From 593b00ca3337d438bd3ae52bf9c202339f54e47a Mon Sep 17 00:00:00 2001 From: nfenwick Date: Sat, 8 Feb 2025 11:14:38 -0800 Subject: Initial content from January 24, 2021 --- 58059-h.zip | Bin 0 -> 275428 bytes 58059-h/58059-h.htm | 10327 ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ 58059-h/images/colophon.jpg | Bin 0 -> 3765 bytes 58059-h/images/cover.jpg | Bin 0 -> 23625 bytes 4 files changed, 10327 insertions(+) create mode 100644 58059-h.zip create mode 100644 58059-h/58059-h.htm create mode 100644 58059-h/images/colophon.jpg create mode 100644 58059-h/images/cover.jpg diff --git a/58059-h.zip b/58059-h.zip new file mode 100644 index 0000000..ef50a71 Binary files /dev/null and b/58059-h.zip differ diff --git a/58059-h/58059-h.htm b/58059-h/58059-h.htm new file mode 100644 index 0000000..572f2b6 --- /dev/null +++ b/58059-h/58059-h.htm @@ -0,0 +1,10327 @@ + + + + + + + The Project Gutenberg eBook of La Madre Naturaleza; 2ª parte, por Emilia +Pardo Bazán. + + + + + + +
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+The Project Gutenberg EBook of La madre naturaleza (2ª parte de Los pazos
+de Ulloa), by Emilia Pardo Bazán
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
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+
+Title: La madre naturaleza (2ª parte de Los pazos de Ulloa)
+
+Author: Emilia Pardo Bazán
+
+Release Date: October 9, 2018 [EBook #58059]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: UTF-8
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA MADRE NATURALEZA  ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
+produced from images available at The Internet Archive)
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+Tomo I.
+I, +II, +III, +IV, +V, +VI, +VII, +VIII, +IX, +X, +XI, +XII, +XIII, +XIV, +XV, +XVI, +XVII, +XVIII. +
+Tomo II.
+ +XIX, +XX, +XXI, +XXII, +XXIII, +XXIV, +XXV, +XXVI, +XXVII, +XXVIII, +XXIX, +XXX, +XXXI, +XXXII, +XXXIII, +XXXIV, +XXXV, +XXXVI. +
+ +

{t.1-1} 

+ +

{t.1-2} 

+ +

{t.1-3} 

+ +

LA MADRE NATURALEZA ES PROPIEDAD

+ +
+ +

+NOVELISTAS ESPAÑOLES CONTEMPORÁNEOS

+ +
+ +

LA
+
+MADRE NATURALEZA
+
+(2.A parte de Los Pazos de Ulloa)
+

+ +

+
+POR
+
+Emilia Pardo Bazán
+
+TOMO I
+
+Barcelona
+Daniel Cortezo y C.A-Editores
+Calle de Pallars (Salón de S. Juan)
+{t.1-4}
+1887
+
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+

+Establecimiento tipográfico-editorial de Daniel Cortezo y C.ª

+ +

{t.1-5} +

+ +

I

+ +

Las nubes, amontonadas y de un gris amoratado, como de tinta desleída, +fueron juntándose, juntándose, sin duda á cónclave, en las alturas del +cielo, deliberando si se desharían ó no se desharían en chubasco. +Resueltas finalmente á lo primero, empezaron por soltar goterones +anchos, gruesos, legítima lluvia de estío, que doblaba las puntas de las +yerbas y resonaba estrepitosamente en los zarzales; luego se apresuraron +á porfía, multiplicaron sus esfuerzos, se derritieron en rápidos y +{t.1-6}oblicuos hilos de agua, empapando la tierra, inundando los matorrales, +sumergiendo la vegetación menuda, colándose como podían al través de la +copa de los árboles para escurrir después tronco abajo, á manera de +raudales de lágrimas por un semblante rugoso y moreno.

+ +

Bajo un árbol se refugió la pareja. Era el árbol protector magnífico +castaño, de majestuosa y vasta copa, abierta con pompa casi +arquitectural sobre el ancha y firme columna del tronco, que parecía +lanzarse arrogantemente hacia las desatadas nubes: árbol patriarcal, de +esos que ven con indiferencia desdeñosa sucederse generaciones de +chinches, pulgones, hormigas y larvas, y les dan cuna y sepulcro en los +senos de su rajada corteza.

+ +

Al pronto fué útil el asilo: un verde paraguas de ramaje cobijaba los +arrimados cuerpos de la pareja, guareciéndolos del agua terca y furiosa; +y se reían de verla caer á distancia y de oir cómo fustigaba la cima del +castaño, pero sin tocarles. Poco duró la inmunidad, y en breve comenzó +{t.1-7}la lluvia á correr por entre las ramas, filtrándose hasta el centro de +la copa y buscando después su natural nivel. Á un mismo tiempo sintió la +niña un chorro en la nuca, y el mancebo llevó la mano á la cabeza, +porque la ducha le regaba el pelo ensortijado y brillante. Ambos +soltaron la carcajada, pues estaban en la edad en que se ríen lo mismo +las contrariedades que las venturas.

+ +

—Se acabó...—pronunció ella cuando todavía la risa le retozaba en los +labios.—Nos vamos á poner como una sopa. Caladitos.

+ +

—El que se mete debajo de hoja dos veces se moja—respondió él +sentenciosamente.—Larguémonos de aquí ahora mismo. Sé sitios mejores.

+ +

—Y mientras llegamos, el agua nos entra por el peszcuezo, y nos sale +por los pies.

+ +

—Anda, tontiña. Remanga la falda y tapémonos la cabeza. Así, mujer, +así. Verás qué cerquita está un escondrijo precioso.

+ +

Alzó ella el vestido de lana á cuadros, cubriendo también á su compañero +{t.1-8}y realizando el simpático y tierno grupo de Pablo y Virginia, que +parece anticipado y atrevido símbolo del amor satisfecho. Cada cual asió +una orilla del traje, y al afrontar la lluvia, por instinto juntaron y +cerraron bajo la barbilla la hendidura de la improvisada tienda, y sus +rostros quedaron pegados el uno al otro, mejilla contra mejilla, +confundiéndose el calor de su aliento y la cadencia de su respiración. +Caminaban medio á ciegas, él encorvado, por ser más alto, rodeando con +el brazo el talle de ella, y comunicando el impulso directivo, si bien +el andar de los dos llevaba el mismo compás.

+ +

Poco distaba el famoso escondrijo. Sólo necesitaron para acertar con él +bajar un ribazo, resbaladizo por la humedad, y lindante con la +carretera. Coronaban el ribazo grandes peñascales, y en su fondo existía +una cantera de pizarra, ahondada y explotada al construirse el camino +real, y convertida en profunda cueva; excelente abrigo para ocasiones +como la presente. Abandonada hacía tiempo por{t.1-9} los trabajadores la +cantera, volvía á enseñorearse de ella la vegetación, convirtiendo el +hueco artificial en rústica y sombrosa gruta. En la cresta y márgenes +del ribazo crecía tupida maleza, y al desbordarse, estrechaba la entrada +de la excavación: al exterior se enmarañaba una abundante cabellera de +zarzales, madreselvas, cabrifollos y clemátidas; dentro, en las +anfractuosidades del muro lacerado por la piqueta, anidaban vencejos, +estorninos y algún azor; los primeros salieron despavoridos, +revoloteando, cuando entró la pareja. Siendo muy bajo el sitio, é +impregnado del agua que recogía como una urna y del calor del sol que +almacenaba en su recinto orientado al mediodía, encerraba una vegetación +de invernáculo, ó más bien de época antediluviana, de capas +carboníferas: escolopendras y helechos enormes brotaban lozanos, +destacando sobre la sombría pizarra los penachos de pluma de sus +vertebradas y recortadas hojas.

+ +

Aun cuando el escondrijo daba espacio{t.1-10} bastante, la pareja no se desunió +al acogerse allí, sino que enlazada se dirigió á lo más oscuro, sin +detenerse hasta tropezar con la pared, contra la cual se reclinó en +silencio, al abrigo de la remangada falda. Ni menos se desviaron sus +rostros, tan cercanos, que él sentía el aletear de mariposa de los +párpados de ella, y el cosquilleo de sus pestañas curvas. Dentro del +camarín de tela, los envolvía suavemente el calor mutuo que se +prestaban: las manos, al sujetar bajo la barbilla la orla del vestido, +se entretejían, se fundían como si formasen parte de un mismo cuerpo. Al +fin el mancebo fué aflojando poco á poco el brazo y la mano, y ella +apartó cosa de media pulgada el rostro. La tela, deslizándose, cayó +hacia atrás, y quedaron descubiertos, agitados y sin saber qué decirse. +Llenaba la gruta el vaho poderoso de la robusta vegetación +semi-palúdica, y el sofocante ardor de un día canicular. Fuera, seguía +cayendo con ímpetu la lluvia, que tendía ante los ojos de la pareja +refugiada una cortina de tur{t.1-11}bio cristal, y ayudaba á convertir en +cerrado gabinete el barranco donde con palpitante corazón esperaban niña +y muchacho que cesase el aguacero.

+ +

No era la vez primera que se encontraban así, juntos y lejos de toda +mirada humana, sin más compañía que la madre naturaleza, á cuyos pechos +se habían criado. ¡En cuántas ocasiones, ya á la sombra del gallinero ó +del palomar que conserva la tibia atmósfera y el olor germinal de los +nidos, ya en la soledad del hórreo, sobre el lecho movedizo de las +espigas doradas, ya al borde de los setos, riéndose de la picadura de +las espinas y del bigote cárdeno que pintan las moras, ya en el repuesto +albergue de algún soto, ó al pie de un vallado por donde serpeaban las +lagartijas, habían pasado largas horas compartiendo el mendrugo de pan +seco y duro ya á fuerza de andar en el bolsillo, las cerezas atadas en +un pañuelo, las manzanas verdes; jugando á los mismos juegos, durmiendo +la siesta sobre la misma paja! ¿Entonces, á qué venía{t.1-12} semejante +turbación al recogerse en la gruta? Nada se había mudado en torno suyo; +ellos eran quienes, desde el comienzo de aquel verano, desde que él +regresara del instituto de Orense á la aldea para las vacaciones, se +sentían inmutados, diferentes y medio tontos. La niña, tan corretona y +traviesa de ordinario, tenía á deshora momentos de calma, deseos de +ociosidad y reposo, lasitudes que la movían á sentarse en la linde de un +campo ó á apoyarse en un murallón, cuyo afelpado tapiz de musgo rascaba +distraidamente con las uñas. A veces clavaba á hurtadillas los ojos en +el lindo rostro de su compañero de infancia, como si no le hubiese visto +nunca; y de repente los volvía á otra parte, ó los bajaba al suelo. +También él la miraba mucho más, pero fijamente, sin rebozo, con +ardientes y escrutadoras pupilas, buscando en pago otra ojeada +semejante; y al paso que en ella crecía el instintivo recelo, en él +sucedía á la intimidad siempre un tanto hostil y reñidora que cabe entre +niños, al aire despótico que adoptan{t.1-13} los mayores y los varones con las +chiquillas, un rendimiento, una ternura, una galantería refinada, +manifestada á su manera, pero de continuo. Ayer, aunque inseparables y +encariñados hasta el extremo de no poder vivir sino juntos y de que les +costase todos los inviernos una enfermedad la ausencia, cimentaban su +amistad, más que las finezas, los pescozones, cachetes y mordiscos, las +riñas y enfados, la superioridad cómica que se arrogaba él, y las +malicias con que ella le burlaba. Hoy parecía como si ambos temiesen, al +hablarse, herirse ó suscitar alguna cuestión enojosa; no disputaban, no +se peleaban nunca; el muchacho era siempre del parecer de la niña. Esta +cortedad y recelo mutuo se advertía más cuando estaban á solas. Delante +de gente se restablecía la confianza y corrían las bromas añejas.

+ +

Con todo eso no renunciaban á corretear juntos y sin compañía de nadie. +Á falta de testigos, les distraía y tranquilizaba la menor cosa: una +flor, un fruto silvestre{t.1-14} que recogían, una mosca verde que volaba +rozando con la cara de la niña. Impremeditadamente se escudaban con la +naturaleza, su protectora y cómplice.

+ +

En la gruta, lo que les sacó de su momentáneo embeleso, fué observar la +vegetación viciosa y tropical del fondo. La niña, gran botánica por +instinto, conocía todas las plantas y yerbas bonitas del país; pero +jamás había encontrado, ni á la orilla de las fuentes, tan elegantes +hojas péndulas, tan colosales y perfumados helechos, tanto pulular de +insectos como en aquel lugar húmedo y caluroso. Parecía que la +naturaleza se revelaba allí más potente y lasciva que nunca, ostentando +sus fuerzas genesiacas con libre impudor. Olores almizclados revelaban +la presencia de millares de hormigas; y tras la exuberancia del follaje, +se divisaba la misteriosa y amenazadora forma de la araña, y se +arrastraba la oruga negra, de peludo lomo. La niña los miraba, +estremeciéndose cuando al apartar las hojas descubría algún secreto{t.1-15} +rito de la vida orgánica, el sacrificio de un moscón preso y agonizante +en la red, el juego amoroso de dos insectos colgados de un tallo, la +procesión de hormigones que acarreaban un cuerpo muerto.

+ +

Entre tanto llovía á más y mejor. Sin embargo, así que hubo pasado cosa +de una hora, el chubasco se aplacó casi repentinamente, pareció que la +gruta se llenaba de claridad, y una bocanada de fragancia húmeda la +inundó: el tufo especial de la tierra refrigerada y el hálito de las +flores, que respiran al salir del baño. También á los refugiados se les +dilataron los pulmones, y á un mismo tiempo se lanzaron fuera del +escondrijo, hacia la boca de la cueva.

+ +

Allí se pararon deslumbrados por inesperado espectáculo. La atmósfera, +en su parte alta, estaba barrida de celajes, diáfana y serena: lucía el +sol, y sobre el replegado ejército de nubes, se erguía vencedor, con +inusitada limpidez y magnificencia, un soberbio arco-iris, cuyo +arranque{t.1-16} surgía del monte del Pico-Medelo, cogía en medio su alta +cúspide, y venía á rematar, disfumándose, en las brumas del río Avieiro.

+ +

No era esbozo de arcada borrosa y próxima á desvanecerse, sino un +semicírculo delineado con energía, semejante al pórtico de un palacio +celestial, cuyo esmalte formaban los más bellos, intensos y puros +colores que es dado sentir á la retina humana. El violado tenía la +aterciopelada riqueza de una vestidura episcopal; el añil cegaba con su +profunda vibración de zafiro; el azul ostentaba claridades de agua que +refleja el hielo, frías limpideces de noche de luna; el verde se +tornasolaba con el halagüeño matiz de la esmeralda, en que tan +voluptuosamente se recrea la pupila; y el amarillo, anaranjado y rojo +parecían luz de bengala encendida en el firmamento, círculos +concéntricos trazados por un compás celestial con fuego del que abrasa á +los serafines, fuego sin llamas, ascuas, ni humo.{t.1-17}

+ +

A la vista del hermoso meteoro, aproximóse la pareja, según la costumbre +inveterada en los que se quieren, de expresarlo todo acercándose.

+ +

—¡El Arco de la Vieja!—exclamó en dialecto la niña, señalando con una +mano al horizonte y cogiéndose con la otra á la ropa del muchacho.

+ +

—Nunca ví otro tan claro. Si parece pintado, así Dios me salve. Chica, +qué bonito!

+ +

—¡Mira, mira, mira!—chilló ella.—¡El arco anda!

+ +

—¿Que anda? Tú estás loca... ¡Ay, pues anda y bien que anda!

+ +

El arco se trasladaba en efecto, con dulce é imponente lentitud, de +manera teatral. Se vió un instante la cima del Pico recortada sobre el +fondo de vivos esmaltes; luego, poco á poco, el arco dejó atrás la +montaña y vino á coronar con su curva magnífica la profundidad del +valle. Mas ya palidecían sus tintas espléndidas, y se borraban sus +líneas brillantes, dejando como un vapor de colores, {t.1-18}delicadísimo toque +casi fundido ya con el firmamento, casi velado por la humareda de las +nubecill{t.1-19}as blancas, que vagaban y se deshacían también.

+ +

II

+ +

A caminar por la carretera, fastidiosa de puro cómoda, prefirieron +seguir atajos en cuyo conocimiento eran muy duchos, y aun cruzar los +sembrados, desiertos á la sazón, pero donde, durante la noche entera y +la madrugada, cuadrillas de mujeres habían estado segando el centeno—á +las horas de calor no se siega, pues se desgrana la espiga madura.—No +se daban mucha priesa, al contrario, tácitamente estaban de acuerdo en +no recogerse á techado hasta entrada la noche. Apenas comenzaba á caer +la tarde. El campo, fresco y esponjado después de la tormenta y{t.1-20} el +riego de las nubes, oreado por suave vientecillo, convidaba á gozar de +su hermosura: cada flor de trébol, cada manzanilla, cada cardo, se había +adornado el seno con un grueso brillante líquido; y grillos y +cigarrones, seguros ya de que cesaba el diluvio, se atrevían á +rebullirse en los barbechos, sintiendo con deleite la caricia del sol +sobre sus zancas ya enjutas.

+ +

Vagaba la pareja sin rumbo cierto, cuando, casi debajo de sus cabezas, +en un sendero que se despeñaba hacia el valle, divisaron una figura +rara, que se movía despaciosamente. A un mismo tiempo la reconocieron +ambos.

+ +

—¡El señor Antón el algebrista!

+ +

—¡El atador de Boán!

+ +

—¿A dónde irá?

+ +

—Aventuro algo bueno que á casa de la Sabia.

+ +

—¿Quién te lo dijo?

+ +

—Tiene la vaca más vieja muy malita.

+ +

—¿Vamos á ver?

+ +

—Corriente. Hay que baja{t.1-21}r por las viñas; sino, es mucha la vuelta.

+ +

—Por las viñas. Ale.

+ +

—Dame la mano.

+ +

—¿Piensas que no sé bajar sola?

+ +

El descenso era casi vertical, y había que escalar paredones y tener +cuidado de no desnucarse al sentar el pie sobre los guijarros; pero las +cuatro piernas juveniles alcanzaron pronto al estafermo, que caminaba +dibujando eses al tropezar en cualquier canto de la senda. Iba el señor +Antón en mangas de camisa (por señas que la gastaba de estopa): chaqueta +terciada al hombro, y un pitillo tras la oreja derecha. Los pantalones +pardos lucían un remiendo triangular azul en el lugar por donde más +suelen gastarse, y otros dos, haciendo juego con el de las nalgas, en +las perneras; de puro cortos, descubrían el hueso del tobillo, cubierto +apenas de curtida y momificada piel, y los zapatos torcidos y contraídos +como una boca que hace muecas. Fuera del bolsillo interior de la +chaqueta asomaba un libro empastado en pergamino, cuyas esquinas{t.1-22} habían +roído los ratones y cuyas hojas atesoraban grasa suficiente para hacer +el caldo una semana.

+ +

Al sentir ruido de gente, volvió el rostro, que lo tenía mas arrugado +que una pasa, más sequito que un sarmiento, y con todas las facciones +inclinadas unas hacia otras, á manera de piedras de murallón que se +derrumba: la nariz desplomada sobre la barba, ésta remontada hacia la +boca, y las mejillas colgando en curtidos pellejos á ambos lados de la +pronunciada nuez. En los pómulos parecía como si le hubiesen pintado con +teja dos rosetas simétricas; los labios se le habían sumido; y de la +abertura donde estuvieron partían innumerables rayitas y plieguecillos +convergentes, remedando el varillaje de un paraguas. ¿Paraguas dijiste? +No hay que omitir que bajo el codo izquierdo sujetaba el señor Antón uno +colosal, de algodón colorado rabioso, con remates y contera de latón +dorado; ni menos debe callarse que honraba su cabeza, por encima de un +pañuelo de{t.1-23} yerbas, un venerable y caduco sombrero de copa alta, de los +más empingorotados y de los más apabullados también.

+ +

—Buenas tardes, señorito don Perucho y la compaña...—dijo el +vejestorio al alcanzarle la pareja. Era su voz opaca y aguardentosa, +pero no tan cascada como pedían sus años.

+ +

—¿A dónde va, señor Antón?—preguntó la niña.

+ +

—Para servir á vustede, señorita Manolita... ¡ahí á curar una vaca en +casa de la señora María la Sabia...!

+ +

—¿Qué le duele?

+ +

—Parece ser que le ha salido, dispensando vustedes, una tumificación +muy atroz en los cadriles... con perdón, carraspo, aquí donde las +personas humanas tenemos el hueso llamado líaco...

+ +

—¿Un lobanillo?

+ +

—Propiamente hablando, sí, señorito, un lobanillo.

+ +

Rióse Perucho, pues le hacia gracia la facha del algebrista y su manía +de aplicar á{t.1-24} todo los cuatro términos de anatomía mal aprendidos en su +libro ratonado. Moríase el vejete por dar explicaciones difusas acerca +de los padecimientos de sus clientes, fuesen novillos, cerdos, canes, ó, +como él decía, personas humanas, que á todos indistintamente les sabía +reparar los desperfectos, con su ciencia heredada de encolar y +recomponer la máquina animal. Ya llegaban al emparrado que sombreaba la +casa de la Sabia.

+ +

Era una casuca baja y construída con piedras mal trabadas: adornábala +principalmente un balcón ó solana de madera, al cual nadie podía +asomarse, por obstruirlo una barricada de enormes calabazas, de amarilla +corteza, rameada de verde; en una esquina colgaban á secar ropas de +recién nacido, y al través de ellas se abría paso una soberbia mata de +claveles reventones, rojo coral, que florecía en una olla desportillada, +con las raíces escapándose de la tierra negruzca que las mantenía. A la +puerta de la casa, una mujer moza, de rostro curtido ya, desgranaba +habas en{t.1-25} una criba; á sus pies dos chiquillos de corta edad, con pelo +casi blanco de puro rubio, se revolcaban por el suelo jugando con las +vainas de las habas. Cuando vió asomar al algebrista y á los que él +llamaba señoritos, levantóse la mujer con servilismo obsequioso, pegando +un moquete á los chiquillos, sin duda con el fin de agasajar mejor á la +visita; no contaban con él, y la misma sorpresa les impidió llorar.

+ +

La pareja entró. Tenía la casa piso de tierra; una escalera de madera +conducía al sobrado ó cuarto alto; y en el bajo se notaba una pintoresca +mezcla de racionales é irracionales. El lar y la chimenea con asientos +de madera bajo su campana; la artesa de guardar el pan; el horno de +cocerlo; algunos taburetes con cuatro patas muy esparrancadas; la cuna +de mimbres de una criatura y el leito ó camarote de tablas en que +dormía el matrimonio que la había engendrado, eran los muebles que +pertenecían á la humanidad en aquel recinto. La animalidad invadía el{t.1-26} +resto. Al través de una división de tablones mal juntos pasaba el hálito +caliente, el lento rumiar y los quejumbrosos mugidos del ganado; +gallinas y pollos escarbaban el suelo y huían con señales de ridículo +terror, renqueando, al acercárseles la gente; dos ó tres palomas se +paseaban, muy sacadas de buche y muy balanceadas de cuello, esperando á +que cayese alguna migaja; un marrano sin cebar, magro y peludo aún como +un jabalí, sopeteaba con el hocico, gruñendo sordamente, en una tartera +de barro donde nadaban berzas en aguachirle; un perro de esa raza +híbrida llamada en el país de pajar, completamente tendido en tierra, +dormía; al respirar, se señalaba bajo su piel la armazón del costillaje, +y de cuando en cuando, al posársele una mosca encima, un estremecimiento +hacía ondular todos sus músculos, y sacudía, sin despertarse, una oreja. +Por un ventanillo, abierto en el testero, entraban las avispas á comerse +los gajos de cerezas maduras que andaban rodando sobre la a{t.1-27}rtesa; y si +fuese posible prestar oído á unas trotadas menudas que allá arriba +resonaban, se comprendería que los ratones no andaban remisos en dar +cuenta del poco maíz restante de la cosecha anterior, ni de cuanto +encontraban al alcance de los dientes. En medio de esta especie de arca +de Noé, reposaba inmóvil, sentada al pie de la artesa, con los naipes +mugrientos al alcance de la mano, la vieja bruja de la Sabia.

+ +

Era su figura realmente espantable. Habíale crecido el bocio enorme, +hasta el punto de que se le viese apenas el verdadero rostro, abultando +más la lustrosa y horrible segunda cara sin facciones, que le caía sobre +el pecho, le subía hasta las orejas, y por lo hinchada y estirada +contrastaba del modo más repulsivo con el resto del cuerpo de la vieja, +que parecía hecho de raíces de árboles, y tenía de los árboles añosos la +rugosidad y oscuridad de la corteza, los nudos, las berrugas. Al ver +entrar al algebrista y la compaña, la bruja se enderezó y salió á +recibirles,{t.1-28} no sin echarse con sumo recato un pañuelo de algodón sobre +los mechones de sus greñas blancas.

+ +

La moza, entretanto, sacaba del establo á la paciente, una vaca +amarilla, y picándola con la aguijada, la empujaba fuera de la casa, á +sitio descubierto y claro. Cojeaba el infeliz animal, por culpa del gran +tumor que tenía en el ijar derecho; sus ojos estaban profundamente +tristes, como los de todo irracional ó niño enfermo. El sol pareció +reanimar algo á la vaca, y se le dilató el hocico respirando aire puro. +Ya salía tras ella el atador, poniendo la mano á guisa de pantalla ante +los ojos, para que no le estorbase el sol que declinaba.

+ +

—Hace falta quien treme del animal—dijo, después de palpar aprisa el +tumor.—Llama á tu hombre—añadió dirigiéndose á la moza.

+ +

Habiendo Perucho ofrecido su ayuda, convino el algebrista en que +bastaría con él y con la moza para sujetar á la doliente, y ordenó que +la señora María se encargase de preparar la bizma de pez hirviendo. +Remangóse Perucho las mangas de chaqueta y camisa, y {t.1-29}arrodillándose, +asió con puño de hierro la pata del animal, asentándola y afirmándola en +tierra á fin de que no cocease con el dolor. El brazo del mancebo era +membrudo, atendida su edad, y la cuadratura de los músculos se diseñaba +enérgicamente: sobre el cutis, fino como raso, rojeaba á la luz +moribunda del sol un vello denso y suave. Su compañera le miraba con +disimulo y atención, como si viese por primera vez aquella cabeza +cubierta de ensortijados bucles, aquellas perfectas facciones trigueñas +y sonrosadas, aquel cogote juvenil y fuerte como testuz de novillo +bermejo, aquellas espaldas fornidas donde la postura y el esfuerzo para +mantener inmóvil la pata del animal hacía sobresalir el omoplato. De +chiquita, la costumbre de ver á Pedro le impedía reparar su hermosura: +ahora se le figuraba descubrirla en toda su riqueza de pormenores +esculturales, cosa que la turbaba mucho y tenía bastante culpa de la +cortedad y despego que mostraba al quedarse con él á solas. Se +avergonzaba la niña de no{t.1-30} ser tan linda como su amigo; de ser casi fea.

+ +

También se recogió el atador las mangas de estopa, y sacó de la +faltriquera del pantalón una reluciente navaja de afeitar envuelta en un +trapo. Agachóse bajo la paciente, y empuñando el instrumento, con brioso +girar de muñeca y haciendo terrible fuerza en el pulgar, sajó casi en +redondo el lobanillo. Bramó y resopló de dolor la vaca, intentando huir; +pero estaba bien sujeta y el corte dado ya. Sin hacer caso de los +mugidos angustiosos ni de las inútiles sacudidas de la bestia, el señor +Antón comenzó á esgrimir la navaja casi de plano, desprendiendo la piel +que cubría el tumor, y disecando poco á poco, con certera diestra, sus +raíces, como quien desprende de un peñasco los tientos de un adherido +pólipo. De rato en rato empapaba con trapos la sangre que corría y le +impedía ver. Cada raíz encubría otras más menudas, y la navaja seguía +escrutando los ijares del animal, persiguiendo las últimas +ramificaciones de la fea excrecencia. Ya casi la{t.1-31} tenía desprendida, +cuando la vaca, que parecía resignada con su suerte, dió de pronto un +empuje desesperado y supremo, logró soltar las patas, derribó de una +patada el sombrero de copa alta del algebrista y echó á correr furiosa. +Ciega por el terror, fué á batir contra la muralla del emparrado, donde +la alcanzó Perucho. La agarró del rabo primero, luego la cogió por los +cuernos, y á remolque y á empujones y á puñadas la trajo otra vez á la +clínica. El señor Antón acusaba á la moza de no valer nada, de haber +aflojado la pata; y Manuela, con los ojos brillantes y la sonrisa en los +labios, se ofrecía á sustituir ventajosamente á la aldeana.

+ +

—¡Jesús, alabando sea Dios, qué valiente de señorita!—tartamudeó la +Sabia, apareciendo en la puerta.

+ +

—Las que nos criamos en la montaña...—murmuró la niña arrodillándose, +y ciñendo con ambas manos, no muy blancas ni nada endebles, el corvejón +del animal.

+ +

—No hay cosa como las montañesas{t.1-32}—declaró dogmáticamente el atador, +encasquetándose otra vez su abollada bomba, sin la cual, al parecer, no +era dueño de todos los recursos de la ciencia quirúrgica.

+ +

—Remángate, Manola—aconsejó sin volver la cabeza Pedro:—sino vas á +ponerte perdida.

+ +

Notando que él no la miraba, Manolita se remangó. Los chiquillos, rubios +como el cerro, que presenciaban la operación absortos, con la pupila +dilatada y chupándose el dedo índice, quisieron también cooperar al buen +resultado, y vinieron á poner cada uno una manila en los corvejones de +la mártir. Poco duró el suplicio. El señor Antón, con su rapidez y +maestría acostumbradas, arrojaba ya triunfalmente hacia el campo más +próximo una masa sanguinolenta é informe, que era el núcleo del +lobanillo y su aureola de raíces. Entre un furioso y desesperado bramido +de la vaca al sentir la pez hirviendo que le abrasaba los tejidos, y un +¡carraspo! del algebrista que se levantaba vencedor, se acabó la{t.1-33} +operación y la víctima fué de nuevo encerrada en el establo. Echáronle +en el pesebre un brazado de fresca yerba, y á poco su hocico húmedo, del +cual se desprendía un hilo{t.1-34} de baba, rumiaba con fruición la dulce +golosina.

+ +

III

+ +

Sin embargo, aún le quedaban al señor Antón deberes facultativos que +llenar en aquella casa. Le presentaron un ternero que andaba malucho de +desgano y rehusaba las cortezas de pan y la hierba más apetitosa. Le +abrió la boca al punto, sacóle de través la lengua, y declaró que tenía +el piojo. Pidió los ingredientes de sal y ajo, que metió en una +bolsita de lienzo; mojóla en vinagre, y frotó con ella los bordes de la +lengua, para levantar las escamillas en que consistía el mal: sacó luego +del bolsillo-estuche unas tijera{t.1-35}s de costura, y cortó las escamas, +dejando al choto en disposición de zamparse todos los prados comarcanos. +Tras el ternero vino un buey, cojo de la mano derecha: el doctor +reconoció que tenía el pulgón y que era preciso meterle entre la +pezuña un puñado de pólvora amasada y prenderle fuego. El caso era que +no se encontraba pólvora allí.

+ +

—Que vayan por ella á los Pazos—exclamó servicialmente Perucho.

+ +

—Mientras van y vuelven llega la noche, señorito—exclamó el atador,—y +de aquí á Boán hay camino. Ya pasaré por aquí mañana ó pasado lo más +tarde, que me cumple verle la yegua al señor Angel. No hay duda, que no +muere el buey por eso.

+ +

Quedó aplazada la voladura del pulgón, pero no consintió la Sabia en que +se partiese el algebrista sin tomar un taco y echar un cloris. +Limpiándose el copioso sudor con el pañuelo de yerbas, sentóse el señor +Antón á la mesa, ante el zoquete de pan de centeno y el jarro de vino. +Entabló conversación con e{t.1-36}l ama de casa, no habiendo querido los +señoritos sentarse ni probar cosa alguna, porque les divertía más +presenciar la cómica escena y oir, cruzando ojeadas y risas, la plática +donosa que avivaban con sus preguntas. Estaba de buen humor el vejete, +como siempre que terminaba felizmente una operación y se veía con el +pichel de mosto delante. A las quejas de la Sabia, que se lamentaba de +las enfermedades de los animales con tono de abuela cuando deplora +achaques de sus nietos, respondía jocosamente el algebrista que, si no +tuviese una riqueza en ganado, no se le pondría el ganado enfermo +nunca.

+ +

—¿A que á mí no se me mueren las vacas? En no las teniendo... catá.

+ +

La bruja respondía á tan atinada observación con otra muy filosófica y +cristiana:

+ +

—Todos habernos de morir, si Dios quiere.

+ +

De tal respuesta tomó pie el algebrista para procurar insinuarse, +hablando del bocio de la vieja, y comprometiéndose á extirpárselo con +tanta prontitud como el tumor de la{t.1-37} vaca, fuera el alma. Contó que +precisamente acababa de realizar la misma operación en un labrador rico +de Gondás. De cuatro ó cinco tajos de navaja ¡zis, zas! (y al decir +zis, zas pasaba el dedo por delante del cuello deforme de la Sabia) +le había sajado el bocio perfectísimamente, plantándole, para atajar la +morragia, un emplasto donde se misturaban trementina, diaquilón, +confortativo, minio, litargirio, incienso, pez blanca, pez dorada y pez +negra...

+ +

—Vamos, pez de todos los colores—dijo Perucho riendo.

+ +

—No haga burla, señorito, no haga burla... Pues emplasto fué aquel que +apretó, apretó, apretó (y el algebrista cerraba y apretaba el puño con +toda su fuerza) y á los quince días...

+ +

—¿Al campo santo?

+ +

—¡Quedó como si tal cosa, más contento que un cuco! La sabiduría puede +mucho, señorito!

+ +

La bruja no se resolvía á empecinarse.{t.1-38} Tantos años con aquello, y al +fin iba durando: luego no era cosa de muerte. Los animales... no tiene +que ver con las personas: si no se cuidan y se asisten, ni trabajan, ni +dan leche, ni... En vista de que allí no necesitaban médico las +personas humanas, el algebrista, después de dejar temblando el jarro, +sacó el pitillo que llevaba tras la oreja, encendiólo en las brasas del +lar, se terció la chaqueta, y con andar más que nunca dificultoso, tomó +el camino del valle.

+ +

Acompañóle la pareja, divertida con su charla. Era el señor Antón uno de +esos personajes típicos, manifestación viviente, en una comarca, de los +remotos orígenes y misteriosas afinidades étnicas de la raza que la +habita. En el país se contaban muchos que ejercían la profesión de +algebristas, componiendo con singular destreza canillas rotas y +húmeros desvencijados, reduciendo lujaciones y extirpando sarcomas, +merced á no sé qué ciencia infusa ó tradición comunicada +hereditariamente, ó recogida de labios de algún{t.1-39} compostor viejo á +quien el mozo había tomado los moldes; pero ninguno tan acreditado y +consultado en todas partes como el atador de Boan, que tenía fama de +poner la ceniza en la frente á los médicos de Orense y Santiago, +habiendo persona que vino expresamente desde Madrid, cuando todavía se +viajaba en diligencia, á que el señor Antón le curase una fractura. No +desvanecían al vejete las glorias científicas; pero sí le daban pretexto +á descuidar la labranza de sus tierras y entregarse á sabrosa vagancia +cuotidiana por riscos y breñas. Con su chaquetón al hombro en el verano, +su montecristo de pardomonte en invierno, y siempre el pitillo tras la +oreja, la chistera calada sobre el pañuelo, el paraguas colorado bajo el +brazo y el libro grasiento en la faltriquera, recorría haciendo eses los +senderos del país, sintiendo en la cabeza y en la sangre la doble +efervescencia del aire puro y vivo de la montaña y de la libación de +mosto ó aguardiente hecha á los dioses lares de cada enfermo. La +atmósfera{t.1-40} candente, el cierzo glacial, las claras mañanas primaverales, +las templadas noches, la borrasca, la bonanza, le tenían seco y oreado +como un fruto de cuelga, como esas manzanas tabardillas cuya piel se +arruga y contrae y adoba más que el mejor pergamino; y también, lo mismo +que en ellas, la pulpa se concentraba guardando toda su virtud y sabor. +No había viejo mejor conservado, más templado y rufo que el señor +Antón: asegurábanlo las mozas trocando maliciosos guiños, y lo +confirmaban los mozos haciendo con la mano alzada y el pulgar inclinado +hacia la boca el ademán del que se atiza un buen traguete. Nunca se le +encontraba que no estuviese bajo la alegre influencia del jarro, ó del +sol, que tenía la virtud de hacerle fermentar en las venas la reserva de +espíritus alcohólicos. Entonces se desataba su locuacidad, y le gustaba +sobre todo platicar con los curas ó con los aldeanos viejos y duchos, en +quienes, á falta de instrucción, la experiencia de una larga vida ha +desarrollado cierta {t.1-41}inteligencia práctica, haciéndoles depositarios del +caudal del saber popular, ancho cauce de arena donde á trechos brilla +alguna partícula de oro ó algún diamante en bruto. El señor Antón tenía +su filosofía allá á su modo, mitad bebida en tres ó cuatro librotes +viejos, en tomos descabalados de Feijóo, en el Desiderio y Electo, +mitad inspirada por el espectáculo y la sugestión incesante de la madre +naturaleza, de árboles y estrellas, ríos y nubes. En su cráneo estrecho +y prolongado, verdadero cráneo céltico, bullían á veces viejas ideas +cosmogónicas, bocetos confusos de panteísmo y restos de cultos y +creencias ancestrales. Por lo cual, al meterse en honduras, solía decir +muchos y muy peregrinos despropósitos, mezclados con dictámenes y +sentencias que sorprendían al verlos salir de aquella boca plegada como +la jareta de un bolsón, envueltas en vaho aguardentoso y subrayadas por +la risa de polichinela que establecía inmediata comunicación entre su +nariz y su barba.{t.1-42}

+ +

Encontrándolo más alumbrado que de costumbre, moríase Perucho por +tirarle de la lengua, y le seguía, llevando el dedo meñique enganchado +en el de Manuela y columpiando el brazo á compás, por hábito inveterado +de contacto cariñoso.

+ +

Chupaba el señor Antón su apestoso papelito, sumiendo la boca de tal +manera que, más que con los labios, parecía aspirar el humo con la +laringe. Al mismo tiempo iba filosofando sobre las enfermedades, la +vejez y la muerte.

+ +

—Mire, señorito, que esto de estar enfermo (aquí un traspiés), le tiene +su aquel, carraspo! Lee uno en libros, á lo mejor, que el hombre es, +como quien dice, un gusano, y viene la soberbia, y replica:—No, gusano, +no, que yo tengooó (ahuecó la voz enfáticamente), lo que no tiene un +gusanoooó! Pero llega la enfermedad, maina mainita (y remedaba los +movimientos del que se acerca muy cautelosamente á otro), y ya no se +diferencia el verme del hombre... carraspo! Porque{t.1-43} díganme: uso yo +una navaja para estripar, con perdón, las tumificaciones de las +vacas y otra para las personas humanas? No señor, que uso la misma, que +aquí la llevo en el bolsillo (y se golpeaba con fuerza el pecho). El +emplasto ó la cataplasma, ¿se misturan de otro modo? No señoóoor! Y en +vista de ello...

+ +

—Resulta, señor Antón, que á usted no le parece diferente un buey de un +cristiano? Eh? Usted y yo valemos tanto como un jumento?

+ +

—No sea tan materialista, señorito, carraspo!... Son poquitos los que +se hacen cargo de estas cosas perfundas... ¡Hay que abrir el ojo! +¿Tiene ahí un misto? Se me apaga el condenado del pitillo. Estimando la +molestia... Vamos al decir de que la gente como usted y como yo, y las +bestias, dispensando vustedes, padecen de los mismos males, y en la +botica no hay diferencias de remedios, y la vida se les viene y se les +va del mismo modo, y todos pasan su tiempo de chiquillos, porque los +perritos pequeños lloran y enredan como las{t.1-44} criaturas, y luego á las +personas humanas les llega la de andar tras de las mozas, y andan que +tolean, y también los perros se escapan de casa para perseguir á las +perras, con perdón, y las buscan, y riñen por causa de ellas, y las +obsequian como los señoritos á las señoritas... ¡Carraspoó!

+ +

Al llegar á este punto el discurso del atador, Pedro soltó los dedos de +Manuela para reir á carcajadas, y la montañesa le acompañó, sofocando la +risa en la boca con la punta del pañuelo.

+ +

—Pero eso ya se sabe, señor Antón... Vaya unas noticias que da! +Fresquitas!

+ +

—Poco y poco, poco y poco... (se ignora si el algebrista lo decía +pensando en que el camino tenía muchas piedras y él más vino en el +estómago, ó siguiendo la ilación de su tesis trascendental.) Vamos á la +custión... Digo, señorito, y no miento: un hombre valerá, estamos +conformes, más que los animales; pero poder... Vaya, poder, no puede más +que un buey; y cuando le llega la de cerrar{t.1-45} el ojo, aunque sepa más que +el rey Salimón, lo cierra... y abur. ¿Lo cierra ó no, señorito?

+ +

—Según y conforme.... También los hay que se quedan con él muy +abierto—murmuró Pedro para hacer rabiar al atador.

+ +

—Desmasiado nos entendemos...—articuló éste escupiendo, por el sitio +en que algún día tuvo los colmillos, un chorro de saliva negruzca, cuya +proyección cortó limpiándose el agujero de la boca con el dorso de la +mano. Señorito, escuche y perdone.—¡A lo que me da que pensar, +carraspo! Esto del nacer, y del morir, y del enfermarse, y del comer, y +del beber ¡atención! (hizo aquí una ese más arqueada que ninguna), es +un... un... un aquel que puede más que los animales y los hombres +juntos, á modo de una endrómena muy grande, muy graaaande....

+ +

El algebrista tendía la mano y la giraba en derredor, señalando con +amplio ademán circular la profundidad del valle de Ulloa, el anfiteatro +de montañas que lo cierra, el río que espumaba cautivo en la hoz, todo +lo c{t.1-46}ual se dominaba desde el sendero alto y escarpado. Pedro y Manuela, +que habían vuelto á enganchar los dedos por instinto, miraban hacia +donde apuntaba el viejo, tratando de comprender la idea rebozada en +báquicos vapores que desde el cerebro del señor Antón descendía +trabajosamente hasta su lengua.

+ +

—Tan grande—añadía extendiendo ya los dos brazos para mejor expresar +la inmensidad—que me parece á mí, señorito, con perdón, que es tan +grande como el mundo... ¡Más aún, carraspo!

+ +

—¿Más que el mundo? ¡Quieto, vino, quieto!—exclamó Pedro, significando +que por boca del algebrista hablaba la borrachera.

+ +

—Más aún, sí señor. ¿De qué se pasma? Desmasiado nos entendemos. Un +hombre ha leído algo... ¿Tiene otro misto? Disimule.

+ +

—Ahí va la caja. ¿Con que se ha leído mucho?

+ +

Una sonrisa orgullosa dilató los plieguecillos de la consabida jareta.

+ +

{t.1-47}

—El saber, como dijo el otro, no ocupa lugar... No se burle, señorito, +no se burle... ¿Desmasiado tendrá usted leído lo que llaman el Treato... +el Trato...

+ +

—¿Alguna comedia?

+ +

—¡¡Comedia!! Lo compuso un fraile, hablando con respeto... un fraile de +esta tierra, con más sabiduría que todos los de España y del mundo +entero juntos... Pues allí dice, ¡sí, señorito! que las estrellas del +cielo son como nosotros... ¡con perdón! como este universo-mundo de +acá... y que también allí nacen, y mueren, y comen, y andan atrás de las +muchachas...

+ +

Al llegar aquí guiñó picarescamente el algebrista el ojo izquierdo á la +bóveda celeste, y como si obedeciese á un conjuro, el hermoso lucero de +Venus comenzó á rielar con dulce brillo en el sereno espacio.

+ +

—¡Hay que desengañarse, hay que desengañarse!—prosiguió el viejo +moviendo la cabeza, que, al oscilar sobre el seco pescuezo, parecía una +pasa pronta á desprenderse del rabo. Por muchas vueltas que se le dé, +esta{t.1-48} cosa grande, grande, grandísima (y reiteraba el ademán de abarcar +todo el valle con los brazos), puede más que vusté, y que yo, y aquel, y +que todos, ¡carraspiche! Yo me muero, verbo en gracia; bien, corriente, +sí señor; ¿y después? La cosa grande se queda tan fresca. Yo me divertí +mis carnes; pero de yo ya propiamente no soy nada; se crían repollos, y +patatas, y ortigas, y toda clas de hortalizas... ¿me entiende?

+ +

—¿También de mi cuerpo se han de criar repollos?—preguntó Manolita.

+ +

—Y ¡juy juy!—relinchó el algebrista, trompicándose en una piedra por +culpa del arrechucho de galantería que le entró.—Del cuerpo de las +señoritas buenas mozas se criará espliego, rositas de Mayo...

+ +

Adoptando de nuevo su gravedad filosófica, añadió:

+ +

—Pero no se ponga hueca... Le es igual... igualito... Qué más tiene +volverse chirivía ó malva de olor, carrás... ¿Quiérese decir que las +estrellas del cielo, y las tierras, y el ma{t.1-49}inzo, y el cuerpo de +vusté, y el mío, y el del Papa, con perdón, y el espliego, y los +repollos, y las vacas, y los gatos, es todito lo mismo, disimulando +vusté, y no hay que andar escoge de aquí y escoge de allí... Todo lo +mismo señorita, todo lo mismísimo... La cosa grande!!

+ +

Al llegar aquí de su perorata le besó un canto en la espinilla, y +llevóse la mano á la pierna, exhalando un ay doliente; pero al punto +mismo, después de refregarse la parte dolorida y tirar con rabia del +cigarro, que se apagaba de vez, volvió á su tema, balbuciendo con lengua +todavía más estropajosa:

+ +

—La co... la cosa grande... se ríe de todo, sí señor, de todo... Allá +anda, carraspo... haciendo la burla á quien nace... y á quien muere... y +á los que buscamos las mo... mozas... de rumbo.... ¡juy! La cosa... g... +gran... no nació en jamás... ni se ha de morir... Buena gana tiene... A +cada a...ño... está... más... fres.... frescachona.... juy! vivan las +rap... rapazas... Arde, cigarro, arde, condenado, si quieres, que... +te... par...to...!{t.1-50}

+ +

—Echemos por las viñas, Manola—dijo Pedro á su compañera.—El +algebrista va hoy como un templo. Ya no se le sacan del cuerpo sino +barbaridades.

+ +

—¿Y si tropieza y cae al río?

+ +

—¡Qué disparate! Estaría muerto ya un millón de veces, mujer, si fuese +ca{t.1-51}paz de caerse. Anda así toda la santa vida.

+ +

IV

+ +

Libres ya del atador, tomaron un sendero más practicable, que por entre +tierras labradías y viñedos conducía al gran castañar del solariego +caserón de Ulloa. Aunque la luna, en cuarto creciente, dibujaba ya sobre +el cielo verdoso una fina segur, todavía la claridad del crepúsculo +permitía registrar bien el paisaje; pero al ir entrando bajo la +tenebrosa bóveda formada por el ramaje de los castaños, se encontró la +pareja envuelta en la oscuridad, y en no sé qué de pavoroso y sagrado, y +fresco y solemne{t.1-52}, como el ambiente de una iglesia. El suelo estaba seco +y mullido, como suele estar en verano el de los bosques, y el pie lo +hollaba con placer. No se oía más ruido que el rumor de las hojas, +melodioso como una música distante de la cual apenas se percibe el +acompañamiento. Instintivamente, Pedro y Manuela se aproximaron el uno +al otro, y sus dedos se engancharon con más fuerza; pero el sentimiento +que ahora los unía no era el mismo que allá en la gruta, sino una +especie de comunión de los espíritus, simultáneamente agitados, sin que +ellos mismos lo comprendiesen, por las ideas de muerte, de +transformación y de amor, removidas en la grosera plática del vejete +borracho.

+ +

—¡Perucho!—murmuró ella alzando el rostro para mirar el de su +compañero, que en aquella sombra veía pálido y sin contornos.

+ +

—¿Qué quieres?—contestó él sacudiéndole el brazo.

+ +

—¿Qué me dices de todo eso?... ¡Cuántas{t.1-53} bobadas echó por aquella boca +el señor Antón!

+ +

—Está peneque, y chocho además.

+ +

—¿Me volveré yo rosa? ¿Malvita de olor?

+ +

—No tienes que volverte... Ya Dios te dió rosa y clavel y cuantas +flores hay.

+ +

—No empieces á meterte conmigo... ¡Que me enfado! ¿Y eso que dice de +una cosa muy grande, que está en el cielo, y en la tierra, y en todos +los sitios?

+ +

—Muchos ratos también se me pone á mí aquí—murmuró Pedro deteniéndose +y señalando á la frente—que hay una cosa muy grande.... ¡y tan +grande!... Mayor que el cielo. ¿Sabes dónde, Manola? ¿A que no lo +aciertas?

+ +

—¿Yo qué sé? ¿Soy bruja ó echo las cartas como la Sabia?

+ +

El mancebo le tomó la mano, y la paseó por su pecho, hasta colocarla +allí, donde, sin estar situado el corazón, se percibe mejor su diástole +y sístole.

+ +

—Aquí, aquí, aquí—repitió con ardiente voz, oprimiendo como para +deshacerla la mano morena y fuerte de la muc{t.1-54}hacha, que se reía, +tratando de soltarse.

+ +

—Majadero, brutiño, que me lastimas.

+ +

La soltó y ella siguió andando delante en silencio. De cuando en cuando +se percibía entre las hojas el corretear de una liebre, ó resonaba el +último gorjeo de un ave. A lo lejos arrullaban roncamente las tórtolas, +bien alimentadas aquellos días con los granos caídos en los surcos del +centeno. También se escuchaba, dominando la sinfonía con sordina del +follaje, el gemido de los carros que volvían cargados de haces de mies á +las eras.

+ +

—Manola, no corras tanto...—exclamó Pedro con voz tan angustiada como +si la chica se le escapase.—¡Ave María, mujer! Parece que te van +persiguiendo los canes. ¿Tienes miedo?

+ +

—No sé á qué he de tener miedo.

+ +

—Pues entonces, anda á modo, mujer... ¿Qué diversión se nos pierde en +los Pazos? ¡Mira que es bonita! Padrino estará fumando un cigarro en el +balcón, ó viendo cómo arreglan {t.1-55}las medas; mamá por allí, dando +vueltas en la cocina; papá en la era, eso de fijo... las chiquillas ya +dormirán... ¡va buena que dormirán! Oye, chica, la mano.

+ +

Trabáronse como antes por los dedos meñiques y continuaron andando no +muy despacio. El bosque se hacía más intrincado y oscuro, y á veces un +obstáculo, seto de maleza ó valla de renuevos de árboles, les obligaba á +soltarse de los dedos, á levantar mucho el pie y tentar con la mano. +Tropezó Manola en el cepo de un castaño cortado, y sin poderlo evitar +cayó de rodillas. Pedro se lanzó á sostenerla, pero ella se levantaba ya +soltando la carcajada.

+ +

—¡Vaya una montañesa, que tropieza en cualquier cosa como las señoritas +del pueblo! Por el afán de correr. Bien empleado.

+ +

—Pero si no se ve miaja. Rabio por salir pronto de aquí.

+ +

—Para irte á la cama, ¿eh? ¿Para dejarme solito?

+ +

—Podías dar un repaso á los libros, haragán.

+ +

—Mujer... ¡para cochinos tres meses que{t.1-56} tiene uno de vacaciones! Yo +antes pasaba contigo todo el año... ¿no te acuerdas? Siempre, siempre +andábamos juntos... ¡Qué vida tan buena! Y bien aprendíamos reunidos, +más de lo que aprendo ahora en clase... Apenas tenemos leído libros de +la estantería! ¿Te acuerdas cuando te enseñé las letras por uno que +tiene estampas?

+ +

—Pero de la mitad nos quedábamos á oscuras. De muchos sólo mirábamos +las estampitas, aquellos monigotes tan descarados.

+ +

—Bueno, el caso es que estábamos más contentos, ¿eh? Yo al menos. ¿Y +tú?

+ +

Calló la niña montañesa, tal vez porque un haz de arbustos nuevos y un +alto zarzal le cerraban el paso. Tuvieron que retroceder y buscar entre +los castaños la senda perdida.

+ +

—¿No me contestas? ¿Vas enfadada conmigo?

+ +

—No hay humor de hablar mientras esté uno en estas negruras.

+ +

—Y después que salgamos al camino de la era, ¿me das pa{t.1-57}labra de que +rodearemos por los sembrados?

+ +

—Sí, hombre, sí.

+ +

—Manola?

+ +

—Quée?

+ +

Deslizábase á la sazón la pareja por un estrecho pasadizo de troncos de +castaño, que apenas daba espacio á una persona de frente. La oscuridad +disminuía; acercábanse á la linde del bosque. La niña alzó los ojos, vió +la cara de su compañero y acompañó la interrogación de fingido mal humor +con una sonrisa, y entonces él se inclinó, le echó las manos á la +cabeza, y con una mezcla de expansión fraternal y vehemencia apasionada, +apretóle la frente entre las palmas, acariciándole y revolviéndole el +cabello con los dedos, al mismo tiempo que balbucía:

+ +

—Me quieres, eh? me quieres?

+ +

—Sí, sí—tartamudeaba ella casi sin aliento, deliciosamente turbada por +la violencia de la presión.

+ +

—¿Como antes? ¿como allá cuando éramos pequeñitos? eh? ¿Como si yo +viviese aquí?{t.1-58}

+ +

—Ay! me ahogas.... me arrancas pelo—murmuró Manola, exhalando estas +quejas con el mismo tono que diría:—Apriétame, ahógame más.—No +obstante, Pedro la soltó, contentándose con guiarla de la mano hasta que +salieron completamente del bosque y en vez de árboles distinguieron +frente á sí el carrerito que llevaba en derechura á la era de los +Pazos. Pero el mancebo torció á la izquierda, y Manola le siguió. Iban +orillando un sembrado de trigo, que en aquel país abundan menos y se +siegan más tarde que los de centeno. Si á la luz del sol un trigal es +cosa linda por su frescura de égloga, por los tonos pastoriles de sus +espigas, amapolas, cardos y acianos, de noche gana en aromas lo que +pierde en colores, y parece perfumado colchón tendido bajo un dosel de +seda bordado de astros. Convida á tomar asiento el florido ribazo +alfombrado de manzanillas, cuya vaga blancura se destaca sobre la franja +de yerba; y allá detrás se oye el susurro casi imperceptible de los +tallos q{t.1-59}ue van y vienen como las ondas de una laguna.

+ +

Dejóse caer Manola en el ribazo, sentándose y recogiendo las faldas, y +Pedro se echó enfrente de ella, boca abajo, descansando el rostro en la +mano derecha. Así permanecieron dos ó tres minutos, sin pronunciar +palabra.

+ +

—Debe de ser muy tarde—articuló la muchacha agarrando algunos tallos +de trigo y empuñándolos para sacudir las espigas junto á la cara de +Pedro.

+ +

—Silencio... ¿No te da gusto tomar el fresco, chuchiña? Esta tarde no +se paraba con el calor. ¿Ó tienes sed?

+ +

—No—contestó lacónicamente.

+ +

Transcurrió un momento, durante el cual Manola se entretuvo en arrancar +una por una flores de manzanilla, y juntarlas en el hueco de la mano. Al +fin la impacientó el obediente mutismo de su compañero.

+ +

—¿Qué haces, babeco?

+ +

—Te estoy mirando.

+ +

—¡Vaya una diversión!{t.1-60}

+ +

—Ya se ve. Como á ti ahora te ha dado por no mirarme... Parece que te +van á enfermar los ojos si me miras. Te has vuelto conmigo más brava que +un tojo.

+ +

Ella, entre arisca y risueña, siguió arrancando las manzanillas +silvestres. Un céfiro de los más blandos que jamás ha cantado poeta +alguno, un soplo que parecía salir de labios de un niño dormido, pasando +luego por los cálices de todas las madreselvas y las ramas de todas las +mentas é hinojos, se divertía en halagarle la frente, inclinando después +las delgadas aristas de la espiga madura. A pesar de sus fingidas +asperezas, Manola sentía un gozo inexplicable, una alegría nerviosa que +le hacía temblar las manos al recoger las manzanillas. Con todo el +alborozo de una chiquilla saboreaba la impresión nueva de tener allí, +rendido, humilde y suplicante, al turbulento compañero de infancia, el +que siempre podía más que ella en juegos y retozos, al que en la +asociación íntima y diaria de sus vidas representaba la fuerza, el +vigor, la agilidad{t.1-61}, la destreza y el mando. Al sentirse investida por +primera vez de la regia prerrogativa femenina, al comprender claramente +cómo y hasta dónde le tenía sujeta la voluntad su Pedro, se deleitaba en +aparentar mal humor, en torcerle el gesto, en llevarle la contraria, en +responderle secamente, en burlarse de él con cualquier motivo, +encubriendo así la mezcla de miedo y dicha, el ímpetu de su sangre +virginal, ardorosa y pura, que se agolpaba toda al corazón, y subía +después zumbando á los oídos produciéndole deleitoso mareo, al oir la +voz de Pedro, y sobre todo al detallar su belleza física. Justamente, +mientras corría aquel tan halagüeño céfiro, Manuela se absorbía en la +contemplación de su amigo, pero de reojo. La luminosa transparencia de +la noche permitía ver los graciosos rizos del mancebo cayendo sobre su +frente blanca y tersa como el mármol, y distinguir la lindeza de sus +facciones y de sus azules ojos, que entonces parecían muy oscuros.

+ +

—¿Cómo me querrá tanto, siendo y{t.1-62}o fea?—decía para sus adentros +Manola; y de repente, cogiendo todas las manzanillas, se las arrojó al +rostro.

+ +

—A casa, á casa enseguida, que son las tantas de la noche—murmuró +arrodillándose, como si le costase trabajo incorporarse de una vez. Ya +estaba allí Pedro para auxiliarla. Cuando eran chiquillos solía dejarla +en el atolladero por algún tiempo hasta que pidiese misericordia, y +reirse descaradamente de sus apuros.... Ahora no se atrevería á hacerla +rabiar: él era el esclavo.

+ +

Volvieron á tomar el sendero. A poco se encontraron en la era, vasto +redondel cercado por una parte de estrecha muralla y de manzanos +gibosos. Por la otra, sobre el cielo estrellado, se destacaba la cruz +del hórreo, y más arriba subían las ramas inmóviles de una higuera. +Alrededor, las medas ó altos montículos de mies remedaban las tiendas +de un campamento ó la ranchería de una india. Ya no había allí nadie: +por el suelo quedaban todavía esparcidos {t.1-63}algunos haces de la cosecha +del día.

+ +

Un perro, ladrando hostilmente, se abalanzó contra la pareja; mas al +reconocerla, trocó los ladridos de cólera en delirantes aullidos de +alegría, se echó al suelo, se revolcó, gimió, y por último, zarandeando +la cola de un modo insensato, con la lengua fuera de las fauces, +trotando sobre la seca hierba del sendero, y volviéndose á cada +segund{t.1-64}o, los precedió hasta los Pazos de Ulloa.

+ +

V

+ +

Subía la diligencia de Santiago el repecho que hay antes de llegar á la +villa de Cebre. Era la hora de mayor calor, las tres de la tarde. La +persona de más duras entrañas se compadecería de los viajeros encerrados +en aquel cajón, donde si toda incomodidad tiene su asiento, el que lo +paga suele contentarse con la mitad de uno.

+ +

Venía atestado el coche, que era de los más angostos, desvencijados, +duros y fementidos. En el interior, hombro contra hombro del vecino del +lado, é incrustadas las piernas en las{t.1-65} del frontero, se acomodaban +cinco estudiantes de carrera mayor en vacaciones, una moza chata, +portadora de un cesto de quesos, el notario de Cebre, y la mujer de un +empleado de Orense, con el apéndice de un niño de brazo. La atmósfera +del interior era sol, sol disuelto en polvo, sol blanquecino, crudo, +implacable, centuplicado por la oscura refracción de los puercos +vidrios, que ningún viajero osaba bajar, por temor de ahogarse entre la +polvareda. La respiración se dificultaba: gotas de sudor rezumaban de +los semblantes, y moscas y tábanos—cuyo fastidioso enjambre había +elegido allí domicilio—se agolpaban en los pescuezos y labios, +chupándolas. No había modo de espantar á tan impertinentes bichos, +porque ni nadie podía revolverse, ni ellos, enconados por el ambiente de +fuego, soltaban la presa á dos tirones. Al desabrido cosquilleo del +polvo en las fosas nasales se unía el punzante mal olor de los quesos, y +aun sobresalía el desapacible tufo del correaje y el vaho nauseabundo +tan peculiar á las diligencias{t.1-66} como el olor del carbón de piedra á los +vapores. A despecho de todas estas molestias y otras muchas propias de +semejante lugar, los estudiantes no perdían ripio, y armaban tal +algazara y chacota, secundándolos el notario, que sus dichos, más +picantes que el aguijón de los tábanos, habían parado como un tomate las +orejas de la moza, la cual apretaba su cesta de quesos lo mismo que si +fuese el más perfumado ramillete del mundo. La mujer del empleado, +aunque nada iba con ella, creíase obligada por sus deberes de buena +esposa y madre de familia á suspirar á cada minuto levantando los ojos +al cielo, mientras abanicaba con un periódico al dormido vástago.

+ +

No disfrutaban mayor desahogo los de la berlina. De ordinario era esta +el sitio de preferencia; pero aquel día una especial circunstancia lo +había convertido en el más incómodo. Al salir de Santiago muy de +madrugada, los dos pasajeros que ya ocupaban las esquinas de la berlina +entrevieron con terror, á la dudosa luz del amanecer, otro pasaje{t.1-67}ro de +dimensiones anormales, que se aproximaba á la portezuela, sin duda con +ánimo de subir y apoderarse del tercer asiento. Al pronto no +distinguieron sino un bulto oscuro, gigantesco, que exhalaba una especie +de gruñido, y se les ocurrió si sería algún animalazo extraño; pero +oyeron al mayoral—viejo terne conocido por el Navarro, aunque era, +según frase del país, más gallego que las vacas—exclamar, en el tono +flamenco y desenfadado que la gente de tralla cree indispensable +requisito de su oficio, y con la mitad del labio, pues el otro medio +sujetaba una venenosa tagarnina:

+ +

—¡Maldita sea mi suerte! ¿Cura á bordo? Vuelco tenemos.

+ +

Casi al mismo tiempo el pasajero de la esquina izquierda, vivaracho, +pequeño y moreno, tocó en el codo al de la derecha, que era alto, y le +dijo á media voz:

+ +

—Es el Arcipreste de Loiro... Veremos cómo se amaña para pasar al +medio... Nosotros no soltamos nues{t.1-68}tro rincón... ¡Se prepara buen +sainete!...

+ +

Miróle el otro viajero y encogióse de hombros, sin responder palabra. +Entre el mayoral y el zagal procuraban izar la humanidad del Arcipreste +hasta las alturas de la berlina: empresa harto difícil, pues requería +que el enorme vejestorio pusiese un pie en el cubo de la rueda, luego +otro en el aro, y luego le empujasen y embutiesen dentro por la estrecha +abertura de la portezuela. El viajero pequeño reía á socapa, calculando +el fracaso probable de la tentativa, por estar ocupado el rincón. Grande +fué su sorpresa al ver que el viajero alto llevaba la mano á su gorra de +viaje, indicando un saludo; y en seguida se corría hacia el asiento del +centro, para dejar paso franco; y después, viendo que ni aun así +conseguían introducir al obeso y octogenario Arcipreste, alargaba sus +enguantadas manos y tiraba de él con fuerza hacia el interior, logrando +por fin que atravesase la portezuela y se desplomase en el asiento del +rincón, haciendo retemblar con su peso la berlina{t.1-69} y llenándola toda con +su desmesurada corpulencia, al paso que refunfuñaba un—Felices días nos +dé Dios.

+ +

De soslayo—porque después de entrar el Arcipreste nadie podía +rebullirse y todos se encontraban extrictamente encajados, prensados +como sardina en banasta—el viajero chico insinuó á su compañero:

+ +

—¡Pero hombre, que se ha fastidiado usted! Ahora tiene usted que +aguantarse en el medio todo el viaje. ¡Ha sido usted un tonto! El +entremés era dejarle, á ver qué hacía.

+ +

Enarcó las cejas el viajero de los guantes, dudando si mandar á paseo á +aquel cernícalo ó darle una lección. Al fin se volvió, como pudo, y dijo +bajando la voz:

+ +

—Es un viejo y un sacerdote.

+ +

El viajero pequeño le miró con curiosidad, arrugando el gesto, y +procurando discernir mejor, á la pálida luz del amanecer, las trazas del +enguantado caballero. Parecíale hombre ya maduro, bien barbado, +descolorido de rostro, alto de estatura, no muy entrado en{t.1-70} carnes—sin +ser lo que se llama flaco—y vestido de un modo especialmente decoroso y +correcto, por lo cual el observador pensó:

+ +

—Este me huele á título ó diputado de los conservadores. ¿Quién será, +demonios, que no lo he visto nunca?—Y después de reflexionar breves +instantes:—De fijo—decidió es algún forastero que va á la finca del +marqués de las Cruces ó á la del de San Rafael... Claro. Allí todo el +mundo se come los santos y les hace el salamelé á los curas... Pues el +marqués de las Cruces no es, que á ese bien le conozco... El de San +Rafael, menos... ¡ojalá! Nos haría reventar de risa con sus dichos... +señor más ocurrente y más natural... ¿Será alguno de los maridos de las +sobrinas? ¡Cá! vendría la señora también con él. Pero, ¿quién rayos +será?

+ +

Ya no tuvo punto de reposo el activo y bullidor cerebro del viajero +chico, á quien no en vano daban amigos y adversarios (de las dos cosas +tenía cosecha, á fuer de temible cacique) el sobrenombre significativo +de{t.1-71} Trampeta, queriendo expresar la fertilidad en expedientes y +enredos que le distinguía. Toda la potencia escrutadora del intelecto +trampetil se aplicó á despejar la incógnita del misterioso viajero que +cedía el asiento del rincón á los curas. Con más atención que ningún +novelista de los que se precian de describir con pelos y señales; con +más escama que un agente de policía que sigue una pista, dedicóse á +estudiar é interpretar á su modo los actos de su compañero de viaje, á +fin de rastrear algo. Después de que arrancó la diligencia, el viajero +no había hecho sino bajar un cristal, el que le tocaba enfrente, con +ánimo sin duda de mirar el paisaje; pero al convencerse de que no se +veían por allí sino los hierros del pescante y los pies zapatudos del +mayoral, volvió á subirlo, y se recostó en el respaldo, resignadamente, +no sin lanzar una ojeada, de tiempo en tiempo, hacia las ventanillas. +Transcurrido un cuarto de hora, cuando ya habían perdido de vista el +pueblo, sacó una petaca fina, y abriéndola, la {t.1-72}ofreció á ambos +compañeros sin hablar, pero con ademán cortés. Trampeta alargó sus dedos +peludos y cortos y cogió un cigarrillo diciendo:—Se estima.—El +Arcipreste entreabrió un ojo (iba como aletargado, resoplando y con la +cabeza temblona) y dijo que no con las cejas; al mismo tiempo deslizó la +incierta mano, que de puro gruesa parecía hidrópica, bajo el balandrán, +y exhibió una tabaquera de forma prehistórica, un gran fusique de +plata, que arrimó á la nariz, sorbiendo con notoria complacencia el +rapé.

+ +

—No toma sino polvo... Está más viejo que la Bula... Yo no sé cómo no +ha reventado ya—exclamó Trampeta, sin cuidarse de bajar la voz; por lo +cual el otro viajero le amonestó algo severamente:

+ +

—Mire usted que este señor puede oir lo que usted dice de él.

+ +

—¡Cá! Más sordo que una tapia—gritó Trampeta, como para probar su +aserto.—Aunque le dispare un cañón junto á la oreja, ni esto. Siempre +fué algo teniente{t.1-73}; pero ahora ¡María Santísima! La sordera, como usted +me enseña, es un mal que crece mucho con los años. Y vamos á ver: ¿dirá +usted al verlo tan acabado, que este bendito Arcipreste fué un remeje +que te remejerás de elecciones, que nos dejaba á todos tamañitos? Hoy +no es ni su sombra... En sus tiempos era un demonio con sotana: no había +quien se la empatase en toda la provincia. Cuentan que una vez dió un +puntapié á la urna... Sin ir más lejos, allá cuando la Revolución, la +gloriosa, ¿usté me entiende? que andaban los carlistas muy alterados, +como usté me enseña, por poco entre ese condenado y otros de su laya me +hacen perder una elección reñidísima, y me sacan avante al Marqués de +Ulloa contra el candidato del gobierno.

+ +

Al nombre del Marqués de Ulloa, el viajero enguantado, que hasta +entonces escuchaba como quien oye llover, y sin ocuparse más que del +cigarrillo suave que fumaba, prestó atención y aun intentó volverse; +pero esto no era factible, atendido que cada vez iban má{t.1-74}s apretados, +porque el Arcipreste, reclinando la cabeza en la esquina, y cubriéndose +la cara con un pañuelo blanco, adoptaba postura más cómoda, y ocupaba +todavía más sitio.

+ +

—¿Dice usted que las elecciones en que figuró el Marqués de Ulloa?...

+ +

—Sí señor, sí señor...—repuso Trampeta, todo esponjado y contento de +acertar con algo que interesaba al viajero y le hacía dar señales de +vida. Por cierto que después...

+ +

—El Marqués de Ulloa—interrumpió el viajero—es don Pedro Moscoso, +¿verdad?

+ +

—El mismo que viste y calza. Por cierto que...

+ +

—¿El yerno del señor de la Lage?

+ +

No era sólo atención, era interés muy vivo lo que revelaba el semblante +del enguantado, y no pudiendo volver el cuerpo, torcía la barba sobre el +hombro, clavando en Trampeta sus ojos garzos y grandes, de párpado +marchito y enrojecido, como suelen tenerlo las personas que leen mucho ó +viven aprisa.

+ +

—Aajá—articuló Trampeta afirmando con{t.1-75} cabeza y manos y con todo el +rebullicio de cuerpo que consentía la apretura:—¡aajá! El mismito. ¿Al +parecer usted lo conoce?

+ +

No contestó el de los guantes, pero dijo con las pupilas:—Siga +usted.—Trampeta, aunque tan observador y ladino, no era capaz de darse +un punto á la lengua cuando ésta le picaba.

+ +

—¡Aquellas fueron unas elecciones... de la mar salada! Quedó que contar +de ellas en el país para veinte años... Y como además de los líos que +hubo en ellas, vino después la muerte del mayordomo del marqués, que fué +una cosa atroz...

+ +

A pesar de la sordera del Arcipreste, aquí bajó la voz Trampeta, y sus +ojos vivos, ratoniles, se posaron oblicuamente en el clérigo. Este +roncaba ya, con ahogado resuello de apoplético. El cacique se +tranquilizó y prosiguió:

+ +

—Lo despabilaron en un monte por mandato de los mismos suyos; ni visto +ni oído... ¡Un balazo l{t.1-76}impio, de esos que dejan sequito á un hombre!

