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-The Project Gutenberg EBook of Antología de prosistas castellanos, by
-Ramón Menéndez Pidal
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-
-
-Title: Antología de prosistas castellanos
-
-Author: Ramón Menéndez Pidal
-
-Release Date: December 30, 2016 [EBook #53837]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS ***
-
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-
-
-Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive/Canadian Libraries)
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-
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_, las
- negritas entre signos de =igual= y los interletrajes espaciados
- entre ~tildes~. Las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Las cifras en subíndice son precedidas por «↓» y las cesuras
- espaciadas en los versos se muestran como « · ».
-
- * Se han respetado las ortografías originales de las distintas
- épocas. Las inconsistencias ortográficas no se han normalizado.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su
- detección se ha tenido en cuenta el texto de la primera edición
- de esta obra.
-
- * Se han renumerado las notas a pie de página y se han colocado al
- final de cada capítulo.
-
-
-
-
- PUBLICACIONES DE LA REVISTA
- DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA
-
- VOLÚMENES PUBLICADOS
-
- I
-
- INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO
- DE LA LINGÜÍSTICA ROMANCE
-
- POR W. MEYER LÜBKE
- TRADUCCIÓN DE A. CASTRO
-
- II
-
- ANTOLOGÍA DE PROSISTAS
- CASTELLANOS
-
- POR RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL
-
-
-
-
- JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS
- CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS
-
- RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL
-
- ANTOLOGÍA DE PROSISTAS
- CASTELLANOS
-
- [Ilustración]
-
- MADRID
- 1917
-
-
-
-
-Imp. Clásica Española. Cardenal Cisneros, 10.--Teléf. 4430
-
-
-
-
-PRÓLOGO
-
-
-La edición primera de esta colección de prosistas apareció en 1899.
-La obra, abandonada desde entonces por mí, aparece ahora en una
-segunda edición, bastante corregida y aumentada con trozos de algunos
-autores más.
-
- * * * * *
-
-Es útil la lectura de un autor antiguo, porque su pensamiento puede
-instruir y educar el nuestro; mas, para que esto tenga lugar, es
-preciso comprender sus ideas, no en lo que tienen de común a muchos
-tiempos, lugares y gentes, sino en aquello más escondido y particular
-propio de tal época, tal región o tal persona, que, comparado con
-lo que tenemos delante y habitualmente nos rodea, nos ayuda a
-apreciar mejor lo que esto tiene de bueno o de malo, de pasajero o
-de permanente, dando seguridad y madurez a nuestro juicio. Por esto
-el comentario del autor antiguo se debe fijar en lo que la obra
-comentada difiere más de lo actual, en lo que tiene de más peculiar,
-por menudo que parezca; pues sólo conseguimos comprender bien
-el pensamiento de un autor cuando llegamos a entender el sentido
-especial con que él escribió cada palabra, representándonos en
-nuestra imaginación lo mismo que él en la suya tenía presente al
-escribir; en suma, cuando reconstruímos en nuestro entendimiento
-las menores circunstancias particulares del tiempo y lugar en que
-fué escrita la obra, cuando llegamos a despertar en nosotros la
-impresión que los pormenores y el conjunto de la misma hicieron en
-los contemporáneos del autor cuando la leían.
-
-Claro que es muy difícil siempre acercarse a este ideal, y que es
-imposible realizarlo tratándose del estudio de autores en la segunda
-enseñanza; pero, de todos modos, es preciso que las observaciones
-gramaticales, retóricas y literarias que continuamente han de surgir
-en la lectura de los clásicos, no se descarríen por el terreno de
-las consideraciones abstractas y tomen un aspecto principalmente
-histórico.
-
-Las notas que acompañan a la presente colección, no quieren ser un
-comentario suficiente para el alumno: no se proponen más que hacer al
-profesor más llevadera la difícil tarea de poner un trozo antiguo al
-alcance de los alumnos, y de hacer que éstos entren, en lo posible,
-dentro de la época, y dentro de la intención y estilo de cada autor.
-
-Las breves introducciones que preceden a cada autor, sólo pretenden
-dar una orientación general, de muy diverso alcance y carácter en
-cada caso, para esbozar una sumaria historia del desarrollo de la
-prosa; sugieren, nada más, algunas cuestiones relacionadas con esa
-historia.
-
-Las notas son una muestra de las múltiples explicaciones de puntos
-de gramática, de estilo, y a veces de historia literaria, que
-ocasionalmente deben hacerse con motivo de la lectura. Claro es
-que cada profesor tiene que multiplicar estas explicaciones de
-acuerdo con la índole y objeto principal de su enseñanza. Sobre
-todo, queda al profesor el comento literario; ha de enlazar el
-fragmento aquí publicado con la obra entera de donde procede; ha de
-hacer comprender el plan y fondo de esa obra, relacionándola con
-el conjunto de la producción literaria española de la época; ha de
-ahondar en el pensamiento del autor, y descubrir su nota distintiva.
-En todo debe llevar al alumno a que formule juicios propios sobre las
-cuestiones tratadas; a que ejercite su discernimiento y su crítica
-independientemente de las nociones recibidas en los manuales; a que
-eduque su buen gusto, en fin.
-
-Esta colección proporcionará a los alumnos trozos bastante extensos
-de obras que no podrían o no deberán leer enteras. Sólo incluye
-autores hasta comienzos del siglo XIX, porque son los que están más
-fuera de la mano del estudiante; no porque los autores modernos no
-deban formar parte, y muy principal, de las lecturas de clase.
-
-Los textos van, en general, ajustados a las ediciones más antiguas
-de la obra de donde proceden. Para Moratín se sigue la edición de la
-Academia de la Historia. Para Santa Teresa, Jovellanos y Toreno, la
-edición de la Biblioteca de Autores Españoles. Para Mendoza se tienen
-presentes los manuscritos de _La Guerra de Granada_. Para don Juan
-Manuel se han consultado todos los códices del _Conde Lucanor_. El
-Arcipreste de Talavera va según la edición de Pérez Pastor.
-
-
-ADVERTENCIA SOBRE LA LENGUA MEDIEVAL
-
-La antigua lengua castellana, aunque no difiere considerablemente
-del español moderno, presenta, como es de suponer, bastantes
-caracteres distintos. Por de pronto diremos sólo que, en cuanto a
-la pronunciación, la lengua antigua era más rica en sonidos que la
-moderna.
-
-Distinguía una _s_ sorda y otra sonora (con análoga diferencia que la
-que existe en francés entre _poisson_ y _poison_); la _s_ sorda se
-escribía doble entre vocales (_passar_, _escriviesse_), y sencilla
-cuando era inicial o iba tras consonante (_señor_, _mensage_), o
-delante de consonante sorda (_estar_, _España_); la _s_ sonora se
-escribía sencilla entre vocales (_casa_, _cosa_).
-
-Distinguía también la _ç_ (o _ce_, _ci_), sorda, de la _z_ sonora;
-aquélla era un sonido parecido al que hoy pronunciamos en za, ce,
-ci, zo, zu; y la _z_ antigua era el mismo sonido, pero acompañado
-de sonoridad en las cuerdas vocales. Por la pronunciación y la
-ortografía se diferenciaban, por un lado: _hace_, _haces_, singular
-y plural del sustantivo moderno «haz», y por otra parte: _haze_,
-_hazes_, del verbo «hazer», moderno «hacer».
-
-Se distinguían también la sorda _x_ de la sonora _j_ (con análoga
-diferencia a la que existe en el francés entre las iniciales de
-_chambre_ y de _jour_). Por la pronunciación y la ortografía se
-distinguían antes: _rexa_ de ventana y _reja_ de arado.
-
-Se distinguían también una _b_ oclusiva, es decir, pronunciada
-juntando completamente los labios, como cuando pronunciamos hoy
-con energía el imperativo _basta_, y una _v_ meramente fricativa,
-pronunciada con los labios a medio cerrar solamente, como cuando hoy
-decimos _saber_, _ave_. La distinción existe, pues, hoy día; pero
-hoy la pronunciación de una u otra _b_ no se atiene a la ortografía,
-ya que ésta escribe ora _b_ ora _v_, según la escritura latina, sin
-atender a la pronunciación moderna; además la distinta pronunciación
-hoy depende sólo de la posición más o menos débil de la consonante
-(oclusiva, cuando va inicial o tras consonante: _basta!_, _ven!_,
-_ambos_, _envidia_; fricativa, cuando va entre vocales: _la bestia_,
-_la voz_, _haber_). Por el contrario, en la lengua antigua la
-pronunciación de la _b_ o la _v_ dependía de la etimología de la voz,
-y a veces entrañaba diversa significación en los vocablos: _cabe_,
-_cave_, de los verbos «caber» y «cavar», se distinguían antes por
-la pronunciación, hoy tan sólo por la ortografía; y antiguamente
-se escribía y se pronunciaba la _v_ en muchos vocablos que hoy se
-escriben con _b_, como _cavallo_, _bever_, y viceversa _bivir_,
-_bívora_.
-
-Si en la lectura no se acierta a producir o no se quieren hacer estas
-distinciones, pronúnciense la _ss_ y la _s_ como la _s_ moderna; la
-_ç_ y la _z_, como la _z_ moderna; la _x_ y _j_, como la _j_ moderna;
-la _b_ y la _v_, como la _b_ moderna.
-
-
-
-
-ALFONSO EL SABIO
-
-(1220-1284)
-
-Y SUS CONTINUADORES
-
-
-Mientras la poesía castellana venía cultivándose desde el siglo XII,
-y había producido, ya hacía mucho, una obra maestra como el _Poema
-del Cid_, la prosa tan sólo empezó a tener un cultivo literario en el
-reinado de San Fernando († 1253), y no produjo obras verdaderamente
-notables sino en la corte de su hijo Alfonso X. La poesía aparece con
-un carácter popular o nacional, y se enlaza desde su comienzo con la
-poesía de otros idiomas románicos, con la francesa, con la gallega
-y la provenzal principalmente. La prosa aparece con un carácter más
-erudito, ejercitándose en obras científicas o didácticas, copiadas
-o inspiradas en las literaturas más sabias de entonces: la latina,
-la árabe y la hebrea. En este primer período de su desarrollo, la
-prosa se ejercita principalmente en traducir las materias que hasta
-entonces se expresaban sólo en las lenguas doctas de la época; en las
-traducciones se procuraba una fidelidad más literal que literaria,
-y en todo caso los varios estilos de los autores traducidos se
-sobreponían al estilo del adaptador castellano.
-
-Mucho de esto se ve en varias de las grandes obras emprendidas por
-Alfonso el Sabio, y muy particularmente en la _Crónica general de
-España_, que empezó a componerse en su reinado, hacia el año 1270, y
-en la cual se seguía trabajando durante el reinado de su hijo Sancho
-IV, en 1289. El estilo de la _Crónica_ ofrece sus sencillos encantos,
-precisamente a causa de la gran variedad que reviste, según traduce
-las apasionadas _Heroidas_ de Ovidio, los elocuentes y sentenciosos
-exámetros de la _Farsalia_ de Lucano, el bullicio anecdótico de
-_Los Césares_ de Suetonio, la penetrante y cruda minuciosidad de
-los historiadores árabes, el simbolismo retórico de los poetas
-musulmanes, los heroicos versos de los juglares castellanos, el
-bíblico lirismo de San Isidoro o la honda emoción personal del
-arzobispo don Rodrigo, que a jirones rasgan la dura sequedad de las
-crónicas medievales.
-
-Así, la prosa de la _Crónica_ tiene el gran atractivo de ser un
-reflejo multicolor de las más elevadas corrientes de arte que se
-dejaban sentir en las diversas generaciones que convivieron y se
-sucedieron en la corte castellana, durante los dos reinados de
-Alfonso X y de Sancho IV.
-
-Mas a pesar de esta múltiple influencia de los textos traducidos,
-la _Crónica General_ ofrece una marcada originalidad, lo mismo como
-compilación histórica representativa de la más vasta cultura de la
-época, que como obra literaria en que el lenguaje está sometido a una
-elaboración artística. De diversos testimonios consta que, aunque
-Alfonso el Sabio no escribía enteramente por sí las obras que llevan
-su nombre, él dirigía a los redactores a quienes se las encomendaba
-y corregía lo que éstos hacían, cuidando muy especialmente de que
-los idiomas doctos, de donde se tomaban las materias diversas,
-no estropeasen la pureza del castellano, y de que la lengua, en
-general, fuese elegante. En el prólogo del _Libro de la Esfera_ se
-dice que el rey «tolló las razones que entendió eran sovejanas et
-dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras
-que entendió que complían; et quanto al lenguaje endreçólo él por
-sise»[1].
-
-El vocabulario y la construcción son, en efecto, muy castizos, y el
-lenguaje, en medio de su sencillez, posee una poderosa eficacia.
-El relato conserva todavía ciertas fórmulas de las narraciones
-populares, no hechas para la lectura, sino para la recitación en
-público, como aquellas en que los juglares se dirigían a sus oyentes.
-Así, la _Crónica_ se dirige a menudo a su público: _E sabet que... Ya
-oistes de suso... en esta manera que vos avemos contado... conviene
-que vos digamos..._ Igual práctica se observa en los primeros
-prosistas franceses, por ejemplo en Villehardouin.
-
-La inhabilidad para el paso de la narración en verso de los juglares
-a la narración prosaria de la historia, se observa en la escasez de
-formas del período, manifestada, sobre todo, en la pobreza extrema de
-las conjunciones. Es de gran monotonía la larga serie de cláusulas,
-yuxtapuestas casi únicamente por medio de la simple conjunción
-copulativa _e_.
-
-Presentamos a continuación dos muestras de la _Crónica_. La primera
-está escrita en el reinado de Alfonso X, y es principalmente un
-arreglo, o mejor, una traducción de Suetonio; la segunda está
-redactada en la corte de Sancho IV, y es una anécdota, probablemente
-tomada de la tradición oral. Se notará entre ambos trozos alguna
-considerable diferencia de lenguaje, a pesar de que el primero no
-representa el habla más antigua empleada en la parte de la _Crónica_
-compuesta bajo Alfonso X, ya que la lengua más arcaizante es la usada
-en los 100 primeros capítulos de la obra. Por ejemplo, la apócope
-de la vocal _e_ final (_siet_, por «siete»; _franc_, por «franque»,
-moderno «franco»; _yl_, por «y le»; _cuemol_, por «como le»), y a
-veces la de la _o_ final (_poc a poco_, _much a menudo_, _tod el
-pueblo_), se practica en el primer trozo de la _Crónica_, siguiendo
-el uso predominante en el castellano durante el siglo XII y primera
-mitad del XIII; pero tal apócope es ya casi desconocida en el segundo
-trozo, usándose, por lo general, tan sólo en el caso del pronombre
-_le_ cuando va tras las partículas _que_ y _no_, o tras un verbo
-(_quel_, por «que le»; _nol_, por «no le»; _díxol_, por «díjole»).
-De este modo, en los escasos veinte años que dura la elaboración de
-la _Crónica_, observamos a ojos vistas una de las más importantes
-evoluciones del español literario: la pérdida de las terminaciones
-agudas en consonante, que le asemejaban antes al francés, y la
-preferencia marcada por las terminaciones llanas en vocal, que le
-asemejaban al italiano. Otras muchas diferencias podrían observarse;
-por ejemplo la preposición _pora_ que se ve en el primer fragmento,
-tiene ya en el segundo la forma moderna _para_. Por éste y otros
-casos se manifiesta cómo la lengua literaria evolucionaba, sobre todo
-en cuanto a la estructura de las palabras, más activamente en este
-primer período de su desarrollo que durante todos los sucesivos.
-
-
- CRÓNICA GENERAL DE ESPAÑA
-
- 172. Dell imperio de Nero, et luego de los fechos que contecieron
- en el primer año de su regnado.
-
-Luego que Claudio fue muerto, fincó[2] Nero, su yerno, por emperador
-de Roma et de todo ell[3] imperio; e avíe dizeocho años quando
-començó a regnar, e regnó dizitres[4] años et ocho meses...
-
-Este Nero[5] era mesurado de cuerpo, ni muy grand ni muy pequeño,
-pero avíelo todo lleno de manziellas[6] et de mal olor; avíe los
-cabellos castaños et la cara fremosa más que de buen donario;
-no avíe el viso claro, ni veíe bien de los ojos; la cerviz avíe
-delgada et el vientre colgado, et las piernas muy delgadas. Seyendo
-niño aprisiera[7] todas las siet artes: et desque se partió daquel
-estudio, fue muy sotil en assacar de suyo cosas nuevas; assí que
-trobava muy de grado, et faziélo sin tod affán.[8] E fue de pintar
-muy maestro a maravilla et de fallar de nuevo[9] muchas estrañas
-pinturas.
-
-Mostrósse por muy piadoso en el comienço del su imperio, diziendo
-que no regnava él por sí, mas por mandado de Claudio Augusto; et
-por ende no dava escusa ninguna de no seer franc et piadoso et
-compañón[10] a quiquier, ante lo era a todos. Los grandes pechos
-de que se agraviavan las tierras, todos los tollió et amenguó la
-mayor partida dellos. A todos los nobles senadores que eran venidos
-a pobreza, poníeles soldada señalada pora cad año porque pudiessen
-vevir onradamientre. Quando iudgavan alguno a muerte, yl dizién[11]
-que escriviesse el su nombre en la sentencia cuemo avíen costumbre
-de fazer los otros emperadores, dizíe: «¡Dios, quanto querría no
-saber letras ningunas!» E quando los senadores le dizién gracias por
-alguna cosa que les prometié, dizié él: «quando lo mereciere, me
-las daredes». Otrossí mando defender[12] por toda la cibdat que nol
-presentassen si no fruta et legumbres et estas cosas rafezes.[13]
-
-E sabet que entre todas las otras cosas que ell emperador
-Nero aprisiera seyendo niño, aprisso ell arte de la música
-maravillosamientre; et de todas las cosas que los músicos provaron
-pora mantener las vozes et las aver más altas et más claras,
-numqua el dexó ninguna que las todas no prouasse et las no usasse
-cada dia;[14] ca muchas uezes tomava una grand tavla de plomo,
-et echávasse tendudo en tierra, et poníela sobre sus pechos, et
-suffríela allí muy grand pieça; e con sabor de cantar, alimpiava ell
-estómago más vezes et de más maneras que no conviníe; dexava de comer
-las maçanas et todos los otros manjares que empeecién a la voz.
-
-Estava un dia cantando en el teatro, et tremió la tierra assoora,[15]
-et estremeciósse el teatro todo, de guisa que se espantaron todos
-quantos y estavan; mas tan grand sabor avíe el de cantar, que por
-todo el miedo non quedó fasta que ovo acabada su cantiga. E este
-desvergonçamiento de cantar en los teatros cuemo joglar fue él
-tomando poc a poco; ca luego en el comienço cantava encubiertamientre
-en los juegos que fazíe en su poridad con sus privados et con los
-joglares de su casa; e desí fuélo faziendo en los theatros ante
-las gentes; et vencié a todos los joglares de quantas maneras de
-joglería[16] ellos podien assacar.[17] E era omne que andava much a
-menudo en su carro por tal que lo catassen las gentes. E nol cumplie
-de usar destas artes del cantar en la cibdat de Roma tan solamientre,
-ante lo fazie muchas veces en los puertos de Achaya et en todas las
-cibdades o[18] avién en costumbre de trobar et cantar a porfía. Los
-maestros del canto et de los estrumentos avién establecido entre sí,
-por fazer plazer a Nero, del enviar todas las coronas et las cantigas
-de los que vencién et eran coronados por ende; et enviávangelas
-todavía;[19] e él recibielas tan de grado, que fazíe por ellas mucha
-onra a los mandaderos que gelas traíen, de guisa que les fazíe comer
-antéll, en logares que no estaua otro sino él et aquellos que eran
-muy sus privados.
-
-Mientre él cantaba en el theatro, no era ninguno osado de se partir
-ende, ni ir a ningún logar por cosa[20] que mester le fuesse; e
-tanto durava i et tan affincadamientre lo fazíe, que alguno de los
-que estavan i veyéndolo, tan enojados eran de lo oir et de loallo
-con miedo, que por razón que estavan cerradas las puertas de los
-castiellos o de las villas, dexávanse despeñar a furto[21] por los
-adarves a dentro, et dellos[22] faziense muertos por tal que los
-levassen ende. E viniendo una vez de Grecia a Roma, entró en la
-cibdat en aquel carro mismo en que Octaviano Augusto venciera sus
-batallas,[23] et traienlo cavallos blancos, et él vistíe unos paños
-de pórpola lavrados a[24] estrellas doro, et traie en la cabeça una
-corona tal cuemo la dell ídolo de Júpiter, e otra en la mano diestra
-cuemo la de Phyton,[25] et ivan antél grandes compañas de joglares
-cantando las cantigas et diziendo las fablas de que los él venciera,
-et contando los logares en que contesciera cada una cosa; e ivan de
-pos él muchas gentes faziendo muy grandes alegrías; e los cavalleros
-et los nobles omnes llamávanlo el su vencedor, et fazienle derramar
-açafrán por las carreras; et yendo él sobrello much a passo, fazienle
-sacrificios de muchas naturas. E fazie pintar todas sus imágenes a
-manera de joglar, tañiendo cítolas et otros estrumentos. Et por quel
-porfazó[26] dello un joglar una vez, firiólo muy mal.
-
-E tan grand estudio poníe en guardar la voz, cuemo uos de suso
-dixiémos,[27] que por tal de la guardar, cuando avié de llamar algun
-cavallero, otri lo llamava por él, et lo quel avié a dezir, diziégelo
-muy quedo. E en el logar de los juegos numqua fazié ninguna cosa a
-menos de[28] seer í el maestro de las vozes quel castigasse cuemo
-fiziesse et que no quexasse mucho las venas.
-
-A muchos prometíe su amor porque lo loavan mucho: a algunos
-prometiógelo cuemo por encubierta, porque lo no loavan tanto como él
-querie.
-
-Luego de comienço fué glotón et de gran luxuria et muy cobdicioso,
-mas ívalo començando poc a poco et encubiertamientre, así que
-cuydavan los omnes que lo fazié con yerro de mancebía; mas desque lo
-fué usando, bien semejava que avie de natura todos aquellos malos
-vicios...
-
-
- 178. De lo que conteció en ell año catorzeno.
-
-... E quando Nero oyó aquestas nuevas de cuemo las Españas eran
-alçadas et Galba con ellas, tóvosse por muerto, et desmayó tanto, que
-allí perdió toda esperança de bien, assí que yógo[29] por muerto una
-grand pieça sin fablar; et desque acordó,[30] rompió sus paños et
-firióse mucho en la cabeça, llamando: «¡Mesquino, ¿qué será de mí?»
-
-E sabet que ante que Nero muriesse, vió algunas señales de su muerte,
-assí que soñó una noche que andava sobre mar governando una nave, et
-falleciól el governage,[31] et levávalo su mugier, que era ya muerta,
-a unas tiniebras much estrechas, et cubríesse todo de formigas
-aladas; e otrossí abriósse una uez un luziello[32] por si mismo, et
-salió ende una grand uoz que lo llamó por su nombre.
-
-Estando Nero en Roma en esta cueyta, llegól mandado de cuemol
-desampararan todas las otras huestes que eran por las otras tierras.
-Et los mandaderos diéronle las cartas a la tabla o seíe[33] yantando;
-et con pesar que ovo, trastornó la mesa, et dos vasos que teníe muy
-preciados, quebrantólos. Et tomó yaquanto[34] de poçón et encerrólo
-en una buxeta.[35] Et envió algunos de sus afforrados,[36] daquellos
-en que se él mas fiava, a la cibdad de Ostia a guisar una nave en que
-fuxiesse. E desí cometió[37] en poridat a alguno de los tribunos et
-de los centuriones si queríen foyr con él. Et los unos nol queríen
-responder, et ivan su vía; los otros dizienle descubiertamientre que
-no queríen; de guisa que uno dixo a muy grandes vozes:[38] «¿Fasta
-quando nos durará esta mesquindat que es peor que muerte?»
-
-Començó a pensar Nero en muchas guisas por tal de no aver a obedecer
-a Galba, et asmó si saldríe al mercado de la cipdat, et que se
-parasse en medio de tod el común, et pidiesse mercet a todos quel
-perdonassen los males que fiziera fasta entonce; mas ovo miedo que si
-allá saliesse, ante que al mercado llegasse, seríe todo despeçado;
-et por ende dexó este cuidar fasta otro dia, et echósse a dormir.
-A la media noche despertó, et envió mandaderos por todas las casas
-de sus amigos, que los despertassen et les dixiessen que les rogava
-que viniessen fasta él. Et ni vinieron los amigos, ni tornaron los
-mandaderos. E quando el vió aquesto, levantósse, et tomósse[39] con
-muy pocos, et fué a todas las casas de sus amigos; et nol quiso abrir
-ninguno; et con grand cueyta tornósse pora su casa, et no falló í
-ninguno de todas sus guardas, ca fuxieran todos; ca assí cuemo él non
-se fiava en ninguno, otrossí ninguno non se fiava en él. E los en qui
-él más se fiava eran dos viles omnes; ell uno avié nombre Nimphidio,
-et ell otro Gemellio; et estos aborrecieran ya las sus crueldades,
-et por que veíen que matara muchos de sus amigos, tovieron que assí
-faríe a ellos; et por ende atoviéronse al consejo de los que lo
-queríen matar, et desamparáronlo.
-
-E quando Nero se vió assí desamparado de todos, andó por sus palacios
-buscando alguno que lo matasse et no falló. Entonce dixo: «¿Ni é yo
-amigo, ni enemigo?» Et assí cuemo estava, descalço et en saya, fué
-corriendo quanto pudo por se echar en el rio de Tibre; mas desque
-llegó allá, repintiósse; et assí cuemo fué, assí se tornó apriessa,
-pensando de buscar algún logar ascondido en que assessegasse[40]
-so coraçón. E vistiósse otra vestidura sobre la saya, et cubrió la
-cabeça et puso un alquiná[41] ante la cara; et assí descalço como
-estava, cavalgó en su cavallo, et quatro compañones con él tan
-solamiente. Et desque llegó al logar o queríe ir, que es a una legua
-et a un migero de la villa, arrendó so cavallo en una espessura a
-unas çarças et a unos árvoles; et él fuesse a pie por un sendero que
-se desviava a una casiella que estava í escondida en muy fuerte logar
-et much esquivo.[42] Et tanto era el sendero áspero[43] de andar et
-lleno de çarças, que se ovo a despojar aquella vestidura que vistie
-et a echarla tenduda sobre los çarçales, porque estava descalço, et a
-andar sobrella de pies et de manos; et rompiósse toda la vestidura;
-et llegó él a aquella casiella a grand pena,[44] andando por cuevas
-e por peñas. E cuemo vinié cansado, echósse a dormir en un lecho muy
-pobreziello que í estava duna cócedra pequeña et cubierto dun paño
-viejo et roto.
-
-Otro dia mañana, los que vinieran con él consejávanle que se fuesse
-et no suffriese tanto porfazo;[45] mas él tenie en coraçón de se
-matar, et mandó fazer allí ante sí una fuessa a medida de su cuerpo;
-et desque fué fecha, mandó traer agua con que lo bañassen et fuego
-con que lo quemassen. E estava Nero llorando et faziendo llanto de
-quantos males le contescíen, et dizíe: «¡Ay que sotil maestro se
-pierde oy en mí!» E él tardando en aquesto, vino de Roma un mandadero
-a aquel logar, quel dixo que todo el senado de Roma lo avíen dado
-por juizio por enemigo de los romanos, el[46] mandavan buscar
-pora matallo. E quando él oyó aquesto, fue much espantado, et dos
-cuchiellos que troxiera consigo, sacólos et començó a catar qual era
-más agudo; et desí tornólos en sus vainas diziendo que aun no era
-venida la ora de la su muerte. A las vezes castigava a aquellos sus
-compañeros que llorassen et fiziessen llanto por él; a las vezes
-quel dixiessen exiemplos dalgunos que se mataran, por tal de avivalle
-el coraçón que se pudiesse él matar; a oras denostava la su pereza.
-
-E éll estando en esto, ívanse ya llegando a aquel logar los
-cavalleros que enviaran depós él los romanos que lo prisiessen et
-lo levassen vivo. E tanto que lo él sintió, sacó ell un cuchiello
-et metiósselo por el coraçón, con ayuda pero dell uno de los que
-í estavan, que primió el cuchiello. E en muriendo, tenie los ojos
-torvados[47] et tan feos que se espantavan quantos lo veíen. E desta
-guisa murió Nero ell emperador, seyendo en edat de treinta et dos
-años; acabósse en él et fue desfecha et destroída toda la compaña de
-César Augusto, de cuyo linage él descendíe.
-
-
- 1084. Capítulo de commo Garçi Pérez de Vargas tornó por la cofia
- a aquel logar ó se le cayera.
-
-Otro dia depués que el rey don Fernando fué a posar a Tablada,[48]
-mandó a los cavalleros de su mesnada que fuesen guardar los
-erveros.[49]
-
-Garçi Pérez de Vargas, et otro cavallero que avíe a ir con ellos,
-detoviéronse en el real et non salieron tan aína commo los otros; et
-en yendo[50] en pos ellos, vieron ante sí, por ó avien a pasar en
-el camino, ssiete cavalleros de moros. Et dixo el cavallero a Garçi
-Pérez: «Tornémosnos; non somos más de dos.» Et Garçi Pérez dixo:
-«Non lo fagamos; mas vayamos por nuestro camino derecho, ca nos non
-atendrán.» Et el cavallero dixo que lo non quería fazer: ca lo tenía
-por locura si dos cavalleros, que ellos eran, fuesen cometer[51] de
-pasar por do estavan siete: et fuese aderredor del real, por non ser
-conosçido, fasta que fué en su posada.
-
-El real do estava la tienda del rey era un poco en altura, et por o
-ellos ivan era llano; et el rey don Fernando óvolo a ojo, et los que
-con él estauan, et vió de commo se tornava el un cavallero et que
-fuera el otro en su cabo:[52] otrosí vió aquellos siete cavalleros de
-moros commo le estauan delante, teniéndol el camino por do él avie a
-pasar: et mandó quel fuesen acorrer. Don Llorenço Suárez que estaba
-í con el rey, que avíe visto a Garçi Pérez quando saliera del real,
-et conosçiól en las armas et sabíe que él era, dixo al rey: «Señor,
-déxenle, que aquel cavallero, que fincó en su cabo con aquellos
-moros, es Garçi Pérez de Bargas, et para tantos commo ellos son non
-a mester ayuda; et si los moros lo conosçieren en las armas, non lo
-osarán cometer, et sil cometieren, vos veredes oy las maravillas que
-él fará.»
-
-Garçi Pérez tomó las armas quel traye su escudero, et mandól que
-se parase en pos él et que se non moviese a ninguna parte, sinon
-así commo él fuesse que así fuese él en pos[53] él. Et en alazando
-la capellina, cayósele la cofia en tierra, et non la vió; et
-endereçó por su camino derecho, et su escudero en pos él. Los moros
-connosçiéronle en las armas commo era Garçi Pérez, ca muchas vezes
-gelas vieran traer et bien las conosçién, et nol osaron cometer; mas
-fueron a par dél, de la una parte et de la otra, faziéndol cadamañas
-et sus abrochamientos[54] una grant pieça; et quando vieron que se
-non bolvíe a ninguna parte nin se queríe desviar por cosa que ellos
-feziesen, sinon que todavía iva por su camino derecho, tornáronsse et
-fuéronse a parar[55] en aquel logar ó se le cayó la cofia.
-
-Quando Garçi Pérez se vió desenbargado de aquellos moros, dió las
-armas a su escudero; et quando desenlazó la capellina et non falló su
-cofia, preguntó al escudero por ella; et el escudero le dixo que non
-gela diera. Et desque fué cierto que se le avíe caido, tomó sus armas
-quel avíe ya dadas, et díxol que pasase en pos él et que toviese ojo
-por la cofia allí ó se le cayera. Et el escudero, quando vió que se
-queríe tornar por ella, díxol: «¡Commo, don García, por una cofia vos
-queredes tornar a tan grant peligro? et non tenedes que estades bien,
-quando tan sin daño vos partiestes de aquellos moros, sseyendo ellos
-siete cavalleros et vos uno solo, et queredes tornar a ellos por una
-cofia?» Et Garçi Pérez le dixo: «Non me fables en ello, ca bien veyes
-que non he cabeça para andar sin cofia»; et esto dezíe él porque era
-muy calvo, que non tenié cabellos de la meitad de la cabeça adelante;
-et tornóse para aquel logar do ante tomara las armas.
-
-Don Llorenço Suárez quando lo vió tornar, dixo al rey: «¿Vedes commo
-torna a los moros Garçi Pérez, quando vió que los moros nol queríen
-cometer? agora va él cometer a ellos; agora veredes las maravillas
-que él fara, que vos yo dezía, sil osaren atender.»
-
-Los moros quando vieron tornar a Garçi Pérez contra ellos, tovieron
-que se queríe conbater con ellos, et fuéronse ende acogiendo, que non
-se detovieron í más.
-
-Quando Llorenço Suárez vió a los moros commo se acogién ante Garçi
-Pérez, que nol osaron atender, dixo al rey: «Sseñor, ¿vedes lo que
-vos yo dezía que nol osaríen atender aquellos siete cavalleros de
-moros a Garçi Pérez en su cabo?[56] Sabet, señor, quel connosçieron;
-catadlos commo se van acogiendo antél, que nol osan atender. Yo so
-Llorenço Suárez,[57] que conosco bien los buenos cavalleros desta
-hueste quales son».
-
-Garçi Pérez llegó a aquel logar do se le cayera la cofia et fallóla
-í, et mandó a su escudero desçender por ella: et tomóla et sacodióla
-et diógela; et púsosela en la cabeça, et fuese ende para do andavan
-los erveros.
-
-Quando los que fueron guardar los erveros se tornaron para el real,
-preguntó don Llorenço Suárez a Garçi Pérez, ante el rey, quien fuera
-aquel cavallero que con él saliera del real. Et Garçi Pérez ovo
-ende grant enbargo, et pesól mucho porque don Llorenço Suárez gelo
-preguntara ante el rey, ca luego sopo que viera[58] el rey et don
-Llorenço Suárez lo que a él aquel día oviera contesçido; et él era
-tal omne et auíe tal manera que nol plazíe quando le retraíen[59]
-algun buen fecho que él feziese; pero con grant vergüença ovo a dezir
-que nol conosçíe nin sabíe quien fuera. Et don Llorenço Suárez ge
-lo preguntó después muchas vezes, quien fuera aquel cavallero, et
-siempre le dixo que nol conosçíe, et nunca dél lo podieron saber,
-pero que lo conosçía él muy bien et lo veíe cada dia en casa del
-rey: mas non queríe que el cavallero perdiese por él su buena fama
-que ante avíe, ante defendió al su escudero que por los ojos de la
-cabeça[60] non dixiese que lo conosçía; et el escudero así lo fizo,
-que nunca lo quiso dezir pero que gelo preguntaron después muchas
-vezes.
-
-
-NOTAS
-
- [1] Véase A. G. SOLALINDE, en la _Revista de Filología Española_,
- II, 1915, págs. 283-288.
-
- [2] _Fincar_ tenía en la Edad Media los significados varios que
- después asumió el verbo «quedar».
-
- [3] La forma del artículo _ell_ por _el_, usada más generalmente
- ante vocal, abunda mucho en todas las obras de Alfonso X.
-
- [4] _Dizitres_ por ‘trece’ (hoy en algunas regiones se usan
- «diez y dos», «diez y tres», o formas análogas); compárese el
- _dizeocho_ precedente, para la reducción de _diez_ a _diz_ en
- posición proclítica.
-
- [5] Aun en el siglo XVI era forma corriente _Nero_ en vez de
- _Nerón_; aquélla deriva del nominativo latino, y ésta, del
- acusativo.
-
- [6] SUETONIO, _Nero_, 51, dice: «corpore maculoso et faetido,
- subflavo capillo»...
-
- [7] El verbo _aprender_ hacía su perfecto yo _aprise_, tu
- _aprisiste_, él _apriso_.
-
- [8] _Sin todo afán_, ‘sin ningún trabajo’; en frases negativas
- se empleaban indefinidos positivos en vez de los negativos: «nin
- todos los del vando», ‘ni ninguno de los del bando’. Véase _Mio
- Cid_, pág. 375↓29.
-
- [9] _Fallar de nuevo_, ‘idear, inventar’.
-
- [10] _Compañón_, ‘compañero’ en un sentido adjetivo de ‘afable’.
- SUETONIO, _Nero_, 10, «neque liberalitatis neque clementiae, ne
- ~comitatis~ quidem exhibendae ullam occasionem omisit».
-
- [11] El imperfecto (y tiempos afines) terminaba alguna vez en
- _ía_ (sobre todo la primera persona, véase unas líneas más abajo
- _querría_); pero en general terminaba en _ie_, con el acento ora
- en la _i_, ora en la _e_.
-
- [12] _Defender_, ‘prohibir’.
-
- [13] _Rafez_, ‘rahez’, ‘de poco valor’.
-
- [14] El pronombre enclítico se podía separar del verbo a que se
- refiere, interponiéndose entre ambos otras partes de la oración.
- Hoy habría que poner el enclítico inmediato al verbo, ordenándo
- así: «que no _las probase_ todas y no _las usase_». Véase _Mio
- Cid_, p. 409↓24.
-
- [15] _Assoora_, ‘de súbito’; compárese igual sentido que tiene
- hoy «a deshora». SUETONIO, 20, usa el adverbio «repente».
-
- [16] _Joglería_, o juglaría, es el arte del juglar.
-
- [17] _Assacar_, ‘inventar’.
-
- [18] Las formas _o_ y _do_ se usaban indistintamente por _onde_,
- _donde_.
-
- [19] _Todavía_, ‘siempre’, acepción primitiva, de la cual se pasó
- a la moderna de ‘aun’. Compárese el francés «toujours» que reúne
- los dos significados de ‘siempre’ y de ‘aun, en este momento’
- (j’ai toujours ma migraine).
-
- [20] _Cosa_ se usaba mucho en expresiones indefinidas negativas,
- donde hoy se emplea «nada». «Non se podían los moros por cosa
- defender.» _Fernán González_, 195. El uso duraba en la época
- clásica: GARCILASO, en la _Egloga II_, escribe: «No t’aconsejo
- yo, ni digo cosa Para que devas tú por ella darme Respuesta tan
- azeda i tan odiosa», y TIRSO, en _Marta la Piadosa_, II, «no te
- diré cosa ya». El uso subsiste en alguna expresión moderna, como
- «no vale cosa».
-
- [21] _A hurto_, ‘a hurtadillas’, ‘escondidamente’.
-
- [22] _Dellos_, genitivo partitivo ‘algunos de ellos’. Véase _Mio
- Cid_, pág. 335↓27.
-
- [23] Los traductores que empleaba Alfonso el Sabio para sus
- obras, no siempre traducen exactamente, ni mucho menos. Aquí,
- por desconocimiento de las antigüedades romanas, traducen
- el «triumphare», neutro, como activo. SUETONIO, _Nero_, 25,
- dice: «eo curru, quo Augustus olim triumphaverat, et in veste
- purpurea...»
-
- [24] La preposición _a_ indica el modo del adorno; así escribe
- don JUAN MANUEL «el paño era començado..., et díxol a qué figuras
- et a qué labores lo començaban de fazer». Véase _Mio Cid_, página
- 377↓39.
-
- [25] Otro ejemplo de mala inteligencia del texto latino.
- SUETONIO, _Nero_, 25, escribe: «coronamque capite gerens
- Olympiacam, dextra manu Pythiam, praeeunte pompa ceterarum cum
- titulis, ubi et quos quo cantionum quove fabularum argumento
- vicisset».
-
- [26] _Porfazar_, ‘murmurar, censurar’. En otro pasaje, de la
- misma Crónica, se lee: «e daquí se levantó grand mormorio entre
- los romanos, que porfazavan de Cristo et echavan la culpa deste
- destruimiento a la cristiandat, que dizíen que les no iva assí
- mal en el tiempo que aoravan los ídolos».
-
- [27] Otro ejemplo de interpolación de palabras entre el enclítico
- y el verbo: ‘como arriba _os_ dijimos’.
-
- [28] _A menos de_, ‘sin’, expresión usual aun en la época
- clásica. SUETONIO, _Nero_, 25: «nisi astante phonasco, qui
- moneret parceret arteriis ac sudarium ad os applicaret».
-
- [29] El verbo _yazer_ hacía su perfecto, yo _yógue_, tu
- _yoguiste_, él _yógo_.
-
- [30] _Acordar_, como _recordar_, significaba ‘despertar’.
-
- [31] _Governage_, como _gobernalle_, ‘timón’; ‘le faltó el timón’.
-
- [32] Este lucillo o sepulcro es el Mausoleo. SUETONIO, _Nero_, 46
- «De Mausoleo, sponte foribus patefactis, exaudita vox est nomine
- eum cientis».
-
- [33] _Seer_, derivado de ~sedere~, significaba ‘estar sentado’;
- _la tabla o seíe_ ‘la mesa a que estaba sentado’.
-
- [34] _Yaquanto_ era un indefinido que significaba ‘algo’, esto
- es: ‘tomó un poco de veneno’.
-
- [35] _Buxeta_ ‘bujeta, cajita, pomo’; SUETONIO, _Nero_. 48:
- «sumpto... veneno et in auream pyxiden condito».
-
- [36] SUETONIO: «praemissis libertorum fidissimis Ostiam ad
- classem praeparandam».
-
- [37] _Cometer_, ‘proponer’; véase _Mio Cid_, pág. 583↓5.
-
- [38] Las frases adverbiales _a voces_, _a priessa_, hoy tienden
- a petrificarse, pero antes admitían toda clase de adjetivos
- calificativos del sustantivo: _a altas voces_, _a grant priessa_,
- véase _Mio Cid_, pág. 373↓16.
-
- [39] Los verbos sinónimos _tomar_, _coger_, _prender_, se usaban
- en forma reflexiva, con el significado de ‘irse’, y «prísose con
- sus omnes» significa ‘se reunió con su gente, se fué con ellos’.
- Hoy se conserva el mismo giro en la frase metafórica _tomarse con
- uno_, ‘reñir con uno’.
-
- [40] _Assessegar_, hoy ‘asosegar’.
-
- [41] _Alquiná_ o _alquinal_, voz de origen árabe, que significa
- ‘toca, pañuelo’.
-
- [42] Era frecuente, cuando un sustantivo llevaba dos adjetivos,
- que uno de éstos fuese antepuesto y otro pospuesto, «buena
- imaginación e fuerte» (véase _Mio Cid_, pág. 415↓25).
-
- [43] Muy a menudo el adverbio de cantidad iba separado del
- adjetivo a que se refiere, interponiéndose entre ambos el verbo
- y otras voces: «mucho fué alegre», «tanto es limpia», véase _Mio
- Cid_, pág. 418↓26.
-
- [44] _A grand pena_, ‘con gran trabajo’.
-
- [45] _Porfazo_, ‘humillación, afrenta’. Véase pág. 16, nota 26.
-
- [46] _El_ es la conjunción, unida al pronombre enclítico
- apocopado ‘y le’.
-
- [47] No es ‘turbado’, sino ‘torvo, espantoso, airado’.
-
- [48] San Fernando, para asegurar el asedio de Sevilla, se
- estableció en Tablada, rodeando su campamento de un gran foso.
-
- [49] ‘Herberos’ o ‘forrajeadores’.
-
- [50] El gerundio con _en_, formando una oración incidental
- temporal, era muy usado antiguamente.
-
- [51] _Cometer_, significaba no sólo ‘acometer’, sino también
- ‘intentar’.
-
- [52] _En su cabo_ ‘por sí solo’, ‘solo’; se decía _vevir en so
- cabo_ ‘vivir aparte o solo’; comp. unas líneas más abajo _fincó
- en su cabo_, ‘quedó solo’.
-
- [53] Nótese en este ejemplo el uso extremamente inhábil y
- anfibológico del pronombre _él_; una vez se refiere al escudero y
- otra a Garci Pérez, produciéndose confusión al mismo tiempo que
- cacofonía. Comp., pág. 32, nota 67.
-
- [54] Dos voces que me son desconocidas, y que sólo el contexto
- puede explicar.
-
- [55] _Pararse_ significa ‘ponerse, situarse’; «a la puerta se
- paravan», véase _Mio Cid_, pág. 785↓10.
-
- [56] _En su cabo_, ‘solo’, según se dijo arriba. pág. 23, nota 52.
-
- [57] _Yo so_, etc., es un grito de satisfacción de don Lorenzo,
- semejante al grito de guerra que daba el señor para animar a los
- vasallos, afirmando su personalidad: «Yo so el rey de Castilla,
- que cobdicié este día», _Poema de Alfonso XI_, 1678; «Yo so Ruy
- Díaz, mio Çid el de Bivar», etc.
-
- [58] Aunque el sujeto del verbo es doble, como va pospuesto, el
- verbo puede ir en singular: «dixo Raquel e Vidas», véase _Mio
- Cid_, pág. 362↓32.
-
- [59] _Retraer_, ‘referir, contar’. «Por ont siempre sepades
- retraer e contar Quanto puede a omne la buena fe prestar»,
- BERCEO, _San Millán_, 199; «Fué por toda la tierra aína retrahido
- Que era el sant omne desti sieglo transsido», San Millán, 322.
-
- [60] _Por los ojos de la cabeça_, como si dijese ‘por su vida’,
- ‘pena la vida’. Alude a la pena de ceguera que se usaba mucho en
- la antigua Edad Media, aunque ya no era corriente en la época de
- Alfonso X; era la pena inmediata, en gravedad, a la pena capital.
- También se decía «por los ojos de la cara», o «de la faz». Véase
- _Mio Cid_, pág. 772↓27.
-
-
-
-
-DON JUAN MANUEL
-
-(1282-1348)
-
-
-Don Juan, hijo del infante don Manuel, se nos presenta como
-continuador de las tradiciones literarias fomentadas por su tío
-Alfonso el Sabio. Don Juan empezó a escribir movido de la admiración
-que en él despertaban las obras de Alfonso; tanto, que su primera
-producción es un modesto resumen de la _Crónica General de España_,
-hecho hacia 1320. En el prólogo de este resumen pondera don Juan
-el estilo claro, elegante y, sobre todo, conciso, que el Rey Sabio
-empleaba: «Et púsolo todo complido e por muy apuestas razones e en
-~las menos palabras que se podía poner~.»
-
-Procurando emular estas dotes del rey su tío, llegó don Juan a
-superar a su modelo. Con segura satisfacción del éxito logrado,
-escribía el autor, hacia 1330, esta crítica de su estilo propio:
-«Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas palabras
-et por los mas fermosos latines ~que yo nunca oi decir~ en libro
-que fuese fecho en romance; et poniendo declaradamente complida la
-razón que quiere decir, ~pónelo en las menos palabras que pueden
-seer~»[61].
-
-La sobriedad era su preocupación, según puede observarse en su
-obra maestra _El libro de Patronio_ o el _Conde Lucanor_ (primera
-parte, escrita entre 1328 y 1332). Este libro es una colección de
-cuentos tradicionales, así que varios de ellos se encuentran a la
-vez referidos en otros autores; y si comparamos los de don Juan con
-los del Arcipreste de Hita (que escribió unos diez años después),
-observamos un marcado contraste entre la juguetona y verbosa
-animación del Arcipreste y la mesurada compostura del estilo de
-don Juan Manuel. Atento éste principalmente a acumular en la frase
-trabazón lógica y fuerza didáctica, se detiene en desarrollar los
-sentimientos que pone en juego, se esmera en preparar las situaciones
-a que la narración conduce; pero, en cambio, mira con manifiesto
-desvío la ornamentación externa del relato. Tanto propende a no
-apartarse de la narración seguida, que, a pesar de su fin didáctico,
-ni siquiera se entretiene en intercalar un discurso sentencioso o
-una máxima; deja, por lo común, que la moralidad se desprenda del
-fluir de la acción, y sólo le da una forma aforística al final de
-cada cuento. No obstante, aunque siempre en forma fugaz, no descuida
-dar viveza al relato; véase, por ejemplo, la rápida pero feliz
-descripción de la bajada al subterráneo de don Illán, en el primer
-cuento que aquí se inserta.
-
-En multitud de rasgos el lenguaje de don Juan Manuel se parece al
-de la segunda parte de la _Crónica General_; en ambos textos se
-ven los mismos defectos de la época arcaica, tales como la gran
-inhabilidad que revela el abuso del pronombre _él_ (pág. 32, nota
-67). Además, ni uno ni otro suelen emplear el diálogo; lo corriente
-es que el personaje principal hable en discurso directo, y el que
-contesta lo haga en forma indirecta, o sea en tercera persona.
-Pero, sin embargo, fácil es observar un gran progreso entre los dos
-autores. Don Juan construye el período en modos más variados que la
-_Crónica_, y a la ingenua viveza de ésta, sustituye una expresión
-más intencionada, que sabe lograr ya efectos muy variados, entre
-los que sobresale la ironía. En fin, por su mayor originalidad de
-composición, y por la serena y sencilla eficacia de su lenguaje,
-don Juan se nos muestra indisputablemente como un estilista muy
-superior[62].
-
-
- LIBRO DE PATRONIO
- O DEL CONDE LUCANOR
-
- ENXIENPLO XI.--Delo que contesçio a un deán de Santiago con Don
- Illán, el grand maestro de Toledo.
-
-Otro dia fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et
-contaval su fazienda en esta guisa: «Patronio, un omne vino a me
-rogar[63] quel ayudasse en un fecho que avía mester mi ayuda, et
-prometióme que faría por mí todas las cosas que fuessen mi pro et mi
-onra, et yo començel a ayudar quanto pude en aquel fecho; et ante
-que el pleito fuesse acabado, teniendo[64] él ya que su pleito era
-librado, acaesçió una cosa en que cunplía que la fiziesse por mí et
-él púsome escusa; et después acaesçió otra cosa que pudiera fazer
-por mí et púsome escusa commo a la otra; et esto me fizo en todo lo
-quel rogué que fiziesse por mí. Et aquel fecho por que él me rogo non
-es aun librado, nin se librará si yo non quisiere; et por la fiuza
-que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me
-consejedes lo que faga en esto.»
-
-«Señor conde», dixo Patronio, «para que vos fagades en esto lo que
-devedes, mucho querría que sopiésedes[65] lo que contesçió a un deán
-de Santiago con Don Illán, el grand maestro que morava en Toledo».
-
-Et el conde le preguntó commo fuera aquello.
-
-«Señor conde», dixo Patronio, «en Santiago avía un deán que avía
-muy grant talante de saber el arte dela nigromançía, et oyó dezir
-que don Illán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuesse en
-aquella sazón et por ende vínose para Toledo para aprender de aquella
-sçiencia».
-
-«Et el dia que llegó a Toledo endereçó luego a casa de Don Illán
-et fallólo que estava leyendo en una cámara muy apartada. Et luego
-que llegó a él, recibiólo muy bien, et díxol que non quería quel
-dixiesse ninguna cosa de lo por que venía fasta que oviese comido. Et
-pensó[66] muy bien dél et fizol dar muy buenas posadas et todo lo que
-ovo mester, et diól a entender quel plazía mucho con su venida».
-
-«Et después que ovieron comido, apartósse con él[67] et contól
-la razón por que allí viniera, et rogól muy affincadamente quel
-mostrasse aquella sçiençia que él auia muy grant talante de la
-aprender. Et Don Illán díxol que él era deán et omne de grant
-guisa[68] et que podría llegar a grant estado, et los omnes que grant
-estado tienen, de que todo lo suyo an librado a su voluntad, olbidan
-mucho aína lo que otre a fecho por ellos; et él que se reçelava que
-de que él[67] oviesse apprendido dél aquello que él quería saber,
-que[69] non le faría tanto bien commo él le prometía. Et el deán le
-prometió et le asseguró que qualquier bien que él oviesse que nunca
-faría sinon lo que él mandasse; et en estas fablas estudieron desque
-ovieron yantado fasta que fué ora de çena. Et de que su pleito fue
-bien assossegado[70] entre ellos, díxo Don Illán al deán que aquella
-sciençia non se podía aprender sinon en lugar mucho apartado, et que
-luego essa noche le queria amostrar do avían de estar, fasta que
-oviesse apprendido aquello que él quería saber. Et tomól por la mano
-et levól a una cámara; et en apartándose de la otra gente, llamó
-a una mançeba de su casa et díxol que toviesse perdizes para que
-çenassen aquella noche, mas que non las pusiessen a assar fasta que
-él gelo mandasse.»
-
-«Et desque esto ovo dicho, llamó al deán, et entraron entramos por
-una escalera de piedra muy bien labrada, et fueron descendiendo por
-ella muy gran pieça, en guisa que paresçia que estavan tan vaxos que
-passava el rio de Tajo por çima dellos. Et desque fueron en cabo del
-escalera, fallaron una possada muy buena, et una cámara mucho apuesta
-que y avia, ó estavan los libros et el estudio en que avía de leer.»
-
-«De que se assentaron, estavan parando mientes en quales libros
-avian de començar; et estando ellos en esto, entraron dos omnes por
-la puerta, et diéronle[71] una carta quel enviava el arçobispo su
-tio, en quel fazía saber que estava muy mal doliente, et quel enviava
-rogar que sil quería veer vivo, que se fuesse luego para él. Al deán
-pesó mucho con estas nuebas, lo uno por la dolençia de su tio, et lo
-al por que reçeló que avía de dexar su estudio que avía començado.
-Pero puso en su coraçon[72] de non dexar aquel estudio tan aína, et
-fizo sos cartas de repuesta et enviólas al arçobispo su tio.»
-
-«Et dende a tres o quatro dias llegaron otros omnes a pie que traían
-otras cartas al deán, en quel fazían saber que el arçobispo era
-finado,[73] et que estavan todos los de la eglesia en su eslección,
-et que fiavan por la merçed de Dios que eslerían[74] a él. Et por
-esta razon que non se quexasse de ir a la eglesia, ca mejor era para
-él en quel esleyessen seyendo en otra parte que non estando en la
-eglesia.»
-
-«Et dende a cabo de siete o de ocho dias, vinieron dos escuderos
-muy bien vestidos et muy bien aparejados, et quando llegaron a él,
-vesáronle la mano et mostráronle las cartas en commo le avían
-esleido por arçobispo. Et quando Don Illán esto oyó, fue al electo
-et díxol commo gradesçía mucho a Dios por que estas buenas nuevas le
-llegaran a su casa; et pues Dios tanto bien le fiziera, quel pedía
-por merçed que el deanasgo, que fincava vagado,[75] que lo diesse a
-un su fijo. Et el electo díxol quel rogava quel quisiesse consentir
-que aquel deanadgo que lo oviesse un su hermano, mas que él le faría
-bien en la iglesia en guisa que él fuesse pagado, et quel rogava que
-fuesse con él para Santiago et que levasse con él aquel su fijo. Et
-Don Illán díxo que lo faría.»
-
-«Et fuéronse para Santiago; et quando í llegaron, fueron muy bien
-reçebidos et mucho onradamente. Et desque moraron í un tienpo, un
-día llegaron al arçobispo mandaderos del papa con sos cartas en
-cómmol dava el obispado de Tolosa et quel fazía graçia que pudiesse
-dar el arçobispado a qui quisiesse. Quando Don Illán oyó esto,
-retrayéndol[76] mucho affincadamente lo que con él avía passado,[77]
-pidiól merçed que lo diesse a su fijo. Et el arçobispo le rogó que
-consentiesse que lo oviesse un su tio, hermano de su padre. Et Don
-Illán díxo que bien entendíe quel fazía grand tuerto, pero que esto
-que lo consintía en tal[78] que fuesse seguro que gelo emendaría
-adelante. Et el arçobispo le prometió en toda guisa que lo faría
-assí, et rogól que fuesse con él a Tolosa et que levasse su fijo.»
-
-«Et desque llegaron a Tolosa, fueron muy bien reçebidos de condes
-et de quantos omnes buenos avía en la tierra. Et desque ovieron í
-morado fasta dos años, llegáronle mandaderos del papa con sos cartas
-en commo le fazía el papa cardenal, et quel fazía graçia que diesse
-el obispado de Tolosa a qui quisiesse. Entonçe fué a él Don Illán et
-díxol que pues tantas vezes le avía fallesçido[79] de lo que con él
-pusiera, que ya aquí non avía logar del poner escusa ninguna que non
-diesse alguna de aquellas dignidades a su fijo. Et el cardenal rogól
-que consentiese que oviesse aquel obispado un su tio hermano de su
-madre, que era omne bueno ançiano, mas que, pues él cardenal era, que
-se fuese con él para la corte que asaz avía en que le fazer bien. Et
-Don Illán quexósse ende mucho, pero consintió en lo que el cardenal
-quiso, et fuesse con él para la corte.»
-
-«Et desque í llegaron, fueron muy bien reçebidos de los cardenales et
-de quantos en la corte eran, et moraron y muy grand tienpo. Et Don
-Illán affincando cada dia al cardenal quel fiziesse alguna graçia
-a su fijo, et él poníal sos escusas. Et estando assí en la corte,
-finó el papa; et todos los cardenales esleyeron aquel cardenal por
-papa. Estonçe fué a él Don Illán et díxol que ya non podía poner
-escusa de non conplir lo quel avía prometido. Et el papa le dixo que
-non lo affincasse tanto, que sienpre avría lugar en quel fiziesse
-merçed, segund fuesse razón. Et Don Illán se començó a quexar mucho
-retrayéndol quantas cossas le prometiera[80] et que nunca le avía
-conplido ninguna, et diziéndol que aquello reçelara él la primera
-vegada que con él fablara. Et pues aquel estado era llegado et nol
-cunplia lo quel prometiera, que ya non le fincava logar en que
-atendiesse dél bien ninguno. Deste affincamiento se quexó mucho el
-papa et començól a maltraer, diziendol que si más le affincasse,
-quel faría echar en una cárçel, que era ereje et encantador, et que
-bien sabía él que non avía otra vida nin otro offiçio en Toledo, do
-él morava, sinon bivir por aquella arte de nigromançía. Et desque
-Don Illán vió quanto mal le gualardonava el papa lo que por él avía
-fecho, espidióse dél; et solamente[81] nol quiso dar el papa qué
-comiese por el camino.»
-
-«Estonçe don Illán dixo al papa que pues al non tenía de comer, que
-se avría de tornar a las perdizes que mandara assar aquella noche.
-Et llamó ala muger et díxol que assasse las perdizes. Et quando esto
-díxo don Illán, fallósse el papa en Toledo deán de Santiago, commo
-lo era quando í bino; et tan grand fué la verguença que ovo que non
-sopo quel dezir. Et don Illán díxol que fuesse en buena ventura, et
-que assaz avía provado lo que tenía en él, et que ternía por muy mal
-enpleado si comiesse su parte de las perdizes.»
-
-«Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que tanto fazedes por aquel
-omne que vos demanda ayuda, et non vos da ende mejores graçias,
-tengo que non avedes por qué trabajar nin aventurarvos mucho por
-llegarlo[82] a logar que vos dé tal galardón commo el deán dió a don
-Illán.»
-
-El conde tovo esto por buen consejo, et fízolo assí, et fallósse ende
-bien. Et por que entendió don Johan que era este muy buen exienplo,
-fízolo poner en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:
-
- Al que mucho ayudares · et non te lo conosçiere,[83]
- menos ayuda abrás · desqu’en grand onra subiere.
-
-
- ENXIENPLO XXXV.--De lo que contesçió a un mançebo que casó con
- una muger muy fuerte et muy brava.
-
-Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, et díxole: «Patronio,
-un mio criado me díxo quel traían cassamiento con una muger muy rica,
-et aun que es más onrada que él et que es el casamiento muy bueno
-para él, sinon por un enbargo que í ha; et el enbargo es éste: díxome
-quel dixeran que aquella muger que era la más fuerte et la más brava
-cosa del mundo. Et agora ruégovos que me consejedes si le mandaré que
-case con aquella muger, pues sabe de qual manera es, o sil mandaré
-que lo non faga.»
-
-«Señor conde Lucanor», dixo Patronio, «si él fuer tal commo fué un
-fijo de un omne bueno que era moro, consejalde que case con ella;
-mas si non fuere tal, non gelo consejedes.» Et el conde le rogó quel
-dixiesse commo fuera aquello.
-
-Patronio le dixo que en una villa avía un omne bueno que avía un fijo
-el mejor mançebo que podía ser, mas non era tan rico que pudiesse
-conplir tantos fechos et tan grandes commo el su coraçón le dava a
-entender que devía conplir; et por esto era él en grand cuydado, ca
-avía la buena voluntat et non avía el poder.
-
-Et en aquella villa misma avía otro omne muy más onrado et más rico
-que su padre, et avía una fija et non más, et era muy contraria de
-aquel mançebo, ca quanto aquel mançebo avía de buenas maneras, tanto
-las avía aquella fija del omne bueno de malas et revesadas; et por
-ende omne del mundo non quería casar con aquel diablo.
-
-Et aquel tan buen mançebo vino un dia a su padre et díxole que bien
-sabía que él non era tan rico que pudiesse darle con qué él pudiesse
-bevir a su onra, et que pues le convinía a fazer vida menguada et
-lazdrada o irse daquella tierra, que si él por bien tobiesse, quel
-parescía mejor seso de catar algun casamiento con que pudiesse aver
-alguna passada.[84] Et el padre le dixo quel plazía ende mucho si
-pudiesse fallar para él casamiento que le cunpliesse. Et entonçe le
-dixo el fijo que si él quisiesse, que podría guisar que aquel omne
-bueno, que avía aquella fija, que gela diesse para él. Et quando el
-padre esto oyó, fué muy maravillado et díxol que commo cuidava en tal
-cosa, que non avía omne que la conosçiesse que, por pobre que fuesse,
-quisiesse casar con ella. Et el fijo le dixo quel pidía por merçed
-quel guisasse aquel casamiento; et tanto lo afincó que commo quier
-que el padre lo tovo por estraño, que gelo otorgó. Et fuesse luego
-para aquel omne bueno, et amos eran mucho amigos, et díxol todo lo
-que passara con su fijo, et rogól que pues su fijo se atrevía a casar
-con su fija, quel plogiesse et gela diesse para él. Quando el omne
-bueno esto oyó a aquel su amigo, díxole: «Par Dios, amigo, si yo tal
-cosa fiziesse, seer vos ía muy falso amigo, ca vos avedes muy buen
-fijo, et ternía que fazía muy grand maldat si yo consintiesse su
-mal nin su muerte; casó çierto que si con mi fija casase, que sería
-muerto o le valdría mas la muerte que la vida. Et non entendades que
-vos digo esto por non conplir vuestro talante, ca si la quisiérdes, a
-mí mucho me plaze de la dar a vuestro fijo o a quien quier que me la
-saque de casa.» Et aquel su amigo le díxo quel gradesçía mucho quanto
-le dizía, et que pues su fijo quería aquel casamiento, quel rogava
-que le pluguiesse.
-
-Et el casamiento se fizo, et levaron la novia a casa de su marido.
-Et los moros an por costunbre que adovan de cenar a los novios
-et pónenles la mesa et déxanlos en su casa, fasta otro día; et
-fiziéronlo aquellos assí; pero estavan los padres et las madres et
-los parientes del novio et dela novia con grand reçelo, cuidando que
-otro día fallarían el novio muerto o muy mal trecho.
-
-Luego que ellos fincaron solos en casa, assentaronse a la mesa; et
-ante que ella ubiasse a dezir cosa, cató el novio enderredor de
-la mesa, et vió un perro, et díxol yaquanto bravamente: «Perro,
-danos agua a las manos»; et el perro non lo fizo; et encomençósse a
-ensañar, et díxol más bravamente que les diesse agua a las manos; et
-el perro non lo fizo. Et desque vió[85] que lo non fazía, levantóse
-muy sañudo de la mesa, et metió mano a la espada et endereçó al
-perro; et quando el perro lo vió venir contra sí, començó a foir,
-et él en pos dél saltando amos por la ropa et por la mesa et por el
-fuego, et tanto andudo en pos dél fasta que lo alcanzó et cortól
-la cabeça et las piernas et los braços et fízolo todo pedaços, et
-ensangrentó toda la casa et toda la mesa et la ropa.
-
-Et assí muy sañudo et todo ensangrentado, tornóse a sentar a la
-mesa, et cató enderredor, et vió un gato, et díxol quel diesse
-agua a manos; et por que non lo fizo díxole: «¿Commo, don falso,
-traydor, non vistes lo que fiz al perro por que non quiso fazer lo
-quel mandé?; yo prometo a Dios que si poco nin más porfías, que esso
-mismo[86] faré a ti que al perro.» Et el gato non lo fizo, ca tan
-poco es su costunbre de dar agua a manos commo del perro; et por que
-non lo fizo, levantóse, et tomól por las piernas et dió con él a la
-pared, et fizo dél mas de çient pedaços, et mostrando muy mayor saña
-que contra el perro.
-
-Et assí, bravo et sañudo et faziendo muy malos contenentes[87]
-tornóse a la mesa et cató a todas partes; et la muger quel vió esto
-fazer, tovo que estava loco o fuera de seso et non dezía nada. Et
-desque ovo catado a cada parte, vió un su cavallo que estava en
-casa[88] (et él non avia más de aquel) et díxol muy bravamente que
-les diesse agua a las manos; et el cavallo non lo fizo. Desque vió
-que lo non fizo, díxol: «¡Cómmo, don cavallo! ¿cuydades que por que
-non he otro cavallo, que por esso vos dexaré si non fizierdes lo que
-yo vos mandare? Yo juro a Dios que tan mala muerte vos dé commo a
-los otros; et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo
-mandare, que esso mismo non le faga». Et el cavallo estudo quedo; et
-desque vió que non fazía su mandado, fué a él et cortól la cabeça, et
-con la mayor saña que podría mostrar, despedaçólo todo.
-
-Et quando la muger vió que matava el cavallo non aviendo otro, et que
-dizía que esto faría a quien quier que su mandado non cunpliesse,
-tovo que esto non se fazía ya por juego et ovo tan grand miedo
-que non sabía si era muerta o biva. Et él assi bravo et sañudo et
-ensangrentado, tornóse a la mesa, jurando que si mil cavallos et
-omnes et mugeres oviesse en casa quel saliessen de mandado, que todos
-serían muertos. Et asentósse, et cató a cada parte teniendo la espada
-sangrentada en el regaço; et desque cató a una parte et a otra et
-non vió cosa viva, bolvió los ojos contra su muger muy bravamente et
-díxol con grand saña, teniendo la espada en la mano: «Levantad vos
-et dat me agua a las manos.» Et la muger que non esperava otra cosa
-sinon quela despedaçaría toda, levantóse muy apriessa et diól agua a
-las manos; et díxole él: «¡Cómmo gradesco a Dios por que feziestes
-lo que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me
-fizieron, esso oviera fecho[89] a vos que a ellos!» Et despues mandól
-quel diesse de comer, et ella fízolo; et cada que él dezía alguna
-cosa, tan bravamente gelo dizía et en tal son, que ella ya cuidava
-que la cabeça era ida del polvo.
-
-Et assi pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló,
-mas fazía lo que él mandava. Et desque ovieron dormido una pieça,
-díxo él: «Con esta saña que ove esta noche, non pude bien dormir:
-catad que non me despierte cras ninguno et tened me bien adobado de
-comer.»
-
-Et quando fue grand mañana,[90] los padres et las madres et los
-parientes llegáronse a la puerta, et por que non fablava ninguno,
-cuidaron que el novio estava muerto o ferido, et desque vieron por
-entre las puertas a la novia et non al novio cuidáronlo más. Et
-quando ella los vió a la puerta, llegó muy passo et con grand miedo
-et començóles a dezir: «Locos, traidores ¿qué fazedes e commo osades
-llegar a la puerta nin fablar?; callad, si non todos, tan bien
-vosotros commo yo, todos somos muertos.» Et quando todos esto oyeron,
-fueron muy maravillados, et desque sopieron commo passaron en uno,
-presçiaron mucho el mançebo que assí sopiera fazer lo quel cunplía,
-et castigar[91] tan bien su casa. Et daquel dia adelante fue aquella
-su muger muy bien mandada et obieron muy buena vida.
-
-Et dende apocos dias su suegro quiso fazer assí commo fiziera su
-yerno, et por aquella manera mató un gallo et díxole su muger: «A la
-fe don fulán, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si
-matassedes çient cavallos, que ante lo ovierades a començar, ca ya
-bien nos conosçemos.»
-
-«Et vos, señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con tal
-muger, si fuere él tal commo aquel mançebo, consejalde que case
-seguramente, ca él sabrá como passe en su casa; mas si non fuere tal
-que entienda lo que deve fazer et lo quel cunple, dexadle que passe
-su ventura. Et aun conséjovos que con todos los omnes que ovierdes a
-fazer, que sienpre les dedes a entender en qual manera an de passar
-conbusco.»
-
-Et el conde obo éste por buen consejo, et fízolo assí, et fallóse
-dello bien. Et por que Don Johan lo tovo por buen enxienplo, fízolo
-escrivir en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:
-
- Si al comienço non muestras qui eres,
- nunca podrás después quando quisieres.
-
-
-NOTAS
-
- [61] _Libro de los Estados_ 90º (pág. 335_b_ de la Biblioteca de
- Autores Españoles, tomo LI). Los «fermosos latines», de que se
- alaba don Juan Manuel, no son «latinismos», como pudiera creerse,
- pues su lenguaje no es nada propenso al cultismo; la frase tiene
- un sentido más vago, quiere decir simplemente «expresiones
- elegantes».
-
- [62] Para el lenguaje de don Juan Manuel, pueden verse: F. DÖNNE,
- _Syntaktische Bemerkungen zu Don Juan Manuels Schriften_, Jena,
- 1891, y S. GRÄFENBERG, _Don Juan Manuel_, _El Libro del Cavallero
- et del Escudero_, en Romanische Forschungen, VII, 1893, p.
- 523-549.
-
- [63] Los pronombres enclíticos del infinitivo dependiente por
- medio de preposición, podían ir o con el verbo regente: _tornólas
- a catar_, o entre la preposición y el infinitivo, como se ve en
- el texto.
-
- [64] _Tener_ significa ‘pensar’, como en frases modernas: «tengo
- para mí que...»
-
- [65] Debiera estar escrito _sopiessedes_; seguimos la ortografía
- del principal de los manuscritos conservados de las obras de
- Don Juan. Está escrito entre los siglos XIV y XV, y refleja la
- gran vacilación en el uso de la _s_ y la _ss_ que existía en
- muchas regiones de España. La imprenta vendrá a regularizar estas
- vacilaciones, y a seguir una ortografía más precisa, semejante a
- la de Alfonso el Sabio.
-
- [66] _Pensar de uno_ significaba ‘cuidar de él’; «e pensó
- dél», traduciendo el latín ‘et curam ejus egit’, _Mio Cid_, p.
- 793↓19. Análogo es el sentido del verbo en «pensar el caballo,
- pensar bien sus canes», etc., de donde se deriva el sustantivo
- _pienso_.
-
- [67] Adviértase continuamente la ambigüedad en el uso del
- pronombre _él_, que notamos. Comp., pág. 24, nota 53; 33, nota 71;
- 41, nota 85.
-
- [68] _Guisa_ significaba, en general, ‘manera’, y aquí significa
- ‘manera de ser’ o ‘condición’. Se decía también «omne de alta
- guisa», por hombre de elevada posición social.
-
- [69] Esta repetición de la conjunción _que_, fué corriente aun en
- él período clásico.
-
- [70] _Assossegar_, ‘asentar, pactar’. El significado más
- corriente del verbo era ya entonces el moderno de ‘sosegar,
- calmar, pacificar’.
-
- [71] Igual ambigüedad que respecto de _él_, puede notarse en el
- uso de la forma enclítica del pronombre.
-
- [72] _Poner_ significaba ‘convenir, concertar’, y _poner en su
- coraçón_ significa literalmente ‘convenir consigo mismo’, es
- decir, ‘resolver, decidir’.
-
- [73] Hasta el siglo XVII, el auxiliar usado con el participio
- de los verbos neutros o reflexivos, era _ser_ en lugar de
- _aver_, así se decía «fué nacido, son llegados, ya eran idos, es
- levantado», junto a «lo avien fecho», etc. Véase _Mio Cid_, pág.
- 359↓13.
-
- [74] También se decía _esleirían_. Es el verbo _esleir_ forma
- popular, en vez de la moderna y culta _elegir_; se conjugaba como
- el moderno _desleir_, o con variantes propias de estos verbos con
- hiato.
-
- [75] Esta forma _vagar_, que es la popular, fué sustituída por la
- culta _vacar_.
-
- [76] _Retraer_, además de ‘referir, contar’, significaba
- ‘recordar, echar en cara’.
-
- [77] _Lo que con él avía passado_, ‘lo que había tratado con
- él’, aludiendo a la promesa primera que el deán había hecho. En
- _Cervantes_ hallamos: «entre los tres passaron un graciosissimo
- coloquio», _Quijote_, II, 2; ¿«qué coloquios pasó contigo»? I,
- 31, y después: «de lo que el cura y el barbero passaron con
- don Quixote cerca de su enfermedad», II, 1; siendo este último
- uso del verbo, igual al de don Juan Manuel, mal comprendido
- generalmente.
-
- [78] _En tal_ por ‘con tal’; así dicen todos los manuscritos de
- la obra.
-
- [79] Esto es: ‘tantas veces le había faltado en lo que con él
- conviniera’. Comp. «que falleçríe en aquello que pussiera con
- ellos, e amenguaríe mucho de su prez e de su onrra», _Crónica
- General_, pág. 38 _a_, 9, y «nada non me compliste... ¿por qué me
- falesçiste», _Fernán González_, 545 _d_.
-
- [80] ‘Le había prometido’; la forma verbal en _ra_ conservó por
- mucho tiempo su valor etimológico de pluscuamperfecto.
-
- [81] _Solamente non_ ‘ni siquiera’. Usábase con igual sentido
- _sol non_: «sol non será pensado», _Mio Cid_, pág. 392↓8.
-
- [82] _Llegar_ por ‘hacer llegar, conducir’; «la merced que Dios
- le avía hecho en le llegar a tal estado», véase _Mio Cid_, pág.
- 731↓4; usual aun en el período clásico: «si Dios me llega a
- tener algo que de gouierno». _Quijote_, II, 5.
-
- [83] _Conoscer_, como _reconocer_, significaba ‘agradecer’. De
- aquí el derivado más usual, _desconocido_, ‘desagradecido’.
-
- [84] _Passada_ es la ‘manera de vivir’; decimos hoy «un pasar».
- Así, FR. LUIS DE GRANADA dice: «No pedimos superfluidades ni
- demasías, sino pan necessario y para de presente, y como una
- passada, pues no somos nacidos para perpetuarnos acá.»
-
- [85] Nótese en todo este párrafo cómo, aunque se intercala varias
- veces un sujeto incidental (el perro), no se renueva después la
- mención del sujeto principal (el novio). Esta concisión sería hoy
- mirada como defectuosa.
-
- [86] _Esso mismo_, o simplemente _esso_, significaba ‘lo mismo’,
- ‘igual’. Usábase aun en el período clásico: «como yo esté harto,
- esso me haze que sea de çanahorias que de perdizes», _Quijote_,
- II, 55; y «esso estima los palos que las vozes», LOPE DE VEGA.
-
- [87] _Contenente_, ‘gesto, ademán’. Hoy _continente_, significa
- más bien ‘compostura, aire del semblante o del cuerpo’.
-
- [88] Había costumbre de albergar los caballos en la misma cámara
- donde las personas. La _Crónica General_ nos dice en su capítulo
- 791: «et porque a aquella sazón era la guerra con los moros tan
- grand et tan cutiana, assí los cavalleros et los condes et aun
- los reis mismos paravan sus caballos dentro de sus palacios et
- aun, segund cuenta la estoria, dentro en sus cámaras o durmíen
- con sus mugieres, porque luego que oyessen ferir apellido,
- toviessen prestos sus cavallos et sus armas». Esta explicación,
- buscada en la guerra con los moros, es caprichosa; en otros
- países de Europa se conocía la misma costumbre.
-
- [89] ‘Lo mismo hubiera hecho a vos’. Véase la nota 86 de la página
- 42.
-
- [90] _Grand mañana_, ‘muy de mañana’ o simplemente ‘de mañana’.
- «Andidieron de noche, bien fasta los albores; Grant mañana
- por miedo de algunos pastores, Metiéronse en una cueva los
- traidores», BERCEO, _Santo Domingo_, 434. Comp. fr. «de grand
- matin».
-
- [91] _Castigar_, significaba simplemente ‘advertir’, ‘amonestar’
- ‘ordenar’.
-
-
-
-
-ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO
-
-ARCIPRESTE DE TALAVERA
-
-(1398.--Vivía aún en 1466)
-
-
-Alfonso Martínez de Toledo escribió una historia de España que
-tituló _Atalaya de Crónicas_, y unas _Vidas de San Isidoro y de San
-Ildefonso_; la obra por la que fué y es más conocido es el libro
-que, según las ediciones antiguas, «tracta de vicios y virtudes, e
-reprobacion del loco amor, ansi de los hombres como de las mugeres, o
-segund algunos llamado _Corbacho_». Este nombre se le dió tomándolo
-de la sátira de Boccaccio contra las mujeres, pero Alfonso Martínez
-quiso que su libro quedase sin título alguno: «sin bautismo, sea
-por nombre llamado _Arcipreste de Talavera_ donde quier que fuere
-levado». Lo acabó el año de 1438.
-
-Este libro es importante en la historia de la prosa castellana por
-dos razones: representa de un modo especial una manera de estilo
-elegante que dominó en el siglo XV, y nos ofrece, por primera vez que
-sepamos, el habla popular tratada bajo una forma artística en prosa.
-En uno y otro aspecto ejerció marcada influencia; baste decir que en
-uno y otro, el autor de _La Celestina_ es tributario conocido del
-Arcipreste de Talavera.
-
-Dominaba entonces en el estilo trabajado una fuerte corriente de
-latinismo, la cual iba a menudo mezclada con italianismo, ya que
-desde el siglo anterior, autores italianos, como Boccaccio, por
-ejemplo, deslumbraban a nuestros escritores con una extraña elegancia
-de hipérbaton y léxico latinizantes. Este exotismo, que revestía
-formas muy crudas y exageradas, aparece templado en el _Arcipreste de
-Talavera_. El hipérbaton llega, es verdad, a casos extremos, como,
-por ejemplo, el de la separación del sustantivo y del adjetivo: «face
-la vista perder, e mengua _el olor_ de las narices _natural_... el
-gusto de la boca pierde...; pues _las potencias_ del ánima _tres_
-todas son turbadas»; pero esto es raro en nuestro autor. El rasgo que
-más abunda en él es la colocación del verbo al final de la frase:
-«non es muger que de sí muy avara non sea en dar, cavilosa en la mano
-alargar, temerosa en mucho emprestar, abondosa en cualquier cosa
-tomar, generosa en lo ageno dar...» También el cultismo propagaba
-el uso de varios participios de presente: «su conosciente o amigo»;
-«otros mançebos aun hoy bivientes.» Además, hay que señalar el
-latinismo, y el extranjerismo en general, como copiosa fuente de
-renovación del vocabulario; así el Arcipreste usa _sustancia_ por
-‘hacienda, bienes’, _estudiarse_ por ‘esforzarse’, _superbioso_
-por ‘soberbio, soberbioso’, acumulando a veces estos neologismos:
-«el vasallo contra el señor, e el servidor contra su _maestro_, el
-_súbdito_ contra su _subyugante_.»
-
-A menudo en esta época se buscaba también la elegancia mediante un
-amplio desarrollo del concepto; el giro espacioso de la frase tendía
-a dar cierta majestad solemne a la expresión; la insistencia en la
-idea procuraba una mayor viveza y eficacia de la imagen: «La Pobreza
-alçó sus ojos en alto, e començó de mirar la pompa e loçanía e locura
-e vanagloria, la jactancia e orgullo que la Fortuna consigo traía...
-Pues tú dizes que fazes e desfazes, viedas e mandas, ordenas e
-dispones todas las cosas del mundo, e que son a tu govierno e mando
-las baxas e aun las altas.» Véase la reiteración de un pensamiento
-que va a parar a una cita del Arcipreste de Hita: «¿Quien es tan
-loco e fuera de seso que quiere su poderío dar a otro, e su libertad
-someter a quien non deve, e querer ser siervo de una muger que
-alcança muy corto juizio, e demás, atarse de pies e de manos en
-manera que non es de sí mesmo, contra el dicho del sabio que dize:
-Quien pudiere ser suyo non sea enagenado, que libertad e franqueza
-non es por oro comprada?, e exemplo antiguo es, el qual puso el
-Arçipreste de Hita en su tractado.»
-
-La abundancia, que seduce al Arcipreste de Talavera, degenera a
-menudo en verbosidad, aun en los trozos doctrinales del libro: «¡Ay
-del triste desventurado, que por querer seguir el apetito de su
-voluntad que brevemente pasa, quiere perder aquella gloria perdurable
-de paraíso que para siempre durará! ¡Si el triste del ombre o muger
-sintiese drechamente qué cosa es perdurable, o para siempre jamas, o
-por infinita _secula seculorum_ aver en el otro mundo gloria o pena!»
-Esta verbosidad cuadra bien cuando se aplica a reflejar el lenguaje
-del pueblo, según se verá en los trozos que publicamos.
-
-Otra manera de elegancia fué la similicadencia, moda que todavía
-hallamos en vigor durante el siglo XVI, por ejemplo, en Fray Antonio
-de Guevara. El _Arcipreste de Talavera_ nos la ofrece, sobre todo, en
-los párrafos de afectada viveza: «Plégale a Nuestro Señor... que así
-velemos e nos aperçibamos, e del enemigo Satanás nos guardemos, e de
-los viçios nos corrijamos, e de los pecados en bien nos enmendemos.»
-Muy comúnmente se llega a la prosa rimada, como se ve en el ejemplo
-de posposición del verbo, que ponemos arriba. Y es notable que
-estas rimas abunden en la charla vulgar, según puede verse en los
-trozos aquí insertos, mostrándonos un curioso giro de la locuacidad
-vehemente, hoy enteramente desusado.
-
-Otro ejercicio del ingenio popular, antes más desarrollado que
-hoy día, era el uso abundante de los refranes, y el Arcipreste de
-Talavera no dejó de emplearlos para caracterizar el habla callejera,
-siendo en este particular un inspirador directo del autor de la
-_Celestina_ e indirecto del _Quijote_, como nota muy bien Menéndez
-Pelayo[92]. Pero este crítico atribuye a nuestro Arcipreste el
-mérito de haber adivinado el ritmo del diálogo, a lo cual no podemos
-asentir. El Arcipreste compone, sí, admirables discursos familiares,
-pero el diálogo no alcanza en él más desarrollo que en el _Lucanor_,
-por ejemplo. Para ver roto el estrecho molde medieval de la mera
-sucesión de discursos, necesitamos llegar a _La Celestina_.
-
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- ARCIPRESTE DE TALAVERA
- PARTE II, CAP. I
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- De los viçios e tachas e malas condiçiones de las perversas
- mugeres, e primero digo de las avariçiosas.
-
-Por quanto las mugeres que malas son, viçiosas e desonestas o
-enfamadas, non puede ser dellas escripto[93] nin dicho la meitad que
-dezir o escrevir se podría por el hombre,[94] e por quanto la verdad
-dezir non es pecado, mas virtud, por ende digo primeramente que las
-mugeres comunmente por la mayor parte de avariçia son doctadas; e por
-ésta razón de avariçia muchas de las tales infinitos e diversos males
-cometen: que si dineros, joyas preçiosas e otros arreos intervengan
-o dados les sean, es dubda[95] que a la más fuerte non derruequen,
-e toda maldad espera que cometrá la avariçiosa muger con defrenado
-apetito de aver, asi grande como de estado pequeño...[96]
-
-Asy la muger piensa que non ay otro bien en el mundo sinon aver,
-tener e guardar e poseer, con sulíçita guarda condensar,[97] lo ageno
-francamente despendiendo e lo suyo con mucha industria guardando.
-Donde por esperiencia verás que una muger en comprar por una blanca
-más se fará de oir que un ombre en mil maravedis. Item, por un huevo
-dará voces como loca e fenchirá a todos los de su casa de ponçoña:
-«¿Qué se fizo este huevo? ¿quién lo tomó? ¿quién lo levó? ¿Adole[98]
-este huevo? Aunque vedes que es blanco, quiçá negro será oy este
-huevo. ¿Quién tomó este huevo, quién comió este huevo? Comida sea de
-mala ravia. ¡Ay huevo mio de dos yemas, que para echar vos guardava
-yo! ¡Ay huevo mio, qué gallo e qué gallina salieran de vos! del gallo
-fiziera capón que me valiera veinte maravedises e la gallina catorze,
-o quiça la echara e me sacara tantos pollos e pollas con que pudiera
-tanto multiplicar, que fuera causa de me sacar el pié del lodo. Agora
-estarme he como desventurada, pobre como solía... ¡Ay huevo mio de
-la meajuela redonda, de la cáscara tan gruesa, ¿quién me vos comió?
-¡Ay Marica, rostro de golosa, que tú me has lançado por puertas: yo
-te juro que los rostros te queme, doña vil, suzia, golosa! ¡Ay huevo
-mio, y que será de mi! ¡Ay triste, desconsolada, Jesús, amiga, y cómo
-non me fino agora! ¡Ay Virgen María, cómo non rebienta quien vee tal
-sobrevienta![99] ¡Non ser en mi casa señora de un huevo! Maldita sea
-mi ventura e mi vida si non estó en punto de rascarme[100] o de me
-mesar toda. ¡Ya,[101] por Dios! ¡guay de la que trae por la mañana el
-salvado, la lumbre, e sus rostros quema soplando por la encender; e
-fuego fecho, pone su caldera y calienta su agua e faze sus salvados
-por fazer gallinas ponedoras; y que, puesto el huevo, luego sea
-arrebatado! ¡Ravia, Señor, y dolor de coraçon, endúrolos[102] yo,
-cuitada, e paso como a Dios plaze, e liévamelos el huerco! ¡Ya,
-Señor! e liévame deste mundo, que mi cuerpo non goste más pesares nin
-mi ánima sienta tantas amarguras. ¡Ya, Señor! por el que tú eres, da
-espaçio a mi coraçon con tantas angosturas como de cada dia gusto.
-¡Una muerte me valdríe más que tantas, ya por Dios!». Y en ésta
-manera dan bozes e gritan por una nada.
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-Item, si una gallina pierden, van de casa en casa conturbando toda
-la vezindat: «¿Do mi gallina la ruvia, de la calça bermeja, o la de
-la cresta partida, çenizienta escura, cuello de pavo, con la calça
-morada, ponedora de huevos? ¿Quién me la furtó? Furtada sea su
-vida. ¿Quién menos me fizo[103] della? Menos se le tornen los días
-de la vida. ¡Mala landre, dolor de costado, ravia mortal comiese
-con ella; nunca otra coma, comida mala comiese, amen! ¡Ay gallina
-mia, tan ruvia! un huevo me dabas tú cada día; aojada te tenia el
-que te comió, asechándote estaba el traidor; desfecho le vea de su
-casa[104] a quien te me comió; ¡comido le vea yo de perros aina!,
-¡cedo sea! ¡véanlo mis ojos, e non se tarde! ¡Ay gallina mia, gruesa
-como un ansarón, morisca de los pies amarillos, crestibermeja! más
-avía en ella que en dos otras que me quedaron. ¡Ay triste! aun agora
-estava aquí, agora salió por la puerta, agora salió[105] tras el
-gallo por aquel tejado. El otro día, ¡triste de mí, desaventurada,
-que en mal ora nascí, cuitada!, el gallo mio bueno cantador, que
-asi salían dél pollos como del çielo estrellas, atapador de mis
-menguas, socorro de mis trabajos, que la casa nin bolsa, cuitada,
-él bivo, nunca vazia estava. ¡La de Guadalupe señora, a ti lo
-acomiendo! señora, non me desampares ¡ya, triste de mí! que tres
-días ha entre las manos me lo llevaron. ¡Jesús, quánto robo, quánta
-sinrazón, quánta injustiçia! ¡Callad, amiga, por Dios; dexadme
-llorar, que yo sé qué perdí e qué pierdo oy! E cada uno le duele lo
-suyo ¡y tal joya como mi gallo! ¡Cuitada, e agora la gallina! Rayo
-del cielo mortal e pestilençia venga sobre tales personas: espina o
-hueso comiendo se le atravesase en el garguero, que Sant Blas non
-le pusiese cobro. Non diré, amigas, aina diría que Dios non está
-en el cielo, ni es tal como solía, que tal sufre e consiente. ¡Oh
-Señor, tanta paciencia e tantos males sufres! ¡ya, por aquel que tu
-eres, consuela mis enojos, da lugar a mis angustias, sinon raviaré
-o me mataré o me tornaré mora![106] Agora, noramala, si Dios non
-me vale, non sé qué me diga. Dexadme, amiga, que muere la persona
-con la sinrazon, que mal de cada rato non lo sufre perro nin gato:
-dapno de cada dia, sofrir non es cortesia: oy una gallina e antier
-un gallo, yo veo bien mi duelo, aunque me lo callo. ¿Cómo te feziste
-calvo? Pelo a pelillo el pelo levando. ¿Quién te fizo pobre, María?
-Perdiendo poco a poco lo poco que tenía.[107] Moças, venid acá. ¿Non
-podeis responder?--Señora.--Ha, agora, landre que te fiera, y ¿dónde
-estavas? dy, ¿non te duele a ti asi como a mí? Pues corre en un
-punto, Juanilla, ve a casa de mi comadre, dile si vieron una gallina
-ruvia de una calça bermeja. Marica, anda, ve a casa de mi vezina,
-verás si pasó allá la mi gallina ruvia. Perico, ve en un salto al
-vicario del arçobispo que te dé una carta de descomunión que muera
-maldito e descomulgado el traidor malo que me la comió. Bien sé que
-me oye quien me la comió. Alonsillo, ven acá, para mientes e mira que
-las plumas no se pueden esconder, que conocidas son. Comadre, ¿vedes
-qué vida ésta tan amarga? yuy, que agora la tenía ante mis ojos.
-Llámame, Juanillo, al pregonero, que me la pregone por toda esta
-vezindad. Llámame a Trotaconventos, la vieja de mi prima, que venga e
-vaya de casa en casa buscando la mi gallina ruvia. ¡Maldita sea tal
-vida, maldita sea tal vezindad! que non es el ombre[108] señor de
-tener una gallina, que aun non ha salido el umbral, que luego non es
-arrebatada. Andémonos, pues, a furtar gallinas, que para ésta[109]
-que Dios aqui me puso, quantas por esta puerta entraren ese amor les
-faga que me fazen.[110] ¡Ay gallina mia ruvia! y ¿adónde estádes vos
-agora? Quien vos comió bien sabia que vos quería yo bien, e por me
-enojar lo fizo. Enojos e pesares e amarguras le vengan por manera que
-mi ánima sea vengada. Amen. Señor, asi lo cumple tú por aquel que tú
-eres: e de quantos milagros has fecho en este mundo, faz agora éste
-porque sea sonado.»
-
-Esto e otras cosa faze la muger por una nada. Son allegadoras de
-la ceniza, mas bien derramadoras de la farina.[111] En las faldas
-rastrando e en las mangas colgando, e otros arreos desonestos que
-ellas trahen, non ponen cobro, por do sus maridos, parientes e amigos
-desfazen ¡y ponen cobro en el huevo e la gallina! E aun ellas mesmas
-dizen quando las faldas las enojan: el diablo aya parte en estas
-faldas, e aun en la primera que las usó; mas non maldize[112] a sí
-mesma que las trae. E si alguno ge lo retrae, responde: pues fago
-como las otras. E bien dize verdad, que ya la muger del menestral, si
-vee la muger del cavallero de nuevas guisas arreada, aunque non tenga
-que comer, cayendo o levantando, ella así ha de fazer, o morir.[113]
-Non son sino como monicas: quanto ven, tanto quieren fazer: «¿Viste
-fulana, la muger de fulano, la vezina, cómo iva el domingo pasado?
-Pues quemada sea, si este otro domingo otro tanto non llevo yo, e aun
-mejor.» Quantas ropas visten las otras, de qué paño, qué color, qué
-arreos, qué cosas traen consigo, yo te digo que tanto paran mientes
-en estas cosas que non se les olvidan después: «fulana llevava
-ésto, çutana vestía ésto», por quanto en aquello ponen su corazón e
-voluntad, mas non en el provecho de su casa, estado e honra, sinon en
-vanidades e locuras, e en cosas de poca pro.
-
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- PARTE II, CAPÍTULO XII
-
- De como la muger parlera siempre fabla de fechos agenos.
-
-La muger ser mucho parlera, regla general es dello:[114] que non
-es[115] muger que non quisiese siempre fablar e ser escuchada. E non
-es de su costumbre dar logar a que otra fable delante della; e si
-el dia un año durase, nunca se fartaría de fablar e non se enojaría
-día nin noche. E por ende verás muchas mugeres que de tener mucha
-continuaçión de fablar, quando non han con quien fablar, están
-fablando consigo mesmas entre sí. Por ende verás una muger que es
-usada de fablar las bocas de diez ombres atapar e vençerlas fablando
-e maldiziendo. Quando razón non le vale ¡bia[116] a porfiar! e con
-esto nunca los secretos de otro a otra podríe çelar. Antes te digo
-que te deves guardar de aver palabras con muger que algund secreto
-tuyo sepa, como del fuego: que sabe, como suso dixe, non guarda lo
-que dize con ira la muger; aunque el tal secreto de muerte fuese, o
-venial, o lo que más secreto le encomendares, aquello está reptando
-o escarvando por lo dezir e publicar, en tanto[117] que todavia
-fallarás las mugeres por reconçillos, por renconadas e apartados
-diziendo, fablando de sus vezinas e de sus comadres e de sus fechos,
-e mayormente de los agenos. Siempre están fablando, librando[118]
-cosas agenas: aquélla cómo bive, qué tiene, cómo anda, cómo casó
-e cómo la quiere su marido mal, cómo ella se lo meresçe: cómo en
-la iglesia oyó dezir tal cosa; e la otra responde tal cosa; e así
-pasan su tiempo dependiéndolo en locuras e cosas vanas, que aquí
-espaçificarlas seríe imposible. Por ende general regla es que donde
-quier que ay mugeres ay de muchas nuevas.[119]
-
-Alléganse las benditas en un tropel, muchas matronas, otras moças
-de menor e mayor hedad, e comiençan e no acaban, diziendo de fijas
-agenas, de mugeres estrañas; en el invierno al fuego, en el verano
-a la frescura, dos o tres horas, sin mas estar diziendo: «tal, la
-muger de tal, la fija de tal, ¡a osadas, quién sé la vee?, ¿quién
-non la conosce! ovejuela de Sant Blas, corderuela de Sant Antón
-¡quien en ella se fiase!» etc... Responde luego la otra: «¡o bien si
-lo sopiésedes, como es de mala luenga! ¡ravia Señor, allá irá! ¡por
-Nuestro Señor Dios, embaçada estaríades comadre! ¡quien se la vee,
-simplezilla!» etc..., todo el dia estarán detrás mal fablando.
-
-E si quieres saber de mugeres nuevas, vete al forno, a las bodas, a
-la iglesia, que allí nunca verás sinon fablar la una a la oreja de la
-otra, e tomar las unas compañías con las mal querientes de las otras;
-e afeitarse e arrearse a porfía, aunque sopiesen fazer malbarato de
-su cuerpo por aver joyas, e ir las unas mas arreadas que las otras,
-diziendo: «pues mal gozo vean de mí si el otro domingo que viene tú
-me pasas el pié delante». Ayúntanse las unas loçanas de un barrio
-contra las otras galanas de la otra vezindad: «Pues agora veamos a
-quáles mirarán más, e quáles serán las más fabladas e presçiadas;
-¿quiçá si[120] piensan que non somos para plaça?[121] ¡mejor que non
-ellas! aunque les pese e mal pese, sí somos, en verdad. ¡Yuy, amiga!
-¿non vedes como nos miran de desgaire? ¿Quieres que les demos una
-corredura e una ladradura? Riámonos la una con la otra e fablemos
-así a la oreja, mirando fazia ellas, e vereis como se correrán; o
-antes que ellas se levanten pasemos aina delante dellas, porque los
-que miraren a ellas, en pasando nosotras, fagan primero a nosotras
-reverençia antes que non a ellas, e esta les daremos en barva aunque
-les pese, quanto a lo primero.» E estas e otras infinitas cosas
-largas de escrevir estudian las mugeres e urden, en tanto[122] que
-nunca donde van e se ayuntan fazen sino fablar e murmurar e de agenos
-fechos contractar. Do podemos dezir la muger ser muy parlera e de
-secretos muy mal guardadora. Pon ende quien dellas non se fia non
-sabe qué prenda tiene e quien de sus fechos se apartase e más las
-olvidare, bivirá más en seguro: desto yo le aseguro.
-
-
-NOTAS
-
- [92] _Orígenes de la novela_, I, 1905, pág. CXIX.
-
- [93] Construcción vacilante. El complemento se anticipa en
- nominativo, con una oración de relativo: _las mugeres que_...
- y luego se reproduce acerca del verbo mediante el pronombre
- _dellas_, provisto de la preposición conveniente. Sin tal
- anticipación del complemento se diría: «Por cuanto no puede ser
- escrito de las mugeres que malas son la mitad...»
-
- [94] _El hombre_ tiene aquí el sentido pronominal indefinido de
- ‘uno’. Mas abajo señalamos otro ejemplo de este uso.
-
- [95] _Dubda_ significa ‘temor’; ‘es de temer que no derriben a la
- mas fuerte’, usando el _no_ afirmativo con los verbos de temor:
- ‘es de temer que la derriben’.
-
- [96] Hipérbaton: «la muger asi grande como de estado pequeño.»
-
- [97] _Condensar_, más comúnmente _condesar_, significaba
- ‘guardar’.
-
- [98] _Adole_ y _dole_, adverbio interrogativo con el pronombre
- enclítico, expresión elíptica usual aun en el siglo XVI: ‘do le
- hallaré’ Un romance popular usa juntas la forma elíptica y las
- completas, que explican este giro:
-
- ¿Do los mis amores? ¿dolos?
- ¿do los andaré a buscar?
-
- [99] _Sobrevienta_, ‘caso impensado, sorpresa, sobresalto’.
-
- [100] _Rascarse_ en el sentido de ‘arañarse’ o ‘despedazarse’ la
- carne; ésto y mesarse el cabello eran señal de duelo.
-
- [101] _Ya_ interjección antigua de origen árabe.
-
- [102] _Endurar_ ‘sufrir, padecer’.
-
- [103] Curiosa perífrasis: «_fazer_ a uno _menos_ de una cosa»
- significaba ‘quitar a uno una cosa’; en latín «minus fecit»
- ‘quitó, robó’; véase _Mio Cid_, pág. 343↓5.
-
- [104] La pena antiguamente impuesta a los traidores era el
- derribarles la casa, y esta pena quiere la mujer que sea aplicada
- al traidor que le robó la gallina.
-
- [105] Las ediciones impresas del libro del Arcipreste ponen
- _saltó_. Antes el verbo _salir_ tenía también el significado de
- ‘saltar’.
-
- [106] Entre las estrepitosas señales de dolor que da la mujer,
- lamentando su gallina, no podía faltar la amenaza de renegar de
- la fe. No de otro modo, quejándose de una gran deshonra, dice
- doña Lambra a su marido en el romance: «Si desto no me vengais,
- mora me quiero tornar.»
-
- [107] Nótense las rimas continuadas. Sin embargo parece que
- no hay aquí más refrán popular que el que corresponde al que
- registra el Marqués de Santillana bajo esta forma «¿Cómo te
- feçiste calvo? Pelo a pelo pelando.»
-
- [108] _El ombre_ con valor pronominal: ‘no es uno dueño de tener
- una gallina’. Véase arriba la nota segunda de este trozo.
-
- [109] _Para_ y _par_ son preposiciones usadas en las fórmulas de
- juramentos (comp. «par Dios») y véase _Mio Cid_, pág. 387↓36
- «_para ésta_, especie de amenaza que se hace poniendo el dedo
- índice sobre la naríz, y equivale a ‘tú me la pagarás’» (_Dicc.
- de Autoridades._)
-
- [110] _Ese_ usado como pronombre de identidad, véase arriba,
- página 42, nota 86; _amor_ ‘gracia, buena voluntad’ y «fazer amor
- a uno» significaba ‘agasajarle’, y también ‘perdonarle’ (véase
- _Mio Cid_, página 465↓3). La frase del Arcipreste significa,
- pues, ‘la misma gracia les haré que a mí me hacen’, ‘no perdonaré
- a ninguna gallina como no perdonan a las mías’. Nótese también la
- anteposición de _quantas_ en nominativo, en vez de _aquantas_, y
- la especificación de su relación con el verbo mediante el dativo
- _les_. Compárese la nota primera de este trozo.
-
- [111] Refrán: «allegadora de la ceniza y derramadora de la
- harina».
-
- [112] Sintaxis descuidada, singular en vez de plural.
-
- [113] Construcción elíptica: ‘o ha de morir’.
-
- [114] Las oraciones de infinitivo son muy usadas por el
- Arcipreste. Citaremos ejemplos del mismo tipo que el que
- anotamos: «Envidiosa _ser_ la muger mala, dubdar _en ello_ sería
- pecar en el Espíritu Santo». «La muger mala en sus fechos e
- dichos non _ser_ firme nin constante, maravilla non es _dello_».
- El pronombre neutro se refiere a toda la oración de infinitivo.
-
- [115] _Ser_ tiene aquí el significado de ‘existir’. Véase _Mio
- Cid_, página 846↓38.
-
- [116] _Bia_ interjección muy usada por el Arcipreste de Talavera
- «¡bia al atahona!» (pág. 59), y especialmente con el infinitivo
- narrativo: «E tómase el tal oro en lazeria farta e muchas
- fadas malas, e después ¡bia a llorar!» (pág. 167). Emplea esta
- interjección el _Libro de Alexandre_ 473: «¡via, dixieron todos,
- mas val que moiramos!».
-
- [117] _En tanto_ es usado por el Arcipreste como conjunción
- consecutiva, ‘pues’, ‘de modo que’. Al final de este trozo
- señalamos otro ejemplo.
-
- [118] _Librar_ en el sentido de ‘despachar, arreglar un negocio’.
-
- [119] Nótese la preposición del genitivo partitivo (véase arriba,
- página 15, nota 22) antepuesta al adjetivo. El giro corriente en
- la Edad Media era «muchas de nuevas» (_Mio Cid_, pág. 382↓11),
- compárese el fr. «beaucoup de nouvelles». El giro que usa el
- Arcipreste es una desviación de ese.
-
- [120] La conjunción _si_ que tantas veces encabeza interrogación
- indirecta («dime si piensan que...»), se usaba también
- encabezando interrogaciones directas «¿si piensan que...?», «¿si
- es pagado?» _Mio Cid_, pág. 852↓4. Hoy se usa en el futuro «¿si
- pensarán que...?».
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- [121] _Ser para en plaza_ ‘ser para en público, ser digno de
- mostrarse en público’. Otra frase algo análoga era: _ser para en
- cámara_.
-
- [122] Otro ejemplo de _en tanto_ ‘pues’.
-
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-FERNANDO DE ROJAS
-
-(Hay memorias suyas hasta el año 1538)
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-La primera edición conocida de _La Celestina_ o _Comedia de Calisto y
-Melibea_, es de Burgos, 1499; pero la obra debió ser compuesta hacia
-1490. En sus primeras ediciones salió a luz comprendiendo 16 actos.
-Después, a partir del año 1502, apareció añadida hasta comprender 21,
-y se duda si estos cinco actos posteriores son obra del mismo autor,
-Fernando de Rojas, que presenta al público los 16 actos primeros.
-Además, según la carta «del autor a un su amigo», que va al frente
-de la edición de 1501, Rojas sólo era autor de los actos segundo a
-decimosexto, pues el acto primero se da como obra de un anónimo.
-
-Rojas, en la citada carta, dice que ese primer acto le cautivó por
-«su estilo elegante, jamás, en nuestra castellana lengua, visto ni
-oído», y tal juicio fué confirmado, respecto de toda la obra, por
-la posteridad. Antiguamente, Juan de Valdés, en el _Diálogo de la
-lengua_, dice con su buen gusto habitual: «_Celestina_..., soy de
-opinión que ningún libro hay escrito en castellano donde la lengua
-esté más natural, más propia ni más elegante»; y, modernamente,
-Menéndez Pelayo acomoda esta afirmación a las circunstancias, y la
-amplía diciendo: «Si Cervantes no hubiera existido, _La Celestina_
-ocuparía el primer lugar entre las obras de imaginación compuestas
-en España.»
-
-El estilo de _La Celestina_ renueva y esmera las principales
-perfecciones con que los escritores del siglo XV venían moldeando
-el idioma. La elocuencia en la expresión de las pasiones, buscada
-afanosamente en las novelas sentimentales de Rodríguez del Padrón
-o de Diego de San Pedro, se depura en _La Celestina_, haciéndose
-mucho más intensa y menos afectada; la irrestañable charla popular
-que desborda en el arcipreste de Talavera, se encauza aquí más viva
-e intencionada y menos monótona; sobre todo, el diálogo, que hasta
-entonces apenas existía, pues no se ejercitaba sino en la sucesión
-de discursos desgranados, ahora se articula y se anima, y se matiza
-maravillosamente en ésta que es, a la vez, primer ensayo y obra
-maestra de la prosa dramática española.
-
-Valdés mismo señala los excesos que empañan esa naturalidad y
-elegancia por él ponderadas en _La Celestina_. «Es verdad que peca el
-estilo en dos cosas, las cuáles fácilmente se podrían remediar...:
-la una es en el amontonar de vocablos, algunas veces tan fuera de
-propósito como _magníficat a maitines_; la otra es en que pone
-algunos vocablos tan latinos que no se entienden en el castellano,
-y en partes adonde podría poner propios castellanos, que los hay.»
-Ambos defectos son los principales de la época, y de ellos no se
-libra _La Celestina_, si bien los presenta atenuados.
-
-Ya hemos visto, al hablar del arcipreste de Talavera, a qué
-aspiraciones artísticas respondían esos que tan a menudo nos aparecen
-como defectos. Rojas da también un curso lento a la expresión,
-y busca con la redundancia la elevación del estilo: «¿En quién
-hallaré yo fe? ¿Adónde hay verdad? ¿Quién caresce de engaño? ¿Adónde
-no moran falsarios? ¿Quién es claro amigo? ¿Quién es verdadero
-amigo? ¿Dónde no se fabrican traiciones?»--«Hasta que ya los rayos
-illustrantes de tu claro gesto dieron luz en mis ojos, encendieron mi
-coraçón, despertaron mi lengua, estendieron mi merescer, acortaron
-mi covardía, destorcieron mi encogimiento, doblaron mis fuerças,
-desadormescieron mis pies e manos...» De esta reiteración usa mucho
-más Rojas que el arcipreste de Talavera, y especialmente le sirve
-para matizar el habla popular.
-
-La similicadencia y la rima son en cambio muy poco usadas por Rojas:
-«Tú lloras de tristeza, juzgándome cruel; yo lloro de plazer,
-viéndote tan fiel»; «Por Dios que, sin más dilatar, me digas quién
-es esse doliente que de mal tan perplexo se siente, que su passion
-y remedio salen de una mesma fuente». En cambio propende mucho a
-la trasposición del verbo al final de la frase, como a menudo se
-observará.
-
-Atendiendo al otro defecto señalado por Valdés, podemos decir que
-Rojas, lo mismo que el arcipreste de Talavera, usa del latinismo
-menos que los exagerados escritores de aquel siglo, tales como don
-Enrique de Villena o Juan de Mena. En los trozos aquí publicados se
-hallarán algunos ejemplos: _inmérito_, _mixto_, _ilícito_, _súbito_,
-_perplexo_, siempre pocos.
-
-Este suave cultismo de vocabulario y de construcción responde bien
-a la elegante gravedad del diálogo, a la viveza sentenciosa, a la
-fragancia humanística que trasciende de toda la obra, ora entre citas
-expresas de la antigüedad clásica, ora en imitaciones de ellos no
-declaradas;[123] y esa elevación de forma y de fondo permite a Rojas
-trazar sus escenas, aun las de más bajo y crudo naturalismo, dentro
-de un ambiente ideal, y estilizar sus tipos, aun los más repugnantes,
-revistiéndolos de la dignidad propia de la tragedia.
-
-Porque tragedia es _La Celestina_. El primitivo título de _Comedia_
-se justifica por el tono de la mayoría de las escenas; pero del
-desenlace surge la glorificación del Amor, como divinidad terrible
-que triunfa a costa del lloro y la muerte de sus servidores, y
-según esta concepción, ya en las primeras páginas de la obra late
-la tragedia. Y si bien, por lo general, la acción fluye tranquila o
-se remansa en el primoroso diálogo tan propenso a la más reposada
-amplitud, luego, contrastando con esa calma, el desenlace se
-precipita en relámpagos sangrientos, engendrados por los furiosos
-torbellinos del amor y de la codicia del oro.
-
-Esta obra fuerte y elegante está, sin embargo, construída con una
-lengua todavía insegura, rebelde, que ostenta muy marcados caracteres
-de transición. Por la soltura de la construcción, y, sobre todo, por
-la suavidad y gracia con que la frase se pliega al pensamiento, la
-lengua de _La Celestina_ es hermana de la de los grandes escritores
-del siglo XVI; pero por sus formas gramaticales está muy ligada aún
-al período medieval. Signo muy visible de esta vacilación es la _f_-
-inicial que se conserva en pugna con la _h_- que después triunfó;
-_fazer_, _fermosura_, etc., conviven en _La Celestina_ con _hazer_,
-_hermosura_, etc. Además usa muchas formas y construcciones arcaicas,
-como _vies_ por ‘veías’, _fueste_ por ‘fuiste’, _morciélago_ por
-‘murciélago’, _pelligeros_ por ‘pellejeros’, _encomparable_,
-_enefable_, _empedir_, _engenio_, _acordarse a una cosa_ por
-‘_acordarse de una cosa_’, todas las cuales aparecen ya en la edición
-de Sevilla, 1501, remozadas tal como hoy se usan.[124]
-
-
- COMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA
-
- PRIMER AUTO.--Entrando Calisto una huerta empós de un falcón
- suyo, falló í a Melibea, de cuyo amor preso, començóle de
- hablar; de la qual rigorosamente despedido, fue para su casa muy
- sangustiado.[125]
-
-CALISTO.--En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.
-
-MELIBEA.--¿En qué, Calisto?
-
-CALISTO.--En dar poder a natura que de tan perfeta hermosura te
-dotasse, y fazer a mi inmérito tanta merced que verte alcançasse, y
-en tan conveniente lugar que mi secreto dolor manifestarte pudiesse.
-Sin duda encomparablemente es mayor tal galardón que el servicio,
-sacrificio, devoción, y obras pías que por este lugar alcançar
-tengo yo a Dios ofrescido. Ni otro poder mi voluntad humana puede
-complir.[126] ¿Quien vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún
-hombre como agora el mio? Por cierto los gloriosos sanctos que
-se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo agora en el
-acatamiento tuyo. Mas, ¡o triste! que en esto deferimos: que ellos
-puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventurança,
-y yo misto[127] me alegro con recelo del esquivo tormento que tu
-absencia me ha de causar.
-
-MELIBEA.--¿Por grand premio tienes esto, Calisto?
-
-CALISTO.--Téngolo por tanto en verdad, que si Dios me diesse en el
-cielo la silla sobre sus sanctos, no lo ternía por tanta felicidad.
-
-MELIBEA.--Pues aun más igual galardón te daré yo, si perseveras.
-
-CALISTO.--¡O bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran
-palabra haveis oido!
-
-MELIBEA.--Mas[128] desaventuradas, de que me acabes de oir; porque
-la paga será tan fiera qual la merece tu loco atrevimiento, y el
-intento de tus palabras, Calisto, ha seído.[129] ¿De ingenio de tal
-hombre como tú, haver de salir para se perder en la virtud de tal
-muger como yo? ¡Vete, vete de aí!
-
-CALISTO.--Iré como aquel contra quien solamente la adversa fortuna
-pone su estudio[130] con odio cruel.
-
- * * * * *
-
-CALISTO.--¡Sempronio, Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldito?
-
-SEMPRONIO.--Aquí estoy, señor, curando destos cavallos.
-
-CALISTO.--¿Pues cómo sales de la sala?
-
-SEMPRONIO.--Abatióse el girifalte y vínele endereçar[131] en el
-alcándara.
-
-CALISTO.--¡Assí los diablos te ganen, assí por infortunio arrebatado
-perezcas, o perpetuo intollerable[132] tormento consigas, el qual
-en grado incomparable a la penosa y desastrada muerte que espero
-traspassa! ¡Anda, anda, malvado, abre la cámara y endereça la cama!
-
-SEMPRONIO.--Señor, luego hecho es.
-
-CALISTO.--Cierra la ventana y dexa la teniebla acompañar al triste,
-y al desdichado la ceguedad. Mis pensamientos tristes no son dignos
-de luz. ¡O bienaventurada muerte aquella que deseada a los afligidos
-viene! ¡O si viniéssedes agora Erasistrato, médico[133], sentiríades
-mi mal! ¡O piedad de Sileuco, inspira en el Plebérico coraçón,[134]
-porque sin esperança de salud no embíe el espíritu perdido con el
-desastrado Píramo y de la desdichada Tisbe!
-
-SEMPRONIO.--¿Qué cosa es?
-
-CALISTO.--¡Vete de aí, no me fables, sino quiçá, ante del tiempo de
-mi rabiosa muerte, mis manos causarán tu arrebatado fin!
-
-SEMPRONIO.--Iré, pues solo quieres padecer tu mal.
-
-CALISTO.--¡Vé con el diablo!
-
-SEMPRONIO.--No creo, según pienso, ir[135] comigo el que contigo
-queda. ¡O desaventura! ¡O súbito mal! ¿Qual fue tan contrario
-acontescimiento, que assi tan presto robó el alegría deste hombre y,
-lo que peor es, junto con ella el seso? ¿Dexarle he solo o entraré
-allá? Si le dexo, matarse ha; si entro allá, matarme ha. Quédese, no
-me curo; más vale que muera aquel a quien es enojosa la vida, que no
-yo que huelgo con ella. Aunque por al no deseasse vivir, sino por
-ver a mi Elicia, me devría guardar de peligros. Pero si se mata sin
-otro testigo, yo quedo obligado a dar cuenta de su vida. Quiero
-entrar; mas puesto que entre, no quiere consolación ni consejo; asaz
-es señal mortal no querer sanar;[136] con todo, quiérole dexar un
-poco; desbrave, madure, que oído he dezir que es peligro abrir o
-apremiar las postemas duras, porque más se enconan. Esté un poco:
-dexemos llorar al que dolor tiene, que las lágrimas y sospiros mucho
-desanconan[137] el coraçón dolorido; y aun si delante me tiene, más
-comigo se encenderá, que el sol más arde donde puede reverberar. La
-vista a quien objecto no se antepone, cansa; y quando aquel es cerca,
-agúzase. Por esso quiérome sofrir un poco; si entretanto se matare,
-muera; quiçá con algo me quedaré, que otro no lo sabe, con que mude
-el pelo malo. Aunque malo es esperar salud en muerte agena,[138] y
-quiçá me engaña el diablo; y si muere matarme han, y irán allá la
-soga y el calderón.[139] Por otra parte dizen los sabios que es
-grande descanso a los afligidos tener con quien puedan sus cuytas
-llorar, y que la llaga interior más empece. Pues en estos estremos en
-que estoy perplexo, lo más sano es entrar, y sofrirle y consolarle;
-porque si posible es sanar sin arte ni aparejo, más ligero es
-guarescer por arte y por cura.
-
-CALISTO.--Sempronio.
-
-SEMPRONIO.--Señor.
-
-CALISTO.--Dame acá el laúd.
-
-SEMPRONIO.--Señor, vesle aquí.
-
-CALISTO:--
-
- ¿Qual dolor puede ser tal,
- que se iguale con mi mal?
-
-SEMPRONIO.--Destemplado está esse laúd.
-
-CALISTO.--¿Como templará el destemplado? ¿Como sentirá el armonía
-aquel que consigo está tan discorde; aquel[140] a quien la voluntad
-a la razón no obedece; quien tiene dentro del pecho aguijones, paz,
-guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, sospechas, todo a
-una causa? Pero tañe y canta la más triste canción que sepas.
-
-SEMPRONIO.--
-
- Mira Nero de Tarpeya
- a Roma como se ardía;
- gritos dan niños y viejos,
- y él de nada se dolía.[141]
-
-CALISTO.--Mayor es mi fuego, y menor la piedad de quien yo agora digo.
-
-SEMPRONIO.--No me engaño yo, que loco está este mi amo.
-
-CALISTO.--¿Qué estás murmurando, Sempronio?
-
-SEMPRONIO.--No digo nada.
-
-CALISTO.--Dí lo que dizes, no temas.
-
-SEMPRONIO.--Digo, que ¿cómo puede ser mayor el fuego que atormenta un
-vivo que el que quemó tal çibdad y tanta multitud de gente?
-
-CALISTO.--¡Cómo? Yo te lo diré: mayor es la llama que dura ochenta
-años que la que en un día passa, y mayor la que mata una ánima,
-que la que quema cient mill cuerpos. Como de la apariencia a la
-existencia, como de lo vivo a lo pintado[142], como de la sombra a
-lo real, tanta diferencia ay del fuego que dizes al que me quema.
-Por cierto, si el del purgatorio es tal, más querría que mi spíritu
-fuesse con los de los brutos animales, que por medio de aquél ir a la
-gloria de los sanctos.
-
-SEMPRONIO.--¡Algo es lo que digo![143] ¡A más ha de ir este hecho.
-No basta loco, sino ereje.
-
-CALISTO.--¿No te digo que fables alto quando fablares? ¿Qué dizes?
-
-SEMPRONIO.--Digo, que nunca Dios quiera tal, que es especie de
-heregía lo que agora dixiste.
-
-
- QUARTO AUTO.--Celestina andando por el camino habla consigo
- misma, fasta llegar a la puerta de Pleberio, onde halló a
- Lucrecia, criada de Pleberio. Pónese con ella en razones;
- sentidas por Alisa, madre de Melibea, y sabido que es Celestina,
- fázela entrar en casa. Viene un mensajero a llamar a Alisa; váse.
-
-LUCRECIA.--¿Quien es esta vieja que viene haldeando?
-
-CELESTINA.--Paz sea en esta casa.
-
-LUCRECIA.--Celestina, madre, seas bienvenida. ¿Qual dios te traxo por
-estos barrios no acostumbrados?
-
-CELESTINA.--Hija, mi amor; desseo de todos vosotros; traerte
-encomiendas de Elicia, y aun ver a tus señoras vieja y moça, que
-después que me mudé al otro barrio, no han sido de mi visitadas.
-
-LUCRECIA.--¿A esso solo saliste de tu casa? Maravíllome de tí que no
-es essa tu costumbre, ni sueles dar passo sin provecho.
-
-CELESTINA.--¿Más provecho quieres, bova, que cumplir hombre
-sus desseos? Y tambien como a las viejas nunca nos fallecen
-necesidades... ando a vender un poco de hilado.
-
-LUCRECIA.--¡Algo es lo que yo digo! en mi seso estoy, que nunca metes
-aguja sin sacar reja.[144] Pero mi señora, la vieja, urdió una tela,
-tiene necessidad dello; tú de venderlo; entra y espera aquí, que no
-os desavenirés.
-
-ALISA.--¿Con quien hablas, Lucrecia?
-
-LUCRECIA.--Señora, con aquella vieja de la cuchillada, que solía
-vivir aquí en las tenerías, a la cuesta del río.
-
-ALISA.--Agora la conozco menos; si tú me das a entender lo incógnito
-por lo menos conocido, es coger agua en cesto.[145]
-
-LUCRECIA.--¡Jesú, señora! Más conosçida es esta vieja que la
-ruda.[146] No sé como no tienes memoria de la que empicotaron por
-hechizera...
-
-ALISA.--¿Qué oficio tiene? Quiçá por aquí la conoceré mejor.
-
-LUCRECIA.--Señora, perfuma tocas, haze solimán y otros treynta
-oficios; conoce mucho en yiervas, cura niños, y aun algunos la llaman
-vieja lapidaria.
-
-ALISA.--Todo esso dicho no me la da a conocer. Díme su nombre, si le
-sabes.
-
-LUCRECIA.--¿Si le sé, señora? No ay niño ni viejo en toda la cibdad
-que no le sepa ¿havíale yo de ignorar?
-
-ALISA.--¿Pues por qué no le dizes?
-
-LUCRECIA.--He vergüença.
-
-ALISA.--Anda, bova, díle, no me indignes con tu tardança.
-
-LUCRECIA.--Celestina, hablando con reverencia, es su nombre.
-
-ALISA.--¡Hí, hí, hí! ¡Mala landre te mate si de risa puedo estar,
-viendo el desamor que deves de tener a essa vieja, que su nombre has
-vergüença nombrar! ¡Ya me voy recordando della! ¡Una buena pieça! No
-me digas más; algo me verná a pedir; dí que suba.
-
-LUCRECIA.--Sube, tia.[147]
-
-CELESTINA.--Señora buena, la gracia de Dios sea contigo y con la
-noble hija. Mis passiones y enfermedades han impedido mi visitar
-tu casa, como era razón; mas Dios conoce mis limpias entrañas, mi
-verdadero amor, que la distancia de las moradas no despega el querer
-de los coraçones; assí que lo que mucho desseé, la necessidad me
-lo ha hecho complir. Con mis fortunas adversas otras, me sobrevino
-mengua de dinero; no supe mejor remedio que vender un poco de hilado,
-que para unas toquillas tenía allegado; supe de tu criada que tenías
-dello necessidad; aunque pobre, y no de la merced de Dios, veslo
-aquí, si dello y de mí te quieres servir.
-
-ALISA.--Vezina honrrada, tu razón y ofrecimiento me mueven a
-compassión, y tanto, que quisiera cierto más hallarme en tiempo de
-poder complir tu falta, que menguar tu tela. Lo dicho te agradezco;
-si el hilado es tal, serte ha bien pagado.
-
-CELESTINA.--¿Tal, señora? Tal sea mi vida y mi vejez, y la de quien
-parte quisiere de mi jura.[148] Delgado como el pelo de la cabeça,
-igual, rezio como cuerdas de vihuela, blanco como el copo de la
-nieve, hilado todo por estos pulgares, aspado y adreçado. Veslo aquí
-en madexitas; tres monedas me davan ayer por la onça, assí goze desta
-alma pecadora.
-
-ALISA.--Hija, Melibea, quédesse esta muger honrrada contigo, que ya
-me parece que es tarde para ir a visitar a mi hermana, su muger de
-Cremes, que desde ayer no la he visto, y tambien que viene su paje a
-llamarme, que se le arrezió desde un rato acá el mal...
-
-CELESTINA.--¿Y qué mal es el suyo?
-
-ALISA.--Dolor de costado, y tal, que según del moço supe que
-quedava, temo no sea mortal. Ruega tú, vezina, por amor mío, en tus
-devociones, por su salud a Dios.
-
-CELESTINA.--Yo te prometo, señora, en yendo de aquí, me vaya por
-essos monesterios, donde tengo frailes devotos míos, y les dé el
-mismo cargo que tú me das; y demás desto, ante que me desayune, dé
-quatro bueltas a mis cuentas.[149]
-
-ALISA.--Pues, Melibea, contenta a la vezina en todo lo que razón
-fuere darle por el hilado; y tú, madre, perdóname, que otro dia se
-verná en que más nos veamos.
-
-CELESTINA.--Señora, el perdón sobraría donde el yerro falta; de Dios
-seas perdonada, que buena compañía me queda. Dios la dexe gozar
-su noble juventud y florida mocedad, que es el tiempo en que mas
-plazeres y mayores deleites se alcançarán, que a la mi fe, la vejez
-no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de
-renzillas, congoxa continua, llaga incurable, manzilla de lo pasado,
-pena de lo presente, cuydado triste de lo por venir, vezina de la
-muerte, choça sin rama que se llueve por cada parte, cayado de mimbre
-que con poca carga se doblega.
-
-MELIBEA.--¿Por qué dizes, madre, tanto mal de lo que todo el mundo
-con tanta eficacia gozar y ver dessean?
-
-CELESTINA.--Dessean harto mal para sí, dessean harto trabajo; dessean
-llegar allá, porque llegando viven, y el vivir es dulce, y viviendo
-envegescen. Assí que el niño dessea ser moço, y el moço viejo, y
-el viejo más, aunque con dolor; todo por vivir, porque como dizen:
-viva la gallina con su pepita.[150] ¿Pero quien te podría contar,
-señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus cuidados, sus
-enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento, su renzilla,
-su pesadumbre, aquel arrugar de cara, aquel mudar de cabellos su
-primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado ver, puestos
-los ojos a la sombra, aquel hundimiento de boca, aquel caer de
-dientes, aquel carecer de fuerça, aquel flaco andar, aquel espacioso
-comer? Pues ¡ay, ay, señora!, si lo dicho viene acompañado de
-pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos quando sobra la
-gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahito que de hambre.
-
-MELIBEA.--Bien conozco que dize cada uno de la feria segund le va en
-ella,[151] assí que otra canción cantarán los ricos.[152]
-
-CELESTINA.--Señora, hija, a cada cabo ay tres leguas de mal
-quebranto;[153] a los ricos se les va la bienaventurança, la gloria
-y descanso por otros alvañares de asechanças que no se parescen,
-ladrillados por encima con lisonjas. Cada rico tiene una dozena de
-hijos y nietos que no rezan otra oración, no otra petición, sino
-rogar a Dios que le saque d’en medio; no veen la hora que[154] tener
-a él so la tierra y lo suyo entre sus manos y darle a poca costa su
-casa para siempre.
-
-MELIBEA.--Madre, pues que assí es, gran pena ternás por la edad que
-perdiste. ¿Querrías bolver a la primera?
-
-CELESTINA.--Loco es, señora, el caminante que enojado del trabajo
-del día quissiese bolver de comienço la jornada para tornar otra
-vez aquel lugar, que todas aquellas cosas cuya possesión no es
-agradable, más vale poseellas que esperallas, porque más cerca está
-el fin dellas quanto más andado del comienço; no ay cosa más dulce
-ni graciosa al muy cansado que el mesón, assí que aunque la mocedad
-sea alegre, el verdadero viejo no la dessea, porque el que de razón y
-seso carece, quasi otra cosa no ama sino lo que perdió.
-
-MELIBEA.--Siquiera por vivir más, es bueno dessear lo que digo.
-
-CELESTINA.--Tan presto, señora, se va el cordero como el
-carnero;[155] ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan
-moço que oy no pudiesse morir; assi que en esto poca avantaja nos
-levais.
-
-MELIBEA.--Espantada me tienes con lo que has hablado; indicio me
-dan tus razones que te aya visto otro tiempo. Díme, madre, ¿eres tú
-Celestina, la que solía morar a las tenerías, cabe el río?
-
-CELESTINA.--Señora, hasta que Dios quiera.
-
-MELIBEA.--Vieja te has parado; bien dizen que los dias no se van en
-balde[156]; assí goze de mí, no te conosciera sino por esa señaleja
-de la cara. Figúraseme que eras hermosa; otra pareces, muy mudada
-estás.
-
-LUCRECIA.--¡Hi, hi, hi! Mudada está el diablo. ¿Hermosa era con aquel
-su Dios-os-salve[156] que traviessa la media cara?
-
-MELIBEA.--¿Qué hablas, loca? ¿Qué es lo que dizes? ¿De qué te ríes?
-
-LUCRECIA.--De como no conoscías a la madre en tan poco tiempo en la
-filosomía[157] de la cara.
-
-MELIBEA.--No es tan poco tiempo dos años, y más que la tiene arrugada.
-
-CELESTINA.--Señora, ten tú el tiempo que no ande, terné yo mi forma
-que no se mude. ¿No has leido que dizen: Verná el día que en el
-espejo no te conozcas?[158] Pero también yo encanecí temprano, y
-parezco de doblada edad, que assí goze desta alma pecadora y tú desse
-cuerpo gracioso, que de quatro hijas que parió mi madre yo fui la
-menor. Mira como no so vieja como me juzgan.
-
-MELIBEA.--Celestina amiga, yo he holgado mucho en verte y conoscerte;
-también hasme dado plazer con tus razones. Toma tu dinero y vete con
-Dios, que me parece que no deves haver comido.
-
-
-NOTAS
-
- [123] Algunas de estas imitaciones advierte Menéndez Pelayo en
- su fundamental estudio sobre la _Celestina_, publicado en los
- _Orígenes de la Novela_ III, 1910, pág. XLII, etc.--Alguna vez el
- cultismo de Rojas se exacerba, por ejemplo en el discurso final
- de Pleberio, pagando demasiado tributo a una erudición huera y
- tosca, muy de moda entonces.
-
- [124] Sin razón el Sr. Foulché-Delbosc, corrige estas formas como
- «erratas y deficiencias», en la pág. 174 de su reimpresión de la
- edición de _La Celestina_ hecha en Burgos, 1499.
-
- [125] _Sangustiado_ forma derivada de otra perdida,
- *_esangustiado_ (del latín *ex-angustiatus), como el verbo
- arcaico _secutar_ por _esecutar_ (del latín executare), o el
- vocablo vulgar _sagerao_ por _exagerado_. En la traducción del
- _Coloquio de las Damas_, del Aretino, por Fernán Juárez, se halla
- «una muy gran sangustia... muy sangustiada» N. Bibl. A. E., XXI,
- 261 _b_.
-
- [126] ‘Ni hay otro poder (que el divino de que Calixto viene
- hablando) que pueda satisfacer mi voluntad humana’. Las ediciones
- modernas unen esta cláusula a la anterior con una coma, que no
- tiene sentido. La edición antigua pone punto.
-
- [127] _Misto_, adverbio, que se opone a _puramente_: los santos
- se glorifican de una manera absoluta, sin reserva; mi alegría
- está mezclada de dolor. Como consecuencia del lugar final que
- tiende a ocupar el verbo, el adverbio se le antepone: «Fortuna
- medianamente partió lo suyo», «haz tu lo que bien digo y no lo
- que mal hago», etc., en el mismo Auto primero de _La Celestina_.
-
- [128] _Mas_ por ‘mas bien’: «--Y allá hablaremos largamente...
- cerca destos amores.--Mas dolores; que por fe tengo que de muerto
- o loco no escapa desta vez». Auto VIII.
-
- [129] ‘y cual ha sido el intento’. Respeto la puntuación de la
- edición incunable. Las ediciones modernas ponen punto y coma o
- punto tras _atrevimiento_.
-
- [130] _Estudio_ ‘diligencia, empeño’ (comp. _estudiarse_
- ‘esforzarse’ página 48).
-
- [131] _Endereçar_ ‘arreglar’ volver a colocar en la percha al
- gerifalte que se había abatido. Con los verbos de movimiento hoy
- va el infinitivo regido de la preposición _a_ pero, antiguamente
- no: «se van omillar» etc. _Mio Cid_, pág. 349↓35. La edición de
- Sevilla 1501 ya elimina el arcaísmo y pone «vinele a endereçar».
-
- [132] Es frecuente en la _Celestina_ la _ll_, contraria a la
- etimología en _tollerar_ y _callentar_; sin duda se pronunciaba
- _tol-lerar_ por falso cultismo, como se pronunciarían
- _intel-lectual_, _fal-lacia_ y otras voces que en latín presentan
- dos _ll_ y en romance una sola.
-
- [133] Las ediciones de Burgos 1499 y Sevilla 1501 dicen «Eras
- y Crato médicos» y «piedad de silencio». Como no existen tales
- médicos Eras ni Crato, otras ediciones trataron de corregir, y
- así hallamos: «Crato y Galieno» y «piedad de Celeuco» (1514,
- 1595); «Erasistrato y Galieno» y «piedad de Seleuto», «p.
- Seleucal» (1570 y otras, alguna en vez de «seleucal» estropea
- «celestial»). Nuestra corrección es la más sencilla: _eras e
- crato_ es confusión facilísima por _erasistrato_, dado que la
- _c_ y la _t_ en la escritura medieval tiene forma muy semejante,
- y _silencio_ por _sileuco_ o _seleuco_ también se confunden,
- dada la igualdad de _n_ y _u_ en la mayor parte de las grafías.
- Esta corrección es también la única exacta: Calisto alude a una
- anécdota de _Valerio Máximo_, VII, 3, según la cual, habiendo
- Erasístrato, médico, conocido que la enfermedad de Antíoco es
- de amor, logra que el rey Seleuco padre de Antíoco, por salvar
- la vida de su hijo, le ceda piadosamente el amor de Estratónica
- de quien el joven está enamorado. Esta anécdota fué muy famosa
- desde la Edad Media; Juan de la Cueva la refirió en un romance y
- Moreto le dedicó una comedia, _Antíoco y Seleuco_. Como se ve,
- el médico Galieno no debe figurar para nada; es por tanto sólo
- exacta a medias la corrección de la edición de 1570; así como
- las otras, aunque todas revelan conocimiento de la anécdota de
- Valerio Máximo. En vista de ellas, es graciosa la seguridad con
- que un anotador moderno, después de lanzarse a afirmar que no
- hubo tal médico Erasístrato, introduce en el texto los nombres
- de Hipócrates y Galeno, para luego ilustrarnos escribiendo
- que Galieno o Galeno nació en Pérgamo, hijo de fulano, y que
- Hipócrates fué famoso médico nacido el año tantos de la Olimpíada
- tal.
-
- [134] _Pleberio_ es el padre de Melibea, en el corazón del cual
- desea Calisto que obre la piedad de Seleuco, para que sea benigno
- con un enfermo de amor.
-
- [135] Una de las oraciones de infinitivo a que hemos aludido. ‘No
- creo que vaya conmigo’.
-
- [136] Refrán que GONZALO CORREAS (_Vocabulario de refranes_,
- página 54) pone en dos formas «Asaz es señal...» etc. y «Asaz es
- de mal no querer sanar.»
-
- [137] La edición de Sevilla 1501 y las siguientes: _desenconan_.
- La forma de la edición de 1499 es aceptable, a pesar del verbo
- _enconar_ que precede. Se mezclan mucho formas como _malancolia_,
- _melancolía_, _melanconia_. CORREAS en su _Vocabulario_, pág.
- 195 _a_, da como refrán «Lágrimas y suspiros mucho desenconan el
- corazón dolorido.»
-
- [138] CORREAS, pág. 136 _a_, da el refrán completo; «Esperar
- salud en muerte ajena, se condena.»
-
- [139] Hoy «Echar la soga tras el caldero» como ya pone
- COVARRUBIAS (s. v. caldero) «es, perdida una cosa echar a perder
- el resto; está tomado del que yendo a sacar agua al poço, se
- le cayó dentro el caldero, y de rabia y despecho, echó también
- la soga, con que le pudiera sacar atando a ella un garabato o
- garfio.»
-
- [140] La edición de 1514, para evitar la ambigüedad que se
- origina de estas dos preposiciones a juntas, puso aquí «en quien.»
-
- [141] Romance divulgadísimo en los siglos XVI y XVII. La música
- con que lo cantaba Sempronio podía ser la que da LUIS VENEGAS DE
- HENESTROSA en su _Libro de cifra nueva_, Alcalá 1557, o la que
- pone JUAN BERMUDO en su _Declaración de instrumentos musicales_,
- 1555. Tan popular se hizo el comienzo de este romance cuando se
- trataba de algún despiadado, que en el _Rinconete_ de CERVANTES
- la Cariharta, enojada con Repolido, le llama «ese marinero de
- Tarpeya, ese tigre de Ocaña», es decir que el primer verso había
- cristalizado en un disparate popular, semejante al otro que
- equivale a «tigre de Hircania.»
-
- [142] «Como de lo vivo a lo pintado (cuando hay gran diferencia
- en algo») CORREAS pág. 361. Una comedia de CLARAMONTE lleva el
- título _De lo vivo a lo pintado_. Es hoy frase muy corriente.
-
- [143] Esta misma exclamación la repite Lucrecia en el otro trozo
- de _La Celestina_ que aquí publicamos, p. 75, arriba.
-
- [144] «Meter aguja y sacar reja.» (Cuando se da poco para sacar
- mucho) CORREAS; «Dar aguja y sacar reja: quando con pequeño don
- se alcança cosa de mucho interesse» COVARRUBIAS.
-
- [145] «Como coger agua en cesto» (A trabajo perdido) CORREAS
- _Vocabulario_ pág. 597 _b_.
-
- [146] «_Ruda_, es yerva conocida, y aunque de grave olor, tiene
- muchos provechos en sí, y por el mucho uso della y ser a todos
- tan común, dezimos de alguna persona ser mas conocida que la
- ruda.» COVARRUBIAS.
-
- [147] _Tia_ usado como título de respeto para las personas
- ancianas del pueblo; así como _madre_ en boca de Alia y de
- Melibea. Celestina, en cambio, llama «señoras» a éstas. Lucrecia
- antes (p. 74) llamó también _madre_ a Celestina.
-
- [148] Frase obscura. Parece que Celestina alude al uso jurídico
- de prestar juramento una persona acompañada de otras varias que
- juraban con ella: ‘tan buena como mi tela sea mi vejez y la de
- quien quisiere apoyarme en este juramento’.
-
- [149] _Cuentas_ significa ‘el rosario’: Celestina ofrece rezarlo
- cuatro veces.
-
- [150] Refrán que también tiene la forma de «Viva la gallina y
- viva con su pepita.»
-
- [151] Refrán que hoy es más bien: «Cada uno habla (o cuenta) de
- la feria como le va en ella.»
-
- [152] Comp. la frase «Ese es otro cantar» significado ‘eso es
- distinto’.
-
- [153] Refrán que tenía múltiples formas: «Dondequiera hay una
- mala legua.» «En cada cabo hay dos leguas (o un rato) de mal
- quebranto.» «A cada cabo hay tres leguas de quebranto.» CORREAS,
- pág. 292 _b_, 119 _b_, 14 _a_.
-
- [154] Hoy se dice «_No ver_ uno _la hora de_ una cosa», para
- denotar el deseo grande de que llegue el momento de que algo
- suceda. Se entiende ‘no ver nunca llegar la hora’, es decir que
- la impaciencia hace que parezca muy largo el tiempo. En la forma
- antigua, _la hora que_ está por ‘la hora en que’. Compárese la
- frase _aun vea el hora que_ por ‘ojalá llegue tiempo que’ o ‘en
- que’ _Mio Cid_, pág. 488↓38, 779↓10.
-
- [155] Refrán.
-
- [156] _Dios-os-salve_, o _Dios-te-salve_, nombre humorístico de
- la ‘cicatriz’ o ‘costurón’.
-
- [157] _Filosomía_ ‘fisonomía’.
-
- [158] Tomado de Petrarca, como otros varios pasajes de este
- trozo.
-
-
-
-
-EL LAZARILLO DE TORMES
-
-Autor anónimo anterior a 1554
-
-
-Las primeras ediciones conocidas de esta novela son tres, impresas en
-Burgos, Alcalá y Amberes, en el mismo año 1554; las tres suponen otra
-anterior de la cual ellas derivan.
-
-La prosa castellana había tenido en la Edad Media un cultivo temprano
-y aventajado; nos admira ya en el siglo XIII con Alfonso el Sabio, en
-el XIV con don Don Juan Manuel, y produce, en tiempos de los Reyes
-Católicos, obras tan notables como la _Celestina_. Bajo el reinado de
-Carlos V tomó mayor vuelo; aplicáronla a la exposición doctrinal Fr.
-Antonio de Guevara, Hernán Pérez de Oliva, Juan de Valdés, etc., y
-apareció como maestra consumada en la novela. En este terreno no es
-ciertamente su mérito mayor haber servido a narraciones _idealistas_
-de aventuras en los Libros de Caballerías, pues este género decaía
-ya de su viejo esplendor, que en el siglo XIV había producido el
-Amadís de Gaula; un nuevo lenguaje de la narración se desarrollaba
-ahora, a mediados del siglo XVI, complaciéndose en la pintura
-satírica de tipos y costumbres sociales, tomados de la realidad, con
-todo el vigor y crudeza con que en ella se ofrecen, y este es sin
-duda el aspecto más importante que ofrece la prosa en tiempo del
-Emperador. Con estas narraciones _realistas_ que forman la llamada
-novela picaresca (por abundar en tipos de pícaros, truhanes, vagos,
-espadachines y ladrones), España dió a la literatura universal el
-primer modelo de la novela moderna de costumbres.
-
-El _Lazarillo_, aparecido en los últimos tiempos del emperador Carlos
-V, es la más antigua de estas novelas picarescas, la más popular
-en España[159] y la más conocida en Europa, y nos ofrece como una
-novedad (a pesar de la _Celestina_) el cultivo de la lengua popular
-y corriente, en que no escasean las incongruencias gramaticales que
-consigo arrastra la viveza de la conversación; por eso en el prólogo,
-el pobre Lázaro, antes de empezar a referir su historia, disculpa el
-_grosero estilo_ en que por fuerza ha de contarla.
-
-En este estilo llano, propio para la pintura de escenas de la
-vida ordinaria, parecido al que cincuenta años más tarde empleará
-Cervantes, es el Lazarillo admirable modelo. Su lenguaje se distingue
-especialmente por una sobriedad magistral; cada palabra va derecha a
-lograr un marcado efecto pictórico y satírico.
-
-Esta excelencia, sin embargo, no nos ha de impedir el notar cierta
-falta de habilidad en la construcción de una frase un poco larga, y
-alguna dificultad en las transiciones, embarazadas con adverbios y
-conjunciones inútiles o pesados: _en este tiempo_, con el sentido de
-‘luego’ o ‘entonces’, _finalmente_, _de manera que_, etc.; pero éste
-no es defecto suyo propio, pues algo análogo hallamos en casi todos
-los escritores de este siglo, como Mendoza, Granada y León; cada
-vez menos, conforme la lengua va ganando en experiencia. Advirtamos
-también que es enteramente inexacta la apreciación que en 1620 emitió
-un implacable corrector y discreto continuador del Lazarillo, Juan de
-Luna, diciendo que la frase de esta antigua obra era «más francesa
-que española». Quizá le chocaba el uso abundante del pronombre
-personal acompañando a las formas verbales, donde, por no haber
-necesidad de insistir en la persona, se omite hoy: _yo por bien
-tengo_, _yo oro ni plata no te lo puedo dar_, _yo hice_, _yo dormí_
-(pág. 94), y otros casos así, que Luna corrigió en su edición, y que
-se hallan también, por ejemplo, en Mendoza; o frases como _no curé de
-lo saber_ (je n’ai cure de le savoir), o voces tales como _coraje_
-o _luengo_[160], que son del más castizo castellano, por más que no
-le parecieran corrientes a Luna; como éste era maestro de español en
-Francia, se le antojaban tomadas del francés cuantas expresiones oía
-en su idioma patrio que a él no le eran familiares y se asemejaban a
-otras francesas.
-
-
- LAZARILLO DE TORMES
- TRATADO III
-
- Lázaro[161], herido desgraciadamente por un clérigo avaro, a
- quien servía en Maqueda, abandona este pueblo y sirve en Toledo a
- un hidalgo tan presumido como pobre y holgazán.
-
-Desta manera me fué forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco a poco,
-con ayuda de las buenas gentes, di conmigo en esta insigne ciudad
-de Toledo, adonde, con la merced de Dios, dende a quince días se
-me cerró la herida; y[162] mientras estaba malo siempre me daban
-alguna limosna; mas después que estuve sano todos me decían: «tú,
-bellaco y gallofero[163] eres; busca, busca un amo a quien sirvas.»
-¿Y adónde se hallará ése[164], decía yo entre mí, si Dios agora de
-nuevo (como crió el mundo) no lo criase? Andando así discurriendo
-de puerta en puerta con harto poco remedio (porque ya la caridad
-se subió al cielo), topóme Dios con un escudero[165] que iba por
-la calle con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en
-orden; miróme y yo a él, y díjome: «mochacho, ¿buscas amo?» Yo le
-dije: «sí, señor».--«Pues vente tras mí, me respondió, que Dios te
-ha hecho merced en topar conmigo; alguna buena oración rezaste hoy».
-Y seguíle, dando gracias a Dios por lo que oí, y también que[166] me
-parecía, según su hábito y continente, ser el que yo había menester.
-Era de mañana cuando este mi tercero amo topé, y llevóme tras sí gran
-parte de la ciudad. Pasábamos por las plazas donde se vendía pan
-y otras provisiones; yo pensaba y aun deseaba que allí me quería
-cargar de lo que se vendía, porque esta era propria hora[167] cuando
-se suele proveer de lo necesario; mas muy a tendido paso pasaba por
-estas cosas. «Por ventura no lo ve aquí a su contento, decía yo, y
-querrá que lo compremos en otro cabo.»
-
-Desta manera anduvimos hasta que dió[168] las once: entonces se entró
-en la iglesia mayor, y yo tras él; y muy devotamente le vi oir misa
-y los otros oficios divinos, hasta que todo fué acabado y la gente
-ida. Entonces salimos de la iglesia, y[169] a buen paso tendido
-comenzamos a ir por la calle abajo; yo iba el más alegre del mundo,
-en ver que no nos habíamos ocupado en buscar de comer; bien consideré
-que debía ser hombre, mi nuevo amo, que se proveía en junto[170], y
-que ya la comida estaría a punto, y tal como yo la deseaba y aun la
-había menester. En este tiempo dió el reloj la una, después de medio
-día[171], y llegamos a una casa, ante la cual, mi amo se paró y yo
-con él, y derribando el cabo de la capa sobre el lado izquierdo,
-sacó una llave de la manga y abrió su puerta y entramos en casa, la
-cual[172] tenía la entrada obscura y lóbrega, de tal manera, que
-parecía que ponía temor a los que en ella entraban, aunque dentro
-della estaba un patio pequeño y razonables cámaras[173]. Desque
-fuimos entrados, quita de sobre sí su capa, y preguntando[174] si
-tenía las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente
-soplando un poyo que allí estaba, la puso en él; y hecho esto,
-sentóse cabo della, preguntándome muy por extenso de dónde era y
-cómo había venido a aquella ciudad, y yo le di más larga cuenta que
-quisiera; porque me parecía más conveniente hora de mandar poner la
-mesa y escudillar la olla, que de lo que me pedía; con todo eso,
-yo le satisfice de mi persona lo mejor que mentir supe, diciendo
-mis bienes y callando lo demás, porque me parecía no ser para en
-cámara[175].
-
-Esto hecho, estuvo ansí un poco, y yo luego[176] vi mala señal, por
-ser ya casi las dos y no le ver más aliento[177] de comer que a un
-muerto. Después desto, consideraba aquél tener cerrada la puerta
-con llave ni[178] sentir arriba ni abajo pasos de viva persona por
-la casa; todo lo que yo había visto eran paredes, sin ver en ella
-silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arcaz como el de
-marras[179]; finalmente ella parecía casa encantada. Estando así,
-díjome: «tú, mozo, ¿has comido?»--«No, señor, dije yo, que aun no
-eran dadas las ocho cuando con vuestra merced encontré.»--«Pues,
-aunque de mañana, yo había almorzado, dice, y cuando ansí como algo,
-hágote saber que hasta la noche me estoy ansí; por eso, pásate como
-pudieres, que después cenaremos.» Vuestra merced crea, cuando esto le
-oí, que estuve en poco de caer de mi estado[180], no tanto de hambre
-como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa. Allí se me
-representaron de nuevo mis fatigas, y torné a llorar mis trabajos;
-allí se me vino a la memoria la consideración que hacía cuando me
-pensaba ir del clérigo, diciendo que aunque aquél era desventurado
-y mísero, por ventura toparía con otro peor; finalmente, allí lloré
-mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera; y con todo,
-disimulando lo mejor que pude:[181] «señor, mozo soy que no me fatigo
-mucho por comer, bendito Dios[182]; deso me podré yo alabar entre
-todos mis iguales, por de[183] mejor garganta, y ansí fuí yo loado
-della hasta hoy día de los amos que yo he tenido.»--«Virtud es esa,
-dijo él, y por eso te querré yo más: porque el hartar es de los
-puercos, y el comer regladamente es de los hombres de bien.»--Bien te
-he entendido, dije yo entre mí; maldita tanta medicina y bondad como
-aquestos mis amos, que yo hallo, hallan en la hambre. Púseme a un
-cabo del portal, y saqué unos pedazos de pan del seno, que me habían
-quedado de los de por Dios.
-
-Él, que vió esto, díjome: «Ven acá, mozo, ¿qué comes?» Yo lleguéme
-a él, y mostréle el pan; tomóme él un pedazo, de tres que eran,
-el mejor y más grande[184], y díjome: «¡Por mi vida, que parece
-éste buen pan!»--«¡Y cómo agora, dije yo, señor, es bueno!»--«Sí,
-a fe, dijo él; ¿adónde lo hubiste? ¿Si[185] es amasado de manos
-limpias?»--«No sé yo eso, le dije; mas a mí no me pone asco el sabor
-dello.»--«Ansí plega a Dios», dijo el pobre de mi amo, y llevándolo
-a la boca comenzó a dar en él tan fieros[186] bocados como yo en lo
-otro. «¡Sabrosísimo pan está, dijo, por Dios!» Y como le sentí de
-qué pie coxqueaba[187], dime priesa, porque le vi en disposición,
-si acababa antes que yo, se comediría[188] a ayudarme a lo que me
-quedase; y con esto acabamos casi a una. Mi amo comenzó a sacudir
-con las manos unas pocas de migajas, y bien menudas[189], que en los
-pechos se le habían quedado, y entró en una camareta que allí estaba,
-y sacó un jarro desbocado, y no muy nuevo, y desque hubo bebido,
-convidóme con él. Yo, por hacer del continente, dije: «Señor, no bebo
-vino.»--«Agua es, me respondió, bien puedes beber.» Entonces tomé
-el jarro y bebí, no mucho, porque de sed no era mi congoja. Ansí
-estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me preguntaba, a
-las cuales yo le respondí lo mejor que supe. En este tiempo metióme
-en la cámara donde estaba el jarro de que bebimos, y díjome: «Mozo,
-párate[190] allí, y verás cómo hacemos esta cama, para que la sepas
-hacer de aquí adelante.» Púseme de un cabo y él del otro, y hecimos
-la negra cama, en la cual no había mucho que hacer, porque ella tenía
-sobre unos bancos un cañizo, sobre el cual estaba tendida la ropa...
-Hecha la cama, y la noche venida, díjome: «Lázaro, ya es tarde, y de
-aquí a la plaza hay gran trecho; también en esta ciudad andan muchos
-ladrones, que siendo de noche, capean[191]; pasemos como podamos, y
-mañana, viniendo el día, Dios hará merced; porque yo por estar solo
-no estoy proveído; antes he comido estos días por allí fuera, mas
-agora hacerlo hemos[192] de otra manera.»--«Señor, de mí, dije yo,
-ninguna pena tenga vuestra merced, que sé pasar una noche, y aun más,
-si es menester, sin comer.»--«Vivirás más, y más sano, me respondió,
-porque, como decíamos hoy, no hay tal cosa en el mundo para vivir
-mucho, que[193] comer poco.» Si por esa vía es, dije entre mí, nunca
-yo moriré, que siempre he guardado esa regla por fuerza, y aun espero
-en mi desdicha tenella toda mi vida. Y acostóse en la cama, poniendo
-por cabecera las calzas y el jubón[194], y mandóme echar a sus pies,
-lo cual[195] yo hice; mas maldito el sueño que yo dormí, porque
-las cañas y mis salidos huesos en toda la noche dejaron de rifar y
-encenderse[196], que con mis trabajos, males y hambre, pienso que
-en mi cuerpo no había libra de carne. Y también, como aquel día no
-había comido casi nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueño no
-tenía amistad; maldíjeme mil veces, Dios me lo perdone, y a mi ruin
-fortuna. Allí lo más de la noche y lo peor, no osándome revolver por
-no despertalle, pedí a Dios muchas veces la muerte.
-
-La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar y sacudir sus
-calzas y jubón, y sayo y capa; ¡y yo que le servía de pelillo![197];
-y vísteseme muy a su placer de espacio; echéle aguamanos, peinóse y
-puso su espada en el talabarte, y al tiempo que la ponía, díjome:
-«¡Oh, si supieses, mozo, qué pieza es esta! No hay marco de oro en el
-mundo porque yo la diese; mas así, ninguna de cuantas Antonio[198]
-hizo, no acertó a ponelle los aceros tan prestos como ésta los
-tiene»; y sacóla de la vaina, y tentóla con los dedos, diciendo:
-«Vesla aquí, yo me obligo con ella[199] cercenar un copo de lana.»
-Y yo dije entre mí: «Y yo con mis dientes, aunque no son de acero,
-un pan de cuatro libras.» Tornóla a meter, y ciñósela, y un sartal
-de cuentas gruesas del talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo
-derecho, haciendo con él y con la cabeza muy gentiles meneos, echando
-el cabo de la capa sobre el hombro, y a veces so[200] el brazo,
-y poniendo la mano derecha en el costado, salió por la puerta,
-diciendo: «Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oir misa, y
-haz la cama, y ve por la vasija de agua al río, que aquí bajo está; y
-cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y ponla aquí al[201]
-quicio, porque si yo viniere en tanto, pueda entrar.» Y súbese por la
-calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien no le
-conociera pensara ser muy cercano pariente al Conde Claros[202], o a
-lo menos camarero que le daba de vestir.
-
-Bendito seáis vos, Señor, quedé yo diciendo, que dais la enfermedad,
-y ponéis el remedio. ¿Quién encontrará a aquel mi señor, que no
-piense, según el contento de sí lleva, haber anoche bien cenado
-y dormido en buena cama, y aunque agora es de mañana, no le
-cuenten[203] por muy bien almorzado? Grandes secretos son, Señor,
-los que vos hacéis, y las gentes ignoran. ¿A quién no engañará
-aquella buena disposición y razonable capa y sayo, y quién pensará
-que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día sin comer, con aquel
-mendrugo de pan, que su criado Lázaro trujo un día y una noche en
-el arca de su seno, do no se le podía pegar mucha limpieza, y hoy,
-lavándose las manos y cara, a falta de paño de manos, se hacía servir
-del halda del sayo?[204] Nadie, por cierto, lo sospechará. ¡Oh Señor,
-y cuántos de aquestos debéis vos tener por el mundo derramados,
-que padecen por la negra que llaman honra[205] lo que por vos no
-sufrirían!...
-
-Púseme a pensar qué haría, y parecióme esperar a mi amo hasta que
-el día demediase, y si viniese[206], y por ventura trajese algo que
-comiésemos; mas en vano fué mi esperanza. Desque vi ser las dos, y
-no[207] venía y la hambre me aquejaba, cierro mi puerta y pongo la
-llave donde mandó, y tórnome a mi menester; con baja y enferma voz y
-inclinadas mis manos en los senos, puesto Dios ante mis ojos, y la
-lengua en su nombre, comienzo a pedir pan por las puertas y casas
-más grandes que me parecía; mas como yo este oficio le hobiese
-mamado en la leche, quiero decir que con el gran maestro el ciego lo
-aprendí, tan suficiente discípulo salí, que aunque en este pueblo no
-había caridad, ni el año fuese muy abundante, tan buena maña me di,
-que antes que el reloj diese las cuatro, ya yo tenía otras tantas
-libras de pan ensiladas[208] en el cuerpo, y más de otras dos en las
-mangas y senos. Volvíme a la posada, y al pasar por la tripería, pedí
-a una de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña de vaca con otras
-pocas de tripas cocidas.
-
-Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada
-su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el patio. Como
-entro, vínose para mí; pensé que me quería reñir la tardanza, mas
-mejor lo hizo Dios. Preguntóme do[209] venía; yo le dije: «Señor,
-hasta que dió[210] las dos estuve aquí, y de que vi que vuestra
-merced no venía, fuíme por esa ciudad a encomendarme a las buenas
-gentes, y hanme dado esto que veis»; mostréle el pan y las tripas que
-en un cabo de la halda traía, a lo cual él mostró buen semblante, y
-dijo: «Pues esperádote he a comer, y de que vi que no veniste, comí.
-Mas tú haces como hombre de bien en eso, que más vale pedillo por
-Dios que no hurtallo; y ansí él me ayude como ello[211] me parece
-bien, y solamente te encomiendo no sepan que vives comigo, por lo que
-toca a mi honra, aunque bien creo que será secreto, según lo poco que
-en este pueblo soy conocido: ¡nunca a él yo hubiera de venir!»--«De
-eso pierda, señor, cuidado, le dije yo, que maldito aquel que ninguno
-tiene de pedirme esa cuenta ni yo de dalla.»--«Agora, pues, come,
-pecador, que si a Dios place presto nos veremos sin necesidad; aunque
-te digo que después que en esta casa entré, nunca bien me ha ido:
-debe ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal pie, que
-a los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe de ser, sin
-dubda, de ellas[212]; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede en
-ella, aunque me la den por mía.»
-
-Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por glotón, callé
-la merienda, y comienzo a cenar y morder en mis tripas y pan, y
-disimuladamente miraba al desventurado señor mío, que no partía
-sus ojos de mis faldas, que aquella[213] sazón servían de plato.
-Tanta lástima haya Dios de mí como yo había del, porque sentí lo
-que sentía, y muchas veces había por ello pasado y pasaba cada
-día. Pensaba si sería bien comedirme a convidalle; mas por me haber
-dicho que había comido, temíame no aceptaría el convite. Finalmente,
-yo deseaba aquel[214] pecador ayudase a su trabajo del mío, y se
-desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo[215], por
-ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso Dios cumplir mi deseo, y
-aun pienso que el suyo, porque como comencé a comer, y él se andaba
-paseando, llegóse a mí, y díjome: «Dígote, Lázaro, que tienes en
-comer la mejor gracia que en mi vida vi a hombre, y que nadie te lo
-verá hacer que no le pongas gana, aunque no la tenga.»--La muy buena
-que tú tienes, dije yo entre mí, te hace parecer la mía hermosa. Con
-todo parecióme ayudarle, pues se ayudaba[216], y me abría camino
-para ello, y díjele: «Señor, _el buen aparejo hace buen artífice_;
-este pan está sabrosísimo, y esta uña de vaca tan bien cocida y
-sazonada, que no habrá a quien no convide con su sabor.»--«¿Uña de
-vaca es?»--«Sí, señor.»--«Dígote que es el mejor bocado del mundo,
-y que no hay faisán que ansí me sepa.»--«Pues pruebe, señor, y
-verá qué tal está.» Póngole en las uñas la otra y tres o cuatro
-raciones de pan de lo más blanco, y asentóseme al lado y comienza a
-comer, como aquel que lo había gana[217], royendo cada huesecillo de
-aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera. «Con almodrote,[218]
-decía, es este singular manjar.»--Con mejor salsa lo comes tú[219],
-respondí yo paso.--«Por Dios, que me ha sabido como si hoy no hobiera
-comido bocado.»--Ansí me vengan los buenos años como es ello, dije yo
-entre mí. Pidióme el jarro del agua y díselo como lo había traído;
-es señal que pues no le faltaba el agua, que no le había a mi amo
-sobrado la comida. Bebimos y muy contentos nos fuimos a dormir como
-la noche pasada. Y por evitar prolijidad, desta manera estuvimos
-ocho o diez días, yéndose el pecador en la mañana con aquel contento
-y paso contado[220] a papar aire por las calles, teniendo en el
-pobre Lázaro una cabeza de lobo.[221] Contemplaba yo muchas veces
-mi desastre, que escapando de los amos ruines que había tenido, y
-buscando mejoría, viniese a topar con quien no sólo no me mantuviese,
-mas a quien yo había de mantener. Con todo, le quería bien, con ver
-que no tenía ni podía más, y antes le había lástima que enemistad, y
-muchas veces por llevar a la posada con que él lo pasase[222], yo lo
-pasaba mal... Dios es testigo que hoy día, cuando topo con alguno de
-su hábito, con aquel paso y pompa, le he lástima con pensar si padece
-lo que aquél le vi sufrir... Sólo tenía dél un poco de descontento:
-que quisiera yo que no tuviera tanta presunción, mas que abajara un
-poco su fantasía con lo mucho que subía su necesidad; mas, según me
-parece, es regla ya entre ellos usada y guardada, aunque no haya
-cornado de trueco[223], ha de andar el birrete en su lugar[224]. El
-Señor lo remedie, que ya con este mal han de morir.
-
-Pues estando yo en tal estado, pasando[225] la vida que digo, quiso
-mi mala fortuna, que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella
-trabajada y vergonzosa vivienda no durase. Y fué: como el año en este
-tierra fuese estéril de pan, acordaron el ayuntamiento que todos los
-pobres extranjeros se fuesen de la ciudad, con pregón, que el que de
-allí adelante topasen fuese punido con azotes. Y así, ejecutando la
-ley desde a cuatro días que el pregón se dió, vi llevar una procesión
-de pobres azotando por las Cuatro Calles[226], lo cual me puso tan
-gran espanto, que nunca osé desmandarme a demandar. Aquí viera, quien
-vello pudiera, la abstinencia de mi casa y la tristeza y silencio
-de los moradores della, tanto que nos acaesció estar dos o tres
-días sin comer bocado ni hablar palabra. A mí diéronme la vida unas
-mujercillas hilanderas de algodón, que hacían bonetes y vivían par
-de nosotros, con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento, que de
-la lacería[227] que les traían me daban alguna cosilla, con la cual
-muy pasado me pasaba[228], y no tenía tanta lástima de mí como del
-lastimado de mi amo, que en ocho días maldito el bocado que comió, a
-lo menos en casa bien los[229] estuvimos sin comer; no sé yo cómo o
-dónde andaba y qué comía. ¡Y velle venir a medio día la calle abajo
-con estirado cuerpo, más largo que galgo de buena casta! Y por lo que
-toca a su negra que dicen honra, tomaba una paja de las que aun asaz
-no había en casa, y salía a la puerta escarbando los dientes que nada
-entre sí tenían, quejándose todavía de aquel mal solar, diciendo:
-«¡Malo está de ver! Que la desdicha desta vivienda lo hace; como ves,
-es lóbrega, triste, obscura; mientras aquí estuviéremos, hemos de
-padecer; ya deseo que se acabe este mes por salir della.»
-
-Pues estando en esta afligida y hambrienta persecución, un día, no
-sé por cuál dicha o ventura, en el pobre poder de mi amo entró un
-real, con el cual vino a casa tan ufano como si tuviera el tesoro de
-Venecia, y con gesto muy alegre y risueño me lo dió, diciendo: «tomá,
-Lázaro, que Dios ya va abriendo su mano; ve a la plaza y merca pan
-y vino y carne; _quebremos el ojo al diablo_[230]; y más te hago
-saber, porque te huelgues, que he alquilado otra casa, y en esta
-desastrada no hemos de estar más de en cumpliendo el mes, ¡maldita
-sea ella, y el que en ella puso la primera teja, que con mal en ella
-entré! Por nuestro Señor, cuanto ha que en ella vivo, gota de vino ni
-bocado de carne no he comido, ni he habido descanso ninguno; mas tal
-vista tiene y tal obscuridad y tristeza. Ve, y ven presto y comamos
-hoy como condes.» Tomo mi real y jarro, y a los pies dándoles priesa,
-comienzo a subir mi calle, encaminando mis pasos para la plaza muy
-contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha si está constituído en mi
-triste fortuna que ningún gozo me venga sin zozobra? Y ansí fué
-éste; porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo que
-le[231] emplearía, que fuese mejor y más provechosamente gastado,
-dando infinitas gracias a Dios, que a mi amo había hecho con dinero,
-a deshora me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo
-muchos clérigos y gente en unas andas traían; arriméme a la pared por
-darles lugar, y desque el cuerpo pasó, venía luego a par del lecho
-una que debía ser su[232] mujer del difunto, cargada de luto, y con
-ella otras muchas mujeres, la cual iba llorando a grandes voces, y
-diciendo: «¡marido y señor mío! ¿adónde os me[233] llevan? ¡a la
-casa triste y desdichada! ¡a la casa lóbrega y obscura! ¡a la casa
-donde nunca comen ni beben!»[234] Yo que aquello oí, juntóseme el
-cielo con la tierra, y dije: «¡Oh desdichado de mí! para mi casa
-llevan este muerto»; dejo el camino que llevaba, y hendí por medio
-de la gente, y vuelvo por la calle abajo a todo el más correr que
-pude para mi casa, y entrando en ella cierro a[235] grande priesa,
-invocando el auxilio y favor de mi amo, abrazándome dél, que me venga
-ayudar y a defender la entrada. El cual algo alterado, pensando que
-fuese otra cosa, me dijo: «¿qué es eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué
-has? ¿por qué cierras la puerta con tal furia?»--«Oh señor, dije yo,
-acuda aquí, que nos traen acá un muerto.»--«¿Cómo así?» respondió
-él.--«Aquí arriba le encontré, y venía diciendo su mujer: _marido
-y señor mío, ¿adónde os llevan? ¡a la casa lóbrega y obscura! ¡a la
-casa triste y desdichada! ¡a la casa donde nunca comen ni beben!_
-acá, señor, nos le traen.» Y ciertamente cuando mi amo esto oyó,
-aunque no tenía por qué estar muy risueño, rió tanto que muy gran
-rato estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenía yo echada la
-aldaba a la puerta y puesto el hombro en ella por más defensa. Pasó
-la gente con su muerto, y yo todavía me recelaba que nos le habían
-de meter en casa; y desque fué ya más harto de reir que de comer,
-el bueno de mi amo díjome: «verdad es Lázaro; según la viuda lo va
-diciendo, tú tuviste razón de pensar lo que pensaste; mas, pues
-Dios lo ha hecho mejor, y pasan adelante, abre, abre, y ve por de
-comer.»[236]--«Dejálos, señor, acaben de pasar la calle», dije yo.
-Al fin vino mi amo a la puerta de la calle, y ábrela esforzándome,
-que bien era menester según el miedo y alteración, y me tornó a
-encaminar. Mas aunque comimos bien aquel día, maldito el gusto
-yo tomaba en ello, ni en aquellos tres días torné en mi color, y
-mi amo muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi
-consideración.
-
-De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fué este
-escudero, algunos días, y en todos deseando saber la intención de
-su venida y estada en esta tierra; porque desde el primer día que
-con él asenté, le conocí ser extranjero, por el poco conocimiento
-y trato que con los naturales della tenía. Al fin se cumplió mi
-deseo, y supe lo que deseaba; porque un día que habíamos comido
-razonablemente, y estaba algo contento, contóme su hacienda[237], y
-díjome ser de Castilla la Vieja, y que había dejado su tierra no más
-de[238] por no quitar el bonete a un caballero su vecino. «Señor,
-dije yo, si era él lo que decís, y tenía más que vos, no errábades
-en quitárselo primero, pues decís que él también os lo quitaba»--«Sí
-es, y sí tiene, y también me lo quitaba él a mí; mas de cuantas
-veces yo se le[239] quitaba primero, no fuera malo comedirse él
-alguna, y ganarme por la mano.»--«Paréceme, señor, le dije yo, que
-en eso no mirara; mayormente con mis mayores que yo, y que tienen
-más.»--«Eres mochacho, me respondió, y no sientes las cosas de la
-honra, en que el día de hoy[240] está todo el caudal de los hombres
-de bien; pues te hago saber que yo soy (como ves) un escudero, mas
-vótote a Dios, si al Conde topo en la calle, y no me quita muy bien
-quitado del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar
-en una casa, fingiendo yo en ella algún negocio o atravesar otra
-calle, si la hay, antes que llegue a mí, por no quitárselo; que un
-hidalgo[241] no debe a otro que a Dios y al rey nada, ni es justo,
-siendo hombre de bien, se descuide un punto de tener en mucho su
-persona. Acuérdome, que un día deshonré en mi tierra a un oficial,
-y quise poner en él las manos, porque cada vez que le topaba me
-decía: _mantenga Dios a vuestra merced_[242]. Vos, don villano ruin,
-le dije yo, ¿por qué no sois bien criado? ¿_Manténgaos Dios_, me
-habéis de decir como si fuese quien quiera? De allí adelante, de
-aquí acullá me quitaba el bonete, y hablaba como debía.»--«¿Y no es
-buena manera de saludar un hombre a otro, dije yo, decirle que le
-mantenga Dios?»--«Mira, mucho de enhoramala, dijo él; a los hombres
-de poca arte dicen eso, mas a los más altos, como yo, no les han de
-hablar menos de: _beso las manos de vuestra merced_, o por lo menos,
-_bésoos, señor, las manos_, si el que me habla es caballero. Y ansí
-aquel de mi tierra, que me atestaba de mantenimiento[243], nunca más
-le quise sufrir; ni sufriría, ni sufriré a hombre del mundo, del rey
-abajo, que _manténgaos Dios_ me diga.»--Pecador de mí, dije yo, por
-eso tiene tan poco cuidado de mantenerte, pues no sufres que nadie
-se lo ruegue.--«Mayormente, dijo, que no soy tan pobre, que no tengo
-en mi tierra un solar de casas, que a estar ellas en pie y bien
-labradas, diez y seis leguas de donde nací, en aquella Costanilla de
-Valladolid, valdrían más de doscientas veces mil maravedís, según se
-podrían hacer grandes y buenas; y tengo un palomar que, a no estar
-derribado como está, daría cada año más de doscientos palominos, y
-otras cosas que me callo, que dejé por lo que tocaba a mi honra; y
-vine a esta ciudad pensando que hallaría un buen asiento, mas no me
-ha sucedido como pensé. Canónigos y señores de la iglesia muchos
-hallo; mas es gente tan limitada[244], que no los sacarán[245] de
-su paso todo el mundo. Caballeros de media talla también me ruegan;
-mas servir con[246] estos es gran trabajo, porque de hombre os
-habéis de convertir en malilla, y si no, andá con Dios, os dicen, y
-las más veces son los pagamentos a largos plazos, y lo más más[247]
-cierto comido por servido; ya cuando quieren reformar conciencia y
-satisfaceros vuestros sudores, sois librados[248] en la recámara, en
-un sudado jubón, o raída capa o sayo. Ya cuando asienta hombre[249]
-con un señor de título, todavía pasa su laceria, ¿pues, por ventura
-no hay en mí habilidad para servir y contentar a éstos? Por Dios,
-si con él topase, muy gran su privado[250] pienso que fuese, y que
-mil servicios le hiciese porque yo sabría mentille tan bien como
-otro, y agradalle a las mil maravillas; reille ya mucho sus donaires
-y costumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo; nunca decirle
-cosa con que le pesase, aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente
-en su persona en dicho y hecho; no me matar por hacer bien las cosas
-que él no había de ver, y ponerme a reñir donde él lo oyese con la
-gente de servicio, porque paresciese tener gran cuidado de lo que a
-él tocaba; si riñese con algún su criado, dar unos puntillos agudos
-para le encender la ira, y que pareciesen en favor del culpado;
-decirle bien de lo que bien le estuviese; y por el contrario, ser
-malicioso mofador, malsinar[251] a los de casa; y a los de fuera
-pesquisar, y procurar de saber vidas ajenas para contárselas, y
-muchas otras galas de esta calidad, que hoy día se usan en palacio, y
-a los señores dél parecen bien, y no quieren ver en sus casas hombres
-virtuosos, antes los aborrecen y tienen en poco y llaman necios,
-y que no son personas de negocios, ni con quien el señor se puede
-descuidar, y con estos, los astutos usan, como digo, el día de hoy,
-de lo que yo usaría. Mas no quiere mi ventura que le halle.» Desta
-manera lamentaba también su adversa fortuna mi amo, dándome relación
-de su persona valerosa.
-
-
-NOTAS
-
- [159] El nombre del protagonista _Lazarillo_ pasó a ser
- sustantivo apelativo para designar al guía de ciego; y la frase
- _oler el poste_ (= prever un peligro), alude a una aventura
- de esta novela, pues Lazarillo se vengó del ciego en Escalona
- guiándole a que se descalabrase contra un poste, y diciéndole:
- «¿Cómo olistes la longaniza y no el poste?» Esta aventura se
- recuerda en un cuento popular, terminado con el dístico «y usted
- que olió la sardina, ¿por qué no ha olido la esquina?», FERNÁN
- CABALLERO, _Cuentos y poesías populares andaluces_, Madrid,
- Romero, 1907, pág. 174 (comp. _Revue Hispanique_, VII, p. 92-93).
-
- [160] V. MOREL-FATIO en el Prefacio de su traducción francesa del
- _Lazarillo_.
-
- [161] El protagonista _Lázaro_ se llamó _de Tormes_ por haber
- nacido en Tejares, aldea de Salamanca, a la orilla del río
- Tormes. No se dijo _del Tormes_, porque en castellano antiguo
- los nombres de los ríos solían no llevar artículo: «las aguas de
- Duero, sobre Tajo», etcétera. Véase adelante cómo Fray Luis de
- León dice «en la ribera de Tormes».
