca y con ella
-fué tocando una por una las piedras diseminadas en el suelo y, a medida
-que las tocaba, se convertían en gallardos mancebos, montados en briosos
-caballos. Una vez que no quedaron piedras, la vieja hechicera, seguida
-siempre de Domingo, armado de su espada, penetró en el castillo, desde
-cuya puerta se divisaban interminables galerías de estatuas de mármol
-que representaban bellísimas niñas: unas de pie, otras sentadas, otras
-de rodillas, etc. También las fué tocando la vieja con la varita, y en
-cuanto sentían su contacto, se animaban y descendían de sus pedestales.
-Eran las numerosas jóvenes que el Culebrón, en vez de devorarlas, como
-todos lo creían, llevaba al castillo, en donde eran transformadas en
-estatuas por las hechiceras.
-
-Francisco y Domingo se abrazaron cariñosamente, y sin pérdida de tiempo
-emprendieron marcha a la ciudad, seguidos de los innumerables jóvenes de
-uno y otro sexo recientemente desencantados, que entonaban loores a su
-libertador.
-
-Llegaron a palacio y Francisco contó al Rey y a la Princesa las
-peregrinas aventuras que les habían acaecido.
-
-Al día siguiente se celebró el fausto acontecimiento con un gran
-banquete, al que concurrió toda la familia real y los jóvenes salvados
-por Domingo. El fué, naturalmente, el héroe de la fiesta, y a cada
-momento se le aclamaba.
-
-Invitado por el Rey a que escogiera la que más le agradara para esposa,
-entre las jóvenes salvadas por él mismo, todas las cuales eran de sangre
-real, fijó su atención en una que descollaba entre todas por su aspecto
-dulce y modesto. Era prima de la princesa, mujer de su hermano, y muy
-querida del Rey y de ella.
-
-Con ella se casó y fijaron su residencia en el antiguo castillo de la
-«Torderás, irás y no volverás», el que, libre de la maléfica influencia
-del Culebrón y de sus servidoras, se había transformado en una
-espléndida mansión. Domingo le cambió el fatídico nombre con que era
-conocido, por el de «Castillo de la Torderás, si a él vas, contento
-volverás»; y en efecto, quien lo visitaba salía plenamente satisfecho de
-la magnificencia con que era atendido por sus dueños.
-
-Francisco y Domingo no olvidaron a sus padres en la prosperidad: los
-llevaron a su lado y los honraron como buenos hijos. Dios los premió,
-haciéndolos felices hasta el fin de su vida, que fué larga y se deslizó
-dulcemente, sin penalidades ni contratiempos.
-
-Y aquí se acabó el cuento, y se lo llevó el viento, y se entró por la
-puerta de un convento; los frailes, que lo oyeron, quedaron muy alegres;
-los mochos y sirvientes se cayeron de contentos.
-
-
-
-
-19. EL COMPADRITO LEÓN, POTITO QUEMADO.
-
-(Contado por Beatriz Montecinos, de Talca, de 50 años, en 1911).
-
-
-Este era un Rey muy rico, que tenía un Monito muy ladrón, y el monito
-iba todas las noches a robarle charqui para comérselo con sus amigos.
-
-Un día fué el Rey a la bodega para ver cuanto charqui le quedaba porque
-lo iba a vender al día siguiente. El Rey, al entrar a la bodega, se cayó
-de espaldas del susto que le dió porque encontró tan poquito charqui.
-Llamó entonces al Mayordomo y le dijo:--¿Tú has vendido charqui? El
-Mayordomo le contestó:--Yo no, su mercé; yo para nada he entrado a la
-bodega y ni siquiera he visto el charqui.
-
-El Rey se puso a contar el charqui para ver si en la noche se lo iban a
-robar; una vez que contó los líos, llamó a sus mozos y les mandó que
-toda la noche hicieran ronda por la orilla de la bodega y pudieran
-pillar al ladrón, advirtiéndoles que a la mañana siguiente vendría a
-saber lo que había pasado.
-
-Los pobres mozos casi se murieron de frío en la noche, y no vieron a
-nadie.
-
-Al otro día tempranito fué el Rey a preguntar si habían visto al ladrón.
-Los mozos le contestaron que no habían visto a nadie. Entonces llamó al
-Mayordomo, entró con él a la bodega, contó de nuevo el charqui y vió que
-le faltaban muchos líos.
-
-Enojado como un diablo, porque creía que el Mayordomo era el ladrón y se
-estaba haciendo el leso, le dijo:--Te doy de plazo dos días para que
-pilles al ladrón, y si en los dos días no lo has pillado, con tu cabeza
-pagarás el charqui que se ha perdido. Y se fué dejando todo afligido al
-pobre Mayordomo.
-
-Cuando el Mayordomo se quedó solo, se puso a decir:--¡Buena cosa, que mi
-amito sea tan injusto conmigo, cuando yo ni malicio quien pueda ser el
-ladrón!
-
-Cansado de tanto pensar el pobre hombre, se le ocurrió ir donde una
-vieja bruja que tenía pacto con el diablo, para pedirle consejo.
-
-Se fué donde la vieja y le contó todo lo que le había pasado y lo que el
-Rey le había dicho. La vieja le dijo que no fuera miedoso porque nada le
-pasaría.--“Váyase a la casa--le dijo--recoja hartas chamisas y haga una
-fogata bien grande adentro de la bodega y se fija bien por donde sale el
-humo y viene a avisármelo”.
-
-El Mayordomo se fué contento porque ya el Rey no mandaría cortarle la
-cabeza. Agarró las chamisas y les atracó fuego. Ligerito vió el humito
-que salía por un portillito que había en un rincón. Al tirito se fué
-donde la vieja y le dijo que el humo salía por un portillito que había
-en un rincón. Entonces la vieja le dijo que hiciera un mono de liga y le
-pusiera en las manos una baraja y pusiera una mesa con harta plata en un
-lado y una vela encendida en el otro, y que todo lo arreglara muy bien y
-lo pusiera frente al portillo y volviera al otro día.
-
-El Mayordomo se fué e hizo todo lo que la vieja le había encargado.
-
-Después que dejó todo arreglado, se fué dejando bien cerrada la bodega.
-
-En la noche llegó mi buen Monito, que se entraba por el portillito, y
-vió al compañero con la baraja en la mano y con tantísima plata en la
-mesa que llegó a saltar de gusto, porque decía:--«Esta noche le gano
-toda la plata y me voy a remoler donde mis chiquillas con plata y con
-harto charqui».
-
-Entró como de costumbre, y le dijo al otro mono:
-
---Ya estoy aquí, compañerito de mi alma; vamos a rifar quien talla.
-
-Y agarró una chaucha y la tiró para arriba diciendo:
-
---¿Cara o sello? Sello! te tocó a ti; ya está; principia.
-
-Y como el mono de liga estaba quieto, el Monito le dijo:
-
---Contra na estáis enojado, porque si no me jugáis, te quito la plata y
-te pego.
-
-El Monito viendo, que la hora se pasaba y el otro no jugaba, le quitó la
-baraja y se puso a tallar él. Luego tiró dos cartas y le preguntó:
-
---¿A cuál vay vos?; y el otro mono callado.
-
-Le dijo entonces:
-
---Bueno, ya que no querís escoger, escogeré yo; te apuesto cien pesos a
-la sota de oro; y el otro mono, callado.
-
-El Monito tiró y ganó, y siguió jugando hasta que le ganó todita la
-plata al otro. Después dijo:
-
---Me teníay que dar más plata, todavía, porque me habís quedado
-debiendo; y el otro mono callado.
-
-Y le ha dado tanta rabia al Monito porque el otro no le contestaba ni le
-hacía caso, que le dijo:
-
---Ya que vos no me pagáis, yo te pagaré; y le endilgó un puñete tan
-fuertazo que lo botó de la silla.
-
-Quedó el Monito pegado de la mano derecha. Entonces le dijo al mono de
-liga:
-
---Si no me soltáis, te mando otro puñete, cosa que te haga escupir
-tachuelas. Y el mono callado.
-
-Le mandó entonces otro puñete, y se quedó pegado de la mano izquierda.
-Después le dijo:
-
---Si no me soltáis, te mando una patá que te hago estornudar pejerreyes.
-
-También le mandó la patada y también quedó pegado de la pata derecha.
-
-Después le largó una patada con la pata izquierda, y se quedó pegado de
-esta pata.
-
-Después le lanzó un colazo, y quedó pegado de la cola.
-
-Después le mandó un guatazo, y se quedó pegado de la guata.
-
-Ya no le quedaba libre más que la cabeza.
-
-Entonces le dijo:
-
---Suéltame, monito lindo, te doy toda la plata que te he ganado, toda la
-que yo traía, y toda la que tú queray. Y el otro mono callado.
-
-Entonces vió que era lesera rogarlo, y le mandó un cabezazo a matarlo: y
-también quedó pegado de la cabeza.
-
-A todo esto venían ya las claras del día y el Monito estaba frito.
-Llorando estaba el Monito su desgracia y lamentándose de su suerte,
-cuando llegó el Mayordomo y lo vió. Entonces casi se volvió loco de
-gusto el Mayordomo, porque había pillado al ladrón. Más que ligerito se
-fué donde el Rey para avisarle que el ladrón había caído en la trampa.
-El Rey fué corriendo a ver quien era el ladrón, y cuando entró en la
-bodega se quedó abismado de ver a su Monito preso; y le ha dado toitita
-la rabia, que mandó que lo sacaran y lo amarraran a los castaños para
-que le echaran dos fondos de agua hirviendo y le metieran por el poto un
-barra de fierro que estuviera bien caldeada.
-
-Sacaron los mozos al Monito y lo amarraron a los castaños y se fueron a
-calentar el fierro y el agua.
-
-Cuando estaba solo el Monito, acierta a pasar por ahí su compadre León,
-que le preguntó:
-
---Qué está haciendo ahí, compadrito? Apuesto que me lo han pillado
-robando castañas.
-
-Entonces el Monito le contestó:
-
---¡Ay compadrito, si Ud. supiera lo que me pasa, estoy seguro que no se
-reiría de mí sino que me salvaría!
-
-El compadre León al oirlo hablar con tanta pena, le preguntó:
-
---¿Qué le pasa, compadrito?
-
-Y el Monito le contestó:
-
---¡Qué malos son conmigo, compadrito! ¿a quién se le ocurre que un
-Monito tan chico como yo se va a comer una ternera tamañaza, y más no
-teniendo ni una pisquita de ganas de comer? ¿por qué, compadrito, usted
-que es tan bueno y es bien grande no se come la ternera y me salva a mí?
-
-El compadre León llevaba harta hambre, porque hacía hartazos días que no
-probaba ni agua, así es que le dijo al Monito:
-
---Bueno, pero ¿qué hay que hacer?
-
-Entonces el Monito le contestó:
-
---Primero me tiene que cortar las amarras, quedando usted en mi lugar.
-Después vendrán dos hombres a preguntarle si se come la ternera, y usted
-les dirá que sí, que se la come toitita. Entonces le entregarán la
-ternera y lo dejarán en paz con su pancita bien llena.
-
---Muy bien le dijo el compadre León, manos a la obra; y ligerito desató
-al Monito, y se puso él en su lugar para que lo amarrara.
-
-El Monito lo amarró bien amarrado para que no se fuera, y cuando acabó
-de amarrarlo, le dijo:
-
---Adiós, compadrito León, que goce mucho con la ternera y que no se vaya
-a empachar.
-
-Y se fué, dejando al compadre León bien amarrado y con la boca que se le
-hacía agua.
-
-El compadre León llegaba a menear la cola de contento y no hallaba las
-horas que le trajeran la ternera.
-
-Por fin llegaron los hombres con los fondos de agua hirviendo y la barra
-de fierro, que llegaba a venir coloradita de lo caldeada que estaba. El
-León creyó que la barra era el asador que había servido para asar la
-ternera y que a la ternera la traían en los fondos.
-
-En cuanto llegaron los hombres le dijeron:
-
---¡Ah! endenantes erais Monito y ahora te volvisteis leoncito; pero esto
-no te servirá de nada.
-
-El compadre León, creyendo que le preguntaban si se comía la ternera,
-contestó:
-
---¡Sí me la como! ¡Sí me la como!
-
---Si ya te la vais a comer, Monito diablo, le dijeron; y diciendo y
-haciendo, le han echado encima los dos fondos de agua hirviendo y me lo
-han dejado lo mismo que pollo en punto de echarlo a la cazuela; y más
-que ligerito y antes que el compadre León se repusiera, le han metido la
-barra caldeadita por el poto, y se lo dejaron lo mismito que luche.
-
-El compadrito León, del dolor que le dió, cortó las amarras y se arrancó
-antes que le hicieran otra cosa peor. Se fué bramando lo mismito que un
-buey cuando lo marcan.
-
-Cuando iba corriendo, le salió al camino su compadre Monito y desde
-lejitos le dijo:
-
---¿Qué hubo, compadrito León, potito quemado? ¿se comió la ternera?
-¿Bueno que estaría bien rica, no?
-
-El compadrito León potito quemado casi no podía hablar del dolor; pero
-se paró un ratito y le contestó:
-
-Ya me las pagarís bien, Monito picarón.
-
-Una vez que se mejoró el compadrito León potito quemado, se fué donde
-una comadre Zorra que tenía, que era el mismo diablo y veía debajo del
-agua, a preguntarle como haría para pillar al Monito. La comadre Zorra
-cuando vió a su compadre León con el poto quemado, casi se murió de la
-risa que le dió y le hizo muchísima burla. Después que se cansó de reir,
-le aconsejó al compadre León que se fuera a la orilla del río y se
-escondiera bien detrás de una piedra, sin hablar ni una sola palabra,
-porque todos los días iba el Monito a tomar agua ahí.
-
-El compadre Leoncito potito quemado le dió las gracias, y se fué a donde
-la Zorra le había dicho y se escondió y esperó que llegara el Monito.
-
-En esto estaba cuando llegó el Monito y le mereció ver la punta de la
-cola al compadrito León. Entonces el Monito se puso todo malicioso y
-antes de tomar agua comenzó a decir:
-
---Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?...
-
-Y así siguió hasta que el compadre León se aburrió y le dijo:
-
---Tómame no más, Monito.
-
-Entonces el Monito dijo:
-
---Yo no tomo agua que habla, porque ahí está mi compadre Leoncito potito
-quemado: y se arrancó antes que el compadre León lo pillara.
-
-El compadre León salió de su escondite rabiando porque no había pillado
-al Monito y se fué a donde la comadre Zorra a contarle lo que le había
-pasado. La comadre Zorra casi le pegó al verlo tan tonto, y después que
-lo retó bien le dijo:
-
---Vaya otra vez a ponerse detrás de la misma piedra y no le diga ni una
-palabra, aunque esté todo un día esperando.
-
-El compadre León prometió quedarse callado y se fué ligerito a
-esconderse antes que llegara el Monito y lo pillara.
-
-Después de mucho rato llegó el Monito con un palito en la mano y se puso
-a decir lo mismo que la primera vez:
-
-Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... hasta
-que se cansó, y como nadie le contestara, se puso a tomar agua.
-
-En esto estaba cuando el compadre Leoncito potito quemado pegó un salto
-y me lo pescó al Monito de una mano. El Monito, todo afligido, le dijo:
-
-Mire, compadrito, perdóneme por esta vez,--y el de León no le hacía
-caso.
-
---Bueno, compadrito, ya que no me perdona, no me agarre de esa manito
-porque la tengo enferma; agárreme esta otra.
-
-El compadre fué a agarrarle la otra mano; pero en vez de la mano le
-agarró el palito que le alargó el Monito. Donde el Monito, en cuanto se
-vió libre, se arrancó gritando:
-
---¡Buena cosa, mi compadre Leoncito potito quemado! por agarrarme la
-manito me agarró el palito.
-
-El compadre León agarró el palito y lo hizo pedacitos, jurando y
-perjurando porque el Monito había vuelto a hacerlo leso.
-
-Otra vez se fué donde la comadre Zorra.
-
-La comadre, al saber lo que había pasado, agarró una varilla y le sobó
-el lomo al compadrito León para que se le quitara lo pavo. Después que
-le dió unos cuantos varillazos, le dijo:
-
---Váyase a la mata de palma donde el Monito va a almorzar, por detrás de
-los sauces para que así no lo vea, y no le haga caso de nada, y lleve un
-buen cordel para que lo traiga amarrado.
-
-El compadre León le dió las gracias a su comadre Zorra y le prometió
-seguir su consejo al pie de la letra.
-
-Desde arriba de la palma divisó el Monito al compadre León, que venía
-haciéndose el lesito, y se puso a gritarle:
-
---Compadrito León potito quemado, ¿por qué no se sube a la palma a comer
-coquitos conmigo? ¡mire que están muy ricos! Al León se le hacía agua el
-hocico y ya le parecía que estaba comiendo coquitos; pero se acordó del
-encargo de su comadre Zorra y de los varillazos que le había dado, y le
-contestó al Monito:
-
---No quiero cocos, a comerte vengo.
-
-Pero el Monito le dijo:
-
---Suba no más, compadrito, después que comamos coquitos me come a mí.
-Tíreme una punta del cordel y usted se amarra de la otra a la cintura y
-yo lo subo.
-
-Ya se estaba haciendo tarde, así es que el compadre León, de puro
-aburrido que estaba, hizo lo que el Monito le indicaba: le tiró el
-cordel y él se amarró bien a la cintura. El Monito le decía:
-
---¡Ay compadrito! ¡cuántos coquitos se va a comer, y después me comerá a
-mí!
-
-Mientras el León iba subiendo, el Monito se iba bajando. Cuando el
-compadre León iba a llegar arriba, vió que el Monito estaba abajo. Lleno
-de rabia le dijo:
-
---¡Ah, pícaro! me habís engañado! pero me las tenís que pagar no
-más!;--y ya se iba a bajar, cuando le dice el Monito:
-
---Ya está frito mi compadrito León potito quemado; y lo amarró bien
-firme a la palma, dejando al pobre Leoncito colgado.
-
-El Monito principió a hacerlo rabiar, diciéndole que era un tonto, que
-ya lo había hecho leso tres veces y todavía no escarmentaba y que para
-celebrar la diablura que había hecho se iba a robar más charqui.
-
-El compadre León ya estaba desesperado porque nadie lo sacaba, sino que,
-al contrario, pasaban y le hacían burla como un diablo.
-
-En esto pasó su comadre Zorra y lo vió y en vez de apurarse en sacarlo,
-lo principió a retar. El compadre León le pedía perdón diciéndole que
-ya no iba a ser más tonto. Entonces la comadre Zorra lo perdonó, y por
-librarlo más luego, cortó el cordel; donde el pobre León, hijito de mi
-alma, casi se mató del costalazo que se dió.
-
-La comadre Zorra, después que lo retó otra vez bien retado, le dijo:
-
---Mire, compadre, fíjese bien en lo que le voy a decir, porque si no
-hace lo que yo le digo, yo misma le doy la contra. Váyase a la cueva de
-la bruja que está detrás del cerro del Palomo, y ahí me pilla al Monito
-con toda seguridad, porque ahí va todos los días a machacar el charqui.
-Y adiós, compadre, no se le olvide lo que le digo, y no vaya a ser cosa
-de que vuelva a meter la pata otra vez.
-
-El compadre León potito quemado se fué a donde la Zorra le había dicho.
-Cuando llegó a la cueva, pilló adentro a mi buen Monito, machacando
-charqui. El compadre Leoncito se paró en la puerta y le dijo:
-
---¡Ah Monito pícaro, al fin te voy a matar, después de tanto tiempo que
-te has reído de mí!
-
-El Monito, sin afligirse ni apurarse, le dijo:
-
---¡Buena cosa, compadre, que usted se moleste tanto por mí, cuando yo
-estaba pensando ir ahora mismito a verlo para pedirle perdón!
-
---Pícaro, le dijo el León ¿todavía no estáy contento con lo que te hay
-reído de mí? pero ya no te reirís más, porque tu fin ha llegado. Reza el
-acto de contrición.
-
-Entonces el Monito le dijo:
-
---Bueno; ya que viene tan guapo, sírvase un pedacito de charqui, que
-está muy rico.
-
---No quiero--le contestó el León;--el único charqui que voy a comer eres
-tú; así es que prepárate.
-
---Bueno--le dijo el Monito;--pero como todos los reos que están en
-capilla tienen derecho de pedir y que se le conceda una gracia, yo pido
-que para que mi compadre León me coma mejor, me deje acabar este
-charqui, y después, para que yo no sufra tanto, usted abre la boca y
-cierra los ojos, y yo me tiro de cabeza dentro de su hocico. Pero, mi
-compadrito Leoncito ¿por qué no me perdona mejor? si todo lo que le hey
-hecho ha sido pura broma, por juar no más, y para ver qué cara ponía!
-
-Aburrido ya el León de tanta lata y pensando que se le podía escapar, le
-dijo:
-
---Ya te has comido todo el charqui y te he concedido todo lo que tú
-querías, así es que te espero.
-
-El compadre León se sentó en la puerta, y el Monito le dijo:
-
---¡Ya voy!
-
-Entonces el compadre León abrió la boca y cerró los ojos; pero el pobre
-León no contaba con lo que le iba a pasar: el Monito tomó la piedra en
-que estaba machacando el charqui y se la zumbó en toita la cabeza,
-haciéndosela pedacitos.
-
-El Monito, contento de su obra, se puso a bailar de gusto, y quiso
-conservar un recuerdo de su compadrito León, que tanto y con tan poca
-suerte lo había perseguido. Agarró un cuchillo y se puso a descuerarlo.
-Cuando ya acabó de sacarle el cuero, lo puso al sol para que se secara.
-Al otro día volvió y como lo encontró seco, se puso a hacer un lazo con
-el cuero del pobre Leoncito. Cuando acabó de hacerlo, se puso en la
-puerta a bornearlo para ver cómo le había quedado. En esto estaba,
-cuando pasó la Zorra y le dijo:
-
---Qué bonito tu lacito, Monito; ¿querís que lo probemos?
-
---Métele--le dijo el Monito.
-
-Después de pensar como lo habían de probar, el Monito le dijo:
-
---Nos tiramos el lazo una vez cada uno, y el que caiga primero tiene que
-servir de caballo al otro.
-
---Pero yo lo tiro primero, por ser más grande que tú, le dijo la Zorra.
-
---Bueno--contestó el Monito--pero desgraciada de ti si no me lo
-apuntas.
-
-La Zorra agarró el lazo y se puso a bornearlo mientras el Monito se
-preparaba para pasar:
-
---Ya está--le dijo la Zorra;--y el Monito pasó como un diablo sin que la
-Zorra lo pillara.
-
---¡Estay frita, Zorrita; tú en mis lazos caerís y mi yegüecita serís!
-
-Cuando ha pasado la Zorra y el buen Monito le ha echado el lazo medio a
-medio de la guata; el Monito le dijo:
-
---¡No te lo decía yo! Ahora te voy a ensillar y por los potreros
-saldremos a andar.
-
-Se arregló una monturita con los pedazos de cuero que le habían sobrado
-y las echó el buen Monito a caballito en la Zorra.
-
-La Zorra iba toda rabiosa porque la habían cazado; pero dijo:
-
---¡Ya me las pagará el Monito de miéchica!--y lo llevó por unos potreros
-donde había muchos campesinos.
-
-El Monito como iba diciéndole:--Puchas que me ha salido rica la
-potranquita,--no se fijó por donde lo llevaba.
-
-Cuando los campesinos vieron a la Zorra, creyeron que se iba a comer las
-gallinas y le echaron los perros. La Zorra se arrinconó a la orilla de
-la zarzamora; pero como vió que no estaba segura porque los perros ya se
-la comían, miró para un lado y otro a ver si había por donde arrancar; y
-ha merecido ver un portillito, hijito de mi alma, pues, y las ha
-envelado como un diablo dejando al pobre Monito encajado en la
-zarzamora, donde lo pillaron los perros y se lo comieron sin dejar ni
-tampoco un huesito ni para un remedio.
-
-La comadre Zorra, del susto que lleva, está corriendo todavía; y colorín
-colorado, el cuento está acabado, y pase por un zapatito roto para que
-usted me cuente otro.
-
- * * * * *
-
- _El cuento que sigue, contado por la misma Beatriz Montecinos, es
- una variante de la parte final del que acaba de leerse._
-
-
-
-
-20. EL MIÑACO[E]
-
-(Beatriz Montecinos)
-
-
-Esta era una viejita que tenía un hijo, muy chiquito, pero muy
-habilosazo y se llamaba Miñaco. Un día le dijo a la madre que iba a
-buscar empleo y se fué adonde un León que tenía barra para poner a los
-presos, y entonces estaba la Leona cuidándolos, y se fué a hacer el
-trato adonde don Leonardo, que era el León, y le dijo que lo tomaba para
-irle a dejar el almuerzo y la comida a la Leona. De tanto viaje, ya se
-aburrió y dijo que iba entonces a matar a la Leona, para no ir más.
-
-Como dos días se estuvo previniendo, machacando ají, pimienta y sal y de
-otras cosas fuertes para matar a la Leona.
-
-Entonces, un día, cuando ya no había ningún preso, preguntó que para qué
-era esa barra; le contestó la Leona que para poner a los hombres malos
-que hacían robos, muertes o salteos. La Leona le dijo que pusiera el pie
-y entonces le dijo el Miñaco que ella lo pusiera primero para aprender
-como ponían a los presos, y la Leona le puso el pie.
-
-Una vez puesto el pie la Leona, el Miñaco le puso llave a la barra y le
-dijo que hiciera empeño a salirse. Hizo empeño la Leona a salirse.
-Entonces el Miñaco le dijo:
-
---¡Ay por Dios, pues!, esto ya no lo voy a hacer nunca; pero lo que
-tengo pensado de hacer no dejo de hacerlo; y mete las manos a los
-bolsillos y le planta el ají en los ojos, en la boca y en el poto, y se
-fué. La Leona, de tanto costalearse, y presa, se murió.
-
-Y viendo que el Miñaco no volvía, el León se puso en acuerdo por qué no
-llegaba, y salió a buscarlo y no lo encontró por ninguna parte, hasta
-que llegó allá donde estaba la Leona y la encontró muerta. Entonces no
-hizo empeño a sacar la Leona sino a buscar al Miñaco para agarrarlo y
-matarlo luego. Entonces ya cuando lo alcanzó, dijo el Miñaco:--«¿A dónde
-me meto?» No tuvo más tiempo que para arrancar y meterse en una cueva de
-hormigas ¡Miren Uds. dónde se metió!, así por que el León no hallaba a
-quien dejar cuidándolo, y andaba por casualidad un Jote amigo y lo llamó
-el León y le dijo:
-
---Mire, amigo, venga, cuídeme aquí--le dijo--mientras voy a la casa a
-buscar una barreta.
-
-Mientras que el León fué, el Jote no sabía a quien tenía dentro. Empezó
-a mirar el Jote para adentro a ver quien era y el Miñaco vino entonces y
-agarró un puñado de tierra, se la tiró a los ojos al Jote y arrancó.
-Cuando llegó el León, halló al Jote ciego y le dijo que se fuera y
-siguió al Miñaco.
-
-A mucho que había andado, lo volvió a alcanzar. Entonces el Miñaco
-corrió a unos álamos que habían muy lejos y muy altos para subirse
-arriba y que el León no lo alcanzara, y decía:
-
---Si el tío Leoncito me alcanza, me come no más, por la maldá que le hey
-hecho, que no ha sio chica.
-
-Cuando ya llegó el León, subió para arriba también a ver si lo podía
-alcanzar y caía para abajo.
-
-Entonces dijo el Miñaco: «Esto está malo; el tío Leoncito me alcanza y
-me come,»--y quebró un gancho del mismo álamo, y como era habiloso, el
-León que iba a estirar la mano para pescarlo, y el Miñaco le pegó un
-palo en la mano con que estaba pescado y cayó el León, y quedó solo la
-bolsa[F].
-
-Entonces dijo el Miñaco «Ahora sí que estoy bien puesto,» y se bajó y
-del cuero del León muerto hizo montura y riendas y salió con ellos al
-hombro.
-
-En una de éstas iba atravesando una Zorra por el camino y le dijo la
-Zorra:
-
---¿Para dónde vas, Miñaco, con esa montura al hombro?
-
-Le dijo que la ensillara a ella; y entonces le dijo el Miñaco que no la
-ensillaba porque lo volteaba. Hasta el último ya la ensilló, y salió a
-caballo en ella, pero le salió un poco brincadora.
-
-Entonces la Zorra le dijo:
-
---Mira, Miñaco, ¿por dónde nos vamos? por el camino pueden venir algunos
-y nos corren; vámoslos por adentro de este potrero. Y tocó la desgracia
-que venían tres cazadores con tres galgos y uno de ellos vió al Miñaco
-que iba a caballo de una Zorra; entonces dijeron que les iban a animar
-los galgos pa divertirse con el Miñaco un poco; y los animaron. La Zorra
-le dijo entonces:
-
---¡Miñaco, por Dios! ¿qué vamos a hacer? ahora tenimos que arrancar
-firme; agárrate bien Miñaco, déjate caer para mi cogote y agárrate bien,
-que yo voy a correr a todo escape;--y empezó a correr orillando la
-cerca, hasta que hallaron un agujero por donde salirse. Entonces ella
-pasó, y el Miñaco quedó abierto de piernas en el portillo y pasaron por
-entremedio de él los galgos; y viendo que ya habían pasado y sintiendo
-perder su montura le gritó a la Zorra:
-
---Señora, los estribos no más le encargo.
-
-Entonces los galgos, cuando oyeron esto, volvieron para atrás y se lo
-comieron. Y la Zorra se libró y se llevó la montura; y se acabó el
-cuento y se lo llevó el viento y pasó por una mata de porotos para que
-Ud. cuente otro.
-
-
-
-
-21. CHILINDRIN Y CHILINDRON.
-
-(Referido en 1917, por Anastasio Puga, de 92 años, natural de
-Guacarhue.)
-
-
-Han de saber que había una vez en el Norte un ladrón famoso, tan ladino
-y sutil para hacer sus robos, que nunca pudo probársele ninguno, no
-obstante que, en muchos casos, faltó poco para pillarlo con las manos en
-la masa, como se dice. Su nombre era Chilindrín.
-
-La fama de este ladrón corrió por todo el país y llegó a noticias de
-Chilindrón, otro ladrón, también de fama, que había sentado sus reales
-en tierras del Sur. Y como tanto se hablara de sus hazañas y con tan
-vivos colores las pintaran, Chilindrón deseó vivamente conocerlo,
-cultivar su amistad y pedirle lo nombrara su segundo, si resultaba
-cierto lo que de él se decía, que lo superaba y le daba ciento y una en
-el difícil y arriesgado arte que ambos ejercitaban. Y se puso en camino
-para ofrecerle sus servicios.
-
-Pero, por el mismo tiempo, la fama de Chilindrón, desbordando del campo
-de sus fechorías, atravesó el centro del país y llegó al Norte; y sus
-aventuras, revestidas del ropaje de lo maravilloso, infundieron en
-Chilindrín el deseo vehemente de conocer a Chilindrón y ponerse a sus
-órdenes, si no mentían los que relataban sus fechorías. Y montando en su
-caballo, partió para el Sur. En ese tiempo no había trenes en el país,
-ni los caminos eran buenos, así es que uno y otro demoraron largo tiempo
-para arribar a las cercanías de la capital. Pero al fin de muchas
-peripecias y fatigas y de largos días de marcha, llegó Chilindrín a un
-tupido bosque que crecía en una llanura no distante de la ciudad, y
-desmontándose del caballo, se sentó en el suelo a descansar, apoyada la
-espalda en un frondoso roble.
-
-Poco después llegó Chilindrín al mismo sitio, y sin bajarse del caballo,
-saludó al que descansaba:
-
---Buenos días, mi amigo, ¿durmiendo la siesta?
-
---No, amigo; espero solamente que pase el calor para continuar viaje al
-Sur.
-
---Pues yo voy al Norte, y si a usted no le parece mal, bajaré de mi
-caballo, y mientras llega la tarde, pitaremos un cigarro y echaremos un
-párrafo para acortar el tiempo.
-
-Y descendiendo de su cabalgadura, se sentó al lado del otro, y dijo:
-
---¿Querrá creer, compañero, que hace ya veinte días que marcho sin
-descansar? Y quizás cuánto me falte todavía para dar con el que busco!
-
---¿Y se puede saber tras de quién anda? si no es indiscreta la pregunta.
-
---Indiscreta no, pero usted sabe que _las paredes tienen oídos y los
-matorrales ojos_; mas, como usted me inspira confianza, le diré al oído
-que a quien busco es al famoso ladrón Chilindrín, que me dicen es el
-número uno para robar.
-
-Y todo esto se lo dijo muy quedo, muy quedito, casi pegada la boca a la
-oreja de su interlocutor.
-
---Pero, amigo, si soy yo Chilindrín, que he dejado mis canchas para
-conocer a Chilindrón, de quien cuentan maravillas y no acaban.
-
---Y yo soy Chilindrón, amigo de mi alma.
-
-Y ambos ladrones se abrazaron efusivamente.
-
-Conversaron un buen rato, hasta alentar la confianza; y después de
-reposar un momento, entablaron este diálogo, comenzando Chilindrón:
-
---Compañero, no se imagina usted qué gustazo tendría yo si lo viera
-ejecutar una de sus hazañas.
-
---Y yo diera lo que no tengo por verlo hacer a usted una de las que
-tanto renombre le han dado.
-
---Comience usted, hermanito, que viene del Norte.
-
---Aunque esta no es una razón para que yo comience, empezaré yo. ¿Ve ese
-nido de águila que está en la copa de este mismo roble? El águila está
-echada en él y yo le voy a robar los huevos sin que me sienta.
-
-Y escupiéndose las manos Chilindrín, con la suavidad y el tiento de un
-gato subió por el tronco, y tan bién lo hizo, que no se sintió ni el
-menor ruido.
-
-Chilindrón esperó que Chilindrín fuera por la mitad del tronco, y
-entonces, imitando a su flamante amigo, se escupió también las manos, y
-subió tras él, sin ser sentido.
-
-Cuando Chilindrín llegó a lo más alto del árbol, con mucho tino metió la
-mano en el nido, y sin que el águila se diera cuenta de lo que pasaba,
-retiró un huevo y se lo metió en el bolsillo. Pero Chilindrón, que ya
-había llegado hasta donde estaba Chilindrín, con el mismo tino y
-suavidad que éste, metió la mano en el bolsillo de su amigo, y sacándole
-el huevo recién robado, lo guardó en su propio bolsillo.
-
-Y esta operación se repitió por cuatro veces, pasando los huevos del
-nido al bolsillo de Chilindrín y del bolsillo de Chilindrín al de
-Chilindrón, sin que el águila ni Chilindrín advirtiesen las jugadas que
-se les hacían.
-
-E inmediatamente de guardarse el cuarto huevo, Chilindrón se deslizó por
-el tronco y con aire de afectada curiosidad se puso a mirar como bajaba
-el famoso ladrón nortino, a quien, en cuanto puso pie en tierra,
-preguntó:
-
---¿Y cómo le fué, compañerito? ¿Lo sintió el águila?
-
---Ni siquiera se meneó, compañero. Aquí traigo los huevos.
-
-Y Chilindrín metía las manos en sus bolsillos, las pasaba de uno a otro,
-se palpaba todo el cuerpo, y, no encontrando nada, exclamó:
-
---¡Caramba! ¿dónde los he metido? ¿qué se han hecho?
-
---No busque más, compañero,--le dijo Chilindrón,--aquí están los huevos
-que usted le robó al águila y que yo se los iba robando a usted a medida
-que usted los guardaba en sus bolsillos. _Donde hay uno hay otro, y
-nunca falta un roto para un descosido_, y para un Chilindrín aquí tiene
-usted un Chilindrón.
-
---¡Vengan esos cinco jazmines, compañero! Usted es más diablo de lo que
-yo me imaginaba, y con usted _me ha salido el futre_. Juremos ser
-hermanos en adelante y vivir y trabajar juntos, y entonces ¿quién podrá
-nada contra nosotros?
-
-Y con un apretón de manos sellaron el pacto de vivir unidos y marchar
-siempre de acuerdo.
-
-Nuestros dos ladrones se establecieron en las afueras de la capital; y
-como necesitaban de una persona que los cuidara en caso de enfermedad y
-atendiera a los menesteres de la casa, acordaron que Chilindrín se
-casaría con una hermana joven y bien parecida que Chilindrón tenía en el
-Sur y que hicieron venir.
-
-Se casó, pues, Chilindrín, y todo marchaba a maravilla, pues los dos
-amigos, con sus robos, se daban toda clase de comodidades.
-
- * * * * *
-
-Gobernaba en ese entonces el país un Rey muy rico, que había recibido de
-sus antepasados una enorme fortuna, que él, por su parte, había
-acrecentado prodigiosamente. Las joyas, alhajas y monedas de oro que
-componían esta fortuna, formaban grandes montones que se guardaban en
-una elevadísima torre construida especialmente para este objeto, a los
-pies del palacio, y la cual visitaba el Rey el día primero de cada mes.
-
-Nuestros ladrones, que oyeron hablar de estas riquezas, se propusieron
-robarlas, y para el efecto, una noche, pasando por los techos de unas
-casas a otras, llegaron hasta la torre, y como si fueran lagartijas, se
-pegaron a la muralla y subieron hasta lo más alto, donde encontraron una
-especie de ventana, o más bien tronera, que tenía atravesado un grueso
-barrote de hierro. A éste, después de quebrar un vidrio, ataron una soga
-que llevaban consigo, y se deslizaron por ella, primeramente Chilindrín
-y en seguida Chilindrón.
-
-Los ojos de los ladrones no se saciaban mirando tantas riquezas, a la
-luz de un farol, de que también iban provistos; pero era preciso salir
-antes que llegara el día; así fué que llenaron precipitadamente sus
-bolsillos de lo que les pareció de más valor, y subiendo por el cordel,
-que retiraron, se fueron a su casa, bastante satisfechos del resultado
-obtenido. La visita se repitió varias noches consecutivas, con mejor
-éxito aun, pues llevaron unos saquetes para el acarreo de lo que
-robaran.
-
-Pero como los días corren unos tras otros sin que nadie pueda atajarlos
-por bien que maneje el lazo, llegó el fin del mes, y al día siguiente el
-Rey, acompañado de sus ministros y consejeros, se trasladó a la torre
-para depositar el dinero recaudado en los treinta días anteriores y
-contemplar sus riquezas.
-
-Pónganse ustedes en lugar del Rey y se darán cuenta de cómo se quedaría
-aquel monarca avaro, que tenía su alma puesta en su tesoro, al ver el
-enorme hueco dejado por los ladrones en el principal montón, en el que
-estaban las alhajas más preciadas. Su ira no tuvo límites; desenvainando
-el sable, arremetió contra sus ministros y consejeros, como si ellos
-fueran los autores del robo. No es decible cuánto costó apaciguarlo.
-
-Una vez vuelto a la calma, se dedicaron todos a ver por dónde penetraba
-el ladrón--ellos suponían que era uno solamente--empresa conceptuada
-poco menos que imposible, ya que la torre no tenía otra entrada que la
-puerta, y ésta, que era de hierro, tenía muchas cerraduras secretas,
-sólo conocidas del Rey. Pero no descubrieron el menor rastro.
-
-Cien conjeturas se formaron a este respecto, a cual más descabellada,
-hasta que un ciego, antiguo ladrón y actual consejero del Rey, que
-formaba entre los del séquito dijo:
-
---Que traigan ramas de árboles que estén bien secas y préndaseles fuego
-aquí adentro, y los que tengan ojos vean desde afuera por dónde sale
-humo; por ahí seguramente se introdujo el autor del robo.
-
-Y efectivamente, así se descubrió la tronera que servía de entrada a
-Chilindrín y a Chilindrón.
-
-El ciego aconsejó que se guardara completo silencio acerca de lo
-sucedido y que en el sitio preciso en que debía posar los pies el que
-bajara desde la tronera, se colocara una gran tina de alquitrán
-suficientemente espeso para que no pudiera salir el que penetrara en él,
-y se esperara hasta el día siguiente. Se encontró bueno el consejo y se
-siguió en todas sus partes.
-
-Ya entrada la noche, a la hora que tenían costumbre, nuestros
-protagonistas subieron hasta la tronera de la torre y por la cuerda bajó
-primero Chilindrín; y cuando, soltándola, se dejó caer al suelo, sintió
-que se hundía hasta el pecho en una sustancia pegajosa, a la cual se
-adhirió de tal suerte que no podía moverse. Inmediatamente gritó a su
-compañero que bajaba detrás de él:
-
---No te sueltes, porque te quedarás pegado, como yo, en esta tina de
-alquitrán. Balancéate de modo que el cordel contigo tome vuelo, y cuando
-te hayas desviado bastante del centro, déjate caer y me cortas la
-cabeza, te la llevas y la entierras donde nadie te vea; así no sabrán
-quién soy, y tú no te comprometerás.
-
-Con gran dolor de su alma, y sólo después de porfiarle mucho Chilindrín
-exigiéndole que hiciera lo que le decía, Chilindrón le cortó la cabeza a
-su cuñado y la dejó desangrar completamente dentro de la misma tina en
-que quedaba el cuerpo; en seguida la envolvió bien en un gran pañuelo y
-la guardó dentro del saquete que había llevado; y como en éste quedara
-espacio todavía, escogió las más hermosas alhajas del gran montón y con
-ellas lo llenó, y asegurándoselo bien al hombro, subió por el cordel,
-que dejó colgando del barrote.
-
-El Rey, por su parte, pasó en vela toda la noche, contando las horas que
-faltaban para coger al ladrón, y anticipadamente gozaba pensando en los
-tormentos que le haría sufrir en público, para escarmiento de los que
-pudieran tentarse de repetir la aventura.
-
-Y como nadie es capaz de atajar las horas, aunque muchos lo quisieran,
-fueron sucediéndose una en seguida de otra hasta que llegó el día y el
-momento en que el Rey y su séquito debían trasladarse a la torre del
-tesoro.
-
-No es para descrita la cara que pusieron el Rey y sus acompañantes al
-encontrarse con un cuerpo sin cabeza dentro de la tina. Nuevas iras del
-monarca y nuevo trabajo de sus acompañantes para apaciguarlo. Quien en
-definitiva consiguió reducirlo fué el ciego, asegurándole por todos los
-santos del cielo que todo se descubriría.
-
-Una vez que se restableció la calma, habló nuevamente el ciego:
-
---Lo que ustedes están viendo demuestra que los ladrones son dos, y no
-uno solo, como habíamos creído. Para descubrir al segundo, propongo que
-en un serón de cuero se arrastre por todas las calles de la ciudad el
-cuerpo aquí presente; adelante irá un pregonero gritando: «Esta es la
-justicia que hace el Rey nuestro señor, con los que pretenden robarle su
-tesoro»,--y atrás, mezclados entre los curiosos, irán unos cuantos
-individuos de la policía, disfrazados de paisanos; y cuando éstos oigan
-que en alguna casa lloran o se lamentan, pondrán una señal en la puerta
-de la calle. Después será fácil averiguar en cuál de las casas marcadas
-vive la familia del ladrón degollado, y como _por la hebra se saca el
-ovillo_, teniendo este dato, sin gran trabajo se dará con el ladrón que
-falta.
-
-Todos encontraron excelente el consejo del ciego, y en la tarde del
-siguiente día se ejecutaron sus instrucciones al pie de la letra.
-
-Cuando se inició el paseo del cuerpo, Chilindrón andaba en la calle, y
-como no tenía un pelo de leso, sospechó al punto lo que se pretendía, y
-más se aseguró en su creencia al distinguir entre la muchedumbre que
-seguía al cadáver a varios miembros de la policía, disfrazados.
-Apresuradamente se dirigió a su casa y comunicó a su hermana, la mujer
-de Chilindrín, las sospechas que tenía, convertidas casi en certidumbre,
-y le aconsejó que cuando pasaran el cuerpo de su marido por frente de
-la casa, no hiciera la menor manifestación de dolor: y para mayor
-seguridad, la encerró en una pieza interior. Pero cuando la mujer oyó la
-voz del pregonero y los gritos de la multitud, no pudo contenerse y se
-lanzó a llorar a toda boca, de tal manera que, a pesar de las
-precauciones tomadas por Chilindrón, las lamentaciones de la viuda se
-oían perfectamente en la calle. Entonces Chilindrón se fué a la cocina y
-cogiendo una hachuela se puso a partir leña y adrede se cortó el dedo
-chico de la mano izquierda, y sacando a la viuda de donde estaba
-encerrada, le mostró la mano chorreando sangre y le encargó que en sus
-quejas se refiriera a este hecho. Y en efecto, cuando momentos después
-el muerto y su séquito pasaban por la casa y uno de los soldados de la
-policía disfrazados entró a averiguar de qué provenían las
-lamentaciones, oyó que la mujer le decía:--«¡Te has cortado la mano!
-¿qué va a ser de nosotros? Ya no podrás trabajar y nos moriremos de
-hambre», y el herido contestaba:--«Si no es nada mujer, si apenas me he
-cortado un dedo, que, en buena cuenta, no me hará ninguna falta». El
-soldado, que vió lo que pasaba y oyó lo que ambos decían, creyó que era
-cierta la causa del llanto de la mujer y se retiró sin hablar palabra.
-Pero un segundo soldado, que al mismo tiempo que el otro había salido de
-la multitud, había hecho, mientras tanto, una cruz con alquitrán líquido
-en la puerta de la calle.
-
-La casa de Chilindrón fué la única en que se oyeron llantos en ese día.
-En razón de lo cual el ciego aconsejó que prendieran al hombre del dedo
-cortado y a la mujer llorona, porque uno y otro debían de ser parientes
-del degollado. Pero cuando los de la policía llegaron a la calle en que
-los presuntos reos vivían, no pudieron dar con la casa, porque todas las
-del barrio, que eran exactamente iguales, tenían en su puerta la misma
-cruz que el soldado había puesto por señal. ¿Qué había sucedido? Que
-poco después de pasar el cortejo por su casa, Chilindrón había salido a
-la calle a asomarse, y al entrar vió la cruz en la puerta, y, siempre
-sospechoso, por lo que pudiera suceder, hizo en la noche otra igual en
-todas las puertas del barrio.
-
-La pesquisa no dió, pues, el resultado que se esperaba, y la ira del Rey
-subió de punto, pero de nuevo el ciego lo calmó.
-
-Dijo el ciego:
-
---Soy de opinión que se deje el cadáver en el cerro que hay en el
-oriente de la ciudad y se publique por pregón que se le abandona para
-que sea pasto de los buitres y los jotes; pero mientras tanto, algunos
-soldados estarán en acecho ocultos entre los espinos del cerro, y en
-cuanto vean que alguien se acerca para llevárselo, se apoderarán de él.
-Como por el cerro no transita nadie, es claro que cualquiera que
-atraviese por ahí, es porque trata de llevarse el cadáver.
-
-El consejo fué encontrado muy bueno, y el Rey ordenó ponerlo en
-práctica.
-
-Pero Chilindrón, que era más diablo que el ciego, al oir el pregón
-adivinó lo que se pretendía, y así que llegó la noche, vistió un hábito
-franciscano, se encasquetó la capucha y armado de unas muy buenas
-tijeras montó en una mula, en cuyas ancas aseguró un cuero de rico vino
-añejo recargado con zumo de amapolas, y muchos hábitos de religioso de
-la misma orden, y las echó para el cerro. A pesar de ser la noche muy
-oscura, los soldados distinguieron perfectamente un bulto que llegaba al
-lado del cadáver, al parecer un hombre que bajaba de un caballo, y al
-punto corrieron hacia él para prenderlo; pero cuando llegaron se dieron
-cuenta de que el que iban a tomar era un pobre fraile que devotamente
-rezaba el rosario y que los invitó a hacerle coro. Los soldados no
-aceptaron la invitación y más bien por fórmula que por otra cosa, le
-preguntaron a dónde iba y por qué había elegido un camino que nadie
-frecuentaba. El fraile contestó que en el convento se había concluído
-por completo e! vino para la misa y había ido a la ciudad a comprar del
-mejor y ahí lo llevaba en un cuero a la grupa de su cabalgadura; que
-aprovechando el viaje había pasado a comprar veinte hábitos, que también
-le habían encargado, y que si había escogido el camino que pasaba por el
-cerro era porque, yendo por él, se libraba de dar una gran rodeo por la
-falda, y llegaría al convento antes de amanecer. Los soldados
-comprobaron que verdaderamente la mula cargaba el cuero de vino y los
-hábitos que decía el padre y al pedirle excusas por el susto que le
-habían hecho pasar, le rogaron les convidase con un vasito de vino para
-pasar el frío. Chilindrón les dijo que con mucho gusto y que no sólo un
-vasito les daría, sino dos a cada uno; y sacando de la manga un vaso de
-cuerno de tamaño más que mediano, fué llenándolo y pasándolo
-sucesivamente a todos los soldados, y mientras escanciaba les
-decía:--«Después que queden satisfechos me dejarán terminar
-tranquilamente mi rosarito, pues tengo la santa devoción de rezar uno
-completo, de quince casas, siempre que en mi camino tropiezo con algún
-difunto».
-
-Terminada la primera rueda, comenzó a servirles de nuevo, pero la fuerza
-del vino, y más que la del vino, la del narcótico, adormeció a los
-soldados, que poco a poco fueron cayendo y quedaron tendidos en el suelo
-como pollos muertos.
-
-Chilindrón esperó un rato, y después de comprobar que no los despertaría
-ni una carreta que pasara por sobre ellos, sacó sus tijeras y con la
-maestría de un peluquero de convento, les hizo corona y cerquillo;
-después los desnudó de sus ropas y los vistió con los hábitos que había
-llevado; y en seguida hizo un montón de uniformes y les prendió fuego,
-tiró al suelo el odre y en su lugar colocó el cadáver de su amigo y
-cuñado, montó en la mula y clavándole las espuelas, emprendió marcha a
-su casa.
-
-Cuando los vapores del vino y los efectos del narcótico hubieron cesado,
-los soldados abrieron los ojos y se miraron espantados; creyeron que
-estaban soñando, pero al fin volvieron a la realidad y comprendieron la
-sangrienta burla de que habían sido juguete. Después de deliberar un
-rato, vieron que no tenían más remedio que presentarse al Rey como
-estaban, para darle cuenta de la aventura que les había sucedido y que
-había dado al traste con la comisión que se les encomendara.
-
-El Rey escuchó la relación sin inmutarse y comprendió que se las había
-con un enemigo con quien no podía luchar, pero, como había que castigar
-a alguien, ordenó que a cada uno de los soldados le dieran cien azotes,
-para que otra vez no se dejaran meter el dedo en la boca, y que al ciego
-lo quemaran, para no recibir de él consejos que, aunque sabios al
-parecer, habían resultado desastrosos.
-
-Chilindrón siguió robando muy tranquilo algún tiempo más, sin que nadie
-lo molestara, hasta que, cansado de la vida de ladrón, se fué con su
-hermana a otro reino muy distante, en donde nadie los conocía, y pasaron
-ahí la gran vida.
-
-
-
-
-22. JUAN VALIENTE, EL DE LA VAQUILLA
-
-(Referido por el niño Samuel Antonio Letelier, de Molina, de 9 años. Lo
-oyó contar en Linares.)
-
-
-Estos eran un Rey y una Reina que tenían muchos potreros llenos de
-animales, y los cuidaba un hombre muy honrado, que no sabía lo que era
-miedo, y famoso campañista, el cual se llamaba Juan.
-
-Un día los reyes le mandaron a Juan que trajera todas las vacas, que
-eran muchas, para ordeñarlas, y Juan las trajo y los reyes se recreaban
-viendo tanta vaca gorda y cómo las lechaban.
-
-Entre las vacas había una vaquilla flacuchenta y chiquitita. El Rey le
-dijo a la Reina:
-
---Démosela a Juan para él; este hombre se ha portado muy bien con
-nosotros y ha hecho crecer y le ha dado valor a nuestra hacienda.
-
---Bueno--dijo la Reina--démosela--y se la dieron.
-
-Juan cuidó mucho su vaquilla y en poquito tiempo creció y engordó y se
-puso más gorda que las vacas del Rey.
-
-Un día la vió la Reina y le dijo a Juan:
-
---Mata esa vaquilla que está tan gorda, y la hacemos charqui.
-
-Juan le dijo:
-
---Esa vaquilla es mía y no la mato sino cuando yo quiera.
-
-La Reina insistió en que la matara, pero Juan se fué donde el Rey a
-poner reclamo.
-
-El Rey le dijo:--«Vete mejor con tu vaquilla a otra parte, porque la
-Reina está muy enojada contigo y quiere que la maten».
-
-Se fué Juan con su vaquilla, y apenas se había alejado un poco de la
-ciudad, unos bandidos salieron de una casa que había a la entrada de un
-bosque y se la quitaron.
-
-En la noche Juan se escondió en el pajar de la casa de los bandidos para
-ver si podía rescatar su vaquilla; pero desde su escondite vió cómo la
-mataban y después se la comían asada.
-
-Juan tuvo mucha pena y llorando decía:--«Me la han de pagar estos
-badulaques».
-
-Mientras comían y bebían, los bandidos formaban una gran zalagarda. El
-capitán los hizo callar y les dijo:--«Vámonos a dormir y mañana subimos
-al mirador a ver si pasa alguna niña para divertirnos con ella».
-
-Esto que oye Juan, sale calladito y se va a casa de una comadre a
-pedirle ropa de mujer, se vistió con ella, se puso colorete, se empolvó
-y debajo de las polleras escondió un sable bien afilado.
-
-Ya entrada la mañana, salió y pasó por frente a la casa de los
-bandidos, imitando el modo de andar de las mujeres.
-
-Los bandidos estaban en el mirador, y en cuanto la vieron, bajaron a
-invitarla a tomar un refresco, porque hacía mucho calor. Ella aceptó y
-le sirvieron licor y le pasaron la guitarra para que los divirtiera
-tocando y cantando.
-
-En la tarde, el capitán echó a los bandidos que se fuesen a la montaña,
-diciéndoles:--«Yo me quedaré aquí con esta prenda».
-
-Se fueron los bandidos; y mientras el capitán, vuelto de espaldas,
-sacaba vino de un barril, Juan se arremangó las polleras, sacó el sable
-y dió al jefe de los ladrones dos o tres feroces cuchilladas y arrancó a
-esconderse en el mismo pajar.
-
-El capitán, que había quedado herido solamente, gritaba como un
-condenado, tanto y tan fuerte que los bandidos que estaban en la montaña
-oyeron los gritos y creyeron que el capitán habría matado a la niña, y
-fueron corriendo a ver lo que había sucedido.
-
-Cuando entraron, hallaron el cuerpo del capitán en el suelo, muy mal
-herido; lo tomaron, lo pusieron en la cama y uno dijo:--«Mañana temprano
-salimos a buscar a alguna vieja médica yerbatera para que cure al
-capitán».
-
-Juan, que oyó esto, se fué inmediatamente a casa de su comadre, y ahí,
-con untos y pomadas, se pintó arrugas en la cara, tan bien que parecía
-una verdadera vieja, y vistiéndose con muy pobres vestidos y llevando
-escondido el mismo sable, se fué de madrugada a dar vueltas por frente a
-la casa de los bandidos, haciéndose la que buscaba yerbas.
-
-Los bandidos, que estaban en el mirador, la vieron, y bajó uno a
-preguntarle si conocía a alguna médica que supiera curar heridas.
-
---Yo soy médica--le contestó Juan--y no hay quién me gane a curar
-heridas.
-
-Entonces la llevó a presencia del capitán, y tras ellos siguieron los
-demás bandidos.
-
-Examinó Juan las heridas con mucho cuidado y en seguida mandó a los
-bandidos a la ciudad que fuesen a buscar una pomada que era muy escasa,
-y que cada uno pasase a una botica diferente, por si los otros no la
-encontraban.
-
-Salieron los bandidos, unos por un lado, otros por otro, y Juan subió al
-mirador a aguaitarlos, y una vez que se aseguró de que iban lejos, sacó
-el sable y acabó con la vida del capitán.
-
-Después de lo cual, se llenó los bolsillos de plata, anillos y
-prendedores de oro, que encontró en gran cantidad en la pieza del
-capitán, y se fué a casa de su comadre, en donde se lavó bien y se
-vistió de hombre.
-
-Cuando volvieron los bandidos, se encontraron con su capitán muerto y se
-dijeron:--«Pillados somos, vámonos de aquí»--y se fueron para Chillán.
-
-Juan, que los había seguido, cateándolos, en cuanto vió que no volvían,
-se fué con sus padres y unas carretas a la casa de los bandidos y a
-hachazos echaron las puertas abajo y se llevaron todo cuanto
-encontraron, dejando la casa totalmente desnuda y quedando ellos muy
-ricos.
-
-Poco tiempo después volvieron los bandidos y no hallaron sino las
-murallas peladas. Entonces comenzaron a averiguar quién en la ciudad se
-había hecho rico de repente en los últimos días, y supieron que Juan
-Valiente, el de la vaquilla, se encontraba en este caso.
-
-Se propusieron entonces saltearlo y matarlo, porque no dudaron que él
-era el que había matado a su capitán y robado todos sus bienes; pero
-Juan, que no se descuidaba, sabía que los bandidos habían vuelto y que
-habían de atacarlo de un momento a otro.
-
-Así fué que cuando los bandidos vinieron a saltearlo, lo encontraron en
-la puerta armado de su sable; y como Juan los había visto desde lejos,
-tuvo tiempo de mandar a su padre a avisar a la policía.
-
-Comenzando a pelear estaba Juan con los bandidos y ya había matado a uno
-y a otro lo había dejado mal herido, cuando llegó la policía y tomó
-presos a todos los salteadores, que después de juzgárseles, fueron
-ahorcados, con lo cual Juan y sus padres vivieron tranquilos, gozando de
-las riquezas que Juan había quitado a los ladrones.
-
-Y con esto se acabó el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la
-guatita al aire y el potito al viento.
-
-
-
-
-23. LA SAPITA ENCANTADA.
-
-(Referido por Beatriz Montecinos.)
-
-
-Estos eran un Rey y una Reina que tenían tres hijos, que se llamaban
-Pedro, José y Juan; y era costumbre en el reino que el Rey dejara su
-corona a aquel de sus hijos que mejor le pareciere, sin tomar para nada
-en cuenta la edad; y así podía sucederle cualquiera de ellos, aunque
-fuese el menor.
-
-¿Cuál de los tres heredaría el trono? Cuestión era ésta que preocupaba
-grandemente al anciano Rey, que no se decidía por ninguno, porque por
-los tres sentía igual cariño; ni podía partir el reino para dar a cada
-uno su parte, porque de la división resultarían tres pequeños estados,
-expuestos en todo momento a ser absorbidos por los reinos vecinos, que
-eran tan fuertes y poderosos como el país en cuestión.
-
-La Reina le aconsejó que para salir de cuidado pusiera sus hijos a
-prueba enviándolos fuera del reino, con la condición de que regresaran
-casados, en un año, y con dos regalos para los reyes, y aquel cuya
-esposa fuera la más bella y cuyos regalos fueran más hermosos y de más
-valor, sería el heredero del trono.
-
-El Rey se dijo: _El consejo de la mujer es poco, pero quien no lo sigue
-es un loco_, y decidiéndose por el que acababa de darle la Reina, que le
-pareció bueno, llamó a sus hijos, les hizo ver el apuro en que se
-encontraba y les propuso que salieran, se casaran y al año justo
-tornaran a palacio, y que la corona le correspondería al que volviera
-con la esposa más bella y trajera a los reyes dos obsequios que fueran
-reputados superiores al de los otros dos.
-
-Los príncipes aceptaron sin vacilar y sólo pidieron que antes de partir
-se les indicara en qué debían consistir los regalos. Después de corta
-deliberación, los Reyes acordaron que el premio se adjudicaría al que
-presentara, además de la esposa más linda, la pieza de tela más fina y
-el perro más hermoso y más pequeño.
-
-Los príncipes se despidieron cariñosamente de sus padres y partieron
-siguiendo el mismo camino, hasta llegar a un punto en que éste se
-dividía en tres. Aquí se abrazaron, y prometiendo reunirse en el mismo
-sitio al cumplirse el plazo acordado, cada cual tomó su camino.
-
-Pedro, que era el mayor, tomó el de la derecha, y pasados unos cuantos
-días llegó a una casita que se levantaba a orillas de una laguna y en
-cuya puerta estaba una señora de edad. En el interior cantaba una niña
-con voz maravillosa, y Pedro, pensando que tan linda voz no podía
-provenir sino de una persona también muy linda, se propuso conocerla y
-pidió permiso a la señora para entrar; pero ella le contestó que lo
-dejaría atravesar los umbrales sólo en caso de que prometiese casarse
-con la que cantaba. Prometiólo el joven, y entró al salón de la casa,
-pero por más que escudriñaba por todas partes, no descubría a persona
-alguna, hasta que, en un rincón vió a una Sapita que saltaba.
-
---¿Es ésta la que canta?--preguntó Pedro.
-
---Sí, ella es--contestó la señora.
-
---¿Quién se va a casar con esta sapa asquerosa?--repuso el príncipe, y
-lanzándole un escupo, se mandó cambiar.
-
-Momentos después, José, el segundo de los hijos del Rey, llegó al mismo
-sitio, porque a él concurrían los tres caminos; y para abreviar diremos
-que le pasó lo mismo que a su hermano Pedro, sólo que, en vez de escupir
-a la Sapita, le dió un feroz puntapié y la disparó lejos.
-
-No haría una hora que había salido José, cuando Juan, el tercero de los
-hermanos, llegó a la casita, y oyendo aquella voz tan dulce y melodiosa,
-se quedó alelado. Cuando calló la que cantaba, Juan rogó a la señora que
-le presentara a la hermosa artista, pues no dudaba que debía de ser
-hermosa quien tan linda voz tenía. La señora consintió, pero, como en
-los dos casos anteriores, hizo antes prometer a Juan que se casaría con
-la que cantaba. Juan se lo juró, y entonces ella le mostró a la Sapita,
-que en ese momento andaba a saltitos en su rincón. El Príncipe, aunque
-sintió un movimiento de repugnancia, dijo:
-
---Palabra de Juan no puede faltar: estoy dispuesto a casarme.
-
---Y no te pesará--exclamó la Sapita.
-
-Y el casamiento se celebró inmediatamente.
-
-Juan a veces se ponía triste y se sentía desgraciado; pero la voz
-encantadora de la Sapita, que parecía adivinar sus penas, y sus palabras
-tiernas y cariñosas lo consolaban y le hacían olvidar la fealdad de la
-que era su mujer.
-
-Los otros dos hermanos también se habían casado, pero sus mujeres eran
-hermosas y ricas.
-
-Cuando ya se aproximaba el término del año, Pedro y José pensaron en
-volver a palacio, y ocupando lujosos carruajes, partieron con sus
-esposas, que iban elegantemente ataviadas.
-
-Al pasar por la casita de la laguna, vieron a Juan en la puerta, lo
-saludaron sin bajarse de sus coches y le pidieron les presentase a su
-mujer. Antes que Juan contestara, saltó la Sapita y les dijo:
-
---Yo soy la mujer de Juan, y dentro de poco nos juntaremos con ustedes
-en el lugar convenido.
-
-Los dos príncipes y sus mujeres, al ver tan singular esposa, soltaron
-una carcajada y dijeron a Juan:
-
---¿Cómo te atreverás a presentarte ante nuestros padres acompañado de
-esa horrible sapa casposa?
-
---Esta ha sido mi suerte--respondió Juan--y estoy contento con ella;
-esta horrible sapa, como ustedes la llaman, es mi mujer, me ha hecho
-feliz y con ella iré a postrarme ante mis padres.
-
-Los dos príncipes partieron y convinieron en seguir a palacio sin
-esperar a Juan en la encrucijada. Creían que el premio se disputaría
-entre los dos solamente, pues no les pasaba por la imaginación que se
-asignara al marido de una sapa. ¿Y los regalos que Juan debía presentar?
-¿De dónde habría sacado dinero para comprarlos? La casita en que vivía,
-modesta por demás, demostraba, a las claras, su probreza. Pero, como
-dice el refrán, _el hombre prepara y Dios dispara_, y a esos malos
-hermanos les salió el tiro por la culata.
-
-Transcurrida una hora, la Sapita dijo a Juan:
-
---Ya es tiempo de que nos vamos. Ve al huerto y encontrarás dos
-burritos: amárralos al viejo carretón que está detrás de la casa y
-subamos a él en compañía de la señora que tanto y tan bien nos ha
-cuidado. Los burros conocen el camino que han de seguir y saben lo que
-han de hacer. En esta cajita hay dos nueces; cuando llegue el momento de
-entregar los regalos que debes presentar a tus padres, a cada uno le
-pasarás una nuez y les rogarás que las abran. Y vámonos.
-
-Los burros emprendieron un trotecito muy cundidor y el carretón, que
-parecía que de un momento a otro se iba a desarmar, de puro viejo,
-crujía como un diablo, pero nada malo le pasaba. Después de algunas
-horas de marcha, encontraron en el camino a Pedro, cuyo lujoso coche se
-había volcado y hecho pedazos, maltratando a su mujer y dejándola tuerta
-para toda su vida, pues una astilla desprendida del carruaje le arrancó
-un ojo. Con estos contratiempos, Pedro estaba con un genio de mil
-demonios; así es que cuando la Sapita les ofreció a él y a su mujer un
-sitio en el carretón, en vez de agradecérselo, la echó a buena parte.
-
-Una nube de tristeza cubrió el rostro de Juan, que no pudo oir sin
-profundo dolor las palabras poco amables de su hermano; pero la Sapita,
-que parecía leer en el pensamiento de su marido, le dijo al punto:
-
---Desecha tus penas, hijo; no le hagas juicio a tu hermano; pronto
-terminarán nuestros pesares y seremos completamente felices.
-
-Y los burros emprendieron de nuevo su marcha, y no se detuvieron sino un
-poco más adelante, en que encontraron a José, a quien se le habían
-encabritado los caballos, despedazándole el coche a patadas, una de las
-cuales aplastó la hermosa nariz de su mujer y la dejó completamente ñata
-para todos los días de su vida. José estaba que no cabía en sí de rabia,
-así es que cuando Juan se ofreció para ayudarlo, o si mejor le parecía,
-para llevarlos a él y a su esposa en el carretón, se desató en insultos
-contra él y la Sapita, a quien llamó asquerosa.
-
-Juan no dijo nada, pero el dolor lo consumía. La Sapita le dijo:--“¿Por
-qué está triste? No haga juicio de los denuestos de su hermano; ¿no ve
-que son hijos de la desgracia que ha sufrido? Alégrese, que ya falta
-poco para que terminen nuestras penas”.--Y para consolarlo le cantó una
-de las más bellas canciones que sabía, la que más le gustaba a Juan.
-
-Mientras tanto los burritos seguían su menudo trote y no tardaron en
-llegar a orillas de un arroyo que pasaba muy cerca de la ciudad en que
-residían los reyes. La Sapita dió un salto y se metió en el agua y en el
-mismo instante se convirtió en la más hermosa princesa que jamás vieron
-ojos humanos. El Príncipe se arrodilló a sus pies y extasiado le besaba
-las manos. La Princesa le dijo:--Príncipe, es preciso que lleguemos hoy
-a palacio; vuestros hermanos han comprado nuevos coches y se acercan a
-mata caballos. Subamos al nuestro, que por muy despacio que nos lleve,
-siempre llegaremos antes que ellos.
-
-Sólo entonces el Príncipe se dió cuenta de nuevos cambios maravillosos:
-su traje, completamente nuevo, era de un valor extraordinario; la
-anciana señora que les había servido de ama de llaves, era una hermosa
-dama elegantemente vestida; los burritos se habían transformado en dos
-preciosos caballos ricamente enjaezados; y el carretón se había
-convertido en una carroza tan linda que seguramente no se encontraría
-otra igual en cocheras reales.
-
-Llegaron a palacio, y los reyes experimentaron la mayor alegría al
-volver a ver a su hijo menor y se sintieron deslumbrados ante la
-hermosura y elegancia de su nuera y la majestad de la señora que la
-acompañaba.
-
-Después de besar y abrazar cariñosamente a Juan y a su esposa, les
-pidieron que les contaran sus aventuras.
-
-Refirió el Príncipe cuanto le había pasado desde su salida; y la dama,
-cómo una bruja, por odio al Rey su esposo, que quiso arrojarla de sus
-estados, con sus malas artes mató al Rey y convirtió a la Princesa en
-una sapita, dejándole sólo su hermosa voz y condenándola a vivir en esa
-condición hasta un año después que un príncipe consintiera en casarse
-con ella; y como hoy se cumplió el año en que el príncipe Juan contrajo
-matrimonio con mi hija, la veis transformada en lo que era cuando la
-bruja se ensañó contra nosotros.
-
-Terminaba la dama su relato cuando entraron Pedro y José con sus
-respectivas consortes, tuerta la del primero, y con la nariz quebrada la
-del segundo, y ambas con sus trajes sucios y despedazados, pues no
-habían tenido tiempo de comprar otros nuevos, por temor de llegar
-atrasados.
-
-Grande fué también el gusto que manifestaron los reyes con la llegada de
-sus dos hijos mayores, pero el alma se les fué a los pies al ver la
-facha de sus mujeres: ¡la una tuerta y con la mitad del rostro hinchado,
-y la otra con la nariz desparramada por toda la cara! ¡El contraste era
-grande entre ellas y la mujer de Juan! No había duda: el premio le
-correspondía a éste. Pero ¿y si los obsequios que debía traer Juan eran
-inferiores a los de Pedro y José? Era necesario verlos para resolver.
-
-Convocaron a los grandes de su Corte para que sirvieran de árbitros, y
-ante ellos fueron presentando sus regalos los tres príncipes. Pedro,
-como mayor, se acercó el primero y entregó un valioso cofre de cedro
-como de media vara, y abierto, sacaron una pieza de tela de seda que
-mediría unas veinte varas, muy hermosa, muy fina, con bordados
-preciosísimos; de otra caja sacaron un lindo perrito, de una cuarta de
-alto, más o menos. Una y otra cosa merecieron ruidosos aplausos, y en
-verdad que los merecían.
-
-Siguió José, que abriendo un cofre de plata de las mismas dimensiones
-que el entregado por Pedro, sacó otras veinte varas de tela, también de
-seda, pero más fina, más rica y más hermosa que la de su hermano. El
-perrito era también más lindo, y más chiquitín que el de Pedro. Estos
-obsequios valieron a José una salva de aplausos más larga y bulliciosa
-que la anterior.
-
-Por último, acercóse Juan, que respetuosamente entregó al Rey una de las
-nueces que le había dado la Sapita, y la otra a la Reina, y les rogó las
-abrieran. Hiciéronlo sin esfuerzo, pues casi se abrieron por sí solas, y
-la Reina sacó de la suya una tela primorosamente tejida, de finísimo
-hilo de oro y que medía mil varas de largo, ¡cómo sería de fina que toda
-cabía en la cáscara de una nuez! De la que abrió el Rey saltó a la mesa
-que estaba frente a los monarcas un perrito tan diminuto, tan bellamente
-lindo que causó la admiración de todos los presentes. El perrito se puso
-a bailar y en cada vuelta que daba lanzaba perlas y diamantes y toda
-clase de piedras preciosas. No son para contar los aplausos con que
-fueron recibidos ambos objetos y las aclamaciones y vítores que obtuvo
-la declaración del Rey de que Juan, el menor de sus hijos, sería el
-heredero del trono.
-
-Y se acabó el cuento y se lo llevó el viento.
-
-
-
-
-24. GALLARIN Y EL GIGANTE.
-
-(Contado en Febrero de 1923 por el maestro carpintero Tránsito González,
-de 57 años, residente en Peñaflor.)
-
-
-Vivían en un pueblo tres hermanos. Los dos mayores, Juan y Pedro, eran
-grandes envidiosos; en cambio, Gallarín, el menor, gozaba de la simpatía
-de todo el mundo por su bella presencia y sus buenos sentimientos.
-
-Un día se les antojó a los dos primeros salir a rodar tierras y no
-querían que el menor los acompañara; pero a fuerza de súplicas consiguió
-que lo llevaran.
-
-Anduvieron todo un día, y en la noche llegaron a un castillo en que les
-dieron alojamiento.
-
-Este castillo era de un gigante que tenía tres hijas, y como no había en
-él sino una cama para cada una de las personas de la casa, acostaron a
-cada hermano con una de las hijas del Gigante.
-
-Gallarín se fijó que las niñas dormían tocadas con sendos gorros y como
-era muy habiloso y algo malicioso, cuando todos dormían se levantó de
-puntillas, les sacó los gorros a las niñas, se puso uno él y los otros
-dos a sus hermanos, y apagó la luz.
-
-Gallarín, que temía les hicieran una mala jugada, no dormía, así es que
-pudo oir que el Gigante decía a su mujer:
-
---Ya será hora de matarlos para hacer una buena cazuela con ellos y
-comerlos mañana. Están bien gorditos y la carne es tierna; ¡tendremos
-excelente comida para todo el día!
-
-Y entrando al dormitorio, se acercó a las camas, y cabeza que encontraba
-sin gorro ¡zas! caía al suelo cortada por el machete del Gigante, un
-machete enorme y muy afilado.
-
-Concluída esta tarea, el Gigante se retiró a dormir a su pieza, y cuando
-Gallarín lo sintió roncar--roncaba tan fuerte que parecía salían truenos
-de su boca--les sacó los gorros a sus hermanos, los despertó y les dijo:
-
---Hermanitos, es necesario huir inmediatamente, porque si el Gigante nos
-pilla cuando se levante, nos mata y nos come hechos cazuela.
-
-Estaba aclarando, de modo que Juan y Pedro pudieron ver degolladas a las
-tres hijas del Gigante, y de la impresión que recibieron, apenas podían
-andar, porque las piernas les temblaban; pero Gallarín les infundió
-ánimo y les hizo ver lo que se les esperaba si no huían pronto. Salieron
-siguiendo a Gallarín, y apenas habían atravesado un gran círculo de
-plantas de maravillas que rodeaba el castillo y que era hasta donde
-alcanzaba el poder del Gigante, éste los vió desde una ventana.
-
- --¡Ah, pícaro Gallarín--le gritó--
- ¡Asesinaste a mis hijas,
- me robaste mis tres gorros!
- ¡Ah, pícaro malnacido!
- si te pillo te devoro!
-
-El Gigante sentía la muerte de sus hijas casi tanto como el robo de los
-tres gorros; éstos eran de virtud: el que se los ponía al revés obtenía
-todo lo que deseaba.
-
-Se fueron los tres hermanos y después de unas cuantas horas de marcha
-llegaron a la capital del reino. Los tres hermanos consiguieron ocuparse
-en el palacio del Rey: los dos mayores como trabajadores al día y
-Gallarín como cuidador de pavos.
-
-La hija del Rey, que era muy linda, se prendó de Gallarín, y esto les
-causó una profunda envidia a Juan y a Pedro. Para perder a su hermano,
-fueron donde el Rey y le dijeron:
-
---Señor, su pavero Gallarín se ha dejado decir que así como mató a las
-hijas del Gigante y le robó los tres gorros, es capaz de robar el Loro
-adivino que tiene el mismo Gigante en su castillo.
-
---¿Eso ha dicho Gallarín?
-
---Sí, Señor; eso ha dicho.
-
-Hizo llamar el Rey a Gallarín, y le dijo:
-
---Gallarín, tú te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas
-del Gigante y te trajiste los tres gorros eras capaz de traerte el Loro
-adivino que hace tiempo me robó el Gigante...
-
---No, mi Rey, yo no he dicho tal cosa.
-
---Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto.
-
-Se retiró Gallarín a lo último del huerto y se sentó a llorar en un
-tronco que ahí había. En ese momento pasó la Princesa y le preguntó por
-qué estaba tan afligido.
-
---¿Cómo no lo he de estar, mi Princesa--le contestó Gallarín--siendo que
-el Rey me ha dicho que así como maté a las tres hijas del Gigante y me
-traje los tres gorros, tenía que traerle el Loro adivino?
-
---No se te dé nada--le dijo la Princesa;--lleva este pan y este frasco
-de vino y le dices al Loro:--«Mira, Lorito, este es del pan que
-comías y del vino que tomabas antes en el reinato de tu antiguo
-dueño».--«¿Dame?», te dirá él.--«No te doy», le contestarás tú.--«¡Dame
-un poquito, aunque más no sea!» te replicará.--Y entonces tú le darás
-pan sopeado en vino, y cuando ya esté curado, lo agarras; y no tengas
-cuidado, suceda lo que suceda. Te advierto que el Gigante, cuando está
-con los ojos abiertos, está durmiento, y si tiene los ojos cerrados,
-está despierto.
-
-Partió Gallarín para el castillo y encontró al Gigante con los ojos
-abiertos; pasó de puntillas por delante de él para no despertarlo, y
-llegando hasta donde estaba el Loro, le mostró el pan y el vino que
-llevaba.
-
---Mira, Lorito, este vino es del que tomabas y este pan del que comías
-antes, en el reinato de tu antiguo dueño.
-
---¡Ay! qué ricos eran! ¿dame?
-
---No te doy.
-
---Dame un poquito, aunque más no sea, para probarlos.
-
-Entonces Gallarín mojó un pedazo de pan en el vino, que era muy añejo, y
-se lo dió al Loro, que lo comió con ansias; y le dió más y más hasta que
-el pan y el vino se acabaron y el Loro quedó completamente borracho.
-Entonces Gallarín lo agarró para huir con él; pero apenas el Loro se vió
-cogido, comenzó a gritar desaforadamente:
-
---¡Amito! amito! que me llevan!
-
-A los gritos despertó el Gigante, asió a Gallarín y lo amarró de pies y
-manos a un poste, en el último patio del castillo, para comérselo
-después.
-
-El Gigante estaba que no cabía en sí de gusto por haber aprisionado a
-Gallarín, así es que salió a convidar otro gigante, su compadre, «para
-comerse un cordero tiernecito»--así le dijo.
-
-Mientras el Gigante andaba afuera, su mujer preparaba el fondo en que
-iban a cocer al pobre Gallarín, y con un hacha se puso a partir leña
-para encender el fuego. Gallarín, nada tranquilo, miraba cómo trabajaba
-la mujer por cortar un grueso tronco demasiado duro, y de pronto se le
-ocurrió una idea y le dijo:
-
---¡Me da no sé qué, señora, verla trabajar tanto! Si me soltara las
-manos siquiera, yo le ayudaría a partir la leña.
-
-La mujer del Gigante le creyó, le soltó las manos y le entregó el
-hacha.
-
---Acérqueme el tronco, porque así como estoy, amarrado de los pies, no
-alcanzo hasta él.
-
-La mujer le acercó el tronco.
-
---Ahora sujétemelo bien para que no se mueva.
-
-Y en cuanto la mujer se agachó para sujetar el tronco, mi buen Gallarín
-le asesta tan feroz hachazo en el cogote que me la deja tendida, muerta.
-Con la misma hacha cortó la cuerda con que tenía atados los pies, en
-seguida desnudó a la mujer, la despresó y la echó al fondo, que estaba
-hirviendo con las papas, choclos, porotos, zapallo, ajos y cebollas
-correspondientes; después tomó la cabeza y la arregló en la cama en que
-ella dormía, dejándole los chapes colgando, y en lugar del cuerpo colocó
-una almohada debajo de las cobijas, cogió al Loro y disparó a toda
-carrera.
-
-Cuando llegaron los dos gigantes, se fueron al último patio.
-
---¡Qué rica debe de estar la cazuela, compadre! ¿No siente el olorcito
-que sale del fondo?
-
---¡Cómo no, pues, compadre! debe de estar de chuparse los bigotes!
-
---Y la Micaela, ¿dónde estará?
-
-Se fué a buscarla y vió que estaba en la cama.
-
---¡Pobre Micaela! Cómo habrá trabajado, compadre, que de puro cansada se
-acostó; durmiendo está en su cama. Comeremos nosotros y le guardaremos
-su parte; dejémosla que descanse.--Y se pusieron a comer.
-
---¡Caráfita que está rica la cazuelita! si el corderito era tan bien
-retierno, cómo no había de salir buena!
-
-Y el Gigante mete el cucharón al fondo por quinta vez y se sirve él una
-presa y le pasa otra a su compadre. Este observa la presa que acaban de
-servirle y todo asustado, exclama...
-
---¡Compadre! usted me convidó a comer un corderito y resulta que lo que
-estamos comiendo es una oveja! ¡mire la marca!--y le mostraba la presa
-que tenía en la mano.
-
---¿Qué es esto?...--grita el Gigante--y dispara corriendo como un
-condenado, a ver a su mujer, porque una sospecha terrible pasó por su
-imaginación.
-
-Llega a la cama de su mujer, tira las cobijas al suelo y no ve sino la
-cabeza de Micaela y una almohada. El Gigante, que quería entrañablemente
-a su mujer, se puso a lanzar grandes alaridos y a gritar:
-
- --¡Ah, pícaro Gallarín!
- ¡Asesinaste a mis hijas,
- te llevaste mis tres gorros,
- me mataste a mi mujer
- y me robaste mi Loro!
- ¡Ah, pícaro malnacido!
- si te pillo, te devoro!
-
-Llegó Gallarín al palacio y entregó el Loro al Rey, quien dió muestras
-de la mayor alegría al contemplar en su poder esta ave maravillosa, que
-antes había sido suya y le había sido arrebatada por el Gigante.
-
-Pasó algún tiempo, y Juan y Pedro, que hervían de envidia al ver la
-predilección que la Princesa demostraba por Gallarín, volvieron donde el
-Rey y le dijeron:
-
---Sepa su Sacarrial Majestad que su pavero Gallarín se ha dejado decir
-que así como mató a las tres hijas del Gigante, se trajo los tres
-gorros, le mató a la mujer y le robó el Loro adivino, es capaz de
-quitarle el Caballo de las campanillas de oro, que está encerrado bajo
-siete llaves.
-
---¿Eso ha dicho Gallarín?
-
---Sí, Señor, eso ha dicho.
-
-El Rey hizo llamar a Gallarín.
-
---Gallarín, tú te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas
-del Gigante, te trajiste los tres gorros, le mataste a la mujer y le
-robaste el Loro adivino, eras capaz de quitarle el Caballo de las
-campanillas de oro, que tiene encerrado bajo siete llaves.
-
---No, Señor; yo no he dicho tal cosa.
-
---Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto.
-
-Salió Gallarín triste y cabizbajo y se sentó a llorar amargamente en una
-piedra que había a lo último del jardín. En ese momento pasaba la
-Princesa por ahí mismo.
-
---¿Por qué lloras, Gallarín?
-
---¿Cómo no he de llorar, mi Princesa, cuando mis hermanos, que desean mi
-muerte, han ido donde el Rey con el chisme de que yo había dicho que así
-como maté a las tres hijas del Gigante, me traje los tres gorros, le
-maté a su mujer y le robé el Loro adivino, era capaz de quitarle el
-Caballo de las campanillas de oro, que tiene encerrado bajo siete
-llaves?
-
---No se te dé nada, Gallarín; anda no más, que te irá tan bien como en
-las veces anteriores. Toma este poco de algodón y esta espadita de
-virtud; aplicas la punta de la espada a la chapa de cada puerta y las
-siete se abrirán en cuanto las toques. Después te acercas al caballo,
-rellenas bien de algodón las siete campanillas de oro para que no suenen
-y aseguras el algodón con cáñamo, para que no se desprenda; te pones las
-espuelas que hallarás colgadas detrás de la séptima puerta; en seguida,
-le sacas al caballo la silla, lo montas en pelo, le clavas las espuelas
-a toda fuerza y el caballo saldrá del castillo a todo correr. Pero no se
-te olvide mirar antes si el Gigante está durmiendo, que ya sabes que
-duerme cuando tiene los ojos abiertos y está despierto cuando los tiene
-cerrados.
-
-Llegó Gallarín al castillo mientras el Gigante dormía, de modo que pudo
-hacer sin inconveniente cuanto la Princesa le había ordenado, aunque
-sintió deseos locos de venirse con la silla, que era muy rica: pero, por
-suerte para él, la dejó y montó en pelo.
-
-El Gigante vino a darse cuenta del robo cuando ya Gallarín había salido
-del círculo de maravillas, y no pudiendo hacer otra cosa, se puso a
-gritar desaforadamente:
-
- --¡Ah, pícaro Gallarín!
- ¡Asesinaste a mis hijas,
- te llevaste mis tres gorros,
- me mataste a mi mujer
- y me robaste mi Loro,
- y hoy me has robado el Caballo
- de las campanillas de oro!
- ¡Ah, pícaro malnacido!
- si te pillo, te devoro!
-
-El Caballo salió a todo escape y no paró hasta llegar con su jinete a
-las mismas gradas del trono.
-
-Grande fué la alegría del Rey al ver al Caballo de las campanillas de
-oro y quiso premiar a Gallarín, pero éste le dijo que mientras tanto se
-contentaba con ser el cuidador de sus pavos, que a su tiempo le pediría
-el galardón que creyera le correspondía.
-
-Siguió pasando el tiempo, que no se detiene en su marcha, y aún no se
-había cumplido un mes cuando Juan y Pedro, cuya envidia crecía con los
-triunfos de Gallarín, fraguaron otra mentira contra el hermano que los
-había librado de la muerte, que _así paga el Diablo a quien bien le
-sirve_; y se presentaron al Rey.
-
---Señor--le dijeron--ha de saber Su Sacarrial Majestad que su pavero
-Gallarín se ha dejado decir que así como mató a las tres hijas del
-Gigante, se trajo los tres gorros, le mató a la mujer y le robó el Loro
-adivino y el Caballo de las campanillas de oro, es capaz de traer
-prisionero al Gigante mismo.
-
---¿Eso ha dicho Gallarín?
-
---Sí, Señor; eso ha dicho.
-
---¡Ah! y qué bueno fuera que me lo trajese prisionero, por que el
-Gigante es el único enemigo que tengo, y libre de él, reinaría
-tranquilo! Díganle a Gallarín que venga.
-
-Vino el pobre Gallarín.
-
---¿Con que te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas del
-Gigante, te trajiste los tres gorros, le mataste a su mujer y le
-robaste el Loro adivino y el Caballo de las campanillas de oro, te
-encuentras capaz de traerme prisionero al Gigante mismo?
-
---No, Señor; yo no he dicho tal cosa.
-
---Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto.
-
-Salió Gallarín sumamente afligido por la exigencia del Rey, y fué a
-sentarse a lo último del jardín, a tiempo que la Princesa pasaba por
-ahí.
-
---¿Por qué lloras, Gallarín?
-
---¿Cómo no he de llorar, mi Princesa, cuando el Rey, instigado por mis
-hermanos, que desean mi muerte, me ha dicho que así como maté a las tres
-hijas del Gigante, me traje los tres gorros, le maté a su mujer y le
-robé el Loro adivino y el Caballo de las campanillas de oro, era capaz
-de traerle prisionero al Gigante mismo?
-
---No se te dé nada, Gallarín, que en esta empresa te irá tan bien como
-en las anteriores. Pídele al Rey mi padre que te mande hacer una gran
-jaula de fierro, de gruesos barrotes, con ruedas y con dos
-compartimentos: uno desde el que irás tú gobernando el carro, y otro que
-será completamente independiente, con puerta que la puedas cerrar tú por
-medio de un resorte y en el cual llevarás toda clase de mercaderías. Te
-disfrazarás de comerciante francés y pasarás frente al castillo
-ofreciendo tus mercaderías. Saldrá el Gigante, querrá comprar algo de lo
-que llevas, lo harás entrar para que escoja, y en cuanto esté adentro,
-sirviéndote del resorte cerrarás la puerta y te lo traes sin cuidarte de
-sus gritos y maldiciones.
-
-Tal como se lo aconsejó la Princesa así lo hizo Gallarín. El Rey le
-mandó fabricar la jaula, y una vez entregada, arregló en el
-compartimento que debía ocupar el Gigante un buen número de valiosas
-telas y curiosísimos objetos de adorno, y tirado el carro por diez
-yuntas de bueyes que Gallarín dirigía desde el departamento que le
-correspondía, se dirigió al castillo del Gigante, adornado el rostro de
-largos bigotes y una hermosa pera postiza, pregonando con fingido acento
-francés:--«Quelq chos de tiend! necesit quelq chos de tiend!» El
-Gigante, que estaba en la ventana, lo hizo detenerse y bajó a comprar
-algunas cosas. Gallarín lo invitó a entrar para que escogiese más a
-gusto, y el Gigante, sin sospechar nada, accedió, y Gallarín, en cuanto
-lo vió adentro, tocó el resorte y la puerta se cerró a machote. El
-Gigante, al verse preso, bramaba como un toro herido y con sus manazas
-tomaba los barrotes y los estremecía tratando de quebrarlos, pero
-inútilmente.
-
-Horas después, Gallarín entraba triunfante a la ciudad, con el Gigante
-enjaulado, y era de ver cómo la gente se agolpaba en las calles
-aplaudiendo al héroe, que con la prisión del Gigante libraba al reino de
-su más terrible enemigo.
-
-Gallarín, antes de llegar a palacio, se puso uno de los gorros de las
-hijas del Gigante con la parte de adelante hacia atrás, e inmediatamente
-quedó convertido en un elegante joven, pero conservando siempre sus
-hermosas y simpáticas facciones.
-
-El Rey y la Princesa, que lo esperaban, se levantaron de sus asientos
-para recibirlo.
-
---Creo, Gallarín--dijo el Monarca--que ha llegado el momento de que
-pidas el premio de tus hazañas:
-
- Mataste a las hijas del Gigante,
- le trajiste sus tres gorros,
- le mataste a su mujer
- y le robastes el Loro,
- después trajiste el Caballo
- de las campanillas de oro,
-
-y por último, para coronar tu obra, hoy me has traído prisionero al
-Gigante mismo. Pídeme lo que quieras, que si está en mis manos, te será
-concedido.
-
---Señor--contestó Gallarín--es grande mi osadía al manifestar a Su
-Sacarrial Majestad mis pretensiones, pero si me atrevo a formularlas es
-porque me veo alentado por una persona que es muy querida de Vuestra
-Majestad;--y miraba a la Princesa que le hacía señas para que desechara
-todo temor y hablara luego y claramente.
-
---¿Y qué es lo que pretendes, Gallarín? Si grandes son tus pretensiones,
-grandes son también las empresas que has acometido; vaya lo uno por lo
-otro; habla sin cuidado.
-
---Majestad, lo que yo pretendo es lo que más amáis: solicito la mano de
-vuestra hija.
-
-El Rey, que se imaginaba que Gallarín le pediría riquezas y honores, tal
-vez un título de grande del reino, al oir su petición, dió un salto y
-casi se cayó del trono.
-
---Pero ¿cómo te atreves a mirar tan alto? medita un poco en quién eres
-tú y en quién es mi hija, mide la distancia que hay entre ambos y ve si
-es posible tal unión.
-
---Es cierto, Su Sacarrial Majestad, que una princesa no debe casarse
-sino con un príncipe por lo menos; pero en manos de Su Sacarrial
-Majestad está el hacerme príncipe a mí, y entonces ni ella se rebajará
-ni yo me enalteceré al casarnos, pues seremos iguales.
-
-La Princesa no pudo contenerse y aplaudió a dos manos exclamando:
-
---¡Bien, Gallarín, muy bien!--Con lo cual, impensadamente dió a conocer
-sus sentimientos hacia su pretendiente, así es que el Rey no tuvo más
-remedio que acceder a los deseos de los dos jóvenes.
-
-Gallarín fué hecho príncipe y se casó con la Princesa en medio del
-entusiasmo de todo el pueblo, que los amaba y respetaba. Y fueron
-felices durante su larga vida, como lo merecían por sus virtudes.
-
-
-
-
-25. SALIR CON SU DOMINGO SIETE
-
-
-Había una vez un jorobado, buena persona, que llevaba su desgracia con
-paciencia, y no era envidioso ni amigo de burlarse del prójimo, como son
-casi todos los que tienen el espinazo quebrado; y este buen hombre salió
-un día a hacer una diligencia a un pueblo inmediato al suyo y no pudo
-regresar hasta la noche. Al pasar por un sitio extraviado, vió, desde un
-matorral, un corro de brujas, las cuales, tomadas de las manos, daban
-vuelta bailando y cantando:
-
- Lunes y Martes, Miércoles tres,
-
-sin cambiar este estribillo. El jorobadito, que era nervioso y vivo de
-imaginación, viendo que las brujas no salían de la cantinela
-
- Lunes y Martes, Miércoles tres,
-
-no pudo contenerse y desde su escondite gritó:
-
- Jueves y Viernes, Sábado seis.
-
-Las danzantes no cupieron en sí de gozo al ver tan lindamente completado
-su canto, y, agradecidas, resolvieron premiar a la persona que había
-tenido tan feliz inspiración. Llevado el joven al medio del corro, una
-propuso darle un palacio; otra, todo el oro que deseara; la de más allá,
-hacerlo rey; pero el jorobadito, que oía la discusión muy complacido,
-les dijo:--«Yo me contentaría y me daría por muy feliz con que hicierais
-desaparecer mi joroba y me asegurarais lo suficiente para tener un buen
-pasar»,--gracias, ambas, que inmediatamente le fueron acordadas.
-
-Al día siguiente nuestro ex-jorobado tropezó en la calle con un amigo
-que sufría del mismo mal de que él tan felizmente había sido curado por
-las brujas. El amigo se extrañó de verlo tan cambiado y casi no lo
-conoció, pues la ausencia de la joroba había convertido al antiguo
-corcovado en un real mozo. A la pregunta que le hizo el amigo, a quien
-la envidia roía las entrañas, de cómo había ocurrido tal metamorfosis,
-el interrogado le refirió la aventura, y el giboso se prometió ir esa
-misma noche al sitio en que las brujas se reunían; y así lo hizo,
-ocultándose en el mismo matorral desde donde su amigo había presenciado
-el baile. Momentos después llegaron las brujas y comenzaron la danza,
-cantando:
-
- Lunes y Martes, Miércoles tres,
- Jueves y Viernes, Sábado seis.
-
-El segundo jorobado, que también deseaba ver desaparecer su corcova,
-imitando lo que su amigo había hecho, quiso agregar algo a los versos
-que cantaban las brujas, y cuando por cuarta o quinta vez repetían
-
- Lunes y Martes, Miércoles tres,
- Jueves y Viernes, Sábado seis,
-
-muy ufano exclamó:
-
- Domingo siete.
-
-Las brujas detuvieron inmediatamente la danza y unas a otras se miraron
-contrariadas.
-
---¿Quién es el estúpido que ha venido a perturbar nuestro hermoso
-canto?--dijo una.
-
---Busquémoslo--contestó otra.
-
-Y sin gran trabajo encontraron al pobre jorobado, que temblaba de miedo
-ante la ira de aquellas mujeres, y lo arrastraron al medio del corro.
-
---¿Qué castigo daremos a este miserable?--preguntó la que hacía de jefe.
-
---Que le salgan cuernos y rabo--dijo una.
-
---Que cuando hable eche sapos y culebras por la boca--repuso otra.
-
---No--exclamó una tercera,--por su impertinencia merece que le
-obsequiemos con una segunda joroba.
-
---¡Eso es! Eso es!--gritaron todas.
-
-Y a empellones y puntapiés despidieron al giboso, que volvió al pueblo
-llevando sobre sí dos hermosas corcovas: una sobre el pecho y otra sobre
-la espalda.
-
-
-
-
-26. LA LORITA ENCANTADA
-
-(Se lo contó, en 1909, Petronila Riquelme, de 56 años, natural de
-Chimbarongo, a don Luis Thayer Ojeda, quien tuvo la bondad de
-obsequiarme la transcripción, hecha por él, en Octubre de 1915.)
-
-
-Para saber y contar y contar para saber. Esta era una vieja muy pobre
-que había criado a un Huacho que se llamaba Manuel, y a quien ocupaba en
-cuidar chanchos en el monte.
-
-Un día el Huacho le dijo a la vieja:
-
---He oído decir que hay un Rey que paga un almud de plata por un año de
-trabajo, y yo, mamita, me voy para allá a mejorar suerte.
-
-Salió Manuel y llegó a donde estaba el Rey, que era el castillo de
-Flordelís, y estuvo trabajando con toda la peonada durante un año, y a
-todos les fueron pagando un almud de plata; pero cuando estaban haciendo
-el pago, una Lora que tenía el Rey hablaba tanto, metiéndose en las
-cuentas, que el Rey, aburrido, es que dijo:
-
---El que quiera llevarse esta Lora en lugar del almud de plata, que se
-la lleve no más, que soy gustoso.
-
-Y ninguno de los que le oyó quiso llevársela, y entonces Manuel, viendo
-que era tan linda, dijo:
-
---Yo me la llevaré, Su Majestad, por el almud de plata.
-
-Y se volvió el Huacho para su tierra, y en el camino cuidaba mucho a la
-Lorita y le daba de comer la mitad de lo que conseguía; pero cuando
-llegó a su casa, la vieja es que estuvo muy enojada porque quería plata
-y no pájaros y le dió a Manuel una buena paliza y lo mandó al monte a
-cuidar los chanchos, y después le pegó a la Lora, que casi la mató.
-
-Entonces la Lora es que dijo:--“Me voy para Flordelís”--y se voló.
-
-Cuando en la tarde volvió el Huacho y supo que la Lorita se había
-volado, se apenó tanto que esa misma noche, al amanecer, se fué de la
-casa.
-
-Anduvo todo el día sin tomar alimento ni descansar, así es que el hambre
-se lo comía y no podía más de cansado.
-
-Se sentó debajo de unos árboles y se quedó dormido.
-
-Al día siguiente lo despertó una gran bulla que formaban tres lindas
-niñas, disputando cuál era la mejor. Entonces él se acercó a las niñas y
-les preguntó por qué discutían tan acaloradamente; y una vez que le
-explicaron el motivo, les dijo:
-
---Su merced, que es la mayor, es el sol, y en el día ¿qué cosa hay más
-bonita que el sol?--Su merced, que es la del medio, es la luna, y en la
-noche ¿qué cosa hay más bonita que la luna?--Su merced, que es la menor,
-es la guía de la mañana, y al amanecer ¿qué cosa hay más bonita que la
-guía de la mañana?--Y se fué.
-
-Con estas cosas que les dijo el Huacho, se quedaron las niñas muy
-contentas, y dijeron:
-
---¿Y con qué le pagamos a este joven que nos puso en concierto y nos
-dejó contentas a las tres?
-
-Entonces lo llamaron, y la mayor le dió un anillo que daba todo lo que
-se le pedía; la del medio le dió una pluma, que no había más que
-ponérsela en el zapato para volar más ligero que el viento; y la menor
-le dió un gorro, que bastaba ponérselo para hacerse invisible.
-
-El Huacho les agradeció los regalos y partió nuevamente; y había andado
-ya algunas leguas cuando le vino como un desmayo, de lo que no había
-comido nada desde la noche antes.
-
-Entonces le dijo al anillo:
-
---Anillito, dame una mesa bien puesta de un todo, con los manjares más
-ricos que haya.
-
-Y entonces se le apareció una mesa llena de los mejores platos y más
-ricos vinos, y después que se llenó, se puso a dormir la siesta. A la
-tardecita despertó y siguió su camino, hasta que no pudo seguir andando
-porque tenía los pies hinchados de tanto que había caminado, y se sentó
-a descansar. Y en esto estaba cuando se acordó de repente de su aventura
-con las tres niñas y de los regalos que le habían hecho, y dijo:
-
---Buen dar con lo tonto que soy, pudiendo volar más ligero que el
-viento;--y sacó la pluma y se la puso en el zapato.
-
-Había volado una porción y ya comenzaba la noche, cuando se le apareció
-un águila inmensa de grande, que le dijo:
-
---¿Cómo te atreves a volar en mis dominios, vil gusanillo de la tierra?
-
-Entonces el Huacho le contó toda su historia, y una vez que la oyó el
-Aguila, que no era otra persona que el mismo Rey de los Pájaros, le
-dijo:
-
-La Lorita que andas buscando está en el castillo Flordelís, y apúrate,
-porque si no llegas esta misma noche, ya será tarde, por lo que allí va
-a pasar.
-
-Se fué el Huacho por el aire, más ligero que el viento, y llegó al
-castillo de Flordelís cuando ya todita la gente y hasta el mismo Rey se
-habían acostado, y sólo estaba despierto el soldado que estaba de
-guardia en la puerta del castillo.
-
-Entonces el Huacho es que le preguntó:
-
---¿Qué nuevas hay por aquí, señor guardia?
-
---¿Qué nuevas han de haber? Que mañana se casa la Princesa, que estaba
-encantada, y que no era otra que la Lorita que te llevaste en cambio del
-almud de plata.
-
-Cuando esto oyó, le entró al Huacho una gran pensión; pero, acordándose
-de su gorra, se la puso, y por el aire se entró al cuarto de la
-Princesa, que estaba custodiado por siete soldados moros.
-
-Y entonces el Huacho, que no se había sacado la gorra, le dijo a la
-Princesa:
-
---Si eres tú la Lorita que yo me llevé por un almud de plata ¿por qué me
-has dejado solo?
-
-Y la Princesa se asustó tanto que se puso a gritar, y vinieron los siete
-soldados moros, y el Rey y la Reina a ver lo que pasaba.
-
-El Huacho, como estaba invisible, para que no tropezaran con él se
-acurrucó en un rincón, y como los que entraron a la pieza nada vieron ni
-a nadie encontraron, se volvieron, el Rey y la Reina a sus cuartos y los
-soldados moros a su puesto.
-
-Al rato que todos se fueron, volvió el Huacho a hablar y otra vez la
-Princesa gritó que había gente en su pieza, y entraron de nuevo el Rey y
-la Reina y los soldados, y como tampoco encontraron a nadie, se enojaron
-mucho y se fueron, diciéndole a la Princesa que no fuera a gritar otra
-vez, porque no le harían caso a sus gritos. Y salieron.
-
-Esperó el Huacho un momento, y acercándose a la Princesa le dijo que no
-tuviera miedo, que él había hecho un viaje tan largazo por el amor tan
-grande que le tenía y que de ninguna manera permitiría que fuera a
-casarse con un hombre que no la quería como él; y se quitó el gorro.
-
-Entonces la Princesa conoció al Huacho y se tranquilizó, y le contó todo
-lo que había pasado y que ella se casaba contra su voluntad y que a
-nadie quería sino a él, que había despreciado la plata por ella, y la
-había cuidado tanto y hasta había tenido que aguantar los malos tratos
-de su madre.
-
-Después de mucho pensar en lo que harían, convinieron que en la comida,
-antes del casamiento, la Princesa pidiera la gracia de que cada uno
-dijera un discurso y que él vería cómo ella salía bien del paso.
-
-A la mañana siguiente dijo el Huacho al anillo:
-
---Anillito, dame un traje completo, todo bordado de oro y piedras
-preciosas, y yo que me ponga bien buenmozo.
-
-Y así que acabó de hablar, quedó el Huacho hecho un príncipe de bonito y
-elegante y la Princesa muy contenta de verlo tan bien plantado. Y
-poniéndose el Huacho la pluma en el zapato y el gorro en la cabeza, se
-despidió de la Princesa hasta el otro día.
-
-Al día siguiente, el Huacho, bien de mañana, le dijo al anillo:
-
---Anillito, haz que se me presente aquí un caballo de lo mejor y más
-lindo, bien aperado y con los aperos enchapados de oro y plata.
-
-Y en el mismo momento se le puso un lindo caballo blanco por delante y
-montado en él dió un paseo por toda la ciudad, y todo el mundo se
-quedaba mirándolo con la boca abierta, porque nunca habían visto un
-príncipe tan bonito y elegante. Y al acercarse la hora del banquete, se
-fué al castillo y cuando el Rey lo vió decía:--“¿qué príncipe tan rico
-será éste?” Y él le dijo al Rey que era príncipe que dominaba en el
-aire.
-
-Al comenzar el banquete, la Princesa pidió al Rey la gracia de que todos
-dijeran un discurso, y concedida que le fué, dijo la Princesa:
-
---Sacarrial Majestad, ¿qué será de más valor, una corona de oro o una
-corona de plata?
-
-El Rey contestó:
-
---Una corona de oro.
-
---Yo tenía--dijo la Princesa--dos coronas, una de oro y una de plata.
-La de oro se me había perdido y he tenido la suerte de encontrarla; y
-como no debo conservar sino una, yo pregunto ¿cuál de las dos debo
-guardar?
-
-Todos contestaron:
-
---La de oro, la de oro; no tiene vuelta.
-
-Entonces la Princesa, tomando a Manuel de la mano lo hizo pararse y
-dijo:
-
---Esta es la corona de oro que yo había perdido y que acabo de
-encontrar, y como con ella debo quedarme, con este príncipe me casaré y
-él no mas será mi marido.
-
-Todos aplaudieron lo dicho por la Princesa, menos el novio que iba a
-casarse con ella y que tuvo que salir todo acholado.
-
-Y así fué que Manuel se casó con la Princesa y fueron muy felices, y
-todavía lo serán, si es que están vivos.
-
-Y se acabó el cuento, y se lo llevó el viento y se coló por la puerta de
-un convento y los padres que lo oyeron, se quedaron muy contentos.
-
-
-
-
-27. EL DIABLO Y EL CAMPESINO.
-
-
-El Diablo le propuso a un Campesino trabajar a medias, durante tres
-años. El Diablo pondría el terreno y el Campesino la semilla. Terminado
-el plazo del contrato, el campesino quedaría dueño del suelo.
-
-Preguntó el hombre:--¿Y cómo haremos la partición?
-
-El Diablo contestó:
-
---Yo tomaré lo que den las plantas arriba y tú tomarás lo que quede
-debajo de la tierra.--Y se fué.
-
-Entonces el Campesino sembró papas, y cuando llegó el tiempo de partirse
-la cosecha, el Diablo tuvo que llevarse las matas y dejar las papas al
-hombre.
-
-El Diablo se repelaba, y pensó: esta otra vez no me harás leso; y dijo
-al hombre:--Este año yo tomaré lo que quede debajo de la tierra y tú
-serás dueño de lo que quede encima.
-
-Se fué el Demonio y el Campesino sembró sandías y melones, y cuando el
-Diablo vino por la parte que le correspondía y vió que le tocaban puras
-raíces, y a su socio lindísimos melones y sandías, se puso a rabiar como
-un condenado (_sic_) y se arrancaba las mechas de ira.
-
-El Diablo no se dió por vencido, y después de meditar un rato, dijo al
-hombre:--En el próximo año será para mí lo que produzcan las plantas en
-la parte de arriba y debajo de la tierra; lo que den en el medio será
-para ti.--Y se fué pensando con esto vencer al Campesino.
-
-Pero el hombre, sembró maíz; y cuando el Diablo vino a reclamar su
-porción, los choclos correspondieron al Campesino y el Diablo quedó
-nuevamente burlado.
-
---Me la ganaste, rugió el Demonio, tuyo es el campo; pero después nos
-veremos la cara.
-
-Mas el hombre se deja vencer del Diablo sólo cuando quiere, porque tiene
-inteligencia de sobra para reirse del enemigo malo, como lo demuestra
-este cuento.
-
-
-
-
-28. EL LIÓN Y EL HOMBRE{*}
-
-(Narrado en 1888 por el carrilano albañil Pedro Antonio Liberona,
-natural de Nancagua, de 55 años de edad, y escrito, según sus recuerdo).
-por don Roberto Regifo, en Diciembre de 1921.
-
-
-Taba el Lión viejo en su cueva, entre los riscos más encumbraos di una
-montaña. El Lión hijo, al velo tan respetoso, le icía:
-
---¿Habrá, paire, en to el mundo uno más guapo que su mercé? (Así
-trataban antes los hijos a los paires).
-
---Sí, hijo,--le contestó el veterano.
-
---¿Cómo ha e ser eso, paire, cuando yo, que soy su hijo, no le tengo
-mieo a naiden ni más respeto que a su mercé?
-
---No t’engañís, hijo, hay en el mundo un animal muy brao que se la gana
-a toos; si nu es por bien, por mal si han de dar; por eso es que yo,
-qu’era el rey del mundo, m’hey tenío qu’enriscar entr’estos cerros, por
-no dame.
-
---Con su permiso, paire, écheme la bendición y yu iré a peliar con ese
-animal pa quitale el mundo, ¡qué tanto será lo guapo! Empués e su mercé,
-¿qui animal será tan grande que yo no me li alime?
-
---Nu es tan grande, hijo; pero es más ardiloso que toos, y se llama
-l’Hombre. Yo no ti aré nunca permiso, mientras viva, pa que vais a
-peliar con él.
-
-Quiso que no quiso el Lión joven tuvo que quiase refunfuñando y
-afilándose las uñas.
-
-El Lión viejo ’staba enfermo y a poco murió.
-
-Empués de lloralo el Lión joven y dejalo tapao con ramas que salió a
-cortar, pensó:--Agora sí que no me queo sin peliar con el Hombre; y
-salió cordillera aajo a uscalo.
-
-{*} Esta transcripción, aunque no completamente fonética, se aproxima al
-modo de hablar popular lo suficiente para darse cuenta de él. Sin
-embargo, debe advertirse que no siempre se han suprimido las eses y
-_zetas_, que en numerosos casos no se pronuncian, o suenan como
-aspiraciones muy tenues, por carecer la imprenta de los signos
-convenientes y no dificultar más la lectura. Lo mismo puede decirse de
-la b y de la v, que hay casos en que suenan, pero no con la fuerza que
-en el lenguaje que usa en Chile la gente educada.
-
-
-
-
-28. EL LEÓN Y EL HOMBRE
-
-
-Lo primero qu’encontró en una d’esas vegas que se jorman aentro e los
-cajones e la cordillera jué un Caallo flaco.
-
---¡Bah!--ijo--ese no mi aguanta na. ¿Vos sos el Hombre?--le gritó.
-
---Yo no soy el Hombre, iñor.
-
---¿Quién es el Hombre, entonce?
-
---El Hombre, iñor, tá más p’aajo y es un animal muy malo y muy guapo; a
-mí me tiene bien dao, y porque no me le quería ar, me metió unos fierros
-en la oca, mi amarró con unos corriones, y con otros fierros clavaores
-que se puso en los talones, se me subió encima y mi agarró a pencazos y
-puyazos por las costillas, hasta que tuve qui hacer su oluntá y llevalo
-p’onde se li antojaba, y dey me largó p’estos rincones, onde casi me
-muero di hambre.
-
---¿Pa qué sos leso? Yo voy a uscar al Hombre a ver si es capaz de ponese
-conmigo.
-
-Más abajo, onde ya comienzan los potreros de serranía, vió etrás di una
-mangu’e pirca el lomo di un güey, con sus cachos.--Es’es el
-Hombre--pensó,--y que bien regrandazas son las uñas que tiene, pero en
-la caeza, mientras que yo las tengo en las manos. A ver si es el
-Hombre.--Y di un salto apareció encim’e la pirca.--¿Vos sos el
-Hombre?--le gritó.
-
-El Güey se puso a tiritar espantao, y sacando la voz como puo, le
-contestó:
-
---Yo no soy el Hombre, iñorcito. El Hombre vive más p’aajo.
-
---Me querís engañar que no sos vos, porqu’ estay tiritando e cobardía.
-¿Y te alimas a peliar conmigo? ¿Pa qué’s ese cuerpo tan regrande y esos
-armamentos que tenís en la caeza si no pa ganásela a los que no son
-guapos como yo? ¡Pónele al tiro, si querís!
-
---¡No, iñorcito, por Dios!, si yo no soy peliaor ni guapo; ya ve qu’el
-Hombre me tiene bien amansao y que cuando yo’staba más toruno y me le
-quise sulevar, m’echó unos lazos, me tiró al suelo y me marcó el pellejo
-con un fierro caliente, qu’entuavía m’escuece; ¿no ve, su señoría, aquí,
-en las ancas?... y m’hizo otras cosas más, bien repiores, que me dan
-vergüenza... Después me puso yugo y m’hizo tirar la carreta a picanazos;
-y aquí’stoy, iñor, paeciendo hasta qui al Hombre se li ocurra matame pa
-comeme.
-
---¡Tan regrande y tan... vilote! No servís pa na. Me voy.--Y cortó cerro
-aajo en busqu’el Hombre.
-
-Ya iba diisando los planes regaos y al acao di una quebrá vió un humito
-y empués el rancho di una posisión d’inquilino, y se jué acercando
-espacito a los cercos.
-
-El Perro del inquilino l’olfatió y salió a lairale. El Lión se sentó a
-esperalo y pensó:--Este si qui ha e ser el Hombre; bien mi habían dicho
-que nu era tan grande; ¡a mí no me la gana este chicoco!; pero es pura
-alharaca lo que trae y no se viene al cuerpo.
-
-El Perro le lairaba retiraíto.
-
---¡A ver, Hombre! callate un poco. ¿Vos sos el Hombre?
-
---Yo no soy el Hombre; pero mi amo es el Hombre.
-
---Así m’estaa pareciendo, porque lo que sos vos, no mi aguantay ni la
-primera trenzá. And’icile a tu amo que vengo a desafialo, a ver si es
-cierto qu’es el más guapo el mundo comu icen.
-
-Cortó el Perro pa la posisión y lueguito vinu el Hombre con una escopeta
-cargá.
-
---¡Bah!--ijo el Lión--qué raro es el Hombre, nu anda con la caeza agachá
-como toos nosotros. ¿Cómo comerá? anda echao p’atrás! Bah! yo tamién me
-siento en las patas pa peliar con las manos libres ¿qué gran ventaja mi
-ha e llevar?... ¿Vos sos el Hombre?--le preuntó cuando lo vió cerca.
-
---Yo soy el Hombre--le contestó el labrador.
-
-
---A peliar contigo vengo pa saer cuál es el más guapo e los dos en el
-mundo.
-
---Güeno--le ijo el Hombre--; pero pa que yo pelee tenís que sacame
-rabia; retame primero y empués te contesto yo.
-
-Prencipió el Lión a insultalo de bandío, saltiaor, coarde, lairón,
-ausaor, hasta que se cansó e retalo.
-
---Agora me toca a mí,--ijo el Hombre.--Allá va una mala palaura;--y le
-largó un escopetazo y le quiebró una pata.
-
---¡Ay, ay, aicito!--gritó el Lión;--iñorcito Hombre, no peleo más con
-usté,--y arrancó a lo que poía cordillera aentro, a enriscase en las
-cumbres, pensando:--Bien icía mi finao taita que no juera a peliar con
-el Hombre; si con una mala palaura no más me quiebró una pata ¿qui
-habría sío si se me le viene al cuerpo?
-
-Y no bajó nunca más e las montañas, sino a escondías[G].
-
- Estaba el viejo León en su cueva, situada entre lo riscos más
- encumbrados de una montaña. El León hijo, al contemplarlo tan
- respetable, le dijo:
-
- --¿Habrá, padre, en todo el mundo un ser más valiente que su
- merced? (Así trataban antes los hijos a los padres).
-
- --Sí, hijo--le contestó el anciano.
-
- --¿Cómo ha de ser eso, padre, cuando yo, que soy su hijo, no le
- tengo miedo a nadie ni respeto mas que a su merced?
-
- --No te engañes, hijo, hay en el mundo un animal muy bravo que
- vence a todos; si no es por bien, por mal se han de entregar; por
- eso yo, que era el rey del mundo, para no verme vencido, he tenido
- que esconderme entre los riscos de estos cerros.
-
- --Echeme la bendición, padre, y con su permiso iré a pelear con ese
- animal y lo despojaré del dominio del mundo. ¡No será tan valiente!
- Fuera de su merced ¿qué animal habrá tan grande a quien yo no me
- atreva a atacar?
-
- --No es tan grande, hijo; pero es más astuto que todos y se llama
- el Hombre. Mientras yo viva, jamás te daré permiso para que vayas a
- pelear con él.
-
- Quiso que no quiso, el León joven tuvo que quedarse, refunfuñando y
- afilándose las uñas.
-
- El León viejo estaba enfermo y poco después murió.
-
- Después de llorarlo el León joven y de dejarlo cubierto con unas
- ramas que salió a buscar, pensó:--Ahora sí que no me quedo sin
- pelear con el Hombre; y bajó de la cordillera al valle para
- buscarlo.
-
- Lo que primeramente encontró en una de las vegas que se forman en
- las quebradas de la cordillera, fué a un Caballo flaco.
-
- --¡Bah!--dijo--ese no se atreverá conmigo. ¿Eres tú el Hombre?--le
- gritó.
-
- --No soy el Hombre, señor.
-
- --¿Quién es el Hombre, entonces?
-
- --El Hombre, señor, vive más abajo, y es un animal muy malo y muy
- valiente; a mí me tiene completamente subyugado, y porque no quería
- entregármele, me metió unos hierros en la boca, me ató con
- correones, y con unas espuelas muy clavadoras que se colocó en los
- talones, se subió encima de mí y comenzó a darme pencazos y a
- clavarme las espuelas por los ijares, hasta que tuve que hacer su
- voluntad y llevarlo a donde se le antojaba, y en seguida me largó
- para estos rincones, en donde casi me muero de hambre.