+ +

—Ese mayordomo...—murmuró el de los guantes, fijando la vista en +Trampeta, como si quisiera preguntarle algo; pero se contuvo y no +prosiguió. Afortunadamente para él, Trampeta no era hombre de dejar cojo +el cuento.

+ +

—Como usted me enseña, mi amigo, donde pasan ciertas cosas siempre hay +misterios y demoniuras... ¿Usted conoce al marqués? Bueno: pues entonces +ya sabe usted que vivía... mal arreglado, ó enredado, ó embrutecido, +como se quiera decir, con la hija de ese mayordomo que mataron... ¡y qué +moza era, me valga Dios! Como unas flores. Pues cuando el marqués +determinó de casarse con la hija del señor de la Lage...

+ +

El enguantado hizo un movimiento.

+ +

—¿También lo conoció, eh?—preguntó Trampeta.

+ +

Dijo el viajero que sí con la cabeza, y el bueno del Secretario +prosiguió:

+ +

—Pues ¿usted me entiende? la boda del{t.1-77} señorito no le hizo maldita la +gracia al truchimán del mayordomo, que tenía más conchas que un +galápago, y como no pudo vengarse de otro modo, fué, y ¿qué hizo? +Preparó las elecciones muy preparaditas, y cuando el marqués estaba +cerca de triunfar, no sé cómo judas lo amañó...

+ +

Aquí la mirada de Trampeta se hizo más oblicua y casi torva.

+ +

—En fin, que vendió completamente á su amo, lo mismo que vende uno los +cerdos en el mercado, con perdón: una jugarreta que le costó al señorito +la diputación, ni más ni menos... Y como usted me enseña... al vengativo +de Barbacana, que es más malo que la quina...

+ +

Pausa breve.

+ +

—¿Usted no sabrá quién es Barbacana? ¡Dios nos libre! Entonces era el +tirano del país; uno de esos tiranones terribles, como usted me +enseña... Ahora ya va de capa caída... los años le pesan... le tenemos +metido el resuello en el cuerpo... vaya si s{t.1-78}e lo tenemos... ¿Usted irá +á Orense? ¡pues pregúntele usted al gobernador qué apunte es +Barbacana...!

+ +

Al decir esto observaba Trampeta el rostro del enguantado, á ver si la +referencia al gobernador le producía efecto. Viendo que no, pensó para +su sayo:—No debe de ser diputado, ni cosa así.—Y añadió:

+ +

—En fin, que se cree... ¿Usted me entiende? que fué Barbacana quien... +(Ademán muy expresivo de despabilar una luz con los dedos.)

+ +

—¿Dice usted que mataron á ese hombre, al mayordomo del marqués de +Ulloa?—preguntó por fin el viajero de los guantes.—¿Y dónde, y quién y +por qué?

+ +

—¿Quién? Un satélite de Barbacana, un facineroso malhechor relajado que +se llama el Tuerto... Así que Barbacana tiene un arachita, ya anda él +muy campante por el país, metiendo miedos á todo dios... ¡Uno de tantos +escándalos! Pero ahora les hemos de atar {t.1-79}corto de vez. ¿Dónde? En un +monte, propiedad del marqués... por el día y por el sol. ¿Por qué? Pues +como dije, en venganza de que le hizo al marqués perder las elecciones.

+ +

—Y la hija de ese hombre... ¿qué ha sido de ella?—interrogó el +viajero, acariciándose la barba con la enguantada mano, para simular +indiferencia que no sentía.

+ +

—Ese es otro cantar... ¿Usted ya sabrá que el marqués enviudó de allí á +poco?

+ +

Una tristeza, una angustia profunda se grabó en el rostro del viajero. +Si Trampeta le mirase, ahora sí que vería la alteración de sus +facciones. Pero Trampeta á la sazón encendía dificultosamente el +cigarro.

+ +

—Enviudó, porque la señorita se puso tisis... Parece que le dió muy +mala vida por causa de la raida de la moza, y que andaba San Benito de +Palermo... Ella era poquita cosa; de poco estuche... Pss...

+ +

Aumentó la turbación del viajero al decir esto Trampeta, y la revelaron +visibles señales. Sus ojos, que tenían más de pensativos que de +brillantes, chispearon un momento;{t.1-80} frunció el entrecejo, y por su +frente despejada corrieron una tras otra, como olas, tres ó cuatro +arrugas bastante profundas. Respiró tan fuerte y hondo, que Trampeta, +volviéndose, le miró con mayor curiosidad aún.

+ +

—Parece que la historia le toca á este señor de cerca... Tate... Hay +que ver lo que se habla... ¡Me caso! No se me quita el vicio de ser +parlanchín.

+ +

Había amanecido del todo, disipándose la niebla; el sol doraba ya con +alegre reflejo las cimas de los árboles, las aguas de los manantialillos +que brincaban del monte á la carretera, los cristales de las casitas que +de trecho en trecho se asomaban curiosas con su cerca, sus dos manzanos, +su emparrado de vid, su meda de centeno junto al hórreo. A aquella +hora, en que el calor no hostigaba todavía á jacos ni á viajeros, y la +tierra despertaba impregnada de rocío nocturno, y el sol se bebía la +ligera brétema, no molestaría ir en la berlina, á no ser por los +ronquidos del Arcipreste, más hondos y atronadores cada vez,{t.1-81} por su +estorboso volumen, por las blasfemias del mayoral, por el olor +desagradable del forro del coche. La claridad diurna alumbraba las +facciones del viajero de los guantes, descubriendo en su barba corrida, +bien recortada y no muy recia, unos cuantos hilos de plata; en su +dentadura una mella; en sus sienes lo ralo del pelo; en sus mejillas, de +piel fina y coloración mate, la azul señal de algunos granos de pólvora +incrustados bajo el cutis. A un lado y á otro de la nariz, los quevedos +de acero que solía gastar le habían labrado una especie de surco, rojo ó +amoratado. Su mirada, intensa, dulce, miope, tenía esa concentración +propia de las personas muy inteligentes, bien avenidas con los libros, +inclinadas á la reflexión y aun al ensueño.

+ +

El cacique, en guardia contra las preguntas que se le pudiesen dirigir, +esperaba; pero pasó un rato, y el viajero nada dijo: suspiró como quien +desahoga el pecho, y limpió con el pañuelo los quevedos, cerrándolos +cuidadosamente para no romperlos.{t.1-82} Trampeta le atisbaba receloso.

+ +

—¡Borrico de mi!—pensó.—Dice que conoce al marqués... Será su amigo, +y no querrá más chismes... Aunque, don Pedro Moscoso ¡qué ha de ser +amigo de ninguna persona tan así... tan decente!

+ +

Ocupábase el viajero, después de bajarse con dificultad, en sacar de un +cestito de paja un frasco blanco, forrado también de paja hasta el +gollete, con reluciente tapadera de metal.

+ +

—Gusta usted un trago de vermut?—dijo al cacique.

+ +

—No señor... Se aprecia... Llevo anís estrellado y buen aguardiente, +que es lo mejor para el flato estando en ayunas... Pero ya maté el +gusano antes de salir...

+ +

Bebió el enguantado por un vaso oblongo, recogió todo, y desabrochando +mal como pudo las correas de su manta de viaje, tomó de dentro un libro, +amarillo, con las hojas sin cortar. Abrió como unas veinte ó treinta +sirviéndose de un cortaplumas, mirando á{t.1-83} Trampeta como en espera de que +terminaría la crónica chismográfica tan brillantemente comenzada. +Vacilaba y deseaba hablar. Se decidió por fin...

+ +

—La hija del mayordomo...—articuló.

+ +

Qué tentación tan fuerte para el cacique! Más fuerte que su virtud. Ya +no pudo contenerse.

+ +

—Pues así que murió la señora, todo el mundo pensó que el marqués se +casaba con ella... porque la muchacha tenía un chiquillo, y al marqués +le había dado por tomarle un cariño atroz, de repente... así como á la +hija verdadera, la que tuvo de su señora, no le hacía apenas caso... Y +por cuanto salimos con que la moza apareció muy prendada y en tratos con +un tal Angel, el gaitero de Naya, un buen mozo también, y jurando y +perjurando que el chiquillo era hijo del gaitero dichoso... No hubo +fuerzas humanas que la disuadiesen: que me caso, que me caso, y va y se +casa con su querido, y el marqués, {t.1-84}por no apartarse del chiquillo, los +deja seguir de criados en casa, al frente de la labranza... y le da +carrera al muchacho, y me lo trae hecho un señorito... Y unos dicen que +si esto, que si aquello, que si lo otro, que si lo de más allá... Las +lenguas, como usted me enseña, no hay quien las ate, eh? y usted, un +suponer, no va á ponerle un tapón en la boca á todos.

+ +

Al llegar aquí Trampeta, el viajero frunció las cejas otra vez. Después +de dudar un instante, dijo reposada y cortésmente:

+ +

—Con permiso de usted...

+ +

Y tomando á sus pies, de entre el lío de la manta, un libro, se puso á +leer sosegadamente, aprovechando el paso de procesión con que la +diligencia subía ¡á la cumbre, á la cumbre!

+ +

Túvose Trampeta por chasqueado. Los indicios de curiosidad é interés del +viajero prometían plática larga y tendida, de esas que de repente, en un +coche de línea, convierten en amigos íntimos á los dos indiferentes que +un cuarto de hora antes dormita{t.1-85}ban hombro contra hombro. Y héteme aquí +que ahora el compañero se ponía á leer sin hacerle más caso. Echó una +mirada sesga al libro, por si algo rastreaba: nuevo desengaño. El libro +estaba en un idioma que Trampeta no conocía ni aun para servirlo.

+ +

¿Hay hablador curioso que se resigne á no chistar, dejando en paz á los +que huyen de él refugiándose en un libro? Mil pretextos encontró +Trampeta para distraer á su vecino y llamarle la atención. Ya le +enseñaba un punto de vista, ya le nombraba un sitio, ya le bosquejaba en +pocas palabras y muchos guiños de inteligencia la historia del dueño de +alguna quinta. Fuese por cortesía ó porque le agradase, el enguantado +atendía gustoso. Cerraba el libro metiendo el dedo índice por entre dos +páginas para no perder la señal, y escuchaba, inclinando la cabeza, las +indicaciones topográficas y chismográficas del cacique.

+ +

Habrían andado cosa de tres horas, y ya el sol, el polvo y los tábanos +comenzab{t.1-86}an á crucificar á los viajeros, cuando Trampeta tiró +repentinamente de la manga al enguantado.

+ +

—Á bajarse tocan—le advirtió muy solícito como quien presta un +servicio notable.

+ +

—Decía usted?—exclamó el viajero sorprendido.

+ +

—¿No va á la finca del marqués de las Cruces? Pues aquel es el soto. +Mayoral! Para, mayoraal!

+ +

—No señor... Si no voy allí.

+ +

—Ah! Pensé.... Ha de dispensar.

+ +

La misma escena se repitió poco más adelante, en el empalme del camino +que conduce á la soberbia quinta del marqués de San Rafael. Trampeta +bien quisiera preguntar al enguantado—¿á dónde judas va entonces?—pero +con toda su petulante grosería de cacique mimado por personajes muy +conspicuos, dueño y señor feudal de un mediano trozo de territorio +gallego, y por contera y remate, mal criado y zafio desde sus años +juveniles, supo, á fuer de listo, notar en el semblante, modales y +trazas del viajero mist{t.1-87}erioso cierto no sé qué sumamente difícil de +describir, combinación de firmeza, de resolución y de superioridad, que +sin violencia rech{t.1-88}azaba la excesiva curiosidad dejándola burlada.

+ +

VI

+ +

Uno de los deleites más sibaríticos para el feroz egoísmo humano, es +ver—desde una pradería fresca, toda empapada en agua, toda salpicada de +amarillos ranunclos y delicadas gramíneas, á la sombra de un grupo de +álamos y un seto de mimbrales, regalado el oído con el suave murmurio +del cañaveral, el argentino cántico del riachuelo y las piadas ternezas +que se cruzan entre jilgueros, pardales y mirlos,—cómo vence la cuesta +de la carretera próxima, á paso de tortuga, el armatoste de la +diligencia. Hace el pensamiento{t.1-89} un paralelo (fuente de epicúreos goces, +sazonados por el espectáculo del martirio ajeno), entre aquella +fastidiosa angostura y esta dulce libertad, aquellos malos olores y +estas auras embalsamadas, aquel ambiente irrespirable y esta atmósfera +clara y vibrante de átomos de sol, aquel impertinente contacto forzoso y +esta soledad amable y reparadora, aquel desapacible estrépito de ruedas +y cristales y estos gorjeos de aves y manso ruido de viento, y por +último, aquel riesgo próximo y esta seguridad deliciosa en el seno de +una naturaleza amiga, risueña y penetrada de bondad.

+ +

No todos razonan y analizan esta impresión con lucidez; pero apenas hay +quien no la sienta y saboree. Bien la definía y paladeaba el médico de +Cebre, Máximo Juncal, entretenido en echar un cigarro, tumbado boca +arriba en un pradillo de los más amenos que puede soñar la imaginación. +El médico vestía tuina de dril y calzaba zapatos de becerro; ni cuello +ni corbata tenía; su camisa de dormir, desabotonada, no tapaba unas +clavículas duras{t.1-90} y salientes como pechuga de gallo viejo ya desplumado; +en sus manos afianzaba el último número de El Motín, donde acababa de +leer las picardigüelas de un curiana allá en Navalcarnero enviadas al +periódico por un corresponsal rígidamente virtuoso, que escribía «lleno +de indignación.»

+ +

Desde que por la carretera, bastante más elevada que el prado, vió +Juncal asomar la nube de polvo que anuncia la proximidad de un coche de +línea, interrumpió la para él sabrosísima lectura de los sueltos +clerófobos, y alzando la cabeza, entre chupada y chupada, púsose á +considerar atentamente las trazas del gran mamotreto. Oyó el repiqueteo +de los cascabeles y campanillas, tan regocijado cuando el tiro trota, +como melancólico cuando va á paso de caracol. Vió luego aparecer el +macho delantero, y á sus lomos el flaco zagal, vestido de lienzo azul, +con gorra de pelo encasquetada hasta la nuca, aletargado completamente +bajo la influencia de un sol de brasa. Manteníase sin caer del caballo +merced á un{t.1-91} milagro de equilibrio y á la costumbre de andar así, pero +lo cierto es que dormía. Dormía también el mayoral; sólo que ese ya +roncaba cínicamente, espatarrado en el pescante, con la bota casi +desangrada bajo el sobaco, el mango de la tralla escurriéndosele de la +mano, los carrillos echando lumbre y colgándole de los labios un hilo de +baba vinosa. Y dormitarían los caballos del tiro, si se lo permitiesen +los encarnizados y fieros tábanos y las pelmas de las moscas, +infatigables en lancetarles la piel. Los infelices jacos se estremecían, +coceaban, sacudían las orejas con frenesí, se mosqueaban con el rabo, y +solían arrancar al trote, creyendo huir de la tortura.

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—Bueno va—pensó en alto el médico, riéndose sin pizca de +compasión.—El tiro campa por su respeto. Y apenas va cargado el coche! +No entiendo cómo no vuelca todos los días.

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En efecto, desde lejos era el aspecto de la diligencia sumamente +alarmante. La base de la caja parecía angostísima en relación con{t.1-92} la +cúspide, que la formaba una inmensa vaca ó imperial agobiada con +cuádruple peso del que razonablemente admitía. Por todas partes emergían +de la polvorienta cubierta enormes baúles, cajones descomunales, fardos +de colchones, grupos de sillas, pues la mujer del empleado trasladaba su +ajuar enterito. Del cupé, que también iba atestado de gente, sobresalían +cestos con gallinas, y más líos, y más rebujos, y más maletas, y otra +tanda de cajones. No se comprendía, al ver la penosa oscilación de la +desproporcionada cabeza del carruaje sobre las endebles ruedas, que ya +no se hubiese roto un eje, ó que la mole no se rindiese á su propia +pesadumbre. Algo que entrevió Juncal al través de los cristales de la +berlina, completó su malicioso regocijo.

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—Y para más, dentro va el Arcipreste de Loiro! Diez ó doce arrobas de +suplemento. Lo que es hoy.....

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Al pensar esto el médico, llegaba el tiro á la revuelta de un +puentecillo tendido sobre un riachuelo de mezquino caudal—el mismo{t.1-93} que +corriendo entre mimbrales y alisos regaba la pradería.—Era la revuelta +asaz rápida; el tiro, entregado á su propio impulso, la tomó muy en +corto. Juncal se incorporó, soltando un terno. No tuvo tiempo á más, +porque en un santiamén, sin saberse cómo, toda la balumba de coche y +caballos se revolvió, se enredó, se hizo un ovillo, y al sentir el peso +del carruaje, que se inclinaba con crujido espantoso, encrespáronse los +caballos, relinchando de ira y susto, irguióse la lanza por cima del +pretil del puente, y el macho delantero, con el zagal encima, y tras él +un caballo de cortas, salieron despedidos con ímpetu, haciendo plaf! +en mitad del riachuelo, lo mismo que ranas. Avínole bien á la +diligencia, que la misma fuerza del empuje rompió cuerdas y tirantes, +impidiéndole precipitarse con el resto del tiro desde una altura no +extraordinaria, pero suficiente para hacerla añicos. Su peso descomunal +la sujetó, volcada al borde del puente y recostada en él.

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Dicen personas expertas en esta clase de{t.1-94} lances, que ni los testigos +oculares, ni las víctimas, son capaces de referir puntualmente las +peripecias que se suceden en un abrir y cerrar de ojos, ni menos +recordar de qué manera, guiado por el instinto de conservación, se pone +en salvo cada quisque.

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Yacía tumbado el coche; el mayoral había despertado rodando del pescante +al suelo y abriéndose la cabeza, y sin duda por la descalabradura se le +refrescó y disipó la mona, pues ágil ya y despabilado, se emperraba en +aquietar y desenredar el tiro, metiéndose entre las bestias con +intrepidez salvaje, lidiando cuerpo á cuerpo, á coces y puñadas, con +mulas y machos, sin diferenciarse de ellos más que en las espantosas +blasfemias que escupía. En ventanillas y portezuelas fueron asomando +cabezas, brazos, hombros, hasta pies, pugnando por romper su cautiverio. +Surgieron dos estudiantes, tiraron por la moza, y la sacaron arrastro; y +como se empeñase en recoger sus quesos, vociferaron y la desviaron á +empellones. La empleada salió{t.1-95} pálida como la cera, apretando +silenciosamente al niño que lloraba sin consuelo; luego el notario, +echando venablos; y por la portezuela de la berlina, poco menos amarillo +que la empleada, saltó Trampeta con una mano sangrando de la cortadura +de un cristal. Los del cupé, gente aldeana, descendían aturdidos de +sorpresa. En el mismo instante llegaba Juncal, á todo correr, al pie de +la diligencia volcada.

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—¿Qué es eso, hombre? ¿qué es eso?—preguntó á Trampeta.

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—Ya lo ve, Máximo... Hoy nacimos todos...—respondió el cacique sin +poder hablar del susto.—Míreme aquí, hom, si tengo cortada la vena...

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—Qué vena ni qué caracoles... Acudir á los que quedan dentro, hombre... +¿Queda alguien? A ver...

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Con ayuda de los estudiantes, tenía ya el mayoral casi apaciguado el +tiro, y sólo le faltaba reducir á una mula que, habiéndose cogido la +cabeza entre dos correas, á fuerza de patear se empeñaba en ahorcarse. +El médico{t.1-96} miró hacia el fondo de la berlina. Salía de allí un ahogado y +entrecortado ronquido, tan hondo como el registro más grave de un +órgano; y el médico vió á un viajero de buenas trazas metido en la ardua +faena de mover la masa gigante del señor Arcipreste, y empujarla hacia +la portezuela. Momentos antes Máximo Juncal se sentía animado de los más +siniestros propósitos contra la Iglesia en general y el clero diocesano +en particular; pero la vista del lastimoso cuadro le ablandó las +entrañas, que más que dañadas tenía curtidas por la hiel de un +temperamento bilioso, y sin hacer caso de la herida de Trampeta, que +éste liaba con el pañuelo, acudió en auxilio del viajero enguantado, á +quien veía de espaldas, llamando al notario para refuerzo.

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—Empújelo usted hacia acá... Yo tiraré por la pierna... ¡Eh! señor +escriba, aguante usted aquí... coja este pie... así... quietos... ya +pasó un muslo... ¡Arráncate nabo! Ey... que me hundo, que me hundo! +¡Apuntáleme, escriba de los demonios!{t.1-97}

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Salió en vilo, sostenida por los puños de Juncal y los fuertes brazos +del notario, la mole del desventurado Arcipreste, que dormido durante la +catástrofe, no comprendía lo que pasaba, y se veía con sus compañeros de +viaje encima, y una astilla de la destrozada caja hincándosele en un +costado. Tal fué su estupor, que se le cortó el habla, y sólo exhalaba +sordos ronquidos de agonía. Apareció hecho una lástima, con el rostro +amoratado y congestionado, en desorden los venerables cabellos blancos, +la cabeza y manos no ya temblonas, sino perláticas, y el balandrán roto. +Juncal torció el gesto, y falló para sí:

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—A sus años, esto echa á un hombre á la sepultura.

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El caritativo viajero salió á su vez; tiempo era ya. De la brega tenía +destrozados los guantes y descompuesto el traje; con los esfuerzos, se +le había coloreado la tez y animado el rostro, quitándole, como suele +decirse, diez años de encima, ó mejor dicho revelando su verdadera edad, +más alrededor de los{t.1-98} treinta y pico que de los cuarenta. Aproximósele +Juncal muy solícito, y al fijar los ojos en él, se echó atrás admirado.

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—Usted dispense...—pronunció.—¡Soy capaz de aventurar algo bueno á +que es usted de la familia de la difunta señora de Ulloa, doña Marcelina +Pardo!

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El viajero se sorprendió también.

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—Su hermano para servir á usted—contestó.—¿Tanto me parezco?

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—Facción por facción, no señor: pero el aire, es una cosa, como dicen +aquí, escupida... Con que es usted...

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—Gabriel Pardo de la Lage, para lo que usted guste mandar. No cree +usted que ahora convendría...

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—Lo que conviene es que todos los pasajeros se vengan á Cebre, y allí +se curarán los heridos, y los asustados tomarán un trago y un bocado +para tranquilizarse... Al mayoral y al zagal les mandaremos gente que +ayude á enderezar el coche, y á llevar los caballos á la cuadra, que +falta les hace también... A {t.1-99}bien que en Cebre ya de todas las maneras +tenían que mudar tiro... Hay herrero que empalme la lanza rota, y +carpintero que eche un remiendo á la caja... El coche no ha sufrido +grandes desperfectos... Fue más el ruido que las nueces... El que tenga +que curar algo, á mi casa enseguidita... ¿Usted ha salido ileso, señor +de Pardo?

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—Noto un dolor en este codo... Alguna rozadura.

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—Veremos... Usted no se va á la posada, que se viene á mi choza... +Espero en Dios que podrá usted seguir el viaje.

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—Mi propósito era bajarme en Cebre. Y en efecto me he bajado, sólo más +aprisa de lo que pensé.

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Sonrióse al decir esto, y Juncal le encontró «templado» y simpático. La +caravana se puso en marcha: los estudiantes, de los cuales sólo uno +tenía un chichón en la frente, iban locuaces y jaraneros, metiendo á +barato el percance; la moza, antecogiendo su cestilla de quesos, que al +fin había logrado rescatar; la muj{t.1-100}er del empleado cargada con su rorro, +que se abría á puros llantos, sin que la madre le diese más consuelo que +decirle—calla que se lo hemos de contar á papá... á papaíto,—Trampeta +con la mano liada, seguro ya de no desangrarse y nuevamente cebada la +curiosidad al saber que el enguantado viajero era el propio cuñado del +marqués de Ulloa; el notario de Cebre, tan arrimadito á la moza chata, +como la moza á sus quesos; y el Arcipreste, cogido del brazo de Juncal, +flaqueándole las piernas, temblándo{t.1-101}le el cuerpo todo, gimiendo y +resoplando.

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VII

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Los que no tenían casa ni amigos en Cebre, hubieron de dar con sus +molidos cuerpos en el mesón que allí toma nombre de fonda; el Arcipreste +fué á pedir hospitalidad á su correligionario el cacique Barbacana; y al +viajero de los guantes, ó sea don Gabriel Pardo, se lo llevó consigo el +médico, sin permitir que se cobijase bajo otro techo sino el suyo, +porque desde el primer instante le había entrado el cuñado del +marqués,—y cuenta que no simpatizaba fácilmente con las personas el +bueno de Juncal.{t.1-102}

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Agasajó á su huésped lo mejor que pudo y supo, diciéndole á cada rato +que su señora estaba ausente, pero volvería dentro de un ratito, y +entonces se sentarían á hacer penitencia. A pesar de las ideas +avanzadísimas de Juncal, que con la revolución se habían acentuado aún +más en sentido anticlerical y biliosamente demagógico, guardóse bien de +informar á don Gabriel de que la susodicha señora (nombre con que se +llenaba la boca), había sido una panadera de las famosas del pueblo de +Cebre: cierto que la de más almidonadas enaguas, limpias medias, +rollizos mofletes y alegres y churrusqueiros ojos que tenía el país. +Por sus muchos pecados, tropezó Juncal en aquel dulce escollo desde su +llegada á Cebre, y al fin, después de unos cuantos años de +enharinamiento ilícito, un día se fué, como el resto de los mortales, á +pedir al párroco la sanción de lo comenzado sin su venia. Y justo es +añadir que á su mujer, tan jovial y sencilla ahora como antes, se le +daba un ardite de la posición social,{t.1-103} y solía decir á menudo:—Cuando +yo llevaba el pan á casa de don Fulano, ó de don Zutano...—Hasta por un +resto de afición á las cosas del oficio, había persuadido á su esposo á +que adquiriese y explotase un molino, poco distante del prado en que el +médico presenció el vuelco de la diligencia. Mientras el marido leía ó +descansaba, la buena de Catuxa, que así llamaba todo Cebre á la señora +de don Máximo, era dichosa ayudando al molinero á cobrar las maquilas, +midiendo el grano, regateando la molienda á sus antiguas colegas, +charlando con ellas á pretexto del negocio, y viviendo perpetuamente en +la atmósfera de fino polvillo vegetal á que sus poros estaban hechos.

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Envuelta venía aún en flor de harina cuando entró en la salita donde la +esperaban Máximo y Gabriel; traía los brazos remangados y el pelo gris +como si se lo hubiesen recorrido con la borla impregnada, de polvos de +arroz, lo cual hacía más brillantes sus ojos, más límpido el sano carmín +de sus trigueñas{t.1-104} mejillas. Saludó sin cortedad, con expansiva lisura, y +don Gabriel por su parte empezó á tratarla con tan reverente cortesía +como á la más encopetada ricahembra; pero en breve comprendió que la +complacería mudando de tono, y hablóle con llaneza festiva, sin +renunciar por eso á mostrarse deferente y cortés. Ambos matices los notó +Juncal, que no tenía pelo de tonto, y creció su inclinación hacia el +viajero, que le parecía ahora tan discreto como caritativo antes.

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Comieron en una ancha sala con pocos muebles: Catuxa cerró casi del todo +las maderas de las ventanas, por las cuales se colaba una delgada cinta +de luz, y ofreció á cada convidado una rama de nogal con mucho follaje, +para que mientras comían no se descuidasen en espantar las moscas. No +hizo ascos á la comida don Gabriel, y alabó como se merecían algunos +platos muy gustosos, los pollitos tiernos aderezados con guisantes, las +sutiles mantequillas trabajadas en figura de espantable culebrón, con +ojos de azabach{t.1-105}e y una flor de borraja hincada de trecho en trecho en +el escamoso lomo. Tales primores gastronómicos revelaron á don Gabriel +que la señora de Juncal trataba bien á su marido y le hacía grata la +vida: así era en efecto, moral y físicamente, y por humillante que +parezca esta confusión de fuerzas tan distintas, el genio apacible y las +mantequillas suaves de Catuxa influían á partes iguales en sosegar la +bilis del médico.

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Mientras duró el festín, Juncal y su huésped hablaron mucho del lance +del vuelco, del escándalo de que menudeasen tanto, de que en no multando +á las empresas, éstas hacían su gusto, riéndose de quejas de viajeros y +piernas rotas. Informóse don Gabriel de los antecedentes de su curioso +compañero de viaje, y al referirle Juncal algunas de sus caciquescas +hazañas, se rió recordando la indignación con que Trampeta condenaba en +Barbacana otras muy parecidas. A los postres, notó el médico que su +huésped parecía molestado{t.1-106}, aunque haciendo esfuerzos para disimularlo.

+ +

—¿Usted no se encuentra bien?

+ +

—No es nada... Parece como si este brazo se me hubiese resentido un +poco; me cuesta trabajo moverlo. No se apure usted ahora... Cuando nos +levantemos de la mesa tendrá la bondad de reconocérmelo, á ver qué ha +sido.

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Quería Juncal verificarlo al punto, mas el huésped afirmó que no valía +la pena de darse prisa, y el médico en persona preparó el café con una +maquinilla de espíritu de vino, mientras Catuxa subía de la bodega una +botella de ron muy añejo, guarnecida de telarañas. Tal regalo fué, como +suele decirse, pedir el goloso para el deseoso; porque si bien don +Gabriel no se negó á gustar el rancio néctar, el caso es que Juncal le +hizo la razón con tanta eficacia, que se bebió de él casi la mitad. +Siempre había sido Juncal, aun en tiempos en que no se le caía de la +boca la higiene, grande amigo del licor de la Jamaica; pero, desde que +se unió en santo vínculo á Catuxa, la ignorante panadera le{t.1-107} obligó á +practicar lo que predicaba, cerrando bajo siete llaves el ron y +dándoselo por alquitara, ó en ocasiones muy singulares, como la +presente.

+ +

Alzados los manteles, retiráronse Juncal y don Gabriel al despacho del +primero, donde había estantes de libros profesionales, una cabeza +desollada y asquerosísima, con un ojo cerrado y otro abierto, que +representaba el sistema venoso, estuches y carteras de lancetas y +bisturíes, y no pocos números del Motín y Las Dominicales rodando +por sillas, pupitre y suelo. Despojóse don Gabriel de su americana de +paño gris á cuadros; desabrochó el gemelo de su camisa y la levantó para +mostrar el brazo lastimado. Lo palpó Juncal, se lo hizo mover, y observó +concienzudamente, por las manifestaciones del dolor, de qué índole y en +qué punto residía la lesión. Dos ó tres veces notó en el semblante del +viajero indicios de que reprimía un ¡Ay! Con seriedad é interés le +dijo:

+ +

—No repare usted en quejarse... Estam{t.1-108}os á saber qué le duele, y cuánto +y cómo.

+ +

—Si he de ser franco—respondió sonriendo don Gabriel—me escuece unas +miajas. Se conoce que al tratar de mover á aquel buen señor de +Arcipreste, todo el peso de su cuerpo y del mío juntos cargó sobre este +brazo, que hacía fuerza en la delantera de la berlina... Será una +dislocación del hueso.

+ +

—No señor; creo que no tiene usted nada más que un tendón relajado, +aunque el pronóstico de esta clase de lesiones es muy aventurado +siempre, y se lleva uno cada chasco, que da la hora. Si usted fuese un +labriego...

+ +

—¿Qué sucedería?

+ +

—Se lo voy á decir á usted con toda franqueza, por lo mismo que estoy +hablando con una persona que me parece altamente ilustrada....

+ +

—Por Dios...

+ +

—No, no, mire usted que tengo buena nariz, y ciertas cosas se conocen +en el olor. Pues lo que haría si usted fuese uno de esos que andan +arando, sería llamar á un at{t.1-109}ador ó algebrista, de los infinitos que +hay por aquí....

+ +

—Curanderos?

+ +

—Componedores; son al curandero lo que al médico el cirujano operador. +Justamente aquí cerca tenemos uno, el más famoso diez leguas en +contorno, que hace milagros. Cuando yo llegué de la Universidad, llegué +lleno de fantasía, y me enfadaba si me decían que los algebristas pueden +reducir una fractura sin dejar cojo ó manco al paciente; después me fuí +convenciendo de que la naturaleza, así como es madre, es maestra del +hombre, y que el instinto y la práctica obran maravillas.... Con cuatro +emplastos y cocimientos, y sobre todo con la destreza manual, que esa +raya en admirable...

+ +

Decía todo esto Juncal mientras aplicaba compresas empapadas en árnica y +vendaba el brazo de don Gabriel.

+ +

—Creo—respondió el paciente—que usted habla así por lo mismo que +domina su arte y no teme competencias. No todos los médicos pensarán +como usted en ese punto...{t.1-110}

+ +

—Pensar, tal vez, pero no quieren confesarlo; hasta los hay que +persiguen de muerte á los algebristas. Los más encarnizados aún no son +los médicos, sino los veterinarios,—porque los atadores curan +indistintamente á hombres y animales, no reconociendo esta división +artificial creada por nuestro orgullo. Eh?

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El médico miró á don Gabriel como reclamando su aquiescencia á este +rasgo de osadía científica. Don Gabriel sonrió. Se había terminado la +cura, y bajaba la manga para vestirse otra vez.

+ +

—Y decir—murmuraba el médico ayudándole á pasar un brazo por una +manga—que se ha llevado usted ese barquinazo por meterse á redentor de +un hipopótamo de cura,..... de un parroquidermo! Suerte tuvo en dar con +usted. Yo lo dejo allí en escabeche para toda su vida.

+ +

Esto lo insinuaba Juncal con la secreta esperanza de provocar al viajero +á espontanearse en política, para saber cómo pensaba y tene{t.1-111}r el gusto +de discutir; pero se llevó chasco, pues don Gabriel no se dió por +aludido, contentándose con hacer un leve ademán, que podía +significar:—Usted y cualquiera persona regular obraría como yo.

+ +

—Ahora—ordenó Máximo—procure usted no hacer con ese brazo movimiento +alguno, pues estas lesiones las cura la paciencia. Quietud y más +quietud.

+ +

—¡Qué diablura!—exclamó don Gabriel incorporándose.—El caso es que +para montar á caballo, tendré sin remedio que usar de él... Porque es el +izquierdo.

+ +

—Bah! Las caballerías de aquí, lo mismo se rigen con la derecha que con +la zurda. Mejor dicho, con ninguna de las dos. Ellas hacen lo que les da +la real gana, y salen disparadas así que ven una hembra, y muerden, y +bailan el walse, y otros excesos.... ¿A dónde quería usted ir? Si no es +indiscreción.

+ +

—De ninguna manera. Tengo que ir á la rectoral de Ulloa, y después á +los Pazos, á casa de... mi cuñado.{t.1-112}

+ +

En el rostro del médico se pintó un segundo la irresolución, el temor de +sobrar ó faltar que tanto acucia á los que llevan mucho tiempo de +vida campestre, sin trato que pueda llamarse social. Al fin se +determinó, y dijo con cordialidad suma:

+ +

—Don Gabriel, no me creerá tal vez, pero desde que le ví me ha +inspirado simpatía... vamos, yo soy así; soy muy raro; hay gentes que no +me llenan nunca, y usted me llenó incontinenti... Estoy con usted ya +como si le hubiese tratado toda la vida... No le pondero... Soy franco, +y lo que ofrezco lo ofrezco de corazón... Hoy es muy tarde ya para ir á +donde usted quiera; ni tampoco conviene que mueva el brazo, al menos en +las primeras veinticuatro horas. Ya que está en mi pobre choza, tenga la +dignación de quedarse en ella. Sábanas lavadas y cena limpia, no le han +de faltar. Mañana por la fresca, después que descanse, le doy mi +yegüecita, que la gobernará con la punta de un dedo, cojo otra hacanea, +y le acompaño hasta la rectoral de Ull{t.1-113}oa... ó hasta el cabo del mundo, +si se precisa!

+ +

No era don Gabriel hombre capaz de contestar con mil y tantos +cumplimientos á una improvisación semejante. Tomó la diestra del médico, +la apretó, y dijo con sencillez afectuosa:

+ +

—Aquí me quedo, amigo Juncal... Y crea usted que doy por bien empleado +el percance.

+ +

Sintió Juncal que se ponía colorado de placer... Para disimular la +emoción, echó á correr hacia la puerta, gritando:

+ +

—Catalina.... Catalina!... Esposa.... Catalina!

+ +

Presentóse la lozana panadera, de mandil blanco lo mismo que en sus +buenos tiempos, con el pelo alborotado y una sonrisa complaciente en su +bermeja y apetecible boca.

+ +

—Prepararás la cama en el cuarto del armario grande... Don Gabriel nos +hace el favor de se quedar esta noche.

+ +

La sonrisa del ama de casa fué al oirlo más alegre todavía; sus ojos +chispearon, y pronunció con el acento gutural y{t.1-114} cantarín de las +muchachas de Cebre:

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—De hoy en un año vuelva á quedarse, señor, y que sea con salú.

+ +

Tray un pañuelo de seda, mujer...—murmuró su esposo.—Hay que +hacerle un sostén para el brazo malo.

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Con prontitud y no sin gracia se quitó Catuxa el que llevaba á la +garganta, que era carmesí con lista negra, y ella misma lo ató al cuello +del forastero, diciendo mimosamente, con suavidad del todo galiciana:

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—¿Queda así á gustiño, señor?

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Don Gabriel agradeció sonriendo. El diminutivo, el calor de la seda que +había estado en contacto con la piel de la arrogante moza, le produjeron +el efecto de una caricia del país natal, á donde volvía por vez prim{t.1-115}era +después de una ausencia muy prolongada.

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VIII

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El cuarto que dió Juncal á su huésped era en la planta baja, cerca del +comedor, y tenía puertecilla de salida á una especie de patio ó corral, +donde por el día escarbaba media docena de gallinas á la sombra de un +emparrado. Don Gabriel, al retirarse después de una cena no menos +regalada que la comida, sintió deseo de respirar el aire fresco de la +noche; apagó la vela, y alzando el pestillo se encontró en el corral. +Sentóse en el banco de piedra entoldado por la parra, y encendiendo un +papelito y recostándose en la pared, tibia aún del sol de todo el día, +empezó á mirar {t.1-116}á la oscuridad. La cual era completa, intensísima, sin +que la disipase estrella alguna; una de esas noches como boca de lobo, +en que le parece á uno más infinito el espacio, más alto é inaccesible +el cielo, y la tierra menos real, pues al perder sus apariencias +sensibles, sus variadísimas formas y colores, diríase que se funde y +desvanece, sin que en ella quede existente más que nuestra imaginación +soñadora.

+ +

En aquellas remotas y negras profundidades nada vió al pronto don +Gabriel, pero al poco rato, fuese merced á los generosos espíritus del +añejo ron de Juncal, ó á que era para don Gabriel uno de esos momentos +en que hace crisis la vida del hombre, y éste se da cuenta exacta de que +entra en un camino nuevo y el porvenir va á ser muy diferente del +pasado, comenzó á alzarse del oscuro telón de fondo una especie de +niebla mental, una nube confusa, blanquecina primero, rojiza después, y +en ella se delinearon y perfilaron cada vez co{t.1-117}n mayor claridad escenas +de su existencia.

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Primero se vió niño, en un gran caserón de un pueblo triste, pero no en +brazos de su madre, pues no recordaba haberla conocido jamás, sino en +los de otra niña casi tan chica como él. Aquella niña era pálida; tenía +los ojos grandes y negros, y algo bizcos; solía estar malucha; pero, +sana ó enferma, no se apartaba una línea de él. Acordábase de que le +llamaba mamita, y la hacía rabiar y desquerer con sus travesuras. Un +recuerdo sobre todo estaba fijo en su mente. Además de la niña pálida, +vivían en el caserón otras niñas sonrosadas, enredadoras y alegres, que +le trataban con menos blandura, y aun le cascaban las liendres con el +menor pretexto. Un día—podría tener entonces Gabriel cinco años,—se le +había ocurrido entrar en el cuarto de la mayor de sus hermanas, Rita, la +cual poseía un canario domesticado que cantaba á maravilla y á quien +llamaban el músico. Gabriel se moría por el canario, y soñaba siempre +con imitar á Rita: sacarlo de la jaula,{t.1-118} montarlo en el dedo, darle +azúcar, y que se pusiese á redoblar y trinar allí. ¡Era tan gracioso +cuando meneaba la cabecita á derecha é izquierda, cuando se sacudía +erizando las plumas de oro! Para lograr su deseo, aprovechaba la ocasión +de un domingo por la mañana: todo el mundo estaba en misa: momento +decisivo y supremo. Escurríase al cuarto de su hermana, y divisaba la +jaulita de alambre azul balanceándose ante la vidriera, con su hoja de +lechuga entre los hierros, y el pájaro que saltaba de la varilla +central, descendía al comedero á triturar un grano de alpiste, y vuelta +á la varilla. Contempló ansiosamente el lindo avechucho. ¿Cómo llegarle? +Ocurriósele una idea luminosa. Poner una silla sobre la cómoda de su +hermana. Mi dicho, mi hecho. Colocarla más ó menos trabajosamente, +trepar, encaramarse, echar mano al garfio que sujetaba la jaula, todo se +hizo en un verbo. Sólo que la silla, mal afianzada no conservó el +equilibrio al inclinarse Gabriel, y ¡oh dolor! cuando ya tenía en sus +manos{t.1-119} el deseado músico, pataplín! se fué de cabeza al suelo, jaula +en mano, desde una regular altura. Recibió el golpe en la frente, y +quedóse breves momentos aturdido. Al recobrar los espíritus se encontró +con que tenía asida la jaula por la argolla... La jaula sí: pero el +músico? Gabriel miró hacia todas partes, y al pronto nada vió, ó por +mejor decir, vió algo que le paralizó de terror: en una esquina, el +gatazo de la casa, tendido en postura de esfinje que acecha, contemplaba +inmóvil un punto de la estancia... Gabriel siguió la dirección de +aquellas pupilas de esmeralda, y divisó al músico, todo anhelante aún +del golpe y del susto, hecho un ovillo entre los pliegues del cortinaje +que cubría la vidriera.... El niño perdió completamente la sangre fría, +y loco de miedo, púsose á hacer lo más conveniente para el gato: sacudir +la cortina y espantar al pajarillo. El aturdido músico revoloteó un +momento, dió contra los cristales de la ventana, y dolorido y exánime, +vino á caer sobre la almohada de la cama{t.1-120} de Rita.... Horror!.... el +gato en acecho pega un brinco de tigre.... ¡Adiós, musica!

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Gabriel, como Caín después de matar á su hermano, había corrido á +esconderse al cuarto más oscuro de la casa, en que se guardaban baúles y +trastos, y donde no tardó en descubrirle Rita al volver de misa y +encontrarse con la jaula por tierra y algunas plumas amarillas, +espeluznadas y sanguinolentas, revoloteando sobre su lecho...—Pícaro, +infame! te he de desollar vivo, muñeco del demonio! te he de estirar las +orejas hasta que sangren!—Los oídos de Gabriel apenas pudieron recoger +el sonido de estas ternezas, porque al mismo tiempo diez deditos recios +y furiosos le tiraban con cuanta fuerza tenían de las orejas... Y luego +pasaban á los carrillos, escribiendo allí los mandamientos, y después +bajaban á parte que es ocioso nombrar, y se daban gusto con la mejor +mano de azotaina que recuerdan los siglos; y en pos las uñas, por no +quedar desairadas, se ejercitaron en pellizcar y retorcer la carne, ya +hecha una{t.1-121} amapola, hasta acardenalarla de veras, y en seguida, sin +darle al culpable tiempo ni á gritar, le asieron de las muñecas, le +llevaron arrastrando al desván, le metieron allí, echaron la llave... Al +punto mismo se oyó en la puerta el altercado de dos vocecillas, y en pos +la brega de dos cuerpos... Giró la llave otra vez, y la mamita pálida, +la hermana protectora, entró anhelante, desgreñada y victoriosa, cogió +en brazos á su niño, lo arrebató á su cuarto, lo curó, lo calmó, se lo +comió á besos y á caricias....

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¡Qué ojeriza le profesó desde aquel día Gabriel á la hermana mayor! +¡Cómo se acostumbró á envolverse en las faldas de la pequeña, hasta que +fué adquiriendo su autonomía al desarrollársele el vigor masculino, con +el cual, á los diez ó doce años podía más él solo que lo que llamaba +despreciativamente el gallinero de sus hermanas!

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Se veía concurriendo al Instituto de segunda enseñanza, aprendiéndose +por la noche de malísima gana la conferencia que había{t.1-122} de dar al día +siguiente, y merced á la fuerza y precisión con que se nos presentan +ciertos recuerdos, en la negra inmensidad nocturna veía destacarse, como +en el cristal de un claro espejo, al estudiantino inclinado sobre el +libro enfadoso, dando tormento con nerviosa mano á los mechones de pelo +que le caían sobre la frente, ó pintando soldados con fusil al hombro y +barcos y todo género de monigotes sobre el margen de las páginas, +mientras torturaba la memoria para incrustar en ella por ejemplo, los +pretéritos y supinos de la segunda conjugación, moneo, mones, monere, +monui, mónitum, avisar... que los compañeros de clase se apuntaban unos +á otros de esta manera: mono, mona, monitos, monitas, micos... Al +recordar semejantes puerilidades, se sonreía don Gabriel... ¡Cuántas +veces recordaba haberse levantado y llamado á su hermana!

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—Nucha, tómame la lección, que me parece que ya la sé.

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Luego una impresión imborrable: la march{t.1-123}a de Santiago, el ingreso en el +colegio de artillería de Segovia, los días terribles de la novatada, +la sujeción al galonista, el llanto de furor reconcentrado que le +abrasó las pupilas cuando por primera vez tuvo que limpiarle y +embetunarle las botas... Y siempre el recuerdo de su hermana, para la +cual, más bien que para su padre, se hizo fotografiar apenas vistió, +radiante de orgullo y alegría, el uniforme del cuerpo, y de la cual +hablaba á sus primeros amigos de colegio con tal insistencia y +exageración, que alguno de ellos, sin conocerla, se puso á escribirle +cartitas amorosas que leía á Gabriel... Luego, la confusión abrumadora +de los primeros estudios serios, de las matemáticas sublimes, de tanta +abstrusidad como tenían que meterse en la divina chola para los +exámenes... Ahora que Gabriel reflexionaba acerca de tales estudios y +mentalmente pasaba lista á sus compañeros de academia, maravillábase +pensando que de aquella hueste nutrida desde sus tiernos años con tanta +trigonometría rectilínea, {t.1-124}tanta álgebra y tanta geometría del espacio, +no había salido ningún portentoso geómetra, ningún autor de obras +profundas y serias, ni siquiera ningún estratégico consumado, y al +contrario, por regla general, apenas se encontraba compañero suyo que al +terminar la carrera se distinguiese por algún concepto, ó rebasase del +nivel de las inteligencias medianas... Mucho caviló sobre el caso don +Gabriel, y vino á dar en que la balumba algebraica, el cálculo, las +geometrías y trigonometrías se las aprendían los más de memoria y +carretilla, á fuerza de machacar, para vomitarlas de corrido en los +exámenes; que los alumnos salían á la pizarra como sale el +prestidigitador al tablado, á hacer un juego de cubiletes en que no toma +parte el entendimiento; y que esta material gimnasia de la memoria sin +el desarrollo armonioso y correlativo de la razón, antes que provechosa +era funesta, matando en germen las facultades naturales y apabullando la +masa encefálica que venía á quedarse como un higo paso.{t.1-125} Todo esto se le +había ocurrido á posteriori. En el colegio estaba lleno su corazón de +esa buena fe absoluta de los primeros años de la vida, y ni soñaba en +discutir las opiniones admitidas y las fórmulas consagradas: creía +cuanto creían sus compañeros, viviendo persuadido como ellos de que +ciertos profesores eran pozos de ciencia, aunque no se les conocía lo +bastante, por encontrarse un tantico guillados del abuso de las +matemáticas... Con el pundonor innato que le obligaba en Santiago á +repasar de noche la lección, Gabriel se aplicó á aprender todas aquellas +diabluras del programa, y como su inteligencia era sensible y fresca su +retentiva, adelantó, adelantó... Recordaba, no sin cierta lástima de sí +mismo, que había hecho unos estudios brillantes. Le alabaron los +profesores, despertósele la emulación, no perdió curso...

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Sólo hubo una temporada, poco antes de salir á teniente, en que atrasó +bastante, poniéndose á dos dedos de ser perdigón. Fué {t.1-126}al recibir la +noticia de la muerte de su mamita, su hermana Nucha... Se la escribió su +padre en persona, cosa que no ocurría sino en las ocasiones solemnes, +pues el hidalgo de la Lage no se preciaba mucho de pendolista. Gabriel +recordaba que en el primer momento sólo había sentido un asombro muy +grande al ver que semejante desgracia no le producía más efecto. Con la +carta abierta en la mano, miraba en torno suyo, pasando revista á todos +los muebles del gran dormitorio artesonado, contando los hierros de las +camas. Hasta recordaba haber acabado de abrocharse los botones de la +levita de uniforme, faena interrumpida cuando llegó la carta fatal. +Luego, de repente, daba dos ó tres pasos vacilantes, sepultaba el rostro +en la almohada de su lecho, y empezaba á llorar á gotitas menudas, +rápidas, que se le metían entre el naciente bigote y de allí se le +colaban á los labios, con un sabor tan amargo!

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¡Su pobre mamita! ¡Con qué vanidad le había él enviado su retrato; con +qué orgullo había comprado, de sus economías, una so{t.1-127}rtija de oro para +regalársela en su boda! ¡Qué admiración gozosa, unida á unos asomos de +infantiles celos, había sentido al saber que su hermana tenía una +chiquilla... ¡Monada como ella! ¡Una chiquilla! Y ahora... fría, +callada, apagados aquellos dulces y vagos ojos, metida en un ataúd, +muerta, muerta, muerta!

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Bien seguro estaba de no haber querido probar bocado en dos días, ¡Cómo +le mortificaban los consuelos de sus compañeros y amigotes! Eran bien +intencionados, eso sí; pero indiscretos, inoportunos, fuera de sazón, +como suelen ser los afectos en la zonza é ingrata edad de la +adolescencia. Empeñábanse en divertirlo, en llevárselo al café, ó á ver +una compañía de zarzuela... ¡De zarzuela! Gabriel necesitaba un médico. +A los ocho días se le declaraba una fiebre nerviosa, en la cual le +contaron que había delirado con su mamita, diciendo que quería irse +junto á ella, al cielo ó al infierno, donde estuviese... Pronto +convaleció, y quedó más fuerte y más{t.1-128} hombre, como si aquella fiebre +hubiera sido la solución de una crisis lenta de pubertad tardía, acaso +retrasada por estudios prematuros... Salió á teniente, y recordaba el +orgullo de los galones y el de un hermoso bigote castaño, ya poblado, +que se propuso no afeitar nunca.

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Pasó de la academia al siglo con la entidad moral que imprimen los +colegios de carreras especiales, y señaladamente el de artillería: +segunda naturaleza, de la cual sólo se desprenden, andando el tiempo, +los que poseen gran espontaneidad ó cierto instinto crítico, y que +sobrevive aun en los que se retiran, aun en los mismos que reniegan de +la carrera y manifiestan que les causa hondo hastío el uniforme... +Volviendo atrás la vista, Gabriel se asombraba de ser aquel muchacho que +salió del colegio tan artillero, tan imbuído de ciertas altaneras +niñerías que se llaman espíritu de cuerpo, tan convencido de la inmensa +superioridad del arma de artillería sobre todas las demás del ejército +español y aun del{t.1-129} mundo, y en particular tan arisco, tan dado á esa +cosa particular que en el cuerpo llaman la peña, tendencia mixta de +orgulloso retraimiento y de feroz insociabilidad, que en él llegaba al +extremo de pasarse tres horas en la esquina de una calle de Segovia, +atisbando el momento en que saliesen de su casa unas señoras á quienes +su padre le ordenaba visitar, para cumplir con dejarles una tarjeta en +la portería.

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¡Y que apenas era él entonces reaccionario, como los demás individuos +del noble cuerpo! Sentía un odio profundo hacia las ideas nuevas y la +revolución, la cual justo es decir que se hallaba en su más desatentado +y anárquico período. Lo que Gabriel no le perdonaba á la setembrina +maldecida, era el haberle echado á perder su España, la España histórica +condensada en su cabeza de estudiante asiduo y formal, una España épica +y gloriosa, compuesta de grandes capitanes y monarcas invictos, cuyos +bustos adornaban el Salón de los Reyes en el Alcázar. Gabr{t.1-130}iel se tenía +por heredero directo de aquellos héroes acorazados, esgrimidores de +tizona. Arrinconados el montante y la espada, la artillería era el arma +de los tiempos modernos. ¡Qué de ilusiones y de fermentaciones locas +producía en Gabriel el solo nombre de batalla! Á la idea de barrer a +cañonazos un reducto enemigo, le parecía no caberle el corazón en el +pecho, y un frío sutil, el divino escalofrío del entusiasmo, le serpeaba +por la espina dorsal. En esta disposición de ánimo le incorporaban á una +batería montada y le enviaban á la guerra contra los carlistas en el +Norte....

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Quince días á lo sumo recordaba que duraron sus fantasías heroicas. No +eran aquellas las marciales funciones que había soñado. Si en las rudas +montañas de Vasconia no faltaban las fatigas propias de la vida militar, +los fríos, los calores, el agua hasta el tobillo, la nieve hasta media +pierna, las raciones malas y escasas, el dormir punto menos que en el +suelo, la ropa hecha girones, cuanto{t.1-131} constituye el poético aparato de +la campaña, en cambio no veía Gabriel el elemento moral que vigoriza la +fibra y calienta los cascos; no veía flotar la sagrada bandera de la +patria contra el odiado pabellón extranjero. Aquellas aldeas en que +entraba vencedor, eran españolas; aquellas gentes á quienes combatía, +españolas también. Se llamaban carlistas, y él amadeísta: única +diferencia. Por otra parte la guerra, aunque civil, se hacía sin saña ni +furor; en los intervalos en que no se disparaban tiros, los +destacamentos enemigos, divididos sólo por el ancho de una trinchera, se +insultaban festivamente, llamándose carcas y guiris; también se +prestaban pequeños servicios, pasándose El Cuartel Real y El +Imparcial de campo á campo; y en los frecuentes ratos de tregua, +bajaban, se hablaban, se pedían fuego para el cigarro, y el teniente de +artillería guiri fraternizaba muy gustoso con los oficiales carcas, +tan buenos mozos y tan elegantes y marciales con sus guerreras orladas +de astracán, á cuyo lado izquierdo lucía el{t.1-132} rojo corazón del detente, +y sus boinas con borla de oro, gentilmente ladeadas. A menudo hasta le +sucedía á Gabriel dudar si el deber y la patria estaban del lado acá ó +del lado allá de la trinchera. A pesar de las burlas con que sus +compañeros acogían los pepinillos carlistas, en el campamento se +contaban maravillas de la improvisada artillería de don Carlos, +organizada en un decir Jesús, por un par de oficiales que habían +ingresado en sus filas y algunos cabos y sargentos listos; cosa que +inducía á Gabriel á pensar que no se necesitaban tantas matemáticas de +colegio para santiguar al enemigo á cañonazos. Sí; Gabriel cumplía con +su obligación; pero sin calor ni fe. Batirse, corriente, para eso vestía +el uniforme; otra cosa que no se la pidieran. Un casco de metralla +saltaba los sesos á su asistente, aragonés más cabal que el oro, á quien +Gabriel profesaba entrañable cariño, y su muerte le causaba la impresión +de haber presenciado un aleve asesinato, más bien que un episodio +bélico.{t.1-133}

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Entre la oscuridad nocturna, Gabriel Pardo sonreía á la reminiscencia de +un recelo que le apretó mucho por entonces. Al encontrarse tan frío en +medio de las escaramuzas, al conocer que le hastiaba la guerrilla y la +tienda, recordó que se había interrogado á sí mismo con un miedo +atroz... de tener miedo.

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—¿Si seré un cobardón? ¿Si tendré la sangre blanca?

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Al ver cómo le felicitaban unánimemente los jefes y los compañeros por +su serenidad, comprendió que lo que padecía era atrofia del +entusiasmo. Y así le cogió la disolución del cuerpo de artillería por +decreto revolucionario. Casi se alegró. Ya no tenía cariño al uniforme. +Y sin embargo, todavía el espíritu de cuerpo le dominaba. Le cruzó por +las mientes irse al campo carlista, y no lo hizo, porque los compañeros +habían determinado «aguardar, estar á ver venir.» Se fué á Madrid, +hospedándose en casa de unos parientes encumbrados, un título primo de +su madre.

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¡Cuántos recuerdos se le agolpaban! La{t.1-134} noche oscura parecía poblarse de +estrellas y constelaciones, de centelleos misteriosos.... Gabriel sentía +una impresión, frecuente en las personas á quienes la viveza de la +fantasía y de la sensibilidad hacen pasar, durante una existencia +relativamente corta, por muchas y muy variadas fases psíquicas. +Admirábase del cambio producido en él por aquellos meses de residencia +en Madrid, y al mismo tiempo, se sorprendía ahora de lo que se había +realizado en él entonces, y no creía ser la misma persona, sino evocar +la historia de otro hombre. Él no fué ni pudo jamás el brillante y +frívolo mancebo á quien tan especiales agasajos y tan lisonjera acogida +dispensaron las damas de alto copete, que le obsequiaban por oficial del +cuerpo hostil á la Revolución y por hidalgo provinciano, pero de vieja +cepa, de veintitantos abriles y gallarda figura. ¡Cuán dulces bromas le +habían sido disparadas entonces por risueños labios, recalcadas por el +guiño semi-altanero y semi-picaresco de algunos flecheros ojos de rica +hembra, á propósito de{t.1-135} su afición á la peña, entonces erigida en +sociedad reaccionaria, ojalatera del alfonsismo! Gabriel en el fondo se +sentía muy peñasco, igual que antes, y abominaba de saraos y visitas +de cumplido, de andar poniéndose el frac y el ramito en el ojal, de +saludos en la Castellana y bailes por todo lo fino; pero el asunto es +que iba, iba, iba, seguía yendo, arrastrado por una blanca mano cuya +piel suave le causaba mareos deliciosos..... Era una viuda, hermana de +la mujer de su primo, en cuya casa vivía; hermosa hembra de treinta y +tantos, dotada de ingenio, oro y blasones... Gabriel no había tenido +sino aventuras de alojamiento ó de días de salida en Segovia. Volvióse +loco, y un día, con la mente y la sangre caldeadas, habló de bodas, para +asegurar hasta el fin de la vida la dicha actual... Se le rieron +blandamente, y como insistió, le pusieron de patitas fuera del paraíso. +¡Qué crujida, Dios! Gabriel, al pensar en ella, se admiraba de su +juventud, de su sincera pasión y de sus románticos desvaríos. Lo de{t.1-136} +menos era no dormir, no comer, sufrir abrasadora calentura, beber y +jugar para aturdirse.... ¿Pues no se le ocurrió cierta mañana mirar con +ojos foscos y extraviados un par de pistolas inglesas?... Aquello sí que +tuvo gracia! discurría hoy el hombre de pelo ralo acordándose de las +fogosidades del teniente...

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El caso es que con el desengaño amoroso, se había vuelto más peñasco que +nunca. Por entonces, apartado ya del gran mundo y de sus pompas y +vanidades, sin que le quedase más rastro que los buenos modales +adquiridos, ese baño delicadísimo que sobre la corteza brusca del +tenientillo recién salido de la academia derrama el trato con damas y el +ingreso familiar en círculos selectos—baño permanente cuando se recibe +en la primera juventud—empezaron para Gabriel estudios libres que se +impuso á sí propio. Convencido de que podía beber bastante alcohol sin +emborracharse, y de que la embriaguez en él jamás era completa, +dejándole siempre cierta lucidez dolorosa; de que el fatal tapete +{t.1-137}verde no le divertía, y de que las mujeres, no queriéndolas mucho, le +eran casi indiferentes, se dió á la lectura por recurso, y en ella +encontró la deseada distracción, y la convalecencia de aquella herida al +parecer tan profunda, y que en realidad no pasaba de la epidermis.

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Con los libros sí que se había emborrachado de veras. Eran obras de +filosofía alemana, unas traducidas al francés, otras en pésimo y bárbaro +castellano. Pero Gabriel, más reflexivo que artista, más sediento de +doctrina que de placer, no se entretenía con la forma; íbase al fondo, á +la médula. Las matemáticas del colegio le tenían divinamente preparado +para las peliagudas ascensiones de la metafísica y las generosas +quintesencias de la ética. Eran sus actuales estudios lo que el riego á +la planta tierna cuyas raíces penetran en terreno bien cultivado y +removido ya. La inteligencia de Gabriel se abría, comprendiendo períodos +enrevesados y diabólicos, y lisonjeaba su orgullo el que los d{t.1-138}emás +afirmasen no poder entender semejante monserga. Sus nuevas aficiones le +pusieron en contacto con muchos jóvenes, prosélitos de la entonces +flamante y boyante escuela krausista. Y resolvió que él era kantiano á +puño cerrado, pero sin aplicar el método critico del maestro, como +entonces se decía, más que á las cosas de la ciencia; para las de la +vida se agarró con dientes y uñas á la ética de Krause. No sólo renegó +de las aventuras, los naipes y el absintio, sino que empezó á aquilatar +con más que monjiles escrúpulos la trascendencia y móvil de sus menores +actos, á tener por grave delito el asistir á una corrida de toros ó á un +baile de máscaras. Ponía cuidado especial en que no saliese de sus +labios ni siquiera una mentira oficiosa, en no defraudar á nadie, en +vivir de tal manera que sus acciones fuesen claras como el agua, +honradas y serias... ¡La seriedad sobre todo!... Por las noches hacía +examen de conciencia; por las mañanas elevaba, al despertarse, el +pensamiento á Dios—al Dios impersonal y{t.1-139} sin entrañas! Reprimidos los +impulsos y ardores juveniles por la especie de fiebre filosófica que le +abrasaba dulcemente el cerebro, sentía en las iglesias, á donde asistía +con frecuencia suma, impulsos místicos, ternuras inexplicables, ganas de +llorar, y entonces se creía íntimo con el sér...

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¿Cuánto había durado? ¿Cuánto? Las cosas políticas se encrespan; la +demagogia y el cantonalismo escupen fuego y sangre; los carlistas +medran, pululan, brotan por todas partes con armamento y municiones; +Castelar llama á los artilleros; Gabriel duda, recela, se alarma ante la +perspectiva de verter sangre humana; por fin sus nuevas ideas liberales +y una carta de su padre le deciden; va otra vez al Norte. Rodéanle sus +antiguos amigos; en la maleta del teniente vienen sin duda la +Analítica, la Crítica del juicio, la Crítica de la razón pura, la +Teoría de lo infinito; pero á la primer marcha forzada, á la primer +bocanada de aire montañés, al primer encuentro, á la primer tertulia en +la tienda de campaña, parécel{t.1-140}e que entre él y los maestros de su +entendimiento se interpone una muralla, un velo oscuro, y que en su alma +se derrumba, sin saber cómo, un edificio vasto. Y con el bienestar +físico que producen el ejercicio y la actividad después de una vida +contemplativa y sedentaria; y la reacción violenta, propia de los +temperamentos nerviosos y los caracteres impresionables, á los pocos +días el teniente no se acuerda de Kant, da al diablo los Mandamientos +de la humanidad, y muy á gusto se deja arrastrar á las distracciones +del compañerismo, á los lances de la campaña y los episodios de +alojamiento. La guerra se hace ya con más empuje, en vista del +desaliento y merma de las fuerzas carlistas: Gabriel bate el cobre con +fe, persuadido de que el orden y la libertad están en las negras +entrañas de los cañones de su batería; fraterniza con bandidos +contra-guerrilleros, lee con afán los periódicos políticos, vive de +acción y de lucha, y todas las {t.1-141}mañanas se levanta determinado á salvar +á España... España le había dado en cambio la efectividad de capitán. +Mas el golpe de Estado de Pavía y luego la proclamación de don Alfonso, +que tanto alegraron á todo el noble cuerpo, le cortaron las alas del +espíritu á Gabriel Pardo, que era republicano teórico y andaba entonces +vuelto tarumba por un orden de cosas muy recto y sensato, al modo sajón. +Al otro día de recibir el grado de comandante, viendo la guerra próxima +á su fin, desilusionado más que nunca y sin gusto para pelear, recordaba +haber tomado el camino de la corte.

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¡Qué vida tan sosa al principio la suya! Mal visto entre sus compañeros +á causa de sus opiniones políticas; sin trato con sus antiguas +relaciones; sin ánimos para volver á sepultarse en los libros de +metafísica que eran hoy para él lo que la envoltura de la oruga cuando +ya voló la mariposa, sintió de repente, convirtiendo los ojos hacia sí +mismo, que no le quedaba en lo más íntimo sino descreimiento {t.1-142}y +cansancio. Quién ó qué le había demostrado la inanidad de sus +filosofías? Nadie. La fe no se destruye con razones: es error imaginar +que hay argucia que eche abajo un sentimiento. La fe es como el +amor—bien lo advertía Gabriel.

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¿Hay en el mundo del pensamiento algún asidero firme?—discurrió +entonces. Casualmente empezaban las corrientes positivistas: hablábase +de realidades científicas, de doctrinas basadas en hechos de +experimentalismo. El comandante se propuso estudiar á fondo alguna +ciencia, como se estudian las cosas para saberlas de verdad, y adquirir +la suspirada certeza. Tenía un amigo, ex-profesor de geología en la +Universidad, de donde le expulsara el decreto de Orovio. Se puso bajo su +dirección, y consagró seis horas diarias á trabajos de pormenor. Hacía +unos cortes en las piedras y luego se desojaba mirándolos al +microscopio. Se cansó á cosa de medio año. La certeza consabida, por las +nubes. Encontraba relaciones lógicas y armoniosas entre lo creado, leyes +impuestas á la materia por{t.1-143} voluntad al parecer inteligente, dependencia +y conexión en los fenómenos; pero el enigma seguía, el misterio no se +disipaba, la sustancia no parecía, la cantidad de incognoscible era la +misma siempre. Gabriel tenía sobrada imaginación para sujetarse á la +severa disciplina científica sin esperanza ni objeto, y fueron +disminuyendo sus visitas al laboratorio de su amigo. ¿Y no había otra +razón?.... Pues, á decir verdad....

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Muy aficionado á la música, Gabriel estaba abonado á una butaca del +Real—tercer turno. Resplandecía el regio coliseo con la animación que +le prestaba la buena sociedad ya completa y la restaurada monarquía: y, +más que teatro, parecía elegante salón cuajado de beldades. Al lado de +Gabriel sentábanse un machucho brigadier de artillería y su joven +esposa, deidad murciana, de árabes ojos, que á cada acorde de la música, +ó á cada nota de los amorosos dúos, se posaban en los del comandante, +deteniéndose un poco más de lo necesario. El brigadier, fumador{t.1-144} +empedernido, no recelaba salir en los entreactos dejando á su esposa +bajo la salvaguardia del subalterno. ¡Bendito señor, pensaba Gabriel, y +cómo lo hizo Dios de confiado! Á lo mejor el brigadier fué destinado á +Filipinas, y partió llevándose á su cara mitad. Gabriel, medio loco, +según su costumbre en casos tales, habló de pedir el traslado... la +hermosa brigadiera se negó, afirmando que su marido ya tenía sospechas, +que el viaje era celosa precaución, y que si se encontraba con el +comandante llovido del cielo en Manila, habría la de Dios es Cristo. Y +el enamorado la vió partir sin que nublase aquellos ojazos de terciopelo +la humedad más leve... No, lo que es de esta vez, el comandante no hacía +memoria de haber pensado en suicidios, pero cayó en misantropía amarga, +rabiosa y prolongadísima que paró en un ataque de ictericia de los de +padre y muy señor mío. Destinado á Barcelona... ¡qué temporada la que +pasó en la ciudad condal! ¿Cómo es posible aburrirse tanto y quedar con +vida? A enfrascarse{t.1-145} otra vez en los libros: no de filosofía ya, sino de +ciencia militar, estudiando las propiedades formidables de las materias +explosivas que nuestro siglo refina y concentra á cada paso, lo mismo +que si el objeto supremo de tanto adelanto, de tanto progreso, fuese una +conflagración universal. A leerse cuanto encontró sobre el asunto en +revistas alemanas é inglesas, encargando obras especiales, y escribiendo +dos ó tres artículos en que lo resumía y exponía con bastante claridad, +publicados en los periódicos y que le valieron ser citado como una +gloria del cuerpo. Por más señas que entonces fué cuando se le chamuscó +la cara probando pólvora, y se le metieron unos cuantos granos en la +mejilla. Ocurrióle la idea de gestionar que le diesen una comisión para +el extranjero; la consiguió, viajó por Francia, Alemania, Inglaterra, +países que él creía cifra y compendio de la civilización posible. Al +pronto, impresión pesimista: Francia era una gran tienda de modas, +Alemania un vasto cuartel,{t.1-146} Inglaterra un país de egoístas brutales y de +hipócritas noños. Pero al regresar á España, al notar el dulce temblor +que sólo las almas de cántaro pueden no sentir en el punto de hollar +otra vez tierra patria, mudó de opinión sin saber por qué: echó de menos +el oxigenado aire francés, y le pareció entrar en una casa venida á +menos, en una comarca semi-salvaje, donde era postiza y exótica y +prestada la exigua cultura, los adelantos y la forma del vivir moderno, +donde el tren corría más triste y lánguido, donde la gente echaba de sí +tufo de grosería y miseria... Al acercarse á Madrid y atravesar los +páramos que lo rodean, al subir por la cuesta de Areneros, al ver las +calles estrechas, torcidas, mal empedradas, el desanimado comercio, al +oir el canturrear de los ciegos y el pregón de la lotería, pensó +encontrarse en uno de esos prehistóricos poblachones de Castilla, +fosilizados desde el tiempo de los moros... Madrid! Ese era Madrid... +esa era España... la España sa{t.1-147}nta de sus ensueños de adolescente!

+ +

Empezó á hablar, mejor dicho, á perorar donde quiera que encontraba +auditorio, proponiendo una campaña activísima, especie de coalición de +todos los elementos intelectuales del país, á fin de civilizarlo é +impulsarlo hacia senderos donde no quería el muy remolón sentar el +pie... Un día, en el Centro militar, al caer la tarde, Gabriel +sorprendió un diálogo de sofá á butaca.

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—¿Y el comandante Pardo?—preguntaba el sofá.—¿Le ha visto usted desde +que ha llegado de su excursión por tierras de extrangis?

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—Ayer me le encontré en la Carrera...—respondía la butaca.

+ +

—¿Y qué cuenta? ¿Viene entusiasmado?

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—¿Entusiasmado? Decidido á que crucen por doquier caminos y canales. +Siempre dije yo que se guillaba; pero ahora, me ratifico. Sonámbulo. +Chifladísimo.

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—De remate—confirmó el sofá.

