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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: Antología de prosistas castellanos - -Author: Ramón Menéndez Pidal - -Release Date: December 30, 2016 [EBook #53837] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_, las - negritas entre signos de =igual= y los interletrajes espaciados - entre ~tildes~. Las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Las cifras en subíndice son precedidas por «↓» y las cesuras - espaciadas en los versos se muestran como « · ». - - * Se han respetado las ortografías originales de las distintas - épocas. Las inconsistencias ortográficas no se han normalizado. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su - detección se ha tenido en cuenta el texto de la primera edición - de esta obra. - - * Se han renumerado las notas a pie de página y se han colocado al - final de cada capítulo. - - - - - PUBLICACIONES DE LA REVISTA - DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA - - VOLÚMENES PUBLICADOS - - I - - INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO - DE LA LINGÜÍSTICA ROMANCE - - POR W. MEYER LÜBKE - TRADUCCIÓN DE A. CASTRO - - II - - ANTOLOGÍA DE PROSISTAS - CASTELLANOS - - POR RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL - - - - - JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS - CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS - - RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL - - ANTOLOGÍA DE PROSISTAS - CASTELLANOS - - [Ilustración] - - MADRID - 1917 - - - - -Imp. Clásica Española. Cardenal Cisneros, 10.--Teléf. 4430 - - - - -PRÓLOGO - - -La edición primera de esta colección de prosistas apareció en 1899. -La obra, abandonada desde entonces por mí, aparece ahora en una -segunda edición, bastante corregida y aumentada con trozos de algunos -autores más. - - * * * * * - -Es útil la lectura de un autor antiguo, porque su pensamiento puede -instruir y educar el nuestro; mas, para que esto tenga lugar, es -preciso comprender sus ideas, no en lo que tienen de común a muchos -tiempos, lugares y gentes, sino en aquello más escondido y particular -propio de tal época, tal región o tal persona, que, comparado con -lo que tenemos delante y habitualmente nos rodea, nos ayuda a -apreciar mejor lo que esto tiene de bueno o de malo, de pasajero o -de permanente, dando seguridad y madurez a nuestro juicio. Por esto -el comentario del autor antiguo se debe fijar en lo que la obra -comentada difiere más de lo actual, en lo que tiene de más peculiar, -por menudo que parezca; pues sólo conseguimos comprender bien -el pensamiento de un autor cuando llegamos a entender el sentido -especial con que él escribió cada palabra, representándonos en -nuestra imaginación lo mismo que él en la suya tenía presente al -escribir; en suma, cuando reconstruímos en nuestro entendimiento -las menores circunstancias particulares del tiempo y lugar en que -fué escrita la obra, cuando llegamos a despertar en nosotros la -impresión que los pormenores y el conjunto de la misma hicieron en -los contemporáneos del autor cuando la leían. - -Claro que es muy difícil siempre acercarse a este ideal, y que es -imposible realizarlo tratándose del estudio de autores en la segunda -enseñanza; pero, de todos modos, es preciso que las observaciones -gramaticales, retóricas y literarias que continuamente han de surgir -en la lectura de los clásicos, no se descarríen por el terreno de -las consideraciones abstractas y tomen un aspecto principalmente -histórico. - -Las notas que acompañan a la presente colección, no quieren ser un -comentario suficiente para el alumno: no se proponen más que hacer al -profesor más llevadera la difícil tarea de poner un trozo antiguo al -alcance de los alumnos, y de hacer que éstos entren, en lo posible, -dentro de la época, y dentro de la intención y estilo de cada autor. - -Las breves introducciones que preceden a cada autor, sólo pretenden -dar una orientación general, de muy diverso alcance y carácter en -cada caso, para esbozar una sumaria historia del desarrollo de la -prosa; sugieren, nada más, algunas cuestiones relacionadas con esa -historia. - -Las notas son una muestra de las múltiples explicaciones de puntos -de gramática, de estilo, y a veces de historia literaria, que -ocasionalmente deben hacerse con motivo de la lectura. Claro es -que cada profesor tiene que multiplicar estas explicaciones de -acuerdo con la índole y objeto principal de su enseñanza. Sobre -todo, queda al profesor el comento literario; ha de enlazar el -fragmento aquí publicado con la obra entera de donde procede; ha de -hacer comprender el plan y fondo de esa obra, relacionándola con -el conjunto de la producción literaria española de la época; ha de -ahondar en el pensamiento del autor, y descubrir su nota distintiva. -En todo debe llevar al alumno a que formule juicios propios sobre las -cuestiones tratadas; a que ejercite su discernimiento y su crítica -independientemente de las nociones recibidas en los manuales; a que -eduque su buen gusto, en fin. - -Esta colección proporcionará a los alumnos trozos bastante extensos -de obras que no podrían o no deberán leer enteras. Sólo incluye -autores hasta comienzos del siglo XIX, porque son los que están más -fuera de la mano del estudiante; no porque los autores modernos no -deban formar parte, y muy principal, de las lecturas de clase. - -Los textos van, en general, ajustados a las ediciones más antiguas -de la obra de donde proceden. Para Moratín se sigue la edición de la -Academia de la Historia. Para Santa Teresa, Jovellanos y Toreno, la -edición de la Biblioteca de Autores Españoles. Para Mendoza se tienen -presentes los manuscritos de _La Guerra de Granada_. Para don Juan -Manuel se han consultado todos los códices del _Conde Lucanor_. El -Arcipreste de Talavera va según la edición de Pérez Pastor. - - -ADVERTENCIA SOBRE LA LENGUA MEDIEVAL - -La antigua lengua castellana, aunque no difiere considerablemente -del español moderno, presenta, como es de suponer, bastantes -caracteres distintos. Por de pronto diremos sólo que, en cuanto a -la pronunciación, la lengua antigua era más rica en sonidos que la -moderna. - -Distinguía una _s_ sorda y otra sonora (con análoga diferencia que la -que existe en francés entre _poisson_ y _poison_); la _s_ sorda se -escribía doble entre vocales (_passar_, _escriviesse_), y sencilla -cuando era inicial o iba tras consonante (_señor_, _mensage_), o -delante de consonante sorda (_estar_, _España_); la _s_ sonora se -escribía sencilla entre vocales (_casa_, _cosa_). - -Distinguía también la _ç_ (o _ce_, _ci_), sorda, de la _z_ sonora; -aquélla era un sonido parecido al que hoy pronunciamos en za, ce, -ci, zo, zu; y la _z_ antigua era el mismo sonido, pero acompañado -de sonoridad en las cuerdas vocales. Por la pronunciación y la -ortografía se diferenciaban, por un lado: _hace_, _haces_, singular -y plural del sustantivo moderno «haz», y por otra parte: _haze_, -_hazes_, del verbo «hazer», moderno «hacer». - -Se distinguían también la sorda _x_ de la sonora _j_ (con análoga -diferencia a la que existe en el francés entre las iniciales de -_chambre_ y de _jour_). Por la pronunciación y la ortografía se -distinguían antes: _rexa_ de ventana y _reja_ de arado. - -Se distinguían también una _b_ oclusiva, es decir, pronunciada -juntando completamente los labios, como cuando pronunciamos hoy -con energía el imperativo _basta_, y una _v_ meramente fricativa, -pronunciada con los labios a medio cerrar solamente, como cuando hoy -decimos _saber_, _ave_. La distinción existe, pues, hoy día; pero -hoy la pronunciación de una u otra _b_ no se atiene a la ortografía, -ya que ésta escribe ora _b_ ora _v_, según la escritura latina, sin -atender a la pronunciación moderna; además la distinta pronunciación -hoy depende sólo de la posición más o menos débil de la consonante -(oclusiva, cuando va inicial o tras consonante: _basta!_, _ven!_, -_ambos_, _envidia_; fricativa, cuando va entre vocales: _la bestia_, -_la voz_, _haber_). Por el contrario, en la lengua antigua la -pronunciación de la _b_ o la _v_ dependía de la etimología de la voz, -y a veces entrañaba diversa significación en los vocablos: _cabe_, -_cave_, de los verbos «caber» y «cavar», se distinguían antes por -la pronunciación, hoy tan sólo por la ortografía; y antiguamente -se escribía y se pronunciaba la _v_ en muchos vocablos que hoy se -escriben con _b_, como _cavallo_, _bever_, y viceversa _bivir_, -_bívora_. - -Si en la lectura no se acierta a producir o no se quieren hacer estas -distinciones, pronúnciense la _ss_ y la _s_ como la _s_ moderna; la -_ç_ y la _z_, como la _z_ moderna; la _x_ y _j_, como la _j_ moderna; -la _b_ y la _v_, como la _b_ moderna. - - - - -ALFONSO EL SABIO - -(1220-1284) - -Y SUS CONTINUADORES - - -Mientras la poesía castellana venía cultivándose desde el siglo XII, -y había producido, ya hacía mucho, una obra maestra como el _Poema -del Cid_, la prosa tan sólo empezó a tener un cultivo literario en el -reinado de San Fernando († 1253), y no produjo obras verdaderamente -notables sino en la corte de su hijo Alfonso X. La poesía aparece con -un carácter popular o nacional, y se enlaza desde su comienzo con la -poesía de otros idiomas románicos, con la francesa, con la gallega -y la provenzal principalmente. La prosa aparece con un carácter más -erudito, ejercitándose en obras científicas o didácticas, copiadas -o inspiradas en las literaturas más sabias de entonces: la latina, -la árabe y la hebrea. En este primer período de su desarrollo, la -prosa se ejercita principalmente en traducir las materias que hasta -entonces se expresaban sólo en las lenguas doctas de la época; en las -traducciones se procuraba una fidelidad más literal que literaria, -y en todo caso los varios estilos de los autores traducidos se -sobreponían al estilo del adaptador castellano. - -Mucho de esto se ve en varias de las grandes obras emprendidas por -Alfonso el Sabio, y muy particularmente en la _Crónica general de -España_, que empezó a componerse en su reinado, hacia el año 1270, y -en la cual se seguía trabajando durante el reinado de su hijo Sancho -IV, en 1289. El estilo de la _Crónica_ ofrece sus sencillos encantos, -precisamente a causa de la gran variedad que reviste, según traduce -las apasionadas _Heroidas_ de Ovidio, los elocuentes y sentenciosos -exámetros de la _Farsalia_ de Lucano, el bullicio anecdótico de -_Los Césares_ de Suetonio, la penetrante y cruda minuciosidad de -los historiadores árabes, el simbolismo retórico de los poetas -musulmanes, los heroicos versos de los juglares castellanos, el -bíblico lirismo de San Isidoro o la honda emoción personal del -arzobispo don Rodrigo, que a jirones rasgan la dura sequedad de las -crónicas medievales. - -Así, la prosa de la _Crónica_ tiene el gran atractivo de ser un -reflejo multicolor de las más elevadas corrientes de arte que se -dejaban sentir en las diversas generaciones que convivieron y se -sucedieron en la corte castellana, durante los dos reinados de -Alfonso X y de Sancho IV. - -Mas a pesar de esta múltiple influencia de los textos traducidos, -la _Crónica General_ ofrece una marcada originalidad, lo mismo como -compilación histórica representativa de la más vasta cultura de la -época, que como obra literaria en que el lenguaje está sometido a una -elaboración artística. De diversos testimonios consta que, aunque -Alfonso el Sabio no escribía enteramente por sí las obras que llevan -su nombre, él dirigía a los redactores a quienes se las encomendaba -y corregía lo que éstos hacían, cuidando muy especialmente de que -los idiomas doctos, de donde se tomaban las materias diversas, -no estropeasen la pureza del castellano, y de que la lengua, en -general, fuese elegante. En el prólogo del _Libro de la Esfera_ se -dice que el rey «tolló las razones que entendió eran sovejanas et -dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras -que entendió que complían; et quanto al lenguaje endreçólo él por -sise»[1]. - -El vocabulario y la construcción son, en efecto, muy castizos, y el -lenguaje, en medio de su sencillez, posee una poderosa eficacia. -El relato conserva todavía ciertas fórmulas de las narraciones -populares, no hechas para la lectura, sino para la recitación en -público, como aquellas en que los juglares se dirigían a sus oyentes. -Así, la _Crónica_ se dirige a menudo a su público: _E sabet que... Ya -oistes de suso... en esta manera que vos avemos contado... conviene -que vos digamos..._ Igual práctica se observa en los primeros -prosistas franceses, por ejemplo en Villehardouin. - -La inhabilidad para el paso de la narración en verso de los juglares -a la narración prosaria de la historia, se observa en la escasez de -formas del período, manifestada, sobre todo, en la pobreza extrema de -las conjunciones. Es de gran monotonía la larga serie de cláusulas, -yuxtapuestas casi únicamente por medio de la simple conjunción -copulativa _e_. - -Presentamos a continuación dos muestras de la _Crónica_. La primera -está escrita en el reinado de Alfonso X, y es principalmente un -arreglo, o mejor, una traducción de Suetonio; la segunda está -redactada en la corte de Sancho IV, y es una anécdota, probablemente -tomada de la tradición oral. Se notará entre ambos trozos alguna -considerable diferencia de lenguaje, a pesar de que el primero no -representa el habla más antigua empleada en la parte de la _Crónica_ -compuesta bajo Alfonso X, ya que la lengua más arcaizante es la usada -en los 100 primeros capítulos de la obra. Por ejemplo, la apócope -de la vocal _e_ final (_siet_, por «siete»; _franc_, por «franque», -moderno «franco»; _yl_, por «y le»; _cuemol_, por «como le»), y a -veces la de la _o_ final (_poc a poco_, _much a menudo_, _tod el -pueblo_), se practica en el primer trozo de la _Crónica_, siguiendo -el uso predominante en el castellano durante el siglo XII y primera -mitad del XIII; pero tal apócope es ya casi desconocida en el segundo -trozo, usándose, por lo general, tan sólo en el caso del pronombre -_le_ cuando va tras las partículas _que_ y _no_, o tras un verbo -(_quel_, por «que le»; _nol_, por «no le»; _díxol_, por «díjole»). -De este modo, en los escasos veinte años que dura la elaboración de -la _Crónica_, observamos a ojos vistas una de las más importantes -evoluciones del español literario: la pérdida de las terminaciones -agudas en consonante, que le asemejaban antes al francés, y la -preferencia marcada por las terminaciones llanas en vocal, que le -asemejaban al italiano. Otras muchas diferencias podrían observarse; -por ejemplo la preposición _pora_ que se ve en el primer fragmento, -tiene ya en el segundo la forma moderna _para_. Por éste y otros -casos se manifiesta cómo la lengua literaria evolucionaba, sobre todo -en cuanto a la estructura de las palabras, más activamente en este -primer período de su desarrollo que durante todos los sucesivos. - - - CRÓNICA GENERAL DE ESPAÑA - - 172. Dell imperio de Nero, et luego de los fechos que contecieron - en el primer año de su regnado. - -Luego que Claudio fue muerto, fincó[2] Nero, su yerno, por emperador -de Roma et de todo ell[3] imperio; e avíe dizeocho años quando -començó a regnar, e regnó dizitres[4] años et ocho meses... - -Este Nero[5] era mesurado de cuerpo, ni muy grand ni muy pequeño, -pero avíelo todo lleno de manziellas[6] et de mal olor; avíe los -cabellos castaños et la cara fremosa más que de buen donario; -no avíe el viso claro, ni veíe bien de los ojos; la cerviz avíe -delgada et el vientre colgado, et las piernas muy delgadas. Seyendo -niño aprisiera[7] todas las siet artes: et desque se partió daquel -estudio, fue muy sotil en assacar de suyo cosas nuevas; assí que -trobava muy de grado, et faziélo sin tod affán.[8] E fue de pintar -muy maestro a maravilla et de fallar de nuevo[9] muchas estrañas -pinturas. - -Mostrósse por muy piadoso en el comienço del su imperio, diziendo -que no regnava él por sí, mas por mandado de Claudio Augusto; et -por ende no dava escusa ninguna de no seer franc et piadoso et -compañón[10] a quiquier, ante lo era a todos. Los grandes pechos -de que se agraviavan las tierras, todos los tollió et amenguó la -mayor partida dellos. A todos los nobles senadores que eran venidos -a pobreza, poníeles soldada señalada pora cad año porque pudiessen -vevir onradamientre. Quando iudgavan alguno a muerte, yl dizién[11] -que escriviesse el su nombre en la sentencia cuemo avíen costumbre -de fazer los otros emperadores, dizíe: «¡Dios, quanto querría no -saber letras ningunas!» E quando los senadores le dizién gracias por -alguna cosa que les prometié, dizié él: «quando lo mereciere, me -las daredes». Otrossí mando defender[12] por toda la cibdat que nol -presentassen si no fruta et legumbres et estas cosas rafezes.[13] - -E sabet que entre todas las otras cosas que ell emperador -Nero aprisiera seyendo niño, aprisso ell arte de la música -maravillosamientre; et de todas las cosas que los músicos provaron -pora mantener las vozes et las aver más altas et más claras, -numqua el dexó ninguna que las todas no prouasse et las no usasse -cada dia;[14] ca muchas uezes tomava una grand tavla de plomo, -et echávasse tendudo en tierra, et poníela sobre sus pechos, et -suffríela allí muy grand pieça; e con sabor de cantar, alimpiava ell -estómago más vezes et de más maneras que no conviníe; dexava de comer -las maçanas et todos los otros manjares que empeecién a la voz. - -Estava un dia cantando en el teatro, et tremió la tierra assoora,[15] -et estremeciósse el teatro todo, de guisa que se espantaron todos -quantos y estavan; mas tan grand sabor avíe el de cantar, que por -todo el miedo non quedó fasta que ovo acabada su cantiga. E este -desvergonçamiento de cantar en los teatros cuemo joglar fue él -tomando poc a poco; ca luego en el comienço cantava encubiertamientre -en los juegos que fazíe en su poridad con sus privados et con los -joglares de su casa; e desí fuélo faziendo en los theatros ante -las gentes; et vencié a todos los joglares de quantas maneras de -joglería[16] ellos podien assacar.[17] E era omne que andava much a -menudo en su carro por tal que lo catassen las gentes. E nol cumplie -de usar destas artes del cantar en la cibdat de Roma tan solamientre, -ante lo fazie muchas veces en los puertos de Achaya et en todas las -cibdades o[18] avién en costumbre de trobar et cantar a porfía. Los -maestros del canto et de los estrumentos avién establecido entre sí, -por fazer plazer a Nero, del enviar todas las coronas et las cantigas -de los que vencién et eran coronados por ende; et enviávangelas -todavía;[19] e él recibielas tan de grado, que fazíe por ellas mucha -onra a los mandaderos que gelas traíen, de guisa que les fazíe comer -antéll, en logares que no estaua otro sino él et aquellos que eran -muy sus privados. - -Mientre él cantaba en el theatro, no era ninguno osado de se partir -ende, ni ir a ningún logar por cosa[20] que mester le fuesse; e -tanto durava i et tan affincadamientre lo fazíe, que alguno de los -que estavan i veyéndolo, tan enojados eran de lo oir et de loallo -con miedo, que por razón que estavan cerradas las puertas de los -castiellos o de las villas, dexávanse despeñar a furto[21] por los -adarves a dentro, et dellos[22] faziense muertos por tal que los -levassen ende. E viniendo una vez de Grecia a Roma, entró en la -cibdat en aquel carro mismo en que Octaviano Augusto venciera sus -batallas,[23] et traienlo cavallos blancos, et él vistíe unos paños -de pórpola lavrados a[24] estrellas doro, et traie en la cabeça una -corona tal cuemo la dell ídolo de Júpiter, e otra en la mano diestra -cuemo la de Phyton,[25] et ivan antél grandes compañas de joglares -cantando las cantigas et diziendo las fablas de que los él venciera, -et contando los logares en que contesciera cada una cosa; e ivan de -pos él muchas gentes faziendo muy grandes alegrías; e los cavalleros -et los nobles omnes llamávanlo el su vencedor, et fazienle derramar -açafrán por las carreras; et yendo él sobrello much a passo, fazienle -sacrificios de muchas naturas. E fazie pintar todas sus imágenes a -manera de joglar, tañiendo cítolas et otros estrumentos. Et por quel -porfazó[26] dello un joglar una vez, firiólo muy mal. - -E tan grand estudio poníe en guardar la voz, cuemo uos de suso -dixiémos,[27] que por tal de la guardar, cuando avié de llamar algun -cavallero, otri lo llamava por él, et lo quel avié a dezir, diziégelo -muy quedo. E en el logar de los juegos numqua fazié ninguna cosa a -menos de[28] seer í el maestro de las vozes quel castigasse cuemo -fiziesse et que no quexasse mucho las venas. - -A muchos prometíe su amor porque lo loavan mucho: a algunos -prometiógelo cuemo por encubierta, porque lo no loavan tanto como él -querie. - -Luego de comienço fué glotón et de gran luxuria et muy cobdicioso, -mas ívalo començando poc a poco et encubiertamientre, así que -cuydavan los omnes que lo fazié con yerro de mancebía; mas desque lo -fué usando, bien semejava que avie de natura todos aquellos malos -vicios... - - - 178. De lo que conteció en ell año catorzeno. - -... E quando Nero oyó aquestas nuevas de cuemo las Españas eran -alçadas et Galba con ellas, tóvosse por muerto, et desmayó tanto, que -allí perdió toda esperança de bien, assí que yógo[29] por muerto una -grand pieça sin fablar; et desque acordó,[30] rompió sus paños et -firióse mucho en la cabeça, llamando: «¡Mesquino, ¿qué será de mí?» - -E sabet que ante que Nero muriesse, vió algunas señales de su muerte, -assí que soñó una noche que andava sobre mar governando una nave, et -falleciól el governage,[31] et levávalo su mugier, que era ya muerta, -a unas tiniebras much estrechas, et cubríesse todo de formigas -aladas; e otrossí abriósse una uez un luziello[32] por si mismo, et -salió ende una grand uoz que lo llamó por su nombre. - -Estando Nero en Roma en esta cueyta, llegól mandado de cuemol -desampararan todas las otras huestes que eran por las otras tierras. -Et los mandaderos diéronle las cartas a la tabla o seíe[33] yantando; -et con pesar que ovo, trastornó la mesa, et dos vasos que teníe muy -preciados, quebrantólos. Et tomó yaquanto[34] de poçón et encerrólo -en una buxeta.[35] Et envió algunos de sus afforrados,[36] daquellos -en que se él mas fiava, a la cibdad de Ostia a guisar una nave en que -fuxiesse. E desí cometió[37] en poridat a alguno de los tribunos et -de los centuriones si queríen foyr con él. Et los unos nol queríen -responder, et ivan su vía; los otros dizienle descubiertamientre que -no queríen; de guisa que uno dixo a muy grandes vozes:[38] «¿Fasta -quando nos durará esta mesquindat que es peor que muerte?» - -Començó a pensar Nero en muchas guisas por tal de no aver a obedecer -a Galba, et asmó si saldríe al mercado de la cipdat, et que se -parasse en medio de tod el común, et pidiesse mercet a todos quel -perdonassen los males que fiziera fasta entonce; mas ovo miedo que si -allá saliesse, ante que al mercado llegasse, seríe todo despeçado; -et por ende dexó este cuidar fasta otro dia, et echósse a dormir. -A la media noche despertó, et envió mandaderos por todas las casas -de sus amigos, que los despertassen et les dixiessen que les rogava -que viniessen fasta él. Et ni vinieron los amigos, ni tornaron los -mandaderos. E quando el vió aquesto, levantósse, et tomósse[39] con -muy pocos, et fué a todas las casas de sus amigos; et nol quiso abrir -ninguno; et con grand cueyta tornósse pora su casa, et no falló í -ninguno de todas sus guardas, ca fuxieran todos; ca assí cuemo él non -se fiava en ninguno, otrossí ninguno non se fiava en él. E los en qui -él más se fiava eran dos viles omnes; ell uno avié nombre Nimphidio, -et ell otro Gemellio; et estos aborrecieran ya las sus crueldades, -et por que veíen que matara muchos de sus amigos, tovieron que assí -faríe a ellos; et por ende atoviéronse al consejo de los que lo -queríen matar, et desamparáronlo. - -E quando Nero se vió assí desamparado de todos, andó por sus palacios -buscando alguno que lo matasse et no falló. Entonce dixo: «¿Ni é yo -amigo, ni enemigo?» Et assí cuemo estava, descalço et en saya, fué -corriendo quanto pudo por se echar en el rio de Tibre; mas desque -llegó allá, repintiósse; et assí cuemo fué, assí se tornó apriessa, -pensando de buscar algún logar ascondido en que assessegasse[40] -so coraçón. E vistiósse otra vestidura sobre la saya, et cubrió la -cabeça et puso un alquiná[41] ante la cara; et assí descalço como -estava, cavalgó en su cavallo, et quatro compañones con él tan -solamiente. Et desque llegó al logar o queríe ir, que es a una legua -et a un migero de la villa, arrendó so cavallo en una espessura a -unas çarças et a unos árvoles; et él fuesse a pie por un sendero que -se desviava a una casiella que estava í escondida en muy fuerte logar -et much esquivo.[42] Et tanto era el sendero áspero[43] de andar et -lleno de çarças, que se ovo a despojar aquella vestidura que vistie -et a echarla tenduda sobre los çarçales, porque estava descalço, et a -andar sobrella de pies et de manos; et rompiósse toda la vestidura; -et llegó él a aquella casiella a grand pena,[44] andando por cuevas -e por peñas. E cuemo vinié cansado, echósse a dormir en un lecho muy -pobreziello que í estava duna cócedra pequeña et cubierto dun paño -viejo et roto. - -Otro dia mañana, los que vinieran con él consejávanle que se fuesse -et no suffriese tanto porfazo;[45] mas él tenie en coraçón de se -matar, et mandó fazer allí ante sí una fuessa a medida de su cuerpo; -et desque fué fecha, mandó traer agua con que lo bañassen et fuego -con que lo quemassen. E estava Nero llorando et faziendo llanto de -quantos males le contescíen, et dizíe: «¡Ay que sotil maestro se -pierde oy en mí!» E él tardando en aquesto, vino de Roma un mandadero -a aquel logar, quel dixo que todo el senado de Roma lo avíen dado -por juizio por enemigo de los romanos, el[46] mandavan buscar -pora matallo. E quando él oyó aquesto, fue much espantado, et dos -cuchiellos que troxiera consigo, sacólos et començó a catar qual era -más agudo; et desí tornólos en sus vainas diziendo que aun no era -venida la ora de la su muerte. A las vezes castigava a aquellos sus -compañeros que llorassen et fiziessen llanto por él; a las vezes -quel dixiessen exiemplos dalgunos que se mataran, por tal de avivalle -el coraçón que se pudiesse él matar; a oras denostava la su pereza. - -E éll estando en esto, ívanse ya llegando a aquel logar los -cavalleros que enviaran depós él los romanos que lo prisiessen et -lo levassen vivo. E tanto que lo él sintió, sacó ell un cuchiello -et metiósselo por el coraçón, con ayuda pero dell uno de los que -í estavan, que primió el cuchiello. E en muriendo, tenie los ojos -torvados[47] et tan feos que se espantavan quantos lo veíen. E desta -guisa murió Nero ell emperador, seyendo en edat de treinta et dos -años; acabósse en él et fue desfecha et destroída toda la compaña de -César Augusto, de cuyo linage él descendíe. - - - 1084. Capítulo de commo Garçi Pérez de Vargas tornó por la cofia - a aquel logar ó se le cayera. - -Otro dia depués que el rey don Fernando fué a posar a Tablada,[48] -mandó a los cavalleros de su mesnada que fuesen guardar los -erveros.[49] - -Garçi Pérez de Vargas, et otro cavallero que avíe a ir con ellos, -detoviéronse en el real et non salieron tan aína commo los otros; et -en yendo[50] en pos ellos, vieron ante sí, por ó avien a pasar en -el camino, ssiete cavalleros de moros. Et dixo el cavallero a Garçi -Pérez: «Tornémosnos; non somos más de dos.» Et Garçi Pérez dixo: -«Non lo fagamos; mas vayamos por nuestro camino derecho, ca nos non -atendrán.» Et el cavallero dixo que lo non quería fazer: ca lo tenía -por locura si dos cavalleros, que ellos eran, fuesen cometer[51] de -pasar por do estavan siete: et fuese aderredor del real, por non ser -conosçido, fasta que fué en su posada. - -El real do estava la tienda del rey era un poco en altura, et por o -ellos ivan era llano; et el rey don Fernando óvolo a ojo, et los que -con él estauan, et vió de commo se tornava el un cavallero et que -fuera el otro en su cabo:[52] otrosí vió aquellos siete cavalleros de -moros commo le estauan delante, teniéndol el camino por do él avie a -pasar: et mandó quel fuesen acorrer. Don Llorenço Suárez que estaba -í con el rey, que avíe visto a Garçi Pérez quando saliera del real, -et conosçiól en las armas et sabíe que él era, dixo al rey: «Señor, -déxenle, que aquel cavallero, que fincó en su cabo con aquellos -moros, es Garçi Pérez de Bargas, et para tantos commo ellos son non -a mester ayuda; et si los moros lo conosçieren en las armas, non lo -osarán cometer, et sil cometieren, vos veredes oy las maravillas que -él fará.» - -Garçi Pérez tomó las armas quel traye su escudero, et mandól que -se parase en pos él et que se non moviese a ninguna parte, sinon -así commo él fuesse que así fuese él en pos[53] él. Et en alazando -la capellina, cayósele la cofia en tierra, et non la vió; et -endereçó por su camino derecho, et su escudero en pos él. Los moros -connosçiéronle en las armas commo era Garçi Pérez, ca muchas vezes -gelas vieran traer et bien las conosçién, et nol osaron cometer; mas -fueron a par dél, de la una parte et de la otra, faziéndol cadamañas -et sus abrochamientos[54] una grant pieça; et quando vieron que se -non bolvíe a ninguna parte nin se queríe desviar por cosa que ellos -feziesen, sinon que todavía iva por su camino derecho, tornáronsse et -fuéronse a parar[55] en aquel logar ó se le cayó la cofia. - -Quando Garçi Pérez se vió desenbargado de aquellos moros, dió las -armas a su escudero; et quando desenlazó la capellina et non falló su -cofia, preguntó al escudero por ella; et el escudero le dixo que non -gela diera. Et desque fué cierto que se le avíe caido, tomó sus armas -quel avíe ya dadas, et díxol que pasase en pos él et que toviese ojo -por la cofia allí ó se le cayera. Et el escudero, quando vió que se -queríe tornar por ella, díxol: «¡Commo, don García, por una cofia vos -queredes tornar a tan grant peligro? et non tenedes que estades bien, -quando tan sin daño vos partiestes de aquellos moros, sseyendo ellos -siete cavalleros et vos uno solo, et queredes tornar a ellos por una -cofia?» Et Garçi Pérez le dixo: «Non me fables en ello, ca bien veyes -que non he cabeça para andar sin cofia»; et esto dezíe él porque era -muy calvo, que non tenié cabellos de la meitad de la cabeça adelante; -et tornóse para aquel logar do ante tomara las armas. - -Don Llorenço Suárez quando lo vió tornar, dixo al rey: «¿Vedes commo -torna a los moros Garçi Pérez, quando vió que los moros nol queríen -cometer? agora va él cometer a ellos; agora veredes las maravillas -que él fara, que vos yo dezía, sil osaren atender.» - -Los moros quando vieron tornar a Garçi Pérez contra ellos, tovieron -que se queríe conbater con ellos, et fuéronse ende acogiendo, que non -se detovieron í más. - -Quando Llorenço Suárez vió a los moros commo se acogién ante Garçi -Pérez, que nol osaron atender, dixo al rey: «Sseñor, ¿vedes lo que -vos yo dezía que nol osaríen atender aquellos siete cavalleros de -moros a Garçi Pérez en su cabo?[56] Sabet, señor, quel connosçieron; -catadlos commo se van acogiendo antél, que nol osan atender. Yo so -Llorenço Suárez,[57] que conosco bien los buenos cavalleros desta -hueste quales son». - -Garçi Pérez llegó a aquel logar do se le cayera la cofia et fallóla -í, et mandó a su escudero desçender por ella: et tomóla et sacodióla -et diógela; et púsosela en la cabeça, et fuese ende para do andavan -los erveros. - -Quando los que fueron guardar los erveros se tornaron para el real, -preguntó don Llorenço Suárez a Garçi Pérez, ante el rey, quien fuera -aquel cavallero que con él saliera del real. Et Garçi Pérez ovo -ende grant enbargo, et pesól mucho porque don Llorenço Suárez gelo -preguntara ante el rey, ca luego sopo que viera[58] el rey et don -Llorenço Suárez lo que a él aquel día oviera contesçido; et él era -tal omne et auíe tal manera que nol plazíe quando le retraíen[59] -algun buen fecho que él feziese; pero con grant vergüença ovo a dezir -que nol conosçíe nin sabíe quien fuera. Et don Llorenço Suárez ge -lo preguntó después muchas vezes, quien fuera aquel cavallero, et -siempre le dixo que nol conosçíe, et nunca dél lo podieron saber, -pero que lo conosçía él muy bien et lo veíe cada dia en casa del -rey: mas non queríe que el cavallero perdiese por él su buena fama -que ante avíe, ante defendió al su escudero que por los ojos de la -cabeça[60] non dixiese que lo conosçía; et el escudero así lo fizo, -que nunca lo quiso dezir pero que gelo preguntaron después muchas -vezes. - - -NOTAS - - [1] Véase A. G. SOLALINDE, en la _Revista de Filología Española_, - II, 1915, págs. 283-288. - - [2] _Fincar_ tenía en la Edad Media los significados varios que - después asumió el verbo «quedar». - - [3] La forma del artículo _ell_ por _el_, usada más generalmente - ante vocal, abunda mucho en todas las obras de Alfonso X. - - [4] _Dizitres_ por ‘trece’ (hoy en algunas regiones se usan - «diez y dos», «diez y tres», o formas análogas); compárese el - _dizeocho_ precedente, para la reducción de _diez_ a _diz_ en - posición proclítica. - - [5] Aun en el siglo XVI era forma corriente _Nero_ en vez de - _Nerón_; aquélla deriva del nominativo latino, y ésta, del - acusativo. - - [6] SUETONIO, _Nero_, 51, dice: «corpore maculoso et faetido, - subflavo capillo»... - - [7] El verbo _aprender_ hacía su perfecto yo _aprise_, tu - _aprisiste_, él _apriso_. - - [8] _Sin todo afán_, ‘sin ningún trabajo’; en frases negativas - se empleaban indefinidos positivos en vez de los negativos: «nin - todos los del vando», ‘ni ninguno de los del bando’. Véase _Mio - Cid_, pág. 375↓29. - - [9] _Fallar de nuevo_, ‘idear, inventar’. - - [10] _Compañón_, ‘compañero’ en un sentido adjetivo de ‘afable’. - SUETONIO, _Nero_, 10, «neque liberalitatis neque clementiae, ne - ~comitatis~ quidem exhibendae ullam occasionem omisit». - - [11] El imperfecto (y tiempos afines) terminaba alguna vez en - _ía_ (sobre todo la primera persona, véase unas líneas más abajo - _querría_); pero en general terminaba en _ie_, con el acento ora - en la _i_, ora en la _e_. - - [12] _Defender_, ‘prohibir’. - - [13] _Rafez_, ‘rahez’, ‘de poco valor’. - - [14] El pronombre enclítico se podía separar del verbo a que se - refiere, interponiéndose entre ambos otras partes de la oración. - Hoy habría que poner el enclítico inmediato al verbo, ordenándo - así: «que no _las probase_ todas y no _las usase_». Véase _Mio - Cid_, p. 409↓24. - - [15] _Assoora_, ‘de súbito’; compárese igual sentido que tiene - hoy «a deshora». SUETONIO, 20, usa el adverbio «repente». - - [16] _Joglería_, o juglaría, es el arte del juglar. - - [17] _Assacar_, ‘inventar’. - - [18] Las formas _o_ y _do_ se usaban indistintamente por _onde_, - _donde_. - - [19] _Todavía_, ‘siempre’, acepción primitiva, de la cual se pasó - a la moderna de ‘aun’. Compárese el francés «toujours» que reúne - los dos significados de ‘siempre’ y de ‘aun, en este momento’ - (j’ai toujours ma migraine). - - [20] _Cosa_ se usaba mucho en expresiones indefinidas negativas, - donde hoy se emplea «nada». «Non se podían los moros por cosa - defender.» _Fernán González_, 195. El uso duraba en la época - clásica: GARCILASO, en la _Egloga II_, escribe: «No t’aconsejo - yo, ni digo cosa Para que devas tú por ella darme Respuesta tan - azeda i tan odiosa», y TIRSO, en _Marta la Piadosa_, II, «no te - diré cosa ya». El uso subsiste en alguna expresión moderna, como - «no vale cosa». - - [21] _A hurto_, ‘a hurtadillas’, ‘escondidamente’. - - [22] _Dellos_, genitivo partitivo ‘algunos de ellos’. Véase _Mio - Cid_, pág. 335↓27. - - [23] Los traductores que empleaba Alfonso el Sabio para sus - obras, no siempre traducen exactamente, ni mucho menos. Aquí, - por desconocimiento de las antigüedades romanas, traducen - el «triumphare», neutro, como activo. SUETONIO, _Nero_, 25, - dice: «eo curru, quo Augustus olim triumphaverat, et in veste - purpurea...» - - [24] La preposición _a_ indica el modo del adorno; así escribe - don JUAN MANUEL «el paño era començado..., et díxol a qué figuras - et a qué labores lo començaban de fazer». Véase _Mio Cid_, página - 377↓39. - - [25] Otro ejemplo de mala inteligencia del texto latino. - SUETONIO, _Nero_, 25, escribe: «coronamque capite gerens - Olympiacam, dextra manu Pythiam, praeeunte pompa ceterarum cum - titulis, ubi et quos quo cantionum quove fabularum argumento - vicisset». - - [26] _Porfazar_, ‘murmurar, censurar’. En otro pasaje, de la - misma Crónica, se lee: «e daquí se levantó grand mormorio entre - los romanos, que porfazavan de Cristo et echavan la culpa deste - destruimiento a la cristiandat, que dizíen que les no iva assí - mal en el tiempo que aoravan los ídolos». - - [27] Otro ejemplo de interpolación de palabras entre el enclítico - y el verbo: ‘como arriba _os_ dijimos’. - - [28] _A menos de_, ‘sin’, expresión usual aun en la época - clásica. SUETONIO, _Nero_, 25: «nisi astante phonasco, qui - moneret parceret arteriis ac sudarium ad os applicaret». - - [29] El verbo _yazer_ hacía su perfecto, yo _yógue_, tu - _yoguiste_, él _yógo_. - - [30] _Acordar_, como _recordar_, significaba ‘despertar’. - - [31] _Governage_, como _gobernalle_, ‘timón’; ‘le faltó el timón’. - - [32] Este lucillo o sepulcro es el Mausoleo. SUETONIO, _Nero_, 46 - «De Mausoleo, sponte foribus patefactis, exaudita vox est nomine - eum cientis». - - [33] _Seer_, derivado de ~sedere~, significaba ‘estar sentado’; - _la tabla o seíe_ ‘la mesa a que estaba sentado’. - - [34] _Yaquanto_ era un indefinido que significaba ‘algo’, esto - es: ‘tomó un poco de veneno’. - - [35] _Buxeta_ ‘bujeta, cajita, pomo’; SUETONIO, _Nero_. 