-
- --Eso te sucede por tonto. Yo voy a buscar al Hombre porque deseo
- ver si se encuentra capaz de pelear conmigo.
-
- Más abajo, donde ya comienzan los potreros de serranía, vió detrás
- de una cerca de pirca, el lomo de un buey, con sus cuernos.--Este
- es el Hombre--pensó,--y qué enormes son las uñas que tiene, pero en
- la cabeza, mientras tanto yo tengo las mías en las manos. Veamos si
- es el Hombre.--Y de un salto se puso encima de la pirca.--¿Eres tú
- el Hombre?--le gritó.
-
- El Buey se puso a temblar, espantado, y sacando la voz como pudo,
- le contestó:
-
- --Yo no soy el Hombre, señorcito. El Hombre vive más abajo todavía.
-
- --Quieres hacerme creer que no eres tú y estás temblando de miedo.
- Y dime ¿te atreves a combatir conmigo? ¿De qué te sirve ese cuerpo
- tan enorme y esas defensas que tienes en la cabeza sino para
- triunfar de los que no son valientes como yo? ¡Peleemos
- inmediatamente, si te atreves!
-
- --¡No, señorcito, por Dios! Si yo no soy peleador ni valiente! ya
- ve que el Hombre me tiene completamente manso, y una vez, cuando yo
- era más joven y quise sublevarme, me ató con unos lazos, me echó al
- suelo y me marcó la piel con un hierro candente, que todavía me
- escuece; ¿no ve, su señoría, la marca, aquí, en las ancas?... y aun
- me hizo otras cosas peores, que me avergüenza... Después me enyugó
- y me hizo tirar del carro a golpes de picana; y aquí me tiene,
- señor, padeciendo, hasta que al Hombre se le ocurra matarme para
- comerme.
-
- --¡Tan grande y tan... vil! No sirves para nada. Me voy.--Y siguió
- bajando el cerro en busca del Hombre.
-
- Ya divisaba los llanos regados, y al término de una quebrada vió un
- humo y después el rancho de una posesión de inquilino, y se acercó
- sin hacer ruido a los cercos.
-
- El Perro del inquilino lo olfateó y salió a ladrarle. El León se
- sentó a esperarlo y pensó:--Este sí que ha de ser el Hombre; bien
- me habían dicho que no era muy grande; ¡a mí no me vence este
- enano!; pero todo no es más que bulla y no se atreve a atacarme.
-
- El Perro le ladraba desde lejos.
-
- --¡A ver, Hombre! cállate un poco. ¿Eres tú el Hombre?
-
- --No soy el Hombre; pero mi amo es el Hombre.
-
- --Así me parecía, porque, lo que eres tú, no aguantas ni el primer
- ataque. Ve y dile a tu amo que vengo a desafiarlo; deseo ver si es
- efectivo lo que dicen, que es el ser más valiente del mundo.
-
- Fué el Perro para la posesión y volvió luego con el Hombre, que
- traía una escopeta cargada.
-
- --¡Bah!--dijo el León--qué raro es el Hombre, no lleva la cabeza
- baja como nosotros. ¿De qué manera comerá? anda derecho! Bah! yo
- también me siento en las patas traseras para pelear con las manos
- libres ¿en qué me aventajará?... ¿Eres tú el Hombre?--le preguntó
- cuando lo vió cerca.
-
- --Yo soy el Hombre--le contestó el labrador.
-
- --Vengo a pelear contigo para saber cuál de los dos es el más
- valiente.
-
- --Bueno, le dijo el Hombre;--pero para que yo pelee tienes que
- irritarme; insúltame tú primeramente y después te contesto yo.
-
- Púsose el León a tratarlo de bandido, salteador, cobarde, ladrón,
- abusador, hasta que se cansó de insultarlo.
-
- --Ahora me toca a mí--dijo el Hombre.--Allá va una mala palabra; y
- disparándole un escopetazo, le quebró una pata.
-
- --¡Ay, ay, aicito!--gritó el León;--señorcito Hombre, no peleo más
- con usted,--y huyó como alma que lleva el diablo para el interior
- de la cordillera, a ocultarse entre los riscos de la cumbre,
- pensando:--Bien decía mi finado padre que no fuera a pelear con el
- Hombre; si con una sola mala palabra me quebró una pata, qué habría
- sido de mí si se me viene al cuerpo?
-
- Y nunca más bajó de las montañas, sino ocultándose.
-
-
-
-
-29. LOS TRES HERMANOS QUE SALIERON A APRENDER A HABLAR
-
-(Referido por el niño M. I. Oportot, de 12 años, en 1912.)
-
-
-Este era un huaso rico que tenía tres hijos de muy escasa inteligencia,
-y el padre quería que aprendieran a hablar como la gente educada. Dióles
-dinero y les ordenó que salieran a conocer mundo, se fijaran cómo
-hablaban las personas decentes y no volvieran hasta que no se
-encontraran capaces de conversar como los caballeros.
-
-Salieron los tres hermanos y en un restaurant en que entraron a comer se
-sentaron cerca de una mesa en que había unos señores que jugaban al
-dominó.
-
-Al mayor de los tontos le gustó mucho la frase _Nosotros hemos sido_,
-que dijo uno de los jugadores contestando a un curioso que preguntaba
-quiénes habían ganado la partida; y se llevó repitiéndola hasta que se
-le quedó impresa en la memoria. Al segundo le llamó la atención lo que
-dijo otro de los jugadores a quien uno de los mirones interrogó por qué
-jugaba, y respondió _Por ganar dinero_, y se estuvo dale que dale con la
-frasecita, hasta que le pareció que no se le olvidaría. Y al tercero, lo
-que más le gustó fué la expresión _Por muy justa causa_, que lanzó otro
-de los circunstantes, y que la dijo no menos de cien veces en su
-interior, hasta que se le quedó perfectamente grabada.
-
-Y sucedió que cuando se volvían a su casa, muy contentos de las hermosas
-palabras que habían aprendido, al atravesar un campo por donde tenían
-que pasar, tropezaron con el cadáver de un hombre que acababa de ser
-asesinado y de cuyas heridas manaba sangre en abundancia.
-
-Se quedaron los tres hermanos asustados, con la boca abierta,
-contemplando al muerto, y así estaban cuando llega un guardián de a
-caballo y les pregunta:
-
---¿Quién ha asesinado a este hombre?
-
---Nosotros hemos sido--contesta el mayor.
-
---¿Y por qué le dieron muerte?
-
---Por ganar dinero--responde el segundo.
-
---Entonces van presos los tres--dice el guardián.
-
---Por muy justa causa--contesta el tonto menor.
-
-Y fueron conducidos a la presencia del juez, quien, por suerte para
-ellos, les conocía y sabía que eran tontos de nacimiento, que si no, los
-manda fusilar.
-
-
-
-
-30. LAS TRES GANGOSAS
-
-(Contado por el niño Alfonso González, natural de Santiago, de 12 años,
-en 1912.)
-
-
-Para saber y contar hay que escuchar y aprender. Esta era una señora que
-tenía tres hijas buenasmozonas, pero gangosas, que habían logrado
-hacerse querer de tres jóvenes, con los cuales se entendían por medio de
-señas y de cartas, porque la madre les había prohibido que hablaran con
-ellos, para que no les conocieran el defecto que tenían.
-
-Un día tuvo que salir la señora y les ordenó a las niñas que por nada de
-este mundo hablaran con sus pretendientes; y encargó a la mayor el
-cuidado de las ollas que quedaban al fuego, que no se subieran.
-
-Los jóvenes, que vieron salir a la señora, deseosos de conversar con las
-niñas, en cuanto se perdió de vista se colaron a la casa, y las niñas no
-tuvieron más remedio que salir al salón a atenderlos; pero ninguna
-hablaba, por más que los jóvenes les hacían mil preguntas.
-
-De pronto se oyó un ruido como si un líquido se derramara en el fuego; y
-entonces la segunda, hablando más por las narices que por la boca, dijo
-a la mayor:
-
---Hegmana, vaya a veg las ollas que paguese que se han subido.
-
-Y la interpelada contestó:
-
---De vegas, hegmanita, se me había ogvidado el encago de la mamá.
-
-Y pregunta la segunda:
-
---¿No digo la mamá que no hablágamos?
-
---¡De vegas! qué memoguia la mía Pog Dios! y tú también hablaste!
-
---Pego yo no he dicho nada--dijo la menor;--con ustedes se va a enogag
-la mamá y les va a pegag.
-
-Al oir gangosear a sus prendas, los visitantes tomaron su sombrero y sin
-despedirse siquiera, salieron presurosos de la casa.
-
-Poco después volvió la madre, y al imponerse de lo que había sucedido,
-les aplicó a las tres una buena felpa, y mientras les pegaba, les decía:
-
---¡Tomen, tontas gangosas! tomen Cuando ya me iba a deshacer de ustedes,
-todo lo echaron a perder.
-
-
-
-
-31. EL CAPON ASADO
-
-(Me lo refirió el joven D. A. Freire, de Santiago, en 1911.)
-
-
-Un caballero salió a dar un paseo a caballo por las afueras de la ciudad
-y le encargó a la cocinera que a su regreso le tuviera un capón asado.
-Chepa (Josefa se llamaba la sirvienta) bajó al corral y cogió el más
-gordo de los capones que en él se criaban, y se puso a asarlo. El
-apetitoso olor que despedía el ave puesta al fuego tentó a la Pepa, que,
-no pudiendo resistir sus deseos, se comió un tuto. Cuando, en la tarde
-llegó el caballero, la Pepa le sirvió el capón en un azafate, adornado
-con ramas de apio, perejil y otras verduras, que ocultaban lindamente
-la falta de la presa que la cocinera se había manducado; y el patrón
-comenzó inmediatamente a hacer funcionar las mandíbulas, empezando por
-la pechuga; sólo al fin vino a darse cuenta de que al ave le faltaba una
-pata.
-
---¿Que es esto, Chepa?--preguntó a su servidora;--¿desde cuándo los
-capones tienen una pata solamente?
-
---Desde que existen, pues, señor; siempre no han tenido más que una.
-
---¿Cómo es eso? Yo creía que tenían dos, como todas las aves.
-
---Vamos al gallinero, patrón, y se convencerá de que los gallos, capones
-o no, y las gallinas no tienen sino una pata.
-
---Vamos a ver esa maravilla.
-
-Fueron al gallinero, y como ya se había puesto el sol y las gallinas
-dormían, vieron que todas descansaban en una sola pata, como acostumbran
-cuando duermen, manteniendo la otra encogida y oculta entre las plumas.
-
---¿No ve, patrón, como no tienen más que una pata?
-
---Eso lo vamos a ver--contestó el caballero, espantando las aves, que
-bajaron de sus dormideros y echaron a correr despavoridas.--¿Ves como
-tienen dos patas?
-
---¡Qué gracia!--contestó la Chepa--¿y por qué no espantó también al
-capón antes de comérselo?
-
-El caballero no pudo menos que reírse a carcajadas y declararse vencido.
-
-
-
-
-32. EL VENDEDOR DE COQUITOS
-
-
-Un vendedor de coquitos tenía la costumbre, en vez de pregonar su
-mercadería, de hacerla sonar moviendo repetidas veces, de arriba abajo,
-el canasto que la contenía.
-
-Se le acerca un gabacho que no habla castellano ni conoce los coquitos,
-y pregunta:
-
---Comment s’apelle--ça?
-
---Si no se pelan, ñor, se parten.
-
---Comment?
-
---¡Con la mano! No, iñor, con pieira.
-
---Je ne comprend pas.
-
---Y si no habís de comprar ¿pa qué preguntay, gringo tal por cual?
-
-
-
-
-33. EL VENDEDOR DE PEQUENES
-
-(Variante del anterior).
-
-
-Un francés recién llegado a Santiago, que no habla español, se acerca a
-un pequenero y le pregunta, mostrándole los pequenes:
-
---Ces sont des gateaux?
-
---¡De gato! De purita carne de cordero, iñor! ¿qué si ha figurao usté?
-
---Qu’est ce que ce que ça?
-
---¿Asáas? Clarito, pus, ñor, y recién sacaítas del horno qui están!
-
---Je ne comprend pas.
-
---No comprís, pus, gringo leso; pa lo que se me da; ¡cuando la gente se
-las pelotea y en un dos por tres se las acaba!
-
-
-
-
-34. EL CUENTO DE LOS TRES DIFUNTOS
-
-
-Encontraron una vez a tres hombres asesinados, que parecían extranjeros.
-Para identificar sus personas, no encontraron sobre ellos señal alguna;
-pero al hacerles la autopsia, descubrieron en los intestinos de uno un
-tallarín, de lo cual dedujeron que era italiano; en los del otro
-descubrieron un poroto, y se tuvo por signo evidente de que era chileno;
-en los del tercero no encontraron nada, pero por el habla vinieron a
-comprender que era alemán.
-
-
-
-
-35. EL SACRISTAN QUE HABLA A LOS FIELES.
-
-(Contado por la Srta. Elisa Echeverría L., de Santiago, en 1914).
-
-
-Un día Domingo amaneció mal de salud el Cura de una parroquia de campo,
-y encargó al Sacristán que a la hora conveniente dijera al pueblo que el
-señor Cura no podía decir misa por estar enfermo, pero que era bueno que
-rezaran el rosario; que el Jueves era vigilia porque el Viernes era San
-Simón y San Judas; y que Pedro Martínez y María Jiménez iban a contraer
-matrimonio y que si había algún impedimento, pasaran a avisárselo.
-
-Llegada la hora de la misa, el Sacristán se presentó en el presbiterio y
-volviéndose al público dijo:
-
-“El señor Cura está enfermo, pero con la Rosario se pone bueno; el
-Jueves es Viernes, vigilia de Pedro Martínez y María Jiménez; San Simón
-y San Judas van a contraer matrimonio, si hay algún impedimento, que se
-presenten a avisarlo”.
-
-Con la falta de costumbre de hablar en presencia de tanta gente, al
-pobre Sacristán se le trastrocaron las ideas.
-
-
-
-
-36. POR QUE EL JOTE TIENE LA CABEZA Y EL COGOTE SIN PLUMAS.
-
-(Este cuentecillo y los que siguen, hasta el Núm. 40, me fueron contados
-en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito González).
-
-
-Unos arrieros llevaban unas cargas de trigo para un pueblo y donde
-alojaron les sacaron las cargas y los aparejos a las mulas.
-
-Cuando al otro día se levantaron y fueron a aparejar las bestias, se
-encontraron con que los lacillos, las sobrecargas y las amarras habían
-desaparecido.
-
---¿Quién se habrá robado los aperos?--dijo el Capataz.--Sería capaz de
-darle un costal de trigo a quien me lo dijera.
-
-Entonces un Burro que estaba pastando por ahí cerca y que había visto en
-la noche a una Zorra y a sus Zorritos que se llevaban los lacillos, las
-sobrecargas y las amarras, le dijo:
-
---Un almud de trigo que me pagaran y que me lo dejaran en ese
-peladerito, yo les traía los aperos y los ladrones.
-
-Hicieron el trato, y entonces el Burro se fué a la madriguera de la
-Zorra y se tendió cerca de la entrada.
-
-Un zorrito salió y al ver al Burro exclamó:
-
---¡Ay mamita! Dios ha venido a vernos! mire qué causeíto nos ha dejado
-aquí!
-
-Salió la Zorra y gritó a los zorritos:
-
---¡Vengan, niños!, traigan los lacillos, las sobrecargas y las amarras
-para amarrar a este Burro y arrastrarlo para adentro. Vamos a tener
-comida para una semana por lo menos.
-
-Amarraron al Burro de todas partes y se pusieron a hacer fuerzas para
-arrastrarlo, pero los lazos se les resbalaban de las manos. Entonces
-dijo la Zorra:
-
---Amarrémonos todos nosotros de los lacillos, de las sobrecargas y de
-las amarras y lo arrastraremos mejor.
-
-Así lo hicieron, y el Burro, al verlos amarrados, se levantó y arrastró
-con todos ellos y se los llevó a los arrieros.
-
-Le dejaron el almud de trigo convenido, en el peladerito que el Burro
-había dicho, pero como tenía mucho polvillo, se le ocurrió al Burro lo
-siguiente para limpiarlo. Se tendió en el suelo con el trasero vuelto a
-donde estaba el trigo, y otra vez se hizo el muerto. Un Jote que andaba
-revoloteando por ahí, bajó, y como lo primero que hacen estos pájaros es
-comerse la tripa gorda, el Burro, que lo sabía, pujó con todas sus
-fuerzas y sacó parte del estantino, y entonces el Jote le dió un
-picotazo en esa parte e inmediatamente el Burro frunció el orificio y
-junto con el estantino entraron la cabeza y el cogote del Jote. El Jote,
-por zafarse, movía las alas como un diablo y con el viento que echaba
-lanzó lejos todo el polvillo y dejó el trigo completamente limpio.
-Entonces soltó al Jote, que al salir se encontró con la cabeza y el
-cogote pelados. Con el calor que los burros tienen adentro se le
-desprendieron las plumas, y desde entonces los jotes tienen la cabeza y
-el cogote pelados.[H]
-
-
-
-
-37. LAS TRES MENTIRAS.
-
-
-Un campesino, al morir, dejó por toda herencia a los tres hijos que
-tenía la cantidad de trescientos pesos. Los dos mayores, que eran muy
-ambiciosos, querían adueñarse de toda la cantidad; y a fin de que uno
-solo se quedara con ella, propusieron al menor dejar enterrada la plata
-y salir a rodar tierras por un año, y entregarla al que, al volver,
-contara la mentira más grande. Aceptó la proposición el menor, y
-salieron. Al año justo se juntaron los tres en el mismo punto en que se
-habían apartado, que era donde habían enterrado el dinero, y después de
-abrazarse, comenzó el mayor:
-
---Yo, hermanitos, he trabajado durante todo el año de chacarero, y una
-vez planté una mata de garbanzos que creció tanto, tanto, que llegó
-hasta el cielo.
-
---¡Grandaza está la mentira!--dijeron los otros dos.
-
---Ahora diga la suya, hermano--dijo el mayor al segundo.
-
---Yo--dijo éste--estuve trabajando en una hilandería, y torcí en una
-ocasión un hilo tan largo, tan largo, que mientras yo lo tenía de una
-punta la otra llegaba al cielo.
-
---Bien regrande la mentira--dijeron los otros dos.--A usted, hermanito,
-le toca decir la suya.
-
---Yo--dijo el menor--no trabajé en nada fijo, sino en lo que me tocaba;
-yo a todo le hacía. Una noche que venía por un camino muy solo, me puse
-a torcer un cigarrito, y cuando lo fuí a encender, me encontré con que
-no tenía fósforos, y mientras tanto, ya me moría de ganas de fumar. ¿Qué
-hice entonces? Divisé una luz en la Luna y subí hasta ella a encender mi
-cigarro.
-
---¿Y por dónde subiste?
-
---Por el hilo que tú torciste.
-
---¿Y por donde bajaste?
-
---Por el garbanzo que tú plantaste.
-
-Los trescientos pesos le correspondieron al menor, que era el menos
-ambicioso y que ni siquiera se había preocupado en todo el año de urdir
-su mentira.
-
-
-
-
-38. EL PEQUEN Y EL SAPO.
-
-
-Estaba un Sapito arriero tomando el sol, cuando un Pequén, que lo divisó
-desde lo alto, bajó y se le puso al lado, sin darle tiempo para saltar
-al agua.
-
-Los sapos, como los burros, tienen fama de ser torpes, pero es un error,
-porque son habilosazos y tienen muy buenas ocurrencias.
-
-Vean, si no, lo que se le ocurrió al Sapo.
-
-Al ver el peligro en que se hallaba, no se cortó; al contrario, saludó
-muy políticamente al Pequén y le dijo:
-
---Buenos días, señor Pequén, ¿cómo está su salud y la de sus oficiales
-y soldados? porque, seguramente, usted por lo menos es general. Yo tengo
-muy buen ojo y estoy cierto de no equivocarme al decirle que debe ser
-general,... si acaso no es el Presidente.
-
-El Pequén dijo para sí:
-
---¡Qué sapito tan dije y tan bien educado!--y en voz alta:--Estamos
-todos bien, sapito lindo. ¿Y qué se te ofrece a ti?
-
---Nada más que no me coma, señor General; siendo usted una persona tan
-digna, espero que no tratará de comerse a este pobre Sapo, contimás que
-hay aquí tantísimos ratones a su disposición y su carne es tan ricaza.
-
---¡Qué sapito tan bien hablado!--pensaba el Pequén para sus adentros,
-¿me lo comeré o no me lo comeré? tengo tantísima hambre.--Y hablando
-fuerte, le dijo: Veremos, sapito, si te como o no te como.
-
-Y en esto el Pequén bostezó y cerró los ojos, y el Sapo que no despegaba
-los suyos de los de su enemigo, en cuanto lo vió pestañear se echó al
-agua y le gritó al Pequén:
-
- --¡Ah, pájaro indino,
- saltiaor de caminos,
- que andáis, como garrotero,
- saltiando a los pasajeros!
-
-Y el Pequén dijo:
-
- --¡En qué hora estaría
- que no me comí a esta porquería!
-
-
-
-
-39. EL GUAIRAO Y EL SAPITO.
-
-
-Pasó volando un Guairao por encima de un estero, y al ver a un Sapito,
-bajó para comérselo; pero el Sapito, que lo vió a tiempo, de un salto se
-metió al agua. El Guairao, que es medio filósofo, dijo:
-
---¡Miren lo que son estos lesos!
-
- permiten ahogarse en el estero,
- por no pasar por mi guargüero.
-
-
-
-
-40. LOS GUAIRAOS Y EL SAPO.
-
-
-Iban volando dos Guairaos y divisan a un Sapo que estaba de espaldas con
-la guata al sol, tan blanquita, que le brillaba. Dice un Guairao al
-otro:
-
---Hermanito, el que está ahí ¿no es un Sapo?
-
-Y el Sapo, que los oye, le contesta:
-
- --No soy un Sapo;
- ¿que no vis que soy un trapo?
-
-Entonces el Guairao dijo:
-
- --A trapo que habla,
- mi guargüero se lo traga.
-
-Y se lo comió.
-
-
-
-
-II PARTE
-
-MITOS, TRADICIONES, CASOS.
-
-NARRACIONES SUPERSTICIOSAS.
-
- Benditas sean las tradiciones, tanto más respetables cuanto más
- pueriles... Ellas nos conservan lo pintoresco, la noción
- sentimental de la vida. En el monótono ir y venir de la péndola, en
- el caer de las hojas del calendario, en la vulgaridad de los
- hechos, esas tradiciones colocan una flor de poesía. De esta
- suerte, y mediante ellas, el itinerario es menos aburrido.--(J.
- ORTEGA MUNILLA).--_Tenorios, castañas y buñuelos._ (_Diario Hisp.
- Americano_, N.º 394, de 24 de Enero de 1918).
-
-
-
-
-MITOS
-
-
-
-
-1. EL CHANCHILLO.
-
-(Referido por D. H. Iribarren Charlín, de 17 años. 8 de Julio de 1911.)
-
-
-El Chanchillo es un pescado de las playas de Coquimbo, de metro y medio
-de largo por 0.70 de diámetro en su parte más gruesa.
-
-Es tradicional en la costa de la provincia de Coquimbo la buena amistad
-que existe entre el Chanchillo y el hombre. Cuando un pescador ha caído
-al agua, porque la tempestad haya hecho zozobrar la barca, o por
-cualquier otro motivo, si hay cerca un Chanchillo, toma al hombre sobre
-su lomo y lo va a dejar a la playa, en un lugar en que esté libre de
-todo peligro. De aquí proviene el cariño que el pescador siente por el
-Chanchillo, y por lo cual, siempre que lo divisa, lo saluda con los
-nombres más dulces. Es común oir contar a los pescadores que un
-Chanchillo libró de la muerte a sus padres o abuelos.
-
-Si un Chanchillo es cogido en las redes y muere antes de que el pescador
-pueda librarlo, el hecho produce verdadera consternación en la población
-pescadora, que, presa de un miedo supersticioso, pasa dos o tres días
-sumida en la tristeza.
-
-
-
-
-2. EL CHUMACO.
-
-(Información que en 1921 me suministró el cirujano dentista D. Roberto
-Sundt, natural de la provincia de Coquimbo.)
-
-
-Personaje legendario con quien se atemoriza a las mujeres en los campos
-y pueblos situados a ambas márgenes del Choapa, cerca de su
-desembocadura, advirtiéndoles que se cuiden de él, que no las vaya a
-destripar.
-
-Posiblemente _El Chumaco_ fué el sobrenombre de un bandido sátiro que a
-principios del siglo pasado estableciera en aquellos parajes el campo de
-sus fechorías.
-
-
-
-
-3. LA CALCHONA.
-
-(Contado por el niño D. Ramón Fernández G., estudiante, de 14 años.
-Santiago, 1911.)
-
-
-Un hombre, ignorando la condición de su novia, se casó con una bruja.
-Por ciertos hechos que ocurrieron más tarde, entró en malicia, y desde
-entonces la acechaba, sin que ella lo notara; hasta que una vez, en la
-noche, la vió desnudarse; sacarse los ojos, que dejaba en un plato con
-agua; untarse el cuerpo con un ungüento negro; envolverse en un cuero de
-oveja, y salir al campo, donde se unió a muchas otras ovejas: y en
-cuanto se juntó con ellas, vió que todas emprendían desenfrenada
-carrera, y las perdió de vista en un instante.
-
-El marido tornó inmediatamente a su casa y tomando los ojos que su mujer
-había dejado en el plato, y el ungüento, los arrojó a una acequia muy
-correntosa.
-
-Cuando la mujer volvió, no pudiendo encontrar ni los ojos ni el
-ungüento, siguió convertida en oveja, y desde entonces se la ve correr
-por la orilla del río y de los tajamares. Los muchachos le han puesto el
-nombre de Calchona, por tener grandes mechones de lana en las
-extremidades de sus patas.
-
-
-
-
-4. OTRA VERSION.
-
-(Del joven estudiante D. Francisco Vásquez, de 15 años, de Santiago.)
-
-
-En la Chimba de Santiago vivía, hace mucho tiempo, una bruja casada con
-un zapatero, al cual le daba todas las noches un licor para hacerlo
-dormir. En cuanto el zapatero comenzaba a roncar, la bruja le echaba
-unto a sus niñitos, que se convertían en zorros, y en seguida se untaba
-ella, y transformada en cabra, salía a merodear.
-
-Un día tuvo que ausentarse el zapatero y no volvió sino ya muy entrada
-la noche. Se quedó todo sorprendido de no encontrar a su mujer ni a sus
-niños; pero en un rincón vió cinco zorritos.--¿Qué es esto? dijo el
-zapatero. Y uno de los zorritos contestó.--Mi mamita salió, pero antes
-nos echó de los untos que hay en esas cajas y nos volvió zorros y
-después se echó ella de los mismos untos y se volvió cabra, y salió.
-
-Tomó el zapatero del unto y les echó a los zorritos, que se volvieron
-niños otra vez, sacó el unto de las cajas y lo arrojó a la acequia, que
-llevaba mucha agua, y tiró a la calle las cajas con el poco unto que iba
-pegado a ellas.
-
-Al amanecer llegó la cabra y sólo halló las cajas vacías, con un poco de
-unto pegado; lo sacó y se lo echó en la cara, y no le alcanzó para más.
-Por eso anda todavía de noche, en figura de cabra con cara y manos de
-gente.
-
-
-
-
-5. OTRA VERSION.
-
-
-En una casa de campo vivía un matrimonio joven, con dos hijos pequeños.
-La mujer era bruja y los jueves en la noche, mientras su marido dormía
-profundamente, gracias a un narcótico que le suministraba con el vino,
-en la comida, se trasladaba al aquelarre transformada en oveja. El
-marido, sospechoso de que algo pasaba, esperó una vez que su mujer se
-levantara de la mesa para traer un guiso de la cocina, y arrojó al
-patio el vino con el narcótico. Cuando la mujer volvió, fingió que
-acababa de bebérselo. Fueron a acostarse, pero el marido, en lugar de
-dormir, atisbaba cuidadosamente a su mujer. Pero antes de media noche se
-levantó ella, y el marido la vió desnudarse por completo, untarse el
-cuerpo con un ungüento que extraía de un pequeño pote de loza y a la
-media noche salir de la casa convertida en oveja. El hombre esperó un
-rato, se levantó, ensilló su caballo, guardó en sus bolsillos cuanto
-dinero encontró, y tomando a los niños, montó en su cabalgadura y partió
-a la carrera, pero no sin incendiar antes la casa, que el fuego consumió
-en pocos momentos con todo lo que contenía, incluso el pote de unto.
-Cuando la oveja volvió, no halló sino un montón de ruinas, y como había
-desaparecido el unto, no pudo tornar a su forma primitiva y tuvo que
-seguir viviendo transformada en oveja. Esta es la Calchona, que en todas
-partes se introduce, balando tristemente, en busca de sus hijos.
-
-Los campesinos, que saben que es una mujer que purga sus pecados, la
-dejan transitar libremente y le dan leche y las sobras de sus comidas.
-
-
-
-
-6. LA VIUDA
-
-(Me lo contó el joven estudiante D. Carlos Puccio, de Molina y 17 años
-de edad, en 1911.)
-
-
-Cuando construían el hospital de Molina, a los que pasaban cerca de él a
-las 12 de la noche, les salía una mujer vestida de negro (a los que iban
-a caballo se les montaba al anca), y del susto, perdían el conocimiento.
-Entonces la mujer les robaba todo lo que llevaban.
-
-
-
-
-7. LA MUJER LARGA.
-
-
-Del Cementerio de Paredones (provincia de Curicó, departamento de
-Vichuquén), sale a las 12 de la noche una mujer muy larga. Cuando
-alguien se le acerca, se achica y le crujen las enaguas. Al primer canto
-del gallo, vuelve a su sepultura.
-
-
-
-
-8. EL PIGUCHEN.
-
-(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
-
-
-El Piguchén es un culebrón muy viejo, más o menos de medio metro de
-largo, cubierto de cerdas; es de color negro y tiene alas. Vive en la
-cordillera, pero, volando, llega de noche hasta San Bernardo y Santiago
-y le chupa la sangre al ganado. Se esconde en el día, en el hueco de los
-árboles viejos y se conoce su presencia porque los troncos están
-chorreados de la sangre que vomita. No se le puede coger porque es muy
-venenoso, tanto que basta que sus cerdas toquen la piel de un hombre,
-para que éste caiga muerto. Para matarlo, cubren el árbol en que está
-escondido con una tela fuerte, para que no pueda huir, y en seguida le
-prenden fuego al árbol.
-
-Para ahuyentarlo e impedir que haga daño al ganado, basta hacer sonar un
-cuerno de buey; el sonido ronco que produce este instrumento le causa
-pavor y se va a otra parte.
-
-No embiste contra el hombre sino en caso de verse atacado por él.
-
-
-
-
-9. LA CUCA.
-
-(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
-
-
-Una señora anciana que vivía en la Cordillera, contó a la abuelita del
-niño Vásquez, que me hizo ésta y muchas otras relaciones, que aparecía
-en la Cordillera un monstruo, mitad mujer, mitad vaca, que andaba
-siempre con la cabeza tapada, de manera que no se le veía el rostro. La
-llamaban _La Cuca_. Penetraba a las casas, sacaba de sus camas a las
-personas que dormían y las dejaba en otro sitio distante, sin causarles
-ningún daño.
-
-
-
-
-10. EL CABRO VIEJO.
-
-(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
-
-
-En la Cordillera vive un ser mitad hombre (un viejo barbudo) y mitad
-cabro. Sale por las noches solamente, y si alguna persona pasa cerca de
-donde él está, la llama por su nombre; si le contestan, desaparece
-inmediatamente y lo encuentran muy lejos, en la misma Cordillera, sin
-cabeza y con el cuerpo destrozado; o va a parar a los Pirineos (_sic_).
-Muchos trabajadores del ferrocarril transandino son testigos de lo
-primero.
-
-
-
-
-11. EL HOMBRE TIGRE.
-
-(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
-
-
-En el camino de los Callejones (en la misma Cordillera, pero no sabe mi
-informante en qué provincia), salía un tigre a atacar a los viajeros y
-les robaba, los llevaba a la cueva en que vivía y los mataba.
-
-Una vez iba por ese camino un sacerdote acompañado de su mozo, y les
-salió el tigre.
-
-El sacerdote se asustó mucho, y al verlo que temblaba de pavor, el mozo
-le dijo:--“No se le dé nada, señor”;--y sacándole la montura al caballo,
-se revolcó en ella, se volvió tigre y se puso a pelear con el que les
-había salido al camino, y lo venció, dejándolo bastante maltratado. El
-vencido dijo:--“No me mates, que soy hombre como tú y soy tu amigo”.--El
-mozo del cura lo perdonó, y ambos, refregándose en la montura, se
-convirtieron en hombres. Entonces el que había salido a atacarlos llevó
-al cura y al mozo a la cueva en que vivía y les dió de todo lo que tenía
-guardado en ella: espuelas de plata, ropa, sillas de montar, alhajas,
-etc. Después de lo cual se despidieron y el cura con su mozo continuó su
-camino.
-
-
-
-
-12. EL PERAL ENCANTADO.
-
-
-En Paredones, provincia de Curicó, hay un peral que se incendia a media
-noche. Nadie puede pasar cerca de él, a caballo, porque el caballo se
-espanta y arroja al jinete y lo mata.
-
-
-LAGUNAS.--NIÑAS QUE SE PEINAN CON UN PEINE DE ORO.
-
-
-
-
-13. LA SIRENA DEL RIO CATO.
-
-(D. Augusto Escárate, de 12 años; ha vivido en Chillán.)
-
-
-Cerca del río Cato, provincia de Ñuble, en una parte alejada del camino,
-sale en las tardes de los jueves una niña muy hermosa que tiene los
-cabellos de oro y canta con muy linda voz. Algunas personas, atraídas
-por el canto, se internan en la montaña en donde está la _Sirena_ (la
-conocen con este nombre) y no vuelven más. No se sabe lo que les suceda.
-
-
-
-
-14. LA SIRENA DE ACULEO.
-
-
-En la laguna de Aculeo sale todas las noches a las 12 a peinarse una
-niña, con un peine de oro. Los que pasan cerca y tratan de ir a donde
-está la niña, se caen en la laguna y se ahogan irremisiblemente. Se dice
-que toca en un arpa de oro y que cuando deja de tocar, salen siete
-potros que corren sobre el agua, y siete jinetes que los persiguen
-tirándoles el lazo, sin conseguir enlazarlos.
-
-
-
-
-15. LA LAGUNA DE TAGUATAGUA.
-
-(Referido por D. Luis Barahona Novoa, dentista, en 1910.)
-
-
-Cuando don Javier Errázuriz hacía secar la laguna de Taguatagua (hace 60
-años, más o menos), decían los pobladores de la hacienda que a la hora
-de la siesta salía el Diablo en figura de un toro con las astas de oro.
-El mayordomo del fundo lo enlazó un día y el toro cortó el lazo. Mandó
-hacer entonces otro más fuerte, de cuero de novillo, que el toro no pudo
-cortar, pero arrastró al mayordomo, sin embargo de que montaba un
-caballo muy bueno. Cuando el mayordomo iba cerca de la laguna, que aun
-no estaba bien seca, sacó su corvo y cortó el lazo, para no morir
-ahogado.
-
-El toro cuidaba de una niña que todas las tardes, después de ponerse el
-sol, salía a la orilla de la misma laguna y se sentaba en una piedra a
-peinar sus rubios cabellos con un peine de oro. La gente la oía cantar
-desde lejos, con voz melodiosa, acompañándose con los sones de un arpa
-que tocaba maravillosamente. Si alguien se acercaba, huía
-precipitadamente y se zambullía en el agua, para no salir hasta la tarde
-siguiente.
-
-
-
-
-16. LA CUEVA DE LA NIÑA.
-
-
-En la playa de Bucalemu hay, en un cerro, una caverna que llaman la
-Cueva de la Niña, en la cual vive una jovencita encantada, que en la
-noche sale a peinarse a la playa con un peine de oro, que relumbra a la
-luz de la luna. Se sienta en una roca, y si alguno, atraído por su
-hermosura, se le acerca, el mar comienza a subir, hasta ahogar al
-curioso. Si en el día entran con luz a la cueva, se la apagan de un
-soplido, que no se sabe de dónde sale.
-
-
-
-
-17. LA LAGUNA DE PUDAHUEL.
-
-(Referido en 1911 por el joven estudiante D. Ramón Fernández, de 15
-años, de Santiago.)
-
-
-Hace muchos años, cuando aun no se había tendido la línea del
-ferrocarril que une a Santiago con Valparaíso, seis carreteros que con
-sus correspondientes carretas cargadas venían del puerto a la capital,
-llegaron a la laguna de Pudahuel, un Viernes Santo. Cinco carreteros no
-quisieron seguir adelante, en consideración a lo sagrado del día; pero
-el sexto dijo que no le importaba que fuese Viernes Santo y que él no
-estaba para perder el tiempo. Y dándole con la picana a los bueyes, se
-metió, con la carreta, en el agua, por la parte más baja de la laguna.
-En el momento en que iban más o menos por el medio, un Cuero[I] que
-había en el fondo asió bueyes y carretas y los atrajo hacia sí. El
-carretero, viendo que los bueyes se hundían, los picaneaba y les gritaba
-para que salieran afuera; pero inútilmente, porque el Cuero no los
-soltó; por el contrario, una vez que aseguró sus presas en lo más hondo
-de la laguna, cogió también al carretero, a quien sus compañeros vieron
-desaparecer instantes después.
-
-Desde entonces, todos los Viernes Santos se oyen las voces del
-carretero, que llama a sus bueyes.
-
-
-
-
-18. LA LAGUNA DE LAS TRES PASCUALAS.
-
-(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez.)
-
-
-Allá en los tiempos en que los españoles dominaban en Chile, vivía cerca
-de Concepción, en un hermoso palacio rodeado de huertos y jardines, una
-bella dama, madre de tres lindísimas hijas que respondían a los nombres
-de Sol, Esperanza y Alegría, pero entre la gente del pueblo, a causa del
-nombre de la madre, se las llamaba las tres Pascualas. Murió la madre, y
-las niñas se entregaron a una vida disipada, viviendo en continua fiesta
-con los jóvenes de Concepción y otras ciudades, que iban a divertirse al
-palacio que habitaban. Muchos caballeros se perdieron por culpa de estas
-niñas. Las faltas que se cometían en aquel palacio fueron tan numerosas
-y tan grandes, que Dios, cansado de tanto pecado, hizo que un día de
-gran fiesta, se hundiera el palacio con las tres niñas y todos sus
-acompañantes, que serían más de cincuenta personas, llenándose de agua
-el espacio que antes ocupaba aquel lugar de disipación y sus
-dependencias. Y la extensión de agua que se formó por esta causa, y que
-todavía existe, es la que se conoce con el nombre de “Laguna de las tres
-Pascualas”.
-
-Una vez un joven se quedó dormido sobre una gran piedra que hay a la
-orilla de esta laguna, y cuando despertó vió que tres hermosas niñas
-ponían una mesita delante de él y le sirvieron toda clase de manjares y
-vinos exquisitos. Estuvo con ellas el resto del día y toda la noche
-divirtiéndose alegremente. Al día siguiente, despertó como a las 12 y se
-encontró desnudo sobre un banco de arena del Bío-Bío.
-
-Siempre que el agua de la laguna baja, se ve una enorme roca que tiene
-la forma de una iglesia. Las pocas personas que han conseguido entrar y
-salir vivas, dicen que adentro hay un altar maravillosamente lindo,
-delante del cual brillan más de cien mil luces.
-
-
-
-
-HISTORIAS DE BRUJOS
-
-
-
-
-19. LA CUEVA DE LA MULA
-
-
-En un cerro que se levanta al lado sur del Tinguiririca, en el
-departamento de San Fernando, por cuya falda pasa el camino del
-Calabozo, hay una cueva de Salamanca que tiene a la entrada una gran
-piedra en que se ve estampada una pata de mula. Para entrar a esta cueva
-deben hacerlo varias personas en compañía, las cuales pueden tomar para
-sí lo que quieran de un gran tesoro que hay en el medio de ella; pero,
-para salir, tienen que dejar encerrado a uno de los que entraron.
-
-
-
-
-20. LA RANA CASTIGADA
-
-(Me lo refirió el estudiante D. Antonio Morales, de 16 años, en
-Santiago, en 1909.)
-
-
-En una casa vivían tres hermanas.
-
-Un día se propusieron visitar a unas amigas, pero una de ellas,
-pretextando hallarse indispuesta, no acompañó a las otras dos.
-
-Cuando estaban de visita, vieron entrar a la sala una enorme rana, que a
-todas causó gran susto.
-
-Las hermanas, que maliciaban que la que se había quedado sin
-acompañarlas era bruja, se imaginaron que podía ser ella, que venía a
-molestar a sus amigas, a quienes odiaba; y aunque hicieron lo posible
-por que las dueñas de casa no le causaran daño, fué cruelmente
-maltratada, dándosele de palos con el mango de un plumero.
-
-Al llegar las dos niñas a su casa, encontraron a su hermana en cama,
-cubierta de contusiones y heridas, que ella explicó diciendo que se
-había resbalado y que la caída se las había producido.
-
-La explicación no era aceptable, y de ello dedujeron las hermanas que
-era cierto lo que pensaban. Y lo era, en efecto.
-
-
-
-
-21. LA RANA VENGATIVA
-
-(Contado por el mismo joven Morales, en 1909.)
-
-
-Una muchacha del pueblo encuentra en su camino una rana y tomando unas
-ortigas le pega fuertemente con ellas en el vientre. La rana quedó sin
-movimiento, patas arriba y muy hinchada.
-
-En la noche, al abrir la muchacha la cama para acostarse, una enorme
-rana sale de debajo de la almohada y sentándose en las patas traseras se
-queda mirando a la muchacha con una mirada tan fija y tan fuerte que le
-heló la sangre y cayó muerta.
-
-La rana era una bruja.
-
-
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-22. LA CUEVA DE LAS CARDILLAS
-
-(Me lo refirió el niño D. Oscar Salinas, de 12 años, en 1912. Lo oyó
-contar en Melipilla.)
-
-
-En un cerro situado cerca de las Cardillas, en el departamento de
-Melipilla, hay una cueva que, según dicen, está habitada por brujas.
-
-Una vez un joven se propuso visitar la cueva, y en efecto, fué a ella y
-entró alumbrándose con una linterna. Al poco rato de andar, se encontró
-con una sala muy hermosa, lujosamente amueblada, y sentadas en
-riquísimas sillas, unas cinco niñas de 18 a 20 años, muy bonitas y
-ataviadas de costosos trajes y valiosísimas alhajas. Lo invitaron a
-comer y él aceptó. Los servicios eran de plata y los cubiertos de oro, y
-los manjares tan sabrosos que él, mozo rico y muy aficionado a la buena
-mesa, jamás los había comido tan exquisitos. En un descuido de las
-jóvenes, se echó al bolsillo un cubierto completo y una tortita de
-dulce. Cuando terminó la comida, le exigieron que se quedara a dormir y
-él, que se había enamorado de una de las niñas, no se hizo de rogar y
-se quedó con ella. Al otro día, cuando despertó, se encontró abrazado a
-un esqueleto, y en los bolsillos, en lugar del cubierto, con tres
-huesos: en vez de la torta, halló una bosta de buey. La linterna había
-desaparecido y le costó mucho trabajo y más de una hora para salir.
-
-
-
-
-23. EL HOMBRE QUE QUISO VOLAR.
-
-(Referido en 1911, por D. Francisco 2.º Vásquez, que lo oyó contar en
-Santiago.)
-
-
-Vivía en el campo una señora con sus dos hijas, y una vez llegó un
-hombre que trabajaba en una chacra vecina a pedir alojamiento y se lo
-dieron.
-
-Serían como las 12 de la noche cuando el hombre despertó, y sintiendo
-ruido en la pieza vecina, se levantó descalzo y en paños menores, como
-estaba, y se puso a aguaitar por la cerradura de la puerta que
-comunicaba su pieza con la de la dueña de casa, y vió a la señora y a
-una de sus hijas que, enteramente desnudas, se echaban por todo el
-cuerpo un betún negro, y cuando estuvieron completamente embadurnadas,
-oyó que decían: “De villa en villa, de lugar en lugar”, y vió que salían
-volando por una ventana que estaba abierta y daba al patio. Después de
-un buen rato, se metió a la pieza de la señora por la ventana, se
-desnudó y se untó todo el cuerpo con el betún negro; después dijo: “De
-vida en vida, de lugar en lugar” e inmediatamente voló hasta llegar al
-techo y cayó desde esa altura, dándose tan feroz golpe que quedó
-aturdido. (No pudo volar bien porque equivocó la fórmula, pues dijo “de
-vida en vida, de lugar en lugar”, en vez de decir “de villa en villa, de
-lugar en lugar”, que fué como dijeron la señora y su hija).
-
-Cuando madre e hija llegaron a su pieza, al amanecer, se encontraron con
-el cuerpo inanimado del chacarero, y, para castigarlo, la señora lo
-convirtió en burro, y lo ocuparon desde entonces para traerlo cargado
-de leña que iban a buscar a un cerro cercano. Pasó así mucho tiempo,
-hasta que una noche, la hija menor (no la que había volado) le dijo al
-burro:--“Te voy a volver hombre, pero con la condición de que te vayas
-lejos de aquí y no vuelvas más”. Y lo llevó a un sitio en que la señora
-tenía una plantación de repollos, y tomando uno muy chiquito, se lo dió
-a comer. En cuanto el burro devoró el repollito, se convirtió en hombre,
-y dando las gracias a su bienhechora, se fué. Al llegar el día, se
-encontró en un bosque muy oscuro, y unos leñadores que andaban por ahí,
-viéndolo desnudo, le fueron a buscar ropa. El hombre se quedó trabajando
-con ellos y les contó lo que le había sucedido.
-
-
-
-
-24. EL FALTE BRUJO.
-
-(Me lo contó, en 1911, el joven D. Carlos Puccio, de 17 años, de
-Molina.)
-
-
-Hay en Molina un falte que se llama Miguel Molina y es brujo y poeta.
-
-Cuentan de él que una vez, en la Cordillera, se subió en pelo en un
-caballo blanco muy lindo que pacía en un potrero y vieron que de repente
-desapareció con la cabalgadura. Dicen que llegó hasta la Argentina, pues
-ese mismo día lo vieron allá conversando con un amigo suyo.
-
-Otra vez, que andaba vendiendo su mercadería por unos caminos, un hombre
-que conducía una carreta le sacó de la caja un pañuelo; él se hizo el
-que nada había visto y lo dejó irse; pero una vez que el hombre se hubo
-adelantado como tres cuadras, la carreta comenzó a retroceder hasta que
-llegó cerca del falte y el carretero tuvo que devolverle el pañuelo
-robado.
-
-
-
-
-25. LOS BRUJOS DE PEUMO.
-
-(Procede de D. Roberto Rengifo, quien me entregó escrita esta relación
-en 1921.)
-
-
-Cerca del pueblo de Peumo, capital del departamento de Cachapoal, hay
-unos cerros aislados cuyas cumbres tienen la forma de bonetes cónicos de
-punta alta redondeada, y a ellos acostumbra ir la gente de los
-alrededores a holgarse y divertirse los días domingos, llevando causeos
-y licores. El más grande de estos cerros se llama Gurutrén o Gulutrén.
-
-Vivían en ese punto, no hace aún muchos años, algunos pobres
-descendientes de los aborígenes, que pasaban por brujos entre los
-pobladores modernos, atribuyéndoles que, como en la cumbre del Gulutrén
-bailaba el Diablo, subían ellos los sábados a hacer licanes o untos para
-echarse en el cuerpo y salir volando como los chonchones.
-
-Cuentan que el carpintero de la hacienda de Codao, que era la más grande
-y próxima de aquellos contornos, se perdía los sábados, de Peumo, y las
-malas lenguas lo atribuían a que tenía tratos con los brujos. Y en
-prueba de ello referían que algún tiempo después, queriendo volar él
-también, subió con los otros brujos al Gulutrén, se echó los untos y
-diciendo “Sin Dios ni Santa María”, se tiró desde la cumbre y de repente
-se encontró en el aire volando entre una bandada de chonchones; pero, al
-pasar por sobre las casas del fundo y divisarlas tan abajo, asustado
-exclamó: “¡Ave María, que vamos bien alto!”, y en el acto se cayó y se
-mató. El domingo por la mañana lo encontraron reventado, en medio del
-camino, frente a las casas[J].
-
-
-
-
-26. LA APARICION DE LA CULEBRA.
-
-(Me lo contó en 1911 el niño D. Juan Pereira, de 16 años, de Cauquenes.)
-
-
-Un caballero invitó a almorzar a una comadre que pasaba por bruja, y en
-medio del almuerzo le preguntó si era cierto lo que de ella se decía, y
-le pidió que si lo era efectivamente, hiciese que le apareciera a él una
-culebra enroscada en el brazo derecho. La comadre se quedó callada; pero
-al poco rato el caballero sintió como que se le adormecía el brazo, y
-poco a poco fué apareciendo una culebra, que momento a momento le
-estrechaba más el brazo. Entonces el caballero le pidió que la hiciera
-desaparecer, pero la comadre le dijo que ella misma no podía hacerlo;
-que tenía que ir a casa de otra bruja, que le indicó; y que llevara de
-unas yerbas de que le entregó un buen manojo. Fué allá, y la otra bruja
-le sobó el brazo con el zumo de las yerbas y la culebra fué
-desapareciendo poco a poco.
-
-
-
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-27. EL COMERCIANTE CONVERTIDO EN BURRO.
-
-
-Nicolás Fuenzalida, de 70 años, guardián de la Biblioteca Nacional, me
-contó, en 1920, en presencia de varios empleados de la misma Biblioteca,
-que siendo joven de unos veinte años, había sido mozo de un rico
-comerciante que recorría todo el Sur con una recua de mulas cargadas de
-mercaderías, y él era uno de los diez o más hombres que lo acompañaban
-para el servicio y resguardarlo de los bandidos que en aquel tiempo
-infestaban los caminos; y que una vez que iban de viaje, se alojaron en
-casa de un campesino acomodado que tenía varias hijas muy hermosas.
-Comieron bien y se fueron a dormir, el patrón solo, en una pieza cómoda
-y bien amueblada, y ellos, en el pajar, cuidando de las bestias. Debían
-continuar el viaje al día siguiente, pero el comerciante no apareció,
-sin embargo de que nadie lo había visto salir. Esperaron tres días y
-como el comerciante no pareciera, dieron aviso al Subdelegado, que,
-mientras tanto, se hizo cargo de las mulas y de las cargas.
-
-Fuenzalida y los demás mozos se fueron cada uno por su lado.
-
-Pasados algunos años, Fuenzalida se encontró en Santiago con su antiguo
-patrón y le preguntó qué le había sucedido en aquella ocasión. El
-comerciante le contó que el campesino dueño de la casa en que alojaron,
-lo había sorprendido a media noche con la menor de las niñas y, en
-venganza, lo había convertido en burro, porque era brujo; que lo había
-tenido así seis meses haciéndolo trabajar hasta dejarlo rendido, y todas
-las noches, antes de irse a acostar, le propinaba una paliza que lo
-dejaba todo derrengado; que pasados los seis meses, le había
-dicho:--“Creo que ya estás bien castigado de la falta de lealtad con que
-pagaste la hospitalidad que te di; pero si quieres volver a ser hombre,
-tendrás que firmarme una escritura por la que conste que te he comprado
-y pagado las mulas y mercaderías que todavía están en poder del
-Subdelegado, y entregues 10,000 pesos a mi hija, como dote; si no,
-seguirás siendo burro toda tu vida”. No tuve más remedio que aceptar,
-pues, de haberme negado, todavía sería burro y estaría viviendo a razón
-de hambre y yéndome a dormir previa una formidable paliza cada noche.
-
-
-
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-28. EL CABALLERO QUE QUISO APRENDER A BRUJO.
-
-(Referido por D. Francisco 2.º Vásquez.)
-
-
-Un caballero fue a visitar a un amigo y se quedó a tomar once. Servido
-el té, el amigo tomó una bandeja, se fué al rincón de la sala y se puso
-a decir:--“¡Vengan galletas! ¡vengan tostadas!” y aunque repitió estas
-frases varias veces, la bandeja continuaba vacía. Entonces salió al
-patio, y el caballero, desde donde estaba sentado, lo veía mover los
-labios como si murmurase unas palabras. Después de lo cual entró y se
-dirigió nuevamente al rincón con la bandeja y comenzó a repetir las
-mismas frases:--“¡Vengan galletas! ¡vengan tostadas!”, y la bandeja, en
-un instante se cubrió de galletas y tostadas riquísimas; pero muchas de
-las visitas que había en la casa no quisieron ni siquiera probarlas, por
-temor de que les ocurriera alguna desgracia.
-
-Cuando se retiraron las visitas, el caballero le dijo a su
-amigo:--“Quisiera que me enseñaras la manera de conseguir los alimentos
-que pida”.--“No sólo los alimentos--contestó el amigo--sino todo lo que
-uno desee. Ven mañana, en la noche, y te enseñaré”. Volvió el caballero
-al otro día, ya oscuro, y el amigo lo llevó a una pieza apartada de la
-casa y ahí los dos se desnudaron completamente. El caballero tenía
-colgado al cuello un _detente_; el amigo le ordenó que se lo sacara y lo
-tirara afuera por una ventana, lo que hizo el otro. Esperaron las 12 de
-la noche y se fueron a un cerro cercano y cuando estuvieron arriba, el
-amigo balbuceó unas palabras que el caballero no entendió e
-inmediatamente se vieron rodeados de multitud de animales feroces y
-alimañas horribles. El amigo se puso a acariciar a un culebrón, que se
-le enrolló en el cuello, y le dijo al caballero:--“Toma tú el animal que
-más te guste”. El caballero tiritaba de miedo y dijo a su amigo que
-mejor no le enseñara el arte de ser brujo porque jamás se atrevería a
-ejercitarlo. Entonces el amigo murmuró unas cuantas palabras y el
-caballero se encontró vestido en la puerta de su casa.
-
-
-
-
-29. EL ZAPATERO QUE SE VOLVIA GALLO.
-
-
-Siendo yo empleado de la Administración principal de Correos de Santiago
-(1888), desempeñaba el puesto de Oficial 2.º de la misma Administración
-don Francisco Muñoz Donoso, hermano del canónigo y famoso orador sagrado
-don Esteban Muñoz Donoso, en cuya compañía, y en la de toda su familia,
-vivía en la calle de Santa Rosa.
-
-Un día que varios empleados de la oficina hablábamos de los tipos raros
-de Santiago, Muñoz Donoso nos refirió la curiosa historia de un zapatero
-que contaba haberse vuelto gallo, y habiendo yo manifestado deseos de
-oir de boca del mismo zapatero protagonista tan peregrina relación, me
-llevó a casa del zapatero, que también vivía en la calle de Santa Rosa.
-
-El zapatero era un hombre entrado en años, de gesto alegre y de rostro
-simpático, a pesar de faltarle un ojo, cuyos párpados se hundían dentro
-de la cuenca.
-
-Sabedor del objeto de mi visita y a la vista de dos chauchas que
-deposité sobre su mesa de trabajo, desató la sinhueso, y se lanzó a
-contarme aquella historia:
-
-“Vivía en esta misma calle, cerca de mi casa, señor, un caballero rico
-que había perdido su fortuna en las peleas de gallo, a que era
-extremadamente aficionado. Un día que este caballero me trajo unos
-zapatos para que se los remendara, se puso a departir conmigo y a
-quejarse de su mala suerte: ya no le quedaban más de 200 pesos de los
-muchos miles que había tenido y pensaba jugarlos el domingo próximo
-apostando a un famoso gallo inglés que debían llevar ese día a la
-cancha. Yo le dije:--Antes de ir a la cancha, pase, señor, por mi
-cuarto, yo dejaré la puerta junta para que entre, y en mi mesita de
-trabajo encontrará una jaula con un buen gallo de pelea; llévelo y
-apueste cuanto pueda a ese gallo y esté seguro de que ganará. A la
-vuelta pasa a dejar la jaula donde la encontró, y, al lado, cinco pesos
-por cada apuesta que gane.
-
-“Llegó el domingo, y yo, señor, que entonces practicaba el arte, me
-volví gallo y me metí adentro de la jaula. Pasó el caballero, me llevó a
-la cancha, y despaché con toda facilidad cuatro o cinco gallos, incluso
-el famoso gallo inglés.
-
-“En cuanto, de vuelta, me dejó en la mesa y se fué el caballero, salí de
-la jaula y me volví hombre y encontré en el sitio convenido más de cien
-pesos.
-
-“Al otro día me dijo el patrón que había ganado como 5,000 pesos y
-quedamos en que el domingo volvería a buscar el gallo. Me volvió a
-llevar, y como en la vez anterior, maté todos los gallos que me pusieron
-al frente, y así siguió sucediendo por más de un mes, el caballero
-llenándose de plata y yo ganando cada domingo entre ciento y ciento
-cincuenta pesos, de suerte que, como estaba en la pura boya, ya ni
-siquiera trabajaba. Señor, todo el mundo me agarró miedo y ya no querían
-apostar en mi contra, porque todos se estaban arruinando. Pero sucedió
-que una vez, al dar fin a la pelea, un hombre flaco y muy feo, que por
-primera vez se le veía en la cancha, desafió a mi patrón para el domingo
-siguiente, diciéndole que él llevaría un gallo que valía más que el de
-mi patrón y que desde luego le apostaba 20,000 pesos.--“Convenido, le
-dijo mi patrón”, y tomando la jaula, la dejó en mi pieza con la parte de
-ganancia que me correspondía. Yo, señor, si le he de decir verdad,
-cuando oí el desafío de aquel hombre tan feazo, me dió un poquito de
-susto, pero, cuando llegó el domingo, para criar valor, porque el susto
-me duraba, tomé un buen trago de aguardiente, me volví gallo y me metí
-en la jaula. Cuando llegamos a la cancha, ya estaba ahí el hombre flaco,
-con un gallo macizo, señor, un gallo que era gigante entre los gallos, y
-renovó su apuesta. Fueron a los 20,000 pesos y nos pusieron a mí y a mi
-contrario frente a frente.
-
-“Señor, la pelea fué tremenda. Al ver a aquel gallazo tan grande se me
-picó el amor propio y me hirvió la sangre.--“¡Clo, clo, clo!--dijo mi
-enemigo después de un buen rato de pelea en que no habíamos hecho más
-que arrancarnos las plumas, y me lanza tan feroz estacazo en el ojo
-derecho que me lo vació por completo y casi perdí el conocimiento; pero
-me sostuvo la rabia y el aguardiente que había tomado, y me le fuí a la
-carga con todo denuedo; él se defendía también valerosamente, y el
-espectáculo presentaba tantos atractivos que los jugadores curiosos ni
-respiraban siquiera. Yo estaba, señor, ciego de la rabia de haber
-quedado tuerto, y criaba más valor al oir que todos apostaban contra
-mí.--“Van 20,000 pesos más”, gritaba el hombre flaco.--“Van 20,000 más”,
-contestaba mi patrón. Creo que entre todos los jugadores apostarían más
-de 100,000 pesos a favor del otro gallo. El caso es que de tanto pelear
-estábamos los dos contendientes bien cansados, pero yo veía que el otro
-estaba más gastado que yo; y picotazo va y picotazo viene, y un
-espolonazo chingado y otro que se perdía en el aire, pillé a mi enemigo
-en un descuido y... ¡Clo, clo, clo, clo!... con todas las fuerzas que me
-quedaban, le atravesé con la espuela la cabeza y lo dejé tendido,
-muerto. Señor, no se oían mas que las maldiciones de los perdidos, que
-eran casi todos los que ahí estaban, y la voz del patrón que contaba la
-plata que recibía y se embolsicaba muy placentero.
-
-“El patrón me dejó al lado de la jaula $5,000, y al otro día, al verme
-tuerto, me preguntó qué me había pasado. Sólo entonces le conté que era
-yo el que peleaba convertido en gallo, y le dije que ya no pensaba
-volverme gallo nunca más. Creo, señor, le agregué, que el gallo que maté
-era un hombre como yo, y quién sabe si era el Diablo el que lo llevaba.
-
-“El caballero me dijo que como ya había rehecho su fortuna, pensaba no
-jugar más y así lo hizo. Pero yo, señor, que era joven, que no olvidaba
-que tantas veces había sido gallo y que me gustaba divertirme, remolí
-toda la plata, y cuando me quedé sin cobre volví a trabajar en mi
-antiguo oficio de zapatero.
-
-“Señor, la plata que ganan los brujos no aprovecha, se vuelve sal y
-agua”.
-
-
-
-
-30. LA ROSA DE LAS MONJAS CLARAS.
-
-
-En unas misiones que se daban en el Sur de Chile, después de terminadas
-las distribuciones piadosas, un hombre se acercó a confesarse con uno de
-los misioneros, y, entre otros pecados, se confesó de que practicaba la
-magia negra. El sacerdote le dijo que un hombre inteligente no debía
-creer en tales cosas, que las prácticas de magia eran simples ilusiones
-diabólicas y que nunca producían nada positivo. El penitente le contestó
-que no era así y que, si quería comprobarlo, lo pusiera a prueba. El
-sacerdote aceptó, y le dijo que le hiciera venir una rosa del rosal tal
-y cual que estaba en tal parte del jardín de las monjas clarisas de
-Santiago, único de su clase que había en todo el país. El hombre le dijo
-que estaba bien, que se la traería en una hora y que, para proceder, lo
-encerrara en una pieza oscura y que guardara la llave. Así se hizo, y el
-sacerdote, después de cerrar la puerta de la pieza, se guardó la llave.
-Como tres cuartos de hora después el sacerdote entró a la pieza, y cuál
-no sería su espanto al ver tendido en el suelo un cuerpo sin cabeza.
-Repuesto un poco del susto, se propuso hacer una prueba en el cuerpo que
-estaba en tierra sin movimiento y le enterró en el talón del pie
-izquierdo un alfiler, pero el cuerpo estaba completamente insensible.
-Salió, y no volvió a entrar sino una vez cumplida la hora, y si antes
-fué grande su espanto al encontrarse con un cadáver, cuánto mayor no
-sería al verse frente a frente del hombre, que, de pie, le ofrecía una
-rosa, fresca y fragante, y le preguntaba si era de las mismas que le
-había pedido. El sacerdote, que estaba sumamente admirado, no contestó
-nada, sino que lo invitó a salir del cuarto. Cuando el hombre se puso a
-andar, cojeaba y se quejaba. El sacerdote le preguntó qué tenía, y él le
-respondió que al dejarse caer desde lo alto de la muralla al jardín de
-las monjas, se había clavado una espina del rosal en el talón y le dolía
-mucho.--“¿No ves como todo es pura ilusión?--le dijo el padre. No hay
-tal espina, ni tal muralla, ni nada; el dolor que sientes proviene de un
-alfiler que yo mismo te clavé en el talón”;--y para demostrárselo, le
-retiró el alfiler.--“Lo de la espina puede que sea ilusión, repuso el
-hombre; pero ¿y la rosa? es o no es de las del jardín de las monjas
-claras? Señor, yo no quiero volver a practicar la magia, y deseo seguir
-confesándome”. Y terminó su confesión, manifestándose muy arrepentido de
-sus pecados.
-
-Esta historia se la contó a Francisco 2.º Vásquez su abuelita, quien la
-oyó de boca del sacerdote que confesó al brujo.
-
-
-
-
-31. EL CABALLERO QUE FUE TRANSFORMADO EN CABALLO Y DESPUES EN PAVO
-
-(Contado en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito
-González, natural de Choapa, de 57 años de edad.)
-
-
-Un empleado de la administración de la hacienda de Panquehue refirió en
-1910 a un grupo de trabajadores, entre los cuales se encontraba el
-maestro Tránsito, que, en una ocasión que fué a Talagante,[K] unos
-amigos lo convidaron a remoler en casa de unas niñas buenasmozas. El se
-atracó a una haciéndosele el enamorado, y como no consiguiera la primera
-noche lo que pretendía, se quedó en la casa unos cuantos días, hasta que
-salió con la suya, pero engañando a la niña con palabra de casamiento.
-
-“Cuando me volvía--contaba--muy satisfecho de mi hazaña, al atravesar un
-bosquecito me encontré de repente convertido en caballo”. ¡Caramba!,
-dije para mí, ¿qué voy a hacer ahora? No es mala la suerte que se me
-espera si sigo siendo caballo!” Y me metí en el bosquecito, en donde
-pasé el resto del día y toda la noche.
-
-“Al otro día temprano, unos trabajadores que estaban trillando con
-yeguas en un campo cercano, tropezaron conmigo, y uno dijo:--“¡Caracho
-con el caballo lindo! ¿Llevémoslo pa l’era?--Ya ’stá, llevémoslo”. Y lo
-llevaron.
-
-“Trabajé muy bien, amigos, para que no me azotaran ni me clavaran las
-espuelas, y todos me miraban con la boca abierta de ver tan bien que lo
-hacía. En esto llega el capataz de la trilla y pregunta:--“¿De quién es
-ese caballo?--Lo encontramos en medio de la mancha de boldos que ’stá pu
-allá arriba, contestó uno.--Suéltenlo, dijo el capataz, no vaya a venir
-su dueño y nos haga cargos por estar trabajando con caballo ajeno.--Pero
-si no tiene marca, señor.--No importa; suéltenlo”. Y con gran contento
-de mi parte me soltaron y me volví para la manchita de boldos, como
-decían los peones por el bosquecito, no muy ligero, porque, como no
-estaba acostumbrado al trabajo que me habían obligado a hacer, me sentía
-muy fatigado.
-
-“Apenas entré al bosque, se me puso por delante la muchacha con que
-había estado remoliendo, y tirándome un atado de pasto me dijo:--“Toma,
-pa qui aprendáy a burlarte de las mujeres; yo te volví caballo; cómete
-ese pasto y mandate a cambiar”.
-
-“Me comí el pasto y en cuanto tragué la última mascada, me volví hombre
-otra vez.
-
-“Ya era de noche y apreté a correr para el pueblo y en el primer rancho
-que vi con luz golpeé y salió a abrir la puerta una mujer como de unos
-veinticinco años, nada mal parecida.
-
---“Señora, le dije, deme alojamiento por esta noche, porque no sé a
-dónde dirigirme, y me siento muy cansado; he perdido mi caballo y ni
-siquiera sé en qué parte me encuentro.
-
---“Está a la entrada de Talagante, señor, y por lo que hace a
-alojamiento, no hay en el rancho mas que esta pieza y no tengo otra cama
-que la que usted ve”--y me mostraba una pallasa tirada sobre un catre;
-además, mi marido no está en la casa, pues salió a hacer unas
-diligencias y no volverá hasta mañana.
-
---“Señora, permítame que me ponga en un rincón cualquiera; si lo único
-que deseo es estar bajo techo, y no se moleste por mí.
-
---“Si no es tan delicado como yo creía, entre, pues, señor.
-
-“La mujer se desnudó y acostó, y en seguida me dijo:
-
---“Ya sabe usted que no hay más que esta cama, si quiere, venga a
-acostarse a mi lado.
-
---“Pero, señora, si aquí estoy bien y no quiero molestarla, si me basta
-con no dormir al sereno.
-
---“Venga a acostarse le dicen, y no sea leso.
-
---“¿Y si llega su marido de repente y me pilla?
-
---“No sea leso, le digo; mi marido está en Malloco y no llegará hasta
-mañana con el sol alto.
-
-“¡Qué diablos! la mujer no era fea, y mejor es dormir aunque sea en una
-pallasa que acurrucado en un rincón. Me desnudé y acosté al lado de la
-mujer.
-
-“Al otro día, muy temprano, antes que saliera el sol, sentimos que
-alguien se acercaba cantando al rancho.
-
---“Es mi marido,--dijo la mujer--¿cómo se habrá venido tan pronto?; pero
-no importa, vístase ligerito y se mete debajo del catre.
-
-“Apenas me había escondido en el lugar que me dijo la mujer, entra el
-marido y la mujer le dice:
-
-“--Anda a buscarme leña, Manuel, para hacer lueguito una cazuela, porque
-he amanecido con antojo.
-
-“Y mientras Manuel iba por leña al sitio, la mujer dijo unas cuantas
-palabras que no entendí y me volví pavo, y me echó para el corral, donde
-había muchos otros todavía en su dormidero. Me subí como pude y me metí
-entre las demás aves, cuando oigo a Manuel que pregunta a su mujer:
-
---“¿Y ese pavo tan grandazo y tan gordo?
-
---“Es de la vecina y debe haberse pasado ayer en la tarde.
-
---“Matémoslo pa que no sea intruso y comimos cazuela ’e pavo con
-chichoca, ¿qué te parece, Juana?
-
---“Ya ’sta--contestó la mujer y tomando un palo le asestó un feroz
-garrotazo al pavo que estaba a mi lado, que cayó redondito al suelo.
-
-“Para qué les cuento mejor el susto padre que pasé, porque, la verdad,
-creí que la Juana me iba a dar el garrotazo a mí.
-
-“Poco después dijo la mujer a Manuel:
-
---“Anda a pedirle a mi comadre Mercedes que me dé un poco de chichoca,
-porque se ha acabado la que teníamos.
-
-“Salió Manuel y la Juana aprovechó el momento de ausencia de su marido
-para volverme hombre, y me dijo:
-
---“Váyase ligerito por este camino, y que le vaya bien.
-
-“Y aquí me tienen ustedes que por cierto nunca se habrían figurado que
-yo he sido caballo y pavo.
-
---De lo último tuavía le quean rastros, dijo un trabajador por debajujo.
-
---Y de lo primero también, dijo _despacito_ otro trabajador, porque no
-hace mucho tiempo me dió a mí una media patá que me dolió tanto como si
-el patrón tuviera herraúras tuavía; y too porque le contesté.
-
-
-
-
-ILUSIONES
-
-32. EL CABRO DE LA CALLE DE BUERAS
-
-(Relatado en 1912 por el niño D. Enrique Alfaro, de 17 años, de
-Santiago.)
-
-
-En la calle de Bueras, de Santiago, había, hace años, una higuera, y de
-entre sus raíces salía todas las noches un cabro que se paseaba de un
-extremo a otro de la calle. Un carnicero, que se llamaba Alejo y vivía
-en una casa situada cerca de la higuera, siguió una noche al cabro y lo
-alcanzó; pero, aunque le dió muchas cuchilladas, no le hizo daño, porque
-era pura ilusión.
-
-
-
-
-33. LA NIÑA DE LOS GRANDES OJOS.
-
-(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
-
-
-Una noche iban dos jóvenes un poco chispos por la calle del Galán de la
-Burra (actual calle de Erasmo Escala, de Santiago) y divisaron, como a
-media cuadra, a una niña muy hermosa, con unos ojos que brillaban como
-luces, y a medida que se acercaban a ella, le veían los ojos más
-grandes; y tanto le fueron creciendo, que al llegar no vieron ni cara ni
-cuerpo, sino dos enormes ojos que los miraban fijamente. Los jóvenes,
-huyeron despavoridos, rezando en voz alta.
-
-Se cree que todo fué simple alucinación, producida por la embriaguez.
-
-
-
-
-34. LAS SOMBRAS.
-
-(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
-
-
-Una noche de luna, un caballero tuvo que emprender un viaje de Talca a
-Pelqui, y para llegar a su destino debía atravesar una montaña a
-caballo. Al penetrar en ella, el caballo se detuvo espantado, porque
-debió ver, como vió el jinete, un cadáver tendido en el suelo, no muy
-lejos, con los brazos abiertos. El caballero también se asustó y para
-vencer el miedo clavó las espuelas al caballo y lo dirigió derecho hacia
-el cadáver. Al llegar cerca de él, pudo darse cuenta de que lo que había
-tomado por un muerto era el tronco de un árbol que el tiempo había
-derribado; con lo que desapareció todo temor y siguió tranquilo su
-camino.
-
-A poco andar, ve pasar algo extraño por entre los árboles, y el caballo
-vuelve a detenerse: era un león. Prepara el viajero un trabuco que
-llevaba consigo, que era el arma que se usaba en aquellos tiempos, y
-después de disparar, ve que lo que le había parecido un león era la
-sombra que proyectaba la cumbre de un cerro vecino.
-
-Cuando concluyó de pasar la montaña y entró al valle, le sale al
-encuentro una viuda,[L] a caballo, que sigue el camino a la par de él.
-El caballero le dirige la palabra, pero ella no le contesta. Después de
-avanzar largo trecho, en silencio, uno al lado del otro, la viuda deja
-su caballo y de un salto se sienta al anca de la cabalgadura de su
-compañero, que intenta tomarla, pero no encuentra a nadie.
-
-Adelanta el caballero en su camino, y a poco andar ve que se eleva de la
-tierra algo como una nube; fija su atención y ve que es un fantasma.
-Temeroso del peligro que pudiera acarrearle tal encuentro, huye a toda
-rienda, y el fantasma detrás. Por suerte, en su carrera desenfrenada,
-tropieza con una choza, en la que se mete con caballo y todo.
-
-En ese momento empieza a amanecer y con la claridad del día se desvanece
-todo temor; pero la impresión de lo que le había sucedido le duró mucho
-tiempo al caballero.
-
-
-
-
-MALDICION
-
-35. EL RISCO DEL ARRIERO
-
-(1910).
-
-
-En el cerro de las Petacas, departamento de Colchagua, hay un risco muy
-grande que tiene una mancha amarillenta que representa a un arriero que
-tiene una mula a su lado. Dicen que en tiempos antiguos, un fraile
-salió, en ese sitio, a pedir limosna a un arriero que conducía una mula
-con una carga de plata, y no sólo no le dio nada, sino que lo injurió.
-El sacerdote lo maldijo, y tanto el arriero como la mula quedaron
-incrustados en la piedra.
-
-En otro risco que está cerca, se ve otra mancha amarillenta, que semeja
-la figura de un fraile.
-
-
-TESOROS
-
- INFORMACIONES:
-
-I.--Los entierros están siempre en pailas de cobre y a los pies de un
-boldo o de una patagua. En la noche, entre 7 y 8, salen candelillas del
-punto en que está oculto el tesoro.
-
-II.--Cuando se encuentra un entierro, se toma de él nada más que una
-moneda, que se guarda sin gastarla, durante un año. Transcurrido el año
-se puede sacar lo demás. Al hallar el entierro, se deben mandar decir
-cinco misas por el alma del que fué dueño del tesoro.
-
-
-
-
-36. EL ENTIERRO DEL NARANJO
-
-(Referido en 1911, por D. J. Andrés González, de 55 años, de Santiago.)
-
-
-En 1890, más o menos, en una casa situada en la calle de la Recoleta, de
-Santiago, frente a la iglesia de este nombre, en la cual vivió y murió
-un clérigo, habitaba un hombre que se llamaba Pedro (el informante no se
-acuerda del apellido), que tenía una tienda en la misma casa, y a su
-servicio un muchachito como de 12 años. Una mañana encontró el dicho
-Pedro al muchachito tendido en el patio, sin conocimiento; después de
-hacerle algunos remedios, volvió en sí, pero muy asustado. El patrón le
-preguntó qué le había pasado, y aunque haciéndose mucho de rogar, contó
-al fin que en la noche salió a hacer una necesidad y cuando volvía vió
-en el patio, debajo de un naranjo, a un clérigo que le dijo que ahí
-mismo había dejado una gran cantidad de plata enterrada. Pedro dijo al
-muchacho que habría soñado y que no hiciera juicio de leseras. Al día
-siguiente le pagó el sueldo de un mes, le ordenó que se fuese a
-medicinar a su casa y que no volviera hasta que estuviere bien bueno.
-
-En la misma noche el hombre se puso a cavar, y efectivamente encontró un
-entierro. Realizó su negocio y se fué para el campo a trabajar en tienda
-y despacho.
-
-De la plata que encontró debajo del naranjo, nada gastó hasta pasado un
-año, pues, de otro modo, la habría perdido toda.
-
-Fué muy rico, pero se botó a tunante y no pasó de una modesta medianía.
-
-
-
-
-37. LOS DOS VIAJEROS
-
-(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.)
-
-
-Dos hombres habían salido a hacer una excursión a pie, y después de
-mucho andar se extraviaron y rendidos de fatiga se recostaron en la
-tierra, a la sombra de unos árboles. Uno de los excursionistas se quedó
-dormido casi inmediatamente, pero el otro no pudo cerrar los ojos y se
-sentó a fumar un cigarrillo. Mientras fumaba, miró a su compañero, que
-seguía durmiendo como un ángel de Dios, y se extrañó sobremanera de ver
-que de su boca salían unos como globitos de colores que se desvanecían
-en el aire, pero de repente salió uno mucho más grande que los otros que
-se elevó un poco y después siguió en dirección hacia el oriente, rodeado
-de unos cuantos jotes que lo acompañaban dando manifestaciones de
-alegría. Esto le llamó mucho la atención y, levantándose, siguió al
-globo y a sus acompañantes, los cuales no se detuvieron sino al llegar
-al pie de un peñasco situado en la falda de un cerro cercano, debajo del
-cual se introdujo el globo. El hombre dejó una señal y volvió a reunirse
-con su compañero, que todavía dormía. Para despertarlo, lo remeció
-fuertemente; pero fué menester repetir tres veces la operación para que
-produjera resultado. El dormilón, al despertar, dijo a su
-amigo:--“Soñaba un sueño muy lindo: que iba por un camino y me
-encontraba con unos amigos que me recibieron muy alegremente y me
-dijeron que me iban a regalar un tesoro; cuando tú me despertaste, me
-llevaban a mostrármelo”.
-
-El amigo escuchó la relación, y en seguida condujo a su compañero al pie
-del peñasco y sin contarle lo que había visto, lo invitó a que lo
-acompañara a cavar en el lugar en que había visto desaparecer el globo
-de color, y, como lo esperaba, a las pocas azadonadas, tropezaron con
-una gran paila llena de onzas de oro.
-
-Sólo después de repartirse el tesoro entre los dos, contó el que había
-estado en vela a su amigo dormilón todo lo que había visto.
-
-
-
-
-38. EL CLERIGO
-
-(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.)
-
-
-Hace tiempo, nadie se atrevía a pasar por unos callejones que hay cerca
-del río Putagán, porque de improviso, sin que supieran de dónde salía,
-se presentaba a los transeúntes un sacerdote y, aunque nada les hacía,
-se apoderaba el miedo de ellos y volvían pie atrás, huyendo
-despavoridos.
-
-Una vez un hombre que tenía que ir a dejar unas cargas de trigo a un
-lugar vecino a donde se podía llegar por esos callejones o por otro
-camino, dijo que iría por los callejones y que se reía del sacerdote que
-contaban se aparecía y que no le importaba nada aunque le salieran todos
-los curas y frailes de la tierra, que para defenderse de ellos le
-bastaba un cuchillo que llevaba, de una media vara de largo; y aunque su
-mujer y sus amigos le rogaron que no hiciera tal, él partió para los
-callejones.
-
-Pocas cuadras había andado por ellos, cuando se le aparece el sacerdote
-y se le pone por delante; pero nuestro hombre saca su cuchillo y la
-emprende contra la aparición. El cura vuelve cara y toma la fuyenda y
-el hombre le sigue de atrás blandiendo su arma, aunque sin lograr
-alcanzarlo. Improvisamente el clérigo desapareció por entre unos
-matorrales, sin dejar huella alguna; pero como el hombre vió el lugar
-por donde el sacerdote se hizo humo, se puso a cavar la tierra con el
-cuchillo, que de pronto tropezó con un cuerpo duro, hasta que dejó
-descubierta una gran tinaja que destapó y vió que estaba llena de
-monedas de oro y plata. Entonces fué a buscar las cargas de trigo y,
-vaciándolas, llenó los sacos de monedas y se volvió a su casa.
-
-Cuando llegó era ya de noche y le dijo a su mujer que encendiera luz.
-
---No hay mas que un cabito de vela--le dijo ella.
-
---Enciéndolo--le contestó el marido.
-
-Lo encendió ella, y él entró los sacos y los vació en medio de la pieza.
-La mujer, cuando vió tanta riqueza, casi se desmayó, y dijo al marido
-toda asustada y llorando:
-
---¿Qué has hecho, desgraciado? ¿Dónde has robado toda esa plata?
-
-El marido la tranquilizó contándole cuanto le había sucedido.
-
-Hizo aún dos viajes más y llegó a ser el hombre más rico de su tierra.
-Vive todavía en Chillán.
-
-
-
-
-EL DIABLO
-
-39. EL NIÑO DENTUDO
-
-(1910.)
-
-
-Yendo un inquilino tranquilamente por la orilla de una cerca, sintió
-unos vagidos que salían de un matorral; se acercó a él y entre las
-malezas vió a un hermoso niño, al parecer de pocos meses, al que tomó en
-sus brazos y acarició; sonrióse la criatura, y como al sonreirse
-entreabriera la boca, alcanzó el campesino a divisar en las encías unas
-cosas blancas como dientes. Admirado, le dijo:--“¡Conque tiene dientes,
-m’hijito!”--“¡Y grandazos!”, le contestó el pequeñuelo. Y efectivamente,
-vió el hombre que de la boca del niño salían unos dientes descomunales.
-En esto conoció que lo que él había tomado por una guagua era el Diablo
-en persona, y asustado, lo disparó lejos, exclamando “¡Ave María
-Purísima!”, y el Diablo, en el mismo instante reventó, dejando en su
-lugar, como es de cajón, un humo denso con fuerte olor a azufre.
-
-
-
-
-40. EL DIABLO BAILARIN
-
-(1910.)
-
-
-Es fama que en el siglo XVIII el Diablo era grande amigo de los mineros
-de Petorca, donde había sentado sus reales. En los días de pago, bajaba
-con ellos al pueblo, o a los lugares inmediatos, a remoler y a bailar
-cueca en la plazuela del Diablo, situada casi donde termina la calle de
-Silva, o en el cerro de la Plaza y en el del Piojo.
-
-Una vez que bailaba en este último, lo hacía tan bien que un minero no
-pudo menos de exclamar:--“¡Virgen Santísima, y qué bien baila este
-roto!”; y el Diablo, al oir la invocación a la Virgen, reventó, dejando
-el lugar pasado a azufre quemado.
-
-
-
-
-41. EL HIJO DEL DIABLO
-
-
-No hace aún muchos años vivía en Petorca un anciano pequeñito y
-rechoncho, de unos setenta años de edad, conocido con el nombre de ño
-Vicentito Cuchucho, cuyos primeros pasos en el mundo aparecen revestidos
-por la imaginación popular de influencias fantásticas y misteriosas.
-
-Se cuenta que estando la madre de este hombrecito esperando de un
-momento a otro la llegada de una guagua, pidió a su marido que le diese
-dinero para comprarle ropas. El marido, que era un viejo de más de
-sesenta años y que miraba con desconfianza el embarazo de su mujer, le
-contestó que no le daría ni un centavo, porque la criatura que iba a dar
-a luz no era de él. La mujer, indignada, al oir esta respuesta, lloró y
-preguntó al esposo:
-
---Entonces ¿de quién es?
-
---Eso lo sabrás tú mejor que yo, replicó el marido; pero no es mío.
-
-A lo cual repuso la mujer:
-
---Entonces será del Diablo, y él me dará lo que necesito.--Y nunca más
-volvió a pedir dinero a su marido.
-
-Cuando llegó el momento del parto, apareció de repente en la pieza de la
-enferma un gran canasto completamente lleno de ropas para niño recién
-nacido, entre las que se veían desde el ombliguero de tela de hilo hasta
-las mantillas de la más suave y sedosa bayeta, sin que faltaran las
-gorritas de punto ni las mediecitas tejidas de lana.
-
-¿Quién había traído ese canasto? ¿Por dónde y cuándo lo habían entrado?
-Nadie pudo dar razón.
-
-Desde los primeros días del nacimiento del niño pudo comprobarse el
-interés que por él y la madre tomaba el Diablo, que no era otro quien
-había llevado la ropita. Siempre encontraba la madre cerca de ella la
-riquísima cazuela de ave, el excelente ulpo de harina tostada y la
-sabrosa mazamorra, los mejores remedios, los dos últimos, para que las
-que crían tengan leche buena y abundante. Al chico le hacía cariño a su
-modo: a veces lo encontraban encima de las vigas de la casa, otras en un
-sobrado, y una vez lo hallaron jugando con un muñeco, entre las ramas de
-un álamo.
-
-Por supuesto que nadie veía al Diablo, pero todos le echaban a él la
-culpa de lo que ocurría; y la madre, justamente alarmada, hizo bautizar
-al niño con toda prontitud, creyendo que con hacerlo cristiano cesarían
-las atenciones y cuidados de Satanás. Pero fué inútil, porque el Diablo
-siguió en las mismas.
-
-Entonces recurrió la madre a un santo cura de apellido Toledo, que tenía
-fama de ser el mejor exorcista del país, para que ahuyentara al demonio,
-lo que al fin logró, no sin haber experimentado grandes trabajos y
-tenido que sufrir pesadas bromas del enemigo malo.
-
-El cura Toledo, para llegar a la casa amagada por el Diablo, tenía que
-atravesar una estrecha puente formada de una sola tabla, que cruzaba un
-cequión. Pues bien, cuando el santo varón iba por la mitad de la puente,
-el Diablo la volcaba y el cura caía al agua, hazaña que celebraba el
-Diablo con grandes carcajadas, diciendo: “¡Ya eché al agua al pato
-jergón!”[M]
-
-Nada dice la leyenda qué fué del padre de ño Vicentito Cuchucho, y de
-éste sólo se sabe que vivió siempre de su trabajo, cultivando una
-pequeña heredad que le pertenecía, y que, hasta que murió, se le conoció
-con el apodo de =Hijo del Diablo=.[N]
-
-
-
-
-PACTOS CON EL DIABLO
-
-42. EL DIABLO GENEROSO
-
-
-Un caballero tenía una gran hacienda que carecía de riego, por lo cual
-no le dejaba sino pérdidas en los años secos.
-
-En el fundo vecino vivía otro hacendado que estaba perdidamente
-enamorado de la señora del primero, a la cual cortejaba a escondidas del
-marido y de continuo le decía que se fuera con él. Ella le contestaba
-que nunca abandonaría a su esposo, porque ella era cristiana y jamás
-faltaría a sus deberes, y además su marido era una persona excelente y
-muy bondadoso con ella.
-
-Pero el caballero la persiguió mucho tiempo, y la señora, para librarse
-de él, le prometió que si le daba agua abundante al fundo de su esposo y
-lo dotaba de molinos, en una noche, haría lo que deseaba. Entonces el
-caballero llamó al Diablo y le dijo que si en la noche cumplía con la
-condición que la señora de su vecino le había impuesto, le entregaría su
-alma en el plazo de un año. El Diablo le prometió que lo haría así, y
-picándole una vena le sacó sangre y le hizo firmar una cédula para
-sellar el pacto.
-
-A media noche se sintió un ruido muy grande en la hacienda del marido,
-quien despertó a su mujer y le preguntó:--“¿Sientes ese ruido? ¿Qué
-será?”--y ella le contestó:--“No sé, ni se me ocurre qué pueda
-ser”--Levantóse el marido a ver cuál era la causa de ese ruído, y se
-encontró con que en su fundo había una instalación completa de molinos
-en movimiento, y con que abundante agua corría por numerosas acequias
-que antes no existían. Volvió al dormitorio y preguntó nuevamente a su
-esposa qué significaba eso, y tanto insistió en sus preguntas que al fin
-le sacó la verdad. Entonces la mandó que se fuera a casa del
-pretendiente para que el Diablo se lo llevara con razón.
-
-La mujer llegó llorando a casa del otro y le refirió cómo su marido la
-mandaba a cumplir lo prometido. El caballero le contestó:
-
---“¿Tan honrado es tu marido? No seré yo menos que él; te respeto;
-vete”.
-
-En ese momento llegó el Diablo y preguntó al hacendado si estaba
-contento, y éste le dijo que siendo el marido de la niña tan honrado que
-no había permitido que su esposa faltase a su palabra, él no se había
-atrevido ni a tocarla y le había ordenado que se fuera para su casa.
-
-El Diablo dijo entonces:--“¿Con que así son las cosas? A caballero no
-me la ganará ninguno de los dos. Toma tu cédula”. Y desapareció.
-
-Todos quedaron contentos: el caballero enamorado, libre de su amor
-criminal; el marido, con su mujer; y la hacienda, con buen riego y con
-molinos.
-
-
-
-
-43. LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS
-
-(Contado por la Sta. Zoila Guerrero Gutiérrez, Prado de Peñaflor.
-Febrero de 1923.)
-
-
-Una señora viuda tenía una hija muy hermosa, y se servían para los
-menesteres de la casa de un negro esclavo que se llamaba Pancho, hombre
-trabajador y buen cristiano.
-
-La niña fué creciendo en edad y en hermosura y el cariño que el negro
-tenía a su amita se fué convirtiendo en amor, pero en un amor tan grande
-que Pancho no comía, ni dormía, ni tenía valor para trabajar.
-
-El pobre negro rezaba, se encomendaba a Dios y a todos sus santos para
-que lo libraran de aquella pasión que no lo dejaba vivir; pero el cielo
-se había puesto sordo y no oía sus oraciones.
-
-Desesperado y no hallando qué hacerse, salió una noche de la casa y se
-fué al cerro a llamar al Diablo para que lo ayudara. Acudió el Diablo al
-llamado, y a las súplicas del negro contestó:
-
---Si quieres, haré que Rosita--así se llamaba la niña--se enamore de ti
-y se case contigo, pero dentro de veinte años vendré a buscarte, y si no
-sabes contestarme las doce palabras redobladas, tu alma me pertenecerá.
-
---Está bien, contestó Pancho, radiante de alegría, convengo en ello.--Y
-con sangre que extrajo de sus venas, firmó la cédula del pacto que
-acababa de aceptar y que el Diablo le pasaba.
-
-Al otro día temprano se dirigió el negro a casa de sus amos. La señora y
-la niña estaban en el balcón. La niña, al verlo, dijo a la mamá:--Mire,
-mamá, ahí viene Panchito.--¿Qué es eso de Panchito?--preguntó extrañada
-la madre, porque la joven siempre había llamado al negro con el nombre
-de Facico y tratádolo con cierto desprecio. Pero Rosita no contestó
-nada. Y el caso es que desde entonces Rosita se llevaba con Panchito
-para arriba, Panchito para abajo, Panchito por aquí, Panchito por acá,
-en fin, que todo era Panchito.
-
-Hubo que dejarla casarse con él, porque la cosa no tenía remedio, pero
-tuvo que salir de la casa con su negro, no llevando consigo sino una
-imagen de San Pedro, de quien era muy devota, y que fué lo único que la
-dejaron sacar.
-
-Rosita vivió muy feliz y muy enamorada de su Pancho, que hacía cuanto
-estaba de su parte para hacerle liviana la vida, trabajando como un
-negro, verdaderamente, y cuidando de que nada les faltara a su mujer y a
-los cuatro hijos que habían tenido, cuatro lindos mulatitos, que eran el
-encanto y la alegría del matrimonio.
-
-Pero, como muy bien dice la copla,
-
- Todo gusto es momentáneo;
-
-sobre todo si hay un contrato de por medio. El plazo en que terminaba el
-pacto se aproximaba rápidamente, y el Diablo tenía buen cuidado de
-presentarse de vez en cuando a Pancho a recordárselo:
-
---Pancho, que dentro de un mes te paso a buscar...--Pancho, que ya no te
-quedan sino quince días para que te vengas conmigo...--Pancho, que sólo
-falta una semana... etc.
-
-Y al pobre Pancho se lo comía la tristeza; y por más que averiguaba
-entre sus relaciones, nadie conocía las doce palabras redobladas, que
-habían de librarlo de las garras del Demonio.
-
-Rosita, que notó cómo sufría su marido, le pedía y rogaba por lo que más
-amaba, le dijera el motivo de sus penas, y sólo después de reiterarle
-repetidamente sus ruegos, le confesó cuanto le había sucedido y que ya
-no faltaban sino dos días para que el Diablo viniera a llevárselo.
-
-Rosita, que, como se ha dicho, era tan devota de San Pedro, dijo a su
-marido:
-
---Encomendémonos al Santo y pongámonos en sus manos; estoy segura de que
-él nos librará del Malo, porque siempre me ha tenido lástima y me ha
-sacado con bien de todos los peligros en que me he encontrado. Y ambos
-se arrodillaron ante la imagen del Príncipe de los Apóstoles y rezaron
-con todo fervor.
-
-Era la última noche que, según el pacto celebrado con el Diablo, quedaba
-de vida a Pancho. En la cara del pobre negro y en la de su mujer,
-surcadas de lágrimas, se marcaba el intenso dolor que los consumía. El
-silencio era profundo. De pronto se oyeron tres golpes en la puerta.
-Salió Pancho. El que llamaba era un pobre hombre que con voz lastimera
-pedía alojamiento por esa noche. Se había extraviado--dijo--y no sabía
-dónde dormir. Rosita, que oía lo que hablaban, desde su asiento invitó
-al hombre a que entrara y le alargó una silla. Era un anciano, calvo, de
-rostro venerable y simpático adornado de poblada y canosa barba.
-
-Embelezados con la conversación del anciano, habían olvidado su
-desgracia y el peligro inminente que les amenazaba y oyéndole, pasaron
-insensiblemente las horas. Cuando el reloj comenzó a dar las 12, se oyó
-un fuerte golpe en la puerta y una voz seca y chillona que preguntaba:
-
---Amigo, ¿sabe las doce palabras redobladas?
-
---Sí las sé--contestó el viejecito poniéndose de pie e imitando la voz
-de Pancho, antes de que éste respondiera,--empieza a preguntar, que yo
-te iré contestando.
-
---Está bien, dijeron desde afuera. Amigo, dígame la una.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, la una te diré: Una ¿qué es
-una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
-
---Está bien: ahora, amigo, dígame las dos.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las dos te diré: Dos ¿qué son
-dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte
-Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió
-pura.
-
---Bien: ahora, amigo, dígame las tres.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las tres te diré: Tres ¿qué
-son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento
-y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a
-Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén
-y siempre vivió pura.
-
---Bien: ahora, amigo, dígame las cuatro.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cuatro te diré: Cuatro
-¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San
-Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el
-cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas
-de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí; Una ¿qué es una?
-la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
-
---Bien: ahora, amigo, dígame las cinco.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cinco te diré: Cinco ¿qué
-son cinco? Las cinco llagas principales que hirieron a Jesús
-crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San
-Marcos, San Lucas, San Mateo, y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres
-Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos
-¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el
-monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre
-vivió pura.
-
---Bien: ahora, amigo, dígame las seis.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las seis te diré: Seis ¿qué
-son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén.
-Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús
-crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San
-Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres
-Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos
-¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el
-monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre
-vivió pura.
-
---Bien: ahora, amigo, dígame las siete.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las siete te diré: Siete ¿qué
-son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas
-que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco
-llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son
-cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San
-Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para
-nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley
-que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen
-que nació en Belén y siempre vivió pura.
-
---Bien: ahora, amigo, dígame las ocho.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las ocho te diré: Ocho ¿qué
-son ocho? son las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña.
-Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis
-candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco?
-las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro
-¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San
-Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el
-cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas
-de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una?
-la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
-
---Bien: ahora, amigo, dígame las nueve.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las nueve te diré. Nueve ¿qué
-son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas
-entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las
-bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete?
-son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían
-en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas
-principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro?
-los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan.
-Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para
-nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley
-que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen
-que nació en Belén y siempre vivió pura.
-
---Bien, amigo, ahora dígame las diez.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las diez te diré: Diez ¿qué
-son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses
-que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima
-Madre. Ocho ¿qué son ocho? las bienaventuranzas que predicó Jesús en la
-montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis?
-las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son
-cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado.
-Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas,
-San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan
-en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos
-tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la
-Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
-
---Bien: ahora, amigo, dígame las once.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las once te diré: Once ¿qué
-son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez
-mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo
-humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son
-ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete
-¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis
-candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco?
-las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro,
-¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San
-Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías que brillan en el
-cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas
-que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen
-que nació en Belén y vivió siempre pura.
-
---Bien, amigo; ahora dígame las doce.
-
---Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las doce te diré: Doce ¿qué
-son doce? los doce apóstoles. Once ¿qué son once? las once mil vírgenes.
-Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los
-nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su
-santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que
-predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos.
-Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús
-crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San
-Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres
-Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos
-¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte
-Sinaí. Una ¿qué es una? La Virgen que nació en Belén y siempre vivió
-pura.
-
-Quien dijo doce no pase a trece hasta que reviente ése, que por sus
-malos hechos bien lo merece.
-
- * * * * *
-
-Terminando de decir estas palabras el anciano, se sintió un fuerte
-ruído, como si hubiera estallado un barril de pólvora, la pieza se llenó
-de humo y un fuerte olor a azufre hacía estornudar violentamente a los
-tres que se hallaban en ella.
-
-Cuando el humo se disipó, vieron delante de sí al viejecito vestido de
-una larga túnica, con dos grandes llaves en la mano derecha y rodeada la
-cabeza de una aureola de luz. Era el mismo que representaba la imagen
-que adornaba la cabecera de la cama de Rosita.
-
-Pancho y Rosita, poseídos de un santo temor, se arrodillaron ante el
-anciano, y cuando un momento después alzaron la cabeza, había
-desaparecido.
-
-Este es el origen de las doce palabras redobladas, que el pueblo, sin
-razón, suele llamar Oración de San Cipriano, y a la cual atribuye
-virtudes portentosas contra el Diablo, los brujos y toda clase de
-peligros.
-
-
-
-
-APÉNDICE I
-
-
-BIBLIOGRAFIA
-
-DE LAS OBRAS QUE SE CITAN EN ESTE VOLUMEN
-
-A la publicada en los CUENTOS POPULARES EN CARAHUE, págs. 259-262,
-agréguense los siguientes obras, que no se mencionan en aquella.
-
-
-CAVADA, FRANCISCO J.--Chiloé y los Chilotes. Estudios de folklore y
-lingüística de la provincia de Chiloé (Chile). Santiago, Impr.
-Universitaria, 1914.
-
- * * * * *
-
-ESPINOSA, AURELIO.--Cuentos populares españoles, recogidos de la
-tradición oral de España, con una introducción y notas comparativas.
-Stanford University, California. Published by the University, 1923-1924.
-
----- New Mexican Spanish Folk-Lore. VIII, Short Folk-tales and
-Anecdotes. Págs. 142-147 de The Journal of American Folk-Lore, Vol.
-XXVII, N.º CIV, April-June, 1914.
-
- * * * * *
-
-GRIMM.--Cuentos escogidos de los Hermanos..., traducidos por José Muñoz
-Escámez. Edición ilustrada. Madrid, Saturnino Calleja, s. d.
-
- * * * * *
-
-La antigua versión castellana del Calila y Dimna. Ed. de la Real
-Academia Española, Madrid, Suc. de Hernando, s. d.
-
- * * * * *
-
-La Población del Valle de Teotihuacán. El medio en que se ha
-desarrollado su evolución étnica y social. Iniciativas para procurar su
-mejoramiento. Por la Dirección de Antropología, siendo Director de
-investigaciones MANUEL GAMIO. La población contemporánea. Dirección de
-Talleres Gráficos dependiente de la Secretaría de Educación Pública.
-México, MCMXXII.
-
- * * * * *
-
-LAVAL, RAMÓN A.--Oraciones, ensalmos y conjuros del pueblo chileno,
-comparados con los que se dicen en España, Santiago, Impr. Cervantes,
-1910.
-
- * * * * *
-
-Contribución al Folklore de Carahue (Chile). Primera parte. Madrid,
-1916.
-
- * * * * *
-
-LEHMANN-NITSCHE, ROBERTO.--Europäische Märchen unter den Argentinischen
-Araukanern. La Plata, s. d.
-
- * * * * *
-
-MONTIEL, C.--Contes soudanais. Paris, Leroux, 1905.
-
- * * * * *
-
-PALMA, RICARDO.--Tradiciones Peruanas. (Ropa vieja). Tomo IV. Barcelona,
-Montaner y Simón, 1896.
-
- * * * * *
-
-PARIS, GASTON.--Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite. Paris, Leroux,
-1907.
-
- * * * * *
-
-POBLETE, EGIDIO. (Ronquillo).--Cuentos del Domingo. Serie IV.
-Valparaíso, Talleres Tipográficos de La Unión, 1916.
-
- * * * * *
-
-RODRÍGUEZ MARÍN, FRANCISCO.--El ingenioso hidalgo don Quijote de la
-Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra. Edición crítica,
-anotada por... Tomo V. Madrid, Impr. de la “Revista de Archivos,
-Bibliotecas y Museos”. MCMXVI.
-
- * * * * *
-
-TCHÉRAZ, MINAS.--L’Orient inédit. Légendes et traditions armeniennes,
-grecques et turques. Paris, Leroux, 1912.
-
- * * * * *
-
-VICUÑA CIFUENTES, JULIO.--Mitos y Supersticiones recogidos de la
-tradición oral chilena, con notas comparativas a los de otros países
-latinos. Santiago, Impr. Universitaria, 1915.
-
-
-
-
-NOTAS COMPARATIVAS
-
-
-I parte.--CUENTOS MARAVILLOSOS, CUENTOS DE ANIMALES, ANÉCDOTAS.
-
-
-1. EL SOLDADILLO
-
-CFR.: COSQUIN[O].--Jean de l’Ours, Cont. pop. de Lorraine, t. I, p. 1 y
-notas p. 6 a 27.
-
-BLADÉ.--Etienne l’habile. Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p. 36.
-
-ESPINOSA.--Juan del Oso, en las págs. 440 y 441 de New-Mexican Spanish
-Folk-Lore, III, Folk-Tales.
-
-LEGERS.--Long, Large et Clairvoyant, Recueil de Cont. pop. slaves, págs.
-241-258.
-
-LENZ.--El Hijo del Oso, Est. Araucanos, p. 261 y 350.
-
-SÉBILLOT.--Jean de l’Ours. Litt. or. de la Haute-Bret., p. 81 y notas,
-p. 85.
-
-
-2. EL PESCADITO ENCANTADO
-
-ALVAREZ DE MACHADO.--La Sirena (sólo el principio). Bibl. Trad. pop.
-esp., t. I, p. 183.
-
-BLADÉ.--Le Roi des Corbeaux, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 14.
-
-BRAGA.--O Velho Querecas, Cont. trad. do povo port., p. 4.
-
-DESPARMET.--Aïcha, la fille du bûcheron (hay un servidor negro). Rev.
-Trad. pop., t. XXVIII, p. 505.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--A vida do Gigante (sólo el principio). Cont. da
-Carochinha, p. 385.
-
----- O Peixe encantado, Hist. da Avósinha, p. 138.
-
-HERNÁNDEZ DE SOTO.--La Lavandera (varios episodios), Bibl. Trad. pop.
-esp., t. X, p. 217.
-
-HERNÁNDEZ DE SOTO.--El Castillo de las puertas calás, Ib., p. 242.
-
-LEGRAND.--Le Seigneur du monde souterrain, Rec. de cont. pop. grecs, p.
-1.
-
-MONNIER.--Le roi Cristal, Cont. pop. en Italie, p. 44.
-
-
-3. DELGADINA Y EL CULEBRÓN
-
-BLADÉ.--En Le Drac, Cont. pop. de Gascogne, t. I., p. 227, se lee: “La
-Belle Jeanneton marchait sur ses quinze ans. Elle était cent fois plus
-belle que le jour. Quand elle se peignait, le blé tombait de ses
-cheveux, par boisseaux. Quand elle se lavait les mains, les doubles
-louis d’or et les quadruples d’Espagne tombaient de ses doigts par
-douzaines”.
-
-CARNOY ET NICOLAIDES.--La fille du roi et le garçon de bains, Trad. pop.
-de l’Asie Mineure, p. 107.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Moça encontrada no mar, Hist. da Avósinha, p.
-223.
-
-van GENNEP.--Leyenda de Manú, en que figura un pececillo que fué
-creciendo gradualmente hasta que apenas cabía en el mar y salvó a Manú
-del Diluvio.--Religions, Mœurs et Légendes, t. I, p. 93.
-
-KLIMO.--La Belle Hélène, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 178.
-
-MOORE, TH.--El Culebroncito, Bibl. Trad. pop. esp., t. I, p. 137.
-
-PITRÈ.--Li dui Soru, Fiabe, Nov. e Racc. pop. siciliani, t. II, p. 85.
-
-SÉBILLOT.--La Sirène, Cont. des Marins, p. 197.
-
-
-4. LA TENQUITA
-
-BASSET.--La Vieille et la Mouche, Cont. berbères, p. 95.
-
-BAISSAC.--Hist. de Petit-Jean Queue-de-Bœuf, Le Folk-lore de
-l’Ile-Maurice, p. 34.
-
-BLADÉ.--Le Père et la Fille, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 243.
-
----- Le Père, la Mère et la Fille, Ib., p. 246.
-
----- Brisquet, Ib., p. 249.
-
-Calila y Dimna, ed. de la R. Ac. Esp., págs. 289-291.
-
-CAMPS Y MERCADEL.--Folk-Lore Menorquín, en t. I, p. 243, se lee: “El gat
-caça la rata,-rata furada tapia,-tapia atura vent,-vent fa corre’s
-núvul,-es núvul tapa sol,-sol fon gel,-gel talla cameta.
-
-CARNOY.--Kiou-Cou et Kiou-Coclet, Littorale de la Picardie, p. 217.
-
-COELHO.--A formiga e a neve, Cont. pop. portuguezes, p. 5.
-
----- A romanzeira do macaco, Ib., p. 9.
-
-ESPINOSA.--La Hormiguita, More Folk-Tales, p. 138.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Formiguinha, Cont. da Carochinha, p. 393.
-
-La Gallinita y el Pollito. Bibl. ilustrada Calleja-IX.
-
-La población del Valle de Teotihuacán.--Cuando la rana quiere gozar...,
-p. 396.
-
-LEHMANN-NITSCHE.--El Perro y el Ratón, cuento IV de “Europäische Märchen
-unter den argentinischen Araukanern”.
-
-LENZ.--Cuento de un pajarito llamado Caminante, Est. Araucanos, p. 200 y
-nota, p. 320.
-
-MASON.--El Aguila, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 175.
-
-MONNIER.--Micco y Légende de Tennioje, Cont. pop. en Italie, págs. 89 y
-91.
-
-ORTOLI.--Pedilestu et Mustacina, Cont. pop. de l’île de Corse, p. 237.
-
-PINEAU.--Biquette, Cont. pop. du Poitou, p. 291.
-
----- Le Conte du petit rat, Ib. p. 299.
-
-PITRÈ.--Pitidda, Fiabe, Nov. et Racc. pop. siciliani, t. III, p. 85.
-
-ROMERO.--A formiga e a neve, Cont. pop. do Brasil, p. 208.
-
-
-5. EL GALLITO
-
-BLADÉ.--Les Deniers, (La pega final). Cont. pop. de la Gascogne, t. III,
-p. 260.
-
-
-6. LA TORTILLA O EL CANARITO ENCANTADO
-
-COSQUIN.--V. notas del cuento Le Leoup blanc., t. II, págs. 225-227 y
-notas de Firosette, desde p. 242 del mismo tomo.
-
-ARTIN PACHA.--Les quarente boucs et le bouc chevauchant sur le bouc,
-Cont. pop. de la Vallé du Nil, p. 87.
-
-BRAGA.--O Coelho branco, Cont. trad. do povo port., p. 78.
-
-C. A. D.--Una Rueda de Conejos, El Folklore Andaluz, p. 355.
-
-Historia del Macho Cabrío y la Hija del Rey, Las mil noches y una noche,
-trad. de Blasco Ibáñez, t. XX, p. 24.
-
-Les Oiseaux blancs, Rev. Trad. pop., t. XXIX, p. 124.
-
-PITRÈ.--Marvizia, t. I, p. 149.
-
-El cuento de la “Tortilla o el Canarito Encantado” es una de las muchas
-variantes derivadas de la fábula de Apuleyo “Cupido y Psiquis”, y aunque
-en él se ha perdido la prohibición de ver, dos de los trabajos que Venus
-impone a Psiquis están representados por los que la vieja hechicera
-manda ejecutar a la princesa, y que son casi los mismos: el 1.º, de
-llenar un frasco con lágrimas de picaflores, no es otro que el 2.º de la
-fábula latina: llenar una botella con agua de la fuente que alimenta la
-laguna Estigia: el 2.º, de llevar la caja encantada que debía producir
-la muerte a la princesa, corresponde al 3.º del cuento de Apuleyo:
-llevar a los infiernos una caja a Proserpina pidiéndole un poco de su
-belleza, caja que, devuelta por Proserpina a Psiquis, sólo contiene un
-vapor letárgico, que, sin la intervención de Cupido, habría dejado sin
-vida a Psiquis.
-
-
-7. EL REY TIENE CACHITO
-
-COELHO.--O Principe con oreilhas de burro, Cont. pop. port., p. 117, y
-Cont. nac. p. creancas, p. 33.
-
-TCHÉRAZ, MINAS.--L’Orient inédit. Lég. et trad. armeniennes, grecques et
-turques, p. 211.
-
-Este cuento difiere apenas de la fábula de Midas, rey de Frigia. En la
-lucha que el sátiro Marsias sostuvo con Apolo en un concurso musical,
-las Musas se decidieron por Apolo, que tocaba la cítara, y sólo Midas
-estuvo de parte de Marsias, que tocaba la flauta. Ofendido Apolo,
-castigó a Midas, transformando sus orejas en orejas de burro. Midas,
-avergonzado, las ocultaba bajo un gorro frigio, pero, por más cuidado
-que puso, un esclavo se las vió. Midas le exigió silencio, mas este
-hombre, no pudiendo soportar el secreto, abrió un hoyo en la tierra y en
-él gritó: “El rey Midas tiene orejas de pollino”, y en seguida lo llenó
-con la tierra que había sacado. Poco después crecieron en el mismo sitio
-unas matas de caña, las que, cada vez que el viento las movía,
-murmuraban: “El rey Midas tiene orejas de pollino”.
-
-
-8. EL CUERPO SIN ALMA
-
-COSQUIN.--Les dons des trois animaux, t. I, p. 166, y notas, págs. 170 y
-siguientes.
-
-ANDREWS.--Corps sans âme, Contes ligures, p. 213.
-
-APELL.--Joâo Cachorro e o camponês branco, Cont. pop. Russos, p. 275.
-
-BAISSAC.--Hist. de Corps-sans-âme et de Colle-des-Coeurs, Folkl. de
-l’Ile-Maurice, p. 358.
-
-BRAGA.--Cravo, Rosa e Jasmin, Cont. trad. do pov. port., p. 20.
-
-BRUEYRE.--Le jeune Roi Easaidh Ruadh, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p.
-71 y notas, págs. 80-83.
-
----- La Fille de la Mer, p. 84, y II versión, p. 95.
-
-CARNOY.--Le Corps sans âme, ou le Lion, la Pie et la Fourmi, Lit. orale
-de la Picardie, p. 275.
-
-COELHO.--A Torre de Babylonia, Cont. pop. port., p. 34.
-
-DESPARMET.--Hammed, le fils de la veuve, Rev. Trad. pop., t. XXVII, p.
-241.
-
----- Cent-et-un-beautés, Ib., p. 193.
-
-DOZON.--Les trois frères et les trois sœurs, Cont. albanais, p. 131.
-
-ESPINOSA.--El Cabayeru e la Pluma, N. Mex. Esp. Folk-Tales, p. 398.
-
----- La Princesa encantada, Ctos. pop. españoles, págs. 295 y 297.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Vida do Gigante (la parte final solamente).
-Cont. da Carochinha, p. 385.
-
-KLIMO.--L’Arbre merveilleux, Cont. et Lég. de Hongrie, p. 131.
-
----- Le Prince Ambroise, Ib. p. 239.
-
-LUZEL.--Le Corps-sans-âme, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t. I, p. 427.
-
-MACLER.--Badikan et Khan Boghou, Cont. armeniens, p. 11.
-
-MONNIER.--Viola (el fin sólamente), Cont. pop. en Italie, p. 117.
-
-PITRÈ.--Lu malacunnutta, II, p. 224.
-
-RIVIÈRE.--Moh’Amed ben Soltan, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 187. (En
-la p. 191, muerte del Cuerpo sin alma, que en este cuento es un Ogro;
-muy desfigurado).
-
-SÉBILLOT.--El Capitán Pedro, Ctos. Bretones, p. 130.
-
----- El Gigante de las siete mujeres, Ib., p. 176.
-
-VINSON.--Malbrouc, Folkl. du Pays Basque, p. 80.
-
-
-9. LA HUACHITA CORDERA
-
-BLADÉ.--La Gardeuse de dindons, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 251.
-(Sólo la 2.ª parte).
-
-PINEAU.--L’Agneaulet, Cont. pop. du Poitou, p. 123.
-
-La Lapine, Rev. Trad. pop., 1913, p. 207. (Ver también la nota).
-
-
-10. LAS SIETE CIEGAS
-
-COSQUIN, t. I, en la Introducción, p. XXX, extracta un cuento parecido
-al de Las siete Ciegas.
-
-GUICHOT Y SIERRA.--La Reina Rosa o Tomasito, Bibl. de las Trad. pop.
-esp., t. I, p. 172.
-
-DESPARMET, en el cuento La Princesse Hautaine IV de los Contes maures,
-recueillis à Blida, p. 292, se lee:--“Si este hermoso príncipe quiere
-llevarme, es preciso que me traiga aquí, en persona, leche de camella en
-un odre hecho de piel de leona”. En el cuento V, “La Tortue”, p. 303, un
-Rey que quiere hacer morir a su hijo menor, para apoderarse de su mujer,
-de quien se ha enamorado, le dice a su Consejero:--“Tu astucia no ha
-servido de nada; busca otra”.--“Pues bien, le dice el Consejero, pide al
-Príncipe que traiga la manzana que embalsama el aire y el agua que
-restituye el alma al hombre. Deberá tomarlas en el jardín de
-Preciosa...”. Y como el Príncipe consiguiera llevarle la manzana y el
-agua pedidas, pide el Rey nuevo consejo a su Consejero, y éste le
-dice:--“Haz venir a tu hijo y ordénale que traiga leche de leona en odre
-de piel de leoncito”. Y en el cuento VI, “Le roi Bûcheron”, p. 437: “Una
-vez el Sultán tuvo deseos de beber la leche de leona en odre de piel de
-leoncito”.--(Rev. de Trad. pop., t. XXVII.)
-
-
-DONZON, en “La Loubie et la Belle de la terre”, Cont. albanais, p. 87:
-“Comió (la Lubia) la mitad de lo que el joven había llevado, después de
-lo cual salió y dijo: “Que se muestre aquel a quien debo este
-beneficio,--y el joven, presentándose, contestó: Heme aquí”.--En
-seguida, todo sucedió como el viejo lo había anunciado”.
-
-En el vol. XXII, p. 137 de las Mil noches y una noche, “Historia contada
-por el 11.º Capitán de policía, al Sultán Baibars, se lee: “Y se
-congregaron los médicos y le recetaron, como régimen y remedio, que
-bebiera leche de osa contenida en un odre de piel de osa virgen”.
-
-
-11. EL MIÑIQUE
-
-COSQUIN.--Le Petit Poucet, t. II, p. 147, y nota de la p. 150.
-
-ANDREWS.--Pequeletou, Cont. ligures, p. 132.
-
----- Peteoumeletou, Ib., p. 161.
-
-BLADÉ.--Grain-de-Millet, Cont. de la Gascogne, t. III, p. 78.
-
-BRAGA.--Manoel Feijâo, Cont. trad. do povo port., p. 191.
-
-CARNOY.--Pouçot Litt. orale de la Picardie, p. 167.
-
----- Jean l’Espiègle, Ib., p. 329.
-
-COELHO.--Hist. do Grâo de Milho, Cont. pop. portuguezes, p. 80.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL, O Pequenno Pollegar, Cont. da Carochinha, p. 113.
-
-LEGERS.--Le Petit Poucet russe, Rec. Cont. pop. slaves, p. 29.
-
-VINSON.--Petit Poucet y Mundu-milla-pes, Folkl. du pays Basque, págs.
-110 y 111.
-
-
-12. LOS TRES CONSEJOS
-
-BRAGA.--Os tres Conselhos, Cont. trad. do povo portuguez, p. 199.
-
-ESPINOSA.--Los tres Consejos, New Mex. Sp. Folk-Tales, p. 408.
-
-Folklore Andaluz, Nota 8 de la p. 80.
-
-MACLER.--Le Fils de la Vieille, Cont. Armeniens, p. 139.
-
-ORTOLI.--L’Ustaria di i figli di u Diauli, Cont. pop. de l’île de Corse,
-p. 118.
-
-PITRÈ.--Li tri Rigordi, III, p. 391 y varianti e riscontri, pág. 393.