+ +

No hizo falta más para que el gran{t.1-148} reformador entrase á cuentas consigo +mismo.—¿Será cierto, Gabriel? ¿Serás tú un chiflado, un badulaque que +se mete á arreglar lo que no entiende, que todo lo intenta y de todo se +cansa, y que se acerca ya á la madurez sin encontrar ancla donde amarrar +el bajel de la vida? Soldadito de papel, ¿cuántos caballos te han matado +ya? Pero, ¿es culpa tuya si esos caballos no los montas frescos, sino +rendidos y exánimes? ¿Has pedido tú tantas gollerías? Verbigracia: ¿qué +le pediste al amor? Sinceridad y firmeza: qué diantre! tú ibas derecho +al término de la pasión, que se sobrepone y debe sobreponerse á +intereses mezquinos... Y á la filosofía, á la ciencia? Certidumbre: una +regla moral para seguirla, un Dios en quien creer, á quien elevar el +alma. Y al uniforme que vistes, y á la patria á quien sirves, y á las +convicciones políticas que profesas? Un ideal á quien sacrificar todas +las energías, todo el calor que te sobraba... ¡Vive Dios! Que á cada +cosa le pedías tú lo justo, lo que puede y debe contener, y nada más. +¿Es culpa tuya{t.1-149} si el amor es distracción frívola, la ciencia nombre +pomposo que disfraza nuestra ignorancia trascendental y la política +farsa más triste y vil que toda?

+ +

Al llegar á esta parte de sus recuerdos autobiográficos, alzó Gabriel la +vista al cielo, como buscando huellas del poder augusto que rige nuestro +destino terrestre. Y eso que él sabía que aquel gran espacio oscuro que +le envolvía por todas partes no era más que el firmamento astronómico, +con sus millares de millares de soles, de planetas, de mundos chicos y +grandes...

+ +

¿Tendrán razón los que creen que andan las almas viajando por +ahí?—pensaba, al acordarse de la muerte de su padre. Por cierto que no +la había sentido con la misma fuerza que la de su hermana, porque +Gabriel y don Manuel Pardo eran naturalezas que no simpatizaban: +pertenecían á dos generaciones muy diversas, y en realidad no se +entendían; con todo, vino el dolor natural y justo, pues {t.1-150}siempre hace +su oficio la sangre. Bastante abatido llegó Gabriel á Santiago... Y +apenas hubo puesto el pie en el caserón solariego—ya suyo,—de los +envejecidos muebles, de los cuadros cuyo asunto tenía clavado en la +memoria, de las cortinas de apagado color, de los rincones familiares, +se alzó radiante, amorosa, poetizada por la muerte y la distancia, la +imagen, no de su padre, sino de su hermana Marcelina, la mamita, la +única mujer que con desinteresado amor le había querido; y aquellas +lágrimas que un día lloró el alumno, el mancebo colegial, subieron ahora +más que á los párpados, al corazón de Gabriel, derramándose en benéfico +rocío. Recorrió toda la casa: buscaba en ella no sé qué; tal vez un +fantasma—el del tiempo pasado! El caserón estaba solitario, triste, sin +otros moradores que una criada antigua, cuyas perezosas chancletas, así +como el hálito de un cascado reloj de pared, era lo único que pugnaba +con el alto silencio de los salones y corredores vacíos. Ninguna de las +tres hermanas que tenía vivas Gabriel había {t.1-151}acudido allí para +acompañarle: todas estaban casadas, la menor mal, con un estudiante de +medicina, hoy médico de un partido; la otra con un hidalgo rico de la +montaña; la mayor con un ingeniero andaluz, con quien residía en una +provincia distante. Gabriel escudriñaba todas las habitaciones, tocaba +con una especie de devoción y de pueril curiosidad los objetos que por +allí andaban diseminados. En el que fué cuarto de su mamita encontró +detrás del tocador horquillas, una caja de polvos, un alfiler grueso: lo +manoseó todo: probablemente sería de ella. Sobre la cabecera del +difunto don Manuel campeaba un ramo de pensamientos trabajado en pelo +negro, encerrado en un marco de madera oscura: abajo decía en letrita +cursiva y muy regarabateada: Nucha á su querido papá. Gabriel pegó los +labios al cristal, besando religiosa y lentamente la reliquia. Después +se dejó caer en una butaca que tenía los muelles rotos, vencidos del +enorme peso de don Manuel Pardo de la Lage, y s{t.1-152}us meditaciones tomaron +un giro inusitado.

+ +

¿Cómo no se le habría ocurrido antes? ¿Por qué, hasta que circunstancias +fortuitas le arrojaron al hogar viejo, no le cruzó por las mientes idea +tan sencilla... perogrullada semejante? ¿Es posible que se pase un +hombre la vida con la linterna de Diógenes en la mano, buscando sendas y +probando derroteros, cuando la felicidad le está prevenida en el +cumplimiento de la ley natural? La esposa, el hijo, la familia; arca +santa donde se salva del diluvio toda fe; Jordán en que se regenera y +purifica el alma.

+ +

Varias veces había notado don Gabriel la irresistible tendencia de su +imaginación viva, ardorosa y plástica, á construir, con la vista de un +objeto, sobre la base de una palabra, un poema entero, un sistema, una +teoría vasta y universal, llegando siempre á las últimas y extremas +consecuencias: propensión que le explicaba fácilmente los muchos +desengaños sufridos y aquello que llamaba él caérsele muertos los +caballos. {t.1-153}Le sucedía también que la experiencia no le enseñaba á +cautelar, y cada nueva construcción la emprendía con igual lujo y +derroche de ilusiones y esperanzas. En la vieja poltrona paterna, ante +la cama de dorado copete donde tal vez había venido al mundo, comenzó á +edificar un palacio conyugal, sintiendo el tiempo perdido y lamentando +no haber caído antes en la cuenta de que todo sujeto válido, todo +individuo sano é inteligente, con mediano caudal, buena carrera é +hidalgo nombre, está muy obligado á crear una familia, ayudando á +preparar así la nueva generación que ha de sustituir á ésta tan +exhausta, tan sin conciencia ni generosos propósitos.

+ +

—Yo no soy un chiflado—pensaba don Gabriel, respirando sin percibirlo +por la herida.—Yo soy víctima de mi época y del estado de mi nación, ni +más ni menos. Y nuestro destino corre parejas. Los mismos desencantos +hemos sufrido; iguales caminos hemos emprendido, y las mismas esperanzas +quiméricas nos han agitado. ¿Fué estéril todo?{t.1-154} ¿Hemos perdido malamente +el tiempo? ¿Sentenciados vivimos á no producir ni fundar cosa alguna? +Cansados, sí, porque el cansancio sigue á la lucha; pero ¿no hemos +aprendido, ni progresado nada? Yo, sin ir más lejos, ¿soy el mismo que +cuando salí del colegio? ¿No ha ganado algo mi educación externa desde +qué frecuenté el gran mundo? El suceso de mis amoríos malogrados ¿no me +curó y preservó de ilícitos y torpes devaneos? Aquellos libros que no me +dieron la certeza, ¿por ventura no me cultivaron y ensancharon el +entendimiento, no me hicieron más recto, más tolerante y más reflexivo? +Mis sueños de gloria militar, mis rachas políticas, ¿no sirven, cuando +menos, para probarme á mí mismo que aspiro á algo superior, que me +intereso por mi raza y por mi patria, que siento y que vivo? No, +Gabriel, lo que es de eso no hay por qué arrepentirse. Y á no ser por +tus años de peregrinación y aprendizaje, ¿valdrías hoy para fundar casa, +para contribuir en la medida de tus fuerzas á {t.1-155}la regeneración de la +sociedad y á la depuración de las costumbres... para formar á tus +hijos... ¡si Dios...!

+ +

Cuando el nombre divino surgía, ya que no de los labios, del espíritu +del comandante, iba el crepúsculo lento de una tarde del mes de Mayo +difuminando los objetos y haciendo más melancólica la soledad del vacío +dormitorio paternal. Sintió Gabriel que el corazón se le llenaba de +ternura, y no sabiendo cómo desahogarla, llamó cariñosamente á la +decrépita servidora, y en tono festivo, en voz casi humilde, pidióle que +trajese luz.

+ +

Así que la bujía quedó colocada sobre la cómoda de su padre, fijáronse +los ojos de Gabriel en el antiguo mueble, muy distinto de los que hoy se +construyen. La cubierta hacía declive, y recordaba Gabriel que al +abrirse formaba un escritorio, descubriendo una especie de templete con +columnas, y múltiples cajoncitos adornados de raras herrajes, que +ocultaban secretos. ¡Secretos! De {t.1-156}niño, esta palabra le infundía +curiosidad rabiosa y una especie de terror... ¡Secretos! Sonrióse, sacó +del bolsillo un llavero, probó varias llavecicas.... Una servía.... Cayó +la cubierta, y los dedos impacientes de Gabriel empezaron á escudriñar +los famosos secretos de la cómoda, cual si en ellos se encerrase algún +escondido tesoro... Los buenos de los secretos no tenían mucho de tales, +y cualquier ratero, por torpe que fuese, lograría como Gabriel hacer +girar sobre su base las dos columnas del templete, y poner patente el +hueco que existía detrás. Calle... pues había algo allí. Rollos de +dinero.... Los deshizo: eran moneditas de premio, Carlos terceros y +cuartos, guardados sin duda por su padre para evitarles la ignominia de +la refundición... Y allá, en el fondo, muy en el fondo, un papel +amarillento ya por las dobleces, atado con una sedita negra... +Maquinalmente lo cogió, lo abrió, rompió la sedita. Cayó una sortija de +oro con perlas menudas, y vió Gabriel, cuyo corazón literalmente +brincaba contra la carne del pecho,{t.1-157} que el papel era una carta, escrita +con tinta ya descolorida, y letra no muy suelta. Sus ojos, vidriados por +un velo de humedad, leyeron casi de una ojeada:—«Querido papá, felicito +á usted los días; sabe Dios quien vivirá el año que viene; hágame el +favor, si me empeoro, de darle á mi hermano Gabriel la sortijita +adjunta, y que mucho me acuerdo de él y le quiero; que si yo llego á +faltar, ahí queda mi niña. Usted y él no dejarán de mirar por ella: +moriré tranquila confiando en eso...»—Una lágrima, una verdadera +lágrima, redonda y rápida en su curso, se precipitó sobre la firma—«Su +amante hija, Marcelina Pardo.»

+ +

El comandante apoyó el papel contra los ojos al esconder la cara en las +manos, y se reclinó en la cómoda, vencido por uno de esos terremotos del +corazón que modifican las actitudes y las elevan á la altura trágica sin +que lo advirtamos nosotros mismos... Pasados quince minutos, alzó la +frente, con una firme resolución y una promesa.

+ +

La mis{t.1-158}ma que repetía ahora á la majestuosa noche.

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IX

+ +

Tan enamorado estaba Juncal de las buenas trazas y discreción de su +huésped, que al día siguiente quiso entrarle en persona el chocolate, +varios periódicos, un mazo de tolerables regalías y una calderetilla con +agua caliente por si acostumbraba afeitarse. No le maravilló poco +encontrar á don Gabriel ya en pie, calzado y vestido. ¡Qué madrugador! +¡Y en ayunas! ¿Qué tal el brazo? ¿Preferiría don Gabriel el chocolate en +la huerta, debajo de los limoneros? Don Gabriel dijo que sí, que lo +prefería.{t.1-159}

+ +

Razón llevaba en ello, porque la mañanita estaba fresca, el azahar +trascendía á gloria, y sobre la rústica mesilla de piedra encandilaba +los ojos y excitaba el paladar la vista de la bandeja con el pocillo de +Caracas, la pella de manteca recién batida, que aún rezumaba suero, el +vaso de agua serenada en el pozo, el pan de dorada corteza y las +lengüetas rubias de los bizcochos finamente espolvoreados de azúcar.

+ +

—Su señora de usted es una gran ama de casa—observó jovialmente don +Gabriel al sorber el último residuo del aromático chocolate.—Nos trata +á cuerpo de rey. Es increíble el gusto con que se come en el campo, y +qué bien sabe todo. Parece que se le quitan á uno diez años de encima.

+ +

Con efecto, fuese por obra del campo ó por otras causas, semejaba +remozado el huésped de Juncal.

+ +

—¿Usted quiere ir esta tarde á casa del cura de Ulloa, sin falta? ¿No +sería mejor descansar otro diita en mi choza?{t.1-160}

+ +

—Me urge, amigo Juncal. Pero si usted por esa ojeriza que profesa al +clero no quiere acompañarme...—murmuró don Gabriel risueño, limpiándose +los bigotes con encarnizamiento, á fuer de hombre pulcro.

+ +

—¿Quién? ¿yo? ¿á casa del cura de Ulloa? ¡Por vida del chápiro verde! +Si todos fuesen como ese... me parece que acabaría por volverme beato.

+ +

—No todos pueden ser iguales, señor don Máximo, usted bien lo sabe.

+ +

—Mire usted, natural sería que el clero... Digo, creo que les tocaba +dar ejemplo á los demás.

+ +

—El clero es el reflejo de la sociedad en que vivimos. No estamos ahora +en los primeros siglos del cristianismo—replicó con cierta malicia +discreta don Gabriel mirando á Juncal que echaba lumbres con un eslabón +para darle mecha encendida, pues á causa del viento y de las caminatas, +el médico había proscrito los fósforos.

+ +

—Ríase usted de cuentos...{t.1-161} Bien gordos y repolludos andan los tales +parrocetáceos—refunfuñó Máximo empleando el vocabulario peculiar del +Motín—á cuenta de nuestra bobería... Más tocino tiene el Arcipreste +encima de su alma, que siete puercos cebados.

+ +

—Pues en realidad, la profesión es de las menos lucrativas que hoy se +pueden seguir. ¿Por ambición, quién diablos va á hacerse clérigo? Amigo, +seamos razonables. Antaño, decir canónigo era decir hombre de vida +regalona y riñón cubierto; hogaño el canónigo á quien le alcanza el +sueldo para comer principio y llevar manteos decentes, se tiene por +dichoso. Un cura de aldea es un pobre de solemnidad: cuando más, llegará +á donde llegue un labriego acomodado: á tener la despensa regularmente +abastecida; y eso, para un hombre que recibió cierta instrucción y tiene +por consecuencia necesidades que no tiene el labriego.... ya usted +ve.... Esto lo sabrá usted mejor que yo, porque hasta ahora mi carrera +me mantuvo alejado de Galicia.{t.1-162}

+ +

—¿Es usted artillero, señor don Gabriel?

+ +

—Para servir á usted.

+ +

—Por muchísimos años. ¿Grado?

+ +

—Comandante efectivo. Hoy excedente, á petición mía. Convénzase usted: +al clero no le podemos exigir tantas cosas.

+ +

—Pero usted también sabe de sobra... ¿porque usted habrá viajado? ¿eh?

+ +

—Sí, he estado algún tiempo en el extranjero.

+ +

—En otras partes, la ilustración, la moralidad...

+ +

—Moralidad... Sí... Pero el hombre es hombre en todas partes. El clero +protestante, en Inglaterra por ejemplo, alardea de muy moral; sólo que +un vicario protestante, en resumidas cuentas, es un hombre casado, un +empleado con buen sueldo y respetadísimo; ¿qué ha de hacer? ¿Tendría +usted disculpa si incurriese en algún desliz, amigo Juncal, con esa +bella, complaciente y hacendosa mitad, y esta dorada medianía que goza? +Y además toma usted un chocolate... ¡Cuántas{t.1-163} veces habrá usted echado +en cara á los frailes la afición á chocolatear! ¡Pues lo que es usted... +no se descuida!

+ +

Dijo esto don Gabriel golpeando familiarmente en el hombro del médico, +porque veía á éste colgado de su boca y oyéndole como á un oráculo, y no +quería poner cátedra. Sucedíale á veces avergonzarse del calor que +involuntariamente tenían sus palabras al discutir ó afirmar, y para +disimularlo recurría á la ironía y á la broma. Juncal se extasiaba +encontrando tanta sencillez y llaneza en aquel hombre cuya superioridad +intelectual, social y hasta psíquica le había subyugado desde el primer +instante.

+ +

—Vamos—pensaba para su capote,—que aunque fuese mi hermano no estaría +más contento de tenerle aquí. Y todo cuanto dice me convence... No sé +disputar con él, ¡qué rábano!—Echóse el sombrero atrás con un +papirotazo del dedo cordial sobre la yema del pulgar, ademán muy suyo +cuando quería explicar detenidamente alguna cos{t.1-164}a, y añadió:—Mire +usted, así que conozca al cura de Ulloa y le compare con los demás... Se +quita la camisa por dársela á los pobres: no alza los ojos del suelo: +dicen que hasta trae cilicio... Apenas quiere cobrar á los feligreses ni +oblata, ni derechos, ni nada, y su criado (porque ese no entiende de +amas ni de bellaquerías) está que trina, como que les falta á veces +hasta para arrimar el puchero á la lumbre.

+ +

—Bien, ese ya es un santo—repuso Gabriel.—¡Si abundase tal género, +qué mayor milagro! Pero en general, ¿qué va usted á exigirle, señor don +Máximo, á una clase tan mal retribuída? ¿Que instrucción, dice usted? +¿Sabe usted lo que cuesta la carrera de un seminarista? Una futesa, +porque si costase mucho, la Iglesia no podría sostenerlos... +Instrucción! ¿Dónde se recluta la clase sacerdotal? Entre los labriegos +ó los muchachos más pobres de las poblaciones. La clase media, que es la +cantera de que se extraen hoy los sabios, buena gana tiene de enviar al +seminario sus hijos.... Los manda á las{t.1-165} universidades, y de allí, si +puede, al Parlamento, caminito del Ministerio, ó al menos del destino +pingüe...... En las clases altas, por milagro aparece una vocación al +sacerdocio: ¡los tiempos no son de fe! La aristocracia es devota, mas no +lo bastante para producir otro duque de Gandía. Y los pocos que se +inclinan á la Iglesia, van á las órdenes, en particular á los jesuítas. +Así y todo, nuestro episcopado, señor de Juncal, le aseguro á usted que +compite con cualquiera de Europa, en luces y en piedad... Y nuestro +clero parroquial, aunque algo atrasado y díscolo, posee virtudes y +cualidades que no son de despreciar.

+ +

—Es usted...—preguntó Juncal con la cara más afligida del mundo—es +usted.... neocatólico, por lo visto.

+ +

—No, nada de eso—respondió apaciblemente Gabriel.—Soy, platónicamente +hablando, avanzadísimo; tengo ideas mucho más disolventes que las de +usted solamente... Pero ¡qué limoneros tan hermosos!{t.1-166}

+ +

Tomó una rama y respiró con delicia los cálices blancos, de pétalos +duros como la cuajada cera.

+ +

—Estoy encantado con mi tierra, don Máximo... Es de los países más +poéticos y hermosos que se pueden soñar. Yo no conocía ni esa parte de +Vigo, tan pintoresca, tan amena, ni esto de aquí; y lo poco que ya he +visto, me seduce... El suelo y el cielo, una delicia; el entresuelo... +gente amable y cariñosa hasta lo sumo; las mujeres parece que le +arrullan á uno en vez de hablarle.

+ +

—¿Mecha otra vez?

+ +

—Gracias, no fumo más. ¿Vamos á saludar á la señora? Aún no le hemos +dado los buenos días.

+ +

—Catalina apreciará tanto... Pero á estas horas.... va en el molino, +de seguro. Así que alistó el chocolate, le faltó tiempo para recrearse +con aquel barullo de dos mil diablos que arman las parroquianas...

+ +

Una mariposilla blanca, la vanesa de las coles que abundaban por allí, +vino {t.1-167}revoloteando á posarse en el sombrero de Juncal. Don Gabriel +tendió los dedos índice y pulgar entreabiertos, para asirla de las alas. +La mariposa, como si olfatease aquellos amenazadores dedos, voló con +gran rapidez, muy alto, entre la radiante serenidad matutina. Don +Gabriel la siguió con los ojos estirando el pescuezo, y el médico reparó +en lo bien cuidada (sin afeminación) que traía la barba el comandante. +Cada pormenor acrecentaba la simpatía en el médico, que estancado en la +cultura de los años universitarios, arrinconado en un poblachón, +olvidado ya, á fuerza de bienestar material y de pereza mental, de sus +antiguas lecturas científicas, y sus grandes teorías higiénicas, +conservaba no obstante la facultad de respetar y admirar, en un grado +casi supersticioso, cuando veía en alguien la plenitud de circulación y +el oxígeno intelectual que él había ido perdiendo poco á poco. Además, +¡era tan cortés, resuelto, despejado y afable aquel señor!

+ +

Gabriel permanecía con los ojos me{t.1-168}dio guiñados, como cuando seguimos un +objeto distante. Sin embargo, la mariposa había desaparecido hacía +tiempo. El artillero se volvió de repente.

+ +

—Don Máximo, ¿me hará usted el favor de contestar francamente á varias +preguntas que tengo que hacerle?

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—Señor de Pardo, por Dios... Me manda y yo obedezco. En cuanto le pueda +servir....

+ +

—Pensaba entenderme con el abad de Ulloa; pero por la descripción que +usted me hace de él, temo... ¿cómo diré?... temo que sea uno de esos +seres angelicales, pero inocentes y pacatos, que no le sacan á uno de +dudas... y que además, por lo mismo que son buenos, conocen mal á la +gente que les rodea. (A medida que hablaba don Gabriel, aprobaba más +enérgicamente con la cabeza el médico, murmurando—por ahí—por ahí!) +Usted es un hombre inteligente y honrado, Juncal...

+ +

Ruborizóse éste como se ruborizan los morenos, dorándosele la piel hasta +por las sienes,{t.1-169} y con algo atragantado en la nuez, murmuró:

+ +

—Honrado... eso sí... Me tengo por honrado, señor don Gabriel. Tanto +como el que más.

+ +

—Pues yo fío en usted enteramente. Sepa que he venido aquí con objeto +de casarme...

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Abrió Juncal dos ojos tamaños como dos aros de servilleta.

+ +

—....Con mi sobrina, la señorita de Moscoso.

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—La señorita de Moscoso?—exclamó el médico apenas repuesto de la +sorpresa.—¿Qué me dice, don Gabriel? La señorita Manolita? No sabía ni +lo menos!

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—Ya lo creo—repuso Gabriel soltando la risa.—Como que tampoco lo +sabía yo mismo pocos días hace; ni lo sabe nadie aún. Es usted la +primera persona á quien se lo cuento.

+ +

Juncal sintió dulce cosquilleo en la vanidad, y aturrullado de puro +satisfecho, trató de formular varias preguntas, que Gabriel atajó +adelantándose á ellas.

+ +

—Diré á usted, para que comprenda mi{t.1-170} propósito, que la persona á quien +más quise yo en el mundo fué mi pobre hermana Marcelina, la que casó con +don Pedro Moscoso; y si hay cielo—aquí le tembló un poco la voz á don +Gabriel—allí debe estar pidiendo por mí, porque fué una... már... una +santa. Al morir me dejó encargada su hija; no lo supe hasta que mi padre +falleció. Yo me encuentro hoy libre, no muy viejo aún, sin compromisos +ni lazos que me aten, con regular hacienda y deseoso del calor de una +familia. Teniendo Manolita padre como tiene, un tío... no está +autorizado para velar por ella. Un marido, es otra cosa. Si no le +repugno á mi sobrina y quiere ser mi mujer... Estoy determinado á +casarme cuanto antes.

+ +

Oía Juncal, y poniendo las manos en los hombros del artillero, respondió +vagamente, cual si hablase consigo mismo:

+ +

—En efecto.... no hay duda que.... Realmente, ¿quién mejor? La verdad +es...

+ +

Miró don Gabriel, sonriéndose de alegría, al médico. Su corazón se +dilataba dulcement{t.1-171}e con la confidencia, y se le ocurría que por la +serena atmósfera revoloteaba un porvenir dichoso, columpiado en el +espacio infinito, como la mariposilla blanca, que una superstición +popular cree nuncio de dicha. Clavó sus ojos garzos en el médico: la luz +del día hacía centellear en ellos filamentos de derretido oro. Se había +guardado los quevedos en el bolsillo, y parpadeaba como suelen los +miopes cuando la claridad les deslumbra.

+ +

—Francamente, Juncal, no conozco á mi sobrina Manuela ni sé.... ¿Cómo +es?

+ +

—El retrato de su difunta madre, que esté en gloria—respondió muy +cristianamente el tremendo clerófobo Juncal.

+ +

—¡De su madre!—repitió el artillero extasiado.

+ +

—Pero más buena moza, no despreciando á la pobre señorita... La madre +era... algo bisoja y delgada... Esta mira derecho, y tiene unos ojazos +como moras maduras.... Alta, carnes apretaditas, morena con tanto andar +al sol... buenas trenzas de pelo negro...{t.1-172} y bien constituída. No +digamos que sea una chica hermosísima, porque no tiene las +perfecciones allá hechas á torno; pero puede campar en cualquier +parte... Vaya si puede.

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—Si se parece á Nucha, para mí ha de ser un serafín, don Máximo.

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—Y á usted se parece también, no se ría, señor de Pardo... Ya sabe que +á usted lo saqué yo ayer en el coche, por su hermana.

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—Siempre hay eso que se llama aire de familia... Don Máximo, mire usted +que aún no he empezado, como quien dice, á preguntar lo que quiero +saber. Yo he sido franco con usted, ¿usted lo será conmigo?

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—No faltaba más. Aunque me fuera la vida en responder.{t.1-173}

+ +

—Diga usted. Mi cuñado...

+ +

X

+ +

Juncal terminó la semblanza y biografía de don Pedro Moscoso y Pardo de +la Lage, conocido por marqués de Ulloa, con las siguientes filosóficas +reflexiones:

+ +

—No todos sus defectos hay que imputárselos á él, sino (hablemos claro) +á la crianza empecatada que le dieron... Sería mejor que se educase él +solito ó con los perros y las liebres, que en poder de aquel tutor tan +animal, Dios me perdone... y tan listo para sus conveniencias... Y se +llamaba como usted, don Gabriel!

+ +

El comandante sonrió.{t.1-174}

+ +

—Maldito lo que se parecen... Como iba diciendo, yo, hace años, muchos +años, que no pongo los pies en los Pazos de Ulloa; desde aquellas +elecciones dichosas en que anduve contra don Pedro... porque lo primero +de todo son las ideas y los principios, ¿verdad, don Gabriel?

+ +

—Sin duda, sobre todo cuando uno los ha pesado y examinado y está +seguro de su bondad—respondió el artillero.

+ +

—Tiene usted razón... á veces se calienta la cabeza, y hace uno +disparates... pero en fin, yo soy liberal desde que nací, y en vez de +enfriar con los años, me exalto más.

+ +

—¿Dice usted que no va usted por allí? ¿Cómo anda de salud... mi +cuñado?

+ +

—Regular... está muy grueso y padece bastante de la gota, como el +difunto tío, por lo cual dicen que gasta muy mal humor, y que ha perdido +la agilidad, de manera es que no puede salir á caza como antes.

+ +

—Y... acuérdese usted de que me ha prometido ser fran{t.1-175}co! ¿Y... esa +mujer que tiene en casa?

+ +

—Mire usted, como yo no voy por allí... con repetirle lo que se +cuenta... y unos hablan de un modo y otros de otro; pero yo me atendré á +lo que dicen los más formales y los que acostumbran ir á los Pazos. +Usted ya sabe que tal mujer estaba en la casa antes de casarse su señor +cuñado; enredados los dos, por supuesto, y el padre siendo el verdadero +mayordomo y en realidad el dueño de la casa, aunque por plataforma +trajeron allí al infeliz del cura de Ulloa, que no sirve para el caso... +Había un chiquillo precioso, y pasaba por hijo del marqués. Pero resultó +que después de la boda de don Pedro, la muchacha por su parte se empeñó +en casarse con un paisano de quien estaba enamoradísima, y á quien le +colgó, ¿usted se entera? el milagro del rapaz. Este paisano, que ahora +anda hecho un caballero, siempre de tiros largos, se llama el Gallo de +apodo, y nadie le conoce sino por el apodo ó por el Gaitero de Naya, +porque lo fué; y el remoquete de {t.1-176}Gallo se lo pusieron sin duda por lo +bien plantado y arrogante mozo, que lo es, mejorando lo presente. Un +poco antes mataron al padre de la muchacha...

+ +

—¿No le asesinaron por una cuestión electoral?

+ +

—Justo.... Según eso está usted en autos?

+ +

—Uno que venía conmigo en la berlina... el Arcipreste no... el otro...

+ +

¿Trampeta?

+ +

—Pequeño, vivaracho, entrecano...

+ +

—El mismo. Pues le contó verdad. Al gran pillastre de Primitivo me lo +despabilaron de un trabucazo, en venganza de que los había vendido á +última hora, tanto que les hizo perder la elección (Juncal bajó la voz +involuntariamente). Ve usted aquellas tapias, pasadas las primeras... +donde asoman las ramas de un cerezo con fruta? Pues son las del huerto +de Barbacana, el cacique más temible que hubo en el país... Dicen que +ese ordenó la ejecución, aunque el verdugo fué{t.1-177} una especie de +facineroso que anda siempre á salto de mata, de aquí á Portugal y de +Portugal aquí...

+ +

Gabriel meditaba, sepultando la quijada en el pecho. Luego se caló +distraidamente los quevedos.

+ +

—Así somos, amigo Juncal... Un país imposible, en ese terreno sobre +todo. Antes que aquí se formen costumbres en armonía con el +constitucionalismo, tiene que ir una poca de agua á su molino de +usted... Decía cierto hombre político que el sistema parlamentario era +una cosa excelente, que nos había de hacer felices dentro de setecientos +años... Yo entiendo que se quedó corto. Al caso; dígame todo lo +concerniente á la historia...

+ +

—Hoy en día, á Barbacana ya lo llevan acorralado, y se cree que trata +de levantar la casa é irse á morir en paz á Orense... Porque va viejo, y +no le dejan respirar sus enemigos. El que vino con usted, Trampeta, con +el aquel de protegido de Sagasta, es ahora quien sierra de arriba... En +fin, todo ell{t.1-178}o para nuestro cuento importa un comino. Así que mataron +al padre, la muchacha se casó con su Gallo, y cuando se creía que el +marqués los iba á echar con cajas destempladas, resulta que se quedan en +la casa, ellos y el rapaz, y que está su señor cuñado contentísimo con +tal muñeco... Esto fué antes, muy poco antes de morir la señorita su +hermana...

+ +

Gabriel suspiró, juntando rápidamente el entrecejo.

+ +

—No había quedado nada fuerte desde el nacimiento de la niña: yo la +asistí, y necesité echar mano de todos los recursos de la ciencia para +que...

+ +

—¿Usted asistió á mi hermana?—exclamó el artillero, cuyos ojos +destellaron simpatía, casi ternura, humedeciéndose con esa humedad que +es como el primer vaho de una lágrima antes de subir á empañar la +pupila.

+ +

—Entonces, sí señor; que después, como dije á usted, el marqués hizo +punto en no volverme á llamar... La pobre señora se quedó, {t.1-179}según dicen, +como un pajarito; se le atravesaron unas flemas en la garganta...

+ +

Los ojos de Gabriel, ya secos, ardientes y escrutadores, se posaron en +Juncal.

+ +

—Don Máximo, cree usted en su conciencia que mi hermana murió de muerte +natural?—pronunció con tal acento, que el médico tartamudeaba al +contestar:

+ +

—Sí señor... sí señor! sí señor! Puedo atestiguarlo con solo una vez +que la ví en la feria de Vilamorta, donde estaba comprando no sé qué, +allá unos seis meses antes de la desgracia. La fallé y dije (puede usted +creerme como estamos aquí y Dios en el cielo):—No dura medio año esta +señorita.—(Pasóse Gabriel la mano por la frente). Don +Gabriel—prosiguió el médico,—¿qué le hemos de hacer? Su hermana era +delicada; necesitaba algodones; encontró tojos y espinas... De todas las +maneras, ella siempre fué poquita cosa... Volviendo á la niña, no +digamos que su padre la maltrate, pero apenas le hace caso... Él contaba +con un varón, y recuerdo que cuando {t.1-180}nació la pequeña, ya renegó y echó +por aquella boca una ristra de barbaridades... Al que adora es al +chiquillo de la Sabel. Si lo querrá, que hasta se ha empeñado en que +estudie, y lo manda á Orense al Instituto, y piensa enviarlo á Santiago +á concluir carrera... El muchacho anda lo mismo que un mayorazgo: su +buen reloj de oro, su buena ropa de paño, la camisola fina, el +bastoncito ó el látigo cuando va á las ferias... y yegua para montar, y +dinero en el bolsillo...

+ +

Asió Juncal con misterio la solapa de la americana de don Gabriel, y +arrimando la boca á su oído susurró:

+ +

—Dicen que le quiere dejar bajo cuerda casi todo cuanto tiene...

+ +

En vez de fruncir el ceño el artillero, despejóse su encapotada +fisonomía, y contestó en voz serena:

+ +

—Ojalá. ¿Se admira usted de mi desinterés? Pues no hay de qué. Es +cierto que considero obligación del hombre sostener la familia que crea +al casarse; pero no soy de esos tipos que tanto les gustan á los +au{t.1-181}tores dramáticos de ahora, que no se casan con una mujer de quien +están perdidamente enamorados, sólo porque es rica. En el caso presente +me alegro, porque cuantas menos esperanzas de riqueza tenga mi sobrina, +más fácilmente se avendrán á dármela, á mí que no he de exigir dote... +Confieso que tenía yo mis miedos de que me diese calabazas mi señor +cuñado. Verdad es que como no me las dé Manolita, soy abonado hasta para +robarla... ni más ni menos que en las novelas de allá del tiempo del rey +que rabió.

+ +

Miró Juncal la fisonomía del artillero, á ver si hablaba en broma ó en +veras. Revelaba cierta juvenil intrepidez, y la resolución de poner por +obra grandes hazañas, á pesar de los blancos hilos sembrados por la +barba y el pelo que escaseaba en las sienes.

+ +

—Si ella no me quiere... y bien puede ser, que al fin soy viejo para +ella... (Juncal hizo con manos y rostro furiosos signos negativos)... +entonces... no habrá rapto. De todos modos, por cuestión de cuartos, no +se ha de{t.1-182} deshacer la boda: yo lo fío. Aparte de que, siendo ese chico +hijo del marqués, natural me parece que le toque algo de la fortuna +paterna.

+ +

—¿Quién sabe de quién es el chico? Y es como un pino de oro.

+ +

—¿Más lindo que mi sobrina? Mire usted que voy á defender, sin haberla +visto, como el ingenioso hidalgo, que es la más hermosa mujer de la +tierra.

+ +

—De fea no tiene nada: pero de vestir, la traen... así... nada más que +regular. Muchas veces no se diferencia de una costurerita de Cebre... +Vamos, la pobre tuvo poca suerte hasta el día.

+ +

—A arreglar todo eso venimos—contestó Gabriel levantándose, como +deseoso de echar á andar sin dilación en busca de su futura esposa. Su +huésped le imitó.

+ +

—Entonces, ¿á qué hora de la tarde quiere usted salir para la rectoral +de Ulloa?—preguntó muy solícito.

+ +

—He mudado de plan; ya no voy... Iré dent{t.1-183}ro de un par de días á +saludar al señor cura. Tengo por usted cuantos informes necesito, y +puedo presentarme hoy mismo en los Pazos de Ulloa sin inconveniente +alguno.

+ +

—¿Le corre tanta prisa?

+ +

—¿Qué quiere usted? Cuando uno está enamorado...

+ +

Juncal se rió, y volvió á mirar á su interlocutor, gozándose en verle +tan animoso. El sol ascendía, la proyección de sombra de las tapias y el +emparrado empezaba á acortarse. Por la puerta del huerto asomó una +figura humana inundada de luz, de frescura y color: era una mujer, +Catuxa, con el delantal recogido y levantado, lleno de aechaduras de +trigo que arrojaba á puñados en torno suyo chillando agudamente:—Pitos, +pitos, pitos..., pipí, pipí, pipí... Seguíanla los pollos nuevos, +amarillos como canarios, con sus listos ojillos de azabache, con sus +corpezuelos que aún conservaban la forma del cascarón, columpiados sobre +las patitas endebles. Detrás venía la gallina, una gallina{t.1-184} pedreña, +grave y cacareadora, honrada madre de familia, llena de dignidad. A la +nidada seguía una horda confusa de volátiles: pollos flacos y belicosos, +gallinas jóvenes muy púdicas y modestas, muy sumisas al hermosísimo +bajá, al gallo rojizo con cresta de fuego y ojos de ágata derretida, que +las custodiaba y les señalaba con un cacareo lleno de deferencia el +sustento esparcido, sin dignarse probarlo. Don Gabriel se detuvo muy +interesado por aquel cuadro de bodegón, que rebosaba alegría. El gallo +le recordó el mote del marido de Sabel y, por inevitable enlace de +ideas, los Pazos de Ulloa. Y al pensar que estaría en ellos por la tarde +y conocería á la que ya nombraba mentalmente su novia, la circulación +se le paralizó un momento, y sintió que se le enfriaban las manos, como +sucede en los instantes graves y decisivos.

+ +

—Fantasía, fantasía!—pensó.—Cuida{t.1-185}dito... no empieces ya á hacer de +las tuyas!

+ +

XI

+ +

Antes de salir de Cebre á caballo, rigiendo una yegua y una mulita, +detuviéronse cortos momentos Juncal y don Gabriel en el alpendre ó +cobertizo del patio del mesón donde remudaba tiro la diligencia. Yacían +allí las víctimas del siniestro, una mula con una pata toda +entablillada, y no lejos, sobre paja esparcida, cubierto con una manta, +temblando aún de la bárbara cura que acababan de hacerle, el infeliz +delantero, no menos entablillado que la mula. A su cabecera (llamémosle +así) estaba el facultativo, que no era sino el famoso señor Antón, el +alg{t.1-186}ebrista de Boan. Máximo dió un codazo á don Gabriel, advirtiéndole +que reparase en la peregrina catadura del viejo, el cual no se turbó +poco ni mucho al encontrarse cogido infraganti delito de usurpación de +atribuciones; saludó, sacó de detrás de la oreja la colilla, y empezó á +chuparla, á vueltas de inauditos esfuerzos de su barba, determinada á +juntarse de una vez con la nariz.

+ +

Miró Gabriel al pobre mozo que gemía, con los ojos cerrados, la cabeza +entrapajada y una pierna tiesa del terrible aparato que acababan de +colocarle, y consistía en más de una docena de talas ó astillas de +caña de cortas dimensiones, defensa de la bizma de pez hirviendo que le +habían aplicado. La criada y el amo del mesón se limpiaban aún el sudor +que les chorreaba por la frente, cansados de ayudar á la operación de la +compostura tirando con toda su fuerza de la pierna rota hasta hacer +estallar los huesos, á fin de concertar las articulaciones, mientras +el paciente veía {t.1-187}todos los planetas, incluso los telescópicos.

+ +

—Mire si tenía razón—murmuró Máximo.—Estoy ahí á la puerta, y han +preferido mandar llamar á éste de más de tres leguas... Es verdad que él +ha curado de una vez al muchacho y á la mula, cosa que yo no haría.

+ +

Gabriel observaba al algebrista como se observa un tipo de cuadro de +género, de los que trasladó al lienzo para admiración de las edades el +pincel de Velázquez y Goya.

+ +

—Me gustaría darle palique si no tuviésemos el tiempo tan +tasado—indicó al médico.

+ +

—¡Bah! No tenga miedo, que al señor Antón se lo encontrará usted á cada +paso por ahí... Raro es que pase un mes sin que dé una vuelta por los +Pazos: como hay mucho ganado...

+ +

Antes de ponerse en camino, don Gabriel sacó de la petaca algunos +cigarros, que tendió al atador. Tomólos éste con su flema y reposo +habituales; y arrojando la ya apurada{t.1-188} colilla, se tocó el ala del +grotesco sombrero, mientras con la izquierda cogía el vaso colmado de +vino que le brindaba la mesonera.

+ +

Los jinetes refrenaron el primer ímpetu de sus cabalgaduras, á fin de no +cansarlas ni cansarse, y adoptaron una ambladura pacífica. Era la tarde +de esas del centro del año, que en los países templados suelen ostentar +incomparable magnificencia y hermosura. Campesinos aromas de saúco +venían á veces en alas de una ligerísima brisa, apenas perceptible. La +yegua de Juncal, que montaba el comandante, no desmentía los encomios de +su dueño. Regíala Gabriel con la diestra, y bien pudiera dejarle flotar +las riendas sobre el pescuezo, pues aunque lucia y redondita de ancas, +gracias al salvado de Catuxa, era la propia mansedumbre. Sólo se +permitía de rato en rato el exceso de torcer el cuello, sacudir el +hocico y rociar de baba y espuma los pantalones del jinete; pero aun +esto mismo lo hacía con cierta docilidad afectuosa.

+ +

Gabriel se dejaba columpiar blandamente,{t.1-189} penetrado de un bienestar +intenso, de una embriaguez espiritual, que ya conocía de antiguo, por +haberla experimentado cuantas veces se divisaba en su vida un horizonte +ó un camino nuevo. Era una especie de eretismo de la imaginación, que al +caldearse desarrollaba, como en sucesión de cuadros disolventes, escenas +de la existencia futura, realzadas con toques de poesía, entretejidas +con lo mejor y más grato que esa existencia podía dar de sí, con su +expresión más ideal. En la fantasía incorregible del artillero, los +objetos y los sucesos representaban todo cuanto el novelista ó el autor +dramático pudiese desear para la creación artística, y por lo mismo que +no desahogaba esta ebullición en el papel, allá dentro seguía +borbotando. Si la realidad no se arreglaba después conforme al modelo +fantástico, Gabriel solía pedirle estrechas cuentas; de aquí sus +reiteradas decepciones. Soñador tanto más temible cuanto que guardaba +sepulcral silencio acerca de sus ensueños, y á nadie{t.1-190} comunicaba sus +fracasos—los caballos muertos, que decía él para sí.—Conociéndose, +solía proponerse mayor cautela, y echar el torno á la imaginación. Pero +esta llevaba siempre la mejor parte.

+ +

Verbigracia, en el caso presente. ¿Pues no habíamos quedado en que el +pedir la mano de su sobrina era el cumplimiento de un austero deber, un +tributo pagado á la memoria de un sér querido, un acto sencillo y grave? +¿Bastarían dos ó tres frases de Juncal, el olor de las flores silvestres +y el hervor de su propia mollera para edificar sobre la base de la +obligación moral el castillo de naipes de la pasión? ¿Por qué pensaba en +su sobrina incesantemente, y se la figuraba de mil maneras, y discurría, +enlazando experiencias y recuerdos, cómo sorprenderla, interesarla y +enamorarla, hablando pronto? ¿Por qué se deleitaba en imaginar la +inocencia selvática de su sobrina, su carácter algo arisco, y el +rendimiento y ternura con que, después de las primeras esquiveces, le +caería sobre e{t.1-191}l corazón más blanda que una breva; y porqué se veía +disipando poco á poco su ignorancia, educándola, formándola, iniciándola +en los goces y bienes de la civilización, y otras veces volvía la torta, +y se veía á sí propio hecho un aldeano, y á Manolita, con los brazos +arremangados como Catuxa, dando de comer á las gallinas, ó... ¡celeste +visión, espectáculo inefable! arrimando al blanco y redondo pecho una +criaturita medio en pelota, toda bañada de sol...

+ +

La naturaleza se asemeja á la música en esto de ajustarse á nuestros +pensamientos y estados de ánimo. No le parecieron á Gabriel tristes y +lúgubres ni los abruptos despeñaderos que se suspenden sobre el río +Avieiro, ni los pinares negros cuya mancha limitaba el horizonte, ni los +montes calvos ó poblados de aliaga, ni los caminos hondos, que cubría +espesa bóveda de zarzal. Al contrario, miraba con interés los pormenores +del paisaje, y al llegar al crucero de piedra y al copudo castaño que le +{t.1-192}formaba natural pabellón, exclamó con entusiasmo:

+ +

—Qué hermoso sitio! Ni ideado por un pintor escenógrafo de talento.

+ +

—Cerquita de aquí—advirtió Juncal—mataron al excomulgado de +Primitivo, el mayordomo de los Pazos. Mire usted: debió ser por allí, +donde blanquea aquel paredón... El chiquillo, el nieto, el Perucho, lo +estuvo viendo muy agachadito detrás de las piedras... Se le ha de +acordar cada vez que pase por aquí... si es que tiene valor de pasar.

+ +

Gabriel se volvió un poco sobre la silla española que vestía su yegua, y +exclamó como el que pregunta algo de sumo interés que se le ha olvidado:

+ +

—¿Qué tal índole es la de ese chico? ¿Maltrata á mi sobrina? ¿La +mortifica? ¿Le tiene envidia? ¿Hace por malquistarla con mi cuñado?

+ +

—Él maltratarla! A su sobrina! Pues si no ha habido en el mundo cariño +más apretado que el de tales criaturas. Desde que nació la niña, Perucho +se volvió chocho, lo que{t.1-193} se llama chocho, por ella; la señora y el ama +no sabían cómo hacer para quitarse de encima al chiquillo, que no hacía +sino llorar por la nené. Allí estaba siempre, como un perrito faldero; +ni por pegarle; le digo á usted que era mucho cuento tal afición. Y +después de fallecer la señora, Dios nos libre! El niñero de la señorita +Manolita en realidad ha sido Perucho. Siempre juntos, correteando por +ahí. ¡Pocas veces me los tengo encontrados por los sotos, haciendo +magostos, por las viñas picando uvas, ó chapuzando por los pantanos! Y +que no sé cómo no se mataron un millón de veces ó no rodaron por los +despeñaderos al río. El chiquillo es fuerte como un toro ¡más sano y +recio! Un hijo verdadero de la naturaleza. Sólo una enfermedad le +conocí, y verá usted cuál. Cátate que se le pone en la cabeza al +marqués, y otros dicen que al farolón del Gallo, enviar al rapaz á +Orense para que estudie; y quién le dice á usted que el primer año, +cuando tocaron á separarse, {t.1-194}los dos chiquillos cayeron malos qué sé yo +de qué... de una cosa que aquí llamamos saudades... ¿Usted comprende +el término? porque usted lleva años de faltar de Galicia...

+ +

—Sí, ya sé qué quiere decir saudades. Los catalanes llaman á eso +anyoransa. En castellano no hay modo tan expresivo de decirlo.

+ +

—Ajajá. Pues el chiquillo, el primer año, se desmejoró bastante y vino +todo encogido, como los gatos cuando tienen morriña; pero así que +volvieron á sus correrías, sanó y se puso otra vez alegre. Y á cada +curso la misma función. Siempre triste y rabiando en Orense (parece que +la cabeza no la tiene el chico allá para grandes sabidurías) y, apenas +pintan las cerezas y toma las de Villadiego, otra vez más contento que +un cuco, y á corretear con su...

+ +

Juncal dudó y vaciló al llegar aquí. Por vez primera acaso, se le vino á +las mientes una idea muy rara, de esas que hacen signarse aun á los +menos devotos murmurando—Ave María!—de esas que no se ocurren en mil +{t.1-195}años, y una circunstancia fortuita sugiere en un segundo...

+ +

Cruzáronse sus miradas con las de don Gabriel, que le parecieron reflejo +de su propio pensamiento, reflejo tan exacto como el del cielo en el +río; y entonces el artillero, sin reprimir una angustia que revelaba el +empañado timbre de la voz, terminó el período:

+ +

—Con su hermana.

+ +

Calló Juncal. Lo que ambos cavilaban no era para dicho en alto.

+ +

Reinó un silencio abrumador, cargado de electricidad. Estaban en sitio +desde el cual se divisaba ya perfectamente la mole cuadrangular de los +Pazos de Ulloa, y el sendero escarpado que á ellos conducía. Juncal dió +una sofrenada á su mula.

+ +

—Yo no paso de aquí, don Gabriel... Si llego hasta la puerta, +extrañarán más que no entre... y la verdad, como está uno así... +político... no me da la gana de que piensen que aproveché la ocasión +para meter las narices {t.1-196}en casa de su señor cuñado. Mañana vendrá el +criado mío á recoger la yegua...

+ +

Gabriel tendió la mano sana buscando la del médico.

+ +

—Me tendrá usted en Cebre cuando menos lo piense, á charlar, amigo +Juncal... A usted y á su señora les debo un recibimiento y una +hospitalidad de esas... que no se olvidan.

+ +

—Por Dios, don Gabriel... No avergüence á los pobres... Dispensar las +faltas que hubiese. La buena voluntad no escaseaba: pero usted pasaría +mil incomodidades, señor.

+ +

—Le digo á usted que no la olvidaré...

+ +

Y el rostro del artillero expresó gratitud afectuosa.

+ +

—Cuidar el brazo, no hacer nada con él!—gritaba Juncal desde lejos, +volviéndose y apoyando la palma sobre el anca de la mula. Y diez minutos +después aún repetía para sí:—¡Qué simpático... qué persona tan +decente!... Qué instruído... qué modos finos!...

+ +

El médico, después de volver grupas, apuró lo posible á la mulita con +ánimo de llegar pronto á su casa. Iba pesaroso y cabizbajo,{t.1-197} porque +ahora le venía el trasacuerdo de que no había preguntado al comandante +Pardo sus opiniones políticas y su dictamen acerca del porvenir de la +regencia y posible advenimiento de la república.

+ +

—¿Cómo pensará este señor?—discurría Juncal, mientras el trote de la +mula le zarandeaba los intestinos.—¿Qué será? Liberal ó carcunda? +Vamos, carcunda es imposible... Tan simpático... qué había de ser +carcunda! Pues se{t.1-198}a lo que quiera... debe de estar en lo cierto.

+ +

XII

+ +

Por delante de los Pazos cruzaba un mozallón conduciendo una pareja de +bueyes sueltos, picándoles con la aguijada á fin de que anduviesen más +aprisa. Gabriel le preguntó, para orientarse, pues ignoraba á cuál de +las puertas del vasto edificio tenía que llamar. Ofrecióse el mozo á +guiarle adonde estuviese el marqués de Ulloa, que no sería en casa, sino +en la era, viendo recoger la cosecha del centeno. Arrendando el +artillero su dócil montura, echó detrás del mozo y de los bueyes.

+ +

Dieron vuelta casi completa á la cerca de{t.1-199} los Pazos, pues la era se +encontraba situada más allá del huerto, á espaldas del solariego +caserón. Gabriel aprovechó la coyuntura de enterarse del edificio, en +cuyas trazas conventuales discernía rastros de aspecto bélico y feudal, +aire de fortaleza, por el grosor de los muros, la angostura de las +ventanas, reminiscencia de las antiguas saeteras, las rejas que +defendían la planta baja, las fuertes puertas y los disimulados +postigos, las torres que estaban pidiendo almenas, y sobre todo, el +montés blasón, el pino, la puente y las sangrientas cabezas de lobo.

+ +

Indicaba desde lejos la era la roja cruz del hórreo; se oía el coro +estridente de los ejes de los carros, que salían vacíos para volver +cargados de cosecha. Era la hora en que los bueyes, rociados con unto y +aceite como preservativo de las moscas, cumplen con buen ánimo su pesada +faena, y se dejan uncir mansamente al yugo, mosqueando despacio el ijar +con las crinadas colas. Gabriel se tropezó con dos ó tres carros, y al +emparejar con{t.1-200} ellos, pensó que su chirrido le rompiese el tímpano. +Delante de la era se apeó ayudado por su guía; entrególe las riendas, y +entró.

+ +

Un enjambre de fornidos gañanes, vestidos solamente con grosera camisa y +calzón de estopa, alguno con un rudimentario chaleco y una faja de lana, +empezaban á elevar, al lado de una meda ó montículo enorme de mies, +otro que prometía no ser más chico. Dirigía la faena un hombre de +gallarda estatura, moreno y patilludo, de buena presencia, vestido á lo +señor, con americana, cuello almidonado, leontina y bastón, y muy zafio +y patán en el aire; Gabriel pensó que sería el mayordomo, el Gallo. +Sentado en un banquillo hecho de un tablón grueso, cuyas patas eran +cuatro leños que, espatarrándose, miraban hacia los cuatro punto +cardinales, estaba otro hombre más corpulento, más obeso, más entrado en +edad ó más combatido por ella, con barba aborrascada y ya canosa, y +vientre potente, que resaltaba {t.1-201}por la posición que le imponía la poca +altura del banco. A Gabriel le pasó por los ojos una niebla: creyó ver á +su padre, don Manuel Pardo, tal cual era hacía unos quince ó veinte +años; y con mayor cordialidad de la que traía premeditada, se fué +derecho á saludar al marqués de Ulloa.

+ +

Este alzó la cabeza muy sorprendido; el Gallo, sin volverse, giró sus +ojos redondos, de niña oscura y pupila aurífera, como los del sultán del +corral, hacia el recién llegado; los mozos suspendieron la faena, y +Gabriel, en medio del repentino silencio, notó en las plantas de los +pies una sensación muelle y grata, parecida á la del que entra en un +salón hollando tupidas alfombras. Eran los extendidos haces de centeno +que pisaba.

+ +

El hidalgo de Ulloa se puso en pie, y se hizo con la mano una pantalla, +porque los rayos del sol poniente daban de lleno en la cara de Gabriel, +y no le permitían verla á su gusto. El comandante se acercó más á su +cuñado, y alargó la diestra, diciendo:{t.1-202}

+ +

—No me conocerás... Te diré quien soy... Gabriel, Gabriel Pardo, el +hermano de tu mujer.

+ +

—Gabriel Pardo?

+ +

Revelaba la exclamación de don Pedro Moscoso, no solamente sorpresa, +sino hosco recelo, como el que infunden las cosas ó las personas cuya +inesperada presencia resucita épocas de recuerdo ingrato. Viendo Gabriel +que no le tomaban la mano que tendía, hízose un poco atrás, y murmuró +serenamente:

+ +

—Vengo á verte y á pedirte posada unos cuantos días... ¿te parece mal +la libertad que me tomo? ¿Me recibirás con gusto? Di la verdad; no +quisiera contrariarte.

+ +

—Jesús... hombre!—prorrumpió el hidalgo esforzándose al fin por +manifestar cordialidad y contento, pues no desconocía la virtud +primitiva de la hospitalidad.—Seas muy bienvenido: estás en tu casa. +Angel!—ordenó dirigiéndose al Gallo,—que recojan el caballo del +señor, que le dén cebada... Quieres refrescar, tomar algo? Vendrás +molestado {t.1-203}del viaje. Vamos á casa enseguida.

+ +

—No por cierto. De Cebre aquí á caballo, no es jornada para rendir á +nadie. Siéntate donde estabas; si lo permites, me quedaré aquí; lo +prefiero.

+ +

—Como tú dispongas; pero si estás cansado y... Ey, Angel!—gritó al +individuo que ya se alejaba:—á tu mujer que prepare tostado y unos +bizcochos. Vaya, hombre, vaya!—añadió volviéndose á Gabriel.—Tú por +acá, por este país...

+ +

—He llegado ayer—contestó Gabriel comprendiendo que una vez más se le +pedía cuenta de su presencia y razón plausible de su venida.—Estaba en +la diligencia que volcó—y al decir así, señalaba su brazo replegado, +sostenido aún por el pañuelo de seda de Catuxa.—Ha sido preciso +descansar del batacazo.

+ +

—Hola, con que en la diligencia que volcó! Ey, tú, Sarnoso!—exclamó el +hidalgo dirigiéndose á uno de los gañanes.—No dijiste tú que vieras +entrar en Cebre ayer una mula y un delantero estropeados?{t.1-204}

+ +

—Con perdón—respondió el Sarnoso tocándose una pierna—llevaban esto +crebado, dispensando usted.

+ +

—Sí, es verdad; hoy se les hizo la cura—confirmó Gabriel.

+ +

El vuelco de la diligencia empezó á dar mucho juego. El Sarnoso agregó +detalles; Gabriel añadió otros; el marqués no se saciaba de preguntar, +con esa curiosidad de los acontecimientos ínfimos propia de las personas +que viven en soledad y sin distracción de ninguna clase. Gabriel le +examinaba á hurtadillas. Para los cincuenta y pico en que debía frisar, +parecíale muy atropellado y desfigurado el marqués, tan barrigón, con la +tez tan inyectada, con el pescuezo y nuca tan anchos y gruesos, con las +manos tan nudosas por las falanges como suelen estar las de los +labriegos que por espacio de medio siglo se han consagrado á beber el +hálito de la tierra, y á rasgarle el seno diariamente. A modo de maleza +que invade un muro abandonado, veía el artillero en el conducto +auditivo, en las fosa{t.1-205}s nasales, en las cejas, en las muñecas de su +cuñado, que teñía de rojo el sol poniente, una vegetación, un musgo +piloso, que acrecentaba su aspecto inculto y desapacible. El abandono de +la persona, las incesantes fatigas de la caza, la absorción de humedad, +de sol, de viento frío, la nutrición excesiva, la bebida destemplada, el +sueño á pierna suelta, el exceso en suma de vida animal, habían +arruinado rápidamente la torre de aquella un tiempo robustísima y +arrogante persona, de distinta manera pero tan por completo como lo +harían las excitaciones, las luchas morales y las emociones febriles de +la vida cortesana. Tal vez parecía mayor la ruina por la falta de +artificio en ocultarla y remediarla. Ceñido aquel mismo abdomen por una +faja, bajo un pantalón negro hábilmente cortado; desmochada aquella +misma cabeza por un diestro peluquero; raídas aquellas mejillas con +afiladísima navaja, y suavizada aquella barba con brillantina; añadido á +todo ello cierto aire entre galante y grave, que caracteriza á{t.1-206} las +personas respetables en un salón, es seguro que más de cuatro damas +dirían, al ver pasar al marqués de Ulloa:—Qué bien conservado! Cuarenta +años es lo más que representa.

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Lo cierto es que Gabriel, al ver en su cuñado señales evidentes del peso +de los años y del esfuerzo con que iba descendiendo ya el agrio repecho +de la vida, sintió por él esa compasión involuntaria que inspiran á los +corazones generosos las personas aborrecidas ó antipáticas, cuando se ve +que caminan al desenlace de las humanas tribulaciones, flaquezas é +iniquidades—la muerte.

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—Yo que le tenía por un castillo!—pensó.—Pero también los castillos +se desmoronan.

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De su parte el marqués, lleno de curiosidad y suspicacia, estaba que +daría el dedo meñique por saber qué viento traía á su cuñado. Pensaba en +recriminaciones, en acusaciones, en cuentas del pasado ajustadas ahora +por quien tenía derecho de ajustarlas, y pensaba{t.1-207} también en cosa más +inmediata y práctica, en una discusión referente á las partijas que se +hallaban incoadas y pendientes desde el fallecimiento del señor de la +Lage. Por más que el aire abierto y franco que traía Gabriel decía á +voces—no vengo aquí á ocuparme en cuestiones de intereses—el marqués +de Ulloa se fijó en la última hipótesis, y la dió por segura, y empezó á +tirar mentalmente sus líneas y á combinar su estrategia. Con los años, +el marqués de Ulloa había contraído las aficiones de los labriegos +viejos, para los cuales no hay plato más gustoso que una discusión de +pertenencia, un litigio, un enredo cualquiera en que si no danza el +papel sellado, esté por lo menos en ocasión de danzar.

+ +

Como anticipándose á indicar el verdadero objeto de su venida, Gabriel, +habiéndose quitado su sombrero hongo de fieltro, que le dejaba una raya +roja en la frente, y pasándose con movimiento juvenil la mano por el +cabello para arreglarlo y calados mejor los quevedos, preguntó:{t.1-208}

+ +

—Y... ¿qué tal mi sobrina Manuela? Estoy deseando verla. Debe ser toda +una mujer... ¿estará guapísima?

+ +

El marqués de Ulloa gruñó, creyendo que el gruñido era la mejor manera +de contestar á lo que juzgaba cumplimiento. Al fin articuló:

+ +

—Ahora la verás... Milagro que no anda por aquí. Estarán ella y +Perucho... como dos cabritos, triscando. Los pocos años, ya se ve... +Cuando vamos viejos se acaba el humor... Más tengo corrido yo por esos +vericuetos, que ningún muchacho de hoy en día... Pero á cada cerdo le +llega su San Martín, como dicen... Todos vamos para allá—dijo apoyando +su grueso mentón en el puño de su palo, y señalando con la cabeza á +punto muy distante.

+ +

Gabriel se entretenía contemplando el espectáculo de la era, que le +parecía, acaso por la gran plenitud de su corazón y el rosado vapor en +que sabía bañar las cosas su fantasía incurable, henchida de soberana +quietud{t.1-209} y paz. La puesta del sol era de las más espléndidas, y los +últimos resplandores del astro inundaban de rubia claridad la cima de +las medas, convertían en cinta de oro bruñido la atadura de los haces, +daban toques clarísimos de esmeralda á la copa de los árboles, mientras +las ramas bajas se oscurecían hasta llegar al completo negror. Se oían +los últimos pitíos de los pájaros, dispuestos ya á recogerse, el canto +ritmado del pas-pa-llás! en el barbecho, el arrullo de las tórtolas, que +se dejaban caer por bandadas en los sembrados, en busca del rezago de +granos y espigas que allí había derramado la hoz, y la lamentación +interminable del carro cargado, tan áspera de cerca como melodiosa de +lejos. A trechos se escuchaba también otra queja prolongadísima, pero +humana, un ala laaaá! de segadoras, y todo ello formaba una especie de +sinfonía—porque Gabriel no discernía bien los ruidos, ni podía decir +cuáles salían de laringe de pájaro y cuáles de femenina garganta—una +sinfonía que inclinaba á la con{t.1-210}templación y en la cual sólo desafinaba +la voz enronquecida del marqués de Ulloa.

+ +

Incorporóse éste, haciendo segunda vez pantalla de la mano.

+ +

—¿No preguntabas por tu sobrina? Me parece que ahí la tienes. ¡Vela +allí!

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—¿En dónde?—preguntó Gabriel, que no veía nada ni oía más que un +discordante quejido, que poco á poco iba convirtiéndose en insoportable +estridor.

+ +

Entre el marco que dos higueras retorcidas, cargadas de fruto, formaban +á la puerta de la era, desembocó entonces una yunta de amarillos y +lucios bueyes, tirando de un carro atestado de gavillas de centeno. +Reparó Gabriel con sorpresa la forma primitiva del carro, que mejor que +instrumento de labranza parecía máquina de guerra: la llanta angosta, la +rueda sin rayos, claveteada de clavos gruesos, el borde hecho con +empalizada de agudas estacas, donde para sujetar la carga, descansa un +tosco enrejado de mimbres, de quitaipón. Pero al alzar la vista de las{t.1-211} +ruedas, fijó su atención un objeto más curioso: un grupo que se +destacaba en la cúspide del carro, un mancebo y una mocita, tendidos más +que sentados en los haces de mies y hundido el cuerpo en su blando +colchón; una mocita y un mancebo risueños, morenos, vertiendo vida y +salud, con los semblantes coloreados por el purpúreo reflejo del Oeste +donde se acumulaban esas franjas de arrebol que anuncian un día muy +caluroso. Y venía tan íntima y arrimada la pareja, que más que carro de +mies, parecía aquello el nido amoroso que la naturaleza brinda +liberalmente, sea á la fiera entre la espinosa maleza del bosque, sea al +ave en la copa del arbusto. Gabriel sintió de nuevo una extraña +impresión; algo raro é inexplicable que le {t.1-212}apretó la garganta y le +nubló la vista.

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XIII

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Primero se bajó de un salto Perucho, y tendiendo los brazos, recibió á +Manuela, á quien sostuvo por la cintura. Cayó la chica con las sayas en +espiral, dejando ver hasta el tobillo su pie mal calzado con zapato +grueso y media blanca. Al punto mismo de saltar vió al desconocido, y se +detuvo como indecisa. Perucho también pegó un respingo de animal montés +que encuentra impensadamente al cazador. Gabriel clavó en su rostro la +mirada, impulsado por ansia secreta é indefinible de saber si merecía su +fama de belleza física el que él llamaba entre sí{t.1-213}, con asomos de +humorismo, el bastardo de Moscoso.

+ +

Para el escultor y el anatómico, belleza era, y de las más perfectas y +cumplidas, aquel cuerpo bien proporcionado y mórbido, en que ya, á pesar +de la juventud, se diseñaban líneas viriles, bien señaladas paletillas, +vigorosos hombros, corvas donde se advertía la firmeza de los tendones; +y rasgo también de belleza clásica y pura, la poderosa nuca redondeada, +formando casi línea recta con la cabeza y cubierta de un vello rojizo; +el trazo de la frente que continuaba sin entrada alguna; la vara de la +correcta nariz; los labios arqueados, carnosos y frescos como dos +mitades de guinda; las mejillas ovales, sonrosadas, imberbes; la nariz y +barba que ostentaban en el centro esa suave pero marcada meseta ó +planicie que se nota en los bustos griegos, y que los artistas modernos +no encuentran ya en sus modelos vulgares, y por último el monte de +bucles, digno de una testa marmórea, de los cuales dos ó tres se +emancipaban hasta fl{t.1-214}otar sobre las cejas y estorbar á los ojos.

+ +

Para Gabriel, más pensador é idealista que artista y pagano, y además +hombre moderno en toda la extensión de la palabra, aficionado á la +expresión, prendado sobre todo, en el sexo varonil, de las cabezas +reflexivas, de las frentes anchas en que empieza á escasear el cabello, +de las fisonomías que son una chispa, una llama, una idea hecha carne, +que habla por los ojos y se imprime en cada facción y se acentúa +enérgicamente en la ahorquillada ó puntiaguda barba, de los cuerpos en +que la disposición atlética y la hermosura de los miembros se disimula +hábilmente bajo la forma de la vestidura usual entre gente bien educada; +para Gabriel, decimos, fuese por todas estas razones ó por alguna otra +que ni él mismo entendía, no solamente resultó incomprensible la lindeza +de Perucho, sino que á pesar de su predisposición á la simpatía, sobre +todo hacia la gente de posición inferior á la suya, le pareció hasta +antipática é irritante aquella cabeza de jo{t.1-215}ven deidad olímpica, aquella +frescura campesina y tosca, aquella cara tallada en alabastro, pero +encendida por una sangre moza y ardiente, savia vital grosera y propia +de un labriego (así pensaba Gabriel); y sobre todo aquellos modales +aldeanos, aquel vestir lugareño, aquella extracción evidentemente +rústica, revelada hasta en el modo de andar y en el olor á campo que le +había comunicado la mies.

+ +

En cambio—¡oh transacciones de la estética!—Gabriel se indignó de que +alguien hubiese dudado de la hermosura de Manolita. ¡Manolita! Manolita +sí que era guapa. Así como á Perucho se le estaba despegando la +americana y el pantalón, y su musculatura pedía á voces el calzón de +estopa de los gañanes que erigían la meda, á Manolita (seguía pensando +Gabriel) no le cuadraba bien el pobre vestidillo de lana, y su fino +talle y su airosa cabecita menuda reclamaban un traje de cachemir de +corte elegante y sencillo, un sombrero Rubens {t.1-216}con plumas negras—que +lo llevaría divinamente.—¿Parecido con su madre? Sí; mirándola bien, se +parecía, se parecía mucho á la inolvidable mamita; los mismos ojazos +negros, las mismas trenzas, la frente bombeada, el rostro larguito... +pero animado, trigueño, con una vida exuberante que la pobre mamita no +gozó nunca. Y además, serena é intrépida y despegada y arisca. Al +decirle su padre:—Este señor es tu tío Gabriel Pardo, el hermano de tu +mamá,—la montañesa apuntó á boca de jarro las pupilas, y murmuró con +desdeñosa gravedad:

+ +

—Tenga usted buenas tardes.

+ +

Sin más conversación, volvió la espalda, deslizándose tras de la meda. +Gabriel se quedó algo sorprendido de semejante conducta por parte de su +sobrina. Entre los números del programa trazado por su imaginación, se +contaba el del recibimiento. Con el candor idílico que guardan en el +fondo del alma los muy ensoñadores, durante el camino se había imaginado +una escena digna del buril de un{t.1-217} grabador inglés: una doncella +candorosa aunque algo brava y asustadiza, que se ruborizase al verle, +que le hiciese muy confusa y bajando los ojos varios saludos y +reverencias, que luego consultase con tímida mirada á su padre, y +autorizada por una seña de éste, saliese precipitadamente, volviendo á +poco rato con una bandeja de frutas y refrescos que brindar al +forastero... ¡Sí, buenos refrescos te dé Dios! Maldito el caso que le +hacía Manolita; y su padre, en vez de mostrar que extrañaba semejante +comportamiento, ni lo notaba y seguía conversando con Gabriel, +informándose asiduamente de ¿cómo había encontrado los asuntos de su +padre, al hacerse cargo de ellos? ¿Cómo andaba el partido H y los foros +X? El artillero contestaba; pero de soslayo observaba atentamente lo que +acontecía en la era. A su sobrina no la veía entonces; sí á Perucho, que +en mangas de camisa, habiendo echado la americana sobre el yugo de los +bueyes, ayudaba á descargar el carro, mostrando deleitarse en la +actividad{t.1-218} muscular, que esparcía su sangre y la enviaba en olas á +enrojecer su pescuezo y su frente blanca y lisa. Así que la carga del +carro estuvo por tierra, llegóse á la meda empezada, en cuya cima vió +Gabriel alzarse, como estatua en su pedestal, á Manolita. Cruzáronse +entre los dos muchachos frases, risas y una especie de gracioso reto; y +empuñando Perucho con resolución una horquilla de palo, dió principio al +juego de levantar con ella un haz y arrojárselo á la chica, que lo +recibía en las manos como hubiera podido recibir una pelota de goma, sin +titubear, y se lo pasaba al punto á un gañán encaramado también sobre la +meseta de la meda, el cual lo sentaba y colocaba, espiga adentro, +medando hábil y rápidamente.

+ +

Gabriel no tenía ojos ni oídos más que para el juego. Su cuñado seguía +habla que te hablarás, en el tono llano y cansado del hombre para quien +pasó la edad de los retozos y no cree que ya le importen á nadie. Y +Gabriel se consumía, contestando cortésmente,{t.1-219} pero distraído, con el +alma á cien leguas de la plática. Al fin no pudo contenerse, y se +levantó.

+ +

—¿Tú querrás descansar? ¿Tomas algo? ¿Cenas?....—interrogó +obsequiosamente el marqués, dando muestras de querer llevarse á su +huésped hacia casa.

+ +

—No... Sí... Quisiera...—murmuró Gabriel un tanto confuso, porque al +verse de pie le pareció ridículo decir:—Lo que estoy deseando, á pesar +de mi brazo vendado, es ponerme también á echar haces á la meda...—Y +no atreviéndose á confesar el capricho, se dejó guiar resignado hacia la +gran mole de la casa solariega. Al salir siguió escuchando durante +algunos segundos las risas de la pareja, el ¡jeeem! triunfal que +dilataba la cavidad pulmonar de Perucho al lanzar los haces, y el +impacient{t.1-220}e—¡venga otro!—de Manolita cuando tardaban.