-
- [162] Nótase poca habilidad en la unión de los párrafos. En vez
- de esta conjunción _y_, tan poco apropiada, puso el ya citado
- corrector Juan de Luna: «que fuera mejor no se me cerrara porque
- mientras...»
-
- [163] _Gallofa_ es la comida que reparten en los conventos a los
- pobres, y _gallofero_, según Covarrubias (1610), «el pobretón que
- sin tener enfermedad se anda holgazán y ocioso, acudiendo a las
- horas de comer a las porterías de los conventos».
-
- [164] El demostrativo sólo indica muchas veces, en el uso
- familiar (por esto Juan de Luna lo suprimió aquí), extrañeza
- o desconocimiento de la cosa a que se refiere. Recuérdese la
- inurbanidad de la pregunta «¿quién es ése,?», por «quién es ese
- señor».
-
- [165] _Escudero_, según Covarrubias, que escribía a principios
- del siglo XVII, era «el hidalgo que lleva el escudo al caballero
- en tanto que éste no pelea con él. En la paz los escuderos
- sirven a los señores de acompañar delante sus personas, asistir
- en la antecámara o sala; otros se están en sus casas y llevan
- acostamiento (o salario) de los señores, acudiendo a sus
- obligaciones a tiempos ciertos. Hoy día más se sirven dellos las
- señoras, y los que tienen alguna pasada huelgan más de estar en
- sus casas, que de servir, por lo poco que medran y lo mucho que
- les ocupan». Recuérdense bien todas las palabras de Covarrubias,
- para entender mejor las conversaciones que Lázaro tendrá con su
- amo.
-
- [166] Hoy tiene también _que_ el sentido causal de _porque_.
-
- [167] Hoy habría que poner el artículo: _la hora propia_.
-
- [168] Aquí se sobreentiende como sujeto «el reloj», según dice
- unas líneas más abajo: «En este tiempo dió el reloj la una.»
- Véase en la p. 98 dos casos más. Hoy tomamos como sujeto el que
- realmente es acusativo, y decimos: «dieron las once».
-
- [169] Las ediciones de B. y Al., omiten la conjunción.
-
- [170] Más común es _por junto_, como ponen las ediciones
- posteriores, o sea _por mayor_.
-
- [171] Esta perífrasis era ya anticuada en tiempo de J. de Luna,
- que pone simplemente: «dió la una y llegamos...»
-
- [172] Véase lo que decimos acerca de este relativo en los
- extractos de Fray Luis de Granada y de Mariana, págs. 126 y 201.
- Luna corrigió: «entramos por una entrada obscura».
-
- [173] Para Luna era ya desusado este sustantivo, pues pone
- _aposentos_.
-
- [174] Esta ambigüedad la salva Luna: _y me preguntó_.
-
- [175] _No ser para en cámara_, significa «no ser correcto o
- cortés». Era muy corriente entonces un cantarcillo para motejar a
- los poco cortesanos:
-
- No sois vos para en cámara, Pedro;
- no sois vos para en cámara, non,
- sino para en camaranchón.
-
- [176] _Luego_ significaba ‘entonces’, y no ‘después’.
-
- [177] Nótese la frase _mostrar aliento de hacer algo_, por ‘tener
- aire de’ o ‘trazas de’. No se halla en los Diccionarios, y no era
- tampoco conocida de Luna que puso «no tenía más talle de comer...»
-
- [178] La conjunción _ni_ equivale a veces a _y no_, aun cuando
- la proposición antecedente no lleve negación. Si la lleva, este
- sentido es evidente; _No quiso ni querrá_ es lo mismo que _No
- quiso y no querrá_.
-
- [179] Alude al _arca_ del clérigo de Maqueda.
-
- [180] «_Caer de su estado_, el que, turbada la cabeza, cae en
- tierra amortecido» (Covarrubias). Hoy más bien significa ‘venir a
- menos’ o ‘descaecer de su estado’.
-
- [181] Otras ediciones añaden _le dije_; pero no es indispensable,
- pues se omitía a veces la frase introductora del discurso directo.
-
- [182] Elipsis muy usual en vez de «bendito sea Dios por ello».
-
- [183] El demostrativo _deso_, regido de _alabar_, anuncia toda
- la proposición _por de mejor garganta_. La construcción es: «me
- podré alabar de esto: por ser de mejor garganta».
-
- [184] Nótese la descuidada naturalidad de este giro, que Luna
- trocó impertinentemente así: «tomóme el mejor pedazo de tres que
- tenía».
-
- [185] Esta conjunción condicional anunciando una interrogación
- era ya desusada en tiempo de Luna.
-
- [186] _Fiero_ tenía el significado general de _grande_.
-
- [187] _Coxquear_, ‘cojear’.
-
- [188] _Comedirse_, «anticiparse a hacer algún servicio sin que
- se lo adviertan o pidan» (Covarrubias), usado aun hoy en Ecuador
- (Tobar) y Argentina (Segovia). El sentido de ‘anticiparse’ vese
- también en las págs. 100 y 108.
-
- [189] Luna veía, con razón, este párrafo superabundante, y puso:
- «acabamos casi a una; sacudióse unas migajas menudas que en los
- pechos se le habían quedado». En lo que no estuvo acertado, fué
- en no hacer resaltar, como el texto, que las migajas eran _pocas_
- y _muy menudas_.
-
- [190] _Parar_ tenía en lo antiguo casi todas las acepciones de
- _poner_: pararse en pie, pararse delante, etc.
-
- [191] _Capear_ es lo que hoy decimos _atracar_; según
- Covarrubias: «Quitar por fuerza la capa al que topan de noche
- en escampado; esto se hace dentro de los lugares y de noche; y
- si les dan lugar, quitan con las capas los sayos, y siempre las
- bolsas si traen algo en ellas.»
-
- [192] Hoy se diría _harémoslo_ o _lo haremos_. El futuro
- _haré_, _harás_, se compone de _hacer he_, _hacer has_, pues el
- infinitivo se contraía antiguamente en _fer_ o _her_, _har_, y
- entre el infinitivo y el verbo auxiliar se podían colocar los
- pronombres enclíticos, como aquí sucede.
-
- [193] El correlativo propio de _tal_ es _cual_; pero también
- se usan _que_ (amenazó hacer tal cosa _que_ sería muy sonada)
- y _como_, que emplearíamos hoy en el caso del texto, a no ser
- cacofónico antes de _comer_.
-
- [194] Las _calzas_ eran el abrigo de las piernas, en lugar de
- nuestros pantalones, que por ser más anchos que las antiguas
- calzas se llamaron _calzones_. «_Jubón_, vestido justo y ceñido
- que se pone sobre la camisa y se ataca (o ata por medio de
- agujetas) con las calzas» (Covarrubias).
-
- [195] Otra vez J. de Luna borró este _lo cual_, y puso _yo lo
- hice_.
-
- [196] Esto es: se encendían en ira los huesos de Lázaro y reñían
- con el cañizo del lecho, por estar el colchón tan falto de lana.
- «En toda la noche dejaron de rifar», giro familiar que Luna
- corrigió añadiendo la negación omitida _no dejaron de_.
-
- [197] «_Servir de pelillo_, hacer servicios de poca importancia y
- de mucha curiosidad» (Covarrubias).
-
- [198] Espadero famoso que firma la espada de Fernando el
- Católico, que se conserva en la Armería Real de Madrid (_Antonius
- me fecit_), y la atribuída a Garcilaso de la Vega, el de la
- hazaña del Ave María. V. _Catálogo de la Real Armería_, por el C.
- DE VALENCIA DE D. JUAN, 1898, págs. 213 y 256.
-
- [199] Varias veces se podrá observar en este fragmento del
- Lazarillo la supresión de la preposición _a_ cuando le precede o
- sigue otra _a_ final o inicial de palabra: «me obligo con ella a
- cercenar».
-
- [200] _So_ era ya anticuado para Luna, que puso _debajo_.
-
- [201] Luna decía, como nosotros, _en el quicio_.
-
- [202] Las ediciones dicen _Conde Alarcos_ o _Conde de Arcos_,
- héroe de un romance en que para nada se habla de lujo y galas.
- Hay que corregir _Conde Claros_, protagonista de otro romance que
- cuenta los amores funestos del Conde con la Infanta Claraniña,
- y describe largamente como el Conde se viste ayudado por el
- _camarero_ que recuerda Lazarillo:
-
- Media noche era por filo,
- los gallos querían cantar,
- Conde Claros con amores
- no podía reposar,
- que amores de Claraniña
- no le dejan sosegar.
- Cuando vino la mañana,
- que quería alborear,
- salto diera de la cama,
- que parece un gavilán;
- voces da por el palacio
- y empezara de llamar:
- «levantá, mi _camarero_:
- dáme vestir y calzar.»
- Presto estaba el camarero
- para habérselo de dar:
- diérale calzas de grana,
- borceguís de cordobán,
- diérale jubón de seda
- aforrado en zarzahán,
- diérale un manto rico
- que no se puede apreciar,
- trescientas piedras preciosas
- alrededor del collar;
- tráele un rico caballo
- que en la corte no hay su par,
- que la silla con el freno
- bien valía una ciudad,
- con trescientos cascabeles
- alrededor del petral,
- los ciento eran de oro
- y los ciento de metal
- y los ciento son de plata
- por los sones concordar.
-
- [203] Debiera decir _cuente_, como _piense_; pero cometióse esta
- incongruencia porque el _quien_ tiene aquí un sentido colectivo:
- _Todos los que le encuentren le contaran_...
-
- [204] «_Sayo_, vestidura que recoge y abriga el cuerpo, y sobre
- ella se pone la capa para salir de casa» (Covarrubias).
-
- [205] _Por la negra que llaman honra_ es una frase anticuada que
- corresponde a la que hoy se usa «por la negra honrilla».
-
- [206] Es decir, _y ver si viniese_.
-
- [207] Otras ediciones ponen _y que no venía_; pero la conjunción
- _que_ se omite muchas veces aun hoy, y muy bien se puede decir
- «desque vi no venía».
-
- [208] _Ensilar_ es propiamente guardar el trigo en los silos o
- cuevas, y metafóricamente engullir o comer mucho.
-
- [209] _Do_, aquí ‘de donde’.
-
- [210] Véase línea 6, y pág. 88, nota 168.
-
- [211] Está el personal neutro, con valor de demostrativo,
- representando una proposición anterior, que es _el pedir
- limosna_. Hoy diríamos _eso me parece bien_.
-
- [212] Hoy el genitivo partitivo forzosamente ha de ir precedido
- de _uno_, _alguno_, _poco_, _mucho_, _cual_, etc. Luna corrigió
- también el arcaísmo poniendo _una dellas_. En un romance, dice
- Fernán González altaneramente al enviado del rey: «villas y
- castillos tengo, todos a mi mandar son; _dellos_ me dejó mi
- padre, _dellos_ me ganara yo; esto es, _algunos de ellos_ los
- heredé, _otros_ me los gané yo.
-
- [213] Esto es, _a aquella_; véase atrás pág. 95, nota 199.
-
- [214] Otro caso de omisión de la conjunción _que_. (Sigue un
- juego de palabras en que _trabajo_ se toma en el doble sentido
- de necesidad o aflicción del cuerpo, o sea hambre del amo, y de
- fruto del trabajo o mendicidad del criado: «deseaba que aquel
- pecador socorriese su miseria con el miserable fruto de mi
- trabajo».)
-
- [215] «_Aparejo_, lo necesario para hacer alguna cosa»
- (Covarrubias).
-
- [216] Alusión al refrán _ayúdate y ayudarte he_ o _ayúdate y te
- ayudará Dios_.
-
- [217] En _lo había gana_ se mezclan dos construcciones antiguas:
- _había gana de ello_ + _lo había en gana_; en la primera se usa
- _haber_ en el sentido de tener, y la segunda es análoga a otras:
- _haber en voluntad_, _haber en deseo_. Para Luna el giro era ya
- anticuado, y puso: «como aquel que tenía buena gana».
-
- [218] _Almodrote_, cierta salsa que se hace en aceite con ajos,
- queso y otras cosas machacadas en el mortero.
-
- [219] Alusión al hambre llamada _salsa de San Bernardo_, y al
- refrán «No hay mejor salsa que el buen apetito».
-
- [220] Esto es, ‘paso compasado’; hoy se dice «por sus pasos
- contados», con toda regularidad, orden y lentitud.
-
- [221] _Cabeza de lobo_, la ocasión que uno toma para aprovecharse
- de ella más de lo razonable, como el que mata un lobo y lleva la
- cabeza por los lugares de la comarca para que todos le den algo
- en recompensa del bien que ha hecho en matar un animal dañino.
- Así lo explica Covarrubias. Antes, en el Diccionario de Alonso
- Sánchez de la Ballesta, Salamanca, 1587, hallamos: «_La cabeza
- del lobo_; cuando buscamos algún artificio para sacar dineros, le
- llamamos cabeza de lobo, porque los que la muestran sacan de los
- lugares sus provechos por haber quitado la vida al enemigo del
- ganado.» El Diccionario de la Academia, hasta su edición 14.ª, no
- traía más que la frase, evidentemente corrompida, _ser cabeza de
- bobo_.
-
- [222] _Pasar_ significa tener lo necesario para vivir. No hace
- falta para nada corregir, como hace Luna, _con que él lo pasase
- bien_.
-
- [223] _Cornado_, una moneda que tenía grabada una corona
- (_coronado_); la usaron los reyes desde Sancho IV; era de muy
- baja ley la que mandó batir Alfonso XI en 1331, para remediar
- la falta de dinero, por lo cual se siguió gran carestía. Por
- desprecio se dice «no valer un cornado». No es conocida la frase
- _de trueco_, que Luna desecha, escribiendo: «aunque no haya
- cornado ni blanca»; claro es que _trueco_ tiene aquí la acepción
- de ‘cambio’ de la moneda.
-
- [224] Véase pág. 109, sobre cuánto regateaba un hidalgo el quitar
- su bonete para saludar.
-
- [225] ‘Llevando esta vida’ o ‘haciendo tal vida’.
-
- [226] Lugar de Toledo, no lejos de la Catedral, entre la calle de
- las Cordonerías, de la Chapinería, de la Obra Prima y del Hombre
- de Palo.
-
- [227] _Lacería_ vale trabajo, miseria, y metafóricamente el
- sustento con que se pasa miserablemente la vida.
-
- [228] Se notará que Lázaro abusa un poco de los juegos de
- palabras; aquí creo que quiere decir: ‘muy pasado, enjuto o
- demacrado, como la fruta pasa, me pasaba la vida con aquello’.
-
- [229] En vez de _los_, la edición de Burgos pone _lo_, que
- pudiera ser un pleonasmo representando a la frase siguiente: _sin
- comer_.
-
- [230] _Quebrar el ojo al diablo_, hacer lo mejor, más justo y
- razonable, pues así se le disgusta y da tormento; se usa, en
- general, _quebrar los ojos a uno_ por desplacerle o desagradarle.
-
- [231] Este _le_ se refiere a objeto demasiado lejano, así que
- otras ediciones corrigieron: «en qué emplearía mi real que fuese
- mejor...»
-
- [232] _Su_ pleonástico precediendo al genitivo posesivo, como hoy
- «su padre de usted».
-
- [233] Este _me_ es lo que se llama un _dativo ético_, muy usado
- para indicar, por medio de un pronombre en dativo, la persona que
- moralmente se interesa en la acción del verbo. Es frecuente en
- griego y latín: «Depresso incipiat jam tum _mihi_ taurus aratro
- ingemere.» (_Georg._ I, 45.)
-
- [234] «Este modo de llorar los muertos se usaba en toda España
- (dice Covarrubias, s. v. «endecha» en 1610), porque iban las
- mujeres detrás del cuerpo del marido, descabelladas, y las hijas
- tras el de sus padres, mesándose y dando tantas voces, que en
- la iglesia no dejaban hacer el oficio a los clérigos, y así se
- les mandó que no fuesen; pero hasta que sacan el cuerpo a la
- calle están en casa lamentando, y se asoman a las ventanas a dar
- gritos cuando le llevan, ya que no les dejan ir tras él.» Hoy día
- todavía se hace cosa semejante en algunas aldeas.
-
- [235] Luna quitó el arcaísmo, poniendo _con gran priesa_. Hoy se
- conserva el uso de _a_ para indicar el modo, en vez de _con_ en
- la frase adverbial _aprisa_, que está por _a prisa_. Compárese
- también _a voces_, _a empujones_, etc., etc.
-
- [236] Elipsis familiar: ‘ve por algo de comer’, ‘por lo de
- comer’. Luna retocó: «ve a buscar de comer».
-
- [237] Hoy, _hacienda_, significa, comúnmente, finca rural o
- riquezas de otra clase; pero antes valía también negocio en
- general.
-
- [238] Giro ya desusado para Luna, que corrigió «no más sino por
- no quitar el sombrero». Hoy diríamos: «no más que por no quitar
- el sombrero». Los comparativos hoy se construyen, ordinariamente,
- con _que_; pero también a veces con _de_: «más grande _de_ lo que
- parece»; y siempre que a _más_ le sigue un numeral cardinal, y
- no está en una frase negativa, es obligatorio el _de_: «iban más
- _de_ veinte hombres»; con negación, es potestativo.
-
- [239] Nótese la vacilación leísta; antes dijo _quitárselo_ y _os
- lo quitaba_.
-
- [240] Esto es _en el día de hoy_. La relación de tiempo se
- expresa muchas veces sin preposición, y aquí se suprime para
- evitar la repetición: _en que en el día_.
-
- [241] _Hidalgo_ era sinónimo de _noble_, en general; pero más
- concretamente designaba el ínfimo grado de nobleza; es decir, la
- persona de linaje noble que no tenía título ninguno especial.
- Como dependían directamente del Rey, sus personas, casas y
- heredades estaban exentas de la jurisdicción señorial; de ahí el
- orgullo del pobre amo de Lázaro.
-
- [242] La fórmula _manténgaos Dios_ y _Dios mantenga_, es saludo
- rústico muy usado en nuestro teatro antiguo. Fray Antonio de
- Guevara, en una de sus epístolas familiares, fechada en Avila,
- 1533, dice: «Acá, en nuestra Castilla, es cosa de espantar y
- aun para se reir las maneras y diversidades que tienen en se
- saludar... Unos dicen _Dios mantenga_, otros dicen _manténgaos
- Dios_, otros _en hora buena estéis_... Todas estas maneras de
- saludar se usan solamente entre los aldeanos y plebeyos, y no
- entre los cortesanos y hombres polidos; porque si, por malos
- de sus pecados, dijese uno a otro en la Corte _Dios mantenga_
- o _Dios os guarde_, le lastimarían en la honra y le darían una
- grita. El estilo de la Corte es decirse unos a otros: _Beso las
- manos de vuestra merced_.»
-
- [243] Que me hartaba con tanto «manténgaos Dios»; juego de
- palabras, basado en el sentido propio de «mantenimiento»,
- ‘alimento’.
-
- [244] La Academia sólo registra el significado moderno de
- limitado, hombre de cortos alcances. Covarrubias no conoce éste,
- y sólo nos da el que conviene a las palabras del Lazarillo; «ser
- un hombre limitado, es ser corto y poco liberal».
-
- [245] _Todo el mundo_, aunque gramaticalmente es singular, es por
- el sentido un plural.
-
- [246] Las ediciones posteriores: _servir a éstos_.
-
- [247] _Lo más más cierto_, refuerzo del adverbio por repetición;
- como si dijera: «lo muy más cierto» (comp. adelante pág. 239, n.
- 491, _menos menos_).
-
- [248] _Ser librado_, recibir libranza u orden de pago; _librar_,
- expedir la libranza el que debe una cantidad. _Recámara_, el
- aposento que está más adentro de la cámara donde duerme el señor,
- y donde el camarero le tiene sus vestidos y joyas.
-
- [249] _Asienta hombre_, esto es, «se asienta uno»; _hombre_ era
- muy usado en sentido pronominal indefinido, como el francés _on_.
-
- [250] Hoy _gran privado suyo_, como ya modernizó Luna.
- Antiguamente el posesivo se podía colocar entre el sustantivo y
- otro determinante; v. gr.: _un mi amigo_ por _un amigo mío_.
-
- [251] _Malsinar_ es delatar, y _malsín_ el cizañero o delator.
- («El que de secreto avisa a la justicia de algunos delitos con
- mala intención y por su propio interés», Covarrubias.)
-
-
-
-
-DIEGO HURTADO DE MENDOZA
-
-(Hacia 1503-1575)
-
-
-El último tercio del siglo XVI (incluyendo los primeros decenios
-del XVII) señala el punto más alto de gloria a que llegó nunca la
-prosa castellana, tanto en hermosura como en difusión por todo el
-mundo civilizado. Se presenta originalísima y genial en dos géneros,
-por cierto bien opuestos: el más sublime lenguaje místico, capaz de
-encerrar todos los secretos de la filosofía del amor divino, y la más
-descarada lengua picaresca, implacable en la pintura satírica de la
-numerosa casta de amigos de la holganza y del hambre. Pero, además,
-el castellano aparece ya diestro en tratar toda clase de asuntos
-científicos y artísticos, y cumplidos los votos que en 1588 hacía el
-padre Malón de Chaide, se encuentran ahora «todas las cosas curiosas
-y graves escritas en nuestro vulgar, y la lengua española subida en
-su perfección, sin que tenga envidia a alguna de las del mundo, y tan
-extendida cuanto lo están las banderas de España, que llegan del uno
-al otro polo».
-
-El estilo medio de esta época es, por su buen gusto y condiciones
-artísticas, muy superior al de todas las otras; en el siglo XVII
-comenzará ya la decadencia con los abusos increíbles del culteranismo
-y del conceptismo. Respecto al vocabulario, en el siglo XVI hallamos
-el mayor uso literario de voces castizas, o sea del fondo más antiguo
-de la lengua, y por lo tanto más conformes con la índole y genio
-propio de la misma; luego el caudal léxico se acrecentó tanto como se
-enturbió, en el siglo XVII con multitud de neologismos y cultismos, y
-en el XVIII con extranjerismos.
-
- * * * * *
-
-Dúdase de que don Diego Hurtado de Mendoza sea el autor de la
-_Guerra de Granada_; pero las razones presentadas están lejos de
-ser decisivas[252], y por ahora podemos continuar respetando la
-atribución tradicional de la obra, tanto más cuanto que el estilo
-de ésta y el de la correspondencia diplomática de don Diego que se
-conserva, ofrece notables puntos de semejanza[253].
-
-Con la _Guerra de Granada_, la prosa histórica española deja
-definitivamente de producir meras crónicas o sencillas relaciones
-cronológicas, al uso de la Edad Media, para emplearse en narraciones
-más artísticas al uso de la historia clásica, adornadas con
-discursos, retratos, descripciones, episodios y digresiones sobre
-antigüedades y usos. Mendoza tomó por modelos a Salustio y a Tácito,
-y les imita en su estilo conciso y cortado, al cual da realce con
-frecuentes sentencias y reflexiones morales.
-
-La concisión de Mendoza, como dice bien Capmany, es algunas veces
-extremada, en lo que sin duda afectó el autor particular estudio,
-de tal manera que deja a veces el sentido obscuro u ambiguo. Este
-defecto nace principalmente de la construcción de las frases; algunas
-parecen mutiladas, digámoslo así, y otras mal enlazadas, por
-faltarles las voces copulativas que ligan los miembros del período o
-señalan las secciones o tránsitos de uno a otro: modos de hablar que
-sólo admite la lengua latina, muy opuestos a la índole y claridad de
-la castellana[254].
-
-Este defecto lo veremos colmado después con peor exceso por los
-prosistas místicos.
-
-Alguno atribuyó también a la pluma de Mendoza el _Lazarillo de
-Tormes_; pero hoy nadie sostiene tal atribución. Nada absolutamente
-tienen de común la corriente y familiar manera de contar que se
-observa en la novela, con la estudiada y llena de ambición literaria
-que nos ofrece la _Guerra_.
-
-
- GUERRA DE GRANADA
- PRÓLOGO
-
-Mi propósito es escribir la guerra que el Rey Católico de España Don
-Felipe II, hijo del nunca vencido Emperador Don Carlos, tuvo en el
-reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos[255],
-parte de la cual yo vi[256] y parte entendí[257] de personas que
-en ella pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que muchas
-cosas de las que escribiere parecerán a algunos livianas y menudas
-para historia, comparadas a las grandes que de España se hallan
-escritas[258]: guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones
-de ciudades populosas; reyes vencidos y presos, desposeídos,
-restituídos y otra vez desposeídos, muertos a hierro[259]; discordias
-entre padres e hijos, hermanos y hermanos, suegros y yernos;
-acabados linajes, mudadas sucesiones de reinos; libre y extendido
-campo y ancha salida para los escritores. Yo escogí camino más
-estrecho, trabajoso, estéril y sin gloria[260], pero provechoso y de
-fruto para los que adelante vinieren: comienzos bajos, rebelión de
-salteadores, junta de esclavos, tumulto de villanos, competencias,
-odios, ambiciones y pretensiones; dilación de provisiones, falta de
-dinero, inconvenientes o no creídos, o tenidos en poco, remisión y
-flojedad en ánimos acostumbrados a entender, proveer y disimular
-mayores cosas; y así no será cuidado perdido considerar de cuán
-livianos principios y causas particulares se viene a colmo de grandes
-trabajos, dificultades y daños públicos, y cuasi fuera de remedio;
-veráse una guerra al parecer tenida en poco y liviana dentro en
-casa[261], mas fuera estimada y de gran coyuntura, que en cuanto
-duró tuvo atentos y no sin esperanza los ánimos de príncipes amigos
-y enemigos, lejos y cerca; primero encubierta y sobresanada[262], y
-al fin descubierta, parte con el miedo y la industria y parte criada
-con el arte y ambición; la gente, que dije pocos a pocos junta,
-representada en forma de ejércitos; necesitada España a mover sus
-fuerzas para atajar el fuego; el rey salir de su reposo y acercarse a
-ella; encomendar la empresa a Don Juan de Austria, su hermano, hijo
-del Emperador Don Carlos, a quien la obligación de las victorias del
-padre moviese a dar la cuenta de sí que nos muestra el suceso; en
-fin, pelearse cada día con enemigos, frío, calor, hambre, falta de
-municiones, de aparejos en todas partes, daños nuevos, muertes a la
-contínua: hasta que vimos a los enemigos, nación belicosa, entera,
-armada y confiada en el sitio, en[263] el favor de los berberíes
-y turcos[264], vencida, rendida, sacada de su tierra y desposeída
-de sus casas y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños
-cautivados, vendidos en almoneda o llevados a habitar a tierras lejos
-de la suya: cautiverio y transmigración no menor que las que de
-otras gentes se leen por las historias. Victoria dudosa y de sucesos
-tan peligrosos, que alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros o
-los enemigos los[265] a quien Dios quería castigar, hasta que el
-fin della descubrió que nosotros éramos los amenazados y ellos los
-castigados. Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre y lejos
-de todas las cosas de odio o de amor[266] los que quisieren tomar
-ejemplo o escarmiento, que esto sólo pretendo por remuneración de mi
-trabajo, sin que de mi nombre quede otra memoria.
-
-
- LIBRO IV, CAPÍTULO LXXIII, DE LA GUERRA DE GRANADA
-
- El Duque de Arcos, encargado por el Rey de las operaciones
- militares en la sierra de Ronda, va a reconocer el fuerte de
- Calalui, donde, en 1501, habían sufrido una gran derrota los
- cristianos, en la que había muerto don Alonso de Aguilar, hermano
- mayor del Gran Capitán. Mendoza, imitando a Tácito, hace una
- sentida y patética descripción del lugar y del suceso.
-
-(El Duque) mandó apercibir la gente de la Andalucía y de los señores
-de ella, de a pie y de a caballo, con vitualla para quince días,
-que era lo que parecía que bastase para dar fin a esta guerra. En
-el entretanto que la gente se juntaba, le vino voluntad de ver y
-reconocer el fuerte de Calalui[267], en Sierra Bermeja, que los moros
-llaman Gebalhamar, adonde en tiempos pasados se perdieron don Alonso
-de Aguilar y el Conde de Ureña[268]: don Alonso señalado capitán
-y ambos grandes príncipes entre los andaluces; el de Ureña abuelo
-suyo[269] de parte de su madre, y don Alonso bisabuelo de su mujer.
-
-Salió de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la montaña,
-previsión necesaria por la poca seguridad en acontecimientos de
-guerra y poca certeza de la fortuna. Comenzaron a subir la sierra,
-donde se decía que los cuerpos habían quedado sin sepultura[270];
-triste y aborrecible vista y memoria. Había entre los que miraban
-nietos y descendientes de los muertos o personas que por oídas
-conocían ya los lugares desdichados. Lo primero dieron en la
-parte donde paró la vanguardia con su capitán por la escuridad de
-la noche, lugar harto extendido y sin más fortificación que la
-natural, entre el pie de la montaña y el alojamiento de los moros.
-Blanqueaban calaveras de hombres y huesos de caballos, amontonados,
-desparcidos, según, cómo y dónde habían parado; pedazos de armas,
-frenos, despojos de jaeces[271]. Vieron más adelante el fuerte de los
-enemigos, cuyas señales parecían pocas y bajas y aportilladas[272].
-Iban señalando los pláticos de la tierra dónde habían caído
-oficiales, capitanes y gente particular[273]; referían cómo y dónde
-se salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el Conde de
-Ureña[274] y Don Pedro de Aguilar, hijo mayor de Don Alonso; en qué
-lugar y dónde se retrajo Don Alonso y se defendía entre dos peñas; la
-herida que el Ferí, cabeza de los moros, le dió primero en la cabeza
-y después en el pecho, con que cayó; las palabras que le dijo andando
-a brazos: _¡Yo soy Don Alonso!_; las que el Ferí le respondió cuando
-le hería: _Tú eres Don Alonso, mas yo soy el Ferí de Benestepar_, y
-que no fueron tan desdichadas las heridas que dió Don Alonso como
-las que recibió[275]; dónde mataron los capitanes rendidos, dónde
-tomaron los estandartes, dónde los despedazaron y escarnecieron[276];
-cómo lloraron a Don Alonso amigos y enemigos. Mas en aquel punto
-renovaron los soldados el sentimiento; gente desagradecida sino en
-las lágrimas. Mandó el general hacer memoria[277] por los muertos,
-y rogaron los soldados que estaban presentes que reposasen en paz,
-inciertos si rogaban por deudos o por extraños, y esto les acrecentó
-la ira y el deseo de hallar gente contra quien tomar venganza.
-
-Vista la importancia del lugar si los enemigos lo ocupasen, envió
-dende a poco el Duque una bandera de infantería que entrase en el
-fuerte y lo guardase. Vino en este tiempo resolución del Rey que
-concedía a los moros cuasi todo lo que le pedían, que tocaba al
-provecho dellos, y comenzaron algunos a reducirse...
-
-
-NOTAS
-
- [252] Don Lucas de Torre en el _Boletín de la Acad. de la
- Hist._, LXIV, 1914, págs. 461 y sigs., ha negado la atribución a
- Mendoza de la _Guerra de Granada_, sosteniendo que ésta es una
- mera prosificación de los diez y ocho primeros cantos de _La
- Austriada_ de Juan Rufo, poema publicado en 1584. Ahora bien, las
- relaciones entre ambas obras son precisamente las contrarias;
- _La Austriada_ es _La Guerra_ puesta en verso, como puede verse,
- por ejemplo, comparando el segundo fragmento que aquí publicamos
- de la historia, con los versos correspondientes del poema: este
- se aparta mucho más de la fuente de inspiración, Tácito, que _La
- Guerra_. Así en _La Austriada_, XVII, 94, etc.:
-
- Causaba horror, mancilla y desconsuelo
- la vista aborrecible y lastimera
- de huesos a que el hado y la ventura
- negaron la funebre sepultura...
-
- Más exacto es el «se decía...» etc., de _La Guerra_.
-
- Víanse infinidad de calaveras
- de hombres, y huesos grandes de caballos,
- según y donde y como las guerreras
- aventuras pudieron derriballos...
-
- Más exacto es el «blanqueaban... amontonados, desparcidos...,
- donde habían parado», de _La Guerra_.
-
- Referían algunos qué oficiales
- y qué personas otras señaladas
- en cada parte el alma habían rendido.
-
- _La Guerra_: «donde habían caído». La imitación de Tácito se
- halla borrada ya en esta otra octava:
-
- Mas el buen general, porque la historia
- y pasos fuesen más bien empleados,
- por los muertos mandó hacer memoria
- sobre aquellos peñascos encumbrados;
- de todo corazón piden victoria
- con plegaria solene los soldados,
- que el lamentable objeto y remembranza
- les aumenta el deseo de venganza.
-
- (Impreso lo anterior, hallo aprovechada la comparación del
- segundo pasaje aquí citado de la _Austriada_, en un importante
- artículo de R. FOULCHÉ-DELBOSC, _L’autenticité de la Guerra de
- Granada_, Revue Hispanique, t. XXXV, 1915, pág. 512.)
-
- [253] A. MOREL-FATIO, _Quelques remarques sur «La Guerra de
- Grenade», de don Diego Hurtado de Mendoza_, (en el Annuaire de
- l’École pratique des Hautes Études 1914-1915), págs. 36-43 del
- extracto.
-
- [254] Morel-Fatio en el estudio citado, insiste muy severamente
- en los defectos de Mendoza: la pobreza del vocabulario, que trae
- abuso de ciertas voces y repeticiones desairadas; asonancias y
- aliteraciones; imitación a veces inhábil de Salustio y Tácito;
- frases mal construídas, o dispuestas artificiosamente para dar
- a un pensamiento cualquiera cierto aire de profundidad que le
- sienta mal. No se puede, sin embargo, asentir a varias de las
- censuras hechas por el Sr. Morel-Fatio a los pasajes que cita
- como ejemplo de los defectos señalados.
-
- [255] Poco después de la conquista de Granada, a raíz de una
- insurrección de los moros, Cisneros logró que se bautizaran de
- 50 a 70.000; otros muchos se desterraron al Africa. (Año 1500.)
- Claro es que estas conversiones en masa fueron seguidas de
- frecuentes apostasías y reconversiones.
-
- [256] Mendoza, a causa de una pendencia habida en el palacio real
- con don Diego de Leiva, fué desterrado a Granada en 1569, cuando
- hacía ya cuatro meses que la rebelión había comenzado. Allí pasó
- los seis últimos años de su vida. Estaba ligado con parentesco
- a los principales actores de las cosas de Granada: el padre de
- Mendoza, segundo Conde de Tendilla y primer Marqués de Mondéjar,
- había sido gobernador de Granada en 1492, y su hermano mayor don
- Luis lo era aún algunos años antes de la guerra; el Marqués de
- Mondéjar, capitán general al comienzo de la campaña, era sobrino
- del escritor.
-
- [257] _Entender_, por oir o escuchar, es bastante usado en
- nuestros clásicos; así como _exprimir_ por _expresar_, _sujeto_
- por _asunto_; voces que hoy serían tenidas por galicismo
- imperdonable, no siéndolo.
-
- [258] No alude Mendoza a ser su obra historia de un suceso
- particular, que otras muchas había ya de esta índole (AVILA
- Y ZÚÑIGA, _Comentario de la guerra de Alemania_; PERO MEJÍA,
- _Relación de las comunidades de Castilla_, etc.), sino a la
- pequeñez que se podía achacar a la rebelión de los moriscos.
-
- [259] Hoy no es muy corriente el uso de la preposición _a_ para
- indicar el instrumento, aunque se conservan las frases _a sangre
- y fuego_, _quien a hierro mata_, etc.
-
- [260] Tácito dice: «In arcto et inglorius labor.» La enumeración
- que antecede también recuerda algo el prólogo de las _Historias_,
- de Tácito: «Haustæ, aut obrutæ urbes... corrupti in dominos
- servi, in patronos liberti; et quibus deerat inimicus, per amicos
- oppressi.»
-
- [261] Mendoza explica en su historia cómo el desamor al bien
- público y la mala administración prolongaron excesivamente la
- guerra, juntamente con el egoísmo y pereza de los que no querían
- acabarla pronto. _Dentro en_, arcaísmo por _dentro de_.
-
- [262] _Sobresanar_ «cerrar una herida sólo por la superficie,
- quedando dañada la parte interior.»
-
- [263] Nótese la supresión de la conjunción _y_. Aunque el estilo
- de Mendoza es cortado, más que nada lo es por la afectada omisión
- de conjunciones y verbos; el pensamiento, en cambio, permanece en
- suspenso a través de una porción de frases seguidas.
-
- [264] Los rebeldes buscaron apoyo en los moros de Africa y en
- el Sultán Selim II, quienes les proporcionaron algunas armas y
- soldados.
-
- [265] En la lengua corriente se suprimiría _los_, o se haría
- resaltar más su fuerza demostrativa sustituyéndolo por _aquellos_.
-
- [266] Esta protesta de sinceridad recuerda la del comienzo de las
- _Historias_, de Tácito: «Sed incorruptam fidem professis, nec
- amore quisquam et sine odio dicendus est.»
-
- [267] El historiador Zurita le llama _Calaluz_, nombre hoy
- desconocido.
-
- [268] Aquí _se perdieron_, no quiere decir ‘murieron’, según
- entienden muchos, sino ‘fueron desbaratados’; pues el Conde de
- Ureña salvó la vida, como se verá.
-
- [269] _Suyo_, es decir, del Duque de Arcos. Debe evitarse la
- ambigüedad a que frecuentemente se presta el uso del posesivo.
-
- [270] Toda esta descripción está imitada de Tácito (Anales I,
- 61) cuando refiere cómo Germánico, en tiempo de Tiberio, al ir a
- combatir con Ariminio, visitó el campo de Teutoburgo (al Norte
- de Westfalia, entre el Ems y el Weser), donde bajo el reinado de
- Augusto había sido derrotado y muerto Varo, perdiéndose con él
- tres legiones. Mendoza imita frases y palabras de Tácito: «In
- quo reliquiæ Vari, legionumque insepultæ dicebantur... incedunt
- mœstos locos, visuque ac memoria deformes.
-
- [271] Tácito: «Medio campi albentia ossa, ut fugerant, ut
- restiterant, disjecta vel aggerata; adiacebant fragmina telorum,
- equorumque artus...»
-
- [272] _Señales aportilladas_, llenas de _portillos_. Este es el
- nombre castizo, en vez de ‘brecha’, que es palabra moderna y de
- origen extranjero.
-
- [273] Tácito: «Referebant hic cecidisse legatos, illic raptas
- aquilas, primum ubi vulnus Varo adactum, ubi infelici dextra et
- suo ictu mortem invenerit...»
-
- [274] El pueblo, a quien conmovió profundamente la muerte de don
- Alonso de Aguilar, no perdonó al Conde de Ureña el haberse salido
- con vida de la batalla de Sierra Bermeja, lo cual dió ocasión «a
- los cantares y libertad española», según frase del mismo Mendoza.
- Un cantarcillo preguntaba:
-
- Decid, buen Conde de Ureña,
- ¿dónde don Alonso queda?
-
- Hubo varios romances cantando el desastre. Uno, muy famoso,
- empieza con este sentido lamento:
-
- ¡Ríoverde, Ríoverde,
- tinto vas en sangre viva!
- Entre ti y Sierra Bermeja
- murió gran caballería;
- murieron duques y condes,
- señores de gran valía...
-
- El hijo de don Alonso, don Pedro, peleaba de rodillas y mal
- herido al lado del héroe, quien le suplicaba le abandonase para
- ir a consolar a su madre; pero hubiera perecido con su padre si
- no le hubiese separado de allí don Francisco Alvarez de Córdova.
-
- [275] Don Alonso, al oir que luchaba con el odiado y terrible
- Ferí, recogió sus últimas fuerzas para herirle, pero le faltó
- aliento y fué rematado.
-
- [276] Tácito: «Utque signis et aquilis per superbiam insulserit
- (Ariminius).»
-
- [277] Los soldados de Germánico no oran por sus compañeros,
- sino que entierran sus huesos juntamente con los del enemigo:
- «Trium legionum ossa, nullo noscente alienas reliquias an suorum
- humo tegeret, omnes, ut coniunctos, ut consanguineos, aucta in
- hostem ira, moesti simul et infensi condebant.» Mendoza no debió
- haber copiado estas hermosas palabras, pues las oraciones de los
- españoles no beneficiaban igualmente a amigos y enemigos.
-
-
-
-
-FRAY LUIS DE GRANADA
-
-(1504-1588)
-
-
-El _Libro de la Oración y Meditación_ se imprimió por primera vez en
-1567, y la _Introducción al Símbolo_, en 1582. El lenguaje castellano
-había servido ya, no sólo para escribir libros de entretenimiento,
-sino para tratar asuntos graves y doctrinales en manos de Fray
-Antonio de _Guevara_, Juan de _Valdés_, Florián de _Ocampo_, etc.
-Sin embargo, antes de Fray Luis de Granada, sólo el beato _Juan de
-Avila_ († 1569) había empleado el romance en cuestiones de mística y
-teología de un modo genial, entre varios de segundo orden.
-
-«El Venerable Ávila, dice Capmany, había creado, por decirlo así, un
-lenguaje místico de robusto y subido estilo, y el Venerable Granada
-lo hermoseó, lo retocó con lumbres y matices y le dió número, fluidez
-y grandiosidad en las cláusulas.»
-
-Granada es el tipo acabado de la lengua oratoria del siglo XVI; el
-espíritu popular de la predicación cristiana aparece en él unido
-a las más altas cualidades artísticas de la persuasión; por la
-amplitud del período recuerda a Cicerón, en quien se inspiraba;
-alguno le llamó el _Cicerón de España_. Su principal empeño en
-el terreno del arte parece haber sido enriquecer la construcción
-sintáctica sacándola de la sencillez ordinaria de la conversación
-a la complejidad y magnificencia del discurso elevado. En su obra
-latina _Retórica eclesiástica_, código de sus principios artísticos,
-se desentiende de la que allí se llama _composición sencilla o
-simple_, diciendo que «no está sujeta a la ley de los números ni
-tiene períodos _muy largos_, y della usamos nosotros _en el trato
-familiar_»; en cambio, estudia con prolijidad la _composición doble_
-que «usa de oraciones torcidas y _largas_»; a menudo deja traslucir
-su predilección por las más complicadas construcciones, así que dice
-de una de sus clases: «Cuanto más larga, tanto es más elegante, con
-tal, empero, que guarde tasa en esta extensión.»
-
-Es preciso notar en su período largo que ni suele serlo en exceso,
-como el de algunos oradores de hoy día, ni tiene ordinariamente la
-redondez del silogismo, sino que fluye más bien por la simple adición
-de miembros; y se muestra la inexperiencia del que por primera vez
-intenta una reforma, en que esa adición está, las más veces, hecha
-con conjunciones meramente copulativas, y sobre todo por medio del
-relativo _el cual_ (comp., página 89, nota 172), que aparece, no sólo
-usurpando casi completamente el puesto de su sinónimo _que_, sino que
-se usa mucho cuando para nada haría falta ligar dos miembros con los
-lazos de relativo y antecedente, y sería menos pesado, por ejemplo,
-enlazarlos por la simple copulativa y un demostrativo: _Los santos
-mártires, siendo vencidos y muertos, vencieron y triunfaron del
-mundo; lo cual muestra_ (y esto muéstralo) _una carta del Emperador
-Maximino, el cual_ (quien) _después de haber intentado_, etc.
-(Símbolo II.º, 13.º, § 3). _Esto nos declaran los cuatro postreros
-capítulos del libro de Job, en los cuales_ (donde) _hablando Dios
-con este santo, le da conocimiento de su omnipotencia...; para lo
-cual_ (para ello) _comenzando por las partes mayores del universo...
-discurre luego por todas las otras menores...; después de lo cual_
-(y después) _desciende a tratar de los animales_ (Símbolo I.º, 1.º).
-
-En los trozos que siguen se pueden ver muestras de los principales
-aspectos del estilo de Fray Luis: el tono grandilocuente e inflamado
-de la Meditación sobre el Juicio final; el tono retórico y declamador
-empleado en la consideración del Descendimiento, que no parece que la
-escribió, sino que la habla desde el púlpito, y la placidez risueña y
-candorosa con que se deleita en la pintura de animales y plantas en
-la primera parte del _Símbolo de la Fe_.
-
-
- LIBRO DE LA ORACIÓN Y MEDITACIÓN
-
- La meditación para el jueves en la noche es sobre el Juicio
- final.--Señales que le precederán; confusión del pecador ante el
- Juez.
-
-Así estará el aire lleno de relámpagos y torbellinos, y cometas
-encendidos. La tierra estará llena de aberturas y temblores
-espantosos, los cuales se cree que serán tan grandes, que bastarán
-para derribar, no sólo las casas fuertes y las torres soberbias,
-más aun hasta los montes y peñas arrancarán y trasformarán de sus
-lugares. Mas la mar sobre todos los elementos se embravescerá, y
-serán tan altas sus olas y tan furiosas, que parecerá que han de
-cubrir toda la tierra. A los vecinos espantará con sus crescientes,
-y a los distantes con sus bramidos, los cuales serán tales que de
-muchas leguas se oirán.
-
-¿Cuáles andarán entonces los hombres[278], cuán atónitos, cuán
-confusos, cuán perdido el sentido, la habla[279] y el gusto de todas
-las cosas? Dice el Salvador que se verán entonces las gentes en
-grande aprieto y que andarán los hombres secos y ahilados[280] de
-muerte, por el temor grande de las cosas que han de sobrevenir al
-mundo. ¿Qué es esto (dirán), qué significan estos pronósticos, en qué
-ha de venir a parar esta preñez del mundo, en qué han de parar estos
-tan grandes remolinos y mudanzas de todas las cosas? Pues así andarán
-los hombres espantados y desmayados, caídas las alas del corazón y
-los brazos, mirándose los unos a los otros; y espantarse han tanto
-de verse tan desfigurados, que esto sólo bastaría para hacerlos
-desmayar, aunque no hubiese más que temer. Cesarán todos los oficios
-y granjerías, y con ellos el estudio y la cobdicia de adquirir;
-porque la grandeza del temor traerá tan ocupados sus corazones, que
-no sólo se olvidarán destas cosas, sino también del comer y del
-beber, y de todo lo necesario para la vida. Todo el cuidado será
-andar a buscar lugares seguros para defenderse de los temblores de
-la tierra, y de las tempestades del aire, y de las crescientes de la
-mar. Y así los hombres se irán a meter en las cuevas de las fieras,
-y las fieras se vendrán a guarecer en las casas de los hombres,
-y así todas las cosas andarán revueltas y llenas de confusión.
-Afligirlos han los males presentes, y mucho más el temor de los
-venideros; porque no sabrán en qué fines hayan de parar tan dolorosos
-principios. Faltan palabras para encarescer este negocio, y todo lo
-que se dice es menos de lo que será. Vemos agora que cuando en la mar
-se levanta alguna brava tormenta, o cuando en la tierra sobreviene
-algún grande torbellino o terremoto, cuáles andan los hombres, cuán
-medrosos y cuán cortados, y cuán pobres de esfuerzo y de consejo;
-pues cuando entonces el cielo, y la tierra, y la mar, y el aire del
-mundo haya su propia tormenta; cuando el sol amenace con luto, y la
-luna con sangre, y las estrellas con sus caídas, ¿quién comerá, quién
-dormirá, quién tendrá un solo punto de reposo en medio de tantas
-tormentas?...
-
-El Señor vendrá como una tempestad y torbellino arrebatado[281]; y
-sus pies levantarán una grande polvareda delante de sí. Indignóse
-contra la mar, y secóse, y todos los ríos de la tierra se agotaron.
-El monte Basán y Carmelo se marchitaron, y la flor del Líbano se
-cayó. Los montes se estremecieron delante dél, y los collados
-quedaron asolados...
-
-Luego comenzará a celebrarse el juicio, y tratarse de las causas de
-cada uno, según lo escribe el profeta Daniel por estas palabras:
-Estaba yo (dice él) atento, y vi poner unas sillas en sus lugares, y
-un anciano de días se asentó en una dellas; el cual estaba vestido
-de una vestidura blanca como la nieve, y sus cabellos eran también
-blancos, así como una lana limpia. El trono en que estaba asentado
-eran llamas de fuego, y las ruedas dél como fuego encendido, y un río
-de fuego muy arrebatado salía de la cara dél. Millares de millares
-entendían en servirle, y diez veces cien mil millares asistían
-delante dél. Miraba yo todo esto en aquella visión de la noche, y vi
-venir en las nubes uno que parescía hijo de hombre. Hasta aquí son
-palabras de Daniel; a las cuales añade Sant Joan, y dice: Y vi todos
-los muertos, así grandes como pequeños, estar delante deste trono y
-fueron abiertos allí los libros; y otro libro se abrió, que es el
-libro de la vida; y fueron juzgados los muertos según lo contenido
-en aquellos libros, y según sus obras. Cata aquí, hermano, el arancel
-por donde has de ser juzgado; cata aquí las tasas y precios[282]
-por donde se ha de apreciar todo lo que heciste; y no por el juicio
-loco del mundo, que tiene el peso falso de Canaan en la mano, donde
-tan poco pesan la virtud y el vicio. En estos libros se escribe toda
-nuestra vida con tanto recaudo, que aun no has echado la palabra por
-la boca, cuando ya está apuntada y asentada en su registro...
-
-Pues qué sentirá entonces cada uno de los malos, cuando entre Dios
-con él en este examen, y allá dentro de su consciencia le diga
-así: Ven acá, hombre malaventurado, ¿qué viste en mí, porque[283]
-así me despreciaste, y te pasaste al bando de mi enemigo? Yo te
-levanté del polvo de la tierra, y te crié a mi imagen y semejanza,
-y te di virtud y socorro con que pudieses alcanzar mi gloria. Mas
-tú, menospreciando los beneficios y mandamientos de vida que yo te
-di, quisiste más seguir la mentira del engañador, que el consejo
-saludable de tu Señor. Para librarte desta caída descendí del cielo a
-la tierra, donde padescí los mayores tormentos y deshonras que jamás
-se padescieron. Por ti ayuné, caminé, velé, trabajé y sudé gotas de
-sangre. Por ti sufrí persecuciones, azotes, blasfemias, escarnios,
-bofetadas, deshonras, tormentos y cruz. Por ti, finalmente, nascí
-en mucha pobreza, viví con muchos trabajos, y morí con gran dolor.
-Testigos son esta cruz y clavos que aquí parescen, testigos estas
-llagas de pies y manos que en mi cuerpo quedaron; testigos el cielo y
-la tierra delante de quien padescí, y testigos el sol y la luna que
-en aquella hora se eclipsaron. Pues ¿qué heciste desa ánima tuya,
-que yo con mi sangre hice mía? ¿En cúyo[284] servicio empleaste lo
-que yo compré tan caramente? ¡Oh generación loca y adúltera! ¿Por
-qué quisiste más servir a ese enemigo tuyo con trabajo, que a mí,
-tu Criador y Redemptor, con alegría? Espantáos, cielos, sobre este
-caso, y vuestras puertas se cayan[285] de espanto, porque dos males
-ha hecho mi pueblo: a mí desampararon[286], que soy fuente de agua
-viva, y desamparáronme por otro Barrabás. Llaméos tantas veces, y
-no me respondísteis; toqué a vuestras puertas, y no despertastes;
-extendí mis manos en la Cruz, y no las mirastes; menospreciastes mis
-consejos, y todas mis promesas y amenazas. Pues decid agora vosotros,
-ángeles; juzgad vosotros, jueces entre mí y mi viña: ¿qué más debí yo
-hacer por ella de lo que hice?
-
-Pues ¿qué responderán aquí los malos, los burladores de las cosas
-divinas, los mofadores de la virtud, los menospreciadores de la
-simplicidad?...
-
-
- Meditación para el sábado por la mañana. Descendimiento de Cristo
- y llanto de la Virgen.
-
-Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos, ¿qué lengua podrá
-explicar lo que sintió? ¡Oh ángeles de paz, llorad con esta sagrada
-Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo; y todas las
-criaturas del mundo acompañad el llanto de María! Abrázase la madre
-con el cuerpo despedazado; apriétalo fuertemente en sus pechos (para
-esto sólo le quedaban fuerzas), mete su cara entre las espinas de
-la sagrada cabeza, júntase rostro con rostro; tíñese la cara de la
-Madre con la sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas
-de la Madre. ¡Oh dulce Madre! ¿es ese por ventura vuestro dulcísimo
-Hijo? ¿Es ese el que concebistes con tanta gloria y paristes con
-tanta alegría? Pues ¿qué se hicieron vuestros gozos pasados? ¿Dónde
-se fueron vuestras alegrías antiguas?[287] ¿Dónde está aquel espejo
-de hermosura en quien vos os mirábades?[288] Ya no os aprovecha
-mirarle a la cara; porque sus ojos han perdido la luz. Ya no os
-aprovecha darle voces y hablarle; porque sus orejas han perdido el
-oir. Ya no se menea la lengua que hablaba las maravillas del cielo.
-Ya están quebrados los ojos que con su vista alegraban al mundo.
-¿Cómo no habláis agora, Reina del cielo? ¿Cómo han atado los dolores
-vuestra lengua? La lengua estaba enmudecida; mas el corazón allá
-dentro hablaría con entrañable dolor al Hijo dulcísimo, y le diría:
-¡Oh vida muerta! ¡Oh lumbre escurescida! ¡Oh hermosura afeada! ¿Y
-qué manos han sido aquellas que tal han parado[289] vuestra divina
-figura? ¿Qué corona es ésta que mis manos hallan en vuestra cabeza?
-¿Qué herida es ésta que veo en vuestro costado? ¡Oh summo Sacerdote
-del mundo! ¿qué insignias son éstas que mis ojos ven en vuestro
-cuerpo? ¿Quién ha manchado el espejo y hermosura del cielo? ¿Quién
-ha desfigurado la cara de todas las gracias? ¿Estos son aquellos
-ojos que oscurescían al sol con su hermosura? ¿Estas son las manos
-que resuscitaban a los muertos a quien tocaban? ¿Esta es la boca por
-do salían los cuatro ríos del paraíso?[290] ¿Tanto han podido las
-manos de los hombres contra Dios? Hijo mío, y sangre mía, ¿de dónde
-se levantó a deshora esta fuerte tempestad? ¿Qué ola ha sido ésta
-que así te me[291] ha llevado? Hijo mío, ¿qué haré sin ti? ¿A dónde
-iré? ¿Quién me remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían
-a rogarte por sus hijos, y por sus hermanos defunctos; y tú con tu
-infinita virtud y clemencia los consolabas y socorrías; mas yo que
-veo muerto a mi hijo y mi padre, y mi hermano y mi Señor[292], ¿a
-quién rogaré por él? ¿Quién me consolará? ¿Dónde está el buen Jesu
-Nazareno, Hijo de Dios vivo, que consuela a los vivos, y da vida a
-los muertos? ¿Dónde está aquel grande Profeta poderoso en obras y
-palabras?
-
-
- INTRODUCCIÓN AL SÍMBOLO DE LA FE
- PARTE PRIMERA
-
- Admirable providencia para la conservación de las frutas. La
- granada.
-
-Pues la hermosura de algunos árboles cuando están muy cargados de
-fruta ya madura, ¿quién no la ve? ¿Qué cosa tan alegre a la vista,
-como un manzano o camueso, cargadas las ramas a todas partes[293]
-de manzanas, pintadas con tan diversos colores, y echando de sí un
-tan suave olor? ¿Qué es ver un parral, y ver entre las hojas verdes
-estar colgados tantos y tan grandes y tan hermosos racimos de uvas
-de diversas castas y colores? ¿Qué son estos, sino unos como[294]
-hermosos joyeles, qué penden deste árbol? Pues el artificio de
-una hermosa granada ¡cuánto nos declara la hermosura y artificio
-del Criador![295] El cual por ser tan artificioso no puedo dejar
-de representar en este lugar. Pues primeramente Él la vistió por
-de fuera con una ropa hecha a su medida, que la cerca toda, y la
-defiende de la destemplanza de los soles y aires; la cual por de
-fuera es algo tiesa y dura, mas por dentro más blanda, porque no
-exaspere[296] el fructo que en ella se encierra que es muy tierno;
-mas dentro della están repartidos y asentados los granos por tal
-orden, que ningún lugar, por pequeño que sea, queda desocupado y
-vacío. Está toda ella repartida en diversos cascos, y entre casco
-y casco se extiende una tela más delicada que un cendal, la cual
-los divide entre sí; porque como estos granos sean tan tiernos,
-consérvanse mejor divididos con esta tela, que si todos estuvieran
-juntos. Y allende desto, si uno destos cascos se pudre, esta tela
-defiende a su vecino, para que no le alcance parte de su daño...
-Cada uno destos granos tiene dentro de sí un hosecico blanco, para
-que así se sustente mejor lo blando sobre lo duro, y al pie tiene
-un pezoncico tan delgado como un hilo, por el cual sube la virtud y
-jugo, dende lo bajo de la raíz hasta lo alto del grano; porque por
-este pezoncico se ceba él, y cresce, y se mantiene, así como el niño
-en las entrañas de la madre por el ombliguillo. Y todos estos granos
-están asentados en una cama blanda, hecha de la misma materia de que
-es lo interior de la bolsa que viste toda la granada. Y para que nada
-faltase a la gracia desta fruta, remátase toda ella en lo alto con
-una corona real, de donde paresce que los reyes tomaron la forma de
-la suya. En lo cual paresce haber querido el Criador mostrar que era
-ésta reina[297] de las frutas. A lo menos en el color de sus granos
-tan vivo como el de unos corales, y en el sabor y sanidad desta fruta
-ninguna le hace ventaja. Porque ella es alegre a la vista, dulce
-al paladar, sabrosa a los sanos, y saludable a los enfermos, y de
-cualidad que todo el año[298] se puede guardar. Pues ¿por qué los
-hombres que son tan agudos en filosofar en las cosas humanas, no lo
-serán en filosofar en el artificio desta fruta, y reconoscer por él
-la sabiduría y providencia del que de un poco de humor de la tierra
-y agua cría una cosa tan provechosa y hermosa? Mejor entendía esto la
-Esposa en sus cantares, en los cuales convida al esposo al zumo de
-sus granadas, y le pide que se vaya con ella al campo para ver si han
-florescido las viñas y ellas.
-
-
- PRIMERA PARTE
-
- Pintura del pavo real.
-
-Entre estos animales el que más claro parece que conoce su hermosura
-es el pavón, pues vemos que él mismo hace alarde de sus hermosas
-plumas, con aquella rueda tan vistosa, que por muchas veces que la
-veamos, siempre holgamos de verla y de sentir la ufanía con que él
-extiende aquellas plumas, preciándose de su gentileza y haciendo esta
-demostración della. La cual hace las más veces[299] cuando tiene la
-hembra presente, para aficionarla más con esto. Y cuando quiere ya
-deshacer la rueda, hace un grande estruendo con las alas para mostrar
-juntamente valentía con la hermosura. En lo cual todo vemos una
-imitación de las cosas que se pasan en la vida humana...
-
-Y tratando primero del fin que tuvo el que la crió, parece que así
-como en la fábrica de aquellos animalillos pequeñitos nos quiso
-mostrar la subtileza y grandeza de su poder y sabiduría (la cual en
-tan pequeña materia pudo formar tantas cosas), así en la hermosura
-desta ave nos quiso dar una pequeña muestra o sombra de su infinita
-hermosura. La razón[300] que a esto me mueve es ver que este plumaje
-tan grande (que es de vara y media de largo) no sirve ni para cubrir
-el cuerpo desta ave (pues excede tanto la medida dél), ni tampoco
-ayuda para volar, porque antes impide con su demasiada carga; y pues
-habemos de señalar en esta obra algún fin, no veo otro sino el que
-está dicho...
-
-Y dejando aquellos ramales[301] o cabellos que van acompañando el
-asta de las plumas de la cola hasta el cabo dellas (que son todos
-harpados y de hermosos colores), vengamos a aquel ojo que está al
-cabo dellas, formado con tanta variedad de colores, y éstos tan finos
-y tan vistosos, que ningún linaje de las tintas que han inventado los
-hombres podrá igualar con el lustre y fineza destos. Porque en medio
-deste ojo está una figura oval de un verde clarísimo, y dentro dél
-está otra cuasi de la misma figura y de un color morado finísimo, y
-éstas están cercadas de otros círculos hermosísimos[302], que tienen
-gran semejanza con los colores y figuras del arco que se hace en las
-nubes del cielo; a los cuales sucede en torno la cabellera, hermosa
-también, de diversos colores, en que se remata la pluma. Y en este
-ojo o círculo que decimos, hay otra cosa no menos admirable, y es
-que los cabellos o ramales de que esta figura se compone están tan
-pegados unos con otros, y tan parejos y iguales en su composición,
-que no parece que aquella figura es compuesta de diversos hilos, sino
-que es como un pedazo de seda continuada que allí está.
-
-Pues ¿qué diré de la hermosura del cuello que sube del pecho hasta
-la cabeza, y de aquel color verde que sobrepuja la fineza de toda la
-verdura del mundo? Y lo que pone más admiración es que todas aquellas
-plumillas que visten este cuello son tan parejas y tan iguales entre
-sí, que ni una sola se desordena en ser mayor o menor que otra. De
-donde resulta parecer más aquella verdura una pieza de seda verde,
-como dijimos, que cosa compuesta de todas estas plumillas. No faltaba
-aquí sino una corona real para la cabeza desta ave; mas en lugar
-della tiene aquellas tres plumillas que hacen como diadema, y son
-el remate de la hermosura desta ave[303]. Y como tengan estas tres
-plumicas tanta gracia, y no sirvan más que para su hermosura, vese
-claro que de propósito se puso el Criador a pintar esta ave tan
-hermosa. Lo que aquí se ha dicho, entenderá mejor quien pusiere los
-ojos en una pluma destas, porque más sirve para esto la vista que las
-palabras. Y no se debe echar en olvido que la hermosura y colores
-de todo este plumaje no es como la de las flores[304], que en breve
-se marchita, sino es perpetua y estable, y por eso sirve para otras
-cosas que se hacen dellas.
-
-
-NOTAS
-
- [278] En esta interrogación, _cuál_ tiene el valor de ‘qué tal’,
- y _cuán_ seguido de adjetivo, el valor de ‘lo... que’; _cuán
- atónitos_ = ‘lo atónitos que andarán’. La frase _perdido el
- sentido_, es decir, un participio con su complemento, hace las
- veces de uno de tantos adjetivos de esta enumeración.
-
- [279] Granada dice _la habla_, porque en su tiempo la _h_ era
- aspirada e impedía el encuentro de las dos _a_.
-
- [280] _Ahilado_, ‘extenuado o desfallecido’. «Arescentibus
- hominibus prae timore et expectatione, quæ supervenient universo
- orbi». (Luc. XXI, 26.) Muéstrase la abundancia de la frase de
- Granada en estas amplificaciones de los textos bíblicos que
- traduce, como la exuberancia de su imaginación en los extensos
- comentarios que le inspiran. Todo este brillante párrafo no es
- más que un desarrollo del versículo de San Lucas transcrito;
- Granada recomienda el uso de esta exornación amplia: «para que
- mirando el predicador agudamente la fuerza y, por decirlo así,
- la fecundidad de las sentencias, las sepa sacar y desenvolver
- con palabras; porque hay algunos tan estériles y ayunos, a
- quienes los retóricos llaman áridos, que dicen las cosas no con
- estilo oratorio sino dialéctico, usando de palabras llanas sin
- amplificación alguna; lo cual es más proporcionado para las
- escuelas y ejercicio de la disputa, que para la predicación».
- (_Retórica eclesiástica_, II, 10.)
-
- [281] Todo este párrafo es traducción de Nahum I, 3-6: «Dominus
- in tempestate et turbine viæ eius, et nebulæ pulvis pedum eius...»
-
- [282] Nótese cómo Granada no se arredra ante la expresión
- trivial, como sea precisa; el empleo de estas palabras, de uso
- tan meramente oficinesco, pero tan concretas y apropiadas, no
- daña en nada a la dignidad de la expresión. Es un vicio del
- estilo buscar una falsa nobleza en el uso casi exclusivo de voces
- lo más abstractas y cultas posibles, en vez de tender, por el
- contrario, a las más precisas y concretas, que siempre son más
- expresivas y, como tal, logran efecto más artístico.
-
- [283] _Porque_ y _pues que_, son conjunciones causales de uso
- bien distinto hoy. Sin embargo, Granada usa _porque_ en el
- sentido de ‘ya que, supuesto que’. Admira la sencillez del tono
- general en este largo apóstrofe unida a tanta grandeza y tan
- conmovedora vehemencia; todo él está inspirado en Jeremías, II, 5
- a 13; Isaías, V, 3 y 4.
-
- [284] Hoy el posesivo _cuyo_ hecho interrogativo se usa solamente
- como predicado del verbo _ser_, y esto en lenguaje poético
- (_¿cúyo es el ganado?_). Es lastimoso el desuso en que va cayendo
- este cómodo relativo.
-
- [285] _Caer_, hacía _caya_ y _traer_, _traya_, como hoy _haber_
- hace _haya_. Luego, a semejanza de _venga_, _ponga_, etc., se
- dijo _caiga_, _traiga_.
-
- [286] Hoy es necesario el uso enclítico o afijo del dativo o
- acusativo del pronombre: _me desampararon_; y cuando, como
- aquí sucede, es preciso dar énfasis al pronombre, se repite
- pleonásticamente con preposición: _Me desampararon a mí_.
- El lenguaje viejo decía _a mí parece, a él ofreció_, como
- modernamente se conserva el arcaísmo en algún caso _a vos atañe,
- a ellos interesa_. Granada usa bastante del solo pronombre con
- preposición, y ahora calcó el texto latino: «Duo enim mala fecit
- populus meus: =Me= derelinquerunt fontem aquæ vivæ», etc.
- Jeremías, II, 13.
-
- [287] Estas dos cláusulas semejantes, que varían en torno de la
- palabra _gozos_ o _alegrías_, y las demás repeticiones retóricas
- que siguen, más propias que de una meditación escrita (donde
- resultan monótonas), lo son de un sermón hablado, donde las
- sazona la animación del tono y de la viva voz. Granada, en su
- _Retórica eclesiástica_ (II, 11), llama a estas consideraciones
- patéticas _afectos_, pues van encaminados, como él dice, a
- «inflamar los afectos del _auditorio_».
-
- [288] Durante todo el siglo XVI tenían una _d_ en su terminación
- la persona vosotros del imperfecto de indicativo, y subjuntivo
- (_veníades_, _viniésedes_), de los condicionales (_vendríades_,
- _viniérades_) y del futuro de subjuntivo (_viniéredes_). En el
- siglo XVII esta _d_ desapareció ya.
-
- [289] Véase atrás pág. 93, nota 190.
-
- [290] Comparación bizarra de la boca de Cristo con el lugar
- deleitoso (locus voluptatis), de donde, según el _Génesis_, II,
- 10, manaba el río de cuatro brazos que regaba el Paraíso.
-
- [291] Este _me_ es un dativo ético, v. atrás pág. 106, nota 233.
-
- [292] En vez de repetir la conjunción, pudiera repetirse la
- preposición, lo cual es más frecuente en los complementos dobles
- o triples: «veo muerto a mi hijo, a mi padre, a mi hermano»; pero
- entonces parecería más bien que esos complementos se referían a
- tres personas diversas, y aquí no es ese el caso.
-
- [293] _Cargadas las ramas_, etc., es una cláusula absoluta sin
- enlace gramatical con el resto del período, como en latín el
- ablativo absoluto u oracional. El sentido de la frase _a todas
- partes_, exige hoy diversa preposición.
-
- [294] Véase adelante pág. 167, n. 352, y pág. 168, n. 357.
-
- [295] El afán de Granada por construir su frase de muchos
- miembros le lleva a un uso fatigoso del relativo _el cual_,
- puesto como débil lazo de unión entre unos y otros; defecto
- que luego se generalizó en extremo. _El cual_ es más cómodo
- que el simple _que_, por distinguir el género y número de
- su antecedente, evitando así anfibologías; pero aquí existe
- la confusión, por poder ser antecedentes dos masculinos que
- preceden, y más bien parece referirse a _Criador_ que a
- _artificio_, no siendo en realidad esto así. Ganaría el texto en
- brevedad diciendo simplemente: «¡Cuánto nos declara la hermosura
- y artificio del Criador! Primeramente él la vistió por de
- fuera...»; no hace falta nada más, y en un escrito sobra todo lo
- que no hace falta.
-
- [296] _Exasperar_, por ‘lastimar’ o ‘dañar’, es latinismo inútil;
- poco después dice _delicado_ por _delgado_.
-
- [297] La idea, a veces pueril, que de las _causas finales_ se
- manifiesta en estas descripciones de la naturaleza, no deja de
- añadirles gracia y candor.
-
- [298] Hay doble elipsis por _de (una) cualidad (tal) que_; hoy o
- se elide sólo el artículo indefinido o sólo el pronombre.
-
- [299] _Las más veces_ es muy superior a la pesada expresión _la
- mayor parte de las veces_. En la Edad Media se decía también _las
- más aves por la mayor parte de las aves_.
-
- [300] Nótese la estructura de este período que, según Granada
- en su _Retórica_ (V., 16, § 2), reviste aquella forma «con que
- hablamos redondamente, esto es, en que corre la oración encerrada
- como en un círculo, no acabando la sentencia sino en el fin; y
- así representa la imagen de un perfecto silogismo».
-
- [301] Llama _ramales_ a las ‘barbas’ de la pluma, usando ese
- derivado de _ramo_ en el sentido general de ‘ramificación’, o sea
- derivación divergente que imita la disposición de las ramas.
-
- [302] Granada usa con profusión de los superlativos. Don Antonio
- Capmany le censura, tanto por esto, como por usar algunos
- cuyo positivo encierra ya el grado supremo, por ejemplo:
- _divinísimo_ e _inmensísimo_. Don Rufino José Cuervo cree que el
- _omnipotentísimo_ de Granada puede justificarse suponiendo que la
- inflexión superlativa afecta sólo a _potente_ y no a la primera
- parte de la palabra, y que tiene el sentido de ‘el que en grado
- eminente lo puede todo’. (_Notas a Bello_, nota núm. 46.)
-
- [303] Dos párrafos seguidos terminan con las mismas palabras
- _desta ave_. Nuestros clásicos se preocupaban poco de estos
- pormenores eufónicos más superficiales, a los que hoy se da gran
- importancia.
-
- [304] Esta licencia de concordancia, por _no_ =son= _como_
- =los= _de las flores_, está hoy en el uso corriente, porque la
- imaginación en el masculino _colores_ no ve más que una idea
- accesoria, es decir, _la hermosura de los colores_. En los
- extractos de Cervantes notaremos concordancias parecidas.
-
-
-
-
-SANTA TERESA DE JESUS
-
-(1515-1582)
-
-
-Se incluyen aquí dos ejemplos de sus cartas; otro narrativo, de su
-propia _Vida_, que ella misma escribió, y cuya última redacción es de
-1565 ó 66, y un trozo doctrinal tomado de las _Moradas_, escritas en
-1577.
-
-La prosa de la Santa es el tipo perfecto del lenguaje familiar de
-Castilla en el siglo XVI, el mismo de la conversación; pues la
-autora, al escribir, estaba ajena de toda preocupación literaria;
-no redacta, habla sencillamente. Las cartas están escritas a
-vuela-pluma, a veces al final de ellas dice a su correspondiente:
-«Si faltaren letras, póngalas»; la relación de su _Vida_, ella misma
-nos lo advierte, no le costó más cuidado ni tiempo que el que gastó
-materialmente en escribirla; así que por todas partes se ve el
-desaliño y la frescura de la palabra hablada, y hablada al descuido.
-Además, como el idioma castellano aun no estaba tan fijado por la
-literatura como hoy, el habla corriente entre la gente educada
-de varias provincias, no sólo se diferenciaba de la literaria en
-su sintaxis, sino en la forma de las palabras. La impuesta en la
-lengua escrita era, por lo común, la usada en Toledo, y difería muy
-frecuentemente de ella la que era usual en Avila, en la tierra de
-Santa Teresa; el lenguaje de ésta es, pues, el familiar de Castilla
-la Vieja, inestimable por lo único, ya que los demás autores clásicos
-se ajustan mucho más al patrón común que entonces se imponía. No
-abundan en los grandes autores la multitud de voces que caracterizan
-el habla de Santa Teresa, la mayor parte de las cuales subsisten hoy
-en el habla vulgar de muchas regiones, como _añidir_, _cuantimás_
-(cuanto más), _enriedos_, _anque_, _naide_, _ortolano_ (hortelano),
-_piadad_; los epítetos familiares _urguillas_ (cosa que hurga,
-carcoma, pesadilla), _lloraduelos_; el uso del posesivo con artículo
-_la mi Isabela_, _la mi Parda_, y multitud de giros, frases hechas y
-refranes enteramente populares.
-
-Con este lenguaje y con este estilo, la prosa de Santa Teresa encanta
-por su llaneza, por la ausencia total de propósitos literarios; su
-pluma obedecía solamente a la alta inspiración que la guiaba al
-redactar su pensamiento: «Cuando el Señor da espíritu, pónese con
-facilidad y mejor; parece como quien tiene un dechado delante; mas si
-el espíritu falta, no hay más concertar este lenguaje que si fuese
-algarabía.» Por esto Fray Luis de León, que revisó las obras de la
-Santa para darlas a la imprenta, admirado del gracioso desaliño que
-se observa en ellas, escribía: «En la forma del decir, y en la pureza
-y facilidad del estilo, y en la gracia y buena compostura de las
-palabras, y en una elegancia desafeitada que deleita en extremo, dudo
-yo que haya en nuestra lengua escritura que con ellas se iguale.»
-
-Pero la exageración de estas cualidades es frecuente; la incorrección
-gramatical llega a extremos a veces insufribles. En los extractos
-que siguen se verá, por ejemplo, lo que abunda el pronombre _él_ sin
-llevar expreso el substantivo o antecedente que representa.
-
-
- VIDA DE LA SANTA
- CAPÍTULO PRIMERO
-
- Cuenta cómo pasó su primera edad
-
-Éramos tres hermanas y nueve hermanos; todos parecieron a sus padres,
-por la bondad de Dios, en ser virtuosos, si no fuí yo, aunque era
-la más querida de mi padre; y antes que comenzase a ofender a
-Dios, parece tenía alguna razón, porque yo he lástima cuando me
-acuerdo[305] las buenas inclinaciones que el Señor me había dado y
-cuán mal me supe aprovechar de ellas.
-
-Pues[306] mis hermanos ninguna cosa me desayudaban a servir a Dios.
-Tenía uno casi de mi edad; juntábamonos entramos[307] a leer vidas
-de santos,--que era el que yo más quería, anque[308] a todos tenía
-gran amor y ellos a mí--; como vía los martirios que por Dios las
-santas pasaban, parecíame compraban muy barato el ir a gozar de Dios,
-y deseaba yo mucho morir ansí; no por amor que yo entendiese tenerle,
-sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía haber en
-el cielo; y juntábame con este mi hermano a tratar qué medio habría
-para esto. Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor
-de Dios, para que allá nos descabezasen; y paréceme que nos daba
-el Señor ánimo en tan tierna edad, si viéramos algún medio, sino
-que[309] el tener padres nos parecía el mayor embarazo. Espantábanos
-mucho el decir que pena y gloria era para siempre en lo que leíamos.
-Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto; y gustábamos de decir
-muchas veces: _para siempre, siempre, siempre_. En pronunciar esto
-mucho rato, era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido
-el camino de la verdad.
-
-De que vi que era imposible ir adonde me matasen por Dios,
-ordenábamos ser ermitaños, y en una huerta que había en casa
-procurábamos, como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas
-pedrecillas, que luego se nos caían; y ansí no hallábamos remedio
-en nada para nuestro deseo; que ahora me pone devoción ver cómo me
-daba Dios tan presto lo que yo perdí por mi culpa. Hacía limosna como
-podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones, que
-eran hartas, en especial el rosario, de que mi madre era muy devota
-y ansí nos hacía serlo. Gustaba mucho, cuando jugaba con otras niñas,
-hacer monesterios, como que éramos monjas; y yo me parece deseaba
-serlo, aunque no tanto como las cosas que he dicho.
-
-Acuérdome que, cuando murió mi madre, quedé yo de doce años poco
-menos; como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida
-fuíme a una imagen de Nuestra Señora y supliquéla fuese mi madre, con
-muchas lágrimas[310]. Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, que
-me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana
-en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me ha tornado a sí.
-Fatígame ahora ver y pensar en qué estuvo el no haber yo estado
-entera en los buenos deseos que comencé. ¡Oh, Señor mío! pues parece
-tenéis determinado que me salve, plega a vuestra Majestad sea ansí;
-y de hacerme tantas mercedes como me habéis hecho, ¿no tuviérades
-por bien, no por mi ganancia, sino por vuestro acatamiento, que no
-se ensuciara tanto posada adonde tan contino habíades de morar?
-Fatígame, Señor, aun decir esto, porque sé que fué mía toda la culpa;
-porque no me parece os quedó a vos nada que hacer para que desde esta
-edad no fuera toda vuestra. Cuando voy a quejarme de mis padres,
-tampoco puedo, porque no vía en ellos sino todo bien, y cuidado de mi
-bien.
-
-Pues pasando de esta edad, que[311] comencé a entender las gracias de
-naturaleza que el Señor me había dado, que según decían eran muchas,
-cuando por ellas le había de dar gracias, de todas me comencé a
-ayudar para ofenderle...
-
-Paréceme que comenzó a hacerme mucho daño lo que ahora diré.
-Considero algunas veces cuán mal lo hacen los padres que no procuran
-que vean sus hijos siempre cosas de virtud de todas maneras;
-porque con serlo[312] tanto mi madre, de lo bueno no tomé tanto en
-llegando a uso de razón, ni casi nada, y lo malo me dañó mucho. Era
-aficionada a libros de Caballerías[313], y no tan mal tomaba este
-pasatiempo, como yo le tomé para mí; porque no perdía su labor, sino
-desenvolvíemonos para leer en ellos; y por ventura lo hacía para
-no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que
-no anduviesen en otras cosas perdidos. Desto le pesaba tanto a mi
-padre, que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a
-quedarme en costumbre de leerlos[314], y aquella pequeña falta que
-en ella[315] vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar[316] a
-faltar en lo demás; y parecíame no era malo, con gastar muchas horas
-del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque ascondida de mi
-padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía, que si no tenía
-libro nuevo, no me parece tenía contento.
-
-
- LAS MORADAS
- PRIMERAS MORADAS, CAPÍTULO II
-
- Provecho que se saca del humilde conocimiento de sí mismo
-
-La humildad siempre labra, como la abeja en la colmena la miel... Mas
-consideremos que la abeja no deja de salir a volar para traer flores,
-ansí el alma en el propio conocimiento; créame[317], y vuele algunas
-veces a considerar la grandeza y majestad de su Dios. Aquí hallará su
-bajeza mejor que en sí mesma y más libre de las sabandijas, adonde
-entran en las primeras piezas, que es el propio conocimiento, que
-anque, como digo, es harta misericordia de Dios que se ejercite en
-esto, tanto es lo de más como lo de menos, suelen decir. Y créanme,
-que con la virtud de Dios obraremos muy mejor virtud, que muy atadas
-a nuestra tierra. No sé si queda dado bien a entender; porque es cosa
-tan importante este conocernos, que no querría en ello hubiese jamás
-relajación, por subidas que estéis[318] en los cielos; pues mientra
-estamos en esta tierra, no hay cosa que más nos importe que la
-humildad. Y ansí torno a decir, que es muy bueno y muy rebueno[319]
-tratar de entrar primero en el aposento adonde se trata de esto, que
-volar a los demás, porque este es el camino; y si podemos ir por
-lo seguro y llano, ¿para qué hemos de querer alas para volar? mas
-que busque cómo aprovechar más en esto. Y a mi parecer, jamás nos
-acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios: mirando su
-grandeza, acudamos a nuestra bajeza, y mirando su limpieza, veremos
-nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos cuán lejos
-estamos de ser humildes. Hay dos ganancias de esto: la primera está
-claro, que parece una cosa blanca, muy más blanca[320] cabe la negra,
-y al contrario la negra cabe la blanca; la segunda es, porque nuestro
-entendimiento y voluntad se hace más noble y más aparejado[321] para
-todo bien, tratando a vueltas de sí con Dios; y si nunca salimos de
-nuestro cieno de miserias, es mucho inconveniente.
-
-
- CARTAS
- CARTA 132
-
- Al señor Lorenzo de Cepeda, hermano de la Santa; desde Toledo a 2
- de Enero de 1577
-
- Jesús
-
-Sea con vuestra merced. Da tan poco lugar Serna[322], que no querría
-alargarme, y no sé acabar cuando comienzo a escribir a vuestra
-merced; y, como nunca viene Serna, es menester tiempo.
-
-Cuando yo escribiere a Francisco[323], nunca se la[324] lea vuestra
-merced, que he miedo tray alguna melencolía, y es harto declararse
-conmigo. Quizá le da Dios esos escrúpulos para quitarle de otras
-cosas; mas, para su remedio, el bien que tiene es creerme[325]...
-
-Gran fiesta tuvimos ayer con el nombre de Jesús: Dios se lo pague a
-vuestra merced. No sé qué le envíe por tantas como me hace, si no es
-esos villancicos, que hice yo, que me mandó el confesor las[326]
-regocijase, y he estado estas noches con ellas, y no supe cómo, sino
-ansí. Tienen graciosa tonada, si la atinare Francisquito para cantar.
-Mire si ando bien aprovechada. Con todo, me ha hecho el Señor hartas
-mercedes estos días.
-
-De las que hace a vuestra merced estoy espantada. Sea bendito por
-siempre. Ya entiendo por lo que se desea la devoción, que es bueno.
-Una cosa es desearlo y otra pedirlo; mas crea que es lo mejor lo
-que hace, el dejarlo todo a la voluntad de Dios, y poner su causa
-en sus manos. Él sabe lo que nos conviene, mas siempre procure ir
-por el camino que le escribí: mire que es más importante de lo que
-entiende...
-
-No me cansan sus cartas de vuestra merced, que me consuelan mucho,
-y ansí me consolara poderle escribir más a menudo; mas es tanto el
-trabajo que tengo, que no podrá ser más a menudo; y an[327] esta
-noche me ha estorbado la oración. Ningún escrúpulo me hace, si no es
-pena de no tener tiempo. Dios nos le dé para gastarle siempre en su
-servicio, amén.
-
-La esterilidad de este pueblo en cosas de pescado, que[328] es
-lástima a estas hermanas; y ansí me he holgado con estos besugos.
-Creo pudieran venir sin pan, según hace el tiempo. Si acertare
-haberlos, cuando venga Serna, u algunas sardinas frescas, dé vuestra
-merced a la superiora con que nos las envíe, que lo ha enviado muy
-bien. Terrible lugar es este para no comer carne, que an un huevo
-fresco jamás hay. Con todo pensaba hoy que ha años que no me hallo
-tan buena como ahora; y guardo[329] lo que todas, que es harto
-consuelo para mí.
-
-Esas coplas que no van de mi letra no son mías, sino que me
-parecieron bien para Francisco, que como hacen las de San José de las
-suyas, esotras hizo una hermana. Hay gran cosa de eso estas Pascuas
-en las recreaciones. Es hoy segundo día del año.
-
-Indina sierva de vuestra merced. Teresa de Jesús.
-
-Pensé que nos enviara vuestra merced el villancico suyo; porque estos
-ni tienen pies ni cabeza, y todo lo cantan. Ahora se me acuerda uno
-que hice una vez, estando con harta oración, y parecía que descansaba
-más. Eran: (ya no sé si eran ansí); y porque vea que desde acá le
-quiero dar recreación:
-
- ¡Oh hermosura, que ecedeis
- A todas las hermosuras!
- Sin herir, dolor haceis;
- Y sin dolor deshaceis
- El amor de las criaturas.
-
- ¡Oh ñudo, que ansí juntais
- Dos cosas tan desiguales!
- No sé por qué os desatais:
- Pues atado, fuerza dais,
- A tener por bien los males.
-
- Quien no tiene ser, juntais
- Con el ser que no se acaba:
- Sin acabar, acabais:
- Sin tener que amar, amais:
- Engrandeceis nuestra nada.
-
-No se me acuerda más. ¡Qué seso de fundadora! Pues yo le digo que
-me parecía estaba con harto, cuando dije esto. Dios se lo perdone,
-que me hace gastar tiempo: y pienso le ha de enternecer esta copla
-y hacerle devoción; y esto no lo diga a nadie. Doña Yomar y yo
-andábamos juntas en este tiempo. Déla mis encomiendas.
-
-
- CARTA 211
-
- De Santa Teresa a su confesor Fray Jerónimo Gracián, llorando la
- muerte del General de los Carmelitas Fray Juan Bautista Rubeo.
- Fecha en Ávila a 15 de octubre de 1578.
-
- Jesús.
-
-Sea con vuestra paternidad el Espíritu Santo, mi padre[330]. Como
-le veo quitado[331] de esas baraúndas, háseme quitado la pena de lo
-demás, venga lo que viniere. Harto grande me la ha dado[332] las
-nuevas, que me escriben de nuestro padre general. Ternísima estoy; y
-el primer día llorar que llorarás[333], sin poder hacer otra cosa,
-y con gran pena de los trabajos que le hemos dado, que cierto no
-los merecía; y si hubiéramos ido a él, estuviera todo llano. Dios
-perdone a quien siempre lo ha estorbado, que con vuestra paternidad
-yo me aviniera, anque, en esto, poco me ha creído. El Señor lo trairá
-todo a bien; mas siento lo que digo, y lo que vuestra paternidad ha
-padecido; que cierto son tragos de la muerte lo que me escribió en la
-carta primera, que dos he recibido después que habló al nuncio.
-
-Sepa, mi padre, que yo me estaba deshaciendo, porque no daba luego
-aquellos papeles, sino que debe ser aconsejado de quien le duele poco
-lo que vuestra paternidad padece[334]. Huélgome, que quedará bien
-experimentado, para llevar los negocios por el camino que han de ir,
-y no agua arriba, como yo siempre decía: y a la verdad ha habido
-cosas por donde lo impedían todo, y ansí no hay que tratar de esto,
-porque ordena Dios cosas para que padezcan sus siervos.
-
-Ya quisiera escribir más largo, y han de llevar esta noche las
-cartas, y casi lo es ya, que lo he sido[335] con el obispo de
-Osma[336], para que trate con el presidente y con el padre Mariano lo
-que le escribí, y dije enviase a vuestra paternidad. Ahora he estado
-con mi hermano[337], y se le encomienda mucho.
-
-
-NOTAS
-
- [305] _Acordarse_, construído como _recordar_ con un dativo
- reflexivo y un acusativo, es poco usado,
-
- Y como Ovidio escribe en su epistolio,
- que no me acuerdo el folio,
- estas heridas del amor protervas
- no se curan con hierbas.
- LOPE, _Gatom_. 2.
-
- [306] Sobre _pues_, conjunción continuativa que encabeza las
- transiciones, v. BELLO. _Gram._ § 1267.
-
- [307] Anticuado por _entrambos_. Esta cláusula _juntábamonos
- entramos a leer vidas de santos_ está sin duda trastocada,
- debiendo colocarse detrás de _gran amor y ellos a mí_.
-
- [308] _Anque_, forma vulgar por «aunque». Después hallaremos _an_
- por «aún».
-
- [309] _Sino que_ en el sentido de _pero_. (V. BELLO. _Gram._ §
- 1280.)
-
- [310] Nótese a cada paso la ausencia de retoque; este complemento
- _con muchas lágrimas_ debiera ir inmediatamente después del verbo.
-
- [311] Después de oraciones temporales, _que_ puede usarse en
- vez de la frase adverbial de tiempo _luego que_, _después que_;
- por ejemplo: «en estando lejos de aquí, _que_ me vea libre del
- peligro, no me meteré yo en otra.» Si la oración temporal no
- lleva el verbo en gerundio ni infinitivo, sino en forma personal,
- el _que_ es un tanto pleonástico, pues pudiera reemplazarse por
- la simple conjunción copulativa: «cuando esté lejos de aquí,
- _que_ (y) me vea libre...» Por este mismo giro se explican
- modismos tales como estos: «jura que al volver _que vuelva_ al
- Andalucía, se ha de estar dos meses en Toledo»; «en llegando _que
- llegue_.»
-
- [312] Este _lo_ representa un adjetivo que no existe; Santa
- Teresa tomó en su imaginación el substantivo _de virtud_ por el
- adjetivo equivalente _virtuoso_.
-
- [313] Es muy común decir _libros de caballería_; ha de decirse
- _caballerías_ en plural, que este nombre se da a las hazañas
- llevadas a cabo por un caballero. La afición a las novelas
- caballerescas fué predominante en España por el espacio increíble
- de más de tres siglos. En el siglo XIV el Canciller Pero López de
- Ayala, entre sus yerros más grandes, se lamentaba de haber sido
- víctima de tan desatinada afición:
-
- Plogome otrosí oir muchas vegadas
- Libros de devaneos e mentiras probadas:
- _Amadis_, _Lanzalote_ e burlas asacadas,
- En que perdí mi tiempo a muy malas jornadas.
- (_Rimado de Palacio_, copla 162.)
-
- A mediados del siglo XVI Santa Teresa se acusa de igual pecado,
- y a principios del XVII era todavía tan desmedido el apego a
- tales novelas, que Cervantes, para amenguarlo, ridiculizó en su
- _Quijote_ los extravíos que tan dañosa lectura causaba.
-
- [314] Este _los_ se refiere a _los libros de caballerías_ que,
- aunque hace mucho se nombraron, no dejan de estar presentes a
- la memoria en todo este pasaje. Otra vez vemos aquí la sintaxis
- de la Santa obedecer más a la viveza de la imaginación que a la
- lógica gramatical.
-
- [315] El pronombre _ella_ se refiere a _la madre_ aunque no se la
- haya nombrado inmediatamente antes. Otra vez cabe la observación
- de la nota anterior.
-
- [316] Nuevo descuido de la autora que pensaba haber escrito antes
- _me hizo enfriar_, o cosa parecida.
-
- [317] _Créame_ y los verbos que siguen en singular debieran ir en
- plural, pues la Autora se dirige a sus monjas, como adelante se
- ve.
-
- [318] Santa Teresa trata generalmente a las religiosas de _su
- merced_ en tercera persona de plural; aquí las habla en segunda
- persona de plural. Es común, en escritores más cuidados, este
- cambio de tratamiento. Fray Luis de Granada dice a la Virgen:
- «alegra_te_ con esta esperanza y cesen ya _tus_ gemidos... Bien
- veo, señora, que no basta nada desto para consola_ros_». (B. Aut.
- esp., VIII, pág. 82 _b_).
-
- [319] Esta especie de superlativo formado mediante el prefijo
- _re_ que refuerza el sentido del adjetivo simple, es muy propio
- del castellano (_refino_, _relimpio_, _remucho_, _remejor_);
- muchos escritores lo desdeñan por familiar.
-
- [320] Ante los adverbios _más_ y _menos_ usaban nuestros
- clásicos las formas apocopadas _muy_, _tan_, _cuán_ («cuán más
- agradable»), en vez de las formas plenas _mucho_, _tanto_,
- _cuanto_, que son hoy de rigor (V. BELLO _Gram._ § 1023).
-
- [321] Las leyes lógicas de la concordancia exigirían _se hacen
- más nobles y aparejados_; la licencia hoy tolerable sería _se
- hace aparejada_.
-
- [322] Serna era el mandadero que llevaba las cartas de don
- Lorenzo.
-
- [323] Francisco se llamaba el hijo mayor de don Lorenzo. La Santa
- era naturalmente directora de los negocios espirituales de todas
- las personas de su familia. Lorenzo había prometido obediencia a
- su hermana, como luego se verá.
-
- [324] Este _la_ representa al substantivo _carta_ que la autora
- consideraba embebido en el verbo _escribiere_. (Recuérdese lo
- dicho página 148 n. 312 y pág. 149, 314 y 315, y véase 153, n.
- 326.)
-
- [325] El sujeto de este verbo no es _Francisco_, como parece,
- sino _don Lorenzo_.
-
- [326] Este _las_ se refiere a las monjas de la comunidad.
-
- [327] _An_ es contracción vulgar por _aun_. Comp. arriba _anque_.
-
- [328] Sobra el _que_ para hacer sentido.
-
- [329] _Guardar_ sin complemento, con el sentido de «guardar la
- abstinencia».
-
- [330] Vocativo con el posesivo antepuesto.
-
- [331] _Quitar_ tiene aquí el sentido anticuado de libertar,
- eximir, que subsiste en la frase «libre y quito».
-
- [332] Concordancia viciosa.
-
- [333] Frase adverbial, como _llora que llora_ o _llora que
- llorarás_, para denotar la continuidad de la acción.
-
- [334] Habla aquí de las persecuciones de que era objeto la
- reforma de la Orden que entonces se llevaba a cabo. El entregar
- los papeles de la visita al Presidente del Consejo de Castilla
- fué un paso poco acertado que dió lugar a conflictos en los que
- Gracián quedó comprometido.
-
- [335] El _lo_ se refiere a _larga en escribir_; es decir: «que
- he sido larga en escribir al Obispo». La autora pensaba haber
- puesto antes: «ya quisiera ser más larga en escribir», en vez de
- «quisiera escribir más largo».
-
- [336] El Obispo de Osma, don Alonso Vázquez, confesor de la Santa
- en Toledo.
-
- [337] Don Lorenzo de Cepeda.
-
-
-
-
-FRAY LUIS DE LEÓN
-
-(1527-1591)
-
-
-Los dos primeros libros de los _Nombres de Cristo_ se imprimieron en
-1583; los tres completos, en 1585. _La perfecta casada_, en 1586.
-
-Como se ha visto, la prosa castellana contaba ya en el último tercio
-del siglo XVI con muy notables cultivadores.
-
-Fray Luis de León consideraba, sin embargo, que el idioma no había
-logrado aún el cultivo esmerado y profundo de que era digno. Claro
-es que no podía satisfacerle, aunque lo admiraba, el estilo humilde,
-sencillo y descuidado de Santa Teresa; pero ya es más chocante que,
-hablando del poco cultivo de la lengua, no dedique ni una alabanza,
-ni un recuerdo, a su predecesor, Fray Luis de Granada; el estilo de
-éste era un estilo oratorio que sin duda, no contentaba al maestro
-León, por no encajar dentro del ideal de perfección artística que
-él perseguía[338]. Así que se consideró a sí mismo, más que como
-innovador, como padre de la prosa literaria, y no le faltaba alguna
-razón.
-
-El lenguaje de Fray Luis de Granada tenía solemnidad, elevación y
-valentía; pero por estar aún el idioma poco diestro en la expresión
-de razonamientos y pensamientos abstractos, no halla muchas veces
-los recursos delicados de la construcción gramatical, y tiene algo
-de desmañado y flojo. Por esto Fray Luis de León encontró que el
-castellano encerraba tesoros aun no hallados de cadencia, proporción,
-asiento y armonía.
-
-Granada se esforzó en trabajar la frase, considerándola como un
-silogismo, como un razonamiento o un apóstrofe; León le dedicó su
-cuidado mirándola más especialmente como una obra de arte. Los
-tratados del uno son como sermones puestos por escrito; los del otro,
-como poesías redactadas en prosa[339]. El uno es más elocuente, el
-otro más poeta; el uno es, en suma, orador, y el otro escritor.
-
-Fray Luis de León nos declara que su arte era en todo reflexivo y
-meditado; arte de selección cuidadosa de palabras, y hasta de letras;
-arte de cálculo y medida en la disposición de frases; arte en todo
-diestro, esmerado y primoroso que nos ofrece la lengua castellana
-ataviada con todos los elementos poéticos y musicales de que es
-capaz, y levantada a la altura de las lenguas clásicas.
-
-Él mismo declara también que su empeño principal fué poner en el
-habla del vulgo número, abundancia, entonación y armonía. Sin
-embargo, a veces usa períodos defectuosos, y esto principalmente por
-construirlos tan largos que casi se rompe el enlace de su comienzo
-con su remate[340]. Además, las conjunciones _porque_ y _pues_
-aparecen encabezando multitud de frases, con el pueril objeto de
-encadenarlas materialmente a la que antecede, cuando de no ligarlas
-de otra manera bastaría que esta trabazón corriera solamente a cargo
-del pensamiento. En fin, pocas veces cae en la tentación de buscar
-la falsa elegancia, puesta en moda ya desde el siglo XV, de remitir
-afectadamente el verbo al fin de la proposición (verbi gracia:
-«Con el calor del día y del sueño _encendidos_ demasiadamente y
-_dañados_», pág. 175).
-
-
- NOMBRES DE CRISTO
- INTRODUCCIÓN AL LIBRO III
-
- Declara Fray Luis en qué procuró mejorar el lenguaje de sus
- escritos sobre el ordinario y familiar.
-
-Mas a los que dicen que no leen aquestos mis libros por estar en
-romance[341] y que en latín los leyeran, se les responde que les
-debe poco su lengua, pues por ella aborrecen lo que, si estuviera
-en otra, tuvieran por bueno. Y no sé yo de dónde les nace el estar
-con ella tan mal; que ni ella lo merece, ni ellos saben tanto de la
-latina que no sepan más de la suya, por poco que della sepan, como
-de hecho saben della poquísimo muchos. Y destos son los que dicen
-que no hablo en romance, porque no hablo desatadamente y sin orden,
-y porque pongo en las palabras concierto y las escojo y les doy su
-lugar; porque piensan que hablar romance es hablar como se habla en
-el vulgo, y no conocen que el bien hablar no es común, sino negocio
-de particular juicio[342], ansí en lo que se dice, como en la manera
-como se dice; y negocio que de las palabras que todas hablan elige
-las que convienen y mira el sonido dellas, y aun cuenta a veces las
-letras, y las pesa y las mide y las compone, para que, no solamente
-digan con claridad lo que se pretende decir, sino también con armonía
-y dulzura. Y si dicen que no es estilo para los humildes y simples,
-entiendan que, así como los simples tienen su gusto, así los sabios y
-los graves y los naturalmente compuestos no se aplican bien a lo que
-se escribe mal y sin orden; y confiesen que debemos tener cuenta con
-ellos, y señaladamente en las escrituras que son para ellos solos,
-como aquesta lo es.
-
-Y si acaso dijeren que es novedad, yo confieso que es nuevo, y camino
-no usado por los que escriben en esta lengua, poner en ella número,
-levantándola del decaimiento ordinario. El cual camino quise yo
-abrir[343], no por la presunción que tengo de mí, que sé bien la
-pequeñez de mis fuerzas, sino para que los que las tienen se animen
-a tratar de aquí adelante su lengua como los sabios y elocuentes
-pasados, cuyas obras por tantos siglos viven, trataron las suyas,
-y para que la igualen, en esta parte que le falta, con las lenguas
-mejores, a las cuales, según mi juicio, vence ella en otras muchas
-virtudes.
-
-
- LIBRO PRIMERO
-
- Dirigiéndose al Obispo de Córdoba, don Pedro Portocarrero,
- introduce Fray Luis los personajes que figurarán en el diálogo de
- la obra, y supone que son tres amigos suyos, de su misma Orden de
- San Agustín.
-
-Era por el mes de Junio, a las vueltas[344] de la fiesta de San
-Juan, al tiempo que en Salamanca comienzan a cesar los estudios,
-cuando Marcelo, el uno de los que digo (que así le quiero llamar
-con nombre fingido, por ciertos respetos que tengo, y lo mismo haré
-a los demás), después de una carrera tan larga, como es la de un
-año en la vida que allí se vive[345], se retiró, como a puerto
-sabroso, a la soledad de una granja que, como vuestra merced sabe,
-tiene mi monasterio en la ribera de Tormes[346]; y fuéronse con él,
-por hacerle compañía, y por el mismo respeto, los otros dos. Adonde
-habiendo estado algunos días, aconteció que una mañana, que era la
-del día dedicado al apóstol San Pedro, después de haber dado al
-culto divino[347] lo que se le debía, todos tres juntos se salieron
-de la casa a la huerta que se hace[348] delante della. Es la huerta
-grande, y estaba entonces bien poblada de árboles, aunque puestos sin
-orden; mas eso mismo hacía deleite en la vista, y sobre todo, la hora
-y la sazón.
-
-Pues entrados en ella, primero, y por un espacio pequeño, se
-anduvieron paseando y gozando del frescor, y después se sentaron
-juntos a la sombra de unas parras y junto a la corriente de una
-pequeña fuente, en ciertos asientos. Nace la fuente de la cuesta que
-tiene la casa a las espaldas, y entraba en la huerta por aquella
-parte, y corriendo y estropezando, parecía reírse. Tenían también
-delante de los ojos y cerca dellos una alta y hermosa alameda. Y
-más adelante, y no muy lejos, se veía el río Tormes, que aun en
-aquel tiempo, hinchiendo bien sus riberas, iba torciendo el paso por
-aquella vega. El día era sosegado y purísimo, y la hora muy fresca.
-Así que, asentándose y callando por un pequeño tiempo, después de
-sentados, Sabino (que así me place llamar al que de los tres era el
-más mozo), mirando hacia Marcelo y sonriéndose, comenzó a decir así:
-
-«Algunos hay a quien la vista del campo los enmudece[349], y debe
-ser condición de espíritus de entendimiento profundo; mas yo, como
-los pájaros, en viendo lo verde, deseo o cantar o hablar.»
-
---«Bien entiendo por qué lo decís--respondió al punto Marcelo--, y
-no es alteza de entendimiento, como dais a entender por lisonjearme
-o por consolarme, sino cualidad de edad y humores diferentes que nos
-predominan y se despiertan con esta vista, en vos de sangre, y en mí
-de melancolía[350]. Mas sepamos--dice--de Juliano[351] (que éste era
-el nombre del tercero) si es pájaro también o si es de otro metal.»
-
---«No soy siempre de uno mismo--respondió Juliano--, aunque agora al
-humor de Sabino me inclino algo más. Y pues él no puede agora razonar
-consigo mismo mirando la belleza del campo y la grandeza del cielo,
-bien será que nos diga su gusto acerca de lo que podremos hablar.»
-
-Entonces Sabino, sacando del seno un papel escrito y no muy grande:
-«Aquí, dice, está mi deseo y mi esperanza.»
-
-Marcelo, que reconoció luego el papel, porque estaba escrito de su
-mano, dijo, vuelto a Sabino y riéndose: «No os atormentará mucho el
-deseo a lo menos, Sabino, pues tan en la mano tenéis la esperanza; ni
-aun deben ser ni lo uno ni lo otro muy ricos, pues se encierran en
-tan pequeño papel.»
-
---«Si fueren pobres--dijo Sabino--, menos causa tendréis para no
-satisfacerme en una cosa tan pobre.»
-
---«¿En qué manera--respondió Marcelo--, o qué parte soy yo para
-satisfacer a vuestro deseo, o qué deseo es el que decís?»
-
-Entonces Sabino, desplegando el papel, leyó el título, que decía:
-_De los nombres de Cristo_; y no leyó más, y dijo luego: «Por cierto
-caso hallé hoy este papel, que es de Marcelo, adonde, como parece,
-tiene apuntados algunos de los nombres con que Cristo es llamado en
-la Sagrada Escritura, y los lugares de ella adonde es llamado así. Y
-como le vi, me puso codicia de oirle algo sobre aqueste argumento,
-y por eso dije que mi deseo estaba en este papel; y está en él mi
-esperanza también, porque, como parece dél, éste es argumento en
-que Marcelo ha puesto su estudio y cuidado, y argumento que le debe
-tener en la lengua; y así, no podrá decirnos agora lo que suele
-decir cuando se excusa, si le obligamos a hablar, que le tomamos
-desapercibido. Por manera que, pues le falta esta excusa, y el tiempo
-es nuestro, y el día santo, y la sazón tan a propósito de pláticas
-semejantes, no nos será dificultoso el rendir a Marcelo, si vos,
-Juliano, me favorecéis.»
-
-
- LIBRO II, CAPÍTULO III
-
- Marcelo explicando a sus amigos por qué el nombre de _Príncipe de
- Paz_ es aplicado a Cristo, declara qué cosa es paz.
-
-Calló Marcelo un poco, luego que dijo esto..., y descansando, y como
-recogiéndose[352] todo en sí mismo por un espacio pequeño, alzó
-después los ojos al cielo, que ya estaba sembrado de estrellas, y
-teniéndolos en ellas como enclavados, comenzó a decir así:
-
-«Cuando[353] la razón no lo demostrara, ni por otro camino se pudiera
-entender cuán amable cosa sea[354] la paz, esta vista hermosa del
-cielo que se nos descubre agora, y el concierto que tienen entre
-sí aquestos resplandores que lucen en él, nos dan suficiente
-testimonio. Porque, ¿qué otra cosa es, sino paz, o ciertamente
-una imagen perfecta de paz, esto que agora vemos en el cielo y
-que con tanto deleite se nos viene[355] a los ojos? Que[356] si
-la paz es, como San Agustín breve y verdaderamente concluye, una
-orden sosegada o un tener sosiego y firmeza en lo que pide el buen
-orden, eso mismo es lo que nos descubre agora esta imagen. Adonde el
-ejército de las estrellas, puesto como en ordenanza y como concertado
-por sus hileras[357], luce hermosísimo; y adonde cada una dellas
-inviolablemente guarda su puesto; adonde no usurpa ninguna el lugar
-de su vecina ni la turba en su oficio, ni menos, olvidada del suyo,
-rompe jamás la ley eterna y santa que le puso la Providencia; antes,
-como hermanadas todas y como mirándose entre sí, y comunicando sus
-luces las mayores con las menores, se hacen muestra de amor; y
-como en cierta manera[358] se reverencian unas a otras, y todas
-juntas templan a veces sus rayos y sus virtudes, reduciéndolas a una
-pacífica unidad de virtud, de partes y aspectos diferentes compuesta,
-universal y poderosa sobre toda manera[359].
-
-»Y si así se puede decir, no sólo son un dechado de paz clarísimo
-y bello, sino un pregón y un loor que con voces manifiestas y
-encarecidas nos notifica cuán excelentes bienes son los que la paz en
-sí contiene y los que hace en todas las cosas. La cual voz y pregón
-sin ruido se lanza en nuestras almas, y de lo que en ellas lanzada
-hace[360], se ve y entiende bien la eficacia suya y lo mucho que
-las persuade. Porque luego, como convencidas de cuanto les es útil
-y hermosa la paz, se comienzan ellas a pacificar en sí mismas y a
-poner a cada[361] una de sus partes en orden. Porque si estamos
-atentos a lo secreto que en nosotros pasa, veremos que este concierto
-y orden de las estrellas, mirándolo, pone en nuestras almas sosiego,
-y veremos que con sólo tener los ojos enclavados en él con atención,
-sin sentir en qué manera, los deseos nuestros y las afecciones
-turbadas que confusamente movían ruido en nuestros pechos de día, se
-van quietando poco a poco, y como adormeciéndose, se reposan, tomando
-cada una su asiento, y reduciéndose a su lugar propio, se ponen sin
-sentir en sujeción y concierto.
-
-»Y veremos que, así como ellas se humillan y callan, así lo principal
-y lo que es señor en el alma, que es la razón, se levanta y recobra
-su derecho y su fuerza, y como alentada con esta vista celestial y
-hermosa, concibe pensamientos altos y dignos de sí, y como en una
-cierta manera se recuerda[362] de su primer origen, y al fin pone
-todo lo que es vil y bajo en su parte, y huella sobre ello[363].
-Y así puesta ella en su trono como emperatriz, y reducidas a sus
-lugares todas las de más partes del alma, queda todo el hombre
-ordenado y pacífico.
-
-«Mas ¿qué digo de nosotros que tenemos razón? Esto insensible y
-aquesto rudo del mundo, los elementos y la tierra y el aire y los
-brutos se ponen todos en orden y se quietan luego que poniéndose el
-sol, se les representa aqueste ejército resplandeciente. ¿No veis
-el silencio que tienen agora todas las cosas, y cómo parece que
-mirándose en este espejo bellísimo, se componen todas ellas y hacen
-paz entre sí, vueltas a sus lugares y oficios, y contentas con ellos?
-
-»Es sin duda el bien de todas las cosas universalmente la paz; y así,
-dondequiera que la ven, la aman. Y no sólo ella, mas la vista de su
-imagen de ella las enamora y las enciende en codicia de asemejársele,
-porque todo se inclina fácil y dulcemente a su bien. Y aun si
-confesamos, como es justo confesar, la verdad, no solamente la paz
-es amada generalmente de todos, mas sola ella es amada y seguida y
-procurada por todos. Porque cuanto se obra en esta vida por los que
-vivimos en ella, y cuanto se desea y afana, es por conseguir este
-bien de la paz, y este es el blanco adonde enderezan su intento y el
-bien a que aspiran todas las cosas. Porque si navega el mercader y si
-corre los mares, es por tener paz con su codicia, que le solicita y
-guerrea. Y el labrador en el sudor de su cara y rompiendo la tierra
-busca paz, alejando de sí cuanto puede al enemigo duro de la pobreza.
-Y por la misma manera, el que sigue el deleite y el que anhela la
-honra y el que brama por la venganza, y, finalmente, todos y todas
-las cosas buscan la paz en cada una de sus pretensiones. Porque, o
-siguen algún bien que les falta, o huyen algún mal que los enoja.»
-
-
- LA PERFECTA CASADA
- LIBRO VII
-
- Comentando el versículo de los _Proverbios_, XXXI, 15: «madrugó
- y repartió a sus gañanes las raciones», hace Fray Luis una
- primorosa descripción del alba y encarece las delicias del
- madrugar.
-
-El madrugar es tan saludable, que la razón sola de la salud, aunque
-no despertara el cuidado y obligación de la casa, había de levantar
-de la cama en amanesciendo a las casadas. Y guarda en esto Dios,
-como en todo lo demás, la dulzura y suavidad de su sabio gobierno,
-en que aquello a que nos obliga es lo mismo que más conviene a
-nuestra naturaleza y en que recibe por su servicio lo que es nuestro
-provecho[364]. Así que, no sólo la casa, sino también la salud,
-pide a la buena mujer que madrugue. Porque cierto es que es nuestro
-cuerpo del metal de los otros cuerpos, y que la orden que guarda la
-naturaleza para el bien y conservación de los demás, esa misma es la
-que conserva y da salud a los hombres.
-
-Pues ¿quién no ve que a aquella hora despierta el mundo todo junto,
-y que la luz nueva saliendo, abre los ojos de los animales todos,
-y que si fuese entonces dañoso dejar el sueño, la naturaleza (que
-en todas las cosas generalmente, y en cada una por sí, esquiva y
-huye el daño, y sigue y apetece el provecho, o que, para decir la
-verdad, es ella eso mismo que a cada una de las cosas conviene y es
-provechoso), no rompiera tan presto el velo de las tinieblas que
-nos adormecen, ni sacara por el oriente los claros rayos del sol, o
-si los sacara, no les diera tanta fuerza para nos despertar?[365].
-Porque si no despertase naturalmente la luz, no le cerrarían las
-ventanas tan diligentemente los que abrazan el sueño. Por manera
-que la naturaleza, pues nos envía la luz, quiere, sin duda, que nos
-despierte. Y pues ella nos despierta, a nuestra salud conviene que
-despertemos.
-
-Y no contradice a esto el uso de las personas que ahora el mundo
-llama señores, cuyo principal cuidado es vivir para el descanso y
-regalo del cuerpo, las cuales guardan la cama hasta las doce del
-día[366]. Ante esta verdad, que se toca con las manos, condena
-aquel vicio, del cual, ya por nuestros pecados o por sus pecados de
-ellos mismos[367], hacen honra y estado[368], y ponen parte de su
-grandeza en no guardar ni aun en esto el concierto que Dios les pone.
-Castigaba bien una persona, que yo conocí, esta torpeza, y nombrábala
-con su merescido vocablo. Y aunque es tan vil como lo es el hecho,
-daráme vuestra merced[369] licencia para que lo ponga aquí, porque es
-palabra que cuadra. Así que, cuando le decía alguno que era estado
-en los señores este dormir, solía él responder que se erraba la
-letra[370], y que por decir _establo_ decían _estado_. Y ello a la
-verdad es así, que aquel desconcierto de vida tiene principio y nasce
-de otro mayor desconcierto, que está en el alma y es causa él también
-y principio de muchos otros desconciertos torpes y feos. Porque la
-sangre y los demás humores del cuerpo, con el calor del día y del
-sueño, encendidos demasiadamente y dañados, no solamente corrompen
-la salud, mas también aficionan e inficionan el corazón feamente.
-Y es cosa digna de admiración que, siendo estos señores en todo lo
-demás grandes seguidores, o por mejor decir, grandes esclavos de su
-deleite, en esto sólo se olvidan dél, y pierden por un vicioso dormir
-lo más deleitoso de la vida, que es la mañana.
-
-Porque entonces la luz, como viene después de las tinieblas y se
-halla como después de haber sido perdida, parece ser otra y hiere
-el corazón del hombre con una nueva alegría, y la vista del cielo
-entonces, y el colorear de las nubes y el descubrirse el aurora (que
-no sin causa los poetas la coronan de rosas)[371], y el aparecer la
-hermosura del sol, es una cosa bellísima. Pues el cantar de las aves,
-¿qué duda hay sino que suena entonces más dulcemente? y las flores y
-las yerbas y el campo, todo despide de sí un tesoro de olor. Y como
-cuando entra el rey de nuevo en alguna ciudad se adereza y hermosea
-toda ella, y los ciudadanos hacen entonces plaza[372] y como alarde
-de sus mejores riquezas; así los animales y la tierra y el aire, y
-todos los elementos, a la venida del sol se alegran, y como para
-recibirle, se hermosean y mejoran y ponen en público cada uno sus
-bienes. Y como los curiosos suelen poner cuidado y trabajo por ver
-semejantes recibimientos, así los hombres concertados y cuerdos,
-aun por sólo el gusto, no han de perder esta fiesta que hace toda
-la naturaleza al sol por las mañanas; porque no es gusto de un solo
-sentido, sino general contentamiento de todos, porque la vista se
-deleita con el nascer de la luz y con la figura[373] del aire y
-con el variar de las nubes; a los oídos las aves hacen agradable
-armonía; para el oler, el olor que en aquella sazón el campo y las
-yerbas despiden de sí es olor suavísimo, pues el fresco del aire de
-entonces templa con grande deleite el humor calentado con el sueño, y
-cría salud y lava las tristezas del corazón, y no sé en qué manera le
-despierta a pensamientos divinos antes que se ahogue en los negocios
-del día.
-
-Pero, si puede tanto con estos hijos de tinieblas el amor dellas,
-que aun del día hacen noche, y pierden el fruto de la luz con el
-sueño, y ni el deleite, ni la salud, ni la necesidad y provecho que
-dicho habemos, son poderosos para los hacer levantar, vuestra merced
-que es hija de luz, levántese con ella, y abra la claridad de sus
-ojos cuando descubriere sus rayos el sol, y con pecho puro levante
-sus manos limpias al Dador de la luz, ofresciéndole con santas y
-agradescidas palabras su corazón, y después de hecho esto, y de
-haber gozado del gusto del nuevo día, vuelta a las cosas de su casa,
-entienda en su oficio.
-
-
-NOTAS
-
- [338] Véase la nota 343 de la pág. 161.
-
- [339] Algunos de sus párrafos tienen el mismo asunto que sus
- versos, no sabiéndose si son su esbozo y plan o su comentario y
- explicación. (Véase pág. 169, nota 359, y pág. 170, nota 363.)
-
- [340] Véase, por ejemplo, la larga interrogación de la pág. 173.
-
- [341] Se censuró a Fray Luis por haber escrito en castellano
- los dos primeros libros de los _Nombres de Cristo_, impresos en
- 1583; pues, aunque ya habían escrito el P. Avila y el P. Granada,
- muchos seguían creyendo que un teólogo no debía emplear para
- sus obras sino el latín. Fray Luis contestó reimprimiendo los
- _Nombres de Cristo_, en 1585, adicionados con un tercer libro a
- cuya introducción pertenece el presente extracto.
-
- [342] Es decir, que no es cosa común a todos los que hablan una
- lengua, sino que exige particular disposición y estudio. Es
- antigua en España la creencia de que la lengua propia ni merece
- ni requiere atención y trabajo; Juan de Valdés se queja de los
- que con tanta negligencia y tan inmerecido desdén la tratan, y
- Ambrosio de Morales, en 1546, decía: «siempre ha quedado nuestra
- lengua en la miseria y con la pobreza que antes tenía... que todo
- nace del gran menosprecio en que nuestros mismos naturales tienen
- nuestra lengua, por lo cual ni se aficionan a ella, ni se aplican
- a ayudarla». (Introducción al _Diálogo de la dignidad del hombre,
- del M. Hernán Pérez de Oliva_, tío de Morales.)
-
- [343] Fray Luis, al principio de esta introducción, habla poco
- menos que como si él fuera el primero en aplicar el castellano
- a asuntos serios, quejándose «de lo mal que usamos de nuestra
- lengua no la empleando sino en cosas sin ser». No es admisible
- que desconociera los autores citados en la pág. 125, y por fuerza
- habría leído las obras místicas del Beato Juan de Ávila y del
- Venerable Granada, que andaban ya impresas; sin embargo, a juzgar
- por las palabras que ahora emplea, parece que no le satisfacían
- mucho y no las tomaba en consideración.
-
- [344] _A vueltas de_ significa ‘alrededor de, cerca de’; así
- fijando después el día en que esto sucedía, dícese que era el de
- San Pedro, que es en 29 de Junio, cinco días después de San Juan.
- En esta frase el artículo se usa rarísima vez: _a las vueltas_.
-
- [345] Cuando el acusativo es de igual raíz que el verbo, exige
- algún complemento que le especifique, pues de lo contrario sería
- un acusativo del todo inútil, v. gr.: _vivir una vida fatigosa_
- (véase BELLO, _Gram._ § 796); aquí se sobreentiende _con la vida
- (tan fatigosa) que allí se vive_.
-
- [346] Los nombres de ríos sin artículo, v. pág. 86, n. 161. Los
- agustinos calzados, que llegaron a Salamanca por los años 1330,
- fueron los fundadores de este convento. Hoy no existe el edificio
- antiguo, pues fué bárbaramente destruído por el ejército francés
- en 1812, y aunque reedificado, se demolió más tarde, ocupando
- hoy su solar la nueva calle llamada de Oliva.--Este monasterio
- tenía, para descanso y recreo de los frailes, una granja, llamada
- _la Flecha_, a legua y media de distancia, río arriba, a la vera
- del camino de Salamanca a Madrid. (V. M. VILLAR y MACÍAS, _Hist.
- de Salamanca_, I, 453, etc.) La apacible descripción que hace
- Fray Luis de este paisaje concuerda en todo con la realidad; tal
- como él lo pinta, se reconocen hoy la casa de los frailes, las
- cuestas que empiezan a sus espaldas y que si hacia Aldealengua
- se van insensiblemente suavizando y disminuyendo, prolónganse
- larguísimo espacio eslabonándose hacia Salamanca; todavía existe
- la desordenada arboleda que tanto deleitaba la vista del poeta, y
- la risueña fuente que baja desde la cuesta al huerto,
-
- y como codiciosa
- de ver y acrecentar su hermosura,
- hasta llegar, corriendo se apresura.
-
- En fin, el huerto mismo existe, que tanta inspiración guardaba
- para el autor de la oda a la _Vida retirada_ y que se llama, como
- queda dicho, huerta de la _Flecha_.
-
- [347] Destinada al culto está desde antiguo una capilla cerca de
- la huerta, frente a la aceña de la Flecha y contigua a la casa
- del molinero.
-
- [348] _Hacerse_ era muy usado con nombres de lugar en el mismo
- sentido que ‘extenderse, hallarse’, o sea ‘estar situado’.
-
- [349] _Los_ dice la edición de Salamanca 1585. Es el acusativo
- que debe ponerse con propiedad gramatical; pero disuena algo a
- causa del uso generalísimo del dativo _le_ por el acusativo,
- cuando se trata de personas.
-
- [350] _Humor de sangre y de melancolía_ significa temperamento
- sanguíneo y melancólico o bilioso.
-
- [351] _Sepamos de Juliano si es pájaro_, en vez de _sepamos si
- Juliano es pájaro_, es un caso de _atracción_ del sujeto de la
- proposición dependiente que se construye con el verbo principal;
- como en griego y en latín: _rem vides quomodo se habeat_ (v.
- DIEZ, _Gr._ III, 360.)
-
- [352] Nótese el uso que tiene el adverbio _como_; _como
- recogiéndose_ no afirma que se recogiera sino que todo su aspecto
- y semejanza era como la del que se recoge; _como enclavados_,
- semejando enclavados; _como_ viene a ser en ambos ejemplos un
- simple afijo o partícula prepositiva para denotar mera semejanza
- con la voz que le sigue, sentido que se ve más claro si el _como_
- se refiere a un substantivo: «encontró Don Quijote con dos como
- clérigos», «unos como joyeles» (v. BELLO, _Gramática_, § 1234 y
- 1236).
-
- [353] _Cuando_ tiene muchas veces el valor de la frase adverbial
- _aun cuando_.
-
- [354] En las interrogaciones indirectas la proposición secundaria
- puede llevar su verbo en indicativo (como hoy es lo ordinario) o
- en subjuntivo; aquí se diría hoy más bien: «cuán amable cosa es
- la paz». En los siglos XVI y XVII era más común el subjuntivo,
- «dícese qué cosa sea la paz, lo que valga la paz».
-
- [355] _Venirse a los ojos_ equivale a ‘saltar a la vista’ o
- ‘presentarse’.
-
- [356] _Que_, conjunción causal, abreviada de _porque_.
-
- [357] Respecto al _como_ repetidas veces usado aquí para
- denotar no el modo, sino la semejanza con ese modo, véase la
- nota 352, de la pág. 167: _como mirándose_, semejando que se
- miran. _Concertado por sus hileras_ se diría simplemente hoy:
- «concertado por hileras» (o sea distribuído en hileras), sin el
- posesivo; éste indica que el concierto les es a las estrellas
- propio y natural. Es modismo antiguo; Don Alfonso el Sabio dice
- «fabla el Arzobispo por su latín», es decir: en el latín que
- usaba siempre al escribir.
-
- [358] Hoy este _como_ que denota semejanza no se suele usar
- antepuesto a verbos y proposiciones enteras, sino después de
- verbos que denotan una apreciación o figuración; es decir,
- seguido de un _que_ enunciativo: «se me figuraba =como que=
- querían acercarse aquellos hombres», «hace como que no quiere».
- «=Como en cierta manera= se reverencian», sería hoy: «parece como
- que se reverencian»; al fin de este trozo se repite este mismo
- giro: =como en una cierta manera recuerda= = ‘parece como que
- recuerda’.
-
- [359] Esta admirable descripción recuerda y amplía algunos versos
- de la Oda XII del mismo autor, «Noche serena»:
-
- Quién mira el gran concierto
- de aquestos resplandores eternales,
- su movimiento cierto,
- sus pasos desiguales,
- y en proporción concorde tan iguales...
-
- [360] _Lanzar, echar pregón o voz_ se emplean por los simples
- ‘pregonar’ o ‘vocear’. Compárese la concordancia _voz y pregón
- lanzada_ con la que hallamos en la _Introducción al Símbolo de
- la fe_ (pág. 142) y en el _Quijote_ (comienzo del extracto de la
- parte II, capítulo 23).
-
- [361] _A cada_ se lee en la edición de Salamanca, 1585. Antes se
- admitían más acusativos con preposición; hoy apenas se le pone
- _a_ sino cuando el acusativo es nombre de persona determinada,
- personificación, animal o nombre propio de lugar, así que se
- diría «a poner cada una de sus partes». También se diría con
- más rigor: «comienzan ellas a pacificarse y a poner sus partes
- en orden», pues la acción reflexiva no se refiere para nada a
- _poner_ y sí sólo a _pacificar_, por lo cual no debe agregarse
- el pronombre reflexivo a _comienzan_, ya que este verbo rige lo
- mismo a _poner_ que a _pacificar_.
-
- [362] Para el giro _como en cierta manera_, véase la nota 358,
- pág. 168. _Acordarse y recordarse_ tenían, como se ve aquí, una
- misma construcción y régimen (cfr. p. 145, n. 305). Hoy se
- diferencia mucho, pues se dice _acordar-se de una cosa_ y
- _recordar una cosa_.
-
- [363] El alma contemplando la hermosura de la noche estrellada
- se acuerda de su primer origen que es celestial, se siente como
- desterrada en este mundo y ve con claridad las alturas del otro.
- Igual pensamiento expuso en verso el maestro León, y casi con
- iguales palabras que aquí, salvo que no es el espectáculo de la
- noche serena el que arroba el alma, sino la sublime música del
- ciego Francisco Salinas:
-
- A cuyo son divino
- mi alma, que en olvido está sumida,
- torna a cobrar el tino
- y memoria perdida
- de su origen primera esclarecida.
- Y como se conoce,
- en suerte y pensamientos se mejora,
- el oro desconoce
- que el vulgo ciego adora,
- la belleza caduca engañadora...
-
- [364] Esto es, «en que agradece como un servicio lo que debemos
- hacer por nuestro provecho».
-
- [365] Hoy los pronombres personales átonos nunca se anteponen
- al infinitivo, sino que se le posponen enclíticos. (V. BELLO
- _Gram._ § 915). Fray Luis de Granada dice «que nadie sea osado a
- la despertar». (_Guía de pec._ I. 16. § 1 B. AA. EE. VI, 61 _a_.)
- Sólo como provincialismo se conserva la costumbre arcaica; en
- Asturias, por ejemplo, se puede decir: «hay que lo dejar», «tengo
- que os contar».
-
- [366] Este es antiguo defecto español atestiguado por algunos
- extranjeros; el barón alemán Conrado de Bemelberg, que para
- perfeccionarse en el castellano viajó por España ocho años
- después de muerto Fray Luis, escribe en una carta, fecha en
- agosto de 1599, dando cuenta a su padre de lo que le parecía
- nuestra tierra: «quien en España quiere negociar, más que
- ordinaria paciencia ha de tener, pues a mediodía tienen costumbre
- de levantarse, y después de levantados ir a la misa, acabada la
- cual se meten a comer, y después de la comida, o a jugar o a
- dormir o pasearse a caballo por las calles».
-
- [367] En _sus pecados de ellos_ no es _de ellos_ un inútil
- pleonasmo, sino que está exigido por la vaguedad del _su_, que
- no determina si el poseedor es masculino o femenino, ni singular
- o plural. Hoy esta doble indicación del posesivo no se conserva
- sino cuando el poseedor es _usted_: «su padre de usted», «su casa
- de usted».
-
- [368] Nótese la frase, no registrada en los Diccionarios: _hacer
- honra y estado de una cosa_, ‘fundar en ella su condición y su
- dignidad’.
-
- [369] _Vuestra merced_ se dirige a Doña María Varela Osorio, a la
- cual dedicó su obra Fray Luis de León.
-
- [370] _Errar la letra_ es frase figurada; tómase en sentido
- propio «equivocarse en la escritura o lectura», cuando se trata
- de algún documento escrito, sobre cuya interpretación se discute.
- El uso de esta expresión, u otras análogas, era muy corriente.
- En la _Celestina_ (auto IX) se dice, hablando de las veces que
- se debe beber: «Madre, pues _tres_ veces dicen que es lo bueno
- y honesto todos los que escribieron.--Hijos, estará corrupta la
- letra: por _trece, tres_.» (Véase _Rev. de Filología Española_,
- IV, 50).
-
- [371] Homero calificó a la Aurora de _dedos de rosa_ y según él
- todos los poetas clásicos; Ovidio llámala _rosea dea_ (_Ars. am._
- III. 84). Claro es que en el Renacimiento esta denominación era
- un lugar común. Cervantes la llamó _rosada aurora_ (_Quijote_ I.
- 2).
-
- [372] _Hacer plaza_ no está registrado en los diccionarios con el
- sentido que aquí tiene de ‘hacer ostentación’. Sólo se le apunta
- el significado de ‘sacar a la plaza o publicar una cosa’.
-
- [373] _Figura_ dice la edición de Salamanca 1586, pero debe ser
- errata.
-
-
-
-
-EL P. JUAN DE MARIANA
-
-(1536-1623)
-
-
-Su _Historia de España_ latina salió a luz por primera vez en Toledo
-en 1592; en la misma ciudad se publicó la primera edición romanceada
-en 1601.
-
-La historiografía contaba ya en España con diestros investigadores,
-que habían rectificado multitud de errores de la historia
-tradicional, mediante el estudio crítico de crónicas, diplomas,
-inscripciones, etc.; tales eran Garibay, Ambrosio de Morales, Zurita.
-Mariana no se sentía inclinado a estas tareas, pues las suyas
-habituales eran las del teólogo y moralista; sólo como ocupación
-accesoria se dedicó a componer la Historia de España. Así que no
-se propuso continuar los estudios especiales en averiguación de
-la verdad, sino que, contentándose con lo hecho por otros, como
-en sus obras echaba de menos el arte de la narración, no aspiraba
-sino a vulgarizar lo estudiado por otros: _mi intento no fué hacer
-historia, sino poner en orden y estilo lo que otros habían recogido_.
-Su principal preocupación fué, pues, la narración agradable; escoge
-en las diversas fuentes que maneja la versión de los hechos que
-buenamente le parece más verdadera, y luego la expone sin reparo
-crítico alguno; sucediendo más de una vez que la hermosura de un
-relato fabuloso le atrae y le obliga a acogerlo sin expresar la menor
-duda, pues lo que él pretendía era hacer, más que una historia
-averiguada, una historia literaria y nacional, de la cual nada bello
-y nada heroico debía ser excluído. Ciertamente que consiguió tal
-propósito; su obra es hasta ahora el más digno monumento en honor de
-la historia y tradiciones españolas, como lo es Tito Livio de las
-romanas.
-
-En el estilo de esta obra se ven claramente influencias, tanto de
-la índole personal del autor, como de sus lecturas habituales. La
-entereza de carácter y la austeridad de pensamiento de Mariana se
-reflejan en su narración histórica, a veces seca, pero que sabe
-revestirse siempre de un aire de autoridad y decoro que, como dice
-Capmany, «apenas distingue uno después si son las cosas o las
-palabras las que aparecen grandes y majestuosas». Ni aun en las
-arengas es declamador o retórico.
-
-Las habituales tareas de teólogo, político y moralista a que se
-consagró Mariana, hacen que su narración, no sólo esté llena de
-máximas y aforismos, según la costumbre general de los historiadores
-de la época, sino que se desvíe, más o menos visiblemente, para
-obligarla a correr por el cauce de las ideas filosóficas y sociales
-del autor.
-
-Su cultura clásica le hace imitar a Tito Livio en la manera amplia
-y tranquila de relatar, y a Tácito en las sentencias y reflexiones
-con que moraliza constantemente el relato. Además, como Mariana
-había escrito primero su obra en latín, de aquí que al romancearla
-conservara algún dejo de construcción latina como el que apuntamos en
-la nota de la página 193.
-
-En fin: la obligada lectura de crónicas castellanas de los siglos
-XIV y XV le encariñó con el lenguaje viejo, y de ellas se le pegaron
-multitud de arcaísmos, como: _aína_ ‘presto, luego’; _al_ ‘otro’,
-_asaz_ ‘bastante, harto’; _ca_ ‘porque’, muy usado por Mariana, y
-algo también por Fray Luis de Granada; _dende_ ‘desde allí’, _hobo_
-‘hubo’, _maguer_ ‘aunque’, _suso_ ‘arriba’. Sin duda esto tenía por
-objeto revestir así el lenguaje de un aspecto más venerable. Razón
-tenía Saavedra Fajardo al decir en su _República literaria_ que así
-como otros se tiñen las barbas por parecer mozos, Mariana se las
-teñía por hacerse viejo. Lo cierto es que con ser la _Historia de
-España_ treinta años posterior a la _Guerra de Granada_ de Mendoza,
-representa un lenguaje mucho más antiguo. Este no es defecto especial
-de Mariana, quien sabe mantener en un límite prudente el arcaísmo;
-las Crónicas ejercían tal atractivo sobre los que las leían, que
-los poetas que sacaban de ellas romances o comedias, solían imitar
-su lenguaje arcaico con mucha más exageración que a Mariana, pues
-llegaban a escribir sus versos contrahaciendo la _fabla antigua_.
-
-Además del arcaísmo prudentemente manejado, se observa en Mariana
-alguna otra afectación; sobre todo un particular estudio para
-huir del uso del gerundio, forma verbal de que tanto abusan las
-malas narraciones; en su lugar, Mariana emplea con preferencia
-el participio oracional. Fuera de esto, el estilo de Mariana se
-distingue por una gran llaneza y naturalidad, y por una construcción
-ligera que prefiere la nueva yuxtaposición de las cláusulas a
-englobarlas con relación de dependencia[374].
-
-
- HISTORIA DE ESPAÑA
- LIBRO XVII, CAPÍTULO XIII
-
- Muerte del Rey Don Pedro el Cruel, 22 ó 23 marzo, 1369. En el
- capítulo anterior contó Mariana cómo Don Enrique, vuelto de
- Francia, allegó en rededor suyo muchos partidarios; le recibieron
- por Rey Burgos y otras ciudades, y cercó a Toledo que aún se
- mantenía por Don Pedro.
-
-El Rey Don Pedro, desamparado de los que le podían ayudar, y
-sospechoso de los demás, lo que sólo le restaba, se resolvió de
-aventurarse, encomendarse a sus manos y ponerlo todo en el trance y
-riesgo de una batalla; sabía muy bien que los reinos se sustentan y
-conservan más con la fama y reputación que con las fuerzas y armas.
-Teníale con gran cuidado el peligro de la real ciudad de Toledo;
-estaba aquejado y pensaba cómo mejor podría conservar su reputación.
-Esto le confirmaba más en su propósito de ir en busca de su enemigo
-y dalle[375] la batalla. Procuráronselo estorbar los de Sevilla;
-decíanle que se destruía y se iba derecho a despeñar; que lo mejor
-era tener sufrimiento, reforzar su ejército y esperar las gentes
-que cada día vendrían de sus amigos y de los pueblos que tenían
-su voz[376]. Esto que le aconsejaban era lo que en todas maneras
-debiera seguir, si no le cegaran la grandeza de sus maldades y la
-divina justicia, que estaba ya determinada de muy presto castigallas.
-Estando en este aprieto, sucedióle otro desastre, y fué que Vitoria,
-Salvatierra y Logroño, que eran de su obediencia, fatigadas de las
-armas del Rey de Navarra[377], y por falta de socorro por estar
-Don Pedro tan lejos, se entregaron al Navarro. Ayudó a esto Don
-Tello[378], el cual, si estaba mal con Don Pedro, no era amigo de su
-hermano Don Enrique, y así se estaba a la mira[379] en Vizcaya, sin
-querer ayudar a ninguno de los dos.
-
-Proseguíase en este comedio el cerco de Toledo. Y como quier que
-aquella ciudad estuviese, como dijimos, dividida en aficiones,
-algunos de los que favorecían a Don Enrique intentaron de
-apoderalle[380] de una torre del muro de la ciudad que miraba al
-real, que se dice la torre de los Abades. Como no le sucediese[381]
-esta traza, procuraron dalle entrada en la ciudad por el puente de
-San Martín[382], sobre lo cual los del un bando y del otro vinieron a
-las manos, en que sucedieron algunas muertes de ciudadanos.
-
-Sabidas estas revueltas por el Rey Don Pedro, dióse muy mayor priesa
-a irla a socorrer, por no hallalla perdida cuando llegase. Para ir
-con menor cuidado mandó recoger sus tesoros, y con sus hijos Don
-Sancho y Don Diego llevallos a Carmona, que es una fuerte y rica
-villa del Andalucía, y está cerca de Sevilla. Hecho esto, juntó
-arrebatadamente su ejército y aprestó su partida para el reino de
-Toledo. Llevaba en su campo tres mil hombres de a caballo; pero la
-mitad de ellos, ¡mal pecado![383], eran moros, y de quien no se
-tenía entera confianza, ni se esperaba que pelearían con aquel brío
-y gallardía que fuera necesario. Dícese que al tiempo de su partida
-consultó a un moro sabio de Granada, llamado Benagatin, con quien
-tenía mucha familiaridad, y que el moro le anunció su muerte por una
-profecía de Merlín[384], hombre inglés que vivió antes deste tiempo,
-como cuatrocientos años. La profecía contenía estas palabras: «En las
-partes de occidente, entre los montes y el mar, nacerá una ave negra,
-comedora y robadora, y tal, que todos los panales del mundo querrá
-recoger en sí, y todo el oro del mundo querrá poner en su estómago, y
-después gormarlo ha[385], y tornará atrás. Y no perecerá luego por
-esta dolencia, caérsele han las péñolas, y sacarle han las plumas
-al sol, y andará de puerta en puerta y ninguno la querrá acoger, y
-encerrarse ha en la selva y allí morirá dos veces: una al mundo, y
-otra a Dios, y desta manera acabará.» Esta fué la profecía, fuese
-verdadera o ficción, de un hombre vanísimo que le quisiese burlar;
-como quiera que fuese, ella se cumplió dentro de muy pocos días.
-
-El Rey Don Pedro, con la hueste que hemos dicho, bajó del Andalucía
-a Montiel, que es una villa en la Mancha y en los Oretanos antiguos,
-cercada de muralla, con su pretil, torres y barbacana, puesta en
-un sitio fuerte y fortalecida con un buen castillo. Sabida por Don
-Enrique la venida de Don Pedro, dejó a Don Gómez Manrique, Arzobispo
-de Toledo, para que prosiguiese el cerco de aquella ciudad, y él,
-con dos mil y cuatrocientos hombres de a caballo, por no esperar
-el paso de la infantería, partió con gran priesa en busca de Don
-Pedro. Al pasar por la villa de Orgaz, que está a cinco leguas de
-Toledo, se juntó con él Beltrán Claquin[386] con seiscientos caballos
-extranjeros que traía de Francia; importantísimo socorro y a buen
-tiempo, porque eran soldados viejos y muy ejercitados y diestros en
-pelear. Llegaron al tanto[387] allí Don Gonzalo Mejía, maestre de
-Santiago, y Don Pedro Muñiz[388], maestre de Calatrava, y otros
-señores principales que venían con deseo de emplear sus personas
-en la defensa y libertad de su patria. Partió Don Enrique con esta
-caballería; caminó toda la noche, y al amanecer dieron vista a los
-enemigos, antes que tuviesen nuevas ciertas que eran partidos de
-Toledo.
-
-Ellos, cuando vieron que estaba tan cerca Don Enrique, tuvieron gran
-miedo, y pensaron no hobiese alguna traición y trato para dejarlos
-en sus manos; a esta causa[389] no se fiaban los unos de los otros.
-Recelábanse también de los mismos vecinos de la villa. Los capitanes,
-con mucha priesa y turbación, hicieron recoger los más de los
-soldados que estaban alojados en las aldeas cerca de Montiel; muchos
-dellos desampararon las banderas de miedo o por el poco amor y menos
-gana con que servían.
-
-Al salir del sol formaron sus escuadrones de ambas partes y animaron
-sus soldados a la batalla. Don Enrique habló a los suyos en esta
-sustancia[390]: «Este día, valerosos compañeros, nos ha de dar
-riquezas, honra y reino, o nos lo ha de quitar. No nos puede suceder
-mal, porque de cualquiera manera que nos avenga, seremos bien
-librados; con la muerte, saldremos de tan inmensos e intolerables
-afanes como padecemos; con la victoria, daremos principio a la
-libertad y descanso, que tanto tiempo ha deseamos. No podemos
-entretenernos ya más; si no matamos a nuestro enemigo, él nos ha de
-hacer perecer de[391] tal género de muerte, que la ternemos[392]
-por dichosa y dulce si fuere ordinaria, y no con crueles y bárbaros
-tormentos. La naturaleza nos hizo gracia de la vida con un necesario
-tributo, que es la muerte; ésta no se puede excusar; empero los
-tormentos, las deshonras, afrentas e injurias, evitarálas vuestro
-esfuerzo y valor. Hoy alcanceréis una gloriosa victoria, o quedaréis
-como honrados y valerosos tendidos en el campo. No vean tal mis
-ojos; no permita vuestra bondad, Señor, que perezcan tan virtuosos
-y leales caballeros. Mas ¿qué muerte tan desastrada y miserable
-nos puede venir que sea peor que la vida acosada que traemos? No
-tenemos guerra con enemigo que nos concederá partidos razonables,
-ni aun una tolerable servidumbre, cuando queramos ponernos en sus
-manos; ya sabéis su increíble crueldad, y tenéis bien a vuestra costa
-experimentado cuán poca seguridad hay en su fe y palabra. No tiene
-mejor fiesta, ni más alegre[393], que la que solemniza con sangre y
-muertes, con ver destrozados los hombres delante de sus ojos. ¿Por
-ventura habémoslo[394] con algún malvado y perverso tirano, y no
-con una inhumana y feroz bestia, que parece ha sido agarrochada en
-la leonera para que de allí con mayor braveza salga a hacer nuevas
-muertes y destrozos? Confío en Dios, y en su apóstol Santiago, que
-ha caído en la red que nos tenía tendida y que está encerrado, donde
-pagará la cruel carnicería que en nos[395] tiene hecha; mirad, mis
-soldados, no se os vaya; detenedla, no la dejéis huir, no quede
-lanza ni espada que no pruebe en ella sus aceros. Socorred, por
-Dios, a nuestra miserable patria, que la tiene desierta y asolada;
-vengad la sangre que ha derramado de vuestros padres, hijos, amigos
-y parientes. Confiad en nuestro Señor, cuyos sagrados ministros
-sacrílegamente ha muerto, que os favorecerá para que castiguéis tan
-enormes maldades, y le hagáis un agradable sacrificio de la cabeza de
-un tal monstruo horrible y fiero tirano»[396].
-
-Acabada la plática, luego con gran brío y alegría arremetieron a
-los enemigos; hirieron en ellos con tan gran denuedo, que sin poder
-sufrir este primer ímpetu en un momento fueron desbaratados. Los
-primeros huyeron los moros[397], los castellanos resistieron algún
-tanto; mas como se viesen perdidos y desamparados, se recogieron,
-con el Rey Don Pedro, en el castillo de Montiel. Murieron muchos
-de los moros en la batalla, muchos más fueron los que perecieron
-en el alcance[398]; de los cristianos no murió sino sólo un
-caballero[399]. Ganóse esta victoria un miércoles, catorce días de
-marzo del año de 1369.
-
-Don Enrique, visto cómo Don Pedro se encerró en la villa, a la
-hora la hizo cercar de una horma (pared de piedra seca) con gran
-vigilancia porque no se les pudiese escapar. Comenzaron los cercados
-a padecer falta de agua y de trigo, ca lo poco que tenían les dañó
-de industria[400], a lo que parece, algún soldado de los de dentro,
-deseoso de que se acabase presto el cerco. Don Pedro, entendido el
-peligro en que estaba, pensó cómo podría huirse del castillo más a
-su salvo[401]. Hallábase con él un caballero que le era muy leal,
-natural de Trastamara, decíase Men Rodríguez[402] de Sanabria; por
-medio deste hizo a Beltrán Claquin una gran promesa de villas y
-castillos y de docientas mil doblas castellanas, a tal que, dejado
-a Don Enrique, le favoreciese y le pusiese en salvo. Extrañó esto
-Beltrán; decía que si tal consintiese, incurriría en perpetua infamia
-de fementido y traidor; mas como todavía Men Rodríguez le instase,
-pidióle tiempo para pensar en tan grande hecho. Comunicado el negocio
-secretamente con los amigos de quien más se fiaba, le aconsejaron
-que contase a Don Enrique todo lo que en este caso pasaba; tomó su
-consejo. Don Enrique le agradeció mucho su fidelidad, y con grandes
-promesas[403] le persuadió a que con trato doble hiciese venir a Don
-Pedro a su posada, y le prometiese haría lo que deseaba. Concertaron
-la noche; salió Don Pedro de Montiel armado sobre un caballo con
-algunos caballeros que le acompañaban; entró en la estancia de
-Beltrán Claquin con más miedo que esperanza de buen suceso. El recelo
-y temor que tenía dicen se le aumentó un letrero que leyó poco antes,
-escrito en la pared de la torre del homenaje del castillo de Montiel,
-que contenía estas palabras: _Esta es la torre de la Estrella_. Ca
-ciertos astrólogos le pronosticaron que moriría en una torre deste
-nombre. Ya sabemos cuán grande vanidad sea la destos adevinos, y
-cómo después de acontecidas las cosas se suelen fingir semejantes
-consejas. Lo que se refiere que le pasó con un judío médico es cosa
-más de notar. Fué así, que por la figura de su nacimiento le había
-dicho que alcanzaría nuevos reinos y que sería muy dichoso. Después,
-cuando estuvo en lo más áspero de sus trabajos, díjole: «cuán mal
-acertastes en vuestros pronósticos», respondió el astrólogo: «aunque
-más hielo caiga del cielo, de necesidad el que está en el baño ha de
-sudar.» Dió por estas palabras a entender que la voluntad y acciones
-de los hombres son más poderosas que las inclinaciones de las
-estrellas[404].
-
-Entrado pues Don Pedro en la tienda de Don Beltrán, díjole que ya
-era tiempo que se fuesen. En esto entró Don Enrique armado; como vió
-a Don Pedro, su hermano, estuvo un poco sin hablar como espantado;
-la grandeza del hecho le tenía alterado y suspenso, o no le conocía
-por los muchos años que no se vieran. No es menos sino que los que
-se hallaron presentes estaban entre miedo y esperanza vacilando. Un
-caballero francés dijo a Don Enrique, señalando con la mano a Don
-Pedro: «mirad que ese es vuestro enemigo.» Don Pedro con aquella
-natural ferocidad que tenía, respondió dos veces: «yo soy, yo soy.»
-Entonces Don Enrique sacó su daga y dióle una herida con ella en
-el rostro. Vinieron luego a los brazos, cayeron ambos en el suelo;
-dicen que Don Enrique debajo, y que con ayuda de Beltrán, que les
-dió vuelta y le puso encima, le pudo herir de muchas puñaladas, con
-que le acabó de matar. Cosa que pone grima, un rey, hijo y nieto de
-reyes, revolcado en su sangre derramada por la mano de un su hermano
-bastardo. ¡Extraña hazaña!
-
-A la verdad, cuya[405] vida fué tan dañosa para España, su muerte le
-fué saludable; y en ella se echa bien de ver que no hay ejércitos,
-poder, reinos ni riquezas que basten a tener seguro a un hombre que
-vive mal e insolentemente. Fué este un extraño ejemplo para que en
-los siglos venideros tuviesen que considerar, se admirasen y temiesen
-y supiesen también que las maldades de los príncipes las castiga
-Dios, no solamente con el odio y mala voluntad con que mientras viven
-son aborrecidos, ni sólo con la muerte, sino con la memoria de las
-historias, en que son eternamente afrentados y aborrecidos por todos
-aquellos que las leen, y sus almas sin descanso serán para siempre
-atormentadas.
-
-
- LIBRO XIX, CAPÍTULO XV
-
- Es alzado por Rey de Castilla Don Juan II. Abnegación de su tío
- Don Fernando de Antequera.
-
-Hecho el enterramiento y las exequias del Rey Don Enrique con la
-magnificencia que era razón y con toda representación de majestad y
-tristeza, los grandes se comunicaron para nombrar sucesor y hacer
-las ceremonias y homenajes que en tal caso se acostumbran. No eran
-conformes los pareceres, ni todos hablaban de una misma manera. A
-muchos parecía cosa dura y peligrosa esperar que un infante de veinte
-y dos meses tuviese edad competente para encargarse del gobierno.
-Acordábanse de la minoridad de los reyes pasados, y de los males que
-por esta causa se padecieron por todo aquel tiempo. Leyóse en público
-el testamento del Rey difunto, en que disponía y dejaba mandado que
-la Reina, su mujer[406], y el Infante Don Fernando, su hermano, se
-encargasen del gobierno del reino y de la tutela del Príncipe. A
-Diego López de Zúñiga y Juan de Velasco encomendó la crianza y la
-guarda del niño; la enseñanza a Don Pablo, Obispo de Cartagena,
-para que en las letras fuese su maestro, como era ya su chanciller
-mayor, hasta tanto que el Príncipe fuese de edad de catorce años.
-Ordenó otrosí que los tres atendiesen sólo al cuidado que se les
-encomendaba, y no se empachasen en el gobierno del reino.
-
-Algunos pretendían que todas estas cosas se debían alterar; alegaban
-que el testamento se hizo un día antes de la muerte del Rey cuando
-no estaba muy entero, antes tenía alterada la cabeza y el sentido;
-que no era razón por ningún respeto dejar el reino expuesto a las
-tempestades que forzosamente por estas causas se levantarían. Desto
-se hablaba en secreto, desto en público en las plazas y corrillos.
-Verdad es que ninguno se adelantaba a declarar la traza que se
-debía tener para evitar aquellos inconvenientes; todos estaban a la
-mira, ninguno se quería aventurar a ser el primero. Todos ponían
-mala voz[407] en el testamento y lo dispuesto en él; pero cada cual
-asimismo temía de ponerse a riesgo de perderse si se declaraba
-mucho. Ofrecíaseles que el infante Don Fernando los podría sacar
-de la congoja en que estaban y de la cuita[408], si se quisiese
-encargar del reino; mas recelábase que no vendría en esto por ser
-de su natural templado, manso y de gran modestia, virtudes que cada
-cual les daba el nombre[409] que le parecía, quién de miedo, quién
-de flojedad, quién de corazón estrecho; finalmente, de los vicios
-que más a ellas se semejan. La ausencia de la Reina y ser mujer
-y extranjera daba ocasión a estas pláticas. Estaba a la sazón en
-Segovia con sus hijos cubierta de luto y de tristeza, así por la
-muerte de su marido, como por el recelo que tenía en qué pararían
-aquellas cosas[410] que se removían en Toledo.
-
-Los grandes, comunicado el negocio entre sí, al fin determinaron
-dar un tiento al infante Don Fernando. Tomó la mano Don Ruy López
-Dávalos por la autoridad que tenía de condestable y por estar más
-declarado que ninguno de los otros. Pasaron en secreto muchas
-razones primero; después, en presencia de otros de su opinión, le
-hizo para animalle, que se mostraba muy tibio, un razonamiento muy
-pensado desta sustancia: «Nos, señor, os convidamos con la corona
-de vuestros padres y abuelos, resolución cumplidera[411] para el
-reino, honrosa para vos, saludable para todos. Para que la oferta
-salga cierta, ninguna otra cosa falta sino vuestro consentimiento;
-ninguno será tan osado que haga contradicción a lo que tales
-personajes acordaron. No hay en nuestras palabras engaño ni lisonja.
-Subir a la cumbre del mando y del señorío por malos caminos, es cosa
-fea; mas desamparar al reino que de su voluntad se os ofrece y se
-recoge al amparo de vuestra sombra en el peligro, mirad no parezca
-flojedad y cobardía. La naturaleza de la potestad real y su origen,
-enseñan bastantemente que el cetro se puede quitar a uno y dar a
-otro, conforme a las necesidades que ocurren. Al principio del mundo
-vivían los hombres derramados por los campos a maneras de fieras; no
-se juntaban en ciudades ni en pueblos; solamente cada cual de las
-familias reconocía y acataba al que entre todos se aventajaba en la
-edad y en la prudencia. El riesgo que todos corrían de ser oprimidos
-de los más poderosos y las contiendas que resultaban con los extraños
-y aun entre los mismos parientes, fueron ocasión que se juntasen unos
-con otros, y para mayor seguridad se sujetasen y tomasen por cabeza
-al que entendían con su valor y prudencia los podría amparar[412]
-y defender de cualquier agravio y demasía. Este fué el origen que
-tuvieron los pueblos, éste el principio de la majestad real[413], la
-cual por entonces no se alcanzaba por negociaciones ni sobornos; la
-templanza, la virtud y la inocencia prevalecían. Asimismo no pasaba
-por herencia de padres a hijos; por voluntad de todos y de entre
-todos se escogía el que debía suceder al que moría. El demasiado
-poder de los reyes hizo que heredasen las coronas los hijos, a veces
-de pequeña edad, de malas y dañadas costumbres. ¿Qué cosa puede ser
-más perjudicial que entregar a ciegas y sin prudencia al hijo, sea el
-que fuere, los tesoros, las armas, las provincias, y lo que se debía
-a la virtud y méritos de la vida, dallo al que ninguna muestra ha
-dado de tener bastantes prendas? No quiero alargarme más en esto ni
-valerme de ejemplos antiguos para prueba de lo que digo. Todavía es
-averiguado que por la muerte del Rey Don Enrique el Primero sucedió
-en esta corona, no Doña Blanca, su hermana mayor, que estaba casada
-en Francia, sino Doña Berenguela, acuerdo muy acertado, como lo
-mostró la santidad y perpetua felicidad de Don Fernando, su hijo.
-El hijo menor del Rey Don Afonso el Sabio la ganó a los hijos de su
-hermano mayor el Infante Don Fernando, porque con sus buenas partes
-daba muestras de Príncipe valeroso. ¿Para qué son cosas antiguas?
-Vuestro abuelo el Rey Don Enrique quitó el reino a su hermano y
-privó a las hijas de la herencia de su padre; que si no se pudo
-hacer, será forzoso confesar que los Reyes pasados no tuvieron
-justo título. Los años pasados en Portugal el maestre de Avis se
-apoderó de aquel reino, si con razón, si tiránicamente, no es deste
-lugar apurallo; lo que se sabe es que hasta hoy le ha conservado y
-mantenídose en él contra todo el poder de Castilla. De menos tiempo
-acá dos hijas del Rey Don Juan de Aragón perdieron la corona de su
-padre, que se dió a Don Martín, hermano del difunto, si bien estaba
-ausente y ocupado en allanar a Sicilia; que siempre se tuvo por
-justo mudase la comunidad y el pueblo conforme a la necesidad que
-ocurriese, lo que ella misma estableció por el bien común de todos.
-Si convidáramos con el mando a alguna persona extraña, sin nobleza,
-sin partes, pudiérase reprehender nuestro acuerdo. ¿Quién tendrá
-por mal que queramos por Rey un Príncipe de la alcuña[414] real de
-Castilla, y que en vida de su hermano tenía en su mano el gobierno?
-Mirad, pues, no se atribuya antes a mal no hacer caso ni responder
-a la voluntad que grandes y pequeños os muestran, y por excusar el
-trabajo y la carga desamparar a la patria común, que de verdad,
-tendidas las manos, se mete debajo las alas y se acoge al abrigo de
-vuestro amparo en el aprieto en que se halla. Esto es finalmente
-lo que todos suplicamos; que encargaros uséis en el gobierno
-destos reinos de la templanza a vos acostumbrada y debida, no será
-necesario.»
-
-Después destas razones los demás grandes que presentes estaban se
-adelantaron, cada cual por su parte, para suplicalle aceptase. No
-faltó quien alegase profecías y revelaciones y pronósticos del cielo
-en favor de aquella demanda. A todo esto el Infante, con rostro
-mesurado y ledo[415], replicó y dijo no era de tanta codicia ser Rey
-que se hobiese de menospreciar la infamia que resultaría contra él de
-ambicioso e inhumano, pues despojaba un niño inocente y menospreciaba
-la Reina viuda y sola[416], a cuya defensa toda buena razón le
-obligaba, demás de las alteraciones y guerras que forzosamente en
-el reino sobre el caso se levantarían. Que les agradecía aquella
-voluntad y el crédito que mostraban tener de su persona; pero que en
-ninguna cosa les podía mejor recompensar aquella deuda que en dalles
-por Rey y señor al hijo de su hermano, su sobrino, por cuyo respeto
-y por el procomún de la patria él no se quería excusar de ponerse a
-cualquier riesgo y fatiga y encargarse del gobierno, según que el
-Rey, su hermano, lo dejó dispuesto; solo, en ninguna manera se podría
-persuadir de tomar aquel camino agrio y áspero que le mostraban.
-
-Concluído esto, poco después juntó los señores y prelados en la
-capilla de Don Pedro Tenorio, que está en el claustro de la iglesia
-mayor. El condestable Don Ruy López, por si acaso había mudado de
-parecer, le preguntó allí en público a quién quería alzasen por Rey.
-El, con semblante demudado, respondió en voz alta: «¿A quién, sino al
-hijo de mi hermano?» Con esto levantaron los estandartes, como es de
-costumbre, por el Rey Don Juan el Segundo, y los reyes de armas le
-pregonaron por Rey, primero en aquella junta, y consiguientemente por
-las calles y plazas de la ciudad.
-
-Gran crédito ganó de modestia y templanza el Infante Don Fernando
-en menospreciar lo que otros por el fuego y por hierro pretenden.
-Los mismos que le insistieron aceptase el reino, no acababan de
-engrandecer su lealtad, camino por el cual[417] se enderezó a
-alcanzar otros muy grandes reinos que el cielo por sus virtudes le
-tenía reservados. Fué la gloria de aquel hecho tanto más de estimar,
-que su hermano al fin de su vida andaba con él torcido y no se le
-mostraba favorable.
-
-
- LIBRO XX, CAPÍTULOS II Y IV
-
- Muerto sin sucesión el Rey aragonés Don Martín, es elegido por
- sucesor Don Fernando de Antequera.
-
-Los catalanes, aragoneses y valencianos, naciones y provincias que
-se comprehenden debajo la Corona de Aragón, se juntaban cada cual de
-por sí para acordar lo que se debía hacer en el punto de la sucesión
-de aquel reino y cuál de los pretensores les vendría más a cuento.
-Los pareceres no se conformaban, como es ordinario, y mucho menos las
-voluntades. Cada cual de los pretendientes tenía sus valedores y sus
-aliados, que pretendían sobre todo echar cargo y obligarse al nuevo
-Rey[418] con intento de encaminar sus particulares, sin cuidar mucho
-de lo que en común era más cumplidero.
-
-Los catalanes por la mayor parte acudían al conde de Urgel, en
-que[419] se señalaban sobre todos los Cardonas y los Moncadas, casas
-de las más principales; y aun entre los aragoneses, los de Alagón
-y los de Luna se les arrimaban; en que pasaron tan adelante, que
-Antonio de Luna, por salir con su intento, dió la muerte a Don García
-de Heredia, Arzobispo de Zaragoza, con una celada que le paró[420]
-cerca de Almunia, no por otra causa, sino por ser el que más que
-todos se mostraba contra el conde de Urgel y abatía su pretensión.
-Pareció este caso muy atroz, como lo era. Declararon al que lo
-cometió por sacrílego[421] y descomulgado, y aun fué ocasión que
-el partido del conde de Urgel empeorase; muchos por aquel delito
-tan enorme se recelaban de tomar por Rey aquel cuyo principio tales
-muestras daba. Los nobles de Aragón asimismo acudieron a las armas,
-unos para vengar la muerte del Arzobispo; otros para amparar el
-culpado. Era necesario abreviar por esta causa y por nuevos temores
-que cada día se representaban: asonadas de guerra por la parte de
-Francia y de Castilla, compañías de soldados que se mostraban a la
-raya para usar de fuerza si de grado no les daban el reino. Las tres
-provincias entre sí se comunicaron sobre el caso por medio de sus
-embajadores que en esta razón despacharon. Gastáronse muchos días en
-demandas y respuestas; finalmente se convinieron de común acuerdo
-en esta traza: que se nombrasen nueve jueces por todos, tres de
-cada cual de las naciones; éstos se juntasen en Caspe, castillo de
-Aragón, para oir las partes y lo que cada cual en su favor alegase;
-hecho esto y cerrado el proceso, procediesen a sentencia; lo que
-determinasen por lo menos los seis de ellos, con tal, empero, que
-de cada cual de las naciones concurriese un voto, aquello fuese
-valedero y firme. Tomado este acuerdo, los de Aragón nombraron por
-su parte a Don Domingo, Obispo de Huesca, y a Francisco de Aranda
-y a Berenguel de Bardax[422]. Los catalanes señalaron a Sagariga,
-Arzobispo de Tarragona, y a Guillén de Valseca y a Bernardo Gualbe.
-Por Valencia entraron en este número Fray Vicente Ferrer, de la orden
-de Santo Domingo, varón señalado en santidad y púlpito, y su hermano
-Fray Bonifacio Ferrer, cartujano, y por tercero Pedro Beltrán[423].
-Resolución maravillosa y nunca oída, que pretendiesen por juicio de
-pocos hombres, y no de los más poderosos, dar y quitar un reino tan
-importante.
-
-Los jueces, luego que aceptaron el nombramiento, se juntaron y
-despacharon sus edictos, por los cuales citaron los pretensores
-con apercibimiento, si no comparecían en juicio, de tenellos por
-excluídos de aquella demanda. Vinieron algunos; otros enviaron sus
-procuradores...
-
-Luego que el negocio de la sucesión estuvo bien sazonado, y oídas
-las partes y sus alegaciones, se concluyó y cerró el proceso[424];
-los jueces confirieron entre sí lo que debían sentenciar. Tuvieron
-los votos secretos y la gente toda suspensa con el deseo que tenían
-de saber en qué pararía aquel debate. Para los autos necesarios,
-delante la iglesia de aquel pueblo hicieron levantar un cadahalso
-muy ancho para que cupiesen todos, y tan alto que de todas partes se
-podía ver lo que hacían; celebró la misa el Obispo de Huesca, como se
-acostumbra en actos semejantes. Hecho esto, salieron los jueces de
-la iglesia, que se asentaron en lo más alto del tablado, y en otra
-parte los embajadores de los príncipes y los procuradores de los que
-pretendían. Hallóse presente el Pontífice Benedicto[425], que tuvo
-en todo gran parte. A Fray Vicente Ferrer, por su santidad y grande
-ejercicio que tenía en predicar, encargaron el cuidado de razonar
-al pueblo y publicar la sentencia. Tomó por tema de su razonamiento
-aquellas palabras de la escritura: «_Gocémonos y regocijémonos y
-démosle gloria porque vinieron las bodas del cordero_[426]. Después
-de la tempestad y de los torbellinos pasados abonanza el tiempo y
-se sosiegan las olas bravas del mar, con que nuestra nave, bien
-que desamparada de piloto, finalmente, caladas las velas, llega al
-puerto deseado. Del templo, no de otra manera que de la presencia
-del gran Dios, ni con menor devoción que poco antes delante los
-altares se han hecho plegarias por la salud común, venimos a hacer
-este razonamiento. Confiamos que con la misma piedad y devoción
-vos también oiréis nuestras palabras. Pues se trata de la elección
-del Rey; ¿de qué cosa se pudiera más a propósito hablar que de su
-dignidad y de su majestad, si el tiempo diera lugar a materia tan
-larga y que tiene tantos cabos? Los reyes sin duda están puestos en
-la tierra por Dios para que tengan sus veces, y como vicarios suyos
-le semejen en todo. Debe, pues, el Rey en todo género de virtud
-allegarse lo más cerca que pudiere y imitar la bondad divinal. Todo
-lo que en los demás se halla de hermoso y honesto es razón que él
-sólo en sí lo guarde y lo cumpla. Que de tal suerte se aventaje a sus
-vasallos, que no le miren como hombre mortal, sino como a venido del
-cielo para bien de todo su reino. No ponga los ojos en sus gustos ni
-en su bien particular, sino días y noches se ocupe en mirar por la
-salud de la república y cuidar del procomún. Muy ancho campo se nos
-abría para alargarnos en este razonamiento; pero, pues el Rey está
-ausente, no será necesario particularizar esto más. Sólo servirá para
-que los que estáis presentes tengáis por cierto que en la resolución
-que se ha tomado se tuvo muy particular cuenta con esto: que en el
-nuevo Rey concurran las partes de virtud, prudencia, valor y piedad
-que se podían desear. Lo que viene más a propósito es exhortaros a
-la obediencia que le debéis prestar y a conformaros con la voluntad
-de los jueces, que os puedo asegurar es la de Dios, sin la cual todo
-el trabajo que se ha tomado sería en vano, y de poco momento la
-autoridad del que rige y manda, si los vasallos no se le humillasen.
-Pospuestas, pues, las aficiones particulares, poned las mientes en
-Dios y en el bien común; persuadíos que aquel será mejor príncipe
-que con tanta conformidad de pareceres y votos, cierta señal de la
-voluntad divina, os fuere dado. Regocijáos y alegráos; festejad este
-día con toda muestra de contento. Entended que debéis al santísimo
-Pontífice, que presente está para honrar y autorizar este auto, y
-a los jueces muy prudentes, por cuya diligencia y buena maña se ha
-llevado al cabo sin tropiezo un negocio, el más grave que se puede
-pensar, cuanto cada cual de vos a sus mismos padres que os dieron el
-ser y os engendraron.»
-
-Concluídas estas razones y otras en esta sustancia, todos estaban
-alerta esperando con gran suspensión y atención el remate deste
-auto y el nombramiento del Rey. Él mismo en alta voz pronunció la
-sentencia dada por los jueces, que llevaba por escrito. Cuando llegó
-al nombre de Don Fernando, así él mismo, como todos los demás que
-presentes se hallaron, apenas por la alegría se podían reprimir,
-ni por el ruido oir unos a otros. El aplauso y vocería fué cual se
-puede pensar. Aclamaban para el nuevo Rey, vida, victoria y toda
-buenandanza. Mirábanse unos a otros, maravillados como si fuera
-una representación de sueño. Los más no acababan de dar crédito
-a sus orejas; preguntaban a los que cerca les caían quién fuese
-el nombrado. Apenas se entendían unos a otros; que el gozo cuando
-es grande impide los sentidos que no puedan atender ni hacer sus
-oficios. Los músicos, que prestos estaban, a la hora cantaron con
-toda solemnidad, como se acostumbra, en acción de gracias, el himno
-_Te Deum laudamus_.
-
-Hízose este acto tan señalado prostero del mes de junio, el cual
-concluído, despacharon embajadores para avisar al Infante Don
-Fernando y acucialle[427] la venida. Hallábase él, a la sazón, en
-Cuenca, cuidadoso del remate en que pararían estos negocios.
-
-
-NOTAS
-
- [374] Véase G. CIROT, _Mariana historien_, 1915, p. 366.
-
- [375] _Dalle_ por _dar-le_. En los siglos XVI y XVII la _r_ final
- del infinitivo se solía convertir en _l_ ante la _l_ inicial
- del pronombre enclítico, y así se decía _decillo_, _servilla_,
- _escribilles_, _mostrallas_, etc.
-
- [376] _Tener voz de uno_ equivalía a ‘seguir su causa’, ‘mantener
- su derecho’, pues _voz_ significó el derecho o el título que
- alguno tiene sobre alguna cosa.
-
- [377] Este rey era Carlos II.
-
- [378] Hijo menor de Don Alfonso XI y Doña Leonor de Guzmán. Casó
- en 1353 con Doña Juana de Lara, asesinada por orden de Don Pedro.
- Luego, Don Enrique le instituyó heredero del condado de Vizcaya y
- del señorío de Lara, como viudo de Doña Juana.
-
- [379] En vez de _se estaba a la mira_, ponen algunas ediciones
- modernas _se entretenía_, y diez veces más eliminan el verbo
- _estar_ en los fragmentos de Mariana que aquí se publican. La
- repetición de vocablos no era entonces defecto tan molesto como
- hoy lo es; en el párrafo siguiente nótese la repetición del verbo
- _suceder_ con dos acepciones diferentes.
-
- [380] Hoy úsase como activo _apoderar_ sólo en el sentido de
- «dar poder a una persona para que represente en juicio a otra»;
- antiguamente significaba «poner en posesión de algo, hacer dueño»
- y Mariana lo emplea mucho, por más que en su tiempo ya era poco
- frecuente. El real o campo de Don Enrique estaba en la Vega; la
- _Torre de los Abades_ (en el Paseo de la Vega Alta, cerca de la
- Puerta del Cambrón) fué efectivamente ocupada por soldados de Don
- Enrique, pero los partidarios de Don Pedro le pegaron fuego para
- rescatarla. El relato circunstanciado de estos hechos se halla en
- la Crónica del Canciller Don Pero López de Ayala, contemporáneo
- de Don Pedro; Mariana le sigue paso a paso, abreviándole.
-
- [381] Nótese el significado (no registrado en el Diccionario
- de la Academia) del verbo _suceder_, ‘tener feliz éxito’;
- respondiendo al significado de _suceso_ ‘éxito’. Este significado
- tiene en latín _succedere_ y _successus_ (res succedit, successus
- rerum). En otras ediciones se pone _les sucediese_, que parece
- mejor lección.
-
- [382] Los de Don Pedro quitaron las llaves del arco del puente
- y éste duró caído hasta que lo reedificó el Arzobispo Don Pedro
- Tenorio en tiempo de Felipe II. El _Puente de San Martín_ al
- Oeste y el de _Alcántara_ al Este, son las dos entradas que
- Toledo tiene por la parte del río.
-
- [383] _¡Mal pecado!_ es una exclamación anticuada de indignación
- o enojo. Los moros, que seguían a Don Pedro, eran de Granada,
- cuyo Rey Mohamad fué aliado de Don Pedro.
-
- [384] Sobre las profecías de Merlín, v. adelante la nota al
- _Quijote_ p. II, cap. 23. Claro es que ésta es una de tantas
- profecías forjadas en tono solemne después que han sucedido los
- sucesos que vaticinan; Ayala ya la pone en su Crónica, y parece
- que no la inventó tampoco él, pues otras Crónicas contienen otra
- profecía análoga.
-
- [385] _Gormar_ es anticuado (Mariana lo copia de Ayala) por
- ‘vomitar’, o figurado ‘volver uno por fuerza lo que retenía sin
- justo título’. _Gormarlo ha_ está por _gormarálo_ (v. atrás pág.
- 93, nota 192); adelante se halla _caérsele han_ = _caeránsele_;
- estas formas, corrientes en tiempo de Ayala, eran ya desusadas en
- el de Mariana. _Péñolas_ por _plumas_ es otro arcaísmo.
-
- [386] Es el famoso caballero francés Beltrán Du Guesclin.
-
- [387] _Al tanto_ parece equivaler a ‘otrosí’, ‘también’.
-
- [388] Era el maestre a nombre de Don Enrique. Había otro a nombre
- de Don Pedro, llamado Don Martín López de Córdova, ejecutado al
- ser tomada Carmona, en 1371, por las tropas de Don Enrique.
-
- [389] La preposición _a_ denota muchas veces la causa u ocasión:
- «a las voces de Constanza salió a los corredores la Argüello».
- (Cervantes); hoy decimos _a causa de esto_ en vez de _a esta
- causa_.
-
- [390] Este discurso falta en Ayala y es de la propia invención de
- Mariana. Tales arengas eran adorno indispensable de la historia
- al estilo clásico.
-
- [391] La preposición _de_ indicando el medio (morir de muerte
- violenta, herir de una cuchillada, etc.)
-
- [392] _Tener_ como _venir_, _poner_ y otros verbos análogos,
- hacían su futuro _terné_, _verné_, _porné_.
-
- [393] Este orden de los dos adjetivos, uno antepuesto y otro
- pospuesto (supone la elipsis _mejor fiesta ni más alegre fiesta_)
- era antes corriente, en vez del giro que hoy se usa en la lengua
- escrita: _mejor ni más alegre fiesta_.
-
- [394] En _habémoslo_, el pronombre _lo_ nos ofrece el uso natural
- del neutro, pues hace el oficio de representar una proposición
- entera, ya que equivale a «habemos lo que litigamos», «esto
- que defendemos», «este negocio o causa que sostenemos». Pero
- el femenino _la_ se generalizó mucho en lugar del neutro, por
- sobreentenderse _cosa_ y en vez de _el más diestro lo yerra_, se
- dijo _la yerra_, _¡la hicimos buena!_, _hacérsela_, _pegársela a
- uno_ (v. DIEZ, _Gram._ III, 47); aun el plural femenino es muy
- usado: _pagárselas a uno_; y en el ejemplo de Mariana diríamos
- hoy: «nos las habemos con una bestia feroz».
-
- [395] El pronombre _nos_ en tiempo de Mariana ya no se usaba
- ordinariamente sino por _yo_ en documentos redactados por
- personas de alta dignidad; pero tal como aquí Mariana lo usa, es
- decir, como plural efectivo en vez del moderno _nosotros_, era un
- arcaísmo casi sólo conservado en poesía.
-
- [396] Esta calificación que Enrique da a su hermano, según
- Mariana, es histórica. En los diplomas de la cancillería
- enriqueña nunca se nombra a Don Pedro con más suaves epítetos:
- «el traidor tirano que se llamaba Rey», o «aquel mal tirano», o
- «el traidor hereje tirano».
-
- [397] Hoy decimos: «los moros huyeron los primeros». En ambos
- casos _primero_ tiene funciones de adjetivo, pero significado de
- adverbio («los moros huyeron primeramente»), cosa que sucede muy
- a menudo, lo mismo que en latín, con _solus_, _primus_, _ultimus_
- (DIEZ, _Gram._ III, 7), v. gr. «solos Don Antonio y Don Juan
- no quisieron»; aquí y en el ejemplo de Mariana es evidente la
- función adjetiva de _solos_, _primeros_, por estar en plural;
- en el otro ejemplo que ofrece Mariana unas líneas más abajo:
- «murió sólo un caballero» se puede dudar si _solo_ es adjetivo
- de caballero, o un adjetivo adverbializado que no hace funciones
- de adjetivo, sino de adverbio, por lo cual no dejaría de ser
- masculino aunque se mudara el género del substantivo: «murió sólo
- una mujer».