48: - «sumpto... veneno et in auream pyxiden condito». - - [36] SUETONIO: «praemissis libertorum fidissimis Ostiam ad - classem praeparandam». - - [37] _Cometer_, ‘proponer’; véase _Mio Cid_, pág. 583↓5. - - [38] Las frases adverbiales _a voces_, _a priessa_, hoy tienden - a petrificarse, pero antes admitían toda clase de adjetivos - calificativos del sustantivo: _a altas voces_, _a grant priessa_, - véase _Mio Cid_, pág. 373↓16. - - [39] Los verbos sinónimos _tomar_, _coger_, _prender_, se usaban - en forma reflexiva, con el significado de ‘irse’, y «prísose con - sus omnes» significa ‘se reunió con su gente, se fué con ellos’. - Hoy se conserva el mismo giro en la frase metafórica _tomarse con - uno_, ‘reñir con uno’. - - [40] _Assessegar_, hoy ‘asosegar’. - - [41] _Alquiná_ o _alquinal_, voz de origen árabe, que significa - ‘toca, pañuelo’. - - [42] Era frecuente, cuando un sustantivo llevaba dos adjetivos, - que uno de éstos fuese antepuesto y otro pospuesto, «buena - imaginación e fuerte» (véase _Mio Cid_, pág. 415↓25). - - [43] Muy a menudo el adverbio de cantidad iba separado del - adjetivo a que se refiere, interponiéndose entre ambos el verbo - y otras voces: «mucho fué alegre», «tanto es limpia», véase _Mio - Cid_, pág. 418↓26. - - [44] _A grand pena_, ‘con gran trabajo’. - - [45] _Porfazo_, ‘humillación, afrenta’. Véase pág. 16, nota 26. - - [46] _El_ es la conjunción, unida al pronombre enclítico - apocopado ‘y le’. - - [47] No es ‘turbado’, sino ‘torvo, espantoso, airado’. - - [48] San Fernando, para asegurar el asedio de Sevilla, se - estableció en Tablada, rodeando su campamento de un gran foso. - - [49] ‘Herberos’ o ‘forrajeadores’. - - [50] El gerundio con _en_, formando una oración incidental - temporal, era muy usado antiguamente. - - [51] _Cometer_, significaba no sólo ‘acometer’, sino también - ‘intentar’. - - [52] _En su cabo_ ‘por sí solo’, ‘solo’; se decía _vevir en so - cabo_ ‘vivir aparte o solo’; comp. unas líneas más abajo _fincó - en su cabo_, ‘quedó solo’. - - [53] Nótese en este ejemplo el uso extremamente inhábil y - anfibológico del pronombre _él_; una vez se refiere al escudero y - otra a Garci Pérez, produciéndose confusión al mismo tiempo que - cacofonía. Comp., pág. 32, nota 67. - - [54] Dos voces que me son desconocidas, y que sólo el contexto - puede explicar. - - [55] _Pararse_ significa ‘ponerse, situarse’; «a la puerta se - paravan», véase _Mio Cid_, pág. 785↓10. - - [56] _En su cabo_, ‘solo’, según se dijo arriba. pág. 23, nota 52. - - [57] _Yo so_, etc., es un grito de satisfacción de don Lorenzo, - semejante al grito de guerra que daba el señor para animar a los - vasallos, afirmando su personalidad: «Yo so el rey de Castilla, - que cobdicié este día», _Poema de Alfonso XI_, 1678; «Yo so Ruy - Díaz, mio Çid el de Bivar», etc. - - [58] Aunque el sujeto del verbo es doble, como va pospuesto, el - verbo puede ir en singular: «dixo Raquel e Vidas», véase _Mio - Cid_, pág. 362↓32. - - [59] _Retraer_, ‘referir, contar’. «Por ont siempre sepades - retraer e contar Quanto puede a omne la buena fe prestar», - BERCEO, _San Millán_, 199; «Fué por toda la tierra aína retrahido - Que era el sant omne desti sieglo transsido», San Millán, 322. - - [60] _Por los ojos de la cabeça_, como si dijese ‘por su vida’, - ‘pena la vida’. Alude a la pena de ceguera que se usaba mucho en - la antigua Edad Media, aunque ya no era corriente en la época de - Alfonso X; era la pena inmediata, en gravedad, a la pena capital. - También se decía «por los ojos de la cara», o «de la faz». Véase - _Mio Cid_, pág. 772↓27. - - - - -DON JUAN MANUEL - -(1282-1348) - - -Don Juan, hijo del infante don Manuel, se nos presenta como -continuador de las tradiciones literarias fomentadas por su tío -Alfonso el Sabio. Don Juan empezó a escribir movido de la admiración -que en él despertaban las obras de Alfonso; tanto, que su primera -producción es un modesto resumen de la _Crónica General de España_, -hecho hacia 1320. En el prólogo de este resumen pondera don Juan -el estilo claro, elegante y, sobre todo, conciso, que el Rey Sabio -empleaba: «Et púsolo todo complido e por muy apuestas razones e en -~las menos palabras que se podía poner~.» - -Procurando emular estas dotes del rey su tío, llegó don Juan a -superar a su modelo. Con segura satisfacción del éxito logrado, -escribía el autor, hacia 1330, esta crítica de su estilo propio: -«Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas palabras -et por los mas fermosos latines ~que yo nunca oi decir~ en libro -que fuese fecho en romance; et poniendo declaradamente complida la -razón que quiere decir, ~pónelo en las menos palabras que pueden -seer~»[61]. - -La sobriedad era su preocupación, según puede observarse en su -obra maestra _El libro de Patronio_ o el _Conde Lucanor_ (primera -parte, escrita entre 1328 y 1332). Este libro es una colección de -cuentos tradicionales, así que varios de ellos se encuentran a la -vez referidos en otros autores; y si comparamos los de don Juan con -los del Arcipreste de Hita (que escribió unos diez años después), -observamos un marcado contraste entre la juguetona y verbosa -animación del Arcipreste y la mesurada compostura del estilo de -don Juan Manuel. Atento éste principalmente a acumular en la frase -trabazón lógica y fuerza didáctica, se detiene en desarrollar los -sentimientos que pone en juego, se esmera en preparar las situaciones -a que la narración conduce; pero, en cambio, mira con manifiesto -desvío la ornamentación externa del relato. Tanto propende a no -apartarse de la narración seguida, que, a pesar de su fin didáctico, -ni siquiera se entretiene en intercalar un discurso sentencioso o -una máxima; deja, por lo común, que la moralidad se desprenda del -fluir de la acción, y sólo le da una forma aforística al final de -cada cuento. No obstante, aunque siempre en forma fugaz, no descuida -dar viveza al relato; véase, por ejemplo, la rápida pero feliz -descripción de la bajada al subterráneo de don Illán, en el primer -cuento que aquí se inserta. - -En multitud de rasgos el lenguaje de don Juan Manuel se parece al -de la segunda parte de la _Crónica General_; en ambos textos se -ven los mismos defectos de la época arcaica, tales como la gran -inhabilidad que revela el abuso del pronombre _él_ (pág. 32, nota -67). Además, ni uno ni otro suelen emplear el diálogo; lo corriente -es que el personaje principal hable en discurso directo, y el que -contesta lo haga en forma indirecta, o sea en tercera persona. -Pero, sin embargo, fácil es observar un gran progreso entre los dos -autores. Don Juan construye el período en modos más variados que la -_Crónica_, y a la ingenua viveza de ésta, sustituye una expresión -más intencionada, que sabe lograr ya efectos muy variados, entre -los que sobresale la ironía. En fin, por su mayor originalidad de -composición, y por la serena y sencilla eficacia de su lenguaje, -don Juan se nos muestra indisputablemente como un estilista muy -superior[62]. - - - LIBRO DE PATRONIO - O DEL CONDE LUCANOR - - ENXIENPLO XI.--Delo que contesçio a un deán de Santiago con Don - Illán, el grand maestro de Toledo. - -Otro dia fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et -contaval su fazienda en esta guisa: «Patronio, un omne vino a me -rogar[63] quel ayudasse en un fecho que avía mester mi ayuda, et -prometióme que faría por mí todas las cosas que fuessen mi pro et mi -onra, et yo començel a ayudar quanto pude en aquel fecho; et ante -que el pleito fuesse acabado, teniendo[64] él ya que su pleito era -librado, acaesçió una cosa en que cunplía que la fiziesse por mí et -él púsome escusa; et después acaesçió otra cosa que pudiera fazer -por mí et púsome escusa commo a la otra; et esto me fizo en todo lo -quel rogué que fiziesse por mí. Et aquel fecho por que él me rogo non -es aun librado, nin se librará si yo non quisiere; et por la fiuza -que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me -consejedes lo que faga en esto.» - -«Señor conde», dixo Patronio, «para que vos fagades en esto lo que -devedes, mucho querría que sopiésedes[65] lo que contesçió a un deán -de Santiago con Don Illán, el grand maestro que morava en Toledo». - -Et el conde le preguntó commo fuera aquello. - -«Señor conde», dixo Patronio, «en Santiago avía un deán que avía -muy grant talante de saber el arte dela nigromançía, et oyó dezir -que don Illán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuesse en -aquella sazón et por ende vínose para Toledo para aprender de aquella -sçiencia». - -«Et el dia que llegó a Toledo endereçó luego a casa de Don Illán -et fallólo que estava leyendo en una cámara muy apartada. Et luego -que llegó a él, recibiólo muy bien, et díxol que non quería quel -dixiesse ninguna cosa de lo por que venía fasta que oviese comido. Et -pensó[66] muy bien dél et fizol dar muy buenas posadas et todo lo que -ovo mester, et diól a entender quel plazía mucho con su venida». - -«Et después que ovieron comido, apartósse con él[67] et contól -la razón por que allí viniera, et rogól muy affincadamente quel -mostrasse aquella sçiençia que él auia muy grant talante de la -aprender. Et Don Illán díxol que él era deán et omne de grant -guisa[68] et que podría llegar a grant estado, et los omnes que grant -estado tienen, de que todo lo suyo an librado a su voluntad, olbidan -mucho aína lo que otre a fecho por ellos; et él que se reçelava que -de que él[67] oviesse apprendido dél aquello que él quería saber, -que[69] non le faría tanto bien commo él le prometía. Et el deán le -prometió et le asseguró que qualquier bien que él oviesse que nunca -faría sinon lo que él mandasse; et en estas fablas estudieron desque -ovieron yantado fasta que fué ora de çena. Et de que su pleito fue -bien assossegado[70] entre ellos, díxo Don Illán al deán que aquella -sciençia non se podía aprender sinon en lugar mucho apartado, et que -luego essa noche le queria amostrar do avían de estar, fasta que -oviesse apprendido aquello que él quería saber. Et tomól por la mano -et levól a una cámara; et en apartándose de la otra gente, llamó -a una mançeba de su casa et díxol que toviesse perdizes para que -çenassen aquella noche, mas que non las pusiessen a assar fasta que -él gelo mandasse.» - -«Et desque esto ovo dicho, llamó al deán, et entraron entramos por -una escalera de piedra muy bien labrada, et fueron descendiendo por -ella muy gran pieça, en guisa que paresçia que estavan tan vaxos que -passava el rio de Tajo por çima dellos. Et desque fueron en cabo del -escalera, fallaron una possada muy buena, et una cámara mucho apuesta -que y avia, ó estavan los libros et el estudio en que avía de leer.» - -«De que se assentaron, estavan parando mientes en quales libros -avian de començar; et estando ellos en esto, entraron dos omnes por -la puerta, et diéronle[71] una carta quel enviava el arçobispo su -tio, en quel fazía saber que estava muy mal doliente, et quel enviava -rogar que sil quería veer vivo, que se fuesse luego para él. Al deán -pesó mucho con estas nuebas, lo uno por la dolençia de su tio, et lo -al por que reçeló que avía de dexar su estudio que avía començado. -Pero puso en su coraçon[72] de non dexar aquel estudio tan aína, et -fizo sos cartas de repuesta et enviólas al arçobispo su tio.» - -«Et dende a tres o quatro dias llegaron otros omnes a pie que traían -otras cartas al deán, en quel fazían saber que el arçobispo era -finado,[73] et que estavan todos los de la eglesia en su eslección, -et que fiavan por la merçed de Dios que eslerían[74] a él. Et por -esta razon que non se quexasse de ir a la eglesia, ca mejor era para -él en quel esleyessen seyendo en otra parte que non estando en la -eglesia.» - -«Et dende a cabo de siete o de ocho dias, vinieron dos escuderos -muy bien vestidos et muy bien aparejados, et quando llegaron a él, -vesáronle la mano et mostráronle las cartas en commo le avían -esleido por arçobispo. Et quando Don Illán esto oyó, fue al electo -et díxol commo gradesçía mucho a Dios por que estas buenas nuevas le -llegaran a su casa; et pues Dios tanto bien le fiziera, quel pedía -por merçed que el deanasgo, que fincava vagado,[75] que lo diesse a -un su fijo. Et el electo díxol quel rogava quel quisiesse consentir -que aquel deanadgo que lo oviesse un su hermano, mas que él le faría -bien en la iglesia en guisa que él fuesse pagado, et quel rogava que -fuesse con él para Santiago et que levasse con él aquel su fijo. Et -Don Illán díxo que lo faría.» - -«Et fuéronse para Santiago; et quando í llegaron, fueron muy bien -reçebidos et mucho onradamente. Et desque moraron í un tienpo, un -día llegaron al arçobispo mandaderos del papa con sos cartas en -cómmol dava el obispado de Tolosa et quel fazía graçia que pudiesse -dar el arçobispado a qui quisiesse. Quando Don Illán oyó esto, -retrayéndol[76] mucho affincadamente lo que con él avía passado,[77] -pidiól merçed que lo diesse a su fijo. Et el arçobispo le rogó que -consentiesse que lo oviesse un su tio, hermano de su padre. Et Don -Illán díxo que bien entendíe quel fazía grand tuerto, pero que esto -que lo consintía en tal[78] que fuesse seguro que gelo emendaría -adelante. Et el arçobispo le prometió en toda guisa que lo faría -assí, et rogól que fuesse con él a Tolosa et que levasse su fijo.» - -«Et desque llegaron a Tolosa, fueron muy bien reçebidos de condes -et de quantos omnes buenos avía en la tierra. Et desque ovieron í -morado fasta dos años, llegáronle mandaderos del papa con sos cartas -en commo le fazía el papa cardenal, et quel fazía graçia que diesse -el obispado de Tolosa a qui quisiesse. Entonçe fué a él Don Illán et -díxol que pues tantas vezes le avía fallesçido[79] de lo que con él -pusiera, que ya aquí non avía logar del poner escusa ninguna que non -diesse alguna de aquellas dignidades a su fijo. Et el cardenal rogól -que consentiese que oviesse aquel obispado un su tio hermano de su -madre, que era omne bueno ançiano, mas que, pues él cardenal era, que -se fuese con él para la corte que asaz avía en que le fazer bien. Et -Don Illán quexósse ende mucho, pero consintió en lo que el cardenal -quiso, et fuesse con él para la corte.» - -«Et desque í llegaron, fueron muy bien reçebidos de los cardenales et -de quantos en la corte eran, et moraron y muy grand tienpo. Et Don -Illán affincando cada dia al cardenal quel fiziesse alguna graçia -a su fijo, et él poníal sos escusas. Et estando assí en la corte, -finó el papa; et todos los cardenales esleyeron aquel cardenal por -papa. Estonçe fué a él Don Illán et díxol que ya non podía poner -escusa de non conplir lo quel avía prometido. Et el papa le dixo que -non lo affincasse tanto, que sienpre avría lugar en quel fiziesse -merçed, segund fuesse razón. Et Don Illán se començó a quexar mucho -retrayéndol quantas cossas le prometiera[80] et que nunca le avía -conplido ninguna, et diziéndol que aquello reçelara él la primera -vegada que con él fablara. Et pues aquel estado era llegado et nol -cunplia lo quel prometiera, que ya non le fincava logar en que -atendiesse dél bien ninguno. Deste affincamiento se quexó mucho el -papa et començól a maltraer, diziendol que si más le affincasse, -quel faría echar en una cárçel, que era ereje et encantador, et que -bien sabía él que non avía otra vida nin otro offiçio en Toledo, do -él morava, sinon bivir por aquella arte de nigromançía. Et desque -Don Illán vió quanto mal le gualardonava el papa lo que por él avía -fecho, espidióse dél; et solamente[81] nol quiso dar el papa qué -comiese por el camino.» - -«Estonçe don Illán dixo al papa que pues al non tenía de comer, que -se avría de tornar a las perdizes que mandara assar aquella noche. -Et llamó ala muger et díxol que assasse las perdizes. Et quando esto -díxo don Illán, fallósse el papa en Toledo deán de Santiago, commo -lo era quando í bino; et tan grand fué la verguença que ovo que non -sopo quel dezir. Et don Illán díxol que fuesse en buena ventura, et -que assaz avía provado lo que tenía en él, et que ternía por muy mal -enpleado si comiesse su parte de las perdizes.» - -«Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que tanto fazedes por aquel -omne que vos demanda ayuda, et non vos da ende mejores graçias, -tengo que non avedes por qué trabajar nin aventurarvos mucho por -llegarlo[82] a logar que vos dé tal galardón commo el deán dió a don -Illán.» - -El conde tovo esto por buen consejo, et fízolo assí, et fallósse ende -bien. Et por que entendió don Johan que era este muy buen exienplo, -fízolo poner en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí: - - Al que mucho ayudares · et non te lo conosçiere,[83] - menos ayuda abrás · desqu’en grand onra subiere. - - - ENXIENPLO XXXV.--De lo que contesçió a un mançebo que casó con - una muger muy fuerte et muy brava. - -Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, et díxole: «Patronio, -un mio criado me díxo quel traían cassamiento con una muger muy rica, -et aun que es más onrada que él et que es el casamiento muy bueno -para él, sinon por un enbargo que í ha; et el enbargo es éste: díxome -quel dixeran que aquella muger que era la más fuerte et la más brava -cosa del mundo. Et agora ruégovos que me consejedes si le mandaré que -case con aquella muger, pues sabe de qual manera es, o sil mandaré -que lo non faga.» - -«Señor conde Lucanor», dixo Patronio, «si él fuer tal commo fué un -fijo de un omne bueno que era moro, consejalde que case con ella; -mas si non fuere tal, non gelo consejedes.» Et el conde le rogó quel -dixiesse commo fuera aquello. - -Patronio le dixo que en una villa avía un omne bueno que avía un fijo -el mejor mançebo que podía ser, mas non era tan rico que pudiesse -conplir tantos fechos et tan grandes commo el su coraçón le dava a -entender que devía conplir; et por esto era él en grand cuydado, ca -avía la buena voluntat et non avía el poder. - -Et en aquella villa misma avía otro omne muy más onrado et más rico -que su padre, et avía una fija et non más, et era muy contraria de -aquel mançebo, ca quanto aquel mançebo avía de buenas maneras, tanto -las avía aquella fija del omne bueno de malas et revesadas; et por -ende omne del mundo non quería casar con aquel diablo. - -Et aquel tan buen mançebo vino un dia a su padre et díxole que bien -sabía que él non era tan rico que pudiesse darle con qué él pudiesse -bevir a su onra, et que pues le convinía a fazer vida menguada et -lazdrada o irse daquella tierra, que si él por bien tobiesse, quel -parescía mejor seso de catar algun casamiento con que pudiesse aver -alguna passada.[84] Et el padre le dixo quel plazía ende mucho si -pudiesse fallar para él casamiento que le cunpliesse. Et entonçe le -dixo el fijo que si él quisiesse, que podría guisar que aquel omne -bueno, que avía aquella fija, que gela diesse para él. Et quando el -padre esto oyó, fué muy maravillado et díxol que commo cuidava en tal -cosa, que non avía omne que la conosçiesse que, por pobre que fuesse, -quisiesse casar con ella. Et el fijo le dixo quel pidía por merçed -quel guisasse aquel casamiento; et tanto lo afincó que commo quier -que el padre lo tovo por estraño, que gelo otorgó. Et fuesse luego -para aquel omne bueno, et amos eran mucho amigos, et díxol todo lo -que passara con su fijo, et rogól que pues su fijo se atrevía a casar -con su fija, quel plogiesse et gela diesse para él. Quando el omne -bueno esto oyó a aquel su amigo, díxole: «Par Dios, amigo, si yo tal -cosa fiziesse, seer vos ía muy falso amigo, ca vos avedes muy buen -fijo, et ternía que fazía muy grand maldat si yo consintiesse su -mal nin su muerte; casó çierto que si con mi fija casase, que sería -muerto o le valdría mas la muerte que la vida. Et non entendades que -vos digo esto por non conplir vuestro talante, ca si la quisiérdes, a -mí mucho me plaze de la dar a vuestro fijo o a quien quier que me la -saque de casa.» Et aquel su amigo le díxo quel gradesçía mucho quanto -le dizía, et que pues su fijo quería aquel casamiento, quel rogava -que le pluguiesse. - -Et el casamiento se fizo, et levaron la novia a casa de su marido. -Et los moros an por costunbre que adovan de cenar a los novios -et pónenles la mesa et déxanlos en su casa, fasta otro día; et -fiziéronlo aquellos assí; pero estavan los padres et las madres et -los parientes del novio et dela novia con grand reçelo, cuidando que -otro día fallarían el novio muerto o muy mal trecho. - -Luego que ellos fincaron solos en casa, assentaronse a la mesa; et -ante que ella ubiasse a dezir cosa, cató el novio enderredor de -la mesa, et vió un perro, et díxol yaquanto bravamente: «Perro, -danos agua a las manos»; et el perro non lo fizo; et encomençósse a -ensañar, et díxol más bravamente que les diesse agua a las manos; et -el perro non lo fizo. Et desque vió[85] que lo non fazía, levantóse -muy sañudo de la mesa, et metió mano a la espada et endereçó al -perro; et quando el perro lo vió venir contra sí, començó a foir, -et él en pos dél saltando amos por la ropa et por la mesa et por el -fuego, et tanto andudo en pos dél fasta que lo alcanzó et cortól -la cabeça et las piernas et los braços et fízolo todo pedaços, et -ensangrentó toda la casa et toda la mesa et la ropa. - -Et assí muy sañudo et todo ensangrentado, tornóse a sentar a la -mesa, et cató enderredor, et vió un gato, et díxol quel diesse -agua a manos; et por que non lo fizo díxole: «¿Commo, don falso, -traydor, non vistes lo que fiz al perro por que non quiso fazer lo -quel mandé?; yo prometo a Dios que si poco nin más porfías, que esso -mismo[86] faré a ti que al perro.» Et el gato non lo fizo, ca tan -poco es su costunbre de dar agua a manos commo del perro; et por que -non lo fizo, levantóse, et tomól por las piernas et dió con él a la -pared, et fizo dél mas de çient pedaços, et mostrando muy mayor saña -que contra el perro. - -Et assí, bravo et sañudo et faziendo muy malos contenentes[87] -tornóse a la mesa et cató a todas partes; et la muger quel vió esto -fazer, tovo que estava loco o fuera de seso et non dezía nada. Et -desque ovo catado a cada parte, vió un su cavallo que estava en -casa[88] (et él non avia más de aquel) et díxol muy bravamente que -les diesse agua a las manos; et el cavallo non lo fizo. Desque vió -que lo non fizo, díxol: «¡Cómmo, don cavallo! ¿cuydades que por que -non he otro cavallo, que por esso vos dexaré si non fizierdes lo que -yo vos mandare? Yo juro a Dios que tan mala muerte vos dé commo a -los otros; et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo -mandare, que esso mismo non le faga». Et el cavallo estudo quedo; et -desque vió que non fazía su mandado, fué a él et cortól la cabeça, et -con la mayor saña que podría mostrar, despedaçólo todo. - -Et quando la muger vió que matava el cavallo non aviendo otro, et que -dizía que esto faría a quien quier que su mandado non cunpliesse, -tovo que esto non se fazía ya por juego et ovo tan grand miedo -que non sabía si era muerta o biva. Et él assi bravo et sañudo et -ensangrentado, tornóse a la mesa, jurando que si mil cavallos et -omnes et mugeres oviesse en casa quel saliessen de mandado, que todos -serían muertos. Et asentósse, et cató a cada parte teniendo la espada -sangrentada en el regaço; et desque cató a una parte et a otra et -non vió cosa viva, bolvió los ojos contra su muger muy bravamente et -díxol con grand saña, teniendo la espada en la mano: «Levantad vos -et dat me agua a las manos.» Et la muger que non esperava otra cosa -sinon quela despedaçaría toda, levantóse muy apriessa et diól agua a -las manos; et díxole él: «¡Cómmo gradesco a Dios por que feziestes -lo que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me -fizieron, esso oviera fecho[89] a vos que a ellos!» Et despues mandól -quel diesse de comer, et ella fízolo; et cada que él dezía alguna -cosa, tan bravamente gelo dizía et en tal son, que ella ya cuidava -que la cabeça era ida del polvo. - -Et assi pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, -mas fazía lo que él mandava. Et desque ovieron dormido una pieça, -díxo él: «Con esta saña que ove esta noche, non pude bien dormir: -catad que non me despierte cras ninguno et tened me bien adobado de -comer.» - -Et quando fue grand mañana,[90] los padres et las madres et los -parientes llegáronse a la puerta, et por que non fablava ninguno, -cuidaron que el novio estava muerto o ferido, et desque vieron por -entre las puertas a la novia et non al novio cuidáronlo más. Et -quando ella los vió a la puerta, llegó muy passo et con grand miedo -et començóles a dezir: «Locos, traidores ¿qué fazedes e commo osades -llegar a la puerta nin fablar?; callad, si non todos, tan bien -vosotros commo yo, todos somos muertos.» Et quando todos esto oyeron, -fueron muy maravillados, et desque sopieron commo passaron en uno, -presçiaron mucho el mançebo que assí sopiera fazer lo quel cunplía, -et castigar[91] tan bien su casa. Et daquel dia adelante fue aquella -su muger muy bien mandada et obieron muy buena vida. - -Et dende apocos dias su suegro quiso fazer assí commo fiziera su -yerno, et por aquella manera mató un gallo et díxole su muger: «A la -fe don fulán, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si -matassedes çient cavallos, que ante lo ovierades a començar, ca ya -bien nos conosçemos.» - -«Et vos, señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con tal -muger, si fuere él tal commo aquel mançebo, consejalde que case -seguramente, ca él sabrá como passe en su casa; mas si non fuere tal -que entienda lo que deve fazer et lo quel cunple, dexadle que passe -su ventura. Et aun conséjovos que con todos los omnes que ovierdes a -fazer, que sienpre les dedes a entender en qual manera an de passar -conbusco.» - -Et el conde obo éste por buen consejo, et fízolo assí, et fallóse -dello bien. Et por que Don Johan lo tovo por buen enxienplo, fízolo -escrivir en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí: - - Si al comienço non muestras qui eres, - nunca podrás después quando quisieres. - - -NOTAS - - [61] _Libro de los Estados_ 90º (pág. 335_b_ de la Biblioteca de - Autores Españoles, tomo LI). Los «fermosos latines», de que se - alaba don Juan Manuel, no son «latinismos», como pudiera creerse, - pues su lenguaje no es nada propenso al cultismo; la frase tiene - un sentido más vago, quiere decir simplemente «expresiones - elegantes». - - [62] Para el lenguaje de don Juan Manuel, pueden verse: F. DÖNNE, - _Syntaktische Bemerkungen zu Don Juan Manuels Schriften_, Jena, - 1891, y S. GRÄFENBERG, _Don Juan Manuel_, _El Libro del Cavallero - et del Escudero_, en Romanische Forschungen, VII, 1893, p. - 523-549. - - [63] Los pronombres enclíticos del infinitivo dependiente por - medio de preposición, podían ir o con el verbo regente: _tornólas - a catar_, o entre la preposición y el infinitivo, como se ve en - el texto. - - [64] _Tener_ significa ‘pensar’, como en frases modernas: «tengo - para mí que...» - - [65] Debiera estar escrito _sopiessedes_; seguimos la ortografía - del principal de los manuscritos conservados de las obras de - Don Juan. Está escrito entre los siglos XIV y XV, y refleja la - gran vacilación en el uso de la _s_ y la _ss_ que existía en - muchas regiones de España. La imprenta vendrá a regularizar estas - vacilaciones, y a seguir una ortografía más precisa, semejante a - la de Alfonso el Sabio. - - [66] _Pensar de uno_ significaba ‘cuidar de él’; «e pensó - dél», traduciendo el latín ‘et curam ejus egit’, _Mio Cid_, p. - 793↓19. Análogo es el sentido del verbo en «pensar el caballo, - pensar bien sus canes», etc., de donde se deriva el sustantivo - _pienso_. - - [67] Adviértase continuamente la ambigüedad en el uso del - pronombre _él_, que notamos. Comp., pág. 24, nota 53; 33, nota 71; - 41, nota 85. - - [68] _Guisa_ significaba, en general, ‘manera’, y aquí significa - ‘manera de ser’ o ‘condición’. Se decía también «omne de alta - guisa», por hombre de elevada posición social. - - [69] Esta repetición de la conjunción _que_, fué corriente aun en - él período clásico. - - [70] _Assossegar_, ‘asentar, pactar’. El significado más - corriente del verbo era ya entonces el moderno de ‘sosegar, - calmar, pacificar’. - - [71] Igual ambigüedad que respecto de _él_, puede notarse en el - uso de la forma enclítica del pronombre. - - [72] _Poner_ significaba ‘convenir, concertar’, y _poner en su - coraçón_ significa literalmente ‘convenir consigo mismo’, es - decir, ‘resolver, decidir’. - - [73] Hasta el siglo XVII, el auxiliar usado con el participio - de los verbos neutros o reflexivos, era _ser_ en lugar de - _aver_, así se decía «fué nacido, son llegados, ya eran idos, es - levantado», junto a «lo avien fecho», etc. Véase _Mio Cid_, pág. - 359↓13. - - [74] También se decía _esleirían_. Es el verbo _esleir_ forma - popular, en vez de la moderna y culta _elegir_; se conjugaba como - el moderno _desleir_, o con variantes propias de estos verbos con - hiato. - - [75] Esta forma _vagar_, que es la popular, fué sustituída por la - culta _vacar_. - - [76] _Retraer_, además de ‘referir, contar’, significaba - ‘recordar, echar en cara’. - - [77] _Lo que con él avía passado_, ‘lo que había tratado con - él’, aludiendo a la promesa primera que el deán había hecho. En - _Cervantes_ hallamos: «entre los tres passaron un graciosissimo - coloquio», _Quijote_, II, 2; ¿«qué coloquios pasó contigo»? I, - 31, y después: «de lo que el cura y el barbero passaron con - don Quixote cerca de su enfermedad», II, 1; siendo este último - uso del verbo, igual al de don Juan Manuel, mal comprendido - generalmente. - - [78] _En tal_ por ‘con tal’; así dicen todos los manuscritos de - la obra. - - [79] Esto es: ‘tantas veces le había faltado en lo que con él - conviniera’. Comp. «que falleçríe en aquello que pussiera con - ellos, e amenguaríe mucho de su prez e de su onrra», _Crónica - General_, pág. 38 _a_, 9, y «nada non me compliste... ¿por qué me - falesçiste», _Fernán González_, 545 _d_. - - [80] ‘Le había prometido’; la forma verbal en _ra_ conservó por - mucho tiempo su valor etimológico de pluscuamperfecto. - - [81] _Solamente non_ ‘ni siquiera’. Usábase con igual sentido - _sol non_: «sol non será pensado», _Mio Cid_, pág. 392↓8. - - [82] _Llegar_ por ‘hacer llegar, conducir’; «la merced que Dios - le avía hecho en le llegar a tal estado», véase _Mio Cid_, pág. - 731↓4; usual aun en el período clásico: «si Dios me llega a - tener algo que de gouierno». _Quijote_, II, 5. - - [83] _Conoscer_, como _reconocer_, significaba ‘agradecer’. De - aquí el derivado más usual, _desconocido_, ‘desagradecido’. - - [84] _Passada_ es la ‘manera de vivir’; decimos hoy «un pasar». - Así, FR. LUIS DE GRANADA dice: «No pedimos superfluidades ni - demasías, sino pan necessario y para de presente, y como una - passada, pues no somos nacidos para perpetuarnos acá.» - - [85] Nótese en todo este párrafo cómo, aunque se intercala varias - veces un sujeto incidental (el perro), no se renueva después la - mención del sujeto principal (el novio). Esta concisión sería hoy - mirada como defectuosa. - - [86] _Esso mismo_, o simplemente _esso_, significaba ‘lo mismo’, - ‘igual’. Usábase aun en el período clásico: «como yo esté harto, - esso me haze que sea de çanahorias que de perdizes», _Quijote_, - II, 55; y «esso estima los palos que las vozes», LOPE DE VEGA. - - [87] _Contenente_, ‘gesto, ademán’. Hoy _continente_, significa - más bien ‘compostura, aire del semblante o del cuerpo’. - - [88] Había costumbre de albergar los caballos en la misma cámara - donde las personas. La _Crónica General_ nos dice en su capítulo - 791: «et porque a aquella sazón era la guerra con los moros tan - grand et tan cutiana, assí los cavalleros et los condes et aun - los reis mismos paravan sus caballos dentro de sus palacios et - aun, segund cuenta la estoria, dentro en sus cámaras o durmíen - con sus mugieres, porque luego que oyessen ferir apellido, - toviessen prestos sus cavallos et sus armas». Esta explicación, - buscada en la guerra con los moros, es caprichosa; en otros - países de Europa se conocía la misma costumbre. - - [89] ‘Lo mismo hubiera hecho a vos’. Véase la nota 86 de la página - 42. - - [90] _Grand mañana_, ‘muy de mañana’ o simplemente ‘de mañana’. - «Andidieron de noche, bien fasta los albores; Grant mañana - por miedo de algunos pastores, Metiéronse en una cueva los - traidores», BERCEO, _Santo Domingo_, 434. Comp. fr. «de grand - matin». - - [91] _Castigar_, significaba simplemente ‘advertir’, ‘amonestar’ - ‘ordenar’. - - - - -ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO - -ARCIPRESTE DE TALAVERA - -(1398.--Vivía aún en 1466) - - -Alfonso Martínez de Toledo escribió una historia de España que -tituló _Atalaya de Crónicas_, y unas _Vidas de San Isidoro y de San -Ildefonso_; la obra por la que fué y es más conocido es el libro -que, según las ediciones antiguas, «tracta de vicios y virtudes, e -reprobacion del loco amor, ansi de los hombres como de las mugeres, o -segund algunos llamado _Corbacho_». Este nombre se le dió tomándolo -de la sátira de Boccaccio contra las mujeres, pero Alfonso Martínez -quiso que su libro quedase sin título alguno: «sin bautismo, sea -por nombre llamado _Arcipreste de Talavera_ donde quier que fuere -levado». Lo acabó el año de 1438. - -Este libro es importante en la historia de la prosa castellana por -dos razones: representa de un modo especial una manera de estilo -elegante que dominó en el siglo XV, y nos ofrece, por primera vez que -sepamos, el habla popular tratada bajo una forma artística en prosa. -En uno y otro aspecto ejerció marcada influencia; baste decir que en -uno y otro, el autor de _La Celestina_ es tributario conocido del -Arcipreste de Talavera. - -Dominaba entonces en el estilo trabajado una fuerte corriente de -latinismo, la cual iba a menudo mezclada con italianismo, ya que -desde el siglo anterior, autores italianos, como Boccaccio, por -ejemplo, deslumbraban a nuestros escritores con una extraña elegancia -de hipérbaton y léxico latinizantes. Este exotismo, que revestía -formas muy crudas y exageradas, aparece templado en el _Arcipreste de -Talavera_. El hipérbaton llega, es verdad, a casos extremos, como, -por ejemplo, el de la separación del sustantivo y del adjetivo: «face -la vista perder, e mengua _el olor_ de las narices _natural_... el -gusto de la boca pierde...; pues _las potencias_ del ánima _tres_ -todas son turbadas»; pero esto es raro en nuestro autor. El rasgo que -más abunda en él es la colocación del verbo al final de la frase: -«non es muger que de sí muy avara non sea en dar, cavilosa en la mano -alargar, temerosa en mucho emprestar, abondosa en cualquier cosa -tomar, generosa en lo ageno dar...» También el cultismo propagaba -el uso de varios participios de presente: «su conosciente o amigo»; -«otros mançebos aun hoy bivientes.» Además, hay que señalar el -latinismo, y el extranjerismo en general, como copiosa fuente de -renovación del vocabulario; así el Arcipreste usa _sustancia_ por -‘hacienda, bienes’, _estudiarse_ por ‘esforzarse’, _superbioso_ -por ‘soberbio, soberbioso’, acumulando a veces estos neologismos: -«el vasallo contra el señor, e el servidor contra su _maestro_, el -_súbdito_ contra su _subyugante_.» - -A menudo en esta época se buscaba también la elegancia mediante un -amplio desarrollo del concepto; el giro espacioso de la frase tendía -a dar cierta majestad solemne a la expresión; la insistencia en la -idea procuraba una mayor viveza y eficacia de la imagen: «La Pobreza -alçó sus ojos en alto, e començó de mirar la pompa e loçanía e locura -e vanagloria, la jactancia e orgullo que la Fortuna consigo traía... -Pues tú dizes que fazes e desfazes, viedas e mandas, ordenas e -dispones todas las cosas del mundo, e que son a tu govierno e mando -las baxas e aun las altas.» Véase la reiteración de un pensamiento -que va a parar a una cita del Arcipreste de Hita: «¿Quien es tan -loco e fuera de seso que quiere su poderío dar a otro, e su libertad -someter a quien non deve, e querer ser siervo de una muger que -alcança muy corto juizio, e demás, atarse de pies e de manos en -manera que non es de sí mesmo, contra el dicho del sabio que dize: -Quien pudiere ser suyo non sea enagenado, que libertad e franqueza -non es por oro comprada?, e exemplo antiguo es, el qual puso el -Arçipreste de Hita en su tractado.» - -La abundancia, que seduce al Arcipreste de Talavera, degenera a -menudo en verbosidad, aun en los trozos doctrinales del libro: «¡Ay -del triste desventurado, que por querer seguir el apetito de su -voluntad que brevemente pasa, quiere perder aquella gloria perdurable -de paraíso que para siempre durará! ¡Si el triste del ombre o muger -sintiese drechamente qué cosa es perdurable, o para siempre jamas, o -por infinita _secula seculorum_ aver en el otro mundo gloria o pena!» -Esta verbosidad cuadra bien cuando se aplica a reflejar el lenguaje -del pueblo, según se verá en los trozos que publicamos. - -Otra manera de elegancia fué la similicadencia, moda que todavía -hallamos en vigor durante el siglo XVI, por ejemplo, en Fray Antonio -de Guevara. El _Arcipreste de Talavera_ nos la ofrece, sobre todo, en -los párrafos de afectada viveza: «Plégale a Nuestro Señor... que así -velemos e nos aperçibamos, e del enemigo Satanás nos guardemos, e de -los viçios nos corrijamos, e de los pecados en bien nos enmendemos.» -Muy comúnmente se llega a la prosa rimada, como se ve en el ejemplo -de posposición del verbo, que ponemos arriba. Y es notable que -estas rimas abunden en la charla vulgar, según puede verse en los -trozos aquí insertos, mostrándonos un curioso giro de la locuacidad -vehemente, hoy enteramente desusado. - -Otro ejercicio del ingenio popular, antes más desarrollado que -hoy día, era el uso abundante de los refranes, y el Arcipreste de -Talavera no dejó de emplearlos para caracterizar el habla callejera, -siendo en este particular un inspirador directo del autor de la -_Celestina_ e indirecto del _Quijote_, como nota muy bien Menéndez -Pelayo[92]. Pero este crítico atribuye a nuestro Arcipreste el -mérito de haber adivinado el ritmo del diálogo, a lo cual no podemos -asentir. El Arcipreste compone, sí, admirables discursos familiares, -pero el diálogo no alcanza en él más desarrollo que en el _Lucanor_, -por ejemplo. Para ver roto el estrecho molde medieval de la mera -sucesión de discursos, necesitamos llegar a _La Celestina_. - - - ARCIPRESTE DE TALAVERA - PARTE II, CAP. I - - De los viçios e tachas e malas condiçiones de las perversas - mugeres, e primero digo de las avariçiosas. - -Por quanto las mugeres que malas son, viçiosas e desonestas o -enfamadas, non puede ser dellas escripto[93] nin dicho la meitad que -dezir o escrevir se podría por el hombre,[94] e por quanto la verdad -dezir non es pecado, mas virtud, por ende digo primeramente que las -mugeres comunmente por la mayor parte de avariçia son doctadas; e por -ésta razón de avariçia muchas de las tales infinitos e diversos males -cometen: que si dineros, joyas preçiosas e otros arreos intervengan -o dados les sean, es dubda[95] que a la más fuerte non derruequen, -e toda maldad espera que cometrá la avariçiosa muger con defrenado -apetito de aver, asi grande como de estado pequeño...[96] - -Asy la muger piensa que non ay otro bien en el mundo sinon aver, -tener e guardar e poseer, con sulíçita guarda condensar,[97] lo ageno -francamente despendiendo e lo suyo con mucha industria guardando. -Donde por esperiencia verás que una muger en comprar por una blanca -más se fará de oir que un ombre en mil maravedis. Item, por un huevo -dará voces como loca e fenchirá a todos los de su casa de ponçoña: -«¿Qué se fizo este huevo? ¿quién lo tomó? ¿quién lo levó? ¿Adole[98] -este huevo? Aunque vedes que es blanco, quiçá negro será oy este -huevo. ¿Quién tomó este huevo, quién comió este huevo? Comida sea de -mala ravia. ¡Ay huevo mio de dos yemas, que para echar vos guardava -yo! ¡Ay huevo mio, qué gallo e qué gallina salieran de vos! del gallo -fiziera capón que me valiera veinte maravedises e la gallina catorze, -o quiça la echara e me sacara tantos pollos e pollas con que pudiera -tanto multiplicar, que fuera causa de me sacar el pié del lodo. Agora -estarme he como desventurada, pobre como solía... ¡Ay huevo mio de -la meajuela redonda, de la cáscara tan gruesa, ¿quién me vos comió? -¡Ay Marica, rostro de golosa, que tú me has lançado por puertas: yo -te juro que los rostros te queme, doña vil, suzia, golosa! ¡Ay huevo -mio, y que será de mi! ¡Ay triste, desconsolada, Jesús, amiga, y cómo -non me fino agora! ¡Ay Virgen María, cómo non rebienta quien vee tal -sobrevienta![99] ¡Non ser en mi casa señora de un huevo! Maldita sea -mi ventura e mi vida si non estó en punto de rascarme[100] o de me -mesar toda. ¡Ya,[101] por Dios! ¡guay de la que trae por la mañana el -salvado, la lumbre, e sus rostros quema soplando por la encender; e -fuego fecho, pone su caldera y calienta su agua e faze sus salvados -por fazer gallinas ponedoras; y que, puesto el huevo, luego sea -arrebatado! ¡Ravia, Señor, y dolor de coraçon, endúrolos[102] yo, -cuitada, e paso como a Dios plaze, e liévamelos el huerco! ¡Ya, -Señor! e liévame deste mundo, que mi cuerpo non goste más pesares nin -mi ánima sienta tantas amarguras. ¡Ya, Señor! por el que tú eres, da -espaçio a mi coraçon con tantas angosturas como de cada dia gusto. -¡Una muerte me valdríe más que tantas, ya por Dios!». Y en ésta -manera dan bozes e gritan por una nada. - -Item, si una gallina pierden, van de casa en casa conturbando toda -la vezindat: «¿Do mi gallina la ruvia, de la calça bermeja, o la de -la cresta partida, çenizienta escura, cuello de pavo, con la calça -morada, ponedora de huevos? ¿Quién me la furtó? Furtada sea su -vida. ¿Quién menos me fizo[103] della? Menos se le tornen los días -de la vida. ¡Mala landre, dolor de costado, ravia mortal comiese -con ella; nunca otra coma, comida mala comiese, amen! ¡Ay gallina -mia, tan ruvia! un huevo me dabas tú cada día; aojada te tenia el -que te comió, asechándote estaba el traidor; desfecho le vea de su -casa[104] a quien te me comió; ¡comido le vea yo de perros aina!, -¡cedo sea! ¡véanlo mis ojos, e non se tarde! ¡Ay gallina mia, gruesa -como un ansarón, morisca de los pies amarillos, crestibermeja! más -avía en ella que en dos otras que me quedaron. ¡Ay triste! aun agora -estava aquí, agora salió por la puerta, agora salió[105] tras el -gallo por aquel tejado. El otro día, ¡triste de mí, desaventurada, -que en mal ora nascí, cuitada!, el gallo mio bueno cantador, que -asi salían dél pollos como del çielo estrellas, atapador de mis -menguas, socorro de mis trabajos, que la casa nin bolsa, cuitada, -él bivo, nunca vazia estava. ¡La de Guadalupe señora, a ti lo -acomiendo! señora, non me desampares ¡ya, triste de mí! que tres -días ha entre las manos me lo llevaron. ¡Jesús, quánto robo, quánta -sinrazón, quánta injustiçia! ¡Callad, amiga, por Dios; dexadme -llorar, que yo sé qué perdí e qué pierdo oy! E cada uno le duele lo -suyo ¡y tal joya como mi gallo! ¡Cuitada, e agora la gallina! Rayo -del cielo mortal e pestilençia venga sobre tales personas: espina o -hueso comiendo se le atravesase en el garguero, que Sant Blas non -le pusiese cobro. Non diré, amigas, aina diría que Dios non está -en el cielo, ni es tal como solía, que tal sufre e consiente. ¡Oh -Señor, tanta paciencia e tantos males sufres! ¡ya, por aquel que tu -eres, consuela mis enojos, da lugar a mis angustias, sinon raviaré -o me mataré o me tornaré mora![106] Agora, noramala, si Dios non -me vale, non sé qué me diga. Dexadme, amiga, que muere la persona -con la sinrazon, que mal de cada rato non lo sufre perro nin gato: -dapno de cada dia, sofrir non es cortesia: oy una gallina e antier -un gallo, yo veo bien mi duelo, aunque me lo callo. ¿Cómo te feziste -calvo? Pelo a pelillo el pelo levando. ¿Quién te fizo pobre, María? -Perdiendo poco a poco lo poco que tenía.