+ +

XIV

+ +

Al entrar en los Pazos experimentó Gabriel la impresión melancólica que +sentimos al acercarnos á la sepultura de una persona querida, y la +emoción profunda que nos causa ver con los ojos sitios que desde hace +mucho tiempo visita nuestra imaginación. En sus años de colegio, Gabriel +se representaba la casa de su hermana como una tacita de plata, +elegante, espaciosa, cómoda; después sus ideas variaron bastante; pero +nunca pudo figurársela tan ceñuda y destartalada como era en realidad.{t.1-221}

+ +

A la escalera salieron á hacerle los honores el Gallo y su esposa, la +ex-bella fregatriz Sabel, causa de tantos disturbios, pecados y +tristezas. Quien la hubiese visto cosa de diez y ocho años antes, cuando +quería hacer prevaricar á los capellanes de la casa, no la conocería +ahora. Las aldeanas, aunque no se dediquen á labrar la tierra, no +conservan, pasados los treinta, atractivo alguno, y en general se ajan y +marchitan desde los veinticinco. Sus extremidades se deforman, su piel +se curte, la osatura se les marca, el pelo se les vuelve áspero como +cola de buey, el seno se esparce y abulta feamente, los labios se secan, +en los ojos se descubre, en vez de la chispa de juguetona travesura +propia de la mocedad, la codicia y el servilismo juntos, sello de la +máscara labriega. Si la aldeana permanece soltera, la lozanía de los +primeros años dura algo más; pero si se casa, es segura la ruina +inmediata de su hermosura. Campesinas mozas vemos que tienen la +balsámica frescura de las hierbas puestas á serenar la víspera de San{t.1-222} +Juan, y al año de consorcio no es posible conocerlas ni creer que son +las mismas, y su tez lleva ya arrugas, las arrugas aldeanas, que parecen +grietas del terruño. Todo el peso del hogar les cae encima, y adiós risa +alegre y labios colorados. Las coplas populares gallegas no celebran +jamás la belleza en la mujer después de casada y madre: sus requiebros y +ternezas son siempre para las rapazas, las nenas bunitas.

+ +

Sabel no desmentía la regla. A los cuarenta y tantos años, era lastimoso +andrajo de lo que algún día fué la mejor moza diez leguas en contorno. +El azul de sus pupilas, antes tan claro y puro, amarilleaba; su tez de +albérchigo era piel de manzana que en el madurero se va secando; y los +pómulos sobresalientes y la frente baja y la forma achatada del cráneo +se marcaban ahora con energía, completando una de esas cabezas de +aldeana de las cuales dice cualquiera: «Más fácil sería convencer á una +mula que á esta mujer, cuando se empeñe en algo.»{t.1-223}

+ +

Con todo, su marido Angel de Naya, por remoquete Gallo, la tenía no +sólo convencida, sino subyugada y vencida por completo, desde los +tiempos ya lejanos en que anhelaba dejar por él su puesto y corte de +sultana favorita en los Pazos, é irse á cavar la tierra. Era una +devoción fanática, una sumisión de la carne que rayaba en +embrutecimiento, y una simpatía general de epidermis grosera y alma +burda, que hacían de aquel matrimonio el más dichoso del mundo. El +varón, no obstante, calzaba más puntos que la hembra en inteligencia, en +carácter, y hasta en ventajas físicas. Ajada y lacia ella, él conservaba +su tipo de majo á la gallega y su triunfadora guapeza de sultán de +corral: el andar engallado, el ojo claro, redondeado y vivo, las rizosas +patillas y la fachenda en vestir y el empeño de presentarse con cierta +dignidad harto cómica. Es de saber que el Gallo, sin madurar los vastos +y mefistofélicos planes de su antecesor y suegro el terrible Primitivo, +no era ajeno á miras de engrandecimiento personal{t.1-224}, que delataban +indicios evidentes. El Gallo vestía de señor, lo que se dice de +señor; encargaba á Orense camisolas, corbatas, pañuelos, capa, reloj, +botitos, y por nada del mundo se volvería á poner su pintoresco traje de +terciopelo de rizo azul, con botones de filigrana de plata, y la montera +con plumas de pavo real, ni á oprimir bajo el sobaco el fol de la +gaita á cuyo sonido habían danzado tantas veces las mozas. Paisano +trasplantado á una capa superior, todo el afán del Gallo era subir más, +más aún, en la escala social. Nadie le obligaría á coger una horquilla ó +una azada: dirigía la faena agrícola, nunca tomaba parte activa en ella, +porque soñaba con tener las manos blancas y no esclavas, como él +decía. Otra de sus pretensiones era leer óptimamente y escribir con +perfección. Como todos los labriegos que aprenden á leer y escribir de +chiquillos, su iniciación en esta maravillosa clave de los conocimientos +humanos era muy relativa: saber leer y escribir no es conocer los signos +alfabéticos, nombrarlos, trazarlos;{t.1-225} es sobre todo poseer las ideas que +despiertan esos signos. Por eso hay quien se ríe oyendo que para +civilizar al pueblo conviene que todos sepan escritura y lectura; pues +el pueblo no sabe leer ni escribir jamás, aunque lo aprenda. En +resolución, el Gallo se despepitaba por alardear de lector y pendolista +y acostumbraba por las noches, antes de acostarse, leerle á su mujer, en +alta voz, el periódico político á que estaba suscrito y que +proporcionaba una satisfacción profunda á su vanidad, al imprimir en la +faja—Sr. D. Angel Barbeito—Santiago—Cebre.—Por supuesto que leía de +tal manera, que no sólo al caletre algo obtuso de Sabel, sino al más +despierto y agudo, le sería difícil sacar nada en limpio; porque +suprimía radicalmente puntos y comas, se comía preposiciones y +conjunciones, se merendaba pronombres y verbos, casaba sin dispensa +palabras y repetía cuatro y seis veces sílabas difíciles, siendo de ver +lo que se volvían en labios suyos las noticias referentes, verbigracia, +al Mahdi, á los nihilistas, al rey{t.1-226} Luís de Baviera ó á los +fenianos y liga agraria. Y todos estos sucesos, batallas, +asolamientos y fieros males, cuanto más lejanos y más inaccesibles, +razonablemente hablando, á su comprensión, más le deleitaban, +interesaban y conmovían; y era curioso oírselos explicar, en tono +dogmático, á otros labriegos menos enterados que él de la política +exterior europea en cierta tertulia que solía juntarse en la cocina de +los Pazos. Respecto á sus pretensiones de pendolista, había empezado á +satisfacerlas del modo siguiente: encargando á Orense una resmilla de +papel de cartas bien lustroso, de canto dorado, y mandando plantificar +en mitad de cada hoja un A. B. cruzado, tamaño como la circunferencia de +un duro; y ya provisto de papel tan elegante y de escribanía y cabos de +pluma en armonía con él, dió en escribir, para ejercitar la letra, +cartas y más cartas á todo bicho viviente, tomando por pretexto, ya el +felicitar los días, ya cualquier motivo análogo. También era para él +gran preocupación el hablar, pues se esforzaba á{t.1-227} que sus labios +olvidasen el dialecto á que estaban avezados desde la niñez, y no +pronunciasen sino un castellano que sería muy correcto si salvásemos las +innumerables jeadas, contracciones, diptongos, barbarismos y otros +lunarcillos de su parla selecta. Y cuanto más se empeñaba en sacudirse +de los labios, de las manos, de los pies, el terruño nativo, la oscura +capa de la madre tierra, más reaparecía, en sus dedos de uñas córneas, +en sus patillas cerdosas y encrespadas, en sus muñecas huesudas y en sus +anchos pies, la extracción, la extracción indeleble, que le retenía en +su primitiva esfera social! Si él lo comprendiese sería muy infeliz. Por +fortuna suya creía todo lo contrario.

+ +

Incapaz de los vastos cálculos de Primitivo, había dedicado á comprar +tierras todo el dinero heredado de su difunto suegro, que no era poco y +andaba esparcido por el país en préstamos á un rédito usurario. El Gallo +amaba las fincas rústicas á fuer de labriego de raza. Instalado en los +Pazos de Ulloa, l{t.1-228}a casa más importante del distrito, vió desde luego lo +ventajoso de su situación para papelonear; y como el Gallo antes +pecaba de pródigo que de mezquino, condición frecuente en los gallegos, +dígase lo que se quiera, su sueño dorado fué subir como la espuma, no +tanto en caudal cuanto en posición y decoro; y se propuso, ya casado con +Sabel, convertirse en señor y á ella en señora, y á Perucho en +señorito verdadero... Aquí conviene aclarar un delicado punto. Era de +tal índole la vanidad del buen Gallo, que dejándose tratar de papá por +Perucho y sin razón alguna para regatearle el título de hijo, la idea de +que por las venas del mozo pudiese circular más hidalga sangre, le ponía +tan esponjado, tan hueco, tan fuera de sí de orgullo, que no había +anchura bastante para él en toda el área de los Pazos. Lo pasado, el +ayer de Sabel en aquella casa, lejos de indignarle ó disgustarle, era el +verdadero atractivo que aún poseía á sus ojos una mujer marchita y +cuadragenaria.{t.1-229}

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El matrimonio salió á esperar al huésped en la meseta de la escalera, +deshaciéndose en obsequiosos ofrecimientos al «señorito». Parecían los +verdaderos dueños de la casa. Aunque Sabel no guisaba ya, ¡pues no +faltaría otra cosa! se enteró minuciosamente de lo que el huésped podía +apetecer para su cena. ¿Una ensaladita? Tortilla? Lonjas de carne? +Chocolate? Gabriel repetía que cualquier cosa, que él comía de todo; y +en esta porfía me lo iban llevando de habitación en habitación, á cual +más destartalada, y sin muebles. En el comedor dieron fondo, y según la +costumbre del país, sentáronse ante la mesa libre de manteles, +presenciando cómo la cubrían. Gabriel, al comprender que se trataba de +cenar, buscó con los ojos algo que no parecía por el comedor. Y al fin +no pudo contenerse.

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—¿Y Manolita?—preguntó.—Y Manolita? No cena?

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—La chiquilla?... Busca! Quién cuenta con ella?—respondió el marqués +de Ulloa,{t.1-230} como si dijese la cosa más natural y corriente del +mundo.—¿En tiempo de siega? Echarle un galgo. Ahora se juntarán en la +era todas las segadoras, y armarán un bailoteo de cuatrocientos mil +demonios, y pandereta arriba y pandereta abajo, y copla va y copla +viene, y habiendo una luna hermosa como hay, tenemos broma hasta cerca +de las diez.

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No replicó palabra Gabriel, por lo mismo que se le ocurrían infinidad de +objeciones: pero no era ocasión de soltar la sin hueso allí delante de +la criada que entraba y salía llevando platos, vasos y servilletas. Su +impulso era decir:—Pues mira, vámonos á la era, y luego cenaremos +juntos,—pero se contuvo: todo le parecía prematuro, indelicado y fuera +de sazón mientras no tuviese con su cuñado una entrevista, lo que se +llama una entrevista formal.

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Trató de entretenerse observando. Le parecía poético aquel comedor tan +distinto de los que se ven en todas partes, sin aparadores, sin platitos +japoneses ó de Manises colga{t.1-231}dos por la muralla, sin cortinas ni +chimenea; por todo adorno, barrocas pinturas al fresco, desconchadas y +empalidecidas, representando pájaros, racimos, panecillos, ratones que +subían á comérselos, y otros caprichos de la fantasía del pintor; y en +el centro, frente á la vasta mesa de roble y á los bancos duros, de +abacial respaldo, el péndulo solemne. También la mesa se le antojó que +tenía carácter ó cachet, ese no sé qué de arcaico que enamora á las +cansadas imaginaciones modernas, y se confirmó en ello al fijarse en el +plato que le pusieron delante, en cuyo fondo campeaban emblemas +curiosísimos, que le trajeron á la memoria su edad infantil, pues en su +casa siendo niño había visto loza idéntica. Era en efecto resto de dos +docenas de platos traídos por doña Micaela, la madre del marqués, que +debían formar parte de alguna soberbia vajilla hecha para un Pardo +virrey ó magnate: tenía en el centro el escudo de los Pardos de la Lage +dividido en dos cuarteles; en el de la derecha se encabritaban dos +leones rampa{t.1-232}ntes en campo de gules, y en el de la izquierda otro león y +cuatro cruces de Malta en campo de oro. Un casco con una cruz de +Caravaca por cimera remataba el escudo: sobre él se leía en una +banderola la divisa: Fortis in fide et regi fidelis; bajo el escudo, +en otra banderola, Per cruces ad triumphos. ¡Resto de algo glorioso, +esculpida y dorada proa que recuerda al buque náufrago! Distrajo á +Gabriel de la contemplación del plato, su cuñado que con inmenso +cucharón de plata le servía una sopa de pan humeante, grasienta y +doradita. La sopa cubrió en un momento los lemas heroicos y los fieros +leones, y no quedó ni señal de la pluma flotante del casco, ni de los +airosos picos en que se bifurcaban al extremo las gallardas banderolas +de las divisas.

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Si Gabriel pudiese recordar otras épocas de los Pazos, notaría, no sólo +en aquella exhibición de vajilla blasonada, sino en mil detalles más, +que allí reinaba cierta suntuosidad desconocida cosa de veinte años +antes. Y no era que don Pedro Moscoso se hubiese pulid{t.1-233}o y civilizado +algo; al revés: con la mengua de sus fuerzas físicas, con el paso de la +vida nómada de cazador á la más sedentaria de hidalgo que cultiva sus +tierras, con el terror de la gota, de la vejez y de la muerte, terror +que se iba escribiendo en su huraño semblante, le había entrado mayor +indiferencia que nunca por las finuras y elegancias: en cambio la +materia le dominaba, cogiéndole por el flaco de la gula, y como todos +los gotosos, apetecía justamente los platos y vinos que más daño podían +causarle. El ramo de pompas y vanidades corría de cuenta del insigne +Gallo, en quien latía la inclinación más irresistible al fausto y +esplendor, y que procuraba deslumbrar al huésped con la vajilla y con +cuanto pudiese.

+ +

Cuando después de reposar la cena fumando un par de cigarrillos, pedía +Gabriel á don Pedro una entrevista confidencial para el día siguiente, +retirábase el Gallo á sus habitaciones en compañía de su mujer, la cual +acababa de disponer todo lo necesario{t.1-234} al alojamiento del huésped. Nada +menos que á sus habitaciones que eran en la planta baja, muy apañadas y +cucas, con divisiones nuevecitas de barrotillo y enlucido de yeso. Todo +lo que antes fué madriguera del zorro Primitivo, lo había convertido el +presuntuoso Gallo en corral digno de sus espolones y fachenda. Y cuanto +tenían de destartalados y tristes los aposentos de arriba, que habitaba +el señor, otro tanto de cómodos y alegres los de abajo, el nido que se +labraba el mayordomo. Llenitas como un huevo, nada faltaba en ellas: ni +los cómodos armarios recién pintados, ni las útiles perchas, ni las +sillas y sofá de yute, ni el espejo grande en la salita, ni las +fotografías harto ridículas, en sus marcos dorados, ni cromos de frailes +y majas, ni muñequitos de porcelana tocando el violín, ni calendario +americano, ni, en suma, ninguno de los objetos que componen el falso +bienestar y el lujo de similor que hoy penetra hasta en las aldeas. La +cama de matrimonio era negra maqueada, es decir, con {t.1-235}unos pecaminosos +medallones dorados y unas inicuas guirnaldas de rosas; á cada viaje que +el Gallo hacía á Orense, se le acrecentaba el deseo de trocarla por una +dorada enteramente, lo cual era á sus ojos el colmo de la ostentación y +sibaritismo humano; pero un vago recelo de lo que podría decir la gente +envidiosa y chismosa, le contenía siempre, reduciendo su vehemente +capricho al estado de sueño, de aspiración imposible, y por lo mismo más +seductora.

+ +

Las pollitas, ó sean las hijas del Gallo, de siete y nueve años de edad, +dormían ya como sardina en banasta en una misma cama, la una en posición +natural, la otra con los pies hacia la cabecera; dormían con los ojos +colorados y los carrillos hechos un tomate de tanto becerrear y llorar, +porque querían ir á la era, á oir tocar la pandereta y cantar la +encomienda; pero su padre, que profesaba las más severas ideas +respecto al decoro de las señoritas, no se lo había permitido. Sabel +empezaba á soltarse los cordones de las i{t.1-236}nnumerables sayas que vestía +según la costumbre aldeana: y el Gallo, sentado en una butaca, al lado +de una mesa que sustentaba la lámpara de petróleo (una lámpara nada +menos que de imitación de porcelana japonesa) tomó el periódico que á la +sazón recibía, y era si no mienten las crónicas El Globo, y comenzó á +chapucear sueltos, asombrándose mucho del calor que hacía en Nueva York, +y exclamando:

+ +

—¡Ave María de gracia!... ¡Dice que están á noventa... y cin... y +cin... co farengues... (95° Fahrenheit se cree que sería), y trin... +trienta y ci... cinco y ciento gra... dos!... (35° centígrados, supongo +que rezaría la hoja.) Mujer... ¡qué pasmo!

+ +

Sabel, que se acostaba entonces, respondió con una especie de +complaciente gruñido, estirándose gustosa entre las sábanas, pues sin +saber cuántos farengues de calor se gastaban por allí, sabía que había +sudado el quilo el día entero. Y con ese género de gruñidos salía del +apuro siempre que su consorte {t.1-237}se empeñaba en enseñarle el santito, el +grabado, ó mejor dicho el borrosísimo cliché del periódico, para hacerle +admirar cuatro chafarrinones y media docena de rayas en que una fantasía +ardiente podía reconocer, ya una Aldea rusa á orillas del Volga, ya la +Vista de Constantinopla tomada desde el Bósforo, con otros primores +artísticos de la misma laya. Aquella noche, después de pagar el +imprescindible tributo á la política exterior y al movimiento europeo, +ambos cónyuges, después de apagar el quinqué soplando fuertemente en la +boca del tubo, entre el silencio y la oscuridad y el bienestar del +lecho, que refuerza muchísimo la potencia discursiva, se echaron á +indagar, comunicándose sus reflexiones, qué demonios sería aquell{t.1-238}a +venida del señorito don Gabriel.

+ +

XV

+ +

La primer noche de los Pazos fué para Gabriel Pardo noche de fiebre. +Fiebre de impaciencia, fiebre de cólera, fiebre de recuerdos, de +esperanzas, de curiosidad, de indefinible y hondo temor, y además... +¿por qué negarlo? ¿por qué dudarlo? ¡fiebre amorosa!

+ +

¡Amorosa! ¡Una niña á quien había visto un cuarto de hora, que le había +dicho buenas tardes por junto y enseguida á recoger gavillas de +centeno sin mirarle más á la cara! ¡Una niña cuyos rasgos fisiognómicos +le sería imposible recordar con exactitud!{t.1-239}

+ +

—No soy yo quien se enamora, es mi imaginación condenada—pensaba el +comandante.—Parezco un cadete. Pero es que en esa chiquilla he cifrado +yo muchas cosas. La familia pasada y la futura, mi mamita y mi hogar, +mis ya casi desvanecidas memorias de cariño y mis justas aspiraciones á +los afectos santos que todo hombre tiene derecho á poseer... Por eso me +ha entrado así, tan fuerte.

+ +

Cabalmente le habían dado el cuarto de su mamita—¡el cuarto en que +había muerto! Él no lo sabía. Por una especie de convenio tácito consigo +mismo, y á fuer de persona recta, le repugnaba hacer ninguna pregunta +hostil ó desagradable en una casa adonde venía en són de paz; así es que +no había querido ni enterarse de cuál era el cuarto. Se lo dieron +porque, arreglado poco antes de la boda, se encontraba más presentable +que el resto de la desmantelada huronera, tan invadida por las aficiones +agrícolas del dueño, que en algún salón la cosecha de maíz sobrante se +amontonaba á ambos lados en rimero de{t.1-240} oro.—Allí la cama barroca, con +su dorado copete figurando el sol; allí el biombo con inverosímiles +pinturas de casas y árboles; allí todavía el canapé de estilo Imperio en +que se reclinaba la enferma, la honda ventana junto á la cual se sentaba +á leer en un sillón de gutapercha ya descascarado; sobre la cabecera +estampas de su devoción, un rosario de azabache con engarce de plata... +todo había sido conservado allí, no por respeto ni por ternura, sino por +la indiferencia de la vida campesina, por el tamaño del gran caserón, +donde se pasaba un año sin que fuesen visitados algunos aposentos.

+ +

Gabriel velaba revolviéndose en la cama, escuchando el silencio, ese +silencio campesino en que vibran siempre ladridos de canes vigilantes, +murmullos de agua y brisa, coros de ranas, y antes de la aurora, gemir +de carros, y á la aurora, dianas de gallos de sangre ligera. Calculaba +qué línea de conducta le convendría adoptar al día siguiente; al fin +optó por la más leal. Hablaría con el hid{t.1-241}algo francamente, se lo diría +todo, obraría de acuerdo con él y previo su consentimiento. Y si le +negaba autorización para hacerse querer de la niña... bien, entonces le +asistiría el derecho de tomársela.

+ +

Llegó al cabo el amanecer y sucedióle á Gabriel lo que á todos los que +se pasan la noche en blanco suspirando por el día: que se quedó profunda +é invenciblemente dormido. El marqués de Ulloa, inveterado madrugador +gracias á sus hábitos de caza y siesta, vino con impertinente celo á +despertar á su cuñado, aguijoneándole ya la curiosidad de saber el +objeto de la venida del comandante. Gabriel fué llamado al mundo real +cuando más á su sabor se encontraba en el de las quimeras. Propuso el +marqués, á guisa de armisticio, que la conversación fuese de cama á +butaca, pero Gabriel rechazó las sábanas, y empezó á vestirse y lavarse +en un aguamanil tan chico como incómodo, con dos tohallas no mayores que +pañuelos de narices. Convinieron en que la entrevista se c{t.1-242}elebraría +dentro de media hora en el despacho y archivo del marqués de +Ulloa—archivo que ya volvía á encontrarse punto más punto menos, en su +pristino estado, antes de arreglarlo cierto capellán.

+ +

El artillero acudió puntualmente, y sin saber cómo, el diálogo que +Gabriel se había propuesto que fuese sumamente correcto y formal, tomó +en seguida giro humorístico, descarado y hostil por ambas partes.—Me +dejas pasmado.—No sé por qué.—Pero, vamos claros: tú tienes gana de +broma?—Nada de eso: con nadie, y menos contigo.—¿En qué quedamos; me +pides ó no á Manolita?—No te la pido; lo que hago es advertirte que voy +á intentar tomarla, porque me parece desleal proceder de otra manera: al +fin eres su padre.—¿Tomarla? ¿Cómo se entiende eso de tomarla?—¿Cómo +se entiende? No como lo entiendes tú, sino de otro modo: y para +explicártelo mejor, voy á ver si logro que la chica me quiera, y +entonces... entonces sí que te la pido.—Sólo faltaba que tampoco me la{t.1-243} +pidieras entonces.—Pues bien mirado, si ella quiere darse, es cuando +menos falta me hace que me la dés tú; pero... yo soy así.—Tú eres por +lo visto una buena pieza.—Nada de eso; al contrario; por sencillez y +por honradez te cuento á ti todo esto.—Pero... ¿estará decente que +andes tú por ahí acompañando á la chica, después de saber que tienes +tales proyectos?—Mis proyectos son muy honestos, y no parece sino que +tu hija anda muy recogida y pierniquebrada.—Hombre... hombre!—La has +criado como un marimacho, sin recato ninguno, ¿sabes? Y muy mal, por no +decir infernalmente.—Y á ti ¿quién te da vela?...—Poca cosa: como que +intento ser su marido, y como que soy el hermano de su madre.—Manolita +es una chiquilla, y además.... no anda sola.—No, ya sé que la +acompaña... el hijo del mayordomo.—(Aquí los ojos de ambos cuñados +cruzaron una mirada singular, y don Pedro acabó por bajarlos).—Siempre +anduvieron juntos ella y ese rapaz desde pequeñitos.—Bonita razón! En +fin, al grano{t.1-244}; ¿me permites, sí ó no, que pruebe á agradar á +Manolita?—¿Y si no te lo permito?—Lo haré sin tu permiso; sólo que lo +haré desde fuera de tu casa, porque no me parecerá regular venir á +meterme en ella para obrar contra tu gusto.—Y si te doy permiso y le +agradas ¿te casarás con ella?—Hombre! ese es mi propósito: pero y si +tratada, no me gusta? No puedo empeñarte mi palabra.—Me estás +proponiendo cosas raras.—Aún voy á proponerte otra más rara que todas +las demás. Si se arregla la boda, no le dés un céntimo á tu hija de +presente, y dispón tu testamento como te dé la gana y á favor de quien +se te antoje.—Eh.... Ni un cént.... Quieto, quieto; mi hija no está en +la calle; por de pronto tiene... la legítima materna.—(Por ahí te +duele, pensó Gabriel cuando oyó esto).—La legítima materna de Manolita +te la cederé: yo le señalaré de mi patrimonio, en carta dotal, otro +tanto como le corresponda por herencia de su madre.—Yo... en realidad +de verdad... así Dios me salve...—He dicho que ni{t.1-245} un céntimo de +presente, ¿cómo se dicen las cosas?... Y el día de mañana... lo que te +dicte tu conciencia... y nada más.—(La cara del marqués se dilataba, su +barba gris temblaba de placer).—Vaya, vaya con don Gabriel Pardo! ¿Y +cómo ha sido ese repentón de gustarte la chica?—Tres meses hace que me +gusta.—¿Sin verla?—¡Se entiende! Casi no la he visto aún á estas +horas. A ti, ¿qué te importa eso? Es cuenta de ella y mía. No se te pide +sino la aquiescencia y nada más.—Pues... por mí... trato hecho.—Trato +hecho... Acabáramos!

+ +

—Ya tengo—pensó Gabriel al volver á su cuarto—campo libre y carta +blanca. Pasábase el cepillo por la cabeza á fin de alisar y distribuir +mejor sus cabellos finos y escasos, cuando el corazón le dió un brinco +absurdo, inverosímil: unos dedos menudos herían aprisa la puerta, una +voz que le era imposible confundir ya con otra alguna, preguntaba:

+ +

—¿Hay permiso?

+ +

Manolita entró. Venía vestida con algún{t.1-246} más esmero que el día anterior, +y su traje de percal color garbanzo salpicado de cabecitas de perros, +látigos y gorras de jockey, revelaba pretensiones de seguir la moda y +procedencia orensana ó pontevedresa. El peinado también indicaba más +larga elaboración que la víspera, y había un lazo azul de raso al +extremo de las trenzas. La muchacha se adelantó sin cortedad alguna por +el cuarto de su tío, y con cierta sequedad le dijo, de carretilla y en +tono uniforme, á manera de chico que recita la lección:

+ +

—Buenos días. ¿Cómo ha descansado usted? Yo... bien. Dice papá que le +lleve á ver el huerto y la casa toda.

+ +

—Gracias, niña... Y para venir conmigo te has compuesto así?

+ +

—Mandó papá que me pusiese el vestido nuevo para acompañarle á usted.

+ +

—¿Te sería igual tutearme... ó te parezco demasiado viejo? Di—añadió +con unos visos de melancolía.

+ +

—Algo viejo es... y me da vergüenza.{t.1-247}

+ +

Gabriel se quedó encantado de la contestación. «Ella me tuteará»—pensó +para sí;—y añadió en voz alta:

+ +

—Pues cuando tengamos más confianza. Ahora, vámonos por ahí, al +huerto... Tengo más ganas de aire libre que de ver la casa. ¿quieres mi +brazo?

+ +

—¡Brazo! Ay qué chiste! Tengo los dos que Dios me dió. Puede que...

+ +

—¿Qué?

+ +

—Que si fuésemos por ahí... por montes... le tuviese yo que dar la +mano.

+ +

—Pues mira... Justamente quería pedirte ese favor. Que me enseñases +paseos largos, sitios bonitos... Tú que conoces todo este país como tu +propio cuarto.

+ +

—Sí; pero á esta horita—notó la muchacha castañeteando los +dedos—quién se atreve á pasar más allá del bosque? No se aguantará la +calor, y usted que no tiene costumbre...

+ +

—Pues al bosque ahora, y á la tarde... me llevarás á donde gustes, +chiquilla.

+ +

Volvióse la muchacha con un movimiento{t.1-248} de malhumor y aspereza, que ya +dos veces había observado en ella Gabriel; y este síntoma infalible de +detestable educación, en vez de desalentar al artillero, le atrajo +más.—Es un terreno inculto, virgen, lleno de espinos, ortigas, +zarzales... ¡Pobre huérfana, y pobre hermana mía! Si viviese... A falta +suya, yo desbrozaré esa maleza, á fuerza de paciencia y de cariño.

+ +

La montañesa echó delante, ágil y airosa como una cabrita montés, y su +tío la seguía, rumiando aquello del terreno virgen, y observando con +gran placer que era aplicable así á lo moral como á lo físico de la +muchacha. La cintura de Manolita, en vez de ser de forma cilíndrica, +tenía las dos planicies delante y detrás, que suelen delatar la +inocencia del cuerpo; su nuca (descubierta por la raya que dividía las +trenzas colgantes), su nuca, esa parte del cuerpo femenino que el arte +moderno ha rehabilitado devolviéndole todo su valor expresivo, era de +las más tranquilizadoras, por su delgadez y pureza, y lo raro{t.1-249} y lacio +del pelo corto que la sombreaba; su andar era andar de cervatilla, sin +languidez alguna, y sus sienes rameadas de venas azules y su frente +convexa la hacían semejante á las santas mártires ó extáticas que se ven +en los museos.

+ +

—¡Cuánto tengo aquí que enmendar, que enseñar, que +formar!—reflexionaba Gabriel, muy encariñado ya con su oficio de +preceptor.—Pero hay terreno, hay sujeto... ¡La han descuidado tanto! Lo +que exista aquí de bueno ha de ser bueno de ley, por deberse +exclusivamente á la fuerza é influjo del natural, á la rectitud del +instinto. Más fácil es habérselas con esta niña, entregada á sí misma +desde que nació, que con esas chicas criadas en una atmósfera +artificial, y á quienes la solicitud y los sabios... ó hipócritas +consejos de las mamás, tías, y amiguitas, han cubierto de un barniz tan +espeso y compacto, que el demonio que sepa lo que hay debajo de +él.—¿Con que á dónde me llevas? al bosque? Pero qué modo de +correr!—exclamó en voz alta,{t.1-250} viendo que Manolita atravesaba velozmente +las habitaciones de la casa, bajaba las escaleras de cuatro saltos, y +sin aflojar el paso se metía por el huerto.

+ +

—Corra también—respondió la niña casi sin volver la cara:—¡todo esto +de la casa y la huerta es más cargante! Ya iremos despacio por el +soto... Allí da gusto.

+ +

Realmente el huerto parecía un horno. El día amenazaba ser del todo +canicular, y en la superficie del estanque, los mismos escribanos de +agua tenían pereza de echar complicadas firmas con sus largos zancos, y +adormecidos sobre las verdosas plantas palúdicas se entregaban al goce +de beber sol. Los átomos del aire vibraban, prontos á inflamarse cuando +el astro ascendiese á su zenit; innumerables insectos zumbaban entre la +hierba; gorjeaban con viveza y regocijo los pájaros, seguros de que con +aquel día tropical la espiga se abriría sola y los surcos se llenarían +de derramada simiente; de cuando en cuando, una bandada de mariposas +ejecutaba en{t.1-251} el ambiente de fuego una figura de rigodón, y luego se +desvanecía. Gabriel, sofocado, se había quitado el hongo, y abanicábase +con él. Sin pararse, de soslayo la chica lo vió.

+ +

—Va á pillar un soleado... ¡Ave María Purísima! Coja una hoja de +berza y métala en el sombrero, que sino... mañana á estas horas está en +la cama con un mal.

+ +

Obedeció el sabio consejo el artillero, y colocó dentro de su hongo una +hoja de col bien aplicada.

+ +

—¿Y tú?—exclamó en seguida.—¿Por qué no coges un soleado tú? No +llevas nada en la cabeza.

+ +

—¡Uy! Yo! Yo ya tengo confianza con el sol.

+ +

A lo lejos, más allá de los frutales del huerto, que apenas daban +sombra, destacábase el soto, como una promesa de frescura y bienestar; +el soto de castaños floridos, donde los rayos del sol no tenían acceso. +Pero Gabriel, fuese por detenerse un minuto, ó porque realmente el paseo +convidaba á refrescar la boca, se detuvo al pie de un ciruelo{t.1-252} cargado +de fruta, y llamó á su sobrina.

+ +

—Manuela?

+ +

Ella se volvió, asaz impaciente.

+ +

—Sabes que de buena gana comería un par de ciruelas?

+ +

—Pues cómalas, y buen provecho—respondió la chica encogiéndose de +hombros.

+ +

—Escógemelas; ten compasión de un pobre cortesano ignorante.

+ +

Seque no diferencia las verdes de las maduras?

+ +

—No... Sé un poco amable. Ayúdame.

+ +

Con el ceño fruncido, el ademán entre hosco y burlón, la chica alargó +los dedos, bajó una rama, fué tentando ciruelas... y en un abrir y +cerrar de ojos, dejó caer una docena, como la pura miel, amarillas por +la cara que miraba al sol y reventadas ya de tan dulces, en el pañuelo +limpio, marcado con elegante cifra, que Gabriel tenía cogido por las +puntas.

+ +

—Mil gracias... Ahora...

+ +

—¿Ahora qué?

+ +

—Cómete tú una primer{t.1-253}o, para que me sepan mejor las demás.

+ +

—No me da la gana... Estoy harta de ciruelas.

+ +

—Pues dispensa... Una más ó menos, no te produciría indigestión, y al +comerla, cumplirías un deber.

+ +

¿De qué?—preguntó ella fijando con dureza en Gabriel sus ojos +ariscos.

+ +

—El deber de las señoritas, que es hacerse agradables y simpáticas á +todo el mundo, y con mayor razón á los huéspedes que tienen en casa, y +todavía más si son sus tíos y vienen á verlas.

+ +

Una ojeada más fiera que las anteriores fué la respuesta de Manolita, +que echó á andar apretando el paso, tanto que á Gabriel le costaba +trabajo seguirla.

+ +

—Chica, chica.....—gritó.—Mira que he trepado por los vericuetos de +las Provincias, pero tú eres un gamo..... Aguarda un poco.

+ +

Paróse la muchacha, y agarrándose al tronco de un peral, y estribando en +la pie{t.1-254}rna izquierda, con la punta del pie derecho describía +semicírculos sobré la hierba. Al alcanzarla su tío, no dijo palabra; +suspiró con resignación, y siguió andando con menos ímpetu, pero sin +hacer caso del forastero.

+ +

Dejado atrás el huerto, pisaron la linde del bosque, alfombrada por las +panojas amarillentas de la flor del castaño, que empezaba á desprenderse +aquellos días y había impregnado el aire de un olorcillo que sin ser +embriagador perfume, tiene algo de silvestre, de fresco, de forestal, de +húmedo y refrigerante, por decirlo así, encantador para los que han +nacido ó vivido largo tiempo en la región gallega. No pecaba el soto de +intrincado; como más próximo á la casa, había sido plantado con cierto +orden y simetría, y los troncos de sus magníficos árboles formaban +calles en todas direcciones, aunque los obstruyese la maleza, dejando +sólo relativamente limpia la del centro, atajo que solían tomar los +peatones que descendían de la montaña, para llegar á los Pazos más +pronto. El rama{t.1-255}je era tan tupido y formaba tan espesa bóveda, que sólo +casualmente le atravesaba la claridad solar, engalanándolo con una +estrella de oro de visos irisados, trémula sobre la cortina verde. +Manolita andaba y andaba, pero más despacio ya, con el involuntario +recogimiento que produce la frescura y la oscuridad de un bosque. +Gabriel emparejó con ella, y señalándole el repuesto y solitario lugar y +la mullida hierba, le dijo:

+ +

—¿Vamos á sentarnos un poco? Esto está envidiable.

+ +

—Bien—contestó lacónicamente la muchacha, siempre con la misma agrazón +en el acento y el gesto; y se {t.1-256}tumbó como de mala gana en el blando +tapiz.

+ +

XVI

+ +

—Cortezuda es la pobrecilla!—pensaba Gabriel mientras su sobrina +callaba arrancando uno tras otro los pétalos de una flor silvestre. La +flor, que era una margarita, le contestó—mucho—pero la muchacha, que +nada tenia de romántica, no le habla preguntado cosa alguna.

+ +

—Manuela (esto ya iba dicho en voz alta y con dulzura y +ansiedad)—dispénsame que te haga una pregunta. ¿Estás así, incomodada y +de mal humor, por culpa mía, por tener que {t.1-257}acompañarme? Mira, dímelo +francamente, porque... no tendrá nada de particular, sabes?

+ +

Lo que se dice nada. Un pariente forastero que llega ayer, llovido del +cielo; á quien tú no has visto jamás ni probablemente oído nombrar dos +veces en toda tu vida; que no conoce tus gustos y costumbres, ni tú las +de él... más viejo... mucho más viejo que tú; y que va tu padre y te +manda que... lo acompañes, ¿no es eso? Hija, comprendo, comprendo +perfectamente que reniegues de mí.

+ +

Manuela bajó los ojos, que tenía clavados en el ondeante pabellón de las +ramas, y miró á su tío primero con cierta sorpresa, después con +atención. Gabriel, habiéndose quitado los quevedos, concentraba en sus +expresivas pupilas toda la vida de su espíritu.

+ +

—Como lo comprendo, no pienses que me he de enfadar contigo... Lo que +te dije antes, cuando te pedí que comieses las ciruelas, fué pura broma. +Yo no me enfado por sentimientos naturales y cosas propias de la edad; +además, nada que venga de ti puede enfadarme, niña. Tú{t.1-258} puedes hacer de +mí lo que quieras.

+ +

—¿Por qué?—preguntó la montañesa, cuya negra pupila se dilató de +asombro.

+ +

—Porque eres un ángel, y los ángeles no ofenden á nadie... y porque +aunque fueses un diablillo, yo... te querría, ¿sabes? Lo mismo que te +quiero... con toda el alma... con toda el alma!

+ +

Fué dicha la frase con tan sabrosa mezcla de calor y galantería, de +ternura paternal y fuego profano, que Manuela se sintió poco á poco +enrojecer desde la punta de la barbilla hasta la raíz del cabello, y su +infalible instinto femenil le dijo que había allí algo inusitado, algo +distinto de lo que podía decir un tío á una sobrina en el fondo de un +bosque. Y otra vez se juntaron sus cejas, y su boca de finos labios +adquirió expresión severísima.

+ +

—Tu madre—añadió Gabriel como para atemperar el encendimiento de sus +palabras—fué mi hermana del corazón, y he conservado {t.1-259}de ella tal +memoria, que sólo por ser tú hija suya, besaría la tierra que pisas... +¿te ríes, chiquilla? Pues verás como lo hago, ahora mismo.

+ +

Y sin más preliminares, Gabriel, que estaba recostado un poco más bajo +que la niña, se volvió, llegó el rostro á las yerbas en que el pie de +ésta reposaba, y aplicóles un sonoro beso.

+ +

La gravedad de la montañesa se disipó como el humo. Ver á aquel señor, +tan elegante, tan fino, tan formal, que aunque no era precisamente +viejo, parecía «persona de respeto,» y que sin más ni más besuqueaba el +suelo delante de ella, le arrancó una viva y sonora carcajada. Gabriel +le hizo coro.

+ +

—¡Gracias á Dios que te veo reir!—dijo al disiparse el primer +alborozo.—Gracias á Dios! Todo lo que sea no estar con aquella cara de +juez de antes, me gusta. Á tu edad se debe reir... es lo natural. ¡Qué +contento me da verte así! Sobrina mía... te declaro solemnemente que +eres muy bonita cuando te ríes. (Ya lo sabía la niña, y aunque +montañesa,{t.1-260} no ignoraba que al reir se le ahondaba un par de graciosos +hoyos en las mejillas y se lucían sus dientes, que en lo blancos y +parejos afrentaban á los piñones). Por lo demás—siguió Gabriel—á mí, +como te quiero, me pareces siempre muy linda... Sí, sobrinita. Antes de +verte ya me gustabas...

+ +

—¿Antes de verme?—interrogó la chiquilla con serenidad burlona, +enjugándose con las yemas de los dedos lágrimas de risa.

+ +

—Antes. ¿De qué te pasmas? ¿Te acuerdas tú de tu mamá?

+ +

—No... ¡Era yo tan cativa cuando se murió la pobre!

+ +

—¿Y cómo te la figuras tú? Fea ó bonita?

+ +

—¡Qué pregunta! Ya se sabe que bonita.

+ +

—Pues... lo mismo me pasaba á mí contigo antes de verte. Ea: ¿están +hechas las paces? ¿Somos amigos?

+ +

—Sí señor—respondió Manuela entornando los párpados.

+ +

—¿No estás disgustada por tener que acompañarme?{t.1-261}

+ +

—No señor...

+ +

—Sí señor, no señor... ¡Ay, ay, ay! Qué sonsonete! Mira que si me +enfado... te hago reir otra vez. Ya que no quieres tutearme... al menos, +no me digas señor: díme Gabriel, que es mi nombre.

+ +

—¿Tío Gabriel?

+ +

—Bueno, tío Gabriel, si así te parece que te podrás ir acostumbrando +á llamarme Gabriel á secas. Y ahora, que ya estamos con más confianza +(Gabriel apoyó el codo sano en el suelo y se reclinó cómodamente), +vamos, díme por qué estabas de mal humor conmigo esta mañana.

+ +

—Porque...—Manuela iba sin duda á soltar un secreto formidable; pero +de pronto sus labios se cerraron, sus ojos vagaron por el suelo, y +murmuró enérgicamente.—Por nada.

+ +

—¿Por nada?

+ +

—Por... porque hablando francamente, era mejor que papá lo acompañase; +yo no soy quien para entretenerlo ni darle conv{t.1-262}ersación. Bonita +diversión la que saca de estar conmigo. ¿De qué le he de hablar? Por eso +me dió rabia que papá discurriese mandarme á papar moscas con usted.

+ +

—Montañesita, eso que vas diciendo sí que es una chiquillada. No sólo +me distrae tu compañía, sino que la he solicitado. ¿De dónde sacas tú +que no tenemos de qué hablar? ¡Miren la muñeca! Vaya si tenemos: y +tanto, que no se nos acabará en muchísimo tiempo la conversación. +Podremos estar charlando una semana, y otra, y otra, y tener siempre +cosas nuevas de qué tratar.

+ +

Enarcó Manuela las cejas, entreabrió los labios, redondeó los ojos, y se +quedó como asombrada mirando al artillero.

+ +

—¿No lo crees?—dijo éste, que iba cortando con mucho primor, de una +uñada, tallos de gramíneas, y reuniéndolos, sin duda con ánimo de formar +un ramillete.

+ +

—No señor... tío Gabriel. Porque... yo soy una infeliz que me he criado +aquí, entre los tojos, como quien dice, y usted andu{t.1-263}vo mucho mundo y +corrió muchos pueblos y sabe todo... Conmigo se tiene que aburrir, ¿eh? +aunque por darme jarabe diga eso. Otra le queda.

+ +

—¡Ay, chiquilla! Te engañas de medio á medio. Pues si justamente te +necesito; si me haces muchísima falta para explicarme, y enterarme, y +ponerme al corriente de un sinnúmero de cosas importantísimas, en que +eres tú maestra y yo no sé ni el a, b, c...

+ +

—Vaya, vaya, vaya—canturreó la niña con su marcado acento del país.

+ +

—No hay vaya, vaya, que valga—murmuró Gabriel remedándola tan +jovialmente, que no había modo de enojarse por la parodia.—Sí señora. +Se lo digo á usted formalmente, con toda la formalidad que cabe en un +comandante de artillería. Mira, hijita, por lo visto tú eres como Santo +Tomás: ver y creer. Así es que te diré cuáles son esas cosas en que eres +una sabia y yo un borrico. Son... las cosas de por aquí, del campo.

+ +

—¿Del campo?{t.1-264}

+ +

—Cabales... Atiéndeme... Yo me he criado en un pueblo, he estudiado en +otro, he vivido en varios, y no he estado en lo que se llama campo, +sino en el campamento, que es muy diferente... Allí mira uno la tierra +desde el punto de vista de cómo podrá, abierta en trincheras, servir +para resguardarse del enemigo... y las montañas que yo he visto y +recorrido, ¿sabes lo que buscaba en ellas? Un punto estratégico en que +situar una batería... para santiguar desde allí á cañonazos á los +carlistas.

+ +

Inclinóse la montañesa hacia su tío, revelando en sus ojos brillantes, +en su respiración agitada, el interés con que infaliblemente escucha la +mujer toda historia en que juega el valor masculino.

+ +

—¿Estuvo en muchas batallas?—preguntó mostrando gran curiosidad.

+ +

—En unas pocas... pero no batallas campales y en grande, hija mía, como +esas que tú habrás visto pintadas ó te habrás representado en la +imaginación; fueron encuentros {t.1-265}parciales, tomas de fortines, asaltos de +trincheras, escaramuzas, tiroteos de avanzadas...

+ +

—¿Y muere gente en eso como en lo otro?

+ +

—¡Ah! Morir, sí, lo mismo; en proporción, quizá sea más peligroso... +Allí ve uno muy de cerca el brillo de las bayonetas y los machetes, y la +boca de los rewólvers.

+ +

—¿Y á usted... lo hirieron? ¿Le hicieron daño?

+ +

—Sí, á veces... Rasguños.

+ +

—¿En dónde? ¿Aquí?—exclamó la chiquilla alargando su dedito moreno +hasta rozar con él la mejilla de su tío, el cual se estremeció +dulcemente, como si le hiciese cosquillas una de las delicadas gramíneas +que cortaba.

+ +

—No...—dijo sin ocultar el estremecimiento...—Esto fué la explosión +de un poco de pólvora que se me quedó embutida debajo de la piel...

+ +

—¡Ay! me ha de contar cómo fué. No..., pero antes las batallas.

+ +

Gabriel se incorporó quedándose sentado{t.1-266} en la hierba, con las piernas +estiradas y el haz de gramíneas en la mano. Habíalas verdaderamente +airosas y elegantes, montadas en tallos como hilos; sus menudas +simientes pajizas temblaban, bailaban, oscilaban, se encrespaban y +bullían como burbujas de aire moreno, como gotas de agua enlodada; +algunas semejaban bichitos, chinches; otras, como la agrostis, tenían +la vaporosa tenuidad de esas vegetaciones que la fina punta del pincel +de los acuarelistas toca con trazos casi aéreos, allá al extremo de los +países de abanico: una bruma vegetal, un racimo de menudísimas gotas de +rocío cuajadas. Con aquel fino puñado de hierba, Gabriel acarició la +cabeza trigueña de su sobrina, diciendo con una explosión de alegría +casi infantil:

+ +

—¡Ah, pícara... pícara! Ves cómo tenemos de qué hablar... y nos sobra. +¿Lo ves, lo ves? Yo te cuento guerras ó catástrofes como esta de la +pólvora que se me metió entre cuero y carne, y muchas cosas más que me +han pasado; y tú...{t.1-267}

+ +

—¡Bah! No haga burla, no haga burla... Ya se sabe que yo no puedo +contar nada que valga dos nueces.

+ +

—Que sí, mujer... Más que yo; doscientas veces más. Tú eres una doctora +y yo un ignorantón.

+ +

—¿Con tanto como estudió?

+ +

—En los colegios, hija mía, nos enseñan cosas muy raras y +estrafalarias, que andan en libros... y mira tú, lo bueno es que allí se +quedan, porque luego, en la vida, no se las vuelve uno á encontrar ni +por casualidad una sola vez. Pues sí... ¡tú vas á reirte de mí cuando +veas lo tonto que soy! No diferencio el trigo del centeno...

+ +

La montañesa soltó una carcajada fresquísima.

+ +

—No he visto nunca moler un molino... El único en que estuve lo tomamos +á cañonazos: era un molino en que se habían hecho fuertes las gentes del +cabecilla Radica... Ya te figurarás que no molía entonces...

+ +

Redobló la carcajada de Manuela.{t.1-268}

+ +

—Tampoco he visto segar... Ayer me enteré de que hacéis unas cosas que +se llaman medas, que son como una pirámide de haces de mies... y eso +porque te ví encaramada encima como un loro en su percha...

+ +

Ya no era risa; era convulsión lo que agitaba á Manuela, obligándola á +echarse atrás, á recostarse en el tronco del castaño para no caer... Con +una mano, á la usanza aldeana, se comprimía la ingle, y con otra se +tapaba la boca y la nariz, pero entre sus dedos rezumaban y salpicaban +chorros de risa que, por decirlo así, caían sobre el rostro del +artillero.

+ +

—Ay... ay... que me muero... que no puedo más...—decía la +chiquilla.—Ay... por Dios... no diga tontadas así...

+ +

Sonreíase él, contento del efecto producido, y haciendo girar entre +pulgar é índice el fino tallo de una gramínea, que por el volteo +apresurado parecía una rueda de dorada niebla. Paróse, al ver un insecto +semejante á una media bola de coral pulido, con pintas{t.1-269} de esmalte +negro, que le había caído sobre el dorso de la mano y allí permanecía +inmóvil.

+ +

—Ahí tienes—murmuró dirigiéndose á su sobrina, que pasado el espasmo +se había quedado como aturdida, con dos lágrimas que le asomaban al +canto de los lagrimales—mira si es verdad lo que tanto te hace reir, +que ahora me veo en el apuro de ignorar qué fiera es esta que se me ha +domiciliado en la mano.

+ +

—¿Esa?—balbució la niña como saliendo de un letargo—es una mariquita +de Dios.

+ +

—¿Y por qué se está tan quieto este bicho divino?

+ +

—¿Quiere que vuele? Yo la haré volar enseguida.

+ +

—¿Pinchándola? No. Mira que yo, aquí donde me ves con estas barbas, no +puedo sufrir que se lastime á ningún animal.

+ +

—¿Piensa que yo soy un verdugo? Verá cómo vuela solo con hablarle.

+ +

Y la niña, acercándose tanto á la mano de{t.1-270} su tío que éste sintió el +húmedo calor y la frescura de su sano aliento, murmuró misteriosamente:

+ +

Mariquiña, voa, voa, que ch’ei de dar pan é ceboa.

+ +

A las primeras sílabas del conjuro el insecto se bullió; á las segundas +removió sus patas, que parecían hechas de cabitos cortos de seda negra; +á las terceras entreabrió las alas de coral, descubriendo debajo otras +de gasa, de sombría irisación, que tenía replegadas como las alas +membranosas del murciélago; y antes de que la fórmula cabalística +terminase, alzó el vuelo rápidamente y se perdió en el aire.

+ +

—No he visto en los días de la vida animal más bien mandado—observó +Gabriel un tanto sorprendido.—¿Obedecen así los demás bicharracos?

+ +

—¿Los demás? Buena gana! Si fuese una avispa y le clavase el aguijón... +ya vería si obedecen ó no.

+ +

—¿De modo q{t.1-271}ue los bichos más dañinos son las avispas?

+ +

—¡Uy! otros son peores. Hay los de cuatro patas... Raposos y lobos; +allá en lo más alto de la sierra, jabalíes; la marta, que se come las +gallinas; el miñato, que mata las palomas... Pero á mí esos animales +fieros no me dan cuidado ninguno; me gustaría ir con los cazadores +cuando dan la batida á los lobos, que debe ser precioso; pero á lo que +tengo miedo es á... los perros rabiosos, en este tiempo del año. Dice +que cuando muerden, para que uno no se muera, hay que quemarle con un +hierro ardiendo el sitio donde dejan la baba... ¡ih, ih, ihhh! (Manolita +se estremeció, subiendo los hombros como si tuviese frío).

+ +

—¡Qué nerviosa es!—pensó para sí Gabriel, el cual, en medio de la +embriaguez que le producía el ver á la niña tan domesticada ya y +entretenida en tan familiar y afectuosa plática, no dejaba de +estudiarla, recordando que tenía que hacer con ella oficio de padre, de +maestro, y aun quizás de médico; tierno{t.1-272} protectorado, acaso lo más +dulce y atractivo de la obra de caridad que su corazón emprendía.—Al +mismo tiempo—calculó mirando la coloración trigueña, encendida y melada +del rostro de su sobrina—hay sangre, generosa, rica y roja... Me gusta +que tenga nervios: por el camino de los nervios se puede conseguir tanto +de la mujer!

+ +

Aún charlaron algo más antes de volver á los Pazos á la hora de la +comida. Al atravesar el bosque, pudo ver el comandante que los nervios +de su sobrina se estaban quietos en ocasiones que alborotarían los de +una señorita cortesana. Allá, en lo más oscuro y enmarañado del bosque, +notó Gabriel un roce entre las hojas, algo parecido al cimbrear de una +vara verde; y al punto mismo vió pasar á dos dedos de sí, con el +espinazo arqueado y enhiesto, arrastrado el pecho, la plana cabeza +erguida, una gruesa culebra, distinguiendo la blancura azulada de su +vientre. Sería como la muñeca de un niño, y mediría de largo vara y +media. Gabriel se que{t.1-273}dó fascinado, sintiendo el frío que causa la +presencia de los reptiles. Manolita en cambio se bajó, y escudriñando +entre las hojas caídas y la maleza, blandió triunfalmente un objeto +amarillento, larguirucho, diáfano, que parecía hecho de papel de seda +untado con aceite, por encima imbricado de escamas, por debajo plegado +en pliegues horizontales; un andrajo orgánico, que aún parecía conservar +la flexible curvatura del tronco que momentos antes revestía.

+ +

—La camisa de la culebra!—gritaba entusiasmada Manola.—¡La ha soltado +ahí la bribonaza! ¡Vestido nuevo, que estamos en tiempo de feria! Ah +maldita! Si yo tuviese una piedra con que esmagarte los sesos!... +Mire, mire, mire—exclamó metiéndosela á Gabriel casi por los +ojos:—mire la hechura de cabeza, mire la boca, mire los ojos... como se +conocen los ojos!

+ +

—La llevas?—preguntó Gabriel viendo que se la enrollaba á la muñeca.{t.1-274}

+ +

—Toma! Para enseñársela á Perucho.

+ +

XVII

+ +

Después de comer, transcurrida la hora sagrada de la siesta, Gabriel +sintió otra vez llamar á su puerta, no con los nudillos y desdeñosamente +como por la mañana, sino con el batir imperioso de una manecita que +manifiesta cierta cordialidad y deseo de ver pronto á la persona que +busca. Saltó el comandante del canapé en que se había recostado, más á +leer que á dormir. Como todo hombre de hábitos intelectuales, Gabriel, +al llegar á los Pazos, había buscado algún alimento del alma, alguna +lectura: el obsequioso{t.1-275} Gallo le había ofrecido sus periódicos (el señor +los leía también al día siguiente); pero Gabriel, recordando haber visto +por la mañana en el archivo un armario-estantería donde encima de las +oscuras encuadernaciones de antiguos libros relucía algún filete de oro, +se fué allá terminada la comida. Al abrir las hojas forradas, en vez de +vidrios, de rejilla de alambre, salió una tufarada de moho, de polvo, de +humedad; cenicientas polillas huyeron despavoridas de su refugio +predilecto. No se arredró: fué sacando volúmenes. Cada libro que abría +era un depósito de larvas, una red de túneles abiertos por el diente del +insecto bibliófilo: y el cadáver del siglo XVIII se alzaba de su +sepulcro, todo comido de gusanos: allí estaban, calados y alicatados por +la polilla con mil pintorescos dibujos, La Enriqueida, El Contrato +Social, la Moral universal, las Confesiones, la Nueva Heloísa: y +también las novelas del género sentimental interminable: Clara +Harlowe, Pamela Andrews, á las cuales las ratas, por {t.1-276}no ser menos +que los bichos, habían roído los cantos y puesto como una sierra el +borde de las hojas. Lo único que encontró Gabriel en mediano estado +fueron las obras de Feijóo y Sarmiento, unos tomos del Viajero +universal y un ejemplar de los Nombres de Cristo, así como la +traducción del Cantar de los cantares, también del Maestro León. +Llevóse para su cuarto lo más aceptable, y recordando sus aficiones +filosóficas, se hundió en las luminosas simas platónicas de los +Nombres. Pero entre su vista y la hoja de grueso papel en que el +tiempo había derramado un baño de ámbar, se interponían dos ojos serenos +y ariscos, ojos de novilla virgen, que miraban con despego primero y con +pensativa curiosidad después. ¡Qué aprisa soltó el libro al oir llamar!

+ +

—Está cansado? Si no, es hora de ir saliendo.

+ +

—Adónde?

+ +

—Por ahí. ¿No dijo que quería...?

+ +

—Sí, chiquilla; contigo, al fin del mundo.

+ +

Ella se encogió de hombros, respuesta que{t.1-277} tenía preparada para cuanto +le sonaba á galante broma: pero ya sin el enfado rabiosillo de por la +mañana.

+ +

Al salir á campo abierto, sobrecogió á Gabriel el ardor sofocante del +día. El aire era fuego, fuego fluido que envolvía el cuerpo, penetraba +en el cerebro, derretía los sesos y causaba la sensación de hallarse +metido en una zanja, rodeado de hogueras. La naturaleza, abrumada por +aquella temperatura canicular, yacía inmóvil: no corría brisa alguna. +Manuela sin embargo andaba ligera, en términos que á su tío siempre le +costaba trabajo seguirla. Tomaron un sendero oculto días antes por el +movible mar de oro del trigo: pero ya la vega había ido despojándose del +manto de seda amarilla, y la vista no se recreaba al contemplar, desde +los oteros, las anchas alfombras, tan alegres, que parecían un pedazo de +luz solar: ahora se veía la desnudez de la tierra, la negrura de los +surcos, invadidos por el estéril helecho, y sobre los cuales yacían los +haces en desorden como muertos{t.1-278} después de la batalla; entre las +cortadas espigas doblaban la cabeza moribundas las amapolas de tafetán +con corazón de terciopelo negro, las nevadas mejoranas, los cardos, las +alfalfas y tréboles, toda la flora que se cobija á la sombra de la mies +y vive por ella sola. Aún queda otra cosecha, en verano, otra planta +tierna y verde que esparce su polen fecundante por el aire encendido: es +el maíz, el maíz susurrón y melancólico, nunca saciado de agua; la +cosecha del otoño gallego. Manuela fijó los ojos en la cortiña segada.

+ +

—Después de que siegan ya parece que se escapa el verano—pronunció con +cierta pesadumbre, pensando en alto, pues el verano era para ella la +época suspirada, la época en que su compañero, su amigo de toda la vida, +regresaba de Orense, y corrían y se solazaban juntos. Gabriel no +comprendió el pesar de la montañesa: creyó que pensaba en el trigo no +más, y miró á su vez los surcos. Empezaba á considerar con simpatía, +aunque por reflejo, aquella cosa vasta y vaga, el camp{t.1-279}o, mas no se le +ocultaba que la veía al través de Manuela, con ese interés que inspiran +las cosas que son el ambiente y el marco de la persona querida.

+ +

—¿Se puede saber á dónde me lleva su alteza la infanta?—preguntó +cuando cruzaron el barbecho y fueron bajando á una pequeña hondonada en +que crecían hasta una docena de olmos muy bajos.

+ +

—Vamos á la represa del molino... le enseñaré cómo muele... porque si +subiese por la montaña, se moriría con el calor que hace...

+ +

—No, mujer... ¿por quién me tomas? tú crees que yo soy una damita... +Verás cómo no me canso, por muy largo que paseemos y por mucho que sea +el calor.

+ +

Lo cierto es que el artillero pensaba ahogarse. Desde los tiempos en que +andaba á la greña con los carlistas, no había pasado sofocón por el +estilo, y el andar rápido de la muchacha le ponía á prueba. Pero antes +mártir que confesor. No quería darse por{t.1-280} vencido ante un poco de sol, +y, como todos los enamorados, quería alardear de vigor y salud.

+ +

—Vaya, vaya—dijo con graciosa roncería su sobrina—que si yo lo +llevase allí (y señaló una cumbre no muy distante, que herida por el sol +brillaba con resplandores micáceos), ya veríamos si podía volver por su +pie.

+ +

—Niña... ¿pero tú te imaginas que nunca he escalado montes? ¡Caramba, +hija! Y con la batería, que es un poco más peliagudo. ¿Cómo se llama esa +altura?

+ +

—Pico-Medelo. Otro día iremos allá, ya que se hace de tan valiente, á +ver quien saca la lengua primero; pero hay que salir por la fresquita de +la mañana y entonces se ve desde allí una vista tan preciosa, que no sé: +dicen que hasta se ve algo de Portugal. Es preciso que sea un día que +sople vendabal, porque con él se ve más lejos que con el nordés. Y +allí hay unas piedras viejísimas que dice que fueron de un castillo del +tiempo...

+ +

La montañesa reflexionó, llamando {t.1-281}en su ayuda todo su caudal de +erudición.

+ +

—Del tiempo de los moros—exclamó al fin muy formal.

+ +

Viendo en el rostro de Gabriel una media sonrisa cariñosísima, añadió:

+ +

—¡Bah! Me hace burla. Pues no le vuelvo á contar nada. ¡Cuidado ahí! +Que se puede resbalar en las hierbas, y ¡pataplum!

+ +

Seguían orillando el diminuto barranco, en cuyo fondo iba cautivo un +riachuelo que después se tendía encharcándose, antes de llegar al +molino, invisible aún. La proximidad del agua y la sombra de los olmos, +en tal momento, hacían del barranco un oasis. Entapizaban la superficie +de la charca esas plantas acuáticas, esas menudísimas ovas que parecen +lentejuelas verdegay, y engañan la vista representando una continuación +del prado: Manuela avisó al artillero, cogiéndole del brazo, para que no +metiese la bota entera y verdadera en el río. Al borde de la charca se +arrastraban rojizas babosas y limazas negras de una cuarta de largo: +daba grima pisarlas{t.1-282} por la resistencia elástica que oponía su cuerpo. +Espadañas, gladiolos y juncos elevaban sus lanzas airosas al borde del +agua. El terreno estaba empapado, y la suela de la bota de Gabriel, al +posarse en la hierba, dejaba un ligero charco, borrado al punto. Oíase, +misterioso y grave, el ruido del agua en la presa. Manuela se volvió de +pronto.

+ +

—¿Sabe pescar?—dijo á su tío.

+ +

—¡En qué aprieto me pones! Jamás he cogido una caña, ni una red, ni...

+ +

—¡Qué lástima! Si Perucho viniese, esta noche de seguro que cenábamos +una anguila tan gorda como mi brazo (y ceñía la manga de su traje para +que se viese bien el grosor de la anguila.) Las hay hermosas en la +presa. Entre el mismo barro las pescan con un pincho... Hay que +remangarse...

+ +

—Vea usted—pensaba para sí el artillero.—¿De qué me sirven aquí +filosofías ni matemáticas? Me convendría mucho, para conquistar á esta +criatura, pescar anguilas. Yo aquí soy un sér inútil.{t.1-283}

+ +

Rota la cortina de olmos, apareció el estanque de la presa, del cual +emergían los escobones de las poas y las flores rosas de la salvia: el +agua se precipitaba espumante, pero Manuela vió con sorpresa paradas las +paletas del molino.

+ +

—Hoy no muele—dijo meneando la cabeza.—Ya me figuro por qué será; +pero venga, que preguntamos.

+ +

Desandó lo andado, y volviendo á meterse por entre los olmos, torció á +la derecha por un maizal, y pararon ante una era mucho más chica que la +de los Pazos, cerrada por humilde tapia. Un perro de amarillento pelaje, +atado á una cuerda al pie del hórreo, saltó ladrando como una fiera y +arrojándose á morder; pero á la puerta de una casuca asomó una mujer +anciana, y amansó al fiel vigilante con un—¡Quieto, can!—que en sus +labios sonaba como regaño de persona cortés al criado que recibe mal una +visita.

+ +

—Entren, entren, mi ama y la compañía—suplicaba obsequiosamente la +vieja, riéndose{t.1-284} con desdentada boca. Gabriel miró á la mujer y la +encontró típica. Representaba unos sesenta años: el sol había curtido su +piel, que en los sitios donde sobresalen los huesos tenía el bruñido y +la lisura de la piel de los arneses cuando el uso la avellana. Sus ojos +grises, incoloros, hacían un guiño entre malicioso y humilde; su +pescuezo colgaba en pellejos negruzcos, confundiéndose su color y la +sombra del arranque del pelo, única parte que descubría el pañuelo atado +á la usanza campesina, con una punta colgando sobre la espalda y dos +cruzadas encima de la frente, á modo de orejas de liebre. Llevaba +pendientes de prehistórica forma, parecidos á los que tal vez se +encuentran en alguna sepultura; y el cruce de otro pañuelo sobre su +pecho dejaba adivinar senos flojos de hembra cansada de criar numerosa +prole. Remangadas las mangas de la camisa, se ostentaba su brazo—un +poema de laboriosidad, un brazo en que las finas venas azules, que al +escotarse las damas atraen la vista como el jaspeado{t.1-285} de un rico mármol, +eran gruesos troncos negruzcos, cuyas raíces se destacaban en relieve +sobre la carne terrosa, parecida á barro groseramente cocido.—El +semblante de la vieja respiraba satisfacción y amabilidad, y guiaba á +los visitadores hacia su casa como si les fuese á hacer los honores de +un palacio.

+ +

A la puerta estaba un rapazuelo como de dos años, de esos que se ven +jugar ante todas las casucas de labrador gallego: cabeza grande, pelo +casi blanco de puro rubio, muy lacio y que cae hasta la nariz, +barriguilla hidrópica, fruto de la alimentación vegetal, sayo que +respinga por delante, pies zambos, magníficos ojos negros que se clavan +fascinados de terror en el que llega, el índice metido en la boca, y +suspensa la respiración. El rapaz lucía un sombrero de paja con cinta +negra, en el estado más lastimoso. La abuela, al entrar precediendo á +Manolita y Gabriel, le dió un pequeño lapo para que se apartase, y en +dialecto explicó, repitiendo cada cosa cien veces{t.1-286} y con las mismas +palabras, que los chiquillos eran unos demonios, que á éste y á su +hermana los había tenido que encerrar en el sobrado para poder cocer con +sosiego, que hacía más de dos horas que pedían bola, aun antes de +estar amasada la harina y caliente el horno, y que si no le bastaba +haber cuidado tantos hijos, ahora le caían encima los nietos.

+ +

—Son los chiquillos del molinero—dijo Manolita alzando al muñeco +panzudo y besándolo en la faz, sin asco del amasijo de tierra y algo +peor que le cubría nariz y boca.—¿Y... por qué no está hoy su hijo en +el molino, señora Andrea?—preguntó á la vieja.

+ +

—¡Ay mi ama... palomiña querida!—exclamó lastimosamente ésta, +levantando al cielo las manos, como para tomarlo por testigo de alguna +gran iniquidad.—¿Y no sabe que estos días, con el cuento de la siega... +de la maja... no sabe cómo andan, paloma?

+ +

Al entrar en la casa, lo primero que vió Gabriel fueron las cabezas de +dos hermosos{t.1-287} bueyes de labor, que asomaban casi á flor de suelo, +saliendo de un establo excavado más hondo. A un lado y otro, haces de +hierba. A izquierda, la subida al sobrado, donde estaban las mejores +habitaciones de la casa: una escalera endiablada y pina, por donde +treparon todos, y tras ellos, á gatas, el chicuelo. Arriba encontraron á +su hermanilla, morena de cuatro años, hosca, ojinegra, redondita de +facciones; cuando le alabaron su hermosura tío y sobrina, respondióles +la vieja con afable sonrisa:

+ +

—De hoy en un año andará por ahí con la cuerda de la vaca...

+ +

Gabriel sintió un estremecimiento humanitario. ¡Con la vaca, aquella +criaturita poco más alta que un abanico cerrado, aquel sér lindo y +frágil, aquellas mejillas que pedían besos; una cuerda gruesa, áspera, +enrollada á aquella muñequita débil! En dos minutos la incorregible +fantasía le sugirió mil disparates, entre ellos adoptar á la niña; todo +paró en echar mano al bolsillo para darle {t.1-288}una moneda de plata; pero se +había dejado en los Pazos el portamonedas, y sólo encontró el pañuelo. +Este era de los más elegantes para viaje y campo, de finísimo fular +blanco, y las iniciales bordadas con seda negra. Se lo ató al cuello á +la chiquilla, que bajaba los ojos asombrada y dudosa entre reir ó +llorar.

+ +

—¿Cómo se dice? Se dice gracias, Dios se lo pague—gritó la abuela con +mucha severidad; por lo cual la niña, volviendo la cabeza, optó por +hacer un puchero de llanto. Vieron el sobrado en dos minutos: había el +leito ó cajón matrimonial, y la cama de la vieja, un brazado de paja +fresca sobre una tarima desde que se le había muerto su difuntiño, no +podía dormir sino allí, porque tenía miedo en el antiguo leito. Los +chiquillos dormirían... sabe Dios dónde: abajo, al calor del establo de +los bueyes, ó tal vez en el horno. Dos ó tres gatos cachorros +correteaban por allí, magros, mohínos, atacados de esa neurosis que en +el país les curan radicalmente cercenándoles de un hachazo la punta del{t.1-289} +rabo. Otro gatazo lucio y hermosísimo salió á recibir á la gente que +bajaba del sobrado: era de los que llaman malteses, fondo blanco, +manchas anaranjadas y negras distribuídas con la graciosa disimetría que +embellece la piel del tigre. Manuela se inquietó al ver al pequeñuelo +rubio descender solito por la escalera sin balaústre: la abuela se +encogió de hombros: ¡bah! á los chiquillos los guarda el diablo: ¿pues +no se había quedado un día colgado del primer escalón, sosteniéndose con +las uñas y berreando hasta que lo fueron á coger? Esa clase de hierba +nunca muere... Que pasasen, que verían su bolla... Entraron en la +cocina, que cogía á la derecha tanto trecho como los establos y el +sobrado: recibía luz por la puerta de la división de tablas, que +comunicaba con el corredor, y una poca más se colaba libremente por el +techado á tejavana; es verdad que también la iluminaban los hilos de +brasa de unos tallos ó troncos menudos que ardían en el hogar. +Encendió la vieja un fósforo, y enseñó orgullosamente un{t.1-290} magnífico pan, +una soberbia torta de brona, color de castaña madura, bien redonda, +bien cocida, bien combada hacia el medio, bien cruzada de rayas formando +un enrejado romboidal. Alumbró después con su fósforo las profundidades +del horno, cuya boca guarnecían ascuas inflamadas, y allá en el fondo se +vieron tres ó cuatro torterones enormes, que acababan de cocerse. En el +hogar resonaba un coro de grillos, muy bien afinado; un concierto +misterioso, que sin lastimar el oído, vencía la tristeza del silencio. +La vieja partió la torta, y alargó un pedazo á Gabriel y otro á +Manolita, rogándoles que no la despreciasen, que probasen su +pobreza. Hincaron el diente en el pan, de bonísima gana: al partirse el +cortezón, descubría una masa amarilla, caliente y sabrosa, que Manuela +alabó mucho.

+ +

—Pero, señora Andrea, ¿qué le echa á la brona? Por fuerza esta mujer es +meiga, y tiene algún secreto... Si parece bizcocho de Vilamorta.

+ +

—¡Ay mi ama, paloma! Ni siquiera mistura{t.1-291} llevó, que se nos acabó el +centeno y está el nuevo por majar aún... Cuando lo haya, entonces me ha +de venir á probar mi bola...

+ +

—Pues está mucho mejor hecha que la de casa; vaya si está... ¿Le gusta, +tío Gabriel?

+ +

—Riquísima..... La mejor prueba es que he despachado la mía ya..... ¿Me +das de la tuya?

+ +

—Tome, tome, señor—murmuró la paisana ofreciendo otro trozo: pero al +ver, á la luz del fósforo, el rostro de Gabriel vuelto hacia su sobrina +implorando el pedazo que la niña mordía aún, con la rápida intuición y +la astuta sagacidad de las gentes del campo, bajó lentamente el brazo y +no insistió en el ofrecimiento. Cuando salieron, llamó la atención de +Gabriel, enseñándole las puertas de su casa, todas carcomidas.