-
- [398] El _alcance_ es la persecución del enemigo que huye.
-
- [399] Véase la nota 397, pág. 189. Mariana dió aquí una
- interpretación exagerada al texto de la Crónica de Ayala, para
- hacer más prodigiosa la narración. Ayala no dice que muriera sólo
- un cristiano, sino sólo uno de los principales: «en esta batalla
- non morieron de los del Rey Don Pedro omes de cuenta, salvo un
- caballero de Córdoba que decían Juan Ximénez; e la razón porque
- pocos morieron fué porque los unos posaban en las aldeas, e non
- eran llegados a la batalla, e los otros que y eran recogiéronse
- con el Rey al castillo de Montiel.»
-
- [400] «Hacer una cosa _de industria_, hacerla a sabiendas y
- adrede, para que de allí suceda cosa que para otro sea acaso y
- para él de propósito.» (Covarrubias.)
-
- [401] _A su salvo_ equivale a _en salvo_, _a mansalva_, sin
- peligro.
-
- [402] Sobre este _Men Rodríguez_, fantaseó una novela famosa Don
- Manuel Fernández y González.
-
- [403] La ayuda prestada por Du Guesclin al fratricida fué, en
- efecto, liberalmente pagada por una de esas famosas _mercedes
- enriqueñas_, por la que el Caballero francés recibió las villas
- de Soria, Almazán, Atienza y otras, las mismas que Don Pedro le
- había ofrecido por mediación de Men Rodríguez.
-
- [404] Aun en tiempo de Mariana existía, si bien muy mitigada, la
- antigua superstición de que los astros influían en los hechos
- de los hombres; hacíase por los doctos la salvedad de que su
- influencia no llegaba a anular el libre albedrío.
-
- [405] El antecedente de _cuya_ está callado, como en la frase
- de Coloma; «temiendo que entregaría la ciudad a cuya era» (V.
- BELLO, _Gram._, § 1053); pero lo más singular de la construcción
- de Mariana es, que ese mismo antecedente tácito es el poseedor a
- que se refiere el posesivo _su_; es decir, que el antecedente de
- _cuyo_ va envuelto en el posesivo de la proposición principal (v.
- CUERVO, _Dicc._ II. 713 _b_) y hay que construir: «fué saludable
- su muerte de aquel cuya vida fué tan dañosa (aquel cuya vida fué
- dañosa, su muerte fué saludable)». En el texto latino escribió
- Mariana: «sed cuius funesta Hispaniæ vita fuerat, mors extitit
- salutaris».
-
- [406] La reina viuda de Enrique III era Doña Catalina de
- Lancáster. El infante Don Fernando es el llamado «de Antequera»,
- hijo de Juan I y de su primera mujer Doña Leonor, hija de Pedro
- IV de Aragón. El Obispo de Cartagena es el judío converso Don
- Pablo de Santa María, autor de sabias obras de controversia.
-
- [407] _Poner mala voz_, poner tacha, hablar mal, desacreditar.
-
- [408] Acerca del orden de estos dos complementos _de la congoja y
- de la cuita_, compárese lo dicho en la nota 393 de la pág. 188.
-
- [409] «Virtudes =que= cada cual =les= daba el nombre» está
- por: «virtudes =a que= cada cual daba el nombre»: en lugar
- del relativo con preposición _a que_ se puso simplemente la
- conjunción _que_ y luego se indicó la relación de caso, que la
- conjunción no podía expresar, por medio del pronombre _les_.
- Analícese este otro ejemplo de la Diana de Montemayor: «un valle
- =que= toda cosa =en él= me daba gloria». (V. DIEZ, _Gram._ III.
- 350).
-
- [410] La frase «tenía recelo en qué pararían aquellas cosas» está
- por: «tenía recelo de (aquello) en que pararían»; la agrupación
- desagradable de preposiciones _de en que_ hizo que se suprimiera
- _de_.
-
- [411] _Cumplidero_ ‘que cumple o conviene’, ‘conveniente.’
-
- [412] «Al que entendían los podría amparar»; a pesar de
- omitirse la conjunción _que_, las dos proposiciones resultan
- gramaticalmente unidas por el hecho de estar en subjuntivo el
- verbo de la subordinada. Es giro bastante común (creo no venga,
- ordenóle le entretuviese) y que se usa en latín (concedo sit
- dives, oro dicas). (Véase DIEZ, _Gram._ III, 313). Mariana usa de
- él a menudo; más abajo dice «para suplicalle aceptase.»
-
- [413] Mariana aprovecha a menudo estos discursos de su propia
- invención para deslizar en boca de otros sus propias ideas
- políticas, y aquí sienta el pacto social como origen del poder
- real, en contra de la opinión del derecho divino de los reyes.
-
- [414] Covarrubias, contemporáneo de Mariana, da como anticuada
- _alcuña_; «vale linage, casta, descendencia; latine, genus,
- stemma. Es muy usado término en la lengua castellana antigua, así
- en las crónicas como en las leyes y contratos».
-
- [415] Era anticuado ya en tiempo de Mariana; el mismo Covarrubias
- dice: «_ledo_, vocablo castellano antiguo; vale alegre, contento;
- de la palabra latina _lætus_.»
-
- [416] «Despojaba un niño» y «menospreciaba la reina» son casos
- raros de acusativo sin preposición, tratándose de nombres de
- persona cierta y determinada. (Véase CUERVO, _Dicc._ I, 12 _b_).
- Lope dijo: «no disgustemos mi abuelo», y Fray Luis de León:
-
- Yo con alegre canto
- mi Dios celebraré y su nombre santo.
-
- Adelante se verá cuánto usaba Quevedo este acusativo sin
- preposición.
-
- [417] Ediciones modernas corrigen: «camino por donde se
- enderezó»; y en la pág. 205, línea 8, «sus edictos por los cuales
- citaron», se corrige en «sus edictos con que citaron». Véase
- arriba p. 89, n. 172.
-
- [418] _Echar cargo_, compárese _ser uno en cargo_ que vale ‘ser
- deudor’, frase no apuntada en los Diccionarios.--Tampoco figura
- en ellos _obligarse_ con el sentido de ‘ganarse el agradecimiento
- de alguno’; el texto latino de Mariana dice: «novumque Regem
- officio obstrictum habere.»--En fin, tampoco está en los
- Diccionarios el adjetivo substantivado _particulares_ con el
- sentido que usa Mariana de ‘negocios privados o personales’.
-
- [419] Aquí _en que_, y más abajo, equivale a ‘en lo que’,
- representándose con el neutro _(lo) que_ toda la oración que
- antecede. La supresión del artículo neutro _lo_ parece más común
- si le precede preposición _en_: «llamáronla Isla de San Juan, por
- haber llegado a ella el día del Bautista y por tener su nombre
- el general; en que andaría la devoción mezclada con la lisonja.»
- (Solis). Con otras preposiciones disuena: «me preguntó si iba; a
- (lo) que no respondí», y es imposible sin preposición: «me mandó
- ir; lo que hice de buen grado».
-
- [420] _Parar_ equivale a _preparar_.
-
- [421] _Declarar_ en el sentido de ‘decidir públicamente sobre la
- categoría o condición de algo’ se construye hoy, ordinariamente,
- con un predicado sin _por_: «le declararon y coronaron Rey»; «lo
- eligieron Rey», al lado de «lo eligieron por Rey». (DIEZ, _Gr._
- III, página 11.) En el período clásico ese predicado llevaba
- ordinariamente preposición _por_; Quevedo dice: «y declararon por
- tres enemigos del cuerpo a los médicos». (V. CUERVO, _Dicc._ II,
- página 829.)
-
- [422] Berenguer de Bardají, gran Justicia de Aragón y uno de los
- principales promovedores del compromiso.
-
- [423] Jurista valenciano, no nombrado desde el comienzo, sino
- luego, en sustitución de Ginér Rabaxa, que enfermó.
-
- [424] 24 de Enero de 1412.
-
- [425] El aragonés Pedro de Luna o Benedicto XIII.
-
- [426] «Gaudeamus et exultemus et demus gloriam Deo, quia venerunt
- nuptiæ Agni.» Este versículo del Apocalipsis fué realmente el
- tema del discurso de San Vicente; pero el discurso en sí mismo es
- invención de Mariana.
-
- [427] _Acuciar_ por ‘apurar’ o ‘dar prisa para que se haga alguna
- cosa’, es un arcaísmo que Mariana resucitó con acierto, ya que no
- tiene buen equivalente en la lengua moderna.
-
-
-
-
-FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA
-
-(1544-1606)
-
-
-Publicó la _Historia de la Orden de San Jerónimo_ en los años 1600 y
-1605.
-
-Escribía con gran esmero, cosa poco acostumbrada entre sus
-contemporáneos, así que su lenguaje es de lo más puro y correcto
-que hay en castellano; notable por la elegancia, siempre sobria,
-que mantiene la alteza de la narración aun cuando ésta se emplee en
-las más pobres y humildes vidas en que por fuerza había de ocuparse
-a menudo. Menéndez y Pelayo coloca a Sigüenza entre los primeros
-estilistas españoles después de Juan de Valdés y Cervantes.
-
-Tenía un concepto de la Historia enteramente artístico; tanto, que
-llega a señalarle como leyes, en primer lugar, el _estilo_, y sólo
-en segundo término, la veracidad: «Prometo ser en cuanto pudiere
-religioso en las leyes de la historia; la primera, que es el estilo
-y una manera de contar breve, lisa, sin afectación ni afeites,
-procuraré imitalla en aquellos primeros príncipes de la lengua latina
-que acertaron en esto felizmente, cultivando con mucho estudio su
-lengua, lo que en la nuestra pensamos alcanzar sin trabajo. La verdad
-y la fe, que es lo segundo, y el alma sin la cual ni ésta ni otra
-merece nombre de historia, será de tanta entereza que ella misma
-asegurará sin sospecha a los lectores.»
-
-
- HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN JERÓNIMO
- PARTE II (1600), PÁGINA 251
-
- Cuenta la vida de Fray Juan de Carrión, llena de humildad simple
- y candorosa.
-
-Era este siervo de Dios natural de Carrión, de padres honrados, y
-llamóle Dios al estado de la religión siendo de más de veinte y cinco
-años, hombre hecho, Sacerdote ya, y el tiempo que vivió en el siglo,
-de buen ejemplo. Sintieron mucho en su pueblo que los dejase, porque
-con su vida y ejemplo aprovechaba a todos. Vínose al monasterio de
-Nuestra Señora de Guadalupe, pidió el hábito al padre Fray Fernando
-Yáñez, echó luego de ver su buena alma, y diósele de buena gana.
-Industrióle él mismo en las cosas de la religión, y a la buena
-leche de esta doctrina le hizo crecer presto, y pasar del estado de
-infante al de varón perfeto, y a la medida de la edad de la plenitud
-de Cristo. Ansí olvidó todo lo de atrás, y tan de hecho renunció
-el mundo, que vino aun a perder la memoria de lo que había sido;
-cosa felicísima, y que si fuese en nuestra mano, o ya que no lo es,
-procurásemos merecerla, nos haría como bienaventurados en la tierra.
-Acontencióle muchas veces vestirse el pellón que tenía sobre la cama,
-e irse ansí a Maitines, y sin advertir qué llevaba, ni que se reirían
-dél, todo olvidado de sí mismo y puesto el pensamiento en Dios,
-porque jamás se apartaba de su presencia, llevándole dentro de sí, o
-imaginándose dentro dél. Por ésta y por otras muchas cosas que hacía,
-sin advertencia de lo de afuera, le llamaban Fray Juan el Simple,
-unos burlando de su inocencia, otros admirados de su perfeción:
-juzgando cada uno conforme a la regla con que se nivelaba dentro. Y
-era en la realidad lo uno y lo otro, porque en la malicia (o como
-agora las llamamos: discreciones humanas) era semejante a aquel niño
-que puso Cristo por modelo de su escuela, y de la traza que habían
-de tener los que habían de entrar en su reino, y junto con esto, y
-necesariamente junto, un juicio muy alto, y tanta claridad y aviso
-para las cosas de la religión y virtud y del negocio de su estado,
-que en sus pareceres y en sus votos, ninguno de los aventajados le
-hacía ventaja; como quien tenía la ciencia que es propia de los
-santos y estaba levantado en otra más excelente región. Andan estas
-almas sencillas (digámoslo ansí) como zabullidas en Dios y en sí
-mismas, puestas en una quietud soberana, donde no llega turbación
-de malicia. Y como aquel mar inmenso no le puede mudar ni alterar
-cosa criada, los que dentro dél se recogen, gozan de una calma y
-bonanza que no se puede explicar, sino con las mismas palabras que
-quiso Dios lo dijesen sus Profetas santos, como lo cuenta David en
-las Enigmas y Símbolo de aquel Psalmo tan celebrado: _Qui habitat
-in adiutorio altissimi, in protectione Dei cœli commorabitur_. Que
-aun estas primeras palabras no se podrán bien declarar en nuestra
-lengua, y mucho menos entenderse, sino de los que supieren aquel
-lenguaje. Alcanzó nuestro simple Fray Juan esto en poco tiempo, y el
-modo (según algunos dicen) fué, porque en ninguna cosa se buscó a sí
-mismo, ni miraba en su provecho particular, ni en sus gustos, no sólo
-en las cosas corporales, sino aun en las de virtud, y que llamamos
-de espíritu, procurando a los principios salir con victoria contra
-todos sus apetitos, y levantarse sobre todo quanto tenía apariencia
-de negocio proprio, haciéndose fuerza y violencia, en quanto sentía
-que era propria voluntad, hasta venir a no tener cosa suya ni en
-las potencias exteriores ni interiores, y quedarse en una candidez
-e inocencia grande, dejándose llevar de sola la voluntad divina,
-que era para él la de su Prelado. Esta simpleza santa, dicen los
-ejercitados, que es aquel _biso_ o aquel lino blanquísimo (era un
-lienzo de Egipto) más delicado que la más fina holanda, recio con
-esto y de mucha dura, como le pinta la Escritura, de hilo doblado
-y torcido, de que se hacían las telas y velos del Tabernáculo del
-Señor, porque no basta ser blanco y de un hilo, sino que han de ser
-dos. No sólo no buscarnos en las cosas materiales interese de carne
-y sangre, mas aun en los mismos ejercicios de las virtudes se mezcla
-el amor proprio, si no se le mira a las manos con gran recato. Tan
-delicada es esta estambre que ha de hacer el aposento a Dios. Sin
-duda dicen bien, y bien hacía nuestro Fray Juan en caminar con tanta
-perseverancia con estos pasos, que son los contrarios por donde aquel
-hombre primero perdió para todos aquella pureza, blancura e inocencia
-con que salió de las manos de su Hacedor, y quedamos desemejados y
-feos, deslustrada tanta hermosura. Desta virtud o fuente de virtudes,
-manaban en este siervo de Dios otras muchas; era para todos afable,
-dulce, amoroso, consuelo de quantos con él trataban para quanto le
-querían en obras de humildad y caridad. Dondequiera que la obediencia
-le llevaba, sin otro discurso ni razón más de que era mandado, iba
-alegre. Vivió algunos años en esta pureza y en el reposo de una
-virtud que tanto nos hace parecidos a Dios; no sabemos quantos ni
-otras muchas circunstancias que hicieran harto el caso entenderlas.
-Quando el Señor quiso llevarle deste mundo, de que él estaba tan
-fuera, revelóle su voluntad, pues eran tan unos en ella. Estaba un
-día en el coro con el convento, en el oficio divino, santo y bueno,
-sin género de indisposición ni otro acidente; tocóle el espíritu del
-Señor, hablóle dentro y revelóle su fin. En ese mismo punto comenzó
-a andar en el coro de una parte a otra con fervor y con acto que
-parecía estaba fuera de sí; iba de uno en otro religioso a las filas
-donde estaban asentados; echábase a sus pies y besábaselos; pedíales
-perdón del mal ejemplo que les había dado con sus negligencias y
-faltas. Puesto allí de rodillas y derramando lágrimas, decía a cada
-uno: «Perdóname, hermano, por el amor del Señor, y mira que me
-mandas para el otro mundo, que estoy de partida para allá.» Puso
-admiración en todos la novedad de Fray Juan; los más discretos
-suspendían el juicio desto, que por de fuera parecía locura; otros
-se reían teniéndola por simpleza, y aun otros pensaban que se había
-tornado loco. Muchos que conocían su entereza y buen juicio, y le
-tenían por siervo de nuestro Señor, decían que no carecía aquello de
-algún misterio, y que sin duda le habían hecho revelación de su fin.
-Acabados estos abrazos y despedidas con actos tan humildes, se puso
-de rodillas en medio del coro, alzó los ojos al cielo, hirió tres
-veces los pechos con el puño, como quando decía la culpa, y díjosela
-al Señor desta manera: «Perdóname, Señor, la multitud de defectos que
-he hecho en este santo lugar, rezando y cantando las horas, y la poca
-reverencia y devoción con que he estado aquí delante de tu Majestad
-divina y de los Ángeles santos que nos acompañan.» Dijo esto, y de
-allí a un poco, estando con gran sosiego de cuerpo y espíritu, dió el
-alma a su Criador.
-
-
- PARTE III (1605). PRÓLOGO
-
-Prosiguiendo voy el discurso de mi historia, y diré mejor el
-de mi obediencia, pues sólo ella es la que puede darme aliento
-para carrera tan larga. Diré también, con verdad, lo que dijo el
-Historiador Romano en el medio de su obra. Pudiera dejallo aquí,
-si no fuera cebando el alma con el gusto del sujeto. Ansí también
-lo confieso, pues ansí me acontece, y porque con lo que hasta aquí
-se ha descubierto, bastaba para juzgar lo que resta, mas no basta
-para la integridad y al amor que a la misma obra se debe, que se
-ha de anteponer al propio gusto. Historia es, como se ha visto,
-humilde y de humildes, contra la primera ley de historia que pide
-siempre cosas grandes. No se veen pensamientos ni discursos largos
-de Príncipes para conquistar nuevos reinos, o mudar de sus asientos
-grandes Estados, descubrir nuevas provincias, trastornar repúblicas,
-consejos profundos de paz y guerra, trocar la paz y deshacer las
-suertes de todo esto temporal y visible; cosas que se huelgan
-todos de leellas, y con tanto gusto (ojalá con tanto fruto) que se
-olvidan de la comida y aun del sueño. A mí no me dieron a escoger,
-que no es pequeña disculpa; abracé mi suerte, que a muchos parecía
-desgraciada, estéril, pobre; y en lo que hasta aquí ha salido a
-luz, se han desengañado buena parte dellos y mudado de parecer.
-Certifican personas de buen juicio que se ha hecho evidencia, no
-sólo ser sabrosa y de fruto la historia, que trata casos raros y
-empresas grandes, y todo eso que llaman hazañoso, sino también la
-que se humilla al yermo, al claustro, al silencio y al silicio, y a
-quanto tiene nombre de mortificación, que suena siempre tan mal a
-las orejas del mundo. Véese en esta historia trocado todo, y en vez
-de aquellas preñadas pláticas de los Consejeros de Estado, de los
-razonamientos de los Capitanes para disciplinar al ejército o animar
-los soldados a la batalla, de aquellas promesas de la vitoria o
-presagios de la suerte adversa, de las conjeturas de lo que pretende
-el enemigo, la loa del soldado valiente, la diligencia, destreza
-y ánimo del Capitán, los varios trances de la fortuna, la alegría
-del buen suceso, la riqueza del despojo y de la presa, el número de
-los muertos y cautivos, los premios de los que, como esforzados,
-escalaron primero el muro o derribaron las banderas enemigas, y otros
-cien particulares con que se enriquecen las historias profanas;
-en vez, digo, de todo esto, entran las amonestaciones santas, los
-consejos de una celestial prudencia, donde se descubre la sutileza
-y el ingenio de nuestro mortal enemigo; la perseverancia en el
-ejercicio santo, la fortaleza en el rigor de la penitencia, el
-fruto de la oración continua, la sumisión del cuerpo, el desprecio
-de sí mismo, el desengaño de las cosas visibles, la vitoria contra
-nuestras pasiones, la lucha porfiada contra nuestros apetitos;
-la esperanza del premio, y tal premio, los anuncios de la salud
-del alma, los recatos, aun en el estado más seguro; el celo de la
-cerimonia, aunque sea pequeña, porque no se toque al muro de lo
-esencial; las prevenciones antes de llegar a las cosas sagradas;
-apoyar lo que se desmorona del rigor primero y esforzar lo que parece
-va enflaqueciendo en la virtud; muertes venturosas, suficientes para
-encender en santa invidia los más tibios; castigos rigurosos a culpas
-casi sin nombre, mejores para labrar coronas que para enmienda de los
-delincuentes, y otro alarde de cosas semejantes, menudencias para los
-ojos del siglo y de tanta estima en los de Dios, que no las remunera
-menos de con un reino eterno.
-
-
-
-
-MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
-
-(1547-1616)
-
-
-Publicóse por primera vez la primera parte del _Quijote_, en 1605; la
-segunda parte, en 1615. Las _Novelas ejemplares_, en 1613.
-
-Los variados encantos en que abunda su dicción, la vida lozana que
-ostenta, su avasalladora hermosura, y, sobre todo, la inagotable
-fuerza cómica, se apreciarán más que por la explicación y el
-análisis, por la reiterada y atenta lectura.
-
-Su sintaxis se prestará a múltiples observaciones de pormenor. En
-general es, como la del _Lazarillo de Tormes_, la de la lengua
-familiar que sigue con ligereza al pensamiento, sin preocuparse de
-aquella trabazón inflexible que obliga al pensamiento a seguir los
-lentos pasos de la lógica gramatical. Hoy, en los escritos, no se
-toleran mil licencias de construcción que usamos al hablar y que usó
-Cervantes también al escribir; no hemos de corregirlos en sus obras
-como lo haríamos en los cuadernos de un alumno, sino estudiarlos
-como una manera de otros tiempos, que al fin y al cabo fueron los
-más gloriosos de nuestras letras. Por otra parte, estos casos en que
-Cervantes pasaría hoy por incorrecto, son muchos menos de los que
-algunos creen, y en los trozos que siguen habrá ocasiones sobradas
-de rechazar a Clemencín, Hartzenbusch y demás críticos rigoristas,
-que se empeñan en mirar al autor del _Quijote_ como escritor
-descuidado. Su prosa (usando las palabras de un censor del _Quijote_)
-será siempre maestra soberana «en la lisura del lenguaje castellano,
-no adulterado con enfadosa y estudiada afectación».
-
-Aparte de tal estilo, que es el más admirable suyo, empleó Cervantes
-otro, libre de esos pretendidos defectos, como más trabajado y
-artificioso, a la manera que usaban generalmente los que estudiaban
-los autores latinos e italianos. Este se ve en su primera obra, _La
-Galatea_, en la última que escribió, el _Persiles y Sigismunda_, y en
-los episodios de tono sentimental e idealista que se intercalan en el
-_Quijote_.
-
-En fin, una tercera manera se puede señalar en el estilo de este
-autor, si bien es pasajera y contrahecha, que aparece en las parodias
-de los libros de caballerías (por ejemplo, en la descripción del
-lago encantado que aquí se copia); en ella el lenguaje se llena de
-afectación y arcaísmo intencionado.
-
-
- QUIJOTE
- PARTE I, CAPÍTULO I
-
- Condición y ejercicio del famoso hidalgo.
-
-En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme[428],
-no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en
-astillero[429], adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una
-olla de algo más vaca que carnero[430], salpicón[431] las más noches,
-duelos y quebrantos los sábados[432], lentejas los viernes, algún
-palomino de añadidura los domingos consumían las tres partes[433] de
-su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte[434], calzas
-de velludo[435] para las fiestas con sus pantuflos[436] de lo mismo,
-y los días de entre semana se honraba con su vellorí[437] de lo
-más fino... Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta
-años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro,
-gran madrugador y amigo de la caza... Es, pues, de saber que este
-sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más
-del año), se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y
-gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun
-la administración de su hacienda, y llegó a tanto su curiosidad y
-desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura
-para comprar libros de caballerías en[438] que leer, y así llevó a su
-casa todos cuantos pudo haber dellos, y de todos ningunos le parecían
-tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva[439],
-porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas[440] razones
-suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos
-requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba
-escrito: _La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal
-manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra
-fermosura_; y también cuando leía: _Los altos cielos que de vuestra
-divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen
-merecedora del merecimiento, que merece la vuestra grandeza_. Con
-estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por
-entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las
-entendiera el mismo Aristóteles si resucitara para sólo ello.
-
-
- PARTE I, CAPÍTULOS XLIX Y L
-
- Don Quijote es metido en una jaula por el cura y el barbero,
- que le hacen creerse encantado para grandes empresas, y así le
- llevan a su casa. En el camino se les une un canónigo de Toledo,
- quien, compadecido del prisionero, y hallándole cuerdo en sus
- razones, logra hacerle desenjaular y le exhorta a que abandone
- sus disparatadas caballerías. Sobre esto se enreda una discusión,
- que lejos de convencer a Don Quijote, acaba por suscitar en su
- imaginación el sueño de la más ideal aventura caballeresca. Al
- principio, el canónigo, fiando mucho en sus buenos consejos,
- dirige a Don Quijote esta vehemente exhortación:
-
-«Y si todavía llevado de su natural inclinación quisiere leer
-libros de hazañas y de caballerías, lea en la Sacra Escritura el
-de los Jueces, que allí hallará verdades grandiosas y hechos tan
-verdaderos como valientes. Un Viriato tuvo Lusitania; un César,
-Roma; un Anibal[441], Cartago; un Alejandro, Grecia; un Conde Fernán
-González, Castilla; un Cid, Valencia[442]; un Gonzalo Fernández[443],
-Andalucía; un Diego García de Paredes[444], Estremadura; un Garci
-Pérez de Vargas[445], Jerez; un Garcilaso[446], Toledo; un don
-Manuel de León[447], Sevilla; cuya[448] leción de sus valerosos
-hechos puede entretener, enseñar, deleitar y admirar a los más
-altos ingenios que los leyeren. Esta sí será letura digna del buen
-entendimiento de vuestra merced, señor Don Quijote mío; de la cual
-saldrá erudito en la historia, enamorado de la virtud, enseñado
-en la bondad, mejorado en las costumbres, valiente sin temeridad,
-osado[449] sin cobardía, y todo esto para honra de Dios, provecho
-suyo y fama de la Mancha, do[450], según he sabido, trae vuestra
-merced su principio y origen.»
-
-Atentísimamente estuvo Don Quijote escuchando las razones del
-canónigo, y cuando vió que ya había puesto fin a ellas, después
-de haberle estado un buen espacio mirando, le dijo: «Paréceme,
-señor hidalgo, que la plática de vuestra merced se ha encaminado a
-querer darme a entender[451] que no ha habido caballeros andantes
-en el mundo, y que todos los libros de caballerías son falsos,
-mentirosos, dañadores e inútiles para la república, y que yo he hecho
-mal en leerlos y peor en creerlos, y más mal[452] en imitarlos,
-habiéndome puesto a seguir la durísima profesión de la caballería
-andante[453] que ellos enseñan; negándome que no ha habido[454] en
-el mundo Amadises ni de Gaula, ni de Grecia[455], ni todos los otros
-caballeros de que las escrituras están llenas.»
-
---«Todo es al pie de la letra como vuestra merced lo va
-relatando»--dijo a esta sazón el canónigo. A lo cual respondió Don
-Quijote: «Añadió[456] también vuestra merced, diciendo que me habían
-hecho mucho daño tales libros, pues me habían vuelto el juicio y
-puéstome[457] en una jaula, y que me sería mejor hacer la enmienda
-y mudar de letura, leyendo otros más verdaderos y que mejor[458]
-deleitan y enseñan.»--«Así es»--dijo el canónigo.--«Pues yo--replicó
-Don Quijote--hallo por mi cuenta que el sin juicio y el encantado es
-vuestra merced, pues se ha puesto a decir tantas blasfemias contra
-una cosa tan recibida en el mundo y tenida por tan verdadera...;
-porque querer dar a entender a nadie que Amadis no fué en el mundo,
-ni todos los otros caballeros aventureros de que están colmadas las
-historias, será querer persuadir que el sol no alumbra, ni el hielo
-enfría, ni la tierra sustenta; porque, ¿qué ingenio puede haber
-en el mundo que pueda persuadir a otro que no fué verdad lo de la
-infanta Floripés y Gui de Borgoña[459], y lo de Fierabrás con la
-puente de Mantible[460], que sucedió en el tiempo de Carlomagno?
-Que ¡voto a tal! que es tanta verdad como es ahora de día; y si es
-mentira, también lo debe de ser que no hubo Héctor, ni Aquiles, ni
-la guerra de Troya, ni los doce Pares de Francia, ni el Rey Artús de
-Ingalaterra, que anda hasta ahora convertido en cuervo y le esperan
-en su reino por momentos[461]; y también se atreverán a decir que es
-mentirosa la historia de Guarino Mezquino[462] y la de la demanda
-del Santo Grial[463], y que son apócrifos los amores de don Tristán
-y la reina Iseo[464], como los de Ginebra y Lanzarote[465], habiendo
-personas que casi se acuerdan de haber visto a la dueña Quintañona,
-que fué la mejor escanciadora de vino que tuvo la Gran Bretaña. Y
-es esto tan así[466], que me acuerdo yo que me decía una mi[467]
-agüela de partes[468] de mi padre, cuando veía alguna dueña con tocas
-reverendas: Aquella, nieto, se parece a la dueña Quintañona[469]; de
-donde arguyo yo que la debió de conocer ella, o por lo menos debió
-de alcanzar a ver algún retrato suyo. Pues ¿quién podrá negar no ser
-verdadera la historia de Pierres y la linda Magalona, pues aun hasta
-hoy día se ve en la armería de los reyes la clavija[470] con que
-volvía al caballo de madera, sobre quien iba el valiente Pierres por
-los aires, que es un poco mayor que un timón de carreta? Y junto a la
-clavija está la silla de Babieca, y en Roncesvalles está el cuerno
-de Roldán[471], tamaño como una grande viga; de donde se infiere que
-hubo doce Pares, que hubo Pierres, que hubo Cides, y otros caballeros
-semejantes,
-
- destos que dicen las gentes
- que a sus aventuras van[472].
-
-Si no... digan que fueron burla las justas de Suero de Quiñones,
-del Paso[473], las empresas de Mosén Luis de Falces[474] contra don
-Gonzalo de Guzmán, caballero castellano, con otras muchas hazañas
-hechas por caballeros cristianos destos y de los reinos extranjeros,
-tan auténticas y verdaderas, que torno a decir que el que las negase
-carecería de toda razón y buen discurso.»
-
-Admirado quedó el canónigo de oir la mezcla que Don Quijote hacía de
-verdades y mentiras, y de ver la noticia que tenía de todas aquellas
-cosas tocantes y concernientes a los hechos de su andante caballería,
-y así le respondió: «No puedo yo negar, señor Don Quijote, que no
-sea verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho, especialmente en
-lo que toca a los caballeros andantes españoles; y asimismo quiero
-conceder que hubo doce Pares de Francia; pero no quiero creer que
-hicieron todas aquellas cosas que el Arzobispo Turpín[475] dellos
-escribe... En lo de que hubo Cid no hay duda, ni menos Bernardo del
-Carpio[476]; pero de que hicieron las hazañas que dicen, creo que la
-hay muy grande. En lo otro de la clavija que vuestra merced dice del
-conde Pierres, y que está junto a la silla de Babieca en la armería
-de los reyes, confieso mi pecado: que soy tan ignorante o tan corto
-de vista, que, aunque he visto la silla, no he echado de ver la
-clavija, y más siendo tan grande como vuestra merced ha dicho.»
-
---«Pues allí está, sin duda alguna--replicó Don Quijote--; y, por más
-señas, dicen que está metida en una funda de vaqueta, porque no se
-tome de moho.»
-
---«Todo puede ser--respondió el canónigo--; pero por las órdenes que
-recebí, que no me acuerdo haberla visto; mas, puesto que conceda
-que está allí, no por eso me obligo a creer las historias de tantos
-Amadises ni las de tanta turbamulta de caballeros como por ahí nos
-cuentan, ni es razón que un hombre como vuestra merced, tan honrado
-y de tan buenas partes, y dotado de tan buen entendimiento, se dé a
-entender que son verdaderas tantas y tan estrañas locuras como las
-que están escritas en los disparatados libros de caballerías.»
-
---«¡Bueno está eso!--respondió Don Quijote--. Los libros que están
-impresos con licencia de los reyes y con aprobación de aquellos
-a quien se remitieron[477], y que con gusto general son leídos y
-celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y de los
-ricos, de los letrados e ignorantes, de los plebeyos y caballeros,
-finalmente, de todo género de personas de cualquier estado y
-condición que sean, ¿habían de ser mentira, y más llevando tanta
-apariencia de verdad, pues nos cuentan el padre, la madre, la patria,
-los parientes, la edad, el lugar y las hazañas, punto por punto y día
-por día, que el tal caballero hizo o caballeros[478] hicieron? Calle
-vuestra merced, no diga tal blasfemia--y créame, que le aconsejo
-en esto lo que debe de hacer como discreto--, si no léalos y verá
-el gusto que recibe de su leyenda[479]. Si no, dígame: ¿hay mayor
-contento que ver, como si dijésemos, aquí[480] ahora se muestra
-delante de nosotros un gran lago de pez hirviendo a borbollones, y
-que andan nadando y cruzando por él muchas serpientes, culebras y
-lagartos, y otros muchos géneros de animales feroces y espantables,
-y que del medio del lago sale una voz tristísima, que dice: _Tú,
-caballero, quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando,
-si quieres alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se
-encubre, muestra el valor de tu fuerte pecho, y arrójate en mitad de
-su negro y encendido licor; porque si así no lo haces, no serás digno
-de ver las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete
-castillos de las siete fadas[481], que debajo desta negregura[482]
-yacen?_ ¿Y que apenas el caballero no ha acabado[483] de oir la voz
-temerosa, cuando, sin entrar más en cuentas consigo, sin ponerse
-a considerar el peligro a que se pone, y aun sin despojarse de
-la pesadumbre de sus fuertes armas, encomendándose a Dios y a su
-señora, se arroja en mitad del bullente lago, y cuando no se cata
-ni sabe dónde ha de parar, se halla entre unos floridos campos, con
-quien los Elíseos no tienen que ver en ninguna cosa? Allí le parece
-que el cielo es más transparente, y que el sol luce con claridad
-más nueva[484]; ofrécesele a los ojos una apacible floresta de tan
-verdes y frondosos árboles compuesta[485], que alegra a la vista su
-verdura, y entretiene los oídos el dulce y no aprendido canto[486]
-de los pequeños, infinitos y pintados pajarillos, que por los
-intricados[487] ramos van cruzando. Aquí descubre un arroyuelo, cuyas
-frescas aguas, que líquidos cristales parecen, corren sobre menudas
-arenas y blancas pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan.
-Acullá vee una artificiosa fuente, de jaspe variado[488] y de liso
-mármol compuesta; acá vee otra a lo brutesco[489] ordenada, adonde
-las menudas conchas de las almejas con las torcidas casas blancas y
-amarillas del caracol, puestas con orden desordenada, mezclados entre
-ellas pedazos de cristal luciente y de contrahechas esmeraldas, hacen
-una variada labor, de manera que el arte imitando a la naturaleza,
-parece que allí la vence. Acullá, de improviso, se le descubre un
-fuerte castillo o vistoso alcázar, cuyas murallas son de macizo oro;
-las almenas, de diamantes; las puertas, de jacintos; finalmente,
-él es de tan admirable compostura, que con ser la materia de que
-está formado no menos que de diamantes, de carbuncos, de rubíes, de
-perlas, de oro y de esmeraldas, es de más estimación su hechura; y
-¿hay más que ver después de haber visto esto, que ver salir por la
-puerta del castillo un buen número de doncellas, cuyos galanos y
-vistosos trajes, si yo me pusiese ahora a decirlos como las historias
-nos los cuentan, sería nunca acabar, y tomar luego la que parecía
-principal de todas por la mano al atrevido caballero, que se arrojó
-en el ferviente lago[490], y llevarle sin hablarle palabra dentro
-del rico alcázar o castillo... y bañarle con templadas aguas, y
-luego untarle todo con olorosos ungüentos, y vestirle una camisa de
-cendal delgadísimo, toda olorosa y perfumada, y acudir otra doncella
-y echarle un mantón sobre los hombros, que, por lo menos menos[491],
-dicen que suele valer una ciudad[492], y aun más? ¿Qué es ver, pues,
-cuando nos cuentan que tras todo esto le llevan a otra sala, donde
-halla puestas las mesas con tanto concierto, que queda suspenso y
-admirado? ¿Qué el verle echar agua a manos[493], toda de ámbar y de
-olorosas flores distilada? ¿Qué el hacerle sentar sobre una silla de
-marfil? ¿Qué verle servir todas[494] las doncellas, guardando un
-maravilloso silencio? ¿Qué el traerle tanta diferencia de manjares,
-tan sabrosamente guisados, que no sabe el apetito a cuál deba de
-alargar la mano? ¿Cuál será oír[495] la música, que en tanto que
-come suena, sin saberse quién la canta ni adónde suena? ¿Y después
-de la comida acabada y las mesas alzadas, quedarse el caballero
-recostado sobre la silla, y quizá mondándose los dientes, como es
-costumbre, entrar a deshora por la puerta de la sala otra mucho más
-hermosa doncella que ninguna de las primeras, y sentarse al lado
-del caballero, y comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél,
-y de cómo ella está encantada en él, con otras cosas que suspenden
-al caballero, y admiran a los leyentes que van leyendo su historia?
-No quiero alargarme más en esto, pues dello se puede colegir que
-cualquiera parte que se lea de cualquiera historia de caballero
-andante, ha de causar gusto y maravilla a cualquiera que la leyere; y
-vuestra merced créame y, como otra vez le he dicho, lea estos libros,
-y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere, y le mejoran la
-condición, si acaso la tiene mala.»
-
-
- PARTE II, CAPÍTULO XVI
-
- Don Quijote en su camino se halla con un discreto caballero de
- la Mancha, en el cual Cervantes cifra su propio ideal de la vida
- santa y sencilla.
-
-En estas razones estaban cuando los alcanzó un hombre, que detrás
-dellos por el mismo camino venía sobre una muy hermosa yegua
-tordilla, vestido un gabán[496] de paño fino verde, jironado[497] de
-terciopelo leonado, con una montera del mismo terciopelo; el aderezo
-de la yegua era de campo y de la jineta, asimismo[498] de morado y
-verde; traía un alfanje morisco pendiente de un ancho tahalí de verde
-y oro, y los borceguíes eran de la labor del tahalí; las espuelas no
-eran doradas, sino dadas con un barniz verde, tan tersas y bruñidas,
-que por hacer labor con todo el vestido, parecían mejor que si fueran
-de oro puro.
-
-Cuando llegó a ellos el caminante los saludó cortésmente, y picando a
-la yegua se pasaba de largo; pero Don Quijote le dijo: «Señor galán,
-si es que vuesa merced lleva el camino que nosotros, y no importa el
-darse priesa, merced recibiría en que nos fuésemos juntos.»... Detuvo
-la rienda el caminante, admirándose de la apostura y rostro de Don
-Quijote, el cual iba sin celada, que la llevaba Sancho como maleta en
-el arzón delantero de la albarda del rucio; y si mucho miraba el de
-lo Verde a Don Quijote, mucho más miraba Don Quijote al de lo Verde,
-pareciéndole hombre de chapa[499]: la edad mostraba ser de cincuenta
-años; las canas, pocas, y el rostro, aguileño, la vista entre alegre
-y grave; finalmente, en el traje y apostura daba a entender ser
-hombre de buenas prendas[500]. Lo que juzgó de Don Quijote de la
-Mancha el de lo Verde fué, que semejante manera ni parecer de hombre
-no le había visto jamás: admiróle la longura de su caballo[501], la
-grandeza de su cuerpo, la flaqueza y amarillez de su rostro, sus
-armas, su ademán y compostura, figura y retrato no visto por luengos
-tiempos atrás en aquella tierra.
-
-Notó bien Don Quijote la atención con que el caminante le miraba,
-y leyóle en la suspensión su deseo; y como era tan cortés y tan
-amigo de dar gusto a todos, antes que le preguntase nada, le salió
-al camino, diciéndole: «esta figura que vuesa merced en mí ha visto,
-por ser tan nueva y tan fuera de las que comúnmente se usan, no me
-maravillaría yo de que le hubiese maravillado; pero dejará vuesa
-merced de estarlo cuando le diga, como le digo, que soy caballero
-
- destos que dicen las gentes
- que a sus aventuras van.
-
-Salí de mi patria, empeñé mi hacienda, dejé mi regalo, y entreguéme
-en los brazos de la fortuna, que me llevasen donde más fuese
-servida. Quise resucitar la ya muerta andante caballería, y ha
-muchos días que tropezando aquí, cayendo allí, despeñándome acá, y
-levantándome acullá, he cumplido gran parte de mi deseo, socorriendo
-viudas, amparando doncellas, y favoreciendo casadas, huérfanos y
-pupilos, propio y natural oficio de caballeros andantes; y así por
-mis valerosas, muchas y cristianas hazañas he merecido andar ya en
-estampa[502] en casi todas o las más naciones del mundo. Treinta
-mil volúmenes se han impreso de mi historia, y lleva camino de
-imprimirse treinta mil veces de millares, si el cielo no lo remedia.
-Finalmente, por encerrarlo todo en breves palabras o en una sola,
-digo que yo soy Don Quijote de la Mancha, por otro nombre llamado
-el _Caballero de la Triste Figura_; y puesto que[503] las propias
-alabanzas envilecen, esme forzoso decir yo tal vez las mías, y esto
-se entiende, cuando no se halla presente quien las diga: así que,
-señor gentil-hombre, ni este caballo, esta lanza, ni este escudo, ni
-escudero, ni todas juntas estas armas, ni la amarillez de mi rostro,
-ni mi atenuada flaqueza os podrá admirar de aquí adelante, habiendo
-ya sabido quién soy y la profesión que hago[504].»
-
-Calló en diciendo esto Don Quijote, y el de lo Verde, según se
-tardaba en responderle, parecía que no acertaba a hacerlo; pero de
-allí a buen espacio le dijo: «acertastes, señor caballero, a conocer
-por mi suspensión mi deseo; pero no habéis acertado a quitarme la
-maravilla que en mí causa[505] el haberos visto, que puesto que como
-vos, señor, decís que el saber ya quién sois me lo podría quitar, no
-ha sido así, antes ahora que lo sé, quedo más suspenso y maravillado.
-Cómo, ¿y es posible que hay[506] hoy caballeros andantes en el mundo,
-y que hay historias impresas de verdaderas caballería? No me puedo
-persuadir que haya hoy en la tierra quien favorezca viudas, ampare
-doncellas, ni honre casadas, ni socorra huérfanos, y no lo creyera,
-si en vuesa merced no lo hubiera visto con mis ojos. Bendito sea el
-cielo, que con esa historia que vuesa merced dice que está impresa de
-sus altas y verdaderas caballerías, se habrán puesto en olvido las
-innumerables de los fingidos caballeros andantes de que estaba lleno
-el mundo, tan en daño de las buenas costumbres, y tan en perjuicio y
-descrédito de las buenas historias.»--«Hay mucho que decir, respondió
-Don Quijote, en razón de si son fingidas o no las historias de los
-andantes caballeros.»--«¿Pues hay quién dude, respondió el Verde,
-que no son falsas las tales historias?»--«Yo lo dudo, respondió Don
-Quijote, y quédese esto aquí, que si nuestra jornada dura, espero en
-Dios de dar a entender a vuesa merced que ha hecho mal en irse con la
-corriente de los que tienen por cierto que no son verdaderas.»
-
-Desta última razón de Don Quijote tomó barruntos el caminante de que
-Don Quijote debía de ser algún mentecato, y aguardaba que con otras
-lo confirmase; pero antes que se divirtiesen en otros razonamientos,
-Don Quijote le rogó le dijese quién era, pues le había dado parte de
-su condición y de su vida. A lo que respondió el del Verde Gabán:
-«yo, señor caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de
-un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido: soy más
-que medianamente rico, y es mi nombre Don Diego de Miranda; paso la
-vida con mi mujer y con mis hijos y con mis amigos: mis ejercicios
-son el de la caza y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos, sino
-algún perdigón manso[507] o algún hurón atrevido; tengo hasta seis
-docenas de libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia
-algunos, y de devoción otros: los de caballerías aun no han entrado
-por los umbrales de mis puertas; hojeo más los que son profanos que
-los devotos, como sean de honesto entretenimiento, que deleiten con
-el lenguaje, y admiren y suspendan con la invención, puesto que[508]
-destos hay muy pocos en España; alguna vez como con mis vecinos
-y amigos, y muchas veces los convido: son mis convites limpios y
-aseados, y no nada escasos: ni gusto de murmurar, ni consiento que
-delante de mí se murmure: no escudriño las vidas ajenas, ni soy
-lince de los hechos de los otros; oigo misa cada día; reparto de mis
-bienes con los pobres, sin hacer alarde de las buenas obras, por no
-dar entrada en mi corazón a la hipocresía y vanagloria, enemigos que
-blandamente se apoderan del corazón más recatado; procuro poner en
-paz los que sé que están desavenidos; soy devoto de nuestra Señora, y
-confío siempre en la misericordia infinita de Dios nuestro Señor.»
-
-Atentísimo estuvo Sancho a la relación de la vida y entretenimientos
-del hidalgo; y pareciéndola buena y santa, y que quien la hacía debía
-de hacer milagros, se arrojó del rucio, y con gran priesa le fué a
-asir del estribo derecho, y con devoto corazón y casi lágrimas le
-besó los pies una y muchas veces. Visto lo cual por el hidalgo le
-preguntó: «¿qué hacéis, hermano? ¿Qué besos son estos?»--«Déjenme
-besar, respondió Sancho, porque me parece vuesa merced el primer
-santo a la jineta que he visto en todos los días de mi vida.»--«No
-soy santo, respondió el hidalgo, sino gran pecador; vos sí, hermano,
-que debéis de ser bueno, como vuestra simplicidad lo muestra.» Volvió
-Sancho a cobrar la albarda, habiendo sacado a plaza la risa de la
-profunda malencolía[509] de su amo, y causado nueva admiración a Don
-Diego.
-
-
- PARTE II, CAPÍTULO XXIII
-
- Terminado el relato episódico de las bodas de Camacho, o mejor
- dicho, de Basilio, quiere visitar Don Quijote la Cueva de
- Montesinos[510]; en esta visita le acompaña un primo de cierto
- Licenciado, que había hallado Don Quijote en su camino. Después
- de haber descendido a la sima Don Quijote atado con cuerdas,
- cuenta al Primo y a Sancho lo que vió en la cueva. Cervantes
- llena de finísima poesía toda esta concepción fantástico-burlesca.
-
-«A obra de doce o catorce estados[511] de la profundidad desta
-mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz
-de poder caber en ella[512] un gran carro con sus mulas. Éntrale una
-pequeña luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden,
-abiertos en la superficie de la tierra. Esta concavidad y espacio
-vi yo a tiempo cuando ya iba cansado y mohino de verme, pendiente y
-colgado de la soga, caminar por aquella escura región abajo, sin
-llevar cierto ni determinado camino, y así determiné entrarme en
-ella y descansar un poco. Di voces pidiéndoos que no descolgásedes
-más soga, hasta que yo os lo dijese; pero no debistes de oírme. Fui
-recogiendo la soga que enviábades, y haciendo della una rosca o
-rimero, me senté sobre él, pensativo además[513], considerando lo que
-hacer debía para calar al fondo, no teniendo quien me sustentase; y
-estando en este pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo,
-me salteó un sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber
-cómo ni cómo no, desperté dél, y me hallé en la mitad del más bello,
-ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza, ni imaginar
-la más discreta imaginación humana. Despabilé los ojos, limpiémelos,
-y vi que no dormía, sino que realmente estaba despierto. Con todo
-esto, me tenté la cabeza y los pechos, por certificarme si era yo
-mismo el que allí estaba, o alguna fantasma vana y contrahecha;
-pero el tacto, el sentimiento, los discursos concertados que entre
-mí hacía, me certificaron que yo era allí entonces el que soy aquí
-ahora. Ofrecióseme luego a la vista un real y suntuoso palacio o
-alcázar, cuyos muros y paredes parecían de trasparente y claro
-cristal fabricados, del cual abriéndose dos grandes puertas, vi que
-por ellas salía y hacia mí se venía un venerable anciano vestido
-con un capuz[514] de bayeta morada, que por el suelo le arrastraba;
-ceñíale los hombros y los pechos una beca de colegial, de raso
-verde: cubríale la cabeza una gorra milanesa negra[515], y la barba
-canísima le pasaba de la cintura; no traía arma ninguna, sino un
-rosario de cuentas en la mano, mayores que medianas nueces, y los
-dieces asimismo como huevos medianos de avestruz: el continente,
-el paso, la gravedad y la anchísima presencia[516], cada cosa de
-por sí y todas juntas me suspendieron y admiraron. Llegóse a mí, y
-lo primero que hizo fué abrazarme estrechamente, y luego decirme:
-«Luengos tiempos ha, valeroso caballero Don Quijote de la Mancha,
-que los que estamos en estas soledades encantados, esperamos verte,
-para que des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda
-cueva por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos: hazaña
-sólo guardada para ser acometida de tu invencible corazón y de tu
-ánimo stupendo: Ven conmigo, señor clarísimo, que te quiero mostrar
-las maravillas que este trasparente alcázar solapa, de quien[517]
-yo soy alcaide y guarda mayor perpetua[518], porque soy el mismo
-Montesinos, de quien la cueva toma nombre.» Apenas me dijo que era
-Montesinos[519], cuando le pregunté si fué verdad lo que en el mundo
-de acá arriba se contaba, que él había sacado de la mitad del pecho
-con una pequeña daga[520] el corazón de su grande amigo Durandarte,
-y llevádole a la señora Belerma, como él se lo mandó al punto de su
-muerte. Respondióme que en todo decían verdad sino en la daga, porque
-no fué daga, ni pequeña[521], sino un puñal buído[522], más agudo que
-una lezna.»
-
---«Debía de ser, dijo a este punto Sancho, el tal puñal de Ramón de
-Hoces el Sevillano.»--«No sé, prosiguió Don Quijote, pero no sería
-dese puñalero, porque Ramón de Hoces fué ayer, y lo de Roncesvalles,
-donde aconteció esta desgracia, ha muchos años; y esta averiguación
-no es de importancia, ni turba ni altera la verdad y contesto de la
-historia.»--«Así es, respondió el Primo; prosiga vuesa merced, señor
-Don Quijote, que le escucho con el mayor gusto del mundo.»
-
-«No con menor lo cuento yo, respondió Don Quijote, y así digo que
-el venerable Montesinos me metió en el cristalino palacio, donde
-en una sala baja, fresquísima sobremodo[523], y toda de alabastro,
-estaba un sepulcro de mármol con gran maestría fabricado, sobre el
-cual vi a un caballero tendido de largo a largo, no de bronce ni de
-mármol, ni de jaspe hecho, como los suele haber en otros sepulcros,
-sino de pura carne y de puros huesos. Tenía la mano derecha (que a
-mi parecer es algo peluda y nervosa, señal de tener muchas fuerzas
-su dueño)[524] puesta sobre el lado del corazón, y antes que
-preguntase nada a Montesinos, viéndome suspenso, mirando al del
-sepulcro, me dijo[525]: Este es mi amigo Durandarte, flor y espejo
-de los caballeros enamorados y valientes de su tiempo; tiénele aquí
-encantado, como me tiene a mí y a otros muchos y muchas, Merlín[526],
-aquel francés encantador, que dicen que fué hijo del diablo; y lo que
-yo creo es que no fué hijo del diablo, sino que supo, como dicen, un
-punto más que el diablo. El cómo o para qué nos encantó, nadie lo
-sabe, y ello dirá andando los tiempos, que no están muy lejos, según
-imagino. Lo que a mí me admira es que sé tan cierto como ahora es de
-día, que Durandarte acabó los de su vida en mis brazos, y que después
-de muerto le saqué el corazón con mis propias manos (y en verdad que
-debía de pesar dos libras, porque según los naturales, el que tiene
-mayor corazón es dotado de mayor valentía del[527] que le tiene
-pequeño); pues siendo esto así, y que realmente murió este caballero
-¿cómo ahora se queja[528] y sospira de cuando en cuando como si
-estuviese vivo? Esto dicho, el mísero Durandarte, dando una gran voz,
-dijo:
-
- ¡Oh mi primo Montesinos!
- Lo postrero que os rogaba,
- Que cuando yo fuere muerto,
- Y mi ánima arrancada,
- Que llevéis mi corazón
- Adonde Belerma estaba,
- Sacándomele del pecho,
- Ya con puñal, ya con daga[529].
-
-Oyendo lo cual el venerable Montesinos se puso de rodillas ante el
-lastimado caballero, y con lágrimas en los ojos le dijo: Ya, señor
-Durandarte, carísimo primo mío, ya hice lo que me mandastes en el
-aciago día de nuestra pérdida; ya os saqué el corazón lo mejor que
-pude, sin que os dejase una mínima parte en el pecho; yo le limpié
-con un pañizuelo de puntas[530], yo partí con él de carrera para
-Francia, habiéndoos primero puesto en el seno de la tierra con tantas
-lágrimas, que fueron bastantes a lavarme las manos, y limpiarme con
-ellas la sangre que tenían de haberos andado en las entrañas; y por
-más señas, primo de mi alma, en el primero lugar que topé saliendo
-de Roncesvalles, eché un poco de sal en vuestro corazón, porque no
-oliese mal y fuese, si no fresco, a lo menos amojamado a la presencia
-de la señora Belerma[531], la cual, con vos y conmigo y con Guadiana,
-vuestro escudero, y con la dueña Ruidera[532] y sus siete hijas y
-dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos nos
-tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años; y aunque pasan
-de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente faltan
-Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión
-que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas
-lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la
-Mancha, las llaman _las Lagunas de Ruidera_: las siete son de los
-Reyes de España[533], y las dos sobrinas, de los caballeros de una
-orden santísima, que llaman de San Juan. Guadiana, vuestro escudero,
-plañendo asimesmo vuestra desgracia, fué convertido en un río llamado
-de su mesmo nombre, el cual, cuando llegó a la superficie de la
-tierra y vió el sol del otro cielo, fué tanto el pesar que sintió
-de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra;
-pero como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de
-cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le
-vean. Vanle administrando de sus aguas las referidas lagunas, con
-las cuales y con otros muchas que se llegan, entra pomposo y grande
-en Portugal; pero con todo esto, por dondequiera que va muestra su
-tristeza y melancolía, y no se precia de criar en sus aguas peces
-regalados y de estima, sino burdos y desabridos, bien diferentes de
-los del Tajo dorado[534]; y esto que agora os digo, ¡oh primo mío!,
-os lo he dicho muchas veces, y como no me respondéis, imagino que
-no me dais crédito o no me oís, de lo que yo recibo tanta pena cual
-Dios lo sabe. Unas nuevas os quiero dar ahora, las cuales, ya que
-no sirvan de alivio a vuestro dolor, no os le aumentarán en ninguna
-manera; sabed que tenéis aquí en vuestra presencia (y abrid los
-ojos y veréislo) aquel gran caballero de quien tantas cosas tiene
-profetizadas el sabio Merlín, aquel Don Quijote de la Mancha, digo,
-que de nuevo y con mayores ventajas que en los pasados siglos, ha
-resucitado en los presentes la ya olvidada andante caballería, por
-cuyo medio y favor podría ser que nosotros fuésemos desencantados,
-que las grandes hazañas para los grandes hombres están guardadas.--Y
-cuando así no sea, respondió el lastimado Durandarte con voz
-desmayada y baja, cuando así no sea, ¡oh primo!, digo, paciencia y
-barajar[535]; y volviéndose de lado tornó a su acostumbrado silencio
-sin hablar más palabra. Oyéronse en esto grandes alaridos y llantos
-acompañados de profundos gemidos y angustiados sollozos. Volví la
-cabeza, y vi por las paredes de cristal, que por otra sala pasaba una
-procesión de dos hileras de hermosísimas doncellas, todas vestidas
-de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas al modo turquesco.
-Al cabo y fin de las hileras venía una señora, que en la gravedad lo
-parecía, asimismo vestida de negro, con tocas blancas tan tendidas
-y largas que besaban la tierra. Su turbante era mayor dos veces que
-el mayor de alguna[536] de las otras: era cejijunta, y la nariz
-algo chata, la boca grande, pero colorados los labios, los dientes,
-que tal vez los descubría, mostraban ser ralos y no bien puestos,
-aunque eran blancos como unas peladas almendras: traía en las manos
-un lienzo delgado, y entre él, a lo que pude divisar, un corazón de
-carne momia, según venía seco y amojamado. Díjome Montesinos, cómo
-toda aquella gente de la procesión eran sirvientes de Durandarte y
-de Belerma, que allí con sus dos señores estaban encantados, y que
-la última, que traía el corazón entre el lienzo y en las manos,
-era la señora Belerma, la cual con sus doncellas cuatro días en la
-semana[537] hacían aquella procesión y cantaban, o por mejor decir,
-lloraban endechas[538] sobre el cuerpo y sobre el lastimado corazón
-de su primo: y que si me había parecido algo fea, o no tan hermosa
-como tenía la fama[539], era la causa las malas noches y peores días
-que en aquel encantamento pasaba, como lo podía ver en sus grandes
-ojeras y en su color quebradiza; y no toma ocasión su amarillez y
-sus ojeras... sino del dolor que siente su corazón por el que de
-continuo tiene en las manos, que le renueva y trae a la memoria la
-desgracia de su mal logrado amante: que si esto no fuera, apenas la
-igualara en hermosura, donaire y brío la gran Dulcinea del Toboso,
-tan celebrada en todos estos contornos y aun en todo el mundo.--Cepos
-quedos[540], dije yo entonces, Señor Don Montesinos; cuente vuesa
-merced su historia como debe, que ya sabe que toda comparación es
-odiosa, y así no hay para qué comparar a nadie con nadie; la sin par
-Dulcinea del Toboso es quien es, y la señora doña Belerma es quien
-es y quien ha sido, y quédese aquí. A lo que él me respondió: Señor
-Don Quijote, perdóneme vuesa merced, que yo confieso que anduve mal,
-y no dije bien en decir, que apenas igualara la señora Dulcinea a la
-señora Belerma, pues me bastaba a mí haber entendido, por no sé qué
-barruntos, que vuesa merced es su caballero, para que me mordiera
-la lengua antes de compararla sino con el mismo cielo. Con esta
-satisfacción que me dió el gran Montesinos, se quietó mi corazón
-del sobresalto que recibí en oír que a mi señora la comparaban con
-Belerma.»
-
---«Y aun me maravillo yo, dijo Sancho, de cómo vuesa merced no se
-subió sobre el vejote, y le molió a coces todos los huesos, y le peló
-las barbas sin dejarle pelo en ellas.»--«No, Sancho amigo, respondió
-Don Quijote, no me estaba a mí bien hacer eso, porque estamos todos
-obligados a tener respeto a los ancianos, aunque no sean caballeros,
-y principalmente a los que lo son y están encantados; yo sé bien que
-no nos quedamos a deber nada en otras muchas demandas y respuestas
-que entre los dos pasamos»[541]. A esta sazón dijo el Primo: «yo
-no sé, Señor Don Quijote, cómo vuesa merced en tan poco espacio de
-tiempo como ha que está allá abajo[542], haya visto tantas cosas y
-hablado y respondido tanto.»--«¿Cuánto ha que bajé?» preguntó Don
-Quijote.--«Poco más de una hora», respondió Sancho.--«Eso no puede
-ser, replicó Don Quijote, porque allá me anocheció y amaneció, y
-tornó a anochecer y amanecer tres veces, de modo que a mi cuenta tres
-días he estado en aquellas partes remotas y escondidas a la vista
-nuestra.»--«Verdad debe de decir mi señor, dijo Sancho, que como
-todas las cosas que le han sucedido son por encantamento, quizá lo
-que a nosotros nos parece un hora debe de parecer allá tres días con
-sus noches.»
-
-
- COLOQUIO QUE PASÓ ENTRE CIPIÓN Y BERGANZA,
- PERROS DEL HOSPITAL DE LA RESURRECCIÓN[543]
-
- Con gran asombro suyo se sienten estos perros una noche dotados
- de habla y aprovechan tal beneficio para contarse sus vidas;
- es esta narración una sátira de la sociedad de entonces y de
- diversos tipos de la misma. Ya cerca del amanecer, se le ocurre
- al hablador Berganza contar un incidente más para reírse de las
- locuras en que abundaban los poetas y hombres de ciencia.
-
-_Berganza._ Perdóname, porque el cuento es breve y no sufre dilación,
-y viene aquí de molde.
-
-_Cipión._ Sí perdono; concluye presto, que a lo que creo, no debe
-estar muy lejos el día.
-
-_Berganza._ Digo que en las cuatro camas que están al cabo desta
-enfermería, en la una[544] estaba un alquimista[545], en la otra un
-poeta, en la otra un matemático, y en la otra uno de los que llaman
-arbitristas[546].
-
-_Cipión._ Ya me acuerdo haber visto a esa buena gente.
-
-_Berganza._ Digo, pues, que una siesta de las del verano pasado,
-estando cerradas las ventanas, y yo cogiendo el aire debajo de la
-cama del uno dellos[547], el poeta se comenzó a quejar lastimosamente
-de su fortuna, y preguntándole el matemático de qué se quejaba,
-respondió que de su corta suerte. «¿Cómo, y no será razón que me
-queje, prosiguió, que habiendo yo guardado lo que Horacio manda en
-su _Poética_, que no salga a luz la obra que después de compuesta
-no hayan pasado diez años por ella[548], y que tenga yo una de
-veinte años de ocupación y doce de pasante[549], grande en el
-sujeto[550], admirable y nueva en la invención, grave en el verso,
-entretenida en los episodios, maravillosa en la división, porque
-el principio responde al medio y al fin, de manera que constituyen
-el poema alto, sonoro, heroico, deleitable y sustancioso, y que
-con todo esto no hallo un príncipe a quien dirigille? Príncipe,
-digo, que sea inteligente, liberal y magnánimo. ¡Mísera edad y
-depravado siglo nuestro!»--«¿De qué trata el libro?» preguntó el
-alquimista. Respondió el poeta: «Trata de lo que dejó de escribir el
-arzobispo Turpín del rey Artús de Inglaterra, con otro suplemento
-de la _Historia de la demanda del Santo Brial_[551], y todo en
-verso heroico, parte en octava y parte en verso suelto; pero todo
-esdrújulamente, digo, en esdrújulos de nombres sustantivos, sin
-admitir verbo alguno[552].--«A mí, respondió el alquimista, poco
-se me entiende[553] de poesía; y así no sabré poner en su punto la
-desgracia de que vuesa merced se queja, puesto que, aunque fuera
-mayor, no se igualaba a la mía, que es, que por faltarme instrumento
-o un príncipe que me apoye y me dé a la mano los requisitos que la
-ciencia de la alquimia pide, no estoy ahora manando en oro[554], y
-con más riquezas que los Midas, que los Crasos y Cresos»--«¿Ha hecho
-vuesa merced, dijo a esta sazón el matemático, señor alquimista, la
-experiencia de sacar plata de otros metales?»--«Yo, respondió el
-alquimista, no la he sacado hasta ahora; pero realmente sé que se
-saca, y a mí no me faltan dos meses para acabar la piedra filosofal,
-con que se puede hacer plata y oro de las mismas piedras.»--«Bien
-han exagerado vuesas mercedes sus desgracias, dijo a esta sazón
-el matemático; pero al fin, el uno tiene libro que dirigir, y el
-otro está en potencia propincua[555] de sacar la piedra filosofal;
-mas, ¿qué diré yo de la mía, que es tan sola, que no tiene donde
-arrimarse? Veinte y dos años ha que ando tras hallar el punto
-fijo[556], y aquí lo dejo, y allí lo tomo, y pareciéndome que ya lo
-he hallado, y que no se me puede escapar en ninguna manera, cuando
-no me cato[557] me hallo tan lejos dél, que me admiro. Lo mismo me
-acaece con la cuadratura del círculo, que he llegado tan al remate
-de hallarla, que no sé ni puedo pensar cómo no la tengo ya en la
-faldriquera; y así es mi pena semejable a las de Tántalo, que está
-cerca del fruto, y muere de hambre; y propincuo al agua, y perece
-de sed; por momentos pienso dar en la coyuntura de la verdad, y por
-minutos me hallo tan lejos della, que vuelvo a subir el monte que
-acabé de bajar, con el canto de mi trabajo a cuestas, como otro nuevo
-Sísifo.» Había hasta este punto guardado silencio el arbitrista, y
-aquí le rompió diciendo: «¡cuatro quejosos, tales que lo pueden ser
-del Gran Turco, ha juntado en este hospital la pobreza, y reniego
-yo de oficios y ejercicios que ni entretienen ni dan de comer a sus
-dueños! Yo, señores, soy arbitrista, y he dado a Su Majestad en
-diferentes tiempos muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho
-suyo y sin daño del reino; y ahora tengo hecho un memorial, donde
-le suplico me señale persona con quien comunique un nuevo arbitrio
-que tengo, tal, que ha de ser la total restauración de sus empeños;
-pero por lo que me ha sucedido, con los otros memoriales, entiendo
-que éste también ha de parar en el carnero[558]. Mas, porque vuesas
-mercedes no me tengan por mentecato, aunque mi arbitrio quede
-desde este punto público, le quiero decir, que es éste: hase de
-pedir en Cortes que todos los vasallos de Su Majestad, desde la
-edad de catorce a sesenta años, sean obligados a ayunar una vez
-en el mes a pan y agua, y esto ha de ser el día que se escogiere
-y señalare, y que todo el gasto que en otros condumios de fruta,
-carne y pescado, vino, huevos y legumbres, que han de gastar aquel
-día, se reduzga[559] a dinero y se dé a Su Majestad sin defraudalle
-un ardite, so cargo de juramento; y con esto en veinte años queda
-libre de socaliñas y desempeñado, porque si se hace la cuenta,
-como yo la tengo hecha, bien hay en España más de tres millones de
-personas de la dicha edad[560], fuera de los enfermos, más viejos
-o más muchachos, y ninguno destos dejará de gastar, y esto contado
-al menorete[561], cada día real y medio, y yo quiero que sea no
-más de un real, que no puede ser menos, aunque coma alholvas.
-Pues ¿paréceles a vuesas mercedes que sería barro tener cada mes
-tres millones de reales como ahechados?»[562] Y esto antes sería
-provecho que daño a los ayunantes, porque con el ayuno agradarían al
-cielo y servirían a su rey, y tal[563] podría ayunar, que le fuese
-conveniente para su salud. Este es el arbitrio limpio de polvo y
-de paja, y podríase coger por parroquias sin costa de comisarios,
-que destruyen la república.» Riyéronse[564] todos del arbitrio y
-del arbitrante, y él también se riyó de sus disparates, y yo quedé
-admirado de haberlos oído, y de ver que por la mayor parte los de
-semejantes humores venían a morir en los hospitales.
-
-
-NOTAS
-
- [428] Según tradición coetánea, ya apuntada en el Quijote de
- Avellaneda, alude a Argamasilla de Alba, pero esto no indica que
- Cervantes haya estado allí preso, como quisieron suponer algunos
- críticos. El _Quijote_ «se engendró en una cárcel» como Cervantes
- dice, pero fué en la de Sevilla, donde efectivamente estuvo preso
- el autor.
-
- [429] _Astillero_: estante en que se ponían las astas o lanzas,
- adorno del portal de la casa de un hidalgo.
-
- [430] Un refrán dice: «Vaca y carnero, olla de caballero.» La
- vaca, entonces, era comida más barata que el carnero.
-
- [431] Los restos de la carne de la comida los convertía la gente
- aprovechada en salpicón para la noche. _La ensalada y salpicón_
- es el primer plato en «La Cena» de Baltasar de Alcázar.
-
- [432] Los duelos y quebrantos eran un manjar que se componía de
- huevos y torreznos, según la _Mojiganga del Pésame_, atribuída a
- Calderón:
-
- huevos y terreznos bastan,
- que son duelos y quebrantos.
-
- Lo mismo vienen a decir Oudin y Franciosini, en 1614 y 1621. Pero
- Lope de Vega, en _Las bizarrias de Belisa_, dijo:
-
- Almorzando unos torreznos,
- con sus duelos y quebrantos,
-
- lo cual prueba que, para él, los torreznos eran cosa aparte. En
- el _Dic. de Autoridades_ se consigna que «duelos y quebrantos
- llaman en la Mancha a la tortilla de huevos y sesos». Como se ve,
- el nombre en cuestión tenía aplicación varia. El sábado es día
- en que la Iglesia, si no ordena, aconseja la abstinencia; pero
- en España, desde antiguo, se guardaba muy imperfectamente esta
- práctica. A principios del siglo XVI hay ya expresos testimonios
- de la costumbre que existía en Castilla, Andalucía e Indias
- (no en Navarra y Aragón) de tolerarse como comida para esta
- abstinencia del sábado la llamada _grosura_ de los animales, o
- sea la asadura, tripas, manos, patas y cabeza, y también el gordo
- del tocino. (Benedicto XIV, en 1745, eximió a Castilla, León e
- Indias de toda abstinencia del sábado.)
-
- [433] Expresión que equivale a _las tres cuartas partes_.
-
- [434] _Velarte_ era paño fino y estimado en el siglo XVI.
-
- [435] Las _calzas_ cubrían toda la pierna a diferencia de las
- _medias_ (esto es: medias calzas) que no cubrían el muslo. El
- _velludo_ es una especie de terciopelo.
-
- [436] _Pantuflo_, calzado de gente anciana, que se ponía encima
- de los borceguíes o zapatos para abrigo y para librarse del lodo.
-
- [437] _Vellorí_, paño entrefino, de color pardo ceniciento, de
- lana sin teñir. Adviértase que Cervantes no pinta a Don Quijote
- miserable, sino en una posición desahogada. Véase cuán diferente
- es el traje del hidalgo pobre que describe Fray Antonio de
- Guevara en su _Menosprecio de Corte y Alabanza de Aldea_, cap.
- V (año 1539): «el pobre hidalgo que en la aldea alcanza a tener
- un sayo de paño recio, un capuz cerrado, un sombrero bueno,
- unos guantes de sobre año, unos borceguíes domingueros y unos
- pantuflos no rotos, tan hinchado va él a la iglesia con aquellas
- ropas, como irá un señor aforrado de martas; no gozan de este
- privilegio los que moran en la villa o ciudad, porque allí
- acontece el marido no salir de casa por tener la capa rayda, y la
- mujer no ir a misa por falta de ama».
-
- [438] Este _en_ suprimido por la 3.ª edición del Quijote de 1608,
- denota la frecuencia de la lectura de esos libros.
-
- [439] F. de Silva, natural de Ciudad Rodrigo, autor de la
- _Crónica de los muy valientes caballeros Don Florisel de Niquea
- y el Fuerte Anaxartes_, que le valió bastante dinero a pesar de
- su mal estilo. Repetidas veces contrapone las voces _razón_ y
- _sinrazón_ y abusa de toda clase de juego de palabras, lo cual
- satiriza Cervantes en los párrafos que a continuación forja.
-
- [440] Hoy _intrincadas_.
-
- [441] Se pronunciaba Anibál hasta en el siglo XVII: «No dicen que
- Cipión Xerxes, Pirro y Anibál Tuvieran riqueza tal, Tal tierra,
- tal posesión.» (LOPE DE VEGA, _El Conde Fernán González_.)
-
- [442] El Cid no tuvo por patria a Valencia, sino Bivar; pero como
- conquistó de los moros la ciudad y el reino de Valencia, se llamó
- a ésta _Valencia del Cid_ (para distinguirla de Valencia de Don
- Juan y otras), por donde luego se distinguió al héroe, ya desde
- el siglo XII, con el epíteto de _señor de Valencia_ o _el que
- Valencia ganó_ y luego simplemente _el Cid de Valencia_.
-
- [443] Gonzalo Fernández de Córdova, el Gran Capitán, natural de
- Montilla.
-
- [444] García de Paredes nació en Trujillo 1469, murió en Bolonia
- 1533. Era de grandes fuerzas, por lo que alguno le llamó _el
- Sansón de Extremadura_; a él se atribuyen gran parte de los casos
- de fuerza prodigiosa, que se cuentan vulgarmente, como el parar
- una rueda de molino. Realizó hazañas increíbles en la guerra de
- Nápoles, alistado en el ejército del Gran Capitán.
-
- [445] Este caballero no era de Jerez, sino de Toledo, según
- Mariana. Sirvió en la conquista de Sevilla a San Fernando. El
- hijo de éste, Alfonso X, y su nieto Don Juan Manuel, cuentan en
- la _Crónica general_ y en el _Conde Lucanor_ varias hazañas de
- Garci Pérez; la más famosa va puesta arriba, página 22.
-
- [446] Aunque el gran poeta toledano fué valiente soldado, no
- es de suponer que se le mencione aquí como hombre de vida
- hazañosa. Probablemente Cervantes, queriendo citar notables
- personajes históricos, citó uno fabuloso, el Garcilaso de quien
- un romance cuenta que, durante el cerco de Granada, mató un moro
- de extraordinario valor, que por befa traía prendida a la cola
- de su caballo el _Ave María_; otros cuentan esta hazaña de un
- Garcilaso histórico, que fué el primero que pasó el Salado el día
- de la gran batalla. El romance dice que por haber ocurrido esta
- hazaña en la Vega de Granada, se llamó Garcilaso _de la Vega_; ya
- el Garcilaso del Salado y su padre, que fué privado de Alfonso
- XI, se llamaron _de la Vega_, por proceder de la Vega montañesa,
- donde hoy se encuentra la ciudad de _Torrelavega_.
-
- [447] Don Manuel Ponce de León hallóse en la conquista del reino
- de Granada, y de él se cuentan hazañas portentosas. Además, un
- romance cuenta de él una anécdota fabulosa: Doña Ana de Mendoza,
- para probar el valor de los caballeros de la corte, hizo caedizo
- su guante en una leonera; Don Manuel, espada en mano, se metió
- entre los leones y recobró el guante, pero lo entregó a la dama
- dándole un bofetón, para castigarla por haber puesto en riesgo de
- honra a tanto hijodalgo por un capricho. Este mismo asunto tiene
- una balada de Schiller, _el Guante_, compuesta en 1797.
-
- [448] Cervantes nos ofrece aquí uno de los ejemplos más extraños
- del uso de _cuyo_; carece de todo valor pronominal y equivale a
- una simple conjunción. No responde más que al afán de ligar en
- forma de oración de relativo, la que bastaba que fuera con la
- simple cópula: «y la lección de sus hechos».
-
- [449] Así escribió Cervantes. Clemencín y la edición de
- Hartzenbusch corrigen: «cuerdo sin cobardía».
-
- [450] _Do_ o _donde_ por _de do_ o _de donde_ es giro comunísimo
- de la lengua.
-
- [451] Hoy, que el estilo común es menos genial, pero más atildado
- que en los siglos de oro, se podría censurar la reunión de estos
- tres infinitivos. Sin embargo, sería corrección desdichada la
- supresión de _querer_, pues anuncia el ningún efecto que en Don
- Quijote hizo la peroración del buen canónigo.
-
- [452] El último término de la gradación: _mal_, _peor_, _más
- mal_, es hoy: _mucho peor_, y antes era también: _mucho más
- peor_: «y aun peor, perdición de las personas; y mucho más peor,
- perdición de las tristes de las almas.» (ARCIPR. DE TALAVERA,
- _Corbacho_.)
-
- [453] La _caballería_ era una especie de sacerdocio militar, en
- el que se ingresaba mediante la ceremonia de _armar_ al caballero
- novel, o sea de conferirle la dignidad de caballero otro que ya
- lo fuese, cosa semejante al sacramento del orden. El caballero
- estaba especialmente obligado a guardar lealtad a su señor,
- fidelidad a su amigo, a amparar por dondequiera la justicia y
- vedar el mal, ser largo, desprendido, etc., etc. En los Poemas
- caballerescos italianos se habla de _cabalieri erranti_ y en las
- novelas españolas, de _caballeros andantes_.
-
- [454] Pudiera haber dicho también _negándome que haya habido_.
- La repetición pleonástica de negaciones que en otras lenguas se
- destruyen una a otra, es muy peculiar del castellano; unas líneas
- más adelante se hallará también «no puedo yo negar que _no_ sea
- verdad», etc.
-
- [455] _Amadis de Gaula_, el más antiguo y famoso libro de
- caballerías, era ya muy leído por el Canciller Ayala antes de su
- prisión en la batalla de Nájera, 1367 (v. atrás p. 148, n. 313).
- Constaba de tres libros, según el poeta Pedro Ferruz, coetáneo
- de Ayala. Hay quien pretende que su autor fué el portugués Vasco
- de Lobeira, el cual no pasó de ser un simple arreglador de la
- obra más antigua. Es desconocida esta redacción primitiva tanto
- como su autor. En tiempo de los Reyes Católicos, Garci Ordóñez de
- Montalvo escribió la redacción que hoy se conserva, añadiéndole
- el cuarto libro. Amadis es el prototipo del amor delicado,
- firmísimo e inquebrantable de un caballero por su dama. Tan
- famosa fué esta novela, que tuvo muchas continuaciones; una es el
- _Amadis de Grecia_.
-
- [456] Hoy diríamos _añadió que_ y no _añadió diciendo que_;
- añadir se usaba en igual manera que hoy _proseguir_: _prosiguió
- diciendo que_. Una reunión parecida de los verbos añadir y decir,
- v. atrás pág. 130, líneas 24 y 25.
-
- [457] Hoy no se junta el pronombre enclítico a los participios
- pasivos, pero sí en los siglos de oro de nuestra literatura.
-
- [458] Hoy se emplea el adverbio _más_ en vez de _mejor_ con los
- verbos que denotan acciones útiles o agradables, _agrada más_,
- _aprovecha más_.
-
- [459] Floripés hija del Almirante sarraceno Balán, enamorada del
- caballero francés Gui de Borgoña, libertólo de la prisión en que
- yacía con otros Pares de Francia, guareciéndolos en una torre
- donde se mantuvieron contra todo el poder de los infieles, hasta
- que Carlomagno los socorrió. Esta fábula que procede de poemas
- franceses del siglo XII, figura en la novelesca _Historia de
- Carlomagno_ que puso en castellano Nicolás de Piamonte.
-
- [460] Fierabrás (en francés «el de los fieros brazos») era, según
- los poemas franceses de la Edad Media, un descomunal gigante,
- que peleó en singular combate con el caballero de Carlomagno,
- Oliveros; vencido por éste, fué su mejor amigo después de hacerse
- bautizar. Esta patraña pasó también a la ya citada historia
- fabulosa de Carlomagno, con la de la puente de Mantible, donde
- cobraba el Almirante Balán (el ya mencionado padre de Floripés)
- un pontazgo humillante a los cristianos, que por allí tenían que
- pasar: sesenta perros de caza, cien doncellas, cien halcones
- mudados y cien caballos con sus jaeces, y el cristiano que no
- podía pagar ésto perdía su cabeza. Carlomagno ganó la puente con
- grande estrago y perdición de hombres.
-
- [461] La leyenda de Troya fué popular en la Edad Media, y en
- sus héroes se buscó ascendencia para los modernos; Artús era
- descendiente de Eneas. Este rey bretón, llamado también Arturo,
- fué centro de un gran ciclo de leyendas divulgadas por toda
- Europa; es el fundador de la fabulosa caballería de la _Tabla
- redonda_ o _mesa_ redonda a que se sentaban los caballeros. A
- su metamorfosis en cuervo atribuye Cervantes en otro lugar del
- _Quijote_, y en el _Persiles y Sigismunda_, el que los ingleses
- se abstuviesen de matar cuervos.
-
- [462] Otro héroe de poemas franceses en la Edad Media (Garín
- Mesquin) que sufrió también una adaptación al castellano en uno
- de tantos libros, que según decía Juan de Valdés en tiempo de
- Carlos V, «demás de ser mentirosísimos, ~tienen tan mal estilo~
- que no hay buen estómago que los pueda leer».
-
- [463] _Demanda_, en términos caballerescos, es el acto de
- empeñarse en una empresa. El _Grial_ era la copa en que había
- recogido la sangre de Cristo José de Arimatea; cuando éste fué a
- evangelizar la Bretaña llevó consigo el Grial, pero andando el
- tiempo heredó la reliquia un rey indigno; entonces se empeñaron
- en la demanda del Santo Grial Artús y los caballeros de la Tabla
- redonda; Perceval (el Parsifal de la ópera de Wagner) mereció por
- su castidad y demás virtudes dar fin a la aventura, ganando la
- santa reliquia, que después de su muerte fué arrebatada al cielo.
-
- [464] Otra ficción bretona como la de Artús y el Santo Grial.
- Tristán esperaba una nave que le traía noticias de Iseo; los
- navegantes se olvidan de poner en el mástil la señal convenida
- para anunciar que las noticias eran buenas, y Tristán, creyendo
- por esto que Iseo era muerta, expira de dolor; pero en la nave
- venía la misma Iseo, la cual al ver a su amante muerto, cae a su
- lado sin vida.
-
- [465] Otra leyenda del ciclo bretón. _Ginebra_ era la mujer del
- rey Artús, _Lanzarote_ su amante, y la dueña o aya _Quintañona_
- la que favorecía sus amores. Bien conocido es el romance cuyo
- comienzo recuerda el mismo Quijote.
-
- Nunca fuera caballero
- de damas tan bien servido,
- como fuera Lanzarote
- cuando de Bretaña vino,
- que dueñas cuidaban dél
- doncellas de su rocino,
- esa dueña Quintañona
- esa le escanciaba el vino.
-
- [466] Muchos dirán: _y tan es así esto_; construcción incorrecta,
- pues para que se pueda usar _tan_ en vez de _tanto_, es preciso
- que le siga inmediatamente un adjetivo o adverbio. Se puede
- decir, por lo tanto, _tan así es_ o _tanto es así_, pero no _tan
- es así_. (CUERVO. Apuntac. críticas, § 416.)
-
- [467] Giro muy común en los siglos XVI y XVII, _un mi amigo_ por
- lo que hoy decimos _un amigo mío_. _Agüela_ por _abuela_ es hoy
- muy vulgar, como _güelta_, _güeno_, _gomitar_, y otras voces en
- que la _g_ sustituye a la _b_ o _v_.
-
- [468] Así dicen todas las ediciones antiguas. Las de este siglo
- modernizaron _de parte_. Es giro arcaico que hallamos en el
- _Fuero de Navarra_: «de partes de la madre», «de partes de sierzo
- nin de buchurno».
-
- [469] Era personaje tan popular, que _dueña Quintañona_ servía
- para denominar a cualquier dueña: «¡miren la dueña Quintañona!
- ¡Daca la dueña Quintañona!» La toca era distintivo de viudas y
- dueñas como hoy lo es de monjas.
-
- [470] La novela de _Pierres_, hijo del Conde de Provenza, y de
- _Magalona_, hija del Rey de Nápoles, trasladada en 1526, procede
- de un antiguo poema francés del siglo XII. Más adelante dice
- Cervantes que el caballo de madera se regía por una clavija que
- tenía en la frente; en él hizo Pierres grandes viajes «y robó a
- la linda Magalona, llevándola a las ancas por el aire, dejando
- embobados a cuantos desde la tierra los miraban.» Según advierte
- después el canónigo, es pura invención de Don Quijote el que la
- tal clavija se enseñase en la Armería Real; en cambio es muy
- cierto que, hasta hace no muchos años, se enseñaba allí la silla
- del caballo del Cid, la espada de este héroe, las de Bernardo del
- Carpio, del Rey Pelayo y otras cosas más estupendas.
-
- [471] Según la historia cierta, Roldán iba en la retaguardia
- del ejército de Carlomagno, que fué deshecha en Roncesvalles;
- las leyendas francesas (popularizadas desde antiguo en España)
- añadían que Roldán, al verse en peligro, había querido avisar a
- la vanguardia tañendo su cuerno, pero sopló en él con tal fuerza,
- que reventó las venas de sus sienes y murió. Este cuerno se
- pretendía custodiar en la iglesia de Roncesvalles.
-
- [472] Versos de Alvar Gómez, de Ciudad Real, en su traducción de
- los _Triunfos del Petrarca_.
-
- [473] Esto es: _el del Paso Honroso_, personaje histórico. Era
- un valiente leonés, que en 1434, y previa licencia de Juan II,
- mantuvo junto al puente del río Orbigo el _paso honroso_, en el
- que se había comprometido, para honra de su dama, a romper 300
- lanzas con los caballeros que se presentaran; acudieron a esta
- quijotesca empresa 68 aventureros de España, Portugal, Francia,
- Italia y Bretaña.
-
- [474] Mayordomo de Alfonso V de Aragón, que en 1428 combatió ante
- la corte de Don Juan II contra Gonzalo de Guzmán.
-
- [475] Obispo de Reims, muerto en el año 600, a quien las fábulas
- carolingias suponen inseparable compañero de Carlomagno; es el
- autor fingido de una crónica latina del Emperador y sus Pares
- forjada en el siglo XII por algún clérigo de nación francesa.
-
- [476] El canónigo cree más en Bernardo que en el Cid, y sin
- embargo, el Bernardo del Carpio, vencedor de Roncesvalles, es de
- todo punto fabuloso; sólo existió un Bernardo Conde de Ribagorza,
- que, auxiliado por gente franca, reconquistó de moros este
- condado, suministrando algunas hazañas a la leyenda del fabuloso
- Bernardo leonés o del Carpio.
-
- [477] Esto es «se remitieron para ser juzgados y aprobados».
- Cuenta Melchor Cano de un buen clérigo, a quien no cabía en
- la mollera que un libro impreso con las licencias necesarias
- contuviera mentiras, así que tenía por tan verdadera y probada la
- historia de Amadis, como las fábulas de Esopo.
-
- [478] Hartzenbusch corrigió con gran desenfado: _o tales
- caballeros_, sin duda porque hoy se haría resaltar más la
- duplicidad del sujeto, poniendo: «que tal caballero hizo o tales
- caballeros hicieron».
-
- [479] _Leyendas_ es hoy desusado en la acepción de _lectura_, por
- más que el Diccionario de la Academia no señala esta acepción
- como anticuada.
-
- [480] A la viveza con que habla Don Quijote cuadra bien la
- supresión del segundo _que_ en: «hay mayor contento que ver
- aquí se muestra delante de nosotros un lago». Hartzenbusch, sin
- embargo, suplió: _que aquí_; no hace falta. Podía Cervantes
- haber suprimido también consecuentemente el _que_ de las frases
- siguientes: _y_ =que= _andando andando_... _y_ =que= _del medio
- del lago, y_ =que= _apenas el caballero_; pero una vez que no
- quiso hacerlo, no tenemos motivo alguno para censurarle por esos
- _ques_, como hace implacablemente Clemencín.
-
- [481] El _hada_ (voz derivada del latín _fata_, plural del
- neutro _fatum_, _hado_), es un ser fantástico de la mitología
- moderna bien conocido. El número _siete_, como el _tres_, aparece
- consagrado en multitud de invenciones populares (siete infantes
- de Lara; un venablo cortador, siete veces fué templado en la
- sangre de un dragón, etc.), el bellísimo romance de la Infantina
- encantada dice:
-
- Fija soy yo del buen rey,
- y la reina de Castilla;
- _siete_ fadas me fadaron
- en brazos de un ama mía
- que andase los _siete_ años
- sola en esta montiña.
-
- [482] _Negregura_, hoy anticuado por negrura.
-
- [483] _Apenas_ seguido de _no_ es giro hoy chocante que no debe
- imitarse, según nota BELLO, § 1209. Para usar el _no_ habría que
- escoger otro adverbio como _casi, aun no ha acabado de oir...
- cuando se arroja_.
-
- [484] Cuando Eneas baja a los infiernos se describe así el Elíseo
- (_Eneida_, VI, 638):
-
- devenere locos laetos, et amoena vireta...
- Largior hic campos aether et lumine vestit
- purpureo; solemque suum, sua sidera norunt.
-
- [485] En consonantes como _floresta_ y _compuesta_, no reparaban
- nunca nuestros grandes prosistas; hoy somos más meticulosos y los
- evitamos cuidadosamente. También hoy se evitaría repetir tres
- veces seguidas el verbo ver: «hay más que ver, después de haber
- visto esto, que ver salir...»
-
- [486] Frase de Garcilaso:
-
- y las aves sin dueño
- con canto no aprendido
- hinchen el aire de dulce armonía.
-
- Fray Luis de León también la imitó:
-
- Despiértenme las aves
- con su cantar sabroso no aprendido.
-
- [487] _Intricados_, como el _entricadas_ que escribió antes, pág.
- 223, nota 440.
-
- [488] _Jaspe variado_, esto es «de varios colores».
-
- [489] Acordándose de _bruto_, se dijo _brutesco_ por _grutesco_,
- o cosa hecha a modo de la rusticidad de las grutas; hoy
- _grotesco_.
-
- [490] _Ferviente_ por _hirviente_, como antes _fadas_ por
- _hadas_, eran arcaísmos ya mucho tiempo antes de Cervantes,
- quien de intento los pone, remedando el estilo de los libros
- de caballerías, que usaban de estos arcaísmos para dar aspecto
- de antigüedad a la narración. Cosa igual hacían los autores
- de romances del siglo XVII; v. gr., el de aquel tan sabido
- que empieza: «Non es de sesudos homes... facer denuesto a un
- fidalgo». La _f_ en el siglo XV ya no se pronunciaba en _facer_,
- _fijo_, etc., sino como una ligera aspiración representada por
- _h_, _hacer_, _hijo_; hoy hasta esta aspiración ha desaparecido y
- la _h_ no tiene valor alguno.
-
- [491] _Menos menos_ es el refuerzo por repetición de que hablamos
- arriba, pág. 111, n. 247.
-
- [492] Recuerda graciosamente Cervantes un lugar común de romances
- y libros de caballerías, usados para ponderar el valor de una
- cosa. Por ejemplo el romance de Palmero dice:
-
- Una esclavina trae rota
- que no valía un reale,
- y debajo traía otra,
- bien valía una ciudade.
-
- Hoy decimos «vale un imperio».
-
- [493] Esta expresión anticuada, que hoy exigiría el uso del
- artículo «agua a las manos» o «para las manos», se ha fundido en
- una sola palabra: _aguamanos_.
-
- [494] «Verle servir todas», esto es: «ver todas las doncellas
- servirle». El dativo enclítico, cuando un infinitivo rige a otro,
- se coloca indistintamente en cualquiera de los dos infinitivos.
- No tenía razón ninguna Hartzenbusch para creerse obligado a
- corregir «¿Qué verle servir de todas las doncellas?»
-
- [495] _Cuál será oír_; Clemencín y Hartzenbusch dicen que _cuál_
- debe corregirse en _qué_ para uniformar ésta con las anteriores
- interrogaciones. Don Quijote es muy dueño de cambiar un relativo
- por otro, cuando bien le parezca, y de suprimir el substantivo
- concertado con _cual_, lo mismo que lo suprimió con _que_, y así
- la frase «¿Qué (maravilla) es ver cuando nos cuentan...» puede
- muy bien estar seguida de la otra «¿Cuál (placer) será oír la
- música...»
-
- [496] El _gabán_ usábase para andar en el campo y de camino; en
- la ciudad sólo servía de ropa de casa.
-
- [497] Llamábanse _jirones_, o, como dice Covarrubias, _gironas_,
- «ciertos pedazos triangulados que ingerían en el ruedo de
- los sayos para que hiciesen más ruedo, y en los que eran de
- terciopelo echaban estos jirones de brocados o telas, y se
- llamaban _sayos agironados_».
-
- [498] El _asimismo_ se refiere sólo al color _verde_, que era el
- que predominaba en el vestido del caminante, pues nada tienen que
- ver los dos colores accesorios _leonado_ y _morado_.
-
- [499] Se llama _chapado_ «el hombre de hecho y de valor, porque
- va guarnecido con su virtud y esfuerzo». (Covarrubias.)
-
- [500] Aquí _prendas_ no parece significar ‘partes o dotes
- naturales’ según costumbre, sino ‘posición social’.
-
- [501] Rodríguez Marín corrige «de su cuello», enmienda rechazada
- por la enumeración semejante que luego hace Don Quijote, en la
- cual se repiten los términos «caballo», «amarillez», «flaqueza»,
- y se habla de las armas. Conocida es la longura de Rocinante,
- caballo «largo y tendido», como se dice en el cap. IX.
-
- [502] _En estampa_ equivale a ‘en letras de molde’. Cuando se
- publicó la segunda parte del _Quijote_, en 1615, llevaba la
- primera ya 10 ediciones en Madrid, Valencia, Lisboa, Bruselas y
- Milán, y se había traducido al francés en 1614, y al inglés en
- fecha incierta.
-
- [503] _Puesto que_ significaba antiguamente ‘supuesto que’, ‘por
- más que’ o ‘aunque’. Hoy se usa con la significación de ‘pues
- que’.
-
- [504] Hoy diríamos «la profesión que sigo», esto es, «a la cual
- me dedico.» _Hacer profesión_ de una cosa es «preciarnos della y
- cumplirla a todo trance» (Covarrubias).
-
- [505] _Causar maravilla_ por ‘causar admiración o sorpresa’, es
- expresión vulgar, nacida por confusión de las dos equivalentes:
- _causar admiración_ y _maravillar_. _Admiración_ es la suspensión
- de ánimo que produce la cosa maravillosa, y _maravilla_ es
- la cosa que causa admiración; sin embargo, ambos términos
- se confunden, y lo mismo que Cervantes usó _maravilla_ por
- _admiración_, es muy común usar _admiración_ por _maravilla_ o
- cosa admirable: «esa escultura es una admiración».
-
- [506] Hoy se pondría en subjuntivo.
-
- [507] _Perdigón manso_, pollo de perdiz, propio para cazar con
- reclamo. El de lo Verde quiere decir que no caza con grande
- pérdida de tiempo y dinero, sino modestamente, con un simple
- reclamo para las perdices y un hurón para los conejos.
-
- [508] _Puesto que_ ya se ha dicho que significaba _por más que_.
-
- [509] Sobre alguna variante de esta palabra, véase _Celestina_,
- página 71, n. 137.
-
- [510] La Cueva de Montesinos está en el término de Osa de Montiel
- y cerca de la ermita de San Pedro de Saelices y de una laguna de
- las llamadas de Ruidera, nacimiento del Guadiana.
-
- [511] _Estado_, medida tomada de la estatura de un hombre. Se
- medían por estados las paredes de cantería, los pozos u otra cosa
- honda. (Covarrubias.)
-
- [512] Las reglas de concordancia, fijadas hoy con una rigidez
- enteramente artificial, exigen _en él_; algunas líneas adelante
- repite la concordancia con _cavidad_, preferida a _espacio_, como
- voz más significativa e importante.
-
- [513] Antiguamente se usaba mucho el adverbio _además_ para
- encarecer la significación del adjetivo a que se junta con el
- valor de ‘sumamente’, ‘muy’, ‘en gran manera’; en general se
- posponía al adjetivo: «se levantó de la mesa mohino además». Hoy
- se usa en su lugar _por demás_.
-
- [514] El Diccionario de Sebastián de Covarrubias, compuesto
- por los mismos años que el _Quijote_, dice: «_Capuz_, una
- capa cerrada, larga, que hoy día traen algunos por luto, y
- antiguamente era el hábito de los españoles honrados en la paz,
- como lo era la toga de los romanos.»
-
- [515] Gorra fina de lana que se traía de Milán.
-
- [516] En el entremés del _Retablo de las maravillas_, dice
- Cervantes de un gobernador que tenía «peripatética y anchurosa
- presencia».
-
- [517] _Quien_, en el período clásico se refería lo mismo a
- personas que a cosas. (BELLO, _Gr._, § 329.) Abundan los ejemplos
- en todos estos extractos.
-
- [518] _Guarda_, _guía_, _escucha_ y otros substantivos verbales
- por el estilo, son femeninos por su terminación, y masculinos por
- su significación.
-
- [519] Montesinos es un héroe peculiar de nuestros romances; a
- pesar de pertenecer a la leyenda de Carlomagno, no es conocido
- este personaje en la literatura francesa. Habiendo sido su padre
- acusado falsamente por Tomillas al Emperador, fué arrojado al
- destierro; allí nace el héroe en un monte despoblado, lo que le
- valió el nombre de _Montesinos_, y ya crecido, marchó a París
- y mató al traidor Tomillas. Otros romances nos dan a conocer
- a Montesinos como primo y grande amigo de Durandarte.--Este
- Durandarte, lo mismo que su amigo Montesinos, es parto de la Musa
- castellana, desconocido en la literatura carolingia francesa;
- su origen es muy singular: el nombre de Durandarte se aplicaba
- antiguamente a la espada de Roldán (pues las espadas de los
- caballeros llevaban nombres propios, como las dos del Cid: Colada
- y Tizón), pero un poeta vulgar castellano, poco enterado de esto,
- tomó el nombre como de persona, y fantaseó sobre él la historia
- de un héroe, suponiéndole muerto también en Roncesvalles, como
- Roldán; supo adornar su invención con el sangriento legado que
- Durandarte hace al morir, lo cual dió al asunto una excepcional
- fama y popularidad; quizá se inspiró en el _Amadis_, quien al
- verse en un peligro, encarga a su escudero que si muere le saque
- el corazón y lo lleve a su señora Oriana, cuyo era.
-
- [520] Don Quijote alude al romance siguiente:
-
- Muerto yace Durandarte
- al pie de una alta montaña,
- llorábalo Montesinos
- que a su muerte se hallara;
- quitándole está el almete,
- desciñéndole la espada;
- hácele la sepultura
- _con una pequeña daga_;
- sacábale el corazón,
- como él se lo jurara,
- para llevar a Belerma,
- como él se lo mandara.
-
- Vemos que Don Quijote punteaba mal en su memoria los versos; los
- romanceros afirman sólo que la pequeña daga sirvió para hacer la
- sepultura.
-
- [521] Hartzenbusch corrigió sin necesidad: _ni pequeña ni
- grande_. La humorística contradicción de Montesinos, no para
- en desmentir el substantivo, sino que niega superfluamente el
- adjetivo. La aclaración de Montesinos es de gran substancia, si
- atendemos a que, como dice Covarrubias, la _daga_ y el _puñal_
- «todo viene a ser una cosa». Sin embargo, bueno será distinguir:
- como la daga tiene filo, necesita guarnición y gavilanes para
- proteger la mano, cosa que el puñal no lleva, pues hiere sólo de
- punta.
-
- [522] _Buído_ no era voz muy usual; no sabía Covarrubias,
- coetáneo de Cervantes, lo que quería decir. Significaba,
- probablemente, hoja con la punta estriada en tres canales: la
- punta buída de las espadas estaba prohibida, como más dañosa, por
- las pragmáticas reales del tiempo de Cervantes.
-
- [523] _Sobremodo_ y el moderno _sobremanera_ son usados
- indistintamente por Cervantes.
-
- [524] Compárese la frase corriente y usada por Cervantes (II,
- capítulo XXI) «hombre de valor y de pelo en pecho», así como la
- voz francesa _poilu_ ‘valiente’, tratada en _Modern Language
- Notes_ XXXII, 375.
-
- [525] _Tenía la mano_, _preguntase_ y _me dijo_ son tres
- verbos que tienen tres sujetos diferentes, los cuales debieran
- expresarse en los dos últimos, o cambiarse el giro: «y
- Montesinos, viéndome suspenso, antes que yo preguntase, me dijo».
-
- [526] Personaje que figura en las leyendas del ciclo bretón (o
- sea del Rey Artús, de Tristán e Iseo, etc.). No era _francés_
- o de _Galia_, sino de _Gaula_, que es el nombre caballeresco
- de Gales o Bretaña en general. A Merlín se atribuían cuantas
- profecías se forjaban en la Edad Media sobre grandes
- acontecimientos; por eso Don Quijote fué también profetizado por
- Merlín, según dice luego Montesinos a Durandarte. (Véase atrás,
- pág. 184, n. 384).
-
- [527] _Mayor de_ por _mayor que_; es construcción usada todavía
- con el comparativo, especialmente con los numerales. (v. BELLO,
- _Gr._, § 1016 y 1017).
-
- [528] Esto es lo que admira a Montesinos, quien rompió el hilo
- sintáctico de sus palabras, distraído por la digresión sobre el
- peso de la entraña de su amigo.
-
- [529] Estos versos son de un romance viejo, salvo los dos
- últimos, de tono un tanto burlesco, que son invención de
- Cervantes, y suponen la imaginación de Don Quijote preocupada
- con la noticia recién aprendida de que Montesinos había sacado
- el corazón de su amigo, no, como decían todos los romances, con
- daga, sino con puñal.
-
- [530] Parodiando a uno de los romances de Montesinos, que dice:
-
- Por el costado siniestro
- el corazón le sacara...
- _envolvióle en un cendal_
- y consigo lo llevaba.
- _Entierra primero al primo;_
- con gran llanto lamentaba
- la su tan temprana muerte
- y su suerte desdichada.
-
- [531] No hay que suplir la preposición _a_ como hacen algunas
- ediciones modernas, suponiéndola embebida en la _a_ final de
- Belerma. El pronombre _nos_ representa cerca del verbo el largo
- complemento directo que va antepuesto, y determina, a la vez, el
- caso en que debiera estar ese complemento.
-
- [532] Aunque antes de Cervantes existían localizadas en las
- lagunas de Ruidera tradiciones referentes a Montesinos, parecen
- invención de Don Quijote la dueña Ruidera y el escudero Guadiana
- con su metamórfosis en río.
-
- [533] Una de las lagunas de Ruidera se llama _del Rey_. Parece
- que dos de ellas pertenecían a la orden de San Juan, y las
- restantes al Rey. En total no son, como dice Cervantes nueve,
- sino 13, y dos más que se secan por el verano.
-
- [534] El Guadiana tiene fama de criar mucho pescado, aunque
- malsano.
-
- [535] _Paciencia y barajar_ es una expresión proverbial con
- que se exhorta a la paciencia a los perdidosos en el juego de
- naipes. Nótese el uso del infinitivo con valor de imperativo, muy
- peculiar del español y portugués, aunque se presenta también en
- francés «prendre tant de grammes de cette potion».
-
- [536] Por _alguna_ se diría hoy mejor _cualquiera_ con
- significado de _ninguna_. Del uso de _alguno_ por _ninguno_
- en frases negativas como: «sin ser visto de alguno» se pasó a
- darle este valor en otras que sólo son negativas por la idea que
- envuelven: «contribuyó más que otro alguno a su adelantamiento».
-
- [537] Durandarte al morir y encargar a Montesinos que llevase
- a Belerma su corazón, le mandaba también que se lo recordase
- incesantemente:
-
- y traelde a la memoria
- dos veces cada semana.
-
- [538] Endechas eran canciones tristes que se lloraban sobre los
- muertos de cuerpo presente. Solían ser cuartetas de seis sílabas,
- y algunas tenían cierto encanto lúgubre y plañidero, como esta
- que, al decir de Covarrubias, era ejemplo casero y sabido de
- todos en tiempo de Cervantes:
-
- Parióme mi madre
- una noche obscura,
- cubrióme de luto,
- faltóme ventura...
-
- [539] _Tener_ equivalía a ‘opinar’; en latín «fama tenet». Hoy se
- dice «tengo para mí que...» Rodríguez Marín, en su edición del
- Quijote IV (1916), interpreta de otro modo: ‘como tenía fama de
- serlo’.
-
- [540] _¡Cepos quedos!_ expresión del lenguaje truhanesco y
- carcelario; voz dirigida al criminal que remueve el cepo tratando
- de huir. La comparación «quedo como un cepo», que usa la _Pícara
- Justina_, alude a la pesadez e inmovilidad de los cepos.
-
- [541] _Pasar razones_, _coloquios_, etc., era muy usado por
- ‘cruzarse palabras’.
-
- [542] Es descuido de Cervantes por «como ha estado allá abajo».
-
- [543] Eran perros que guardaban el Hospital de la Resurrección en
- Valladolid, fundado en tiempo de Carlos V, en 1553; hoy le llaman
- Hospital de Esgueva. Los perros acompañaban también, de noche, a
- los hermanos de la capacha, para pedir limosna, y les alumbraban
- llevando en su boca una linterna.
-
- [544] Hoy los indefinidos _uno_, _otro_ no suelen llevar
- artículo, cuando forman una cláusula distributiva de más de
- dos miembros; v. BELLO, _Gr._ § 1172. Nótese que el repetir la
- preposición para empezar la enumeración es familiar. En el estilo
- limado de hoy se repetiría colocándola al fin del primer miembro
- de la enumeración: «en las camas estaban: un alquimista en una,
- en otra un poeta», etc., o mejor simplemente, «un alquimista, un
- poeta», etc.
-
- [545] Alquimista era el químico antiguo que se empeñaba en hallar
- la piedra filosofal, o sea cierta sustancia con la cual pudiese
- componer y sacar artificialmente el oro de otros minerales.
-
- [546] Los arbitristas eran economistas ramplones, que se
- dedicaban a imaginar _arbitrios_ o proyectos tan sencillos como
- disparatados, con los que pretendían curar los más complicados
- males de la hacienda y la administración de los últimos reyes
- de la casa de Austria. El nombre noble para designar a los
- hacendistas era el de _políticos_. La palabra _economista_ es
- sólo de nuestros días.
-
- [547] Igual observación que en la nota 544 de la pág. 262. Hoy _de
- uno_.
-
- [548] Ars poet. 388. «Nonumque prematur in annum, membranis intus
- positis.»
-
- [549] Esto es, que le había costado veinte años de _ocupación_, y
- que había _pasado_ más de los diez años consabidos esperando la
- publicidad; a esta espera la llama con juego de palabras estado
- _de pasante_.
-
- [550] _Sujeto_ por ‘asunto’ pasa hoy por galicismo a ojos de
- muchos. Cervantes dice en otro lugar: «dar sujeto a sus versos».
-
- [551] _Brial_, túnica usada en la antigüedad por hombres y
- mujeres. _La demanda del Santo Brial_, en lugar del _Santo Grial_
- (véase página 230, n. 463), es desatino intencionado, como lo es
- el decir que el arzobispo Turpín escribió la historia de Artús
- (véase página 233, n. 475).
-
- [552] Es decir, sin valerse para el consonante del verso de las
- fáciles terminaciones esdrújulas que ofrece la conjugación, como
- _mandábamos_, _mandándome_, _mándale_, etc.
-
- [553] De la confusión de las dos expresiones _poco se me alcanza_
- + _poco entiendo_, resultó la frase extraña, de Cervantes, _poco
- se me entiende_.
-
- [554] La construcción: _manando en oro_, es resultado de la
- confusión de las dos frases _manando oro_ y _nadando en oro_,
- sin que tenga nada que ver con la construcción intransitiva del
- latín: «culter manans _sanguine_». El _Guzmán de Alfarache_, por
- ejemplo, dice: «todos manábamos oro.»
-
- [555] _Potencia propincua_, ‘posibilidad próxima, a pique, muy
- cerca’.
-
- [556] _El punto fijo_ o _de longitud_ es el medio de determinar
- exactamente la longitud en alta mar. Como resolver el problema de
- la longitud en las cartas de marear era tan interesante para las
- grandes navegaciones de los españoles y portugueses, el gobierno
- de Felipe III ofreció varios premios a los que hicieran este
- hallazgo; siendo muchos los que gastaban su vida en tal estudio,
- que entonces parecía quimérico e imposible, dado el atraso de las
- ciencias y que aun para Newton fué irresoluble.
-
- [557] ‘Cuando menos lo pienso’. El _Diccionario de Autoridades_
- dice: «_Cuando menos se cata_ o _cuando no se cata_, frases para
- explicar una cosa impensada, que sucede cuando menos se espera o
- piensa.»
-
- [558] _Carnero_ es la sepultura común destinada en los
- cementerios a los cadáveres que no tienen enterramiento propio.
- Díjose de _carne_, como _osero_ o _huesera_ de hueso, sitio
- destinado en los cementerios a amontonar los huesos. Covarrubias
- añade: «y los papeles que no son de provecho, y por ser antiguos
- no se queman, poniéndolos en alguna parte retirada, dicen
- _echarlos en el carnero_; a imitación del de los muertos.» Esta
- frase no está en el Diccionario Académico.
-
- [559] _Reduzga_ por _reduzca_, es forma extraña de conjugar los
- incoativos que se conserva hoy en _yazgo_ al lado de _yazco_.
- Nació por analogía con verbos tales como _valgo_, _tengo_, etc.
-
- [560] La población de la Península a principios del siglo XVII,
- antes de la expulsión de los moriscos, se calcula en nueve
- millones y pico. (DON JOSÉ GARCÍA BARZANALLANA, _La población de
- España_, pág. 19.)
-
- [561] _Al menorete_ equivale a ‘por lo bajo, por lo poco’.
-
- [562] Hoy se escribe _aechar_, limpiar en el harnero las
- semillas, quitándoles el polvo, paja y piedras.
-
- [563] El demostrativo _tal_ tiene aquí valor del indefinido
- _alguno_. Nótese la elipsis siguiente _que (el ayunar) le fuese
- conveniente_.
-
- [564] _Riyo_, _riyes_ llevaba una _y_ eufónica para evitar el
- hiato: _río_, _ríes_.
-
-
-
-
-DON FRANCISCO DE MONCADA
-
-(1586-1635)
-
-
-La _Expedición de los Catalanes y Aragoneses contra Turcos y Griegos_
-fué escrita en 1620, pero no se publicó sino en 1623.
-
-Aunque floreció este autor ya en el siglo XVII, no hallamos en él
-rastros del gusto literario de su época; pertenece por su estilo al
-siglo XVI, pues se inspira visiblemente en la guerra de Granada de
-Mendoza.
-
-Es, como él, sentencioso y conciso, pero no extrema tanto la brevedad
-en el decir, ni su estilo es afectadamente cortado; nótese la
-amplitud extraordinaria de la frase en todo el Prólogo. El lenguaje
-de Moncada tiene aspecto muy semejante al moderno, gracias a la
-trabazón más perfecta de las cláusulas, hija de las condiciones
-naturales del autor más que de estudio y esmero, ya que el trabajo de
-corrección y lima se descubre poco en esta obra, según se echa de ver
-en descuidos tales como el señalado en la página 272, nota 566.
-
-No obstante se descubre en el tono general cierta ligera afectación,
-por ejemplo, en lo muy a menudo que relega el verbo al fin de la
-frase.
-
-
- EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES
- CONTRA TURCOS Y GRIEGOS
-
- PRÓLOGO
-
-Mi intento es escribir la memorable expedición y jornada que los
-catalanes y aragoneses hicieron a las provincias de levante, cuando
-su fortuna y valor andaban compitiendo en el aumento de su poder y
-estimación: llamados por Andrónico Paleólogo, emperador de griegos,
-en socorro y defensa de su imperio y casa: favorecidos y estimados
-en tanto que las armas de los turcos le tuvieron casi oprimido, y
-temió su perdición y ruina; pero, después que por el esfuerzo de
-los nuestros quedó libre dellas, maltratados y perseguidos con gran
-crueldad y fiereza bárbara, de que nació la obligación natural de
-mirar por su defensa y conservación, y la causa de volver sus fuerzas
-invencibles contra los mismos griegos y su príncipe Andrónico; las
-cuales fueron tan formidables, que causaron temor y asombro a los
-mayores príncipes de Asia y Europa, perdición y total ruina a muchas
-naciones y provincias, y admiración a todo el mundo. Obra será esta,
-aunque pequeña por el descuido de los antiguos, largos en hazañas,
-cortos en escribirlas[565], llena de varios y extraños casos, de
-guerras continuas en regiones remotas y apartadas, con varios pueblos
-y gentes belicosas, de sangrientas batallas y victorias no esperadas,
-de peligrosas conquistas acabadas con dichoso fin por tan pocos y
-divididos catalanes y aragoneses, que al principio fueron burla de
-aquellas naciones, y después instrumento de los grandes castigos que
-Dios hizo en ellas. Vencidos los turcos en el primer aumento de su
-grandeza otomana, desposeídos de grandes y ricas provincias de la
-Asia menor, y a viva fuerza y rigor de nuestras espadas encerrados en
-lo más áspero y desierto de los montes de Armenia; después, vueltas
-las armas contra los griegos, en cuyo favor pasaron, por librarse de
-una afrentosa muerte, y vengar agravios que no se pudieran disimular
-sin gran mengua de su estimación y afrenta de su nombre, ganados por
-fuerza muchos pueblos y ciudades, desbaratados y rotos poderosos
-ejércitos, vencidos y muertos en campo reyes y príncipes, grandes
-provincias destruídas y desiertas, muertos, cautivos o desterrados
-sus moradores (venganzas merecidas más que lícitas), Tracia,
-Macedonia, Tesalia y Beocia penetradas y pisadas, a pesar de todos
-los príncipes y fuerzas del oriente, y últimamente, muerto a sus
-manos el duque de Atenas con toda la nobleza de sus vasallos y de los
-socorros de franceses y griegos, ocupado su estado, y en él fundado
-un nuevo señorío.
-
-En todos estos sucesos no faltaron traiciones, crueldades, robos,
-violencias y sediciones; pestilencia común, no sólo de un ejército
-colectivo y débil por el corto poder de la suprema cabeza, pero de
-grandes y poderosas monarquías. Si como vencieron los catalanes a
-sus enemigos, vencieran su ambición y codicia, no excediendo los
-límites de lo justo, y se conservaran unidos, dilataran sus armas
-hasta los últimos fines del oriente, y viera Palestina y Jerusalén
-segunda vez las banderas cruzadas. Porque su valor y disciplina
-militar, su constancia en las adversidades, sufrimiento en los
-trabajos, seguridad en los peligros, presteza en las ejecuciones,
-y otras virtudes militares, las tuvieron en sumo grado[566], en
-tanto que la ira no las pervirtió; pero el mismo poder que Dios les
-entregó para castigar y oprimir tantas naciones, quiso que fuese
-el instrumento de su propio castigo. Con la soberbia de los buenos
-sucesos, desvanecidos con su prosperidad, llegaron a dividirse en
-la competencia del gobierno; divididos[567], a matarse; con que
-se encendió una guerra civil tan terrible y cruel, que causó sin
-comparación mayores daños y muertes que las que tuvieron con los
-extraños.
-
-
- Descripción de los Almugávares y de su modo de pelear
-
-La antigüedad, madre del olvido, por quien han perecido claros hechos
-y memorias ilustres, entre otras que nos dejó confusas, ha sido
-el origen[568] de los almugávares; pero según lo que yo he podido
-averiguar, fué de aquellas naciones bárbaras que destruyeron el
-imperio y nombre de los romanos en España, y fundaron el suyo, que
-largo tiempo conservaron con esplendor y gloria de grande majestad,
-hasta que los sarracenos en menos de dos años le oprimieron, y
-forzaron a las reliquias deste universal incendio que[569] entre
-lo más áspero de los montes buscasen su defensa, donde las fieras
-muertas por su mano les dieron comida y vestido.
-
-Pero luego su antiguo valor y esfuerzo, que el regalo y delicias
-tenían sepultado, con el trabajo y fatiga se restauró[570], y
-les hizo dejar las selvas y bosques, y convertir sus armas contra
-moros[571], ocupadas antes en dar muerte a fieras. Con la larga
-costumbre de ir divagando, nunca edificaron casas ni fundaron
-posesiones; en la campaña y en las fronteras de enemigos tenían
-su habitación y el sustento de sus personas y familias: despojos
-de sarracenos, en cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidas,
-sin otra arte ni oficio más que servir pagados en la guerra, y
-cuando faltaban las que sus reyes hacían, con cabezas y caudillos
-particulares, corrían las fronteras; de donde vinieron a llamar los
-antiguos el ir a las correrías, _ir en almugavería_.
-
-Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos de su gloria o afrenta;
-y como los alemanes en todos tiempos lo han usado, el vestido de
-pieles de fieras, abarcas y antiparas de lo mismo. Las armas: una
-red de hierro en la cabeza a modo de casco, una espada y un chuzo
-algo menor de lo que se usa hoy en las compañías de arcabuceros. Pero
-la mayor parte llevaban tres o cuatro dardos arrojadizos; era tanta
-la presteza y violencia con que los despedían de sus manos, que
-atravesaban hombres y caballos armados; cosa al parecer dudosa, si
-Desclot y Muntaner[572] no lo refirieran, autores graves de nuestras
-historias, adonde largamente se trata de sus hechos, que pueden
-igualar con los muy celebrados de romanos y griegos.
-
-Carlos, Rey de Nápoles, puestos ante su presencia algunos prisioneros
-almugávares, admirado de la vileza del traje y de las armas, al
-parecer inútiles, contra los cuerpos de hombres y caballos armados,
-dijo con algún desprecio que si eran aquellos los soldados con que
-el rey de Aragón pensaba hacer la guerra. Replicóle uno dellos,
-libre siempre el ánimo para la defensa de su reputación: «Señor, si
-tan viles te parecemos y estimas en tan poco nuestro poder, escoge
-un caballero de los más señalados de tu ejército, con las armas
-ofensivas y defensivas que quisiere; que yo te ofrezco con sola mi
-espada y dardo de pelear en campo con él.» Carlos, con deseo de
-castigar la insolencia del almugávar, aplazó el desafío y quiso
-asistir y ver la batalla. Salió un francés con su caballo armado de
-todas piezas, lanza, espada y maza para combatir, y el almugávar con
-sola su espada y dardo. Apenas entraron en la estacada, cuando le
-mató el caballo, y queriendo hacer lo mismo de su dueño, la voz del
-Rey le detuvo, y le dió por vencedor y por libre. Otro almugávar en
-esta misma guerra, a la lengua del agua[573], acometido de veinte
-hombres de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros muchos
-hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia el
-tratar de otra largamente.
-
-La duda que se ofrece sólo es del hombre, si fué de nación o de
-milicia en sus principios. Tengo por cosa cierta que fué de nación, y
-para asegurarme más en esta opinión, tengo a George Pachimerio[574],
-autor griego, cuyos fragmentos dan mucha luz a toda esta historia,
-que llama a los almugávares descendientes de los avares, compañeros
-de los hunos y godos; y aunque no se hallará autor que opuestamente
-lo contradiga, por muchas leyes de las _Partidas_ se colige
-claramente que el nombre de almugávar era nombre de milicia, y el
-ser esto verdad no contradice lo primero, porque entrambas cosas
-pueden haber sido; en su principio, como Pachimerio dice, fué de
-nación; pero después, como no ejercitaran los almugávares otra arte
-ni oficio, vinieron ellos a dar nombre a todos los que servían en
-aquel modo de milicia, así como muchas artes y ciencias tomaron
-el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho que hubiese quien se
-agregase a los almugávares, milicia de tanta fatiga y peligro, sin
-ser de su nación[575], porque la inclinación natural les hacía
-seguir la profesión de los padres; ni hay hombre que, pudiendo
-escoger, siguiese milicia que desde la primera edad se ocupase con
-tanto riesgo de la vida, descomodidad y continuo trabajo. Nicéforo
-Gregoras[576] dice que almugávar es nombre que dan a toda su
-infantería los latinos (así llaman los griegos a todas las naciones
-que tienen a su poniente); pero no hay para qué contradecir con
-razones falsedad tan manifiesta, y más contra un autor tan poco
-advertido en nuestras cosas como Nicéforo.
-
-
-NOTAS
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- [565] Imitación de Mariana, quien en el Prólogo de su historia
- dice: «España, más abundante en hazañas que en escritores...» En
- las enumeraciones que siguen, recuerda este prólogo de Moncada al
- de Hurtado de Mendoza, a quien especialmente imita.
-
- [566] Esta frase está construída con gran descuido e
- inconsecuencia. Deben borrarse los dos primeros _su_, escritos
- por Moncada, pensando dar otra conclusión a la frase, que luego
- olvidó. Tal como la termina hay que leer: «porque valor y
- disciplina militar, constancia, etc...»
-
- [567] Participio absoluto y elipsis del verbo; la frase completa
- sería: «una vez divididos _llegaron_ a matarse».
-
- [568] _Origen_ es el predicado de _ha sido_, en lugar de
- _memoria_, que va anticipado. La frase completa sería: _ha sido
- la del origen_.
-
- [569] Hoy se diría: «forzaron _a_ que buscasen»; Moncada suprimió
- quizá la preposición, porque la precedía otra con el acusativo
- «_a_ las reliquias.»
-
- [570] Aunque Moncada suele poner el verbo en plural cuando tiene
- varios sujetos, aquí usa el singular, porque _valor y esfuerzo_
- son una mera redundancia, y como el adjetivo _antiguo_ les
- precede, y, por lo tanto, ha de ir en singular, contribuye más a
- presentarlo a la imaginación como sujeto único y no doble.
-
- [571] El castellano antiguo no usaba artículo con los nombres de
- naciones: «desamparó a castellanos»; «mucho plogo a castellanos.»
-
- [572] Bernardo Desclot y Ramón Muntaner, cronistas catalanes de
- la Edad Media. La historia del primero llega hasta la muerte de
- Pedro III el Grande, 1285, y la de Muntaner hasta Jaime II.
-
- [573] «Lengua del agua», orilla, tierra que el agua lame con sus
- ondas.
-
- [574] Autor de la historia de Andrónico Paleólogo.
-
- [575] Este razonamiento contradícelo Desclot, cap. 79, quien
- afirma que los almugávares eran de varias naciones, a pesar de
- que en su tiempo vivían únicamente de entradas y robos en tierra
- de sarracenos: «e son Catalans e Aragonesos e Serrayns».
-
- [576] Autor de una Historia Bizantina.
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-DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS
-
-(1580-1645)
-
-
-Su _Política de Dios_ fué publicada en 1626; en igual año, la _Vida
-del Buscón_; los dos _Sueños_ titulados: las _Zahurdas de Plutón_ y
-la _Visita de los Chistes_ en 1627, y el _Marco Bruto_ en 1644.
-
-El siglo XVI había adornado el lenguaje con el período amplio y
-la frase fluida y encadenada. Fray Luis de Granada y Fray Luis de
-León, habían adiestrado en su uso la prosa doctrinal; Cervantes, la
-prosa narrativa. Sólo en los historiadores (sobre todo en Mendoza,
-bastante menos en Mariana) se advertía la opuesta tendencia, a la
-frase cortada y breve. Esta manera especial de los historiadores
-obedecía, según se ha dicho, a la imitación de Salustio y Tácito,
-y como en el siglo XVII abundan, al par de los historiadores, los
-escritores moralistas, que se inspiraban habitualmente en las obras
-de Séneca el filósofo, cuajadas de sentencias, antítesis y simetrías,
-de ahí que, contrastando con el lenguaje del siglo XVI, predomine
-en el del XVII la frase elíptica. Era ésta la forma apropiada para
-el estilo _conceptuoso_ que entonces predominó entre los prosistas
-(contrario al que dominó en los poetas, el _culterano_); la cláusula
-corta se prestaba muy especialmente para exponer los _conceptos_, que
-así llamaban a la comparación primorosa de dos ideas que mutuamente
-se esclarecen, y en general todo pensamiento agudo enunciado de
-una manera rápida y picante. Lo que principalmente buscaba el
-conceptista al escribir, era hacer gala de agudeza e ingenio, por
-eso muestra gusto especial por las metáforas forzadas, asociaciones
-anormales de ideas, transiciones bruscas, y gusto por los contrastes
-violentos en que se funda todo humorismo, que humoristas son los
-grandes escritores de este siglo, Quevedo y Gracián. En estos
-autores geniales, el conceptismo aparece lleno de profundidad, la
-frase encierra más ideas que palabras (al revés del culteranismo,
-que prodiga más las palabras que las ideas); pero en los autores de
-orden inferior de este siglo la agudeza suele estribar únicamente
-en lo rebuscado del pensamiento, en equívocos triviales y en
-estrambóticas comparaciones. El siglo XVI fué el de esplendor de la
-prosa castellana, el XVII es ya de decadencia; y uno de los síntomas
-de ésta es precisamente el buscar como principal sazón de la obra
-literaria el artificio y la agudeza.
-
-Quevedo es el representante más notable del estilo propio de los
-autores del siglo XVII y el maestro de casi todos ellos. Es un genio,
-aunque un genio de la decadencia; modelo en la expresión siempre
-penetrante y enérgica, en el lenguaje satírico lleno de ironía y
-escarnio, en el chiste pronto y centelleante, en los abultados rasgos
-con que esboza los tipos caricaturescos de sus obras festivas y las
-tétricas fantasías burlescas de sus _Sueños_. El defecto que a veces
-echa a perder el estilo de Quevedo es la exageración del ingenio,
-la originalidad extravagante, la oscuridad del concepto; como dice
-Fernández Guerra: «hacen sudar sus genialidades y agudezas, y sobre
-todo su lenguaje es tan idiótico y exquisito, que pone a prueba, para
-sólo entenderlo a veces, a los talentos más ejercitados en el estudio
-de nuestro riquísimo idioma».
-
-En su lenguaje se mezclan el artificio literario con la castiza
-llaneza popular; su vocabulario, al par que abunda en términos
-técnicos y pedantescos, es de los más ricos en toda clase de términos
-vulgares, sin que retroceda ante lo más grosero y soez, ofreciéndonos
-así mezcladas las reminiscencias de la poderosa cultura del autor con
-la vena genial de su inspiración picaresca.
-
-En el manejo de los caudales de la lengua, muestra Quevedo soltura
-y desenfado tan magistral, que halla siempre en ella instrumento
-dócil a sus más sutiles y extrañas ocurrencias; se doblegan a los
-caprichos de su imaginación lo mismo la sintaxis que la significación
-de las voces, a las que frecuentemente da un valor convencional y
-de ocasión, o las leyes de composición de las palabras, pues las
-forja nuevas siempre que las echa de menos para lograr un efecto
-cómico, creando así un diccionario burlesco suyo propio, lleno de
-voces tales como _titulecer_, remedo de amanecer; _disparatario_, por
-vocabulario de disparates; _pretenmuela_, cuando no le parece propio
-usar «pretendiente», y otros innumerables, algunos de los cuales
-forman parte de nuestro lenguaje ordinario. La invención de Quevedo
-en el vocabulario de burlas la continúan otros autores de este siglo,
-Gracián por ejemplo, en el vocabulario de las ideas abstractas; y
-de esta labor de enriquecimiento y neologismo proviene la mayor
-parte del caudal de la lengua moderna que hoy hablamos. La riqueza
-heredada, que el lenguaje del siglo XVI ostentaba como único tesoro,
-parecía ya escasa.
-
-
- POLÍTICA DE DIOS Y GOBIERNO DE CRISTO
-
- En esta obra dirige Quevedo a Felipe IV reglas de buen gobierno
- fundadas en los textos de la Biblia. Aquí, comentando a San
- Lucas, VII, y San Mateo, XI, da las señas ciertas del verdadero
- rey.
-
-Envió San Juan sus mensajeros a Cristo, que le preguntaron si era el
-que había de venir, el que esperaban, el Mesías prometido, el rey
-Dios y hombre. Bien sabía San Juan que era Jesús el prometido, y que
-no había que esperar a otro: no aguardó a nacer para declararlo[577].
-¿Por qué, pues, manda a sus discípulos el Precursor santísimo que
-de su parte le pregunten a Cristo lo que él sabía? La materia fué
-la más grave que dispuso el Padre Eterno, y que obró el Espíritu
-Santo, y que ejecutó el amor del Hijo: tratábase de dar a entender
-al mundo con demostración que Jesús era hombre y Dios, el rey ungido
-que prometieron los Profetas; quiso[578] que su pregunta enseñase con
-la respuesta de Cristo lo que no podía tener igual autoridad en sus
-palabras. Literalmente lo probaré con el texto sagrado.
-
-Preguntaron a Jesús si era el prometido, el que había de venir; y
-Cristo respondió con obras sin palabras; pues luego resucitó muertos,
-dió vista a ciegos, pies a tullidos, habla a los mudos, salud a los
-enfermos, libertad a los poseídos del demonio; y después dijo: «Id y
-diréis a Juan que los muertos resucitan, los ciegos ven, los mudos
-hablan, los tullidos andan, los enfermos guarecen.» Quien a todos da
-y a nadie quita; quien a todos da lo que les falta; quien a todos da
-lo que han menester y desean, ese Rey es, ese es el Prometido, es el
-que se espera, y con él no hay más que esperar. Pobladas están de
-coronas y cetros estas acciones. No dijo: «Yo soy rey»; sino mostróse
-rey. No dijo: «Yo soy el Prometido»; sino cumplió lo prometido. No
-dijo: «No hay que esperar a otro»; sino obró de suerte, que no dejó
-que esperar de otro.
-
-Sacra, Católica, Real Majestad[579], bien puede alguno mostrar
-encendido su cabello en corona ardiente en diamantes, y mostrar
-inflamada su persona con vestidura, no sólo teñida, sino embriagada
-con repetidos hervores de la púrpura; y ostentar soberbio el cetro
-con el peso del oro, y dificultarse a la vista remontado en trono
-desvanecido[580], y atemorizar su habitación con las amenazas bien
-armadas de su guarda[581]; llamarse rey, y firmarse rey; mas serlo y
-merecer serlo, si no imita a Cristo en dar a todos lo que les falta,
-no es posible, Señor. Lo contrario, más es ofender que reinar.
-
-Quien os dijere que vos no podéis hacer estos milagros, dar vista y
-pies, y vida, y salud, y resurrección y libertad de opresión de malos
-espíritus, ese os quiere ciego, y tullido, y muerto, y enfermo, y
-poseído de su mal espíritu. Verdad es que no podéis, Señor, obrar
-aquellos milagros; mas también lo es que podéis imitar sus efectos.
-Obligado estáis a la imitación de Cristo. Si os descubrís donde os
-vea el que[582] no dejan que pueda veros, ¿no le dais vista? Si
-dais entrada al que necesitando de ella se la negaban, ¿no le dais
-pies y pasos? Si oyendo a los vasallos, a quien[583] tenía oprimido
-el mal espíritu de los codiciosos, los remediais, ¿no les dais
-libertad de tan mal demonio? Si oís al que la venganza y el odio
-tiene condenado al cuchillo o al cordel, y le hacéis justicia, ¿no
-resucitáis un muerto? Si os mostráis padre de los huérfanos y de
-las viudas, que son mudos, y para quien todos son mudos, ¿no les
-dais voz y palabras? Si socorriendo los[584] pobres, y disponiendo
-la abundancia con la blandura del gobierno, estorbáis la hambre y
-la peste, y en una y otra todas las enfermedades, ¿no sanáis a los
-enfermos? Pues, ¿cómo, Señor, estos malsines de la doctrina de Cristo
-os acreditarán los milagros de esta imitación, que sola os puede
-hacer rey verdaderamente, y pasar la majestad de los cortos límites
-del nombre? Por esto, soberano Señor, dijo Cristo: «Mayor testimonio
-tengo que Juan Bautista, porque las obras que hago dan testimonio de
-mí.» Y reconociendo esto San Juan, no dijo lo que sabía, sino mandó
-a sus discípulos le preguntasen quién era, para que respondiendo sus
-obras viese el mundo mayor testimonio que el suyo.
-
-Pues si no puede ser buen rey, imitador del verdadero Rey de los
-reyes, el que no diere a los suyos salud, vida, ojos, lengua, pies y
-libertad, ¿qué será el que les quitare todo esto? Será, sin duda, mal
-espíritu, enfermedad, ceguera y muerte. Considere Vuestra Majestad
-si los que os apartan de hacer estos milagros quieren ellos solos
-veros y que los veáis; acompañaros siempre; que no habléis con otros,
-y que otros no os hablen; que no obréis salud y vida y libertad,
-sino con ellos; y sin otra advertencia conoceréis que os ciegan, y
-os enferman, y os tullen, y os enmudecen; y os hallaréis obseso de
-malos espíritus vos, cuyo oficio es obrar en todos los vuestros lo
-contrario.
-
-¡Insensatos electores de imperios son los nueve meses! Quien debe la
-majestad a las anticipaciones del parto y a la primera impaciencia
-del vientre, mucho hace si se acuerda, para vivir como rey, de
-que nació como hombre. Pocos tienen por grandeza ser reyes por el
-grito de la comadre; pocos, aun siendo tiranos, se atribuyen a la
-naturaleza: todos lo hacen deuda a sus méritos. Dichoso es quien
-nace para ser rey, si reinando merece serlo; y no se merece sino
-con la imitación de las obras con que Cristo respondió que era rey.
-El angélico Doctor Santo Tomás, en el opúsculo _De la enseñanza
-del príncipe_, dice que si los monarcas, que están en la mayor
-altura y encima de todos, no son como el fieltro, que defiende de
-las inclemencias del tiempo al que le lleva encima, son como las
-inclemencias, diluvios y piedra sobre las espigas que cogen debajo.
-Lleva el vasallo el peso del rey a cuestas como las armas, para
-que le defienda, no para que le hunda. Justo es que recompense,
-defendiendo, el ser llevado y el ser carga.
-
-
- VIDA DE MARCO BRUTO
-
- Haciendo amplios comentarios al texto de la Vida de Bruto,
- escrita por Plutarco, supone que el matador de César pronuncia
- ante el pueblo esta oración:
-
-«Ciudadanos de Roma: Las guerras civiles, de compañeros de Julio
-César os hicieron vasallos; y esta mano, de vasallos os vuelve a
-compañeros. La libertad que os dió mi antecesor Junio Bruto contra
-Tarquino, os da Marco Bruto contra Julio César. De este beneficio
-no aguardo vuestro agradecimiento, sino vuestra aprobación. Yo
-nunca fuí enemigo de César, sino de sus designios; antes tan
-favorecido[585], que en haberle muerto fuera el peor de los ingratos,
-si no hubiera sido el mejor de los leales. No han sido sabidoras de
-mi intención la envidia ni la venganza. Confieso que César, por su
-valentía y por su sangre, y su eminencia en la arte militar y en
-las letras, mereció que le diese vuestra liberalidad los mayores
-puestos; mas también afirmo que mereció la muerte, porque quiso
-antes tomároslos con el poder de darlos, que merecerlos: por esto
-no lo he muerto sin lágrimas. Yo lloré lo que él mató en sí, que
-fué la lealtad a vosotros, la obediencia a los Padres; no lloré su
-vida, porque supe llorar su alma. Pompeyo dió la muerte a mi padre;
-y aborreciéndole[586] como a homicida suyo, luego que contra Julio
-en defensa de vosotros tomó las armas, le perdoné el agravio, seguí
-sus órdenes, milité en sus ejércitos, y en Farsalia me perdí con
-él[587]. Llamóme con suma benignidad César, prefiriéndome en las
-honras y beneficios a todos. He querido traeros estos dos sucesos a
-la memoria, para que veáis que ni en Pompeyo me apartó de vuestro
-servicio mi agravio, ni en César me granjearon contra vosotros
-las caricias y favores. Murió Pompeyo por vuestra desdicha: vivió
-César por vuestra ruina: matéle yo por vuestra libertad. Si esto
-juzgáis por delito[588], con vanidad le confieso; si por beneficio,
-con humildad os le propongo. No temo el morir por mi patria; que
-primero decreté mi muerte que la de César. Juntos estáis, y yo
-en vuestro poder; quien se juzgare indigno de la libertad que le
-doy, arrójeme su puñal, que a mí me será doblada gloria morir por
-haber muerto al tirano. Y si os provocan a compasión las heridas
-de César, recorred todas vuestras parentelas, y veréis cómo por él
-habéis degollado vuestros linajes, y los padres con la sangre de
-los hijos, y los hijos con la de sus padres, habéis[589] manchado
-las campañas y calentado los puñales. Esto, que no pude estorbar y
-procuré defender[590], he castigado. Si me hacéis cargo de la vida de
-un hombre, yo os le hago de la muerte de un tirano. Ciudadanos: si
-merezco pena, no me la perdonéis; si premio, yo os le perdono.»
-
-
- LAS ZAHURDAS DE PLUTÓN
-
- El autor finge en este _Sueño_ que, dejando el camino
- desagradable y solitario de la virtud, se pasa a otro atestado de
- gente de todas condiciones que por él corría; encarece el humor
- agradable y entretenido de estos pasajeros, y pondera su contento
- de ir en compañía tan reverenda y honrada.
-
-Mas duróme poco, porque oí decir a mis espaldas: «¡Dejen pasar
-los boticarios!»[591]--¿Boticarios pasan?--dije yo entre mí--; al
-infierno vamos. Y fué así, porque al punto nos hallamos dentro por
-una puerta como[592] de ratonera, fácil de entrar[593], e imposible
-de salir por ella.
-
-Y fué de ver que nadie en todo el camino dijo: «Al infierno vamos»;
-y todos, estando en él, dijeron muy espantados: «¡En el infierno
-estamos!» ¿En el infierno?--dije yo muy afligido--; ¡no puede ser!
-Quíselo poner a pleito; comencéme a lamentar de las cosas que dejaba
-en el mundo: los parientes, los amigos, los conocidos, las damas;
-y estando llorando esto, volví la cara hacia el mundo, y vi venir
-por el mismo camino, despeñándose a todo correr, cuanto[594] había
-conocido allá, poco menos. Consoléme algo en ver esto, y que, según
-se daban priesa a llegar al infierno, estarían conmigo presto.
-
-Comenzóseme a hacer áspera la morada y desapacibles los zaguanes.
-Fuí entrando poco a poco entre unos sastres que se me llegaron, que
-iban medrosos de los diablos. En la primera entrada hallamos siete
-demonios escribiendo los que íbamos entrando. Preguntáronme mi
-nombre; díjele y pasé. Llegaron a mis compañeros, y dijeron que eran
-remendones, y dijo uno de los diablos: «Deben entender los remendones
-en el mundo que no se hizo el infierno sino para ellos, según se
-vienen por acá.» Preguntó otro diablo cuántos eran; respondieron
-que ciento, y replicó un verdugo mal barbado entrecano: «¿Ciento,
-y sastres? No pueden ser tan pocos; la menor partida que habemos
-recibido ha sido de mil y ochocientos. En verdad que estamos por no
-recibirles.» Afligiéronse ellos; mas al fin entraron. Ved cuáles
-son los malos, que es para ellos amenaza el no dejarlos entrar en
-el infierno. Entró el primero[595] un negro, chiquito, rubio, de
-mal pelo; dió un salto en viéndose allá, y dijo: «Ahora acá estamos
-todos.» Salió de un lugar, donde estaba aposentado, un diablo de
-marca mayor[596], corcovado y cojo; y arrojándolos en una hondura
-muy grande, dijo: «Allá va leña.» Por curiosidad me llegué a él y le
-pregunté de qué estaba corcovado y cojo, y me dijo (que era diablo
-de pocas palabras): «Yo era recuero de remendones. Iba por ellos al
-mundo, y de traerlos a cuestas me hice corcovado y cojo; he dado en
-la cuenta, y hallo que se vienen mucho más apriesa que yo los puedo
-traer.» En esto hizo otro vómito dellos el mundo, y hube de entrarme
-porque no había donde estar ya allí, y el monstruo infernal empezó a
-traspalar, y diz que es la mejor leña que se quema en el infierno,
-remendones de todo oficio, gente que sólo tiene bueno ser enemiga de
-novedades.
-
-Pasé adelante por un pasadizo muy escuro, cuando por mi nombre me
-llamaron. Volví a la voz los ojos, casi tan medrosa como ellos, y
-hablóme un hombre, que por las tinieblas no pude divisar más de lo
-que la llama que le atormentaba me permitía. «¿No me conoce? me dijo;
-a...» (ya lo iba a decir) y prosiguió tras su nombre:... «el librero?
-Pues yo soy. ¡Quién tal pensara!» Y es verdad, Dios, que yo siempre
-lo sospeché, porque era su tienda el burdel de los libros... «¿Qué
-quiere?--me dijo viéndome suspenso--pues es tanta mi desgracia que
-todos se condenan por las malas obras que han hecho, y yo y algunos
-libreros nos condenamos por las obras malas que hacen los otros, y
-por lo[597] que hicimos barato de los libros en romance y traducidos
-del latín, sabiendo ya con ellos los tontos lo que encarecían en
-otros tiempos los sabios; que ya hasta el lacayo latiniza, y hallarán
-a Horacio en castellano en la caballeriza.» Más iba a decir, sino
-que un demonio le comenzó a atormentar con humazos de hojas de sus
-libros, y otro a leerle alguno dellos. Yo, que vi que ya no hablaba,
-fuíme adelante, diciendo entre mí: Hay quien se condena por obras
-malas ajenas, ¿qué harán los que las hicieran propias?
-
-En esto iba, cuando en una gran zahurda andaban mucho número
-de ánimas gimiendo, y muchos diablos con látigos y zurriagas
-azotándolos[598]. Pregunté qué gente eran, y dijeron que no eran sino
-cocheros; y dijo un diablo lleno de cazcarrias, romo y calvo, que
-quisiera más (a manera de decir) lidiar con lacayos; porque había
-cochero de aquellos que pedía aun dineros por ser atormentado, y que
-la tema de todos era que habían de poner pleito a los diablos por el
-oficio, pues no sabían chasquear los azotes tan bien como ellos...
-
-Y lleguéme a unas bóvedas donde comencé a tiritar de frío y dar
-diente con diente, que me helaba. Pregunté, movido de la novedad
-de ver frío en el infierno, qué era aquello; y salió a responder
-un diablo zambo, con espolones y grietas, lleno de sabañones, y
-dijo: «Señor, este frío es de que en esta parte están recogidos los
-bufones, truhanes y juglares, chocarreros hombres por demás[599]
-y que sobran en el mundo, y que están aquí retirados, porque si
-anduvieran por el infierno sueltos, su frialdad es tanta, que
-templaría el dolor del fuego.» Pedíle licencia para llegar a verlos;
-diómela, y calofriado llegué y vi la más infame casilla del mundo,
-y una cosa que no habrá quien lo crea, que se atormentaban unos
-a otros con las gracias que habían dicho acá. Y entre los bufones
-vi muchos hombres honrados que yo había tenido por tales; pregunté
-la causa, y respondióme un diablo que eran aduladores, y que por
-esto eran bufones de entre cuero y carne[600]. Y repliqué yo, cómo
-se condenaban, y me respondieron: «Gente es que se aviene acá sin
-avisar, a mesa puesta y a cama hecha como en su casa. Y en parte los
-queremos bien, porque ellos se son diablos para sí y para otros, y
-nos ahorran de trabajos, y se condenan a sí mismos; y por la mayor
-parte en vida los más ya andan con marca del infierno, porque el que
-no se deja arrancar los dientes por dinero, se deja matar hachas en
-las nalgas o pelar las cejas; y así, cuando acá los atormentamos,
-muchos dellos después de las penas sólo echan menos las pagas...»
-
-Y volviendo vi un hombre asentado en una silla a solas, sin fuego,
-ni hielo, ni demonio, ni pena alguna, dando las más desesperadas
-voces que oí en el infierno, llorando el propio corazón, haciéndose
-pedazos a golpes y a vuelcos. ¡Válgame Dios!--dije en mi alma, ¿de
-qué se queja éste no atormentándole nadie? Y él cada punto doblaba
-sus alaridos y voces. «Dime, dije yo: ¿qué eres y de qué te quejas,
-si ninguno te molesta, si el fuego no te arde[601] ni el hielo te
-cerca?»--«¡Ay!, dijo dando voces, que la mayor pena del infierno es
-la mía: ¿verdugos te parece que me faltan? ¡Triste de mí, que los más
-crueles están entregados a mi alma! ¿No los ves?», dijo; y empezó a
-morder la silla y a dar vueltas alrededor y gemir; «vélos, que sin
-piedad van midiendo a descompasadas culpas eternas penas. ¡Ay, qué
-terrible demonio eres, memoria del bien que pude hacer, y de los
-consejos que desprecié y de los males que hice! ¡Qué representación
-tan continua! Déjasme tú, y sale el entendimiento con imaginaciones
-de que hay gloria que pude gozar, y que otros gozan a menos costa que
-yo mis penas! ¡Oh, qué hermoso que pintas el cielo, entendimiento,
-para acabarme! Déjame un poco siquiera. ¿Es posible que mi voluntad
-no ha de tener paz conmigo un punto? ¡Ay, huésped, y qué tres llamas
-invisibles, y qué sayones incorpóreos me atormentan en las tres
-potencias del alma! Y cuando éstos se cansan, entra el gusano de la
-conciencia, cuya hambre en comer del alma nunca se acaba: vesme aquí
-miserable y perpetuo alimento de sus dientes.» Y diciendo esto,
-salió[602] la voz: «¿Hay en todo este desesperado palacio quien
-trueque sus almas y sus verdugos a[603] mis penas? Así, mortal, pagan
-los que supieron en el mundo, tuvieron letras y discurso, y fueron
-discretos; ellos se son infierno y martirio de sí mismos.» Tornó
-amortecido a su ejercicio con más muestras de dolor. Apartéme de él
-medroso, diciendo: ¡Ved de lo que sirve caudal de razón y doctrina
-y buen entendimiento mal aprovechado! ¡Quién se lo vió[604] llorar
-sólo, y tenía dentro de su alma aposentado el infierno?
-
-
- VISITA DE LOS CHISTES
-
- En este _Sueño_ el autor ve en el Infierno a varios personajes
- que se nombran en frases hechas. Entrevista con Don Enrique de
- Villena.
-
-Descubrióse una grandísima redoma de vidrio, dijéronme que llegase,
-y vi jigote, que se bullía[605] en un ardor terrible, y andaba
-danzando por todo el garrafón, y poco a poco se fueron juntando
-unos pedazos de carne y unas tajadas, y déstas se fué componiendo
-un brazo, un muslo y una pierna, y al fin se coció y enderezó[606]
-un hombre entero. De todo lo que había visto y pasado me olvidé,
-y esta visión me dejó tan fuera de mí, que no me diferenciaba de
-los muertos. ¡Jesús mil veces!, dije, ¿qué hombre es éste, nacido
-en guisado, hijo de una redoma? En esto oí una voz que salía de la
-vasija, y dijo: «¿Qué año es éste?»--«De seiscientos y veinte y dos»,
-respondí.--«Este año esperaba yo.»--«¿Quién eres, dije, que, parido
-de una redoma, hablas y vives?»--«¿No me conoces?, dijo; la redoma
-y las tajadas ¿no te advierten que soy aquel famoso nigromántico
-de Europa?[607] ¿No has oído decir que me hice tajadas dentro de
-una redoma para ser inmortal?»--«Toda mi vida lo he oído decir, le
-respondí; mas túvelo por conversación de la cuna y cuento de entre
-dijes y babador. ¿Qué tú eres? Yo confieso que lo más que llegué a
-sospechar fué que eras algún alquimista que penabas en esa redoma, o
-algún boticario; todos mis temores doy por bien empleados por haberte
-visto.»--«Sábete, dijo, que mi nombre no fué del título que me da
-la ignorancia[608], aunque tuve muchos; sólo te digo que estudié
-y escribí muchos libros, y los míos quemaron, no sin dolor de los
-doctos.»--«Sí me acuerdo, dije yo: oído he decir que estás enterrado
-en un convento de religiosos; mas hoy me he desengañado.»--«Ya que
-has venido aquí, dijo, desatapa esa redoma.» Yo empecé a hacer fuerza
-y a desmoronar tierra con que estaba enlodado el vidrio de que era
-hecha, y díjome: «espera; dime primero: ¿hay mucho dinero en España?
-¿En qué opinión está el dinero? ¿Qué fuerza alcanza? ¿Qué crédito?
-¿Qué valor?» Respondíle: «No han descaecido las flores de las Indias,
-aunque los extranjeros han echado unas sanguijuelas desde España al
-cerro del Potosí, con que se van restañando las venas, y a chupones
-se empezaron a secar las minas.»--«¿Ginoveses andan a la zacapela
-con el dinero?, dijo él; vuélvome jigote. Hijo mío, los ginoveses
-son lamparones del dinero, enfermedad que procede de tratar con
-gatos[609]. Y vese que son lamparones, porque sólo el dinero que va a
-Francia[610] no admite ginoveses en su comercio. ¿Salir tenía yo[611]
-andando esos usagres de bolsas por las calles? No digo yo hecho
-jigote en redoma, sino hecho polvos en salvadera quiero estar antes
-que verlos hechos dueños de todo.»--«Señor nigromántico, repliqué yo,
-aunque esto es así, han dado en adolecer de caballeros en teniendo
-caudal, úntanse de señores, y enferman de príncipes; y con esto y los
-gastos y empréstidos[612] se apolilla la mercancía y se viene todo
-a repartir en deudas y locuras. La verdad adelgaza y no quiebra, en
-esto se conoce que los ginoveses no son verdad, porque adelgazan y
-quiebran.»--«Animádome has, dijo, con eso. Dispondréme a salir desta
-vasija, como primero me digas en qué estado está la honra en el
-mundo.»--«Mucho hay que decir en esto, le respondí yo; tocado has una
-tecla del diablo: todos tienen honra y todos son honrados, y todos lo
-hacen todo caso de honra. Hay honra en todos estados, y la honra se
-está cayendo de su estado, y parece que está ya siete estados debajo
-de tierra. Si hurtan, dicen que por conservar esta negra de honra, y
-que quieren más hurtar que pedir. Si piden, dicen que por conservar
-esta negra honra, y que es mejor pedir que no hurtar. Si levantan un
-testimonio, si matan a uno, lo mismo dicen; que un hombre honrado
-antes se ha de dejar morir entre dos paredes que sujetarse a nadie,
-y todo lo hacen al revés. Y al fin en el mundo todos han dado en la
-cuenta, y llaman honra a la comodidad; y con presumir de honrados y
-no serlo, se ríen del mundo.»--«El diablo puede salir a vivir en ese
-mundecillo, dijo el. Considérome yo a los hombres con unas honras
-títeres que chillan, bullen y saltan; que parecen honras, y mirado
-bien son andrajos y palillos. ¿El no decir verdad será mérito? ¿El
-embuste y la trapaza caballería? ¿Y la insolencia donaire? Honrados
-eran los españoles cuando podían decir deshonestos y borrachos a los
-extranjeros; mas andan diciendo aquí malas lenguas que ya en España
-ni el vino se queja de mal bebido ni los hombres mueren de sed. En
-mi tiempo no sabía el vino por dónde subía a las cabezas, y ahora
-parece que se sube hacia arriba... Dime, ¿hay letrados?»--«Hay plaga
-de letrados, dije yo; no hay otra cosa sino letrados; porque unos
-lo son por oficio, otros lo son por presunción, otros por estudio,
-y déstos pocos; y otros (éstos son los más) son letrados porque
-tratan con otros más ignorantes que ellos (en esta materia hablaré
-como apasionado), y todos se graduan de dotores y bachilleres,
-licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien tratan que
-por las universidades; y valiera más a España langosta perpetua que
-licenciados al quitar.»--«Por ninguna cosa saldré de aquí, dijo el
-nigromántico. ¿Eso pasa? Ya yo los temía, y por las estrellas alcancé
-esa desventura; y por no ver los tiempos que han pasado embutidos de
-letrados me avecindé en esta redoma, y por no los verme quedaré hecho
-pastel en bote.» Repliqué: «En los tiempos pasados, que la justicia
-estaba más sana, tenía menos dotores, y hála sucedido lo que a los
-enfermos, que cuantas más juntas de dotores se hacen sobre él, más
-peligro muestra y peor le va, sana menos y gasta más. La justicia,
-por lo que tiene de verdad, andaba desnuda; ahora anda empapelada
-como especias. Un Fuero Juzgo con su _maguer_ y su _cuemo_, y
-_conusco_ y _faciamus_, era todas las librerías; y aunque son voces
-antiguas, suenan con mayor propiedad, pues llaman sayón al alguacil,
-y otras cosas semejantes. Ahora ha entrado una cáfila de Menoquios,
-Surdos y Fabros, Farinacios y Cujacios, consejos y decisiones y
-responsiones y lecciones y meditaciones; y cada día salen autores, y
-cada uno con tres volúmenes: _Doctoris Putei_, I, 6, volúmenes 1, 2,
-3, 4, 5, 6 hasta 15. _Licenciati Abbatis de Usuris_, _Petri Cusqui
-in Codicem_, _Rupis_, _Brutiparcin_, _Castani_, _Montocanense de
-Adulterio et Parricidio_, _Cornazano_, _Rocabruno_, etc. Los letrados
-todos tienen un cimenterio por librería, y por ostentación andan
-diciendo: tengo tantos cuerpos; y es cosa brava que las librerías
-de los letrados todas son cuerpos sin alma, quizá por imitar a sus
-amos. No hay cosa en que no nos dejen tener razón; sólo lo que no
-dejan tener a las partes es el dinero, que le quieren ellos para sí.
-Y los pleitos no son sobre si lo que deben a uno se lo han de pagar
-a él; que eso no tiene necesidad de preguntas y respuestas: los
-pleitos son sobre que el dinero sea de letrados y del procurador, sin
-justicia, y la justicia sin dinero, de las partes. ¿Queréis ver que
-tan malos son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera
-porfías; y si no hubiera porfías, no hubiera pleitos; y si no hubiera
-pleitos, no hubiera procuradores; y si no hubiera procuradores, no
-hubiera enredos; y si no hubiera enredos, no hubiera delitos; y si no
-hubiera delitos, no hubiera alguaciles; y si no hubiera alguaciles,
-no hubiera cárcel; y si no hubiera cárcel, no hubiera jueces; y si no
-hubiera jueces, no hubiera pasión; y si no hubiera pasión, no hubiera
-cohecho. Mirad la retahila de infernales sabandijas que se produce de
-un licenciadito, lo que disimula una barbaza[613] y lo que autoriza
-una gorra. Llegaréis a pedir un parecer, y os dirán: Negocio es de
-estudio; diga vuesa merced, que ya estoy al cabo; habla la ley en
-propios términos.--Toman un quintal de libros, dánle dos bofetadas
-hacia arriba y hacia abajo, y leen de priesa, arremedando un abejón,
-luego dan un gran golpe con el libro patas arriba sobre una mesa,
-muy esparrancado de capítulos, y dicen: En el propio caso habla
-el jurisconsulto. Vuesa merced me deje los papeles; que me quiero
-poner bien en el hecho del negocio, y téngalo por más que bueno, y
-vuélvase por acá mañana en la noche; porque estoy escribiendo sobre
-la tenuta de Trasbarras; mas, por servir a vuesa merced, lo dejaré
-todo. Y cuando al despediros le queréis pagar (que es para ellos la
-verdadera luz y entendimiento del negocio que han de resolver), dice,
-haciendo grandes cortesías y acompañamientos: ¡Jesús, señor! Y entre
-Jesús y señor, alarga la mano, y para gastos de pareceres se emboca
-un doblón.»--«No he de salir de aquí (dijo el nigromántico) hasta
-que los pleitos se determinen a garrotazos; que en el tiempo que por
-falta de letrados se determinaban las causas a cuchilladas, decían
-que el palo era alcalde[614], y de ahí vino: _Júzguelo el alcalde de
-palo_. Y si he de salir ha de ser sólo a dar arbitrio a los reyes
-del mundo, que quien quisiere estar en paz y rico, me pague los
-letrados a su enemigo para que lo embelequen y roben y consuman.
-Dime, ¿hay todavía Venecia en el mundo?»--«Sí la hay, dije yo; no hay
-otra cosa sino Venecia y venecianos.»--«¡Oh! dóila al diablo (dijo
-el nigromántico) por vengarme del mismo diablo, que no sé que pueda
-darla a nadie sino por hacerle mal. Es república esa, que mientras
-que no tuviere conciencia durará, porque si restituye lo ajeno no le
-queda nada. ¡Linda gente!, la ciudad fundada en el agua, el tesoro
-y la libertad en el aire, la deshonestidad en el fuego; y al fin es
-gente de quien huyó la tierra[615], y son narices de las naciones
-y el albañal de las monarquías por donde purgan las inmundicias de
-la paz y de la guerra; y el turco los permite por hacer mal a los
-cristianos, los cristianos por hacer mal a los turcos, y ellos, por
-poder hacer mal a unos y a otros, no son moros ni cristianos, y así
-dijo uno dellos mismos en una ocasión de guerra, para animar a los
-suyos contra los cristianos. ¡Ea, que antes fuisteis venecianos que
-cristianos! Dejemos eso, y dime: «¿hay muchos golosos de valimientos
-de los hombres del mundo?»--«Enfermedad es (dije yo) esa de que todos
-los reinos son hospitales.» Y él replicó: «Antes casas de orates
-entendí yo; mas según la relación que me haces, no me he de mover
-de aquí. Mas quiero que tú les digas a esas bestias que en albarda
-tienen la vanidad y ambición, que los reyes y príncipes son azogue
-en todo. Lo primero, el azogue, si le quieren apretar, se va; así
-sucede a los que quieren tomarse con los reyes más mano[616] de lo
-que es razón. El azogue no tiene quietud; así son los ánimos por la
-continua mareta de negocios. Los que tratan y andan con el azogue,
-todos andan temblando; así han de hacer los que tratan con los reyes,
-temblar delante dellos de respeto y temor, porque si no, es fuerza
-que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en España,
-que es la postrera curiosidad que he de saber; que me quiero volver
-a jigote, que me hallo mejor?» «Murió Filipo III», dije yo.--«Fué
-santo rey y de virtud incomparable (dijo el nigromántico), según leí
-yo en las estrellas pronosticado.»--«Reina Filipo IV días há», dije
-yo.--«¿Eso pasa? (dijo). ¿Qué, ya ha dado el tercero cuarto para la
-hora que yo esperaba?» Y diciendo y haciendo subió por la redoma, y
-la trastornó y salió fuera. Iba diciendo y corriendo: «Más justicia
-se ha de hacer ahora por un Cuarto que en otros tiempos por doce
-millones.»
-
-Yo quise partir tras él, cuando me asió del brazo un muerto, y dijo:
-«Déjale ir; que nos tenía con cuidado a todos; y cuando vayas al otro
-mundo di que Agrages estuvo contigo, y que se queja que le levantéis:
-_Agora lo veredes_[617]. Yo soy Agrages: mira bien que no he dicho
-tal; que a mí no se me da nada que ahora ni nunca lo veáis; y siempre
-andáis diciendo: _Agora lo veredes, dijo Agrages_. Sólo ahora que
-a tí y al de la redoma os oí decir que reinaba Filipo IV, digo
-que ahora lo veredes. Y pues soy Agrages, _agora lo veredes, dijo
-Agrages_.»
-
-
- VIDA DEL BUSCÓN LLAMADO DON PABLOS
- EJEMPLO DE VAGABUNDOS Y ESPEJO DE TACAÑOS
-
- El buscón cuenta cómo estuvo en pupilaje con un compañero suyo de
- escuela, hijo de un notable segoviano.
-
-Determinó, pues, Don Alfonso de poner a su hijo en pupilaje: lo
-uno por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado.
-Supo que había en Segovia un licenciado Cabra, que tenía por oficio
-de criar hijos de caballeros, y envió allá el suyo y a mí para
-que le acompañase y sirviese. Entramos primer domingo después de
-Cuaresma en poder de la hambre viva, porque tal laceria no admite
-encarecimiento. El era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle,
-una cabeza pequeña, pelo bermejo. No hay más que decir[618] para
-quien sabe el refrán que dice, ni gato ni perro de aquella color. Los
-ojos avecinados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos;
-tan hundidos y escuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de
-mercaderes; la nariz entre Roma y Francia...; las barbas descoloridas
-de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que
-amenazaba comérselas; los dientes le faltaban no sé cuántos, y pienso
-que por holgazanos y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate
-largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba a
-buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos
-como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de media abajo, parecía
-tenedor, o compás con dos piernas largas y flacas; su andar muy de
-espacio; si se descomponía algo, se sonaban los huesos como tablillas
-de San Lázaro[619]; la habla ética; la barba grande, por nunca se la
-cortar[620], por no gastar; y él decía que era tanto el asco que le
-daba ver las manos del barbero por su cara, que antes se dejaría
-matar que tal permitiese; cortábale los cabellos un muchacho de los
-otros. Traía un bonete los días de sol, ratonado con mil gateras,
-y guarniciones de grasa; era de cosa que fué paño, con los fondos
-de caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no
-se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían
-por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca
-parecía negra, y desde lejos entre azul; llevábala sin ciñidor; no
-traía cuello ni puños; parecía, con los cabellos largos y la sotana
-mísera y corta, lacayuelo[621] de la muerte. Cada zapato podía ser
-tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él:
-conjuraba los ratones, de miedo que no le royesen algunos mendrugos
-que guardaba; la cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado,
-por no gastar las sábanas; al fin, era archipobre y protomiseria.
-A poder, pues, déste vine y en su poder estuve con Don Diego, y la
-noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una plática
-corta, que por no gastar tiempo no duró más; díjonos lo que habíamos
-de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora del comer; fuímos
-allá: comían los amos primero, y servíamos los criados. El refitorio
-era un aposento como un medio celemín; sustentábanse a una mesa hasta
-cinco caballeros. Yo miré lo primero por los gatos, y como no los
-vi, pregunté que cómo no los había a un criado antiguo, el cual, de
-flaco, estaba ya con la marca del pupilaje. Comenzó a enternecerse, y
-dijo: «¿Cómo gatos? Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son
-amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que
-sois nuevo.»
-
-Yo con esto me comencé a afligir, y más me asusté cuando advertí que
-todos los que de antes vivían en el pupilaje estaban como leznas,
-con unas caras que parecían se afeitaban con diaquilón. Sentóse el
-licenciado Cabra y echó la bendición; comieron una comida eterna,
-sin principio ni fin; trajeron caldo en unas escudillas de madera,
-tan claro, que en comer una dellas peligraba Narciso más que en la
-fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado
-tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra
-a cada sorbo: «Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo
-que dijeren; todo lo demás es vicio y gula.» Acabando de decillo,
-echóse su escudilla a pechos[622], diciendo: «Todo esto es salud y
-otro tanto ingenio.» ¡Mal ingenio te acabe! decía yo entre mí, cuando
-vi un mozo, medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en
-las manos, que parecía la había quitado de sí mismo. Venía un nabo
-aventurero a vueltas, y dijo el maestro: «¿Nabos hay? No hay para
-mí perdiz que se le iguale: coman, que me huelgo de vellos comer.»
-Repartió a cada uno tan poco carnero, que en lo que se les pegó a las
-uñas y se les quedó entre los dientes pienso que se consumió todo,
-dejando descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba,
-y decía: «Coman, que mozos son, y me huelgo de ver sus buenas ganas.»
-Mire vuesa merced qué buen aliño para los que bostezaban de hambre.
-
-Acabaron de comer, y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en el
-plato unos pellejos y unos güesos; y dijo el pupilero: «Quede esto
-para los criados, que también han de comer; no lo queramos todo.»
-¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado, decía yo; que tal
-amenaza has hecho a mis tripas! Echó la bendición, y dijo: «Ea, demos
-lugar a los criados, y váyanse hasta las dos a hacer ejercicio,
-no les haga mal lo que han comido.» Entonces yo no pude tener la
-risa, abriendo toda la boca. Enojóse mucho, y díjome que aprendiese
-modestia, y tres o cuatro sentencias viejas, y fuése. Sentámonos
-nosotros; y yo, que vi el negocio mal parado, y que mis tripas pedían
-justicia, como más cano y más fuerte que los otros, arremetí al
-plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres mendrugos los
-dos y el un[623] pellejo. Comenzaron los otros a gruñir; al ruido
-entró Cabra diciendo: «Coman como hermanos, pues Dios les da con
-qué; no riñan, que para todos hay.» Volvióse al sol y dejónos solos.
-Certifico a vuesa merced que había uno dellos que se llamaba Surre,
-vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía, que una
-cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos, y entre tres no
-la acertaba a encaminar de las manos a la boca.
-
-
-NOTAS
-
- [577] Alusión al pasaje de San Lucas, I, 41. «et factum est, ut
- audivit salutationem Mariæ Elisabeth, exultavit infans in utero
- ejus.»
-
- [578] La omisión de las conjunciones convenientes da alguna
- oscuridad al razonamiento seguido en este punto.
-
- [579] Este era el largo título oficial aplicado a los reyes en
- tiempos de Quevedo.
-
- [580] «_Desvanecido_, el flaco de cabeza, o el necio, loco
- presumido, o que da crédito a las lisonja.» (Covarrubias.)
-
- [581] «La guarda del Rey o del Príncipe, los que ciñen su persona
- cuando sale en público, y en su palacio están en la antecámara.»
- (Covarrubias.) Esta acepción no la da el Diccionario de la
- Academia a _Guarda_, sino sólo a _Guardia_.
-
- [582] Aquí _el que_ hace el doble oficio de sujeto de _vea_ y de
- complemento de _dejan_, en vez de separar ambos poniendo _aquel_
- como sujeto _a quien_ como complemento.
-
- [583] El plural _quienes_ era muy poco usado, aunque no faltan
- ejemplos desde la primera mitad del siglo XVI (v. CUERVO, _Notas
- a Bello_, pág. 54).
-
- [584] Véase atrás, pág. 200, n. 416.
-
- [585] El sobreentenderse una vez «_fui enemigo_ de sus designios»
- y otra «_fui_ tan favorecido» quita claridad a estas elipsis.
-
- [586] El sujeto de esta cláusula absoluta debiera de ir expreso,
- pues no se adivina hasta que, pasada la oración temporal: «luego
- que tomó las armas», se llega al verbo principal «le perdoné.»
-
- [587] Confirmación a lo dicho en la nota 268 de la pág. 121.
-
- [588] Compárese lo dicho en la pág. 203, n. 421, respecto al verbo
- _declarar_.
-
- [589] El sujeto _padres_ e _hijos_ refiérese a aquellos a quienes
- habla Bruto.
-
- [590] En el sentido de vedar, impedir.
-
- [591] Véase otra vez la nota 416 de la pág. 200.
-
- [592] Véase pág. 167, nota 352.
-
- [593] Hay mezcla de dos construcciones; en una, _fácil_ es
- calificativo de _puerta_ y rige al infinitivo _entrar_ (tomado
- en sentido pasivo) mediante la preposición _de_: «puerta fácil
- de entrar», como se dice «fácil de entender» por «fácil de
- entenderse» o «de ser entendido», expresión que en latín se
- haría por gerundio, «facilis ad intelligendum». En la otra
- construcción, _fácil_ está en sentido neutro, como predicado del
- verbo tácito, cuyo sujeto es _entrar_: «puerta que era fácil
- entrar por ella.» Tenemos, pues, la suma «_puerta fácil_ de
- entrar» + «_puerta por la que_ era fácil entrar.» = «_puerta
- fácil_ de entrar _por ella_.» La construcción se complica luego
- por el hecho de que el intransitivo _salir_ no puede tomarse,
- como _entrar_, en sentido pasivo. Como si dijéramos: «cosa buena
- de tratar» + «cosa acerca de la que es bueno tratar» = «cosa
- buena de tratar, pero delicada de insistir sobre ella.»
-
- [594] Envuelve su antecedente _tanto_ o _todo_, y va en neutro
- denotando la colectividad.
-
- [595] Adjetivo con sentido de adverbio, como en latín _primus_,
- _a_, _um_, por el adverbio _primum_. Véase atrás pág. 99, nota
- 213.
-
- [596] _Marca_ es la medida cierta del tamaño ordinario que debe
- tener una cosa; «espadas de la marca», «paños de marca»; hablando
- del papel se dice: «de marca menor», «de marca mayor», designando
- ésta el que es de mayor tamaño que el otro, para estampar mapas,
- láminas y libros grandes.
-
- [597] _Lo que_ equivale a ‘lo mucho que’, ‘el grado en que’.
- (BELLO _Gr._, § 976.)
-
- [598] Considera en _ánimas_ el sentido de ‘hombres’.
-
- [599] _Por demás_ equivale a ‘en demasía, con exceso’; acepción
- que falta en el Diccionario académico. Usaba también _además_,
- véase pág. 148, nota.
-
- [600] «_Entre cuero y carne_, lo que no penetra, sino que es casi
- superficial.» (Covarrubias.)
-
- [601] _Arder_, en el sentido transitivo de ‘abrasar’ fué harto
- frecuente en los tiempos clásicos, pero ya en el siglo pasado lo
- notaba de raro el Diccionario de Autoridades. En el Diccionario
- vulgar tuvo la marca de anticuado hasta la décima edición; en la
- undécima (1869) y duodécima (1884) está rehabilitado (CUERVO,
- _Dicc._) El mismo Quevedo dice:
-
- Ícaro en senda de oro mal segura
- arde sus alas por morir glorioso.
-
- [602] Tal vez equivale a ‘esforzó la voz’ por más que parece raro
- este sentido transitivo de _salir_.
-
- [603] Cosa que se puede trocar _con_ otra (Nebrija). Trocar una
- cosa _por_ otra (Covarrubias).
-
- [604] El _se_ es un reflexivo impropio, en dativo, que se usa con
- ciertos transitivos para realzar la parte que el sujeto toma en
- la acción, como: no sé lo que me digo.
-
- [605] _Bullir_ en el sentido de ‘moverse’, tiene uso reflexivo.
- Santa Teresa dice: «_no osa bullirse ni menearse_.»
-
- [606] Usado en el sentido anticuado de _aderezar_ o guisar las
- viandas.
-
- [607] Don Enrique de Villena fué nieto de Don Alonso, Marqués
- de Villena, primer condestable de Castilla, y después Duque
- de Gandía, hijo del Infante Don Pedro de Aragón. La madre de
- Don Enrique fue Doña Juana, hija bastarda del Rey Don Enrique
- II; «Este Don Enrique fue inclinado a las ciencias y artes mas
- que a la caballeria;... dexóse correr a algunas viles o raeces
- artes de adivinar e interpretar sueños y esternudos y señales,
- e otras cosas tales que ni a príncipe real, e menos a católico
- cristiano convenían». Murió en Madrid, de cincuenta años, a 15 de
- diciembre de 1434. Depositaron su cuerpo en el convento de San
- Francisco. (FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN _Generaciones y semblanzas_,
- capítulo XXVIII.) El vulgo supuso que Don Enrique, por arte de
- nigromancia, se había hecho picar en jigote y encerrar en una
- redoma para volver a segunda vida.
-
- [608] Alude a la errada denominación de Marqués de Villena que
- vulgarmente se aplica a Don Enrique. Un manuscrito de este
- _Sueño_ tiene esta variante: «Sabe, dijo, que no fuí Marqués
- de Villena, que ese título me da la inociencia: llamáronme Don
- Enrique de Villena, fuí Infante de Castilla; estudié y escribí»,
- etc.
-
- [609] Quevedo usa mucho la voz _gato_ en su acepción de ‘ladrón
- ratero’.
-
- [610] Aclara este pasaje la variante que ofrece un manuscrito:
- «sólo el dinero que va a Francia sana de esos lamparones,
- porque el Rey de Francia no admite ginoveses». A los reyes de
- Francia les atribuía el pueblo la milagrosa virtud de curar los
- lamparones o escrófulas.
-
- [611] Esto es: «¿había de salir yo?» Los verbos _haber_ y _tener_
- alternan en su uso de auxiliares, pero aquí es de notar la
- ausencia de la preposición _de_.
-
- [612] Anticuado, por _empréstito_.
-
- [613] Parece que toma la barba como característica de los
- letrados: en esto debe fundarse el refrán: _callen barbas y
- hablen cartas_. De la gorra dice Covarrubias: «Llamaron medias
- gorras aquellas cuya faldilla caía derecha la mitad, y cubría
- el pestorejo, y las orejas, y con una toquilla que formaba una
- rosa en medio de la coronilla y ésta era cobertura de letrados y
- consejeros de los Reyes. Esto está ya mudado, porque empezaron a
- levantar un pedazo de la copa de la gorra..., luego la empinaron
- toda, de suerte que della al sombrero hay poca diferencia.»
-
- [614] En el sentido anticuado de ‘_juez_’.
-
- [615] Alude a la fundación de Venecia.
-
- [616] Tener mano con uno, tener poder y valimiento con él.
-
- [617] Agrages, sobrino de la Reina Elisena, madre de Amadis de
- Gaula e hijo del Rey Languines, es uno de los héroes del famoso
- libro de _Amadis_, cuya lectura, muy común entre próceres e
- hidalgos en los siglos XV y XVI, llevó al público el adagio en
- fórmula de amenaza que se ridiculiza en este lugar.
-
- [618] COVARRUBIAS dice: «Son temidos los bermejos por cautelosos
- y astutos, como lo insinua Marcial... Y bermegía vale tanto como
- agudeza maliciosa extraordinaria y perjudicial.»
-
- [619] Los lazarinos, que padecían la lepra llamada mal de San
- Lázaro, pedían limosna, haciendo ruido con unas tablillas o
- tejuelas.