-
-ROMERO.--Os tres Conselhos, Cont. pop. do Brasil, p. 251.
-
-
-13. EL LORO ADIVINO
-
-COSQUIN.--L’Oiseau de verité, t. I, p. 186.
-
-ANDREWS.--L’Oiseau qui parle, Cont. ligures, p. 193.
-
-APELL.--A Arbore que canta e a Ave que fala. Cont. pop. russos, p. 101.
-
----- As tres Irmâs, Ib., p. 109 y crítica, p. 115.
-
-ARTIN PACHA.--El Schater Mouhammed, Cont. pop. de la Valle du Nil, p.
-265.
-
-BLADÉ.--La mer qui chante, la pomme qui danse et l’oisillon qui dit
-tout, Cont. pop. de la Gascogne, t. I. p. 67.
-
-BRAGA.--O Rei-Escuta, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 85, y
-notas, t. II, p. 192.
-
----- As Cunhadas do Rei, Ib., p. 86.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--As tres Maravilhas, Cont. da Carochinha, p. 369.
-
----- Os tres principes com estrellas de ouro na testa, Ib. p. 405. (Sólo
-el principio).
-
-HERNÁNDEZ DE SOTO.--El Papagayo Blanco, Bibl. Trad. pop. esp., t. X, p.
-175.
-
-LEGRAND.--Tzitzinœna, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 77.
-
-LUZEL.--Les deux frères et la sœur, Lég. chre. de la Basse-Bretagne, t.
-II, p. 274.
-
----- Les trois filles du Boulanger, ou l’Eau qui danse, la Pomme qui
-chante et l’Oiseau de Vérité, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, p. 277.
-
-MACLER.--Cheveux d’argent et Boucles d’or, Cont. armeniens, p. 71.
-
-MASON.--Los Niños Coronados. Folk-Tales of the Tepecanos, p. 200.
-
-PITRÈ.--Li figghi di lu cavuliciddaru, t. I, p. 316 y var. y riscontri,
-p. 328-335.
-
-RAMÍREZ, José Luis.--El Agua Amarilla, El Folkl. Andaluz, p. 305.
-
-
-14. EL MEDIO-POLLO
-
-BASSET.--Moitié de Coq, Cont. pop. berbères, p. 83 y notas, p. 187.
-
-BEAUVAIS, Armand.--Moité de Có, Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p.
-44.--Otro, Ib., t. XXX, p. 44.
-
-BLADÉ.--Le Voyage du Coq, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 221.
-
----- Le Coq et ses amis, Ib., p. 225.
-
-CARNOY.--Coquelet en voyage, Litt. orale de la Picardie, p. 211.
-
-COELHO.--O Pinto borrachudo, Cont. pop. portuguezes, p. 20.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--Historia de un pintinho. Historias da Avósinha, p.
-90.
-
-LEHMANN-NITSCHE.--¿Quiere que le cuente el cuento del Gallo Pelado?, en
-Rev. de Derecho, Historia y Letras, Buenos Aires.
-
-ORAIN.--La Boursée d’or, Cont. de l’Ille-et-Vilaine, p. 59.
-
-PINAU.--Le conte de la petite moitié de geau (coq), Les Cont. pop. du
-Poitou, p. 169.
-
-PITRÈ.--Lu menzu-gadduzzu, t. III, p. 77.
-
-ROMERO.--O. Pinto pellado, Cont. pop. do Brasil, p. 53.
-
-SÉBILLOT.--La Moueté de Quene (La Moitié de Cane), Cont. de provinces de
-France, p. 281.
-
----- Moitié de Coq. Les Joyeuses Hist. de Bretagne, p. 205.
-
-The Heath Readers. Second Reader. D. C. Heath, and Company. Boston, New
-York-Chicago, s. d.--The Half-Chick, p. 128.
-
-
-15. EL BARCO DE LOS TRES HACHAZOS
-
-
-16. HERMOSURA DEL MUNDO, O EL CASTILLO DE LOS TRES AZUELAZOS
-
-APELL.--O Navio voador, Cont. pop. russos, p. 201 y crítica, p. 210.
-
-BLADÉ.--Le Navire marchand sur terre, t. III, p. 12.
-
----- Etienne l’habile, Ib. p. 36.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--Os seis companheiros, Contos da Carochinha. p.
-183. (Sólo las hazañas de Comín y de sus compañeros.)
-
-GRIMM.--El Pájaro Grifo, Cuentos escogidos, p. 30.
-
-LUZEL.--Le prix des belles pommes, Cont. pop. de Basse-Bretagne, t. II,
-p. 146.
-
----- Les trois fils de la veuve, Ib. II, p. 161.
-
----- Les compagnons qui viennent a bout de tout, Id. III, p. 296.
-
----- Petit-Jean et la Princesse Devineresse, Id. III, p. 326 (últ.º
-episodio, desde la pág. 246.)
-
-MASON.--Los animales ayudan a Juan, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales,
-part. I, p. 17.
-
----- El traje de piel de piojo (versión a.), Ib. p. 20. (Muy
-desfigurado.)
-
-
-PINAU.--Le conte du petit Vacher, Cont. pop. du Poitou, p. 35.
-
-En este cuento y en muchos otros figuran el episodio de los conejos que
-se entregan al héroe para que los lleve en la mañana fuera de palacio,
-los deje en libertad y regrese con todos ellos en la tarde; y el de
-llenar un saco de verdades.
-
-
-SÉBILLOT.--El barco que anda por mar y por tierra, Cuentos bretones, p.
-233.
-
-
-17. EL ARBOL DE LAS TRES MANZANAS DE ORO
-
-APELL.--O bicho Norka, Cont. pop. russos, p. 291. (Sólo los primeros
-episodios.)
-
-CARNOY.--Les trois fils du roi, Litt. orale de la Picardie, p. 89. (Sólo
-la primera parte).
-
-DESPARMET.--Le Ghoul du Puits, Cont. pop. sur les Ogres, t. 1, p. 397.
-
----- Le Ghoul bessé en maraude, Ib. p. 406. (En los dos cuentos, sólo la
-primera parte.)
-
-DOZON.--La Belle de la Terre, Cont. albanais, p. 35.
-
-KLIMO.--L’Oiseau de feu, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 265.
-
-PINAU, Les pommes d’or, Cont. pop. du Poitou, p. 1.
-
-RIVIÈRE.--Les trois frères. Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 234.
-(Sólo el principio.)
-
-
-18. LOS HIJOS DEL PESCADOR, O EL CASTILLO DE LA TORDERÁS
-
-COSQUIN.--Les fils du Pêcheur, t. I., p. 60.
-
----- La Bête a sept têtes, Ib., p. 64 y notas págs. 66-81.
-
----- La Reine des Poissons, t. II, p. 56.
-
-ANDREWS.--Les fils du Pêcheur (2 versiones), Cont. ligures, págs. 173 y
-253.
-
-BASSET.--L’Ogresse et les deux frères, Nouveaux Contes berbères, p. 103
-y notas, págs. 304-326.
-
-BLADÉ.--Les deux Jumeaux, t. I, p. 277.
-
-BRAGA.--A. Torre de Babylonia, Cont. trad. do pov. port., p. 117.
-
-BRUEYRE.--La Fille de la Mer, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p. 84 y II
-versión, p. 95.
-
-COELHO.--S. Jorje, Cont. pop. portuguezes, p. 120.
-
-ESPINOSA.--El Castillo de Irás y no Volverás, Ctos. pop. españoles, p.
-289.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Velha Feiticeira, Hist. da Avósinha, p. 314
-(parecido remoto).
-
-LEGRAND.--Le petit rouget sorcier, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 161.
-
-MONNIER.--Le Magicien a sept têtes, Cont. pop. en Italie, p. 287.
-
-PINAUD.--Le Pêcheur, Cont. pop. du Poitou, p. 27.
-
-RIVIÈRE.--Les deux frères, Rec. de Cont. pop. de la Kabylie, p. 193.
-
-
-19. EL COMPADRITO LEÓN, POTITO QUEMADO
-
-BAISSAC.--Le Lièvre et la Tortue au bord du bassin du roi, Le Folkl, de
-l’Ile-Maurice, p. 2. (Episodio del mono que juega al naipe con el mono
-de greda y que después, cuando lo golpea, se va pegando sucesivamente de
-las manos, de los pies y de la cabeza.)
-
-ESPINOSA.--El Conejo y el Coyote, New Mexican Spanish Folk-Tales, págs.
-419.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--O Macaco e o Moleque (La escena del mono de
-greda), Hist. de Avósinha, p. 217.
-
----- A Onça e a Raposa (Escena en que el Mono pregunta: “Agüita ¿te
-beberé?), Hist. da Avósinha, p. 324.
-
-LENZ.--Cuento de un Zorro y un Tigre, Est. Araucanos, p. 189 y notas p.
-315.
-
-LIRA, Carmen.--Tío Conejo y tío Coyote, Los Ctos, de mi tía Panchita, p.
-152.
-
-MASON.--El Muñeco de brea, Porto-Rican Folk-Lore. Folk-Tales, p. 164.
-
-ROMERO.--O Macaco e o Moleque de cera, Cont. pop. do Brasil, p. 317.
-
-
-21. CHILINDRÍN Y CHILINDRÓN
-
-BASSET.--L’adroit voleur, Nouveaux Cont. berbères, p. 149 y notas, p.
-351.
-
-ESPINOSA.--Pedro di Urdemales, V, More Folk-Tales, p. 132.
-
----- Los dos Ladrones, New Mexican Sp. Folk-Tales, p. 423. (Primer
-episodio.)
-
-HUET.--Le conte du trésor pillé. (Le “Trésor du roi Rhampsinite”) dans
-le Roman de Berinus. Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p. 208.
-
-LEGRAND.--Voleurs, par nature, Rec. Cont. pop. grecs, p. 205. Les deux
-voleurs, Rev. de Trad. pop. t. XXVII, p. 323.
-
-LUZEL.--Le Voleur avisé, Cont. pop. de Bass.-Bretagne, t. III, p.
-351.--Variante, p. 367.
-
-PADILHA.--Vicente o ladrão, Hist. do Arco da Velha, p. 393.
-
-PARIS.--Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite.
-
-PITRÈ.--Lu latru di Sicilia e lu latru di Napuli, t. III, p. 157. (Sólo
-el episodio con que comienza el cuento chileno.)
-
----- Mbroglia e Sbroglia, III, p. 205.
-
----- Lu Muratori e sò figghin, III, p. 210.
-
-RIVIÈRE.--Les deux frères, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 13.
-
-SÉBILLOT.--El Rata de París y el de Madrid, Ctos. Bretones, p. 222.
-
-
-22. JUAN VALIENTE, EL DE LA VAQUILLA
-
-ARTIN PACHA.--Souheim-el-Leyl, Cont. pop. de la Vallée du Nil, p. 201.
-
-GULCHOT Y SIERRA.--Mariquilla la Ministra, en Bibl. de las Trad. pop.
-esp., t. I, p. 149 (Algunos episodios solamente.)
-
-MASON.--Juan y los bandidos, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales, p. 201.
-
-PINAU.--Louis Bernard, Les Cont. pop. du Poitou, p. 49.
-
-
-23. LA SAPITA ENCANTADA
-
-ARTIN PACHA.--Les trois fils du Sultan, Cont. pop. de la Vallée du Nil,
-p. 103.
-
-CARNOY.--Les trois chars, Contes français, p. 83.
-
----- L’Aiguille, le Chien et la Princesse, Ib., p. 101.
-
-El Ranchero y sus tres hijos, Poblac. del Valle de Teotihuacán, p. 309.
-
-ESPINOSA.--La Princesa mona, Ctos pop. esp., p. 306.
-
-FIGUEIREDO PIMENTEL.--A Gatinha branca, Hist. da Avósinha, p. 247.
-
----- A Sapa casada, Ib. p. 320.
-
-LIRA, Carmen.--La Mica, Los Ctos. de mi tía Panchita, p. 46.
-
-LUZEL.--Le Bossu et ses deux frères, t. II, p. 123.
-
----- La Princesse métamorphosée en souris, Ib., p. 134.
-
-PINAU.--La Chatte blanche, Les Cont. pop. du Poiton, p. 111.
-
-PITRÈ.--La Jimmuruta, t. I, p. 396 y Variante e riscontri, p. 399.
-
-MASON.--Pedro y San Pablo, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 166.
-
-
-24. GALLARÍN Y EL GIGANTE
-
-COSQUIN.--Le roi d’Angleterre et son filleul, t. I, p. 32 y notas,
-particularmente págs. 46 a 48.
-
----- La Belle aux cheveux d’or, t. II, p. 290.
-
-CARNOY.--Les trois frères et le Géant, Litt, or. de la Picardie, p. 241.
-
-LUZEL.--La Princesse de Tronkolaine, t. I, p. 66.
-
----- Le Perroquet Sorcier, t. II, p. 231.
-
----- Le Capitaine Lixur ou le Satyre, t. II, p. 314.
-
-MONTIEL.--Marandénboné. Cont. soudanais, p. 115.
-
-PITRE.--Tridicini, t. I, p. 290 y Varianti e riscontri, págs. 295-297.
-
----- Lu cuntu di na Riggina, t. I, p. 395.
-
-RIVIÈRE.--Amor Enneíç, Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 225.
-
-VINSON.--Malbrouc, Le Folkl. du Pays Basque, p. 80. (Parte de este
-cuento corresponde al cuento chileno “El Cuerpo sin alma” y parte a
-“Gallarrín”.
-
-
-25. SALIR CON SU DOMINGO SIETE[P]
-
-Una versión de este cuento se publicó en Santiago en 1880 u 81, en las
-columnas de El Nuevo Ferrocarril por el conocido escritor Pedro A.
-PÉREZ, que suscribía sus trabajos con el seudónimo de KEFAS; otra, en la
-Lira Chilena, año II, Núm. 26, de 25 de Junio de 1899, con el título de
-Yuzfen y Mulet, o la Leyenda del Domingo Siete, por el escritor
-ecuatoriano ARIAS SÁNCHEZ; otra, en 1891, en el diario La Nación, si mal
-no recuerdo, por JUSTO ABEL ROSALES; una cuarta, el 2 de Noviembre de
-1892, en El Colono de Angol, por CLEMENTE BARAHONA VEGA; una quinta, por
-el mismo BARAHONA VEGA, en el Sur de Concepción, Núm. de 7 de Julio de
-1895; y por fin, una sexta, recogida en Provenza por la señora SPERATA
-REVILLO DE SAUNIÈRE, en el Núm. 310, de 26 de Octubre de 1914, de El
-Peneca, de Santiago.--Cfr. además:
-
-BRUEYRE.--Légende de Knockgrafton, Cont. pop. de la Gr.-Bretagne, p.
-206.
-
-CARNOY.--Les Lutins et les deux Bossus, Litt. or. de la Picardie, p. 18
-y notas p. 37.
-
-FRISON.--Le Bossu et les Korrigans, Cont. et Lég. du Morbihan, Rev. des
-Trad. pop., t. XVII, p. 343.
-
-Les Djinns et les deux Bossus, Ib. p. 610.
-
-HAROU.--Les Bossus et les Nains (conte du Luxenbourg belge), Rev. des
-Trad. pop., t. IX, p. 285.
-
----- Les deux Bossus (conte du Grand Duché de Luxenbourg), Rev. des
-Trad. pop., t. XXXI, p. 128.
-
-LUZEL.--Les deux Bossus et les Nains, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t.
-II, p. 251.
-
----- Les Danseurs de nuit (dos versiones), Ib., t. III, págs. 103 y 115.
-
-PALMA.--Salir con un Domingo siete, Trad. peruanas, t. IV, p. 34.
-
-PITRÈ.--Lu Scarparu e lu Diavuli, t. II, p. 94.
-
-RODRÍGUEZ MARÍN.--Nota 21, p. 318 del t. V del Quijote (ed. de 1916).
-
-SÉBILLOT.--Les Sorciers de Kuéa, Cont. des paysans et des pêcheurs, p.
-305.
-
----- Les Chats sorciers, Ib. p. 311.
-
----- Los dos Gibosos, Ctos. Bretones, p. 252.
-
-SERÉ.--Les deux Bossus et l’Enchanteurese de Bourret, Rev. de Trad.
-pop., t. VIII, p. 549.
-
-VINSON.--Les deux Bossus, Le Folkl. du pays Basque, p. 14.
-
-
-26. LA LORITA ENCANTADA
-
-Esta conseja tiene estrecha relación con los numerosos cuentos, comunes
-a todas las literaturas populares, en que figuran tres animales
-agradecidos, generalmente un león, una hormiga y un ave, que se disputan
-una presa, casi siempre un animal muerto, y que dan al que los pone de
-acuerdo, un pelo o una uña, una pata y una pluma respectivamente, que le
-permiten hacerse invisible, volar y desempeñar otras empresas
-maravillosas, o tres hombres poseedores de talismanes que tienen el
-mismo poder, de los cuales, por engaño, logra el héroe apoderarse. No
-recuerdo haber encontrado en mis lecturas un cuento en que figuren tres
-niñas en lugar de los tres animales o de los tres hombres; pero, en
-cambio, son numerosísimos aquellos que terminan con el tema en que el
-héroe o la heroína refieren que tenían un cofre cuya llave de oro se les
-ha perdido y mandaron hacer una de plata, y no tan preciosa como la
-otra, y que después han encontrado la primera, y preguntan cuál de las
-dos deben preferir, etc. A los cuentos tan conocidos y numerosos en que
-se encuentra este episodio, agregaré solamente los que siguen,
-publicados en la interesante colección intitulada “Cuentos populares
-españoles recogidos de la tradición oral en España... por Aurelio M.
-Espinosa:
-
-Núm. 127, Cabeza de burro, p. 258; Núm. 128, El Castillo de Oropé, p.
-260; y Núm. 130, El Lagarto de las siete camisas, p. 267.
-
-Y además:
-
-
-COSQUIN.--Les dons des trois animaux, t. I, p. 166.
-
-----Fortuné, t. II, p. 128.
-
-LUZEL.--L’Hiver et le Rotelet, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, en las
-págs. 245-246.
-
-
-27. EL DIABLO Y EL CAMPESINO
-
-BLADÈ.--La Chèvre et le Loup, t. III, p. 159.
-
-BRAGA.--O Compadre diabo, Cont. pop. do povo portuguez, p. 75.
-
-CARNOY.--Saint Crépin et le Diable, Litt. orale de la Picardie, p. 62.
-
-
-28. EL LEÓN Y EL HOMBRE
-
-BLADÈ.--Le Lion et Notre-Seigneur, Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p.
-163.
-
-POBLETE, (Ronquillo).--La Palabra del Hombre, Cuentos del Domingo, IV
-serie, p. 163.
-
-
-29. LOS TRES HERMANOS QUE SALIERON A APRENDER A HABLAR
-
-CARNOY.--Les trois hommes à la barbe rousse, Litt. orale de la Picardie,
-p. 264.
-
-KLIMO.--Le Diable et les trois garçons slaves, Cont. et Lég. de Hongrie,
-p. 277.
-
-SÉBILLOT.--C’est nous autres, Messieurs, Litt. orale de la H.-Bretagne,
-p. 110.
-
----- Le sot seigneur et ses fils sots, Les joyeuses hist. de Bretagne,
-p. 165.
-
-
-30. LAS TRES GANGOSAS
-
-BRAGA.--As irmâs gagas, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 179.
-
-ESPINOSA.--Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 34, p. 144.
-
-
-31. EL CAPÓN ASADO
-
-ESPINOSA.--Juan sin miedo, New Mexican Folk-Lore, III, Folk-Tales, p.
-429.
-
-
-32. EL VENDEDOR DE COQUITOS, Y 33. EL VENDEDOR DE PEQUENES.
-
-ESPINOSA.--Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 36, p. 144.
-
-
-II PARTE.--MITOS, TRADICIONES, CASOS
-
-
-3. LA CALCHONA
-
-VICUÑA CIFUENTES.--La Calchona, Mitos y Superst., págs. 21 y 334.
-
-
-6. LA VIUDA
-
-CAVADA.--La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100.
-
-VICUÑA CIFUENTES.--La Viuda, Mitos y Superst., p. 92.
-
-
-7. LA MUJER LARGA
-
-CAVADA.--La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100.
-
-
-8. EL PIGUCHÉN
-
-CAVADA.--El Piuchén o Piguchén, Chiloé y los Chilotes, p. 102.
-
-VICUÑA CIFUENTES.--El Piguchén, Mitos y Superst., págs. 80 y 339.
-
-
-13, 14, 15. LAS SIRENAS
-
-CAVADA.--La Pincoya, Chiloé y los Chilotes, p. 102.
-
-VICUÑA CIFUENTES.--Las Sirenas, Mitos y Superst., p. 85.
-
-17. LA LAGUNA DE PUDAHUEL (Nota sobre el Cuero, p. 239.)
-
-CAVADA.--La Manta, Chiloé y los Chilotes, p. 104.
-
-VICUÑA CIFUENTES.--El Cuero, Mitos y Superst. págs. 38 y 335.
-
-
-19 A 31. HISTORIAS DE BRUJOS
-
-VICUÑA CIFUENTES.--Los brujos. Mitos y Superst., págs. 5 a 20.
-
-
-23. EL HOMBRE QUE QUISO VOLAR
-
-ESPINOSA.--La bruja de Granada, Ctos. pop. españoles, p. 345.
-
----- La bruja de Córdoba, Ib., p. 346.
-
-
-36. TESOROS
-
-VICUÑA CIFUENTES.--Para descubrir y sacar los tesoros, Mitos y Superst.,
-p. 206.
-
-
-39 A 43. EL DIABLO. PACTOS CON EL DIABLO
-
-VICUÑA CIFUENTES.--El Diablo, Mitos y Superst., págs. 47 a 52 y 196.
-
-
-43. LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS
-
-LAVAL.--Las doce palabras redobladas, Orac., ens. y conj., p. 98.
-
----- Contr. al Folk. de Carahue, 1.ª parte, p. 31.
-
-VICUÑA CIFUENTES.--Mitos y Superst., págs. 133 a 156, Núm. 36.
-
-
-VINSON.--Les douze Mistères, Le Folkl. du Pays Basque, p. 11.
-
-De las obras extranjeras en que se trata de las doce palabras
-redobladas, sólo mencionaré la de VINSON, porque el cuento vasco, en el
-fondo, es el mismo chileno que me refirieron en Peñaflor. Las demás
-están citadas en las notas comparativas que figuran en los libros
-citados de VICUÑA CIFUENTES y LAVAL.
-
-
-
-
-APÉNDICE II
-
-
-VOCABULARIO de las palabras y frases que figuran en este libro con
-acepción distinta de las que trae el Diccionario académico, o que no se
-encuentran en él.
-
-
-ACUERDO.--_Ponerse en acuerdo._ Vulg. Pensar.
-
-ACHOLADO.--Corrido, avergonzado.
-
-AGARRAR.--Tomar, asir, coger, aunque sea suavemente.
-
-AGUA.--_Ver_ uno _debajo del agua_. Ser muy astuto, habilidoso.
-
-ALCAYOTA.--Cidra cayote.
-
-ALELADO.--Asustado, admirado, embobado, extasiado.
-
-ALFILER.--_Alfiler de gancho._ Imperdible.
-
-ALTAZO.--aum., vulg. de alto. Muy alto.
-
-AMARRA.--Lazo corto, de cuero.
-
-ANIMAR.--Azuzar.
-
-APEROS.--Aparejo, 2.ª acep.
-
-APRETAR A CORRER.--Echar a correr.
-
-ATINGIDO.--Afligido.
-
-ATRACAR.--Vulg. Arrimar, allegar, encender, prender.
-
-AÚJERO.--Vulg. Agujero.
-
-AZUELAZO.--Golpe dado con la azuela.
-
-
-BARRA.--Cepo, 3.ª acepc.
-
-BARROTE.--Barra de hierro, aunque no sea gruesa.
-
-BASTANTE.--Mucho.
-
-BOTAR.--Tirar, arrojar, tumbar.
-
-BOYA.--_Estar en la pura boya._ Estar de buena suerte; irle bien en
-todo.
-
-BUEN DAR.--_Buen dar con lo tonto que soy._ ¡Vaya que soy tonto!
-
-¡BUENO EN!... Qué!... _¡Bueno en el hombre forzudo!_ ¡Qué hombre tan
-forzudo!
-
-
-CACHO.--Asta, cuerno.
-
-CALZONES.--Vulg. Pantalones.
-
-CAMPAÑISTA.--El que cuida de los animales vacunos y caballares en los
-fundos grandes que tienen campaña.
-
-CÁÑAMO.--Bramante, guita.
-
-CAPACHITO.--Planta muy común, del género _Calceolárea_, que crece a
-orillas de los arroyos.
-
-CAPITÁN.--_Donde manda capitán no manda marinero._ Refr. que aconseja
-respeto, obediencia y sumisión a los superiores.
-
-CARA.--_Cara o sello._ Cara o cruz.
-
-CARÁFITA.--Interj. Cáspita. (De cáspita, caráspita).
-
-CARRETÓN.--Carro grande que sirve para el transporte de materiales.
-
-CASAS.--Dieces. (Del rosario.)
-
-CAUSEO.--Comida ligera compuesta generalmente de carnes fiambres,
-emparedados, vino, etc.
-
-CAZUELA.--Guiso nacional muy estimado. La receta para hacerla se
-encuentra en cualquiera de las numerosas ediciones de libros de cocina
-impresos en el país.
-
-CEBAR (el mate).--Prepararlo, poniendo en la vasija en que se toma, la
-yerba y el azúcar necesarios y demás ingredientes que suelen echársele,
-como hojas de cedrón, cáscaras de limón o de naranja, etc. En Chile el
-mate se toma con azúcar.
-
-CEQUIÓN.--Aum. de _cequia_=acequia. Acequia ancha que arrastra gran
-caudal.
-
-CIERTO.--Alguno.
-
-CIGARRO.--Cigarrillo.
-
-CINCO.--Moneda de plata (últimamente las hacen de níquel), que vale
-cinco centavos de peso. El peso tiene cien centavos.
-
-CLARA.--_Claras del día._ La hora de amanecer. _Con las claras._ Al
-amanecer.
-
-COBIJA.--Vulg. Frazada, manta de la cama.
-
-COGOLLO.--La copa de los árboles.
-
-COLA.--_Ir, salir, arrancar con la cola entre las piernas._ Es la fr.
-española _Ir, salir, rabo entre piernas_.
-
-CONDENADO.--Malvado. _Como un condenado._ Mucho, en abundancia.
-
-CONTESTA.--Vulg. Contestación.
-
-CONTIMÁS.--Vulg. Cuantimás; tanto más cuanto.
-
-CONTRA.--_Dar la contra._ Contradecir, molestar, llevar la contraria.
-
-CORDILLERA.--La Cordillera es, por antonomasia, la de los Andes.
-
-CORRENTOSO.--Dícese del río o acequia que tiene mucha corriente.
-
-CORRETEAR.--Vulg. Correr.
-
-COSA.--_Las cosas de usted._ Qué cosas tiene usted. _¡Buena cosa!_
-Exclamación con que se expresa admiración, sentimiento o desagrado.
-
-COSTALEARSE.--Golpearse, cayéndose al suelo.
-
-CRISTO.--_Sin cristo._ Sin dinero; sin un centavo.
-
-CUAIRA.--Vulg. Cuadra.
-
-CUECA.--Zamacueca, baile popular chileno, pero no el que describe el
-Diccionario de la Academia, pues no tiene nada de ridículo, ni lo bailan
-los indios, ni los zambos, ni los chuchumecos.
-
-CUERPO.--_Sacar el cuerpo._ Desviarlo.
-
-CUNDIDOR.--Ligero, rápido.
-
-CURADO.--Ebrio, embriagado.
-
-
-CHAMIZA.--Chamarasca, támaras.
-
-CHANCHA.--_Hacer la chancha._ Hacer novillos.
-
-CHAPA.--Cerradura.
-
-CHAPE.--Vulg. Trenza.
-
-CHARQUI.--Tasajo; carne cortada en grandes trozos delgados, salada y
-secada al sol.
-
-CHARQUIAR.--Cortar la carne en grandes trozos muy delgados para secarla
-al sol y hacer charqui.
-
-CHAUCHA.--Voz con que vulgarmente se nombra a la moneda de veinte
-centavos de peso.
-
-CHEPA.--Josefa, Josefina.
-
-CHIQUITITO.--Dim. de _chiquito_.
-
-CHOCLO.--La mazorca del maíz.
-
-CHICHOCA.--Vulg. _Chuchoca_. Maíz cocido y después secado al sol. En la
-cazuela se pone molida.
-
-CHUECA.--_Sacarla chueca._ Irle mal a uno en cualquier asunto.
-
-CHUPETADA.--Vulg. Chupada.
-
-D. En el lenguaje vulgar no se pronuncia sino raramente al principio de
-palabra (icir = decir). No suena en las terminaciones _ado_, _ada_,
-_edo_, _eda_, _ido_, _ida_, _odo_, _oda_, _udo_, _uda_ (_pescao_, _ca_ o
-_caa_, _mieo_, _alamea_, _perdío_, _salía_, _to_ o _too_, _moa_,
-_embúo_, _pelúa_); en medio de dicción, entre dos vocales (aonde =
-aonde); ni al fin de palabra (_majestá_, _mercé_). Se pronuncia antes de
-diptongo y después de la concurrencia de dos vocales de las cuales la
-segunda es débil (Dios, deuda, Aída, Adelaida = Aelaida, cadáuno = cada
-uno). Hay algunas excepciones.
-
-DEBAJUJO.--_Por debajujo._ En voz baja.
-
-DEDO.--_Dejarse_ uno _meter el dedo en la boca_. Hacer disparates,
-tonterías; dejarse engañar.
-
-DEJAR.--_Te has dejado decir._ Te has atrevido a decir.
-
-DE LO QUE.--Vulg. Porque. _De lo que no había comido._ Porque no había
-comido.
-
-DESENGRASO.--Vulg. Postre.
-
-DESPACITO.--Dim. de _despacio_. En voz baja.
-
-DESPACHERO.--Dueño o administrador de un _despacho_, o sea tienda de
-comestibles.
-
-DIABLO.--_Así paga el diablo a quien bien le sirve._ Fr. muy usada que
-se emplea para quejarse de los ingratos.
-
-DIANTRE.--_Como un diantre._ Como un diablo.
-
-DIEZ.--Moneda de plata que vale diez centavos de peso.
-
-DIMINUTIVOS.--En Chile se abusa de los diminutivos. Una señora que se
-llama Mercedes es Merceditas, aunque tenga 60 años o más. Un niño chico
-es chico, chiquito, chiquitito, chiquitín, chiquirritín, chiquirritito,
-chicoco, chicoquito, rechico, requetechico, etc. Un mendigo pide de
-limosna un cinquito, un diececito, una chauchita, que, diminutivos o no
-diminutivos, siempre son cinco centavos, diez centavos, veinte centavos.
-
-DIOS.--_Dios, sin ser vaquero, todo lo rodea._ Enseña que Dios dispone
-las cosas de modo que resulten bien.
-
-DONDE.--A casa de... En casa de... Con lo que...
-
-
-ECHARLAS.--Partir, salir.
-
-EMPASTADO.--Que tiene pasto.
-
-ENDENANTES, DENANTES y ENENANTES.--Antes, hace poco.
-
-ENDILGAR.--Vulg. Dar, dirigir, ir, andar.
-
-ENSIMISMAMIENTO.--Abstracción.
-
-EN UNA DE ÉSTAS.--En esto.
-
-ENVELARLAS.--Huir, correr.
-
-ESCONDIDAS (A las).--Al escondite, juego de muchachos.
-
-ESPANTO.--_Estar_ uno _curado de espantos_. No asustarse ni de nadie ni
-de nada.
-
-ESPERMA.--Estearina.--_Vela de esperma._ Vela de estearina.
-
-ES QUE.--Muletilla que puede suprimirse sin menoscabar el sentido de la
-frase en que se encuentra. _Es que le dijo_ = le dijo.
-
-ESTANTINO.--Vulg. Intestino.
-
-
-FACHA.--_Ponerse en facha._ Prepararse para hacer una cosa.
-
-FALTE.--Buhonero.
-
-FIERRO.--Hierro. En Chile sólo se usa la voz _hierro_ cuando se habla de
-productos químicos o farmacéuticos: _Carbonato de hierro_,
-_sesquibromuro de hierro_, _jarabe de hierro y quinina_, _hierro
-yodatánico_; sin que falten personas que en estos casos también digan
-_fierro_.
-
-FIESTA.--_Estar la fiesta que se arde._ Estar muy buena, haber en ella
-mucha alegría, y comida y bebida en abundancia.
-
-FLACUCHENTO.--dim. desp. de flacucho.
-
-FONDO.--Caldera grande.
-
-FREGAR.--Molestar.
-
-FRITO.--Jorobado, molido, desazonado, arruinado, perdido.
-
-FUEGO.--_Hacer el fuego._ Encender carbón o leña.
-
-FUERTE.--_Fuerte y feo._ Mucho y con fuerza.
-
-FUTRE.--_Salirle el futre_ a uno. Dar con la horma de su zapato.
-
-
-GANÁRSELA a uno.--Vencerlo.
-
-GARROTERO.--El que ataca a otro a garrotazos.
-
-GUACHITO.--V. Huachito.
-
-GUACHO.--V. Huacho.
-
-GUAIRAO.--Ave nocturna de la familia de las zancudas. _Ardea naevia._
-
-GUARGÜERO.--Garguero.
-
-GUATA.--Estómago, barriga.
-
-GUÍA.--Guía de la mañana. El lucero del alba.
-
-
-HABILOSO.--Habilidoso.
-
-
-HABLAR.--_Ser bien hablado._ Ser atento, bien educado; hablar
-correctamente.
-
-HARTAZO.--Aum. de _harto_. Mucho.
-
-HEBRA.--_Por la hebra se saca el ovillo._ Es el refr. español _Por el
-hilo se saca el ovillo_.
-
-HO.--Vocativo vulgar de _hombre_.
-
-HOMBRE.--_El hombre prepara y Dios dispara_ se dice por donaire en vez
-de _El hombre propone y Dios dispone_.
-
-HUACHITO.--Dim. de _huacho_. Mansito.
-
-HUACHO.--Hijo ilegítimo; hijo que ha perdido a sus padres; animal que se
-aquerencia en una casa y anda libremente por toda ella.
-
-HUERTA.--Huerto.
-
-
-INDINO.--Vulg. Indigno.
-
-INQUILINO.--Trabajador que vive en un fundo rústico, en que se le da
-habitación y un pedazo de terreno, en pago de lo cual se le exige
-trabajo en beneficio del patrón.
-
-
-JAZMÍN.--_Vengan esos cinco jazmines._ Fr. fam. con que se solicita la
-mano de una persona para saludarla o felicitarla.
-
-JOTE.--Especie de buitre, que se alimenta de animales muertos.
-_Cathartes aura, vultur aura._
-
-JUAR.--Vulg. Jugar.--_Por juar._ En broma.
-
-JUNTA (puerta junta).--Entornada.
-
-
-LACILLO.--Lazo de cuero con que se asegura la carga a los animales.
-
-LECHAR.--Ordeñar.
-
-LESERA.--Tontería, inocentada.
-
-LORO, RA.--Vulg. _Lora_. Ave muy común, de plumaje verde que repite
-fácilmente las palabras o frases que se le enseñan. _Psittacus
-cyanolysos._
-
-LUCHE.--Alga marina comestible.--_Ulva luche._
-
-LUZ.--_No haber luces_ de una cosa. No verse, no distinguirse.
-
-
-MACHOTE.--_A machote._ Muy bien cerrado.
-
-MAJESTAD.--_Su Sacarrial Majestad._ Su Sacra y Real Majestad.
-
-MAMITA.--Vulg. Madre; abuela. También se da este tratamiento, por
-cariño, a cualquiera anciana.
-
-MANDAR.--Dar.
-
-MANITO.--Dim. de _mano_. Manita, manecita.
-
-MANJAR BLANCO.--Dulce que se hace con leche, azúcar y vainilla o alguna
-otra especia.
-
-MANO.--_El que manda manda y mano a la cartuchera._ Refr. que aconseja
-obediencia al superior.
-
-MARAVILLA.--Planta compuesta, de las _Cinanterías_. _Heliantus annus._
-
-MAS.--Otro, en frases como ésta: No tuvo _mas_ remedio que...
-
-MEDIO.--Grande.
-
-MEJOR.--_Ser el mejor_. Ser el más hermoso, el más bueno, entre varios.
-
-MIÉCHICA.--Vulg. Mierda.
-
-MIÑIQUE.--Meñique.
-
-MÉTALE.--Expr. vulg. que se emplea para asentir: _bien_, _está bien_.
-
-METERSE.--Mezclarse.
-
-MOLEDERA.--Vulg. Porquería, mierda.
-
-MONTÓN.--Mucho.
-
-
-NA.--Nada.
-
-NO.--_En la de no._ Sino, si no, de lo contrario.
-
-NO MÁS.--Locución que puede suprimirse generalmente sin que la frase en
-que se encuentra pierda su sentido, aunque a veces se emplea para dar
-más fuerza a una afirmación.
-
-NUNQUITITA.--Dim. de _nunquita_, que a su vez lo es de _nunca_.
-
-
-ÑATO.--Chato.
-
-ÑO, ÑOR.--Vulg. Señor.
-
-
-OREJÓN.--Rebanada de membrillo secada al sol.
-
-ORTIGA CABALLUNA.--Ortiga común en el país, cuyos pelos urticarios son
-largos y muy punzadores. _Urtica magellanica._
-
-ORTIGA CUYANA.--_Ortiga caballuna._
-
-ORUJO.--_Sacarle el orujo_ a uno. Molestarlo, castigarlo, maltratarlo a
-golpes.
-
-
-PARARSE.--Levantarse uno de su asiento; ponerse en pie.
-
-PARED.--_Las paredes tienen oídos y los matorrales ojos._ Encarece el
-cuidado que debe tenerse al hablar o al ejecutar cualquiera acción, pues
-suele suceder que haya testigos, sin que uno se dé cuenta. La Academia
-trae las expresiones: _Las paredes oyen_, _Las paredes tienen ojos_.
-
-PARTE.--_Echar_ a uno _a buena parte_. Eufemismo, por decirle que se
-vaya a la m...
-
-PATA.--Vulg. Pierna, pie.
-
-PATIFRÍO.--Sorprendido, admirado, asustado.
-
-PAVO.--Tonto.
-
-PEÍTO.--Dim. de _peo_, nombre que en Chile se da vulg. al _pedo_.
-
-PELADERO.--Sitio llano, sin vegetación.
-
-PELADO.--Sin nada.
-
-PELOTEARSE una cosa.--Vulg. Peleársela, arrebatársela de las manos.
-
-PENSIÓN.--Tristeza, pena.
-
-PEPA.--Josefa, Josefina.
-
-PEQUÉN.--Ave carnívora, _Strix cunicularia_.--Especie de empanada, con
-un poco de cebolla, grasa y ají, en el interior.
-
-PEQUENERO.--Vendedor de pequenes.
-
-PESCADO.--Sólo por excepción se emplea en Chile la voz _pez_, que jamás
-usa el vulgo.
-
-PICANA.--Aguijada.
-
-PICANEAR.--Aguijonear.
-
-PIE.--_Echar pie atrás._--Afirmarse, prepararse para pelear.
-
-PIE DE CABRA.--Artificio compuesto de tres palos fuertemente atados en
-la parte superior y que descansan en el suelo formando trípode; el
-espacio entre los tres palos se llena de grandes piedras o de sacos de
-arena. Varios de estos aparatos colocados uno al lado de otro, forman
-una especie de tajamar que se emplea para desviar la corriente de los
-riachuelos, arroyos, _cequiones_ (acequia ancha que arrastra gran
-caudal).
-
-PIEIRA.--Vulg. Piedra, guijarro.
-
-PILLARSE (AL).--Juego en que un muchacho persigue a otros que huyen de
-él, hasta que logra coger a uno.
-
-PIMEO.--Vulg. Pigmeo.
-
-PISADA.--_Sin perder pisada._ Seguirle los pasos a uno.
-
-PLANTADO.--_Bien plantado._ Elegante.
-
-POLLERA.--Saya, falda.
-
-POTO.--Trasero, culo.
-
-PRENDEDOR.--Alfiler de corbata.
-
-PUS.--Vulg. Pues.
-
-
-QUILTRO.--Perrillo ordinario, gozquejo.
-
-QUITE.--_Hacer un quite._ Desviar el cuerpo.
-
-QUIZÁS.--Conforme con su etimología, es como si se dijera _Quién sabe_.
-
-
-RATÓN.--Rata.
-
-RE.--(_Refuerte etc._). La partícula _re_ antepuesta a un adjetivo y
-acompañada de _bien_, _tan_, _tan bien_, _muy_, sirve al vulgo para
-expresar el grado superlativo.
-
-REINATO.--Vulg. Reino.
-
-REMOLER.--Jaranear. Divertirse bebiendo con exceso y bailando cueca al
-son de arpa y guitarra.
-
-REPELARSE.--Sentir pesar, con rabia.
-
-REPENTE.--_De un de repente._ Vulg. De repente.
-
-REQUETE.--Desempeña el mismo oficio que la partícula _re_. V. Re.
-
-RESUELLO.--_De un resuello._ De una vez, sin descansar, sin hacer
-ninguna pausa.
-
-ROTO.--_Nunca falta un roto para un descosido._ Que fácilmente encuentra
-uno su pareja.
-
-
-SALTIAOR.--Vulg. Salteador.
-
-SAPO ARRIERO.--(No he encontrado quien me explique qué clase de sapo es
-éste).
-
-SAZONAR.--Poner a los guisos la sal necesaria para que queden con buen
-sabor.
-
-SEMILLERO.--Gran cantidad, multitud.
-
-SEÑOR.--_Muy sí, señor._ Muy campante.
-
-SERÓN DE CUERO.--Ant. Mitad del cuero desecado de un animal vacuno, que
-conserva su forma convexa.
-
-SUMA.--Cantidad.
-
-SUSPIRO.--_En un suspiro._ En un momento, en breve tiempo.
-
-SUSTO PADRE.--Susto muy grande.
-
-
-TAITA.--Vulg. Padre. También se da este tratamiento, por cariño, a
-cualquier anciano.
-
-TAMAÑAZO.--Aum. de _tamaño_. Tan grande.
-
-TAMIÉN.--Vulg. También.
-
-TENCA.--Avecita cantora muy común. _Mimus thenca._
-
-TIERRA.--_Rodar tierras._ Viajar, salir a buscar aventuras.
-
-TINCAR.--Presentir.
-
-TIRO.--_Al tiro_; _al tirito_. Al punto, inmediatamente.
-
-TOÍTO; TOITITO.--Todito, dim. de _todo_.
-
-TOMAR.--Beber vino u otro licor alcohólico.
-
-TORTILLA.--Pan sin levadura cocido al rescoldo.
-
-TRANQUEAR.--Vulg. Andar de prisa y a pasos largos.
-
-TUTO.--Vulg. Pierna de ave.
-
-
-ULPO.--Bebida hecha con harina de trigo tostado, agua fresca y azúcar.
-
-ULTIMO.--_Hasta el último._ Por fin.
-
-UNO.--_Donde hay uno hay otro._ Expr. fam. con que se denota que
-fácilmente se encuentra una persona con las mismas cualidades de saber,
-valor etc., que otra.
-
-
-VÁMOLOS.--Vulg. Vámonos.
-
-VARILLA, VARILLITA.--Dim. de _vara_, voz esta última que no se usa sino
-cuando se trata de la medida de longitud que tiene m. 0.836.
-
-Verbos en EAR. El vulgo cambia esta terminación en IAR: _apiarse_, _me
-apié_, _apiémonos_.
-
-VERSO.--Vulg. Estrofa.
-
-VIDA.--_Pasar la gran vida._ Vivir rodeado de toda clase de
-comodidades.--_Tener_ uno _la vida de los gatos_. Es el refr. español
-_Tener siete vidas como los gatos_.
-
-VIEJANCÓN.--Vulg. Vejancón.
-
-VOS.--Vulg. Tú.
-
-VUELTA.--_A la vuelta de la esquina_, vulg. Muy cerca.
-
-
-YERBA, YERBAMATE.--Mate.
-
-
-ZARZAMORA.--Es la zarza española. Al fruto le llamamos mora.
-
-ZUMBARLE a uno una cosa.--Vulg. Disparársela.
-
-
-
-
-INDICE
-
-
-I PARTE. CUENTOS MARAVILLOSOS, CUENTOS DE ANIMALES, ANÉCDOTAS.
-
- Págs.
-
-1. El Soldadillo 5
-
-2. El Pescadito Encantado 12
-
-3. Delgadina y el Culebrón 17
-
-4. La Tenquita 26
-
-5. El Gallito 29
-
-6. La Tortilla o el Canarito Encantado 32
-
-7. El Rey tiene cachito 43
-
-8. El Cuerpo sin alma 46
-
-9. La Huachita Cordera 51
-
-10. Las siete Ciegas 58
-
-11. El Miñique 66
-
-12. Los tres Consejos 72
-
-13. El Loro Adivino 80
-
-14. El Medio-Pollo 93
-
-15. El Barco de los tres hachazos 99
-
-16. Hermosura del Mundo, o el Castillo de los tres azuelazos 109
-
-17. El Arbol de las tres Manzanas de oro 132
-
-18. Los Hijos del Pescador, o el Castillo de la Torderás, irás y no
-volverás 142
-
-19. El Compadrito León, potito quemado 154
-
-20. El Miñaco 166
-
-21. Chilindrín y Chilindrón 169
-
-22. Juan Valiente, el de la Vaquilla 179
-
-23. La Sapita encantada 183
-
-24. Gallarín y el Gigante 190
-
-25. Salir con su domingo siete 201
-
-26. La Lorita encantada 203
-
-27. El Diablo y el Campesino 208
-
-28. El León y el Hombre 210
-
-29. Los tres hermanos que salieron a aprender a hablar 218
-
-30. Las tres Gangosas 219
-
-31. El Capón asado 220
-
-32. El Vendedor de coquitos 221
-
-33. El Vendedor de pequenes 222
-
-34. El Cuento de los tres difuntos 222
-
-35. El Sacristán que habla a los fieles 223
-
-36. Por qué el Jote tiene la cabeza y el cogote sin plumas 223
-
-37. Las tres mentiras 225
-
-38. El Pequén y el Sapo 226
-
-39. El Guairao y el Sapito 227
-
-40. Los Guairaos y el Sapo 228
-
-
-II PARTE. MITOS, TRADICIONES, CASOS.
-
-1. El Chanchillo 231
-
-2. El Chumaco 232
-
-3. La Calchona 232
-
-4. Otra versión 233
-
-5. Otra versión 233
-
-6. La Viuda 234
-
-7. La Mujer larga 235
-
-8. El Piguchén 235
-
-9. La Cuca 235
-
-10. El Cabro viejo 236
-
-11. El Hombre tigre 236
-
-12. El Peral encantado 237
-
-13. La Sirena del río Cato 237
-
-14. La Sirena de Aculeo 237
-
-15. La Laguna de Taguatagua 238
-
-16. La Cueva de la Niña 238
-
-17. La Laguna de Pudahuel 239
-
-18. La Laguna de las tres Pascualas 240
-
-19. La Cueva de la Mula 241
-
-20. La Rana castigada 241
-
-21. La Rana vengativa 242
-
-22. La Cueva de las Cardillas 242
-
-23. El hombre que quiso volar 243
-
-24. El Falte brujo 244
-
-25. Los brujos de Peumo 244
-
-26. La aparición de la culebra 246
-
-27. El Comerciante convertido en burro 246
-
-28. El Caballero que quiso aprender a brujo 247
-
-29. El Zapatero que se volvía gallo 249
-
-30. La Rosa de las Monjas Claras 252
-
-31. El Caballero que fué transformado en caballo y después en pavo 253
-
-32. El Cabro de la calle de Bueras 256
-
-33. La Niña de los grandes ojos 257
-
-34. Las Sombras 257
-
-35. El Risco del Arriero 258
-
-36. Tesoros. El entierro del naranjo 259
-
-37. Los dos Viajeros 260
-
-38. El Clérigo 261
-
-39. El Niño dentudo 262
-
-40. El Diablo bailarín 263
-
-41. El Hijo del Diablo 263
-
-42. El Diablo generoso 265
-
-43. Las doce palabras redobladas 267
-
-
-Bibliografía 275
-
-Notas comparativas 277
-
-Vocabulario 294
-
-Indice 303
-
-
-NOTAS:
-
-[A] El vocabulario de los chilenismos que se encuentran en estos cuentos
-y las notas comparativas, irá al fin de la colección.
-
-[B] Aquí se nombra a cualquiera de las personas que escuchan el cuento.
-Esta es una de las muchas fórmulas que se usan para comenzar estas
-narraciones y pertenece a las _con chacharachas_ o _matutines_, nombres
-que se dan a la retahila de palabras y expresiones sin sentido, que
-contienen. Véase el anexo II de mis cuentos de Carahue.
-
-[C] Es de regla decir de una sola tirada, sin descansar ni tomar
-aliento, las quejas de la Tenquita.
-
-[D] En este cuento se han transcrito las mismas palabras empleadas por
-la González al narrarlo, pero no como las pronunciaba. Quien quiera
-imponerse de la pronunciación de la narradora, vea el número de Abril de
-1909, T. XXXII, F. 526 a 538, de la _Revista de Derecho, Historia y
-Letras_, de Buenos Aires, en que se publicó con grafía fonética, y
-comentarios.
-
-[E] ¿El Meñique?
-
-[F] Quedó muerto, hecho una bolsa de huesos, informe.
-
-[G] Lo que se presuma de literario en esta versión, seguramente que no
-es adorno superior a las descripciones, reflexiones y formas pintorescas
-que daba Liberona a la narración. Pueda ser que algunas haya yo
-cambiado, por olvido de los originales; pero no son invenciones mías,
-sino reflejos borrosos ya, por los cuarenta años transcurridos, pero
-fieles representantes de la impresión causada por el cuento en un niño
-de 13 años.--R. RENGIFO
-
-[H] El maestro Tránsito, que sazonaba sus cuentos con comentarios más o
-menos sabrosos, agregó lo que sigue:
-
-“Una ocasión estaban varios trabajadores reunidos después del trabajo y
-entre ellos había uno que era calvo y lampiño; y otro que se las daba de
-poeta le dijo:
-
- “Al amigo Pedro Antonio
- le ha pasado lo que al Jote:
- por comer la mejor presa,
- perdió toda la cabeza
- y se le peló el cogote.
-
-“Lo que ha quedado por refrán y se les dice a los que son faltos de
-pelo”.
-
-[I] El _Cuero_ o _Manta_ es una especie de piel o tela gruesa extendida
-en el fondo de los ríos y lagunas, que atrae a las personas, animales y
-pequeñas embarcaciones tripuladas que pasan a su alcance. La simple
-vecindad de cualquier ser viviente le irrita y se levanta y se recoge
-asiendo entre los pliegues que forma con sus movimientos al que ha
-tenido la desgracia de acercársele y que irremisiblemente perece
-ahogado. El Cuero o Manta se alimenta de sus víctimas. (R. F.)
-
-[J] Huelga la explicación de haber muerto reventado nuestro carpintero,
-pues seguramente acostumbraría él gastar su paga semanal divirtiéndose
-en casa de algunas familias pobres de esos lugares, en que se prodigaría
-el licor, como acostumbra hacerlo nuestro pueblo en reuniones de esa
-especie. El que se sobrepasara atrevidamente en alguna de esas
-remoliendas: el que perdiera la vida y le pasara casual o
-intencionalmente una carreta por encima, es cosa nada extraña en tiempos
-y en campos como aquellos.
-
-Este cuento de brujos y muchos otros, ciertamente habrán servido para
-encubrir o disculpar un asesinato ante los campesinos o gentes
-crédulas.--_R. Rengifo._
-
-[K] Pueblecito del departamento de Victoria, provincia de Santiago, en
-el cual es fama que ha habido muchos brujos, y, según algunas personas,
-todavía los hay.
-
-[L] Véase pág. 234, Núm. 6.
-
-[M] Nombre vulgar del _Dafila spinacauda_.
-
-[N] Esta leyenda me fué referida en 1910, pero no tomé nota del nombre
-de la persona que me la contó. Igual observación debo hacer respecto de
-las que no tienen noticias sobre los informantes y aquellas en que
-simplemente indico el año en que me fueron contadas.
-
-[O] Como en los Cuentos populares de Carahue, y por las razones que ahí
-se expresan, comienzo por citar primeramente a COSQUIN, siempre que en
-sus Contes populaires de Lorraine haya cuentos que tengan relación con
-los que se publican en este volumen.
-
-[P] De este cuento procede la frase fam., tan común en Chile y en otros
-países hispanoamericanos, _salir con su Domingo siete_, que se aplica a
-los que dicen o hacen cosas fuera de razón, MEMBREÑO (Hondureñismos, 3.ª
-ed., p. 70) atribuye este dicho a que «el domingo nunca ha sido el
-séptimo día de la semana», y, por tanto es lógico decir que DOMINGO
-SIETE significa «despropósito, disparate». «El Diccionario de la
-Academia y con él los demás Diccionarios, cuando afirman que el domingo
-es el primer día de la semana, no hacen más que consignar un hecho
-reconocido desde hace siglos.»
-
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-End of Project Gutenberg's Cuentos populares en Chile, by Ramón A. Laval
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS POPULARES EN CHILE ***
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-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
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-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
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-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
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-The Project Gutenberg EBook of Cuentos populares en Chile, by Ramón A. Laval
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-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
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-
-Title: Cuentos populares en Chile
-
-Author: Ramón A. Laval
-
-Release Date: October 10, 2020 [EBook #63424]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS POPULARES EN CHILE ***
-
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-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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-
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-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_1" id="page_1">{1}</a></span>&nbsp; </p>
-
-<p class="c">REVISTA DE FOLKLORE CHILENO<br />
-Tomo IX.&mdash;1923</p>
-
-<hr class="dbl"/>
-
-<h1><span class="sans">CUENTOS<br />
-POPULARES EN CHILE</span></h1>
-
-<p class="cb"><span class="sans">(recogidos de la tradición oral)<br /><br />
-<small>POR</small><br /><br />
-<big>RAMON A. LAVAL</big></span></p>
-
-<p class="cb"><small>Socio fundador<br />
-de la Sociedad de Folklore Chileno y de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía,<br />
-Miembro Correspondiente de la Real Academia de la Historia,<br />
-Membre de la Société des Traditions Populaires<br />
-et de la Société des Américanistes de Paris, Socio correspondiente da Sociedade<br />
-de Geographia de Rio de Janeiro.</small><br /><br /><br />
-<br /><br /><br />
-SANTIAGO DE CHILE<br />
-IMPRENTA CERVANTES<br />
-<span class="smcap">Moneda</span>, 1170<br />
-1923</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">{2}</a></span>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">{3}</a></span>&nbsp; </p>
-
-<p style="border:3px double gray;padding:.2em;
-margin:1em auto;max-width:10em;" class="cb">
-<a href="#INDICE">AL ÍNDICE</a>
-</p>
-
-<h2>I PARTE<br />
-<br />
-Cuentos maravillosos, Cuentos de<br />
-animales, Anécdotas.<br /></h2>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">{4}</a></span>
-<span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">{5}</a></span></p>
-
-<h2><a name="Cuentos_populares_en_Chile_recogidos_de_la_tradicion" id="Cuentos_populares_en_Chile_recogidos_de_la_tradicion"></a> Cuentos populares en Chile, recogidos de la tradición
-oral<a name="FNanchor_A_1" id="FNanchor_A_1"></a><a href="#Footnote_A_1" class="fnanchor">[A]</a></h2>
-
-<h2><a name="num1-1" id="num1-1"></a>1. EL SOLDADILLO.</h2>
-
-<p>El Soldadillo se estaba aburriendo en su casa y se le puso en la cabeza
-salir a rodar tierras, por ser hombre y por saber.</p>
-
-<p>Salió, pues, un día, llevando al hombro unas alforjas muy bien provistas
-y un buen cuchillo asegurado a la cintura.</p>
-
-<p>Después de haber andado unas cuantas horas, en un camino apartado se
-encontró con un hermoso joven, elegantemente vestido. El Soldadillo, que
-era hombre bien hablado, se sacó su gorra y saludando con todo respeto,
-preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿A dónde va, mi señor? Si lo puedo servir en algo, estoy a sus
-órdenes.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">{6}</a></span></p><p>El Príncipe, porque el joven era hijo de Rey, le contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Si quieres acompañarme, te daré buen sueldo; el sirviente que traía se
-me perdió en el camino, y necesito de una persona que me ayude; pero ésa
-ha de ser muy valiente, porque nos hemos de ver quizás en qué peligros.</p>
-
-<p>&mdash;Su mercé, respondió el Soldadillo, tal vez haya oído hablar de su
-servidor, porque yo he peleado en todas las batallas que ha dado Su
-Sacarreal Majestad el Rey su padre, y siempre me porté con valor y nunca
-volví la espalda al enemigo. Juan me llamo, señor, y por sobrenombre me
-dicen el Sordaíllo.</p>
-
-<p>&mdash;¡Con que tú eres, hombre, el mentado Soldadillo! No he podido
-encontrar mejor compañero; he andado con suerte; desde luego te tomo a
-mi servicio.</p>
-
-<p>Siguieron andando los dos, más que como patrón y sirviente, conversando
-como amigos. El Príncipe le contó cómo se había enamorado, por un
-retrato que había visto, de la más linda princesa del mundo, a quien
-andaba buscando: estaba encantada y nadie sabía en donde se hallaba.</p>
-
-<p>El Soldadillo le prometió ayudarlo en todo y no dejarlo mientras no
-dieran con la princesa, y hasta dejarse matar por él, aunque&mdash;le
-dijo&mdash;todavía no ha nacido quien se atreva a tocarme un pelo.</p>
-
-<p>Siguieron andando y andando, y hacía ya muchos días que iban por el
-mismo camino, cuando encontraron a un hombre que se ejercitaba en dar
-saltos muy grandes. El Soldadillo le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo te llamáis, ho?</p>
-
-<p>&mdash;Yo me llamo&mdash;contestó el hombre&mdash;Saltín, Saltón, hijo del buen
-Saltaor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y en qué te ocupáis, hó?</p>
-
-<p>&mdash;En saltar, pus, ñor; y pueo dar saltos de más de dos cuairas, pus,
-ñor.</p>
-
-<p>&mdash;Este hombre nos conviene&mdash;le dijo el Príncipe al
-Soldadillo;&mdash;pregúntale si quiere entrar a mi servicio.</p>
-
-<p>Entonces el Soldadillo le dijo al hombre:</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no te venís con nosotros?<span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">{7}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Si me dan buena paga, me voy con ustedes.</p>
-
-<p>Y Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, se fué con ellos.</p>
-
-<p>Siguieron andando y andando, y más adelante toparon con un hombre que se
-llevaba tranqueando de arriba para abajo, a grandes pasos, y que no
-descansaba ni un momento.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo te llamáis, ho?&mdash;le preguntó el Soldadillo; y el otro le
-contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Yo me llamo Andín, Andón, hijo del buen Andaor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y en qué trabajáis, vos?</p>
-
-<p>&mdash;En andar, pus, ñor; ese es mi oficio; porque yo soy lo mesmito que el
-Judío Errante, que me canso cuando me siento; y aemás soy muy forzúo, y
-me los pueo echar a toos ustees al hombro y llevarlos aonde ustees me
-igan; porque han de saber que soy nieto de Carguín, Cargón, hijo del
-buen Cargaor, y que hei sacao las juerzas de mi agüelo.</p>
-
-<p>&mdash;Este hombre nos conviene&mdash;le dijo el Príncipe al
-Soldadillo;&mdash;contrátalo a ver si quiere servirme.</p>
-
-<p>Entonces el Soldadillo le dijo al hombre:</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no te venís con nosotros? Te daremos buena paga.</p>
-
-<p>&mdash;Métale, pus, ñor&mdash;contestó Andín, Andón, hijo del buen Andaor; y para
-probarles que era cierto lo que les había dicho acerca de las fuerzas
-que tenía, agarró a los tres compañeros en sus brazos y siguió cargado
-con ellos, como si tal cosa.</p>
-
-<p>Bien les vino a los pobres, porque estaban muy cansados.</p>
-
-<p>Así anduvieron por tres días, hasta que encontraron a un hombre sentado
-en la tierra, que con una mano rodeaba una de sus orejas, como para
-escuchar mejor. El Soldadillo le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hace ahí, mi amigo? ¿se puede saber?</p>
-
-<p>&mdash;Como nó&mdash;le contestó el hombre:&mdash;estoy oyendo a una niña que está
-encerrada siete estados bajo tierra llorando sin consuelo y quejándose
-de que la tienen encan<span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">{8}</a></span>tada. En este momento, dice: ¿Qué será del Rey,
-mi padre? ¡Cómo llorará mi madre! ¡Cuándo vendrá el príncipe que ha de
-libertarme!</p>
-
-<p>El Príncipe no dudó que la princesa encerrada era la que él buscaba, e
-inmediatamente preguntó al hombre:</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo te llamas tú?</p>
-
-<p>&mdash;Yo me llamo, señor&mdash;le contestó&mdash;Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor.</p>
-
-<p>&mdash;Vente conmigo y te pagaré bien&mdash;le dijo el Príncipe.</p>
-
-<p>&mdash;Eso quisiera yo&mdash;le dijo Oidín&mdash;porque estoy sin empleo.</p>
-
-<p>Y Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor, pasó a ocupar su lugar al apa de
-Andín, Andón, hijo del buen Andaor.</p>
-
-<p>Siguiendo las indicaciones de Oidín, que a cada rato hacía que Andín se
-parara, para escuchar mejor, se metió Andín con su carga por un bosque
-muy tupido, llegando una noche, al cabo de siete días de marcha, frente
-a un castillo. Dieron seis vueltas alrededor de él, sin encontrar puerta
-alguna; sólo veían una fila de ventanas, todas alumbradas, pero muy
-altas y defendidas por gruesos barrotes de fierro. A la séptima vuelta
-vieron una puerta toda de fierro, hecha de una sola pieza y con un gran
-llamador. Golpearon y nadie contestó; golpearon dos veces más y tampoco
-nadie salió. Entonces el Soldadillo dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Que se queden todos aquí; a mí me agarra en peso Saltín, Saltón, hijo
-del buen Saltaor, y de un salto nos ponemos dentro del castillo.</p>
-
-<p>Así lo hicieron; pero todavía no ponían un pie en tierra, cuando oyeron
-cerca de ellos una voz de trueno que decía:</p>
-
-<p>&mdash;¡Carne humana huele aquí! Carne humana huele aquí!</p>
-
-<p>Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, todo asustado, de un brinco
-volvió afuera, dejando sólo a mi buen Soldadillo frente a frente de un
-gigante enorme.</p>
-
-<p>&mdash;A peliar vengo con vos&mdash;le dijo el Soldadillo;&mdash;y no me grite tan
-fuerte, que no soy sordo y le pueo cortar<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">{9}</a></span> la lengua con este
-cuchillito; ni me mire tan fiero, porque tamién le pueo sacar los ojos
-con estos cinco deos. Sepa el cara e capacho viejo, que está hablando
-con el Sordaíllo y quien se mete con él, sale fregao.</p>
-
-<p>Esto que dice el Soldadillo y el gigante que se le va encima; pero el
-Soldadillo le saca el cuerpo con toda ligereza, y plantándose detrás, le
-da con su cuchillito un tajo tan bien refuerte, que me le corta al
-gigante los nervios de la corva de la pierna derecha, y de otro tajo me
-le rebana los nervios de la corva de la pierna izquierda, y mi buen
-gigante cae al suelo dando unos bramidos que hacían temblar toda la
-tierra.</p>
-
-<p>Los de afuera oían los bramidos, todos asustados, y por más que el
-Príncipe le decía a Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, que los
-transladara a todos adentro para ayudar al Soldadillo, Saltín no quiso
-obedecerle, porque, como el miedo es cosa viva, todavía le temblaban las
-carnes y no se animaba a ponerse cerca del gigante.</p>
-
-<p>De repente se dejan de oir los bufidos y las puertas del castillo se
-abren de par en par. Mi buen Soldadillo, con el cuchillo en la mano,
-chorreando sangre, les dice que ha muerto al guardián del castillo y que
-ya pueden entrar sin cuidado. No sabía el pobre los peligros que todavía
-le esperaban.</p>
-
-<p>Entraron, y al pasar por un gran comedor, todo lleno de manjares, Andín,
-Saltín y Oidín, quisieron sentarse a comer, pero el Príncipe y el
-Soldadillo dijeron que era preciso sacar primero a la Princesa; que
-después habría tiempo para comer y mucho más. Tuvieron que obedecer,
-porque donde manda capitán no manda marinero, y el que manda, manda, y
-mano a la cartuchera; y sirviéndoles de guía Oidín, Oidón, hijo del buen
-Oidor, llegaron hasta un pozo. El Soldadillo buscó una barra de fierro y
-la atravesó en la boca del pozo; buscó después unos cordeles y amarrando
-un extremo en la barra y el otro a su cintura, lo descolgaron.</p>
-
-<p>Lo que sucedió después es digno de oirse.<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">{10}</a></span></p>
-
-<p>Cuando llegó al primer estado bajo tierra, el Soldadillo que entra a una
-sala muy hermosa y que se le presenta un enorme culebrón con siete
-cabezas. El Soldadillo, que estaba curado de espantos, no se asustó,
-antes, echando pie atrás, alzó el cuchillo y de un fuerte golpe le cortó
-a la Culebra una de sus cabezas. El Culebrón dió un silbido que aturdió,
-y desapareció por un agujero; y el Soldadillo la siguió de atrás. Al
-llegar al segundo estado, nuevo combate; la Culebra quería enroscar con
-su cola al Soldadillo, pero éste, haciéndole un quite, logró ponérsele
-al frente y cortarle otra de las cabezas. El Culebrón arrancó como un
-condenado por un portillo y el Soldadillo se coló detrás de él por el
-mismo portillo. Llegaron al tercer estado, la Culebra con cinco cabezas
-no más, y el Soldadillo, firme como un peral y con su cuchillo en la
-mano. Tercer combate; el Culebrón quería enterrarle la lanceta de una de
-sus bocas, pero el Soldadillo en un dos por tres, ¡zás! le cortó otra
-cabeza. Ya no le quedaban al Culebrón mas que cuatro cabezas, las mismas
-cuatro que le cortó mi valiente Soldadillo, una en cada estado a que el
-Culebrón bajaba, hasta que llegaron al séptimo, en que le cortó la
-última y me lo dejó sin poder moverse más.</p>
-
-<p>Ya tenemos al Soldadillo en el séptimo estado bajo tierra, libre del
-gigante y del Culebrón y oyendo los quejidos de la Princesa, que no
-sabía de qué parte salían.</p>
-
-<p>Buscando y buscando, da con una puerta, que abre con mucho cuidado y se
-encuentra dentro de una pieza tan grande y tan linda como no había visto
-otra en su vida; estaba toda cubierta de oro y plata y alumbrada con
-muchos blandones, candelabros y arañas, y en medio, tendida en el suelo,
-desmayada, la más hermosa Princesa que hayan visto ojos humanos. La
-cargó en brazos y la llevó en ellos hasta que llegó al primer estado, y
-amarrándose allí nuevamente el cordel a la cintura, gritó que lo
-suspendieran. Cuando llegó arriba, todos se quedaron con la boca abierta
-de ver tan hermosa Princesa, y al Príncipe casi se le salía el corazón
-por la boca, tan fuertemente le saltaba.<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">{11}</a></span></p>
-
-<p>Cuando la Princesa volvió en sí, contó que una vieja bruja la había
-hechizado y encerrado en ese castillo, del cual nadie tenía noticias, y
-que el encantamiento debía durar hasta que un príncipe viniera a
-librarla.</p>
-
-<p>El Príncipe estaba muy feliz, porque había encontrado a su Princesa; y
-después de comer de los exquisitos manjares que habían encontrado
-preparados, el Príncipe, no queriendo demorar su casamiento, ordenó a
-Andín, Andón, hijo del buen Andaor, que cargara con todos y los llevara
-a la Corte del Rey, su padre.</p>
-
-<p>¡Bueno en el hombre forzudo! A todos se los echó al hombro como si no
-pesaran más que una pluma, y en un par de días llegaron a la capital del
-reino, donde se celebró el matrimonio con grandes fiestas y banquetes, y
-vivieron muchos años muy felices y dichosos y rodeados de hermosos hijos
-que se parecían a ellos.</p>
-
-<p>Después de la boda, el Soldadillo y sus demás compañeros pidieron
-licencia al Príncipe para retirarse, y entonces éste y la Princesa les
-dieron a cada uno un gran talego de plata y al Soldadillo dos; y a los
-cuatro, trajes muy ricos, pues estaban muy agradecidos de ellos; porque
-sin Andín, Andón, hijo del buen Andaor, no habrían podido llegar al
-castillo; sin Oidín, Oidón, hijo del buen Oidor, no habrían sabido dónde
-se encontraba la Princesa; sin Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, no
-habrían podido entrar al castillo; y sin el Soldadillo, la Princesa
-habría seguido encantada hasta ahora. Bien dicen que Dios, sin ser
-vaquero, todo lo rodea.</p>
-
-<p>Y aquí se acabó el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la
-guatita al aire y el potito al viento; y pase por una mata de poroto
-para que Fulano me cuente otro.<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">{12}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-2" id="num1-2"></a>2. EL PESCADITO ENCANTADO<br /><br />
-<small>(Referido en 1911 por Samuel Antonio Letelier, de 9 años, de Molina. Lo oyó contar en 1910 en Linares)</small></h2>
-
-<p>Este era un Rey que no se alimentaba sino de pescados, y para que lo
-abasteciera de esta carne tenía a su servicio a un viejecito que todos
-los días iba a pescar al mar. Le pagaba bien por su trabajo; pero lo
-tenía amenazado con que le haría cortar la cabeza el día que no le
-llevara provisión fresca de ellos.</p>
-
-<p>Este viejecito vivía en una pequeña casa cerca de la costa, en compañía
-de su mujer, de dos hijas a quienes quería entrañablemente, sobre todo a
-la menor, que era muy buena y cariñosa con él; y de una perrita, que
-todas las tardes, cuando volvía con la pesca, salía a recibirlo.</p>
-
-<p>Un día el viejecito no sacó nada en la red, a pesar de haberla arrojado
-muchas veces al agua; y lamentándose de su mala suerte, se sentó en un
-peñasco a llorar su desgracia, porque veía que su fin iba a llegar.</p>
-
-<p>Llorando estaba cuando entre las olas asomó la cabeza un Pescadito
-colorado y le preguntó:&mdash;«¿Por qué llora el buen viejo?» El interpelado,
-entre sollozos, le contó lo que le pasaba; que por más que había echado
-las redes al mar, nada había sacado, y que si no le llevaba pescados al
-Rey, éste le haría cortar la cabeza.</p>
-
-<p>El Pescadito le dijo entonces:&mdash;«Yo te daré todos los pescados que tú
-quieras, mientras vivas, con la condición de que me des a la que salga a
-recibirte cuando vuelvas a tu casa». El viejo le dijo que no tenía
-inconveniente en aceptar esta condición, porque el pobre se figuraba
-que, como de costumbre, saldría a recibirlo la perrita.</p>
-
-<p>El Pescadito ordenó al anciano que echara la red; el viejo obedeció, y
-pocos momentos después la sacaba llena<span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">{13}</a></span> de congrios, corvinas, truchas y
-robalos, tan grandes, tan gordos y tan lindos como nunca los había
-visto.</p>
-
-<p>Se fué muy contento a su casa, y cuando le faltaban unas dos cuadras
-para llegar a ella, salió a encontrarlo su hija menor. Ya había olvidado
-su promesa.</p>
-
-<p>Estaba la familia del pescador sentada a la mesa tomando la sopa, cuando
-se oyó un fuerte silbido que venía del lado del mar; y sólo entonces se
-acordó el anciano que tenía que llevar a su hija menor para entregársela
-al Pescadito. Al punto se puso muy triste, lo cual todas notaron.
-Entonces le pidieron que les dijera por qué tan de repente se había
-puesto así, siendo que debía estar contento como nunca por haber traído
-tan buena pesca. Les contó él lo que le había pasado, y concluido su
-relato, la hija menor le dijo:&mdash;«Cumpla, padre, lo que ha prometido,
-porque si no, es seguro que mañana no pescará nada y el Rey le mandará
-cortar la cabeza».</p>
-
-<p>Llorando se fueron los dos para el mar; y cuando llegaron, el Pescadito,
-que estaba esperándolos, mandó al pescador que se subiese a una roca y
-dejara a su hija en la arena, porque las aguas iban a subir y se iban a
-tragar a la niña.</p>
-
-<p>Así sucedió. Subió el mar y la niña desapareció.</p>
-
-<p>En cuanto descendieron las aguas, bajó el pobre viejo y se volvió a su
-casa triste y lloroso.</p>
-
-<p>Cuando la niña desapareció debajo del agua, el Pescadito la llevó a un
-hermoso palacio que había en el fondo del mar y le dijo que cuanto veía
-todo era de ella; pero que si quería vivir feliz, no encendiera ni
-fósforo ni vela en la noche, porque en el momento que alumbrara su
-dormitorio, todo lo perdería.</p>
-
-<p>El palacio era más grande y mejor que el del Rey a quien servía su
-padre, y de nada faltaba en él. En el día estaba muy bien alumbrado,
-pero en la noche, en el instante mismo en que la niña se acostaba,
-quedaba sumido entre tinieblas.</p>
-
-<p>Estaba custodiado por un enorme perro que se llamaba<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">{14}</a></span> Leofricome, al
-cual&mdash;dijo el Pescadito a la niña&mdash;debería pedir todo lo que necesitase,
-con la seguridad de que al punto se vería servida.</p>
-
-<p>Todas las noches, en cuanto la niña se metía en la cama y el palacio se
-obscurecía, sentía que alguien se acostaba a su lado. Ardía ella en
-deseos de saber quién era la persona que dormía con ella.</p>
-
-<p>Una tarde que la niña paseaba, acompañada de Leofricome, por el huerto
-que había en el fondo del palacio, vió que en una rama de un peral muy
-alto estaba una tenquita cantando que se volvía loca.</p>
-
-<p>La niña preguntó a Leofricome:&mdash;«¿Qué hace aquella tenquita que está
-cantando allá arriba de aquel peral?» Leofricome le contestó que era su
-hermana, que al día siguiente se iba a casar y que venía a convidarla.</p>
-
-<p>La niña le dijo:&mdash;«¿Podré conseguir permiso para ir al casamiento?»
-Leofricome le contestó que sí, que hablara en la noche con el Pescadito
-cuando se acostara con ella.</p>
-
-<p>La niña se quedó pensativa, porque creía que era un hombre el que dormía
-a su lado. Sin embargo, en la noche, completamente a obscuras, habló con
-el sér que la acompañaba, y éste le dió el permiso que pedía para ir a
-casa de sus padres; pero hasta por dos días solamente y debiendo ir
-acompañada de Leofricome.</p>
-
-<p>Cuando llegó a casa de sus padres, cargada de regalos para ellos y para
-su hermana, estaban en lo mejor de la fiesta.</p>
-
-<p>Leofricome se quedó en la puerta cuidando que la niña no huyera, y ella
-se fué adentro con sus padres a contarles todo lo que le había pasado.</p>
-
-<p>La madre le aconsejó que cuando se fuese llevara dos paquetes de velas y
-dos cajas de fósforos y que encendiese una vela cuando en la noche
-sintiera roncar al Pescadito o al hombre que se acostaba en su cama.</p>
-
-<p>Pasaron los dos días que la niña tenía de permiso y volvió con
-Leofricome al fondo del mar; y en la misma noche, deseosa de conocer al
-que compartía el lecho con<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">{15}</a></span> ella, en cuanto lo sintió roncar encendió
-una vela y vió que era un príncipe hermosísimo. Entusiasmada, para verlo
-mejor, inclinó la luz; pero, por su desgracia, cayó una gota de esperma
-sobre la mano derecha, que el Príncipe tenía fuera de la cama.</p>
-
-<p>Con la impresión de calor que la esperma produjo en la piel de su mano,
-despertó el Príncipe, la reprendió muy airado, le dijo que ya no
-volvería a verlo más e inmediatamente se transformó en pescadito
-colorado y se fué.</p>
-
-<p>Desde aquella noche se vió en el palacio la luz de la luna y de las
-estrellas, lo mismo que en la tierra.</p>
-
-<p>Después de algún tiempo la niña tuvo un hijo que nació con un candadito
-de oro en el estómago.</p>
-
-<p>Cuando ya se sintió bien, fué donde Leofricome y le dijo que quería
-volver a casa de sus padres. Leofricome le contestó que no podía salir
-del mar sin permiso del Pescadito, a no ser que quisiera ver muerto a su
-padre. Entonces ella le preguntó que a dónde podría irse, porque no
-quería vivir más en el palacio, que a cada paso le recordaba su
-desgracia.</p>
-
-<p>Leofricome tomó un ovillo de hilo, y cogiendo la punta, lo lanzó con
-todas sus fuerzas; en seguida dijo a la niña que siguiese el camino que
-el hilo le indicaba y que sería bien recibida en la casa en que había
-ido a dar la otra punta.</p>
-
-<p>Después de andar muchos días, porque el extremo del ovillo había caído
-muy lejos, llegó con su niño a unos corrales que pertenecían al palacio
-de los padres del Príncipe.</p>
-
-<p>Cuando entraron, todos los animales se pusieron a bramar a la vez, y el
-Rey, al sentir tanto ruido, dijo a la Reina:&mdash;«Algo extraordinario debe
-de pasar en los corrales, cuando los animales forman tanta bulla».&mdash;Fué
-a los corrales, y encontró a la niña que estaba dándole de mamar a la
-guagua. Los recogió y los llevó al palacio.</p>
-
-<p>Cuando el Rey y la Reina vieron que la guagua tenía en el estómago un
-candadito de oro, conocieron que era<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">{16}</a></span> hijo del Pescadito, porque el
-Pescadito tenía la misma señal, y los recibieron como a hijos de ellos,
-a la madre y al niño, y todos comían en la misma mesa.</p>
-
-<p>Pasado algún tiempo, volvió una noche el Pescadito a su palacio para ver
-si la niña continuaba siempre allí, porque seguía amándola con mucho
-cariño y no podía olvidarla. Cuando vió que no estaba, escribió una
-carta a sus padres en que les preguntaba si habían visto por casualidad
-a una niña de las señas que les daba; y la mandó con Leofricome.</p>
-
-<p>Los padres le contestaron que la niña por la cual les preguntaba debía
-de ser una que hacía tiempo había llegado a su palacio con una
-criaturita que tenía un candadito de oro en el estómago, y que ellos
-tenían a su lado como a hijos.</p>
-
-<p>Supo la niña que el Pescadito iba a ir a buscarla y temiendo que fuera
-con intenciones de matarlos a ella y a su hijo, huyó, sin decir nada,
-para unas montañas y se ocultó en un bosque.</p>
-
-<p>Llegó el Pescadito y se encontró con que la madre y el niño habían
-desaparecido. Salió inmediatamente a buscarlos, y después de mucho
-tiempo y de grandes trabajos, los encontró en el bosque.</p>
-
-<p>En este mismo instante se acabó el encanto, y el Pescadito, convertido
-en el hermoso Príncipe que la niña había visto a la luz de la vela, se
-arrodilló a sus plantas y le suplicó que lo perdonara; que lo hiciese
-por su hijo; que todo lo que había pasado había sido efecto del encanto
-que en ese momento se rompía.</p>
-
-<p>La niña, feliz de volver a ver otra vez a su Príncipe, lo perdonó de muy
-buena gana, y vueltos al palacio de los Reyes, se casaron para siempre,
-vivieron muy dichosos y fueron reyes del mar; y Leofricome, transformado
-en un gallardo mozo, fué mayordomo del palacio.<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">{17}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-3" id="num1-3"></a>3. DELGADINA Y EL CULEBRÓN<br /><br />
-<small>(Recitador: Pedro Danús, de 13 años, de Santiago. La oyó contar en la
-misma ciudad)</small></h2>
-
-<p>Para saber y contar y contar para saber: que est’era ño Antequera, de
-media caña y de caña entera; no le echaré los combates porque voy a
-tomar mate; ni los dejaré de echar porque su poquito ha de llevar: San
-Juan recibe lo que te dan; sea harina o sea pan, lo echaremos al costal
-con sus patas de animal, con sus picos de zorzal, que se enganchan, que
-se ensanchan por las narices de...<a name="FNanchor_B_2" id="FNanchor_B_2"></a><a href="#Footnote_B_2" class="fnanchor">[B]</a>.</p>
-
-<p>Este era un caballero muy rico casado con una señora muy hermosa. Ambos
-se amaban entrañablemente, y hacía más feliz esta unión una linda
-guagüita que Dios les había concedido y que era todo su encanto. La
-guagua se llamaba Delgadina. No había cumplido un año todavía, cuando
-murió la mamá. El caballero lloró su desgracia, y como era completamente
-solo, sin parientes, mandó criar afuera a su hijita.</p>
-
-<p>El caballero se aburría en su soledad y no hallaba qué hacer. Para
-distraerse se entregó al juego y con tan mala suerte que perdió toda su
-fortuna, menos una cantidad que había apartado para atender a la crianza
-y educación de su hija.</p>
-
-<p>Cuando entró Delgadina a los quince años, se la entregaron a su padre,
-grande, bonita e instruida en toda clase de conocimientos, porque había
-recibido una educación esmerada, pero al mismo tiempo era sumamente
-sencilla,<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">{18}</a></span> inocente y sin malicia, porque había vivido encerrada y no
-conocía el mundo.</p>
-
-<p>Ya se le había concluido al caballero la plata que había dejado de
-reserva, y ni siquiera tenía para hacer los gastos del día siguiente.
-Esto lo tenía muy afligido, pero tanto dió y cavó que al fin se acordó
-que en un rincón de la casa había un fusil viejo abandonado, y se
-decidió a salir a cazar para tener con que alimentar a su hija. Tan
-pobre estaba que tuvo que pedir a una comadre que vivía cerca de su casa
-un poco de plata prestada para comprar fulminantes, pólvora y balas, y
-aceite para limpiar el cañón, que estaba sumamente mohoso.</p>
-
-<p>Salió muy de madrugada y cazó un buen número de pajaritos que entregó a
-su hija para que los guisara, porque no tenían sirvienta. Delgadina los
-peló, los destripó y fué a lavarlos a un estero que corría a poca
-distancia de la casa.</p>
-
-<p>Cuando venía de vuelta, vió al lado de una piedra una Culebrita que
-estaba helada de frío. Delgadina tenía buen corazón y la tomó, y para
-calentarla se la echó al seno y se la llevó para la casa.</p>
-
-<p>Todo el día anduvo con la Culebrita en el seno; en la noche la arregló
-en una canastilla entre algodones y lana, y todos los días le daba de la
-misma comida que comía ella.</p>
-
-<p>Mientras su padre andaba cazando, Delgadina se entretenía en los
-quehaceres de la casa, porque era muy hacendosa; en seguida arreglaba la
-comida que había sobrado el día anterior y se la daba a otras personas
-más pobres que ellos, porque era muy compasiva y sufría con la desgracia
-de los otros; y una vez terminadas estas tareas, se ponía a jugar con la
-Culebrita a las escondidas, al pillarse y a otros juegos en que se
-entretienen los niños. Las dos eran muy buenas amigas y se querían como
-si fuesen hermanas.</p>
-
-<p>Con el cuidado de Delgadina creció rápidamente la Culebrita, de tal modo
-que al poco tiempo no cabía en la<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">{19}</a></span> canastilla. Hubo que ponerla en una
-gran canasta y poco después en una tina; tanto creció y engordó.</p>
-
-<p>Ya la Culebrita se había convertido en un gran culebrón y fué preciso
-trasladarla a un tonel; pero el tonel también se hizo chico al fin, pues
-no tenía espacio para moverse ni podía salir de él.</p>
-
-<p>Entonces el Culebrón le dijo a Delgadina que subiese sobre una silla y
-apoyase sus manos en el borde del tonel para lamérselas; que con esto
-cada vez que se las lavara y las sacudiera sin secárselas caerían onzas
-de oro de entre sus dedos.</p>
-
-<p>Delgadina obedeció, y el Culebrón pasó repetidas veces su lengua por las
-manos de la niña. En seguida le dijo que se iba porque ya no cabía en
-donde estaba. Delgadina lloró mucho, porque desde que llegó a casa de su
-padre la Culebra había sido la única amiga que había tenido y estaba muy
-acostumbrada con su compañía.</p>
-
-<p>El Culebrón la consoló y le dijo que no llorase, que él siempre la
-acompañaría; que estuviese tranquila, que velaría por ella y la libraría
-de los peligros en que pudiera verse envuelta.</p>
-
-<p>Terminadas estas palabras, el tonel estalló y el Culebrón desapareció.</p>
-
-<p>Delgadina se quedó muy triste con la ida de su compañera y esa noche
-apenas cerró los ojos. Al otro día se levantó muy de alba y fué al
-estero vecino a lavarse. Cuando concluyó de lavarse sacudió las manos y
-a cada movimiento que hacía caían de entre sus dedos multitud de onzas
-de oro. Ella no conocía el valor de estas monedas, ni siquiera se le
-ocurrió de que fuesen dinero; más bien pensó que eran botones.</p>
-
-<p>En ese momento pasaba por ahí mismo un falte y le dijo a Delgadina que
-si le daba esos botones le traería zapatos, ropa blanca y vestidos muy
-elegantes. Delgadina le dió las onzas, que eran muchas, y al día
-siguiente, a la misma hora, el falte le trajo lo que le había
-prometido.<span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">{20}</a></span></p>
-
-<p>Delgadina se lavó y peinó con más cuidado que otras veces, se vistió la
-nueva ropa, con la cual se veía más hermosa aún, y se fué a su casa para
-que la viese su padre; pero éste ya había salido a cazar.</p>
-
-<p>Mientras regresaba el padre, Delgadina fué a casa de su madrina, que era
-una vieja bruja mala y envidiosa, que tenía una hija muy fea y tan mala
-y envidiosa como ella. Ambas se quedaron asustadas de ver a Delgadina
-tan bonita y elegante y le aconsejaron que se volviese a su casa a
-esperar la vuelta de su padre para que le diera una sorpresa.</p>
-
-<p>Así lo hizo Delgadina. Mientras tanto la vieja y la hija se quedaron
-acechando al cazador, y en cuanto lo divisaron salieron a su encuentro y
-lo convidaron a almorzar; le dijeron que tenían leche con arroz, postre
-que sabían le gustaba mucho.</p>
-
-<p>Cuando el caballero estaba tomando el postre, la vieja, que hervía de
-envidia, le dijo que Delgadina tenía unos vestidos de mucho valor y que
-se los había regalado un hombre.</p>
-
-<p>El caballero, inquieto, se levantó inmediatamente, cargó su fusil hasta
-la boca, y sin siquiera dar las gracias se fué precipidamente para su
-casa.</p>
-
-<p>Delgadina, que estaba en la puerta esperándolo, no hizo mas que verlo y
-corrió hacia él con los brazos abiertos; pero él le apuntó con el fusil
-y disparó. El arma, desviada por una mano invisible, no dió en el
-blanco, y las balas se clavaron en la tierra.</p>
-
-<p>Delgadina, asustada de la acción de su padre y maliciando cuál era la
-causa de su enojo, corrió al estero, se mojó las manos, y sacudiéndolas
-le decía al caballero, que la había seguido: «Estos botones me ha
-costado la ropa que tengo puesta»&mdash;y era de ver cómo caían las onzas,
-unas tras otras, brillantes como si acabasen de ser acuñadas.</p>
-
-<p>Con esto el padre se tranquilizó, y muy contento se puso a recoger las
-monedas. Recogió una cantidad muy grande,<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">{21}</a></span> porque Delgadina, cuando veía
-que sus manos se secaban, corría al estero a mojárselas de nuevo y
-sacudirlas; y esto lo repitió tantas veces que del cansancio no podía
-mover los brazos y tuvo que irse a acostar a la cama para descansar.</p>
-
-<p>El padre de Delgadina pasó a ser uno de los hombres más ricos y
-poderosos de su país.</p>
-
-<p>Sucedió que la fama de su riqueza y de cómo la había hecho corrió de
-boca en boca y llegó por fin a oídos del Rey, que mandó buscar al
-caballero para conocerlo.</p>
-
-<p>Después de varios días de viaje por mar, porque la Corte estaba
-distante, llegó el caballero a presencia del Rey y le contó su historia.
-El Rey quiso conocer a Delgadina y ordenó al caballero que se la
-trajera, porque deseaba ver cómo caían las onzas de oro de sus manos. Le
-agregó que si no la traía, la cabeza le costaba.</p>
-
-<p>Llegó el padre a su casa llorando inconsolablemente y no se atrevía a
-decirle a su hija lo que le había pasado. Pero, en vista de la
-insistencia y ruegos de Delgadina, se lo contó todo. Ella le
-dijo:&mdash;«Lléveme no más, padre, ¿qué puede pasarnos? nada tenemos que
-temer, pues nada malo hago».</p>
-
-<p>La malvada vieja, madrina de Delgadina, que estaba presente, se ofreció
-para acompañarla:&mdash;«Compadre,&mdash;le dijo al caballero&mdash;usted no soportará
-su dolor si el Rey quiere dejarla; yo la llevaré».&mdash;El caballero
-accedió, porque verdaderamente ya sufría mucho.</p>
-
-<p>Se embarcaron en un buque Delgadina, la vieja y la hija de ésta.</p>
-
-<p>Cuando ya habían navegado tres días y el buque estaba muy distante de la
-costa, la vieja dijo a su hija:</p>
-
-<p>&mdash;«Matemos a Delgadina y la echamos al mar, y yo haré que el Rey se case
-contigo».&mdash;«No la matemos,&mdash;le dijo la hija;&mdash;saquémosle los ojos no más
-y la echamos al agua».</p>
-
-<p>Y así lo hicieron. Una noche esperaron que Delgadina<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">{22}</a></span> estuviese bien
-dormida, le arrancaron los ojos y la arrojaron a las olas.</p>
-
-<p>Pero aconteció que la niña, en vez de caer al agua cayó en el bote de un
-viejo pescador que en ese preciso momento pasaba al lado del buque, sin
-lo cual habría perecido seguramente.</p>
-
-<p>Dejemos por un momento a Delgadina.</p>
-
-<p>Llegó la vieja con su hija donde el Rey, y postrándose a sus plantas,
-habló de esta manera:&mdash;«Señor, mi esposo, a quien Vuestra Majestad
-ordenó trajera a su presencia a nuestra hija Delgadina, muy a su pesar
-no ha podido concurrir, pero me encargó a mí que yo la trajera, y hela
-aquí, pero debo advertir a Vuestra Majestad que con la navegación ha
-perdido la virtud que tenía de que al mojar sus manos y sacudirlas le
-brotaban de ellas onzas de oro, y que no la recuperará hasta que se case
-y tenga un hijo».</p>
-
-<p>El Rey creyó lo que la vieja le dijo, y a pesar de que la muchacha le
-era muy antipática, se casó con ella.</p>
-
-<p>Ahora volvamos a Delgadina.</p>
-
-<p>El viejo pescador en cuya barca había caído Delgadina era muy pobre y
-con el producto de su trabajo ganaba apenas para sustentar a su mujer y
-a sus pequeños hijos; pero el hombre era bueno, tuvo lástima de la pobre
-ciega, y vistiéndola de hombre la llevó a su choza, donde fué recibida
-como miembro de la familia. Todos la querían por su buen carácter y
-procuraban con su cariño y atenciones hacerla olvidar su desgracia. En
-el pueblo no maliciaban que era mujer y la llamaban Delgadino.</p>
-
-<p>Un día que estaban conversando sentados en la puerta del ranchito, pasó
-frente a ellos un leñador con su carreta cargada de leña.&mdash;«¿Qué lleva
-esa carreta, taitita?» preguntó Delgadino al viejo.&mdash;«Leña, hijito», le
-contestó él.&mdash;«Y por qué no la compra».&mdash;«Porque no tengo plata, pues,
-hijito».&mdash;«Taitita, lléveme para adentro», le dijo Delgadina.</p>
-
-<p>La llevó para adentro el viejo y cuando estuvieron en la pieza Delgadina
-le pidió que le trajese una palangana con<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">{23}</a></span> agua y que la dejase sola por
-un instante. Cuando el pescador se fué, Delgadina metió las manos en el
-agua y sacándolas las sacudió repetidas veces, y de cada sacudida caían
-a chorro de entre sus dedos las onzas de oro.</p>
-
-<p>Delgadina llamó al viejo.&mdash;«Tome esas monedas, taitita, le dijo, y
-compre la leña y lo demás que necesite, porque toda esa plata es suya.»</p>
-
-<p>El viejo pescador compró con las onzas una gran casa y allí se instaló
-la familia con toda clase de comodidades. Ya habían dejado de ser
-pobres, no necesitaban trabajar, de nada les faltaba, vivían felices.</p>
-
-<p>Una mañana Delgadina fué sorprendida con el llanto y los gritos de
-angustia de su familia adoptiva. Quiso saber qué había ocurrido, y el
-viejo, entre sollozos le dijo:&mdash;«¡Ay, Delgadino! esta mañana mandé al
-mozo con mi hijito menor al campo y de repente salió de debajo de un
-gran peñasco que hay a la orilla del camino, un enorme Culebrón que se
-llevó a mi hijito. ¡Ya se lo habrá comido! Ay, ay, ay! pobre hijito mío!
-ya no te veremos más!»</p>
-
-<p>Delgadina se entristeció mucho, porque el niño arrebatado por el
-Culebrón había sido siempre muy cariñoso con ella y era su regalón; pero
-pensaba entre sí que el Culebrón bien podía ser la culebrita que ella
-había criado, y le dijo al viejo que la llevara al lado del peñasco. El
-viejo no quería; sin embargo, después de mucho rogarlo Delgadina,
-consintió en ello y la condujo hasta el pie del peñasco.</p>
-
-<p>Ellos que llegan y el Culebrón que aparece arrastrándose suavemente y
-llevando sobre sus espaldas al niño, que iba risueño, sano, sin el menor
-rasguño y cargado de regalos.</p>
-
-<p>El Culebrón le dijo al viejo:&mdash;«Te entrego a tu hijo, vivo, pero con la
-condición de que le saques los ojos, y se los pongas a Delgadina, y si
-no lo haces yo lo mataré y yo mismo se los sacaré. Vestirás a Delgadina
-de mujer con los vestidos más ricos que encuentres; e irás a la ciudad
-gritando por las calles que el Culebrón va a salir y se va a comer a
-chicos y a grandes»; y desapareció inme<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">{24}</a></span>diatamente sin dar lugar a que
-Delgadina le pidiera, como era su intención, que no dejaran ciego al
-niño, que ella se había acostumbrado ya a no ver la luz y que vivía
-contenta como estaba.</p>
-
-<p>El viejo no tuvo más remedio que hacer lo que el Culebrón le había
-mandado. Era preferible tener a su hijo ciego que muerto, y por otra
-parte Delgadina había sido tan buena con ellos.</p>
-
-<p>Al día siguiente muy temprano se trasladó el viejo a la ciudad y con su
-voz más fuerte se fué gritando por las calles:&mdash;«El Culebrón va a salir
-y se va a comer a chicos y a grandes».</p>
-
-<p>El Rey oyó los gritos y preguntó qué bulla era ésa. Cuando le contaron
-de qué se trataba, ordenó que diesen al viejo cien azotes para que no
-anduviera atemorizando a la gente.</p>
-
-<p>Ya le iban a dar al viejo los cien azotes cuando apareció Delgadina
-vestida con un traje riquísimo a interceder ante el Rey para que no lo
-castigaran. El Rey quedó deslumbrado de la hermosura de Delgadina, de la
-riqueza de su traje y del brillo de las joyas que cargaba; hizo
-suspender el castigo y convidó a su mesa al viejo y a Delgadina.</p>
-
-<p>La vieja y la hija conocieron inmediatamente a Delgadina, pero se
-desentendieron de ello y la agasajaron mucho. Cuando estuvieron solas
-dijo la madre:&mdash;«No te decía yo que la matásemos!»&mdash;«Mamita, contestó la
-hija, aunque se parece mucho a Delgadina, no puede ser ella ¿no le
-arrancó usted misma los ojos? y ella los tenía negros y los de ésta son
-azules. Y fíjese que el viejo es el padre de ella y no se parece en nada
-a su compadre». Con esto se tranquilizaron.</p>
-
-<p>Muchas veces más convidó el Rey a comer a Delgadina, y siempre tenía
-ella gran cuidado de no lavarse las manos en la mesa; pero en una
-ocasión que se las manchó con fruta hubo de lavárselas, y sucedió que
-sin querer las sacudió. Inmediatamente comenzaron a caer de entre sus
-dedos a puñados las onzas de oro, tan nuevecitas, tan<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">{25}</a></span> amarillas como si
-estuvieran recién acuñadas. Todos se quedaron con la boca abierta y no
-podían salir de su asombro.</p>
-
-<p>Entonces el Rey conoció que había sido engañado por la vieja y que la
-verdadera Delgadina era la que hasta entonces había pasado por hija del
-antiguo pescador. El Rey le pidió que le contase su historia y Delgadina
-accedió gustosa.</p>
-
-<p>La vieja y su hija protestaron de que todo era mentira, y entonces el
-Rey hizo venir al viejo y a su familia, que corroboraron lo que a ellos
-les constaba, y como si esto no fuese bastante apareció de súbito el
-Culebrón, que refirió todo lo sucedido sin omitir detalles.</p>
-
-<p>Cuando hubo concluido el Culebrón su relato, se convirtió en un hermoso
-niño, y volviéndose a Delgadina le dijo:&mdash;«Yo soy el Angel de tu guarda
-y he hecho esto contigo porque siempre fuiste buena hija y compasiva con
-los pobres; yo estaré continuamente a tu lado y velaré por ti».</p>
-
-<p>Mientras hablaba el niño, vieron todos que le brotaban de sus espaldas
-dos brillantes alas, que desplegó suavemente cuando terminó, y emprendió
-el vuelo desapareciendo ante la vista atónita de los circunstantes.</p>
-
-<p>El Rey hizo quemar a la vieja y a su hija, mandó buscar al padre de
-Delgadina y se casó con ella; y en el momento mismo en que le ponían la
-bendición, el hijo del viejo pescador recobró la vista.</p>
-
-<p>Y así todos los buenos fueron felices y los malos castigados.</p>
-
-<p>Y aquí se acabó el cuento y entró por la puerta del convento, nosotros
-nos quedamos afuera y los frailes se quedaron adentro.<span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">{26}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-4" id="num1-4"></a>4. LA TENQUITA.<br /><br />
-<small>(Recitado en 1905 por Polonia Gonzalez, de 50 años, de la provincia de
-Colchagua)</small></h2>
-
-<p>Para saber y contar y contar para aprender.</p>
-
-<p>Esta era una Tenquita que tenía unos tenquitos muy lindos, que acababan
-de salir del huevo.</p>
-
-<p>Una mañanita salió a buscarles que comer, y como era invierno y había
-caído mucha nieve, a la Tenquita se le heló una patita.</p>
-
-<p>Al verse coja la avecita se afligió mucho y llorando le dijo a la Nieve:</p>
-
-<p>&mdash;Nieve, ¿por qué eres tan mala que me quemaste la patita a mí?<a name="FNanchor_C_3" id="FNanchor_C_3"></a><a href="#Footnote_C_3" class="fnanchor">[C]</a>.</p>
-
-<p>Y la Nieve le contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Sol que me derrite a mí.</p>
-
-<p>Entonces la Tenquita se fué donde el Sol, y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Sol, ¿por qué eres tan malo que derrites a la Nieve y la Nieve me
-quema la patita a mí?</p>
-
-<p>Y el Sol le respondió:</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Nublado que me tapa a mí.</p>
-
-<p>Se fué la Tenquita a ver al Nublado, y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Nublado, ¿por qué eres tan malo que tapas al Sol, el Sol derrite a la
-Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Viento que me corre a mí.</p>
-
-<p>Fué la Tenquita donde el Viento, y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Viento, ¿por qué eres tan malo que corres al Nublado, el Nublado tapa
-al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más mala es la Pared que me ataja a mí.</p>
-
-<p>Fué la Tenquita a ver a la Pared, y le dijo:<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">{27}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Pared, ¿por qué eres tan mala que atajas al Viento, el Viento corre al
-Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me
-quema la patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Ratón que me agujerea a mí.</p>
-
-<p>Fué la Tenquita donde el Ratón y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Ratón, ¿por qué eres tan malo que agujereas a la Pared, la Pared ataja
-al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol
-derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Gato que me come a mí.</p>
-
-<p>Fué la Tenquita donde el Gato y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Gato, ¿por qué eres tan malo que te comes al Ratón, el Ratón agujerea
-a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el
-Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la
-patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Perro que me corre a mí.</p>
-
-<p>Entonces la Tenquita fué donde el Perro y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Perro, ¿por qué eres tan malo que corres al Gato, el Gato come al
-Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento
-corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la
-Nieve me quema la patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Palo que me pega a mí.</p>
-
-<p>Fué entonces la Tenquita donde el Palo, y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Palo, ¿por qué eres tan malo que pegas al Perro, el Perro corre al
-Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared
-ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el
-Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Fuego que me quema a mí.</p>
-
-<p>Fué la Tenquita donde el Fuego y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Fuego, ¿por qué eres tan malo que quemas al Palo, el Palo pega al
-Perro, el Perro corre al Gato, el Gato corre al Ratón, el Ratón agujerea
-la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el
-Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve, y la Nieve me quema la
-patita a mí?<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">{28}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Más mala es el Agua que me apaga a mí.</p>
-
-<p>Fué la Tenquita donde el Agua y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Agua, ¿por qué eres tan mala que apagas al fuego, el Fuego quema al
-Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al
-Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento
-corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la
-Nieve me quema la patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Buey que me bebe a mí.</p>
-
-<p>Fué la Tenquita donde el Buey y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Buey, ¿por qué eres tan malo que bebes el Agua, el Agua apaga al
-Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al
-Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared
-ataja al Viento el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el
-Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Cuchillo que me mata a mí.</p>
-
-<p>Fué la Tenquita donde el Cuchillo, y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Cuchillo, ¿por qué eres tan malo que matas al Buey, el Buey se bebe al
-Agua, el Agua apaga al Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al
-Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea
-a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el
-Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la
-patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Más malo es el Hombre que me hace a mí.</p>
-
-<p>Fué la Tenquita donde el Hombre, y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Hombre, ¿por qué eres tan malo que haces al Cuchillo, el Cuchillo mata
-al Buey, el Buey se bebe al Agua, el Agua apaga al Fuego, el Fuego quema
-al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro corre al Gato, el Gato come al
-Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la Pared ataja al Viento, el Viento
-corre al Nublado, el Nublado tapa al Sol, el Sol derrite a la Nieve y la
-Nieve me quema la patita a mí?</p>
-
-<p>&mdash;Pregúntaselo al Señor que me hizo a mí.</p>
-
-<p>Fué entonces la Tenquita donde su Divina Majestad, y arrodillándose
-humildemente delante de ella inclinó la cabeza hasta besar el suelo, y
-le dijo:<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">{29}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Señor, ¿por qué hiciste al Hombre, que es tan malo, el Hombre hace al
-Cuchillo, el Cuchillo mata al Buey, el Buey se bebe al Agua, el Agua
-apaga al Fuego, el Fuego quema al Palo, el Palo pega al Perro, el Perro
-corre al Gato, el Gato come al Ratón, el Ratón agujerea a la Pared, la
-Pared ataja al Viento, el Viento corre al Nublado, el Nublado tapa al
-Sol, el Sol derrite a la Nieve y la Nieve me quema la patita a mí?</p>
-
-<p>Y la Tenquita se puso a llorar tan amargamente que daba lástima verla.</p>
-
-<p>El Señor se compadeció de la desgracia de la pobre avecita y le dijo con
-mucha dulzura:</p>
-
-<p>&mdash;Vete tranquila, Tenquita, a cuidar a tus tenquitos, que están
-tiritando de frío y muriéndose de hambre.</p>
-
-<p>La Tenquita, como buena cristiana, obedeció al momento y cuando llegó a
-su nidito se encontró con que tenía buena y sana la patita quemada.</p>
-
-<div class="blockquot"><p>En el cuento que sigue, español, pero que no he visto impreso, el
-desarrollo es casi el mismo que el de la Tenquita. Lo publico como
-nota comparativa.</p></div>
-
-<h2><a name="num1-5" id="num1-5"></a>5. EL GALLITO (Cuento de pega)<br /><br />
-<small>(Dictado en 1911 por don Victoriano de Castro, español, de 55 años. Lo
-oyó contar en Belver de los Montes, provincia de Zaragoza, donde el cuento era muy popular, cuando él era niño)</small></h2>
-
-<p>Había una vez en una aldea un Gallo, que recibió una invitación de otro
-Gallo, primo suyo, para asistir a sus bodas. El Gallo se levantó muy
-temprano, se acicaló y vistió convenientemente y emprendió el viaje,
-olvidando tomar el desayuno.<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">{30}</a></span></p>
-
-<p>En el camino encontró una boñiga de vaca, toda llena de granos de trigo
-sin digerir; y aquí vinieron los apuros de mi buen Gallo, que empezó a
-decir entre sí:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué haré? picaré o no picaré? si pico, me mancho el pico, y si no, me
-muero de hambre.</p>
-
-<p>Así estuvo meditando por algún rato y mirando los granos de trigo, hasta
-que cayó en la tentación y se dió un buen hartazgo.</p>
-
-<p>Siguió su camino y a poco andar encontró una mata de Malva y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Malva, límpiame el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.</p>
-
-<p>La Malva dijo:</p>
-
-<p>&mdash;No quiero.</p>
-
-<p>Más adelante encontró a una Oveja y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Oveja, come a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a
-la boda de mi primo Juan Periquito.</p>
-
-<p>La Oveja dijo:</p>
-
-<p>&mdash;No quiero.</p>
-
-<p>Siguió andando y más adelante encontró a un Lobo y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Lobo, come a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no
-quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.</p>
-
-<p>El Lobo dijo:</p>
-
-<p>&mdash;No quiero.</p>
-
-<p>Siguió el Gallo su camino y más adelante encontró a un Perro y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Perro, mata a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no
-quiso comer a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la
-boda de mi primo Juan Periquito.</p>
-
-<p>El Perro dijo:</p>
-
-<p>&mdash;No quiero.</p>
-
-<p>A poco andar encontró el Gallo a un Palo y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Palo, apalea a Perro, que Perro no quiso matar a Lobo, que Lobo no
-quiso comer a Oveja, que Oveja no qui<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">{31}</a></span>so comer a Malva, que Malva no
-quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.</p>
-
-<p>El Palo dijo:</p>
-
-<p>&mdash;No quiero.</p>
-
-<p>Anduvo el Gallo un rato más y se encontró con un Fuego y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Fuego, quema a Palo, que Palo no quiso pegar a Perro, que Perro no
-quiso matar a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso
-comer a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la boda
-de mi primo Juan Periquito.</p>
-
-<p>El Fuego dijo:</p>
-
-<p>&mdash;No quiero.</p>
-
-<p>Más adelante encontró el Gallo al Agua y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Agua, apaga a Fuego, que Fuego no quiso quemar a Palo, que Palo no
-quiso pegar a Perro, que Perro no quiso matar a Lobo, que Lobo no quiso
-comer a Oveja, que Oveja no quiso comer a Malva, que Malva no quiso
-limpiarme el pico, que voy a la boda de mi primo Juan Periquito.</p>
-
-<p>El Agua dijo:</p>
-
-<p>&mdash;No quiero.</p>
-
-<p>Siguió andando el Gallo y más adelante encontró a un Burro, y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Burro, bébete a Agua, que Agua no quiso apagar a Fuego, que Fuego no
-quiso quemar a Palo, que Palo no quiso pegar a Perro, que Perro no quiso
-matar a Lobo, que Lobo no quiso comer a Oveja, que Oveja no quiso comer
-a Malva, que Malva no quiso limpiarme el pico, que voy a la boda de mi
-primo Juan Periquito.</p>
-
-<p>(Aquí se suspende el cuento y se habla de cualquiera otra cosa. De
-pronto se dice:&mdash;«¿Dónde llegaba? ¿al Palo? ¿al Fuego?»; y cuando
-contesta alguno:&mdash;«Al Burro», se le dice:&mdash;«Alzale la cola y bésale el
-c...»)<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">{32}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-6" id="num1-6"></a>6. LA TORTILLA O EL CANARITO ENCANTADO<br /><br />
-<small>(Referido por don Osvaldo Martínez, Presbítero, de Santiago, en 1912)</small></h2>
-
-<p>Este era un Rey que tenía una hija única, de una hermosura
-extraordinaria, virtuosa, caritativa y hacendosa. El Rey la amaba
-entrañablemente y, como se dice, tenía puestos los ojos en ella.</p>
-
-<p>La Princesa acostumbraba subir todos los días a la terraza del palacio y
-allí pasaba las horas cosiendo o bordando y recreándose con la vista de
-las plantas, árboles y flores que adornaban el parque real, que desde
-allí se dominaba.</p>
-
-<p>Un día que estaba en su acostumbrado trabajo, un lindo Canarito se paró
-en la rama de un árbol que casi llegaba hasta donde ella estaba sentada,
-y entonó un canto tan melodioso que la princesa, a fin de oirle mejor,
-se levantó para acercarse a la avecita, pero apenas se movió de su
-asiento, el Canarito se fué.</p>
-
-<p>La Princesa, pensando que el pajarito podía volver, hizo colocar una
-jaula con trampa en el mismo árbol, para cazarlo.</p>
-
-<p>Efectivamente, el Canarito volvió al día siguiente, pero en vez de
-acercarse a la jaula, se posó en el bastidor de la Princesa y después de
-gorjear unos cuantos trinos, tomó con el pico una madeja de seda y
-emprendió el vuelo.</p>
-
-<p>Al otro día estaba la Princesa, como siempre, ocupada en sus labores,
-cuando de repente llega el Canarito, se para en el bastidor, canta
-dulcemente un instante, y tomando con el pico el dedal de oro que la
-Princesa acababa de dejar en el costurero, y abriendo las alas
-desapareció en el espacio.</p>
-
-<p>La repetición de la aventura preocupó bastante a la Princesa, que no
-pasó buena noche. Sin embargo, se levantó temprano y volvió a la terraza
-a continuar su bor<span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">{33}</a></span>dado, pensando en el Canarito, de quien a toda costa
-quería apoderarse.</p>
-
-<p>En esto estaba cuando llega la linda avecita, cantando aún mejor que en
-los días anteriores, y sin siquiera detenerse un momento, se apodera de
-las tijeras de oro de la Princesa, y elevándose por los aires, se pierde
-de vista.</p>
-
-<p>La Princesa cayó gravemente enferma. Por llamado del Rey, vinieron los
-médicos más prestigiosos y los adivinos de más fama, tanto del país como
-del extranjero, y ninguno pudo conocer la enfermedad.</p>
-
-<p>Mientras tanto, la Princesa languidecía, su mal se agravaba, y se iba
-consumiendo poco a poco. El Rey, desesperado, hizo publicar un bando en
-que ofrecía grandes riquezas al que lograra sanar a su hija.</p>
-
-<p>Muchos lo tentaron, pero ninguno lo consiguió, y la Princesa seguía
-empeorando a ojos vistas.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p>En un pueblo algo alejado de la ciudad en que la Corte residía, vivía
-una viejecita que tenía un hijo vivo y despierto, llamado Juan.</p>
-
-<p>Un día lo llamó y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Mira, Juanito, toma estas tres tortillas que acabo de hacer al
-rescoldo y se las llevas a la Princesa, que ellas le darán salud. Que no
-te vayas a comer ninguna, ni se te pierdan, porque las tres han de
-llegar a poder de la Princesa.</p>
-
-<p>El muchacho tenía la costumbre de obedecer sin replicar. Subió en un
-burro; a un lado de las alforjas colocó las tortillas y al otro un
-pedazo de pan, harina y un poco de charqui y se puso en marcha.</p>
-
-<p>La mitad del camino llevaría andado, cuando el burro se puso a corcovear
-y por más que Juanito le pegaba fuerte y feo con una varilla, el animal
-no avanzaba un paso.</p>
-
-<p>Viendo la porfía de la bestia, Juanito sacó las tortillas de las
-alforjas y descendió del burro para seguir a pie; pero en cuanto bajó,
-se le cayó una de las tortillas y se le fué rodando por el camino.<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">{34}</a></span></p>
-
-<p>Era de ver cómo Juanito corría detrás de la tortilla, que rodaba y
-rodaba, sin poderla alcanzar; y el pícaro burro, que antes no quería
-moverse, cómo seguía a Juanito, que casi le pisaba los talones.</p>
-
-<p>Por fin la tortilla se metió adentro de una cueva y Juanito se coló
-detrás de ella.</p>
-
-<p>Cuando Juanito estuvo adentro, se encontró, sin saber cómo, en un gran
-comedor regiamente amueblado. La mesa estaba cubierta de ricas viandas y
-manjares de toda especie que exhalaban un perfume delicioso, y como al
-muchacho, con la carrera, se le había abierto el apetito, tomó el
-cucharón para servirse un plato de cazuela y ya iba a meterlo en la
-sopera, cuando el cucharón se le enderezó en la mano y pegándole
-fuertemente en la cara le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo te atreves a comer antes que tus amos?</p>
-
-<p>En esto se sintió un gran ruído, y entró rodando al comedor una gran
-bola de cobre. Juanito, lleno de miedo, apenas tuvo tiempo de esconderse
-detrás de la puerta, y desde allí pudo ver que la bola se abría en dos
-partes, como una concha, y de ella salía un lindo canario.</p>
-
-<p>Con el mismo ruído y el mismo aparato entraron otras dos bolas más, una
-tras otra, y de cada una salió otro canario.</p>
-
-<p>Las tres avecitas sacudieron sus plumas un momento, como si se
-desperezaran, y después, volando, se introdujeron a un elegante
-dormitorio situado al lado del comedor, en el que había tres lujosas
-camas.</p>
-
-<p>Juanito continuaba observando desde su escondite, con la curiosidad que
-es de suponer, tan extraños acontecimientos. De pronto vió que tres
-negros atravesaban el patio y el comedor y entraban al dormitorio
-conduciendo sendos baños de plata, que colocaban al lado de las camas.</p>
-
-<p>Inmediatamente los Canaritos se zambulleron en el agua y un rato después
-salían de los baños transformados en hermosos Príncipes. Los esclavos
-los perfumaron, los enjuagaron y ayudaron a vestirse, y en seguida se
-reti<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">{35}</a></span>raron, dejándolos recostados en sus camas, contándose lo que les
-había pasado en los últimos quince días, tiempo que no se veían.</p>
-
-<p>Dos de los Príncipes nada importante tuvieron que referir; pero, en
-cambio, el tercero contó que en una de sus excursiones había divisado a
-una Princesa tan hermosa como no había visto otra en su vida, que estaba
-perdidamente enamorado de ella y que, no hallando cómo llamar su
-atención, le había robado un día una madeja de seda con que bordaba,
-otro día su dedal y al siguiente unas tijeras de oro, objetos que tenía
-al lado en su velador. Y tomándolos, los besaba tiernamente, diciéndoles
-las palabras más dulces y cariñosas.</p>
-
-<p>Después de escuchar esto, Juanito logró escabullirse sin ser notado, y
-como el hambre le apretaba, se metió en la cocina, en la cual no
-encontró a nadie. Con temor probó de uno de los guisos, y viendo que
-nada le pasaba, se creyó autorizado para hartar su estómago.</p>
-
-<p>Después de satisfacer su apetito, salió, sin tropiezos, de aquel palacio
-encantado, y al lado afuera de la entrada de la cueva, tropezó con su
-burro, que lo esperaba. Montó en él, y a las pocas horas se encontró
-frente al palacio del Rey.</p>
-
-<p>Pidió permiso al jefe de la guardia para pasar a ver a la Princesa y
-entregarle las tortillas, con las cuales&mdash;aseguraba él&mdash;sanaría la
-enferma. Al principio no querían dejarlo entrar, pero en vista de su
-insistencia, lo condujeron a presencia del Rey, y como la petición de
-Juanito estaba de acuerdo con el bando que el mismo Rey había mandado
-publicar, ordenó que se le llevase a las habitaciones de la Princesa.</p>
-
-<p>La Princesa, cansada con las preguntas de tanto charlatán como había ido
-a visitarla, en cuanto entró Juanito se dió vuelta para la pared; pero
-éste, sin inmutarse, le habló en los siguientes términos, de un
-resuello:</p>
-
-<p>&mdash;Manda a decir mi mamita que su mercé es su señorita, que tenga muy
-buenos días y que cómo está y que aquí<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">{36}</a></span> le manda estas tres tortillas,
-pero no le traigo más que dos, porque la otra se me fué rodando cuando
-salí de mi tierra, y yo, por seguirla, llegué hasta un palacio
-encantado, en donde vi y oí cosas tan maravillosas como tal vez no habrá
-visto ni oído alma viviente en este mundo. Figúrese usted, señorita que,
-escondido detrás de la puerta del comedor del palacio, vi que llegaban
-tres grandes bolas de cobre, que al rodar metían mucho ruido y que se
-abrían por la mitad y que de cada una de ellas salía un canarito.</p>
-
-<p>Al llegar a este punto, la Princesa se volvió para el lado de Juanito, e
-incorporándose en la cama, le preguntó con ansiedad:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué hicieron esos pajaritos?</p>
-
-<p>&mdash;Sacudieron sus alitas y en seguida se fueron volando a un dormitorio
-situado al lado del comedor y en el cual había tres camas; y entonces
-llegaron tres negros, trayendo cada uno un baño que depositó al lado de
-las camas; en cada uno de ellos se metió un Canario y a los pocos
-instantes salieron convertidos en tres hermosos Príncipes, que se
-recostaron en sus camas y empezaron a contarse lo que les había ocurrido
-en los últimos días. Dos de ellos no tuvieron nada nuevo que contar,
-pero el otro, que era el más lindo de los tres, les dijo que un día que
-pasaba volando por el palacio de un Rey, divisó a la Princesa más
-hermosa que en su vida había visto, que se había enamorado perdidamente
-de ella y que, para llamar su atención, le había robado un día una
-madeja de seda, otra vez el dedal de oro y otro día sus tijeras. No oí
-más, porque ya no aguantaba el hambre y me fuí a la cocina a comer algo.