[107] Moças, venid acá. ¿Non -podeis responder?--Señora.--Ha, agora, landre que te fiera, y ¿dónde -estavas? dy, ¿non te duele a ti asi como a mí? Pues corre en un -punto, Juanilla, ve a casa de mi comadre, dile si vieron una gallina -ruvia de una calça bermeja. Marica, anda, ve a casa de mi vezina, -verás si pasó allá la mi gallina ruvia. Perico, ve en un salto al -vicario del arçobispo que te dé una carta de descomunión que muera -maldito e descomulgado el traidor malo que me la comió. Bien sé que -me oye quien me la comió. Alonsillo, ven acá, para mientes e mira que -las plumas no se pueden esconder, que conocidas son. Comadre, ¿vedes -qué vida ésta tan amarga? yuy, que agora la tenía ante mis ojos. -Llámame, Juanillo, al pregonero, que me la pregone por toda esta -vezindad. Llámame a Trotaconventos, la vieja de mi prima, que venga e -vaya de casa en casa buscando la mi gallina ruvia. ¡Maldita sea tal -vida, maldita sea tal vezindad! que non es el ombre[108] señor de -tener una gallina, que aun non ha salido el umbral, que luego non es -arrebatada. Andémonos, pues, a furtar gallinas, que para ésta[109] -que Dios aqui me puso, quantas por esta puerta entraren ese amor les -faga que me fazen.[110] ¡Ay gallina mia ruvia! y ¿adónde estádes vos -agora? Quien vos comió bien sabia que vos quería yo bien, e por me -enojar lo fizo. Enojos e pesares e amarguras le vengan por manera que -mi ánima sea vengada. Amen. Señor, asi lo cumple tú por aquel que tú -eres: e de quantos milagros has fecho en este mundo, faz agora éste -porque sea sonado.» - -Esto e otras cosa faze la muger por una nada. Son allegadoras de -la ceniza, mas bien derramadoras de la farina.[111] En las faldas -rastrando e en las mangas colgando, e otros arreos desonestos que -ellas trahen, non ponen cobro, por do sus maridos, parientes e amigos -desfazen ¡y ponen cobro en el huevo e la gallina! E aun ellas mesmas -dizen quando las faldas las enojan: el diablo aya parte en estas -faldas, e aun en la primera que las usó; mas non maldize[112] a sí -mesma que las trae. E si alguno ge lo retrae, responde: pues fago -como las otras. E bien dize verdad, que ya la muger del menestral, si -vee la muger del cavallero de nuevas guisas arreada, aunque non tenga -que comer, cayendo o levantando, ella así ha de fazer, o morir.[113] -Non son sino como monicas: quanto ven, tanto quieren fazer: «¿Viste -fulana, la muger de fulano, la vezina, cómo iva el domingo pasado? -Pues quemada sea, si este otro domingo otro tanto non llevo yo, e aun -mejor.» Quantas ropas visten las otras, de qué paño, qué color, qué -arreos, qué cosas traen consigo, yo te digo que tanto paran mientes -en estas cosas que non se les olvidan después: «fulana llevava -ésto, çutana vestía ésto», por quanto en aquello ponen su corazón e -voluntad, mas non en el provecho de su casa, estado e honra, sinon en -vanidades e locuras, e en cosas de poca pro. - - - PARTE II, CAPÍTULO XII - - De como la muger parlera siempre fabla de fechos agenos. - -La muger ser mucho parlera, regla general es dello:[114] que non -es[115] muger que non quisiese siempre fablar e ser escuchada. E non -es de su costumbre dar logar a que otra fable delante della; e si -el dia un año durase, nunca se fartaría de fablar e non se enojaría -día nin noche. E por ende verás muchas mugeres que de tener mucha -continuaçión de fablar, quando non han con quien fablar, están -fablando consigo mesmas entre sí. Por ende verás una muger que es -usada de fablar las bocas de diez ombres atapar e vençerlas fablando -e maldiziendo. Quando razón non le vale ¡bia[116] a porfiar! e con -esto nunca los secretos de otro a otra podríe çelar. Antes te digo -que te deves guardar de aver palabras con muger que algund secreto -tuyo sepa, como del fuego: que sabe, como suso dixe, non guarda lo -que dize con ira la muger; aunque el tal secreto de muerte fuese, o -venial, o lo que más secreto le encomendares, aquello está reptando -o escarvando por lo dezir e publicar, en tanto[117] que todavia -fallarás las mugeres por reconçillos, por renconadas e apartados -diziendo, fablando de sus vezinas e de sus comadres e de sus fechos, -e mayormente de los agenos. Siempre están fablando, librando[118] -cosas agenas: aquélla cómo bive, qué tiene, cómo anda, cómo casó -e cómo la quiere su marido mal, cómo ella se lo meresçe: cómo en -la iglesia oyó dezir tal cosa; e la otra responde tal cosa; e así -pasan su tiempo dependiéndolo en locuras e cosas vanas, que aquí -espaçificarlas seríe imposible. Por ende general regla es que donde -quier que ay mugeres ay de muchas nuevas.[119] - -Alléganse las benditas en un tropel, muchas matronas, otras moças -de menor e mayor hedad, e comiençan e no acaban, diziendo de fijas -agenas, de mugeres estrañas; en el invierno al fuego, en el verano -a la frescura, dos o tres horas, sin mas estar diziendo: «tal, la -muger de tal, la fija de tal, ¡a osadas, quién sé la vee?, ¿quién -non la conosce! ovejuela de Sant Blas, corderuela de Sant Antón -¡quien en ella se fiase!» etc... Responde luego la otra: «¡o bien si -lo sopiésedes, como es de mala luenga! ¡ravia Señor, allá irá! ¡por -Nuestro Señor Dios, embaçada estaríades comadre! ¡quien se la vee, -simplezilla!» etc..., todo el dia estarán detrás mal fablando. - -E si quieres saber de mugeres nuevas, vete al forno, a las bodas, a -la iglesia, que allí nunca verás sinon fablar la una a la oreja de la -otra, e tomar las unas compañías con las mal querientes de las otras; -e afeitarse e arrearse a porfía, aunque sopiesen fazer malbarato de -su cuerpo por aver joyas, e ir las unas mas arreadas que las otras, -diziendo: «pues mal gozo vean de mí si el otro domingo que viene tú -me pasas el pié delante». Ayúntanse las unas loçanas de un barrio -contra las otras galanas de la otra vezindad: «Pues agora veamos a -quáles mirarán más, e quáles serán las más fabladas e presçiadas; -¿quiçá si[120] piensan que non somos para plaça?[121] ¡mejor que non -ellas! aunque les pese e mal pese, sí somos, en verdad. ¡Yuy, amiga! -¿non vedes como nos miran de desgaire? ¿Quieres que les demos una -corredura e una ladradura? Riámonos la una con la otra e fablemos -así a la oreja, mirando fazia ellas, e vereis como se correrán; o -antes que ellas se levanten pasemos aina delante dellas, porque los -que miraren a ellas, en pasando nosotras, fagan primero a nosotras -reverençia antes que non a ellas, e esta les daremos en barva aunque -les pese, quanto a lo primero.» E estas e otras infinitas cosas -largas de escrevir estudian las mugeres e urden, en tanto[122] que -nunca donde van e se ayuntan fazen sino fablar e murmurar e de agenos -fechos contractar. Do podemos dezir la muger ser muy parlera e de -secretos muy mal guardadora. Pon ende quien dellas non se fia non -sabe qué prenda tiene e quien de sus fechos se apartase e más las -olvidare, bivirá más en seguro: desto yo le aseguro. - - -NOTAS - - [92] _Orígenes de la novela_, I, 1905, pág. CXIX. - - [93] Construcción vacilante. El complemento se anticipa en - nominativo, con una oración de relativo: _las mugeres que_... - y luego se reproduce acerca del verbo mediante el pronombre - _dellas_, provisto de la preposición conveniente. Sin tal - anticipación del complemento se diría: «Por cuanto no puede ser - escrito de las mugeres que malas son la mitad...» - - [94] _El hombre_ tiene aquí el sentido pronominal indefinido de - ‘uno’. Mas abajo señalamos otro ejemplo de este uso. - - [95] _Dubda_ significa ‘temor’; ‘es de temer que no derriben a la - mas fuerte’, usando el _no_ afirmativo con los verbos de temor: - ‘es de temer que la derriben’. - - [96] Hipérbaton: «la muger asi grande como de estado pequeño.» - - [97] _Condensar_, más comúnmente _condesar_, significaba - ‘guardar’. - - [98] _Adole_ y _dole_, adverbio interrogativo con el pronombre - enclítico, expresión elíptica usual aun en el siglo XVI: ‘do le - hallaré’ Un romance popular usa juntas la forma elíptica y las - completas, que explican este giro: - - ¿Do los mis amores? ¿dolos? - ¿do los andaré a buscar? - - [99] _Sobrevienta_, ‘caso impensado, sorpresa, sobresalto’. - - [100] _Rascarse_ en el sentido de ‘arañarse’ o ‘despedazarse’ la - carne; ésto y mesarse el cabello eran señal de duelo. - - [101] _Ya_ interjección antigua de origen árabe. - - [102] _Endurar_ ‘sufrir, padecer’. - - [103] Curiosa perífrasis: «_fazer_ a uno _menos_ de una cosa» - significaba ‘quitar a uno una cosa’; en latín «minus fecit» - ‘quitó, robó’; véase _Mio Cid_, pág. 343↓5. - - [104] La pena antiguamente impuesta a los traidores era el - derribarles la casa, y esta pena quiere la mujer que sea aplicada - al traidor que le robó la gallina. - - [105] Las ediciones impresas del libro del Arcipreste ponen - _saltó_. Antes el verbo _salir_ tenía también el significado de - ‘saltar’. - - [106] Entre las estrepitosas señales de dolor que da la mujer, - lamentando su gallina, no podía faltar la amenaza de renegar de - la fe. No de otro modo, quejándose de una gran deshonra, dice - doña Lambra a su marido en el romance: «Si desto no me vengais, - mora me quiero tornar.» - - [107] Nótense las rimas continuadas. Sin embargo parece que - no hay aquí más refrán popular que el que corresponde al que - registra el Marqués de Santillana bajo esta forma «¿Cómo te - feçiste calvo? Pelo a pelo pelando.» - - [108] _El ombre_ con valor pronominal: ‘no es uno dueño de tener - una gallina’. Véase arriba la nota segunda de este trozo. - - [109] _Para_ y _par_ son preposiciones usadas en las fórmulas de - juramentos (comp. «par Dios») y véase _Mio Cid_, pág. 387↓36 - «_para ésta_, especie de amenaza que se hace poniendo el dedo - índice sobre la naríz, y equivale a ‘tú me la pagarás’» (_Dicc. - de Autoridades._) - - [110] _Ese_ usado como pronombre de identidad, véase arriba, - página 42, nota 86; _amor_ ‘gracia, buena voluntad’ y «fazer amor - a uno» significaba ‘agasajarle’, y también ‘perdonarle’ (véase - _Mio Cid_, página 465↓3). La frase del Arcipreste significa, - pues, ‘la misma gracia les haré que a mí me hacen’, ‘no perdonaré - a ninguna gallina como no perdonan a las mías’. Nótese también la - anteposición de _quantas_ en nominativo, en vez de _aquantas_, y - la especificación de su relación con el verbo mediante el dativo - _les_. Compárese la nota primera de este trozo. - - [111] Refrán: «allegadora de la ceniza y derramadora de la - harina». - - [112] Sintaxis descuidada, singular en vez de plural. - - [113] Construcción elíptica: ‘o ha de morir’. - - [114] Las oraciones de infinitivo son muy usadas por el - Arcipreste. Citaremos ejemplos del mismo tipo que el que - anotamos: «Envidiosa _ser_ la muger mala, dubdar _en ello_ sería - pecar en el Espíritu Santo». «La muger mala en sus fechos e - dichos non _ser_ firme nin constante, maravilla non es _dello_». - El pronombre neutro se refiere a toda la oración de infinitivo. - - [115] _Ser_ tiene aquí el significado de ‘existir’. Véase _Mio - Cid_, página 846↓38. - - [116] _Bia_ interjección muy usada por el Arcipreste de Talavera - «¡bia al atahona!» (pág. 59), y especialmente con el infinitivo - narrativo: «E tómase el tal oro en lazeria farta e muchas - fadas malas, e después ¡bia a llorar!» (pág. 167). Emplea esta - interjección el _Libro de Alexandre_ 473: «¡via, dixieron todos, - mas val que moiramos!». - - [117] _En tanto_ es usado por el Arcipreste como conjunción - consecutiva, ‘pues’, ‘de modo que’. Al final de este trozo - señalamos otro ejemplo. - - [118] _Librar_ en el sentido de ‘despachar, arreglar un negocio’. - - [119] Nótese la preposición del genitivo partitivo (véase arriba, - página 15, nota 22) antepuesta al adjetivo. El giro corriente en - la Edad Media era «muchas de nuevas» (_Mio Cid_, pág. 382↓11), - compárese el fr. «beaucoup de nouvelles». El giro que usa el - Arcipreste es una desviación de ese. - - [120] La conjunción _si_ que tantas veces encabeza interrogación - indirecta («dime si piensan que...»), se usaba también - encabezando interrogaciones directas «¿si piensan que...?», «¿si - es pagado?» _Mio Cid_, pág. 852↓4. Hoy se usa en el futuro «¿si - pensarán que...?». - - [121] _Ser para en plaza_ ‘ser para en público, ser digno de - mostrarse en público’. Otra frase algo análoga era: _ser para en - cámara_. - - [122] Otro ejemplo de _en tanto_ ‘pues’. - - - - -FERNANDO DE ROJAS - -(Hay memorias suyas hasta el año 1538) - - -La primera edición conocida de _La Celestina_ o _Comedia de Calisto y -Melibea_, es de Burgos, 1499; pero la obra debió ser compuesta hacia -1490. En sus primeras ediciones salió a luz comprendiendo 16 actos. -Después, a partir del año 1502, apareció añadida hasta comprender 21, -y se duda si estos cinco actos posteriores son obra del mismo autor, -Fernando de Rojas, que presenta al público los 16 actos primeros. -Además, según la carta «del autor a un su amigo», que va al frente -de la edición de 1501, Rojas sólo era autor de los actos segundo a -decimosexto, pues el acto primero se da como obra de un anónimo. - -Rojas, en la citada carta, dice que ese primer acto le cautivó por -«su estilo elegante, jamás, en nuestra castellana lengua, visto ni -oído», y tal juicio fué confirmado, respecto de toda la obra, por -la posteridad. Antiguamente, Juan de Valdés, en el _Diálogo de la -lengua_, dice con su buen gusto habitual: «_Celestina_..., soy de -opinión que ningún libro hay escrito en castellano donde la lengua -esté más natural, más propia ni más elegante»; y, modernamente, -Menéndez Pelayo acomoda esta afirmación a las circunstancias, y la -amplía diciendo: «Si Cervantes no hubiera existido, _La Celestina_ -ocuparía el primer lugar entre las obras de imaginación compuestas -en España.» - -El estilo de _La Celestina_ renueva y esmera las principales -perfecciones con que los escritores del siglo XV venían moldeando -el idioma. La elocuencia en la expresión de las pasiones, buscada -afanosamente en las novelas sentimentales de Rodríguez del Padrón -o de Diego de San Pedro, se depura en _La Celestina_, haciéndose -mucho más intensa y menos afectada; la irrestañable charla popular -que desborda en el arcipreste de Talavera, se encauza aquí más viva -e intencionada y menos monótona; sobre todo, el diálogo, que hasta -entonces apenas existía, pues no se ejercitaba sino en la sucesión -de discursos desgranados, ahora se articula y se anima, y se matiza -maravillosamente en ésta que es, a la vez, primer ensayo y obra -maestra de la prosa dramática española. - -Valdés mismo señala los excesos que empañan esa naturalidad y -elegancia por él ponderadas en _La Celestina_. «Es verdad que peca el -estilo en dos cosas, las cuáles fácilmente se podrían remediar...: -la una es en el amontonar de vocablos, algunas veces tan fuera de -propósito como _magníficat a maitines_; la otra es en que pone -algunos vocablos tan latinos que no se entienden en el castellano, -y en partes adonde podría poner propios castellanos, que los hay.» -Ambos defectos son los principales de la época, y de ellos no se -libra _La Celestina_, si bien los presenta atenuados. - -Ya hemos visto, al hablar del arcipreste de Talavera, a qué -aspiraciones artísticas respondían esos que tan a menudo nos aparecen -como defectos. Rojas da también un curso lento a la expresión, -y busca con la redundancia la elevación del estilo: «¿En quién -hallaré yo fe? ¿Adónde hay verdad? ¿Quién caresce de engaño? ¿Adónde -no moran falsarios? ¿Quién es claro amigo? ¿Quién es verdadero -amigo? ¿Dónde no se fabrican traiciones?»--«Hasta que ya los rayos -illustrantes de tu claro gesto dieron luz en mis ojos, encendieron mi -coraçón, despertaron mi lengua, estendieron mi merescer, acortaron -mi covardía, destorcieron mi encogimiento, doblaron mis fuerças, -desadormescieron mis pies e manos...» De esta reiteración usa mucho -más Rojas que el arcipreste de Talavera, y especialmente le sirve -para matizar el habla popular. - -La similicadencia y la rima son en cambio muy poco usadas por Rojas: -«Tú lloras de tristeza, juzgándome cruel; yo lloro de plazer, -viéndote tan fiel»; «Por Dios que, sin más dilatar, me digas quién -es esse doliente que de mal tan perplexo se siente, que su passion -y remedio salen de una mesma fuente». En cambio propende mucho a -la trasposición del verbo al final de la frase, como a menudo se -observará. - -Atendiendo al otro defecto señalado por Valdés, podemos decir que -Rojas, lo mismo que el arcipreste de Talavera, usa del latinismo -menos que los exagerados escritores de aquel siglo, tales como don -Enrique de Villena o Juan de Mena. En los trozos aquí publicados se -hallarán algunos ejemplos: _inmérito_, _mixto_, _ilícito_, _súbito_, -_perplexo_, siempre pocos. - -Este suave cultismo de vocabulario y de construcción responde bien -a la elegante gravedad del diálogo, a la viveza sentenciosa, a la -fragancia humanística que trasciende de toda la obra, ora entre citas -expresas de la antigüedad clásica, ora en imitaciones de ellos no -declaradas;[123] y esa elevación de forma y de fondo permite a Rojas -trazar sus escenas, aun las de más bajo y crudo naturalismo, dentro -de un ambiente ideal, y estilizar sus tipos, aun los más repugnantes, -revistiéndolos de la dignidad propia de la tragedia. - -Porque tragedia es _La Celestina_. El primitivo título de _Comedia_ -se justifica por el tono de la mayoría de las escenas; pero del -desenlace surge la glorificación del Amor, como divinidad terrible -que triunfa a costa del lloro y la muerte de sus servidores, y -según esta concepción, ya en las primeras páginas de la obra late -la tragedia. Y si bien, por lo general, la acción fluye tranquila o -se remansa en el primoroso diálogo tan propenso a la más reposada -amplitud, luego, contrastando con esa calma, el desenlace se -precipita en relámpagos sangrientos, engendrados por los furiosos -torbellinos del amor y de la codicia del oro. - -Esta obra fuerte y elegante está, sin embargo, construída con una -lengua todavía insegura, rebelde, que ostenta muy marcados caracteres -de transición. Por la soltura de la construcción, y, sobre todo, por -la suavidad y gracia con que la frase se pliega al pensamiento, la -lengua de _La Celestina_ es hermana de la de los grandes escritores -del siglo XVI; pero por sus formas gramaticales está muy ligada aún -al período medieval. Signo muy visible de esta vacilación es la _f_- -inicial que se conserva en pugna con la _h_- que después triunfó; -_fazer_, _fermosura_, etc., conviven en _La Celestina_ con _hazer_, -_hermosura_, etc. Además usa muchas formas y construcciones arcaicas, -como _vies_ por ‘veías’, _fueste_ por ‘fuiste’, _morciélago_ por -‘murciélago’, _pelligeros_ por ‘pellejeros’, _encomparable_, -_enefable_, _empedir_, _engenio_, _acordarse a una cosa_ por -‘_acordarse de una cosa_’, todas las cuales aparecen ya en la edición -de Sevilla, 1501, remozadas tal como hoy se usan.[124] - - - COMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA - - PRIMER AUTO.--Entrando Calisto una huerta empós de un falcón - suyo, falló í a Melibea, de cuyo amor preso, començóle de - hablar; de la qual rigorosamente despedido, fue para su casa muy - sangustiado.[125] - -CALISTO.--En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios. - -MELIBEA.--¿En qué, Calisto? - -CALISTO.--En dar poder a natura que de tan perfeta hermosura te -dotasse, y fazer a mi inmérito tanta merced que verte alcançasse, y -en tan conveniente lugar que mi secreto dolor manifestarte pudiesse. -Sin duda encomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, -sacrificio, devoción, y obras pías que por este lugar alcançar -tengo yo a Dios ofrescido. Ni otro poder mi voluntad humana puede -complir.[126] ¿Quien vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún -hombre como agora el mio? Por cierto los gloriosos sanctos que -se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo agora en el -acatamiento tuyo. Mas, ¡o triste! que en esto deferimos: que ellos -puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventurança, -y yo misto[127] me alegro con recelo del esquivo tormento que tu -absencia me ha de causar. - -MELIBEA.--¿Por grand premio tienes esto, Calisto? - -CALISTO.--Téngolo por tanto en verdad, que si Dios me diesse en el -cielo la silla sobre sus sanctos, no lo ternía por tanta felicidad. - -MELIBEA.--Pues aun más igual galardón te daré yo, si perseveras. - -CALISTO.--¡O bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran -palabra haveis oido! - -MELIBEA.--Mas[128] desaventuradas, de que me acabes de oir; porque -la paga será tan fiera qual la merece tu loco atrevimiento, y el -intento de tus palabras, Calisto, ha seído.[129] ¿De ingenio de tal -hombre como tú, haver de salir para se perder en la virtud de tal -muger como yo? ¡Vete, vete de aí! - -CALISTO.--Iré como aquel contra quien solamente la adversa fortuna -pone su estudio[130] con odio cruel. - - * * * * * - -CALISTO.--¡Sempronio, Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldito? - -SEMPRONIO.--Aquí estoy, señor, curando destos cavallos. - -CALISTO.--¿Pues cómo sales de la sala? - -SEMPRONIO.--Abatióse el girifalte y vínele endereçar[131] en el -alcándara. - -CALISTO.--¡Assí los diablos te ganen, assí por infortunio arrebatado -perezcas, o perpetuo intollerable[132] tormento consigas, el qual -en grado incomparable a la penosa y desastrada muerte que espero -traspassa! ¡Anda, anda, malvado, abre la cámara y endereça la cama! - -SEMPRONIO.--Señor, luego hecho es. - -CALISTO.--Cierra la ventana y dexa la teniebla acompañar al triste, -y al desdichado la ceguedad. Mis pensamientos tristes no son dignos -de luz. ¡O bienaventurada muerte aquella que deseada a los afligidos -viene! ¡O si viniéssedes agora Erasistrato, médico[133], sentiríades -mi mal! ¡O piedad de Sileuco, inspira en el Plebérico coraçón,[134] -porque sin esperança de salud no embíe el espíritu perdido con el -desastrado Píramo y de la desdichada Tisbe! - -SEMPRONIO.--¿Qué cosa es? - -CALISTO.--¡Vete de aí, no me fables, sino quiçá, ante del tiempo de -mi rabiosa muerte, mis manos causarán tu arrebatado fin! - -SEMPRONIO.--Iré, pues solo quieres padecer tu mal. - -CALISTO.--¡Vé con el diablo! - -SEMPRONIO.--No creo, según pienso, ir[135] comigo el que contigo -queda. ¡O desaventura! ¡O súbito mal! ¿Qual fue tan contrario -acontescimiento, que assi tan presto robó el alegría deste hombre y, -lo que peor es, junto con ella el seso? ¿Dexarle he solo o entraré -allá? Si le dexo, matarse ha; si entro allá, matarme ha. Quédese, no -me curo; más vale que muera aquel a quien es enojosa la vida, que no -yo que huelgo con ella. Aunque por al no deseasse vivir, sino por -ver a mi Elicia, me devría guardar de peligros. Pero si se mata sin -otro testigo, yo quedo obligado a dar cuenta de su vida. Quiero -entrar; mas puesto que entre, no quiere consolación ni consejo; asaz -es señal mortal no querer sanar;[136] con todo, quiérole dexar un -poco; desbrave, madure, que oído he dezir que es peligro abrir o -apremiar las postemas duras, porque más se enconan. Esté un poco: -dexemos llorar al que dolor tiene, que las lágrimas y sospiros mucho -desanconan[137] el coraçón dolorido; y aun si delante me tiene, más -comigo se encenderá, que el sol más arde donde puede reverberar. La -vista a quien objecto no se antepone, cansa; y quando aquel es cerca, -agúzase. Por esso quiérome sofrir un poco; si entretanto se matare, -muera; quiçá con algo me quedaré, que otro no lo sabe, con que mude -el pelo malo. Aunque malo es esperar salud en muerte agena,[138] y -quiçá me engaña el diablo; y si muere matarme han, y irán allá la -soga y el calderón.[139] Por otra parte dizen los sabios que es -grande descanso a los afligidos tener con quien puedan sus cuytas -llorar, y que la llaga interior más empece. Pues en estos estremos en -que estoy perplexo, lo más sano es entrar, y sofrirle y consolarle; -porque si posible es sanar sin arte ni aparejo, más ligero es -guarescer por arte y por cura. - -CALISTO.--Sempronio. - -SEMPRONIO.--Señor. - -CALISTO.--Dame acá el laúd. - -SEMPRONIO.--Señor, vesle aquí. - -CALISTO:-- - - ¿Qual dolor puede ser tal, - que se iguale con mi mal? - -SEMPRONIO.--Destemplado está esse laúd. - -CALISTO.--¿Como templará el destemplado? ¿Como sentirá el armonía -aquel que consigo está tan discorde; aquel[140] a quien la voluntad -a la razón no obedece; quien tiene dentro del pecho aguijones, paz, -guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, sospechas, todo a -una causa? Pero tañe y canta la más triste canción que sepas. - -SEMPRONIO.-- - - Mira Nero de Tarpeya - a Roma como se ardía; - gritos dan niños y viejos, - y él de nada se dolía.[141] - -CALISTO.--Mayor es mi fuego, y menor la piedad de quien yo agora digo. - -SEMPRONIO.--No me engaño yo, que loco está este mi amo. - -CALISTO.--¿Qué estás murmurando, Sempronio? - -SEMPRONIO.--No digo nada. - -CALISTO.--Dí lo que dizes, no temas. - -SEMPRONIO.--Digo, que ¿cómo puede ser mayor el fuego que atormenta un -vivo que el que quemó tal çibdad y tanta multitud de gente? - -CALISTO.--¡Cómo? Yo te lo diré: mayor es la llama que dura ochenta -años que la que en un día passa, y mayor la que mata una ánima, -que la que quema cient mill cuerpos. Como de la apariencia a la -existencia, como de lo vivo a lo pintado[142], como de la sombra a -lo real, tanta diferencia ay del fuego que dizes al que me quema. -Por cierto, si el del purgatorio es tal, más querría que mi spíritu -fuesse con los de los brutos animales, que por medio de aquél ir a la -gloria de los sanctos. - -SEMPRONIO.--¡Algo es lo que digo![143] ¡A más ha de ir este hecho. -No basta loco, sino ereje. - -CALISTO.--¿No te digo que fables alto quando fablares? ¿Qué dizes? - -SEMPRONIO.--Digo, que nunca Dios quiera tal, que es especie de -heregía lo que agora dixiste. - - - QUARTO AUTO.--Celestina andando por el camino habla consigo - misma, fasta llegar a la puerta de Pleberio, onde halló a - Lucrecia, criada de Pleberio. Pónese con ella en razones; - sentidas por Alisa, madre de Melibea, y sabido que es Celestina, - fázela entrar en casa. Viene un mensajero a llamar a Alisa; váse. - -LUCRECIA.--¿Quien es esta vieja que viene haldeando? - -CELESTINA.--Paz sea en esta casa. - -LUCRECIA.--Celestina, madre, seas bienvenida. ¿Qual dios te traxo por -estos barrios no acostumbrados? - -CELESTINA.--Hija, mi amor; desseo de todos vosotros; traerte -encomiendas de Elicia, y aun ver a tus señoras vieja y moça, que -después que me mudé al otro barrio, no han sido de mi visitadas. - -LUCRECIA.--¿A esso solo saliste de tu casa? Maravíllome de tí que no -es essa tu costumbre, ni sueles dar passo sin provecho. - -CELESTINA.--¿Más provecho quieres, bova, que cumplir hombre -sus desseos? Y tambien como a las viejas nunca nos fallecen -necesidades... ando a vender un poco de hilado. - -LUCRECIA.--¡Algo es lo que yo digo! en mi seso estoy, que nunca metes -aguja sin sacar reja.[144] Pero mi señora, la vieja, urdió una tela, -tiene necessidad dello; tú de venderlo; entra y espera aquí, que no -os desavenirés. - -ALISA.--¿Con quien hablas, Lucrecia? - -LUCRECIA.--Señora, con aquella vieja de la cuchillada, que solía -vivir aquí en las tenerías, a la cuesta del río. - -ALISA.--Agora la conozco menos; si tú me das a entender lo incógnito -por lo menos conocido, es coger agua en cesto.[145] - -LUCRECIA.--¡Jesú, señora! Más conosçida es esta vieja que la -ruda.[146] No sé como no tienes memoria de la que empicotaron por -hechizera... - -ALISA.--¿Qué oficio tiene? Quiçá por aquí la conoceré mejor. - -LUCRECIA.--Señora, perfuma tocas, haze solimán y otros treynta -oficios; conoce mucho en yiervas, cura niños, y aun algunos la llaman -vieja lapidaria. - -ALISA.--Todo esso dicho no me la da a conocer. Díme su nombre, si le -sabes. - -LUCRECIA.--¿Si le sé, señora? No ay niño ni viejo en toda la cibdad -que no le sepa ¿havíale yo de ignorar? - -ALISA.--¿Pues por qué no le dizes? - -LUCRECIA.--He vergüença. - -ALISA.--Anda, bova, díle, no me indignes con tu tardança. - -LUCRECIA.--Celestina, hablando con reverencia, es su nombre. - -ALISA.--¡Hí, hí, hí! ¡Mala landre te mate si de risa puedo estar, -viendo el desamor que deves de tener a essa vieja, que su nombre has -vergüença nombrar! ¡Ya me voy recordando della! ¡Una buena pieça! No -me digas más; algo me verná a pedir; dí que suba. - -LUCRECIA.--Sube, tia.[147] - -CELESTINA.--Señora buena, la gracia de Dios sea contigo y con la -noble hija. Mis passiones y enfermedades han impedido mi visitar -tu casa, como era razón; mas Dios conoce mis limpias entrañas, mi -verdadero amor, que la distancia de las moradas no despega el querer -de los coraçones; assí que lo que mucho desseé, la necessidad me -lo ha hecho complir. Con mis fortunas adversas otras, me sobrevino -mengua de dinero; no supe mejor remedio que vender un poco de hilado, -que para unas toquillas tenía allegado; supe de tu criada que tenías -dello necessidad; aunque pobre, y no de la merced de Dios, veslo -aquí, si dello y de mí te quieres servir. - -ALISA.--Vezina honrrada, tu razón y ofrecimiento me mueven a -compassión, y tanto, que quisiera cierto más hallarme en tiempo de -poder complir tu falta, que menguar tu tela. Lo dicho te agradezco; -si el hilado es tal, serte ha bien pagado. - -CELESTINA.--¿Tal, señora? Tal sea mi vida y mi vejez, y la de quien -parte quisiere de mi jura.[148] Delgado como el pelo de la cabeça, -igual, rezio como cuerdas de vihuela, blanco como el copo de la -nieve, hilado todo por estos pulgares, aspado y adreçado. Veslo aquí -en madexitas; tres monedas me davan ayer por la onça, assí goze desta -alma pecadora. - -ALISA.--Hija, Melibea, quédesse esta muger honrrada contigo, que ya -me parece que es tarde para ir a visitar a mi hermana, su muger de -Cremes, que desde ayer no la he visto, y tambien que viene su paje a -llamarme, que se le arrezió desde un rato acá el mal... - -CELESTINA.--¿Y qué mal es el suyo? - -ALISA.--Dolor de costado, y tal, que según del moço supe que -quedava, temo no sea mortal. Ruega tú, vezina, por amor mío, en tus -devociones, por su salud a Dios. - -CELESTINA.--Yo te prometo, señora, en yendo de aquí, me vaya por -essos monesterios, donde tengo frailes devotos míos, y les dé el -mismo cargo que tú me das; y demás desto, ante que me desayune, dé -quatro bueltas a mis cuentas.[149] - -ALISA.--Pues, Melibea, contenta a la vezina en todo lo que razón -fuere darle por el hilado; y tú, madre, perdóname, que otro dia se -verná en que más nos veamos. - -CELESTINA.--Señora, el perdón sobraría donde el yerro falta; de Dios -seas perdonada, que buena compañía me queda. Dios la dexe gozar -su noble juventud y florida mocedad, que es el tiempo en que mas -plazeres y mayores deleites se alcançarán, que a la mi fe, la vejez -no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de -renzillas, congoxa continua, llaga incurable, manzilla de lo pasado, -pena de lo presente, cuydado triste de lo por venir, vezina de la -muerte, choça sin rama que se llueve por cada parte, cayado de mimbre -que con poca carga se doblega. - -MELIBEA.--¿Por qué dizes, madre, tanto mal de lo que todo el mundo -con tanta eficacia gozar y ver dessean? - -CELESTINA.--Dessean harto mal para sí, dessean harto trabajo; dessean -llegar allá, porque llegando viven, y el vivir es dulce, y viviendo -envegescen. Assí que el niño dessea ser moço, y el moço viejo, y -el viejo más, aunque con dolor; todo por vivir, porque como dizen: -viva la gallina con su pepita.[150] ¿Pero quien te podría contar, -señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus cuidados, sus -enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento, su renzilla, -su pesadumbre, aquel arrugar de cara, aquel mudar de cabellos su -primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado ver, puestos -los ojos a la sombra, aquel hundimiento de boca, aquel caer de -dientes, aquel carecer de fuerça, aquel flaco andar, aquel espacioso -comer? Pues ¡ay, ay, señora!, si lo dicho viene acompañado de -pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos quando sobra la -gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahito que de hambre. - -MELIBEA.--Bien conozco que dize cada uno de la feria segund le va en -ella,[151] assí que otra canción cantarán los ricos.[152] - -CELESTINA.--Señora, hija, a cada cabo ay tres leguas de mal -quebranto;[153] a los ricos se les va la bienaventurança, la gloria -y descanso por otros alvañares de asechanças que no se parescen, -ladrillados por encima con lisonjas. Cada rico tiene una dozena de -hijos y nietos que no rezan otra oración, no otra petición, sino -rogar a Dios que le saque d’en medio; no veen la hora que[154] tener -a él so la tierra y lo suyo entre sus manos y darle a poca costa su -casa para siempre. - -MELIBEA.--Madre, pues que assí es, gran pena ternás por la edad que -perdiste. ¿Querrías bolver a la primera? - -CELESTINA.--Loco es, señora, el caminante que enojado del trabajo -del día quissiese bolver de comienço la jornada para tornar otra -vez aquel lugar, que todas aquellas cosas cuya possesión no es -agradable, más vale poseellas que esperallas, porque más cerca está -el fin dellas quanto más andado del comienço; no ay cosa más dulce -ni graciosa al muy cansado que el mesón, assí que aunque la mocedad -sea alegre, el verdadero viejo no la dessea, porque el que de razón y -seso carece, quasi otra cosa no ama sino lo que perdió. - -MELIBEA.--Siquiera por vivir más, es bueno dessear lo que digo. - -CELESTINA.--Tan presto, señora, se va el cordero como el -carnero;[155] ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan -moço que oy no pudiesse morir; assi que en esto poca avantaja nos -levais. - -MELIBEA.--Espantada me tienes con lo que has hablado; indicio me -dan tus razones que te aya visto otro tiempo. Díme, madre, ¿eres tú -Celestina, la que solía morar a las tenerías, cabe el río? - -CELESTINA.--Señora, hasta que Dios quiera. - -MELIBEA.--Vieja te has parado; bien dizen que los dias no se van en -balde[156]; assí goze de mí, no te conosciera sino por esa señaleja -de la cara. Figúraseme que eras hermosa; otra pareces, muy mudada -estás. - -LUCRECIA.--¡Hi, hi, hi! Mudada está el diablo. ¿Hermosa era con aquel -su Dios-os-salve[156] que traviessa la media cara? - -MELIBEA.--¿Qué hablas, loca? ¿Qué es lo que dizes? ¿De qué te ríes? - -LUCRECIA.--De como no conoscías a la madre en tan poco tiempo en la -filosomía[157] de la cara. - -MELIBEA.--No es tan poco tiempo dos años, y más que la tiene arrugada. - -CELESTINA.--Señora, ten tú el tiempo que no ande, terné yo mi forma -que no se mude. ¿No has leido que dizen: Verná el día que en el -espejo no te conozcas?[158] Pero también yo encanecí temprano, y -parezco de doblada edad, que assí goze desta alma pecadora y tú desse -cuerpo gracioso, que de quatro hijas que parió mi madre yo fui la -menor. Mira como no so vieja como me juzgan. - -MELIBEA.--Celestina amiga, yo he holgado mucho en verte y conoscerte; -también hasme dado plazer con tus razones. Toma tu dinero y vete con -Dios, que me parece que no deves haver comido. - - -NOTAS - - [123] Algunas de estas imitaciones advierte Menéndez Pelayo en - su fundamental estudio sobre la _Celestina_, publicado en los - _Orígenes de la Novela_ III, 1910, pág. XLII, etc.--Alguna vez el - cultismo de Rojas se exacerba, por ejemplo en el discurso final - de Pleberio, pagando demasiado tributo a una erudición huera y - tosca, muy de moda entonces. - - [124] Sin razón el Sr. Foulché-Delbosc, corrige estas formas como - «erratas y deficiencias», en la pág. 174 de su reimpresión de la - edición de _La Celestina_ hecha en Burgos, 1499. - - [125] _Sangustiado_ forma derivada de otra perdida, - *_esangustiado_ (del latín *ex-angustiatus), como el verbo - arcaico _secutar_ por _esecutar_ (del latín executare), o el - vocablo vulgar _sagerao_ por _exagerado_. En la traducción del - _Coloquio de las Damas_, del Aretino, por Fernán Juárez, se halla - «una muy gran sangustia... muy sangustiada» N. Bibl. A. E., XXI, - 261 _b_. - - [126] ‘Ni hay otro poder (que el divino de que Calixto viene - hablando) que pueda satisfacer mi voluntad humana’. Las ediciones - modernas unen esta cláusula a la anterior con una coma, que no - tiene sentido. La edición antigua pone punto. - - [127] _Misto_, adverbio, que se opone a _puramente_: los santos - se glorifican de una manera absoluta, sin reserva; mi alegría - está mezclada de dolor. Como consecuencia del lugar final que - tiende a ocupar el verbo, el adverbio se le antepone: «Fortuna - medianamente partió lo suyo», «haz tu lo que bien digo y no lo - que mal hago», etc., en el mismo Auto primero de _La Celestina_. - - [128] _Mas_ por ‘mas bien’: «--Y allá hablaremos largamente... - cerca destos amores.