-
- [620] Véase atrás, pág. 173, n. 364.
-
- [621] «_Lacayo_, el mozo de espuelas que va delante del señor
- cuando va a caballo. Es vocablo alemán introducido en España
- por la venida del rey Filipo, que antes no se había usado.»
- COVARRUBIAS.
-
- [622] «Echarse un cántaro de agua a pechos, beber con mucha sed.»
- COVARRUBIAS.
-
- [623] En estas fórmulas partitivas se suprime hoy el artículo
- ante el numeral.
-
-
-
-
-EL P. BALTASAR GRACIÁN
-
-(† 1658)
-
-
-Publicó en 1650, con el nombre de Lorenzo Gracián, la primera parte
-de su novela filosófica _El Criticón_, y en 1653, la segunda. _El
-Discreto_, colección de retratos morales, apareció en 1646.
-
-Este profundo escritor, diestro conocedor de la naturaleza humana,
-tan gustado por los filósofos y moralistas franceses y alemanes en
-los siglos XVII y XVIII, pertenece, por su estilo, a la escuela
-de Quevedo, de quien era gran admirador. Era, como dice Menéndez
-y Pelayo, «talento de estilista de primer orden, maleado por la
-decadencia literaria; pero, así y todo, el segundo de aquel siglo en
-originalidad de invenciones fantástico-alegóricas, en estro satírico,
-en alcance moral, en bizarría de expresiones nuevas y pintorescas,
-en _humorismo_ profundo y de ley...; el que quiera hacerse dueño de
-las inagotables riquezas de nuestra lengua, tiene todavía mucho que
-aprender en _El Criticón_, aun después de haber leído a Quevedo».
-
-Es quizá el escritor más conciso de nuestra literatura. Su laconismo
-es casi siempre de admirar; lo profesaba como una de las principales
-reglas de su estilo: _lo bueno, si breve, dos veces bueno; más
-obran quintas esencias que fárragos_; por esto sus obras brillan
-principalmente en la abundancia de máximas morales, animadas por un
-espíritu de profunda observación. Pero cayó en las exageraciones
-de todos los conceptistas, mirando como única fuente de belleza
-el concepto agudo, variado de mil artificiosas maneras: «Son
-los conceptos, escribía, vida del estilo, espíritu del decir, y
-tanto tienen de perfección cuanto de sutileza. Hase de procurar
-que las _proposiciones_ hermoseen el estilo, los _misterios_ le
-hagan preñado, las _alusiones_ disimulado, los _empeños_ picante,
-las _ironías_ le den sal, las _crisis_ hiel, las _paranomasias_
-donaire, las _sentencias_ gravedad, las _semejanzas_ lo fecunden y
-las _paridades_ lo realcen; pero todo esto con un grano de acierto:
-que todo lo sazona la cordura.» Esta le faltó a menudo, haciéndole
-caer en los extremos del ingenio y dando a su expresión oscuridad
-enigmática.
-
-Lo mismo que Quevedo, maneja el lenguaje con gran libertad, empleando
-compuestos y derivados nuevos, y en sus obras se hallarán palabras
-desusadas en el siglo XVI, principalmente abstractas, que los
-culteranos y conceptistas introducían entonces en la lengua para
-la expresión desembarazada de pensamientos generales. Como ejemplo
-pueden recordarse: _reagudo_ ‘el que se pasa de listo’, _conrey_,
-_conreynar_ ‘conregnare’, _improporción_, _incomprensibilidad_,
-_exorbitancia_, _desautorizado_, _integérrimo_, etc.
-
-
- EL DISCRETO
- NO ESTAR SIEMPRE DE BURLAS. SÁTIRA.
-
-Es muy seria la prudencia, y la gravedad concilia veneración de dos
-extremos; más seguro es el genio majestuoso. El que siempre está
-de burlas nunca es hombre de veras, y hay algunos que siempre lo
-están, tiénenlo por ventaja de discreción y le afectan; que no hay
-monstruosidad sin padrino; pero no hay mayor desaire que el continuo
-donaire. Su rato han de tener las burlas; todos los demás las veras.
-El mismo nombre de sales está avisando cómo se han de usar. Hase de
-hacer distinción de tiempos, y mucho más de personas. El burlarse con
-otro es tratarle de inferior, y a lo más, de igual, pues se le aja el
-decoro y se le niega la veneración.
-
-Estos tales nunca se sabe cuándo hablan de veras, y así los igualamos
-con los mentirosos, no dándoles crédito a los unos por recelo de
-mentira, y a los otros de burla. Nunca hablan en juicio, que es tanto
-como no tenerle, y más culpable, porque no usar de él por no querer,
-más es que por no poder, y así no se diferencia de los faltos sino
-en ser voluntarios, que es doblada monstruosidad. Obra en ellos la
-liviandad lo que en los otros el defecto; un mismo ejercicio tienen,
-que es entretener y hacer reír, unos de propósito, otros sin él.
-
-Otro género hay aún más enfadoso por lo que tiene de perjudicial,
-y es de aquellos que en todo tiempo y con todos están de fisga.
-Aborrecibles monstruos, de quienes huyen todos más que del bruto de
-Esopo, que cortejaba a coces y lisonjeaba a bocados. Entre fisga y
-gracia van glosando la conversación, y lo que ellos tienen por punto
-de galantería es un verdadero desprecio de lo que los otros dicen,
-y no sólo no es graciosidad, sino una aborrecible frialdad. Lo que
-ellos presumen de gracia es un prodigioso enfado de los que tercian.
-Poco a poco se van empeñando hasta ser murmuradores cara a cara. Por
-decir una gracia os dirán un convicio, y éstos son de quien Cicerón
-abominaba, que por decir un dicho pierden un amigo o lo entibian;
-ganan fama de decidores y pierden el crédito de prudentes. Pásase el
-gusto del chiste y queda la pena del arrepentimiento: lloran por lo
-que hicieron reír. Estos no se ahorran, ni con el más amigo ni con el
-más compuesto, y es notable que jamás se les ofrece la prontitud en
-favor, sino en sátira; tienen siniestro el ingenio.
-
-Este, con otros defectos infelices, nace de poca sustancia y acompaña
-la liviandad. En hombres de gran puesto se censuran más, y, aunque
-los hace en algún modo gratos al vulgo por la llaneza, pone a peligro
-el decoro con la felicidad; que como ellos no la guardan a los otros,
-ocasionan el recíproco atrevimiento.
-
-Es connatural en algunos el donoso genio. Dotóles de esta gracia
-la naturaleza, y si con la cordura se templase, sería prenda, y
-no defecto. Un grano de donosidad es plausible realce en el más
-autorizado; pero dejarse vencer de la inclinación en todo tiempo es
-venir a parar en hombre de dar gusto por oficio, sazonador de dichos
-y aparejador de la risa; si en una cómica novela se condena por
-impropiedad el introducirse siempre chanceando a Davo, y que entre
-lo grave de la enseñanza o lo serio de la reprensión del padre al
-hijo mezcle él su gracejo, ¿qué será, sin ser Davo, en una grave
-conversación estar chanceando? Será hacer farsa con risa de sí mismo.
-
-Hay algunos que, aunque le pese a Minerva, afectan la graciosidad,
-y como en ellos es postiza, ocasiona antes enfado que gusto, y si
-consiguen el hacer reír, más es fisga de su frialdad que agrado de
-su donaire. Siempre la afectación fué enfadosa, pero en el gracejo,
-intolerable, porque sumamente enfada, y queriendo hacer reír,
-queda ella por ridícula, y si comúnmente viven desacreditados los
-graciosos, ¿cuánto más los afectados, pues con su frialdad doblan el
-precio?
-
-Hay donosos y hay burlescos, que es mucha la diferencia. El varón
-discreto juega también en esta pieza del donaire, no la afecta, y
-esto en su sazón; déjase caer como al descuido un grano de esta sal,
-que se estimó más que una perla, raras veces, haciéndole salva a la
-cordura y pidiéndole al decoro la venia. Mucho vale una gracia en su
-ocasión. Suele ser el atajo del desempeño. Sazonó esta sal muchos
-desaires. Cosas hay que se han de tomar de burlas, y tal vez las que
-el otro más de veras. Único arbitrio de cordura, hacen juego del más
-encendido fuego.
-
-Pesado es el extremo de los muy serios, y poco plausible Catón con
-su bando, pero venerado; rígida será la de los compuestos y cuerdos;
-pocos la siguen, muchos la reverencian, y aunque causa la gravedad
-pesadumbre, pero no desprecio.
-
-Que es de ver uno de estos destemplados de agudeza, siniestros de
-ingenio, chancear aún en la misma muerte; que si los sabios mueren
-como cisnes, éstos como grajos, gracejando mal y porfiando. De esta
-suerte un Carvajal mostró cuán rematada había sido su vida.
-
-Los hombres cuerdos y prudentes siempre hicieron muy poca merced a
-las gracias, y una sola bastaba para perder la real del Católico
-prudente. Súfrense mejor unos a otros los necios, o porque no
-advierten o porque se semejan. Mas el varón prudente no puede
-violentarse, si no es que tercie la dependencia.
-
-
- EL CRITICÓN
- PARTE I, CRISI VI
-
- Visitando Critilo y Andrenio el mundo, buscan en vano, como
- Diógenes, algún hombre. Sátira de la que abandonan toda
- aspiración práctica por entregarse a ilusiones exageradas y vanas.
-
-En busca iban de los hombres, sin poder descubrir uno, cuando al cabo
-de rato y cansancio toparon con medio, un medio hombre y medio fiera;
-holgóse tanto Critilo cuanto se inmutó Andrenio, preguntando: «¿Qué
-monstruo es éste tan extraño?»--«No temas, respondió Critilo, que
-éste es más hombre que los mismos, éste es el maestro de los reyes
-y el rey de los maestros, éste es el sabio Quirón. ¡Oh, qué bien
-nos viene y cuán a la ocasión! Pues él nos guiará en esta primera
-entrada del mundo, y nos enseñará a vivir, que importa mucho a los
-principios.» Fuése para él saludándole, y correspondió el Centauro
-con doblada humanidad; díjole como iban en busca de los hombres,
-y que después de haber dado cien vueltas, no habían podido hallar
-uno tan sólo».--«No me espanto, dijo él, que no es éste siglo de
-hombres, digo, aquellos famosos de otros tiempos. ¿Qué, pensabais
-hallar ahora un don Alonso el Magnánimo, en Italia; un Gran Capitán,
-en España; un Enrico IV, en Francia, haciendo corona de su espada y
-de sus guarniciones lises? Ya no hay tales héroes en el mundo, ni
-aun memoria dellos.»--«¿No se van haciendo?», replicó Andrenio.--«No
-llevan traza, y para luego es tarde; pues de verdad que ocasiones no
-han faltado.»--«¿Cómo no se han hecho, preguntó Critilo?»--«Porque se
-han deshecho; hay mucho que decir en ese punto, ponderó el Quirón;
-unos lo quieren ser todo, y al cabo son menos que nada; valiera
-más no hubieran sido. Dicen también que corta mucho la envidia con
-las tijerillas de Tomeras. Pero yo digo que ni es eso ni esotro,
-sino que mientras el vicio prevalezca, no campeará la virtud, y sin
-ella no puede haber grandeza heroica. Creedme que esta Venus tiene
-arrinconadas a Belona y a Minerva en todas partes, y no trata ella
-sino con viles herreros, que todo lo tiznan y todo lo yerran. Al
-fin no nos cansemos, que él no es siglo de hombres eminentes, ni
-en las armas, ni en las letras. Pero decidme, ¿dónde los habéis
-buscado?» Y Critilo: «¿dónde los habemos de buscar sino en la tierra?
-¿No es ésta su patria y su centro?»--«Qué bueno es eso, dijo el
-Centauro; ¡mirá cómo los habíais de hallar! No los habéis de buscar
-ya en todo el mundo, que ya han mudado de hito; nunca está quieto
-el hombre, con nada se contenta.»--«Pues menos los hallaremos en
-el cielo», dijo Andrenio.--«Menos, que no están ya ni en cielo ni
-en tierra.»--«Pues ¿dónde los habemos de buscar?»--«Dónde? En el
-aire.»--«¿En el aire?»--«Sí, que allí se han fabricado castillos en
-el aire, torres de viento donde están muy encastillados, sin querer
-salir de su quimera.»--«Según eso, dijo Critilo, todas sus torres
-vendrán a ser de confusión, y por no ser Ianos de prudencia, les
-picarán las cigüeñas manuales, señalándolos con el dedo, y diciendo:
-¿éste no es aquel hijo de aquel otro? De suerte que con lo que ellos
-echaron a las espaldas los demás les darán en el rostro.»--«Otros
-muchos, prosiguió el Quirón, se han subido a las nubes, y aun hay
-quien, no levantándose del polvo, pretende tocar con la cabeza en
-las estrellas. Paséanse no pocos por los espacios imaginarios,
-camaranchones de su presunción. Pero la mayor parte hallaréis acullá
-sobre el cuerno de la luna, y aun pretenden subir más alto, si
-pudieran.»--«Tiene razón, voceó Andrenio, acullá están, allá los
-veo, y aun allí andan empinándose, tropezando unos y cayendo otros,
-según las mudanzas suyas y de aquel planeta, que ya les hace una
-cara y ya otra, y aun ellos también no cesan entre sí de armarse
-zancadillas, cayendo todos con más daño que escarmiento.»--«¡Hay
-tal locura!, repetía Critilo. ¿No es la tierra su lugar propio del
-hombre, su principio y su fin? ¿No les fuera mejor conservarse en
-este medio, y no querer encaramarse con tan evidente riesgo? ¿Hay tal
-disparate?»--«Sí, lo es grande, dijo el semihombre, materia de harta
-lástima para unos y de risa para otro, ver que el que ayer no se
-levantaba de la tierra ya le parece poco un palacio, ya habla sobre
-el hombro el que ayer llevaba la carga en él; el que nació entre
-las malvas pide los artesones de cedro; el desconocido de todos hoy
-desconoce a todos; el hijo tiene el puntillo de los muchos que dió su
-padre; el que ayer no tenía para pasteles asquea el faisán; blasona
-de linajes el de conocido solar, el vos es señoría; todos pretenden
-subir y ponerse sobre los cuernos de la luna, más peligrosos que los
-de un toro, pues estando fuera de su lugar, es forzoso dar abajo con
-ejemplar infamia.»
-
-
-
-
-D. FRANCISCO MANUEL DE MELO
-
-(1611-1667)
-
-
-Publicó el año de 1645 su _Historia de los movimientos y separación
-de Cataluña, y de la guerra entre la Majestad Católica de Don Felipe
-el IV y la Diputación General de aquel Principado_.
-
-Aunque Melo era natural de Lisboa, su lenguaje es castizo y elegante
-castellano, modelo en la expresión feliz y acertada. Multitud de
-portugueses de los siglos XVI y XVII miraban como suya propia a
-nuestra lengua.
-
-La dicción de Melo, breve, cortada y aforística, recuerda al tan
-imitado Mendoza, que es su modelo; también, como éste, se inspira en
-Tácito, de quien copia el corte general de su Prólogo. Pero no queda,
-como Moncada, restringido a estos modelos antiguos; Melo pertenece de
-lleno, por su estilo, al gusto del siglo XVII, y es un imitador de
-Quevedo; aunque esto se ve más en sus otras obras (_Las tres musas_,
-_Política militar_, _Eco político_), también resalta en la _Guerra de
-Cataluña_, donde abundan las frases henchidas de pensamientos agudos
-y profundos, las metáforas audaces e ingeniosas.
-
-En el arte de la historiografía, representa una tendencia más
-decidida a retratar con superior viveza y realidad los hechos de
-que había sido testigo presencial, y, sobre todo, a caracterizar los
-personajes, ayudándose para esto hasta de las arengas, que en la
-pluma de otros historiadores no servían sino de mero adorno retórico:
-«Procuro no faltar a la imitación de los sujetos cuando hablo por
-ellos, ni a la semejanza cuando hablo de ellos; en inquirir y
-retratar afectos, pocos han sido más cuidadosos; si lo he conseguido,
-dicha ha sido de la experiencia que tuve de casi todos los hombres de
-que trato; he deseado mostrar sus ánimos, no los vestidos de seda,
-lana o pieles, sobre que tanto se desveló un historiador grande de
-estos años, estimado en el mundo.» Pero entiéndase que esta mayor
-profundidad a que aspira Melo, no va guiada hacia un fin científico
-de exactitud, sino hacia un ideal puramente literario, deseando con
-ese análisis de caracteres dar más interés dramático a su historia;
-por lo demás, para lograr efectos artísticos, calla la verdad o
-la violenta sin escrúpulo, como hacían todos los historiadores a
-la manera clásica; por ejemplo: Melo, buscando el interés para su
-relato, puso artificiosamente como primer estallido de la revolución
-el tumulto que ensangrentó las calles de Barcelona el día del Corpus
-de 1640, con cuya descripción formó una de las páginas más hermosas
-de su obra, de la que aquí incluímos un extracto, y, sin embargo,
-para concertar en ella el efecto, hubo de callarse que hacía ya
-treinta y siete días que los disturbios habían comenzado[624].
-
-
- HISTORIA DE LA GUERRA DE CATALUÑA
- LIBRO I, PÁRRAFOS 79 A 99
-
- Estalla la revolución en Barcelona el 7 de junio de 1640
-
-Había entrado el mes de junio, en el cual, por uso antiguo de la
-provincia, acostumbran bajar de toda la montaña hacia Barcelona
-muchos segadores, la mayor parte hombres disolutos y atrevidos que
-lo más del año viven desordenadamente, sin casa, oficio o habitación
-cierta; causan de ordinario movimientos e inquietud en los lugares
-donde los reciben; pero la necesidad precisa de su trato, no
-consiente que se les prohiba; temían las personas de buen ánimo su
-llegada, juzgando que las materias presentes podrían dar ocasión a su
-atrevimiento en perjuicio del sosiego público.
-
-Entraban, comúnmente, los segadores en vísperas del Corpus, y se
-habían anticipado aquel año algunos; también su multitud, superior a
-los pasados, daba más que pensar a los cuerdos, y con mayor cuidado
-por las observaciones que se hacían de sus ruines pensamientos.
-
-El de Santa Coloma, avisado de esta novedad, procuró, previniéndola,
-estorbar el daño que ya antevía: comunicólo a la ciudad, diciendo le
-parecía conveniente a su devoción y festividad que los segadores
-fuesen detenidos, porque con su número no tomase algún mal
-propósito el pueblo, que ya andaba inquieto; pero los conselleres
-de Barcelona (así llaman los ministros de su magistrado; consta de
-cinco personas), que casi se lisonjeaban de la libertad del pueblo,
-juzgando de su estruendo habría de ser la voz que más constante
-votase el remedio de su república, se excusaron con que los segadores
-eran hombres llanos y necesarios al manejo de las cosechas; que el
-cerrar las puertas de la ciudad, causaría mayor turbación y tristeza;
-que quizá su multitud no se acomodaría a obedecer la simple orden
-de un pregón. Intentaban con esto poner espanto al Virey para que
-se templase en la dureza con que procedía; por otra parte, deseaban
-justificar su intención por cualquier suceso.
-
-Pero el Santa Coloma ya imperiosamente les mostró con claridad la
-peligrosa confusión que los aguardaba en recibir tales hombres;
-empero volvió el magistrado por segunda respuesta que ellos no se
-atrevían a mostrar a sus naturales tal desconfianza; que reconocían
-parte de los efectos de aquel recelo; que mandaban armar algunas
-compañías de la ciudad para tenerla sosegada; que donde su flaqueza
-no alcanzase, supliese la gran autoridad de su oficio, pues a su
-poder tocaba hacer ejecutar los remedios que ellos sólo podían
-pensar y ofrecer. Estas razones detuvieron al conde, no juzgando por
-conveniente rogarles con lo que no podía hacerles obedecer, o también
-porque ellos no entendiesen eran tan poderosos, que su peligro o su
-remedio podía estar en sus manos.
-
-Amaneció el día en que la Iglesia católica celebra la institución
-del Santísimo Sacramento del altar; fué aquel año el 7 de junio;
-continuóse por toda la mañana la temida entrada de los segadores.
-Afirman que hasta dos mil, que con los anticipados hacían más de dos
-mil y quinientos hombres, algunos de conocido escándalo; dícese que
-muchos, a la prevención y armas ordinarias, añadieron aquella vez
-otras, como que advertidamente fuesen venidos para algún hecho grande.
-
-Entraban y discurrían por la ciudad; no había por todas sus calles
-y plazas sino corrillos y conversaciones de vecinos y segadores; en
-todos se discurría sobre los negocios entre el rey y la provincia,
-sobre la violencia del Virey, sobre la prisión del diputado y
-concejeros, sobre los intentos de Castilla y, últimamente, sobre
-la libertad de los soldados; después, ya encendidos de su enojo
-paseaban llenos de silencio por las plazas, y el furor oprimido de
-la duda forcejaba por salir, asomándose a los efectos, que todos
-se reconocían rabiosos e impacientes; si topaban algún castellano,
-sin respetar su hábito o puesto, lo miraban con mofa y descortesía,
-deseando incitarlos al ruido; no había demostración que no prometiese
-un miserable suceso...
-
-Señalábase entre todos los sediciosos uno de los segadores, hombre
-facineroso y terrible, al cual queriendo prender, por haberle
-conocido, un ministro inferior de la justicia, hechura y oficial del
-Monredón (de quien hemos dicho), resultó desta contienda ruido entre
-los dos; quedó herido el segador, a quien ya socorría gran parte de
-los suyos. Esforzábase más y más uno y otro partido, empero siempre
-ventajoso el de los segadores. Entonces algunos de los soldados
-de milicia que guardaban el palacio del Virey, tiraron hacia el
-tumulto, dando a todos más ocasión de remedio. A este tiempo rompían
-furiosamente en gritos: unos pedían venganzas; otros, más ambiciosos,
-apellidaban la libertad de la patria; aquí se oía: «¡Viva Cataluña
-y los catalanes!» Allí otros clamaban: «¡Muera el mal gobierno de
-Felipe!» Formidables resonaron la primera vez estas cláusulas en
-los recatados oídos de los prudentes; casi todos los que no las
-ministraban las oían con temor, y los más no quisieran haberlas oído.
-La duda, el espanto, el peligro, la confusión, todo era uno; para
-todo había su acción, y en cada cual cabían tan diferentes efectos;
-sólo los ministros reales y los de la guerra lo esperaban, iguales en
-el celo. Todos aguardaban por instantes la muerte (el vulgo furioso,
-pocas veces para sino en sangre); muchos, sin contener su enojo,
-servían de pregón al furor de otros; éste gritaba cuando aquél hería,
-y éste, con las voces de aquél, se enfurecía de nuevo. Infamaban los
-españoles con enormísimos nombres; buscábanlos con ansia y cuidado,
-y el que descubría y mataba, ese era tenido por valiente, fiel y
-dichoso.
-
-Las milicias armadas, con pretexto de sosiego, o fuese orden del
-conde o sólo de la ciudad, siempre encaminada a la quietud, los
-mismos que en ellas debían servir a la paz, ministraban el tumulto.
-
-Porfiaban otras bandas de segadores, esforzados ya de muchos
-naturales, en ceñir la casa del Santa Coloma; entonces los diputados
-de la General, con los conselleres de la ciudad, acudieron a su
-palacio; diligencia que más ayudó la confusión del conde, de lo que
-pudo socorrérsela; allí se puso en plática saliese de Barcelona
-con toda brevedad, porque las cosas no estaban ya de suerte que
-accidentalmente pudiesen remediarse; facilitábanle con el ejemplo de
-don Hugo de Moncada, en Palermo, que, por no perder la ciudad, la
-dejó, pasándose a Mesina. Dos galeras genovesas en el muelle, daban
-todavía esperanza de salvación. Escuchábalo Santa Coloma, pero con
-ánimo tan turbado, que el juicio ya no alcanzaba a distinguir el
-yerro del acierto. Cobróse y resolvió despedir de su presencia casi
-todos los que le acompañaban, o fuese que no se atrevió a decirles
-de otra suerte que escapasen las vidas, o que no quiso hallarse con
-tantos testigos a la ejecución de su retirada. En fin, se excusó a
-los que le aconsejaban su remedio, con peligro, no sólo de Barcelona,
-sino de toda la provincia; juzgaba la partida indecente a su
-dignidad; ofrecía en su corazón la vida por el real decoro; de esta
-suerte, firme en no desamparar su mando, se dispuso a aguardar todos
-los trances de su fortuna.
-
-Del ánimo del magistrado no haremos discurso en esta acción, porque
-ahora el temor, ahora el artificio, le hacían que ya obrase conforme
-a la razón, ya que disimulase, según la conveniencia. Afírmase por
-sin duda que ellos jamás llegaron a pensar tanto del vulgo, habiendo
-mirado apaciblemente sus primeras demostraciones.
-
-No cesaba el miserable Virey en su oficio, como el que con el remo en
-la mano piensa que por su trabajo ha de llegar al puerto; miraba y
-revolvía en su imaginación los daños, y procuraba su remedio; aquel
-último esfuerzo de su actividad estaba enseñando ser el fin de sus
-acciones.
-
-Recogido a su aposento, escribía y ordenaba; pero ni sus papeles ni
-sus voces hallaban reconocimiento u obediencia. Los ministros reales
-deseaban que su nombre fuese olvidado de todos; no podían servir en
-nada; los provinciales ni querían mandar, menos obedecer.
-
-Intentó por última diligencia satisfacer su queja al pueblo,
-dejando en su mano el remedio de las cosas públicas, que ellos ya
-no agradecían, porque ninguno se obliga ni quiere deber a otro lo
-que se puede obrar por sí mismo; empero ni para justificarse pudo
-hallar forma de hacer notoria su voluntad a los inquietos, porque las
-revoluciones interiores, a imitación del cuerpo humano, habían de
-tal suerte desconcertado los órganos de la república, que ya ningún
-miembro de ella acudía a su movimiento y oficio.
-
-A vista de este desengaño se dejó vencer de la consideración y deseo
-de salvar la vida, reconociendo últimamente lo poco que podía servir
-a la ciudad su asistencia, pues antes el dejarla se encaminaba a la
-lisonja o a remedio acomodado a su furor. Intentólo, pero ya no le
-fué posible, porque los que ocupaban la tarazana y baluarte del mar,
-a cañonazos habían hecho apartar la una galera, y no menos porque
-para salir a buscarla a la marina era fuerza pasar descubierto a las
-bocas de sus arcabuces. Volvióse, seguido ya de pocos, a tiempo que
-los sediciosos a fuerza de armas atropellaban las puertas; los que
-las defendían, entendiendo la causa del tumulto, unos les seguían,
-otros no lo estorbaban.
-
-A este tiempo vagaba por la ciudad un confusísimo rumor de armas
-y voces; cada casa representaba un espectáculo; muchas se ardían,
-muchas se arruinaban, a todas se perdía el respeto y se atrevía a la
-furia; olvidábase el sagrado de los templos; la clausura e inmunidad
-de las religiones fué patente al atrevimiento de los homicidas;
-hallábanse hombres despedazados sin examinar otra culpa que su
-nación; aun los naturales eran oprimidos por crimen de traidores:
-así infamaban aquel día a la piedad, si alguno abría sus puertas
-al afligido o las cerraba al furioso. Fueron rotas las cárceles,
-cobrando no sólo la libertad, mas autoridad los delincuentes.
-
-Había el Conde ya reconocido su postrer riesgo, oyendo las voces
-de los que le buscaban pidiendo su vida; y depuestas entonces las
-obligaciones de grande, se dejó llevar fácilmente de los afectos de
-hombre; procuró todos los medios de salvación, y volvió a proseguir
-en el primer intento de embarcarse; salió segunda vez a la lengua
-del agua, empero como el aprieto fuese grande y mayor el peso de las
-aflicciones, mandó se adelantase su hijo con pocos que le seguían,
-porque llegando al esquife de la galera, que no sin gran peligro los
-aguardaba, hiciese como lo esperase también; no quiso aventurar la
-vida del hijo, porque no confiaba tanto de su fortuna. Adelantóse
-el mozo, y alcanzando la embarcación, no le fué posible detenerla
-(tanta era la furia con que procuraban desde la ciudad su ruina);
-navegó la galera, que le aguardaba fuera de la batería. Quedóse el
-Conde mirándola con lágrimas, disculpables en un hombre que se veía
-desamparado a un tiempo del hijo y de las esperanzas; pero ya cierto
-de su perdición, volvió con vagorosos pasos por la orilla opuesta a
-las peñas que llaman de San Beltrán, camino de Monjuich.
-
-A esta sazón, entrada su casa y pública su ausencia, le buscaban
-rabiosamente por todas partes, como si su muerte fuese la corona de
-aquella victoria; todos sus pasos reconocían los de la tarazana: los
-muchos ojos que lo miraban caminando como verdaderamente a la muerte,
-hicieron que no pudiese ocultarse a los que le seguían. Era grande
-la calor del día, superior la congoja, seguro el peligro, viva la
-imaginación de su afrenta; estaba sobre todo firmada la sentencia en
-el tribunal infalible; cayó en tierra cubierto de un mortal desmayo,
-donde siendo hallado por algunos de los que furiosamente le buscaban,
-fué muerto de cinco heridas en el pecho.
-
-Así acabó su vida don Dalmau de Queralt, conde de Santa Coloma, dando
-famoso desengaño a la ambición y soberbia de los humanos, pues aquel
-mismo hombre, en aquella región misma, casi en un tiempo propio, una
-vez sirvió de envidia, otra de lástima. ¡Oh grandes, que os parece
-nacisteis naturales al imperio! ¿Qué importa, si no dura más de la
-vida, y siempre la violencia del mando os arrastra tempranamente al
-precipicio?
-
-
-NOTA
-
- [624] DON CELESTINO PUJOL Y CAMPS, en su _Discurso_ de entrada
- en la Academia de la Historia, Madrid 1886, estudia los diversos
- puntos en que Melo violentó la verdad de los hechos.
-
-
-
-
-DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS
-
-(1744-1811)
-
-
-La _Memoria en defensa de la Junta Central_ fué escrita un año antes
-de la muerte del autor.
-
-El siglo XVIII es de gran decadencia de la prosa. Apenas se empleaba
-ésta más que en la exposición doctrinal y en la controversia;
-abundan los investigadores de la historia, Berganza, Flórez, Masdeu,
-Mayans; pero si sus escritos están muy llenos de crítica, carecen
-de estilo, y la historia como arte no se escribe hasta Quintana; la
-novela no tiene otra manifestación notable que el _Fray Gerundio_
-del Padre Isla; en fin, apenas se hallarán sino dos maneras de
-prosa: la didáctica y la polémica. A consecuencia de esta pobreza
-de vida literaria, los buenos escritores de este siglo encontraban
-una gran dificultad en su camino; pues lejos de disponer de una
-lengua artística favorable, la hallaron estragadísima, teniendo que
-aplicar cuidado y atención muy especiales en huir los muchos defectos
-en que abundaba la lengua que entonces se escribía ordinariamente.
-El vocabulario de la lengua escrita andaba muy menguado por el mal
-gusto de amanerados autores, que ni se inspiraban en los clásicos
-nacionales ni en el habla viva del pueblo; su principal fondo lo
-formaban, de un lado, los latinismos extravagantes y los términos
-abstractos introducidos a manos llenas en la poesía y en la oratoria
-por los culteranos, y en la prosa por los conceptistas, y de otra
-parte, gran caudal de galicismos que se desbordaba merced al gran
-favor que en toda Europa gozaban entonces las ideas y los libros
-franceses.
-
-Jovellanos consiguió expurgar su dicción de estos viciosos elementos;
-y si en las oraciones académicas y discursos de su primera época
-no lo consiguió del todo, en la _Memoria de la Ley Agraria_ y en
-la _Defensa de la Junta Central_ aparece su estilo muy aliviado
-de cultismos y libre de galicismos. Sin embargo, entiéndase esto
-último respecto del galicismo en el vocabulario, que era fácil de
-desterrar cuando ya existía el Diccionario académico de autoridades,
-que permitía averiguar rápidamente si tal vocablo estaba o no
-autorizado por nuestros buenos escritores; pero el galicismo en la
-sintaxis, como es más difícil de reconocer y de estudiar, escapó
-con mayor facilidad a las persecuciones de nuestros más esmerados
-prosistas[625].
-
-Jovellanos puede pasar por el mejor tipo de prosa que nos ofrece el
-siglo XVIII; en él aparecen reunidos con feliz tino los elementos de
-la lengua clásica, con los elementos nuevos que era necesario acoger
-para reflejar el pensamiento moderno, predispuesto a giros distintos
-que los habituales en los autores antiguos, y preocupado de materias
-por ellos no tratadas, como las relacionadas con la economía.
-
-Jovellanos era ciertamente un purista, que buscaba restaurar, en
-lo posible, la castiza lengua de nuestros clásicos; pero no era
-radical en esta tendencia, como lo fué Vargas Ponce, que cayó en una
-exageración sistemática de arcaísmo; el purismo de Jovellanos, como
-el de Toreno y Quintana, fué templado, el que prevaleció e informa la
-lengua que hoy usamos todos.
-
-Lejos de toda afección de clasicismo rígido, la prosa de Jovellanos
-es la primera de un grande autor moderno que nos ofrece un nuevo
-elemento de riqueza; el _provincialismo_, usado intencionadamente
-como recurso artístico, para lograr una expresión breve y pintoresca.
-En sus cartas familiares, sobre todo en las dirigidas a su paisano
-el canónigo don Carlos González de Posada, se hallan bastantes voces
-asturianas, como _bígaro_ (caracol de mar), _escazabellar_ (revolver
-papelotes), _solmenar_ (sacudir con fuerza), _peñerar_ (cerner),
-etcétera[626], y basta recordar las novelas de Valera y de Pereda
-para comprender el valor que en una obra literaria pueden tener estos
-elementos dialectales.
-
-
- DEFENSA DE LA JUNTA CENTRAL
- ARTÍCULO III, INIC.
-
- La Junta Central, que asumió el poder de la nación en 1808
- en ausencia de Fernando VII, terminó su misión en enero de
- 1810, siendo sus miembros objeto de calumnias y persecuciones
- secundadas por la suprema Regencia y por el Consejo de España e
- Indias. Jovellanos, miembro de esa Junta, habla en defensa propia
- y de sus compañeros.
-
-En la última calumnia divulgada contra los miembros de la Junta
-gubernativa, acabaron de vomitar sus enemigos todo el odio que
-en sus ruines almas escondían. Era muy grave, sin duda, sobre
-vergonzoso, el crimen de _peculato_; pero el de infidencia a la
-patria en las circunstancias en que, y en las personas a quienes
-se imputaba, reunía toda la enormidad que podía hacerle en el más
-alto grado abominable y atrocísimo. Y esto hace ver que si nuestros
-calumniadores fueron bastante insensatos para atribuirnos un crimen,
-que por inverosímil y repugnante se haría increíble o se desvanecería
-por sí mismo, también fueron bastante malvados en aprovechar el
-momento que era más favorable para producir el pronto y terrible
-efecto a que aspiraban. Hallábase la nación consternada por la
-triste y no esperada derrota de Ocaña y por la falta del mejor de
-sus ejércitos; los enemigos, vencida la barrera de Sierra-Morena,
-venían derramándose sobre los cuatro reinos de Andalucía; uno de
-sus ejércitos se avanzaba al de Sevilla y amenazaba su capital;
-aquella populosa ciudad estaba ya en el mayor sobresalto, y en
-este punto el Gobierno, saliendo de ella para trasladarse a la
-isla de León, parecía abandonarla a su suerte. ¡Qué momento tan
-oportuno para representar los centrales como fugitivos y traidores
-a la credulidad de un vulgo tan acostumbrado a oír esta voz, y tan
-agitado y descontento entonces, como propenso siempre a atribuir a la
-infidelidad las desgracias públicas!
-
-Pero por más que circunstancias tristes y raras hubiesen favorecido
-aquella calumnia en Sevilla, por más que su eco hubiese resonado
-en otras partes por algunos días, por más que la emulación y la
-envidia hubiese salido en su apoyo en los lugares en que se reunió el
-Gobierno, el tiempo sólo bastó para desvanecerla; la verdad tomó su
-lugar, y se puede ya asegurar sin reparo que no habrá hoy en toda la
-extensión de España un solo hombre de sano juicio y recto corazón que
-pueda darle el más pequeño asenso.
-
-Porque ¿a quién podría persuadirse que hombres tan altamente
-calificados por la opinión pública cayesen todos de repente en tanta
-vileza y corrupción como sus calumniadores suponían? ¿Cabía esto
-siquiera en el corazón humano? No por cierto. Capaz del bien y el
-mal, así como no se levanta de un vuelo hasta la cima de la heroica
-virtud, tampoco se despeña de un golpe en la sima de la iniquidad.
-Máximas de prudencia y justicia, de moderación y honestidad, bebidas
-en la primera educación; ejemplos de fortaleza, de beneficencia y
-patriotismo presentados en la juventud, y admirados y fielmente
-seguidos, forman los hábitos virtuosos que le perfeccionan y elevan
-por grados a la primera. Ignorancia y abandono en la primera
-edad, malos ejemplos aplaudidos o defectos tolerados, y pasiones
-mal reprimidas en la adolescencia, forman los hábitos perversos,
-que le corrompen y abaten hasta la segunda. Cabe sin duda en la
-flaqueza humana que un hombre antes inocente, agitado por el furor
-de una pasión fogosa y exaltada, se arroje sin reflexión a cometer
-alguna acción temeraria y violenta; pero ¿cabrá en este hombre
-un atroz designio, que no pueda concebirse sino por la más negra
-iniquidad, ordenarse sino con la más fría y profunda meditación,
-ni ejecutarse sino por medios viles, oficios tenebrosos, arterías
-y astucias pérfidamente maquinadas? Y lo que no cabe en un hombre
-solo ¿cabría en más de treinta de tan distinguido carácter y de
-probidad tan generalmente reconocida? Creer, pues, que todos, sin
-excepción alguna, desmintiesen de repente esta probidad, y haciéndose
-insensibles al freno del honor y sordos a la voz de la conciencia, y
-olvidados de lo que debían a su Dios, a su rey, a su patria y a sí
-mismos, se hiciesen de repente traidores, sería creer un fenómeno,
-tan raro en el orden moral como el retroceso de los planetas en el
-orden físico.
-
-Y aun dado por posible este fenómeno moral, ¿cómo lo sería que en
-tanto número de personas de tan diferente condición y carácter se
-hallase tan estrecha unión, tan estudiado disimulo, tan profundo
-secreto y tan tortuosa conducta, como este malvado designio requería?
-Y cuando esto fuera repugnante en cualquier noble corporación, cuando
-lo fuera en el más humilde gremio o cofradía, ¿cuánto más no lo
-fuera en un cuerpo compuesto de tan nobles y tan varios elementos;
-en un cuerpo en que se habían reunido prelados, grandes, canónigos,
-militares, togados, intendentes y otras personas de diferente clase
-y profesión; en un cuerpo cuyos individuos se distinguían, más
-todavía que por su profesión, por su clase, por su educación, por
-sus talentos, por sus estudios, por sus servicios y por su conducta
-y carácter, y entre los cuales, por lo mismo, no podían faltar ni
-el deseo de dominar y distinguirse, ni la lucha y diferencia de
-opiniones, ni los celos y desavenencias, ni la falta de discreción
-y prudencia, ni la buena ni aun la mala emulación; vicios endémicos
-que turban la concordia de todas las corporaciones? Y cuando nuestros
-enemigos no cesaban de llamar defectuosa e imperfecta nuestra
-institución, precisamente porque entre tanto número de individuos
-creían difícil hallar la unión, la actividad y el secreto necesario
-para salvar la patria, ¿cómo podrían creer que sólo era fácil para
-venderla? ¿Creían por ventura que esta unión era imposible para el
-bien, y sólo posible y fácil para el mal? ¡Insensatos! El honor, la
-conciencia, el respeto a la opinión pública, el amor a nuestro rey
-y a nuestra patria, y el odio a la tiranía, nos pudieron unir y nos
-unieron para desempeñar fielmente nuestro deber hasta donde nuestras
-luces y nuestras fuerzas alcanzaron. ¿Cuáles, decid, cuáles pudieron
-ser los motivos que nos uniesen para prostituirle?
-
-Porque siendo constante que los hombres no obran sin que algún
-impulso mueva o determine su acción, y que este impulso deba ser
-proporcionado a la grandeza de las acciones que produce, a nuestros
-enemigos toca señalar cuál pudo ser el que sacándonos de la senda
-del honor y virtud nos despeñó en tanta vileza y depravación.
-Sentimientos de odio y de amor, de temor o de interés, suelen mover
-poderosamente las acciones humanas. Y bien, ¿cuál de éstos pudo
-movernos a ser traidores a nuestro rey y a nuestra patria? ¿Será
-el odio a un rey tan virtuoso y tan desgraciado, o a una patria
-tan generosa y tan afligida? ¿A un rey que libraba en nosotros la
-esperanza de recobrar su libertad y su trono, o a una patria que nos
-había confiado el rescate de su rey y la defensa de su libertad?
-¿Sería acaso el amor? Pero ¿a quién? ¿Al monstruo de perfidia que
-tan vilmente había engañado a nuestro amado e inocente rey, y tan
-cruelmente estaba ultrajando y oprimiendo a nuestra heroica y querida
-patria? ¿Sería el temor? Pero ¿qué podían temer los que estaban
-cubiertos con el escudo de la suprema autoridad y defendidos por todo
-el poder de una nación tan heroica y valiente? ¿Sería el interés?
-Pero ¿cuál pudo tentar a los que habían abandonado sus empleos, su
-casa, su fortuna y sus esperanzas para servir y ser fieles a su
-patria? Ni ¿qué interés pudo presentar a nuestra ambición la ruin
-política del tirano? ¿De mando? ¿Cuál igualaría al que ejercíamos en
-el seno de nuestra patria? ¿De honores? Y ¿cuáles serían comparables
-a aquel a que nuestra patria nos había elevado? ¿De otras altas
-recompensas? Pero ¿cuáles podría esperar nuestra perfidia de
-un tirano ofendido y provocado, que no pudiese esperar nuestra
-fidelidad de una patria generosa y reconocida? No, no; si esto no
-cabía en nuestro carácter ni en nuestra conciencia, menos cabía en
-nuestra razón ni en nuestra seguridad. ¿Podíamos acaso desconocer la
-condición de un tirano, modelo de tiranos, tan sabiamente prevista y
-tan exactamente definida por nuestras leyes? ¿Podíamos poner la menor
-confianza en los halagos y sugestiones de un monstruo, para quien la
-religión, los dulces vínculos del amor y de la sangre, el honor, la
-amistad, la buena fe, son nombres vanos; para quien las palabras, las
-promesas, los más solemnes tratados y los más santos juramentos, no
-son otra cosa que medios de seducción y perfidia?
-
-Pero ¿qué digo? Los que disfrutábamos el alto honor de estar al
-frente de la nación más heroica del mundo, y aclamados en ella por
-padres de la patria, ¿iríamos a postrarnos a los pies del soldán de
-la Francia, para que nos pusiese en la lista de sus viles esclavos?
-¿Iríamos a inclinar la rodilla ante el sátrapa de Madrid, para
-ayudarle a usurpar el trono de Pelayo y robar a nuestro Fernando
-el Sétimo la herencia de los Alfonsos y los Fernandos de Castilla?
-¿Iríamos a mezclarnos con los Ofarriles, Urquijos y Morlas; con los
-caballeros Arribas y Marquinas, para ser, como ellos, insultados
-y despreciados por los insolentes bajáes del tirano, o iríamos a
-confundirnos entre los demás apóstatas de la patria, para ser, como
-ellos, escupidos y escarnecidos por nuestros fieles y oprimidos
-hermanos, para ostentar a su vista la ignominia que cubre siempre el
-rostro de los traidores, y para ser a todas horas objeto de su odio y
-execración? ¡Oh, colmo de ignominia y vileza! ¡Oh, asombro de malicia
-y perversidad! ¡Españoles, hijos de la lealtad y el honor, dechados
-de probidad y buena fe, sed vosotros jueces en esta causa! Juzgad,
-pronunciad si aquellos honrados ciudadanos que merecieron un día
-vuestra confianza, pudieron caer en tan vil y vergonzoso abatimiento.
-Y si todavía los hallais dignos de loor o de aprecio, haced que
-vuestro imparcial y respetable juicio desplome sobre sus infames
-calumniadores toda la ignominia con que quisieron manchar sus nombres
-y memoria.
-
-
- CARTAS
- CARTA A DON ANTONIO PONZ
-
- El autor describe las romerías de Asturias y habla de la llamada
- _Danza Prima_.
-
-Después de haber sesteado un rato por los lugares amenos y sombríos
-de aquel contorno, se empiezan a disponer las danzas, que sirven de
-ocupación al resto de la tarde. Estas danzas no son menos sencillas
-y agradables que los demás regocijos del día. Cada sexo forma las
-suyas separadamente, sin que haya ejemplar de que el desarreglo o la
-licencia los hayan confundido jamás. El filósofo ve brillar en todas
-partes la inocencia de las antiguas costumbres, y nunca esta virtud
-es más grata a sus ojos que cuando la ve unida a cierta especie de
-placeres, que la corrupción ha hecho en todas partes incompatible con
-ella.
-
-Aunque las danzas de los hombres se parece en la forma a la de las
-mujeres, hay entre unas y otras ciertas diferencias bien dignas de
-notarse. Seméjanse en unirse todos los danzantes en rueda, asidos de
-las manos, y girar en rededor con un movimiento lento y compasado, al
-son del canto, sin perder ni interrumpir jamás el sitio ni la forma.
-Son una especie de coreas a la manera de las danzas de los antiguos
-pueblos, que pueden tener su origen en los tiempos más remotos y
-anteriores a la invención de la gimnástica. Pero cada sexo tiene su
-poesía, su canto y sus movimientos peculiares, de que es preciso dar
-alguna razón.
-
-Los hombres danzan al son de un romance de ocho sílabas, cantado por
-alguno de los mozos que más se señalan en la comarca por su clara
-voz y por su buena memoria; y a cada copla o cuarteto del romance
-responde todo el coro con una especie de estrambote, que consta de
-dos solos versos o media copla. Los romances suelen ser de guapos y
-valentones, pero los estrambotes contienen siempre alguna deprecación
-a la Virgen, a Santiago, San Pedro u otro santo famoso, cuyo nombre
-sea asonante con la media rima general del romance.
-
-Esto me ha hecho presumir que tales danzas vienen desde el tiempo de
-la gentilidad, y que en ellas se cantarían entonces las alabanzas de
-los héroes, interrumpidas y alternadas con himnos a los dioses. Lo
-cierto es que su origen es muy remoto, que el depravado gusto de las
-jácaras es muy moderno, y que la mezcla de ellas con las súplicas
-a los santos es tan monstruosa, que no pudieron nacer en un mismo
-tiempo, ni derivarse de una misma causa.
-
-Tampoco sería extraño presumir que estas danzas eclesiásticas, y
-que tienen cierto sabor a los usos y estilos litúrgicos de la media
-edad, pudieron ser traídas acá por los romeros que en ella venían
-a peregrinar en este país; pues ya sabe usted que las romerías de
-San Salvador en Oviedo, fueron en algún tiempo muy frecuentadas, y
-aun de ellas dura todavía algún resto. Lo cierto es que esta mezcla
-de devoción, regocijo y francachela, tiene parecer muy conforme al
-espíritu de los siglos supersticiosos y al carácter de aquellos
-devotos vagamundos, que con título de piedad andaban por entonces de
-santuario en santuario, dados a la vida libre y holgazana, comiendo,
-bebiendo y saltando por el rey de Francia.
-
-Como quiera que sea, estas danzas varoniles suelen rematar muchas
-veces en palos, única arma de que usa nuestro pueblo; y como nunca la
-sueltan, vería usted a todos los danzantes con su garrote al hombro,
-que sostienen con dos dedos de la mano izquierda, libre los otros
-para enlazarse en rueda, seguir danzando en ella con gran mesura y
-seriedad. Sucede, pues, frecuentemente que, en medio de la danza,
-algún valentón caliente de cascos empieza a victorear a su lugar o su
-concejo. Los del concejo confinante, y por lo común rival, victorean
-al suyo; crece la competencia y la gritería, y con la gritería la
-confusión; los menos valientes huyen; el más atrevido enarbola su
-palo; le descarga sobre quien mejor le parece, y al cabo se arma tal
-pelea de garrotazos, que pocas veces deja de correr sangre, y alguna
-se han experimentado más tristes consecuencias.
-
-Para remediar estos abusos, alguna vez ha pensado el gobierno en
-prohibir el uso de los palos; pero ¡pobre país si esto sucediera! Los
-hombres naturalmente tímidos y amantes de su conservación, gustan de
-llevar consigo alguna prevención, alguna defensa contra los insultos
-que les amenazan. Prohibido el uso de los palos, entrará sin duda
-el de las navajas y cuchillos, armas mortíferas que hacen a otros
-pueblos insidiosos y vengativos, y enervan y extinguen el valor y la
-verdadera bizarría.
-
-Ni por este uso puede usted tachar de bárbaros a mis paisanos.
-Semejantes escenas, además de interesar en gran manera la curiosidad
-por cuanto hieren fuertemente la imaginación de los espectadores, son
-muy del gusto de los pueblos no corrompidos por el lujo, y en cierto
-modo están unidas a la condición misma de la humanidad. «El hombre,
-dice el sabio Fergusón, es demasiado propenso a las lides y a emplear
-sus facultades naturales contra cualquiera enemigo: gusta de ensayar
-su razón, su elocuencia, su constancia y aun su vigor y fuerzas
-corporales. Sus recreos son muchas veces imagen de la guerra, el
-sudor y la sangre suelen correr en sus juegos, y las fracturas y aun
-la muerte dan término alguna vez a las fiestas y pasatiempos de su
-ociosidad. Nacido para morir, hasta en su diversión halla su camino
-para el sepulcro...»
-
-Dejemos, pues, a los pueblos frugales y laboriosos sus costumbres,
-por rudas que nos parezcan, y creamos que la nobleza del carácter en
-que tienen su origen merecen por lo menos esta justa condescendencia.
-
-Pero las danzas de las asturianas ofrecen ciertamente un objeto,
-si no más raro, a lo menos más agradable y menos fiero que las que
-acabamos de describir. Su poesía se reduce a un solo cuarteto o copla
-de ocho sílabas, alternado con un largo estrambote, o sea estribillo,
-en el mismo género de versos, que se repite a ciertas y determinadas
-pausas. Del primer verso de este estrambote que empieza:
-
- Hay un galán de esta villa,
-
-vino el nombre con que se distinguen estas danzas.
-
-El objeto de esta poesía es ordinariamente el amor, o cosa que diga
-relación a él. Tal vez se mezclan algunas sátiras o invectivas,
-pero casi siempre alusivas a la misma pasión, pues ya se zahiere la
-inconstancia de algún galán, ya la presunción de alguna doncella, ya
-el lujo de unos, ya la nimia confianza de otros, y cosas semejantes.
-
-Lo más raro y lo que más que todo prueba la sencillez de las
-costumbres de estas gentes, es que tales coplas se dirigen muchas
-veces contra determinadas personas; pues aunque no siempre se las
-nombra, se las señala muy claramente, y de forma que no pueda dudarse
-del objeto de la alabanza o de la invectiva. Aquella persona que más
-sobresale en el día de la fiesta por su compostura o por algún caso
-de sus amores; aquel suceso que más reciente es y notable en la
-comarca; en fin, lo que en aquel día ocupa principalmente los ojos
-y la atención del concurso, eso es lo que da materia a la poesía de
-nuestros improvisantes asturianos. Ya ve usted si les será fácil
-indicar las personas sin nombrarlas expresamente.
-
-Supongo que para estas composiciones no se valen nuestras mozas de
-ajena habilidad. Ellas son las poetisas, así como las compositoras de
-los tonos, y en uno y otro género suele su ingenio, aunque rudo y sin
-cultivo, producir cosas que no carecen de númen y de gracia. Pondréle
-a usted dos ejemplos, entre mil que pudiera señalar, y si no entiende
-el dialecto, tenga paciencia, que otros le entenderán.
-
-En una de estas romerías a que concurrió cierto amigo mío, se había
-presentado una fea que, entre adornos, llevaba una redecilla muy
-galana y de color muy sobresaliente. Al instante fué notada de las
-mozas, que le pegaron esta banderilla:
-
- Quítate la rede negra
- y ponte la colorada,
- para que llucia[627] la rede
- lo que non llu[627] la tó cara.
-
-Era yo bien niño cuando el Ilmo. señor don Julio Manrique de Lara,
-obispo entonces de Oviedo, se hallaba en su deliciosa quinta de
-Contrueces, inmediata a Gijón, el día de San Miguel. Celebrábase
-allí aquel día una famosa romería, y las mozas, como para festejar a
-su ilustrísima, formaron su danza debajo de los mismos balcones de
-palacio. El buen prelado, que estaba en conversación con sus amigos,
-cansado del guirigay y la bulla de las cantiñas, dió orden para que
-hicieran retirar de allí las danzas: sus capellanes fueron ejecutores
-del decreto, que se obedeció al punto; pero las mozas, mudando de
-sitio, bien que no tanto que no pudieran ser oídas, armaron de nuevo
-su danza, cantando y recantando esta nueva letra, que su ilustrísima
-celebró y oyó con gusto desde su balcón gran parte de la tarde:
-
- El señor obispo manda
- que s’acaben los cantares;
- primero s’an d’acabar
- obispos y capellanes.
-
-Los estribillos con que se alternan estas coplas son una especie
-de retahila que nunca he podido entender; pero siempre tienen sus
-alusiones a los amores y galanteos, o a los placeres y ocupaciones
-de la vida rústica. Los tonos son siempre tiernos y patéticos, y
-compuestos sobre la tercera menor. Llevan la voz de ordinario tres
-o cuatro mozas de las de más gallarda voz y figura, colocadas a la
-frente del coro, y las otras van repitiendo ya la mitad de la copla,
-ya el estribillo, a cuyo compás giran todas sin interrupción sobre
-un mismo círculo, pero con lentos, uniformes y bien acordados pasos.
-Entretanto resuena en torno una dulce armonía, que penetrando por
-aquellos opacos y silenciosos bosques, no puede oírse sin emoción ni
-entusiasmo.
-
-No constan estas danzas, como nuestros modernos bailes, de fuertes y
-afectadas contorsiones, propias para expresar unas pasiones violentas
-y artificiosas, sino de movimientos lentos y ordenados, que indican
-las tranquilas afecciones de un corazón inocente y sensible. Si esta
-es o no una ventaja para los pueblos que la melindrosa corrupción
-tiene por bárbaros, no parece un problema difícil de resolver.
-
-
-NOTAS
-
- [625] En la misma _Defensa de la Junta Central_ escribía
- Jovellanos frases como esta: «no sólo nos tachan de usurpadores
- de la autoridad, no sólo atribuyen esta usurpación _a un espíritu
- el más conocido y descubierto de ambición y amor propio_, sino
- que para darle todo el carácter de la tiranía, la califican de
- violenta y forzada.» (I.ª 25.) La expresión «à _un_ esprit, _le_
- plus connu et le moins caché, d’ambition et d’amour propre» sería
- en francés correcta y aceptable; sin embargo, es menos corriente
- que la otra con artículo definido: «à _l_’esprit _le_ plus
- connu», que también es semejante a la de Jovellanos.
-
- [626] En una poesía (_Bibliot. Aut. Esp._ XLVI, 7 _a_) dice
- Jovellanos: «No pudo vencer a la tu mano en blancura;» el
- artículo con el posesivo es un asturianismo, que el autor acogió
- acaso a título de arcaísmo (v. pág. 144, línea 11).
-
- [627] _Llucia_ por ‘luzca’, y _llu_ por _lluz_, y éste por
- ‘luce’. En asturiano, toda _l_ inicial se hace _ll_ (_llobu_,
- _lluna_), y la _e_ final de los verbos se pierde tras ciertas
- consonantes (_quier_, _pon_, _merez_). Otros dialectalismos son
- _rede_ por ‘red’; también se dice _parede_, _ciudade_, etc. _la
- tó cara_ ‘tu cara’.
-
-
-
-
-DON LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN
-
-(1760-1828)
-
-
-El folleto de la _Derrota de los Pedantes_ apareció en 1789.
-
-Moratín, el hijo, descuella sobre todo por su admirable prosa
-dramática, que no se había vuelto a escribir desde _La Celestina_ de
-Rojas, y _La Dorotea_ de Lope; pero es también muy digno de atención
-en sus otras obras, donde se muestra, como dice Menéndez y Pelayo,
-«uno de los escritores más correctos y más cercanos a la perfección
-que hay en nuestra lengua, ni en otra alguna. Niéganle algunos viveza
-de fantasía, profundidad de intención, calor de afectos y abundancia
-de estilo. Aun la misma perfección de su prosa antes estriba en la
-total carencia de defectos que en cualidad alguna de orden superior,
-sin que conserve nada de la grande y caudalosa manera de nuestros
-prosistas del siglo XVI. La sobriedad del estilo de Moratín, se
-parece algo a la sobriedad forzada del que no goza de perfecta
-salud; hay siempre algo de recortado y de incompleto que no ha de
-confundirse con la sobriedad voluntaria, última perfección de los
-talentos varoniles y señores de su manera.»
-
-Su vocabulario es de una riqueza muy estimable, pero también es más
-estudiado que espontáneo; lamentábase Moratín del olvido en que se
-habían perdido multitud de voces y frases, y de la pobreza y sequedad
-increíbles a que se reduce el lenguaje usual, aun en personas
-letradas, y se propuso resucitar en sus escritos, lográndolo con gran
-tino y acierto, buen número de expresiones que sin duda no había
-recibido él por la tradición oral, sino por la lectura de nuestros
-clásicos a que desde niño era aficionado.
-
-
- DERROTA DE LOS PEDANTES
-
- Los poetastros pedantes asaltan el Parnaso; Mercurio les impone
- una tregua, y cogiendo prisionero a uno de ellos, lo lleva ante
- Apolo en calidad de embajador.
-
-Entraron, pues, en un salón magnífico y espacioso; el pavimento y
-las paredes eran de esquisitos mármoles, la decoración corintia, las
-basas y capiteles de sus columnas de oro purísimo, como también los
-adornos del cornisamento y zócalo, y en las bóvedas apuró la pintura
-todos los encantos de la ficción.
-
-Allí se veían los orígenes de las artes y los progresos del talento
-humano: muda historia, capaz de encender el ánimo y arrebatarle a la
-contemplación de los objetos más sublimes. En una parte se veía a los
-hombres fabricar chozas de troncos y ramas, de donde la arquitectura
-tomó las formas que dió después a materias más durables, variando,
-según la mayor o menor consistencia de ellas, la proporción de sus
-edificios. A otro lado los egipcios daban principio a la geometría,
-señalando sus campos con términos de piedras hacinadas, para que el
-Nilo en sus inundaciones no alterase los conocidos límites. Otros
-señalaban en el suelo los contornos de la sombra, de donde tomó
-su origen la pintura, perfeccionándose después lentamente con la
-invención casual de los colores y la perspectiva, que apenas conoció
-la antigüedad. Otros cortaban la corriente de un río, fiados a un
-tronco mal seguro; una gran multitud admiraba desde la opuesta
-orilla el temerario atrevimiento, y las madres tímidas apretaban
-al pecho sus pequeñuelos hijos. Los árabes y caldeos observaban
-el aparente giro del sol, y en las serenas noches al planeta que
-recibe su luz, y los demás astros que la distancia nos amenora o
-nos oculta. La escultura en otra parte ponía sobre las aras bultos
-informes que adoraba supersticioso el temor, y más allá los Fidias,
-Lisipos y Praxiteles daban a los mármoles y bronces tan elegante
-forma, que en algún modo parece que el arte disculpaba la idolatría.
-Allí Orfeo reducía a los hombres en vida social, les daba leyes, y
-les persuadía la necesidad de un culto religioso. Confucio enseñaba
-virtudes morales a los remotos chinos. Eaco, Radamanto, Minos, Solón,
-Licurgo y Numa establecían leyes, gobernando en justicia y paz nuevas
-repúblicas; y a más distancia se veían florecer las ciencias y las
-artes a la sombra de la libertad. Allí estaba representado el padre
-Homero, a quien rodeaban con admiración los poetas de todas las
-naciones y todos los siglos. Píndaro, al son de la lira, celebraba
-con sublime verso las victorias istmias y olímpicas, y eternizaba el
-nombre de Hierón. Simónides cantaba tiernas elegías. Alceo de Lesbos,
-añadiendo nuevos sonidos a las cuerdas griegas, hacía aborrecible
-entre los hombres el despotismo de los tiranos. Safo, desgraciada en
-amor, se precipitaba del promontorio de Leucate al mar, y repetía
-muriendo el nombre de su ingrato Faón; en tanto que Anacreón de
-Teos, coronado de pámpanos, con la copa en la mano, danzaba alegre
-al son de las flautas entre las Gracias y los Amores. Allí acudía la
-juventud de Grecia a escuchar en las Academias, el Liceo y el Pórtico
-las austeras lecciones de la moral; y no muy lejos se levantaban
-teatros magníficos para declamar con el auxilio de la música las
-grandes obras de Eschilo, Sófocles y Eurípides, que alternaban con
-las del atrevido Aristófanes, a quien Menandro siguió después para
-obscurecer la gloria de cuantos le habían precedido. En otra parte
-Demócrito y el divino Hipócrates, reclinados junto a un sepulcro ya
-destruído, conversaban profundamente a la sombra de unos cipreses
-mustios sobre la física del cuerpo animal, la brevedad de la vida,
-los acerbos males que la rodean, y los cortos y falaces medios que
-ofrece el arte para dilatar su fin; y más allá Demóstenes desde la
-tribuna de las arengas conmovía al pueblo ateniense, le persuadía
-por algunos instantes a sacudir el yugo macedónico; excitaba en
-él estímulos de valor, recordándole las épocas gloriosas de sus
-triunfos, los nombres santos de Milciades, Conón, Cimón y el justo
-Arístides; y oponiéndose, por una parte, a todo el poder de Filipo,
-y por otra, a la envidia, la calumnia atroz y la inconstancia
-de un vulgo corrompido e ingrato, veía a pesar de su elocuencia
-irresistible perecer para siempre la libertad de su país, y perecía
-con ella.
-
-En el testero del salón había un trono riquísimo, y en él estaba
-Apolo: siete de las musas le acompañaban inmediatas al solio, y los
-más célebres poetas españoles, según la edad en que florecieron, así
-ocupaban por su orden las sillas.
-
-Si mucho se admiró el coplero de aquel aparato y magnificencia, no
-menos se admiraron todos los demás al ver su figura ridícula, porque
-era el hombre la más triste visión que imaginarse puede: reviejuelo,
-arrugadito, moreno, remellado, tuerto de un ojo, romo, calvo, algo
-tiñoso, chiquirritillo y contrahecho, si bien es verdad que le
-desfiguraban en parte las barbas, el sudor negro, el polvo, el cisco
-y las telarañas que le cubrían el rostro. Revolvíase en unas bayetas
-pardas, raídas y llenas de chorreaduras de aceite y caldo, con un
-ribete de arambeles por las orillas a modo de randas o cucharetero;
-sus movimientos eran más vivos de lo que su edad prometía, la acción
-teatral, y la voz gangosa, chillona y desapacible.
-
---«Este es, dijo Mercurio a su hermano, el que he podido agarrar
-entre aquella turba; él te dirá lo que deseas saber;»--y acercándose
-a él, le dijo al oído: «mirad, señor, que aquí no os sufrirán
-disparates; decid claramente quiénes son los del portal, y a qué es
-su buena venida, sin andarnos en más repulgos; porque si así no lo
-hiciéreis, témome mucho que mi hermano os mande freir y echar a los
-perros, según le he visto de mal humor esta tarde;» y habiendo dicho
-ésto, se fué volando a observar lo que pasaba en la escalera.
-
-El poetastro, encarándose con Apolo, le hizo tres grandes cortesías,
-y quedó aguardando el permiso de hablar. Diósele Apolo, y él comenzó
-a delirar de esta manera:
-
- «Reverberante Numen que del Istro
- Al Marañón sublimas con tu zurda,
- Al que en ritmo dulcísono te urda
- Elogio al son del címbalo y del sistro:
- Si la alígera prole de Caistro
- Blandos ministra acentos a mi burda
- Armónica pasión, ¡ay! no te aturda
- Ver rompo de tu tímpano el teristro.
- La nubígena Dea en alto plaustro,
- Ungiendo el nervio de oloroso electro,
- Me lleva en alas del Ouest y el Austro,
- Y hurtando a las Memnósides el plectro,
- Hoy me intromito en el fulgente claustro,
- Obstupefacto, a venerar tu espectro.»
-
-Reventaba Apolo entre la indignación y la risa; las musas se tendían
-por los suelos dando exorbitantes carcajadas; los poetas se miraban
-los unos a los otros sin saber lo que les sucedía, y el badulaque,
-muy satisfecho, se disponía a proseguir disparatando en culto; pero
-Francisco de Rioja, que estaba inmediato, le dijo: «Ved, señor
-enviado, que Apolo nuestro amo no os llama aquí para que le declaméis
-versos tenebrosos; lo que únicamente quiere es...».--«¡Ah! dijo el
-de las sopalandas, ya sé lo que quiere, no hay para qué decírmelo,
-que ya lo he comprendido, lo que quiere es otro soneto con los mismos
-consonantes; pues allá va, hijo de Latona, escuchadme benévolo...»
-
-Pero volvamos la mal tajada péñola a referir lo que Mercurio hizo
-mientras duró la embajada. Parecióle conveniente no descuidarse
-ni fiar a la fortuna el éxito de aquella empresa; había llegado a
-entender, aunque confusamente, la pretensión estrafalaria de los
-filólogos; y conociendo que Apolo no podía concederles nada, pensó
-seriamente en hacer preparativos para la defensa, persuadido de que
-sólo a garrotazos se podría concluir tan enrevesado asunto.
-
-Llamó a consejo a los poetas que imaginó más inteligentes y
-acostumbrados a tales peleonas; tratóse el caso con la madurez que
-requería, y se acordó, por último, que se hiciera provisión de
-armas ofensivas, acudiendo al repuesto de los malos libros, que
-estaban en las inmediaciones de la cocina destinados a socarrar
-pollos y envolver especias, y que además se recogiesen cuantos
-trastos semovientes hubiera en la casa y pudieran ser útiles para
-convertirlos en armas arrojadizas, o en parapetos y trincheras.
-
-Tratóse después del orden que se debía guardar en los ataques, y
-resolvieron que para lograr alguna ventaja era necesario salir de
-la escalera, obligando a los eruditos a que, dejando el portalón,
-pasaran al patio, creyendo todos que allí se les podría combatir más
-a placer, ya fuese en batalla campal, o ya arrojando sobre ellos,
-desde las ventanas que había alrededor, cuanto pudiera ofenderlos y
-destruirlos.
-
-Aprobado este plan, se dispuso que Garcilaso de la Vega, por estar
-herido Cervantes, mandase el ala derecha; la izquierda, don Diego de
-Mendoza; el centro, don Alonso de Ercilla, y el cuerpo de reserva,
-que debía acudir adonde la necesidad lo pidiese, se encargó al conde
-de Rebolledo, acompañado de Lope de Vega, Cristóbal de Virués y otros
-sujetos de acreditado valor y experiencia militar.
-
-Después de ventilados estos puntos, se ocuparon en conducir hacia
-la escalera cuanto hallaron que podía ser útil para un caso de
-rompimiento; acudieron luego al repuesto de los malos libros, y
-llevaron infinitos volúmenes antiguos y modernos que hasta entonces
-no habían servido de gloria a sus autores, ni de utilidad alguna al
-género humano, y en aquel día se hicieron apreciables; porque no hay
-duda en que un mal libro, por malo que sea, siempre sirve, y más si
-es de buen tomo, para descalabrar con él a cualquiera cuando no hay a
-mano abundante provisión de cachiporras o peladillas de Torote.
-
-Hecho, pues, todo lo que va referido, sucedió la bajada y volteo del
-culterano; y conociendo Mercurio que era ya inevitable volver a la
-zurra, fuese volando a decir a su hermano cuanto había dispuesto.
-Hallóle que bajaba ya la escalera con ánimo de presentarse a los
-enemigos, creyendo que a sus razones y autoridad ni debían ni podían
-oponerse. Dudó mucho Mercurio si aquella cuadrilla desvergonzada
-guardaría respeto y moderación, hallándose ya obstinada en conseguir
-por fuerza lo que pretendía; pero hubo de ceder, mal de su grado, a
-las instancias de Apolo, y dejándole en la escalera, se remontó al
-techo para anunciar su venida.
-
-A este tiempo empezó a notarse un rumor y conmoción general en el
-bando contrario, mal satisfecho del suceso que había tenido la
-erudita oración de su embajador; pero, dando Mercurio un grande
-aullido desde allá arriba, les hizo callar y atender. Díjoles que
-Apolo iba a presentarse; que venerasen en él al grande hijo de
-Júpiter, y que, pues se llamaban alumnos suyos, no le diesen enojo en
-cosa alguna, y adorasen humildes sus soberanos preceptos.
-
-Apolo entonces, levantado en hombros de los más robustos, se dejó
-ver de aquella amotinada gente. Comenzó con semblante pacífico y
-agradable a persuadirlos que, dejando las armas, se volviesen a sus
-casas a cuidar de sus mujeres e hijos, si los tenían. Que no creyesen
-que la nación perdería nada, perdiéndolos a ellos; pues no sólo
-la harían una gran merced en quemar todos sus papeles y no volver
-a escribir jamás ni aun la cuenta de la ropa, sino que, por otra
-parte, olvidando con un verdadero arrepentimiento las travesuras
-pasadas, podían dedicarse a varios ejercicios honestos, y adquirir
-por ellos una subsistencia segura como buenos ciudadanos y gente de
-juicio. Díjoles también que los hombres habían nacido para trabajar,
-y muy pocos entre ellos para saber; porque ciertamente aquellos
-pocos, siendo buenos, bastan para ilustrar a todos los demás con su
-sabiduría. Que esto de ser doctos no era cosa tan hacedera y trivial
-como se habían imaginado, pues cualquiera ciencia o facultad necesita
-todo un hombre, toda una vida, y tal reunión de circunstancias, que
-rara vez llega a verificarse; y aun por eso, siendo tantos los que
-siguen la carrera de las letras, son tan pocos los que han llegado
-a poseerlas en grado sobresaliente, y a merecer el aprecio público
-por sus escritos. Que dejasen el encargo de sostener el honor de la
-literatura nacional a otros talentos muy superiores, sin comparación,
-a los suyos. Que abandonasen para siempre la negra erudición
-enciclopédica que tanto les había trastornado la racionalidad, y tan
-ridículo papel les había hecho hacer en estos últimos años a los
-ojos de la Europa culta; y que sobre todo abjurasen de buena fe el
-error de haberse creído poetas. Que no envidiasen esta gloria a los
-que realmente lo son; gloria mezclada siempre de sinsabores los más
-amargos; gloria funesta, que casi nunca ha concedido el mundo a los
-que, viviendo, pudieran gozarla, porque la reserva el cruel para las
-cenizas de los que ya no existen.
-
-Más iba a decirles; pero fueron tales los berridos que resonaron en
-el zaguán, los gritos y amenazas, que Apolo, temiendo algún insulto
-de parte de aquel populacho feroz, se bajó a toda prisa del trono
-racional en que estaba encaramado, y comenzó a echar tacos y reniegos
-por aquella boca, que Dios nos libre.
-
-Seguía entretanto la gritería y tumulto de los enemigos, y el
-endiablado tuerto corría de un lado a otro atizando el fuego de la
-discordia, ponderando el mal tratamiento que Apolo le había hecho y
-el poco aprecio que le merecían las doctas fatigas de tantos sabios;
-ellos, que no necesitaban espuelas, se enfurecieron de tal modo que
-no es posible ponderar a qué extremo llegó entonces su frenesí.--«No
-es ese, decían, no es ese Apolo; a ese no le conocemos, y estos son
-ardides de Mercurio, que piensa burlarse de nosotros, tomándolo a
-fiesta y tararira; que venga el hijo de Latona, que venga, él nos
-conocerá y nosotros le adoraremos como hijos obedientes suyos.»
-
---«Medrados estamos, dijo Mercurio, con lo que nos salen ahora estos
-malditos. Si es imposible que no se hayan desatado del infierno para
-darnos guerra. ¿Se habrá visto tal invención? Pero yo les juro por la
-asquerosa Estigia que no se han de reir de mí; no, si no hacéos de
-miel y paparos han moscas; para ellos no sirven razones; lo que no
-les duele, no les persuade; pues que la paguen, mal haya su casta,
-que la paguen, y acabemos de una vez con ellos.»
-
-Dicho esto, se metió entre los suyos, repitió las órdenes, previno
-los acasos, y sin que diera la señal de combatir el estruendo de
-trompetas ni atambores, se comenzó la batalla, poniendo en uso los de
-Apolo las nuevas armas de que se habían prevenido.
-
-Llovían librotes sobre los literatos intrusos; unos viejos, sucios y
-despilfarrados; y otros nuevecitos y en pasta, y en papel de Holanda,
-y con láminas y elogios ultramontanos, y notas y animadversiones.
-Esta descarga desordenó las primeras filas enemigas, no sin pérdida
-de sus gentes; pues aseguran algunos sujetos fidedignos, apoyados
-en relaciones auténticas, que pasaron de veinte los que cayeron
-derrengados, cinco tuertos, descalabrados nueve, y trece o catorce
-contusionados o aturdidos.
-
-Con esta pérdida se notó algún desfallecimiento en aquellas tropas, y
-nuevo espíritu en los de Apolo, que no dudaban ya combatir cuerpo a
-cuerpo para concluir de una vez aquella empresa; bien que los jefes
-procuraban contenerlos, conociendo cuán cerca está de ser temeridad
-el valor si la prudencia y el arte no le dirigen.
-
-Pero a este tiempo ocurrió un accidente que puso a los de la escalera
-en grave peligro de perderse; porque acabada que fué la primera
-descarga, vieron venir de retorno por el aire el tenebroso _Macabeo
-de Silveira_, que arrojado de robusta mano parecía una bala de cañón,
-según el ímpetu que traía; hirió de paso, aunque levemente, a Luis
-Barahona de Soto; y, volviendo de rebote dió tal golpe en el pecho al
-tierno Garcilaso, que sin ser poderoso a resistirle, cayó aturdido
-sobre las gradas, y tuvieron que retirarle inmediatamente.
-
-Lupercio de Argensola que se hallaba cerca, lleno de indignación y
-dolor por la desgracia de su dulce Laso, agarró seis o siete tomos
-que vió a sus pies, y con no vista fuerza los lanzó al enemigo.
-No bien llegaron allá los _Comentos de Góngora_, que ésta era
-la gracia de los tales volúmenes, cuando se conoció el horrible
-estrago que habían hecho en el cuerno izquierdo de los contrarios;
-lo que advertido por los de Apolo, se adelantaron algunos a querer
-seguir hacia aquella parte la derrota; pero así que se alejaron de
-los demás, se vieron rodeados de enemigos y cortado el paso a la
-escalera; dieron y recibieron golpes crueles, y con no poco trabajo
-pudieron volverse a incorporar en sus líneas, sufriendo mucho en la
-retirada, que tuvo todas las apariencias de fuga.
-
-
- VIAJE A ITALIA
-
- Fragmento de esta obra póstuma
-
-Debajo de Pórtici y Resina está sepultada la ciudad de Herculano;
-los edificios más considerables de ella que hasta ahora se han
-descubierto, son un foro y un teatro; en el foro se hallaron las
-dos estatuas ecuestres de los Balbos, una de Vespasiano y otras de
-varias familias ilustres. El proscenio del teatro tiene ciento y
-treinta pies de ancho, y en las veinte y una gradas destinadas a los
-espectadores y los espacios restantes, se ha calculado que cabían
-diez mil personas. La cantidad de ceniza y lavas que cayeron sobre
-esta ciudad fué tal, que sus edificios se hallan a sesenta, ochenta y
-cien pies de profundidad. Esto hace muy difícil la excavación, pues
-además de la consistencia y grueso de las materias que hay que romper
-a pico, es necesario sostener con postes y estribos las excavaciones,
-para que todo no se hunda y arruine; y además, ¿cómo es posible
-taladrar un terreno sobre el cual existen en pie tantos edificios,
-sin que éstos se resientan? Mientras permanezcan Resina y Pórtici, no
-se pueden adelantar los descubrimientos de Herculano.
-
-Siguiendo el camino, que va siempre inmediato al mar, se hallan
-después de Resina la torre del Greco y la de la Anunciata,
-poblaciones contiguas unas a otras con poca o ninguna interrupción,
-bien situadas y alegres, de mucha gente, llenas de casas de campo,
-con jardines, huertas y abundante cultura. Atraviesa el camino por
-encima de un gran torrente de lava que arrojó el Vesubio en 1760,
-mezclada con cenizas y enormes piedras; abrasó todo el terreno,
-destruyó los edificios que halló al paso, y bajó hasta el mar con
-estrago espantoso. A poca distancia se hallan las ruinas de Pompeya,
-ciudad antigua que hasta la mitad de este siglo permaneció tan oculta
-a la vista humana, que nadie se atrevía a fijar el paraje en que
-estuvo. La multitud de cenizas que cayeron sobre ella, detenidas
-de los huecos de sus calles y edificios, formaron una elevación
-de terreno, el cual, haciéndose con el tiempo vegetal y fértil,
-comenzó a labrarse, y hoy se ve encima de los templos, teatros y
-sepulcros de Pompeya, enlazarse las parras a los chopos, y segar el
-labrador mieses abundantes. Las excavaciones que se hacen en este
-sitio cuestan poco trabajo, así porque todo es ceniza lo que hay que
-romper, como porque es mucho menor la profundidad a que se encuentran
-las ruinas que en Herculano. Hasta ahora se han descubierto dos
-calles, una de ellas con la puerta de la ciudad, y varios sepulcros,
-un cuartel, un templo de Isis y dos teatros. No es posible caminar
-por aquel paraje sin una especie de entusiasmo que todos aquellos
-objetos inspiran. Este era el teatro: aquí se acomodaba el pueblo,
-allí la nobleza, por allí salían los actores, aquí se oyeron los
-versos de Terencio y Plauto, este recinto sonó con aplausos públicos;
-los hombres desaparecieron, y el lugar existe. Este era el templo:
-allí está la inscripción, allí las aras; las paredes anuncian
-todavía, en pinturas y estucos, los atributos de la deidad. Aquí se
-degollaban las víctimas; aquí, escondidos los sacerdotes, prestaban
-su voz a un mudo simulacro, y el pueblo, lleno de terror, creía
-escuchar la divinidad misma anunciando a la ignorancia humana los
-futuros destinos. Esta es una calle: empedrada está, como las de
-Nápoles, con lavas que ha vomitado ese volcán vecino; a un lado y
-otro hay ánditos para que pase el pueblo seguro de los carros: aun
-se ven las señales de las ruedas. Veis aquí las tiendas: allí se
-vendieron licores; la insignia que está a las puertas, la señal que
-ha dejado el pie de las copas sobre el mostrador, y las hornillas
-inmediatas para tener caliente la bebida, lo manifiestan. Allí hay
-otra donde se vendían príapos: la insignia está esculpida sobre la
-puerta; allí está el aparador repartido en gradas, donde se exponían
-estos dijes a la vista pública. Estas son casas de gente rica; este
-es el pórtico, sostenido en columnas de ladrillo revestidas de
-estuco, con decoración dórica; allí está el patio con la galería
-que le rodea: estancias pequeñas, altas, con mosaicos en el suelo y
-pinturas en las paredes; el baño, la estufa, con pared hueca, por
-donde se comunicaba el calor; el jardín, la fuente, la bodega, con
-grandes cántaros; la sala de conversación, la de comer, la alcoba, el
-poyo donde estaba el lecho; pinturas voluptuosas por todas partes,
-triunfos de amor. Veis allí los sepulcros que erigió la patria
-agradecida a sus hijos ilustres; la inscripción anuncia sus nombres y
-su calidad; allí reposan sus cenizas. ¡Qué silencio reina en todo el
-contorno! ¡Qué soledad horrible! Y ¡todavía el Vesubio arroja llamas
-y retumban sus cavernas con rumor espantoso!
-
-Este monte, distante dos leguas y media de Nápoles, hacia la parte
-oriental, tiene de altura unas seiscientas toesas; su figura es
-cónica, con base muy ancha, la parte superior se compone de lavas,
-piedras, cenizas, arenas y escorias, sin yerbas, ni plantas, ni
-árboles, ni animales, ni hombres; aspereza horrible, cavernas
-profundas, soledad, silencio en la parte inferior, donde es el
-terreno fertilísimo; hay mucha cultura de árboles y viñas, que
-producen excelentes vinos, y en lo más llano, cerca ya del mar, se
-ven las alegres poblaciones de Pórtici, Resina, Torre del Greco,
-Torre de la Anunciata, y otras muchas que le rodean. Si se considera
-la inmediación de este volcán y el riesgo inminente de que un día
-reviente incendios, trastorne toda su circunferencia, y sepulte en
-fuego y cenizas aquellas moradas deliciosas, centro del lujo y de
-los placeres, se conocerá ¡cuán fácilmente se olvidan los hombres
-del peligro, por más que vean presente la amenaza! Pórtici está
-edificada encima de Herculano opulenta; Pompeya se descubre ahora,
-después de haber permanecido largos años oculta bajo las cenizas que
-en ella cayeron; en los jardines del rey y en otras varias partes
-en que se han hecho excavaciones profundas, se hallan hasta treinta
-capas distintas de lava, y éstas seis o siete veces interrumpida
-con tierra vegetal y restos confusos de edificios, que es decir:
-treinta veces aquel terreno, que ahora habitan los hombres con tal
-seguridad, ha estado cubierto de torrentes de fuego con el trascurso
-de los siglos; seis o siete veces se han olvidado los hombres del
-estrago anterior, han cultivado y han habitado aquel territorio;
-otras tantas se han repetido aquellos horrores, y, no obstante, hoy
-viven sobre tantas ruinas, sin temer que la naturaleza, en un solo
-momento, renueve igual destrozo. La montaña de Soma, que por el
-lado de Oriente y Mediodía rodea al Vesubio, parece ser una parte
-de él; ambos están sobre una misma base, y parece haberlos desunido
-algún hundimiento, de que resultó una abertura lateral, aumentándose
-después la cima del volcán con las materias mismas que arroja. Las
-montañas de Soma, por la parte interior, que mira al Vesubio, toda
-está rota y quebrantada, y la opinión de haber sido en otros tiempos
-estos dos montes uno solo se fortifica, no solamente por la forma
-de entrambos, sino también por la identidad de las materias de que
-se componen. Este volcán tiene, además de la boca principal, varias
-aberturas, que rompen u obstruyen sucesivamente la dimensión de la
-crátera; se ha encontrado diferente en varias ocasiones también la
-distancia que hay desde sus bordes hasta donde se halla el fuego;
-toda la parte interior de su gran boca, compuesta de ásperas masas de
-piedras, lavas, cenizas, pómez y escorias metálicas y bituminosas,
-presenta a la vista varios colores, siendo los principales el blanco,
-verde, amarillo, ceniciento y morado. Casi siempre arroja humo con
-más o menos abundancia; de noche se ven salir por su boca llamaradas
-y materias líquidas que se revierten en varias direcciones, y a
-corta distancia se congelan. Si se examinan las señales que ha
-dejado este volcán en sus erupciones, se pierde la imaginación en
-el cálculo de su antigüedad; la memoria de los hombres, limitada y
-oscura, abraza apenas un corto espacio de su edad larga, anterior a
-todos los monumentos que conocemos y a las naciones de que tenemos
-algunas noticias. La primera erupción de que hablan los escritores
-es la del año de 79 de Jesucristo, en que perecieron Herculano y
-Pompeya. Plinio el naturalista, que se hallaba en Miseno, atravesó el
-mar con deseos de observar sus efectos, y murió a las faldas de este
-monte, sofocado por el humo. Desde entonces hasta la edad presente
-se cuentan treinta y tres o treinta y cuatro erupciones, más o menos
-terribles, que han hecho de aquel país un montón confuso de ruinas,
-convirtiéndole muchas veces en un desierto. No pueden leerse sin
-admiración y horror los efectos de estas erupciones. Suena un rumor
-confuso en las cavernas de la gran montaña, sale humo espeso por su
-boca, le agita el aire y esparce oscuridad y fetor por los campos
-vecinos; se aumenta el estruendo, revienta el monte, y entre una
-espesa lluvia de ceniza ardiente, que cubre la atmósfera y sepulta
-en tinieblas a la populosa Nápoles, con estampidos y relámpagos sale
-una columna altísima de fuego, arrojando al aire enormes piedras
-candentes, que se precipitan a los valles; brama impetuoso el viento,
-se altera el mar, tiembla la tierra, inflámase por todas partes el
-monte y derrama torrentes de agua entre las lavas que desde su altura
-bajan ardiendo al mar, abrasando y reduciendo a cenizas los árboles,
-las mieses, los edificios, las ciudades, que al pasar aniquila o
-sepulta; irritados los elementos, anuncian el trastorno final del
-mundo, y en sólo un momento desaparecen naciones enteras.
-
-
-
-
-EL CONDE DE TORENO
-
-(1786-1843)
-
-
-La _historia del levantamiento, guerra y revolución de España_ se
-publicó en cinco tomos, 1835-37.
-
-Es un admirable ensayo de restauración de la forma histórica clásica
-y de imitación particular de Mariana. No le imita en sus discursos
-y arengas, género que ha pasado definitivamente de moda; pero sí en
-las sentencias y reflexiones breves, y sobre todo, en la narración
-corriente y limpia, hecha en un lenguaje fácil y elegante, y también
-afectadamente arcaico, aunque en este punto no llegue ciertamente su
-afición por el arcaísmo al extremo que en el P. Mariana.
-
-
- HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA
- PRIMER SITIO Y DEFENSA DE ZARAGOZA
-
-Sin muro y sin torreones, según nos ha transmitido Floro, defendióse
-largos años la inmortal Numancia contra el poder de Roma. También
-desguarnecida y desmurada, resistió al de Francia, con tenaz
-porfía, si no por tanto tiempo, la ilustre Zaragoza. En ésta como
-en aquélla mancillaron su fama ilustres capitanes, y los impetuosos
-y concertados ataques del enemigo tuvieron que estrellarse en los
-acerados pechos de sus invictos moradores. Por dos veces, en menos de
-un año, cercaron los franceses a Zaragoza: una, malogradamente; otra,
-con pérdidas e inauditos reveses. Cuanto fué de realce y nombre para
-Aragón la heroica defensa de su capital, fué de abatimiento y desdoro
-para sus sitiadores, aguerridos y diestros, no haberse enseñoreado de
-ella pronto y de la primera embestida.
-
-Baña a Zaragoza, asentada a la derecha margen, el caudaloso Ebro.
-Cíñela al mediodía y del lado opuesto, Huerba, acanalado y pobre,
-que más abajo rinde a aquél sus aguas y casi enfrente adonde, desde
-el Pirineo, viene también a fenecer el Gállego. Por la misma parte,
-y a un cuarto de legua de la ciudad, se eleva el monte Torrero, cuya
-altura atraviesa la Acequia Imperial, que así llaman al canal de
-Aragón, por traer su origen del tiempo del emperador Carlos V.
-
-Antes del sitio hermoseaban a Zaragoza en sus contornos feraces
-campiñas, viñedos y olivares, con amenas y deleitables quintas, a que
-dan en la tierra el nombre de torres. A la izquierda del Ebro está el
-arrabal, que comunica con la ciudad por medio de un puente de piedra,
-habiéndose destruído otro de madera en una riada que hubo en 1802.
-
-Pasaba la población de 55.000 almas; menguó con las muertes
-y destrozos. No era Zaragoza ciudad fortificada, diciendo
-Colmenar[628], a manera de profecía, cosa ha de un siglo, «que estaba
-sin defensa, pero que reparaba esta falta el valor de sus habitantes».
-
-Cercábala solamente una pared de diez a doce pies de alto y tres de
-espesor, en parte de tapia y en otras de mampostería, interpolada
-a veces y formada por algunos edificios y conventos, y en la que
-se cuentan ocho puertas que dan salida al campo. No lejos de una
-de ellas, que es la del Portillo, y extramuros, se distingue la
-Aljafería, antigua morada de los reyes de Aragón, rodeada de un foso
-y muralla, cuyos cuatro ángulos guarnecen otros tantos bastiones. Las
-calles en general son angostas, excepto la del Coso, muy espaciosa
-y larga, casi en el centro de la ciudad, y que se extiende desde
-la puerta llamada del Sol hasta la plaza del Mercado. Las casas,
-de ladrillo, y por la mayor parte de dos o tres pisos; la adornan
-edificios y conventos bien construídos y de piedra de sillería.
-La piedad admira dos suntuosas catedrales: la de Nuestra Señora
-del Pilar y la de la Seo, en las que alterna por años, para su
-asistencia, el Cabildo. El último templo, antiquísimo; el primero,
-muy venerado de los naturales por la imagen que en su santuario se
-adora. Como no es de nuestra incumbencia hacer una descripción
-especial de Zaragoza, no nos detendremos ni en sus antigüedades
-ni grandeza, reservando para después hablar de aquellos lugares
-que, a causa de la resistencia que en ellos se opuso, adquirieron
-desconocido renombre, porque allí las casas y edificios fueron otras
-tantas fortalezas.
-
-Si ningunas eran en Zaragoza las obras de fortificación, tampoco
-abundaban otros medios de defensa. Vimos cuán escasos andaban al
-levantarse en mayo. El corto tiempo transcurrido no había dejado
-aumentarlos notablemente, y antes bien se habían aminorado con los
-descalabros padecidos en Tudela y Mallen. En semejante estado, déjase
-discurrir la consternación de Zaragoza al esparcirse la nueva, en la
-noche del 14 de junio, de haber sido aquel día derrotado don José
-de Palafox en las cercanías de Alagón, según dijimos en el anterior
-libro. Desapercibidos sus habitantes, tan solamente hallaron consuelo
-con la presencia de su amado caudillo, que no tardó en regresar a la
-ciudad. Mas el enemigo no dió descanso ni vagar. Siguieron de cerca
-a Palafox, y tras él vinieron proposiciones del general Lefebvre
-Desnouettes, a fin de que se rindiese, con un pliego enderezado al
-propio objeto, y firmado por los emisarios españoles Castel-Franco,
-Villela y Pereira, que acompañaban al ejército francés, y de quienes
-ya hicimos mención.
-
-Fué la repuesta del general Palafox ir al encuentro de los invasores,
-y con las pocas tropas que le quedaban, algunos paisanos y piezas
-de campaña, se colocó fuera, no lejos de la ciudad, al amanecer del
-15. Estaba a su lado el marqués de Lazán y muchos oficiales, mandando
-la artillería el capitán don Ignacio López. Pronto asomaron los
-franceses y trataron de acometer a los nuestros con su acostumbrado
-denuedo. Pero Palafox, viendo cuán superior era el número de los
-contrarios, determinó retirarse, y ordenadamente pasó a Longares,
-pueblo seis leguas distante, desde donde continuó al puerto del
-Frasno, cercano a Calatayud, queriendo engrosar su división con la
-que reunía y organizaba en dicha ciudad el Barón de Versages.
-
-Semejante movimiento, si bien acertado en tanto que no se consideraba
-a Zaragoza con medios para defenderse, dejaba a esta ciudad del todo
-desamparada y a merced del enemigo. Así se lo imaginó fundadamente el
-general francés Lefebvre Desnouettes, y con sus 5 a 6.000 infantes y
-800 caballos, a las nueve de la mañana del mismo 15, presentóse con
-ufanía delante de las puertas. Habían crecido dentro las angustias;
-no eran arriba de 200 los militares que quedaban entre miñones y
-otros soldados; los cañones, pocos y mal colocados, como gente a
-quien no guiaban oficiales de artillería, pues de los dos únicos
-con quien se contaba en un principio, don Juan Cónsul y don Ignacio
-López, el último acompañaba a Palafox, y el primero, por orden suya,
-hallábase de comisión en Huesca. El paisanaje andaba sin concierto,
-y por todas partes reinaba la indisciplina y confusión. Parecía,
-por tanto, que ningún obstáculo detendría a los enemigos, cuando
-el tiroteo de algunos paisanos y soldados desbandados los obligó a
-hacer parada y proceder precavidamente. De tan casual e impensado
-acontecimiento nació la memorable defensa de Zaragoza.
-
-La perplejidad y tardanza del general francés alentó a los que
-habían empezado a hacer fuego, y dió a otros alas para ayudarlos
-y favorecerlos. Pero como aun no había baterías ni resguardo
-importante, consiguieron algunos jinetes enemigos penetrar hasta
-dentro de las calles. Acometidos por algunos voluntarios y miñones de
-Aragón, al mando del coronel don Antonio de Torres, y acosados por
-todas partes por hombres, mujeres y niños, fueron los más de ellos
-despedazados cerca de Nuestra Señora del Portillo, templo pegado a la
-puerta del mismo nombre.
-
-Enfurecidos los habitantes, y con mayor confianza en sus fuerzas
-después de la adquirida, si bien fácil, ventaja, acudieron sin
-distinción de clase ni de sexo adonde amagaba el peligro, y llevando
-a brazo los cañones antes situados en el Mercado, plaza del Pilar
-y otros parajes desacomodados, los trasladaron a las avenidas por
-donde el enemigo intentaba penetrar, y de repente hicieron contra sus
-huestes horrorosas descargas. Creyó entonces necesario el general
-francés emprender un ataque formal contra las puertas del Carmen y
-del Portillo. Puso su mayor conato en apoderarse de la última, sin
-advertir que situada a la derecha de la Aljafería, eran flanqueadas
-sus tropas por los fuegos de aquel castillo, cuyas fortificaciones,
-aunque endebles, le resguardaban de un rebate. Así sucedió que los
-que le guarnecían, capitaneados por un oficial retirado, de nombre
-don Mariano Cerezo, militar tan bravo como patriota, escarmentaron
-la audacia de los que confiadamente se acercaban a sus muros.
-Dejáronlos aproximarse, y a quemarropa, los ametrallaron. En sumo
-grado contribuyó a que fuera más certera la artillería en sus tiros,
-un oficial, sobrino del general Guillelmi, quien encerrado allí
-con su tío desde el principio de la insurrección, olvidándose del
-agravio recibido, sólo pensó en no dar quiebra a su honra, y cumplió
-debidamente con lo que la patria exigía a su persona.
-
-Igualmente fueron los franceses repelidos en la puerta del Carmen,
-sosteniendo por los lados el tremendo fuego que de frente se les
-hacía, escopeteros esparcidos entre las tapias, alameda y olivares,
-cuya buena puntería causó en las filas enemigas notable matanza.
-Nadie rehusaba ir a la lid; las mujeres corrían a porfía a estimular
-a sus esposos y a sus hijos, y atropellando por medio del inminente
-riesgo, los socorrían con víveres y municiones. Los franceses,
-aturdidos al ver tanto furor y ardimiento, titubeaban, y crecía con
-su vacilar el entusiasmo y valentía de los defensores. De nuevo, no
-obstante, y reiteradas veces embistieron la entrada del Portillo,
-desviándose de la Aljafería, y procurando cubrirse detrás de los
-olivares y arboledas.
-
-Menester fué, para poner término a la sangrienta y reñida pelea, que
-sobreviniese la noche. Bajo su amparo se retiraron los franceses a
-media legua de la ciudad, y recogieron sus heridos, dejando el suelo
-sembrado de más de quinientos cadáveres. La pérdida de los españoles
-fué mucho más reducida, abrigados de tapias y edificios. Y de aquella
-señalada victoria, que algunos llamaron de las Eras, resultó el
-glorioso empeño de los zaragozanos de no entrar en pacto alguno con
-el enemigo, y resistir hasta el último aliento.
-
-Fuera de sí aquellos vecinos con la victoria alcanzada, ignoraban
-todavía el paradero del general Palafox. Grande fué su tristeza al
-saber su ausencia, y no teniendo fe en las autoridades antiguas ni
-en los demás jefes, los diputados y alcaldes de barrio, a nombre del
-vecindario, se presentaron, luego que cesó el combate, al corregidor
-e intendente don Lorenzo Calvo de Rozas, que hechura de Palafox,
-merecía su confianza. Instáronle para que hiciera sus veces, y
-condescendió con sus ruegos en tanto que aquél no volviera.
-
-Unía Calvo en su persona las calidades que el caso requería.
-Declarado abiertamente en favor de la causa pública, habíase fugado
-de Madrid, en donde estaba avecindado. Hombre de carácter firme
-y sereno, encerraba en su pecho, con apariencias de tibio, el
-entusiasmo y presteza de un alma impetuosa y ardiente. Autorizado,
-como ahora se veía, por la voz popular, y punzado por el peligro que
-a todos amenazaba, empleó con diligencia cuantos medios le sugería el
-deseo de proteger contra la invasión extraña la ciudad que se ponía
-en sus manos.
-
-Prontamente llamó al teniente de rey don Vicente Bustamante para
-que expidiese y firmase a los de su jurisdicción las convenientes
-órdenes. Mandó iluminar las calles, con objeto de evitar cualquiera
-sorpresa o excesos; empezáronse a preparar sacos de tierra para
-formar baterías en las puertas de Sancho, el Portillo, Carmen y
-Santa Engracia; abriéronse zanjas o cortaduras en sus avenidas;
-dispusiéronse a artillarlas, y se levantó en toda la tapia que
-circuía a la ciudad una banqueta, para desde allí molestar al enemigo
-con la fusilería. Prevínose a los vecinos en estado de llevar armas
-que se apostasen en los diversos puntos, debiendo alternar noche y
-día; ocupáronse los niños y mujeres en tareas propias de su edad y
-sexo, y se encargó a los religiosos hacer cartuchos de cañón y fusil,
-cumpliéndose con tan buen deseo y ahinco aquellas disposiciones, que
-a las diez de la noche se había ya convertido Zaragoza en un taller
-universal, en el que todos se afanaban por desempeñar debidamente lo
-que a cada uno se había encomendado.
-
-Con más lentitud se procedió en la construcción de las baterías, por
-falta de ingeniero que dirigiese la obra. Sólo había uno, que era don
-Antonio San Genis, y éste había sido el 15 llevado a la cárcel por
-los paisanos, que le conceptuaban sospechoso, habiendo notado que
-reconocía las puertas y la ronda de la ciudad. Ignoróse su suerte
-en medio de la confusión, pelea y agitación de aquel día y noche,
-y sólo se le puso en libertad, por orden de Calvo de Rozas, en la
-mañana del 16. Sin tardanza trazó San Genis atinadamente varias obras
-de fortificación, esmerándose en el buen desempeño, y ayudado, en
-lugar de otros ingenieros, por los hermanos Tabuenca, arquitectos
-de la ciudad. Pintan estos pormenores, y por eso no son de más, la
-situación de los zaragozanos, y lo apurados y escasos que estaban
-de recursos y de hombres inteligentes en los ramos entonces más
-necesarios.
-
-Los franceses, atónitos con lo ocurrido el 15, juzgaron imprudente
-empeñarse en nuevos ataques antes de recibir de Pamplona
-mayores fuerzas, con artillería de sitio, morteros y municiones
-correspondientes. Mientras que llegaba el socorro, queriendo Lefebvre
-probar la vía de la negociación, intimó el 17 que a no venir a
-partido pasaría a cuchillo a los habitantes cuando entrase en la
-ciudad. Contestósele dignamente, y se prosiguió con mayor empeño en
-prepararse a la defensa.
-
-El general Palafox, en tanto, vista la decisión que habían tomado
-los zaragozanos de resistir a todo trance al enemigo, trató de
-hostigarle y llamar a otra parte su atención. Unido al barón de
-Versages, contaba con una división de 6.000 hombres y cuatro piezas
-de artillería. El 21 de junio pasó en Almunia reseña de su tropa, y
-el 23 marchó sobre Epila. En aquella villa hubo jefes que notando
-el poco concierto de su tropa, por lo común allegadiza, opinaron
-ser conveniente retirarse a Valencia y no empeorar con una derrota
-la suerte de Zaragoza. Palafox, asistido de admirable presencia de
-ánimo, congregó su gente, y delante de las filas, exhortando a todos
-a cumplir con el duro, pero honroso deber que la Patria les imponía,
-añadió que eran dueños de alejarse libremente aquellos a quienes no
-animase la conveniente fortaleza para seguir por el estrecho y penoso
-sendero de la virtud y de la gloria, o que tachasen de temeraria su
-empresa. Respondióse a su voz con universales clamores de aprobación,
-y ninguno osó desamparar sus banderas. De tamaña importancia es en
-los casos arduos la entera y determinada voluntad de un caudillo.
-
-Seguro de sus soldados, hizo propósito Palafox de avanzar la mañana
-siguiente a la Muela, tres leguas de Zaragoza, queriendo coger a los
-franceses entre su fuerza y aquella ciudad. Pero barruntando éstos
-su movimiento, se le anticiparon y acometieron a su ejército en
-Epila a las nueve de la noche, hora desusada, y en la que dieron de
-sobresalto e impensadamente sobre los nuestros por haber sorprendido
-y hecho prisionera una avanzada, y también por el descuido con que
-todavía andaban nuestras inexpertas tropas. Trabóse la refriega, que
-fué empeñada y reñida. Como los españoles se vieron sobrecogidos, no
-hubo orden premeditado de batalla, y los cuerpos se colocaron según
-pudo cada uno en medio de la obscuridad. La artillería, dirigida por
-el muy inteligente oficial don Ignacio López, se señaló en aquella
-jornada, y algunos regimientos se mantuvieron firmes hasta por la
-mañana, que sin precipitación tomaron la vuelta de Calatayud. En su
-número se contaba el de Fernando VII, que aunque nuevo, sostuvo el
-fuego por espacio de seis horas, como si se compusiera de soldados
-veteranos. También hombres sueltos de guardias españolas defendieron
-largo rato una batería de las más importantes. Disputaron, pues, unos
-y otros el terreno a punto de que los franceses no los incomodaron en
-la retirada.
-
-Palafox, convencido no obstante de que no era dado con tropas bisoñas
-combatir ventajosamente en campo raso, y de que sería más útil su
-ayuda dentro de Zaragoza, determinó, superando obstáculos, meterse
-con los suyos en aquella ciudad, por lo que, después de haberse
-rehecho, y dejando en Calatayud un depósito al mando del barón de
-Versages, dividió su corta tropa en dos pequeños trozos; encargó el
-uno a su hermano don Francisco, y acaudillando en persona el otro,
-volvió el 2 de julio a pisar el suelo zaragozano.
-
-Ya había allí acudido días antes su otro hermano el marqués de
-Lazán, que era el gobernador, con varios oficiales, a instancias y
-por aviso del intendente Calvo de Rozas. Deseaba éste un arrimo
-para robustecer aun más sus acertadas providencias, acordar otras,
-comprometer en la defensa a las personas de distinción que no lo
-estuviesen todavía, imponer respeto a la muchedumbre, congregando una
-reunión escogida y numerosa, y afirmarla en su resolución por medio
-de un público y solemne juramento. Para ello convocó el 25 de junio
-una Junta general de las principales corporaciones e individuos de
-todas clases, presidida por el marqués de Lazán. En su seno expuso
-brevemente Calvo de Rozas el estado en que la ciudad se hallaba, y
-cuáles eran sus recursos, y excitó a los concurrentes a coadyuvar
-con sus luces y patriótico celo al sostenimiento de la causa común.
-Conformes todos, aprobaron lo antes obrado, se confirmaron en su
-propósito de vencer o morir, y resolvieron que el 26 los vecinos,
-soldados, oficiales y paisanos armados, prestarían en calles y
-plazas, en baterías y puertas, un público y majestuoso juramento.
-
-Amaneció aquel día, y a una hora señalada de la tarde se pobló el
-aire de un grito asombroso y unánime «de que los defensores de
-Zaragoza, juntos y separados, derramarían hasta la última gota de su
-sangre por su religión, su rey y sus hogares».
-
-
-NOTA
-
- [628] _Annales d’Espagne et de Portugal_, par don Juan Alvarez de
- Colmenar, t. V, pág. 431, edición de Amsterdam.
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- _Páginas._
-
- PRÓLOGO 1
- Advertencia sobre la lengua medieval 5
-
- ALFONSO EL SABIO Y SUS CONTINUADORES 7
- Comienzo del reinado de Nerón 11
- Muerte de Nerón 17
- Garci Pérez de Vargas y su cofia 22
-
- DON JUAN MANUEL 28
- Don Illán y el deán de Toledo 30
- El mozo que casó con mujer brava 39
-
- ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO 47
- Vicios y tachas de las mujeres 50
- La mujer habladora 58
-
- FERNANDO DE ROJAS 62
- Primera entrevista de Calixto y Melibea 66
- Celestina va a casa de Melibea 74
-
- AUTOR ANÓNIMO DEL LAZARILLO DE TORMES 83
- Lázaro y el escudero de Toledo 86
-
- DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 113
- Prólogo de la _Guerra de Granada_ 116
- El Fuerte de Calalui 120
-
- FRAY LUIS DE GRANADA 125
- Meditación del Juicio final 127
- Descendimiento de Cristo 133
- Descripción de la granada 136
- Pintura del pavo real 139
-
- SANTA TERESA DE JESÚS 143
- Narración de su infancia 145
- _Las Moradas_ 150
- Carta a su hermano don Lorenzo 152
- Carta a Fray Jerónimo Gracián 155
-
- FRAY LUIS DE LEÓN 158
- Del arte de escribir la lengua vulgar 160
- Introducción a los _Nombres de Cristo_ 162
- Cristo, príncipe de Paz 167
- Alabanza del madrugar 172
-
- EL P. JUAN DE MARIANA 178
- Muerte de Don Pedro el Cruel 181
- Proclamación de Don Juan II 194
- El compromiso de Caspe 202
-
- FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA 210
- Vida de Fray Juan de Carrión 211
- Prólogo de la _Historia de la Orden de San Jerónimo_ 216
-
- MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 219
- Comienzo del _Quijote_ 220
- Diálogo de Don Quijote y el Canónigo 224
- El Caballero del Verde Gabán 241
- La Cueva de Montesinos 248
- _Coloquio de los perros_ 262
-
- DON FRANCISCO DE MONCADA 269
- Prólogo de la _Expedición de Catalanes y Aragoneses_ 270
- Los Almugávares 273
-
- DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS 278
- Señales del verdadero Rey 281
- Discurso de Marco Bruto 286
- _Las Zahurdas de Plutón_ 288
- Don Enrique de Villena en la redoma 295
- El dómine Cabra 305
-
- EL P. BALTASAR GRACIÁN 311
- No estar siempre de burlas 312
- Fragmento de _El Criticón_ 316
-
- DON FRANCISCO MANUEL DE MELO 320
- Muerte del Marqués de Santa Coloma 322
-
- DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS 331
- _Defensa de la Junta Central_ 334
- Carta a Don Antonio Ponz 341
-
- DON LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN 349
- _Derrota de los Pedantes_ 350
- El Vesubio 361
-
- EL CONDE DE TORENO 369
- Primer sitio y defensa de Zaragoza 369
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Antología de prosistas castellanos, by
-Ramón Menéndez Pidal
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS ***
-
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-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
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-mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
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- Antología de prosistas castellanos, by Ramón Menéndez Pidal—A Project Gutenberg eBook
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- </head>
- <body>
-
-
-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of Antología de prosistas castellanos, by
-Ramón Menéndez Pidal
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-
-
-Title: Antología de prosistas castellanos
-
-Author: Ramón Menéndez Pidal
-
-Release Date: December 30, 2016 [EBook #53837]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS ***
-
-
-
-
-Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive/Canadian Libraries)
-
-
-
-
-
-
-</pre>
-
-
-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#tnote">Nota de transcripción</a></p>
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
- <h1 class="faux">ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS</h1>
-</div>
-
-<div class="screenonly">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
- <img src="images/cover.jpg"
- alt="Cubierta del libro" />
- </div>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="aftit pt6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_i">[p. i]</span></p>
- <div class="ad">
- <p>PUBLICACIONES DE LA REVISTA<br />
- DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA</p>
- <p class="small mt05">VOLÚMENES PUBLICADOS</p>
- <p class="small mt15">I</p>
- <p class="mt05 g1">INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO<br />
- DE LA LINGÜÍSTICA ROMANCE</p>
- <p class="xs mt1">POR W. MEYER LÜBKE</p>
- <p class="xs">TRADUCCIÓN DE A. CASTRO</p>
- <p class="small mt15">II</p>
- <p class="mt05 g1">ANTOLOGÍA DE&nbsp;PROSISTAS<br />
- CASTELLANOS</p>
- <p class="xs mt1">POR RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL</p>
- </div>
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="tit pt3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_ii">[p. ii]</span></p>
- <p class="small g2">JUNTA
- PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS<br />
- CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS</p>
- <hr class="fil" />
-
- <p class="xl mt2">RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL</p>
- <p class="xxl mt1">ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS</p>
-
- <div class="figcenter mt3">
- <img src="images/logo.jpg"
- alt="Logotipo del editor" />
- </div>
-
- <p class="mt3"><span class="g2">MADRID</span></p>
- <p class="g1">1917</p>
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="aftit pt6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iii">[p. iii]</span></p>
- <p class="small">Imp. Clásica Española. Cardenal Cisneros, 10.—Teléf. 4430</p>
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_0">
- <p><span class="pagenum" id="Page_1">[p. 1]</span></p>
- <h2 class="nobreak g1">PRÓLOGO</h2>
-</div>
-
-<div class="mayor">
-
-<p>La edición primera de esta colección de prosistas apareció en
-1899. La obra, abandonada desde entonces por mí, aparece ahora en una
-segunda edición, bastante corregida y aumentada con trozos de algunos
-autores más.</p>
-
-<p class="mt2">Es útil la lectura de un autor antiguo, porque su
-pensamiento puede instruir y educar el nuestro; mas, para que esto
-tenga lugar, es preciso comprender sus ideas, no en lo que tienen
-de común a muchos tiempos, lugares y gentes, sino en aquello más
-escondido y particular propio de tal época, tal región o tal persona,
-que, comparado con lo que tenemos delante y habitualmente nos rodea,
-nos ayuda a apreciar mejor lo que esto tiene de bueno o de malo, de
-pasajero o de permanente, dando seguridad y madurez a nuestro juicio.
-Por esto el comentario del autor antiguo se debe fijar en lo que
-la obra comentada difiere más de lo actual, en lo que tiene de más
-peculiar, por menudo que pa<span class="pagenum" id="Page_2">[p.
-2]</span>rezca; pues sólo conseguimos comprender bien el pensamiento
-de un autor cuando llegamos a entender el sentido especial con que
-él escribió cada palabra, representándonos en nuestra imaginación lo
-mismo que él en la suya tenía presente al escribir; en suma, cuando
-reconstruímos en nuestro entendimiento las menores circunstancias
-particulares del tiempo y lugar en que fué escrita la obra, cuando
-llegamos a despertar en nosotros la impresión que los pormenores y el
-conjunto de la misma hicieron en los contemporáneos del autor cuando
-la leían.</p>
-
-<p>Claro que es muy difícil siempre acercarse a este ideal, y que es
-imposible realizarlo tratándose del estudio de autores en la segunda
-enseñanza; pero, de todos modos, es preciso que las observaciones
-gramaticales, retóricas y literarias que continuamente han de surgir
-en la lectura de los clásicos, no se descarríen por el terreno de
-las consideraciones abstractas y tomen un aspecto principalmente
-histórico.</p>
-
-<p>Las notas que acompañan a la presente colección, no quieren ser
-un comentario suficiente para el alumno: no se proponen más que
-hacer al profesor más llevadera la difícil tarea de poner un trozo
-antiguo al alcance de los alumnos, y de hacer que éstos entren, en
-lo posible, dentro de la época, y dentro de la intención y estilo de
-cada autor.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_3">[p. 3]</span></p>
-
-<p>Las breves introducciones que preceden a cada autor, sólo
-pretenden dar una orientación general, de muy diverso alcance
-y carácter en cada caso, para esbozar una sumaria historia del
-desarrollo de la prosa; sugieren, nada más, algunas cuestiones
-relacionadas con esa historia.</p>
-
-<p>Las notas son una muestra de las múltiples explicaciones de
-puntos de gramática, de estilo, y a veces de historia literaria,
-que ocasionalmente deben hacerse con motivo de la lectura. Claro
-es que cada profesor tiene que multiplicar estas explicaciones de
-acuerdo con la índole y objeto principal de su enseñanza. Sobre
-todo, queda al profesor el comento literario; ha de enlazar el
-fragmento aquí publicado con la obra entera de donde procede; ha de
-hacer comprender el plan y fondo de esa obra, relacionándola con
-el conjunto de la producción literaria española de la época; ha de
-ahondar en el pensamiento del autor, y descubrir su nota distintiva.
-En todo debe llevar al alumno a que formule juicios propios sobre las
-cuestiones tratadas; a que ejercite su discernimiento y su crítica
-independientemente de las nociones recibidas en los manuales; a que
-eduque su buen gusto, en fin.</p>
-
-<p>Esta colección proporcionará a los alumnos trozos bastante
-extensos de obras que no podrían o no deberán leer enteras. Sólo
-incluye<span class="pagenum" id="Page_4">[p. 4]</span> autores hasta
-comienzos del siglo <small>XIX</small>, porque son los que están más
-fuera de la mano del estudiante; no porque los autores modernos no
-deban formar parte, y muy principal, de las lecturas de clase.</p>
-
-<p>Los textos van, en general, ajustados a las ediciones más antiguas
-de la obra de donde proceden. Para Moratín se sigue la edición de la
-Academia de la Historia. Para Santa Teresa, Jovellanos y Toreno, la
-edición de la Biblioteca de Autores Españoles. Para Mendoza se tienen
-presentes los manuscritos de <i>La Guerra de Granada</i>. Para don Juan
-Manuel se han consultado todos los códices del <i>Conde Lucanor</i>. El
-Arcipreste de Talavera va según la edición de Pérez Pastor.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_0_1">
- <h3 title="Advertencia sobre la lengua medieval"><span class="pagenum"
- id="Page_5">[p. 5]</span>ADVERTENCIA SOBRE LA LENGUA MEDIEVAL</h3>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>La antigua lengua castellana, aunque no difiere considerablemente
-del español moderno, presenta, como es de suponer, bastantes
-caracteres distintos. Por de pronto diremos sólo que, en cuanto a
-la pronunciación, la lengua antigua era más rica en sonidos que la
-moderna.</p>
-
-<p>Distinguía una <i>s</i> sorda y otra sonora (con análoga diferencia que
-la que existe en francés entre <i>poisson</i> y <i>poison</i>); la <i>s</i> sorda se
-escribía doble entre vocales (<i>passar</i>, <i>escriviesse</i>), y sencilla
-cuando era inicial o iba tras consonante (<i>señor</i>, <i>mensage</i>), o
-delante de consonante sorda (<i>estar</i>, <i>España</i>); la <i>s</i> sonora se
-escribía sencilla entre vocales (<i>casa</i>, <i>cosa</i>).</p>
-
-<p>Distinguía también la <i>ç</i> (o <i>ce</i>, <i>ci</i>), sorda, de la <i>z</i> sonora;
-aquélla era un sonido parecido al que hoy pronunciamos en za, ce,
-ci, zo, zu; y la <i>z</i> antigua era el mismo sonido, pero acompañado
-de sonoridad en las cuerdas vocales. Por la pronunciación y la
-ortografía se diferenciaban, por un lado: <i>hace</i>, <i>haces</i>, singular
-y plural del sustantivo moderno «haz», y por otra parte: <i>haze</i>,
-<i>hazes</i>, del verbo «hazer», moderno «hacer».</p>
-
-<p>Se distinguían también la sorda <i>x</i> de la sonora <i>j</i> (con
-análoga diferencia a la que existe en el<span class="pagenum"
-id="Page_6">[p. 6]</span> francés entre las iniciales de <i>chambre</i>
-y de <i>jour</i>). Por la pronunciación y la ortografía se distinguían
-antes: <i>rexa</i> de ventana y <i>reja</i> de arado.</p>
-
-<p>Se distinguían también una <i>b</i> oclusiva, es decir, pronunciada
-juntando completamente los labios, como cuando pronunciamos hoy
-con energía el imperativo <i>basta</i>, y una <i>v</i> meramente fricativa,
-pronunciada con los labios a medio cerrar solamente, como cuando hoy
-decimos <i>saber</i>, <i>ave</i>. La distinción existe, pues, hoy día; pero
-hoy la pronunciación de una u otra <i>b</i> no se atiene a la ortografía,
-ya que ésta escribe ora <i>b</i> ora <i>v</i>, según la escritura latina, sin
-atender a la pronunciación moderna; además la distinta pronunciación
-hoy depende sólo de la posición más o menos débil de la consonante
-(oclusiva, cuando va inicial o tras consonante: <i>basta!</i>, <i>ven!</i>,
-<i>ambos</i>, <i>envidia</i>; fricativa, cuando va entre vocales: <i>la bestia</i>,
-<i>la voz</i>, <i>haber</i>). Por el contrario, en la lengua antigua la
-pronunciación de la <i>b</i> o la <i>v</i> dependía de la etimología de la voz,
-y a veces entrañaba diversa significación en los vocablos: <i>cabe</i>,
-<i>cave</i>, de los verbos «caber» y «cavar», se distinguían antes por
-la pronunciación, hoy tan sólo por la ortografía; y antiguamente
-se escribía y se pronunciaba la <i>v</i> en muchos vocablos que hoy se
-escriben con <i>b</i>, como <i>cavallo</i>, <i>bever</i>, y viceversa <i>bivir</i>,
-<i>bívora</i>.</p>
-
-<p>Si en la lectura no se acierta a producir o no se quieren hacer
-estas distinciones, pronúnciense la <i>ss</i> y la <i>s</i> como la <i>s</i>
-moderna; la <i>ç</i> y la <i>z</i>, como la <i>z</i> moderna; la <i>x</i> y <i>j</i>, como la
-<i>j</i> moderna; la <i>b</i> y la <i>v</i>, como la <i>b</i> moderna.</p>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_7">[p. 7]</span></p>
- <h2 title="Alfonso el Sabio y sus continuadores"
- class="nobreak"><span class="g1">ALFONSO EL SABIO</span><br />
- <small>(1220-1284)<br />
- Y SUS CONTINUADORES</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Mientras la poesía castellana venía cultivándose desde el siglo
-<small>XII</small>, y había producido, ya hacía mucho, una obra
-maestra como el <i>Poema del Cid</i>, la prosa tan sólo empezó a tener un
-cultivo literario en el reinado de San Fernando (†&nbsp;1253), y no
-produjo obras verdaderamente notables sino en la corte de su hijo
-Alfonso X. La poesía aparece con un carácter popular o nacional, y se
-enlaza desde su comienzo con la poesía de otros idiomas románicos,
-con la francesa, con la gallega y la provenzal principalmente. La
-prosa aparece con un carácter más erudito, ejercitándose en obras
-científicas o didácticas, copiadas o inspiradas en las literaturas
-más sabias de entonces: la latina, la árabe y la hebrea. En este
-primer período de su desarrollo, la prosa se ejercita principalmente
-en traducir las materias que hasta entonces se expresaban sólo en
-las lenguas doctas de la época; en las traducciones se procuraba
-una fidelidad más literal que literaria, y en todo caso los varios
-estilos de los autores traducidos se sobreponían al estilo del
-adaptador castellano.</p>
-
-<p>Mucho de esto se ve en varias de las grandes<span class="pagenum"
-id="Page_8">[p. 8]</span> obras emprendidas por Alfonso el Sabio, y
-muy particularmente en la <i>Crónica general de España</i>, que empezó a
-componerse en su reinado, hacia el año 1270, y en la cual se seguía
-trabajando durante el reinado de su hijo Sancho IV, en 1289. El
-estilo de la <i>Crónica</i> ofrece sus sencillos encantos, precisamente a
-causa de la gran variedad que reviste, según traduce las apasionadas
-<i>Heroidas</i> de Ovidio, los elocuentes y sentenciosos exámetros de la
-<i>Farsalia</i> de Lucano, el bullicio anecdótico de <i>Los Césares</i> de
-Suetonio, la penetrante y cruda minuciosidad de los historiadores
-árabes, el simbolismo retórico de los poetas musulmanes, los heroicos
-versos de los juglares castellanos, el bíblico lirismo de San Isidoro
-o la honda emoción personal del arzobispo don Rodrigo, que a jirones
-rasgan la dura sequedad de las crónicas medievales.</p>
-
-<p>Así, la prosa de la <i>Crónica</i> tiene el gran atractivo de ser
-un reflejo multicolor de las más elevadas corrientes de arte que
-se dejaban sentir en las diversas generaciones que convivieron y
-se sucedieron en la corte castellana, durante los dos reinados de
-Alfonso X y de Sancho IV.</p>
-
-<p>Mas a pesar de esta múltiple influencia de los textos traducidos,
-la <i>Crónica General</i> ofrece una marcada originalidad, lo mismo como
-compilación histórica representativa de la más vasta cultura de la
-época, que como obra literaria en que el lenguaje está sometido
-a una elaboración artística. De diversos testimonios consta que,
-aunque Alfonso el Sabio no escribía enteramente por sí las obras
-que llevan su nombre, él dirigía a los redactores a quienes se
-las encomendaba y corregía lo que éstos hacían, cuidando muy
-especialmente de que los idiomas doctos, de donde se tomaban las
-materias diversas, no estropeasen la pureza del castella<span
-class="pagenum" id="Page_9">[p. 9]</span>no, y de que la lengua, en
-general, fuese elegante. En el prólogo del <i>Libro de la Esfera</i> se
-dice que el rey «tolló las razones que entendió eran sovejanas et
-dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras que
-entendió que complían; et quanto al lenguaje endreçólo él por sise»<a
-id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>.</p>
-
-<p>El vocabulario y la construcción son, en efecto, muy castizos, y
-el lenguaje, en medio de su sencillez, posee una poderosa eficacia.
-El relato conserva todavía ciertas fórmulas de las narraciones
-populares, no hechas para la lectura, sino para la recitación en
-público, como aquellas en que los juglares se dirigían a sus oyentes.
-Así, la <i>Crónica</i> se dirige a menudo a su público: <i>E sabet que... Ya
-oistes de suso... en esta manera que vos avemos contado... conviene
-que vos digamos...</i> Igual práctica se observa en los primeros
-prosistas franceses, por ejemplo en Villehardouin.</p>
-
-<p>La inhabilidad para el paso de la narración en verso de los
-juglares a la narración prosaria de la historia, se observa en la
-escasez de formas del período, manifestada, sobre todo, en la pobreza
-extrema de las conjunciones. Es de gran monotonía la larga serie
-de cláusulas, yuxtapuestas casi únicamente por medio de la simple
-conjunción copulativa <i>e</i>.</p>
-
-<p>Presentamos a continuación dos muestras de la <i>Crónica</i>. La
-primera está escrita en el reinado de Alfonso X, y es principalmente
-un arreglo, o mejor, una traducción de Suetonio; la segunda está
-redactada en la corte de Sancho IV, y es una anécdota, probablemente
-tomada de la tradición oral. Se notará entre ambos trozos
-alguna<span class="pagenum" id="Page_10">[p. 10]</span> considerable
-diferencia de lenguaje, a pesar de que el primero no representa el
-habla más antigua empleada en la parte de la <i>Crónica</i> compuesta
-bajo Alfonso X, ya que la lengua más arcaizante es la usada en los
-100 primeros capítulos de la obra. Por ejemplo, la apócope de la
-vocal <i>e</i> final (<i>siet</i>, por «siete»; <i>franc</i>, por «franque», moderno
-«franco»; <i>yl</i>, por «y le»; <i>cuemol</i>, por «como le»), y a veces la
-de la <i>o</i> final (<i>poc a poco</i>, <i>much a menudo</i>, <i>tod el pueblo</i>),
-se practica en el primer trozo de la <i>Crónica</i>, siguiendo el uso
-predominante en el castellano durante el siglo <small>XII</small> y
-primera mitad del <small>XIII</small>; pero tal apócope es ya casi
-desconocida en el segundo trozo, usándose, por lo general, tan sólo
-en el caso del pronombre <i>le</i> cuando va tras las partículas <i>que</i>
-y <i>no</i>, o tras un verbo (<i>quel</i>, por «que le»; <i>nol</i>, por «no le»;
-<i>díxol</i>, por «díjole»). De este modo, en los escasos veinte años que
-dura la elaboración de la <i>Crónica</i>, observamos a ojos vistas una de
-las más importantes evoluciones del español literario: la pérdida
-de las terminaciones agudas en consonante, que le asemejaban antes
-al francés, y la preferencia marcada por las terminaciones llanas
-en vocal, que le asemejaban al italiano. Otras muchas diferencias
-podrían observarse; por ejemplo la preposición <i>pora</i> que se ve
-en el primer fragmento, tiene ya en el segundo la forma moderna
-<i>para</i>. Por éste y otros casos se manifiesta cómo la lengua literaria
-evolucionaba, sobre todo en cuanto a la estructura de las palabras,
-más activamente en este primer período de su desarrollo que durante
-todos los sucesivos.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_1_1">
- <h3 title="Comienzo del reinado de Nerón"><span class="pagenum"
- id="Page_11">[p. 11]</span>CRÓNICA GENERAL DE ESPAÑA</h3>
- <p class="hang mt2">172.&emsp;Dell imperio de Nero, et luego de los fechos
- que contecieron en el primer año de su regnado.</p>
-</div>
-
-<p>Luego que Claudio fue muerto, fincó<a id="FNanchor_2"
-href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a> Nero, su yerno, por
-emperador de Roma et de todo ell<a id="FNanchor_3" href="#Footnote_3"
-class="fnanchor">[3]</a> imperio; e avíe dizeocho años quando començó
-a regnar, e regnó dizitres<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4"
-class="fnanchor">[4]</a> años et ocho meses...</p>
-
-<p>Este Nero<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5"
-class="fnanchor">[5]</a> era mesurado de cuerpo, ni muy grand ni
-muy pequeño, pero avíelo todo lleno de manziellas<a id="FNanchor_6"
-href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a> et de mal olor; avíe
-los cabellos castaños et la cara fremosa más que de buen donario;
-no avíe el viso claro, ni veíe bien de los ojos; la cerviz avíe
-delgada et el vientre colgado, et las piernas muy delgadas.
-Seyendo niño aprisiera<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7"
-class="fnanchor">[7]</a> todas las siet artes: et desque se partió
-daquel estu<span class="pagenum" id="Page_12">[p. 12]</span>dio, fue
-muy sotil en assacar de suyo cosas nuevas; assí que trobava muy de
-grado, et faziélo sin tod affán.<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8"
-class="fnanchor">[8]</a> E fue de pintar muy maestro a maravilla
-et de fallar de nuevo<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9"
-class="fnanchor">[9]</a> muchas estrañas pinturas.</p>
-
-<p>Mostrósse por muy piadoso en el comienço del su imperio, diziendo
-que no regnava él por sí, mas por mandado de Claudio Augusto; et por
-ende no dava escusa ninguna de no seer franc et piadoso et compañón<a
-id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" class="fnanchor">[10]</a>
-a quiquier, ante lo era a todos. Los grandes pechos de que se
-agraviavan las tierras, todos los tollió et amenguó la mayor
-partida dellos. A todos los nobles senadores que eran venidos a
-pobreza, poníeles soldada señalada pora cad año porque pudiessen
-vevir onradamientre. Quando iudgavan alguno a muerte, yl dizién<a
-id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a> que
-escriviesse el su nombre en la sentencia cuemo avíen costumbre
-de fazer los otros emperadores, dizíe: «¡Dios, quanto querría no
-saber letras ningunas!» E quando los senadores le dizién gracias
-por alguna cosa que les prometié, dizié él: «quando lo me<span
-class="pagenum" id="Page_13">[p. 13]</span>reciere, me las daredes».
-Otrossí mando defender<a id="FNanchor_12" href="#Footnote_12"
-class="fnanchor">[12]</a> por toda la cibdat que nol presentassen
-si no fruta et legumbres et estas cosas rafezes.<a id="FNanchor_13"
-href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a></p>
-
-<p>E sabet que entre todas las otras cosas que ell emperador
-Nero aprisiera seyendo niño, aprisso ell arte de la música
-maravillosamientre; et de todas las cosas que los músicos provaron
-pora mantener las vozes et las aver más altas et más claras, numqua
-el dexó ninguna que las todas no prouasse et las no usasse cada
-dia;<a id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" class="fnanchor">[14]</a>
-ca muchas uezes tomava una grand tavla de plomo, et echávasse tendudo
-en tierra, et poníela sobre sus pechos, et suffríela allí muy grand
-pieça; e con sabor de cantar, alimpiava ell estómago más vezes et de
-más maneras que no conviníe; dexava de comer las maçanas et todos los
-otros manjares que empeecién a la voz.</p>
-
-<p>Estava un dia cantando en el teatro, et tremió la
-tierra assoora,<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15"
-class="fnanchor">[15]</a> et estremeciósse el teatro todo, de
-guisa que se espantaron todos quantos y estavan; mas tan grand
-sabor avíe el de cantar, que por todo el miedo non quedó fasta
-que ovo acabada su cantiga. E este desvergonçamiento de can<span
-class="pagenum" id="Page_14">[p. 14]</span>tar en los teatros cuemo
-joglar fue él tomando poc a poco; ca luego en el comienço cantava
-encubiertamientre en los juegos que fazíe en su poridad con sus
-privados et con los joglares de su casa; e desí fuélo faziendo en
-los theatros ante las gentes; et vencié a todos los joglares de
-quantas maneras de joglería<a id="FNanchor_16" href="#Footnote_16"
-class="fnanchor">[16]</a> ellos podien assacar.<a id="FNanchor_17"
-href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a> E era omne que
-andava much a menudo en su carro por tal que lo catassen las
-gentes. E nol cumplie de usar destas artes del cantar en la
-cibdat de Roma tan solamientre, ante lo fazie muchas veces en los
-puertos de Achaya et en todas las cibdades o<a id="FNanchor_18"
-href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a> avién en costumbre
-de trobar et cantar a porfía. Los maestros del canto et de los
-estrumentos avién establecido entre sí, por fazer plazer a Nero, del
-enviar todas las coronas et las cantigas de los que vencién et eran
-coronados por ende; et enviávangelas todavía;<a id="FNanchor_19"
-href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a> e él recibielas tan
-de grado, que fazíe por ellas mucha onra a los mandaderos que gelas
-traíen, de guisa que les fazíe comer antéll, en logares que no estaua
-otro sino él et aquellos que eran muy sus privados.</p>
-
-<p>Mientre él cantaba en el theatro, no era ninguno<span
-class="pagenum" id="Page_15">[p. 15]</span> osado de se partir ende,
-ni ir a ningún logar por cosa<a id="FNanchor_20" href="#Footnote_20"
-class="fnanchor">[20]</a> que mester le fuesse; e tanto durava i
-et tan affincadamientre lo fazíe, que alguno de los que estavan
-i veyéndolo, tan enojados eran de lo oir et de loallo con miedo,
-que por razón que estavan cerradas las puertas de los castiellos
-o de las villas, dexávanse despeñar a furto<a id="FNanchor_21"
-href="#Footnote_21" class="fnanchor">[21]</a> por los adarves
-a dentro, et dellos<a id="FNanchor_22" href="#Footnote_22"
-class="fnanchor">[22]</a> faziense muertos por tal que los
-levassen ende. E viniendo una vez de Grecia a Roma, entró
-en la cibdat en aquel carro mismo en que Octaviano Augusto
-venciera sus batallas,<a id="FNanchor_23" href="#Footnote_23"
-class="fnanchor">[23]</a> et traienlo cavallos blancos, et él
-vistíe unos paños de pórpola lavrados a<a id="FNanchor_24"
-href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a> estrellas doro, et
-traie en la cabeça una corona tal cuemo la dell ídolo de Júpi<span
-class="pagenum" id="Page_16">[p. 16]</span>ter, e otra en la mano
-diestra cuemo la de Phyton,<a id="FNanchor_25" href="#Footnote_25"
-class="fnanchor">[25]</a> et ivan antél grandes compañas de joglares
-cantando las cantigas et diziendo las fablas de que los él venciera,
-et contando los logares en que contesciera cada una cosa; e ivan de
-pos él muchas gentes faziendo muy grandes alegrías; e los cavalleros
-et los nobles omnes llamávanlo el su vencedor, et fazienle derramar
-açafrán por las carreras; et yendo él sobrello much a passo,
-fazienle sacrificios de muchas naturas. E fazie pintar todas sus
-imágenes a manera de joglar, tañiendo cítolas et otros estrumentos.
-Et por quel porfazó<a id="FNanchor_26" href="#Footnote_26"
-class="fnanchor">[26]</a> dello un joglar una vez, firiólo muy
-mal.</p>
-
-<p>E tan grand estudio poníe en guardar la voz, cuemo uos
-de suso dixiémos,<a id="FNanchor_27" href="#Footnote_27"
-class="fnanchor">[27]</a> que por tal de la guardar, cuando avié
-de llamar algun cavallero, otri lo llamava por él, et lo quel avié
-a dezir, diziégelo muy quedo. E en el logar de los juegos numqua
-fazié ninguna cosa a menos de<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28"
-class="fnanchor">[28]</a> seer í el<span class="pagenum"
-id="Page_17">[p. 17]</span> maestro de las vozes quel castigasse
-cuemo fiziesse et que no quexasse mucho las venas.</p>
-
-<p>A muchos prometíe su amor porque lo loavan mucho: a algunos
-prometiógelo cuemo por encubierta, porque lo no loavan tanto como él
-querie.</p>
-
-<p>Luego de comienço fué glotón et de gran luxuria et muy cobdicioso,
-mas ívalo començando poc a poco et encubiertamientre, así que
-cuydavan los omnes que lo fazié con yerro de mancebía; mas desque lo
-fué usando, bien semejava que avie de natura todos aquellos malos
-vicios...</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_1_2">
- <h3 title="Muerte de Nerón"
- class="hang">178.&emsp;De lo que conteció en ell año catorzeno.</h3>
-</div>
-
-<p>... E quando Nero oyó aquestas nuevas de cuemo las Españas eran
-alçadas et Galba con ellas, tóvosse por muerto, et desmayó tanto, que
-allí perdió toda esperança de bien, assí que yógo<a id="FNanchor_29"
-href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a> por muerto una
-grand pieça sin fablar; et desque acordó,<a id="FNanchor_30"
-href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a> rompió sus paños et
-firióse mucho en la cabeça, llamando: «¡Mesquino, ¿qué será de
-mí?»</p>
-
-<p>E sabet que ante que Nero muriesse, vió algunas señales
-de su muerte, assí que soñó una noche que andava sobre mar
-governando una nave, et falleciól el governage,<a id="FNanchor_31"
-href="#Footnote_31" class="fnanchor">[31]</a> et levávalo su mugier,
-que era ya muerta, a unas tiniebras much estrechas, et cubríesse todo
-de formigas aladas; e otrossí<span class="pagenum" id="Page_18">[p.
-18]</span> abriósse una uez un luziello<a id="FNanchor_32"
-href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a> por si mismo, et salió
-ende una grand uoz que lo llamó por su nombre.</p>
-
-<p>Estando Nero en Roma en esta cueyta, llegól mandado de cuemol
-desampararan todas las otras huestes que eran por las otras
-tierras. Et los mandaderos diéronle las cartas a la tabla o seíe<a
-id="FNanchor_33" href="#Footnote_33" class="fnanchor">[33]</a>
-yantando; et con pesar que ovo, trastornó la mesa, et dos vasos
-que teníe muy preciados, quebrantólos. Et tomó yaquanto<a
-id="FNanchor_34" href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a>
-de poçón et encerrólo en una buxeta.<a id="FNanchor_35"
-href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a> Et envió algunos
-de sus afforrados,<a id="FNanchor_36" href="#Footnote_36"
-class="fnanchor">[36]</a> daquellos en que se él mas fiava, a la
-cibdad de Ostia a guisar una nave en que fuxiesse. E desí cometió<a
-id="FNanchor_37" href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a> en
-poridat a alguno de los tribunos et de los centuriones si queríen
-foyr con él. Et los unos nol queríen responder, et ivan su vía; los
-otros dizienle descubiertamientre que no queríen; de guisa que uno
-dixo a muy grandes vozes:<a id="FNanchor_38" href="#Footnote_38"
-class="fnanchor">[38]</a> «¿Fasta quan<span class="pagenum"
-id="Page_19">[p. 19]</span>do nos durará esta mesquindat que es peor
-que muerte?»</p>
-
-<p>Començó a pensar Nero en muchas guisas por tal de no aver a
-obedecer a Galba, et asmó si saldríe al mercado de la cipdat, et que
-se parasse en medio de tod el común, et pidiesse mercet a todos quel
-perdonassen los males que fiziera fasta entonce; mas ovo miedo que si
-allá saliesse, ante que al mercado llegasse, seríe todo despeçado;
-et por ende dexó este cuidar fasta otro dia, et echósse a dormir.
-A la media noche despertó, et envió mandaderos por todas las casas
-de sus amigos, que los despertassen et les dixiessen que les rogava
-que viniessen fasta él. Et ni vinieron los amigos, ni tornaron
-los mandaderos. E quando el vió aquesto, levantósse, et tomósse<a
-id="FNanchor_39" href="#Footnote_39" class="fnanchor">[39]</a> con
-muy pocos, et fué a todas las casas de sus amigos; et nol quiso abrir
-ninguno; et con grand cueyta tornósse pora su casa, et no falló í
-ninguno de todas sus guardas, ca fuxieran todos; ca assí cuemo él non
-se fiava en ninguno, otrossí ninguno non se fiava en él. E los en qui
-él más se fiava eran dos viles omnes; ell uno avié nombre Nimphidio,
-et ell otro Gemellio; et estos aborrecieran ya las sus crueldades,
-et por que veíen que matara muchos de sus amigos, tovieron que assí
-faríe a ellos; et por ende<span class="pagenum" id="Page_20">[p.
-20]</span> atoviéronse al consejo de los que lo queríen matar, et
-desamparáronlo.</p>
-
-<p>E quando Nero se vió assí desamparado de todos, andó por sus
-palacios buscando alguno que lo matasse et no falló. Entonce dixo:
-«¿Ni é yo amigo, ni enemigo?» Et assí cuemo estava, descalço et
-en saya, fué corriendo quanto pudo por se echar en el rio de
-Tibre; mas desque llegó allá, repintiósse; et assí cuemo fué,
-assí se tornó apriessa, pensando de buscar algún logar ascondido
-en que assessegasse<a id="FNanchor_40" href="#Footnote_40"
-class="fnanchor">[40]</a> so coraçón. E vistiósse otra vestidura
-sobre la saya, et cubrió la cabeça et puso un alquiná<a
-id="FNanchor_41" href="#Footnote_41" class="fnanchor">[41]</a> ante
-la cara; et assí descalço como estava, cavalgó en su cavallo, et
-quatro compañones con él tan solamiente. Et desque llegó al logar o
-queríe ir, que es a una legua et a un migero de la villa, arrendó
-so cavallo en una espessura a unas çarças et a unos árvoles; et
-él fuesse a pie por un sendero que se desviava a una casiella
-que estava í escondida en muy fuerte logar et much esquivo.<a
-id="FNanchor_42" href="#Footnote_42" class="fnanchor">[42]</a> Et
-tanto era el sendero áspero<a id="FNanchor_43" href="#Footnote_43"
-class="fnanchor">[43]</a> de andar et lleno de çarças, que se ovo a
-despojar aquella vestidura<span class="pagenum" id="Page_21">[p.
-21]</span> que vistie et a echarla tenduda sobre los çarçales,
-porque estava descalço, et a andar sobrella de pies et de
-manos; et rompiósse toda la vestidura; et llegó él a aquella
-casiella a grand pena,<a id="FNanchor_44" href="#Footnote_44"
-class="fnanchor">[44]</a> andando por cuevas e por peñas. E cuemo
-vinié cansado, echósse a dormir en un lecho muy pobreziello que í
-estava duna cócedra pequeña et cubierto dun paño viejo et roto.</p>
-
-<p>Otro dia mañana, los que vinieran con él consejávanle que
-se fuesse et no suffriese tanto porfazo;<a id="FNanchor_45"
-href="#Footnote_45" class="fnanchor">[45]</a> mas él tenie en
-coraçón de se matar, et mandó fazer allí ante sí una fuessa a medida
-de su cuerpo; et desque fué fecha, mandó traer agua con que lo
-bañassen et fuego con que lo quemassen. E estava Nero llorando et
-faziendo llanto de quantos males le contescíen, et dizíe: «¡Ay que
-sotil maestro se pierde oy en mí!» E él tardando en aquesto, vino
-de Roma un mandadero a aquel logar, quel dixo que todo el senado
-de Roma lo avíen dado por juizio por enemigo de los romanos, el<a
-id="FNanchor_46" href="#Footnote_46" class="fnanchor">[46]</a>
-mandavan buscar pora matallo. E quando él oyó aquesto, fue much
-espantado, et dos cuchiellos que troxiera consigo, sacólos et començó
-a catar qual era más agudo; et desí tornólos en sus vainas diziendo
-que aun no era venida la ora de la su muerte. A las vezes castigava a
-aquellos sus compañeros que llorassen et fiziessen llanto por<span
-class="pagenum" id="Page_22">[p. 22]</span> él; a las vezes quel
-dixiessen exiemplos dalgunos que se mataran, por tal de avivalle el
-coraçón que se pudiesse él matar; a oras denostava la su pereza.</p>
-
-<p>E éll estando en esto, ívanse ya llegando a aquel logar los
-cavalleros que enviaran depós él los romanos que lo prisiessen
-et lo levassen vivo. E tanto que lo él sintió, sacó ell un
-cuchiello et metiósselo por el coraçón, con ayuda pero dell uno
-de los que í estavan, que primió el cuchiello. E en muriendo,
-tenie los ojos torvados<a id="FNanchor_47" href="#Footnote_47"
-class="fnanchor">[47]</a> et tan feos que se espantavan quantos lo
-veíen. E desta guisa murió Nero ell emperador, seyendo en edat de
-treinta et dos años; acabósse en él et fue desfecha et destroída toda
-la compaña de César Augusto, de cuyo linage él descendíe.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_1_3">
- <h3 title="Garci Pérez de Vargas y su cofia"
- class="hang">1084.&emsp;Capítulo de commo Garçi Pérez de Vargas
- tornó por la cofia a aquel logar ó se le cayera.</h3>
-</div>
-
-<p>Otro dia depués que el rey don Fernando fué a posar a Tablada,<a
-id="FNanchor_48" href="#Footnote_48" class="fnanchor">[48]</a> mandó
-a los cavalleros de su mesnada que fuesen guardar los erveros.<a
-id="FNanchor_49" href="#Footnote_49" class="fnanchor">[49]</a></p>
-
-<p>Garçi Pérez de Vargas, et otro cavallero que avíe a ir con
-ellos, detoviéronse en el real et non salieron tan aína commo
-los otros; et en yendo<a id="FNanchor_50" href="#Footnote_50"
-class="fnanchor">[50]</a> en<span class="pagenum" id="Page_23">[p.
-23]</span> pos ellos, vieron ante sí, por ó avien a pasar en el
-camino, ssiete cavalleros de moros. Et dixo el cavallero a Garçi
-Pérez: «Tornémosnos; non somos más de dos.» Et Garçi Pérez dixo:
-«Non lo fagamos; mas vayamos por nuestro camino derecho, ca nos
-non atendrán.» Et el cavallero dixo que lo non quería fazer: ca lo
-tenía por locura si dos cavalleros, que ellos eran, fuesen cometer<a
-id="FNanchor_51" href="#Footnote_51" class="fnanchor">[51]</a> de
-pasar por do estavan siete: et fuese aderredor del real, por non ser
-conosçido, fasta que fué en su posada.</p>
-
-<p>El real do estava la tienda del rey era un poco en altura, et por
-o ellos ivan era llano; et el rey don Fernando óvolo a ojo, et los
-que con él estauan, et vió de commo se tornava el un cavallero et
-que fuera el otro en su cabo:<a id="FNanchor_52" href="#Footnote_52"
-class="fnanchor">[52]</a> otrosí vió aquellos siete cavalleros de
-moros commo le estauan delante, teniéndol el camino por do él avie a
-pasar: et mandó quel fuesen acorrer. Don Llorenço Suárez que estaba
-í con el rey, que avíe visto a Garçi Pérez quando saliera del real,
-et conosçiól en las armas et sabíe que él era, dixo al rey: «Señor,
-déxenle, que aquel cavallero, que fincó en su cabo con aquellos
-moros, es Garçi Pérez de Bargas, et para tantos commo ellos son
-non a mester ayuda; et si los moros lo conosçieren en las ar<span
-class="pagenum" id="Page_24">[p. 24]</span>mas, non lo osarán
-cometer, et sil cometieren, vos veredes oy las maravillas que él
-fará.»</p>
-
-<p>Garçi Pérez tomó las armas quel traye su escudero, et mandól que
-se parase en pos él et que se non moviese a ninguna parte, sinon
-así commo él fuesse que así fuese él en pos<a id="FNanchor_53"
-href="#Footnote_53" class="fnanchor">[53]</a> él. Et en alazando
-la capellina, cayósele la cofia en tierra, et non la vió; et
-endereçó por su camino derecho, et su escudero en pos él. Los moros
-connosçiéronle en las armas commo era Garçi Pérez, ca muchas vezes
-gelas vieran traer et bien las conosçién, et nol osaron cometer; mas
-fueron a par dél, de la una parte et de la otra, faziéndol cadamañas
-et sus abrochamientos<a id="FNanchor_54" href="#Footnote_54"
-class="fnanchor">[54]</a> una grant pieça; et quando vieron que se
-non bolvíe a ninguna parte nin se queríe desviar por cosa que ellos
-feziesen, sinon que todavía iva por su camino derecho, tornáronsse
-et fuéronse a parar<a id="FNanchor_55" href="#Footnote_55"
-class="fnanchor">[55]</a> en aquel logar ó se le cayó la cofia.</p>
-
-<p>Quando Garçi Pérez se vió desenbargado de aquellos moros, dió las
-armas a su escudero; et quando desenlazó la capellina et non falló
-su cofia, preguntó al escudero por ella; et el escudero le dixo que
-non gela diera. Et desque fué cierto que se le avíe caido, tomó sus
-armas quel avíe ya<span class="pagenum" id="Page_25">[p. 25]</span>
-dadas, et díxol que pasase en pos él et que toviese ojo por la cofia
-allí ó se le cayera. Et el escudero, quando vió que se queríe tornar
-por ella, díxol: «¡Commo, don García, por una cofia vos queredes
-tornar a tan grant peligro? et non tenedes que estades bien, quando
-tan sin daño vos partiestes de aquellos moros, sseyendo ellos siete
-cavalleros et vos uno solo, et queredes tornar a ellos por una
-cofia?» Et Garçi Pérez le dixo: «Non me fables en ello, ca bien veyes
-que non he cabeça para andar sin cofia»; et esto dezíe él porque era
-muy calvo, que non tenié cabellos de la meitad de la cabeça adelante;
-et tornóse para aquel logar do ante tomara las armas.</p>
-
-<p>Don Llorenço Suárez quando lo vió tornar, dixo al rey: «¿Vedes
-commo torna a los moros Garçi Pérez, quando vió que los moros nol
-queríen cometer? agora va él cometer a ellos; agora veredes las
-maravillas que él fara, que vos yo dezía, sil osaren atender.»</p>
-
-<p>Los moros quando vieron tornar a Garçi Pérez contra ellos,
-tovieron que se queríe conbater con ellos, et fuéronse ende
-acogiendo, que non se detovieron í más.</p>
-
-<p>Quando Llorenço Suárez vió a los moros commo se acogién
-ante Garçi Pérez, que nol osaron atender, dixo al rey:
-«Sseñor, ¿vedes lo que vos yo dezía que nol osaríen atender
-aquellos siete cavalleros de moros a Garçi Pérez en su cabo?<a
-id="FNanchor_56" href="#Footnote_56" class="fnanchor">[56]</a>
-Sa<span class="pagenum" id="Page_26">[p. 26]</span>bet, señor,
-quel connosçieron; catadlos commo se van acogiendo antél, que
-nol osan atender. Yo so Llorenço Suárez,<a id="FNanchor_57"
-href="#Footnote_57" class="fnanchor">[57]</a> que conosco bien los
-buenos cavalleros desta hueste quales son».</p>
-
-<p>Garçi Pérez llegó a aquel logar do se le cayera la cofia et
-fallóla í, et mandó a su escudero desçender por ella: et tomóla et
-sacodióla et diógela; et púsosela en la cabeça, et fuese ende para do
-andavan los erveros.</p>
-
-<p>Quando los que fueron guardar los erveros se tornaron para el
-real, preguntó don Llorenço Suárez a Garçi Pérez, ante el rey, quien
-fuera aquel cavallero que con él saliera del real. Et Garçi Pérez ovo
-ende grant enbargo, et pesól mucho porque don Llorenço Suárez gelo
-preguntara ante el rey, ca luego sopo que viera<a id="FNanchor_58"
-href="#Footnote_58" class="fnanchor">[58]</a> el rey et don Llorenço
-Suárez lo que a él aquel día oviera contesçido; et él era tal omne et
-auíe tal manera que nol plazíe quando le retraíen<a id="FNanchor_59"
-href="#Footnote_59" class="fnanchor">[59]</a> algun buen fecho que
-él feziese; pero con grant vergüença ovo a dezir que nol conosçíe
-nin sabíe quien fuera. Et don Llorenço<span class="pagenum"
-id="Page_27">[p. 27]</span> Suárez ge lo preguntó después muchas
-vezes, quien fuera aquel cavallero, et siempre le dixo que nol
-conosçíe, et nunca dél lo podieron saber, pero que lo conosçía él
-muy bien et lo veíe cada dia en casa del rey: mas non queríe que el
-cavallero perdiese por él su buena fama que ante avíe, ante defendió
-al su escudero que por los ojos de la cabeça<a id="FNanchor_60"
-href="#Footnote_60" class="fnanchor">[60]</a> non dixiese que lo
-conosçía; et el escudero así lo fizo, que nunca lo quiso dezir pero
-que gelo preguntaron después muchas vezes.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_1"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_1">[1]</a></span> Véase <span class="smcap">A. G.
-Solalinde</span>, en la <i>Revista de Filología Española</i>, II, 1915,
-págs. 283-288.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_2"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_2">[2]</a></span> <i>Fincar</i> tenía en la Edad Media los
-significados varios que después asumió el verbo «quedar».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_3"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_3">[3]</a></span> La forma del artículo <i>ell</i> por
-<i>el</i>, usada más generalmente ante vocal, abunda mucho en todas las
-obras de Alfonso X.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_4"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_4">[4]</a></span> <i>Dizitres</i> por ‘trece’ (hoy en
-algunas regiones se usan «diez y dos», «diez y tres», o formas
-análogas); compárese el <i>dizeocho</i> precedente, para la reducción de
-<i>diez</i> a <i>diz</i> en posición proclítica.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_5"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_5">[5]</a></span> Aun en el siglo <small>XVI</small>
-era forma corriente <i>Nero</i> en vez de <i>Nerón</i>; aquélla deriva del
-nominativo latino, y ésta, del acusativo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_6"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_6">[6]</a></span> <span
-class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>, 51, dice: «corpore maculoso et
-faetido, subflavo capillo»...</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_7"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_7">[7]</a></span> El verbo <i>aprender</i> hacía su
-perfecto yo <i>aprise</i>, tu <i>aprisiste</i>, él <i>apriso</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_8"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_8">[8]</a></span> <i>Sin todo afán</i>, ‘sin ningún
-trabajo’; en frases negativas se empleaban indefinidos positivos en
-vez de los negativos: «nin todos los del vando», ‘ni ninguno de los
-del bando’. Véase <i>Mio Cid</i>, pág. 375<sub>29</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_9"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_9">[9]</a></span> <i>Fallar de nuevo</i>, ‘idear,
-inventar’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_10"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_10">[10]</a></span> <i>Compañón</i>, ‘compañero’ en un
-sentido adjetivo de ‘afable’. <span class="smcap">Suetonio</span>,
-<i>Nero</i>, 10, «neque liberalitatis neque clementiae, ne <span
-class="g2">comitatis</span> quidem exhibendae ullam occasionem
-omisit».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_11"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_11">[11]</a></span> El imperfecto (y tiempos afines)
-terminaba alguna vez en <i>ía</i> (sobre todo la primera persona, véase
-unas líneas más abajo <i>querría</i>); pero en general terminaba en <i>ie</i>,
-con el acento ora en la <i>i</i>, ora en la <i>e</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_12"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_12">[12]</a></span> <i>Defender</i>, ‘prohibir’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_13"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_13">[13]</a></span> <i>Rafez</i>, ‘rahez’, ‘de poco
-valor’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_14"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_14">[14]</a></span> El pronombre enclítico se podía
-separar del verbo a que se refiere, interponiéndose entre ambos otras
-partes de la oración. Hoy habría que poner el enclítico inmediato al
-verbo, ordenándo así: «que no <i>las probase</i> todas y no <i>las usase</i>».
-Véase <i>Mio Cid</i>, p. 409<sub>24</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_15"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_15">[15]</a></span> <i>Assoora</i>, ‘de súbito’;
-compárese igual sentido que tiene hoy «a deshora». <span
-class="smcap">Suetonio</span>, 20, usa el adverbio «repente».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_16"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_16">[16]</a></span> <i>Joglería</i>, o juglaría, es el
-arte del juglar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_17"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_17">[17]</a></span> <i>Assacar</i>, ‘inventar’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_18"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_18">[18]</a></span> Las formas <i>o</i> y <i>do</i> se usaban
-indistintamente por <i>onde</i>, <i>donde</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_19"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_19">[19]</a></span> <i>Todavía</i>, ‘siempre’, acepción
-primitiva, de la cual se pasó a la moderna de ‘aun’. Compárese el
-francés «toujours» que reúne los dos significados de ‘siempre’ y de
-‘aun, en este momento’ (j’ai toujours ma migraine).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_20"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_20">[20]</a></span> <i>Cosa</i> se usaba mucho en
-expresiones indefinidas negativas, donde hoy se emplea «nada». «Non
-se podían los moros por cosa defender.» <i>Fernán González</i>, 195. El
-uso duraba en la época clásica: <span class="smcap">Garcilaso</span>,
-en la <i>Egloga II</i>, escribe: «No t’aconsejo yo, ni digo cosa Para que
-devas tú por ella darme Respuesta tan azeda i tan odiosa», y <span
-class="smcap">Tirso</span>, en <i>Marta la Piadosa</i>, II, «no te diré
-cosa ya». El uso subsiste en alguna expresión moderna, como «no vale
-cosa».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_21"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_21">[21]</a></span> <i>A hurto</i>, ‘a hurtadillas’,
-‘escondidamente’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_22"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_22">[22]</a></span> <i>Dellos</i>, genitivo partitivo
-‘algunos de ellos’. Véase <i>Mio Cid</i>, pág. 335<sub>27</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_23"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_23">[23]</a></span> Los traductores que empleaba
-Alfonso el Sabio para sus obras, no siempre traducen exactamente,
-ni mucho menos. Aquí, por desconocimiento de las antigüedades
-romanas, traducen el «triumphare», neutro, como activo. <span
-class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>, 25, dice: «eo curru, quo
-Augustus olim triumphaverat, et in veste purpurea...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_24"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_24">[24]</a></span> La preposición <i>a</i> indica el modo
-del adorno; así escribe don <span class="smcap">Juan Manuel</span>
-«el paño era començado..., et díxol a qué figuras et a qué labores lo
-començaban de fazer». Véase <i>Mio Cid</i>, página 377<sub>39</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_25"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_25">[25]</a></span> Otro ejemplo de mala inteligencia
-del texto latino. <span class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>, 25,
-escribe: «coronamque capite gerens Olympiacam, dextra manu Pythiam,
-praeeunte pompa ceterarum cum titulis, ubi et quos quo cantionum
-quove fabularum argumento vicisset».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_26"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_26">[26]</a></span> <i>Porfazar</i>, ‘murmurar, censurar’.
-En otro pasaje, de la misma Crónica, se lee: «e daquí se levantó
-grand mormorio entre los romanos, que porfazavan de Cristo et echavan
-la culpa deste destruimiento a la cristiandat, que dizíen que les no
-iva assí mal en el tiempo que aoravan los ídolos».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_27"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_27">[27]</a></span> Otro ejemplo de interpolación
-de palabras entre el enclítico y el verbo: ‘como arriba <i>os</i>
-dijimos’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_28"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_28">[28]</a></span> <i>A menos de</i>, ‘sin’, expresión
-usual aun en la época clásica. <span class="smcap">Suetonio</span>,
-<i>Nero</i>, 25: «nisi astante phonasco, qui moneret parceret arteriis ac
-sudarium ad os applicaret».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_29"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_29">[29]</a></span> El verbo <i>yazer</i> hacía su
-perfecto, yo <i>yógue</i>, tu <i>yoguiste</i>, él <i>yógo</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_30"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_30">[30]</a></span> <i>Acordar</i>, como <i>recordar</i>,
-significaba ‘despertar’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_31"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_31">[31]</a></span> <i>Governage</i>, como <i>gobernalle</i>,
-‘timón’; ‘le faltó el timón’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_32"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_32">[32]</a></span> Este lucillo o sepulcro es
-el Mausoleo. <span class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>, 46 «De
-Mausoleo, sponte foribus patefactis, exaudita vox est nomine eum
-cientis».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_33"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_33">[33]</a></span> <i>Seer</i>, derivado de <span
-class="g2">sedere</span>, significaba ‘estar sentado’; <i>la
-tabla o seíe</i> ‘la mesa a que estaba sentado’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_34"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_34">[34]</a></span> <i>Yaquanto</i> era un indefinido que
-significaba ‘algo’, esto es: ‘tomó un poco de veneno’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_35"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_35">[35]</a></span> <i>Buxeta</i> ‘bujeta, cajita, pomo’;
-<span class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>. 48: «sumpto... veneno et
-in auream pyxiden condito».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_36"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_36">[36]</a></span> <span
-class="smcap">Suetonio</span>: «praemissis libertorum fidissimis
-Ostiam ad classem praeparandam».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_37"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_37">[37]</a></span> <i>Cometer</i>, ‘proponer’; véase <i>Mio
-Cid</i>, pág. 583<sub>5</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_38"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_38">[38]</a></span> Las frases adverbiales <i>a voces</i>,
-<i>a priessa</i>, hoy tienden a petrificarse, pero antes admitían toda
-clase de adjetivos calificativos del sustantivo: <i>a altas voces</i>, <i>a
-grant priessa</i>, véase <i>Mio Cid</i>, pág. 373<sub>16</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_39"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_39">[39]</a></span> Los verbos sinónimos <i>tomar</i>,
-<i>coger</i>, <i>prender</i>, se usaban en forma reflexiva, con el significado
-de ‘irse’, y «prísose con sus omnes» significa ‘se reunió con su
-gente, se fué con ellos’. Hoy se conserva el mismo giro en la frase
-metafórica <i>tomarse con uno</i>, ‘reñir con uno’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_40"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_40">[40]</a></span> <i>Assessegar</i>, hoy ‘asosegar’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_41"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_41">[41]</a></span> <i>Alquiná</i> o <i>alquinal</i>, voz de
-origen árabe, que significa ‘toca, pañuelo’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_42"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_42">[42]</a></span> Era frecuente, cuando un
-sustantivo llevaba dos adjetivos, que uno de éstos fuese antepuesto y
-otro pospuesto, «buena imaginación e fuerte» (véase <i>Mio Cid</i>, pág.
-415<sub>25</sub>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_43"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_43">[43]</a></span> Muy a menudo el adverbio de
-cantidad iba separado del adjetivo a que se refiere, interponiéndose
-entre ambos el verbo y otras voces: «mucho fué alegre», «tanto es
-limpia», véase <i>Mio Cid</i>, pág. 418<sub>26</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_44"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_44">[44]</a></span> <i>A grand pena</i>, ‘con gran
-trabajo’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_45"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_45">[45]</a></span> <i>Porfazo</i>, ‘humillación,
-afrenta’. Véase <a href="#Page_16">pág. 16</a>, <a
-href="#Footnote_26">nota 26</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_46"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_46">[46]</a></span> <i>El</i> es la conjunción, unida al
-pronombre enclítico apocopado ‘y le’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_47"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_47">[47]</a></span> No es ‘turbado’, sino ‘torvo,
-espantoso, airado’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_48"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_48">[48]</a></span> San Fernando, para asegurar el
-asedio de Sevilla, se estableció en Tablada, rodeando su campamento
-de un gran foso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_49"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_49">[49]</a></span> ‘Herberos’ o ‘forrajeadores’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_50"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_50">[50]</a></span> El gerundio con <i>en</i>, formando
-una oración incidental temporal, era muy usado antiguamente.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_51"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_51">[51]</a></span> <i>Cometer</i>, significaba no sólo
-‘acometer’, sino también ‘intentar’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_52"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_52">[52]</a></span> <i>En su cabo</i> ‘por sí solo’,
-‘solo’; se decía <i>vevir en so cabo</i> ‘vivir aparte o solo’; comp. unas
-líneas más abajo <i>fincó en su cabo</i>, ‘quedó solo’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_53"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_53">[53]</a></span> Nótese en este ejemplo el uso
-extremamente inhábil y anfibológico del pronombre <i>él</i>; una vez se
-refiere al escudero y otra a Garci Pérez, produciéndose confusión al
-mismo tiempo que cacofonía. Comp., <a href="#Page_32">pág. 32</a>, <a
-href="#Footnote_67">nota 67</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_54"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_54">[54]</a></span> Dos voces que me son
-desconocidas, y que sólo el contexto puede explicar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_55"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_55">[55]</a></span> <i>Pararse</i> significa ‘ponerse,
-situarse’; «a la puerta se paravan», véase <i>Mio Cid</i>, pág.
-785<sub>10</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_56"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_56">[56]</a></span> <i>En su cabo</i>, ‘solo’,
-según se dijo arriba. <a href="#Page_23">pág. 23</a>, <a
-href="#Footnote_52">nota 52</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_57"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_57">[57]</a></span> <i>Yo so</i>, etc., es un grito de
-satisfacción de don Lorenzo, semejante al grito de guerra que daba el
-señor para animar a los vasallos, afirmando su personalidad: «Yo so
-el rey de Castilla, que cobdicié este día», <i>Poema de Alfonso XI</i>,
-1678; «Yo so Ruy Díaz, mio Çid el de Bivar», etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_58"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_58">[58]</a></span> Aunque el sujeto del verbo es
-doble, como va pospuesto, el verbo puede ir en singular: «dixo Raquel
-e Vidas», véase <i>Mio Cid</i>, pág. 362<sub>32</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_59"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_59">[59]</a></span> <i>Retraer</i>, ‘referir, contar’.
-«Por ont siempre sepades retraer e contar Quanto puede a omne la
-buena fe prestar», <span class="smcap">Berceo</span>, <i>San Millán</i>,
-199; «Fué por toda la tierra aína retrahido Que era el sant omne
-desti sieglo transsido», San Millán, 322.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_60"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_60">[60]</a></span> <i>Por los ojos de la cabeça</i>,
-como si dijese ‘por su vida’, ‘pena la vida’. Alude a la pena de
-ceguera que se usaba mucho en la antigua Edad Media, aunque ya no
-era corriente en la época de Alfonso X; era la pena inmediata, en
-gravedad, a la pena capital. También se decía «por los ojos de la
-cara», o «de la faz». Véase <i>Mio Cid</i>, pág. 772<sub>27</sub>.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_28">[p. 28]</span></p>
- <h2 title="Don Juan Manuel"
- class="nobreak"><span class="g1">DON JUAN MANUEL</span><br />
- <small>(1282-1348)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Don Juan, hijo del infante don Manuel, se nos presenta como
-continuador de las tradiciones literarias fomentadas por su tío
-Alfonso el Sabio. Don Juan empezó a escribir movido de la admiración
-que en él despertaban las obras de Alfonso; tanto, que su primera
-producción es un modesto resumen de la <i>Crónica General de España</i>,
-hecho hacia 1320. En el prólogo de este resumen pondera don Juan
-el estilo claro, elegante y, sobre todo, conciso, que el Rey Sabio
-empleaba: «Et púsolo todo complido e por muy apuestas razones e en
-<span class="g2">las menos palabras que se podía poner</span>.»</p>
-
-<p>Procurando emular estas dotes del rey su tío, llegó don
-Juan a superar a su modelo. Con segura satisfacción del éxito
-logrado, escribía el autor, hacia 1330, esta crítica de su estilo
-propio: «Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas
-palabras et por los mas fermosos latines <span class="g2">que yo
-nunca oi decir</span> en libro que fuese fecho en romance; et
-poniendo declaradamente complida la razón que quiere decir, <span
-class="g2">pónelo en las menos palabras que pueden seer</span>»<a
-id="FNanchor_61" href="#Footnote_61" class="fnanchor">[61]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_29">[p. 29]</span></p>
-
-<p>La sobriedad era su preocupación, según puede observarse en su
-obra maestra <i>El libro de Patronio</i> o el <i>Conde Lucanor</i> (primera
-parte, escrita entre 1328 y 1332). Este libro es una colección de
-cuentos tradicionales, así que varios de ellos se encuentran a la
-vez referidos en otros autores; y si comparamos los de don Juan con
-los del Arcipreste de Hita (que escribió unos diez años después),
-observamos un marcado contraste entre la juguetona y verbosa
-animación del Arcipreste y la mesurada compostura del estilo de
-don Juan Manuel. Atento éste principalmente a acumular en la frase
-trabazón lógica y fuerza didáctica, se detiene en desarrollar los
-sentimientos que pone en juego, se esmera en preparar las situaciones
-a que la narración conduce; pero, en cambio, mira con manifiesto
-desvío la ornamentación externa del relato. Tanto propende a no
-apartarse de la narración seguida, que, a pesar de su fin didáctico,
-ni siquiera se entretiene en intercalar un discurso sentencioso o
-una máxima; deja, por lo común, que la moralidad se desprenda del
-fluir de la acción, y sólo le da una forma aforística al final de
-cada cuento. No obstante, aunque siempre en forma fugaz, no descuida
-dar viveza al relato; véase, por ejemplo, la rápida pero feliz
-descripción de la bajada al subterráneo de don Illán, en el primer
-cuento que aquí se inserta.</p>
-
-<p>En multitud de rasgos el lenguaje de don Juan Manuel se parece
-al de la segunda parte de la <i>Crónica General</i>; en ambos textos
-se ven los mismos defectos de la época arcaica, tales como la
-gran inhabilidad que revela el abuso del pronombre <i>él</i> (<a
-href="#Page_32">pág. 32</a>, <a href="#Footnote_67">nota 67</a>).
-Además, ni uno ni otro suelen emplear el diálogo; lo corriente es
-que el personaje principal hable en discurso directo, y el que
-contesta lo haga en forma indirecta, o sea en<span class="pagenum"
-id="Page_30">[p. 30]</span> tercera persona. Pero, sin embargo,
-fácil es observar un gran progreso entre los dos autores. Don Juan
-construye el período en modos más variados que la <i>Crónica</i>, y a la
-ingenua viveza de ésta, sustituye una expresión más intencionada,
-que sabe lograr ya efectos muy variados, entre los que sobresale la
-ironía. En fin, por su mayor originalidad de composición, y por la
-serena y sencilla eficacia de su lenguaje, don Juan se nos muestra
-indisputablemente como un estilista muy superior<a id="FNanchor_62"
-href="#Footnote_62" class="fnanchor">[62]</a>.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_2_1">
- <h3 title="Don Illán y el deán de Toledo"><span class="g1">LIBRO DE
- PATRONIO</span><br />
- <small>O DEL CONDE LUCANOR</small></h3>
- <p class="hang mt2"><span class="smcap">Enxienplo xi.</span>—Delo
- que contesçio a un deán de Santiago con Don Illán, el grand
- maestro de Toledo.</p>
-
-</div>
-
-<p>Otro dia fablava el conde Lucanor con Patronio, su
-consejero, et contaval su fazienda en esta guisa: «Patronio,
-un omne vino a me rogar<a id="FNanchor_63" href="#Footnote_63"
-class="fnanchor">[63]</a> quel ayudasse en un fecho que avía mester
-mi ayuda, et prometióme que faría por mí todas las cosas que
-fuessen mi pro et mi onra, et yo començel a ayudar quanto pude en
-aquel fecho; et ante que el<span class="pagenum" id="Page_31">[p.
-31]</span> pleito fuesse acabado, teniendo<a id="FNanchor_64"
-href="#Footnote_64" class="fnanchor">[64]</a> él ya que su pleito
-era librado, acaesçió una cosa en que cunplía que la fiziesse por mí
-et él púsome escusa; et después acaesçió otra cosa que pudiera fazer
-por mí et púsome escusa commo a la otra; et esto me fizo en todo lo
-quel rogué que fiziesse por mí. Et aquel fecho por que él me rogo non
-es aun librado, nin se librará si yo non quisiere; et por la fiuza
-que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me
-consejedes lo que faga en esto.»</p>
-
-<p>«Señor conde», dixo Patronio, «para que vos fagades en esto
-lo que devedes, mucho querría que sopiésedes<a id="FNanchor_65"
-href="#Footnote_65" class="fnanchor">[65]</a> lo que contesçió a
-un deán de Santiago con Don Illán, el grand maestro que morava en
-Toledo».</p>
-
-<p>Et el conde le preguntó commo fuera aquello.</p>
-
-<p>«Señor conde», dixo Patronio, «en Santiago avía un deán que avía
-muy grant talante de saber el arte dela nigromançía, et oyó dezir
-que don Illán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuesse en
-aquella sazón et por ende vínose para Toledo para aprender de aquella
-sçiencia».</p>
-
-<p>«Et el dia que llegó a Toledo endereçó luego a<span
-class="pagenum" id="Page_32">[p. 32]</span> casa de Don Illán et
-fallólo que estava leyendo en una cámara muy apartada. Et luego que
-llegó a él, recibiólo muy bien, et díxol que non quería quel dixiesse
-ninguna cosa de lo por que venía fasta que oviese comido. Et pensó<a
-id="FNanchor_66" href="#Footnote_66" class="fnanchor">[66]</a> muy
-bien dél et fizol dar muy buenas posadas et todo lo que ovo mester,
-et diól a entender quel plazía mucho con su venida».</p>
-
-<p>«Et después que ovieron comido, apartósse con él<a
-id="FNanchor_67" href="#Footnote_67" class="fnanchor">[67]</a> et
-contól la razón por que allí viniera, et rogól muy affincadamente
-quel mostrasse aquella sçiençia que él auia muy grant talante de la
-aprender. Et Don Illán díxol que él era deán et omne de grant guisa<a
-id="FNanchor_68" href="#Footnote_68" class="fnanchor">[68]</a> et
-que podría llegar a grant estado, et los omnes que grant estado
-tienen, de que todo lo suyo an librado a su voluntad, olbidan mucho
-aína lo que otre a fecho por ellos; et él que se reçelava que de
-que él<a href="#Footnote_67" class="fnanchor">[67]</a> oviesse
-apprendido dél aquello que él quería saber, que<a id="FNanchor_69"
-href="#Footnote_69" class="fnanchor">[69]</a> non le faría tanto
-bien commo él le prometía. Et el deán le prometió et le asseguró
-que qualquier bien que él oviesse que nunca<span class="pagenum"
-id="Page_33">[p. 33]</span> faría sinon lo que él mandasse; et en
-estas fablas estudieron desque ovieron yantado fasta que fué ora de
-çena. Et de que su pleito fue bien assossegado<a id="FNanchor_70"
-href="#Footnote_70" class="fnanchor">[70]</a> entre ellos, díxo Don
-Illán al deán que aquella sciençia non se podía aprender sinon en
-lugar mucho apartado, et que luego essa noche le queria amostrar do
-avían de estar, fasta que oviesse apprendido aquello que él quería
-saber. Et tomól por la mano et levól a una cámara; et en apartándose
-de la otra gente, llamó a una mançeba de su casa et díxol que
-toviesse perdizes para que çenassen aquella noche, mas que non las
-pusiessen a assar fasta que él gelo mandasse.»</p>
-
-<p>«Et desque esto ovo dicho, llamó al deán, et entraron entramos
-por una escalera de piedra muy bien labrada, et fueron descendiendo
-por ella muy gran pieça, en guisa que paresçia que estavan tan vaxos
-que passava el rio de Tajo por çima dellos. Et desque fueron en cabo
-del escalera, fallaron una possada muy buena, et una cámara mucho
-apuesta que y avia, ó estavan los libros et el estudio en que avía de
-leer.»</p>
-
-<p>«De que se assentaron, estavan parando mientes en quales libros
-avian de començar; et estando ellos en esto, entraron dos omnes
-por la puerta, et diéronle<a id="FNanchor_71" href="#Footnote_71"
-class="fnanchor">[71]</a> una carta quel enviava el arçobispo
-su<span class="pagenum" id="Page_34">[p. 34]</span> tio, en quel
-fazía saber que estava muy mal doliente, et quel enviava rogar que
-sil quería veer vivo, que se fuesse luego para él. Al deán pesó
-mucho con estas nuebas, lo uno por la dolençia de su tio, et lo al
-por que reçeló que avía de dexar su estudio que avía començado.