-Después que maté el hambre salí, y al lado afuera encontré a mi burro,
-monté en él y me vine a cumplir el encargo de mi mamita. Pero su mercé
-me perdonará que no le haya traído más que dos de las tres tortillas que
-mi mamita me entregó para su mercé, porque como habrá visto, no es mía
-la culpa de que se me haya perdido una.</p>
-
-<p>La Princesa, que había escuchado anhelante a Juanito, contestó:<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">{37}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Está muy bien, Juanito ¿y serías capaz de llevarme a la cueva en que
-está el palacio encantado?</p>
-
-<p>&mdash;Como nó pues, señorita, si el camino es bien refácil; no está más que
-a la vueltecita de la esquina.</p>
-
-<p>La Princesa hizo llamar al Rey.</p>
-
-<p>&mdash;Padre, le dijo, todos los que hasta ahora han venido a verme no han
-sido sino unos charlatanes, con excepción de este niño, que es médico
-verdadero. El me ha traído la salud, pero aunque me siento bien, para
-restablecerme por completo necesito hacer un viaje de unos cuantos días,
-y espero que Vuestra Majestad no me negará el permiso. El solo me
-acompañará.</p>
-
-<p>El Rey se quedó admirado de ver el cambio tan radical que en un momento
-se había operado en la salud de su hija, y como la amaba tanto y nada se
-atrevía a negarle, le concedió el permiso que solicitaba. Quiso que
-llevara dinero, mucho dinero, para los gastos que pudieran ofrecérsele;
-pero ella lo rehusó, lo mismo que el séquito que se le ofrecía, y salió
-sin más compañía que Juanito, montados ambos en el burro que había
-traído al niño a palacio.</p>
-
-<p>El burro los condujo en pocas horas hasta la entrada de la cueva, en
-donde bajaron. La Princesa le dió a Juanito una carta para el Rey, en la
-que le decía que no pasase cuidados por ella, que estaba bien, que en
-pocos días más regresaría completamente restablecida, y que le entregara
-a Juanito el dinero que había ofrecido al que la sanase de su
-enfermedad.</p>
-
-<p>Deshizo Juanito el camino y puso en manos del Rey la carta de la
-Princesa. El Rey ordenó que se le diese una gran suma de dinero y con
-ella regresó Juanito a casa de su madre, y ambos, desde entonces, llevan
-una vida tranquila y holgada.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p>Volvamos a la Princesa que, una vez que quedó sola, entró al interior de
-la cueva y se encontró de repente en medio de un gran comedor regiamente
-amueblado. No sabía qué hacerse, cuando entró el Canarito revoloteando<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">{38}</a></span>
-y cantando alegremente y después de hacerle mil gracias a su adorada, se
-detuvo y le habló de esta suerte:</p>
-
-<p>&mdash;Hermosa Princesa, ¿cómo te has atrevido a poner tus plantas en este
-sitio en que te esperan tantos peligros?</p>
-
-<p>&mdash;Linda avecita, por verte y tenerte a mi lado encontraré livianos todos
-los trabajos que se me presenten; no aspiro sino a estar en tu compañía
-y oir tu hermoso canto.</p>
-
-<p>&mdash;Princesa, esta cueva encantada está al cuidado de una vieja hechicera;
-búscala y la encontrarás en la última pieza del interior y dile que
-deseas ocuparte y vienes a ofrecerle tus servicios; ella los aceptará y
-te encargará trabajos que te parecerán imposibles de ejecutar, pero no
-tengas cuidado que yo velaré siempre por tí y te ayudaré.</p>
-
-<p>La Princesa, después de recorrer muchos patios y galerías, llegó a una
-pieza a cuya puerta estaba sentada una vieja de aspecto repelente, con
-la cabellera desgreñada, el rostro sucio, las uñas larguísimas, los ojos
-encarnizados. En cuanto divisó a la Princesa, con voz áspera le
-preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué buscas aquí, vil gusanillo de la tierra?</p>
-
-<p>&mdash;Señora, le contestó, necesito emplearme y andaba buscando dónde
-servir, cuando llegué a esta casa y como encontré la puerta franca y
-nadie acudió a mi llamado, entré hasta este sitio sin encontrar en mi
-camino a ninguna persona; ¿no querría Ud. tomarme a su servicio?</p>
-
-<p>&mdash;Está bien, dijo la vieja; retírate a aquella pieza y mañana, de alba,
-vienes a recibir mis órdenes.</p>
-
-<p>La Princesa se retiró sumamente afligida; el rostro mal agestado de la
-Bruja y su voz dura y antipática la atemorizaron y pasó la noche sin
-dormir.</p>
-
-<p>Apenas amaneció se fué a la pieza de la vieja, que ya estaba en pie y
-que la esperaba con un gran frasco de vidrio.</p>
-
-<p>&mdash;Toma este frasco, le dijo, y antes de las doce del día me lo traerás
-lleno de lágrimas de picaflores; si no consigues llenarlo, te costará la
-vida.<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">{39}</a></span></p>
-
-<p>La Princesa salió llorando sin saber a dónde dirigirse, pero a poco
-andar vió en un árbol al Canarito, que le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Ve a aquel monte que se divisa allí cerca; antes de subir cortarás una
-varillita de la primera planta que encuentres a mano derecha del camino
-que conduce a la cima, subes y esperas arriba la salida del sol; colocas
-el frasco en el suelo e inmediatamente vendrá una multitud de picaflores
-y uno tras otro irá parándose en la boca del frasco.</p>
-
-<p>Entonces tú les vas dando un golpecito en la cabeza con la varilla y
-derramará cada uno tres lágrimas dentro del frasco. Serán tantos y se
-turnarán tan rápidamente que en menos de una hora lo llenarán.</p>
-
-<p>Siguió la princesa el camino que le indicó el Canario y al llegar al
-monte cortó una varilla del primer arbusto que halló a la derecha de la
-senda; en seguida continuó su marcha, y una vez que estuvo arriba, dejó
-el frasco en el suelo, se sentó sobre una piedra y se quedó meditando
-sobre su triste suerte y las raras aventuras de su corta vida, hasta que
-el sol se levantó brillante y majestuoso en el horizonte.</p>
-
-<p>Inmediatamente acudió de todas partes una multitud de picaflores, cuyas
-plumas tornasoladas lanzaban vívidos reflejos al ser heridas por los
-rayos solares. Las lindas avecitas revoloteaban en torno de la Princesa,
-y saliendo del grupo, de a dos y de a tres se paraban en el borde de la
-boca del frasco y esperaban que la joven les diese un suave golpecito en
-la cabeza con la varilla, para retirarse y dejar el puesto a otras de
-sus compañeras. Esta escena se repitió con tal rapidez que, aunque sólo
-eran tres las lágrimas que cada picaflor depositaba en el frasco, en
-media hora éste se había llenado. Sin embargo de haber cumplido su
-tarea, la Princesa no se movió de aquel sitio: el solo recuerdo de la
-Bruja le imponía pavor y la hacía extremecerse, ¡y se sentía tan bien en
-medio de los árboles y de los pajaritos!</p>
-
-<p>Cuando el sol llegó a lo más alto del cielo, la Princesa<span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">{40}</a></span> se despidió
-cariñosamente de los picaflores, agradeciéndoles con frases llenas de
-dulzura el servicio que le habían hecho; y rodeada de ellos, que no la
-dejaron sino cuando llegó al plano, descendió del cerro con el frasco en
-sus brazos.</p>
-
-<p>Pocos momentos después llegaba a la cueva y se encontraba en presencia
-de la aborrecible vieja, y entregándole el frasco le decía:</p>
-
-<p>&mdash;Señora, estáis servida.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien, refunfuñó la Bruja; mañana temprano vendrás a recibir una
-nueva orden.</p>
-
-<p>Y arrojándole un mendrugo de pan, le indicó con el dedo que se retirara
-a su cuarto.</p>
-
-<p>La Princesa pasó la noche sin dormir, así es que muy temprano, antes que
-amaneciese, ya estaba en presencia de la hechicera. La vieja, que la
-esperaba, le pasó un cofre de una hermosura imponderable, cubierto de
-incrustaciones de oro y de adornos de flores de diamantes, perlas y
-rubíes, y entregándole una llavecita, le ordenó que la llevase a casa de
-otra vieja, su amiga, porque era su cumpleaños. Esta amiga la abriría y
-sacaría su contenido y después debía regresar la Princesa con la caja y
-estar de vuelta antes del mediodía.</p>
-
-<p>Salió la Princesa llorando y sin saber cómo, se halló de pronto al pie
-del monte en que había estado la mañana anterior. Allí encontró al
-Canarito, que le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Enjuga tu llanto, hermosa Princesa, y quédate aquí hasta la hora
-conveniente. Lo que la vieja desea es que abras el cofre; pero no lo
-abrirás, ni tampoco lo llevarás a casa de la amiga de la Bruja, porque
-ella te lo haría abrir. Poco antes de las doce te irás a la cueva y
-entregarás el cofre a la vieja diciéndole que su amiga lo había abierto
-y habían salido de adentro unos guerreros que la habían muerto. Y el
-Canarito se fué.</p>
-
-<p>Mientras llegaba la hora, la Princesa se entretuvo con los picaflores
-que revoloteaban a su alrededor de la manera más graciosa, haciendo mil
-figuras y evoluciones como si<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">{41}</a></span> bailaran; pero cuando el sol iba a llegar
-al mediodía, bajó siempre rodeada de las avecitas, hasta que llegó a la
-cueva. La vieja la esperaba en el interior, en la puerta de su
-habitación, y le entregó el cofre diciéndole que apenas la amiga lo
-había abierto, habían salido de él una cantidad innumerable de guerreros
-armados que en un momento le dieron la muerte, desapareciendo en
-seguida.</p>
-
-<p>&mdash;Pero ¿es cierto lo que me dices, muchacha? contestó la vieja, ¡si no
-puede ser!</p>
-
-<p>&mdash;Pero así ha sido, señora.</p>
-
-<p>&mdash;A ver, pásame la llave.</p>
-
-<p>Y tomándola, abre el cofre y sale de él un verdadero ejército de jóvenes
-armados de espadas, lanzas y hachas con las cuales traspasan y destrozan
-a la infame vieja, que se revuelca en el suelo en medio de un mar de
-sangre. Los jóvenes guerreros desaparecen dejándola por muerta; pero la
-Bruja tenía la vida de los gatos, y, arrastrándose como pudo, se echó a
-la cama.</p>
-
-<p>La Princesa quedó anonadada con esta escena, y se habría quedado quién
-sabe hasta cuándo como enclavada en el suelo, si la voz de la vieja no
-la hubiese sacado de su abstracción.</p>
-
-<p>&mdash;Hijita, le dijo la vieja con un tono que trataba de aparecer cariñoso,
-vaya a la otra pieza, tome el primero de los frascos que hay en el
-armario y me lo trae; quiero tomar del licor que hay en él para morir y
-dejar de sufrir.</p>
-
-<p>Pasó la Princesa a la pieza contigua, y ahí encontró al Canarito, que le
-dijo muy quedo al oído:</p>
-
-<p>&mdash;No le lleves el primero sino el último de los frascos del armario,
-para que muera de veras: cualquier otro que le lleves le dará la vida y
-no terminarán nunca nuestros sufrimientos.</p>
-
-<p>Obedeció la Princesa y le llevó el último frasco.</p>
-
-<p>&mdash;¿Este es el primero, hijita?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, señora, éste es el primero.</p>
-
-<p>&mdash;No vaya a haberse equivocado y haya tomado el segundo.<span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">{42}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No, señora, estoy completamente segura de que he traído el primero.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces deme una cucharada de él.</p>
-
-<p>La Princesa le pasó una cucharada del líquido que el frasco contenía y
-la vieja se lo bebió con ansia; pero apenas lo tragó, comenzó la Bruja a
-torcerse, a despedazarse con las uñas, a morderse las manos y los
-brazos, dando unos gritos tan desaforados que parecía que el palacio se
-iba a venir al suelo.</p>
-
-<p>Por suerte, todo esto duró poco, porque la vieja, en medio de los
-mayores dolores, entregó pronto su alma al diablo, a quien con tanto
-empeño había servido durante su larga vida.</p>
-
-<p>En cuanto cesaron los alaridos de la Bruja, sucedió una cosa inesperada.
-La cueva y el palacio se convirtieron en un bello y extenso país; los
-Canarios, en tres hermosos príncipes; los negros que había visto
-Juanito, en grandes de la corte, y los picaflores, en los habitantes del
-reino, todos los cuales vinieron a rendir homenaje a la Princesa.</p>
-
-<p>Acercóse a ella el más hermoso de los tres Príncipes e hincando una
-rodilla en tierra, habló a la Princesa de esta manera:</p>
-
-<p>&mdash;Princesa, yo soy aquel Canario que os arrebató la madeja de seda, el
-dedal y las tijeras y que más tarde os aconsejó lo que debíais hacer
-para libraros y librarnos de la malvada hechicera que por satisfacer una
-ruin venganza mató a nuestros padres y nos tenía hechizados a mí, a mis
-hermanos y a nuestro pueblo. Bien sabéis que yo os amo y que no podré
-vivir sino en vuestra compañía. Sé que vos me amáis también, pues por
-amor a mí habéis arrastrando tantos peligros. ¿Queréis que vayamos ahora
-mismo donde vuestro padre, que es nuestro vecino, para pedir vuestra
-mano?</p>
-
-<p>&mdash;Príncipe, contestó la joven, mi anhelo es ser vuestra esposa; partamos
-cuanto antes.</p>
-
-<p>El pueblo, entusiasmado, aclamó a la Princesa, llamán<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">{43}</a></span>dola su reina, su
-buena y querida reina, y jurando amarla y protegerla de todo peligro.</p>
-
-<p>Grande fué el alborozo del Rey, padre de la Princesa, al verla llegar
-completamente sana de su enfermedad y en tan buena compañía. Las bodas
-se celebraron al día siguiente y hubo grandes fiestas y regocijos
-públicos en los dos reinos, cuyos pueblos confraternizaban como si
-fueran uno. Los novios fueron muy felices; gobernaron a su pueblo con
-bondad paternal y Dios los premió dándoles hijos bellos y virtuosos, que
-les hicieron agradable su peregrinación en esta vida.</p>
-
-<h2><a name="num1-7" id="num1-7"></a>7. EL REY TIENE CACHITO<br /><br />
-<small>(Contado por el Presbítero don Osvaldo Martínez, de Santiago, en 1912)</small></h2>
-
-<p>Este era un Rey que cayó enfermo de un fuerte dolor a la cabeza. Su
-dolencia lo obligó durante muchos días a guardar cama y durante ellos no
-pudo ocuparse de los asuntos de gobierno. Cuando se levantó, se encontró
-con que le había salido un cachito.</p>
-
-<p>El Rey, por supuesto, quiso tener oculta de todos esta desgracia; pero
-no lo consiguió: el pelo le creció tanto que tuvo necesidad de hacer
-llamar a un peluquero, encargando que le trajeran el más discreto de la
-ciudad.</p>
-
-<p>Sus Ministros pasaron revista a todos los fígaros de la capital y por
-fin creyeron encontrar al que su Majestad necesitaba: era éste un pobre
-hombre que, aunque manejaba magistralmente la tijera y la navaja, casi
-no tenía clientela porque era muy reservado y poco comunicativo; no
-hablaba sino cuando era de absoluta necesidad.<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">{44}</a></span></p>
-
-<p>Con los informes de los Ministros, el Rey lo nombró su peluquero.</p>
-
-<p>En la primera sesión, el Rey le dijo que a ninguna persona debía
-comunicarle su desgracia y le exigió bajo juramento que así lo hiciese.
-El Peluquero juró que a ninguna persona diría que el Rey tenía un
-cachito. Después de esto le cortó el pelo y se retiró para volver dentro
-de un mes.</p>
-
-<p>No hizo mas que salir el Peluquero y sentir un desasosiego como nunca lo
-había tenido; y lo peor es que este malestar no lo dejaba y
-experimentaba como una necesidad de echar afuera aquel secreto que le
-hormigueaba por todo el cuerpo. Y aquí tenemos a nuestro hombre, que
-hasta entonces había vivido tranquilo, convertido en el ser más
-desgraciado de la tierra: no comía, no dormía, no trabajaba, no tenía
-ánimos para nada.</p>
-
-<p>Y sin embargo de no comer, se iba hinchando, hinchando hasta ponerse
-redondo como una tinaja.</p>
-
-<p>El pobre hombre se sentía desfallecer, no hallaba qué hacerse; estaba
-seguro de que se moriría en horas más si no contaba su secreto. Pero ¿y
-el juramento? El era buen cristiano y por nada de la vida perdería su
-alma.</p>
-
-<p>Desesperado, salió al campo; y aquí le ocurrió una idea salvadora. Con
-una estaca que halló a mano abrió un hoyo y echándose de barriga en
-tierra se puso a decirle:&mdash;¡El Rey tiene cachito! el Rey tiene
-cachito!&mdash;repitiendo la frase no menos de cien veces; y a medida que la
-iba diciendo, la barriga se le iba deshinchando. En seguida tapó el hoyo
-con la misma tierra que de él había sacado.</p>
-
-<p>¡Qué desahogado, qué aliviado y qué flaco se levantó el Barbero! ¡Qué
-feliz se sintió! Pocos momentos después llegó a su casa pidiendo
-desaforadamente que le dieran de comer; ¡qué apetito! todo lo que le
-servían se le hacía poco! La mujer estaba desesperada: ¿de dónde sacaría
-alimentos suficientes para llenar aquel tonel sin fondo? Se comió todo
-lo que pilló a mano, cuanta materia engullible había en la casa, y por
-fin, más cansado de hacer<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">{45}</a></span> funcionar las mandíbulas que satisfecho, se
-acostó. ¡Era de ver la placidez con que dormía el santo varón! Durmió
-dos días con sus noches, y se levantó feliz, cantando y con grandes
-disposiciones para trabajar. Era otro hombre.</p>
-
-<p>Pasaron los días uno tras otro hasta completar una semana, cuando
-ocurrió una cosa inesperada. Los niños de la escuela habían ido a hacer
-la chancha al campo vecino y encontraron una mata de capachitos, que
-había brotado precisamente en el lugar en que el Peluquero había hecho
-el hoyo; arrancaban las florecitas y tomándolas con el dedo pulgar,
-índice y cordial, las reventaban en sus frentes, como tienen costumbre
-de hacerlo; pero en esta vez la florecitas, al estallar, decían:</p>
-
-<p>&mdash;¡El Rey tiene cachito!</p>
-
-<p>Admirados los niños de este prodigio, llevaron a sus casas todos los
-capachitos que quedaban y repitieron la prueba y los capachitos siempre
-decían:&mdash;¡El Rey tiene cachito!</p>
-
-<p>No se podía dudar de la noticia, y ella corrió como el aceite: en pocos
-instantes la conocía toda la ciudad. Y tanto y tanto cundió que llegó a
-oídos del Rey.</p>
-
-<p>El Rey hizo llamar al Peluquero y después de apostrofarlo duramente le
-dijo que le haría pagar con la vida su indiscreción. El Peluquero
-respetuosamente repuso:&mdash;Señor, yo juré a Vuestra Majestad no decirle a
-ninguna persona su secreto y lo he cumplido, porque hasta ahora no se lo
-he dicho a alma nacida. ¿Qué culpa tengo yo si los capachitos lo andan
-proclamando a los cuatro vientos?</p>
-
-<p>Por cierto que se cuidó de contarle lo que había hecho, y como de esto
-no había testigos, el Rey hubo de perdonarlo.<span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">{46}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-8" id="num1-8"></a>8. EL CUERPO SIN ALMA.<br /><br />
-<small>(Referido en 1912 por Beatriz Montecinos, de 50 años, de Talca)</small></h2>
-
-<p>Para saber y contar y contar para saber.</p>
-
-<p>Este era un caballero que tenía un fundo cerca de la ciudad, muy grande
-y muy hermoso, pero que tenía la maldición de que nadie podía vivir en
-él, porque, sin saber cómo ni por qué, al otro día amanecían muertos los
-que pretendían trabajarlo. El caballero estaba desesperado, y ofreció
-darlo a medias al que se atreviese a sembrarlo.</p>
-
-<p>Había en la misma ciudad una viuda muy pobre, que tenía tres hijos,
-decididos y valientes, los cuales se pusieron de acuerdo para
-trasladarse al fundo. Partieron, llevando cada uno un pedazo de pan y
-otro de queso, que para más no les alcanzó el poco dinero que tenían.</p>
-
-<p>Habían andado ya un buen trecho, cuando el menor se hizo a un lado de
-sus hermanos, que siguieron andando, porque se le ofreció una necesidad.
-Iba ya a reunirse con ellos, cuando se le presentó una pobre vieja
-pidiéndole una limosna. El, compadecido, le dió el pan y el queso que
-llevaba, y entonces la anciana le entregó una varillita, diciéndole que
-era de virtud y que le haría todo lo que le pidiese, y desapareció.</p>
-
-<p>Llegaron los tres hermanos al fundo muy de madrugada y convinieron en
-que mientras iban a trabajar los dos menores, el mayor se quedaría
-haciendo la comida para los tres.</p>
-
-<p>Fueron los menores al trabajo y cuando el mayor tenía hecha la comida y
-en punto para servirla, salió de un pozo que había cerca de la cocina un
-enorme Culebrón, y el joven, del susto, se fué de espaldas y casi se
-mató del golpe.</p>
-
-<p>&mdash;La vida o la comida, le dijo el Culebrón.</p>
-
-<p>&mdash;La comida, le contestó el pobre, más muerto que vivo.<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">{47}</a></span></p>
-
-<p>El Culebrón devoró la comida y en seguida desapareció por el pozo.</p>
-
-<p>Poco después llegaron los otros dos hermanos, quienes, de tanto que
-habían trabajado, venían que no podían más de hambre. Cuando supieron lo
-que había pasado, casi se murieron de rabia.</p>
-
-<p>Al día siguiente se quedó el segundo haciendo la comida, partieron a
-trabajar los otros dos, y sucedió lo mismo que el día anterior: salió el
-Culebrón, se comió la comida, y dejó tocando tabletas a los tres
-hermanos.</p>
-
-<p>El tercer día se quedó el menor, y en el momento en que éste retiraba la
-olla del fuego, salió el Culebrón y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;La vida o la comida.</p>
-
-<p>&mdash;Ni la vida ni la comida, le respondió el joven, y poniéndose en facha
-con su varillita en la mano, obligó al Culebrón a retirarse a su pozo
-bastante mal herido.</p>
-
-<p>Llegaron los otros dos, y comieron todos con mucho apetito.</p>
-
-<p>Después dijo el más joven:</p>
-
-<p>&mdash;Para vernos libres en adelante de este estorbo, amárrenme con un
-cordel y descuélguenme en el pozo y yo mataré al Culebrón donde se
-encuentre. Cuando mueva la cuerda es para que la tiren y me suban.</p>
-
-<p>Bajó el joven, y en el fondo del pozo se encontró con un hermosísimo
-palacio, que tenía todas las puertas y ventanas cerradas. Golpeó
-inútilmente, porque no le abrieron. Entonces, sacando su varillita,
-dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Dios y una hormiguita, e inmediatamente se convirtió en hormiga. Así
-pudo entrar por una rendija y llegó a una sala en donde había una niña
-más bella que el sol. Se le subió por un costado y de repente la picó.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién me pica? dijo la niña.</p>
-
-<p>&mdash;Yo, señorita, contestó el joven desencantándose.</p>
-
-<p>Se pusieron a conversar. La niña le dijo que eran tres hermanas, hijas
-del Culebrón, el cual las tenía encerradas bajo siete llaves y no les
-permitía ver a nadie.</p>
-
-<p>&mdash;Yo mataré al Culebrón y las libraré a ustedes.<span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">{48}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No podrás matarlo&mdash;le dijo la joven&mdash;porque mi padre es el Cuerpo sin
-Alma.</p>
-
-<p>&mdash;Pero tú podrás averiguar en dónde tiene el alma y entonces yo daré
-buena cuenta de él.</p>
-
-<p>Fué la niña al lugar en que estaba su padre, y con ella el joven,
-convertido en hormiga, pegado a su costado.</p>
-
-<p>&mdash;Papá, ¿por qué lo llaman a usted el Cuerpo sin Alma?</p>
-
-<p>&mdash;No te lo diré, porque las paredes tienen oídos y los matorrales ojos.</p>
-
-<p>&mdash;Pero si aquí estamos solos, y encerradas como vivimos ¿a quién podría
-confiarle lo que usted me diga?</p>
-
-<p>Entonces él repuso:</p>
-
-<p>&mdash;Hija, has de saber que en el monte vecino hay una laguna; dentro de la
-laguna hay un toro; matando a ese toro, sale de su cuerpo un león;
-matando a ese león, sale una zorra muy corredora, que nadie la podrá
-alcanzar; adentro de la zorra hay una paloma; y adentro de la paloma, un
-huevo. Ese huevo es mi alma, y si llegan a quebrarlo, soy muerto.</p>
-
-<p>Siguieron hablando un rato sobre otras cosas y poco después la niña se
-retiró a su pieza. Inmediatamente el joven se fué corriendo para la
-laguna, y apenas había llegado a la orilla, salió el toro bramando y
-escarbando la tierra que daba miedo.</p>
-
-<p>&mdash;Dios y un toro de los más bravos&mdash;dijo el joven sacando la varillita y
-al punto se convirtió en toro y se puso a pelear con el que había salido
-de la laguna, hasta que lo mató. Por el hocico del toro muerto salió un
-león, que echaba el cielo abajo con sus rugidos.</p>
-
-<p>&mdash;Dios y un león de los más bravos&mdash;dijo el joven a la varillita, y
-convirtiéndose en león, atacó rudamente a su contrario y lo mató.
-Entonces salió la zorra corredora del hocico del león muerto, y tanto y
-tan bien corría que no se le veían las patas.</p>
-
-<p>&mdash;Dios y un perro zorrero, de los más corredores y más bravos, dijo el
-joven, y en el mismo instante se volvió<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">{49}</a></span> perro, y tan ligero corría, que
-las patas no tocaban el suelo. En un momento alcanzó a la zorra y
-también la despachó.</p>
-
-<p>Mientras tanto el Cuerpo sin Alma se sentía muy enfermo y daba unos
-quejidos terribles. La niña se acercó a preguntarle qué tenía.</p>
-
-<p>&mdash;Retírate, traidora&mdash;le dijo el Culebrón&mdash;si no quieres que te mate.</p>
-
-<p>Del cuerpo de la zorra salió una paloma, que se perdió en el espacio. El
-joven dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Dios y un halcón de los más voladores;&mdash;y convertido en halcón dió
-alcance a la paloma, la mató y le sacó del buche el huevo que tenía
-guardado y que era el alma del Culebrón.</p>
-
-<p>Poco después se presentó en el palacio y mostrándole el huevo, dijo al
-Culebrón, que apenas respiraba ya, tan desfallecido estaba:</p>
-
-<p>&mdash;¿Conoces esto?</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo no lo he de conocer, si es mi alma?</p>
-
-<p>&mdash;Te la entregaré si me das el manojo de llaves del palacio.</p>
-
-<p>El Cuerpo sin Alma le entregó las llaves y el joven, disparándole el
-huevo, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Ahí la tienes.</p>
-
-<p>Pero el huevo le dió en la frente al Culebrón y se reventó, y el
-Culebrón cayó muerto.</p>
-
-<p>El joven se fué a librar a las tres niñas, pero la menor, que era la que
-él había visto, no quería que sacase a las otras, porque estaba
-enamorada de él y temía que sus hermanas, que también eran muy bellas,
-le robasen su amor. Pero él le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Si nosotros también somos tres; mis hermanos se casarán con tus
-hermanas.</p>
-
-<p>Las sacó a las otras dos de su encierro y amarrando primeramente a la
-menor, movió el cordel y los que estaban arriba la subieron. Los dos
-hermanos, cuando la vieron tan buena moza, se pusieron a pelear, para
-ver cuál se la<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">{50}</a></span> llevaba; pero ella les dijo que eran tres y que luego
-subirían las otras dos.</p>
-
-<p>Cuando hubieron subido las tres niñas, los hermanos mayores no volvieron
-a echar el cordel, y tomando cada uno a su compañera, dejaron abandonada
-a la menor, que esperó en vano que subiera el joven que había quedado en
-el pozo.</p>
-
-<p>Un momento después conoció éste su desgracia, y, turbado con la pena que
-le causaba la traición de sus hermanos, por decirle a la varillita
-“siete estados para arriba”, le dijo “siete estados para abajo” y llegó
-a la tierra de los pigmeos, donde, del golpe tan violento que recibió,
-quedó sin sentidos. Cuando volvió en sí, los pigmeos le habían robado su
-varillita de virtud.</p>
-
-<p>El pobre entró a sufrir mucho y llegó su miseria a tal estado que se vió
-obligado a ocuparse como cuidador de los rebaños del Rey de los pigmeos
-para ganarse la vida.</p>
-
-<p>Un día que lloraba su desgracia, se le apareció una Aguilita y le
-preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué está tan triste y llorando?</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo no he de llorar, distante de la que amo y viéndome en el estado
-en que me hallo y sin esperanzas de volver a la tierra?</p>
-
-<p>&mdash;Yo lo sacaré de aquí si le parece; pero tiene que llevar mucha carne,
-porque el viaje es largo y hay que atravesar el mar.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien, llevaremos un cordero.</p>
-
-<p>Y el joven mató un cordero y dividiéndolo en cuartos lo puso sobre el
-Aguila y él se montó en seguida encima.</p>
-
-<p>Al poco rato el Aguilita pidió de comer y él le puso en el pico un
-cuarto de cordero. Volaron un rato, y el Aguilita pidió más, y él le
-entregó el segundo cuarto; después, el tercero; y por fin el único que
-quedaba.</p>
-
-<p>Iban volando por sobre el mar cuando el Aguilita dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Compañero, ¿queda carnecita? mire que me faltan las fuerzas y nos
-caeremos al mar y nos ahogaremos si no como.<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">{51}</a></span></p>
-
-<p>El joven se cortó una pierna y se la atravesó en el pico al Aguila. Esta
-escena se repitió dos veces más, y el joven tuvo que cortar su otra
-pierna y el brazo izquierdo, que el Aguila devoró en un instante. De
-pronto dijo el Aguila:</p>
-
-<p>&mdash;Ya llegamos; bájese, compañerito, que en aquel palacio está su niña; y
-apúrese porque la van a casar con un príncipe y ella no quiere, porque
-lo está esperando a usted.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo me bajo&mdash;respondió el joven&mdash;si no tengo piernas?</p>
-
-<p>&mdash;Echese al suelo no más, y no se demore, que lo dejan sin novia.</p>
-
-<p>Al dejarse caer, el joven se encontró con sus dos piernas y sus dos
-brazos, y si buen mozo había sido antes, quedó desde entonces mucho
-mejor. Llorando de alegría, le dió las gracias a la Aguilita, y ella,
-convirtiéndose en ángel, le dijo que era el de su guarda, que viéndolo
-tan triste, había venido a sacarlo de apuros.</p>
-
-<p>Cuando llegó al palacio en que estaba su amada, la alegría de ésta fué
-grande, y en lugar de celebrarse el matrimonio con el príncipe con quien
-la obligaban a casarse, se casó con el joven que tanto había sufrido por
-ella y había sido su primer amor. La fiesta estuvo muy buena y hasta
-ahora estará que se arde; yo me encontré en ella y comí y tomé hasta que
-casi reventé. Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento para
-serranías de más adentro.</p>
-
-<h2><a name="num1-9" id="num1-9"></a>9. LA HUACHITA CORDERA.<br /><br />
-<small>(Referido en Abril de 1914 por Mercedes Albornoz, de 14 años, Villa
-Alegre)</small></h2>
-
-<p>Este era un hombre que vivía en el campo y había quedado viudo con dos
-hijos pequeños: un niñito y una<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">{52}</a></span> niñita. El hombre era pobre y para
-alimentar a sus hijos tenía que salir a trabajar todos los días antes
-que apareciera el sol, y como los niños no eran capaces de hacer nada,
-se los dejaba encomendados a una vecina que los trataba con mucho
-cariño, les lavaba su ropita y les daba muy bien de comer.</p>
-
-<p>Mejoró un poco la situación del hombre y se casó con la vecina; pero
-ésta, apenas salía su marido de la casa, obligaba a los niños a hacer el
-fuego, a que le trajesen agua del río en baldes que eran muy pesados
-para ellos, a barrer y ejecutar otros trabajos superiores a sus escasas
-y débiles fuerzas; y si la leña no estaba bien encendida, o los baldes
-no llegaban completamente llenos, o quedaba un poco de basura en el
-suelo, les pegaba cruelmente con lo primero que hallaba a mano.</p>
-
-<p>Una vez, el niño le dijo a la niña:&mdash;Vámonos de aquí, hermanita; ¿para
-qué estamos sufriendo tanto?,&mdash;y al otro día muy temprano dejaron su
-lecho, abandonaron la casa en que habían nacido y marcharon a la
-ventura, alimentándose de frutas y de yerbas y durmiendo en las cuevas
-de las montañas o en los ranchos abandonados que encontraban en su
-camino.</p>
-
-<p>Después de muchos días de marcha, llegaron a una tierra desierta, sin
-casas ni árboles, en la que el calor del sol se hacía sentir con toda su
-fuerza. Los niños morían de sed y en ninguna parte hallaban agua para
-aplacarla. Por fin llegaron a la orilla de una laguna y cuando se
-disponían a beber, oyeron una voz que decía:</p>
-
-<p>&mdash;El que de esta agua bebiere tiburón se ha de volver y devorará a su
-hermano.</p>
-
-<p>&mdash;Hermanita, no tomemos de esta agua&mdash;dijo el niño&mdash;aguantemos la sed y
-vámonos, puede ser que más allá encontremos agua buena.</p>
-
-<p>Muy tristes se apartaron de la laguna y a cada instante más sedientos;
-pero luego tropezaron con un pozo y el corazón se les alegró.
-Sirviéndose de una cuerda que estaba en el suelo al lado del brocal,
-echaron adentro<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">{53}</a></span> un tiesto que cerca estaba, y cuando ya lo alzaban
-repleto de agua, salió del pozo una voz que decía:</p>
-
-<p>&mdash;El que de esta agua bebiere, sierpe se ha de volver y devorará a su
-hermano.</p>
-
-<p>&mdash;Hermanita, no tomemos de esta agua&mdash;dijo el niño&mdash;aguantemos la sed y
-vámonos, pueda ser que más allá encontremos otra mejor.</p>
-
-<p>La niña no soportaba la sed, y si no hubiera sido por la amenaza de que
-si bebía de esa agua devoraría a su hermano, habría bebido hasta
-saciarse.</p>
-
-<p>Continuaron su camino muy tristes, desfallecidos, casi sin fuerzas para
-andar, pero a los pocos pasos tropezaron con un arroyo de agua fresca y
-cristalina. Echáronse de bruces para beber y cuando sus secas fauces
-estaban a punto de humedecerse, oyeron estas palabras que salían de la
-corriente:</p>
-
-<p>&mdash;El que de esta agua beba, corderito se ha de volver.</p>
-
-<p>&mdash;Hermanita no tomemos...&mdash;alcanzó apenas a decir el niño, cuando vió a
-su hermana convertida en corderita. La pobrecilla, no oyendo la amenaza
-de que si bebía devoraría a su hermano, se apresuró a apagar su sed y
-alcanzó a tragar unos cuantos sorbos de aquella agua maldita.</p>
-
-<p>Es fácil suponer en qué estado dejaría esta desgracia a los pobres
-hermanos, que ya no tuvieron otro consuelo que conversar y comunicarse
-sus penas, porque, por suerte para ellos, al experimentar la niña su
-transformación, no había perdido el uso de la palabra. Sin embargo, el
-niño lloraba mucho; no podía acostumbrarse a ver a su hermana convertida
-en animal.</p>
-
-<p>Un día le salió al paso una viejecita.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué llora tanto, hijito?&mdash;le preguntó.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo no he de llorar, mamita, con la desgracia que nos ha sucedido?
-¡Qué no daría yo por ver a mi hermana convertida en mujer otra vez!</p>
-
-<p>&mdash;Hijito, eso no es posible por ahora; pero con esta varillita de virtud
-que voy a ocultar en las lanas de la Corde<span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">{54}</a></span>rita, tendrá ella lo que
-quiera; podrá hasta volverse mujer por tres horas cada vez que lo desee,
-y para siempre cuando un príncipe quiera casarse con ella.</p>
-
-<p>Y desapareció después de colocar una varita entre las lanas de la
-Cordera.</p>
-
-<p>Desde ese momento la Corderita dejó de lamentarse y se la veía brincar y
-correr al rededor de su hermano y balar alegremente; porque ha de
-saberse que no hablaba con él sino cuando estaban solos.</p>
-
-<p>Pasó algún tiempo, y el niño que ya se había convertido en hombre, entró
-a servir como pastor de los rebaños del Rey, el cual, como era muy
-bondadoso, le permitió conservar la Corderita a su lado.</p>
-
-<p>Sucedió que en la noche del primer día en que el pastor había entrado en
-funciones, el hijo del Rey tuvo que pasar por el patio en que estaban
-las habitaciones de los sirvientes, y se extrañó de oir de la más
-alejada, que era la que ocupaba el pastor y la Corderita, una voz
-femenina. Se detuvo a escuchar para referirle a la Reina, su madre, lo
-que oyera, pues era prohibido que las sirvientas penetraran a las piezas
-de ese patio; pero no sintió sino murmullos y no alcanzó a entender ni
-una palabra. Al día siguiente, el Príncipe refirió a su madre lo
-sucedido, y en la tarde, cuando el pastor regresó, después de guardar el
-ganado, fué conducido a presencia de la Reina.</p>
-
-<p>A la pregunta que le hizo la Reina de quién era la mujer que en la noche
-anterior había estado en su aposento, contestó:</p>
-
-<p>&mdash;No estaba, señora, con ninguna mujer, sino con una huachita Cordera
-que el Rey mi Señor me ha permitido guardar a mi lado y a la que he
-conseguido enseñar varias palabras. (No se atrevió a contarle la
-verdad).</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué palabras sabe? preguntó la Reina admirada.</p>
-
-<p>&mdash;Dice ya, papá, mamá, hermano y otras.</p>
-
-<p>&mdash;Tráeme la Corderita; quiero verla.</p>
-
-<p>Fué el jóven a su pieza, contó a su hermana lo que había hablado con la
-Reina y le aconsejó que mientras<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">{55}</a></span> tanto no dijese más palabras que las
-que él había dicho a la Reina que le había enseñado, y la condujo a la
-presencia de la soberana.</p>
-
-<p>La Corderita se bañaba todos los días en el río, de modo que siempre
-estaba muy limpia. La Reina quedó encantada y le dijo al pastor que se
-la dejase, que ella la cuidaría muy bien.</p>
-
-<p>La Reina le tomó mucho cariño y a todas partes iba con ella. La
-Corderita la llamaba mamá; al Rey le decía papá, y al Príncipe hermano.</p>
-
-<p>La Reina se dijo un día:&mdash;Si un rústico pastor ha podido enseñar a este
-animalito a pronunciar unas cuantas palabras, ¿por qué no he de
-conseguir yo que aprenda a hablar como una persona?</p>
-
-<p>Desde ese día comenzó a enseñarle a hablar, y la Huachita se hacía la
-que no sabía y que poco a poco iba aprendiendo.</p>
-
-<p>Pasó así algún tiempo, hasta que para celebrar una victoria obtenida por
-el Rey, se organizaron grandes fiestas, entre ellas unas carreras de
-caballos a que debía concurrir toda la Corte.</p>
-
-<p>Cuando llegó ese día, la Corderita, que hasta entonces no había hecho
-uso de la virtud que tenía, quiso ir a las carreras; y después que los
-Reyes, el Príncipe y demás potentados que vivían en palacio salieron,
-ella también salió sin que nadie la viera, y se fué al campo, y al lado
-de un espino que allí había, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Varillita de virtud, por la virtud que Dios te ha dado, haz que me
-convierta en mujer, vestida con un traje de color de estrellas y que
-aparezca aquí para llevarme a las fiestas una carroza de plata
-arrastrada por dos parejas de caballos y servida por tres pajes negros.
-E inmediatamente se encontró convertida en una hermosísima joven,
-vestida como había pedido y con el coche con los tres negritos. La piel
-de cordero estaba a su lado, y antes de subir a la carroza la dejó
-colgada de una rama del espino, y partió.<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">{56}</a></span></p>
-
-<p>Cuando llegó a la plaza, atrajo las miradas de todos por su hermosura y
-la riqueza y esplendor de su traje. Nadie la conocía y unos a otros se
-decían: «¿de dónde vendrá esta princesa?» El Príncipe, sobre todo, la
-atendió mucho y se enamoró perdidamente de ella. Cuando sonó la hora en
-que debía retirarse, el Príncipe le preguntó si volvería al día
-siguiente y ella le contestó que sí.</p>
-
-<p>En la Corte no se habló en el resto del día de otra cosa que de la
-fiesta; pero la preocupación de todos era la bellísima joven
-desconocida.</p>
-
-<p>Llegó el día siguiente y todo el mundo se trasladó a las carreras.</p>
-
-<p>Una vez que la Corderita se encontró sola, volvió al campo, y al pie del
-espino pidió a la varillita que la transformara en mujer, vestida con
-traje de color de la luna y las estrellas y la condujese a la fiesta en
-una carroza de oro arrastrada por tres parejas de caballos y servida por
-seis pajes negros; y al punto todo se hizo como ella lo había pedido.
-Dejó la piel de oveja colgada de una rama del espino, subió al carruaje
-y se fué a las fiestas.</p>
-
-<p>A su entrada, la atención de la multitud se concentró en ella, y si
-hermosa la habían encontrado el día anterior, más hermosa aun la
-encontraron en este día. El Príncipe, todavía más enamorado, fué a
-colocarse inmediatamente a su lado y allí estuvo conversando con ella
-hasta el momento que la joven se levantó para retirarse.</p>
-
-<p>El otro día era el último de las carreras. La afluencia de gente fué
-mayor; puede decirse que toda la ciudad se había trasladado a
-presenciarlas.</p>
-
-<p>A la misma hora que los días anteriores, llegó la joven en una carroza
-de diamantes arrastrada por cuatro parejas de caballos y servida por
-doce negros; su traje tenía los colores de la luna, de las estrellas y
-del sol naciente, y si linda la habían encontrado las otras dos veces,
-más linda la hallaron esta vez. Todos los ojos estaban clavados en ella
-y de los labios de la muchedumbre no salían sino alabanzas en su honor.
-Apenas la divisó el Príncipe<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">{57}</a></span> fué a sentarse a su lado a cortejarla.
-Cuando estaba hablándola con más entusiasmo, llegó un paje con un recado
-de la Reina y el Príncipe tuvo que abandonar su asiento por un momento;
-a su regreso se encontró con que estaba vacío el lugar que ocupaba la
-niña.</p>
-
-<p>Se acabaron las fiestas y nadie volvió a ver a la joven.</p>
-
-<p>El Príncipe se puso muy triste y languidecía rápidamente. Los médicos
-nada pudieron para curar su mal y los Reyes lloraban la próxima muerte
-de su único hijo.</p>
-
-<p>Un día, cuando ya se había perdido toda esperanza de salvación, dijo la
-Corderita a la Reina:</p>
-
-<p>&mdash;Mamá, ¿quiere que vaya yo a cuidar al enfermo? Quién sabe si pueda
-sanarlo!</p>
-
-<p>¡Qué se perdía con que fuese! La Reina consintió y ella misma condujo a
-la Corderita a las habitaciones del enfermo y la dejó allí.</p>
-
-<p>Apenas se retiró la Reina, la Corderita pidió muy quedito a la varillita
-que la convirtiera en mujer, ataviada con el mismo traje con que se
-había presentado a las carreras, y una vez transformada, se acercó a la
-cama del enfermo y lo llamó dulcemente. El Príncipe abrió los ojos y a
-la vista de su amada sintió que le volvía la vida.</p>
-
-<p>Tres horas conversaron alegremente y al terminar este tiempo la joven
-tornó a convertirse en la Huachita Cordera.</p>
-
-<p>El Príncipe hizo llamar a los Reyes, y les dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Padres, la Corderita me ha sanado; me siento perfectamente bien y es
-preciso que me dejen casarme con ella.</p>
-
-<p>Apenas el Príncipe dijo estas palabras, cumpliéndose el vaticinio de la
-viejecita que había dado a la Corderita la virtud, se transformó ésta
-para siempre en la bellísima niña que todos habían visto en las fiestas,
-y los Reyes, henchidos de contento, consintieron en el matrimonio de su
-hijo con la joven.</p>
-
-<p>Los novios fueron muy felices y vivieron en una perpetua luna de miel y
-tuvieron muchos hijos.</p>
-
-<p>El hermano de la joven, que hasta el día antes del ma<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">{58}</a></span>trimonio había
-continuado como pastor, fué ennoblecido y siguió viviendo en la Corte,
-desempeñando empleos muy principales.</p>
-
-<p>Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento.</p>
-
-<h2><a name="num1-10" id="num1-10"></a>10. LAS SIETE CIEGAS.<br /><br />
-<small>(Referido por el niño Luis Smith, de 12 años, en 1910)</small></h2>
-
-<p>Hubo en un país lejano un Rey muy malo que se complacía en el daño que
-causaba a sus súbditos.</p>
-
-<p>Un día que salió a cazar, y se extravió en el bosque, vió en la puerta
-de una choza a una jovencita muy bella y agraciada, y llevándola a
-Palacio se casó con ella.</p>
-
-<p>Un mes nada más duró la felicidad de la Reina. Transcurrido este corto
-tiempo, durante el cual el Rey fué tierno y cariñoso con ella, se reveló
-nuevamente en él el hombre perverso, de fieros instintos. Con pretextos
-y sin pretextos, todo lo encontraba malo, y como la Reina era la persona
-que tenía más cerca, la desgraciada pagaba el pato. Un día que amaneció
-de más mal humor que de ordinario, hizo sacar los ojos a la Reina y
-ordenó que la encerrasen en un calabozo húmedo y sin luz, que daba a uno
-de los patios interiores del palacio, y que la sometiesen a una
-alimentación escasa.</p>
-
-<p>Poco tiempo después, el Rey se casó con otra joven, la cual también sólo
-un mes fué feliz, y pasó otro mes al lado de su esposo sufriendo toda
-clase de vejámenes; después, privada de la vista, fué a hacer compañía
-en el calabozo a su predecesora.</p>
-
-<p>La misma suerte corrieron cinco niñas más, con las cuales el monarca
-contrajo matrimonio sucesivamente.<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">{59}</a></span></p>
-
-<p>Las siete desgraciadas tuvieron un hijo cada una en su prisión, pero
-sólo la primera lo conservó; las otras, muertas de hambre, se comieron
-los suyos, y si no hubiera sido porque la primera mujer logró ocultar a
-su hijo y que éste, como si adivinara el destino que le estaba reservado
-si las compañeras de su madre lo descubrían, jamás lanzó el menor gemido
-ni se le oyó llorar.</p>
-
-<p>La criatura era hermosa y fué creciendo. Su madre le enseñaba a hablar
-en las noches, cuando sus compañeras dormían, y paulatinamente fué
-comunicándole los pocos conocimientos que tenía, lo que el niño aprendía
-con suma facilidad, porque estaba dotado de gran inteligencia.</p>
-
-<p>Una vez el niño encontró un clavo y, jugando, se puso a escarbar la
-pared al lado del sitio que ocupaba su madre. La muralla, con la
-humedad, estaba blanda, así es que en pocos momentos hizo un pequeño
-forado por el que penetró un poco de luz; le dieron deseos de salir para
-conocer el mundo, de que tanto había oído hablar a su madre, y para
-conseguirlo continuó trabajando hasta que el agujero fué suficientemente
-grande para dejarlo pasar. Le contó a su madre lo que había hecho y le
-pidió que mientras él andaba afuera cubriera ella el forado con su
-cuerpo para que el carcelero no lo viese.</p>
-
-<p>Salió el chico y se encontró con un hermoso huerto. No se cansaba de
-admirar el cielo, tan azul y tan bello; mucho también le llamaron la
-atención los árboles, las flores y los frutos; tomó algunos de éstos,
-los probó y los encontró sabrosísimos. Cogió entonces todos los que pudo
-para llevárselos a su madre, la cual sólo entonces comunicó la
-existencia de su hijo a sus compañeras de desgracia e hizo que el niño
-les repartiera frutas.</p>
-
-<p>Desde ese momento el niño fué la alegría de todas, que lo quisieron
-entrañablemente, y él les pagaba su cariño renovándoles cada día las
-provisiones que tomaba en el huerto.</p>
-
-<p>Cada vez que el niño estaba fuera, la madre pasaba<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">{60}</a></span> sobresaltada,
-temiendo que uno de los hortelanos lo encontrara y lo llevase a
-presencia del Rey. Por lo que pudiese suceder, le dijo un día:&mdash;Hijo, si
-te llegan a ver, te preguntarán de dónde vienes, cómo te llamas y
-quiénes son tus padres, y tú contestarás que vienes del mundo que tu
-nombre es el Viento y que eres hijo del Trueno y de la Lluvia.</p>
-
-<p>Pasó algún tiempo, más de un año, sin que nada se descubriera, porque el
-chico practicaba sus excursiones muy de mañana y los hortelanos no eran
-madrugadores; pero una vez que uno de éstos se levantó más temprano que
-de costumbre, fué cogido y llevado a la presencia del Rey. Al Rey le
-cayó en gracia el chico y le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿De dónde vienes?</p>
-
-<p>&mdash;Del mundo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién es tu padre?</p>
-
-<p>&mdash;El Trueno.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y tu madre?</p>
-
-<p>&mdash;La Lluvia.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p>Poco después de haberle hecho sacar los ojos a su séptima mujer y
-haberla encerrado en el calabozo, el Rey se había casado por octava vez;
-pero en ésta <i>le salió el futre</i>, como vulgarmente se dice, porque la
-nueva esposa no era el manso cordero, ni la humilde paloma que las
-anteriores. Mujer de carácter fuerte, de corazón duro y envidiosa,
-dominó a su marido por completo. El Rey se fué acostumbrando poco a poco
-a obedecer, y como consecuencia, su carácter se debilitó y dulcificó.</p>
-
-<p>Como dijimos, el chico le cayó en gracia al Rey, sólo de verlo, y mucho
-más cuando lo oyó responder con tanto despejo a sus preguntas; y ordenó
-que lo vistiesen bien y lo dejasen en completa libertad para andar por
-el palacio y sus dependencias.</p>
-
-<p>El niño vivía con la servidumbre, que lo adoraba. Cuando concluía su
-comida, recogía todos los restos y se los llevaba a las ciegas, con las
-cuales conversaba un rato<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">{61}</a></span> cada vez que entraba a la prisión,
-especialmente en la noche, antes de retirarse al cuarto que se le había
-destinado.</p>
-
-<p>A medida que el niño crecía en altura, crecía también en inteligencia,
-de tal modo que su fama salió de los patios de la servidumbre y llegó a
-oídos de la Reina. Ella también quiso oírlo, y al escuchar sus
-contestaciones tan prontas y oportunas, se propuso perderlo. La Reina
-era envidiosa y no tenía hijos. Se fingió enferma, hizo llamar al Rey y
-le dijo que había soñado que no sanaría de su enfermedad sino tomando
-leche de leona traída por un león en odre de león, y que había de ser el
-niño quien la fuese a buscar.</p>
-
-<p>El Rey, que no hacía sino la voluntad de su mujer, aunque a disgusto
-ordenó al niño que cumpliera los deseos de la Reina. El niño, muy
-afligido, fué a contarle a su madre lo que le pasaba, y ésta le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;La Reina quiere perderte, pero nada te sucederá si sigues mis
-consejos. Pide al cocinero, antes de partir, una cacerola, pan, leche y
-sal suficiente para sazonarla; te vas por tal y tal camino hasta que
-llegues a una llanura en que verás una gran peña a orillas de un
-riachuelo sombreado de árboles; haces una sopa de pan con leche y dejas
-la cacerola entre el arroyo y la peña y te ocultas detrás de un árbol.
-Poco después llegará un león, que después de olfatear la sopa la comerá;
-una vez que se la haya tomado toda, dirá él:&mdash;¡Qué buena está esta sopa!
-¿Quién la habrá traído?&mdash;Entonces sales de tu escondite y le
-contestas:&mdash;«Yo, señor», y el león, agradecido te dará lo que le pidas.</p>
-
-<p>Provisto de la cacerola y de las raciones de pan, leche y sal
-suficientes, se dirigió afuera de la ciudad y siguió por el camino que
-su madre le había indicado, hasta llegar a la peña. Allí se detuvo, hizo
-la sopa de pan con leche y depositó la cacerola entre el riachuelo y la
-peña y ocultándose detrás de un corpulento árbol, esperó. Pocos momentos
-después llegaron a sus oídos los espan<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">{62}</a></span>tosos rugidos de un león, y casi
-en seguida vió aparecer a la terrible fiera, que, rabiosa, rugía y
-escarbaba la tierra, y abriendo las narices aspiraba el aire en todas
-direcciones como si buscara con el olfato el lugar en que se encontraba
-un ser extraño; pero sucedió que lo primero que llegó a sus narices fué
-el olor suavísimo para él de la sopa de pan con leche, y dirigiéndose al
-sitio en que el niño la había dejado, se la tomó poco a poco,
-saboreándola con delicia.</p>
-
-<p>Una vez que concluyó de comérsela, se lamió los bigotes y exclamó:</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué cosa más rica! ¡Quién la habrá dejado aquí? Y entonces el niño,
-saliendo de su escondite, exclamó:</p>
-
-<p>&mdash;Yo la traje, señor León.</p>
-
-<p>El León lo miró un poco sorprendido y después de un rato, le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué quieres que te dé en pago del placer que me has proporcionado?</p>
-
-<p>&mdash;Señor León&mdash;le contestó el niño&mdash;lo que quiero es un poco de leche de
-leona en odre de león, y que sea llevada al palacio por un león, para
-que se mejore la Reina, que está enferma.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien&mdash;le dijo el León&mdash;tendrás lo que pides; pero, en cuanto
-llegues al palacio, le pegarás tres veces en la cabeza con esta
-varillita al leoncito que conduzca el odre y le dirás «ándate para tu
-casa».</p>
-
-<p>Y mientras el León hablaba, apareció un leoncito con un odre sobre sus
-espaldas.</p>
-
-<p>Púsose en marcha el niño, yendo adelante el leoncito con su carga.
-Cuando llegaron frente al palacio, estaba la Reina en uno de los
-balcones, y al divisar al niño y a su compañero, casi se murió de ira.</p>
-
-<p>Frente a la puerta del palacio echó el niño sobre sus hombros el odre y,
-recordando las instrucciones del León, dió al leoncito tres golpes con
-la varilla, diciéndole al mismo tiempo: «ándate para tu casa». El
-leoncito desapareció.<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">{63}</a></span></p>
-
-<p>El odio de la Reina para con el hijo de la ciega creció después de esta
-aventura y juró que lo haría morir. Hízose enferma nuevamente y le dijo
-al Rey que había soñado que no sanaría sino viendo las torres cantando y
-las almenas bailando, y que debía ser el niño quien se las había de
-traer. El Rey, temiendo la ira de la Reina, ordenó al niño, a pesar del
-cariño que le tenía, que fuese en busca de los objetos que aquélla decía
-necesitar.</p>
-
-<p>El niño se fué llorando al calabozo y le contó a su madre lo que la
-Reina exigía de él.</p>
-
-<p>&mdash;No tengas cuidado&mdash;le dijo la ciega&mdash;la Reina quiere que mueras; pero
-si sigues mis instrucciones, nada te sucederá. Pide al hortelano que te
-preste un burrito y a la mujer del jardinero su guitarra. Montado en el
-burro, tomas tal y tal camino; y después de andar siete horas, llegarás
-a una ciudad encantada, en la cual no verás más ser humano que una vieja
-bruja. Desde que divises la ciudad tocarás la guitarra sin cesar hasta
-que salgas, y, aunque la vieja te la pida, ni dejarás de tocar ni se la
-darás. Tú tienes bastante inteligencia para manejarte bien en lo demás
-que pueda sucederte.</p>
-
-<p>Se abrigó el niño con un poncho, porque hacía mucho frío, y montado
-sobre el burro y con la guitarra colgada al cuello por medio de una
-correa, se dirigió a la ciudad. Cuando estuvo cerca, se puso a tocarla y
-le salió al encuentro una horrible vieja que le pidió se la vendiera;
-pero el niño, sin dejar de tañerla ni un momento, le contestó que no la
-vendía, pero que más allacito se la daría si le mostraba todo lo que
-había de interesante y curioso dentro de la ciudad.</p>
-
-<p>Se pusieron en marcha, el niño toca que toca y la vieja chancleteando a
-su lado, hasta que llegaron a un chiquero muy elegante, en que había un
-chanchito muy bien cuidado.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y este chanchito, mamita?</p>
-
-<p>&mdash;Este chanchito es la vida de la actual mujer de tu padre; ¡pero dame
-tu guitarra, niño!<span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">{64}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Más adelante se la daré, mamita.</p>
-
-<p>Continuaron por la misma calle; el niño dale que dale a las cuerdas de
-la guitarra y la vieja sin perderle pisada. Llegaron a una plaza, en
-medio de la cual, entre flores de colores brillantísimos que despedían
-una fragancia exquisita, se elevaba una delgada columna de agua dorada.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué es esto, mamita? preguntó el niño.</p>
-
-<p>&mdash;Esta es el agua maravillosa que da vista a los ciegos; pero ¡dame tu
-guitarra, hijito!</p>
-
-<p>&mdash;Más adelante se la daré, mamita.</p>
-
-<p>Un poco más allá, siguiendo la misma calle, en medio de otra, entre
-jardines y sobre una mesa hecha de un solo diamante, vió el niño un
-castillo en miniatura, de marfil, del cual salían voces argentinas de
-una belleza inefable que lo dejaron extático por un momento; se habría
-dicho que dentro había un coro de ángeles. Al mismo tiempo, de las
-troneras del castillo salían como disparados unos pequeños proyectiles,
-que una vez en el aire, se movían graciosamente como si bailasen.</p>
-
-<p>El niño preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué son estas cosas, mamita?</p>
-
-<p>&mdash;Estas son las torres que cantan y las almenas que bailan; pero ¡dame
-tu guitarra, hijito!</p>
-
-<p>&mdash;Dentro de poco se la daré, mamita; no tenga cuidado.</p>
-
-<p>Por fin llegaron a un lugar en que había muchas velas encendidas, unas
-largas, casi enteras, otras medianas y otras menores.</p>
-
-<p>&mdash;Y esto ¿qué es, mamita?</p>
-
-<p>Estas velas son la vida de los habitantes del país.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y esta vela tan alta y tan gruesa, que está adelante de todas? ¿Tal
-vez es la vida del Rey mi padre?</p>
-
-<p>&mdash;No, hijito; esa es mi vida, que, como ves, durará más, mucho más que
-las otras; pero dame tu...</p>
-
-<p>No alcanzó a terminar la frase la bruja, porque el niño, sin dejar de
-tocar con la mano izquierda, con la derecha tomó un extremo del poncho y
-dando con él un fuerte<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">{65}</a></span> golpe a la vela, la apagó, y la vieja cayó al
-mismo tiempo en el suelo muerta para siempre.</p>
-
-<p>En seguida el niño llenó un frasco del agua maravillosa, guardó en las
-petacas que llevaba el burro las torres cantando y las almenas bailando,
-y ató el chancho con un lazo que aseguró a la enjalma, y se volvió muy
-alegre a la ciudad en que residía el Rey su padre.</p>
-
-<p>Cuando llegó a la plaza del palacio, divisó a la Reina asomada al
-balcón, y cuando ésta vió al niño sano y salvo, de la rabia se arrancaba
-los cabellos.</p>
-
-<p>El niño se desmontó de su cabalgadura y tomando entre sus manos al
-chanchito lo arrojó con fuerza al suelo matándolo inmediatamente; en el
-momento mismo la malvada Reina lanzó el último suspiro y entregó su alma
-al diablo.</p>
-
-<p>Después de esto se fué a la prisión en que estaban las ciegas, y con el
-agua maravillosa volvió la vista a su madre y a sus seis compañeras de
-infortunio. Hecho lo cual se fué a ver al Rey y le contó todo lo
-sucedido. El Rey se sintió doblemente feliz y aliviado al oir la
-relación del niño, primeramente de verse libre de aquella mujer que le
-había hecho perder su personalidad; y segundo, de saber que aquel niño a
-quien tanto cariño había tomado, era su hijo.</p>
-
-<p>Se casó nuevamente con la madre del niño y hubo grandes fiestas en
-palacio. El pueblo también se divirtió, porque el Rey quiso que todos se
-alegrasen. Lo pasado sirvió de lección al soberano, que en adelante fué
-bueno con su pueblo y gobernó justicieramente. Las seis compañeras de la
-nueva Reina se casaron cada una con un grande de la Corte y fueron muy
-felices.</p>
-
-<p>Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento por la mar adentro.<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">{66}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-11" id="num1-11"></a>11. EL MIÑIQUE.<br /><br />
-<small>(Referido por el niño Mannel Oporto, de 14 años, de Temuco, que lo oyó contar en Santiago en 1911)</small></h2>
-
-<p>Para saber y contar y contar para aprender. Estos eran dos viejecitos
-muy pobres y muy desgraciados. El marido era aguador y la mujer
-lavandera; pero por más que trabajaban, el dinero que recibían apenas
-les alcanzaba para no morirse de hambre.</p>
-
-<p>Una noche que hablaban de su pobreza y de su soledad, dijo la viejecita:</p>
-
-<p>&mdash;Si siquiera hubiéramos tenido un hijo, aunque hubiera sido chiquitito,
-nos habría ayudado a pasar sin tantas escaceses y habríamos tenido con
-quien conversar en las noches y quien nos cuidara cuando hubiésemos
-caído enfermos.</p>
-
-<p>&mdash;Así es, respondió el aguador; pero, ¿qué sacamos con hablar de estas
-cosas?</p>
-
-<p>&mdash;Tendrán el hijo que desean&mdash;dijo una voz que venía del techo.</p>
-
-<p>Los dos ancianos se miraron asustados; y como era tarde, se acostaron y
-se quedaron profundamente dormidos.</p>
-
-<p>Al otro día se levantaron de madrugada, como de costumbre; el viejecito
-se fué a acarrear agua para sus parroquianos, y su mujer se puso a lavar
-ropa.</p>
-
-<p>Apenas se había puesto la lavandera a su trabajo, sintió que por entre
-el brazo derecho y la manga de la camisa le andaba algo, y creyendo que
-podía ser una lagartija u otro bicho, se asustó y sacudió el brazo.
-Sintió caer algo en la artesa; pero aunque nada vió, oyó una vocesita
-atiplada, que decía:</p>
-
-<p>&mdash;Mamita, sáqueme luego del agua, que me ahogo. Buscó la anciana y
-después de fijarse mucho descu<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">{67}</a></span>brió una guagua tan pequeñita que apenas
-se veía y que movía pies y manos en el agua jabonada, como si nadara.</p>
-
-<p>Los viejos lo criaron con todo cariño y cuidado y como era tan
-chiquitín, lo llamaron Miñique, nombre que le venía muy bien, porque, en
-verdad, el niño nunca fué más grande que el menor de los dedos de la
-mano.</p>
-
-<p>En lo único que creció Miñique fué en fuerzas, que llegó a tenerlas
-prodigiosas; y en voz, que cuando gritaba, era más recia que la de
-cualquier hombre.</p>
-
-<p>Los ancianos lograron ocultar la existencia del niño, que ni siquiera
-era sospechada de nadie. Era tan lindo, que temían se lo robaran, y el
-conversar y entretenerse con él era el único consuelo que tenían.</p>
-
-<p>Pasaron siete años y los viejecitos se pusieron tan achacosos que no
-podían trabajar y el dinero se les concluía.</p>
-
-<p>Treinta centavos no más les quedaban, cuando la antigua lavandera le
-dijo a Miñique:</p>
-
-<p>&mdash;Hijito, tome este diez, y vaya a la carnicería y me lo compra de
-carne.</p>
-
-<p>Fué el Miñique a la carnicería y golpeó en el mostrador. El carnicero
-miraba y como a nadie veía, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién golpea?</p>
-
-<p>&mdash;Yo, el Miñique&mdash;le contestó un vozarrón que llegó a
-asustarlo:&mdash;véndame un diez de carne.</p>
-
-<p>Se asomó el carnicero por encima del mostrador y después de algún
-trabajo logró ver a un hombrecito que apenas se levantaba unos diez
-centímetros del suelo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y de dónde vas a sacar fuerzas para llevarte diez centavos de carne?
-El trozo que te diera sería muy pesado para ti.</p>
-
-<p>&mdash;Pero, señor, ¿que quiere reírse de mí? ¡Si un buey entero me da, soy
-capaz de llevarme el buey!</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, replicó el carnicero; dame el diez y te llevas ese buey que
-está colgado en la puerta.</p>
-
-<p>Esto que oye el Miñique, se echa el buey al hombro y se lanza a correr
-con su carga. El carnicero se quedó con la boca abierta, alelado, sin
-acertar ni a moverse; y<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">{68}</a></span> toda la gente que transitaba por la calle se
-hacía cruces, pues no se explicaba como podía correr un animal
-despostado y con las patas hacia arriba; porque al Miñique, como era muy
-chiquitito y estaba debajo del animal, nadie lo veía.</p>
-
-<p>Los viejecitos se pusieron muy contentos con la adquisición del Miñique,
-y le dijeron que fuese a comprar cinco centavos de pan.</p>
-
-<p>Se fué el Miñique corriendo a la panadería y se puso a golpear en el
-mostrador. El panadero sentía los golpes, pero no veía a nadie.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién golpea?&mdash;preguntó.</p>
-
-<p>&mdash;Yo, el Miñique&mdash;contestó el niño, con voz formidable.&mdash;Deme un cinco
-de pan.</p>
-
-<p>El panadero se inclinó sobre el mostrador y, asustado de ver aquel
-pedacito de hombre, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo podrás llevar, siendo tan chico cinco centavos de pan?</p>
-
-<p>&mdash;Las cosas de Ud.; ¿que cómo me los llevaré? Pues, lo mismo que se lo
-lleva toda la gente que viene a comprarle. Si me da lleno de pan aquel
-gran canasto que está sobre el mostrador, verá Ud. que me lo llevo muy
-bien.</p>
-
-<p>&mdash;Dame los cinco centavos y llévate el canasto.</p>
-
-<p>&mdash;Tome el cinco, y écheme el canasto al hombro.</p>
-
-<p>Cogió el panadero la pequeña moneda, y, temiendo aplastar al Miñique con
-el peso del canasto, con mucho cuidado se lo colocó encima.</p>
-
-<p>Apenas sintió el Miñique que tenía el canasto en sus hombros, echó a
-correr como si la carga que llevaba fuese una pluma; y aquí fué la
-admiración del panadero, y de todos los que pasaban por la calle, que
-veían como un canasto corría solo sin que nadie lo empujara o lo llevara
-tras de sí.</p>
-
-<p>Llenos de alegría recibieron los viejos al Miñique; y muy pronto se
-sentaron a comer un buen asado. El viejecito dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Dejaremos carne para dos días, y la demás la hare<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">{69}</a></span>mos charqui mañana y
-así tendremos para comer mucho tiempo.</p>
-
-<p>Siguieron conversando muy contentos. En la noche dijo la anciana:</p>
-
-<p>&mdash;¡Quién pudiera tomar un matecito!</p>
-
-<p>&mdash;Mamita, le dijo el niño, déme diez centavos y yo le traeré un cinco de
-azúcar y otro cinco de yerba.</p>
-
-<p>&mdash;Aquí tiene, hijito.</p>
-
-<p>Salió el Miñique y se dirigió al almacén de la esquina.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién golpea?&mdash;preguntó el despachero.</p>
-
-<p>&mdash;El Miñique,&mdash;contestó el niño.&mdash;Deme un cinco de azúcar y un cinco de
-yerba.</p>
-
-<p>Se asomó el comerciante por encima del mostrador y cuando vió aquel
-pergenio, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Pero, niño, ¿y cómo vas a llevar el azúcar y la yerba? Es mucho para
-ti.</p>
-
-<p>&mdash;No tenga cuidado por eso, señor, que si por un 5 me da un cajón de
-azúcar y por otro 5 un barril de yerba, yo me los llevaré solito, sin
-que nadie me ayude.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, pásame los 10 centavos y llévate aquel cajón y aquel barril.</p>
-
-<p>&mdash;Aquí tiene el 10; pero amarre el barril encima del cajón y después me
-los echa a la espalda y verá bueno. No sabe usted las fuerzas que tengo.</p>
-
-<p>El despachero se reía de lo que le decía el Miñique, que creía eran
-puras bromas; sin embargo, hizo lo que el niño le pidió, y al cargar el
-enorme bulto sobre el pequeñuelo le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Cuidado, niño, no te vaya a aplastar!</p>
-
-<p>&mdash;No tema nada; échemelo no más.</p>
-
-<p>Al sentir el Miñique que el bulto tocaba sus espaldas, se asió de la
-cuerda y echó a correr, dejando asombrado al almacenero.</p>
-
-<p>Es de imaginarse el gusto de los padres del Miñique cuando lo vieron
-llegar con su preciosa carga. Ya no se morirían de hambre: tenían
-bastante carne, pan, azúcar y yerba. ¿Qué más querían? Se tomaron sus
-buenos mates<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">{70}</a></span> y se acostaron; y al otro día el viejo charquió la carne
-del buey.</p>
-
-<p>Cuando el charqui estuvo hecho dijo la viejecita:</p>
-
-<p>&mdash;¡Quién tuviera algunas cebollitas para hacer un valdiviano!</p>
-
-<p>&mdash;¿No le queda todavía un cinco, mamita? Démelo y yo le traeré cebollas.</p>
-
-<p>Le entregó la anciana el cinco, y al salir el niño a la calle se
-encontró uno de esos cortaplumas pequeñitos que algunas personas suelen
-usar como dije. Lo tomó, se lo guardó en la faltriquera y siguió su
-camino.</p>
-
-<p>A poco andar encontró a un cebollero, que llevaba su mercancía en dos
-grandes árgenas que pendían a uno y otro lado del caballo que montaba.</p>
-
-<p>&mdash;Oiga, amigo&mdash;le gritó el Miñique&mdash;véndame un cinco de cebollas.</p>
-
-<p>El cebollero miraba a todas partes, pero no veía al comprador, a quien
-ocultaba la yerba que brotaba a la orilla de la acera.</p>
-
-<p>&mdash;¡Que me venda un cinco de cebollas, le digo!&mdash;repitió el Miñique.</p>
-
-<p>Pero apenas concluyó de decir estas palabras, una vaca que venía por la
-misma calle comiendo la yerba que crecía en la orilla de la acera, junto
-con tragarse un puñado de ella, se tragó al Miñique. El Miñique siguió
-gritando desde adentro de la barriga del animal:</p>
-
-<p>&mdash;¡Véndame luego el cinco de cebollas! ¡Mire que mi mamita me está
-esperando!</p>
-
-<p>El cebollero, casi se volvía loco buscando al que le hablaba, sin
-poderlo encontrar. ¿Cómo iba a figurarse que la voz salía de adentro de
-la vaca?</p>
-
-<p>Sólo al rato de haber sido tragado vino a darse cuenta el Miñique del
-lugar en que se encontraba; pero como era de ánimo esforzado, no se
-atemorizó, antes bien sacó su cortaplumas del bolsillo y poco a poco
-abrió un buen tajo en la guata del animal y salió por ahí, no muy limpio
-ni muy fragante, en verdad, pero sano y salvo. El animal<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">{71}</a></span> cayó muerto a
-los pocos instantes, y el Miñique, cogiéndolo de la cola lo arrastró
-hasta su casa, en donde fué hecho charqui también.</p>
-
-<p>Inmediatamente de dejar la vaca en poder de sus padres, que lo lavaron y
-le cambiaron ropa, volvió el Miñique tras el cebollero, y habiéndolo
-alcanzado, le gritó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hubo, amigo? Me vende o no el cinco de cebollas?</p>
-
-<p>&mdash;Pero niño&mdash;respondió el cebollero,&mdash;¿cómo podrás llevar media docena
-de cebollas grandes? Una sola sería demasiado peso para ti.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué se ha imaginado usted, señor cebollero? Si me da por el cinco las
-dos árgenas, verá que me las llevo yo solito, sin necesidad de pedir
-ayuda a nadie.</p>
-
-<p>&mdash;Ya está, te doy las dos árgenas con cebollas por el cinco&mdash;le dijo el
-cebollero, pensando que eran simples bravatas las del chiquitín:&mdash;dame
-el cinco y aquí tienes las dos árgenas&mdash;agregó, bajándolas.</p>
-
-<p>Le entregó el Miñique la moneda y cogiendo las árgenas de la parte en
-que estaban unidas, apretó a correr, arrastrándolas tras de sí, con
-tanta ligereza, que en un momento se perdió de vista, dejando
-estupefacto al vendedor de cebollas.</p>
-
-<p>Con estas aventuras, la fama del Miñique se extendió por todo el país y
-el Rey manifestó deseos de conocerlo.</p>
-
-<p>Como la capital estaba lejos, el Miñique quiso ir a caballo y cogió una
-lauchita que domesticó fácilmente. De una horquilla de peinado hizo
-frenos y estribos; de un pedazo de cabritilla de guante viejo, la silla
-de montar; y de un cordón de zapatos las riendas y demás arreos; se
-colgó a la cintura, a manera de espada, el pequeño cortaplumas con la
-cuchillita abierta, y montando en su cabalgadura se dirigió a la capital
-del reino.</p>
-
-<p>Cuando llegó a palacio, fué la admiración de todos: el Rey, la Reina,
-los Príncipes, las Princesas, los señores y damas de la Corte, lo
-acogieron con entusiasmo; no sabían qué admirar más en él, si su pequeña
-estatura o sus<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">{72}</a></span> fuerzas prodigiosas, o si su belleza o su voz
-estentórea. Fué calificado como la primera maravilla del reino, y el Rey
-quiso mantenerlo a su lado. Pero cuando el monarca le comunicó su
-decisión, el Miñique observó respetuosamente que no podía abandonar a
-sus padres, ancianos, achacosos y miserables, cuyo único sostén era él;
-si él les faltaba, los pobres viejos se morirían.</p>
-
-<p>Mucho le agradaron al Rey los buenos sentimientos del Miñique para con
-sus padres, a quienes hizo venir, les dió habitación en palacio y
-proveyó a todas sus necesidades.</p>
-
-<p>El Miñique sirvió al Rey de modo extraordinario en una guerra a que fué
-provocado por sus enemigos; él solo bastó para mover toda la artillería,
-en ocasión de que los caballos se habían hecho muy escasos; y él
-también, con su voz potente, transmitió las órdenes del general en jefe.
-Por sus servicios fué condecorado y ascendido a capitán en el campo de
-batalla; y vivió el resto de sus días querido y agasajado de todos.</p>
-
-<h2><a name="num1-12" id="num1-12"></a>12. LOS TRES CONSEJOS.<br /><br />
-<small>(Contado por la Señora Clorinda B. de Somerville, en 1915)</small></h2>
-
-<p>Han de saber que vivía en un pueblo un matrimonio muy bien avenido y que
-habría sido completamente feliz si la fortuna le hubiese prestado alguna
-ayuda; pero parece que se complacía en volverle las espaldas. Era inútil
-cuanto había hecho el marido, hombre bueno a carta cabal, para encontrar
-trabajo, porque nadie se lo proporcionaba. La mujer, que era una perla,
-cosía y bordaba a la perfección; pero, por desgracia, tampoco nadie la
-ayudaba. Tenían un hijo de unos doce años, bueno como ellos, estudioso e
-inteligente, que era su único con<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">{73}</a></span>suelo; y sin embargo, su vista hacía
-sufrir al padre, porque pensaba en el triste porvenir que le aguardaba.</p>
-
-<p>Un día, Juan&mdash;así se llamaba nuestro hombre&mdash;tomó una determinación
-desesperada.</p>
-
-<p>&mdash;Rosa,&mdash;dijo a su mujer&mdash;esta situación no puede continuar; si aquí no
-encuentro en qué ganar la vida, iré a buscarla fuera del pueblo; y como
-necesito llevar algún dinero para mis primeros gastos, venderemos los
-muebles que no te sean indispensables, y del producto tomaré yo una
-parte y te quedarás tú con la otra para subvenir a tus necesidades y a
-la de nuestro hijo, mientras encuentras costuras y yo vuelvo. Dios ha de
-permitir que nada les falte en mi ausencia y que ésta sea corta.</p>
-
-<p>La venta de los muebles produjo mil pesos. El tomó seiscientos, y con
-las lágrimas en los ojos se despidió de su mujer y su hijo.</p>
-
-<p>Al pasar por la casa de un compadre, excelente persona, pero un poco
-alocado&mdash;se dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Voy a despedirme de mi compadre y a recomendarle que cuide de su
-ahijado mientras yo regreso,&mdash;y entró.</p>
-
-<p>&mdash;A despedirme de Ud. vengo, compadrito.</p>
-
-<p>&mdash;¿A dónde va, compadre?</p>
-
-<p>&mdash;A donde Dios quiera, pues. Voy a tentar suerte, a ver si encuentro
-trabajo en otra parte, ya que aquí no se gana ni para cigarros.</p>
-
-<p>&mdash;Yo lo acompaño, compadre. ¿Cuánto lleva Ud. para el camino?</p>
-
-<p>&mdash;Trescientos pesos.</p>
-
-<p>&mdash;¡Lo que son las casualidades! yo también tengo aquí otros trescientos;
-me los echo al bolsillo y vamos andando.</p>
-
-<p>De mucho consuelo sirvió a Juan la compañía de su compadre, que era
-hombre alegre y decidor. Sus chistes le hacían reir y distraerse de la
-pena que le ocasionaba la separación de su familia, y conversando y
-conversando, marchaban sin sentir el camino.<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">{74}</a></span></p>
-
-<p>Después de andar una semana, llegaron a la plaza de una ciudad, y en una
-de sus esquinas vieron una muchedumbre de gente reunida. La natural
-curiosidad hizo que se acercaran y vieron en medio del grupo a un
-anciano que pregonaba:</p>
-
-<p>&mdash;Tres consejos, señores, por sólo trescientos pesos; tres consejos que
-procurarán la fortuna y la felicidad a quién los conozca! Tres consejos,
-a cien pesos cada uno! ¿Nadie se interesa por ellos?</p>
-
-<p>Juan sintió como si una voz interior le ordenara comprarlos, y sin poder
-contenerse se acercó al anciano y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Yo los compro; aquí están los trescientos pesos.</p>
-
-<p>El anciano recibió el dinero y acercando sus labios al oído de Juan,
-murmuró:</p>
-
-<p>&mdash;Estos son los tres consejos, que te harán feliz si los sigues en todo
-momento: No dejes lo viejo por lo mozo; No preguntes lo que no te
-importe; y No te dejes llevar de la primera nueva.</p>
-
-<p>Al apartarse Juan del anciano, todos lo miraban lastimosamente.</p>
-
-<p>&mdash;Está loco,&mdash;decían.&mdash;¡Pobrecito!</p>
-
-<p>Su compadre le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;Pero, compadre, por Dios, ¿qué ha hecho? ¿Que ha perdido el juicio?
-¿Que no ve que ese viejo es un miserable charlatán, que lo ha robado?</p>
-
-<p>Juan callaba y se decía:&mdash;Bien puede que así sea, pero también puede ser
-que todos se equivoquen;&mdash;y se proponía seguir los consejos que había
-recibido, cada vez que se le presentara la ocasión.</p>
-
-<p>Almorzaron y salieron de la ciudad, porque en ella había también escasez
-de trabajo; y poco después se encontraron con que el camino que seguían
-se dividía en dos, uno antiguo y otro recién construido. Preguntaron
-cuál de los dos era mejor y le contestaron que el viejo era muy largo e
-incómodo y por eso nadie transitaba<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">{75}</a></span> por él, y que todo el mundo
-prefería el nuevo por ser nuevo, más cómodo y más corto.</p>
-
-<p>Juan, que se acordó del primer consejo que le había vendido el anciano,
-dijo a su compañero:</p>
-
-<p>&mdash;Vámonos por el camino antiguo; acuérdese, compadre, del refrán que
-dice: <i>No dejes lo viejo por lo mozo ni lo cierto por lo dudoso</i>.</p>
-
-<p>&mdash;No, compadre, dijo el otro, mejor es que sigamos por el nuevo para
-llegar más pronto.</p>
-
-<p>&mdash;Yo, compadre, me voy por el viejo.</p>
-
-<p>&mdash;Y yo por el nuevo, y verá cuál de los dos entra primero a la ciudad.
-Lo esperaré en la plaza.</p>
-
-<p>En verdad, el camino que tomó Juan, que había sido completamente
-abandonado hacía más de un año, era muy incómodo; estaba cubierto de
-matas de cardo y de toda clase de malezas, de charcos y de montones de
-piedras y de tierra, que dificultaban el paso; y sólo después de cuatro
-horas de penoso marchar logró salir de él y llegar a otra ciudad.</p>
-
-<p>Cuando Juan entró a la plaza, se asombró grandemente de no encontrar a
-su compadre, el cual, según sus cálculos, debía haber llegado más de una
-hora antes que él. No sabiendo qué pensar ni qué hacer, se sentó en un
-escaño a esperar los acontecimientos. De pronto, el ruido que producían
-varias personas que se acercaban lo sacó de su meditación y, poniéndose
-de pie se dirigió al grupo. ¡Cuál no sería el asombro del pobre Juan al
-ver que traían muerto a su compadre, que había sido acribillado a
-puñaladas en el camino nuevo para robarle la cartera! Juan lloró
-sinceramente a su amigo y no se separó de su cadáver hasta dejarlo
-sepultado.</p>
-
-<p>Juan se encontraba sin recursos, pero en fin estaba vivo; y del
-cementerio salió pensando que el primer consejo bien valía los cien
-pesos que le había costado; pero esto no lo salvaba de la triste
-situación en que se veía. Por suerte, al día siguiente, encontró
-ocupación, y aunque el trabajo era rudo y no muy bien remunerado, se
-pro<span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">{76}</a></span>puso no salir de la ciudad. Como era económico y llevaba una vida
-tranquila y arreglada, logró reunir en los nueve años que vivió en ella
-algún dinero, y pensó entonces en volver a su pueblo a reunirse con su
-mujer y su hijo, de quienes en todo ese tiempo no había tenido noticias,
-a fin de establecerse y trabajar por su cuenta al lado de ellos.</p>
-
-<p>Se despidió de su jefe y de sus compañeros de trabajo, que sintieron su
-ida muy de veras, pues todos lo apreciaban por sus buenas prendas, y
-partió contento y lleno de ilusiones en el porvenir. Pero tal vez el
-ensimismamiento en que iba lo hizo equivocar el camino y tomó otro
-diferente del que pensaba seguir y de repente se encontró en medio de un
-espeso bosque.</p>
-
-<p>Era de noche y desesperaba ya de encontrar salida, cuando divisó una
-luz. Guiándose por ella, llegó a un gran palacio, y dirigiéndose a un
-hombre que estaba allí cerca, le preguntó quién era el dueño.&mdash;Nadie lo
-conoce; pero se sabe que el que entra a su casa nunca más sale de ella.</p>
-
-<p>Juan dijo:&mdash;Yo entraré. Entre morir comido de las fieras si duermo a la
-intemperie y correr la aventura de salvar estando adentro, prefiero lo
-último&mdash;y llamó a la puerta.</p>
-
-<p>Salió a abrir un criado muy bien vestido.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué se le ofrece?&mdash;preguntó.</p>
-
-<p>&mdash;Deseo que se me dé alojamiento por esta noche&mdash;respondió Juan.</p>
-
-<p>&mdash;Aquí no se niega el alojamiento a nadie; pase a la sala mientras aviso
-al señor conde.</p>
-
-<p>Poco después entró un caballero de aspecto simpático y le dió la
-bienvenida. Conversaron un rato y al cabo de un momento el dueño de casa
-lo invitó a cenar y pasaron al comedor, una hermosa sala, por cierto,
-regiamente amueblada, como todo el palacio. Pero, una cosa llamó
-particularmente la atención de Juan y fué que en un extremo de la bien
-presentada mesa había<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">{77}</a></span> una calavera colocada entre dos velas encendidas.
-Cuando tal vió, un estremecimiento nervioso recorrió todo su cuerpo,
-porque se acordó de lo que le había dicho el hombre que estaba cerca del
-palacio:&mdash;«El que entra a esta casa nunca más sale de ella».&mdash;Pero
-también vino inmediatamente a su memoria el segundo consejo del
-anciano:&mdash;No preguntes lo que no te importe;&mdash;y continuó la
-conversación, fingiendo toda indiferencia.</p>
-
-<p>Se sirvió la cena, y aunque la vista de la calavera le había quitado el
-apetito, no lo quiso manifestar, y comió con la mayor tranquilidad.</p>
-
-<p>Al fin de la comida, dos sirvientes condujeron al medio del comedor a
-una hermosa dama cargada de cadenas, y a una seña del conde comenzaron a
-azotarla sin piedad, hasta que, una vez que le corrió la sangre por la
-espalda, dejaron de martirizarla y se la llevaron.</p>
-
-<p>Juan miraba hacer y callaba.</p>
-
-<p>El conde estaba sorprendido de ver que su huésped no le dirigiese
-ninguna pregunta sobre lo que veía, a pesar de que él se valía de todos
-los medios posibles para que se las hiciese; pero el recuerdo del
-segundo consejo sellaba los labios de Juan.</p>
-
-<p>Terminada la cena, el conde invitó a Juan a visitar las demás
-habitaciones del palacio, y después de recorrerlas, nuestro hombre se
-limitó a alabar el buen gusto con que estaban adornadas y la riqueza de
-los muebles, por todo lo cual felicitó al propietario. Este le dijo:&mdash;No
-acepto sus felicitaciones hasta que concluyamos, y aún nos queda por ver
-lo mejor:&mdash;Y abriendo una puerta de bronce, se presentó a los ojos de
-Juan el espectáculo más horrible. No menos de cien esqueletos apoyados
-en las paredes rodeaban la enorme sala, y un sinnúmero de calaveras y de
-huesos sueltos cubrían todo el piso. Juan se extremeció por segunda vez,
-pero no habló ni media palabra.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué le parece esto? le preguntó el conde.<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">{78}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Que esta sala es posiblemente el cementerio de sus antepasados.</p>
-
-<p>&mdash;No, señor mío. Todos los esqueletos y huesos que Ud. ve son de
-personas que fueron mis huéspedes, como Ud.; pero todas ellas me
-preguntaron qué significaba la calavera alumbrada por dos velas que
-tenía en la mesa del comedor; quién era la dama que azotaban mis criados
-y por qué la maltrataban; y yo, que había jurado matar a todo el que me
-dirigiera estas preguntas, en vez de contestárselas los hacía
-estrangular. La dama que mis sirvientes llevaron encadenada al comedor y
-azotaron tan cruelmente, es mi mujer, y recibe ese castigo por haber
-faltado a la fe que me debía; y la calavera que está en la mesa, es la
-de su cómplice, a quien maté con mis propias manos. Usted es un hombre
-extraordinario; es Ud. el único que, en diez años que pasaron estos
-acontecimientos, no me ha hecho ninguna pregunta; y como mi juramento
-agregaba que dejaría de heredero de todos mis bienes al primero que no
-me las hiciera, mañana entregaré a Ud. el testamento en que lo
-constituyo mi heredero universal.</p>
-
-<p>Cuando Juan despertó al siguiente día, encontró el testamento ofrecido
-sobre el velador. Se levantó apresuradamente para agradecer al conde su
-generosa determinación, salió de su cuarto para preguntar si ya se había
-levantado y vió todo el palacio enlutado y a los criados vestidos de
-negro.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué ocurre?&mdash;les preguntó.</p>
-
-<p>&mdash;El señor ha amanecido muerto.</p>
-
-<p>&mdash;Muy afligido puso a Juan esta noticia, y lloró de corazón la muerte de
-su benefactor.</p>
-
-<p>Al otro día, después de sepultar los restos del fallecido, Juan convocó
-a la servidumbre y les leyó el testamento. Todos le reconocieron
-inmediatamente por su patrón.</p>
-
-<p>Juan dijo al mayordomo:</p>
-
-<p>&mdash;Yo voy a partir en busca de mi mujer y de mi hijo para establecernos
-aquí; pero mientras tanto querría que<span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">{79}</a></span> no se martirizara más a la esposa
-del antiguo amo de este palacio; creo que ha purgado bien su falta y
-que, si su marido no la perdonó, ya Dios la habrá perdonado. Atiéndasela
-en mi ausencia de modo que nada le falte y que descanse en sus últimos
-días.</p>
-
-<p>&mdash;Señor, la señora condesa amaneció muerta esta mañana.</p>
-
-<p>Dispuso Juan que se la sepultase dignamente, y montando en un hermoso
-caballo y con la cartera repleta de buenos billetes partió a buscar a su
-esposa y a su hijo.</p>
-
-<p>A pesar de las tétricas aventuras que le habían pasado, iba contento por
-el camino, y pensaba:&mdash;¡Qué bien hice en comprarle los tres consejos al
-anciano! Bien vale el segundo los cien pesos que di por él!</p>
-
-<p>Cuando llegó a su pueblo no le conocieron. Preguntó por su mujer y le
-dijeron que se había ido con un hijo que tenía, un año después de haber
-sido abandonada por su marido, pero no sabían a dónde. Entonces picó
-espuelas a su caballo y después de algunos días de marcha llegó a una
-gran ciudad, en la que, a fuerza de preguntar, le dieron noticias de
-ella. Le dijeron donde vivía y que, aunque a nadie molestaba, también
-nadie la visitaba, con excepción de un clérigo que todos los días iba a
-verla. Y esto se lo dijeron con cierto retintín nada tranquilizador.</p>
-
-<p>Pero Juan se acordó a tiempo del tercer consejo, y aquietado, fué a la
-casa y llamó. La sirvienta le dijo que la señora no recibía a nadie,
-pero él insistió en verla diciéndole que era muy amigo de su marido y
-que le traía muy buenas noticias de él. Con este recado, la señora lo
-recibió inmediatamente. El, sin darse a conocer, estuvo conversando con
-Rosa un buen rato y le inventó una historia cualquiera de su marido.
-Contándosela estaba, cuando entró un joven clérigo. Rosa se lo presentó
-diciéndole que era su hijo, a quien había logrado educar a costa de
-grandes sacrificios, que por suerte estaban plenamente compensados, pues
-el joven era muy bueno con ella<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">{80}</a></span> y era su único sostén. Y mientras decía
-esto lo acariciaba cariñosamente.</p>
-
-<p>Juan entonces se dió a conocer y es de imaginarse cuán grande sería la
-alegría de los tres.</p>
-
-<p>Pasadas las primeras espanciones, Juan refirió su verdadera historia, y
-después de descansar tres días partieron los tres a intaslarse en el
-palacio que el conde había dejado a Juan.</p>
-
-<p>Nuestro héroe pensaba por el camino:</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué bien hice en seguir el tercer consejo del anciano! Si no es que
-lo recuerdo a tiempo, mato a mi mujer, y yo y mi hijo habríamos sido
-desgraciados para siempre! ¡Feliz consejo! Qué bien dados fueron los
-cien pesos que pagué por ti!</p>
-
-<p>Juan y Rosa y su hijo vivieron muchos años en el palacio, siendo
-bendecidos de todos, pues la enorme fortuna que poseían les permitía
-practicar grandes obras de caridad.</p>
-
-<h2><a name="num1-13" id="num1-13"></a>13. EL LORO ADIVINO.<br /><br />
-<small>(Referido por José Luis Pino, de 20 años, de Rancagua, en 1912)</small></h2>
-
-<p>Para saber y contar, aprender y escuchar. Esta era una perrita muerta
-que me quería morder, y yo, como estaba vivo, me supe defender. Este era
-un hombre que tenía dos hijos, uno era más grande y el otro era más
-chico, uno se llamaba Pancho y el otro Francisco, uno comía pan y el
-otro ballico. Fin del principio y principio del fin.</p>
-
-<p>Han de saber que en una ciudad, capital de un reino, vivía una viuda
-pobre, pero hacendosa, que tenía tres hijas muy bellas, que se llamaban
-Flor Rosa, Flor Hortensia y Flor María; las había criado muy bien, y
-eran<span class="pagenum"><a name="page_81" id="page_81">{81}</a></span> honestas, modestas y trabajadoras. Los vecinos apreciaban mucho a
-esta familia y se deshacían en alabanzas cuando hablaban de ella; que es
-cuanto puede decirse en su favor.</p>
-
-<p>Sucedió que una noche en que las tres niñas cosían empeñosamente, porque
-al otro día temprano tenían que entregar un traje de novia, conversaban
-haciéndose bromas para acortar las horas. Las alegres carcajadas que
-provocaban sus dichos atrajeron la atención del Rey, que casualmente
-pasaba en ese momento frente a la puerta de la casa de la viuda, y se
-detuvo a escuchar lo que decían. Hablaban de casamiento.</p>
-
-<p>&mdash;A ver, Flor-Rosa,&mdash;decía una de ellas,&mdash;si pudieras escoger ¿con quién
-te casarías?</p>
-
-<p>&mdash;¡Vaya una pregunta! pues con el pastelero del Rey, para comer todos
-los días sabrosos pasteles. ¿Y tú, Flor-Hortensia?</p>
-
-<p>&mdash;¿Yo? Yo me contentaría con el cocinero del Rey, y entonces comería los
-mejores guisados que se hacen en el país. ¿Y tú, Flor-María?</p>
-
-<p>&mdash;Si en mí estuviese, yo me casaría con el Rey y le daría dos hijos y
-una hija, que serían los más bellos de la tierra y tendrían el Sol, el
-Lucero y la Luna en la frente.</p>
-
-<p>El Rey se retiró y al otro día se presentó en la casa de la viuda
-acompañado de sus Ministros, de su pastelero y de su cocinero.</p>
-
-<p>&mdash;Vengo&mdash;dijo&mdash;a cumplir los deseos de vuestras hijas. ¿Cuál es
-Flor-Rosa?</p>
-
-<p>Flor-Rosa se adelantó.</p>
-
-<p>&mdash;Te casarás con mi pastelero y tendrás veinte mil pesos de dote. ¿Cuál
-de las dos que queda es Flor-Hortensia?</p>
-
-<p>Flor-Hortensia se presentó ante el Rey.</p>
-
-<p>&mdash;Te casarás con mi cocinero y también tendrás veinte mil pesos de dote.
-Y tú, Flor-María, te casarás conmi<span class="pagenum"><a name="page_82" id="page_82">{82}</a></span>go; pero tendrás que darme dos hijos
-y una hija que tengan el Sol, el Lucero y la Luna en su frente, como lo
-has prometido.</p>
-
-<p>Se celebraron las bodas, y todo en apariencia marchó bien durante los
-primeros meses; pero la envidia se había apoderado del corazón de las
-dos hermanas mayores, que a toda costa querían la pérdida de la Reina.</p>
-
-<p>Poco antes de enterarse los nueve meses de matrimonio, un Rey vecino
-declaró la guerra al marido de Flor-María, que tuvo que salir
-apresuradamente con su ejército a defenderse del enemigo; pero antes de
-partir recomendó a sus cuñadas que cuidaran de su mujer.</p>
-
-<p>Días después la Reina tuvo dos hijos y una hija: los tres, que eran
-hermosísimos lucían en su frente, un Sol el que primero había nacido; el
-segundo un Lucero, y la niña la Luna llena.</p>
-
-<p>Flor-Rosa y Flor-Hortensia, que asistían a su hermana, encontraron que
-no podía ser más propicia esta ocasión para saciar su envidia; y
-cambiaron los niños que acababan de nacer por tres perrillos que en la
-mañana había tenido una perra de Flor-Rosa. Cuando Flor-María pidió sus
-hijos para verlos, le pasaron los tres animalitos.</p>
-
-<p>Las hermanas de la Reina mandaron un propio al campamento a dar al Rey
-la triste nueva, que ambas envidiosas habían cuidado de hacer pública y
-que ya todos conocían en el país. El Rey mandó decir que emparedaran a
-la Reina y no dejaran sino un pequeño ventanillo en la muralla, del
-tamaño indispensable para poderle pasar todos los días un pan y un vaso
-de agua, único alimento que tendría hasta que Dios se sirviese llevarla.</p>
-
-<p>Mientras tanto Flor-Rosa había colocado a las tres criaturas en una
-artesa que depositó en un arroyo que corría a los pies del palacio.</p>
-
-<p>Un hortelano que vivía más abajo del palacio sacaba agua del arroyo
-justamente en el momento que la artesa pasaba por ahí y metiéndose en el
-agua, la sacó.<span class="pagenum"><a name="page_83" id="page_83">{83}</a></span></p>
-
-<p>La mujer del hortelano, una robusta campesina que también había tenido
-una guagua en la noche anterior y se le había muerto recién nacida, en
-cuanto vió a los tres pequeñuelos que le presentaba su marido, tan
-bellos tan risueños, dijo que los criaría y cuidaría como si fueran sus
-propios hijos.</p>
-
-<p>Los niños recibieron los nombres de los astros que cada uno llevaba en
-su frente; de modo que el que había nacido primero se llamó Sol; el
-segundo Lucero; y la niña, Luna.</p>
-
-<p>Los tres crecieron creyendo que eran hijos del honrado hortelano y de su
-mujer y amándolos y respetándolos como si hubiesen sido sus padres
-verdaderos.</p>
-
-<p>Trascurrieron algunos años y murió la excelente mujer que los había
-críado.</p>
-
-<p>Los niños, a medida que crecían en edad, crecían en hermosura; pero
-desde pequeñitos los habían acostumbrado a llevar un pañuelo que les
-cubría la frente y la cabeza, así es que nadie sabía que cada uno de
-ellos tenía un astro en la frente.</p>
-
-<p>A los doce años, el hortelano se enfermó gravemente; llamó a los niños y
-les contó su historia. Poco después murió y los dejó de herederos.</p>
-
-<p>Terminado el luto que guardaron por él, dijo Sol a sus hermanos:</p>
-
-<p>&mdash;Voy a salir a buscar a nuestros padres; y mientras tanto Uds. se
-sostendrán con el producto de la huerta.</p>
-
-<p>Lucero y Luna no querían que se fuese, pero él les dijo que era
-necesario, y partió apercibido de dinero y provisiones para un mes.</p>
-
-<p>Anduvo Sol varios días sin tropezar con nadie, hasta que, por fin, al
-terminar la semana, se encontró con una viejecita muy simpática, que le
-pidió una limosna. El niño le dió un pedacito de pan y otro de queso. La
-viejecita le dió las gracias y le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿A dónde va, hijito?<span class="pagenum"><a name="page_84" id="page_84">{84}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;A buscar a mis padres, a quienes no conozco ni sé dónde se
-encuentran,&mdash;le contestó Sol&mdash;y le contó su historia.</p>
-
-<p>La viejecita le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Para encontrarlos, necesita apoderarte del Arbol que canta, del Agua
-de la vida y del Loro adivino; y yo lo ayudaré a dar con ellos.</p>
-
-<p>Y entregándole tres gruesos ovillos de hilo, le agregó:</p>
-
-<p>&mdash;Ande todo el largo del hilo que contienen estos ovillos y llegará al
-palacio de un Rey ciego; él le dirá lo que tiene que hacer para
-encontrar lo que busca.</p>
-
-<p>Ató el niño la punta de la hebra de uno de los ovillos al tronco de un
-árbol, y despidiéndose de la viejecita se fué, desenrollando el ovillo;
-concluido éste, hizo lo mismo con el segundo, y después con el tercero,
-y por fin llegó donde el Rey ciego.</p>
-
-<p>El Rey le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué desea, joven?</p>
-
-<p>&mdash;Vengo de parte de una viejecita que me entregó tres ovillos de hilo y
-me dijo que su Sacra y Real Majestad me diría cómo debía hacer para
-apoderarme del Arbol que canta, del Agua de la vida y del Loro adivino,
-por medio de los cuales podría encontrar a mis padres.</p>
-
-<p>&mdash;Para alcanzar todas estas cosas, monta en el caballo que luego van a
-traerte y lo dejas ir; él, por si solo, te llevará hasta el Arbol que
-canta, del cual tomarás nada más que el cogollo, que basta, pues,
-plantado, en tres días será tan corpulento como el Arbol mismo y cantará
-como él. El Arbol te dirá lo que debes hacer en seguida. Cuidado con
-incomodar al caballo en lo más mínimo, porque, en cuanto se sienta
-molestado se deshará de tí y no conseguirás nada.</p>
-
-<p>Si logras salir bien en tu empresa, pasas a verme a la vuelta.</p>
-
-<p>Sol prometió obedecer en todo, se despidió del Rey ciego y montó en el
-caballo que le acababan de traer,<span class="pagenum"><a name="page_85" id="page_85">{85}</a></span> que, en cuanto sintió el peso de su
-jinete, partió a toda velocidad.</p>
-
-<p>Después de siete días de marcha, llegaron caballo y caballero a una
-plazoleta cubierta de menudo césped y rodeada de hermosos árboles a cuya
-entrada había dos enormes montones de piedras. El caballo, que hasta
-entonces se había limitado a correr en línea recta, se puso a hacer
-cabriolas alrededor de la plazoleta; y Sol, entusiasmado de los
-movimientos elegantes del animal, le clavó las espuelas, en un momento
-en que se detuvo, para que continuara; pero el bruto, dando un salto, lo
-sacó de la silla y lo disparó lejos, convirtiéndose el niño en piedra al
-tocar el suelo.</p>
-
-<p>Trascurrieron treinta días desde la partida de Sol, y Lucero y Luna
-perdieron la esperanza de que volviera. Entonces acordaron que Lucero
-saliese a buscarlo.</p>
-
-<p>Tomó Lucero un poco de dinero y provisiones para un mes y con un abrazo
-se despidió de su hermana, prometiendo volver antes de los treinta días.</p>
-
-<p>A los siete de marcha, le salió al encuentro la misma viejecita que
-había hablado con Sol.</p>
-
-<p>&mdash;¡Una limosnita, mi caballerito!</p>
-
-<p>Lucero le dió un pan y un buen pedazo de queso.</p>
-
-<p>&mdash;¡Gracias, hijito! ¿Y se puede saber a dónde va?</p>
-
-<p>&mdash;¡Cómo no! Voy en busca de mis padres, a quienes no conozco, ni sé
-siquiera dónde se encuentran, y de mi hermano mayor, que hace más de un
-mes salió de la casa, en la misma diligencia que yo y aún no ha vuelto.</p>
-
-<p>Lucero contó su historia a la viejecita, que la escuchó atentamente como
-si no la conociera, y una vez que terminó, le dió las mismas
-instrucciones que a su hermano y le entregó los tres ovillos.</p>
-
-<p>Llegó Lucero al palacio del Rey ciego, quien, con las correspondientes
-recomendaciones, le hizo entregar el caballo.</p>
-
-<p>Cuando estuvieron en la plazoleta, el caballo se puso<span class="pagenum"><a name="page_86" id="page_86">{86}</a></span> a bailar
-alrededor del árbol, pero Lucero permaneció tranquilo hasta que el bruto
-se detuvo. Se bajó entonces, y con algún trabajo pudo subir por el
-tronco hasta el cogollo, que cortó.</p>
-
-<p>En cuanto Lucero estuvo en tierra, el Arbol comenzó a cantar
-melodiosamente, y cantando dijo al niño:</p>
-
-<p>&mdash;Sigue el camino que está al frente de tí, y donde termina encontrarás
-un pozo; toma una jarro que hallarás a su lado, y sentándote en el
-brocal, espera que las aguas suban hasta llegar al borde; entonces
-solamente llenarás el jarro. En seguida viertes un poco del agua que
-saques sobre las piedras que encuentres alrededor del pozo y a la
-entrada de esta plazoleta, sin temor de que el agua se acabe, porque es
-inagotable, y verás que las piedras se convierten inmediatamente en
-hombres, pues lo son, y entre ellos está tu hermano, que se han
-convertido en guijarros por no seguir fielmente las instrucciones que
-recibieron del Rey ciego, ni las que yo les dí.</p>
-
-<p>Llegó Lucero al pozo, tomó el jarro y se sentó en el brocal, esperando
-que las aguas, que subían con una lentitud desesperante, alcanzaran
-hasta arriba; pero transcurrían las horas, una tras otra, se acercaba la
-noche, y aún faltaba medio metro para que las aguas tocaran el borde del
-brocal. El niño era nervioso y no aguantó más; se inclinó hacia el
-interior, introdujo el jarro en el agua, pero apenas tocó el líquido,
-una fuerza violenta lo arrojó hacia atrás y al caer en el suelo quedó,
-como su hermano, convertido en piedra.</p>
-
-<p>Luna esperó pacientemente la vuelta de Lucero; pero trascurrió el mes y
-no apareció. Tomó entonces dinero y provisiones para un largo viaje y se
-puso en marcha, dispuesta a no regresar sin sus hermanos.</p>
-
-<p>A los siete días de camino se encontró con la viejecita.</p>
-
-<p>&mdash;¡Una limosnita, mi señorita, para esta pobre vieja!</p>
-
-<p>&mdash;¡Cómo no, mamita! ¡Con mucho gusto! Y dígame antes ¿vive usted sola?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_87" id="page_87">{87}</a></span></p><p>&mdash;No, mi hijita, me acompañan siete nietecitos, que no tienen padre ni
-madre y cuyo único sostén es esta pobre vieja desvalida.</p>
-
-<p>La niña, que era muy bondadosa y compasiva entregó a la anciana la mitad
-de las provisiones y del dinero que llevaba. La viejecita se deshizo en
-agradecimientos, y le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿A dónde va, mi hijita?</p>
-
-<p>&mdash;En busca de mis padres a quienes no conozco ni sé dónde se encuentran,
-y de dos hermanos que salieron con el mismo objeto y que no han vuelto,
-a pesar de haber transcurrido de más el plazo que fijaron para su
-regreso. Y le contó su historia.</p>
-
-<p>&mdash;Yo, hijita, la ayudaré a encontrarlos, y créame que los encontrará. El
-bien que se hace, tiene que ser premiado. Tome estos tres ovillos de
-hilo y ande todo el largo de ellos; al concluirlos, llegará al palacio
-de un Rey ciego, quien le indicará lo que debe hacer en seguida.</p>
-
-<p>Anduvo la hermosa niña hasta concluir los tres ovillos de hilo, en lo
-cual demoró siete días completos. Entró al palacio del Rey ciego, que la
-recibió afablemente y le dió las mismas instrucciones que a sus
-hermanos. Cuando le trajeron el caballo, lo acarició pasándole la mano
-por la cabeza y por el cuello, y le decía:</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué pelo tan suave! Si parece que fuera de seda. ¡Qué caballo tiene
-vuestra Majestad, señor Rey! Yo nunca he visto otro de tan buen porte y
-tan proporcionado como éste!</p>
-
-<p>El caballo, como si comprendiera las alabanzas de la niña, relinchaba
-alegremente.</p>
-
-<p>Montó Luna en él, y despidiéndose del Rey, partió a toda carrera.</p>
-
-<p>Más o menos a medio día llegaron a un hermoso prado atravesado por un
-arroyuelo de limpidísimas aguas. La niña invitó al caballo a que se
-detuviera para bajarse, y el animal se paró. Descendió la niña, le quitó
-el freno y le dijo, acariciándolo:<span class="pagenum"><a name="page_88" id="page_88">{88}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Come, caballito lindo, y bebe y descansa que bastante falta te hace,
-pues has corrido tanto y debes sentirte fatigado.</p>
-
-<p>Después de solazarse el caballo un par de horas, él mismo se acercó a
-Luna, que volvió a montar y continuó su marcha.</p>
-
-<p>Todos los días, hasta completar el séptimo, que llegaron a la plazoleta,
-Luna dió dos horas de descanso a su cabalgadura, escogiendo siempre los
-sitios mejor empastados y con buena agua, para que el noble bruto
-pudiera reponerse.</p>
-
-<p>El caballo dejó su preciosa carga cerca del Arbol, el cual
-inmediatamente se puso a cantar las más armoniosas melodías, e inclinó
-su copa hacia la niña, como si la convidara a cortar el cogollo; lo
-cual, ejecutado por Luna, el Arbol la invitó a que fuera a traer el agua
-de la vida.</p>
-
-<p>Cuando la niña llegó al pozo, el agua alcanzaba al borde del brocal, así
-es que inmediatamente llenó el jarro sin dificultad. En el mismo momento
-en que Luna introducía el jarro en el agua, un hermosísimo loro de
-brillantes y variadas plumas se posó en su hombro derecho y la saludó:</p>
-
-<p>&mdash;Buenos días, bella Luna.</p>
-
-<p>&mdash;Buenos los tengas tú, preciosa ave. ¿Eres tal vez el Loro adivino, que
-me ayudará a encontrar a mis padres?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, yo soy. Apresúrate a verter agua de la vida sobre las piedras para
-que volvamos pronto al palacio del Rey ciego e irnos, en seguida, a tu
-casa.</p>
-
-<p>Comenzó la niña a echar agua sobre las piedras que rodeaban el brocal
-del pozo, y al mojar la primera se levantó Lucero, que abrazó
-cariñosamente a su hermano. Apenas el agua tocaba una piedra, se alzaba
-un hombre: un conde, un marqués, un príncipe. Continuó con las que
-estaban a la entrada de la plazoleta, y al caer el agua sobre la primera
-de éstas, apareció Sol. Los tres hermanos se estrecharon entre sus
-brazos, y Sol y Lucero agobiaban a Luna a preguntas, que ella contestaba
-risue<span class="pagenum"><a name="page_89" id="page_89">{89}</a></span>ña, sin dejar de echar agua sobre las piedras. Terminada esta
-tarea, montó a caballo y salió de la plazoleta seguida de una multitud
-de apuestos jóvenes, que lanzaban hurras y vivas a su libertadora: jamás
-rey ni reina llevó tan numeroso y escogido séquito ni fueron tan
-aclamados como lo fué Luna en esta ocasión.</p>
-
-<p>A poca distancia de la plazoleta la avenida se dividía en tres caminos,
-y allí se despidieron todos de los tres hermanos, tomando cada cual el
-que le convenía. Sol, Lucero y Luna siguieron por el que conducía al
-palacio del Rey ciego, al que llegaron en breve tiempo, porque parece
-que las distancias se habían acortado.</p>
-
-<p>Se desmontó la niña del caballo y el Loro le dijo al oído:</p>
-
-<p>&mdash;Humedece con el agua de la vida los ojos del Rey y en seguida arroja
-un poco de la misma agua a la cabeza del caballo.</p>
-
-<p>La niña obedeció, y el Rey recobró la vista y el caballo se convirtió
-instantáneamente en el más hermoso y gallardo príncipe que haya pisado
-la tierra. El Rey y el Príncipe se abrazaron tiernamente.</p>
-
-<p>&mdash;¡Por fin han terminado nuestras penas&mdash;dijo el Rey&mdash;gracias a esta
-heroica niña!</p>
-
-<p>Y refirió a los tres hermanos que hacía veintiún años que una bruja, su
-enemiga, lo había dejado ciego a él y había encantado a su hijo,
-situaciones que debían durar hasta que alguien se apoderara del Arbol
-que canta, del Agua de la vida y del Loro adivino.</p>
-
-<p>El Príncipe, que se había enamorado de Luna, pidió a su padre que lo
-dejara casarse con ella, si ella lo aceptaba por esposo. Luna manifestó
-su alegría ante tal petición; pero el Rey les observó que, aun cuando él
-aceptaba plenamente esta unión, era menester esperar que los niños
-encontraran a sus padres para pedirla en matrimonio. Se convino en que
-se haría así, y al otro día partieron nuestros pequeños héroes.</p>
-
-<p>Cuando nuestros viajantes llegaron a su casa, Luna plantó la rama del
-Arbol que canta en medio del jardín,<span class="pagenum"><a name="page_90" id="page_90">{90}</a></span> y en tres días había crecido tanto
-y estaba tan corpulento como el árbol de que provenía. El Loro adivino
-vivía en sus ramas y solía acompañar en sus cantos al Arbol, que era la
-delicia de todo el vecindario.</p>
-
-<p>La fama de este Arbol maravilloso se extendió por todo el país y bien
-pronto llegó a oídos del Rey, que quiso conocerlo; y al efecto,
-acompañado de la Corte, de sus cuñadas y de muchas damas, se trasladó a
-la casa de los niños.</p>
-
-<p>Lo primero que llamó la atención de todos fué la hermosura incomparable
-de los tres hermanos y la simpatía que despertaban.</p>
-
-<p>Parecía que el Arbol hubiese reservado sus mejores cantos para esta
-visita: las melodías que entonó eran tan dulces, tan suaves, tan
-armoniosas, que el Rey y su comitiva se quedaron extasiados escuchándolo
-y las horas pasaron sin sentirlas.</p>
-
-<p>De pronto el Arbol calló y poco a poco el auditorio volvió en sí. El Rey
-fué el primero en hablar:</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué cosa tan extraordinaria&mdash;dijo&mdash;que un árbol cante!</p>
-
-<p>El Loro habló entonces, con voz entera y clara, que todos oyeron
-perfectamente:</p>
-
-<p>&mdash;Es verdad, su Majestad, que es muy extraordinario; pero no tanto como
-el que una mujer dé a luz tres perros, en vez de tres criaturas, cosa
-que tan fácilmente hicieron creer a vuestra Majestad sus cuñadas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo? ¿Qué dice ese Loro?</p>
-
-<p>&mdash;Yo contaré a vuestra Majestad cómo pasaron las cosas. Pero ante todo,
-haga vuestra Majestad que amarren bien a sus cuñadas a un árbol, porque
-al ver que se van a poner en descubierto sus picardías, tratarán de
-escabullirse y huir. Y ordene también que inmediatamente saquen a la
-Reina de su entierro, porque si no sale luego de ahí, morirá; y que la
-traigan aquí, pues su presencia es necesaria.</p>
-
-<p>El Rey dispuso que, con fuertes correas, ataran a un<span class="pagenum"><a name="page_91" id="page_91">{91}</a></span> árbol a las
-hermanas de su mujer, y que, sin demora, libraran a la Reina del
-emparedamiento en que estaba y la trajeran.</p>
-
-<p>Momentos después llegó la Reina en silla de manos. Los doce años de
-encierro y la falta de alimentos la habían convertido en un esqueleto
-viviente; no podía andar, ni tenía fuerzas para hablar. Pero Luna,
-apenas la vió, como impulsada por un resorte, corrió a su habitación y
-volviendo con el jarro del agua de la vida le dió a beber un trago. Al
-punto la Reina se levantó de la silla en que estaba sin ánimos y como
-muerta, revestida de su antigua juventud, belleza y esplendor; y al
-verla, los personajes de la Corte, sin poder contenerse, prorrumpieron
-en gritos de júbilo, aclamando a su soberana.</p>
-
-<p>El Loro pidió que le escucharan, y al instante se hizo el silencio mas
-profundo. Entonces refirió como las hermanas de la Reina corroídas por
-la envidia, aprovecharon la ausencia del Rey para substituir por tres
-perrillos despreciables los hermosos hijos que Flor-María había tenido y
-que, como lo había prometido, nacieron el uno con el Sol en la frente,
-el otro con el Lucero y la niña con la Luna llena; cómo Flor-Rosa los
-había echado al arroyo en una artesa y habían sido salvados por el
-hortelano; cómo se habían criado y crecido ignorando su origen; y por
-fin, cómo Luna había logrado conquistar al Arbol que canta, al Agua de
-la vida y al Loro adivino, que era él.</p>
-
-<p>El Rey preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo podré encontrar a mis hijos?</p>
-
-<p>&mdash;Ahí están, al lado de la Reina; que les quiten las fajas que cubren su
-frente y vuestra Majestad los reconocerá.</p>
-
-<p>La Reina se apresuró a descubrir la frente de sus hijos; y si bellos los
-había encontrado el Rey y los personajes de sus séquitos cuando entraron
-a la huerta, más hermosos aparecieron a su vista despojados del paño que
-les ocultaba la frente y la cabeza. La Reina no se cansaba de
-acariciarlos, y ellos le pagaban su cariño cubriéndola de besos y
-llamándola «mamacita querida».<span class="pagenum"><a name="page_92" id="page_92">{92}</a></span></p>
-
-<p>El Rey pidió perdón a su esposa por los sufrimientos que tan
-injustamente le había infligido y la Reina se lo acordó cumplidamente.</p>
-
-<p>Cuando se disponía a regresar a palacio, sintieron gran ruido, como si
-se acercara numerosa tropa de caballería, y luego se oyeron sones de
-trompetas y clarines.</p>
-
-<p>Eran el Rey que había recuperado la vista gracias a Luna, y el Príncipe
-su hijo, que venían a pedir la mano de la princesa, y que, previo
-consentimiento de la interesada, que lo dió de muy buen grado, le fué
-concedida.</p>
-
-<p>Las cuñadas del Rey, Flor-Rosa y Flor-Hortensia, fueron atadas de manos
-y pies a cuatro caballos, los que, partiendo cada uno en opuesta
-dirección, las descuartizaron.</p>
-
-<p>El matrimonio del Príncipe con Luna se celebró siete días después. Las
-fiestas de palacio y las organizadas para solaz del pueblo fueron tan
-espléndidas que todavía se alude a ellas en el reino cuando se quiere
-ponderar la magnificencia de alguna solemnidad.</p>
-
-<p>Los personajes de este cuento vivieron muchos años y todos fueron muy
-felices y venturosos.</p>
-
-<p>Y con esto se acaba el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la
-guatita al aire y el potito al viento.<span class="pagenum"><a name="page_93" id="page_93">{93}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-14" id="num1-14"></a>14. EL MEDIO POLLO<a name="FNanchor_D_4" id="FNanchor_D_4"></a><a href="#Footnote_D_4" class="fnanchor">[D]</a>.<br /><br />
-<small>(Contado en 1906 por Polonia González, de 50 años, más o menos, natural de la provincia de Colchagua)</small></h2>
-
-<p>Para saber y contar y contar para saber. Est’era y esterita para secar
-peritas; est’era y esterones para secar orejones.</p>
-
-<p>Est’era una Gallineta muy buena ponedora y muy buena sacadora; y una vez
-que puso veinte huevos, se echó y sacó diez y nueve pollitos no más y se
-levantó muy atingida porque había perdido un huevito.</p>
-
-<p>Bueno, pues. Principió la Gallinita a darle vueltas al huevito y conoció
-que estaba medio huero, y entonces pensó:</p>
-
-<p>&mdash;Si me echo otra vez, saldrá cuando menos un medio pollito.&mdash;Y así fué
-que salió un medio pollito del cascaroncito.</p>
-
-<p>Bueno, pues. La Gallinita era muy querendonaza con sus hijitos; pero
-quería más que a ninguno al Medio-pollito, porque le tenía un cariño con
-lástima, porque cada vez que lo veía le daba pena del verlo que no podía
-volar, porque no tenía mas que una alita pues, y andaba a saltitos
-porque no tenía mas que una patita.</p>
-
-<p>Entonces el Medio-pollo fué creciendo y la Gallinita poniéndose
-viejancona, y no podía trabajar. Entonces el Medio-pollito le dijo a su
-mamita:</p>
-
-<p>&mdash;Viejecita, écheme la bendición porque me voy a rodar tierras y no
-volveré hasta que tenga qué darle para que descanse.<span class="pagenum"><a name="page_94" id="page_94">{94}</a></span></p>
-
-<p>Bueno, pues. Entonces la Gallinita le echó la bendición al Medio-pollo y
-se quedó llorando y el Medio-pollo salió a rodar tierras y se fué a
-saltitos, porque no tenía más que una patita sola no más.</p>
-
-<p>Entonces el Medio-pollo anduvo muchos días sin encontrar trabajo; y un
-día que estaba escarbando con el pico en un montón de hojas, se encontró
-una naranjita de oro y casi se cagó del gusto y la escondió debajo de la
-alita y pensó:&mdash;Si se la llevo al Rey me dará gransitas para llevarle a
-mi mamita.</p>
-
-<p>Bueno pues. Se fué donde el Rey y en el camino se encontró con un
-Arriero que traía una recua muy grande de mulas y que venía de vuelta.</p>
-
-<p>Entonces el Medio-pollo le preguntó al Arriero:</p>
-
-<p>&mdash;¿De dónde viene, mi Arrierito?</p>
-
-<p>&mdash;Me he vuelto&mdash;es que le dijo el Arriero&mdash;porque el río trae mucha agua
-y no me animo a pasarlo porque se pueden ahogar las mulitas.</p>
-
-<p>&mdash;Donde usted me ve&mdash;es que le dijo el Medio-pollo&mdash;yo lo voy a pasar no
-más, porque tengo que ir donde el Rey.</p>
-
-<p>Entonces le dijo el Arriero:</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no me lleváis con mis mulitas, Medio-pollo?</p>
-
-<p>Bueno&mdash;es que le dijo el Medio-pollo&mdash;</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Métete en mi potito<br /></span>
-<span class="i0">y tráncate con un palito.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Y entonces se metieron en el buche del Medio-pollo el Arriero y todas
-sus mulitas.</p>
-
-<p>Bueno. Entonces el Medio-pollo llegó al río, que venía muy anchazo de
-tanta agua que traía y se paró a la orilla y se puso a pensar:&mdash;Yo no
-puedo volar porque no tengo mas que una alita. ¿Qué hago yo? me voy a
-tomar toda la agüita para dejarlo seco y poder pasar.</p>
-
-<p>Y entonces el Medio-pollo se tomó toda el agua del río y pasó para el
-otro lado, y siguió marchando un día entero hasta que topó con un Tigre
-que estaba descansando en una piedra. Entonces el Medio-pollo es que le
-dijo:<span class="pagenum"><a name="page_95" id="page_95">{95}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hace ahí, compadrito Tigre?</p>
-
-<p>&mdash;Tengo que ir donde el Rey&mdash;es que le dijo el Tigre&mdash;y estoy muy
-cansado. ¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito?</p>
-
-<p>&mdash;Bueno&mdash;es que le dijo el Medio-pollo&mdash;</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Métete en mi potito<br /></span>
-<span class="i0">y tráncate con un palito.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Y entonces es que el Tigre se metió en el buche del Medio-pollo.</p>
-
-<p>Bueno, pues. Entonces el Medio-pollo la endilgó por el camino otro día
-más, hasta que se encontró con un León que estaba echado en un ladito.