--Mas dolores; que por fe tengo que de muerto - o loco no escapa desta vez». Auto VIII. - - [129] ‘y cual ha sido el intento’. Respeto la puntuación de la - edición incunable. Las ediciones modernas ponen punto y coma o - punto tras _atrevimiento_. - - [130] _Estudio_ ‘diligencia, empeño’ (comp. _estudiarse_ - ‘esforzarse’ página 48). - - [131] _Endereçar_ ‘arreglar’ volver a colocar en la percha al - gerifalte que se había abatido. Con los verbos de movimiento hoy - va el infinitivo regido de la preposición _a_ pero, antiguamente - no: «se van omillar» etc. _Mio Cid_, pág. 349↓35. La edición de - Sevilla 1501 ya elimina el arcaísmo y pone «vinele a endereçar». - - [132] Es frecuente en la _Celestina_ la _ll_, contraria a la - etimología en _tollerar_ y _callentar_; sin duda se pronunciaba - _tol-lerar_ por falso cultismo, como se pronunciarían - _intel-lectual_, _fal-lacia_ y otras voces que en latín presentan - dos _ll_ y en romance una sola. - - [133] Las ediciones de Burgos 1499 y Sevilla 1501 dicen «Eras - y Crato médicos» y «piedad de silencio». Como no existen tales - médicos Eras ni Crato, otras ediciones trataron de corregir, y - así hallamos: «Crato y Galieno» y «piedad de Celeuco» (1514, - 1595); «Erasistrato y Galieno» y «piedad de Seleuto», «p. - Seleucal» (1570 y otras, alguna en vez de «seleucal» estropea - «celestial»). Nuestra corrección es la más sencilla: _eras e - crato_ es confusión facilísima por _erasistrato_, dado que la - _c_ y la _t_ en la escritura medieval tiene forma muy semejante, - y _silencio_ por _sileuco_ o _seleuco_ también se confunden, - dada la igualdad de _n_ y _u_ en la mayor parte de las grafías. - Esta corrección es también la única exacta: Calisto alude a una - anécdota de _Valerio Máximo_, VII, 3, según la cual, habiendo - Erasístrato, médico, conocido que la enfermedad de Antíoco es - de amor, logra que el rey Seleuco padre de Antíoco, por salvar - la vida de su hijo, le ceda piadosamente el amor de Estratónica - de quien el joven está enamorado. Esta anécdota fué muy famosa - desde la Edad Media; Juan de la Cueva la refirió en un romance y - Moreto le dedicó una comedia, _Antíoco y Seleuco_. Como se ve, - el médico Galieno no debe figurar para nada; es por tanto sólo - exacta a medias la corrección de la edición de 1570; así como - las otras, aunque todas revelan conocimiento de la anécdota de - Valerio Máximo. En vista de ellas, es graciosa la seguridad con - que un anotador moderno, después de lanzarse a afirmar que no - hubo tal médico Erasístrato, introduce en el texto los nombres - de Hipócrates y Galeno, para luego ilustrarnos escribiendo - que Galieno o Galeno nació en Pérgamo, hijo de fulano, y que - Hipócrates fué famoso médico nacido el año tantos de la Olimpíada - tal. - - [134] _Pleberio_ es el padre de Melibea, en el corazón del cual - desea Calisto que obre la piedad de Seleuco, para que sea benigno - con un enfermo de amor. - - [135] Una de las oraciones de infinitivo a que hemos aludido. ‘No - creo que vaya conmigo’. - - [136] Refrán que GONZALO CORREAS (_Vocabulario de refranes_, - página 54) pone en dos formas «Asaz es señal...» etc. y «Asaz es - de mal no querer sanar.» - - [137] La edición de Sevilla 1501 y las siguientes: _desenconan_. - La forma de la edición de 1499 es aceptable, a pesar del verbo - _enconar_ que precede. Se mezclan mucho formas como _malancolia_, - _melancolía_, _melanconia_. CORREAS en su _Vocabulario_, pág. - 195 _a_, da como refrán «Lágrimas y suspiros mucho desenconan el - corazón dolorido.» - - [138] CORREAS, pág. 136 _a_, da el refrán completo; «Esperar - salud en muerte ajena, se condena.» - - [139] Hoy «Echar la soga tras el caldero» como ya pone - COVARRUBIAS (s. v. caldero) «es, perdida una cosa echar a perder - el resto; está tomado del que yendo a sacar agua al poço, se - le cayó dentro el caldero, y de rabia y despecho, echó también - la soga, con que le pudiera sacar atando a ella un garabato o - garfio.» - - [140] La edición de 1514, para evitar la ambigüedad que se - origina de estas dos preposiciones a juntas, puso aquí «en quien.» - - [141] Romance divulgadísimo en los siglos XVI y XVII. La música - con que lo cantaba Sempronio podía ser la que da LUIS VENEGAS DE - HENESTROSA en su _Libro de cifra nueva_, Alcalá 1557, o la que - pone JUAN BERMUDO en su _Declaración de instrumentos musicales_, - 1555. Tan popular se hizo el comienzo de este romance cuando se - trataba de algún despiadado, que en el _Rinconete_ de CERVANTES - la Cariharta, enojada con Repolido, le llama «ese marinero de - Tarpeya, ese tigre de Ocaña», es decir que el primer verso había - cristalizado en un disparate popular, semejante al otro que - equivale a «tigre de Hircania.» - - [142] «Como de lo vivo a lo pintado (cuando hay gran diferencia - en algo») CORREAS pág. 361. Una comedia de CLARAMONTE lleva el - título _De lo vivo a lo pintado_. Es hoy frase muy corriente. - - [143] Esta misma exclamación la repite Lucrecia en el otro trozo - de _La Celestina_ que aquí publicamos, p. 75, arriba. - - [144] «Meter aguja y sacar reja.» (Cuando se da poco para sacar - mucho) CORREAS; «Dar aguja y sacar reja: quando con pequeño don - se alcança cosa de mucho interesse» COVARRUBIAS. - - [145] «Como coger agua en cesto» (A trabajo perdido) CORREAS - _Vocabulario_ pág. 597 _b_. - - [146] «_Ruda_, es yerva conocida, y aunque de grave olor, tiene - muchos provechos en sí, y por el mucho uso della y ser a todos - tan común, dezimos de alguna persona ser mas conocida que la - ruda.» COVARRUBIAS. - - [147] _Tia_ usado como título de respeto para las personas - ancianas del pueblo; así como _madre_ en boca de Alia y de - Melibea. Celestina, en cambio, llama «señoras» a éstas. Lucrecia - antes (p. 74) llamó también _madre_ a Celestina. - - [148] Frase obscura. Parece que Celestina alude al uso jurídico - de prestar juramento una persona acompañada de otras varias que - juraban con ella: ‘tan buena como mi tela sea mi vejez y la de - quien quisiere apoyarme en este juramento’. - - [149] _Cuentas_ significa ‘el rosario’: Celestina ofrece rezarlo - cuatro veces. - - [150] Refrán que también tiene la forma de «Viva la gallina y - viva con su pepita.» - - [151] Refrán que hoy es más bien: «Cada uno habla (o cuenta) de - la feria como le va en ella.» - - [152] Comp. la frase «Ese es otro cantar» significado ‘eso es - distinto’. - - [153] Refrán que tenía múltiples formas: «Dondequiera hay una - mala legua.» «En cada cabo hay dos leguas (o un rato) de mal - quebranto.» «A cada cabo hay tres leguas de quebranto.» CORREAS, - pág. 292 _b_, 119 _b_, 14 _a_. - - [154] Hoy se dice «_No ver_ uno _la hora de_ una cosa», para - denotar el deseo grande de que llegue el momento de que algo - suceda. Se entiende ‘no ver nunca llegar la hora’, es decir que - la impaciencia hace que parezca muy largo el tiempo. En la forma - antigua, _la hora que_ está por ‘la hora en que’. Compárese la - frase _aun vea el hora que_ por ‘ojalá llegue tiempo que’ o ‘en - que’ _Mio Cid_, pág. 488↓38, 779↓10. - - [155] Refrán. - - [156] _Dios-os-salve_, o _Dios-te-salve_, nombre humorístico de - la ‘cicatriz’ o ‘costurón’. - - [157] _Filosomía_ ‘fisonomía’. - - [158] Tomado de Petrarca, como otros varios pasajes de este - trozo. - - - - -EL LAZARILLO DE TORMES - -Autor anónimo anterior a 1554 - - -Las primeras ediciones conocidas de esta novela son tres, impresas en -Burgos, Alcalá y Amberes, en el mismo año 1554; las tres suponen otra -anterior de la cual ellas derivan. - -La prosa castellana había tenido en la Edad Media un cultivo temprano -y aventajado; nos admira ya en el siglo XIII con Alfonso el Sabio, en -el XIV con don Don Juan Manuel, y produce, en tiempos de los Reyes -Católicos, obras tan notables como la _Celestina_. Bajo el reinado de -Carlos V tomó mayor vuelo; aplicáronla a la exposición doctrinal Fr. -Antonio de Guevara, Hernán Pérez de Oliva, Juan de Valdés, etc., y -apareció como maestra consumada en la novela. En este terreno no es -ciertamente su mérito mayor haber servido a narraciones _idealistas_ -de aventuras en los Libros de Caballerías, pues este género decaía -ya de su viejo esplendor, que en el siglo XIV había producido el -Amadís de Gaula; un nuevo lenguaje de la narración se desarrollaba -ahora, a mediados del siglo XVI, complaciéndose en la pintura -satírica de tipos y costumbres sociales, tomados de la realidad, con -todo el vigor y crudeza con que en ella se ofrecen, y este es sin -duda el aspecto más importante que ofrece la prosa en tiempo del -Emperador. Con estas narraciones _realistas_ que forman la llamada -novela picaresca (por abundar en tipos de pícaros, truhanes, vagos, -espadachines y ladrones), España dió a la literatura universal el -primer modelo de la novela moderna de costumbres. - -El _Lazarillo_, aparecido en los últimos tiempos del emperador Carlos -V, es la más antigua de estas novelas picarescas, la más popular -en España[159] y la más conocida en Europa, y nos ofrece como una -novedad (a pesar de la _Celestina_) el cultivo de la lengua popular -y corriente, en que no escasean las incongruencias gramaticales que -consigo arrastra la viveza de la conversación; por eso en el prólogo, -el pobre Lázaro, antes de empezar a referir su historia, disculpa el -_grosero estilo_ en que por fuerza ha de contarla. - -En este estilo llano, propio para la pintura de escenas de la -vida ordinaria, parecido al que cincuenta años más tarde empleará -Cervantes, es el Lazarillo admirable modelo. Su lenguaje se distingue -especialmente por una sobriedad magistral; cada palabra va derecha a -lograr un marcado efecto pictórico y satírico. - -Esta excelencia, sin embargo, no nos ha de impedir el notar cierta -falta de habilidad en la construcción de una frase un poco larga, y -alguna dificultad en las transiciones, embarazadas con adverbios y -conjunciones inútiles o pesados: _en este tiempo_, con el sentido de -‘luego’ o ‘entonces’, _finalmente_, _de manera que_, etc.; pero éste -no es defecto suyo propio, pues algo análogo hallamos en casi todos -los escritores de este siglo, como Mendoza, Granada y León; cada -vez menos, conforme la lengua va ganando en experiencia. Advirtamos -también que es enteramente inexacta la apreciación que en 1620 emitió -un implacable corrector y discreto continuador del Lazarillo, Juan de -Luna, diciendo que la frase de esta antigua obra era «más francesa -que española». Quizá le chocaba el uso abundante del pronombre -personal acompañando a las formas verbales, donde, por no haber -necesidad de insistir en la persona, se omite hoy: _yo por bien -tengo_, _yo oro ni plata no te lo puedo dar_, _yo hice_, _yo dormí_ -(pág. 94), y otros casos así, que Luna corrigió en su edición, y que -se hallan también, por ejemplo, en Mendoza; o frases como _no curé de -lo saber_ (je n’ai cure de le savoir), o voces tales como _coraje_ -o _luengo_[160], que son del más castizo castellano, por más que no -le parecieran corrientes a Luna; como éste era maestro de español en -Francia, se le antojaban tomadas del francés cuantas expresiones oía -en su idioma patrio que a él no le eran familiares y se asemejaban a -otras francesas. - - - LAZARILLO DE TORMES - TRATADO III - - Lázaro[161], herido desgraciadamente por un clérigo avaro, a - quien servía en Maqueda, abandona este pueblo y sirve en Toledo a - un hidalgo tan presumido como pobre y holgazán. - -Desta manera me fué forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco a poco, -con ayuda de las buenas gentes, di conmigo en esta insigne ciudad -de Toledo, adonde, con la merced de Dios, dende a quince días se -me cerró la herida; y[162] mientras estaba malo siempre me daban -alguna limosna; mas después que estuve sano todos me decían: «tú, -bellaco y gallofero[163] eres; busca, busca un amo a quien sirvas.» -¿Y adónde se hallará ése[164], decía yo entre mí, si Dios agora de -nuevo (como crió el mundo) no lo criase? Andando así discurriendo -de puerta en puerta con harto poco remedio (porque ya la caridad -se subió al cielo), topóme Dios con un escudero[165] que iba por -la calle con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en -orden; miróme y yo a él, y díjome: «mochacho, ¿buscas amo?» Yo le -dije: «sí, señor».--«Pues vente tras mí, me respondió, que Dios te -ha hecho merced en topar conmigo; alguna buena oración rezaste hoy». -Y seguíle, dando gracias a Dios por lo que oí, y también que[166] me -parecía, según su hábito y continente, ser el que yo había menester. -Era de mañana cuando este mi tercero amo topé, y llevóme tras sí gran -parte de la ciudad. Pasábamos por las plazas donde se vendía pan -y otras provisiones; yo pensaba y aun deseaba que allí me quería -cargar de lo que se vendía, porque esta era propria hora[167] cuando -se suele proveer de lo necesario; mas muy a tendido paso pasaba por -estas cosas. «Por ventura no lo ve aquí a su contento, decía yo, y -querrá que lo compremos en otro cabo.» - -Desta manera anduvimos hasta que dió[168] las once: entonces se entró -en la iglesia mayor, y yo tras él; y muy devotamente le vi oir misa -y los otros oficios divinos, hasta que todo fué acabado y la gente -ida. Entonces salimos de la iglesia, y[169] a buen paso tendido -comenzamos a ir por la calle abajo; yo iba el más alegre del mundo, -en ver que no nos habíamos ocupado en buscar de comer; bien consideré -que debía ser hombre, mi nuevo amo, que se proveía en junto[170], y -que ya la comida estaría a punto, y tal como yo la deseaba y aun la -había menester. En este tiempo dió el reloj la una, después de medio -día[171], y llegamos a una casa, ante la cual, mi amo se paró y yo -con él, y derribando el cabo de la capa sobre el lado izquierdo, -sacó una llave de la manga y abrió su puerta y entramos en casa, la -cual[172] tenía la entrada obscura y lóbrega, de tal manera, que -parecía que ponía temor a los que en ella entraban, aunque dentro -della estaba un patio pequeño y razonables cámaras[173]. Desque -fuimos entrados, quita de sobre sí su capa, y preguntando[174] si -tenía las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente -soplando un poyo que allí estaba, la puso en él; y hecho esto, -sentóse cabo della, preguntándome muy por extenso de dónde era y -cómo había venido a aquella ciudad, y yo le di más larga cuenta que -quisiera; porque me parecía más conveniente hora de mandar poner la -mesa y escudillar la olla, que de lo que me pedía; con todo eso, -yo le satisfice de mi persona lo mejor que mentir supe, diciendo -mis bienes y callando lo demás, porque me parecía no ser para en -cámara[175]. - -Esto hecho, estuvo ansí un poco, y yo luego[176] vi mala señal, por -ser ya casi las dos y no le ver más aliento[177] de comer que a un -muerto. Después desto, consideraba aquél tener cerrada la puerta -con llave ni[178] sentir arriba ni abajo pasos de viva persona por -la casa; todo lo que yo había visto eran paredes, sin ver en ella -silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arcaz como el de -marras[179]; finalmente ella parecía casa encantada. Estando así, -díjome: «tú, mozo, ¿has comido?»--«No, señor, dije yo, que aun no -eran dadas las ocho cuando con vuestra merced encontré.»--«Pues, -aunque de mañana, yo había almorzado, dice, y cuando ansí como algo, -hágote saber que hasta la noche me estoy ansí; por eso, pásate como -pudieres, que después cenaremos.» Vuestra merced crea, cuando esto le -oí, que estuve en poco de caer de mi estado[180], no tanto de hambre -como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa. Allí se me -representaron de nuevo mis fatigas, y torné a llorar mis trabajos; -allí se me vino a la memoria la consideración que hacía cuando me -pensaba ir del clérigo, diciendo que aunque aquél era desventurado -y mísero, por ventura toparía con otro peor; finalmente, allí lloré -mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera; y con todo, -disimulando lo mejor que pude:[181] «señor, mozo soy que no me fatigo -mucho por comer, bendito Dios[182]; deso me podré yo alabar entre -todos mis iguales, por de[183] mejor garganta, y ansí fuí yo loado -della hasta hoy día de los amos que yo he tenido.»--«Virtud es esa, -dijo él, y por eso te querré yo más: porque el hartar es de los -puercos, y el comer regladamente es de los hombres de bien.»--Bien te -he entendido, dije yo entre mí; maldita tanta medicina y bondad como -aquestos mis amos, que yo hallo, hallan en la hambre. Púseme a un -cabo del portal, y saqué unos pedazos de pan del seno, que me habían -quedado de los de por Dios. - -Él, que vió esto, díjome: «Ven acá, mozo, ¿qué comes?» Yo lleguéme -a él, y mostréle el pan; tomóme él un pedazo, de tres que eran, -el mejor y más grande[184], y díjome: «¡Por mi vida, que parece -éste buen pan!»--«¡Y cómo agora, dije yo, señor, es bueno!»--«Sí, -a fe, dijo él; ¿adónde lo hubiste? ¿Si[185] es amasado de manos -limpias?»--«No sé yo eso, le dije; mas a mí no me pone asco el sabor -dello.»--«Ansí plega a Dios», dijo el pobre de mi amo, y llevándolo -a la boca comenzó a dar en él tan fieros[186] bocados como yo en lo -otro. «¡Sabrosísimo pan está, dijo, por Dios!» Y como le sentí de -qué pie coxqueaba[187], dime priesa, porque le vi en disposición, -si acababa antes que yo, se comediría[188] a ayudarme a lo que me -quedase; y con esto acabamos casi a una. Mi amo comenzó a sacudir -con las manos unas pocas de migajas, y bien menudas[189], que en los -pechos se le habían quedado, y entró en una camareta que allí estaba, -y sacó un jarro desbocado, y no muy nuevo, y desque hubo bebido, -convidóme con él. Yo, por hacer del continente, dije: «Señor, no bebo -vino.»--«Agua es, me respondió, bien puedes beber.» Entonces tomé -el jarro y bebí, no mucho, porque de sed no era mi congoja. Ansí -estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me preguntaba, a -las cuales yo le respondí lo mejor que supe. En este tiempo metióme -en la cámara donde estaba el jarro de que bebimos, y díjome: «Mozo, -párate[190] allí, y verás cómo hacemos esta cama, para que la sepas -hacer de aquí adelante.» Púseme de un cabo y él del otro, y hecimos -la negra cama, en la cual no había mucho que hacer, porque ella tenía -sobre unos bancos un cañizo, sobre el cual estaba tendida la ropa... -Hecha la cama, y la noche venida, díjome: «Lázaro, ya es tarde, y de -aquí a la plaza hay gran trecho; también en esta ciudad andan muchos -ladrones, que siendo de noche, capean[191]; pasemos como podamos, y -mañana, viniendo el día, Dios hará merced; porque yo por estar solo -no estoy proveído; antes he comido estos días por allí fuera, mas -agora hacerlo hemos[192] de otra manera.»--«Señor, de mí, dije yo, -ninguna pena tenga vuestra merced, que sé pasar una noche, y aun más, -si es menester, sin comer.»--«Vivirás más, y más sano, me respondió, -porque, como decíamos hoy, no hay tal cosa en el mundo para vivir -mucho, que[193] comer poco.» Si por esa vía es, dije entre mí, nunca -yo moriré, que siempre he guardado esa regla por fuerza, y aun espero -en mi desdicha tenella toda mi vida. Y acostóse en la cama, poniendo -por cabecera las calzas y el jubón[194], y mandóme echar a sus pies, -lo cual[195] yo hice; mas maldito el sueño que yo dormí, porque -las cañas y mis salidos huesos en toda la noche dejaron de rifar y -encenderse[196], que con mis trabajos, males y hambre, pienso que -en mi cuerpo no había libra de carne. Y también, como aquel día no -había comido casi nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueño no -tenía amistad; maldíjeme mil veces, Dios me lo perdone, y a mi ruin -fortuna. Allí lo más de la noche y lo peor, no osándome revolver por -no despertalle, pedí a Dios muchas veces la muerte. - -La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar y sacudir sus -calzas y jubón, y sayo y capa; ¡y yo que le servía de pelillo![197]; -y vísteseme muy a su placer de espacio; echéle aguamanos, peinóse y -puso su espada en el talabarte, y al tiempo que la ponía, díjome: -«¡Oh, si supieses, mozo, qué pieza es esta! No hay marco de oro en el -mundo porque yo la diese; mas así, ninguna de cuantas Antonio[198] -hizo, no acertó a ponelle los aceros tan prestos como ésta los -tiene»; y sacóla de la vaina, y tentóla con los dedos, diciendo: -«Vesla aquí, yo me obligo con ella[199] cercenar un copo de lana.» -Y yo dije entre mí: «Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, -un pan de cuatro libras.» Tornóla a meter, y ciñósela, y un sartal -de cuentas gruesas del talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo -derecho, haciendo con él y con la cabeza muy gentiles meneos, echando -el cabo de la capa sobre el hombro, y a veces so[200] el brazo, -y poniendo la mano derecha en el costado, salió por la puerta, -diciendo: «Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oir misa, y -haz la cama, y ve por la vasija de agua al río, que aquí bajo está; y -cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y ponla aquí al[201] -quicio, porque si yo viniere en tanto, pueda entrar.» Y súbese por la -calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien no le -conociera pensara ser muy cercano pariente al Conde Claros[202], o a -lo menos camarero que le daba de vestir. - -Bendito seáis vos, Señor, quedé yo diciendo, que dais la enfermedad, -y ponéis el remedio. ¿Quién encontrará a aquel mi señor, que no -piense, según el contento de sí lleva, haber anoche bien cenado -y dormido en buena cama, y aunque agora es de mañana, no le -cuenten[203] por muy bien almorzado? Grandes secretos son, Señor, -los que vos hacéis, y las gentes ignoran. ¿A quién no engañará -aquella buena disposición y razonable capa y sayo, y quién pensará -que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día sin comer, con aquel -mendrugo de pan, que su criado Lázaro trujo un día y una noche en -el arca de su seno, do no se le podía pegar mucha limpieza, y hoy, -lavándose las manos y cara, a falta de paño de manos, se hacía servir -del halda del sayo?[204] Nadie, por cierto, lo sospechará. ¡Oh Señor, -y cuántos de aquestos debéis vos tener por el mundo derramados, -que padecen por la negra que llaman honra[205] lo que por vos no -sufrirían!... - -Púseme a pensar qué haría, y parecióme esperar a mi amo hasta que -el día demediase, y si viniese[206], y por ventura trajese algo que -comiésemos; mas en vano fué mi esperanza. Desque vi ser las dos, y -no[207] venía y la hambre me aquejaba, cierro mi puerta y pongo la -llave donde mandó, y tórnome a mi menester; con baja y enferma voz y -inclinadas mis manos en los senos, puesto Dios ante mis ojos, y la -lengua en su nombre, comienzo a pedir pan por las puertas y casas -más grandes que me parecía; mas como yo este oficio le hobiese -mamado en la leche, quiero decir que con el gran maestro el ciego lo -aprendí, tan suficiente discípulo salí, que aunque en este pueblo no -había caridad, ni el año fuese muy abundante, tan buena maña me di, -que antes que el reloj diese las cuatro, ya yo tenía otras tantas -libras de pan ensiladas[208] en el cuerpo, y más de otras dos en las -mangas y senos. Volvíme a la posada, y al pasar por la tripería, pedí -a una de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña de vaca con otras -pocas de tripas cocidas. - -Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada -su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el patio. Como -entro, vínose para mí; pensé que me quería reñir la tardanza, mas -mejor lo hizo Dios. Preguntóme do[209] venía; yo le dije: «Señor, -hasta que dió[210] las dos estuve aquí, y de que vi que vuestra -merced no venía, fuíme por esa ciudad a encomendarme a las buenas -gentes, y hanme dado esto que veis»; mostréle el pan y las tripas que -en un cabo de la halda traía, a lo cual él mostró buen semblante, y -dijo: «Pues esperádote he a comer, y de que vi que no veniste, comí. -Mas tú haces como hombre de bien en eso, que más vale pedillo por -Dios que no hurtallo; y ansí él me ayude como ello[211] me parece -bien, y solamente te encomiendo no sepan que vives comigo, por lo que -toca a mi honra, aunque bien creo que será secreto, según lo poco que -en este pueblo soy conocido: ¡nunca a él yo hubiera de venir!»--«De -eso pierda, señor, cuidado, le dije yo, que maldito aquel que ninguno -tiene de pedirme esa cuenta ni yo de dalla.»--«Agora, pues, come, -pecador, que si a Dios place presto nos veremos sin necesidad; aunque -te digo que después que en esta casa entré, nunca bien me ha ido: -debe ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal pie, que -a los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe de ser, sin -dubda, de ellas[212]; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede en -ella, aunque me la den por mía.» - -Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por glotón, callé -la merienda, y comienzo a cenar y morder en mis tripas y pan, y -disimuladamente miraba al desventurado señor mío, que no partía -sus ojos de mis faldas, que aquella[213] sazón servían de plato. -Tanta lástima haya Dios de mí como yo había del, porque sentí lo -que sentía, y muchas veces había por ello pasado y pasaba cada -día. Pensaba si sería bien comedirme a convidalle; mas por me haber -dicho que había comido, temíame no aceptaría el convite. Finalmente, -yo deseaba aquel[214] pecador ayudase a su trabajo del mío, y se -desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo[215], por -ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso Dios cumplir mi deseo, y -aun pienso que el suyo, porque como comencé a comer, y él se andaba -paseando, llegóse a mí, y díjome: «Dígote, Lázaro, que tienes en -comer la mejor gracia que en mi vida vi a hombre, y que nadie te lo -verá hacer que no le pongas gana, aunque no la tenga.»--La muy buena -que tú tienes, dije yo entre mí, te hace parecer la mía hermosa. Con -todo parecióme ayudarle, pues se ayudaba[216], y me abría camino -para ello, y díjele: «Señor, _el buen aparejo hace buen artífice_; -este pan está sabrosísimo, y esta uña de vaca tan bien cocida y -sazonada, que no habrá a quien no convide con su sabor.»--«¿Uña de -vaca es?»--«Sí, señor.»--«Dígote que es el mejor bocado del mundo, -y que no hay faisán que ansí me sepa.»--«Pues pruebe, señor, y -verá qué tal está.» Póngole en las uñas la otra y tres o cuatro -raciones de pan de lo más blanco, y asentóseme al lado y comienza a -comer, como aquel que lo había gana[217], royendo cada huesecillo de -aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera. «Con almodrote,[218] -decía, es este singular manjar.»--Con mejor salsa lo comes tú[219], -respondí yo paso.--«Por Dios, que me ha sabido como si hoy no hobiera -comido bocado.»--Ansí me vengan los buenos años como es ello, dije yo -entre mí. Pidióme el jarro del agua y díselo como lo había traído; -es señal que pues no le faltaba el agua, que no le había a mi amo -sobrado la comida. Bebimos y muy contentos nos fuimos a dormir como -la noche pasada. Y por evitar prolijidad, desta manera estuvimos -ocho o diez días, yéndose el pecador en la mañana con aquel contento -y paso contado[220] a papar aire por las calles, teniendo en el -pobre Lázaro una cabeza de lobo.[221] Contemplaba yo muchas veces -mi desastre, que escapando de los amos ruines que había tenido, y -buscando mejoría, viniese a topar con quien no sólo no me mantuviese, -mas a quien yo había de mantener. Con todo, le quería bien, con ver -que no tenía ni podía más, y antes le había lástima que enemistad, y -muchas veces por llevar a la posada con que él lo pasase[222], yo lo -pasaba mal... Dios es testigo que hoy día, cuando topo con alguno de -su hábito, con aquel paso y pompa, le he lástima con pensar si padece -lo que aquél le vi sufrir... Sólo tenía dél un poco de descontento: -que quisiera yo que no tuviera tanta presunción, mas que abajara un -poco su fantasía con lo mucho que subía su necesidad; mas, según me -parece, es regla ya entre ellos usada y guardada, aunque no haya -cornado de trueco[223], ha de andar el birrete en su lugar[224]. El -Señor lo remedie, que ya con este mal han de morir. - -Pues estando yo en tal estado, pasando[225] la vida que digo, quiso -mi mala fortuna, que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella -trabajada y vergonzosa vivienda no durase. Y fué: como el año en este -tierra fuese estéril de pan, acordaron el ayuntamiento que todos los -pobres extranjeros se fuesen de la ciudad, con pregón, que el que de -allí adelante topasen fuese punido con azotes. Y así, ejecutando la -ley desde a cuatro días que el pregón se dió, vi llevar una procesión -de pobres azotando por las Cuatro Calles[226], lo cual me puso tan -gran espanto, que nunca osé desmandarme a demandar. Aquí viera, quien -vello pudiera, la abstinencia de mi casa y la tristeza y silencio -de los moradores della, tanto que nos acaesció estar dos o tres -días sin comer bocado ni hablar palabra. A mí diéronme la vida unas -mujercillas hilanderas de algodón, que hacían bonetes y vivían par -de nosotros, con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento, que de -la lacería[227] que les traían me daban alguna cosilla, con la cual -muy pasado me pasaba[228], y no tenía tanta lástima de mí como del -lastimado de mi amo, que en ocho días maldito el bocado que comió, a -lo menos en casa bien los[229] estuvimos sin comer; no sé yo cómo o -dónde andaba y qué comía. ¡Y velle venir a medio día la calle abajo -con estirado cuerpo, más largo que galgo de buena casta! Y por lo que -toca a su negra que dicen honra, tomaba una paja de las que aun asaz -no había en casa, y salía a la puerta escarbando los dientes que nada -entre sí tenían, quejándose todavía de aquel mal solar, diciendo: -«¡Malo está de ver! Que la desdicha desta vivienda lo hace; como ves, -es lóbrega, triste, obscura; mientras aquí estuviéremos, hemos de -padecer; ya deseo que se acabe este mes por salir della.» - -Pues estando en esta afligida y hambrienta persecución, un día, no -sé por cuál dicha o ventura, en el pobre poder de mi amo entró un -real, con el cual vino a casa tan ufano como si tuviera el tesoro de -Venecia, y con gesto muy alegre y risueño me lo dió, diciendo: «tomá, -Lázaro, que Dios ya va abriendo su mano; ve a la plaza y merca pan -y vino y carne; _quebremos el ojo al diablo_[230]; y más te hago -saber, porque te huelgues, que he alquilado otra casa, y en esta -desastrada no hemos de estar más de en cumpliendo el mes, ¡maldita -sea ella, y el que en ella puso la primera teja, que con mal en ella -entré! Por nuestro Señor, cuanto ha que en ella vivo, gota de vino ni -bocado de carne no he comido, ni he habido descanso ninguno; mas tal -vista tiene y tal obscuridad y tristeza. Ve, y ven presto y comamos -hoy como condes.» Tomo mi real y jarro, y a los pies dándoles priesa, -comienzo a subir mi calle, encaminando mis pasos para la plaza muy -contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha si está constituído en mi -triste fortuna que ningún gozo me venga sin zozobra? Y ansí fué -éste; porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo que -le[231] emplearía, que fuese mejor y más provechosamente gastado, -dando infinitas gracias a Dios, que a mi amo había hecho con dinero, -a deshora me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo -muchos clérigos y gente en unas andas traían; arriméme a la pared por -darles lugar, y desque el cuerpo pasó, venía luego a par del lecho -una que debía ser su[232] mujer del difunto, cargada de luto, y con -ella otras muchas mujeres, la cual iba llorando a grandes voces, y -diciendo: «¡marido y señor mío! ¿adónde os me[233] llevan? ¡a la -casa triste y desdichada! ¡a la casa lóbrega y obscura! ¡a la casa -donde nunca comen ni beben!»[234] Yo que aquello oí, juntóseme el -cielo con la tierra, y dije: «¡Oh desdichado de mí! para mi casa -llevan este muerto»; dejo el camino que llevaba, y hendí por medio -de la gente, y vuelvo por la calle abajo a todo el más correr que -pude para mi casa, y entrando en ella cierro a[235] grande priesa, -invocando el auxilio y favor de mi amo, abrazándome dél, que me venga -ayudar y a defender la entrada. El cual algo alterado, pensando que -fuese otra cosa, me dijo: «¿qué es eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué -has? ¿por qué cierras la puerta con tal furia?»--«Oh señor, dije yo, -acuda aquí, que nos traen acá un muerto.»--«¿Cómo así?» respondió -él.--«Aquí arriba le encontré, y venía diciendo su mujer: _marido -y señor mío, ¿adónde os llevan? ¡a la casa lóbrega y obscura! ¡a la -casa triste y desdichada! ¡a la casa donde nunca comen ni beben!_ -acá, señor, nos le traen.» Y ciertamente cuando mi amo esto oyó, -aunque no tenía por qué estar muy risueño, rió tanto que muy gran -rato estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenía yo echada la -aldaba a la puerta y puesto el hombro en ella por más defensa. Pasó -la gente con su muerto, y yo todavía me recelaba que nos le habían -de meter en casa; y desque fué ya más harto de reir que de comer, -el bueno de mi amo díjome: «verdad es Lázaro; según la viuda lo va -diciendo, tú tuviste razón de pensar lo que pensaste; mas, pues -Dios lo ha hecho mejor, y pasan adelante, abre, abre, y ve por de -comer.»[236]--«Dejálos, señor, acaben de pasar la calle», dije yo. -Al fin vino mi amo a la puerta de la calle, y ábrela esforzándome, -que bien era menester según el miedo y alteración, y me tornó a -encaminar. Mas aunque comimos bien aquel día, maldito el gusto -yo tomaba en ello, ni en aquellos tres días torné en mi color, y -mi amo muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi -consideración. - -De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fué este -escudero, algunos días, y en todos deseando saber la intención de -su venida y estada en esta tierra; porque desde el primer día que -con él asenté, le conocí ser extranjero, por el poco conocimiento -y trato que con los naturales della tenía. Al fin se cumplió mi -deseo, y supe lo que deseaba; porque un día que habíamos comido -razonablemente, y estaba algo contento, contóme su hacienda[237], y -díjome ser de Castilla la Vieja, y que había dejado su tierra no más -de[238] por no quitar el bonete a un caballero su vecino. «Señor, -dije yo, si era él lo que decís, y tenía más que vos, no errábades -en quitárselo primero, pues decís que él también os lo quitaba»--«Sí -es, y sí tiene, y también me lo quitaba él a mí; mas de cuantas -veces yo se le[239] quitaba primero, no fuera malo comedirse él -alguna, y ganarme por la mano.»--«Paréceme, señor, le dije yo, que -en eso no mirara; mayormente con mis mayores que yo, y que tienen -más.»--«Eres mochacho, me respondió, y no sientes las cosas de la -honra, en que el día de hoy[240] está todo el caudal de los hombres -de bien; pues te hago saber que yo soy (como ves) un escudero, mas -vótote a Dios, si al Conde topo en la calle, y no me quita muy bien -quitado del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar -en una casa, fingiendo yo en ella algún negocio o atravesar otra -calle, si la hay, antes que llegue a mí, por no quitárselo; que un -hidalgo[241] no debe a otro que a Dios y al rey nada, ni es justo, -siendo hombre de bien, se descuide un punto de tener en mucho su -persona. Acuérdome, que un día deshonré en mi tierra a un oficial, -y quise poner en él las manos, porque cada vez que le topaba me -decía: _mantenga Dios a vuestra merced_[242]. Vos, don villano ruin, -le dije yo, ¿por qué no sois bien criado? ¿_Manténgaos Dios_, me -habéis de decir como si fuese quien quiera? De allí adelante, de -aquí acullá me quitaba el bonete, y hablaba como debía.»--«¿Y no es -buena manera de saludar un hombre a otro, dije yo, decirle que le -mantenga Dios?»--«Mira, mucho de enhoramala, dijo él; a los hombres -de poca arte dicen eso, mas a los más altos, como yo, no les han de -hablar menos de: _beso las manos de vuestra merced_, o por lo menos, -_bésoos, señor, las manos_, si el que me habla es caballero. Y ansí -aquel de mi tierra, que me atestaba de mantenimiento[243], nunca más -le quise sufrir; ni sufriría, ni sufriré a hombre del mundo, del rey -abajo, que _manténgaos Dios_ me diga.»--Pecador de mí, dije yo, por -eso tiene tan poco cuidado de mantenerte, pues no sufres que nadie -se lo ruegue.--«Mayormente, dijo, que no soy tan pobre, que no tengo -en mi tierra un solar de casas, que a estar ellas en pie y bien -labradas, diez y seis leguas de donde nací, en aquella Costanilla de -Valladolid, valdrían más de doscientas veces mil maravedís, según se -podrían hacer grandes y buenas; y tengo un palomar que, a no estar -derribado como está, daría cada año más de doscientos palominos, y -otras cosas que me callo, que dejé por lo que tocaba a mi honra; y -vine a esta ciudad pensando que hallaría un buen asiento, mas no me -ha sucedido como pensé. Canónigos y señores de la iglesia muchos -hallo; mas es gente tan limitada[244], que no los sacarán[245] de -su paso todo el mundo. Caballeros de media talla también me ruegan; -mas servir con[246] estos es gran trabajo, porque de hombre os -habéis de convertir en malilla, y si no, andá con Dios, os dicen, y -las más veces son los pagamentos a largos plazos, y lo más más[247] -cierto comido por servido; ya cuando quieren reformar conciencia y -satisfaceros vuestros sudores, sois librados[248] en la recámara, en -un sudado jubón, o raída capa o sayo. Ya cuando asienta hombre[249] -con un señor de título, todavía pasa su laceria, ¿pues, por ventura -no hay en mí habilidad para servir y contentar a éstos? Por Dios, -si con él topase, muy gran su privado[250] pienso que fuese, y que -mil servicios le hiciese porque yo sabría mentille tan bien como -otro, y agradalle a las mil maravillas; reille ya mucho sus donaires -y costumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo; nunca decirle -cosa con que le pesase, aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente -en su persona en dicho y hecho; no me matar por hacer bien las cosas -que él no había de ver, y ponerme a reñir donde él lo oyese con la -gente de servicio, porque paresciese tener gran cuidado de lo que a -él tocaba; si riñese con algún su criado, dar unos puntillos agudos -para le encender la ira, y que pareciesen en favor del culpado; -decirle bien de lo que bien le estuviese; y por el contrario, ser -malicioso mofador, malsinar[251] a los de casa; y a los de fuera -pesquisar, y procurar de saber vidas ajenas para contárselas, y -muchas otras galas de esta calidad, que hoy día se usan en palacio, y -a los señores dél parecen bien, y no quieren ver en sus casas hombres -virtuosos, antes los aborrecen y tienen en poco y llaman necios, -y que no son personas de negocios, ni con quien el señor se puede -descuidar, y con estos, los astutos usan, como digo, el día de hoy, -de lo que yo usaría. Mas no quiere mi ventura que le halle.» Desta -manera lamentaba también su adversa fortuna mi amo, dándome relación -de su persona valerosa. - - -NOTAS - - [159] El nombre del protagonista _Lazarillo_ pasó a ser - sustantivo apelativo para designar al guía de ciego; y la frase - _oler el poste_ (= prever un peligro), alude a una aventura - de esta novela, pues Lazarillo se vengó del ciego en Escalona - guiándole a que se descalabrase contra un poste, y diciéndole: - «¿Cómo olistes la longaniza y no el poste?» Esta aventura se - recuerda en un cuento popular, terminado con el dístico «y usted - que olió la sardina, ¿por qué no ha olido la esquina?», FERNÁN - CABALLERO, _Cuentos y poesías populares andaluces_, Madrid, - Romero, 1907, pág. 174 (comp. _Revue Hispanique_, VII, p. 92-93). - - [160] V. MOREL-FATIO en el Prefacio de su traducción francesa del - _Lazarillo_. - - [161] El protagonista _Lázaro_ se llamó _de Tormes_ por haber - nacido en Tejares, aldea de Salamanca, a la orilla del río - Tormes. No se dijo _del Tormes_, porque en castellano antiguo - los nombres de los ríos solían no llevar artículo: «las aguas de - Duero, sobre Tajo», etcétera. Véase adelante cómo Fray Luis de - León dice «en la ribera de Tormes». - - [162] Nótase poca habilidad en la unión de los párrafos. En vez - de esta conjunción _y_, tan poco apropiada, puso el ya citado - corrector Juan de Luna: «que fuera mejor no se me cerrara porque - mientras...» - - [163] _Gallofa_ es la comida que reparten en los conventos a los - pobres, y _gallofero_, según Covarrubias (1610), «el pobretón que - sin tener enfermedad se anda holgazán y ocioso, acudiendo a las - horas de comer a las porterías de los conventos». - - [164] El demostrativo sólo indica muchas veces, en el uso - familiar (por esto Juan de Luna lo suprimió aquí), extrañeza - o desconocimiento de la cosa a que se refiere. Recuérdese la - inurbanidad de la pregunta «¿quién es ése,?», por «quién es ese - señor». - - [165] _Escudero_, según Covarrubias, que escribía a principios - del siglo XVII, era «el hidalgo que lleva el escudo al caballero - en tanto que éste no pelea con él. En la paz los escuderos - sirven a los señores de acompañar delante sus personas, asistir - en la antecámara o sala; otros se están en sus casas y llevan - acostamiento (o salario) de los señores, acudiendo a sus - obligaciones a tiempos ciertos. Hoy día más se sirven dellos las - señoras, y los que tienen alguna pasada huelgan más de estar en - sus casas, que de servir, por lo poco que medran y lo mucho que - les ocupan». Recuérdense bien todas las palabras de Covarrubias, - para entender mejor las conversaciones que Lázaro tendrá con su - amo. - - [166] Hoy tiene también _que_ el sentido causal de _porque_. - - [167] Hoy habría que poner el artículo: _la hora propia_. - - [168] Aquí se sobreentiende como sujeto «el reloj», según dice - unas líneas más abajo: «En este tiempo dió el reloj la una.» - Véase en la p. 98 dos casos más. Hoy tomamos como sujeto el que - realmente es acusativo, y decimos: «dieron las once». - - [169] Las ediciones de B. y Al., omiten la conjunción. - - [170] Más común es _por junto_, como ponen las ediciones - posteriores, o sea _por mayor_. - - [171] Esta perífrasis era ya anticuada en tiempo de J. de Luna, - que pone simplemente: «dió la una y llegamos...» - - [172] Véase lo que decimos acerca de este relativo en los - extractos de Fray Luis de Granada y de Mariana, págs. 126 y 201. - Luna corrigió: «entramos por una entrada obscura». - - [173] Para Luna era ya desusado este sustantivo, pues pone - _aposentos_. - - [174] Esta ambigüedad la salva Luna: _y me preguntó_. - - [175] _No ser para en cámara_, significa «no ser correcto o - cortés». Era muy corriente entonces un cantarcillo para motejar a - los poco cortesanos: - - No sois vos para en cámara, Pedro; - no sois vos para en cámara, non, - sino para en camaranchón. - - [176] _Luego_ significaba ‘entonces’, y no ‘después’. - - [177] Nótese la frase _mostrar aliento de hacer algo_, por ‘tener - aire de’ o ‘trazas de’. No se halla en los Diccionarios, y no era - tampoco conocida de Luna que puso «no tenía más talle de comer...» - - [178] La conjunción _ni_ equivale a veces a _y no_, aun cuando - la proposición antecedente no lleve negación. Si la lleva, este - sentido es evidente; _No quiso ni querrá_ es lo mismo que _No - quiso y no querrá_. - - [179] Alude al _arca_ del clérigo de Maqueda. - - [180] «_Caer de su estado_, el que, turbada la cabeza, cae en - tierra amortecido» (Covarrubias). Hoy más bien significa ‘venir a - menos’ o ‘descaecer de su estado’. - - [181] Otras ediciones añaden _le dije_; pero no es indispensable, - pues se omitía a veces la frase introductora del discurso directo. - - [182] Elipsis muy usual en vez de «bendito sea Dios por ello». - - [183] El demostrativo _deso_, regido de _alabar_, anuncia toda - la proposición _por de mejor garganta_. La construcción es: «me - podré alabar de esto: por ser de mejor garganta». - - [184] Nótese la descuidada naturalidad de este giro, que Luna - trocó impertinentemente así: «tomóme el mejor pedazo de tres que - tenía». - - [185] Esta conjunción condicional anunciando una interrogación - era ya desusada en tiempo de Luna. - - [186] _Fiero_ tenía el significado general de _grande_. - - [187] _Coxquear_, ‘cojear’. - - [188] _Comedirse_, «anticiparse a hacer algún servicio sin que - se lo adviertan o pidan» (Covarrubias), usado aun hoy en Ecuador - (Tobar) y Argentina (Segovia). El sentido de ‘anticiparse’ vese - también en las págs. 100 y 108. - - [189] Luna veía, con razón, este párrafo superabundante, y puso: - «acabamos casi a una; sacudióse unas migajas menudas que en los - pechos se le habían quedado». En lo que no estuvo acertado, fué - en no hacer resaltar, como el texto, que las migajas eran _pocas_ - y _muy menudas_. - - [190] _Parar_ tenía en lo antiguo casi todas las acepciones de - _poner_: pararse en pie, pararse delante, etc. - - [191] _Capear_ es lo que hoy decimos _atracar_; según - Covarrubias: «Quitar por fuerza la capa al que topan de noche - en escampado; esto se hace dentro de los lugares y de noche; y - si les dan lugar, quitan con