-Pero puso en su coraçon<a id="FNanchor_72" href="#Footnote_72"
-class="fnanchor">[72]</a> de non dexar aquel estudio tan aína, et
-fizo sos cartas de repuesta et enviólas al arçobispo su tio.»</p>
-
-<p>«Et dende a tres o quatro dias llegaron otros omnes a pie
-que traían otras cartas al deán, en quel fazían saber que el
-arçobispo era finado,<a id="FNanchor_73" href="#Footnote_73"
-class="fnanchor">[73]</a> et que estavan todos los de la eglesia en
-su eslección, et que fiavan por la merçed de Dios que eslerían<a
-id="FNanchor_74" href="#Footnote_74" class="fnanchor">[74]</a> a él.
-Et por esta razon que non se quexasse de ir a la eglesia, ca mejor
-era para él en quel esleyessen seyendo en otra parte que non estando
-en la eglesia.»</p>
-
-<p>«Et dende a cabo de siete o de ocho dias, vinieron dos escuderos
-muy bien vestidos et muy bien aparejados, et quando llegaron a él,
-vesáronle la mano et mostráronle las cartas en commo le avían<span
-class="pagenum" id="Page_35">[p. 35]</span> esleido por arçobispo.
-Et quando Don Illán esto oyó, fue al electo et díxol commo gradesçía
-mucho a Dios por que estas buenas nuevas le llegaran a su casa;
-et pues Dios tanto bien le fiziera, quel pedía por merçed que el
-deanasgo, que fincava vagado,<a id="FNanchor_75" href="#Footnote_75"
-class="fnanchor">[75]</a> que lo diesse a un su fijo. Et el electo
-díxol quel rogava quel quisiesse consentir que aquel deanadgo que
-lo oviesse un su hermano, mas que él le faría bien en la iglesia en
-guisa que él fuesse pagado, et quel rogava que fuesse con él para
-Santiago et que levasse con él aquel su fijo. Et Don Illán díxo que
-lo faría.»</p>
-
-<p>«Et fuéronse para Santiago; et quando í llegaron, fueron muy bien
-reçebidos et mucho onradamente. Et desque moraron í un tienpo, un día
-llegaron al arçobispo mandaderos del papa con sos cartas en cómmol
-dava el obispado de Tolosa et quel fazía graçia que pudiesse dar el
-arçobispado a qui quisiesse. Quando Don Illán oyó esto, retrayéndol<a
-id="FNanchor_76" href="#Footnote_76" class="fnanchor">[76]</a>
-mucho affincadamente lo que con él avía passado,<a id="FNanchor_77"
-href="#Footnote_77" class="fnanchor">[77]</a> pidiól merçed que
-lo diesse a su fijo. Et<span class="pagenum" id="Page_36">[p.
-36]</span> el arçobispo le rogó que consentiesse que lo oviesse un
-su tio, hermano de su padre. Et Don Illán díxo que bien entendíe
-quel fazía grand tuerto, pero que esto que lo consintía en tal<a
-id="FNanchor_78" href="#Footnote_78" class="fnanchor">[78]</a>
-que fuesse seguro que gelo emendaría adelante. Et el arçobispo le
-prometió en toda guisa que lo faría assí, et rogól que fuesse con él
-a Tolosa et que levasse su fijo.»</p>
-
-<p>«Et desque llegaron a Tolosa, fueron muy bien reçebidos de condes
-et de quantos omnes buenos avía en la tierra. Et desque ovieron í
-morado fasta dos años, llegáronle mandaderos del papa con sos cartas
-en commo le fazía el papa cardenal, et quel fazía graçia que diesse
-el obispado de Tolosa a qui quisiesse. Entonçe fué a él Don Illán et
-díxol que pues tantas vezes le avía fallesçido<a id="FNanchor_79"
-href="#Footnote_79" class="fnanchor">[79]</a> de lo que con él
-pusiera, que ya aquí non avía logar del poner escusa ninguna que
-non diesse alguna de aquellas dignidades a su fijo. Et el cardenal
-rogól que consentiese que oviesse aquel obispado un su tio hermano
-de su madre, que era omne bueno ançiano, mas que, pues él cardenal
-era, que se fuese con él para la corte que asaz avía en que le fazer
-bien. Et Don Illán quexósse ende mucho, pero<span class="pagenum"
-id="Page_37">[p. 37]</span> consintió en lo que el cardenal quiso, et
-fuesse con él para la corte.»</p>
-
-<p>«Et desque í llegaron, fueron muy bien reçebidos de los cardenales
-et de quantos en la corte eran, et moraron y muy grand tienpo. Et Don
-Illán affincando cada dia al cardenal quel fiziesse alguna graçia
-a su fijo, et él poníal sos escusas. Et estando assí en la corte,
-finó el papa; et todos los cardenales esleyeron aquel cardenal por
-papa. Estonçe fué a él Don Illán et díxol que ya non podía poner
-escusa de non conplir lo quel avía prometido. Et el papa le dixo que
-non lo affincasse tanto, que sienpre avría lugar en quel fiziesse
-merçed, segund fuesse razón. Et Don Illán se començó a quexar
-mucho retrayéndol quantas cossas le prometiera<a id="FNanchor_80"
-href="#Footnote_80" class="fnanchor">[80]</a> et que nunca le avía
-conplido ninguna, et diziéndol que aquello reçelara él la primera
-vegada que con él fablara. Et pues aquel estado era llegado et nol
-cunplia lo quel prometiera, que ya non le fincava logar en que
-atendiesse dél bien ninguno. Deste affincamiento se quexó mucho el
-papa et començól a maltraer, diziendol que si más le affincasse,
-quel faría echar en una cárçel, que era ereje et encantador, et que
-bien sabía él que non avía otra vida nin otro offiçio en Toledo,
-do él morava, sinon bivir por aquella arte de nigromançía. Et
-desque Don Illán vió quanto mal le gualardonava el papa lo que por
-él avía fecho, espidióse<span class="pagenum" id="Page_38">[p.
-38]</span> dél; et solamente<a id="FNanchor_81" href="#Footnote_81"
-class="fnanchor">[81]</a> nol quiso dar el papa qué comiese por el
-camino.»</p>
-
-<p>«Estonçe don Illán dixo al papa que pues al non tenía de comer,
-que se avría de tornar a las perdizes que mandara assar aquella
-noche. Et llamó ala muger et díxol que assasse las perdizes. Et
-quando esto díxo don Illán, fallósse el papa en Toledo deán de
-Santiago, commo lo era quando í bino; et tan grand fué la verguença
-que ovo que non sopo quel dezir. Et don Illán díxol que fuesse en
-buena ventura, et que assaz avía provado lo que tenía en él, et que
-ternía por muy mal enpleado si comiesse su parte de las perdizes.»</p>
-
-<p>«Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que tanto fazedes
-por aquel omne que vos demanda ayuda, et non vos da ende mejores
-graçias, tengo que non avedes por qué trabajar nin aventurarvos
-mucho por llegarlo<a id="FNanchor_82" href="#Footnote_82"
-class="fnanchor">[82]</a> a logar que vos dé tal galardón commo el
-deán dió a don Illán.»</p>
-
-<p>El conde tovo esto por buen consejo, et fízolo assí, et fallósse
-ende bien. Et por que entendió don Johan que era este muy buen
-exienplo, fízolo poner en este libro, et fizo estos viessos que dizen
-assí:</p>
-
-<div class="poema fs90 mt1"><div class="stanza">
-<p class="i2">Al que mucho ayudares &emsp; et non te lo conosçiere,<a id="FNanchor_83" href="#Footnote_83" class="fnanchor">[83]</a></p>
-<p class="i0">menos ayuda abrás &emsp; desqu’en grand onra subiere.</p>
-
-</div></div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_2_2">
- <h3 title="El mozo que casó con mujer brava"
- class="hang"><span class="pagenum" id="Page_39">[p. 39]</span><span
- class="smcap">Enxienplo xxxv.</span>—De lo que contesçió a un mançebo
- que casó con una muger muy fuerte et muy brava.</h3>
-</div>
-
-<p>Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, et díxole:
-«Patronio, un mio criado me díxo quel traían cassamiento con una
-muger muy rica, et aun que es más onrada que él et que es el
-casamiento muy bueno para él, sinon por un enbargo que í ha; et el
-enbargo es éste: díxome quel dixeran que aquella muger que era la
-más fuerte et la más brava cosa del mundo. Et agora ruégovos que me
-consejedes si le mandaré que case con aquella muger, pues sabe de
-qual manera es, o sil mandaré que lo non faga.»</p>
-
-<p>«Señor conde Lucanor», dixo Patronio, «si él fuer tal commo fué
-un fijo de un omne bueno que era moro, consejalde que case con ella;
-mas si non fuere tal, non gelo consejedes.» Et el conde le rogó quel
-dixiesse commo fuera aquello.</p>
-
-<p>Patronio le dixo que en una villa avía un omne bueno que avía
-un fijo el mejor mançebo que podía ser, mas non era tan rico que
-pudiesse conplir tantos fechos et tan grandes commo el su coraçón
-le dava a entender que devía conplir; et por esto era él en grand
-cuydado, ca avía la buena voluntat et non avía el poder.</p>
-
-<p>Et en aquella villa misma avía otro omne muy más onrado et más
-rico que su padre, et avía una<span class="pagenum" id="Page_40">[p.
-40]</span> fija et non más, et era muy contraria de aquel mançebo, ca
-quanto aquel mançebo avía de buenas maneras, tanto las avía aquella
-fija del omne bueno de malas et revesadas; et por ende omne del mundo
-non quería casar con aquel diablo.</p>
-
-<p>Et aquel tan buen mançebo vino un dia a su padre et díxole que
-bien sabía que él non era tan rico que pudiesse darle con qué él
-pudiesse bevir a su onra, et que pues le convinía a fazer vida
-menguada et lazdrada o irse daquella tierra, que si él por bien
-tobiesse, quel parescía mejor seso de catar algun casamiento con que
-pudiesse aver alguna passada.<a id="FNanchor_84" href="#Footnote_84"
-class="fnanchor">[84]</a> Et el padre le dixo quel plazía ende
-mucho si pudiesse fallar para él casamiento que le cunpliesse. Et
-entonçe le dixo el fijo que si él quisiesse, que podría guisar que
-aquel omne bueno, que avía aquella fija, que gela diesse para él.
-Et quando el padre esto oyó, fué muy maravillado et díxol que commo
-cuidava en tal cosa, que non avía omne que la conosçiesse que, por
-pobre que fuesse, quisiesse casar con ella. Et el fijo le dixo quel
-pidía por merçed quel guisasse aquel casamiento; et tanto lo afincó
-que commo quier que el padre lo tovo por estraño, que gelo otorgó.
-Et fuesse luego para aquel omne bueno, et amos<span class="pagenum"
-id="Page_41">[p. 41]</span> eran mucho amigos, et díxol todo lo que
-passara con su fijo, et rogól que pues su fijo se atrevía a casar con
-su fija, quel plogiesse et gela diesse para él. Quando el omne bueno
-esto oyó a aquel su amigo, díxole: «Par Dios, amigo, si yo tal cosa
-fiziesse, seer vos ía muy falso amigo, ca vos avedes muy buen fijo,
-et ternía que fazía muy grand maldat si yo consintiesse su mal nin
-su muerte; casó çierto que si con mi fija casase, que sería muerto o
-le valdría mas la muerte que la vida. Et non entendades que vos digo
-esto por non conplir vuestro talante, ca si la quisiérdes, a mí mucho
-me plaze de la dar a vuestro fijo o a quien quier que me la saque
-de casa.» Et aquel su amigo le díxo quel gradesçía mucho quanto le
-dizía, et que pues su fijo quería aquel casamiento, quel rogava que
-le pluguiesse.</p>
-
-<p>Et el casamiento se fizo, et levaron la novia a casa de su marido.
-Et los moros an por costunbre que adovan de cenar a los novios
-et pónenles la mesa et déxanlos en su casa, fasta otro día; et
-fiziéronlo aquellos assí; pero estavan los padres et las madres et
-los parientes del novio et dela novia con grand reçelo, cuidando que
-otro día fallarían el novio muerto o muy mal trecho.</p>
-
-<p>Luego que ellos fincaron solos en casa, assentaronse a la mesa;
-et ante que ella ubiasse a dezir cosa, cató el novio enderredor de
-la mesa, et vió un perro, et díxol yaquanto bravamente: «Perro,
-danos agua a las manos»; et el perro non lo fizo; et encomençósse a
-ensañar, et díxol más brava<span class="pagenum" id="Page_42">[p.
-42]</span>mente que les diesse agua a las manos; et el perro non
-lo fizo. Et desque vió<a id="FNanchor_85" href="#Footnote_85"
-class="fnanchor">[85]</a> que lo non fazía, levantóse muy sañudo de
-la mesa, et metió mano a la espada et endereçó al perro; et quando
-el perro lo vió venir contra sí, començó a foir, et él en pos dél
-saltando amos por la ropa et por la mesa et por el fuego, et tanto
-andudo en pos dél fasta que lo alcanzó et cortól la cabeça et las
-piernas et los braços et fízolo todo pedaços, et ensangrentó toda la
-casa et toda la mesa et la ropa.</p>
-
-<p>Et assí muy sañudo et todo ensangrentado, tornóse a sentar
-a la mesa, et cató enderredor, et vió un gato, et díxol quel
-diesse agua a manos; et por que non lo fizo díxole: «¿Commo,
-don falso, traydor, non vistes lo que fiz al perro por que non
-quiso fazer lo quel mandé?; yo prometo a Dios que si poco nin más
-porfías, que esso mismo<a id="FNanchor_86" href="#Footnote_86"
-class="fnanchor">[86]</a> faré a ti que al perro.» Et el gato non
-lo fizo, ca tan poco es su costunbre de dar agua a manos commo del
-perro; et por que non lo fizo, levantóse, et tomól por las piernas et
-dió con él a la pared, et fizo dél mas de çient pedaços, et mostrando
-muy mayor saña que contra el perro.</p>
-
-<p>Et assí, bravo et sañudo et faziendo muy malos<span
-class="pagenum" id="Page_43">[p. 43]</span> contenentes<a
-id="FNanchor_87" href="#Footnote_87" class="fnanchor">[87]</a>
-tornóse a la mesa et cató a todas partes; et la muger quel vió esto
-fazer, tovo que estava loco o fuera de seso et non dezía nada. Et
-desque ovo catado a cada parte, vió un su cavallo que estava en
-casa<a id="FNanchor_88" href="#Footnote_88" class="fnanchor">[88]</a>
-(et él non avia más de aquel) et díxol muy bravamente que les diesse
-agua a las manos; et el cavallo non lo fizo. Desque vió que lo non
-fizo, díxol: «¡Cómmo, don cavallo! ¿cuydades que por que non he otro
-cavallo, que por esso vos dexaré si non fizierdes lo que yo vos
-mandare? Yo juro a Dios que tan mala muerte vos dé commo a los otros;
-et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo mandare, que
-esso mismo non le faga». Et el cavallo estudo quedo; et desque vió
-que non fazía su mandado, fué a él et cortól la cabeça, et con la
-mayor saña que podría mostrar, despedaçólo todo.</p>
-
-<p>Et quando la muger vió que matava el cavallo non aviendo otro, et
-que dizía que esto faría a quien quier que su mandado non cunpliesse,
-tovo que esto non se fazía ya por juego et ovo tan grand<span
-class="pagenum" id="Page_44">[p. 44]</span> miedo que non sabía si
-era muerta o biva. Et él assi bravo et sañudo et ensangrentado,
-tornóse a la mesa, jurando que si mil cavallos et omnes et mugeres
-oviesse en casa quel saliessen de mandado, que todos serían muertos.
-Et asentósse, et cató a cada parte teniendo la espada sangrentada
-en el regaço; et desque cató a una parte et a otra et non vió cosa
-viva, bolvió los ojos contra su muger muy bravamente et díxol con
-grand saña, teniendo la espada en la mano: «Levantad vos et dat me
-agua a las manos.» Et la muger que non esperava otra cosa sinon
-quela despedaçaría toda, levantóse muy apriessa et diól agua a las
-manos; et díxole él: «¡Cómmo gradesco a Dios por que feziestes lo
-que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me
-fizieron, esso oviera fecho<a id="FNanchor_89" href="#Footnote_89"
-class="fnanchor">[89]</a> a vos que a ellos!» Et despues mandól quel
-diesse de comer, et ella fízolo; et cada que él dezía alguna cosa,
-tan bravamente gelo dizía et en tal son, que ella ya cuidava que la
-cabeça era ida del polvo.</p>
-
-<p>Et assi pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella
-fabló, mas fazía lo que él mandava. Et desque ovieron dormido una
-pieça, díxo él: «Con esta saña que ove esta noche, non pude bien
-dormir: catad que non me despierte cras ninguno et tened me bien
-adobado de comer.»</p>
-
-<p>Et quando fue grand mañana,<a id="FNanchor_90" href="#Footnote_90"
-class="fnanchor">[90]</a> los padres et las<span class="pagenum"
-id="Page_45">[p. 45]</span> madres et los parientes llegáronse a
-la puerta, et por que non fablava ninguno, cuidaron que el novio
-estava muerto o ferido, et desque vieron por entre las puertas a la
-novia et non al novio cuidáronlo más. Et quando ella los vió a la
-puerta, llegó muy passo et con grand miedo et començóles a dezir:
-«Locos, traidores ¿qué fazedes e commo osades llegar a la puerta nin
-fablar?; callad, si non todos, tan bien vosotros commo yo, todos
-somos muertos.» Et quando todos esto oyeron, fueron muy maravillados,
-et desque sopieron commo passaron en uno, presçiaron mucho el
-mançebo que assí sopiera fazer lo quel cunplía, et castigar<a
-id="FNanchor_91" href="#Footnote_91" class="fnanchor">[91]</a> tan
-bien su casa. Et daquel dia adelante fue aquella su muger muy bien
-mandada et obieron muy buena vida.</p>
-
-<p>Et dende apocos dias su suegro quiso fazer assí commo fiziera su
-yerno, et por aquella manera mató un gallo et díxole su muger: «A la
-fe don fulán, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si
-matassedes çient cavallos, que ante lo ovierades a començar, ca ya
-bien nos conosçemos.»</p>
-
-<p>«Et vos, señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con
-tal muger, si fuere él tal commo aquel mançebo, consejalde que case
-seguramente, ca él sabrá como passe en su casa; mas si non fuere
-tal que entienda lo que deve fazer et lo quel<span class="pagenum"
-id="Page_46">[p. 46]</span> cunple, dexadle que passe su ventura.
-Et aun conséjovos que con todos los omnes que ovierdes a fazer,
-que sienpre les dedes a entender en qual manera an de passar
-conbusco.»</p>
-
-<p>Et el conde obo éste por buen consejo, et fízolo assí, et fallóse
-dello bien. Et por que Don Johan lo tovo por buen enxienplo, fízolo
-escrivir en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:</p>
-
-<div class="poema mt1"><div class="stanza">
-<p class="i2">Si al comienço non muestras qui eres,</p>
-<p class="i0">nunca podrás después quando quisieres.</p>
-
-</div></div>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_61"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_61">[61]</a></span> <i>Libro de los Estados</i> 90º (pág.
-335<i>b</i> de la Biblioteca de Autores Españoles, tomo LI). Los «fermosos
-latines», de que se alaba don Juan Manuel, no son «latinismos», como
-pudiera creerse, pues su lenguaje no es nada propenso al cultismo;
-la frase tiene un sentido más vago, quiere decir simplemente
-«expresiones elegantes».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_62"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_62">[62]</a></span> Para el lenguaje de don
-Juan Manuel, pueden verse: <span class="smcap">F. Dönne</span>,
-<i>Syntaktische Bemerkungen zu Don Juan Manuels Schriften</i>, Jena, 1891,
-y <span class="smcap">S. Gräfenberg</span>, <i>Don Juan Manuel</i>, <i>El
-Libro del Cavallero et del Escudero</i>, en Romanische Forschungen, VII,
-1893, p. 523-549.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_63"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_63">[63]</a></span> Los pronombres enclíticos del
-infinitivo dependiente por medio de preposición, podían ir o con
-el verbo regente: <i>tornólas a catar</i>, o entre la preposición y el
-infinitivo, como se ve en el texto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_64"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_64">[64]</a></span> <i>Tener</i> significa ‘pensar’, como
-en frases modernas: «tengo para mí que...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_65"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_65">[65]</a></span> Debiera estar escrito
-<i>sopiessedes</i>; seguimos la ortografía del principal de los
-manuscritos conservados de las obras de Don Juan. Está escrito
-entre los siglos <small>XIV</small> y <small>XV</small>, y refleja
-la gran vacilación en el uso de la <i>s</i> y la <i>ss</i> que existía en
-muchas regiones de España. La imprenta vendrá a regularizar estas
-vacilaciones, y a seguir una ortografía más precisa, semejante a la
-de Alfonso el Sabio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_66"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_66">[66]</a></span> <i>Pensar de uno</i> significaba
-‘cuidar de él’; «e pensó dél», traduciendo el latín ‘et curam ejus
-egit’, <i>Mio Cid</i>, p. 793<sub>19</sub>. Análogo es el sentido del
-verbo en «pensar el caballo, pensar bien sus canes», etc., de donde
-se deriva el sustantivo <i>pienso</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_67"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_67">[67]</a></span> Adviértase continuamente la
-ambigüedad en el uso del pronombre <i>él</i>, que notamos. Comp., <a
-href="#Page_24">pág. 24</a>, <a href="#Footnote_53">nota 53</a>;
-<a href="#Page_33">33</a>, <a href="#Footnote_71">nota 71</a>; <a
-href="#Page_41">41</a>, <a href="#Footnote_85">nota 85</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_68"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_68">[68]</a></span> <i>Guisa</i> significaba, en general,
-‘manera’, y aquí significa ‘manera de ser’ o ‘condición’. Se decía
-también «omne de alta guisa», por hombre de elevada posición
-social.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_69"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_69">[69]</a></span> Esta repetición de la conjunción
-<i>que</i>, fué corriente aun en él período clásico.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_70"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_70">[70]</a></span> <i>Assossegar</i>, ‘asentar, pactar’.
-El significado más corriente del verbo era ya entonces el moderno de
-‘sosegar, calmar, pacificar’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_71"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_71">[71]</a></span> Igual ambigüedad que respecto
-de <i>él</i>, puede notarse en el uso de la forma enclítica del
-pronombre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_72"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_72">[72]</a></span> <i>Poner</i> significaba ‘convenir,
-concertar’, y <i>poner en su coraçón</i> significa literalmente ‘convenir
-consigo mismo’, es decir, ‘resolver, decidir’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_73"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_73">[73]</a></span> Hasta el siglo
-<small>XVII</small>, el auxiliar usado con el participio de los
-verbos neutros o reflexivos, era <i>ser</i> en lugar de <i>aver</i>, así se
-decía «fué nacido, son llegados, ya eran idos, es levantado», junto
-a «lo avien fecho», etc. Véase <i>Mio Cid</i>, pág. 359<sub>13</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_74"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_74">[74]</a></span> También se decía <i>esleirían</i>.
-Es el verbo <i>esleir</i> forma popular, en vez de la moderna y culta
-<i>elegir</i>; se conjugaba como el moderno <i>desleir</i>, o con variantes
-propias de estos verbos con hiato.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_75"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_75">[75]</a></span> Esta forma <i>vagar</i>, que es la
-popular, fué sustituída por la culta <i>vacar</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_76"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_76">[76]</a></span> <i>Retraer</i>, además de ‘referir,
-contar’, significaba ‘recordar, echar en cara’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_77"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_77">[77]</a></span> <i>Lo que con él avía passado</i>,
-‘lo que había tratado con él’, aludiendo a la promesa primera que el
-deán había hecho. En <i>Cervantes</i> hallamos: «entre los tres passaron
-un graciosissimo coloquio», <i>Quijote</i>, II, 2; ¿«qué coloquios
-pasó contigo»? I, 31, y después: «de lo que el cura y el barbero
-passaron con don Quixote cerca de su enfermedad», II, 1; siendo este
-último uso del verbo, igual al de don Juan Manuel, mal comprendido
-generalmente.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_78"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_78">[78]</a></span> <i>En tal</i> por ‘con tal’; así dicen
-todos los manuscritos de la obra.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_79"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_79">[79]</a></span> Esto es: ‘tantas veces le había
-faltado en lo que con él conviniera’. Comp. «que falleçríe en aquello
-que pussiera con ellos, e amenguaríe mucho de su prez e de su onrra»,
-<i>Crónica General</i>, pág. 38 <i>a</i>, 9, y «nada non me compliste... ¿por
-qué me falesçiste», <i>Fernán González</i>, 545 <i>d</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_80"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_80">[80]</a></span> ‘Le había prometido’; la forma
-verbal en <i>ra</i> conservó por mucho tiempo su valor etimológico de
-pluscuamperfecto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_81"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_81">[81]</a></span> <i>Solamente non</i> ‘ni siquiera’.
-Usábase con igual sentido <i>sol non</i>: «sol non será pensado», <i>Mio
-Cid</i>, pág. 392<sub>8</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_82"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_82">[82]</a></span> <i>Llegar</i> por ‘hacer llegar,
-conducir’; «la merced que Dios le avía hecho en le llegar a tal
-estado», véase <i>Mio Cid</i>, pág. 731<sub>4</sub>; usual aun en el
-período clásico: «si Dios me llega a tener algo que de gouierno».
-<i>Quijote</i>, II, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_83"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_83">[83]</a></span> <i>Conoscer</i>, como <i>reconocer</i>,
-significaba ‘agradecer’. De aquí el derivado más usual,
-<i>desconocido</i>, ‘desagradecido’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_84"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_84">[84]</a></span> <i>Passada</i> es la ‘manera de
-vivir’; decimos hoy «un pasar». Así, <span class="smcap">Fr. Luis de
-Granada</span> dice: «No pedimos superfluidades ni demasías, sino
-pan necessario y para de presente, y como una passada, pues no somos
-nacidos para perpetuarnos acá.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_85"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_85">[85]</a></span> Nótese en todo este párrafo cómo,
-aunque se intercala varias veces un sujeto incidental (el perro), no
-se renueva después la mención del sujeto principal (el novio). Esta
-concisión sería hoy mirada como defectuosa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_86"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_86">[86]</a></span> <i>Esso mismo</i>, o simplemente
-<i>esso</i>, significaba ‘lo mismo’, ‘igual’. Usábase aun en el período
-clásico: «como yo esté harto, esso me haze que sea de çanahorias que
-de perdizes», <i>Quijote</i>, II, 55; y «esso estima los palos que las
-vozes», <span class="smcap">Lope de Vega</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_87"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_87">[87]</a></span> <i>Contenente</i>, ‘gesto, ademán’.
-Hoy <i>continente</i>, significa más bien ‘compostura, aire del semblante
-o del cuerpo’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_88"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_88">[88]</a></span> Había costumbre de albergar los
-caballos en la misma cámara donde las personas. La <i>Crónica General</i>
-nos dice en su capítulo 791: «et porque a aquella sazón era la guerra
-con los moros tan grand et tan cutiana, assí los cavalleros et los
-condes et aun los reis mismos paravan sus caballos dentro de sus
-palacios et aun, segund cuenta la estoria, dentro en sus cámaras o
-durmíen con sus mugieres, porque luego que oyessen ferir apellido,
-toviessen prestos sus cavallos et sus armas». Esta explicación,
-buscada en la guerra con los moros, es caprichosa; en otros países de
-Europa se conocía la misma costumbre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_89"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_89">[89]</a></span> ‘Lo mismo hubiera hecho
-a vos’. Véase la <a href="#Footnote_86">nota 86</a> de la <a
-href="#Page_42">página 42</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_90"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_90">[90]</a></span> <i>Grand mañana</i>, ‘muy de mañana’
-o simplemente ‘de mañana’. «Andidieron de noche, bien fasta los
-albores; Grant mañana por miedo de algunos pastores, Metiéronse en
-una cueva los traidores», <span class="smcap">Berceo</span>, <i>Santo
-Domingo</i>, 434. Comp. fr. «de grand matin».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_91"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_91">[91]</a></span> <i>Castigar</i>, significaba
-simplemente ‘advertir’, ‘amonestar’ ‘ordenar’.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_47">[p. 47]</span></p>
- <h2 title="Alfonso Martínez de Toledo"
- class="nobreak">ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO<br />
- <small>ARCIPRESTE DE TALAVERA<br />
- (1398.—Vivía aún en 1466)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Alfonso Martínez de Toledo escribió una historia de España que
-tituló <i>Atalaya de Crónicas</i>, y unas <i>Vidas de San Isidoro y de San
-Ildefonso</i>; la obra por la que fué y es más conocido es el libro
-que, según las ediciones antiguas, «tracta de vicios y virtudes, e
-reprobacion del loco amor, ansi de los hombres como de las mugeres, o
-segund algunos llamado <i>Corbacho</i>». Este nombre se le dió tomándolo
-de la sátira de Boccaccio contra las mujeres, pero Alfonso Martínez
-quiso que su libro quedase sin título alguno: «sin bautismo, sea
-por nombre llamado <i>Arcipreste de Talavera</i> donde quier que fuere
-levado». Lo acabó el año de 1438.</p>
-
-<p>Este libro es importante en la historia de la prosa castellana
-por dos razones: representa de un modo especial una manera de estilo
-elegante que dominó en el siglo <small>XV</small>, y nos ofrece, por
-primera vez que sepamos, el habla popular tratada bajo una forma
-artística en prosa. En uno y otro aspecto ejerció marcada influencia;
-baste decir que en uno y otro, el autor de <i>La Celestina</i> es
-tributario conocido del Arcipreste de Talavera.</p>
-
-<p>Dominaba entonces en el estilo trabajado una fuerte corriente de
-latinismo, la cual iba a menu<span class="pagenum" id="Page_48">[p.
-48]</span>do mezclada con italianismo, ya que desde el siglo
-anterior, autores italianos, como Boccaccio, por ejemplo,
-deslumbraban a nuestros escritores con una extraña elegancia de
-hipérbaton y léxico latinizantes. Este exotismo, que revestía formas
-muy crudas y exageradas, aparece templado en el <i>Arcipreste de
-Talavera</i>. El hipérbaton llega, es verdad, a casos extremos, como,
-por ejemplo, el de la separación del sustantivo y del adjetivo: «face
-la vista perder, e mengua <i>el olor</i> de las narices <i>natural</i>... el
-gusto de la boca pierde...; pues <i>las potencias</i> del ánima <i>tres</i>
-todas son turbadas»; pero esto es raro en nuestro autor. El rasgo que
-más abunda en él es la colocación del verbo al final de la frase:
-«non es muger que de sí muy avara non sea en dar, cavilosa en la mano
-alargar, temerosa en mucho emprestar, abondosa en cualquier cosa
-tomar, generosa en lo ageno dar...» También el cultismo propagaba
-el uso de varios participios de presente: «su conosciente o amigo»;
-«otros mançebos aun hoy bivientes.» Además, hay que señalar el
-latinismo, y el extranjerismo en general, como copiosa fuente de
-renovación del vocabulario; así el Arcipreste usa <i>sustancia</i> por
-‘hacienda, bienes’, <i>estudiarse</i> por ‘esforzarse’, <i>superbioso</i>
-por ‘soberbio, soberbioso’, acumulando a veces estos neologismos:
-«el vasallo contra el señor, e el servidor contra su <i>maestro</i>, el
-<i>súbdito</i> contra su <i>subyugante</i>.»</p>
-
-<p>A menudo en esta época se buscaba también la elegancia mediante un
-amplio desarrollo del concepto; el giro espacioso de la frase tendía
-a dar cierta majestad solemne a la expresión; la insistencia en la
-idea procuraba una mayor viveza y eficacia de la imagen: «La Pobreza
-alçó sus ojos en alto, e començó de mirar la pompa e loçanía e locura
-e vanagloria, la jactancia e orgullo que la<span class="pagenum"
-id="Page_49">[p. 49]</span> Fortuna consigo traía... Pues tú dizes
-que fazes e desfazes, viedas e mandas, ordenas e dispones todas las
-cosas del mundo, e que son a tu govierno e mando las baxas e aun
-las altas.» Véase la reiteración de un pensamiento que va a parar
-a una cita del Arcipreste de Hita: «¿Quien es tan loco e fuera de
-seso que quiere su poderío dar a otro, e su libertad someter a quien
-non deve, e querer ser siervo de una muger que alcança muy corto
-juizio, e demás, atarse de pies e de manos en manera que non es de
-sí mesmo, contra el dicho del sabio que dize: Quien pudiere ser suyo
-non sea enagenado, que libertad e franqueza non es por oro comprada?,
-e exemplo antiguo es, el qual puso el Arçipreste de Hita en su
-tractado.»</p>
-
-<p>La abundancia, que seduce al Arcipreste de Talavera, degenera a
-menudo en verbosidad, aun en los trozos doctrinales del libro: «¡Ay
-del triste desventurado, que por querer seguir el apetito de su
-voluntad que brevemente pasa, quiere perder aquella gloria perdurable
-de paraíso que para siempre durará! ¡Si el triste del ombre o muger
-sintiese drechamente qué cosa es perdurable, o para siempre jamas, o
-por infinita <i>secula seculorum</i> aver en el otro mundo gloria o pena!»
-Esta verbosidad cuadra bien cuando se aplica a reflejar el lenguaje
-del pueblo, según se verá en los trozos que publicamos.</p>
-
-<p>Otra manera de elegancia fué la similicadencia, moda que todavía
-hallamos en vigor durante el siglo <small>XVI</small>, por ejemplo,
-en Fray Antonio de Guevara. El <i>Arcipreste de Talavera</i> nos la
-ofrece, sobre todo, en los párrafos de afectada viveza: «Plégale a
-Nuestro Señor... que así velemos e nos aperçibamos, e del enemigo
-Satanás nos guardemos, e de los viçios nos corrijamos, e de los
-pecados en bien nos enmendemos.» Muy común<span class="pagenum"
-id="Page_50">[p. 50]</span>mente se llega a la prosa rimada, como
-se ve en el ejemplo de posposición del verbo, que ponemos arriba. Y
-es notable que estas rimas abunden en la charla vulgar, según puede
-verse en los trozos aquí insertos, mostrándonos un curioso giro de la
-locuacidad vehemente, hoy enteramente desusado.</p>
-
-<p>Otro ejercicio del ingenio popular, antes más desarrollado que
-hoy día, era el uso abundante de los refranes, y el Arcipreste
-de Talavera no dejó de emplearlos para caracterizar el habla
-callejera, siendo en este particular un inspirador directo del
-autor de la <i>Celestina</i> e indirecto del <i>Quijote</i>, como nota
-muy bien Menéndez Pelayo<a id="FNanchor_92" href="#Footnote_92"
-class="fnanchor">[92]</a>. Pero este crítico atribuye a nuestro
-Arcipreste el mérito de haber adivinado el ritmo del diálogo, a
-lo cual no podemos asentir. El Arcipreste compone, sí, admirables
-discursos familiares, pero el diálogo no alcanza en él más desarrollo
-que en el <i>Lucanor</i>, por ejemplo. Para ver roto el estrecho molde
-medieval de la mera sucesión de discursos, necesitamos llegar a <i>La
-Celestina</i>.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_3_1">
- <h3 title="Vicios y tachas de las mujeres">ARCIPRESTE DE TALAVERA</h3>
- <p class="centra mt2">PARTE II, CAP. I</p>
- <p class="hang mt1">De los viçios e tachas e malas condiçiones de las
- perversas mugeres, e primero digo de las avariçiosas.</p>
-</div>
-
-<p>Por quanto las mugeres que malas son, viçiosas e desonestas o
-enfamadas, non puede ser de<span class="pagenum" id="Page_51">[p.
-51]</span>llas escripto<a id="FNanchor_93" href="#Footnote_93"
-class="fnanchor">[93]</a> nin dicho la meitad que dezir o escrevir
-se podría por el hombre,<a id="FNanchor_94" href="#Footnote_94"
-class="fnanchor">[94]</a> e por quanto la verdad dezir non es
-pecado, mas virtud, por ende digo primeramente que las mugeres
-comunmente por la mayor parte de avariçia son doctadas; e por ésta
-razón de avariçia muchas de las tales infinitos e diversos males
-cometen: que si dineros, joyas preçiosas e otros arreos intervengan
-o dados les sean, es dubda<a id="FNanchor_95" href="#Footnote_95"
-class="fnanchor">[95]</a> que a la más fuerte non derruequen, e toda
-maldad espera que cometrá la avariçiosa muger con defrenado apetito
-de aver, asi grande como de estado pequeño...<a id="FNanchor_96"
-href="#Footnote_96" class="fnanchor">[96]</a></p>
-
-<p>Asy la muger piensa que non ay otro bien en el mundo sinon
-aver, tener e guardar e poseer, con sulíçita guarda condensar,<a
-id="FNanchor_97" href="#Footnote_97" class="fnanchor">[97]</a>
-lo ageno francamente despendiendo e lo suyo con mucha industria
-guardando. Donde por esperiencia verás que una muger en comprar por
-una blanca más se fará de oir que un ombre en mil maravedis. Item,
-por un huevo dará voces como loca e fenchirá a<span class="pagenum"
-id="Page_52">[p. 52]</span> todos los de su casa de ponçoña: «¿Qué
-se fizo este huevo? ¿quién lo tomó? ¿quién lo levó? ¿Adole<a
-id="FNanchor_98" href="#Footnote_98" class="fnanchor">[98]</a> este
-huevo? Aunque vedes que es blanco, quiçá negro será oy este huevo.
-¿Quién tomó este huevo, quién comió este huevo? Comida sea de mala
-ravia. ¡Ay huevo mio de dos yemas, que para echar vos guardava yo!
-¡Ay huevo mio, qué gallo e qué gallina salieran de vos! del gallo
-fiziera capón que me valiera veinte maravedises e la gallina catorze,
-o quiça la echara e me sacara tantos pollos e pollas con que pudiera
-tanto multiplicar, que fuera causa de me sacar el pié del lodo. Agora
-estarme he como desventurada, pobre como solía... ¡Ay huevo mio de
-la meajuela redonda, de la cáscara tan gruesa, ¿quién me vos comió?
-¡Ay Marica, rostro de golosa, que tú me has lançado por puertas:
-yo te juro que los rostros te queme, doña vil, suzia, golosa! ¡Ay
-huevo mio, y que será de mi! ¡Ay triste, desconsolada, Jesús, amiga,
-y cómo non me fino agora! ¡Ay Virgen María, cómo non rebienta
-quien vee tal sobrevienta!<a id="FNanchor_99" href="#Footnote_99"
-class="fnanchor">[99]</a> ¡Non ser en mi casa señora de un
-huevo! Maldita sea mi ventura e mi vida si non estó en<span
-class="pagenum" id="Page_53">[p. 53]</span> punto de rascarme<a
-id="FNanchor_100" href="#Footnote_100" class="fnanchor">[100]</a>
-o de me mesar toda. ¡Ya,<a id="FNanchor_101" href="#Footnote_101"
-class="fnanchor">[101]</a> por Dios! ¡guay de la que trae por la
-mañana el salvado, la lumbre, e sus rostros quema soplando por la
-encender; e fuego fecho, pone su caldera y calienta su agua e faze
-sus salvados por fazer gallinas ponedoras; y que, puesto el huevo,
-luego sea arrebatado! ¡Ravia, Señor, y dolor de coraçon, endúrolos<a
-id="FNanchor_102" href="#Footnote_102" class="fnanchor">[102]</a>
-yo, cuitada, e paso como a Dios plaze, e liévamelos el huerco! ¡Ya,
-Señor! e liévame deste mundo, que mi cuerpo non goste más pesares nin
-mi ánima sienta tantas amarguras. ¡Ya, Señor! por el que tú eres, da
-espaçio a mi coraçon con tantas angosturas como de cada dia gusto.
-¡Una muerte me valdríe más que tantas, ya por Dios!». Y en ésta
-manera dan bozes e gritan por una nada.</p>
-
-<p>Item, si una gallina pierden, van de casa en casa conturbando
-toda la vezindat: «¿Do mi gallina la ruvia, de la calça bermeja, o
-la de la cresta partida, çenizienta escura, cuello de pavo, con la
-calça morada, ponedora de huevos? ¿Quién me la furtó? Furtada sea su
-vida. ¿Quién menos me fizo<a id="FNanchor_103" href="#Footnote_103"
-class="fnanchor">[103]</a> della? Menos se le tornen los días de
-la vida. ¡Mala landre, dolor de costado, ravia mortal comiese con
-ella; nunca otra coma, comida mala comiese,<span class="pagenum"
-id="Page_54">[p. 54]</span> amen! ¡Ay gallina mia, tan ruvia!
-un huevo me dabas tú cada día; aojada te tenia el que te comió,
-asechándote estaba el traidor; desfecho le vea de su casa<a
-id="FNanchor_104" href="#Footnote_104" class="fnanchor">[104]</a>
-a quien te me comió; ¡comido le vea yo de perros aina!, ¡cedo sea!
-¡véanlo mis ojos, e non se tarde! ¡Ay gallina mia, gruesa como un
-ansarón, morisca de los pies amarillos, crestibermeja! más avía en
-ella que en dos otras que me quedaron. ¡Ay triste! aun agora estava
-aquí, agora salió por la puerta, agora salió<a id="FNanchor_105"
-href="#Footnote_105" class="fnanchor">[105]</a> tras el gallo
-por aquel tejado. El otro día, ¡triste de mí, desaventurada, que
-en mal ora nascí, cuitada!, el gallo mio bueno cantador, que
-asi salían dél pollos como del çielo estrellas, atapador de mis
-menguas, socorro de mis trabajos, que la casa nin bolsa, cuitada,
-él bivo, nunca vazia estava. ¡La de Guadalupe señora, a ti lo
-acomiendo! señora, non me desampares ¡ya, triste de mí! que tres
-días ha entre las manos me lo llevaron. ¡Jesús, quánto robo, quánta
-sinrazón, quánta injustiçia! ¡Callad, amiga, por Dios; dexadme
-llorar, que yo sé qué perdí e qué pierdo oy! E cada uno le duele
-lo suyo ¡y tal joya como mi gallo! ¡Cuitada, e agora la gallina!
-Rayo del cielo mortal e pestilençia venga sobre tales personas:
-espina o hueso comiendo se le atravesase en el garguero, que Sant
-Blas non le pusiese cobro.<span class="pagenum" id="Page_55">[p.
-55]</span> Non diré, amigas, aina diría que Dios non está en el
-cielo, ni es tal como solía, que tal sufre e consiente. ¡Oh Señor,
-tanta paciencia e tantos males sufres! ¡ya, por aquel que tu eres,
-consuela mis enojos, da lugar a mis angustias, sinon raviaré o me
-mataré o me tornaré mora!<a id="FNanchor_106" href="#Footnote_106"
-class="fnanchor">[106]</a> Agora, noramala, si Dios non me vale,
-non sé qué me diga. Dexadme, amiga, que muere la persona con la
-sinrazon, que mal de cada rato non lo sufre perro nin gato: dapno
-de cada dia, sofrir non es cortesia: oy una gallina e antier un
-gallo, yo veo bien mi duelo, aunque me lo callo. ¿Cómo te feziste
-calvo? Pelo a pelillo el pelo levando. ¿Quién te fizo pobre, María?
-Perdiendo poco a poco lo poco que tenía.<a id="FNanchor_107"
-href="#Footnote_107" class="fnanchor">[107]</a> Moças, venid acá.
-¿Non podeis responder?—Señora.—Ha, agora, landre que te fiera, y
-¿dónde estavas? dy, ¿non te duele a ti asi como a mí? Pues corre
-en un punto, Juanilla, ve a casa de mi comadre, dile si vieron una
-gallina ruvia de una calça bermeja. Marica, anda, ve a casa de mi
-vezina, verás si pasó allá la mi gallina ruvia. Perico, ve en un
-salto al vicario del arçobispo que te dé una carta de descomunión
-que muera maldito e desco<span class="pagenum" id="Page_56">[p.
-56]</span>mulgado el traidor malo que me la comió. Bien sé que me oye
-quien me la comió. Alonsillo, ven acá, para mientes e mira que las
-plumas no se pueden esconder, que conocidas son. Comadre, ¿vedes qué
-vida ésta tan amarga? yuy, que agora la tenía ante mis ojos. Llámame,
-Juanillo, al pregonero, que me la pregone por toda esta vezindad.
-Llámame a Trotaconventos, la vieja de mi prima, que venga e vaya de
-casa en casa buscando la mi gallina ruvia. ¡Maldita sea tal vida,
-maldita sea tal vezindad! que non es el ombre<a id="FNanchor_108"
-href="#Footnote_108" class="fnanchor">[108]</a> señor de tener
-una gallina, que aun non ha salido el umbral, que luego non es
-arrebatada. Andémonos, pues, a furtar gallinas, que para ésta<a
-id="FNanchor_109" href="#Footnote_109" class="fnanchor">[109]</a>
-que Dios aqui me puso, quantas por esta puerta entraren ese amor
-les faga que me fazen.<a id="FNanchor_110" href="#Footnote_110"
-class="fnanchor">[110]</a> ¡Ay gallina mia ruvia! y ¿adónde estádes
-vos agora? Quien vos comió bien sabia que vos quería yo bien, e
-por<span class="pagenum" id="Page_57">[p. 57]</span> me enojar lo
-fizo. Enojos e pesares e amarguras le vengan por manera que mi ánima
-sea vengada. Amen. Señor, asi lo cumple tú por aquel que tú eres: e
-de quantos milagros has fecho en este mundo, faz agora éste porque
-sea sonado.»</p>
-
-<p>Esto e otras cosa faze la muger por una nada. Son allegadoras de
-la ceniza, mas bien derramadoras de la farina.<a id="FNanchor_111"
-href="#Footnote_111" class="fnanchor">[111]</a> En las faldas
-rastrando e en las mangas colgando, e otros arreos desonestos que
-ellas trahen, non ponen cobro, por do sus maridos, parientes e
-amigos desfazen ¡y ponen cobro en el huevo e la gallina! E aun ellas
-mesmas dizen quando las faldas las enojan: el diablo aya parte en
-estas faldas, e aun en la primera que las usó; mas non maldize<a
-id="FNanchor_112" href="#Footnote_112" class="fnanchor">[112]</a> a
-sí mesma que las trae. E si alguno ge lo retrae, responde: pues fago
-como las otras. E bien dize verdad, que ya la muger del menestral, si
-vee la muger del cavallero de nuevas guisas arreada, aunque non tenga
-que comer, cayendo o levantando, ella así ha de fazer, o morir.<a
-id="FNanchor_113" href="#Footnote_113" class="fnanchor">[113]</a>
-Non son sino como monicas: quanto ven, tanto quieren fazer: «¿Viste
-fulana, la muger de fulano, la vezina, cómo iva el domingo pasado?
-Pues quemada sea, si este otro domingo otro tanto non llevo yo, e aun
-mejor.» Quantas ropas visten las otras, de qué paño, qué color, qué
-arreos, qué<span class="pagenum" id="Page_58">[p. 58]</span> cosas
-traen consigo, yo te digo que tanto paran mientes en estas cosas
-que non se les olvidan después: «fulana llevava ésto, çutana vestía
-ésto», por quanto en aquello ponen su corazón e voluntad, mas non en
-el provecho de su casa, estado e honra, sinon en vanidades e locuras,
-e en cosas de poca pro.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_3_2">
- <p class="centra">PARTE II, CAPÍTULO XII</p>
- <h3 class="centra mt1">De como la muger parlera siempre fabla de
- fechos agenos.</h3>
-</div>
-
-<p>La muger ser mucho parlera, regla general es dello:<a
-id="FNanchor_114" href="#Footnote_114" class="fnanchor">[114]</a>
-que non es<a id="FNanchor_115" href="#Footnote_115"
-class="fnanchor">[115]</a> muger que non quisiese siempre fablar
-e ser escuchada. E non es de su costumbre dar logar a que otra
-fable delante della; e si el dia un año durase, nunca se fartaría
-de fablar e non se enojaría día nin noche. E por ende verás muchas
-mugeres que de tener mucha continuaçión de fablar, quando non han
-con quien fablar, están fablando consigo mesmas entre sí. Por ende
-verás una muger que es usada de fablar las bocas de diez ombres
-atapar e vençerlas fablando e maldiziendo.<span class="pagenum"
-id="Page_59">[p. 59]</span> Quando razón non le vale ¡bia<a
-id="FNanchor_116" href="#Footnote_116" class="fnanchor">[116]</a>
-a porfiar! e con esto nunca los secretos de otro a otra podríe
-çelar. Antes te digo que te deves guardar de aver palabras con
-muger que algund secreto tuyo sepa, como del fuego: que sabe,
-como suso dixe, non guarda lo que dize con ira la muger; aunque
-el tal secreto de muerte fuese, o venial, o lo que más secreto
-le encomendares, aquello está reptando o escarvando por lo dezir
-e publicar, en tanto<a id="FNanchor_117" href="#Footnote_117"
-class="fnanchor">[117]</a> que todavia fallarás las mugeres por
-reconçillos, por renconadas e apartados diziendo, fablando de
-sus vezinas e de sus comadres e de sus fechos, e mayormente de
-los agenos. Siempre están fablando, librando<a id="FNanchor_118"
-href="#Footnote_118" class="fnanchor">[118]</a> cosas agenas:
-aquélla cómo bive, qué tiene, cómo anda, cómo casó e cómo la quiere
-su marido mal, cómo ella se lo meresçe: cómo en la iglesia oyó
-dezir tal cosa; e la otra responde tal cosa; e así pasan su tiempo
-dependiéndolo en locuras e cosas vanas, que aquí espaçificarlas
-seríe imposible. Por ende general regla es que donde quier que ay
-mugeres ay de muchas nuevas.<a id="FNanchor_119" href="#Footnote_119"
-class="fnanchor">[119]</a></p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_60">[p. 60]</span></p>
-
-<p>Alléganse las benditas en un tropel, muchas matronas, otras moças
-de menor e mayor hedad, e comiençan e no acaban, diziendo de fijas
-agenas, de mugeres estrañas; en el invierno al fuego, en el verano
-a la frescura, dos o tres horas, sin mas estar diziendo: «tal, la
-muger de tal, la fija de tal, ¡a osadas, quién sé la vee?, ¿quién
-non la conosce! ovejuela de Sant Blas, corderuela de Sant Antón
-¡quien en ella se fiase!» etc... Responde luego la otra: «¡o bien si
-lo sopiésedes, como es de mala luenga! ¡ravia Señor, allá irá! ¡por
-Nuestro Señor Dios, embaçada estaríades comadre! ¡quien se la vee,
-simplezilla!» etc..., todo el dia estarán detrás mal fablando.</p>
-
-<p>E si quieres saber de mugeres nuevas, vete al forno, a las bodas,
-a la iglesia, que allí nunca verás sinon fablar la una a la oreja
-de la otra, e tomar las unas compañías con las mal querientes de
-las otras; e afeitarse e arrearse a porfía, aunque sopiesen fazer
-malbarato de su cuerpo por aver joyas, e ir las unas mas arreadas que
-las otras, diziendo: «pues mal gozo vean de mí si el otro domingo
-que viene tú me pasas el pié delante». Ayúntanse las unas loçanas de
-un barrio contra las otras galanas de la otra vezindad: «Pues agora
-veamos a quáles mirarán más, e quáles serán las más fabladas<span
-class="pagenum" id="Page_61">[p. 61]</span> e presçiadas; ¿quiçá si<a
-id="FNanchor_120" href="#Footnote_120" class="fnanchor">[120]</a>
-piensan que non somos para plaça?<a id="FNanchor_121"
-href="#Footnote_121" class="fnanchor">[121]</a> ¡mejor que non
-ellas! aunque les pese e mal pese, sí somos, en verdad. ¡Yuy, amiga!
-¿non vedes como nos miran de desgaire? ¿Quieres que les demos una
-corredura e una ladradura? Riámonos la una con la otra e fablemos
-así a la oreja, mirando fazia ellas, e vereis como se correrán; o
-antes que ellas se levanten pasemos aina delante dellas, porque los
-que miraren a ellas, en pasando nosotras, fagan primero a nosotras
-reverençia antes que non a ellas, e esta les daremos en barva
-aunque les pese, quanto a lo primero.» E estas e otras infinitas
-cosas largas de escrevir estudian las mugeres e urden, en tanto<a
-id="FNanchor_122" href="#Footnote_122" class="fnanchor">[122]</a>
-que nunca donde van e se ayuntan fazen sino fablar e murmurar e de
-agenos fechos contractar. Do podemos dezir la muger ser muy parlera
-e de secretos muy mal guardadora. Pon ende quien dellas non se fia
-non sabe qué prenda tiene e quien de sus fechos se apartase e más las
-olvidare, bivirá más en seguro: desto yo le aseguro.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_92"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_92">[92]</a></span> <i>Orígenes de la novela</i>, I, 1905,
-pág. <small>CXIX</small>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_93"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_93">[93]</a></span> Construcción vacilante. El
-complemento se anticipa en nominativo, con una oración de relativo:
-<i>las mugeres que</i>... y luego se reproduce acerca del verbo mediante
-el pronombre <i>dellas</i>, provisto de la preposición conveniente. Sin
-tal anticipación del complemento se diría: «Por cuanto no puede ser
-escrito de las mugeres que malas son la mitad...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_94"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_94">[94]</a></span> <i>El hombre</i> tiene aquí el sentido
-pronominal indefinido de ‘uno’. Mas abajo señalamos otro ejemplo de
-este uso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_95"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_95">[95]</a></span> <i>Dubda</i> significa ‘temor’; ‘es de
-temer que no derriben a la mas fuerte’, usando el <i>no</i> afirmativo con
-los verbos de temor: ‘es de temer que la derriben’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_96"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_96">[96]</a></span> Hipérbaton: «la muger asi grande
-como de estado pequeño.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_97"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_97">[97]</a></span> <i>Condensar</i>, más comúnmente
-<i>condesar</i>, significaba ‘guardar’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_98"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_98">[98]</a></span> <i>Adole</i> y <i>dole</i>, adverbio
-interrogativo con el pronombre enclítico, expresión elíptica usual
-aun en el siglo <small>XVI</small>: ‘do le hallaré’ Un romance
-popular usa juntas la forma elíptica y las completas, que explican
-este giro:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i0">¿Do los mis amores? ¿dolos?</p>
-<p class="i0">¿do los andaré a buscar?</p>
-
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_99"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_99">[99]</a></span> <i>Sobrevienta</i>, ‘caso impensado,
-sorpresa, sobresalto’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_100"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_100">[100]</a></span> <i>Rascarse</i> en el sentido de
-‘arañarse’ o ‘despedazarse’ la carne; ésto y mesarse el cabello eran
-señal de duelo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_101"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_101">[101]</a></span> <i>Ya</i> interjección antigua de
-origen árabe.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_102"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_102">[102]</a></span> <i>Endurar</i> ‘sufrir,
-padecer’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_103"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_103">[103]</a></span> Curiosa perífrasis: «<i>fazer</i>
-a uno <i>menos</i> de una cosa» significaba ‘quitar a uno una cosa’;
-en latín «minus fecit» ‘quitó, robó’; véase <i>Mio Cid</i>, pág.
-343<sub>5</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_104"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_104">[104]</a></span> La pena antiguamente impuesta a
-los traidores era el derribarles la casa, y esta pena quiere la mujer
-que sea aplicada al traidor que le robó la gallina.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_105"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_105">[105]</a></span> Las ediciones impresas del
-libro del Arcipreste ponen <i>saltó</i>. Antes el verbo <i>salir</i> tenía
-también el significado de ‘saltar’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_106"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_106">[106]</a></span> Entre las estrepitosas señales
-de dolor que da la mujer, lamentando su gallina, no podía faltar la
-amenaza de renegar de la fe. No de otro modo, quejándose de una gran
-deshonra, dice doña Lambra a su marido en el romance: «Si desto no me
-vengais, mora me quiero tornar.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_107"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_107">[107]</a></span> Nótense las rimas continuadas.
-Sin embargo parece que no hay aquí más refrán popular que el que
-corresponde al que registra el Marqués de Santillana bajo esta forma
-«¿Cómo te feçiste calvo? Pelo a pelo pelando.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_108"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_108">[108]</a></span> <i>El ombre</i> con valor
-pronominal: ‘no es uno dueño de tener una gallina’. Véase arriba la
-<a href="#Footnote_94">nota segunda</a> de este trozo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_109"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_109">[109]</a></span> <i>Para</i> y <i>par</i> son
-preposiciones usadas en las fórmulas de juramentos (comp. «par Dios»)
-y véase <i>Mio Cid</i>, pág. 387<sub>36</sub> «<i>para ésta</i>, especie
-de amenaza que se hace poniendo el dedo índice sobre la naríz, y
-equivale a ‘tú me la pagarás’» (<i>Dicc. de Autoridades.</i>)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_110"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_110">[110]</a></span> <i>Ese</i> usado como pronombre
-de identidad, véase arriba, <a href="#Page_42">página 42</a>, <a
-href="#Footnote_86">nota 86</a>; <i>amor</i> ‘gracia, buena voluntad’ y
-«fazer amor a uno» significaba ‘agasajarle’, y también ‘perdonarle’
-(véase <i>Mio Cid</i>, página 465<sub>3</sub>). La frase del Arcipreste
-significa, pues, ‘la misma gracia les haré que a mí me hacen’, ‘no
-perdonaré a ninguna gallina como no perdonan a las mías’. Nótese
-también la anteposición de <i>quantas</i> en nominativo, en vez de
-<i>aquantas</i>, y la especificación de su relación con el verbo mediante
-el dativo <i>les</i>. Compárese la <a href="#Footnote_93">nota primera</a>
-de este trozo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_111"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_111">[111]</a></span> Refrán: «allegadora de la
-ceniza y derramadora de la harina».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_112"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_112">[112]</a></span> Sintaxis descuidada, singular
-en vez de plural.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_113"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_113">[113]</a></span> Construcción elíptica: ‘o ha de
-morir’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_114"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_114">[114]</a></span> Las oraciones de infinitivo son
-muy usadas por el Arcipreste. Citaremos ejemplos del mismo tipo que
-el que anotamos: «Envidiosa <i>ser</i> la muger mala, dubdar <i>en ello</i>
-sería pecar en el Espíritu Santo». «La muger mala en sus fechos e
-dichos non <i>ser</i> firme nin constante, maravilla non es <i>dello</i>». El
-pronombre neutro se refiere a toda la oración de infinitivo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_115"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_115">[115]</a></span> <i>Ser</i> tiene aquí el significado
-de ‘existir’. Véase <i>Mio Cid</i>, página 846<sub>38</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_116"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_116">[116]</a></span> <i>Bia</i> interjección muy usada
-por el Arcipreste de Talavera «¡bia al atahona!» (pág. 59), y
-especialmente con el infinitivo narrativo: «E tómase el tal oro en
-lazeria farta e muchas fadas malas, e después ¡bia a llorar!» (pág.
-167). Emplea esta interjección el <i>Libro de Alexandre</i> 473: «¡via,
-dixieron todos, mas val que moiramos!».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_117"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_117">[117]</a></span> <i>En tanto</i> es usado por el
-Arcipreste como conjunción consecutiva, ‘pues’, ‘de modo que’. Al
-final de este trozo señalamos otro ejemplo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_118"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_118">[118]</a></span> <i>Librar</i> en el sentido de
-‘despachar, arreglar un negocio’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_119"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_119">[119]</a></span> Nótese la preposición del
-genitivo partitivo (véase arriba, <a href="#Page_15">página 15</a>,
-<a href="#Footnote_22">nota 22</a>) antepuesta al adjetivo. El giro
-corriente en la Edad Media era «muchas de nuevas» (<i>Mio Cid</i>, pág.
-382<sub>11</sub>), compárese el fr. «beaucoup de nouvelles». El giro
-que usa el Arcipreste es una desviación de ese.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_120"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_120">[120]</a></span> La conjunción <i>si</i> que tantas
-veces encabeza interrogación indirecta («dime si piensan que...»),
-se usaba también encabezando interrogaciones directas «¿si piensan
-que...?», «¿si es pagado?» <i>Mio Cid</i>, pág. 852<sub>4</sub>. Hoy se
-usa en el futuro «¿si pensarán que...?».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_121"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_121">[121]</a></span> <i>Ser para en plaza</i> ‘ser para
-en público, ser digno de mostrarse en público’. Otra frase algo
-análoga era: <i>ser para en cámara</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_122"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_122">[122]</a></span> Otro ejemplo de <i>en tanto</i>
-‘pues’.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_4">
- <p><span class="pagenum" id="Page_62">[p. 62]</span></p>
- <h2 title="Fernando de Rojas"
- class="nobreak">FERNANDO DE ROJAS<br />
- <small>(Hay memorias suyas hasta el año 1538)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>La primera edición conocida de <i>La Celestina</i> o <i>Comedia de
-Calisto y Melibea</i>, es de Burgos, 1499; pero la obra debió ser
-compuesta hacia 1490. En sus primeras ediciones salió a luz
-comprendiendo 16 actos. Después, a partir del año 1502, apareció
-añadida hasta comprender 21, y se duda si estos cinco actos
-posteriores son obra del mismo autor, Fernando de Rojas, que presenta
-al público los 16 actos primeros. Además, según la carta «del autor a
-un su amigo», que va al frente de la edición de 1501, Rojas sólo era
-autor de los actos segundo a decimosexto, pues el acto primero se da
-como obra de un anónimo.</p>
-
-<p>Rojas, en la citada carta, dice que ese primer acto le cautivó
-por «su estilo elegante, jamás, en nuestra castellana lengua, visto
-ni oído», y tal juicio fué confirmado, respecto de toda la obra, por
-la posteridad. Antiguamente, Juan de Valdés, en el <i>Diálogo de la
-lengua</i>, dice con su buen gusto habitual: «<i>Celestina</i>..., soy de
-opinión que ningún libro hay escrito en castellano donde la lengua
-esté más natural, más propia ni más elegante»; y, modernamente,
-Menéndez Pelayo acomoda esta afirmación a las circunstancias,
-y la amplía diciendo: «Si Cervantes no hubiera existido, <i>La
-Celestina</i> ocuparía el primer lugar entre las<span class="pagenum"
-id="Page_63">[p. 63]</span> obras de imaginación compuestas en
-España.»</p>
-
-<p>El estilo de <i>La Celestina</i> renueva y esmera las principales
-perfecciones con que los escritores del siglo <small>XV</small>
-venían moldeando el idioma. La elocuencia en la expresión de
-las pasiones, buscada afanosamente en las novelas sentimentales
-de Rodríguez del Padrón o de Diego de San Pedro, se depura en
-<i>La Celestina</i>, haciéndose mucho más intensa y menos afectada;
-la irrestañable charla popular que desborda en el arcipreste de
-Talavera, se encauza aquí más viva e intencionada y menos monótona;
-sobre todo, el diálogo, que hasta entonces apenas existía, pues no
-se ejercitaba sino en la sucesión de discursos desgranados, ahora
-se articula y se anima, y se matiza maravillosamente en ésta que
-es, a la vez, primer ensayo y obra maestra de la prosa dramática
-española.</p>
-
-<p>Valdés mismo señala los excesos que empañan esa naturalidad y
-elegancia por él ponderadas en <i>La Celestina</i>. «Es verdad que peca el
-estilo en dos cosas, las cuáles fácilmente se podrían remediar...:
-la una es en el amontonar de vocablos, algunas veces tan fuera de
-propósito como <i>magníficat a maitines</i>; la otra es en que pone
-algunos vocablos tan latinos que no se entienden en el castellano,
-y en partes adonde podría poner propios castellanos, que los hay.»
-Ambos defectos son los principales de la época, y de ellos no se
-libra <i>La Celestina</i>, si bien los presenta atenuados.</p>
-
-<p>Ya hemos visto, al hablar del arcipreste de Talavera, a qué
-aspiraciones artísticas respondían esos que tan a menudo nos aparecen
-como defectos. Rojas da también un curso lento a la expresión, y
-busca con la redundancia la elevación del estilo: «¿En quién hallaré
-yo fe? ¿Adónde hay verdad? ¿Quién caresce de engaño? ¿Adónde no moran
-falsarios? ¿Quién es claro amigo? ¿Quién es ver<span class="pagenum"
-id="Page_64">[p. 64]</span>dadero amigo? ¿Dónde no se fabrican
-traiciones?»—«Hasta que ya los rayos illustrantes de tu claro gesto
-dieron luz en mis ojos, encendieron mi coraçón, despertaron mi
-lengua, estendieron mi merescer, acortaron mi covardía, destorcieron
-mi encogimiento, doblaron mis fuerças, desadormescieron mis pies e
-manos...» De esta reiteración usa mucho más Rojas que el arcipreste
-de Talavera, y especialmente le sirve para matizar el habla
-popular.</p>
-
-<p>La similicadencia y la rima son en cambio muy poco usadas por
-Rojas: «Tú lloras de tristeza, juzgándome cruel; yo lloro de plazer,
-viéndote tan fiel»; «Por Dios que, sin más dilatar, me digas quién
-es esse doliente que de mal tan perplexo se siente, que su passion
-y remedio salen de una mesma fuente». En cambio propende mucho a
-la trasposición del verbo al final de la frase, como a menudo se
-observará.</p>
-
-<p>Atendiendo al otro defecto señalado por Valdés, podemos decir que
-Rojas, lo mismo que el arcipreste de Talavera, usa del latinismo
-menos que los exagerados escritores de aquel siglo, tales como don
-Enrique de Villena o Juan de Mena. En los trozos aquí publicados se
-hallarán algunos ejemplos: <i>inmérito</i>, <i>mixto</i>, <i>ilícito</i>, <i>súbito</i>,
-<i>perplexo</i>, siempre pocos.</p>
-
-<p>Este suave cultismo de vocabulario y de construcción responde
-bien a la elegante gravedad del diálogo, a la viveza sentenciosa,
-a la fragancia humanística que trasciende de toda la obra, ora
-entre citas expresas de la antigüedad clásica, ora en imitaciones
-de ellos no declaradas;<a id="FNanchor_123" href="#Footnote_123"
-class="fnanchor">[123]</a> y esa elevación<span class="pagenum"
-id="Page_65">[p. 65]</span> de forma y de fondo permite a Rojas
-trazar sus escenas, aun las de más bajo y crudo naturalismo, dentro
-de un ambiente ideal, y estilizar sus tipos, aun los más repugnantes,
-revistiéndolos de la dignidad propia de la tragedia.</p>
-
-<p>Porque tragedia es <i>La Celestina</i>. El primitivo título de
-<i>Comedia</i> se justifica por el tono de la mayoría de las escenas;
-pero del desenlace surge la glorificación del Amor, como divinidad
-terrible que triunfa a costa del lloro y la muerte de sus servidores,
-y según esta concepción, ya en las primeras páginas de la obra late
-la tragedia. Y si bien, por lo general, la acción fluye tranquila o
-se remansa en el primoroso diálogo tan propenso a la más reposada
-amplitud, luego, contrastando con esa calma, el desenlace se
-precipita en relámpagos sangrientos, engendrados por los furiosos
-torbellinos del amor y de la codicia del oro.</p>
-
-<p>Esta obra fuerte y elegante está, sin embargo, construída con una
-lengua todavía insegura, rebelde, que ostenta muy marcados caracteres
-de transición. Por la soltura de la construcción, y, sobre todo, por
-la suavidad y gracia con que la frase se pliega al pensamiento, la
-lengua de <i>La Celestina</i> es hermana de la de los grandes escritores
-del siglo <small>XVI</small>; pero por sus formas gramaticales
-está muy ligada aún al período medieval. Signo muy visible de esta
-vacilación es la <i>f</i>- inicial que se conserva en pugna con la
-<i>h</i>- que después triunfó; <i>fazer</i>, <i>fermosura</i>, etc., conviven en
-<i>La Celestina</i> con <i>hazer</i>, <i>hermosura</i>, etc. Además usa muchas
-formas y construcciones arcaicas, como <i>vies</i> por ‘veías’, <i>fueste</i>
-por ‘fuiste’, <i>morciélago</i> por ‘murciélago’, <i>pelligeros</i> por
-‘pellejeros’, <i>encomparable</i>, <i>enefable</i>, <i>em<span class="pagenum"
-id="Page_66">[p. 66]</span>pedir</i>, <i>engenio</i>, <i>acordarse a una
-cosa</i> por ‘<i>acordarse de una cosa</i>’, todas las cuales aparecen ya
-en la edición de Sevilla, 1501, remozadas tal como hoy se usan.<a
-id="FNanchor_124" href="#Footnote_124" class="fnanchor">[124]</a></p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_4_1">
- <h3 title="Primera entrevista de Calixto y Melibea">COMEDIA DE CALISTO
- Y MELIBEA</h3>
- <p class="hang mt2"><span class="smcap">Primer auto.</span>—Entrando
- Calisto una huerta empós de un falcón suyo, falló í a Melibea, de
- cuyo amor preso, començóle de hablar; de la qual rigorosamente
- despedido, fue para su casa muy sangustiado.<a id="FNanchor_125"
- href="#Footnote_125" class="fnanchor">[125]</a></p>
-
-</div>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—En esto veo, Melibea, la
-grandeza de Dios.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—¿En qué, Calisto?</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—En dar poder a natura que
-de tan perfeta hermosura te dotasse, y fazer a mi inmérito tanta
-merced que verte alcançasse, y en tan conveniente lugar que mi
-secreto dolor manifestarte pudiesse. Sin duda encomparablemente es
-mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción, y obras
-pías que por este lugar alcançar tengo yo a Dios ofrescido. Ni otro
-poder mi vo<span class="pagenum" id="Page_67">[p. 67]</span>luntad
-humana puede complir.<a id="FNanchor_126" href="#Footnote_126"
-class="fnanchor">[126]</a> ¿Quien vido en esta vida cuerpo
-glorificado de ningún hombre como agora el mio? Por cierto los
-gloriosos sanctos que se deleitan en la visión divina, no gozan más
-que yo agora en el acatamiento tuyo. Mas, ¡o triste! que en esto
-deferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal
-bienaventurança, y yo misto<a id="FNanchor_127" href="#Footnote_127"
-class="fnanchor">[127]</a> me alegro con recelo del esquivo tormento
-que tu absencia me ha de causar.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—¿Por grand premio tienes esto,
-Calisto?</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Téngolo por tanto en verdad,
-que si Dios me diesse en el cielo la silla sobre sus sanctos, no lo
-ternía por tanta felicidad.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Pues aun más igual galardón te
-daré yo, si perseveras.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡O bienaventuradas orejas
-mías, que indignamente tan gran palabra haveis oido!</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Mas<a id="FNanchor_128"
-href="#Footnote_128" class="fnanchor">[128]</a> desaventuradas, de
-que me<span class="pagenum" id="Page_68">[p. 68]</span> acabes
-de oir; porque la paga será tan fiera qual la merece tu loco
-atrevimiento, y el intento de tus palabras, Calisto, ha seído.<a
-id="FNanchor_129" href="#Footnote_129" class="fnanchor">[129]</a> ¿De
-ingenio de tal hombre como tú, haver de salir para se perder en la
-virtud de tal muger como yo? ¡Vete, vete de aí!</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Iré como aquel contra quien
-solamente la adversa fortuna pone su estudio<a id="FNanchor_130"
-href="#Footnote_130" class="fnanchor">[130]</a> con odio cruel.</p>
-
-
-<p class="mt2"><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Sempronio,
-Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldito?</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Aquí estoy, señor, curando
-destos cavallos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¿Pues cómo sales de la
-sala?</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Abatióse el girifalte
-y vínele endereçar<a id="FNanchor_131" href="#Footnote_131"
-class="fnanchor">[131]</a> en el alcándara.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Assí los diablos te ganen,
-assí por infortunio arrebatado perezcas, o perpetuo intollerable<a
-id="FNanchor_132" href="#Footnote_132" class="fnanchor">[132]</a>
-tormento consigas, el qual en grado in<span class="pagenum"
-id="Page_69">[p. 69]</span>comparable a la penosa y desastrada muerte
-que espero traspassa! ¡Anda, anda, malvado, abre la cámara y endereça
-la cama!</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Señor, luego hecho es.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Cierra la ventana y dexa
-la teniebla acompañar al triste, y al desdichado la ceguedad.
-Mis pensamientos tristes no son dignos de luz. ¡O bienaventurada
-muerte aquella que deseada a los afligidos viene! ¡O si viniéssedes
-agora Erasistrato, médico<a id="FNanchor_133" href="#Footnote_133"
-class="fnanchor">[133]</a>, sentiríades mi mal! ¡O piedad de<span
-class="pagenum" id="Page_70">[p. 70]</span> Sileuco, inspira en
-el Plebérico coraçón,<a id="FNanchor_134" href="#Footnote_134"
-class="fnanchor">[134]</a> porque sin esperança de salud no embíe
-el espíritu perdido con el desastrado Píramo y de la desdichada
-Tisbe!</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—¿Qué cosa es?</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Vete de aí, no me fables,
-sino quiçá, ante del tiempo de mi rabiosa muerte, mis manos causarán
-tu arrebatado fin!</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Iré, pues solo quieres
-padecer tu mal.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Vé con el diablo!</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—No creo, según pienso, ir<a
-id="FNanchor_135" href="#Footnote_135" class="fnanchor">[135]</a>
-comigo el que contigo queda. ¡O desaventura! ¡O súbito mal! ¿Qual
-fue tan contrario acontescimiento, que assi tan presto robó el
-alegría deste hombre y, lo que peor es, junto con ella el seso?
-¿Dexarle he solo o entraré allá? Si le dexo, matarse ha; si entro
-allá, matarme ha. Quédese, no me curo; más vale que muera aquel a
-quien es enojosa la vida, que no yo que huelgo con ella. Aunque por
-al no deseasse vivir, sino por ver a mi Elicia, me devría guardar
-de peligros. Pero si se mata sin otro testigo, yo quedo obligado
-a dar cuenta de su vida.<span class="pagenum" id="Page_71">[p.
-71]</span> Quiero entrar; mas puesto que entre, no quiere consolación
-ni consejo; asaz es señal mortal no querer sanar;<a id="FNanchor_136"
-href="#Footnote_136" class="fnanchor">[136]</a> con todo, quiérole
-dexar un poco; desbrave, madure, que oído he dezir que es peligro
-abrir o apremiar las postemas duras, porque más se enconan. Esté
-un poco: dexemos llorar al que dolor tiene, que las lágrimas y
-sospiros mucho desanconan<a id="FNanchor_137" href="#Footnote_137"
-class="fnanchor">[137]</a> el coraçón dolorido; y aun si delante
-me tiene, más comigo se encenderá, que el sol más arde donde puede
-reverberar. La vista a quien objecto no se antepone, cansa; y
-quando aquel es cerca, agúzase. Por esso quiérome sofrir un poco;
-si entretanto se matare, muera; quiçá con algo me quedaré, que
-otro no lo sabe, con que mude el pelo malo. Aunque malo es esperar
-salud en muerte agena,<a id="FNanchor_138" href="#Footnote_138"
-class="fnanchor">[138]</a> y quiçá me engaña el diablo; y si muere
-matarme han, y irán allá la soga y el calderón.<a id="FNanchor_139"
-href="#Footnote_139" class="fnanchor">[139]</a> Por otra parte dizen
-los sabios<span class="pagenum" id="Page_72">[p. 72]</span> que es
-grande descanso a los afligidos tener con quien puedan sus cuytas
-llorar, y que la llaga interior más empece. Pues en estos estremos en
-que estoy perplexo, lo más sano es entrar, y sofrirle y consolarle;
-porque si posible es sanar sin arte ni aparejo, más ligero es
-guarescer por arte y por cura.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Sempronio.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Señor.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Dame acá el laúd.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Señor, vesle aquí.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto</span>:—</p>
-
-<div class="poema mt-05"><div class="stanza">
-<p class="i0">¿Qual dolor puede ser tal,</p>
-<p class="i0">que se iguale con mi mal?</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05"><span class="smcap">Sempronio.</span>—Destemplado
-está esse laúd.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¿Como templará el destemplado?
-¿Como sentirá el armonía aquel que consigo está tan discorde; aquel<a
-id="FNanchor_140" href="#Footnote_140" class="fnanchor">[140]</a> a
-quien la voluntad a la razón no obedece; quien tiene dentro del pecho
-aguijones, paz, guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados,
-sospechas, todo a una causa? Pero tañe y canta la más triste canción
-que sepas.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—</p>
-
-<div class="poema mt-05"><div class="stanza">
-<p class="i0">Mira Nero de Tarpeya</p>
-<p class="i0">a Roma como se ardía;</p>
-<p class="i0">gritos dan niños y viejos,</p>
-<p class="i0">y él de nada se dolía.<a id="FNanchor_141" href="#Footnote_141" class="fnanchor">[141]</a></p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05"><span class="pagenum" id="Page_73">[p.
-73]</span><span class="smcap">Calisto.</span>—Mayor es mi fuego, y
-menor la piedad de quien yo agora digo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—No me engaño yo, que loco
-está este mi amo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¿Qué estás murmurando,
-Sempronio?</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—No digo nada.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Dí lo que dizes, no temas.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Digo, que ¿cómo puede ser
-mayor el fuego que atormenta un vivo que el que quemó tal çibdad y
-tanta multitud de gente?</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Cómo? Yo te lo diré: mayor es
-la llama que dura ochenta años que la que en un día passa, y mayor
-la que mata una ánima, que la que quema cient mill cuerpos. Como
-de la apariencia a la existencia, como de lo vivo a lo pintado<a
-id="FNanchor_142" href="#Footnote_142" class="fnanchor">[142]</a>,
-como de la sombra a lo real, tanta diferencia ay del fuego que dizes
-al que me quema. Por cierto, si el del purgatorio es tal, más querría
-que mi spíritu fuesse con los de los brutos animales, que por medio
-de aquél ir a la gloria de los sanctos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—¡Algo es lo que digo!<a
-id="FNanchor_143" href="#Footnote_143" class="fnanchor">[143]</a> ¡A
-más<span class="pagenum" id="Page_74">[p. 74]</span> ha de ir este
-hecho. No basta loco, sino ereje.</p>
-
-<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¿No te digo que fables alto
-quando fablares? ¿Qué dizes?</p>
-
-<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Digo, que nunca Dios quiera
-tal, que es especie de heregía lo que agora dixiste.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_4_2">
- <h3 title="Celestina va a casa de Melibea"
- class="hang"><span class="smcap">Quarto auto.</span>—Celestina
- andando por el camino habla consigo misma, fasta llegar a la puerta
- de Pleberio, onde halló a Lucrecia, criada de Pleberio. Pónese con
- ella en razones; sentidas por Alisa, madre de Melibea, y sabido que
- es Celestina, fázela entrar en casa. Viene un mensajero a llamar a
- Alisa; váse.</h3>
-</div>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¿Quien es esta vieja que
-viene haldeando?</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Paz sea en esta casa.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Celestina, madre,
-seas bienvenida. ¿Qual dios te traxo por estos barrios no
-acostumbrados?</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Hija, mi amor; desseo de
-todos vosotros; traerte encomiendas de Elicia, y aun ver a tus
-señoras vieja y moça, que después que me mudé al otro barrio, no han
-sido de mi visitadas.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¿A esso solo saliste de tu
-casa? Maravíllome de tí que no es essa tu costumbre, ni sueles dar
-passo sin provecho.</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—¿Más provecho quieres, bova,
-que cumplir hombre sus desseos? Y tambien como a las viejas nunca nos
-fallecen necesidades... ando a vender un poco de hilado.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_75">[p. 75]</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¡Algo es lo que yo
-digo! en mi seso estoy, que nunca metes aguja sin sacar reja.<a
-id="FNanchor_144" href="#Footnote_144" class="fnanchor">[144]</a>
-Pero mi señora, la vieja, urdió una tela, tiene necessidad dello; tú
-de venderlo; entra y espera aquí, que no os desavenirés.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—¿Con quien hablas, Lucrecia?</p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Señora, con aquella vieja de
-la cuchillada, que solía vivir aquí en las tenerías, a la cuesta del
-río.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Agora la conozco menos;
-si tú me das a entender lo incógnito por lo menos conocido, es
-coger agua en cesto.<a id="FNanchor_145" href="#Footnote_145"
-class="fnanchor">[145]</a></p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¡Jesú, señora! Más conosçida
-es esta vieja que la ruda.<a id="FNanchor_146" href="#Footnote_146"
-class="fnanchor">[146]</a> No sé como no tienes memoria de la que
-empicotaron por hechizera...</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—¿Qué oficio tiene? Quiçá por
-aquí la conoceré mejor.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Señora, perfuma tocas, haze
-solimán y otros treynta oficios; conoce mucho en yiervas, cura niños,
-y aun algunos la llaman vieja lapidaria.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Todo esso dicho no me la da a
-conocer. Díme su nombre, si le sabes.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_76">[p. 76]</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¿Si le sé, señora? No ay niño
-ni viejo en toda la cibdad que no le sepa ¿havíale yo de ignorar?</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—¿Pues por qué no le dizes?</p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—He vergüença.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Anda, bova, díle, no me indignes
-con tu tardança.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Celestina, hablando con
-reverencia, es su nombre.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—¡Hí, hí, hí! ¡Mala landre te
-mate si de risa puedo estar, viendo el desamor que deves de tener
-a essa vieja, que su nombre has vergüença nombrar! ¡Ya me voy
-recordando della! ¡Una buena pieça! No me digas más; algo me verná a
-pedir; dí que suba.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Sube, tia.<a
-id="FNanchor_147" href="#Footnote_147" class="fnanchor">[147]</a></p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora buena, la gracia de
-Dios sea contigo y con la noble hija. Mis passiones y enfermedades
-han impedido mi visitar tu casa, como era razón; mas Dios conoce mis
-limpias entrañas, mi verdadero amor, que la distancia de las moradas
-no despega el querer de los coraçones; assí que lo que mucho desseé,
-la necessidad me lo ha hecho complir. Con mis fortunas adversas
-otras, me sobrevino mengua de dinero; no supe mejor remedio que
-vender un poco de hilado, que para unas toquillas tenía allegado;
-supe de tu<span class="pagenum" id="Page_77">[p. 77]</span> criada
-que tenías dello necessidad; aunque pobre, y no de la merced de Dios,
-veslo aquí, si dello y de mí te quieres servir.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Vezina honrrada, tu razón y
-ofrecimiento me mueven a compassión, y tanto, que quisiera cierto más
-hallarme en tiempo de poder complir tu falta, que menguar tu tela. Lo
-dicho te agradezco; si el hilado es tal, serte ha bien pagado.</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—¿Tal, señora? Tal sea
-mi vida y mi vejez, y la de quien parte quisiere de mi jura.<a
-id="FNanchor_148" href="#Footnote_148" class="fnanchor">[148]</a>
-Delgado como el pelo de la cabeça, igual, rezio como cuerdas de
-vihuela, blanco como el copo de la nieve, hilado todo por estos
-pulgares, aspado y adreçado. Veslo aquí en madexitas; tres monedas me
-davan ayer por la onça, assí goze desta alma pecadora.</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Hija, Melibea, quédesse esta
-muger honrrada contigo, que ya me parece que es tarde para ir a
-visitar a mi hermana, su muger de Cremes, que desde ayer no la he
-visto, y tambien que viene su paje a llamarme, que se le arrezió
-desde un rato acá el mal...</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—¿Y qué mal es el suyo?</p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Dolor de costado, y tal,
-que según del moço supe que quedava, temo no sea mortal.<span
-class="pagenum" id="Page_78">[p. 78]</span> Ruega tú, vezina, por
-amor mío, en tus devociones, por su salud a Dios.</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Yo te prometo, señora, en
-yendo de aquí, me vaya por essos monesterios, donde tengo frailes
-devotos míos, y les dé el mismo cargo que tú me das; y demás
-desto, ante que me desayune, dé quatro bueltas a mis cuentas.<a
-id="FNanchor_149" href="#Footnote_149" class="fnanchor">[149]</a></p>
-
-<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Pues, Melibea, contenta a la
-vezina en todo lo que razón fuere darle por el hilado; y tú, madre,
-perdóname, que otro dia se verná en que más nos veamos.</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora, el perdón sobraría
-donde el yerro falta; de Dios seas perdonada, que buena compañía me
-queda. Dios la dexe gozar su noble juventud y florida mocedad, que
-es el tiempo en que mas plazeres y mayores deleites se alcançarán,
-que a la mi fe, la vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de
-pensamientos, amiga de renzillas, congoxa continua, llaga incurable,
-manzilla de lo pasado, pena de lo presente, cuydado triste de lo por
-venir, vezina de la muerte, choça sin rama que se llueve por cada
-parte, cayado de mimbre que con poca carga se doblega.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—¿Por qué dizes, madre,
-tanto mal de lo que todo el mundo con tanta eficacia gozar y ver
-dessean?</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Dessean harto mal para sí,
-dessean harto trabajo; dessean llegar allá, porque llegan<span
-class="pagenum" id="Page_79">[p. 79]</span>do viven, y el vivir es
-dulce, y viviendo envegescen. Assí que el niño dessea ser moço, y
-el moço viejo, y el viejo más, aunque con dolor; todo por vivir,
-porque como dizen: viva la gallina con su pepita.<a id="FNanchor_150"
-href="#Footnote_150" class="fnanchor">[150]</a> ¿Pero quien te podría
-contar, señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus
-cuidados, sus enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento,
-su renzilla, su pesadumbre, aquel arrugar de cara, aquel mudar de
-cabellos su primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado
-ver, puestos los ojos a la sombra, aquel hundimiento de boca, aquel
-caer de dientes, aquel carecer de fuerça, aquel flaco andar, aquel
-espacioso comer? Pues ¡ay, ay, señora!, si lo dicho viene acompañado
-de pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos quando sobra
-la gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahito que de
-hambre.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Bien conozco que dize
-cada uno de la feria segund le va en ella,<a id="FNanchor_151"
-href="#Footnote_151" class="fnanchor">[151]</a> assí que otra
-canción cantarán los ricos.<a id="FNanchor_152" href="#Footnote_152"
-class="fnanchor">[152]</a></p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora, hija, a cada
-cabo ay tres leguas de mal quebranto;<a id="FNanchor_153"
-href="#Footnote_153" class="fnanchor">[153]</a> a los ricos se les va
-la<span class="pagenum" id="Page_80">[p. 80]</span> bienaventurança,
-la gloria y descanso por otros alvañares de asechanças que no se
-parescen, ladrillados por encima con lisonjas. Cada rico tiene una
-dozena de hijos y nietos que no rezan otra oración, no otra petición,
-sino rogar a Dios que le saque d’en medio; no veen la hora que<a
-id="FNanchor_154" href="#Footnote_154" class="fnanchor">[154]</a>
-tener a él so la tierra y lo suyo entre sus manos y darle a poca
-costa su casa para siempre.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Madre, pues que assí es,
-gran pena ternás por la edad que perdiste. ¿Querrías bolver a la
-primera?</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Loco es, señora, el
-caminante que enojado del trabajo del día quissiese bolver de
-comienço la jornada para tornar otra vez aquel lugar, que todas
-aquellas cosas cuya possesión no es agradable, más vale poseellas que
-esperallas, porque más cerca está el fin dellas quanto más andado
-del comienço; no ay cosa más dulce ni graciosa al muy cansado que el
-mesón, assí que aunque la mocedad sea alegre, el verdadero viejo no
-la dessea, porque el que de razón y seso carece, quasi otra cosa no
-ama sino lo que perdió.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_81">[p. 81]</span></p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Siquiera por vivir más, es
-bueno dessear lo que digo.</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Tan presto, señora, se va
-el cordero como el carnero;<a id="FNanchor_155" href="#Footnote_155"
-class="fnanchor">[155]</a> ninguno es tan viejo que no pueda vivir
-un año, ni tan moço que oy no pudiesse morir; assi que en esto poca
-avantaja nos levais.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Espantada me tienes con lo que
-has hablado; indicio me dan tus razones que te aya visto otro tiempo.
-Díme, madre, ¿eres tú Celestina, la que solía morar a las tenerías,
-cabe el río?</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora, hasta que Dios
-quiera.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Vieja te has parado;
-bien dizen que los dias no se van en balde<a id="FNanchor_156"
-href="#Footnote_156" class="fnanchor">[156]</a>; assí goze de mí, no
-te conosciera sino por esa señaleja de la cara. Figúraseme que eras
-hermosa; otra pareces, muy mudada estás.</p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¡Hi, hi, hi! Mudada
-está el diablo. ¿Hermosa era con aquel su Dios-os-salve<a
-href="#Footnote_156" class="fnanchor">[156]</a> que traviessa la
-media cara?</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—¿Qué hablas, loca? ¿Qué es lo
-que dizes? ¿De qué te ríes?</p>
-
-<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—De como no conoscías a
-la madre en tan poco tiempo en la filosomía<a id="FNanchor_157"
-href="#Footnote_157" class="fnanchor">[157]</a> de la cara.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—No es tan poco tiempo dos
-años, y más que la tiene arrugada.</p>
-
-<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora, ten tú el tiempo que
-no<span class="pagenum" id="Page_82">[p. 82]</span> ande, terné yo
-mi forma que no se mude. ¿No has leido que dizen: Verná el día que en
-el espejo no te conozcas?<a id="FNanchor_158" href="#Footnote_158"
-class="fnanchor">[158]</a> Pero también yo encanecí temprano, y
-parezco de doblada edad, que assí goze desta alma pecadora y tú desse
-cuerpo gracioso, que de quatro hijas que parió mi madre yo fui la
-menor. Mira como no so vieja como me juzgan.</p>
-
-<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Celestina amiga, yo he holgado
-mucho en verte y conoscerte; también hasme dado plazer con tus
-razones. Toma tu dinero y vete con Dios, que me parece que no deves
-haver comido.</p>
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_123"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_123">[123]</a></span> Algunas de estas imitaciones
-advierte Menéndez Pelayo en su fundamental estudio sobre la
-<i>Celestina</i>, publicado en los <i>Orígenes de la Novela</i> III, 1910,
-pág. <small>XLII</small>, etc.—Alguna vez el cultismo de Rojas se
-exacerba, por ejemplo en el discurso final de Pleberio, pagando
-demasiado tributo a una erudición huera y tosca, muy de moda
-entonces.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_124"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_124">[124]</a></span> Sin razón el Sr.
-Foulché-Delbosc, corrige estas formas como «erratas y deficiencias»,
-en la pág. 174 de su reimpresión de la edición de <i>La Celestina</i>
-hecha en Burgos, 1499.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_125"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_125">[125]</a></span> <i>Sangustiado</i> forma derivada
-de otra perdida, *<i>esangustiado</i> (del latín *ex-angustiatus), como
-el verbo arcaico <i>secutar</i> por <i>esecutar</i> (del latín executare), o
-el vocablo vulgar <i>sagerao</i> por <i>exagerado</i>. En la traducción del
-<i>Coloquio de las Damas</i>, del Aretino, por Fernán Juárez, se halla
-«una muy gran sangustia... muy sangustiada» N. Bibl. A. E., XXI, 261
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_126"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_126">[126]</a></span> ‘Ni hay otro poder (que el
-divino de que Calixto viene hablando) que pueda satisfacer mi
-voluntad humana’. Las ediciones modernas unen esta cláusula a la
-anterior con una coma, que no tiene sentido. La edición antigua pone
-punto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_127"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_127">[127]</a></span> <i>Misto</i>, adverbio, que se opone
-a <i>puramente</i>: los santos se glorifican de una manera absoluta,
-sin reserva; mi alegría está mezclada de dolor. Como consecuencia
-del lugar final que tiende a ocupar el verbo, el adverbio se le
-antepone: «Fortuna medianamente partió lo suyo», «haz tu lo que bien
-digo y no lo que mal hago», etc., en el mismo Auto primero de <i>La
-Celestina</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_128"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_128">[128]</a></span> <i>Mas</i> por ‘mas bien’: «—Y
-allá hablaremos largamente... cerca destos amores.—Mas dolores;
-que por fe tengo que de muerto o loco no escapa desta vez». Auto
-<small>VIII</small>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_129"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_129">[129]</a></span> ‘y cual ha sido el intento’.
-Respeto la puntuación de la edición incunable. Las ediciones modernas
-ponen punto y coma o punto tras <i>atrevimiento</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_130"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_130">[130]</a></span> <i>Estudio</i> ‘diligencia,
-empeño’ (comp. <i>estudiarse</i> ‘esforzarse’ <a href="#Page_48">página
-48</a>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_131"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_131">[131]</a></span> <i>Endereçar</i> ‘arreglar’ volver
-a colocar en la percha al gerifalte que se había abatido. Con los
-verbos de movimiento hoy va el infinitivo regido de la preposición
-<i>a</i> pero, antiguamente no: «se van omillar» etc. <i>Mio Cid</i>, pág.
-349<sub>35</sub>. La edición de Sevilla 1501 ya elimina el arcaísmo y
-pone «vinele a endereçar».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_132"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_132">[132]</a></span> Es frecuente en la <i>Celestina</i>
-la <i>ll</i>, contraria a la etimología en <i>tollerar</i> y <i>callentar</i>;
-sin duda se pronunciaba <i>tol-lerar</i> por falso cultismo, como se
-pronunciarían <i>intel-lectual</i>, <i>fal-lacia</i> y otras voces que en latín
-presentan dos <i>ll</i> y en romance una sola.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_133"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_133">[133]</a></span> Las ediciones de Burgos 1499
-y Sevilla 1501 dicen «Eras y Crato médicos» y «piedad de silencio».
-Como no existen tales médicos Eras ni Crato, otras ediciones trataron
-de corregir, y así hallamos: «Crato y Galieno» y «piedad de Celeuco»
-(1514, 1595); «Erasistrato y Galieno» y «piedad de Seleuto», «p.
-Seleucal» (1570 y otras, alguna en vez de «seleucal» estropea
-«celestial»). Nuestra corrección es la más sencilla: <i>eras e crato</i>
-es confusión facilísima por <i>erasistrato</i>, dado que la <i>c</i> y la <i>t</i>
-en la escritura medieval tiene forma muy semejante, y <i>silencio</i> por
-<i>sileuco</i> o <i>seleuco</i> también se confunden, dada la igualdad de <i>n</i>
-y <i>u</i> en la mayor parte de las grafías. Esta corrección es también
-la única exacta: Calisto alude a una anécdota de <i>Valerio Máximo</i>,
-<small>VII</small>, 3, según la cual, habiendo Erasístrato, médico,
-conocido que la enfermedad de Antíoco es de amor, logra que el rey
-Seleuco padre de Antíoco, por salvar la vida de su hijo, le ceda
-piadosamente el amor de Estratónica de quien el joven está enamorado.
-Esta anécdota fué muy famosa desde la Edad Media; Juan de la Cueva
-la refirió en un romance y Moreto le dedicó una comedia, <i>Antíoco y
-Seleuco</i>. Como se ve, el médico Galieno no debe figurar para nada; es
-por tanto sólo exacta a medias la corrección de la edición de 1570;
-así como las otras, aunque todas revelan conocimiento de la anécdota
-de Valerio Máximo. En vista de ellas, es graciosa la seguridad
-con que un anotador moderno, después de lanzarse a afirmar que no
-hubo tal médico Erasístrato, introduce en el texto los nombres de
-Hipócrates y Galeno, para luego ilustrarnos escribiendo que Galieno o
-Galeno nació en Pérgamo, hijo de fulano, y que Hipócrates fué famoso
-médico nacido el año tantos de la Olimpíada tal.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_134"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_134">[134]</a></span> <i>Pleberio</i> es el padre de
-Melibea, en el corazón del cual desea Calisto que obre la piedad de
-Seleuco, para que sea benigno con un enfermo de amor.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_135"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_135">[135]</a></span> Una de las oraciones de
-infinitivo a que hemos aludido. ‘No creo que vaya conmigo’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_136"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_136">[136]</a></span> Refrán que <span
-class="smcap">Gonzalo Correas</span> (<i>Vocabulario de refranes</i>,
-página 54) pone en dos formas «Asaz es señal...» etc. y «Asaz es de
-mal no querer sanar.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_137"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_137">[137]</a></span> La edición de Sevilla 1501
-y las siguientes: <i>desenconan</i>. La forma de la edición de 1499 es
-aceptable, a pesar del verbo <i>enconar</i> que precede. Se mezclan
-mucho formas como <i>malancolia</i>, <i>melancolía</i>, <i>melanconia</i>. <span
-class="smcap">Correas</span> en su <i>Vocabulario</i>, pág. 195 <i>a</i>,
-da como refrán «Lágrimas y suspiros mucho desenconan el corazón
-dolorido.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_138"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_138">[138]</a></span> <span
-class="smcap">Correas</span>, pág. 136 <i>a</i>, da el refrán completo;
-«Esperar salud en muerte ajena, se condena.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_139"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_139">[139]</a></span> Hoy «Echar la soga tras el
-caldero» como ya pone <span class="smcap">Covarrubias</span> (s. v.
-caldero) «es, perdida una cosa echar a perder el resto; está tomado
-del que yendo a sacar agua al poço, se le cayó dentro el caldero, y
-de rabia y despecho, echó también la soga, con que le pudiera sacar
-atando a ella un garabato o garfio.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_140"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_140">[140]</a></span> La edición de 1514, para evitar
-la ambigüedad que se origina de estas dos preposiciones a juntas,
-puso aquí «en quien.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_141"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_141">[141]</a></span> Romance divulgadísimo en los
-siglos <small>XVI</small> y <small>XVII</small>. La música con que
-lo cantaba Sempronio podía ser la que da <span class="smcap">Luis
-Venegas de Henestrosa</span> en su <i>Libro de cifra nueva</i>, Alcalá
-1557, o la que pone <span class="smcap">Juan Bermudo</span> en su
-<i>Declaración de instrumentos musicales</i>, 1555. Tan popular se hizo
-el comienzo de este romance cuando se trataba de algún despiadado,
-que en el <i>Rinconete</i> de <span class="smcap">Cervantes</span> la
-Cariharta, enojada con Repolido, le llama «ese marinero de Tarpeya,
-ese tigre de Ocaña», es decir que el primer verso había cristalizado
-en un disparate popular, semejante al otro que equivale a «tigre de
-Hircania.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_142"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_142">[142]</a></span> «Como de lo vivo a
-lo pintado (cuando hay gran diferencia en algo») <span
-class="smcap">Correas</span> pág. 361. Una comedia de <span
-class="smcap">Claramonte</span> lleva el título <i>De lo vivo a lo
-pintado</i>. Es hoy frase muy corriente.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_143"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_143">[143]</a></span> Esta misma exclamación
-la repite Lucrecia en el otro trozo de <i>La Celestina</i> que aquí
-publicamos, <a href="#Page_75">p. 75</a>, arriba.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_144"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_144">[144]</a></span> «Meter aguja y
-sacar reja.» (Cuando se da poco para sacar mucho) <span
-class="smcap">Correas</span>; «Dar aguja y sacar reja: quando
-con pequeño don se alcança cosa de mucho interesse» <span
-class="smcap">Covarrubias</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_145"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_145">[145]</a></span> «Como coger agua en cesto» (A
-trabajo perdido) <span class="smcap">Correas</span> <i>Vocabulario</i>
-pág. 597 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_146"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_146">[146]</a></span> «<i>Ruda</i>, es yerva conocida, y
-aunque de grave olor, tiene muchos provechos en sí, y por el mucho
-uso della y ser a todos tan común, dezimos de alguna persona ser mas
-conocida que la ruda.» <span class="smcap">Covarrubias</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_147"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_147">[147]</a></span> <i>Tia</i> usado como título de
-respeto para las personas ancianas del pueblo; así como <i>madre</i> en
-boca de Alia y de Melibea. Celestina, en cambio, llama «señoras» a
-éstas. Lucrecia antes (<a href="#Page_74">p. 74</a>) llamó también
-<i>madre</i> a Celestina.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_148"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_148">[148]</a></span> Frase obscura. Parece que
-Celestina alude al uso jurídico de prestar juramento una persona
-acompañada de otras varias que juraban con ella: ‘tan buena como
-mi tela sea mi vejez y la de quien quisiere apoyarme en este
-juramento’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_149"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_149">[149]</a></span> <i>Cuentas</i> significa ‘el
-rosario’: Celestina ofrece rezarlo cuatro veces.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_150"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_150">[150]</a></span> Refrán que también tiene la
-forma de «Viva la gallina y viva con su pepita.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_151"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_151">[151]</a></span> Refrán que hoy es más bien:
-«Cada uno habla (o cuenta) de la feria como le va en ella.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_152"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_152">[152]</a></span> Comp. la frase «Ese es otro
-cantar» significado ‘eso es distinto’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_153"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_153">[153]</a></span> Refrán que tenía múltiples
-formas: «Dondequiera hay una mala legua.» «En cada cabo hay dos
-leguas (o un rato) de mal quebranto.» «A cada cabo hay tres leguas
-de quebranto.» <span class="smcap">Correas</span>, pág. 292 <i>b</i>, 119
-<i>b</i>, 14 <i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_154"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_154">[154]</a></span> Hoy se dice «<i>No ver</i> uno
-<i>la hora de</i> una cosa», para denotar el deseo grande de que llegue
-el momento de que algo suceda. Se entiende ‘no ver nunca llegar
-la hora’, es decir que la impaciencia hace que parezca muy largo
-el tiempo. En la forma antigua, <i>la hora que</i> está por ‘la hora
-en que’. Compárese la frase <i>aun vea el hora que</i> por ‘ojalá
-llegue tiempo que’ o ‘en que’ <i>Mio Cid</i>, pág. 488<sub>38</sub>,
-779<sub>10</sub>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_155"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_155">[155]</a></span> Refrán.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_156"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_156">[156]</a></span> <i>Dios-os-salve</i>, o
-<i>Dios-te-salve</i>, nombre humorístico de la ‘cicatriz’ o ‘costurón’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_157"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_157">[157]</a></span> <i>Filosomía</i> ‘fisonomía’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_158"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_158">[158]</a></span> Tomado de Petrarca, como otros
-varios pasajes de este trozo.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_83">[p. 83]</span></p>
- <h2 title="Autor anónimo del Lazarillo de Tormes"
- class="nobreak">EL LAZARILLO DE TORMES<br />
- <small>Autor anónimo anterior a 1554</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Las primeras ediciones conocidas de esta novela son tres, impresas
-en Burgos, Alcalá y Amberes, en el mismo año 1554; las tres suponen
-otra anterior de la cual ellas derivan.</p>
-
-<p>La prosa castellana había tenido en la Edad Media un cultivo
-temprano y aventajado; nos admira ya en el siglo <small>XIII</small>
-con Alfonso el Sabio, en el <small>XIV</small> con don Don Juan
-Manuel, y produce, en tiempos de los Reyes Católicos, obras tan
-notables como la <i>Celestina</i>. Bajo el reinado de Carlos V tomó mayor
-vuelo; aplicáronla a la exposición doctrinal Fr. Antonio de Guevara,
-Hernán Pérez de Oliva, Juan de Valdés, etc., y apareció como maestra
-consumada en la novela. En este terreno no es ciertamente su mérito
-mayor haber servido a narraciones <i>idealistas</i> de aventuras en
-los Libros de Caballerías, pues este género decaía ya de su viejo
-esplendor, que en el siglo <small>XIV</small> había producido el
-Amadís de Gaula; un nuevo lenguaje de la narración se desarrollaba
-ahora, a mediados del siglo <small>XVI</small>, complaciéndose en
-la pintura satírica de tipos y costumbres sociales, tomados de la
-realidad, con todo el vigor y crudeza con que en ella se ofrecen, y
-este es sin duda el aspecto más importante que ofrece la prosa en
-tiempo del Emperador. Con estas narraciones <i>realistas</i> que forman
-la llamada novela picaresca (por abundar en tipos de pícaros,<span
-class="pagenum" id="Page_84">[p. 84]</span> truhanes, vagos,
-espadachines y ladrones), España dió a la literatura universal el
-primer modelo de la novela moderna de costumbres.</p>
-
-<p>El <i>Lazarillo</i>, aparecido en los últimos tiempos del emperador
-Carlos V, es la más antigua de estas novelas picarescas, la
-más popular en España<a id="FNanchor_159" href="#Footnote_159"
-class="fnanchor">[159]</a> y la más conocida en Europa, y nos ofrece
-como una novedad (a pesar de la <i>Celestina</i>) el cultivo de la
-lengua popular y corriente, en que no escasean las incongruencias
-gramaticales que consigo arrastra la viveza de la conversación;
-por eso en el prólogo, el pobre Lázaro, antes de empezar a referir
-su historia, disculpa el <i>grosero estilo</i> en que por fuerza ha de
-contarla.</p>
-
-<p>En este estilo llano, propio para la pintura de escenas de la
-vida ordinaria, parecido al que cincuenta años más tarde empleará
-Cervantes, es el Lazarillo admirable modelo. Su lenguaje se distingue
-especialmente por una sobriedad magistral; cada palabra va derecha a
-lograr un marcado efecto pictórico y satírico.</p>
-
-<p>Esta excelencia, sin embargo, no nos ha de impedir el notar
-cierta falta de habilidad en la construcción de una frase un poco
-larga, y alguna dificultad en las transiciones, embarazadas con
-adverbios y conjunciones inútiles o pesados: <i>en este tiempo</i>, con
-el sentido de ‘luego’ o ‘entonces’, <i>final<span class="pagenum"
-id="Page_85">[p. 85]</span>mente</i>, <i>de manera que</i>, etc.; pero
-éste no es defecto suyo propio, pues algo análogo hallamos en casi
-todos los escritores de este siglo, como Mendoza, Granada y León;
-cada vez menos, conforme la lengua va ganando en experiencia.
-Advirtamos también que es enteramente inexacta la apreciación que
-en 1620 emitió un implacable corrector y discreto continuador del
-Lazarillo, Juan de Luna, diciendo que la frase de esta antigua obra
-era «más francesa que española». Quizá le chocaba el uso abundante
-del pronombre personal acompañando a las formas verbales, donde,
-por no haber necesidad de insistir en la persona, se omite hoy: <i>yo
-por bien tengo</i>, <i>yo oro ni plata no te lo puedo dar</i>, <i>yo hice</i>,
-<i>yo dormí</i> (<a href="#Page_94">pág. 94</a>), y otros casos así, que
-Luna corrigió en su edición, y que se hallan también, por ejemplo,
-en Mendoza; o frases como <i>no curé de lo saber</i> (je n’ai cure de le
-savoir), o voces tales como <i>coraje</i> o <i>luengo</i><a id="FNanchor_160"
-href="#Footnote_160" class="fnanchor">[160]</a>, que son del más
-castizo castellano, por más que no le parecieran corrientes a Luna;
-como éste era maestro de español en Francia, se le antojaban tomadas
-del francés cuantas expresiones oía en su idioma patrio que a él no
-le eran familiares y se asemejaban a otras francesas.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_5_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_86">[p. 86]</span></p>
- <h3 title="Lázaro y el escudero de Toledo">LAZARILLO DE TORMES</h3>
- <p class="centra mt2">TRATADO III</p>
- <p class="hang mt1">Lázaro<a id="FNanchor_161" href="#Footnote_161"
- class="fnanchor">[161]</a>, herido desgraciadamente por un
- clérigo avaro, a quien servía en Maqueda, abandona este pueblo
- y sirve en Toledo a un hidalgo tan presumido como pobre y
- holgazán.</p>
-</div>
-
-<p>Desta manera me fué forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco a
-poco, con ayuda de las buenas gentes, di conmigo en esta insigne
-ciudad de Toledo, adonde, con la merced de Dios, dende a quince días
-se me cerró la herida; y<a id="FNanchor_162" href="#Footnote_162"
-class="fnanchor">[162]</a> mientras estaba malo siempre me daban
-alguna limosna; mas después que estuve sano todos me decían: «tú,
-bellaco y gallofero<a id="FNanchor_163" href="#Footnote_163"
-class="fnanchor">[163]</a> eres; busca, busca un amo a<span
-class="pagenum" id="Page_87">[p. 87]</span> quien sirvas.» ¿Y
-adónde se hallará ése<a id="FNanchor_164" href="#Footnote_164"
-class="fnanchor">[164]</a>, decía yo entre mí, si Dios agora de
-nuevo (como crió el mundo) no lo criase? Andando así discurriendo
-de puerta en puerta con harto poco remedio (porque ya la caridad se
-subió al cielo), topóme Dios con un escudero<a id="FNanchor_165"
-href="#Footnote_165" class="fnanchor">[165]</a> que iba por la calle
-con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en orden;
-miróme y yo a él, y díjome: «mochacho, ¿buscas amo?» Yo le dije:
-«sí, señor».—«Pues vente tras mí, me respondió, que Dios te ha
-hecho merced en topar conmigo; alguna buena oración rezaste hoy».
-Y seguíle, dando gracias a Dios por lo que oí, y también que<a
-id="FNanchor_166" href="#Footnote_166" class="fnanchor">[166]</a> me
-parecía, según su hábito y continente, ser el que yo había menester.
-Era de mañana cuando este mi tercero amo topé, y llevóme tras sí
-gran parte de la ciudad. Pasábamos por las plazas donde se vendía
-pan y otras provisiones; yo pensaba y aun deseaba que allí me<span
-class="pagenum" id="Page_88">[p. 88]</span> quería cargar de lo
-que se vendía, porque esta era propria hora<a id="FNanchor_167"
-href="#Footnote_167" class="fnanchor">[167]</a> cuando se suele
-proveer de lo necesario; mas muy a tendido paso pasaba por estas
-cosas. «Por ventura no lo ve aquí a su contento, decía yo, y querrá
-que lo compremos en otro cabo.»</p>
-
-<p>Desta manera anduvimos hasta que dió<a id="FNanchor_168"
-href="#Footnote_168" class="fnanchor">[168]</a> las once: entonces
-se entró en la iglesia mayor, y yo tras él; y muy devotamente le vi
-oir misa y los otros oficios divinos, hasta que todo fué acabado y
-la gente ida. Entonces salimos de la iglesia, y<a id="FNanchor_169"
-href="#Footnote_169" class="fnanchor">[169]</a> a buen paso tendido
-comenzamos a ir por la calle abajo; yo iba el más alegre del mundo,
-en ver que no nos habíamos ocupado en buscar de comer; bien consideré
-que debía ser hombre, mi nuevo amo, que se proveía en junto<a
-id="FNanchor_170" href="#Footnote_170" class="fnanchor">[170]</a>,
-y que ya la comida estaría a punto, y tal como yo la deseaba
-y aun la había menester. En este tiempo dió el reloj la una,
-después de medio día<a id="FNanchor_171" href="#Footnote_171"
-class="fnanchor">[171]</a>, y llegamos a una casa, ante la cual,
-mi amo se paró y yo con él, y derribando el cabo de la capa sobre
-el lado izquierdo, sacó una llave de la manga y abrió su puerta
-y entramos en casa, la<span class="pagenum" id="Page_89">[p.
-89]</span> cual<a id="FNanchor_172" href="#Footnote_172"
-class="fnanchor">[172]</a> tenía la entrada obscura y lóbrega, de
-tal manera, que parecía que ponía temor a los que en ella entraban,
-aunque dentro della estaba un patio pequeño y razonables cámaras<a
-id="FNanchor_173" href="#Footnote_173" class="fnanchor">[173]</a>.
-Desque fuimos entrados, quita de sobre sí su capa, y preguntando<a
-id="FNanchor_174" href="#Footnote_174" class="fnanchor">[174]</a> si
-tenía las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente
-soplando un poyo que allí estaba, la puso en él; y hecho esto,
-sentóse cabo della, preguntándome muy por extenso de dónde era y
-cómo había venido a aquella ciudad, y yo le di más larga cuenta que
-quisiera; porque me parecía más conveniente hora de mandar poner la
-mesa y escudillar la olla, que de lo que me pedía; con todo eso, yo
-le satisfice de mi persona lo mejor que mentir supe, diciendo mis
-bienes y callando lo demás, porque me parecía no ser para en cámara<a
-id="FNanchor_175" href="#Footnote_175" class="fnanchor">[175]</a>.</p>
-
-<p>Esto hecho, estuvo ansí un poco, y yo luego<a id="FNanchor_176"
-href="#Footnote_176" class="fnanchor">[176]</a> vi mala señal,
-por ser ya casi las dos y no le ver<span class="pagenum"
-id="Page_90">[p. 90]</span> más aliento<a id="FNanchor_177"
-href="#Footnote_177" class="fnanchor">[177]</a> de comer que a
-un muerto. Después desto, consideraba aquél tener cerrada la
-puerta con llave ni<a id="FNanchor_178" href="#Footnote_178"
-class="fnanchor">[178]</a> sentir arriba ni abajo pasos de viva
-persona por la casa; todo lo que yo había visto eran paredes,
-sin ver en ella silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal
-arcaz como el de marras<a id="FNanchor_179" href="#Footnote_179"
-class="fnanchor">[179]</a>; finalmente ella parecía casa encantada.
-Estando así, díjome: «tú, mozo, ¿has comido?»—«No, señor, dije
-yo, que aun no eran dadas las ocho cuando con vuestra merced
-encontré.»—«Pues, aunque de mañana, yo había almorzado, dice, y
-cuando ansí como algo, hágote saber que hasta la noche me estoy ansí;
-por eso, pásate como pudieres, que después cenaremos.» Vuestra merced
-crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer de mi estado<a
-id="FNanchor_180" href="#Footnote_180" class="fnanchor">[180]</a>,
-no tanto de hambre como por conocer de todo en todo la fortuna serme
-adversa. Allí se me representaron de nuevo mis fatigas, y torné a
-llorar mis trabajos; allí se me vino a la memoria la consideración
-que hacía cuando me pensaba ir del clérigo, diciendo que aunque aquél
-era desven<span class="pagenum" id="Page_91">[p. 91]</span>turado
-y mísero, por ventura toparía con otro peor; finalmente, allí
-lloré mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera; y
-con todo, disimulando lo mejor que pude:<a id="FNanchor_181"
-href="#Footnote_181" class="fnanchor">[181]</a> «señor, mozo soy
-que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios<a id="FNanchor_182"
-href="#Footnote_182" class="fnanchor">[182]</a>; deso me podré
-yo alabar entre todos mis iguales, por de<a id="FNanchor_183"
-href="#Footnote_183" class="fnanchor">[183]</a> mejor garganta,
-y ansí fuí yo loado della hasta hoy día de los amos que yo he
-tenido.»—«Virtud es esa, dijo él, y por eso te querré yo más: porque
-el hartar es de los puercos, y el comer regladamente es de los
-hombres de bien.»—Bien te he entendido, dije yo entre mí; maldita
-tanta medicina y bondad como aquestos mis amos, que yo hallo, hallan
-en la hambre. Púseme a un cabo del portal, y saqué unos pedazos de
-pan del seno, que me habían quedado de los de por Dios.</p>
-
-<p>Él, que vió esto, díjome: «Ven acá, mozo, ¿qué comes?» Yo lleguéme
-a él, y mostréle el pan; tomóme él un pedazo, de tres que eran,
-el mejor y más grande<a id="FNanchor_184" href="#Footnote_184"
-class="fnanchor">[184]</a>, y díjome: «¡Por mi vida, que parece
-éste buen pan!»—«¡Y cómo agora, dije yo, señor, es bueno!»—«Sí, a
-fe, dijo él; ¿adónde lo hu<span class="pagenum" id="Page_92">[p.
-92]</span>biste? ¿Si<a id="FNanchor_185" href="#Footnote_185"
-class="fnanchor">[185]</a> es amasado de manos limpias?»—«No sé yo
-eso, le dije; mas a mí no me pone asco el sabor dello.»—«Ansí plega
-a Dios», dijo el pobre de mi amo, y llevándolo a la boca comenzó
-a dar en él tan fieros<a id="FNanchor_186" href="#Footnote_186"
-class="fnanchor">[186]</a> bocados como yo en lo otro. «¡Sabrosísimo
-pan está, dijo, por Dios!» Y como le sentí de qué pie coxqueaba<a
-id="FNanchor_187" href="#Footnote_187" class="fnanchor">[187]</a>,
-dime priesa, porque le vi en disposición, si acababa antes
-que yo, se comediría<a id="FNanchor_188" href="#Footnote_188"
-class="fnanchor">[188]</a> a ayudarme a lo que me quedase; y
-con esto acabamos casi a una. Mi amo comenzó a sacudir con las
-manos unas pocas de migajas, y bien menudas<a id="FNanchor_189"
-href="#Footnote_189" class="fnanchor">[189]</a>, que en los pechos
-se le habían quedado, y entró en una camareta que allí estaba, y
-sacó un jarro desbocado, y no muy nuevo, y desque hubo bebido,
-convidóme con él. Yo, por hacer del continente, dije: «Señor, no
-bebo vino.»—«Agua es, me respondió, bien puedes beber.» Entonces
-tomé el jarro y bebí, no mucho, porque de sed no era mi congoja.
-Ansí estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me pregun<span
-class="pagenum" id="Page_93">[p. 93]</span>taba, a las cuales yo
-le respondí lo mejor que supe. En este tiempo metióme en la cámara
-donde estaba el jarro de que bebimos, y díjome: «Mozo, párate<a
-id="FNanchor_190" href="#Footnote_190" class="fnanchor">[190]</a>
-allí, y verás cómo hacemos esta cama, para que la sepas hacer de aquí
-adelante.» Púseme de un cabo y él del otro, y hecimos la negra cama,
-en la cual no había mucho que hacer, porque ella tenía sobre unos
-bancos un cañizo, sobre el cual estaba tendida la ropa... Hecha la
-cama, y la noche venida, díjome: «Lázaro, ya es tarde, y de aquí a la
-plaza hay gran trecho; también en esta ciudad andan muchos ladrones,
-que siendo de noche, capean<a id="FNanchor_191" href="#Footnote_191"
-class="fnanchor">[191]</a>; pasemos como podamos, y mañana, viniendo
-el día, Dios hará merced; porque yo por estar solo no estoy proveído;
-antes he comido estos días por allí fuera, mas agora hacerlo hemos<a
-id="FNanchor_192" href="#Footnote_192" class="fnanchor">[192]</a>
-de otra manera.»—«Señor, de mí, dije yo, ninguna pena tenga vuestra
-merced, que sé pasar una noche, y aun más, si es menester, sin
-comer.»—«Vivirás más, y más sano, me respondió, porque, como
-decíamos hoy, no<span class="pagenum" id="Page_94">[p. 94]</span>
-hay tal cosa en el mundo para vivir mucho, que<a id="FNanchor_193"
-href="#Footnote_193" class="fnanchor">[193]</a> comer poco.»
-Si por esa vía es, dije entre mí, nunca yo moriré, que siempre
-he guardado esa regla por fuerza, y aun espero en mi desdicha
-tenella toda mi vida. Y acostóse en la cama, poniendo por cabecera
-las calzas y el jubón<a id="FNanchor_194" href="#Footnote_194"
-class="fnanchor">[194]</a>, y mandóme echar a sus pies, lo cual<a
-id="FNanchor_195" href="#Footnote_195" class="fnanchor">[195]</a>
-yo hice; mas maldito el sueño que yo dormí, porque las cañas y mis
-salidos huesos en toda la noche dejaron de rifar y encenderse<a
-id="FNanchor_196" href="#Footnote_196" class="fnanchor">[196]</a>,
-que con mis trabajos, males y hambre, pienso que en mi cuerpo no
-había libra de carne. Y también, como aquel día no había comido casi
-nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueño no tenía amistad;
-maldíjeme mil veces, Dios me lo perdone, y a mi ruin fortuna. Allí lo
-más de la noche y lo peor, no osándome revolver por no despertalle,
-pedí a Dios muchas veces la muerte.</p>
-
-<p>La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar y sacudir
-sus calzas y jubón, y sayo y<span class="pagenum" id="Page_95">[p.
-95]</span> capa; ¡y yo que le servía de pelillo!<a id="FNanchor_197"
-href="#Footnote_197" class="fnanchor">[197]</a>; y vísteseme muy a
-su placer de espacio; echéle aguamanos, peinóse y puso su espada en
-el talabarte, y al tiempo que la ponía, díjome: «¡Oh, si supieses,
-mozo, qué pieza es esta! No hay marco de oro en el mundo porque yo
-la diese; mas así, ninguna de cuantas Antonio<a id="FNanchor_198"
-href="#Footnote_198" class="fnanchor">[198]</a> hizo, no acertó
-a ponelle los aceros tan prestos como ésta los tiene»; y sacóla
-de la vaina, y tentóla con los dedos, diciendo: «Vesla aquí,
-yo me obligo con ella<a id="FNanchor_199" href="#Footnote_199"
-class="fnanchor">[199]</a> cercenar un copo de lana.» Y yo dije
-entre mí: «Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, un pan de
-cuatro libras.» Tornóla a meter, y ciñósela, y un sartal de cuentas
-gruesas del talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo derecho,
-haciendo con él y con la cabeza muy gentiles meneos, echando el
-cabo de la capa sobre el hombro, y a veces so<a id="FNanchor_200"
-href="#Footnote_200" class="fnanchor">[200]</a> el brazo, y poniendo
-la mano derecha en el costado, salió por la puerta, diciendo:
-«Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oir misa, y haz la
-cama, y ve por la vasija de agua al río, que aquí bajo está; y
-cierra la puer<span class="pagenum" id="Page_96">[p. 96]</span>ta
-con llave, no nos hurten algo, y ponla aquí al<a id="FNanchor_201"
-href="#Footnote_201" class="fnanchor">[201]</a> quicio, porque si
-yo viniere en tanto, pueda entrar.» Y súbese por la calle arriba
-con tan gentil semblante y continente, que quien no le conociera
-pensara ser muy cercano pariente al Conde Claros<a id="FNanchor_202"
-href="#Footnote_202" class="fnanchor">[202]</a>, o a lo menos
-camarero que le daba de vestir.</p>
-
-<p>Bendito seáis vos, Señor, quedé yo diciendo, que dais la
-enfermedad, y ponéis el remedio. ¿Quién encontrará a aquel mi
-señor, que no piense, según el contento de sí lleva, haber
-anoche bien cenado y dormido en buena cama, y aunque agora es de
-mañana, no le cuenten<a id="FNanchor_203" href="#Footnote_203"
-class="fnanchor">[203]</a> por muy bien<span class="pagenum"
-id="Page_97">[p. 97]</span> almorzado? Grandes secretos son,
-Señor, los que vos hacéis, y las gentes ignoran. ¿A quién no
-engañará aquella buena disposición y razonable capa y sayo, y
-quién pensará que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día
-sin comer, con aquel mendrugo de pan, que su criado Lázaro trujo
-un día y una noche en el arca de su seno, do no se le podía pegar
-mucha limpieza, y hoy, lavándose las manos y cara, a falta de paño
-de manos, se hacía servir del halda del sayo?<a id="FNanchor_204"
-href="#Footnote_204" class="fnanchor">[204]</a> Nadie, por cierto,
-lo sospechará. ¡Oh Señor, y cuántos de aquestos debéis vos tener por
-el mundo derramados, que padecen por la negra que llaman honra<a
-id="FNanchor_205" href="#Footnote_205" class="fnanchor">[205]</a> lo
-que por vos no sufrirían!...</p>
-
-<p>Púseme a pensar qué haría, y parecióme esperar a mi amo
-hasta que el día demediase, y si viniese<a id="FNanchor_206"
-href="#Footnote_206" class="fnanchor">[206]</a>, y por ventura
-trajese algo que comiésemos; mas en vano fué mi esperanza. Desque
-vi ser las dos, y no<a id="FNanchor_207" href="#Footnote_207"
-class="fnanchor">[207]</a> venía y la hambre me aquejaba, cierro
-mi puerta y pongo la llave donde mandó, y tórnome a mi menester;
-con baja y enferma voz y inclinadas mis manos en los senos, puesto
-Dios ante mis ojos, y la lengua en su nombre, comienzo a pedir pan
-por las puertas y casas más<span class="pagenum" id="Page_98">[p.
-98]</span> grandes que me parecía; mas como yo este oficio le hobiese
-mamado en la leche, quiero decir que con el gran maestro el ciego lo
-aprendí, tan suficiente discípulo salí, que aunque en este pueblo no
-había caridad, ni el año fuese muy abundante, tan buena maña me di,
-que antes que el reloj diese las cuatro, ya yo tenía otras tantas
-libras de pan ensiladas<a id="FNanchor_208" href="#Footnote_208"
-class="fnanchor">[208]</a> en el cuerpo, y más de otras dos en las
-mangas y senos. Volvíme a la posada, y al pasar por la tripería, pedí
-a una de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña de vaca con otras
-pocas de tripas cocidas.</p>
-
-<p>Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella,
-doblada su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el
-patio. Como entro, vínose para mí; pensé que me quería reñir la
-tardanza, mas mejor lo hizo Dios. Preguntóme do<a id="FNanchor_209"
-href="#Footnote_209" class="fnanchor">[209]</a> venía; yo le dije:
-«Señor, hasta que dió<a id="FNanchor_210" href="#Footnote_210"
-class="fnanchor">[210]</a> las dos estuve aquí, y de que vi que
-vuestra merced no venía, fuíme por esa ciudad a encomendarme a las
-buenas gentes, y hanme dado esto que veis»; mostréle el pan y las
-tripas que en un cabo de la halda traía, a lo cual él mostró buen
-semblante, y dijo: «Pues esperádote he a comer, y de que vi que no
-veniste, comí. Mas tú haces como hombre de bien en eso, que más vale
-pedillo por Dios que no hurtallo; y ansí él me ayude como<span
-class="pagenum" id="Page_99">[p. 99]</span> ello<a id="FNanchor_211"
-href="#Footnote_211" class="fnanchor">[211]</a> me parece bien, y
-solamente te encomiendo no sepan que vives comigo, por lo que toca
-a mi honra, aunque bien creo que será secreto, según lo poco que en
-este pueblo soy conocido: ¡nunca a él yo hubiera de venir!»—«De eso
-pierda, señor, cuidado, le dije yo, que maldito aquel que ninguno
-tiene de pedirme esa cuenta ni yo de dalla.»—«Agora, pues, come,
-pecador, que si a Dios place presto nos veremos sin necesidad;
-aunque te digo que después que en esta casa entré, nunca bien me
-ha ido: debe ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal
-pie, que a los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe de
-ser, sin dubda, de ellas<a id="FNanchor_212" href="#Footnote_212"
-class="fnanchor">[212]</a>; mas yo te prometo, acabado el mes, no
-quede en ella, aunque me la den por mía.»</p>
-
-<p>Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por glotón,
-callé la merienda, y comienzo a cenar y morder en mis tripas y
-pan, y disimuladamente miraba al desventurado señor mío, que no
-partía sus ojos de mis faldas, que aquella<a id="FNanchor_213"
-href="#Footnote_213" class="fnanchor">[213]</a> sazón servían de
-plato. Tanta lástima haya Dios de mí como yo había del, porque
-sentí lo que sentía,<span class="pagenum" id="Page_100">[p.
-100]</span> y muchas veces había por ello pasado y pasaba cada
-día. Pensaba si sería bien comedirme a convidalle; mas por me
-haber dicho que había comido, temíame no aceptaría el convite.
-Finalmente, yo deseaba aquel<a id="FNanchor_214" href="#Footnote_214"
-class="fnanchor">[214]</a> pecador ayudase a su trabajo del mío, y
-se desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo<a
-id="FNanchor_215" href="#Footnote_215" class="fnanchor">[215]</a>,
-por ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso Dios cumplir mi
-deseo, y aun pienso que el suyo, porque como comencé a comer, y
-él se andaba paseando, llegóse a mí, y díjome: «Dígote, Lázaro,
-que tienes en comer la mejor gracia que en mi vida vi a hombre,
-y que nadie te lo verá hacer que no le pongas gana, aunque no la
-tenga.»—La muy buena que tú tienes, dije yo entre mí, te hace parecer
-la mía hermosa. Con todo parecióme ayudarle, pues se ayudaba<a
-id="FNanchor_216" href="#Footnote_216" class="fnanchor">[216]</a>,
-y me abría camino para ello, y díjele: «Señor, <i>el buen aparejo
-hace buen artífice</i>; este pan está sabrosísimo, y esta uña de
-vaca tan bien cocida y sazonada, que no habrá a quien no convide
-con su sabor.»—«¿Uña de vaca es?»—«Sí, señor.»—«Dígote que es
-el mejor bocado del mundo, y que no hay faisán que ansí me
-sepa.»—<span class="pagenum" id="Page_101">[p. 101]</span>«Pues
-pruebe, señor, y verá qué tal está.» Póngole en las uñas la otra
-y tres o cuatro raciones de pan de lo más blanco, y asentóseme
-al lado y comienza a comer, como aquel que lo había gana<a
-id="FNanchor_217" href="#Footnote_217" class="fnanchor">[217]</a>,
-royendo cada huesecillo de aquellos mejor que un galgo suyo lo
-hiciera. «Con almodrote,<a id="FNanchor_218" href="#Footnote_218"
-class="fnanchor">[218]</a> decía, es este singular manjar.»—Con
-mejor salsa lo comes tú<a id="FNanchor_219" href="#Footnote_219"
-class="fnanchor">[219]</a>, respondí yo paso.—«Por Dios, que me
-ha sabido como si hoy no hobiera comido bocado.»—Ansí me vengan
-los buenos años como es ello, dije yo entre mí. Pidióme el jarro
-del agua y díselo como lo había traído; es señal que pues no le
-faltaba el agua, que no le había a mi amo sobrado la comida.
-Bebimos y muy contentos nos fuimos a dormir como la noche pasada.
-Y por evitar prolijidad, desta manera estuvimos ocho o diez días,
-yéndose el pecador en la mañana con aquel contento y paso contado<a
-id="FNanchor_220" href="#Footnote_220" class="fnanchor">[220]</a>
-a papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lázaro una
-cabeza de lobo.<a id="FNanchor_221" href="#Footnote_221"
-class="fnanchor">[221]</a> Contemplaba yo muchas veces mi de<span
-class="pagenum" id="Page_102">[p. 102]</span>sastre, que escapando de
-los amos ruines que había tenido, y buscando mejoría, viniese a topar
-con quien no sólo no me mantuviese, mas a quien yo había de mantener.
-Con todo, le quería bien, con ver que no tenía ni podía más, y antes
-le había lástima que enemistad, y muchas veces por llevar a la
-posada con que él lo pasase<a id="FNanchor_222" href="#Footnote_222"
-class="fnanchor">[222]</a>, yo lo pasaba mal... Dios es testigo
-que hoy día, cuando topo con alguno de su hábito, con aquel paso
-y pompa, le he lástima con pensar si padece lo que aquél le vi
-sufrir... Sólo tenía dél un poco de descontento: que quisiera yo que
-no tuviera tanta presunción, mas que abajara un poco su fantasía
-con lo mucho que subía su necesidad; mas, según me parece, es regla
-ya entre ellos usada y guardada, aunque no haya cornado de trueco<a
-id="FNanchor_223" href="#Footnote_223" class="fnanchor">[223]</a>,
-ha de<span class="pagenum" id="Page_103">[p. 103]</span> andar
-el birrete en su lugar<a id="FNanchor_224" href="#Footnote_224"
-class="fnanchor">[224]</a>. El Señor lo remedie, que ya con este mal
-han de morir.</p>
-
-<p>Pues estando yo en tal estado, pasando<a id="FNanchor_225"
-href="#Footnote_225" class="fnanchor">[225]</a> la vida que digo,
-quiso mi mala fortuna, que de perseguirme no era satisfecha, que en
-aquella trabajada y vergonzosa vivienda no durase. Y fué: como el
-año en este tierra fuese estéril de pan, acordaron el ayuntamiento
-que todos los pobres extranjeros se fuesen de la ciudad, con pregón,
-que el que de allí adelante topasen fuese punido con azotes. Y
-así, ejecutando la ley desde a cuatro días que el pregón se dió,
-vi llevar una procesión de pobres azotando por las Cuatro Calles<a
-id="FNanchor_226" href="#Footnote_226" class="fnanchor">[226]</a>,
-lo cual me puso tan gran espanto, que nunca osé desmandarme a
-demandar. Aquí viera, quien vello pudiera, la abstinencia de mi
-casa y la tristeza y silencio de los moradores della, tanto que nos
-acaesció estar dos o tres días sin comer bocado ni hablar palabra.
-A mí diéronme la vida unas mujercillas hilanderas de algodón, que
-hacían bonetes y vivían par de nosotros, con las cuales yo tuve
-vecindad y conocimiento, que de la lacería<a id="FNanchor_227"
-href="#Footnote_227" class="fnanchor">[227]</a> que les traían me
-daban alguna cosilla, con la cual muy pasado me<span class="pagenum"
-id="Page_104">[p. 104]</span> pasaba<a id="FNanchor_228"
-href="#Footnote_228" class="fnanchor">[228]</a>, y no tenía tanta
-lástima de mí como del lastimado de mi amo, que en ocho días maldito
-el bocado que comió, a lo menos en casa bien los<a id="FNanchor_229"
-href="#Footnote_229" class="fnanchor">[229]</a> estuvimos sin comer;
-no sé yo cómo o dónde andaba y qué comía. ¡Y velle venir a medio día
-la calle abajo con estirado cuerpo, más largo que galgo de buena
-casta! Y por lo que toca a su negra que dicen honra, tomaba una paja
-de las que aun asaz no había en casa, y salía a la puerta escarbando
-los dientes que nada entre sí tenían, quejándose todavía de aquel mal
-solar, diciendo: «¡Malo está de ver! Que la desdicha desta vivienda
-lo hace; como ves, es lóbrega, triste, obscura; mientras aquí
-estuviéremos, hemos de padecer; ya deseo que se acabe este mes por
-salir della.»</p>
-
-<p>Pues estando en esta afligida y hambrienta persecución, un día,
-no sé por cuál dicha o ventura, en el pobre poder de mi amo entró un
-real, con el cual vino a casa tan ufano como si tuviera el tesoro
-de Venecia, y con gesto muy alegre y risueño me lo dió, diciendo:
-«tomá, Lázaro, que Dios ya va abriendo su mano; ve a la plaza y merca
-pan y vino y carne; <i>quebremos el ojo al diablo</i><a id="FNanchor_230"
-href="#Footnote_230" class="fnanchor">[230]</a>; y más<span
-class="pagenum" id="Page_105">[p. 105]</span> te hago saber, porque
-te huelgues, que he alquilado otra casa, y en esta desastrada no
-hemos de estar más de en cumpliendo el mes, ¡maldita sea ella, y el
-que en ella puso la primera teja, que con mal en ella entré! Por
-nuestro Señor, cuanto ha que en ella vivo, gota de vino ni bocado
-de carne no he comido, ni he habido descanso ninguno; mas tal vista
-tiene y tal obscuridad y tristeza. Ve, y ven presto y comamos hoy
-como condes.» Tomo mi real y jarro, y a los pies dándoles priesa,
-comienzo a subir mi calle, encaminando mis pasos para la plaza muy
-contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha si está constituído en mi
-triste fortuna que ningún gozo me venga sin zozobra? Y ansí fué
-éste; porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo que le<a
-id="FNanchor_231" href="#Footnote_231" class="fnanchor">[231]</a>
-emplearía, que fuese mejor y más provechosamente gastado, dando
-infinitas gracias a Dios, que a mi amo había hecho con dinero, a
-deshora me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo
-muchos clérigos y gente en unas andas traían; arriméme a la pared
-por darles lugar, y desque el cuerpo pasó, venía luego a par del
-lecho una que debía ser su<a id="FNanchor_232" href="#Footnote_232"
-class="fnanchor">[232]</a> mujer del difunto, cargada de luto,
-y con ella otras muchas mujeres, la cual iba llorando a grandes
-voces, y diciendo: «¡marido y señor mío! ¿adónde os<span
-class="pagenum" id="Page_106">[p. 106]</span> me<a id="FNanchor_233"
-href="#Footnote_233" class="fnanchor">[233]</a> llevan? ¡a la casa
-triste y desdichada! ¡a la casa lóbrega y obscura! ¡a la casa donde
-nunca comen ni beben!»<a id="FNanchor_234" href="#Footnote_234"
-class="fnanchor">[234]</a> Yo que aquello oí, juntóseme el cielo con
-la tierra, y dije: «¡Oh desdichado de mí! para mi casa llevan este
-muerto»; dejo el camino que llevaba, y hendí por medio de la gente, y
-vuelvo por la calle abajo a todo el más correr que pude para mi casa,
-y entrando en ella cierro a<a id="FNanchor_235" href="#Footnote_235"
-class="fnanchor">[235]</a> grande priesa, invocando el auxilio y
-favor de mi amo, abrazándome dél, que me venga ayudar y a defender
-la entrada. El cual algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me
-dijo: «¿qué es eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué has? ¿por qué cierras
-la puerta con tal furia?»—«Oh señor, dije yo, acuda aquí, que nos
-traen acá un muerto.»—«¿Cómo así?» respondió él.—«Aquí arriba le
-encontré, y venía dicien<span class="pagenum" id="Page_107">[p.
-107]</span>do su mujer: <i>marido y señor mío, ¿adónde os llevan? ¡a la
-casa lóbrega y obscura! ¡a la casa triste y desdichada! ¡a la casa
-donde nunca comen ni beben!</i> acá, señor, nos le traen.» Y ciertamente
-cuando mi amo esto oyó, aunque no tenía por qué estar muy risueño,
-rió tanto que muy gran rato estuvo sin poder hablar. En este tiempo
-tenía yo echada la aldaba a la puerta y puesto el hombro en ella por
-más defensa. Pasó la gente con su muerto, y yo todavía me recelaba
-que nos le habían de meter en casa; y desque fué ya más harto de
-reir que de comer, el bueno de mi amo díjome: «verdad es Lázaro;
-según la viuda lo va diciendo, tú tuviste razón de pensar lo que
-pensaste; mas, pues Dios lo ha hecho mejor, y pasan adelante, abre,
-abre, y ve por de comer.»<a id="FNanchor_236" href="#Footnote_236"
-class="fnanchor">[236]</a>—«Dejálos, señor, acaben de pasar la
-calle», dije yo. Al fin vino mi amo a la puerta de la calle, y ábrela
-esforzándome, que bien era menester según el miedo y alteración, y
-me tornó a encaminar. Mas aunque comimos bien aquel día, maldito el
-gusto yo tomaba en ello, ni en aquellos tres días torné en mi color,
-y mi amo muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi
-consideración.</p>
-
-<p>De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fué este
-escudero, algunos días, y en todos deseando saber la intención de
-su venida y estada en esta tierra; porque desde el primer día<span
-class="pagenum" id="Page_108">[p. 108]</span> que con él asenté,
-le conocí ser extranjero, por el poco conocimiento y trato que
-con los naturales della tenía. Al fin se cumplió mi deseo, y supe
-lo que deseaba; porque un día que habíamos comido razonablemente,
-y estaba algo contento, contóme su hacienda<a id="FNanchor_237"
-href="#Footnote_237" class="fnanchor">[237]</a>, y díjome ser
-de Castilla la Vieja, y que había dejado su tierra no más de<a
-id="FNanchor_238" href="#Footnote_238" class="fnanchor">[238]</a>
-por no quitar el bonete a un caballero su vecino. «Señor, dije
-yo, si era él lo que decís, y tenía más que vos, no errábades en
-quitárselo primero, pues decís que él también os lo quitaba»—«Sí
-es, y sí tiene, y también me lo quitaba él a mí; mas de cuantas
-veces yo se le<a id="FNanchor_239" href="#Footnote_239"
-class="fnanchor">[239]</a> quitaba primero, no fuera malo comedirse
-él alguna, y ganarme por la mano.»—«Paréceme, señor, le dije yo, que
-en eso no mirara; mayormente con mis mayores que yo, y que tienen
-más.»—«Eres mochacho, me respondió, y no sientes las cosas de la
-honra, en que el día de hoy<a id="FNanchor_240" href="#Footnote_240"
-class="fnanchor">[240]</a> está todo el caudal de los hombres de
-bien;<span class="pagenum" id="Page_109">[p. 109]</span> pues te
-hago saber que yo soy (como ves) un escudero, mas vótote a Dios,
-si al Conde topo en la calle, y no me quita muy bien quitado del
-todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una
-casa, fingiendo yo en ella algún negocio o atravesar otra calle, si
-la hay, antes que llegue a mí, por no quitárselo; que un hidalgo<a
-id="FNanchor_241" href="#Footnote_241" class="fnanchor">[241]</a> no
-debe a otro que a Dios y al rey nada, ni es justo, siendo hombre de
-bien, se descuide un punto de tener en mucho su persona. Acuérdome,
-que un día deshonré en mi tierra a un oficial, y quise poner en
-él las manos, porque cada vez que le topaba me decía: <i>mantenga
-Dios a vuestra merced</i><a id="FNanchor_242" href="#Footnote_242"
-class="fnanchor">[242]</a>. Vos, don villano ruin, le dije yo, ¿por
-qué no sois bien criado? ¿<i>Manténgaos Dios</i>, me habéis de decir<span
-class="pagenum" id="Page_110">[p. 110]</span> como si fuese quien
-quiera? De allí adelante, de aquí acullá me quitaba el bonete, y
-hablaba como debía.»—«¿Y no es buena manera de saludar un hombre
-a otro, dije yo, decirle que le mantenga Dios?»—«Mira, mucho de
-enhoramala, dijo él; a los hombres de poca arte dicen eso, mas a los
-más altos, como yo, no les han de hablar menos de: <i>beso las manos
-de vuestra merced</i>, o por lo menos, <i>bésoos, señor, las manos</i>, si
-el que me habla es caballero. Y ansí aquel de mi tierra, que me
-atestaba de mantenimiento<a id="FNanchor_243" href="#Footnote_243"
-class="fnanchor">[243]</a>, nunca más le quise sufrir; ni sufriría,
-ni sufriré a hombre del mundo, del rey abajo, que <i>manténgaos Dios</i>
-me diga.»—Pecador de mí, dije yo, por eso tiene tan poco cuidado
-de mantenerte, pues no sufres que nadie se lo ruegue.—«Mayormente,
-dijo, que no soy tan pobre, que no tengo en mi tierra un solar de
-casas, que a estar ellas en pie y bien labradas, diez y seis leguas
-de donde nací, en aquella Costanilla de Valladolid, valdrían más de
-doscientas veces mil maravedís, según se podrían hacer grandes y
-buenas; y tengo un palomar que, a no estar derribado como está, daría
-cada año más de doscientos palominos, y otras cosas que me callo, que
-dejé por lo que tocaba a mi honra; y vine a esta ciudad pensando que
-hallaría un buen asiento, mas no me ha sucedido como pensé. Canónigos
-y señores de la<span class="pagenum" id="Page_111">[p. 111]</span>
-iglesia muchos hallo; mas es gente tan limitada<a id="FNanchor_244"
-href="#Footnote_244" class="fnanchor">[244]</a>, que no los sacarán<a
-id="FNanchor_245" href="#Footnote_245" class="fnanchor">[245]</a>
-de su paso todo el mundo. Caballeros de media talla también me
-ruegan; mas servir con<a id="FNanchor_246" href="#Footnote_246"
-class="fnanchor">[246]</a> estos es gran trabajo, porque de hombre
-os habéis de convertir en malilla, y si no, andá con Dios, os dicen,
-y las más veces son los pagamentos a largos plazos, y lo más más<a
-id="FNanchor_247" href="#Footnote_247" class="fnanchor">[247]</a>
-cierto comido por servido; ya cuando quieren reformar conciencia y
-satisfaceros vuestros sudores, sois librados<a id="FNanchor_248"
-href="#Footnote_248" class="fnanchor">[248]</a> en la recámara, en
-un sudado jubón, o raída capa o sayo. Ya cuando asienta hombre<a
-id="FNanchor_249" href="#Footnote_249" class="fnanchor">[249]</a>
-con un señor de título, todavía pasa su laceria, ¿pues, por ventura
-no hay en mí habilidad para servir y contentar a éstos? Por
-Dios, si con él topase, muy gran su privado<a id="FNanchor_250"
-href="#Footnote_250" class="fnanchor">[250]</a> pienso que fuese,
-y<span class="pagenum" id="Page_112">[p. 112]</span> que mil
-servicios le hiciese porque yo sabría mentille tan bien como otro,
-y agradalle a las mil maravillas; reille ya mucho sus donaires y
-costumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo; nunca decirle
-cosa con que le pesase, aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente
-en su persona en dicho y hecho; no me matar por hacer bien las cosas
-que él no había de ver, y ponerme a reñir donde él lo oyese con la
-gente de servicio, porque paresciese tener gran cuidado de lo que a
-él tocaba; si riñese con algún su criado, dar unos puntillos agudos
-para le encender la ira, y que pareciesen en favor del culpado;
-decirle bien de lo que bien le estuviese; y por el contrario, ser
-malicioso mofador, malsinar<a id="FNanchor_251" href="#Footnote_251"
-class="fnanchor">[251]</a> a los de casa; y a los de fuera pesquisar,
-y procurar de saber vidas ajenas para contárselas, y muchas otras
-galas de esta calidad, que hoy día se usan en palacio, y a los
-señores dél parecen bien, y no quieren ver en sus casas hombres
-virtuosos, antes los aborrecen y tienen en poco y llaman necios,
-y que no son personas de negocios, ni con quien el señor se puede
-descuidar, y con estos, los astutos usan, como digo, el día de hoy,
-de lo que yo usaría. Mas no quiere mi ventura que le halle.» Desta
-manera lamentaba también su adversa fortuna mi amo, dándome relación
-de su persona valerosa.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_159"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_159">[159]</a></span> El nombre del protagonista
-<i>Lazarillo</i> pasó a ser sustantivo apelativo para designar al guía
-de ciego; y la frase <i>oler el poste</i> (= prever un peligro), alude
-a una aventura de esta novela, pues Lazarillo se vengó del ciego
-en Escalona guiándole a que se descalabrase contra un poste, y
-diciéndole: «¿Cómo olistes la longaniza y no el poste?» Esta aventura
-se recuerda en un cuento popular, terminado con el dístico «y usted
-que olió la sardina, ¿por qué no ha olido la esquina?», <span
-class="smcap">Fernán Caballero</span>, <i>Cuentos y poesías populares
-andaluces</i>, Madrid, Romero, 1907, pág. 174 (comp. <i>Revue Hispanique</i>,
-VII, p. 92-93).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_160"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_160">[160]</a></span> V. <span
-class="smcap">Morel-Fatio</span> en el Prefacio de su traducción
-francesa del <i>Lazarillo</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_161"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_161">[161]</a></span> El protagonista <i>Lázaro</i> se
-llamó <i>de Tormes</i> por haber nacido en Tejares, aldea de Salamanca,
-a la orilla del río Tormes. No se dijo <i>del Tormes</i>, porque en
-castellano antiguo los nombres de los ríos solían no llevar artículo:
-«las aguas de Duero, sobre Tajo», etcétera. Véase adelante cómo Fray
-Luis de León dice «en la ribera de Tormes».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_162"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_162">[162]</a></span> Nótase poca habilidad en la
-unión de los párrafos. En vez de esta conjunción <i>y</i>, tan poco
-apropiada, puso el ya citado corrector Juan de Luna: «que fuera mejor
-no se me cerrara porque mientras...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_163"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_163">[163]</a></span> <i>Gallofa</i> es la comida que
-reparten en los conventos a los pobres, y <i>gallofero</i>, según
-Covarrubias (1610), «el pobretón que sin tener enfermedad se anda
-holgazán y ocioso, acudiendo a las horas de comer a las porterías de
-los conventos».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_164"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_164">[164]</a></span> El demostrativo sólo indica
-muchas veces, en el uso familiar (por esto Juan de Luna lo suprimió
-aquí), extrañeza o desconocimiento de la cosa a que se refiere.
-Recuérdese la inurbanidad de la pregunta «¿quién es ése,?», por
-«quién es ese señor».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_165"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_165">[165]</a></span> <i>Escudero</i>, según Covarrubias,
-que escribía a principios del siglo <small>XVII</small>, era «el
-hidalgo que lleva el escudo al caballero en tanto que éste no pelea
-con él. En la paz los escuderos sirven a los señores de acompañar
-delante sus personas, asistir en la antecámara o sala; otros se
-están en sus casas y llevan acostamiento (o salario) de los señores,
-acudiendo a sus obligaciones a tiempos ciertos. Hoy día más se sirven
-dellos las señoras, y los que tienen alguna pasada huelgan más de
-estar en sus casas, que de servir, por lo poco que medran y lo mucho
-que les ocupan». Recuérdense bien todas las palabras de Covarrubias,
-para entender mejor las conversaciones que Lázaro tendrá con su
-amo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_166"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_166">[166]</a></span> Hoy tiene también <i>que</i> el
-sentido causal de <i>porque</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_167"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_167">[167]</a></span> Hoy habría que poner el
-artículo: <i>la hora propia</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_168"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_168">[168]</a></span> Aquí se sobreentiende como
-sujeto «el reloj», según dice unas líneas más abajo: «En este tiempo
-dió el reloj la una.» Véase en la <a href="#Page_98">p. 98</a> dos
-casos más. Hoy tomamos como sujeto el que realmente es acusativo, y
-decimos: «dieron las once».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_169"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_169">[169]</a></span> Las ediciones de B. y Al.,
-omiten la conjunción.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_170"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_170">[170]</a></span> Más común es <i>por junto</i>, como
-ponen las ediciones posteriores, o sea <i>por mayor</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_171"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_171">[171]</a></span> Esta perífrasis era ya
-anticuada en tiempo de J. de Luna, que pone simplemente: «dió la una
-y llegamos...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_172"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_172">[172]</a></span> Véase lo que decimos acerca de
-este relativo en los extractos de Fray Luis de Granada y de Mariana,
-págs. <a href="#Page_126">126</a> y <a href="#Page_201">201</a>. Luna
-corrigió: «entramos por una entrada obscura».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_173"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_173">[173]</a></span> Para Luna era ya desusado este
-sustantivo, pues pone <i>aposentos</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_174"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_174">[174]</a></span> Esta ambigüedad la salva Luna:
-<i>y me preguntó</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_175"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_175">[175]</a></span> <i>No ser para en cámara</i>,
-significa «no ser correcto o cortés». Era muy corriente entonces un
-cantarcillo para motejar a los poco cortesanos:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">No sois vos para en cámara, Pedro;</p>
-<p class="i0">no sois vos para en cámara, non,</p>
-<p class="i0">sino para en camaranchón.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_176"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_176">[176]</a></span> <i>Luego</i> significaba ‘entonces’,
-y no ‘después’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_177"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_177">[177]</a></span> Nótese la frase <i>mostrar
-aliento de hacer algo</i>, por ‘tener aire de’ o ‘trazas de’. No se
-halla en los Diccionarios, y no era tampoco conocida de Luna que puso
-«no tenía más talle de comer...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_178"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_178">[178]</a></span> La conjunción <i>ni</i> equivale
-a veces a <i>y no</i>, aun cuando la proposición antecedente no lleve
-negación. Si la lleva, este sentido es evidente; <i>No quiso ni querrá</i>
-es lo mismo que <i>No quiso y no querrá</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_179"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_179">[179]</a></span> Alude al <i>arca</i> del clérigo de
-Maqueda.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_180"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_180">[180]</a></span> «<i>Caer de su estado</i>, el que,
-turbada la cabeza, cae en tierra amortecido» (Covarrubias). Hoy más
-bien significa ‘venir a menos’ o ‘descaecer de su estado’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_181"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_181">[181]</a></span> Otras ediciones añaden <i>le
-dije</i>; pero no es indispensable, pues se omitía a veces la frase
-introductora del discurso directo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_182"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_182">[182]</a></span> Elipsis muy usual en vez de
-«bendito sea Dios por ello».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_183"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_183">[183]</a></span> El demostrativo <i>deso</i>, regido
-de <i>alabar</i>, anuncia toda la proposición <i>por de mejor garganta</i>.
-La construcción es: «me podré alabar de esto: por ser de mejor
-garganta».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_184"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_184">[184]</a></span> Nótese la descuidada
-naturalidad de este giro, que Luna trocó impertinentemente así:
-«tomóme el mejor pedazo de tres que tenía».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_185"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_185">[185]</a></span> Esta conjunción condicional
-anunciando una interrogación era ya desusada en tiempo de Luna.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_186"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_186">[186]</a></span> <i>Fiero</i> tenía el significado
-general de <i>grande</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_187"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_187">[187]</a></span> <i>Coxquear</i>, ‘cojear’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_188"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_188">[188]</a></span> <i>Comedirse</i>, «anticiparse a
-hacer algún servicio sin que se lo adviertan o pidan» (Covarrubias),
-usado aun hoy en Ecuador (Tobar) y Argentina (Segovia). El sentido de
-‘anticiparse’ vese también en las págs. <a href="#Page_100">100</a> y
-<a href="#Page_108">108</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_189"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_189">[189]</a></span> Luna veía, con razón, este
-párrafo superabundante, y puso: «acabamos casi a una; sacudióse unas
-migajas menudas que en los pechos se le habían quedado». En lo que
-no estuvo acertado, fué en no hacer resaltar, como el texto, que las
-migajas eran <i>pocas</i> y <i>muy menudas</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_190"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_190">[190]</a></span> <i>Parar</i> tenía en lo antiguo
-casi todas las acepciones de <i>poner</i>: pararse en pie, pararse
-delante, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_191"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_191">[191]</a></span> <i>Capear</i> es lo que hoy decimos
-<i>atracar</i>; según Covarrubias: «Quitar por fuerza la capa al que topan
-de noche en escampado; esto se hace dentro de los lugares y de noche;
-y si les dan lugar, quitan con las capas los sayos, y siempre las
-bolsas si traen algo en ellas.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_192"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_192">[192]</a></span> Hoy se diría <i>harémoslo</i> o <i>lo
-haremos</i>. El futuro <i>haré</i>, <i>harás</i>, se compone de <i>hacer he</i>, <i>hacer
-has</i>, pues el infinitivo se contraía antiguamente en <i>fer</i> o <i>her</i>,
-<i>har</i>, y entre el infinitivo y el verbo auxiliar se podían colocar
-los pronombres enclíticos, como aquí sucede.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_193"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_193">[193]</a></span> El correlativo propio de <i>tal</i>
-es <i>cual</i>; pero también se usan <i>que</i> (amenazó hacer tal cosa <i>que</i>
-sería muy sonada) y <i>como</i>, que emplearíamos hoy en el caso del
-texto, a no ser cacofónico antes de <i>comer</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_194"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_194">[194]</a></span> Las <i>calzas</i> eran el abrigo de
-las piernas, en lugar de nuestros pantalones, que por ser más anchos
-que las antiguas calzas se llamaron <i>calzones</i>. «<i>Jubón</i>, vestido
-justo y ceñido que se pone sobre la camisa y se ataca (o ata por
-medio de agujetas) con las calzas» (Covarrubias).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_195"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_195">[195]</a></span> Otra vez J. de Luna borró este
-<i>lo cual</i>, y puso <i>yo lo hice</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_196"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_196">[196]</a></span> Esto es: se encendían en ira
-los huesos de Lázaro y reñían con el cañizo del lecho, por estar el
-colchón tan falto de lana. «En toda la noche dejaron de rifar», giro
-familiar que Luna corrigió añadiendo la negación omitida <i>no dejaron
-de</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_197"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_197">[197]</a></span> «<i>Servir de pelillo</i>,
-hacer servicios de poca importancia y de mucha curiosidad»
-(Covarrubias).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_198"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_198">[198]</a></span> Espadero famoso que firma la
-espada de Fernando el Católico, que se conserva en la Armería Real de
-Madrid (<i>Antonius me fecit</i>), y la atribuída a Garcilaso de la Vega,
-el de la hazaña del Ave María. V. <i>Catálogo de la Real Armería</i>, por
-el <span class="smcap">C. de Valencia de D. Juan</span>, 1898, págs.
-213 y 256.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_199"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_199">[199]</a></span> Varias veces se podrá observar
-en este fragmento del Lazarillo la supresión de la preposición <i>a</i>
-cuando le precede o sigue otra <i>a</i> final o inicial de palabra: «me
-obligo con ella a cercenar».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_200"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_200">[200]</a></span> <i>So</i> era ya anticuado para
-Luna, que puso <i>debajo</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_201"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_201">[201]</a></span> Luna decía, como nosotros, <i>en
-el quicio</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_202"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_202">[202]</a></span> Las ediciones dicen <i>Conde
-Alarcos</i> o <i>Conde de Arcos</i>, héroe de un romance en que para nada se
-habla de lujo y galas. Hay que corregir <i>Conde Claros</i>, protagonista
-de otro romance que cuenta los amores funestos del Conde con la
-Infanta Claraniña, y describe largamente como el Conde se viste
-ayudado por el <i>camarero</i> que recuerda Lazarillo:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Media noche era por filo,</p>
-<p class="i0">los gallos querían cantar,</p>
-<p class="i0">Conde Claros con amores</p>
-<p class="i0">no podía reposar,</p>
-<p class="i0">que amores de Claraniña</p>
-<p class="i0">no le dejan sosegar.</p>
-<p class="i0">Cuando vino la mañana,</p>
-<p class="i0">que quería alborear,</p>
-<p class="i0">salto diera de la cama,</p>
-<p class="i0">que parece un gavilán;</p>
-<p class="i0">voces da por el palacio</p>
-<p class="i0">y empezara de llamar:</p>
-<p class="i0">«levantá, mi <i>camarero</i>:</p>
-<p class="i0">dáme vestir y calzar.»</p>
-<p class="i0">Presto estaba el camarero</p>
-<p class="i0">para habérselo de dar:</p>
-<p class="i0">diérale calzas de grana,</p>
-<p class="i0">borceguís de cordobán,</p>
-<p class="i0">diérale jubón de seda</p>
-<p class="i0">aforrado en zarzahán,</p>
-<p class="i0">diérale un manto rico</p>
-<p class="i0">que no se puede apreciar,</p>
-<p class="i0">trescientas piedras preciosas</p>
-<p class="i0">alrededor del collar;</p>
-<p class="i0">tráele un rico caballo</p>
-<p class="i0">que en la corte no hay su par,</p>
-<p class="i0">que la silla con el freno</p>
-<p class="i0">bien valía una ciudad,</p>
-<p class="i0">con trescientos cascabeles</p>
-<p class="i0">alrededor del petral,</p>
-<p class="i0">los ciento eran de oro</p>
-<p class="i0">y los ciento de metal</p>
-<p class="i0">y los ciento son de plata</p>
-<p class="i0">por los sones concordar.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_203"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_203">[203]</a></span> Debiera decir <i>cuente</i>, como
-<i>piense</i>; pero cometióse esta incongruencia porque el <i>quien</i>
-tiene aquí un sentido colectivo: <i>Todos los que le encuentren le
-contaran</i>...</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_204"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_204">[204]</a></span> «<i>Sayo</i>, vestidura que recoge
-y abriga el cuerpo, y sobre ella se pone la capa para salir de casa»
-(Covarrubias).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_205"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_205">[205]</a></span> <i>Por la negra que llaman honra</i>
-es una frase anticuada que corresponde a la que hoy se usa «por la
-negra honrilla».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_206"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_206">[206]</a></span> Es decir, <i>y ver si
-viniese</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_207"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_207">[207]</a></span> Otras ediciones ponen <i>y que no
-venía</i>; pero la conjunción <i>que</i> se omite muchas veces aun hoy, y muy
-bien se puede decir «desque vi no venía».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_208"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_208">[208]</a></span> <i>Ensilar</i> es propiamente
-guardar el trigo en los silos o cuevas, y metafóricamente engullir o
-comer mucho.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_209"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_209">[209]</a></span> <i>Do</i>, aquí ‘de donde’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_210"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_210">[210]</a></span> Véase línea 6, y <a
-href="#Page_88">pág. 88</a>, <a href="#Footnote_168">nota 168</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_211"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_211">[211]</a></span> Está el personal neutro, con
-valor de demostrativo, representando una proposición anterior, que es
-<i>el pedir limosna</i>. Hoy diríamos <i>eso me parece bien</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_212"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_212">[212]</a></span> Hoy el genitivo partitivo
-forzosamente ha de ir precedido de <i>uno</i>, <i>alguno</i>, <i>poco</i>, <i>mucho</i>,
-<i>cual</i>, etc. Luna corrigió también el arcaísmo poniendo <i>una dellas</i>.
-En un romance, dice Fernán González altaneramente al enviado del rey:
-«villas y castillos tengo, todos a mi mandar son; <i>dellos</i> me dejó mi
-padre, <i>dellos</i> me ganara yo; esto es, <i>algunos de ellos</i> los heredé,
-<i>otros</i> me los gané yo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_213"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_213">[213]</a></span> Esto es, <i>a aquella</i>; véase
-atrás <a href="#Page_95">pág. 95</a>, <a href="#Footnote_199">nota
-199</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_214"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_214">[214]</a></span> Otro caso de omisión de la
-conjunción <i>que</i>. (Sigue un juego de palabras en que <i>trabajo</i> se
-toma en el doble sentido de necesidad o aflicción del cuerpo, o sea
-hambre del amo, y de fruto del trabajo o mendicidad del criado:
-«deseaba que aquel pecador socorriese su miseria con el miserable
-fruto de mi trabajo».)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_215"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_215">[215]</a></span> «<i>Aparejo</i>, lo necesario para
-hacer alguna cosa» (Covarrubias).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_216"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_216">[216]</a></span> Alusión al refrán <i>ayúdate y
-ayudarte he</i> o <i>ayúdate y te ayudará Dios</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_217"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_217">[217]</a></span> En <i>lo había gana</i> se mezclan
-dos construcciones antiguas: <i>había gana de ello</i> + <i>lo había en
-gana</i>; en la primera se usa <i>haber</i> en el sentido de tener, y la
-segunda es análoga a otras: <i>haber en voluntad</i>, <i>haber en deseo</i>.
-Para Luna el giro era ya anticuado, y puso: «como aquel que tenía
-buena gana».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_218"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_218">[218]</a></span> <i>Almodrote</i>, cierta salsa que
-se hace en aceite con ajos, queso y otras cosas machacadas en el
-mortero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_219"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_219">[219]</a></span> Alusión al hambre llamada
-<i>salsa de San Bernardo</i>, y al refrán «No hay mejor salsa que el buen
-apetito».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_220"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_220">[220]</a></span> Esto es, ‘paso compasado’;
-hoy se dice «por sus pasos contados», con toda regularidad, orden y
-lentitud.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_221"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_221">[221]</a></span> <i>Cabeza de lobo</i>, la ocasión
-que uno toma para aprovecharse de ella más de lo razonable, como el
-que mata un lobo y lleva la cabeza por los lugares de la comarca para
-que todos le den algo en recompensa del bien que ha hecho en matar un
-animal dañino. Así lo explica Covarrubias. Antes, en el Diccionario
-de Alonso Sánchez de la Ballesta, Salamanca, 1587, hallamos: «<i>La
-cabeza del lobo</i>; cuando buscamos algún artificio para sacar dineros,
-le llamamos cabeza de lobo, porque los que la muestran sacan de
-los lugares sus provechos por haber quitado la vida al enemigo del
-ganado.» El Diccionario de la Academia, hasta su edición 14.ª, no
-traía más que la frase, evidentemente corrompida, <i>ser cabeza de
-bobo</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_222"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_222">[222]</a></span> <i>Pasar</i> significa tener lo
-necesario para vivir. No hace falta para nada corregir, como hace
-Luna, <i>con que él lo pasase bien</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_223"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_223">[223]</a></span> <i>Cornado</i>, una moneda que tenía
-grabada una corona (<i>coronado</i>); la usaron los reyes desde Sancho
-IV; era de muy baja ley la que mandó batir Alfonso XI en 1331, para
-remediar la falta de dinero, por lo cual se siguió gran carestía. Por
-desprecio se dice «no valer un cornado». No es conocida la frase <i>de
-trueco</i>, que Luna desecha, escribiendo: «aunque no haya cornado ni
-blanca»; claro es que <i>trueco</i> tiene aquí la acepción de ‘cambio’ de
-la moneda.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_224"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_224">[224]</a></span> Véase <a href="#Page_109">pág.
-109</a>, sobre cuánto regateaba un hidalgo el quitar su bonete para
-saludar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_225"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_225">[225]</a></span> ‘Llevando esta vida’ o
-‘haciendo tal vida’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_226"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_226">[226]</a></span> Lugar de Toledo, no lejos de la
-Catedral, entre la calle de las Cordonerías, de la Chapinería, de la
-Obra Prima y del Hombre de Palo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_227"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_227">[227]</a></span> <i>Lacería</i> vale trabajo,
-miseria, y metafóricamente el sustento con que se pasa miserablemente
-la vida.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_228"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_228">[228]</a></span> Se notará que Lázaro abusa un
-poco de los juegos de palabras; aquí creo que quiere decir: ‘muy
-pasado, enjuto o demacrado, como la fruta pasa, me pasaba la vida con
-aquello’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_229"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_229">[229]</a></span> En vez de <i>los</i>, la edición de
-Burgos pone <i>lo</i>, que pudiera ser un pleonasmo representando a la
-frase siguiente: <i>sin comer</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_230"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_230">[230]</a></span> <i>Quebrar el ojo al diablo</i>,
-hacer lo mejor, más justo y razonable, pues así se le disgusta
-y da tormento; se usa, en general, <i>quebrar los ojos a uno</i> por
-desplacerle o desagradarle.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_231"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_231">[231]</a></span> Este <i>le</i> se refiere a objeto
-demasiado lejano, así que otras ediciones corrigieron: «en qué
-emplearía mi real que fuese mejor...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_232"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_232">[232]</a></span> <i>Su</i> pleonástico precediendo al
-genitivo posesivo, como hoy «su padre de usted».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_233"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_233">[233]</a></span> Este <i>me</i> es lo que se llama un
-<i>dativo ético</i>, muy usado para indicar, por medio de un pronombre en
-dativo, la persona que moralmente se interesa en la acción del verbo.
-Es frecuente en griego y latín: «Depresso incipiat jam tum <i>mihi</i>
-taurus aratro ingemere.» (<i>Georg.</i> I, 45.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_234"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_234">[234]</a></span> «Este modo de llorar los
-muertos se usaba en toda España (dice Covarrubias, s. v. «endecha»
-en 1610), porque iban las mujeres detrás del cuerpo del marido,
-descabelladas, y las hijas tras el de sus padres, mesándose y dando
-tantas voces, que en la iglesia no dejaban hacer el oficio a los
-clérigos, y así se les mandó que no fuesen; pero hasta que sacan
-el cuerpo a la calle están en casa lamentando, y se asoman a las
-ventanas a dar gritos cuando le llevan, ya que no les dejan ir tras
-él.» Hoy día todavía se hace cosa semejante en algunas aldeas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_235"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_235">[235]</a></span> Luna quitó el arcaísmo,
-poniendo <i>con gran priesa</i>. Hoy se conserva el uso de <i>a</i> para
-indicar el modo, en vez de <i>con</i> en la frase adverbial <i>aprisa</i>, que
-está por <i>a prisa</i>. Compárese también <i>a voces</i>, <i>a empujones</i>, etc.,
-etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_236"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_236">[236]</a></span> Elipsis familiar: ‘ve por algo
-de comer’, ‘por lo de comer’. Luna retocó: «ve a buscar de comer».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_237"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_237">[237]</a></span> Hoy, <i>hacienda</i>, significa,
-comúnmente, finca rural o riquezas de otra clase; pero antes valía
-también negocio en general.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_238"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_238">[238]</a></span> Giro ya desusado para Luna,
-que corrigió «no más sino por no quitar el sombrero». Hoy diríamos:
-«no más que por no quitar el sombrero». Los comparativos hoy se
-construyen, ordinariamente, con <i>que</i>; pero también a veces con
-<i>de</i>: «más grande <i>de</i> lo que parece»; y siempre que a <i>más</i> le
-sigue un numeral cardinal, y no está en una frase negativa, es
-obligatorio el <i>de</i>: «iban más <i>de</i> veinte hombres»; con negación, es
-potestativo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_239"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_239">[239]</a></span> Nótese la vacilación leísta;
-antes dijo <i>quitárselo</i> y <i>os lo quitaba</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_240"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_240">[240]</a></span> Esto es <i>en el día de hoy</i>. La
-relación de tiempo se expresa muchas veces sin preposición, y aquí se
-suprime para evitar la repetición: <i>en que en el día</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_241"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_241">[241]</a></span> <i>Hidalgo</i> era sinónimo de
-<i>noble</i>, en general; pero más concretamente designaba el ínfimo grado
-de nobleza; es decir, la persona de linaje noble que no tenía título
-ninguno especial. Como dependían directamente del Rey, sus personas,
-casas y heredades estaban exentas de la jurisdicción señorial; de ahí
-el orgullo del pobre amo de Lázaro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_242"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_242">[242]</a></span> La fórmula <i>manténgaos Dios</i>
-y <i>Dios mantenga</i>, es saludo rústico muy usado en nuestro teatro
-antiguo. Fray Antonio de Guevara, en una de sus epístolas familiares,
-fechada en Avila, 1533, dice: «Acá, en nuestra Castilla, es cosa de
-espantar y aun para se reir las maneras y diversidades que tienen en
-se saludar... Unos dicen <i>Dios mantenga</i>, otros dicen <i>manténgaos
-Dios</i>, otros <i>en hora buena estéis</i>... Todas estas maneras de saludar
-se usan solamente entre los aldeanos y plebeyos, y no entre los
-cortesanos y hombres polidos; porque si, por malos de sus pecados,
-dijese uno a otro en la Corte <i>Dios mantenga</i> o <i>Dios os guarde</i>, le
-lastimarían en la honra y le darían una grita. El estilo de la Corte
-es decirse unos a otros: <i>Beso las manos de vuestra merced</i>.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_243"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_243">[243]</a></span> Que me hartaba con tanto
-«manténgaos Dios»; juego de palabras, basado en el sentido propio de
-«mantenimiento», ‘alimento’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_244"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_244">[244]</a></span> La Academia sólo registra
-el significado moderno de limitado, hombre de cortos alcances.