-Entonces el Medio-pollo es que le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hace ahí, compadrito León?</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué he de hacer Medio-pollito!&mdash;es que le dijo el León.&mdash;Estoy medio
-despiado de tanto andar y tengo que ir a la casa del Rey y no puedo más.
-¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito?</p>
-
-<p>&mdash;Bueno&mdash;es que le dijo el Medio-pollo&mdash;</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Métete en mi potito<br /></span>
-<span class="i0">y tráncate con un palito.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Y al tirito se metió el León en el buche del Medio-pollo.</p>
-
-<p>Todavía tuvo que andar un día más el Medio-pollo, hasta que tropezó con
-una Zorra que se estaba haciendo la dormida debajo de unos árboles.
-Entonces el Medio-pollo es que le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué está haciendo ahí, mi comadrita Zorra?</p>
-
-<p>Y es que la Zorra le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Aquí estoy, compadrito, medio muerta de hambre. Hace una pila de días
-que no como ni un racimito de uvas siquiera.</p>
-
-<p>Entonces es que le dijo el Medio-pollo:</p>
-
-<p>&mdash;Yo la llevaré, comadrita, donde el Rey; pueda ser que le tenga lástima
-y le dé alguna cosita que comer.</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Métase en mi potito<br /></span>
-<span class="i0">y tránquese con un palito.<br /></span>
-<span class="pagenum"><a name="page_96" id="page_96">{96}</a></span></div></div>
-</div>
-
-<p>Bueno, pues. Se metió la Zorra en el buche del Medio-pollo y siguió
-andando hasta que topó con el palacio del Rey. Y entonces el
-Medio-pollo, cuando lo llevaron donde el Rey, es que le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Mi Rey, mi soberano, aquí he venido desde muy lejazo para traerle a su
-Sacarrial Majestad esta naranjita de oro, que es regalo que yo le
-traigo.</p>
-
-<p>Bueno. Entonces el Rey agarró la naranjita y les dijo a sus pajes que
-llevaran al Medio-pollo al gallinero para que estuviera con todos sus
-compañeros, y les dijo que le echaran harta gransita, y harto triguito y
-maicito bastantazo, para que se llenara.</p>
-
-<p>Y entonces cuando dejaron al Medio-pollo en el gallinero, todos los
-gallos, las gallinas y los pavos se le fueron encima a picotearlo y casi
-se lo comieron vivo. Y entonces el Medio-pollo, cuando se vió acorralado
-y que me lo querían avasallar, se fué a un rinconcito, pujó un
-poquichicho y entonces salió la Zorra y se comió todos los gallos y
-toditas las gallinas y toditos los pavos, y no dejó ni unito, y se
-arrancó para la Cordillera; y entonces es que el Medio-pollo se comió
-todas las gransitas.</p>
-
-<p>Bueno, pues. Entonces al otro día fueron los pajes, con las claras, al
-gallinero para ver como había amanecido el Medio-pollo, y se quedaron
-todos patifríos cuando vieron que el Medio-pollo se había comido todas
-las aves, porque no sabían que se las había comido la Zorra; y entonces
-se fueron todos apurados donde el Rey y es que le dijeron:</p>
-
-<p>&mdash;Señor, el Medio-pollo se ha comido todas las aves y no ha dejado una
-ni para un remedio.</p>
-
-<p>Entonces es que dijo el Rey:</p>
-
-<p>&mdash;Bueno. ¿Qué hacemos entonces con el Medio-pollo? Yo no lo puedo matar
-porque me ha traído este regalo.</p>
-
-<p>Y es que un paje le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Si a su Sacarrial Majestad le parece, lo echaremos al potrero donde
-están los caballos y los coches de su Majestad y pueda ser que los
-caballos lo maten a patadas.<span class="pagenum"><a name="page_97" id="page_97">{97}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Bueno,&mdash;es que les dijo el Rey&mdash;; pero yo les prohibo que ustedes lo
-maten.</p>
-
-<p>Y lo echaron al potrero.</p>
-
-<p>Y entonces, cuando el pobrecito Medio-pollo se vió entre las patas de
-tantísima bestia, le dió miedo como un diablo, y arrimándose a un
-rinconcito, pujó un poquichicho y echó al León para afuera; y entonces
-el León se comió a todititos los caballos y no dejó ni unito ni para un
-remedio; y se arrancó para la Cordillera.</p>
-
-<p>Bueno, pues. Al otro día bien de albita, fueron los pajes a ver si los
-caballos habían matado al Medio-pollo, y casi se fueron de espaldas
-cuando vieron al Medio-pollo arriba de un árbol cantando a todo lo que
-le daba el pico, como haciéndoles burla porque se había comido todos los
-caballos. Así lo creían ellos, porque ellos no sabían que se los había
-comido el León. Y entonces se fueron corriendo donde el Rey y se lo
-contaron todo.</p>
-
-<p>Bueno. El Rey se quedó todo admirado y es que les dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Yo no puedo matar a ese Medio-pollo que me ha traído esta naranja de
-oro de regalo. Ustedes sabrán lo que con él hacen, pero les prohibo que
-lo maten.</p>
-
-<p>Bueno. Entonces el paje principal es que le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Si su Sacarrial Majestad quiere, lo echamos a este Medio-pollo al
-potrero donde están las vacas y ahí lo matan con seguridad.</p>
-
-<p>El Rey no dijo nada; y entonces lo echaron al potrero de las vacas.</p>
-
-<p>Bueno, pues. El pobre Medio-pollito se vió todo afligido entremedio de
-las patas de tantísima vaca, y no hallaba qué hacerse, porque con el
-susto se le había olvidado que todavía tenía adentro del buche al Tigre;
-y entonces de puro miedo se le escapó un pedito, y donde se le abrió el
-potito salió el Tigre hecho una fiera y se comió todititas las vacas; y
-arrancó después para la Cordillera.</p>
-
-<p>Al otro día bien tempranito, con las diucas, se fueron<span class="pagenum"><a name="page_98" id="page_98">{98}</a></span> los pajes para
-el potrero de las vacas, y cuando vieron que no quedaba ni una ni para
-un remedio, casi se cayeron muertos, y en nada estuvo que no se quedaron
-muertos de la rabia cuando vieron al Medio-pollo encaramado en una rama
-y que se reía de ellos y cantaba ¡cucurucú! ¡cucurucú!</p>
-
-<p>Bueno, pues. Se fueron entonces todos furiosos donde el Rey, y es que le
-dijeron:</p>
-
-<p>&mdash;Señor, hay que matar a este Medio-pollo, porque tiene al diablo metido
-adentro del cuerpo; se ha comido en la noche todas las vacas, y si lo
-dejamos con vida nos va a comer a todos nosotros.</p>
-
-<p>Entonces el Rey es que les dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo voy a matar a este Medio-pollo que me ha traído un regalo tan
-bueno? Ya he prohibido que lo maten.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, pues, señor,&mdash;dijo el paje principal&mdash;no lo mataremos; pero si
-su Sacarrial Majestad no se enoja, lo echaremos al horno del pan para
-que se ase al rescoldo, porque, en la de no, nos va a comer a todos.</p>
-
-<p>Entonces esos brutos echaron al Medio-pollito al horno, cuando estaba
-bien caldeado, y el pobrecito casi se cagó del susto. Se arrimó como
-pudo a la boca del horno y se puso a pensar:&mdash;¿Qué hago yo? Si me largo
-un pedito, con el vientecito que eche van a crecer las llamitas y me
-quemo más lueguito.</p>
-
-<p>Ya se le estaban chamuscando las plumitas al pobrecito.</p>
-
-<p>Bueno, pues. El Medio-pollito no se acordaba que tenía metido el Río en
-el buche; pero con el calor de las llamitas principiaron a alborotarse
-las aguas y a sonarle las tripitas, y entonces, medio muerto de gusto,
-se acordó del Río y pujó con todas sus fuerzas, y entonces es que salió
-toda el agua de un de repente y apagó el fuego. Y como era la hora en
-que venían los pajes, se ahogaron toditos y no quedó ni unito.</p>
-
-<p>Entonces fué el Medio-pollo donde el Rey y es que le dijo:<span class="pagenum"><a name="page_99" id="page_99">{99}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Ya están muertos todos esos condenados que me querían matar.</p>
-
-<p>Entonces el Rey, muy contento de ver vivo al Medio-pollito, es que le
-dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Yo les había prohibido a mis pajes que te mataran. Y ¿qué vais a hacer
-ahora Medio-pollito?</p>
-
-<p>&mdash;Si su Sacarrial Majestad me da permiso, yo me voy para mi tierra&mdash;es
-que le dijo el Medio-pollo&mdash;porque quiero ver a mi mamita, que estará
-con cuidado.</p>
-
-<p>El Rey mandó entonces al mayordomo que le diera al Medio-pollo todo el
-trigo que había en la troje, que era una barbaridad; y entonces el
-Medio-pollo volvió a pujar y salió el Arriero con todas sus mulitas y
-cargaron todo el triguito.</p>
-
-<p>Bueno. Entonces cuando llegaron a su tierra, el Arriero y el
-Medio-pollito se repartieron el trigo como hermanos, hicieron dos pilas
-igualitas y cada uno agarró la suya.</p>
-
-<p>Entonces la Gallinita se puso muy contenta de volver a ver a su
-Medio-pollito, y ya nunquita más tuvo que trabajar.</p>
-
-<p>Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento.</p>
-
-<h2><a name="num1-15" id="num1-15"></a>15. EL BARCO DE LOS TRES HACHAZOS.<br /><br />
-<small>(Me lo refirió el Capitán D. Alberto Muñoz Figueroa, de Santiago, en 1922).</small></h2>
-
-<p>Para saber y contar etc.</p>
-
-<p>Han de saber que un Rey tenía en medio del huerto de su palacio un árbol
-muy corpulento que nunca fué regado sino con aguas de su hija, y esta
-circunstancia, por disposición de una bruja que había criado a la
-Princesa, había comunicado al árbol la virtud de que no pudiera ser
-tocado por ninguna herramienta, so pena de morir el que la manejara,
-salvo que la operación se hiciera en<span class="pagenum"><a name="page_100" id="page_100">{100}</a></span> día que no hubiera sido regado
-directamente por quien tenía la obligación de hacerlo.</p>
-
-<p>Pues bien, el Rey, que conocía esta virtud, hizo publicar por todas
-partes que no daría la mano de su hija sino a quien fuese capaz de hacer
-un barco con solos tres hachazos que diera al tronco de aquel árbol.</p>
-
-<p>Muchos pretendientes se presentaron a tentar la prueba, pero todos, al
-descargar el primer golpe, caían muertos como si hubieran sido heridos
-por un rayo.</p>
-
-<p>Entre los súbditos del Rey había un joven pobre, excelente hijo, que un
-día amaneció con la idea de ir a conquistar la mano de la Princesa, y
-provisto de la bendición de su madre, de una hacha, de un hierro para
-marcar y de una tortilla que su madre le dió, emprendió el camino, sin
-darse cuenta de la dificultad de la empresa que iba a acometer.</p>
-
-<p>A poco andar, le salió al paso un viejecito que con voz compungida le
-pidió una limosna. El joven, compadecido, le entregó la tortilla que
-llevaba, y el viejecito, en pago de su buena obra, le dió un pito
-diciéndole que podría servirle cada vez que se encontrara en apuros.
-Antes de retirarse, le aconsejó que tomara a su servicio a las cuatro
-primeras personas que encontrara en su camino; y despidiéndose de él, le
-indicó por donde debía seguir.</p>
-
-<p>Nuevamente púsose en marcha el joven y después de tres días de camino se
-encontró con un hombre que estaba tendido de bruces en el suelo,
-bebiéndose el agua de un río.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué estás haciendo?&mdash;preguntó Antonio, que así se llamaba el joven.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué quiere que haga?&mdash;contestó el interpelado&mdash;tomándome el agua de
-este río, hasta dejarlo seco, porque hoy he amanecido con una sed muy
-grande.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y serás capaz de bebértela toda?</p>
-
-<p>&mdash;¡Ya lo creo, pues; si para mí el agua que arrastra un río es como un
-vaso de agua para otros! Y si en vez<span class="pagenum"><a name="page_101" id="page_101">{101}</a></span> de agua arrastrara vino, mejor que
-mejor; más luego lo secaría!</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no te vienes conmigo? Tú puedes servirme y cuando termine la
-empresa en que me he metido, te pagaré bien.</p>
-
-<p>&mdash;Perfectamente, me voy con Ud., señor.</p>
-
-<p>Y siguieron muy tranquilamente por el mismo camino.</p>
-
-<p>No habían andado todavía media hora, cuando tropezaron con un cazador,
-que con un fusil de caza hacía la puntería a un objeto que ninguno de
-los dos alcanzaba a divisar.</p>
-
-<p>&mdash;¿A quién le apuntas?&mdash;preguntó Antonio.</p>
-
-<p>&mdash;A un mosco que veo volando como a una legua de altura&mdash;respondió el
-cazador.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y crees que podrás matarlo?</p>
-
-<p>&mdash;¡Que si lo creo! estoy seguro de que lo mataré! y si no, esperen un
-momento.</p>
-
-<p>Y dicho esto, disparó.</p>
-
-<p>Un buen rato después cayó a los pies de ellos el mosco con el cuerpo
-atravesado de un balín. Antonio y su compañero quedaron admirados, tanto
-de la buena vista del Cazador como de su admirable puntería.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quieres venirte conmigo?&mdash;le dijo Antonio.&mdash;Posiblemente tenga que
-servirme de ti en una empresa en que me he metido, y una vez que le dé
-buen fin, me encontraré en situación de pagarte como sea debido.</p>
-
-<p>&mdash;Pues, señor, me voy con usted.</p>
-
-<p>Y los tres continuaron la interrumpida marcha; y después de haber andado
-una media hora, toparon con un hombre muy alto y muy flaco que estaba
-fuertemente abrazado al tronco de un grueso árbol.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué hombre más raro!&mdash;dijo Antonio&mdash;,¿por qué estará abrazado al
-árbol?</p>
-
-<p>&mdash;Señor,&mdash;le contestó el hombre&mdash;mi oficio es correr y más correr, y si
-no me ataran o me sujetara como ahora lo estoy, tendría que seguir
-corriendo.</p>
-
-<p>&mdash;¿No sería bueno&mdash;dijo Antonio a sus compañeros<span class="pagenum"><a name="page_102" id="page_102">{102}</a></span>&mdash;que llevásemos a este
-hombre con nosotros? quién sabe si necesitemos de la virtud que tiene!</p>
-
-<p>&mdash;Bueno sería que viniese con nosotros&mdash;contestaron los interpelados.</p>
-
-<p>&mdash;Me gustaría irme con ustedes&mdash;dijo el hombre corredor&mdash;pero sería
-necesario, para no seguir corriendo, que me llevasen amarrado.</p>
-
-<p>Entonces uno de los acompañantes de Antonio se sacó de la cintura una
-fuerte correa y con ella ató las piernas del Corredor, que fué llevado
-en hombros de uno y otro alternativamente; así continuaron su camino
-hasta que encontraron a otro hombre que estaba tendido en tierra con una
-oreja pegada al suelo.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué curioso lo que oigo,&mdash;decía el hombre&mdash;, qué curioso!</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué es lo que oyes?&mdash;interrogó Antonio.</p>
-
-<p>&mdash;Oigo que una señora aconseja a su hija que no deje de regar temprano
-con sus aguas cierto árbol, cada vez que se presente algún pretendiente
-de su mano para hacer un barco de tres hachazos, porque regado el árbol,
-nadie podrá hacer el barco en el mismo día.</p>
-
-<p>&mdash;Pues es preciso que tú nos acompañes&mdash;dijo Antonio&mdash;y no tengas
-cuidado, que se te pagará bien.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, pues, señor, me iré con usted.</p>
-
-<p>Y los cinco siguieron camino hasta llegar al palacio del Rey, en el cual
-se les dió alojamiento, como se acostumbraba con todos los que
-pretendían hacer el barco.</p>
-
-<p>Fijado el día de la prueba, Antonio se puso en acecho desde antes que
-amaneciera, y cuando el sol despuntaba sus rayos, como viera que la
-Princesa llegaba al pie del árbol y, encuclillándose, se preparaba para
-regarlo, sacó el pito que le había obsequiado el anciano y llevándoselo
-a los labios sopló, y se produjo ¡Dios mío! un sonido tan espantoso que
-la Princesa, toda asustada, huyó a refugiarse en su aposento, sin
-conseguir regar el árbol.</p>
-
-<p>La prueba debía tener lugar a las 12, y desde mucho antes los corredores
-del patio en que estaba el árbol se hallaban repletos de nobles y
-grandes de la Corte que, pre<span class="pagenum"><a name="page_103" id="page_103">{103}</a></span>sididos por los Reyes y la Princesa,
-querían presenciarla. Al dar el reloj el primer campanazo, salió Antonio
-con su hacha al hombro, y sonando el duodécimo, pegó, uno en pos de
-otro, ni uno más, ni uno menos, los tres golpes que tenía derecho a dar,
-y lo que hasta entonces ninguno de los numerosos candidatos que habían
-tentado la empresa había podido hacer, resultó ahora de la manera más
-sorprendente: como por encanto surgió del lugar que hasta un momento
-antes ocupaba el árbol, un buque maravilloso, con toda la armazón de oro
-y las velas de plata, que se movía majestuosamente en un hermoso
-estanque, entre cisnes y pececitos dorados. Un hurra estruendoso salió
-de la boca de todos y los mismos Reyes y la Princesa, muy a su pesar, no
-pudieron contener sus aplausos.</p>
-
-<p>Los Reyes, no obstante el buen éxito de la prueba, no quisieron conceder
-a Antonio la mano de su hija, aunque ella, en vista del espléndido
-resultado obtenido por el joven y su gallarda figura, se inclinaba a
-aceptarlo por marido, y le impusieron, para conseguirla, la ejecución de
-nuevos trabajos, que Antonio aceptó de lleno, decidido como estaba a
-casarse con la Princesa, de quién se había enamorado profundamente,
-desde que la vió.</p>
-
-<p>Aceptadas las nuevas exigencias de los padres de la Princesa, el Rey
-condujo a Antonio a una inmensa bodega toda llena de enormes toneles de
-vino y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Tienes que beberte todo este vino antes que den las 12 del día de
-mañana, so pena de la vida,&mdash;y le entregó las llaves y se fué.</p>
-
-<p>Esperó Antonio que el Rey se alejase, y cuando calculó que ya estaría en
-palacio, fué en busca del Bebedor e introduciéndole en la bodega, le
-preguntó si se encontraba capaz de ingerir antes del mediodía todo el
-vino y licor que allí se guardaba. El Bebedor le contestó que tan capaz
-se sentía de bebérselo que no le pedía sino dos horas para dejar
-completamente secos los toneles. Y así fué, en efecto, porque dos horas
-más tarde volvió Antonio<span class="pagenum"><a name="page_104" id="page_104">{104}</a></span> a la bodega y no halló ni rastros de líquido;
-sólo vió al Bebedor, que, sentado en un poyo, fumaba tranquilamente un
-cigarro.&mdash;«Aquí estamos, señor,&mdash;le dijo&mdash;descansando un poco, porque
-después de beber, mejor que andar, es sentarse un ratito y pitar un
-cigarro».</p>
-
-<p>Al otro día el Rey pidió a Antonio las llaves de la bodega, y se quedó
-mudo de espanto al ver que aquella grandísima cantidad de toneles poco
-antes repletos de vino y licores, estaba completamente vacía. Atontado
-se fué a sus habitaciones, pero antes dijo a Antonio:</p>
-
-<p>&mdash;En un momento más te llamaré.</p>
-
-<p>El Rey tenía un hechicero a su servicio y a él le pidió consejo acerca
-de qué trabajo debería proponerle a Antonio que éste no fuera capaz de
-ejecutarlo.</p>
-
-<p>El hechicero le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Escriba V. M. dos cartas para el Rey su vecino, una me entrega a mí,
-que me transformaré en jote y la llevaré en un santiamén; la otra se la
-entrega al pretendiente de la Princesa para que él le dé curso, y
-veremos cuál de los dos trae primero la contestación.</p>
-
-<p>&mdash;Me parece bien&mdash;murmuró el Rey, y ordenó a su secretario que
-inmediatamente escribiese las dos cartas y que estuvieran listas en un
-momento. Con esto, mandó el monarca que llamasen a Antonio, quien, de
-pie ante el trono, oyó respetuosamente la orden que se le daba, y que,
-como la anterior, se sancionaba con pena de la vida. Antonio prometió
-entregar al Rey la contestación antes que el jote, y salió.</p>
-
-<p>Inmediatamente reunió a sus compañeros y les contó el apuro en que se
-encontraba.</p>
-
-<p>&mdash;No tenga cuidado, señor,&mdash;dijo el Hombre Largo&mdash;yo me encargaré de
-llevar la carta y traer la contestación, y por muy ligero que vuele el
-jote yo correré más rápidamente que lo que él vuela.</p>
-
-<p>&mdash;Y nosotros velaremos por lo que pueda suceder&mdash;agregó el Cazador.</p>
-
-<p>Y al punto el Hombre Largo tomó la carta y zanca<span class="pagenum"><a name="page_105" id="page_105">{105}</a></span>jeando con velocidad
-pasmosa, se perdió de vista en un momento. Y tan lijero anduvo que
-cuando el jote iba aún con la carta, el Hombre Largo volvía ya con la
-respuesta. Se cruzaron en lo alto de un cerro, el corredor corriendo y
-el Jote volando, y cuando éste, que como se ha dicho, era el Hechicero,
-lo divisó, dejó caer desde lo alto un anillo. El Hombre Largo, a pesar
-de la rapidez de su carrera, vió brillar el anillo en el suelo y se
-detuvo a recogerlo; encontrolo hermoso y pareciéndole que no le quedaría
-mal, se lo puso; pero apenas introdujo el dedo en el anillo, cayó en
-tierra dominado de un violento sueño. Con su vista perspicaz el Cazador
-vió todo lo ocurrido desde el lugar en que se hallaba, y comprendiendo
-que era el anillo el que había dejado como muerto a su compañero, le
-hizo los puntos con su fusil y disparó con tanto acierto que la bala
-rompió el anillo y cayó destrozado al suelo. Roto el encanto, el Hombre
-Largo continuó su carrera y en un momento llegó donde Antonio y le
-entregó la respuesta, que Antonio llevó inmediatamente al Rey. El Jote
-se demoró más de un día aún en llegar con la contestación, y el Rey,
-despechado, lo hizo matar.</p>
-
-<p>Al otro día, bien temprano, el Rey, aconsejado por la Reina, hizo
-entregar a Antonio veinte conejos que debía soltar en la montaña para
-que anduviesen libremente y traerlos todos en la tarde; si no los traía
-su cuello recibiría las caricias de la cuchilla del verdugo. Antonio
-ofreció volver con los veinte conejos; y preguntó si esa sería la última
-prueba a que se le sometía. El Rey le prometió que si salía bien en
-ésta, no le impondría sino otra más.</p>
-
-<p>Partió Antonio llevando los conejos y acompañado del mayordomo de
-palacio, que iba para comprobar si Antonio soltaba los animalitos; y
-como viera que en cuanto llegaron a la montaña les daba completa
-libertad y que desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, se volvió y
-contó a los Reyes cómo los conejos habían huído más que ligero y que
-sería muy difícil que Antonio pudie<span class="pagenum"><a name="page_106" id="page_106">{106}</a></span>ra cogerlos. El Rey, que recordaba
-cómo Antonio, había salido tan bien de las empresas anteriores, pidió a
-la Reina que se disfrazase y fuese a comprarle un par de conejos y le
-diese por ellos el dinero que le pidiese. Hízolo así la Reina; se vistió
-con los vestidos de su doncella, se peinó de distinta manera que como
-Antonio la había visto y, arreglada, en fin, de modo que no la
-conociese, partió para la montaña. Antonio la divisó desde lejos y la
-conoció perfectamente, y sacando el pito, lo hizo sonar. Como por
-encanto los conejos, saliendo de todas partes, se reunieron en un
-momento frente a Antonio, retozando graciosamente.</p>
-
-<p>Poco después llegó la Reina, se sentó al lado de Antonio y entabló
-conversación con él. Primero le habló de otras cosas y después de los
-conejos.&mdash;Qué hermosos los conejitos&mdash;le dijo&mdash;,¿por qué no me vende un
-par para hacer cría?&mdash;Antonio le contestó que no podía, que tenía que
-entregar los veinte, completos, en la tarde, so pena de vida. Ella le
-ofrecía lo que quisiera, este mundo y el otro; pero inútilmente, porque
-Antonio no cedía ni aflojaba un pelo. Sin embargo, como la Reina
-continuara con sus exigencias, Antonio le dijo que sólo de una manera le
-entregaría el par de conejos, y hasta media docena si le parecía y era
-dejándose aplicar una marca en las posaderas. La Reina, que no quería
-que Antonio se casara con su hija, viendo que no había otro medio de
-concluir con él, aceptó la proposición, y Antonio, para no hacerla
-sufrir, ya que con su sufrimiento nada ganaba, en vez de calentar el
-hierro, lo impregnó de tinta indeleble y lo estampó en las partes
-convenidas; después de lo cual la falsa doncella recibió los dos conejos
-y envolviéndolos en el delantal, se fué contentísima a paso ligero. ¿Qué
-le importaba a ella la marca? Antonio, que no podía entregar sino 18
-conejos, moriría a manos del verdugo y nadie sabría lo que a ella le
-había pasado. Pero la Reina no contaba con el pito de Antonio, quién una
-vez que calculó que la Reina estaba próxima a llegar a palacio, sa<span class="pagenum"><a name="page_107" id="page_107">{107}</a></span>có el
-silbato y lo hizo sonar: un minuto después el par de conejos estaba con
-sus compañeros frente a Antonio. La Reina no se dió cuenta de la huida
-de los animalitos, así fué que casi se cayó muerta de rabia cuando al
-querer mostrarlos al Rey se encontró con que no traía ninguno. Contó al
-Rey lo que le había sucedido y sólo pudo consolarse con la esperanza de
-que los conejos no se hubieran ido a reunir con los otros que tenía
-Antonio, esperanza que le salió fallida, ya que poco después entró el
-joven y entregó al Rey los veinte conejos.</p>
-
-<p>&mdash;Señor,&mdash;le dijo&mdash;me parece que he cumplido. Ojalá, para salir luego de
-cuidados, me diga cuál es el trabajo que me falta ejecutar.</p>
-
-<p>&mdash;Es éste&mdash;le contestó el Rey:&mdash;toma ese saco; a las 12, me lo traes
-lleno de nada, nonada, tres ayes y una verdad; y ya sabes, si falta
-alguna de estas tres cosas ¡fuera cabeza!</p>
-
-<p>&mdash;No tenga cuidado S. M., que será complacido.</p>
-
-<p>Al día siguiente salió Antonio provisto de su saco, y después de echar
-en él, alternativamente, el hierro para marcar, un gran manojo de
-hortiga caballuna, una piedra y un trozo de madera, ató la boca del
-saco, se fué al palacio y colocándose al lado del estanque en que estaba
-el buque de los tres hachazos, esperó que bajaran el Rey, la Reina, la
-Princesa y los nobles, como en todas las pruebas anteriores. Poco antes
-de las 12 ya estaba reunida toda la concurrencia, y sonando la duodécima
-campanada del reloj, dijo el Rey:</p>
-
-<p>&mdash;Supongo que habrás traído <i>nada</i> en el saco.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, Majestad, y aquí está&mdash;contestó Antonio&mdash;sacando el pedazo de
-madera, que arrojó al estanque;&mdash;ya ve V. M. que nada.</p>
-
-<p>&mdash;Es verdad&mdash;dijo el Rey&mdash;¿y la nonada?</p>
-
-<p>&mdash;Aquí la tiene V. M.&mdash;respondió el joven, mostrando la piedra que
-extrajo del saco,&mdash;pues si la arrojo al agua, <i>no nada</i>.<span class="pagenum"><a name="page_108" id="page_108">{108}</a></span></p>
-
-<p>El Rey no tuvo más remedio que asentir, y con voz alterada por la cólera
-al verse vencido, preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y los tres ayes?</p>
-
-<p>&mdash;Para eso será preciso que V. M. comisione a alguno de los suyos, para
-que no se crea que los falsifico.</p>
-
-<p>Ordenó el Rey a la doncella de la Princesa que fuese a sacar los ayes, y
-al acercarse al joven para cumplir el mandato, éste le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Es preciso meter al saco las dos manos y buscar con cuidado entre unas
-yerbas que hay en el fondo, para que no se escapen.</p>
-
-<p>La niña creyó que si buscaba rápidamente los ayes podrían escaparse y el
-joven perder la partida, y para conseguirlo, metió las manos
-precipitadamente entre las ortigas, que juntaba y apartaba para
-facilitar la salida de los ayes, pero no duró sino un instante, porque
-las manos se le irritaron de tal manera y era tan grande el dolor que
-sentía que tuvo que sacarlas casi al momento, gritando «¡ay, ay, ay!»
-Antonio dijo entonces al Rey:</p>
-
-<p>&mdash;Ahí tiene V. M. los tres ayes que me había exigido.</p>
-
-<p>&mdash;Ahora veamos esa verdad, dijo el Rey con voz alterada.</p>
-
-<p>Y sacando Antonio del saco el hierro de marcar, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Ha de saber V. M. que ayer, mientras cuidaba los conejos en la
-montaña, vino la Reina, a quién conocí perfectamente, a pesar del
-disfraz, y me pidió que le vendiera dos de esos animalitos, y yo,
-después de discutir un poco, consentí en dárselos con la condición...</p>
-
-<p>&mdash;De que se le diera la mano de nuestra hija&mdash;exclamó la Reina,
-dirigiéndose al Rey, pero de modo que todos oyeron lo que decía.</p>
-
-<p>&mdash;Eso es,&mdash;confirmó Antonio&mdash;y espero que después de lo sucedido, V. M.
-no se negará a permitir mi matrimonio con su hija.</p>
-
-<p>&mdash;Lo permito gustoso&mdash;contestó el monarca,&mdash;tanto más cuanto veo que
-eres una persona de tal mérito que<span class="pagenum"><a name="page_109" id="page_109">{109}</a></span> no hay empresa que se te encomiende,
-por difícil que sea, que no la ejecutes de la manera más cumplida.</p>
-
-<p>Y así fué como Antonio, mozo pobre, pero bueno, se casó con la hija del
-Rey y llegó más tarde a sentarse en el trono, siendo feliz hasta donde
-se puede serlo en esta tierra de desgracias, con su mujer y los
-numerosos hijos que tuvo.</p>
-
-<h2><a name="num1-16" id="num1-16"></a>16. HERMOSURA DEL MUNDO, O EL CASTILLO DE LOS TRES AZUELAZOS.<br /><br />
-<small>(Contado por Tránsito González, maestro carpintero, de Choapa y 57 años de edad. Me lo refirió en Peñaflor, en 1922.)</small></h2>
-
-<p>Vivían en un pueblo dos viejitos casados desde hacía muchos años; pero
-Dios no los había favorecido dándoles un hijo siquiera. Tenían numeroso
-ganado y algún dinero, y temiendo morirse pronto y no sabiendo a quien
-dejarle sus bienes, adoptaron a un huerfanito que recién nacido había
-perdido a sus padres, y lo criaron con grande esmero y cariño. El
-chiquitín se llamaba Nicomedes, pero el nombre no le venía, porque era
-un comedor terrible: cuando era guagua, no le aguantó ninguna ama,
-porque, a las que le llevaban, les secaba los pechos de dos o tres
-chupetadas y tuvieron que criarlo con leche de vaca, y apenas le bastaba
-la de dos. Cuando le salieron dientes, comenzó por comerse un conejo y
-una gallina al día, después siguió con un cabrito, después con una oveja
-o un cordero, y cuando tenía doce años se comía un buey descansadamente.
-Por causa de su voraz apetito nadie lo llamaba por su nombre y todos le
-decían Comín, Comón, hijo del buen Comedor.</p>
-
-<p>Llegó el caso de que de tanto comer el niño, el ganado se les iba
-concluyendo a los viejos, quienes, por otra par<span class="pagenum"><a name="page_110" id="page_110">{110}</a></span>te, gozaban de muy buena
-salud y parecía que cada día estaban mejor y que nunca se iban a morir;
-temieron, entonces, quedar en la miseria, y para evitarlo le dijeron a
-Comín que saliera a buscar a donde ganarse la vida, que ya no podían
-tenerlo a su lado por más tiempo.</p>
-
-<p>Se despidió Comín de sus padres adoptivos, y llegó a una hacienda cuyo
-dueño lo tomó a su servicio para que le cuidara un enorme ganado de
-ovejas que tenía, y como era muy friolento, para que en la noche le
-tuviera fuego encendido a la hora que se lo pidiera. El sueldo que
-pagaba era bueno; pero había una condición bastante dura, y era que si
-alguna vez no le tenía fuego encendido, o le faltaba alguna oveja, que
-las contaban una vez por semana, lo mandaba degollar. Comín aceptó el
-contrato, pero tenía la intención de comer a su gusto todas las ovejas
-que su hambre insaciable le pidiese, siquiera por siete días, y mandarse
-cambiar antes que contasen el ganado.</p>
-
-<p>El hacendado le pedía fuego todas las noches a distintas horas y Comín
-siempre se lo proporcionaba, de modo que nunca lo pudo pillar, y como
-las ovejas las contaban sólo una vez por semana, tampoco pudieron notar
-que se comía cuatro o cinco cada día.</p>
-
-<p>Seis hacía ya que estaba en la hacienda, cuando en la cocina, en la hora
-de la comida, oyó contar que el Rey de las Tres Puntas del Aromo ofrecía
-dar en matrimonio a su hija Hermosura del Mundo y un millón de pesos a
-aquel que frente a su castillo, de tres azuelazos, construyera en tres
-días otro castillo tan lindo o mejor que el del Rey y en el cual debían
-lucir el Sol y la Luna, y el que se presentara a hacerlo y no lo
-hiciera, tenía pena de la vida. Comín se dijo:&mdash;Yo voy a tentar la
-aventura: entre que mañana me degüellen cuando vean que faltan
-tantísimas ovejas y correr la suerte de poder levantar el castillo de
-tres azuelazos, lo haga o no, prefiero esto último. Y al otro día por la
-mañana, después de salir con el ganado y dejarlo abandonado en el campo,
-se mandó cam<span class="pagenum"><a name="page_111" id="page_111">{111}</a></span>biar, no llevando por todo bastimento sino un pan que había
-guardado en el desayuno.</p>
-
-<p>Unas cuantas horas había andado cuando le salió al encuentro un viejito
-y con voz temblorosa le pidió algo que comer, si llevaba.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, llevo un pan, buen anciano,&mdash;le dijo Comín&mdash;y tómelo todo para
-usted.</p>
-
-<p>&mdash;Y tú ¿qué vas a comer, hijito?</p>
-
-<p>&mdash;Lo que Dios quiera, taitita; lo que es con un pan no tengo ni para
-comenzar, y lo mismo me da comerlo que no comerlo.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien, hijito, ¿y a dónde vas?</p>
-
-<p>&mdash;Voy a conquistar la mano de Hermosura del Mundo, hija del Rey de las
-Tres Puntas del Aromo y a ganar un millón de pesos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y lo conseguirás?</p>
-
-<p>&mdash;No lo sé, pero a eso voy. Me dicen que el Rey la dará en matrimonio al
-que de tres golpes de azuela le haga, en tres días, frente al suyo, un
-castillo tan lindo o mejor que el de él, en el que, además, se vean el
-Sol y la Luna; y el que se presente y no lo haga, tiene pena de la vida.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y con qué cuentas para hacerlo?</p>
-
-<p>&mdash;Con la ayuda de Dios solamente, porque ni siquiera tengo la azuela.</p>
-
-<p>&mdash;Quiero premiar tu buen corazón, Toma esta azuelita&mdash;le dijo el viejo
-pasándole una nuevecita que sacó de debajo del poncho;&mdash;con ella, en el
-primer día darás un solo golpe en el suelo en el lugar que te indiquen,
-e inmediatamente aparecerán los cimientos; en el segundo día darás
-también con la azuelita un golpe en los cimientos y aparecerán las
-murallas; en el tercer día darás otro golpe con la misma azuelita en las
-murallas, y entonces quedará completamente terminado el castillo, que
-será más hermoso y estará mejor amueblado que el del Rey. Toma, además,
-este pitito; haciéndolo sonar cuando te encuentres en apuros, te verás
-libre de todo mal.<span class="pagenum"><a name="page_112" id="page_112">{112}</a></span></p>
-
-<p>Y despidiéndose de Comín, se fué el viejito por un lado y Comín por
-otro.</p>
-
-<p>A poco andar Comín encontró a un hombre que estaba tendido en el suelo y
-con una oreja pegada a la tierra.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hace amigo?&mdash;preguntó Comín.</p>
-
-<p>&mdash;Estoy oyendo a unos pimeos que discuten acaloradamente sobre una
-carrera, y estoy muy entretenido con la disputa que tienen acerca de si
-ganó este caballo o ganó el otro.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo se llama usted?</p>
-
-<p>&mdash;Escuchín, Escuchón, hijo del buen Escuchador.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quieres que vamos juntos a rodar tierras?</p>
-
-<p>&mdash;No, señor, déjeme aquí, que estoy muy divertido con la carrera de los
-pimeos.</p>
-
-<p>&mdash;Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene
-una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse
-al que levante en tres días, frente al suyo, de tres azuelazos, un
-castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de
-levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña
-usted y me ayuda? Habrá, además, un premio de un millón de pesos.</p>
-
-<p>&mdash;Vaya, pues, lo acompañaré por tratarse de una aventura poco común y yo
-soy muy amigo de las aventuras.</p>
-
-<p>Marcharon en compañía por un buen rato conversando alegremente, hasta
-que encontraron a un hombre que miraba con mucha atención hacia arriba.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hace, amigo?&mdash;preguntó Comín.</p>
-
-<p>&mdash;Aquí estoy aguaitando a una aguilita que anda muy altazo por las
-regiones del cielo.&mdash;Y haciéndoles los puntos con una carabina que tenía
-al lado disparó. Nada divisaban ni Comín ni Escuchín, por más que
-miraban, pero como un cuarto de hora más tarde percibieron un puntito
-negro que poco a poco se fué agrandando, hasta que, por fin, media hora
-después del disparo, vieron caer a sus pies una águila.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo se llama usted?<span class="pagenum"><a name="page_113" id="page_113">{113}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Aguaitín, Aguaitón, hijo del buen Aguaitador.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no vamos juntos a rodar tierras?</p>
-
-<p>&mdash;No, señor, déjeme aquí, que lo paso muy entretenido cazando pajaritos.</p>
-
-<p>&mdash;Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene
-una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse
-al que levante en tres días frente al suyo, de tres azuelazos, un
-castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de
-levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña
-usted y me ayuda? Habrá además un premio de un millón de pesos.</p>
-
-<p>&mdash;Si es así, lo acompañaré, por tratarse de una aventura que no se ve
-todos los días, y yo me muero por las aventuras raras.</p>
-
-<p>Siguieron andando los tres, departiendo amigablemente, hasta que
-llegaron a la orilla de un gran río, muy ancho y muy correntoso, y en la
-margen opuesta vieron a un hombre que con pies de cabra formaba una
-represa.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hace ahí, mi amigo?</p>
-
-<p>&mdash;Juntando un poquito de agua, señor, para tomármela y apagar mi sed.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo se llama usted?</p>
-
-<p>&mdash;Tomín, Tomón, hijo del buen Tomador.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no se viene con nosotros a rodar tierras?</p>
-
-<p>&mdash;No señor, déjeme por aquí, que hay tantos ríos; mire que yo ando
-siempre sediento y me hace mucha falta el agua.</p>
-
-<p>&mdash;Vamos mejor a las Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene
-una hija muy linda que se llama Hermosura del Mundo, y la da para
-casarse al que levante en tres días, frente al suyo, de tres azuelazos,
-un castillo en que se vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención
-de levantar ese castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me
-acompaña usted y me ayuda? Habrá además, un premio de un millón de
-pesos.</p>
-
-<p>&mdash;Por tratarse de casamiento, en donde habrá harto<span class="pagenum"><a name="page_114" id="page_114">{114}</a></span> que tomar, lo
-acompañaré, pues; pero si van a las Tres Puntas del Aromo tienen que
-pasar para este lado.</p>
-
-<p>&mdash;Díganos si sabe, donde está el puente para atravesarlo.</p>
-
-<p>&mdash;Qué puente ni qué niño muerto, señor; si para atravesarlo no hay más
-puente que mi estómago, como ustedes van a verlo;&mdash;y tendiéndose de
-guatita, dió dos o tres sorbidos, ¡qué sorbidos, Dios Santo! y dejó el
-río completamente seco y Comín y sus compañeros pudieron pasar a pie
-enjuto al otro lado, y acompañados de Tomín siguieron su camino.</p>
-
-<p>Poco después llegaron a un llano y vieron a un hombre que corría con una
-rapidez extraordinaria.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hace, amigo?&mdash;le preguntó Comín.</p>
-
-<p>&mdash;Aquí me tiene señor, apostando carreras con el Viento.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo le va en las carreras?</p>
-
-<p>&mdash;No muy mal, señor: cuando corremos cuesta arriba, salimos iguales,
-pero cuando corremos cuesta abajo, yo se la gano al Viento.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo se llama usted?</p>
-
-<p>&mdash;Corrín, Corrón hijo del buen Corredor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no se viene con nosotros? No le faltará trabajo: vamos a las
-Tres Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene una hija muy linda,
-que se llama Hermosura del Mundo y la da para casarse al que de tres
-azuelazos levante frente al suyo, en tres días, un castillo en que se
-vean el Sol y la Luna, y yo voy con la intención de levantar ese
-castillo y casarme con la Princesa. ¿Por qué no me acompaña usted y me
-ayuda? Habrá, además, un premio de un millón de pesos.</p>
-
-<p>&mdash;Vaya, pues, lo acompañaré, porque supongo que me pagará bien.</p>
-
-<p>&mdash;Como no, pues, ho! una vez que me case con la princesa te daré harta
-plata. El millón de pesos que me entregue el Rey será para ustedes.</p>
-
-<p>Y los cinco continuaron andando hasta que dieron con<span class="pagenum"><a name="page_115" id="page_115">{115}</a></span> uno que estaba con
-los calzones abajo aspirando aire a dos carrillos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué está haciendo amigo?</p>
-
-<p>&mdash;Preparándome para rosar esa montaña y esa risquería que ahí se
-divisan, porque pienso sembrar en ellas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero cuánto tiempo se va a demorar en rosarlas, cercarlas y
-sembrarlas?</p>
-
-<p>&mdash;Un ratito no más, pues; va usted a ver con qué facilidad lo hago.</p>
-
-<p>Los hizo retirarse a un lado, y después de aspirar más aire comenzó a
-lanzarlo por el trasero con tanto tino que los troncos de los árboles y
-los riscos, que volaban en todas direcciones, al caer iban formando una
-cerca perfectamente hecha y el terreno quedó completamente limpio, en
-punto de ararlo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo se llama usted?</p>
-
-<p>&mdash;Peín, Peón, hijo del buen Peorrón.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no se viene con nosotros? le pagaremos bien. Vamos a las Tres
-Puntas del Aromo, donde hay un Rey que tiene una hija muy linda que se
-llama Hermosura del Mundo y la da para casarse al que de tres azuelazos
-levante frente al suyo, en tres días, un castillo en que se vean el Sol
-y la Luna, y yo voy con la intención de levantar ese castillo y casarme
-con la Princesa. Habrá, además, un premio de un millón de pesos, que se
-repartirá entre ustedes.</p>
-
-<p>&mdash;Si es así, dejaré este trabajo para otra vez y me iré con ustedes.</p>
-
-<p>Y los seis siguieron la interrumpida marcha y por fin llegaron al
-castillo del Rey, que los recibió en presencia de la Reina, de la
-Princesa y de toda la Corte.</p>
-
-<p>Se adelantó Comín, que hacía de jefe de los recién llegados, y
-respetuosamente habló así al Rey:</p>
-
-<p>&mdash;Después de muchos días de penoso viaje llego a presencia de su
-Sacarrial Majestad a pretender la mano de vuestra hija Hermosura del
-Mundo, para lo cual me comprometo a hacer en tres días como su Sacarrial
-Majestad lo exige, un castillo tan lindo o mejor que el de su Saca<span class="pagenum"><a name="page_116" id="page_116">{116}</a></span>rrial
-Majestad, de sólo tres azuelazos, y no espero para levantarlo sino saber
-si siempre su Sacarrial Majestad mantiene su promesa, y en caso de que
-sí, que se me indique el sitio en que debo construirlo.</p>
-
-<p>La Princesa, que estaba sentada a la izquierda del Rey (la Reina estaba
-a la derecha), le pegó en el codo y le dijo al oido:</p>
-
-<p>&mdash;Papá, no quiero casarme con él, aunque haga el castillo de tres
-azuelazos; es muy gordo y muy ordinario; impóngale otras obligaciones.</p>
-
-<p>La verdad es que hasta entonces no se habían presentado otros
-pretendientes que reyes y príncipes, y que Comín, ante ellos, tenía que
-parecer a Hermosura del Mundo un ser despreciable; así es que el Rey
-encontró razón a su hija, y en consecuencia de lo que ella pedía,
-contestó a Comín:</p>
-
-<p>&mdash;Encuentro que es corta mi exigencia de hacer solamente un castillo en
-cambio de la mano de mi hija, así es que últimamente he decidido que a
-esa prueba se agreguen otros seis trabajos más, de modo que por todos
-sean siete.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y se podría saber de antemano cuáles son esos seis trabajos?</p>
-
-<p>&mdash;Los iré diciendo uno a uno a medida que se ejecuten los anteriores.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien, señor, me someto a todas las exigencias de su Sacarrial
-Majestad.</p>
-
-<p>&mdash;Piénsalo bien, antes, mira que cualquiera de las pruebas que no lleves
-a buen fin les costará la vida a ti y a tus compañeros, porque supongo
-que cuentas con la ayuda de ellos para ejecutarlas.</p>
-
-<p>&mdash;Así es, efectivamente, señor.</p>
-
-<p>&mdash;Pero cada prueba no puede ser llevada a cabo sino por uno solo y todos
-seis sois solidarios del desempeño de cada uno.</p>
-
-<p>&mdash;Como he dicho me someto respetuosamente a todas las condiciones de su
-Sacarrial Majestad.</p>
-
-<p>&mdash;Si es así, puedes comenzar; el castillo debe levan<span class="pagenum"><a name="page_117" id="page_117">{117}</a></span>tarse en esa plaza
-que está frente a mi palacio: tienes tres días de plazo para hacerlo y
-en cada día no puedes dar más de un azuelazo.</p>
-
-<p>Comín se dirigió al sitio que se le indicaba y levantando la azuelita
-que le había dado el viejito, dió el primer azuelazo; y los Reyes,
-Hermosura del Mundo y la Corte vieron asombrados lo que hasta entonces
-no habían conseguido ver: la azuela que toca la tierra y los cimientos
-que quedan hechos instantáneamente.</p>
-
-<p>&mdash;Papá, este roto va a salir con la suya; yo no me caso con él.</p>
-
-<p>&mdash;No tenga cuidado, hijita, que si logra hacer el castillo, todavía
-tendrá que hacer otros seis trabajos, a cual más difícil, para lo cual
-nos aconsejaremos de su madrina, a quien, como bruja que es, se le
-ocurrirán cosas que será imposible hacer.</p>
-
-<p>&mdash;Ojalá sea así, papá, porque yo no me caso con este guatón indecente.</p>
-
-<p>Trascurrieron una tras otra las 24 horas que tiene el día, el sol salió
-por donde siempre sale y llegó el momento en que Comín debía dar el
-segundo azuelazo, y lo dió ante la familia real y la Corte con el mismo
-éxito que el primero, pues tocar la tierra con la azuela y alzarse las
-murallas del castillo fueron cosas simultáneas.</p>
-
-<p>Todos se quedaron con la boca abierta.</p>
-
-<p>Cuando volvieron en sí, Hermosura del Mundo dijo al Rey:</p>
-
-<p>&mdash;Papá, ya le he dicho, por nada del mundo me caso con ese hombre.</p>
-
-<p>&mdash;Si ya lo sé, hijita; no tenga cuidado, confíe en su padre.</p>
-
-<p>Pero al otro día crecieron los temores de la Princesa: tercer azuelazo
-dado por Comín y el castillo que queda terminado. Pero ¡qué castillo,
-señores! Había que verlo! Ante él el del Rey parecía un mamarracho.
-Amigos, todos, todos sin excepción, al ver aquella maravilla, se cayeron
-de espaldas.<span class="pagenum"><a name="page_118" id="page_118">{118}</a></span></p>
-
-<p>Cuando volvieron de su estupor, dijo Comín:</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no pasamos a visitarlo?</p>
-
-<p>Y se dirigieron al castillo presididos por el Rey.</p>
-
-<p>¡Qué les diré de la admiración que produjeron los decorados, los
-tapices, y los muebles! No salían sino voces de alabanza de todos los
-labios y el Rey, enamorado del hermoso alcázar, resolvió quedarse
-viviendo ahí y dejar el otro palacio para la servidumbre. Pero a pesar
-de todo, la Princesa no se resolvía a dar su mano al gordo Comín.</p>
-
-<p>&mdash;Señor,&mdash;dijo éste, una vez que el Rey y acompañantes recorrieron el
-palacio&mdash;¿cuál será la prueba a que vuestra Majestad me va a someter
-mañana?</p>
-
-<p>&mdash;Esta tarde te la daré a conocer&mdash;contestó el monarca. (El Rey quería
-darse tiempo para consultar a su comadre bruja, y fué lo que hizo cuando
-Comín y sus compañeros se retiraron.)</p>
-
-<p>&mdash;Comadre, ¿qué hacemos para que el castillo nos salga de balde y Comín
-no se case con Hermosura del Mundo?</p>
-
-<p>&mdash;Pídale que en tres días le haga otro castillo igual o mejor en el
-aire.</p>
-
-<p>&mdash;De veras, comadre, que esto no lo podrá hacer.</p>
-
-<p>Mientras tanto Escuchín oía lo que el Rey y la Bruja conversaban y dijo
-a Comín y compañeros:</p>
-
-<p>&mdash;En la mala estamos, amigos. Por consejo de la Bruja, el Rey va a
-mandar hacer a Comín un castillo en el aire igual o mejor que el de los
-tres azuelazos. Pero se me ocurre una idea que puede salvarnos: Comín
-ofrece hacer el castillo diciéndole al Rey que nosotros pondremos los
-maestros, pero que él proporcione los trabajadores y los materiales; los
-maestros serán tres loros que oigo hablar a siete leguas de aquí, como
-si fueran cristianos. Hay que irlos a buscar, enseñarles lo que deben
-decir y los ponemos en el aire, muy alto para que no los vean y desde
-ahí pidan los materiales.</p>
-
-<p>&mdash;Pero ¿quién los va a buscar?</p>
-
-<p>&mdash;Corrín puede ir por ellos.<span class="pagenum"><a name="page_119" id="page_119">{119}</a></span></p>
-
-<p>Fué Corrín y en un cuarto de hora estaba de vuelta con los tres loros.</p>
-
-<p>Les enseñaron a las avecitas lo que tenían que hacer, y como eran muy
-inteligentes, en poco rato aprendieron la lección.</p>
-
-<p>Al otro día muy temprano estaban los loros en el aire, colocados a
-cierta distancia uno de otro; y la cosa resultó a maravilla, porque el
-día amaneció con una neblina tan espesa que ni con anteojos de larga
-vista los habrían divisado.</p>
-
-<p>Llegó la hora de la prueba y estaba todo preparado: los canteros con la
-piedra labrada para los cimientos y para las murallas; los albañiles,
-con la mezcla en punto; los carpinteros, con las puertas y ventanas; y
-así los demás.</p>
-
-<p>Cuando ya estaban todos reunidos, se oye la voz de los maestros que
-desde el aire piden los materiales:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ya están hechos los heridos! suban luego las piedras para los
-cimientos! ¿Qué hacen que no suben la mezcla? ¡Pronto, porque no es cosa
-para demorarse!</p>
-
-<p>Y gritaban de todos lados que se apuraran, que estaban perdiendo tiempo.
-Pero los trabajadores no hacían más que mirar para arriba y no hallaban
-por donde subir; hasta que una comisión de ellos se presentó al Rey y le
-dijo que no sabían como pasar los materiales que desde tan alto les
-pedían los maestros; que aunque hubiera escaleras que alcanzaran a
-llegar hasta ellos nadie se atrevería a subir tan arriba, pues todos
-temerían caer con el peso de los materiales, o que les diera un vahido y
-se les fuera la cabeza. El Rey les encontró razón sobrada, y dispuso que
-no se siguiera el trabajo, y a Comín le dijo que en la tarde le diría
-cuál sería el que tendría que ejecutar al día siguiente.</p>
-
-<p>Cuando quedaron solos, el Rey preguntó a la Bruja:</p>
-
-<p>&mdash;Comadre, ¿qué trabajo daremos mañana a Comín?</p>
-
-<p>&mdash;Haga que le pongan cuarenta fondos de comida, de los más grandes que
-se encuentren, y ordénele que él,<span class="pagenum"><a name="page_120" id="page_120">{120}</a></span> o uno de sus compañeros, se lo coma
-en un solo día, y si no se lo come, los manda fusilar y el castillo le
-sale de balde y la Princesa no se casa con el guatón.</p>
-
-<p>Escuchín que todo lo oía dijo a sus compañeros:</p>
-
-<p>&mdash;Perdidos somos, amigos; la maldita bruja aconseja al Rey que mañana
-haga poner cuarenta fondos de comida para que uno solo de nosotros se lo
-coma en un día, y si no, nos manda fusilar a todos.</p>
-
-<p>Y entonces dijo Comín, cuya gracia no conocían sus amigos:</p>
-
-<p>&mdash;Compañeros, ¿para qué estoy yo aquí? hace un montón de días que no
-como casi nada, así es que los cuarenta fondos puedo despacharlos en un
-suspiro; tengo apetito como un diacho.</p>
-
-<p>Desde antes que aclarara, los cocineros del Rey se pusieron a preparar
-los cuarenta fondos de comida. ¡Puchas que echaban carne! Veinte
-terneros y veinte corderos tuvieron que descuerar y destripar. ¡Y papas!
-y porotos! y choclos! y cebollas! un saco de cada cosa vaciaron en cada
-fondo, fuera del arroz, del cilantro, yerbabuena y comino! Y como si
-todo eso fuera poco, al lado de cada fondo vaciaron una gran canastada
-de pan. Había para dar de comer a un ejército entero!</p>
-
-<p>Comín, que veía los preparativos, se refregaba las manos de gusto.
-¡Hacía tiempo que no comía hasta quedar satisfecho!</p>
-
-<p>Dando las 12 el reloj del castillo, anunció el Cocinero Mayor que la
-comida estaba en punto y pidió que se adelantara el que debía comérsela.
-Comín se presentó y preguntó si ya podía comenzar.</p>
-
-<p>&mdash;A la hora que quiera&mdash;contestó el Cocinero Mayor&mdash;pero no tiene de
-plazo sino hasta las 5 de la tarde para comérselo todo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Hasta las 5?&mdash;dijo Comín&mdash;va a ver que antes de las 2 van a quedar
-los fondos pelados.</p>
-
-<p>Y así fué, en efecto; porque aquel hombre no puede decirse que comía, ni
-que tragaba, ni que engullía, sino<span class="pagenum"><a name="page_121" id="page_121">{121}</a></span> que devoraba todo lo que estaba a su
-alcance y las enormes presas de carne y las cucharonadas de papas,
-porotos, y cebollas y los panes desaparecían como por encanto al llegar
-a su boca, y llegaban incesantemente.</p>
-
-<p>A las 2 de la tarde no quedaban ni rastros de aquel inmenso guisado, y
-el Maestro de Cocina y sus ayudantes vieron con asombro que no había
-necesidad de limpiar los fondos, porque tan limpios los dejó Comín que
-brillaban como patenas.</p>
-
-<p>Comín dijo al Cocinero Mayor:</p>
-
-<p>&mdash;Señor Cocinero Mayor, ¿no prepararon un fondito de dulce de alcayota o
-de manjar blanco? mire que estoy acostumbrado a tomar desengraso. Y
-también me hace falta un barril de café, bien cargadito, para asentar el
-estómago.</p>
-
-<p>El Cocinero Mayor se fué con Comín a donde el Rey.</p>
-
-<p>&mdash;Señor,&mdash;dijo el Cocinero&mdash;ya se comió este bárbaro los cuarenta fondos
-de comida, y todavía pide un fondo de postre y un barril de café.</p>
-
-<p>El Rey, admirado, preguntó a Comín:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo pudiste pasar tanta comida?</p>
-
-<p>&mdash;A fuerza de pan, pues, señor,&mdash;contestó Comín.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y todavía persistes en tomar postre y café?</p>
-
-<p>&mdash;Si su Sacarrial Majestad se digna ordenar que me lo den, me lo tomaré,
-señor.</p>
-
-<p>El Rey ordenó que complacieran a Comín, y a éste le dijo que al otro día
-temprano le daría un nuevo trabajo.</p>
-
-<p>El Rey mandó llamar a la Bruja.</p>
-
-<p>&mdash;Comadre, ¿qué trabajo les damos mañana a estos bárbaros, que no lo
-puedan hacer para que el castillo me salga de balde y Hermosura del
-Mundo no se case con Comín?</p>
-
-<p>&mdash;Disponga Su Majestad que uno de ellos se tome en un solo día cuarenta
-toneles de aguardiente y de vino, veinte de cada cosa, y si no lo hace,
-que no lo hará, los manda fusilar a todos y así le sale de balde el
-castillo y la Princesa seguirá soltera.<span class="pagenum"><a name="page_122" id="page_122">{122}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Me parece bien el consejo, comadre.</p>
-
-<p>Escuchín, que todo lo oía, dijo a sus amigos:</p>
-
-<p>&mdash;Perdidos somos, compañeros; la maldita bruja aconseja al Rey que
-mañana haga tomar a uno de nosotros 40 toneles de aguardiente y de vino,
-veinte de cada cosa, en un solo día, y si no se lo toma, nos hace
-fusilar a todos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y para qué he venido yo?&mdash;dijo Tomín.</p>
-
-<p>&mdash;Pero, compañero, se le van a quemar las tripas con tanto aguardiente.</p>
-
-<p>&mdash;No se apure por eso, amigo, que mis tripas están blindadas.</p>
-
-<p>Al día siguiente dijo el Rey a Comín.</p>
-
-<p>&mdash;Voy a encerrar a uno de ustedes en la bodega y antes de las 5 de la
-tarde debe beberse los veinticinco toneles de aguardiente y los
-veinticinco de vino que hay en ella, y si no, ya saben lo que les pasa.
-(El Rey agregó diez toneles más, por lo que pudiera suceder).</p>
-
-<p>Se adelantó Tomín:</p>
-
-<p>&mdash;A mí me toca, Sacarrial Majestad, desempeñar esa prueba. Puede su
-Sacarrial Majestad encerrarme en la bodega a la hora que quiera, con la
-seguridad de que sus deseos serán cumplidos.</p>
-
-<p>Y efectivamente, cuando el Rey abrió la bodega, a las 5, vió con asombro
-que los toneles estaban completamente secos.</p>
-
-<p>&mdash;Pero, hombre, por Dios ¿cómo has podido beber tanto?</p>
-
-<p>&mdash;Señor, es que yo no tomo sino en dos ocasiones: cuando tengo sed y
-cuando no la tengo.</p>
-
-<p>&mdash;Se comprende, entonces; aunque no lo encuentro muy claro.</p>
-
-<p>&mdash;Comadre, le dijo a la Bruja una vez que quedaron solos,&mdash;voy saliendo
-mal con sus consejos; si siguen así las cosas, tengo que largar el
-millón de pesos y dejar que Comín se case con Hermosura del Mundo; es
-preciso que se le ocurra algo más difícil, algo que ninguno de estos
-bárbaros pueda hacer.</p>
-
-<p>&mdash;Mire, compadre, esta vez si que la sacamos bien con seguridad: dígale
-que uno de ellos tiene que apostar con<span class="pagenum"><a name="page_123" id="page_123">{123}</a></span>migo a cuál llega primero a Roma
-con una carta que su Majestad, nos entregará y si yo llego primero con
-la contestación, ellos perderán, vuestra Majestad los manda fusilar y el
-Castillo le sale gratis y Hermosura del Mundo no se casa con Comín.</p>
-
-<p>&mdash;Compañeros,&mdash;dijo Escuchín a sus amigos&mdash;perdidos somos; el Rey, por
-consejo de la maldita Bruja, va a hacer que uno de nosotros apueste con
-la Bruja a cual vuelve primero con la contestación de una carta que han
-de llevar a Roma, y si gana la Bruja nos fusilan a todos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y para qué estoy yo aquí&mdash;dijo Corrín&mdash;sino para correr con quien
-quiera?</p>
-
-<p>Tempranito, al otro día, hizo llamar el Rey a Comín y a sus compañeros.</p>
-
-<p>&mdash;Uno de ustedes y mi comadre van a llevarme cada uno una carta a Roma y
-si mi comadre vuelve primero con la contesta, los seis serán fusilados
-sin remisión. ¿Cuál es el que va a ir?</p>
-
-<p>&mdash;Yo, señor,&mdash;dijo Corrín.</p>
-
-<p>Y el Rey entregándoles una carta a Corrín y otra a la Bruja, los hizo
-colocarse uno al lado del otro, como cuando se colocan los caballos para
-correr, y diciéndoles “una, dos, tres”, salieron disparados como
-flechas, pero todavía no salían de la ciudad y ya Corrín se les perdió
-de vista y no había ni luces de él. Cuando Comín venía de vuelta con la
-contesta, la Bruja no llevaba andado ni la mitad del camino de ida; la
-Bruja lo divisó desde lejos y viéndose perdida, se transformó en una
-linda jovencita y lo esperó sentada en una piedra, a la sombra de un
-árbol.</p>
-
-<p>&mdash;¿A dónde va tan ligero, señor, con tanto calor como hace? Siéntese un
-ratito a descansar y sírvase estos membrillitos para que se
-refresque;&mdash;y le mostraba dos hermosos membrillos, que llegaban a estar
-fragantes.</p>
-
-<p>Corrín no resistió la tentación y se sentó al lado de la joven.
-Conversaron un rato y después dijo él:</p>
-
-<p>&mdash;Voy a dormir una siestecita, tengo tiempo de más para cumplir mi
-encargo;&mdash;y se recostó en la falda de la<span class="pagenum"><a name="page_124" id="page_124">{124}</a></span> Bruja, la cual, en cuanto
-Corrín se quedó dormido, le puso adormideras en la cabeza para que no
-despertara tan luego, le sacó del bolsillo la carta que traía de Roma y
-partió con ella de regreso, dejando a Corrín con la cabeza apoyada en la
-piedra en que acababa de estar sentada.</p>
-
-<p>Pero todo lo que hablaron Corrín y la Bruja transformada en niña lo oyó
-Escuchín y les dijo a sus compañeros:</p>
-
-<p>&mdash;Perdidos somos, amigos; la Bruja ha hecho tal y cual cosa, le ha
-robado la contesta a Corrín, a quien ha puesto adormideras en la cabeza,
-y lo ha dejado durmiendo y la maldita vieja estará de vuelta, con la
-carta, en un par de horas.</p>
-
-<p>&mdash;No hay cuidado dijo Aguaitín; desde aquí veo durmiendo a Corrín y lo
-voy a despertar, y al mismo tiempo castigaré a la Bruja.</p>
-
-<p>Y haciendo la puntería con su carabina primero a la Bruja, le quebró una
-pata y la dejó coja que no podía ni mover el pie; y de otro disparo
-atravesó una oreja a Corrín que despertó y salió corriendo a todo
-escape, hasta que encontró a la vieja y quitándole la carta, en dos
-zancajos llegó al palacio y se la entregó al Rey.</p>
-
-<p>Comín preguntó al Rey cuál sería la otra prueba; y el Rey, esperando que
-llegara la Bruja, le contestó que les daba una semana de descanso.</p>
-
-<p>Transcurridos siete días, llegó la Bruja cojeando, y como estaba picada
-con Comín y sus compañeros, para embromarlos de una vez a todos, le
-aconsejó al Rey que mandara a los seis amigos solos a pelear contra el
-numeroso ejército de los moros que le había declarado la guerra, y
-siendo ellos tan pocos contra tantos, con seguridad los matarían, o
-cuando menos los tomarían prisioneros, y entonces el Rey se quedaría de
-balde con el castillo y la Princesa seguiría tan soltera como hasta
-entonces. Al Rey le pareció que este consejo era el mejor que había
-recibido de la Bruja y ya le parecía verse libre de Comín y de sus
-compañeros; pero Escuchín, que no se descui<span class="pagenum"><a name="page_125" id="page_125">{125}</a></span>daba, lo oyó todo y se lo
-comunicó a sus amigos:</p>
-
-<p>&mdash;Perdidos somos&mdash;les dijo;&mdash;la Bruja aconseja al Rey que nos mande a
-nosotros solos a combatir con el numeroso ejército moro que le ha
-declarado la guerra; ¿qué va a ser de nosotros?</p>
-
-<p>&mdash;En la buena estamos, compañeros&mdash;dijo Comín.&mdash;Cuando nos coloquen
-frente a los moros y cuando estén todavía lejos, Aguaitín les disparará
-con su carabina, y cuando el ejército enemigo esté más cerca, Peín les
-disparará con su transpontín y con ésto quedamos vencedores.</p>
-
-<p>Así quedó convenido y el plan se ejecutó al día siguiente en todas sus
-partes tal como se había establecido. Primeramente Aguaitín dió buena
-cuenta de gran número de moros, pero ésto se hacía sólo con el objeto de
-dar tiempo a Peín para prepararse, y tan bien se preparó, tanto aire
-aspiró que cuando los moros habían avanzado hasta llegar a una legua de
-distancia, bajándose los calzones volvió el trasero hacia ellos y
-lanzando una terrible andanada de ventosidades, los elevó a todos a
-grande altura, yendo a caer muertos a enorme distancia. Esta fué la
-primera batalla en que se usaron los gases asfixiantes.</p>
-
-<p>A pesar del beneficio que para el reino significaba tan espléndida
-victoria, Hermosura del Mundo no cedía, y pidió al Rey que le exigiera
-el trabajo que faltaba para completar los siete. Y he aquí cual fué el
-séptimo trabajo, siempre aconsejado por la Bruja:</p>
-
-<p>Tenía el Rey una hermosa conejera poblada de cincuenta lindísimos
-conejos de raza fina. Díjole la Bruja:</p>
-
-<p>&mdash;Entregue a Comín los cincuenta conejos y le ordena que los lleve a la
-montaña durante tres días y los suelte en ella, y que en la tarde los
-traiga arriándolos como si fuesen un rebaño de corderos, y si no vuelve
-con los cincuenta, sin que le falte ninguno, los hace fusilar a todos.</p>
-
-<p>Y así se hizo.</p>
-
-<p>Llevó Comín los conejos en dos sacos y los soltó en la montaña, y los
-animalitos, apenas se vieron libres, huyeron en todas direcciones. Comín
-pensaba:<span class="pagenum"><a name="page_126" id="page_126">{126}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Ahora sí que es cierto que el Rey nos hace sacar el orujo a mí y a mis
-compañeros, porque ¿cómo voy a juntar estos conejos de miéchica cuando
-llegue la hora de volverme con ellos, sueltos, como si fuesen un rebaño
-de corderos? Seguramente llegaré sin ninguno.</p>
-
-<p>Comín se quedó triste y pensativo por un momento y se recostó en el
-musgo, sobre el costado izquierdo; después de un rato, sintiéndose
-cansado, se dió vuelta al otro lado y sintió que algo duro le molestaba;
-creyó que sería una piedra y se incorporó para quitarla, pero no halló
-nada en el suelo; entonces se registró para ver qué podía ser lo que le
-incomodaba y encontró en un bolsillo de sus pantalones el pito que le
-había dado el viejito, y se dijo, acordándose de un verso que había oído
-cantar antes de salir de su tierra:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">&mdash;Quién canta su mal espanta,<br /></span>
-<span class="i0">quién llora, su mal aumenta;<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">no estoy yo para dejarme morir; pasemos este mal rato tocando el pito y
-esto algo disipará mis penas;&mdash;y se llevó el pito a la boca y no hizo
-mas que hacerlo sonar y principian a llegar de carrerita todos los
-conejos, unos de un lado, otros de otro y se pusieron a bailar delante
-de él al compás de lo que tocaba. Imagínense cuánto sería el gusto del
-atribulado Comín, porque, por más que él tratara de engañarse, el susto
-se lo comía vivo; tanta fué la alegría de que se vió inundado todo su
-ser que no pudo contenerse y se puso a bailar con los conejos, hasta que
-se sintió fatigado. Díjoles entonces a los conejitos:</p>
-
-<p>&mdash;Váyanse a corretear y a comer no más, mientras yo duermo una
-siestecita, que cuando sea tiempo los llamaré.</p>
-
-<p>Y con esto los animalitos se fueron y perdieron de vista en un abrir y
-cerrar de ojos.</p>
-
-<p>Mientras Comín dormía, el Rey le dijo a la Bruja:</p>
-
-<p>&mdash;Comadre, no sé por qué me tinca que este diablo de Comín va a volver
-con los cincuenta conejos, ¿por qué no<span class="pagenum"><a name="page_127" id="page_127">{127}</a></span> va a ver si los ha soltado y le
-compra uno, aunque le pida lo que le pida?</p>
-
-<p>&mdash;Voy, compadre, y haré lo posible por quitarle uno siquiera.</p>
-
-<p>Y se fué la vieja para donde estaba Comín, pero en la mitad del camino
-se transformó en la misma hermosa niña que robó la carta a Corrín. Pero,
-Comín que la había divisado desde lejos, antes que se transformara, se
-preparó para el ataque y poco antes que la Bruja llegase tocó el pito, y
-los conejos, apareciendo por todos lados, se formaron en círculo delante
-de Comín, como esperando sus órdenes. Llegó la Bruja transformada en
-niña y en verdad que venía hecha una tentación, pero Comín, que no
-olvidaba lo que le había pasado a su compañero pocos días antes, cuando
-volvía con la contestación de la carta que había llevado a Roma, apenas
-la falsa joven se le sentó al lado y con palabras halagüeñas le pidió
-que le vendiera un par de esos lindos conejitos, que los quería para
-cría, y que estaba dispuesta a darle lo que por ellos pidiera, fuese lo
-que fuese, Comín le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Señorita, aquí está muy fresco, así es que no se imagine que tengo
-calor y no me venga a ofrecer membrillos para refrescarme, por que no
-seré tan leso como lo fué Corrín en días pasados, que se dejó embaucar
-tan fácilmente por usted. A otro perro con ese hueso.</p>
-
-<p>&mdash;¿De qué cosas me habla usted, que no le entiendo? ¿Quién es ese Corrín
-y qué membrillos son esos?</p>
-
-<p>&mdash;Mira, bruja de moledera, no te hagáis la lesa! más bien ándate donde
-tu compadre el Rey para que vea que no sacáis nada conmigo, y ándate
-luego, porque si no, la sacáis chueca.</p>
-
-<p>&mdash;Este hombre debe estar loco&mdash;dijo la Bruja&mdash;mejor será que me vaya.</p>
-
-<p>Y se fué donde el Rey.</p>
-
-<p>&mdash;Señor&mdash;le dijo&mdash;este pícaro de Comín tiene a los conejos mansitos,
-como si los hubiera criado guachitos. Y lo peor es que me conoció y no
-pude sacarle ninguno.<span class="pagenum"><a name="page_128" id="page_128">{128}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué hacemos, comadre? Fíjese que su ahijada no quiere casarse con
-él y va a salir triunfante de todas las pruebas.</p>
-
-<p>&mdash;Compadre, haga que mañana vaya mi comadre la Reina, pueda ser que ella
-consiga comprarle un conejito siquiera.</p>
-
-<p>&mdash;Eso haremos, comadre; ella es muy habilosa y pueda ser que con su
-talento lo consiga; aunque lo dudo.</p>
-
-<p>Cuando el Sol se puso, llegó Comín con los cincuenta conejos que le
-habían entregado, ni uno más ni uno menos; y al día siguiente volvió a
-salir con ellos y los dejó que se fueran a retozar con toda
-tranquilidad. Poco después llegó la Reina disfrazada, muy empolvada y
-con mucho colorete, pero a pesar de todo Comín la conoció, tocó el pito
-y los animalitos llegaron corriendo y se congregaron a su rededor.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué lindos los conejitos! ¿son para venderlos?</p>
-
-<p>&mdash;No se venden, señorita; son del Rey y tengo que entregar en la tarde
-los cincuenta que son, porque si falta alguno nos fusilan a mí y a mis
-compañeros; con que usted verá si puedo vender uno solo que sea.</p>
-
-<p>&mdash;Pero uno siquiera.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero que no ha entendido lo que acabo de decirle? Si falta uno solo
-de los cincuenta conejos que me han entregado, nos despachan a mí y a
-mis cinco compañeros para el otro mundo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y si le diera 5.000 pesos por uno?</p>
-
-<p>&mdash;Ni aunque me dé 10.000.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ni por 20.000 pesos?</p>
-
-<p>&mdash;Ni por 50.000; valen más mi vida y la de mis cinco amigos.</p>
-
-<p>&mdash;Mire, le daré 100.000 pesos.</p>
-
-<p>&mdash;Sea por 100.000 pesos, y además un abrazo y un beso y un mordisco en
-el pescuezo.</p>
-
-<p>&mdash;Todo lo que me pide, menos el mordisco.</p>
-
-<p>&mdash;Sin mordisco, no hay venta.<span class="pagenum"><a name="page_129" id="page_129">{129}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Si es así, venga también el mordisco, pero que no sea muy fuerte.</p>
-
-<p>Entregó la Reina los 100.000 pesos, se dejó besar y abrazar y tuvo que
-aguantar un mordisco formidable de aquel gran comedor, que le arrancó
-medio cogote con sus dientes; pero la Reina, a pesar del intenso dolor
-que le produjo la herida, que casi se desmayó, se dió por feliz y
-satisfecha cuando Comín le entregó un conejo, que se llevó muy bien
-envuelto en la falda de su rico vestido. Comín se quedó aguaitándola, y
-cuando vió que iba a llegar al palacio, tocó el pito y al oirlo el
-conejo abrió un agujero en la tela en que iba envuelto y partió a todo
-escape a reunirse con sus compañeros, que lo esperaban delante de Comín.
-La Reina no se dió cuenta de la huída del animalito y sólo cuando
-extendió su vestido ante su marido para mostrárselo, vino a conocer su
-desgracia. Por cierto que al Rey sólo le contó lo de los 100.000, y por
-lo que hacía a la herida del cuello, que no podía moverlo, lo atribuyó a
-que se le había producido al pasar por debajo de una rama quebrada.</p>
-
-<p>Al otro día, también por consejo de la Bruja, fué Hermosura del Mundo,
-muy bien disfrazada, a comprar un conejo y Comín que la conoció muy
-bien, se lo vendió por otros 100.000, un beso, un abrazo y qué sé yo qué
-otros cariños más, porque la Princesa a todo estaba dispuesta, menos a
-casarse con Comín. Pero la Hermosura del Mundo le pasó lo que a su
-madre, que, a pesar de haber envuelto el conejito con toda prolijidad,
-asegurándolo con alfileres de gancho, el animalito, obedeciendo al
-llamado del pito, logró desprenderse de su encierro sin que Hermosura
-del Mundo lo notara, y llegó muy sí señor a reunirse con los otros
-conejos.</p>
-
-<p>Comín dijo al Rey:</p>
-
-<p>&mdash;Supongo que su Sacarrial Majestad no nos va a tener toda la vida a mí
-y a mis compañeros exigiéndonos pruebas casi imposibles de ejecutar y
-que algún día esto ha de tener fin. Creo haber ganado sobradamente la<span class="pagenum"><a name="page_130" id="page_130">{130}</a></span>
-mano de vuestra hija llevando a cabo los siete trabajos que se nos han
-impuesto, y espero que vuestra Majestad me la concederá hoy mismo:</p>
-
-<p>Pero el Rey, que ya había sido aconsejado por la Bruja, le contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Es cierto Comín que tú y tus compañeros habéis ejecutado las siete
-pruebas que os he exigido, aunque una no se terminó, pero todavía voy a
-imponeros una más, y será la última: ésto y mucho más vale Hermosura del
-Mundo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cuál será esa última prueba, señor?</p>
-
-<p>&mdash;Coge ese saco y llénamelo de verdades.</p>
-
-<p>&mdash;Perfectamente, señor, y si quiere le lleno dos. ¿Puedo comenzar luego?</p>
-
-<p>&mdash;Puedes comenzar.</p>
-
-<p>La Corte estaba reunida, el Rey sentado en su trono; la Reina, con su
-cogote entrapajado, a la derecha del Rey; Hermosura del Mundo, a la
-izquierda; la Bruja, al lado de la Princesa; y a uno y otro lado de la
-gran sala, los grandes de la Corte y principales dignatarios y
-funcionarios. Se adelantó Comín, tomó el saco que se le había indicado y
-principió:</p>
-
-<p>&mdash;¿Es verdad, señor, que para conceder la mano de Hermosura del Mundo
-vuestra Majestad antes no pedía sino que se le construyera en tres días
-y de tres azuelazos un castillo igual o mejor que el de su Sacarrial
-Majestad y en el cual se vieran el Sol y la Luna?, y que en esta vez, a
-exigencias de vuestra hija la Princesa Hermosura del Mundo, que me
-encuentra muy guatón y ordinario, me ha obligado vuestra Majestad a
-ejecutar muchos otros trabajos, a cual de ellos más difícil?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, es verdad.</p>
-
-<p>&mdash;Y muy grande. Entra, verdad, al saco.&mdash;Y haciéndose como que echaba
-algo al saco, continuó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Es verdad, señor, que ejecutados todos los trabajos a entera
-satisfacción de su Majestad, vuestra Majestad, por consejos de esa Bruja
-infernal dispuso se me entregaran<span class="pagenum"><a name="page_131" id="page_131">{131}</a></span> cincuenta conejos que debía soltar en
-la montaña y traerlos en la tarde, durante tres días, sin que faltara
-uno solo, so pena de la vida de seis personas, y que la misma Bruja,
-transformada en una hermosa niña, trató de quitarme uno de los conejos
-para que vuestra Majestad nos mandara fusilar a mí y a mis cinco
-compañeros; pero yo la conocí y no bastaron ni sus ofertas, ni sus
-tentaciones y demás argucias de que se valió para que yo le entregara
-uno?</p>
-
-<p>&mdash;También es verdad.</p>
-
-<p>&mdash;Otra verdad al saco, y van dos. Las que voy a decir en seguida son tan
-gordas que cada una es bastante para llenar un saco.</p>
-
-<p>Y dirigiéndose a la Reina preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;No es verdad señora, que vuestra Majestad, disfrazada de dama de la
-Corte, fué el segundo día a comprarme un conejo con el mismo fin que su
-comadre la maldita Bruja, y que después de muchas ofertas consentí en
-entregarle uno en cambio de 100.000 pesos, un beso...</p>
-
-<p>&mdash;Mira, hijo, le dijo la Reina al Rey, estamos tonteando; es mejor que
-se casen luego; ¿no ves que es inútil batallar con él y que siempre
-saldremos perdiendo?</p>
-
-<p>Todavía hablaba la Reina cuando apareció al lado de Comín, sin que nadie
-supiera de donde salía, el mismo anciano que le había dado el pito, y
-dirigiéndose a la Princesa le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Hermosura del Mundo, cásate con él y serás feliz.</p>
-
-<p>Y tocando a Comín con el palo que le servía de bastón, quedó Comín
-transformado en un gallardo joven y cambió no sólo de figura sino que
-hasta del modo de hablar.</p>
-
-<p>Se casaron, y Comín dejó de ser el gran comedor de antes; pero sus
-compañeros, que siguieron a su servicio, conservaron las virtudes de que
-gozaban y fueron poderosos defensores del reino. Hermosura del Mundo
-fué, como se lo pronosticó el viejito, muy feliz con su marido y jamás
-se acordó de que hubiera sido guatón y de modales ordinarios. Tuvieron
-un semillero de niños, todos buenos e<span class="pagenum"><a name="page_132" id="page_132">{132}</a></span> inteligentes, y fueron para ellos
-una verdadera corona, más valiosa que la que ciñeron en su frente a la
-muerte del Rey.</p>
-
-<p>Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento y pase por un zapatito
-roto para que alguno de los que me oyen cuente otro.</p>
-
-<h2><a name="num1-17" id="num1-17"></a>17. EL ARBOL DE LAS TRES MANZANAS DE ORO.<br /><br />
-<small>(Referido en 1912 por Juan Ignacio Montecinos, de 32 años, de San Felipe, quien lo oyó contar en Santiago, siendo niño.)</small></h2>
-
-<p>Este era un viejo Rey, muy rico y poderoso, que gobernaba un extenso
-país, lleno de recursos y muy poblado.</p>
-
-<p>Este Rey tenía tres hijos, hermosos, fuertes y valientes, queridos de
-todo el pueblo, y mucho más de sus padres, a quienes respetaban y amaban
-con idolatría.</p>
-
-<p>El Rey y su familia moraban en un suntuoso palacio, a cuyos pies se
-extendía un huerto plantado de toda clase de árboles frutales de las
-especies más escogidas y variadas; pero su principal ornamento era un
-enorme y bellísimo manzano, cuya copa descollaba sobre todos y se
-divisaba desde muy lejos. Su tronco de plata y sus hojas de bronce eran
-la admiración de cuantos lo veían.</p>
-
-<p>Una antigua leyenda ligaba su existencia a la suerte del reino.</p>
-
-<p>Este árbol prodigioso daba todos los años tres manzanas de oro, que
-maduraban sucesivamente en las tres primeras noches del mes de Enero;
-pero desde hacía tres años, alguien se introducía en el huerto y se las
-robaba en el momento preciso en que entraban en sazón sin que hubiese
-sido posible atrapar, y ni siquiera ver, al miserable que las substraía,
-a pesar de las infinitas precauciones que se tomaban para impedir su
-entrada, y de que una numerosa guardia, armada hasta los dientes, se
-establecía aquellas tres noches alrededor del árbol. Poco antes de las
-doce un sueño irresistible se apoderaba de todos, y<span class="pagenum"><a name="page_133" id="page_133">{133}</a></span> no despertaban
-hasta el día siguiente, cuando ya la fruta había desaparecido.</p>
-
-<p>El Rey se sentía sumamente afligido con esta desgracia, que lo era, y
-muy grande, pues, como se ha dicho, la suerte del reino dependía del
-manzano maravilloso.</p>
-
-<p>Una vez, en el último día del año, que el Rey se hallaba rodeado de sus
-hijos y de todos los grandes de la Corte, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Mañana a media noche madurará la primera manzana de oro, y por cuarta
-vez vendrá el misterioso ladrón y se la robará. ¿No hay entre todos
-ustedes un valiente que estorbe su entrada?</p>
-
-<p>Se acercó al trono el hijo mayor del Rey e hincando una rodilla ante su
-anciano padre, habló de esta manera:</p>
-
-<p>&mdash;Mi señor y padre, yo me propongo esperar a nuestro enemigo y no
-dejarme dominar por el sueño, y por fuerte que sea, vencerlo y
-arrastrarlo encadenado a vuestras plantas.</p>
-
-<p>&mdash;Anda, hijo, contestó el Rey, y quiera Dios que te vaya bien en la
-empresa.</p>
-
-<p>Se retiró el príncipe a sus habitaciones, y aunque no eran más de las 2
-de la tarde, se echó a dormir, a fin de no tener sueño en la noche, Como
-a las 11 despertó, y armándose de poderosas armas, se dirigió al huerto
-y se sentó al pie del manzano a esperar la llegada del ladrón.</p>
-
-<p>Al dar la campana del reloj del palacio el primer golpe de las 12, se
-iluminó el huerto con una luz tan viva que el Príncipe, como herido por
-un rayo, perdió la vista y cayó desvanecido en tierra.</p>
-
-<p>Al día siguiente lo encontraron tendido, como muerto, y en el árbol sólo
-vieron dos manzanas de oro: una había sido robada.</p>
-
-<p>En el consejo que se celebró ese día, se comentó el hecho en medio de
-gritos de venganza; pero nadie, sino el segundo de los hijos del Rey, se
-ofreció para velar esa noche y hacer un escarmiento en el desconocido
-personaje que se había propuesto acabar con la tranquilidad del reino.<span class="pagenum"><a name="page_134" id="page_134">{134}</a></span></p>
-
-<p>Pero el hombre propone y Dios dispone, y las cosas no resultaron según
-los deseos del Príncipe. Los hechos se repitieron en igual forma que en
-la noche anterior, y en la mañana siguiente encontraron al Príncipe
-tendido en el suelo, sin conocimiento y sin vista. En el árbol no
-quedaba sino una manzana.</p>
-
-<p>La consternación más profunda se pintaba en todos los rostros. En el
-consejo nadie se atrevía a hablar; parecía que todos habían perdido el
-uso de la palabra.</p>
-
-<p>Pero he aquí que el tercero de los príncipes, jovencito imberbe de unos
-18 años, se adelantó hasta el trono, y prosternándose ante su padre, se
-expresó del siguiente modo:</p>
-
-<p>&mdash;Señor y padre amado, me aflige veros triste y contemplar a mis
-hermanos en el miserable estado en que han quedado; me aflige ver al
-pueblo sobrecogido de espanto y a todos sin ánimo ni valor para nada. Yo
-deseo acabar con este estado de cosas: quiero que la paz vuelva a todos,
-y espero que Dios dará fuerzas suficientes a mi brazo para vencer al
-enemigo común y volver a todos la tranquilidad. Dadme vuestra bendición,
-bendecid también mis armas, y que Dios me ayude.</p>
-
-<p>Con los ojos inundados de lágrimas, bendijo el Rey al Príncipe y bendijo
-asimismo las armas que éste depositó a sus pies. En seguida, el
-Príncipe, pidiendo permiso al Rey para retirarse, salió de la sala con
-paso tranquilo, se dirigió a sus habitaciones, en donde estuvo orando
-hasta cerca de las 12, hora en que, armado nada más que de su arco y de
-una flecha (las armas que su padre había bendecido), se dirigió al
-huerto con la confianza de que había de vencer.</p>
-
-<p>Poco después sintió un ruido, como el de una gran ave que volara a corta
-distancia, y al dar el reloj la primera campanada de las 12, el huerto
-se iluminó con una luz vivísima. Pero el Príncipe en vez de mirar
-inmediatamente hacia el árbol de las manzanas de oro, como lo habían
-hecho sus hermanos, se prosternó humildemente y sólo<span class="pagenum"><a name="page_135" id="page_135">{135}</a></span> después de invocar
-el nombre de Dios y pedirle su ayuda, tomó el arco y colocó la flecha en
-la cuerda. Al resplandor de la luz, que se había dulcificado
-notablemente, pudo ver el Príncipe una Aguila enorme, con las plumas de
-oro, que tenía sobre sus hombros a una hermosísima Princesa sujeta de la
-cintura con una cadena de oro, cuyo extremo apretaba el águila
-fuertemente con una de sus patas, mientras con la otra trataba de
-agarrar la única manzana que quedaba. En el preciso momento que el ave
-la cogía, el Príncipe lanzó la flecha e hirió la pata con que el ave
-acababa de tomar la manzana. El Aguila lanzó un grito de dolor, soltó la
-manzana, que el Príncipe se apresuró a levantar, y huyó. Pero antes la
-Princesa arrancó al ave una pluma de oro y lanzándosela al joven, le
-gritó:</p>
-
-<p>&mdash;Guárdala, que ella te servirá para encontrarme.</p>
-
-<p>Cuando el Príncipe volvió al palacio con sus trofeos, fué recibido con
-los mayores transportes de alegría. El Rey no cabía en sí de gozo, pues
-como todos los demás, temía que al Príncipe le hubiese sucedido la misma
-desgracia que tan cruelmente había herido a sus hermanos.</p>
-
-<p>Una vez que el joven terminó de referir la aventura, manifestó a sus
-padres que tenía deseos de ir a la conquista de la hermosa Princesa, y
-de matar al Aguila para librar al reino de las desgracias que este
-monstruo pudiera causarle.</p>
-
-<p>El Rey le dió permiso para tentar esta nueva empresa; y el joven, que
-tenía prisa de partir, pues el recuerdo de la Princesa le había medio
-trastornado, arregló en un momento sus prevenciones de viaje, y sin
-acompañarse de nadie, se lanzó por el primer camino que halló a su paso.</p>
-
-<p>Así marchó al azar días y días, preguntando en todas partes si sabían en
-donde se encontraría el Aguila de las plumas de oro; pero nadie le daba
-noticias.</p>
-
-<p>Un día que iba muy triste y pensativo porque el tiempo pasaba y pasaba
-sin adelantar en sus diligencias, fué de<span class="pagenum"><a name="page_136" id="page_136">{136}</a></span> pronto sacado de su meditación
-por la algazara que formaban unos cuantos niños dentro de una zanja
-abierta a orillas del camino. Se acercó a ver qué motivaba la bulla y
-vió que los chicos ortigaban a una gran rana que tenían en el suelo
-tendida de espaldas. El Príncipe les increpó su crueldad, los castigó
-suavemente y los obligó a retirarse. En seguida tomó la rana y la ocultó
-a alguna distancia entre la yerba a fin de que, si los niños volvían, no
-la encontraran.</p>
-
-<p>Anduvo todavía varios días, siguiendo caminos y cruzando bosques en que
-no encontraba a nadie, hasta que por fin llegó a una choza que se
-levantaba a orillas de un arroyo. En la puerta estaba sentada una
-viejecita de aspecto agradable, que tomaba tranquilamente su mate, que
-ella misma se cebaba. El Príncipe la saludó afablemente y le preguntó si
-podría decirle en dónde encontraría al Aguila de las plumas de oro y a
-la Princesa que tenía prisionera. La viejecita le contestó que
-seguramente podría darle algunas noticias que le interesarían, pero que
-era bueno que bajase del caballo para que se sirviera un matecito y
-descansara. El Príncipe accedió a los deseos de la anciana, quien le
-cebó su buen mate con hojas de cedrón y cáscaras de naranjas, y después
-lo condujo a una pieza en que había una excelente cama, que el Príncipe,
-que no había reposado en lecho desde que había salido de palacio,
-encontró más blanda y agradable que la que tenía en sus habitaciones.</p>
-
-<p>Durmió el Príncipe como un ángel de Dios, y al día siguiente se levantó
-reconfortado y alegre y con mayores deseos de continuar la aventura.
-Agradeció a la viejecita sus servicios, la obsequió con algunas de las
-provisiones que llevaba y le rogó que le diese las noticias que le había
-ofrecido. La anciana le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Joven Príncipe, tú has sido bueno conmigo, tienes un corazón
-bondadoso, pues te apiadas de la desgracia ajena, y yo quiero pagar la
-deuda que contigo<span class="pagenum"><a name="page_137" id="page_137">{137}</a></span> tengo contraída, en cuanto mi poder alcance, y
-premiar tu virtud.</p>
-
-<p>El Príncipe no comprendió lo que la buena mujer le decía, y pensando que
-tal vez se referiría a las provisiones que le había obsequiado, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Señora! si el alojamiento que usted me ha ofrecido y la buena noche
-que he pasado en su casa valen cien veces más que los pobres víveres que
-le he dejado; de manera que yo soy siempre su deudor!</p>
-
-<p>&mdash;No es esa mi deuda, ¿Te acuerdas, Príncipe, de aquella rana que
-ortigaban unos niños dentro de una zanja y a quien tú salvaste? Pues,
-aquella rana soy yo, que a estas horas habría perecido a manos de
-aquellos malvados muchachos si tú no me quitas de su poder. Yo soy
-agradecida, y pagaré mi deuda de la mejor manera posible.</p>
-
-<p>»En un palacio muy distante de aquí vive un gigante hechicero, muy
-malvado, y mi enemigo. El es quien tiene prisionera a la Princesa que
-buscas y él también el que, convertido en águila con las plumas de oro,
-va todos los años a robar al huerto de tu padre las manzanas del árbol
-maravilloso. Esas manzanas son las que mantienen su poder, y como en su
-última correría sólo alcanzó a robar dos, su poder no durará sino los
-ocho primeros meses de este año; además, la pluma que le arrancó la
-Princesa ha disminuido su fuerza, que también se ha aminorado un poco
-con la herida que tú le causaste en una pata, y que lo ha dejado cojo.
-Si tú quieres esperar que se cumplan los ocho meses, no te costará más
-trabajo conquistar a la Princesa que vencer al Gigante en lucha
-ordinaria, de hombre a hombre, con la seguridad de que, con los medios
-que yo te proporcione, saldrás vencedor; pero, si desde luego quieres
-rescatar a la prisionera y matar al enemigo de tu patria, tendrás que
-correr muchos y grandes peligros, a pesar de las fuerzas que ha perdido
-el Gigante, pues su poder siempre es mucho y está rodeado de feroces
-auxiliares.<span class="pagenum"><a name="page_138" id="page_138">{138}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Prefiero correr los peligros, dijo el Príncipe, y dar fin de una vez a
-esta empresa, aunque perezca en la contienda.</p>
-
-<p>&mdash;No perecerás, pero tendrás que pasar grandes fatigas. Sigue el camino
-que principia aquí al frente de mi choza, y después de tres días de
-marcha llegarás a casa de una bruja tuerta, más mala que la hiel y
-comadre muy querida del Gigante: ésta es la primera avanzada que tienes
-que vencer. Cuando llegues, la encontrarás sentada a la puerta, con la
-espalda vuelta al camino; te acercarás a ella, procurando que no te
-sienta y cuando llegues a donde está, trata de meterle en el ojo derecho
-la pluma de oro que te lanzó la Princesa, y quedará ciega: entonces te
-apoderas de un hacha que guarda detrás de la puerta y que te servirá
-para vencer a las fieras que custodian el palacio del Gigante, para
-pelear con este mismo y derrotarlo y para cortar las cadenas con que
-está aprisionada la Princesa. Tomarás también una redoma que la Bruja
-tiene en una mesa de arrimo que hay en la primera pieza de la derecha;
-el agua que contiene es de virtud, y para aprovecharla introducirás en
-ella la pluma de oro y te lavarás las quemaduras y heridas que te
-produzcan los monstruos guardianes del palacio. De la misma manera
-curarás, cuando vuelvas a palacio, la ceguera de tus hermanos. Si alguna
-desgracia imprevista te sucede, acuérdate de mí, y correré en tu
-auxilio. Ahora anda, y que Dios te ayude.</p>
-
-<p>Partió el Príncipe todo alborozado, y a los tres días de casi un
-continuo andar, el caballo se detuvo a corta distancia de la puerta de
-una modesta casa, en la cual había una mujer sentada en un piso, con la
-espalda vuelta al camino. Se bajó el Príncipe de su caballo y andando
-muy quedito, en la punta de los pies, se acercó a la mujer y le metió la
-pluma de oro en uno de sus ojos; pero por desgracia se equivocó, pues en
-vez de introducirla en el derecho, que era el sano, se la metió en el
-izquierdo, que era<span class="pagenum"><a name="page_139" id="page_139">{139}</a></span> el tuerto. La mujer, al sentirse herida, entró a la
-casa y volvió rápidamente trayendo un poco de agua de la redoma, con la
-que roció al Príncipe, diciendo al mismo tiempo: “Vuélvete quiltro”. Y
-el Príncipe se convirtió al punto en un perrillo sucio y despreciable.
-La mujer tomó incontinenti un garrote y le propinó una de las palizas
-más famosas de que haya memoria.</p>
-
-<p>El Príncipe huyó al interior de la casa con la cola entre las piernas,
-aullando lastimosamente.</p>
-
-<p>¡Cómo se lamentaba el pobre de su error! Ya todo estaba perdido! Adiós,
-Princesa, y padres y hermanos!</p>
-
-<p>Pero de repente se acordó de la última recomendación de la viejecita y
-se puso a decir muy bajito, para que no lo oyeran: «¡Ranita, Ranita,
-acuérdate de este pobre príncipe!» Y casi al mismo instante que
-terminaba estas palabras, vió a su lado a la Rana.</p>
-
-<p>Dió la Rana un salto y díjole al oído: «No tengas cuidado, esperemos que
-la Bruja duerma y entonces pagará las hechas y por hacer».</p>
-
-<p>Pasadas unas dos o tres horas, se acercaron a la puerta de la pieza en
-que la Bruja dormía y sintieron que roncaba ruidosamente. Entonces la
-Rana se convirtió en la Viejecita que había conocido el Príncipe tres
-días antes y diciendo unas palabras ininteligibles, el Príncipe dejó de
-ser perro y tomó su forma natural. La pluma de oro sirvió para abrir la
-puerta del dormitorio de la Bruja, sin que hiciera ruido: y entonces
-tomando el Príncipe el hacha que estaba tras de la puerta, asestó a la
-Bruja tal golpe en el cuello que le separó la cabeza de los hombros.</p>
-
-<p>La Viejecita tomó la redoma y le dijo al Príncipe que ella lo
-acompañaría para que no le sucediera otra nueva desgracia. Abandonaron
-la casa, y a la luz de la Luna vió el Príncipe dos caballos, el de él,
-en que montó, y otro más, en que subió la Viejecita.</p>
-
-<p>Emprendieron la marcha, y cuando ya era de día, divisó el Príncipe, muy
-lejos, muy lejos, en la cumbre de<span class="pagenum"><a name="page_140" id="page_140">{140}</a></span> una alta montaña, una especie de
-castillo. La Viejecita le dijo: «Este es el palacio del Gigante, a quien
-venceremos con la ayuda de Dios.»</p>
-
-<p>Siguieron avanzando, y cuando ya estaban como a una legua de distancia
-del palacio, llegó hasta ellos un ruido ensordecedor de maullidos,
-ladridos y rugidos espantosos, como si miles de fieras lanzaran a un
-tiempo sus gritos amenazadores. Cualquiera habría retrocedido lleno de
-pavor, pero nuestros viajeros siguieron impertérritos su camino.</p>
-
-<p>Media legua más habrían andado los caballos cuando un impedimento
-bastante serio los detuvo por un instante: las fieras no se contentaban
-ya con sus gritos sino que al mismo tiempo lanzaban por hocico y narices
-gruesos chorros de fuego líquido que llegaban hasta nuestros caminantes
-y casi los abrasaban. Pero la pluma de oro empapada en el agua de la
-redoma se portó a las mil maravillas, pues no sólo les curó como por
-ensalmo las llagas que el fuego les había producido, sino que además los
-inmunizó para recibir nuevas quemaduras.</p>
-
-<p>Entonces pudieron avanzar sin cuidado; pero antes de llegar hasta la
-puerta del palacio tenían que atravesar una larga extensión de terreno
-ocupada por una multitud de leones, tigres, serpientes, demonios y otras
-fieras y monstruos servidores del Gigante, que estaban dispuestos a
-despedazar a los dos intrusos o dejarse destrozar por ellos antes que
-permitir llegaran hasta su amo.</p>
-
-<p>Pero el Príncipe, armado del hacha encontrada en la pieza de la Bruja, y
-la Viejecita blandiendo la pluma de oro impregnada con agua de la
-redoma, pudieron derrotar, aunque con algún trabajo y sacando algunas
-heridas, a sus poderosos enemigos, que quedaron tendidos en el campo,
-sin vida.</p>
-
-<p>Hélos ahora en presencia del Gigante, el cual, al verlos acercarse,
-levantó su pesada muleta de hierro, capaz, no<span class="pagenum"><a name="page_141" id="page_141">{141}</a></span> de matar a un solo
-cristiano, sino de concluir con un numeroso ejército.</p>
-
-<p>El Príncipe se adelantaba hacia él sin temor, y una vez que el Gigante
-lo tuvo a su alcance, dejó caer la muleta con tal fuerza que más de la
-mitad de ella penetró en la tierra. El Príncipe, en cuanto notó el
-movimiento del Gigante, esquivó el cuerpo, y alzando su hacha, la
-descargó sobre la pierna sana de su enemigo, que cortó como si fuera de
-queso. El monstruo, no pudiendo mantenerse en pie, cayó cuan largo era,
-y el Príncipe, corriendo apresuradamente, de un hachazo le cortó la
-cabeza a cercén.</p>
-
-<p>La liberación de la Princesa fué cosa de un momento; con un suave golpe
-del hacha se cortó la cadena de oro que la aprisionaba, y pudo arrojarse
-en los brazos de su libertador.</p>
-
-<p>En carros y caballos que había en el mismo palacio, cargó el Príncipe
-todas las riquezas que encontró, e inmediatamente se pusieron todos en
-camino para el reino de su padre. Por medio del arte de la Viejecita,
-que tan buenos servicios le había prestado, en pocas horas llegaron a la
-entrada de la capital. Allí la Viejecita se despidió del Príncipe y de
-la Princesa y después de aconsejarles que fueran siempre buenos y
-virtuosos, único modo de obtener la felicidad, desapareció de su vista.
-La Viejecita era la Virgen.</p>
-
-<p>El Príncipe fué acogido por todos en medio de la mayor alegría y
-proclamado salvador de la patria. Sus hermanos recobraron la vista
-sirviéndose de la pluma de oro y del agua de la redoma.</p>
-
-<p>El matrimonio del joven Príncipe y de la Princesa fué uno de los
-acontecimientos más celebrados. Se hicieron grandes fiestas para el
-pueblo, que se divirtió alegremente, y yo me encontré en ellas y bebí
-mucho y comí más que un sabañón.<span class="pagenum"><a name="page_142" id="page_142">{142}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-18" id="num1-18"></a>18. LOS HIJOS DEL PESCADOR, O EL CASTILLO DE LA TORDERÁS, IRÁS Y NO
-VOLVERÁS.</h2>
-
-<p>(Narrador: José Pino, de veinte años, de Rancagua.)</p>
-
-<p>Para saber y contar, escuchar y aprender. Esteras y esteritas, para
-sacar peritas; esteras y esterones, para sacar orejones. No le eche
-tantas chacharachas, por que la vieja es muy lacha, ni se las deje de
-echar, porque de todo ha de llevar: pan y pan para las monjas de San
-Juan; pan y harina para las monjas Capuchinas; pan y queso, para los
-tontos lesos. Fin del principio y principio del fin. ¡Atención!</p>
-
-<p>Han de saber que hace muchos años vivían en un pueblecito de la costa
-dos pobres viejos, marido y mujer, muy apreciados de los vecinos por su
-bondad y por lo serviciales que eran con todo el mundo.</p>
-
-<p>El marido era pescador y la mujer se ocupaba de los quehaceres de la
-casa, que, aunque no eran muchos, no dejaban de ser bastantes para sus
-años. Sus bienes se reducían a la choza que habitaban, a la red, una
-yegua, una perra y unos cuantos pesos, muy pocos, por cierto, que habían
-logrado reunir a fuerza de privaciones y que guardaban cuidadosamente
-para atender a las enfermedades que pudieran sobrevenirles o a
-cualesquiera otras necesidades imprevistas.</p>
-
-<p>Sucedió una vez que durante varios días le fué muy mal al viejito en la
-pesca. Echaba la red y no sacaba nada; sin embargo, los otros pescadores
-retiraban sus redes llenas.</p>
-
-<p>«¿Qué diantres habré hecho yo para que el cielo me castigue así?»&mdash;decía
-desesperado el anciano; y volvía a echar la red, y nada, siempre vacía.<span class="pagenum"><a name="page_143" id="page_143">{143}</a></span></p>
-
-<p>En las tardes se iba triste a su casa, y a pesar de que su mujer trataba
-de consolarlo y le contaba chascarros para hacerlo reir, no lo
-conseguía.</p>
-
-<p>Se comieron las pocas economías que tenían, y cuando no les quedaba ya
-ni un chico, el pobre viejo, llorando, se fué a la playa, montado en su
-yegua como acostumbraba hacerlo, y tirando la red al mar, dijo:&mdash;«En
-nombre sea de Dios y que se haga su voluntad»; y después de un rato, al
-retirarla, la encontró tan pesada, que para sacarla tuvo que amarrarla a
-la cincha de la yegua.</p>
-
-<p>Mientras la yegua tiraba la red, el viejo se refregaba las manos de
-gusto, y riéndose decía:&mdash;«En fin la suerte cambia; tendremos para comer
-algunos días y aún podremos vender algo.» ¡Pero cuál no sería su asombro
-cuando al examinar la red encontró que lo único que había pescado era un
-pecesillo que no medía más de una cuarta!</p>
-
-<p>Y ese ser tan pequeño, ¿cómo pesaba tánto, que él, que era tan forzudo,
-no había podido arrastrar la red y había tenido que auxiliarse de la
-yegua para sacarla? Tomó su cuchillo e iba a abrir el pescadito para ver
-lo que lo hacía tan pesado, y cuando estaba a punto de hacer esta
-operación, oyó que el pez le decía:&mdash;«No me mates aquí. Llévame para tu
-casa y allá me partes en cinco trozos: la cabeza, que te comerás tú; la
-cola, que se comerá tu mujer; los dos costados, que darás uno a la yegua
-y el otro a la perra; y por último, el lomo, que plantarás en el jardín.
-Si haces lo que te digo, no tendrás de qué quejarte, y además, en
-adelante, siempre cogerás pesca en abundancia».</p>
-
-<p>Se fué el pescador a su choza e hizo lo que le había ordenado el
-pececito; y ¡oh maravilla! al otro día tuvo la viejecita dos niños muy
-hermosos y tan parecidos el uno al otro, que era de confundirlos;
-asimismo, la yegua tuvo dos potrillos del mismo pelo y del mismo tamaño;
-la perra dos perritos casi iguales, y en el jardín nacieron dos
-naranjos.<span class="pagenum"><a name="page_144" id="page_144">{144}</a></span></p>
-
-<p>Desde ese mismo día el viejecito pescó como ningún otro; de manera que
-tuvo alimento suficiente para toda la familia y pescado para vender en
-la ciudad vecina. La fortuna le sonreía de todas maneras, pues los niños
-crecían sanos y robustos y eran excelentes personas.</p>
-
-<p>Pasaron los años unos tras otros y los niños transformados ya en
-hombres, cumplieron los veinte. Entonces el mayor, que se llamaba
-Francisco, quiso salir a rodar tierras, para probar fortuna, y le pidió
-la bendición a sus padres. Inmediatamente después de abrazarlos, armose
-de una espada, montó en su caballo y seguido de su perro, partió al
-galope.</p>
-
-<p>Después de algunos días de marcha, llegó a una ciudad y notó que la poca
-gente que andaba por las calles parecía consternada por una gran
-desgracia. Al mismo tiempo se oían lamentos, llantos y alaridos por
-todas partes.</p>
-
-<p>Detuvo Francisco a una viejecita que iba toda llorosa y le preguntó por
-qué los habitantes de la ciudad andaban tan tristes.</p>
-
-<p>&mdash;¡Cómo no hemos de estar afligidos, patroncito, cuando hoy debe comerse
-el culebrón a la única hija de nuestro rey, la princesa más bella y más
-bondadosa que se conoce, tan querida de los pobres, pues a todos nos
-auxilia y nos consuela! Ah! esta es la peor desgracia que podía
-sucedernos!</p>
-
-<p>Y la anciana lloraba sin consuelo.</p>
-
-<p>&mdash;Pero, cuénteme que es eso del culebrón y por qué se va a comer a la
-Princesa.</p>
-
-<p>&mdash;Ha de saber, señor, que en la montaña vecina se ha establecido desde
-hace años, un culebrón enorme, que tiene siete cabezas y al cual nadie
-ha podido matar, por valiente que haya sido, pues en cuanto le cortan
-una, al momento renace, y para concluir con él habría que cortarle las
-siete de una vez; pero hasta ahora, señor, ninguno lo ha conseguido, a
-pesar de que el Rey ha ofrecido como premio la mano de su hija, y lo
-único que se ha sacado es<span class="pagenum"><a name="page_145" id="page_145">{145}</a></span> que hayamos tenido que lamentar el
-desaparecimiento de los más nobles caballeros, de los mejores soldados
-del ejército que tentaron la aventura. Pero esto, mi caballerito, nada
-sería; lo peor es que la fiera, para no envenenar el agua, lo cual
-acabaría con la población del reino, exige que cada año se le entregue
-una princesa de sangre real; ya se le han entregado las primas y
-sobrinas del rey y no queda sino la única hija que nuestro monarca
-tiene, a quien tanto quiere que se mira en ella, y lo mismo el pueblo
-entero, que la adora; y hoy a las 12 del día, se vence el plazo, en que
-el culebrón vendrá a buscarla. La princesa se dirigió temprano a la
-montaña, para que la fiera dé hoy también cuenta de ella.</p>
-
-<p>&mdash;Pues, por esta vez, buena anciana, el culebrón no saldrá con la suya,
-que para algo Dios ha dado fuerza a mi brazo y ha infundido valor en mi
-espíritu.</p>
-
-<p>Pidió el hijo del pescador las señas del lugar en que estaba la princesa
-y, dadas por la viejecita clavó espuelas al caballo y partió a toda
-carrera.</p>
-
-<p>Halló Francisco a la princesa sentada en una piedra, llorando
-amargamente y enjugándose las lágrimas con su larga y brillante
-cabellera rubia, cuyas crenchas, sueltas, pendían a uno y otro lado del
-cuello. El joven trató de consolarla y le prometió que mataría al
-monstruo antes que tocara uno solo de sus cabellos; y con tanta
-seguridad hablaba, que logró infundir confianza en la princesa.