+ +

—Señor—dijo en tono quejumbroso—¿y no le ha de decir al señor marqués +ó al señor Angel que nos ponga unas puertas nuevas? Estamos sin defensa, +señor, sin defensa para el invierno... ¿Si entra gente mala y {t.1-292}nos roban +nuestra pobreza toda, señor?... Mi ama ¿no lo ha de decir en casa, por +el alma de quien la parió, paloma?

+ +

—Calle, calle—respondía Manuela;—que si les hiciesen caso, estaría +siempre el carpintero amañándoles algo.

+ +

—Pero mire, santa, mire...—Y la vieja arrancaba con los dedos astillas +del podrido maderamen para demostrar la justicia de su pretensión. Los +chiquillos, domesticados ya, venían á enredarse entre las piernas: +Gabriel hubiera dado dos duros por tener allí uno, en pesetas, y +repartirlas á aquella tropa.

+ +

—Os he de traer una cosa...—les dijo besándolos con tanta resolución +como su sobrina. El rapaz continuaba con su pucho encasquetado; la +abuela se lo derribó, advirtiéndole con la misma severidad de antes:

+ +

—¿No se dice besustélamano? ¿Ó cómo se dice?—Y arrancando la +cobertera de la cabeza de su nieto, la mostró á Gabriel metiendo los +cinco dedos por otros tantos agujeros fenomenales: podían creerle que +era un sombrero{t.1-293} nuevecito, comprado en la última feria de Cebre; pero +al enemigo del rapaz, ¿qué se le había ocurrido hacer? pues con la hoz +de segar la yerba, lo había segado, perdonando ustedes... y así estaba +ahora, que parecía un Antruejo (Antroido). Con esto, la buena de la +vieja acompañó á las visitas hasta el límite de su era, á fin de +librarlos del colmilludo mastín, y los despidió con un ¡vayan muy +dichosos! que ahogaron los ladridos del vigilante.

+ +

—Vaya, ¿se divirtió?—preguntó Manuela muy risueña al salir.

+ +

—No sabes cuánto, hija. No doy lo que acabo de ver por las más pintadas +distracciones que puede ofrecer un pueblo. Chiquilla, no sólo me +divierte, sino que me interesa... pero no sabes cómo. ¿No te parece á ti +que daría gusto ir entrando así en todas las casas de estas pobres +gentes, una por una, y enterarse de lo que necesitan, de lo que quieren, +de lo que piensan...?

+ +

—¡Ay! son tantas cosas las que necesit{t.1-294}an... Á mí y á Perucho nos +rompen siempre los oídos pidiendo... Que una chaminé porque los mata +el humo; que rebaja del arriendo porque la cosecha fué mala; que perdón +de la renta de castañas porque no se cogieron... El diablo y su madre. +Si uno pudiera... Pero mi padre y Angel no hacen caso maldito... Son muy +pedigüeños; lo que es eso es la pura verdad. Yo... dar... les doy lo que +tengo: toda mi ropa vieja... pero es poquita.

+ +

Gabriel Pardo, olvidando ideas humanitarias y fantasías sociológicas, +sintió al oir estas frases, que dijo Manolita con acento alegre é +indiferente, tiernísima compasión por su sobrina; y la miró de tal +manera, que la montañesa volvió el rostro y cogió una rama del espliego +que formaba el seto del huerto de la señora Andrea. Gabriel se alegró de +la turbación de la niña. Le parecía imposible haberla amansado tanto en +tan corto tiempo: indiferente del todo hacía pocas horas en la era, +áspera por la mañana, se había ablandado, conversaba familiar é +íntimamente con{t.1-295} él, se pasaba el día acompañándolo, sin dar muestras de +cansancio ni de fastidio; más aún: sentía involuntariamente el poder de +aquel afecto nuevo, no se enojaba por miradas claras y expresivas ni por +palabras ó movimientos afectuosos; era en suma una cera virgen, y +Gabriel presentía enagenado los deliciosos relieves que un hombre como +él sabría imprimirle. Resolvió no espantar á la cierva, no insinuarse +más por no perder las conseguidas ventajas; seguir aprovechándolas, +haciéndose simpático, adquiriendo cierto ascendiente sobre Manuela y +aguardar un momento favorable.

+ +

Bajaron hacia el fondo del valle, donde debía estar terminándose la +faena de la siega. De repente, recordó algo el artillero:

+ +

—Tengo que ver al señor cura... ¿Me llevas allá?

+ +

—Bien... justamente est{t.1-296}amos cerquita de la iglesia y de la casa.

+ +

XVIII

+ +

La rectoral de Ulloa, en poder de su actual párroco, era la mansión más +apacible y sosegada. El cura vivía con un criado, y no pisaba los +aposentos otro pie femenino sino el de las mozuelas que en Pascua +florida venían á traer las acostumbradas cestas de huevos, los quesos y +los pollos—en cantidad bien escasa, pues el señor abad no exigía, y los +labriegos se aprovechaban, contentándole con poco y malo.

+ +

El criado era uno de esos fámulos eclesiásticos que sólo pueden +compararse con los{t.1-297} asistentes de militares, porque además de una +lealtad canina, son seres universales y andróginos, que reunen todas las +buenas cualidades del varón y de la hembra. El del cura de Ulloa podía +servir de modelo. Lo poseía por herencia de otro cura del arciprestazgo, +á quien Goros—que así se llamaba el sirviente—había cuidado y asistido +hasta el último instante en una enfermedad larga y cruel, con tanto +esmero como la enfermera más solícita. Al encontrar á Goros, el cura de +Ulloa resolvió el problema que él juzgaba más arduo: arreglar la vida +práctica sin admitir en casa mujeres. Goros tenía cuidado de levantarse +por la mañana muy temprano, y de despertar á su amo, pues según decía él +en dialecto, demostrando su pericia en asuntos de la vida eclesiástica, +el clérigo y el zorro, si pierden la mañana, lo pierden todo; y cuando +el párroco volvía de misar, le aguardaba ya un chocolate hecho al modo +conventual, con una onza de cacao mitad caracas y mitad guayaquil, macho +y sin espuma,{t.1-298} confortativo como él solo. Mientras su amo rezaba, leía ó +asentaba alguna partida en el registro parroquial, Goros se dedicaba á +guisar la comida, no sin haber entregado á medio día la llave de la +iglesia al sacristán, para que tocase á las Ave-Marías. A la una, +contada por el sol, único reloj de que se servía Goros para averiguar la +hora que estaba al caer, llamaba á su amo y le servía con diligencia +la apetitosa aunque frugal refacción: la taza de caldo de patatas ó +verdura con jamón, tocino y alubias de cosecha, el cocido con cerdo y +garbanzos, el estofado de carne con cebollas, la fruta en el verano, el +queso en invierno, el vinillo clarete, con olor á silvestre viola. El +cura comía parcamente, distraído, pero así y todo, Goros notaba sus +inconscientes golosinas, sus instintivas preferencias, y no se olvidaba +jamás de acercarle la tartera cuando el guisote le había agradado, ni de +dorarle la sopa de pan, porque sabía que le gustaba así. Por la tarde, +cuando el cura dormía su breve siesta ó recorría el huerto{t.1-299} con las +manos á la espalda embelesándose en notar lo que había crecido desde el +año pasado un arbusto, ó se iba á visitar á algún feligrés enfermo ó á +cuidar del ornato de la iglesia y el cementerio, lidiaba el bueno de +Goros con la hortaliza, cavaba las patatas, plantaba coles, enviaba al +pasto con un zagal de pocos años el ganado vacuno y la yegua, y luego +bajaba al río, y con sus propias manos, cual otra Nausicaa, lavaba toda +la ropa blanca, que lo hacía primorosamente, así como aplancharla y +estirarla, sirviéndose de una de esas planchas antiguas, en forma de +corazón, que ya no se ven sino arrumbadas en los desvanes. No eran estas +las únicas habilidades femeniles de Goros. Había que verle por las +noches, á la luz de una candileja de petróleo, provisto de un dedal +perforado por arriba y abajo, de los que usan las labradoras, bizcando +del esfuerzo que hacía para concentrar el rayo visual y enhebrar una +aguja, apretando entre las rudas yemas de sus dedos el hilo qu{t.1-300}e antes +había retorcido y humedecido para aguzarlo; y cumplida la ardua faena de +enhebrar, y encerando la hebra con un cabo de cera, dedicarse á pegar +botones á los calzoncillos, echar remiendos á las camisas, poner +bolsillos nuevos á los pantalones y aun zurcir las punteras de los +calcetines del cura; todo lo cual no iría curioso, pero sí muy firme, +como los cosidos del diablo. ¿Qué más? En las largas veladas de +invierno, junto á la lumbre de sarmientos que chisporroteaba, acurrucado +en el banco, Goros, con sus manos cansadas de labrar la tierra todo el +día, aquellas manos peludas por el dorso, callosas por la palma y los +pulpejos, zarandeaba cuatro agujones de hacer calceta, y á eso se debían +las buenas medias de lana gorda con que abrigaba pies y pantorrillas el +señor cura.

+ +

Si por hogar se entiende, no la asociación de seres humanos unidos por +los lazos de la sangre ó para la propagación y conservación de la +especie, sino el techo bajo el cual vi{t.1-301}ven en paz y en gracia de Dios y +con cierta afectuosa comunicación de intereses y servicios, el cura de +Ulloa había reconstruído con Goros el hogar que perdiera al fallecer su +madre. Y en cierto modo, hasta donde puede aplicarse la frase á dos +individuos del mismo sexo, Goros y él se completaban. El criado era para +el cura, para el místico que apenas sentaba en la vida práctica la suela +del zapato, quien le impedía desmayarse de necesidad ó perecer transido +de frío en invierno. Por Goros tenía tejas en el tejado, leña que quemar +en la leñera, huevos frescos para cenar y buen chocolate para el +desayuno, y por Goros cubría sus carnes con ropa limpia y de abrigo; por +Goros le quedaban unos reales para traer de Cebre candela, lienzo, +aceite, sal, fósforos y loza; por Goros no faltaba nada en aquella +rectoral de aldea, humilde como la que más, y como ninguna aseada y +abastecida de lo indispensable.

+ +

Cuando Goros entró á servir al cura, hacía dos años que éste había +perdido á su madr{t.1-302}e y despabilado las economías de la difunta entre +caridades, préstamos sin interés á feligreses pobres, ropa para la +iglesia, ornato del cementerio, y otros gastos superfluos. En el +gobierno de la casa se habían sucedido dos viejas brujas, á cual más +holgazana, ávida é impudente, porque el cura de Ulloa, al tomarlas, no +les exigió más requisito que pasar de los sesenta y estar hechas unas +láminas por lo arrugadas y horrorosas. En ese terreno el abad era +intransigente, y sentía que no bastaba ser bueno, que era preciso +también parecerlo y que, añadía suspirando, aun con las mejores +intenciones se da á veces pasto á la calumnia. Las dos Parcas dejaron la +rectoral desmantelada, y Goros tropezó con dificultades inmensas al +principio de su misión restauradora. El cura casi no le daba un ochavo +para sus gobiernos, y el fámulo no sabía á qué santo encomendarse. Poco +á poco fué tomando confianza con su amo, y aun adquiriendo cierto +imperio sobre él: y entonces siguió la pista al diner{t.1-303}o del cura, á las +dádivas impremeditadas, á los feligreses morosos en el pago de derechos, +á los préstamos sin interés, al chorrear continuo de limosnitas pequeñas +que absorbían lo mejor de la paga, sin que literalmente quedase en el +presbiterio con qué arrimar el puchero á la lumbre. Y sin que el cura lo +notase, ni pudiese evitarlo, Goros empezó á luchar por la existencia, +defendiendo al pastor contra las ovejas que amenazaban tragárselo, como +la tierra caída de la montaña iba tragándose la pobre iglesia de Ulloa. +Goros se hizo recaudador, y á veces, con el instinto de rapacidad que +caracteriza al aldeano, exactor y usurero. Reclamó y cobró algunas +cantidades prestadas, é introdujo severo orden en los gastos +equilibrándolos con los ingresos. Llegó el momento en que el cura, por +no pensar en la moneda, entregó al criado la llave de la cómoda, +diciéndole:—Mira si hay cuartos... dime si tenemos para esto ó para lo +otro.—Cabalmente era lo que Goros deseaba. Hecho intendente ya,{t.1-304} +equilibró el presupuesto, realizando varias combinaciones que traía +entre ceja y ceja desde su llegada á casa del cura. El primer dinero que +pudo ahorrar, lo empleó en ganado, que dió á parcería; fué en persona á +las ferias, hizo tratos ventajosos, y trajo á la casa del cura un +bienestar modesto. Así se estableció el debido equilibrio entre las +potestades, dándose á Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del +César; el cura era el espíritu, Goros vino á hacer el oficio del cuerpo, +de la realidad sensible, factor del cual no es posible prescindir acá +abajo; y para que la similitud fuese completa, cuerpo y espíritu andaban +siempre pleiteando, queriéndose llevar cada uno la mejor parte, pues el +cura no hacía sino sonsacarle á su criado metálico y especies para +satisfacer, como decía Goros, el vicio de dar á todo Dios que llegaba +por la puerta, y Goros por su parte no recelaba mentirle al cura y á +ocultarle dinero á fin de que no lo derrochase sin ton ni son.{t.1-305}

+ +

Cuando no estaba su amo presente, Goros soltaba la rienda á dos +inclinaciones invencibles suyas: decir irreverencias, y murmurar de los +curas y las amas. Cuantas chanzonetas agudas ó sátiras desolladoras ha +creado la musa popular y la irrespetuosa imaginación de los labriegos +contra las compañeras del celibato eclesiástico, cuantas anécdotas +saladas, coplas verdes, chascarrillos que levantan ampolla, y +dicharachos que arden en un candil, corren y se repiten en molinos, +fiadas y deshojas, al amor de la lumbre, por este pueblo gallego que +posee el instinto de la sátira obscena y del contraste humorístico entre +las profesiones consagradas al ideal y las caídas y extravíos de la +naturaleza, todas las sabía Goros de memoria; y apenas se reunía con +gentes de su misma laya, bien en el atrio de una iglesia, á la salida de +misa, bien á la mesa de una taberna, en las ferias donde chalaneaba y +negociaba sus ganados, bien á lo largo de las corredoiras, cuando +regresan juntos cuatro compadres semi-chispos{t.1-306}, tan dispuestos á +alumbrarse un garrotazo como á reirse mutuamente las gracias, vaciaba el +saco y daba gusto á la lengua, y soltaba todo su repertorio de +irreverencias y verdores, todas las coplas sobre el clérigo y el ama, +saliendo de aquella boca sapos y culebras, como de la de los energúmenos +al alzarse la hostia.

+ +

¿Quién será capaz de resolver si en el alma de Goros sería aquello +chispa de la santa indignación que inflamó á tantos Padres de la Iglesia +contra las mujeres que hacen prevaricar á los ordenados y contra el sexo +femenino en general? Porque Goros, aparte de semejantes desahogos +verbales, era en su conducta el mejor cristiano del mundo; cristiano +viejo, rancio, con aquella piedad desahogada y sólida, que ya no se +encuentra á dos por tres. No perdía la misa un solo día festivo; +confesábase dos ó tres veces al año; sus costumbres eran morigeradas; no +fumaba, no bebía, no comía con gula; pecaba sí de lenguaraz y aun de +propenso á la codicia y á la{t.1-307} tacañería; pero hombre de bien á carta +cabal é incapaz de robar una hilacha á su amo. Y en cuanto á su +continencia, más que virtud, semejaba manía de misógino; todo el mal que +no hacía, se daba á suponerlo en los demás, siempre echando la culpa á +las hembras; y no sólo las huía por cuenta propia, sino que no serviría +por todos los tesoros del mundo á un cura mujeriego. El exterior de +Goros tenía algo de extraño, muy en armonía con todas estas prendas de +carácter; recordaba el de un puerco espín, y las cerdas del erizadísimo +cabello, la barba recia, descañonada á un dedo de la piel, pues Goros +andaba mal afeitado según la usanza de los eclesiásticos, contribuían á +la semejanza.

+ +

En presencia de su amo, los labios de Goros eran más limpios que si los +hubiese purificado el ascua encendida del profeta; bien se guardaría de +repetir la menor de sus desvergüenzas y pullas. Y no influía en este +modo de proceder el miedo á ser reprendido ó despedido, sino un respeto +misterioso que le infundí{t.1-308}a el rostro del cura de Ulloa: le +cortaba—decía él—la palabra en la boca. Era un rostro mortificado, de +esos que se ven en pinturas viejas, donde la sangre ha desaparecido y la +carne se ha fundido, ahondándose las concavidades todas, yéndose los +ojos, al parecer, en busca del cerebro y sumiéndose la boca que remata +en dos líneas severas, jamás modificadas por la sonrisa. Goros abrigaba +la convicción de que su amo era un santo y á ratos un simple. Algunos +hábitos y prácticas del cura le infundían temor vago; porque Goros era +supersticioso, y á pesar de sus irreverentes bravatas, tenía miedo +cerval á los muertos y á los aparecidos. ¿Qué manía la del señor abad, +de pasarse horas y horas en el cementerio, y volver de allí con los ojos +más hundidos y la boca más contraída que nunca?

+ +

Al salir el abad para su misa, solían pasar entre amo y criado diálogos +por el estilo del siguiente:

+ +

—Señor, ¿y ha de volver pronto para el{t.1-309} chocolate?—preguntaba Goros +partiendo astillas de leña menuda contra el hueso de la tibia +derecha—(es de advertir que el fámulo tenía carne de perro). ¿Parará +mucho en el Camposanto hoy?

+ +

Un levísimo matiz sonrosado aparecía en los desecados pómulos del cura, +que contestaba haciéndose el distraído:

+ +

—Tú prepara el chocolate... y si se enfría... lo arrimas un poquito á +la lumbre...

+ +

—Se echará de pierda—contestaba Goros que solía tratar con notable +desenfado á la lengua castellana.

+ +

—No, hombre... siempre está bueno á cualquier hora.

+ +

No se atrevía el criado á porfiar. Aquella suavidad y mansedumbre le +imponían silencio y obediencia, mejor que ningún regaño. Batía su +chocolate con resignación y aguardaba.

+ +

También por las tardes solía el cura entretenerse más de la cuenta en el +dichoso cementerio, y Goros, después de la puesta del{t.1-310} sol no dejaba de +recelar que le sucediese algo; no sabía explicar qué, pues ningún riesgo +concreto había en el breve camino de la iglesia á la rectoral. La +inquietud le obligaba á situarse de centinela junto á la puerta del +huerto por donde solía entrar su amo. Allí se lo encontraron las dos +visitas inesperadas que fueron á turbar el sosiego de la vida ascética +del abad de Ulloa.

+ +

La montañesa y su tío pusieron el pie en el huerto del cura cuando ya el +sol declinaba. Una gran melancolía inundaba el huerto, cuya puerta abrió +Goros de par en par, deshaciéndose en muestras de cortesía debidas á la +presencia de Gabriel, pues á Manolita no era novedad verla por allí de +tarde en tarde, y se la recibía como niña á quien el cura había tenido +mil veces en brazos de chiquita, pero las trazas del comandante +impusieron respeto al tosco fámulo.

+ +

—De contadito llega el señor abade...—murmuraba éste.—Entren, +pasen, siéntense.... ¿Ven? ya viene por allá...{t.1-311}

+ +

Sobre la zona encendida del poniente, en el camino hondo, vieron tío y +sobrina moverse y aproximarse una figura negra, y conforme se +aproximaba, distinguía Gabriel sus contornos angulosos, acusados por la +raída sotanuela, y su cabeza pálida, exangüe, en que dibujaban dos +agujeros de sombra las concavidades de los ojos.

+ +

—¡Don Julián, don Julián!—gritó Manuela.

+ +

El cura apretó el paso, y al tenerlo cerca, Gabriel reparó atónito en el +carácter de su fisonomía, en el rostro demacrado, tan semejante á esas +caras de frailes penitentes que surgen de un fondo de betún sobre las +paredes de refectorios y sacristías antiguas; en los ojos cavos, de +párpado delgadísimo, que dejaba transparentar el globo de la órbita; en +el pliegue de la boca, semejante á un candado que cerrase las puertas +del alma. No parecía muy viejo el cura de Ulloa; pero se veía en él la +anulación del cuerpo. En aquella espléndida tarde de verano, impregnada +de calor, de vida, de fecundidad y regocijo,{t.1-312} Gabriel sintió, al ver al +abad, repentino frío en la espalda, y el recuerdo de su hermana muerta +cayó sobre él como el velo negro sobre la cabeza del sentenciado.

+ +

Adelantóse no obstante, y con el mayor respeto tomó la mano del abad y +aplicó á ella los labios. De puro sorprendido, no retiró la diestra +Julián; pero á sus macerados pómulos afluyó un poco de sangre... y +balbuceó, clavando los ojos en tierra:

+ +

—Señor... señor...

+ +

—Para servir á usted, Gabriel Pardo de la Lage, el hermano de +Marcelina...

+ +

La ola de sangre subió á la frente del cura, bajó á las orejas, al +cogote y pescuezo; un temblor agitó la cabeza y la mano que el artillero +no había soltado aún. De repente, el cura se echó hacia atrás, +desprendió la mano, y la llevó á la frente, al mismo tiempo que se +apoyaba en la tapia del huerto. Ya se acercaba el artillero para +sostenerle; pero recobrando su continente absorto y como fantasmagórico, +al cual contribuían los ojos{t.1-313} siempre bajos, el abad murmuró:

+ +

—Por muchos años... Servidor de usted... Sea usted muy bien venido... +Pase, suba; en la sala estará más cómodo que aquí.

+ +

—¿Yo no soy nadie, don Julián?—preguntó Manuela ofendida de que el +cura no hubiese contestado á su saludo.

+ +

—¿Qué tal, Manolita?—exclamó Julián, y alzando los ojos, miró á la +niña con indulgencia, aunque sin calor. Pero fué obra de un minuto. La +cortina de los párpados volvió á caer, y el cura echó á andar, señalando +á sus visitas el camino de la sala. Gabriel protestó: prefería quedarse +en el huerto; y se sentaron en un banco de piedra, frente á unas coles. +La conversación languidecía. El cura preguntaba acerca del viaje y del +vuelco, y después de oída la respuesta, transcurría un minuto de +silencio. No sabía el artillero qué decir: todo cuanto hablaba, y hasta +el sonido de su voz, le parecía extraño y fuera de sazón, y sentía ese +recelo, esa cautela y esa espe{t.1-314}cie de sordina en el acento, en los +movimientos y hasta en la mirada que procuran adoptar los profanos +cuando visitan. ¡Extraña sensación! Nada de cuanto diga yo—pensaba +Gabriel—puede interesar á este santo: estamos en dos mundos diferentes: +á él le parece extraño mi lenguaje, y no me entiende; y lo que es yo, +tampoco le entiendo á él. ¡Un creyente á puño cerrado!—Y miraba con +atención el rostro ascético y los ojos bajos.—Un hombre que tiene fe... +¿Qué le importa lo que á mí me preocupa? ¿Cómo haré para marcharme +pronto, sin que parezca descortesía?

+ +

Su sobrina le dió el pretexto. Era tarde; había que estar en los Pazos +para la cena. Y se despidieron, siempre con la misma amabilidad triste y +forzada por parte del abad, y el mismo inexplicable recelo por la de +Gabriel. Caminaron en silencio al salir de la rectoral: parecía que algo +les pesaba sobre el corazón. Al acercarse á los Pazos, oyeron el alegre +vocerío de segadore{t.1-315}s y segadoras, y Gabriel, divisando á su cuñado que +presidía la faena, tomó hacia el campo donde segaban. Sobre el fondo +oscuro de la tierra vió blanquear las camisas y sayas, las fajas rojas y +los pañuelos azules de labriegos y labriegas; contra un matorral +descansaba un jarro de barro, y la cuadrilla, entonando su inevitable +¡ay... lé lé! se daba prisa á atar los haces, sirviéndose de las +rodillas para apretar la mies. El olor embriagador de los tallos +cortados embalsamaba el aire, y el artillero sintió una ráfaga de +alegría y contempló embelesado el cuadro.

+ +

Mientras tanto, Manolita, andando despacio y pensativa, tomaba el +senderito que conducía á la linde del bosque. Parecía, por su frecuente +volver la cabeza hacia todos lados, como si buscase ó aguardase +impaciente alguna cosa. Atravesó el soto: una neblina ligera, producida +por el gran calor de todo el día, se alzaba del suelo, y los dardos de +oro del sol no atravesaban ya el follaje. Al salir de la espesura, un +hombre se irguió {t.1-316}de repente ante la montañesa. El chillido que acudía á +la garganta de Manuela se convirtió en risa alegre, conociendo á +Perucho; mas la risa se apagó al ver la cara demudada del muchacho, sus +ojos que despedían fuego, su actitud de dolor sombrío, nueva en él. +Manuela le miró ansiosa, y el mancebo, después de considerarla fijamente +algunos segundos, le volvió la espalda, encogiéndose de hombros. La niña +sintió en el corazón dolor agudo.

+ +

—¡Pedro!—gritó. Muy rara vez le había llamado así.

+ +

Él se alejaba despacio. De repente dió la vuelta, y corriendo, tomó en +sus brazos á la montañesa, la alzó del suelo con ímpetu sobrehumano, y +la estrujó contra su cuerpo, oprimiéndole las costillas é +interceptándole la respiración. Y pegando la boca á su oreja, +tartamudeó:

+ +

—Mañana sales conmigo, conmigo nada más.

+ +

La niña jadeaba con dulcísima fatiga, y l{t.1-317}a voz de Perucho, sonando en +el hueco de su oído, le parecía sorda y atronadora como el ruido del +Avieiro al saltar en las rocas. Un frío sutil corría por sus venas, y +una felicidad sin nombre ni medida la agobiaba. Con la cabeza dijo que +sí.

+ +

—¿Conmigo? ¿todo el día? ¿me das palabra?

+ +

—Sí—balbució ella, incapaz de articular otra frase.

+ +

—Pues á las seis sales por el corral. Allí estoy yo esperando. ¡Adiós!

+ +

Perdiendo casi el sentido, Manuela notó que de nuevo la estrechaban, y +luego la dejaban suavemente en tierra. Abrió los ojos á tiempo que +Perucho corría ya en dirección de los Pazos.

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FIN DEL TOMO PRIMERO

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BIBLIOTECA DE NOVELISTAS ESPAÑOLES

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TOMOS PUBLICADOS

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Emilia Pardo Bazán: Los Pazos de Ulloa (Dos tomos.)

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José Ortega Munilla: Idilio lúgubre.

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Antonio de Trueba: Leyendas genealógicas de España (Dos tomos.)

+ +

Carlos Frontaura: Miedo al hombre.

+ +

Enrique Gaspar: Castigo de Dios.

+ +

Emilia Pardo Bazán: La Madre Naturaleza (Tomo I).

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EN PRENSA:

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Emilia Pardo Bazán: La Madre Naturaleza (Tomo II).

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{t.2-1}

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{t.2-2}

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{t.2-3}

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LA MADRE NATURALEZA ES PROPIEDAD

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+ +

+NOVELISTAS ESPAÑOLES CONTEMPORÁNEOS
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+ +
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LA
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+MADRE NATURALEZA
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+(2.A parte de Los Pazos de Ulloa)
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+POR
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+Emilia Pardo Bazán
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+TOMO II
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+Barcelona
+Daniel Cortezo y C.A-Editores
+Calle de Pallars (Salón de S. Juan)
+1887
+
+
+Establecimiento tipográfico-editorial de Daniel Cortezo y C.ª

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{t.2-5}

+ +

XIX

+ +

Se vistió la montañesa su ropa de diario, falda y chaqueta de lanilla á +cuadros blancos y negros; y apenas había tenido tiempo más que para +frotarse apresuradamente el rostro con la tohalla y atusarse el pelo +ante un espejo todo estrellado por la alteración del azogue, cuando, +oyendo dar las seis en el asmático reloj del comedor, salió de su cuarto +andando de puntillas y bajó la escalera que comunicaba con la cocina, en +aquel momento solitaria. Deslizóse por el corredor de las bodegas, que +conducía á las elegantes habita{t.2-6}ciones de la familia del Gallo; y +apenas dió tres pasos por él, una mano musculosa aunque rehenchida y +juvenil asió la suya, y se sintió arrastrada en medio de la oscuridad, +hacia la puerta. Salieron de los Pazos, y, con deleite inexplicable, +bebieron juntos la primer onda de fresco matutino.

+ +

Aunque el sol calentaba ya, aún se veía, sobre el azul turquesa del +cielo, al parecer lavado y reavivado por el copioso orvallo nocturno, +la faz casi borrada de la luna, semejante á la huella que sobre una +superficie de cristal azul deja un dedo impregnado de polvillo de plata.

+ +

Sin decirse palabra, asidos de la mano, caminando unidos con andar +ajustado y rápido, siguieron la linde de los trigos segados ya, +humedeciéndose los pies al hollar la hierba y el tapiz de manzanillas +todas empapadas de helado rocío, próximo á convertirse en escarcha. Cosa +de un cuarto de hora andarían así, ascendiendo hacia la falda del monte, +donde empezaban á escalonarse los paredo{t.2-7}nes para el cultivo de las +vides; y Perucho, en vez de aflojar el paso, lo apretaba más. A pesar de +su ligereza de cabrita montés, Manuela mostró querer detenerse un +instante.

+ +

—Anda, mujer, anda—dijo él imperiosamente.

+ +

—Hombre, ya ando... pero déjame tomar aliento. ¿Qué discurso es este de +ir como locos?

+ +

—Es que no quiero que se despierten tu padre y el forastero, y te echen +menos, y te envíen á buscar.

+ +

—¡El forastero! A tales horas dormirá como un santo. Buenos son esos +señores del pueblo para madrugar. No sé cómo no crían lana en el cuerpo.

+ +

—Bien, bien.... yo me entiendo y bailo solo. Desviémonos de casa lo más +que podamos, y ya descansaremos después.

+ +

Al salir de la breve zona fértil y risueña del valle, empezaba el +paisaje á hacerse melancólico y abrupto. Abajo quedaban los maizales, +los centenos y trigales á medio segar, los{t.2-8} Pazos con su gran huerto, su +vasto soto, sus terrenos de labradío, sus praderías; y el sendero, +escabroso, interrumpido muchas veces por peñascales, caracoleaba entre +viñedos colgados; por decirlo así, en el declive de la montaña. En otras +ocasiones, al trepar por aquel sendero, la pareja se entretenía de mil +modos: ya picando las moras maduras; ya tirando de los pámpanos de la +vid, por gusto de probar su elástica resistencia y de descubrir entre el +pomposo follaje el racimo de agraz en el cual empieza á asomar el ligero +tono carminoso, parecido al rosado de una mejilla; ya bombardeando á +pedradas los matorrales para espantar á los estorninos; ya rebuscando +unas fresas chiquitas, purpúreas, fragantes, que se dan entre las viñas +y son conocidas en el país por amores. Hoy, con la prisa que llevaba +Perucho, no les tentaba la golosina. El mancebo subía por la recia +cuesta con el sombrero echado atrás, la frente sudorosa, el rostro hecho +una brasa (pues el sol se desembozaba y picaba de{t.2-9} firme), y sosteniendo +á Manuela por la cintura, ó, mejor dicho, empujándola para que anduviese +más veloz. Al llegar á lo alto, cerca ya de la casa de la Sabia, la niña +se detuvo.

+ +

—¿Qué te pasa?

+ +

—No puedo más... ahogo... ¡Rabio de sed!

+ +

—¿Sed? Allá arriba beberemos, en el arroyo.

+ +

—Tú por fuerza chocheaste. ¿A dónde señalas? ¿Al Pico Medelo? ¿A los +Castros?

+ +

—Pues vaya una cosa para asustarse. Ya tenemos ido más lejos.

+ +

—Si no bebo pronto, rabio como un can. No ves que con la prisa salí de +casa en ayunas...

+ +

—Bueno, pues á ver si la señora María nos da una cunca de leche. Pero +despáchala luego, ¿estás? No te entretengas en conversación.

+ +

Ligera otra vez como una corza, á la idea de beber y refrescarse, cruzó +Manuela bajo el emparrado, y empujó la cancilla de la puerta de la +Sabia. La horrible vieja{t.2-10} ya había dejado su camastro; pero sin duda por +acabar de levantarse, ó á causa del calor, estaba sin pañuelo ni +justillo, en camisa, con sólo un refajo de burdo picote, ribeteado de +rojo: los copos de sus greñas aborrascadas le cubrían en parte el negro +pescuezo, sin ocultar la monstruosa papera.—¡Leche! Dios la +dé,—contestó la sibila mirando de reojo á los dos muchachos. Todas las +vacas enfermas; una recién operada, ya sabían los señoritos; ni tanto +así de yerba con qué mantenerlas; la fuente sequita y el prado que daba +ganas de llorar... ¡Leche! Que le pidiesen oro, que le pidiesen plata +fina; pero leche... Y ya Manuela, desalentada por las exageraciones de +la bruja, iba á conformarse con un poco de agua y suero, que la +hechicera aseguraba ser regalo de un yerno suyo. Pero Perucho le arrancó +de las manos el cuenco de barro lleno de aquella insípida mixtura.

+ +

—Pareces tonta... ¿Que no hay leche? Vamos á ver ahora mismo si la hay +ó no la hay.

+ +

Vertió el líquido que llenaba el cuenco, y{t.2-11} se metió por el establo +medio atropellando á la vieja que se le atravesaba delante. ¡No haber +leche! ¡No haber leche para él, para el nieto de Primitivo Suárez, para +el hijo de Sabel, la que había estado más de diez años haciendo el caldo +gordo y enriqueciendo á aquel atajo de pillos de casa de la Sabia! Hasta +piezas de loza estaba viendo en el vasar que conocía porque en algún +tiempo guarnecieron la cocina de los Pazos... ¡Tenía gracia, hombre, no +haber leche! ¡Condenada bruja! Perucho se sentía animado de esa cólera +que nos inflama cuando llegamos á la edad adulta contra las personas que +hemos tenido que soportar, siéndonos muy antipáticas, en nuestra niñez. +Determinado iba, si las vacas no tenían leche, á sangrarlas. Encendió un +fósforo y alumbró las profundidades de la cueva: lo primero con que +tropezaron sus ojos, fué con unas ubres turgentes, unos pezones +sonrosados, lubrificados por la linfa que rezumaba de la odre demasiado +repleta. {t.2-12}Arrimó el cuenco, echó mano,... calentó con dos ó tres +fricciones y golpecitos... ¡Santo Dios! ¡Qué chorro grueso, perfumado, +mantecoso! ¡Qué bien soltaba la blanda teta su río de néctar, y qué +calientes gotas salpicaban los párpados y labios de Perucho al ordeñar! +¡Qué espuma cándida la que se formaba en la cima del cuenco, rebosando +en burbujas que, al evaporarse, dejaban un arabesco, una blanca orla de +randas sobre el barro! Loco de gozo, Perucho acarició el grueso cuello +de la vaca, salió con su tazón lleno, y se lo metió á Manuela en la +boca.

+ +

—¿Que no había leche, eh, señora María de los demonios?—gritó.—¿Que +no había leche? Para mí lo hay todo ¿me entiende usted? ¡Caracoles! +¡Como vuelva á mentir! ¡Por embustera le ha de dar el enemigo muchos +tizonazos allá en sus calderas!

+ +

Manuela, retozándole la risa, bebía aquella gloria de leche, aquella +sangre blanca, que traía en su temperatura la vida del animal, el calor +orgánico á ningún otro comparable... Perucho la miraba beber con orgullo +y u{t.2-13}fanía, satisfecho de sí mismo, mientras la vieja, dejándose caer +sobre el tallo, fijaba en la niña una mirada siniestra al través de +sus cejas hirsutas: beberle la leche de su vaca era como chuparle á ella +por la sangría el propio licor de sus venas.

+ +

—Aun parece que nos la está echando en cara, ¿eh Sabia?

+ +

—Que les aproveche bien—murmuró entre dientes la sibila, con el mismo +tono con que diría:—rejalgar se te vuelva.

+ +

—Vaya, pues ya que nos convida tan atenta y de tan buen corazón, +aguarde, aguarde.—Y Perucho, llegándose al armario misterioso de la +bruja, abriólo de par en par, y de entre cucuruchos de papel de estraza, +frascos harto sospechosos, cabos de cera y naipes que ya tenían encima +más de su peso de mugre, tomó un tanque de hojalata, entró de nuevo en +el establo, y salió á poco rato con el tanque colmado de leche. Manuela +podía beberse otra cunca, y á él también era justo que, por el trabajo +de ordeñar, le tocase algo. Fué u{t.2-14}n golpe mortal para la hechicera. Al +pronto se arrimó á la puerta con los brazos alzados al cielo, gimiendo y +rogando al señorito que por Dios, por quien tenía en el otro mundo, no +le secase la vaquiña, que de esta hecha se le moría, y el cucho +también; y como Perucho respondiese con la más mofadora carcajada, se +contó perdida ya, y se dejó caer en su asiento favorito, hecho de un +fragmento de tronco de roble, volviendo la espalda por no ver +desaparecer el contenido del tanque. La niña montañesa hizo dos ó tres +remilgos antes de reincidir; pero así que llegó el cuenco á los labios, +con indecible y goloso deleite lo apuró enterito, y aun se relamió al +verle el fondo. Perucho dió fin al tanque, que llevaría tal vez cuenco y +medio; y acercándose á la bruja, le descargó una palmada en el hombro.

+ +

—Vaya, señora María, abur... Tan amigos, ¿eh? No hay que enfadarse... +Más que le bebimos ahora de leche tiene usted bebido de vino en la +cocinita de los Pazos... ¿Ya se {t.2-15}le fué de la memoria? Y si me llevo +este pedazo de brona—y enseñaba un zoquete que había sacado de la +artesa—bastantes ferrados de maíz se ha comido usted allá á cuenta del +padrino... ¡Conservarse!...

+ +

Salieron rápidamente, sin oir algo amenazador que rezongaba entre +dientes la infernal bruja, ocupada sin duda en echarles cuantas +maldiciones, plagas, conjuros y paulinas contenía su repertorio. A +pocos pasos de la casa rompieron á reir mirándose.

+ +

—¿Eh? ¿Qué tal sabía la leche?

+ +

—Sabía á poco.

+ +

—¡Mujer! Dijéraslo, y te ordeño la otra vaca. La grandísima tal y cual +de la vieja tiene dos paridas, con leche así, que les revienta por la +teta, y nos quería dejar rabiar de sed.

+ +

—No, bien bastó lo que hiciste... Nos queda echando plagas. Hoy nos +maldice todo el santo día. ¿Será cierto eso de que estas mujeres hacen +mal de ojo cuando les da la gana? ¿Y de que maldicen á la gente y la +gente se muere pronto?{t.2-16}

+ +

—¡Mal de ojo! ¡Morirse!—y el estudiante se rió.—No, tontiña... Esas +son mamarrachadas; bueno que las crea mi madre; ¿pero quién da crédito á +tal cosa?

+ +

—Pues á mí poca gracia me hace que me maldiga un espantajo así. De +seguro que esta noche sueño con ella. ¡Qué horrorosa está con el bocio! +¿De qué se cogerán estos bocios, tú, Perucho?

+ +

—Dice que de beber el agua que corre á la sombra del nogal ó de la +higuera.

+ +

—¡Ay! Dios me libre de catarla enjamás.

+ +

Caminaban charlando, con tanta alegría como los mirlos, gorriones, +jilgueros, pardillos y demás aves, no muy pintadas pero asaz parleras, +que en setos, viñedos y árboles cantaban sus trovas á la radiante +mañana. La leche bebida parecía habérseles subido á la cabeza, según +iban de alborotados y regocijados, y el cuerpo un poco magro de Manuela, +competía en agilidad con el robusto y bien modelado de Perucho. Echaban +paso largo por las veredas anchas y practicables;{t.2-17} y por las trochas +difíciles, subían corriendo, disputándose la prez de llegar más pronto á +la meta señalada de antemano: un árbol, una piedra, un otero. De cuando +en cuando se volvía Perucho y miraba hacia atrás.

+ +

—Ya no se ven los Pazos—exclamaba con satisfacción, como si perder de +vista la casa solariega fuese el objeto único de carrera tan desatinada.

+ +

¡Qué se habían de ver los Pazos! Ni por pienso. Es de advertir que +Perucho no había tomado el camino del crucero, aquel camino para él de +recordación tan trágica, sino echado por la parte opuesta, hacia sitios +mucho menos frecuentados; la dirección de Naya. Entraba á la sazón en +los montes que forman la hoz al través de la cual va cautivo, espumante +y mugidor, el río Avieiro. Daba gusto pisar aquel terreno montuoso, tan +seco, tan liso, y hollar el tapiz de flores de brezo, de tierno tojo +inofensivo aún, los setos de madroñeros floridos, las matas de retama +amarguísima, las orquídeas finas, con olor á a{t.2-18}lmendra, toda la seca y +enjuta y balsámica flora montés, que convida al cuerpo á tenderse y le +brinda un colchón higiénico, tibio del calor solar, aromoso, regalado, +incomparable. De trecho en trecho, algún pino ofrecía fresca sombra, +ambiente resinoso, quitasol que susurraba al menor soplo de viento.... +Manuela sintió que le pesaban los párpados, y el cuerpo se le +enlanguidecía. ¡La maldita leche!

+ +

—¡Qué calor!—balbució.—De buena gana me tumbaba ahí, debajo de ese +pino.

+ +

Perucho dudó un instante; luego, como si se le ocurriese una objeción, +pero no quisiese expresarla, respondió:

+ +

—Ahí no. Yo te diré en dónde hemos de sentarnos.

+ +

La montañesa obedeció sin replicar. Desde tiempo inmemorial, desde que +ella andaba aún á gatas, Perucho dirigía el paseo, la zarandeaba á su +gusto, la llevaba aquí y acullá, era el encargado de saber dónde se +encontraban nidos, frutos, sitios bonitos, hacia qué{t.2-19} lado convenía +dirigir el merodeo. Rara vez intentó sublevarse Manuela y apropiarse la +dirección del grupo, y las contadas tentativas de independencia no +produjeron más resultado que demostrar la indiscutible superioridad y +maestría de su amigo. En el invierno, mientras Perucho se secaba en +Orense, Manuela, instantáneamente y como por arte maravilloso, aprendía +á manejarse solita, y se encontraba de improviso profesora en +topografía, conocedora de todos los caminos, rincones y andurriales del +valle; pero esto duraba hasta el regreso de Perucho: volvía él, y la +montañesa olvidaba su ciencia y volvía á descansar en su compañero, +pasiva y gozosa.

+ +

Seguían caminando, apartándose gran trecho ya de los Pazos y +descendiendo la corriente del río Avieiro por vereditas incultas, aquí +encontrando un pinar, allá un grupo de carrascas verdinegras, más +adelante un roble, ufano de su robustez y de su hercúleo tronco, y +siempre matorrales de madroño y{t.2-20} retama, por entre los cuales no el pie +del hombre, sino la naturaleza misma, había abierto senderos, análogos á +tortuosas calles de parque inglés. La luz del sol, que ya tocaba al +zénit, lo enrubiaba todo; encendía con tonos áureos la grama seca; daba +color de ágata á las simientes de la retama; hacía transparentes como +farolillos de papel de seda carmesí las flores del brezo; convertía en +follaje de raso recortado los brotes tiernos de las carrascas; calentaba +con matices de venturina las hojas del pino; prestaba á la bellota verde +el pulimento del jade; y en las alas vibrátiles de las mariposas +monteses—esas mariposas tan distintas de las que se ven en terreno +cultivado, esas mariposas que tienen colores de madera y hoja seca,—y +en los carapachos de los escarabajos, y en la negra coraza y cuernos de +las vacas louras, encendía tintas vivas, reflejos metálicos, esmaltes +de oro, brillo negro de tallado azabache. La intensidad del calor +arrancaba á los pinos todos sus olores de resina, á las plantas su{t.2-21}s +balsámicas exhalaciones; y entre el sol que le requemaba la sangre y el +vaho que se elevaba de la ebullición de la tierra, y la leche que le +aletargaba el cerebro, Manuela sentía como un comienzo de embriaguez, el +estado inicial de la borrachera alcohólica, que pareciendo excitación no +es en realidad sino sopor; el estado en que las manos resbalan sobre el +objeto que quieren asir, en que los movimientos del cuerpo no obedecen á +la voluntad, en que nos sentamos sin pesar sobre la silla y nos +levantamos y andamos sin estribar en el suelo, porque el sentimiento de +la gravedad se ha amortiguado mucho; y nuestras percepciones son vagas y +turbias, y parece que ha desaparecido la resistencia de los medios, la +densidad de la materia, la dureza de las esquinas y ángulos, y que los +objetos en derredor se han vuelto fluidos, y nuestro cuerpo también, y +más que nada nuestro pensamiento.

+ +

No es desagradable el estado, al contrario, y la plétora de vida que +produce se revelaba{t.2-22} en el rostro de Manuela: sus ojos brillaban y su +boca sonreía sin interrupción. La niña no preguntaba ya cosa alguna á su +compañero: andaba, andaba tan ligera como se anda en sueños, sin sombra +de cansancio, aunque apoyándose en Perucho y arrimándose á su cuerpo con +instintiva ternura. Allá en la pequeña ladera del monte divisó la +espadaña del campanario de Naya, que conocía, y le ocurrió pensar en el +cura que podría darles un buen almuerzo de huevos y fruta á la sombra de +la fresca parra que entolda la rectoral; mas sin duda no era éste el +propósito de Perucho, pues tomó otra dirección, volviendo la espalda al +campanario y hundiéndose en una trocha que serpeaba entre pinos, y á +cuyos lados se alzaban peñascos enormes, calvos y blancos por la cima, +jaspeados de liquen y musgo por la base. Manuela se detuvo un momento; +respiró; sus potencias se despejaron un poco, al benéfico influjo de la +temperatura menos ardorosa: miró en derredor, para saber dónde estaba. +El Avieiro corría allá{t.2-23} abajo, rumoroso y profundo, no muy distante.

+ +

Por aquella parte se ensanchaba la hoz, hacíase muy suave, casi +insensible, el declive de las montañas, y el río, en vez de rodar +encajonado, sujeto, con torsión colérica de serpiente cautiva, se +extendía cada vez más ancho, bello y sosegado, ostentando la hermosura y +gala soberana de los ríos gallegos, la margen florida, el pradillo +rodeado de juncos, salces y olmos, la placa de agua serena que los +refleja bañando sus raíces, el caprichoso remanso en que el agua muere +más mansa, más sesga, con claridades misteriosas de cristal de roca +ahumado; la frieira, la gran cueva á la sombra del enorme peñasco, en +que la sabrosa trucha busca la capa de agua densa y no escandecida por +el sol; el cañaveral que nace dentro de la misma corriente, el molino, +la presa, toda la graciosa ornamentación fluvial de un río de cauce +hondo, de país húmedo, que recuerda las ideas gentílicas, las urnas, las +náyades, concepción clásica y encantadora del río como divinidad.{t.2-24}

+ +

La humedad que siempre sube de los ríos y la frescura de la vegetación, +despabilaron más y más á la niña.

+ +

—Ya sé á dónde vamos—exclamó—á las Poldras. ¿Y después de pasado el +Avieiro, adónde? Me lo dices, ó está de Dios que no lo he de saber?

+ +

—Calla... Ya verás.

+ +

—Yo pensé que íbamos á Naya.

+ +

—¿Para qué? ¿Para encontrarnos con el cura y que nos llevase por fuerza +á comer consigo?

+ +

—Pero.... es que.... comer, de todas maneras hay que comer en casa; y +ya debe de ser tarde, tarde.... No puedo tal día como hoy faltar de la +mesa....

+ +

—A ver si te callas, tonta. ¡Eh... cuidado con caerte de hocicos por la +rama del pino! Yo iré delante... La mano... ¡Así!

+ +

Con efecto, en las púas secas del pino los pies resbalaban {t.2-25}como si el +terreno estuviese untado de jabón.

+ +

XX

+ +

Patinando sobre aquellas púas endiabladas, se deslizaron y corrieron +hasta un grupo de salces inclinado hacia el borde del Avieiro. Oíase el +murmurio musical del agua, y el ambiente, tan abrasador arriba, allí era +casi benigno. Cruzaron por entre los salces desviando la maleza tupida +de los renuevos, y vieron tenderse ante sus ojos toda la anchura del +río, que allí era mucha, cortándola á modo de irregular calzada las +pasaderas ó poldras.

+ +

En torno y por cima de las anchas losas oscuras, desgastadas y pulidas +como piedras{t.2-26} de chispa por la incesante y envolvedora caricia de la +corriente, el río se destrenzaba en madejas de verdoso cristal, se +aplanaba en delgadas láminas, bebidas por el ardor del sol apenas hacían +brillar la bruñida superficie. Para una persona poco acostumbrada á +tales aventuras, no dejaba de ofrecer peligro el paso de las poldras. +Sobre que se movían y danzaban al menor contacto, no eran menos +resbaladizas que la rama del pino. Nada más fácil allí que tomarse un +baño involuntario.

+ +

—¿Hemos de pasarlas?—preguntó la montañesa, con una sonrisa que +significaba—á ver cuándo determinas que paremos en alguna parte.

+ +

—Las pasamos—ordenó Perucho con el tono mandón y despótico que había +adoptado desde por la mañana.

+ +

Manuela tendió la vista alrededor, y eligiendo un sitio favorable, la +sombra de un árbol, se dejó caer en un ribacillo, y resignadamente +comenzó á desabrocharse las botas. Ni un segundo tardó {t.2-27}Perucho en +hincársele de rodillas delante.

+ +

—Yo te descalzo.... yo. Como cuando eras una cativa: ¿te acuerdas? un +tapón así... y yo te descalzaba y te vestía.... y hasta te tengo peinado +mil veces.

+ +

Medio riendo, medio enfadándose, la muchacha no retiró el pie de las +manos de su amigo. Éste hacía ya saltar uno tras otro los botoncitos de +la botina de casimir, mal hecha, muy redonda de punta contra todas las +leyes de moda. Tiró después delicadamente, con un pellizco fino, del +talón de la media de algodón, y la media bajó; arrollóla en el tobillo, +y con un nuevo tirón dejó el pie desnudo. Sus palmas se distrajeron y +embelesaron en acariciar aquel pie, que le recordaba la patita rosada y +regordeta de la nené á quien tanto había traído en brazos. Era un pie de +montañesa que se calza siempre y que tiene en las venas sangre patricia; +no muy grande, algo encallecido por la planta, pero arqueado de empeine, +con venillas azules, suave de talón y calcañar, redondo de tobillo, +blanco{t.2-28} de cutis, con los dedos rosados ó más bien rojizos de la presión +de la bota, y un poco montado el segundo sobre el gordo. El pie +transpiraba, por haber andado mucho y aprisa.

+ +

—Enfríate un poco—murmuró el mancebo...—No puedes meter el pie en el +agua estando así; te va á dar un mal.

+ +

—Que me haces cosquillas—exclamaba ella con nerviosa risa tratando de +esconder el pie bajo las enaguas.—Suelta, ó te arrimo un cachete que te +ha de saber á gloria.

+ +

—Déjame verlo.... ¡Qué bonito es! Lo tienes más blanco que la cara, +Manola... Pero mucho más blanco.

+ +

—¡Vaya un milagro! Como que la cara va por ahí destapadita papando +soles y lluvias. ¡Pasmón! ¿Es la primera vez que ves un pie en tu vida? +¡Soltando!

+ +

Soltó el que tenía asido, pero fué para descalzar el otro con el mismo +cariño y religiosa devoción, y abarcar ambos con una mano, uniéndolos +por la planta.

+ +

{t.2-29}

—Que me aprietas.... que me rompes un dedo... ¡Bruto!

+ +

—¡Ay! perdón—murmuró él;—y bajándose, halagó con el rostro, sin +besarlos, los pies desnudos. La montañesa se incorporó pegando un +brinco, y echó á correr, y sentó la planta descalza en la primer +pasadera. Su amigo le gritó:

+ +

—Chica, aguárdate... Déjame recoger las medias y las botas...... Allá +voy á darte la mano.... Vas á caerte de cabeza en el río... ¡Loca de +atar!

+ +

Con saltos ligeros, volviendo la cabeza á cada brinco lo mismo que los +pájaros, Manuela salvaba ya las Poldras, eligiendo diestramente el +trecho seco á fin de caer en él. Dos ó tres veces estuvo á punto de dar +la zambullida, y la daría de fijo á no ser tan grande su agilidad: +saltaba largo, y era su ligereza la ligereza del ave, de la golondrina +que vuela rasando el agua. Remangaba las faldas al brincar, y su pierna, +no torneada aún, pero de una magrez llena, donde las redondeces futuras +apuntaban ya, tenía al herirla{t.2-30} el sol, la firmeza y el granillo algo +duro de una pierna acabada de esculpir en mármol y no pulimentada aún.

+ +

Casi había alcanzado la otra orilla, cuando Perucho voló tras ella. El +muchacho, calzado con duros zapatos de doble suela, desdeñaba +descalzarse, habiéndose contentado con remangar los pantalones.

+ +

La chiquilla comprendió que llevaba ventaja á su compañero, y excitada +por el juego, quiso hacerle correr un poco. Como una saeta se emboscó +entre los árboles de la orilla, y desapareció en la espesura dándose +traza para que Perucho no supiese dónde se había metido. Pero al +muchacho le asustó aquella pequeña contrariedad como si realmente su +amiga se le perdiese de vista, y gritó llamándola con oprimido corazón y +angustiada voz: tan angustiada, que Manuela salió al punto de los +matorrales, renunciando á continuar el juego.

+ +

—¿Qué te pasa?—dijo riéndose al ver el semblante demudado de Perucho.

+

{t.2-31}

+ +

—¿Qué...? Que no me hagas judiadas... Vamos juntos, ¿entiendes? Tú no +te apartes de mí. ¿Dónde estabas? No, no sirve esconderse.

+ +

—Pues cálzame—exclamó ella sentándose en un peñasco.

+ +

La calzó enjugándole antes los pies húmedos con la falda de su +americana, y bromeando ya sobre el enfado y el susto del escondite.

+ +

—Y ahora...—murmuró la niña mientras él lidiaba con un botón empeñado +en resbalarse del ojal—¿á dónde vamos? ¿Seguimos como locos?

+ +

—Ahora... ahora ven conmigo... Ya pararemos, mujer.

+ +

Echaron monte arriba, alejándose de la refrigerante atmósfera del río. +Aquella montaña era más áspera aún, y en su suelo dominaban las +carrascas y las encinas, que daban alguna sombra; pero siendo muy agria +la subida, en los puntos descubiertos quemaba el sol de un modo +insufrible. Manuela{t.2-32} jadeaba siguiendo á Perucho, que parecía llevar un +objeto determinado, pues miraba á un lado y á otro para orientarse. Al +fin, divisó una encina vieja, un tronco perforado y hueco donde aún +gallardeaba algún ramaje verde en lugar de la copa desmochada; dió un +grito de júbilo, metió la cabeza dentro con precaución, luego la mano, +armada de una navaja, luego el brazo todo... y al cabo de unos cuantos +minutos de manipulación misteriosa, sacó en triunfo algo, algo que hizo +exhalar á la montañesa clamor alegre.

+ +

¡Un panal soberbio de miel rubia, pura y balsámica, de aquella miel +natural, un millón de veces más sabrosa que la de colmena, como si el +insecto, libre ciudadano de su inocente república ajena al protectorado +del hombre, libase un néctar más puro en los cálices de las flores, un +polen más fecundo en sus estambres, elaborase un propóleos más adherente +para afianzar la celdilla, y emplease procedimientos de destilación más +delicados para melificar la esencia de las plantas{t.2-33}, el jugo precioso +recogido aquí y acullá, en el prado, en la vega, en el castañar, en el +monte!

+ +

Manuela chillaba, reía de placer.

+ +

—Pero tú mucho discurres... ¿Pero de dónde sacaste eso...? Pero tú creo +que echas las cartas como la Sabia... ¿Quién te contó que ahí había +miel?

+ +

—¡Boba! ¡Gran milagro! Supe que unos hombres de las Poldras pillaron en +este sitio un enjambre... pregunté si habían registrado el nido de la +miel y contestaron que no, que ellos sólo andaban muertos y penados por +las abejas, para llevarlas al colmenar... Yo dije ¡tate! pues los +panales han de estar allí, en un árbol hueco... Ya ves cómo acerté. ¿Qué +tal el panalito? ¡Pecan los ojos en mirarlo!

+ +

—¿Y si estuviesen en el tronco las abejas, ahora que andan tan furiosas +con la borrachera de la flor del castaño? Te comían vivo.

+ +

—¡Bah! Yo sé la maña para que no{t.2-34} piquen... Hay que meter poco ruido, +moverse despacio y bajarse al suelo cuando le sienten á uno...

+ +

—¡A comer, á comer la miel!—gritó la montañesa palmoteando.

+ +

—Ven, aquí hay una sombra, ¡una sombra que da la hora!

+ +

Era la sombra la de una encina cuyas ramas formaban pabellón, y que caía +sobre un ribazo todo estrellado de flores monteses, donde crecía el tojo +ó escajo tan nuevo y tierno, que sus pinchos no lastimaban. Además +parecía como si la mano del hombre hubiese labrado allí esmeradamente un +asiento, á la altura exigida por la comodidad. Perucho sacó su navaja, y +del bolsillo del chaquetón hizo surgir el pedazo de brona tomado +contra la voluntad de su dueña la Sabia. Partiólo en dos mitades +desiguales, dando la mayor á su compañera; y el panal de miel se sometió +al mismo reparto. Sentada ya, tranquila, descansando de la larga +caminata y del calor sufrido, con esa s{t.2-35}ensación de bienestar físico que +produce el reposo después de un violento esfuerzo muscular, y la +pregustación de un manjar delicioso, virgen, fresco, sano, que hace +fluir de la boca el humor de la saliva, Manuela, antes de hincar el +diente en la miel puesta sobre el zoquete de pan, tocó en el hombro á su +compañero:

+ +

—Mira, en comiéndola nos largamos, y vuelta á casita... ¿eh? Ya me +parece que dieron las doce en el campanario de Naya... Sabe Dios á qué +hora llegaremos allá, y lo que andarán preguntando por nosotros.

+ +

Él le echó el brazo al cuello, y con los dedos le daba golpecitos en la +garganta.

+ +

—Hoy no se vuelve—murmuró casi á su oído.

+ +

Pegó un respingo la muchacha.

+ +

—¿Tú loqueas? Si fuese en otro tiempo... bien, nadie se amoscaría; pero +ahora, que está el tío Gabriel? Se armaría un ruido endemoniado por toda +la casa.

+ +

Perucho le tiró de la trenza.{t.2-36}

+ +

—Hoy no se vuelve... No me repliques, que no puede ser. Hoy no se +vuelve... ¿Sabes por qué? Por lo mismo, por eso... porque está tu tío, +tu caballero de tío. Calla, calla, vidiña... Si quieres volver, +vuélvete tú sola, muy enhorabuena; yo me quedo aquí... Yo no voy más á +los Pazos.

+ +

—Á mí se me figura que tú chocheaste. Lo que á ti se te ocurre, no se +le ocurre ni al mismo Pateta. ¡No volver á los Pazos! Pues apenas se +alborotaría aquello todo.

+ +

—¿Y qué nos importa, di?—murmuró el mancebo con ardorosa voz.—Tú eres +muy mala, Manola: sí señor, muy mala; tú no me quieres á mí así, á este +modo que yo te quiero. ¡Qué me has de querer! Ni siquiera sabes lo que +es cariño... de este. ¿Lo entiendes? Pues no lo sabes. Vamos, yo no digo +que tú no me quieras una miajita; si me muriese, llorarías, ¡quién lo +duda! llorarías una semana, un mes... y te acordarías de mí un año... y +soñarías conmigo por las noches... y después... {t.2-37}te casarías con el tío +Gabriel, y se acabó... se acabó Perucho.

+ +

Su voz temblaba, enronquecida por la pasión.

+ +

—¡Qué cosas dices! ¡Con el tío Gabriel!—exclamó la montañesa dilatando +las pupilas de asombro y limpiándose distraídamente con el pañuelo la +boca untada de pegajosa miel.

+ +

—Ó con otro del pueblo, otro señor elegante y de fachenda, así por el +estilo... ¡Malacaste! Oye tú: aquí en la aldea no se hace uno cargo de +ciertas cosas... pero allá en el pueblo... los estudiantes... unos con +otros... nos abrimos los ojos... nos despabilamos... ¿estás? Allá... +cuando me preguntaban los compañeros que si tenía novia y que porqué no +tomaba una en Orense... atiende, atiende... les dije así:—Tengo mi +novia, ya se ve que la tengo, y es más bonita que todas las vuestras, y +se llama Manuela, Manuela Ulloa...—Y ellos á decir:—¿Quién? ¿la hija +del marqués?—La misma que viste y calza... decid ahora que no es +bonita, morrales...—Y{t.2-38} ellos con muchísima guasa me saltan:—En la vida +la vimos... pero esa no es para ti, páparo... Esa es para un señor, +porque es una señorita, hija de otro señor también... y tú eres hijo de +una infeliz paisana... ¿eh? date tono, date tono...—Le santigüé las +narices al que me lo cantó, pero me quedé pensando que lo acertaba... +¿Entiendes? Y tanta rabia me entró, que me eché á llorar como si fuese +yo el que hubiese atrapado los soplamocos... Mira si sería verdad... que +a... aún... aún...

+ +

Manuela, que chupaba muy risueña el panal, alzó la vista y notó que su +amigo tenía como una niebla ante aquellas hermosas pupilas azul celeste. +En lo más profundo de su vanidad de hembra, quizás á medio dedo de las +telillas del corazón, sintió algo, una punzada tan dulce, tan sabrosa... +más que la propia miel que paladeaba. Volvió la cabeza, recostóla en el +hombro de su amigo.

+ +

—¿Quién te manda llorimiquear ni apurarte?—pronunció enfáticamente.

+ +

—Porque tenían razón—tartamudeó él.{t.2-39}

+ +

—No señor. Yo te quiero á ti, ya se sabe. Mas que fueses hijo del +verdugo. Valientes tontos, y tú más tonto por hacerles caso.

+ +

—Bien—murmuró él;—me quieres, corriente, estamos en eso; pero es allá +un modo de querer que... Yo me entiendo. Es un querer, así... porque... +porque uno se crió desde pequeñito junto con el otro, sin apartarse... y +tienes costumbre de verme, como quien dice... y... y... Yo te voy á +aclarar cómo me quieres, y si acierto, me lo confiesas. ¿Eh? ¿Me lo +confiesas?

+ +

—Hombre...—clamó ella con la boca atarugada de brona—siquiera das +tiempo á uno para tragar el bocado y contestar... Conformes; te lo +confesaré. ¡Falta saber qué es lo que he de con-fe-saaaár!

+ +

—Tú me quieres... como quieren las hermanas á los hermanos. ¿Eh? +¿Acerté?

+ +

—Mira tú... ¡Verdad! Si yo siempre pensé de chiquilla que lo eras, no +entiendo por qué...—Aquí la montañesa dió indicios de quedarse +pensativa, con la brona afianzada{t.2-40} en los dedos, sin llevarla á la +boca.—Y yo no sé qué más hermanos hemos de ser. Siempre juntos, +siempre, desde que yo era así... (bajó la mano indicando una estatura +inverosímil, menor que la de ningún recién nacido.) Aún hay hermanos que +no se crían tan juntos como nosotros.

+ +

Perucho permaneció silencioso, con el pan caído á su lado sobre la +hierba, una rodilla en el aire, que sostenía con las manos enclavijadas, +y mirando hacia el horizonte.

+ +

—¿Qué te pasa? ¿Por qué pones esa cara de bobo?

+ +

—Eso ya lo sabía yo—exclamó él desesperado, descargándose de golpe una +puñada en el muslo...—¿Ves...? ¿Ves cómo tenían razón los de Orense? Lo +que tú me quieres á mí... es... así... por eso, porque desde chiquillos +andamos juntitos y, á menos que fueses una loba, no me habías de tener +aborrecimiento... ¡Pues andando! Siga la música... Y que se lo lleven á +uno los diablos.

+ +

Encaróse violentamente con la niña,{t.2-41} y tomándole las muñecas, se las +apretó con toda su alma y todo su vigor montañés. Ella dió un chillido.

+ +

—Yo te quiero á ti de otra manera, muy diferente... te quiero como á +las novias, con amor, con amor (vociferó esta palabra). Si se calla uno +más de cuatro veces, es por miramientos y consideraciones y embelecos... +Que se vayan á paseo todos ellos juntos... Aguantar que á uno no le +quieran, ya es martirio bastante; pero ver que viene otro y con sus +manos lavadas le escamotea la novia, le roba todo... Eso ya pasa de +raya... No tengo paciencia para sufrirlo ni para verlo... No, y no, y no +lo veré, me iré, me iré, aunque sea á la isla de Cuba.

+ +

Manuela oyó todo esto derramándose en risa, porque el enfado de su amigo +le gustaba; y sobre todo, encantábale la idea de calmarlo con unas +cuantas frases cariñosas, que sin esfuerzo, antes muy á gusto suyo, le +salían del corazón.

+ +

{t.2-42}

—Lo dicho: á ti hoy picóte una avispa ó un alacrán en el monte... Yo +quisiera saber de dónde sacas tanto disparate... ¿Quién te viene á +quitar la novia, ni quién me coge á mí, ni me lleva, ni todas esas +barbaridades que sueñas tú?

+ +

—El tío Gabriel te quiere; está enamorado de ti. Ha venido á casarse +contigo. No me lo niegues.

+ +

—Vaya, lo dicho.

+ +

Manuela se tocó la frente con el dedo y meneó la cabeza.

+ +

—No, no me llames loco; porque me parece que haces risa de mí ó que me +quieres engañar. Dime sólo una cosa. ¿Te gusta tu tío Gabriel?

+ +

—¿Gustar?... ¿Qué sé yo lo que es gustar, como tú dices? El tío +Gabriel me parece muy bueno, muy listo, y un señor así... no sé cómo te +diga... muy fino, y que sabe mucho de muchísimas cosas... Un señor +diferente de los de por acá, de Ramón Limioso, del sobrino del cura de +Boan, Javier, de los de Valeiro... de todos.{t.2-43}

+ +

—Ya lo ves—exclamó con aflicción el mancebo;—ya lo estás viendo... Tu +tío... ¡te gusta!

+ +

—Pues sí; claro que me gusta... ¡No tiene por qué no gustarme!

+ +

Las correctas líneas del rostro de Perucho se crisparon. Las raras veces +que tal sucedía, palidecían sus mejillas un poco, dilatábansele las +fosas nasales, se oscurecían y centelleaban sus ojos de zafiro, poníase +más guapo que nunca, y era notable su parecido con las estampas de la +Biblia que representan al ángel exterminador ó á los vengadores +arcángeles que se hospedaron en casa de Lot el patriarca. Manuela lo +contemplaba con placer, á hurtadillas; y de pronto, pasándole suavemente +una mano por detrás de la cabeza y atrayéndolo á sí, murmuró:

+ +

—Tú me gustas más, queridiño.

+ +

—A ver, dilo otra vez.

+ +

—Te lo daré por escrito.—Hizo ademán de escribir en el suelo con el +dedo, y deletreó: Me-gus-tas-más.

+ +

—Man{t.2-44}ola, vidiña... A mí, ¿me quieres más á mí?

+ +

—Más, más.

+ +

—¿Te casarás conmigo?

+ +

—Contigo.

+ +

—¿Conmigo? ¿Aunque tú seas señorita y yo... un labrador?

+ +

—Aunque fueses el último pobre de la parroquia. Yo no soy tampoco una +señorita... como las demás. Soy una montañesa, criada entre las vacas. +Estaría yo bonita allá en pueblos de no sé. Más señorito pareces tú que +yo.

+ +

—Y si tu padre...

+ +

Manuela miró al suelo; su boca se contrajo por espacio de un segundo. +Luego suspiró levemente:

+ +

—Para el caso que me hace papá... Yo no sé de qué le sirvo... ¡Bah! +Desde pequeñita sólo tú hiciste caso de mí, y me cumpliste los caprichos +y me mimaste... Cuando necesitaba dos cuartos... ¿te acuerdas? me los +prestabas... ó me los regalabas... Tú me traías los juguetes y las +rosquillas de la feria... En el invierno, cuando te vas, parece que se +me{t.2-45} va lo mejor que tengo y me quedo sin sombra.

+ +

—¡Qué gusto!—exclamó él, y con ímpetu irresistible se levantó, le +apoyó las manos en los hombros, y la zarandeó como se zarandea al árbol +para que suelte el fruto. Luego se le hincó de rodillas delante, sin el +menor propósito de galantería.

+ +

—Manola, ruliña, dame palabra de que nos hemos de casar tan pronto +podamos. ¿Me la das, mujer?

+ +

—Doy, hombre, doy.

+ +

—Y de que hasta la tarde no volvemos á los Pazos.

+ +

—¡Uy! Reñirán, se enfadarán, armarán un Cristo.

+ +

—Que lo armen. Que riñan. Hoy el día es nuestro. Que nos busquen en la +montaña. Aquí corre fresco, da gusto estar. ¿No comiste bastante? +¿Tienes hambre? Ahí va el pan, y más miel.

+ +

—¿Y qué vamos á hacer aquí todo el día de Dios?—preguntó ella risueña +y gozosa, como si l{t.2-46}a pregunta estuviese contestada de antemano.

+ +

—Andar juntos—respondió él decisivamente.—Y subir á los Castros. +D{t.2-47}esde aquí todavía estamos cerca de Naya.

+ +

XXI

+ +

Para subir á los Castros, había que dejar á un lado el monte y el +encinar, torcer á la izquierda, y penetrar en uno de esos caminos +hondos, característicos de Galicia, sepultados entre dos heredades +altas, y cubiertos por el pabellón de maleza que crece en sus bordes: +caminos generalmente difíciles, porque la llanta del carro los surca de +profundas zanjas, de indelebles arrugas; porque á ellos ha arrojado el +labrador todos los guijarros con que la reja del arado ó la pala tropezó +en las heredades limítrofes; porque allí se{t.2-48} detiene y se encharca el +agua y se forma el barro; los peores caminos del mundo en suma, y sin +embargo encantadores, poéticos, abrigados en invierno porque almacenan +el calor solar, y protegidos del calor en verano por la sombra de las +plantas que se cruzan cerrándolos como tupido mosquitero; encantadores +porque están llenos de blancuras verdosas de saúco, palideces rosadas de +flor de zarza, elegancias airosas de digital, enredadas cabelleras de +madreselva que vierten fragancia, cuentas de coral de fresilla, negruras +apetitosas de mora madura, plumas finas de helecho, revoloteos y píos y +caricias de pájaros, serpenteos perezosos de orugas, escapes de +lagartos, contradanzas de mariposas, encajes de telarañas sujetos con +broches de rocío, y desmelenaduras fantásticas de rojas barbas de +capuchino, que allí, colgadas entre zarzas y matorrales, parecen +ex-votos de faunos que inmolaron su pelaje rudo al capricho de una +ninfa. Y aquel camino en que penetró la pareja montañesa añadía á estos +méritos,{t.2-49} comunes á todas las corredoiras, un misterio especial, +debido á que era muy poco frecuentado de carros y de labriegos, y +conservaba todo el mullido suave de su hierba virgen, que literalmente +era un tapiz verde clarísimo, salpicado de esas orquídeas color entre +lila y rosa que asoman fuera de tierra sólo los pétalos, sin hoja verde +alguna; y como además era estrecho, y muy hondo, la vegetación de sus +bordes, viciosa y lozana como ninguna, se había unido, y sólo á duras +penas se filtraba de la bóveda una misteriosa y vaga claridad, una luz +disuelta en oro y pasada al través de una cortina de tafetán verde.