-Covarrubias no conoce éste, y sólo nos da el que conviene a las
-palabras del Lazarillo; «ser un hombre limitado, es ser corto y poco
-liberal».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_245"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_245">[245]</a></span> <i>Todo el mundo</i>, aunque
-gramaticalmente es singular, es por el sentido un plural.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_246"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_246">[246]</a></span> Las ediciones posteriores:
-<i>servir a éstos</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_247"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_247">[247]</a></span> <i>Lo más más cierto</i>,
-refuerzo del adverbio por repetición; como si dijera: «lo muy
-más cierto» (comp. adelante <a href="#Page_239">pág. 239</a>, <a
-href="#Footnote_491">n. 491</a>, <i>menos menos</i>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_248"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_248">[248]</a></span> <i>Ser librado</i>, recibir libranza
-u orden de pago; <i>librar</i>, expedir la libranza el que debe una
-cantidad. <i>Recámara</i>, el aposento que está más adentro de la cámara
-donde duerme el señor, y donde el camarero le tiene sus vestidos y
-joyas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_249"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_249">[249]</a></span> <i>Asienta hombre</i>, esto es,
-«se asienta uno»; <i>hombre</i> era muy usado en sentido pronominal
-indefinido, como el francés <i>on</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_250"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_250">[250]</a></span> Hoy <i>gran privado suyo</i>, como
-ya modernizó Luna. Antiguamente el posesivo se podía colocar entre el
-sustantivo y otro determinante; v. gr.: <i>un mi amigo</i> por <i>un amigo
-mío</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_251"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_251">[251]</a></span> <i>Malsinar</i> es delatar, y
-<i>malsín</i> el cizañero o delator. («El que de secreto avisa a la
-justicia de algunos delitos con mala intención y por su propio
-interés», Covarrubias.)</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_113">[p. 113]</span></p>
- <h2 title="Don Diego Hurtado de Mendoza"
- class="nobreak">DIEGO HURTADO DE MENDOZA<br />
- <small>(Hacia 1503-1575)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>El último tercio del siglo <small>XVI</small> (incluyendo los
-primeros decenios del <small>XVII</small>) señala el punto más
-alto de gloria a que llegó nunca la prosa castellana, tanto en
-hermosura como en difusión por todo el mundo civilizado. Se presenta
-originalísima y genial en dos géneros, por cierto bien opuestos: el
-más sublime lenguaje místico, capaz de encerrar todos los secretos de
-la filosofía del amor divino, y la más descarada lengua picaresca,
-implacable en la pintura satírica de la numerosa casta de amigos de
-la holganza y del hambre. Pero, además, el castellano aparece ya
-diestro en tratar toda clase de asuntos científicos y artísticos,
-y cumplidos los votos que en 1588 hacía el padre Malón de Chaide,
-se encuentran ahora «todas las cosas curiosas y graves escritas en
-nuestro vulgar, y la lengua española subida en su perfección, sin que
-tenga envidia a alguna de las del mundo, y tan extendida cuanto lo
-están las banderas de España, que llegan del uno al otro polo».</p>
-
-<p>El estilo medio de esta época es, por su buen gusto y
-condiciones artísticas, muy superior al de todas las otras; en
-el siglo <small>XVII</small> comenzará ya la decadencia con los
-abusos increíbles del culteranismo y del conceptismo. Respecto al
-vocabulario,<span class="pagenum" id="Page_114">[p. 114]</span>
-en el siglo <small>XVI</small> hallamos el mayor uso literario de
-voces castizas, o sea del fondo más antiguo de la lengua, y por lo
-tanto más conformes con la índole y genio propio de la misma; luego
-el caudal léxico se acrecentó tanto como se enturbió, en el siglo
-<small>XVII</small> con multitud de neologismos y cultismos, y en el
-<small>XVIII</small> con extranjerismos.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Dúdase de que don Diego Hurtado de Mendoza sea el autor de
-la <i>Guerra de Granada</i>; pero las razones presentadas están
-lejos de ser decisivas<a id="FNanchor_252" href="#Footnote_252"
-class="fnanchor">[252]</a>, y por ahora podemos continuar
-respetando la<span class="pagenum" id="Page_115">[p. 115]</span>
-atribución tradicional de la obra, tanto más cuanto que el estilo
-de ésta y el de la correspondencia diplomática de don Diego que se
-conserva, ofrece notables puntos de semejanza<a id="FNanchor_253"
-href="#Footnote_253" class="fnanchor">[253]</a>.</p>
-
-<p>Con la <i>Guerra de Granada</i>, la prosa histórica española deja
-definitivamente de producir meras crónicas o sencillas relaciones
-cronológicas, al uso de la Edad Media, para emplearse en narraciones
-más artísticas al uso de la historia clásica, adornadas con
-discursos, retratos, descripciones, episodios y digresiones sobre
-antigüedades y usos. Mendoza tomó por modelos a Salustio y a Tácito,
-y les imita en su estilo conciso y cortado, al cual da realce con
-frecuentes sentencias y reflexiones morales.</p>
-
-<p>La concisión de Mendoza, como dice bien Capmany, es algunas
-veces extremada, en lo que sin duda afectó el autor particular
-estudio, de tal manera que deja a veces el sentido obscuro u
-ambiguo. Este defecto nace principalmente de la construcción de
-las frases; algunas parecen mutiladas,<span class="pagenum"
-id="Page_116">[p. 116]</span> digámoslo así, y otras mal enlazadas,
-por faltarles las voces copulativas que ligan los miembros del
-período o señalan las secciones o tránsitos de uno a otro: modos de
-hablar que sólo admite la lengua latina, muy opuestos a la índole y
-claridad de la castellana<a id="FNanchor_254" href="#Footnote_254"
-class="fnanchor">[254]</a>.</p>
-
-<p>Este defecto lo veremos colmado después con peor exceso por los
-prosistas místicos.</p>
-
-<p>Alguno atribuyó también a la pluma de Mendoza el <i>Lazarillo de
-Tormes</i>; pero hoy nadie sostiene tal atribución. Nada absolutamente
-tienen de común la corriente y familiar manera de contar que se
-observa en la novela, con la estudiada y llena de ambición literaria
-que nos ofrece la <i>Guerra</i>.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_6_1">
- <h3 title="Prólogo de la Guerra de Granada">GUERRA DE GRANADA</h3>
- <p class="centra mt2">PRÓLOGO</p>
-</div>
-
-<p>Mi propósito es escribir la guerra que el Rey Católico de
-España Don Felipe II, hijo del nunca vencido Emperador Don Carlos,
-tuvo en el reino de Granada contra los rebeldes nuevamente
-con<span class="pagenum" id="Page_117">[p. 117]</span>vertidos<a
-id="FNanchor_255" href="#Footnote_255" class="fnanchor">[255]</a>,
-parte de la cual yo vi<a id="FNanchor_256" href="#Footnote_256"
-class="fnanchor">[256]</a> y parte entendí<a id="FNanchor_257"
-href="#Footnote_257" class="fnanchor">[257]</a> de personas
-que en ella pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que
-muchas cosas de las que escribiere parecerán a algunos livianas
-y menudas para historia, comparadas a las grandes que de España
-se hallan escritas<a id="FNanchor_258" href="#Footnote_258"
-class="fnanchor">[258]</a>: guerras largas de varios sucesos; tomas
-y desolaciones de ciudades populosas; reyes vencidos y presos,
-desposeídos, restituídos y otra vez desposeídos, muertos a hierro<a
-id="FNanchor_259" href="#Footnote_259" class="fnanchor">[259]</a>;
-discordias entre padres e hijos, hermanos y<span class="pagenum"
-id="Page_118">[p. 118]</span> hermanos, suegros y yernos;
-acabados linajes, mudadas sucesiones de reinos; libre y extendido
-campo y ancha salida para los escritores. Yo escogí camino más
-estrecho, trabajoso, estéril y sin gloria<a id="FNanchor_260"
-href="#Footnote_260" class="fnanchor">[260]</a>, pero provechoso
-y de fruto para los que adelante vinieren: comienzos bajos,
-rebelión de salteadores, junta de esclavos, tumulto de villanos,
-competencias, odios, ambiciones y pretensiones; dilación de
-provisiones, falta de dinero, inconvenientes o no creídos, o
-tenidos en poco, remisión y flojedad en ánimos acostumbrados
-a entender, proveer y disimular mayores cosas; y así no será
-cuidado perdido considerar de cuán livianos principios y causas
-particulares se viene a colmo de grandes trabajos, dificultades
-y daños públicos, y cuasi fuera de remedio; veráse una guerra al
-parecer tenida en poco y liviana dentro en casa<a id="FNanchor_261"
-href="#Footnote_261" class="fnanchor">[261]</a>, mas fuera
-estimada y de gran coyuntura, que en cuanto duró tuvo atentos y
-no sin esperanza los ánimos de príncipes amigos y enemigos, lejos
-y cerca; primero encubierta y sobresanada<a id="FNanchor_262"
-href="#Footnote_262" class="fnanchor">[262]</a>, y al fin<span
-class="pagenum" id="Page_119">[p. 119]</span> descubierta, parte
-con el miedo y la industria y parte criada con el arte y ambición;
-la gente, que dije pocos a pocos junta, representada en forma de
-ejércitos; necesitada España a mover sus fuerzas para atajar el
-fuego; el rey salir de su reposo y acercarse a ella; encomendar la
-empresa a Don Juan de Austria, su hermano, hijo del Emperador Don
-Carlos, a quien la obligación de las victorias del padre moviese
-a dar la cuenta de sí que nos muestra el suceso; en fin, pelearse
-cada día con enemigos, frío, calor, hambre, falta de municiones,
-de aparejos en todas partes, daños nuevos, muertes a la contínua:
-hasta que vimos a los enemigos, nación belicosa, entera, armada y
-confiada en el sitio, en<a id="FNanchor_263" href="#Footnote_263"
-class="fnanchor">[263]</a> el favor de los berberíes y turcos<a
-id="FNanchor_264" href="#Footnote_264" class="fnanchor">[264]</a>,
-vencida, rendida, sacada de su tierra y desposeída de sus casas
-y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños cautivados,
-vendidos en almoneda o llevados a habitar a tierras lejos de la
-suya: cautiverio y transmigración no menor que las que de otras
-gentes se leen por las historias. Victoria dudosa y de sucesos
-tan peligrosos, que alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros
-o los enemigos los<a id="FNanchor_265" href="#Footnote_265"
-class="fnanchor">[265]</a><span class="pagenum" id="Page_120">[p.
-120]</span> a quien Dios quería castigar, hasta que el fin della
-descubrió que nosotros éramos los amenazados y ellos los castigados.
-Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre y lejos de todas las
-cosas de odio o de amor<a id="FNanchor_266" href="#Footnote_266"
-class="fnanchor">[266]</a> los que quisieren tomar ejemplo o
-escarmiento, que esto sólo pretendo por remuneración de mi trabajo,
-sin que de mi nombre quede otra memoria.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_6_2">
- <h3 title="El Fuerte de Calalui"><small>LIBRO IV, CAPÍTULO LXXIII,
- DE LA GUERRA DE GRANADA</small></h3>
- <p class="hang mt1">El Duque de Arcos, encargado por el Rey de las
- operaciones militares en la sierra de Ronda, va a reconocer el
- fuerte de Calalui, donde, en 1501, habían sufrido una gran derrota
- los cristianos, en la que había muerto don Alonso de Aguilar,
- hermano mayor del Gran Capitán. Mendoza, imitando a Tácito, hace
- una sentida y patética descripción del lugar y del suceso.</p>
-</div>
-
-<p>(El Duque) mandó apercibir la gente de la Andalucía y de los
-señores de ella, de a pie y de a caballo, con vitualla para quince
-días, que era lo que parecía que bastase para dar fin a esta
-guerra. En el entretanto que la gente se juntaba, le vino voluntad
-de ver y reconocer el fuerte de Calalui<a id="FNanchor_267"
-href="#Footnote_267" class="fnanchor">[267]</a>, en Sierra Bermeja,
-que los moros llaman Gebalhamar, adonde en tiempos pasados se
-perdieron don Alonso<span class="pagenum" id="Page_121">[p.
-121]</span> de Aguilar y el Conde de Ureña<a id="FNanchor_268"
-href="#Footnote_268" class="fnanchor">[268]</a>: don Alonso
-señalado capitán y ambos grandes príncipes entre los andaluces;
-el de Ureña abuelo suyo<a id="FNanchor_269" href="#Footnote_269"
-class="fnanchor">[269]</a> de parte de su madre, y don Alonso
-bisabuelo de su mujer.</p>
-
-<p>Salió de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la
-montaña, previsión necesaria por la poca seguridad en acontecimientos
-de guerra y poca certeza de la fortuna. Comenzaron a subir la sierra,
-donde se decía que los cuerpos habían quedado sin sepultura<a
-id="FNanchor_270" href="#Footnote_270" class="fnanchor">[270]</a>;
-triste y aborrecible vista y memoria. Había entre los que miraban
-nietos y descendientes de los muertos o personas que por oídas
-conocían ya los lugares desdichados. Lo primero dieron en la parte
-donde paró la vanguardia con su capitán por la escuridad de la noche,
-lugar harto extendido y sin más fortificación que la natural, entre
-el pie de la montaña y el alojamiento de los moros. Blanqueaban
-calaveras de hombres y huesos de caballos, amontonados, desparcidos,
-según, cómo y dónde habían parado; pedazos de<span class="pagenum"
-id="Page_122">[p. 122]</span> armas, frenos, despojos de jaeces<a
-id="FNanchor_271" href="#Footnote_271" class="fnanchor">[271]</a>.
-Vieron más adelante el fuerte de los enemigos, cuyas señales parecían
-pocas y bajas y aportilladas<a id="FNanchor_272" href="#Footnote_272"
-class="fnanchor">[272]</a>. Iban señalando los pláticos de la
-tierra dónde habían caído oficiales, capitanes y gente particular<a
-id="FNanchor_273" href="#Footnote_273" class="fnanchor">[273]</a>;
-referían cómo y dónde se salvaron los que quedaron vivos, y entre
-ellos el Conde de Ureña<a id="FNanchor_274" href="#Footnote_274"
-class="fnanchor">[274]</a> y Don Pedro de Aguilar, hijo mayor de
-Don Alonso; en<span class="pagenum" id="Page_123">[p. 123]</span>
-qué lugar y dónde se retrajo Don Alonso y se defendía entre dos
-peñas; la herida que el Ferí, cabeza de los moros, le dió primero
-en la cabeza y después en el pecho, con que cayó; las palabras
-que le dijo andando a brazos: <i>¡Yo soy Don Alonso!</i>; las que el
-Ferí le respondió cuando le hería: <i>Tú eres Don Alonso, mas yo
-soy el Ferí de Benestepar</i>, y que no fueron tan desdichadas las
-heridas que dió Don Alonso como las que recibió<a id="FNanchor_275"
-href="#Footnote_275" class="fnanchor">[275]</a>; dónde mataron
-los capitanes rendidos, dónde tomaron los estandartes, dónde los
-despedazaron y escarnecieron<a id="FNanchor_276" href="#Footnote_276"
-class="fnanchor">[276]</a>; cómo lloraron a Don Alonso amigos
-y enemigos. Mas en aquel punto renovaron los soldados el
-sentimiento; gente desagradecida sino en las lágrimas. Mandó el
-general hacer memoria<a id="FNanchor_277" href="#Footnote_277"
-class="fnanchor">[277]</a> por los muertos, y rogaron los soldados
-que estaban presentes que reposasen en paz, inciertos si rogaban por
-deudos o por extraños, y esto les acrecentó la ira y el deseo de
-hallar gente contra quien tomar venganza.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_124">[p. 124]</span></p>
-
-<p>Vista la importancia del lugar si los enemigos lo ocupasen, envió
-dende a poco el Duque una bandera de infantería que entrase en el
-fuerte y lo guardase. Vino en este tiempo resolución del Rey que
-concedía a los moros cuasi todo lo que le pedían, que tocaba al
-provecho dellos, y comenzaron algunos a reducirse...</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_252"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_252">[252]</a></span> Don Lucas de Torre en el
-<i>Boletín de la Acad. de la Hist.</i>, LXIV, 1914, págs. 461 y sigs., ha
-negado la atribución a Mendoza de la <i>Guerra de Granada</i>, sosteniendo
-que ésta es una mera prosificación de los diez y ocho primeros cantos
-de <i>La Austriada</i> de Juan Rufo, poema publicado en 1584. Ahora bien,
-las relaciones entre ambas obras son precisamente las contrarias;
-<i>La Austriada</i> es <i>La Guerra</i> puesta en verso, como puede verse, por
-ejemplo, comparando el segundo fragmento que aquí publicamos de la
-historia, con los versos correspondientes del poema: este se aparta
-mucho más de la fuente de inspiración, Tácito, que <i>La Guerra</i>. Así
-en <i>La Austriada</i>, XVII, 94, etc.:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Causaba horror, mancilla y desconsuelo</p>
-<p class="i0">la vista aborrecible y lastimera</p>
-<p class="i0">de huesos a que el hado y la ventura</p>
-<p class="i0">negaron la funebre sepultura...</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">Más exacto es el «se decía...» etc., de <i>La
-Guerra</i>.</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Víanse infinidad de calaveras</p>
-<p class="i0">de hombres, y huesos grandes de caballos,</p>
-<p class="i0">según y donde y como las guerreras</p>
-<p class="i0">aventuras pudieron derriballos...</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">Más exacto es el «blanqueaban... amontonados,
-desparcidos..., donde habían parado», de <i>La Guerra</i>.</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Referían algunos qué oficiales</p>
-<p class="i0">y qué personas otras señaladas</p>
-<p class="i0">en cada parte el alma habían rendido.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1"><i>La Guerra</i>: «donde habían caído». La imitación de
-Tácito se halla borrada ya en esta otra octava:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Mas el buen general, porque la historia</p>
-<p class="i0">y pasos fuesen más bien empleados,</p>
-<p class="i0">por los muertos mandó hacer memoria</p>
-<p class="i0">sobre aquellos peñascos encumbrados;</p>
-<p class="i0">de todo corazón piden victoria</p>
-<p class="i0">con plegaria solene los soldados,</p>
-<p class="i0">que el lamentable objeto y remembranza</p>
-<p class="i0">les aumenta el deseo de venganza.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">(Impreso lo anterior, hallo aprovechada la
-comparación del segundo pasaje aquí citado de la <i>Austriada</i>, en un
-importante artículo de <span class="smcap">R. Foulché-Delbosc</span>,
-<i>L’autenticité de la Guerra de Granada</i>, Revue Hispanique, t.
-<small>XXXV</small>, 1915, pág. 512.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_253"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_253">[253]</a></span> <span class="smcap">A.
-Morel-Fatio</span>, <i>Quelques remarques sur «La Guerra de Grenade»,
-de don Diego Hurtado de Mendoza</i>, (en el Annuaire de l’École pratique
-des Hautes Études 1914-1915), págs. 36-43 del extracto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_254"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_254">[254]</a></span> Morel-Fatio en el estudio
-citado, insiste muy severamente en los defectos de Mendoza:
-la pobreza del vocabulario, que trae abuso de ciertas voces y
-repeticiones desairadas; asonancias y aliteraciones; imitación
-a veces inhábil de Salustio y Tácito; frases mal construídas, o
-dispuestas artificiosamente para dar a un pensamiento cualquiera
-cierto aire de profundidad que le sienta mal. No se puede, sin
-embargo, asentir a varias de las censuras hechas por el Sr.
-Morel-Fatio a los pasajes que cita como ejemplo de los defectos
-señalados.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_255"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_255">[255]</a></span> Poco después de la conquista de
-Granada, a raíz de una insurrección de los moros, Cisneros logró que
-se bautizaran de 50 a 70.000; otros muchos se desterraron al Africa.
-(Año 1500.) Claro es que estas conversiones en masa fueron seguidas
-de frecuentes apostasías y reconversiones.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_256"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_256">[256]</a></span> Mendoza, a causa de una
-pendencia habida en el palacio real con don Diego de Leiva, fué
-desterrado a Granada en 1569, cuando hacía ya cuatro meses que la
-rebelión había comenzado. Allí pasó los seis últimos años de su vida.
-Estaba ligado con parentesco a los principales actores de las cosas
-de Granada: el padre de Mendoza, segundo Conde de Tendilla y primer
-Marqués de Mondéjar, había sido gobernador de Granada en 1492, y su
-hermano mayor don Luis lo era aún algunos años antes de la guerra; el
-Marqués de Mondéjar, capitán general al comienzo de la campaña, era
-sobrino del escritor.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_257"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_257">[257]</a></span> <i>Entender</i>, por oir o escuchar,
-es bastante usado en nuestros clásicos; así como <i>exprimir</i> por
-<i>expresar</i>, <i>sujeto</i> por <i>asunto</i>; voces que hoy serían tenidas por
-galicismo imperdonable, no siéndolo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_258"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_258">[258]</a></span> No alude Mendoza a ser su obra
-historia de un suceso particular, que otras muchas había ya de esta
-índole (<span class="smcap">Avila y Zúñiga</span>, <i>Comentario de la
-guerra de Alemania</i>; <span class="smcap">Pero Mejía</span>, <i>Relación
-de las comunidades de Castilla</i>, etc.), sino a la pequeñez que se
-podía achacar a la rebelión de los moriscos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_259"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_259">[259]</a></span> Hoy no es muy corriente el
-uso de la preposición <i>a</i> para indicar el instrumento, aunque se
-conservan las frases <i>a sangre y fuego</i>, <i>quien a hierro mata</i>,
-etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_260"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_260">[260]</a></span> Tácito dice: «In arcto et
-inglorius labor.» La enumeración que antecede también recuerda
-algo el prólogo de las <i>Historias</i>, de Tácito: «Haustæ, aut obrutæ
-urbes... corrupti in dominos servi, in patronos liberti; et quibus
-deerat inimicus, per amicos oppressi.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_261"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_261">[261]</a></span> Mendoza explica en su historia
-cómo el desamor al bien público y la mala administración prolongaron
-excesivamente la guerra, juntamente con el egoísmo y pereza de los
-que no querían acabarla pronto. <i>Dentro en</i>, arcaísmo por <i>dentro
-de</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_262"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_262">[262]</a></span> <i>Sobresanar</i> «cerrar una herida
-sólo por la superficie, quedando dañada la parte interior.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_263"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_263">[263]</a></span> Nótese la supresión de la
-conjunción <i>y</i>. Aunque el estilo de Mendoza es cortado, más que
-nada lo es por la afectada omisión de conjunciones y verbos; el
-pensamiento, en cambio, permanece en suspenso a través de una porción
-de frases seguidas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_264"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_264">[264]</a></span> Los rebeldes buscaron apoyo
-en los moros de Africa y en el Sultán Selim II, quienes les
-proporcionaron algunas armas y soldados.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_265"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_265">[265]</a></span> En la lengua corriente se
-suprimiría <i>los</i>, o se haría resaltar más su fuerza demostrativa
-sustituyéndolo por <i>aquellos</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_266"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_266">[266]</a></span> Esta protesta de sinceridad
-recuerda la del comienzo de las <i>Historias</i>, de Tácito: «Sed
-incorruptam fidem professis, nec amore quisquam et sine odio dicendus
-est.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_267"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_267">[267]</a></span> El historiador Zurita le llama
-<i>Calaluz</i>, nombre hoy desconocido.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_268"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_268">[268]</a></span> Aquí <i>se perdieron</i>, no quiere
-decir ‘murieron’, según entienden muchos, sino ‘fueron desbaratados’;
-pues el Conde de Ureña salvó la vida, como se verá.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_269"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_269">[269]</a></span> <i>Suyo</i>, es decir, del Duque de
-Arcos. Debe evitarse la ambigüedad a que frecuentemente se presta el
-uso del posesivo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_270"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_270">[270]</a></span> Toda esta descripción está
-imitada de Tácito (Anales I, 61) cuando refiere cómo Germánico, en
-tiempo de Tiberio, al ir a combatir con Ariminio, visitó el campo
-de Teutoburgo (al Norte de Westfalia, entre el Ems y el Weser),
-donde bajo el reinado de Augusto había sido derrotado y muerto Varo,
-perdiéndose con él tres legiones. Mendoza imita frases y palabras de
-Tácito: «In quo reliquiæ Vari, legionumque insepultæ dicebantur...
-incedunt mœstos locos, visuque ac memoria deformes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_271"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_271">[271]</a></span> Tácito: «Medio campi albentia
-ossa, ut fugerant, ut restiterant, disjecta vel aggerata; adiacebant
-fragmina telorum, equorumque artus...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_272"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_272">[272]</a></span> <i>Señales aportilladas</i>, llenas
-de <i>portillos</i>. Este es el nombre castizo, en vez de ‘brecha’, que es
-palabra moderna y de origen extranjero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_273"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_273">[273]</a></span> Tácito: «Referebant hic
-cecidisse legatos, illic raptas aquilas, primum ubi vulnus Varo
-adactum, ubi infelici dextra et suo ictu mortem invenerit...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_274"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_274">[274]</a></span> El pueblo, a quien conmovió
-profundamente la muerte de don Alonso de Aguilar, no perdonó al Conde
-de Ureña el haberse salido con vida de la batalla de Sierra Bermeja,
-lo cual dió ocasión «a los cantares y libertad española», según
-frase del mismo Mendoza. Un cantarcillo preguntaba:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Decid, buen Conde de Ureña,</p>
-<p class="i0">¿dónde don Alonso queda?</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">Hubo varios romances cantando el desastre. Uno,
-muy famoso, empieza con este sentido lamento:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">¡Ríoverde, Ríoverde,</p>
-<p class="i0">tinto vas en sangre viva!</p>
-<p class="i0">Entre ti y Sierra Bermeja</p>
-<p class="i0">murió gran caballería;</p>
-<p class="i0">murieron duques y condes,</p>
-<p class="i0">señores de gran valía...</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">El hijo de don Alonso, don Pedro, peleaba de
-rodillas y mal herido al lado del héroe, quien le suplicaba le
-abandonase para ir a consolar a su madre; pero hubiera perecido con
-su padre si no le hubiese separado de allí don Francisco Alvarez de
-Córdova.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_275"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_275">[275]</a></span> Don Alonso, al oir que luchaba
-con el odiado y terrible Ferí, recogió sus últimas fuerzas para
-herirle, pero le faltó aliento y fué rematado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_276"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_276">[276]</a></span> Tácito: «Utque signis et
-aquilis per superbiam insulserit (Ariminius).»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_277"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_277">[277]</a></span> Los soldados de Germánico no
-oran por sus compañeros, sino que entierran sus huesos juntamente
-con los del enemigo: «Trium legionum ossa, nullo noscente
-alienas reliquias an suorum humo tegeret, omnes, ut coniunctos,
-ut consanguineos, aucta in hostem ira, moesti simul et infensi
-condebant.» Mendoza no debió haber copiado estas hermosas palabras,
-pues las oraciones de los españoles no beneficiaban igualmente a
-amigos y enemigos.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_7">
- <p><span class="pagenum" id="Page_125">[p. 125]</span></p>
- <h2 title="Fray Luis de Granada"
- class="nobreak">FRAY LUIS DE GRANADA<br />
- <small>(1504-1588)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>El <i>Libro de la Oración y Meditación</i> se imprimió por primera
-vez en 1567, y la <i>Introducción al Símbolo</i>, en 1582. El lenguaje
-castellano había servido ya, no sólo para escribir libros de
-entretenimiento, sino para tratar asuntos graves y doctrinales en
-manos de Fray Antonio de <i>Guevara</i>, Juan de <i>Valdés</i>, Florián de
-<i>Ocampo</i>, etc. Sin embargo, antes de Fray Luis de Granada, sólo el
-beato <i>Juan de Avila</i> (†&nbsp;1569) había empleado el romance en
-cuestiones de mística y teología de un modo genial, entre varios de
-segundo orden.</p>
-
-<p>«El Venerable Ávila, dice Capmany, había creado, por decirlo
-así, un lenguaje místico de robusto y subido estilo, y el Venerable
-Granada lo hermoseó, lo retocó con lumbres y matices y le dió número,
-fluidez y grandiosidad en las cláusulas.»</p>
-
-<p>Granada es el tipo acabado de la lengua oratoria del siglo
-<small>XVI</small>; el espíritu popular de la predicación cristiana
-aparece en él unido a las más altas cualidades artísticas de la
-persuasión; por la amplitud del período recuerda a Cicerón, en quien
-se inspiraba; alguno le llamó el <i>Cicerón de España</i>. Su principal
-empeño en el terreno del arte parece haber sido enriquecer la
-construcción sintáctica sacándola de la sencillez ordinaria de la
-conversación a la complejidad y magnificencia del discurso<span
-class="pagenum" id="Page_126">[p. 126]</span> elevado. En su obra
-latina <i>Retórica eclesiástica</i>, código de sus principios artísticos,
-se desentiende de la que allí se llama <i>composición sencilla o
-simple</i>, diciendo que «no está sujeta a la ley de los números ni
-tiene períodos <i>muy largos</i>, y della usamos nosotros <i>en el trato
-familiar</i>»; en cambio, estudia con prolijidad la <i>composición doble</i>
-que «usa de oraciones torcidas y <i>largas</i>»; a menudo deja traslucir
-su predilección por las más complicadas construcciones, así que dice
-de una de sus clases: «Cuanto más larga, tanto es más elegante, con
-tal, empero, que guarde tasa en esta extensión.»</p>
-
-<p>Es preciso notar en su período largo que ni suele serlo en exceso,
-como el de algunos oradores de hoy día, ni tiene ordinariamente
-la redondez del silogismo, sino que fluye más bien por la simple
-adición de miembros; y se muestra la inexperiencia del que por
-primera vez intenta una reforma, en que esa adición está, las más
-veces, hecha con conjunciones meramente copulativas, y sobre todo
-por medio del relativo <i>el cual</i> (comp., <a href="#Page_89">página
-89</a>, <a href="#Footnote_172">nota 172</a>), que aparece, no sólo
-usurpando casi completamente el puesto de su sinónimo <i>que</i>, sino
-que se usa mucho cuando para nada haría falta ligar dos miembros
-con los lazos de relativo y antecedente, y sería menos pesado, por
-ejemplo, enlazarlos por la simple copulativa y un demostrativo:
-<i>Los santos mártires, siendo vencidos y muertos, vencieron y
-triunfaron del mundo; lo cual muestra</i> (y esto muéstralo) <i>una
-carta del Emperador Maximino, el cual</i> (quien) <i>después de haber
-intentado</i>, etc. (Símbolo II.º, 13.º, §&nbsp;3). <i>Esto nos declaran
-los cuatro postreros capítulos del libro de Job, en los cuales</i>
-(donde) <i>hablando Dios con este santo, le da conocimiento de su
-omnipotencia...; para lo cual</i> (para ello) <i>comenzando por las partes
-mayores del universo... discurre luego por todas las otras<span
-class="pagenum" id="Page_127">[p. 127]</span> menores...; después de
-lo cual</i> (y después) <i>desciende a tratar de los animales</i> (Símbolo
-I.º, 1.º).</p>
-
-<p>En los trozos que siguen se pueden ver muestras de los principales
-aspectos del estilo de Fray Luis: el tono grandilocuente e inflamado
-de la Meditación sobre el Juicio final; el tono retórico y declamador
-empleado en la consideración del Descendimiento, que no parece que la
-escribió, sino que la habla desde el púlpito, y la placidez risueña y
-candorosa con que se deleita en la pintura de animales y plantas en
-la primera parte del <i>Símbolo de la Fe</i>.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_7_1">
- <h3 title="Meditación del Juicio final">LIBRO DE LA ORACIÓN Y MEDITACIÓN</h3>
- <p class="hang mt2">La meditación para el jueves en la noche es sobre
- el Juicio final.—Señales que le precederán; confusión del pecador
- ante el Juez.</p>
-</div>
-
-<p>Así estará el aire lleno de relámpagos y torbellinos, y
-cometas encendidos. La tierra estará llena de aberturas y temblores
-espantosos, los cuales se cree que serán tan grandes, que bastarán
-para derribar, no sólo las casas fuertes y las torres soberbias,
-más aun hasta los montes y peñas arrancarán y trasformarán de sus
-lugares. Mas la mar sobre todos los elementos se embravescerá, y
-serán tan altas sus olas y tan furiosas, que parecerá que han de
-cubrir toda la tierra. A los vecinos espantará con sus crescientes,
-y a los distantes con sus bramidos, los cuales serán tales que de
-muchas leguas se oirán.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_128">[p. 128]</span></p>
-
-<p>¿Cuáles andarán entonces los hombres<a id="FNanchor_278"
-href="#Footnote_278" class="fnanchor">[278]</a>, cuán atónitos, cuán
-confusos, cuán perdido el sentido, la habla<a id="FNanchor_279"
-href="#Footnote_279" class="fnanchor">[279]</a> y el gusto de
-todas las cosas? Dice el Salvador que se verán entonces las gentes
-en grande aprieto y que andarán los hombres secos y ahilados<a
-id="FNanchor_280" href="#Footnote_280" class="fnanchor">[280]</a> de
-muerte, por el temor grande de las cosas que han de sobrevenir al
-mundo. ¿Qué es esto (dirán), qué significan estos pronósticos, en
-qué ha de venir a parar esta preñez del mundo, en qué han de parar
-estos tan grandes remolinos y mudanzas de todas las cosas? Pues así
-andarán los hombres espantados y desmayados, caídas las alas del
-corazón y los brazos, mirándose los unos a los<span class="pagenum"
-id="Page_129">[p. 129]</span> otros; y espantarse han tanto de verse
-tan desfigurados, que esto sólo bastaría para hacerlos desmayar,
-aunque no hubiese más que temer. Cesarán todos los oficios y
-granjerías, y con ellos el estudio y la cobdicia de adquirir; porque
-la grandeza del temor traerá tan ocupados sus corazones, que no sólo
-se olvidarán destas cosas, sino también del comer y del beber, y de
-todo lo necesario para la vida. Todo el cuidado será andar a buscar
-lugares seguros para defenderse de los temblores de la tierra, y de
-las tempestades del aire, y de las crescientes de la mar. Y así los
-hombres se irán a meter en las cuevas de las fieras, y las fieras se
-vendrán a guarecer en las casas de los hombres, y así todas las cosas
-andarán revueltas y llenas de confusión. Afligirlos han los males
-presentes, y mucho más el temor de los venideros; porque no sabrán en
-qué fines hayan de parar tan dolorosos principios. Faltan palabras
-para encarescer este negocio, y todo lo que se dice es menos de lo
-que será. Vemos agora que cuando en la mar se levanta alguna brava
-tormenta, o cuando en la tierra sobreviene algún grande torbellino o
-terremoto, cuáles andan los hombres, cuán medrosos y cuán cortados, y
-cuán pobres de esfuerzo y de consejo; pues cuando entonces el cielo,
-y la tierra, y la mar, y el aire del mundo haya su propia tormenta;
-cuando el sol amenace con luto, y la luna con sangre, y las estrellas
-con sus caídas, ¿quién comerá, quién dormirá, quién tendrá un solo
-punto de reposo en medio de tantas tormentas?...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_130">[p. 130]</span></p>
-
-<p>El Señor vendrá como una tempestad y torbellino arrebatado<a
-id="FNanchor_281" href="#Footnote_281" class="fnanchor">[281]</a>;
-y sus pies levantarán una grande polvareda delante de sí. Indignóse
-contra la mar, y secóse, y todos los ríos de la tierra se agotaron.
-El monte Basán y Carmelo se marchitaron, y la flor del Líbano se
-cayó. Los montes se estremecieron delante dél, y los collados
-quedaron asolados...</p>
-
-<p>Luego comenzará a celebrarse el juicio, y tratarse de las causas
-de cada uno, según lo escribe el profeta Daniel por estas palabras:
-Estaba yo (dice él) atento, y vi poner unas sillas en sus lugares, y
-un anciano de días se asentó en una dellas; el cual estaba vestido
-de una vestidura blanca como la nieve, y sus cabellos eran también
-blancos, así como una lana limpia. El trono en que estaba asentado
-eran llamas de fuego, y las ruedas dél como fuego encendido, y un río
-de fuego muy arrebatado salía de la cara dél. Millares de millares
-entendían en servirle, y diez veces cien mil millares asistían
-delante dél. Miraba yo todo esto en aquella visión de la noche, y vi
-venir en las nubes uno que parescía hijo de hombre. Hasta aquí son
-palabras de Daniel; a las cuales añade Sant Joan, y dice: Y vi todos
-los muertos, así grandes como pequeños, estar delante deste trono y
-fueron abiertos allí los libros; y otro libro se abrió, que es el
-libro de la vida; y fueron juzgados los muer<span class="pagenum"
-id="Page_131">[p. 131]</span>tos según lo contenido en aquellos
-libros, y según sus obras. Cata aquí, hermano, el arancel por donde
-has de ser juzgado; cata aquí las tasas y precios<a id="FNanchor_282"
-href="#Footnote_282" class="fnanchor">[282]</a> por donde se ha de
-apreciar todo lo que heciste; y no por el juicio loco del mundo, que
-tiene el peso falso de Canaan en la mano, donde tan poco pesan la
-virtud y el vicio. En estos libros se escribe toda nuestra vida con
-tanto recaudo, que aun no has echado la palabra por la boca, cuando
-ya está apuntada y asentada en su registro...</p>
-
-<p>Pues qué sentirá entonces cada uno de los malos, cuando entre
-Dios con él en este examen, y allá dentro de su consciencia le diga
-así: Ven acá, hombre malaventurado, ¿qué viste en mí, porque<a
-id="FNanchor_283" href="#Footnote_283" class="fnanchor">[283]</a>
-así me despreciaste, y te pasaste al bando de mi enemigo? Yo te
-levanté del polvo de la tierra, y te crié a mi imagen y semejanza,
-y te di virtud y socorro con que pudieses alcanzar mi gloria. Mas
-tú,<span class="pagenum" id="Page_132">[p. 132]</span> menospreciando
-los beneficios y mandamientos de vida que yo te di, quisiste más
-seguir la mentira del engañador, que el consejo saludable de tu
-Señor. Para librarte desta caída descendí del cielo a la tierra,
-donde padescí los mayores tormentos y deshonras que jamás se
-padescieron. Por ti ayuné, caminé, velé, trabajé y sudé gotas de
-sangre. Por ti sufrí persecuciones, azotes, blasfemias, escarnios,
-bofetadas, deshonras, tormentos y cruz. Por ti, finalmente,
-nascí en mucha pobreza, viví con muchos trabajos, y morí con
-gran dolor. Testigos son esta cruz y clavos que aquí parescen,
-testigos estas llagas de pies y manos que en mi cuerpo quedaron;
-testigos el cielo y la tierra delante de quien padescí, y testigos
-el sol y la luna que en aquella hora se eclipsaron. Pues ¿qué
-heciste desa ánima tuya, que yo con mi sangre hice mía? ¿En cúyo<a
-id="FNanchor_284" href="#Footnote_284" class="fnanchor">[284]</a>
-servicio empleaste lo que yo compré tan caramente? ¡Oh generación
-loca y adúltera! ¿Por qué quisiste más servir a ese enemigo tuyo
-con trabajo, que a mí, tu Criador y Redemptor, con alegría?
-Espantáos, cielos, sobre este caso, y vuestras puertas se cayan<a
-id="FNanchor_285" href="#Footnote_285" class="fnanchor">[285]</a> de
-espanto, porque dos males ha hecho mi pueblo: a mí desampara<span
-class="pagenum" id="Page_133">[p. 133]</span>ron<a id="FNanchor_286"
-href="#Footnote_286" class="fnanchor">[286]</a>, que soy fuente de
-agua viva, y desamparáronme por otro Barrabás. Llaméos tantas veces,
-y no me respondísteis; toqué a vuestras puertas, y no despertastes;
-extendí mis manos en la Cruz, y no las mirastes; menospreciastes mis
-consejos, y todas mis promesas y amenazas. Pues decid agora vosotros,
-ángeles; juzgad vosotros, jueces entre mí y mi viña: ¿qué más debí yo
-hacer por ella de lo que hice?</p>
-
-<p>Pues ¿qué responderán aquí los malos, los burladores de las cosas
-divinas, los mofadores de la virtud, los menospreciadores de la
-simplicidad?...</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_7_2">
- <h3 title="Descendimiento de Cristo"
- class="hang">Meditación para el sábado por la mañana. Descendimiento
- de Cristo y llanto de la Virgen.</h3>
-</div>
-
-<p>Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos, ¿qué lengua podrá
-explicar lo que sintió? ¡Oh ángeles de paz, llorad con esta sagrada
-Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo; y todas las
-criaturas del mundo acompañad el llanto de María! Abrázase la madre
-con el cuerpo despedazado; apriétalo fuertemente en sus pechos (para
-esto<span class="pagenum" id="Page_134">[p. 134]</span> sólo le
-quedaban fuerzas), mete su cara entre las espinas de la sagrada
-cabeza, júntase rostro con rostro; tíñese la cara de la Madre con la
-sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas de la Madre.
-¡Oh dulce Madre! ¿es ese por ventura vuestro dulcísimo Hijo? ¿Es ese
-el que concebistes con tanta gloria y paristes con tanta alegría?
-Pues ¿qué se hicieron vuestros gozos pasados? ¿Dónde se fueron
-vuestras alegrías antiguas?<a id="FNanchor_287" href="#Footnote_287"
-class="fnanchor">[287]</a> ¿Dónde está aquel espejo de hermosura en
-quien vos os mirábades?<a id="FNanchor_288" href="#Footnote_288"
-class="fnanchor">[288]</a> Ya no os aprovecha mirarle a la cara;
-porque sus ojos han perdido la luz. Ya no os aprovecha darle
-voces y hablarle; porque sus orejas han perdido el oir. Ya no se
-menea la lengua que hablaba las maravillas del cielo. Ya están
-quebrados los ojos que con su vista alegraban al mundo. ¿Cómo no
-habláis agora, Reina del cielo? ¿Cómo han atado los dolores vuestra
-lengua? La lengua estaba enmudecida; mas el corazón allá dentro
-hablaría con entrañable dolor al Hijo dul<span class="pagenum"
-id="Page_135">[p. 135]</span>císimo, y le diría: ¡Oh vida muerta!
-¡Oh lumbre escurescida! ¡Oh hermosura afeada! ¿Y qué manos han sido
-aquellas que tal han parado<a id="FNanchor_289" href="#Footnote_289"
-class="fnanchor">[289]</a> vuestra divina figura? ¿Qué corona es
-ésta que mis manos hallan en vuestra cabeza? ¿Qué herida es ésta
-que veo en vuestro costado? ¡Oh summo Sacerdote del mundo! ¿qué
-insignias son éstas que mis ojos ven en vuestro cuerpo? ¿Quién ha
-manchado el espejo y hermosura del cielo? ¿Quién ha desfigurado la
-cara de todas las gracias? ¿Estos son aquellos ojos que oscurescían
-al sol con su hermosura? ¿Estas son las manos que resuscitaban a
-los muertos a quien tocaban? ¿Esta es la boca por do salían los
-cuatro ríos del paraíso?<a id="FNanchor_290" href="#Footnote_290"
-class="fnanchor">[290]</a> ¿Tanto han podido las manos de los
-hombres contra Dios? Hijo mío, y sangre mía, ¿de dónde se levantó a
-deshora esta fuerte tempestad? ¿Qué ola ha sido ésta que así te me<a
-id="FNanchor_291" href="#Footnote_291" class="fnanchor">[291]</a>
-ha llevado? Hijo mío, ¿qué haré sin ti? ¿A dónde iré? ¿Quién me
-remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían a rogarte
-por sus hijos, y por sus hermanos defunctos; y tú con tu infinita
-virtud y clemencia los consolabas y socorrías; mas yo que veo muerto
-a mi hijo y mi padre, y mi hermano y mi Señor<a id="FNanchor_292"
-href="#Footnote_292" class="fnanchor">[292]</a>, ¿a quién rogaré
-por él? ¿Quién<span class="pagenum" id="Page_136">[p. 136]</span>
-me consolará? ¿Dónde está el buen Jesu Nazareno, Hijo de Dios vivo,
-que consuela a los vivos, y da vida a los muertos? ¿Dónde está aquel
-grande Profeta poderoso en obras y palabras?</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_7_3">
- <h3 title="Descripción de la granada">INTRODUCCIÓN AL SÍMBOLO DE LA FE</h3>
- <p class="centra mt2">PARTE PRIMERA</p>
- <p class="centra mt1">Admirable providencia para la conservación de las frutas.
- La granada.</p>
-</div>
-
-<p>Pues la hermosura de algunos árboles cuando están muy cargados de
-fruta ya madura, ¿quién no la ve? ¿Qué cosa tan alegre a la vista,
-como un manzano o camueso, cargadas las ramas a todas partes<a
-id="FNanchor_293" href="#Footnote_293" class="fnanchor">[293]</a>
-de manzanas, pintadas con tan diversos colores, y echando de sí un
-tan suave olor? ¿Qué es ver un parral, y ver entre las hojas verdes
-estar colgados tantos y tan grandes y tan hermosos racimos de uvas
-de diversas castas y colores? ¿Qué son estos, sino unos como<a
-id="FNanchor_294" href="#Footnote_294" class="fnanchor">[294]</a>
-hermosos joyeles, qué penden deste árbol? Pues el artificio de
-una her<span class="pagenum" id="Page_137">[p. 137]</span>mosa
-granada ¡cuánto nos declara la hermosura y artificio del Criador!<a
-id="FNanchor_295" href="#Footnote_295" class="fnanchor">[295]</a> El
-cual por ser tan artificioso no puedo dejar de representar en este
-lugar. Pues primeramente Él la vistió por de fuera con una ropa hecha
-a su medida, que la cerca toda, y la defiende de la destemplanza
-de los soles y aires; la cual por de fuera es algo tiesa y dura,
-mas por dentro más blanda, porque no exaspere<a id="FNanchor_296"
-href="#Footnote_296" class="fnanchor">[296]</a> el fructo que en ella
-se encierra que es muy tierno; mas dentro della están repartidos y
-asentados los granos por tal orden, que ningún lugar, por pequeño que
-sea, queda desocupado y vacío. Está toda ella repartida en diversos
-cascos, y entre casco y casco se extiende una tela más delicada que
-un cendal, la cual los divide entre sí; porque como estos granos
-sean tan tiernos, consérvanse mejor divididos con esta tela, que si
-todos estuvieran juntos. Y allende desto, si uno destos cascos se
-pudre, esta tela defiende a su vecino, para que no le alcance<span
-class="pagenum" id="Page_138">[p. 138]</span> parte de su daño...
-Cada uno destos granos tiene dentro de sí un hosecico blanco, para
-que así se sustente mejor lo blando sobre lo duro, y al pie tiene
-un pezoncico tan delgado como un hilo, por el cual sube la virtud
-y jugo, dende lo bajo de la raíz hasta lo alto del grano; porque
-por este pezoncico se ceba él, y cresce, y se mantiene, así como el
-niño en las entrañas de la madre por el ombliguillo. Y todos estos
-granos están asentados en una cama blanda, hecha de la misma materia
-de que es lo interior de la bolsa que viste toda la granada. Y para
-que nada faltase a la gracia desta fruta, remátase toda ella en lo
-alto con una corona real, de donde paresce que los reyes tomaron
-la forma de la suya. En lo cual paresce haber querido el Criador
-mostrar que era ésta reina<a id="FNanchor_297" href="#Footnote_297"
-class="fnanchor">[297]</a> de las frutas. A lo menos en el color
-de sus granos tan vivo como el de unos corales, y en el sabor y
-sanidad desta fruta ninguna le hace ventaja. Porque ella es alegre
-a la vista, dulce al paladar, sabrosa a los sanos, y saludable a
-los enfermos, y de cualidad que todo el año<a id="FNanchor_298"
-href="#Footnote_298" class="fnanchor">[298]</a> se puede guardar.
-Pues ¿por qué los hombres que son tan agudos en filosofar en las
-cosas humanas, no lo serán en filosofar en el artificio desta
-fruta, y reconoscer por él la sabiduría y providencia del que de un
-poco<span class="pagenum" id="Page_139">[p. 139]</span> de humor
-de la tierra y agua cría una cosa tan provechosa y hermosa? Mejor
-entendía esto la Esposa en sus cantares, en los cuales convida al
-esposo al zumo de sus granadas, y le pide que se vaya con ella al
-campo para ver si han florescido las viñas y ellas.</p>
-
-<div class="apartado" id="Ch_7_4">
- <h3 title="Pintura del pavo real"><small>PRIMERA PARTE</small></h3>
- <p class="centra mt1 g1">Pintura del pavo real.</p>
-</div>
-
-<p>Entre estos animales el que más claro parece que conoce su
-hermosura es el pavón, pues vemos que él mismo hace alarde de sus
-hermosas plumas, con aquella rueda tan vistosa, que por muchas veces
-que la veamos, siempre holgamos de verla y de sentir la ufanía
-con que él extiende aquellas plumas, preciándose de su gentileza
-y haciendo esta demostración della. La cual hace las más veces<a
-id="FNanchor_299" href="#Footnote_299" class="fnanchor">[299]</a>
-cuando tiene la hembra presente, para aficionarla más con esto. Y
-cuando quiere ya deshacer la rueda, hace un grande estruendo con
-las alas para mostrar juntamente valentía con la hermosura. En lo
-cual todo vemos una imitación de las cosas que se pasan en la vida
-humana...</p>
-
-<p>Y tratando primero del fin que tuvo el que la crió, parece que
-así como en la fábrica de aquellos animalillos pequeñitos nos quiso
-mostrar la<span class="pagenum" id="Page_140">[p. 140]</span>
-subtileza y grandeza de su poder y sabiduría (la cual en tan
-pequeña materia pudo formar tantas cosas), así en la hermosura
-desta ave nos quiso dar una pequeña muestra o sombra de su infinita
-hermosura. La razón<a id="FNanchor_300" href="#Footnote_300"
-class="fnanchor">[300]</a> que a esto me mueve es ver que este
-plumaje tan grande (que es de vara y media de largo) no sirve ni para
-cubrir el cuerpo desta ave (pues excede tanto la medida dél), ni
-tampoco ayuda para volar, porque antes impide con su demasiada carga;
-y pues habemos de señalar en esta obra algún fin, no veo otro sino el
-que está dicho...</p>
-
-<p>Y dejando aquellos ramales<a id="FNanchor_301"
-href="#Footnote_301" class="fnanchor">[301]</a> o cabellos que van
-acompañando el asta de las plumas de la cola hasta el cabo dellas
-(que son todos harpados y de hermosos colores), vengamos a aquel
-ojo que está al cabo dellas, formado con tanta variedad de colores,
-y éstos tan finos y tan vistosos, que ningún linaje de las tintas
-que han inventado los hombres podrá igualar con el lustre y fineza
-destos. Porque en medio deste ojo está una figura oval de un verde
-clarísimo, y dentro dél está otra cuasi de la misma figura y de un
-color morado finísimo, y éstas están cercadas de otros círculos
-hermosísi<span class="pagenum" id="Page_141">[p. 141]</span>mos<a
-id="FNanchor_302" href="#Footnote_302" class="fnanchor">[302]</a>,
-que tienen gran semejanza con los colores y figuras del arco que
-se hace en las nubes del cielo; a los cuales sucede en torno la
-cabellera, hermosa también, de diversos colores, en que se remata la
-pluma. Y en este ojo o círculo que decimos, hay otra cosa no menos
-admirable, y es que los cabellos o ramales de que esta figura se
-compone están tan pegados unos con otros, y tan parejos y iguales
-en su composición, que no parece que aquella figura es compuesta de
-diversos hilos, sino que es como un pedazo de seda continuada que
-allí está.</p>
-
-<p>Pues ¿qué diré de la hermosura del cuello que sube del pecho hasta
-la cabeza, y de aquel color verde que sobrepuja la fineza de toda la
-verdura del mundo? Y lo que pone más admiración es que todas aquellas
-plumillas que visten este cuello son tan parejas y tan iguales entre
-sí, que ni una sola se desordena en ser mayor o menor que otra. De
-donde resulta parecer más aquella verdura una pieza de seda verde,
-como dijimos, que cosa compuesta de todas estas plumillas. No faltaba
-aquí sino una corona real para la cabeza desta ave; mas en lugar
-della tiene aquellas tres plumillas que ha<span class="pagenum"
-id="Page_142">[p. 142]</span>cen como diadema, y son el remate de
-la hermosura desta ave<a id="FNanchor_303" href="#Footnote_303"
-class="fnanchor">[303]</a>. Y como tengan estas tres plumicas tanta
-gracia, y no sirvan más que para su hermosura, vese claro que de
-propósito se puso el Criador a pintar esta ave tan hermosa. Lo que
-aquí se ha dicho, entenderá mejor quien pusiere los ojos en una pluma
-destas, porque más sirve para esto la vista que las palabras. Y no se
-debe echar en olvido que la hermosura y colores de todo este plumaje
-no es como la de las flores<a id="FNanchor_304" href="#Footnote_304"
-class="fnanchor">[304]</a>, que en breve se marchita, sino es
-perpetua y estable, y por eso sirve para otras cosas que se hacen
-dellas.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_278"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_278">[278]</a></span> En esta interrogación, <i>cuál</i>
-tiene el valor de ‘qué tal’, y <i>cuán</i> seguido de adjetivo, el valor
-de ‘lo... que’; <i>cuán atónitos</i> = ‘lo atónitos que andarán’. La frase
-<i>perdido el sentido</i>, es decir, un participio con su complemento,
-hace las veces de uno de tantos adjetivos de esta enumeración.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_279"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_279">[279]</a></span> Granada dice <i>la habla</i>, porque
-en su tiempo la <i>h</i> era aspirada e impedía el encuentro de las dos
-<i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_280"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_280">[280]</a></span> <i>Ahilado</i>, ‘extenuado o
-desfallecido’. «Arescentibus hominibus prae timore et expectatione,
-quæ supervenient universo orbi». (Luc. XXI, 26.) Muéstrase la
-abundancia de la frase de Granada en estas amplificaciones de los
-textos bíblicos que traduce, como la exuberancia de su imaginación
-en los extensos comentarios que le inspiran. Todo este brillante
-párrafo no es más que un desarrollo del versículo de San Lucas
-transcrito; Granada recomienda el uso de esta exornación amplia:
-«para que mirando el predicador agudamente la fuerza y, por decirlo
-así, la fecundidad de las sentencias, las sepa sacar y desenvolver
-con palabras; porque hay algunos tan estériles y ayunos, a quienes
-los retóricos llaman áridos, que dicen las cosas no con estilo
-oratorio sino dialéctico, usando de palabras llanas sin amplificación
-alguna; lo cual es más proporcionado para las escuelas y ejercicio de
-la disputa, que para la predicación». (<i>Retórica eclesiástica</i>, II,
-10.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_281"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_281">[281]</a></span> Todo este párrafo es traducción
-de Nahum I, 3-6: «Dominus in tempestate et turbine viæ eius, et
-nebulæ pulvis pedum eius...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_282"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_282">[282]</a></span> Nótese cómo Granada no se
-arredra ante la expresión trivial, como sea precisa; el empleo de
-estas palabras, de uso tan meramente oficinesco, pero tan concretas
-y apropiadas, no daña en nada a la dignidad de la expresión. Es un
-vicio del estilo buscar una falsa nobleza en el uso casi exclusivo
-de voces lo más abstractas y cultas posibles, en vez de tender, por
-el contrario, a las más precisas y concretas, que siempre son más
-expresivas y, como tal, logran efecto más artístico.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_283"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_283">[283]</a></span> <i>Porque</i> y <i>pues que</i>, son
-conjunciones causales de uso bien distinto hoy. Sin embargo, Granada
-usa <i>porque</i> en el sentido de ‘ya que, supuesto que’. Admira la
-sencillez del tono general en este largo apóstrofe unida a tanta
-grandeza y tan conmovedora vehemencia; todo él está inspirado en
-Jeremías, II, 5 a 13; Isaías, V, 3 y 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_284"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_284">[284]</a></span> Hoy el posesivo <i>cuyo</i> hecho
-interrogativo se usa solamente como predicado del verbo <i>ser</i>, y esto
-en lenguaje poético (<i>¿cúyo es el ganado?</i>). Es lastimoso el desuso
-en que va cayendo este cómodo relativo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_285"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_285">[285]</a></span> <i>Caer</i>, hacía <i>caya</i> y <i>traer</i>,
-<i>traya</i>, como hoy <i>haber</i> hace <i>haya</i>. Luego, a semejanza de <i>venga</i>,
-<i>ponga</i>, etc., se dijo <i>caiga</i>, <i>traiga</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_286"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_286">[286]</a></span> Hoy es necesario el uso
-enclítico o afijo del dativo o acusativo del pronombre: <i>me
-desampararon</i>; y cuando, como aquí sucede, es preciso dar énfasis
-al pronombre, se repite pleonásticamente con preposición: <i>Me
-desampararon a mí</i>. El lenguaje viejo decía <i>a mí parece, a él
-ofreció</i>, como modernamente se conserva el arcaísmo en algún caso <i>a
-vos atañe, a ellos interesa</i>. Granada usa bastante del solo pronombre
-con preposición, y ahora calcó el texto latino: «Duo enim mala fecit
-populus meus: <b>Me</b> derelinquerunt fontem aquæ vivæ», etc.
-Jeremías, II, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_287"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_287">[287]</a></span> Estas dos cláusulas semejantes,
-que varían en torno de la palabra <i>gozos</i> o <i>alegrías</i>, y las demás
-repeticiones retóricas que siguen, más propias que de una meditación
-escrita (donde resultan monótonas), lo son de un sermón hablado,
-donde las sazona la animación del tono y de la viva voz. Granada, en
-su <i>Retórica eclesiástica</i> (II, 11), llama a estas consideraciones
-patéticas <i>afectos</i>, pues van encaminados, como él dice, a «inflamar
-los afectos del <i>auditorio</i>».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_288"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_288">[288]</a></span> Durante todo el siglo
-<small>XVI</small> tenían una <i>d</i> en su terminación la persona
-vosotros del imperfecto de indicativo, y subjuntivo (<i>veníades</i>,
-<i>viniésedes</i>), de los condicionales (<i>vendríades</i>, <i>viniérades</i>)
-y del futuro de subjuntivo (<i>viniéredes</i>). En el siglo
-<small>XVII</small> esta <i>d</i> desapareció ya.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_289"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_289">[289]</a></span> Véase atrás <a
-href="#Page_93">pág. 93</a>, <a href="#Footnote_190">nota 190</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_290"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_290">[290]</a></span> Comparación bizarra de la boca
-de Cristo con el lugar deleitoso (locus voluptatis), de donde, según
-el <i>Génesis</i>, II, 10, manaba el río de cuatro brazos que regaba el
-Paraíso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_291"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_291">[291]</a></span> Este <i>me</i> es un
-dativo ético, v. atrás <a href="#Page_106">pág. 106</a>, <a
-href="#Footnote_233">nota 233</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_292"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_292">[292]</a></span> En vez de repetir la
-conjunción, pudiera repetirse la preposición, lo cual es más
-frecuente en los complementos dobles o triples: «veo muerto a mi
-hijo, a mi padre, a mi hermano»; pero entonces parecería más bien que
-esos complementos se referían a tres personas diversas, y aquí no es
-ese el caso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_293"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_293">[293]</a></span> <i>Cargadas las ramas</i>, etc., es
-una cláusula absoluta sin enlace gramatical con el resto del período,
-como en latín el ablativo absoluto u oracional. El sentido de la
-frase <i>a todas partes</i>, exige hoy diversa preposición.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_294"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_294">[294]</a></span> Véase adelante <a
-href="#Page_167">pág. 167</a>, <a href="#Footnote_352">n. 352</a>,
-y <a href="#Page_168">pág. 168</a>, <a href="#Footnote_357">n.
-357</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_295"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_295">[295]</a></span> El afán de Granada por
-construir su frase de muchos miembros le lleva a un uso fatigoso
-del relativo <i>el cual</i>, puesto como débil lazo de unión entre unos
-y otros; defecto que luego se generalizó en extremo. <i>El cual</i> es
-más cómodo que el simple <i>que</i>, por distinguir el género y número
-de su antecedente, evitando así anfibologías; pero aquí existe la
-confusión, por poder ser antecedentes dos masculinos que preceden, y
-más bien parece referirse a <i>Criador</i> que a <i>artificio</i>, no siendo en
-realidad esto así. Ganaría el texto en brevedad diciendo simplemente:
-«¡Cuánto nos declara la hermosura y artificio del Criador!
-Primeramente él la vistió por de fuera...»; no hace falta nada más, y
-en un escrito sobra todo lo que no hace falta.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_296"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_296">[296]</a></span> <i>Exasperar</i>, por ‘lastimar’
-o ‘dañar’, es latinismo inútil; poco después dice <i>delicado</i> por
-<i>delgado</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_297"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_297">[297]</a></span> La idea, a veces pueril, que
-de las <i>causas finales</i> se manifiesta en estas descripciones de la
-naturaleza, no deja de añadirles gracia y candor.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_298"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_298">[298]</a></span> Hay doble elipsis por <i>de (una)
-cualidad (tal) que</i>; hoy o se elide sólo el artículo indefinido o
-sólo el pronombre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_299"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_299">[299]</a></span> <i>Las más veces</i> es muy superior
-a la pesada expresión <i>la mayor parte de las veces</i>. En la Edad Media
-se decía también <i>las más aves por la mayor parte de las aves</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_300"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_300">[300]</a></span> Nótese la estructura de este
-período que, según Granada en su <i>Retórica</i> (V., 16, §&nbsp;2),
-reviste aquella forma «con que hablamos redondamente, esto es, en
-que corre la oración encerrada como en un círculo, no acabando la
-sentencia sino en el fin; y así representa la imagen de un perfecto
-silogismo».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_301"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_301">[301]</a></span> Llama <i>ramales</i> a las ‘barbas’
-de la pluma, usando ese derivado de <i>ramo</i> en el sentido general de
-‘ramificación’, o sea derivación divergente que imita la disposición
-de las ramas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_302"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_302">[302]</a></span> Granada usa con profusión de
-los superlativos. Don Antonio Capmany le censura, tanto por esto,
-como por usar algunos cuyo positivo encierra ya el grado supremo, por
-ejemplo: <i>divinísimo</i> e <i>inmensísimo</i>. Don Rufino José Cuervo cree
-que el <i>omnipotentísimo</i> de Granada puede justificarse suponiendo que
-la inflexión superlativa afecta sólo a <i>potente</i> y no a la primera
-parte de la palabra, y que tiene el sentido de ‘el que en grado
-eminente lo puede todo’. (<i>Notas a Bello</i>, nota núm. 46.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_303"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_303">[303]</a></span> Dos párrafos seguidos terminan
-con las mismas palabras <i>desta ave</i>. Nuestros clásicos se preocupaban
-poco de estos pormenores eufónicos más superficiales, a los que hoy
-se da gran importancia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_304"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_304">[304]</a></span> Esta licencia de concordancia,
-por <i>no</i> <b>son</b> <i>como</i> <b>los</b> <i>de las flores</i>, está hoy en el
-uso corriente, porque la imaginación en el masculino <i>colores</i> no ve
-más que una idea accesoria, es decir, <i>la hermosura de los colores</i>.
-En los extractos de Cervantes notaremos concordancias parecidas.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_8">
- <p><span class="pagenum" id="Page_143">[p. 143]</span></p>
- <h2 title="Santa Teresa de Jesús"
- class="nobreak">SANTA TERESA DE JESUS<br />
- <small>(1515-1582)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Se incluyen aquí dos ejemplos de sus cartas; otro narrativo, de su
-propia <i>Vida</i>, que ella misma escribió, y cuya última redacción es de
-1565 ó 66, y un trozo doctrinal tomado de las <i>Moradas</i>, escritas en
-1577.</p>
-
-<p>La prosa de la Santa es el tipo perfecto del lenguaje familiar de
-Castilla en el siglo <small>XVI</small>, el mismo de la conversación;
-pues la autora, al escribir, estaba ajena de toda preocupación
-literaria; no redacta, habla sencillamente. Las cartas están escritas
-a vuela-pluma, a veces al final de ellas dice a su correspondiente:
-«Si faltaren letras, póngalas»; la relación de su <i>Vida</i>, ella misma
-nos lo advierte, no le costó más cuidado ni tiempo que el que gastó
-materialmente en escribirla; así que por todas partes se ve el
-desaliño y la frescura de la palabra hablada, y hablada al descuido.
-Además, como el idioma castellano aun no estaba tan fijado por la
-literatura como hoy, el habla corriente entre la gente educada
-de varias provincias, no sólo se diferenciaba de la literaria en
-su sintaxis, sino en la forma de las palabras. La impuesta en la
-lengua escrita era, por lo común, la usada en Toledo, y difería muy
-frecuentemente de ella la que era usual en Avila, en la tierra de
-Santa Teresa; el lenguaje<span class="pagenum" id="Page_144">[p.
-144]</span> de ésta es, pues, el familiar de Castilla la Vieja,
-inestimable por lo único, ya que los demás autores clásicos se
-ajustan mucho más al patrón común que entonces se imponía. No abundan
-en los grandes autores la multitud de voces que caracterizan el
-habla de Santa Teresa, la mayor parte de las cuales subsisten hoy
-en el habla vulgar de muchas regiones, como <i>añidir</i>, <i>cuantimás</i>
-(cuanto más), <i>enriedos</i>, <i>anque</i>, <i>naide</i>, <i>ortolano</i> (hortelano),
-<i>piadad</i>; los epítetos familiares <i>urguillas</i> (cosa que hurga,
-carcoma, pesadilla), <i>lloraduelos</i>; el uso del posesivo con artículo
-<i>la mi Isabela</i>, <i>la mi Parda</i>, y multitud de giros, frases hechas y
-refranes enteramente populares.</p>
-
-<p>Con este lenguaje y con este estilo, la prosa de Santa Teresa
-encanta por su llaneza, por la ausencia total de propósitos
-literarios; su pluma obedecía solamente a la alta inspiración que
-la guiaba al redactar su pensamiento: «Cuando el Señor da espíritu,
-pónese con facilidad y mejor; parece como quien tiene un dechado
-delante; mas si el espíritu falta, no hay más concertar este
-lenguaje que si fuese algarabía.» Por esto Fray Luis de León, que
-revisó las obras de la Santa para darlas a la imprenta, admirado del
-gracioso desaliño que se observa en ellas, escribía: «En la forma
-del decir, y en la pureza y facilidad del estilo, y en la gracia y
-buena compostura de las palabras, y en una elegancia desafeitada que
-deleita en extremo, dudo yo que haya en nuestra lengua escritura que
-con ellas se iguale.»</p>
-
-<p>Pero la exageración de estas cualidades es frecuente; la
-incorrección gramatical llega a extremos a veces insufribles. En
-los extractos que siguen se verá, por ejemplo, lo que abunda el
-pronombre <i>él</i> sin llevar expreso el substantivo o antecedente que
-representa.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_8_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_145">[p. 145]</span></p>
- <h3 title="Narración de su infancia">VIDA DE LA SANTA</h3>
- <p class="centra mt2">CAPÍTULO PRIMERO</p>
- <p class="centra mt1">Cuenta cómo pasó su primera edad</p>
-</div>
-
-<p>Éramos tres hermanas y nueve hermanos; todos parecieron a sus
-padres, por la bondad de Dios, en ser virtuosos, si no fuí yo,
-aunque era la más querida de mi padre; y antes que comenzase a
-ofender a Dios, parece tenía alguna razón, porque yo he lástima
-cuando me acuerdo<a id="FNanchor_305" href="#Footnote_305"
-class="fnanchor">[305]</a> las buenas inclinaciones que el Señor me
-había dado y cuán mal me supe aprovechar de ellas.</p>
-
-<p>Pues<a id="FNanchor_306" href="#Footnote_306"
-class="fnanchor">[306]</a> mis hermanos ninguna cosa me desayudaban
-a servir a Dios. Tenía uno casi de mi edad; juntábamonos entramos<a
-id="FNanchor_307" href="#Footnote_307" class="fnanchor">[307]</a>
-a leer vidas de santos,—que era el que yo más quería, anque<a
-id="FNanchor_308" href="#Footnote_308" class="fnanchor">[308]</a>
-a todos tenía gran amor y ellos a mí—; como vía los mar<span
-class="pagenum" id="Page_146">[p. 146]</span>tirios que por Dios las
-santas pasaban, parecíame compraban muy barato el ir a gozar de Dios,
-y deseaba yo mucho morir ansí; no por amor que yo entendiese tenerle,
-sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía haber en
-el cielo; y juntábame con este mi hermano a tratar qué medio habría
-para esto. Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor
-de Dios, para que allá nos descabezasen; y paréceme que nos daba el
-Señor ánimo en tan tierna edad, si viéramos algún medio, sino que<a
-id="FNanchor_309" href="#Footnote_309" class="fnanchor">[309]</a>
-el tener padres nos parecía el mayor embarazo. Espantábanos mucho
-el decir que pena y gloria era para siempre en lo que leíamos.
-Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto; y gustábamos de decir
-muchas veces: <i>para siempre, siempre, siempre</i>. En pronunciar esto
-mucho rato, era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido
-el camino de la verdad.</p>
-
-<p>De que vi que era imposible ir adonde me matasen por Dios,
-ordenábamos ser ermitaños, y en una huerta que había en casa
-procurábamos, como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas
-pedrecillas, que luego se nos caían; y ansí no hallábamos remedio
-en nada para nuestro deseo; que ahora me pone devoción ver cómo me
-daba Dios tan presto lo que yo perdí por mi culpa. Hacía limosna como
-podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones,
-que eran hartas, en especial el rosario, de que mi madre era muy
-devo<span class="pagenum" id="Page_147">[p. 147]</span>ta y ansí
-nos hacía serlo. Gustaba mucho, cuando jugaba con otras niñas, hacer
-monesterios, como que éramos monjas; y yo me parece deseaba serlo,
-aunque no tanto como las cosas que he dicho.</p>
-
-<p>Acuérdome que, cuando murió mi madre, quedé yo de doce años poco
-menos; como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida
-fuíme a una imagen de Nuestra Señora y supliquéla fuese mi madre,
-con muchas lágrimas<a id="FNanchor_310" href="#Footnote_310"
-class="fnanchor">[310]</a>. Paréceme que, aunque se hizo con
-simpleza, que me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta
-Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me
-ha tornado a sí. Fatígame ahora ver y pensar en qué estuvo el no
-haber yo estado entera en los buenos deseos que comencé. ¡Oh, Señor
-mío! pues parece tenéis determinado que me salve, plega a vuestra
-Majestad sea ansí; y de hacerme tantas mercedes como me habéis
-hecho, ¿no tuviérades por bien, no por mi ganancia, sino por vuestro
-acatamiento, que no se ensuciara tanto posada adonde tan contino
-habíades de morar? Fatígame, Señor, aun decir esto, porque sé que fué
-mía toda la culpa; porque no me parece os quedó a vos nada que hacer
-para que desde esta edad no fuera toda vuestra. Cuando voy a quejarme
-de mis padres, tampoco puedo, porque no vía en ellos sino todo bien,
-y cuidado de mi bien.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_148">[p. 148]</span></p>
-
-<p>Pues pasando de esta edad, que<a id="FNanchor_311"
-href="#Footnote_311" class="fnanchor">[311]</a> comencé a entender
-las gracias de naturaleza que el Señor me había dado, que según
-decían eran muchas, cuando por ellas le había de dar gracias, de
-todas me comencé a ayudar para ofenderle...</p>
-
-<p>Paréceme que comenzó a hacerme mucho daño lo que ahora diré.
-Considero algunas veces cuán mal lo hacen los padres que no
-procuran que vean sus hijos siempre cosas de virtud de todas
-maneras; porque con serlo<a id="FNanchor_312" href="#Footnote_312"
-class="fnanchor">[312]</a> tanto mi madre, de lo bueno no tomé
-tanto en llegando a uso de razón, ni casi nada, y lo malo me dañó
-mucho. Era aficionada a libros de Caballerías<a id="FNanchor_313"
-href="#Footnote_313" class="fnanchor">[313]</a>, y no tan mal
-to<span class="pagenum" id="Page_149">[p. 149]</span>maba este
-pasatiempo, como yo le tomé para mí; porque no perdía su labor, sino
-desenvolvíemonos para leer en ellos; y por ventura lo hacía para no
-pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no
-anduviesen en otras cosas perdidos. Desto le pesaba tanto a mi padre,
-que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme
-en costumbre de leerlos<a id="FNanchor_314" href="#Footnote_314"
-class="fnanchor">[314]</a>, y aquella pequeña falta que en ella<a
-id="FNanchor_315" href="#Footnote_315" class="fnanchor">[315]</a>
-vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar<a id="FNanchor_316"
-href="#Footnote_316" class="fnanchor">[316]</a> a faltar en lo demás;
-y parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y de la
-noche en tan vano ejercicio, aunque ascondida de mi padre. Era tan en
-extremo lo que en esto me embebía, que si no tenía libro nuevo, no me
-parece tenía contento.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_8_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_150">[p. 150]</span></p>
- <h3 title="Las Moradas">LAS MORADAS</h3>
- <p class="centra mt2">PRIMERAS MORADAS, CAPÍTULO II</p>
- <p class="centra mt1">Provecho que se saca del humilde conocimiento
- de sí mismo</p>
-</div>
-
-<p>La humildad siempre labra, como la abeja en la colmena la
-miel... Mas consideremos que la abeja no deja de salir a volar para
-traer flores, ansí el alma en el propio conocimiento; créame<a
-id="FNanchor_317" href="#Footnote_317" class="fnanchor">[317]</a>, y
-vuele algunas veces a considerar la grandeza y majestad de su Dios.
-Aquí hallará su bajeza mejor que en sí mesma y más libre de las
-sabandijas, adonde entran en las primeras piezas, que es el propio
-conocimiento, que anque, como digo, es harta misericordia de Dios
-que se ejercite en esto, tanto es lo de más como lo de menos, suelen
-decir. Y créanme, que con la virtud de Dios obraremos muy mejor
-virtud, que muy atadas a nuestra tierra. No sé si queda dado bien
-a entender; porque es cosa tan importante este conocernos, que no
-querría en ello hubiese jamás relajación, por subidas que estéis<a
-id="FNanchor_318" href="#Footnote_318" class="fnanchor">[318]</a>
-en los cielos; pues mientra<span class="pagenum" id="Page_151">[p.
-151]</span> estamos en esta tierra, no hay cosa que más nos
-importe que la humildad. Y ansí torno a decir, que es muy
-bueno y muy rebueno<a id="FNanchor_319" href="#Footnote_319"
-class="fnanchor">[319]</a> tratar de entrar primero en el aposento
-adonde se trata de esto, que volar a los demás, porque este es el
-camino; y si podemos ir por lo seguro y llano, ¿para qué hemos de
-querer alas para volar? mas que busque cómo aprovechar más en esto. Y
-a mi parecer, jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer
-a Dios: mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza, y mirando su
-limpieza, veremos nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos
-cuán lejos estamos de ser humildes. Hay dos ganancias de esto: la
-primera está claro, que parece una cosa blanca, muy más blanca<a
-id="FNanchor_320" href="#Footnote_320" class="fnanchor">[320]</a>
-cabe la negra, y al contrario la negra cabe la blanca; la
-segunda es, porque nuestro entendimiento y voluntad se hace más
-noble y más aparejado<a id="FNanchor_321" href="#Footnote_321"
-class="fnanchor">[321]</a> para todo bien, tratando a vueltas de sí
-con Dios; y si nunca salimos de nuestro cieno de miserias, es mucho
-inconveniente.</p>
-
-<div class="apartado" id="Ch_8_3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_152">[p. 152]</span></p>
- <h3 title="Carta a su hermano don Lorenzo">CARTAS</h3>
- <p class="centra mt2">CARTA 132</p>
- <p class="centra mt1">Al señor Lorenzo de Cepeda, hermano de la Santa;<br />
- desde Toledo a 2 de Enero de 1577</p>
-</div>
-
-<p class="jesus">Jesús</p>
-
-<p>Sea con vuestra merced. Da tan poco lugar Serna<a
-id="FNanchor_322" href="#Footnote_322" class="fnanchor">[322]</a>,
-que no querría alargarme, y no sé acabar cuando comienzo a escribir a
-vuestra merced; y, como nunca viene Serna, es menester tiempo.</p>
-
-<p>Cuando yo escribiere a Francisco<a id="FNanchor_323"
-href="#Footnote_323" class="fnanchor">[323]</a>, nunca se la<a
-id="FNanchor_324" href="#Footnote_324" class="fnanchor">[324]</a>
-lea vuestra merced, que he miedo tray alguna melencolía, y es
-harto declararse conmigo. Quizá le da Dios esos escrúpulos
-para quitarle de otras cosas; mas, para su remedio, el bien
-que tiene es creerme<a id="FNanchor_325" href="#Footnote_325"
-class="fnanchor">[325]</a>...</p>
-
-<p>Gran fiesta tuvimos ayer con el nombre de Jesús: Dios se lo
-pague a vuestra merced. No sé qué le envíe por tantas como me
-hace, si no es esos vi<span class="pagenum" id="Page_153">[p.
-153]</span>llancicos, que hice yo, que me mandó el confesor las<a
-id="FNanchor_326" href="#Footnote_326" class="fnanchor">[326]</a>
-regocijase, y he estado estas noches con ellas, y no supe cómo, sino
-ansí. Tienen graciosa tonada, si la atinare Francisquito para cantar.
-Mire si ando bien aprovechada. Con todo, me ha hecho el Señor hartas
-mercedes estos días.</p>
-
-<p>De las que hace a vuestra merced estoy espantada. Sea bendito por
-siempre. Ya entiendo por lo que se desea la devoción, que es bueno.
-Una cosa es desearlo y otra pedirlo; mas crea que es lo mejor lo
-que hace, el dejarlo todo a la voluntad de Dios, y poner su causa
-en sus manos. Él sabe lo que nos conviene, mas siempre procure ir
-por el camino que le escribí: mire que es más importante de lo que
-entiende...</p>
-
-<p>No me cansan sus cartas de vuestra merced, que me consuelan
-mucho, y ansí me consolara poderle escribir más a menudo; mas es
-tanto el trabajo que tengo, que no podrá ser más a menudo; y an<a
-id="FNanchor_327" href="#Footnote_327" class="fnanchor">[327]</a>
-esta noche me ha estorbado la oración. Ningún escrúpulo me hace, si
-no es pena de no tener tiempo. Dios nos le dé para gastarle siempre
-en su servicio, amén.</p>
-
-<p>La esterilidad de este pueblo en cosas de pescado, que<a
-id="FNanchor_328" href="#Footnote_328" class="fnanchor">[328]</a>
-es lástima a estas hermanas; y ansí me he holgado con estos
-besugos. Creo pudieran venir sin pan, según hace el tiempo. Si
-acertare haberlos, cuando venga Serna, u algunas sardinas<span
-class="pagenum" id="Page_154">[p. 154]</span> frescas, dé vuestra
-merced a la superiora con que nos las envíe, que lo ha enviado
-muy bien. Terrible lugar es este para no comer carne, que an un
-huevo fresco jamás hay. Con todo pensaba hoy que ha años que
-no me hallo tan buena como ahora; y guardo<a id="FNanchor_329"
-href="#Footnote_329" class="fnanchor">[329]</a> lo que todas, que es
-harto consuelo para mí.</p>
-
-<p>Esas coplas que no van de mi letra no son mías, sino que me
-parecieron bien para Francisco, que como hacen las de San José de las
-suyas, esotras hizo una hermana. Hay gran cosa de eso estas Pascuas
-en las recreaciones. Es hoy segundo día del año.</p>
-
-<p>Indina sierva de vuestra merced. Teresa de Jesús.</p>
-
-<p>Pensé que nos enviara vuestra merced el villancico suyo; porque
-estos ni tienen pies ni cabeza, y todo lo cantan. Ahora se me acuerda
-uno que hice una vez, estando con harta oración, y parecía que
-descansaba más. Eran: (ya no sé si eran ansí); y porque vea que desde
-acá le quiero dar recreación:</p>
-
-<div class="poema mt1"><div class="stanza">
-<p class="i2">¡Oh hermosura, que ecedeis</p>
-<p class="i0">A todas las hermosuras!</p>
-<p class="i0">Sin herir, dolor haceis;</p>
-<p class="i0">Y sin dolor deshaceis</p>
-<p class="i0">El amor de las criaturas.</p>
-</div></div>
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2"><span class="pagenum" id="Page_155">[p. 155]</span>¡Oh ñudo, que ansí juntais</p>
-<p class="i0">Dos cosas tan desiguales!</p>
-<p class="i0">No sé por qué os desatais:</p>
-<p class="i0">Pues atado, fuerza dais,</p>
-<p class="i0">A tener por bien los males.</p>
-</div></div>
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Quien no tiene ser, juntais</p>
-<p class="i0">Con el ser que no se acaba:</p>
-<p class="i0">Sin acabar, acabais:</p>
-<p class="i0">Sin tener que amar, amais:</p>
-<p class="i0">Engrandeceis nuestra nada.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt1">No se me acuerda más. ¡Qué seso de fundadora! Pues yo
-le digo que me parecía estaba con harto, cuando dije esto. Dios se lo
-perdone, que me hace gastar tiempo: y pienso le ha de enternecer esta
-copla y hacerle devoción; y esto no lo diga a nadie. Doña Yomar y yo
-andábamos juntas en este tiempo. Déla mis encomiendas.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_8_4">
- <h3 title="Carta a Fray Jerónimo Gracián"><small>CARTA 211</small></h3>
- <p class="hang mt1">De Santa Teresa a su confesor Fray Jerónimo Gracián,
- llorando la muerte del General de los Carmelitas Fray Juan Bautista
- Rubeo. Fecha en Ávila a 15 de octubre de 1578.</p>
-</div>
-
-<p class="jesus">Jesús.</p>
-
-<p>Sea con vuestra paternidad el Espíritu Santo, mi padre<a
-id="FNanchor_330" href="#Footnote_330" class="fnanchor">[330]</a>.
-Como le veo quitado<a id="FNanchor_331" href="#Footnote_331"
-class="fnanchor">[331]</a> de esas baraúndas, háseme quitado la
-pena de lo demás, venga lo<span class="pagenum" id="Page_156">[p.
-156]</span> que viniere. Harto grande me la ha dado<a
-id="FNanchor_332" href="#Footnote_332" class="fnanchor">[332]</a>
-las nuevas, que me escriben de nuestro padre general. Ternísima
-estoy; y el primer día llorar que llorarás<a id="FNanchor_333"
-href="#Footnote_333" class="fnanchor">[333]</a>, sin poder hacer otra
-cosa, y con gran pena de los trabajos que le hemos dado, que cierto
-no los merecía; y si hubiéramos ido a él, estuviera todo llano. Dios
-perdone a quien siempre lo ha estorbado, que con vuestra paternidad
-yo me aviniera, anque, en esto, poco me ha creído. El Señor lo trairá
-todo a bien; mas siento lo que digo, y lo que vuestra paternidad ha
-padecido; que cierto son tragos de la muerte lo que me escribió en la
-carta primera, que dos he recibido después que habló al nuncio.</p>
-
-<p>Sepa, mi padre, que yo me estaba deshaciendo, porque no daba
-luego aquellos papeles, sino que debe ser aconsejado de quien le
-duele poco lo que vuestra paternidad padece<a id="FNanchor_334"
-href="#Footnote_334" class="fnanchor">[334]</a>. Huélgome, que
-quedará bien experimentado, para llevar los negocios por el camino
-que han de ir, y no agua arriba, como yo siempre decía: y a la verdad
-ha habido cosas por donde lo impedían todo, y ansí no hay que tratar
-de esto, porque ordena Dios cosas para que padezcan sus siervos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_157">[p. 157]</span></p>
-
-<p>Ya quisiera escribir más largo, y han de llevar esta noche
-las cartas, y casi lo es ya, que lo he sido<a id="FNanchor_335"
-href="#Footnote_335" class="fnanchor">[335]</a> con el
-obispo de Osma<a id="FNanchor_336" href="#Footnote_336"
-class="fnanchor">[336]</a>, para que trate con el presidente y
-con el padre Mariano lo que le escribí, y dije enviase a vuestra
-paternidad. Ahora he estado con mi hermano<a id="FNanchor_337"
-href="#Footnote_337" class="fnanchor">[337]</a>, y se le encomienda
-mucho.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_305"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_305">[305]</a></span> <i>Acordarse</i>, construído como
-<i>recordar</i> con un dativo reflexivo y un acusativo, es poco usado,</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Y como Ovidio escribe en su epistolio,</p>
-<p class="i0">que no me acuerdo el folio,</p>
-<p class="i0">estas heridas del amor protervas</p>
-<p class="i0">no se curan con hierbas.</p>
-<p class="dr"><span class="smcap">Lope</span>, <i>Gatom</i>. 2.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_306"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_306">[306]</a></span> Sobre <i>pues</i>, conjunción
-continuativa que encabeza las transiciones, v. <span
-class="smcap">Bello</span>. <i>Gram.</i> §&nbsp;1267.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_307"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_307">[307]</a></span> Anticuado por <i>entrambos</i>. Esta
-cláusula <i>juntábamonos entramos a leer vidas de santos</i> está sin duda
-trastocada, debiendo colocarse detrás de <i>gran amor y ellos a mí</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_308"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_308">[308]</a></span> <i>Anque</i>, forma vulgar por
-«aunque». Después hallaremos <i>an</i> por «aún».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_309"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_309">[309]</a></span> <i>Sino que</i> en el sentido
-de <i>pero</i>. (V. <span class="smcap">Bello</span>. <i>Gram.</i>
-§&nbsp;1280.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_310"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_310">[310]</a></span> Nótese a cada paso la ausencia
-de retoque; este complemento <i>con muchas lágrimas</i> debiera ir
-inmediatamente después del verbo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_311"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_311">[311]</a></span> Después de oraciones
-temporales, <i>que</i> puede usarse en vez de la frase adverbial de tiempo
-<i>luego que</i>, <i>después que</i>; por ejemplo: «en estando lejos de aquí,
-<i>que</i> me vea libre del peligro, no me meteré yo en otra.» Si la
-oración temporal no lleva el verbo en gerundio ni infinitivo, sino
-en forma personal, el <i>que</i> es un tanto pleonástico, pues pudiera
-reemplazarse por la simple conjunción copulativa: «cuando esté lejos
-de aquí, <i>que</i> (y) me vea libre...» Por este mismo giro se explican
-modismos tales como estos: «jura que al volver <i>que vuelva</i> al
-Andalucía, se ha de estar dos meses en Toledo»; «en llegando <i>que
-llegue</i>.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_312"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_312">[312]</a></span> Este <i>lo</i> representa un
-adjetivo que no existe; Santa Teresa tomó en su imaginación el
-substantivo <i>de virtud</i> por el adjetivo equivalente <i>virtuoso</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_313"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_313">[313]</a></span> Es muy común decir <i>libros de
-caballería</i>; ha de decirse <i>caballerías</i> en plural, que este nombre
-se da a las hazañas llevadas a cabo por un caballero. La afición a
-las novelas caballerescas fué predominante en España por el espacio
-increíble de más de tres siglos. En el siglo <small>XIV</small> el
-Canciller Pero López de Ayala, entre sus yerros más grandes, se
-lamentaba de haber sido víctima de tan desatinada afición: </p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Plogome otrosí oir muchas vegadas</p>
-<p class="i0">Libros de devaneos e mentiras probadas:</p>
-<p class="i0"><i>Amadis</i>, <i>Lanzalote</i> e burlas asacadas,</p>
-<p class="i0">En que perdí mi tiempo a muy malas jornadas.</p>
-<p class="dr">(<i>Rimado de Palacio</i>, copla 162.)</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">A mediados del siglo <small>XVI</small>
-Santa Teresa se acusa de igual pecado, y a principios del
-<small>XVII</small> era todavía tan desmedido el apego a tales
-novelas, que Cervantes, para amenguarlo, ridiculizó en su <i>Quijote</i>
-los extravíos que tan dañosa lectura causaba.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_314"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_314">[314]</a></span> Este <i>los</i> se refiere a <i>los
-libros de caballerías</i> que, aunque hace mucho se nombraron, no
-dejan de estar presentes a la memoria en todo este pasaje. Otra vez
-vemos aquí la sintaxis de la Santa obedecer más a la viveza de la
-imaginación que a la lógica gramatical.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_315"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_315">[315]</a></span> El pronombre <i>ella</i> se refiere
-a <i>la madre</i> aunque no se la haya nombrado inmediatamente antes. Otra
-vez cabe la observación de la <a href="#Footnote_314">nota anterior</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_316"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_316">[316]</a></span> Nuevo descuido de la autora que
-pensaba haber escrito antes <i>me hizo enfriar</i>, o cosa parecida.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_317"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_317">[317]</a></span> <i>Créame</i> y los verbos que
-siguen en singular debieran ir en plural, pues la Autora se dirige a
-sus monjas, como adelante se ve.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_318"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_318">[318]</a></span> Santa Teresa trata generalmente
-a las religiosas de <i>su merced</i> en tercera persona de plural; aquí
-las habla en segunda persona de plural. Es común, en escritores más
-cuidados, este cambio de tratamiento. Fray Luis de Granada dice a la
-Virgen: «alegra<i>te</i> con esta esperanza y cesen ya <i>tus</i> gemidos...
-Bien veo, señora, que no basta nada desto para consola<i>ros</i>». (B.
-Aut. esp., VIII, pág. 82&nbsp;<i>b</i>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_319"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_319">[319]</a></span> Esta especie de superlativo
-formado mediante el prefijo <i>re</i> que refuerza el sentido del
-adjetivo simple, es muy propio del castellano (<i>refino</i>, <i>relimpio</i>,
-<i>remucho</i>, <i>remejor</i>); muchos escritores lo desdeñan por familiar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_320"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_320">[320]</a></span> Ante los adverbios <i>más</i>
-y <i>menos</i> usaban nuestros clásicos las formas apocopadas <i>muy</i>,
-<i>tan</i>, <i>cuán</i> («cuán más agradable»), en vez de las formas plenas
-<i>mucho</i>, <i>tanto</i>, <i>cuanto</i>, que son hoy de rigor (V. <span
-class="smcap">Bello</span> <i>Gram.</i> §&nbsp;1023).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_321"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_321">[321]</a></span> Las leyes lógicas de la
-concordancia exigirían <i>se hacen más nobles y aparejados</i>; la
-licencia hoy tolerable sería <i>se hace aparejada</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_322"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_322">[322]</a></span> Serna era el mandadero que
-llevaba las cartas de don Lorenzo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_323"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_323">[323]</a></span> Francisco se llamaba el hijo
-mayor de don Lorenzo. La Santa era naturalmente directora de los
-negocios espirituales de todas las personas de su familia. Lorenzo
-había prometido obediencia a su hermana, como luego se verá.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_324"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_324">[324]</a></span> Este <i>la</i> representa al
-substantivo <i>carta</i> que la autora consideraba embebido en el verbo
-<i>escribiere</i>. (Recuérdese lo dicho <a href="#Page_148">página
-148</a> <a href="#Footnote_312">n. 312</a> y <a
-href="#Page_149">pág. 149</a>, <a href="#Footnote_314">314</a> y <a
-href="#Footnote_315">315</a>, y véase <a href="#Page_153">153</a>, <a
-href="#Footnote_326">n. 326</a>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_325"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_325">[325]</a></span> El sujeto de este verbo no es
-<i>Francisco</i>, como parece, sino <i>don Lorenzo</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_326"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_326">[326]</a></span> Este <i>las</i> se refiere a las
-monjas de la comunidad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_327"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_327">[327]</a></span> <i>An</i> es contracción vulgar por
-<i>aun</i>. Comp. arriba <i>anque</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_328"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_328">[328]</a></span> Sobra el <i>que</i> para hacer
-sentido.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_329"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_329">[329]</a></span> <i>Guardar</i> sin complemento, con
-el sentido de «guardar la abstinencia».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_330"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_330">[330]</a></span> Vocativo con el posesivo
-antepuesto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_331"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_331">[331]</a></span> <i>Quitar</i> tiene aquí el sentido
-anticuado de libertar, eximir, que subsiste en la frase «libre y
-quito».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_332"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_332">[332]</a></span> Concordancia viciosa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_333"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_333">[333]</a></span> Frase adverbial, como <i>llora
-que llora</i> o <i>llora que llorarás</i>, para denotar la continuidad de la
-acción.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_334"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_334">[334]</a></span> Habla aquí de las persecuciones
-de que era objeto la reforma de la Orden que entonces se llevaba a
-cabo. El entregar los papeles de la visita al Presidente del Consejo
-de Castilla fué un paso poco acertado que dió lugar a conflictos en
-los que Gracián quedó comprometido.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_335"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_335">[335]</a></span> El <i>lo</i> se refiere a <i>larga
-en escribir</i>; es decir: «que he sido larga en escribir al Obispo».
-La autora pensaba haber puesto antes: «ya quisiera ser más larga en
-escribir», en vez de «quisiera escribir más largo».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_336"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_336">[336]</a></span> El Obispo de Osma, don Alonso
-Vázquez, confesor de la Santa en Toledo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_337"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_337">[337]</a></span> Don Lorenzo de Cepeda.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_9">
- <p><span class="pagenum" id="Page_158">[p. 158]</span></p>
- <h2 title="Fray Luis de León"
- class="nobreak">FRAY LUIS DE LEÓN<br />
- <small>(1527-1591)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Los dos primeros libros de los <i>Nombres de Cristo</i> se imprimieron
-en 1583; los tres completos, en 1585. <i>La perfecta casada</i>, en
-1586.</p>
-
-<p>Como se ha visto, la prosa castellana contaba ya en el último
-tercio del siglo <small>XVI</small> con muy notables cultivadores.</p>
-
-<p>Fray Luis de León consideraba, sin embargo, que el idioma no
-había logrado aún el cultivo esmerado y profundo de que era digno.
-Claro es que no podía satisfacerle, aunque lo admiraba, el estilo
-humilde, sencillo y descuidado de Santa Teresa; pero ya es más
-chocante que, hablando del poco cultivo de la lengua, no dedique ni
-una alabanza, ni un recuerdo, a su predecesor, Fray Luis de Granada;
-el estilo de éste era un estilo oratorio que sin duda, no contentaba
-al maestro León, por no encajar dentro del ideal de perfección
-artística que él perseguía<a id="FNanchor_338" href="#Footnote_338"
-class="fnanchor">[338]</a>. Así que se consideró a sí mismo, más que
-como innovador, como padre de la prosa literaria, y no le faltaba
-alguna razón.</p>
-
-<p>El lenguaje de Fray Luis de Granada tenía solemnidad, elevación y
-valentía; pero por estar aún el idioma poco diestro en la expresión
-de razonamientos y pensamientos abstractos, no halla muchas veces
-los recursos delicados de la construcción gramatical, y tiene algo
-de desmañado y flojo.<span class="pagenum" id="Page_159">[p.
-159]</span> Por esto Fray Luis de León encontró que el castellano
-encerraba tesoros aun no hallados de cadencia, proporción, asiento y
-armonía.</p>
-
-<p>Granada se esforzó en trabajar la frase, considerándola como
-un silogismo, como un razonamiento o un apóstrofe; León le dedicó
-su cuidado mirándola más especialmente como una obra de arte.
-Los tratados del uno son como sermones puestos por escrito; los
-del otro, como poesías redactadas en prosa<a id="FNanchor_339"
-href="#Footnote_339" class="fnanchor">[339]</a>. El uno es más
-elocuente, el otro más poeta; el uno es, en suma, orador, y el otro
-escritor.</p>
-
-<p>Fray Luis de León nos declara que su arte era en todo reflexivo y
-meditado; arte de selección cuidadosa de palabras, y hasta de letras;
-arte de cálculo y medida en la disposición de frases; arte en todo
-diestro, esmerado y primoroso que nos ofrece la lengua castellana
-ataviada con todos los elementos poéticos y musicales de que es
-capaz, y levantada a la altura de las lenguas clásicas.</p>
-
-<p>Él mismo declara también que su empeño principal fué poner en
-el habla del vulgo número, abundancia, entonación y armonía. Sin
-embargo, a veces usa períodos defectuosos, y esto principalmente
-por construirlos tan largos que casi se rompe el enlace de su
-comienzo con su remate<a id="FNanchor_340" href="#Footnote_340"
-class="fnanchor">[340]</a>. Además, las conjunciones <i>porque</i> y
-<i>pues</i> aparecen encabezando multitud de frases, con el pueril
-objeto de encadenarlas materialmente a la que antecede, cuando de
-no ligarlas de otra manera bastaría que esta trabazón corriera
-solamente a cargo del pensamiento. En fin, pocas veces cae en
-la tentación de buscar la falsa elegancia, puesta en moda ya
-desde el siglo <small>XV</small>, de remitir afectadamente el
-verbo<span class="pagenum" id="Page_160">[p. 160]</span> al fin
-de la proposición (verbi gracia: «Con el calor del día y del sueño
-<i>encendidos</i> demasiadamente y <i>dañados</i>», <a href="#Page_175">pág.
-175</a>).</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_9_1">
- <h3 title="Del arte de escribir la lengua vulgar">NOMBRES DE CRISTO</h3>
- <p class="centra mt2">INTRODUCCIÓN AL LIBRO III</p>
- <p class="hang mt1">Declara Fray Luis en qué procuró mejorar el lenguaje
- de sus escritos sobre el ordinario y familiar.</p>
-</div>
-
-<p>Mas a los que dicen que no leen aquestos mis libros por
-estar en romance<a id="FNanchor_341" href="#Footnote_341"
-class="fnanchor">[341]</a> y que en latín los leyeran, se les
-responde que les debe poco su lengua, pues por ella aborrecen lo
-que, si estuviera en otra, tuvieran por bueno. Y no sé yo de dónde
-les nace el estar con ella tan mal; que ni ella lo merece, ni ellos
-saben tanto de la latina que no sepan más de la suya, por poco que
-della sepan, como de hecho saben della poquísimo muchos. Y destos son
-los que dicen que no hablo en romance, porque no hablo desatadamente
-y sin orden, y porque pongo en las palabras concierto y las escojo
-y les doy su lugar; porque piensan que hablar romance es hablar
-como se habla en el vulgo,<span class="pagenum" id="Page_161">[p.
-161]</span> y no conocen que el bien hablar no es común, sino negocio
-de particular juicio<a id="FNanchor_342" href="#Footnote_342"
-class="fnanchor">[342]</a>, ansí en lo que se dice, como en la manera
-como se dice; y negocio que de las palabras que todas hablan elige
-las que convienen y mira el sonido dellas, y aun cuenta a veces las
-letras, y las pesa y las mide y las compone, para que, no solamente
-digan con claridad lo que se pretende decir, sino también con armonía
-y dulzura. Y si dicen que no es estilo para los humildes y simples,
-entiendan que, así como los simples tienen su gusto, así los sabios y
-los graves y los naturalmente compuestos no se aplican bien a lo que
-se escribe mal y sin orden; y confiesen que debemos tener cuenta con
-ellos, y señaladamente en las escrituras que son para ellos solos,
-como aquesta lo es.</p>
-
-<p>Y si acaso dijeren que es novedad, yo confieso que es nuevo,
-y camino no usado por los que escriben en esta lengua, poner en
-ella número, levantándola del decaimiento ordinario. El cual
-camino quise yo abrir<a id="FNanchor_343" href="#Footnote_343"
-class="fnanchor">[343]</a>, no por la presunción que tengo<span
-class="pagenum" id="Page_162">[p. 162]</span> de mí, que sé bien la
-pequeñez de mis fuerzas, sino para que los que las tienen se animen
-a tratar de aquí adelante su lengua como los sabios y elocuentes
-pasados, cuyas obras por tantos siglos viven, trataron las suyas,
-y para que la igualen, en esta parte que le falta, con las lenguas
-mejores, a las cuales, según mi juicio, vence ella en otras muchas
-virtudes.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_9_2">
- <h3 title="Introducción a los Nombres de Cristo"><small>LIBRO
- PRIMERO</small></h3>
- <p class="hang mt1">Dirigiéndose al Obispo de Córdoba, don Pedro
- Portocarrero, introduce Fray Luis los personajes que figurarán
- en el diálogo de la obra, y supone que son tres amigos suyos,
- de su misma Orden de San Agustín.</p>
-</div>
-
-<p>Era por el mes de Junio, a las vueltas<a id="FNanchor_344"
-href="#Footnote_344" class="fnanchor">[344]</a> de la fiesta
-de San Juan, al tiempo que en Salamanca comienzan a cesar los
-estudios, cuando Marcelo, el uno de los que digo (que así le quiero
-llamar con nombre fingido, por ciertos respetos que tengo, y lo
-mismo haré a los demás), después de una ca<span class="pagenum"
-id="Page_163">[p. 163]</span>rrera tan larga, como es la de un año
-en la vida que allí se vive<a id="FNanchor_345" href="#Footnote_345"
-class="fnanchor">[345]</a>, se retiró, como a puerto sabroso,
-a la soledad de una granja que, como vuestra merced sabe,
-tiene mi monasterio en la ribera de Tormes<a id="FNanchor_346"
-href="#Footnote_346" class="fnanchor">[346]</a>; y fuéronse con él,
-por hacerle compañía, y por el mismo respeto, los otros dos. Adonde
-habiendo estado algunos días, aconteció que una mañana, que era la
-del día dedicado al após<span class="pagenum" id="Page_164">[p.
-164]</span>tol San Pedro, después de haber dado al culto divino<a
-id="FNanchor_347" href="#Footnote_347" class="fnanchor">[347]</a>
-lo que se le debía, todos tres juntos se salieron de la casa a
-la huerta que se hace<a id="FNanchor_348" href="#Footnote_348"
-class="fnanchor">[348]</a> delante della. Es la huerta grande, y
-estaba entonces bien poblada de árboles, aunque puestos sin orden;
-mas eso mismo hacía deleite en la vista, y sobre todo, la hora y la
-sazón.</p>
-
-<p>Pues entrados en ella, primero, y por un espacio pequeño, se
-anduvieron paseando y gozando del frescor, y después se sentaron
-juntos a la sombra de unas parras y junto a la corriente de una
-pequeña fuente, en ciertos asientos. Nace la fuente de la cuesta que
-tiene la casa a las espaldas, y entraba en la huerta por aquella
-parte, y corriendo y estropezando, parecía reírse. Tenían también
-delante de los ojos y cerca dellos una alta y hermosa alameda. Y
-más adelante, y no muy lejos, se veía el río Tormes, que aun en
-aquel tiempo, hinchiendo bien sus riberas, iba torciendo el paso por
-aquella vega. El día era sosegado y purísimo, y la hora muy fresca.
-Así que, asentándose y callando por un pequeño tiempo, después de
-sentados, Sabino (que así me place llamar al que de los tres era
-el más mozo), mirando hacia Marcelo y sonriéndose, comenzó a decir
-así:</p>
-
-<p>«Algunos hay a quien la vista del campo los<span class="pagenum"
-id="Page_165">[p. 165]</span> enmudece<a id="FNanchor_349"
-href="#Footnote_349" class="fnanchor">[349]</a>, y debe ser condición
-de espíritus de entendimiento profundo; mas yo, como los pájaros, en
-viendo lo verde, deseo o cantar o hablar.»</p>
-
-<p>—«Bien entiendo por qué lo decís—respondió al punto Marcelo—, y
-no es alteza de entendimiento, como dais a entender por lisonjearme
-o por consolarme, sino cualidad de edad y humores diferentes que
-nos predominan y se despiertan con esta vista, en vos de sangre,
-y en mí de melancolía<a id="FNanchor_350" href="#Footnote_350"
-class="fnanchor">[350]</a>. Mas sepamos—dice—de Juliano<a
-id="FNanchor_351" href="#Footnote_351" class="fnanchor">[351]</a>
-(que éste era el nombre del tercero) si es pájaro también o si es de
-otro metal.»</p>
-
-<p>—«No soy siempre de uno mismo—respondió Juliano—, aunque agora al
-humor de Sabino me inclino algo más. Y pues él no puede agora razonar
-consigo mismo mirando la belleza del campo y la grandeza del cielo,
-bien será que nos diga su gusto acerca de lo que podremos hablar.»</p>
-
-<p>Entonces Sabino, sacando del seno un papel escrito y no muy
-grande: «Aquí, dice, está mi deseo y mi esperanza.»</p>
-
-<p>Marcelo, que reconoció luego el papel, porque<span
-class="pagenum" id="Page_166">[p. 166]</span> estaba escrito de su
-mano, dijo, vuelto a Sabino y riéndose: «No os atormentará mucho el
-deseo a lo menos, Sabino, pues tan en la mano tenéis la esperanza; ni
-aun deben ser ni lo uno ni lo otro muy ricos, pues se encierran en
-tan pequeño papel.»</p>
-
-<p>—«Si fueren pobres—dijo Sabino—, menos causa tendréis para no
-satisfacerme en una cosa tan pobre.»</p>
-
-<p>—«¿En qué manera—respondió Marcelo—, o qué parte soy yo para
-satisfacer a vuestro deseo, o qué deseo es el que decís?»</p>
-
-<p>Entonces Sabino, desplegando el papel, leyó el título, que decía:
-<i>De los nombres de Cristo</i>; y no leyó más, y dijo luego: «Por cierto
-caso hallé hoy este papel, que es de Marcelo, adonde, como parece,
-tiene apuntados algunos de los nombres con que Cristo es llamado en
-la Sagrada Escritura, y los lugares de ella adonde es llamado así. Y
-como le vi, me puso codicia de oirle algo sobre aqueste argumento,
-y por eso dije que mi deseo estaba en este papel; y está en él mi
-esperanza también, porque, como parece dél, éste es argumento en
-que Marcelo ha puesto su estudio y cuidado, y argumento que le debe
-tener en la lengua; y así, no podrá decirnos agora lo que suele
-decir cuando se excusa, si le obligamos a hablar, que le tomamos
-desapercibido. Por manera que, pues le falta esta excusa, y el tiempo
-es nuestro, y el día santo, y la sazón tan a propósito de pláticas
-semejantes, no nos será dificultoso el rendir a Marcelo, si vos,
-Juliano, me favorecéis.»</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_9_3">
- <h3 title="Cristo, príncipe de Paz"><span class="pagenum"
- id="Page_167">[p. 167]</span><small>LIBRO II, CAPÍTULO
- III</small></h3>
- <p class="hang mt1">Marcelo explicando a sus amigos por qué el
- nombre de <i>Príncipe de Paz</i> es aplicado a Cristo, declara
- qué cosa es paz.</p>
-</div>
-
-<p>Calló Marcelo un poco, luego que dijo esto..., y descansando,
-y como recogiéndose<a id="FNanchor_352" href="#Footnote_352"
-class="fnanchor">[352]</a> todo en sí mismo por un espacio pequeño,
-alzó después los ojos al cielo, que ya estaba sembrado de estrellas,
-y teniéndolos en ellas como enclavados, comenzó a decir así:</p>
-
-<p>«Cuando<a id="FNanchor_353" href="#Footnote_353"
-class="fnanchor">[353]</a> la razón no lo demostrara, ni por otro
-camino se pudiera entender cuán amable cosa sea<a id="FNanchor_354"
-href="#Footnote_354" class="fnanchor">[354]</a> la paz, esta
-vista hermosa del cielo que se nos descubre agora, y el concierto
-que tienen entre sí aquestos resplandores que lucen en él, nos
-dan suficiente testimonio. Porque, ¿qué otra cosa es, sino paz,
-o ciertamente una imagen perfecta de paz, esto que agora vemos
-en el cielo y que con<span class="pagenum" id="Page_168">[p.
-168]</span> tanto deleite se nos viene<a id="FNanchor_355"
-href="#Footnote_355" class="fnanchor">[355]</a> a los ojos? Que<a
-id="FNanchor_356" href="#Footnote_356" class="fnanchor">[356]</a>
-si la paz es, como San Agustín breve y verdaderamente concluye,
-una orden sosegada o un tener sosiego y firmeza en lo que pide el
-buen orden, eso mismo es lo que nos descubre agora esta imagen.
-Adonde el ejército de las estrellas, puesto como en ordenanza y como
-concertado por sus hileras<a id="FNanchor_357" href="#Footnote_357"
-class="fnanchor">[357]</a>, luce hermosísimo; y adonde cada una
-dellas inviolablemente guarda su puesto; adonde no usurpa ninguna el
-lugar de su vecina ni la turba en su oficio, ni menos, olvidada del
-suyo, rompe jamás la ley eterna y santa que le puso la Providencia;
-antes, como hermanadas todas y como mirándose entre sí, y comunicando
-sus luces las mayores con las menores, se hacen muestra de amor;
-y como en cierta manera<a id="FNanchor_358" href="#Footnote_358"
-class="fnanchor">[358]</a> se reverencian unas a otras, y<span
-class="pagenum" id="Page_169">[p. 169]</span> todas juntas templan a
-veces sus rayos y sus virtudes, reduciéndolas a una pacífica unidad
-de virtud, de partes y aspectos diferentes compuesta, universal y
-poderosa sobre toda manera<a id="FNanchor_359" href="#Footnote_359"
-class="fnanchor">[359]</a>.</p>
-
-<p>»Y si así se puede decir, no sólo son un dechado de paz clarísimo
-y bello, sino un pregón y un loor que con voces manifiestas y
-encarecidas nos notifica cuán excelentes bienes son los que la
-paz en sí contiene y los que hace en todas las cosas. La cual
-voz y pregón sin ruido se lanza en nuestras almas, y de lo que
-en ellas lanzada hace<a id="FNanchor_360" href="#Footnote_360"
-class="fnanchor">[360]</a>, se ve y entiende bien la eficacia suya y
-lo mucho que las persuade. Porque luego, como convencidas de cuanto
-les es útil y hermosa la paz, se comienzan ellas a pacificar en sí
-mismas y a poner a cada<a id="FNanchor_361" href="#Footnote_361"
-class="fnanchor">[361]</a><span class="pagenum" id="Page_170">[p.
-170]</span> una de sus partes en orden. Porque si estamos atentos
-a lo secreto que en nosotros pasa, veremos que este concierto y
-orden de las estrellas, mirándolo, pone en nuestras almas sosiego, y
-veremos que con sólo tener los ojos enclavados en él con atención,
-sin sentir en qué manera, los deseos nuestros y las afecciones
-turbadas que confusamente movían ruido en nuestros pechos de día, se
-van quietando poco a poco, y como adormeciéndose, se reposan, tomando
-cada una su asiento, y reduciéndose a su lugar propio, se ponen sin
-sentir en sujeción y concierto.</p>
-
-<p>»Y veremos que, así como ellas se humillan y callan, así lo
-principal y lo que es señor en el alma, que es la razón, se
-levanta y recobra su derecho y su fuerza, y como alentada con esta
-vista celestial y hermosa, concibe pensamientos altos y dignos de
-sí, y como en una cierta manera se recuerda<a id="FNanchor_362"
-href="#Footnote_362" class="fnanchor">[362]</a> de su primer
-origen, y al fin pone todo lo que es vil y bajo en su parte,
-y huella sobre ello<a id="FNanchor_363" href="#Footnote_363"
-class="fnanchor">[363]</a>. Y así puesta ella en su trono como
-emperatriz, y reducidas a sus lugares todas las de más<span
-class="pagenum" id="Page_171">[p. 171]</span> partes del alma, queda
-todo el hombre ordenado y pacífico.</p>
-
-<p>«Mas ¿qué digo de nosotros que tenemos razón? Esto insensible y
-aquesto rudo del mundo, los elementos y la tierra y el aire y los
-brutos se ponen todos en orden y se quietan luego que poniéndose
-el sol, se les representa aqueste ejército resplandeciente. ¿No
-veis el silencio que tienen agora todas las cosas, y cómo parece
-que mirándose en este espejo bellísimo, se componen todas ellas y
-hacen paz entre sí, vueltas a sus lugares y oficios, y contentas con
-ellos?</p>
-
-<p>»Es sin duda el bien de todas las cosas universalmente la paz;
-y así, dondequiera que la ven, la aman. Y no sólo ella, mas la
-vista de su imagen de ella las enamora y las enciende en codicia de
-asemejársele, porque todo se inclina fácil y dulcemente a su bien. Y
-aun si confesamos, como es justo confesar, la verdad, no solamente la
-paz es amada generalmente de todos, mas sola ella es amada y seguida
-y procurada por todos. Porque cuanto se obra en esta vida por los
-que vivimos<span class="pagenum" id="Page_172">[p. 172]</span> en
-ella, y cuanto se desea y afana, es por conseguir este bien de la
-paz, y este es el blanco adonde enderezan su intento y el bien a que
-aspiran todas las cosas. Porque si navega el mercader y si corre los
-mares, es por tener paz con su codicia, que le solicita y guerrea. Y
-el labrador en el sudor de su cara y rompiendo la tierra busca paz,
-alejando de sí cuanto puede al enemigo duro de la pobreza. Y por la
-misma manera, el que sigue el deleite y el que anhela la honra y el
-que brama por la venganza, y, finalmente, todos y todas las cosas
-buscan la paz en cada una de sus pretensiones. Porque, o siguen algún
-bien que les falta, o huyen algún mal que los enoja.»</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_9_4">
- <h3 title="Alabanza del madrugar">LA PERFECTA CASADA</h3>
- <p class="centra mt2">LIBRO VII</p>
- <p class="hang mt1">Comentando el versículo de los <i>Proverbios</i>,
- <small>XXXI</small>, 15: «madrugó y repartió a sus gañanes las
- raciones», hace Fray Luis una primorosa descripción del alba y
- encarece las delicias del madrugar.</p>
-</div>
-
-<p>El madrugar es tan saludable, que la razón sola de la salud,
-aunque no despertara el cuidado y obligación de la casa, había
-de levantar de la cama en amanesciendo a las casadas. Y guarda
-en esto Dios, como en todo lo demás, la dulzura y suavidad de
-su sabio gobierno, en que aquello a que<span class="pagenum"
-id="Page_173">[p. 173]</span> nos obliga es lo mismo que más
-conviene a nuestra naturaleza y en que recibe por su servicio lo
-que es nuestro provecho<a id="FNanchor_364" href="#Footnote_364"
-class="fnanchor">[364]</a>. Así que, no sólo la casa, sino también
-la salud, pide a la buena mujer que madrugue. Porque cierto es que
-es nuestro cuerpo del metal de los otros cuerpos, y que la orden que
-guarda la naturaleza para el bien y conservación de los demás, esa
-misma es la que conserva y da salud a los hombres.</p>
-
-<p>Pues ¿quién no ve que a aquella hora despierta el mundo todo
-junto, y que la luz nueva saliendo, abre los ojos de los animales
-todos, y que si fuese entonces dañoso dejar el sueño, la naturaleza
-(que en todas las cosas generalmente, y en cada una por sí, esquiva
-y huye el daño, y sigue y apetece el provecho, o que, para decir la
-verdad, es ella eso mismo que a cada una de las cosas conviene y es
-provechoso), no rompiera tan presto el velo de las tinieblas que
-nos adormecen, ni sacara por el oriente los claros rayos del sol,
-o si los sacara, no les diera tanta fuerza para nos despertar?<a
-id="FNanchor_365" href="#Footnote_365" class="fnanchor">[365]</a>.
-Porque si no despertase naturalmente la luz, no le cerrarían
-las ventanas tan diligentemente los que<span class="pagenum"
-id="Page_174">[p. 174]</span> abrazan el sueño. Por manera que
-la naturaleza, pues nos envía la luz, quiere, sin duda, que nos
-despierte. Y pues ella nos despierta, a nuestra salud conviene que
-despertemos.</p>
-
-<p>Y no contradice a esto el uso de las personas que ahora el
-mundo llama señores, cuyo principal cuidado es vivir para el
-descanso y regalo del cuerpo, las cuales guardan la cama hasta
-las doce del día<a id="FNanchor_366" href="#Footnote_366"
-class="fnanchor">[366]</a>. Ante esta verdad, que se toca con las
-manos, condena aquel vicio, del cual, ya por nuestros pecados o por
-sus pecados de ellos mismos<a id="FNanchor_367" href="#Footnote_367"
-class="fnanchor">[367]</a>, hacen honra y estado<a id="FNanchor_368"
-href="#Footnote_368" class="fnanchor">[368]</a>, y ponen parte de
-su grandeza en no guardar ni aun en esto el concierto que Dios les
-pone. Castigaba bien una persona, que yo conocí, esta torpeza, y
-nombrábala con su merescido vocablo. Y aunque es tan vil como lo
-es el<span class="pagenum" id="Page_175">[p. 175]</span> hecho,
-daráme vuestra merced<a id="FNanchor_369" href="#Footnote_369"
-class="fnanchor">[369]</a> licencia para que lo ponga aquí, porque es
-palabra que cuadra. Así que, cuando le decía alguno que era estado en
-los señores este dormir, solía él responder que se erraba la letra<a
-id="FNanchor_370" href="#Footnote_370" class="fnanchor">[370]</a>,
-y que por decir <i>establo</i> decían <i>estado</i>. Y ello a la verdad es
-así, que aquel desconcierto de vida tiene principio y nasce de otro
-mayor desconcierto, que está en el alma y es causa él también y
-principio de muchos otros desconciertos torpes y feos. Porque la
-sangre y los demás humores del cuerpo, con el calor del día y del
-sueño, encendidos demasiadamente y dañados, no solamente corrompen
-la salud, mas también aficionan e inficionan el corazón feamente.
-Y es cosa digna de admiración que, siendo estos señores en todo lo
-demás grandes seguidores, o por mejor decir, grandes esclavos de su
-deleite, en esto sólo se olvidan dél, y pierden por un vicioso dormir
-lo más deleitoso de la vida, que es la mañana.</p>
-
-<p>Porque entonces la luz, como viene después de las tinieblas y se
-halla como después de haber sido perdida, parece ser otra y hiere
-el corazón<span class="pagenum" id="Page_176">[p. 176]</span>
-del hombre con una nueva alegría, y la vista del cielo entonces,
-y el colorear de las nubes y el descubrirse el aurora (que no
-sin causa los poetas la coronan de rosas)<a id="FNanchor_371"
-href="#Footnote_371" class="fnanchor">[371]</a>, y el aparecer la
-hermosura del sol, es una cosa bellísima. Pues el cantar de las aves,
-¿qué duda hay sino que suena entonces más dulcemente? y las flores y
-las yerbas y el campo, todo despide de sí un tesoro de olor. Y como
-cuando entra el rey de nuevo en alguna ciudad se adereza y hermosea
-toda ella, y los ciudadanos hacen entonces plaza<a id="FNanchor_372"
-href="#Footnote_372" class="fnanchor">[372]</a> y como alarde de
-sus mejores riquezas; así los animales y la tierra y el aire, y
-todos los elementos, a la venida del sol se alegran, y como para
-recibirle, se hermosean y mejoran y ponen en público cada uno sus
-bienes. Y como los curiosos suelen poner cuidado y trabajo por ver
-semejantes recibimientos, así los hombres concertados y cuerdos,
-aun por sólo el gusto, no han de perder esta fiesta que hace toda
-la naturaleza al sol por las mañanas; porque no es gusto de un solo
-sentido, sino general contentamiento de todos, porque la vista se
-deleita con el nascer de la luz y con la figura<a id="FNanchor_373"
-href="#Footnote_373" class="fnanchor">[373]</a> del aire y con el
-variar de<span class="pagenum" id="Page_177">[p. 177]</span> las
-nubes; a los oídos las aves hacen agradable armonía; para el oler,
-el olor que en aquella sazón el campo y las yerbas despiden de sí
-es olor suavísimo, pues el fresco del aire de entonces templa con
-grande deleite el humor calentado con el sueño, y cría salud y lava
-las tristezas del corazón, y no sé en qué manera le despierta a
-pensamientos divinos antes que se ahogue en los negocios del día.</p>
-
-<p>Pero, si puede tanto con estos hijos de tinieblas el amor dellas,
-que aun del día hacen noche, y pierden el fruto de la luz con el
-sueño, y ni el deleite, ni la salud, ni la necesidad y provecho que
-dicho habemos, son poderosos para los hacer levantar, vuestra merced
-que es hija de luz, levántese con ella, y abra la claridad de sus
-ojos cuando descubriere sus rayos el sol, y con pecho puro levante
-sus manos limpias al Dador de la luz, ofresciéndole con santas y
-agradescidas palabras su corazón, y después de hecho esto, y de
-haber gozado del gusto del nuevo día, vuelta a las cosas de su casa,
-entienda en su oficio.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_338"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_338">[338]</a></span> Véase la <a
-href="#Footnote_343">nota 343</a> de la <a href="#Page_161">pág.
-161</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_339"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_339">[339]</a></span> Algunos de sus párrafos
-tienen el mismo asunto que sus versos, no sabiéndose si son
-su esbozo y plan o su comentario y explicación. (Véase <a
-href="#Page_169">pág. 169</a>, <a href="#Footnote_359">nota 359</a>,
-y <a href="#Page_170">pág. 170</a>, <a href="#Footnote_363">nota
-363</a>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_340"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_340">[340]</a></span> Véase, por ejemplo, la larga
-interrogación de la <a href="#Page_173">pág. 173</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_341"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_341">[341]</a></span> Se censuró a Fray Luis por
-haber escrito en castellano los dos primeros libros de los <i>Nombres
-de Cristo</i>, impresos en 1583; pues, aunque ya habían escrito el
-P. Avila y el P. Granada, muchos seguían creyendo que un teólogo
-no debía emplear para sus obras sino el latín. Fray Luis contestó
-reimprimiendo los <i>Nombres de Cristo</i>, en 1585, adicionados con un
-tercer libro a cuya introducción pertenece el presente extracto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_342"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_342">[342]</a></span> Es decir, que no es cosa
-común a todos los que hablan una lengua, sino que exige particular
-disposición y estudio. Es antigua en España la creencia de que la
-lengua propia ni merece ni requiere atención y trabajo; Juan de
-Valdés se queja de los que con tanta negligencia y tan inmerecido
-desdén la tratan, y Ambrosio de Morales, en 1546, decía: «siempre
-ha quedado nuestra lengua en la miseria y con la pobreza que antes
-tenía... que todo nace del gran menosprecio en que nuestros mismos
-naturales tienen nuestra lengua, por lo cual ni se aficionan a ella,
-ni se aplican a ayudarla». (Introducción al <i>Diálogo de la dignidad
-del hombre, del M. Hernán Pérez de Oliva</i>, tío de Morales.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_343"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_343">[343]</a></span> Fray Luis, al principio de
-esta introducción, habla poco menos que como si él fuera el primero
-en aplicar el castellano a asuntos serios, quejándose «de lo mal
-que usamos de nuestra lengua no la empleando sino en cosas sin
-ser». No es admisible que desconociera los autores citados en la
-<a href="#Page_125">pág. 125</a>, y por fuerza habría leído las
-obras místicas del Beato Juan de Ávila y del Venerable Granada, que
-andaban ya impresas; sin embargo, a juzgar por las palabras que
-ahora emplea, parece que no le satisfacían mucho y no las tomaba en
-consideración.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_344"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_344">[344]</a></span> <i>A vueltas de</i> significa
-‘alrededor de, cerca de’; así fijando después el día en que esto
-sucedía, dícese que era el de San Pedro, que es en 29 de Junio, cinco
-días después de San Juan. En esta frase el artículo se usa rarísima
-vez: <i>a las vueltas</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_345"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_345">[345]</a></span> Cuando el acusativo es de igual
-raíz que el verbo, exige algún complemento que le especifique, pues
-de lo contrario sería un acusativo del todo inútil, v. gr.: <i>vivir
-una vida fatigosa</i> (véase <span class="smcap">Bello</span>, <i>Gram.</i>
-§&nbsp;796); aquí se sobreentiende <i>con la vida (tan fatigosa) que
-allí se vive</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_346"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_346">[346]</a></span> Los nombres de
-ríos sin artículo, v. <a href="#Page_86">pág. 86</a>, <a
-href="#Footnote_161">n. 161</a>. Los agustinos calzados, que
-llegaron a Salamanca por los años 1330, fueron los fundadores
-de este convento. Hoy no existe el edificio antiguo, pues fué
-bárbaramente destruído por el ejército francés en 1812, y aunque
-reedificado, se demolió más tarde, ocupando hoy su solar la nueva
-calle llamada de Oliva.—Este monasterio tenía, para descanso y
-recreo de los frailes, una granja, llamada <i>la Flecha</i>, a legua y
-media de distancia, río arriba, a la vera del camino de Salamanca
-a Madrid. (<span class="smcap">V. M. Villar</span> y <span
-class="smcap">Macías</span>, <i>Hist. de Salamanca</i>, I, 453, etc.) La
-apacible descripción que hace Fray Luis de este paisaje concuerda
-en todo con la realidad; tal como él lo pinta, se reconocen hoy la
-casa de los frailes, las cuestas que empiezan a sus espaldas y que si
-hacia Aldealengua se van insensiblemente suavizando y disminuyendo,
-prolónganse larguísimo espacio eslabonándose hacia Salamanca; todavía
-existe la desordenada arboleda que tanto deleitaba la vista del
-poeta, y la risueña fuente que baja desde la cuesta al huerto,</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i0">y como codiciosa</p>
-<p class="i0">de ver y acrecentar su hermosura,</p>
-<p class="i0">hasta llegar, corriendo se apresura.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">En fin, el huerto mismo existe, que tanta
-inspiración guardaba para el autor de la oda a la <i>Vida retirada</i> y
-que se llama, como queda dicho, huerta de la <i>Flecha</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_347"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_347">[347]</a></span> Destinada al culto está desde
-antiguo una capilla cerca de la huerta, frente a la aceña de la
-Flecha y contigua a la casa del molinero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_348"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_348">[348]</a></span> <i>Hacerse</i> era muy usado con
-nombres de lugar en el mismo sentido que ‘extenderse, hallarse’, o
-sea ‘estar situado’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_349"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_349">[349]</a></span> <i>Los</i> dice la edición de
-Salamanca 1585. Es el acusativo que debe ponerse con propiedad
-gramatical; pero disuena algo a causa del uso generalísimo del dativo
-<i>le</i> por el acusativo, cuando se trata de personas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_350"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_350">[350]</a></span> <i>Humor de sangre y de
-melancolía</i> significa temperamento sanguíneo y melancólico o
-bilioso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_351"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_351">[351]</a></span> <i>Sepamos de Juliano si es
-pájaro</i>, en vez de <i>sepamos si Juliano es pájaro</i>, es un caso de
-<i>atracción</i> del sujeto de la proposición dependiente que se construye
-con el verbo principal; como en griego y en latín: <i>rem vides quomodo
-se habeat</i> (v. <span class="smcap">Diez</span>, <i>Gr.</i> III, 360.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_352"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_352">[352]</a></span> Nótese el uso que tiene el
-adverbio <i>como</i>; <i>como recogiéndose</i> no afirma que se recogiera
-sino que todo su aspecto y semejanza era como la del que se
-recoge; <i>como enclavados</i>, semejando enclavados; <i>como</i> viene a
-ser en ambos ejemplos un simple afijo o partícula prepositiva para
-denotar mera semejanza con la voz que le sigue, sentido que se
-ve más claro si el <i>como</i> se refiere a un substantivo: «encontró
-Don Quijote con dos como clérigos», «unos como joyeles» (v. <span
-class="smcap">Bello</span>, <i>Gramática</i>, §&nbsp;1234 y 1236).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_353"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_353">[353]</a></span> <i>Cuando</i> tiene muchas veces el
-valor de la frase adverbial <i>aun cuando</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_354"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_354">[354]</a></span> En las interrogaciones
-indirectas la proposición secundaria puede llevar su verbo en
-indicativo (como hoy es lo ordinario) o en subjuntivo; aquí se
-diría hoy más bien: «cuán amable cosa es la paz». En los siglos
-<small>XVI</small> y <small>XVII</small> era más común el subjuntivo,
-«dícese qué cosa sea la paz, lo que valga la paz».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_355"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_355">[355]</a></span> <i>Venirse a los ojos</i> equivale a
-‘saltar a la vista’ o ‘presentarse’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_356"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_356">[356]</a></span> <i>Que</i>, conjunción causal,
-abreviada de <i>porque</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_357"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_357">[357]</a></span> Respecto al <i>como</i> repetidas
-veces usado aquí para denotar no el modo, sino la semejanza con
-ese modo, véase la <a href="#Footnote_352">nota 352</a>, de la <a
-href="#Page_167">pág. 167</a>: <i>como mirándose</i>, semejando que
-se miran. <i>Concertado por sus hileras</i> se diría simplemente hoy:
-«concertado por hileras» (o sea distribuído en hileras), sin el
-posesivo; éste indica que el concierto les es a las estrellas propio
-y natural. Es modismo antiguo; Don Alfonso el Sabio dice «fabla el
-Arzobispo por su latín», es decir: en el latín que usaba siempre al
-escribir.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_358"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_358">[358]</a></span> Hoy este <i>como</i> que denota
-semejanza no se suele usar antepuesto a verbos y proposiciones
-enteras, sino después de verbos que denotan una apreciación o
-figuración; es decir, seguido de un <i>que</i> enunciativo: «se me
-figuraba <b>como que</b> querían acercarse aquellos hombres», «hace
-como que no quiere». «<b>Como en cierta manera</b> se reverencian»,
-sería hoy: «parece como que se reverencian»; al fin de este trozo se
-repite este mismo giro: <b>como en una cierta manera recuerda</b> =
-‘parece como que recuerda’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_359"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_359">[359]</a></span> Esta admirable descripción
-recuerda y amplía algunos versos de la Oda XII del mismo autor,
-«Noche serena»:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Quién mira el gran concierto</p>
-<p class="i0">de aquestos resplandores eternales,</p>
-<p class="i0">su movimiento cierto,</p>
-<p class="i0">sus pasos desiguales,</p>
-<p class="i0">y en proporción concorde tan iguales...</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_360"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_360">[360]</a></span> <i>Lanzar, echar pregón o
-voz</i> se emplean por los simples ‘pregonar’ o ‘vocear’. Compárese
-la concordancia <i>voz y pregón lanzada</i> con la que hallamos en
-la <i>Introducción al Símbolo de la fe</i> (<a href="#Page_142">pág.
-142</a>) y en el <i>Quijote</i> (comienzo del extracto de la <a
-href="#Page_248">parte II, capítulo 23</a>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_361"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_361">[361]</a></span> <i>A cada</i> se lee en la edición
-de Salamanca, 1585. Antes se admitían más acusativos con preposición;
-hoy apenas se le pone <i>a</i> sino cuando el acusativo es nombre de
-persona determinada, personificación, animal o nombre propio de
-lugar, así que se diría «a poner cada una de sus partes». También se
-diría con más rigor: «comienzan ellas a pacificarse y a poner sus
-partes en orden», pues la acción reflexiva no se refiere para nada
-a <i>poner</i> y sí sólo a <i>pacificar</i>, por lo cual no debe agregarse el
-pronombre reflexivo a <i>comienzan</i>, ya que este verbo rige lo mismo a
-<i>poner</i> que a <i>pacificar</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_362"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_362">[362]</a></span> Para el giro <i>como en
-cierta manera</i>, véase la <a href="#Footnote_358">nota 358</a>, <a
-href="#Page_168">pág. 168</a>. <i>Acordarse y recordarse</i> tenían,
-como se ve aquí, una misma construcción y régimen (cfr. <a
-href="#Page_145">p. 145</a>, <a href="#Footnote_305">n. 305</a>).
-Hoy se diferencia mucho, pues se dice <i>acordar-se de una cosa</i> y
-<i>recordar una cosa</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_363"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_363">[363]</a></span> El alma contemplando la
-hermosura de la noche estrellada se acuerda de su primer origen
-que es celestial, se siente como desterrada en este mundo y ve con
-claridad las alturas del otro. Igual pensamiento expuso en verso el
-maestro León, y casi con iguales palabras que aquí, salvo que no es
-el espectáculo de la noche serena el que arroba el alma, sino la
-sublime música del ciego Francisco Salinas:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">A cuyo son divino</p>
-<p class="i0">mi alma, que en olvido está sumida,</p>
-<p class="i0">torna a cobrar el tino</p>
-<p class="i0">y memoria perdida</p>
-<p class="i0">de su origen primera esclarecida.</p>
-<p class="i2">Y como se conoce,</p>
-<p class="i0">en suerte y pensamientos se mejora,</p>
-<p class="i0">el oro desconoce</p>
-<p class="i0">que el vulgo ciego adora,</p>
-<p class="i0">la belleza caduca engañadora...</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_364"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_364">[364]</a></span> Esto es, «en que agradece como
-un servicio lo que debemos hacer por nuestro provecho».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_365"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_365">[365]</a></span> Hoy los pronombres personales
-átonos nunca se anteponen al infinitivo, sino que se le posponen
-enclíticos. (V. <span class="smcap">Bello</span> <i>Gram.</i> §&nbsp;915).
-Fray Luis de Granada dice «que nadie sea osado a la despertar».
-(<i>Guía de pec.</i> I. 16. §&nbsp;1 B. AA. EE. VI, 61 <i>a</i>.) Sólo como
-provincialismo se conserva la costumbre arcaica; en Asturias,
-por ejemplo, se puede decir: «hay que lo dejar», «tengo que os
-contar».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_366"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_366">[366]</a></span> Este es antiguo defecto español
-atestiguado por algunos extranjeros; el barón alemán Conrado de
-Bemelberg, que para perfeccionarse en el castellano viajó por España
-ocho años después de muerto Fray Luis, escribe en una carta, fecha en
-agosto de 1599, dando cuenta a su padre de lo que le parecía nuestra
-tierra: «quien en España quiere negociar, más que ordinaria paciencia
-ha de tener, pues a mediodía tienen costumbre de levantarse, y
-después de levantados ir a la misa, acabada la cual se meten a comer,
-y después de la comida, o a jugar o a dormir o pasearse a caballo por
-las calles».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_367"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_367">[367]</a></span> En <i>sus pecados de ellos</i> no es
-<i>de ellos</i> un inútil pleonasmo, sino que está exigido por la vaguedad
-del <i>su</i>, que no determina si el poseedor es masculino o femenino,
-ni singular o plural. Hoy esta doble indicación del posesivo no se
-conserva sino cuando el poseedor es <i>usted</i>: «su padre de usted», «su
-casa de usted».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_368"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_368">[368]</a></span> Nótese la frase, no registrada
-en los Diccionarios: <i>hacer honra y estado de una cosa</i>, ‘fundar en
-ella su condición y su dignidad’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_369"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_369">[369]</a></span> <i>Vuestra merced</i> se dirige
-a Doña María Varela Osorio, a la cual dedicó su obra Fray Luis de
-León.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_370"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_370">[370]</a></span> <i>Errar la letra</i> es frase
-figurada; tómase en sentido propio «equivocarse en la escritura
-o lectura», cuando se trata de algún documento escrito, sobre
-cuya interpretación se discute. El uso de esta expresión, u otras
-análogas, era muy corriente. En la <i>Celestina</i> (auto IX) se dice,
-hablando de las veces que se debe beber: «Madre, pues <i>tres</i> veces
-dicen que es lo bueno y honesto todos los que escribieron.—Hijos,
-estará corrupta la letra: por <i>trece, tres</i>.» (Véase <i>Rev. de
-Filología Española</i>, IV, 50).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_371"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_371">[371]</a></span> Homero calificó a la Aurora de
-<i>dedos de rosa</i> y según él todos los poetas clásicos; Ovidio llámala
-<i>rosea dea</i> (<i>Ars. am.</i> III. 84). Claro es que en el Renacimiento
-esta denominación era un lugar común. Cervantes la llamó <i>rosada
-aurora</i> (<i>Quijote</i> I. 2).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_372"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_372">[372]</a></span> <i>Hacer plaza</i> no está
-registrado en los diccionarios con el sentido que aquí tiene de
-‘hacer ostentación’. Sólo se le apunta el significado de ‘sacar a la
-plaza o publicar una cosa’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_373"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_373">[373]</a></span> <i>Figura</i> dice la edición de
-Salamanca 1586, pero debe ser errata.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_10">
- <p><span class="pagenum" id="Page_178">[p. 178]</span></p>
- <h2 title="El P. Juan de Mariana"
- class="nobreak">EL P. JUAN DE MARIANA<br />
- <small>(1536-1623)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Su <i>Historia de España</i> latina salió a luz por primera vez en
-Toledo en 1592; en la misma ciudad se publicó la primera edición
-romanceada en 1601.</p>
-
-<p>La historiografía contaba ya en España con diestros
-investigadores, que habían rectificado multitud de errores de la
-historia tradicional, mediante el estudio crítico de crónicas,
-diplomas, inscripciones, etc.; tales eran Garibay, Ambrosio de
-Morales, Zurita. Mariana no se sentía inclinado a estas tareas, pues
-las suyas habituales eran las del teólogo y moralista; sólo como
-ocupación accesoria se dedicó a componer la Historia de España. Así
-que no se propuso continuar los estudios especiales en averiguación
-de la verdad, sino que, contentándose con lo hecho por otros, como
-en sus obras echaba de menos el arte de la narración, no aspiraba
-sino a vulgarizar lo estudiado por otros: <i>mi intento no fué hacer
-historia, sino poner en orden y estilo lo que otros habían recogido</i>.
-Su principal preocupación fué, pues, la narración agradable; escoge
-en las diversas fuentes que maneja la versión de los hechos que
-buenamente le parece más verdadera, y luego la expone sin reparo
-crítico alguno; sucediendo más de una vez que la hermosura de un
-relato fabuloso le atrae y le obliga a acogerlo sin expresar la menor
-duda,<span class="pagenum" id="Page_179">[p. 179]</span> pues lo que
-él pretendía era hacer, más que una historia averiguada, una historia
-literaria y nacional, de la cual nada bello y nada heroico debía ser
-excluído. Ciertamente que consiguió tal propósito; su obra es hasta
-ahora el más digno monumento en honor de la historia y tradiciones
-españolas, como lo es Tito Livio de las romanas.</p>
-
-<p>En el estilo de esta obra se ven claramente influencias, tanto
-de la índole personal del autor, como de sus lecturas habituales.
-La entereza de carácter y la austeridad de pensamiento de Mariana
-se reflejan en su narración histórica, a veces seca, pero que sabe
-revestirse siempre de un aire de autoridad y decoro que, como dice
-Capmany, «apenas distingue uno después si son las cosas o las
-palabras las que aparecen grandes y majestuosas». Ni aun en las
-arengas es declamador o retórico.</p>
-
-<p>Las habituales tareas de teólogo, político y moralista a que se
-consagró Mariana, hacen que su narración, no sólo esté llena de
-máximas y aforismos, según la costumbre general de los historiadores
-de la época, sino que se desvíe, más o menos visiblemente, para
-obligarla a correr por el cauce de las ideas filosóficas y sociales
-del autor.</p>
-
-<p>Su cultura clásica le hace imitar a Tito Livio en la manera amplia
-y tranquila de relatar, y a Tácito en las sentencias y reflexiones
-con que moraliza constantemente el relato. Además, como Mariana
-había escrito primero su obra en latín, de aquí que al romancearla
-conservara algún dejo de construcción latina como el que apuntamos en
-la <a href="#Footnote_405">nota</a> de la <a href="#Page_193">página
-193</a>.</p>
-
-<p>En fin: la obligada lectura de crónicas castellanas de los siglos
-<small>XIV</small> y <small>XV</small> le encariñó con el lenguaje
-viejo, y de ellas se le pegaron multitud de arcaísmos, como: <i>aína</i>
-‘presto, luego’; <i>al</i> ‘otro’,<span class="pagenum" id="Page_180">[p.
-180]</span> <i>asaz</i> ‘bastante, harto’; <i>ca</i> ‘porque’, muy usado por
-Mariana, y algo también por Fray Luis de Granada; <i>dende</i> ‘desde
-allí’, <i>hobo</i> ‘hubo’, <i>maguer</i> ‘aunque’, <i>suso</i> ‘arriba’. Sin duda
-esto tenía por objeto revestir así el lenguaje de un aspecto más
-venerable. Razón tenía Saavedra Fajardo al decir en su <i>República
-literaria</i> que así como otros se tiñen las barbas por parecer mozos,
-Mariana se las teñía por hacerse viejo. Lo cierto es que con ser
-la <i>Historia de España</i> treinta años posterior a la <i>Guerra de
-Granada</i> de Mendoza, representa un lenguaje mucho más antiguo. Este
-no es defecto especial de Mariana, quien sabe mantener en un límite
-prudente el arcaísmo; las Crónicas ejercían tal atractivo sobre
-los que las leían, que los poetas que sacaban de ellas romances o
-comedias, solían imitar su lenguaje arcaico con mucha más exageración
-que a Mariana, pues llegaban a escribir sus versos contrahaciendo la
-<i>fabla antigua</i>.</p>
-
-<p>Además del arcaísmo prudentemente manejado, se observa en
-Mariana alguna otra afectación; sobre todo un particular estudio
-para huir del uso del gerundio, forma verbal de que tanto abusan
-las malas narraciones; en su lugar, Mariana emplea con preferencia
-el participio oracional. Fuera de esto, el estilo de Mariana se
-distingue por una gran llaneza y naturalidad, y por una construcción
-ligera que prefiere la nueva yuxtaposición de las cláusulas a
-englobarlas con relación de dependencia<a id="FNanchor_374"
-href="#Footnote_374" class="fnanchor">[374]</a>.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_10_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_181">[p. 181]</span></p>
- <h3 title="Muerte de Don Pedro el Cruel"><span class="g1">HISTORIA DE
- ESPAÑA</span></h3>
- <p class="centra mt2">LIBRO XVII, CAPÍTULO XIII</p>
- <p class="hang mt1">Muerte del Rey Don Pedro el Cruel, 22 ó 23 marzo,
- 1369. En el capítulo anterior contó Mariana cómo Don Enrique,
- vuelto de Francia, allegó en rededor suyo muchos partidarios; le
- recibieron por Rey Burgos y otras ciudades, y cercó a Toledo que aún
- se mantenía por Don Pedro.</p>
-</div>
-
-<p>El Rey Don Pedro, desamparado de los que le podían ayudar, y
-sospechoso de los demás, lo que sólo le restaba, se resolvió de
-aventurarse, encomendarse a sus manos y ponerlo todo en el trance y
-riesgo de una batalla; sabía muy bien que los reinos se sustentan
-y conservan más con la fama y reputación que con las fuerzas y
-armas. Teníale con gran cuidado el peligro de la real ciudad de
-Toledo; estaba aquejado y pensaba cómo mejor podría conservar su
-reputación. Esto le confirmaba más en su propósito de ir en busca
-de su enemigo y dalle<a id="FNanchor_375" href="#Footnote_375"
-class="fnanchor">[375]</a> la batalla. Procuráronselo estorbar los
-de Sevilla; decíanle que se destruía y se iba derecho a despeñar;
-que lo mejor era tener sufrimiento, reforzar su ejército y esperar
-las gentes<span class="pagenum" id="Page_182">[p. 182]</span> que
-cada día vendrían de sus amigos y de los pueblos que tenían su voz<a
-id="FNanchor_376" href="#Footnote_376" class="fnanchor">[376]</a>.
-Esto que le aconsejaban era lo que en todas maneras debiera seguir,
-si no le cegaran la grandeza de sus maldades y la divina justicia,
-que estaba ya determinada de muy presto castigallas. Estando
-en este aprieto, sucedióle otro desastre, y fué que Vitoria,
-Salvatierra y Logroño, que eran de su obediencia, fatigadas de las
-armas del Rey de Navarra<a id="FNanchor_377" href="#Footnote_377"
-class="fnanchor">[377]</a>, y por falta de socorro por estar Don
-Pedro tan lejos, se entregaron al Navarro. Ayudó a esto Don Tello<a
-id="FNanchor_378" href="#Footnote_378" class="fnanchor">[378]</a>,
-el cual, si estaba mal con Don Pedro, no era amigo de su hermano
-Don Enrique, y así se estaba a la mira<a id="FNanchor_379"
-href="#Footnote_379" class="fnanchor">[379]</a> en Vizcaya, sin
-querer ayudar a ninguno de los dos.</p>
-
-<p>Proseguíase en este comedio el cerco de Toledo. Y como quier
-que aquella ciudad estuviese, como dijimos, dividida en aficiones,
-algunos de<span class="pagenum" id="Page_183">[p. 183]</span>
-los que favorecían a Don Enrique intentaron de apoderalle<a
-id="FNanchor_380" href="#Footnote_380" class="fnanchor">[380]</a>
-de una torre del muro de la ciudad que miraba al real, que se dice
-la torre de los Abades. Como no le sucediese<a id="FNanchor_381"
-href="#Footnote_381" class="fnanchor">[381]</a> esta traza,
-procuraron dalle entrada en la ciudad por el puente de San Martín<a
-id="FNanchor_382" href="#Footnote_382" class="fnanchor">[382]</a>,
-sobre lo cual los del un bando y del otro vinieron a las manos, en
-que sucedieron algunas muertes de ciudadanos.</p>
-
-<p>Sabidas estas revueltas por el Rey Don Pedro, dióse muy mayor
-priesa a irla a socorrer, por no hallalla perdida cuando llegase.
-Para ir con menor cuidado mandó recoger sus tesoros, y con sus hijos
-Don Sancho y Don Diego llevallos a Carmo<span class="pagenum"
-id="Page_184">[p. 184]</span>na, que es una fuerte y rica villa del
-Andalucía, y está cerca de Sevilla. Hecho esto, juntó arrebatadamente
-su ejército y aprestó su partida para el reino de Toledo. Llevaba
-en su campo tres mil hombres de a caballo; pero la mitad de
-ellos, ¡mal pecado!<a id="FNanchor_383" href="#Footnote_383"
-class="fnanchor">[383]</a>, eran moros, y de quien no se tenía
-entera confianza, ni se esperaba que pelearían con aquel brío y
-gallardía que fuera necesario. Dícese que al tiempo de su partida
-consultó a un moro sabio de Granada, llamado Benagatin, con quien
-tenía mucha familiaridad, y que el moro le anunció su muerte por
-una profecía de Merlín<a id="FNanchor_384" href="#Footnote_384"
-class="fnanchor">[384]</a>, hombre inglés que vivió antes deste
-tiempo, como cuatrocientos años. La profecía contenía estas palabras:
-«En las partes de occidente, entre los montes y el mar, nacerá
-una ave negra, comedora y robadora, y tal, que todos los panales
-del mundo querrá recoger en sí, y todo el oro del mundo querrá
-poner en su estómago, y después gormarlo ha<a id="FNanchor_385"
-href="#Footnote_385" class="fnanchor">[385]</a>,<span
-class="pagenum" id="Page_185">[p. 185]</span> y tornará atrás. Y no
-perecerá luego por esta dolencia, caérsele han las péñolas, y sacarle
-han las plumas al sol, y andará de puerta en puerta y ninguno la
-querrá acoger, y encerrarse ha en la selva y allí morirá dos veces:
-una al mundo, y otra a Dios, y desta manera acabará.» Esta fué la
-profecía, fuese verdadera o ficción, de un hombre vanísimo que le
-quisiese burlar; como quiera que fuese, ella se cumplió dentro de muy
-pocos días.</p>
-
-<p>El Rey Don Pedro, con la hueste que hemos dicho, bajó del
-Andalucía a Montiel, que es una villa en la Mancha y en los Oretanos
-antiguos, cercada de muralla, con su pretil, torres y barbacana,
-puesta en un sitio fuerte y fortalecida con un buen castillo. Sabida
-por Don Enrique la venida de Don Pedro, dejó a Don Gómez Manrique,
-Arzobispo de Toledo, para que prosiguiese el cerco de aquella ciudad,
-y él, con dos mil y cuatrocientos hombres de a caballo, por no
-esperar el paso de la infantería, partió con gran priesa en busca de
-Don Pedro. Al pasar por la villa de Orgaz, que está a cinco leguas
-de Toledo, se juntó con él Beltrán Claquin<a id="FNanchor_386"
-href="#Footnote_386" class="fnanchor">[386]</a> con seiscientos
-caballos extranjeros que traía de Francia; importantísimo socorro
-y a buen tiempo, porque eran soldados viejos y muy ejercitados
-y diestros en pelear. Llegaron al tanto<a id="FNanchor_387"
-href="#Footnote_387" class="fnanchor">[387]</a> allí Don Gonzalo
-Mejía, maestre de Santiago, y<span class="pagenum" id="Page_186">[p.
-186]</span> Don Pedro Muñiz<a id="FNanchor_388" href="#Footnote_388"
-class="fnanchor">[388]</a>, maestre de Calatrava, y otros señores
-principales que venían con deseo de emplear sus personas en la
-defensa y libertad de su patria. Partió Don Enrique con esta
-caballería; caminó toda la noche, y al amanecer dieron vista a los
-enemigos, antes que tuviesen nuevas ciertas que eran partidos de
-Toledo.</p>
-
-<p>Ellos, cuando vieron que estaba tan cerca Don Enrique, tuvieron
-gran miedo, y pensaron no hobiese alguna traición y trato
-para dejarlos en sus manos; a esta causa<a id="FNanchor_389"
-href="#Footnote_389" class="fnanchor">[389]</a> no se fiaban los unos
-de los otros. Recelábanse también de los mismos vecinos de la villa.
-Los capitanes, con mucha priesa y turbación, hicieron recoger los más
-de los soldados que estaban alojados en las aldeas cerca de Montiel;
-muchos dellos desampararon las banderas de miedo o por el poco amor y
-menos gana con que servían.</p>
-
-<p>Al salir del sol formaron sus escuadrones de ambas partes
-y animaron sus soldados a la batalla. Don Enrique habló a los
-suyos en esta sustancia<a id="FNanchor_390" href="#Footnote_390"
-class="fnanchor">[390]</a>: «Este día, valerosos compañeros, nos
-ha de<span class="pagenum" id="Page_187">[p. 187]</span> dar
-riquezas, honra y reino, o nos lo ha de quitar. No nos puede suceder
-mal, porque de cualquiera manera que nos avenga, seremos bien
-librados; con la muerte, saldremos de tan inmensos e intolerables
-afanes como padecemos; con la victoria, daremos principio a la
-libertad y descanso, que tanto tiempo ha deseamos. No podemos
-entretenernos ya más; si no matamos a nuestro enemigo, él nos
-ha de hacer perecer de<a id="FNanchor_391" href="#Footnote_391"
-class="fnanchor">[391]</a> tal género de muerte, que la ternemos<a
-id="FNanchor_392" href="#Footnote_392" class="fnanchor">[392]</a>
-por dichosa y dulce si fuere ordinaria, y no con crueles y bárbaros
-tormentos. La naturaleza nos hizo gracia de la vida con un necesario
-tributo, que es la muerte; ésta no se puede excusar; empero los
-tormentos, las deshonras, afrentas e injurias, evitarálas vuestro
-esfuerzo y valor. Hoy alcanceréis una gloriosa victoria, o quedaréis
-como honrados y valerosos tendidos en el campo. No vean tal mis
-ojos; no permita vuestra bondad, Señor, que perezcan tan virtuosos
-y leales caballeros. Mas ¿qué muerte tan desastrada y miserable
-nos puede venir que sea peor que la vida acosada que traemos? No
-tenemos guerra con enemigo que nos concederá partidos razonables,
-ni aun una tolerable servidumbre, cuando queramos ponernos en sus
-manos; ya sabéis su increíble crueldad, y tenéis bien a vuestra
-costa experimentado cuán poca seguridad hay en su fe y pa<span
-class="pagenum" id="Page_188">[p. 188]</span>labra. No tiene mejor
-fiesta, ni más alegre<a id="FNanchor_393" href="#Footnote_393"
-class="fnanchor">[393]</a>, que la que solemniza con sangre y
-muertes, con ver destrozados los hombres delante de sus ojos.
-¿Por ventura habémoslo<a id="FNanchor_394" href="#Footnote_394"
-class="fnanchor">[394]</a> con algún malvado y perverso tirano, y no
-con una inhumana y feroz bestia, que parece ha sido agarrochada en
-la leonera para que de allí con mayor braveza salga a hacer nuevas
-muertes y destrozos? Confío en Dios, y en su apóstol Santiago, que
-ha caído en la red que nos tenía tendida y que está encerrado,
-donde pagará la cruel carnicería que en nos<a id="FNanchor_395"
-href="#Footnote_395" class="fnanchor">[395]</a> tiene hecha; mirad,
-mis soldados, no se os vaya; detenedla, no la dejéis huir, no quede
-lanza ni espada que no pruebe en ella sus aceros. Socorred, por Dios,
-a nuestra miserable patria, que la tiene desierta y asolada;<span
-class="pagenum" id="Page_189">[p. 189]</span> vengad la sangre que
-ha derramado de vuestros padres, hijos, amigos y parientes. Confiad
-en nuestro Señor, cuyos sagrados ministros sacrílegamente ha muerto,
-que os favorecerá para que castiguéis tan enormes maldades, y le
-hagáis un agradable sacrificio de la cabeza de un tal monstruo
-horrible y fiero tirano»<a id="FNanchor_396" href="#Footnote_396"
-class="fnanchor">[396]</a>.</p>
-
-<p>Acabada la plática, luego con gran brío y alegría arremetieron a
-los enemigos; hirieron en ellos con tan gran denuedo, que sin poder
-sufrir este primer ímpetu en un momento fueron desbaratados. Los
-primeros huyeron los moros<a id="FNanchor_397" href="#Footnote_397"
-class="fnanchor">[397]</a>, los castellanos resistieron algún tanto;
-mas como se viesen perdidos y desamparados, se recogieron, con el Rey
-Don Pedro, en el castillo de Montiel. Murieron muchos de los moros en
-la batalla, muchos más fueron los que perecieron en el alcan<span
-class="pagenum" id="Page_190">[p. 190]</span>ce<a id="FNanchor_398"
-href="#Footnote_398" class="fnanchor">[398]</a>; de los cristianos no
-murió sino sólo un caballero<a id="FNanchor_399" href="#Footnote_399"
-class="fnanchor">[399]</a>. Ganóse esta victoria un miércoles,
-catorce días de marzo del año de 1369.</p>
-
-<p>Don Enrique, visto cómo Don Pedro se encerró en la villa, a
-la hora la hizo cercar de una horma (pared de piedra seca) con
-gran vigilancia porque no se les pudiese escapar. Comenzaron los
-cercados a padecer falta de agua y de trigo, ca lo poco que tenían
-les dañó de industria<a id="FNanchor_400" href="#Footnote_400"
-class="fnanchor">[400]</a>, a lo que parece, algún soldado de los
-de dentro, deseoso de que se acabase presto el cerco. Don Pedro,
-entendido el peligro en que estaba, pensó cómo podría huirse del
-castillo más a su salvo<a id="FNanchor_401" href="#Footnote_401"
-class="fnanchor">[401]</a>. Hallábase con él un caballero que
-le era muy leal, natural de Trastamara, decíase Men Rodríguez<a
-id="FNanchor_402" href="#Footnote_402" class="fnanchor">[402]</a> de
-Sanabria; por medio deste hizo a Beltrán Claquin una gran promesa
-de villas y castillos y de docientas mil doblas castellanas, a tal
-que, dejado a Don Enri<span class="pagenum" id="Page_191">[p.
-191]</span>que, le favoreciese y le pusiese en salvo. Extrañó esto
-Beltrán; decía que si tal consintiese, incurriría en perpetua
-infamia de fementido y traidor; mas como todavía Men Rodríguez le
-instase, pidióle tiempo para pensar en tan grande hecho. Comunicado
-el negocio secretamente con los amigos de quien más se fiaba, le
-aconsejaron que contase a Don Enrique todo lo que en este caso
-pasaba; tomó su consejo. Don Enrique le agradeció mucho su fidelidad,
-y con grandes promesas<a id="FNanchor_403" href="#Footnote_403"
-class="fnanchor">[403]</a> le persuadió a que con trato doble
-hiciese venir a Don Pedro a su posada, y le prometiese haría lo que
-deseaba. Concertaron la noche; salió Don Pedro de Montiel armado
-sobre un caballo con algunos caballeros que le acompañaban; entró en
-la estancia de Beltrán Claquin con más miedo que esperanza de buen
-suceso. El recelo y temor que tenía dicen se le aumentó un letrero
-que leyó poco antes, escrito en la pared de la torre del homenaje
-del castillo de Montiel, que contenía estas palabras: <i>Esta es la
-torre de la Estrella</i>. Ca ciertos astrólogos le pronosticaron que
-moriría en una torre deste nombre. Ya sabemos cuán grande vanidad
-sea la destos adevinos, y cómo después de acontecidas las cosas se
-suelen fingir semejantes consejas. Lo que se refiere que le pasó
-con un judío<span class="pagenum" id="Page_192">[p. 192]</span>
-médico es cosa más de notar. Fué así, que por la figura de su
-nacimiento le había dicho que alcanzaría nuevos reinos y que
-sería muy dichoso. Después, cuando estuvo en lo más áspero de sus
-trabajos, díjole: «cuán mal acertastes en vuestros pronósticos»,
-respondió el astrólogo: «aunque más hielo caiga del cielo, de
-necesidad el que está en el baño ha de sudar.» Dió por estas palabras
-a entender que la voluntad y acciones de los hombres son más
-poderosas que las inclinaciones de las estrellas<a id="FNanchor_404"
-href="#Footnote_404" class="fnanchor">[404]</a>.</p>
-
-<p>Entrado pues Don Pedro en la tienda de Don Beltrán, díjole que ya
-era tiempo que se fuesen. En esto entró Don Enrique armado; como vió
-a Don Pedro, su hermano, estuvo un poco sin hablar como espantado;
-la grandeza del hecho le tenía alterado y suspenso, o no le conocía
-por los muchos años que no se vieran. No es menos sino que los que
-se hallaron presentes estaban entre miedo y esperanza vacilando. Un
-caballero francés dijo a Don Enrique, señalando con la mano a Don
-Pedro: «mirad que ese es vuestro enemigo.» Don Pedro con aquella
-natural ferocidad que tenía, respondió dos veces: «yo soy, yo soy.»
-Entonces Don Enrique sacó su daga y dióle una herida con ella en el
-rostro. Vinieron luego a los brazos, cayeron ambos en el suelo; dicen
-que Don Enrique<span class="pagenum" id="Page_193">[p. 193]</span>
-debajo, y que con ayuda de Beltrán, que les dió vuelta y le puso
-encima, le pudo herir de muchas puñaladas, con que le acabó de matar.
-Cosa que pone grima, un rey, hijo y nieto de reyes, revolcado en su
-sangre derramada por la mano de un su hermano bastardo. ¡Extraña
-hazaña!</p>
-
-<p>A la verdad, cuya<a id="FNanchor_405" href="#Footnote_405"
-class="fnanchor">[405]</a> vida fué tan dañosa para España, su muerte
-le fué saludable; y en ella se echa bien de ver que no hay ejércitos,
-poder, reinos ni riquezas que basten a tener seguro a un hombre que
-vive mal e insolentemente. Fué este un extraño ejemplo para que en
-los siglos venideros tuviesen que considerar, se admirasen y temiesen
-y supiesen también que las maldades de los príncipes las castiga
-Dios, no solamente con el odio y mala voluntad con que mientras viven
-son aborrecidos, ni sólo con la muerte, sino con la memoria de las
-historias, en que son eternamente afrentados y aborrecidos por todos
-aquellos que las leen, y sus almas sin descanso serán para siempre
-atormentadas.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_10_2">
- <h3 title="Proclamación de Don Juan II"><span class="pagenum"
- id="Page_194">[p. 194]</span><small>LIBRO XIX, CAPÍTULO XV</small></h3>
- <p class="hang mt2">Es alzado por Rey de Castilla Don Juan II. Abnegación
- de su tío Don Fernando de Antequera.</p>
-</div>
-
-<p>Hecho el enterramiento y las exequias del Rey Don Enrique con la
-magnificencia que era razón y con toda representación de majestad y
-tristeza, los grandes se comunicaron para nombrar sucesor y hacer
-las ceremonias y homenajes que en tal caso se acostumbran. No eran
-conformes los pareceres, ni todos hablaban de una misma manera. A
-muchos parecía cosa dura y peligrosa esperar que un infante de veinte
-y dos meses tuviese edad competente para encargarse del gobierno.
-Acordábanse de la minoridad de los reyes pasados, y de los males que
-por esta causa se padecieron por todo aquel tiempo. Leyóse en público
-el testamento del Rey difunto, en que disponía y dejaba mandado
-que la Reina, su mujer<a id="FNanchor_406" href="#Footnote_406"
-class="fnanchor">[406]</a>, y el Infante Don Fernando, su hermano,
-se encargasen del gobierno del reino y de la tutela del Príncipe. A
-Diego López de Zúñiga y Juan de Velasco encomendó la crianza y la
-guarda del niño; la enseñanza a Don Pablo, Obispo de Cartagena, para
-que en las letras fuese su maestro, como era ya su chanciller<span
-class="pagenum" id="Page_195">[p. 195]</span> mayor, hasta tanto que
-el Príncipe fuese de edad de catorce años. Ordenó otrosí que los tres
-atendiesen sólo al cuidado que se les encomendaba, y no se empachasen
-en el gobierno del reino.</p>
-
-<p>Algunos pretendían que todas estas cosas se debían alterar;
-alegaban que el testamento se hizo un día antes de la muerte del
-Rey cuando no estaba muy entero, antes tenía alterada la cabeza
-y el sentido; que no era razón por ningún respeto dejar el reino
-expuesto a las tempestades que forzosamente por estas causas se
-levantarían. Desto se hablaba en secreto, desto en público en las
-plazas y corrillos. Verdad es que ninguno se adelantaba a declarar la
-traza que se debía tener para evitar aquellos inconvenientes; todos
-estaban a la mira, ninguno se quería aventurar a ser el primero.
-Todos ponían mala voz<a id="FNanchor_407" href="#Footnote_407"
-class="fnanchor">[407]</a> en el testamento y lo dispuesto en él;
-pero cada cual asimismo temía de ponerse a riesgo de perderse
-si se declaraba mucho. Ofrecíaseles que el infante Don Fernando
-los podría sacar de la congoja en que estaban y de la cuita<a
-id="FNanchor_408" href="#Footnote_408" class="fnanchor">[408]</a>,
-si se quisiese encargar del reino; mas recelábase que no vendría
-en esto por ser de su natural templado, manso y de gran modestia,
-virtudes que cada cual les daba el nombre<a id="FNanchor_409"
-href="#Footnote_409" class="fnanchor">[409]</a> que le pa<span
-class="pagenum" id="Page_196">[p. 196]</span>recía, quién de miedo,
-quién de flojedad, quién de corazón estrecho; finalmente, de los
-vicios que más a ellas se semejan. La ausencia de la Reina y ser
-mujer y extranjera daba ocasión a estas pláticas. Estaba a la
-sazón en Segovia con sus hijos cubierta de luto y de tristeza, así
-por la muerte de su marido, como por el recelo que tenía en qué
-pararían aquellas cosas<a id="FNanchor_410" href="#Footnote_410"
-class="fnanchor">[410]</a> que se removían en Toledo.</p>
-
-<p>Los grandes, comunicado el negocio entre sí, al fin determinaron
-dar un tiento al infante Don Fernando. Tomó la mano Don Ruy López
-Dávalos por la autoridad que tenía de condestable y por estar más
-declarado que ninguno de los otros. Pasaron en secreto muchas
-razones primero; después, en presencia de otros de su opinión, le
-hizo para animalle, que se mostraba muy tibio, un razonamiento muy
-pensado desta sustancia: «Nos, señor, os convidamos con la corona de
-vuestros padres y abuelos, resolución cumplidera<a id="FNanchor_411"
-href="#Footnote_411" class="fnanchor">[411]</a> para el reino,
-honrosa para vos, saludable para todos. Para que la oferta salga
-cierta, ninguna otra cosa falta sino vuestro consentimiento; ninguno
-será tan osado<span class="pagenum" id="Page_197">[p. 197]</span>
-que haga contradicción a lo que tales personajes acordaron. No
-hay en nuestras palabras engaño ni lisonja. Subir a la cumbre del
-mando y del señorío por malos caminos, es cosa fea; mas desamparar
-al reino que de su voluntad se os ofrece y se recoge al amparo de
-vuestra sombra en el peligro, mirad no parezca flojedad y cobardía.
-La naturaleza de la potestad real y su origen, enseñan bastantemente
-que el cetro se puede quitar a uno y dar a otro, conforme a las
-necesidades que ocurren. Al principio del mundo vivían los hombres
-derramados por los campos a maneras de fieras; no se juntaban
-en ciudades ni en pueblos; solamente cada cual de las familias
-reconocía y acataba al que entre todos se aventajaba en la edad y
-en la prudencia. El riesgo que todos corrían de ser oprimidos de
-los más poderosos y las contiendas que resultaban con los extraños
-y aun entre los mismos parientes, fueron ocasión que se juntasen
-unos con otros, y para mayor seguridad se sujetasen y tomasen por
-cabeza al que entendían con su valor y prudencia los podría amparar<a
-id="FNanchor_412" href="#Footnote_412" class="fnanchor">[412]</a>
-y defender de cualquier agravio y demasía. Este fué el origen que
-tuvieron los pueblos, éste<span class="pagenum" id="Page_198">[p.
-198]</span> el principio de la majestad real<a id="FNanchor_413"
-href="#Footnote_413" class="fnanchor">[413]</a>, la cual por entonces
-no se alcanzaba por negociaciones ni sobornos; la templanza, la
-virtud y la inocencia prevalecían. Asimismo no pasaba por herencia
-de padres a hijos; por voluntad de todos y de entre todos se escogía
-el que debía suceder al que moría. El demasiado poder de los reyes
-hizo que heredasen las coronas los hijos, a veces de pequeña edad,
-de malas y dañadas costumbres. ¿Qué cosa puede ser más perjudicial
-que entregar a ciegas y sin prudencia al hijo, sea el que fuere,
-los tesoros, las armas, las provincias, y lo que se debía a la
-virtud y méritos de la vida, dallo al que ninguna muestra ha dado
-de tener bastantes prendas? No quiero alargarme más en esto ni
-valerme de ejemplos antiguos para prueba de lo que digo. Todavía es
-averiguado que por la muerte del Rey Don Enrique el Primero sucedió
-en esta corona, no Doña Blanca, su hermana mayor, que estaba casada
-en Francia, sino Doña Berenguela, acuerdo muy acertado, como lo
-mostró la santidad y perpetua felicidad de Don Fernando, su hijo.
-El hijo menor del Rey Don Afonso el Sabio la ganó a los hijos de su
-hermano mayor el Infante Don Fernando, porque con sus buenas partes
-daba muestras de Príncipe valeroso. ¿Para qué son cosas antiguas?
-Vuestro abuelo el Rey Don Enrique quitó<span class="pagenum"
-id="Page_199">[p. 199]</span> el reino a su hermano y privó a las
-hijas de la herencia de su padre; que si no se pudo hacer, será
-forzoso confesar que los Reyes pasados no tuvieron justo título.
-Los años pasados en Portugal el maestre de Avis se apoderó de aquel
-reino, si con razón, si tiránicamente, no es deste lugar apurallo;
-lo que se sabe es que hasta hoy le ha conservado y mantenídose en él
-contra todo el poder de Castilla. De menos tiempo acá dos hijas del
-Rey Don Juan de Aragón perdieron la corona de su padre, que se dió a
-Don Martín, hermano del difunto, si bien estaba ausente y ocupado en
-allanar a Sicilia; que siempre se tuvo por justo mudase la comunidad
-y el pueblo conforme a la necesidad que ocurriese, lo que ella
-misma estableció por el bien común de todos. Si convidáramos con el
-mando a alguna persona extraña, sin nobleza, sin partes, pudiérase
-reprehender nuestro acuerdo. ¿Quién tendrá por mal que queramos por
-Rey un Príncipe de la alcuña<a id="FNanchor_414" href="#Footnote_414"
-class="fnanchor">[414]</a> real de Castilla, y que en vida de su
-hermano tenía en su mano el gobierno? Mirad, pues, no se atribuya
-antes a mal no hacer caso ni responder a la voluntad que grandes y
-pequeños os muestran, y por excusar el trabajo y la carga desamparar
-a la patria común, que de verdad, tendidas las manos, se mete debajo
-las alas y se acoge al abrigo de vuestro amparo en el aprieto
-en<span class="pagenum" id="Page_200">[p. 200]</span> que se halla.
-Esto es finalmente lo que todos suplicamos; que encargaros uséis
-en el gobierno destos reinos de la templanza a vos acostumbrada y
-debida, no será necesario.»</p>
-
-<p>Después destas razones los demás grandes que presentes estaban
-se adelantaron, cada cual por su parte, para suplicalle aceptase.
-No faltó quien alegase profecías y revelaciones y pronósticos del
-cielo en favor de aquella demanda. A todo esto el Infante, con
-rostro mesurado y ledo<a id="FNanchor_415" href="#Footnote_415"
-class="fnanchor">[415]</a>, replicó y dijo no era de tanta codicia
-ser Rey que se hobiese de menospreciar la infamia que resultaría
-contra él de ambicioso e inhumano, pues despojaba un niño inocente
-y menospreciaba la Reina viuda y sola<a id="FNanchor_416"
-href="#Footnote_416" class="fnanchor">[416]</a>, a cuya defensa
-toda buena razón le obligaba, demás de las alteraciones y guerras
-que forzosamente en el reino sobre el caso se levantarían. Que les
-agradecía aquella voluntad y el crédito que mostraban tener de su
-persona; pero que en ninguna cosa les podía mejor recompensar aquella
-deuda que en dalles por Rey y señor al hijo de<span class="pagenum"
-id="Page_201">[p. 201]</span> su hermano, su sobrino, por cuyo
-respeto y por el procomún de la patria él no se quería excusar de
-ponerse a cualquier riesgo y fatiga y encargarse del gobierno, según
-que el Rey, su hermano, lo dejó dispuesto; solo, en ninguna manera
-se podría persuadir de tomar aquel camino agrio y áspero que le
-mostraban.</p>
-
-<p>Concluído esto, poco después juntó los señores y prelados en la
-capilla de Don Pedro Tenorio, que está en el claustro de la iglesia
-mayor. El condestable Don Ruy López, por si acaso había mudado de
-parecer, le preguntó allí en público a quién quería alzasen por Rey.
-El, con semblante demudado, respondió en voz alta: «¿A quién, sino al
-hijo de mi hermano?» Con esto levantaron los estandartes, como es de
-costumbre, por el Rey Don Juan el Segundo, y los reyes de armas le
-pregonaron por Rey, primero en aquella junta, y consiguientemente por
-las calles y plazas de la ciudad.</p>
-
-<p>Gran crédito ganó de modestia y templanza el Infante Don Fernando
-en menospreciar lo que otros por el fuego y por hierro pretenden.
-Los mismos que le insistieron aceptase el reino, no acababan de
-engrandecer su lealtad, camino por el cual<a id="FNanchor_417"
-href="#Footnote_417" class="fnanchor">[417]</a> se enderezó a
-alcanzar otros muy grandes reinos que el cielo por sus virtudes le
-tenía reserva<span class="pagenum" id="Page_202">[p. 202]</span>dos.
-Fué la gloria de aquel hecho tanto más de estimar, que su hermano
-al fin de su vida andaba con él torcido y no se le mostraba
-favorable.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_10_3">
- <h3 title="El compromiso de Caspe"><small>LIBRO XX, CAPÍTULOS II
- Y IV</small></h3>
- <p class="hang mt2">Muerto sin sucesión el Rey aragonés Don Martín,
- es elegido por sucesor Don Fernando de Antequera.</p>
-</div>
-
-<p>Los catalanes, aragoneses y valencianos, naciones y provincias
-que se comprehenden debajo la Corona de Aragón, se juntaban cada
-cual de por sí para acordar lo que se debía hacer en el punto de
-la sucesión de aquel reino y cuál de los pretensores les vendría
-más a cuento. Los pareceres no se conformaban, como es ordinario,
-y mucho menos las voluntades. Cada cual de los pretendientes tenía
-sus valedores y sus aliados, que pretendían sobre todo echar cargo
-y obligarse al nuevo Rey<a id="FNanchor_418" href="#Footnote_418"
-class="fnanchor">[418]</a> con intento de encaminar sus particulares,
-sin cuidar mucho de lo que en común era más cumplidero.</p>
-
-<p>Los catalanes por la mayor parte acudían al<span class="pagenum"
-id="Page_203">[p. 203]</span> conde de Urgel, en que<a
-id="FNanchor_419" href="#Footnote_419" class="fnanchor">[419]</a>
-se señalaban sobre todos los Cardonas y los Moncadas, casas de las
-más principales; y aun entre los aragoneses, los de Alagón y los
-de Luna se les arrimaban; en que pasaron tan adelante, que Antonio
-de Luna, por salir con su intento, dió la muerte a Don García
-de Heredia, Arzobispo de Zaragoza, con una celada que le paró<a
-id="FNanchor_420" href="#Footnote_420" class="fnanchor">[420]</a>
-cerca de Almunia, no por otra causa, sino por ser el que más que
-todos se mostraba contra el conde de Urgel y abatía su pretensión.
-Pareció este caso muy atroz, como lo era. Declararon al que lo
-cometió por sacrílego<a id="FNanchor_421" href="#Footnote_421"
-class="fnanchor">[421]</a> y descomulgado, y aun fué ocasión que
-el partido del conde de Urgel empeorase; muchos por aquel delito
-tan enorme se recelaban de tomar por Rey aquel cuyo principio tales
-muestras daba. Los nobles de<span class="pagenum" id="Page_204">[p.
-204]</span> Aragón asimismo acudieron a las armas, unos para
-vengar la muerte del Arzobispo; otros para amparar el culpado. Era
-necesario abreviar por esta causa y por nuevos temores que cada día
-se representaban: asonadas de guerra por la parte de Francia y de
-Castilla, compañías de soldados que se mostraban a la raya para usar
-de fuerza si de grado no les daban el reino. Las tres provincias
-entre sí se comunicaron sobre el caso por medio de sus embajadores
-que en esta razón despacharon. Gastáronse muchos días en demandas
-y respuestas; finalmente se convinieron de común acuerdo en esta
-traza: que se nombrasen nueve jueces por todos, tres de cada cual de
-las naciones; éstos se juntasen en Caspe, castillo de Aragón, para
-oir las partes y lo que cada cual en su favor alegase; hecho esto y
-cerrado el proceso, procediesen a sentencia; lo que determinasen por
-lo menos los seis de ellos, con tal, empero, que de cada cual de las
-naciones concurriese un voto, aquello fuese valedero y firme. Tomado
-este acuerdo, los de Aragón nombraron por su parte a Don Domingo,
-Obispo de Huesca, y a Francisco de Aranda y a Berenguel de Bardax<a
-id="FNanchor_422" href="#Footnote_422" class="fnanchor">[422]</a>.
-Los catalanes señalaron a Sagariga, Arzobispo de Tarragona, y a
-Guillén de Valseca y a Bernardo Gualbe. Por Valencia entraron en
-este número Fray Vicente Ferrer, de la orden de Santo Domingo, varón
-se<span class="pagenum" id="Page_205">[p. 205]</span>ñalado en
-santidad y púlpito, y su hermano Fray Bonifacio Ferrer, cartujano, y
-por tercero Pedro Beltrán<a id="FNanchor_423" href="#Footnote_423"
-class="fnanchor">[423]</a>. Resolución maravillosa y nunca oída, que
-pretendiesen por juicio de pocos hombres, y no de los más poderosos,
-dar y quitar un reino tan importante.</p>
-
-<p>Los jueces, luego que aceptaron el nombramiento, se juntaron y
-despacharon sus edictos, por los cuales citaron los pretensores
-con apercibimiento, si no comparecían en juicio, de tenellos por
-excluídos de aquella demanda. Vinieron algunos; otros enviaron sus
-procuradores...</p>
-
-<p>Luego que el negocio de la sucesión estuvo bien sazonado, y oídas
-las partes y sus alegaciones, se concluyó y cerró el proceso<a
-id="FNanchor_424" href="#Footnote_424" class="fnanchor">[424]</a>;
-los jueces confirieron entre sí lo que debían sentenciar. Tuvieron
-los votos secretos y la gente toda suspensa con el deseo que tenían
-de saber en qué pararía aquel debate. Para los autos necesarios,
-delante la iglesia de aquel pueblo hicieron levantar un cadahalso
-muy ancho para que cupiesen todos, y tan alto que de todas partes se
-podía ver lo que hacían; celebró la misa el Obispo de Huesca, como se
-acostumbra en actos semejantes. Hecho esto, salieron los jueces de
-la iglesia, que se asentaron en lo más alto del tablado, y en otra
-parte los embajadores de los príncipes y los procuradores de<span
-class="pagenum" id="Page_206">[p. 206]</span> los que pretendían.