-Conversaron un rato, hasta que Francisco, que se sentía fatigado, quiso
-descansar mientras llegaba la hora del combate, y tendiéndose en tierra
-y apoyando la cabeza en las faldas de la princesa, se quedó dormido.
-Momentos antes, mientras hablaban, la Princesa había dado al joven un
-pañuelo, con su cifra, y un valioso anillo, diciéndole que tal vez
-podría servirle de algo más tarde.</p>
-
-<p>Junto con sentirse la primera campanada de las 12 en los relojes de la
-ciudad, se oyó un rugido formidable que conmovió toda la montaña y,
-naturalmente, despertó al joven.<span class="pagenum"><a name="page_146" id="page_146">{146}</a></span></p>
-
-<p>Monta éste apresuradamente en su caballo y empuñando la espada, llama a
-su perro y se apercibe para la pelea. Fué ésta un espectáculo digno de
-verse. El Culebrón adelantaba las siete cabezas hacia su enemigo y
-trataba ya de morderlo con sus afilados colmillos, ya de estrecharlo
-entre sus cuellos; pero, por un lado el caballo, que esquivaba los
-ataques con toda rapidez, y el perro, por otro, que acosaba a la fiera
-con sus dentelladas, le impedían dañar al hijo del pescador.</p>
-
-<p>De vez en cuando nuestro combatiente lograba asestar con su espada un
-terrible golpe en alguno de los cuellos de la bestia y una de las
-cabezas rodaba por el suelo; pero era inútil, porque en el mismo
-instante de ser cortada aparecía otra nueva.</p>
-
-<p>Largas horas habían transcurrido desde el comienzo del combate y ninguno
-de los dos enemigos había conseguido ventaja sensible sobre el otro;
-pero sucedió que el Culebrón, por defenderse del perro que acababa de
-abrirle ancha herida cerca de la cola y de la cual manaba sangre en
-abundancia, dirigió las siete cabezas hacia atrás, y entonces el hijo
-del pescador, aprovechando de la circunstancia de que el monstruo no
-podía atacarlo, levantó la espada con las dos manos y, con robusta
-fuerza, la dejó caer un poco más abajo de donde el cuello se dividía en
-siete. El rugido que lanzó el animal al sentirse mortalmente herido, fué
-tremendo, y se oyó a muchas leguas de distancia; pero, inmediatamente se
-produjo el silencio más completo. El Culebrón no volvería ya a molestar
-a nadie y el reino se vería libre, en adelante, de tan cruel enemigo.</p>
-
-<p>Francisco bajó de su caballo y, cortando una por una las siete lenguas
-de la bestia, las envolvió en el pañuelo de la Princesa y las guardó en
-su pecho.</p>
-
-<p>Mientras tanto la Princesa, que había presenciado el terrible combate y
-que a cada momento le parecía ver a su defensor triturado en las fauces
-del fiero monstruo,<span class="pagenum"><a name="page_147" id="page_147">{147}</a></span> presa del mayor terror, enmudeció&mdash;y cuando el
-joven, ya vencedor, corrió hacia ella para subirla a su caballo y
-conducirla a la ciudad, no pudo articular ni una palabra y hubo de
-limitarse a manifestarle su gratitud por medio de señas.</p>
-
-<p>El joven dejó a la princesa en las puertas de la capital y,
-prometiéndole que volvería en tiempo oportuno, se despidió y fué a
-alojarse en una choza abandonada que se levantaba no muy lejos y cerca
-de la cual había agua y pasto en abundancia para su caballo y pesca y
-caza para él y su perro.</p>
-
-<p>En el mismo día en que se efectuó el combate, un negro, que el cocinero
-del rey ocupaba en acarrear leña de la montaña, tropezó con el Culebrón,
-que yacía en tierra todavía caliente, pues no hacía mucho que había sido
-matado. El enorme peso del animal impidió al negro cargarlo, a pesar de
-sus fuerzas, y entonces, a hachazos, lo cortó en varios trozos, que
-arrojó en el carro de que se servía para conducir la leña, y llevándolo
-a palacio se presentó al Rey, diciéndole que acababa de matarlo y
-exigiéndole el cumplimiento de la promesa de que casaría a su hija con
-el vencedor del monstruo. La princesa había llegado pocos momentos
-antes; pero como había quedado muda y estaba como atontada de miedo, no
-se hallaba en situación de desmentir al miserable negro.</p>
-
-<p>Como parecía evidente que el negro había sido el matador del Culebrón, y
-palabra de Rey no puede faltar, concedió el Rey al negro la mano de la
-Princesa y se convino en que, en unos quince días más, cuando la
-Princesa hubiera salido del estado de inconsciencia en que se
-encontraba, se celebraría la boda.</p>
-
-<p>Pasaron los días y aunque la Princesa no recobró la palabra, se
-prepararon los festejos para la celebración del matrimonio. Las fiestas
-debían comenzar con una gran comida, a que asistiría toda la corte. La
-Princesa estaba desesperada, pero como no podía hablar, a pesar de los<span class="pagenum"><a name="page_148" id="page_148">{148}</a></span>
-esfuerzos que hacía para explicar por medio de gestos la impostura del
-negro, no pudo darse a entender.</p>
-
-<p>Llegó el día del banquete, y el hijo del pescador, que estaba en autos
-de todo por lo que se decía en la ciudad, cuando fué la hora de la
-comida, ordenó a su perro que, sin que nadie lo viera, arrebatara al
-negro su plato. El perro ejecutó la orden por dos veces seguidas, sin
-ser visto; el negro, creyendo que algunos de los servidores adrede le
-sacaba los platos ante de tocarlos, formó grande alharaca y se armó el
-alboroto consiguiente. La tercera vez, Francisco mandó al perro que se
-dejara ver; y al ser sorprendido en el acto de robar el plato al negro,
-el Rey ordenó a sus guardias que lo siguieran y trajeran a su presencia
-al amo del perro.</p>
-
-<p>Cuando llegaron a la choza en que el joven se hospedaba, el capitán de
-la guardia le intimó orden de seguirlo, pero Francisco dijo que sólo
-iría si lo iban a buscar en coche, porque él era quien debía estar en la
-mesa sentado al lado de la Princesa en lugar del horrible negro, que no
-pasaba de ser un impostor; que se le llevara ante el Rey no en calidad
-de preso, sino en la forma que indicaba y probaría palmariamente lo que
-acababa de decir.</p>
-
-<p>Volvió el capitán con el mensaje ante el monarca y a pesar de las
-protestas del negro, con gran contento de la Princesa y de las damas y
-señoras de la corte dispuso el Rey que trajeran al joven en coche, como
-él lo pedía, para oir sus alegaciones.</p>
-
-<p>Al entrar Francisco en la sala del convite, llamó la atención de los
-circunstantes, por su varonil hermosura y por su cortesanía. Pidió
-permiso al Rey para hablar y, concedido que le fué, preguntó al negro si
-las cabezas del Culebrón (que aún se conservaban como recuerdo y
-permanecían expuestas a la admiración del público), estaban completas
-cuando las había traído a la ciudad. El negro contestó que estaban
-completas; pues él nada les había sacado ni notó que nada les faltara;
-que después de termi<span class="pagenum"><a name="page_149" id="page_149">{149}</a></span>nado el combate que había sostenido con la fiera,
-se había limitado a cortar con su hacha el cuello principal del animal.
-Francisco pidió entonces al Rey y a todos los presentes que tomaran nota
-de lo que acababan de oir, y tornó a preguntar al negro:</p>
-
-<p>&mdash;¿Estás seguro de que nada les faltaba? ¿Todas tenían sus dos ojos, sus
-dos orejas, su lengua?</p>
-
-<p>&mdash;Supongo que todas las tendrían, porque, como he dicho, yo nada les
-saqué.</p>
-
-<p>&mdash;De manera, repuso el joven, dirigiéndose al Rey, que si yo tuviera en
-mi poder o los ojos, o las orejas, o las lenguas del Culebrón, ¿sería yo
-el matador del monstruo? Ya que después que le trajeron a palacio yo no
-habría podido sacárselos, pues si lo hubiese tentado, me lo habrían
-impedido los guardias que, según he oído, lo han custodiado día y noche.</p>
-
-<p>&mdash;Así es&mdash;contestó el Rey.</p>
-
-<p>&mdash;Así es&mdash;murmuraron los que estaban en la mesa.</p>
-
-<p>&mdash;Pues bien, aquí están las siete lenguas del monstruo, que yo corté
-después de matarlo, y envolví en este pañuelo con la cifra de la
-Princesa, que ella misma me entregó antes del combate. Con esto queda
-comprobado que el negro es un miserable embustero que no hizo otra cosa
-que dividir el cadáver del monstruo que yo había dejado abandonado
-mientras conducía a la princesa a la ciudad; y a mayor abundamiento, he
-aquí un anillo que también ella me obsequió y que si su Majestad me
-permite colocaré en la mano de su antigua dueña.</p>
-
-<p>A una señal de asentimiento que el Rey hizo, Francisco se acercó a la
-Princesa, y en cuanto el joven colocó el anillo en su mano, la gentil
-niña recobró el habla y exclamó:</p>
-
-<p>&mdash;¡Padre, este es mi salvador; él es el verdadero matador del culebrón!</p>
-
-<p>El Rey ordenó a la guardia que en el acto sacaran al negro de la sala y
-lo despeñaran desde la cumbre de un<span class="pagenum"><a name="page_150" id="page_150">{150}</a></span> cerro muy alto, que servía para
-ajusticiar a los criminales; y a Francisco que se sentara al lado de la
-Princesa, que desde ese momento pasaba a ser su prometida.</p>
-
-<p>La fiesta, que había comenzado en medio de la mayor tristeza, pues la
-vista del negro los tenía a todos desazonados, se tornó en francamente
-alegre y terminó con la celebración del matrimonio del hijo del pescador
-con la princesa.</p>
-
-<p>Cuando los novios estuvieron en sus habitaciones, el joven se asomó
-casualmente a una ventana y vió que a la distancia se elevaba una gruesa
-columna de humo rojizo.</p>
-
-<p>&mdash;Parece que hay un incendio&mdash;dijo Francisco a la Princesa.</p>
-
-<p>&mdash;No es un incendio&mdash;le contestó ella;&mdash;es el humo de la fogata que
-todas las noches encienden en el castillo de la «Torderás, irás y no
-volverás».</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué nombre más raro tiene ese castillo!</p>
-
-<p>&mdash;Se llama así porque el que a él va, no vuelve.</p>
-
-<p>&mdash;Pues no le valdrá a ese castillo el nombre de la «Torderás, irás y no
-volverás», porque yo iré y volveré.</p>
-
-<p>La princesa rogó con insistencia a su marido que no fuese, que no se
-expusiera al peligro, pero Francisco le contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Si triunfé del Culebrón que tanto daño causaba al reino, ¿por qué no
-venceré los peligros que en el castillo puedan presentárseme?</p>
-
-<p>Y saliendo de las habitaciones, se fué a la caballeriza y sin más
-compañía que su fiel perro partió a la luz de la Luna.</p>
-
-<p>Aquel humo rojizo que aparentaba estar no muy distante del palacio,
-parecía alejarse a medida que el joven avanzaba hacia él; y sólo en la
-mañana, después de una marcha continua de la noche entera, logró él
-acercarse al castillo. Pero ojalá nunca hubiera llegado hasta ahí,
-porque no bien se encontró en ese sitio, comenzó a salir, como si del
-suelo brotara, una muchedumbre de viejas<span class="pagenum"><a name="page_151" id="page_151">{151}</a></span> horribles, que lo rodearon y
-que dándose fuertes tirones de la cabellera, se arrancaban pelos que
-arrojaban al intruso que iba a turbarlas en su reposo. Al principio nada
-ocurrió, pero en el mismo instante que uno de los muchos pelos de las
-viejas, que flotaban en el aire, tocó a Francisco, tanto éste como su
-caballo y su perro se convirtieron en piedras.</p>
-
-<p>Volvamos ahora a casa del pescador, que ya es tiempo.</p>
-
-<p>Desde que Francisco salió de casa de sus padres, ni éstos ni el hermano
-que quedó con ellos habían tenido noticias suyas. Se consolaban de la
-ausencia del deudo querido visitando diariamente el naranjo que había
-nacido al mismo tiempo que él, de uno de los costados del pescado, y que
-a él le había correspondido. Viéndolo y cuidándolo, les parecía estar
-con Francisco.</p>
-
-<p>Un día el árbol que hasta entonces había crecido esbelto y lozano,
-amaneció mustio, con las hojas amarillas, como si estuviera a punto de
-secarse. Al verlo en este estado, Domingo, gemelo de Francisco, dijo a
-sus padres:</p>
-
-<p>&mdash;A Francisco debe haberle ocurrido alguna desgracia, porque su naranjo
-ha amanecido enfermo. Si me dan permiso, salgo inmediatamente en su
-socorro.</p>
-
-<p>Bendijéronle sus padres; y ciñéndose la espada, montó en su caballo y
-partió a la carrera, acompañado de su perro, hasta llegar a la misma
-ciudad a que había arribado su hermano.</p>
-
-<p>La primera persona a quien encontró fué aquella viejecita que contó a
-Francisco la historia del Culebrón. Domingo la saludó cariñosamente y le
-preguntó por las últimas noticias que circulaban en la ciudad. La
-viejecita le refirió cómo un joven muy parecido a él, casi igual, que
-había llegado días antes había librado a la Princesa y al reino del
-Culebrón; el matrimonio del joven con la Princesa y la desaparición del
-novio; todo sin omitir detalle ni circunstancia de interés.</p>
-
-<p>Por los datos de la anciana, no dudó Domingo que el<span class="pagenum"><a name="page_152" id="page_152">{152}</a></span> desaparecido era su
-hermano, y para averiguar mejor las cosas, se dirigió al palacio. Los
-guardias creyeron que era el esposo de la Princesa y lo dejaron pasar.
-La Princesa también creyó que era su marido y lo recibió con mucha
-alegría.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué te habías hecho en estos tres días?&mdash;le dijo&mdash;Creía que te había
-acaecido alguna desgracia: que el caballo te hubiera arrojado, que te
-hubieran asesinado...</p>
-
-<p>&mdash;Por suerte, hija, no me ha pasado nada serio; me extravié y me costó
-mucho dar con el camino; pero, dime: ¿qué es ese humo rojizo que se
-divisa a lo lejos?</p>
-
-<p>&mdash;Pero, hijo, ¿qué se te ha hecho la memoria? ¿No te acuerdas que te
-dije la otra vez, en la noche de nuestro casamiento, que ese humo salía
-de la «Torderás, irás y no volverás»? ¿Y que, efectivamente, el que iba
-a él iba pero no volvía, y que, a pesar de mis súplicas, montaste en tu
-caballo y te fuiste?</p>
-
-<p>&mdash;Ciertamente, ahora me acuerdo; pero, como acabo de decirte, me
-extravié. Sin embargo, iré de nuevo y volveré.</p>
-
-<p>Domingo comprendió, por la conversación anterior, que a su hermano le
-había sucedido algo grave en su expedición al castillo, y se propuso
-salvarlo. Se despidió de la princesa con un «hasta luego» y, montando en
-su caballo, partió en dirección al castillo, seguido de su perro.</p>
-
-<p>Al amanecer llegó a inmediaciones del castillo, y vió como salían las
-horribles viejas a estorbarle el paso, y como le tiraban los cabellos
-que se arrancaban de la cabeza; y adivinando con qué fin lo hacían,
-desenvainó la espada, clavó espuelas al caballo y arremetió contra las
-brujas. Tanto menudeó los golpes y con tanto acierto, que en pocos
-minutos no quedó en pie sino una de las arpías.</p>
-
-<p>Iba Domingo a matarla, pero ella se arrodilló suplicante, y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Perdóname la vida, señor, y te devolveré a tu hermano, que está
-encantado!<span class="pagenum"><a name="page_153" id="page_153">{153}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Está bien&mdash;le dijo Domingo&mdash;no te mataré, pero desencantarás no sólo a
-mi hermano, sino a todos los demás que estén encantados en este castillo
-maldito y en sus dependencias; e inmediatamente después saldrás de este
-país para no volver más a él, so pena de la vida.</p>
-
-<p>La vieja cortó una varita de un árbol que estaba allí cerca y con ella
-fué tocando una por una las piedras diseminadas en el suelo y, a medida
-que las tocaba, se convertían en gallardos mancebos, montados en briosos
-caballos. Una vez que no quedaron piedras, la vieja hechicera, seguida
-siempre de Domingo, armado de su espada, penetró en el castillo, desde
-cuya puerta se divisaban interminables galerías de estatuas de mármol
-que representaban bellísimas niñas: unas de pie, otras sentadas, otras
-de rodillas, etc. También las fué tocando la vieja con la varita, y en
-cuanto sentían su contacto, se animaban y descendían de sus pedestales.
-Eran las numerosas jóvenes que el Culebrón, en vez de devorarlas, como
-todos lo creían, llevaba al castillo, en donde eran transformadas en
-estatuas por las hechiceras.</p>
-
-<p>Francisco y Domingo se abrazaron cariñosamente, y sin pérdida de tiempo
-emprendieron marcha a la ciudad, seguidos de los innumerables jóvenes de
-uno y otro sexo recientemente desencantados, que entonaban loores a su
-libertador.</p>
-
-<p>Llegaron a palacio y Francisco contó al Rey y a la Princesa las
-peregrinas aventuras que les habían acaecido.</p>
-
-<p>Al día siguiente se celebró el fausto acontecimiento con un gran
-banquete, al que concurrió toda la familia real y los jóvenes salvados
-por Domingo. El fué, naturalmente, el héroe de la fiesta, y a cada
-momento se le aclamaba.</p>
-
-<p>Invitado por el Rey a que escogiera la que más le agradara para esposa,
-entre las jóvenes salvadas por él mismo, todas las cuales eran de sangre
-real, fijó su atención en una que descollaba entre todas por su aspecto
-dulce y modesto. Era prima de la princesa, mujer de su hermano, y muy
-querida del Rey y de ella.<span class="pagenum"><a name="page_154" id="page_154">{154}</a></span></p>
-
-<p>Con ella se casó y fijaron su residencia en el antiguo castillo de la
-«Torderás, irás y no volverás», el que, libre de la maléfica influencia
-del Culebrón y de sus servidoras, se había transformado en una
-espléndida mansión. Domingo le cambió el fatídico nombre con que era
-conocido, por el de «Castillo de la Torderás, si a él vas, contento
-volverás»; y en efecto, quien lo visitaba salía plenamente satisfecho de
-la magnificencia con que era atendido por sus dueños.</p>
-
-<p>Francisco y Domingo no olvidaron a sus padres en la prosperidad: los
-llevaron a su lado y los honraron como buenos hijos. Dios los premió,
-haciéndolos felices hasta el fin de su vida, que fué larga y se deslizó
-dulcemente, sin penalidades ni contratiempos.</p>
-
-<p>Y aquí se acabó el cuento, y se lo llevó el viento, y se entró por la
-puerta de un convento; los frailes, que lo oyeron, quedaron muy alegres;
-los mochos y sirvientes se cayeron de contentos.</p>
-
-<h2><a name="num1-19" id="num1-19"></a>19. EL COMPADRITO LEÓN, POTITO QUEMADO.<br /><br />
-<small>(Contado por Beatriz Montecinos, de Talca, de 50 años, en 1911).</small></h2>
-
-<p>Este era un Rey muy rico, que tenía un Monito muy ladrón, y el monito
-iba todas las noches a robarle charqui para comérselo con sus amigos.</p>
-
-<p>Un día fué el Rey a la bodega para ver cuanto charqui le quedaba porque
-lo iba a vender al día siguiente. El Rey, al entrar a la bodega, se cayó
-de espaldas del<span class="pagenum"><a name="page_155" id="page_155">{155}</a></span> susto que le dió porque encontró tan poquito charqui.
-Llamó entonces al Mayordomo y le dijo:&mdash;¿Tú has vendido charqui? El
-Mayordomo le contestó:&mdash;Yo no, su mercé; yo para nada he entrado a la
-bodega y ni siquiera he visto el charqui.</p>
-
-<p>El Rey se puso a contar el charqui para ver si en la noche se lo iban a
-robar; una vez que contó los líos, llamó a sus mozos y les mandó que
-toda la noche hicieran ronda por la orilla de la bodega y pudieran
-pillar al ladrón, advirtiéndoles que a la mañana siguiente vendría a
-saber lo que había pasado.</p>
-
-<p>Los pobres mozos casi se murieron de frío en la noche, y no vieron a
-nadie.</p>
-
-<p>Al otro día tempranito fué el Rey a preguntar si habían visto al ladrón.
-Los mozos le contestaron que no habían visto a nadie. Entonces llamó al
-Mayordomo, entró con él a la bodega, contó de nuevo el charqui y vió que
-le faltaban muchos líos.</p>
-
-<p>Enojado como un diablo, porque creía que el Mayordomo era el ladrón y se
-estaba haciendo el leso, le dijo:&mdash;Te doy de plazo dos días para que
-pilles al ladrón, y si en los dos días no lo has pillado, con tu cabeza
-pagarás el charqui que se ha perdido. Y se fué dejando todo afligido al
-pobre Mayordomo.</p>
-
-<p>Cuando el Mayordomo se quedó solo, se puso a decir:&mdash;¡Buena cosa, que mi
-amito sea tan injusto conmigo, cuando yo ni malicio quien pueda ser el
-ladrón!</p>
-
-<p>Cansado de tanto pensar el pobre hombre, se le ocurrió ir donde una
-vieja bruja que tenía pacto con el diablo, para pedirle consejo.</p>
-
-<p>Se fué donde la vieja y le contó todo lo que le había pasado y lo que el
-Rey le había dicho. La vieja le dijo que no fuera miedoso porque nada le
-pasaría.&mdash;“Váyase a la casa&mdash;le dijo&mdash;recoja hartas chamisas y haga una
-fogata bien grande adentro de la bodega y se fija bien por donde sale el
-humo y viene a avisármelo”.<span class="pagenum"><a name="page_156" id="page_156">{156}</a></span></p>
-
-<p>El Mayordomo se fué contento porque ya el Rey no mandaría cortarle la
-cabeza. Agarró las chamisas y les atracó fuego. Ligerito vió el humito
-que salía por un portillito que había en un rincón. Al tirito se fué
-donde la vieja y le dijo que el humo salía por un portillito que había
-en un rincón. Entonces la vieja le dijo que hiciera un mono de liga y le
-pusiera en las manos una baraja y pusiera una mesa con harta plata en un
-lado y una vela encendida en el otro, y que todo lo arreglara muy bien y
-lo pusiera frente al portillo y volviera al otro día.</p>
-
-<p>El Mayordomo se fué e hizo todo lo que la vieja le había encargado.</p>
-
-<p>Después que dejó todo arreglado, se fué dejando bien cerrada la bodega.</p>
-
-<p>En la noche llegó mi buen Monito, que se entraba por el portillito, y
-vió al compañero con la baraja en la mano y con tantísima plata en la
-mesa que llegó a saltar de gusto, porque decía:&mdash;«Esta noche le gano
-toda la plata y me voy a remoler donde mis chiquillas con plata y con
-harto charqui».</p>
-
-<p>Entró como de costumbre, y le dijo al otro mono:</p>
-
-<p>&mdash;Ya estoy aquí, compañerito de mi alma; vamos a rifar quien talla.</p>
-
-<p>Y agarró una chaucha y la tiró para arriba diciendo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Cara o sello? Sello! te tocó a ti; ya está; principia.</p>
-
-<p>Y como el mono de liga estaba quieto, el Monito le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Contra na estáis enojado, porque si no me jugáis, te quito la plata y
-te pego.</p>
-
-<p>El Monito viendo, que la hora se pasaba y el otro no jugaba, le quitó la
-baraja y se puso a tallar él. Luego tiró dos cartas y le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿A cuál vay vos?; y el otro mono callado.</p>
-
-<p>Le dijo entonces:</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, ya que no querís escoger, escogeré yo; te apuesto cien pesos a
-la sota de oro; y el otro mono, callado.<span class="pagenum"><a name="page_157" id="page_157">{157}</a></span></p>
-
-<p>El Monito tiró y ganó, y siguió jugando hasta que le ganó todita la
-plata al otro. Después dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Me teníay que dar más plata, todavía, porque me habís quedado
-debiendo; y el otro mono callado.</p>
-
-<p>Y le ha dado tanta rabia al Monito porque el otro no le contestaba ni le
-hacía caso, que le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Ya que vos no me pagáis, yo te pagaré; y le endilgó un puñete tan
-fuertazo que lo botó de la silla.</p>
-
-<p>Quedó el Monito pegado de la mano derecha. Entonces le dijo al mono de
-liga:</p>
-
-<p>&mdash;Si no me soltáis, te mando otro puñete, cosa que te haga escupir
-tachuelas. Y el mono callado.</p>
-
-<p>Le mandó entonces otro puñete, y se quedó pegado de la mano izquierda.
-Después le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Si no me soltáis, te mando una patá que te hago estornudar pejerreyes.</p>
-
-<p>También le mandó la patada y también quedó pegado de la pata derecha.</p>
-
-<p>Después le largó una patada con la pata izquierda, y se quedó pegado de
-esta pata.</p>
-
-<p>Después le lanzó un colazo, y quedó pegado de la cola.</p>
-
-<p>Después le mandó un guatazo, y se quedó pegado de la guata.</p>
-
-<p>Ya no le quedaba libre más que la cabeza.</p>
-
-<p>Entonces le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Suéltame, monito lindo, te doy toda la plata que te he ganado, toda la
-que yo traía, y toda la que tú queray. Y el otro mono callado.</p>
-
-<p>Entonces vió que era lesera rogarlo, y le mandó un cabezazo a matarlo: y
-también quedó pegado de la cabeza.</p>
-
-<p>A todo esto venían ya las claras del día y el Monito estaba frito.
-Llorando estaba el Monito su desgracia y lamentándose de su suerte,
-cuando llegó el Mayordomo y lo vió. Entonces casi se volvió loco de
-gusto el Mayordomo, porque había pillado al ladrón. Más que ligerito se
-fué donde el Rey para avisarle que el ladrón había caído en<span class="pagenum"><a name="page_158" id="page_158">{158}</a></span> la trampa.
-El Rey fué corriendo a ver quien era el ladrón, y cuando entró en la
-bodega se quedó abismado de ver a su Monito preso; y le ha dado toitita
-la rabia, que mandó que lo sacaran y lo amarraran a los castaños para
-que le echaran dos fondos de agua hirviendo y le metieran por el poto un
-barra de fierro que estuviera bien caldeada.</p>
-
-<p>Sacaron los mozos al Monito y lo amarraron a los castaños y se fueron a
-calentar el fierro y el agua.</p>
-
-<p>Cuando estaba solo el Monito, acierta a pasar por ahí su compadre León,
-que le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;Qué está haciendo ahí, compadrito? Apuesto que me lo han pillado
-robando castañas.</p>
-
-<p>Entonces el Monito le contestó:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ay compadrito, si Ud. supiera lo que me pasa, estoy seguro que no se
-reiría de mí sino que me salvaría!</p>
-
-<p>El compadre León al oirlo hablar con tanta pena, le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué le pasa, compadrito?</p>
-
-<p>Y el Monito le contestó:</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué malos son conmigo, compadrito! ¿a quién se le ocurre que un
-Monito tan chico como yo se va a comer una ternera tamañaza, y más no
-teniendo ni una pisquita de ganas de comer? ¿por qué, compadrito, usted
-que es tan bueno y es bien grande no se come la ternera y me salva a mí?</p>
-
-<p>El compadre León llevaba harta hambre, porque hacía hartazos días que no
-probaba ni agua, así es que le dijo al Monito:</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, pero ¿qué hay que hacer?</p>
-
-<p>Entonces el Monito le contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Primero me tiene que cortar las amarras, quedando usted en mi lugar.
-Después vendrán dos hombres a preguntarle si se come la ternera, y usted
-les dirá que sí, que se la come toitita. Entonces le entregarán la
-ternera y lo dejarán en paz con su pancita bien llena.<span class="pagenum"><a name="page_159" id="page_159">{159}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Muy bien le dijo el compadre León, manos a la obra; y ligerito desató
-al Monito, y se puso él en su lugar para que lo amarrara.</p>
-
-<p>El Monito lo amarró bien amarrado para que no se fuera, y cuando acabó
-de amarrarlo, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Adiós, compadrito León, que goce mucho con la ternera y que no se vaya
-a empachar.</p>
-
-<p>Y se fué, dejando al compadre León bien amarrado y con la boca que se le
-hacía agua.</p>
-
-<p>El compadre León llegaba a menear la cola de contento y no hallaba las
-horas que le trajeran la ternera.</p>
-
-<p>Por fin llegaron los hombres con los fondos de agua hirviendo y la barra
-de fierro, que llegaba a venir coloradita de lo caldeada que estaba. El
-León creyó que la barra era el asador que había servido para asar la
-ternera y que a la ternera la traían en los fondos.</p>
-
-<p>En cuanto llegaron los hombres le dijeron:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah! endenantes erais Monito y ahora te volvisteis leoncito; pero esto
-no te servirá de nada.</p>
-
-<p>El compadre León, creyendo que le preguntaban si se comía la ternera,
-contestó:</p>
-
-<p>&mdash;¡Sí me la como! ¡Sí me la como!</p>
-
-<p>&mdash;Si ya te la vais a comer, Monito diablo, le dijeron; y diciendo y
-haciendo, le han echado encima los dos fondos de agua hirviendo y me lo
-han dejado lo mismo que pollo en punto de echarlo a la cazuela; y más
-que ligerito y antes que el compadre León se repusiera, le han metido la
-barra caldeadita por el poto, y se lo dejaron lo mismito que luche.</p>
-
-<p>El compadrito León, del dolor que le dió, cortó las amarras y se arrancó
-antes que le hicieran otra cosa peor. Se fué bramando lo mismito que un
-buey cuando lo marcan.</p>
-
-<p>Cuando iba corriendo, le salió al camino su compadre Monito y desde
-lejitos le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hubo, compadrito León, potito quemado? ¿se comió la ternera?
-¿Bueno que estaría bien rica, no?<span class="pagenum"><a name="page_160" id="page_160">{160}</a></span></p>
-
-<p>El compadrito León potito quemado casi no podía hablar del dolor; pero
-se paró un ratito y le contestó:</p>
-
-<p>Ya me las pagarís bien, Monito picarón.</p>
-
-<p>Una vez que se mejoró el compadrito León potito quemado, se fué donde
-una comadre Zorra que tenía, que era el mismo diablo y veía debajo del
-agua, a preguntarle como haría para pillar al Monito. La comadre Zorra
-cuando vió a su compadre León con el poto quemado, casi se murió de la
-risa que le dió y le hizo muchísima burla. Después que se cansó de reir,
-le aconsejó al compadre León que se fuera a la orilla del río y se
-escondiera bien detrás de una piedra, sin hablar ni una sola palabra,
-porque todos los días iba el Monito a tomar agua ahí.</p>
-
-<p>El compadre Leoncito potito quemado le dió las gracias, y se fué a donde
-la Zorra le había dicho y se escondió y esperó que llegara el Monito.</p>
-
-<p>En esto estaba cuando llegó el Monito y le mereció ver la punta de la
-cola al compadrito León. Entonces el Monito se puso todo malicioso y
-antes de tomar agua comenzó a decir:</p>
-
-<p>&mdash;Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?...</p>
-
-<p>Y así siguió hasta que el compadre León se aburrió y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Tómame no más, Monito.</p>
-
-<p>Entonces el Monito dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Yo no tomo agua que habla, porque ahí está mi compadre Leoncito potito
-quemado: y se arrancó antes que el compadre León lo pillara.</p>
-
-<p>El compadre León salió de su escondite rabiando porque no había pillado
-al Monito y se fué a donde la comadre Zorra a contarle lo que le había
-pasado. La comadre Zorra casi le pegó al verlo tan tonto, y después que
-lo retó bien le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Vaya otra vez a ponerse detrás de la misma piedra y no le diga ni una
-palabra, aunque esté todo un día esperando.<span class="pagenum"><a name="page_161" id="page_161">{161}</a></span></p>
-
-<p>El compadre León prometió quedarse callado y se fué ligerito a
-esconderse antes que llegara el Monito y lo pillara.</p>
-
-<p>Después de mucho rato llegó el Monito con un palito en la mano y se puso
-a decir lo mismo que la primera vez:</p>
-
-<p>Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... hasta
-que se cansó, y como nadie le contestara, se puso a tomar agua.</p>
-
-<p>En esto estaba cuando el compadre Leoncito potito quemado pegó un salto
-y me lo pescó al Monito de una mano. El Monito, todo afligido, le dijo:</p>
-
-<p>Mire, compadrito, perdóneme por esta vez,&mdash;y el de León no le hacía
-caso.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, compadrito, ya que no me perdona, no me agarre de esa manito
-porque la tengo enferma; agárreme esta otra.</p>
-
-<p>El compadre fué a agarrarle la otra mano; pero en vez de la mano le
-agarró el palito que le alargó el Monito. Donde el Monito, en cuanto se
-vió libre, se arrancó gritando:</p>
-
-<p>&mdash;¡Buena cosa, mi compadre Leoncito potito quemado! por agarrarme la
-manito me agarró el palito.</p>
-
-<p>El compadre León agarró el palito y lo hizo pedacitos, jurando y
-perjurando porque el Monito había vuelto a hacerlo leso.</p>
-
-<p>Otra vez se fué donde la comadre Zorra.</p>
-
-<p>La comadre, al saber lo que había pasado, agarró una varilla y le sobó
-el lomo al compadrito León para que se le quitara lo pavo. Después que
-le dió unos cuantos varillazos, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Váyase a la mata de palma donde el Monito va a almorzar, por detrás de
-los sauces para que así no lo vea, y no le haga caso de nada, y lleve un
-buen cordel para que lo traiga amarrado.</p>
-
-<p>El compadre León le dió las gracias a su comadre Zorra y le prometió
-seguir su consejo al pie de la letra.<span class="pagenum"><a name="page_162" id="page_162">{162}</a></span></p>
-
-<p>Desde arriba de la palma divisó el Monito al compadre León, que venía
-haciéndose el lesito, y se puso a gritarle:</p>
-
-<p>&mdash;Compadrito León potito quemado, ¿por qué no se sube a la palma a comer
-coquitos conmigo? ¡mire que están muy ricos! Al León se le hacía agua el
-hocico y ya le parecía que estaba comiendo coquitos; pero se acordó del
-encargo de su comadre Zorra y de los varillazos que le había dado, y le
-contestó al Monito:</p>
-
-<p>&mdash;No quiero cocos, a comerte vengo.</p>
-
-<p>Pero el Monito le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Suba no más, compadrito, después que comamos coquitos me come a mí.
-Tíreme una punta del cordel y usted se amarra de la otra a la cintura y
-yo lo subo.</p>
-
-<p>Ya se estaba haciendo tarde, así es que el compadre León, de puro
-aburrido que estaba, hizo lo que el Monito le indicaba: le tiró el
-cordel y él se amarró bien a la cintura. El Monito le decía:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ay compadrito! ¡cuántos coquitos se va a comer, y después me comerá a
-mí!</p>
-
-<p>Mientras el León iba subiendo, el Monito se iba bajando. Cuando el
-compadre León iba a llegar arriba, vió que el Monito estaba abajo. Lleno
-de rabia le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah, pícaro! me habís engañado! pero me las tenís que pagar no
-más!;&mdash;y ya se iba a bajar, cuando le dice el Monito:</p>
-
-<p>&mdash;Ya está frito mi compadrito León potito quemado; y lo amarró bien
-firme a la palma, dejando al pobre Leoncito colgado.</p>
-
-<p>El Monito principió a hacerlo rabiar, diciéndole que era un tonto, que
-ya lo había hecho leso tres veces y todavía no escarmentaba y que para
-celebrar la diablura que había hecho se iba a robar más charqui.</p>
-
-<p>El compadre León ya estaba desesperado porque nadie lo sacaba, sino que,
-al contrario, pasaban y le hacían burla como un diablo.</p>
-
-<p>En esto pasó su comadre Zorra y lo vió y en vez de apurarse en sacarlo,
-lo principió a retar. El compadre León<span class="pagenum"><a name="page_163" id="page_163">{163}</a></span> le pedía perdón diciéndole que
-ya no iba a ser más tonto. Entonces la comadre Zorra lo perdonó, y por
-librarlo más luego, cortó el cordel; donde el pobre León, hijito de mi
-alma, casi se mató del costalazo que se dió.</p>
-
-<p>La comadre Zorra, después que lo retó otra vez bien retado, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Mire, compadre, fíjese bien en lo que le voy a decir, porque si no
-hace lo que yo le digo, yo misma le doy la contra. Váyase a la cueva de
-la bruja que está detrás del cerro del Palomo, y ahí me pilla al Monito
-con toda seguridad, porque ahí va todos los días a machacar el charqui.
-Y adiós, compadre, no se le olvide lo que le digo, y no vaya a ser cosa
-de que vuelva a meter la pata otra vez.</p>
-
-<p>El compadre León potito quemado se fué a donde la Zorra le había dicho.
-Cuando llegó a la cueva, pilló adentro a mi buen Monito, machacando
-charqui. El compadre Leoncito se paró en la puerta y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah Monito pícaro, al fin te voy a matar, después de tanto tiempo que
-te has reído de mí!</p>
-
-<p>El Monito, sin afligirse ni apurarse, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Buena cosa, compadre, que usted se moleste tanto por mí, cuando yo
-estaba pensando ir ahora mismito a verlo para pedirle perdón!</p>
-
-<p>&mdash;Pícaro, le dijo el León ¿todavía no estáy contento con lo que te hay
-reído de mí? pero ya no te reirís más, porque tu fin ha llegado. Reza el
-acto de contrición.</p>
-
-<p>Entonces el Monito le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Bueno; ya que viene tan guapo, sírvase un pedacito de charqui, que
-está muy rico.</p>
-
-<p>&mdash;No quiero&mdash;le contestó el León;&mdash;el único charqui que voy a comer eres
-tú; así es que prepárate.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno&mdash;le dijo el Monito;&mdash;pero como todos los reos que están en
-capilla tienen derecho de pedir y que se le conceda una gracia, yo pido
-que para que mi compadre León me coma mejor, me deje acabar este
-charqui, y después, para que yo no sufra tanto, usted abre la boca y<span class="pagenum"><a name="page_164" id="page_164">{164}</a></span>
-cierra los ojos, y yo me tiro de cabeza dentro de su hocico. Pero, mi
-compadrito Leoncito ¿por qué no me perdona mejor? si todo lo que le hey
-hecho ha sido pura broma, por juar no más, y para ver qué cara ponía!</p>
-
-<p>Aburrido ya el León de tanta lata y pensando que se le podía escapar, le
-dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Ya te has comido todo el charqui y te he concedido todo lo que tú
-querías, así es que te espero.</p>
-
-<p>El compadre León se sentó en la puerta, y el Monito le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ya voy!</p>
-
-<p>Entonces el compadre León abrió la boca y cerró los ojos; pero el pobre
-León no contaba con lo que le iba a pasar: el Monito tomó la piedra en
-que estaba machacando el charqui y se la zumbó en toita la cabeza,
-haciéndosela pedacitos.</p>
-
-<p>El Monito, contento de su obra, se puso a bailar de gusto, y quiso
-conservar un recuerdo de su compadrito León, que tanto y con tan poca
-suerte lo había perseguido. Agarró un cuchillo y se puso a descuerarlo.
-Cuando ya acabó de sacarle el cuero, lo puso al sol para que se secara.
-Al otro día volvió y como lo encontró seco, se puso a hacer un lazo con
-el cuero del pobre Leoncito. Cuando acabó de hacerlo, se puso en la
-puerta a bornearlo para ver cómo le había quedado. En esto estaba,
-cuando pasó la Zorra y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Qué bonito tu lacito, Monito; ¿querís que lo probemos?</p>
-
-<p>&mdash;Métele&mdash;le dijo el Monito.</p>
-
-<p>Después de pensar como lo habían de probar, el Monito le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Nos tiramos el lazo una vez cada uno, y el que caiga primero tiene que
-servir de caballo al otro.</p>
-
-<p>&mdash;Pero yo lo tiro primero, por ser más grande que tú, le dijo la Zorra.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno&mdash;contestó el Monito&mdash;pero desgraciada de ti si no me lo
-apuntas.<span class="pagenum"><a name="page_165" id="page_165">{165}</a></span></p>
-
-<p>La Zorra agarró el lazo y se puso a bornearlo mientras el Monito se
-preparaba para pasar:</p>
-
-<p>&mdash;Ya está&mdash;le dijo la Zorra;&mdash;y el Monito pasó como un diablo sin que la
-Zorra lo pillara.</p>
-
-<p>&mdash;¡Estay frita, Zorrita; tú en mis lazos caerís y mi yegüecita serís!</p>
-
-<p>Cuando ha pasado la Zorra y el buen Monito le ha echado el lazo medio a
-medio de la guata; el Monito le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡No te lo decía yo! Ahora te voy a ensillar y por los potreros
-saldremos a andar.</p>
-
-<p>Se arregló una monturita con los pedazos de cuero que le habían sobrado
-y las echó el buen Monito a caballito en la Zorra.</p>
-
-<p>La Zorra iba toda rabiosa porque la habían cazado; pero dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ya me las pagará el Monito de miéchica!&mdash;y lo llevó por unos potreros
-donde había muchos campesinos.</p>
-
-<p>El Monito como iba diciéndole:&mdash;Puchas que me ha salido rica la
-potranquita,&mdash;no se fijó por donde lo llevaba.</p>
-
-<p>Cuando los campesinos vieron a la Zorra, creyeron que se iba a comer las
-gallinas y le echaron los perros. La Zorra se arrinconó a la orilla de
-la zarzamora; pero como vió que no estaba segura porque los perros ya se
-la comían, miró para un lado y otro a ver si había por donde arrancar; y
-ha merecido ver un portillito, hijito de mi alma, pues, y las ha
-envelado como un diablo dejando al pobre Monito encajado en la
-zarzamora, donde lo pillaron los perros y se lo comieron sin dejar ni
-tampoco un huesito ni para un remedio.</p>
-
-<p>La comadre Zorra, del susto que lleva, está corriendo todavía; y colorín
-colorado, el cuento está acabado, y pase por un zapatito roto para que
-usted me cuente otro.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<div class="blockquot2"><p><i>El cuento que sigue, contado por la misma Beatriz Montecinos, es
-una variante de la parte final del que acaba de leerse.</i></p></div><p><span class="pagenum"><a name="page_166" id="page_166">{166}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-20" id="num1-20"></a>20. EL MIÑACO<a name="FNanchor_E_5" id="FNanchor_E_5"></a><a href="#Footnote_E_5" class="fnanchor">[E]</a><br /><br />
-<small>(Beatriz Montecinos)</small></h2>
-
-<p>Esta era una viejita que tenía un hijo, muy chiquito, pero muy
-habilosazo y se llamaba Miñaco. Un día le dijo a la madre que iba a
-buscar empleo y se fué adonde un León que tenía barra para poner a los
-presos, y entonces estaba la Leona cuidándolos, y se fué a hacer el
-trato adonde don Leonardo, que era el León, y le dijo que lo tomaba para
-irle a dejar el almuerzo y la comida a la Leona. De tanto viaje, ya se
-aburrió y dijo que iba entonces a matar a la Leona, para no ir más.</p>
-
-<p>Como dos días se estuvo previniendo, machacando ají, pimienta y sal y de
-otras cosas fuertes para matar a la Leona.</p>
-
-<p>Entonces, un día, cuando ya no había ningún preso, preguntó que para qué
-era esa barra; le contestó la Leona que para poner a los hombres malos
-que hacían robos, muertes o salteos. La Leona le dijo que pusiera el pie
-y entonces le dijo el Miñaco que ella lo pusiera primero para aprender
-como ponían a los presos, y la Leona le puso el pie.</p>
-
-<p>Una vez puesto el pie la Leona, el Miñaco le puso llave a la barra y le
-dijo que hiciera empeño a salirse. Hizo empeño la Leona a salirse.
-Entonces el Miñaco le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ay por Dios, pues!, esto ya no lo voy a hacer nunca; pero lo que
-tengo pensado de hacer no dejo de hacerlo; y mete las manos a los
-bolsillos y le planta el ají en los ojos, en la boca y en el poto, y se
-fué. La Leona, de tanto costalearse, y presa, se murió.<span class="pagenum"><a name="page_167" id="page_167">{167}</a></span></p>
-
-<p>Y viendo que el Miñaco no volvía, el León se puso en acuerdo por qué no
-llegaba, y salió a buscarlo y no lo encontró por ninguna parte, hasta
-que llegó allá donde estaba la Leona y la encontró muerta. Entonces no
-hizo empeño a sacar la Leona sino a buscar al Miñaco para agarrarlo y
-matarlo luego. Entonces ya cuando lo alcanzó, dijo el Miñaco:&mdash;«¿A dónde
-me meto?» No tuvo más tiempo que para arrancar y meterse en una cueva de
-hormigas ¡Miren Uds. dónde se metió!, así por que el León no hallaba a
-quien dejar cuidándolo, y andaba por casualidad un Jote amigo y lo llamó
-el León y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Mire, amigo, venga, cuídeme aquí&mdash;le dijo&mdash;mientras voy a la casa a
-buscar una barreta.</p>
-
-<p>Mientras que el León fué, el Jote no sabía a quien tenía dentro. Empezó
-a mirar el Jote para adentro a ver quien era y el Miñaco vino entonces y
-agarró un puñado de tierra, se la tiró a los ojos al Jote y arrancó.
-Cuando llegó el León, halló al Jote ciego y le dijo que se fuera y
-siguió al Miñaco.</p>
-
-<p>A mucho que había andado, lo volvió a alcanzar. Entonces el Miñaco
-corrió a unos álamos que habían muy lejos y muy altos para subirse
-arriba y que el León no lo alcanzara, y decía:</p>
-
-<p>&mdash;Si el tío Leoncito me alcanza, me come no más, por la maldá que le hey
-hecho, que no ha sio chica.</p>
-
-<p>Cuando ya llegó el León, subió para arriba también a ver si lo podía
-alcanzar y caía para abajo.</p>
-
-<p>Entonces dijo el Miñaco: «Esto está malo; el tío Leoncito me alcanza y
-me come,»&mdash;y quebró un gancho del mismo álamo, y como era habiloso, el
-León que iba a estirar la mano para pescarlo, y el Miñaco le pegó un
-palo en la mano con que estaba pescado y cayó el León, y quedó solo la
-bolsa<a name="FNanchor_F_6" id="FNanchor_F_6"></a><a href="#Footnote_F_6" class="fnanchor">[F]</a>.</p>
-
-<p>Entonces dijo el Miñaco «Ahora sí que estoy bien pues<span class="pagenum"><a name="page_168" id="page_168">{168}</a></span>to,» y se bajó y
-del cuero del León muerto hizo montura y riendas y salió con ellos al
-hombro.</p>
-
-<p>En una de éstas iba atravesando una Zorra por el camino y le dijo la
-Zorra:</p>
-
-<p>&mdash;¿Para dónde vas, Miñaco, con esa montura al hombro?</p>
-
-<p>Le dijo que la ensillara a ella; y entonces le dijo el Miñaco que no la
-ensillaba porque lo volteaba. Hasta el último ya la ensilló, y salió a
-caballo en ella, pero le salió un poco brincadora.</p>
-
-<p>Entonces la Zorra le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Mira, Miñaco, ¿por dónde nos vamos? por el camino pueden venir algunos
-y nos corren; vámoslos por adentro de este potrero. Y tocó la desgracia
-que venían tres cazadores con tres galgos y uno de ellos vió al Miñaco
-que iba a caballo de una Zorra; entonces dijeron que les iban a animar
-los galgos pa divertirse con el Miñaco un poco; y los animaron. La Zorra
-le dijo entonces:</p>
-
-<p>&mdash;¡Miñaco, por Dios! ¿qué vamos a hacer? ahora tenimos que arrancar
-firme; agárrate bien Miñaco, déjate caer para mi cogote y agárrate bien,
-que yo voy a correr a todo escape;&mdash;y empezó a correr orillando la
-cerca, hasta que hallaron un agujero por donde salirse. Entonces ella
-pasó, y el Miñaco quedó abierto de piernas en el portillo y pasaron por
-entremedio de él los galgos; y viendo que ya habían pasado y sintiendo
-perder su montura le gritó a la Zorra:</p>
-
-<p>&mdash;Señora, los estribos no más le encargo.</p>
-
-<p>Entonces los galgos, cuando oyeron esto, volvieron para atrás y se lo
-comieron. Y la Zorra se libró y se llevó la montura; y se acabó el
-cuento y se lo llevó el viento y pasó por una mata de porotos para que
-Ud. cuente otro.<span class="pagenum"><a name="page_169" id="page_169">{169}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-21" id="num1-21"></a>21. CHILINDRIN Y CHILINDRON.<br /><br />
-<small>(Referido en 1917, por Anastasio Puga, de 92 años, natural de Guacarhue.)</small></h2>
-
-<p>Han de saber que había una vez en el Norte un ladrón famoso, tan ladino
-y sutil para hacer sus robos, que nunca pudo probársele ninguno, no
-obstante que, en muchos casos, faltó poco para pillarlo con las manos en
-la masa, como se dice. Su nombre era Chilindrín.</p>
-
-<p>La fama de este ladrón corrió por todo el país y llegó a noticias de
-Chilindrón, otro ladrón, también de fama, que había sentado sus reales
-en tierras del Sur. Y como tanto se hablara de sus hazañas y con tan
-vivos colores las pintaran, Chilindrón deseó vivamente conocerlo,
-cultivar su amistad y pedirle lo nombrara su segundo, si resultaba
-cierto lo que de él se decía, que lo superaba y le daba ciento y una en
-el difícil y arriesgado arte que ambos ejercitaban. Y se puso en camino
-para ofrecerle sus servicios.</p>
-
-<p>Pero, por el mismo tiempo, la fama de Chilindrón, desbordando del campo
-de sus fechorías, atravesó el centro del país y llegó al Norte; y sus
-aventuras, revestidas del ropaje de lo maravilloso, infundieron en
-Chilindrín el deseo vehemente de conocer a Chilindrón y ponerse a sus
-órdenes, si no mentían los que relataban sus fechorías. Y montando en su
-caballo, partió para el Sur. En ese tiempo no había trenes en el país,
-ni los caminos eran buenos, así es que uno y otro demoraron largo tiempo
-para arribar a las cercanías de la capital. Pero al fin de muchas
-peripecias y fatigas y de largos días de marcha, llegó Chilindrín a un
-tupido bosque que crecía en una llanura no distante de la ciudad, y
-desmontándose del caballo, se sentó en el suelo a descansar, apoyada la
-espalda en un frondoso roble.</p>
-
-<p>Poco después llegó Chilindrín al mismo sitio, y sin bajarse del caballo,
-saludó al que descansaba:<span class="pagenum"><a name="page_170" id="page_170">{170}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Buenos días, mi amigo, ¿durmiendo la siesta?</p>
-
-<p>&mdash;No, amigo; espero solamente que pase el calor para continuar viaje al
-Sur.</p>
-
-<p>&mdash;Pues yo voy al Norte, y si a usted no le parece mal, bajaré de mi
-caballo, y mientras llega la tarde, pitaremos un cigarro y echaremos un
-párrafo para acortar el tiempo.</p>
-
-<p>Y descendiendo de su cabalgadura, se sentó al lado del otro, y dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Querrá creer, compañero, que hace ya veinte días que marcho sin
-descansar? Y quizás cuánto me falte todavía para dar con el que busco!</p>
-
-<p>&mdash;¿Y se puede saber tras de quién anda? si no es indiscreta la pregunta.</p>
-
-<p>&mdash;Indiscreta no, pero usted sabe que <i>las paredes tienen oídos y los
-matorrales ojos</i>; mas, como usted me inspira confianza, le diré al oído
-que a quien busco es al famoso ladrón Chilindrín, que me dicen es el
-número uno para robar.</p>
-
-<p>Y todo esto se lo dijo muy quedo, muy quedito, casi pegada la boca a la
-oreja de su interlocutor.</p>
-
-<p>&mdash;Pero, amigo, si soy yo Chilindrín, que he dejado mis canchas para
-conocer a Chilindrón, de quien cuentan maravillas y no acaban.</p>
-
-<p>&mdash;Y yo soy Chilindrón, amigo de mi alma.</p>
-
-<p>Y ambos ladrones se abrazaron efusivamente.</p>
-
-<p>Conversaron un buen rato, hasta alentar la confianza; y después de
-reposar un momento, entablaron este diálogo, comenzando Chilindrón:</p>
-
-<p>&mdash;Compañero, no se imagina usted qué gustazo tendría yo si lo viera
-ejecutar una de sus hazañas.</p>
-
-<p>&mdash;Y yo diera lo que no tengo por verlo hacer a usted una de las que
-tanto renombre le han dado.</p>
-
-<p>&mdash;Comience usted, hermanito, que viene del Norte.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque esta no es una razón para que yo comience, empezaré yo. ¿Ve ese
-nido de águila que está en la copa de este mismo roble? El águila está
-echada en él y yo le voy a robar los huevos sin que me sienta.<span class="pagenum"><a name="page_171" id="page_171">{171}</a></span></p>
-
-<p>Y escupiéndose las manos Chilindrín, con la suavidad y el tiento de un
-gato subió por el tronco, y tan bién lo hizo, que no se sintió ni el
-menor ruido.</p>
-
-<p>Chilindrón esperó que Chilindrín fuera por la mitad del tronco, y
-entonces, imitando a su flamante amigo, se escupió también las manos, y
-subió tras él, sin ser sentido.</p>
-
-<p>Cuando Chilindrín llegó a lo más alto del árbol, con mucho tino metió la
-mano en el nido, y sin que el águila se diera cuenta de lo que pasaba,
-retiró un huevo y se lo metió en el bolsillo. Pero Chilindrón, que ya
-había llegado hasta donde estaba Chilindrín, con el mismo tino y
-suavidad que éste, metió la mano en el bolsillo de su amigo, y sacándole
-el huevo recién robado, lo guardó en su propio bolsillo.</p>
-
-<p>Y esta operación se repitió por cuatro veces, pasando los huevos del
-nido al bolsillo de Chilindrín y del bolsillo de Chilindrín al de
-Chilindrón, sin que el águila ni Chilindrín advirtiesen las jugadas que
-se les hacían.</p>
-
-<p>E inmediatamente de guardarse el cuarto huevo, Chilindrón se deslizó por
-el tronco y con aire de afectada curiosidad se puso a mirar como bajaba
-el famoso ladrón nortino, a quien, en cuanto puso pie en tierra,
-preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo le fué, compañerito? ¿Lo sintió el águila?</p>
-
-<p>&mdash;Ni siquiera se meneó, compañero. Aquí traigo los huevos.</p>
-
-<p>Y Chilindrín metía las manos en sus bolsillos, las pasaba de uno a otro,
-se palpaba todo el cuerpo, y, no encontrando nada, exclamó:</p>
-
-<p>&mdash;¡Caramba! ¿dónde los he metido? ¿qué se han hecho?</p>
-
-<p>&mdash;No busque más, compañero,&mdash;le dijo Chilindrón,&mdash;aquí están los huevos
-que usted le robó al águila y que yo se los iba robando a usted a medida
-que usted los guardaba en sus bolsillos. <i>Donde hay uno hay otro, y
-nunca falta un roto para un descosido</i>, y para un Chilindrín aquí tiene
-usted un Chilindrón.</p>
-
-<p>&mdash;¡Vengan esos cinco jazmines, compañero! Usted<span class="pagenum"><a name="page_172" id="page_172">{172}</a></span> es más diablo de lo que
-yo me imaginaba, y con usted <i>me ha salido el futre</i>. Juremos ser
-hermanos en adelante y vivir y trabajar juntos, y entonces ¿quién podrá
-nada contra nosotros?</p>
-
-<p>Y con un apretón de manos sellaron el pacto de vivir unidos y marchar
-siempre de acuerdo.</p>
-
-<p>Nuestros dos ladrones se establecieron en las afueras de la capital; y
-como necesitaban de una persona que los cuidara en caso de enfermedad y
-atendiera a los menesteres de la casa, acordaron que Chilindrín se
-casaría con una hermana joven y bien parecida que Chilindrón tenía en el
-Sur y que hicieron venir.</p>
-
-<p>Se casó, pues, Chilindrín, y todo marchaba a maravilla, pues los dos
-amigos, con sus robos, se daban toda clase de comodidades.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p>Gobernaba en ese entonces el país un Rey muy rico, que había recibido de
-sus antepasados una enorme fortuna, que él, por su parte, había
-acrecentado prodigiosamente. Las joyas, alhajas y monedas de oro que
-componían esta fortuna, formaban grandes montones que se guardaban en
-una elevadísima torre construida especialmente para este objeto, a los
-pies del palacio, y la cual visitaba el Rey el día primero de cada mes.</p>
-
-<p>Nuestros ladrones, que oyeron hablar de estas riquezas, se propusieron
-robarlas, y para el efecto, una noche, pasando por los techos de unas
-casas a otras, llegaron hasta la torre, y como si fueran lagartijas, se
-pegaron a la muralla y subieron hasta lo más alto, donde encontraron una
-especie de ventana, o más bien tronera, que tenía atravesado un grueso
-barrote de hierro. A éste, después de quebrar un vidrio, ataron una soga
-que llevaban consigo, y se deslizaron por ella, primeramente Chilindrín
-y en seguida Chilindrón.</p>
-
-<p>Los ojos de los ladrones no se saciaban mirando tantas<span class="pagenum"><a name="page_173" id="page_173">{173}</a></span> riquezas, a la
-luz de un farol, de que también iban provistos; pero era preciso salir
-antes que llegara el día; así fué que llenaron precipitadamente sus
-bolsillos de lo que les pareció de más valor, y subiendo por el cordel,
-que retiraron, se fueron a su casa, bastante satisfechos del resultado
-obtenido. La visita se repitió varias noches consecutivas, con mejor
-éxito aun, pues llevaron unos saquetes para el acarreo de lo que
-robaran.</p>
-
-<p>Pero como los días corren unos tras otros sin que nadie pueda atajarlos
-por bien que maneje el lazo, llegó el fin del mes, y al día siguiente el
-Rey, acompañado de sus ministros y consejeros, se trasladó a la torre
-para depositar el dinero recaudado en los treinta días anteriores y
-contemplar sus riquezas.</p>
-
-<p>Pónganse ustedes en lugar del Rey y se darán cuenta de cómo se quedaría
-aquel monarca avaro, que tenía su alma puesta en su tesoro, al ver el
-enorme hueco dejado por los ladrones en el principal montón, en el que
-estaban las alhajas más preciadas. Su ira no tuvo límites; desenvainando
-el sable, arremetió contra sus ministros y consejeros, como si ellos
-fueran los autores del robo. No es decible cuánto costó apaciguarlo.</p>
-
-<p>Una vez vuelto a la calma, se dedicaron todos a ver por dónde penetraba
-el ladrón&mdash;ellos suponían que era uno solamente&mdash;empresa conceptuada
-poco menos que imposible, ya que la torre no tenía otra entrada que la
-puerta, y ésta, que era de hierro, tenía muchas cerraduras secretas,
-sólo conocidas del Rey. Pero no descubrieron el menor rastro.</p>
-
-<p>Cien conjeturas se formaron a este respecto, a cual más descabellada,
-hasta que un ciego, antiguo ladrón y actual consejero del Rey, que
-formaba entre los del séquito dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Que traigan ramas de árboles que estén bien secas y préndaseles fuego
-aquí adentro, y los que tengan ojos vean desde afuera por dónde sale
-humo; por ahí seguramente se introdujo el autor del robo.<span class="pagenum"><a name="page_174" id="page_174">{174}</a></span></p>
-
-<p>Y efectivamente, así se descubrió la tronera que servía de entrada a
-Chilindrín y a Chilindrón.</p>
-
-<p>El ciego aconsejó que se guardara completo silencio acerca de lo
-sucedido y que en el sitio preciso en que debía posar los pies el que
-bajara desde la tronera, se colocara una gran tina de alquitrán
-suficientemente espeso para que no pudiera salir el que penetrara en él,
-y se esperara hasta el día siguiente. Se encontró bueno el consejo y se
-siguió en todas sus partes.</p>
-
-<p>Ya entrada la noche, a la hora que tenían costumbre, nuestros
-protagonistas subieron hasta la tronera de la torre y por la cuerda bajó
-primero Chilindrín; y cuando, soltándola, se dejó caer al suelo, sintió
-que se hundía hasta el pecho en una sustancia pegajosa, a la cual se
-adhirió de tal suerte que no podía moverse. Inmediatamente gritó a su
-compañero que bajaba detrás de él:</p>
-
-<p>&mdash;No te sueltes, porque te quedarás pegado, como yo, en esta tina de
-alquitrán. Balancéate de modo que el cordel contigo tome vuelo, y cuando
-te hayas desviado bastante del centro, déjate caer y me cortas la
-cabeza, te la llevas y la entierras donde nadie te vea; así no sabrán
-quién soy, y tú no te comprometerás.</p>
-
-<p>Con gran dolor de su alma, y sólo después de porfiarle mucho Chilindrín
-exigiéndole que hiciera lo que le decía, Chilindrón le cortó la cabeza a
-su cuñado y la dejó desangrar completamente dentro de la misma tina en
-que quedaba el cuerpo; en seguida la envolvió bien en un gran pañuelo y
-la guardó dentro del saquete que había llevado; y como en éste quedara
-espacio todavía, escogió las más hermosas alhajas del gran montón y con
-ellas lo llenó, y asegurándoselo bien al hombro, subió por el cordel,
-que dejó colgando del barrote.</p>
-
-<p>El Rey, por su parte, pasó en vela toda la noche, contando las horas que
-faltaban para coger al ladrón, y anticipadamente gozaba pensando en los
-tormentos que le haría sufrir en público, para escarmiento de los que
-pudieran tentarse de repetir la aventura.<span class="pagenum"><a name="page_175" id="page_175">{175}</a></span></p>
-
-<p>Y como nadie es capaz de atajar las horas, aunque muchos lo quisieran,
-fueron sucediéndose una en seguida de otra hasta que llegó el día y el
-momento en que el Rey y su séquito debían trasladarse a la torre del
-tesoro.</p>
-
-<p>No es para descrita la cara que pusieron el Rey y sus acompañantes al
-encontrarse con un cuerpo sin cabeza dentro de la tina. Nuevas iras del
-monarca y nuevo trabajo de sus acompañantes para apaciguarlo. Quien en
-definitiva consiguió reducirlo fué el ciego, asegurándole por todos los
-santos del cielo que todo se descubriría.</p>
-
-<p>Una vez que se restableció la calma, habló nuevamente el ciego:</p>
-
-<p>&mdash;Lo que ustedes están viendo demuestra que los ladrones son dos, y no
-uno solo, como habíamos creído. Para descubrir al segundo, propongo que
-en un serón de cuero se arrastre por todas las calles de la ciudad el
-cuerpo aquí presente; adelante irá un pregonero gritando: «Esta es la
-justicia que hace el Rey nuestro señor, con los que pretenden robarle su
-tesoro»,&mdash;y atrás, mezclados entre los curiosos, irán unos cuantos
-individuos de la policía, disfrazados de paisanos; y cuando éstos oigan
-que en alguna casa lloran o se lamentan, pondrán una señal en la puerta
-de la calle. Después será fácil averiguar en cuál de las casas marcadas
-vive la familia del ladrón degollado, y como <i>por la hebra se saca el
-ovillo</i>, teniendo este dato, sin gran trabajo se dará con el ladrón que
-falta.</p>
-
-<p>Todos encontraron excelente el consejo del ciego, y en la tarde del
-siguiente día se ejecutaron sus instrucciones al pie de la letra.</p>
-
-<p>Cuando se inició el paseo del cuerpo, Chilindrón andaba en la calle, y
-como no tenía un pelo de leso, sospechó al punto lo que se pretendía, y
-más se aseguró en su creencia al distinguir entre la muchedumbre que
-seguía al cadáver a varios miembros de la policía, disfrazados.
-Apresuradamente se dirigió a su casa y comunicó a su hermana, la mujer
-de Chilindrín, las sospechas que tenía, convertidas casi en certidumbre,
-y le aconsejó que cuando pa<span class="pagenum"><a name="page_176" id="page_176">{176}</a></span>saran el cuerpo de su marido por frente de
-la casa, no hiciera la menor manifestación de dolor: y para mayor
-seguridad, la encerró en una pieza interior. Pero cuando la mujer oyó la
-voz del pregonero y los gritos de la multitud, no pudo contenerse y se
-lanzó a llorar a toda boca, de tal manera que, a pesar de las
-precauciones tomadas por Chilindrón, las lamentaciones de la viuda se
-oían perfectamente en la calle. Entonces Chilindrón se fué a la cocina y
-cogiendo una hachuela se puso a partir leña y adrede se cortó el dedo
-chico de la mano izquierda, y sacando a la viuda de donde estaba
-encerrada, le mostró la mano chorreando sangre y le encargó que en sus
-quejas se refiriera a este hecho. Y en efecto, cuando momentos después
-el muerto y su séquito pasaban por la casa y uno de los soldados de la
-policía disfrazados entró a averiguar de qué provenían las
-lamentaciones, oyó que la mujer le decía:&mdash;«¡Te has cortado la mano!
-¿qué va a ser de nosotros? Ya no podrás trabajar y nos moriremos de
-hambre», y el herido contestaba:&mdash;«Si no es nada mujer, si apenas me he
-cortado un dedo, que, en buena cuenta, no me hará ninguna falta». El
-soldado, que vió lo que pasaba y oyó lo que ambos decían, creyó que era
-cierta la causa del llanto de la mujer y se retiró sin hablar palabra.
-Pero un segundo soldado, que al mismo tiempo que el otro había salido de
-la multitud, había hecho, mientras tanto, una cruz con alquitrán líquido
-en la puerta de la calle.</p>
-
-<p>La casa de Chilindrón fué la única en que se oyeron llantos en ese día.
-En razón de lo cual el ciego aconsejó que prendieran al hombre del dedo
-cortado y a la mujer llorona, porque uno y otro debían de ser parientes
-del degollado. Pero cuando los de la policía llegaron a la calle en que
-los presuntos reos vivían, no pudieron dar con la casa, porque todas las
-del barrio, que eran exactamente iguales, tenían en su puerta la misma
-cruz que el soldado había puesto por señal. ¿Qué había sucedido? Que
-poco después de pasar el cortejo por su casa, Chilindrón había salido a
-la calle a asomarse, y al entrar vió la cruz<span class="pagenum"><a name="page_177" id="page_177">{177}</a></span> en la puerta, y, siempre
-sospechoso, por lo que pudiera suceder, hizo en la noche otra igual en
-todas las puertas del barrio.</p>
-
-<p>La pesquisa no dió, pues, el resultado que se esperaba, y la ira del Rey
-subió de punto, pero de nuevo el ciego lo calmó.</p>
-
-<p>Dijo el ciego:</p>
-
-<p>&mdash;Soy de opinión que se deje el cadáver en el cerro que hay en el
-oriente de la ciudad y se publique por pregón que se le abandona para
-que sea pasto de los buitres y los jotes; pero mientras tanto, algunos
-soldados estarán en acecho ocultos entre los espinos del cerro, y en
-cuanto vean que alguien se acerca para llevárselo, se apoderarán de él.
-Como por el cerro no transita nadie, es claro que cualquiera que
-atraviese por ahí, es porque trata de llevarse el cadáver.</p>
-
-<p>El consejo fué encontrado muy bueno, y el Rey ordenó ponerlo en
-práctica.</p>
-
-<p>Pero Chilindrón, que era más diablo que el ciego, al oir el pregón
-adivinó lo que se pretendía, y así que llegó la noche, vistió un hábito
-franciscano, se encasquetó la capucha y armado de unas muy buenas
-tijeras montó en una mula, en cuyas ancas aseguró un cuero de rico vino
-añejo recargado con zumo de amapolas, y muchos hábitos de religioso de
-la misma orden, y las echó para el cerro. A pesar de ser la noche muy
-oscura, los soldados distinguieron perfectamente un bulto que llegaba al
-lado del cadáver, al parecer un hombre que bajaba de un caballo, y al
-punto corrieron hacia él para prenderlo; pero cuando llegaron se dieron
-cuenta de que el que iban a tomar era un pobre fraile que devotamente
-rezaba el rosario y que los invitó a hacerle coro. Los soldados no
-aceptaron la invitación y más bien por fórmula que por otra cosa, le
-preguntaron a dónde iba y por qué había elegido un camino que nadie
-frecuentaba. El fraile contestó que en el convento se había concluído
-por completo e! vino para la misa y había ido a la ciudad a comprar del<span class="pagenum"><a name="page_178" id="page_178">{178}</a></span>
-mejor y ahí lo llevaba en un cuero a la grupa de su cabalgadura; que
-aprovechando el viaje había pasado a comprar veinte hábitos, que también
-le habían encargado, y que si había escogido el camino que pasaba por el
-cerro era porque, yendo por él, se libraba de dar una gran rodeo por la
-falda, y llegaría al convento antes de amanecer. Los soldados
-comprobaron que verdaderamente la mula cargaba el cuero de vino y los
-hábitos que decía el padre y al pedirle excusas por el susto que le
-habían hecho pasar, le rogaron les convidase con un vasito de vino para
-pasar el frío. Chilindrón les dijo que con mucho gusto y que no sólo un
-vasito les daría, sino dos a cada uno; y sacando de la manga un vaso de
-cuerno de tamaño más que mediano, fué llenándolo y pasándolo
-sucesivamente a todos los soldados, y mientras escanciaba les
-decía:&mdash;«Después que queden satisfechos me dejarán terminar
-tranquilamente mi rosarito, pues tengo la santa devoción de rezar uno
-completo, de quince casas, siempre que en mi camino tropiezo con algún
-difunto».</p>
-
-<p>Terminada la primera rueda, comenzó a servirles de nuevo, pero la fuerza
-del vino, y más que la del vino, la del narcótico, adormeció a los
-soldados, que poco a poco fueron cayendo y quedaron tendidos en el suelo
-como pollos muertos.</p>
-
-<p>Chilindrón esperó un rato, y después de comprobar que no los despertaría
-ni una carreta que pasara por sobre ellos, sacó sus tijeras y con la
-maestría de un peluquero de convento, les hizo corona y cerquillo;
-después los desnudó de sus ropas y los vistió con los hábitos que había
-llevado; y en seguida hizo un montón de uniformes y les prendió fuego,
-tiró al suelo el odre y en su lugar colocó el cadáver de su amigo y
-cuñado, montó en la mula y clavándole las espuelas, emprendió marcha a
-su casa.</p>
-
-<p>Cuando los vapores del vino y los efectos del narcótico hubieron cesado,
-los soldados abrieron los ojos y se miraron espantados; creyeron que
-estaban soñando, pero al fin volvieron a la realidad y comprendieron la
-san<span class="pagenum"><a name="page_179" id="page_179">{179}</a></span>grienta burla de que habían sido juguete. Después de deliberar un
-rato, vieron que no tenían más remedio que presentarse al Rey como
-estaban, para darle cuenta de la aventura que les había sucedido y que
-había dado al traste con la comisión que se les encomendara.</p>
-
-<p>El Rey escuchó la relación sin inmutarse y comprendió que se las había
-con un enemigo con quien no podía luchar, pero, como había que castigar
-a alguien, ordenó que a cada uno de los soldados le dieran cien azotes,
-para que otra vez no se dejaran meter el dedo en la boca, y que al ciego
-lo quemaran, para no recibir de él consejos que, aunque sabios al
-parecer, habían resultado desastrosos.</p>
-
-<p>Chilindrón siguió robando muy tranquilo algún tiempo más, sin que nadie
-lo molestara, hasta que, cansado de la vida de ladrón, se fué con su
-hermana a otro reino muy distante, en donde nadie los conocía, y pasaron
-ahí la gran vida.</p>
-
-<h2><a name="num1-22" id="num1-22"></a>22. JUAN VALIENTE, EL DE LA VAQUILLA<br /><br />
-<small>(Referido por el niño Samuel Antonio Letelier, de Molina, de 9 años. Lo oyó contar en Linares.)</small></h2>
-
-<p>Estos eran un Rey y una Reina que tenían muchos potreros llenos de
-animales, y los cuidaba un hombre muy honrado, que no sabía lo que era
-miedo, y famoso campañista, el cual se llamaba Juan.</p>
-
-<p>Un día los reyes le mandaron a Juan que trajera todas las vacas, que
-eran muchas, para ordeñarlas, y Juan las trajo y los reyes se recreaban
-viendo tanta vaca gorda y cómo las lechaban.</p>
-
-<p>Entre las vacas había una vaquilla flacuchenta y chiquitita. El Rey le
-dijo a la Reina:<span class="pagenum"><a name="page_180" id="page_180">{180}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Démosela a Juan para él; este hombre se ha portado muy bien con
-nosotros y ha hecho crecer y le ha dado valor a nuestra hacienda.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno&mdash;dijo la Reina&mdash;démosela&mdash;y se la dieron.</p>
-
-<p>Juan cuidó mucho su vaquilla y en poquito tiempo creció y engordó y se
-puso más gorda que las vacas del Rey.</p>
-
-<p>Un día la vió la Reina y le dijo a Juan:</p>
-
-<p>&mdash;Mata esa vaquilla que está tan gorda, y la hacemos charqui.</p>
-
-<p>Juan le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Esa vaquilla es mía y no la mato sino cuando yo quiera.</p>
-
-<p>La Reina insistió en que la matara, pero Juan se fué donde el Rey a
-poner reclamo.</p>
-
-<p>El Rey le dijo:&mdash;«Vete mejor con tu vaquilla a otra parte, porque la
-Reina está muy enojada contigo y quiere que la maten».</p>
-
-<p>Se fué Juan con su vaquilla, y apenas se había alejado un poco de la
-ciudad, unos bandidos salieron de una casa que había a la entrada de un
-bosque y se la quitaron.</p>
-
-<p>En la noche Juan se escondió en el pajar de la casa de los bandidos para
-ver si podía rescatar su vaquilla; pero desde su escondite vió cómo la
-mataban y después se la comían asada.</p>
-
-<p>Juan tuvo mucha pena y llorando decía:&mdash;«Me la han de pagar estos
-badulaques».</p>
-
-<p>Mientras comían y bebían, los bandidos formaban una gran zalagarda. El
-capitán los hizo callar y les dijo:&mdash;«Vámonos a dormir y mañana subimos
-al mirador a ver si pasa alguna niña para divertirnos con ella».</p>
-
-<p>Esto que oye Juan, sale calladito y se va a casa de una comadre a
-pedirle ropa de mujer, se vistió con ella, se puso colorete, se empolvó
-y debajo de las polleras escondió un sable bien afilado.</p>
-
-<p>Ya entrada la mañana, salió y pasó por frente a la<span class="pagenum"><a name="page_181" id="page_181">{181}</a></span> casa de los
-bandidos, imitando el modo de andar de las mujeres.</p>
-
-<p>Los bandidos estaban en el mirador, y en cuanto la vieron, bajaron a
-invitarla a tomar un refresco, porque hacía mucho calor. Ella aceptó y
-le sirvieron licor y le pasaron la guitarra para que los divirtiera
-tocando y cantando.</p>
-
-<p>En la tarde, el capitán echó a los bandidos que se fuesen a la montaña,
-diciéndoles:&mdash;«Yo me quedaré aquí con esta prenda».</p>
-
-<p>Se fueron los bandidos; y mientras el capitán, vuelto de espaldas,
-sacaba vino de un barril, Juan se arremangó las polleras, sacó el sable
-y dió al jefe de los ladrones dos o tres feroces cuchilladas y arrancó a
-esconderse en el mismo pajar.</p>
-
-<p>El capitán, que había quedado herido solamente, gritaba como un
-condenado, tanto y tan fuerte que los bandidos que estaban en la montaña
-oyeron los gritos y creyeron que el capitán habría matado a la niña, y
-fueron corriendo a ver lo que había sucedido.</p>
-
-<p>Cuando entraron, hallaron el cuerpo del capitán en el suelo, muy mal
-herido; lo tomaron, lo pusieron en la cama y uno dijo:&mdash;«Mañana temprano
-salimos a buscar a alguna vieja médica yerbatera para que cure al
-capitán».</p>
-
-<p>Juan, que oyó esto, se fué inmediatamente a casa de su comadre, y ahí,
-con untos y pomadas, se pintó arrugas en la cara, tan bien que parecía
-una verdadera vieja, y vistiéndose con muy pobres vestidos y llevando
-escondido el mismo sable, se fué de madrugada a dar vueltas por frente a
-la casa de los bandidos, haciéndose la que buscaba yerbas.</p>
-
-<p>Los bandidos, que estaban en el mirador, la vieron, y bajó uno a
-preguntarle si conocía a alguna médica que supiera curar heridas.</p>
-
-<p>&mdash;Yo soy médica&mdash;le contestó Juan&mdash;y no hay quién me gane a curar
-heridas.<span class="pagenum"><a name="page_182" id="page_182">{182}</a></span></p>
-
-<p>Entonces la llevó a presencia del capitán, y tras ellos siguieron los
-demás bandidos.</p>
-
-<p>Examinó Juan las heridas con mucho cuidado y en seguida mandó a los
-bandidos a la ciudad que fuesen a buscar una pomada que era muy escasa,
-y que cada uno pasase a una botica diferente, por si los otros no la
-encontraban.</p>
-
-<p>Salieron los bandidos, unos por un lado, otros por otro, y Juan subió al
-mirador a aguaitarlos, y una vez que se aseguró de que iban lejos, sacó
-el sable y acabó con la vida del capitán.</p>
-
-<p>Después de lo cual, se llenó los bolsillos de plata, anillos y
-prendedores de oro, que encontró en gran cantidad en la pieza del
-capitán, y se fué a casa de su comadre, en donde se lavó bien y se
-vistió de hombre.</p>
-
-<p>Cuando volvieron los bandidos, se encontraron con su capitán muerto y se
-dijeron:&mdash;«Pillados somos, vámonos de aquí»&mdash;y se fueron para Chillán.</p>
-
-<p>Juan, que los había seguido, cateándolos, en cuanto vió que no volvían,
-se fué con sus padres y unas carretas a la casa de los bandidos y a
-hachazos echaron las puertas abajo y se llevaron todo cuanto
-encontraron, dejando la casa totalmente desnuda y quedando ellos muy
-ricos.</p>
-
-<p>Poco tiempo después volvieron los bandidos y no hallaron sino las
-murallas peladas. Entonces comenzaron a averiguar quién en la ciudad se
-había hecho rico de repente en los últimos días, y supieron que Juan
-Valiente, el de la vaquilla, se encontraba en este caso.</p>
-
-<p>Se propusieron entonces saltearlo y matarlo, porque no dudaron que él
-era el que había matado a su capitán y robado todos sus bienes; pero
-Juan, que no se descuidaba, sabía que los bandidos habían vuelto y que
-habían de atacarlo de un momento a otro.</p>
-
-<p>Así fué que cuando los bandidos vinieron a saltearlo, lo encontraron en
-la puerta armado de su sable; y como<span class="pagenum"><a name="page_183" id="page_183">{183}</a></span> Juan los había visto desde lejos,
-tuvo tiempo de mandar a su padre a avisar a la policía.</p>
-
-<p>Comenzando a pelear estaba Juan con los bandidos y ya había matado a uno
-y a otro lo había dejado mal herido, cuando llegó la policía y tomó
-presos a todos los salteadores, que después de juzgárseles, fueron
-ahorcados, con lo cual Juan y sus padres vivieron tranquilos, gozando de
-las riquezas que Juan había quitado a los ladrones.</p>
-
-<p>Y con esto se acabó el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la
-guatita al aire y el potito al viento.</p>
-
-<h2><a name="num1-23" id="num1-23"></a>23. LA SAPITA ENCANTADA.<br /><br />
-<small>(Referido por Beatriz Montecinos.)</small></h2>
-
-<p>Estos eran un Rey y una Reina que tenían tres hijos, que se llamaban
-Pedro, José y Juan; y era costumbre en el reino que el Rey dejara su
-corona a aquel de sus hijos que mejor le pareciere, sin tomar para nada
-en cuenta la edad; y así podía sucederle cualquiera de ellos, aunque
-fuese el menor.</p>
-
-<p>¿Cuál de los tres heredaría el trono? Cuestión era ésta que preocupaba
-grandemente al anciano Rey, que no se decidía por ninguno, porque por
-los tres sentía igual cariño; ni podía partir el reino para dar a cada
-uno su parte, porque de la división resultarían tres pequeños estados,
-expuestos en todo momento a ser absorbidos por los reinos vecinos, que
-eran tan fuertes y poderosos como el país en cuestión.</p>
-
-<p>La Reina le aconsejó que para salir de cuidado pusiera sus hijos a
-prueba enviándolos fuera del reino, con la condición de que regresaran
-casados, en un año, y con dos regalos para los reyes, y aquel cuya
-esposa fuera la más<span class="pagenum"><a name="page_184" id="page_184">{184}</a></span> bella y cuyos regalos fueran más hermosos y de más
-valor, sería el heredero del trono.</p>
-
-<p>El Rey se dijo: <i>El consejo de la mujer es poco, pero quien no lo sigue
-es un loco</i>, y decidiéndose por el que acababa de darle la Reina, que le
-pareció bueno, llamó a sus hijos, les hizo ver el apuro en que se
-encontraba y les propuso que salieran, se casaran y al año justo
-tornaran a palacio, y que la corona le correspondería al que volviera
-con la esposa más bella y trajera a los reyes dos obsequios que fueran
-reputados superiores al de los otros dos.</p>
-
-<p>Los príncipes aceptaron sin vacilar y sólo pidieron que antes de partir
-se les indicara en qué debían consistir los regalos. Después de corta
-deliberación, los Reyes acordaron que el premio se adjudicaría al que
-presentara, además de la esposa más linda, la pieza de tela más fina y
-el perro más hermoso y más pequeño.</p>
-
-<p>Los príncipes se despidieron cariñosamente de sus padres y partieron
-siguiendo el mismo camino, hasta llegar a un punto en que éste se
-dividía en tres. Aquí se abrazaron, y prometiendo reunirse en el mismo
-sitio al cumplirse el plazo acordado, cada cual tomó su camino.</p>
-
-<p>Pedro, que era el mayor, tomó el de la derecha, y pasados unos cuantos
-días llegó a una casita que se levantaba a orillas de una laguna y en
-cuya puerta estaba una señora de edad. En el interior cantaba una niña
-con voz maravillosa, y Pedro, pensando que tan linda voz no podía
-provenir sino de una persona también muy linda, se propuso conocerla y
-pidió permiso a la señora para entrar; pero ella le contestó que lo
-dejaría atravesar los umbrales sólo en caso de que prometiese casarse
-con la que cantaba. Prometiólo el joven, y entró al salón de la casa,
-pero por más que escudriñaba por todas partes, no descubría a persona
-alguna, hasta que, en un rincón vió a una Sapita que saltaba.</p>
-
-<p>&mdash;¿Es ésta la que canta?&mdash;preguntó Pedro.<span class="pagenum"><a name="page_185" id="page_185">{185}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Sí, ella es&mdash;contestó la señora.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién se va a casar con esta sapa asquerosa?&mdash;repuso el príncipe, y
-lanzándole un escupo, se mandó cambiar.</p>
-
-<p>Momentos después, José, el segundo de los hijos del Rey, llegó al mismo
-sitio, porque a él concurrían los tres caminos; y para abreviar diremos
-que le pasó lo mismo que a su hermano Pedro, sólo que, en vez de escupir
-a la Sapita, le dió un feroz puntapié y la disparó lejos.</p>
-
-<p>No haría una hora que había salido José, cuando Juan, el tercero de los
-hermanos, llegó a la casita, y oyendo aquella voz tan dulce y melodiosa,
-se quedó alelado. Cuando calló la que cantaba, Juan rogó a la señora que
-le presentara a la hermosa artista, pues no dudaba que debía de ser
-hermosa quien tan linda voz tenía. La señora consintió, pero, como en
-los dos casos anteriores, hizo antes prometer a Juan que se casaría con
-la que cantaba. Juan se lo juró, y entonces ella le mostró a la Sapita,
-que en ese momento andaba a saltitos en su rincón. El Príncipe, aunque
-sintió un movimiento de repugnancia, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Palabra de Juan no puede faltar: estoy dispuesto a casarme.</p>
-
-<p>&mdash;Y no te pesará&mdash;exclamó la Sapita.</p>
-
-<p>Y el casamiento se celebró inmediatamente.</p>
-
-<p>Juan a veces se ponía triste y se sentía desgraciado; pero la voz
-encantadora de la Sapita, que parecía adivinar sus penas, y sus palabras
-tiernas y cariñosas lo consolaban y le hacían olvidar la fealdad de la
-que era su mujer.</p>
-
-<p>Los otros dos hermanos también se habían casado, pero sus mujeres eran
-hermosas y ricas.</p>
-
-<p>Cuando ya se aproximaba el término del año, Pedro y José pensaron en
-volver a palacio, y ocupando lujosos carruajes, partieron con sus
-esposas, que iban elegantemente ataviadas.</p>
-
-<p>Al pasar por la casita de la laguna, vieron a Juan en la puerta, lo
-saludaron sin bajarse de sus coches y le<span class="pagenum"><a name="page_186" id="page_186">{186}</a></span> pidieron les presentase a su
-mujer. Antes que Juan contestara, saltó la Sapita y les dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Yo soy la mujer de Juan, y dentro de poco nos juntaremos con ustedes
-en el lugar convenido.</p>
-
-<p>Los dos príncipes y sus mujeres, al ver tan singular esposa, soltaron
-una carcajada y dijeron a Juan:</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo te atreverás a presentarte ante nuestros padres acompañado de
-esa horrible sapa casposa?</p>
-
-<p>&mdash;Esta ha sido mi suerte&mdash;respondió Juan&mdash;y estoy contento con ella;
-esta horrible sapa, como ustedes la llaman, es mi mujer, me ha hecho
-feliz y con ella iré a postrarme ante mis padres.</p>
-
-<p>Los dos príncipes partieron y convinieron en seguir a palacio sin
-esperar a Juan en la encrucijada. Creían que el premio se disputaría
-entre los dos solamente, pues no les pasaba por la imaginación que se
-asignara al marido de una sapa. ¿Y los regalos que Juan debía presentar?
-¿De dónde habría sacado dinero para comprarlos? La casita en que vivía,
-modesta por demás, demostraba, a las claras, su probreza. Pero, como
-dice el refrán, <i>el hombre prepara y Dios dispara</i>, y a esos malos
-hermanos les salió el tiro por la culata.</p>
-
-<p>Transcurrida una hora, la Sapita dijo a Juan:</p>
-
-<p>&mdash;Ya es tiempo de que nos vamos. Ve al huerto y encontrarás dos
-burritos: amárralos al viejo carretón que está detrás de la casa y
-subamos a él en compañía de la señora que tanto y tan bien nos ha
-cuidado. Los burros conocen el camino que han de seguir y saben lo que
-han de hacer. En esta cajita hay dos nueces; cuando llegue el momento de
-entregar los regalos que debes presentar a tus padres, a cada uno le
-pasarás una nuez y les rogarás que las abran. Y vámonos.</p>
-
-<p>Los burros emprendieron un trotecito muy cundidor y el carretón, que
-parecía que de un momento a otro se iba a desarmar, de puro viejo,
-crujía como un diablo, pero nada malo le pasaba. Después de algunas
-horas de marcha, encontraron en el camino a Pedro, cuyo lujoso<span class="pagenum"><a name="page_187" id="page_187">{187}</a></span> coche se
-había volcado y hecho pedazos, maltratando a su mujer y dejándola tuerta
-para toda su vida, pues una astilla desprendida del carruaje le arrancó
-un ojo. Con estos contratiempos, Pedro estaba con un genio de mil
-demonios; así es que cuando la Sapita les ofreció a él y a su mujer un
-sitio en el carretón, en vez de agradecérselo, la echó a buena parte.</p>
-
-<p>Una nube de tristeza cubrió el rostro de Juan, que no pudo oir sin
-profundo dolor las palabras poco amables de su hermano; pero la Sapita,
-que parecía leer en el pensamiento de su marido, le dijo al punto:</p>
-
-<p>&mdash;Desecha tus penas, hijo; no le hagas juicio a tu hermano; pronto
-terminarán nuestros pesares y seremos completamente felices.</p>
-
-<p>Y los burros emprendieron de nuevo su marcha, y no se detuvieron sino un
-poco más adelante, en que encontraron a José, a quien se le habían
-encabritado los caballos, despedazándole el coche a patadas, una de las
-cuales aplastó la hermosa nariz de su mujer y la dejó completamente ñata
-para todos los días de su vida. José estaba que no cabía en sí de rabia,
-así es que cuando Juan se ofreció para ayudarlo, o si mejor le parecía,
-para llevarlos a él y a su esposa en el carretón, se desató en insultos
-contra él y la Sapita, a quien llamó asquerosa.</p>
-
-<p>Juan no dijo nada, pero el dolor lo consumía. La Sapita le dijo:&mdash;“¿Por
-qué está triste? No haga juicio de los denuestos de su hermano; ¿no ve
-que son hijos de la desgracia que ha sufrido? Alégrese, que ya falta
-poco para que terminen nuestras penas”.&mdash;Y para consolarlo le cantó una
-de las más bellas canciones que sabía, la que más le gustaba a Juan.</p>
-
-<p>Mientras tanto los burritos seguían su menudo trote y no tardaron en
-llegar a orillas de un arroyo que pasaba muy cerca de la ciudad en que
-residían los reyes. La Sapita dió un salto y se metió en el agua y en el
-mismo instante se convirtió en la más hermosa princesa que jamás vieron
-ojos humanos. El Príncipe se arrodilló a sus<span class="pagenum"><a name="page_188" id="page_188">{188}</a></span> pies y extasiado le besaba
-las manos. La Princesa le dijo:&mdash;Príncipe, es preciso que lleguemos hoy
-a palacio; vuestros hermanos han comprado nuevos coches y se acercan a
-mata caballos. Subamos al nuestro, que por muy despacio que nos lleve,
-siempre llegaremos antes que ellos.</p>
-
-<p>Sólo entonces el Príncipe se dió cuenta de nuevos cambios maravillosos:
-su traje, completamente nuevo, era de un valor extraordinario; la
-anciana señora que les había servido de ama de llaves, era una hermosa
-dama elegantemente vestida; los burritos se habían transformado en dos
-preciosos caballos ricamente enjaezados; y el carretón se había
-convertido en una carroza tan linda que seguramente no se encontraría
-otra igual en cocheras reales.</p>
-
-<p>Llegaron a palacio, y los reyes experimentaron la mayor alegría al
-volver a ver a su hijo menor y se sintieron deslumbrados ante la
-hermosura y elegancia de su nuera y la majestad de la señora que la
-acompañaba.</p>
-
-<p>Después de besar y abrazar cariñosamente a Juan y a su esposa, les
-pidieron que les contaran sus aventuras.</p>
-
-<p>Refirió el Príncipe cuanto le había pasado desde su salida; y la dama,
-cómo una bruja, por odio al Rey su esposo, que quiso arrojarla de sus
-estados, con sus malas artes mató al Rey y convirtió a la Princesa en
-una sapita, dejándole sólo su hermosa voz y condenándola a vivir en esa
-condición hasta un año después que un príncipe consintiera en casarse
-con ella; y como hoy se cumplió el año en que el príncipe Juan contrajo
-matrimonio con mi hija, la veis transformada en lo que era cuando la
-bruja se ensañó contra nosotros.</p>
-
-<p>Terminaba la dama su relato cuando entraron Pedro y José con sus
-respectivas consortes, tuerta la del primero, y con la nariz quebrada la
-del segundo, y ambas con sus trajes sucios y despedazados, pues no
-habían tenido tiempo de comprar otros nuevos, por temor de llegar
-atrasados.<span class="pagenum"><a name="page_189" id="page_189">{189}</a></span></p>
-
-<p>Grande fué también el gusto que manifestaron los reyes con la llegada de
-sus dos hijos mayores, pero el alma se les fué a los pies al ver la
-facha de sus mujeres: ¡la una tuerta y con la mitad del rostro hinchado,
-y la otra con la nariz desparramada por toda la cara! ¡El contraste era
-grande entre ellas y la mujer de Juan! No había duda: el premio le
-correspondía a éste. Pero ¿y si los obsequios que debía traer Juan eran
-inferiores a los de Pedro y José? Era necesario verlos para resolver.</p>
-
-<p>Convocaron a los grandes de su Corte para que sirvieran de árbitros, y
-ante ellos fueron presentando sus regalos los tres príncipes. Pedro,
-como mayor, se acercó el primero y entregó un valioso cofre de cedro
-como de media vara, y abierto, sacaron una pieza de tela de seda que
-mediría unas veinte varas, muy hermosa, muy fina, con bordados
-preciosísimos; de otra caja sacaron un lindo perrito, de una cuarta de
-alto, más o menos. Una y otra cosa merecieron ruidosos aplausos, y en
-verdad que los merecían.</p>
-
-<p>Siguió José, que abriendo un cofre de plata de las mismas dimensiones
-que el entregado por Pedro, sacó otras veinte varas de tela, también de
-seda, pero más fina, más rica y más hermosa que la de su hermano. El
-perrito era también más lindo, y más chiquitín que el de Pedro. Estos
-obsequios valieron a José una salva de aplausos más larga y bulliciosa
-que la anterior.</p>
-
-<p>Por último, acercóse Juan, que respetuosamente entregó al Rey una de las
-nueces que le había dado la Sapita, y la otra a la Reina, y les rogó las
-abrieran. Hiciéronlo sin esfuerzo, pues casi se abrieron por sí solas, y
-la Reina sacó de la suya una tela primorosamente tejida, de finísimo
-hilo de oro y que medía mil varas de largo, ¡cómo sería de fina que toda
-cabía en la cáscara de una nuez! De la que abrió el Rey saltó a la mesa
-que estaba frente a los monarcas un perrito tan diminuto, tan bellamente
-lindo que causó la admiración de todos los presentes. El perrito se puso
-a bailar y en cada vuelta que<span class="pagenum"><a name="page_190" id="page_190">{190}</a></span> daba lanzaba perlas y diamantes y toda
-clase de piedras preciosas. No son para contar los aplausos con que
-fueron recibidos ambos objetos y las aclamaciones y vítores que obtuvo
-la declaración del Rey de que Juan, el menor de sus hijos, sería el
-heredero del trono.</p>
-
-<p>Y se acabó el cuento y se lo llevó el viento.</p>
-
-<h2><a name="num1-24" id="num1-24"></a>24. GALLARIN Y EL GIGANTE.<br /><br />
-<small>(Contado en Febrero de 1923 por el maestro carpintero Tránsito González,
-de 57 años, residente en Peñaflor.)</small></h2>
-
-<p>Vivían en un pueblo tres hermanos. Los dos mayores, Juan y Pedro, eran
-grandes envidiosos; en cambio, Gallarín, el menor, gozaba de la simpatía
-de todo el mundo por su bella presencia y sus buenos sentimientos.</p>
-
-<p>Un día se les antojó a los dos primeros salir a rodar tierras y no
-querían que el menor los acompañara; pero a fuerza de súplicas consiguió
-que lo llevaran.</p>
-
-<p>Anduvieron todo un día, y en la noche llegaron a un castillo en que les
-dieron alojamiento.</p>
-
-<p>Este castillo era de un gigante que tenía tres hijas, y como no había en
-él sino una cama para cada una de las personas de la casa, acostaron a
-cada hermano con una de las hijas del Gigante.</p>
-
-<p>Gallarín se fijó que las niñas dormían tocadas con sendos gorros y como
-era muy habiloso y algo malicioso, cuando todos dormían se levantó de
-puntillas, les sacó los gorros a las niñas, se puso uno él y los otros
-dos a sus hermanos, y apagó la luz.</p>
-
-<p>Gallarín, que temía les hicieran una mala jugada, no dormía, así es que
-pudo oir que el Gigante decía a su mujer:<span class="pagenum"><a name="page_191" id="page_191">{191}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Ya será hora de matarlos para hacer una buena cazuela con ellos y
-comerlos mañana. Están bien gorditos y la carne es tierna; ¡tendremos
-excelente comida para todo el día!</p>
-
-<p>Y entrando al dormitorio, se acercó a las camas, y cabeza que encontraba
-sin gorro ¡zas! caía al suelo cortada por el machete del Gigante, un
-machete enorme y muy afilado.</p>
-
-<p>Concluída esta tarea, el Gigante se retiró a dormir a su pieza, y cuando
-Gallarín lo sintió roncar&mdash;roncaba tan fuerte que parecía salían truenos
-de su boca&mdash;les sacó los gorros a sus hermanos, los despertó y les dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Hermanitos, es necesario huir inmediatamente, porque si el Gigante nos
-pilla cuando se levante, nos mata y nos come hechos cazuela.</p>
-
-<p>Estaba aclarando, de modo que Juan y Pedro pudieron ver degolladas a las
-tres hijas del Gigante, y de la impresión que recibieron, apenas podían
-andar, porque las piernas les temblaban; pero Gallarín les infundió
-ánimo y les hizo ver lo que se les esperaba si no huían pronto. Salieron
-siguiendo a Gallarín, y apenas habían atravesado un gran círculo de
-plantas de maravillas que rodeaba el castillo y que era hasta donde
-alcanzaba el poder del Gigante, éste los vió desde una ventana.</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">&mdash;¡Ah, pícaro Gallarín&mdash;le gritó&mdash;<br /></span>
-<span class="i0">¡Asesinaste a mis hijas,<br /></span>
-<span class="i0">me robaste mis tres gorros!<br /></span>
-<span class="i0">¡Ah, pícaro malnacido!<br /></span>
-<span class="i0">si te pillo te devoro!<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>El Gigante sentía la muerte de sus hijas casi tanto como el robo de los
-tres gorros; éstos eran de virtud: el que se los ponía al revés obtenía
-todo lo que deseaba.</p>
-
-<p>Se fueron los tres hermanos y después de unas cuantas horas de marcha
-llegaron a la capital del reino. Los tres hermanos consiguieron ocuparse
-en el palacio del Rey:<span class="pagenum"><a name="page_192" id="page_192">{192}</a></span> los dos mayores como trabajadores al día y
-Gallarín como cuidador de pavos.</p>
-
-<p>La hija del Rey, que era muy linda, se prendó de Gallarín, y esto les
-causó una profunda envidia a Juan y a Pedro. Para perder a su hermano,
-fueron donde el Rey y le dijeron:</p>
-
-<p>&mdash;Señor, su pavero Gallarín se ha dejado decir que así como mató a las
-hijas del Gigante y le robó los tres gorros, es capaz de robar el Loro
-adivino que tiene el mismo Gigante en su castillo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Eso ha dicho Gallarín?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, Señor; eso ha dicho.</p>
-
-<p>Hizo llamar el Rey a Gallarín, y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Gallarín, tú te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas
-del Gigante y te trajiste los tres gorros eras capaz de traerte el Loro
-adivino que hace tiempo me robó el Gigante...</p>
-
-<p>&mdash;No, mi Rey, yo no he dicho tal cosa.</p>
-
-<p>&mdash;Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto.</p>
-
-<p>Se retiró Gallarín a lo último del huerto y se sentó a llorar en un
-tronco que ahí había. En ese momento pasó la Princesa y le preguntó por
-qué estaba tan afligido.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo no lo he de estar, mi Princesa&mdash;le contestó Gallarín&mdash;siendo que
-el Rey me ha dicho que así como maté a las tres hijas del Gigante y me
-traje los tres gorros, tenía que traerle el Loro adivino?</p>
-
-<p>&mdash;No se te dé nada&mdash;le dijo la Princesa;&mdash;lleva este pan y este frasco
-de vino y le dices al Loro:&mdash;«Mira, Lorito, este es del pan que comías y
-del vino que tomabas antes en el reinato de tu antiguo
-dueño».&mdash;«¿Dame?», te dirá él.&mdash;«No te doy», le contestarás tú.&mdash;«¡Dame
-un poquito, aunque más no sea!» te replicará.&mdash;Y entonces tú le darás
-pan sopeado en vino, y cuando ya esté curado, lo agarras; y no tengas
-cuidado, suceda lo que suceda. Te advierto que el Gigante, cuando está
-con los ojos abiertos, está durmiento, y si tiene los ojos cerrados,
-está despierto.<span class="pagenum"><a name="page_193" id="page_193">{193}</a></span></p>
-
-<p>Partió Gallarín para el castillo y encontró al Gigante con los ojos
-abiertos; pasó de puntillas por delante de él para no despertarlo, y
-llegando hasta donde estaba el Loro, le mostró el pan y el vino que
-llevaba.</p>
-
-<p>&mdash;Mira, Lorito, este vino es del que tomabas y este pan del que comías
-antes, en el reinato de tu antiguo dueño.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ay! qué ricos eran! ¿dame?</p>
-
-<p>&mdash;No te doy.</p>
-
-<p>&mdash;Dame un poquito, aunque más no sea, para probarlos.</p>
-
-<p>Entonces Gallarín mojó un pedazo de pan en el vino, que era muy añejo, y
-se lo dió al Loro, que lo comió con ansias; y le dió más y más hasta que
-el pan y el vino se acabaron y el Loro quedó completamente borracho.
-Entonces Gallarín lo agarró para huir con él; pero apenas el Loro se vió
-cogido, comenzó a gritar desaforadamente:</p>
-
-<p>&mdash;¡Amito! amito! que me llevan!</p>
-
-<p>A los gritos despertó el Gigante, asió a Gallarín y lo amarró de pies y
-manos a un poste, en el último patio del castillo, para comérselo
-después.</p>
-
-<p>El Gigante estaba que no cabía en sí de gusto por haber aprisionado a
-Gallarín, así es que salió a convidar otro gigante, su compadre, «para
-comerse un cordero tiernecito»&mdash;así le dijo.</p>
-
-<p>Mientras el Gigante andaba afuera, su mujer preparaba el fondo en que
-iban a cocer al pobre Gallarín, y con un hacha se puso a partir leña
-para encender el fuego. Gallarín, nada tranquilo, miraba cómo trabajaba
-la mujer por cortar un grueso tronco demasiado duro, y de pronto se le
-ocurrió una idea y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Me da no sé qué, señora, verla trabajar tanto! Si me soltara las
-manos siquiera, yo le ayudaría a partir la leña.</p>
-
-<p>La mujer del Gigante le creyó, le soltó las manos y le entregó el
-hacha.<span class="pagenum"><a name="page_194" id="page_194">{194}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Acérqueme el tronco, porque así como estoy, amarrado de los pies, no
-alcanzo hasta él.</p>
-
-<p>La mujer le acercó el tronco.</p>
-
-<p>&mdash;Ahora sujétemelo bien para que no se mueva.</p>
-
-<p>Y en cuanto la mujer se agachó para sujetar el tronco, mi buen Gallarín
-le asesta tan feroz hachazo en el cogote que me la deja tendida, muerta.