las capas los sayos, y siempre las - bolsas si traen algo en ellas.» - - [192] Hoy se diría _harémoslo_ o _lo haremos_. El futuro - _haré_, _harás_, se compone de _hacer he_, _hacer has_, pues el - infinitivo se contraía antiguamente en _fer_ o _her_, _har_, y - entre el infinitivo y el verbo auxiliar se podían colocar los - pronombres enclíticos, como aquí sucede. - - [193] El correlativo propio de _tal_ es _cual_; pero también - se usan _que_ (amenazó hacer tal cosa _que_ sería muy sonada) - y _como_, que emplearíamos hoy en el caso del texto, a no ser - cacofónico antes de _comer_. - - [194] Las _calzas_ eran el abrigo de las piernas, en lugar de - nuestros pantalones, que por ser más anchos que las antiguas - calzas se llamaron _calzones_. «_Jubón_, vestido justo y ceñido - que se pone sobre la camisa y se ataca (o ata por medio de - agujetas) con las calzas» (Covarrubias). - - [195] Otra vez J. de Luna borró este _lo cual_, y puso _yo lo - hice_. - - [196] Esto es: se encendían en ira los huesos de Lázaro y reñían - con el cañizo del lecho, por estar el colchón tan falto de lana. - «En toda la noche dejaron de rifar», giro familiar que Luna - corrigió añadiendo la negación omitida _no dejaron de_. - - [197] «_Servir de pelillo_, hacer servicios de poca importancia y - de mucha curiosidad» (Covarrubias). - - [198] Espadero famoso que firma la espada de Fernando el - Católico, que se conserva en la Armería Real de Madrid (_Antonius - me fecit_), y la atribuída a Garcilaso de la Vega, el de la - hazaña del Ave María. V. _Catálogo de la Real Armería_, por el C. - DE VALENCIA DE D. JUAN, 1898, págs. 213 y 256. - - [199] Varias veces se podrá observar en este fragmento del - Lazarillo la supresión de la preposición _a_ cuando le precede o - sigue otra _a_ final o inicial de palabra: «me obligo con ella a - cercenar». - - [200] _So_ era ya anticuado para Luna, que puso _debajo_. - - [201] Luna decía, como nosotros, _en el quicio_. - - [202] Las ediciones dicen _Conde Alarcos_ o _Conde de Arcos_, - héroe de un romance en que para nada se habla de lujo y galas. - Hay que corregir _Conde Claros_, protagonista de otro romance que - cuenta los amores funestos del Conde con la Infanta Claraniña, - y describe largamente como el Conde se viste ayudado por el - _camarero_ que recuerda Lazarillo: - - Media noche era por filo, - los gallos querían cantar, - Conde Claros con amores - no podía reposar, - que amores de Claraniña - no le dejan sosegar. - Cuando vino la mañana, - que quería alborear, - salto diera de la cama, - que parece un gavilán; - voces da por el palacio - y empezara de llamar: - «levantá, mi _camarero_: - dáme vestir y calzar.» - Presto estaba el camarero - para habérselo de dar: - diérale calzas de grana, - borceguís de cordobán, - diérale jubón de seda - aforrado en zarzahán, - diérale un manto rico - que no se puede apreciar, - trescientas piedras preciosas - alrededor del collar; - tráele un rico caballo - que en la corte no hay su par, - que la silla con el freno - bien valía una ciudad, - con trescientos cascabeles - alrededor del petral, - los ciento eran de oro - y los ciento de metal - y los ciento son de plata - por los sones concordar. - - [203] Debiera decir _cuente_, como _piense_; pero cometióse esta - incongruencia porque el _quien_ tiene aquí un sentido colectivo: - _Todos los que le encuentren le contaran_... - - [204] «_Sayo_, vestidura que recoge y abriga el cuerpo, y sobre - ella se pone la capa para salir de casa» (Covarrubias). - - [205] _Por la negra que llaman honra_ es una frase anticuada que - corresponde a la que hoy se usa «por la negra honrilla». - - [206] Es decir, _y ver si viniese_. - - [207] Otras ediciones ponen _y que no venía_; pero la conjunción - _que_ se omite muchas veces aun hoy, y muy bien se puede decir - «desque vi no venía». - - [208] _Ensilar_ es propiamente guardar el trigo en los silos o - cuevas, y metafóricamente engullir o comer mucho. - - [209] _Do_, aquí ‘de donde’. - - [210] Véase línea 6, y pág. 88, nota 168. - - [211] Está el personal neutro, con valor de demostrativo, - representando una proposición anterior, que es _el pedir - limosna_. Hoy diríamos _eso me parece bien_. - - [212] Hoy el genitivo partitivo forzosamente ha de ir precedido - de _uno_, _alguno_, _poco_, _mucho_, _cual_, etc. Luna corrigió - también el arcaísmo poniendo _una dellas_. En un romance, dice - Fernán González altaneramente al enviado del rey: «villas y - castillos tengo, todos a mi mandar son; _dellos_ me dejó mi - padre, _dellos_ me ganara yo; esto es, _algunos de ellos_ los - heredé, _otros_ me los gané yo. - - [213] Esto es, _a aquella_; véase atrás pág. 95, nota 199. - - [214] Otro caso de omisión de la conjunción _que_. (Sigue un - juego de palabras en que _trabajo_ se toma en el doble sentido - de necesidad o aflicción del cuerpo, o sea hambre del amo, y de - fruto del trabajo o mendicidad del criado: «deseaba que aquel - pecador socorriese su miseria con el miserable fruto de mi - trabajo».) - - [215] «_Aparejo_, lo necesario para hacer alguna cosa» - (Covarrubias). - - [216] Alusión al refrán _ayúdate y ayudarte he_ o _ayúdate y te - ayudará Dios_. - - [217] En _lo había gana_ se mezclan dos construcciones antiguas: - _había gana de ello_ + _lo había en gana_; en la primera se usa - _haber_ en el sentido de tener, y la segunda es análoga a otras: - _haber en voluntad_, _haber en deseo_. Para Luna el giro era ya - anticuado, y puso: «como aquel que tenía buena gana». - - [218] _Almodrote_, cierta salsa que se hace en aceite con ajos, - queso y otras cosas machacadas en el mortero. - - [219] Alusión al hambre llamada _salsa de San Bernardo_, y al - refrán «No hay mejor salsa que el buen apetito». - - [220] Esto es, ‘paso compasado’; hoy se dice «por sus pasos - contados», con toda regularidad, orden y lentitud. - - [221] _Cabeza de lobo_, la ocasión que uno toma para aprovecharse - de ella más de lo razonable, como el que mata un lobo y lleva la - cabeza por los lugares de la comarca para que todos le den algo - en recompensa del bien que ha hecho en matar un animal dañino. - Así lo explica Covarrubias. Antes, en el Diccionario de Alonso - Sánchez de la Ballesta, Salamanca, 1587, hallamos: «_La cabeza - del lobo_; cuando buscamos algún artificio para sacar dineros, le - llamamos cabeza de lobo, porque los que la muestran sacan de los - lugares sus provechos por haber quitado la vida al enemigo del - ganado.» El Diccionario de la Academia, hasta su edición 14.ª, no - traía más que la frase, evidentemente corrompida, _ser cabeza de - bobo_. - - [222] _Pasar_ significa tener lo necesario para vivir. No hace - falta para nada corregir, como hace Luna, _con que él lo pasase - bien_. - - [223] _Cornado_, una moneda que tenía grabada una corona - (_coronado_); la usaron los reyes desde Sancho IV; era de muy - baja ley la que mandó batir Alfonso XI en 1331, para remediar - la falta de dinero, por lo cual se siguió gran carestía. Por - desprecio se dice «no valer un cornado». No es conocida la frase - _de trueco_, que Luna desecha, escribiendo: «aunque no haya - cornado ni blanca»; claro es que _trueco_ tiene aquí la acepción - de ‘cambio’ de la moneda. - - [224] Véase pág. 109, sobre cuánto regateaba un hidalgo el quitar - su bonete para saludar. - - [225] ‘Llevando esta vida’ o ‘haciendo tal vida’. - - [226] Lugar de Toledo, no lejos de la Catedral, entre la calle de - las Cordonerías, de la Chapinería, de la Obra Prima y del Hombre - de Palo. - - [227] _Lacería_ vale trabajo, miseria, y metafóricamente el - sustento con que se pasa miserablemente la vida. - - [228] Se notará que Lázaro abusa un poco de los juegos de - palabras; aquí creo que quiere decir: ‘muy pasado, enjuto o - demacrado, como la fruta pasa, me pasaba la vida con aquello’. - - [229] En vez de _los_, la edición de Burgos pone _lo_, que - pudiera ser un pleonasmo representando a la frase siguiente: _sin - comer_. - - [230] _Quebrar el ojo al diablo_, hacer lo mejor, más justo y - razonable, pues así se le disgusta y da tormento; se usa, en - general, _quebrar los ojos a uno_ por desplacerle o desagradarle. - - [231] Este _le_ se refiere a objeto demasiado lejano, así que - otras ediciones corrigieron: «en qué emplearía mi real que fuese - mejor...» - - [232] _Su_ pleonástico precediendo al genitivo posesivo, como hoy - «su padre de usted». - - [233] Este _me_ es lo que se llama un _dativo ético_, muy usado - para indicar, por medio de un pronombre en dativo, la persona que - moralmente se interesa en la acción del verbo. Es frecuente en - griego y latín: «Depresso incipiat jam tum _mihi_ taurus aratro - ingemere.» (_Georg._ I, 45.) - - [234] «Este modo de llorar los muertos se usaba en toda España - (dice Covarrubias, s. v. «endecha» en 1610), porque iban las - mujeres detrás del cuerpo del marido, descabelladas, y las hijas - tras el de sus padres, mesándose y dando tantas voces, que en - la iglesia no dejaban hacer el oficio a los clérigos, y así se - les mandó que no fuesen; pero hasta que sacan el cuerpo a la - calle están en casa lamentando, y se asoman a las ventanas a dar - gritos cuando le llevan, ya que no les dejan ir tras él.» Hoy día - todavía se hace cosa semejante en algunas aldeas. - - [235] Luna quitó el arcaísmo, poniendo _con gran priesa_. Hoy se - conserva el uso de _a_ para indicar el modo, en vez de _con_ en - la frase adverbial _aprisa_, que está por _a prisa_. Compárese - también _a voces_, _a empujones_, etc., etc. - - [236] Elipsis familiar: ‘ve por algo de comer’, ‘por lo de - comer’. Luna retocó: «ve a buscar de comer». - - [237] Hoy, _hacienda_, significa, comúnmente, finca rural o - riquezas de otra clase; pero antes valía también negocio en - general. - - [238] Giro ya desusado para Luna, que corrigió «no más sino por - no quitar el sombrero». Hoy diríamos: «no más que por no quitar - el sombrero». Los comparativos hoy se construyen, ordinariamente, - con _que_; pero también a veces con _de_: «más grande _de_ lo que - parece»; y siempre que a _más_ le sigue un numeral cardinal, y - no está en una frase negativa, es obligatorio el _de_: «iban más - _de_ veinte hombres»; con negación, es potestativo. - - [239] Nótese la vacilación leísta; antes dijo _quitárselo_ y _os - lo quitaba_. - - [240] Esto es _en el día de hoy_. La relación de tiempo se - expresa muchas veces sin preposición, y aquí se suprime para - evitar la repetición: _en que en el día_. - - [241] _Hidalgo_ era sinónimo de _noble_, en general; pero más - concretamente designaba el ínfimo grado de nobleza; es decir, la - persona de linaje noble que no tenía título ninguno especial. - Como dependían directamente del Rey, sus personas, casas y - heredades estaban exentas de la jurisdicción señorial; de ahí el - orgullo del pobre amo de Lázaro. - - [242] La fórmula _manténgaos Dios_ y _Dios mantenga_, es saludo - rústico muy usado en nuestro teatro antiguo. Fray Antonio de - Guevara, en una de sus epístolas familiares, fechada en Avila, - 1533, dice: «Acá, en nuestra Castilla, es cosa de espantar y - aun para se reir las maneras y diversidades que tienen en se - saludar... Unos dicen _Dios mantenga_, otros dicen _manténgaos - Dios_, otros _en hora buena estéis_... Todas estas maneras de - saludar se usan solamente entre los aldeanos y plebeyos, y no - entre los cortesanos y hombres polidos; porque si, por malos - de sus pecados, dijese uno a otro en la Corte _Dios mantenga_ - o _Dios os guarde_, le lastimarían en la honra y le darían una - grita. El estilo de la Corte es decirse unos a otros: _Beso las - manos de vuestra merced_.» - - [243] Que me hartaba con tanto «manténgaos Dios»; juego de - palabras, basado en el sentido propio de «mantenimiento», - ‘alimento’. - - [244] La Academia sólo registra el significado moderno de - limitado, hombre de cortos alcances. Covarrubias no conoce éste, - y sólo nos da el que conviene a las palabras del Lazarillo; «ser - un hombre limitado, es ser corto y poco liberal». - - [245] _Todo el mundo_, aunque gramaticalmente es singular, es por - el sentido un plural. - - [246] Las ediciones posteriores: _servir a éstos_. - - [247] _Lo más más cierto_, refuerzo del adverbio por repetición; - como si dijera: «lo muy más cierto» (comp. adelante pág. 239, n. - 491, _menos menos_). - - [248] _Ser librado_, recibir libranza u orden de pago; _librar_, - expedir la libranza el que debe una cantidad. _Recámara_, el - aposento que está más adentro de la cámara donde duerme el señor, - y donde el camarero le tiene sus vestidos y joyas. - - [249] _Asienta hombre_, esto es, «se asienta uno»; _hombre_ era - muy usado en sentido pronominal indefinido, como el francés _on_. - - [250] Hoy _gran privado suyo_, como ya modernizó Luna. - Antiguamente el posesivo se podía colocar entre el sustantivo y - otro determinante; v. gr.: _un mi amigo_ por _un amigo mío_. - - [251] _Malsinar_ es delatar, y _malsín_ el cizañero o delator. - («El que de secreto avisa a la justicia de algunos delitos con - mala intención y por su propio interés», Covarrubias.) - - - - -DIEGO HURTADO DE MENDOZA - -(Hacia 1503-1575) - - -El último tercio del siglo XVI (incluyendo los primeros decenios -del XVII) señala el punto más alto de gloria a que llegó nunca la -prosa castellana, tanto en hermosura como en difusión por todo el -mundo civilizado. Se presenta originalísima y genial en dos géneros, -por cierto bien opuestos: el más sublime lenguaje místico, capaz de -encerrar todos los secretos de la filosofía del amor divino, y la más -descarada lengua picaresca, implacable en la pintura satírica de la -numerosa casta de amigos de la holganza y del hambre. Pero, además, -el castellano aparece ya diestro en tratar toda clase de asuntos -científicos y artísticos, y cumplidos los votos que en 1588 hacía el -padre Malón de Chaide, se encuentran ahora «todas las cosas curiosas -y graves escritas en nuestro vulgar, y la lengua española subida en -su perfección, sin que tenga envidia a alguna de las del mundo, y tan -extendida cuanto lo están las banderas de España, que llegan del uno -al otro polo». - -El estilo medio de esta época es, por su buen gusto y condiciones -artísticas, muy superior al de todas las otras; en el siglo XVII -comenzará ya la decadencia con los abusos increíbles del culteranismo -y del conceptismo. Respecto al vocabulario, en el siglo XVI hallamos -el mayor uso literario de voces castizas, o sea del fondo más antiguo -de la lengua, y por lo tanto más conformes con la índole y genio -propio de la misma; luego el caudal léxico se acrecentó tanto como se -enturbió, en el siglo XVII con multitud de neologismos y cultismos, y -en el XVIII con extranjerismos. - - * * * * * - -Dúdase de que don Diego Hurtado de Mendoza sea el autor de la -_Guerra de Granada_; pero las razones presentadas están lejos de -ser decisivas[252], y por ahora podemos continuar respetando la -atribución tradicional de la obra, tanto más cuanto que el estilo -de ésta y el de la correspondencia diplomática de don Diego que se -conserva, ofrece notables puntos de semejanza[253]. - -Con la _Guerra de Granada_, la prosa histórica española deja -definitivamente de producir meras crónicas o sencillas relaciones -cronológicas, al uso de la Edad Media, para emplearse en narraciones -más artísticas al uso de la historia clásica, adornadas con -discursos, retratos, descripciones, episodios y digresiones sobre -antigüedades y usos. Mendoza tomó por modelos a Salustio y a Tácito, -y les imita en su estilo conciso y cortado, al cual da realce con -frecuentes sentencias y reflexiones morales. - -La concisión de Mendoza, como dice bien Capmany, es algunas veces -extremada, en lo que sin duda afectó el autor particular estudio, -de tal manera que deja a veces el sentido obscuro u ambiguo. Este -defecto nace principalmente de la construcción de las frases; algunas -parecen mutiladas, digámoslo así, y otras mal enlazadas, por -faltarles las voces copulativas que ligan los miembros del período o -señalan las secciones o tránsitos de uno a otro: modos de hablar que -sólo admite la lengua latina, muy opuestos a la índole y claridad de -la castellana[254]. - -Este defecto lo veremos colmado después con peor exceso por los -prosistas místicos. - -Alguno atribuyó también a la pluma de Mendoza el _Lazarillo de -Tormes_; pero hoy nadie sostiene tal atribución. Nada absolutamente -tienen de común la corriente y familiar manera de contar que se -observa en la novela, con la estudiada y llena de ambición literaria -que nos ofrece la _Guerra_. - - - GUERRA DE GRANADA - PRÓLOGO - -Mi propósito es escribir la guerra que el Rey Católico de España Don -Felipe II, hijo del nunca vencido Emperador Don Carlos, tuvo en el -reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos[255], -parte de la cual yo vi[256] y parte entendí[257] de personas que -en ella pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que muchas -cosas de las que escribiere parecerán a algunos livianas y menudas -para historia, comparadas a las grandes que de España se hallan -escritas[258]: guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones -de ciudades populosas; reyes vencidos y presos, desposeídos, -restituídos y otra vez desposeídos, muertos a hierro[259]; discordias -entre padres e hijos, hermanos y hermanos, suegros y yernos; -acabados linajes, mudadas sucesiones de reinos; libre y extendido -campo y ancha salida para los escritores. Yo escogí camino más -estrecho, trabajoso, estéril y sin gloria[260], pero provechoso y de -fruto para los que adelante vinieren: comienzos bajos, rebelión de -salteadores, junta de esclavos, tumulto de villanos, competencias, -odios, ambiciones y pretensiones; dilación de provisiones, falta de -dinero, inconvenientes o no creídos, o tenidos en poco, remisión y -flojedad en ánimos acostumbrados a entender, proveer y disimular -mayores cosas; y así no será cuidado perdido considerar de cuán -livianos principios y causas particulares se viene a colmo de grandes -trabajos, dificultades y daños públicos, y cuasi fuera de remedio; -veráse una guerra al parecer tenida en poco y liviana dentro en -casa[261], mas fuera estimada y de gran coyuntura, que en cuanto -duró tuvo atentos y no sin esperanza los ánimos de príncipes amigos -y enemigos, lejos y cerca; primero encubierta y sobresanada[262], y -al fin descubierta, parte con el miedo y la industria y parte criada -con el arte y ambición; la gente, que dije pocos a pocos junta, -representada en forma de ejércitos; necesitada España a mover sus -fuerzas para atajar el fuego; el rey salir de su reposo y acercarse a -ella; encomendar la empresa a Don Juan de Austria, su hermano, hijo -del Emperador Don Carlos, a quien la obligación de las victorias del -padre moviese a dar la cuenta de sí que nos muestra el suceso; en -fin, pelearse cada día con enemigos, frío, calor, hambre, falta de -municiones, de aparejos en todas partes, daños nuevos, muertes a la -contínua: hasta que vimos a los enemigos, nación belicosa, entera, -armada y confiada en el sitio, en[263] el favor de los berberíes -y turcos[264], vencida, rendida, sacada de su tierra y desposeída -de sus casas y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños -cautivados, vendidos en almoneda o llevados a habitar a tierras lejos -de la suya: cautiverio y transmigración no menor que las que de -otras gentes se leen por las historias. Victoria dudosa y de sucesos -tan peligrosos, que alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros o -los enemigos los[265] a quien Dios quería castigar, hasta que el -fin della descubrió que nosotros éramos los amenazados y ellos los -castigados. Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre y lejos -de todas las cosas de odio o de amor[266] los que quisieren tomar -ejemplo o escarmiento, que esto sólo pretendo por remuneración de mi -trabajo, sin que de mi nombre quede otra memoria. - - - LIBRO IV, CAPÍTULO LXXIII, DE LA GUERRA DE GRANADA - - El Duque de Arcos, encargado por el Rey de las operaciones - militares en la sierra de Ronda, va a reconocer el fuerte de - Calalui, donde, en 1501, habían sufrido una gran derrota los - cristianos, en la que había muerto don Alonso de Aguilar, hermano - mayor del Gran Capitán. Mendoza, imitando a Tácito, hace una - sentida y patética descripción del lugar y del suceso. - -(El Duque) mandó apercibir la gente de la Andalucía y de los señores -de ella, de a pie y de a caballo, con vitualla para quince días, -que era lo que parecía que bastase para dar fin a esta guerra. En -el entretanto que la gente se juntaba, le vino voluntad de ver y -reconocer el fuerte de Calalui[267], en Sierra Bermeja, que los moros -llaman Gebalhamar, adonde en tiempos pasados se perdieron don Alonso -de Aguilar y el Conde de Ureña[268]: don Alonso señalado capitán -y ambos grandes príncipes entre los andaluces; el de Ureña abuelo -suyo[269] de parte de su madre, y don Alonso bisabuelo de su mujer. - -Salió de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la montaña, -previsión necesaria por la poca seguridad en acontecimientos de -guerra y poca certeza de la fortuna. Comenzaron a subir la sierra, -donde se decía que los cuerpos habían quedado sin sepultura[270]; -triste y aborrecible vista y memoria. Había entre los que miraban -nietos y descendientes de los muertos o personas que por oídas -conocían ya los lugares desdichados. Lo primero dieron en la -parte donde paró la vanguardia con su capitán por la escuridad de -la noche, lugar harto extendido y sin más fortificación que la -natural, entre el pie de la montaña y el alojamiento de los moros. -Blanqueaban calaveras de hombres y huesos de caballos, amontonados, -desparcidos, según, cómo y dónde habían parado; pedazos de armas, -frenos, despojos de jaeces[271]. Vieron más adelante el fuerte de los -enemigos, cuyas señales parecían pocas y bajas y aportilladas[272]. -Iban señalando los pláticos de la tierra dónde habían caído -oficiales, capitanes y gente particular[273]; referían cómo y dónde -se salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el Conde de -Ureña[274] y Don Pedro de Aguilar, hijo mayor de Don Alonso; en qué -lugar y dónde se retrajo Don Alonso y se defendía entre dos peñas; la -herida que el Ferí, cabeza de los moros, le dió primero en la cabeza -y después en el pecho, con que cayó; las palabras que le dijo andando -a brazos: _¡Yo soy Don Alonso!_; las que el Ferí le respondió cuando -le hería: _Tú eres Don Alonso, mas yo soy el Ferí de Benestepar_, y -que no fueron tan desdichadas las heridas que dió Don Alonso como -las que recibió[275]; dónde mataron los capitanes rendidos, dónde -tomaron los estandartes, dónde los despedazaron y escarnecieron[276]; -cómo lloraron a Don Alonso amigos y enemigos. Mas en aquel punto -renovaron los soldados el sentimiento; gente desagradecida sino en -las lágrimas. Mandó el general hacer memoria[277] por los muertos, -y rogaron los soldados que estaban presentes que reposasen en paz, -inciertos si rogaban por deudos o por extraños, y esto les acrecentó -la ira y el deseo de hallar gente contra quien tomar venganza. - -Vista la importancia del lugar si los enemigos lo ocupasen, envió -dende a poco el Duque una bandera de infantería que entrase en el -fuerte y lo guardase. Vino en este tiempo resolución del Rey que -concedía a los moros cuasi todo lo que le pedían, que tocaba al -provecho dellos, y comenzaron algunos a reducirse... - - -NOTAS - - [252] Don Lucas de Torre en el _Boletín de la Acad. de la - Hist._, LXIV, 1914, págs. 461 y sigs., ha negado la atribución a - Mendoza de la _Guerra de Granada_, sosteniendo que ésta es una - mera prosificación de los diez y ocho primeros cantos de _La - Austriada_ de Juan Rufo, poema publicado en 1584. Ahora bien, las - relaciones entre ambas obras son precisamente las contrarias; - _La Austriada_ es _La Guerra_ puesta en verso, como puede verse, - por ejemplo, comparando el segundo fragmento que aquí publicamos - de la historia, con los versos correspondientes del poema: este - se aparta mucho más de la fuente de inspiración, Tácito, que _La - Guerra_. Así en _La Austriada_, XVII, 94, etc.: - - Causaba horror, mancilla y desconsuelo - la vista aborrecible y lastimera - de huesos a que el hado y la ventura - negaron la funebre sepultura... - - Más exacto es el «se decía...» etc., de _La Guerra_. - - Víanse infinidad de calaveras - de hombres, y huesos grandes de caballos, - según y donde y como las guerreras - aventuras pudieron derriballos... - - Más exacto es el «blanqueaban... amontonados, desparcidos..., - donde habían parado», de _La Guerra_. - - Referían algunos qué oficiales - y qué personas otras señaladas - en cada parte el alma habían rendido. - - _La Guerra_: «donde habían caído». La imitación de Tácito se - halla borrada ya en esta otra octava: - - Mas el buen general, porque la historia - y pasos fuesen más bien empleados, - por los muertos mandó hacer memoria - sobre aquellos peñascos encumbrados; - de todo corazón piden victoria - con plegaria solene los soldados, - que el lamentable objeto y remembranza - les aumenta el deseo de venganza. - - (Impreso lo anterior, hallo aprovechada la comparación del - segundo pasaje aquí citado de la _Austriada_, en un importante - artículo de R. FOULCHÉ-DELBOSC, _L’autenticité de la Guerra de - Granada_, Revue Hispanique, t. XXXV, 1915, pág. 512.) - - [253] A. MOREL-FATIO, _Quelques remarques sur «La Guerra de - Grenade», de don Diego Hurtado de Mendoza_, (en el Annuaire de - l’École pratique des Hautes Études 1914-1915), págs. 36-43 del - extracto. - - [254] Morel-Fatio en el estudio citado, insiste muy severamente - en los defectos de Mendoza: la pobreza del vocabulario, que trae - abuso de ciertas voces y repeticiones desairadas; asonancias y - aliteraciones; imitación a veces inhábil de Salustio y Tácito; - frases mal construídas, o dispuestas artificiosamente para dar - a un pensamiento cualquiera cierto aire de profundidad que le - sienta mal. No se puede, sin embargo, asentir a varias de las - censuras hechas por el Sr. Morel-Fatio a los pasajes que cita - como ejemplo de los defectos señalados. - - [255] Poco después de la conquista de Granada, a raíz de una - insurrección de los moros, Cisneros logró que se bautizaran de - 50 a 70.000; otros muchos se desterraron al Africa. (Año 1500.) - Claro es que estas conversiones en masa fueron seguidas de - frecuentes apostasías y reconversiones. - - [256] Mendoza, a causa de una pendencia habida en el palacio real - con don Diego de Leiva, fué desterrado a Granada en 1569, cuando - hacía ya cuatro meses que la rebelión había comenzado. Allí pasó - los seis últimos años de su vida. Estaba ligado con parentesco - a los principales actores de las cosas de Granada: el padre de - Mendoza, segundo Conde de Tendilla y primer Marqués de Mondéjar, - había sido gobernador de Granada en 1492, y su hermano mayor don - Luis lo era aún algunos años antes de la guerra; el Marqués de - Mondéjar, capitán general al comienzo de la campaña, era sobrino - del escritor. - - [257] _Entender_, por oir o escuchar, es bastante usado en - nuestros clásicos; así como _exprimir_ por _expresar_, _sujeto_ - por _asunto_; voces que hoy serían tenidas por galicismo - imperdonable, no siéndolo. - - [258] No alude Mendoza a ser su obra historia de un suceso - particular, que otras muchas había ya de esta índole (AVILA - Y ZÚÑIGA, _Comentario de la guerra de Alemania_; PERO MEJÍA, - _Relación de las comunidades de Castilla_, etc.), sino a la - pequeñez que se podía achacar a la rebelión de los moriscos. - - [259] Hoy no es muy corriente el uso de la preposición _a_ para - indicar el instrumento, aunque se conservan las frases _a sangre - y fuego_, _quien a hierro mata_, etc. - - [260] Tácito dice: «In arcto et inglorius labor.» La enumeración - que antecede también recuerda algo el prólogo de las _Historias_, - de Tácito: «Haustæ, aut obrutæ urbes... corrupti in dominos - servi, in patronos liberti; et quibus deerat inimicus, per amicos - oppressi.» - - [261] Mendoza explica en su historia cómo el desamor al bien - público y la mala administración prolongaron excesivamente la - guerra, juntamente con el egoísmo y pereza de los que no querían - acabarla pronto. _Dentro en_, arcaísmo por _dentro de_. - - [262] _Sobresanar_ «cerrar una herida sólo por la superficie, - quedando dañada la parte interior.» - - [263] Nótese la supresión de la conjunción _y_. Aunque el estilo - de Mendoza es cortado, más que nada lo es por la afectada omisión - de conjunciones y verbos; el pensamiento, en cambio, permanece en - suspenso a través de una porción de frases seguidas. - - [264] Los rebeldes buscaron apoyo en los moros de Africa y en - el Sultán Selim II, quienes les proporcionaron algunas armas y - soldados. - - [265] En la lengua corriente se suprimiría _los_, o se haría - resaltar más su fuerza demostrativa sustituyéndolo por _aquellos_. - - [266] Esta protesta de sinceridad recuerda la del comienzo de las - _Historias_, de Tácito: «Sed incorruptam fidem professis, nec - amore quisquam et sine odio dicendus est.» - - [267] El historiador Zurita le llama _Calaluz_, nombre hoy - desconocido. - - [268] Aquí _se perdieron_, no quiere decir ‘murieron’, según - entienden muchos, sino ‘fueron desbaratados’; pues el Conde de - Ureña salvó la vida, como se verá. - - [269] _Suyo_, es decir, del Duque de Arcos. Debe evitarse la - ambigüedad a que frecuentemente se presta el uso del posesivo. - - [270] Toda esta descripción está imitada de Tácito (Anales I, - 61) cuando refiere cómo Germánico, en tiempo de Tiberio, al ir a - combatir con Ariminio, visitó el campo de Teutoburgo (al Norte - de Westfalia, entre el Ems y el Weser), donde bajo el reinado de - Augusto había sido derrotado y muerto Varo, perdiéndose con él - tres legiones. Mendoza imita frases y palabras de Tácito: «In - quo reliquiæ Vari, legionumque insepultæ dicebantur... incedunt - mœstos locos, visuque ac memoria deformes. - - [271] Tácito: «Medio campi albentia ossa, ut fugerant, ut - restiterant, disjecta vel aggerata; adiacebant fragmina telorum, - equorumque artus...» - - [272] _Señales aportilladas_, llenas de _portillos_. Este es el - nombre castizo, en vez de ‘brecha’, que es palabra moderna y de - origen extranjero. - - [273] Tácito: «Referebant hic cecidisse legatos, illic raptas - aquilas, primum ubi vulnus Varo adactum, ubi infelici dextra et - suo ictu mortem invenerit...» - - [274] El pueblo, a quien conmovió profundamente la muerte de don - Alonso de Aguilar, no perdonó al Conde de Ureña el haberse salido - con vida de la batalla de Sierra Bermeja, lo cual dió ocasión «a - los cantares y libertad española», según frase del mismo Mendoza. - Un cantarcillo preguntaba: - - Decid, buen Conde de Ureña, - ¿dónde don Alonso queda? - - Hubo varios romances cantando el desastre. Uno, muy famoso, - empieza con este sentido lamento: - - ¡Ríoverde, Ríoverde, - tinto vas en sangre viva! - Entre ti y Sierra Bermeja - murió gran caballería; - murieron duques y condes, - señores de gran valía... - - El hijo de don Alonso, don Pedro, peleaba de rodillas y mal - herido al lado del héroe, quien le suplicaba le abandonase para - ir a consolar a su madre; pero hubiera perecido con su padre si - no le hubiese separado de allí don Francisco Alvarez de Córdova. - - [275] Don Alonso, al oir que luchaba con el odiado y terrible - Ferí, recogió sus últimas fuerzas para herirle, pero le faltó - aliento y fué rematado. - - [276] Tácito: «Utque signis et aquilis per superbiam insulserit - (Ariminius).» - - [277] Los soldados de Germánico no oran por sus compañeros, - sino que entierran sus huesos juntamente con los del enemigo: - «Trium legionum ossa, nullo noscente alienas reliquias an suorum - humo tegeret, omnes, ut coniunctos, ut consanguineos, aucta in - hostem ira, moesti simul et infensi condebant.» Mendoza no debió - haber copiado estas hermosas palabras, pues las oraciones de los - españoles no beneficiaban igualmente a amigos y enemigos. - - - - -FRAY LUIS DE GRANADA - -(1504-1588) - - -El _Libro de la Oración y Meditación_ se imprimió por primera vez en -1567, y la _Introducción al Símbolo_, en 1582. El lenguaje castellano -había servido ya, no sólo para escribir libros de entretenimiento, -sino para tratar asuntos graves y doctrinales en manos de Fray -Antonio de _Guevara_, Juan de _Valdés_, Florián de _Ocampo_, etc. -Sin embargo, antes de Fray Luis de Granada, sólo el beato _Juan de -Avila_ († 1569) había empleado el romance en cuestiones de mística y -teología de un modo genial, entre varios de segundo orden. - -«El Venerable Ávila, dice Capmany, había creado, por decirlo así, un -lenguaje místico de robusto y subido estilo, y el Venerable Granada -lo hermoseó, lo retocó con lumbres y matices y le dió número, fluidez -y grandiosidad en las cláusulas.» - -Granada es el tipo acabado de la lengua oratoria del siglo XVI; el -espíritu popular de la predicación cristiana aparece en él unido -a las más altas cualidades artísticas de la persuasión; por la -amplitud del período recuerda a Cicerón, en quien se inspiraba; -alguno le llamó el _Cicerón de España_. Su principal empeño en -el terreno del arte parece haber sido enriquecer la construcción -sintáctica sacándola de la sencillez ordinaria de la conversación -a la complejidad y magnificencia del discurso elevado. En su obra -latina _Retórica eclesiástica_, código de sus principios artísticos, -se desentiende de la que allí se llama _composición sencilla o -simple_, diciendo que «no está sujeta a la ley de los números ni -tiene períodos _muy largos_, y della usamos nosotros _en el trato -familiar_»; en cambio, estudia con prolijidad la _composición doble_ -que «usa de oraciones torcidas y _largas_»; a menudo deja traslucir -su predilección por las más complicadas construcciones, así que dice -de una de sus clases: «Cuanto más larga, tanto es más elegante, con -tal, empero, que guarde tasa en esta extensión.» - -Es preciso notar en su período largo que ni suele serlo en exceso, -como el de algunos oradores de hoy día, ni tiene ordinariamente la -redondez del silogismo, sino que fluye más bien por la simple adición -de miembros; y se muestra la inexperiencia del que por primera vez -intenta una reforma, en que esa adición está, las más veces, hecha -con conjunciones meramente copulativas, y sobre todo por medio del -relativo _el cual_ (comp., página 89, nota 172), que aparece, no sólo -usurpando casi completamente el puesto de su sinónimo _que_, sino que -se usa mucho cuando para nada haría falta ligar dos miembros con los -lazos de relativo y antecedente, y sería menos pesado, por ejemplo, -enlazarlos por la simple copulativa y un demostrativo: _Los santos -mártires, siendo vencidos y muertos, vencieron y triunfaron del -mundo; lo cual muestra_ (y esto muéstralo) _una carta del Emperador -Maximino, el cual_ (quien) _después de haber intentado_, etc. -(Símbolo II.º, 13.º, § 3). _Esto nos declaran los cuatro postreros -capítulos del libro de Job, en los cuales_ (donde) _hablando Dios -con este santo, le da conocimiento de su omnipotencia...; para lo -cual_ (para ello) _comenzando por las partes mayores del universo... -discurre luego por todas las otras menores...; después de lo cual_ -(y después) _desciende a tratar de los animales_ (Símbolo I.º, 1.º). - -En los trozos que siguen se pueden ver muestras de los principales -aspectos del estilo de Fray Luis: el tono grandilocuente e inflamado -de la Meditación sobre el Juicio final; el tono retórico y declamador -empleado en la consideración del Descendimiento, que no parece que la -escribió, sino que la habla desde el púlpito, y la placidez risueña y -candorosa con que se deleita en la pintura de animales y plantas en -la primera parte del _Símbolo de la Fe_. - - - LIBRO DE LA ORACIÓN Y MEDITACIÓN - - La meditación para el jueves en la noche es sobre el Juicio - final.--Señales que le precederán; confusión del pecador ante el - Juez. - -Así estará el aire lleno de relámpagos y torbellinos, y cometas -encendidos. La tierra estará llena de aberturas y temblores -espantosos, los cuales se cree que serán tan grandes, que bastarán -para derribar, no sólo las casas fuertes y las torres soberbias, -más aun hasta los montes y peñas arrancarán y trasformarán de sus -lugares. Mas la mar sobre todos los elementos se embravescerá, y -serán tan altas sus olas y tan furiosas, que parecerá que han de -cubrir toda la tierra. A los vecinos espantará con sus crescientes, -y a los distantes con sus bramidos, los cuales serán tales que de -muchas leguas se oirán. - -¿Cuáles andarán entonces los hombres[278], cuán atónitos, cuán -confusos, cuán perdido el sentido, la habla[279] y el gusto de todas -las cosas? Dice el Salvador que se verán entonces las gentes en -grande aprieto y que andarán los hombres secos y ahilados[280] de -muerte, por el temor grande de las cosas que han de sobrevenir al -mundo. ¿Qué es esto (dirán), qué significan estos pronósticos, en qué -ha de venir a parar esta preñez del mundo, en qué han de parar estos -tan grandes remolinos y mudanzas de todas las cosas? Pues así andarán -los hombres espantados y desmayados, caídas las alas del corazón y -los brazos, mirándose los unos a los otros; y espantarse han tanto -de verse tan desfigurados, que esto sólo bastaría para hacerlos -desmayar, aunque no hubiese más que temer. Cesarán todos los oficios -y granjerías, y con ellos el estudio y la cobdicia de adquirir; -porque la grandeza del temor traerá tan ocupados sus corazones, que -no sólo se olvidarán destas cosas, sino también del comer y del -beber, y de todo lo necesario para la vida. Todo el cuidado será -andar a buscar lugares seguros para defenderse de los temblores de -la tierra, y de las tempestades del aire, y de las crescientes de la -mar. Y así los hombres se irán a meter en las cuevas de las fieras, -y las fieras se vendrán a guarecer en las casas de los hombres, -y así todas las cosas andarán revueltas y llenas de confusión. -Afligirlos han los males presentes, y mucho más el temor de los -venideros; porque no sabrán en qué fines hayan de parar tan dolorosos -principios. Faltan palabras para encarescer este negocio, y todo lo -que se dice es menos de lo que será. Vemos agora que cuando en la mar -se levanta alguna brava tormenta, o cuando en la tierra sobreviene -algún grande torbellino o terremoto, cuáles andan los hombres, cuán -medrosos y cuán cortados, y cuán pobres de esfuerzo y de consejo; -pues cuando entonces el cielo, y la tierra, y la mar, y el aire del -mundo haya su propia tormenta; cuando el sol amenace con luto, y la -luna con sangre, y las estrellas con sus caídas, ¿quién comerá, quién -dormirá, quién tendrá un solo punto de reposo en medio de tantas -tormentas?... - -El Señor vendrá como una tempestad y torbellino arrebatado[281]; y -sus pies levantarán una grande polvareda delante de sí. Indignóse -contra la mar, y secóse, y todos los ríos de la tierra se agotaron. -El monte Basán y Carmelo se marchitaron, y la flor del Líbano se -cayó. Los montes se estremecieron delante dél, y los collados -quedaron asolados... - -Luego comenzará a celebrarse el juicio, y tratarse de las causas de -cada uno, según lo escribe el profeta Daniel por estas palabras: -Estaba yo (dice él) atento, y vi poner unas sillas en sus lugares, y -un anciano de días se asentó en una dellas; el cual estaba vestido -de una vestidura blanca como la nieve, y sus cabellos eran también -blancos, así como una lana limpia. El trono en que estaba asentado -eran llamas de fuego, y las ruedas dél como fuego encendido, y un río -de fuego muy arrebatado salía de la cara dél. Millares de millares -entendían en servirle, y diez veces cien mil millares asistían -delante dél. Miraba yo todo esto en aquella visión de la noche, y vi -venir en las nubes uno que parescía hijo de hombre. Hasta aquí son -palabras de Daniel; a las cuales añade Sant Joan, y dice: Y vi todos -los muertos, así grandes como pequeños, estar delante deste trono y -fueron abiertos allí los libros; y otro libro se abrió, que es el -libro de la vida; y fueron juzgados los muertos según lo contenido -en aquellos libros, y según sus obras. Cata aquí, hermano, el arancel -por donde has de ser juzgado; cata aquí las tasas y precios[282] -por donde se ha de apreciar todo lo que heciste; y no por el juicio -loco del mundo, que tiene el peso falso de Canaan en la mano, donde -tan poco pesan la virtud y el vicio. En estos libros se escribe toda -nuestra vida con tanto recaudo, que aun no has echado la palabra por -la boca, cuando ya está apuntada y asentada en su registro... - -Pues qué sentirá entonces cada uno de los malos, cuando entre Dios -con él en este examen, y allá dentro de su consciencia le diga -así: Ven acá, hombre malaventurado, ¿qué viste en mí, porque[283] -así me despreciaste, y te pasaste al bando de mi enemigo? Yo te -levanté del polvo de la tierra, y te crié a mi imagen y semejanza, -y te di virtud y socorro con que pudieses alcanzar mi gloria. Mas -tú, menospreciando los beneficios y mandamientos de vida que yo te -di, quisiste más seguir la mentira del engañador, que el consejo -saludable de tu Señor. Para librarte desta caída descendí del cielo a -la tierra, donde padescí los mayores tormentos y deshonras que jamás -se padescieron. Por ti ayuné, caminé, velé, trabajé y sudé gotas de -sangre. Por ti sufrí persecuciones, azotes, blasfemias, escarnios, -bofetadas, deshonras, tormentos y cruz. Por ti, finalmente, nascí -en mucha pobreza, viví con muchos trabajos, y morí con gran dolor. -Testigos son esta cruz y clavos que aquí parescen, testigos estas -llagas de pies y manos que en mi cuerpo quedaron; testigos el cielo y -la tierra delante de quien padescí, y testigos el sol y la luna que -en aquella hora se eclipsaron. Pues ¿qué heciste desa ánima tuya, -que yo con mi sangre hice mía? ¿En cúyo[284] servicio empleaste lo -que yo compré tan caramente? ¡Oh generación loca y adúltera! ¿Por -qué quisiste más servir a ese enemigo tuyo con trabajo, que a mí, -tu Criador y Redemptor, con alegría? Espantáos, cielos, sobre este -caso, y vuestras puertas se cayan[285] de espanto, porque dos males -ha hecho mi pueblo: a mí desampararon[286], que soy fuente de agua -viva, y desamparáronme por otro Barrabás. Llaméos tantas veces, y -no me respondísteis; toqué a vuestras puertas, y no despertastes; -extendí mis manos en la Cruz, y no las mirastes; menospreciastes mis -consejos, y todas mis promesas y amenazas. Pues decid agora vosotros, -ángeles; juzgad vosotros, jueces entre mí y mi viña: ¿qué más debí yo -hacer por ella de lo que hice? - -Pues ¿qué responderán aquí los malos, los burladores de las cosas -divinas, los mofadores de la virtud, los menospreciadores de la -simplicidad?... - - - Meditación para el sábado por la mañana. Descendimiento de Cristo - y llanto de la Virgen. - -Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos, ¿qué lengua podrá -explicar lo que sintió? ¡Oh ángeles de paz, llorad con esta sagrada -Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo; y todas las -criaturas del mundo acompañad el llanto de María! Abrázase la madre -con el cuerpo despedazado; apriétalo fuertemente en sus pechos (para -esto sólo le quedaban fuerzas), mete su cara entre las espinas de -la sagrada cabeza, júntase rostro con rostro; tíñese la cara de la -Madre con la sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas -de la Madre. ¡Oh dulce Madre! ¿es ese por ventura vuestro dulcísimo -Hijo? ¿Es ese el que concebistes con tanta gloria y paristes con -tanta alegría? Pues ¿qué se hicieron vuestros gozos pasados? ¿Dónde -se fueron vuestras alegrías antiguas?