+ +

Quien estuviese hecho á conocer estos caminos hondos, y el país gallego +en general, no se admiraría de las particularidades que presentaba +aquella corredoira, así en su virginidad y misterio como en ser más +honda que ninguna y en estar trazada con extraña regularidad, como obra +donde no sólo se descubría la mano del hombre, sino una mano{t.2-50} ducha y +hábil, que da á sus obras proporción y simetría. El nombre de Los +Castros que lleva el lugar le explicaría bien, si antes no se lo dijese +su pericia, por qué estaba allí aquella zanja abierta como por la pala +del ingeniero militar de hoy, que ciertamente no la abriría más +perfecta.

+ +

Dos eran los Castros: Castro Pequeño y Castro Mayor, y se elevaban en +doble colina escalonada, facilitando la ascensión del uno al otro la +trinchera, aunque también haciéndola más larga, pues era preciso +seguirla y dar la vuelta á toda la base del Castro Pequeño para intentar +la ascensión al grande, muchísimo más elevado y vasto. El estado de +conservación de los dos campamentos era tan maravilloso; se veían tan +claras las líneas del reducto y el círculo perfecto de la profunda zanja +que en torno lo defendía, que aquella fortificación de tierra, levantada +probablemente por legionarios romanos anteriores á Cristo, si es que no +fué en tiempos aún más remotos trabajo de defensa practicado{t.2-51} para +sustentar la independencia galaica, aparecía más entero y robusto que +las fortalezas, relativamente jóvenes, de la Edad-media. Ni el arado, ni +el agua del cielo, habían mordido la esbelta cortadura que á modo de +verde culebra se enrosca al pie de los Castros. No; no habían hecho más +que vestirla de enredaderas, de zarzales, de plantas y hierbas +lozanísimas; y allí donde el soldado rompió el terruño para prevenir el +ataque del enemigo, se embosca hoy la ágil sabandija, y teje sus gasas +el pardo arañón campesino.

+ +

Subió lentamente la pareja, no apremiada ya por la angustia de hallarse +cerca de sitio habitado que desde por la mañana impulsaba á Perucho á +desviarse del caserón. Iban los dos montañeses radiantes de alegría, con +el desahogo de la confesión y las promesas anteriores. Parecíales que +sin más que trocar aquellas cuatro frases, se les había quitado de +delante un estorbo grandísimo, y ensanchándoseles el corazón, y +arreglado todo el porvenir á gusto y voluntad suya. En especial{t.2-52} el +galán no cabía en sí de gozo y orgullo, y sostenía á Manuela y la +empujaba por la cintura con la tierna autoridad del que cuida y atiende +á una cosa absolutamente propia. Tranquilo y sosegado, hablaba de las +cosas acostumbradas y se entregaba á las ocupaciones y á las +investigaciones habituales en la pareja. Aquella corredoira de los +Castros, en las actuales circunstancias, era para él un descubrimiento. +¡Qué filón! Olvidados de todo el mundo, amontonábanse allá tesoros que +no habían de desdeñar nuestros exploradores. Hacia la parte que forma la +solana de la colina, las moras se hallaban ya en estado de perfecta +madurez, y millares de dulces bolitas negras acribillaban el verde +oscuro de los zarzales. En los sitios de más sombra y humedad, las +perfumadas fresillas ó amores abundaban, y las delataba su aroma. +Nidos, era una bendición de Dios los que aquella maleza cobijaba. +Porque, desnuda de arbolado la cima de los Castros desde cerca de veinte +siglos que sin duda sus ár{t.2-53}boles habían sido cortados para levantar +empalizadas, las aves no tenían más refugio que la zanja misteriosa, +donde les sobraba pasto de insectos y caudal de hierbas secas y plantas +filamentosas para tejer la cuna de su prole. Así es que tras cada +matorral un poco tupido, en cada rinconada favorable, se descubrían +redondas y breves camas, unas con huevos, cuatro ó seis perlitas +verdosas, otras con la cría, medio ciega, vestida de plumón amarillento. +Y al entreabrir Manuela el ramaje para sorprender el secreto nupcial, no +sólo volaba el pájaro palpitante de terror, sino que se oía corretear +despavorida á la lagartija, y el gusano se detenía paralizado de miedo, +enroscándose al borde de una hoja con sus innumerables patitas +rudimentarias.

+ +

En la exploración y saqueo de la zanja gastarían más de hora y media los +fugitivos. En la falda remangada de Manuela se amontonaban moras, +fresas, frambuesas, mezcladas y revueltas con alguna flor que Perucho le +había echado allí como por broma. Manuela{t.2-54} prefería coger los frutos, y +su amigo era siempre el encargado de obsequiarla con las orquídeas +aromosas ó con las largas ramas de madreselva. Andando, andando, la +carga de fresas desaparecía y el delantal se aligeraba: picaban por +turno los dos enamorados, y al llegar á la cima del Castro pequeño, la +merienda de fruta silvestre había pasado á los estómagos.

+ +

La cima del Castro pequeño, donde empezaba á asomar el tierno maíz, era +una meseta circular, perfectamente nivelada, como picadero gigantesco +donde podían maniobrar todos los jinetes de la orden ecuestre. Las +necesidades del cultivo habían abierto senderitos entre heredad y +heredad, y á no ser por ellos, el Castro pequeño sería raso como la +palma de la mano. Desde su altura se divisaba una hermosa extensión de +tierra, y seguíase el curso del Avieiro, distinguiéndose claramente y +como próximas, pero á vista de pájaro, las Poldras, con el penachillo de +espuma que á cada losa ponía el remolino y el batir {t.2-55}colérico de la +corriente. Ni un árbol, ni una mata alta en aquella gran planicie del +Castro, que rasa, monda, lisa é igual, parecería recién abandonada por +sus belicosos inquilinos de otros días, á no verse en su terreno los +golpes del azadón y á no cubrirla, como velo uniforme, las tiernas +plantas del maíz nuevo.

+ +

Mas no era allí todavía donde Perucho y Manuela se creían dueños del +campo y situados á su gusto para reposar un poco después de tanto +correr. Aspiraban á subir al Castro mayor, ascensión difícil para otros, +porque la trinchera, menos honda allí, dejaba de ser corredoira y estaba +literalmente obstruída por los tojos recios, feroces y altísimos. Casi +impracticable hacían la subida sus ramas entretejidas y espinosas. +Perucho, con sus pantalones de paño fuerte, podría arriesgarse llevando +en brazos á Manuela; pero era el trayecto del rodeo de la zanja +larguísimo, y á pesar del vigor del rapaz, bien podría cansarse antes de +recorrer el hemiciclo que conducía á la entrada del Castro. Tendió la +vista,{t.2-56} y sus ojos linces de montañés distinguieron al punto un +senderito casi invisible, en el cual no cabía el pie de un hombre, y que +serpeaba atrevidamente por el talud más vertical de la base del Castro, +yendo á parar en el matorral que guarnecía la cúspide.

+ +

—¡El camino del zorro!—exclamó Perucho, señalando á su compañera, allá +en lo alto, la boca de la madriguera, que se entreparecía oculta por las +zarzas y escajos.—Por ahí vamos á subir nosotros, que sino es el cuento +de nunca acabar y de quedarse sin carne en las pantorrillas.

+ +

Para llevar á cabo la difícil hazaña, yendo el montañés delante y +colocando el pie en las levísimas desigualdades que daban señal del paso +del zorro cuando subía y bajaba á su oculto asilo, Manuela, que seguía á +Perucho, se le cogía no de la mano, pero de los faldones de la +americana, y á veces del paño del pantalón. El apuro fué grande en +algunos puntos del trayecto, y grandes también las risas con que +celebraron lo crítico{t.2-57} de la situación aquella. Perucho se asía con las +uñas á la tierra, á las plantas, á todo cuanto podía servirle de +asidero, y al avanzar el pie hincaba la punta de golpe en la montaña, +para dejar hecho sitio al pie de la niña. Al fin, sudorosos, encarnados +y alegres, llegaron á la última etapa de la jornada, y agarrándose á +unos menudos pinos que crecían desplomados sobre el talud, saltaron +triunfantes dentro del Castro Mayor.

+ +

La impresión que producía este segundo reducto fortificado era harto +diferente de la del primero. En éste el cultivo suavizaba el aspecto +militar, y el alegre y fresco verdor del maíz no permitía que acudiesen +al ánimo ideas de antiguas batallas, de sangre y defensas heroicas; +sobre la honda trinchera había tendido la naturaleza velo de florida +vegetación, y las huellas de la vida humana, de la actividad rústica, el +manto amigo de la agricultura, daban al viejo anfiteatro aspecto risueño +y apacible. En el Castro Mayor, al contrario, se advertía cierta salvaje +grand{t.2-58}eza y desolación trágica, muy en armonía con su destino y su +puesto en la historia. Era aún, después de veinte siglos, el sitio de +las defensas heroicas, de las resistencias supremas; el sitio donde, +rotas ya las empalizadas, invadido el Castro de abajo, se refugiaría la +destrozada legión, llevándose sus muertos y sus heridos para darles, á +falta de honrosa pira, túmulo en aquella elevada cumbre, y resuelta á +vender caras las vidas á la hueste cántabro-galaica. La vegetación, los +brezos altísimos y tostados por el sol, las carrascas, los tojos, todo +adquiría allí entonación rojiza, despertando la idea de un rocío de +sangre que los hubiese bañado: á trechos, rompían la lisura del inmenso +circuito pequeñísimas eminencias, donde las plantas eran más lozanas +todavía, y que á juzgar por su hechura cónica serían acaso túmulos. +¿Quién sabe si un investigador, un arqueólogo, un curioso, cavando en +aquel suelo vestido de plantas monteses y de ruda y selvática flora, +descubriría ánforas, moneda{t.2-59}s, hierros de lanza, huesos humanos?

+ +

La soledad era absoluta en aquel lugar elevado y casi inaccesible; el +cielo parecía á la vez muy alto y muy próximo, y como nada limitaba la +vista, horizonte inmenso lo rodeaba por todas partes, resultando el +firmamento verdadera bóveda de azul infinito y profundo, que encerraba á +manera de fanal el inmenso anfiteatro. Las lejanías, más bajas que el +Castro, se perdían gradualmente en tales tintas rosadas y cenicientas, +que formaban la ilusión de un lago, ó del mar, cuya extensión se +divisase lejos, muy lejos. Parecía que el Castro fuese una isla, +suspendida sobre un océano de vapores. La calma y el silencio rayaban en +fantásticos: allí no había pájaros, sea porque sólo un árbol,—un viejo +roble, digno de ser contemporáneo de los druidas, se alzaba en la +gigantesca plataforma, como respetado por la pala de los soldados que +habían nivelado el monte para fortificarlo,—sea porque la altura, +gravedad y solemnidad misteriosa de aquel sitio intimidase á las aves. +Una{t.2-60} liebre, galopando entre los brezos, fué el único sér viviente que +encontraron los fugitivos.

+ +

Divirtiéronse estos durante un buen rato en otear todo el país +circunvecino, que desde la estratégica altura se dominaba completamente. +El caserío de Naya se les presentaba á sus pies como esparcida bandada +de palomas; más lejos las Poldras y el río espejeaban al sol; eran un +hilo verdoso, roto á trechos por blancos espumarajos; y allá remoto, +remoto, se hundía el valle de los Pazos, donde la casa solariega era un +punto rojo, el color de sus tejas. Manuela mostró una especie de terror +á esta vista.

+ +

—¡Madre mía del Corpiño, qué lejos estamos de la casa!

+ +

Perucho la tranquilizó riendo.

+ +

—No, mujer... Parece así porque la vemos de alto. Vaya que de poco te +pasmas. ¿No tienes voluntad de descansar? ¿No te pide el cuerpo +sentarte?

+ +

—Hombre... me dan ganas de hacerte no {t.2-61}sé qué. Hace mil años te dije +que me cansaba, y ahora sales... Yo ya estaba aguardando á ver si +querías que me cayese muerta. ¡Y con este calor! Aquí tan siquiera corre +un poquito de aire.

+ +

—Pues ven.

+ +

Acercáronse al roble, cuyo ramaje horizontal y follaje oscurísimo +formaban bóveda casi impenetrable á los rayos del sol. Aquel natural +pabellón no se estaba quieto, sino que la purísima y oxigenada brisa +montañesa lo hacía palpitar blandamente, como la vela del bote, +obligando á sus recortadas hojas á que se acariciasen y exhalasen un +murmullo como de seda arrugada. Al pie del roble, el humus de las hojas +y la sombra proyectada por las ramas, habían contribuído á la formación +de un pequeño ribazo resto acaso de uno de aquellos túmulos, así como el +duro y vigoroso roble habría chupado acaso la sustancia de sus raíces en +las vísceras del guerrero acribillado de heridas y enterrado allí en +épocas lejanas.{t.2-62}

+ +

—Ahí tienes un sitio precioso—dijo Perucho.

+ +

Dejóse caer la montañesa, recostada más que sentada, en el tentador +ribazo.

+ +

—La hierba está blandita y huele bien...—exclamó la niña.—No hay +tojos... ¡Qué ricura!

+ +

—¿A ver?—murmuró él;—y desplomóse á su vez en el ribazo, riendo y +apoyándose en las palmas de las manos.

+ +

—¡Vaya! Ni un tojo para un remedio... ¡Y qué sombra de gloria! ¡Ay.... +gracias á Dios! Estaba muerta.... Mira cómo sudo—añadió cogiendo la +mano del montañés y acercándola á su nuca húmeda.

+ +

—¿Quieres escotar un cachito de siesta?—preguntó el mozo, mirándola +con ternura.—Aquí hay un sitio que ni de encargo.... Si hasta parece +que la tierra hace figura de almohada.... Yo te echaré la chaqueta para +que acuestes la cabeza....

+ +

—Y tú, ¿qué haces ínterin yo duermo? ¿Papas moscas?

+ +

—Duermo también á tu ladito... Como marido y mujer. ¿No te gusta? Sí +tal, sí tal.{t.2-63}

+ +

Quitóse el chaquetón, y extendiólo con precauciones minuciosas, de modo +que la cabeza de Manuela quedase cómodamente reclinada en el cojín que +formaba una manga bien envuelta con el cuerpo. Enseguida se tendió al +lado de la montañesa, poniéndose bajo la nuca su hongo gris, para no +coger un torticolis. La hierba del ribazo era en efecto olorosa, espesa, +fina, menuda, y entretejida como la lana de una alfombra de precio. Al +lado de la cabeza de Manuela crecía una gran mata de biznaga, cuyos +airosos tallos prolongados y blancas umbelas de flores menuditas con la +punta roja en medio, parecían, al destacarse sobre el fondo azul del +horizonte, un transparente obra de hábil pintor. Por efecto de la +posición, le parecían á la montañesa altísimas aquellas biznagas; más +altas que los montes que se perdían en los tonos vagos y vaporosos del +horizonte lejano. Así se lo dijo á su compañero. Éste respondió á la +observación con una sonrisa cariñosa, y dijo:

+ +

{t.2-64}

—Levanta un poco el cuerpo... te pasaré el brazo así por debajo...

+ +

Hízolo y quedaron careados. La claridad solar, que pugnaba por atravesar +el follaje de la encina, les derramaba en las pupilas un centelleo de +pajuelas de oro; en los ojos negros de Manuela se convertían en reflejos +de ágata, y en los azules de Perucho tenían el colorido de la gota de +vino blanco expuesta á la luz... Complacíase la viva claridad en +descubrir, jugando, los más mínimos pormenores de aquellos rostros +juveniles: doraba la pelusa de las mejillas: arrojaba una sombra rosada, +con venillas rojas, en el tabique de la nariz, en el velo del paladar, +que se divisaba por entre los dientes nacarados y entreabiertos, y en el +hueco de las orejas; daba tonos azulados al pelo negrísimo de la niña, é +irisaba los rizos de Perucho, que se encendían y parecían una aureola, +con visos como de venturina.

+ +

Manuela alargó la mano, la hundió entre las sortijas de su amigo, y las +deshizo y alborotó con placer inexplicable. Aquella cabel{t.2-65}lera +magnífica, tan artísticamente colocada por la naturaleza, tan rica de +tono que estaba pidiendo á voces la paleta de un pintor italiano para +copiarla, era una de las cosas que más contribuían á mantener la +admiración y el culto que desde la infancia tributaba á su compañero. Si +hermoso era á la vista el pelo de Perucho, no menos dulce al tacto. ¡Con +qué elástica suavidad se enroscaban de suyo los bucles alrededor del +dedo! ¡Cómo se deshacían y partían cada uno en innumerables anillos, +ligeros y gallardos, y cómo volvían luego á unirse en grueso y pesado +tirabuzón, el bucle estatuario, la cifra de la gracia espiral! ¡Con qué +indisciplina encantadora se esparcían por la frente ó se agrupaban en la +cima de la cabeza, haciéndola semejante á las testas marmóreas de los +dioses griegos! Claro está que Manuela no se daba cuenta del carácter +clásico de las perfecciones de su amigo, mas no por eso le gustaba menos +juguetear con la rizada melena.

+ +

Pedro la dejaba á su disposición, cerrando{t.2-66} los ojos y sintiendo un +bienestar infinito é indecible. La cortedad penosa experimentada el día +en que se habían refugiado en la cantera, se había disipado con la +conversación explícita de amor, las trocadas promesas, el desahogo de la +explicación mutua; y el montañés ni pedía ni soñaba dicha mayor que la +de estar allí solos, próximos, seguros el uno del otro, á razonable +distancia de todo lo que fuese gente, habitación, obstáculos, mundo en +suma; allí, en el desierto de la isla del Castro, donde Perucho quisiera +quedarse hasta la consumación de los siglos, con Manuela nada más. Ni el +pensamiento de otras venturas le cruzaba por las mientes, y aunque la +respiración de Manuela le calentaba el rostro y su mano le desordenaba y +acariciaba el pelo, no hervía con ímpetu su sangre moza; sólo parecía +correr con mayor regularidad por las venas. Tan feliz se encontraba, que +olvidaba el transcurso del tiempo y lo que pudiesen regañarles al volver +al caserón, sumido en una de esas distracciones profundas propias de +lo{t.2-67}s momentos culminantes de la existencia, que rompen la tiranía del +pasado, anulan la memoria, suprimen la preocupación del porvenir, y +dejan solo el momento presente con su solemnidad, su intensidad, su peso +decisivo en la balanza de nuestro destino.

+ +

De vez en cuando, á un leve estremecimiento del follaje charolado del +roble, á una caricia más viva, más nerviosa y eléctrica de los dedos de +Manuela, Pedro entreabría los párpados, y su mirada clara y azul se +cruzaba con la de aquellas pupilas negras, quebradas y enlanguidecidas á +la sazón, que lo devoraban. Dos ó tres veces retrocedió el +montañés,—sintiendo en la conciencia una especie de punzada, un +misterioso aviso, que al cabo, no en balde tenía cuatro ó seis años más +que su compañera, y algo que en rigor podía llamarse conocimiento;—y +otras tantas la niña volvió á acercársele, confiada y arrulladora, +redoblando los halagos á los suaves rizos y á las redondas mejillas, +donde no apuntaba aún ni sombra de barba. Al fin, sin saber cómo,{t.2-68} sin +estudio, sin premeditación, tan impensadamente como se encuentran las +mariposas en la atmósfera primaveral, los rostros se unieron y los +labios se juntaron con débil suspiro, mezclándose en los dos alientos el +aroma fragante de las frambuesas y fresillas, y res{t.2-69}iduos del sabor +delicioso del panal de miel.

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XXII

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Según suele suceder cuando el calor desazona el cuerpo y acontecimientos +importantes ocurridos durante el día perturban el espíritu, Gabriel +Pardo había pasado la noche en vigilia casi completa. Lo bueno fué que +se acostara creyendo tener mucho sueño; pesábale la cabeza y los +párpados, y experimentó gran alivio al desnudarse, estirarse en las +frescas sábanas de lino y sentir en las mejillas el contacto de la tersa +almohada. Resuelto á consagrar diez minutos á pensamientos agradables +antes de rendirse á la soñolencia que{t.2-70} notaba, se colocó bien del lado +derecho, no sin apagar la luz y dejar sobre una silla, al alcance de la +mano (pues en los Pazos sólo conocía el lujo de las mesas de noche el +Gallo, que se había traído de Orense uno de los más feos ejemplares de +la especie, con su tableta de mármol y demás requilorios) la fosforera, +la petaca y el pañuelo.

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Gozó de quietud y reposo los primeros instantes, dedicados á recordar +incidentes de la jornada, dichos de Manuela, observaciones referentes á +ella que conservaba apuntadas en la memoria, movimientos, actitudes y +otras menudencias por el estilo. En la oscuridad, paseando la palma de +la mano sobre el embozo de la sábana, pensaba el comandante:

+ +

—La chiquilla posee un fondo sorprendente de rectitud; además tiene, +como su madre, tierno el corazón y las entrañas humanas; es fácil, es +casi elemental el método para hacerse querer de ella: no hay más que +aparecer muy cariñoso, interesarse por la pobrecita... lo cual la coge +de nuevas, porque se{t.2-71} ha criado en completo abandono, gracias á mi +bendito cuñado y á sus líos é historias... Tenemos aquí lo que se llama +un naife, ó sea un diamante en bruto... y ¿quién sabe si vale más así? +Se me figura que me hace doble gracia de esta manera; que sí señor... +¡Ah! Sencillez, carácter primitivo y campestre, comercio exclusivo con +la madre naturaleza, su única maestra y su única protectora... Cargue el +diablo con todo eso que está uno harto de ver por ahí: muñecas +emperejiladas y vestidas según las cursilerías de La Moda Elegante, +juguetes automáticos que tocan la Rapsodia Húngara entreverada de +pifias... Luego dicen que tiene mucha ejecución... ¡Ejecución! ¡Qué más +ejecución que la que hacen ellas del arte!... Muñecas que todas ríen +como por resorte... que andan igual que si les tirasen de un hilito... +que para fingirse cándidas ponen cara de tontas en las zarzuelas donde +hay frases de doble sentido... que van á misa por rutina y por ver al +novio, y á {t.2-72}paseo para que rabie la amiguita si tienen gala que +estrenar... Muñecas á quienes les han enseñado que es punto de honra no +enterrarse con palma, y cargan con el primer marido que les sale... y +después...

+ +

Aquí se agolparon á la memoria de Gabriel los recuerdos, y varias +gallardas siluetas de pecadoras cruzaron por entre las tinieblas del +dormitorio.

+ +

—¡Qué antipática me es—prosiguió Gabriel haciendo calendarios—la +mentira, la convención social! Convengamos en que hace falta, bueno... +¿Cómo se sostendría sin ella este edificio caduco, apuntalado por unas +partes, carcomido por otras, remendado aquí y recompuesto acullá? ¿Esta +sociedad que parece un monumento mal restaurado, donde se amontonan +hibridaciones de todos los estilos y mescolanzas de todos los órdenes... +aquí una portada románica, luego un frontón dórico, después una +techumbre de hierro á la moderna...? Aquí se tropieza usted con una +preocupación procedente de Chindasvinto... más allá una idea general{t.2-73} +que difundió algún apólogo traído del Oriente por un cortesano de... +¡Sabe Dios! de un califa cualquiera ó del rey que rabió por gachas... y +otra que ya se remontará á los iberos primitivos... y otra que la +esparció ayer el estúpido artículo de fondo de un periódico político... +Y ajústese usted á esta... y á aquella... y á la otra... y á la de más +allá... Verdad es que todo hace falta para reprimir la bestialidad +humana... A no ser por eso... ¡crac!

+ +

Encontrando caliente ya el lado á que se había tendido, volvióse Gabriel +del opuesto; y sin duda este cambio le sugirió ideas revolucionarias, +porque pensó:

+ +

—¡Valiente estafermo está la sociedad actual! Aunque la volasen con +dinamita...

+ +

Pero el rincón frío y agradable que halló hubo de inspirarle doctrinas +conservadoras, y murmuró metiendo el brazo bajo la almohada, postura que +era en él habitual:

+ +

—Paciencia, Gabriel.... Ningún hombre es tiempo; al tiempo corresponde +esa obra histórica, si es que algún día ha de realizarse y{t.2-74} no estamos +sentenciados á rodar siempre el mismo peñasco, nosotros y los que vengan +detrás... Calculemos que todo se lo lleva pateta; ¿y qué ponemos allí, +en el sitio de lo que desbaratamos? Verdad que si reparásemos en +pelillos, no habría adelanto ni progreso desde que el mundo es mundo... +No habría evolución... ¿Ó sí la habría; qué diablo? La evolución es +fatal, y no está en nuestra mano precipitarla ni estorbarla... ¿Puedo yo +impedir que ahora se cumplan perfectamente en mi cuerpo leyes +fisiológicas y biológicas? ¡Cáspita, estoy hecho un pedante; si me +oyesen en el Círculo! Me llamarían chiflado otra vez. Bueno; en resumen; +la niña es una perla sin engarce... y yo debo tratar de dormirme.

+ +

Dejóse oir en este momento la estridente trompetilla de un cínife, que +guiado por el instinto venía, sonando su guerrera tocata, á caer sobre +la víctima, suponiéndola aletargada é inerme.

+ +

—La evolución sin lucha... Sin lucha, es{t.2-75} una utopía. Quizás la lucha +misma, el combate de todos contra todos, es la única clave del +misterio... Lo que dice muy bien Darwin en...

+ +

El cínife, elevando su clarín bélico á las más altas notas, descendía +raudamente sobre el pensador, á quien creía dormido... Gabriel sintió un +roce suave en la mejilla; luego le clavaron como una punta de aguja, +candente y finísima. Aunque empapado en ideas raras, semibudistas, +acerca del deber que tiene el hombre de no hacer sufrir al más pequeño +avechucho el más insignificante dolor, Gabriel, después de diez segundos +de astuta inmovilidad, alzó quedamente la mano, se descargó un lapo bien +calculado, con alevosía y ensañamiento, en el carrillo, y despachurró al +músico chupón.

+ +

Como si la leve sajadura del bisturí del insecto le hubiese inoculado á +Gabriel algún amoroso filtro, dió al punto vuelta hacia el mismo lado +que acababa de dejar, y empezaron á fatigarle mil tiernos{t.2-76} pensamientos +relativos á su sobrina.

+ +

—¿Me querrá algún día, de verdad, con toda su alma? Si la saco de este +purgatorio, si le hago conocer la vida de las gentes racionales, si le +enseño á gustar de la música y de las artes, si la restituyo á su +verdadera clase social,... al gobierno soberano de su casa, que hoy rige +una fregona... y además le ofrezco muchísimo cariño, mucha amabilidad, +para que no se haga cargo ella de la diferencia de edades... que la hay, +que la hay, no vale decir que no... y menuda... Si juego con ella como +con una chiquilla... si le otorgo mi confianza, como á una compañera... +Me... me querrá del modo que... La sentiré palpitar... así... azorada... +turbada... embriagada... con esa mezcla de vergüenza y transporte... +que... ¡Cosa más dulce!

+ +

Aquí los recuerdos acudieron en tropel á la imaginación del artillero, +escudándose traidoramente con la oscuridad y el absoluto silencio que +había seguido á la muerte del cínife. Gabriel se volvió dos ó tres +veces{t.2-77} de babor á estribor en la cama, al mismo tiempo que se le +incrustaba en la mente esta idea desconsoladora:

+ +

—Adiós... Me he despabilado. Ya no pego ojo en toda la noche.

+ +

Trató de poner coto á la desenfrenada fantasía.—A dormir, á +dormir—dijo casi en alto, con la resolución más firme. Eligió postura +nueva; apretó los párpados; se sepultó más en la almohada, y aunque +sintiendo dentro el mosconeo confuso de sus cavilaciones, procuró +fijarse en un solo pensamiento, porque sabía que así como la +contemplación invariable de un punto brillante produce el hipnotismo, la +fijeza de una idea calma y adormece.

+ +

Pronto se le apaciguó la efervescencia mental; pero en cambio, cuanto +más se sosegaba la tempestad de las ideas, más se le iban afinando y +complicando las percepciones de tres sentidos corporales: el oído, el +olfato y el tacto. ¡El oído sobre todo! Era cosa asombrosa lo de ruidos +microscópicos que empezaro{t.2-78}n á destacarse del aparente silencio: +carcomas que roían el entarimado de la cama; sutiles trotadas de ratones +allá muy alto, sobre las vigas del techo; chasquidos de la madera de los +muebles; orfeones enteros de mosquitos; solos de bajo de moscones; y por +último, hondo rumor, como de resaca, de las propias arterias de Gabriel; +del torrente circulatorio en las válvulas del corazón; de las sienes, de +los pulsos. Al olfato llegaba el olor de resina seca del antiguo barniz +del lecho; el vaho animal del plumoncillo de la almohada; el vago aroma +de lejía y el sano tufo de plancha de las sábanas; el rastro que en la +atmósfera había quedado al extinguirse la última centella del pábilo de +la vela; y un perfume general de campo, de mentas, de mies segada, de +brona caliente, un olor á montañesa joven, que lejos de ser sedante para +Gabriel, le atirantaba más los nervios... El tacto... ¿Quién no conoce +esa desazón de la epidermis, primero imperceptible cosquilleo +superficial, luego sensación insoportable{t.2-79} de que nos corren por encima +mil insectos, y advertimos el roce de sus dentadas patitas y de su +cuerpo menudísimo, al cual el nuestro sirve de hipódromo...? Para +producir esta molestia feroz sobra en verano la inflamación de la sangre +que el calor ocasiona; si á ella se añaden las travesuras de algún +parásito real y efectivo, de las cuales no preserva á veces ni la mayor +pulcritud y aseo, es cosa de volverse loco.

+ +

Parece que en la oscuridad y quietud de la cama se centuplican las +incomodidades, y todo se abulta y transforma. A Gabriel le sucedía así. +El roer de la polilla ya le parecía el de una rata gigantesca; y las +corridas de las ratas, cargas de caballería á galope tendido. Los +concertantes de mosquitos eran coros humanos, de esos en que toma parte +una gran masa coral; los chasquidos del maderamen, crugir formidable de +techo que se desploma; su propia respiración, el movimiento de enorme +fuelle de fragua; y el curso de su sangre, impetuosa carrera de +torren{t.2-80}te aprisionado entre dos montañas, ó ímpetu atronador de huracán +encajonado en algún ventisquero de los Alpes... Los olores también por +su persistencia en seguir flotando en la atmósfera, llegaban á pasar de +la nariz á las últimas celdillas cerebrales, ocasionando mareo indecible +y ganas de estornudar, y verdadera inquietud nerviosa. Las carreras de +la piel y la fermentación de la sangre crecían, y no pensaba Gabriel +sino que un ejército de pulgas caninas y chinches sanguinarias le andaba +recorriendo, con la mayor desvergüenza, el cuerpo todo. Notaba además +una sensación rara, muy propia del insomnio; y era que unas veces se le +figuraba ser muy chiquirritito, y otras inmenso, hasta el punto de no +caber en el espacio; y correlativamente con estas singulares +imaginaciones, notaba que los objetos, ya se le venían encima, ya se +retiraban á distancias tan inverosímiles que era imposible +alcanzarlos... Le parecía haberse vuelto de goma elástica, y que una +mano negra, sin consistencia ni forma, com{t.2-81}o el espacio hacia el cual +miraba con los ojos muy abiertos, le encogía ó le estiraba á su sabor... +Y en aquel mismo espacio tenebroso empezaba la vista á distinguir +claridades y luces espectrales, unas azules y como fosfóricas, otras +amarillas ó más bien color de azufre, que partiendo de un núcleo central +brillante, se extendían, trémulas y vibradoras, y formaban poco á poco +un nimbo violáceo, que irradiaba y se extinguía y volvía á irradiar y á +extinguirse, á semejanza de esas ruedas llamadas cromátropas con que +remata el espectáculo de los cuadros disolventes...

+ +

—Esto ya no se puede aguantar—exclamó Gabriel en alta y colérica voz; +y saltando furioso de la cama ó más bien del potro del martirio, echó +mano á la caja de los fósforos y encendió la vela. El aposento quedó +débilmente iluminado, con claridad triste, y el insomne experimentó, al +arder la luz, la impresión desapacible de un hombre á quien despiertan +al coger el primer sueño: parecíale antes estar completamente desvelado, +{t.2-82}excitadísimo, y ahora, la lumbre de la bujía, el movimiento de saltar +de la cama, le revelaban que, al contrario, se encontraba medio +adormecido, y á dos dedos de quedarse traspuesto. No obstante, apenas se +echó otra vez y apoyó el rostro en la almohada sin apagar la luz y con +un cigarrillo recién encendido en el canto de la boca, de nuevo se halló +perfectamente despabilado y en disposición de lavarse, ponerse el frac é +irse á un baile, ó salir para una cazata. Y claro está que los ruidos +habían cesado, los olores también, y la picazón de la epidermis +desaparecido por completo, no sintiendo Gabriel en ella sino bienestar, +sin que ronchas ni otros indicios delatasen el paso de la cohorte +enemiga.

+ +

Lo que sintió á poco rato fué amargura y constricción en el paladar; sed +ardiente.

+ +

—¿Qué demonios voy á beber ahora?—pensó.—Aquí no se acostumbra dejar +chisme, botellita, ni cosa que lo valga...

+ +

Levantóse y se dirigió al lavabo, resuelto á refrigerarse, en la última +extremidad, con{t.2-83} agua de la jarra; pero la había gastado toda en sus +abluciones matinales, y como en las aldeas no se sospecha ni remotamente +que un hombre, después del refinamiento de lavarse bien por la mañana, +pueda incurrir en el inaudito sibaritismo de volver á chapotear otra vez +por la tarde ó la noche, no es costumbre renovar la provisión. De mal +humor con este incidente regresó Gabriel al lecho; la saliva le sabía á +acíbar, el cuerpo le parecía que se lo habían puesto á secar en un +horno, tal era la calentura que empezaba á abrasarle.

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—¡Noche toledana!—exclamó al tenderse, no debajo, sino encima ya de +las sábanas.—Daría cinco duros por un vaso de agua. Mal tratan al rey +don Pedro—en la torre de Argelez!—añadió riéndose á pesar suyo de las +contrariedades mínimas que le traían á mal traer desde hacía algunas +horas.—Dudo que pueda ya dormir en todo lo que falta de noche.

+ +

Recordó que sobre una mesa tenía algunos libros de aquellos rancios y +mohosos en{t.2-84}contrados en la biblioteca del caserón. Levantóse y tomó uno +de ellos, el que estaba encima, Los Nombres de Cristo. Al abrirlo y +descifrar la portada, lo soltó murmurando:

+ +

—¡Filosofías á estas horas! ¿A ver el otro?

+ +

El otro era una edición de Salamanca de 1798; Traducción literal y +declaración del libro de los Cantares de Salomón. Al lado de la portada +se veía, en un grabado en madera, la faz pensativa y melancólica, la +espaciosa y abovedada frente del Maestro León; debajo un emblema, un +árbol con el hacha al pie y la leyenda siguiente: ab ipso ferro. La +polilla se había ensañado en el volumen, recortando caprichosos calados +al través de las hojas.

+ +

—Aquí tiene usted un libro curioso, el que le costó la cárcel á su +autor—pensó el comandante.—Veremos si á mí me trae el sueño.

+ +

Echado ya y vuelto hacia la luz, abrió con interés el delgado volumen. +Lo primero que le llamó la atención, en la primera hoja, fueron algunos +garrapatos informes, que delataban la mano de un niño, y el nombre de{t.2-85} +Pedro escrito con enormes y dificultosas letrazas. Gabriel comenzó la +lectura. A los pocos minutos, el interés de lo que iba leyendo le hizo +insensiblemente olvidar la sed y el desasosiego nervioso; funcionó con +gran actividad su imaginación y se tranquilizó su cuerpo. De dos cosas +estaba pasmado el comandante, y al paso que iba leyendo, se las +comunicaba á sí mismo en interior monólogo.

+ +

—¡Demonio... qué retebien escribía el fraile! Tienen razón en decir que +estos moldes se han perdido... ¡Zape, zape! Y no se mordía la lengua... +Vaya unos comentarios, vaya unos escolios y aclaraciones, ¡como si la +cosa de por sí no estuviese bastante clara ya! ¡Mire usted que estas +metafísicas acerca del beso! No, y es que ningún poeta ni ningún +escritor de ahora discurriría explicación más bonita: está oliendo á +Platón desde cien leguas... ¡Qué lindo! Este deseo de cobrar cada uno +que ama su alma, que siente serle robada por el otro, é irla á buscar en +la boca y en el aliento ajeno, {t.2-86}para restituirse de ella ó acabar de +entregarla toda... ¡Mire usted que es bonito, y endiablado, y poético, y +todo lo demás que usted quiera! Ah... pues no digo nada de los detalles +de... ¡Santo Dios, santo fuerte! No, lo que es este libro... Luego se +andan escandalizando de cualquier cosa que hoy se escriba, que ninguna +tiene ni este fuego, ni esta fuerza, ni esta hermosura, ni esta... +¡acción comunicativa! ¡Pero qué hermosura tan grande, qué lenguaje y... +qué diabluras para libro piadoso...!

+ +

Se hundió completamente en la lectura, embelesado, con el alma y los +sentidos pendientes del admirable cuanto breve poema. Una aspiración +profana á la dicha amorosa llenaba todo su sér, y creía oir de los puros +labios de la montañesita aquellas embriagadoras palabras: «No me mires, +que soy algo morena, que miróme el sol: los hijos de mi madre porfiaron +contra mí, pusiéronme por guarda de viñas: la mi viña no guardé...» +Acabóse el libro antes que las ganas de leer, y el artillero apagó de un +rápido soplo {t.2-87}la luz, quedándose embelesado en dulces representaciones y +en proyectos sabrosos. La sed se le había calmado del todo; la fantasía, +aunque excitada por la lectura, cayó en esas vaguedades precursoras del +descanso; las ideas perdieron su enlace y continuidad, se deslizaron, se +hicieron flotantes é inconsistentes como el humo; Gabriel vió viñas y +prados, campos de mies opulenta, un mar de mies que no concluía nunca; +su sobrina le guiaba al través de él, diciéndole mil ternezas en bíblico +estilo y en primorosa lengua castellana; el cura de Ulloa estaba allí, +no austero y triste, sino paternal y venerable, con un jarro de agua +fresca en la mano... Gabriel pegaba la boca al jarro, bebía, bebía... +¡Qué agua tan delgada, tan refrigerante y deliciosa!

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Oyóse la clara y atrevida voz del gallo; un reflejo blanquecino penetró +por las rendijas de las ventanas.{t.2-88} El comandante Pardo dormía á pierna +suelta.

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XXIII

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Se despertó muy tarde, rendido de su lucha con el insomnio. Cuando la +cocinera, mocita frescachona, rubia, de buenas carnes—que desde la +mudanza de estado de Sabel desempeñaba el negociado de los pucheros—le +subió el chocolate á petición suya, eran cerca de las nueve y media: +hora extraordinaria para los Pazos, donde todo el mundo madrugaba +siguiendo el ejemplo del amo, á quien antes despertaban con la aurora +sus aficiones de cazador y ahora su consagración á las faenas agrícolas.

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{t.2-89}

+ +

Los pensamientos de Gabriel al dejar las ociosas plumas, desayunarse y +asearse, fueron sobremanera halagüeños. Su sobrina le esperaría ya, y en +tan amable compañía prometíase otra jornada como la de la víspera, otro +viaje de exploración por los alrededores de los Pazos y, al mismo +tiempo, por los repliegues de un corazón candoroso, tierno y franco, +donde el artillero quería penetrar á toda costa. Y no sólo por +inclinación, sino por deber, fundiéndose en su deseo los más egoístas y +los más nobles sentimientos del alma, que eso suele ser, bien mirado, el +amor. Gabriel se atusó y acicaló lo mejor posible, y se peinó de manera +que el pelo le adornase con mediana gracia la cabeza (aunque sin +recurrir á artificios de tocador, indignos de tan varonil y discreta +persona), y aguardó, con ansiedad natural y disculpable, los golpecitos +en la puerta. Corrió tiempo. Nada. Impaciente ya, midió repetidas veces +el aposento, lo recorrió y examinó todo, abrió la ventana, asomóse á +ella, miró el paisaje,{t.2-90} notó que el día era canicular y la temperatura +senegaliana, espantó con el pañuelo las impertinentes moscas que venían +á posársele críticamente en el hueco de las orejas ó en la comisura de +los labios—donde más podían fastidiarle,—sonrió ante las ingenuas +pinturas del biombo, intentó coger un libro, miró el reloj... Nada. La +incertidumbre le freía la sangre. Se determinó á salir, buscando el +camino de la habitación de su cuñado. Recorrió salones, más ó menos +destartalados, y durante la caminata observó algún hermoso vargueño con +incrustaciones, de esos que hoy se pagan y estiman tanto, abandonado y +estropeándose en un rincón, algún cuadro al óleo, cuyo asunto era +imposible adivinar, de tal modo se habían ennegrecido los betunes y las +tierras, y tan resquebrajado se hallaba por falta de barniz; vió, en +suma, indicios de lo que pudo ser en otro tiempo aquella señorial +morada, que inspiraba á Gabriel dilatadas tesis de filosofía histórica. +Sólo que entonces no estaba el horno para paste{t.2-91}les. ¿Dónde se habría +metido todo el mundo? Porque tampoco el hidalgo de Ulloa parecía por +ninguna parte. En su habitación sólo encontró Gabriel á la vieja perra +de caza, tendida bajo el rayo de sol que de una ventana caía. Al ruido +de los pasos del artillero, la perra entreabrió un ojo sin alzar el +hocico que recostaba en las patas de delante, y azotó el suelo con el +muñón del rabo, como dando los buenos días.

+ +

En vista de que la casa parecía un palacio encantado ó abandonado por +sus moradores, Gabriel bajó á la cocina, donde halló á la nueva hermosa +fregatriz ocupada en la labor de un picadillo. Con tanta energía meneaba +la media luna sobre la tabla de picar, que la había excavado por el +centro, y es seguro que en albondiguillas ó chulas se tragarían los +señores, á vuelta de pocos años, un castaño ó roble enterito. Cuando +Gabriel preguntó por el hidalgo, la moza dió paz á la media luna y le +miró, abriendo la boca de un palmo.{t.2-92}

+ +

—Le está en la era... ¡con los que majan!—exclamó al fin asombrada de +la pregunta.

+ +

No comprendía Gabriel el asombro de la chica, ni toda la importancia de +la gran faena de la maja, esa faena en que se asocian el cielo y la +estación estival al trabajo del hombre, esa faena que no puede +realizarse sino en el corazón del año, en mitad de la canícula, en los +brevísimos días, que en Galicia apenas llegarán á ocho, cuando el +agricultor, pasándose el revés de la mano por la empapada frente y +respirando fuerte, exclama:

+ +

—¡Qué día de maja nos manda hoy Dios!

+ +

Á la entrada de la era de los Pazos, el comandante se paró sorprendido +por el cuadro, para él novísimo, que se le ofrecía. No era posible +imaginarlo más animado, más bucólico, más digno de un pintor colorista, +alumno de la naturaleza y fiel á la realidad, enemigo de afeminaciones +de dibujo y falsas luces cernidas por cortinas de taller. No siendo de +piedra la era, habíanla barnizado con una costra espesa de boñiga de +vaca, á fin de que{t.2-93} el fruto no se confundiese entre la arena y el +polvo, y rodeándola de sábanas sostenidas por cuerdas, con objeto de que +el mismo grano no rebasase del circuito donde se majaba. Las camadas de +pan, ópimas, gruesas, mullidas, se tendían sobre el espacio +cuadrilongo, en correcta formación: y los membrudos gañanes, remangados, +en dos hileras situadas frente á frente, aporreaban con sus pértigas, á +compás, la extendida mies, haciendo saltar las perlas de oro del trigo, +impacientes ya por salirse, con el menor pretexto, del estuche bruñido +que las contiene. El sol, implacable, metálico, se bebía el sudor de los +trabajadores apenas brotaba de los dilatados poros; y sin embargo, la +faena seguía y seguía, que para sostener el esfuerzo allí estaban, entre +camada y camada, los jarros de vino corriendo de mano en mano. Las +jornaleras, vestidas con sayas angostas de zaraza desteñida, que les +señalan los recios muslos, sacuden la paja, la colocan en rimeros +grandes, preparan la camada nueva, y entretanto{t.2-94} el hombre, de pie, +apoyado en el mallo, ebrio de sol, despechugado, con la camisa de +estopa pegada al cuerpo, despacha aprisa el espeque ó cigarro, y ya se +escupe en la palma de las manos para volver á blandir el instrumento +cuando suene la hora del combate. ¡Hora terrible, en que se gastan +energía y vigor suficientes para vivir un mes! La luz deslumbra y ciega; +el ambiente es de boca de horno; no corre ni el soplo de aire suficiente +á inclinar el tallo de la más endeble gramínea: las hojas de las +higueras que rodean la era de los Pazos permanecen inmóviles, como +recortadas en hoja de lata, y los verdes higos, tiesos, á modo de pencas +de metal: á veces un pajarillo cae al suelo agonizando de sofoco, con el +pico desesperadamente abierto y la pluma erizada: en el lindero más +cercano, la víbora saca su cabeza chata, enciende su ojillo de azabache, +resbala sobre la hierba escandecida, y los abejorros, aturdidos, no +aciertan á salir del cáliz de flor en que hundieron la trompa... Y en el +desmayo general{t.2-95} de la naturaleza, que desfallece y espira de calor, +sólo el hombre reconoce su condición servil y cumple el precepto del +Génesis, azotando la mies que le ha de dar sustento!

+ +

Gabriel, en cuya presencia nadie reparaba, porque el interés de la faena +absorbía á todos, permanecía á la entrada de la era, protegido por la +sombra del hórreo, y deteniéndose en ir á saludar á su cuñado: verdad +que éste tenía el rostro más ceñudo y avinagrado que de costumbre, +leyéndose en él cierta sombría preocupación, debida á circunstancias que +merecen referirse.

+ +

Todos los años, al abrirse la maja, acostumbraba el señor de Ulloa +sacudir la primer camada, demostrando así á sus gañanes que si no ganaba +el mismo jornal que ellos, no era por falta de aptitud. Cuando el +descendiente de aquellos Moscosos que habían lidiado calzando espuela de +oro en los días, azarosos para el país gallego, del reinado de Urraca y +Alfonso de Aragón; de aquellos{t.2-96} Moscosos que se distinguieron entre los +paladines portugueses en la ardiente África; de aquellos Moscosos que +hasta mediados del siglo XIX conservaron en el límite de sus dominios +erectos los maderos de la horca, como protesta muda contra la supresión +de los derechos señoriales; de aquellos Moscosos... en fin, de aquellos +Moscosos de Ulloa, que si no en caudal en sangre azul podían competir +con lo más añejo y calificado de la infanzonía española... cuando el +descendiente, digo, de tan claro linaje empuñaba el mallo y á la voz +de á la una... á las dos... á las tres... se santiguaba, lo vibraba en +el aire y lo derrumbaba sobre la espiga, corría entre los malladores +halagüeño murmullo, que crecía á medida que el señor, con compás +admirable y pulso de atleta, reiteraba los golpes, sin cejar un punto, +poniendo la ceniza en la frente al más alentado de sus mozos. Su abierta +camisa descubría el esternón bien desarrollado, blanco, saliente, que +con el tragín de la labor iba sonroseándose como el cutis de un{t.2-97}a +doncella á quien agita la danza: sus mangas vueltas por más arriba del +codo permitían ver las montañuelas de carne que el ejercicio alzaba y +deprimía en los robustos brazos. Y así que terminaba el vapuleo por no +quedar ni sombra de grano en la espiga tendida, y don Pedro, sudoroso, +humeante, pero con la respiración igual y desahogada, se quedaba apoyado +en su mallo y gritaba con firme voz:—¡Ea! ¡day un jarro de vino, +retaco! ¡Los majadores tenemos que mojar la palabra!—ya no era +murmullo, sino tempestad atronadora de plácemes, de alabanzas, de +requiebros si así puede decirse, dirigidos á lo que más admira el +labriego en las personas nacidas en esfera superior: la fuerza física. +Don Pedro sonreía, guiñaba el ojo, dejaba escurrir suavemente el mallo +sobre la paja, se atizaba el jarro de una sentada no sin decir antes +«hasta verte, Jesús mío», y consumada esta segunda hazaña, que no se +celebraba menos que la primera, echábase la chaqueta por los hombros, se +encasquetaba el sombrero, y sentado{t.2-98} en las gavillas de mies, fumaba +como los otros trabajadores, pero con placer sereno é íntimo orgullo.

+ +

Este año observaban atónitos los gañanes que el marqués no seguía la ya +inveterada costumbre. Sentado estaba allí lo mismo que siempre; ¿cómo +sería no coger el mallo? Hasta parece que no se le alegraba la cara +viendo aquella gloria de Dios de los haces, nunca más lucidos ni de más +limpia espiga, y aquel sol hecho de encargo para desprender el fruto, y +aquel mar de oro donde los mallos, al precipitarse, producían un ruido +apagado, mate y sedoso que regocijaba el corazón. Lejos de manifestar el +contento de otras veces, hasta se podía jurar que el hidalgo de Ulloa +había exhalado media docena de suspiros. De tiempo en tiempo cruzaba las +manos y se tentaba los brazos, y fruncía el entrecejo, como el que no +sabe á qué santo encomendarse. De repente Gabriel, desde su atalaya, vió +que el marqués se levantaba resuelto, se {t.2-99}despojaba de la americana á +toda prisa, se remangaba...

+ +

—¿Qué barbaridad irá á hacer éste?—pensó Pardo.

+ +

Se admiró más al verle asir la pértiga, colocarse en fila y zurrar +valerosamente la mies. El señor de Ulloa, en los primeros momentos, +demostró todo el esfuerzo y brío acostumbrados; pero á los pocos golpes, +empezó á sentir lo que tanto temía, lo que desde por la mañana le +nublaba la frente: la respiración se le acortaba, el brazo se resistía á +levantar el instrumento, las carnes se le volvían algodón y se le +doblaban las rodillas. Exclamó con angustia:—¡Alto, rapaces!—y los +diez y nueve mallos de la cuadrilla permanecieron suspensos en el aire +como si fuesen uno solo, mientras los gañanes miraban al señor con muda +lástima y en un silencio tal, que pudiera oirse el vuelo de una mosca. +Al fin dejó don Pedro caer la pértiga, se llevó ambas manos á la frente +húmeda, y á vueltas de congojoso sobrealiento, murmuró:

+ +

—Rapaces... Ya pa{t.2-100}sé de mozo. No sirvo... No darme el jarro.

+ +

Cuchichearon los gañanes; algunos sacudieron la cabeza entre burlones y +compasivos, no sabiendo si era prudente tomar el caso á risa ó dolerse +mucho de él. Don Pedro, desplomado en los haces, se enjugaba el sudor +con un pañuelo amarillo; sus labios temblaban, su rostro estaba +demudado, y un dolor real, acerbo y hosco, se pintaba en él. Parecía +como si el fracaso de su intento le echase de golpe diez años encima. +Sus arrugas, su pelo gris, todas las señales de vejez se hacían más +visibles. Y con los ojos cerrados, cubiertos por el pañuelo, la otra +mano caída, la espalda encorvada y la cabeza temblorosa, el marqués se +veía ya inútil para todo, baldado, preso en una silla, tendido después +en la caja, entre cuatro cirios, en la pobre iglesia de Ulloa, ó +pudriéndose en el cementerio, donde hacía tiempo le aguardaba su mujer.

+ +

Así se estuvo unos cuantos minutos, sin que los gañanes se atreviesen á +continuar la{t.2-101} tarea, ni casi á chistar. Un rumor profundo, contenido, +salió de la multitud cuando don Pedro, levantándose impetuosamente, +listo como un muchacho y con un semblante bien distinto, alegre y +satisfecho, llamó con imperio al Gallo, que, ojo avizor, muy currutaco +de traje, muy digno de apostura, asistía á la faena.

+ +

—¡Angel! ¡Angel!

+ +

—Señor...

+ +

—Busca al señorito Perucho... Tráelo volando aquí... De mi parte, +¡que venga á majar la camada!

+ +

Jamás impensado reconocimiento de príncipe heredero produjo en corte +alguna tan extraordinaria impresión como aquellas explícitas y graves +palabras del marqués de Ulloa. Inequívoca era la actitud; claro el +sentido de la orden; elocuente hasta no más el hecho; y si alguna duda +les pudiese quedar á los maliciosos y á los murmuradores de aldea acerca +del hijo de Sabel, ¿qué pedían para convencerse? Llamarle á que majase +l{t.2-102}a camada en lugar del hidalgo, era lo mismo que decirle ya sin rodeos +ni tapujos:—Ulloa eres, y Ulloa quien te engendró.

+ +

Todos miraron al Gallo, á ver qué gesto ponía. Nunca el semblante +patilludo del rústico buen mozo y su engallada apostura expresaron mayor +majestad y convencimiento de la alta importancia de su misión en la +señorial morada de los Pazos. Se enderezó más, brilló su redonda pupila, +y respondió con tono victorioso:

+ +

—Se hará conforme al gusto de Usía.

+ +

Salir el Gallo por un lado y entrar Gabriel por otro, fué simultáneo. +Acercóse á su cuñado, y hechos los saludos de ordenanza, sentóse en los +haces, y pidió noticias de su sobrina.

+ +

—¿Quién sabe de ella?—respondió el padre.—Andará por ahí... ¿Has +visto la maja?—añadió revelando sumo interés en la pregunta.

+ +

—Sí, te he visto hecho un valiente...

+ +

—¿A mí? ¡A mí me viste acabado, derreado! {t.2-103}Ya no sirve uno sino para +echar al montón del abono... A cada cerdo le llega su San Martín... Ya +verás á Perucho majar la camada, que será la gloria del mundo... Ey, +Angel... ¿Viene ó no viene? ¿Qué... no está?

+ +

—Dice que no... que salió trempranito con Manola... Que no voltaron +aún.

+ +

—¡Por vida de...! ¡Mal rayo!

+ +

Volvió á encapotarse el rostro y á anu{t.2-104}darse de veras el ceño del +hidalgo de Ulloa.

+ +

XXIV

+ +

Comieron solos los dos cuñados. Al sentarse á la mesa, Gabriel manifestó +extrañeza grande por la ausencia de Manola, y don Pedro preguntó á los +criados si los rapaces no parecían; la respuesta negativa no le +despejó el severo entrecejo. Érale difícil al hidalgo conservar muchas +horas seguidas la afable disposición de los primeros momentos de +hospitalidad; no sabía ejercitar la simpática virtud de la eutrapelia, +que en resumen es cortesía y buena crianza, y al poco tiempo de tratar á +una persona, se creía autorizado{t.2-105} para obligarla á que le sufriese su +mal humor, así como á imponerle su jovialidad, cuando estaba alegre, que +no era cosa que ocurriese todos los días. Por su parte Gabriel, aunque +siempre atento y sin prescindir de sus corteses maneras, también se +mantenía serio, como hombre que tiene algo grave en qué pensar.

+ +

Sus porqués y cavilaciones salieron á relucir á la hora del café, cuando +ya la moza en pernetas y el tagarote del criado no tenían necesidad de +entrar en el comedor. Hacíase el café allí mismo, en la mesa; lo +preparaba don Pedro—único modo de que saliese á su gusto—en una +maquinilla de hojalata toda desestañada, derrotadísima, con lágrimas de +estaño colgando á lo largo de su cilindro superior; artefacto casi +inservible, pero irreemplazable para don Pedro, habituado á semejante +chisme y persuadido de que en una cafetera nueva no le saldría bien la +operación. Se filtraba el café lentamente, gota á gota, y en realidad +resultaba fuerte, oscuro, arom{t.2-106}ático, exquisito. El marqués de Ulloa era +inteligente en la materia; porque merece notarse que aquel burdo +hidalgote, ajeno no sólo á la idea de lo que espiritualmente embellece y +poetiza, sino de lo que hace materialmente grata la existencia, tenía en +dos ó tres ramos afinadísimo el sentido y el conocimiento, hasta rayar +en sibarita: nadie como él distinguía un legítimo habano de primera, de +las imitaciones más ó menos hábiles; nadie entendía mejor el intríngulis +del café; nadie conocía tan perfectamente dos ó tres clases de licores y +vinos; y así como entendía fallaba, y que no le viniesen con cigarros +del estanco ni con Jerez de marcas inferiores. Ni él mismo podía decir +dónde había adquirido esta ciencia: acaso le venía de casta, como al +gitano ser chalán y al árabe apreciar armas y caballos.

+ +

Mientras se destilaba el rico néctar, Gabriel, sin acritud ni severidad, +antes con cierta blandura encaminada á hacerse los lares propicios, dijo +á su cuñado:

+ +

—Oye tú... ¿No le habrá {t.2-107}sucedido á Manuela cosa mala? ¿Estás seguro?

+ +

—Va con Perucho—respondió lacónicamente el marqués, dando vuelta á la +llave, y acercando á la villa la taza de Gabriel, donde cayó un chorro +negro, que despedía balsámicos efluvios.

+ +

—Perucho...—murmuró Gabriel Pardo como si se le atragantase el +nombre—Perucho..... es un muchacho de muy poca edad.

+ +

—Poca edad... ¡Quién me diera en la suya!—exclamó el hidalgo, +respirando por la herida de su decadencia física.—¡A esa edad, que le +echen á uno encima disgustos y leguas de mal camino! A esa edad... salía +yo para el monte á las cuatro de la mañana, que aún no se veía luz; y me +estaba allí á pie firme hasta las ocho de la noche, que volvía para casa +con el morral atacado de perdices... Y desde las cuatro de la madrugada +hasta las ocho de la noche llevaba aguantada toda la lluvia, que se me +había secado encima del cuerpo, y todo el sol, que maldito si le hacía +yo m{t.2-108}ás caso que á este café que bebo ahora, y todo el frío, y todas las +brétemas, y los orvallos, y el pedrisco, y los demonios que me lleven... +A veces no me contentaba con las horas del día... ¡buena gana de +contentarme! ¡Cuántas noches de invierno tengo salido á las liebres, que +andaban pastando en las viñas! Allí... con el tío Gabriel, tu tocayo... +los dos escondiditos tras de un pino... tendidos boca abajo... con un +papel tapando la boca de la carabina para que las condenadas no +olfateasen la pólvora... ¿Quieres más azúcar?... No... ¡Lo que es del +tiempo de Perucho... que me diesen á mí caza que matar y monte por donde +andar y una empanada que comer y un jarro de mosto, que me sabía todo á +gloria...! Ahora... ¡se acabó!... Ya no está uno de recibo más que para +sentarse en una silla... ó para que le tiren al basurero.

+ +

—Pues yo—declaró Gabriel, bebiendo aprisa el último sorbo del café—no +estoy tan tranquilo como tú: á los enamorados (y aquí se sonrió) algunas +impaciencias{t.2-109} hay que perdonarnos... Si sabes poco más ó menos hacia qué +parte suele ir tu hija, me lo dices y salgo allá.

+ +

—¿Y quién es capaz de saberlo? Como son locos, si les dió la gana de no +parar hasta el Pico Medelo, allá se plantificaron... Tú bien conoces que +tanto pudieron echar para Poniente como para Levante.

+ +

Gabriel Pardo se mordió el bigote estrujándolo con el pulgar contra los +labios. Cualquier cristiano se da á Barrabás con semejantes respuestas +en boca de un padre. Miró el artillero en derredor suyo, y al ver que no +andaba por allí nadie, ni Sabel, ni la cocinera, estuvo á punto de +vaciar el saco... Pero al fin el comedor era un sitio abierto, podía +entrar gente de un momento á otro, y lo que á él se le asomaba á la +lengua era para dicho privadamente. Siguió preguntando de un modo +indirecto.

+ +

—Y... acostumbra Manuela salir así muchas mañanas, y no volver á la +hora de la comida?{t.2-110}

+ +

—Pocas... ¡Hombre! ha de vivir ella en el monte como vivía yo? No se le +ocurre á nadie eso. Pero á veces, en tiempo de verano (ya se sabe) y +estando Perucho, les ha sucedido cogerles lejos un chubasco, ó una +tormenta, y entonces ¿sabes qué hacen? Se meten á comer en casa del cura +de Naya, ó del pobre de Boán, que en paz descanse, cuando vivía... ¡Cura +más templado! Se defendió él solo contra una gavilla de más de veinte +ladrones, que al fin me lo despacharon para el otro mundo; pero antes +despachó él á uno de los galopines, y malhirió á media docena... ¡Era +más perro!

+ +

—Hoy ni llueve ni hay señales de borrasca—insistió con firmeza +Gabriel. Manuela no se habrá ido á comer á casa de nadie.

+ +

—Eso es verdad... pero los chiquillos, viendo que ayer no pudieron +andar juntos, tal día como hoy se habrán querido desquitar tomándolo por +suyo todo.

+ +

El artillero sintió algo molesto, agudo y frío en el corazón; algo que +era inquietud, pena y susto á la vez. Dominando su t{t.2-111}urbación +involuntaria, dijo en voz reposada y entera:

+ +

—Yo, en tu caso, no lo consentiría. Parece mal que una señorita de los +años de Manuela ande por los montes sin más compañía que un mocito poco +mayor. Es inconveniente por todos estilos, y hasta es exponerla, con +este sol de justicia, á que coja un tabardillo pintado.

+ +

No obstante la moderación con que hablaba Gabriel, fuese por estar el +hidalgo en punto de caramelo ó porque le moviese una secreta antipatía +contra su cuñado, lo cierto es que exclamó casi á gritos, con bronca +descortesía y despreciativo acento:

+ +

—¡Allá en los pueblos se educa á las muchachas de un modo y por aquí +las educamos de otro!.. Allá queréis unas mojigatas, unas mírame y no +me toques, que estén siempre haciendo remilgos, que no sirvan para +nada, que se pongan á morir en cuanto mueven un pie de aquí á la +escalera de la cocina... y luego mucho de sí señor, de gran virtud y +gran aquel, y luego sabe Dios lo que hay por{t.2-112} dentro, que detrás de la +cruz anda el diablo, y las que parecen unas santas... más vale callar. Y +luego, al primer hijo, se emplastan, se acoquinan, y luego, revientan, +¡revientan de puro maulas!...

+ +

Escuchaba Gabriel trémulo y bajado los ojos. Se sentía palidecer de ira; +notaba y reprimía el temblor de sus labios, la llama que se le asomaba á +las pupilas, y el impulso de sus nervios que le crispaban los puños. Un +fuerte dolor en el epigastrio, el síntoma indudable de la cólera +rugiente, le decía que si aguardaba dos minutos más, no seguiría oyendo +injuriar la memoria de su hermana sin cometer un disparate gordo. Tendió +la mano derecha, y sin mirar al marqués, alcanzó un vaso lleno de agua y +lo apuró de un trago. Con la frescura del líquido, la voluntad vino en +su ayuda: se incorporó, y dando la vuelta á la mesa, se llegó á don +Pedro con la sonrisa en los labios, y le puso las manos en los hombros, +no sin visible sorpresa del hidalgo.{t.2-113}

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—Si no fueses todavía más bárbaro que malo (y empleaba el tono +humorístico que había usado ya para pedirle á Manuela), lograrías +sacarme de mis casillas, y que me volviese tan incapaz y tan desatinado +como tú... La suerte que te conozco, y te tomo á beneficio de +inventario, has oído? Puedes echar por esa boca sapos y culebras: por un +oído me entran y por otro me salen. No tienes ni pizca de trastienda, y +no eres tú el que has de excitarme á mí y hacerme saltar... Eso +quisieras. Cargarme yo? Si me das lástima, fantasmón; si esta mañana no +pudiste levantar el palitroque aquel para tundir el trigo... No cierres +los puños, que no te hago maldito el caso; además, que no puedo reñir +contigo: somos yerno y suegro, como quien dice padre é hijo... y ya que +tú no cuidas, como debieras, de mi futura esposa, yo voy á buscarla, +entiendes tú? y á fe de Gabriel Pardo de la Lage, te juro que no volverá +á suceder que ande p{t.2-114}or los montes sin que se sepa su paradero!

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XXV

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Si vale decir verdad, cuando salió del caserón solariego como alma que +lleva el diablo, por no oir la retahíla de palabrotas y berridos con que +don Pedro contestó á su arenga, no sabía el comandante ni hacia dónde +dirigirse ni á qué santo encomendarse para cumplir el programa de +encontrar á su sobrina. La hora era además tan cruel y el calor tan +intolerable, que sólo estando á mal con la vida podía nadie echarse á +andar por los senderos calcinados. Estarían cayendo las dos de la tarde, +el momento en que los habitantes así racionales como irracional{t.2-115}es de +los Pazos se aprestaban á gozar las delicias de la siesta, tendiéndose +cuál panza arriba, cuál de costado para roncar; despatarrados los +gañanes sobre los haces de paja, y estirados en completa inmovilidad los +perros, sacudiendo solamente una oreja cuando se les posaba encima +importuna mosca.

+ +

Por vivo que fuese el celo de Gabriel, comprendió la locura de salir á +descubierta en momentos semejantes, é instintivamente buscó una sombra +donde guarecerse y consultar consigo mismo. Dió consigo en la linde del +soto, al pie de un castaño, sinó de los más altos, de los más acopados y +frondosos, sobre cuyas flores caídas, que mullían dobladamente el tapiz +de manzanilla y grama, encontró buen recostadero.

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—No hay remedio...—comenzó á devanar Gabriel.—Yo corto por lo sano... +El animal de mi cuñado, tengo que reconocerlo, no ve esto que veo +yo... Es que si lo viese y viéndolo lo consintiese... nada, cuatro +tiros.{t.2-116}

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—Y yo ¿qué veo, en resumen? ¿Tiene fundamento, tiene cuerpo, tiene base +esta idea? ¡No, y renó! Aquí no hay más que una cuestión de +conveniencias desatendidas... impremeditaciones é ignorancias de una +montañesilla inexperta... bárbara indiferencia, atroz descuido de un +hombre zafio y adocenado... fatalidades de educación, de medio +ambiente...

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—No puede negarse que mi venida aquí ha sido providencial. El abandono +en que está la niña, hija de mi pobre Nucha, clama al cielo... Debí +enterarme antes, mucho antes. He dejado pasar años sin tomarme la +molestia... Bien, yo no podía tampoco suponer... ¡Qué calor! Comprendo á +los japoneses...

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+ +

Suspiró y cortó una rama de castaño para abanicarse con ella. Lo que le +sofocaba era, más que la temperatura, la reacción del reciente acceso de +cólera. El café que acababa de paladear le había dejado en la lengua un{t.2-117} +amargor agradable, y le producía ese ligero eretismo cerebral tan +propicio á la creación artística y á la fácil emisión de la palabra. La +naturaleza desfallecía, y el rumoroso silencio del bosque, el ronco +quejido de la presa, la fragancia de las flores del castaño, ayudaban á +exaltar la fantasía de Gabriel, muy inclinada, como sabemos, á echarse +por esos trigos.

+ +

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—¿Por qué causa tal impresión la naturaleza? Yo lo había leído en +libros, pero me costaba mis trabajos creerlo... Esto de que, porque uno +vea cuatro montañas y media docena de nubes, se ponga á meditar sobre +orígenes, causas, el sér, la esencia, la fatalidad, y otras cien mil +cosazas que carecen de solución! ¡Empeñarnos en que la naturaleza tiene +voces, y voces que dicen algo misterioso y grande! ¡Ay... á esto sí que +se le puede llamar chifladura! ¡Voces... Voces! ¡Unas voces que están +hablando hace miles y miles de {t.2-118}años, y á cada cual le dicen su cosa +diferente! Deduzco que ellas no dicen maldita la cosa... y que nosotros +las interpretamos á nuestra manera... Lo que pasa con las campanas: +enseguida cantan lo que á uno se le antoja... Las voces están dentro... +A mi cuñado le suena la naturaleza así:—¡Buen día de maja!—Y al +creyente le murmura que hay Dios...

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—¿Que no existe el mundo exterior; que lo creamos nosotros? ¡Puf! +Idealismo trascendental... Váyase á paseo este afán de escudriñar el +fondo de todas las cosas...

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Un saltón verde, muy zanquilargo, vino á posarse en la mano del +pensador. Gabriel le cogió por las zancas traseras y le sujetó algún +tiempo, divirtiéndose en ver la fuerza que hacía para soltarse. Al fin +aflojó, y el bicho se puso en cobro pegando un brinco fenomenal.

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—Y á Manuela ¿qué le dirá la señora naturaleza, la única mamá que ha +conocido?{t.2-119}

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En la memoria de Gabriel, como en placa fonográfica, empezaron á revivir +fragmentos de la lectura de la noche anterior, sólo que encontrándoles +un sentido y dándoles un alcance nuevo de respuesta á la última +pregunta.

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—«La sazón es fresca y el campo está hermoso: todas las cosas favorecen +á tu venida y ayudan á nuestro amor, y parece que la naturaleza nos +adereza y adorna el aposento... Voz de mi amado se oye: veislo viene +atravesando por los montes y saltando por los collados... La izquierda +suya debajo de mi cabeza, y su derecha me abrazará... Hablado ha mi +amado y díjome: levántate, amiga mía, galana mía, y vente... Ya ves, +pasó la lluvia y el invierno fuése. Los capullos de las flores se +demuestran en nuestra tierra, el tiempo de la poda es venido, oída es la +voz de la tórtola en nuestro campo: la higuera brota sus higos, y las +pequeñas uvas dan olor: por ende levántate, amiga mía, hermosa mía y +ven.»{t.2-120}

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—Según los garrapatos que he visto en la edición, Manuela y su... ¡lo +que sea! aprendieron á leer por ese libro... Tiene algo de simbólico... +La más negra no es el texto, sino los comentarios... Cuidado con aquello +que dice de que el jugar á esconderse burlando es regalo y juego +graciosísimo del amor... Sí, que no sabrían ellos solos retozar entre +los árboles... Pues y el enseñarles á que se fijen y reparen en los +arrullos de las palomas y en los amoríos de los avechuchos?

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—Lo más tremendo es la manía de llamarla hermana... «Robaste mi +corazón, hermana mía esposa, robaste mi corazón con uno de los tus ojos +en un sartal de tu cuello... Panal que destila tus labios, esposa, miel +y leche está en tu lengua; y el olor de tus vestidos, como el olor del +incienso. Huerto cerrado, hermana mía esposa...»

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—Este lenguaje oriental...{t.2-121}

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—«¿Quién te me dará como hermano que mamase los pechos de mi madre? +Hallaríate fuera, besaríate, y ya nadie me despreciaría.»

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—Con permiso de Fray Luís de León: lo que es sus comentarios á este +pasaje, son una confusión lastimosa entre el amor y la fraternidad. No +me negará nadie que es bonita escuela para las señoritas lo que dice á +propósito de los amores desiguales... Cosa más disolvente que estos +místicos y contempladores... ¡y el pasaje está más claro que el agua..!

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—«Porque se ha de entender que entre dos personas (aunque las demás +calidades ó que se adquieren por ejercicio ó que vienen por caso de +fortuna ó que se nace con ellas) puede haber y hay grandes y notables +diferencias; pero unidas en caso de amor y voluntad, porque esta es +señora y libre así como en tod{t.2-122}o es libre y señora; así todos en ella +son iguales, sin conocer ventaja del uno al otro, por diferentes estados +y condiciones que sean.»