-Hallóse presente el Pontífice Benedicto<a id="FNanchor_425"
-href="#Footnote_425" class="fnanchor">[425]</a>, que tuvo en todo
-gran parte. A Fray Vicente Ferrer, por su santidad y grande ejercicio
-que tenía en predicar, encargaron el cuidado de razonar al pueblo
-y publicar la sentencia. Tomó por tema de su razonamiento aquellas
-palabras de la escritura: «<i>Gocémonos y regocijémonos y démosle
-gloria porque vinieron las bodas del cordero</i><a id="FNanchor_426"
-href="#Footnote_426" class="fnanchor">[426]</a>. Después de la
-tempestad y de los torbellinos pasados abonanza el tiempo y se
-sosiegan las olas bravas del mar, con que nuestra nave, bien que
-desamparada de piloto, finalmente, caladas las velas, llega al
-puerto deseado. Del templo, no de otra manera que de la presencia
-del gran Dios, ni con menor devoción que poco antes delante los
-altares se han hecho plegarias por la salud común, venimos a hacer
-este razonamiento. Confiamos que con la misma piedad y devoción
-vos también oiréis nuestras palabras. Pues se trata de la elección
-del Rey; ¿de qué cosa se pudiera más a propósito hablar que de su
-dignidad y de su majestad, si el tiempo diera lugar a materia tan
-larga y que tiene tantos cabos? Los reyes sin duda están puestos en
-la tierra por Dios para que tengan sus veces, y como vicarios suyos
-le semejen en todo. Debe, pues, el Rey en todo género de virtud
-allegarse lo más<span class="pagenum" id="Page_207">[p. 207]</span>
-cerca que pudiere y imitar la bondad divinal. Todo lo que en los
-demás se halla de hermoso y honesto es razón que él sólo en sí lo
-guarde y lo cumpla. Que de tal suerte se aventaje a sus vasallos, que
-no le miren como hombre mortal, sino como a venido del cielo para
-bien de todo su reino. No ponga los ojos en sus gustos ni en su bien
-particular, sino días y noches se ocupe en mirar por la salud de la
-república y cuidar del procomún. Muy ancho campo se nos abría para
-alargarnos en este razonamiento; pero, pues el Rey está ausente, no
-será necesario particularizar esto más. Sólo servirá para que los
-que estáis presentes tengáis por cierto que en la resolución que se
-ha tomado se tuvo muy particular cuenta con esto: que en el nuevo
-Rey concurran las partes de virtud, prudencia, valor y piedad que
-se podían desear. Lo que viene más a propósito es exhortaros a la
-obediencia que le debéis prestar y a conformaros con la voluntad de
-los jueces, que os puedo asegurar es la de Dios, sin la cual todo
-el trabajo que se ha tomado sería en vano, y de poco momento la
-autoridad del que rige y manda, si los vasallos no se le humillasen.
-Pospuestas, pues, las aficiones particulares, poned las mientes en
-Dios y en el bien común; persuadíos que aquel será mejor príncipe
-que con tanta conformidad de pareceres y votos, cierta señal de la
-voluntad divina, os fuere dado. Regocijáos y alegráos; festejad este
-día con toda muestra de contento. Entended que debéis al santísimo
-Pontífice, que presente está para honrar y<span class="pagenum"
-id="Page_208">[p. 208]</span> autorizar este auto, y a los jueces
-muy prudentes, por cuya diligencia y buena maña se ha llevado al
-cabo sin tropiezo un negocio, el más grave que se puede pensar,
-cuanto cada cual de vos a sus mismos padres que os dieron el ser y os
-engendraron.»</p>
-
-<p>Concluídas estas razones y otras en esta sustancia, todos estaban
-alerta esperando con gran suspensión y atención el remate deste
-auto y el nombramiento del Rey. Él mismo en alta voz pronunció la
-sentencia dada por los jueces, que llevaba por escrito. Cuando llegó
-al nombre de Don Fernando, así él mismo, como todos los demás que
-presentes se hallaron, apenas por la alegría se podían reprimir,
-ni por el ruido oir unos a otros. El aplauso y vocería fué cual se
-puede pensar. Aclamaban para el nuevo Rey, vida, victoria y toda
-buenandanza. Mirábanse unos a otros, maravillados como si fuera
-una representación de sueño. Los más no acababan de dar crédito
-a sus orejas; preguntaban a los que cerca les caían quién fuese
-el nombrado. Apenas se entendían unos a otros; que el gozo cuando
-es grande impide los sentidos que no puedan atender ni hacer sus
-oficios. Los músicos, que prestos estaban, a la hora cantaron con
-toda solemnidad, como se acostumbra, en acción de gracias, el himno
-<i>Te Deum laudamus</i>.</p>
-
-<p>Hízose este acto tan señalado prostero del mes de junio, el
-cual concluído, despacharon embajadores para avisar al Infante
-Don Fernando y acu<span class="pagenum" id="Page_209">[p.
-209]</span>cialle<a id="FNanchor_427" href="#Footnote_427"
-class="fnanchor">[427]</a> la venida. Hallábase él, a la sazón, en
-Cuenca, cuidadoso del remate en que pararían estos negocios.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_374"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_374">[374]</a></span> Véase <span class="smcap">G.
-Cirot</span>, <i>Mariana historien</i>, 1915, p. 366.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_375"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_375">[375]</a></span> <i>Dalle</i> por <i>dar-le</i>. En
-los siglos <small>XVI</small> y <small>XVII</small> la <i>r</i> final
-del infinitivo se solía convertir en <i>l</i> ante la <i>l</i> inicial
-del pronombre enclítico, y así se decía <i>decillo</i>, <i>servilla</i>,
-<i>escribilles</i>, <i>mostrallas</i>, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_376"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_376">[376]</a></span> <i>Tener voz de uno</i> equivalía
-a ‘seguir su causa’, ‘mantener su derecho’, pues <i>voz</i> significó el
-derecho o el título que alguno tiene sobre alguna cosa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_377"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_377">[377]</a></span> Este rey era Carlos II.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_378"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_378">[378]</a></span> Hijo menor de Don Alfonso XI y
-Doña Leonor de Guzmán. Casó en 1353 con Doña Juana de Lara, asesinada
-por orden de Don Pedro. Luego, Don Enrique le instituyó heredero
-del condado de Vizcaya y del señorío de Lara, como viudo de Doña
-Juana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_379"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_379">[379]</a></span> En vez de <i>se estaba a la
-mira</i>, ponen algunas ediciones modernas <i>se entretenía</i>, y diez veces
-más eliminan el verbo <i>estar</i> en los fragmentos de Mariana que aquí
-se publican. La repetición de vocablos no era entonces defecto tan
-molesto como hoy lo es; en el párrafo siguiente nótese la repetición
-del verbo <i>suceder</i> con dos acepciones diferentes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_380"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_380">[380]</a></span> Hoy úsase como activo
-<i>apoderar</i> sólo en el sentido de «dar poder a una persona para que
-represente en juicio a otra»; antiguamente significaba «poner en
-posesión de algo, hacer dueño» y Mariana lo emplea mucho, por más
-que en su tiempo ya era poco frecuente. El real o campo de Don
-Enrique estaba en la Vega; la <i>Torre de los Abades</i> (en el Paseo
-de la Vega Alta, cerca de la Puerta del Cambrón) fué efectivamente
-ocupada por soldados de Don Enrique, pero los partidarios de Don
-Pedro le pegaron fuego para rescatarla. El relato circunstanciado
-de estos hechos se halla en la Crónica del Canciller Don Pero López
-de Ayala, contemporáneo de Don Pedro; Mariana le sigue paso a paso,
-abreviándole.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_381"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_381">[381]</a></span> Nótese el significado (no
-registrado en el Diccionario de la Academia) del verbo <i>suceder</i>,
-‘tener feliz éxito’; respondiendo al significado de <i>suceso</i>
-‘éxito’. Este significado tiene en latín <i>succedere</i> y <i>successus</i>
-(res succedit, successus rerum). En otras ediciones se pone <i>les
-sucediese</i>, que parece mejor lección.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_382"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_382">[382]</a></span> Los de Don Pedro quitaron las
-llaves del arco del puente y éste duró caído hasta que lo reedificó
-el Arzobispo Don Pedro Tenorio en tiempo de Felipe II. El <i>Puente
-de San Martín</i> al Oeste y el de <i>Alcántara</i> al Este, son las dos
-entradas que Toledo tiene por la parte del río.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_383"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_383">[383]</a></span> <i>¡Mal pecado!</i> es una
-exclamación anticuada de indignación o enojo. Los moros, que seguían
-a Don Pedro, eran de Granada, cuyo Rey Mohamad fué aliado de Don
-Pedro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_384"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_384">[384]</a></span> Sobre las profecías de Merlín,
-v. adelante la <a href="#Footnote_526">nota</a> al <i>Quijote</i> p. II,
-cap. 23. Claro es que ésta es una de tantas profecías forjadas en
-tono solemne después que han sucedido los sucesos que vaticinan;
-Ayala ya la pone en su Crónica, y parece que no la inventó tampoco
-él, pues otras Crónicas contienen otra profecía análoga.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_385"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_385">[385]</a></span> <i>Gormar</i> es anticuado
-(Mariana lo copia de Ayala) por ‘vomitar’, o figurado ‘volver
-uno por fuerza lo que retenía sin justo título’. <i>Gormarlo ha</i>
-está por <i>gormarálo</i> (v. atrás <a href="#Page_93">pág. 93</a>, <a
-href="#Footnote_192">nota 192</a>); adelante se halla <i>caérsele
-han</i> = <i>caeránsele</i>; estas formas, corrientes en tiempo de Ayala,
-eran ya desusadas en el de Mariana. <i>Péñolas</i> por <i>plumas</i> es otro
-arcaísmo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_386"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_386">[386]</a></span> Es el famoso caballero francés
-Beltrán Du Guesclin.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_387"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_387">[387]</a></span> <i>Al tanto</i> parece equivaler a
-‘otrosí’, ‘también’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_388"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_388">[388]</a></span> Era el maestre a nombre de Don
-Enrique. Había otro a nombre de Don Pedro, llamado Don Martín López
-de Córdova, ejecutado al ser tomada Carmona, en 1371, por las tropas
-de Don Enrique.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_389"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_389">[389]</a></span> La preposición <i>a</i> denota
-muchas veces la causa u ocasión: «a las voces de Constanza salió a
-los corredores la Argüello». (Cervantes); hoy decimos <i>a causa de
-esto</i> en vez de <i>a esta causa</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_390"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_390">[390]</a></span> Este discurso falta en Ayala
-y es de la propia invención de Mariana. Tales arengas eran adorno
-indispensable de la historia al estilo clásico.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_391"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_391">[391]</a></span> La preposición <i>de</i> indicando
-el medio (morir de muerte violenta, herir de una cuchillada, etc.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_392"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_392">[392]</a></span> <i>Tener</i> como <i>venir</i>, <i>poner</i> y
-otros verbos análogos, hacían su futuro <i>terné</i>, <i>verné</i>, <i>porné</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_393"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_393">[393]</a></span> Este orden de los dos
-adjetivos, uno antepuesto y otro pospuesto (supone la elipsis <i>mejor
-fiesta ni más alegre fiesta</i>) era antes corriente, en vez del giro
-que hoy se usa en la lengua escrita: <i>mejor ni más alegre fiesta</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_394"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_394">[394]</a></span> En <i>habémoslo</i>, el pronombre
-<i>lo</i> nos ofrece el uso natural del neutro, pues hace el oficio de
-representar una proposición entera, ya que equivale a «habemos lo
-que litigamos», «esto que defendemos», «este negocio o causa que
-sostenemos». Pero el femenino <i>la</i> se generalizó mucho en lugar
-del neutro, por sobreentenderse <i>cosa</i> y en vez de <i>el más diestro
-lo yerra</i>, se dijo <i>la yerra</i>, <i>¡la hicimos buena!</i>, <i>hacérsela</i>,
-<i>pegársela a uno</i> (v. <span class="smcap">Diez</span>, <i>Gram.</i> III,
-47); aun el plural femenino es muy usado: <i>pagárselas a uno</i>; y en
-el ejemplo de Mariana diríamos hoy: «nos las habemos con una bestia
-feroz».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_395"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_395">[395]</a></span> El pronombre <i>nos</i> en tiempo
-de Mariana ya no se usaba ordinariamente sino por <i>yo</i> en documentos
-redactados por personas de alta dignidad; pero tal como aquí Mariana
-lo usa, es decir, como plural efectivo en vez del moderno <i>nosotros</i>,
-era un arcaísmo casi sólo conservado en poesía.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_396"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_396">[396]</a></span> Esta calificación que Enrique
-da a su hermano, según Mariana, es histórica. En los diplomas de la
-cancillería enriqueña nunca se nombra a Don Pedro con más suaves
-epítetos: «el traidor tirano que se llamaba Rey», o «aquel mal
-tirano», o «el traidor hereje tirano».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_397"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_397">[397]</a></span> Hoy decimos: «los moros
-huyeron los primeros». En ambos casos <i>primero</i> tiene funciones
-de adjetivo, pero significado de adverbio («los moros huyeron
-primeramente»), cosa que sucede muy a menudo, lo mismo que en latín,
-con <i>solus</i>, <i>primus</i>, <i>ultimus</i> (<span class="smcap">Diez</span>,
-<i>Gram.</i> III, 7), v. gr. «solos Don Antonio y Don Juan no quisieron»;
-aquí y en el ejemplo de Mariana es evidente la función adjetiva de
-<i>solos</i>, <i>primeros</i>, por estar en plural; en el otro ejemplo que
-ofrece Mariana unas líneas más abajo: «murió sólo un caballero»
-se puede dudar si <i>solo</i> es adjetivo de caballero, o un adjetivo
-adverbializado que no hace funciones de adjetivo, sino de adverbio,
-por lo cual no dejaría de ser masculino aunque se mudara el género
-del substantivo: «murió sólo una mujer».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_398"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_398">[398]</a></span> El <i>alcance</i> es la persecución
-del enemigo que huye.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_399"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_399">[399]</a></span> Véase la <a
-href="#Footnote_397">nota 397</a>, <a href="#Page_189">pág. 189</a>.
-Mariana dió aquí una interpretación exagerada al texto de la Crónica
-de Ayala, para hacer más prodigiosa la narración. Ayala no dice que
-muriera sólo un cristiano, sino sólo uno de los principales: «en esta
-batalla non morieron de los del Rey Don Pedro omes de cuenta, salvo
-un caballero de Córdoba que decían Juan Ximénez; e la razón porque
-pocos morieron fué porque los unos posaban en las aldeas, e non eran
-llegados a la batalla, e los otros que y eran recogiéronse con el Rey
-al castillo de Montiel.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_400"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_400">[400]</a></span> «Hacer una cosa <i>de industria</i>,
-hacerla a sabiendas y adrede, para que de allí suceda cosa que para
-otro sea acaso y para él de propósito.» (Covarrubias.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_401"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_401">[401]</a></span> <i>A su salvo</i> equivale a <i>en
-salvo</i>, <i>a mansalva</i>, sin peligro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_402"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_402">[402]</a></span> Sobre este <i>Men Rodríguez</i>,
-fantaseó una novela famosa Don Manuel Fernández y González.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_403"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_403">[403]</a></span> La ayuda prestada por Du
-Guesclin al fratricida fué, en efecto, liberalmente pagada por una de
-esas famosas <i>mercedes enriqueñas</i>, por la que el Caballero francés
-recibió las villas de Soria, Almazán, Atienza y otras, las mismas que
-Don Pedro le había ofrecido por mediación de Men Rodríguez.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_404"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_404">[404]</a></span> Aun en tiempo de Mariana
-existía, si bien muy mitigada, la antigua superstición de que los
-astros influían en los hechos de los hombres; hacíase por los doctos
-la salvedad de que su influencia no llegaba a anular el libre
-albedrío.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_405"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_405">[405]</a></span> El antecedente de <i>cuya</i>
-está callado, como en la frase de Coloma; «temiendo que entregaría
-la ciudad a cuya era» (V. <span class="smcap">Bello</span>,
-<i>Gram.</i>, §&nbsp;1053); pero lo más singular de la construcción
-de Mariana es, que ese mismo antecedente tácito es el poseedor a
-que se refiere el posesivo <i>su</i>; es decir, que el antecedente de
-<i>cuyo</i> va envuelto en el posesivo de la proposición principal (v.
-<span class="smcap">Cuervo</span>, <i>Dicc.</i> II. 713 <i>b</i>) y hay que
-construir: «fué saludable su muerte de aquel cuya vida fué tan dañosa
-(aquel cuya vida fué dañosa, su muerte fué saludable)». En el texto
-latino escribió Mariana: «sed cuius funesta Hispaniæ vita fuerat,
-mors extitit salutaris».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_406"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_406">[406]</a></span> La reina viuda de Enrique
-III era Doña Catalina de Lancáster. El infante Don Fernando es el
-llamado «de Antequera», hijo de Juan I y de su primera mujer Doña
-Leonor, hija de Pedro IV de Aragón. El Obispo de Cartagena es el
-judío converso Don Pablo de Santa María, autor de sabias obras de
-controversia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_407"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_407">[407]</a></span> <i>Poner mala voz</i>, poner tacha,
-hablar mal, desacreditar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_408"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_408">[408]</a></span> Acerca del orden de estos dos
-complementos <i>de la congoja y de la cuita</i>, compárese lo dicho en la
-<a href="#Footnote_393">nota 393</a> de la <a href="#Page_188">pág.
-188</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_409"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_409">[409]</a></span> «Virtudes <b>que</b> cada cual
-<b>les</b> daba el nombre» está por: «virtudes <b>a que</b> cada cual
-daba el nombre»: en lugar del relativo con preposición <i>a que</i> se
-puso simplemente la conjunción <i>que</i> y luego se indicó la relación de
-caso, que la conjunción no podía expresar, por medio del pronombre
-<i>les</i>. Analícese este otro ejemplo de la Diana de Montemayor: «un
-valle <b>que</b> toda cosa <b>en él</b> me daba gloria». (V. <span
-class="smcap">Diez</span>, <i>Gram.</i> III. 350).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_410"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_410">[410]</a></span> La frase «tenía recelo en qué
-pararían aquellas cosas» está por: «tenía recelo de (aquello) en que
-pararían»; la agrupación desagradable de preposiciones <i>de en que</i>
-hizo que se suprimiera <i>de</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_411"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_411">[411]</a></span> <i>Cumplidero</i> ‘que cumple o
-conviene’, ‘conveniente.’</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_412"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_412">[412]</a></span> «Al que entendían los
-podría amparar»; a pesar de omitirse la conjunción <i>que</i>, las
-dos proposiciones resultan gramaticalmente unidas por el hecho
-de estar en subjuntivo el verbo de la subordinada. Es giro
-bastante común (creo no venga, ordenóle le entretuviese) y que
-se usa en latín (concedo sit dives, oro dicas). (Véase <span
-class="smcap">Diez</span>, <i>Gram.</i> III, 313). Mariana usa de él a
-menudo; más abajo dice «para suplicalle aceptase.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_413"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_413">[413]</a></span> Mariana aprovecha a menudo
-estos discursos de su propia invención para deslizar en boca de otros
-sus propias ideas políticas, y aquí sienta el pacto social como
-origen del poder real, en contra de la opinión del derecho divino de
-los reyes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_414"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_414">[414]</a></span> Covarrubias, contemporáneo
-de Mariana, da como anticuada <i>alcuña</i>; «vale linage, casta,
-descendencia; latine, genus, stemma. Es muy usado término en la
-lengua castellana antigua, así en las crónicas como en las leyes y
-contratos».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_415"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_415">[415]</a></span> Era anticuado ya en tiempo
-de Mariana; el mismo Covarrubias dice: «<i>ledo</i>, vocablo castellano
-antiguo; vale alegre, contento; de la palabra latina <i>lætus</i>.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_416"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_416">[416]</a></span> «Despojaba un niño» y
-«menospreciaba la reina» son casos raros de acusativo sin
-preposición, tratándose de nombres de persona cierta y determinada.
-(Véase <span class="smcap">Cuervo</span>, <i>Dicc.</i> I, 12 <i>b</i>). Lope
-dijo: «no disgustemos mi abuelo», y Fray Luis de León:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Yo con alegre canto</p>
-<p class="i0">mi Dios celebraré y su nombre santo.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05">Adelante se verá cuánto usaba Quevedo este acusativo
-sin preposición.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_417"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_417">[417]</a></span> Ediciones modernas corrigen:
-«camino por donde se enderezó»; y en la <a href="#Page_205">pág.
-205</a>, línea 8, «sus edictos por los cuales citaron», se corrige
-en «sus edictos con que citaron». Véase arriba <a href="#Page_89">p.
-89</a>, <a href="#Footnote_172">n. 172</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_418"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_418">[418]</a></span> <i>Echar cargo</i>, compárese
-<i>ser uno en cargo</i> que vale ‘ser deudor’, frase no apuntada en los
-Diccionarios.—Tampoco figura en ellos <i>obligarse</i> con el sentido de
-‘ganarse el agradecimiento de alguno’; el texto latino de Mariana
-dice: «novumque Regem officio obstrictum habere.»—En fin, tampoco
-está en los Diccionarios el adjetivo substantivado <i>particulares</i> con
-el sentido que usa Mariana de ‘negocios privados o personales’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_419"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_419">[419]</a></span> Aquí <i>en que</i>, y más abajo,
-equivale a ‘en lo que’, representándose con el neutro <i>(lo) que</i>
-toda la oración que antecede. La supresión del artículo neutro <i>lo</i>
-parece más común si le precede preposición <i>en</i>: «llamáronla Isla de
-San Juan, por haber llegado a ella el día del Bautista y por tener
-su nombre el general; en que andaría la devoción mezclada con la
-lisonja.» (Solis). Con otras preposiciones disuena: «me preguntó si
-iba; a (lo) que no respondí», y es imposible sin preposición: «me
-mandó ir; lo que hice de buen grado».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_420"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_420">[420]</a></span> <i>Parar</i> equivale a
-<i>preparar</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_421"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_421">[421]</a></span> <i>Declarar</i> en el sentido
-de ‘decidir públicamente sobre la categoría o condición de algo’
-se construye hoy, ordinariamente, con un predicado sin <i>por</i>:
-«le declararon y coronaron Rey»; «lo eligieron Rey», al lado
-de «lo eligieron por Rey». (<span class="smcap">Diez</span>,
-<i>Gr.</i> III, página 11.) En el período clásico ese predicado
-llevaba ordinariamente preposición <i>por</i>; Quevedo dice: «y
-declararon por tres enemigos del cuerpo a los médicos». (V. <span
-class="smcap">Cuervo</span>, <i>Dicc.</i> II, página 829.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_422"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_422">[422]</a></span> Berenguer de Bardají, gran
-Justicia de Aragón y uno de los principales promovedores del
-compromiso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_423"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_423">[423]</a></span> Jurista valenciano, no nombrado
-desde el comienzo, sino luego, en sustitución de Ginér Rabaxa, que
-enfermó.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_424"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_424">[424]</a></span> 24 de Enero de 1412.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_425"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_425">[425]</a></span> El aragonés Pedro de Luna o
-Benedicto XIII.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_426"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_426">[426]</a></span> «Gaudeamus et exultemus et
-demus gloriam Deo, quia venerunt nuptiæ Agni.» Este versículo del
-Apocalipsis fué realmente el tema del discurso de San Vicente; pero
-el discurso en sí mismo es invención de Mariana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_427"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_427">[427]</a></span> <i>Acuciar</i> por ‘apurar’ o ‘dar
-prisa para que se haga alguna cosa’, es un arcaísmo que Mariana
-resucitó con acierto, ya que no tiene buen equivalente en la lengua
-moderna.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_11">
- <p><span class="pagenum" id="Page_210">[p. 210]</span></p>
- <h2 title="Fray José de Sigüenza"
- class="nobreak">FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA<br />
- <small>(1544-1606)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Publicó la <i>Historia de la Orden de San Jerónimo</i> en los años 1600
-y 1605.</p>
-
-<p>Escribía con gran esmero, cosa poco acostumbrada entre sus
-contemporáneos, así que su lenguaje es de lo más puro y correcto
-que hay en castellano; notable por la elegancia, siempre sobria,
-que mantiene la alteza de la narración aun cuando ésta se emplee en
-las más pobres y humildes vidas en que por fuerza había de ocuparse
-a menudo. Menéndez y Pelayo coloca a Sigüenza entre los primeros
-estilistas españoles después de Juan de Valdés y Cervantes.</p>
-
-<p>Tenía un concepto de la Historia enteramente artístico; tanto,
-que llega a señalarle como leyes, en primer lugar, el <i>estilo</i>, y
-sólo en segundo término, la veracidad: «Prometo ser en cuanto pudiere
-religioso en las leyes de la historia; la primera, que es el estilo
-y una manera de contar breve, lisa, sin afectación ni afeites,
-procuraré imitalla en aquellos primeros príncipes de la lengua latina
-que acertaron en esto felizmente, cultivando con mucho estudio su
-lengua, lo que en la nuestra pensamos alcanzar sin trabajo. La verdad
-y la fe, que<span class="pagenum" id="Page_211">[p. 211]</span>
-es lo segundo, y el alma sin la cual ni ésta ni otra merece nombre
-de historia, será de tanta entereza que ella misma asegurará sin
-sospecha a los lectores.»</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_11_1">
- <h3 title="Vida de Fray Juan de Carrión">HISTORIA DE LA ORDEN
- DE SAN JERÓNIMO</h3>
- <p class="centra mt2">PARTE II (1600), PÁGINA 251</p>
- <p class="centra mt1">Cuenta la vida de Fray Juan de Carrión, llena de
- humildad simple y candorosa.</p>
-</div>
-
-<p>Era este siervo de Dios natural de Carrión, de padres honrados,
-y llamóle Dios al estado de la religión siendo de más de veinte y
-cinco años, hombre hecho, Sacerdote ya, y el tiempo que vivió en
-el siglo, de buen ejemplo. Sintieron mucho en su pueblo que los
-dejase, porque con su vida y ejemplo aprovechaba a todos. Vínose al
-monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, pidió el hábito al padre
-Fray Fernando Yáñez, echó luego de ver su buena alma, y diósele de
-buena gana. Industrióle él mismo en las cosas de la religión, y a
-la buena leche de esta doctrina le hizo crecer presto, y pasar del
-estado de infante al de varón perfeto, y a la medida de la edad de
-la plenitud de Cristo. Ansí olvidó todo lo de atrás, y tan de hecho
-renunció el mundo, que vino aun a perder la me<span class="pagenum"
-id="Page_212">[p. 212]</span>moria de lo que había sido; cosa
-felicísima, y que si fuese en nuestra mano, o ya que no lo es,
-procurásemos merecerla, nos haría como bienaventurados en la tierra.
-Acontencióle muchas veces vestirse el pellón que tenía sobre la cama,
-e irse ansí a Maitines, y sin advertir qué llevaba, ni que se reirían
-dél, todo olvidado de sí mismo y puesto el pensamiento en Dios,
-porque jamás se apartaba de su presencia, llevándole dentro de sí, o
-imaginándose dentro dél. Por ésta y por otras muchas cosas que hacía,
-sin advertencia de lo de afuera, le llamaban Fray Juan el Simple,
-unos burlando de su inocencia, otros admirados de su perfeción:
-juzgando cada uno conforme a la regla con que se nivelaba dentro. Y
-era en la realidad lo uno y lo otro, porque en la malicia (o como
-agora las llamamos: discreciones humanas) era semejante a aquel niño
-que puso Cristo por modelo de su escuela, y de la traza que habían
-de tener los que habían de entrar en su reino, y junto con esto, y
-necesariamente junto, un juicio muy alto, y tanta claridad y aviso
-para las cosas de la religión y virtud y del negocio de su estado,
-que en sus pareceres y en sus votos, ninguno de los aventajados le
-hacía ventaja; como quien tenía la ciencia que es propia de los
-santos y estaba levantado en otra más excelente región. Andan estas
-almas sencillas (digámoslo ansí) como zabullidas en Dios y en sí
-mismas, puestas en una quietud soberana, donde no llega turbación
-de malicia. Y como aquel mar inmenso no le puede mudar ni alterar
-cosa criada,<span class="pagenum" id="Page_213">[p. 213]</span>
-los que dentro dél se recogen, gozan de una calma y bonanza que no
-se puede explicar, sino con las mismas palabras que quiso Dios lo
-dijesen sus Profetas santos, como lo cuenta David en las Enigmas y
-Símbolo de aquel Psalmo tan celebrado: <i>Qui habitat in adiutorio
-altissimi, in protectione Dei cœli commorabitur</i>. Que aun estas
-primeras palabras no se podrán bien declarar en nuestra lengua, y
-mucho menos entenderse, sino de los que supieren aquel lenguaje.
-Alcanzó nuestro simple Fray Juan esto en poco tiempo, y el modo
-(según algunos dicen) fué, porque en ninguna cosa se buscó a sí
-mismo, ni miraba en su provecho particular, ni en sus gustos, no sólo
-en las cosas corporales, sino aun en las de virtud, y que llamamos
-de espíritu, procurando a los principios salir con victoria contra
-todos sus apetitos, y levantarse sobre todo quanto tenía apariencia
-de negocio proprio, haciéndose fuerza y violencia, en quanto sentía
-que era propria voluntad, hasta venir a no tener cosa suya ni en
-las potencias exteriores ni interiores, y quedarse en una candidez
-e inocencia grande, dejándose llevar de sola la voluntad divina,
-que era para él la de su Prelado. Esta simpleza santa, dicen los
-ejercitados, que es aquel <i>biso</i> o aquel lino blanquísimo (era un
-lienzo de Egipto) más delicado que la más fina holanda, recio con
-esto y de mucha dura, como le pinta la Escritura, de hilo doblado
-y torcido, de que se hacían las telas y velos del Tabernáculo
-del Señor, porque no basta ser blanco y de un hilo, sino que han
-de ser<span class="pagenum" id="Page_214">[p. 214]</span> dos.
-No sólo no buscarnos en las cosas materiales interese de carne y
-sangre, mas aun en los mismos ejercicios de las virtudes se mezcla
-el amor proprio, si no se le mira a las manos con gran recato. Tan
-delicada es esta estambre que ha de hacer el aposento a Dios. Sin
-duda dicen bien, y bien hacía nuestro Fray Juan en caminar con tanta
-perseverancia con estos pasos, que son los contrarios por donde aquel
-hombre primero perdió para todos aquella pureza, blancura e inocencia
-con que salió de las manos de su Hacedor, y quedamos desemejados y
-feos, deslustrada tanta hermosura. Desta virtud o fuente de virtudes,
-manaban en este siervo de Dios otras muchas; era para todos afable,
-dulce, amoroso, consuelo de quantos con él trataban para quanto le
-querían en obras de humildad y caridad. Dondequiera que la obediencia
-le llevaba, sin otro discurso ni razón más de que era mandado, iba
-alegre. Vivió algunos años en esta pureza y en el reposo de una
-virtud que tanto nos hace parecidos a Dios; no sabemos quantos ni
-otras muchas circunstancias que hicieran harto el caso entenderlas.
-Quando el Señor quiso llevarle deste mundo, de que él estaba tan
-fuera, revelóle su voluntad, pues eran tan unos en ella. Estaba un
-día en el coro con el convento, en el oficio divino, santo y bueno,
-sin género de indisposición ni otro acidente; tocóle el espíritu del
-Señor, hablóle dentro y revelóle su fin. En ese mismo punto comenzó
-a andar en el coro de una parte a otra con fervor y con acto que
-parecía es<span class="pagenum" id="Page_215">[p. 215]</span>taba
-fuera de sí; iba de uno en otro religioso a las filas donde estaban
-asentados; echábase a sus pies y besábaselos; pedíales perdón del
-mal ejemplo que les había dado con sus negligencias y faltas. Puesto
-allí de rodillas y derramando lágrimas, decía a cada uno: «Perdóname,
-hermano, por el amor del Señor, y mira que me mandas para el otro
-mundo, que estoy de partida para allá.» Puso admiración en todos la
-novedad de Fray Juan; los más discretos suspendían el juicio desto,
-que por de fuera parecía locura; otros se reían teniéndola por
-simpleza, y aun otros pensaban que se había tornado loco. Muchos que
-conocían su entereza y buen juicio, y le tenían por siervo de nuestro
-Señor, decían que no carecía aquello de algún misterio, y que sin
-duda le habían hecho revelación de su fin. Acabados estos abrazos y
-despedidas con actos tan humildes, se puso de rodillas en medio del
-coro, alzó los ojos al cielo, hirió tres veces los pechos con el
-puño, como quando decía la culpa, y díjosela al Señor desta manera:
-«Perdóname, Señor, la multitud de defectos que he hecho en este santo
-lugar, rezando y cantando las horas, y la poca reverencia y devoción
-con que he estado aquí delante de tu Majestad divina y de los Ángeles
-santos que nos acompañan.» Dijo esto, y de allí a un poco, estando
-con gran sosiego de cuerpo y espíritu, dió el alma a su Criador.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_11_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_216">[p. 216]</span></p>
- <h3 title="Prólogo de la Historia de la Orden de San Jerónimo"
- class="centra">PARTE III (1605). PRÓLOGO</h3>
-</div>
-
-<p>Prosiguiendo voy el discurso de mi historia, y diré mejor el
-de mi obediencia, pues sólo ella es la que puede darme aliento
-para carrera tan larga. Diré también, con verdad, lo que dijo el
-Historiador Romano en el medio de su obra. Pudiera dejallo aquí,
-si no fuera cebando el alma con el gusto del sujeto. Ansí también
-lo confieso, pues ansí me acontece, y porque con lo que hasta aquí
-se ha descubierto, bastaba para juzgar lo que resta, mas no basta
-para la integridad y al amor que a la misma obra se debe, que se
-ha de anteponer al propio gusto. Historia es, como se ha visto,
-humilde y de humildes, contra la primera ley de historia que pide
-siempre cosas grandes. No se veen pensamientos ni discursos largos
-de Príncipes para conquistar nuevos reinos, o mudar de sus asientos
-grandes Estados, descubrir nuevas provincias, trastornar repúblicas,
-consejos profundos de paz y guerra, trocar la paz y deshacer las
-suertes de todo esto temporal y visible; cosas que se huelgan todos
-de leellas, y con tanto gusto (ojalá con tanto fruto) que se olvidan
-de la comida y aun del sueño. A mí no me dieron a escoger, que no es
-pequeña disculpa; abracé mi suerte, que a muchos parecía desgraciada,
-estéril, pobre; y en lo que hasta aquí ha salido a luz, se han
-desengañado buena parte dellos y mudado de parecer. Certifican<span
-class="pagenum" id="Page_217">[p. 217]</span> personas de buen
-juicio que se ha hecho evidencia, no sólo ser sabrosa y de fruto
-la historia, que trata casos raros y empresas grandes, y todo eso
-que llaman hazañoso, sino también la que se humilla al yermo, al
-claustro, al silencio y al silicio, y a quanto tiene nombre de
-mortificación, que suena siempre tan mal a las orejas del mundo.
-Véese en esta historia trocado todo, y en vez de aquellas preñadas
-pláticas de los Consejeros de Estado, de los razonamientos de los
-Capitanes para disciplinar al ejército o animar los soldados a la
-batalla, de aquellas promesas de la vitoria o presagios de la suerte
-adversa, de las conjeturas de lo que pretende el enemigo, la loa del
-soldado valiente, la diligencia, destreza y ánimo del Capitán, los
-varios trances de la fortuna, la alegría del buen suceso, la riqueza
-del despojo y de la presa, el número de los muertos y cautivos, los
-premios de los que, como esforzados, escalaron primero el muro o
-derribaron las banderas enemigas, y otros cien particulares con que
-se enriquecen las historias profanas; en vez, digo, de todo esto,
-entran las amonestaciones santas, los consejos de una celestial
-prudencia, donde se descubre la sutileza y el ingenio de nuestro
-mortal enemigo; la perseverancia en el ejercicio santo, la fortaleza
-en el rigor de la penitencia, el fruto de la oración continua, la
-sumisión del cuerpo, el desprecio de sí mismo, el desengaño de
-las cosas visibles, la vitoria contra nuestras pasiones, la lucha
-porfiada contra nuestros apetitos; la esperanza del premio, y tal
-pre<span class="pagenum" id="Page_218">[p. 218]</span>mio, los
-anuncios de la salud del alma, los recatos, aun en el estado más
-seguro; el celo de la cerimonia, aunque sea pequeña, porque no se
-toque al muro de lo esencial; las prevenciones antes de llegar a
-las cosas sagradas; apoyar lo que se desmorona del rigor primero
-y esforzar lo que parece va enflaqueciendo en la virtud; muertes
-venturosas, suficientes para encender en santa invidia los más
-tibios; castigos rigurosos a culpas casi sin nombre, mejores para
-labrar coronas que para enmienda de los delincuentes, y otro alarde
-de cosas semejantes, menudencias para los ojos del siglo y de tanta
-estima en los de Dios, que no las remunera menos de con un reino
-eterno.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_12">
- <p><span class="pagenum" id="Page_219">[p. 219]</span></p>
- <h2 title="Miguel de Cervantes Saavedra"
- class="nobreak">MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA<br />
- <small>(1547-1616)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Publicóse por primera vez la primera parte del <i>Quijote</i>, en 1605;
-la segunda parte, en 1615. Las <i>Novelas ejemplares</i>, en 1613.</p>
-
-<p>Los variados encantos en que abunda su dicción, la vida lozana
-que ostenta, su avasalladora hermosura, y, sobre todo, la inagotable
-fuerza cómica, se apreciarán más que por la explicación y el
-análisis, por la reiterada y atenta lectura.</p>
-
-<p>Su sintaxis se prestará a múltiples observaciones de pormenor.
-En general es, como la del <i>Lazarillo de Tormes</i>, la de la lengua
-familiar que sigue con ligereza al pensamiento, sin preocuparse de
-aquella trabazón inflexible que obliga al pensamiento a seguir los
-lentos pasos de la lógica gramatical. Hoy, en los escritos, no se
-toleran mil licencias de construcción que usamos al hablar y que usó
-Cervantes también al escribir; no hemos de corregirlos en sus obras
-como lo haríamos en los cuadernos de un alumno, sino estudiarlos
-como una manera de otros tiempos, que al fin y al cabo fueron los
-más gloriosos de nuestras letras. Por otra parte, estos casos en que
-Cervantes pasaría hoy por incorrecto, son muchos menos de los que
-algunos creen, y en los trozos que siguen ha<span class="pagenum"
-id="Page_220">[p. 220]</span>brá ocasiones sobradas de rechazar a
-Clemencín, Hartzenbusch y demás críticos rigoristas, que se empeñan
-en mirar al autor del <i>Quijote</i> como escritor descuidado. Su prosa
-(usando las palabras de un censor del <i>Quijote</i>) será siempre maestra
-soberana «en la lisura del lenguaje castellano, no adulterado con
-enfadosa y estudiada afectación».</p>
-
-<p>Aparte de tal estilo, que es el más admirable suyo, empleó
-Cervantes otro, libre de esos pretendidos defectos, como más
-trabajado y artificioso, a la manera que usaban generalmente los
-que estudiaban los autores latinos e italianos. Este se ve en su
-primera obra, <i>La Galatea</i>, en la última que escribió, el <i>Persiles y
-Sigismunda</i>, y en los episodios de tono sentimental e idealista que
-se intercalan en el <i>Quijote</i>.</p>
-
-<p>En fin, una tercera manera se puede señalar en el estilo de este
-autor, si bien es pasajera y contrahecha, que aparece en las parodias
-de los libros de caballerías (por ejemplo, en la descripción del
-lago encantado que aquí se copia); en ella el lenguaje se llena de
-afectación y arcaísmo intencionado.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_12_1">
- <h3 title="Comienzo del Quijote">QUIJOTE</h3>
- <p class="centra mt2">PARTE I, CAPÍTULO I</p>
- <p class="centra mt1">Condición y ejercicio del famoso hidalgo.</p>
-</div>
-
-<p>En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme<a
-id="FNanchor_428" href="#Footnote_428" class="fnanchor">[428]</a>,
-no ha mucho tiempo que vivía<span class="pagenum" id="Page_221">[p.
-221]</span> un hidalgo de los de lanza en astillero<a
-id="FNanchor_429" href="#Footnote_429" class="fnanchor">[429]</a>,
-adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo
-más vaca que carnero<a id="FNanchor_430" href="#Footnote_430"
-class="fnanchor">[430]</a>, salpicón<a id="FNanchor_431"
-href="#Footnote_431" class="fnanchor">[431]</a> las más
-noches, duelos y quebrantos los sábados<a id="FNanchor_432"
-href="#Footnote_432" class="fnanchor">[432]</a>, lente<span
-class="pagenum" id="Page_222">[p. 222]</span>jas los viernes, algún
-palomino de añadidura los domingos consumían las tres partes<a
-id="FNanchor_433" href="#Footnote_433" class="fnanchor">[433]</a>
-de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte<a
-id="FNanchor_434" href="#Footnote_434" class="fnanchor">[434]</a>,
-calzas de velludo<a id="FNanchor_435" href="#Footnote_435"
-class="fnanchor">[435]</a> para las fiestas con sus pantuflos<a
-id="FNanchor_436" href="#Footnote_436" class="fnanchor">[436]</a>
-de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí<a
-id="FNanchor_437" href="#Footnote_437" class="fnanchor">[437]</a> de
-lo más fino... Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta
-años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro,
-gran madrugador y amigo de la caza... Es, pues, de saber que este
-sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más
-del año), se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición
-y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y
-aun la administración de su hacienda, y llegó a tanto su curiosidad
-y desatino en<span class="pagenum" id="Page_223">[p. 223]</span>
-esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar
-libros de caballerías en<a id="FNanchor_438" href="#Footnote_438"
-class="fnanchor">[438]</a> que leer, y así llevó a su casa todos
-cuantos pudo haber dellos, y de todos ningunos le parecían tan bien
-como los que compuso el famoso Feliciano de Silva<a id="FNanchor_439"
-href="#Footnote_439" class="fnanchor">[439]</a>, porque la
-claridad de su prosa y aquellas entricadas<a id="FNanchor_440"
-href="#Footnote_440" class="fnanchor">[440]</a> razones suyas le
-parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros
-y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: <i>La
-razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón
-enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura</i>; y
-también cuando leía: <i>Los altos cielos que de vuestra divinidad
-divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora
-del merecimiento, que merece la vuestra grandeza</i>. Con estas razones
-perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y
-desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el
-mismo Aristóteles si resucitara para sólo ello.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_12_2">
- <h3 title="Diálogo de Don Quijote y el Canónigo"><span class="pagenum"
- id="Page_224">[p. 224]</span><small>PARTE I, CAPÍTULOS XLIX Y L</small></h3>
- <p class="hang mt1">Don Quijote es metido en una jaula por el cura y el
- barbero, que le hacen creerse encantado para grandes empresas, y
- así le llevan a su casa. En el camino se les une un canónigo de
- Toledo, quien, compadecido del prisionero, y hallándole cuerdo en
- sus razones, logra hacerle desenjaular y le exhorta a que abandone
- sus disparatadas caballerías. Sobre esto se enreda una discusión,
- que lejos de convencer a Don Quijote, acaba por suscitar en su
- imaginación el sueño de la más ideal aventura caballeresca. Al
- principio, el canónigo, fiando mucho en sus buenos consejos, dirige a
- Don Quijote esta vehemente exhortación:</p>
-</div>
-
-<p>«Y si todavía llevado de su natural inclinación quisiere leer
-libros de hazañas y de caballerías, lea en la Sacra Escritura
-el de los Jueces, que allí hallará verdades grandiosas y hechos
-tan verdaderos como valientes. Un Viriato tuvo Lusitania; un
-César, Roma; un Anibal<a id="FNanchor_441" href="#Footnote_441"
-class="fnanchor">[441]</a>, Cartago; un Alejandro, Grecia;
-un Conde Fernán González, Castilla; un Cid, Valencia<a
-id="FNanchor_442" href="#Footnote_442" class="fnanchor">[442]</a>;
-un Gonzalo Fernández<a id="FNanchor_443" href="#Footnote_443"
-class="fnanchor">[443]</a>, Andalu<span class="pagenum"
-id="Page_225">[p. 225]</span>cía; un Diego García de Paredes<a
-id="FNanchor_444" href="#Footnote_444" class="fnanchor">[444]</a>,
-Estremadura; un Garci Pérez de Vargas<a id="FNanchor_445"
-href="#Footnote_445" class="fnanchor">[445]</a>, Jerez;
-un Garcilaso<a id="FNanchor_446" href="#Footnote_446"
-class="fnanchor">[446]</a>, Toledo; un don Manuel de León<a
-id="FNanchor_447" href="#Footnote_447" class="fnanchor">[447]</a>,
-Sevilla; cuya<a id="FNanchor_448" href="#Footnote_448"
-class="fnanchor">[448]</a><span class="pagenum" id="Page_226">[p.
-226]</span> leción de sus valerosos hechos puede entretener, enseñar,
-deleitar y admirar a los más altos ingenios que los leyeren. Esta
-sí será letura digna del buen entendimiento de vuestra merced,
-señor Don Quijote mío; de la cual saldrá erudito en la historia,
-enamorado de la virtud, enseñado en la bondad, mejorado en las
-costumbres, valiente sin temeridad, osado<a id="FNanchor_449"
-href="#Footnote_449" class="fnanchor">[449]</a> sin cobardía, y todo
-esto para honra de Dios, provecho suyo y fama de la Mancha, do<a
-id="FNanchor_450" href="#Footnote_450" class="fnanchor">[450]</a>,
-según he sabido, trae vuestra merced su principio y origen.»</p>
-
-<p>Atentísimamente estuvo Don Quijote escuchando las razones del
-canónigo, y cuando vió que ya había puesto fin a ellas, después
-de haberle estado un buen espacio mirando, le dijo: «Paréceme,
-señor hidalgo, que la plática de vuestra merced se ha encaminado a
-querer darme a entender<a id="FNanchor_451" href="#Footnote_451"
-class="fnanchor">[451]</a> que no ha habido caballeros andantes en el
-mundo, y que todos los libros de caballerías son falsos, mentirosos,
-dañadores e inútiles para la república, y que yo he hecho mal en
-leerlos y peor en creer<span class="pagenum" id="Page_227">[p.
-227]</span>los, y más mal<a id="FNanchor_452" href="#Footnote_452"
-class="fnanchor">[452]</a> en imitarlos, habiéndome puesto
-a seguir la durísima profesión de la caballería andante<a
-id="FNanchor_453" href="#Footnote_453" class="fnanchor">[453]</a>
-que ellos enseñan; negándome que no ha habido<a id="FNanchor_454"
-href="#Footnote_454" class="fnanchor">[454]</a> en el mundo Amadises
-ni de Gaula, ni de Grecia<a id="FNanchor_455" href="#Footnote_455"
-class="fnanchor">[455]</a>, ni todos los otros caballeros de que las
-escrituras están llenas.»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_228">[p. 228]</span></p>
-
-<p>—«Todo es al pie de la letra como vuestra merced lo va
-relatando»—dijo a esta sazón el canónigo. A lo cual respondió
-Don Quijote: «Añadió<a id="FNanchor_456" href="#Footnote_456"
-class="fnanchor">[456]</a> también vuestra merced, diciendo que
-me habían hecho mucho daño tales libros, pues me habían vuelto
-el juicio y puéstome<a id="FNanchor_457" href="#Footnote_457"
-class="fnanchor">[457]</a> en una jaula, y que me sería
-mejor hacer la enmienda y mudar de letura, leyendo otros más
-verdaderos y que mejor<a id="FNanchor_458" href="#Footnote_458"
-class="fnanchor">[458]</a> deleitan y enseñan.»—«Así es»—dijo el
-canónigo.—«Pues yo—replicó Don Quijote—hallo por mi cuenta que el sin
-juicio y el encantado es vuestra merced, pues se ha puesto a decir
-tantas blasfemias contra una cosa tan recibida en el mundo y tenida
-por tan verdadera...; porque querer dar a entender a nadie que Amadis
-no fué en el mundo, ni todos los otros caballeros aventureros de
-que están colmadas las historias, será querer persuadir que el sol
-no alumbra, ni el hielo enfría, ni la tierra sustenta; porque, ¿qué
-ingenio puede haber en el mundo que pueda persuadir a otro que no fué
-verdad lo de la infanta Floripés y Gui de Borgoña<a id="FNanchor_459"
-href="#Footnote_459" class="fnanchor">[459]</a>, y lo de Fierabrás
-con la puente de Manti<span class="pagenum" id="Page_229">[p.
-229]</span>ble<a id="FNanchor_460" href="#Footnote_460"
-class="fnanchor">[460]</a>, que sucedió en el tiempo de Carlomagno?
-Que ¡voto a tal! que es tanta verdad como es ahora de día; y si es
-mentira, también lo debe de ser que no hubo Héctor, ni Aquiles, ni
-la guerra de Troya, ni los doce Pares de Francia, ni el Rey Artús de
-Ingalaterra, que anda hasta ahora convertido en cuervo y le esperan
-en su reino por momentos<a id="FNanchor_461" href="#Footnote_461"
-class="fnanchor">[461]</a>; y también se atreverán a decir que
-es<span class="pagenum" id="Page_230">[p. 230]</span> mentirosa la
-historia de Guarino Mezquino<a id="FNanchor_462" href="#Footnote_462"
-class="fnanchor">[462]</a> y la de la demanda del Santo Grial<a
-id="FNanchor_463" href="#Footnote_463" class="fnanchor">[463]</a>,
-y que son apócrifos los amores de don Tristán y la reina Iseo<a
-id="FNanchor_464" href="#Footnote_464" class="fnanchor">[464]</a>,
-como los de Ginebra y Lanzarote<a id="FNanchor_465"
-href="#Footnote_465" class="fnanchor">[465]</a>, habiendo personas
-que casi se acuerdan de haber visto a la dueña Quintañona, que
-fué la mejor escanciadora de vino que tuvo la Gran Bretaña. Y es
-esto tan<span class="pagenum" id="Page_231">[p. 231]</span> así<a
-id="FNanchor_466" href="#Footnote_466" class="fnanchor">[466]</a>,
-que me acuerdo yo que me decía una mi<a id="FNanchor_467"
-href="#Footnote_467" class="fnanchor">[467]</a> agüela de partes<a
-id="FNanchor_468" href="#Footnote_468" class="fnanchor">[468]</a>
-de mi padre, cuando veía alguna dueña con tocas reverendas:
-Aquella, nieto, se parece a la dueña Quintañona<a id="FNanchor_469"
-href="#Footnote_469" class="fnanchor">[469]</a>; de donde arguyo
-yo que la debió de conocer ella, o por lo menos debió de alcanzar
-a ver algún retrato suyo. Pues ¿quién podrá negar no ser verdadera
-la historia de Pierres y la linda Magalona, pues aun hasta hoy día
-se ve en la armería de los reyes la clavija<a id="FNanchor_470"
-href="#Footnote_470" class="fnanchor">[470]</a> con<span
-class="pagenum" id="Page_232">[p. 232]</span> que volvía al caballo
-de madera, sobre quien iba el valiente Pierres por los aires, que
-es un poco mayor que un timón de carreta? Y junto a la clavija está
-la silla de Babieca, y en Roncesvalles está el cuerno de Roldán<a
-id="FNanchor_471" href="#Footnote_471" class="fnanchor">[471]</a>,
-tamaño como una grande viga; de donde se infiere que hubo doce Pares,
-que hubo Pierres, que hubo Cides, y otros caballeros semejantes,</p>
-
-<div class="poema mt1"><div class="stanza">
-<p class="i0">destos que dicen las gentes</p>
-<p class="i0">que a sus aventuras van<a id="FNanchor_472" href="#Footnote_472" class="fnanchor">[472]</a>.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt1 ti0">Si no... digan que fueron burla las justas de
-Suero de Quiñones, del Paso<a id="FNanchor_473" href="#Footnote_473"
-class="fnanchor">[473]</a>, las empresas de Mosén Luis de Falces<a
-id="FNanchor_474" href="#Footnote_474" class="fnanchor">[474]</a>
-contra don Gonzalo de Guzmán,<span class="pagenum" id="Page_233">[p.
-233]</span> caballero castellano, con otras muchas hazañas hechas
-por caballeros cristianos destos y de los reinos extranjeros, tan
-auténticas y verdaderas, que torno a decir que el que las negase
-carecería de toda razón y buen discurso.»</p>
-
-<p>Admirado quedó el canónigo de oir la mezcla que Don Quijote
-hacía de verdades y mentiras, y de ver la noticia que tenía de
-todas aquellas cosas tocantes y concernientes a los hechos de su
-andante caballería, y así le respondió: «No puedo yo negar, señor
-Don Quijote, que no sea verdad algo de lo que vuestra merced ha
-dicho, especialmente en lo que toca a los caballeros andantes
-españoles; y asimismo quiero conceder que hubo doce Pares de
-Francia; pero no quiero creer que hicieron todas aquellas cosas
-que el Arzobispo Turpín<a id="FNanchor_475" href="#Footnote_475"
-class="fnanchor">[475]</a> dellos escribe... En lo de que hubo
-Cid no hay duda, ni menos Bernardo del Carpio<a id="FNanchor_476"
-href="#Footnote_476" class="fnanchor">[476]</a>; pero de que hicieron
-las hazañas que dicen, creo que la hay muy grande. En lo otro de
-la clavija que vuestra merced dice del conde Pierres, y que está
-junto a la silla de Babieca en la armería de los reyes, confie<span
-class="pagenum" id="Page_234">[p. 234]</span>so mi pecado: que soy
-tan ignorante o tan corto de vista, que, aunque he visto la silla,
-no he echado de ver la clavija, y más siendo tan grande como vuestra
-merced ha dicho.»</p>
-
-<p>—«Pues allí está, sin duda alguna—replicó Don Quijote—; y, por más
-señas, dicen que está metida en una funda de vaqueta, porque no se
-tome de moho.»</p>
-
-<p>—«Todo puede ser—respondió el canónigo—; pero por las órdenes que
-recebí, que no me acuerdo haberla visto; mas, puesto que conceda
-que está allí, no por eso me obligo a creer las historias de tantos
-Amadises ni las de tanta turbamulta de caballeros como por ahí nos
-cuentan, ni es razón que un hombre como vuestra merced, tan honrado
-y de tan buenas partes, y dotado de tan buen entendimiento, se dé a
-entender que son verdaderas tantas y tan estrañas locuras como las
-que están escritas en los disparatados libros de caballerías.»</p>
-
-<p>—«¡Bueno está eso!—respondió Don Quijote—. Los libros que están
-impresos con licencia de los reyes y con aprobación de aquellos
-a quien se remitieron<a id="FNanchor_477" href="#Footnote_477"
-class="fnanchor">[477]</a>, y que con gusto general son leídos
-y celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y
-de los ricos, de los letrados e ignoran<span class="pagenum"
-id="Page_235">[p. 235]</span>tes, de los plebeyos y caballeros,
-finalmente, de todo género de personas de cualquier estado y
-condición que sean, ¿habían de ser mentira, y más llevando tanta
-apariencia de verdad, pues nos cuentan el padre, la madre, la
-patria, los parientes, la edad, el lugar y las hazañas, punto por
-punto y día por día, que el tal caballero hizo o caballeros<a
-id="FNanchor_478" href="#Footnote_478" class="fnanchor">[478]</a>
-hicieron? Calle vuestra merced, no diga tal blasfemia—y créame,
-que le aconsejo en esto lo que debe de hacer como discreto—, si no
-léalos y verá el gusto que recibe de su leyenda<a id="FNanchor_479"
-href="#Footnote_479" class="fnanchor">[479]</a>. Si no, dígame: ¿hay
-mayor contento que ver, como si dijésemos, aquí<a id="FNanchor_480"
-href="#Footnote_480" class="fnanchor">[480]</a> ahora se muestra
-delante de nosotros un gran lago de pez hirviendo a borbollones, y
-que andan nadando y cruzando por él muchas serpientes, culebras y
-lagartos, y otros muchos géneros de animales feroces y espantables,
-y que del medio del lago sale una voz tristísima, que dice:<span
-class="pagenum" id="Page_236">[p. 236]</span> <i>Tú, caballero,
-quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando, si quieres
-alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se encubre, muestra
-el valor de tu fuerte pecho, y arrójate en mitad de su negro y
-encendido licor; porque si así no lo haces, no serás digno de ver
-las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete
-castillos de las siete fadas<a id="FNanchor_481" href="#Footnote_481"
-class="fnanchor">[481]</a>, que debajo desta negregura<a
-id="FNanchor_482" href="#Footnote_482" class="fnanchor">[482]</a>
-yacen?</i> ¿Y que apenas el caballero no ha acabado<a id="FNanchor_483"
-href="#Footnote_483" class="fnanchor">[483]</a> de oir la voz
-temerosa, cuando, sin entrar más en cuentas consigo, sin ponerse
-a considerar el peligro a que se pone, y aun sin despojarse de
-la pesadumbre de sus fuertes armas, encomendándose a Dios y a
-su señora, se arroja en mitad del bullente lago, y cuando no se
-cata ni sabe dónde ha de parar, se halla entre unos floridos
-campos, con quien los Elíseos no tienen que ver en ninguna
-cosa? Allí le parece que el cielo es más transparente, y que
-el<span class="pagenum" id="Page_237">[p. 237]</span> sol luce
-con claridad más nueva<a id="FNanchor_484" href="#Footnote_484"
-class="fnanchor">[484]</a>; ofrécesele a los ojos una apacible
-floresta de tan verdes y frondosos árboles compuesta<a
-id="FNanchor_485" href="#Footnote_485" class="fnanchor">[485]</a>,
-que alegra a la vista su verdura, y entretiene los oídos el dulce
-y no aprendido canto<a id="FNanchor_486" href="#Footnote_486"
-class="fnanchor">[486]</a> de los pequeños, infinitos y
-pintados pajarillos, que por los intricados<a id="FNanchor_487"
-href="#Footnote_487" class="fnanchor">[487]</a> ramos van
-cruzando. Aquí descubre un arroyuelo, cuyas frescas aguas, que
-líquidos cristales parecen, corren sobre menudas arenas y blancas
-pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan. Acullá vee
-una artificiosa fuente, de jaspe variado<a id="FNanchor_488"
-href="#Footnote_488" class="fnanchor">[488]</a> y de liso már<span
-class="pagenum" id="Page_238">[p. 238]</span>mol compuesta; acá
-vee otra a lo brutesco<a id="FNanchor_489" href="#Footnote_489"
-class="fnanchor">[489]</a> ordenada, adonde las menudas conchas de
-las almejas con las torcidas casas blancas y amarillas del caracol,
-puestas con orden desordenada, mezclados entre ellas pedazos de
-cristal luciente y de contrahechas esmeraldas, hacen una variada
-labor, de manera que el arte imitando a la naturaleza, parece que
-allí la vence. Acullá, de improviso, se le descubre un fuerte
-castillo o vistoso alcázar, cuyas murallas son de macizo oro; las
-almenas, de diamantes; las puertas, de jacintos; finalmente, él es
-de tan admirable compostura, que con ser la materia de que está
-formado no menos que de diamantes, de carbuncos, de rubíes, de
-perlas, de oro y de esmeraldas, es de más estimación su hechura; y
-¿hay más que ver después de haber visto esto, que ver salir por la
-puerta del castillo un buen número de doncellas, cuyos galanos y
-vistosos trajes, si yo me pusiese ahora a decirlos como las historias
-nos los cuentan, sería nunca acabar, y tomar luego la que parecía
-principal de todas por la mano al atrevido caballero, que se arrojó
-en el ferviente lago<a id="FNanchor_490" href="#Footnote_490"
-class="fnanchor">[490]</a>,<span class="pagenum" id="Page_239">[p.
-239]</span> y llevarle sin hablarle palabra dentro del rico alcázar
-o castillo... y bañarle con templadas aguas, y luego untarle todo
-con olorosos ungüentos, y vestirle una camisa de cendal delgadísimo,
-toda olorosa y perfumada, y acudir otra doncella y echarle un mantón
-sobre los hombros, que, por lo menos menos<a id="FNanchor_491"
-href="#Footnote_491" class="fnanchor">[491]</a>, dicen que
-suele valer una ciudad<a id="FNanchor_492" href="#Footnote_492"
-class="fnanchor">[492]</a>, y aun más? ¿Qué es ver, pues, cuando nos
-cuentan que tras todo esto le llevan a otra sala, donde halla puestas
-las mesas con tanto concierto, que queda suspenso y admirado? ¿Qué
-el verle echar agua a manos<a id="FNanchor_493" href="#Footnote_493"
-class="fnanchor">[493]</a>, toda de ámbar y de olorosas flores
-distilada? ¿Qué el hacerle sentar sobre una silla de marfil?
-¿Qué verle servir todas<a id="FNanchor_494" href="#Footnote_494"
-class="fnanchor">[494]</a> las doncellas,<span class="pagenum"
-id="Page_240">[p. 240]</span> guardando un maravilloso silencio?
-¿Qué el traerle tanta diferencia de manjares, tan sabrosamente
-guisados, que no sabe el apetito a cuál deba de alargar la
-mano? ¿Cuál será oír<a id="FNanchor_495" href="#Footnote_495"
-class="fnanchor">[495]</a> la música, que en tanto que come suena,
-sin saberse quién la canta ni adónde suena? ¿Y después de la comida
-acabada y las mesas alzadas, quedarse el caballero recostado sobre
-la silla, y quizá mondándose los dientes, como es costumbre, entrar
-a deshora por la puerta de la sala otra mucho más hermosa doncella
-que ninguna de las primeras, y sentarse al lado del caballero, y
-comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél, y de cómo ella
-está encantada en él, con otras cosas que suspenden al caballero,
-y admiran a los leyentes que van leyendo su historia? No quiero
-alargarme más en esto, pues dello se puede colegir que cualquiera
-parte que se lea de cualquiera historia de caballero andante, ha de
-causar gusto y maravilla a cualquiera que la leyere; y vuestra merced
-créame y, como otra vez le he dicho, lea estos libros, y verá cómo le
-destierran la melancolía que tuviere, y le mejoran la condición, si
-acaso la tiene mala.»</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_12_3">
- <h3 title="El Caballero del Verde Gabán"><span class="pagenum"
- id="Page_241">[p. 241]</span><small>PARTE II, CAPÍTULO XVI</small></h3>
- <p class="hang mt1">Don Quijote en su camino se halla con un discreto
- caballero de la Mancha, en el cual Cervantes cifra su propio ideal de
- la vida santa y sencilla.</p>
-</div>
-
-<p>En estas razones estaban cuando los alcanzó un hombre, que
-detrás dellos por el mismo camino venía sobre una muy hermosa yegua
-tordilla, vestido un gabán<a id="FNanchor_496" href="#Footnote_496"
-class="fnanchor">[496]</a> de paño fino verde, jironado<a
-id="FNanchor_497" href="#Footnote_497" class="fnanchor">[497]</a> de
-terciopelo leonado, con una montera del mismo terciopelo; el aderezo
-de la yegua era de campo y de la jineta, asimismo<a id="FNanchor_498"
-href="#Footnote_498" class="fnanchor">[498]</a> de morado y verde;
-traía un alfanje morisco pendiente de un ancho tahalí de verde y oro,
-y los borceguíes eran de la labor del tahalí; las espuelas no eran
-doradas, sino dadas con un barniz verde, tan tersas y bruñidas, que
-por hacer labor con todo el vestido, parecían mejor que si fueran de
-oro puro.</p>
-
-<p>Cuando llegó a ellos el caminante los saludó cortésmente,
-y picando a la yegua se pasaba de<span class="pagenum"
-id="Page_242">[p. 242]</span> largo; pero Don Quijote le dijo:
-«Señor galán, si es que vuesa merced lleva el camino que nosotros,
-y no importa el darse priesa, merced recibiría en que nos fuésemos
-juntos.»... Detuvo la rienda el caminante, admirándose de la
-apostura y rostro de Don Quijote, el cual iba sin celada, que la
-llevaba Sancho como maleta en el arzón delantero de la albarda del
-rucio; y si mucho miraba el de lo Verde a Don Quijote, mucho más
-miraba Don Quijote al de lo Verde, pareciéndole hombre de chapa<a
-id="FNanchor_499" href="#Footnote_499" class="fnanchor">[499]</a>:
-la edad mostraba ser de cincuenta años; las canas, pocas, y el
-rostro, aguileño, la vista entre alegre y grave; finalmente, en el
-traje y apostura daba a entender ser hombre de buenas prendas<a
-id="FNanchor_500" href="#Footnote_500" class="fnanchor">[500]</a>.
-Lo que juzgó de Don Quijote de la Mancha el de lo Verde fué,
-que semejante manera ni parecer de hombre no le había visto
-jamás: admiróle la longura de su caballo<a id="FNanchor_501"
-href="#Footnote_501" class="fnanchor">[501]</a>, la grandeza de su
-cuerpo, la flaqueza y amarillez de su rostro, sus armas, su ademán y
-compostura, figura y retrato no visto por luengos tiempos atrás en
-aquella tierra.</p>
-
-<p>Notó bien Don Quijote la atención con que el caminante le miraba,
-y leyóle en la suspensión su<span class="pagenum" id="Page_243">[p.
-243]</span> deseo; y como era tan cortés y tan amigo de dar gusto a
-todos, antes que le preguntase nada, le salió al camino, diciéndole:
-«esta figura que vuesa merced en mí ha visto, por ser tan nueva y tan
-fuera de las que comúnmente se usan, no me maravillaría yo de que le
-hubiese maravillado; pero dejará vuesa merced de estarlo cuando le
-diga, como le digo, que soy caballero</p>
-
-<div class="poema mt1"><div class="stanza">
-<p class="i0">destos que dicen las gentes</p>
-<p class="i0">que a sus aventuras van.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt1">Salí de mi patria, empeñé mi hacienda, dejé mi
-regalo, y entreguéme en los brazos de la fortuna, que me llevasen
-donde más fuese servida. Quise resucitar la ya muerta andante
-caballería, y ha muchos días que tropezando aquí, cayendo allí,
-despeñándome acá, y levantándome acullá, he cumplido gran parte de
-mi deseo, socorriendo viudas, amparando doncellas, y favoreciendo
-casadas, huérfanos y pupilos, propio y natural oficio de caballeros
-andantes; y así por mis valerosas, muchas y cristianas hazañas he
-merecido andar ya en estampa<a id="FNanchor_502" href="#Footnote_502"
-class="fnanchor">[502]</a> en casi todas o las más naciones del
-mundo. Treinta mil volúmenes se han impreso de mi historia, y
-lleva camino de imprimirse treinta mil veces de millares, si el
-cielo no lo remedia. Final<span class="pagenum" id="Page_244">[p.
-244]</span>mente, por encerrarlo todo en breves palabras o en
-una sola, digo que yo soy Don Quijote de la Mancha, por otro
-nombre llamado el <i>Caballero de la Triste Figura</i>; y puesto que<a
-id="FNanchor_503" href="#Footnote_503" class="fnanchor">[503]</a>
-las propias alabanzas envilecen, esme forzoso decir yo tal
-vez las mías, y esto se entiende, cuando no se halla presente
-quien las diga: así que, señor gentil-hombre, ni este caballo,
-esta lanza, ni este escudo, ni escudero, ni todas juntas estas
-armas, ni la amarillez de mi rostro, ni mi atenuada flaqueza os
-podrá admirar de aquí adelante, habiendo ya sabido quién soy y
-la profesión que hago<a id="FNanchor_504" href="#Footnote_504"
-class="fnanchor">[504]</a>.»</p>
-
-<p>Calló en diciendo esto Don Quijote, y el de lo Verde, según se
-tardaba en responderle, parecía que no acertaba a hacerlo; pero de
-allí a buen espacio le dijo: «acertastes, señor caballero, a conocer
-por mi suspensión mi deseo; pero no habéis acertado a quitarme la
-maravilla que en mí causa<a id="FNanchor_505" href="#Footnote_505"
-class="fnanchor">[505]</a> el haberos visto, que puesto que como
-vos, señor, decís que el saber ya quién sois me lo po<span
-class="pagenum" id="Page_245">[p. 245]</span>dría quitar, no ha
-sido así, antes ahora que lo sé, quedo más suspenso y maravillado.
-Cómo, ¿y es posible que hay<a id="FNanchor_506" href="#Footnote_506"
-class="fnanchor">[506]</a> hoy caballeros andantes en el mundo, y
-que hay historias impresas de verdaderas caballería? No me puedo
-persuadir que haya hoy en la tierra quien favorezca viudas, ampare
-doncellas, ni honre casadas, ni socorra huérfanos, y no lo creyera,
-si en vuesa merced no lo hubiera visto con mis ojos. Bendito sea el
-cielo, que con esa historia que vuesa merced dice que está impresa de
-sus altas y verdaderas caballerías, se habrán puesto en olvido las
-innumerables de los fingidos caballeros andantes de que estaba lleno
-el mundo, tan en daño de las buenas costumbres, y tan en perjuicio y
-descrédito de las buenas historias.»—«Hay mucho que decir, respondió
-Don Quijote, en razón de si son fingidas o no las historias de los
-andantes caballeros.»—«¿Pues hay quién dude, respondió el Verde,
-que no son falsas las tales historias?»—«Yo lo dudo, respondió Don
-Quijote, y quédese esto aquí, que si nuestra jornada dura, espero en
-Dios de dar a entender a vuesa merced que ha hecho mal en irse con la
-corriente de los que tienen por cierto que no son verdaderas.»</p>
-
-<p>Desta última razón de Don Quijote tomó barruntos el caminante
-de que Don Quijote debía de ser algún mentecato, y aguardaba que
-con otras lo confirmase; pero antes que se divirtiesen<span
-class="pagenum" id="Page_246">[p. 246]</span> en otros razonamientos,
-Don Quijote le rogó le dijese quién era, pues le había dado parte de
-su condición y de su vida. A lo que respondió el del Verde Gabán:
-«yo, señor caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de
-un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido: soy más
-que medianamente rico, y es mi nombre Don Diego de Miranda; paso la
-vida con mi mujer y con mis hijos y con mis amigos: mis ejercicios
-son el de la caza y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos,
-sino algún perdigón manso<a id="FNanchor_507" href="#Footnote_507"
-class="fnanchor">[507]</a> o algún hurón atrevido; tengo hasta seis
-docenas de libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia
-algunos, y de devoción otros: los de caballerías aun no han entrado
-por los umbrales de mis puertas; hojeo más los que son profanos que
-los devotos, como sean de honesto entretenimiento, que deleiten con
-el lenguaje, y admiren y suspendan con la invención, puesto que<a
-id="FNanchor_508" href="#Footnote_508" class="fnanchor">[508]</a>
-destos hay muy pocos en España; alguna vez como con mis vecinos
-y amigos, y muchas veces los convido: son mis convites limpios y
-aseados, y no nada escasos: ni gusto de murmurar, ni consiento que
-delante de mí se murmure: no escudriño las vidas ajenas, ni soy
-lince de los hechos de los otros; oigo misa cada día; reparto de mis
-bienes con los<span class="pagenum" id="Page_247">[p. 247]</span>
-pobres, sin hacer alarde de las buenas obras, por no dar entrada en
-mi corazón a la hipocresía y vanagloria, enemigos que blandamente se
-apoderan del corazón más recatado; procuro poner en paz los que sé
-que están desavenidos; soy devoto de nuestra Señora, y confío siempre
-en la misericordia infinita de Dios nuestro Señor.»</p>
-
-<p>Atentísimo estuvo Sancho a la relación de la vida y
-entretenimientos del hidalgo; y pareciéndola buena y santa, y que
-quien la hacía debía de hacer milagros, se arrojó del rucio, y con
-gran priesa le fué a asir del estribo derecho, y con devoto corazón
-y casi lágrimas le besó los pies una y muchas veces. Visto lo cual
-por el hidalgo le preguntó: «¿qué hacéis, hermano? ¿Qué besos son
-estos?»—«Déjenme besar, respondió Sancho, porque me parece vuesa
-merced el primer santo a la jineta que he visto en todos los días de
-mi vida.»—«No soy santo, respondió el hidalgo, sino gran pecador;
-vos sí, hermano, que debéis de ser bueno, como vuestra simplicidad
-lo muestra.» Volvió Sancho a cobrar la albarda, habiendo sacado
-a plaza la risa de la profunda malencolía<a id="FNanchor_509"
-href="#Footnote_509" class="fnanchor">[509]</a> de su amo, y causado
-nueva admiración a Don Diego.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_12_4">
- <h3 title="La Cueva de Montesinos"><span class="pagenum"
- id="Page_248">[p. 248]</span><small>PARTE II, CAPÍTULO XXIII</small></h3>
- <p class="hang mt1">Terminado el relato episódico de las bodas de Camacho,
- o mejor dicho, de Basilio, quiere visitar Don Quijote la
- Cueva de Montesinos<a id="FNanchor_510" href="#Footnote_510"
- class="fnanchor">[510]</a>; en esta visita le acompaña un primo
- de cierto Licenciado, que había hallado Don Quijote en su camino.
- Después de haber descendido a la sima Don Quijote atado con cuerdas,
- cuenta al Primo y a Sancho lo que vió en la cueva. Cervantes llena de
- finísima poesía toda esta concepción fantástico-burlesca.</p>
-</div>
-
-<p>«A obra de doce o catorce estados<a id="FNanchor_511"
-href="#Footnote_511" class="fnanchor">[511]</a> de la profundidad
-desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio
-capaz de poder caber en ella<a id="FNanchor_512" href="#Footnote_512"
-class="fnanchor">[512]</a> un gran carro con sus mulas. Éntrale una
-pequeña luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden,
-abiertos en la superficie de la tierra. Esta concavidad y espacio
-vi yo a tiempo cuando ya iba cansado y mohino de verme, pendiente
-y colgado de la soga, caminar por aquella<span class="pagenum"
-id="Page_249">[p. 249]</span> escura región abajo, sin llevar cierto
-ni determinado camino, y así determiné entrarme en ella y descansar
-un poco. Di voces pidiéndoos que no descolgásedes más soga, hasta
-que yo os lo dijese; pero no debistes de oírme. Fui recogiendo la
-soga que enviábades, y haciendo della una rosca o rimero, me senté
-sobre él, pensativo además<a id="FNanchor_513" href="#Footnote_513"
-class="fnanchor">[513]</a>, considerando lo que hacer debía para
-calar al fondo, no teniendo quien me sustentase; y estando en este
-pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo, me salteó un
-sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni
-cómo no, desperté dél, y me hallé en la mitad del más bello, ameno
-y deleitoso prado que puede criar la naturaleza, ni imaginar la
-más discreta imaginación humana. Despabilé los ojos, limpiémelos,
-y vi que no dormía, sino que realmente estaba despierto. Con todo
-esto, me tenté la cabeza y los pechos, por certificarme si era yo
-mismo el que allí estaba, o alguna fantasma vana y contrahecha;
-pero el tacto, el sentimiento, los discursos concertados que entre
-mí hacía, me certificaron que yo era allí entonces el que soy aquí
-ahora. Ofrecióseme luego a la vista un real y suntuoso palacio o
-alcázar, cuyos muros y paredes parecían de tras<span class="pagenum"
-id="Page_250">[p. 250]</span>parente y claro cristal fabricados,
-del cual abriéndose dos grandes puertas, vi que por ellas salía
-y hacia mí se venía un venerable anciano vestido con un capuz<a
-id="FNanchor_514" href="#Footnote_514" class="fnanchor">[514]</a> de
-bayeta morada, que por el suelo le arrastraba; ceñíale los hombros y
-los pechos una beca de colegial, de raso verde: cubríale la cabeza
-una gorra milanesa negra<a id="FNanchor_515" href="#Footnote_515"
-class="fnanchor">[515]</a>, y la barba canísima le pasaba de la
-cintura; no traía arma ninguna, sino un rosario de cuentas en la
-mano, mayores que medianas nueces, y los dieces asimismo como
-huevos medianos de avestruz: el continente, el paso, la gravedad
-y la anchísima presencia<a id="FNanchor_516" href="#Footnote_516"
-class="fnanchor">[516]</a>, cada cosa de por sí y todas juntas
-me suspendieron y admiraron. Llegóse a mí, y lo primero que hizo
-fué abrazarme estrechamente, y luego decirme: «Luengos tiempos
-ha, valeroso caballero Don Quijote de la Mancha, que los que
-estamos en estas soledades encantados, esperamos verte, para que
-des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva
-por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos: hazaña
-sólo guardada para ser acometida de tu invencible corazón<span
-class="pagenum" id="Page_251">[p. 251]</span> y de tu ánimo
-stupendo: Ven conmigo, señor clarísimo, que te quiero mostrar
-las maravillas que este trasparente alcázar solapa, de quien<a
-id="FNanchor_517" href="#Footnote_517" class="fnanchor">[517]</a>
-yo soy alcaide y guarda mayor perpetua<a id="FNanchor_518"
-href="#Footnote_518" class="fnanchor">[518]</a>, porque soy el
-mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre.» Apenas me dijo
-que era Montesinos<a id="FNanchor_519" href="#Footnote_519"
-class="fnanchor">[519]</a>, cuando le pregunté si fué verdad lo
-que en el mundo de acá arriba se contaba, que él había sacado de
-la<span class="pagenum" id="Page_252">[p. 252]</span> mitad del
-pecho con una pequeña daga<a id="FNanchor_520" href="#Footnote_520"
-class="fnanchor">[520]</a> el corazón de su grande amigo Durandarte,
-y llevádole a la señora Belerma, como él se lo mandó al punto de su
-muerte. Respondióme que en todo decían verdad sino en la daga, porque
-no fué daga, ni pequeña<a id="FNanchor_521" href="#Footnote_521"
-class="fnanchor">[521]</a>, sino un puñal buído<a id="FNanchor_522"
-href="#Footnote_522" class="fnanchor">[522]</a>, más agudo que una
-lezna.»</p>
-
-<p>—«Debía de ser, dijo a este punto Sancho, el tal puñal de Ramón
-de Hoces el Sevillano.»—«No sé, prosiguió Don Quijote, pero no
-sería dese puñalero, porque Ramón de Hoces fué ayer, y lo de<span
-class="pagenum" id="Page_253">[p. 253]</span> Roncesvalles, donde
-aconteció esta desgracia, ha muchos años; y esta averiguación no
-es de importancia, ni turba ni altera la verdad y contesto de la
-historia.»—«Así es, respondió el Primo; prosiga vuesa merced, señor
-Don Quijote, que le escucho con el mayor gusto del mundo.»</p>
-
-<p>«No con menor lo cuento yo, respondió Don Quijote, y así digo
-que el venerable Montesinos me metió en el cristalino palacio,
-donde en una sala baja, fresquísima sobremodo<a id="FNanchor_523"
-href="#Footnote_523" class="fnanchor">[523]</a>, y toda de alabastro,
-estaba un sepulcro de mármol con gran maestría fabricado, sobre
-el cual vi a un caballero tendido de largo a largo, no de bronce
-ni de mármol, ni de jaspe hecho, como los suele haber en otros
-sepulcros, sino de pura carne y de puros huesos. Tenía la mano
-derecha (que a mi parecer es algo peluda y nervosa, señal de tener
-muchas fuerzas su dueño)<a id="FNanchor_524" href="#Footnote_524"
-class="fnanchor">[524]</a> puesta sobre el lado del corazón, y
-antes que preguntase nada a Montesinos, viéndome suspenso, mirando
-al del sepulcro, me dijo<a id="FNanchor_525" href="#Footnote_525"
-class="fnanchor">[525]</a>: Este es mi amigo Durandarte, flor
-y espejo de los caballeros enamorados y valientes de su<span
-class="pagenum" id="Page_254">[p. 254]</span> tiempo; tiénele aquí
-encantado, como me tiene a mí y a otros muchos y muchas, Merlín<a
-id="FNanchor_526" href="#Footnote_526" class="fnanchor">[526]</a>,
-aquel francés encantador, que dicen que fué hijo del diablo; y lo que
-yo creo es que no fué hijo del diablo, sino que supo, como dicen, un
-punto más que el diablo. El cómo o para qué nos encantó, nadie lo
-sabe, y ello dirá andando los tiempos, que no están muy lejos, según
-imagino. Lo que a mí me admira es que sé tan cierto como ahora es de
-día, que Durandarte acabó los de su vida en mis brazos, y que después
-de muerto le saqué el corazón con mis propias manos (y en verdad que
-debía de pesar dos libras, porque según los naturales, el que tiene
-mayor corazón es dotado de mayor valentía del<a id="FNanchor_527"
-href="#Footnote_527" class="fnanchor">[527]</a> que le tiene
-pequeño); pues siendo esto así, y que realmente murió este caballero
-¿cómo ahora se queja<a id="FNanchor_528" href="#Footnote_528"
-class="fnanchor">[528]</a> y sospira de cuando en cuando como si
-estuviese vivo? Esto dicho, el mísero Durandarte, dando una gran voz,
-dijo:</p>
-
-<div class="poema mt1"><div class="stanza">
-<p class="i2"><span class="pagenum" id="Page_255">[p. 255]</span>¡Oh mi primo Montesinos!</p>
-<p class="i0">Lo postrero que os rogaba,</p>
-<p class="i0">Que cuando yo fuere muerto,</p>
-<p class="i0">Y mi ánima arrancada,</p>
-<p class="i0">Que llevéis mi corazón</p>
-<p class="i0">Adonde Belerma estaba,</p>
-<p class="i0">Sacándomele del pecho,</p>
-<p class="i0">Ya con puñal, ya con daga<a id="FNanchor_529" href="#Footnote_529" class="fnanchor">[529]</a>.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt1">Oyendo lo cual el venerable Montesinos se puso de
-rodillas ante el lastimado caballero, y con lágrimas en los ojos
-le dijo: Ya, señor Durandarte, carísimo primo mío, ya hice lo que
-me mandastes en el aciago día de nuestra pérdida; ya os saqué el
-corazón lo mejor que pude, sin que os dejase una mínima parte en el
-pecho; yo le limpié con un pañizuelo de puntas<a id="FNanchor_530"
-href="#Footnote_530" class="fnanchor">[530]</a>, yo partí con él
-de carrera para Francia, habiéndoos primero puesto en el seno de
-la tierra con tantas lágrimas, que fueron bastantes a lavarme
-las manos, y limpiarme con ellas la sangre que tenían de haberos
-an<span class="pagenum" id="Page_256">[p. 256]</span>dado en las
-entrañas; y por más señas, primo de mi alma, en el primero lugar
-que topé saliendo de Roncesvalles, eché un poco de sal en vuestro
-corazón, porque no oliese mal y fuese, si no fresco, a lo menos
-amojamado a la presencia de la señora Belerma<a id="FNanchor_531"
-href="#Footnote_531" class="fnanchor">[531]</a>, la cual, con vos y
-conmigo y con Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera<a
-id="FNanchor_532" href="#Footnote_532" class="fnanchor">[532]</a>
-y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros
-conocidos y amigos nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha
-muchos años; y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno
-de nosotros, solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las
-cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las
-convirtió en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de los
-vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman <i>las Lagunas de
-Ruidera</i>: las siete son de los Reyes de España<a id="FNanchor_533"
-href="#Footnote_533" class="fnanchor">[533]</a>, y las dos sobrinas,
-de los caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan.
-Guadiana, vuestro escudero,<span class="pagenum" id="Page_257">[p.
-257]</span> plañendo asimesmo vuestra desgracia, fué convertido
-en un río llamado de su mesmo nombre, el cual, cuando llegó a la
-superficie de la tierra y vió el sol del otro cielo, fué tanto
-el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las
-entrañas de la tierra; pero como no es posible dejar de acudir a
-su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde
-el sol y las gentes le vean. Vanle administrando de sus aguas
-las referidas lagunas, con las cuales y con otros muchas que se
-llegan, entra pomposo y grande en Portugal; pero con todo esto,
-por dondequiera que va muestra su tristeza y melancolía, y no se
-precia de criar en sus aguas peces regalados y de estima, sino
-burdos y desabridos, bien diferentes de los del Tajo dorado<a
-id="FNanchor_534" href="#Footnote_534" class="fnanchor">[534]</a>;
-y esto que agora os digo, ¡oh primo mío!, os lo he dicho muchas
-veces, y como no me respondéis, imagino que no me dais crédito o
-no me oís, de lo que yo recibo tanta pena cual Dios lo sabe. Unas
-nuevas os quiero dar ahora, las cuales, ya que no sirvan de alivio
-a vuestro dolor, no os le aumentarán en ninguna manera; sabed que
-tenéis aquí en vuestra presencia (y abrid los ojos y veréislo) aquel
-gran caballero de quien tantas cosas tiene profetizadas el sabio
-Merlín, aquel Don Quijote de la Mancha, digo, que de nuevo y con
-mayores ventajas que en los pasados siglos, ha resucitado en los
-presentes la ya<span class="pagenum" id="Page_258">[p. 258]</span>
-olvidada andante caballería, por cuyo medio y favor podría ser que
-nosotros fuésemos desencantados, que las grandes hazañas para los
-grandes hombres están guardadas.—Y cuando así no sea, respondió
-el lastimado Durandarte con voz desmayada y baja, cuando así no
-sea, ¡oh primo!, digo, paciencia y barajar<a id="FNanchor_535"
-href="#Footnote_535" class="fnanchor">[535]</a>; y volviéndose
-de lado tornó a su acostumbrado silencio sin hablar más palabra.
-Oyéronse en esto grandes alaridos y llantos acompañados de profundos
-gemidos y angustiados sollozos. Volví la cabeza, y vi por las paredes
-de cristal, que por otra sala pasaba una procesión de dos hileras
-de hermosísimas doncellas, todas vestidas de luto, con turbantes
-blancos sobre las cabezas al modo turquesco. Al cabo y fin de las
-hileras venía una señora, que en la gravedad lo parecía, asimismo
-vestida de negro, con tocas blancas tan tendidas y largas que besaban
-la tierra. Su turbante era mayor dos veces que el mayor de alguna<a
-id="FNanchor_536" href="#Footnote_536" class="fnanchor">[536]</a>
-de las otras: era cejijunta, y la nariz algo chata, la boca grande,
-pero colorados los labios, los dientes, que tal vez los descubría,
-mos<span class="pagenum" id="Page_259">[p. 259]</span>traban ser
-ralos y no bien puestos, aunque eran blancos como unas peladas
-almendras: traía en las manos un lienzo delgado, y entre él, a
-lo que pude divisar, un corazón de carne momia, según venía seco
-y amojamado. Díjome Montesinos, cómo toda aquella gente de la
-procesión eran sirvientes de Durandarte y de Belerma, que allí con
-sus dos señores estaban encantados, y que la última, que traía el
-corazón entre el lienzo y en las manos, era la señora Belerma, la
-cual con sus doncellas cuatro días en la semana<a id="FNanchor_537"
-href="#Footnote_537" class="fnanchor">[537]</a> hacían aquella
-procesión y cantaban, o por mejor decir, lloraban endechas<a
-id="FNanchor_538" href="#Footnote_538" class="fnanchor">[538]</a>
-sobre el cuerpo y sobre el lastimado corazón de su primo: y que si
-me había parecido algo fea, o no tan hermosa como tenía la fama<a
-id="FNanchor_539" href="#Footnote_539" class="fnanchor">[539]</a>,
-era la causa las malas noches y peores<span class="pagenum"
-id="Page_260">[p. 260]</span> días que en aquel encantamento pasaba,
-como lo podía ver en sus grandes ojeras y en su color quebradiza;
-y no toma ocasión su amarillez y sus ojeras... sino del dolor que
-siente su corazón por el que de continuo tiene en las manos, que le
-renueva y trae a la memoria la desgracia de su mal logrado amante:
-que si esto no fuera, apenas la igualara en hermosura, donaire y
-brío la gran Dulcinea del Toboso, tan celebrada en todos estos
-contornos y aun en todo el mundo.—Cepos quedos<a id="FNanchor_540"
-href="#Footnote_540" class="fnanchor">[540]</a>, dije yo entonces,
-Señor Don Montesinos; cuente vuesa merced su historia como debe,
-que ya sabe que toda comparación es odiosa, y así no hay para qué
-comparar a nadie con nadie; la sin par Dulcinea del Toboso es quien
-es, y la señora doña Belerma es quien es y quien ha sido, y quédese
-aquí. A lo que él me respondió: Señor Don Quijote, perdóneme vuesa
-merced, que yo confieso que anduve mal, y no dije bien en decir,
-que apenas igualara la señora Dulcinea a la señora Belerma, pues me
-bastaba a mí haber entendido, por no sé qué barruntos, que vuesa
-merced es su caballero, para que me mordiera la lengua antes de
-compararla sino con el mismo cielo. Con esta satisfacción que me dió
-el gran Montesinos, se quietó mi corazón del sobresalto que recibí en
-oír que a mi señora la comparaban con Belerma.»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_261">[p. 261]</span></p>
-
-<p>—«Y aun me maravillo yo, dijo Sancho, de cómo vuesa merced no se
-subió sobre el vejote, y le molió a coces todos los huesos, y le peló
-las barbas sin dejarle pelo en ellas.»—«No, Sancho amigo, respondió
-Don Quijote, no me estaba a mí bien hacer eso, porque estamos todos
-obligados a tener respeto a los ancianos, aunque no sean caballeros,
-y principalmente a los que lo son y están encantados; yo sé bien que
-no nos quedamos a deber nada en otras muchas demandas y respuestas
-que entre los dos pasamos»<a id="FNanchor_541" href="#Footnote_541"
-class="fnanchor">[541]</a>. A esta sazón dijo el Primo: «yo no sé,
-Señor Don Quijote, cómo vuesa merced en tan poco espacio de tiempo
-como ha que está allá abajo<a id="FNanchor_542" href="#Footnote_542"
-class="fnanchor">[542]</a>, haya visto tantas cosas y hablado y
-respondido tanto.»—«¿Cuánto ha que bajé?» preguntó Don Quijote.—«Poco
-más de una hora», respondió Sancho.—«Eso no puede ser, replicó Don
-Quijote, porque allá me anocheció y amaneció, y tornó a anochecer y
-amanecer tres veces, de modo que a mi cuenta tres días he estado en
-aquellas partes remotas y escondidas a la vista nuestra.»—«Verdad
-debe de decir mi señor, dijo Sancho, que como todas las cosas que le
-han sucedido son por encantamento, quizá lo que a nosotros nos parece
-un hora debe de parecer allá tres días con sus noches.»</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_12_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_262">[p. 262]</span></p>
- <h3 title="Coloquio de los perros">COLOQUIO QUE PASÓ ENTRE CIPIÓN Y BERGANZA,</h3>
- <p class="centra mt1">PERROS DEL HOSPITAL DE LA RESURRECCIÓN<a id="FNanchor_543" href="#Footnote_543" class="fnanchor">[543]</a></p>
- <p class="hang mt2">Con gran asombro suyo se sienten estos perros una noche
- dotados de habla y aprovechan tal beneficio para contarse sus vidas;
- es esta narración una sátira de la sociedad de entonces y de diversos
- tipos de la misma. Ya cerca del amanecer, se le ocurre al hablador
- Berganza contar un incidente más para reírse de las locuras en que
- abundaban los poetas y hombres de ciencia.</p>
-</div>
-
-<p><i>Berganza.</i>&emsp;Perdóname, porque el cuento es breve y no sufre
-dilación, y viene aquí de molde.</p>
-
-<p><i>Cipión.</i>&emsp;Sí perdono; concluye presto, que a lo que creo, no
-debe estar muy lejos el día.</p>
-
-<p><i>Berganza.</i>&emsp;Digo que en las cuatro camas que están
-al cabo desta enfermería, en la una<a id="FNanchor_544"
-href="#Footnote_544" class="fnanchor">[544]</a> estaba<span
-class="pagenum" id="Page_263">[p. 263]</span> un alquimista<a
-id="FNanchor_545" href="#Footnote_545" class="fnanchor">[545]</a>,
-en la otra un poeta, en la otra un matemático, y en la otra uno de
-los que llaman arbitristas<a id="FNanchor_546" href="#Footnote_546"
-class="fnanchor">[546]</a>.</p>
-
-<p><i>Cipión.</i>&emsp;Ya me acuerdo haber visto a esa buena gente.</p>
-
-<p><i>Berganza.</i>&emsp;Digo, pues, que una siesta de las del verano
-pasado, estando cerradas las ventanas, y yo cogiendo el aire debajo
-de la cama del uno dellos<a id="FNanchor_547" href="#Footnote_547"
-class="fnanchor">[547]</a>, el poeta se comenzó a quejar
-lastimosamente de su fortuna, y preguntándole el matemático de qué se
-quejaba, respondió que de su corta suerte. «¿Cómo, y no será razón
-que me queje, prosiguió, que habiendo yo guardado lo que Horacio
-manda en su <i>Poética</i>, que no salga a luz la obra que después de
-compuesta no hayan pasado diez años por ella<a id="FNanchor_548"
-href="#Footnote_548" class="fnanchor">[548]</a>, y que tenga yo una
-de veinte años de ocupación y doce de pasante<a id="FNanchor_549"
-href="#Footnote_549" class="fnanchor">[549]</a>, grande en<span
-class="pagenum" id="Page_264">[p. 264]</span> el sujeto<a
-id="FNanchor_550" href="#Footnote_550" class="fnanchor">[550]</a>,
-admirable y nueva en la invención, grave en el verso, entretenida
-en los episodios, maravillosa en la división, porque el principio
-responde al medio y al fin, de manera que constituyen el poema alto,
-sonoro, heroico, deleitable y sustancioso, y que con todo esto
-no hallo un príncipe a quien dirigille? Príncipe, digo, que sea
-inteligente, liberal y magnánimo. ¡Mísera edad y depravado siglo
-nuestro!»—«¿De qué trata el libro?» preguntó el alquimista. Respondió
-el poeta: «Trata de lo que dejó de escribir el arzobispo Turpín del
-rey Artús de Inglaterra, con otro suplemento de la <i>Historia de la
-demanda del Santo Brial</i><a id="FNanchor_551" href="#Footnote_551"
-class="fnanchor">[551]</a>, y todo en verso heroico, parte en
-octava y parte en verso suelto; pero todo esdrújulamente, digo,
-en esdrújulos de nombres sustantivos, sin admitir verbo alguno<a
-id="FNanchor_552" href="#Footnote_552" class="fnanchor">[552]</a>.—«A
-mí, respondió el alquimista, poco se me entiende<a id="FNanchor_553"
-href="#Footnote_553" class="fnanchor">[553]</a> de poesía; y así no
-sabré poner en su punto la desgracia de que vuesa merced se queja,
-puesto que, aunque fuera<span class="pagenum" id="Page_265">[p.
-265]</span> mayor, no se igualaba a la mía, que es, que por
-faltarme instrumento o un príncipe que me apoye y me dé a la
-mano los requisitos que la ciencia de la alquimia pide, no estoy
-ahora manando en oro<a id="FNanchor_554" href="#Footnote_554"
-class="fnanchor">[554]</a>, y con más riquezas que los Midas, que
-los Crasos y Cresos»—«¿Ha hecho vuesa merced, dijo a esta sazón
-el matemático, señor alquimista, la experiencia de sacar plata de
-otros metales?»—«Yo, respondió el alquimista, no la he sacado hasta
-ahora; pero realmente sé que se saca, y a mí no me faltan dos meses
-para acabar la piedra filosofal, con que se puede hacer plata y oro
-de las mismas piedras.»—«Bien han exagerado vuesas mercedes sus
-desgracias, dijo a esta sazón el matemático; pero al fin, el uno
-tiene libro que dirigir, y el otro está en potencia propincua<a
-id="FNanchor_555" href="#Footnote_555" class="fnanchor">[555]</a> de
-sacar la piedra filosofal; mas, ¿qué diré yo de la mía, que es tan
-sola, que no tiene donde arrimarse? Veinte y dos años ha que ando
-tras hallar el punto fijo<a id="FNanchor_556" href="#Footnote_556"
-class="fnanchor">[556]</a>, y aquí lo dejo, y allí lo tomo, y
-pa<span class="pagenum" id="Page_266">[p. 266]</span>reciéndome
-que ya lo he hallado, y que no se me puede escapar en ninguna
-manera, cuando no me cato<a id="FNanchor_557" href="#Footnote_557"
-class="fnanchor">[557]</a> me hallo tan lejos dél, que me admiro. Lo
-mismo me acaece con la cuadratura del círculo, que he llegado tan al
-remate de hallarla, que no sé ni puedo pensar cómo no la tengo ya en
-la faldriquera; y así es mi pena semejable a las de Tántalo, que está
-cerca del fruto, y muere de hambre; y propincuo al agua, y perece
-de sed; por momentos pienso dar en la coyuntura de la verdad, y por
-minutos me hallo tan lejos della, que vuelvo a subir el monte que
-acabé de bajar, con el canto de mi trabajo a cuestas, como otro nuevo
-Sísifo.» Había hasta este punto guardado silencio el arbitrista, y
-aquí le rompió diciendo: «¡cuatro quejosos, tales que lo pueden ser
-del Gran Turco, ha juntado en este hospital la pobreza, y reniego
-yo de oficios y ejercicios que ni entretienen ni dan de comer a sus
-dueños! Yo, señores, soy arbitrista, y he dado a Su Majestad en
-diferentes tiempos muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho
-suyo y sin daño del reino; y ahora tengo hecho un memorial, donde le
-suplico me señale persona con quien comunique un nuevo arbitrio<span
-class="pagenum" id="Page_267">[p. 267]</span> que tengo, tal, que
-ha de ser la total restauración de sus empeños; pero por lo que me
-ha sucedido, con los otros memoriales, entiendo que éste también
-ha de parar en el carnero<a id="FNanchor_558" href="#Footnote_558"
-class="fnanchor">[558]</a>. Mas, porque vuesas mercedes no me tengan
-por mentecato, aunque mi arbitrio quede desde este punto público,
-le quiero decir, que es éste: hase de pedir en Cortes que todos los
-vasallos de Su Majestad, desde la edad de catorce a sesenta años,
-sean obligados a ayunar una vez en el mes a pan y agua, y esto ha de
-ser el día que se escogiere y señalare, y que todo el gasto que en
-otros condumios de fruta, carne y pescado, vino, huevos y legumbres,
-que han de gastar aquel día, se reduzga<a id="FNanchor_559"
-href="#Footnote_559" class="fnanchor">[559]</a> a dinero y se dé a
-Su Majestad sin defraudalle un ardite, so cargo de juramento; y con
-esto en veinte años queda libre de socaliñas y desempeñado, porque
-si se hace la cuenta, como yo la tengo hecha, bien hay en España más
-de tres millones de personas de la dicha edad<a id="FNanchor_560"
-href="#Footnote_560" class="fnanchor">[560]</a>, fuera de los<span
-class="pagenum" id="Page_268">[p. 268]</span> enfermos, más
-viejos o más muchachos, y ninguno destos dejará de gastar, y esto
-contado al menorete<a id="FNanchor_561" href="#Footnote_561"
-class="fnanchor">[561]</a>, cada día real y medio, y yo quiero
-que sea no más de un real, que no puede ser menos, aunque coma
-alholvas. Pues ¿paréceles a vuesas mercedes que sería barro tener
-cada mes tres millones de reales como ahechados?»<a id="FNanchor_562"
-href="#Footnote_562" class="fnanchor">[562]</a> Y esto antes
-sería provecho que daño a los ayunantes, porque con el ayuno
-agradarían al cielo y servirían a su rey, y tal<a id="FNanchor_563"
-href="#Footnote_563" class="fnanchor">[563]</a> podría ayunar, que le
-fuese conveniente para su salud. Este es el arbitrio limpio de polvo
-y de paja, y podríase coger por parroquias sin costa de comisarios,
-que destruyen la república.» Riyéronse<a id="FNanchor_564"
-href="#Footnote_564" class="fnanchor">[564]</a> todos del arbitrio y
-del arbitrante, y él también se riyó de sus disparates, y yo quedé
-admirado de haberlos oído, y de ver que por la mayor parte los de
-semejantes humores venían a morir en los hospitales.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_428"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_428">[428]</a></span> Según tradición coetánea, ya
-apuntada en el Quijote de Avellaneda, alude a Argamasilla de Alba,
-pero esto no indica que Cervantes haya estado allí preso, como
-quisieron suponer algunos críticos. El <i>Quijote</i> «se engendró en
-una cárcel» como Cervantes dice, pero fué en la de Sevilla, donde
-efectivamente estuvo preso el autor.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_429"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_429">[429]</a></span> <i>Astillero</i>: estante en que
-se ponían las astas o lanzas, adorno del portal de la casa de un
-hidalgo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_430"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_430">[430]</a></span> Un refrán dice: «Vaca y
-carnero, olla de caballero.» La vaca, entonces, era comida más barata
-que el carnero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_431"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_431">[431]</a></span> Los restos de la carne de la
-comida los convertía la gente aprovechada en salpicón para la noche.
-<i>La ensalada y salpicón</i> es el primer plato en «La Cena» de Baltasar
-de Alcázar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_432"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_432">[432]</a></span> Los duelos y quebrantos eran un
-manjar que se componía de huevos y torreznos, según la <i>Mojiganga del
-Pésame</i>, atribuída a Calderón:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i0">huevos y terreznos bastan,</p>
-<p class="i0">que son duelos y quebrantos.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">Lo mismo vienen a decir Oudin y Franciosini,
-en 1614 y 1621. Pero Lope de Vega, en <i>Las bizarrias de Belisa</i>,
-dijo:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i0">Almorzando unos torreznos,</p>
-<p class="i0">con sus duelos y quebrantos,</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05">lo cual prueba que, para él, los torreznos eran
-cosa aparte. En el <i>Dic. de Autoridades</i> se consigna que «duelos y
-quebrantos llaman en la Mancha a la tortilla de huevos y sesos».
-Como se ve, el nombre en cuestión tenía aplicación varia. El sábado
-es día en que la Iglesia, si no ordena, aconseja la abstinencia;
-pero en España, desde antiguo, se guardaba muy imperfectamente esta
-práctica. A principios del siglo <small>XVI</small> hay ya expresos
-testimonios de la costumbre que existía en Castilla, Andalucía e
-Indias (no en Navarra y Aragón) de tolerarse como comida para esta
-abstinencia del sábado la llamada <i>grosura</i> de los animales, o sea
-la asadura, tripas, manos, patas y cabeza, y también el gordo del
-tocino. (Benedicto XIV, en 1745, eximió a Castilla, León e Indias de
-toda abstinencia del sábado.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_433"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_433">[433]</a></span> Expresión que equivale a <i>las
-tres cuartas partes</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_434"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_434">[434]</a></span> <i>Velarte</i> era paño fino y
-estimado en el siglo <small>XVI</small>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_435"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_435">[435]</a></span> Las <i>calzas</i> cubrían toda la
-pierna a diferencia de las <i>medias</i> (esto es: medias calzas) que no
-cubrían el muslo. El <i>velludo</i> es una especie de terciopelo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_436"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_436">[436]</a></span> <i>Pantuflo</i>, calzado de gente
-anciana, que se ponía encima de los borceguíes o zapatos para abrigo
-y para librarse del lodo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_437"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_437">[437]</a></span> <i>Vellorí</i>, paño entrefino, de
-color pardo ceniciento, de lana sin teñir. Adviértase que Cervantes
-no pinta a Don Quijote miserable, sino en una posición desahogada.
-Véase cuán diferente es el traje del hidalgo pobre que describe Fray
-Antonio de Guevara en su <i>Menosprecio de Corte y Alabanza de Aldea</i>,
-cap. V (año 1539): «el pobre hidalgo que en la aldea alcanza a tener
-un sayo de paño recio, un capuz cerrado, un sombrero bueno, unos
-guantes de sobre año, unos borceguíes domingueros y unos pantuflos
-no rotos, tan hinchado va él a la iglesia con aquellas ropas, como
-irá un señor aforrado de martas; no gozan de este privilegio los que
-moran en la villa o ciudad, porque allí acontece el marido no salir
-de casa por tener la capa rayda, y la mujer no ir a misa por falta de
-ama».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_438"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_438">[438]</a></span> Este <i>en</i> suprimido por la 3.ª
-edición del Quijote de 1608, denota la frecuencia de la lectura de
-esos libros.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_439"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_439">[439]</a></span> F. de Silva, natural de Ciudad
-Rodrigo, autor de la <i>Crónica de los muy valientes caballeros Don
-Florisel de Niquea y el Fuerte Anaxartes</i>, que le valió bastante
-dinero a pesar de su mal estilo. Repetidas veces contrapone las voces
-<i>razón</i> y <i>sinrazón</i> y abusa de toda clase de juego de palabras, lo
-cual satiriza Cervantes en los párrafos que a continuación forja.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_440"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_440">[440]</a></span> Hoy <i>intrincadas</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_441"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_441">[441]</a></span> Se pronunciaba Anibál hasta
-en el siglo <small>XVII</small>: «No dicen que Cipión Xerxes, Pirro
-y Anibál Tuvieran riqueza tal, Tal tierra, tal posesión.» (<span
-class="smcap">Lope de Vega</span>, <i>El Conde Fernán González</i>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_442"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_442">[442]</a></span> El Cid no tuvo por patria a
-Valencia, sino Bivar; pero como conquistó de los moros la ciudad
-y el reino de Valencia, se llamó a ésta <i>Valencia del Cid</i> (para
-distinguirla de Valencia de Don Juan y otras), por donde luego se
-distinguió al héroe, ya desde el siglo <small>XII</small>, con el
-epíteto de <i>señor de Valencia</i> o <i>el que Valencia ganó</i> y luego
-simplemente <i>el Cid de Valencia</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_443"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_443">[443]</a></span> Gonzalo Fernández de Córdova,
-el Gran Capitán, natural de Montilla.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_444"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_444">[444]</a></span> García de Paredes nació en
-Trujillo 1469, murió en Bolonia 1533. Era de grandes fuerzas, por lo
-que alguno le llamó <i>el Sansón de Extremadura</i>; a él se atribuyen
-gran parte de los casos de fuerza prodigiosa, que se cuentan
-vulgarmente, como el parar una rueda de molino. Realizó hazañas
-increíbles en la guerra de Nápoles, alistado en el ejército del Gran
-Capitán.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_445"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_445">[445]</a></span> Este caballero no era de
-Jerez, sino de Toledo, según Mariana. Sirvió en la conquista de
-Sevilla a San Fernando. El hijo de éste, Alfonso X, y su nieto Don
-Juan Manuel, cuentan en la <i>Crónica general</i> y en el <i>Conde Lucanor</i>
-varias hazañas de Garci Pérez; la más famosa va puesta arriba, <a
-href="#Page_22">página 22</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_446"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_446">[446]</a></span> Aunque el gran poeta toledano
-fué valiente soldado, no es de suponer que se le mencione aquí como
-hombre de vida hazañosa. Probablemente Cervantes, queriendo citar
-notables personajes históricos, citó uno fabuloso, el Garcilaso
-de quien un romance cuenta que, durante el cerco de Granada, mató
-un moro de extraordinario valor, que por befa traía prendida a la
-cola de su caballo el <i>Ave María</i>; otros cuentan esta hazaña de un
-Garcilaso histórico, que fué el primero que pasó el Salado el día
-de la gran batalla. El romance dice que por haber ocurrido esta
-hazaña en la Vega de Granada, se llamó Garcilaso <i>de la Vega</i>; ya el
-Garcilaso del Salado y su padre, que fué privado de Alfonso XI, se
-llamaron <i>de la Vega</i>, por proceder de la Vega montañesa, donde hoy
-se encuentra la ciudad de <i>Torrelavega</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_447"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_447">[447]</a></span> Don Manuel Ponce de León
-hallóse en la conquista del reino de Granada, y de él se cuentan
-hazañas portentosas. Además, un romance cuenta de él una anécdota
-fabulosa: Doña Ana de Mendoza, para probar el valor de los caballeros
-de la corte, hizo caedizo su guante en una leonera; Don Manuel,
-espada en mano, se metió entre los leones y recobró el guante, pero
-lo entregó a la dama dándole un bofetón, para castigarla por haber
-puesto en riesgo de honra a tanto hijodalgo por un capricho. Este
-mismo asunto tiene una balada de Schiller, <i>el Guante</i>, compuesta en
-1797.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_448"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_448">[448]</a></span> Cervantes nos ofrece aquí uno
-de los ejemplos más extraños del uso de <i>cuyo</i>; carece de todo valor
-pronominal y equivale a una simple conjunción. No responde más que
-al afán de ligar en forma de oración de relativo, la que bastaba que
-fuera con la simple cópula: «y la lección de sus hechos».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_449"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_449">[449]</a></span> Así escribió Cervantes.
-Clemencín y la edición de Hartzenbusch corrigen: «cuerdo sin
-cobardía».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_450"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_450">[450]</a></span> <i>Do</i> o <i>donde</i> por <i>de do</i> o
-<i>de donde</i> es giro comunísimo de la lengua.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_451"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_451">[451]</a></span> Hoy, que el estilo común
-es menos genial, pero más atildado que en los siglos de oro, se
-podría censurar la reunión de estos tres infinitivos. Sin embargo,
-sería corrección desdichada la supresión de <i>querer</i>, pues anuncia
-el ningún efecto que en Don Quijote hizo la peroración del buen
-canónigo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_452"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_452">[452]</a></span> El último término de la
-gradación: <i>mal</i>, <i>peor</i>, <i>más mal</i>, es hoy: <i>mucho peor</i>, y antes
-era también: <i>mucho más peor</i>: «y aun peor, perdición de las
-personas; y mucho más peor, perdición de las tristes de las almas.»
-(<span class="smcap">Arcipr. de Talavera</span>, <i>Corbacho</i>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_453"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_453">[453]</a></span> La <i>caballería</i> era una especie
-de sacerdocio militar, en el que se ingresaba mediante la ceremonia
-de <i>armar</i> al caballero novel, o sea de conferirle la dignidad de
-caballero otro que ya lo fuese, cosa semejante al sacramento del
-orden. El caballero estaba especialmente obligado a guardar lealtad a
-su señor, fidelidad a su amigo, a amparar por dondequiera la justicia
-y vedar el mal, ser largo, desprendido, etc., etc. En los Poemas
-caballerescos italianos se habla de <i>cabalieri erranti</i> y en las
-novelas españolas, de <i>caballeros andantes</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_454"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_454">[454]</a></span> Pudiera haber dicho también
-<i>negándome que haya habido</i>. La repetición pleonástica de negaciones
-que en otras lenguas se destruyen una a otra, es muy peculiar del
-castellano; unas líneas más adelante se hallará también «no puedo yo
-negar que <i>no</i> sea verdad», etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_455"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_455">[455]</a></span> <i>Amadis de Gaula</i>, el más
-antiguo y famoso libro de caballerías, era ya muy leído por el
-Canciller Ayala antes de su prisión en la batalla de Nájera, 1367
-(v. atrás <a href="#Page_148">p. 148</a>, <a href="#Footnote_313">n.
-313</a>). Constaba de tres libros, según el poeta Pedro Ferruz,
-coetáneo de Ayala. Hay quien pretende que su autor fué el portugués
-Vasco de Lobeira, el cual no pasó de ser un simple arreglador de
-la obra más antigua. Es desconocida esta redacción primitiva tanto
-como su autor. En tiempo de los Reyes Católicos, Garci Ordóñez de
-Montalvo escribió la redacción que hoy se conserva, añadiéndole el
-cuarto libro. Amadis es el prototipo del amor delicado, firmísimo
-e inquebrantable de un caballero por su dama. Tan famosa fué esta
-novela, que tuvo muchas continuaciones; una es el <i>Amadis de
-Grecia</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_456"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_456">[456]</a></span> Hoy diríamos <i>añadió que</i> y
-no <i>añadió diciendo que</i>; añadir se usaba en igual manera que hoy
-<i>proseguir</i>: <i>prosiguió diciendo que</i>. Una reunión parecida de los
-verbos añadir y decir, v. atrás <a href="#Page_130">pág. 130</a>,
-líneas 24 y 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_457"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_457">[457]</a></span> Hoy no se junta el pronombre
-enclítico a los participios pasivos, pero sí en los siglos de oro de
-nuestra literatura.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_458"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_458">[458]</a></span> Hoy se emplea el adverbio
-<i>más</i> en vez de <i>mejor</i> con los verbos que denotan acciones útiles o
-agradables, <i>agrada más</i>, <i>aprovecha más</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_459"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_459">[459]</a></span> Floripés hija del Almirante
-sarraceno Balán, enamorada del caballero francés Gui de Borgoña,
-libertólo de la prisión en que yacía con otros Pares de Francia,
-guareciéndolos en una torre donde se mantuvieron contra todo el poder
-de los infieles, hasta que Carlomagno los socorrió. Esta fábula que
-procede de poemas franceses del siglo <small>XII</small>, figura en
-la novelesca <i>Historia de Carlomagno</i> que puso en castellano Nicolás
-de Piamonte.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_460"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_460">[460]</a></span> Fierabrás (en francés «el de
-los fieros brazos») era, según los poemas franceses de la Edad Media,
-un descomunal gigante, que peleó en singular combate con el caballero
-de Carlomagno, Oliveros; vencido por éste, fué su mejor amigo después
-de hacerse bautizar. Esta patraña pasó también a la ya citada
-historia fabulosa de Carlomagno, con la de la puente de Mantible,
-donde cobraba el Almirante Balán (el ya mencionado padre de Floripés)
-un pontazgo humillante a los cristianos, que por allí tenían que
-pasar: sesenta perros de caza, cien doncellas, cien halcones mudados
-y cien caballos con sus jaeces, y el cristiano que no podía pagar
-ésto perdía su cabeza. Carlomagno ganó la puente con grande estrago y
-perdición de hombres.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_461"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_461">[461]</a></span> La leyenda de Troya fué popular
-en la Edad Media, y en sus héroes se buscó ascendencia para los
-modernos; Artús era descendiente de Eneas. Este rey bretón, llamado
-también Arturo, fué centro de un gran ciclo de leyendas divulgadas
-por toda Europa; es el fundador de la fabulosa caballería de la
-<i>Tabla redonda</i> o <i>mesa</i> redonda a que se sentaban los caballeros.
-A su metamorfosis en cuervo atribuye Cervantes en otro lugar del
-<i>Quijote</i>, y en el <i>Persiles y Sigismunda</i>, el que los ingleses se
-abstuviesen de matar cuervos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_462"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_462">[462]</a></span> Otro héroe de poemas franceses
-en la Edad Media (Garín Mesquin) que sufrió también una adaptación
-al castellano en uno de tantos libros, que según decía Juan de
-Valdés en tiempo de Carlos V, «demás de ser mentirosísimos, <span
-class="g2">tienen tan mal estilo</span> que no hay buen estómago que
-los pueda leer».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_463"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_463">[463]</a></span> <i>Demanda</i>, en términos
-caballerescos, es el acto de empeñarse en una empresa. El <i>Grial</i> era
-la copa en que había recogido la sangre de Cristo José de Arimatea;
-cuando éste fué a evangelizar la Bretaña llevó consigo el Grial, pero
-andando el tiempo heredó la reliquia un rey indigno; entonces se
-empeñaron en la demanda del Santo Grial Artús y los caballeros de la
-Tabla redonda; Perceval (el Parsifal de la ópera de Wagner) mereció
-por su castidad y demás virtudes dar fin a la aventura, ganando la
-santa reliquia, que después de su muerte fué arrebatada al cielo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_464"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_464">[464]</a></span> Otra ficción bretona como la
-de Artús y el Santo Grial. Tristán esperaba una nave que le traía
-noticias de Iseo; los navegantes se olvidan de poner en el mástil
-la señal convenida para anunciar que las noticias eran buenas, y
-Tristán, creyendo por esto que Iseo era muerta, expira de dolor; pero
-en la nave venía la misma Iseo, la cual al ver a su amante muerto,
-cae a su lado sin vida.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_465"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_465">[465]</a></span> Otra leyenda del ciclo bretón.
-<i>Ginebra</i> era la mujer del rey Artús, <i>Lanzarote</i> su amante, y la
-dueña o aya <i>Quintañona</i> la que favorecía sus amores. Bien conocido
-es el romance cuyo comienzo recuerda el mismo Quijote.</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Nunca fuera caballero</p>
-<p class="i0">de damas tan bien servido,</p>
-<p class="i0">como fuera Lanzarote</p>
-<p class="i0">cuando de Bretaña vino,</p>
-<p class="i0">que dueñas cuidaban dél</p>
-<p class="i0">doncellas de su rocino,</p>
-<p class="i0">esa dueña Quintañona</p>
-<p class="i0">esa le escanciaba el vino.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_466"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_466">[466]</a></span> Muchos dirán: <i>y tan es así
-esto</i>; construcción incorrecta, pues para que se pueda usar <i>tan</i> en
-vez de <i>tanto</i>, es preciso que le siga inmediatamente un adjetivo
-o adverbio. Se puede decir, por lo tanto, <i>tan así es</i> o <i>tanto es
-así</i>, pero no <i>tan es así</i>. (<span class="smcap">Cuervo.</span>
-Apuntac. críticas, §&nbsp;416.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_467"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_467">[467]</a></span> Giro muy común en los siglos
-<small>XVI</small> y <small>XVII</small>, <i>un mi amigo</i> por lo que
-hoy decimos <i>un amigo mío</i>. <i>Agüela</i> por <i>abuela</i> es hoy muy vulgar,
-como <i>güelta</i>, <i>güeno</i>, <i>gomitar</i>, y otras voces en que la <i>g</i>
-sustituye a la <i>b</i> o <i>v</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_468"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_468">[468]</a></span> Así dicen todas las ediciones
-antiguas. Las de este siglo modernizaron <i>de parte</i>. Es giro arcaico
-que hallamos en el <i>Fuero de Navarra</i>: «de partes de la madre», «de
-partes de sierzo nin de buchurno».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_469"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_469">[469]</a></span> Era personaje tan popular,
-que <i>dueña Quintañona</i> servía para denominar a cualquier dueña:
-«¡miren la dueña Quintañona! ¡Daca la dueña Quintañona!» La toca era
-distintivo de viudas y dueñas como hoy lo es de monjas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_470"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_470">[470]</a></span> La novela de <i>Pierres</i>, hijo
-del Conde de Provenza, y de <i>Magalona</i>, hija del Rey de Nápoles,
-trasladada en 1526, procede de un antiguo poema francés del siglo
-<small>XII</small>. Más adelante dice Cervantes que el caballo de
-madera se regía por una clavija que tenía en la frente; en él hizo
-Pierres grandes viajes «y robó a la linda Magalona, llevándola a las
-ancas por el aire, dejando embobados a cuantos desde la tierra los
-miraban.» Según advierte después el canónigo, es pura invención de
-Don Quijote el que la tal clavija se enseñase en la Armería Real;
-en cambio es muy cierto que, hasta hace no muchos años, se enseñaba
-allí la silla del caballo del Cid, la espada de este héroe, las de
-Bernardo del Carpio, del Rey Pelayo y otras cosas más estupendas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_471"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_471">[471]</a></span> Según la historia cierta,
-Roldán iba en la retaguardia del ejército de Carlomagno, que fué
-deshecha en Roncesvalles; las leyendas francesas (popularizadas desde
-antiguo en España) añadían que Roldán, al verse en peligro, había
-querido avisar a la vanguardia tañendo su cuerno, pero sopló en él
-con tal fuerza, que reventó las venas de sus sienes y murió. Este
-cuerno se pretendía custodiar en la iglesia de Roncesvalles.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_472"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_472">[472]</a></span> Versos de Alvar Gómez, de
-Ciudad Real, en su traducción de los <i>Triunfos del Petrarca</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_473"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_473">[473]</a></span> Esto es: <i>el del Paso Honroso</i>,
-personaje histórico. Era un valiente leonés, que en 1434, y previa
-licencia de Juan II, mantuvo junto al puente del río Orbigo el <i>paso
-honroso</i>, en el que se había comprometido, para honra de su dama, a
-romper 300 lanzas con los caballeros que se presentaran; acudieron a
-esta quijotesca empresa 68 aventureros de España, Portugal, Francia,
-Italia y Bretaña.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_474"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_474">[474]</a></span> Mayordomo de Alfonso V de
-Aragón, que en 1428 combatió ante la corte de Don Juan II contra
-Gonzalo de Guzmán.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_475"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_475">[475]</a></span> Obispo de Reims, muerto en
-el año 600, a quien las fábulas carolingias suponen inseparable
-compañero de Carlomagno; es el autor fingido de una crónica latina
-del Emperador y sus Pares forjada en el siglo <small>XII</small> por
-algún clérigo de nación francesa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_476"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_476">[476]</a></span> El canónigo cree más en
-Bernardo que en el Cid, y sin embargo, el Bernardo del Carpio,
-vencedor de Roncesvalles, es de todo punto fabuloso; sólo existió
-un Bernardo Conde de Ribagorza, que, auxiliado por gente franca,
-reconquistó de moros este condado, suministrando algunas hazañas a la
-leyenda del fabuloso Bernardo leonés o del Carpio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_477"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_477">[477]</a></span> Esto es «se remitieron para
-ser juzgados y aprobados». Cuenta Melchor Cano de un buen clérigo, a
-quien no cabía en la mollera que un libro impreso con las licencias
-necesarias contuviera mentiras, así que tenía por tan verdadera y
-probada la historia de Amadis, como las fábulas de Esopo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_478"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_478">[478]</a></span> Hartzenbusch corrigió con
-gran desenfado: <i>o tales caballeros</i>, sin duda porque hoy se haría
-resaltar más la duplicidad del sujeto, poniendo: «que tal caballero
-hizo o tales caballeros hicieron».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_479"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_479">[479]</a></span> <i>Leyendas</i> es hoy desusado en
-la acepción de <i>lectura</i>, por más que el Diccionario de la Academia
-no señala esta acepción como anticuada.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_480"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_480">[480]</a></span> A la viveza con que habla Don
-Quijote cuadra bien la supresión del segundo <i>que</i> en: «hay mayor
-contento que ver aquí se muestra delante de nosotros un lago».
-Hartzenbusch, sin embargo, suplió: <i>que aquí</i>; no hace falta. Podía
-Cervantes haber suprimido también consecuentemente el <i>que</i> de las
-frases siguientes: <i>y</i> <b>que</b> <i>andando andando</i>... <i>y</i> <b>que</b>
-<i>del medio del lago, y</i> <b>que</b> <i>apenas el caballero</i>; pero una
-vez que no quiso hacerlo, no tenemos motivo alguno para censurarle
-por esos <i>ques</i>, como hace implacablemente Clemencín.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_481"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_481">[481]</a></span> El <i>hada</i> (voz derivada
-del latín <i>fata</i>, plural del neutro <i>fatum</i>, <i>hado</i>), es un ser
-fantástico de la mitología moderna bien conocido. El número <i>siete</i>,
-como el <i>tres</i>, aparece consagrado en multitud de invenciones
-populares (siete infantes de Lara; un venablo cortador, siete veces
-fué templado en la sangre de un dragón, etc.), el bellísimo romance
-de la Infantina encantada dice:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Fija soy yo del buen rey,</p>
-<p class="i0">y la reina de Castilla;</p>
-<p class="i0"><i>siete</i> fadas me fadaron</p>
-<p class="i0">en brazos de un ama mía</p>
-<p class="i0">que andase los <i>siete</i> años</p>
-<p class="i0">sola en esta montiña.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_482"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_482">[482]</a></span> <i>Negregura</i>, hoy anticuado por
-negrura.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_483"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_483">[483]</a></span> <i>Apenas</i> seguido de <i>no</i>
-es giro hoy chocante que no debe imitarse, según nota <span
-class="smcap">Bello</span>, §&nbsp;1209. Para usar el <i>no</i> habría que
-escoger otro adverbio como <i>casi, aun no ha acabado de oir... cuando
-se arroja</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_484"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_484">[484]</a></span> Cuando Eneas baja a los
-infiernos se describe así el Elíseo (<i>Eneida</i>, VI, 638):</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i0">devenere locos laetos, et amoena vireta...</p>
-<p class="i0">Largior hic campos aether et lumine vestit</p>
-<p class="i0">purpureo; solemque suum, sua sidera norunt.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_485"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_485">[485]</a></span> En consonantes como <i>floresta</i>
-y <i>compuesta</i>, no reparaban nunca nuestros grandes prosistas; hoy
-somos más meticulosos y los evitamos cuidadosamente. También hoy se
-evitaría repetir tres veces seguidas el verbo ver: «hay más que ver,
-después de haber visto esto, que ver salir...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_486"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_486">[486]</a></span> Frase de Garcilaso:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i0">y las aves sin dueño</p>
-<p class="i0">con canto no aprendido</p>
-<p class="i0">hinchen el aire de dulce armonía.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">Fray Luis de León también la imitó:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Despiértenme las aves</p>
-<p class="i0">con su cantar sabroso no aprendido.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_487"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_487">[487]</a></span> <i>Intricados</i>, como el
-<i>entricadas</i> que escribió antes, <a href="#Page_223">pág. 223</a>, <a
-href="#Footnote_440">nota 440</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_488"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_488">[488]</a></span> <i>Jaspe variado</i>, esto es «de
-varios colores».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_489"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_489">[489]</a></span> Acordándose de <i>bruto</i>, se dijo
-<i>brutesco</i> por <i>grutesco</i>, o cosa hecha a modo de la rusticidad de
-las grutas; hoy <i>grotesco</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_490"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_490">[490]</a></span> <i>Ferviente</i> por <i>hirviente</i>,
-como antes <i>fadas</i> por <i>hadas</i>, eran arcaísmos ya mucho tiempo
-antes de Cervantes, quien de intento los pone, remedando el estilo
-de los libros de caballerías, que usaban de estos arcaísmos para
-dar aspecto de antigüedad a la narración. Cosa igual hacían los
-autores de romances del siglo <small>XVII</small>; v. gr., el de
-aquel tan sabido que empieza: «Non es de sesudos homes... facer
-denuesto a un fidalgo». La <i>f</i> en el siglo <small>XV</small> ya no se
-pronunciaba en <i>facer</i>, <i>fijo</i>, etc., sino como una ligera aspiración
-representada por <i>h</i>, <i>hacer</i>, <i>hijo</i>; hoy hasta esta aspiración ha
-desaparecido y la <i>h</i> no tiene valor alguno.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_491"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_491">[491]</a></span> <i>Menos menos</i> es el refuerzo
-por repetición de que hablamos arriba, <a href="#Page_111">pág.
-111</a>, <a href="#Footnote_247">n. 247</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_492"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_492">[492]</a></span> Recuerda graciosamente
-Cervantes un lugar común de romances y libros de caballerías, usados
-para ponderar el valor de una cosa. Por ejemplo el romance de Palmero
-dice:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Una esclavina trae rota</p>
-<p class="i0">que no valía un reale,</p>
-<p class="i0">y debajo traía otra,</p>
-<p class="i0">bien valía una ciudade.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">Hoy decimos «vale un imperio».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_493"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_493">[493]</a></span> Esta expresión anticuada, que
-hoy exigiría el uso del artículo «agua a las manos» o «para las
-manos», se ha fundido en una sola palabra: <i>aguamanos</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_494"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_494">[494]</a></span> «Verle servir todas», esto es:
-«ver todas las doncellas servirle». El dativo enclítico, cuando un
-infinitivo rige a otro, se coloca indistintamente en cualquiera de
-los dos infinitivos. No tenía razón ninguna Hartzenbusch para creerse
-obligado a corregir «¿Qué verle servir de todas las doncellas?»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_495"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_495">[495]</a></span> <i>Cuál será oír</i>; Clemencín y
-Hartzenbusch dicen que <i>cuál</i> debe corregirse en <i>qué</i> para uniformar
-ésta con las anteriores interrogaciones. Don Quijote es muy dueño de
-cambiar un relativo por otro, cuando bien le parezca, y de suprimir
-el substantivo concertado con <i>cual</i>, lo mismo que lo suprimió con
-<i>que</i>, y así la frase «¿Qué (maravilla) es ver cuando nos cuentan...»
-puede muy bien estar seguida de la otra «¿Cuál (placer) será oír la
-música...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_496"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_496">[496]</a></span> El <i>gabán</i> usábase para andar
-en el campo y de camino; en la ciudad sólo servía de ropa de casa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_497"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_497">[497]</a></span> Llamábanse <i>jirones</i>, o, como
-dice Covarrubias, <i>gironas</i>, «ciertos pedazos triangulados que
-ingerían en el ruedo de los sayos para que hiciesen más ruedo, y en
-los que eran de terciopelo echaban estos jirones de brocados o telas,
-y se llamaban <i>sayos agironados</i>».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_498"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_498">[498]</a></span> El <i>asimismo</i> se refiere
-sólo al color <i>verde</i>, que era el que predominaba en el vestido
-del caminante, pues nada tienen que ver los dos colores accesorios
-<i>leonado</i> y <i>morado</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_499"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_499">[499]</a></span> Se llama <i>chapado</i> «el hombre
-de hecho y de valor, porque va guarnecido con su virtud y esfuerzo».
-(Covarrubias.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_500"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_500">[500]</a></span> Aquí <i>prendas</i> no parece
-significar ‘partes o dotes naturales’ según costumbre, sino ‘posición
-social’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_501"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_501">[501]</a></span> Rodríguez Marín corrige «de su
-cuello», enmienda rechazada por la enumeración semejante que luego
-hace Don Quijote, en la cual se repiten los términos «caballo»,
-«amarillez», «flaqueza», y se habla de las armas. Conocida es la
-longura de Rocinante, caballo «largo y tendido», como se dice en el
-cap. <small>IX</small>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_502"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_502">[502]</a></span> <i>En estampa</i> equivale a ‘en
-letras de molde’. Cuando se publicó la segunda parte del <i>Quijote</i>,
-en 1615, llevaba la primera ya 10 ediciones en Madrid, Valencia,
-Lisboa, Bruselas y Milán, y se había traducido al francés en 1614, y
-al inglés en fecha incierta.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_503"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_503">[503]</a></span> <i>Puesto que</i> significaba
-antiguamente ‘supuesto que’, ‘por más que’ o ‘aunque’. Hoy se usa con
-la significación de ‘pues que’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_504"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_504">[504]</a></span> Hoy diríamos «la profesión que
-sigo», esto es, «a la cual me dedico.» <i>Hacer profesión</i> de una cosa
-es «preciarnos della y cumplirla a todo trance» (Covarrubias).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_505"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_505">[505]</a></span> <i>Causar maravilla</i> por ‘causar
-admiración o sorpresa’, es expresión vulgar, nacida por confusión
-de las dos equivalentes: <i>causar admiración</i> y <i>maravillar</i>.
-<i>Admiración</i> es la suspensión de ánimo que produce la cosa
-maravillosa, y <i>maravilla</i> es la cosa que causa admiración; sin
-embargo, ambos términos se confunden, y lo mismo que Cervantes usó
-<i>maravilla</i> por <i>admiración</i>, es muy común usar <i>admiración</i> por
-<i>maravilla</i> o cosa admirable: «esa escultura es una admiración».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_506"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_506">[506]</a></span> Hoy se pondría en
-subjuntivo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_507"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_507">[507]</a></span> <i>Perdigón manso</i>, pollo de
-perdiz, propio para cazar con reclamo. El de lo Verde quiere decir
-que no caza con grande pérdida de tiempo y dinero, sino modestamente,
-con un simple reclamo para las perdices y un hurón para los
-conejos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_508"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_508">[508]</a></span> <i>Puesto que</i> ya se ha dicho que
-significaba <i>por más que</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_509"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_509">[509]</a></span> Sobre alguna variante de esta
-palabra, véase <i>Celestina</i>, <a href="#Page_71">página 71</a>, <a
-href="#Footnote_137">n. 137</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_510"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_510">[510]</a></span> La Cueva de Montesinos está en
-el término de Osa de Montiel y cerca de la ermita de San Pedro de
-Saelices y de una laguna de las llamadas de Ruidera, nacimiento del
-Guadiana.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_511"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_511">[511]</a></span> <i>Estado</i>, medida tomada de la
-estatura de un hombre. Se medían por estados las paredes de cantería,
-los pozos u otra cosa honda. (Covarrubias.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_512"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_512">[512]</a></span> Las reglas de concordancia,
-fijadas hoy con una rigidez enteramente artificial, exigen <i>en
-él</i>; algunas líneas adelante repite la concordancia con <i>cavidad</i>,
-preferida a <i>espacio</i>, como voz más significativa e importante.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_513"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_513">[513]</a></span> Antiguamente se usaba mucho
-el adverbio <i>además</i> para encarecer la significación del adjetivo a
-que se junta con el valor de ‘sumamente’, ‘muy’, ‘en gran manera’;
-en general se posponía al adjetivo: «se levantó de la mesa mohino
-además». Hoy se usa en su lugar <i>por demás</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_514"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_514">[514]</a></span> El Diccionario de Sebastián de
-Covarrubias, compuesto por los mismos años que el <i>Quijote</i>, dice:
-«<i>Capuz</i>, una capa cerrada, larga, que hoy día traen algunos por
-luto, y antiguamente era el hábito de los españoles honrados en la
-paz, como lo era la toga de los romanos.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_515"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_515">[515]</a></span> Gorra fina de lana que se traía
-de Milán.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_516"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_516">[516]</a></span> En el entremés del <i>Retablo
-de las maravillas</i>, dice Cervantes de un gobernador que tenía
-«peripatética y anchurosa presencia».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_517"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_517">[517]</a></span> <i>Quien</i>, en el período
-clásico se refería lo mismo a personas que a cosas. (<span
-class="smcap">Bello</span>, <i>Gr.</i>, §&nbsp;329.) Abundan los ejemplos
-en todos estos extractos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_518"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_518">[518]</a></span> <i>Guarda</i>, <i>guía</i>, <i>escucha</i>
-y otros substantivos verbales por el estilo, son femeninos por su
-terminación, y masculinos por su significación.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_519"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_519">[519]</a></span> Montesinos es un héroe
-peculiar de nuestros romances; a pesar de pertenecer a la leyenda de
-Carlomagno, no es conocido este personaje en la literatura francesa.
-Habiendo sido su padre acusado falsamente por Tomillas al Emperador,
-fué arrojado al destierro; allí nace el héroe en un monte despoblado,
-lo que le valió el nombre de <i>Montesinos</i>, y ya crecido, marchó a
-París y mató al traidor Tomillas. Otros romances nos dan a conocer a
-Montesinos como primo y grande amigo de Durandarte.—Este Durandarte,
-lo mismo que su amigo Montesinos, es parto de la Musa castellana,
-desconocido en la literatura carolingia francesa; su origen es muy
-singular: el nombre de Durandarte se aplicaba antiguamente a la
-espada de Roldán (pues las espadas de los caballeros llevaban nombres
-propios, como las dos del Cid: Colada y Tizón), pero un poeta vulgar
-castellano, poco enterado de esto, tomó el nombre como de persona,
-y fantaseó sobre él la historia de un héroe, suponiéndole muerto
-también en Roncesvalles, como Roldán; supo adornar su invención con
-el sangriento legado que Durandarte hace al morir, lo cual dió al
-asunto una excepcional fama y popularidad; quizá se inspiró en el
-<i>Amadis</i>, quien al verse en un peligro, encarga a su escudero que si
-muere le saque el corazón y lo lleve a su señora Oriana, cuyo era.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_520"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_520">[520]</a></span> Don Quijote alude al romance
-siguiente:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Muerto yace Durandarte</p>
-<p class="i0">al pie de una alta montaña,</p>
-<p class="i0">llorábalo Montesinos</p>
-<p class="i0">que a su muerte se hallara;</p>
-<p class="i0">quitándole está el almete,</p>
-<p class="i0">desciñéndole la espada;</p>
-<p class="i0">hácele la sepultura</p>
-<p class="i0"><i>con una pequeña daga</i>;</p>
-<p class="i0">sacábale el corazón,</p>
-<p class="i0">como él se lo jurara,</p>
-<p class="i0">para llevar a Belerma,</p>
-<p class="i0">como él se lo mandara.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt05 ti1">Vemos que Don Quijote punteaba mal en su memoria
-los versos; los romanceros afirman sólo que la pequeña daga sirvió
-para hacer la sepultura.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_521"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_521">[521]</a></span> Hartzenbusch corrigió sin
-necesidad: <i>ni pequeña ni grande</i>. La humorística contradicción de
-Montesinos, no para en desmentir el substantivo, sino que niega
-superfluamente el adjetivo. La aclaración de Montesinos es de gran
-substancia, si atendemos a que, como dice Covarrubias, la <i>daga</i>
-y el <i>puñal</i> «todo viene a ser una cosa». Sin embargo, bueno será
-distinguir: como la daga tiene filo, necesita guarnición y gavilanes
-para proteger la mano, cosa que el puñal no lleva, pues hiere sólo de
-punta.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_522"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_522">[522]</a></span> <i>Buído</i> no era voz muy usual;
-no sabía Covarrubias, coetáneo de Cervantes, lo que quería decir.
-Significaba, probablemente, hoja con la punta estriada en tres
-canales: la punta buída de las espadas estaba prohibida, como más
-dañosa, por las pragmáticas reales del tiempo de Cervantes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_523"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_523">[523]</a></span> <i>Sobremodo</i> y el moderno
-<i>sobremanera</i> son usados indistintamente por Cervantes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_524"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_524">[524]</a></span> Compárese la frase corriente
-y usada por Cervantes (II, capítulo <small>XXI</small>) «hombre
-de valor y de pelo en pecho», así como la voz francesa <i>poilu</i>
-‘valiente’, tratada en <i>Modern Language Notes</i> <small>XXXII</small>,
-375.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_525"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_525">[525]</a></span> <i>Tenía la mano</i>, <i>preguntase</i>
-y <i>me dijo</i> son tres verbos que tienen tres sujetos diferentes,
-los cuales debieran expresarse en los dos últimos, o cambiarse el
-giro: «y Montesinos, viéndome suspenso, antes que yo preguntase, me
-dijo».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_526"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_526">[526]</a></span> Personaje que figura en
-las leyendas del ciclo bretón (o sea del Rey Artús, de Tristán e
-Iseo, etc.). No era <i>francés</i> o de <i>Galia</i>, sino de <i>Gaula</i>, que
-es el nombre caballeresco de Gales o Bretaña en general. A Merlín
-se atribuían cuantas profecías se forjaban en la Edad Media sobre
-grandes acontecimientos; por eso Don Quijote fué también profetizado
-por Merlín, según dice luego Montesinos a Durandarte. (Véase atrás,
-<a href="#Page_184">pág. 184</a>, <a href="#Footnote_384">n.
-384</a>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_527"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_527">[527]</a></span> <i>Mayor de</i> por <i>mayor que</i>; es
-construcción usada todavía con el comparativo, especialmente con los
-numerales. (v. <span class="smcap">Bello</span>, <i>Gr.</i>, §&nbsp;1016 y
-1017).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_528"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_528">[528]</a></span> Esto es lo que admira a
-Montesinos, quien rompió el hilo sintáctico de sus palabras,
-distraído por la digresión sobre el peso de la entraña de su
-amigo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_529"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_529">[529]</a></span> Estos versos son de un romance
-viejo, salvo los dos últimos, de tono un tanto burlesco, que son
-invención de Cervantes, y suponen la imaginación de Don Quijote
-preocupada con la noticia recién aprendida de que Montesinos había
-sacado el corazón de su amigo, no, como decían todos los romances,
-con daga, sino con puñal.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_530"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_530">[530]</a></span> Parodiando a uno de los
-romances de Montesinos, que dice:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Por el costado siniestro</p>
-<p class="i0">el corazón le sacara...</p>
-<p class="i0"><i>envolvióle en un cendal</i></p>
-<p class="i0">y consigo lo llevaba.</p>
-<p class="i0"><i>Entierra primero al primo;</i></p>
-<p class="i0">con gran llanto lamentaba</p>
-<p class="i0">la su tan temprana muerte</p>
-<p class="i0">y su suerte desdichada.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_531"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_531">[531]</a></span> No hay que suplir la
-preposición <i>a</i> como hacen algunas ediciones modernas, suponiéndola
-embebida en la <i>a</i> final de Belerma. El pronombre <i>nos</i> representa
-cerca del verbo el largo complemento directo que va antepuesto, y
-determina, a la vez, el caso en que debiera estar ese complemento.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_532"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_532">[532]</a></span> Aunque antes de Cervantes
-existían localizadas en las lagunas de Ruidera tradiciones referentes
-a Montesinos, parecen invención de Don Quijote la dueña Ruidera y el
-escudero Guadiana con su metamórfosis en río.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_533"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_533">[533]</a></span> Una de las lagunas de Ruidera
-se llama <i>del Rey</i>. Parece que dos de ellas pertenecían a la orden
-de San Juan, y las restantes al Rey. En total no son, como dice
-Cervantes nueve, sino 13, y dos más que se secan por el verano.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_534"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_534">[534]</a></span> El Guadiana tiene fama de criar
-mucho pescado, aunque malsano.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_535"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_535">[535]</a></span> <i>Paciencia y barajar</i> es
-una expresión proverbial con que se exhorta a la paciencia a los
-perdidosos en el juego de naipes. Nótese el uso del infinitivo con
-valor de imperativo, muy peculiar del español y portugués, aunque
-se presenta también en francés «prendre tant de grammes de cette
-potion».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_536"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_536">[536]</a></span> Por <i>alguna</i> se diría hoy mejor
-<i>cualquiera</i> con significado de <i>ninguna</i>. Del uso de <i>alguno</i> por
-<i>ninguno</i> en frases negativas como: «sin ser visto de alguno» se pasó
-a darle este valor en otras que sólo son negativas por la idea que
-envuelven: «contribuyó más que otro alguno a su adelantamiento».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_537"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_537">[537]</a></span> Durandarte al morir y encargar
-a Montesinos que llevase a Belerma su corazón, le mandaba también que
-se lo recordase incesantemente:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i0">y traelde a la memoria</p>
-<p class="i0">dos veces cada semana.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_538"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_538">[538]</a></span> Endechas eran canciones tristes
-que se lloraban sobre los muertos de cuerpo presente. Solían ser
-cuartetas de seis sílabas, y algunas tenían cierto encanto lúgubre y
-plañidero, como esta que, al decir de Covarrubias, era ejemplo casero
-y sabido de todos en tiempo de Cervantes:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Parióme mi madre</p>
-<p class="i0">una noche obscura,</p>
-<p class="i0">cubrióme de luto,</p>
-<p class="i0">faltóme ventura...</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_539"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_539">[539]</a></span> <i>Tener</i> equivalía a ‘opinar’;
-en latín «fama tenet». Hoy se dice «tengo para mí que...» Rodríguez
-Marín, en su edición del Quijote IV (1916), interpreta de otro modo:
-‘como tenía fama de serlo’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_540"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_540">[540]</a></span> <i>¡Cepos quedos!</i> expresión
-del lenguaje truhanesco y carcelario; voz dirigida al criminal que
-remueve el cepo tratando de huir. La comparación «quedo como un
-cepo», que usa la <i>Pícara Justina</i>, alude a la pesadez e inmovilidad
-de los cepos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_541"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_541">[541]</a></span> <i>Pasar razones</i>, <i>coloquios</i>,
-etc., era muy usado por ‘cruzarse palabras’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_542"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_542">[542]</a></span> Es descuido de Cervantes por
-«como ha estado allá abajo».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_543"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_543">[543]</a></span> Eran perros que guardaban el
-Hospital de la Resurrección en Valladolid, fundado en tiempo de
-Carlos V, en 1553; hoy le llaman Hospital de Esgueva. Los perros
-acompañaban también, de noche, a los hermanos de la capacha, para
-pedir limosna, y les alumbraban llevando en su boca una linterna.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_544"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_544">[544]</a></span> Hoy los indefinidos
-<i>uno</i>, <i>otro</i> no suelen llevar artículo, cuando forman una
-cláusula distributiva de más de dos miembros; v. <span
-class="smcap">Bello</span>, <i>Gr.</i> §&nbsp;1172. Nótese que el repetir
-la preposición para empezar la enumeración es familiar. En el estilo
-limado de hoy se repetiría colocándola al fin del primer miembro de
-la enumeración: «en las camas estaban: un alquimista en una, en otra
-un poeta», etc., o mejor simplemente, «un alquimista, un poeta»,
-etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_545"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_545">[545]</a></span> Alquimista era el químico
-antiguo que se empeñaba en hallar la piedra filosofal, o sea cierta
-sustancia con la cual pudiese componer y sacar artificialmente el oro
-de otros minerales.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_546"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_546">[546]</a></span> Los arbitristas eran
-economistas ramplones, que se dedicaban a imaginar <i>arbitrios</i> o
-proyectos tan sencillos como disparatados, con los que pretendían
-curar los más complicados males de la hacienda y la administración
-de los últimos reyes de la casa de Austria. El nombre noble para
-designar a los hacendistas era el de <i>políticos</i>. La palabra
-<i>economista</i> es sólo de nuestros días.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_547"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_547">[547]</a></span> Igual observación que en la
-<a href="#Footnote_544">nota 544</a> de la <a href="#Page_262">pág.
-262</a>. Hoy <i>de uno</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_548"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_548">[548]</a></span> Ars poet. 388. «Nonumque
-prematur in annum, membranis intus positis.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_549"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_549">[549]</a></span> Esto es, que le había costado
-veinte años de <i>ocupación</i>, y que había <i>pasado</i> más de los diez años
-consabidos esperando la publicidad; a esta espera la llama con juego
-de palabras estado <i>de pasante</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_550"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_550">[550]</a></span> <i>Sujeto</i> por ‘asunto’ pasa hoy
-por galicismo a ojos de muchos. Cervantes dice en otro lugar: «dar
-sujeto a sus versos».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_551"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_551">[551]</a></span> <i>Brial</i>, túnica usada en la
-antigüedad por hombres y mujeres. <i>La demanda del Santo Brial</i>, en
-lugar del <i>Santo Grial</i> (véase <a href="#Page_230">página 230</a>,
-<a href="#Footnote_463">n. 463</a>), es desatino intencionado, como
-lo es el decir que el arzobispo Turpín escribió la historia de Artús
-(véase <a href="#Page_233">página 233</a>, <a href="#Footnote_475">n.
-475</a>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_552"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_552">[552]</a></span> Es decir, sin valerse para el
-consonante del verso de las fáciles terminaciones esdrújulas que
-ofrece la conjugación, como <i>mandábamos</i>, <i>mandándome</i>, <i>mándale</i>,
-etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_553"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_553">[553]</a></span> De la confusión de las dos
-expresiones <i>poco se me alcanza</i> + <i>poco entiendo</i>, resultó la frase
-extraña, de Cervantes, <i>poco se me entiende</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_554"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_554">[554]</a></span> La construcción: <i>manando en
-oro</i>, es resultado de la confusión de las dos frases <i>manando oro</i>
-y <i>nadando en oro</i>, sin que tenga nada que ver con la construcción
-intransitiva del latín: «culter manans <i>sanguine</i>». El <i>Guzmán de
-Alfarache</i>, por ejemplo, dice: «todos manábamos oro.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_555"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_555">[555]</a></span> <i>Potencia propincua</i>,
-‘posibilidad próxima, a pique, muy cerca’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_556"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_556">[556]</a></span> <i>El punto fijo</i> o <i>de longitud</i>
-es el medio de determinar exactamente la longitud en alta mar. Como
-resolver el problema de la longitud en las cartas de marear era
-tan interesante para las grandes navegaciones de los españoles y
-portugueses, el gobierno de Felipe III ofreció varios premios a los
-que hicieran este hallazgo; siendo muchos los que gastaban su vida
-en tal estudio, que entonces parecía quimérico e imposible, dado el
-atraso de las ciencias y que aun para Newton fué irresoluble.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_557"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_557">[557]</a></span> ‘Cuando menos lo pienso’. El
-<i>Diccionario de Autoridades</i> dice: «<i>Cuando menos se cata</i> o <i>cuando
-no se cata</i>, frases para explicar una cosa impensada, que sucede
-cuando menos se espera o piensa.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_558"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_558">[558]</a></span> <i>Carnero</i> es la sepultura
-común destinada en los cementerios a los cadáveres que no tienen
-enterramiento propio. Díjose de <i>carne</i>, como <i>osero</i> o <i>huesera</i> de
-hueso, sitio destinado en los cementerios a amontonar los huesos.
-Covarrubias añade: «y los papeles que no son de provecho, y por ser
-antiguos no se queman, poniéndolos en alguna parte retirada, dicen
-<i>echarlos en el carnero</i>; a imitación del de los muertos.» Esta frase
-no está en el Diccionario Académico.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_559"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_559">[559]</a></span> <i>Reduzga</i> por <i>reduzca</i>, es
-forma extraña de conjugar los incoativos que se conserva hoy en
-<i>yazgo</i> al lado de <i>yazco</i>. Nació por analogía con verbos tales como
-<i>valgo</i>, <i>tengo</i>, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_560"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_560">[560]</a></span> La población de la Península
-a principios del siglo <small>XVII</small>, antes de la expulsión
-de los moriscos, se calcula en nueve millones y pico. (<span
-class="smcap">Don José García Barzanallana</span>, <i>La población de
-España</i>, pág. 19.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_561"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_561">[561]</a></span> <i>Al menorete</i> equivale a ‘por
-lo bajo, por lo poco’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_562"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_562">[562]</a></span> Hoy se escribe <i>aechar</i>,
-limpiar en el harnero las semillas, quitándoles el polvo, paja y
-piedras.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_563"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_563">[563]</a></span> El demostrativo <i>tal</i> tiene
-aquí valor del indefinido <i>alguno</i>. Nótese la elipsis siguiente <i>que
-(el ayunar) le fuese conveniente</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_564"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_564">[564]</a></span> <i>Riyo</i>, <i>riyes</i> llevaba una <i>y</i>
-eufónica para evitar el hiato: <i>río</i>, <i>ríes</i>.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_13">
- <p><span class="pagenum" id="Page_269">[p. 269]</span></p>
- <h2 title="Don Francisco de Moncada"
- class="nobreak">DON FRANCISCO DE MONCADA<br />
- <small>(1586-1635)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>La <i>Expedición de los Catalanes y Aragoneses contra Turcos y
-Griegos</i> fué escrita en 1620, pero no se publicó sino en 1623.</p>
-
-<p>Aunque floreció este autor ya en el siglo <small>XVII</small>, no
-hallamos en él rastros del gusto literario de su época; pertenece por
-su estilo al siglo <small>XVI</small>, pues se inspira visiblemente
-en la guerra de Granada de Mendoza.</p>
-
-<p>Es, como él, sentencioso y conciso, pero no extrema tanto la
-brevedad en el decir, ni su estilo es afectadamente cortado; nótese
-la amplitud extraordinaria de la frase en todo el Prólogo. El
-lenguaje de Moncada tiene aspecto muy semejante al moderno, gracias
-a la trabazón más perfecta de las cláusulas, hija de las condiciones
-naturales del autor más que de estudio y esmero, ya que el trabajo de
-corrección y lima se descubre poco en esta obra, según se echa de ver
-en descuidos tales como el señalado en la <a href="#Page_272">página
-272</a>, <a href="#Footnote_566">nota 566</a>.</p>
-
-<p>No obstante se descubre en el tono general cierta ligera
-afectación, por ejemplo, en lo muy a menudo que relega el verbo al
-fin de la frase.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_13_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_270">[p. 270]</span></p>
- <h3 title="Prólogo de la Expedición de Catalanes y Aragoneses">EXPEDICIÓN
- DE&nbsp;CATALANES Y&nbsp;ARAGONESES</h3>
- <p class="centra mt1">CONTRA TURCOS Y GRIEGOS</p>
- <p class="centra mt2">PRÓLOGO</p>
-</div>
-
-<p>Mi intento es escribir la memorable expedición y jornada que los
-catalanes y aragoneses hicieron a las provincias de levante, cuando
-su fortuna y valor andaban compitiendo en el aumento de su poder y
-estimación: llamados por Andrónico Paleólogo, emperador de griegos,
-en socorro y defensa de su imperio y casa: favorecidos y estimados
-en tanto que las armas de los turcos le tuvieron casi oprimido, y
-temió su perdición y ruina; pero, después que por el esfuerzo de
-los nuestros quedó libre dellas, maltratados y perseguidos con gran
-crueldad y fiereza bárbara, de que nació la obligación natural de
-mirar por su defensa y conservación, y la causa de volver sus fuerzas
-invencibles contra los mismos griegos y su príncipe Andrónico;
-las cuales fueron tan formidables, que causaron temor y asombro a
-los mayores príncipes de Asia y Europa, perdición y total ruina a
-muchas naciones y provincias, y admiración a todo el mundo. Obra
-será esta, aunque pequeña por el descuido de los antiguos, largos en
-hazañas, cor<span class="pagenum" id="Page_271">[p. 271]</span>tos
-en escribirlas<a id="FNanchor_565" href="#Footnote_565"
-class="fnanchor">[565]</a>, llena de varios y extraños casos, de
-guerras continuas en regiones remotas y apartadas, con varios pueblos
-y gentes belicosas, de sangrientas batallas y victorias no esperadas,
-de peligrosas conquistas acabadas con dichoso fin por tan pocos y
-divididos catalanes y aragoneses, que al principio fueron burla de
-aquellas naciones, y después instrumento de los grandes castigos que
-Dios hizo en ellas. Vencidos los turcos en el primer aumento de su
-grandeza otomana, desposeídos de grandes y ricas provincias de la
-Asia menor, y a viva fuerza y rigor de nuestras espadas encerrados en
-lo más áspero y desierto de los montes de Armenia; después, vueltas
-las armas contra los griegos, en cuyo favor pasaron, por librarse de
-una afrentosa muerte, y vengar agravios que no se pudieran disimular
-sin gran mengua de su estimación y afrenta de su nombre, ganados por
-fuerza muchos pueblos y ciudades, desbaratados y rotos poderosos
-ejércitos, vencidos y muertos en campo reyes y príncipes, grandes
-provincias destruídas y desiertas, muertos, cautivos o desterrados
-sus moradores (venganzas merecidas más que lícitas), Tracia,
-Macedonia, Tesalia y Beocia penetradas y pisadas, a pesar de todos
-los príncipes y fuerzas del oriente, y últi<span class="pagenum"
-id="Page_272">[p. 272]</span>mamente, muerto a sus manos el duque
-de Atenas con toda la nobleza de sus vasallos y de los socorros de
-franceses y griegos, ocupado su estado, y en él fundado un nuevo
-señorío.</p>
-
-<p>En todos estos sucesos no faltaron traiciones, crueldades, robos,
-violencias y sediciones; pestilencia común, no sólo de un ejército
-colectivo y débil por el corto poder de la suprema cabeza, pero de
-grandes y poderosas monarquías. Si como vencieron los catalanes a sus
-enemigos, vencieran su ambición y codicia, no excediendo los límites
-de lo justo, y se conservaran unidos, dilataran sus armas hasta los
-últimos fines del oriente, y viera Palestina y Jerusalén segunda
-vez las banderas cruzadas. Porque su valor y disciplina militar,
-su constancia en las adversidades, sufrimiento en los trabajos,
-seguridad en los peligros, presteza en las ejecuciones, y otras
-virtudes militares, las tuvieron en sumo grado<a id="FNanchor_566"
-href="#Footnote_566" class="fnanchor">[566]</a>, en tanto que la
-ira no las pervirtió; pero el mismo poder que Dios les entregó
-para castigar y oprimir tantas naciones, quiso que fuese el
-instrumento de su propio castigo. Con la soberbia de los buenos
-sucesos, desvanecidos con su prosperidad, llegaron a dividirse
-en la competencia del gobierno; divididos<a id="FNanchor_567"
-href="#Footnote_567" class="fnanchor">[567]</a>, a matarse;<span
-class="pagenum" id="Page_273">[p. 273]</span> con que se encendió una
-guerra civil tan terrible y cruel, que causó sin comparación mayores
-daños y muertes que las que tuvieron con los extraños.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_13_2">
- <h3 title="Los Almugávares"
- class="centra">Descripción de los Almugávares y de su modo
- de pelear</h3>
-</div>
-
-<p>La antigüedad, madre del olvido, por quien han perecido claros
-hechos y memorias ilustres, entre otras que nos dejó confusas,
-ha sido el origen<a id="FNanchor_568" href="#Footnote_568"
-class="fnanchor">[568]</a> de los almugávares; pero según lo que
-yo he podido averiguar, fué de aquellas naciones bárbaras que
-destruyeron el imperio y nombre de los romanos en España, y fundaron
-el suyo, que largo tiempo conservaron con esplendor y gloria de
-grande majestad, hasta que los sarracenos en menos de dos años le
-oprimieron, y forzaron a las reliquias deste universal incendio que<a
-id="FNanchor_569" href="#Footnote_569" class="fnanchor">[569]</a>
-entre lo más áspero de los montes buscasen su defensa, donde las
-fieras muertas por su mano les dieron comida y vestido.</p>
-
-<p>Pero luego su antiguo valor y esfuerzo, que el regalo y
-delicias tenían sepultado, con el trabajo y<span class="pagenum"
-id="Page_274">[p. 274]</span> fatiga se restauró<a id="FNanchor_570"
-href="#Footnote_570" class="fnanchor">[570]</a>, y les hizo
-dejar las selvas y bosques, y convertir sus armas contra moros<a
-id="FNanchor_571" href="#Footnote_571" class="fnanchor">[571]</a>,
-ocupadas antes en dar muerte a fieras. Con la larga costumbre de
-ir divagando, nunca edificaron casas ni fundaron posesiones; en la
-campaña y en las fronteras de enemigos tenían su habitación y el
-sustento de sus personas y familias: despojos de sarracenos, en
-cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidas, sin otra arte ni
-oficio más que servir pagados en la guerra, y cuando faltaban las
-que sus reyes hacían, con cabezas y caudillos particulares, corrían
-las fronteras; de donde vinieron a llamar los antiguos el ir a las
-correrías, <i>ir en almugavería</i>.</p>
-
-<p>Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos de su gloria o afrenta;
-y como los alemanes en todos tiempos lo han usado, el vestido de
-pieles de fieras, abarcas y antiparas de lo mismo. Las armas: una red
-de hierro en la cabeza a modo de casco, una espada y un chuzo algo
-menor de lo que se usa hoy en las compañías de arcabuceros. Pero la
-mayor parte llevaban tres o cuatro dardos arrojadizos; era tanta la
-presteza y violencia con que<span class="pagenum" id="Page_275">[p.
-275]</span> los despedían de sus manos, que atravesaban hombres y
-caballos armados; cosa al parecer dudosa, si Desclot y Muntaner<a
-id="FNanchor_572" href="#Footnote_572" class="fnanchor">[572]</a>
-no lo refirieran, autores graves de nuestras historias, adonde
-largamente se trata de sus hechos, que pueden igualar con los muy
-celebrados de romanos y griegos.</p>
-
-<p>Carlos, Rey de Nápoles, puestos ante su presencia algunos
-prisioneros almugávares, admirado de la vileza del traje y de las
-armas, al parecer inútiles, contra los cuerpos de hombres y caballos
-armados, dijo con algún desprecio que si eran aquellos los soldados
-con que el rey de Aragón pensaba hacer la guerra. Replicóle uno
-dellos, libre siempre el ánimo para la defensa de su reputación:
-«Señor, si tan viles te parecemos y estimas en tan poco nuestro
-poder, escoge un caballero de los más señalados de tu ejército, con
-las armas ofensivas y defensivas que quisiere; que yo te ofrezco con
-sola mi espada y dardo de pelear en campo con él.» Carlos, con deseo
-de castigar la insolencia del almugávar, aplazó el desafío y quiso
-asistir y ver la batalla. Salió un francés con su caballo armado de
-todas piezas, lanza, espada y maza para combatir, y el almugávar
-con sola su espada y dardo. Apenas entraron en la estacada, cuando
-le mató el caballo, y queriendo hacer lo mismo de su dueño, la voz
-del Rey le detuvo, y le<span class="pagenum" id="Page_276">[p.
-276]</span> dió por vencedor y por libre. Otro almugávar en
-esta misma guerra, a la lengua del agua<a id="FNanchor_573"
-href="#Footnote_573" class="fnanchor">[573]</a>, acometido de veinte
-hombres de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros muchos
-hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia el
-tratar de otra largamente.</p>
-
-<p>La duda que se ofrece sólo es del hombre, si fué de nación o de
-milicia en sus principios. Tengo por cosa cierta que fué de nación,
-y para asegurarme más en esta opinión, tengo a George Pachimerio<a
-id="FNanchor_574" href="#Footnote_574" class="fnanchor">[574]</a>,
-autor griego, cuyos fragmentos dan mucha luz a toda esta historia,
-que llama a los almugávares descendientes de los avares, compañeros
-de los hunos y godos; y aunque no se hallará autor que opuestamente
-lo contradiga, por muchas leyes de las <i>Partidas</i> se colige
-claramente que el nombre de almugávar era nombre de milicia, y el
-ser esto verdad no contradice lo primero, porque entrambas cosas
-pueden haber sido; en su principio, como Pachimerio dice, fué de
-nación; pero después, como no ejercitaran los almugávares otra arte
-ni oficio, vinieron ellos a dar nombre a todos los que servían en
-aquel modo de milicia, así como muchas artes y ciencias tomaron
-el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho que hubiese quien se
-agregase a los almugávares, milicia de tanta fatiga y peligro,
-sin ser de su nación<a id="FNanchor_575" href="#Footnote_575"
-class="fnanchor">[575]</a>,<span class="pagenum" id="Page_277">[p.
-277]</span> porque la inclinación natural les hacía seguir la
-profesión de los padres; ni hay hombre que, pudiendo escoger,
-siguiese milicia que desde la primera edad se ocupase con
-tanto riesgo de la vida, descomodidad y continuo trabajo.
-Nicéforo Gregoras<a id="FNanchor_576" href="#Footnote_576"
-class="fnanchor">[576]</a> dice que almugávar es nombre que dan a
-toda su infantería los latinos (así llaman los griegos a todas las
-naciones que tienen a su poniente); pero no hay para qué contradecir
-con razones falsedad tan manifiesta, y más contra un autor tan poco
-advertido en nuestras cosas como Nicéforo.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_565"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_565">[565]</a></span> Imitación de Mariana, quien en
-el Prólogo de su historia dice: «España, más abundante en hazañas
-que en escritores...» En las enumeraciones que siguen, recuerda este
-prólogo de Moncada al de Hurtado de Mendoza, a quien especialmente
-imita.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_566"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_566">[566]</a></span> Esta frase está construída
-con gran descuido e inconsecuencia. Deben borrarse los dos primeros
-<i>su</i>, escritos por Moncada, pensando dar otra conclusión a la frase,
-que luego olvidó. Tal como la termina hay que leer: «porque valor y
-disciplina militar, constancia, etc...»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_567"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_567">[567]</a></span> Participio absoluto y elipsis
-del verbo; la frase completa sería: «una vez divididos <i>llegaron</i> a
-matarse».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_568"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_568">[568]</a></span> <i>Origen</i> es el predicado de <i>ha
-sido</i>, en lugar de <i>memoria</i>, que va anticipado. La frase completa
-sería: <i>ha sido la del origen</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_569"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_569">[569]</a></span> Hoy se diría: «forzaron <i>a</i> que
-buscasen»; Moncada suprimió quizá la preposición, porque la precedía
-otra con el acusativo «<i>a</i> las reliquias.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_570"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_570">[570]</a></span> Aunque Moncada suele poner el
-verbo en plural cuando tiene varios sujetos, aquí usa el singular,
-porque <i>valor y esfuerzo</i> son una mera redundancia, y como el
-adjetivo <i>antiguo</i> les precede, y, por lo tanto, ha de ir en
-singular, contribuye más a presentarlo a la imaginación como sujeto
-único y no doble.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_571"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_571">[571]</a></span> El castellano antiguo no usaba
-artículo con los nombres de naciones: «desamparó a castellanos»;
-«mucho plogo a castellanos.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_572"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_572">[572]</a></span> Bernardo Desclot y Ramón
-Muntaner, cronistas catalanes de la Edad Media. La historia del
-primero llega hasta la muerte de Pedro III el Grande, 1285, y la de
-Muntaner hasta Jaime II.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_573"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_573">[573]</a></span> «Lengua del agua», orilla,
-tierra que el agua lame con sus ondas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_574"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_574">[574]</a></span> Autor de la historia de
-Andrónico Paleólogo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_575"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_575">[575]</a></span> Este razonamiento contradícelo
-Desclot, cap. 79, quien afirma que los almugávares eran de varias
-naciones, a pesar de que en su tiempo vivían únicamente de entradas
-y robos en tierra de sarracenos: «e son Catalans e Aragonesos e
-Serrayns».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_576"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_576">[576]</a></span> Autor de una Historia
-Bizantina.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_14">
- <p><span class="pagenum" id="Page_278">[p. 278]</span></p>
- <h2 title="Don Francisco de Quevedo y Villegas"
- class="nobreak">DON FRANCISCO DE&nbsp;QUEVEDO Y&nbsp;VILLEGAS<br />
- <small>(1580-1645)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Su <i>Política de Dios</i> fué publicada en 1626; en igual año, la
-<i>Vida del Buscón</i>; los dos <i>Sueños</i> titulados: las <i>Zahurdas de
-Plutón</i> y la <i>Visita de los Chistes</i> en 1627, y el <i>Marco Bruto</i> en
-1644.</p>
-
-<p>El siglo <small>XVI</small> había adornado el lenguaje con el
-período amplio y la frase fluida y encadenada. Fray Luis de Granada
-y Fray Luis de León, habían adiestrado en su uso la prosa doctrinal;
-Cervantes, la prosa narrativa. Sólo en los historiadores (sobre
-todo en Mendoza, bastante menos en Mariana) se advertía la opuesta
-tendencia, a la frase cortada y breve. Esta manera especial de
-los historiadores obedecía, según se ha dicho, a la imitación de
-Salustio y Tácito, y como en el siglo <small>XVII</small> abundan,
-al par de los historiadores, los escritores moralistas, que se
-inspiraban habitualmente en las obras de Séneca el filósofo, cuajadas
-de sentencias, antítesis y simetrías, de ahí que, contrastando
-con el lenguaje del siglo <small>XVI</small>, predomine en el del
-<small>XVII</small> la frase elíptica. Era ésta la forma apropiada
-para el estilo <i>conceptuoso</i> que entonces predominó entre los
-prosistas (contrario al que dominó en los poetas, el <i>culterano</i>); la
-cláu<span class="pagenum" id="Page_279">[p. 279]</span>sula corta
-se prestaba muy especialmente para exponer los <i>conceptos</i>, que así
-llamaban a la comparación primorosa de dos ideas que mutuamente se
-esclarecen, y en general todo pensamiento agudo enunciado de una
-manera rápida y picante. Lo que principalmente buscaba el conceptista
-al escribir, era hacer gala de agudeza e ingenio, por eso muestra
-gusto especial por las metáforas forzadas, asociaciones anormales de
-ideas, transiciones bruscas, y gusto por los contrastes violentos
-en que se funda todo humorismo, que humoristas son los grandes
-escritores de este siglo, Quevedo y Gracián. En estos autores
-geniales, el conceptismo aparece lleno de profundidad, la frase
-encierra más ideas que palabras (al revés del culteranismo, que
-prodiga más las palabras que las ideas); pero en los autores de orden
-inferior de este siglo la agudeza suele estribar únicamente en lo
-rebuscado del pensamiento, en equívocos triviales y en estrambóticas
-comparaciones. El siglo <small>XVI</small> fué el de esplendor de
-la prosa castellana, el <small>XVII</small> es ya de decadencia; y
-uno de los síntomas de ésta es precisamente el buscar como principal
-sazón de la obra literaria el artificio y la agudeza.</p>
-
-<p>Quevedo es el representante más notable del estilo propio de los
-autores del siglo <small>XVII</small> y el maestro de casi todos
-ellos. Es un genio, aunque un genio de la decadencia; modelo en la
-expresión siempre penetrante y enérgica, en el lenguaje satírico
-lleno de ironía y escarnio, en el chiste pronto y centelleante, en
-los abultados rasgos con que esboza los tipos caricaturescos de sus
-obras festivas y las tétricas fantasías burlescas de sus <i>Sueños</i>.
-El defecto que a veces echa a perder el estilo de Quevedo es la
-exageración del ingenio, la originalidad extravagante, la oscuridad
-del concepto; como dice Fernández Guerra: «hacen sudar<span
-class="pagenum" id="Page_280">[p. 280]</span> sus genialidades y
-agudezas, y sobre todo su lenguaje es tan idiótico y exquisito, que
-pone a prueba, para sólo entenderlo a veces, a los talentos más
-ejercitados en el estudio de nuestro riquísimo idioma».</p>
-
-<p>En su lenguaje se mezclan el artificio literario con la castiza
-llaneza popular; su vocabulario, al par que abunda en términos
-técnicos y pedantescos, es de los más ricos en toda clase de términos
-vulgares, sin que retroceda ante lo más grosero y soez, ofreciéndonos
-así mezcladas las reminiscencias de la poderosa cultura del autor con
-la vena genial de su inspiración picaresca.</p>
-
-<p>En el manejo de los caudales de la lengua, muestra Quevedo soltura
-y desenfado tan magistral, que halla siempre en ella instrumento
-dócil a sus más sutiles y extrañas ocurrencias; se doblegan a los
-caprichos de su imaginación lo mismo la sintaxis que la significación
-de las voces, a las que frecuentemente da un valor convencional y
-de ocasión, o las leyes de composición de las palabras, pues las
-forja nuevas siempre que las echa de menos para lograr un efecto
-cómico, creando así un diccionario burlesco suyo propio, lleno de
-voces tales como <i>titulecer</i>, remedo de amanecer; <i>disparatario</i>, por
-vocabulario de disparates; <i>pretenmuela</i>, cuando no le parece propio
-usar «pretendiente», y otros innumerables, algunos de los cuales
-forman parte de nuestro lenguaje ordinario. La invención de Quevedo
-en el vocabulario de burlas la continúan otros autores de este siglo,
-Gracián por ejemplo, en el vocabulario de las ideas abstractas; y
-de esta labor de enriquecimiento y neologismo proviene la mayor
-parte del caudal de la lengua moderna que hoy hablamos. La riqueza
-heredada, que el lenguaje del siglo <small>XVI</small> ostentaba como
-único tesoro, parecía ya escasa.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_14_1">
- <h3 title="Señales del verdadero Rey"><span class="pagenum"
- id="Page_281">[p. 281]</span>POLÍTICA DE DIOS Y GOBIERNO DE CRISTO</h3>
- <p class="hang mt1">En esta obra dirige Quevedo a Felipe IV reglas
- de buen gobierno fundadas en los textos de la Biblia. Aquí,
- comentando a San Lucas, VII, y San Mateo, XI, da las señas ciertas
- del verdadero rey.</p>
-</div>
-
-<p>Envió San Juan sus mensajeros a Cristo, que le preguntaron si era
-el que había de venir, el que esperaban, el Mesías prometido, el rey
-Dios y hombre. Bien sabía San Juan que era Jesús el prometido, y que
-no había que esperar a otro: no aguardó a nacer para declararlo<a
-id="FNanchor_577" href="#Footnote_577" class="fnanchor">[577]</a>.