[287] ¿Dónde está aquel espejo -de hermosura en quien vos os mirábades?[288] Ya no os aprovecha -mirarle a la cara; porque sus ojos han perdido la luz. Ya no os -aprovecha darle voces y hablarle; porque sus orejas han perdido el -oir. Ya no se menea la lengua que hablaba las maravillas del cielo. -Ya están quebrados los ojos que con su vista alegraban al mundo. -¿Cómo no habláis agora, Reina del cielo? ¿Cómo han atado los dolores -vuestra lengua? La lengua estaba enmudecida; mas el corazón allá -dentro hablaría con entrañable dolor al Hijo dulcísimo, y le diría: -¡Oh vida muerta! ¡Oh lumbre escurescida! ¡Oh hermosura afeada! ¿Y -qué manos han sido aquellas que tal han parado[289] vuestra divina -figura? ¿Qué corona es ésta que mis manos hallan en vuestra cabeza? -¿Qué herida es ésta que veo en vuestro costado? ¡Oh summo Sacerdote -del mundo! ¿qué insignias son éstas que mis ojos ven en vuestro -cuerpo? ¿Quién ha manchado el espejo y hermosura del cielo? ¿Quién -ha desfigurado la cara de todas las gracias? ¿Estos son aquellos -ojos que oscurescían al sol con su hermosura? ¿Estas son las manos -que resuscitaban a los muertos a quien tocaban? ¿Esta es la boca por -do salían los cuatro ríos del paraíso?[290] ¿Tanto han podido las -manos de los hombres contra Dios? Hijo mío, y sangre mía, ¿de dónde -se levantó a deshora esta fuerte tempestad? ¿Qué ola ha sido ésta -que así te me[291] ha llevado? Hijo mío, ¿qué haré sin ti? ¿A dónde -iré? ¿Quién me remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían -a rogarte por sus hijos, y por sus hermanos defunctos; y tú con tu -infinita virtud y clemencia los consolabas y socorrías; mas yo que -veo muerto a mi hijo y mi padre, y mi hermano y mi Señor[292], ¿a -quién rogaré por él? ¿Quién me consolará? ¿Dónde está el buen Jesu -Nazareno, Hijo de Dios vivo, que consuela a los vivos, y da vida a -los muertos? ¿Dónde está aquel grande Profeta poderoso en obras y -palabras? - - - INTRODUCCIÓN AL SÍMBOLO DE LA FE - PARTE PRIMERA - - Admirable providencia para la conservación de las frutas. La - granada. - -Pues la hermosura de algunos árboles cuando están muy cargados de -fruta ya madura, ¿quién no la ve? ¿Qué cosa tan alegre a la vista, -como un manzano o camueso, cargadas las ramas a todas partes[293] -de manzanas, pintadas con tan diversos colores, y echando de sí un -tan suave olor? ¿Qué es ver un parral, y ver entre las hojas verdes -estar colgados tantos y tan grandes y tan hermosos racimos de uvas -de diversas castas y colores? ¿Qué son estos, sino unos como[294] -hermosos joyeles, qué penden deste árbol? Pues el artificio de -una hermosa granada ¡cuánto nos declara la hermosura y artificio -del Criador![295] El cual por ser tan artificioso no puedo dejar -de representar en este lugar. Pues primeramente Él la vistió por -de fuera con una ropa hecha a su medida, que la cerca toda, y la -defiende de la destemplanza de los soles y aires; la cual por de -fuera es algo tiesa y dura, mas por dentro más blanda, porque no -exaspere[296] el fructo que en ella se encierra que es muy tierno; -mas dentro della están repartidos y asentados los granos por tal -orden, que ningún lugar, por pequeño que sea, queda desocupado y -vacío. Está toda ella repartida en diversos cascos, y entre casco -y casco se extiende una tela más delicada que un cendal, la cual -los divide entre sí; porque como estos granos sean tan tiernos, -consérvanse mejor divididos con esta tela, que si todos estuvieran -juntos. Y allende desto, si uno destos cascos se pudre, esta tela -defiende a su vecino, para que no le alcance parte de su daño... -Cada uno destos granos tiene dentro de sí un hosecico blanco, para -que así se sustente mejor lo blando sobre lo duro, y al pie tiene -un pezoncico tan delgado como un hilo, por el cual sube la virtud y -jugo, dende lo bajo de la raíz hasta lo alto del grano; porque por -este pezoncico se ceba él, y cresce, y se mantiene, así como el niño -en las entrañas de la madre por el ombliguillo. Y todos estos granos -están asentados en una cama blanda, hecha de la misma materia de que -es lo interior de la bolsa que viste toda la granada. Y para que nada -faltase a la gracia desta fruta, remátase toda ella en lo alto con -una corona real, de donde paresce que los reyes tomaron la forma de -la suya. En lo cual paresce haber querido el Criador mostrar que era -ésta reina[297] de las frutas. A lo menos en el color de sus granos -tan vivo como el de unos corales, y en el sabor y sanidad desta fruta -ninguna le hace ventaja. Porque ella es alegre a la vista, dulce -al paladar, sabrosa a los sanos, y saludable a los enfermos, y de -cualidad que todo el año[298] se puede guardar. Pues ¿por qué los -hombres que son tan agudos en filosofar en las cosas humanas, no lo -serán en filosofar en el artificio desta fruta, y reconoscer por él -la sabiduría y providencia del que de un poco de humor de la tierra -y agua cría una cosa tan provechosa y hermosa? Mejor entendía esto la -Esposa en sus cantares, en los cuales convida al esposo al zumo de -sus granadas, y le pide que se vaya con ella al campo para ver si han -florescido las viñas y ellas. - - - PRIMERA PARTE - - Pintura del pavo real. - -Entre estos animales el que más claro parece que conoce su hermosura -es el pavón, pues vemos que él mismo hace alarde de sus hermosas -plumas, con aquella rueda tan vistosa, que por muchas veces que la -veamos, siempre holgamos de verla y de sentir la ufanía con que él -extiende aquellas plumas, preciándose de su gentileza y haciendo esta -demostración della. La cual hace las más veces[299] cuando tiene la -hembra presente, para aficionarla más con esto. Y cuando quiere ya -deshacer la rueda, hace un grande estruendo con las alas para mostrar -juntamente valentía con la hermosura. En lo cual todo vemos una -imitación de las cosas que se pasan en la vida humana... - -Y tratando primero del fin que tuvo el que la crió, parece que así -como en la fábrica de aquellos animalillos pequeñitos nos quiso -mostrar la subtileza y grandeza de su poder y sabiduría (la cual en -tan pequeña materia pudo formar tantas cosas), así en la hermosura -desta ave nos quiso dar una pequeña muestra o sombra de su infinita -hermosura. La razón[300] que a esto me mueve es ver que este plumaje -tan grande (que es de vara y media de largo) no sirve ni para cubrir -el cuerpo desta ave (pues excede tanto la medida dél), ni tampoco -ayuda para volar, porque antes impide con su demasiada carga; y pues -habemos de señalar en esta obra algún fin, no veo otro sino el que -está dicho... - -Y dejando aquellos ramales[301] o cabellos que van acompañando el -asta de las plumas de la cola hasta el cabo dellas (que son todos -harpados y de hermosos colores), vengamos a aquel ojo que está al -cabo dellas, formado con tanta variedad de colores, y éstos tan finos -y tan vistosos, que ningún linaje de las tintas que han inventado los -hombres podrá igualar con el lustre y fineza destos. Porque en medio -deste ojo está una figura oval de un verde clarísimo, y dentro dél -está otra cuasi de la misma figura y de un color morado finísimo, y -éstas están cercadas de otros círculos hermosísimos[302], que tienen -gran semejanza con los colores y figuras del arco que se hace en las -nubes del cielo; a los cuales sucede en torno la cabellera, hermosa -también, de diversos colores, en que se remata la pluma. Y en este -ojo o círculo que decimos, hay otra cosa no menos admirable, y es -que los cabellos o ramales de que esta figura se compone están tan -pegados unos con otros, y tan parejos y iguales en su composición, -que no parece que aquella figura es compuesta de diversos hilos, sino -que es como un pedazo de seda continuada que allí está. - -Pues ¿qué diré de la hermosura del cuello que sube del pecho hasta -la cabeza, y de aquel color verde que sobrepuja la fineza de toda la -verdura del mundo? Y lo que pone más admiración es que todas aquellas -plumillas que visten este cuello son tan parejas y tan iguales entre -sí, que ni una sola se desordena en ser mayor o menor que otra. De -donde resulta parecer más aquella verdura una pieza de seda verde, -como dijimos, que cosa compuesta de todas estas plumillas. No faltaba -aquí sino una corona real para la cabeza desta ave; mas en lugar -della tiene aquellas tres plumillas que hacen como diadema, y son -el remate de la hermosura desta ave[303]. Y como tengan estas tres -plumicas tanta gracia, y no sirvan más que para su hermosura, vese -claro que de propósito se puso el Criador a pintar esta ave tan -hermosa. Lo que aquí se ha dicho, entenderá mejor quien pusiere los -ojos en una pluma destas, porque más sirve para esto la vista que las -palabras. Y no se debe echar en olvido que la hermosura y colores -de todo este plumaje no es como la de las flores[304], que en breve -se marchita, sino es perpetua y estable, y por eso sirve para otras -cosas que se hacen dellas. - - -NOTAS - - [278] En esta interrogación, _cuál_ tiene el valor de ‘qué tal’, - y _cuán_ seguido de adjetivo, el valor de ‘lo... que’; _cuán - atónitos_ = ‘lo atónitos que andarán’. La frase _perdido el - sentido_, es decir, un participio con su complemento, hace las - veces de uno de tantos adjetivos de esta enumeración. - - [279] Granada dice _la habla_, porque en su tiempo la _h_ era - aspirada e impedía el encuentro de las dos _a_. - - [280] _Ahilado_, ‘extenuado o desfallecido’. «Arescentibus - hominibus prae timore et expectatione, quæ supervenient universo - orbi». (Luc. XXI, 26.) Muéstrase la abundancia de la frase de - Granada en estas amplificaciones de los textos bíblicos que - traduce, como la exuberancia de su imaginación en los extensos - comentarios que le inspiran. Todo este brillante párrafo no es - más que un desarrollo del versículo de San Lucas transcrito; - Granada recomienda el uso de esta exornación amplia: «para que - mirando el predicador agudamente la fuerza y, por decirlo así, - la fecundidad de las sentencias, las sepa sacar y desenvolver - con palabras; porque hay algunos tan estériles y ayunos, a - quienes los retóricos llaman áridos, que dicen las cosas no con - estilo oratorio sino dialéctico, usando de palabras llanas sin - amplificación alguna; lo cual es más proporcionado para las - escuelas y ejercicio de la disputa, que para la predicación». - (_Retórica eclesiástica_, II, 10.) - - [281] Todo este párrafo es traducción de Nahum I, 3-6: «Dominus - in tempestate et turbine viæ eius, et nebulæ pulvis pedum eius...» - - [282] Nótese cómo Granada no se arredra ante la expresión - trivial, como sea precisa; el empleo de estas palabras, de uso - tan meramente oficinesco, pero tan concretas y apropiadas, no - daña en nada a la dignidad de la expresión. Es un vicio del - estilo buscar una falsa nobleza en el uso casi exclusivo de voces - lo más abstractas y cultas posibles, en vez de tender, por el - contrario, a las más precisas y concretas, que siempre son más - expresivas y, como tal, logran efecto más artístico. - - [283] _Porque_ y _pues que_, son conjunciones causales de uso - bien distinto hoy. Sin embargo, Granada usa _porque_ en el - sentido de ‘ya que, supuesto que’. Admira la sencillez del tono - general en este largo apóstrofe unida a tanta grandeza y tan - conmovedora vehemencia; todo él está inspirado en Jeremías, II, 5 - a 13; Isaías, V, 3 y 4. - - [284] Hoy el posesivo _cuyo_ hecho interrogativo se usa solamente - como predicado del verbo _ser_, y esto en lenguaje poético - (_¿cúyo es el ganado?_). Es lastimoso el desuso en que va cayendo - este cómodo relativo. - - [285] _Caer_, hacía _caya_ y _traer_, _traya_, como hoy _haber_ - hace _haya_. Luego, a semejanza de _venga_, _ponga_, etc., se - dijo _caiga_, _traiga_. - - [286] Hoy es necesario el uso enclítico o afijo del dativo o - acusativo del pronombre: _me desampararon_; y cuando, como - aquí sucede, es preciso dar énfasis al pronombre, se repite - pleonásticamente con preposición: _Me desampararon a mí_. - El lenguaje viejo decía _a mí parece, a él ofreció_, como - modernamente se conserva el arcaísmo en algún caso _a vos atañe, - a ellos interesa_. Granada usa bastante del solo pronombre con - preposición, y ahora calcó el texto latino: «Duo enim mala fecit - populus meus: =Me= derelinquerunt fontem aquæ vivæ», etc. - Jeremías, II, 13. - - [287] Estas dos cláusulas semejantes, que varían en torno de la - palabra _gozos_ o _alegrías_, y las demás repeticiones retóricas - que siguen, más propias que de una meditación escrita (donde - resultan monótonas), lo son de un sermón hablado, donde las - sazona la animación del tono y de la viva voz. Granada, en su - _Retórica eclesiástica_ (II, 11), llama a estas consideraciones - patéticas _afectos_, pues van encaminados, como él dice, a - «inflamar los afectos del _auditorio_». - - [288] Durante todo el siglo XVI tenían una _d_ en su terminación - la persona vosotros del imperfecto de indicativo, y subjuntivo - (_veníades_, _viniésedes_), de los condicionales (_vendríades_, - _viniérades_) y del futuro de subjuntivo (_viniéredes_). En el - siglo XVII esta _d_ desapareció ya. - - [289] Véase atrás pág. 93, nota 190. - - [290] Comparación bizarra de la boca de Cristo con el lugar - deleitoso (locus voluptatis), de donde, según el _Génesis_, II, - 10, manaba el río de cuatro brazos que regaba el Paraíso. - - [291] Este _me_ es un dativo ético, v. atrás pág. 106, nota 233. - - [292] En vez de repetir la conjunción, pudiera repetirse la - preposición, lo cual es más frecuente en los complementos dobles - o triples: «veo muerto a mi hijo, a mi padre, a mi hermano»; pero - entonces parecería más bien que esos complementos se referían a - tres personas diversas, y aquí no es ese el caso. - - [293] _Cargadas las ramas_, etc., es una cláusula absoluta sin - enlace gramatical con el resto del período, como en latín el - ablativo absoluto u oracional. El sentido de la frase _a todas - partes_, exige hoy diversa preposición. - - [294] Véase adelante pág. 167, n. 352, y pág. 168, n. 357. - - [295] El afán de Granada por construir su frase de muchos - miembros le lleva a un uso fatigoso del relativo _el cual_, - puesto como débil lazo de unión entre unos y otros; defecto - que luego se generalizó en extremo. _El cual_ es más cómodo - que el simple _que_, por distinguir el género y número de - su antecedente, evitando así anfibologías; pero aquí existe - la confusión, por poder ser antecedentes dos masculinos que - preceden, y más bien parece referirse a _Criador_ que a - _artificio_, no siendo en realidad esto así. Ganaría el texto en - brevedad diciendo simplemente: «¡Cuánto nos declara la hermosura - y artificio del Criador! Primeramente él la vistió por de - fuera...»; no hace falta nada más, y en un escrito sobra todo lo - que no hace falta. - - [296] _Exasperar_, por ‘lastimar’ o ‘dañar’, es latinismo inútil; - poco después dice _delicado_ por _delgado_. - - [297] La idea, a veces pueril, que de las _causas finales_ se - manifiesta en estas descripciones de la naturaleza, no deja de - añadirles gracia y candor. - - [298] Hay doble elipsis por _de (una) cualidad (tal) que_; hoy o - se elide sólo el artículo indefinido o sólo el pronombre. - - [299] _Las más veces_ es muy superior a la pesada expresión _la - mayor parte de las veces_. En la Edad Media se decía también _las - más aves por la mayor parte de las aves_. - - [300] Nótese la estructura de este período que, según Granada - en su _Retórica_ (V., 16, § 2), reviste aquella forma «con que - hablamos redondamente, esto es, en que corre la oración encerrada - como en un círculo, no acabando la sentencia sino en el fin; y - así representa la imagen de un perfecto silogismo». - - [301] Llama _ramales_ a las ‘barbas’ de la pluma, usando ese - derivado de _ramo_ en el sentido general de ‘ramificación’, o sea - derivación divergente que imita la disposición de las ramas. - - [302] Granada usa con profusión de los superlativos. Don Antonio - Capmany le censura, tanto por esto, como por usar algunos - cuyo positivo encierra ya el grado supremo, por ejemplo: - _divinísimo_ e _inmensísimo_. Don Rufino José Cuervo cree que el - _omnipotentísimo_ de Granada puede justificarse suponiendo que la - inflexión superlativa afecta sólo a _potente_ y no a la primera - parte de la palabra, y que tiene el sentido de ‘el que en grado - eminente lo puede todo’. (_Notas a Bello_, nota núm. 46.) - - [303] Dos párrafos seguidos terminan con las mismas palabras - _desta ave_. Nuestros clásicos se preocupaban poco de estos - pormenores eufónicos más superficiales, a los que hoy se da gran - importancia. - - [304] Esta licencia de concordancia, por _no_ =son= _como_ - =los= _de las flores_, está hoy en el uso corriente, porque la - imaginación en el masculino _colores_ no ve más que una idea - accesoria, es decir, _la hermosura de los colores_. En los - extractos de Cervantes notaremos concordancias parecidas. - - - - -SANTA TERESA DE JESUS - -(1515-1582) - - -Se incluyen aquí dos ejemplos de sus cartas; otro narrativo, de su -propia _Vida_, que ella misma escribió, y cuya última redacción es de -1565 ó 66, y un trozo doctrinal tomado de las _Moradas_, escritas en -1577. - -La prosa de la Santa es el tipo perfecto del lenguaje familiar de -Castilla en el siglo XVI, el mismo de la conversación; pues la -autora, al escribir, estaba ajena de toda preocupación literaria; -no redacta, habla sencillamente. Las cartas están escritas a -vuela-pluma, a veces al final de ellas dice a su correspondiente: -«Si faltaren letras, póngalas»; la relación de su _Vida_, ella misma -nos lo advierte, no le costó más cuidado ni tiempo que el que gastó -materialmente en escribirla; así que por todas partes se ve el -desaliño y la frescura de la palabra hablada, y hablada al descuido. -Además, como el idioma castellano aun no estaba tan fijado por la -literatura como hoy, el habla corriente entre la gente educada -de varias provincias, no sólo se diferenciaba de la literaria en -su sintaxis, sino en la forma de las palabras. La impuesta en la -lengua escrita era, por lo común, la usada en Toledo, y difería muy -frecuentemente de ella la que era usual en Avila, en la tierra de -Santa Teresa; el lenguaje de ésta es, pues, el familiar de Castilla -la Vieja, inestimable por lo único, ya que los demás autores clásicos -se ajustan mucho más al patrón común que entonces se imponía. No -abundan en los grandes autores la multitud de voces que caracterizan -el habla de Santa Teresa, la mayor parte de las cuales subsisten hoy -en el habla vulgar de muchas regiones, como _añidir_, _cuantimás_ -(cuanto más), _enriedos_, _anque_, _naide_, _ortolano_ (hortelano), -_piadad_; los epítetos familiares _urguillas_ (cosa que hurga, -carcoma, pesadilla), _lloraduelos_; el uso del posesivo con artículo -_la mi Isabela_, _la mi Parda_, y multitud de giros, frases hechas y -refranes enteramente populares. - -Con este lenguaje y con este estilo, la prosa de Santa Teresa encanta -por su llaneza, por la ausencia total de propósitos literarios; su -pluma obedecía solamente a la alta inspiración que la guiaba al -redactar su pensamiento: «Cuando el Señor da espíritu, pónese con -facilidad y mejor; parece como quien tiene un dechado delante; mas si -el espíritu falta, no hay más concertar este lenguaje que si fuese -algarabía.» Por esto Fray Luis de León, que revisó las obras de la -Santa para darlas a la imprenta, admirado del gracioso desaliño que -se observa en ellas, escribía: «En la forma del decir, y en la pureza -y facilidad del estilo, y en la gracia y buena compostura de las -palabras, y en una elegancia desafeitada que deleita en extremo, dudo -yo que haya en nuestra lengua escritura que con ellas se iguale.» - -Pero la exageración de estas cualidades es frecuente; la incorrección -gramatical llega a extremos a veces insufribles. En los extractos -que siguen se verá, por ejemplo, lo que abunda el pronombre _él_ sin -llevar expreso el substantivo o antecedente que representa. - - - VIDA DE LA SANTA - CAPÍTULO PRIMERO - - Cuenta cómo pasó su primera edad - -Éramos tres hermanas y nueve hermanos; todos parecieron a sus padres, -por la bondad de Dios, en ser virtuosos, si no fuí yo, aunque era -la más querida de mi padre; y antes que comenzase a ofender a -Dios, parece tenía alguna razón, porque yo he lástima cuando me -acuerdo[305] las buenas inclinaciones que el Señor me había dado y -cuán mal me supe aprovechar de ellas. - -Pues[306] mis hermanos ninguna cosa me desayudaban a servir a Dios. -Tenía uno casi de mi edad; juntábamonos entramos[307] a leer vidas -de santos,--que era el que yo más quería, anque[308] a todos tenía -gran amor y ellos a mí--; como vía los martirios que por Dios las -santas pasaban, parecíame compraban muy barato el ir a gozar de Dios, -y deseaba yo mucho morir ansí; no por amor que yo entendiese tenerle, -sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía haber en -el cielo; y juntábame con este mi hermano a tratar qué medio habría -para esto. Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor -de Dios, para que allá nos descabezasen; y paréceme que nos daba -el Señor ánimo en tan tierna edad, si viéramos algún medio, sino -que[309] el tener padres nos parecía el mayor embarazo. Espantábanos -mucho el decir que pena y gloria era para siempre en lo que leíamos. -Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto; y gustábamos de decir -muchas veces: _para siempre, siempre, siempre_. En pronunciar esto -mucho rato, era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido -el camino de la verdad. - -De que vi que era imposible ir adonde me matasen por Dios, -ordenábamos ser ermitaños, y en una huerta que había en casa -procurábamos, como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas -pedrecillas, que luego se nos caían; y ansí no hallábamos remedio -en nada para nuestro deseo; que ahora me pone devoción ver cómo me -daba Dios tan presto lo que yo perdí por mi culpa. Hacía limosna como -podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones, que -eran hartas, en especial el rosario, de que mi madre era muy devota -y ansí nos hacía serlo. Gustaba mucho, cuando jugaba con otras niñas, -hacer monesterios, como que éramos monjas; y yo me parece deseaba -serlo, aunque no tanto como las cosas que he dicho. - -Acuérdome que, cuando murió mi madre, quedé yo de doce años poco -menos; como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida -fuíme a una imagen de Nuestra Señora y supliquéla fuese mi madre, con -muchas lágrimas[310]. Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, que -me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana -en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me ha tornado a sí. -Fatígame ahora ver y pensar en qué estuvo el no haber yo estado -entera en los buenos deseos que comencé. ¡Oh, Señor mío! pues parece -tenéis determinado que me salve, plega a vuestra Majestad sea ansí; -y de hacerme tantas mercedes como me habéis hecho, ¿no tuviérades -por bien, no por mi ganancia, sino por vuestro acatamiento, que no -se ensuciara tanto posada adonde tan contino habíades de morar? -Fatígame, Señor, aun decir esto, porque sé que fué mía toda la culpa; -porque no me parece os quedó a vos nada que hacer para que desde esta -edad no fuera toda vuestra. Cuando voy a quejarme de mis padres, -tampoco puedo, porque no vía en ellos sino todo bien, y cuidado de mi -bien. - -Pues pasando de esta edad, que[311] comencé a entender las gracias de -naturaleza que el Señor me había dado, que según decían eran muchas, -cuando por ellas le había de dar gracias, de todas me comencé a -ayudar para ofenderle... - -Paréceme que comenzó a hacerme mucho daño lo que ahora diré. -Considero algunas veces cuán mal lo hacen los padres que no procuran -que vean sus hijos siempre cosas de virtud de todas maneras; -porque con serlo[312] tanto mi madre, de lo bueno no tomé tanto en -llegando a uso de razón, ni casi nada, y lo malo me dañó mucho. Era -aficionada a libros de Caballerías[313], y no tan mal tomaba este -pasatiempo, como yo le tomé para mí; porque no perdía su labor, sino -desenvolvíemonos para leer en ellos; y por ventura lo hacía para -no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que -no anduviesen en otras cosas perdidos. Desto le pesaba tanto a mi -padre, que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a -quedarme en costumbre de leerlos[314], y aquella pequeña falta que -en ella[315] vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar[316] a -faltar en lo demás; y parecíame no era malo, con gastar muchas horas -del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque ascondida de mi -padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía, que si no tenía -libro nuevo, no me parece tenía contento. - - - LAS MORADAS - PRIMERAS MORADAS, CAPÍTULO II - - Provecho que se saca del humilde conocimiento de sí mismo - -La humildad siempre labra, como la abeja en la colmena la miel... Mas -consideremos que la abeja no deja de salir a volar para traer flores, -ansí el alma en el propio conocimiento; créame[317], y vuele algunas -veces a considerar la grandeza y majestad de su Dios. Aquí hallará su -bajeza mejor que en sí mesma y más libre de las sabandijas, adonde -entran en las primeras piezas, que es el propio conocimiento, que -anque, como digo, es harta misericordia de Dios que se ejercite en -esto, tanto es lo de más como lo de menos, suelen decir. Y créanme, -que con la virtud de Dios obraremos muy mejor virtud, que muy atadas -a nuestra tierra. No sé si queda dado bien a entender; porque es cosa -tan importante este conocernos, que no querría en ello hubiese jamás -relajación, por subidas que estéis[318] en los cielos; pues mientra -estamos en esta tierra, no hay cosa que más nos importe que la -humildad. Y ansí torno a decir, que es muy bueno y muy rebueno[319] -tratar de entrar primero en el aposento adonde se trata de esto, que -volar a los demás, porque este es el camino; y si podemos ir por -lo seguro y llano, ¿para qué hemos de querer alas para volar? mas -que busque cómo aprovechar más en esto. Y a mi parecer, jamás nos -acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios: mirando su -grandeza, acudamos a nuestra bajeza, y mirando su limpieza, veremos -nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos cuán lejos -estamos de ser humildes. Hay dos ganancias de esto: la primera está -claro, que parece una cosa blanca, muy más blanca[320] cabe la negra, -y al contrario la negra cabe la blanca; la segunda es, porque nuestro -entendimiento y voluntad se hace más noble y más aparejado[321] para -todo bien, tratando a vueltas de sí con Dios; y si nunca salimos de -nuestro cieno de miserias, es mucho inconveniente. - - - CARTAS - CARTA 132 - - Al señor Lorenzo de Cepeda, hermano de la Santa; desde Toledo a 2 - de Enero de 1577 - - Jesús - -Sea con vuestra merced. Da tan poco lugar Serna[322], que no querría -alargarme, y no sé acabar cuando comienzo a escribir a vuestra -merced; y, como nunca viene Serna, es menester tiempo. - -Cuando yo escribiere a Francisco[323], nunca se la[324] lea vuestra -merced, que he miedo tray alguna melencolía, y es harto declararse -conmigo. Quizá le da Dios esos escrúpulos para quitarle de otras -cosas; mas, para su remedio, el bien que tiene es creerme[325]... - -Gran fiesta tuvimos ayer con el nombre de Jesús: Dios se lo pague a -vuestra merced. No sé qué le envíe por tantas como me hace, si no es -esos villancicos, que hice yo, que me mandó el confesor las[326] -regocijase, y he estado estas noches con ellas, y no supe cómo, sino -ansí. Tienen graciosa tonada, si la atinare Francisquito para cantar. -Mire si ando bien aprovechada. Con todo, me ha hecho el Señor hartas -mercedes estos días. - -De las que hace a vuestra merced estoy espantada. Sea bendito por -siempre. Ya entiendo por lo que se desea la devoción, que es bueno. -Una cosa es desearlo y otra pedirlo; mas crea que es lo mejor lo -que hace, el dejarlo todo a la voluntad de Dios, y poner su causa -en sus manos. Él sabe lo que nos conviene, mas siempre procure ir -por el camino que le escribí: mire que es más importante de lo que -entiende... - -No me cansan sus cartas de vuestra merced, que me consuelan mucho, -y ansí me consolara poderle escribir más a menudo; mas es tanto el -trabajo que tengo, que no podrá ser más a menudo; y an[327] esta -noche me ha estorbado la oración. Ningún escrúpulo me hace, si no es -pena de no tener tiempo. Dios nos le dé para gastarle siempre en su -servicio, amén. - -La esterilidad de este pueblo en cosas de pescado, que[328] es -lástima a estas hermanas; y ansí me he holgado con estos besugos. -Creo pudieran venir sin pan, según hace el tiempo. Si acertare -haberlos, cuando venga Serna, u algunas sardinas frescas, dé vuestra -merced a la superiora con que nos las envíe, que lo ha enviado muy -bien. Terrible lugar es este para no comer carne, que an un huevo -fresco jamás hay. Con todo pensaba hoy que ha años que no me hallo -tan buena como ahora; y guardo[329] lo que todas, que es harto -consuelo para mí. - -Esas coplas que no van de mi letra no son mías, sino que me -parecieron bien para Francisco, que como hacen las de San José de las -suyas, esotras hizo una hermana. Hay gran cosa de eso estas Pascuas -en las recreaciones. Es hoy segundo día del año. - -Indina sierva de vuestra merced. Teresa de Jesús. - -Pensé que nos enviara vuestra merced el villancico suyo; porque estos -ni tienen pies ni cabeza, y todo lo cantan. Ahora se me acuerda uno -que hice una vez, estando con harta oración, y parecía que descansaba -más. Eran: (ya no sé si eran ansí); y porque vea que desde acá le -quiero dar recreación: - - ¡Oh hermosura, que ecedeis - A todas las hermosuras! - Sin herir, dolor haceis; - Y sin dolor deshaceis - El amor de las criaturas. - - ¡Oh ñudo, que ansí juntais - Dos cosas tan desiguales! - No sé por qué os desatais: - Pues atado, fuerza dais, - A tener por bien los males. - - Quien no tiene ser, juntais - Con el ser que no se acaba: - Sin acabar, acabais: - Sin tener que amar, amais: - Engrandeceis nuestra nada. - -No se me acuerda más. ¡Qué seso de fundadora! Pues yo le digo que -me parecía estaba con harto, cuando dije esto. Dios se lo perdone, -que me hace gastar tiempo: y pienso le ha de enternecer esta copla -y hacerle devoción; y esto no lo diga a nadie. Doña Yomar y yo -andábamos juntas en este tiempo. Déla mis encomiendas. - - - CARTA 211 - - De Santa Teresa a su confesor Fray Jerónimo Gracián, llorando la - muerte del General de los Carmelitas Fray Juan Bautista Rubeo. - Fecha en Ávila a 15 de octubre de 1578. - - Jesús. - -Sea con vuestra paternidad el Espíritu Santo, mi padre[330]. Como -le veo quitado[331] de esas baraúndas, háseme quitado la pena de lo -demás, venga lo que viniere. Harto grande me la ha dado[332] las -nuevas, que me escriben de nuestro padre general. Ternísima estoy; y -el primer día llorar que llorarás[333], sin poder hacer otra cosa, -y con gran pena de los trabajos que le hemos dado, que cierto no -los merecía; y si hubiéramos ido a él, estuviera todo llano. Dios -perdone a quien siempre lo ha estorbado, que con vuestra paternidad -yo me aviniera, anque, en esto, poco me ha creído. El Señor lo trairá -todo a bien; mas siento lo que digo, y lo que vuestra paternidad ha -padecido; que cierto son tragos de la muerte lo que me escribió en la -carta primera, que dos he recibido después que habló al nuncio. - -Sepa, mi padre, que yo me estaba deshaciendo, porque no daba luego -aquellos papeles, sino que debe ser aconsejado de quien le duele poco -lo que vuestra paternidad padece[334]. Huélgome, que quedará bien -experimentado, para llevar los negocios por el camino que han de ir, -y no agua arriba, como yo siempre decía: y a la verdad ha habido -cosas por donde lo impedían todo, y ansí no hay que tratar de esto, -porque ordena Dios cosas para que padezcan sus siervos. - -Ya quisiera escribir más largo, y han de llevar esta noche las -cartas, y casi lo es ya, que lo he sido[335] con el obispo de -Osma[336], para que trate con el presidente y con el padre Mariano lo -que le escribí, y dije enviase a vuestra paternidad. Ahora he estado -con mi hermano[337], y se le encomienda mucho. - - -NOTAS - - [305] _Acordarse_, construído como _recordar_ con un dativo - reflexivo y un acusativo, es poco usado, - - Y como Ovidio escribe en su epistolio, - que no me acuerdo el folio, - estas heridas del amor protervas - no se curan con hierbas. - LOPE, _Gatom_. 