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—¡Caracoles con Fray Luís!

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—Quieto, Gabriel, que estás discurriendo como un quídam, sin asomo de +cultura, como si toda tu vida no te hubieses esforzado en ser +racional... racional. Si tu sobrina ha leído eso, sería de niña, cuando +deletreaba; y á fuerza de ser clásico y castizo y repulido, ni lo +entendió entonces, ni lo entendería ahora. Esta lectura te hace efecto y +te da en qué pensar á ti, por lo mismo que estás muy civilizado y muy +saturado de libros y muy harto de meterte en honduras... Lo que es á +ellos... No has de ser majadero por empeñarte en ser sagaz.

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—Se me figura que la naturaleza se encara conmigo y me dice: Necio, pon +á una pareja linda, salida apenas de la adolescencia, sol{t.2-123}a, sin +protección, sin enseñanza, vagando libremente, como Adán y Eva en los +días paradisíacos, por el seno de un valle amenísimo, en la estación +apasionada del año, entre flores que huelen bien, y alfombras de mullida +hierba capaces de tentar á un santo. ¿Qué barrera, qué valla los divide? +Una enteramente ilusoria, ideal, valla que mis leyes, únicas á que ellos +se sujetan, no reconocen, pues yo jamás he vedado á dos pájaros nacidos +en el mismo nido que aniden juntos á su vez en la primavera próxima... Y +yo, única madre y doctora de esa pareja, soy su cómplice también, porque +la palabra que les susurro y el himno que les canto, son la verdadera +palabra y el himno verdadero, y en esa palabra sola me cifro, y por esa +palabra me conservo, y esa palabra es la clave de la creación, y yo la +repito sin cesar, pues todo es en mí canto epitalámico, y para +entenderlo, simple! ¿qué falta hacen libros ni filosofías?

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—Pero es cosa que eriza los pelos... La h{t.2-124}ija de mi hermana, la +esperanza de mi corazón, caída en ese abismo... ¡Qué monstruosidad +horrible! y no hay duda... Soy un idiota en no haberlo comprendido desde +luego... Presentimiento sí que lo tenía... Algo me dió el corazón ya en +casa de Máximo Juncal... Ay, Nucha, pobre mamita, y qué bien hiciste en +morirte... Todo el día solos, campando por su respeto á una ó dos leguas +de la casa... ¿Qué hacen á estas horas? ¿En qué clase de juego +entretienen la siesta? De seguro...

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—Maldito yo por no venir antes. Aunque sabe Dios desde cuándo... ¿Y qué +hago ahora aquí, cavilando y lamentándome? Tocan á moverse... á +buscarla, voto á sanes! y á deshacer este enredo horrible, y á sacarla +de la abyección, y á cortar de raíz...

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{t.2-125}

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—¿Hacia dónde tomarían?

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XXVI

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Siguió el primer sendero que encontró, porque tan probable era que +hubiesen pasado por aquel como por otro. Caminaba sin fijarse en el +paisaje, ni formar idea de si se alejaba mucho de los Pazos; y sus ojos, +devorando el horizonte, trataban de descubrir un campanario, el de Naya. +¿No había dicho el señor de Ulloa que á Naya solían ir?

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Cruzó prados humedecidos por el riego, y heredades acabadas de segar la +víspera; se metió por entre viñedos; saltó vallados; atravesó huertos +con frutales y costeó eras donde{t.2-126} resonaba el cadencioso golpe del +mallo; en suma, gastó con la actividad y el movimiento su impaciencia +torturadora, que le encendía la sangre y le ponía los nervios como +cuerdas de guitarra... El ejercicio le hizo provecho; andando y andando, +empezó á sentirse con la cabeza más despejada y el corazón más +tranquilo.

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Contribuía á ello el acercarse ya el instante de calma suprema, la hora +religiosa, el anochecer. De la sombra que iba envolviendo el suelo +emergían las copas de los árboles, coronadas aún por una pirámide de +claridad; al oeste, los arreboles se extendían en franjas inflamadas +como el cráter de un volcán: el contraste del incendio, pues hasta forma +de llamas tenían las nubes, hacía verdear el azul celeste, y unas +cuantas nubecillas, dispersas hacia el poniente, parecían gigantescas +rosas y bolas de oro desparramadas por el cielo. Una puesta de sol +inverosímil, de esas que dejan quedar mal á los pintores cuando se les +mete en la cabeza copiarlas{t.2-127}. Sobre el grupo de árboles más abandonados +ya de la luz diurna, se desplegaba, á manera de leve cortinilla plomiza, +el humo que despedía la chimenea de una cabaña; y de las hondonadas, +donde se conservaba archivado el enervante calor de todo el día, se +alzaban compactas huestes de mosquitos.

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De pronto levantó Gabriel la cabeza... Un tañido lento y lejano, una +gota, por decirlo así, de música apacible, resignada, admirablemente +poética en semejante lugar, sobre todo por lo bien que se armonizaba con +los saudosos ay... lé... lé... que segadoras y majadores entonaban +desde los campos y las eras, se dejó oir repetidas veces, á intervalos +iguales... El comandante se paró, y una especie de escalofrío recorrió +su cuerpo. Se le arrasaron en lágrimas los ojos, lágrimas de esas que no +corren, que vuelven al punto á sumirse. ¡Cuántas veces había oído hablar +de la poesía del Angelus! Y sin conocerla, se la imaginaba desflorada +por tanta rima de coplero chirle, por tanto artículo se{t.2-128}ntimental... Fué +esto mismo lo que aumentó la fuerza de la impresión, é hizo más inefable +el misterioso tañido.

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—El que discurrió este toque de campana á estas horas, era un artista +de primer orden... ¡Cáspita! ¿Hacia dónde ha sonado? ¿Estaré, sin +saberlo, cerca de Naya? No puede ser... He comprendido que Naya se +encuentra á la subida del monte... y hace un cuarto de hora lo menos que +bajo al valle. ¡Hola! ¡Si el campanario se ve asomar por allí! ¡Qué +bajito! Es el de Ulloa, no me cabe duda.

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Ya todo era cuesta abajo, y Gabriel la descendió con bastante ligereza, +sólo que el caminillo daba mil vueltas y revueltas, y el comandante no +se atrevía á atajar, temeroso de perderse. Caía la noche con sosegada +majestad; las luces de Bengala del poniente se extinguían, y detrás del +lucero salía una cohorte innumerable de estrellas. No distinguió Gabriel +la iglesia hasta estar tocándola casi, y no fué milagro, porque la +parroquial de{t.2-129} Ulloa cada día se iba sepultando más en la tragona +tierra, que se la comía y envolvía por todos lados, dejando apenas +sobresalir, como mástil de buque náufrago, la espadaña y el remate del +crucero del atrio. La puerta del vallado que rodeaba á éste, bien +fácilmente se podía saltar, sin más que levantar algo las piernas; pero +Gabriel Pardo no había entrado en el atrio por el gusto de entrar, sino +por acercarse á algo que él sabía estar allí, y que le pesaba con +remordimiento profundo no haber visitado antes, desde el momento mismo +de su arribo á los Pazos...

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Cosa de broma saltar la cerca del atrio; mas no así penetrar en el +cementerio de Ulloa. Parecía como si se hubiese defendido su acceso con +esmero especial, nada común en las aldeas, donde los camposantos suelen +andar mal preservados de la contingencia, remotísima en verdad, de una +profanación. El muro que lo rodeaba era alto, bien recebado, y en el +caballete se incrustaban recios cascotes de botella; la verja de la +cancil{t.2-130}la, sobre la cual se gallardeaba la copa de un corpulento olivo, +se componía de maderos fuertes, recién pintados, terminados en unos +pinchos de hierro. Asegurábanla sólida cerradura y grueso cerrojo.

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Gabriel comprendió que además de la cancilla debía existir una puerta +que comunicase directamente con el atrio, y no se engañó; sólo que era +de dos hojas, y no menos sólida y maciza en su género que la cancilla. +No se podía intentar abrirla; por fuerza, sería un acto irrespetuoso; en +cuanto á llamar al sacristán, ni pensarlo; de fijo que después de sonar +las oraciones, se habría retirado á su casa, dejando solos á los muertos +y á la pobrecilla iglesia.

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Intentó al menos el comandante distinguir, al través de la verja, la +traza del cementerio, acostumbrando la vista á las tinieblas de la +estrellada noche. Después de mirar fijamente y largo rato, adquirieron +algún relieve las formas confusas. El cementerio parecía muy bien +cuidado: las cruces, no derrengadas{t.2-131} como suelen andar en sitios tales, +sino derechas y puestas con simetría y decoro; la vegetación y los +arbustos ostentando el no sé qué de los jardines, la gentil lozanía de +la planta regada y dirigida por mano cariñosa. Sobre el fondo sombrío +del follaje se destacaban irregulares manchones claros, que debían ser +flores. Flores eran, y ya los ojos de Gabriel, familiarizados con la +oscuridad, podían hasta darles su nombre propio: las manchas redondas, +hortensias; las largas, varas de azucenas blanquísimas. Lograba también, +sin esfuerzo, contar los senderitos abiertos entre las cruces, y los +montecillos que éstas coronaban.

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A su izquierda distinguió claramente una especie de nicho abultado, con +pretensiones de mausoleo, y sobre cuya blancura se perfilaban, á modo de +columnas de mármol negro, los troncos de dos cipreses muy tiernos aún, +recién plantados sin duda. La mirada se le quedó fija en el mezquino +monumento... Era allí... Se agarró con ambas {t.2-132}manos á la verja, +quedándose abismado en la contemplación que producen los objetos en los +cuales, como en cifra, vemos representado nuestro destino. ¡Allí, allí +estaba el cariño santo de su vida, la que al cabo de tantos años, desde +el fondo de la tumba, le había atraído á aquel ignorado valle!

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En el espíritu de Gabriel batallaban siempre dos tendencias opuestas: la +de su imaginación propensa á caldearse y deducir de cada objeto ó de +cada suceso todo el elemento poético que pueda encerrar, y la de su +entendimiento á analizar y calar á fondo todo ese mundo fantástico, +destruyéndolo con implacable lucidez. Ante la cancilla de aquel +cementerio de aldea, triunfaba momentáneamente la imaginación; de buen +grado ofrecía treguas el entendimiento, y todo lo que en lugares +semejantes evocan, sueñan y forjan los creyentes y los medrosos, los +nerviosos y los alucinados, tuvo el comandante Pardo la dicha suprema de +evocarlo, soñarlo y forjarlo por espacio de unos cua{t.2-133}ntos minutos. +Apariciones, aspectos fantasmagóricos, formas que puede tomar el sér +querido que ya no pertenece á este mundo para presentarse á los que +todavía permanecen en él, y esa sensación indefinible de la presencia de +un muerto, ese soplo sutil de lo invisible é impalpable, que cuaja la +sangre é interrumpe los latidos del corazón. Cuando se produce este +género de exaltación, nadie la saborea con más extraño placer que los +espíritus fuertes, los incrédulos: es el gozo de la mujer estéril que se +siente madre; ¡es un deleite parecido al que causa la lectura de una +novela de visiones y espectros á las altas horas de la noche, en la +solitaria alcoba, con la persuasión de que no hay palabra de verdad en +todo ello, y á la vez con involuntario recelo de mirar hacia los +rincones á donde no llega la luz de la lámpara, por si allí está +acechando la cosa sin nombre, el elemento sobrenatural que teme y +anhela nuestro espíritu, ansioso de romper la pesada envoltura material +y el insufr{t.2-134}ible encadenamiento lógico de las realidades!

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Las flores de hortensia eran manos pálidas que hacían señas á Gabriel; +las azucenas, flotantes pedazos de sudario; los cipreses, figuras +humanas vestidas de negro, que inmóviles defendían el acceso del lugar +donde reposaba Nucha... Y allá del fondo del mausoleo... ¡qué ilusión +esta tan viva, tan fuerte, tan invencible! sale un murmullo humilde y +quejoso, como de rezo, un suspiro lento y arrancado de las entrañas... +¿Es posible que el oído sea juguete de semejantes alucinaciones? No hay +duda, otro suspiro tristísimo... tan claro, que un estremecimiento +recorre las vértebras del comandante.

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Estas treguas del entendimiento duran poco, y en el cerebro de Gabriel, +que no poseía la frescura plástica de la ignorancia y de la juventud, la +razón recobró al punto sus fueros. En un segundo, el apacible cementerio +perdió su prestigio todo: lo vió lindo y alegre, como debía de ser á la +luz solar. De su hermana, {t.2-135}lo que estaba allí era el polvo... residuos +orgánicos... ¡Materia! Y trató de figurarse cómo estaría aquella materia +inerte, qué aspecto tendrían, entre las podridas tablas del ataúd y la +húmeda frialdad del nicho, los huesecillos de aquellos brazos tan +amantes, en que se había reclinado de niño. Se le oprimió el corazón: +por instinto alzó la frente y miró al cielo.

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—Si hay inmortalidad, ahí estará la pobre; en alguna de esas estrellas +tan hermosas.

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El firmamento parecía vestido de gala, como para rechazar toda idea de +muerte y podredumbre, y confirmar las de inmortalidad y gloria. +Compensando la falta de la luna que no asomaría hasta mucho más tarde, +los astros resplandecían con tal magnificencia, que inducían á creer si +toda la pedrería celestial acababa de salir del taller del joyero +divino. Más que azul, semejaba negra la bóveda; las constelaciones la +rasgaban con rúbricas de luz; algunos luceros titilaban vivos y +próximos, otros se perdían en la insondable profundidad; la vía láctea +derramaba un{t.2-136} mar de cristalina leche, y Sirio, el gran brillante +solitario, centelleaba más espléndido que nunca.

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También el suelo estaba de fiesta. La incomparable serenidad de la noche +le envolvía en un hálito de amor: las sombras eran densas y vagas á la +vez: los horizontes lejanos se disfumaban en azuladas nieblas: á pesar +de la mucha calma, no había silencio, sino murmurios imperceptibles, +estremecimientos cariñosos, ráfagas de placer y vida; la savia antes de +parar su curso y retroceder al corazón de los árboles, aprovechaba aquel +minuto de plenitud del verano para saturar por completo el organismo +vegetal, y lo que eran acres aromas en el monte, en el valle atmósfera +verdaderamente embalsamada. La iluminación de la noche nupcial, los +farolillos venecianos de las bodas, los suministraban las luciérnagas, +insectos en quienes arde visiblemente el fuego amoroso...

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No podía Gabriel confundir el verdoso y fosforescente reflejo de los +gusanos con la{t.2-137} pequeña llama azul que se alzó de las profundidades del +cementerio, y que revoloteando suavemente le pasó á dos dedos del +rostro. Bien conoció el fuego fatuo, arrancado por el calor á aquel +sitio bajo y húmedo y relleno de cadáveres humanos... Con todo, sintió +que otra vez se le exaltaba la fantasía, y pegó el rostro á la verja +escudriñando con avidez el interior del camposanto, por si tras el fuego +surgía alguna forma blanca, ni más ni menos que en Roberto el +Diablo... Y en efecto... ¡Chifladura, ilusión de óptica! Calle... Pues +no, que bien claro lo está viendo... Algo se alza detrás del nicho, +junto á los cipreses... Algo que se inclina, vuelve á alzarse, se +mueve... ¡Una forma humana...! ¡Un hombre!

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Sólo tiene tiempo el artillero para adosarse al muro, al amparo de la +sombra que proyecta el olivo. Rechina el cerrojo, gira la llave, se abre +la verja, y sale la persona que momentos antes rezaba al pie del +mausoleo de Nucha. El rezador nocturno cierra cuidadosamente la verja, +hace por última vez la{t.2-138} señal de la cruz volviéndose hacia el +cementerio, y pasa rozando con Gabriel y sin verle, con la cabeza baja, +cabeza blanquecina y cuerpo encorvado y humilde.

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—¡El cura de Ulloa!

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Se quedó Gabriel algún rato como si fuese hecho de piedra, sin darse +cuenta del porqué semejante persona, en tal sitio y entregada á tal +ocupación, le parecía la clave de algún misterio, uno de esos cabos +sueltos de la madeja del pasado, que guían para descubrir historias +viejas que nos importan ó que despiertan novelesco interés.

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—¡Ahí están los suspiros y los rezos que yo oía!—pensó, encogiéndose +de hombros. Si no acierta a salir ahora este buen señor, yo tendría una +cosa rara que contar... y creería honradamente en una pamplina... +inexplicable... ¡Ea, me he lucido con mi excursión! De Manuela, ni +rastro... Verdad es que he visitado á la pobre mamita... ¡Adiós, +adiós! (Volviéndose hacia la verja.) Y en realidad la caminata me ha +calmado. Se me figura que{t.2-139} esta tarde pensé mil delirios y ofendí +mortalmente con la imaginación á mi sobrina. ¿Cómo ha de estar +profanada, depravada, una niña que tiene aquel aire franco y sencillo y +honesto á la vez, el aire y los ojos de su madre? Sé sincero, Gabriel, +contigo mismo. (Deteniéndose y mirando á las estrellas.) Lo que te +sucedió, que te encelaste, porque estás interesado por la muchacha... +Pues amigo, eso no vale. ¿Á qué viniste aquí? ¿A salvarla, verdad? +Entonces, piensa en ella sobre todo. A un lado egoísmos; si no te +quiere, que no te quiera; mírala como la debió haber mirado su padre. A +pedirle mañana una entrevista; á hablarle como nadie le ha hablado nunca +á la criatura infeliz. Lo que tú has estado pensando allí al pie del +castaño, es una monstruosidad; pero con todo, bueno es prevenir hasta el +que á otros se les ocurra la misma sospecha atroz. A ti, al hermano de +su madre, corresponde de derecho el intervenir. Y caiga quien caiga, y +así sea preciso prender fuego á los Pazos y llevarte {t.2-140}á la muchacha en +el arzón de la silla... Digo, no; esto de raptos es niñería romántica... +Pero es decir, que tengas ánimo y que no se te ponga por delante ni el +Sursumcorda, ¡qué diablos! Y cuidadito cómo le hablas á la montañesa... +No hay que abrirle los ojos, ni lastimarla, que después de todo... +reparo deberías tener en tocarla siquiera con el aliento... y morirte +deberías de vergüenza por las cosas que se te han ocurrido. ¡Pobre +chiquilla! (Pausa.) ¡Qué noche tan hermosa! ¿Iré camino de los Pazos... +ó lo estaré desandando? Por allí suena la presa del molino... De noche +se oye muy bien... Parece el sollozo de una persona inconsolable... Sí, +hacia esa parte están los Pazos; en llegando al molino, ya los veo.

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El sollozo del agua le guió á una corredoira, no tan honda ni tan +cubierta de vegetación como la de los Castros, pero perfumada y +misteriosa cual ninguna deja de serlo en el verano, y alumbrada á la +sazón por la luz suave y espectral de las luciolas, que á centenares se +escondían en las zarzas ó se perseguían{t.2-141} arrastrándose por la hierba. +Tan lindo aspecto daban á las plantas las linternas de aquellos +bichejos, que el artillero, al salir del túnel, se detuvo y miró hacia +atrás, para gozar del fantástico espectáculo. Una línea fría le cruzó el +rostro: era un tenuísimo hilo de la Virgen, y Gabriel alzó la vista +hacia el matorral, queriendo adivinar de dónde salía la sutil hebra. +Cuando bajó los ojos, se le figuró que al otro extremo del túnel se +movía un bulto confuso y grande. El pálido resplandor de los gusanos, +semejante al destello de una sarta de aguamarinas y perlas, no le +consintió al pronto discernir si eran bueyes ó personas, y cuántas, lo +que se iba aproximando en silencio. Gabriel, sin reflexionar, se emboscó +tras las plantas, con el corazón en prensa; si alguien le hubiese +preguntado entonces ¿porqué te escondes y porqué te azoras así? no le +sería posible dar contestación satisfactoria. El bulto se acercó... Era +doble: se componía de dos cuerpos tan pegados el uno al otro como la +goma al árbol; no hablaban; ¿para qué? Él la{t.2-142} sostenía por la cintura, y +ella se recostaba en su hombro y le pasaba el brazo izquierdo alrededor +del cuello. Marchaban con el paso elástico y perezoso á la vez, propio +de la juventud y de la dicha avara, que regatea los minutos.

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Hacía ya algunos que había desaparecido la enamorada pareja, y todavía +estaba el artillero quieto, con los puños y los labios apretados, los +ojos abiertos de par en par, el cuerpo tembloroso, los pies clavados en +tierra como si se los remachasen, fulminado en suma por la última visión +de aquella noche de verano. Al fin su pecho se dilató, como para +respirar; estiró los brazos; descargó una patada en el suelo; y mandando +enhoramala sus filosofías, su pulcritud de lenguaje y de educación, su +cultura y su firmeza, arrojó, como arroja el caño de sangre la arteria +cortada, una interjección obscena y vulgarísima, y añadió sordamente:{t.2-143}

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—¡Qué vergüenza... qué barbaridad!

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XXVII

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No vayan ustedes á figurarse que desde el entronizamiento del Gallo y +sus útiles reformas encaminadas á acrecentar el decoro y representación +de los Pazos, ó al menos de la mayordomía, se hubiese suprimido el +tertulión de la cocina por las noches. Suprimir, no; depurar, es otra +cosa. La autoridad del buen ex-gaitero se empleaba en alejar mañosa ó +explícitamente de allí á la gentuza, como las nietas de la Sabia y otras +lambonas que sólo andaban tras la intriga y á la socaliña del pedazo +de pan hoy, y mañana del de c{t.2-144}erdo, si á mano viene. Para semejantes +brujas, chismosas y zurcidoras de voluntades, desde el primer día +significó el Gallo con toda su autoridad de sultán y marido, la orden de +expulsión; ¡si conocería él el paño! Y Sabel, aunque muy dada á +comadrear, hubo de conformarse—como se conformaría á andar á cuatro +patas, si tales fuesen los deseos del insigne rey del corral.

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Escogido ya el número de tertulianos, se redujo á los notables de Ulloa +y Naya, al pedáneo, á los labriegos cabezas de familia y colonos de los +Pazos, al criado del cura, al sacristán, al peón caminero, y demás +personas de suposición que por allí podían encontrarse; de suerte que +varió muchísimo el carácter de aquel sarao, y no se parecía en lo más +mínimo á lo que fué en otros días, bajo la dominación de Primitivo el +Terrible. Antaño, predominando el sexo femenino, se pagaba tributo muy +crecido á la superstición: se refería el paso de la Compaña con su +procesión de luces; se contaban las tribulaciones de la{t.2-145} mocita á quien +le había dado sombra de gato negro ó atacádola el ramo cativo; se +ofrecían recetas y medicinas para todos los males; se gastaba una noche +en comentar el robo de una gallina ó el feliz alumbramiento de una vaca; +un viejo chusco refería cuentos, y las mozas, en ratos de buen humor, se +tiroteaban á coplas, improvisándolas nuevas cuando se les acababan las +antiguas. Toda esta diversión populachera era incompatible con los +adelantos de la civilización que pretendía introducir allí el Gallo. +Bajo su influjo, la tertulia, compuesta de sesudos y doctos varones, se +convirtió en una especie de ateneo ó academia, donde se ventilaban +diariamente cuestiones arduas más ó menos enlazadas con las ciencias +políticas y morales. El Gallo se encargaba de la lectura de periódicos, +que realizaba con aquel garabato y chiste que sabemos; y excusado me +parece advertir lo bien informado que quedaba el público, y las +exactísimas nociones que adquiría sobre cuanto Dios crió. Así es que el +debate{t.2-146} era de lo más luminoso, y mal año para los gobernantes y +repúblicos que no viniesen allí á ver resueltos por encanto los +problemas que tanto les dan en qué entender. Había en la asamblea +especialistas, profundo cada cual en la materia á que consagraba sus +desvelos: Goros, el criado del cura de Ulloa, se dedicaba á la +controversia teológica y á la exégesis religiosa, soltando cada herejía +que temblaba el misterio; el señor pedáneo tenía á su cargo la política +interior, cortaba sayos y daba atinadísimos consejos á Castelar y á +Sagasta, hablaba de ellos como si fuesen sus compinches, y vaticinaba +cuanto infaliblemente iba á producirse en el seno del gabinete: un +labriego machucho, el tío Pepe de Naya, antes encargado del ramo de +chascarrillos, corría ahora con el de hacienda, y exponía las más +atrevidas teorías de los socialistas y comunistas revolucionarios, sin +necesidad de haber leído á Proudhon ni cosa que lo valga; y el atador de +Boán, cuando llamado por deberes profesionales ó alumbrado más de la +cuenta{t.2-147} se veía obligado á pasar la noche en Ulloa, dedicábase á la +propaganda filosófica, y ponía cátedra de panteísmo, explicando cómo los +hombres y las lechugas son una sola esencia en diferentes posiciones... +ó para decirlo en sus propias palabras, lo mismito, carraspo, perdonando +vusté.

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Uno de los mayores placeres de aquel senado campesino era confundir y +aturdir con su ciencia á los ignorantuelos, á los criados de escalera +abajo, ó sea de establo y labranza, haciéndoles preguntas capciosas y +divirtiéndose en acrecentar su estupidez, cosa bastante difícil. A veces +llamaban al pastor, aquel rapazuco escrofuloso que padeció persecución +bajo Primitivo y era ahora un tagarote medio idiota; y excitando su +vanidad (que todos la tienen) le hacían soltar peregrinos despropósitos. +Generalmente lo examinaban de teología.

+ +

—Quitaday, marrano, que tan siquiera sabes quién es Dios.

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—Sé, sé—contestaba{t.2-148} muy ufano el mozo rascándose la oreja.

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—Pues gomítalo.

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—Es un ángel rebelde, que por su...

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Coro de risotadas, de exclamaciones y de aplausos.

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—A ver—exclamaba Goros;—para qué es el Sacramento del Orden?

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—Si me pergunta de cosas de allá de Madrí, yo mal le puedo dar +sastifación.

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—Soó... mulo! El Sacramento del Orden (abre el ojo) es para... criar +hijos para el cielo!

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—Bien, ya estamos en eso—contestaba muy serio el gañán, entre la +algazara y regocijo del ateneo de Ulloa.

+ +

Con intermedios de este jaez se amenizaban las discusiones formales. Es +de saber que en tiempo de verano, y más si el calor arreciaba, y con +doble motivo si era en días de maja y siega, el ateneo trasladaba el +local de sus sesiones de la cocina, á la parte del huerto lindante con +la era: colocábanse allí bancos, tallos, cestas volcadas pan{t.2-149}za +arriba, y sin derrochar más candela que la que los astros ó la luna +ofrecían gratuitamente, gozando el fresco y oyendo en la era el canticio +y el bailoteo de segadoras y majadores, departían sabrosamente, echaban +yescas para el cigarro, y la conversación giraba sobre temas de +actualidad, agrícolas y rurales.

+ +

En mitad de una acalorada discusión sobre la calidad del trigo cayó allí +Gabriel Pardo, que regresaba de su tremendo viaje á través del valle de +Ulloa. Por fortuna, la luz estelar, con ser tan viva y refulgente, no +bastaba á descubrir al pronto lo descompuesto de su semblante; pero bien +se podía notar lo ronco de la voz en que exclamó, encarándose con el +primer ateneísta que le salió al paso:

+ +

—Dónde está Perucho?

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El Gallo se levantó obsequiosamente, y con sonrisa afable y la frase más +selecta que pudo encontrar, respondió lo que sigue:

+ +

—Señor don Grabiel, no le saberé decir con eusautitú... Quizásmente que +aún no tendrá {t.2-150}voltado, en atención á que no se ha visto por aquí su +comparecencia...

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—¡Falso! Es usted un embustero—gritó brutalmente el comandante, ciego +de dolor y necesitado, con necesidad física, de desahogar en alguien y +de hacer daño... de pegar fuego á los Pazos, si +pudiese.—¡Ea!—añadió—á decirme dónde está su hijo de usted ó lo que +sea... ¡Aquí no vale encubrir!

+ +

¡Quién viera al rey del corral erguirse sobre sus espolones, enderezar +la cresta, estirar el cuello, y exhalar este sonoro quiquiriquí:

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—Adispensando las barbas honradas de usté, señorito don Grabiel, esas +son palabras muy mayores y mi caballerosidá y mi dicencia, es un decir, +no me premiten...

+ +

—Eh... ¿quién le cuenta á usted nada? ¿Qué se me importa por +usted?—vociferó Gabriel nuevamente.—A quien necesito es á Perucho... +Llámenle ustedes, pero en seguida.

+ +

—Ha de estar en la era—indicó tímidamente el pastor.

+ +

Gabriel no quiso oir más, y desapareció{t.2-151} como un rehilete en dirección +de la era. Encontróla brillante, concurridísima. Una tanda de mozas y +mozos bailaba el contrapás, al són de la pandereta y la flauta; la +tañedora de pandero cantaba esta copla:

+ +
+
+A lua vay encuberta...
+a min pouco se me dá:
+a lua que a min m’alumbra
+dentro do meu peito está.
+
+
+ +

Oíala como en sueños el comandante, detenido á la entrada y presa +entonces de un paroxismo de ira que le hacía temblar como la vara verde: +Calma... sosiego... voy á echarlo todo á perder... decía consigo mismo; +y al par que veía claramente su razón la necesidad de tener aplomo y +presencia de ánimo, aquella parte de nosotros mismos que debiera +llamarse la insurgente, le tenía entre sus uñas de fierecilla +desencadenada, y le soplaba al oído:—Qué gusto coger un palo... entrar +en la era... deslomar á estacazos á {t.2-152}todo el mundo... arrimar un fósforo +á las medas... armar el revólver, y en un santiamén... pun, pun... á +éste quiero, á éste no quiero...

+ +

A su izquierda divisó un grupo, compuesto de Sabel y de varias comadres +del vecindario: y delante, en pie, algo ensimismado, á Perucho en +persona. Gabriel se le acercó, hasta ponerle la mano en el hombro; y al +tenemos que hablar del comandante, estremecióse el montañés, pero +respondió con súbita firmeza:

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—Cuando usted guste.

+ +

—Ahora mismo.

+ +

—Bueno, ya voy.

+ +

Echó delante el mozo, y siguióle Pardo, sin añadir palabra. Alejándose +de la gente, atravesaron el huerto, entraron en el corredor, llegaron á +la cocina, donde la fregatriz revolvía en la sartén, con cuchara de +palo, algo que olía á fritanga apetitosa; y el montañés, sin detenerse, +tomó una candileja de petróleo encendida, y guió á las habitaciones de +la familia del Gallo, entre las cuales se contaba cierta salita, orgullo +y pr{t.2-153}ez del mayordomo, porque en seis leguas á la redonda, sin exceptuar +las casas majas de Cebre, no la había mejor puesta, ni más conforme á +las exigencias del gusto moderno, sin que le faltase siquiera—¡lujo +inaudito, refinamiento increíble!—un entredós en vez de consola; un +entredós de imitación de palo santo, con magníficos adornos de un metal +que sin pizca de vergüenza remedaba el bronce. Frente á este mueble, en +que el Gallo tenía puesto su corazón, un soberbio diván de repis +amarillo canario convidaba al reposo, y Perucho, dejando la candileja +sobre el entredós, hizo seña al comandante de que podía sentarse si +gustaba, al mismo tiempo que se le plantaba enfrente, con la cabeza +erguida, resuelto el ademán, algo pálidas, contra lo acostumbrado, las +mejillas, y pronunciando en tono que á Gabriel le sonó provocativo:

+ +

—Usted dirá, señor de Pardo... ¿Qué se le ofrece?

+ +

El comandante midió de alto á bajo al bastardo, frunciendo la boca, con +el gesto d{t.2-154}e desprecio más claro y más enérgico que pudo; acercóse luego +á la puerta, y dió vuelta á la llave, que halló puesta por dentro; y +volviéndose hacia el montañés, le escupió al rostro estas frases:

+ +

—¡Se me ofrece decirte que eres un pillastre y un ladrón, y que voy á +darte tu merecido, canalla! ¡A ti y á la perra que te parió! ¡Mamarracho +indecente!

+ +

Lo raro era que Gabriel oía sus propias palabras como si las dijese otra +persona; y allá en el fondo de su sér, las comentaba una voz, +susurrando:—Es demasiado, ese hombre habla como un loco.—Y no podía, +no podía sujetar la lengua, ni refrenar la indignación frenética.—Por +lo que hace á Perucho, oyendo aquellas cláusulas que abofeteaban, saltó +lo mismo que si le hincasen en la carne un alfiler candente; desvió y +echó atrás los codos, cerró los puños, y sacó el pecho, como para +arrojarse sobre Gabriel. El furor ennegrecía sus pupilas azules, y daba +á sus facciones correctas y bien delineadas la ceñuda{t.2-155} severidad de un +rostro de Apolo flechero.

+ +

—No... no me tutee usted—balbuceó reprimiéndose todavía—no me tutee +ni me insulte... porque tan cierto como que Dios está en el cielo y nos +oye...

+ +

—¿Qué harás, bergante?

+ +

—Lo va usted á saber ahora mismo—gritó el montañés, cuyos ojos eran +dos llamas oscuras en una máscara trágica de alabastro. Un segundo duró +para Gabriel la visión de aquel rostro admirable, porque +instantáneamente sintió que dos barras de hierro flexibles y calientes +se le adaptaban al cuerpo, prensándole las costillas hasta quitarle la +respiración. Intentó defenderse lo mejor posible, tenía los brazos en +alto y libres y podía herir á su contrario en el rostro, arañarle, +tirarle del pelo; pero aun en tan crítica situación, comprendió lo +femenil y bajo de resistir así, y ¡extraña cosa! al verse cogido en la +formidable tenaza, preso, subyugado, vencido por el mismo á quien venía +á confundir y humillar, su ciega y furiosa ira y el hervor animal é{t.2-156} +instintivo de su sangre se calmaron como por obra de un conjuro, y hasta +le pareció que experimentaba simpatía por el brioso mozo. Todo fué como +un relámpago, porque el achuchón crecía, y el ahogo también, y el +montañés tenía á su rival á dos dedos del suelo, aprestándose á ponerle +en el pecho la rodilla. Intentó Gabriel un esfuerzo para rehacerse y +librarse, pero Perucho apretó más, y mal lo hubiera pasado su enemigo, á +no ser por una casual circunstancia. La butaca contra la cual estaba +acorralado el comandante era nada menos que una mecedora, mueble que +hacía la felicidad del Gallo, por lo mismo que nadie de su familia ni de +seis leguas en contorno acertaba á sentarse en ella sino después de +reiterados ensayos, continuas lecciones y fracasos serios. Al peso de +los dos combatientes, la mecedora cedió con movimiento de báscula, y el +grupo vino á tierra, haciendo la dichosa mecedora el oficio de Beltrán +Claquin en la noche de Montiel, pues Perucho, que estaba encima,{t.2-157} se +halló debajo, y Gabriel, sin más auxilio que el de su propio peso y +corpulencia, con la rapidez de movimientos que dicta el instinto de +conservación, le sujetó y contuvo, teniéndole cogidas las muñecas é +hincándole la rodilla en el estómago.

+ +

—¡Máteme, ya que puede!—tartamudeaba el montañés.—Máteme ó suélteme, +para que yo... le... ahog...

+ +

El aliento se le acababa, porque el cuerpo de su adversario, gravitando +sobre su pecho, le impedía respirar: Terminó la frase con un ¡z! ¡z! ¡z! +cada vez más fatigoso... Vió en el espacio unas lucecitas amarillentas y +moradas... luego sintió un bienestar inexplicable, y oyó una voz que +decía:

+ +

—Pues anda, levántate y ahógame... ¿No puedes? La mano.

+ +

Se levantó sostenido por Gabriel, tambaleándose; dió dos ó tres pasos +sin objeto; se pasó la diestra por los ojos, y miró al artillero +fijamente; y como viese en su rostro una tranquilidad muy distinta de la +furia de ante{t.2-158}s, la tuvo por señal de mofa, cerró otra vez los puños, y +bajando la cabeza como el novillo cuando embiste, se precipitó. Gabriel +adelantó las manos para parar el golpe, con calma desdeñosa; entonces, +el montañés se contuvo, dejó caer los brazos, dió media vuelta, y +encogiéndose de hombros, exclamó:

+ +

—Yo no pego á quien no me resiste... ¿Somos aquí chiquillos? ¿Estamos +jugando, ó qué?

+ +

Callaba Gabriel y reflexionaba, sintiéndose ya, con íntima satisfacción, +dueño de sí y capaz de regir sus acciones. Seamos francos, pensaba; me +he comportado como un bruto; he hablado como un demente. A bien que en +mí son momentáneas las excitaciones; que si me durase como me da, yo me +dejaría atrás á todos los salvajes. Un poco de juicio, señor de Pardo... +Pero ahora se me figura que ya lo tengo de sobra.

+ +

—Oiga usted...—dijo á Perucho, tosiendo, para afianzar la voz.—Le he +maltratado á usted hace un instante; hice mal, y lo rec{t.2-159}onozco. Es +decir: no me faltan motivos de hablarle á usted con toda la dureza +posible; pero con razones, no con injurias... Debí empezar por ahí.

+ +

—Los motivos que usted tiene, ya los sé yo... Demasiado que los sé.

+ +

—Se equivoca usted... Hágame el obsequio de sentarse; ya ve que no le +tuteo, ni le ofendo en lo más mínimo. Pero tenemos que hablar largamente +y ajustar cuentas, de las cuales no he de perdonarle á usted un céntimo +si sale alcanzado... Vuelvo á rogarle que se siente.

+ +

Perucho se dejó caer en el sofá con hosco ademán, arreglándose +maquinalmente el cuello y la corbata, que ya no tenía muy en orden antes +y que con la refriega se habían insubordinado por completo. Ocupó +Gabriel la mecedora de enfrente, y empezó á mecerse con movimiento +automático. Arreglaba un discurso; pero lo que salió fué un trabucazo.

+ +

—¿Usted sabe de quién es hijo? (al preguntarlo se encaró con Perucho).

+

{t.2-160}

+ +

—¿Y á qué viene eso?—contestó el mozo.

+ +

—¿No está usted cansado de conocer á mis padres? Déjeme usted en paz.

+ +

—¿Y siendo sus padres de usted... un mayordomo y una criada... cómo se +ha atrevido usted... á poner los ojos en mi sobrina? ¿Cómo se ha +atrevido usted... (ensordeciendo la voz, que vibraba de enojo aún) á +levantarse hasta dónde usted no puede ni debe subir? ¡Sólo un hombre vil +(acercándose al montañés) se aprovecha del descuido y de la confianza +ajena para... apoderarse de... una señorita... y... abusar de ella, +cuando come el pan de su casa!

+ +

Perucho contenía los bramidos que se le venían á la laringe, y oía +royéndose la uña del pulgar con tal ensañamiento, que ya brotaba sangre. +Al fin pudo formar voz humana en la garganta.

+ +

—Quien... quien abusa es usted, señor de Pardo... Sí, señor, abusa +usted de mi posición, de verme un infeliz, un hijo de pobres, {t.2-161}un +desdichado que no se puede reponer contra usted como corresponde... Pero +me repondré, caramba si me repondré... que tampoco no es uno ningún +sapo, para dejarse patear sin volverse á quien lo patea... Y nos veremos +las caras donde usted guste, que aunque me ve sin pelo en ella, soy +hombre para cualquier hombre, y á mí no me espantan palabras ni obras... +Y si á obras vamos... si se trata de romperse el alma por Manuela, +porque usted la quiere para sí y ha venido á hacerle los cocos... +¡mejor, mejor! Nos la rompemos, y en paz... También le puedo contar +algunas cositas que le lleguen adentro, para que tenga más modo otra +vez... Que yo como el pan de esta casa; que Manuela es mi señorita, y +que tumba y que dale... De eso de comer el pan, podíamos hablar mucho; +porque, según le oí á mi madre, más dinero le debía á mi abuelo la casa +de los Pazos que mi abuelo á ella... De ser Manola mi señorita... cierto +que ella es hija de un señor... pero maldito si se conoció nunca que lo +fuese... Desde chiquillos andamos {t.2-162}juntos, sin diferencias de clases ni +de señoríos; y nadie nos recordó nuestra condición desigual, hasta que +cayó aquí, llovido del cielo, el señor don Gabriel Pardo de la Lage... +Manola, ahí donde usted la ve, no tuvo en toda su vida nadie que la +quisiese más que yo, yo (y se golpeaba el fornido pecho), nadie que se +acordase de ella, no señor, ni su padre, usted lo oye? ni su padre... +Yo, desde que levantaba del suelo tanto como una berza, la enseñé á +andar, cargué con ella en brazos, para que no se mojase los pies cuando +llovía, le dí las sopas, le guardé el sueño, y le discurrí los juguetes +y las diversiones... Yo le enseñé lo poco que sabe de leer y escribir, +que sino, ahora estaría firmando con una cruz... Yo la defendí una vez +de un perro de rabia... ¿Sabe usted lo que es un perro de rabia? ¡No, +que en los pueblos eso no se ve nunca! Pues al perro, con aquellos ojos +encarnizados y aquel hocico baboso, lo maté yo, pero no de lejos, sino +desde cerquita, así, echándome á él, machacándole la cabeza con{t.2-163} una +piedra grande, mientras la chiquilla lloraba muerta de miedo... ¡Si no +estoy yo allí, á tales horas Manola es ánima del purgatorio! En el brazo +y en la pierna me mordió el perro, y gracias que la ropa era fuerte, y +allí se quedó la baba... Otra vez la cogí á la orillita de un barranco, +que si me descuido, al Avieiro se me larga... Yo me quemé la mano en el +horno por sacarle una bolla caliente, que se le había antojado... ¿ve +usted...? aquí anda todavía la señal... Y yo por ella me echaría de +cabeza al río, y me dejaría arrancar las tiras del pellejo... Ni ella +tiene sino á mí, ni yo sino á ella. ¿Que es usted su tío? ¿Y qué?, ¿Se +ha acordado usted de ella hasta la presente? ¡Buena gana! Andaba usted +por esos mundos, muy bien divertido y recreado. Yo con ella, con ella +siempre... hasta morir! Me quiere, la quiero, y ni usted ni veinte como +usted... ni el mismo Dios del cielo que bajase con toda la corte +celestial! me la quitan. Así me valga Cristo, y antes yo ciegue que +verla casada con usted!{t.2-164}

+ +

El montañés hablaba con presteza, accionando mucho, como escupiendo +palabras y pensamientos que desde muy atrás le rebosaban del corazón. Su +gallarda persona y su acción fogosa y expresiva parecían no caber en la +ridícula sala, bien como el gran actor no encuentra espacio en un +escenario estrecho; y á cada molinete de su fuerte brazo se hallaban en +inminente peligro los cromos, las cajas de cartón, las orquestas de +perritos y gatitos de loza, las figuras de yeso teñidas con purpurina +imitando bronce, todas las simplezas importadas por el Gallo de sus +excursiones orensanas, pues tan adelantado estaba el buen sultán en la +ciencia suntuaria de nuestra época, que hasta cultivaba el bibelot. +Gabriel oía, mostrando un rostro apenado, perplejo y meditabundo; á +veces cruzaban por él vislumbres de compasión; otras, aquella pasión tan +juvenil y fresca, tan vigorosamente expresada, le removía como remueve +la escena de un drama magnífico; y su boca se crispaba de terror, lo +mismo que si{t.2-165} el conflicto, tan grave ya, creciese en proporciones y +rayase en horrenda é invencible catástrofe... Viendo callado al +artillero, Perucho se persuadió de que lo convencía, y continuó con más +calor aún:

+ +

—Si Manola es rica, sepan que yo no quiero sus riquezas, y que me futro +y me refutro en ellas... Que el padrino gaste su dinero en lo que se le +antoje; que lo gaste en cohetes, ó lo dé á los pobres de la parroquia. +Dios se lo pague por la carrera que me está dando, pero con carrera ó +sin ella... yo ganaré para mí y para mi mujer. Manola se crió como la +hija de un labriego; no necesita lujos ni sedas; yo menos todavía. Mi +madre no es pobre miserable: heredó del abuelo un pasar, y me dará... Y +si no me da, tal día hizo un año. Con cuatro paredes y unas tejas, allá +en el monte, frente á las Poldras, vivimos como unos reyes, sin +acordarnos del mundo y sus engañifas... Casualmente lo único para que +sirvo yo es para arar y sachar: los estudios {t.2-166}me revientan: paisano nací +y paisano he de morir, con la tierra pegada á las manos... Una casita y +una heredad y una pareja de bueyes con que labrarla, no hemos de ser tan +infelices que eso nos falte,... y en teniendo eso, que se ría el mundo +de mí, que yo me reiré del mundo... y estaré como en el cielo, y Manola +también... mientras que con usted rabiaría y se condenaría, porque no le +quiere, no le quiere y no le quiere.

+ +

Acabar su peroración el montañés y sentirse Gabriel Pardo +definitivamente vencido y arrastrado por la corriente de simpatía que +empezaba á ablandarle desde que había jadeado entre los brazos fuertes +del mozo, fueron cosas simultáneas. Obedeciendo á impulso irresistible, +tendió la mano para darle una palmada en el hombro; hízose atrás +Perucho, tomando por nueva hostilidad lo que no era sino halago.

+ +

—¡No ponerse en guardia, amigo, que no hay de qué!—exclamó el +artillero, cuya noble fisonomía respiraba ya concordia y bondad {t.2-167}al par +que dolor y pena.—Tan no hay de qué, que se va usted á pasmar... Déme +usted esa mano, y perdóneme todo cuanto le he dicho al entrar aquí... He +procedido con injusticia, con barbarie y con grosería; pero si usted +supiese cómo me estaba doliendo el alma, y cómo me duele aún... No +conserve usted nada contra mí: déme la mano...

+ +

Los ojos azules le miraron con desconfianza, y Perucho retiró el brazo.

+ +

—Mucho estimo eso que usted dice ahora, pero mejor fuera no venirse con +esos desprecios de antes... Nadie tiene cara de corcho, y la vergüenza +es de todo el mundo.

+ +

—Usted lleva razón, pero yo la he perdido media hora de este aciago +día... Motivo me ha sobrado para ello. ¡Oigame usted, por lo que más +quiera! Por... por mi sobrina. Déme usted su palabra de que hará lo que +voy á rogarle.

+ +

—No señor, no; yo no prometo nada tocante á Manola. ¿Y á qué viene +mentir? Mejor es desengañarle. Lo mismo da que lo prometa que que no lo +prometa. Ahor{t.2-168}a prometería, pongo por caso, no arrimarme á ella en +jamás, y de contado me volvería á pegar á sus faldas. Imposibles no se +han de pedir á nadie.

+ +

—No es eso... ¡Si usted no me oye...!

+ +

—¿No es nada de dejar á Manoliña?

+ +

—No... Es que me prometa usted que de lo que vamos á hablar no dirá +usted palabra á nadie... ¡á nadie de este mundo!

+ +

—Corriente. Si no es más que eso...

+ +

—No más.

+ +

—Pues venga.

+ +

—No—replicó Gabriel bajando la voz...—Aquí no... Acompáñeme usted á +mi cuarto... Tengo excelente oído.{t.2-169}.. y juraría que anda gente en el +corredor.

+ +

XXVIII

+ +

Como saliesen un poco más aprisa de lo justo, abriendo con ímpetu la +puerta, estuvieron á punto de aplastar entre hoja y pared la nariz del +Gallo, el cual, sin género de duda, atisbaba. Al impensado portazo, +lejos de enfadarse, sonrió con dignidad y afabilidad, murmurando no sé +qué fórmulas de cortesía: su gran civilización le obligaba á mostrarse +atento con las personas que visitaban su domicilio. Pero Gabriel y +Perucho cruzaron por delante de él como sombras chinescas, y no le +hicieron maldito el caso.{t.2-170} Lo cual, unido á otros singulares incidentes, +la ira de Gabriel, su afán por encontrar á Perucho, lo extraño de la +entrevista, la encerrona, le puso en alarma y despertó su aguda +suspicacia labriega. Rascóse primero detrás de la oreja, luego al través +de las patillas, y estas operaciones le ayudaron eficazmente á deliberar +y á dar desde luego no muy lejos del hito.

+ +

Al entrar Perucho y Gabriel en la habitación de éste, se encontraron á +oscuras: el montañés rascó un fósforo contra el pantalón, y encendió la +bujía; el artillero acudió á echar la llave, prevención contra +importunos y curiosos. Para mayor seguridad, acercóse á la ventana, +bastante desviada de la puerta. Ninguno de los dos pensó en sentarse. +Recostado en la pared, con la izquierda metida en el seno, al modo de +los oradores cuando reposan, el brazo derecho caído á lo largo del +muslo, una pierna extendida y firme y otra cruzada y apoyada en la punta +del pie, Perucho aguardaba, animoso{t.2-171} y resuelto, como el que no ha de +transigir ni renunciar por más que hagan y digan. Con las manos en los +bolsillos de la cazadora, la cabeza caída sobre el pecho, y meneándola +un poco de arriba abajo, los labios plegados, arrugada la frente, +Gabriel Pardo se paseaba indeciso, tres pasitos arriba, tres abajo. Al +fin hizo un movimiento de hombros como diciendo—pecho al agua—y, +súbitamente, se enderezó, encaróse con el montañés y articuló lo que +sigue:

+ +

—Vamos claros... ¿Usted sabe ó no sabe que es hermano de Manuela?

+ +

Si asestó la puñalada contando con los efectos de su rapidez, no le +salió el cálculo fallido. El montañés abrió los brazos, la boca, los +ojos, todas las puertas por donde puede entrar el estupor y el espanto; +enarcó las cejas, ensanchó la nariz... fué, por breves momentos, una +estatua clásica; el escultor que allí se encontrase lamentaría, de fijo, +que estuviese vestido el modelo. Y sin lanzar la exclamación que ya se +asomaba á los labios, poco á{t.2-172} poco mudó de aspecto, se hizo atrás, bajó +los ojos, y se vió claramente en su fisonomía el paso del tropel de +ideas que se agolpan de improviso á un cerebro, la asociación de +reminiscencias que, unidas de súbito en luminoso haz, extirpan una +ignorancia inveterada; la revelación, en suma, la tremenda revelación, +la que el enamorado, el esposo, el creyente, el padre convencido de la +virtud de la adorada hija, se resisten, se niegan á recibir, hasta que +les cae encima, contundente, brutal y mortífera, como un mazazo en el +cráneo.

+ +

—¡No!—balbuceó en ronca voz.—No, Jesús, Señor, no, no puede ser... +usted... vamos á ver... ¿ha venido aquí para volverme loco? ¿Eh? ¡Pues +diviértase... en otra cosa! Yo... no quiero loquear... ¡No se divierta +conmigo! Jesús... ¡ay Dios!

+ +

Llevóse ambas manos á los rizos, y los mesó con repentino frenesí, con +uno de esos ademanes primitivos que suele tener la mujer del pueblo á +vista del cuerpo muerto de su hijo. Al mismo tiempo quebrantaba un +gem{t.2-173}ido doloroso entre los apretados dientes. Rehaciéndose á poco, se +cruzó de brazos y anduvo hacia Gabriel, retándole.

+ +

—Mire usted, á mi no me venga usted con trapisondas... usted ha entrado +aquí traído por el diablo, para engañarme y engañar á todo el mundo... +Eso es mentira, mentira, mentira, aunque lo jure el Espíritu Santo... +Malas lenguas, lenguas de escorpión inventaron esa maldad, porque... +porque nací sirviendo mi madre en esta casa... Pero no puede ser... +¡Madre mía del Corpiño! No puede ser... ¡No puede ser! ¡Por el alma de +quien tiene en el otro mundo, señor de Pardo... no me mate, confiéseme +que mintió... para quitarme á Manola...!

+ +

Gabriel se acercó al bastardo de Ulloa y logró apoyarle la mano en el +hombro; después le miró de hito en hito, poniendo en los ojos y en la +expresión de la cara el alma desnuda.

+ +

—La mitad de mi vida daría yo—dijo con inmensa nobleza—por tener la +seguridad de {t.2-174}que en sus venas de usted no corre una gota de la sangre +de Moscoso. Créame... ¿No me cree? Sí, lo estoy viendo; me cree usted... +Pues escuche; si usted fuese hijo del mayordomo de los Pazos... yo, +Gabriel Pardo de la Lage, que soy... ¡qué diablos! ¡un hombre de +bien...! me comprometía á casarlo á usted con mi sobrina. Porque he +visto lo que usted la quiere... y porque... porque sería lo mejor para +todos. ¿Cree usted esto que le aseguro?

+ +

Sin fuerzas para contestar, el montañés hizo con la cabeza una señal de +aquiescencia. Gabriel prosiguió:

+ +

—No solamente mi cuñado le tiene á usted por hijo suyo, sino que le +quiere entrañablemente, todo cuanto él es capaz de querer... más que á +Manuela, ¡cien veces más! y hoy, si se descuida, delante de todos los +majadores le llama á usted... lo que usted es. Su propósito es +reconocerle, y después de reconocido, dejarle de sus bienes lo más que +pueda... Su padrastro de usted lo sabe; su madre... ¡figúrese usted! +y... ¡es inconcebible que no haya llegado á conocimiento de usted jamás!

+

{t.2-175}

+ +

—Me lo tienen dicho, me lo tienen dicho las mujeres en la feria y los +estudiantes en Orense... Pero pensé que era guasa, por reirse de mí, y +porque el... padrino... me daba carrera... Estuve ciego, ciego! Ay Dios +mío, qué desdicha, qué desdicha tan grande! Lo que me sucede... lo que +me sucede! Pobre, infeliz Manola!

+ +

Gimió esto cubriendo y abofeteando á la vez el rostro con las palmas; y +á pasos inciertos, como los que se dan en el primer período de la +embriaguez, se dejó caer de bruces, borracho de dolor, sobre la cama de +Gabriel Pardo, cuya colcha mordió revolcando en ella la cara. Gabriel +acudió y le obligó á levantarse, luchando á brazo partido con aquella +desesperación juvenil que no quería consuelo.

+ +

—Vamos, serénese usted... Qué hace usted, qué remedia con ponerse así? +Serenidad... un poco de reflexión... Venga usted, criatura, venga á +sentarse en el sofá... Calma... calma! {t.2-176}Con esos extremos lo echa usted +más á perder... Venga usted... Respire un poco!

+ +

En el sofá, donde le sentó medio por fuerza, Perucho volvió á dejar caer +la cabeza sobre los brazos, y á esconder la cara, con el mismo +movimiento de fiera montés herida, que sólo aspira á agonizar sola y +oculta. Balanceaba el cuello, como los niños obstinados en una perrera +nerviosa, que ya les tiene incapaces de ver, de oir, ni de atender á las +caricias que les hacen.

+ +

—Sosiéguese usted—repetía el artillero.—¿Quiere usted un sorbo de +agua? Ea, ánimo, qué vergüenza! Sea usted hombre.

+ +

Se volvió rugiendo.

+ +

—Soy hombre, aunque parezco chiquillo... Hombre para cualquiera, +repuño! Pero soy el hombre más infeliz, más infeliz que hay bajo la capa +del cielo... y un infame... sí, un infame, el infame de los infames... +Hoy mismo, hoy—y se retorcía las manos—he perdido á... á una santa de +Dios, á Manola, malpocado... Debían quemarme como la Inquisición {t.2-177}á +las brujas... Que no quemase á la condenada que nos echó, esta mañana la +paulina... y nos hizo mal de ojo, por fuerza! Maldito de mí, maldito... +Pero qué más casti...

+ +

Al desventurado se le rompió la voz en un sollozo, y dejándose ir al +empuje del dolor, se recostó en el pecho de Gabriel Pardo, abriendo +camino al llanto impetuoso, el llanto de las primeras penas graves de la +vida—lágrimas de que tan avaros son después los ojos, y que torciendo +su cauce, van á caer, vueltas gotas de hiel, sobre el corazón. Movido de +infinita piedad, Gabriel instintivamente le alisó los bucles de crespa +seda. Así los dos, remedaban el tierno grupo de la última cena de Jesús; +y en aquel hermoso rostro, cercado de rizos castaño oscuro, un pintor +encontraría acabado modelo para la cabeza del discípulo amado.

+ +

—Que llore, que llore... Le conviene.

+ +

Casi agotado el llanto, agitaba los labios y la barbilla del montañés +temblor nervioso, y un ¡ay! entrecortado y plañidero, del todo{t.2-178} +infantil, infundía á Gabriel tentaciones de estrecharle y acariciarle +como á un niño pequeño. Perucho se levantó con ímpetu, y se metió los +puños en los ojos para secar el llanto, dominando el hipo del sollozo +con ancha aspiración de aire. Pardo le cogió, le sujetó, temeroso de +algún acceso de rabia.

+ +

—No se asuste... Déjeme... ¿Por qué me sujeta? Me deje digo. ¡También +es fuerte cosa! ¡Le matan á uno, y luego ni le dejan menearse!

+ +

—¿Es que quiere usted matar... por su parte... á Manuela? ¿Eh? ¿Se +trata de eso? Le leo á usted en la cara... y le sujeto para que no dé la +última mano al asunto! Cuidado me llamo... ¡Manuela no ha de saber ni +esto! ¿Eh, no se hace usted cargo de que tengo razón?

+ +

—Sí, sí señor, razón en todo... Que no lo sepa, no... ¡Así no se la +llevarán los demonios como á mí!

+ +

—No se entregue usted á la desesperación... {t.2-179}La desgracia que aflige á +usted... ¡que nos aflige á todos! es enorme... pero todavía hay algo +que, bien mirado, le puede á usted servir de consuelo.

+ +

—¿Algo? ¿Qué algo?—preguntó con ansia el mozo, agarrándose al clavo +ardiendo de la esperanza.

+ +

—Que no hay por parte de usted tal infamia, sino impremeditación, +locura, desatino, ¡infamia no! Usted tiene el alma derecha; aquí lo que +está torcido son los acontecimientos... y la intención de ciertas +gentes... Otros son los criminales; usted sólo ha delinquido porque la +sangre moza... En fin, al caso. (Queriendo estrecharle afectuosamente la +mano; pero el montañés la retira con violencia.) Sí, comprendo que no le +soy á usted demasiado simpático; en cambio usted á mí me ha interesado +por completo... Acepte usted ahora mis consejos; demasiado conoce que me +animan buenas intenciones. ¡Ea, valor! A lo hecho pecho: no hay poder +que deshaga lo que ya ha sucedido: á remediar {t.2-180}en lo posible el daño... +A eso estamos y eso es lo único que importa... ¡Escuche, hombre! Usted +se tiene que marchar inmediatamente de esta casa... y no volver en mucho +tiempo, al menos mientras que Manuela no... no cambie de situación, ó... +¡En fin, mucho tiempo! A estudiar á Barcelona ó á Madrid... Yo le +proporcionaré á usted fondos... colocación... Todo cuanto le haga falta.

+ +

Un quejido de agonía alzó el pecho del montañés.

+ +

—Reflexione usted bien, mire la cuestión por todos sus aspectos: hay +que marcharse.

+ +

—¿No volveré ya en mi vida á ver á Manuela?—lloró el mozo, cayendo en +el sofá é hincándose las uñas en la cabeza.—Pues entonces, al Avieiro, +que es bien hondo... Así como así tendré mi merecido.

+ +

—Vamos... ¡que estoy apelando á su razón de usted! No me responda con +delirios... ¿No ha dicho usted allá cuando empezamos á reñir (Gabriel se +sonrió) que Dios está en el cielo y nos oye? ¿Cree usted lo que dijo? +¿Lo cree?{t.2-181}

+ +

—¿Soy algún perro para no creer en Dios?

+ +

—Pues... si hay Dios... y si usted cree en él... ¡mire que le está +ofendiendo!

+ +

Perucho asió de una muñeca á Gabriel, y se la oprimió con toda su +fuerza, que no era poca; y acercándole mucho la cara, arrojó:

+ +

—Pues si no hubiese Dios... ¡lo que es á Manola... soltar no la suelto!

+ +

Buena pieza se quedó el comandante Pardo sin saber qué contestar, +dominado, vencido. En la encarnizada batalla llevaba, desde el +principio, la peor parte; y lo extraño es que la derrota moral que +sufría, conocida de él solamente, le ocasionaba íntimo placer, y le +apegaba cada vez más al antes detestado bastardo de Ulloa.

+ +

Viendo callado á Gabriel, Perucho alentó un poco, y en tono de súplica +humilde, murmuró:

+ +

—Me iré, me iré... haré cuanto me manden, y si quieren, me meteré en el +Seminario {t.2-182}de Santiago y seré cura... cualquier cosa... pero respóndame, +señor, dígame la verdad... ¿Se va usted á casar con Manola cuando... +después que... falte yo?

+ +

Gabriel alzó la vista y le miró cara á cara. Tardó bastante, bastante en +responder: sus ojos brillaron, adquirió su fisonomía aquella expresión +elevada y generosa que era su única hermosura, y respondió serenamente:

+ +

—Yo no le he de salvar á usted mintiéndole... Hoy más que nunca estoy +dispuesto a casarme con mi sobrina... ¡No rechine usted los dientes, no +se enfurezca, por todos los santos... oiga, oiga! Cuando ella, por su +voluntad, sin imposiciones de ningún género, porque me cobre cariño ó... +porque necesite mi protección en cualquier terreno y por cualquier +causa, se resuelva á casarse conmigo... yo estoy aquí; cuanto soy y +valgo, de ella es... Pero jamás ¡jamás! si ella no quiere... Y ella no +querrá—fíese usted en mí, que tengo experiencia—ni en mucho tiempo, +{t.2-183}ni tal vez en su vida... Es aún más montañesa y más porfiada que +usted... Sobre todo, ¡como no le hemos de soltar el tiro de decirle lo +que hay de por medio! Eso sí, usted tiene el deber de procurar... ¡con +resolución! ¡con heroísmo! que ella le olvide, que ella no piense en +usted... sino como se piensa en el compañero querido de la niñez... +¡Nada más! Usted se va, usted le escribe algo al principio... +cariñosamente... pero... con cariño... fraternal... Luego escasean las +cartas... Luego cesan... Luego... tiene usted novia, ¡novia! y ella lo +averigua... Si es verdad que usted quiere á Manuela, usted hará todo +eso... ¡y mucho más!

+ +

El montañés tenía los párpados entornados, la mirada vagabunda por los +rincones del aposento, repasando, probablemente sin verlas, las molduras +barrocas de la cama, las pinturas del biombo, los remates de época del +Imperio que lucía el vetusto sofá. Cuando acabó de hablar Gabriel, sus +pupilas destellaron, hizo con la mano derecha ese movimiento {t.2-184}de sube y +baja que dice clarísimamente:—Plazo... espera...—y se dirigió á la +puerta. Pero Gabriel saltó y se interpuso, estorbándole la salida.

+ +

—No se pasa... (en tono más cariñoso y festivo que otra cosa).

+ +

—Haga usted favor... Si por lo visto usted está para bromas, yo no, y +sentiría cometer una barbaridad.

+ +

—En serio (con mucha energía), no le dejo á usted pasar sin que me diga +adónde. De evitarle la barbaridad se trata.

+ +

—Bueno, pues sépalo; tanto me da que lo sepa, y si le parece mal... +(gesto grosero). No me da la gana de creer, por su honrada palabra de +usted, que Manola y yo... En fin, usted quiere á Manola... yo le +estorbo... le viene de perillas que me largue... y como no soy ningún +páparo... ¿eh? no me mete usted el dedo en la boca... Voy á la fuente +limpia... á saber la verdad, ¡la verdad!

+ +

—¿Cómo, cómo? ¿á quién se la va usted á preguntar? ¡Cuidado... á mi +sobrina nada!

+ +

—¡Eh!... ¿Si pensará usted que ha de t{t.2-185}ener más miramientos que yo con +Manola? Repuño, que ya me cargó á mí esto! La verdad se la voy á sacar +de las mismísimas entrañas á don Pedro Moscoso... y apartarse, y dejarme +de una vez!

+ +

Ciñó los brazos al cuerpo del artillero, y de un empujón lo lanzó á dos +varas{t.2-186} de distancia. Luego se precipitó hacia fuera.

+ +

XXIX

+ +

Muchas veces bajaba el marqués de Ulloa á la científica tertulia de su +cocina, sobre todo en invierno, cuando los vastos salones estaban +convertidos en una nevera, y el lar con su alegre chisporroteo +convidaba á acurrucarse en el banquillo del rincón y dormitar al arrullo +de las discusiones. En verano, y habiendo labores agrícolas emprendidas, +prefería don Pedro el corro al aire libre de los jornaleros y +jornaleras, donde se comentaban verbosamente los mínimos incidentes del +día, el peso y el color de la espiga, el grueso {t.2-187}de la paja. Y en todas +estaciones, podía asegurarse que el hidalgo, á las diez y media, estaba +retirado ya en su dormitorio.

+ +

No lo había escogido como necio: era una habitación contigua al archivo, +y aunque no de las mayores de la casa, abrigada del frío y del calor por +lo grueso de las paredes. Parecía un nido de urraca, tal revoltillo de +cachibaches había en ella. Olía allí a perro de caza, y á ese otro +tufillo llamado de hombre, siendo cosa segura que no lo despide ningún +hombre aseado, y sí el tabaco frío, la ropa mal cuidada y el sudor +rancio. Escopetas, morrales, polainas raídas, sombreros de distintas +formas y materias, bastones, garrotes, cachiporras, calabazas, frascos +de pólvora, mugrientos collares de cascabeles, espigas enormes de maíz, +conservadas por su tamaño, chaquetones de somonte, pantalones con +perneras de cuero, yacían amontonados por los rincones, cubiertos con +una capa de polvo, sobre la cual era dable, no sólo escribir con el +dedo, sino hasta grabar en hueco con buen{t.2-188} realce. Único mueble serio de +la habitación era la cama, de testero salomónico y fondo de red, y la +vasta mesa-escritorio, forrado por delante de un cuero de Córdoba que +lucía los encantadores tonos pasados y mates del oro, la plata, los +rojos y azules que suelen prevalecer en tan hermoso producto de la +industria nacional. En el centro, sobre un medallón de damasco carmesí +rodeado de orlas de oro, estaba pintado el montés blasón de los +Moscosos, las cabezas de lobo, el pino y la puente. Al hidalgo le servía +la mesa para toda clase de menesteres y usos. Allí picaba tabaco y liaba +cigarrillos; allí amontonaba su escasa correspondencia, haciendo oficio +de prensapapeles una pistola de arzón inservible; allí tenía libros de +cuentas que no consultaba jamás, así como mazos de plumas de ganso y +otras de acero comidas de orín, al lado de una resma de papel sucio por +las orillas ya, aunque su virginidad estuviese intacta; allí rodaba la +cajita de píldoras contra el estreñimiento y el cajón de ricos hab{t.2-189}anos, +el rollo de bramante y la navaja mohosa; y cuando venía el tiempo de las +perdices y don Pedro intentaba reverdecer sus lauros cinegéticos, allí +se cargaban á mano los cartuchos y allí se limpiaban y atersaban á +fuerza de gamuza y aceite las mortíferas armas.

+ +

Mientras Gabriel y Perucho discutían cosas harto graves en la estancia +próxima, el hidalgo, recogido ya á la suya, entreteníase en contar las +rayitas que durante la jornada había hecho en una caña con el +cortaplumas. Cada rayita representaba una gavilla de trigo, y con este +procedimiento sabía á punto fijo la cantidad de gavillas majadas. +Abierta estaba la ventana, á causa del mucho calor, y por ella entraban +las falenas enamoradas de la luz á girar dementes sobre el tubo del +quinqué: alguna vez un murciélago negro y fatídico venía, revoloteando +torpemente, á caer sobre la mesa ó á batir contra un rincón del cuarto. +En el cielo asomaba ya la luna, triste é indiferente.{t.2-190}

+ +

La puerta se abrió con fragor y estruendo; el hidalgo soltó su caña y +miró... Casi en el mismo instante se deslizaba en el corredor una +sombra, un hombre que no hacía ruido al andar, por la plausible razón de +que llevaba los pies descalzos. Una de las cosas mejor montadas en las +aldeas—con mayor perfección que en los palacios, ó con mayor descaro +por lo menos—es el espionaje, y difícilmente hará un señor que vive +rodeado de labriegos cosa que ellos no olfateen y atisben, siempre que +el atisbarla convenga á sus miras ó importe á su curiosidad. Este dato +se refiere sobre todo al campesino de Galicia. Bajo el aspecto +soñoliento y las trazas cariñosas y humildes del aldeano gallego, se +esconde una trastienda, una penetración y una diplomacia incomparables, +pudiéndose decir de él que siente crecer la hierba y corta un pelo en el +aire, si no tan aprisa, quizás con mayor destreza que el gitano más +ladino. A la perspicacia une la tenacidad y la paciencia; y si tuviese +también la energía y el arranque, de{t.2-191} cierto no habría raza como esta en +el mundo. En suma, lo que el gallego se empeña en saber, lo rastrea +mejor que el zorro rastrea el ave descarriada. Primero se dejaría +nuestro Gallo arrancar la cresta y la cola, que no ir á pegar el oído á +la puerta de los señores aquella noche memorable. Resignándose á la +ignominia de la descalcez, rondó el cuarto del comandante; pero ¡oh +dolor! nada se oía: el salón era extenso, y Gabriel precavido en cerrar +y situarse. Ahora la cosa mudaba de aspecto: el dormitorio del marqués +era chico, y allí sí que no se diría palabra que se le escapase al +Gallo.

+ +

Una sola inquietud: ¿no saldría el comandante á cogerle con las manos en +la masa? Se arrimó á la puerta de Gabriel y le oyó pasear arriba y +abajo, con paso acelerado, indicio de agitación...—No sale! dedujo el +sultán: aguarda ahí por el otro!—Así era en efecto: Gabriel no quería +meter la mano entre la cuña y la madera, y esperaba impaciente, {t.2-192}pero +esperaba.—Mis atribuciones no llegan á tanto... decía para sí: allá se +las hayan padre é hijo... Que se desengañe, que se convenza... Ya +veremos después.

+ +

Tranquilo por esa parte el sultán, volvió al observatorio. Algo le +estorbaba una vieja mampara, que reforzando la puerta, apagaba el ruido +de las voces. Con todo, las más altas le llegaban bien distintas, y él +no necesitaba otra cosa para coger el hilo del diálogo.

+ +

Acalorado, muy acalorado... Perucho preguntaba y el señor de Ulloa daba +explicaciones en tono brusco, á manera de persona que confirma una +verdad sabida y conocida hace tiempo... ¡Calle! aquí empieza el asombro +del Gallo... el mocoso del rapaz, en vez de alegrarse, se pone como un +potro bravo... Un genio tan maino como gasta siempre, y ahora ¡qué +fantesía! Dios nos libre! Está diciéndole trescientas al señor... Si +éste lo toma por malas, se va á armar la de saquinte... Le echa en +cara que no lo reconoció desde pequeñito... {t.2-193}¡Se insolenta! Hoy hay aquí +un terremoto... El señor... no se oye cuasimente... de indinado que +está, parece que le sale la voz de dentro de una olla... ¿Y el rapaz? +Ese berra bien... ¡ay lo que está diciendo...! Que se va y que se va y +que se va de esta casa arrenegada... Que se larga aunque tenga que pedir +limosna por el mundo adelante... Que más que se esté muriendo el señor y +lo llame para cerrarle los ojos, no viene, sino que lo amarren con +cordeles y lo traigan así codo con codo atado... Que se cisca en lo que +le deje por testamento, y que no quiere de él ni la hostia... ¡Ojo... +habla el señor... No se oye miga...! todo lo entrapalla con toser y con +la rabia que tiene... El rapaz!... Que bueno, que si le mandan la +Guardia civil para traerlo acá de pareja en pareja, que vendrá á la +fuerza pero que se ahorcará con la faja ó se tirará al Avieiro... Que de +lo que gane trabajando le ha de enviar el dinero que gastó con él, y que +después no le debe nada, y ya lo puede aborrecer á su gusto... Ahora el +señor alborota... {t.2-194}Que no lo tiente, que conforme lo hizo también lo +deshace... que le tira á la cabeza un demonio... Que maldito y condenado +sea... Arre!