-Con la misma hacha cortó la cuerda con que tenía atados los pies, en
-seguida desnudó a la mujer, la despresó y la echó al fondo, que estaba
-hirviendo con las papas, choclos, porotos, zapallo, ajos y cebollas
-correspondientes; después tomó la cabeza y la arregló en la cama en que
-ella dormía, dejándole los chapes colgando, y en lugar del cuerpo colocó
-una almohada debajo de las cobijas, cogió al Loro y disparó a toda
-carrera.</p>
-
-<p>Cuando llegaron los dos gigantes, se fueron al último patio.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué rica debe de estar la cazuela, compadre! ¿No siente el olorcito
-que sale del fondo?</p>
-
-<p>&mdash;¡Cómo no, pues, compadre! debe de estar de chuparse los bigotes!</p>
-
-<p>&mdash;Y la Micaela, ¿dónde estará?</p>
-
-<p>Se fué a buscarla y vió que estaba en la cama.</p>
-
-<p>&mdash;¡Pobre Micaela! Cómo habrá trabajado, compadre, que de puro cansada se
-acostó; durmiendo está en su cama. Comeremos nosotros y le guardaremos
-su parte; dejémosla que descanse.&mdash;Y se pusieron a comer.</p>
-
-<p>&mdash;¡Caráfita que está rica la cazuelita! si el corderito era tan bien
-retierno, cómo no había de salir buena!</p>
-
-<p>Y el Gigante mete el cucharón al fondo por quinta vez y se sirve él una
-presa y le pasa otra a su compadre. Este observa la presa que acaban de
-servirle y todo asustado, exclama...</p>
-
-<p>&mdash;¡Compadre! usted me convidó a comer un corderito y resulta que lo que
-estamos comiendo es una oveja! ¡mire la marca!&mdash;y le mostraba la presa
-que tenía en la mano.<span class="pagenum"><a name="page_195" id="page_195">{195}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Qué es esto?...&mdash;grita el Gigante&mdash;y dispara corriendo como un
-condenado, a ver a su mujer, porque una sospecha terrible pasó por su
-imaginación.</p>
-
-<p>Llega a la cama de su mujer, tira las cobijas al suelo y no ve sino la
-cabeza de Micaela y una almohada. El Gigante, que quería entrañablemente
-a su mujer, se puso a lanzar grandes alaridos y a gritar:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">&mdash;¡Ah, pícaro Gallarín!<br /></span>
-<span class="i0">¡Asesinaste a mis hijas,<br /></span>
-<span class="i0">te llevaste mis tres gorros,<br /></span>
-<span class="i0">me mataste a mi mujer<br /></span>
-<span class="i0">y me robaste mi Loro!<br /></span>
-<span class="i0">¡Ah, pícaro malnacido!<br /></span>
-<span class="i0">si te pillo, te devoro!<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Llegó Gallarín al palacio y entregó el Loro al Rey, quien dió muestras
-de la mayor alegría al contemplar en su poder esta ave maravillosa, que
-antes había sido suya y le había sido arrebatada por el Gigante.</p>
-
-<p>Pasó algún tiempo, y Juan y Pedro, que hervían de envidia al ver la
-predilección que la Princesa demostraba por Gallarín, volvieron donde el
-Rey y le dijeron:</p>
-
-<p>&mdash;Sepa su Sacarrial Majestad que su pavero Gallarín se ha dejado decir
-que así como mató a las tres hijas del Gigante, se trajo los tres
-gorros, le mató a la mujer y le robó el Loro adivino, es capaz de
-quitarle el Caballo de las campanillas de oro, que está encerrado bajo
-siete llaves.</p>
-
-<p>&mdash;¿Eso ha dicho Gallarín?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, Señor, eso ha dicho.</p>
-
-<p>El Rey hizo llamar a Gallarín.</p>
-
-<p>&mdash;Gallarín, tú te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas
-del Gigante, te trajiste los tres gorros, le mataste a la mujer y le
-robaste el Loro adivino, eras capaz de quitarle el Caballo de las
-campanillas de oro, que tiene encerrado bajo siete llaves.<span class="pagenum"><a name="page_196" id="page_196">{196}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No, Señor; yo no he dicho tal cosa.</p>
-
-<p>&mdash;Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto.</p>
-
-<p>Salió Gallarín triste y cabizbajo y se sentó a llorar amargamente en una
-piedra que había a lo último del jardín. En ese momento pasaba la
-Princesa por ahí mismo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué lloras, Gallarín?</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo no he de llorar, mi Princesa, cuando mis hermanos, que desean mi
-muerte, han ido donde el Rey con el chisme de que yo había dicho que así
-como maté a las tres hijas del Gigante, me traje los tres gorros, le
-maté a su mujer y le robé el Loro adivino, era capaz de quitarle el
-Caballo de las campanillas de oro, que tiene encerrado bajo siete
-llaves?</p>
-
-<p>&mdash;No se te dé nada, Gallarín; anda no más, que te irá tan bien como en
-las veces anteriores. Toma este poco de algodón y esta espadita de
-virtud; aplicas la punta de la espada a la chapa de cada puerta y las
-siete se abrirán en cuanto las toques. Después te acercas al caballo,
-rellenas bien de algodón las siete campanillas de oro para que no suenen
-y aseguras el algodón con cáñamo, para que no se desprenda; te pones las
-espuelas que hallarás colgadas detrás de la séptima puerta; en seguida,
-le sacas al caballo la silla, lo montas en pelo, le clavas las espuelas
-a toda fuerza y el caballo saldrá del castillo a todo correr. Pero no se
-te olvide mirar antes si el Gigante está durmiendo, que ya sabes que
-duerme cuando tiene los ojos abiertos y está despierto cuando los tiene
-cerrados.</p>
-
-<p>Llegó Gallarín al castillo mientras el Gigante dormía, de modo que pudo
-hacer sin inconveniente cuanto la Princesa le había ordenado, aunque
-sintió deseos locos de venirse con la silla, que era muy rica: pero, por
-suerte para él, la dejó y montó en pelo.</p>
-
-<p>El Gigante vino a darse cuenta del robo cuando ya Gallarín había salido
-del círculo de maravillas, y no pudiendo hacer otra cosa, se puso a
-gritar desaforadamente:<span class="pagenum"><a name="page_197" id="page_197">{197}</a></span></p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">&mdash;¡Ah, pícaro Gallarín!<br /></span>
-<span class="i0">¡Asesinaste a mis hijas,<br /></span>
-<span class="i0">te llevaste mis tres gorros,<br /></span>
-<span class="i0">me mataste a mi mujer<br /></span>
-<span class="i0">y me robaste mi Loro,<br /></span>
-<span class="i0">y hoy me has robado el Caballo<br /></span>
-<span class="i0">de las campanillas de oro!<br /></span>
-<span class="i0">¡Ah, pícaro malnacido!<br /></span>
-<span class="i0">si te pillo, te devoro!<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>El Caballo salió a todo escape y no paró hasta llegar con su jinete a
-las mismas gradas del trono.</p>
-
-<p>Grande fué la alegría del Rey al ver al Caballo de las campanillas de
-oro y quiso premiar a Gallarín, pero éste le dijo que mientras tanto se
-contentaba con ser el cuidador de sus pavos, que a su tiempo le pediría
-el galardón que creyera le correspondía.</p>
-
-<p>Siguió pasando el tiempo, que no se detiene en su marcha, y aún no se
-había cumplido un mes cuando Juan y Pedro, cuya envidia crecía con los
-triunfos de Gallarín, fraguaron otra mentira contra el hermano que los
-había librado de la muerte, que <i>así paga el Diablo a quien bien le
-sirve</i>; y se presentaron al Rey.</p>
-
-<p>&mdash;Señor&mdash;le dijeron&mdash;ha de saber Su Sacarrial Majestad que su pavero
-Gallarín se ha dejado decir que así como mató a las tres hijas del
-Gigante, se trajo los tres gorros, le mató a la mujer y le robó el Loro
-adivino y el Caballo de las campanillas de oro, es capaz de traer
-prisionero al Gigante mismo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Eso ha dicho Gallarín?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, Señor; eso ha dicho.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah! y qué bueno fuera que me lo trajese prisionero, por que el
-Gigante es el único enemigo que tengo, y libre de él, reinaría
-tranquilo! Díganle a Gallarín que venga.</p>
-
-<p>Vino el pobre Gallarín.</p>
-
-<p>&mdash;¿Con que te has dejado decir que así como mataste a las tres hijas del
-Gigante, te trajiste los tres gorros, le<span class="pagenum"><a name="page_198" id="page_198">{198}</a></span> mataste a su mujer y le
-robaste el Loro adivino y el Caballo de las campanillas de oro, te
-encuentras capaz de traerme prisionero al Gigante mismo?</p>
-
-<p>&mdash;No, Señor; yo no he dicho tal cosa.</p>
-
-<p>&mdash;Sí lo has dicho; y si no me lo traes, la cabeza te corto.</p>
-
-<p>Salió Gallarín sumamente afligido por la exigencia del Rey, y fué a
-sentarse a lo último del jardín, a tiempo que la Princesa pasaba por
-ahí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué lloras, Gallarín?</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo no he de llorar, mi Princesa, cuando el Rey, instigado por mis
-hermanos, que desean mi muerte, me ha dicho que así como maté a las tres
-hijas del Gigante, me traje los tres gorros, le maté a su mujer y le
-robé el Loro adivino y el Caballo de las campanillas de oro, era capaz
-de traerle prisionero al Gigante mismo?</p>
-
-<p>&mdash;No se te dé nada, Gallarín, que en esta empresa te irá tan bien como
-en las anteriores. Pídele al Rey mi padre que te mande hacer una gran
-jaula de fierro, de gruesos barrotes, con ruedas y con dos
-compartimentos: uno desde el que irás tú gobernando el carro, y otro que
-será completamente independiente, con puerta que la puedas cerrar tú por
-medio de un resorte y en el cual llevarás toda clase de mercaderías. Te
-disfrazarás de comerciante francés y pasarás frente al castillo
-ofreciendo tus mercaderías. Saldrá el Gigante, querrá comprar algo de lo
-que llevas, lo harás entrar para que escoja, y en cuanto esté adentro,
-sirviéndote del resorte cerrarás la puerta y te lo traes sin cuidarte de
-sus gritos y maldiciones.</p>
-
-<p>Tal como se lo aconsejó la Princesa así lo hizo Gallarín. El Rey le
-mandó fabricar la jaula, y una vez entregada, arregló en el
-compartimento que debía ocupar el Gigante un buen número de valiosas
-telas y curiosísimos objetos de adorno, y tirado el carro por diez
-yuntas de bueyes que Gallarín dirigía desde el departamento que le
-correspondía, se dirigió al castillo del Gigante, adornado el rostro de
-largos bigotes y una hermosa pera postiza, pregonando con fingido acento
-francés:&mdash;«Quelq chos<span class="pagenum"><a name="page_199" id="page_199">{199}</a></span> de tiend! necesit quelq chos de tiend!» El
-Gigante, que estaba en la ventana, lo hizo detenerse y bajó a comprar
-algunas cosas. Gallarín lo invitó a entrar para que escogiese más a
-gusto, y el Gigante, sin sospechar nada, accedió, y Gallarín, en cuanto
-lo vió adentro, tocó el resorte y la puerta se cerró a machote. El
-Gigante, al verse preso, bramaba como un toro herido y con sus manazas
-tomaba los barrotes y los estremecía tratando de quebrarlos, pero
-inútilmente.</p>
-
-<p>Horas después, Gallarín entraba triunfante a la ciudad, con el Gigante
-enjaulado, y era de ver cómo la gente se agolpaba en las calles
-aplaudiendo al héroe, que con la prisión del Gigante libraba al reino de
-su más terrible enemigo.</p>
-
-<p>Gallarín, antes de llegar a palacio, se puso uno de los gorros de las
-hijas del Gigante con la parte de adelante hacia atrás, e inmediatamente
-quedó convertido en un elegante joven, pero conservando siempre sus
-hermosas y simpáticas facciones.</p>
-
-<p>El Rey y la Princesa, que lo esperaban, se levantaron de sus asientos
-para recibirlo.</p>
-
-<p>&mdash;Creo, Gallarín&mdash;dijo el Monarca&mdash;que ha llegado el momento de que
-pidas el premio de tus hazañas:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">Mataste a las hijas del Gigante,<br /></span>
-<span class="i0">le trajiste sus tres gorros,<br /></span>
-<span class="i0">le mataste a su mujer<br /></span>
-<span class="i0">y le robastes el Loro,<br /></span>
-<span class="i0">después trajiste el Caballo<br /></span>
-<span class="i0">de las campanillas de oro,<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">y por último, para coronar tu obra, hoy me has traído prisionero al
-Gigante mismo. Pídeme lo que quieras, que si está en mis manos, te será
-concedido.</p>
-
-<p>&mdash;Señor&mdash;contestó Gallarín&mdash;es grande mi osadía al manifestar a Su
-Sacarrial Majestad mis pretensiones, pero si me atrevo a formularlas es
-porque me veo alenta<span class="pagenum"><a name="page_200" id="page_200">{200}</a></span>do por una persona que es muy querida de Vuestra
-Majestad;&mdash;y miraba a la Princesa que le hacía señas para que desechara
-todo temor y hablara luego y claramente.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué es lo que pretendes, Gallarín? Si grandes son tus pretensiones,
-grandes son también las empresas que has acometido; vaya lo uno por lo
-otro; habla sin cuidado.</p>
-
-<p>&mdash;Majestad, lo que yo pretendo es lo que más amáis: solicito la mano de
-vuestra hija.</p>
-
-<p>El Rey, que se imaginaba que Gallarín le pediría riquezas y honores, tal
-vez un título de grande del reino, al oir su petición, dió un salto y
-casi se cayó del trono.</p>
-
-<p>&mdash;Pero ¿cómo te atreves a mirar tan alto? medita un poco en quién eres
-tú y en quién es mi hija, mide la distancia que hay entre ambos y ve si
-es posible tal unión.</p>
-
-<p>&mdash;Es cierto, Su Sacarrial Majestad, que una princesa no debe casarse
-sino con un príncipe por lo menos; pero en manos de Su Sacarrial
-Majestad está el hacerme príncipe a mí, y entonces ni ella se rebajará
-ni yo me enalteceré al casarnos, pues seremos iguales.</p>
-
-<p>La Princesa no pudo contenerse y aplaudió a dos manos exclamando:</p>
-
-<p>&mdash;¡Bien, Gallarín, muy bien!&mdash;Con lo cual, impensadamente dió a conocer
-sus sentimientos hacia su pretendiente, así es que el Rey no tuvo más
-remedio que acceder a los deseos de los dos jóvenes.</p>
-
-<p>Gallarín fué hecho príncipe y se casó con la Princesa en medio del
-entusiasmo de todo el pueblo, que los amaba y respetaba. Y fueron
-felices durante su larga vida, como lo merecían por sus virtudes.<span class="pagenum"><a name="page_201" id="page_201">{201}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-25" id="num1-25"></a>25. SALIR CON SU DOMINGO SIETE</h2>
-
-<p>Había una vez un jorobado, buena persona, que llevaba su desgracia con
-paciencia, y no era envidioso ni amigo de burlarse del prójimo, como son
-casi todos los que tienen el espinazo quebrado; y este buen hombre salió
-un día a hacer una diligencia a un pueblo inmediato al suyo y no pudo
-regresar hasta la noche. Al pasar por un sitio extraviado, vió, desde un
-matorral, un corro de brujas, las cuales, tomadas de las manos, daban
-vuelta bailando y cantando:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Lunes y Martes, Miércoles tres,<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">sin cambiar este estribillo. El jorobadito, que era nervioso y vivo de
-imaginación, viendo que las brujas no salían de la cantinela</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Lunes y Martes, Miércoles tres,<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">no pudo contenerse y desde su escondite gritó:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Jueves y Viernes, Sábado seis.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Las danzantes no cupieron en sí de gozo al ver tan lindamente completado
-su canto, y, agradecidas, resolvieron premiar a la persona que había
-tenido tan feliz inspiración. Llevado el joven al medio del corro, una
-propuso darle un palacio; otra, todo el oro que deseara; la de más allá,
-hacerlo rey; pero el jorobadito, que oía la discusión muy complacido,
-les dijo:&mdash;«Yo me contentaría y me daría por muy feliz con que hicierais
-desaparecer mi joroba y me asegurarais lo suficiente para tener un buen
-pasar»,&mdash;gracias, ambas, que inmediatamente le fueron acordadas.<span class="pagenum"><a name="page_202" id="page_202">{202}</a></span></p>
-
-<p>Al día siguiente nuestro ex-jorobado tropezó en la calle con un amigo
-que sufría del mismo mal de que él tan felizmente había sido curado por
-las brujas. El amigo se extrañó de verlo tan cambiado y casi no lo
-conoció, pues la ausencia de la joroba había convertido al antiguo
-corcovado en un real mozo. A la pregunta que le hizo el amigo, a quien
-la envidia roía las entrañas, de cómo había ocurrido tal metamorfosis,
-el interrogado le refirió la aventura, y el giboso se prometió ir esa
-misma noche al sitio en que las brujas se reunían; y así lo hizo,
-ocultándose en el mismo matorral desde donde su amigo había presenciado
-el baile. Momentos después llegaron las brujas y comenzaron la danza,
-cantando:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">Lunes y Martes, Miércoles tres,<br /></span>
-<span class="i0">Jueves y Viernes, Sábado seis.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>El segundo jorobado, que también deseaba ver desaparecer su corcova,
-imitando lo que su amigo había hecho, quiso agregar algo a los versos
-que cantaban las brujas, y cuando por cuarta o quinta vez repetían</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">Lunes y Martes, Miércoles tres,<br /></span>
-<span class="i0">Jueves y Viernes, Sábado seis,<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">muy ufano exclamó:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Domingo siete.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Las brujas detuvieron inmediatamente la danza y unas a otras se miraron
-contrariadas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién es el estúpido que ha venido a perturbar nuestro hermoso
-canto?&mdash;dijo una.</p>
-
-<p>&mdash;Busquémoslo&mdash;contestó otra.</p>
-
-<p>Y sin gran trabajo encontraron al pobre jorobado, que temblaba de miedo
-ante la ira de aquellas mujeres, y lo arrastraron al medio del corro.<span class="pagenum"><a name="page_203" id="page_203">{203}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Qué castigo daremos a este miserable?&mdash;preguntó la que hacía de jefe.</p>
-
-<p>&mdash;Que le salgan cuernos y rabo&mdash;dijo una.</p>
-
-<p>&mdash;Que cuando hable eche sapos y culebras por la boca&mdash;repuso otra.</p>
-
-<p>&mdash;No&mdash;exclamó una tercera,&mdash;por su impertinencia merece que le
-obsequiemos con una segunda joroba.</p>
-
-<p>&mdash;¡Eso es! Eso es!&mdash;gritaron todas.</p>
-
-<p>Y a empellones y puntapiés despidieron al giboso, que volvió al pueblo
-llevando sobre sí dos hermosas corcovas: una sobre el pecho y otra sobre
-la espalda.</p>
-
-<h2><a name="num1-26" id="num1-26"></a>26. LA LORITA ENCANTADA<br /><br />
-<small>(Se lo contó, en 1909, Petronila Riquelme, de 56 años, natural de
-Chimbarongo, a don Luis Thayer Ojeda, quien tuvo la bondad de
-obsequiarme la transcripción, hecha por él, en Octubre de 1915.)</small></h2>
-
-<p>Para saber y contar y contar para saber. Esta era una vieja muy pobre
-que había criado a un Huacho que se llamaba Manuel, y a quien ocupaba en
-cuidar chanchos en el monte.</p>
-
-<p>Un día el Huacho le dijo a la vieja:</p>
-
-<p>&mdash;He oído decir que hay un Rey que paga un almud de plata por un año de
-trabajo, y yo, mamita, me voy para allá a mejorar suerte.</p>
-
-<p>Salió Manuel y llegó a donde estaba el Rey, que era el castillo de
-Flordelís, y estuvo trabajando con toda la peonada durante un año, y a
-todos les fueron pagando un almud de plata; pero cuando estaban haciendo
-el pago, una Lora que tenía el Rey hablaba tanto, metiéndose en las
-cuentas, que el Rey, aburrido, es que dijo:</p>
-
-<p>&mdash;El que quiera llevarse esta Lora en lugar del almud de plata, que se
-la lleve no más, que soy gustoso.<span class="pagenum"><a name="page_204" id="page_204">{204}</a></span></p>
-
-<p>Y ninguno de los que le oyó quiso llevársela, y entonces Manuel, viendo
-que era tan linda, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Yo me la llevaré, Su Majestad, por el almud de plata.</p>
-
-<p>Y se volvió el Huacho para su tierra, y en el camino cuidaba mucho a la
-Lorita y le daba de comer la mitad de lo que conseguía; pero cuando
-llegó a su casa, la vieja es que estuvo muy enojada porque quería plata
-y no pájaros y le dió a Manuel una buena paliza y lo mandó al monte a
-cuidar los chanchos, y después le pegó a la Lora, que casi la mató.</p>
-
-<p>Entonces la Lora es que dijo:&mdash;“Me voy para Flordelís”&mdash;y se voló.</p>
-
-<p>Cuando en la tarde volvió el Huacho y supo que la Lorita se había
-volado, se apenó tanto que esa misma noche, al amanecer, se fué de la
-casa.</p>
-
-<p>Anduvo todo el día sin tomar alimento ni descansar, así es que el hambre
-se lo comía y no podía más de cansado.</p>
-
-<p>Se sentó debajo de unos árboles y se quedó dormido.</p>
-
-<p>Al día siguiente lo despertó una gran bulla que formaban tres lindas
-niñas, disputando cuál era la mejor. Entonces él se acercó a las niñas y
-les preguntó por qué discutían tan acaloradamente; y una vez que le
-explicaron el motivo, les dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Su merced, que es la mayor, es el sol, y en el día ¿qué cosa hay más
-bonita que el sol?&mdash;Su merced, que es la del medio, es la luna, y en la
-noche ¿qué cosa hay más bonita que la luna?&mdash;Su merced, que es la menor,
-es la guía de la mañana, y al amanecer ¿qué cosa hay más bonita que la
-guía de la mañana?&mdash;Y se fué.</p>
-
-<p>Con estas cosas que les dijo el Huacho, se quedaron las niñas muy
-contentas, y dijeron:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y con qué le pagamos a este joven que nos puso en concierto y nos
-dejó contentas a las tres?</p>
-
-<p>Entonces lo llamaron, y la mayor le dió un anillo que daba todo lo que
-se le pedía; la del medio le dió una plu<span class="pagenum"><a name="page_205" id="page_205">{205}</a></span>ma, que no había más que
-ponérsela en el zapato para volar más ligero que el viento; y la menor
-le dió un gorro, que bastaba ponérselo para hacerse invisible.</p>
-
-<p>El Huacho les agradeció los regalos y partió nuevamente; y había andado
-ya algunas leguas cuando le vino como un desmayo, de lo que no había
-comido nada desde la noche antes.</p>
-
-<p>Entonces le dijo al anillo:</p>
-
-<p>&mdash;Anillito, dame una mesa bien puesta de un todo, con los manjares más
-ricos que haya.</p>
-
-<p>Y entonces se le apareció una mesa llena de los mejores platos y más
-ricos vinos, y después que se llenó, se puso a dormir la siesta. A la
-tardecita despertó y siguió su camino, hasta que no pudo seguir andando
-porque tenía los pies hinchados de tanto que había caminado, y se sentó
-a descansar. Y en esto estaba cuando se acordó de repente de su aventura
-con las tres niñas y de los regalos que le habían hecho, y dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Buen dar con lo tonto que soy, pudiendo volar más ligero que el
-viento;&mdash;y sacó la pluma y se la puso en el zapato.</p>
-
-<p>Había volado una porción y ya comenzaba la noche, cuando se le apareció
-un águila inmensa de grande, que le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo te atreves a volar en mis dominios, vil gusanillo de la tierra?</p>
-
-<p>Entonces el Huacho le contó toda su historia, y una vez que la oyó el
-Aguila, que no era otra persona que el mismo Rey de los Pájaros, le
-dijo:</p>
-
-<p>La Lorita que andas buscando está en el castillo Flordelís, y apúrate,
-porque si no llegas esta misma noche, ya será tarde, por lo que allí va
-a pasar.</p>
-
-<p>Se fué el Huacho por el aire, más ligero que el viento, y llegó al
-castillo de Flordelís cuando ya todita la gente y hasta el mismo Rey se
-habían acostado, y sólo estaba despierto el soldado que estaba de
-guardia en la puerta del castillo.<span class="pagenum"><a name="page_206" id="page_206">{206}</a></span></p>
-
-<p>Entonces el Huacho es que le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué nuevas hay por aquí, señor guardia?</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué nuevas han de haber? Que mañana se casa la Princesa, que estaba
-encantada, y que no era otra que la Lorita que te llevaste en cambio del
-almud de plata.</p>
-
-<p>Cuando esto oyó, le entró al Huacho una gran pensión; pero, acordándose
-de su gorra, se la puso, y por el aire se entró al cuarto de la
-Princesa, que estaba custodiado por siete soldados moros.</p>
-
-<p>Y entonces el Huacho, que no se había sacado la gorra, le dijo a la
-Princesa:</p>
-
-<p>&mdash;Si eres tú la Lorita que yo me llevé por un almud de plata ¿por qué me
-has dejado solo?</p>
-
-<p>Y la Princesa se asustó tanto que se puso a gritar, y vinieron los siete
-soldados moros, y el Rey y la Reina a ver lo que pasaba.</p>
-
-<p>El Huacho, como estaba invisible, para que no tropezaran con él se
-acurrucó en un rincón, y como los que entraron a la pieza nada vieron ni
-a nadie encontraron, se volvieron, el Rey y la Reina a sus cuartos y los
-soldados moros a su puesto.</p>
-
-<p>Al rato que todos se fueron, volvió el Huacho a hablar y otra vez la
-Princesa gritó que había gente en su pieza, y entraron de nuevo el Rey y
-la Reina y los soldados, y como tampoco encontraron a nadie, se enojaron
-mucho y se fueron, diciéndole a la Princesa que no fuera a gritar otra
-vez, porque no le harían caso a sus gritos. Y salieron.</p>
-
-<p>Esperó el Huacho un momento, y acercándose a la Princesa le dijo que no
-tuviera miedo, que él había hecho un viaje tan largazo por el amor tan
-grande que le tenía y que de ninguna manera permitiría que fuera a
-casarse con un hombre que no la quería como él; y se quitó el gorro.</p>
-
-<p>Entonces la Princesa conoció al Huacho y se tranquilizó, y le contó todo
-lo que había pasado y que ella se casaba contra su voluntad y que a
-nadie quería sino a él,<span class="pagenum"><a name="page_207" id="page_207">{207}</a></span> que había despreciado la plata por ella, y la
-había cuidado tanto y hasta había tenido que aguantar los malos tratos
-de su madre.</p>
-
-<p>Después de mucho pensar en lo que harían, convinieron que en la comida,
-antes del casamiento, la Princesa pidiera la gracia de que cada uno
-dijera un discurso y que él vería cómo ella salía bien del paso.</p>
-
-<p>A la mañana siguiente dijo el Huacho al anillo:</p>
-
-<p>&mdash;Anillito, dame un traje completo, todo bordado de oro y piedras
-preciosas, y yo que me ponga bien buenmozo.</p>
-
-<p>Y así que acabó de hablar, quedó el Huacho hecho un príncipe de bonito y
-elegante y la Princesa muy contenta de verlo tan bien plantado. Y
-poniéndose el Huacho la pluma en el zapato y el gorro en la cabeza, se
-despidió de la Princesa hasta el otro día.</p>
-
-<p>Al día siguiente, el Huacho, bien de mañana, le dijo al anillo:</p>
-
-<p>&mdash;Anillito, haz que se me presente aquí un caballo de lo mejor y más
-lindo, bien aperado y con los aperos enchapados de oro y plata.</p>
-
-<p>Y en el mismo momento se le puso un lindo caballo blanco por delante y
-montado en él dió un paseo por toda la ciudad, y todo el mundo se
-quedaba mirándolo con la boca abierta, porque nunca habían visto un
-príncipe tan bonito y elegante. Y al acercarse la hora del banquete, se
-fué al castillo y cuando el Rey lo vió decía:&mdash;“¿qué príncipe tan rico
-será éste?” Y él le dijo al Rey que era príncipe que dominaba en el
-aire.</p>
-
-<p>Al comenzar el banquete, la Princesa pidió al Rey la gracia de que todos
-dijeran un discurso, y concedida que le fué, dijo la Princesa:</p>
-
-<p>&mdash;Sacarrial Majestad, ¿qué será de más valor, una corona de oro o una
-corona de plata?</p>
-
-<p>El Rey contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Una corona de oro.</p>
-
-<p>&mdash;Yo tenía&mdash;dijo la Princesa&mdash;dos coronas, una de<span class="pagenum"><a name="page_208" id="page_208">{208}</a></span> oro y una de plata.
-La de oro se me había perdido y he tenido la suerte de encontrarla; y
-como no debo conservar sino una, yo pregunto ¿cuál de las dos debo
-guardar?</p>
-
-<p>Todos contestaron:</p>
-
-<p>&mdash;La de oro, la de oro; no tiene vuelta.</p>
-
-<p>Entonces la Princesa, tomando a Manuel de la mano lo hizo pararse y
-dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Esta es la corona de oro que yo había perdido y que acabo de
-encontrar, y como con ella debo quedarme, con este príncipe me casaré y
-él no mas será mi marido.</p>
-
-<p>Todos aplaudieron lo dicho por la Princesa, menos el novio que iba a
-casarse con ella y que tuvo que salir todo acholado.</p>
-
-<p>Y así fué que Manuel se casó con la Princesa y fueron muy felices, y
-todavía lo serán, si es que están vivos.</p>
-
-<p>Y se acabó el cuento, y se lo llevó el viento y se coló por la puerta de
-un convento y los padres que lo oyeron, se quedaron muy contentos.</p>
-
-<h2><a name="num1-27" id="num1-27"></a>27. EL DIABLO Y EL CAMPESINO.</h2>
-
-<p>El Diablo le propuso a un Campesino trabajar a medias, durante tres
-años. El Diablo pondría el terreno y el Campesino la semilla. Terminado
-el plazo del contrato, el campesino quedaría dueño del suelo.</p>
-
-<p>Preguntó el hombre:&mdash;¿Y cómo haremos la partición?</p>
-
-<p>El Diablo contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Yo tomaré lo que den las plantas arriba y tú tomarás lo que quede
-debajo de la tierra.&mdash;Y se fué.</p>
-
-<p>Entonces el Campesino sembró papas, y cuando llegó el tiempo de partirse
-la cosecha, el Diablo tuvo que llevarse las matas y dejar las papas al
-hombre.<span class="pagenum"><a name="page_209" id="page_209">{209}</a></span></p>
-
-<p>El Diablo se repelaba, y pensó: esta otra vez no me harás leso; y dijo
-al hombre:&mdash;Este año yo tomaré lo que quede debajo de la tierra y tú
-serás dueño de lo que quede encima.</p>
-
-<p>Se fué el Demonio y el Campesino sembró sandías y melones, y cuando el
-Diablo vino por la parte que le correspondía y vió que le tocaban puras
-raíces, y a su socio lindísimos melones y sandías, se puso a rabiar como
-un condenado (<i>sic</i>) y se arrancaba las mechas de ira.</p>
-
-<p>El Diablo no se dió por vencido, y después de meditar un rato, dijo al
-hombre:&mdash;En el próximo año será para mí lo que produzcan las plantas en
-la parte de arriba y debajo de la tierra; lo que den en el medio será
-para ti.&mdash;Y se fué pensando con esto vencer al Campesino.</p>
-
-<p>Pero el hombre, sembró maíz; y cuando el Diablo vino a reclamar su
-porción, los choclos correspondieron al Campesino y el Diablo quedó
-nuevamente burlado.</p>
-
-<p>&mdash;Me la ganaste, rugió el Demonio, tuyo es el campo; pero después nos
-veremos la cara.</p>
-
-<p>Mas el hombre se deja vencer del Diablo sólo cuando quiere, porque tiene
-inteligencia de sobra para reirse del enemigo malo, como lo demuestra
-este cuento.<span class="pagenum"><a name="page_210" id="page_210">{210}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-28" id="num1-28"></a>28. EL LIÓN Y EL HOMBRE{*}<br /><br />
-<small>(Narrado en 1888 por el carrilano albañil Pedro Antonio Liberona, natural de Nancagua, de 55 años de edad, y escrito, según sus recuerdo). por don Roberto Regifo, en Diciembre de 1921.</small></h2>
-
-<p>Taba el Lión viejo en su cueva, entre los riscos más encumbraos di una
-montaña. El Lión hijo, al velo tan respetoso, le icía:</p>
-
-<p>&mdash;¿Habrá, paire, en to el mundo uno más guapo que su mercé? (Así
-trataban antes los hijos a los paires).</p>
-
-<p>&mdash;Sí, hijo,&mdash;le contestó el veterano.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo ha e ser eso, paire, cuando yo, que soy su hijo, no le tengo
-mieo a naiden ni más respeto que a su mercé?</p>
-
-<p>&mdash;No t’engañís, hijo, hay en el mundo un animal muy brao que se la gana
-a toos; si nu es por bien, por mal si han de dar; por eso es que yo,
-qu’era el rey del mundo, m’hey tenío qu’enriscar entr’estos cerros, por
-no dame.</p>
-
-<p>&mdash;Con su permiso, paire, écheme la bendición y yu iré a peliar con ese
-animal pa quitale el mundo, ¡qué tanto será lo guapo! Empués e su mercé,
-¿qui animal será tan grande que yo no me li alime?</p>
-
-<p>&mdash;Nu es tan grande, hijo; pero es más ardiloso que toos, y se llama
-l’Hombre. Yo no ti aré nunca permiso, mientras viva, pa que vais a
-peliar con él.</p>
-
-<p>Quiso que no quiso el Lión joven tuvo que quiase refunfuñando y
-afilándose las uñas.</p>
-
-<p>El Lión viejo ’staba enfermo y a poco murió.</p>
-
-<p>Empués de lloralo el Lión joven y dejalo tapao con ramas que salió a
-cortar, pensó:&mdash;Agora sí que no me queo sin peliar con el Hombre; y
-salió cordillera aajo a uscalo.</p>
-
-<p>{*} Esta transcripción, aunque no completamente fonética, se aproxima al
-modo de hablar popular lo suficiente para darse cuenta de él. Sin
-embargo, debe advertirse que no siempre se han suprimido las eses y
-<i>zetas</i>, que en numerosos casos no se pronuncian, o suenan como
-aspiraciones muy tenues, por carecer la imprenta de los signos
-convenientes y no dificultar más la lectura. Lo mismo puede decirse de
-la b y de la v, que hay casos en que suenan, pero no con la fuerza que
-en el lenguaje que usa en Chile la gente educada.<span class="pagenum"><a name="page_211" id="page_211">{211}</a></span></p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_212" id="page_212">{212}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-28a" id="num1-28a"></a>28. EL LEÓN Y EL HOMBRE</h2>
-
-<div class="blockquot">
-<p>Lo primero qu’encontró en una d’esas vegas que se jorman aentro e los
-cajones e la cordillera jué un Caallo flaco.</p>
-
-<p>&mdash;¡Bah!&mdash;ijo&mdash;ese no mi aguanta na. ¿Vos sos el Hombre?&mdash;le gritó.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no soy el Hombre, iñor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién es el Hombre, entonce?</p>
-
-<p>&mdash;El Hombre, iñor, tá más p’aajo y es un animal muy malo y muy guapo; a
-mí me tiene bien dao, y porque no me le quería ar, me metió unos fierros
-en la oca, mi amarró con unos corriones, y con otros fierros clavaores
-que se puso en los talones, se me subió encima y mi agarró a pencazos y
-puyazos por las costillas, hasta que tuve qui hacer su oluntá y llevalo
-p’onde se li antojaba, y dey me largó p’estos rincones, onde casi me
-muero di hambre.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pa qué sos leso? Yo voy a uscar al Hombre a ver si es capaz de ponese
-conmigo.</p>
-
-<p>Más abajo, onde ya comienzan los potreros de serranía, vió etrás di una
-mangu’e pirca el lomo di un güey, con sus cachos.&mdash;Es’es el
-Hombre&mdash;pensó,&mdash;y que bien regrandazas son las uñas que tiene, pero en
-la caeza, mientras que yo las tengo en las manos. A ver si es el
-Hombre.&mdash;Y di un salto apareció encim’e la pirca.&mdash;¿Vos sos el
-Hombre?&mdash;le gritó.</p>
-
-<p>El Güey se puso a tiritar espantao, y sacando la voz como puo, le
-contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Yo no soy el Hombre, iñorcito. El Hombre vive más p’aajo.</p>
-
-<p>&mdash;Me querís engañar que no sos vos, porqu’ estay tiritando e cobardía.
-¿Y te alimas a peliar conmigo? ¿Pa qué’s ese cuerpo tan regrande y esos
-armamentos que tenís en la caeza si no pa ganásela a los que no son
-guapos como yo? ¡Pónele al tiro, si querís!</p>
-
-<p>&mdash;¡No, iñorcito, por Dios!, si yo no soy peliaor ni guapo; ya ve qu’el
-Hombre me tiene bien amansao y que cuando yo’staba más toruno y me le
-quise sulevar, m’echó unos lazos, me tiró al suelo y me marcó el pellejo
-con un fierro caliente, qu’entuavía m’escuece; ¿no ve, su señoría, aquí,
-en las ancas?... y m’hizo otras cosas más, bien repiores, que me dan
-vergüenza... Después me puso yugo y m’hizo tirar la carreta a picanazos;
-y aquí’stoy, iñor, paeciendo hasta qui al Hombre se li ocurra matame pa
-comeme.</p>
-
-<p>&mdash;¡Tan regrande y tan... vilote! No servís pa na. Me voy.&mdash;Y cortó cerro
-aajo en busqu’el Hombre.</p>
-
-<p>Ya iba diisando los planes regaos y al acao di una quebrá vió un humito
-y empués el rancho di una posisión d’inquilino, y se jué acercando
-espacito a los cercos.</p>
-
-<p>El Perro del inquilino l’olfatió y salió a lairale. El Lión se sentó a
-esperalo y pensó:&mdash;Este si qui ha e ser el Hombre; bien mi habían dicho
-que nu era tan grande; ¡a mí no me la gana este chicoco!; pero es pura
-alharaca lo que trae y no se viene al cuerpo.</p>
-
-<p>El Perro le lairaba retiraíto.</p>
-
-<p>&mdash;¡A ver, Hombre! callate un poco. ¿Vos sos el Hombre?</p>
-
-<p>&mdash;Yo no soy el Hombre; pero mi amo es el Hombre.</p>
-
-<p>&mdash;Así m’estaa pareciendo, porque lo que sos vos, no mi aguantay ni la
-primera trenzá. And’icile a tu amo que vengo a desafialo, a ver si es
-cierto qu’es el más guapo el mundo comu icen.</p>
-
-<p>Cortó el Perro pa la posisión y lueguito vinu el Hombre con una escopeta
-cargá.</p>
-
-<p>&mdash;¡Bah!&mdash;ijo el Lión&mdash;qué raro es el Hombre, nu anda con la caeza agachá
-como toos nosotros. ¿Cómo comerá? anda echao p’atrás! Bah! yo tamién me
-siento en las patas pa peliar con las manos libres ¿qué gran ventaja mi
-ha e llevar?... ¿Vos sos el Hombre?&mdash;le preuntó cuando lo vió cerca.</p>
-
-<p>&mdash;Yo soy el Hombre&mdash;le contestó el labrador.</p>
-
-<p>&mdash;A peliar contigo vengo pa saer cuál es el más guapo e los dos en el
-mundo.</p>
-
-<p>&mdash;Güeno&mdash;le ijo el Hombre&mdash;; pero pa que yo pelee tenís que sacame
-rabia; retame primero y empués te contesto yo.</p>
-
-<p>Prencipió el Lión a insultalo de bandío, saltiaor, coarde, lairón,
-ausaor, hasta que se cansó e retalo.</p>
-
-<p>&mdash;Agora me toca a mí,&mdash;ijo el Hombre.&mdash;Allá va una mala palaura;&mdash;y le
-largó un escopetazo y le quiebró una pata.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ay, ay, aicito!&mdash;gritó el Lión;&mdash;iñorcito Hombre, no peleo más con
-usté,&mdash;y arrancó a lo que poía cordillera aentro, a enriscase en las
-cumbres, pensando:&mdash;Bien icía mi finao taita que no juera a peliar con
-el Hombre; si con una mala palaura no más me quiebró una pata ¿qui
-habría sío si se me le viene al cuerpo?</p>
-
-<p>Y no bajó nunca más e las montañas, sino a escondías<a name="FNanchor_G_7" id="FNanchor_G_7"></a><a href="#Footnote_G_7" class="fnanchor">[G]</a>.<span class="pagenum"><a name="page_213" id="page_213">{213}</a></span></p>
-<p>Estaba el viejo León en su cueva, situada entre lo riscos más
-encumbrados de una montaña. El León hijo, al contemplarlo tan
-respetable, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Habrá, padre, en todo el mundo un ser más valiente que su
-merced? (Así trataban antes los hijos a los padres).</p>
-
-<p>&mdash;Sí, hijo&mdash;le contestó el anciano.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo ha de ser eso, padre, cuando yo, que soy su hijo, no le
-tengo miedo a nadie ni respeto mas que a su merced?</p>
-
-<p>&mdash;No te engañes, hijo, hay en el mundo un animal muy bravo que
-vence a todos; si no es por bien, por mal se han de entregar; por
-eso yo, que era el rey del mundo, para no verme vencido, he tenido
-que esconderme entre los riscos de estos cerros.</p>
-
-<p>&mdash;Echeme la bendición, padre, y con su permiso iré a pelear con ese
-animal y lo despojaré del dominio del mundo. ¡No será tan valiente!
-Fuera de su merced ¿qué animal habrá tan grande a quien yo no me
-atreva a atacar?</p>
-
-<p>&mdash;No es tan grande, hijo; pero es más astuto que todos y se llama
-el Hombre. Mientras yo viva, jamás te daré permiso para que vayas a
-pelear con él.</p>
-
-<p>Quiso que no quiso, el León joven tuvo que quedarse, refunfuñando y
-afilándose las uñas.</p>
-
-<p>El León viejo estaba enfermo y poco después murió.</p>
-
-<p>Después de llorarlo el León joven y de dejarlo cubierto con unas
-ramas que salió a buscar, pensó:&mdash;Ahora sí que no me quedo sin
-pelear con el Hombre; y bajó de la cordillera al valle para
-buscarlo.</p>
-
-<p>Lo que primeramente encontró en una de las vegas que se forman en
-las quebradas de la cordillera, fué a un Caballo flaco.</p>
-
-<p>&mdash;¡Bah!&mdash;dijo&mdash;ese no se atreverá conmigo. ¿Eres tú el Hombre?&mdash;le
-gritó.</p>
-
-<p>&mdash;No soy el Hombre, señor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién es el Hombre, entonces?</p>
-
-<p>&mdash;El Hombre, señor, vive más abajo, y es un animal muy malo y muy
-valiente; a mí me tiene completamente subyugado, y porque no quería
-entregármele, me metió unos hierros en la boca, me ató con
-correones, y con unas espuelas muy clavadoras que se colocó en los
-talones, se subió encima de mí y comenzó a darme pencazos y a
-clavarme las espuelas por los ijares, hasta que tuve que hacer su
-voluntad y llevarlo a donde se le antojaba, y en seguida me largó
-para estos rincones, en donde casi me muero de hambre.</p>
-
-<p>&mdash;Eso te sucede por tonto. Yo voy a buscar al Hombre porque deseo
-ver si se encuentra capaz de pelear conmigo.</p>
-
-<p>Más abajo, donde ya comienzan los potreros de serranía, vió detrás
-de una cerca de pirca, el lomo de un buey, con sus cuernos.&mdash;Este
-es el Hombre&mdash;pensó,&mdash;y qué enormes son las uñas que tiene, pero en
-la cabeza, mientras tanto yo tengo las mías en las manos. Veamos si
-es el Hombre.&mdash;Y de un salto se puso encima de la pirca.&mdash;¿Eres tú
-el Hombre?&mdash;le gritó.</p>
-
-<p>El Buey se puso a temblar, espantado, y sacando la voz como pudo,
-le contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Yo no soy el Hombre, señorcito. El Hombre vive más abajo todavía.</p>
-
-<p>&mdash;Quieres hacerme creer que no eres tú y estás temblando de miedo.
-Y dime ¿te atreves a combatir conmigo? ¿De qué te sirve ese cuerpo
-tan enorme y esas defensas que tienes en la cabeza sino para
-triunfar de los que no son valientes como yo? ¡Peleemos
-inmediatamente, si te atreves!</p>
-
-<p>&mdash;¡No, señorcito, por Dios! Si yo no soy peleador ni valiente! ya
-ve que el Hombre me tiene completamente manso, y una vez, cuando yo
-era más joven y quise sublevarme, me ató con unos lazos, me echó al
-suelo y me marcó la piel con un hierro candente, que todavía me
-escuece; ¿no ve, su señoría, la marca, aquí, en las ancas?... y aun
-me hizo otras cosas peores, que me avergüenza... Después me enyugó
-y me hizo tirar del carro a golpes de picana; y aquí me tiene,
-señor, padeciendo, hasta que al Hombre se le ocurra matarme para
-comerme.</p>
-
-<p>&mdash;¡Tan grande y tan... vil! No sirves para nada. Me voy.&mdash;Y siguió
-bajando el cerro en busca del Hombre.</p>
-
-<p>Ya divisaba los llanos regados, y al término de una quebrada vió un
-humo y después el rancho de una posesión de inquilino, y se acercó
-sin hacer ruido a los cercos.</p>
-
-<p>El Perro del inquilino lo olfateó y salió a ladrarle. El León se
-sentó a esperarlo y pensó:&mdash;Este sí que ha de ser el Hombre; bien
-me habían dicho que no era muy grande; ¡a mí no me vence este
-enano!; pero todo no es más que bulla y no se atreve a atacarme.</p>
-
-<p>El Perro le ladraba desde lejos.</p>
-
-<p>&mdash;¡A ver, Hombre! cállate un poco. ¿Eres tú el Hombre?</p>
-
-<p>&mdash;No soy el Hombre; pero mi amo es el Hombre.</p>
-
-<p>&mdash;Así me parecía, porque, lo que eres tú, no aguantas ni el primer
-ataque. Ve y dile a tu amo que vengo a desafiarlo; deseo ver si es
-efectivo lo que dicen, que es el ser más valiente del mundo.</p>
-
-<p>Fué el Perro para la posesión y volvió luego con el Hombre, que
-traía una escopeta cargada.</p>
-
-<p>&mdash;¡Bah!&mdash;dijo el León&mdash;qué raro es el Hombre, no lleva la cabeza
-baja como nosotros. ¿De qué manera comerá? anda derecho! Bah! yo
-también me siento en las patas traseras para pelear con las manos
-libres ¿en qué me aventajará?... ¿Eres tú el Hombre?&mdash;le preguntó
-cuando lo vió cerca.</p>
-
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_215" id="page_215">{215}</a></span></p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_214" id="page_214">{214}</a></span></p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_216" id="page_216">{216}</a></span></p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_217" id="page_217">{217}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Yo soy el Hombre&mdash;le contestó el labrador.</p>
-
-<p>&mdash;Vengo a pelear contigo para saber cuál de los dos es el más
-valiente.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, le dijo el Hombre;&mdash;pero para que yo pelee tienes que
-irritarme; insúltame tú primeramente y después te contesto yo.</p>
-
-<p>Púsose el León a tratarlo de bandido, salteador, cobarde, ladrón,
-abusador, hasta que se cansó de insultarlo.</p>
-
-<p>&mdash;Ahora me toca a mí&mdash;dijo el Hombre.&mdash;Allá va una mala palabra; y
-disparándole un escopetazo, le quebró una pata.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ay, ay, aicito!&mdash;gritó el León;&mdash;señorcito Hombre, no peleo más
-con usted,&mdash;y huyó como alma que lleva el diablo para el interior
-de la cordillera, a ocultarse entre los riscos de la cumbre,
-pensando:&mdash;Bien decía mi finado padre que no fuera a pelear con el
-Hombre; si con una sola mala palabra me quebró una pata, qué habría
-sido de mí si se me viene al cuerpo?</p>
-
-<p>Y nunca más bajó de las montañas, sino ocultándose.</p></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_218" id="page_218">{218}</a></span></p>
-
-
-<h2><a name="num1-29" id="num1-29"></a>29. LOS TRES HERMANOS QUE SALIERON A APRENDER A HABLAR<br /><br />
-<small>(Referido por el niño M. I. Oportot, de 12 años, en 1912.)</small></h2>
-
-<p>Este era un huaso rico que tenía tres hijos de muy escasa inteligencia,
-y el padre quería que aprendieran a hablar como la gente educada. Dióles
-dinero y les ordenó que salieran a conocer mundo, se fijaran cómo
-hablaban las personas decentes y no volvieran hasta que no se
-encontraran capaces de conversar como los caballeros.</p>
-
-<p>Salieron los tres hermanos y en un restaurant en que entraron a comer se
-sentaron cerca de una mesa en que había unos señores que jugaban al
-dominó.</p>
-
-<p>Al mayor de los tontos le gustó mucho la frase <i>Nosotros hemos sido</i>,
-que dijo uno de los jugadores contestando a un curioso que preguntaba
-quiénes habían ganado la partida; y se llevó repitiéndola hasta que se
-le quedó impresa en la memoria. Al segundo le llamó la atención lo que
-dijo otro de los jugadores a quien uno de los mirones interrogó por qué
-jugaba, y respondió <i>Por ganar dinero</i>, y se estuvo dale que dale con la
-frasecita, hasta que le pareció que no se le olvidaría. Y al tercero, lo
-que más le gustó fué la expresión <i>Por muy justa causa</i>, que lanzó otro
-de los circunstantes, y que la dijo no menos de cien veces en su
-interior, hasta que se le quedó perfectamente grabada.</p>
-
-<p>Y sucedió que cuando se volvían a su casa, muy contentos de las hermosas
-palabras que habían aprendido, al atravesar un campo por donde tenían
-que pasar, tropezaron con el cadáver de un hombre que acababa de ser
-asesinado y de cuyas heridas manaba sangre en abundancia.</p>
-
-<p>Se quedaron los tres hermanos asustados, con la boca abierta,
-contemplando al muerto, y así estaban cuando llega un guardián de a
-caballo y les pregunta:<span class="pagenum"><a name="page_219" id="page_219">{219}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Quién ha asesinado a este hombre?</p>
-
-<p>&mdash;Nosotros hemos sido&mdash;contesta el mayor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y por qué le dieron muerte?</p>
-
-<p>&mdash;Por ganar dinero&mdash;responde el segundo.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces van presos los tres&mdash;dice el guardián.</p>
-
-<p>&mdash;Por muy justa causa&mdash;contesta el tonto menor.</p>
-
-<p>Y fueron conducidos a la presencia del juez, quien, por suerte para
-ellos, les conocía y sabía que eran tontos de nacimiento, que si no, los
-manda fusilar.</p>
-
-<h2><a name="num1-30" id="num1-30"></a>30. LAS TRES GANGOSAS<br /><br />
-<small>(Contado por el niño Alfonso González, natural de Santiago, de 12 años,
-en 1912.)</small></h2>
-
-<p>Para saber y contar hay que escuchar y aprender. Esta era una señora que
-tenía tres hijas buenasmozonas, pero gangosas, que habían logrado
-hacerse querer de tres jóvenes, con los cuales se entendían por medio de
-señas y de cartas, porque la madre les había prohibido que hablaran con
-ellos, para que no les conocieran el defecto que tenían.</p>
-
-<p>Un día tuvo que salir la señora y les ordenó a las niñas que por nada de
-este mundo hablaran con sus pretendientes; y encargó a la mayor el
-cuidado de las ollas que quedaban al fuego, que no se subieran.</p>
-
-<p>Los jóvenes, que vieron salir a la señora, deseosos de conversar con las
-niñas, en cuanto se perdió de vista se colaron a la casa, y las niñas no
-tuvieron más remedio que salir al salón a atenderlos; pero ninguna
-hablaba, por más que los jóvenes les hacían mil preguntas.</p>
-
-<p>De pronto se oyó un ruido como si un líquido se derramara en el fuego; y
-entonces la segunda, hablando más por las narices que por la boca, dijo
-a la mayor:<span class="pagenum"><a name="page_220" id="page_220">{220}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Hegmana, vaya a veg las ollas que paguese que se han subido.</p>
-
-<p>Y la interpelada contestó:</p>
-
-<p>&mdash;De vegas, hegmanita, se me había ogvidado el encago de la mamá.</p>
-
-<p>Y pregunta la segunda:</p>
-
-<p>&mdash;¿No digo la mamá que no hablágamos?</p>
-
-<p>&mdash;¡De vegas! qué memoguia la mía Pog Dios! y tú también hablaste!</p>
-
-<p>&mdash;Pego yo no he dicho nada&mdash;dijo la menor;&mdash;con ustedes se va a enogag
-la mamá y les va a pegag.</p>
-
-<p>Al oir gangosear a sus prendas, los visitantes tomaron su sombrero y sin
-despedirse siquiera, salieron presurosos de la casa.</p>
-
-<p>Poco después volvió la madre, y al imponerse de lo que había sucedido,
-les aplicó a las tres una buena felpa, y mientras les pegaba, les decía:</p>
-
-<p>&mdash;¡Tomen, tontas gangosas! tomen Cuando ya me iba a deshacer de ustedes,
-todo lo echaron a perder.</p>
-
-<h2><a name="num1-31" id="num1-31"></a>31. EL CAPON ASADO<br /><br />
-<small>(Me lo refirió el joven D. A. Freire, de Santiago, en 1911.)</small></h2>
-
-<p>Un caballero salió a dar un paseo a caballo por las afueras de la ciudad
-y le encargó a la cocinera que a su regreso le tuviera un capón asado.
-Chepa (Josefa se llamaba la sirvienta) bajó al corral y cogió el más
-gordo de los capones que en él se criaban, y se puso a asarlo. El
-apetitoso olor que despedía el ave puesta al fuego tentó a la Pepa, que,
-no pudiendo resistir sus deseos, se comió un tuto. Cuando, en la tarde
-llegó el caballero, la Pepa le sirvió el capón en un azafate, adornado
-con ramas de apio, perejil y otras verduras, que ocultaban linda<span class="pagenum"><a name="page_221" id="page_221">{221}</a></span>mente
-la falta de la presa que la cocinera se había manducado; y el patrón
-comenzó inmediatamente a hacer funcionar las mandíbulas, empezando por
-la pechuga; sólo al fin vino a darse cuenta de que al ave le faltaba una
-pata.</p>
-
-<p>&mdash;¿Que es esto, Chepa?&mdash;preguntó a su servidora;&mdash;¿desde cuándo los
-capones tienen una pata solamente?</p>
-
-<p>&mdash;Desde que existen, pues, señor; siempre no han tenido más que una.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo es eso? Yo creía que tenían dos, como todas las aves.</p>
-
-<p>&mdash;Vamos al gallinero, patrón, y se convencerá de que los gallos, capones
-o no, y las gallinas no tienen sino una pata.</p>
-
-<p>&mdash;Vamos a ver esa maravilla.</p>
-
-<p>Fueron al gallinero, y como ya se había puesto el sol y las gallinas
-dormían, vieron que todas descansaban en una sola pata, como acostumbran
-cuando duermen, manteniendo la otra encogida y oculta entre las plumas.</p>
-
-<p>&mdash;¿No ve, patrón, como no tienen más que una pata?</p>
-
-<p>&mdash;Eso lo vamos a ver&mdash;contestó el caballero, espantando las aves, que
-bajaron de sus dormideros y echaron a correr despavoridas.&mdash;¿Ves como
-tienen dos patas?</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué gracia!&mdash;contestó la Chepa&mdash;¿y por qué no espantó también al
-capón antes de comérselo?</p>
-
-<p>El caballero no pudo menos que reírse a carcajadas y declararse vencido.</p>
-
-<h2><a name="num1-32" id="num1-32"></a>32. EL VENDEDOR DE COQUITOS</h2>
-
-<p>Un vendedor de coquitos tenía la costumbre, en vez de pregonar su
-mercadería, de hacerla sonar moviendo repetidas veces, de arriba abajo,
-el canasto que la contenía.</p>
-
-<p>Se le acerca un gabacho que no habla castellano ni conoce los coquitos,
-y pregunta:</p>
-
-<p>&mdash;Comment s’apelle&mdash;ça?</p>
-
-<p>&mdash;Si no se pelan, ñor, se parten.<span class="pagenum"><a name="page_222" id="page_222">{222}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Comment?</p>
-
-<p>&mdash;¡Con la mano! No, iñor, con pieira.</p>
-
-<p>&mdash;Je ne comprend pas.</p>
-
-<p>&mdash;Y si no habís de comprar ¿pa qué preguntay, gringo tal por cual?</p>
-
-<h2><a name="num1-33" id="num1-33"></a>33. EL VENDEDOR DE PEQUENES<br /><br />
-<small>(Variante del anterior).</small></h2>
-
-<p>Un francés recién llegado a Santiago, que no habla español, se acerca a
-un pequenero y le pregunta, mostrándole los pequenes:</p>
-
-<p>&mdash;Ces sont des gateaux?</p>
-
-<p>&mdash;¡De gato! De purita carne de cordero, iñor! ¿qué si ha figurao usté?</p>
-
-<p>&mdash;Qu’est ce que ce que ça?</p>
-
-<p>&mdash;¿Asáas? Clarito, pus, ñor, y recién sacaítas del horno qui están!</p>
-
-<p>&mdash;Je ne comprend pas.</p>
-
-<p>&mdash;No comprís, pus, gringo leso; pa lo que se me da; ¡cuando la gente se
-las pelotea y en un dos por tres se las acaba!</p>
-
-<h2><a name="num1-34" id="num1-34"></a>34. EL CUENTO DE LOS TRES DIFUNTOS</h2>
-
-<p>Encontraron una vez a tres hombres asesinados, que parecían extranjeros.
-Para identificar sus personas, no encontraron sobre ellos señal alguna;
-pero al hacerles la autopsia, descubrieron en los intestinos de uno un
-tallarín, de lo cual dedujeron que era italiano; en los del otro
-descubrieron un poroto, y se tuvo por signo evidente de que era chileno;
-en los del tercero no encontraron nada, pero por el habla vinieron a
-comprender que era alemán.<span class="pagenum"><a name="page_223" id="page_223">{223}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num1-35" id="num1-35"></a>35. EL SACRISTAN QUE HABLA A LOS FIELES.<br /><br />
-<small>(Contado por la Srta. Elisa Echeverría L., de Santiago, en 1914).</small></h2>
-
-<p>Un día Domingo amaneció mal de salud el Cura de una parroquia de campo,
-y encargó al Sacristán que a la hora conveniente dijera al pueblo que el
-señor Cura no podía decir misa por estar enfermo, pero que era bueno que
-rezaran el rosario; que el Jueves era vigilia porque el Viernes era San
-Simón y San Judas; y que Pedro Martínez y María Jiménez iban a contraer
-matrimonio y que si había algún impedimento, pasaran a avisárselo.</p>
-
-<p>Llegada la hora de la misa, el Sacristán se presentó en el presbiterio y
-volviéndose al público dijo:</p>
-
-<p>“El señor Cura está enfermo, pero con la Rosario se pone bueno; el
-Jueves es Viernes, vigilia de Pedro Martínez y María Jiménez; San Simón
-y San Judas van a contraer matrimonio, si hay algún impedimento, que se
-presenten a avisarlo”.</p>
-
-<p>Con la falta de costumbre de hablar en presencia de tanta gente, al
-pobre Sacristán se le trastrocaron las ideas.</p>
-
-<h2><a name="num1-36" id="num1-36"></a>36. POR QUE EL JOTE TIENE LA CABEZA Y EL COGOTE SIN PLUMAS.<br /><br />
-<small>(Este cuentecillo y los que siguen, hasta el Núm. 40, me fueron contados
-en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito González).</small></h2>
-
-<p>Unos arrieros llevaban unas cargas de trigo para un pueblo y donde
-alojaron les sacaron las cargas y los aparejos a las mulas.</p>
-
-<p>Cuando al otro día se levantaron y fueron a aparejar las bestias, se
-encontraron con que los lacillos, las sobrecargas y las amarras habían
-desaparecido.<span class="pagenum"><a name="page_224" id="page_224">{224}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Quién se habrá robado los aperos?&mdash;dijo el Capataz.&mdash;Sería capaz de
-darle un costal de trigo a quien me lo dijera.</p>
-
-<p>Entonces un Burro que estaba pastando por ahí cerca y que había visto en
-la noche a una Zorra y a sus Zorritos que se llevaban los lacillos, las
-sobrecargas y las amarras, le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Un almud de trigo que me pagaran y que me lo dejaran en ese
-peladerito, yo les traía los aperos y los ladrones.</p>
-
-<p>Hicieron el trato, y entonces el Burro se fué a la madriguera de la
-Zorra y se tendió cerca de la entrada.</p>
-
-<p>Un zorrito salió y al ver al Burro exclamó:</p>
-
-<p>&mdash;¡Ay mamita! Dios ha venido a vernos! mire qué causeíto nos ha dejado
-aquí!</p>
-
-<p>Salió la Zorra y gritó a los zorritos:</p>
-
-<p>&mdash;¡Vengan, niños!, traigan los lacillos, las sobrecargas y las amarras
-para amarrar a este Burro y arrastrarlo para adentro. Vamos a tener
-comida para una semana por lo menos.</p>
-
-<p>Amarraron al Burro de todas partes y se pusieron a hacer fuerzas para
-arrastrarlo, pero los lazos se les resbalaban de las manos. Entonces
-dijo la Zorra:</p>
-
-<p>&mdash;Amarrémonos todos nosotros de los lacillos, de las sobrecargas y de
-las amarras y lo arrastraremos mejor.</p>
-
-<p>Así lo hicieron, y el Burro, al verlos amarrados, se levantó y arrastró
-con todos ellos y se los llevó a los arrieros.</p>
-
-<p>Le dejaron el almud de trigo convenido, en el peladerito que el Burro
-había dicho, pero como tenía mucho polvillo, se le ocurrió al Burro lo
-siguiente para limpiarlo. Se tendió en el suelo con el trasero vuelto a
-donde estaba el trigo, y otra vez se hizo el muerto. Un Jote que andaba
-revoloteando por ahí, bajó, y como lo primero que hacen estos pájaros es
-comerse la tripa gorda, el Burro, que lo sabía, pujó con todas sus
-fuerzas y sacó parte del estantino, y entonces el Jote le dió un
-picotazo<span class="pagenum"><a name="page_225" id="page_225">{225}</a></span> en esa parte e inmediatamente el Burro frunció el orificio y
-junto con el estantino entraron la cabeza y el cogote del Jote. El Jote,
-por zafarse, movía las alas como un diablo y con el viento que echaba
-lanzó lejos todo el polvillo y dejó el trigo completamente limpio.
-Entonces soltó al Jote, que al salir se encontró con la cabeza y el
-cogote pelados. Con el calor que los burros tienen adentro se le
-desprendieron las plumas, y desde entonces los jotes tienen la cabeza y
-el cogote pelados.<a name="FNanchor_H_8" id="FNanchor_H_8"></a><a href="#Footnote_H_8" class="fnanchor">[H]</a></p>
-
-<h2><a name="num1-37" id="num1-37"></a>37. LAS TRES MENTIRAS.</h2>
-
-<p>Un campesino, al morir, dejó por toda herencia a los tres hijos que
-tenía la cantidad de trescientos pesos. Los dos mayores, que eran muy
-ambiciosos, querían adueñarse de toda la cantidad; y a fin de que uno
-solo se quedara con ella, propusieron al menor dejar enterrada la plata
-y salir a rodar tierras por un año, y entregarla al que, al volver,
-contara la mentira más grande. Aceptó la proposición el menor, y
-salieron. Al año justo se juntaron los tres en el mismo punto en que se
-habían apartado, que era donde habían enterrado el dinero, y después de
-abrazarse, comenzó el mayor:</p>
-
-<p>&mdash;Yo, hermanitos, he trabajado durante todo el año de chacarero, y una
-vez planté una mata de garbanzos que creció tanto, tanto, que llegó
-hasta el cielo.</p>
-
-<p>&mdash;¡Grandaza está la mentira!&mdash;dijeron los otros dos.<span class="pagenum"><a name="page_226" id="page_226">{226}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Ahora diga la suya, hermano&mdash;dijo el mayor al segundo.</p>
-
-<p>&mdash;Yo&mdash;dijo éste&mdash;estuve trabajando en una hilandería, y torcí en una
-ocasión un hilo tan largo, tan largo, que mientras yo lo tenía de una
-punta la otra llegaba al cielo.</p>
-
-<p>&mdash;Bien regrande la mentira&mdash;dijeron los otros dos.&mdash;A usted, hermanito,
-le toca decir la suya.</p>
-
-<p>&mdash;Yo&mdash;dijo el menor&mdash;no trabajé en nada fijo, sino en lo que me tocaba;
-yo a todo le hacía. Una noche que venía por un camino muy solo, me puse
-a torcer un cigarrito, y cuando lo fuí a encender, me encontré con que
-no tenía fósforos, y mientras tanto, ya me moría de ganas de fumar. ¿Qué
-hice entonces? Divisé una luz en la Luna y subí hasta ella a encender mi
-cigarro.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y por dónde subiste?</p>
-
-<p>&mdash;Por el hilo que tú torciste.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y por donde bajaste?</p>
-
-<p>&mdash;Por el garbanzo que tú plantaste.</p>
-
-<p>Los trescientos pesos le correspondieron al menor, que era el menos
-ambicioso y que ni siquiera se había preocupado en todo el año de urdir
-su mentira.</p>
-
-<h2><a name="num1-38" id="num1-38"></a>38. EL PEQUEN Y EL SAPO.</h2>
-
-<p>Estaba un Sapito arriero tomando el sol, cuando un Pequén, que lo divisó
-desde lo alto, bajó y se le puso al lado, sin darle tiempo para saltar
-al agua.</p>
-
-<p>Los sapos, como los burros, tienen fama de ser torpes, pero es un error,
-porque son habilosazos y tienen muy buenas ocurrencias.</p>
-
-<p>Vean, si no, lo que se le ocurrió al Sapo.</p>
-
-<p>Al ver el peligro en que se hallaba, no se cortó; al contrario, saludó
-muy políticamente al Pequén y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Buenos días, señor Pequén, ¿cómo está su salud y<span class="pagenum"><a name="page_227" id="page_227">{227}</a></span> la de sus oficiales
-y soldados? porque, seguramente, usted por lo menos es general. Yo tengo
-muy buen ojo y estoy cierto de no equivocarme al decirle que debe ser
-general,... si acaso no es el Presidente.</p>
-
-<p>El Pequén dijo para sí:</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué sapito tan dije y tan bien educado!&mdash;y en voz alta:&mdash;Estamos
-todos bien, sapito lindo. ¿Y qué se te ofrece a ti?</p>
-
-<p>&mdash;Nada más que no me coma, señor General; siendo usted una persona tan
-digna, espero que no tratará de comerse a este pobre Sapo, contimás que
-hay aquí tantísimos ratones a su disposición y su carne es tan ricaza.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué sapito tan bien hablado!&mdash;pensaba el Pequén para sus adentros,
-¿me lo comeré o no me lo comeré? tengo tantísima hambre.&mdash;Y hablando
-fuerte, le dijo: Veremos, sapito, si te como o no te como.</p>
-
-<p>Y en esto el Pequén bostezó y cerró los ojos, y el Sapo que no despegaba
-los suyos de los de su enemigo, en cuanto lo vió pestañear se echó al
-agua y le gritó al Pequén:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">&mdash;¡Ah, pájaro indino,<br /></span>
-<span class="i0">saltiaor de caminos,<br /></span>
-<span class="i0">que andáis, como garrotero,<br /></span>
-<span class="i0">saltiando a los pasajeros!<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Y el Pequén dijo:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">&mdash;¡En qué hora estaría<br /></span>
-<span class="i0">que no me comí a esta porquería!<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<h2><a name="num1-39" id="num1-39"></a>39. EL GUAIRAO Y EL SAPITO.</h2>
-
-<p>Pasó volando un Guairao por encima de un estero, y al ver a un Sapito,
-bajó para comérselo; pero el Sapito, que lo vió a tiempo, de un salto se
-metió al agua. El Guairao, que es medio filósofo, dijo:<span class="pagenum"><a name="page_228" id="page_228">{228}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¡Miren lo que son estos lesos!</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">permiten ahogarse en el estero,<br /></span>
-<span class="i0">por no pasar por mi guargüero.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<h2><a name="num1-40" id="num1-40"></a>40. LOS GUAIRAOS Y EL SAPO.</h2>
-
-<p>Iban volando dos Guairaos y divisan a un Sapo que estaba de espaldas con
-la guata al sol, tan blanquita, que le brillaba. Dice un Guairao al
-otro:</p>
-
-<p>&mdash;Hermanito, el que está ahí ¿no es un Sapo?</p>
-
-<p>Y el Sapo, que los oye, le contesta:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">&mdash;No soy un Sapo;<br /></span>
-<span class="i0">¿que no vis que soy un trapo?<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Entonces el Guairao dijo:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">&mdash;A trapo que habla,<br /></span>
-<span class="i0">mi guargüero se lo traga.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Y se lo comió.<span class="pagenum"><a name="page_229" id="page_229">{229}</a></span></p>
-
-<h2><a name="II_Parte" id="II_Parte"></a><span class="smcap">II Parte</span><br /><br />
-<small>MITOS, TRADICIONES, CASOS.</small><br /><br />
-<small><span class="smcap">Narraciones supersticiosas.</span></small></h2>
-
-<div class="blockquott"><p>Benditas sean las tradiciones, tanto más respetables cuanto más
-pueriles... Ellas nos conservan lo pintoresco, la noción
-sentimental de la vida. En el monótono ir y venir de la péndola, en
-el caer de las hojas del calendario, en la vulgaridad de los
-hechos, esas tradiciones colocan una flor de poesía. De esta
-suerte, y mediante ellas, el itinerario es menos aburrido.&mdash;(<span class="smcap">J.
-Ortega Munilla</span>).&mdash;<i>Tenorios, castañas y buñuelos.</i> (<i>Diario Hisp.
-Americano</i>, N.º 394, de 24 de Enero de 1918).</p></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_231" id="page_231">{231}</a></span></p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_230" id="page_230">{230}</a></span></p>
-
-<h2><a name="MITOS" id="MITOS"></a> MITOS</h2>
-
-<h2><a name="num2-1" id="num2-1"></a>1. EL CHANCHILLO.<br /><br />
-<small>(Referido por D. H. Iribarren Charlín, de 17 años. 8 de Julio de 1911.)</small></h2>
-
-<p>El Chanchillo es un pescado de las playas de Coquimbo, de metro y medio
-de largo por 0.70 de diámetro en su parte más gruesa.</p>
-
-<p>Es tradicional en la costa de la provincia de Coquimbo la buena amistad
-que existe entre el Chanchillo y el hombre. Cuando un pescador ha caído
-al agua, porque la tempestad haya hecho zozobrar la barca, o por
-cualquier otro motivo, si hay cerca un Chanchillo, toma al hombre sobre
-su lomo y lo va a dejar a la playa, en un lugar en que esté libre de
-todo peligro. De aquí proviene el cariño que el pescador siente por el
-Chanchillo, y por lo cual, siempre que lo divisa, lo saluda con los
-nombres más dulces. Es común oir contar a los pescadores que un
-Chanchillo libró de la muerte a sus padres o abuelos.</p>
-
-<p>Si un Chanchillo es cogido en las redes y muere antes de que el pescador
-pueda librarlo, el hecho produce verdadera consternación en la población
-pescadora, que, presa de un miedo supersticioso, pasa dos o tres días
-sumida en la tristeza.<span class="pagenum"><a name="page_232" id="page_232">{232}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num2-2" id="num2-2"></a>2. EL CHUMACO.<br /><br />
-<small>(Información que en 1921 me suministró el cirujano dentista D. Roberto
-Sundt, natural de la provincia de Coquimbo.)</small></h2>
-
-<p>Personaje legendario con quien se atemoriza a las mujeres en los campos
-y pueblos situados a ambas márgenes del Choapa, cerca de su
-desembocadura, advirtiéndoles que se cuiden de él, que no las vaya a
-destripar.</p>
-
-<p>Posiblemente <i>El Chumaco</i> fué el sobrenombre de un bandido sátiro que a
-principios del siglo pasado estableciera en aquellos parajes el campo de
-sus fechorías.</p>
-
-<h2><a name="num2-3" id="num2-3"></a>3. LA CALCHONA.<br /><br />
-<small>(Contado por el niño D. Ramón Fernández G., estudiante, de 14 años.
-Santiago, 1911.)</small></h2>
-
-<p>Un hombre, ignorando la condición de su novia, se casó con una bruja.
-Por ciertos hechos que ocurrieron más tarde, entró en malicia, y desde
-entonces la acechaba, sin que ella lo notara; hasta que una vez, en la
-noche, la vió desnudarse; sacarse los ojos, que dejaba en un plato con
-agua; untarse el cuerpo con un ungüento negro; envolverse en un cuero de
-oveja, y salir al campo, donde se unió a muchas otras ovejas: y en
-cuanto se juntó con ellas, vió que todas emprendían desenfrenada
-carrera, y las perdió de vista en un instante.</p>
-
-<p>El marido tornó inmediatamente a su casa y tomando los ojos que su mujer
-había dejado en el plato, y el ungüento, los arrojó a una acequia muy
-correntosa.</p>
-
-<p>Cuando la mujer volvió, no pudiendo encontrar ni los ojos ni el
-ungüento, siguió convertida en oveja, y desde entonces se la ve correr
-por la orilla del río y de los tajamares. Los muchachos le han puesto el
-nombre de Calchona, por tener grandes mechones de lana en las
-extremidades de sus patas.<span class="pagenum"><a name="page_233" id="page_233">{233}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num2-4" id="num2-4"></a>4. OTRA VERSION.<br /><br />
-<small>(Del joven estudiante D. Francisco Vásquez, de 15 años, de Santiago.)</small></h2>
-
-<p>En la Chimba de Santiago vivía, hace mucho tiempo, una bruja casada con
-un zapatero, al cual le daba todas las noches un licor para hacerlo
-dormir. En cuanto el zapatero comenzaba a roncar, la bruja le echaba
-unto a sus niñitos, que se convertían en zorros, y en seguida se untaba
-ella, y transformada en cabra, salía a merodear.</p>
-
-<p>Un día tuvo que ausentarse el zapatero y no volvió sino ya muy entrada
-la noche. Se quedó todo sorprendido de no encontrar a su mujer ni a sus
-niños; pero en un rincón vió cinco zorritos.&mdash;¿Qué es esto? dijo el
-zapatero. Y uno de los zorritos contestó.&mdash;Mi mamita salió, pero antes
-nos echó de los untos que hay en esas cajas y nos volvió zorros y
-después se echó ella de los mismos untos y se volvió cabra, y salió.</p>
-
-<p>Tomó el zapatero del unto y les echó a los zorritos, que se volvieron
-niños otra vez, sacó el unto de las cajas y lo arrojó a la acequia, que
-llevaba mucha agua, y tiró a la calle las cajas con el poco unto que iba
-pegado a ellas.</p>
-
-<p>Al amanecer llegó la cabra y sólo halló las cajas vacías, con un poco de
-unto pegado; lo sacó y se lo echó en la cara, y no le alcanzó para más.
-Por eso anda todavía de noche, en figura de cabra con cara y manos de
-gente.</p>
-
-<h2><a name="num2-5" id="num2-5"></a>5. OTRA VERSION.</h2>
-
-<p>En una casa de campo vivía un matrimonio joven, con dos hijos pequeños.
-La mujer era bruja y los jueves en la noche, mientras su marido dormía
-profundamente, gracias a un narcótico que le suministraba con el vino,
-en la comida, se trasladaba al aquelarre transformada en oveja. El
-marido, sospechoso de que algo pasaba, esperó una vez que su mujer se
-levantara de la mesa para traer un<span class="pagenum"><a name="page_234" id="page_234">{234}</a></span> guiso de la cocina, y arrojó al
-patio el vino con el narcótico. Cuando la mujer volvió, fingió que
-acababa de bebérselo. Fueron a acostarse, pero el marido, en lugar de
-dormir, atisbaba cuidadosamente a su mujer. Pero antes de media noche se
-levantó ella, y el marido la vió desnudarse por completo, untarse el
-cuerpo con un ungüento que extraía de un pequeño pote de loza y a la
-media noche salir de la casa convertida en oveja. El hombre esperó un
-rato, se levantó, ensilló su caballo, guardó en sus bolsillos cuanto
-dinero encontró, y tomando a los niños, montó en su cabalgadura y partió
-a la carrera, pero no sin incendiar antes la casa, que el fuego consumió
-en pocos momentos con todo lo que contenía, incluso el pote de unto.
-Cuando la oveja volvió, no halló sino un montón de ruinas, y como había
-desaparecido el unto, no pudo tornar a su forma primitiva y tuvo que
-seguir viviendo transformada en oveja. Esta es la Calchona, que en todas
-partes se introduce, balando tristemente, en busca de sus hijos.</p>
-
-<p>Los campesinos, que saben que es una mujer que purga sus pecados, la
-dejan transitar libremente y le dan leche y las sobras de sus comidas.</p>
-
-<h2><a name="num2-6" id="num2-6"></a>6. LA VIUDA<br /><br />
-<small>(Me lo contó el joven estudiante D. Carlos Puccio, de Molina y 17 años
-de edad, en 1911.)</small></h2>
-
-<p>Cuando construían el hospital de Molina, a los que pasaban cerca de él a
-las 12 de la noche, les salía una mujer vestida de negro (a los que iban
-a caballo se les montaba al anca), y del susto, perdían el conocimiento.
-Entonces la mujer les robaba todo lo que llevaban.<span class="pagenum"><a name="page_235" id="page_235">{235}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num2-7" id="num2-7"></a>7. LA MUJER LARGA.</h2>
-
-<p>Del Cementerio de Paredones (provincia de Curicó, departamento de
-Vichuquén), sale a las 12 de la noche una mujer muy larga. Cuando
-alguien se le acerca, se achica y le crujen las enaguas. Al primer canto
-del gallo, vuelve a su sepultura.</p>
-
-<h2><a name="num2-8" id="num2-8"></a>8. EL PIGUCHEN.<br /><br />
-<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2>
-
-<p>El Piguchén es un culebrón muy viejo, más o menos de medio metro de
-largo, cubierto de cerdas; es de color negro y tiene alas. Vive en la
-cordillera, pero, volando, llega de noche hasta San Bernardo y Santiago
-y le chupa la sangre al ganado. Se esconde en el día, en el hueco de los
-árboles viejos y se conoce su presencia porque los troncos están
-chorreados de la sangre que vomita. No se le puede coger porque es muy
-venenoso, tanto que basta que sus cerdas toquen la piel de un hombre,
-para que éste caiga muerto. Para matarlo, cubren el árbol en que está
-escondido con una tela fuerte, para que no pueda huir, y en seguida le
-prenden fuego al árbol.</p>
-
-<p>Para ahuyentarlo e impedir que haga daño al ganado, basta hacer sonar un
-cuerno de buey; el sonido ronco que produce este instrumento le causa
-pavor y se va a otra parte.</p>
-
-<p>No embiste contra el hombre sino en caso de verse atacado por él.</p>
-
-<h2><a name="num2-9" id="num2-9"></a>9. LA CUCA.<br /><br />
-<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2>
-
-<p>Una señora anciana que vivía en la Cordillera, contó a la abuelita del
-niño Vásquez, que me hizo ésta y muchas otras relaciones, que aparecía
-en la Cordillera un<span class="pagenum"><a name="page_236" id="page_236">{236}</a></span> monstruo, mitad mujer, mitad vaca, que andaba
-siempre con la cabeza tapada, de manera que no se le veía el rostro. La
-llamaban <i>La Cuca</i>. Penetraba a las casas, sacaba de sus camas a las
-personas que dormían y las dejaba en otro sitio distante, sin causarles
-ningún daño.</p>
-
-<h2><a name="num2-10" id="num2-10"></a>10. EL CABRO VIEJO.<br /><br />
-<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2>
-
-<p>En la Cordillera vive un ser mitad hombre (un viejo barbudo) y mitad
-cabro. Sale por las noches solamente, y si alguna persona pasa cerca de
-donde él está, la llama por su nombre; si le contestan, desaparece
-inmediatamente y lo encuentran muy lejos, en la misma Cordillera, sin
-cabeza y con el cuerpo destrozado; o va a parar a los Pirineos (<i>sic</i>).
-Muchos trabajadores del ferrocarril transandino son testigos de lo
-primero.</p>
-
-<h2><a name="num2-11" id="num2-11"></a>11. EL HOMBRE TIGRE.<br /><br />
-<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2>
-
-<p>En el camino de los Callejones (en la misma Cordillera, pero no sabe mi
-informante en qué provincia), salía un tigre a atacar a los viajeros y
-les robaba, los llevaba a la cueva en que vivía y los mataba.</p>
-
-<p>Una vez iba por ese camino un sacerdote acompañado de su mozo, y les
-salió el tigre.</p>
-
-<p>El sacerdote se asustó mucho, y al verlo que temblaba de pavor, el mozo
-le dijo:&mdash;“No se le dé nada, señor”;&mdash;y sacándole la montura al caballo,
-se revolcó en ella, se volvió tigre y se puso a pelear con el que les
-había salido al camino, y lo venció, dejándolo bastante maltratado. El
-vencido dijo:&mdash;“No me mates, que soy hombre como tú y soy tu amigo”.&mdash;El
-mozo del cura lo perdonó, y ambos, refregándose en la montura, se
-convirtieron en<span class="pagenum"><a name="page_237" id="page_237">{237}</a></span> hombres. Entonces el que había salido a atacarlos llevó
-al cura y al mozo a la cueva en que vivía y les dió de todo lo que tenía
-guardado en ella: espuelas de plata, ropa, sillas de montar, alhajas,
-etc. Después de lo cual se despidieron y el cura con su mozo continuó su
-camino.</p>
-
-<h2><a name="num2-12" id="num2-12"></a>12. EL PERAL ENCANTADO.</h2>
-
-<p>En Paredones, provincia de Curicó, hay un peral que se incendia a media
-noche. Nadie puede pasar cerca de él, a caballo, porque el caballo se
-espanta y arroja al jinete y lo mata.</p>
-
-<p>LAGUNAS.&mdash;NIÑAS QUE SE PEINAN CON UN PEINE DE ORO.</p>
-
-<h2><a name="num2-13" id="num2-13"></a>13. LA SIRENA DEL RIO CATO.<br /><br />
-<small>(D. Augusto Escárate, de 12 años; ha vivido en Chillán.)</small></h2>
-
-<p>Cerca del río Cato, provincia de Ñuble, en una parte alejada del camino,
-sale en las tardes de los jueves una niña muy hermosa que tiene los
-cabellos de oro y canta con muy linda voz. Algunas personas, atraídas
-por el canto, se internan en la montaña en donde está la <i>Sirena</i> (la
-conocen con este nombre) y no vuelven más. No se sabe lo que les suceda.</p>
-
-<h2><a name="num2-14" id="num2-14"></a>14. LA SIRENA DE ACULEO.</h2>
-
-<p>En la laguna de Aculeo sale todas las noches a las 12 a peinarse una
-niña, con un peine de oro. Los que pasan cerca y tratan de ir a donde
-está la niña, se caen en la laguna y se ahogan irremisiblemente. Se dice
-que toca en un arpa de oro y que cuando deja de tocar, salen siete
-potros que corren sobre el agua, y siete jinetes que los persiguen
-tirándoles el lazo, sin conseguir enlazarlos.<span class="pagenum"><a name="page_238" id="page_238">{238}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num2-15" id="num2-15"></a>15. LA LAGUNA DE TAGUATAGUA.<br /><br />
-<small>(Referido por D. Luis Barahona Novoa, dentista, en 1910.)</small></h2>
-
-<p>Cuando don Javier Errázuriz hacía secar la laguna de Taguatagua (hace 60
-años, más o menos), decían los pobladores de la hacienda que a la hora
-de la siesta salía el Diablo en figura de un toro con las astas de oro.
-El mayordomo del fundo lo enlazó un día y el toro cortó el lazo. Mandó
-hacer entonces otro más fuerte, de cuero de novillo, que el toro no pudo
-cortar, pero arrastró al mayordomo, sin embargo de que montaba un
-caballo muy bueno. Cuando el mayordomo iba cerca de la laguna, que aun
-no estaba bien seca, sacó su corvo y cortó el lazo, para no morir
-ahogado.</p>
-
-<p>El toro cuidaba de una niña que todas las tardes, después de ponerse el
-sol, salía a la orilla de la misma laguna y se sentaba en una piedra a
-peinar sus rubios cabellos con un peine de oro. La gente la oía cantar
-desde lejos, con voz melodiosa, acompañándose con los sones de un arpa
-que tocaba maravillosamente. Si alguien se acercaba, huía
-precipitadamente y se zambullía en el agua, para no salir hasta la tarde
-siguiente.</p>
-
-<h2><a name="num2-16" id="num2-16"></a>16. LA CUEVA DE LA NIÑA.</h2>
-
-<p>En la playa de Bucalemu hay, en un cerro, una caverna que llaman la
-Cueva de la Niña, en la cual vive una jovencita encantada, que en la
-noche sale a peinarse a la playa con un peine de oro, que relumbra a la
-luz de la luna. Se sienta en una roca, y si alguno, atraído por su
-hermosura, se le acerca, el mar comienza a subir, hasta ahogar al
-curioso. Si en el día entran con luz a la cueva, se la apagan de un
-soplido, que no se sabe de dónde sale.<span class="pagenum"><a name="page_239" id="page_239">{239}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num2-17" id="num2-17"></a>17. LA LAGUNA DE PUDAHUEL.<br /><br />
-<small>(Referido en 1911 por el joven estudiante D. Ramón Fernández, de 15
-años, de Santiago.)</small></h2>
-
-<p>Hace muchos años, cuando aun no se había tendido la línea del
-ferrocarril que une a Santiago con Valparaíso, seis carreteros que con
-sus correspondientes carretas cargadas venían del puerto a la capital,
-llegaron a la laguna de Pudahuel, un Viernes Santo. Cinco carreteros no
-quisieron seguir adelante, en consideración a lo sagrado del día; pero
-el sexto dijo que no le importaba que fuese Viernes Santo y que él no
-estaba para perder el tiempo. Y dándole con la picana a los bueyes, se
-metió, con la carreta, en el agua, por la parte más baja de la laguna.
-En el momento en que iban más o menos por el medio, un Cuero<a name="FNanchor_I_9" id="FNanchor_I_9"></a><a href="#Footnote_I_9" class="fnanchor">[I]</a> que
-había en el fondo asió bueyes y carretas y los atrajo hacia sí. El
-carretero, viendo que los bueyes se hundían, los picaneaba y les gritaba
-para que salieran afuera; pero inútilmente, porque el Cuero no los
-soltó; por el contrario, una vez que aseguró sus presas en lo más hondo
-de la laguna, cogió también al carretero, a quien sus compañeros vieron
-desaparecer instantes después.</p>
-
-<p>Desde entonces, todos los Viernes Santos se oyen las voces del
-carretero, que llama a sus bueyes.<span class="pagenum"><a name="page_240" id="page_240">{240}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num2-18" id="num2-18"></a>18. LA LAGUNA DE LAS TRES PASCUALAS.<br /><br />
-<small>(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez.)</small></h2>
-
-<p>Allá en los tiempos en que los españoles dominaban en Chile, vivía cerca
-de Concepción, en un hermoso palacio rodeado de huertos y jardines, una
-bella dama, madre de tres lindísimas hijas que respondían a los nombres
-de Sol, Esperanza y Alegría, pero entre la gente del pueblo, a causa del
-nombre de la madre, se las llamaba las tres Pascualas. Murió la madre, y
-las niñas se entregaron a una vida disipada, viviendo en continua fiesta
-con los jóvenes de Concepción y otras ciudades, que iban a divertirse al
-palacio que habitaban. Muchos caballeros se perdieron por culpa de estas
-niñas. Las faltas que se cometían en aquel palacio fueron tan numerosas
-y tan grandes, que Dios, cansado de tanto pecado, hizo que un día de
-gran fiesta, se hundiera el palacio con las tres niñas y todos sus
-acompañantes, que serían más de cincuenta personas, llenándose de agua
-el espacio que antes ocupaba aquel lugar de disipación y sus
-dependencias. Y la extensión de agua que se formó por esta causa, y que
-todavía existe, es la que se conoce con el nombre de “Laguna de las tres
-Pascualas”.</p>
-
-<p>Una vez un joven se quedó dormido sobre una gran piedra que hay a la
-orilla de esta laguna, y cuando despertó vió que tres hermosas niñas
-ponían una mesita delante de él y le sirvieron toda clase de manjares y
-vinos exquisitos. Estuvo con ellas el resto del día y toda la noche
-divirtiéndose alegremente. Al día siguiente, despertó como a las 12 y se
-encontró desnudo sobre un banco de arena del Bío-Bío.</p>
-
-<p>Siempre que el agua de la laguna baja, se ve una enorme roca que tiene
-la forma de una iglesia. Las pocas personas que han conseguido entrar y
-salir vivas, dicen que adentro hay un altar maravillosamente lindo,
-delante del cual brillan más de cien mil luces.<span class="pagenum"><a name="page_241" id="page_241">{241}</a></span></p>
-
-<h2><a name="HISTORIAS_DE_BRUJOS" id="HISTORIAS_DE_BRUJOS"></a>HISTORIAS DE BRUJOS</h2>
-
-<h2><a name="num2-19" id="num2-19"></a>19. LA CUEVA DE LA MULA</h2>
-
-<p>En un cerro que se levanta al lado sur del Tinguiririca, en el
-departamento de San Fernando, por cuya falda pasa el camino del
-Calabozo, hay una cueva de Salamanca que tiene a la entrada una gran
-piedra en que se ve estampada una pata de mula. Para entrar a esta cueva
-deben hacerlo varias personas en compañía, las cuales pueden tomar para
-sí lo que quieran de un gran tesoro que hay en el medio de ella; pero,
-para salir, tienen que dejar encerrado a uno de los que entraron.</p>
-
-<h2><a name="num2-20" id="num2-20"></a>20. LA RANA CASTIGADA<br /><br />
-<small>(Me lo refirió el estudiante D. Antonio Morales, de 16 años, en
-Santiago, en 1909.)</small></h2>
-
-<p>En una casa vivían tres hermanas.</p>
-
-<p>Un día se propusieron visitar a unas amigas, pero una de ellas,
-pretextando hallarse indispuesta, no acompañó a las otras dos.</p>
-
-<p>Cuando estaban de visita, vieron entrar a la sala una enorme rana, que a
-todas causó gran susto.</p>
-
-<p>Las hermanas, que maliciaban que la que se había quedado sin
-acompañarlas era bruja, se imaginaron que podía ser ella, que venía a
-molestar a sus amigas, a quienes odiaba; y aunque hicieron lo posible
-por que las dueñas de casa no le causaran daño, fué cruelmente
-maltratada, dándosele de palos con el mango de un plumero.</p>
-
-<p>Al llegar las dos niñas a su casa, encontraron a su hermana en cama,
-cubierta de contusiones y heridas, que ella explicó diciendo que se
-había resbalado y que la caída se las había producido.</p>
-
-<p>La explicación no era aceptable, y de ello dedujeron las hermanas que
-era cierto lo que pensaban. Y lo era, en efecto.<span class="pagenum"><a name="page_242" id="page_242">{242}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num2-21" id="num2-21"></a>21. LA RANA VENGATIVA<br /><br />
-<small>(Contado por el mismo joven Morales, en 1909.)</small></h2>
-
-<p>Una muchacha del pueblo encuentra en su camino una rana y tomando unas
-ortigas le pega fuertemente con ellas en el vientre. La rana quedó sin
-movimiento, patas arriba y muy hinchada.</p>
-
-<p>En la noche, al abrir la muchacha la cama para acostarse, una enorme
-rana sale de debajo de la almohada y sentándose en las patas traseras se
-queda mirando a la muchacha con una mirada tan fija y tan fuerte que le
-heló la sangre y cayó muerta.</p>
-
-<p>La rana era una bruja.</p>
-
-<h2><a name="num2-22" id="num2-22"></a>22. LA CUEVA DE LAS CARDILLAS<br /><br />
-<small>(Me lo refirió el niño D. Oscar Salinas, de 12 años, en 1912. Lo oyó
-contar en Melipilla.)</small></h2>
-
-<p>En un cerro situado cerca de las Cardillas, en el departamento de
-Melipilla, hay una cueva que, según dicen, está habitada por brujas.</p>
-
-<p>Una vez un joven se propuso visitar la cueva, y en efecto, fué a ella y
-entró alumbrándose con una linterna. Al poco rato de andar, se encontró
-con una sala muy hermosa, lujosamente amueblada, y sentadas en
-riquísimas sillas, unas cinco niñas de 18 a 20 años, muy bonitas y
-ataviadas de costosos trajes y valiosísimas alhajas. Lo invitaron a
-comer y él aceptó. Los servicios eran de plata y los cubiertos de oro, y
-los manjares tan sabrosos que él, mozo rico y muy aficionado a la buena
-mesa, jamás los había comido tan exquisitos. En un descuido de las
-jóvenes, se echó al bolsillo un cubierto completo y una tortita de
-dulce. Cuando terminó la comida, le exigieron que se quedara a dormir y
-él, que se había enamorado de una<span class="pagenum"><a name="page_243" id="page_243">{243}</a></span> de las niñas, no se hizo de rogar y
-se quedó con ella. Al otro día, cuando despertó, se encontró abrazado a
-un esqueleto, y en los bolsillos, en lugar del cubierto, con tres
-huesos: en vez de la torta, halló una bosta de buey. La linterna había
-desaparecido y le costó mucho trabajo y más de una hora para salir.</p>
-
-<h2><a name="num2-23" id="num2-23"></a>23. EL HOMBRE QUE QUISO VOLAR.<br /><br />
-<small>(Referido en 1911, por D. Francisco 2.º Vásquez, que lo oyó contar en
-Santiago.)</small></h2>
-
-<p>Vivía en el campo una señora con sus dos hijas, y una vez llegó un
-hombre que trabajaba en una chacra vecina a pedir alojamiento y se lo
-dieron.</p>
-
-<p>Serían como las 12 de la noche cuando el hombre despertó, y sintiendo
-ruido en la pieza vecina, se levantó descalzo y en paños menores, como
-estaba, y se puso a aguaitar por la cerradura de la puerta que
-comunicaba su pieza con la de la dueña de casa, y vió a la señora y a
-una de sus hijas que, enteramente desnudas, se echaban por todo el
-cuerpo un betún negro, y cuando estuvieron completamente embadurnadas,
-oyó que decían: “De villa en villa, de lugar en lugar”, y vió que salían
-volando por una ventana que estaba abierta y daba al patio. Después de
-un buen rato, se metió a la pieza de la señora por la ventana, se
-desnudó y se untó todo el cuerpo con el betún negro; después dijo: “De
-vida en vida, de lugar en lugar” e inmediatamente voló hasta llegar al
-techo y cayó desde esa altura, dándose tan feroz golpe que quedó
-aturdido. (No pudo volar bien porque equivocó la fórmula, pues dijo “de
-vida en vida, de lugar en lugar”, en vez de decir “de villa en villa, de
-lugar en lugar”, que fué como dijeron la señora y su hija).</p>
-
-<p>Cuando madre e hija llegaron a su pieza, al amanecer, se encontraron con
-el cuerpo inanimado del chacarero, y, para castigarlo, la señora lo
-convirtió en burro, y lo ocu<span class="pagenum"><a name="page_244" id="page_244">{244}</a></span>paron desde entonces para traerlo cargado
-de leña que iban a buscar a un cerro cercano. Pasó así mucho tiempo,
-hasta que una noche, la hija menor (no la que había volado) le dijo al
-burro:&mdash;“Te voy a volver hombre, pero con la condición de que te vayas
-lejos de aquí y no vuelvas más”. Y lo llevó a un sitio en que la señora
-tenía una plantación de repollos, y tomando uno muy chiquito, se lo dió
-a comer. En cuanto el burro devoró el repollito, se convirtió en hombre,
-y dando las gracias a su bienhechora, se fué. Al llegar el día, se
-encontró en un bosque muy oscuro, y unos leñadores que andaban por ahí,
-viéndolo desnudo, le fueron a buscar ropa. El hombre se quedó trabajando
-con ellos y les contó lo que le había sucedido.</p>
-
-<h2><a name="num2-24" id="num2-24"></a>24. EL FALTE BRUJO.<br /><br />
-<small>(Me lo contó, en 1911, el joven D. Carlos Puccio, de 17 años, de
-Molina.)</small></h2>
-
-<p>Hay en Molina un falte que se llama Miguel Molina y es brujo y poeta.</p>
-
-<p>Cuentan de él que una vez, en la Cordillera, se subió en pelo en un
-caballo blanco muy lindo que pacía en un potrero y vieron que de repente
-desapareció con la cabalgadura. Dicen que llegó hasta la Argentina, pues
-ese mismo día lo vieron allá conversando con un amigo suyo.</p>
-
-<p>Otra vez, que andaba vendiendo su mercadería por unos caminos, un hombre
-que conducía una carreta le sacó de la caja un pañuelo; él se hizo el
-que nada había visto y lo dejó irse; pero una vez que el hombre se hubo
-adelantado como tres cuadras, la carreta comenzó a retroceder hasta que
-llegó cerca del falte y el carretero tuvo que devolverle el pañuelo
-robado.</p>
-
-<h2><a name="num2-25" id="num2-25"></a>25. LOS BRUJOS DE PEUMO.<br /><br />
-<small>(Procede de D. Roberto Rengifo, quien me entregó escrita esta relación
-en 1921.)</small></h2>
-
-<p>Cerca del pueblo de Peumo, capital del departamento<span class="pagenum"><a name="page_245" id="page_245">{245}</a></span> de Cachapoal, hay
-unos cerros aislados cuyas cumbres tienen la forma de bonetes cónicos de
-punta alta redondeada, y a ellos acostumbra ir la gente de los
-alrededores a holgarse y divertirse los días domingos, llevando causeos
-y licores. El más grande de estos cerros se llama Gurutrén o Gulutrén.</p>
-
-<p>Vivían en ese punto, no hace aún muchos años, algunos pobres
-descendientes de los aborígenes, que pasaban por brujos entre los
-pobladores modernos, atribuyéndoles que, como en la cumbre del Gulutrén
-bailaba el Diablo, subían ellos los sábados a hacer licanes o untos para
-echarse en el cuerpo y salir volando como los chonchones.</p>
-
-<p>Cuentan que el carpintero de la hacienda de Codao, que era la más grande
-y próxima de aquellos contornos, se perdía los sábados, de Peumo, y las
-malas lenguas lo atribuían a que tenía tratos con los brujos. Y en
-prueba de ello referían que algún tiempo después, queriendo volar él
-también, subió con los otros brujos al Gulutrén, se echó los untos y
-diciendo “Sin Dios ni Santa María”, se tiró desde la cumbre y de repente
-se encontró en el aire volando entre una bandada de chonchones; pero, al
-pasar por sobre las casas del fundo y divisarlas tan abajo, asustado
-exclamó: “¡Ave María, que vamos bien alto!”, y en el acto se cayó y se
-mató. El domingo por la mañana lo encontraron reventado, en medio del
-camino, frente a las casas<a name="FNanchor_J_10" id="FNanchor_J_10"></a><a href="#Footnote_J_10" class="fnanchor">[J]</a>.<span class="pagenum"><a name="page_246" id="page_246">{246}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num2-26" id="num2-26"></a>26. LA APARICION DE LA CULEBRA.<br /><br />
-<small>(Me lo contó en 1911 el niño D. Juan Pereira, de 16 años, de Cauquenes.)</small></h2>
-
-<p>Un caballero invitó a almorzar a una comadre que pasaba por bruja, y en
-medio del almuerzo le preguntó si era cierto lo que de ella se decía, y
-le pidió que si lo era efectivamente, hiciese que le apareciera a él una
-culebra enroscada en el brazo derecho. La comadre se quedó callada; pero
-al poco rato el caballero sintió como que se le adormecía el brazo, y
-poco a poco fué apareciendo una culebra, que momento a momento le
-estrechaba más el brazo. Entonces el caballero le pidió que la hiciera
-desaparecer, pero la comadre le dijo que ella misma no podía hacerlo;
-que tenía que ir a casa de otra bruja, que le indicó; y que llevara de
-unas yerbas de que le entregó un buen manojo. Fué allá, y la otra bruja
-le sobó el brazo con el zumo de las yerbas y la culebra fué
-desapareciendo poco a poco.</p>
-
-<h2><a name="num2-27" id="num2-27"></a>27. EL COMERCIANTE CONVERTIDO EN BURRO.</h2>
-
-<p>Nicolás Fuenzalida, de 70 años, guardián de la Biblioteca Nacional, me
-contó, en 1920, en presencia de varios empleados de la misma Biblioteca,
-que siendo joven de unos veinte años, había sido mozo de un rico
-comerciante que recorría todo el Sur con una recua de mulas cargadas de
-mercaderías, y él era uno de los diez o más hombres que lo acompañaban
-para el servicio y resguardarlo de los bandidos que en aquel tiempo
-infestaban los caminos; y que una vez que iban de viaje, se alojaron en
-casa de un campesino acomodado que tenía varias hijas muy hermosas.
-Comieron bien y se fueron a dormir, el patrón solo, en una pieza cómoda
-y bien amueblada, y ellos, en el pajar, cuidando de las bestias. Debían
-continuar el viaje al día siguiente, pero el comerciante no apareció,<span class="pagenum"><a name="page_247" id="page_247">{247}</a></span>
-sin embargo de que nadie lo había visto salir. Esperaron tres días y
-como el comerciante no pareciera, dieron aviso al Subdelegado, que,
-mientras tanto, se hizo cargo de las mulas y de las cargas.</p>
-
-<p>Fuenzalida y los demás mozos se fueron cada uno por su lado.</p>
-
-<p>Pasados algunos años, Fuenzalida se encontró en Santiago con su antiguo
-patrón y le preguntó qué le había sucedido en aquella ocasión. El
-comerciante le contó que el campesino dueño de la casa en que alojaron,
-lo había sorprendido a media noche con la menor de las niñas y, en
-venganza, lo había convertido en burro, porque era brujo; que lo había
-tenido así seis meses haciéndolo trabajar hasta dejarlo rendido, y todas
-las noches, antes de irse a acostar, le propinaba una paliza que lo
-dejaba todo derrengado; que pasados los seis meses, le había
-dicho:&mdash;“Creo que ya estás bien castigado de la falta de lealtad con que
-pagaste la hospitalidad que te di; pero si quieres volver a ser hombre,
-tendrás que firmarme una escritura por la que conste que te he comprado
-y pagado las mulas y mercaderías que todavía están en poder del
-Subdelegado, y entregues 10,000 pesos a mi hija, como dote; si no,
-seguirás siendo burro toda tu vida”. No tuve más remedio que aceptar,
-pues, de haberme negado, todavía sería burro y estaría viviendo a razón
-de hambre y yéndome a dormir previa una formidable paliza cada noche.</p>
-
-<h2><a name="num2-28" id="num2-28"></a>28. EL CABALLERO QUE QUISO APRENDER A BRUJO.<br /><br />
-<small>(Referido por D. Francisco 2.º Vásquez.)</small></h2>
-
-<p>Un caballero fue a visitar a un amigo y se quedó a tomar once. Servido
-el té, el amigo tomó una bandeja, se fué al rincón de la sala y se puso
-a decir:&mdash;“¡Vengan galletas! ¡vengan tostadas!” y aunque repitió estas
-frases<span class="pagenum"><a name="page_248" id="page_248">{248}</a></span> varias veces, la bandeja continuaba vacía. Entonces salió al
-patio, y el caballero, desde donde estaba sentado, lo veía mover los
-labios como si murmurase unas palabras. Después de lo cual entró y se
-dirigió nuevamente al rincón con la bandeja y comenzó a repetir las
-mismas frases:&mdash;“¡Vengan galletas! ¡vengan tostadas!”, y la bandeja, en
-un instante se cubrió de galletas y tostadas riquísimas; pero muchas de
-las visitas que había en la casa no quisieron ni siquiera probarlas, por
-temor de que les ocurriera alguna desgracia.</p>
-
-<p>Cuando se retiraron las visitas, el caballero le dijo a su
-amigo:&mdash;“Quisiera que me enseñaras la manera de conseguir los alimentos
-que pida”.&mdash;“No sólo los alimentos&mdash;contestó el amigo&mdash;sino todo lo que
-uno desee. Ven mañana, en la noche, y te enseñaré”. Volvió el caballero
-al otro día, ya oscuro, y el amigo lo llevó a una pieza apartada de la
-casa y ahí los dos se desnudaron completamente. El caballero tenía
-colgado al cuello un <i>detente</i>; el amigo le ordenó que se lo sacara y lo
-tirara afuera por una ventana, lo que hizo el otro. Esperaron las 12 de
-la noche y se fueron a un cerro cercano y cuando estuvieron arriba, el
-amigo balbuceó unas palabras que el caballero no entendió e
-inmediatamente se vieron rodeados de multitud de animales feroces y
-alimañas horribles. El amigo se puso a acariciar a un culebrón, que se
-le enrolló en el cuello, y le dijo al caballero:&mdash;“Toma tú el animal que
-más te guste”. El caballero tiritaba de miedo y dijo a su amigo que
-mejor no le enseñara el arte de ser brujo porque jamás se atrevería a
-ejercitarlo. Entonces el amigo murmuró unas cuantas palabras y el
-caballero se encontró vestido en la puerta de su casa.<span class="pagenum"><a name="page_249" id="page_249">{249}</a></span></p>
-
-<h2><a name="num2-29" id="num2-29"></a>29. EL ZAPATERO QUE SE VOLVIA GALLO.</h2>
-
-<p>Siendo yo empleado de la Administración principal de Correos de Santiago
-(1888), desempeñaba el puesto de Oficial 2.º de la misma Administración
-don Francisco Muñoz Donoso, hermano del canónigo y famoso orador sagrado
-don Esteban Muñoz Donoso, en cuya compañía, y en la de toda su familia,
-vivía en la calle de Santa Rosa.</p>
-
-<p>Un día que varios empleados de la oficina hablábamos de los tipos raros
-de Santiago, Muñoz Donoso nos refirió la curiosa historia de un zapatero
-que contaba haberse vuelto gallo, y habiendo yo manifestado deseos de
-oir de boca del mismo zapatero protagonista tan peregrina relación, me
-llevó a casa del zapatero, que también vivía en la calle de Santa Rosa.</p>
-
-<p>El zapatero era un hombre entrado en años, de gesto alegre y de rostro
-simpático, a pesar de faltarle un ojo, cuyos párpados se hundían dentro
-de la cuenca.</p>
-
-<p>Sabedor del objeto de mi visita y a la vista de dos chauchas que
-deposité sobre su mesa de trabajo, desató la sinhueso, y se lanzó a
-contarme aquella historia:</p>
-
-<p>“Vivía en esta misma calle, cerca de mi casa, señor, un caballero rico
-que había perdido su fortuna en las peleas de gallo, a que era
-extremadamente aficionado. Un día que este caballero me trajo unos
-zapatos para que se los remendara, se puso a departir conmigo y a
-quejarse de su mala suerte: ya no le quedaban más de 200 pesos de los
-muchos miles que había tenido y pensaba jugarlos el domingo próximo
-apostando a un famoso gallo inglés que debían llevar ese día a la
-cancha. Yo le dije:&mdash;Antes de ir a la cancha, pase, señor, por mi
-cuarto, yo dejaré la puerta junta para que entre, y en mi mesita de
-trabajo encontrará una jaula con un buen gallo de pelea; llévelo y
-apueste cuanto pueda a ese gallo y esté seguro de que ganará. A la
-vuelta pasa a dejar la jaula donde la<span class="pagenum"><a name="page_250" id="page_250">{250}</a></span> encontró, y, al lado, cinco pesos
-por cada apuesta que gane.</p>
-
-<p>“Llegó el domingo, y yo, señor, que entonces practicaba el arte, me
-volví gallo y me metí adentro de la jaula. Pasó el caballero, me llevó a
-la cancha, y despaché con toda facilidad cuatro o cinco gallos, incluso
-el famoso gallo inglés.</p>
-
-<p>“En cuanto, de vuelta, me dejó en la mesa y se fué el caballero, salí de
-la jaula y me volví hombre y encontré en el sitio convenido más de cien
-pesos.</p>
-
-<p>“Al otro día me dijo el patrón que había ganado como 5,000 pesos y
-quedamos en que el domingo volvería a buscar el gallo. Me volvió a
-llevar, y como en la vez anterior, maté todos los gallos que me pusieron
-al frente, y así siguió sucediendo por más de un mes, el caballero
-llenándose de plata y yo ganando cada domingo entre ciento y ciento
-cincuenta pesos, de suerte que, como estaba en la pura boya, ya ni
-siquiera trabajaba. Señor, todo el mundo me agarró miedo y ya no querían
-apostar en mi contra, porque todos se estaban arruinando. Pero sucedió
-que una vez, al dar fin a la pelea, un hombre flaco y muy feo, que por
-primera vez se le veía en la cancha, desafió a mi patrón para el domingo
-siguiente, diciéndole que él llevaría un gallo que valía más que el de
-mi patrón y que desde luego le apostaba 20,000 pesos.&mdash;“Convenido, le
-dijo mi patrón”, y tomando la jaula, la dejó en mi pieza con la parte de
-ganancia que me correspondía. Yo, señor, si le he de decir verdad,
-cuando oí el desafío de aquel hombre tan feazo, me dió un poquito de
-susto, pero, cuando llegó el domingo, para criar valor, porque el susto
-me duraba, tomé un buen trago de aguardiente, me volví gallo y me metí
-en la jaula. Cuando llegamos a la cancha, ya estaba ahí el hombre flaco,
-con un gallo macizo, señor, un gallo que era gigante entre los gallos, y
-renovó su apuesta. Fueron a los 20,000 pesos y nos pusieron a mí y a mi
-contrario frente a frente.</p>
-
-<p>“Señor, la pelea fué tremenda. Al ver a aquel gallazo<span class="pagenum"><a name="page_251" id="page_251">{251}</a></span> tan grande se me
-picó el amor propio y me hirvió la sangre.&mdash;“¡Clo, clo, clo!&mdash;dijo mi
-enemigo después de un buen rato de pelea en que no habíamos hecho más
-que arrancarnos las plumas, y me lanza tan feroz estacazo en el ojo
-derecho que me lo vació por completo y casi perdí el conocimiento; pero
-me sostuvo la rabia y el aguardiente que había tomado, y me le fuí a la
-carga con todo denuedo; él se defendía también valerosamente, y el
-espectáculo presentaba tantos atractivos que los jugadores curiosos ni
-respiraban siquiera. Yo estaba, señor, ciego de la rabia de haber
-quedado tuerto, y criaba más valor al oir que todos apostaban contra
-mí.&mdash;“Van 20,000 pesos más”, gritaba el hombre flaco.&mdash;“Van 20,000 más”,
-contestaba mi patrón. Creo que entre todos los jugadores apostarían más
-de 100,000 pesos a favor del otro gallo. El caso es que de tanto pelear
-estábamos los dos contendientes bien cansados, pero yo veía que el otro
-estaba más gastado que yo; y picotazo va y picotazo viene, y un
-espolonazo chingado y otro que se perdía en el aire, pillé a mi enemigo
-en un descuido y... ¡Clo, clo, clo, clo!... con todas las fuerzas que me
-quedaban, le atravesé con la espuela la cabeza y lo dejé tendido,
-muerto. Señor, no se oían mas que las maldiciones de los perdidos, que
-eran casi todos los que ahí estaban, y la voz del patrón que contaba la
-plata que recibía y se embolsicaba muy placentero.</p>
-
-<p>“El patrón me dejó al lado de la jaula $5,000, y al otro día, al verme
-tuerto, me preguntó qué me había pasado. Sólo entonces le conté que era
-yo el que peleaba convertido en gallo, y le dije que ya no pensaba
-volverme gallo nunca más. Creo, señor, le agregué, que el gallo que maté
-era un hombre como yo, y quién sabe si era el Diablo el que lo llevaba.</p>
-
-<p>“El caballero me dijo que como ya había rehecho su fortuna, pensaba no
-jugar más y así lo hizo. Pero yo, señor, que era joven, que no olvidaba
-que tantas veces había sido gallo y que me gustaba divertirme, remolí
-to<span class="pagenum"><a name="page_252" id="page_252">{252}</a></span>da la plata, y cuando me quedé sin cobre volví a trabajar en mi
-antiguo oficio de zapatero.</p>
-
-<p>“Señor, la plata que ganan los brujos no aprovecha, se vuelve sal y
-agua”.</p>
-
-<h2><a name="num2-30" id="num2-30"></a>30. LA ROSA DE LAS MONJAS CLARAS.</h2>
-
-<p>En unas misiones que se daban en el Sur de Chile, después de terminadas
-las distribuciones piadosas, un hombre se acercó a confesarse con uno de
-los misioneros, y, entre otros pecados, se confesó de que practicaba la
-magia negra. El sacerdote le dijo que un hombre inteligente no debía
-creer en tales cosas, que las prácticas de magia eran simples ilusiones
-diabólicas y que nunca producían nada positivo. El penitente le contestó
-que no era así y que, si quería comprobarlo, lo pusiera a prueba. El
-sacerdote aceptó, y le dijo que le hiciera venir una rosa del rosal tal
-y cual que estaba en tal parte del jardín de las monjas clarisas de
-Santiago, único de su clase que había en todo el país. El hombre le dijo
-que estaba bien, que se la traería en una hora y que, para proceder, lo
-encerrara en una pieza oscura y que guardara la llave. Así se hizo, y el
-sacerdote, después de cerrar la puerta de la pieza, se guardó la llave.
-Como tres cuartos de hora después el sacerdote entró a la pieza, y cuál
-no sería su espanto al ver tendido en el suelo un cuerpo sin cabeza.
-Repuesto un poco del susto, se propuso hacer una prueba en el cuerpo que
-estaba en tierra sin movimiento y le enterró en el talón del pie
-izquierdo un alfiler, pero el cuerpo estaba completamente insensible.
-Salió, y no volvió a entrar sino una vez cumplida la hora, y si antes
-fué grande su espanto al encontrarse con un cadáver, cuánto mayor no
-sería al verse frente a frente del hombre, que, de pie, le ofrecía una
-rosa, fresca y fragante, y le preguntaba si era de las mismas que le
-había pedido. El sacerdote, que estaba sumamente admirado, no contestó
-nada, sino que lo invitó a salir del cuarto. Cuando el hombre se<span class="pagenum"><a name="page_253" id="page_253">{253}</a></span> puso a
-andar, cojeaba y se quejaba. El sacerdote le preguntó qué tenía, y él le
-respondió que al dejarse caer desde lo alto de la muralla al jardín de
-las monjas, se había clavado una espina del rosal en el talón y le dolía
-mucho.&mdash;“¿No ves como todo es pura ilusión?&mdash;le dijo el padre. No hay
-tal espina, ni tal muralla, ni nada; el dolor que sientes proviene de un
-alfiler que yo mismo te clavé en el talón”;&mdash;y para demostrárselo, le
-retiró el alfiler.&mdash;“Lo de la espina puede que sea ilusión, repuso el
-hombre; pero ¿y la rosa? es o no es de las del jardín de las monjas
-claras? Señor, yo no quiero volver a practicar la magia, y deseo seguir
-confesándome”. Y terminó su confesión, manifestándose muy arrepentido de
-sus pecados.</p>
-
-<p>Esta historia se la contó a Francisco 2.º Vásquez su abuelita, quien la
-oyó de boca del sacerdote que confesó al brujo.</p>
-
-<h2><a name="num2-31" id="num2-31"></a>31. EL CABALLERO QUE FUE TRANSFORMADO EN CABALLO Y DESPUES EN PAVO<br /><br />
-<small>(Contado en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito
-González, natural de Choapa, de 57 años de edad.)</small></h2>
-
-<p>Un empleado de la administración de la hacienda de Panquehue refirió en
-1910 a un grupo de trabajadores, entre los cuales se encontraba el
-maestro Tránsito, que, en una ocasión que fué a Talagante,<a name="FNanchor_K_11" id="FNanchor_K_11"></a><a href="#Footnote_K_11" class="fnanchor">[K]</a> unos
-amigos lo convidaron a remoler en casa de unas niñas buenasmozas. El se
-atracó a una haciéndosele el enamorado, y como no consiguiera la primera
-noche lo que pretendía, se quedó en la casa unos cuantos días, hasta que
-salió con la suya, pero engañando a la niña con palabra de casamiento.<span class="pagenum"><a name="page_254" id="page_254">{254}</a></span></p>
-
-<p>“Cuando me volvía&mdash;contaba&mdash;muy satisfecho de mi hazaña, al atravesar un
-bosquecito me encontré de repente convertido en caballo”. ¡Caramba!,
-dije para mí, ¿qué voy a hacer ahora? No es mala la suerte que se me
-espera si sigo siendo caballo!” Y me metí en el bosquecito, en donde
-pasé el resto del día y toda la noche.</p>
-
-<p>“Al otro día temprano, unos trabajadores que estaban trillando con
-yeguas en un campo cercano, tropezaron conmigo, y uno dijo:&mdash;“¡Caracho
-con el caballo lindo! ¿Llevémoslo pa l’era?&mdash;Ya ’stá, llevémoslo”. Y lo
-llevaron.</p>
-
-<p>“Trabajé muy bien, amigos, para que no me azotaran ni me clavaran las
-espuelas, y todos me miraban con la boca abierta de ver tan bien que lo
-hacía. En esto llega el capataz de la trilla y pregunta:&mdash;“¿De quién es
-ese caballo?&mdash;Lo encontramos en medio de la mancha de boldos que ’stá pu
-allá arriba, contestó uno.&mdash;Suéltenlo, dijo el capataz, no vaya a venir
-su dueño y nos haga cargos por estar trabajando con caballo ajeno.&mdash;Pero
-si no tiene marca, señor.&mdash;No importa; suéltenlo”. Y con gran contento
-de mi parte me soltaron y me volví para la manchita de boldos, como
-decían los peones por el bosquecito, no muy ligero, porque, como no
-estaba acostumbrado al trabajo que me habían obligado a hacer, me sentía
-muy fatigado.</p>
-
-<p>“Apenas entré al bosque, se me puso por delante la muchacha con que
-había estado remoliendo, y tirándome un atado de pasto me dijo:&mdash;“Toma,
-pa qui aprendáy a burlarte de las mujeres; yo te volví caballo; cómete
-ese pasto y mandate a cambiar”.</p>
-
-<p>“Me comí el pasto y en cuanto tragué la última mascada, me volví hombre
-otra vez.</p>
-
-<p>“Ya era de noche y apreté a correr para el pueblo y en el primer rancho
-que vi con luz golpeé y salió a abrir la puerta una mujer como de unos
-veinticinco años, nada mal parecida.</p>
-
-<p>&mdash;“Señora, le dije, deme alojamiento por esta noche, porque no sé a
-dónde dirigirme, y me siento muy cansa<span class="pagenum"><a name="page_255" id="page_255">{255}</a></span>do; he perdido mi caballo y ni
-siquiera sé en qué parte me encuentro.</p>
-
-<p>&mdash;“Está a la entrada de Talagante, señor, y por lo que hace a
-alojamiento, no hay en el rancho mas que esta pieza y no tengo otra cama
-que la que usted ve”&mdash;y me mostraba una pallasa tirada sobre un catre;
-además, mi marido no está en la casa, pues salió a hacer unas
-diligencias y no volverá hasta mañana.</p>
-
-<p>&mdash;“Señora, permítame que me ponga en un rincón cualquiera; si lo único
-que deseo es estar bajo techo, y no se moleste por mí.</p>
-
-<p>&mdash;“Si no es tan delicado como yo creía, entre, pues, señor.</p>
-
-<p>“La mujer se desnudó y acostó, y en seguida me dijo:</p>
-
-<p>&mdash;“Ya sabe usted que no hay más que esta cama, si quiere, venga a
-acostarse a mi lado.</p>
-
-<p>&mdash;“Pero, señora, si aquí estoy bien y no quiero molestarla, si me basta
-con no dormir al sereno.</p>
-
-<p>&mdash;“Venga a acostarse le dicen, y no sea leso.</p>
-
-<p>&mdash;“¿Y si llega su marido de repente y me pilla?</p>
-
-<p>&mdash;“No sea leso, le digo; mi marido está en Malloco y no llegará hasta
-mañana con el sol alto.</p>
-
-<p>“¡Qué diablos! la mujer no era fea, y mejor es dormir aunque sea en una
-pallasa que acurrucado en un rincón. Me desnudé y acosté al lado de la
-mujer.</p>
-
-<p>“Al otro día, muy temprano, antes que saliera el sol, sentimos que
-alguien se acercaba cantando al rancho.</p>
-
-<p>&mdash;“Es mi marido,&mdash;dijo la mujer&mdash;¿cómo se habrá venido tan pronto?; pero
-no importa, vístase ligerito y se mete debajo del catre.</p>
-
-<p>“Apenas me había escondido en el lugar que me dijo la mujer, entra el
-marido y la mujer le dice:</p>
-
-<p>“&mdash;Anda a buscarme leña, Manuel, para hacer lueguito una cazuela, porque
-he amanecido con antojo.</p>
-
-<p>“Y mientras Manuel iba por leña al sitio, la mujer dijo unas cuantas
-palabras que no entendí y me volví pavo, y me echó para el corral, donde
-había muchos otros toda<span class="pagenum"><a name="page_256" id="page_256">{256}</a></span>vía en su dormidero. Me subí como pude y me metí
-entre las demás aves, cuando oigo a Manuel que pregunta a su mujer:</p>
-
-<p>&mdash;“¿Y ese pavo tan grandazo y tan gordo?</p>
-
-<p>&mdash;“Es de la vecina y debe haberse pasado ayer en la tarde.</p>
-
-<p>&mdash;“Matémoslo pa que no sea intruso y comimos cazuela ’e pavo con
-chichoca, ¿qué te parece, Juana?</p>
-
-<p>&mdash;“Ya ’sta&mdash;contestó la mujer y tomando un palo le asestó un feroz
-garrotazo al pavo que estaba a mi lado, que cayó redondito al suelo.</p>
-
-<p>“Para qué les cuento mejor el susto padre que pasé, porque, la verdad,
-creí que la Juana me iba a dar el garrotazo a mí.</p>
-
-<p>“Poco después dijo la mujer a Manuel:</p>
-
-<p>&mdash;“Anda a pedirle a mi comadre Mercedes que me dé un poco de chichoca,
-porque se ha acabado la que teníamos.</p>
-
-<p>“Salió Manuel y la Juana aprovechó el momento de ausencia de su marido
-para volverme hombre, y me dijo:</p>
-
-<p>&mdash;“Váyase ligerito por este camino, y que le vaya bien.</p>
-
-<p>“Y aquí me tienen ustedes que por cierto nunca se habrían figurado que
-yo he sido caballo y pavo.</p>
-
-<p>&mdash;De lo último tuavía le quean rastros, dijo un trabajador por debajujo.</p>
-
-<p>&mdash;Y de lo primero también, dijo <i>despacito</i> otro trabajador, porque no
-hace mucho tiempo me dió a mí una media patá que me dolió tanto como si
-el patrón tuviera herraúras tuavía; y too porque le contesté.</p>
-
-<h2><a name="num2-32" id="num2-32"></a>ILUSIONES<br /><br />
-<small>32. EL CABRO DE LA CALLE DE BUERAS</small><br /><br />
-<small>(Relatado en 1912 por el niño D. Enrique Alfaro, de 17 años, de Santiago.)</small></h2>
-
-<p>En la calle de Bueras, de Santiago, había, hace años, una higuera, y de
-entre sus raíces salía todas las noches un cabro que se paseaba de un
-extremo a otro de la calle.<span class="pagenum"><a name="page_257" id="page_257">{257}</a></span> Un carnicero, que se llamaba Alejo y vivía
-en una casa situada cerca de la higuera, siguió una noche al cabro y lo
-alcanzó; pero, aunque le dió muchas cuchilladas, no le hizo daño, porque
-era pura ilusión.</p>
-
-<h2><a name="num2-33" id="num2-33"></a>33. LA NIÑA DE LOS GRANDES OJOS.<br /><br />
-<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2>
-
-<p>Una noche iban dos jóvenes un poco chispos por la calle del Galán de la
-Burra (actual calle de Erasmo Escala, de Santiago) y divisaron, como a
-media cuadra, a una niña muy hermosa, con unos ojos que brillaban como
-luces, y a medida que se acercaban a ella, le veían los ojos más
-grandes; y tanto le fueron creciendo, que al llegar no vieron ni cara ni
-cuerpo, sino dos enormes ojos que los miraban fijamente. Los jóvenes,
-huyeron despavoridos, rezando en voz alta.</p>
-
-<p>Se cree que todo fué simple alucinación, producida por la embriaguez.</p>
-
-<h2><a name="num2-34" id="num2-34"></a>34. LAS SOMBRAS.<br /><br />
-<small>(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)</small></h2>
-
-<p>Una noche de luna, un caballero tuvo que emprender un viaje de Talca a
-Pelqui, y para llegar a su destino debía atravesar una montaña a
-caballo. Al penetrar en ella, el caballo se detuvo espantado, porque
-debió ver, como vió el jinete, un cadáver tendido en el suelo, no muy
-lejos, con los brazos abiertos. El caballero también se asustó y para
-vencer el miedo clavó las espuelas al caballo y lo dirigió derecho hacia
-el cadáver. Al llegar cerca de él, pudo darse cuenta de que lo que había
-tomado por un muerto era el tronco de un árbol que el tiempo había
-derribado; con lo que desapareció todo temor y siguió tranquilo su
-camino.<span class="pagenum"><a name="page_258" id="page_258">{258}</a></span></p>
-
-<p>A poco andar, ve pasar algo extraño por entre los árboles, y el caballo
-vuelve a detenerse: era un león. Prepara el viajero un trabuco que
-llevaba consigo, que era el arma que se usaba en aquellos tiempos, y
-después de disparar, ve que lo que le había parecido un león era la
-sombra que proyectaba la cumbre de un cerro vecino.</p>
-
-<p>Cuando concluyó de pasar la montaña y entró al valle, le sale al
-encuentro una viuda,<a name="FNanchor_L_12" id="FNanchor_L_12"></a><a href="#Footnote_L_12" class="fnanchor">[L]</a> a caballo, que sigue el camino a la par de él.
-El caballero le dirige la palabra, pero ella no le contesta. Después de
-avanzar largo trecho, en silencio, uno al lado del otro, la viuda deja
-su caballo y de un salto se sienta al anca de la cabalgadura de su
-compañero, que intenta tomarla, pero no encuentra a nadie.</p>
-
-<p>Adelanta el caballero en su camino, y a poco andar ve que se eleva de la
-tierra algo como una nube; fija su atención y ve que es un fantasma.
-Temeroso del peligro que pudiera acarrearle tal encuentro, huye a toda
-rienda, y el fantasma detrás. Por suerte, en su carrera desenfrenada,
-tropieza con una choza, en la que se mete con caballo y todo.</p>
-
-<p>En ese momento empieza a amanecer y con la claridad del día se desvanece
-todo temor; pero la impresión de lo que le había sucedido le duró mucho
-tiempo al caballero.</p>
-
-<h2><a name="num2-35" id="num2-35"></a>MALDICION<br /><br />
-<small>35. EL RISCO DEL ARRIERO</small><br /><br />
-<small>(1910).</small></h2>
-
-<p>En el cerro de las Petacas, departamento de Colchagua, hay un risco muy
-grande que tiene una mancha amarillenta que representa a un arriero que
-tiene una mula a su lado. Dicen que en tiempos antiguos, un fraile
-salió, en ese sitio, a pedir limosna a un arriero que con<span class="pagenum"><a name="page_259" id="page_259">{259}</a></span>ducía una mula
-con una carga de plata, y no sólo no le dio nada, sino que lo injurió.