2. - - [306] Sobre _pues_, conjunción continuativa que encabeza las - transiciones, v. BELLO. _Gram._ § 1267. - - [307] Anticuado por _entrambos_. Esta cláusula _juntábamonos - entramos a leer vidas de santos_ está sin duda trastocada, - debiendo colocarse detrás de _gran amor y ellos a mí_. - - [308] _Anque_, forma vulgar por «aunque». Después hallaremos _an_ - por «aún». - - [309] _Sino que_ en el sentido de _pero_. (V. BELLO. _Gram._ § - 1280.) - - [310] Nótese a cada paso la ausencia de retoque; este complemento - _con muchas lágrimas_ debiera ir inmediatamente después del verbo. - - [311] Después de oraciones temporales, _que_ puede usarse en - vez de la frase adverbial de tiempo _luego que_, _después que_; - por ejemplo: «en estando lejos de aquí, _que_ me vea libre del - peligro, no me meteré yo en otra.» Si la oración temporal no - lleva el verbo en gerundio ni infinitivo, sino en forma personal, - el _que_ es un tanto pleonástico, pues pudiera reemplazarse por - la simple conjunción copulativa: «cuando esté lejos de aquí, - _que_ (y) me vea libre...» Por este mismo giro se explican - modismos tales como estos: «jura que al volver _que vuelva_ al - Andalucía, se ha de estar dos meses en Toledo»; «en llegando _que - llegue_.» - - [312] Este _lo_ representa un adjetivo que no existe; Santa - Teresa tomó en su imaginación el substantivo _de virtud_ por el - adjetivo equivalente _virtuoso_. - - [313] Es muy común decir _libros de caballería_; ha de decirse - _caballerías_ en plural, que este nombre se da a las hazañas - llevadas a cabo por un caballero. La afición a las novelas - caballerescas fué predominante en España por el espacio increíble - de más de tres siglos. En el siglo XIV el Canciller Pero López de - Ayala, entre sus yerros más grandes, se lamentaba de haber sido - víctima de tan desatinada afición: - - Plogome otrosí oir muchas vegadas - Libros de devaneos e mentiras probadas: - _Amadis_, _Lanzalote_ e burlas asacadas, - En que perdí mi tiempo a muy malas jornadas. - (_Rimado de Palacio_, copla 162.) - - A mediados del siglo XVI Santa Teresa se acusa de igual pecado, - y a principios del XVII era todavía tan desmedido el apego a - tales novelas, que Cervantes, para amenguarlo, ridiculizó en su - _Quijote_ los extravíos que tan dañosa lectura causaba. - - [314] Este _los_ se refiere a _los libros de caballerías_ que, - aunque hace mucho se nombraron, no dejan de estar presentes a - la memoria en todo este pasaje. Otra vez vemos aquí la sintaxis - de la Santa obedecer más a la viveza de la imaginación que a la - lógica gramatical. - - [315] El pronombre _ella_ se refiere a _la madre_ aunque no se la - haya nombrado inmediatamente antes. Otra vez cabe la observación - de la nota anterior. - - [316] Nuevo descuido de la autora que pensaba haber escrito antes - _me hizo enfriar_, o cosa parecida. - - [317] _Créame_ y los verbos que siguen en singular debieran ir en - plural, pues la Autora se dirige a sus monjas, como adelante se - ve. - - [318] Santa Teresa trata generalmente a las religiosas de _su - merced_ en tercera persona de plural; aquí las habla en segunda - persona de plural. Es común, en escritores más cuidados, este - cambio de tratamiento. Fray Luis de Granada dice a la Virgen: - «alegra_te_ con esta esperanza y cesen ya _tus_ gemidos... Bien - veo, señora, que no basta nada desto para consola_ros_». (B. Aut. - esp., VIII, pág. 82 _b_). - - [319] Esta especie de superlativo formado mediante el prefijo - _re_ que refuerza el sentido del adjetivo simple, es muy propio - del castellano (_refino_, _relimpio_, _remucho_, _remejor_); - muchos escritores lo desdeñan por familiar. - - [320] Ante los adverbios _más_ y _menos_ usaban nuestros - clásicos las formas apocopadas _muy_, _tan_, _cuán_ («cuán más - agradable»), en vez de las formas plenas _mucho_, _tanto_, - _cuanto_, que son hoy de rigor (V. BELLO _Gram._ § 1023). - - [321] Las leyes lógicas de la concordancia exigirían _se hacen - más nobles y aparejados_; la licencia hoy tolerable sería _se - hace aparejada_. - - [322] Serna era el mandadero que llevaba las cartas de don - Lorenzo. - - [323] Francisco se llamaba el hijo mayor de don Lorenzo. La Santa - era naturalmente directora de los negocios espirituales de todas - las personas de su familia. Lorenzo había prometido obediencia a - su hermana, como luego se verá. - - [324] Este _la_ representa al substantivo _carta_ que la autora - consideraba embebido en el verbo _escribiere_. (Recuérdese lo - dicho página 148 n. 312 y pág. 149, 314 y 315, y véase 153, n. - 326.) - - [325] El sujeto de este verbo no es _Francisco_, como parece, - sino _don Lorenzo_. - - [326] Este _las_ se refiere a las monjas de la comunidad. - - [327] _An_ es contracción vulgar por _aun_. Comp. arriba _anque_. - - [328] Sobra el _que_ para hacer sentido. - - [329] _Guardar_ sin complemento, con el sentido de «guardar la - abstinencia». - - [330] Vocativo con el posesivo antepuesto. - - [331] _Quitar_ tiene aquí el sentido anticuado de libertar, - eximir, que subsiste en la frase «libre y quito». - - [332] Concordancia viciosa. - - [333] Frase adverbial, como _llora que llora_ o _llora que - llorarás_, para denotar la continuidad de la acción. - - [334] Habla aquí de las persecuciones de que era objeto la - reforma de la Orden que entonces se llevaba a cabo. El entregar - los papeles de la visita al Presidente del Consejo de Castilla - fué un paso poco acertado que dió lugar a conflictos en los que - Gracián quedó comprometido. - - [335] El _lo_ se refiere a _larga en escribir_; es decir: «que - he sido larga en escribir al Obispo». La autora pensaba haber - puesto antes: «ya quisiera ser más larga en escribir», en vez de - «quisiera escribir más largo». - - [336] El Obispo de Osma, don Alonso Vázquez, confesor de la Santa - en Toledo. - - [337] Don Lorenzo de Cepeda. - - - - -FRAY LUIS DE LEÓN - -(1527-1591) - - -Los dos primeros libros de los _Nombres de Cristo_ se imprimieron en -1583; los tres completos, en 1585. _La perfecta casada_, en 1586. - -Como se ha visto, la prosa castellana contaba ya en el último tercio -del siglo XVI con muy notables cultivadores. - -Fray Luis de León consideraba, sin embargo, que el idioma no había -logrado aún el cultivo esmerado y profundo de que era digno. Claro -es que no podía satisfacerle, aunque lo admiraba, el estilo humilde, -sencillo y descuidado de Santa Teresa; pero ya es más chocante que, -hablando del poco cultivo de la lengua, no dedique ni una alabanza, -ni un recuerdo, a su predecesor, Fray Luis de Granada; el estilo de -éste era un estilo oratorio que sin duda, no contentaba al maestro -León, por no encajar dentro del ideal de perfección artística que -él perseguía[338]. Así que se consideró a sí mismo, más que como -innovador, como padre de la prosa literaria, y no le faltaba alguna -razón. - -El lenguaje de Fray Luis de Granada tenía solemnidad, elevación y -valentía; pero por estar aún el idioma poco diestro en la expresión -de razonamientos y pensamientos abstractos, no halla muchas veces -los recursos delicados de la construcción gramatical, y tiene algo -de desmañado y flojo. Por esto Fray Luis de León encontró que el -castellano encerraba tesoros aun no hallados de cadencia, proporción, -asiento y armonía. - -Granada se esforzó en trabajar la frase, considerándola como un -silogismo, como un razonamiento o un apóstrofe; León le dedicó su -cuidado mirándola más especialmente como una obra de arte. Los -tratados del uno son como sermones puestos por escrito; los del otro, -como poesías redactadas en prosa[339]. El uno es más elocuente, el -otro más poeta; el uno es, en suma, orador, y el otro escritor. - -Fray Luis de León nos declara que su arte era en todo reflexivo y -meditado; arte de selección cuidadosa de palabras, y hasta de letras; -arte de cálculo y medida en la disposición de frases; arte en todo -diestro, esmerado y primoroso que nos ofrece la lengua castellana -ataviada con todos los elementos poéticos y musicales de que es -capaz, y levantada a la altura de las lenguas clásicas. - -Él mismo declara también que su empeño principal fué poner en el -habla del vulgo número, abundancia, entonación y armonía. Sin -embargo, a veces usa períodos defectuosos, y esto principalmente por -construirlos tan largos que casi se rompe el enlace de su comienzo -con su remate[340]. Además, las conjunciones _porque_ y _pues_ -aparecen encabezando multitud de frases, con el pueril objeto de -encadenarlas materialmente a la que antecede, cuando de no ligarlas -de otra manera bastaría que esta trabazón corriera solamente a cargo -del pensamiento. En fin, pocas veces cae en la tentación de buscar -la falsa elegancia, puesta en moda ya desde el siglo XV, de remitir -afectadamente el verbo al fin de la proposición (verbi gracia: -«Con el calor del día y del sueño _encendidos_ demasiadamente y -_dañados_», pág. 175). - - - NOMBRES DE CRISTO - INTRODUCCIÓN AL LIBRO III - - Declara Fray Luis en qué procuró mejorar el lenguaje de sus - escritos sobre el ordinario y familiar. - -Mas a los que dicen que no leen aquestos mis libros por estar en -romance[341] y que en latín los leyeran, se les responde que les -debe poco su lengua, pues por ella aborrecen lo que, si estuviera -en otra, tuvieran por bueno. Y no sé yo de dónde les nace el estar -con ella tan mal; que ni ella lo merece, ni ellos saben tanto de la -latina que no sepan más de la suya, por poco que della sepan, como -de hecho saben della poquísimo muchos. Y destos son los que dicen -que no hablo en romance, porque no hablo desatadamente y sin orden, -y porque pongo en las palabras concierto y las escojo y les doy su -lugar; porque piensan que hablar romance es hablar como se habla en -el vulgo, y no conocen que el bien hablar no es común, sino negocio -de particular juicio[342], ansí en lo que se dice, como en la manera -como se dice; y negocio que de las palabras que todas hablan elige -las que convienen y mira el sonido dellas, y aun cuenta a veces las -letras, y las pesa y las mide y las compone, para que, no solamente -digan con claridad lo que se pretende decir, sino también con armonía -y dulzura. Y si dicen que no es estilo para los humildes y simples, -entiendan que, así como los simples tienen su gusto, así los sabios y -los graves y los naturalmente compuestos no se aplican bien a lo que -se escribe mal y sin orden; y confiesen que debemos tener cuenta con -ellos, y señaladamente en las escrituras que son para ellos solos, -como aquesta lo es. - -Y si acaso dijeren que es novedad, yo confieso que es nuevo, y camino -no usado por los que escriben en esta lengua, poner en ella número, -levantándola del decaimiento ordinario. El cual camino quise yo -abrir[343], no por la presunción que tengo de mí, que sé bien la -pequeñez de mis fuerzas, sino para que los que las tienen se animen -a tratar de aquí adelante su lengua como los sabios y elocuentes -pasados, cuyas obras por tantos siglos viven, trataron las suyas, -y para que la igualen, en esta parte que le falta, con las lenguas -mejores, a las cuales, según mi juicio, vence ella en otras muchas -virtudes. - - - LIBRO PRIMERO - - Dirigiéndose al Obispo de Córdoba, don Pedro Portocarrero, - introduce Fray Luis los personajes que figurarán en el diálogo de - la obra, y supone que son tres amigos suyos, de su misma Orden de - San Agustín. - -Era por el mes de Junio, a las vueltas[344] de la fiesta de San -Juan, al tiempo que en Salamanca comienzan a cesar los estudios, -cuando Marcelo, el uno de los que digo (que así le quiero llamar -con nombre fingido, por ciertos respetos que tengo, y lo mismo haré -a los demás), después de una carrera tan larga, como es la de un -año en la vida que allí se vive[345], se retiró, como a puerto -sabroso, a la soledad de una granja que, como vuestra merced sabe, -tiene mi monasterio en la ribera de Tormes[346]; y fuéronse con él, -por hacerle compañía, y por el mismo respeto, los otros dos. Adonde -habiendo estado algunos días, aconteció que una mañana, que era la -del día dedicado al apóstol San Pedro, después de haber dado al -culto divino[347] lo que se le debía, todos tres juntos se salieron -de la casa a la huerta que se hace[348] delante della. Es la huerta -grande, y estaba entonces bien poblada de árboles, aunque puestos sin -orden; mas eso mismo hacía deleite en la vista, y sobre todo, la hora -y la sazón. - -Pues entrados en ella, primero, y por un espacio pequeño, se -anduvieron paseando y gozando del frescor, y después se sentaron -juntos a la sombra de unas parras y junto a la corriente de una -pequeña fuente, en ciertos asientos. Nace la fuente de la cuesta que -tiene la casa a las espaldas, y entraba en la huerta por aquella -parte, y corriendo y estropezando, parecía reírse. Tenían también -delante de los ojos y cerca dellos una alta y hermosa alameda. Y -más adelante, y no muy lejos, se veía el río Tormes, que aun en -aquel tiempo, hinchiendo bien sus riberas, iba torciendo el paso por -aquella vega. El día era sosegado y purísimo, y la hora muy fresca. -Así que, asentándose y callando por un pequeño tiempo, después de -sentados, Sabino (que así me place llamar al que de los tres era el -más mozo), mirando hacia Marcelo y sonriéndose, comenzó a decir así: - -«Algunos hay a quien la vista del campo los enmudece[349], y debe -ser condición de espíritus de entendimiento profundo; mas yo, como -los pájaros, en viendo lo verde, deseo o cantar o hablar.» - ---«Bien entiendo por qué lo decís--respondió al punto Marcelo--, y -no es alteza de entendimiento, como dais a entender por lisonjearme -o por consolarme, sino cualidad de edad y humores diferentes que nos -predominan y se despiertan con esta vista, en vos de sangre, y en mí -de melancolía[350]. Mas sepamos--dice--de Juliano[351] (que éste era -el nombre del tercero) si es pájaro también o si es de otro metal.» - ---«No soy siempre de uno mismo--respondió Juliano--, aunque agora al -humor de Sabino me inclino algo más. Y pues él no puede agora razonar -consigo mismo mirando la belleza del campo y la grandeza del cielo, -bien será que nos diga su gusto acerca de lo que podremos hablar.» - -Entonces Sabino, sacando del seno un papel escrito y no muy grande: -«Aquí, dice, está mi deseo y mi esperanza.» - -Marcelo, que reconoció luego el papel, porque estaba escrito de su -mano, dijo, vuelto a Sabino y riéndose: «No os atormentará mucho el -deseo a lo menos, Sabino, pues tan en la mano tenéis la esperanza; ni -aun deben ser ni lo uno ni lo otro muy ricos, pues se encierran en -tan pequeño papel.» - ---«Si fueren pobres--dijo Sabino--, menos causa tendréis para no -satisfacerme en una cosa tan pobre.» - ---«¿En qué manera--respondió Marcelo--, o qué parte soy yo para -satisfacer a vuestro deseo, o qué deseo es el que decís?» - -Entonces Sabino, desplegando el papel, leyó el título, que decía: -_De los nombres de Cristo_; y no leyó más, y dijo luego: «Por cierto -caso hallé hoy este papel, que es de Marcelo, adonde, como parece, -tiene apuntados algunos de los nombres con que Cristo es llamado en -la Sagrada Escritura, y los lugares de ella adonde es llamado así. Y -como le vi, me puso codicia de oirle algo sobre aqueste argumento, -y por eso dije que mi deseo estaba en este papel; y está en él mi -esperanza también, porque, como parece dél, éste es argumento en -que Marcelo ha puesto su estudio y cuidado, y argumento que le debe -tener en la lengua; y así, no podrá decirnos agora lo que suele -decir cuando se excusa, si le obligamos a hablar, que le tomamos -desapercibido. Por manera que, pues le falta esta excusa, y el tiempo -es nuestro, y el día santo, y la sazón tan a propósito de pláticas -semejantes, no nos será dificultoso el rendir a Marcelo, si vos, -Juliano, me favorecéis.» - - - LIBRO II, CAPÍTULO III - - Marcelo explicando a sus amigos por qué el nombre de _Príncipe de - Paz_ es aplicado a Cristo, declara qué cosa es paz. - -Calló Marcelo un poco, luego que dijo esto..., y descansando, y como -recogiéndose[352] todo en sí mismo por un espacio pequeño, alzó -después los ojos al cielo, que ya estaba sembrado de estrellas, y -teniéndolos en ellas como enclavados, comenzó a decir así: - -«Cuando[353] la razón no lo demostrara, ni por otro camino se pudiera -entender cuán amable cosa sea[354] la paz, esta vista hermosa del -cielo que se nos descubre agora, y el concierto que tienen entre -sí aquestos resplandores que lucen en él, nos dan suficiente -testimonio. Porque, ¿qué otra cosa es, sino paz, o ciertamente -una imagen perfecta de paz, esto que agora vemos en el cielo y -que con tanto deleite se nos viene[355] a los ojos? Que[356] si -la paz es, como San Agustín breve y verdaderamente concluye, una -orden sosegada o un tener sosiego y firmeza en lo que pide el buen -orden, eso mismo es lo que nos descubre agora esta imagen. Adonde el -ejército de las estrellas, puesto como en ordenanza y como concertado -por sus hileras[357], luce hermosísimo; y adonde cada una dellas -inviolablemente guarda su puesto; adonde no usurpa ninguna el lugar -de su vecina ni la turba en su oficio, ni menos, olvidada del suyo, -rompe jamás la ley eterna y santa que le puso la Providencia; antes, -como hermanadas todas y como mirándose entre sí, y comunicando sus -luces las mayores con las menores, se hacen muestra de amor; y -como en cierta manera[358] se reverencian unas a otras, y todas -juntas templan a veces sus rayos y sus virtudes, reduciéndolas a una -pacífica unidad de virtud, de partes y aspectos diferentes compuesta, -universal y poderosa sobre toda manera[359]. - -»Y si así se puede decir, no sólo son un dechado de paz clarísimo -y bello, sino un pregón y un loor que con voces manifiestas y -encarecidas nos notifica cuán excelentes bienes son los que la paz en -sí contiene y los que hace en todas las cosas. La cual voz y pregón -sin ruido se lanza en nuestras almas, y de lo que en ellas lanzada -hace[360], se ve y entiende bien la eficacia suya y lo mucho que -las persuade. Porque luego, como convencidas de cuanto les es útil -y hermosa la paz, se comienzan ellas a pacificar en sí mismas y a -poner a cada[361] una de sus partes en orden. Porque si estamos -atentos a lo secreto que en nosotros pasa, veremos que este concierto -y orden de las estrellas, mirándolo, pone en nuestras almas sosiego, -y veremos que con sólo tener los ojos enclavados en él con atención, -sin sentir en qué manera, los deseos nuestros y las afecciones -turbadas que confusamente movían ruido en nuestros pechos de día, se -van quietando poco a poco, y como adormeciéndose, se reposan, tomando -cada una su asiento, y reduciéndose a su lugar propio, se ponen sin -sentir en sujeción y concierto. - -»Y veremos que, así como ellas se humillan y callan, así lo principal -y lo que es señor en el alma, que es la razón, se levanta y recobra -su derecho y su fuerza, y como alentada con esta vista celestial y -hermosa, concibe pensamientos altos y dignos de sí, y como en una -cierta manera se recuerda[362] de su primer origen, y al fin pone -todo lo que es vil y bajo en su parte, y huella sobre ello[363]. -Y así puesta ella en su trono como emperatriz, y reducidas a sus -lugares todas las de más partes del alma, queda todo el hombre -ordenado y pacífico. - -«Mas ¿qué digo de nosotros que tenemos razón? Esto insensible y -aquesto rudo del mundo, los elementos y la tierra y el aire y los -brutos se ponen todos en orden y se quietan luego que poniéndose el -sol, se les representa aqueste ejército resplandeciente. ¿No veis -el silencio que tienen agora todas las cosas, y cómo parece que -mirándose en este espejo bellísimo, se componen todas ellas y hacen -paz entre sí, vueltas a sus lugares y oficios, y contentas con ellos? - -»Es sin duda el bien de todas las cosas universalmente la paz; y así, -dondequiera que la ven, la aman. Y no sólo ella, mas la vista de su -imagen de ella las enamora y las enciende en codicia de asemejársele, -porque todo se inclina fácil y dulcemente a su bien. Y aun si -confesamos, como es justo confesar, la verdad, no solamente la paz -es amada generalmente de todos, mas sola ella es amada y seguida y -procurada por todos. Porque cuanto se obra en esta vida por los que -vivimos en ella, y cuanto se desea y afana, es por conseguir este -bien de la paz, y este es el blanco adonde enderezan su intento y el -bien a que aspiran todas las cosas. Porque si navega el mercader y si -corre los mares, es por tener paz con su codicia, que le solicita y -guerrea. Y el labrador en el sudor de su cara y rompiendo la tierra -busca paz, alejando de sí cuanto puede al enemigo duro de la pobreza. -Y por la misma manera, el que sigue el deleite y el que anhela la -honra y el que brama por la venganza, y, finalmente, todos y todas -las cosas buscan la paz en cada una de sus pretensiones. Porque, o -siguen algún bien que les falta, o huyen algún mal que los enoja.» - - - LA PERFECTA CASADA - LIBRO VII - - Comentando el versículo de los _Proverbios_, XXXI, 15: «madrugó - y repartió a sus gañanes las raciones», hace Fray Luis una - primorosa descripción del alba y encarece las delicias del - madrugar. - -El madrugar es tan saludable, que la razón sola de la salud, aunque -no despertara el cuidado y obligación de la casa, había de levantar -de la cama en amanesciendo a las casadas. Y guarda en esto Dios, -como en todo lo demás, la dulzura y suavidad de su sabio gobierno, -en que aquello a que nos obliga es lo mismo que más conviene a -nuestra naturaleza y en que recibe por su servicio lo que es nuestro -provecho[364]. Así que, no sólo la casa, sino también la salud, -pide a la buena mujer que madrugue. Porque cierto es que es nuestro -cuerpo del metal de los otros cuerpos, y que la orden que guarda la -naturaleza para el bien y conservación de los demás, esa misma es la -que conserva y da salud a los hombres. - -Pues ¿quién no ve que a aquella hora despierta el mundo todo junto, -y que la luz nueva saliendo, abre los ojos de los animales todos, -y que si fuese entonces dañoso dejar el sueño, la naturaleza (que -en todas las cosas generalmente, y en cada una por sí, esquiva y -huye el daño, y sigue y apetece el provecho, o que, para decir la -verdad, es ella eso mismo que a cada una de las cosas conviene y es -provechoso), no rompiera tan presto el velo de las tinieblas que -nos adormecen, ni sacara por el oriente los claros rayos del sol, o -si los sacara, no les diera tanta fuerza para nos despertar?[365]. -Porque si no despertase naturalmente la luz, no le cerrarían las -ventanas tan diligentemente los que abrazan el sueño. Por manera -que la naturaleza, pues nos envía la luz, quiere, sin duda, que nos -despierte. Y pues ella nos despierta, a nuestra salud conviene que -despertemos. - -Y no contradice a esto el uso de las personas que ahora el mundo -llama señores, cuyo principal cuidado es vivir para el descanso y -regalo del cuerpo, las cuales guardan la cama hasta las doce del -día[366]. Ante esta verdad, que se toca con las manos, condena -aquel vicio, del cual, ya por nuestros pecados o por sus pecados de -ellos mismos[367], hacen honra y estado[368], y ponen parte de su -grandeza en no guardar ni aun en esto el concierto que Dios les pone. -Castigaba bien una persona, que yo conocí, esta torpeza, y nombrábala -con su merescido vocablo. Y aunque es tan vil como lo es el hecho, -daráme vuestra merced[369] licencia para que lo ponga aquí, porque es -palabra que cuadra. Así que, cuando le decía alguno que era estado -en los señores este dormir, solía él responder que se erraba la -letra[370], y que por decir _establo_ decían _estado_. Y ello a la -verdad es así, que aquel desconcierto de vida tiene principio y nasce -de otro mayor desconcierto, que está en el alma y es causa él también -y principio de muchos otros desconciertos torpes y feos. Porque la -sangre y los demás humores del cuerpo, con el calor del día y del -sueño, encendidos demasiadamente y dañados, no solamente corrompen -la salud, mas también aficionan e inficionan el corazón feamente. -Y es cosa digna de admiración que, siendo estos señores en todo lo -demás grandes seguidores, o por mejor decir, grandes esclavos de su -deleite, en esto sólo se olvidan dél, y pierden por un vicioso dormir -lo más deleitoso de la vida, que es la mañana. - -Porque entonces la luz, como viene después de las tinieblas y se -halla como después de haber sido perdida, parece ser otra y hiere -el corazón del hombre con una nueva alegría, y la vista del cielo -entonces, y el colorear de las nubes y el descubrirse el aurora (que -no sin causa los poetas la coronan de rosas)[371], y el aparecer la -hermosura del sol, es una cosa bellísima. Pues el cantar de las aves, -¿qué duda hay sino que suena entonces más dulcemente? y las flores y -las yerbas y el campo, todo despide de sí un tesoro de olor. Y como -cuando entra el rey de nuevo en alguna ciudad se adereza y hermosea -toda ella, y los ciudadanos hacen entonces plaza[372] y como alarde -de sus mejores riquezas; así los animales y la tierra y el aire, y -todos los elementos, a la venida del sol se alegran, y como para -recibirle, se hermosean y mejoran y ponen en público cada uno sus -bienes. Y como los curiosos suelen poner cuidado y trabajo por ver -semejantes recibimientos, así los hombres concertados y cuerdos, -aun por sólo el gusto, no han de perder esta fiesta que hace toda -la naturaleza al sol por las mañanas; porque no es gusto de un solo -sentido, sino general contentamiento de todos, porque la vista se -deleita con el nascer de la luz y con la figura[373] del aire y -con el variar de las nubes; a los oídos las aves hacen agradable -armonía; para el oler, el olor que en aquella sazón el campo y las -yerbas despiden de sí es olor suavísimo, pues el fresco del aire de -entonces templa con grande deleite el humor calentado con el sueño, y -cría salud y lava las tristezas del corazón, y no sé en qué manera le -despierta a pensamientos divinos antes que se ahogue en los negocios -del día. - -Pero, si puede tanto con estos hijos de tinieblas el amor dellas, -que aun del día hacen noche, y pierden el fruto de la luz con el -sueño, y ni el deleite, ni la salud, ni la necesidad y provecho que -dicho habemos, son poderosos para los hacer levantar, vuestra merced -que es hija de luz, levántese con ella, y abra la claridad de sus -ojos cuando descubriere sus rayos el sol, y con pecho puro levante -sus manos limpias al Dador de la luz, ofresciéndole con santas y -agradescidas palabras su corazón, y después de hecho esto, y de -haber gozado del gusto del nuevo día, vuelta a las cosas de su casa, -entienda en su oficio. - - -NOTAS - - [338] Véase la nota 343 de la pág. 161. - - [339] Algunos de sus párrafos tienen el mismo asunto que sus - versos, no sabiéndose si son su esbozo y plan o su comentario y - explicación. (Véase pág. 169, nota 359, y pág. 170, nota 363.) - - [340] Véase, por ejemplo, la larga interrogación de la pág. 173. - - [341] Se censuró a Fray Luis por haber escrito en castellano - los dos primeros libros de los _Nombres de Cristo_, impresos en - 1583; pues, aunque ya habían escrito el P. Avila y el P. Granada, - muchos seguían creyendo que un teólogo no debía emplear para - sus obras sino el latín. Fray Luis contestó reimprimiendo los - _Nombres de Cristo_, en 1585, adicionados con un tercer libro a - cuya introducción pertenece el presente extracto. - - [342] Es decir, que no es cosa común a todos los que hablan una - lengua, sino que exige particular disposición y estudio. Es - antigua en España la creencia de que la lengua propia ni merece - ni requiere atención y trabajo; Juan de Valdés se queja de los - que con tanta negligencia y tan inmerecido desdén la tratan, y - Ambrosio de Morales, en 1546, decía: «siempre ha quedado nuestra - lengua en la miseria y con la pobreza que antes tenía... que todo - nace del gran menosprecio en que nuestros mismos naturales tienen - nuestra lengua, por lo cual ni se aficionan a ella, ni se aplican - a ayudarla». (Introducción al _Diálogo de la dignidad del hombre, - del M. Hernán Pérez de Oliva_, tío de Morales.) - - [343] Fray Luis, al principio de esta introducción, habla poco - menos que como si él fuera el primero en aplicar el castellano - a asuntos serios, quejándose «de lo mal que usamos de nuestra - lengua no la empleando sino en cosas sin ser». No es admisible - que desconociera los autores citados en la pág. 125, y por fuerza - habría leído las obras místicas del Beato Juan de Ávila y del - Venerable Granada, que andaban ya impresas; sin embargo, a juzgar - por las palabras que ahora emplea, parece que no le satisfacían - mucho y no las tomaba en consideración. - - [344] _A vueltas de_ significa ‘alrededor de, cerca de’; así - fijando después el día en que esto sucedía, dícese que era el de - San Pedro, que es en 29 de Junio, cinco días después de San Juan. - En esta frase el artículo se usa rarísima vez: _a las vueltas_. - - [345] Cuando el acusativo es de igual raíz que el verbo, exige - algún complemento que le especifique, pues de lo contrario sería - un acusativo del todo inútil, v. gr.: _vivir una vida fatigosa_ - (véase BELLO, _Gram._ § 796); aquí se sobreentiende _con la vida - (tan fatigosa) que allí se vive_. - - [346] Los nombres de ríos sin artículo, v. pág. 86, n. 161. Los - agustinos calzados, que llegaron a Salamanca por los años 1330, - fueron los fundadores de este convento. Hoy no existe el edificio - antiguo, pues fué bárbaramente destruído por el ejército francés - en 1812, y aunque reedificado, se demolió más tarde, ocupando - hoy su solar la nueva calle llamada de Oliva.--Este monasterio - tenía, para descanso y recreo de los frailes, una granja, llamada - _la Flecha_, a legua y media de distancia, río arriba, a la vera - del camino de Salamanca a Madrid. (V. M. VILLAR y MACÍAS, _Hist. - de Salamanca_, I, 453, etc.) La apacible descripción que hace - Fray Luis de este paisaje concuerda en todo con la realidad; tal - como él lo pinta, se reconocen hoy la casa de los frailes, las - cuestas que empiezan a sus espaldas y que si hacia Aldealengua - se van insensiblemente suavizando y disminuyendo, prolónganse - larguísimo espacio eslabonándose hacia Salamanca; todavía existe - la desordenada arboleda que tanto deleitaba la vista del poeta, y - la risueña fuente que baja desde la cuesta al huerto, - - y como codiciosa - de ver y acrecentar su hermosura, - hasta llegar, corriendo se apresura. - - En fin, el huerto mismo existe, que tanta inspiración guardaba - para el autor de la oda a la _Vida retirada_ y que se llama, como - queda dicho, huerta de la _Flecha_. - - [347] Destinada al culto está desde antiguo una capilla cerca de - la huerta, frente a la aceña de la Flecha y contigua a la casa - del molinero. - - [348] _Hacerse_ era muy usado con nombres de lugar en el mismo - sentido que ‘extenderse, hallarse’, o sea ‘estar situado’. - - [349] _Los_ dice la edición de Salamanca 1585. Es el acusativo - que debe ponerse con propiedad gramatical; pero disuena algo a - causa del uso generalísimo del dativo _le_ por el acusativo, - cuando se trata de personas. - - [350] _Humor de sangre y de melancolía_ significa temperamento - sanguíneo y melancólico o bilioso. - - [351] _Sepamos de Juliano si es pájaro_, en vez de _sepamos si - Juliano es pájaro_, es un caso de _atracción_ del sujeto de la - proposición dependiente que se construye con el verbo principal; - como en griego y en latín: _rem vides quomodo se habeat_ (v. - DIEZ, _Gr._ III, 360.) - - [352] Nótese el uso que tiene el adverbio _como_; _como - recogiéndose_ no afirma que se recogiera sino que todo su aspecto - y semejanza era como la del que se recoge; _como enclavados_, - semejando enclavados; _como_ viene a ser en ambos ejemplos un - simple afijo o partícula prepositiva para denotar mera semejanza - con la voz que le sigue, sentido que se ve más claro si el _como_ - se refiere a un substantivo: «encontró Don Quijote con dos como - clérigos», «unos como joyeles» (v. BELLO, _Gramática_, § 1234 y - 1236). - - [353] _Cuando_ tiene muchas veces el valor de la frase adverbial - _aun cuando_. - - [354] En las interrogaciones indirectas la proposición secundaria - puede llevar su verbo en indicativo (como hoy es lo ordinario) o - en subjuntivo; aquí se diría hoy más bien: «cuán amable cosa es - la paz». En los siglos XVI y XVII era más común el subjuntivo, - «dícese qué cosa sea la paz, lo que valga la paz». - - [355] _Venirse a los ojos_ equivale a ‘saltar a la vista’ o - ‘presentarse’. - - [356] _Que_, conjunción causal, abreviada de _porque_. - - [357] Respecto al _como_ repetidas veces usado aquí para - denotar no el modo, sino la semejanza con ese modo, véase la - nota 352, de la pág. 167: _como mirándose_, semejando que se - miran. _Concertado por sus hileras_ se diría simplemente hoy: - «concertado por hileras» (o sea distribuído en hileras), sin el - posesivo; éste indica que el concierto les es a las estrellas - propio y natural. Es modismo antiguo; Don Alfonso el Sabio dice - «fabla el Arzobispo por su latín», es decir: en el latín que - usaba siempre al escribir. - - [358] Hoy este _como_ que denota semejanza no se suele usar - antepuesto a verbos y proposiciones enteras, sino después de - verbos que denotan una apreciación o figuración; es decir, - seguido de un _que_ enunciativo: «se me figuraba =como que= - querían acercarse aquellos hombres», «hace como que no quiere». - «=Como en cierta manera= se reverencian», sería hoy: «parece como - que se reverencian»; al fin de este trozo se repite este mismo - giro: =como en una cierta manera recuerda= = ‘parece como que - recuerda’. - - [359] Esta admirable descripción recuerda y amplía algunos versos - de la Oda XII del mismo autor, «Noche serena»: - - Quién mira el gran concierto - de aquestos resplandores eternales, - su movimiento cierto, - sus pasos desiguales, - y en proporción concorde tan iguales... - - [360] _Lanzar, echar pregón o voz_ se emplean por los simples - ‘pregonar’ o ‘vocear’. Compárese la concordancia _voz y pregón - lanzada_ con la que hallamos en la _Introducción al Símbolo de - la fe_ (pág. 142) y en el _Quijote_ (comienzo del extracto de la - parte II, capítulo 23). - - [361] _A cada_ se lee en la edición de Salamanca, 1585. Antes se - admitían más acusativos con preposición; hoy apenas se le pone - _a_ sino cuando el acusativo es nombre de persona determinada, - personificación, animal o nombre propio de lugar, así que se - diría «a poner cada una de sus partes». También se diría con - más rigor: «comienzan ellas a pacificarse y a poner sus partes - en orden», pues la acción reflexiva no se refiere para nada a - _poner_ y sí sólo a _pacificar_, por lo cual no debe agregarse - el pronombre reflexivo a _comienzan_, ya que este verbo rige lo - mismo a _poner_ que a _pacificar_. - - [362] Para el giro _como en cierta manera_, véase la nota 358, - pág. 168. _Acordarse y recordarse_ tenían, como se ve aquí, una - misma construcción y régimen (cfr. p. 145, n. 305). Hoy se - diferencia mucho, pues se dice _acordar-se de una cosa_ y - _recordar una cosa_. - - [363] El alma contemplando la hermosura de la noche estrellada - se acuerda de su primer origen que es celestial, se siente como - desterrada en este mundo y ve con claridad las alturas del otro. - Igual pensamiento expuso en verso el maestro León, y casi con - iguales palabras que aquí, salvo que no es el espectáculo de la - noche serena el que arroba el alma, sino la sublime música del - ciego Francisco Salinas: - - A cuyo son divino - mi alma, que en olvido está sumida, - torna a cobrar el tino - y memoria perdida - de su origen primera esclarecida. - Y como se conoce, - en suerte y pensamientos se mejora, - el oro desconoce - que el vulgo ciego adora, - la belleza caduca engañadora... - - [364] Esto es, «en que agradece como un servicio lo que debemos - hacer por nuestro provecho». - - [365] Hoy los pronombres personales átonos nunca se anteponen - al infinitivo, sino que se le posponen enclíticos. (V. BELLO - _Gram._ § 915). Fray Luis de Granada dice «que nadie sea osado a - la despertar». (_Guía de pec._ I. 16. § 1 B. AA. EE. VI, 61 _a_.) - Sólo como provincialismo se conserva la costumbre arcaica; en - Asturias, por ejemplo, se puede decir: «hay que lo dejar», «tengo - que os contar». - - [366] Este es antiguo defecto español atestiguado por algunos - extranjeros; el barón alemán Conrado de Bemelberg, que para - perfeccionarse en el castellano viajó por España ocho años - después de muerto Fray Luis, escribe en una carta, fecha en - agosto de 1599, dando cuenta a su padre de lo que le parecía - nuestra tierra: «quien en España quiere negociar, más que - ordinaria paciencia ha de tener, pues a mediodía tienen costumbre - de levantarse, y después de levantados ir a la misa, acabada la - cual se meten a comer, y después de la comida, o a jugar o a - dormir o pasearse a caballo por las calles». - - [367] En _sus pecados de ellos_ no es _de ellos_ un inútil - pleonasmo, sino que está exigido por la vaguedad del _su_, que - no determina si el poseedor es masculino o femenino, ni singular - o plural. Hoy esta doble indicación del posesivo no se conserva - sino cuando el poseedor es _usted_: «su padre de usted», «su casa - de usted». - - [368] Nótese la frase, no registrada en los Diccionarios: _hacer - honra y estado de una cosa_, ‘fundar en ella su condición y su - dignidad’. - - [369] _Vuestra merced_ se dirige a Doña María Varela Osorio, a la - cual dedicó su obra Fray Luis de León. - - [370] _Errar la letra_ es frase figurada; tómase en sentido - propio «equivocarse en la escritura o lectura», cuando se trata - de algún documento escrito, sobre cuya interpretación se discute. - El uso de esta expresión, u otras análogas, era muy corriente. - En la _Celestina_ (auto IX) se dice, hablando de las veces que - se debe beber: «Madre, pues _tres_ veces dicen que es lo bueno - y honesto todos los que escribieron.--Hijos, estará corrupta la - letra: por _trece, tres_.» (Véase _Rev. de Filología Española_, - IV, 50). - - [371] Homero calificó a la Aurora de _dedos de rosa_ y según él - todos los poetas clásicos; Ovidio llámala _rosea dea_ (_Ars. am._ - III. 84). Claro es que en el Renacimiento esta denominación era - un lugar común. Cervantes la llamó _rosada aurora_ (_Quijote_ I. - 2). - - [372] _Hacer plaza_ no está registrado en los diccionarios con el - sentido que aquí tiene de ‘hacer ostentación’. Sólo se le apunta - el significado de ‘sacar a la plaza o publicar una cosa’. - - [373] _Figura_ dice la edición de Salamanca 1586, pero debe ser - errata. - - - - -EL P. JUAN DE MARIANA - -(1536-1623) - - -Su _Historia de España_ latina salió a luz por primera vez en Toledo -en 1592; en la misma ciudad se publicó la primera edición romanceada -en 1601. - -La historiografía contaba ya en España con diestros investigadores, -que habían rectificado multitud de errores de la historia -tradicional, mediante el estudio crítico de crónicas, diplomas, -inscripciones, etc.; tales eran Garibay, Ambrosio de Morales, Zurita. -Mariana no se sentía inclinado a estas tareas, pues las suyas -habituales eran las del teólogo y moralista; sólo como ocupación -accesoria se dedicó a componer la Historia de España. Así que no -se propuso continuar los estudios especiales en averiguación de -la verdad, sino que, contentándose con lo hecho por otros, como -en sus obras echaba de menos el arte de la narración, no aspiraba -sino a vulgarizar lo estudiado por otros: _mi intento no fué hacer -historia, sino poner en orden y estilo lo que otros habían recogido_. -Su principal preocupación fué, pues, la narración agradable; escoge -en las diversas fuentes que maneja la versión de los hechos que -buenamente le parece más verdadera, y luego la expone sin reparo -crítico alguno; sucediendo más de una vez que la hermosura de un -relato fabuloso le atrae y le obliga a acogerlo sin expresar la menor -duda, pues lo que él pretendía era hacer, más que una historia -averiguada, una historia literaria y nacional, de la cual nada bello -y nada heroico debía ser excluído. Ciertamente que consiguió tal -propósito; su obra es hasta ahora el más digno monumento en honor de -la historia y tradiciones españolas, como lo es Tito Livio de las -romanas. - -En el estilo de esta obra se ven claramente influencias, tanto de -la índole personal del autor, como de sus lecturas habituales. La -entereza de carácter y la austeridad de pensamiento de Mariana se -reflejan en su narración histórica, a veces seca, pero que sabe -revestirse siempre de un aire de autoridad y decoro que, como dice -Capmany, «apenas distingue uno después si son las cosas o las -palabras las que aparecen grandes y majestuosas». Ni aun en las -arengas es declamador o retórico. - -Las habituales tareas de teólogo, político y moralista a que se -consagró Mariana, hacen que su narración, no sólo esté llena de -máximas y aforismos, según la costumbre general de los historiadores -de la época, sino que se desvíe, más o menos visiblemente, para -obligarla a correr por el cauce de las ideas filosóficas y sociales -del autor. - -Su cultura clásica le hace imitar a Tito Livio en la manera amplia -y tranquila de relatar, y a Tácito en las sentencias y reflexiones -con que moraliza constantemente el relato. Además, como Mariana -había escrito primero su obra en latín, de aquí que al romancearla -conservara algún dejo de construcción latina como el que apuntamos en -la nota de la página 193. - -En fin: la obligada lectura de crónicas castellanas de los siglos -XIV y XV le encariñó con el lenguaje viejo, y de ellas se le pegaron -multitud de arcaísmos, como: _aína_ ‘presto, luego’; _al_ ‘otro’, -_asaz_ ‘bastante, harto’; _ca_ ‘porque’, muy usado por Mariana, y -algo también por Fray Luis de Granada; _dende_ ‘desde allí’, _hobo_ -‘hubo’, _maguer_ ‘aunque’, _suso_ ‘arriba’. Sin duda esto tenía por -objeto revestir así el lenguaje de un aspecto más venerable. Razón -tenía Saavedra Fajardo al decir en su _República literaria_ que así -como otros se tiñen las barbas por parecer mozos, Mariana se las -teñía por hacerse viejo. Lo cierto es que con ser la _Historia de -España_ treinta años posterior a la _Guerra de Granada_ de Mendoza, -representa un lenguaje mucho más antiguo. Este no es defecto especial -de Mariana, quien sabe mantener en un límite prudente el arcaísmo; -las Crónicas ejercían tal atractivo sobre los que las leían, que -los poetas que sacaban de ellas romances o comedias, solían imitar -su lenguaje arcaico con mucha más exageración que a Mariana, pues -llegaban a escribir sus versos contrahaciendo la _fabla antigua_. - -Además del arcaísmo prudentemente manejado, se observa en Mariana -alguna otra afectación; sobre todo un particular estudio para -huir del uso del gerundio, forma verbal de que tanto abusan las -malas narraciones; en su lugar, Mariana emplea con preferencia -el participio oracional. Fuera de esto, el estilo de Mariana se -distingue por una gran llaneza y naturalidad, y por una construcción -ligera que prefiere la nueva yuxtaposición de las cláusulas a -englobarlas con relación de dependencia[374]. - - - HISTORIA DE ESPAÑA - LIBRO XVII, CAPÍTULO XIII - - Muerte del Rey Don Pedro el Cruel, 22 ó 23 marzo, 1369. En el - capítulo anterior contó Mariana cómo Don Enrique, vuelto de - Francia, allegó en rededor suyo muchos partidarios; le recibieron - por Rey Burgos y otras ciudades, y cercó a Toledo que aún se - mantenía por Don Pedro. - -El Rey Don Pedro, desamparado de los que le podían ayudar, y -sospechoso de los demás, lo que sólo le restaba, se resolvió de -aventurarse, encomendarse a sus manos y ponerlo todo en el trance y -riesgo de una batalla; sabía muy bien que los reinos se sustentan y -conservan más con la fama y reputación que con las fuerzas y armas. -Teníale con gran cuidado el peligro de la real ciudad de Toledo; -estaba aquejado y pensaba cómo mejor podría conservar su reputación. -Esto le confirmaba más en su propósito de ir en busca de su enemigo -y dalle[375] la batalla. Procuráronselo estorbar los de Sevilla; -decíanle que se destruía y se iba derecho a despeñar; que lo mejor -era tener sufrimiento, reforzar su ejército y esperar las gentes -que cada día vendrían de sus amigos y de los pueblos que tenían -su voz[376]. Esto que le aconsejaban era lo que en todas maneras -debiera seguir, si no le cegaran la grandeza de sus maldades y la -divina justicia, que estaba ya determinada de muy presto castigallas. -Estando en este aprieto, sucedióle otro desastre, y fué que Vitoria, -Salvatierra y Logroño, que eran de su obediencia, fatigadas de las -armas del Rey de Navarra[377], y por falta de socorro por estar -Don Pedro tan lejos, se entregaron al Navarro. Ayudó a esto Don -Tello[378], el cual, si estaba mal con Don Pedro, no era amigo de su -hermano Don Enrique, y así se estaba a la mira[379] en Vizcaya, sin -querer ayudar a ninguno de los dos. - -Proseguíase en este comedio el cerco de Toledo. Y como quier que -aquella ciudad estuviese, como dijimos, dividida en aficiones, -algunos de los que favorecían a Don Enrique intentaron de -apoderalle[380] de una torre del muro de la ciudad que miraba al -real, que se dice la torre de los Abades. Como no le sucediese[381] -esta traza, procuraron dalle entrada en la ciudad por el puente de -San Martín[382], sobre lo cual los del un bando y del otro vinieron a -las manos, en que sucedieron algunas muertes de ciudadanos. - -Sabidas estas revueltas por el Rey Don Pedro, dióse muy mayor priesa -a irla a socorrer, por no hallalla perdida cuando llegase. Para ir -con menor cuidado mandó recoger sus tesoros, y con sus hijos Don -Sancho y Don Diego llevallos a Carmona, que es una fuerte y rica -villa del Andalucía, y está cerca de Sevilla. Hecho esto, juntó -arrebatadamente su ejército y aprestó su partida para el reino de -Toledo. Llevaba en su campo tres mil hombres de a caballo; pero la -mitad de ellos, ¡mal pecado![383], eran moros, y de quien no se -tenía entera confianza, ni se esperaba que pelearían con aquel brío -y gallardía que fuera necesario. Dícese que al tiempo de su partida -consultó a un moro sabio de Granada, llamado Benagatin, con quien -tenía mucha familiaridad, y que el moro le anunció su muerte por una -profecía de Merlín[384], hombre inglés que