+ +

Esta última exclamación la lanzó para sí el Gallo, porque estuvo á punto +de ser aplastado segunda vez por la puerta, que el montañés empujó +furioso para salir, al mismo tiempo que voceaba, volviendo el rostro +hacia el interior del cuarto:

+ +

—Pues con más motivo le maldigo yo, y maldito sea por toda la +eternidad, amén. ¡Que no esté yo solo en el infierno!

+ +

Tan aturdido y ebrio salía, que ni reparó en la presencia de una persona +arrimada á la puerta. Corriendo se volvió á la habitación del +comandante, entró en ella... Bien quisiera continuar sus investigaciones +el sultán, pero ni el rumor más mínimo llegó á sus oídos: si se hablaba +allí, debía ser en voz muy queda,{t.2-195} lo mismo que cuando se confiesan las +gentes.

+ +

XXX

+ +

¡Bueno venía el Motín aquella mañana; bueno, bueno! La caricatura, de +las más chistosas; como que representaba á don Antonio con una lira, +coronado de rosas y rodeado de angelitos; ¡y luego, en la sección de +sueltos picantes, cada hazaña de los parroquidermos y clericerontes! +Aquello sí que era ponerles las peras á cuarto. ¡Habráse visto +sinvergüenzas! ¡Pues apenas andarían ellos desbocados si no hubiese un +Motín encargado de velar por la moral pública y delatar +inexorablemente {t.2-196}todas las picardigüelas de la gente negra! ¡Si con +Motín y todo...!

+ +

Juncal se regodeaba, partiéndose de risa ó pegando en la mesa puñetazos +de indignación, según lo requería el caso; pero tan divertido y absorto +en la lectura, que no hizo caso del perrillo acostado á sus pies cuando +ladró anunciando que venía alguien. En efecto entró Catuxa, frescachona +y vertiendo satisfacción al preguntar á su marido:

+ +

—¿Que no ciertas quien tay viene?

+ +

El alborozo de su mujer era inequívoco; el médico de Cebre cayó en la +cuenta al punto, y saltó en la silla dando al Motín un papirotazo +solemne y exclamando:

+ +

—¿Don Gabriel Pardo?

+ +

—¡El mismo!

+ +

—Mujer... ¡y no lo haces subir! Anda, despabílate ya... No, voy yo +también... ¡Qué mómara! ¡Menéate!

+ +

—Si todavía no llegó á casa, ¡polvorín! Vilo desde el patio; viene de á +caballo. ¡Y corre como un loco! ¡Parece que viene á apagar un fuego!{t.2-197}

+ +

Máximo, sin querer oir más, bajó á paso de carga la escalera, salió al +patio, y como la llave del portón acostumbraba hacerse de pencas para +girar, la emprendió á puñadas con la cerradura; á bien que la médica le +sacó del paso, que sino, de puro querer abrir pronto, no abre ni en un +siglo. Y cuando la cabalgadura cubierta de sudor se detuvo y fué á +apearse el comandante, Juncal no se dió por contento sino recibiéndole +en sus brazos. Hubo exclamaciones, afectuosas palmadicas en los hombros, +carcajadas de gozo de Catuxa; y antes de preguntarse por la salud, ni de +entrar bajo techado, ya se le habían ofrecido al huésped toda clase de +manjares y bebidas, insistiendo en saber qué tomaría, hasta no dejarle +respirar. La respuesta de Pardo le llenó á la amable médica las medidas +del deseo:

+ +

—De buena gana tomaré chocolate, Catalina, si no le sirve de +molestia... Ahora recuerdo que he salido de los Pazos en ayunas.

+ +

Solos ya, sentáronse en el banco de piedra, y Gabriel dijo al médic{t.2-198}o +que le miraba embelesado de gratitud y regocijo:

+ +

—No me agradezca usted la visita; vengo á reclamar sus servicios +profesionales.

+ +

—¿Se le ha puesto peor el brazo? ¡Ya lo decía yo! Con estas idas y +venidas... No, y está usted algo... desmejorado, vamos; el semblante... +y eso que viene sofocado... Mucha prisa trajo, ¡caramba!

+ +

—¡Bastante me acuerdo yo de mi brazo! Si usted no lo menta ahora... +¡Hay en los Pazos gente enferma...?

+ +

—¿En los Pazos? ¡Eso es lo peor! Pero ya sabe que yo, desde las +elecciones...

+ +

—Déjeme usted de elecciones... usted se viene conmigo.

+ +

—Con usted, al fin del mundo; sólo que si luego creen que me meto donde +no me llaman...

+ +

—Pierda usted cuidado.

+ +

—¿Y quién está malo? ¿Es el marqués?

+ +

—Y su hija.

+ +

—¿Los dos?

+ +

Gabriel dijo que sí con la cabeza, y se qu{t.2-199}edó unos instantes pensativo, +acariciándose la barba. Realmente estaba pálido, ojeroso, abatido; pero +le quedaba el aire de viril resolución que tan simpático le hacía.

+ +

—Oiga usted, Juncal... ¿Puedo contar con usted? ¿Haría usted por mí +algo que le pidiese? ¡No es cosa muy difícil!

+ +

—¡Don Gabriel! Me está usted faltando... ¡Voto al chápiro...! ¡Por +usted...! ¿Quiere... que organice un comité conservador en Cebre?

+ +

—¡En política estaba yo pensando...! Lo primero es... no decirle nada á +Catalina. Que sepa que va usted á los Pazos, bien; que va usted por la +enfermedad de mi cuñado, corriente... Pero de la de mi sobrina, ni esto. +¿Conformes?

+ +

—Hasta la pared de enfrente.

+ +

—Además... que nos marchemos cuanto antes.

+ +

—¿Y el chocolate?

+ +

—Pretexto para quitarnos de encima á la pobre Catalina. No haga usted +caso. Diga {t.2-200}que es urgente echar á andar, y que en vez de chocolate, me +contento con... cualquier cosa bebida... ¿Leche, supongamos?

+ +

—Bueno... pero en mientras que arrean la yegua, también está el +chocolate listo.

+ +

—¡Se lo suplico... arréela usted al vuelo!

+ +

No bien acabó de manifestar este deseo, estaba el médico en la cuadra, +dando al rapazuelo que curaba de su hacanea las necesarias órdenes. A +los tres minutos volvía junto á Gabriel.

+ +

—Perdone, ya me doy prisa... pero es que no me ha dicho qué casta de +mal es la que anda por los Pazos, y no sé qué he de llevar de +medicamentos, instrumentos...

+ +

—Manuela sufre, desde ayer por la tarde, fuertes accesos nerviosos... +Pero muy fuertes... Convulsiones, lloreras,... soponcios.... Desvaría un +poco... yo creo que hay delirio.

+ +

—¡Bien! Mal conocido, herencia materna... Bromuro de potasio. Por +suerte lo tengo recién preparadito. ¿Y el... marqués?

+ +

{t.2-201}

—Ese no me parece que tenga cosa de cuidado... Ahogos, la sangre +arrebatada á la cabeza...

+ +

—¡Bah, bah! Coser y cantar... Me llevo la lanceta, y le doy cuerda para +un año... Le han acostumbrado desde muchacho á la sangría, y aunque yo +las proscribo severamente, uniendo mi humilde opinión á la de los más +ilustrados facultativos de Francia y Alemania... en este caso +particular, me declaro empírico. El hábito es...

+ +

—Por Dios.... Despachemos—exclamó Gabriel, que parecía también +necesitar bromuro, según la agitación, no por reprimida menos honda, que +se observaba en su rostro y movimientos. Conviene decir, en abono de la +excelente voluntad de Juncal, que para ninguna de sus correrías médicas +se preparó más brevemente que para aquella. Ni tampoco, desde que el +mundo es mundo, se ha sorbido más aprisa ni de peores ganas una taza de +chocolate que la presentada por Catuxa á Pardo... y cuidado que venía +para abrir el apetito á un difunto, por lo espumosa y aromática.{t.2-202}

+ +

—¡Tan siquiera un bizcochito, señor!—suplicaba Catuxa.—Mire que están +fresquitos de ahora, que cantan en los dientes... ¿Y el esponjado? ¡Ay, +que el agua sola mata á un cristiano! Señor... ¿y las tostadas?

+ +

—Cállate la boca ya—gritó Juncal severamente;—cuando hay apuro, hay +apuro... El marqués de Ulloa se encuentra mal... y vamos allá á escape.

+ +

Cosa de un kilómetro se habrían desviado de Cebre, cuando don Gabriel, +ladeándose en la silla, preguntó á Juncal:

+ +

—¿Dice usted que es herencia materna lo de mi sobrina?

+ +

—Sí señor, ¡en mi desautorizada opinión al menos! La pobre doña +Marcelina, que en gloria esté—masculló con gran compunción el impío +clerófobo—era nerviosísima y algo débil, y aunque la señorita Manuela +salió más robusta y se crió de otra manera muy distinta, en su edad es +la cosa más fácil... Habrá tenido cualquier rabieta... Pero no pase +susto, que ese no es mal de cuidado.{t.2-203}

+ +

Enmudeció el artillero, y por algunos minutos no se oyó más que el trote +de las dos yeguas sobre la carretera polvorosa. Gabriel callaba +reflexionando, con la quijada metida en el pecho; de aquellas +reflexiones salió volverse á Juncal y decirle con tono suplicante y +persuasivo:

+ +

—Amigo Máximo, en esta ocasión espero de usted mucho... Espero que me +pruebe que efectivamente he encontrado aquí lo que tan rara vez se +tropieza uno por el mundo adelante: un amigo verdadero, de corazón.

+ +

—¡Señor de Pardo!—exclamó el médico, á quien semejantes palabras +cogían por su lado flaco—¡Bien puede usted estar satisfecho—aunque la +cosa no lo merece—de que ni á mi padre le tuve más respeto, ni á mis +hermanos los quise más que á usted! Desde que le ví me entró una +simpatía de repente... vamos, una cosa particular, que los diablos +lleven si la sé explicar yo mismo. A mi señora se lo tengo dicho: mira, +chica, si te da la ocurrencia de ponerte un día muy mala y quieres{t.2-204} +médico, que no sea el mismo día que me necesite don Gabriel... ¿Y luego, +qué pensaba? Pero si no me pide otra cosa de más importancia que darle +bromuro á la sobrina... para eso, maldito si...

+ +

—Las circunstancias—dijo Gabriel titubeando aún—son tales, que yo +necesito creer á pie juntillas lo que usted me asegura para no perder el +tino y desorientarme completamente. Voy á hablarle, á usted con +franqueza, como hablaría yo también á mi hermano...

+ +

—¿Pongo la yegua al paso? La de usted no lo sentirá—preguntó Juncal, +que oía con toda su alma.

+ +

—Sí... conviene salir cuanto antes del atolladero, y que nos entendamos +los dos.

+ +

—Hable con descanso, que así me arrodillasen para fusilarme, de mi boca +no saldría una palabra.

+ +

—Eso quiero: cautela y secreto absoluto por parte de usted. Mi infeliz +sobrina está desde ayer tarde en un estado de exaltaci{t.2-205}ón alarmantísimo. +Yo creo que su razón se oscurece algunas veces. Y entonces grita, llora, +habla, desbarra, dice enormidades que... que nadie debe oir, ¿lo +entiende usted? ¡sino personas que antes se dejen arrancar la lengua que +repetirlas!

+ +

Juncal sacudió la cabeza gravemente, murmurando:

+ +

—¡Entendido!

+ +

—Los accesos—prosiguió el artillero—le dan con bastante intervalo, y +del uno al otro se queda como postrada y sin fuerzas. Ayer ha tenido +dos, uno á las cinco de la tarde y otro á las diez de la noche; dormitó +unas horas, y á las tres de la madrugada, el acceso más fuerte, +acompañado de una copiosa hemorragia por las narices; á las siete, se +repitió la función, sin hemorragia; y así que la dejé algo tranquila, +suponiendo que tendríamos al menos tres ó cuatro horas de plazo, me vine +reventando la yegua... y así que acabe la explicación la volveré á +reventar, para llegar antes de que el acceso se produzca. ¿Qué{t.2-206} opina +usted? ¿Le dará antes de mi vuelta?

+ +

—Señor don Gabriel, esperanza en Dios... Es probable que no le dé. +Según lo que usted me va contando, la neurosis de la señorita tiene +carácter epiléptico, y hay un poco de tendencia al desvarío... Bien, ya +puede hablar, que es como si se lo dijese á un agujero abierto en la +pared. Y... ¿Usted no sospecha algo de las causas de este mal tan +repentino?

+ +

Enderezóse Gabriel en la silla, como afianzándose en una resolución +inevitable.

+ +

—Sin que yo se lo dijese, en cuanto llegue usted á los Pazos se +enterará de que allí han ocurrido ayer y anteayer sucesos gravísimos... +Basta para imponerle á usted el primero que encuentre, el mozo de cuadra +que recoja la yegua. Anteayer, de noche, mi cuñado sostuvo un altercado +terrible con... ese muchacho que pasaba por hijo de los mayordomos...

+ +

—Bien, bien... Ya estamos al cabo—indicó Juncal guiñando el +ojo...—Pero ¡qué milagro{t.2-207} enfadarse con él! Si lo quería por los +quereres.

+ +

—Mucho le quiere, en efecto; ¿de qué está malo hoy, sino del berrinche? +Pues... á consecuencia de la escena espantosa que se armó entre los dos, +el muchacho, que es testarudo y resuelto, arregló ayer mañana su +maletilla de estudiante, y ni visto ni oído... A pie se largó... y hasta +la fecha no se ha vuelto á saber de él.

+ +

Al ir narrando, fijábase don Gabriel en la expresión del rostro de +Juncal. Aunque éste procuraba no dejar salir á él más pensamientos que +los que no mortificasen ni alarmasen al artillero, no podía ocultar la +luz que iba penetrando en su cerebro y que no tardaría en ser completa. +La prueba es que exclamó como involuntariamente:

+ +

—Ah... ya.

+ +

—Sí—añadió Pardo con resignación:—desde que Manuela supo la marcha de +su... amigo...

+ +

{t.2-208}

—¿Y quién se la contó? ¿A que se lo encajaron de golpe y porrazo... +con todas las exageraciones?

+ +

—¡Lo mismito que usted lo piensa! La mayordoma...

+ +

—Que es una vaca...

+ +

—Se fué á abrazar con ella, llorando á gritos...

+ +

—A berridos, que es como lloran semejantes bestias...

+ +

—Y le dijo que Perucho no volvía más; que se había marchado decidido á +embarcarse para América, y que iba tan desesperado, que era fácil que le +diese por tomar arsénico...

+ +

Séneca, que le llaman así.

+ +

—En fin, le dijo... ¿Hace falta más explicación?

+ +

—¡Qué lástima de albarda, Dios me lo perdone, para esa pollina vieja! +Bueno, señor de Pardo; no añada más, no se moleste, sosiéguese; ya +estamos enterados de lo que conviene ahora. Tranquilizarle á la niña el +pensamiento... ¡todo lo posible...!

+ +

—Y en especial...{t.2-209}

+ +

—¡Basta, basta! En especial, silencio... y que los curiosos se queden á +la puerta... La curiosidad, para la ropa blanca. Fíese en mí. ¿Al trote?

+ +

—Al galope, que es cuesta arriba.

+ +

Arrancaro{t.2-210}n las dos yeguas alzando una polvareda infernal.

+ +

XXXI

+ +

El sol había salido, y también el cura de Ulloa á celebrar el santo +sacrificio de la misa. Goros, medio en cuclillas ante la piedra del +hogar, con las manos fuertemente hincadas en las caderas, el cuerpo +inclinado hacia delante, los carrillos inflados y la boca haciendo +embudo, soplaba el fuego, al cual tenía aplicado un fósforo. Y á decir +verdad, no se necesitaba tanto aparato para que ardiesen cuatro ramas +bien secas.

+ +

Ladró el mastín en el patio, pero con ese{t.2-211} tono falsamente irritado que +indica que el vigilante conoce muy bien á la persona que llega, y ladra +por llenar una fórmula. En efecto, cansado estaba el Fiel de contar en +el número de sus conocidos al madrugador visitante. Como que, siendo +aquel todavía cachorro, éste se había encargado de la cruenta operación +de cercenarle la punta del rabo y la extremidad de las orejas.

+ +

Venía el atador de Boán con el estómago ayuno de bebida, pues acababa de +dejar la camada de paja fresca con que aquella noche le había obsequiado +el pedáneo; y si esta narración ha de ser del todo verídica y puntual, +conviene advertir que llevaba el propósito de matar el gusanillo en la +cocina del cura. Lo cual prueba que el señor Antón no estaba muy al +tanto de las costumbres severas y espartanas del incomparable Goros, +incapaz de tener, como otros muchos de su clase, el frasquete del +aguardiente de caña oculto en algún rincón. Es más: ni siquiera por +cortesía ofreció un tente-en-pie, un taco de {t.2-212}pan y algo de comida de +la víspera, y se contentó con responder secamente:—Felices nos los dé +Dios—al saludo del algebrista. La razón de esta sequedad era una razón +profunda, seria y digna del temple de alma de Goros. Allá en su +conciencia de creyente á macha martillo y de persona bien informada en +lo que respecta al dogma, Goros tenía al señor Antón por un endemoniado +hereje, acusándole de que, merced al trato con las bestias, no +diferenciaba á un cristiano de un animal, ni siquiera de una hortaliza, +y que para él era lo mismo una ristra de ajos, con perdón, que el alma +de una persona humana. En las discusiones del ateneo de los Pazos, Goros +tenía siempre pedida la palabra en contra, y así que el algebrista se +descolgaba con una de sus atrocidades, allí estaba el criado del cura +hecho martillo de herejes, confutando las proposiciones panteísticas que +el alcohol y el atavismo ponían en los sumidos labios del componedor de +Boán.

+ +

—¿Vienes á ver los animales?—preguntó{t.2-213}le aquella mañana +desapaciblemente.—Están bien lucidos. San Antón por delante. No tienen +falta de médico.

+ +

—Vengo á me sentar... que el cuerpo del hombre no es de madera, y á las +veces cánsase también.

+ +

—Bueno, ahí está el banco.

+ +

—¡Quién como tú!—suspiró el algebrista, quitándose el sombrero de copa +alta y poniéndolo entre las rodillas.—¡Hecho un canónigo, carraspo! Así +te engordan los cachetes, que pareces fuera el alma el marrano del +pedáneo cuando lo van á matar.

+ +

—Sí, sí, vente con endrómenas... Si hablases de otros criados de otros +curas diferentes, de todos los más que hay por el mundo adelante, que +revientan de gordos y de ricos... á cuenta de los malpocados de los +feligreses... Pero este mi señor, que antes de la hora de la muerte ya +ha entrado de patas en la gloria, nunca tiene sino necesidades y +pobrezas, y si el criado fuese como los vagos y lambones que andan de +casa{t.2-214} en casa á la chupandina del jarro y del pisquis de caña... ¡ya le +quiero yo un recadito!

+ +

—¡Mal hablado! Aun siquiera una gota te pedí.

+ +

—Buena falta hace que me la pidas. Conozco yo las entenciones de la +gente...

+ +

Echóse á reir el algebrista, pues no era él hombre que se formalizase +por tan poco. De oirse llamar borrachón y pellejo estaba harto, y esas +menudencias no lastimaban su dignidad. Al contrario, dábanle pretexto +para explayarse en sus favoritas y perniciosas filosofías.

+ +

—Bueno, carraspo, bueno; el hombre tampoco es de palo y ha de tener sus +aficiones... quiérese decir, sus perfirencias. Y sino ¿para qué venimos +á este mundo recondenado? A la presente estamos aquí platicando los dos; +pues cata que sale una mosca verde del estiércol y te pica... el +caruncho sea contigo, y acabóse; ya puede el señor cura plantarse +aquellos riquilorios negros con la cinta {t.2-215}dorada. Que pasa un can con la +lengua de fuera, un suponer, y te da una dentada... pues como no te +acudan con el hierro ardiendo, ó no te pongan la cabeza de un conejo en +vez de la tuya, que dice que es ahora la última moda de Francia para la +rabia...

+ +

—Vaya á contar mentiras al infierno—exclamó Goros furioso, destrozando +en menudos fragmentos una onza de chocolate, pues el agua hervía ya en +la chocolatera.—No sé cómo Dios no manda un rayo que te parta, cuando +dices esos pecados de confundirnos con las bestias, Jesús mil veces!

+ +

—¡Si ya anda en los papeles! A fe de Antón, carraspo, que no te miento.

+ +

—Los papeles son la perdición de hoy en día. Los que escriben los +papeles, más malvados aún que las amas de los clérigos.

+ +

—Asosiégate, hombre, que tú no has de arreglar el mundo, ni yo tampoco. +Lo que se quiere decir, es que para cuatro días que tenemos de vida, no +debe un hombre privarse de lo que le gusta, en no haciendo daño á sus +desemejantes.{t.2-216}

+ +

—Como los cerdos, con perdón, ¿eh?—vociferó Goros en el colmo de la +indignación, mientras buscaba por la espetera el molinillo.—¿Como los +marranos? ¿Comer, dormir, castizar, y luego á podrirse en tierra? Calle, +calle, que hasta parece que se me revuelve el estómago.

+ +

Lo que se revolvía era el chocolate, bajo el vertiginoso girar del +molinillo en la chocolatera. El cura de Ulloa padecía debilidad, y +necesitaba que en el mismo momento de llegar de la iglesia le metiesen +en la boca su chocolate, fuese en el estado que fuese; por lo cual Goros +acostumbraba tenerlo listo con anticipación, y el señor cura tomarlo +detestable.

+ +

—Yo no sé qué diferentes son de los marranos los hombres, +carraspo—blasfemó el algebrista.—Tras de lo mismo andan; el comer, el +beber, las mozas... Al fin, de una masa somos todos...

+ +

—¡No sé cómo Dios aguanta á este empío en el mundo!{t.2-217}

+ +

—¿Y yo qué mal le hago á Dios, por si es caso? ¡De quien se ríe Dios es +de los bobos que se están aunando y con flatos y pasando mala vida! +¿Para quién hizo Dios,—vamos á ver, responde, cristiano,—para quién +hizo Dios las cosas buenas, el vino, y más la comida, y más las +muchachas de salero? ¿Las hizo Dios, sí ó no? Pues si las hizo, no será +para que nadie las escupa. Y si alguien las escupe, se ríe Dios de él, +¡carraspo y carraspiche!

+ +

—Si le oye mi señor, le echa con cajas destempladas de la cocina.

+ +

—¿No va en los Pazos el señor abad?—preguntó el algebrista, mudando de +tono, y como quien pregunta algo serio.

+ +

—¿En los Pazos? No, va en misa.

+ +

—Pues dice que lo van á llamar de los Pazos.

+ +

—¡Milagro! ¿Para qué será?

+ +

—Para echarle los desconjuros y los asperjes á la señorita Manola, que +tiene el ramo cativo, y para darle la esterminación á don Pedro, que +está en los últimos.{t.2-218}

+ +

—¿Quién le dijo todo eso?

+ +

—El estanquero de Naya. Allá estive de noche.

+ +

—Pues es una mentirería descarada. Ayer noche fuí á los Pazos á ver qué +sucedía. También me lo encargó el señor abad. Y ni la señorita Manola +está endemoniada, ni el marqués tan malo.

+ +

—El haber hay en la casa un rebumbio de dos mil júncaras. ¿Hay ó no?

+ +

—Rebumbio lo hay, eso es como el Evangelio; pero eusageran, que no es +tanto.

+ +

—¿Y será mentira también el cuento de lo que pasó con el Perucho, el +hijo de la Sabel? Por Naya anda el cuento más corrido, ¡que no sé!

+ +

—Largó de casa, y no se sabe á derechas el motivo. Ese es el caso.

+ +

La fisonomía del algebrista, truhanesca y socarrona como ella sola, se +contrajo y arrugó con el más malicioso gesto posible.

+ +

—El motivo... Endrómenas, carraspo... {t.2-219}Unos dicen de una manera, otros +de la otra, y tú vete á saber la verdá...

+ +

—La verdá sólo Dios—sentenció Goros...

+ +

—Ó el diaño, que inda es más listo. Pues señor, que dicen unos que la +señorita tuvo un disgusto grandísimo con el padre, á que había de echar +de casa al Perucho, y que hasta que lo echó no paró. Otros que ese señor +que está ahí... ¡ese de los cuatro ojos!

+ +

—Ya sé. El hermano de la difunta señora.

+ +

—Que fué quien porfió por echar á Perucho, porque quiere casarse con la +señorita... y así que supo que don Pedro le dejaba cuartos por +testamento, amenazó á Perucho de matarlo y por poco lo mata... hasta que +se tuvo que largar con viento fresco. Que otros... (aquí el guiño se +hizo más malicioso) que si andaban, si no andaban, si el Perucho y la +Manola y el otro y todos... ¡El diablo y más su madre! El cuento es que +juraban que el señor no salía de esta... que estaba gunizando... y que +tenían llamado al médico de Cebre, aquel con quien riñeran por mor de +las eleuciones...

+ +

Goros sacó en esto la chocolatera del fuego{t.2-220}, porque ya había dado los +dos hervores de rúbrica; y meneando la cabeza con aire filosófico, +pronunció:

+ +

—Ni por ser rico... ni por ser señor... ni por por poca edá... ni por +sabiduría... Cuando llega la de pagar la gabela de las enfermedades y de +las desgracias y de la muerte negra...

+ +

El algebrista callaba, como el que no tiene ganas de armar disputa otra +vez, y picaba con la uña, de una gruesa tagarnina, cantidad bastante +para liar un papelito. Así que lo hubo liado, se encasquetó la +monumental chistera, y acercándose al fogón, murmuró con tonillo +insinuante:

+ +

—¿Con que no das ni una pinga?

+ +

—No gasto—respondió el criado del cura áspera y lacónicamente.

+ +

—Da entonces lumbre para el cigarro, que no te arruinará, cutre, +sarnoso.

+ +

Goros le alargó un tizón, y el componedor, con un cigarrillo en el canto +de la boca, salió rezongando un

+ +

—¡Conservarse!{t.2-221}

+ +

Creyóse el perro en el compromiso de soltar un ladrido de alarma al ver +salir al señor Antón; mas de allí á dos minutos, rompió á ladrar con +verdadero frenesí, con ese bronco ladrido, casi trágico, que es aviso y +reto á la vez. Goros se lanzó fuera y se halló, á la puerta{t.2-222} del patio, +con el señor de los cuatro ojos.

+ +

XXXII

+ +

—¿El señor cura? ¿Está en casa?

+ +

—¡Ay señor! Va en la misa... ya hace un bocadito que salió.

+ +

—¿Tardará mucho?

+ +

—¿Quién es capaz de saberlo? La misa se despabila pronto; solamente que +después, si le da la gana de ir á rezar al camposanto... lo mismo puede +tardar media hora que una. Si quiere, voy á buscarlo en un instante.

+ +

—Nada de eso... Déjele usted que rece. No tengo prisa; esperaré.

+ +

—¡Quieto, can! ¡Quieto, arren{t.2-223}egado! Pase, éntre, haga el favor de +subir.

+ +

Pasábase por la cocina para llegar á la sala del cura, sala que hacía +oficio de comedor, y se reducía á cuatro paredes enyesadas, una mesa +vieja con tapete de hule, una Virgen del Carmen de bulto, encerrada en +su urna de cristal y caoba, y puesta sobre una cómoda asaz ventruda y +apolillada, y media docena de sillas de Vitoria. Goros se deshacía +buscando y ofreciendo la menos desvencijada y vieja.

+ +

—Gracias, estoy muy bien—afirmó el artillero después de tomar +asiento;—no deje usted sus quehaceres, amigo; váyase á trabajar.

+ +

La verdad es que deseaba estar solo, como todos los que lidian con +preocupaciones muy serias. Pesado silencio llenaba la salita, y lo +interrumpía sólo el zumbido de un moscardón, que se aporreaba la cabeza +contra los vidrios de la ventana. Gabriel Pardo acercó su silla á la +mesa, y apoyando en ésta los codos, dejó caer sobre las palmas de las{t.2-224} +manos la frente, experimentando algún consuelo al oprimirse los párpados +y las sienes doloridas. Ni él mismo sabía por qué, después de dos ó tres +días de febril actividad, de lucha encarnizada con una situación +espantosa, le entraba ahora tan inmenso desaliento, tales ganas de +echarlo todo á rodar, meterse en un coche y volverse á Santiago, á +Madrid...

+ +

Tres noches llevaba sin dormir y tres días sin comer casi, y tal vez por +culpa de la vigilia y abstinencia le parecía en aquel instante que su +cerebro estaba reblandecido, y que sus ideas eran como esos círculos que +hace en el agua la piedra arrojadiza; no tenían consistencia alguna. A +fuerza de encontrarse frente á frente, de lidiar cuerpo á cuerpo con uno +de los problemas más tremendos que pueden acongojar á la razón humana, +ya había perdido la brújula, y el desbarajuste de su criterio le +amedrentaba.—Vamos á ver (y era la centésima vez que repetía aquel +soliloquio mental). Aquí se han tronzado moralmente dos existencias; se +les ha estropeado la vida{t.2-225} á dos seres en la flor de la edad. Los dos se +causan horror á sí mismos; los dos se creen reos de un crimen, de un +pecado espantoso... y los dos, bien lo veo, seguirán queriéndose largo +tiempo aún. ¿Son delincuentes en rigor? Por de pronto, que no lo sabían; +pero supongamos que lo supiesen, y así y todo... No, dentro de la ley +natural, eso no es crimen, ni lo ha sido nunca. Si en los tiempos +primitivos, de una sola pareja se formó la raza humana, ¿cómo diantres +se pobló el mundo sino con eso? ¡Ea, se acabó; está visto que yo no +tengo lo que llaman por ahí sentido moral! ¡A fuerza de lecturas, de +estudiar y de ejercitar la razón, me he acostumbrado á ver el pro y el +contra de todas las cosas... Me he lucido! Lo que la humanidad encuentra +claro como el agua, lo que un niño puede resolver con las nociones +aprendidas en la escuela, á mí me parece hondísimo é insoluble... Sólo +en el primer momento, guiado por mi instinto, procedo con lógica; así +cuando quería matar á Perucho; entonces era yo un {t.2-226}hombre resuelto, no +un divagador miserable; pero ¿cuánto me dura á mí esa fuerza, esa +convicción? Diez minutos; el tiempo que tardo en echarme á filosofar +sobre el asunto y empezar con porqués, con atenuaciones, indulgencias y +tolerancias... ¡El cáncer que me roe á mí es la indulgencia, la +indulgencia! ¿Me casaría yo, aunque fuese lícito, con una de mis +hermanas? No, y estoy disculpando el incesto. Como aquella vez que +encontré mil excusas á la cobardía del famoso Zaldívar, el que se guardó +varios bofetones y no quiso batirse... ¡y luego tuve que echármelas yo +de matón para que no se figurasen que defendía causa propia! Aún me +río... ¡Cómo me puse cuando el otro botarate de Morón me dijo con mucha +soflama que era cómodo tener ciertas teorías á mano...! Aún se deben +acordar en el café de la que allí se armó... ¡Ay, y qué cansado estoy de +estas dislocaciones de la razón, de este afán de comprenderlo y +explicarlo todo! La calamidad de nuestro siglo. Quisiera tener el{t.2-227} +cerebro virgen, ¡qué hermosura! ¡Pensar y sentir como yo mismo; con +energía, con espontaneidad, equivocándome ó disparatando, pero por mi +cuenta! Ese montañés me ha inspirado simpatía, cariño, envidia, +admiración. Él se cree el hombre más infeliz de la tierra, y yo me +trocaría por él ahora mismo... ¡Con qué sinceridad y entereza siente, +piensa y quiere! Vamos, que ya daría yo algo por poder decir con aquella +voz, aquel tono y aquella energía:—¿Soy algún perro para no creer en +Dios?

+ +

Gabriel se oprimió más las sienes. El moscardón seguía zumbando y +golpeándose, incansable en su empeño de romper un vidrio con la cabeza +para salir al aire y á la libertad que desde fuera le estaban +convidando. Levantóse Pardo, deseoso de librarse, con la acción, de la +tortura de aquellas cavilaciones estériles y mareantes. Púsose á pasear +de arriba abajo por la sala, escuchando el crujido de sus botas nuevas, +unas botas de becerro blanco encargadas para{t.2-228} la expedición al valle de +Ulloa. Se paró ante la urna de la Virgen del Carmen, y la miró +atentamente, reparando en su corona, en la inocente travesura de los +ojos del niño, en la forma del escapulario... ¡De veras que ya iba +tardando el cura! Sentía Gabriel esa necesidad de movimiento que +entretiene la impaciencia. Salió á la cocina, donde Goros mondaba +patatas; y abriendo la petaca, le ofreció cordialmente un cigarro. El +criado del cura se puso de pie, sonrió complacientemente y se rascó el +cogote detrás de la oreja, ademán favorito del gallego cuando delibera +para entre sí. Gabriel adivinó.

+ +

—¿No fuma usted?

+ +

—No señor, no gasto, hase de decir la verdad. Dios se lo pague y la +Virgen Santísima y de hoy en un año me dé otro.

+ +

—¡Pues si no le he dado á usted ninguno!

+ +

—La entención es lo que se estima, señor. No se le va el tiempo; con su +permiso, cumple avisar al señor abad.{t.2-229}

+ +

—No, hombre; si ya no es posible que tarde mucho. Tiene el abad una +casita muy mona... ¿Produce mucho el huerto?

+ +

—No señor, apenas nada... ¿Quiere molestarse en ver cuatro coles?

+ +

—Si usted no tiene ocupación precisa...

+ +

—Jesús, señor... Venga por aquí. (Goros tomó la delantera.) Esto es una +poquita cosa que yo la trabajo cuando tengo vagar... (Encogiéndose de +hombros con aire resignado.) Porque el señor abad... ¡mi alma como la +suya! no mete un triste jornalero, y yo á veces me levanto antes de ser +día, y con un farol en la mano voy cuidando... Y todo me lo come el +verme...

+ +

Obligaba la cortesía á Gabriel á fijarse en un repollo comido de orugas, +un tomate que rojeaba, un pavío chiquito, enfermo de un flujo de goma, y +un peral muy cargado ya. Luego entraron en la corraliza donde se ofrecía +á los ojos un cuadro de familia interesante. Era una marrana soberbia en +medio de su ventregada de guarros, los más rosad{t.2-230}os y lucios que pueden +verse. La madre vino á frotarse cariñosamente contra Goros; pero al ver +á Gabriel gruñó con recelo y echó al trote, seguida de sus críos, hacia +la pocilga. Goros la llamó con cariñosos apelativos, diminutivos y +onomatopeyas, para sosegarla.

+ +

—Quina, quiniña... cuch, cuch, cuch...

+ +

—¡Qué grande es y qué hermosa!—observó Gabriel para lisonjear la +vanidad de Goros.

+ +

—Es muy hermosísima, sí señor; y eso que está chupada de criar. Cuando +se cebe tendrá con perdón unas carnes y unos tocinos... como los del +Arcipreste de Boan. ¿Le conoce, señorito?—exclamó el criado, que ya +estaba rabiando por vaciar el saco de las chanzas irreverentes.

+ +

—Algo—respondió Gabriel sonriendo.

+ +

—¿Y no le parece, dispensando usté, que se la podíamos enviar de +ama?—añadió Goros señalando á la puerca. Como Gabriel no celebró mucho +el chiste, Goros mudó de estilo.

+ +

—¿Ve los que tiene?—dijo enseñando los {t.2-231}cochinillos.—Pues á todos los +ha criado... Es el segundo año que cría... Aquel ya es hijo suyo—añadió +mostrando en un rincón de la corraliza un cerdazo corpulento, pero con +un aire hosco y feroz que recordaba al jabalí montés.—Matamos el cerdo +viejo por Todos los Santos... y quedó ese para padre.

+ +

Mientras Gabriel consideraba á aquel Edipo de la raza porcuna, un +gracioso animal vino á enredársele entre los pies: era una paloma +calzuda, moñuda, de cuello tornasolado donde reverberaban los más lindos +colores; giraba arrullando, y su ronquera era honda, triste y voluptuosa +á la vez. Gabriel se inclinó hacia ella, y el ave, sin asustarse mucho, +se limitó á desviarse unos cuantos pasos de sus patitas rosadas.

+ +

—¿Hay palomar?—preguntó Pardo.

+ +

—No señor... (El criado estregó el pulgar contra el índice, como +indicando que no sobraba dinero para meterse en aventuras.) Pero el +señor abad... como Dios lo dió tan blando de corazón... y como las +palomas le gustan..., mantiene á las de tod{t.2-232}os los palomares de por ahí, +y siempre tenemos la casa llena de estas bribonas.... Siquiera sacamos +un par de pichones para asarlos; aquí no vienen sino á llenar el papo y +marcharse.... ¡Largo, galopinas!—añadió dirigiéndose á varias que desde +el tejado descendían á la corraliza volando corto.—¡Ay señor!—añadió +el criado tristemente:—es mucho gusto servir á un santo... ¡pero +también... los trabajos que se pasan para ir viviendo acaban con uno! +Aquí no se cobran derechos.... aquí los feligreses se ríen del señor, y +no traen ni huevos, ni gallinas, ni fruta, ni nada... aquí la fiesta del +Patrón, como si no la hubiera... Aquí se guarda el tocino y la carne +para los enfermos de la parroquia, y nosotros pasamos con berzas y unto!

+ +

Latió el perro de alegría; abrióse la puerta del patio que comunicaba +con la corraliza, y apareció el cura flaco, sumido de carnes, encorvado, +canoso, de ojos azules muy apagados, {t.2-233}vestido con una sotanuela color de +ala de mosca, pero limpia. Gabriel se descubrió, se adelantó, y antes de +saludarle incli{t.2-234}nóse y le estampó un gran beso en la mano.

+ +

XXXIII

+ +

Para hablar á su gusto y sin temor de que ningún oído indiscreto +sorprendiese la conversación, se encerraron en el dormitorio del cura, +que parecía celda. Como no había más que una silla, Gabriel se sentó en +el poyo de la ventana. Y charló, charló, desahogando su corazón y +aliviando su cabeza con el relato circunstanciado de toda la tragedia +ocurrida en la casa señorial. El cura le oía sin levantar los ojos del +suelo, con las manos puestas en las rodillas, cogiéndose á veces la +barba como para reflexionar, y á veces moviendo los{t.2-235} labios lo mismo que +si hablase, pero sin pronunciar palabra ninguna. De tiempo en tiempo +carraspeaba para afianzar la voz, costumbre de todos los que han +ejercitado el confesonario, y hacía una pregunta, contrayendo la boca al +decir las cosas graves. Gabriel respondía clara, explícita, llanamente: +jamás recordaba haber tenido tal satisfacción y tan provechoso desahogo +en confiarse y desnudarse el alma.

+ +

—Y dice usted—interrogó el cura—que ese desdichado está ya bien lejos +de aquí? La separación es lo primero que importa.

+ +

—Sí, padre. Yo le proporcioné dinero; yo le consolé lo mejor que supe; +yo le acompañé hasta la diligencia, y le dí carta para una persona de +Madrid que inmediatamente que llegue le colocará de dependiente en una +tienda. Le conviene trabajar, para que se le quiten de la cabeza las +cavilaciones. Y no tenga usted miedo, que no le dejaré de la mano. Me +considero obligado á eso y además me ha dado tanta lástima! {t.2-236}Le aseguro +á usted que iba cobrándole cariño.

+ +

—¿Y usted.... no sospecha con qué objeto quiere verme la señorita +Manuela?

+ +

—Quiere confesarse, ó cosa semejante; quiere.... ¿Qué ha de querer la +pobrecilla? Imagínese usted.... Consejo, luz; ¡que la ayuden á salir del +pozo en que cayó hace cuatro días! El mal ha cedido; bien lo decía el +médico de Cebre, que el daño físico era poca cosa y fácilmente se +vencería. Ya no hay convulsiones, ni querer batir con la cabeza contra +la pared, ni aquello de llamar á gritos á Perucho y acusarse en voz alta +de los más horribles delitos.... Figúrese usted que hasta dijo que ella +había matado á su madre. Así es que la tuvimos secuestrada, sin permitir +que en el cuarto entrase nadie.... ¡y ojalá hubiésemos empezado por ahí, +desde que Perucho se marchó! Entonces no le hubieran contado.... ¿No le +parece á usted una fatalidad que supiese el parentesco que la une á +aquel infeliz? Han cargado su conciencia de negras sombras{t.2-237}; la han +torturado con remordimientos que pudieron ahorrársele del todo.... la +han colocado á dos dedos de la locura!

+ +

—Me parece que no está usted en lo cierto, señor don Gabriel—respondió +lentamente el cura de Ulloa.—Si la niña ignorase que hay entre ella y +el hijo de Sabel un obstáculo eterno é invencible, le seguiría amando y +no veríamos nunca extinguida la pasión incestuosa. Estas desgracias tan +terribles provienen cabalmente de no haberle abierto los ojos á tiempo: +¡tremenda responsabilidad para los que estaban obligados á velar por +ella! Dios se lo perdone en su infinita misericordia.

+ +

—Me coge de lleno esa responsabilidad, padre. Yo debí venir antes á +conocer á la hija de mi pobre hermana, á saber cómo vivía, cómo la +educaban. Nada de eso hice, y será un remordimiento que me ha de durar +tanto como la vida. Y usted, usted que es un santo....

+ +

—Señor de Pardo, no me abochorne. So{t.2-238}y el último y el más miserable +pecador.

+ +

—Bien, pues usted.... que es un malvado!—exclamó sonriendo +cariñosamente el artillero,—¿no tuvo ocasión de insinuarle.... no se +confesaba la niña con usted?

+ +

—Algún año por el Precepto.... Confesiones á escape, en que no es +posible echarle la sonda á un alma y ver lo que tiene dentro. Todo lo +han descuidado en esa pobrecita, hasta los deberes religiosos, y si hay +en ella bondad y honradez....

+ +

—¡Ya lo creo que la hay...!—protestó Gabriel con viveza.

+ +

—Será por virtud natural y por misericordia de Dios... Nada le han +enseñado; la han dejado vivir entregada á sí misma, por montes y breñas +como los salvajes. Ha caído muy hondo; pero ¿cómo no había de caer? Al +borde del abismo la empujaban!

+ +

—¿Cómo es que no la veía usted más á menudo? Usted que tanto quiso á su +madre?

+ +

La fisonomía del cura se animó y alteró un tanto. Gabriel le había +observado desde u{t.2-239}n principio, y notado que el cura de Ulloa, ahora como +en la primer entrevista, parecía llevar sobre las facciones una máscara, +una especie de barniz de impasibilidad, austeridad y desasimiento, que +le daba gran semejanza con algunas pinturas de santos contemplativos que +andan por las sacristías. La expresión se había recogido al interior, +por decirlo así; los ojos, muy sumidos bajo el convexo párpado, miraban +positivamente para dentro. Eran sus trazas como de hombre que huye de la +vida de relación y se concentra en su pensamiento, procurando envolverse +en una especie de mística indiferencia por las cosas exteriores, que no +es egoísmo porque no impide la continua disposición del ánimo al bien, +sino que parece coraza que protege á un corazón excesivamente blando +contra roces y heridas. La forma cristiana de la impasibilidad estoica. +Pero ante la directa pregunta de Gabriel, quebrantóse la tranquilidad +del cura: un leve matiz rojo le tiñó las mejillas, {t.2-240}y brillaron sus +apagados ojos. No debía de ser tan flemático, en el fondo, el bueno del +abad.

+ +

—No señor—pronunció más aprisa y en tono algo agitado.—Le hablaré á +usted con franqueza absoluta, por ser usted quien es y por el caso +extraordinario en que estamos... Hace muchos años que yo no frecuento la +casa de los Pazos, en que tuve la honra de ser capellán, parte por el +carácter de su señor hermano político de usted (todos tenemos nuestros +defectos, nuestras rarezas), parte porque me traían aquellas paredes +recuerdos... bastante tristes. De esto no necesitamos hablar más. +Respecto á la niña, mire usted... Cuando era pequeñita, puede decirse +que recién-nacida, le tenía yo cobrado un cariño... un cariño que no sé: +muy grande podrá ser el amor de los padres para sus hijos, pero lo que +es el que yo tenía al angelito de Dios, es una cosa que no se puede +explicar con palabras. Como luego me fuí de aquí y tardé bastante tiempo +en volver (hasta que me presentaron para este curato), pude{t.2-241} meditar y +considerar las cosas de otro modo, con más calma; y entonces evité ver +mucho á la niña, por no poner el corazón en cosas del mundo y en las +criaturas, que de ahí vienen amarguras sin cuento y tribulaciones muy +grandes del espíritu... El que se casa, bien está y justo es que quiera +á sus hijos sobre todas las cosas, después de Dios; pero el sacerdote, y +en especial el párroco, ha de ser padre de todas sus ovejas, pues tal es +su oficio... y no amar mucho en particular á nadie, para poder amar á +todos, y amarlos no en sí, sino en Cristo, que es el modo derecho. Así +he creído que debía hacer, señor de Pardo... En cuanto al motivo, no +pienso haber errado; pero, á poder prever los acontecimientos y el +peligro de la niña, debí proceder de otro modo. Yo, que estaba cerca, +soy muchísimo más delincuente y reo de descuido que usted que estaba +lejísimos y no podía razonablemente suponer que corriese Manuela ningún +riesgo teniendo al lado á su padre.

+ +

—Pues ahora—exclamó Gabriel—se me{t.2-242} figura que nada remediamos con +andar volviendo la vista atrás y lamentar lo ocurrido. El lance es +espantoso; á hacerle cara, y á reparar en lo posible (hablo por mí) el +delito de que somos reos. Yo tengo aquí en esta mano la reparación. Lo +que necesita ahora mi sobrina, es rehabilitarse á sus propios ojos; es +volver á estimarse á si misma; es reconciliarse con su propia +conciencia. Es muy joven, muy inexperta, muy sencilla, ya por efecto de +su carácter, ya de sus hábitos; y cree haber cometido uno de esos +crímenes horribles que la hacen acreedora á que caiga sobre su cabeza el +fuego del cielo, que abrasó á los habitantes de las cinco ciudades +aquellas... Cuando no se ha vivido, señor cura, no es posible tener idea +exacta de la magnitud y trascendencia de nuestros actos, ni del grado de +responsabilidad que nos toca en ellos; así es que la pobre chica, no le +quiero á usted decir ni cómo se trata á sí misma, ni las cosas que se +llama, ni las culpas que se echa, ni las atrocidades que ensarta sobr{t.2-243}e +el tema de que se quiere morir, de que no estará tranquila hasta que le +canten el responso, ¡y otras mil cosas análogas! Desde que ha pasado el +acceso nervioso, permanece calladita y vuelta de cara á la pared, y sólo +se le saca de cuando en cuando un—¡Ay Jesús... ay Jesús... yo me quiero +confesar...!—pero, en resumidas cuentas, el estado de ánimo entonces y +ahora es el mismo, y aquí no hay más que una solución: tranquilizar, +calmar, restaurar ese espíritu. Yo lo he intentado por todos los medios; +pero á mí no me oye ni me atiende, mientras que á usted le llama... Su +sagrado prestigio de usted lo puede todo en esta ocasión.

+ +

—Cuanto de mí dependa...

+ +

—Y de mí; ¿no ha entendido usted aún? Lo diré más claro. Hágale usted +comprender que nada ha perdido, que no está ni infamada ni maldita, una +vez que su tío, persona decente por los cuatro costados, la pide por +mujer, la quiere con todo su corazón, y está dispuesto á ser para ella +cuanto le negó{t.2-244} la suerte hasta el día: padre, madre, hermano, +protector, esposo amantísimo... que con todos estos cariños diferentes +la sabré querer yo.

+ +

Reinó en la celdita prolongado silencio. El cura recobraba su expresión +tranquila; reflexionaba. Por último, interrogó:

+ +

—¿Usted se casaría con ella, sin reparar...?

+ +

—Sin reparar en lo sucedido.

+ +

—Y nunca...

+ +

—Y nunca se lo había de traer á la memoria.

+ +

—Según eso, ¿está usted... prendado de su sobrina?

+ +

—No señor. Prendado, no, según suele entenderse esa palabra. La quiero; +y además pago una deuda.

+ +

—No desmiente usted la buena sangre, señor don Gabriel... Alguien le +estará á usted dando las gracias y pidiendo por usted desde el cielo.

+ +

—No—respondió Gabriel levantándose—si aquí quien ha de hacer el +milagro es usted...{t.2-245} Mi destino y el de Manuela están en sus manos.

+ +

—En las de Dios—respondió fervorosamente el cura de Ulloa. Dicho esto, +se levantó, volvió la vista hacia una detestable litografía del Corazón +de Jesús, que tenía colgada á la cabecera de la cama, {t.2-246}y movió los +labios aprisa; aquello sí era rezar.

+ +

XXXIV

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A tiempo que el párroco de Ulloa cruzaba, sereno en apariencia, aquellos +salones tan poblados para él de memorias y de diabólicas insidias y +asechanzas contra su reposo, Juncal salía del cuarto de la enferma. A la +pregunta ansiosa de Gabriel, el médico dió respuesta sumamente +satisfactoria:

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—Mejor, mucho mejor... Se ha comido la patita de la gallina, toda +entera... Se bebió un vaso de tostado...

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—¿Por su voluntad?

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—No; tuve que rogarle mucho, pero des{t.2-247}pués se veía que lo despachaba +sin repugnancia. A esa edad, la naturaleza ayuda... Señor abad; +¡felices!

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—Igualmente, don Máximo... ¿De manera que no hay inconveniente en +entrar junto á ella?

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—Al contrario... tiene afán por verle á usted.

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—Pues señores... hasta luego.

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Así que el cura desapareció tras la puerta del cuarto, Juncal enganchó +el brazo derecho en el del comandante, y le llevó hacia el claustro, +diciendo afectuosamente:

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—Véngase, véngase á tomar un poco el aire... usted va á salir de esta +batalla con una enfermedad. Duerme y come tan poco como la enferma, y +eso no puede ser... A ella la sostuvo hasta hoy la excitación nerviosa; +usted está en diferente caso.

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—Bch... ¿Cómo sigue don Pedro? No voy allá porque se pone hecho un lobo +cuando me ve... ¡La manía de que yo he venido á traer la desgracia á +esta casa!{t.2-248}

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—Mire, seguir no le sigue peor; mañana ó pasado se levantará, y +parecerá muy fuerte; pero... confieso que me ha dado un chasco. +Físicamente (consiste en la diferencia de edades) le ha hecho la cosa +más eco que á la muchacha... Ha sido un golpe terrible. Y que nada; que +no se acostumbra á que el chico se haya marchado. Hasta los jabalíes del +monte quieren á sus cachorros; esto lo prueba.

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—Bonita está esta casa. Dígole á usted, Máximo, que arde en un candil. +No hablemos de Manuela; pero entre don Pedro que aúlla, y las gentes de +abajo, que me arman cada gazapera y cada red... Porque ahora sus +baterías se dirigen á que don Pedro reconozca... Piensan que va á +liárselas, y... á lo que estamos, tuerta.

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—Bueno es que usted se impuso desde el primer instante..... Sinó, +¿quién pararía aquí?

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—Me impuse; no quiero que molesten á un enfermo; pero lo del +reconocimiento lo considero muy justo. Si ese cernícalo {t.2-249}me quisiese +oir, se lo aconsejaría. ¡Cuántos daños se hubieran evitado, con hacerlo +al tiempo debido!

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Juncal inclinó la cabeza en señal de asentimiento, y los dos amigos +siguieron paseando por el claustro, ó mejor dicho por la solana, +sostenida en pilastras de piedra, con el escudo de Moscoso, que formaba +el cuerpo superior del claustro. El liquen, á la luz del sol, estriaba +de oro la piedra; y bajo los aleros del tejado se oía el pitío +alborotador de las golondrinas, que desmintiendo la popular creencia de +que sólo anidan en casas donde reinan paz y ventura, entraban y salían +en sus nidos, con vuelo airoso.

+ +

—Don Gabriel, usted está alterado—exclamó el médico notando la +irregularidad del andar y los movimientos del comandante. Todo el cuerpo +de Gabriel, en efecto, vibraba como una caldera de vapor á tensión muy +alta.—No se lo dije, que acabaría usted por ponerse más malo que su +sobrina?

+ +

—No es eso, no es eso...—exclamó {t.2-250}con vehemencia el comandante, +soltando el brazo de su amigo y reclinándose en una de las +pilastras.—Es... que ahora, en este mismo instante, se decide el +destino de mi vida y el de Manuela. El cura de Ulloa lleva un encargo +mío...

+ +

—¡Mi madre querida!—exclamó con cómico terror Juncal, agarrándose con +las manos la cabeza.—¡Ha puesto usted su destino en manos de un +clericeronte! ¡Estamos frescos! Ay, don Gabriel, de aquí va á salir una +falcatrúa... Verá, verá, verá.

+ +

—¡Hombre!—repuso Gabriel sin poder evitar la risa.—Yo pensé que hacía +usted una excepción honrosísima en favor del cura de Ulloa.

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—Entendámonos, entendámonos... Hasta cierto punto nada más. ¡El clérigo +siempre es clérigo! Donde él pone la mano, todo lo deja llevado de +Judas. ¿Usted piensa que á mí me hizo gracia el que la chica llamase por +él y quisiera verlo á toda costa? ¡Mal síntoma, síntoma funesto! Yo á +sanarla, y el clérigo... ¡ya lo verá usted! á enfermar la otra vez, y +d{t.2-251}e más cuidado que la primera. Mucho será que hoy no tengamos la +convulsión y la llorerita... ¡Mecachis en los que vienen ahí á alborotar +á la gente!

+ +

—Vamos, Máximo, tolerancia, tolerancia... ¿De modo que si usted +pudiese, al cura de Ulloa me lo metía en el buque con los demás, y con +los demás me lo enviaba á tierra de salvajes?

+ +

—¡Pues claro, señor! ¿No hace falta un apóstol para convertir á los +infieles? Pues así habría un apóstol entre muchos pillos... Y nos +quedaríamos libres por acá de apóstoles, porque nosotros ya estamos +convertidos hace rato.

+ +

En tomando la ampolleta Juncal sobre esta cuestión, no era facil +atajarle; y como Gabriel se reía á veces de sus extravagantes dichos, el +médico sacaba todo su repertorio. Mientras el comandante apuraba el +cigarro, el médico refería la vida y milagros de todos los abades del +contorno, más ó menos recargada de arabescos y viñetas.

+ +

—El de Boan... á ese ya lo habían d{t.2-252}espachado por bueno: lo atacaron +veinte facinerosos en su casa, y les probó que servía mejor que ellos +para el oficio: si se descuidan me los escabecha á todos... Mire qué +mansedumbre evangélica. El de Naya no me la da á mí con su carita +complaciente: debe de ser un pillo redomado: más amigo de diversión y +gaudeamus... Si le estuviesen dando la consagración de obispo y oyese +que al lado se iban á disparar unos cohetes y á hinchar un globo, tira +con la mitra y echa mano al tizón... El arcipreste de Loiro... dice que +se come él solo un capón cebado y que le chorrea la grasa de la enjundia +por el queso abajo, hasta el ombligo.... ¡Pues no digo nada del nuevo +que nos han mandado á Cebre! Más bruto no lo hace Dios aunque se +empeñe... y tiene pretensiones de orador sagrado, porque en Santiago le +dieron una faena de cavador; en un mismo día predicó por la mañana el +sermón del Encuentro, al aire libre, y por la tarde el de la Agonía: +total cuatro horas de echar el pulmón, y de hacer ch{t.2-253}acota de él los +estudiantes. Y lo más célebre fué que en el sermón del Encuentro llevaba +una pelliz, eso sí, muy planchada y muy rizadita; y cuando para +enternecer al público hizo ademán de abrazar á la Virgen para consolarla +de la ausencia de su hijo, los estudiantes gritaban: ¡Ay mi pelliz! Así +que se enteró el Arzobispo, dicen que le pasó recado de que no predicase +más... Aquí cuando echa la plática aturde la iglesia... Según dicen; que +yo, ya imaginará usted que no asisto á semejante iniquidad... Usted está +distraído, vamos; no le cuento á usted más cuentos de esa gente.

+ +

—No, cuente usted; así entretengo un poco la ansiedad inevitable. +Porque sepa usted que á mí lo único que me saca de quicio y me desata +los nervios, es la expectación y la incertidumbre. Para las desgracias +verdaderas, para los males ya conocidos, creo que no me falta +resistencia; y eso que no la doy de estoico.

+ +

Siguió Juncal refiriendo cuentos de curas; pero como todo se agota, la +conversación{t.2-254} iba languideciendo mucho. Gabriel, de cuando en cuando, +entraba en el salón, recorría dos ó tres habitaciones, y salía siempre +diciendo:—¡Nada... nada...! ¡La cosa va larga!

+ +

—Ya verá usted—respondía Juncal—cómo el bueno del cura le {t.2-255}mete +escrúpulos en la cabeza á la señorita.

+ +

XXXV

+ +

—Queda muy sosegada, y en un estado de ánimo bastante bueno. Mañana, +Dios mediante, recibirá al Señor—respondió el cura de Ulloa, fijando +los ojos en un nudo de la madera del piso, pues aquella habitación de +Gabriel Pardo era la misma, la de su hermana, y tender la vista +alrededor una prueba muy fuerte para el espíritu del párroco.

+ +

—Y...

+ +

—Todo se lo he expuesto y se lo he manifestado de la mejor manera +posible y apoyándolo con cuantas razones me sugirió mi{t.2-256} pobre +inteligencia. Le he dicho que usted le dispensaba una honra y le daba +una prueba de afecto grandísima, elevándola al puesto de esposa suya, +después de que...

+ +

—¡Ay Dios mío!—exclamó Gabriel tristemente.—Si se lo ha presentado +usted como un favor, de fijo que se ha resentido su orgullo... y por +altivez, por delicadeza, habrá sido capaz de negarse...

+ +

—No señor, no...

+ +

—¿Ha dicho que sí? ¿ha dicho que sí?—preguntó Gabriel afanosamente.

+ +

—Se ha negado...

+ +

—¡Ya!

+ +

—Pero por otras causas, que usted y yo estamos en el caso de respetar.

+ +

—¿Otras causas?

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—Manuela se encuentra sinceramente arrepentida... La desventura, el +golpe que ha recibido le han abierto mucho los ojos del alma. No desea +más que expiar y llorar su culpa...

+ +

—¡Su culpa!—exclamó Gabriel, con acento{t.2-257} de protesta.—¡Su culpa, +pobre criatura abandonada, sin consejo, sin cariño de nadie! ¡Don +Julián, don Julián! Ocasiones hay en que yo me condeno á mí mismo por mi +detestable propensión á la indulgencia; porque creo que se me han roto +todos los resortes morales; pero ahora... ¡quisiera tener en esta mano +todo el perdón y todo el amor del mundo... para derramarlo sobre la +cabeza de mi sobrina! ¡Ella es inocente... otros, otros somos los +culpables!

+ +

—Otros—replicó con mansa firmeza el cura—son acaso más culpables que +ella; pero ella tampoco es inocente, señor de Pardo. Ella lo comprende y +lo reconoce, y desea, así que su padre se ponga bueno, retirarse á un +convento de Santiago.

+ +

—¡Monja!—exclamó Pardo.—Monja... ¡Quiere ser monja!

+ +

—Por ahora, no señor. La vocación no viene en un día, y yo siempre le +daría el consejo de que desconfiase de una vocación repentina, dictada +por sinsabores ó desengaños del{t.2-258} mundo. Lo que Manuela quiere es retiro +y descanso que le cure las heridas y sitio en qué hacer penitencia de su +pecado. Yo le he hablado de bodas, de esposo y de alegría; me ha +respondido celda y llanto. En mí no estaba desviarla de ese propósito, +desde que me lo manifestó. No me lo permitía mi oficio á aquella +cabecera.

+ +

Gabriel se acercó al cura de Ulloa, y tomándole con agitación las manos,

+ +

—Sí, padre—exclamó;—sí, sí, usted es el único que podía apartarla de +ese triste cautiverio en que va á caer voluntariamente... Entrará allí +ahora, porque cree, porque piensa que se le ha acabado el mundo y que ha +delinquido atrozmente; porque tiene vergüenza y dolor, porque no sabe lo +que le pasa... Después de entrar allí, lo que sucede; ya no se atreverá +á salir, y se creerá en el compromiso de tomar el hábito, y lo tomará, y +sufrirá, y vivirá mártir, y acaso morirá desesperada... Don Julián, +¡usted que tanto ha querido á su madre...!{t.2-259}

+ +

Pardo sintió temblar en la suya la mano del cura de Ulloa, y creyó que +el argumento había hecho fuerza. En efecto, el cura se levantó, y como +si despertase de un sueño, abrió sus ojos siempre entornados y los paseó +por los muebles, por la habitación, los clavó en la ventana. Y con +expresión de angustia, con acento hondo y muy distinto de la voz sorda y +tranquila que tenía siempre, gritó:

+ +

—¡Ojalá que su madre hubiera entrado en el convento también! Dios llama +á la hija... Que vaya! Que vaya! Virgen Santísima, ¡ampárala, recíbela, +sostenla, quítala del mundo!

+ +

Por primera vez sintió el comandante un impulso de ira contra aquel +hombre que poseía á sus ojos la aureola y el prestigio del santo, +ó—para emplear con más exactitud el lenguaje interno de Gabriel—del +hombre honrado que ajusta á sus convicciones su vida, y no tiene para +sus semejantes sino ternura y caridad.{t.2-260} Rebosando enojo, le apostrofó +rudamente:

+ +

—Don Julián, permítame usted que le diga que eso es un enorme +desacierto! Manuela puede ser en el mundo feliz, buena y honrada... y es +un horror que vaya á sacrificarse, á enterrarse y á consumirse entre +cuatro paredes, sin chispa de devoción ni de humor para ello... por qué? +Por una desdicha que ha tenido, por una falta que todo disculpa, cuyo +alcance ella no ha podido comprender, y cuya raíz y origen están, al fin +y al cabo, en lo más sagrado y respetable que existe... en la +naturaleza!

+ +

—Señor de Pardo—respondió el cura, que ya había recobrado su +apacibilidad de costumbre—lo que la naturaleza yerra, lo enmienda la +gracia; y el advenimiento de Cristo y los méritos de su sangre preciosa +fueron cabalmente para eso; para remediar la falta de nuestros primeros +padres y sanar á la naturaleza enferma. La ley de naturaleza, aislada, +sola, invóquenla las bestias: nosotros invocamos otra más alta... Para +eso somos{t.2-261} hombres, hijos de Dios y redimidos por él. Dejemos esto; yo +desearía que usted no se quedase con el recelo de que he influído +directamente en el ánimo de la señorita. Vaya usted junto á ella, +pregúntele, ínstele... haga usted su oficio, que la Virgen Santísima no +ha de descuidarse en hacer el suyo... Yo me vuelvo á mi casa, si no +tiene usted nada que mandar á este humilde servidor y capellán.

+ +

—Voy junto á mi sobrina ahora mismo—respondió Gabriel retando {t.2-262}al cura +con su decisión y con su cólera.

+ +

XXXVI

+ +

Entró medio á tientas, porque el cuarto estaba casi á oscuras, á causa +de que la jaqueca de la niña no le consentía ver luz. No tardaron sin +embargo las pupilas de Gabriel en acostumbrarse á aquella penumbra lo +bastante para distinguir, en el fondo del cuarto, la blancura de las +sábanas y la cabeza de Manuela sobre el marco de su negrísimo pelo. Al +acercarse el comandante, levantóse Juncal y se retiró discretamente. La +montañesa yacía inmóvil, con los ojos cerrados, y de{t.2-263} la cama se alzaba +ese olor especial que los enfermeros llaman olor á calentura, y que se +nota por más ligera que sea la fiebre.

+ +

A la cabecera de la cama estaba vacante la silla que el médico había +dejado; pero Gabriel la separó, é hincando una rodilla en tierra, puso +la mano derecha sobre el embozo de la sábana.

+ +

—Manuela—cuchicheó.

+ +

La enferma abrió los ojos, sin responder.

+ +

—¿Qué tal te encuentras?

+ +

—Muy bien.... algo cansada.

+ +

—¿Te incomodo?

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—No señor.... Siéntese, por Dios.

+ +

—Quiero estar así. ¿Me das la mano?

+ +

Sacó Manuela su mano morena, ardiente, abrasada, y la entregó como se la +pedían. Gabriel la tomó y la rozó suavemente con los labios. La niña +hizo un movimiento para retirarla. Gabriel silabeó en tono suplicante:

+ +

—No, hija mía, déjamela... Oye, Manuela... ¿Te molesta oir hablar?

+ +

—Bajito, no.{t.2-264}

+ +

—¿Y podrás responderme?

+ +

Inclinó la cabeza, diciendo que sí.

+ +

—Manuela... ¿Te ha dicho algo de mí el señor cura?

+ +

—Ya sé los favores que le merezco—articuló la montañesa.

+ +

—Ninguno. Ese es el error. ¡Favor! No disparates. Mira en qué postura +estoy. Pues figúrate que en esa misma te lo pedía, ¿entiendes? Como +favor para mí, para mí. Vivo muy solo en el mundo; no tengo á nadie, á +nadie; y me hacías falta, y me darías la vida. Pero ya no se trata de +eso. De otra cosa más pequeñita y más fácil. Anda, monina, no me lo +niegues. ¿Verdad que no? Si es facilísimo; si no te cuesta trabajo +ninguno. Que no pienses en rejas ni en conventos; ¡mira qué poco, y qué +sencillo! Te quedas aquí, al lado de tu padre. Yo también me quedo. Si +estás triste, te acompaño; si enferma, te cuido; verás como discurrimos +maneras de distraerte. Y de aquello que te pedí primero, no se habla +nada... Nada. Te lo juro por la {t.2-265}memoria de tu pobre mamá: ¿á que así me +crees?

+ +

Manuela no abrió los labios. Con el balanceo suave de su cabecita pálida +y porfiada, daba el no más redondo del mundo.

+ +

—¿No quieres? Que no? ¿Qué te diré, qué te haré para convencerte y +traerte á buenas? Terquita de mi alma... ¡pobrecita! respóndeme con la +boca, dime... qué hago, cómo te conquisto? Pídeme tú algo... muy +grande... muy atroz! Verás cómo soy mejor que tú, cómo te doy gusto... +Te me has vuelto muy mala.

+ +

Los lánguidos ojos de la montañesa resplandecieron un instante, entre el +oscuro cerco que los rodeaba; alzó un poco la cabeza; apretó la mano de +su tío, y dejó salir con afán:

+ +

—¿De veras me hará lo que yo le pida?

+ +

—Oro molido que fuese, monina... Dí, dí.

+ +

—¿Me da palabra?

+ +

—De honor, de caballero, de todo lo que exijas. ¿Qué es ello? Salga.

+ +

{t.2-266}

—Que se vaya por Dios, que se vaya á Madrid corriendo... antes que +aquel que está allí solito... y desesperado! se desespere de vez, y... +y...—No pudo proseguir: las lágrimas, de pronto, le nublaron las +pupilas y le trabaron la voz en la garganta.

+ +

Aquel que ve el interior de los corazones sabe que Gabriel Pardo recibió +el golpe como honrado y valiente, presentando el pecho y con animoso +espíritu. Allá en el fondo, muy en el fondo de su conciencia, se alzó +una voz que gritaba:

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—Cura de Ulloa, ni tú ni yo... tú un iluso y yo un necio. Quien nos +vence á los dos, es... el rey... No, el tirano del mundo!

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—Así se hará, hija mía—dijo en alta voz.—¿Quieres que me marche hoy +mismo?

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—Pudiendo ser... ¡Dios se lo pague! Atienda, escuche...—silabeó +acercando tanto su boca al oído de Gabriel, que éste sentía en la +mejilla un aliento enfermizo y volcánico.—Haga usted para que no se +desconsuele mucho... y dígale que así que yo esté en el convento, él +vuelve aquí, y mi padr{t.2-267}e queda satisfecho, y todos bien, todos bien.

+ +

—Adiós—respondió lacónicamente el artillero, que se levantó del suelo, +se inclinó sobre la montañesa y le dió un besó á bulto, hacia la sien.

+ +

. . . . . . . . . . . . .

+ +

Quiso ir á pie hasta Cebre, y Juncal, por supuesto, se empeñó en +acompañarle. En lo alto de la cuesta, donde se domina á vista de pájaro +el valle de los Pazos, se volvió, y estuvo buen trecho con los brazos +cruzados, la vista clavada en el tejado de la solariega huronera, en el +estanque del huerto que destellaba fuego á los últimos rayos del sol, en +los lejanos picos y azuladas crestas que servían de corona al valle. +Estas contemplaciones paran, y debiera callarse por sabido, en un +suspiro muy hondo. Pardo llenó este requisito, y acordándose de todo lo +que había venido á buscar allí diez días antes, pensó, con humorística +tristeza:

+ +

—Otro caballo muerto.

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Aquella tarde, el gran ardor de la canícul{t.2-268}a daba señales de aplacarse +ya, y eran preludio y esperanza de frescura y acaso de agua las nubes +redondas y los finos rabos de gallo que salpicaban caprichosamente el +cielo. Una brisa fresca, vivaracha, que columpiaba partículas de +humedad, hacía palpitar el follaje. A lo lejos chirriaban los carros +cargados de mies, y las ranas y los grillos empezaban á elevar su +sinfonía vespertina, saludando á la lluvia y al viento antes de que +hiciesen su aparición triunfal y refrigerasen la tostada campiña. Todo +era vida, vida indiferente, rítmica y serena.

+ +

Gabriel Pardo se volvió hacia los Pazos por última vez, y sepultó la +mirada en el valle, con una extraña mezcla de atracción y rencor, +mientras pensaba:

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—Naturaleza, te llaman madre... Más bien deberían llamarte madrastra.

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{t.2-269}

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FIN DEL TOMO SEGUNDO Y ÚLTIMO

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BIBLIOTECA DE NOVELISTAS ESPAÑOLES

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TOMOS PUBLICADOS

+ +

Emilia Pardo Bazán: Los Pazos de Ulloa (Dos tomos.)

+ +

José Ortega Munilla: Idilio lúgubre.

+ +

Antonio de Trueba: Leyendas genealógicas de España (Dos tomos.)

+ +

Carlos Frontaura: Miedo al hombre.

+ +

Enrique Gaspar: Castigo de Dios.

+ +

Emilia Pardo Bazán: La Madre Naturaleza La Madre Naturaleza (Tomo I y II).

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+ + + + + + + +
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La madre naturaleza (2ª parte de Lo
+ pazos de Ulloa), by Emilia Pardo Bazán
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA MADRE NATURALEZA  ***
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+License as specified in paragraph 1.E.1.
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+that
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+     returns.  Royalty payments should be clearly marked as such and
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+
+Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations.  Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+     Dr. Gregory B. Newby
+     Chief Executive and Director
+     gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements.  We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance.  To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+     http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
+
+
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