-El sacerdote lo maldijo, y tanto el arriero como la mula quedaron
-incrustados en la piedra.</p>
-
-<p>En otro risco que está cerca, se ve otra mancha amarillenta, que semeja
-la figura de un fraile.</p>
-
-<h2>TESOROS</h2>
-
-<p class="nind"><span class="smcap">Informaciones</span>:</p>
-
-<p>I.&mdash;Los entierros están siempre en pailas de cobre y a los pies de un
-boldo o de una patagua. En la noche, entre 7 y 8, salen candelillas del
-punto en que está oculto el tesoro.</p>
-
-<p>II.&mdash;Cuando se encuentra un entierro, se toma de él nada más que una
-moneda, que se guarda sin gastarla, durante un año. Transcurrido el año
-se puede sacar lo demás. Al hallar el entierro, se deben mandar decir
-cinco misas por el alma del que fué dueño del tesoro.</p>
-
-<h2><a name="num2-36" id="num2-36"></a>36. EL ENTIERRO DEL NARANJO<br /><br />
-<small>(Referido en 1911, por D. J. Andrés González, de 55 años, de Santiago.)</small></h2>
-
-<p>En 1890, más o menos, en una casa situada en la calle de la Recoleta, de
-Santiago, frente a la iglesia de este nombre, en la cual vivió y murió
-un clérigo, habitaba un hombre que se llamaba Pedro (el informante no se
-acuerda del apellido), que tenía una tienda en la misma casa, y a su
-servicio un muchachito como de 12 años. Una mañana encontró el dicho
-Pedro al muchachito tendido en el patio, sin conocimiento; después de
-hacerle algunos remedios, volvió en sí, pero muy asustado. El patrón le
-preguntó qué le había pasado, y aunque haciéndose mucho de rogar, contó
-al fin que en la noche salió a hacer una necesidad y cuando volvía vió
-en el patio, debajo de un naranjo, a un clérigo que le dijo que ahí
-mismo había dejado una gran cantidad de plata enterrada. Pedro dijo al
-muchacho que habría soñado y que<span class="pagenum"><a name="page_260" id="page_260">{260}</a></span> no hiciera juicio de leseras. Al día
-siguiente le pagó el sueldo de un mes, le ordenó que se fuese a
-medicinar a su casa y que no volviera hasta que estuviere bien bueno.</p>
-
-<p>En la misma noche el hombre se puso a cavar, y efectivamente encontró un
-entierro. Realizó su negocio y se fué para el campo a trabajar en tienda
-y despacho.</p>
-
-<p>De la plata que encontró debajo del naranjo, nada gastó hasta pasado un
-año, pues, de otro modo, la habría perdido toda.</p>
-
-<p>Fué muy rico, pero se botó a tunante y no pasó de una modesta medianía.</p>
-
-<h2><a name="num2-37" id="num2-37"></a>37. LOS DOS VIAJEROS<br /><br />
-<small>(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.)</small></h2>
-
-<p>Dos hombres habían salido a hacer una excursión a pie, y después de
-mucho andar se extraviaron y rendidos de fatiga se recostaron en la
-tierra, a la sombra de unos árboles. Uno de los excursionistas se quedó
-dormido casi inmediatamente, pero el otro no pudo cerrar los ojos y se
-sentó a fumar un cigarrillo. Mientras fumaba, miró a su compañero, que
-seguía durmiendo como un ángel de Dios, y se extrañó sobremanera de ver
-que de su boca salían unos como globitos de colores que se desvanecían
-en el aire, pero de repente salió uno mucho más grande que los otros que
-se elevó un poco y después siguió en dirección hacia el oriente, rodeado
-de unos cuantos jotes que lo acompañaban dando manifestaciones de
-alegría. Esto le llamó mucho la atención y, levantándose, siguió al
-globo y a sus acompañantes, los cuales no se detuvieron sino al llegar
-al pie de un peñasco situado en la falda de un cerro cercano, debajo del
-cual se introdujo el globo. El hombre dejó una señal y volvió a reunirse
-con su compañero, que todavía dormía. Para despertarlo, lo remeció
-fuertemente; pero fué menester repetir tres veces la operación para que
-produjera resultado. El dormilón, al<span class="pagenum"><a name="page_261" id="page_261">{261}</a></span> despertar, dijo a su
-amigo:&mdash;“Soñaba un sueño muy lindo: que iba por un camino y me
-encontraba con unos amigos que me recibieron muy alegremente y me
-dijeron que me iban a regalar un tesoro; cuando tú me despertaste, me
-llevaban a mostrármelo”.</p>
-
-<p>El amigo escuchó la relación, y en seguida condujo a su compañero al pie
-del peñasco y sin contarle lo que había visto, lo invitó a que lo
-acompañara a cavar en el lugar en que había visto desaparecer el globo
-de color, y, como lo esperaba, a las pocas azadonadas, tropezaron con
-una gran paila llena de onzas de oro.</p>
-
-<p>Sólo después de repartirse el tesoro entre los dos, contó el que había
-estado en vela a su amigo dormilón todo lo que había visto.</p>
-
-<h2><a name="num2-38" id="num2-38"></a>38. EL CLERIGO<br /><br />
-<small>(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.)</small></h2>
-
-<p>Hace tiempo, nadie se atrevía a pasar por unos callejones que hay cerca
-del río Putagán, porque de improviso, sin que supieran de dónde salía,
-se presentaba a los transeúntes un sacerdote y, aunque nada les hacía,
-se apoderaba el miedo de ellos y volvían pie atrás, huyendo
-despavoridos.</p>
-
-<p>Una vez un hombre que tenía que ir a dejar unas cargas de trigo a un
-lugar vecino a donde se podía llegar por esos callejones o por otro
-camino, dijo que iría por los callejones y que se reía del sacerdote que
-contaban se aparecía y que no le importaba nada aunque le salieran todos
-los curas y frailes de la tierra, que para defenderse de ellos le
-bastaba un cuchillo que llevaba, de una media vara de largo; y aunque su
-mujer y sus amigos le rogaron que no hiciera tal, él partió para los
-callejones.</p>
-
-<p>Pocas cuadras había andado por ellos, cuando se le aparece el sacerdote
-y se le pone por delante; pero nuestro hombre saca su cuchillo y la
-emprende contra la apa<span class="pagenum"><a name="page_262" id="page_262">{262}</a></span>rición. El cura vuelve cara y toma la fuyenda y
-el hombre le sigue de atrás blandiendo su arma, aunque sin lograr
-alcanzarlo. Improvisamente el clérigo desapareció por entre unos
-matorrales, sin dejar huella alguna; pero como el hombre vió el lugar
-por donde el sacerdote se hizo humo, se puso a cavar la tierra con el
-cuchillo, que de pronto tropezó con un cuerpo duro, hasta que dejó
-descubierta una gran tinaja que destapó y vió que estaba llena de
-monedas de oro y plata. Entonces fué a buscar las cargas de trigo y,
-vaciándolas, llenó los sacos de monedas y se volvió a su casa.</p>
-
-<p>Cuando llegó era ya de noche y le dijo a su mujer que encendiera luz.</p>
-
-<p>&mdash;No hay mas que un cabito de vela&mdash;le dijo ella.</p>
-
-<p>&mdash;Enciéndolo&mdash;le contestó el marido.</p>
-
-<p>Lo encendió ella, y él entró los sacos y los vació en medio de la pieza.
-La mujer, cuando vió tanta riqueza, casi se desmayó, y dijo al marido
-toda asustada y llorando:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué has hecho, desgraciado? ¿Dónde has robado toda esa plata?</p>
-
-<p>El marido la tranquilizó contándole cuanto le había sucedido.</p>
-
-<p>Hizo aún dos viajes más y llegó a ser el hombre más rico de su tierra.
-Vive todavía en Chillán.</p>
-
-<h2><a name="num2-39" id="num2-39"></a>EL DIABLO<br /><br />
-<small>39. EL NIÑO DENTUDO</small><br /><br />
-<small>(1910.)</small></h2>
-
-<p>Yendo un inquilino tranquilamente por la orilla de una cerca, sintió
-unos vagidos que salían de un matorral; se acercó a él y entre las
-malezas vió a un hermoso niño, al parecer de pocos meses, al que tomó en
-sus brazos y acarició; sonrióse la criatura, y como al sonreirse
-entreabrie<span class="pagenum"><a name="page_263" id="page_263">{263}</a></span>ra la boca, alcanzó el campesino a divisar en las encías unas
-cosas blancas como dientes. Admirado, le dijo:&mdash;“¡Conque tiene dientes,
-m’hijito!”&mdash;“¡Y grandazos!”, le contestó el pequeñuelo. Y efectivamente,
-vió el hombre que de la boca del niño salían unos dientes descomunales.
-En esto conoció que lo que él había tomado por una guagua era el Diablo
-en persona, y asustado, lo disparó lejos, exclamando “¡Ave María
-Purísima!”, y el Diablo, en el mismo instante reventó, dejando en su
-lugar, como es de cajón, un humo denso con fuerte olor a azufre.</p>
-
-<h2><a name="num2-40" id="num2-40"></a>40. EL DIABLO BAILARIN<br /><br />
-<small>(1910.)</small></h2>
-
-<p>Es fama que en el siglo XVIII el Diablo era grande amigo de los mineros
-de Petorca, donde había sentado sus reales. En los días de pago, bajaba
-con ellos al pueblo, o a los lugares inmediatos, a remoler y a bailar
-cueca en la plazuela del Diablo, situada casi donde termina la calle de
-Silva, o en el cerro de la Plaza y en el del Piojo.</p>
-
-<p>Una vez que bailaba en este último, lo hacía tan bien que un minero no
-pudo menos de exclamar:&mdash;“¡Virgen Santísima, y qué bien baila este
-roto!”; y el Diablo, al oir la invocación a la Virgen, reventó, dejando
-el lugar pasado a azufre quemado.</p>
-
-<h2><a name="num2-41" id="num2-41"></a>41. EL HIJO DEL DIABLO</h2>
-
-<p>No hace aún muchos años vivía en Petorca un anciano pequeñito y
-rechoncho, de unos setenta años de edad, conocido con el nombre de ño
-Vicentito Cuchucho, cuyos primeros pasos en el mundo aparecen revestidos
-por la imaginación popular de influencias fantásticas y misteriosas.</p>
-
-<p>Se cuenta que estando la madre de este hombrecito<span class="pagenum"><a name="page_264" id="page_264">{264}</a></span> esperando de un
-momento a otro la llegada de una guagua, pidió a su marido que le diese
-dinero para comprarle ropas. El marido, que era un viejo de más de
-sesenta años y que miraba con desconfianza el embarazo de su mujer, le
-contestó que no le daría ni un centavo, porque la criatura que iba a dar
-a luz no era de él. La mujer, indignada, al oir esta respuesta, lloró y
-preguntó al esposo:</p>
-
-<p>&mdash;Entonces ¿de quién es?</p>
-
-<p>&mdash;Eso lo sabrás tú mejor que yo, replicó el marido; pero no es mío.</p>
-
-<p>A lo cual repuso la mujer:</p>
-
-<p>&mdash;Entonces será del Diablo, y él me dará lo que necesito.&mdash;Y nunca más
-volvió a pedir dinero a su marido.</p>
-
-<p>Cuando llegó el momento del parto, apareció de repente en la pieza de la
-enferma un gran canasto completamente lleno de ropas para niño recién
-nacido, entre las que se veían desde el ombliguero de tela de hilo hasta
-las mantillas de la más suave y sedosa bayeta, sin que faltaran las
-gorritas de punto ni las mediecitas tejidas de lana.</p>
-
-<p>¿Quién había traído ese canasto? ¿Por dónde y cuándo lo habían entrado?
-Nadie pudo dar razón.</p>
-
-<p>Desde los primeros días del nacimiento del niño pudo comprobarse el
-interés que por él y la madre tomaba el Diablo, que no era otro quien
-había llevado la ropita. Siempre encontraba la madre cerca de ella la
-riquísima cazuela de ave, el excelente ulpo de harina tostada y la
-sabrosa mazamorra, los mejores remedios, los dos últimos, para que las
-que crían tengan leche buena y abundante. Al chico le hacía cariño a su
-modo: a veces lo encontraban encima de las vigas de la casa, otras en un
-sobrado, y una vez lo hallaron jugando con un muñeco, entre las ramas de
-un álamo.</p>
-
-<p>Por supuesto que nadie veía al Diablo, pero todos le echaban a él la
-culpa de lo que ocurría; y la madre, justamente alarmada, hizo bautizar
-al niño con toda prontitud, creyendo que con hacerlo cristiano cesarían
-las aten<span class="pagenum"><a name="page_265" id="page_265">{265}</a></span>ciones y cuidados de Satanás. Pero fué inútil, porque el Diablo
-siguió en las mismas.</p>
-
-<p>Entonces recurrió la madre a un santo cura de apellido Toledo, que tenía
-fama de ser el mejor exorcista del país, para que ahuyentara al demonio,
-lo que al fin logró, no sin haber experimentado grandes trabajos y
-tenido que sufrir pesadas bromas del enemigo malo.</p>
-
-<p>El cura Toledo, para llegar a la casa amagada por el Diablo, tenía que
-atravesar una estrecha puente formada de una sola tabla, que cruzaba un
-cequión. Pues bien, cuando el santo varón iba por la mitad de la puente,
-el Diablo la volcaba y el cura caía al agua, hazaña que celebraba el
-Diablo con grandes carcajadas, diciendo: “¡Ya eché al agua al pato
-jergón!”<a name="FNanchor_M_13" id="FNanchor_M_13"></a><a href="#Footnote_M_13" class="fnanchor">[M]</a></p>
-
-<p>Nada dice la leyenda qué fué del padre de ño Vicentito Cuchucho, y de
-éste sólo se sabe que vivió siempre de su trabajo, cultivando una
-pequeña heredad que le pertenecía, y que, hasta que murió, se le conoció
-con el apodo de <b>Hijo del Diablo</b>.<a name="FNanchor_N_14" id="FNanchor_N_14"></a><a href="#Footnote_N_14" class="fnanchor">[N]</a></p>
-
-<h2><a name="num2-42" id="num2-42"></a>PACTOS CON EL DIABLO<br /><br />
-<small>42. EL DIABLO GENEROSO</small></h2>
-
-<p>Un caballero tenía una gran hacienda que carecía de riego, por lo cual
-no le dejaba sino pérdidas en los años secos.</p>
-
-<p>En el fundo vecino vivía otro hacendado que estaba perdidamente
-enamorado de la señora del primero, a la cual cortejaba a escondidas del
-marido y de continuo le decía que se fuera con él. Ella le contestaba
-que nunca<span class="pagenum"><a name="page_266" id="page_266">{266}</a></span> abandonaría a su esposo, porque ella era cristiana y jamás
-faltaría a sus deberes, y además su marido era una persona excelente y
-muy bondadoso con ella.</p>
-
-<p>Pero el caballero la persiguió mucho tiempo, y la señora, para librarse
-de él, le prometió que si le daba agua abundante al fundo de su esposo y
-lo dotaba de molinos, en una noche, haría lo que deseaba. Entonces el
-caballero llamó al Diablo y le dijo que si en la noche cumplía con la
-condición que la señora de su vecino le había impuesto, le entregaría su
-alma en el plazo de un año. El Diablo le prometió que lo haría así, y
-picándole una vena le sacó sangre y le hizo firmar una cédula para
-sellar el pacto.</p>
-
-<p>A media noche se sintió un ruido muy grande en la hacienda del marido,
-quien despertó a su mujer y le preguntó:&mdash;“¿Sientes ese ruido? ¿Qué
-será?”&mdash;y ella le contestó:&mdash;“No sé, ni se me ocurre qué pueda
-ser”&mdash;Levantóse el marido a ver cuál era la causa de ese ruído, y se
-encontró con que en su fundo había una instalación completa de molinos
-en movimiento, y con que abundante agua corría por numerosas acequias
-que antes no existían. Volvió al dormitorio y preguntó nuevamente a su
-esposa qué significaba eso, y tanto insistió en sus preguntas que al fin
-le sacó la verdad. Entonces la mandó que se fuera a casa del
-pretendiente para que el Diablo se lo llevara con razón.</p>
-
-<p>La mujer llegó llorando a casa del otro y le refirió cómo su marido la
-mandaba a cumplir lo prometido. El caballero le contestó:</p>
-
-<p>&mdash;“¿Tan honrado es tu marido? No seré yo menos que él; te respeto;
-vete”.</p>
-
-<p>En ese momento llegó el Diablo y preguntó al hacendado si estaba
-contento, y éste le dijo que siendo el marido de la niña tan honrado que
-no había permitido que su esposa faltase a su palabra, él no se había
-atrevido ni a tocarla y le había ordenado que se fuera para su casa.</p>
-
-<p>El Diablo dijo entonces:&mdash;“¿Con que así son las co<span class="pagenum"><a name="page_267" id="page_267">{267}</a></span>sas? A caballero no
-me la ganará ninguno de los dos. Toma tu cédula”. Y desapareció.</p>
-
-<p>Todos quedaron contentos: el caballero enamorado, libre de su amor
-criminal; el marido, con su mujer; y la hacienda, con buen riego y con
-molinos.</p>
-
-<h2><a name="num2-43" id="num2-43"></a>43. LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS<br /><br />
-<small>(Contado por la Sta. Zoila Guerrero Gutiérrez, Prado de Peñaflor.
-Febrero de 1923.)</small></h2>
-
-<p>Una señora viuda tenía una hija muy hermosa, y se servían para los
-menesteres de la casa de un negro esclavo que se llamaba Pancho, hombre
-trabajador y buen cristiano.</p>
-
-<p>La niña fué creciendo en edad y en hermosura y el cariño que el negro
-tenía a su amita se fué convirtiendo en amor, pero en un amor tan grande
-que Pancho no comía, ni dormía, ni tenía valor para trabajar.</p>
-
-<p>El pobre negro rezaba, se encomendaba a Dios y a todos sus santos para
-que lo libraran de aquella pasión que no lo dejaba vivir; pero el cielo
-se había puesto sordo y no oía sus oraciones.</p>
-
-<p>Desesperado y no hallando qué hacerse, salió una noche de la casa y se
-fué al cerro a llamar al Diablo para que lo ayudara. Acudió el Diablo al
-llamado, y a las súplicas del negro contestó:</p>
-
-<p>&mdash;Si quieres, haré que Rosita&mdash;así se llamaba la niña&mdash;se enamore de ti
-y se case contigo, pero dentro de veinte años vendré a buscarte, y si no
-sabes contestarme las doce palabras redobladas, tu alma me pertenecerá.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien, contestó Pancho, radiante de alegría, convengo en ello.&mdash;Y
-con sangre que extrajo de sus venas, firmó la cédula del pacto que
-acababa de aceptar y que el Diablo le pasaba.</p>
-
-<p>Al otro día temprano se dirigió el negro a casa de sus amos. La señora y
-la niña estaban en el balcón. La niña,<span class="pagenum"><a name="page_268" id="page_268">{268}</a></span> al verlo, dijo a la mamá:&mdash;Mire,
-mamá, ahí viene Panchito.&mdash;¿Qué es eso de Panchito?&mdash;preguntó extrañada
-la madre, porque la joven siempre había llamado al negro con el nombre
-de Facico y tratádolo con cierto desprecio. Pero Rosita no contestó
-nada. Y el caso es que desde entonces Rosita se llevaba con Panchito
-para arriba, Panchito para abajo, Panchito por aquí, Panchito por acá,
-en fin, que todo era Panchito.</p>
-
-<p>Hubo que dejarla casarse con él, porque la cosa no tenía remedio, pero
-tuvo que salir de la casa con su negro, no llevando consigo sino una
-imagen de San Pedro, de quien era muy devota, y que fué lo único que la
-dejaron sacar.</p>
-
-<p>Rosita vivió muy feliz y muy enamorada de su Pancho, que hacía cuanto
-estaba de su parte para hacerle liviana la vida, trabajando como un
-negro, verdaderamente, y cuidando de que nada les faltara a su mujer y a
-los cuatro hijos que habían tenido, cuatro lindos mulatitos, que eran el
-encanto y la alegría del matrimonio.</p>
-
-<p>Pero, como muy bien dice la copla,</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Todo gusto es momentáneo;<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">sobre todo si hay un contrato de por medio. El plazo en que terminaba el
-pacto se aproximaba rápidamente, y el Diablo tenía buen cuidado de
-presentarse de vez en cuando a Pancho a recordárselo:</p>
-
-<p>&mdash;Pancho, que dentro de un mes te paso a buscar...&mdash;Pancho, que ya no te
-quedan sino quince días para que te vengas conmigo...&mdash;Pancho, que sólo
-falta una semana... etc.</p>
-
-<p>Y al pobre Pancho se lo comía la tristeza; y por más que averiguaba
-entre sus relaciones, nadie conocía las doce palabras redobladas, que
-habían de librarlo de las garras del Demonio.</p>
-
-<p>Rosita, que notó cómo sufría su marido, le pedía y rogaba por lo que más
-amaba, le dijera el motivo de sus<span class="pagenum"><a name="page_269" id="page_269">{269}</a></span> penas, y sólo después de reiterarle
-repetidamente sus ruegos, le confesó cuanto le había sucedido y que ya
-no faltaban sino dos días para que el Diablo viniera a llevárselo.</p>
-
-<p>Rosita, que, como se ha dicho, era tan devota de San Pedro, dijo a su
-marido:</p>
-
-<p>&mdash;Encomendémonos al Santo y pongámonos en sus manos; estoy segura de que
-él nos librará del Malo, porque siempre me ha tenido lástima y me ha
-sacado con bien de todos los peligros en que me he encontrado. Y ambos
-se arrodillaron ante la imagen del Príncipe de los Apóstoles y rezaron
-con todo fervor.</p>
-
-<p>Era la última noche que, según el pacto celebrado con el Diablo, quedaba
-de vida a Pancho. En la cara del pobre negro y en la de su mujer,
-surcadas de lágrimas, se marcaba el intenso dolor que los consumía. El
-silencio era profundo. De pronto se oyeron tres golpes en la puerta.
-Salió Pancho. El que llamaba era un pobre hombre que con voz lastimera
-pedía alojamiento por esa noche. Se había extraviado&mdash;dijo&mdash;y no sabía
-dónde dormir. Rosita, que oía lo que hablaban, desde su asiento invitó
-al hombre a que entrara y le alargó una silla. Era un anciano, calvo, de
-rostro venerable y simpático adornado de poblada y canosa barba.</p>
-
-<p>Embelezados con la conversación del anciano, habían olvidado su
-desgracia y el peligro inminente que les amenazaba y oyéndole, pasaron
-insensiblemente las horas. Cuando el reloj comenzó a dar las 12, se oyó
-un fuerte golpe en la puerta y una voz seca y chillona que preguntaba:</p>
-
-<p>&mdash;Amigo, ¿sabe las doce palabras redobladas?</p>
-
-<p>&mdash;Sí las sé&mdash;contestó el viejecito poniéndose de pie e imitando la voz
-de Pancho, antes de que éste respondiera,&mdash;empieza a preguntar, que yo
-te iré contestando.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien, dijeron desde afuera. Amigo, dígame la una.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, la una te<span class="pagenum"><a name="page_270" id="page_270">{270}</a></span> diré: Una ¿qué es
-una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien: ahora, amigo, dígame las dos.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las dos te diré: Dos ¿qué son
-dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte
-Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió
-pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien: ahora, amigo, dígame las tres.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las tres te diré: Tres ¿qué
-son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento
-y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a
-Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén
-y siempre vivió pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien: ahora, amigo, dígame las cuatro.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cuatro te diré: Cuatro
-¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San
-Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el
-cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas
-de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí; Una ¿qué es una?
-la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien: ahora, amigo, dígame las cinco.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cinco te diré: Cinco ¿qué
-son cinco? Las cinco llagas principales que hirieron a Jesús
-crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San
-Marcos, San Lucas, San Mateo, y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres
-Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos
-¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el
-monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre
-vivió pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien: ahora, amigo, dígame las seis.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las seis te diré: Seis ¿qué
-son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén.
-Cinco ¿qué son cinco? las cinco<span class="pagenum"><a name="page_271" id="page_271">{271}</a></span> llagas principales que hirieron a Jesús
-crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San
-Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres
-Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos
-¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el
-monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre
-vivió pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien: ahora, amigo, dígame las siete.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las siete te diré: Siete ¿qué
-son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas
-que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco
-llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son
-cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San
-Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para
-nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley
-que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen
-que nació en Belén y siempre vivió pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien: ahora, amigo, dígame las ocho.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las ocho te diré: Ocho ¿qué
-son ocho? son las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña.
-Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis
-candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco?
-las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro
-¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San
-Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el
-cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas
-de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una?
-la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien: ahora, amigo, dígame las nueve.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las nueve te diré. Nueve ¿qué
-son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas
-entrañas de su<span class="pagenum"><a name="page_272" id="page_272">{272}</a></span> santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las
-bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete?
-son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían
-en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas
-principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro?
-los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan.
-Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para
-nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley
-que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen
-que nació en Belén y siempre vivió pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien, amigo, ahora dígame las diez.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las diez te diré: Diez ¿qué
-son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses
-que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima
-Madre. Ocho ¿qué son ocho? las bienaventuranzas que predicó Jesús en la
-montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis?
-las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son
-cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado.
-Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas,
-San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan
-en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos
-tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la
-Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien: ahora, amigo, dígame las once.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las once te diré: Once ¿qué
-son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez
-mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo
-humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son
-ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete
-¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis
-candilejas que ardían<span class="pagenum"><a name="page_273" id="page_273">{273}</a></span> en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco?
-las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro,
-¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San
-Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías que brillan en el
-cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas
-que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen
-que nació en Belén y vivió siempre pura.</p>
-
-<p>&mdash;Bien, amigo; ahora dígame las doce.</p>
-
-<p>&mdash;Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las doce te diré: Doce ¿qué
-son doce? los doce apóstoles. Once ¿qué son once? las once mil vírgenes.
-Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los
-nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su
-santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que
-predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos.
-Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús
-crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San
-Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres
-Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos
-¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte
-Sinaí. Una ¿qué es una? La Virgen que nació en Belén y siempre vivió
-pura.</p>
-
-<p>Quien dijo doce no pase a trece hasta que reviente ése, que por sus
-malos hechos bien lo merece.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p>Terminando de decir estas palabras el anciano, se sintió un fuerte
-ruído, como si hubiera estallado un barril de pólvora, la pieza se llenó
-de humo y un fuerte olor a azufre hacía estornudar violentamente a los
-tres que se hallaban en ella.</p>
-
-<p>Cuando el humo se disipó, vieron delante de sí al viejecito vestido de
-una larga túnica, con dos grandes llaves en la mano derecha y rodeada la
-cabeza de una<span class="pagenum"><a name="page_274" id="page_274">{274}</a></span> aureola de luz. Era el mismo que representaba la imagen
-que adornaba la cabecera de la cama de Rosita.</p>
-
-<p>Pancho y Rosita, poseídos de un santo temor, se arrodillaron ante el
-anciano, y cuando un momento después alzaron la cabeza, había
-desaparecido.</p>
-
-<p>Este es el origen de las doce palabras redobladas, que el pueblo, sin
-razón, suele llamar Oración de San Cipriano, y a la cual atribuye
-virtudes portentosas contra el Diablo, los brujos y toda clase de
-peligros.<span class="pagenum"><a name="page_275" id="page_275">{275}</a></span></p>
-
-<h2><a name="APENDICE_I" id="APENDICE_I"></a> APÉNDICE I
-<br /><br />
-<a name="BIBLIOGRAFIA" id="BIBLIOGRAFIA"></a>BIBLIOGRAFIA<br /><br />
-DE LAS OBRAS QUE SE CITAN EN ESTE VOLUMEN</h2>
-
-<p>A la publicada en los <span class="smcap">Cuentos populares en Carahue</span>, págs. 259-262,
-agréguense los siguientes obras, que no se mencionan en aquella.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cavada, Francisco J.</span>&mdash;Chiloé y los Chilotes. Estudios de folklore y
-lingüística de la provincia de Chiloé (Chile). Santiago, Impr.
-Universitaria, 1914.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa, Aurelio.</span>&mdash;Cuentos populares españoles, recogidos de la
-tradición oral de España, con una introducción y notas comparativas.
-Stanford University, California. Published by the University, 1923-1924.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; New Mexican Spanish Folk-Lore. VIII, Short Folk-tales and
-Anecdotes. Págs. 142-147 de The Journal of American Folk-Lore, Vol.
-XXVII, N.º CIV, April-June, 1914.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Grimm.</span>&mdash;Cuentos escogidos de los Hermanos..., traducidos por José Muñoz
-Escámez. Edición ilustrada. Madrid, Saturnino Calleja, s. d.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p>La antigua versión castellana del Calila y Dimna. Ed. de la Real
-Academia Española, Madrid, Suc. de Hernando, s. d.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p>La Población del Valle de Teotihuacán. El medio en que se ha
-desarrollado su evolución étnica y social. Iniciativas para procurar su
-mejora<span class="pagenum"><a name="page_276" id="page_276">{276}</a></span>miento. Por la Dirección de Antropología, siendo Director de
-investigaciones <span class="smcap">Manuel Gamio</span>. La población contemporánea. Dirección de
-Talleres Gráficos dependiente de la Secretaría de Educación Pública.
-México, MCMXXII.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Laval, Ramón A.</span>&mdash;Oraciones, ensalmos y conjuros del pueblo chileno,
-comparados con los que se dicen en España, Santiago, Impr. Cervantes,
-1910.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p>Contribución al Folklore de Carahue (Chile). Primera parte. Madrid,
-1916.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Lehmann-Nitsche, Roberto.</span>&mdash;Europäische Märchen unter den Argentinischen
-Araukanern. La Plata, s. d.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Montiel, C.</span>&mdash;Contes soudanais. Paris, Leroux, 1905.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Palma, Ricardo.</span>&mdash;Tradiciones Peruanas. (Ropa vieja). Tomo IV. Barcelona,
-Montaner y Simón, 1896.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Paris, Gaston.</span>&mdash;Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite. Paris, Leroux,
-1907.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Poblete, Egidio.</span> (Ronquillo).&mdash;Cuentos del Domingo. Serie IV.
-Valparaíso, Talleres Tipográficos de La Unión, 1916.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Rodríguez Marín, Francisco.</span>&mdash;El ingenioso hidalgo don Quijote de la
-Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra. Edición crítica,
-anotada por... Tomo V. Madrid, Impr. de la “Revista de Archivos,
-Bibliotecas y Museos”. MCMXVI.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Tchéraz, Minas.</span>&mdash;L’Orient inédit. Légendes et traditions armeniennes,
-grecques et turques. Paris, Leroux, 1912.</p>
-
-<p>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes, Julio.</span>&mdash;Mitos y Supersticiones recogidos de la
-tradición oral chilena, con notas comparativas a los de otros países
-latinos. Santiago, Impr. Universitaria, 1915.<span class="pagenum"><a name="page_277" id="page_277">{277}</a></span></p>
-
-<h2><a name="NOTAS_COMPARATIVAS" id="NOTAS_COMPARATIVAS"></a>NOTAS COMPARATIVAS</h2>
-
-<p>I parte.&mdash;<span class="smcap">Cuentos maravillosos, cuentos de animales, anécdotas.</span></p>
-
-<p class="cnum">1. <span class="smcap">El Soldadillo</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cfr.</span>: <span class="smcap">Cosquin</span><a name="FNanchor_O_15" id="FNanchor_O_15"></a><a href="#Footnote_O_15" class="fnanchor">[O]</a>.&mdash;Jean de l’Ours, Cont. pop. de Lorraine, t. I, p. 1 y
-notas p. 6 a 27.</p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;Etienne l’habile. Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p. 36.</p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;Juan del Oso, en las págs. 440 y 441 de New-Mexican Spanish
-Folk-Lore, III, Folk-Tales.</p>
-
-<p><span class="smcap">Legers.</span>&mdash;Long, Large et Clairvoyant, Recueil de Cont. pop. slaves, págs.
-241-258.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lenz.</span>&mdash;El Hijo del Oso, Est. Araucanos, p. 261 y 350.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sébillot.</span>&mdash;Jean de l’Ours. Litt. or. de la Haute-Bret., p. 81 y notas,
-p. 85.</p>
-
-<p class="cnum">2. <span class="smcap">El Pescadito Encantado</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Alvarez de Machado.</span>&mdash;La Sirena (sólo el principio). Bibl. Trad. pop.
-esp., t. I, p. 183.</p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;Le Roi des Corbeaux, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 14.</p>
-
-<p><span class="smcap">Braga.</span>&mdash;O Velho Querecas, Cont. trad. do povo port., p. 4.</p>
-
-<p><span class="smcap">Desparmet.</span>&mdash;Aïcha, la fille du bûcheron (hay un servidor negro). Rev.
-Trad. pop., t. XXVIII, p. 505.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;A vida do Gigante (sólo el principio). Cont. da
-Carochinha, p. 385.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; O Peixe encantado, Hist. da Avósinha, p. 138.</p>
-
-<p><span class="smcap">Hernández de Soto.</span>&mdash;La Lavandera (varios episodios), Bibl. Trad. pop.
-esp., t. X, p. 217.<span class="pagenum"><a name="page_278" id="page_278">{278}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Hernández de Soto.</span>&mdash;El Castillo de las puertas calás, Ib., p. 242.</p>
-
-<p><span class="smcap">Legrand.</span>&mdash;Le Seigneur du monde souterrain, Rec. de cont. pop. grecs, p.
-1.</p>
-
-<p><span class="smcap">Monnier.</span>&mdash;Le roi Cristal, Cont. pop. en Italie, p. 44.</p>
-
-<p class="cnum">3. <span class="smcap">Delgadina y el Culebrón</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;En Le Drac, Cont. pop. de Gascogne, t. I., p. 227, se lee: “La
-Belle Jeanneton marchait sur ses quinze ans. Elle était cent fois plus
-belle que le jour. Quand elle se peignait, le blé tombait de ses
-cheveux, par boisseaux. Quand elle se lavait les mains, les doubles
-louis d’or et les quadruples d’Espagne tombaient de ses doigts par
-douzaines”.</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy et Nicolaides.</span>&mdash;La fille du roi et le garçon de bains, Trad. pop.
-de l’Asie Mineure, p. 107.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;A Moça encontrada no mar, Hist. da Avósinha, p.
-223.</p>
-
-<p class="nind">van <span class="smcap">Gennep</span>.&mdash;Leyenda de Manú, en que figura un pececillo que fué
-creciendo gradualmente hasta que apenas cabía en el mar y salvó a Manú
-del Diluvio.&mdash;Religions, Mœurs et Légendes, t. I, p. 93.</p>
-
-<p><span class="smcap">Klimo.</span>&mdash;La Belle Hélène, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 178.</p>
-
-<p><span class="smcap">Moore, Th.</span>&mdash;El Culebroncito, Bibl. Trad. pop. esp., t. I, p. 137.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;Li dui Soru, Fiabe, Nov. e Racc. pop. siciliani, t. II, p. 85.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sébillot.</span>&mdash;La Sirène, Cont. des Marins, p. 197.</p>
-
-<p class="cnum">4. <span class="smcap">La Tenquita</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Basset.</span>&mdash;La Vieille et la Mouche, Cont. berbères, p. 95.</p>
-
-<p><span class="smcap">Baissac.</span>&mdash;Hist. de Petit-Jean Queue-de-Bœuf, Le Folk-lore de
-l’Ile-Maurice, p. 34.</p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;Le Père et la Fille, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 243.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Le Père, la Mère et la Fille, Ib., p. 246.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Brisquet, Ib., p. 249.</p>
-
-<p>Calila y Dimna, ed. de la R. Ac. Esp., págs. 289-291.</p>
-
-<p><span class="smcap">Camps y Mercadel.</span>&mdash;Folk-Lore Menorquín, en t. I, p. 243, se lee: “El gat
-caça la rata,-rata furada tapia,-tapia atura vent,-vent fa corre’s
-<span class="pagenum"><a name="page_279" id="page_279">{279}</a></span>núvul,-es núvul tapa sol,-sol fon gel,-gel talla cameta.</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Kiou-Cou et Kiou-Coclet, Littorale de la Picardie, p. 217.</p>
-
-<p><span class="smcap">Coelho.</span>&mdash;A formiga e a neve, Cont. pop. portuguezes, p. 5.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; A romanzeira do macaco, Ib., p. 9.</p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;La Hormiguita, More Folk-Tales, p. 138.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;A Formiguinha, Cont. da Carochinha, p. 393.</p>
-
-<p>La Gallinita y el Pollito. Bibl. ilustrada Calleja-IX.</p>
-
-<p>La población del Valle de Teotihuacán.&mdash;Cuando la rana quiere gozar...,
-p. 396.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lehmann-Nitsche.</span>&mdash;El Perro y el Ratón, cuento IV de “Europäische Märchen
-unter den argentinischen Araukanern”.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lenz.</span>&mdash;Cuento de un pajarito llamado Caminante, Est. Araucanos, p. 200 y
-nota, p. 320.</p>
-
-<p><span class="smcap">Mason.</span>&mdash;El Aguila, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 175.</p>
-
-<p><span class="smcap">Monnier.</span>&mdash;Micco y Légende de Tennioje, Cont. pop. en Italie, págs. 89 y
-91.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ortoli.</span>&mdash;Pedilestu et Mustacina, Cont. pop. de l’île de Corse, p. 237.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pineau.</span>&mdash;Biquette, Cont. pop. du Poitou, p. 291.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Le Conte du petit rat, Ib. p. 299.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;Pitidda, Fiabe, Nov. et Racc. pop. siciliani, t. III, p. 85.</p>
-
-<p><span class="smcap">Romero.</span>&mdash;A formiga e a neve, Cont. pop. do Brasil, p. 208.</p>
-
-<p class="cnum">5. <span class="smcap">El Gallito</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;Les Deniers, (La pega final). Cont. pop. de la Gascogne, t. III,
-p. 260.</p>
-
-<p class="cnum">6. <span class="smcap">La Tortilla o el Canarito Encantado</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cosquin.</span>&mdash;V. notas del cuento Le Leoup blanc., t. II, págs. 225-227 y
-notas de Firosette, desde p. 242 del mismo tomo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Artin Pacha.</span>&mdash;Les quarente boucs et le bouc chevauchant sur le bouc,
-Cont. pop. de la Vallé du Nil, p. 87.</p>
-
-<p><span class="smcap">Braga.</span>&mdash;O Coelho branco, Cont. trad. do povo port., p. 78.</p>
-
-<p>C. A. D.&mdash;Una Rueda de Conejos, El Folklore Andaluz, p. 355.</p>
-
-<p>Historia del Macho Cabrío y la Hija del Rey, Las mil noches y una noche,
-trad. de Blasco Ibáñez, t. XX, p. 24.<span class="pagenum"><a name="page_280" id="page_280">{280}</a></span></p>
-
-<p>Les Oiseaux blancs, Rev. Trad. pop., t. XXIX, p. 124.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;Marvizia, t. I, p. 149.</p>
-
-<p>El cuento de la “Tortilla o el Canarito Encantado” es una de las muchas
-variantes derivadas de la fábula de Apuleyo “Cupido y Psiquis”, y aunque
-en él se ha perdido la prohibición de ver, dos de los trabajos que Venus
-impone a Psiquis están representados por los que la vieja hechicera
-manda ejecutar a la princesa, y que son casi los mismos: el 1.º, de
-llenar un frasco con lágrimas de picaflores, no es otro que el 2.º de la
-fábula latina: llenar una botella con agua de la fuente que alimenta la
-laguna Estigia: el 2.º, de llevar la caja encantada que debía producir
-la muerte a la princesa, corresponde al 3.º del cuento de Apuleyo:
-llevar a los infiernos una caja a Proserpina pidiéndole un poco de su
-belleza, caja que, devuelta por Proserpina a Psiquis, sólo contiene un
-vapor letárgico, que, sin la intervención de Cupido, habría dejado sin
-vida a Psiquis.</p>
-
-<p class="cnum">7. <span class="smcap">El Rey tiene cachito</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Coelho.</span>&mdash;O Principe con oreilhas de burro, Cont. pop. port., p. 117, y
-Cont. nac. p. creancas, p. 33.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tchéraz, Minas.</span>&mdash;L’Orient inédit. Lég. et trad. armeniennes, grecques et
-turques, p. 211.</p>
-
-<p>Este cuento difiere apenas de la fábula de Midas, rey de Frigia. En la
-lucha que el sátiro Marsias sostuvo con Apolo en un concurso musical,
-las Musas se decidieron por Apolo, que tocaba la cítara, y sólo Midas
-estuvo de parte de Marsias, que tocaba la flauta. Ofendido Apolo,
-castigó a Midas, transformando sus orejas en orejas de burro. Midas,
-avergonzado, las ocultaba bajo un gorro frigio, pero, por más cuidado
-que puso, un esclavo se las vió. Midas le exigió silencio, mas este
-hombre, no pudiendo soportar el secreto, abrió un hoyo en la tierra y en
-él gritó: “El rey Midas tiene orejas de pollino”, y en seguida lo llenó
-con la tierra que había sacado. Poco después crecieron en el mismo sitio
-unas matas de caña, las que, cada vez que el viento las movía,
-murmuraban: “El rey Midas tiene orejas de pollino”.</p>
-
-<p class="cnum">8. <span class="smcap">El Cuerpo sin alma</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cosquin.</span>&mdash;Les dons des trois animaux, t. I, p. 166, y notas, págs. 170 y
-siguientes.</p>
-
-<p><span class="smcap">Andrews.</span>&mdash;Corps sans âme, Contes ligures, p. 213.</p>
-
-<p><span class="smcap">Apell.</span>&mdash;Joâo Cachorro e o camponês branco, Cont. pop. Russos, p. 275.<span class="pagenum"><a name="page_281" id="page_281">{281}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Baissac.</span>&mdash;Hist. de Corps-sans-âme et de Colle-des-Coeurs, Folkl. de
-l’Ile-Maurice, p. 358.</p>
-
-<p><span class="smcap">Braga.</span>&mdash;Cravo, Rosa e Jasmin, Cont. trad. do pov. port., p. 20.</p>
-
-<p><span class="smcap">Brueyre.</span>&mdash;Le jeune Roi Easaidh Ruadh, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p.
-71 y notas, págs. 80-83.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; La Fille de la Mer, p. 84, y II versión, p. 95.</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Le Corps sans âme, ou le Lion, la Pie et la Fourmi, Lit. orale
-de la Picardie, p. 275.</p>
-
-<p><span class="smcap">Coelho.</span>&mdash;A Torre de Babylonia, Cont. pop. port., p. 34.</p>
-
-<p><span class="smcap">Desparmet.</span>&mdash;Hammed, le fils de la veuve, Rev. Trad. pop., t. XXVII, p.
-241.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Cent-et-un-beautés, Ib., p. 193.</p>
-
-<p><span class="smcap">Dozon.</span>&mdash;Les trois frères et les trois sœurs, Cont. albanais, p. 131.</p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;El Cabayeru e la Pluma, N. Mex. Esp. Folk-Tales, p. 398.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; La Princesa encantada, Ctos. pop. españoles, págs. 295 y 297.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;A Vida do Gigante (la parte final solamente).
-Cont. da Carochinha, p. 385.</p>
-
-<p><span class="smcap">Klimo.</span>&mdash;L’Arbre merveilleux, Cont. et Lég. de Hongrie, p. 131.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Le Prince Ambroise, Ib. p. 239.</p>
-
-<p><span class="smcap">Luzel.</span>&mdash;Le Corps-sans-âme, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t. I, p. 427.</p>
-
-<p><span class="smcap">Macler.</span>&mdash;Badikan et Khan Boghou, Cont. armeniens, p. 11.</p>
-
-<p><span class="smcap">Monnier.</span>&mdash;Viola (el fin sólamente), Cont. pop. en Italie, p. 117.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;Lu malacunnutta, II, p. 224.</p>
-
-<p><span class="smcap">Rivière.</span>&mdash;Moh’Amed ben Soltan, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 187. (En
-la p. 191, muerte del Cuerpo sin alma, que en este cuento es un Ogro;
-muy desfigurado).</p>
-
-<p><span class="smcap">Sébillot.</span>&mdash;El Capitán Pedro, Ctos. Bretones, p. 130.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; El Gigante de las siete mujeres, Ib., p. 176.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vinson.</span>&mdash;Malbrouc, Folkl. du Pays Basque, p. 80.</p>
-
-<p class="cnum">9. <span class="smcap">La Huachita Cordera</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;La Gardeuse de dindons, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 251.
-(Sólo la 2.ª parte).</p>
-
-<p><span class="smcap">Pineau.</span>&mdash;L’Agneaulet, Cont. pop. du Poitou, p. 123.</p>
-
-<p>La Lapine, Rev. Trad. pop., 1913, p. 207. (Ver también la nota).<span class="pagenum"><a name="page_282" id="page_282">{282}</a></span></p>
-
-<p class="cnum">10. <span class="smcap">Las siete Ciegas</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cosquin</span>, t. I, en la Introducción, p. XXX, extracta un cuento parecido
-al de Las siete Ciegas.</p>
-
-<p><span class="smcap">Guichot y Sierra.</span>&mdash;La Reina Rosa o Tomasito, Bibl. de las Trad. pop.
-esp., t. I, p. 172.</p>
-
-<p><span class="smcap">Desparmet</span>, en el cuento La Princesse Hautaine IV de los Contes maures,
-recueillis à Blida, p. 292, se lee:&mdash;“Si este hermoso príncipe quiere
-llevarme, es preciso que me traiga aquí, en persona, leche de camella en
-un odre hecho de piel de leona”. En el cuento V, “La Tortue”, p. 303, un
-Rey que quiere hacer morir a su hijo menor, para apoderarse de su mujer,
-de quien se ha enamorado, le dice a su Consejero:&mdash;“Tu astucia no ha
-servido de nada; busca otra”.&mdash;“Pues bien, le dice el Consejero, pide al
-Príncipe que traiga la manzana que embalsama el aire y el agua que
-restituye el alma al hombre. Deberá tomarlas en el jardín de
-Preciosa...”. Y como el Príncipe consiguiera llevarle la manzana y el
-agua pedidas, pide el Rey nuevo consejo a su Consejero, y éste le
-dice:&mdash;“Haz venir a tu hijo y ordénale que traiga leche de leona en odre
-de piel de leoncito”. Y en el cuento VI, “Le roi Bûcheron”, p. 437: “Una
-vez el Sultán tuvo deseos de beber la leche de leona en odre de piel de
-leoncito”.&mdash;(Rev. de Trad. pop., t. XXVII.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Donzon</span>, en “La Loubie et la Belle de la terre”, Cont. albanais, p. 87:
-“Comió (la Lubia) la mitad de lo que el joven había llevado, después de
-lo cual salió y dijo: “Que se muestre aquel a quien debo este
-beneficio,&mdash;y el joven, presentándose, contestó: Heme aquí”.&mdash;En
-seguida, todo sucedió como el viejo lo había anunciado”.</p>
-
-<p>En el vol. XXII, p. 137 de las Mil noches y una noche, “Historia contada
-por el 11.º Capitán de policía, al Sultán Baibars, se lee: “Y se
-congregaron los médicos y le recetaron, como régimen y remedio, que
-bebiera leche de osa contenida en un odre de piel de osa virgen”.</p>
-
-<p class="cnum">11. <span class="smcap">El Miñique</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cosquin.</span>&mdash;Le Petit Poucet, t. II, p. 147, y nota de la p. 150.</p>
-
-<p><span class="smcap">Andrews.</span>&mdash;Pequeletou, Cont. ligures, p. 132.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Peteoumeletou, Ib., p. 161.</p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;Grain-de-Millet, Cont. de la Gascogne, t. III, p. 78.</p>
-
-<p><span class="smcap">Braga.</span>&mdash;Manoel Feijâo, Cont. trad. do povo port., p. 191.</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Pouçot Litt. orale de la Picardie, p. 167.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_283" id="page_283">{283}</a></span></p><p>&mdash;&mdash; Jean l’Espiègle, Ib., p. 329.</p>
-
-<p><span class="smcap">Coelho.</span>&mdash;Hist. do Grâo de Milho, Cont. pop. portuguezes, p. 80.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel</span>, O Pequenno Pollegar, Cont. da Carochinha, p. 113.</p>
-
-<p><span class="smcap">Legers.</span>&mdash;Le Petit Poucet russe, Rec. Cont. pop. slaves, p. 29.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vinson.</span>&mdash;Petit Poucet y Mundu-milla-pes, Folkl. du pays Basque, págs.
-110 y 111.</p>
-
-<p class="cnum">12. <span class="smcap">Los tres Consejos</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Braga.</span>&mdash;Os tres Conselhos, Cont. trad. do povo portuguez, p. 199.</p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;Los tres Consejos, New Mex. Sp. Folk-Tales, p. 408.</p>
-
-<p>Folklore Andaluz, Nota 8 de la p. 80.</p>
-
-<p><span class="smcap">Macler.</span>&mdash;Le Fils de la Vieille, Cont. Armeniens, p. 139.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ortoli.</span>&mdash;L’Ustaria di i figli di u Diauli, Cont. pop. de l’île de Corse,
-p. 118.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;Li tri Rigordi, III, p. 391 y varianti e riscontri, pág. 393.</p>
-
-<p><span class="smcap">Romero.</span>&mdash;Os tres Conselhos, Cont. pop. do Brasil, p. 251.</p>
-
-<p class="cnum">13. <span class="smcap">El Loro Adivino</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cosquin.</span>&mdash;L’Oiseau de verité, t. I, p. 186.</p>
-
-<p><span class="smcap">Andrews.</span>&mdash;L’Oiseau qui parle, Cont. ligures, p. 193.</p>
-
-<p><span class="smcap">Apell.</span>&mdash;A Arbore que canta e a Ave que fala. Cont. pop. russos, p. 101.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; As tres Irmâs, Ib., p. 109 y crítica, p. 115.</p>
-
-<p><span class="smcap">Artin Pacha.</span>&mdash;El Schater Mouhammed, Cont. pop. de la Valle du Nil, p.
-265.</p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;La mer qui chante, la pomme qui danse et l’oisillon qui dit
-tout, Cont. pop. de la Gascogne, t. I. p. 67.</p>
-
-<p><span class="smcap">Braga.</span>&mdash;O Rei-Escuta, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 85, y
-notas, t. II, p. 192.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; As Cunhadas do Rei, Ib., p. 86.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;As tres Maravilhas, Cont. da Carochinha, p. 369.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Os tres principes com estrellas de ouro na testa, Ib. p. 405. (Sólo
-el principio).<span class="pagenum"><a name="page_284" id="page_284">{284}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Hernández de Soto.</span>&mdash;El Papagayo Blanco, Bibl. Trad. pop. esp., t. X, p.
-175.</p>
-
-<p><span class="smcap">Legrand.</span>&mdash;Tzitzinœna, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 77.</p>
-
-<p><span class="smcap">Luzel.</span>&mdash;Les deux frères et la sœur, Lég. chre. de la Basse-Bretagne, t.
-II, p. 274.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Les trois filles du Boulanger, ou l’Eau qui danse, la Pomme qui
-chante et l’Oiseau de Vérité, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, p. 277.</p>
-
-<p><span class="smcap">Macler.</span>&mdash;Cheveux d’argent et Boucles d’or, Cont. armeniens, p. 71.</p>
-
-<p><span class="smcap">Mason.</span>&mdash;Los Niños Coronados. Folk-Tales of the Tepecanos, p. 200.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;Li figghi di lu cavuliciddaru, t. I, p. 316 y var. y riscontri,
-p. 328-335.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ramírez</span>, José Luis.&mdash;El Agua Amarilla, El Folkl. Andaluz, p. 305.</p>
-
-<p class="cnum">14. <span class="smcap">El Medio-Pollo</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Basset.</span>&mdash;Moitié de Coq, Cont. pop. berbères, p. 83 y notas, p. 187.</p>
-
-<p><span class="smcap">Beauvais</span>, Armand.&mdash;Moité de Có, Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p.
-44.&mdash;Otro, Ib., t. XXX, p. 44.</p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;Le Voyage du Coq, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 221.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Le Coq et ses amis, Ib., p. 225.</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Coquelet en voyage, Litt. orale de la Picardie, p. 211.</p>
-
-<p><span class="smcap">Coelho.</span>&mdash;O Pinto borrachudo, Cont. pop. portuguezes, p. 20.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;Historia de un pintinho. Historias da Avósinha, p.
-90.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lehmann-Nitsche.</span>&mdash;¿Quiere que le cuente el cuento del Gallo Pelado?, en
-Rev. de Derecho, Historia y Letras, Buenos Aires.</p>
-
-<p><span class="smcap">Orain.</span>&mdash;La Boursée d’or, Cont. de l’Ille-et-Vilaine, p. 59.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pinau.</span>&mdash;Le conte de la petite moitié de geau (coq), Les Cont. pop. du
-Poitou, p. 169.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;Lu menzu-gadduzzu, t. III, p. 77.</p>
-
-<p><span class="smcap">Romero.</span>&mdash;O. Pinto pellado, Cont. pop. do Brasil, p. 53.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sébillot.</span>&mdash;La Moueté de Quene (La Moitié de Cane), Cont. de provinces de
-France, p. 281.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Moitié de Coq. Les Joyeuses Hist. de Bretagne, p. 205.</p>
-
-<p>The Heath Readers. Second Reader. D. C. Heath, and Company. Boston, New
-York-Chicago, s. d.&mdash;The Half-Chick, p. 128.<span class="pagenum"><a name="page_285" id="page_285">{285}</a></span></p>
-
-<p class="cnum">15. <span class="smcap">El Barco de los tres hachazos</span></p>
-
-<p class="cnum">16. <span class="smcap">Hermosura del Mundo, o el Castillo de los tres azuelazos</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Apell.</span>&mdash;O Navio voador, Cont. pop. russos, p. 201 y crítica, p. 210.</p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;Le Navire marchand sur terre, t. III, p. 12.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Etienne l’habile, Ib. p. 36.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;Os seis companheiros, Contos da Carochinha. p.
-183. (Sólo las hazañas de Comín y de sus compañeros.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Grimm.</span>&mdash;El Pájaro Grifo, Cuentos escogidos, p. 30.</p>
-
-<p><span class="smcap">Luzel.</span>&mdash;Le prix des belles pommes, Cont. pop. de Basse-Bretagne, t. II,
-p. 146.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Les trois fils de la veuve, Ib. II, p. 161.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Les compagnons qui viennent a bout de tout, Id. III, p. 296.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Petit-Jean et la Princesse Devineresse, Id. III, p. 326 (últ.º
-episodio, desde la pág. 246.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Mason.</span>&mdash;Los animales ayudan a Juan, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales,
-part. I, p. 17.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; El traje de piel de piojo (versión a.), Ib. p. 20. (Muy
-desfigurado.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Pinau.</span>&mdash;Le conte du petit Vacher, Cont. pop. du Poitou, p. 35.</p>
-
-<p>En este cuento y en muchos otros figuran el episodio de los conejos que
-se entregan al héroe para que los lleve en la mañana fuera de palacio,
-los deje en libertad y regrese con todos ellos en la tarde; y el de
-llenar un saco de verdades.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sébillot.</span>&mdash;El barco que anda por mar y por tierra, Cuentos bretones, p.
-233.</p>
-
-<p class="cnum">17. <span class="smcap">El Arbol de las tres Manzanas de Oro</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Apell.</span>&mdash;O bicho Norka, Cont. pop. russos, p. 291. (Sólo los primeros
-episodios.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Les trois fils du roi, Litt. orale de la Picardie, p. 89. (Sólo
-la primera parte).</p>
-
-<p><span class="smcap">Desparmet.</span>&mdash;Le Ghoul du Puits, Cont. pop. sur les Ogres, t. 1, p. 397.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Le Ghoul bessé en maraude, Ib. p. 406. (En los dos cuentos, sólo la
-primera parte.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Dozon.</span>&mdash;La Belle de la Terre, Cont. albanais, p. 35.</p>
-
-<p><span class="smcap">Klimo.</span>&mdash;L’Oiseau de feu, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 265.<span class="pagenum"><a name="page_286" id="page_286">{286}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Pinau</span>, Les pommes d’or, Cont. pop. du Poitou, p. 1.</p>
-
-<p><span class="smcap">Rivière.</span>&mdash;Les trois frères. Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 234.
-(Sólo el principio.)</p>
-
-<p class="cnum">18. <span class="smcap">Los Hijos del Pescador, o el Castillo de la Torderás</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cosquin.</span>&mdash;Les fils du Pêcheur, t. I., p. 60.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; La Bête a sept têtes, Ib., p. 64 y notas págs. 66-81.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; La Reine des Poissons, t. II, p. 56.</p>
-
-<p><span class="smcap">Andrews.</span>&mdash;Les fils du Pêcheur (2 versiones), Cont. ligures, págs. 173 y
-253.</p>
-
-<p><span class="smcap">Basset.</span>&mdash;L’Ogresse et les deux frères, Nouveaux Contes berbères, p. 103
-y notas, págs. 304-326.</p>
-
-<p><span class="smcap">Bladé.</span>&mdash;Les deux Jumeaux, t. I, p. 277.</p>
-
-<p><span class="smcap">Braga.</span>&mdash;A. Torre de Babylonia, Cont. trad. do pov. port., p. 117.</p>
-
-<p><span class="smcap">Brueyre.</span>&mdash;La Fille de la Mer, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p. 84 y II
-versión, p. 95.</p>
-
-<p><span class="smcap">Coelho.</span>&mdash;S. Jorje, Cont. pop. portuguezes, p. 120.</p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;El Castillo de Irás y no Volverás, Ctos. pop. españoles, p.
-289.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;A Velha Feiticeira, Hist. da Avósinha, p. 314
-(parecido remoto).</p>
-
-<p><span class="smcap">Legrand.</span>&mdash;Le petit rouget sorcier, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 161.</p>
-
-<p><span class="smcap">Monnier.</span>&mdash;Le Magicien a sept têtes, Cont. pop. en Italie, p. 287.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pinaud.</span>&mdash;Le Pêcheur, Cont. pop. du Poitou, p. 27.</p>
-
-<p><span class="smcap">Rivière.</span>&mdash;Les deux frères, Rec. de Cont. pop. de la Kabylie, p. 193.</p>
-
-<p class="cnum">19. <span class="smcap">El Compadrito León, potito quemado</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Baissac.</span>&mdash;Le Lièvre et la Tortue au bord du bassin du roi, Le Folkl, de
-l’Ile-Maurice, p. 2. (Episodio del mono que juega al naipe con el mono
-de greda y que después, cuando lo golpea, se va pegando sucesivamente de
-las manos, de los pies y de la cabeza.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;El Conejo y el Coyote, New Mexican Spanish Folk-Tales, págs.
-419.<span class="pagenum"><a name="page_287" id="page_287">{287}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;O Macaco e o Moleque (La escena del mono de
-greda), Hist. de Avósinha, p. 217.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; A Onça e a Raposa (Escena en que el Mono pregunta: “Agüita ¿te
-beberé?), Hist. da Avósinha, p. 324.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lenz.</span>&mdash;Cuento de un Zorro y un Tigre, Est. Araucanos, p. 189 y notas p.
-315.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lira</span>, Carmen.&mdash;Tío Conejo y tío Coyote, Los Ctos, de mi tía Panchita, p.
-152.</p>
-
-<p><span class="smcap">Mason.</span>&mdash;El Muñeco de brea, Porto-Rican Folk-Lore. Folk-Tales, p. 164.</p>
-
-<p><span class="smcap">Romero.</span>&mdash;O Macaco e o Moleque de cera, Cont. pop. do Brasil, p. 317.</p>
-
-<p class="cnum">21. <span class="smcap">Chilindrín y Chilindrón</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Basset.</span>&mdash;L’adroit voleur, Nouveaux Cont. berbères, p. 149 y notas, p.
-351.</p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;Pedro di Urdemales, V, More Folk-Tales, p. 132.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Los dos Ladrones, New Mexican Sp. Folk-Tales, p. 423. (Primer
-episodio.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Huet.</span>&mdash;Le conte du trésor pillé. (Le “Trésor du roi Rhampsinite”) dans
-le Roman de Berinus. Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p. 208.</p>
-
-<p><span class="smcap">Legrand.</span>&mdash;Voleurs, par nature, Rec. Cont. pop. grecs, p. 205. Les deux
-voleurs, Rev. de Trad. pop. t. XXVII, p. 323.</p>
-
-<p><span class="smcap">Luzel.</span>&mdash;Le Voleur avisé, Cont. pop. de Bass.-Bretagne, t. III, p.
-351.&mdash;Variante, p. 367.</p>
-
-<p><span class="smcap">Padilha.</span>&mdash;Vicente o ladrão, Hist. do Arco da Velha, p. 393.</p>
-
-<p><span class="smcap">Paris.</span>&mdash;Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;Lu latru di Sicilia e lu latru di Napuli, t. III, p. 157. (Sólo
-el episodio con que comienza el cuento chileno.)</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Mbroglia e Sbroglia, III, p. 205.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Lu Muratori e sò figghin, III, p. 210.</p>
-
-<p><span class="smcap">Rivière.</span>&mdash;Les deux frères, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 13.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sébillot.</span>&mdash;El Rata de París y el de Madrid, Ctos. Bretones, p. 222.</p>
-
-<p class="cnum">22. <span class="smcap">Juan Valiente, el de la Vaquilla</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Artin Pacha.</span>&mdash;Souheim-el-Leyl, Cont. pop. de la Vallée du Nil, p. 201.<span class="pagenum"><a name="page_288" id="page_288">{288}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Gulchot y Sierra.</span>&mdash;Mariquilla la Ministra, en Bibl. de las Trad. pop.
-esp., t. I, p. 149 (Algunos episodios solamente.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Mason.</span>&mdash;Juan y los bandidos, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales, p. 201.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pinau.</span>&mdash;Louis Bernard, Les Cont. pop. du Poitou, p. 49.</p>
-
-<p class="cnum">23. <span class="smcap">La Sapita Encantada</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Artin Pacha.</span>&mdash;Les trois fils du Sultan, Cont. pop. de la Vallée du Nil,
-p. 103.</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Les trois chars, Contes français, p. 83.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; L’Aiguille, le Chien et la Princesse, Ib., p. 101.</p>
-
-<p>El Ranchero y sus tres hijos, Poblac. del Valle de Teotihuacán, p. 309.</p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;La Princesa mona, Ctos pop. esp., p. 306.</p>
-
-<p><span class="smcap">Figueiredo Pimentel.</span>&mdash;A Gatinha branca, Hist. da Avósinha, p. 247.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; A Sapa casada, Ib. p. 320.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lira</span>, Carmen.&mdash;La Mica, Los Ctos. de mi tía Panchita, p. 46.</p>
-
-<p><span class="smcap">Luzel.</span>&mdash;Le Bossu et ses deux frères, t. II, p. 123.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; La Princesse métamorphosée en souris, Ib., p. 134.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pinau.</span>&mdash;La Chatte blanche, Les Cont. pop. du Poiton, p. 111.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;La Jimmuruta, t. I, p. 396 y Variante e riscontri, p. 399.</p>
-
-<p><span class="smcap">Mason.</span>&mdash;Pedro y San Pablo, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 166.</p>
-
-<p class="cnum">24. <span class="smcap">Gallarín y el Gigante</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cosquin.</span>&mdash;Le roi d’Angleterre et son filleul, t. I, p. 32 y notas,
-particularmente págs. 46 a 48.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; La Belle aux cheveux d’or, t. II, p. 290.</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Les trois frères et le Géant, Litt, or. de la Picardie, p. 241.</p>
-
-<p><span class="smcap">Luzel.</span>&mdash;La Princesse de Tronkolaine, t. I, p. 66.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Le Perroquet Sorcier, t. II, p. 231.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Le Capitaine Lixur ou le Satyre, t. II, p. 314.</p>
-
-<p><span class="smcap">Montiel.</span>&mdash;Marandénboné. Cont. soudanais, p. 115.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pitre.</span>&mdash;Tridicini, t. I, p. 290 y Varianti e riscontri, págs. 295-297.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_289" id="page_289">{289}</a></span></p><p>&mdash;&mdash; Lu cuntu di na Riggina, t. I, p. 395.</p>
-
-<p><span class="smcap">Rivière.</span>&mdash;Amor Enneíç, Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 225.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vinson.</span>&mdash;Malbrouc, Le Folkl. du Pays Basque, p. 80. (Parte de este
-cuento corresponde al cuento chileno “El Cuerpo sin alma” y parte a
-“Gallarrín”.)</p>
-
-<p class="cnum">25. <span class="smcap">Salir con su Domingo siete</span><a name="FNanchor_P_16" id="FNanchor_P_16"></a><a href="#Footnote_P_16" class="fnanchor">[P]</a></p>
-
-<p>Una versión de este cuento se publicó en Santiago en 1880 u 81, en las
-columnas de El Nuevo Ferrocarril por el conocido escritor Pedro A.
-<span class="smcap">Pérez</span>, que suscribía sus trabajos con el seudónimo de <span class="smcap">Kefas</span>; otra, en la
-Lira Chilena, año II, Núm. 26, de 25 de Junio de 1899, con el título de
-Yuzfen y Mulet, o la Leyenda del Domingo Siete, por el escritor
-ecuatoriano <span class="smcap">Arias Sánchez</span>; otra, en 1891, en el diario La Nación, si mal
-no recuerdo, por <span class="smcap">Justo Abel Rosales</span>; una cuarta, el 2 de Noviembre de
-1892, en El Colono de Angol, por <span class="smcap">Clemente Barahona Vega</span>; una quinta, por
-el mismo <span class="smcap">Barahona Vega</span>, en el Sur de Concepción, Núm. de 7 de Julio de
-1895; y por fin, una sexta, recogida en Provenza por la señora <span class="smcap">Sperata
-Revillo de Saunière</span>, en el Núm. 310, de 26 de Octubre de 1914, de El
-Peneca, de Santiago.&mdash;Cfr. además:</p>
-
-<p><span class="smcap">Brueyre.</span>&mdash;Légende de Knockgrafton, Cont. pop. de la Gr.-Bretagne, p.
-206.</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Les Lutins et les deux Bossus, Litt. or. de la Picardie, p. 18
-y notas p. 37.</p>
-
-<p><span class="smcap">Frison.</span>&mdash;Le Bossu et les Korrigans, Cont. et Lég. du Morbihan, Rev. des
-Trad. pop., t. XVII, p. 343.</p>
-
-<p>Les Djinns et les deux Bossus, Ib. p. 610.</p>
-
-<p><span class="smcap">Harou.</span>&mdash;Les Bossus et les Nains (conte du Luxenbourg belge), Rev. des
-Trad. pop., t. IX, p. 285.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Les deux Bossus (conte du Grand Duché de Luxenbourg), Rev. des
-Trad. pop., t. XXXI, p. 128.</p>
-
-<p><span class="smcap">Luzel.</span>&mdash;Les deux Bossus et les Nains, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t.
-II, p. 251.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Les Danseurs de nuit (dos versiones), Ib., t. III, págs. 103 y 115.</p>
-
-<p><span class="smcap">Palma.</span>&mdash;Salir con un Domingo siete, Trad. peruanas, t. IV, p. 34.<span class="pagenum"><a name="page_290" id="page_290">{290}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Pitrè.</span>&mdash;Lu Scarparu e lu Diavuli, t. II, p. 94.</p>
-
-<p><span class="smcap">Rodríguez Marín.</span>&mdash;Nota 21, p. 318 del t. V del Quijote (ed. de 1916).</p>
-
-<p><span class="smcap">Sébillot.</span>&mdash;Les Sorciers de Kuéa, Cont. des paysans et des pêcheurs, p.
-305.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Les Chats sorciers, Ib. p. 311.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Los dos Gibosos, Ctos. Bretones, p. 252.</p>
-
-<p><span class="smcap">Seré.</span>&mdash;Les deux Bossus et l’Enchanteurese de Bourret, Rev. de Trad.
-pop., t. VIII, p. 549.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vinson.</span>&mdash;Les deux Bossus, Le Folkl. du pays Basque, p. 14.</p>
-
-<p class="cnum">26. <span class="smcap">La Lorita encantada</span></p>
-
-<p>Esta conseja tiene estrecha relación con los numerosos cuentos, comunes
-a todas las literaturas populares, en que figuran tres animales
-agradecidos, generalmente un león, una hormiga y un ave, que se disputan
-una presa, casi siempre un animal muerto, y que dan al que los pone de
-acuerdo, un pelo o una uña, una pata y una pluma respectivamente, que le
-permiten hacerse invisible, volar y desempeñar otras empresas
-maravillosas, o tres hombres poseedores de talismanes que tienen el
-mismo poder, de los cuales, por engaño, logra el héroe apoderarse. No
-recuerdo haber encontrado en mis lecturas un cuento en que figuren tres
-niñas en lugar de los tres animales o de los tres hombres; pero, en
-cambio, son numerosísimos aquellos que terminan con el tema en que el
-héroe o la heroína refieren que tenían un cofre cuya llave de oro se les
-ha perdido y mandaron hacer una de plata, y no tan preciosa como la
-otra, y que después han encontrado la primera, y preguntan cuál de las
-dos deben preferir, etc. A los cuentos tan conocidos y numerosos en que
-se encuentra este episodio, agregaré solamente los que siguen,
-publicados en la interesante colección intitulada “Cuentos populares
-españoles recogidos de la tradición oral en España... por Aurelio M.
-Espinosa:</p>
-
-<p>Núm. 127, Cabeza de burro, p. 258; Núm. 128, El Castillo de Oropé, p.
-260; y Núm. 130, El Lagarto de las siete camisas, p. 267.</p>
-
-<p>Y además:</p>
-
-<p><span class="smcap">Cosquin.</span>&mdash;Les dons des trois animaux, t. I, p. 166.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash;Fortuné, t. II, p. 128.</p>
-
-<p><span class="smcap">Luzel.</span>&mdash;L’Hiver et le Rotelet, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, en las
-págs. 245-246.</p>
-
-<p class="cnum">27. <span class="smcap">El Diablo y el Campesino</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Bladè.</span>&mdash;La Chèvre et le Loup, t. III, p. 159.<span class="pagenum"><a name="page_291" id="page_291">{291}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Braga.</span>&mdash;O Compadre diabo, Cont. pop. do povo portuguez, p. 75.</p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Saint Crépin et le Diable, Litt. orale de la Picardie, p. 62.</p>
-
-<p class="cnum">28. <span class="smcap">El León y el Hombre</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Bladè.</span>&mdash;Le Lion et Notre-Seigneur, Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p.
-163.</p>
-
-<p><span class="smcap">Poblete</span>, (Ronquillo).&mdash;La Palabra del Hombre, Cuentos del Domingo, IV
-serie, p. 163.</p>
-
-<p class="cnum">29. <span class="smcap">Los tres hermanos que salieron a aprender a hablar</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Carnoy.</span>&mdash;Les trois hommes à la barbe rousse, Litt. orale de la Picardie,
-p. 264.</p>
-
-<p><span class="smcap">Klimo.</span>&mdash;Le Diable et les trois garçons slaves, Cont. et Lég. de Hongrie,
-p. 277.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sébillot.</span>&mdash;C’est nous autres, Messieurs, Litt. orale de la H.-Bretagne,
-p. 110.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Le sot seigneur et ses fils sots, Les joyeuses hist. de Bretagne,
-p. 165.</p>
-
-<p class="cnum">30. <span class="smcap">Las tres Gangosas</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Braga.</span>&mdash;As irmâs gagas, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 179.</p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 34, p. 144.</p>
-
-<p class="cnum">31. <span class="smcap">El Capón asado</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;Juan sin miedo, New Mexican Folk-Lore, III, Folk-Tales, p.
-429.</p>
-
-<p class="cnum">32. <span class="smcap">El Vendedor de coquitos, y 33. El Vendedor de pequenes.</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 36, p. 144.<span class="pagenum"><a name="page_292" id="page_292">{292}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">II parte.</span>&mdash;<span class="smcap">Mitos, Tradiciones, Casos</span></p>
-
-<p class="cnum">3. <span class="smcap">La Calchona</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>&mdash;La Calchona, Mitos y Superst., págs. 21 y 334.</p>
-
-<p class="cnum">6. <span class="smcap">La Viuda</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cavada.</span>&mdash;La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>&mdash;La Viuda, Mitos y Superst., p. 92.</p>
-
-<p class="cnum">7. <span class="smcap">La Mujer larga</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cavada.</span>&mdash;La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100.</p>
-
-<p class="cnum">8. <span class="smcap">El Piguchén</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cavada.</span>&mdash;El Piuchén o Piguchén, Chiloé y los Chilotes, p. 102.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>&mdash;El Piguchén, Mitos y Superst., págs. 80 y 339.</p>
-
-<p class="cnum">13, 14, 15. <span class="smcap">Las Sirenas</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Cavada.</span>&mdash;La Pincoya, Chiloé y los Chilotes, p. 102.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>&mdash;Las Sirenas, Mitos y Superst., p. 85.</p>
-
-<p class="cnum">17. <span class="smcap">La Laguna de Pudahuel</span> (Nota sobre el Cuero, p. 239.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Cavada.</span>&mdash;La Manta, Chiloé y los Chilotes, p. 104.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>&mdash;El Cuero, Mitos y Superst. págs. 38 y 335.</p>
-
-<p class="cnum">19 <small>A</small> 31. <span class="smcap">Historias de brujos</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>&mdash;Los brujos. Mitos y Superst., págs. 5 a 20.</p>
-
-<p class="cnum">23. <span class="smcap">El Hombre que quiso volar</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Espinosa.</span>&mdash;La bruja de Granada, Ctos. pop. españoles, p. 345.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_293" id="page_293">{293}</a></span></p><p>&mdash;&mdash; La bruja de Córdoba, Ib., p. 346.</p>
-
-<p class="cnum">36. <span class="smcap">Tesoros</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>&mdash;Para descubrir y sacar los tesoros, Mitos y Superst.,
-p. 206.</p>
-
-<p class="cnum">39 <small>A</small> 43. <span class="smcap">El Diablo. Pactos con el Diablo</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>&mdash;El Diablo, Mitos y Superst., págs. 47 a 52 y 196.</p>
-
-<p class="cnum">43. <span class="smcap">Las doce palabras redobladas</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Laval.</span>&mdash;Las doce palabras redobladas, Orac., ens. y conj., p. 98.</p>
-
-<p>&mdash;&mdash; Contr. al Folk. de Carahue, 1.ª parte, p. 31.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vicuña Cifuentes.</span>&mdash;Mitos y Superst., págs. 133 a 156, Núm. 36.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vinson.</span>&mdash;Les douze Mistères, Le Folkl. du Pays Basque, p. 11.</p>
-
-<p>De las obras extranjeras en que se trata de las doce palabras
-redobladas, sólo mencionaré la de <span class="smcap">Vinson</span>, porque el cuento vasco, en el
-fondo, es el mismo chileno que me refirieron en Peñaflor. Las demás
-están citadas en las notas comparativas que figuran en los libros
-citados de <span class="smcap">Vicuña Cifuentes</span> y <span class="smcap">Laval</span>.<span class="pagenum"><a name="page_294" id="page_294">{294}</a></span></p>
-
-<h2><a name="Apendice_II" id="Apendice_II"></a><span class="smcap">Apéndice II</span></h2>
-
-<p><span class="smcap"><a name="Vocabulario" id="Vocabulario"></a>Vocabulario</span> de las palabras y frases que figuran en este libro con
-acepción distinta de las que trae el Diccionario académico, o que no se
-encuentran en él.</p>
-
-<p><span class="smcap">Acuerdo.</span>&mdash;<i>Ponerse en acuerdo.</i> Vulg. Pensar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Acholado.</span>&mdash;Corrido, avergonzado.</p>
-
-<p><span class="smcap">Agarrar.</span>&mdash;Tomar, asir, coger, aunque sea suavemente.</p>
-
-<p><span class="smcap">Agua.</span>&mdash;<i>Ver</i> uno <i>debajo del agua</i>. Ser muy astuto, habilidoso.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alcayota.</span>&mdash;Cidra cayote.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alelado.</span>&mdash;Asustado, admirado, embobado, extasiado.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alfiler.</span>&mdash;<i>Alfiler de gancho.</i> Imperdible.</p>
-
-<p><span class="smcap">Altazo.</span>&mdash;aum., vulg. de alto. Muy alto.</p>
-
-<p><span class="smcap">Amarra.</span>&mdash;Lazo corto, de cuero.</p>
-
-<p><span class="smcap">Animar.</span>&mdash;Azuzar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Aperos.</span>&mdash;Aparejo, 2.ª acep.</p>
-
-<p><span class="smcap">Apretar a correr.</span>&mdash;Echar a correr.</p>
-
-<p><span class="smcap">Atingido.</span>&mdash;Afligido.</p>
-
-<p><span class="smcap">Atracar.</span>&mdash;Vulg. Arrimar, allegar, encender, prender.</p>
-
-<p><span class="smcap">Aújero.</span>&mdash;Vulg. Agujero.</p>
-
-<p><span class="smcap">Azuelazo.</span>&mdash;Golpe dado con la azuela.</p>
-
-<p><span class="smcap">Barra.</span>&mdash;Cepo, 3.ª acepc.</p>
-
-<p><span class="smcap">Barrote.</span>&mdash;Barra de hierro, aunque no sea gruesa.</p>
-
-<p><span class="smcap">Bastante.</span>&mdash;Mucho.</p>
-
-<p><span class="smcap">Botar.</span>&mdash;Tirar, arrojar, tumbar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Boya.</span>&mdash;<i>Estar en la pura boya.</i> Estar de buena suerte; irle bien en
-todo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Buen dar.</span>&mdash;<i>Buen dar con lo tonto que soy.</i> ¡Vaya que soy tonto!</p>
-
-<p><span class="smcap">¡Bueno en!</span>... Qué!... <i>¡Bueno en el hombre forzudo!</i> ¡Qué hombre tan
-forzudo!</p>
-
-<p><span class="smcap">Cacho.</span>&mdash;Asta, cuerno.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calzones.</span>&mdash;Vulg. Pantalones.</p>
-
-<p><span class="smcap">Campañista.</span>&mdash;El que cuida de los animales vacunos y caballares en los
-fundos grandes que tienen campaña.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cáñamo.</span>&mdash;Bramante, guita.<span class="pagenum"><a name="page_295" id="page_295">{295}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Capachito.</span>&mdash;Planta muy común, del género <i>Calceolárea</i>, que crece a
-orillas de los arroyos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Capitán.</span>&mdash;<i>Donde manda capitán no manda marinero.</i> Refr. que aconseja
-respeto, obediencia y sumisión a los superiores.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cara.</span>&mdash;<i>Cara o sello.</i> Cara o cruz.</p>
-
-<p><span class="smcap">Caráfita.</span>&mdash;Interj. Cáspita. (De cáspita, caráspita).</p>
-
-<p><span class="smcap">Carretón.</span>&mdash;Carro grande que sirve para el transporte de materiales.</p>
-
-<p><span class="smcap">Casas.</span>&mdash;Dieces. (Del rosario.)</p>
-
-<p><span class="smcap">Causeo.</span>&mdash;Comida ligera compuesta generalmente de carnes fiambres,
-emparedados, vino, etc.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cazuela.</span>&mdash;Guiso nacional muy estimado. La receta para hacerla se
-encuentra en cualquiera de las numerosas ediciones de libros de cocina
-impresos en el país.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cebar</span> (el mate).&mdash;Prepararlo, poniendo en la vasija en que se toma, la
-yerba y el azúcar necesarios y demás ingredientes que suelen echársele,
-como hojas de cedrón, cáscaras de limón o de naranja, etc. En Chile el
-mate se toma con azúcar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cequión.</span>&mdash;Aum. de <i>cequia</i>=acequia. Acequia ancha que arrastra gran
-caudal.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cierto.</span>&mdash;Alguno.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cigarro.</span>&mdash;Cigarrillo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cinco.</span>&mdash;Moneda de plata (últimamente las hacen de níquel), que vale
-cinco centavos de peso. El peso tiene cien centavos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Clara.</span>&mdash;<i>Claras del día.</i> La hora de amanecer. <i>Con las claras.</i> Al
-amanecer.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cobija.</span>&mdash;Vulg. Frazada, manta de la cama.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cogollo.</span>&mdash;La copa de los árboles.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cola.</span>&mdash;<i>Ir, salir, arrancar con la cola entre las piernas.</i> Es la fr.
-española <i>Ir, salir, rabo entre piernas</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Condenado.</span>&mdash;Malvado. <i>Como un condenado.</i> Mucho, en abundancia.</p>
-
-<p><span class="smcap">Contesta.</span>&mdash;Vulg. Contestación.</p>
-
-<p><span class="smcap">Contimás.</span>&mdash;Vulg. Cuantimás; tanto más cuanto.</p>
-
-<p><span class="smcap">Contra.</span>&mdash;<i>Dar la contra.</i> Contradecir, molestar, llevar la contraria.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cordillera.</span>&mdash;La Cordillera es, por antonomasia, la de los Andes.</p>
-
-<p><span class="smcap">Correntoso.</span>&mdash;Dícese del río o acequia que tiene mucha corriente.</p>
-
-<p><span class="smcap">Corretear.</span>&mdash;Vulg. Correr.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cosa.</span>&mdash;<i>Las cosas de usted.</i> Qué cosas tiene usted. <i>¡Buena cosa!</i>
-Exclamación con que se expresa admiración, sentimiento o desagrado.</p>
-
-<p><span class="smcap">Costalearse.</span>&mdash;Golpearse, cayéndose al suelo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cristo.</span>&mdash;<i>Sin cristo.</i> Sin dinero; sin un centavo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cuaira.</span>&mdash;Vulg. Cuadra.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cueca.</span>&mdash;Zamacueca, baile popular chileno, pero no el que describe el<span class="pagenum"><a name="page_296" id="page_296">{296}</a></span>
-Diccionario de la Academia, pues no tiene nada de ridículo, ni lo bailan
-los indios, ni los zambos, ni los chuchumecos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cuerpo.</span>&mdash;<i>Sacar el cuerpo.</i> Desviarlo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cundidor.</span>&mdash;Ligero, rápido.</p>
-
-<p><span class="smcap">Curado.</span>&mdash;Ebrio, embriagado.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chamiza.</span>&mdash;Chamarasca, támaras.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chancha.</span>&mdash;<i>Hacer la chancha.</i> Hacer novillos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chapa.</span>&mdash;Cerradura.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chape.</span>&mdash;Vulg. Trenza.</p>
-
-<p><span class="smcap">Charqui.</span>&mdash;Tasajo; carne cortada en grandes trozos delgados, salada y
-secada al sol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Charquiar.</span>&mdash;Cortar la carne en grandes trozos muy delgados para secarla
-al sol y hacer charqui.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chaucha.</span>&mdash;Voz con que vulgarmente se nombra a la moneda de veinte
-centavos de peso.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chepa.</span>&mdash;Josefa, Josefina.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chiquitito.</span>&mdash;Dim. de <i>chiquito</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Choclo.</span>&mdash;La mazorca del maíz.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chichoca.</span>&mdash;Vulg. <i>Chuchoca</i>. Maíz cocido y después secado al sol. En la
-cazuela se pone molida.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chueca.</span>&mdash;<i>Sacarla chueca.</i> Irle mal a uno en cualquier asunto.</p>
-
-<p><span class="smcap">Chupetada.</span>&mdash;Vulg. Chupada.</p>
-
-<p>D. En el lenguaje vulgar no se pronuncia sino raramente al principio de
-palabra (icir = decir). No suena en las terminaciones <i>ado</i>, <i>ada</i>,
-<i>edo</i>, <i>eda</i>, <i>ido</i>, <i>ida</i>, <i>odo</i>, <i>oda</i>, <i>udo</i>, <i>uda</i> (<i>pescao</i>, <i>ca</i> o
-<i>caa</i>, <i>mieo</i>, <i>alamea</i>, <i>perdío</i>, <i>salía</i>, <i>to</i> o <i>too</i>, <i>moa</i>,
-<i>embúo</i>, <i>pelúa</i>); en medio de dicción, entre dos vocales (aonde =
-aonde); ni al fin de palabra (<i>majestá</i>, <i>mercé</i>). Se pronuncia antes de
-diptongo y después de la concurrencia de dos vocales de las cuales la
-segunda es débil (Dios, deuda, Aída, Adelaida = Aelaida, cadáuno = cada
-uno). Hay algunas excepciones.</p>
-
-<p><span class="smcap">Debajujo.</span>&mdash;<i>Por debajujo.</i> En voz baja.</p>
-
-<p><span class="smcap">Dedo.</span>&mdash;<i>Dejarse</i> uno <i>meter el dedo en la boca</i>. Hacer disparates,
-tonterías; dejarse engañar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Dejar.</span>&mdash;<i>Te has dejado decir.</i> Te has atrevido a decir.</p>
-
-<p><span class="smcap">De lo que.</span>&mdash;Vulg. Porque. <i>De lo que no había comido.</i> Porque no había
-comido.</p>
-
-<p><span class="smcap">Desengraso.</span>&mdash;Vulg. Postre.</p>
-
-<p><span class="smcap">Despacito.</span>&mdash;Dim. de <i>despacio</i>. En voz baja.</p>
-
-<p><span class="smcap">Despachero.</span>&mdash;Dueño o administrador de un <i>despacho</i>, o sea tienda de
-comestibles.</p>
-
-<p><span class="smcap">Diablo.</span>&mdash;<i>Así paga el diablo a quien bien le sirve.</i> Fr. muy usada que
-se emplea para quejarse de los ingratos.<span class="pagenum"><a name="page_297" id="page_297">{297}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Diantre.</span>&mdash;<i>Como un diantre.</i> Como un diablo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Diez.</span>&mdash;Moneda de plata que vale diez centavos de peso.</p>
-
-<p><span class="smcap">Diminutivos.</span>&mdash;En Chile se abusa de los diminutivos. Una señora que se
-llama Mercedes es Merceditas, aunque tenga 60 años o más. Un niño chico
-es chico, chiquito, chiquitito, chiquitín, chiquirritín, chiquirritito,
-chicoco, chicoquito, rechico, requetechico, etc. Un mendigo pide de
-limosna un cinquito, un diececito, una chauchita, que, diminutivos o no
-diminutivos, siempre son cinco centavos, diez centavos, veinte centavos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Dios.</span>&mdash;<i>Dios, sin ser vaquero, todo lo rodea.</i> Enseña que Dios dispone
-las cosas de modo que resulten bien.</p>
-
-<p><span class="smcap">Donde.</span>&mdash;A casa de... En casa de... Con lo que...</p>
-
-<p><span class="smcap">Echarlas.</span>&mdash;Partir, salir.</p>
-
-<p><span class="smcap">Empastado.</span>&mdash;Que tiene pasto.</p>
-
-<p><span class="smcap">Endenantes</span>, <small>DENANTES</small> y <small>ENENANTES</small>.&mdash;Antes, hace poco.</p>
-
-<p><span class="smcap">Endilgar.</span>&mdash;Vulg. Dar, dirigir, ir, andar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ensimismamiento.</span>&mdash;Abstracción.</p>
-
-<p><span class="smcap">En una de éstas.</span>&mdash;En esto.</p>
-
-<p><span class="smcap">Envelarlas.</span>&mdash;Huir, correr.</p>
-
-<p><span class="smcap">Escondidas</span> (A las).&mdash;Al escondite, juego de muchachos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Espanto.</span>&mdash;<i>Estar</i> uno <i>curado de espantos</i>. No asustarse ni de nadie ni
-de nada.</p>
-
-<p><span class="smcap">Esperma.</span>&mdash;Estearina.&mdash;<i>Vela de esperma.</i> Vela de estearina.</p>
-
-<p><span class="smcap">Es que.</span>&mdash;Muletilla que puede suprimirse sin menoscabar el sentido de la
-frase en que se encuentra. <i>Es que le dijo</i> = le dijo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Estantino.</span>&mdash;Vulg. Intestino.</p>
-
-<p><span class="smcap">Facha.</span>&mdash;<i>Ponerse en facha.</i> Prepararse para hacer una cosa.</p>
-
-<p><span class="smcap">Falte.</span>&mdash;Buhonero.</p>
-
-<p><span class="smcap">Fierro.</span>&mdash;Hierro. En Chile sólo se usa la voz <i>hierro</i> cuando se habla de
-productos químicos o farmacéuticos: <i>Carbonato de hierro</i>,
-<i>sesquibromuro de hierro</i>, <i>jarabe de hierro y quinina</i>, <i>hierro
-yodatánico</i>; sin que falten personas que en estos casos también digan
-<i>fierro</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Fiesta.</span>&mdash;<i>Estar la fiesta que se arde.</i> Estar muy buena, haber en ella
-mucha alegría, y comida y bebida en abundancia.</p>
-
-<p><span class="smcap">Flacuchento.</span>&mdash;dim. desp. de flacucho.</p>
-
-<p><span class="smcap">Fondo.</span>&mdash;Caldera grande.</p>
-
-<p><span class="smcap">Fregar.</span>&mdash;Molestar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Frito.</span>&mdash;Jorobado, molido, desazonado, arruinado, perdido.</p>
-
-<p><span class="smcap">Fuego.</span>&mdash;<i>Hacer el fuego.</i> Encender carbón o leña.</p>
-
-<p><span class="smcap">Fuerte.</span>&mdash;<i>Fuerte y feo.</i> Mucho y con fuerza.</p>
-
-<p><span class="smcap">Futre.</span>&mdash;<i>Salirle el futre</i> a uno. Dar con la horma de su zapato.<span class="pagenum"><a name="page_298" id="page_298">{298}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Ganársela</span> a uno.&mdash;Vencerlo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Garrotero.</span>&mdash;El que ataca a otro a garrotazos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Guachito.</span>&mdash;V. Huachito.</p>
-
-<p><span class="smcap">Guacho.</span>&mdash;V. Huacho.</p>
-
-<p><span class="smcap">Guairao.</span>&mdash;Ave nocturna de la familia de las zancudas. <i>Ardea naevia.</i></p>
-
-<p><span class="smcap">Guargüero.</span>&mdash;Garguero.</p>
-
-<p><span class="smcap">Guata.</span>&mdash;Estómago, barriga.</p>
-
-<p><span class="smcap">Guía.</span>&mdash;Guía de la mañana. El lucero del alba.</p>
-
-<p><span class="smcap">Habiloso.</span>&mdash;Habilidoso.</p>
-
-<p><span class="smcap">Hablar.</span>&mdash;<i>Ser bien hablado.</i> Ser atento, bien educado; hablar
-correctamente.</p>
-
-<p><span class="smcap">Hartazo.</span>&mdash;Aum. de <i>harto</i>. Mucho.</p>
-
-<p><span class="smcap">Hebra.</span>&mdash;<i>Por la hebra se saca el ovillo.</i> Es el refr. español <i>Por el
-hilo se saca el ovillo</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ho.</span>&mdash;Vocativo vulgar de <i>hombre</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Hombre.</span>&mdash;<i>El hombre prepara y Dios dispara</i> se dice por donaire en vez
-de <i>El hombre propone y Dios dispone</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Huachito.</span>&mdash;Dim. de <i>huacho</i>. Mansito.</p>
-
-<p><span class="smcap">Huacho.</span>&mdash;Hijo ilegítimo; hijo que ha perdido a sus padres; animal que se
-aquerencia en una casa y anda libremente por toda ella.</p>
-
-<p><span class="smcap">Huerta.</span>&mdash;Huerto.</p>
-
-<p><span class="smcap">Indino.</span>&mdash;Vulg. Indigno.</p>
-
-<p><span class="smcap">Inquilino.</span>&mdash;Trabajador que vive en un fundo rústico, en que se le da
-habitación y un pedazo de terreno, en pago de lo cual se le exige
-trabajo en beneficio del patrón.</p>
-
-<p><span class="smcap">Jazmín.</span>&mdash;<i>Vengan esos cinco jazmines.</i> Fr. fam. con que se solicita la
-mano de una persona para saludarla o felicitarla.</p>
-
-<p><span class="smcap">Jote.</span>&mdash;Especie de buitre, que se alimenta de animales muertos.
-<i>Cathartes aura, vultur aura.</i></p>
-
-<p><span class="smcap">Juar.</span>&mdash;Vulg. Jugar.&mdash;<i>Por juar.</i> En broma.</p>
-
-<p><span class="smcap">Junta</span> (puerta junta).&mdash;Entornada.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lacillo.</span>&mdash;Lazo de cuero con que se asegura la carga a los animales.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lechar.</span>&mdash;Ordeñar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lesera.</span>&mdash;Tontería, inocentada.</p>
-
-<p><span class="smcap">Loro</span>, <small>RA</small>.&mdash;Vulg. <i>Lora</i>. Ave muy común, de plumaje verde que repite
-fácilmente las palabras o frases que se le enseñan. <i>Psittacus
-cyanolysos.</i></p>
-
-<p><span class="smcap">Luche.</span>&mdash;Alga marina comestible.&mdash;<i>Ulva luche.</i></p>
-
-<p><span class="smcap">Luz.</span>&mdash;<i>No haber luces</i> de una cosa. No verse, no distinguirse.<span class="pagenum"><a name="page_299" id="page_299">{299}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Machote.</span>&mdash;<i>A machote.</i> Muy bien cerrado.</p>
-
-<p><span class="smcap">Majestad.</span>&mdash;<i>Su Sacarrial Majestad.</i> Su Sacra y Real Majestad.</p>
-
-<p><span class="smcap">Mamita.</span>&mdash;Vulg. Madre; abuela. También se da este tratamiento, por
-cariño, a cualquiera anciana.</p>
-
-<p><span class="smcap">Mandar.</span>&mdash;Dar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Manito.</span>&mdash;Dim. de <i>mano</i>. Manita, manecita.</p>
-
-<p><span class="smcap">Manjar blanco.</span>&mdash;Dulce que se hace con leche, azúcar y vainilla o alguna
-otra especia.</p>
-
-<p><span class="smcap">Mano.</span>&mdash;<i>El que manda manda y mano a la cartuchera.</i> Refr. que aconseja
-obediencia al superior.</p>
-
-<p><span class="smcap">Maravilla.</span>&mdash;Planta compuesta, de las <i>Cinanterías</i>. <i>Heliantus annus.</i></p>
-
-<p><span class="smcap">Mas.</span>&mdash;Otro, en frases como ésta: No tuvo <i>mas</i> remedio que...</p>
-
-<p><span class="smcap">Medio.</span>&mdash;Grande.</p>
-
-<p><span class="smcap">Mejor.</span>&mdash;<i>Ser el mejor</i>. Ser el más hermoso, el más bueno, entre varios.</p>
-
-<p><span class="smcap">Miéchica.</span>&mdash;Vulg. Mierda.</p>
-
-<p><span class="smcap">Miñique.</span>&mdash;Meñique.</p>
-
-<p><span class="smcap">Métale.</span>&mdash;Expr. vulg. que se emplea para asentir: <i>bien</i>, <i>está bien</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Meterse.</span>&mdash;Mezclarse.</p>
-
-<p><span class="smcap">Moledera.</span>&mdash;Vulg. Porquería, mierda.</p>
-
-<p><span class="smcap">Montón.</span>&mdash;Mucho.</p>
-
-<p><span class="smcap">Na.</span>&mdash;Nada.</p>
-
-<p><span class="smcap">No.</span>&mdash;<i>En la de no.</i> Sino, si no, de lo contrario.</p>
-
-<p><span class="smcap">No más.</span>&mdash;Locución que puede suprimirse generalmente sin que la frase en
-que se encuentra pierda su sentido, aunque a veces se emplea para dar
-más fuerza a una afirmación.</p>
-
-<p><span class="smcap">Nunquitita.</span>&mdash;Dim. de <i>nunquita</i>, que a su vez lo es de <i>nunca</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ñato.</span>&mdash;Chato.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ño</span>, <span class="smcap">Ñor</span>.&mdash;Vulg. Señor.</p>
-
-<p><span class="smcap">Orejón.</span>&mdash;Rebanada de membrillo secada al sol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ortiga caballuna.</span>&mdash;Ortiga común en el país, cuyos pelos urticarios son
-largos y muy punzadores. <i>Urtica magellanica.</i></p>
-
-<p><span class="smcap">Ortiga cuyana.</span>&mdash;<i>Ortiga caballuna.</i></p>
-
-<p><span class="smcap">Orujo.</span>&mdash;<i>Sacarle el orujo</i> a uno. Molestarlo, castigarlo, maltratarlo a
-golpes.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pararse.</span>&mdash;Levantarse uno de su asiento; ponerse en pie.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pared.</span>&mdash;<i>Las paredes tienen oídos y los matorrales ojos.</i> Encarece el
-cuidado que debe tenerse al hablar o al ejecutar cualquiera acción, pues
-suele suceder que haya testigos, sin que uno se dé cuenta. La Academia
-trae las expresiones: <i>Las paredes oyen</i>, <i>Las paredes tienen ojos</i>.<span class="pagenum"><a name="page_300" id="page_300">{300}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Parte.</span>&mdash;<i>Echar</i> a uno <i>a buena parte</i>. Eufemismo, por decirle que se
-vaya a la m...</p>
-
-<p><span class="smcap">Pata.</span>&mdash;Vulg. Pierna, pie.</p>
-
-<p><span class="smcap">Patifrío.</span>&mdash;Sorprendido, admirado, asustado.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pavo.</span>&mdash;Tonto.</p>
-
-<p><span class="smcap">Peíto.</span>&mdash;Dim. de <i>peo</i>, nombre que en Chile se da vulg. al <i>pedo</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Peladero.</span>&mdash;Sitio llano, sin vegetación.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pelado.</span>&mdash;Sin nada.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pelotearse</span> una cosa.&mdash;Vulg. Peleársela, arrebatársela de las manos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pensión.</span>&mdash;Tristeza, pena.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pepa.</span>&mdash;Josefa, Josefina.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pequén.</span>&mdash;Ave carnívora, <i>Strix cunicularia</i>.&mdash;Especie de empanada, con
-un poco de cebolla, grasa y ají, en el interior.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pequenero.</span>&mdash;Vendedor de pequenes.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pescado.</span>&mdash;Sólo por excepción se emplea en Chile la voz <i>pez</i>, que jamás
-usa el vulgo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Picana.</span>&mdash;Aguijada.</p>
-
-<p><span class="smcap">Picanear.</span>&mdash;Aguijonear.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pie.</span>&mdash;<i>Echar pie atrás.</i>&mdash;Afirmarse, prepararse para pelear.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pie de cabra.</span>&mdash;Artificio compuesto de tres palos fuertemente atados en
-la parte superior y que descansan en el suelo formando trípode; el
-espacio entre los tres palos se llena de grandes piedras o de sacos de
-arena. Varios de estos aparatos colocados uno al lado de otro, forman
-una especie de tajamar que se emplea para desviar la corriente de los
-riachuelos, arroyos, <i>cequiones</i> (acequia ancha que arrastra gran
-caudal).</p>
-
-<p><span class="smcap">Pieira.</span>&mdash;Vulg. Piedra, guijarro.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pillarse (Al).</span>&mdash;Juego en que un muchacho persigue a otros que huyen de
-él, hasta que logra coger a uno.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pimeo.</span>&mdash;Vulg. Pigmeo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pisada.</span>&mdash;<i>Sin perder pisada.</i> Seguirle los pasos a uno.</p>
-
-<p><span class="smcap">Plantado.</span>&mdash;<i>Bien plantado.</i> Elegante.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pollera.</span>&mdash;Saya, falda.</p>
-
-<p><span class="smcap">Poto.</span>&mdash;Trasero, culo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Prendedor.</span>&mdash;Alfiler de corbata.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pus.</span>&mdash;Vulg. Pues.</p>
-
-<p><span class="smcap">Quiltro.</span>&mdash;Perrillo ordinario, gozquejo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Quite.</span>&mdash;<i>Hacer un quite.</i> Desviar el cuerpo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Quizás.</span>&mdash;Conforme con su etimología, es como si se dijera <i>Quién sabe</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ratón.</span>&mdash;Rata.</p>
-
-<p><span class="smcap">Re.</span>&mdash;(<i>Refuerte etc.</i>). La partícula <i>re</i> antepuesta a un adjetivo y
-acompa<span class="pagenum"><a name="page_301" id="page_301">{301}</a></span>ñada de <i>bien</i>, <i>tan</i>, <i>tan bien</i>, <i>muy</i>, sirve al vulgo para
-expresar el grado superlativo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Reinato.</span>&mdash;Vulg. Reino.</p>
-
-<p><span class="smcap">Remoler.</span>&mdash;Jaranear. Divertirse bebiendo con exceso y bailando cueca al
-son de arpa y guitarra.</p>
-
-<p><span class="smcap">Repelarse.</span>&mdash;Sentir pesar, con rabia.</p>
-
-<p><span class="smcap">Repente.</span>&mdash;<i>De un de repente.</i> Vulg. De repente.</p>
-
-<p><span class="smcap">Requete.</span>&mdash;Desempeña el mismo oficio que la partícula <i>re</i>. V. Re.</p>
-
-<p><span class="smcap">Resuello.</span>&mdash;<i>De un resuello.</i> De una vez, sin descansar, sin hacer
-ninguna pausa.</p>
-
-<p><span class="smcap">Roto.</span>&mdash;<i>Nunca falta un roto para un descosido.</i> Que fácilmente encuentra
-uno su pareja.</p>
-
-<p><span class="smcap">Saltiaor.</span>&mdash;Vulg. Salteador.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sapo arriero.</span>&mdash;(No he encontrado quien me explique qué clase de sapo es
-éste).</p>
-
-<p><span class="smcap">Sazonar.</span>&mdash;Poner a los guisos la sal necesaria para que queden con buen
-sabor.</p>
-
-<p><span class="smcap">Semillero.</span>&mdash;Gran cantidad, multitud.</p>
-
-<p><span class="smcap">Señor.</span>&mdash;<i>Muy sí, señor.</i> Muy campante.</p>
-
-<p><span class="smcap">Serón de cuero.</span>&mdash;Ant. Mitad del cuero desecado de un animal vacuno, que
-conserva su forma convexa.</p>
-
-<p><span class="smcap">Suma.</span>&mdash;Cantidad.</p>
-
-<p><span class="smcap">Suspiro.</span>&mdash;<i>En un suspiro.</i> En un momento, en breve tiempo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Susto padre.</span>&mdash;Susto muy grande.</p>
-
-<p><span class="smcap">Taita.</span>&mdash;Vulg. Padre. También se da este tratamiento, por cariño, a
-cualquier anciano.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tamañazo.</span>&mdash;Aum. de <i>tamaño</i>. Tan grande.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tamién.</span>&mdash;Vulg. También.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tenca.</span>&mdash;Avecita cantora muy común. <i>Mimus thenca.</i></p>
-
-<p><span class="smcap">Tierra.</span>&mdash;<i>Rodar tierras.</i> Viajar, salir a buscar aventuras.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tincar.</span>&mdash;Presentir.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tiro.</span>&mdash;<i>Al tiro</i>; <i>al tirito</i>. Al punto, inmediatamente.</p>
-
-<p><span class="smcap">Toíto</span>; <small>TOITITO</small>.&mdash;Todito, dim. de <i>todo</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tomar.</span>&mdash;Beber vino u otro licor alcohólico.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tortilla.</span>&mdash;Pan sin levadura cocido al rescoldo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tranquear.</span>&mdash;Vulg. Andar de prisa y a pasos largos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tuto.</span>&mdash;Vulg. Pierna de ave.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ulpo.</span>&mdash;Bebida hecha con harina de trigo tostado, agua fresca y azúcar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Ultimo.</span>&mdash;<i>Hasta el último.</i> Por fin.<span class="pagenum"><a name="page_302" id="page_302">{302}</a></span></p>
-
-<p><span class="smcap">Uno.</span>&mdash;<i>Donde hay uno hay otro.</i> Expr. fam. con que se denota que
-fácilmente se encuentra una persona con las mismas cualidades de saber,
-valor etc., que otra.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vámolos.</span>&mdash;Vulg. Vámonos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Varilla</span>, <small>VARILLITA</small>.&mdash;Dim. de <i>vara</i>, voz esta última que no se usa sino
-cuando se trata de la medida de longitud que tiene m. 0.836.</p>
-
-<p>Verbos en <small>EAR</small>. El vulgo cambia esta terminación en <small>IAR</small>: <i>apiarse</i>, <i>me
-apié</i>, <i>apiémonos</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Verso.</span>&mdash;Vulg. Estrofa.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vida.</span>&mdash;<i>Pasar la gran vida.</i> Vivir rodeado de toda clase de
-comodidades.&mdash;<i>Tener</i> uno <i>la vida de los gatos</i>. Es el refr. español
-<i>Tener siete vidas como los gatos</i>.</p>
-
-<p><span class="smcap">Viejancón.</span>&mdash;Vulg. Vejancón.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vos.</span>&mdash;Vulg. Tú.</p>
-
-<p><span class="smcap">Vuelta.</span>&mdash;<i>A la vuelta de la esquina</i>, vulg. Muy cerca.</p>
-
-<p><span class="smcap">Yerba</span>, <small>YERBAMATE</small>.&mdash;Mate.</p>
-
-<p><span class="smcap">Zarzamora.</span>&mdash;Es la zarza española. Al fruto le llamamos mora.</p>
-
-<p><span class="smcap">Zumbarle</span> a uno una cosa.&mdash;Vulg. Disparársela.<span class="pagenum"><a name="page_303" id="page_303">{303}</a></span></p>
-
-<h2><a name="INDICE" id="INDICE"></a> INDICE</h2>
-
-<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary="">
-
-<tr><th colspan="3"><span class="smcap">I Parte. Cuentos maravillosos, cuentos de animales, anécdotas.</span></th></tr>
-
-<tr><td>&nbsp;</td><td class="rt">Págs.</td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-1">1.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-1">El Soldadillo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_5">5</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-2">2.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-2">El Pescadito Encantado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_12">12</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-3">3.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-3">Delgadina y el Culebrón</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_17">17</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-4">4.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-4">La Tenquita</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_26">26</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-5">5.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-5">El Gallito</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_29">29</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-6">6.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-6">La Tortilla o el Canarito Encantado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_32">32</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-7">7.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-7">El Rey tiene cachito</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_43">43</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-8">8.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-8">El Cuerpo sin alma</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_46">46</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-9">9.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-9">La Huachita Cordera</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_51">51</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-10">10.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-10">Las siete Ciegas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_58">58</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-11">11.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-11">El Miñique</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_66">66</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-12">12.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-12">Los tres Consejos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_72">72</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-13">13.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-13">El Loro Adivino</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_80">80</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-14">14.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-14">El Medio-Pollo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_93">93</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-15">15.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-15">El Barco de los tres hachazos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_99">99</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-16">16.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-16">Hermosura del Mundo, o el Castillo de los tres azuelazos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_109">109</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-17">17.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-17">El Arbol de las tres Manzanas de oro</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_132">132</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-18">18.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-18">Los Hijos del Pescador, o el Castillo de la Torderás, irás y no<br />
-volverás</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_142">142</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-19">19.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-19">El Compadrito León, potito quemado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_154">154</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-20">20.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-20">El Miñaco</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_166">166</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-21">21.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-21">Chilindrín y Chilindrón</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_169">169</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-22">22.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-22">Juan Valiente, el de la Vaquilla</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_179">179</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-23">23.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-23">La Sapita encantada</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_183">183</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-24">24.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-24">Gallarín y el Gigante</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_190">190</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-25">25.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-25">Salir con su domingo siete</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_201">201</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-26">26.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-26">La Lorita encantada</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_203">203</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-27">27.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-27">
-El Diablo y el Campesino</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_208">208</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-28">28.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-28">El León y el Hombre</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_210">210</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-29">29.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-29">Los tres hermanos que salieron a aprender a hablar</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_218">218</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-30">30.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-30">Las tres Gangosas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_219">219</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-31">31.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-31">El Capón asado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_220">220</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-32">32.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-32">El Vendedor de coquitos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_221">221</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-33">33.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-33">El Vendedor de pequenes</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_222">222</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-34">34.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-34">El Cuento de los tres difuntos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_222">222</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-35">35.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-35">El Sacristán que habla a los fieles</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_223">223</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-36">36.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-36">Por qué el Jote tiene la cabeza y el cogote sin plumas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_223">223</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-37">37.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-37">Las tres mentiras</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_225">225</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-38">38.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-38">El Pequén y el Sapo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_226">226</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-39">39.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-39">El Guairao y el Sapito</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_227">227</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num1-40">40.</a></td><td valign="top"><a href="#num1-40">Los Guairaos y el Sapo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_228">228</a></td></tr>
-
-<tr><th colspan="3"><span class="smcap">II Parte. Mitos, tradiciones, casos.</span></th></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-1">1.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-1">El Chanchillo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_231">231</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-2">2.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-2">El Chumaco</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_232">232</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-3">3.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-3">La Calchona</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_232">232</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-4">4.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-4">Otra versión</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_233">233</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-5">5.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-5">Otra versión</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_233">233</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-6">6.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-6">La Viuda</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_234">234</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-7">7.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-7">La Mujer larga</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_235">235</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-8">8.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-8">El Piguchén</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_235">235</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-9">9.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-9">La Cuca</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_235">235</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-10">10.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-10">El Cabro viejo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_236">236</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-11">11.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-11">El Hombre tigre</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_236">236</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-12">12.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-12">El Peral encantado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_237">237</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-13">13.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-13">La Sirena del río Cato</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_237">237</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-14">14.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-14">La Sirena de Aculeo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_237">237</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-15">15.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-15">La Laguna de Taguatagua</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_238">238</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-16">16.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-16">La Cueva de la Niña</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_238">238</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-17">17.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-17">La Laguna de Pudahuel</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_239">239</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-18">18.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-18">La Laguna de las tres Pascualas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_240">240</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-19">19.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-19">La Cueva de la Mula</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_241">241</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-20">20.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-20">La Rana castigada</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_241">241</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-21">21.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-21">La Rana vengativa</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_242">242</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-22">22.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-22">La Cueva de las Cardillas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_242">242</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-23">23.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-23">El hombre que quiso volar</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_243">243</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-24">24.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-24">El Falte brujo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_244">244</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-25">25.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-25">Los brujos de Peumo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_244">244</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-26">26.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-26">La aparición de la culebra</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_246">246</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-27">27.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-27">El Comerciante convertido en burro</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_246">246</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-28">28.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-28">El Caballero que quiso aprender a brujo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_247">247</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-29">29.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-29">El Zapatero que se volvía gallo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_249">249</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-30">30.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-30">La Rosa de las Monjas Claras</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_252">252</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-31">31.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-31">El Caballero que fué transformado en caballo y después en pavo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_253">253</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-32">32.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-32">El Cabro de la calle de Bueras</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_256">256</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-33">33.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-33">La Niña de los grandes ojos</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_257">257</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-34">34.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-34">Las Sombras</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_257">257</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-35">35.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-35">El Risco del Arriero</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_258">258</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-36">36.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-36">Tesoros. El entierro del naranjo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_259">259</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-37">37.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-37">Los dos Viajeros</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_260">260</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-38">38.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-38">El Clérigo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_261">261</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-39">39.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-39">El Niño dentudo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_262">262</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-40">40.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-40">El Diablo bailarín</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_263">263</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-41">41.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-41">El Hijo del Diablo</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_263">263</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-42">42.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-42">El Diablo generoso</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_265">265</a></td></tr>
-
-<tr><td class="rt" valign="top"><a href="#num2-43">43.</a></td><td valign="top"><a href="#num2-43">Las doce palabras redobladas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_267">267</a></td></tr>
-
-<tr><td colspan="2"><a href="#BIBLIOGRAFIA">Bibliografía</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_275">275</a></td></tr>
-
-<tr><td colspan="2"><a href="#NOTAS_COMPARATIVAS">Notas comparativas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_277">277</a></td></tr>
-
-<tr><td colspan="2"><a href="#Vocabulario">Vocabulario</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_294">294</a></td></tr>
-
-<tr><td colspan="2"><a href="#INDICE">Indice</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_303">303</a></td></tr>
-</table>
-
-<div class="footnotes"><p class="cb">NOTAS:</p>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_A_1" id="Footnote_A_1"></a><a href="#FNanchor_A_1"><span class="label">[A]</span></a> El vocabulario de los chilenismos que se encuentran en
-estos cuentos y las notas comparativas, irá al fin de la colección.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_B_2" id="Footnote_B_2"></a><a href="#FNanchor_B_2"><span class="label">[B]</span></a> Aquí se nombra a cualquiera de las personas que escuchan el
-cuento. Esta es una de las muchas fórmulas que se usan para comenzar
-estas narraciones y pertenece a las <i>con chacharachas</i> o <i>matutines</i>,
-nombres que se dan a la retahila de palabras y expresiones sin sentido,
-que contienen. Véase el anexo II de mis cuentos de Carahue.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_C_3" id="Footnote_C_3"></a><a href="#FNanchor_C_3"><span class="label">[C]</span></a> Es de regla decir de una sola tirada, sin descansar ni
-tomar aliento, las quejas de la Tenquita.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_D_4" id="Footnote_D_4"></a><a href="#FNanchor_D_4"><span class="label">[D]</span></a> En este cuento se han transcrito las mismas palabras
-empleadas por la González al narrarlo, pero no como las pronunciaba.
-Quien quiera imponerse de la pronunciación de la narradora, vea el
-número de Abril de 1909, T. XXXII, F. 526 a 538, de la <i>Revista de
-Derecho, Historia y Letras</i>, de Buenos Aires, en que se publicó con
-grafía fonética, y comentarios.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_E_5" id="Footnote_E_5"></a><a href="#FNanchor_E_5"><span class="label">[E]</span></a> ¿El Meñique?</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_F_6" id="Footnote_F_6"></a><a href="#FNanchor_F_6"><span class="label">[F]</span></a> Quedó muerto, hecho una bolsa de huesos, informe.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_G_7" id="Footnote_G_7"></a><a href="#FNanchor_G_7"><span class="label">[G]</span></a> Lo que se presuma de literario en esta versión, seguramente
-que no es adorno superior a las descripciones, reflexiones y formas
-pintorescas que daba Liberona a la narración. Pueda ser que algunas haya
-yo cambiado, por olvido de los originales; pero no son invenciones mías,
-sino reflejos borrosos ya, por los cuarenta años transcurridos, pero
-fieles representantes de la impresión causada por el cuento en un niño
-de 13 años.&mdash;<span class="smcap">R. Rengifo</span></p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_H_8" id="Footnote_H_8"></a><a href="#FNanchor_H_8"><span class="label">[H]</span></a> El maestro Tránsito, que sazonaba sus cuentos con
-comentarios más o menos sabrosos, agregó lo que sigue:
-</p><p>
-“Una ocasión estaban varios trabajadores reunidos después del trabajo y
-entre ellos había uno que era calvo y lampiño; y otro que se las daba de
-poeta le dijo:
-</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">“Al amigo Pedro Antonio<br /></span>
-<span class="i0">le ha pasado lo que al Jote:<br /></span>
-<span class="i0">por comer la mejor presa,<br /></span>
-<span class="i0">perdió toda la cabeza<br /></span>
-<span class="i0">y se le peló el cogote.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>
-“Lo que ha quedado por refrán y se les dice a los que son faltos de
-pelo”.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_I_9" id="Footnote_I_9"></a><a href="#FNanchor_I_9"><span class="label">[I]</span></a> El <i>Cuero</i> o <i>Manta</i> es una especie de piel o tela gruesa
-extendida en el fondo de los ríos y lagunas, que atrae a las personas,
-animales y pequeñas embarcaciones tripuladas que pasan a su alcance. La
-simple vecindad de cualquier ser viviente le irrita y se levanta y se
-recoge asiendo entre los pliegues que forma con sus movimientos al que
-ha tenido la desgracia de acercársele y que irremisiblemente perece
-ahogado. El Cuero o Manta se alimenta de sus víctimas. (R. F.)</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_J_10" id="Footnote_J_10"></a><a href="#FNanchor_J_10"><span class="label">[J]</span></a> Huelga la explicación de haber muerto reventado nuestro
-carpintero, pues seguramente acostumbraría él gastar su paga semanal
-divirtiéndose en casa de algunas familias pobres de esos lugares, en que
-se prodigaría el licor, como acostumbra hacerlo nuestro pueblo en
-reuniones de esa especie. El que se sobrepasara atrevidamente en alguna
-de esas remoliendas: el que perdiera la vida y le pasara casual o
-intencionalmente una carreta por encima, es cosa nada extraña en tiempos
-y en campos como aquellos.
-</p><p>
-Este cuento de brujos y muchos otros, ciertamente habrán servido para
-encubrir o disculpar un asesinato ante los campesinos o gentes
-crédulas.&mdash;<i>R. Rengifo.</i></p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_K_11" id="Footnote_K_11"></a><a href="#FNanchor_K_11"><span class="label">[K]</span></a> Pueblecito del departamento de Victoria, provincia de
-Santiago, en el cual es fama que ha habido muchos brujos, y, según
-algunas personas, todavía los hay.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_L_12" id="Footnote_L_12"></a><a href="#FNanchor_L_12"><span class="label">[L]</span></a> Véase pág. 234, Núm. 6.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_M_13" id="Footnote_M_13"></a><a href="#FNanchor_M_13"><span class="label">[M]</span></a> Nombre vulgar del <i>Dafila spinacauda</i>.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_N_14" id="Footnote_N_14"></a><a href="#FNanchor_N_14"><span class="label">[N]</span></a> Esta leyenda me fué referida en 1910, pero no tomé nota del
-nombre de la persona que me la contó. Igual observación debo hacer
-respecto de las que no tienen noticias sobre los informantes y aquellas
-en que simplemente indico el año en que me fueron contadas.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_O_15" id="Footnote_O_15"></a><a href="#FNanchor_O_15"><span class="label">[O]</span></a> Como en los Cuentos populares de Carahue, y por las razones
-que ahí se expresan, comienzo por citar primeramente a <span class="smcap">Cosquin</span>, siempre
-que en sus Contes populaires de Lorraine haya cuentos que tengan
-relación con los que se publican en este volumen.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_P_16" id="Footnote_P_16"></a><a href="#FNanchor_P_16"><span class="label">[P]</span></a> De este cuento procede la frase fam., tan común en Chile y
-en otros países hispanoamericanos, <i>salir con su Domingo siete</i>, que se
-aplica a los que dicen o hacen cosas fuera de razón, <span class="smcap">Membreño</span>
-(Hondureñismos, 3.ª ed., p. 70) atribuye este dicho a que «el domingo
-nunca ha sido el séptimo día de la semana», y, por tanto es lógico decir
-que <small>DOMINGO SIETE</small> significa «despropósito, disparate». «El Diccionario
-de la Academia y con él los demás Diccionarios, cuando afirman que el
-domingo es el primer día de la semana, no hacen más que consignar un
-hecho reconocido desde hace siglos.»</p></div>
-
-</div>
-<hr class="full" />
-
-
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-
-
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-
-<pre>
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-End of Project Gutenberg's Cuentos populares en Chile, by Ramón A. Laval
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-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
-and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
-works. See paragraph 1.E below.
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-or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
-Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
-collection are in the public domain in the United States. If an
-individual work is in the public domain in the United States and you are
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-are removed. Of course, we hope that you will support the Project
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-forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
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-Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
-Foundation as set forth in Section 3 below.
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-Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
-
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of computers
-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
-people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
-permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
-throughout numerous locations. Its business office is located at
-809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
-page at http://pglaf.org
-
-For additional contact information:
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To
-SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
-particular state visit http://pglaf.org
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations.
-To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
-
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
-
-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
-Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
-
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
-unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
-keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
-
-
-Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
-
- http://www.gutenberg.org
-
-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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