-¿Por qué, pues, manda a sus discípulos el Precursor santísimo que
-de su parte le pregunten a Cristo lo que él sabía? La materia fué
-la más grave que dispuso el Padre Eterno, y que obró el Espíritu
-Santo, y que ejecutó el amor del Hijo: tratábase de dar a entender
-al mundo con demostración que Jesús era hombre y Dios, el rey
-ungido que prometieron los Profetas; quiso<a id="FNanchor_578"
-href="#Footnote_578" class="fnanchor">[578]</a> que su pregunta
-enseñase con la respuesta de Cristo lo que no podía tener igual
-autoridad en sus palabras. Literalmente lo probaré con el texto
-sagrado.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_282">[p. 282]</span></p>
-
-<p>Preguntaron a Jesús si era el prometido, el que había de venir; y
-Cristo respondió con obras sin palabras; pues luego resucitó muertos,
-dió vista a ciegos, pies a tullidos, habla a los mudos, salud a los
-enfermos, libertad a los poseídos del demonio; y después dijo: «Id y
-diréis a Juan que los muertos resucitan, los ciegos ven, los mudos
-hablan, los tullidos andan, los enfermos guarecen.» Quien a todos da
-y a nadie quita; quien a todos da lo que les falta; quien a todos da
-lo que han menester y desean, ese Rey es, ese es el Prometido, es el
-que se espera, y con él no hay más que esperar. Pobladas están de
-coronas y cetros estas acciones. No dijo: «Yo soy rey»; sino mostróse
-rey. No dijo: «Yo soy el Prometido»; sino cumplió lo prometido. No
-dijo: «No hay que esperar a otro»; sino obró de suerte, que no dejó
-que esperar de otro.</p>
-
-<p>Sacra, Católica, Real Majestad<a id="FNanchor_579"
-href="#Footnote_579" class="fnanchor">[579]</a>, bien puede alguno
-mostrar encendido su cabello en corona ardiente en diamantes, y
-mostrar inflamada su persona con vestidura, no sólo teñida, sino
-embriagada con repetidos hervores de la púrpura; y ostentar soberbio
-el cetro con el peso del oro, y dificultarse a la vista remontado
-en trono desvanecido<a id="FNanchor_580" href="#Footnote_580"
-class="fnanchor">[580]</a>, y atemorizar su habitación con las
-amena<span class="pagenum" id="Page_283">[p. 283]</span>zas bien
-armadas de su guarda<a id="FNanchor_581" href="#Footnote_581"
-class="fnanchor">[581]</a>; llamarse rey, y firmarse rey; mas serlo y
-merecer serlo, si no imita a Cristo en dar a todos lo que les falta,
-no es posible, Señor. Lo contrario, más es ofender que reinar.</p>
-
-<p>Quien os dijere que vos no podéis hacer estos milagros, dar vista
-y pies, y vida, y salud, y resurrección y libertad de opresión de
-malos espíritus, ese os quiere ciego, y tullido, y muerto, y enfermo,
-y poseído de su mal espíritu. Verdad es que no podéis, Señor,
-obrar aquellos milagros; mas también lo es que podéis imitar sus
-efectos. Obligado estáis a la imitación de Cristo. Si os descubrís
-donde os vea el que<a id="FNanchor_582" href="#Footnote_582"
-class="fnanchor">[582]</a> no dejan que pueda veros, ¿no le dais
-vista? Si dais entrada al que necesitando de ella se la negaban,
-¿no le dais pies y pasos? Si oyendo a los vasallos, a quien<a
-id="FNanchor_583" href="#Footnote_583" class="fnanchor">[583]</a>
-tenía oprimido el mal espíritu de los codiciosos, los remediais,
-¿no les dais libertad de tan mal demonio? Si oís al que la venganza
-y el odio tiene condenado al cuchillo o al cordel, y le hacéis
-justicia, ¿no resucitáis un muerto? Si os mostráis padre de<span
-class="pagenum" id="Page_284">[p. 284]</span> los huérfanos y
-de las viudas, que son mudos, y para quien todos son mudos, ¿no
-les dais voz y palabras? Si socorriendo los<a id="FNanchor_584"
-href="#Footnote_584" class="fnanchor">[584]</a> pobres, y disponiendo
-la abundancia con la blandura del gobierno, estorbáis la hambre y
-la peste, y en una y otra todas las enfermedades, ¿no sanáis a los
-enfermos? Pues, ¿cómo, Señor, estos malsines de la doctrina de Cristo
-os acreditarán los milagros de esta imitación, que sola os puede
-hacer rey verdaderamente, y pasar la majestad de los cortos límites
-del nombre? Por esto, soberano Señor, dijo Cristo: «Mayor testimonio
-tengo que Juan Bautista, porque las obras que hago dan testimonio de
-mí.» Y reconociendo esto San Juan, no dijo lo que sabía, sino mandó
-a sus discípulos le preguntasen quién era, para que respondiendo sus
-obras viese el mundo mayor testimonio que el suyo.</p>
-
-<p>Pues si no puede ser buen rey, imitador del verdadero Rey de los
-reyes, el que no diere a los suyos salud, vida, ojos, lengua, pies y
-libertad, ¿qué será el que les quitare todo esto? Será, sin duda, mal
-espíritu, enfermedad, ceguera y muerte. Considere Vuestra Majestad si
-los que os apartan de hacer estos milagros quieren ellos solos veros
-y que los veáis; acompañaros siempre; que no habléis con otros, y
-que otros no os hablen; que no obréis salud y vida y libertad, sino
-con ellos; y sin otra advertencia conoceréis que os ciegan,<span
-class="pagenum" id="Page_285">[p. 285]</span> y os enferman, y os
-tullen, y os enmudecen; y os hallaréis obseso de malos espíritus vos,
-cuyo oficio es obrar en todos los vuestros lo contrario.</p>
-
-<p>¡Insensatos electores de imperios son los nueve meses! Quien
-debe la majestad a las anticipaciones del parto y a la primera
-impaciencia del vientre, mucho hace si se acuerda, para vivir como
-rey, de que nació como hombre. Pocos tienen por grandeza ser reyes
-por el grito de la comadre; pocos, aun siendo tiranos, se atribuyen
-a la naturaleza: todos lo hacen deuda a sus méritos. Dichoso es
-quien nace para ser rey, si reinando merece serlo; y no se merece
-sino con la imitación de las obras con que Cristo respondió que era
-rey. El angélico Doctor Santo Tomás, en el opúsculo <i>De la enseñanza
-del príncipe</i>, dice que si los monarcas, que están en la mayor
-altura y encima de todos, no son como el fieltro, que defiende de
-las inclemencias del tiempo al que le lleva encima, son como las
-inclemencias, diluvios y piedra sobre las espigas que cogen debajo.
-Lleva el vasallo el peso del rey a cuestas como las armas, para
-que le defienda, no para que le hunda. Justo es que recompense,
-defendiendo, el ser llevado y el ser carga.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_14_2">
- <h3 title="Discurso de Marco Bruto"><span class="pagenum"
- id="Page_286">[p. 286]</span>VIDA DE MARCO BRUTO</h3>
- <p class="hang mt1">Haciendo amplios comentarios al texto
- de la Vida de Bruto, escrita por Plutarco, supone que el matador
- de César pronuncia ante el pueblo esta oración:</p>
-</div>
-
-<p>«Ciudadanos de Roma: Las guerras civiles, de compañeros de Julio
-César os hicieron vasallos; y esta mano, de vasallos os vuelve a
-compañeros. La libertad que os dió mi antecesor Junio Bruto contra
-Tarquino, os da Marco Bruto contra Julio César. De este beneficio no
-aguardo vuestro agradecimiento, sino vuestra aprobación. Yo nunca
-fuí enemigo de César, sino de sus designios; antes tan favorecido<a
-id="FNanchor_585" href="#Footnote_585" class="fnanchor">[585]</a>,
-que en haberle muerto fuera el peor de los ingratos, si no hubiera
-sido el mejor de los leales. No han sido sabidoras de mi intención
-la envidia ni la venganza. Confieso que César, por su valentía y
-por su sangre, y su eminencia en la arte militar y en las letras,
-mereció que le diese vuestra liberalidad los mayores puestos; mas
-también afirmo que mereció la muerte, porque quiso antes tomároslos
-con el poder de darlos, que merecerlos: por esto no lo he muerto
-sin lágrimas. Yo lloré lo que él mató en sí, que fué la lealtad
-a vosotros, la obediencia a los Padres; no lloré su vida,<span
-class="pagenum" id="Page_287">[p. 287]</span> porque supe llorar
-su alma. Pompeyo dió la muerte a mi padre; y aborreciéndole<a
-id="FNanchor_586" href="#Footnote_586" class="fnanchor">[586]</a>
-como a homicida suyo, luego que contra Julio en defensa de vosotros
-tomó las armas, le perdoné el agravio, seguí sus órdenes, milité en
-sus ejércitos, y en Farsalia me perdí con él<a id="FNanchor_587"
-href="#Footnote_587" class="fnanchor">[587]</a>. Llamóme con suma
-benignidad César, prefiriéndome en las honras y beneficios a todos.
-He querido traeros estos dos sucesos a la memoria, para que veáis que
-ni en Pompeyo me apartó de vuestro servicio mi agravio, ni en César
-me granjearon contra vosotros las caricias y favores. Murió Pompeyo
-por vuestra desdicha: vivió César por vuestra ruina: matéle yo por
-vuestra libertad. Si esto juzgáis por delito<a id="FNanchor_588"
-href="#Footnote_588" class="fnanchor">[588]</a>, con vanidad le
-confieso; si por beneficio, con humildad os le propongo. No temo
-el morir por mi patria; que primero decreté mi muerte que la de
-César. Juntos estáis, y yo en vuestro poder; quien se juzgare
-indigno de la libertad que le doy, arrójeme su puñal, que a mí
-me será doblada gloria morir por haber muerto al tirano. Y si os
-provocan a compasión las heridas de César, recorred todas vuestras
-parentelas, y veréis cómo por él habéis degollado vuestros linajes,
-y los padres con la sangre de los hijos, y los hijos con la de sus
-padres, ha<span class="pagenum" id="Page_288">[p. 288]</span>béis<a
-id="FNanchor_589" href="#Footnote_589" class="fnanchor">[589]</a>
-manchado las campañas y calentado los puñales. Esto, que no pude
-estorbar y procuré defender<a id="FNanchor_590" href="#Footnote_590"
-class="fnanchor">[590]</a>, he castigado. Si me hacéis cargo de
-la vida de un hombre, yo os le hago de la muerte de un tirano.
-Ciudadanos: si merezco pena, no me la perdonéis; si premio, yo os le
-perdono.»</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_14_3">
- <h3 title="Las Zahurdas de Plutón">LAS ZAHURDAS DE PLUTÓN</h3>
- <p class="hang mt1">El autor finge en este <i>Sueño</i> que, dejando
- el camino desagradable y solitario de la virtud, se pasa a otro
- atestado de gente de todas condiciones que por él corría; encarece
- el humor agradable y entretenido de estos pasajeros, y pondera su
- contento de ir en compañía tan reverenda y honrada.</p>
-</div>
-
-<p>Mas duróme poco, porque oí decir a mis espaldas: «¡Dejen
-pasar los boticarios!»<a id="FNanchor_591" href="#Footnote_591"
-class="fnanchor">[591]</a>—¿Boticarios pasan?—dije yo entre mí—;
-al infierno vamos. Y fué así, porque al punto nos hallamos dentro
-por una puerta como<a id="FNanchor_592" href="#Footnote_592"
-class="fnanchor">[592]</a> de ratonera, fácil de entrar<a
-id="FNanchor_593" href="#Footnote_593" class="fnanchor">[593]</a>, e
-imposible de salir por ella.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_289">[p. 289]</span></p>
-
-<p>Y fué de ver que nadie en todo el camino dijo: «Al infierno
-vamos»; y todos, estando en él, dijeron muy espantados: «¡En el
-infierno estamos!» ¿En el infierno?—dije yo muy afligido—; ¡no puede
-ser! Quíselo poner a pleito; comencéme a lamentar de las cosas que
-dejaba en el mundo: los parientes, los amigos, los conocidos, las
-damas; y estando llorando esto, volví la cara hacia el mundo, y vi
-venir por el mismo camino, despeñándose a todo correr, cuanto<a
-id="FNanchor_594" href="#Footnote_594" class="fnanchor">[594]</a>
-había conocido allá, poco menos. Consoléme algo en ver esto, y
-que, según se daban priesa a llegar al infierno, estarían conmigo
-presto.</p>
-
-<p>Comenzóseme a hacer áspera la morada y desapacibles los zaguanes.
-Fuí entrando poco a poco entre unos sastres que se me llegaron,
-que iban medrosos de los diablos. En la primera entrada hallamos
-siete demonios escribiendo los que íbamos entrando. Preguntáronme
-mi nombre; díjele y pasé. Llegaron a mis compañeros, y dijeron
-que<span class="pagenum" id="Page_290">[p. 290]</span> eran
-remendones, y dijo uno de los diablos: «Deben entender los remendones
-en el mundo que no se hizo el infierno sino para ellos, según se
-vienen por acá.» Preguntó otro diablo cuántos eran; respondieron
-que ciento, y replicó un verdugo mal barbado entrecano: «¿Ciento,
-y sastres? No pueden ser tan pocos; la menor partida que habemos
-recibido ha sido de mil y ochocientos. En verdad que estamos por
-no recibirles.» Afligiéronse ellos; mas al fin entraron. Ved
-cuáles son los malos, que es para ellos amenaza el no dejarlos
-entrar en el infierno. Entró el primero<a id="FNanchor_595"
-href="#Footnote_595" class="fnanchor">[595]</a> un negro, chiquito,
-rubio, de mal pelo; dió un salto en viéndose allá, y dijo: «Ahora
-acá estamos todos.» Salió de un lugar, donde estaba aposentado,
-un diablo de marca mayor<a id="FNanchor_596" href="#Footnote_596"
-class="fnanchor">[596]</a>, corcovado y cojo; y arrojándolos en una
-hondura muy grande, dijo: «Allá va leña.» Por curiosidad me llegué a
-él y le pregunté de qué estaba corcovado y cojo, y me dijo (que era
-diablo de pocas palabras): «Yo era recuero de remendones. Iba por
-ellos al mundo, y de traerlos a cuestas me hice corcovado y cojo;
-he dado en la cuenta, y hallo que se vienen mucho más apriesa que
-yo los puedo traer.» En esto hizo otro vómito<span class="pagenum"
-id="Page_291">[p. 291]</span> dellos el mundo, y hube de entrarme
-porque no había donde estar ya allí, y el monstruo infernal empezó a
-traspalar, y diz que es la mejor leña que se quema en el infierno,
-remendones de todo oficio, gente que sólo tiene bueno ser enemiga de
-novedades.</p>
-
-<p>Pasé adelante por un pasadizo muy escuro, cuando por mi nombre
-me llamaron. Volví a la voz los ojos, casi tan medrosa como ellos,
-y hablóme un hombre, que por las tinieblas no pude divisar más de
-lo que la llama que le atormentaba me permitía. «¿No me conoce?
-me dijo; a...» (ya lo iba a decir) y prosiguió tras su nombre:...
-«el librero? Pues yo soy. ¡Quién tal pensara!» Y es verdad, Dios,
-que yo siempre lo sospeché, porque era su tienda el burdel de los
-libros... «¿Qué quiere?—me dijo viéndome suspenso—pues es tanta mi
-desgracia que todos se condenan por las malas obras que han hecho,
-y yo y algunos libreros nos condenamos por las obras malas que
-hacen los otros, y por lo<a id="FNanchor_597" href="#Footnote_597"
-class="fnanchor">[597]</a> que hicimos barato de los libros en
-romance y traducidos del latín, sabiendo ya con ellos los tontos lo
-que encarecían en otros tiempos los sabios; que ya hasta el lacayo
-latiniza, y hallarán a Horacio en castellano en la caballeriza.» Más
-iba a decir, sino que un demonio le comenzó a atormentar con humazos
-de hojas de sus libros, y otro a leerle alguno dellos. Yo, que<span
-class="pagenum" id="Page_292">[p. 292]</span> vi que ya no hablaba,
-fuíme adelante, diciendo entre mí: Hay quien se condena por obras
-malas ajenas, ¿qué harán los que las hicieran propias?</p>
-
-<p>En esto iba, cuando en una gran zahurda andaban mucho
-número de ánimas gimiendo, y muchos diablos con látigos y
-zurriagas azotándolos<a id="FNanchor_598" href="#Footnote_598"
-class="fnanchor">[598]</a>. Pregunté qué gente eran, y dijeron que
-no eran sino cocheros; y dijo un diablo lleno de cazcarrias, romo
-y calvo, que quisiera más (a manera de decir) lidiar con lacayos;
-porque había cochero de aquellos que pedía aun dineros por ser
-atormentado, y que la tema de todos era que habían de poner pleito a
-los diablos por el oficio, pues no sabían chasquear los azotes tan
-bien como ellos...</p>
-
-<p>Y lleguéme a unas bóvedas donde comencé a tiritar de frío y dar
-diente con diente, que me helaba. Pregunté, movido de la novedad
-de ver frío en el infierno, qué era aquello; y salió a responder
-un diablo zambo, con espolones y grietas, lleno de sabañones, y
-dijo: «Señor, este frío es de que en esta parte están recogidos
-los bufones, truhanes y juglares, chocarreros hombres por demás<a
-id="FNanchor_599" href="#Footnote_599" class="fnanchor">[599]</a>
-y que sobran en el mundo, y que están aquí retirados, porque si
-anduvieran por el infierno sueltos, su frialdad es tanta, que
-templaría el dolor del fuego.» Pedíle licencia para llegar a verlos;
-diómela, y calofriado llegué y vi la más infame casilla del mundo,
-y una cosa que no habrá<span class="pagenum" id="Page_293">[p.
-293]</span> quien lo crea, que se atormentaban unos a otros con
-las gracias que habían dicho acá. Y entre los bufones vi muchos
-hombres honrados que yo había tenido por tales; pregunté la
-causa, y respondióme un diablo que eran aduladores, y que por
-esto eran bufones de entre cuero y carne<a id="FNanchor_600"
-href="#Footnote_600" class="fnanchor">[600]</a>. Y repliqué yo, cómo
-se condenaban, y me respondieron: «Gente es que se aviene acá sin
-avisar, a mesa puesta y a cama hecha como en su casa. Y en parte los
-queremos bien, porque ellos se son diablos para sí y para otros, y
-nos ahorran de trabajos, y se condenan a sí mismos; y por la mayor
-parte en vida los más ya andan con marca del infierno, porque el que
-no se deja arrancar los dientes por dinero, se deja matar hachas en
-las nalgas o pelar las cejas; y así, cuando acá los atormentamos,
-muchos dellos después de las penas sólo echan menos las pagas...»</p>
-
-<p>Y volviendo vi un hombre asentado en una silla a solas, sin fuego,
-ni hielo, ni demonio, ni pena alguna, dando las más desesperadas
-voces que oí en el infierno, llorando el propio corazón, haciéndose
-pedazos a golpes y a vuelcos. ¡Válgame Dios!—dije en mi alma,
-¿de qué se queja éste no atormentándole nadie? Y él cada punto
-doblaba sus alaridos y voces. «Dime, dije yo: ¿qué eres y<span
-class="pagenum" id="Page_294">[p. 294]</span> de qué te quejas,
-si ninguno te molesta, si el fuego no te arde<a id="FNanchor_601"
-href="#Footnote_601" class="fnanchor">[601]</a> ni el hielo te
-cerca?»—«¡Ay!, dijo dando voces, que la mayor pena del infierno es la
-mía: ¿verdugos te parece que me faltan? ¡Triste de mí, que los más
-crueles están entregados a mi alma! ¿No los ves?», dijo; y empezó a
-morder la silla y a dar vueltas alrededor y gemir; «vélos, que sin
-piedad van midiendo a descompasadas culpas eternas penas. ¡Ay, qué
-terrible demonio eres, memoria del bien que pude hacer, y de los
-consejos que desprecié y de los males que hice! ¡Qué representación
-tan continua! Déjasme tú, y sale el entendimiento con imaginaciones
-de que hay gloria que pude gozar, y que otros gozan a menos costa que
-yo mis penas! ¡Oh, qué hermoso que pintas el cielo, entendimiento,
-para acabarme! Déjame un poco siquiera. ¿Es posible que mi voluntad
-no ha de tener paz conmigo un punto? ¡Ay, huésped, y qué tres llamas
-invisibles, y qué sayones incorpóreos me atormentan en las tres
-potencias del alma! Y cuando éstos se cansan, entra el gusano de
-la conciencia, cuya hambre en comer del alma nunca se acaba: vesme
-aquí miserable y<span class="pagenum" id="Page_295">[p. 295]</span>
-perpetuo alimento de sus dientes.» Y diciendo esto, salió<a
-id="FNanchor_602" href="#Footnote_602" class="fnanchor">[602]</a>
-la voz: «¿Hay en todo este desesperado palacio quien trueque sus
-almas y sus verdugos a<a id="FNanchor_603" href="#Footnote_603"
-class="fnanchor">[603]</a> mis penas? Así, mortal, pagan los que
-supieron en el mundo, tuvieron letras y discurso, y fueron discretos;
-ellos se son infierno y martirio de sí mismos.» Tornó amortecido
-a su ejercicio con más muestras de dolor. Apartéme de él medroso,
-diciendo: ¡Ved de lo que sirve caudal de razón y doctrina y buen
-entendimiento mal aprovechado! ¡Quién se lo vió<a id="FNanchor_604"
-href="#Footnote_604" class="fnanchor">[604]</a> llorar sólo, y tenía
-dentro de su alma aposentado el infierno?</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_14_4">
- <h3 title="Don Enrique de Villena en la redoma">VISITA DE LOS CHISTES</h3>
- <p class="hang mt1">En este <i>Sueño</i> el autor ve en el Infierno
- a varios personajes que se nombran en frases hechas. Entrevista con
- Don Enrique de Villena.</p>
-</div>
-
-<p>Descubrióse una grandísima redoma de vidrio, dijéronme
-que llegase, y vi jigote, que se bullía<a id="FNanchor_605"
-href="#Footnote_605" class="fnanchor">[605]</a> en un ardor terrible,
-y andaba danzando por todo<span class="pagenum" id="Page_296">[p.
-296]</span> el garrafón, y poco a poco se fueron juntando unos
-pedazos de carne y unas tajadas, y déstas se fué componiendo un
-brazo, un muslo y una pierna, y al fin se coció y enderezó<a
-id="FNanchor_606" href="#Footnote_606" class="fnanchor">[606]</a>
-un hombre entero. De todo lo que había visto y pasado me olvidé,
-y esta visión me dejó tan fuera de mí, que no me diferenciaba de
-los muertos. ¡Jesús mil veces!, dije, ¿qué hombre es éste, nacido
-en guisado, hijo de una redoma? En esto oí una voz que salía de
-la vasija, y dijo: «¿Qué año es éste?»—«De seiscientos y veinte y
-dos», respondí.—«Este año esperaba yo.»—«¿Quién eres, dije, que,
-parido de una redoma, hablas y vives?»—«¿No me conoces?, dijo;
-la redoma y las tajadas ¿no te advierten que soy aquel famoso
-nigromántico de Europa?<a id="FNanchor_607" href="#Footnote_607"
-class="fnanchor">[607]</a> ¿No has oído decir que me hice tajadas
-dentro de una redoma para ser inmortal?»—«Toda mi vida lo he<span
-class="pagenum" id="Page_297">[p. 297]</span> oído decir, le
-respondí; mas túvelo por conversación de la cuna y cuento de entre
-dijes y babador. ¿Qué tú eres? Yo confieso que lo más que llegué a
-sospechar fué que eras algún alquimista que penabas en esa redoma,
-o algún boticario; todos mis temores doy por bien empleados por
-haberte visto.»—«Sábete, dijo, que mi nombre no fué del título
-que me da la ignorancia<a id="FNanchor_608" href="#Footnote_608"
-class="fnanchor">[608]</a>, aunque tuve muchos; sólo te digo que
-estudié y escribí muchos libros, y los míos quemaron, no sin
-dolor de los doctos.»—«Sí me acuerdo, dije yo: oído he decir
-que estás enterrado en un convento de religiosos; mas hoy me
-he desengañado.»—«Ya que has venido aquí, dijo, desatapa esa
-redoma.» Yo empecé a hacer fuerza y a desmoronar tierra con que
-estaba enlodado el vidrio de que era hecha, y díjome: «espera;
-dime primero: ¿hay mucho dinero en España? ¿En qué opinión está
-el dinero? ¿Qué fuerza alcanza? ¿Qué crédito? ¿Qué valor?»
-Respondíle: «No han descaecido las flores de las Indias, aunque
-los extranjeros han echado unas sanguijuelas desde España al cerro
-del Potosí, con que se van restañando las venas, y a chupones se
-empezaron a secar las minas.»—«¿Ginoveses andan a la zacapela con
-el dinero?, dijo él; vuélvome jigote. Hijo mío, los ginoveses
-son lamparones del dine<span class="pagenum" id="Page_298">[p.
-298]</span>ro, enfermedad que procede de tratar con gatos<a
-id="FNanchor_609" href="#Footnote_609" class="fnanchor">[609]</a>.
-Y vese que son lamparones, porque sólo el dinero que va a Francia<a
-id="FNanchor_610" href="#Footnote_610" class="fnanchor">[610]</a> no
-admite ginoveses en su comercio. ¿Salir tenía yo<a id="FNanchor_611"
-href="#Footnote_611" class="fnanchor">[611]</a> andando esos usagres
-de bolsas por las calles? No digo yo hecho jigote en redoma, sino
-hecho polvos en salvadera quiero estar antes que verlos hechos
-dueños de todo.»—«Señor nigromántico, repliqué yo, aunque esto
-es así, han dado en adolecer de caballeros en teniendo caudal,
-úntanse de señores, y enferman de príncipes; y con esto y los
-gastos y empréstidos<a id="FNanchor_612" href="#Footnote_612"
-class="fnanchor">[612]</a> se apolilla la mercancía y se viene
-todo a repartir en deudas y locuras. La verdad adelgaza y no
-quiebra, en esto se conoce que los ginoveses no son verdad, porque
-adelgazan y quiebran.»—«Animádome has, dijo, con eso. Dispondréme
-a salir desta vasija, como primero me digas en qué estado está la
-honra en el mundo.»—«Mucho hay que decir en esto, le respondí yo;
-tocado has una tecla del diablo: todos tienen honra y todos son
-honrados, y todos lo hacen todo caso de honra.<span class="pagenum"
-id="Page_299">[p. 299]</span> Hay honra en todos estados, y la honra
-se está cayendo de su estado, y parece que está ya siete estados
-debajo de tierra. Si hurtan, dicen que por conservar esta negra de
-honra, y que quieren más hurtar que pedir. Si piden, dicen que por
-conservar esta negra honra, y que es mejor pedir que no hurtar.
-Si levantan un testimonio, si matan a uno, lo mismo dicen; que un
-hombre honrado antes se ha de dejar morir entre dos paredes que
-sujetarse a nadie, y todo lo hacen al revés. Y al fin en el mundo
-todos han dado en la cuenta, y llaman honra a la comodidad; y con
-presumir de honrados y no serlo, se ríen del mundo.»—«El diablo
-puede salir a vivir en ese mundecillo, dijo el. Considérome yo a
-los hombres con unas honras títeres que chillan, bullen y saltan;
-que parecen honras, y mirado bien son andrajos y palillos. ¿El no
-decir verdad será mérito? ¿El embuste y la trapaza caballería? ¿Y la
-insolencia donaire? Honrados eran los españoles cuando podían decir
-deshonestos y borrachos a los extranjeros; mas andan diciendo aquí
-malas lenguas que ya en España ni el vino se queja de mal bebido ni
-los hombres mueren de sed. En mi tiempo no sabía el vino por dónde
-subía a las cabezas, y ahora parece que se sube hacia arriba...
-Dime, ¿hay letrados?»—«Hay plaga de letrados, dije yo; no hay otra
-cosa sino letrados; porque unos lo son por oficio, otros lo son por
-presunción, otros por estudio, y déstos pocos; y otros (éstos son
-los más) son letrados porque tratan con otros más ignorantes que
-ellos (en<span class="pagenum" id="Page_300">[p. 300]</span> esta
-materia hablaré como apasionado), y todos se graduan de dotores y
-bachilleres, licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien
-tratan que por las universidades; y valiera más a España langosta
-perpetua que licenciados al quitar.»—«Por ninguna cosa saldré de
-aquí, dijo el nigromántico. ¿Eso pasa? Ya yo los temía, y por las
-estrellas alcancé esa desventura; y por no ver los tiempos que han
-pasado embutidos de letrados me avecindé en esta redoma, y por no
-los verme quedaré hecho pastel en bote.» Repliqué: «En los tiempos
-pasados, que la justicia estaba más sana, tenía menos dotores, y hála
-sucedido lo que a los enfermos, que cuantas más juntas de dotores
-se hacen sobre él, más peligro muestra y peor le va, sana menos y
-gasta más. La justicia, por lo que tiene de verdad, andaba desnuda;
-ahora anda empapelada como especias. Un Fuero Juzgo con su <i>maguer</i>
-y su <i>cuemo</i>, y <i>conusco</i> y <i>faciamus</i>, era todas las librerías; y
-aunque son voces antiguas, suenan con mayor propiedad, pues llaman
-sayón al alguacil, y otras cosas semejantes. Ahora ha entrado una
-cáfila de Menoquios, Surdos y Fabros, Farinacios y Cujacios, consejos
-y decisiones y responsiones y lecciones y meditaciones; y cada día
-salen autores, y cada uno con tres volúmenes: <i>Doctoris Putei</i>, I, 6,
-volúmenes 1, 2, 3, 4, 5, 6 hasta 15. <i>Licenciati Abbatis de Usuris</i>,
-<i>Petri Cusqui in Codicem</i>, <i>Rupis</i>, <i>Brutiparcin</i>, <i>Castani</i>,
-<i>Montocanense de Adulterio et Parricidio</i>, <i>Cornazano</i>, <i>Rocabruno</i>,
-etc. Los letrados todos tie<span class="pagenum" id="Page_301">[p.
-301]</span>nen un cimenterio por librería, y por ostentación andan
-diciendo: tengo tantos cuerpos; y es cosa brava que las librerías
-de los letrados todas son cuerpos sin alma, quizá por imitar a sus
-amos. No hay cosa en que no nos dejen tener razón; sólo lo que no
-dejan tener a las partes es el dinero, que le quieren ellos para sí.
-Y los pleitos no son sobre si lo que deben a uno se lo han de pagar
-a él; que eso no tiene necesidad de preguntas y respuestas: los
-pleitos son sobre que el dinero sea de letrados y del procurador, sin
-justicia, y la justicia sin dinero, de las partes. ¿Queréis ver que
-tan malos son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera
-porfías; y si no hubiera porfías, no hubiera pleitos; y si no hubiera
-pleitos, no hubiera procuradores; y si no hubiera procuradores, no
-hubiera enredos; y si no hubiera enredos, no hubiera delitos; y si no
-hubiera delitos, no hubiera alguaciles; y si no hubiera alguaciles,
-no hubiera cárcel; y si no hubiera cárcel, no hubiera jueces; y
-si no hubiera jueces, no hubiera pasión; y si no hubiera pasión,
-no hubiera cohecho. Mirad la retahila de infernales sabandijas
-que se produce de un licenciadito, lo que disimula una barbaza<a
-id="FNanchor_613" href="#Footnote_613" class="fnanchor">[613]</a> y
-lo<span class="pagenum" id="Page_302">[p. 302]</span> que autoriza
-una gorra. Llegaréis a pedir un parecer, y os dirán: Negocio es de
-estudio; diga vuesa merced, que ya estoy al cabo; habla la ley en
-propios términos.—Toman un quintal de libros, dánle dos bofetadas
-hacia arriba y hacia abajo, y leen de priesa, arremedando un abejón,
-luego dan un gran golpe con el libro patas arriba sobre una mesa,
-muy esparrancado de capítulos, y dicen: En el propio caso habla
-el jurisconsulto. Vuesa merced me deje los papeles; que me quiero
-poner bien en el hecho del negocio, y téngalo por más que bueno, y
-vuélvase por acá mañana en la noche; porque estoy escribiendo sobre
-la tenuta de Trasbarras; mas, por servir a vuesa merced, lo dejaré
-todo. Y cuando al despediros le queréis pagar (que es para ellos la
-verdadera luz y entendimiento del negocio que han de resolver), dice,
-haciendo grandes cortesías y acompañamientos: ¡Jesús, señor! Y entre
-Jesús y señor, alarga la mano, y para gastos de pareceres se emboca
-un doblón.»—«No he de salir de aquí (dijo el nigromántico) hasta que
-los pleitos se determinen a garrotazos; que en el tiempo que por
-falta de letrados se determinaban las causas a cuchilladas, decían
-que el palo era alcalde<a id="FNanchor_614" href="#Footnote_614"
-class="fnanchor">[614]</a>, y de ahí vino: <i>Júzguelo el alcalde de
-palo</i>. Y si he de salir ha de ser sólo a dar arbitrio a los reyes
-del mundo,<span class="pagenum" id="Page_303">[p. 303]</span> que
-quien quisiere estar en paz y rico, me pague los letrados a su
-enemigo para que lo embelequen y roben y consuman. Dime, ¿hay todavía
-Venecia en el mundo?»—«Sí la hay, dije yo; no hay otra cosa sino
-Venecia y venecianos.»—«¡Oh! dóila al diablo (dijo el nigromántico)
-por vengarme del mismo diablo, que no sé que pueda darla a nadie
-sino por hacerle mal. Es república esa, que mientras que no tuviere
-conciencia durará, porque si restituye lo ajeno no le queda nada.
-¡Linda gente!, la ciudad fundada en el agua, el tesoro y la libertad
-en el aire, la deshonestidad en el fuego; y al fin es gente de
-quien huyó la tierra<a id="FNanchor_615" href="#Footnote_615"
-class="fnanchor">[615]</a>, y son narices de las naciones y el
-albañal de las monarquías por donde purgan las inmundicias de la
-paz y de la guerra; y el turco los permite por hacer mal a los
-cristianos, los cristianos por hacer mal a los turcos, y ellos, por
-poder hacer mal a unos y a otros, no son moros ni cristianos, y así
-dijo uno dellos mismos en una ocasión de guerra, para animar a los
-suyos contra los cristianos. ¡Ea, que antes fuisteis venecianos que
-cristianos! Dejemos eso, y dime: «¿hay muchos golosos de valimientos
-de los hombres del mundo?»—«Enfermedad es (dije yo) esa de que todos
-los reinos son hospitales.» Y él replicó: «Antes casas de orates
-entendí yo; mas según la relación que me haces, no me he de mover
-de aquí. Mas quiero que tú les digas a esas bestias que en albarda
-tienen la vanidad y ambi<span class="pagenum" id="Page_304">[p.
-304]</span>ción, que los reyes y príncipes son azogue en todo. Lo
-primero, el azogue, si le quieren apretar, se va; así sucede a los
-que quieren tomarse con los reyes más mano<a id="FNanchor_616"
-href="#Footnote_616" class="fnanchor">[616]</a> de lo que es razón.
-El azogue no tiene quietud; así son los ánimos por la continua
-mareta de negocios. Los que tratan y andan con el azogue, todos
-andan temblando; así han de hacer los que tratan con los reyes,
-temblar delante dellos de respeto y temor, porque si no, es fuerza
-que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en España,
-que es la postrera curiosidad que he de saber; que me quiero volver
-a jigote, que me hallo mejor?» «Murió Filipo III», dije yo.—«Fué
-santo rey y de virtud incomparable (dijo el nigromántico), según leí
-yo en las estrellas pronosticado.»—«Reina Filipo IV días há», dije
-yo.—«¿Eso pasa? (dijo). ¿Qué, ya ha dado el tercero cuarto para la
-hora que yo esperaba?» Y diciendo y haciendo subió por la redoma, y
-la trastornó y salió fuera. Iba diciendo y corriendo: «Más justicia
-se ha de hacer ahora por un Cuarto que en otros tiempos por doce
-millones.»</p>
-
-<p>Yo quise partir tras él, cuando me asió del brazo un muerto,
-y dijo: «Déjale ir; que nos tenía con cuidado a todos; y cuando
-vayas al otro mundo di que Agrages estuvo contigo, y que se
-queja que le levantéis: <i>Agora lo veredes</i><a id="FNanchor_617"
-href="#Footnote_617" class="fnanchor">[617]</a>. Yo soy Agra<span
-class="pagenum" id="Page_305">[p. 305]</span>ges: mira bien que no he
-dicho tal; que a mí no se me da nada que ahora ni nunca lo veáis; y
-siempre andáis diciendo: <i>Agora lo veredes, dijo Agrages</i>. Sólo ahora
-que a tí y al de la redoma os oí decir que reinaba Filipo IV, digo
-que ahora lo veredes. Y pues soy Agrages, <i>agora lo veredes, dijo
-Agrages</i>.»</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_14_5">
- <h3 title="El dómine Cabra">VIDA DEL BUSCÓN LLAMADO DON PABLOS</h3>
- <p class="centra mt1">EJEMPLO DE VAGABUNDOS Y ESPEJO DE TACAÑOS</p>
- <p class="hang mt2">El buscón cuenta cómo estuvo en pupilaje con un
- compañero suyo de escuela, hijo de un notable segoviano.</p>
-</div>
-
-<p>Determinó, pues, Don Alfonso de poner a su hijo en pupilaje: lo
-uno por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado.
-Supo que había en Segovia un licenciado Cabra, que tenía por oficio
-de criar hijos de caballeros, y envió allá el suyo y a mí para
-que le acompañase y sirviese. Entramos primer domingo después de
-Cuaresma en poder de la hambre viva, porque tal laceria no<span
-class="pagenum" id="Page_306">[p. 306]</span> admite encarecimiento.
-El era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza
-pequeña, pelo bermejo. No hay más que decir<a id="FNanchor_618"
-href="#Footnote_618" class="fnanchor">[618]</a> para quien sabe
-el refrán que dice, ni gato ni perro de aquella color. Los ojos
-avecinados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos; tan
-hundidos y escuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de
-mercaderes; la nariz entre Roma y Francia...; las barbas descoloridas
-de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que
-amenazaba comérselas; los dientes le faltaban no sé cuántos, y pienso
-que por holgazanos y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate
-largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba
-a buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las
-manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de media abajo,
-parecía tenedor, o compás con dos piernas largas y flacas; su andar
-muy de espacio; si se descomponía algo, se sonaban los huesos como
-tablillas de San Lázaro<a id="FNanchor_619" href="#Footnote_619"
-class="fnanchor">[619]</a>; la habla ética; la barba grande, por
-nunca se la cortar<a id="FNanchor_620" href="#Footnote_620"
-class="fnanchor">[620]</a>, por no gastar; y él decía que era tanto
-el asco que le daba ver las manos del barbero por su cara, que
-antes se dejaría matar que tal permitiese;<span class="pagenum"
-id="Page_307">[p. 307]</span> cortábale los cabellos un muchacho de
-los otros. Traía un bonete los días de sol, ratonado con mil gateras,
-y guarniciones de grasa; era de cosa que fué paño, con los fondos
-de caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no
-se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían
-por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca
-parecía negra, y desde lejos entre azul; llevábala sin ciñidor; no
-traía cuello ni puños; parecía, con los cabellos largos y la sotana
-mísera y corta, lacayuelo<a id="FNanchor_621" href="#Footnote_621"
-class="fnanchor">[621]</a> de la muerte. Cada zapato podía ser
-tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él:
-conjuraba los ratones, de miedo que no le royesen algunos mendrugos
-que guardaba; la cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado,
-por no gastar las sábanas; al fin, era archipobre y protomiseria.
-A poder, pues, déste vine y en su poder estuve con Don Diego, y la
-noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una plática
-corta, que por no gastar tiempo no duró más; díjonos lo que habíamos
-de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora del comer; fuímos
-allá: comían los amos primero, y servíamos los criados. El refitorio
-era un aposento como un medio celemín; sustentábanse a una mesa hasta
-cinco caba<span class="pagenum" id="Page_308">[p. 308]</span>lleros.
-Yo miré lo primero por los gatos, y como no los vi, pregunté que cómo
-no los había a un criado antiguo, el cual, de flaco, estaba ya con
-la marca del pupilaje. Comenzó a enternecerse, y dijo: «¿Cómo gatos?
-Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son amigos de ayunos y
-penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois nuevo.»</p>
-
-<p>Yo con esto me comencé a afligir, y más me asusté cuando advertí
-que todos los que de antes vivían en el pupilaje estaban como leznas,
-con unas caras que parecían se afeitaban con diaquilón. Sentóse el
-licenciado Cabra y echó la bendición; comieron una comida eterna,
-sin principio ni fin; trajeron caldo en unas escudillas de madera,
-tan claro, que en comer una dellas peligraba Narciso más que en la
-fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado
-tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra
-a cada sorbo: «Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo
-que dijeren; todo lo demás es vicio y gula.» Acabando de decillo,
-echóse su escudilla a pechos<a id="FNanchor_622" href="#Footnote_622"
-class="fnanchor">[622]</a>, diciendo: «Todo esto es salud y otro
-tanto ingenio.» ¡Mal ingenio te acabe! decía yo entre mí, cuando
-vi un mozo, medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en
-las manos, que parecía la había quitado de sí mismo. Venía un nabo
-aventurero a vueltas, y dijo el maestro: «¿Nabos hay? No hay para
-mí<span class="pagenum" id="Page_309">[p. 309]</span> perdiz que se
-le iguale: coman, que me huelgo de vellos comer.» Repartió a cada uno
-tan poco carnero, que en lo que se les pegó a las uñas y se les quedó
-entre los dientes pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas
-las tripas de participantes. Cabra los miraba, y decía: «Coman, que
-mozos son, y me huelgo de ver sus buenas ganas.» Mire vuesa merced
-qué buen aliño para los que bostezaban de hambre.</p>
-
-<p>Acabaron de comer, y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en
-el plato unos pellejos y unos güesos; y dijo el pupilero: «Quede
-esto para los criados, que también han de comer; no lo queramos
-todo.» ¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado, decía yo;
-que tal amenaza has hecho a mis tripas! Echó la bendición, y dijo:
-«Ea, demos lugar a los criados, y váyanse hasta las dos a hacer
-ejercicio, no les haga mal lo que han comido.» Entonces yo no pude
-tener la risa, abriendo toda la boca. Enojóse mucho, y díjome que
-aprendiese modestia, y tres o cuatro sentencias viejas, y fuése.
-Sentámonos nosotros; y yo, que vi el negocio mal parado, y que mis
-tripas pedían justicia, como más cano y más fuerte que los otros,
-arremetí al plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres
-mendrugos los dos y el un<a id="FNanchor_623" href="#Footnote_623"
-class="fnanchor">[623]</a> pellejo. Comenzaron los otros a gruñir;
-al ruido entró Cabra diciendo: «Coman como hermanos, pues<span
-class="pagenum" id="Page_310">[p. 310]</span> Dios les da con qué;
-no riñan, que para todos hay.» Volvióse al sol y dejónos solos.
-Certifico a vuesa merced que había uno dellos que se llamaba Surre,
-vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía, que una
-cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos, y entre tres no
-la acertaba a encaminar de las manos a la boca.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_577"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_577">[577]</a></span> Alusión al pasaje de San Lucas,
-I, 41. «et factum est, ut audivit salutationem Mariæ Elisabeth,
-exultavit infans in utero ejus.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_578"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_578">[578]</a></span> La omisión de las conjunciones
-convenientes da alguna oscuridad al razonamiento seguido en este
-punto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_579"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_579">[579]</a></span> Este era el largo título
-oficial aplicado a los reyes en tiempos de Quevedo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_580"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_580">[580]</a></span> «<i>Desvanecido</i>, el flaco de
-cabeza, o el necio, loco presumido, o que da crédito a las lisonja.»
-(Covarrubias.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_581"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_581">[581]</a></span> «La guarda del Rey o del
-Príncipe, los que ciñen su persona cuando sale en público, y en
-su palacio están en la antecámara.» (Covarrubias.) Esta acepción
-no la da el Diccionario de la Academia a <i>Guarda</i>, sino sólo a
-<i>Guardia</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_582"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_582">[582]</a></span> Aquí <i>el que</i> hace el doble
-oficio de sujeto de <i>vea</i> y de complemento de <i>dejan</i>, en vez
-de separar ambos poniendo <i>aquel</i> como sujeto <i>a quien</i> como
-complemento.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_583"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_583">[583]</a></span> El plural <i>quienes</i> era muy
-poco usado, aunque no faltan ejemplos desde la primera mitad del
-siglo <small>XVI</small> (v. <span class="smcap">Cuervo</span>,
-<i>Notas a Bello</i>, pág. 54).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_584"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_584">[584]</a></span> Véase atrás, <a
-href="#Page_200">pág. 200</a>, <a href="#Footnote_416">n. 416</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_585"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_585">[585]</a></span> El sobreentenderse una vez
-«<i>fui enemigo</i> de sus designios» y otra «<i>fui</i> tan favorecido» quita
-claridad a estas elipsis.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_586"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_586">[586]</a></span> El sujeto de esta cláusula
-absoluta debiera de ir expreso, pues no se adivina hasta que, pasada
-la oración temporal: «luego que tomó las armas», se llega al verbo
-principal «le perdoné.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_587"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_587">[587]</a></span> Confirmación a lo dicho en la
-<a href="#Footnote_268">nota 268</a> de la <a href="#Page_121">pág.
-121</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_588"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_588">[588]</a></span> Compárese lo dicho en la <a
-href="#Page_203">pág. 203</a>, <a href="#Footnote_421">n. 421</a>,
-respecto al verbo <i>declarar</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_589"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_589">[589]</a></span> El sujeto <i>padres</i> e <i>hijos</i>
-refiérese a aquellos a quienes habla Bruto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_590"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_590">[590]</a></span> En el sentido de vedar,
-impedir.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_591"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_591">[591]</a></span> Véase otra vez la <a
-href="#Footnote_416">nota 416</a> de la <a href="#Page_200">pág.
-200</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_592"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_592">[592]</a></span> Véase <a href="#Page_167">pág.
-167</a>, <a href="#Footnote_352">nota 352</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_593"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_593">[593]</a></span> Hay mezcla de dos
-construcciones; en una, <i>fácil</i> es calificativo de <i>puerta</i> y rige
-al infinitivo <i>entrar</i> (tomado en sentido pasivo) mediante la
-preposición <i>de</i>: «puerta fácil de entrar», como se dice «fácil de
-entender» por «fácil de entenderse» o «de ser entendido», expresión
-que en latín se haría por gerundio, «facilis ad intelligendum». En
-la otra construcción, <i>fácil</i> está en sentido neutro, como predicado
-del verbo tácito, cuyo sujeto es <i>entrar</i>: «puerta que era fácil
-entrar por ella.» Tenemos, pues, la suma «<i>puerta fácil</i> de entrar» +
-«<i>puerta por la que</i> era fácil entrar.» = «<i>puerta fácil</i> de entrar
-<i>por ella</i>.» La construcción se complica luego por el hecho de que
-el intransitivo <i>salir</i> no puede tomarse, como <i>entrar</i>, en sentido
-pasivo. Como si dijéramos: «cosa buena de tratar» + «cosa acerca de
-la que es bueno tratar» = «cosa buena de tratar, pero delicada de
-insistir sobre ella.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_594"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_594">[594]</a></span> Envuelve su antecedente <i>tanto</i>
-o <i>todo</i>, y va en neutro denotando la colectividad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_595"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_595">[595]</a></span> Adjetivo con sentido de
-adverbio, como en latín <i>primus</i>, <i>a</i>, <i>um</i>, por el adverbio
-<i>primum</i>. Véase atrás <a href="#Page_99">pág. 99</a>, <a
-href="#Footnote_213">nota 213</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_596"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_596">[596]</a></span> <i>Marca</i> es la medida cierta
-del tamaño ordinario que debe tener una cosa; «espadas de la marca»,
-«paños de marca»; hablando del papel se dice: «de marca menor», «de
-marca mayor», designando ésta el que es de mayor tamaño que el otro,
-para estampar mapas, láminas y libros grandes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_597"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_597">[597]</a></span> <i>Lo que</i> equivale a ‘lo mucho
-que’, ‘el grado en que’. (<span class="smcap">Bello</span> <i>Gr.</i>,
-§&nbsp;976.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_598"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_598">[598]</a></span> Considera en <i>ánimas</i> el
-sentido de ‘hombres’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_599"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_599">[599]</a></span> <i>Por demás</i> equivale a ‘en
-demasía, con exceso’; acepción que falta en el Diccionario académico.
-Usaba también <i>además</i>, véase <a href="#Page_148">pág. 148</a>,
-nota.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_600"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_600">[600]</a></span> «<i>Entre cuero y carne</i>, lo que
-no penetra, sino que es casi superficial.» (Covarrubias.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_601"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_601">[601]</a></span> <i>Arder</i>, en el sentido
-transitivo de ‘abrasar’ fué harto frecuente en los tiempos clásicos,
-pero ya en el siglo pasado lo notaba de raro el Diccionario de
-Autoridades. En el Diccionario vulgar tuvo la marca de anticuado
-hasta la décima edición; en la undécima (1869) y duodécima (1884)
-está rehabilitado (<span class="smcap">Cuervo</span>, <i>Dicc.</i>) El
-mismo Quevedo dice:</p>
-
-<div class="poema mt05"><div class="stanza">
-<p class="i2">Ícaro en senda de oro mal segura</p>
-<p class="i0">arde sus alas por morir glorioso.</p>
-</div></div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_602"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_602">[602]</a></span> Tal vez equivale a ‘esforzó la
-voz’ por más que parece raro este sentido transitivo de <i>salir</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_603"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_603">[603]</a></span> Cosa que se puede trocar <i>con</i>
-otra (Nebrija). Trocar una cosa <i>por</i> otra (Covarrubias).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_604"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_604">[604]</a></span> El <i>se</i> es un reflexivo
-impropio, en dativo, que se usa con ciertos transitivos para realzar
-la parte que el sujeto toma en la acción, como: no sé lo que me
-digo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_605"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_605">[605]</a></span> <i>Bullir</i> en el sentido de
-‘moverse’, tiene uso reflexivo. Santa Teresa dice: «<i>no osa bullirse
-ni menearse</i>.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_606"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_606">[606]</a></span> Usado en el sentido anticuado
-de <i>aderezar</i> o guisar las viandas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_607"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_607">[607]</a></span> Don Enrique de Villena fué
-nieto de Don Alonso, Marqués de Villena, primer condestable de
-Castilla, y después Duque de Gandía, hijo del Infante Don Pedro de
-Aragón. La madre de Don Enrique fue Doña Juana, hija bastarda del
-Rey Don Enrique II; «Este Don Enrique fue inclinado a las ciencias
-y artes mas que a la caballeria;... dexóse correr a algunas viles
-o raeces artes de adivinar e interpretar sueños y esternudos y
-señales, e otras cosas tales que ni a príncipe real, e menos a
-católico cristiano convenían». Murió en Madrid, de cincuenta años,
-a 15 de diciembre de 1434. Depositaron su cuerpo en el convento de
-San Francisco. (<span class="smcap">Fernán Pérez de Guzmán</span>
-<i>Generaciones y semblanzas</i>, capítulo XXVIII.) El vulgo supuso que
-Don Enrique, por arte de nigromancia, se había hecho picar en jigote
-y encerrar en una redoma para volver a segunda vida.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_608"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_608">[608]</a></span> Alude a la errada denominación
-de Marqués de Villena que vulgarmente se aplica a Don Enrique. Un
-manuscrito de este <i>Sueño</i> tiene esta variante: «Sabe, dijo, que
-no fuí Marqués de Villena, que ese título me da la inociencia:
-llamáronme Don Enrique de Villena, fuí Infante de Castilla; estudié y
-escribí», etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_609"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_609">[609]</a></span> Quevedo usa mucho la voz <i>gato</i>
-en su acepción de ‘ladrón ratero’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_610"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_610">[610]</a></span> Aclara este pasaje la variante
-que ofrece un manuscrito: «sólo el dinero que va a Francia sana de
-esos lamparones, porque el Rey de Francia no admite ginoveses». A los
-reyes de Francia les atribuía el pueblo la milagrosa virtud de curar
-los lamparones o escrófulas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_611"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_611">[611]</a></span> Esto es: «¿había de salir yo?»
-Los verbos <i>haber</i> y <i>tener</i> alternan en su uso de auxiliares, pero
-aquí es de notar la ausencia de la preposición <i>de</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_612"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_612">[612]</a></span> Anticuado, por <i>empréstito</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_613"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_613">[613]</a></span> Parece que toma la barba como
-característica de los letrados: en esto debe fundarse el refrán:
-<i>callen barbas y hablen cartas</i>. De la gorra dice Covarrubias:
-«Llamaron medias gorras aquellas cuya faldilla caía derecha la mitad,
-y cubría el pestorejo, y las orejas, y con una toquilla que formaba
-una rosa en medio de la coronilla y ésta era cobertura de letrados
-y consejeros de los Reyes. Esto está ya mudado, porque empezaron a
-levantar un pedazo de la copa de la gorra..., luego la empinaron
-toda, de suerte que della al sombrero hay poca diferencia.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_614"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_614">[614]</a></span> En el sentido anticuado de
-‘<i>juez</i>’.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_615"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_615">[615]</a></span> Alude a la fundación de
-Venecia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_616"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_616">[616]</a></span> Tener mano con uno, tener poder
-y valimiento con él.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_617"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_617">[617]</a></span> Agrages, sobrino de la Reina
-Elisena, madre de Amadis de Gaula e hijo del Rey Languines, es
-uno de los héroes del famoso libro de <i>Amadis</i>, cuya lectura, muy
-común entre próceres e hidalgos en los siglos <small>XV</small> y
-<small>XVI</small>, llevó al público el adagio en fórmula de amenaza
-que se ridiculiza en este lugar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_618"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_618">[618]</a></span> <span
-class="smcap">Covarrubias</span> dice: «Son temidos los bermejos por
-cautelosos y astutos, como lo insinua Marcial... Y bermegía vale
-tanto como agudeza maliciosa extraordinaria y perjudicial.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_619"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_619">[619]</a></span> Los lazarinos, que padecían la
-lepra llamada mal de San Lázaro, pedían limosna, haciendo ruido con
-unas tablillas o tejuelas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_620"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_620">[620]</a></span> Véase atrás, <a
-href="#Page_173">pág. 173</a>, <a href="#Footnote_364">n. 364</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_621"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_621">[621]</a></span> «<i>Lacayo</i>, el mozo de espuelas
-que va delante del señor cuando va a caballo. Es vocablo alemán
-introducido en España por la venida del rey Filipo, que antes no se
-había usado.» <span class="smcap">Covarrubias.</span></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_622"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_622">[622]</a></span> «Echarse un
-cántaro de agua a pechos, beber con mucha sed.» <span
-class="smcap">Covarrubias.</span></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_623"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_623">[623]</a></span> En estas fórmulas partitivas se
-suprime hoy el artículo ante el numeral.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_15">
- <p><span class="pagenum" id="Page_311">[p. 311]</span></p>
- <h2 title="El P. Baltasar Gracián"
- class="nobreak">EL P. BALTASAR GRACIÁN<br />
- <small>(†&nbsp;1658)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Publicó en 1650, con el nombre de Lorenzo Gracián, la primera
-parte de su novela filosófica <i>El Criticón</i>, y en 1653, la segunda.
-<i>El Discreto</i>, colección de retratos morales, apareció en 1646.</p>
-
-<p>Este profundo escritor, diestro conocedor de la naturaleza humana,
-tan gustado por los filósofos y moralistas franceses y alemanes en
-los siglos <small>XVII</small> y <small>XVIII</small>, pertenece, por
-su estilo, a la escuela de Quevedo, de quien era gran admirador. Era,
-como dice Menéndez y Pelayo, «talento de estilista de primer orden,
-maleado por la decadencia literaria; pero, así y todo, el segundo de
-aquel siglo en originalidad de invenciones fantástico-alegóricas, en
-estro satírico, en alcance moral, en bizarría de expresiones nuevas
-y pintorescas, en <i>humorismo</i> profundo y de ley...; el que quiera
-hacerse dueño de las inagotables riquezas de nuestra lengua, tiene
-todavía mucho que aprender en <i>El Criticón</i>, aun después de haber
-leído a Quevedo».</p>
-
-<p>Es quizá el escritor más conciso de nuestra literatura. Su
-laconismo es casi siempre de admirar; lo profesaba como una de las
-principales reglas de su estilo: <i>lo bueno, si breve, dos veces
-bueno; más obran quintas esencias que fárragos</i>; por esto sus
-obras brillan principalmente en la abundancia de máximas morales,
-animadas por un espíritu de<span class="pagenum" id="Page_312">[p.
-312]</span> profunda observación. Pero cayó en las exageraciones
-de todos los conceptistas, mirando como única fuente de belleza
-el concepto agudo, variado de mil artificiosas maneras: «Son
-los conceptos, escribía, vida del estilo, espíritu del decir, y
-tanto tienen de perfección cuanto de sutileza. Hase de procurar
-que las <i>proposiciones</i> hermoseen el estilo, los <i>misterios</i> le
-hagan preñado, las <i>alusiones</i> disimulado, los <i>empeños</i> picante,
-las <i>ironías</i> le den sal, las <i>crisis</i> hiel, las <i>paranomasias</i>
-donaire, las <i>sentencias</i> gravedad, las <i>semejanzas</i> lo fecunden y
-las <i>paridades</i> lo realcen; pero todo esto con un grano de acierto:
-que todo lo sazona la cordura.» Esta le faltó a menudo, haciéndole
-caer en los extremos del ingenio y dando a su expresión oscuridad
-enigmática.</p>
-
-<p>Lo mismo que Quevedo, maneja el lenguaje con gran libertad,
-empleando compuestos y derivados nuevos, y en sus obras se hallarán
-palabras desusadas en el siglo <small>XVI</small>, principalmente
-abstractas, que los culteranos y conceptistas introducían entonces
-en la lengua para la expresión desembarazada de pensamientos
-generales. Como ejemplo pueden recordarse: <i>reagudo</i> ‘el que se
-pasa de listo’, <i>conrey</i>, <i>conreynar</i> ‘conregnare’, <i>improporción</i>,
-<i>incomprensibilidad</i>, <i>exorbitancia</i>, <i>desautorizado</i>, <i>integérrimo</i>,
-etc.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_15_1">
- <h3 title="No estar siempre de burlas">EL DISCRETO</h3>
- <p class="centra mt2">NO ESTAR SIEMPRE DE BURLAS. SÁTIRA.</p>
-</div>
-
-<p>Es muy seria la prudencia, y la gravedad concilia veneración de
-dos extremos; más seguro es el genio majestuoso. El que siempre está
-de bur<span class="pagenum" id="Page_313">[p. 313]</span>las nunca
-es hombre de veras, y hay algunos que siempre lo están, tiénenlo por
-ventaja de discreción y le afectan; que no hay monstruosidad sin
-padrino; pero no hay mayor desaire que el continuo donaire. Su rato
-han de tener las burlas; todos los demás las veras. El mismo nombre
-de sales está avisando cómo se han de usar. Hase de hacer distinción
-de tiempos, y mucho más de personas. El burlarse con otro es tratarle
-de inferior, y a lo más, de igual, pues se le aja el decoro y se le
-niega la veneración.</p>
-
-<p>Estos tales nunca se sabe cuándo hablan de veras, y así los
-igualamos con los mentirosos, no dándoles crédito a los unos por
-recelo de mentira, y a los otros de burla. Nunca hablan en juicio,
-que es tanto como no tenerle, y más culpable, porque no usar de él
-por no querer, más es que por no poder, y así no se diferencia de los
-faltos sino en ser voluntarios, que es doblada monstruosidad. Obra en
-ellos la liviandad lo que en los otros el defecto; un mismo ejercicio
-tienen, que es entretener y hacer reír, unos de propósito, otros sin
-él.</p>
-
-<p>Otro género hay aún más enfadoso por lo que tiene de perjudicial,
-y es de aquellos que en todo tiempo y con todos están de fisga.
-Aborrecibles monstruos, de quienes huyen todos más que del bruto
-de Esopo, que cortejaba a coces y lisonjeaba a bocados. Entre
-fisga y gracia van glosando la conversación, y lo que ellos tienen
-por punto de galantería es un verdadero desprecio de lo que<span
-class="pagenum" id="Page_314">[p. 314]</span> los otros dicen, y no
-sólo no es graciosidad, sino una aborrecible frialdad. Lo que ellos
-presumen de gracia es un prodigioso enfado de los que tercian. Poco
-a poco se van empeñando hasta ser murmuradores cara a cara. Por
-decir una gracia os dirán un convicio, y éstos son de quien Cicerón
-abominaba, que por decir un dicho pierden un amigo o lo entibian;
-ganan fama de decidores y pierden el crédito de prudentes. Pásase el
-gusto del chiste y queda la pena del arrepentimiento: lloran por lo
-que hicieron reír. Estos no se ahorran, ni con el más amigo ni con el
-más compuesto, y es notable que jamás se les ofrece la prontitud en
-favor, sino en sátira; tienen siniestro el ingenio.</p>
-
-<p>Este, con otros defectos infelices, nace de poca sustancia y
-acompaña la liviandad. En hombres de gran puesto se censuran más, y,
-aunque los hace en algún modo gratos al vulgo por la llaneza, pone a
-peligro el decoro con la felicidad; que como ellos no la guardan a
-los otros, ocasionan el recíproco atrevimiento.</p>
-
-<p>Es connatural en algunos el donoso genio. Dotóles de esta gracia
-la naturaleza, y si con la cordura se templase, sería prenda, y
-no defecto. Un grano de donosidad es plausible realce en el más
-autorizado; pero dejarse vencer de la inclinación en todo tiempo es
-venir a parar en hombre de dar gusto por oficio, sazonador de dichos
-y aparejador de la risa; si en una cómica novela se condena por
-impropiedad el introducirse siempre chanceando a Davo, y que entre
-lo grave de la<span class="pagenum" id="Page_315">[p. 315]</span>
-enseñanza o lo serio de la reprensión del padre al hijo mezcle él su
-gracejo, ¿qué será, sin ser Davo, en una grave conversación estar
-chanceando? Será hacer farsa con risa de sí mismo.</p>
-
-<p>Hay algunos que, aunque le pese a Minerva, afectan la graciosidad,
-y como en ellos es postiza, ocasiona antes enfado que gusto, y si
-consiguen el hacer reír, más es fisga de su frialdad que agrado de
-su donaire. Siempre la afectación fué enfadosa, pero en el gracejo,
-intolerable, porque sumamente enfada, y queriendo hacer reír,
-queda ella por ridícula, y si comúnmente viven desacreditados los
-graciosos, ¿cuánto más los afectados, pues con su frialdad doblan el
-precio?</p>
-
-<p>Hay donosos y hay burlescos, que es mucha la diferencia. El varón
-discreto juega también en esta pieza del donaire, no la afecta, y
-esto en su sazón; déjase caer como al descuido un grano de esta sal,
-que se estimó más que una perla, raras veces, haciéndole salva a la
-cordura y pidiéndole al decoro la venia. Mucho vale una gracia en su
-ocasión. Suele ser el atajo del desempeño. Sazonó esta sal muchos
-desaires. Cosas hay que se han de tomar de burlas, y tal vez las que
-el otro más de veras. Único arbitrio de cordura, hacen juego del más
-encendido fuego.</p>
-
-<p>Pesado es el extremo de los muy serios, y poco plausible Catón con
-su bando, pero venerado; rígida será la de los compuestos y cuerdos;
-pocos la siguen, muchos la reverencian, y aunque causa la gravedad
-pesadumbre, pero no desprecio.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_316">[p. 316]</span></p>
-
-<p>Que es de ver uno de estos destemplados de agudeza, siniestros de
-ingenio, chancear aún en la misma muerte; que si los sabios mueren
-como cisnes, éstos como grajos, gracejando mal y porfiando. De esta
-suerte un Carvajal mostró cuán rematada había sido su vida.</p>
-
-<p>Los hombres cuerdos y prudentes siempre hicieron muy poca
-merced a las gracias, y una sola bastaba para perder la real del
-Católico prudente. Súfrense mejor unos a otros los necios, o porque
-no advierten o porque se semejan. Mas el varón prudente no puede
-violentarse, si no es que tercie la dependencia.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_15_2">
- <h3 title="Fragmento de El Criticón">EL CRITICÓN</h3>
- <p class="centra mt2">PARTE I, CRISI VI</p>
- <p class="hang mt1">Visitando Critilo y Andrenio el mundo, buscan en vano,
- como Diógenes, algún hombre. Sátira de la que abandonan toda
- aspiración práctica por entregarse a ilusiones exageradas y vanas.</p>
-</div>
-
-<p>En busca iban de los hombres, sin poder descubrir uno, cuando
-al cabo de rato y cansancio toparon con medio, un medio hombre
-y medio fiera; holgóse tanto Critilo cuanto se inmutó Andrenio,
-preguntando: «¿Qué monstruo es éste tan extraño?»—«No temas,
-respondió Critilo, que éste es más hombre que los mismos, éste es
-el<span class="pagenum" id="Page_317">[p. 317]</span> maestro de
-los reyes y el rey de los maestros, éste es el sabio Quirón. ¡Oh,
-qué bien nos viene y cuán a la ocasión! Pues él nos guiará en esta
-primera entrada del mundo, y nos enseñará a vivir, que importa
-mucho a los principios.» Fuése para él saludándole, y correspondió
-el Centauro con doblada humanidad; díjole como iban en busca de
-los hombres, y que después de haber dado cien vueltas, no habían
-podido hallar uno tan sólo».—«No me espanto, dijo él, que no es
-éste siglo de hombres, digo, aquellos famosos de otros tiempos.
-¿Qué, pensabais hallar ahora un don Alonso el Magnánimo, en Italia;
-un Gran Capitán, en España; un Enrico IV, en Francia, haciendo
-corona de su espada y de sus guarniciones lises? Ya no hay tales
-héroes en el mundo, ni aun memoria dellos.»—«¿No se van haciendo?»,
-replicó Andrenio.—«No llevan traza, y para luego es tarde; pues
-de verdad que ocasiones no han faltado.»—«¿Cómo no se han hecho,
-preguntó Critilo?»—«Porque se han deshecho; hay mucho que decir en
-ese punto, ponderó el Quirón; unos lo quieren ser todo, y al cabo
-son menos que nada; valiera más no hubieran sido. Dicen también que
-corta mucho la envidia con las tijerillas de Tomeras. Pero yo digo
-que ni es eso ni esotro, sino que mientras el vicio prevalezca, no
-campeará la virtud, y sin ella no puede haber grandeza heroica.
-Creedme que esta Venus tiene arrinconadas a Belona y a Minerva en
-todas partes, y no trata ella sino con viles herreros, que todo lo
-tiznan y<span class="pagenum" id="Page_318">[p. 318]</span> todo
-lo yerran. Al fin no nos cansemos, que él no es siglo de hombres
-eminentes, ni en las armas, ni en las letras. Pero decidme, ¿dónde
-los habéis buscado?» Y Critilo: «¿dónde los habemos de buscar sino
-en la tierra? ¿No es ésta su patria y su centro?»—«Qué bueno es eso,
-dijo el Centauro; ¡mirá cómo los habíais de hallar! No los habéis de
-buscar ya en todo el mundo, que ya han mudado de hito; nunca está
-quieto el hombre, con nada se contenta.»—«Pues menos los hallaremos
-en el cielo», dijo Andrenio.—«Menos, que no están ya ni en cielo
-ni en tierra.»—«Pues ¿dónde los habemos de buscar?»—«Dónde? En el
-aire.»—«¿En el aire?»—«Sí, que allí se han fabricado castillos
-en el aire, torres de viento donde están muy encastillados, sin
-querer salir de su quimera.»—«Según eso, dijo Critilo, todas sus
-torres vendrán a ser de confusión, y por no ser Ianos de prudencia,
-les picarán las cigüeñas manuales, señalándolos con el dedo, y
-diciendo: ¿éste no es aquel hijo de aquel otro? De suerte que con
-lo que ellos echaron a las espaldas los demás les darán en el
-rostro.»—«Otros muchos, prosiguió el Quirón, se han subido a las
-nubes, y aun hay quien, no levantándose del polvo, pretende tocar
-con la cabeza en las estrellas. Paséanse no pocos por los espacios
-imaginarios, camaranchones de su presunción. Pero la mayor parte
-hallaréis acullá sobre el cuerno de la luna, y aun pretenden subir
-más alto, si pudieran.»—«Tiene razón, voceó Andrenio, acullá están,
-allá los veo,<span class="pagenum" id="Page_319">[p. 319]</span>
-y aun allí andan empinándose, tropezando unos y cayendo otros,
-según las mudanzas suyas y de aquel planeta, que ya les hace una
-cara y ya otra, y aun ellos también no cesan entre sí de armarse
-zancadillas, cayendo todos con más daño que escarmiento.»—«¡Hay
-tal locura!, repetía Critilo. ¿No es la tierra su lugar propio del
-hombre, su principio y su fin? ¿No les fuera mejor conservarse en
-este medio, y no querer encaramarse con tan evidente riesgo? ¿Hay tal
-disparate?»—«Sí, lo es grande, dijo el semihombre, materia de harta
-lástima para unos y de risa para otro, ver que el que ayer no se
-levantaba de la tierra ya le parece poco un palacio, ya habla sobre
-el hombro el que ayer llevaba la carga en él; el que nació entre
-las malvas pide los artesones de cedro; el desconocido de todos hoy
-desconoce a todos; el hijo tiene el puntillo de los muchos que dió su
-padre; el que ayer no tenía para pasteles asquea el faisán; blasona
-de linajes el de conocido solar, el vos es señoría; todos pretenden
-subir y ponerse sobre los cuernos de la luna, más peligrosos que los
-de un toro, pues estando fuera de su lugar, es forzoso dar abajo con
-ejemplar infamia.»</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_16">
- <p><span class="pagenum" id="Page_320">[p. 320]</span></p>
- <h2 title="Don Francisco Manuel de Melo"
- class="nobreak">D. FRANCISCO MANUEL DE MELO<br />
- <small>(1611-1667)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>Publicó el año de 1645 su <i>Historia de los movimientos y
-separación de Cataluña, y de la guerra entre la Majestad Católica de
-Don Felipe el IV y la Diputación General de aquel Principado</i>.</p>
-
-<p>Aunque Melo era natural de Lisboa, su lenguaje es castizo y
-elegante castellano, modelo en la expresión feliz y acertada.
-Multitud de portugueses de los siglos <small>XVI</small> y
-<small>XVII</small> miraban como suya propia a nuestra lengua.</p>
-
-<p>La dicción de Melo, breve, cortada y aforística, recuerda al tan
-imitado Mendoza, que es su modelo; también, como éste, se inspira en
-Tácito, de quien copia el corte general de su Prólogo. Pero no queda,
-como Moncada, restringido a estos modelos antiguos; Melo pertenece
-de lleno, por su estilo, al gusto del siglo <small>XVII</small>,
-y es un imitador de Quevedo; aunque esto se ve más en sus otras
-obras (<i>Las tres musas</i>, <i>Política militar</i>, <i>Eco político</i>),
-también resalta en la <i>Guerra de Cataluña</i>, donde abundan las frases
-henchidas de pensamientos agudos y profundos, las metáforas audaces e
-ingeniosas.</p>
-
-<p>En el arte de la historiografía, representa una tendencia
-más decidida a retratar con superior vi<span class="pagenum"
-id="Page_321">[p. 321]</span>veza y realidad los hechos de que
-había sido testigo presencial, y, sobre todo, a caracterizar los
-personajes, ayudándose para esto hasta de las arengas, que en
-la pluma de otros historiadores no servían sino de mero adorno
-retórico: «Procuro no faltar a la imitación de los sujetos cuando
-hablo por ellos, ni a la semejanza cuando hablo de ellos; en
-inquirir y retratar afectos, pocos han sido más cuidadosos; si lo
-he conseguido, dicha ha sido de la experiencia que tuve de casi
-todos los hombres de que trato; he deseado mostrar sus ánimos, no
-los vestidos de seda, lana o pieles, sobre que tanto se desveló
-un historiador grande de estos años, estimado en el mundo.» Pero
-entiéndase que esta mayor profundidad a que aspira Melo, no va
-guiada hacia un fin científico de exactitud, sino hacia un ideal
-puramente literario, deseando con ese análisis de caracteres dar más
-interés dramático a su historia; por lo demás, para lograr efectos
-artísticos, calla la verdad o la violenta sin escrúpulo, como hacían
-todos los historiadores a la manera clásica; por ejemplo: Melo,
-buscando el interés para su relato, puso artificiosamente como
-primer estallido de la revolución el tumulto que ensangrentó las
-calles de Barcelona el día del Corpus de 1640, con cuya descripción
-formó una de las páginas más hermosas de su obra, de la que aquí
-incluímos un extracto, y, sin embargo, para concertar en ella el
-efecto, hubo de callarse que hacía ya treinta y siete días que los
-disturbios habían comenzado<a id="FNanchor_624" href="#Footnote_624"
-class="fnanchor">[624]</a>.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_16_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_322">[p. 322]</span></p>
- <h3 title="Muerte del Marqués de Santa Coloma">HISTORIA DE LA GUERRA
- DE CATALUÑA</h3>
- <p class="centra mt2">LIBRO I, PÁRRAFOS 79 A 99</p>
- <p class="centra mt1">Estalla la revolución en Barcelona el 7 de junio
- de 1640</p>
-</div>
-
-<p>Había entrado el mes de junio, en el cual, por uso antiguo de
-la provincia, acostumbran bajar de toda la montaña hacia Barcelona
-muchos segadores, la mayor parte hombres disolutos y atrevidos que
-lo más del año viven desordenadamente, sin casa, oficio o habitación
-cierta; causan de ordinario movimientos e inquietud en los lugares
-donde los reciben; pero la necesidad precisa de su trato, no
-consiente que se les prohiba; temían las personas de buen ánimo su
-llegada, juzgando que las materias presentes podrían dar ocasión a su
-atrevimiento en perjuicio del sosiego público.</p>
-
-<p>Entraban, comúnmente, los segadores en vísperas del Corpus, y se
-habían anticipado aquel año algunos; también su multitud, superior a
-los pasados, daba más que pensar a los cuerdos, y con mayor cuidado
-por las observaciones que se hacían de sus ruines pensamientos.</p>
-
-<p>El de Santa Coloma, avisado de esta novedad, procuró,
-previniéndola, estorbar el daño que ya antevía: comunicólo a la
-ciudad, diciendo le parecía conveniente a su devoción y festividad
-que los<span class="pagenum" id="Page_323">[p. 323]</span>
-segadores fuesen detenidos, porque con su número no tomase algún mal
-propósito el pueblo, que ya andaba inquieto; pero los conselleres
-de Barcelona (así llaman los ministros de su magistrado; consta de
-cinco personas), que casi se lisonjeaban de la libertad del pueblo,
-juzgando de su estruendo habría de ser la voz que más constante
-votase el remedio de su república, se excusaron con que los segadores
-eran hombres llanos y necesarios al manejo de las cosechas; que el
-cerrar las puertas de la ciudad, causaría mayor turbación y tristeza;
-que quizá su multitud no se acomodaría a obedecer la simple orden
-de un pregón. Intentaban con esto poner espanto al Virey para que
-se templase en la dureza con que procedía; por otra parte, deseaban
-justificar su intención por cualquier suceso.</p>
-
-<p>Pero el Santa Coloma ya imperiosamente les mostró con claridad
-la peligrosa confusión que los aguardaba en recibir tales hombres;
-empero volvió el magistrado por segunda respuesta que ellos no se
-atrevían a mostrar a sus naturales tal desconfianza; que reconocían
-parte de los efectos de aquel recelo; que mandaban armar algunas
-compañías de la ciudad para tenerla sosegada; que donde su flaqueza
-no alcanzase, supliese la gran autoridad de su oficio, pues a su
-poder tocaba hacer ejecutar los remedios que ellos sólo podían
-pensar y ofrecer. Estas razones detuvieron al conde, no juzgando por
-conveniente rogarles con lo que no podía hacerles obedecer, o también
-por<span class="pagenum" id="Page_324">[p. 324]</span>que ellos no
-entendiesen eran tan poderosos, que su peligro o su remedio podía
-estar en sus manos.</p>
-
-<p>Amaneció el día en que la Iglesia católica celebra la institución
-del Santísimo Sacramento del altar; fué aquel año el 7 de junio;
-continuóse por toda la mañana la temida entrada de los segadores.
-Afirman que hasta dos mil, que con los anticipados hacían más de
-dos mil y quinientos hombres, algunos de conocido escándalo; dícese
-que muchos, a la prevención y armas ordinarias, añadieron aquella
-vez otras, como que advertidamente fuesen venidos para algún hecho
-grande.</p>
-
-<p>Entraban y discurrían por la ciudad; no había por todas sus calles
-y plazas sino corrillos y conversaciones de vecinos y segadores; en
-todos se discurría sobre los negocios entre el rey y la provincia,
-sobre la violencia del Virey, sobre la prisión del diputado y
-concejeros, sobre los intentos de Castilla y, últimamente, sobre
-la libertad de los soldados; después, ya encendidos de su enojo
-paseaban llenos de silencio por las plazas, y el furor oprimido de
-la duda forcejaba por salir, asomándose a los efectos, que todos
-se reconocían rabiosos e impacientes; si topaban algún castellano,
-sin respetar su hábito o puesto, lo miraban con mofa y descortesía,
-deseando incitarlos al ruido; no había demostración que no prometiese
-un miserable suceso...</p>
-
-<p>Señalábase entre todos los sediciosos uno de los segadores,
-hombre facineroso y terrible, al cual queriendo prender, por
-haberle conocido, un mi<span class="pagenum" id="Page_325">[p.
-325]</span>nistro inferior de la justicia, hechura y oficial del
-Monredón (de quien hemos dicho), resultó desta contienda ruido entre
-los dos; quedó herido el segador, a quien ya socorría gran parte de
-los suyos. Esforzábase más y más uno y otro partido, empero siempre
-ventajoso el de los segadores. Entonces algunos de los soldados
-de milicia que guardaban el palacio del Virey, tiraron hacia el
-tumulto, dando a todos más ocasión de remedio. A este tiempo rompían
-furiosamente en gritos: unos pedían venganzas; otros, más ambiciosos,
-apellidaban la libertad de la patria; aquí se oía: «¡Viva Cataluña
-y los catalanes!» Allí otros clamaban: «¡Muera el mal gobierno de
-Felipe!» Formidables resonaron la primera vez estas cláusulas en
-los recatados oídos de los prudentes; casi todos los que no las
-ministraban las oían con temor, y los más no quisieran haberlas oído.
-La duda, el espanto, el peligro, la confusión, todo era uno; para
-todo había su acción, y en cada cual cabían tan diferentes efectos;
-sólo los ministros reales y los de la guerra lo esperaban, iguales en
-el celo. Todos aguardaban por instantes la muerte (el vulgo furioso,
-pocas veces para sino en sangre); muchos, sin contener su enojo,
-servían de pregón al furor de otros; éste gritaba cuando aquél hería,
-y éste, con las voces de aquél, se enfurecía de nuevo. Infamaban los
-españoles con enormísimos nombres; buscábanlos con ansia y cuidado,
-y el que descubría y mataba, ese era tenido por valiente, fiel y
-dichoso.</p>
-
-<p>Las milicias armadas, con pretexto de sosiego,<span
-class="pagenum" id="Page_326">[p. 326]</span> o fuese orden del conde
-o sólo de la ciudad, siempre encaminada a la quietud, los mismos que
-en ellas debían servir a la paz, ministraban el tumulto.</p>
-
-<p>Porfiaban otras bandas de segadores, esforzados ya de muchos
-naturales, en ceñir la casa del Santa Coloma; entonces los diputados
-de la General, con los conselleres de la ciudad, acudieron a su
-palacio; diligencia que más ayudó la confusión del conde, de lo que
-pudo socorrérsela; allí se puso en plática saliese de Barcelona
-con toda brevedad, porque las cosas no estaban ya de suerte que
-accidentalmente pudiesen remediarse; facilitábanle con el ejemplo de
-don Hugo de Moncada, en Palermo, que, por no perder la ciudad, la
-dejó, pasándose a Mesina. Dos galeras genovesas en el muelle, daban
-todavía esperanza de salvación. Escuchábalo Santa Coloma, pero con
-ánimo tan turbado, que el juicio ya no alcanzaba a distinguir el
-yerro del acierto. Cobróse y resolvió despedir de su presencia casi
-todos los que le acompañaban, o fuese que no se atrevió a decirles
-de otra suerte que escapasen las vidas, o que no quiso hallarse con
-tantos testigos a la ejecución de su retirada. En fin, se excusó a
-los que le aconsejaban su remedio, con peligro, no sólo de Barcelona,
-sino de toda la provincia; juzgaba la partida indecente a su
-dignidad; ofrecía en su corazón la vida por el real decoro; de esta
-suerte, firme en no desamparar su mando, se dispuso a aguardar todos
-los trances de su fortuna.</p>
-
-<p>Del ánimo del magistrado no haremos discurso<span class="pagenum"
-id="Page_327">[p. 327]</span> en esta acción, porque ahora el temor,
-ahora el artificio, le hacían que ya obrase conforme a la razón,
-ya que disimulase, según la conveniencia. Afírmase por sin duda
-que ellos jamás llegaron a pensar tanto del vulgo, habiendo mirado
-apaciblemente sus primeras demostraciones.</p>
-
-<p>No cesaba el miserable Virey en su oficio, como el que con el remo
-en la mano piensa que por su trabajo ha de llegar al puerto; miraba y
-revolvía en su imaginación los daños, y procuraba su remedio; aquel
-último esfuerzo de su actividad estaba enseñando ser el fin de sus
-acciones.</p>
-
-<p>Recogido a su aposento, escribía y ordenaba; pero ni sus
-papeles ni sus voces hallaban reconocimiento u obediencia. Los
-ministros reales deseaban que su nombre fuese olvidado de todos; no
-podían servir en nada; los provinciales ni querían mandar, menos
-obedecer.</p>
-
-<p>Intentó por última diligencia satisfacer su queja al pueblo,
-dejando en su mano el remedio de las cosas públicas, que ellos ya
-no agradecían, porque ninguno se obliga ni quiere deber a otro lo
-que se puede obrar por sí mismo; empero ni para justificarse pudo
-hallar forma de hacer notoria su voluntad a los inquietos, porque las
-revoluciones interiores, a imitación del cuerpo humano, habían de
-tal suerte desconcertado los órganos de la república, que ya ningún
-miembro de ella acudía a su movimiento y oficio.</p>
-
-<p>A vista de este desengaño se dejó vencer de la consideración
-y deseo de salvar la vida, recono<span class="pagenum"
-id="Page_328">[p. 328]</span>ciendo últimamente lo poco que podía
-servir a la ciudad su asistencia, pues antes el dejarla se encaminaba
-a la lisonja o a remedio acomodado a su furor. Intentólo, pero ya
-no le fué posible, porque los que ocupaban la tarazana y baluarte
-del mar, a cañonazos habían hecho apartar la una galera, y no menos
-porque para salir a buscarla a la marina era fuerza pasar descubierto
-a las bocas de sus arcabuces. Volvióse, seguido ya de pocos, a tiempo
-que los sediciosos a fuerza de armas atropellaban las puertas;
-los que las defendían, entendiendo la causa del tumulto, unos les
-seguían, otros no lo estorbaban.</p>
-
-<p>A este tiempo vagaba por la ciudad un confusísimo rumor de armas
-y voces; cada casa representaba un espectáculo; muchas se ardían,
-muchas se arruinaban, a todas se perdía el respeto y se atrevía a la
-furia; olvidábase el sagrado de los templos; la clausura e inmunidad
-de las religiones fué patente al atrevimiento de los homicidas;
-hallábanse hombres despedazados sin examinar otra culpa que su
-nación; aun los naturales eran oprimidos por crimen de traidores:
-así infamaban aquel día a la piedad, si alguno abría sus puertas
-al afligido o las cerraba al furioso. Fueron rotas las cárceles,
-cobrando no sólo la libertad, mas autoridad los delincuentes.</p>
-
-<p>Había el Conde ya reconocido su postrer riesgo, oyendo las voces
-de los que le buscaban pidiendo su vida; y depuestas entonces las
-obligaciones de grande, se dejó llevar fácilmente de los afectos
-de<span class="pagenum" id="Page_329">[p. 329]</span> hombre;
-procuró todos los medios de salvación, y volvió a proseguir en el
-primer intento de embarcarse; salió segunda vez a la lengua del
-agua, empero como el aprieto fuese grande y mayor el peso de las
-aflicciones, mandó se adelantase su hijo con pocos que le seguían,
-porque llegando al esquife de la galera, que no sin gran peligro los
-aguardaba, hiciese como lo esperase también; no quiso aventurar la
-vida del hijo, porque no confiaba tanto de su fortuna. Adelantóse
-el mozo, y alcanzando la embarcación, no le fué posible detenerla
-(tanta era la furia con que procuraban desde la ciudad su ruina);
-navegó la galera, que le aguardaba fuera de la batería. Quedóse el
-Conde mirándola con lágrimas, disculpables en un hombre que se veía
-desamparado a un tiempo del hijo y de las esperanzas; pero ya cierto
-de su perdición, volvió con vagorosos pasos por la orilla opuesta a
-las peñas que llaman de San Beltrán, camino de Monjuich.</p>
-
-<p>A esta sazón, entrada su casa y pública su ausencia, le buscaban
-rabiosamente por todas partes, como si su muerte fuese la corona de
-aquella victoria; todos sus pasos reconocían los de la tarazana: los
-muchos ojos que lo miraban caminando como verdaderamente a la muerte,
-hicieron que no pudiese ocultarse a los que le seguían. Era grande
-la calor del día, superior la congoja, seguro el peligro, viva la
-imaginación de su afrenta; estaba sobre todo firmada la sentencia
-en el tribunal infalible; cayó en tierra cubierto de un mor<span
-class="pagenum" id="Page_330">[p. 330]</span>tal desmayo, donde
-siendo hallado por algunos de los que furiosamente le buscaban, fué
-muerto de cinco heridas en el pecho.</p>
-
-<p>Así acabó su vida don Dalmau de Queralt, conde de Santa Coloma,
-dando famoso desengaño a la ambición y soberbia de los humanos,
-pues aquel mismo hombre, en aquella región misma, casi en un tiempo
-propio, una vez sirvió de envidia, otra de lástima. ¡Oh grandes,
-que os parece nacisteis naturales al imperio! ¿Qué importa, si no
-dura más de la vida, y siempre la violencia del mando os arrastra
-tempranamente al precipicio?</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTA</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_624"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_624">[624]</a></span> <span class="smcap">Don
-Celestino Pujol y Camps</span>, en su <i>Discurso</i> de entrada en la
-Academia de la Historia, Madrid 1886, estudia los diversos puntos en
-que Melo violentó la verdad de los hechos.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_17">
- <p><span class="pagenum" id="Page_331">[p. 331]</span></p>
- <h2 title="Don Gaspar Melchor de Jovellanos"
- class="nobreak">DON GASPAR MELCHOR DE&nbsp;JOVELLANOS<br />
- <small>(1744-1811)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>La <i>Memoria en defensa de la Junta Central</i> fué escrita un año
-antes de la muerte del autor.</p>
-
-<p>El siglo <small>XVIII</small> es de gran decadencia de la prosa.
-Apenas se empleaba ésta más que en la exposición doctrinal y en la
-controversia; abundan los investigadores de la historia, Berganza,
-Flórez, Masdeu, Mayans; pero si sus escritos están muy llenos de
-crítica, carecen de estilo, y la historia como arte no se escribe
-hasta Quintana; la novela no tiene otra manifestación notable que
-el <i>Fray Gerundio</i> del Padre Isla; en fin, apenas se hallarán sino
-dos maneras de prosa: la didáctica y la polémica. A consecuencia de
-esta pobreza de vida literaria, los buenos escritores de este siglo
-encontraban una gran dificultad en su camino; pues lejos de disponer
-de una lengua artística favorable, la hallaron estragadísima,
-teniendo que aplicar cuidado y atención muy especiales en huir los
-muchos defectos en que abundaba la lengua que entonces se escribía
-ordinariamente. El vocabulario de la lengua escrita andaba muy
-menguado por el mal gusto de amanerados autores, que ni<span
-class="pagenum" id="Page_332">[p. 332]</span> se inspiraban en los
-clásicos nacionales ni en el habla viva del pueblo; su principal
-fondo lo formaban, de un lado, los latinismos extravagantes y los
-términos abstractos introducidos a manos llenas en la poesía y en la
-oratoria por los culteranos, y en la prosa por los conceptistas, y
-de otra parte, gran caudal de galicismos que se desbordaba merced al
-gran favor que en toda Europa gozaban entonces las ideas y los libros
-franceses.</p>
-
-<p>Jovellanos consiguió expurgar su dicción de estos viciosos
-elementos; y si en las oraciones académicas y discursos de su
-primera época no lo consiguió del todo, en la <i>Memoria de la Ley
-Agraria</i> y en la <i>Defensa de la Junta Central</i> aparece su estilo
-muy aliviado de cultismos y libre de galicismos. Sin embargo,
-entiéndase esto último respecto del galicismo en el vocabulario, que
-era fácil de desterrar cuando ya existía el Diccionario académico
-de autoridades, que permitía averiguar rápidamente si tal vocablo
-estaba o no autorizado por nuestros buenos escritores; pero el
-galicismo en la sintaxis, como es más difícil de reconocer y de
-estudiar, escapó con mayor facilidad a las persecuciones de nuestros
-más esmerados prosistas<a id="FNanchor_625" href="#Footnote_625"
-class="fnanchor">[625]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_333">[p. 333]</span></p>
-
-<p>Jovellanos puede pasar por el mejor tipo de prosa que nos ofrece
-el siglo <small>XVIII</small>; en él aparecen reunidos con feliz tino
-los elementos de la lengua clásica, con los elementos nuevos que era
-necesario acoger para reflejar el pensamiento moderno, predispuesto
-a giros distintos que los habituales en los autores antiguos, y
-preocupado de materias por ellos no tratadas, como las relacionadas
-con la economía.</p>
-
-<p>Jovellanos era ciertamente un purista, que buscaba restaurar,
-en lo posible, la castiza lengua de nuestros clásicos; pero no era
-radical en esta tendencia, como lo fué Vargas Ponce, que cayó en una
-exageración sistemática de arcaísmo; el purismo de Jovellanos, como
-el de Toreno y Quintana, fué templado, el que prevaleció e informa la
-lengua que hoy usamos todos.</p>
-
-<p>Lejos de toda afección de clasicismo rígido, la prosa de
-Jovellanos es la primera de un grande autor moderno que nos
-ofrece un nuevo elemento de riqueza; el <i>provincialismo</i>, usado
-intencionadamente como recurso artístico, para lograr una expresión
-breve y pintoresca. En sus cartas familiares, sobre todo en las
-dirigidas a su paisano el canónigo don Carlos González de Posada, se
-hallan bastantes voces asturianas, como <i>bígaro</i> (caracol de mar),
-<i>escazabellar</i> (revolver papelotes), <i>solmenar</i> (sacudir con fuerza),
-<i>peñerar</i> (cerner), etcétera<a id="FNanchor_626" href="#Footnote_626"
-class="fnanchor">[626]</a>, y basta recordar las novelas de Valera y
-de Pereda para comprender el valor que en una obra literaria pueden
-tener estos elementos dialectales.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_17_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_334">[p. 334]</span></p>
- <h3 title="Defensa de la Junta Central">DEFENSA DE LA JUNTA CENTRAL</h3>
- <p class="centra mt2">ARTÍCULO III, INIC.</p>
- <p class="hang mt1">La Junta Central, que asumió el poder de la nación
- en 1808 en ausencia de Fernando VII, terminó su misión en enero
- de 1810, siendo sus miembros objeto de calumnias y persecuciones
- secundadas por la suprema Regencia y por el Consejo de España e
- Indias. Jovellanos, miembro de esa Junta, habla en defensa propia y
- de sus compañeros.</p>
-</div>
-
-<p>En la última calumnia divulgada contra los miembros de la Junta
-gubernativa, acabaron de vomitar sus enemigos todo el odio que
-en sus ruines almas escondían. Era muy grave, sin duda, sobre
-vergonzoso, el crimen de <i>peculato</i>; pero el de infidencia a la
-patria en las circunstancias en que, y en las personas a quienes
-se imputaba, reunía toda la enormidad que podía hacerle en el
-más alto grado abominable y atrocísimo. Y esto hace ver que si
-nuestros calumniadores fueron bastante insensatos para atribuirnos
-un crimen, que por inverosímil y repugnante se haría increíble o
-se desvanecería por sí mismo, también fueron bastante malvados
-en aprovechar el momento que era más favorable para producir el
-pronto y terrible efecto a que aspiraban. Hallábase la nación
-consternada por la triste y no esperada de<span class="pagenum"
-id="Page_335">[p. 335]</span>rrota de Ocaña y por la falta del mejor
-de sus ejércitos; los enemigos, vencida la barrera de Sierra-Morena,
-venían derramándose sobre los cuatro reinos de Andalucía; uno de
-sus ejércitos se avanzaba al de Sevilla y amenazaba su capital;
-aquella populosa ciudad estaba ya en el mayor sobresalto, y en
-este punto el Gobierno, saliendo de ella para trasladarse a la
-isla de León, parecía abandonarla a su suerte. ¡Qué momento tan
-oportuno para representar los centrales como fugitivos y traidores
-a la credulidad de un vulgo tan acostumbrado a oír esta voz, y tan
-agitado y descontento entonces, como propenso siempre a atribuir a la
-infidelidad las desgracias públicas!</p>
-
-<p>Pero por más que circunstancias tristes y raras hubiesen
-favorecido aquella calumnia en Sevilla, por más que su eco hubiese
-resonado en otras partes por algunos días, por más que la emulación y
-la envidia hubiese salido en su apoyo en los lugares en que se reunió
-el Gobierno, el tiempo sólo bastó para desvanecerla; la verdad tomó
-su lugar, y se puede ya asegurar sin reparo que no habrá hoy en toda
-la extensión de España un solo hombre de sano juicio y recto corazón
-que pueda darle el más pequeño asenso.</p>
-
-<p>Porque ¿a quién podría persuadirse que hombres tan altamente
-calificados por la opinión pública cayesen todos de repente en tanta
-vileza y corrupción como sus calumniadores suponían? ¿Cabía esto
-siquiera en el corazón humano? No por cierto. Capaz del bien y el
-mal, así como no<span class="pagenum" id="Page_336">[p. 336]</span>
-se levanta de un vuelo hasta la cima de la heroica virtud, tampoco se
-despeña de un golpe en la sima de la iniquidad. Máximas de prudencia
-y justicia, de moderación y honestidad, bebidas en la primera
-educación; ejemplos de fortaleza, de beneficencia y patriotismo
-presentados en la juventud, y admirados y fielmente seguidos, forman
-los hábitos virtuosos que le perfeccionan y elevan por grados a la
-primera. Ignorancia y abandono en la primera edad, malos ejemplos
-aplaudidos o defectos tolerados, y pasiones mal reprimidas en la
-adolescencia, forman los hábitos perversos, que le corrompen y abaten
-hasta la segunda. Cabe sin duda en la flaqueza humana que un hombre
-antes inocente, agitado por el furor de una pasión fogosa y exaltada,
-se arroje sin reflexión a cometer alguna acción temeraria y violenta;
-pero ¿cabrá en este hombre un atroz designio, que no pueda concebirse
-sino por la más negra iniquidad, ordenarse sino con la más fría y
-profunda meditación, ni ejecutarse sino por medios viles, oficios
-tenebrosos, arterías y astucias pérfidamente maquinadas? Y lo que no
-cabe en un hombre solo ¿cabría en más de treinta de tan distinguido
-carácter y de probidad tan generalmente reconocida? Creer, pues, que
-todos, sin excepción alguna, desmintiesen de repente esta probidad,
-y haciéndose insensibles al freno del honor y sordos a la voz de la
-conciencia, y olvidados de lo que debían a su Dios, a su rey, a su
-patria y a sí mismos, se hiciesen de repente traidores, sería creer
-un fenó<span class="pagenum" id="Page_337">[p. 337]</span>meno, tan
-raro en el orden moral como el retroceso de los planetas en el orden
-físico.</p>
-
-<p>Y aun dado por posible este fenómeno moral, ¿cómo lo sería que
-en tanto número de personas de tan diferente condición y carácter
-se hallase tan estrecha unión, tan estudiado disimulo, tan profundo
-secreto y tan tortuosa conducta, como este malvado designio requería?
-Y cuando esto fuera repugnante en cualquier noble corporación, cuando
-lo fuera en el más humilde gremio o cofradía, ¿cuánto más no lo
-fuera en un cuerpo compuesto de tan nobles y tan varios elementos;
-en un cuerpo en que se habían reunido prelados, grandes, canónigos,
-militares, togados, intendentes y otras personas de diferente clase
-y profesión; en un cuerpo cuyos individuos se distinguían, más
-todavía que por su profesión, por su clase, por su educación, por
-sus talentos, por sus estudios, por sus servicios y por su conducta
-y carácter, y entre los cuales, por lo mismo, no podían faltar ni
-el deseo de dominar y distinguirse, ni la lucha y diferencia de
-opiniones, ni los celos y desavenencias, ni la falta de discreción
-y prudencia, ni la buena ni aun la mala emulación; vicios endémicos
-que turban la concordia de todas las corporaciones? Y cuando nuestros
-enemigos no cesaban de llamar defectuosa e imperfecta nuestra
-institución, precisamente porque entre tanto número de individuos
-creían difícil hallar la unión, la actividad y el secreto necesario
-para salvar la patria, ¿cómo podrían creer que sólo era fácil para
-venderla?<span class="pagenum" id="Page_338">[p. 338]</span> ¿Creían
-por ventura que esta unión era imposible para el bien, y sólo posible
-y fácil para el mal? ¡Insensatos! El honor, la conciencia, el respeto
-a la opinión pública, el amor a nuestro rey y a nuestra patria, y el
-odio a la tiranía, nos pudieron unir y nos unieron para desempeñar
-fielmente nuestro deber hasta donde nuestras luces y nuestras fuerzas
-alcanzaron. ¿Cuáles, decid, cuáles pudieron ser los motivos que nos
-uniesen para prostituirle?</p>
-
-<p>Porque siendo constante que los hombres no obran sin que algún
-impulso mueva o determine su acción, y que este impulso deba ser
-proporcionado a la grandeza de las acciones que produce, a nuestros
-enemigos toca señalar cuál pudo ser el que sacándonos de la senda
-del honor y virtud nos despeñó en tanta vileza y depravación.
-Sentimientos de odio y de amor, de temor o de interés, suelen mover
-poderosamente las acciones humanas. Y bien, ¿cuál de éstos pudo
-movernos a ser traidores a nuestro rey y a nuestra patria? ¿Será
-el odio a un rey tan virtuoso y tan desgraciado, o a una patria
-tan generosa y tan afligida? ¿A un rey que libraba en nosotros la
-esperanza de recobrar su libertad y su trono, o a una patria que nos
-había confiado el rescate de su rey y la defensa de su libertad?
-¿Sería acaso el amor? Pero ¿a quién? ¿Al monstruo de perfidia que
-tan vilmente había engañado a nuestro amado e inocente rey, y tan
-cruelmente estaba ultrajando y oprimiendo a nuestra heroica y querida
-patria? ¿Sería<span class="pagenum" id="Page_339">[p. 339]</span>
-el temor? Pero ¿qué podían temer los que estaban cubiertos con el
-escudo de la suprema autoridad y defendidos por todo el poder de
-una nación tan heroica y valiente? ¿Sería el interés? Pero ¿cuál
-pudo tentar a los que habían abandonado sus empleos, su casa, su
-fortuna y sus esperanzas para servir y ser fieles a su patria? Ni
-¿qué interés pudo presentar a nuestra ambición la ruin política del
-tirano? ¿De mando? ¿Cuál igualaría al que ejercíamos en el seno de
-nuestra patria? ¿De honores? Y ¿cuáles serían comparables a aquel a
-que nuestra patria nos había elevado? ¿De otras altas recompensas?
-Pero ¿cuáles podría esperar nuestra perfidia de un tirano ofendido
-y provocado, que no pudiese esperar nuestra fidelidad de una patria
-generosa y reconocida? No, no; si esto no cabía en nuestro carácter
-ni en nuestra conciencia, menos cabía en nuestra razón ni en nuestra
-seguridad. ¿Podíamos acaso desconocer la condición de un tirano,
-modelo de tiranos, tan sabiamente prevista y tan exactamente definida
-por nuestras leyes? ¿Podíamos poner la menor confianza en los halagos
-y sugestiones de un monstruo, para quien la religión, los dulces
-vínculos del amor y de la sangre, el honor, la amistad, la buena fe,
-son nombres vanos; para quien las palabras, las promesas, los más
-solemnes tratados y los más santos juramentos, no son otra cosa que
-medios de seducción y perfidia?</p>
-
-<p>Pero ¿qué digo? Los que disfrutábamos el alto honor de
-estar al frente de la nación más heroica<span class="pagenum"
-id="Page_340">[p. 340]</span> del mundo, y aclamados en ella por
-padres de la patria, ¿iríamos a postrarnos a los pies del soldán de
-la Francia, para que nos pusiese en la lista de sus viles esclavos?
-¿Iríamos a inclinar la rodilla ante el sátrapa de Madrid, para
-ayudarle a usurpar el trono de Pelayo y robar a nuestro Fernando
-el Sétimo la herencia de los Alfonsos y los Fernandos de Castilla?
-¿Iríamos a mezclarnos con los Ofarriles, Urquijos y Morlas; con los
-caballeros Arribas y Marquinas, para ser, como ellos, insultados
-y despreciados por los insolentes bajáes del tirano, o iríamos a
-confundirnos entre los demás apóstatas de la patria, para ser, como
-ellos, escupidos y escarnecidos por nuestros fieles y oprimidos
-hermanos, para ostentar a su vista la ignominia que cubre siempre el
-rostro de los traidores, y para ser a todas horas objeto de su odio y
-execración? ¡Oh, colmo de ignominia y vileza! ¡Oh, asombro de malicia
-y perversidad! ¡Españoles, hijos de la lealtad y el honor, dechados
-de probidad y buena fe, sed vosotros jueces en esta causa! Juzgad,
-pronunciad si aquellos honrados ciudadanos que merecieron un día
-vuestra confianza, pudieron caer en tan vil y vergonzoso abatimiento.
-Y si todavía los hallais dignos de loor o de aprecio, haced que
-vuestro imparcial y respetable juicio desplome sobre sus infames
-calumniadores toda la ignominia con que quisieron manchar sus nombres
-y memoria.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_17_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_341">[p. 341]</span></p>
- <h3 title="Carta a Don Antonio Ponz"><span class="g1">CARTAS</span></h3>
- <p class="centra mt2">CARTA A DON ANTONIO PONZ</p>
- <p class="centra mt1">El autor describe las romerías de Asturias y habla
- de la llamada <i>Danza Prima</i>.</p>
-</div>
-
-<p>Después de haber sesteado un rato por los lugares amenos y
-sombríos de aquel contorno, se empiezan a disponer las danzas, que
-sirven de ocupación al resto de la tarde. Estas danzas no son menos
-sencillas y agradables que los demás regocijos del día. Cada sexo
-forma las suyas separadamente, sin que haya ejemplar de que el
-desarreglo o la licencia los hayan confundido jamás. El filósofo ve
-brillar en todas partes la inocencia de las antiguas costumbres, y
-nunca esta virtud es más grata a sus ojos que cuando la ve unida
-a cierta especie de placeres, que la corrupción ha hecho en todas
-partes incompatible con ella.</p>
-
-<p>Aunque las danzas de los hombres se parece en la forma a la de las
-mujeres, hay entre unas y otras ciertas diferencias bien dignas de
-notarse. Seméjanse en unirse todos los danzantes en rueda, asidos de
-las manos, y girar en rededor con un movimiento lento y compasado,
-al son del canto, sin perder ni interrumpir jamás el sitio ni la
-forma. Son una especie de coreas a la manera<span class="pagenum"
-id="Page_342">[p. 342]</span> de las danzas de los antiguos pueblos,
-que pueden tener su origen en los tiempos más remotos y anteriores
-a la invención de la gimnástica. Pero cada sexo tiene su poesía, su
-canto y sus movimientos peculiares, de que es preciso dar alguna
-razón.</p>
-
-<p>Los hombres danzan al son de un romance de ocho sílabas, cantado
-por alguno de los mozos que más se señalan en la comarca por su clara
-voz y por su buena memoria; y a cada copla o cuarteto del romance
-responde todo el coro con una especie de estrambote, que consta de
-dos solos versos o media copla. Los romances suelen ser de guapos y
-valentones, pero los estrambotes contienen siempre alguna deprecación
-a la Virgen, a Santiago, San Pedro u otro santo famoso, cuyo nombre
-sea asonante con la media rima general del romance.</p>
-
-<p>Esto me ha hecho presumir que tales danzas vienen desde el tiempo
-de la gentilidad, y que en ellas se cantarían entonces las alabanzas
-de los héroes, interrumpidas y alternadas con himnos a los dioses.
-Lo cierto es que su origen es muy remoto, que el depravado gusto de
-las jácaras es muy moderno, y que la mezcla de ellas con las súplicas
-a los santos es tan monstruosa, que no pudieron nacer en un mismo
-tiempo, ni derivarse de una misma causa.</p>
-
-<p>Tampoco sería extraño presumir que estas danzas eclesiásticas, y
-que tienen cierto sabor a los usos y estilos litúrgicos de la media
-edad, pudie<span class="pagenum" id="Page_343">[p. 343]</span>ron
-ser traídas acá por los romeros que en ella venían a peregrinar en
-este país; pues ya sabe usted que las romerías de San Salvador en
-Oviedo, fueron en algún tiempo muy frecuentadas, y aun de ellas
-dura todavía algún resto. Lo cierto es que esta mezcla de devoción,
-regocijo y francachela, tiene parecer muy conforme al espíritu de los
-siglos supersticiosos y al carácter de aquellos devotos vagamundos,
-que con título de piedad andaban por entonces de santuario en
-santuario, dados a la vida libre y holgazana, comiendo, bebiendo y
-saltando por el rey de Francia.</p>
-
-<p>Como quiera que sea, estas danzas varoniles suelen rematar muchas
-veces en palos, única arma de que usa nuestro pueblo; y como nunca la
-sueltan, vería usted a todos los danzantes con su garrote al hombro,
-que sostienen con dos dedos de la mano izquierda, libre los otros
-para enlazarse en rueda, seguir danzando en ella con gran mesura y
-seriedad. Sucede, pues, frecuentemente que, en medio de la danza,
-algún valentón caliente de cascos empieza a victorear a su lugar o su
-concejo. Los del concejo confinante, y por lo común rival, victorean
-al suyo; crece la competencia y la gritería, y con la gritería la
-confusión; los menos valientes huyen; el más atrevido enarbola su
-palo; le descarga sobre quien mejor le parece, y al cabo se arma tal
-pelea de garrotazos, que pocas veces deja de correr sangre, y alguna
-se han experimentado más tristes consecuencias.</p>
-
-<p>Para remediar estos abusos, alguna vez ha pen<span
-class="pagenum" id="Page_344">[p. 344]</span>sado el gobierno en
-prohibir el uso de los palos; pero ¡pobre país si esto sucediera! Los
-hombres naturalmente tímidos y amantes de su conservación, gustan de
-llevar consigo alguna prevención, alguna defensa contra los insultos
-que les amenazan. Prohibido el uso de los palos, entrará sin duda
-el de las navajas y cuchillos, armas mortíferas que hacen a otros
-pueblos insidiosos y vengativos, y enervan y extinguen el valor y la
-verdadera bizarría.</p>
-
-<p>Ni por este uso puede usted tachar de bárbaros a mis paisanos.
-Semejantes escenas, además de interesar en gran manera la curiosidad
-por cuanto hieren fuertemente la imaginación de los espectadores, son
-muy del gusto de los pueblos no corrompidos por el lujo, y en cierto
-modo están unidas a la condición misma de la humanidad. «El hombre,
-dice el sabio Fergusón, es demasiado propenso a las lides y a emplear
-sus facultades naturales contra cualquiera enemigo: gusta de ensayar
-su razón, su elocuencia, su constancia y aun su vigor y fuerzas
-corporales. Sus recreos son muchas veces imagen de la guerra, el
-sudor y la sangre suelen correr en sus juegos, y las fracturas y aun
-la muerte dan término alguna vez a las fiestas y pasatiempos de su
-ociosidad. Nacido para morir, hasta en su diversión halla su camino
-para el sepulcro...»</p>
-
-<p>Dejemos, pues, a los pueblos frugales y laboriosos sus costumbres,
-por rudas que nos parezcan, y creamos que la nobleza del carácter en
-que<span class="pagenum" id="Page_345">[p. 345]</span> tienen su
-origen merecen por lo menos esta justa condescendencia.</p>
-
-<p>Pero las danzas de las asturianas ofrecen ciertamente un objeto,
-si no más raro, a lo menos más agradable y menos fiero que las que
-acabamos de describir. Su poesía se reduce a un solo cuarteto o copla
-de ocho sílabas, alternado con un largo estrambote, o sea estribillo,
-en el mismo género de versos, que se repite a ciertas y determinadas
-pausas. Del primer verso de este estrambote que empieza:</p>
-
-<div class="poema mt1"><div class="stanza">
-<p class="i0">Hay un galán de esta villa,</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt1 ti0">vino el nombre con que se distinguen estas
-danzas.</p>
-
-<p>El objeto de esta poesía es ordinariamente el amor, o cosa que
-diga relación a él. Tal vez se mezclan algunas sátiras o invectivas,
-pero casi siempre alusivas a la misma pasión, pues ya se zahiere la
-inconstancia de algún galán, ya la presunción de alguna doncella,
-ya el lujo de unos, ya la nimia confianza de otros, y cosas
-semejantes.</p>
-
-<p>Lo más raro y lo que más que todo prueba la sencillez de las
-costumbres de estas gentes, es que tales coplas se dirigen muchas
-veces contra determinadas personas; pues aunque no siempre se las
-nombra, se las señala muy claramente, y de forma que no pueda dudarse
-del objeto de la alabanza o de la invectiva. Aquella persona que
-más sobresale en el día de la fiesta por su compostura o por algún
-caso de sus amores; aquel suceso que más<span class="pagenum"
-id="Page_346">[p. 346]</span> reciente es y notable en la comarca; en
-fin, lo que en aquel día ocupa principalmente los ojos y la atención
-del concurso, eso es lo que da materia a la poesía de nuestros
-improvisantes asturianos. Ya ve usted si les será fácil indicar las
-personas sin nombrarlas expresamente.</p>
-
-<p>Supongo que para estas composiciones no se valen nuestras mozas de
-ajena habilidad. Ellas son las poetisas, así como las compositoras de
-los tonos, y en uno y otro género suele su ingenio, aunque rudo y sin
-cultivo, producir cosas que no carecen de númen y de gracia. Pondréle
-a usted dos ejemplos, entre mil que pudiera señalar, y si no entiende
-el dialecto, tenga paciencia, que otros le entenderán.</p>
-
-<p>En una de estas romerías a que concurrió cierto amigo mío, se
-había presentado una fea que, entre adornos, llevaba una redecilla
-muy galana y de color muy sobresaliente. Al instante fué notada de
-las mozas, que le pegaron esta banderilla:</p>
-
-<div class="poema mt1"><div class="stanza">
-<p class="i2">Quítate la rede negra</p>
-<p class="i0">y ponte la colorada,</p>
-<p class="i0">para que llucia<a id="FNanchor_627" href="#Footnote_627" class="fnanchor">[627]</a> la rede</p>
-<p class="i0">lo que non llu<a href="#Footnote_627" class="fnanchor">[627]</a> la tó cara.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt1">Era yo bien niño cuando el Ilmo. señor don<span
-class="pagenum" id="Page_347">[p. 347]</span> Julio Manrique de
-Lara, obispo entonces de Oviedo, se hallaba en su deliciosa quinta
-de Contrueces, inmediata a Gijón, el día de San Miguel. Celebrábase
-allí aquel día una famosa romería, y las mozas, como para festejar a
-su ilustrísima, formaron su danza debajo de los mismos balcones de
-palacio. El buen prelado, que estaba en conversación con sus amigos,
-cansado del guirigay y la bulla de las cantiñas, dió orden para que
-hicieran retirar de allí las danzas: sus capellanes fueron ejecutores
-del decreto, que se obedeció al punto; pero las mozas, mudando de
-sitio, bien que no tanto que no pudieran ser oídas, armaron de nuevo
-su danza, cantando y recantando esta nueva letra, que su ilustrísima
-celebró y oyó con gusto desde su balcón gran parte de la tarde:</p>
-
-<div class="poema mt1"><div class="stanza">
-<p class="i2">El señor obispo manda</p>
-<p class="i0">que s’acaben los cantares;</p>
-<p class="i0">primero s’an d’acabar</p>
-<p class="i0">obispos y capellanes.</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt1">Los estribillos con que se alternan estas coplas son
-una especie de retahila que nunca he podido entender; pero siempre
-tienen sus alusiones a los amores y galanteos, o a los placeres y
-ocupaciones de la vida rústica. Los tonos son siempre tiernos y
-patéticos, y compuestos sobre la tercera menor. Llevan la voz de
-ordinario tres o cuatro mozas de las de más gallarda voz y figura,
-colocadas a la frente del coro, y las otras van repitiendo<span
-class="pagenum" id="Page_348">[p. 348]</span> ya la mitad de la
-copla, ya el estribillo, a cuyo compás giran todas sin interrupción
-sobre un mismo círculo, pero con lentos, uniformes y bien acordados
-pasos. Entretanto resuena en torno una dulce armonía, que penetrando
-por aquellos opacos y silenciosos bosques, no puede oírse sin emoción
-ni entusiasmo.</p>
-
-<p>No constan estas danzas, como nuestros modernos bailes, de fuertes
-y afectadas contorsiones, propias para expresar unas pasiones
-violentas y artificiosas, sino de movimientos lentos y ordenados, que
-indican las tranquilas afecciones de un corazón inocente y sensible.
-Si esta es o no una ventaja para los pueblos que la melindrosa
-corrupción tiene por bárbaros, no parece un problema difícil de
-resolver.</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTAS</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_625"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_625">[625]</a></span> En la misma <i>Defensa de la
-Junta Central</i> escribía Jovellanos frases como esta: «no sólo nos
-tachan de usurpadores de la autoridad, no sólo atribuyen esta
-usurpación <i>a un espíritu el más conocido y descubierto de ambición
-y amor propio</i>, sino que para darle todo el carácter de la tiranía,
-la califican de violenta y forzada.» (I.ª 25.) La expresión «à <i>un</i>
-esprit, <i>le</i> plus connu et le moins caché, d’ambition et d’amour
-propre» sería en francés correcta y aceptable; sin embargo, es menos
-corriente que la otra con artículo definido: «à <i>l</i>’esprit <i>le</i> plus
-connu», que también es semejante a la de Jovellanos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_626"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_626">[626]</a></span> En una poesía (<i>Bibliot. Aut.
-Esp.</i> XLVI, 7 <i>a</i>) dice Jovellanos: «No pudo vencer a la tu mano en
-blancura;» el artículo con el posesivo es un asturianismo, que el
-autor acogió acaso a título de arcaísmo (v. <a href="#Page_144">pág.
-144</a>, línea 11).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_627"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_627">[627]</a></span> <i>Llucia</i> por ‘luzca’, y <i>llu</i>
-por <i>lluz</i>, y éste por ‘luce’. En asturiano, toda <i>l</i> inicial se hace
-<i>ll</i> (<i>llobu</i>, <i>lluna</i>), y la <i>e</i> final de los verbos se pierde tras
-ciertas consonantes (<i>quier</i>, <i>pon</i>, <i>merez</i>). Otros dialectalismos
-son <i>rede</i> por ‘red’; también se dice <i>parede</i>, <i>ciudade</i>, etc. <i>la
-tó cara</i> ‘tu cara’.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_18">
- <p><span class="pagenum" id="Page_349">[p. 349]</span></p>
- <h2 title="Don Leandro Fernández de Moratín"
- class="nobreak">DON LEANDRO FERNÁNDEZ DE&nbsp;MORATÍN<br />
- <small>(1760-1828)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>El folleto de la <i>Derrota de los Pedantes</i> apareció en 1789.</p>
-
-<p>Moratín, el hijo, descuella sobre todo por su admirable prosa
-dramática, que no se había vuelto a escribir desde <i>La Celestina</i> de
-Rojas, y <i>La Dorotea</i> de Lope; pero es también muy digno de atención
-en sus otras obras, donde se muestra, como dice Menéndez y Pelayo,
-«uno de los escritores más correctos y más cercanos a la perfección
-que hay en nuestra lengua, ni en otra alguna. Niéganle algunos viveza
-de fantasía, profundidad de intención, calor de afectos y abundancia
-de estilo. Aun la misma perfección de su prosa antes estriba en la
-total carencia de defectos que en cualidad alguna de orden superior,
-sin que conserve nada de la grande y caudalosa manera de nuestros
-prosistas del siglo <small>XVI</small>. La sobriedad del estilo de
-Moratín, se parece algo a la sobriedad forzada del que no goza de
-perfecta salud; hay siempre algo de recortado y de incompleto que no
-ha de confundirse con la sobriedad voluntaria, última perfección de
-los talentos varoniles y señores de su manera.»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_350">[p. 350]</span></p>
-
-<p>Su vocabulario es de una riqueza muy estimable, pero también es
-más estudiado que espontáneo; lamentábase Moratín del olvido en
-que se habían perdido multitud de voces y frases, y de la pobreza
-y sequedad increíbles a que se reduce el lenguaje usual, aun en
-personas letradas, y se propuso resucitar en sus escritos, lográndolo
-con gran tino y acierto, buen número de expresiones que sin duda
-no había recibido él por la tradición oral, sino por la lectura de
-nuestros clásicos a que desde niño era aficionado.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_18_1">
- <h3 title="Derrota de los Pedantes">DERROTA DE LOS PEDANTES</h3>
- <p class="hang mt2">Los poetastros pedantes asaltan el Parnaso; Mercurio
- les impone una tregua, y cogiendo prisionero a uno de ellos, lo lleva
- ante Apolo en calidad de embajador.</p>
-</div>
-
-<p>Entraron, pues, en un salón magnífico y espacioso; el pavimento y
-las paredes eran de esquisitos mármoles, la decoración corintia, las
-basas y capiteles de sus columnas de oro purísimo, como también los
-adornos del cornisamento y zócalo, y en las bóvedas apuró la pintura
-todos los encantos de la ficción.</p>
-
-<p>Allí se veían los orígenes de las artes y los progresos del
-talento humano: muda historia, capaz de encender el ánimo y
-arrebatarle a la contemplación de los objetos más sublimes. En una
-parte se veía a los hombres fabricar chozas de troncos y ramas, de
-donde la arquitectura tomó las formas que dió después a materias
-más dura<span class="pagenum" id="Page_351">[p. 351]</span>bles,
-variando, según la mayor o menor consistencia de ellas, la proporción
-de sus edificios. A otro lado los egipcios daban principio a la
-geometría, señalando sus campos con términos de piedras hacinadas,
-para que el Nilo en sus inundaciones no alterase los conocidos
-límites. Otros señalaban en el suelo los contornos de la sombra, de
-donde tomó su origen la pintura, perfeccionándose después lentamente
-con la invención casual de los colores y la perspectiva, que apenas
-conoció la antigüedad. Otros cortaban la corriente de un río, fiados
-a un tronco mal seguro; una gran multitud admiraba desde la opuesta
-orilla el temerario atrevimiento, y las madres tímidas apretaban
-al pecho sus pequeñuelos hijos. Los árabes y caldeos observaban
-el aparente giro del sol, y en las serenas noches al planeta que
-recibe su luz, y los demás astros que la distancia nos amenora o
-nos oculta. La escultura en otra parte ponía sobre las aras bultos
-informes que adoraba supersticioso el temor, y más allá los Fidias,
-Lisipos y Praxiteles daban a los mármoles y bronces tan elegante
-forma, que en algún modo parece que el arte disculpaba la idolatría.
-Allí Orfeo reducía a los hombres en vida social, les daba leyes, y
-les persuadía la necesidad de un culto religioso. Confucio enseñaba
-virtudes morales a los remotos chinos. Eaco, Radamanto, Minos, Solón,
-Licurgo y Numa establecían leyes, gobernando en justicia y paz
-nuevas repúblicas; y a más distancia se veían florecer las ciencias
-y las artes a la sombra de la libertad.<span class="pagenum"
-id="Page_352">[p. 352]</span> Allí estaba representado el padre
-Homero, a quien rodeaban con admiración los poetas de todas las
-naciones y todos los siglos. Píndaro, al son de la lira, celebraba
-con sublime verso las victorias istmias y olímpicas, y eternizaba el
-nombre de Hierón. Simónides cantaba tiernas elegías. Alceo de Lesbos,
-añadiendo nuevos sonidos a las cuerdas griegas, hacía aborrecible
-entre los hombres el despotismo de los tiranos. Safo, desgraciada en
-amor, se precipitaba del promontorio de Leucate al mar, y repetía
-muriendo el nombre de su ingrato Faón; en tanto que Anacreón de
-Teos, coronado de pámpanos, con la copa en la mano, danzaba alegre
-al son de las flautas entre las Gracias y los Amores. Allí acudía la
-juventud de Grecia a escuchar en las Academias, el Liceo y el Pórtico
-las austeras lecciones de la moral; y no muy lejos se levantaban
-teatros magníficos para declamar con el auxilio de la música las
-grandes obras de Eschilo, Sófocles y Eurípides, que alternaban con
-las del atrevido Aristófanes, a quien Menandro siguió después para
-obscurecer la gloria de cuantos le habían precedido. En otra parte
-Demócrito y el divino Hipócrates, reclinados junto a un sepulcro ya
-destruído, conversaban profundamente a la sombra de unos cipreses
-mustios sobre la física del cuerpo animal, la brevedad de la vida,
-los acerbos males que la rodean, y los cortos y falaces medios que
-ofrece el arte para dilatar su fin; y más allá Demóstenes desde la
-tribuna de las arengas conmovía al pueblo ateniense, le persua<span
-class="pagenum" id="Page_353">[p. 353]</span>día por algunos
-instantes a sacudir el yugo macedónico; excitaba en él estímulos
-de valor, recordándole las épocas gloriosas de sus triunfos, los
-nombres santos de Milciades, Conón, Cimón y el justo Arístides; y
-oponiéndose, por una parte, a todo el poder de Filipo, y por otra,
-a la envidia, la calumnia atroz y la inconstancia de un vulgo
-corrompido e ingrato, veía a pesar de su elocuencia irresistible
-perecer para siempre la libertad de su país, y perecía con ella.</p>
-
-<p>En el testero del salón había un trono riquísimo, y en él estaba
-Apolo: siete de las musas le acompañaban inmediatas al solio, y los
-más célebres poetas españoles, según la edad en que florecieron, así
-ocupaban por su orden las sillas.</p>
-
-<p>Si mucho se admiró el coplero de aquel aparato y magnificencia, no
-menos se admiraron todos los demás al ver su figura ridícula, porque
-era el hombre la más triste visión que imaginarse puede: reviejuelo,
-arrugadito, moreno, remellado, tuerto de un ojo, romo, calvo, algo
-tiñoso, chiquirritillo y contrahecho, si bien es verdad que le
-desfiguraban en parte las barbas, el sudor negro, el polvo, el cisco
-y las telarañas que le cubrían el rostro. Revolvíase en unas bayetas
-pardas, raídas y llenas de chorreaduras de aceite y caldo, con un
-ribete de arambeles por las orillas a modo de randas o cucharetero;
-sus movimientos eran más vivos de lo que su edad prometía, la acción
-teatral, y la voz gangosa, chillona y desapacible.</p>
-
-<p>—«Este es, dijo Mercurio a su hermano, el que<span
-class="pagenum" id="Page_354">[p. 354]</span> he podido agarrar entre
-aquella turba; él te dirá lo que deseas saber;»—y acercándose a él,
-le dijo al oído: «mirad, señor, que aquí no os sufrirán disparates;
-decid claramente quiénes son los del portal, y a qué es su buena
-venida, sin andarnos en más repulgos; porque si así no lo hiciéreis,
-témome mucho que mi hermano os mande freir y echar a los perros,
-según le he visto de mal humor esta tarde;» y habiendo dicho ésto, se
-fué volando a observar lo que pasaba en la escalera.</p>
-
-<p>El poetastro, encarándose con Apolo, le hizo tres grandes
-cortesías, y quedó aguardando el permiso de hablar. Diósele Apolo, y
-él comenzó a delirar de esta manera:</p>
-
-<div class="poema fs90 mt1"><div class="stanza">
-<p class="i2">«Reverberante Numen que del Istro</p>
-<p class="i0">Al Marañón sublimas con tu zurda,</p>
-<p class="i0">Al que en ritmo dulcísono te urda</p>
-<p class="i0">Elogio al son del címbalo y del sistro:</p>
-<p class="i2">Si la alígera prole de Caistro</p>
-<p class="i0">Blandos ministra acentos a mi burda</p>
-<p class="i0">Armónica pasión, ¡ay! no te aturda</p>
-<p class="i0">Ver rompo de tu tímpano el teristro.</p>
-<p class="i2">La nubígena Dea en alto plaustro,</p>
-<p class="i0">Ungiendo el nervio de oloroso electro,</p>
-<p class="i0">Me lleva en alas del Ouest y el Austro,</p>
-<p class="i2">Y hurtando a las Memnósides el plectro,</p>
-<p class="i0">Hoy me intromito en el fulgente claustro,</p>
-<p class="i0">Obstupefacto, a venerar tu espectro.»</p>
-</div></div>
-
-<p class="mt1">Reventaba Apolo entre la indignación y la risa; las
-musas se tendían por los suelos dando exorbitantes carcajadas; los
-poetas se miraban los unos a los otros sin saber lo que les sucedía,
-y el ba<span class="pagenum" id="Page_355">[p. 355]</span>dulaque,
-muy satisfecho, se disponía a proseguir disparatando en culto; pero
-Francisco de Rioja, que estaba inmediato, le dijo: «Ved, señor
-enviado, que Apolo nuestro amo no os llama aquí para que le declaméis
-versos tenebrosos; lo que únicamente quiere es...».—«¡Ah! dijo el de
-las sopalandas, ya sé lo que quiere, no hay para qué decírmelo, que
-ya lo he comprendido, lo que quiere es otro soneto con los mismos
-consonantes; pues allá va, hijo de Latona, escuchadme benévolo...»</p>
-
-<p>Pero volvamos la mal tajada péñola a referir lo que Mercurio hizo
-mientras duró la embajada. Parecióle conveniente no descuidarse
-ni fiar a la fortuna el éxito de aquella empresa; había llegado a
-entender, aunque confusamente, la pretensión estrafalaria de los
-filólogos; y conociendo que Apolo no podía concederles nada, pensó
-seriamente en hacer preparativos para la defensa, persuadido de que
-sólo a garrotazos se podría concluir tan enrevesado asunto.</p>
-
-<p>Llamó a consejo a los poetas que imaginó más inteligentes y
-acostumbrados a tales peleonas; tratóse el caso con la madurez que
-requería, y se acordó, por último, que se hiciera provisión de
-armas ofensivas, acudiendo al repuesto de los malos libros, que
-estaban en las inmediaciones de la cocina destinados a socarrar
-pollos y envolver especias, y que además se recogiesen cuantos
-trastos semovientes hubiera en la casa y pudieran ser útiles para
-convertirlos en armas arrojadizas, o en parapetos y trincheras.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_356">[p. 356]</span></p>
-
-<p>Tratóse después del orden que se debía guardar en los ataques, y
-resolvieron que para lograr alguna ventaja era necesario salir de
-la escalera, obligando a los eruditos a que, dejando el portalón,
-pasaran al patio, creyendo todos que allí se les podría combatir más
-a placer, ya fuese en batalla campal, o ya arrojando sobre ellos,
-desde las ventanas que había alrededor, cuanto pudiera ofenderlos y
-destruirlos.</p>
-
-<p>Aprobado este plan, se dispuso que Garcilaso de la Vega, por estar
-herido Cervantes, mandase el ala derecha; la izquierda, don Diego de
-Mendoza; el centro, don Alonso de Ercilla, y el cuerpo de reserva,
-que debía acudir adonde la necesidad lo pidiese, se encargó al conde
-de Rebolledo, acompañado de Lope de Vega, Cristóbal de Virués y otros
-sujetos de acreditado valor y experiencia militar.</p>
-
-<p>Después de ventilados estos puntos, se ocuparon en conducir
-hacia la escalera cuanto hallaron que podía ser útil para un caso
-de rompimiento; acudieron luego al repuesto de los malos libros, y
-llevaron infinitos volúmenes antiguos y modernos que hasta entonces
-no habían servido de gloria a sus autores, ni de utilidad alguna al
-género humano, y en aquel día se hicieron apreciables; porque no hay
-duda en que un mal libro, por malo que sea, siempre sirve, y más si
-es de buen tomo, para descalabrar con él a cualquiera cuando no hay a
-mano abundante provisión de cachiporras o peladillas de Torote.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_357">[p. 357]</span></p>
-
-<p>Hecho, pues, todo lo que va referido, sucedió la bajada y volteo
-del culterano; y conociendo Mercurio que era ya inevitable volver a
-la zurra, fuese volando a decir a su hermano cuanto había dispuesto.
-Hallóle que bajaba ya la escalera con ánimo de presentarse a los
-enemigos, creyendo que a sus razones y autoridad ni debían ni podían
-oponerse. Dudó mucho Mercurio si aquella cuadrilla desvergonzada
-guardaría respeto y moderación, hallándose ya obstinada en conseguir
-por fuerza lo que pretendía; pero hubo de ceder, mal de su grado, a
-las instancias de Apolo, y dejándole en la escalera, se remontó al
-techo para anunciar su venida.</p>
-
-<p>A este tiempo empezó a notarse un rumor y conmoción general en
-el bando contrario, mal satisfecho del suceso que había tenido la
-erudita oración de su embajador; pero, dando Mercurio un grande
-aullido desde allá arriba, les hizo callar y atender. Díjoles que
-Apolo iba a presentarse; que venerasen en él al grande hijo de
-Júpiter, y que, pues se llamaban alumnos suyos, no le diesen enojo en
-cosa alguna, y adorasen humildes sus soberanos preceptos.</p>
-
-<p>Apolo entonces, levantado en hombros de los más robustos, se dejó
-ver de aquella amotinada gente. Comenzó con semblante pacífico y
-agradable a persuadirlos que, dejando las armas, se volviesen a sus
-casas a cuidar de sus mujeres e hijos, si los tenían. Que no creyesen
-que la nación perdería nada, perdiéndolos a ellos; pues no sólo
-la<span class="pagenum" id="Page_358">[p. 358]</span> harían una
-gran merced en quemar todos sus papeles y no volver a escribir jamás
-ni aun la cuenta de la ropa, sino que, por otra parte, olvidando con
-un verdadero arrepentimiento las travesuras pasadas, podían dedicarse
-a varios ejercicios honestos, y adquirir por ellos una subsistencia
-segura como buenos ciudadanos y gente de juicio. Díjoles también que
-los hombres habían nacido para trabajar, y muy pocos entre ellos
-para saber; porque ciertamente aquellos pocos, siendo buenos, bastan
-para ilustrar a todos los demás con su sabiduría. Que esto de ser
-doctos no era cosa tan hacedera y trivial como se habían imaginado,
-pues cualquiera ciencia o facultad necesita todo un hombre, toda
-una vida, y tal reunión de circunstancias, que rara vez llega a
-verificarse; y aun por eso, siendo tantos los que siguen la carrera
-de las letras, son tan pocos los que han llegado a poseerlas en grado
-sobresaliente, y a merecer el aprecio público por sus escritos. Que
-dejasen el encargo de sostener el honor de la literatura nacional
-a otros talentos muy superiores, sin comparación, a los suyos. Que
-abandonasen para siempre la negra erudición enciclopédica que tanto
-les había trastornado la racionalidad, y tan ridículo papel les
-había hecho hacer en estos últimos años a los ojos de la Europa
-culta; y que sobre todo abjurasen de buena fe el error de haberse
-creído poetas. Que no envidiasen esta gloria a los que realmente lo
-son; gloria mezclada siempre de sinsabores los más amargos; gloria
-funesta, que casi nunca<span class="pagenum" id="Page_359">[p.
-359]</span> ha concedido el mundo a los que, viviendo, pudieran
-gozarla, porque la reserva el cruel para las cenizas de los que ya no
-existen.</p>
-
-<p>Más iba a decirles; pero fueron tales los berridos que resonaron
-en el zaguán, los gritos y amenazas, que Apolo, temiendo algún
-insulto de parte de aquel populacho feroz, se bajó a toda prisa del
-trono racional en que estaba encaramado, y comenzó a echar tacos y
-reniegos por aquella boca, que Dios nos libre.</p>
-
-<p>Seguía entretanto la gritería y tumulto de los enemigos, y el
-endiablado tuerto corría de un lado a otro atizando el fuego de la
-discordia, ponderando el mal tratamiento que Apolo le había hecho y
-el poco aprecio que le merecían las doctas fatigas de tantos sabios;
-ellos, que no necesitaban espuelas, se enfurecieron de tal modo que
-no es posible ponderar a qué extremo llegó entonces su frenesí.—«No
-es ese, decían, no es ese Apolo; a ese no le conocemos, y estos son
-ardides de Mercurio, que piensa burlarse de nosotros, tomándolo a
-fiesta y tararira; que venga el hijo de Latona, que venga, él nos
-conocerá y nosotros le adoraremos como hijos obedientes suyos.»</p>
-
-<p>—«Medrados estamos, dijo Mercurio, con lo que nos salen ahora
-estos malditos. Si es imposible que no se hayan desatado del infierno
-para darnos guerra. ¿Se habrá visto tal invención? Pero yo les juro
-por la asquerosa Estigia que no se han de reir de mí; no, si no
-hacéos de miel y paparos han moscas; para ellos no sirven razones;
-lo que<span class="pagenum" id="Page_360">[p. 360]</span> no les
-duele, no les persuade; pues que la paguen, mal haya su casta, que la
-paguen, y acabemos de una vez con ellos.»</p>
-
-<p>Dicho esto, se metió entre los suyos, repitió las órdenes, previno
-los acasos, y sin que diera la señal de combatir el estruendo de
-trompetas ni atambores, se comenzó la batalla, poniendo en uso los de
-Apolo las nuevas armas de que se habían prevenido.</p>
-
-<p>Llovían librotes sobre los literatos intrusos; unos viejos,
-sucios y despilfarrados; y otros nuevecitos y en pasta, y en
-papel de Holanda, y con láminas y elogios ultramontanos, y notas
-y animadversiones. Esta descarga desordenó las primeras filas
-enemigas, no sin pérdida de sus gentes; pues aseguran algunos sujetos
-fidedignos, apoyados en relaciones auténticas, que pasaron de veinte
-los que cayeron derrengados, cinco tuertos, descalabrados nueve, y
-trece o catorce contusionados o aturdidos.</p>
-
-<p>Con esta pérdida se notó algún desfallecimiento en aquellas
-tropas, y nuevo espíritu en los de Apolo, que no dudaban ya combatir
-cuerpo a cuerpo para concluir de una vez aquella empresa; bien que
-los jefes procuraban contenerlos, conociendo cuán cerca está de ser
-temeridad el valor si la prudencia y el arte no le dirigen.</p>
-
-<p>Pero a este tiempo ocurrió un accidente que puso a los de
-la escalera en grave peligro de perderse; porque acabada que
-fué la primera descarga, vieron venir de retorno por el aire el
-tenebroso<span class="pagenum" id="Page_361">[p. 361]</span>
-<i>Macabeo de Silveira</i>, que arrojado de robusta mano parecía una
-bala de cañón, según el ímpetu que traía; hirió de paso, aunque
-levemente, a Luis Barahona de Soto; y, volviendo de rebote dió
-tal golpe en el pecho al tierno Garcilaso, que sin ser poderoso a
-resistirle, cayó aturdido sobre las gradas, y tuvieron que retirarle
-inmediatamente.</p>
-
-<p>Lupercio de Argensola que se hallaba cerca, lleno de indignación
-y dolor por la desgracia de su dulce Laso, agarró seis o siete tomos
-que vió a sus pies, y con no vista fuerza los lanzó al enemigo.
-No bien llegaron allá los <i>Comentos de Góngora</i>, que ésta era
-la gracia de los tales volúmenes, cuando se conoció el horrible
-estrago que habían hecho en el cuerno izquierdo de los contrarios;
-lo que advertido por los de Apolo, se adelantaron algunos a querer
-seguir hacia aquella parte la derrota; pero así que se alejaron de
-los demás, se vieron rodeados de enemigos y cortado el paso a la
-escalera; dieron y recibieron golpes crueles, y con no poco trabajo
-pudieron volverse a incorporar en sus líneas, sufriendo mucho en la
-retirada, que tuvo todas las apariencias de fuga.</p>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_18_2">
- <h3 title="El Vesubio">VIAJE A ITALIA</h3>
- <p class="centra mt2">Fragmento de esta obra póstuma</p>
-</div>
-
-<p>Debajo de Pórtici y Resina está sepultada la ciudad de Herculano;
-los edificios más considerables de ella que hasta ahora se han
-descubierto, son un<span class="pagenum" id="Page_362">[p.
-362]</span> foro y un teatro; en el foro se hallaron las dos estatuas
-ecuestres de los Balbos, una de Vespasiano y otras de varias familias
-ilustres. El proscenio del teatro tiene ciento y treinta pies de
-ancho, y en las veinte y una gradas destinadas a los espectadores y
-los espacios restantes, se ha calculado que cabían diez mil personas.
-La cantidad de ceniza y lavas que cayeron sobre esta ciudad fué
-tal, que sus edificios se hallan a sesenta, ochenta y cien pies de
-profundidad. Esto hace muy difícil la excavación, pues además de la
-consistencia y grueso de las materias que hay que romper a pico, es
-necesario sostener con postes y estribos las excavaciones, para que
-todo no se hunda y arruine; y además, ¿cómo es posible taladrar un
-terreno sobre el cual existen en pie tantos edificios, sin que éstos
-se resientan? Mientras permanezcan Resina y Pórtici, no se pueden
-adelantar los descubrimientos de Herculano.</p>
-
-<p>Siguiendo el camino, que va siempre inmediato al mar, se
-hallan después de Resina la torre del Greco y la de la Anunciata,
-poblaciones contiguas unas a otras con poca o ninguna interrupción,
-bien situadas y alegres, de mucha gente, llenas de casas de campo,
-con jardines, huertas y abundante cultura. Atraviesa el camino por
-encima de un gran torrente de lava que arrojó el Vesubio en 1760,
-mezclada con cenizas y enormes piedras; abrasó todo el terreno,
-destruyó los edificios que halló al paso, y bajó hasta el mar
-con estrago espantoso. A poca distancia se hallan las ruinas de
-Pompeya,<span class="pagenum" id="Page_363">[p. 363]</span> ciudad
-antigua que hasta la mitad de este siglo permaneció tan oculta a
-la vista humana, que nadie se atrevía a fijar el paraje en que
-estuvo. La multitud de cenizas que cayeron sobre ella, detenidas
-de los huecos de sus calles y edificios, formaron una elevación
-de terreno, el cual, haciéndose con el tiempo vegetal y fértil,
-comenzó a labrarse, y hoy se ve encima de los templos, teatros y
-sepulcros de Pompeya, enlazarse las parras a los chopos, y segar el
-labrador mieses abundantes. Las excavaciones que se hacen en este
-sitio cuestan poco trabajo, así porque todo es ceniza lo que hay que
-romper, como porque es mucho menor la profundidad a que se encuentran
-las ruinas que en Herculano. Hasta ahora se han descubierto dos
-calles, una de ellas con la puerta de la ciudad, y varios sepulcros,
-un cuartel, un templo de Isis y dos teatros. No es posible caminar
-por aquel paraje sin una especie de entusiasmo que todos aquellos
-objetos inspiran. Este era el teatro: aquí se acomodaba el pueblo,
-allí la nobleza, por allí salían los actores, aquí se oyeron los
-versos de Terencio y Plauto, este recinto sonó con aplausos públicos;
-los hombres desaparecieron, y el lugar existe. Este era el templo:
-allí está la inscripción, allí las aras; las paredes anuncian
-todavía, en pinturas y estucos, los atributos de la deidad. Aquí se
-degollaban las víctimas; aquí, escondidos los sacerdotes, prestaban
-su voz a un mudo simulacro, y el pueblo, lleno de terror, creía
-escuchar la divinidad misma anunciando a la ignorancia huma<span
-class="pagenum" id="Page_364">[p. 364]</span>na los futuros destinos.
-Esta es una calle: empedrada está, como las de Nápoles, con lavas que
-ha vomitado ese volcán vecino; a un lado y otro hay ánditos para que
-pase el pueblo seguro de los carros: aun se ven las señales de las
-ruedas. Veis aquí las tiendas: allí se vendieron licores; la insignia
-que está a las puertas, la señal que ha dejado el pie de las copas
-sobre el mostrador, y las hornillas inmediatas para tener caliente
-la bebida, lo manifiestan. Allí hay otra donde se vendían príapos:
-la insignia está esculpida sobre la puerta; allí está el aparador
-repartido en gradas, donde se exponían estos dijes a la vista
-pública. Estas son casas de gente rica; este es el pórtico, sostenido
-en columnas de ladrillo revestidas de estuco, con decoración dórica;
-allí está el patio con la galería que le rodea: estancias pequeñas,
-altas, con mosaicos en el suelo y pinturas en las paredes; el baño,
-la estufa, con pared hueca, por donde se comunicaba el calor; el
-jardín, la fuente, la bodega, con grandes cántaros; la sala de
-conversación, la de comer, la alcoba, el poyo donde estaba el lecho;
-pinturas voluptuosas por todas partes, triunfos de amor. Veis allí
-los sepulcros que erigió la patria agradecida a sus hijos ilustres;
-la inscripción anuncia sus nombres y su calidad; allí reposan sus
-cenizas. ¡Qué silencio reina en todo el contorno! ¡Qué soledad
-horrible! Y ¡todavía el Vesubio arroja llamas y retumban sus cavernas
-con rumor espantoso!</p>
-
-<p>Este monte, distante dos leguas y media de<span class="pagenum"
-id="Page_365">[p. 365]</span> Nápoles, hacia la parte oriental,
-tiene de altura unas seiscientas toesas; su figura es cónica, con
-base muy ancha, la parte superior se compone de lavas, piedras,
-cenizas, arenas y escorias, sin yerbas, ni plantas, ni árboles, ni
-animales, ni hombres; aspereza horrible, cavernas profundas, soledad,
-silencio en la parte inferior, donde es el terreno fertilísimo; hay
-mucha cultura de árboles y viñas, que producen excelentes vinos, y
-en lo más llano, cerca ya del mar, se ven las alegres poblaciones
-de Pórtici, Resina, Torre del Greco, Torre de la Anunciata, y otras
-muchas que le rodean. Si se considera la inmediación de este volcán
-y el riesgo inminente de que un día reviente incendios, trastorne
-toda su circunferencia, y sepulte en fuego y cenizas aquellas moradas
-deliciosas, centro del lujo y de los placeres, se conocerá ¡cuán
-fácilmente se olvidan los hombres del peligro, por más que vean
-presente la amenaza! Pórtici está edificada encima de Herculano
-opulenta; Pompeya se descubre ahora, después de haber permanecido
-largos años oculta bajo las cenizas que en ella cayeron; en los
-jardines del rey y en otras varias partes en que se han hecho
-excavaciones profundas, se hallan hasta treinta capas distintas de
-lava, y éstas seis o siete veces interrumpida con tierra vegetal
-y restos confusos de edificios, que es decir: treinta veces aquel
-terreno, que ahora habitan los hombres con tal seguridad, ha estado
-cubierto de torrentes de fuego con el trascurso de los siglos;
-seis o siete veces se han<span class="pagenum" id="Page_366">[p.
-366]</span> olvidado los hombres del estrago anterior, han cultivado
-y han habitado aquel territorio; otras tantas se han repetido
-aquellos horrores, y, no obstante, hoy viven sobre tantas ruinas, sin
-temer que la naturaleza, en un solo momento, renueve igual destrozo.
-La montaña de Soma, que por el lado de Oriente y Mediodía rodea al
-Vesubio, parece ser una parte de él; ambos están sobre una misma
-base, y parece haberlos desunido algún hundimiento, de que resultó
-una abertura lateral, aumentándose después la cima del volcán con
-las materias mismas que arroja. Las montañas de Soma, por la parte
-interior, que mira al Vesubio, toda está rota y quebrantada, y la
-opinión de haber sido en otros tiempos estos dos montes uno solo se
-fortifica, no solamente por la forma de entrambos, sino también por
-la identidad de las materias de que se componen. Este volcán tiene,
-además de la boca principal, varias aberturas, que rompen u obstruyen
-sucesivamente la dimensión de la crátera; se ha encontrado diferente
-en varias ocasiones también la distancia que hay desde sus bordes
-hasta donde se halla el fuego; toda la parte interior de su gran
-boca, compuesta de ásperas masas de piedras, lavas, cenizas, pómez y
-escorias metálicas y bituminosas, presenta a la vista varios colores,
-siendo los principales el blanco, verde, amarillo, ceniciento y
-morado. Casi siempre arroja humo con más o menos abundancia; de
-noche se ven salir por su boca llamaradas y materias líquidas que
-se revierten en varias di<span class="pagenum" id="Page_367">[p.
-367]</span>recciones, y a corta distancia se congelan. Si se examinan
-las señales que ha dejado este volcán en sus erupciones, se pierde
-la imaginación en el cálculo de su antigüedad; la memoria de los
-hombres, limitada y oscura, abraza apenas un corto espacio de su
-edad larga, anterior a todos los monumentos que conocemos y a las
-naciones de que tenemos algunas noticias. La primera erupción de
-que hablan los escritores es la del año de 79 de Jesucristo, en que
-perecieron Herculano y Pompeya. Plinio el naturalista, que se hallaba
-en Miseno, atravesó el mar con deseos de observar sus efectos,
-y murió a las faldas de este monte, sofocado por el humo. Desde
-entonces hasta la edad presente se cuentan treinta y tres o treinta
-y cuatro erupciones, más o menos terribles, que han hecho de aquel
-país un montón confuso de ruinas, convirtiéndole muchas veces en un
-desierto. No pueden leerse sin admiración y horror los efectos de
-estas erupciones. Suena un rumor confuso en las cavernas de la gran
-montaña, sale humo espeso por su boca, le agita el aire y esparce
-oscuridad y fetor por los campos vecinos; se aumenta el estruendo,
-revienta el monte, y entre una espesa lluvia de ceniza ardiente, que
-cubre la atmósfera y sepulta en tinieblas a la populosa Nápoles, con
-estampidos y relámpagos sale una columna altísima de fuego, arrojando
-al aire enormes piedras candentes, que se precipitan a los valles;
-brama impetuoso el viento, se altera el mar, tiembla la tierra,
-inflámase por todas partes el<span class="pagenum" id="Page_368">[p.
-368]</span> monte y derrama torrentes de agua entre las lavas que
-desde su altura bajan ardiendo al mar, abrasando y reduciendo a
-cenizas los árboles, las mieses, los edificios, las ciudades, que
-al pasar aniquila o sepulta; irritados los elementos, anuncian el
-trastorno final del mundo, y en sólo un momento desaparecen naciones
-enteras.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_19">
- <p><span class="pagenum" id="Page_369">[p. 369]</span></p>
- <h2 title="El Conde de Toreno"
- class="nobreak"><span class="g1">EL CONDE DE TORENO</span><br />
- <small>(1786-1843)</small></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="lh120">
-
-<p>La <i>historia del levantamiento, guerra y revolución de España</i> se
-publicó en cinco tomos, 1835-37.</p>
-
-<p>Es un admirable ensayo de restauración de la forma histórica
-clásica y de imitación particular de Mariana. No le imita en sus
-discursos y arengas, género que ha pasado definitivamente de moda;
-pero sí en las sentencias y reflexiones breves, y sobre todo, en la
-narración corriente y limpia, hecha en un lenguaje fácil y elegante,
-y también afectadamente arcaico, aunque en este punto no llegue
-ciertamente su afición por el arcaísmo al extremo que en el P.
-Mariana.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="apartado" id="Ch_19_1">
- <h3 title="Primer sitio y defensa de Zaragoza">HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO
- Y REVOLUCIÓN DE&nbsp;ESPAÑA</h3>
- <p class="centra mt2">PRIMER SITIO Y DEFENSA DE ZARAGOZA</p>
-</div>
-
-<p>Sin muro y sin torreones, según nos ha transmitido Floro,
-defendióse largos años la inmortal Numancia contra el poder de
-Roma. También desguarnecida y desmurada, resistió al de Fran<span
-class="pagenum" id="Page_370">[p. 370]</span>cia, con tenaz porfía,
-si no por tanto tiempo, la ilustre Zaragoza. En ésta como en
-aquélla mancillaron su fama ilustres capitanes, y los impetuosos
-y concertados ataques del enemigo tuvieron que estrellarse en los
-acerados pechos de sus invictos moradores. Por dos veces, en menos de
-un año, cercaron los franceses a Zaragoza: una, malogradamente; otra,
-con pérdidas e inauditos reveses. Cuanto fué de realce y nombre para
-Aragón la heroica defensa de su capital, fué de abatimiento y desdoro
-para sus sitiadores, aguerridos y diestros, no haberse enseñoreado de
-ella pronto y de la primera embestida.</p>
-
-<p>Baña a Zaragoza, asentada a la derecha margen, el caudaloso Ebro.
-Cíñela al mediodía y del lado opuesto, Huerba, acanalado y pobre,
-que más abajo rinde a aquél sus aguas y casi enfrente adonde, desde
-el Pirineo, viene también a fenecer el Gállego. Por la misma parte,
-y a un cuarto de legua de la ciudad, se eleva el monte Torrero, cuya
-altura atraviesa la Acequia Imperial, que así llaman al canal de
-Aragón, por traer su origen del tiempo del emperador Carlos V.</p>
-
-<p>Antes del sitio hermoseaban a Zaragoza en sus contornos feraces
-campiñas, viñedos y olivares, con amenas y deleitables quintas, a
-que dan en la tierra el nombre de torres. A la izquierda del Ebro
-está el arrabal, que comunica con la ciudad por medio de un puente de
-piedra, habiéndose destruído otro de madera en una riada que hubo en
-1802.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_371">[p. 371]</span></p>
-
-<p>Pasaba la población de 55.000 almas; menguó con las muertes y
-destrozos. No era Zaragoza ciudad fortificada, diciendo Colmenar<a
-id="FNanchor_628" href="#Footnote_628" class="fnanchor">[628]</a>,
-a manera de profecía, cosa ha de un siglo, «que estaba sin defensa,
-pero que reparaba esta falta el valor de sus habitantes».</p>
-
-<p>Cercábala solamente una pared de diez a doce pies de alto y tres
-de espesor, en parte de tapia y en otras de mampostería, interpolada
-a veces y formada por algunos edificios y conventos, y en la que
-se cuentan ocho puertas que dan salida al campo. No lejos de una
-de ellas, que es la del Portillo, y extramuros, se distingue la
-Aljafería, antigua morada de los reyes de Aragón, rodeada de un foso
-y muralla, cuyos cuatro ángulos guarnecen otros tantos bastiones. Las
-calles en general son angostas, excepto la del Coso, muy espaciosa
-y larga, casi en el centro de la ciudad, y que se extiende desde
-la puerta llamada del Sol hasta la plaza del Mercado. Las casas,
-de ladrillo, y por la mayor parte de dos o tres pisos; la adornan
-edificios y conventos bien construídos y de piedra de sillería.
-La piedad admira dos suntuosas catedrales: la de Nuestra Señora
-del Pilar y la de la Seo, en las que alterna por años, para su
-asistencia, el Cabildo. El último templo, antiquísimo; el primero,
-muy venerado de los naturales por la imagen que en su santuario se
-adora. Como no es<span class="pagenum" id="Page_372">[p. 372]</span>
-de nuestra incumbencia hacer una descripción especial de Zaragoza, no
-nos detendremos ni en sus antigüedades ni grandeza, reservando para
-después hablar de aquellos lugares que, a causa de la resistencia que
-en ellos se opuso, adquirieron desconocido renombre, porque allí las
-casas y edificios fueron otras tantas fortalezas.</p>
-
-<p>Si ningunas eran en Zaragoza las obras de fortificación, tampoco
-abundaban otros medios de defensa. Vimos cuán escasos andaban al
-levantarse en mayo. El corto tiempo transcurrido no había dejado
-aumentarlos notablemente, y antes bien se habían aminorado con los
-descalabros padecidos en Tudela y Mallen. En semejante estado, déjase
-discurrir la consternación de Zaragoza al esparcirse la nueva, en la
-noche del 14 de junio, de haber sido aquel día derrotado don José
-de Palafox en las cercanías de Alagón, según dijimos en el anterior
-libro. Desapercibidos sus habitantes, tan solamente hallaron consuelo
-con la presencia de su amado caudillo, que no tardó en regresar a la
-ciudad. Mas el enemigo no dió descanso ni vagar. Siguieron de cerca
-a Palafox, y tras él vinieron proposiciones del general Lefebvre
-Desnouettes, a fin de que se rindiese, con un pliego enderezado al
-propio objeto, y firmado por los emisarios españoles Castel-Franco,
-Villela y Pereira, que acompañaban al ejército francés, y de quienes
-ya hicimos mención.</p>
-
-<p>Fué la repuesta del general Palafox ir al encuentro de
-los invasores, y con las pocas tropas<span class="pagenum"
-id="Page_373">[p. 373]</span> que le quedaban, algunos paisanos
-y piezas de campaña, se colocó fuera, no lejos de la ciudad, al
-amanecer del 15. Estaba a su lado el marqués de Lazán y muchos
-oficiales, mandando la artillería el capitán don Ignacio López.
-Pronto asomaron los franceses y trataron de acometer a los nuestros
-con su acostumbrado denuedo. Pero Palafox, viendo cuán superior era
-el número de los contrarios, determinó retirarse, y ordenadamente
-pasó a Longares, pueblo seis leguas distante, desde donde continuó
-al puerto del Frasno, cercano a Calatayud, queriendo engrosar su
-división con la que reunía y organizaba en dicha ciudad el Barón de
-Versages.</p>
-
-<p>Semejante movimiento, si bien acertado en tanto que no se
-consideraba a Zaragoza con medios para defenderse, dejaba a esta
-ciudad del todo desamparada y a merced del enemigo. Así se lo imaginó
-fundadamente el general francés Lefebvre Desnouettes, y con sus 5 a
-6.000 infantes y 800 caballos, a las nueve de la mañana del mismo 15,
-presentóse con ufanía delante de las puertas. Habían crecido dentro
-las angustias; no eran arriba de 200 los militares que quedaban entre
-miñones y otros soldados; los cañones, pocos y mal colocados, como
-gente a quien no guiaban oficiales de artillería, pues de los dos
-únicos con quien se contaba en un principio, don Juan Cónsul y don
-Ignacio López, el último acompañaba a Palafox, y el primero, por
-orden suya, hallábase de comisión en Huesca. El paisanaje andaba sin
-concier<span class="pagenum" id="Page_374">[p. 374]</span>to, y por
-todas partes reinaba la indisciplina y confusión. Parecía, por tanto,
-que ningún obstáculo detendría a los enemigos, cuando el tiroteo de
-algunos paisanos y soldados desbandados los obligó a hacer parada y
-proceder precavidamente. De tan casual e impensado acontecimiento
-nació la memorable defensa de Zaragoza.</p>
-
-<p>La perplejidad y tardanza del general francés alentó a los que
-habían empezado a hacer fuego, y dió a otros alas para ayudarlos
-y favorecerlos. Pero como aun no había baterías ni resguardo
-importante, consiguieron algunos jinetes enemigos penetrar hasta
-dentro de las calles. Acometidos por algunos voluntarios y miñones de
-Aragón, al mando del coronel don Antonio de Torres, y acosados por
-todas partes por hombres, mujeres y niños, fueron los más de ellos
-despedazados cerca de Nuestra Señora del Portillo, templo pegado a la
-puerta del mismo nombre.</p>
-
-<p>Enfurecidos los habitantes, y con mayor confianza en sus fuerzas
-después de la adquirida, si bien fácil, ventaja, acudieron sin
-distinción de clase ni de sexo adonde amagaba el peligro, y llevando
-a brazo los cañones antes situados en el Mercado, plaza del Pilar
-y otros parajes desacomodados, los trasladaron a las avenidas por
-donde el enemigo intentaba penetrar, y de repente hicieron contra
-sus huestes horrorosas descargas. Creyó entonces necesario el
-general francés emprender un ataque formal contra las puertas del
-Carmen y del Portillo. Puso su mayor conato en<span class="pagenum"
-id="Page_375">[p. 375]</span> apoderarse de la última, sin advertir
-que situada a la derecha de la Aljafería, eran flanqueadas sus
-tropas por los fuegos de aquel castillo, cuyas fortificaciones,
-aunque endebles, le resguardaban de un rebate. Así sucedió que los
-que le guarnecían, capitaneados por un oficial retirado, de nombre
-don Mariano Cerezo, militar tan bravo como patriota, escarmentaron
-la audacia de los que confiadamente se acercaban a sus muros.
-Dejáronlos aproximarse, y a quemarropa, los ametrallaron. En sumo
-grado contribuyó a que fuera más certera la artillería en sus tiros,
-un oficial, sobrino del general Guillelmi, quien encerrado allí
-con su tío desde el principio de la insurrección, olvidándose del
-agravio recibido, sólo pensó en no dar quiebra a su honra, y cumplió
-debidamente con lo que la patria exigía a su persona.</p>
-
-<p>Igualmente fueron los franceses repelidos en la puerta del
-Carmen, sosteniendo por los lados el tremendo fuego que de frente
-se les hacía, escopeteros esparcidos entre las tapias, alameda y
-olivares, cuya buena puntería causó en las filas enemigas notable
-matanza. Nadie rehusaba ir a la lid; las mujeres corrían a porfía
-a estimular a sus esposos y a sus hijos, y atropellando por medio
-del inminente riesgo, los socorrían con víveres y municiones. Los
-franceses, aturdidos al ver tanto furor y ardimiento, titubeaban, y
-crecía con su vacilar el entusiasmo y valentía de los defensores. De
-nuevo, no obstante, y reiteradas veces embistieron la entrada del
-Portillo, desviándose de la<span class="pagenum" id="Page_376">[p.
-376]</span> Aljafería, y procurando cubrirse detrás de los olivares y
-arboledas.</p>
-
-<p>Menester fué, para poner término a la sangrienta y reñida pelea,
-que sobreviniese la noche. Bajo su amparo se retiraron los franceses
-a media legua de la ciudad, y recogieron sus heridos, dejando el
-suelo sembrado de más de quinientos cadáveres. La pérdida de los
-españoles fué mucho más reducida, abrigados de tapias y edificios.
-Y de aquella señalada victoria, que algunos llamaron de las Eras,
-resultó el glorioso empeño de los zaragozanos de no entrar en pacto
-alguno con el enemigo, y resistir hasta el último aliento.</p>
-
-<p>Fuera de sí aquellos vecinos con la victoria alcanzada, ignoraban
-todavía el paradero del general Palafox. Grande fué su tristeza al
-saber su ausencia, y no teniendo fe en las autoridades antiguas ni
-en los demás jefes, los diputados y alcaldes de barrio, a nombre del
-vecindario, se presentaron, luego que cesó el combate, al corregidor
-e intendente don Lorenzo Calvo de Rozas, que hechura de Palafox,
-merecía su confianza. Instáronle para que hiciera sus veces, y
-condescendió con sus ruegos en tanto que aquél no volviera.</p>
-
-<p>Unía Calvo en su persona las calidades que el caso requería.
-Declarado abiertamente en favor de la causa pública, habíase
-fugado de Madrid, en donde estaba avecindado. Hombre de carácter
-firme y sereno, encerraba en su pecho, con apariencias de tibio,
-el entusiasmo y presteza de un alma<span class="pagenum"
-id="Page_377">[p. 377]</span> impetuosa y ardiente. Autorizado, como
-ahora se veía, por la voz popular, y punzado por el peligro que a
-todos amenazaba, empleó con diligencia cuantos medios le sugería el
-deseo de proteger contra la invasión extraña la ciudad que se ponía
-en sus manos.</p>
-
-<p>Prontamente llamó al teniente de rey don Vicente Bustamante para
-que expidiese y firmase a los de su jurisdicción las convenientes
-órdenes. Mandó iluminar las calles, con objeto de evitar cualquiera
-sorpresa o excesos; empezáronse a preparar sacos de tierra para
-formar baterías en las puertas de Sancho, el Portillo, Carmen y
-Santa Engracia; abriéronse zanjas o cortaduras en sus avenidas;
-dispusiéronse a artillarlas, y se levantó en toda la tapia que
-circuía a la ciudad una banqueta, para desde allí molestar al enemigo
-con la fusilería. Prevínose a los vecinos en estado de llevar armas
-que se apostasen en los diversos puntos, debiendo alternar noche y
-día; ocupáronse los niños y mujeres en tareas propias de su edad y
-sexo, y se encargó a los religiosos hacer cartuchos de cañón y fusil,
-cumpliéndose con tan buen deseo y ahinco aquellas disposiciones, que
-a las diez de la noche se había ya convertido Zaragoza en un taller
-universal, en el que todos se afanaban por desempeñar debidamente lo
-que a cada uno se había encomendado.</p>
-
-<p>Con más lentitud se procedió en la construcción de las baterías,
-por falta de ingeniero que dirigiese la obra. Sólo había uno, que era
-don An<span class="pagenum" id="Page_378">[p. 378]</span>tonio San
-Genis, y éste había sido el 15 llevado a la cárcel por los paisanos,
-que le conceptuaban sospechoso, habiendo notado que reconocía las
-puertas y la ronda de la ciudad. Ignoróse su suerte en medio de la
-confusión, pelea y agitación de aquel día y noche, y sólo se le puso
-en libertad, por orden de Calvo de Rozas, en la mañana del 16. Sin
-tardanza trazó San Genis atinadamente varias obras de fortificación,
-esmerándose en el buen desempeño, y ayudado, en lugar de otros
-ingenieros, por los hermanos Tabuenca, arquitectos de la ciudad.
-Pintan estos pormenores, y por eso no son de más, la situación de los
-zaragozanos, y lo apurados y escasos que estaban de recursos y de
-hombres inteligentes en los ramos entonces más necesarios.</p>
-
-<p>Los franceses, atónitos con lo ocurrido el 15, juzgaron
-imprudente empeñarse en nuevos ataques antes de recibir de Pamplona
-mayores fuerzas, con artillería de sitio, morteros y municiones
-correspondientes. Mientras que llegaba el socorro, queriendo Lefebvre
-probar la vía de la negociación, intimó el 17 que a no venir a
-partido pasaría a cuchillo a los habitantes cuando entrase en la
-ciudad. Contestósele dignamente, y se prosiguió con mayor empeño en
-prepararse a la defensa.</p>
-
-<p>El general Palafox, en tanto, vista la decisión que habían tomado
-los zaragozanos de resistir a todo trance al enemigo, trató de
-hostigarle y llamar a otra parte su atención. Unido al barón de<span
-class="pagenum" id="Page_379">[p. 379]</span> Versages, contaba con
-una división de 6.000 hombres y cuatro piezas de artillería. El 21
-de junio pasó en Almunia reseña de su tropa, y el 23 marchó sobre
-Epila. En aquella villa hubo jefes que notando el poco concierto de
-su tropa, por lo común allegadiza, opinaron ser conveniente retirarse
-a Valencia y no empeorar con una derrota la suerte de Zaragoza.
-Palafox, asistido de admirable presencia de ánimo, congregó su gente,
-y delante de las filas, exhortando a todos a cumplir con el duro,
-pero honroso deber que la Patria les imponía, añadió que eran dueños
-de alejarse libremente aquellos a quienes no animase la conveniente
-fortaleza para seguir por el estrecho y penoso sendero de la virtud
-y de la gloria, o que tachasen de temeraria su empresa. Respondióse
-a su voz con universales clamores de aprobación, y ninguno osó
-desamparar sus banderas. De tamaña importancia es en los casos arduos
-la entera y determinada voluntad de un caudillo.</p>
-
-<p>Seguro de sus soldados, hizo propósito Palafox de avanzar la
-mañana siguiente a la Muela, tres leguas de Zaragoza, queriendo coger
-a los franceses entre su fuerza y aquella ciudad. Pero barruntando
-éstos su movimiento, se le anticiparon y acometieron a su ejército en
-Epila a las nueve de la noche, hora desusada, y en la que dieron de
-sobresalto e impensadamente sobre los nuestros por haber sorprendido
-y hecho prisionera una avanzada, y también por el descuido con que
-todavía andaban nuestras inexpertas tropas. Trabóse la re<span
-class="pagenum" id="Page_380">[p. 380]</span>friega, que fué empeñada
-y reñida. Como los españoles se vieron sobrecogidos, no hubo orden
-premeditado de batalla, y los cuerpos se colocaron según pudo cada
-uno en medio de la obscuridad. La artillería, dirigida por el muy
-inteligente oficial don Ignacio López, se señaló en aquella jornada,
-y algunos regimientos se mantuvieron firmes hasta por la mañana, que
-sin precipitación tomaron la vuelta de Calatayud. En su número se
-contaba el de Fernando VII, que aunque nuevo, sostuvo el fuego por
-espacio de seis horas, como si se compusiera de soldados veteranos.
-También hombres sueltos de guardias españolas defendieron largo rato
-una batería de las más importantes. Disputaron, pues, unos y otros
-el terreno a punto de que los franceses no los incomodaron en la
-retirada.</p>
-
-<p>Palafox, convencido no obstante de que no era dado con tropas
-bisoñas combatir ventajosamente en campo raso, y de que sería más
-útil su ayuda dentro de Zaragoza, determinó, superando obstáculos,
-meterse con los suyos en aquella ciudad, por lo que, después de
-haberse rehecho, y dejando en Calatayud un depósito al mando del
-barón de Versages, dividió su corta tropa en dos pequeños trozos;
-encargó el uno a su hermano don Francisco, y acaudillando en persona
-el otro, volvió el 2 de julio a pisar el suelo zaragozano.</p>
-
-<p>Ya había allí acudido días antes su otro hermano el marqués de
-Lazán, que era el gobernador, con varios oficiales, a instancias y
-por aviso del<span class="pagenum" id="Page_381">[p. 381]</span>
-intendente Calvo de Rozas. Deseaba éste un arrimo para robustecer
-aun más sus acertadas providencias, acordar otras, comprometer en la
-defensa a las personas de distinción que no lo estuviesen todavía,
-imponer respeto a la muchedumbre, congregando una reunión escogida
-y numerosa, y afirmarla en su resolución por medio de un público y
-solemne juramento. Para ello convocó el 25 de junio una Junta general
-de las principales corporaciones e individuos de todas clases,
-presidida por el marqués de Lazán. En su seno expuso brevemente Calvo
-de Rozas el estado en que la ciudad se hallaba, y cuáles eran sus
-recursos, y excitó a los concurrentes a coadyuvar con sus luces y
-patriótico celo al sostenimiento de la causa común. Conformes todos,
-aprobaron lo antes obrado, se confirmaron en su propósito de vencer
-o morir, y resolvieron que el 26 los vecinos, soldados, oficiales
-y paisanos armados, prestarían en calles y plazas, en baterías y
-puertas, un público y majestuoso juramento.</p>
-
-<p>Amaneció aquel día, y a una hora señalada de la tarde se pobló
-el aire de un grito asombroso y unánime «de que los defensores de
-Zaragoza, juntos y separados, derramarían hasta la última gota de su
-sangre por su religión, su rey y sus hogares».</p>
-
-
-<div class="footnotes">
-
-<p class="large centra mt1">NOTA</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p id="Footnote_628"><span class="label"><a
-href="#FNanchor_628">[628]</a></span> <i>Annales d’Espagne et de
-Portugal</i>, par don Juan Alvarez de Colmenar, t. V, pág. 431, edición
-de Amsterdam.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="ToC">
- <p><span class="pagenum" id="Page_383">[p. 383]</span></p>
- <h2 title="Índice"
- class="nobreak"><span class="g1">ÍNDICE</span></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<table summary="Índice o tabla de contenidos">
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdr"><small><span class="subrray">Páginas.</span></small></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl"><a href="#Ch_0"><span class="smcap">Prólogo</span></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_0">1</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_0_1">Advertencia sobre la lengua medieval</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_0_1">5</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_1"><span class="smcap">Alfonso el Sabio
- y sus continuadores</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_1">7</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_1_1">Comienzo del reinado de Nerón</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_1_1">11</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_1_2">Muerte de Nerón</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_1_2">17</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_1_3">Garci Pérez de Vargas y su cofia</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_1_3">22</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_2"><span class="smcap">Don
- Juan Manuel</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_2">28</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_2_1">Don Illán y el deán de Toledo</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_2_1">30</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_2_2">El mozo que casó con mujer brava</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_2_2">39</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_3"><span class="smcap">Alfonso
- Martínez de Toledo</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_3">47</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_3_1">Vicios y tachas de las mujeres</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_3_1">50</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_3_2">La mujer habladora</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_3_2">58</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_4"><span class="smcap">Fernando
- de Rojas</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_4">62</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_4_1">Primera entrevista de Calixto y Melibea</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_4_1">66</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_4_2">Celestina va a casa de Melibea</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_4_2">74</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_5"><span class="smcap">Autor anónimo
- del Lazarillo de Tormes</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_5">83</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_5_1">Lázaro y el escudero de Toledo</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_5_1">86</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_6"><span class="smcap">Don Diego
- Hurtado de Mendoza</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_6">113</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_6_1">Prólogo de la <i>Guerra de Granada</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_6_1">116</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_6_2">El Fuerte de Calalui</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_6_2">120</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_7"><span class="smcap">Fray Luis
- de Granada</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_7">125</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_7_1">Meditación del Juicio final</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_7_1">127</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_7_2">Descendimiento de Cristo</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_7_2">133</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_7_3">Descripción de la granada</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_7_3">136</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_7_4">Pintura del pavo real</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_7_4">139</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_8"><span class="smcap">Santa
- Teresa de Jesús</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_8">143</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_8_1">Narración de su infancia</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_8_1">145</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_8_2"><i>Las Moradas</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_8_2">150</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_8_3">Carta a su hermano don Lorenzo</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_8_3">152</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_8_4">Carta a Fray Jerónimo Gracián</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_8_4">155</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_9"><span class="pagenum"
- id="Page_384">[p. 384]</span><span class="smcap">Fray Luis de León</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_9">158</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_9_1">Del arte de escribir la lengua vulgar</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_9_1">160</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_9_2">Introducción a los <i>Nombres de Cristo</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_9_2">162</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_9_3">Cristo, príncipe de Paz</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_9_3">167</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_9_4">Alabanza del madrugar</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_9_4">172</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_10"><span class="smcap">El P. Juan
- de Mariana</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_10">178</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_10_1">Muerte de Don Pedro el Cruel</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_10_1">181</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_10_2">Proclamación de Don Juan II</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_10_2">194</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_10_3">El compromiso de Caspe</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_10_3">202</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_11"><span class="smcap">Fray José
- de Sigüenza</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_11">210</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_11_1">Vida de Fray Juan de Carrión</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_11_1">211</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_11_2">Prólogo de la <i>Historia de la Orden
- de San Jerónimo</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_11_2">216</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_12"><span class="smcap">Miguel
- de Cervantes Saavedra</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_12">219</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_12_1">Comienzo del <i>Quijote</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_12_1">220</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_12_2">Diálogo de Don Quijote y el Canónigo</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_12_2">224</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_12_3">El Caballero del Verde Gabán</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_12_3">241</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_12_4">La Cueva de Montesinos</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_12_4">248</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_12_5"><i>Coloquio de los perros</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_12_5">262</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_13"><span class="smcap">Don
- Francisco de Moncada</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_13">269</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_13_1">Prólogo de la <i>Expedición de Catalanes
- y Aragoneses</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_13_1">270</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_13_2">Los Almugávares</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_13_2">273</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_14"><span class="smcap">Don
- Francisco de Quevedo y Villegas</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_14">278</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_14_1">Señales del verdadero Rey</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_14_1">281</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_14_2">Discurso de Marco Bruto</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_14_2">286</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_14_3"><i>Las Zahurdas de Plutón</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_14_3">288</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_14_4">Don Enrique de Villena en la redoma</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_14_4">295</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_14_5">El dómine Cabra</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_14_5">305</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_15"><span class="smcap">El P.
- Baltasar Gracián</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_15">311</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_15_1">No estar siempre de burlas</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_15_1">312</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_15_2">Fragmento de <i>El Criticón</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_15_2">316</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_16"><span class="smcap">Don
- Francisco Manuel de Melo</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_16">320</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_16_1">Muerte del Marqués de Santa Coloma</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_16_1">322</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_17"><span class="smcap">Don Gaspar
- Melchor de Jovellanos</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_17">331</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_17_1"><i>Defensa de la Junta Central</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_17_1">334</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_17_2">Carta a Don Antonio Ponz</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_17_2">341</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_18"><span class="smcap">Don Leandro
- Fernández de Moratín</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_18">349</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_18_1"><i>Derrota de los Pedantes</i></a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_18_1">350</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_18_2">El Vesubio</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_18_2">361</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_19"><span class="smcap">El Conde
- de Toreno</span></a></td>
- <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_19">369</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp; &nbsp;</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_19_1">Primer sitio y defensa de Zaragoza</a></td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_19_1">369</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3">
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
-
- <ul>
- <li>Se han respetado las ortografías originales de las distintas
- épocas. Las inconsistencias ortográficas no se han normalizado.</li>
-
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su
- detección se ha tenido en cuenta el texto de la primera edición
- de esta obra.</li>
-
- <li>Se han renumerado las notas a pie de página y se han colocado al
- final de cada capítulo.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
- </ul>
-</div>
-</div>
-
-<hr class="full" />
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Antología de prosistas castellanos, by
-Ramón Menéndez Pidal
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS ***
-
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-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
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-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
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-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org Section 3. Information about the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
-mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
-volunteers and employees are scattered throughout numerous
-locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
-Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
-date contact information can be found at the Foundation's web site and
-official page at www.gutenberg.org/contact
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-For additional contact information:
-
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
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-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
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-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
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-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
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-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
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-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
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-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.
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-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
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-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
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-Most people start at our Web site which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
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-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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