vivió antes deste tiempo, -como cuatrocientos años. La profecía contenía estas palabras: «En las -partes de occidente, entre los montes y el mar, nacerá una ave negra, -comedora y robadora, y tal, que todos los panales del mundo querrá -recoger en sí, y todo el oro del mundo querrá poner en su estómago, y -después gormarlo ha[385], y tornará atrás. Y no perecerá luego por -esta dolencia, caérsele han las péñolas, y sacarle han las plumas -al sol, y andará de puerta en puerta y ninguno la querrá acoger, y -encerrarse ha en la selva y allí morirá dos veces: una al mundo, y -otra a Dios, y desta manera acabará.» Esta fué la profecía, fuese -verdadera o ficción, de un hombre vanísimo que le quisiese burlar; -como quiera que fuese, ella se cumplió dentro de muy pocos días. - -El Rey Don Pedro, con la hueste que hemos dicho, bajó del Andalucía -a Montiel, que es una villa en la Mancha y en los Oretanos antiguos, -cercada de muralla, con su pretil, torres y barbacana, puesta en -un sitio fuerte y fortalecida con un buen castillo. Sabida por Don -Enrique la venida de Don Pedro, dejó a Don Gómez Manrique, Arzobispo -de Toledo, para que prosiguiese el cerco de aquella ciudad, y él, -con dos mil y cuatrocientos hombres de a caballo, por no esperar -el paso de la infantería, partió con gran priesa en busca de Don -Pedro. Al pasar por la villa de Orgaz, que está a cinco leguas de -Toledo, se juntó con él Beltrán Claquin[386] con seiscientos caballos -extranjeros que traía de Francia; importantísimo socorro y a buen -tiempo, porque eran soldados viejos y muy ejercitados y diestros en -pelear. Llegaron al tanto[387] allí Don Gonzalo Mejía, maestre de -Santiago, y Don Pedro Muñiz[388], maestre de Calatrava, y otros -señores principales que venían con deseo de emplear sus personas -en la defensa y libertad de su patria. Partió Don Enrique con esta -caballería; caminó toda la noche, y al amanecer dieron vista a los -enemigos, antes que tuviesen nuevas ciertas que eran partidos de -Toledo. - -Ellos, cuando vieron que estaba tan cerca Don Enrique, tuvieron gran -miedo, y pensaron no hobiese alguna traición y trato para dejarlos -en sus manos; a esta causa[389] no se fiaban los unos de los otros. -Recelábanse también de los mismos vecinos de la villa. Los capitanes, -con mucha priesa y turbación, hicieron recoger los más de los -soldados que estaban alojados en las aldeas cerca de Montiel; muchos -dellos desampararon las banderas de miedo o por el poco amor y menos -gana con que servían. - -Al salir del sol formaron sus escuadrones de ambas partes y animaron -sus soldados a la batalla. Don Enrique habló a los suyos en esta -sustancia[390]: «Este día, valerosos compañeros, nos ha de dar -riquezas, honra y reino, o nos lo ha de quitar. No nos puede suceder -mal, porque de cualquiera manera que nos avenga, seremos bien -librados; con la muerte, saldremos de tan inmensos e intolerables -afanes como padecemos; con la victoria, daremos principio a la -libertad y descanso, que tanto tiempo ha deseamos. No podemos -entretenernos ya más; si no matamos a nuestro enemigo, él nos ha de -hacer perecer de[391] tal género de muerte, que la ternemos[392] -por dichosa y dulce si fuere ordinaria, y no con crueles y bárbaros -tormentos. La naturaleza nos hizo gracia de la vida con un necesario -tributo, que es la muerte; ésta no se puede excusar; empero los -tormentos, las deshonras, afrentas e injurias, evitarálas vuestro -esfuerzo y valor. Hoy alcanceréis una gloriosa victoria, o quedaréis -como honrados y valerosos tendidos en el campo. No vean tal mis -ojos; no permita vuestra bondad, Señor, que perezcan tan virtuosos -y leales caballeros. Mas ¿qué muerte tan desastrada y miserable -nos puede venir que sea peor que la vida acosada que traemos? No -tenemos guerra con enemigo que nos concederá partidos razonables, -ni aun una tolerable servidumbre, cuando queramos ponernos en sus -manos; ya sabéis su increíble crueldad, y tenéis bien a vuestra costa -experimentado cuán poca seguridad hay en su fe y palabra. No tiene -mejor fiesta, ni más alegre[393], que la que solemniza con sangre y -muertes, con ver destrozados los hombres delante de sus ojos. ¿Por -ventura habémoslo[394] con algún malvado y perverso tirano, y no -con una inhumana y feroz bestia, que parece ha sido agarrochada en -la leonera para que de allí con mayor braveza salga a hacer nuevas -muertes y destrozos? Confío en Dios, y en su apóstol Santiago, que -ha caído en la red que nos tenía tendida y que está encerrado, donde -pagará la cruel carnicería que en nos[395] tiene hecha; mirad, mis -soldados, no se os vaya; detenedla, no la dejéis huir, no quede -lanza ni espada que no pruebe en ella sus aceros. Socorred, por -Dios, a nuestra miserable patria, que la tiene desierta y asolada; -vengad la sangre que ha derramado de vuestros padres, hijos, amigos -y parientes. Confiad en nuestro Señor, cuyos sagrados ministros -sacrílegamente ha muerto, que os favorecerá para que castiguéis tan -enormes maldades, y le hagáis un agradable sacrificio de la cabeza de -un tal monstruo horrible y fiero tirano»[396]. - -Acabada la plática, luego con gran brío y alegría arremetieron a -los enemigos; hirieron en ellos con tan gran denuedo, que sin poder -sufrir este primer ímpetu en un momento fueron desbaratados. Los -primeros huyeron los moros[397], los castellanos resistieron algún -tanto; mas como se viesen perdidos y desamparados, se recogieron, -con el Rey Don Pedro, en el castillo de Montiel. Murieron muchos -de los moros en la batalla, muchos más fueron los que perecieron -en el alcance[398]; de los cristianos no murió sino sólo un -caballero[399]. Ganóse esta victoria un miércoles, catorce días de -marzo del año de 1369. - -Don Enrique, visto cómo Don Pedro se encerró en la villa, a la -hora la hizo cercar de una horma (pared de piedra seca) con gran -vigilancia porque no se les pudiese escapar. Comenzaron los cercados -a padecer falta de agua y de trigo, ca lo poco que tenían les dañó -de industria[400], a lo que parece, algún soldado de los de dentro, -deseoso de que se acabase presto el cerco. Don Pedro, entendido el -peligro en que estaba, pensó cómo podría huirse del castillo más a -su salvo[401]. Hallábase con él un caballero que le era muy leal, -natural de Trastamara, decíase Men Rodríguez[402] de Sanabria; por -medio deste hizo a Beltrán Claquin una gran promesa de villas y -castillos y de docientas mil doblas castellanas, a tal que, dejado -a Don Enrique, le favoreciese y le pusiese en salvo. Extrañó esto -Beltrán; decía que si tal consintiese, incurriría en perpetua infamia -de fementido y traidor; mas como todavía Men Rodríguez le instase, -pidióle tiempo para pensar en tan grande hecho. Comunicado el negocio -secretamente con los amigos de quien más se fiaba, le aconsejaron -que contase a Don Enrique todo lo que en este caso pasaba; tomó su -consejo. Don Enrique le agradeció mucho su fidelidad, y con grandes -promesas[403] le persuadió a que con trato doble hiciese venir a Don -Pedro a su posada, y le prometiese haría lo que deseaba. Concertaron -la noche; salió Don Pedro de Montiel armado sobre un caballo con -algunos caballeros que le acompañaban; entró en la estancia de -Beltrán Claquin con más miedo que esperanza de buen suceso. El recelo -y temor que tenía dicen se le aumentó un letrero que leyó poco antes, -escrito en la pared de la torre del homenaje del castillo de Montiel, -que contenía estas palabras: _Esta es la torre de la Estrella_. Ca -ciertos astrólogos le pronosticaron que moriría en una torre deste -nombre. Ya sabemos cuán grande vanidad sea la destos adevinos, y -cómo después de acontecidas las cosas se suelen fingir semejantes -consejas. Lo que se refiere que le pasó con un judío médico es cosa -más de notar. Fué así, que por la figura de su nacimiento le había -dicho que alcanzaría nuevos reinos y que sería muy dichoso. Después, -cuando estuvo en lo más áspero de sus trabajos, díjole: «cuán mal -acertastes en vuestros pronósticos», respondió el astrólogo: «aunque -más hielo caiga del cielo, de necesidad el que está en el baño ha de -sudar.» Dió por estas palabras a entender que la voluntad y acciones -de los hombres son más poderosas que las inclinaciones de las -estrellas[404]. - -Entrado pues Don Pedro en la tienda de Don Beltrán, díjole que ya -era tiempo que se fuesen. En esto entró Don Enrique armado; como vió -a Don Pedro, su hermano, estuvo un poco sin hablar como espantado; -la grandeza del hecho le tenía alterado y suspenso, o no le conocía -por los muchos años que no se vieran. No es menos sino que los que -se hallaron presentes estaban entre miedo y esperanza vacilando. Un -caballero francés dijo a Don Enrique, señalando con la mano a Don -Pedro: «mirad que ese es vuestro enemigo.» Don Pedro con aquella -natural ferocidad que tenía, respondió dos veces: «yo soy, yo soy.» -Entonces Don Enrique sacó su daga y dióle una herida con ella en -el rostro. Vinieron luego a los brazos, cayeron ambos en el suelo; -dicen que Don Enrique debajo, y que con ayuda de Beltrán, que les -dió vuelta y le puso encima, le pudo herir de muchas puñaladas, con -que le acabó de matar. Cosa que pone grima, un rey, hijo y nieto de -reyes, revolcado en su sangre derramada por la mano de un su hermano -bastardo. ¡Extraña hazaña! - -A la verdad, cuya[405] vida fué tan dañosa para España, su muerte le -fué saludable; y en ella se echa bien de ver que no hay ejércitos, -poder, reinos ni riquezas que basten a tener seguro a un hombre que -vive mal e insolentemente. Fué este un extraño ejemplo para que en -los siglos venideros tuviesen que considerar, se admirasen y temiesen -y supiesen también que las maldades de los príncipes las castiga -Dios, no solamente con el odio y mala voluntad con que mientras viven -son aborrecidos, ni sólo con la muerte, sino con la memoria de las -historias, en que son eternamente afrentados y aborrecidos por todos -aquellos que las leen, y sus almas sin descanso serán para siempre -atormentadas. - - - LIBRO XIX, CAPÍTULO XV - - Es alzado por Rey de Castilla Don Juan II. Abnegación de su tío - Don Fernando de Antequera. - -Hecho el enterramiento y las exequias del Rey Don Enrique con la -magnificencia que era razón y con toda representación de majestad y -tristeza, los grandes se comunicaron para nombrar sucesor y hacer -las ceremonias y homenajes que en tal caso se acostumbran. No eran -conformes los pareceres, ni todos hablaban de una misma manera. A -muchos parecía cosa dura y peligrosa esperar que un infante de veinte -y dos meses tuviese edad competente para encargarse del gobierno. -Acordábanse de la minoridad de los reyes pasados, y de los males que -por esta causa se padecieron por todo aquel tiempo. Leyóse en público -el testamento del Rey difunto, en que disponía y dejaba mandado que -la Reina, su mujer[406], y el Infante Don Fernando, su hermano, se -encargasen del gobierno del reino y de la tutela del Príncipe. A -Diego López de Zúñiga y Juan de Velasco encomendó la crianza y la -guarda del niño; la enseñanza a Don Pablo, Obispo de Cartagena, -para que en las letras fuese su maestro, como era ya su chanciller -mayor, hasta tanto que el Príncipe fuese de edad de catorce años. -Ordenó otrosí que los tres atendiesen sólo al cuidado que se les -encomendaba, y no se empachasen en el gobierno del reino. - -Algunos pretendían que todas estas cosas se debían alterar; alegaban -que el testamento se hizo un día antes de la muerte del Rey cuando -no estaba muy entero, antes tenía alterada la cabeza y el sentido; -que no era razón por ningún respeto dejar el reino expuesto a las -tempestades que forzosamente por estas causas se levantarían. Desto -se hablaba en secreto, desto en público en las plazas y corrillos. -Verdad es que ninguno se adelantaba a declarar la traza que se -debía tener para evitar aquellos inconvenientes; todos estaban a la -mira, ninguno se quería aventurar a ser el primero. Todos ponían -mala voz[407] en el testamento y lo dispuesto en él; pero cada cual -asimismo temía de ponerse a riesgo de perderse si se declaraba -mucho. Ofrecíaseles que el infante Don Fernando los podría sacar -de la congoja en que estaban y de la cuita[408], si se quisiese -encargar del reino; mas recelábase que no vendría en esto por ser -de su natural templado, manso y de gran modestia, virtudes que cada -cual les daba el nombre[409] que le parecía, quién de miedo, quién -de flojedad, quién de corazón estrecho; finalmente, de los vicios -que más a ellas se semejan. La ausencia de la Reina y ser mujer -y extranjera daba ocasión a estas pláticas. Estaba a la sazón en -Segovia con sus hijos cubierta de luto y de tristeza, así por la -muerte de su marido, como por el recelo que tenía en qué pararían -aquellas cosas[410] que se removían en Toledo. - -Los grandes, comunicado el negocio entre sí, al fin determinaron -dar un tiento al infante Don Fernando. Tomó la mano Don Ruy López -Dávalos por la autoridad que tenía de condestable y por estar más -declarado que ninguno de los otros. Pasaron en secreto muchas -razones primero; después, en presencia de otros de su opinión, le -hizo para animalle, que se mostraba muy tibio, un razonamiento muy -pensado desta sustancia: «Nos, señor, os convidamos con la corona -de vuestros padres y abuelos, resolución cumplidera[411] para el -reino, honrosa para vos, saludable para todos. Para que la oferta -salga cierta, ninguna otra cosa falta sino vuestro consentimiento; -ninguno será tan osado que haga contradicción a lo que tales -personajes acordaron. No hay en nuestras palabras engaño ni lisonja. -Subir a la cumbre del mando y del señorío por malos caminos, es cosa -fea; mas desamparar al reino que de su voluntad se os ofrece y se -recoge al amparo de vuestra sombra en el peligro, mirad no parezca -flojedad y cobardía. La naturaleza de la potestad real y su origen, -enseñan bastantemente que el cetro se puede quitar a uno y dar a -otro, conforme a las necesidades que ocurren. Al principio del mundo -vivían los hombres derramados por los campos a maneras de fieras; no -se juntaban en ciudades ni en pueblos; solamente cada cual de las -familias reconocía y acataba al que entre todos se aventajaba en la -edad y en la prudencia. El riesgo que todos corrían de ser oprimidos -de los más poderosos y las contiendas que resultaban con los extraños -y aun entre los mismos parientes, fueron ocasión que se juntasen unos -con otros, y para mayor seguridad se sujetasen y tomasen por cabeza -al que entendían con su valor y prudencia los podría amparar[412] -y defender de cualquier agravio y demasía. Este fué el origen que -tuvieron los pueblos, éste el principio de la majestad real[413], la -cual por entonces no se alcanzaba por negociaciones ni sobornos; la -templanza, la virtud y la inocencia prevalecían. Asimismo no pasaba -por herencia de padres a hijos; por voluntad de todos y de entre -todos se escogía el que debía suceder al que moría. El demasiado -poder de los reyes hizo que heredasen las coronas los hijos, a veces -de pequeña edad, de malas y dañadas costumbres. ¿Qué cosa puede ser -más perjudicial que entregar a ciegas y sin prudencia al hijo, sea el -que fuere, los tesoros, las armas, las provincias, y lo que se debía -a la virtud y méritos de la vida, dallo al que ninguna muestra ha -dado de tener bastantes prendas? No quiero alargarme más en esto ni -valerme de ejemplos antiguos para prueba de lo que digo. Todavía es -averiguado que por la muerte del Rey Don Enrique el Primero sucedió -en esta corona, no Doña Blanca, su hermana mayor, que estaba casada -en Francia, sino Doña Berenguela, acuerdo muy acertado, como lo -mostró la santidad y perpetua felicidad de Don Fernando, su hijo. -El hijo menor del Rey Don Afonso el Sabio la ganó a los hijos de su -hermano mayor el Infante Don Fernando, porque con sus buenas partes -daba muestras de Príncipe valeroso. ¿Para qué son cosas antiguas? -Vuestro abuelo el Rey Don Enrique quitó el reino a su hermano y -privó a las hijas de la herencia de su padre; que si no se pudo -hacer, será forzoso confesar que los Reyes pasados no tuvieron -justo título. Los años pasados en Portugal el maestre de Avis se -apoderó de aquel reino, si con razón, si tiránicamente, no es deste -lugar apurallo; lo que se sabe es que hasta hoy le ha conservado y -mantenídose en él contra todo el poder de Castilla. De menos tiempo -acá dos hijas del Rey Don Juan de Aragón perdieron la corona de su -padre, que se dió a Don Martín, hermano del difunto, si bien estaba -ausente y ocupado en allanar a Sicilia; que siempre se tuvo por -justo mudase la comunidad y el pueblo conforme a la necesidad que -ocurriese, lo que ella misma estableció por el bien común de todos. -Si convidáramos con el mando a alguna persona extraña, sin nobleza, -sin partes, pudiérase reprehender nuestro acuerdo. ¿Quién tendrá -por mal que queramos por Rey un Príncipe de la alcuña[414] real de -Castilla, y que en vida de su hermano tenía en su mano el gobierno? -Mirad, pues, no se atribuya antes a mal no hacer caso ni responder -a la voluntad que grandes y pequeños os muestran, y por excusar el -trabajo y la carga desamparar a la patria común, que de verdad, -tendidas las manos, se mete debajo las alas y se acoge al abrigo de -vuestro amparo en el aprieto en que se halla. Esto es finalmente -lo que todos suplicamos; que encargaros uséis en el gobierno -destos reinos de la templanza a vos acostumbrada y debida, no será -necesario.» - -Después destas razones los demás grandes que presentes estaban se -adelantaron, cada cual por su parte, para suplicalle aceptase. No -faltó quien alegase profecías y revelaciones y pronósticos del cielo -en favor de aquella demanda. A todo esto el Infante, con rostro -mesurado y ledo[415], replicó y dijo no era de tanta codicia ser Rey -que se hobiese de menospreciar la infamia que resultaría contra él de -ambicioso e inhumano, pues despojaba un niño inocente y menospreciaba -la Reina viuda y sola[416], a cuya defensa toda buena razón le -obligaba, demás de las alteraciones y guerras que forzosamente en -el reino sobre el caso se levantarían. Que les agradecía aquella -voluntad y el crédito que mostraban tener de su persona; pero que en -ninguna cosa les podía mejor recompensar aquella deuda que en dalles -por Rey y señor al hijo de su hermano, su sobrino, por cuyo respeto -y por el procomún de la patria él no se quería excusar de ponerse a -cualquier riesgo y fatiga y encargarse del gobierno, según que el -Rey, su hermano, lo dejó dispuesto; solo, en ninguna manera se podría -persuadir de tomar aquel camino agrio y áspero que le mostraban. - -Concluído esto, poco después juntó los señores y prelados en la -capilla de Don Pedro Tenorio, que está en el claustro de la iglesia -mayor. El condestable Don Ruy López, por si acaso había mudado de -parecer, le preguntó allí en público a quién quería alzasen por Rey. -El, con semblante demudado, respondió en voz alta: «¿A quién, sino al -hijo de mi hermano?» Con esto levantaron los estandartes, como es de -costumbre, por el Rey Don Juan el Segundo, y los reyes de armas le -pregonaron por Rey, primero en aquella junta, y consiguientemente por -las calles y plazas de la ciudad. - -Gran crédito ganó de modestia y templanza el Infante Don Fernando -en menospreciar lo que otros por el fuego y por hierro pretenden. -Los mismos que le insistieron aceptase el reino, no acababan de -engrandecer su lealtad, camino por el cual[417] se enderezó a -alcanzar otros muy grandes reinos que el cielo por sus virtudes le -tenía reservados. Fué la gloria de aquel hecho tanto más de estimar, -que su hermano al fin de su vida andaba con él torcido y no se le -mostraba favorable. - - - LIBRO XX, CAPÍTULOS II Y IV - - Muerto sin sucesión el Rey aragonés Don Martín, es elegido por - sucesor Don Fernando de Antequera. - -Los catalanes, aragoneses y valencianos, naciones y provincias que -se comprehenden debajo la Corona de Aragón, se juntaban cada cual de -por sí para acordar lo que se debía hacer en el punto de la sucesión -de aquel reino y cuál de los pretensores les vendría más a cuento. -Los pareceres no se conformaban, como es ordinario, y mucho menos las -voluntades. Cada cual de los pretendientes tenía sus valedores y sus -aliados, que pretendían sobre todo echar cargo y obligarse al nuevo -Rey[418] con intento de encaminar sus particulares, sin cuidar mucho -de lo que en común era más cumplidero. - -Los catalanes por la mayor parte acudían al conde de Urgel, en -que[419] se señalaban sobre todos los Cardonas y los Moncadas, casas -de las más principales; y aun entre los aragoneses, los de Alagón -y los de Luna se les arrimaban; en que pasaron tan adelante, que -Antonio de Luna, por salir con su intento, dió la muerte a Don García -de Heredia, Arzobispo de Zaragoza, con una celada que le paró[420] -cerca de Almunia, no por otra causa, sino por ser el que más que -todos se mostraba contra el conde de Urgel y abatía su pretensión. -Pareció este caso muy atroz, como lo era. Declararon al que lo -cometió por sacrílego[421] y descomulgado, y aun fué ocasión que -el partido del conde de Urgel empeorase; muchos por aquel delito -tan enorme se recelaban de tomar por Rey aquel cuyo principio tales -muestras daba. Los nobles de Aragón asimismo acudieron a las armas, -unos para vengar la muerte del Arzobispo; otros para amparar el -culpado. Era necesario abreviar por esta causa y por nuevos temores -que cada día se representaban: asonadas de guerra por la parte de -Francia y de Castilla, compañías de soldados que se mostraban a la -raya para usar de fuerza si de grado no les daban el reino. Las tres -provincias entre sí se comunicaron sobre el caso por medio de sus -embajadores que en esta razón despacharon. Gastáronse muchos días en -demandas y respuestas; finalmente se convinieron de común acuerdo -en esta traza: que se nombrasen nueve jueces por todos, tres de -cada cual de las naciones; éstos se juntasen en Caspe, castillo de -Aragón, para oir las partes y lo que cada cual en su favor alegase; -hecho esto y cerrado el proceso, procediesen a sentencia; lo que -determinasen por lo menos los seis de ellos, con tal, empero, que -de cada cual de las naciones concurriese un voto, aquello fuese -valedero y firme. Tomado este acuerdo, los de Aragón nombraron por -su parte a Don Domingo, Obispo de Huesca, y a Francisco de Aranda -y a Berenguel de Bardax[422]. Los catalanes señalaron a Sagariga, -Arzobispo de Tarragona, y a Guillén de Valseca y a Bernardo Gualbe. -Por Valencia entraron en este número Fray Vicente Ferrer, de la orden -de Santo Domingo, varón señalado en santidad y púlpito, y su hermano -Fray Bonifacio Ferrer, cartujano, y por tercero Pedro Beltrán[423]. -Resolución maravillosa y nunca oída, que pretendiesen por juicio de -pocos hombres, y no de los más poderosos, dar y quitar un reino tan -importante. - -Los jueces, luego que aceptaron el nombramiento, se juntaron y -despacharon sus edictos, por los cuales citaron los pretensores -con apercibimiento, si no comparecían en juicio, de tenellos por -excluídos de aquella demanda. Vinieron algunos; otros enviaron sus -procuradores... - -Luego que el negocio de la sucesión estuvo bien sazonado, y oídas -las partes y sus alegaciones, se concluyó y cerró el proceso[424]; -los jueces confirieron entre sí lo que debían sentenciar. Tuvieron -los votos secretos y la gente toda suspensa con el deseo que tenían -de saber en qué pararía aquel debate. Para los autos necesarios, -delante la iglesia de aquel pueblo hicieron levantar un cadahalso -muy ancho para que cupiesen todos, y tan alto que de todas partes se -podía ver lo que hacían; celebró la misa el Obispo de Huesca, como se -acostumbra en actos semejantes. Hecho esto, salieron los jueces de -la iglesia, que se asentaron en lo más alto del tablado, y en otra -parte los embajadores de los príncipes y los procuradores de los que -pretendían. Hallóse presente el Pontífice Benedicto[425], que tuvo -en todo gran parte. A Fray Vicente Ferrer, por su santidad y grande -ejercicio que tenía en predicar, encargaron el cuidado de razonar -al pueblo y publicar la sentencia. Tomó por tema de su razonamiento -aquellas palabras de la escritura: «_Gocémonos y regocijémonos y -démosle gloria porque vinieron las bodas del cordero_[426]. Después -de la tempestad y de los torbellinos pasados abonanza el tiempo y -se sosiegan las olas bravas del mar, con que nuestra nave, bien -que desamparada de piloto, finalmente, caladas las velas, llega al -puerto deseado. Del templo, no de otra manera que de la presencia -del gran Dios, ni con menor devoción que poco antes delante los -altares se han hecho plegarias por la salud común, venimos a hacer -este razonamiento. Confiamos que con la misma piedad y devoción -vos también oiréis nuestras palabras. Pues se trata de la elección -del Rey; ¿de qué cosa se pudiera más a propósito hablar que de su -dignidad y de su majestad, si el tiempo diera lugar a materia tan -larga y que tiene tantos cabos? Los reyes sin duda están puestos en -la tierra por Dios para que tengan sus veces, y como vicarios suyos -le semejen en todo. Debe, pues, el Rey en todo género de virtud -allegarse lo más cerca que pudiere y imitar la bondad divinal. Todo -lo que en los demás se halla de hermoso y honesto es razón que él -sólo en sí lo guarde y lo cumpla. Que de tal suerte se aventaje a sus -vasallos, que no le miren como hombre mortal, sino como a venido del -cielo para bien de todo su reino. No ponga los ojos en sus gustos ni -en su bien particular, sino días y noches se ocupe en mirar por la -salud de la república y cuidar del procomún. Muy ancho campo se nos -abría para alargarnos en este razonamiento; pero, pues el Rey está -ausente, no será necesario particularizar esto más. Sólo servirá para -que los que estáis presentes tengáis por cierto que en la resolución -que se ha tomado se tuvo muy particular cuenta con esto: que en el -nuevo Rey concurran las partes de virtud, prudencia, valor y piedad -que se podían desear. Lo que viene más a propósito es exhortaros a -la obediencia que le debéis prestar y a conformaros con la voluntad -de los jueces, que os puedo asegurar es la de Dios, sin la cual todo -el trabajo que se ha tomado sería en vano, y de poco momento la -autoridad del que rige y manda, si los vasallos no se le humillasen. -Pospuestas, pues, las aficiones particulares, poned las mientes en -Dios y en el bien común; persuadíos que aquel será mejor príncipe -que con tanta conformidad de pareceres y votos, cierta señal de la -voluntad divina, os fuere dado. Regocijáos y alegráos; festejad este -día con toda muestra de contento. Entended que debéis al santísimo -Pontífice, que presente está para honrar y autorizar este auto, y -a los jueces muy prudentes, por cuya diligencia y buena maña se ha -llevado al cabo sin tropiezo un negocio, el más grave que se puede -pensar, cuanto cada cual de vos a sus mismos padres que os dieron el -ser y os engendraron.» - -Concluídas estas razones y otras en esta sustancia, todos estaban -alerta esperando con gran suspensión y atención el remate deste -auto y el nombramiento del Rey. Él mismo en alta voz pronunció la -sentencia dada por los jueces, que llevaba por escrito. Cuando llegó -al nombre de Don Fernando, así él mismo, como todos los demás que -presentes se hallaron, apenas por la alegría se podían reprimir, -ni por el ruido oir unos a otros. El aplauso y vocería fué cual se -puede pensar. Aclamaban para el nuevo Rey, vida, victoria y toda -buenandanza. Mirábanse unos a otros, maravillados como si fuera -una representación de sueño. Los más no acababan de dar crédito -a sus orejas; preguntaban a los que cerca les caían quién fuese -el nombrado. Apenas se entendían unos a otros; que el gozo cuando -es grande impide los sentidos que no puedan atender ni hacer sus -oficios. Los músicos, que prestos estaban, a la hora cantaron con -toda solemnidad, como se acostumbra, en acción de gracias, el himno -_Te Deum laudamus_. - -Hízose este acto tan señalado prostero del mes de junio, el cual -concluído, despacharon embajadores para avisar al Infante Don -Fernando y acucialle[427] la venida. Hallábase él, a la sazón, en -Cuenca, cuidadoso del remate en que pararían estos negocios. - - -NOTAS - - [374] Véase G. CIROT, _Mariana historien_, 1915, p. 366. - - [375] _Dalle_ por _dar-le_. En los siglos XVI y XVII la _r_ final - del infinitivo se solía convertir en _l_ ante la _l_ inicial - del pronombre enclítico, y así se decía _decillo_, _servilla_, - _escribilles_, _mostrallas_, etc. - - [376] _Tener voz de uno_ equivalía a ‘seguir su causa’, ‘mantener - su derecho’, pues _voz_ significó el derecho o el título que - alguno tiene sobre alguna cosa. - - [377] Este rey era Carlos II. - - [378] Hijo menor de Don Alfonso XI y Doña Leonor de Guzmán. Casó - en 1353 con Doña Juana de Lara, asesinada por orden de Don Pedro. - Luego, Don Enrique le instituyó heredero del condado de Vizcaya y - del señorío de Lara, como viudo de Doña Juana. - - [379] En vez de _se estaba a la mira_, ponen algunas ediciones - modernas _se entretenía_, y diez veces más eliminan el verbo - _estar_ en los fragmentos de Mariana que aquí se publican. La - repetición de vocablos no era entonces defecto tan molesto como - hoy lo es; en el párrafo siguiente nótese la repetición del verbo - _suceder_ con dos acepciones diferentes. - - [380] Hoy úsase como activo _apoderar_ sólo en el sentido de - «dar poder a una persona para que represente en juicio a otra»; - antiguamente significaba «poner en posesión de algo, hacer dueño» - y Mariana lo emplea mucho, por más que en su tiempo ya era poco - frecuente. El real o campo de Don Enrique estaba en la Vega; la - _Torre de los Abades_ (en el Paseo de la Vega Alta, cerca de la - Puerta del Cambrón) fué efectivamente ocupada por soldados de Don - Enrique, pero los partidarios de Don Pedro le pegaron fuego para - rescatarla. El relato circunstanciado de estos hechos se halla en - la Crónica del Canciller Don Pero López de Ayala, contemporáneo - de Don Pedro; Mariana le sigue paso a paso, abreviándole. - - [381] Nótese el significado (no registrado en el Diccionario - de la Academia) del verbo _suceder_, ‘tener feliz éxito’; - respondiendo al significado de _suceso_ ‘éxito’. Este significado - tiene en latín _succedere_ y _successus_ (res succedit, successus - rerum). En otras ediciones se pone _les sucediese_, que parece - mejor lección. - - [382] Los de Don Pedro quitaron las llaves del arco del puente - y éste duró caído hasta que lo reedificó el Arzobispo Don Pedro - Tenorio en tiempo de Felipe II. El _Puente de San Martín_ al - Oeste y el de _Alcántara_ al Este, son las dos entradas que - Toledo tiene por la parte del río. - - [383] _¡Mal pecado!_ es una exclamación anticuada de indignación - o enojo. Los moros, que seguían a Don Pedro, eran de Granada, - cuyo Rey Mohamad fué aliado de Don Pedro. - - [384] Sobre las profecías de Merlín, v. adelante la nota al - _Quijote_ p. II, cap. 23. Claro es que ésta es una de tantas - profecías forjadas en tono solemne después que han sucedido los - sucesos que vaticinan; Ayala ya la pone en su Crónica, y parece - que no la inventó tampoco él, pues otras Crónicas contienen otra - profecía análoga. - - [385] _Gormar_ es anticuado (Mariana lo copia de Ayala) por - ‘vomitar’, o figurado ‘volver uno por fuerza lo que retenía sin - justo título’. _Gormarlo ha_ está por _gormarálo_ (v. atrás pág. - 93, nota 192); adelante se halla _caérsele han_ = _caeránsele_; - estas formas, corrientes en tiempo de Ayala, eran ya desusadas en - el de Mariana. _Péñolas_ por _plumas_ es otro arcaísmo. - - [386] Es el famoso caballero francés Beltrán Du Guesclin. - - [387] _Al tanto_ parece equivaler a ‘otrosí’, ‘también’. - - [388] Era el maestre a nombre de Don Enrique. Había otro a nombre - de Don Pedro, llamado Don Martín López de Córdova, ejecutado al - ser tomada Carmona, en 1371, por las tropas de Don Enrique. - - [389] La preposición _a_ denota muchas veces la causa u ocasión: - «a las voces de Constanza salió a los corredores la Argüello». - (Cervantes); hoy decimos _a causa de esto_ en vez de _a esta - causa_. - - [390] Este discurso falta en Ayala y es de la propia invención de - Mariana. Tales arengas eran adorno indispensable de la historia - al estilo clásico. - - [391] La preposición _de_ indicando el medio (morir de muerte - violenta, herir de una cuchillada, etc.) - - [392] _Tener_ como _venir_, _poner_ y otros verbos análogos, - hacían su futuro _terné_, _verné_, _porné_. - - [393] Este orden de los dos adjetivos, uno antepuesto y otro - pospuesto (supone la elipsis _mejor fiesta ni más alegre fiesta_) - era antes corriente, en vez del giro que hoy se usa en la lengua - escrita: _mejor ni más alegre fiesta_. - - [394] En _habémoslo_, el pronombre _lo_ nos ofrece el uso natural - del neutro, pues hace el oficio de representar una proposición - entera, ya que equivale a «habemos lo que litigamos», «esto - que defendemos», «este negocio o causa que sostenemos». Pero - el femenino _la_ se generalizó mucho en lugar del neutro, por - sobreentenderse _cosa_ y en vez de _el más diestro lo yerra_, se - dijo _la yerra_, _¡la hicimos buena!_, _hacérsela_, _pegársela a - uno_ (v. DIEZ, _Gram._ III, 47); aun el plural femenino es muy - usado: _pagárselas a uno_; y en el ejemplo de Mariana diríamos - hoy: «nos las habemos con una bestia feroz». - - [395] El pronombre _nos_ en tiempo de Mariana ya no se usaba - ordinariamente sino por _yo_ en documentos redactados por - personas de alta dignidad; pero tal como aquí Mariana lo usa, es - decir, como plural efectivo en vez del moderno _nosotros_, era un - arcaísmo casi sólo conservado en poesía. - - [396] Esta calificación que Enrique da a su hermano, según - Mariana, es histórica. En los diplomas de la cancillería - enriqueña nunca se nombra a Don Pedro con más suaves epítetos: - «el traidor tirano que se llamaba Rey», o «aquel mal tirano», o - «el traidor hereje tirano». - - [397] Hoy decimos: «los moros huyeron los primeros». En ambos - casos _primero_ tiene funciones de adjetivo, pero significado de - adverbio («los moros huyeron primeramente»), cosa que sucede muy - a menudo, lo mismo que en latín, con _solus_, _primus_, _ultimus_ - (DIEZ, _Gram._ III, 7), v. gr. «solos Don Antonio y Don Juan - no quisieron»; aquí y en el ejemplo de Mariana es evidente la - función adjetiva de _solos_, _primeros_, por estar en plural; - en el otro ejemplo que ofrece Mariana unas líneas más abajo: - «murió sólo un caballero» se puede dudar si _solo_ es adjetivo - de caballero, o un adjetivo adverbializado que no hace funciones - de adjetivo, sino de adverbio, por lo cual no dejaría de ser - masculino aunque se mudara el género del substantivo: «murió sólo - una mujer». - - [398] El _alcance_ es la persecución del enemigo que huye. - - [399] Véase la nota 397, pág. 189. Mariana dió aquí una - interpretación exagerada al texto de la Crónica de Ayala, para - hacer más prodigiosa la narración. Ayala no dice que muriera sólo - un cristiano, sino sólo uno de los principales: «en esta batalla - non morieron de los del Rey Don Pedro omes de cuenta, salvo un - caballero de Córdoba que decían Juan Ximénez; e la razón porque - pocos morieron fué porque los unos posaban en las aldeas, e non - eran llegados a la batalla, e los otros que y eran recogiéronse - con el Rey al castillo de Montiel.» - - [400] «Hacer una cosa _de industria_, hacerla a sabiendas y - adrede, para que de allí suceda cosa que para otro sea acaso y - para él de propósito.» (Covarrubias.) - - [401] _A su salvo_ equivale a _en salvo_, _a mansalva_, sin - peligro. - - [402] Sobre este _Men Rodríguez_, fantaseó una novela famosa Don - Manuel Fernández y González. - - [403] La ayuda prestada por Du Guesclin al fratricida fué, en - efecto, liberalmente pagada por una de esas famosas _mercedes - enriqueñas_, por la que el Caballero francés recibió las villas - de Soria, Almazán, Atienza y otras, las mismas que Don Pedro le - había ofrecido por mediación de Men Rodríguez. - - [404] Aun en tiempo de Mariana existía, si bien muy mitigada, la - antigua superstición de que los astros influían en los hechos - de los hombres; hacíase por los doctos la salvedad de que su - influencia no llegaba a anular el libre albedrío. - - [405] El antecedente de _cuya_ está callado, como en la frase - de Coloma; «temiendo que entregaría la ciudad a cuya era» (V. - BELLO, _Gram._, § 1053); pero lo más singular de la construcción - de Mariana es, que ese mismo antecedente tácito es el poseedor a - que se refiere el posesivo _su_; es decir, que el antecedente de - _cuyo_ va envuelto en el posesivo de la proposición principal (v. - CUERVO, _Dicc._ II. 713 _b_) y hay que construir: «fué saludable - su muerte de aquel cuya vida fué tan dañosa (aquel cuya vida fué - dañosa, su muerte fué saludable)». En el texto latino escribió - Mariana: «sed cuius funesta Hispaniæ vita fuerat, mors extitit - salutaris». - - [406] La reina viuda de Enrique III era Doña Catalina de - Lancáster. El infante Don Fernando es el llamado «de Antequera», - hijo de Juan I y de su primera mujer Doña Leonor, hija de Pedro - IV de Aragón. El Obispo de Cartagena es el judío converso Don - Pablo de Santa María, autor de sabias obras de controversia. - - [407] _Poner mala voz_, poner tacha, hablar mal, desacreditar. - - [408] Acerca del orden de estos dos complementos _de la congoja y - de la cuita_, compárese lo dicho en la nota 393 de la pág. 188. - - [409] «Virtudes =que= cada cual =les= daba el nombre» está - por: «virtudes =a que= cada cual daba el nombre»: en lugar - del relativo con preposición _a que_ se puso simplemente la - conjunción _que_ y luego se indicó la relación de caso, que la - conjunción no podía expresar, por medio del pronombre _les_. - Analícese este otro ejemplo de la Diana de Montemayor: «un valle - =que= toda cosa =en él= me daba gloria». (V. DIEZ, _Gram._ III. - 350). - - [410] La frase «tenía recelo en qué pararían aquellas cosas» está - por: «tenía recelo de (aquello) en que pararían»; la agrupación - desagradable de preposiciones _de en que_ hizo que se suprimiera - _de_. - - [411] _Cumplidero_ ‘que cumple o conviene’, ‘conveniente.’ - - [412] «Al que entendían los podría amparar»; a pesar de - omitirse la conjunción _que_, las dos proposiciones resultan - gramaticalmente unidas por el hecho de estar en subjuntivo el - verbo de la subordinada. Es giro bastante común (creo no venga, - ordenóle le entretuviese) y que se usa en latín (concedo sit - dives, oro dicas). (Véase DIEZ, _Gram._ III, 313). Mariana usa de - él a menudo; más abajo dice «para suplicalle aceptase.» - - [413] Mariana aprovecha a menudo estos discursos de su propia - invención para deslizar en boca de otros sus propias ideas - políticas, y aquí sienta el pacto social como origen del poder - real, en contra de la opinión del derecho divino de los reyes. - - [414] Covarrubias, contemporáneo de Mariana, da como anticuada - _alcuña_; «vale linage, casta, descendencia; latine, genus, - stemma. Es muy usado término en la lengua castellana antigua, así - en las crónicas como en las leyes y contratos». - - [415] Era anticuado ya en tiempo de Mariana; el mismo Covarrubias - dice: «_ledo_, vocablo castellano antiguo; vale alegre, contento; - de la palabra latina _lætus_.» - - [416] «Despojaba un niño» y «menospreciaba la reina» son casos - raros de acusativo sin preposición, tratándose de nombres de - persona cierta y determinada. (Véase CUERVO, _Dicc._ I, 12 _b_). - Lope dijo: «no disgustemos mi abuelo», y Fray Luis de León: - - Yo con alegre canto - mi Dios celebraré y su nombre santo. - - Adelante se verá cuánto usaba Quevedo este acusativo sin - preposición. - - [417] Ediciones modernas corrigen: «camino por donde se - enderezó»; y en la pág. 205, línea 8, «sus edictos por los cuales - citaron», se corrige en «sus edictos con que citaron». Véase - arriba p. 89, n. 172. - - [418] _Echar cargo_, compárese _ser uno en cargo_ que vale ‘ser - deudor’, frase no apuntada en los Diccionarios.--Tampoco figura - en ellos _obligarse_ con el sentido de ‘ganarse el agradecimiento - de alguno’; el texto latino de Mariana dice: «novumque Regem - officio obstrictum habere.»--En fin, tampoco está en los - Diccionarios el adjetivo substantivado _particulares_ con el - sentido que usa Mariana de ‘negocios privados o personales’. - - [419] Aquí _en que_, y más abajo, equivale a ‘en lo que’, - representándose con el neutro _(lo) que_ toda la oración que - antecede. La supresión del artículo neutro _lo_ parece más común - si le precede preposición _en_: «llamáronla Isla de San Juan, por - haber llegado a ella el día del Bautista y por tener su nombre - el general; en que andaría la devoción mezclada con la lisonja.» - (Solis). Con otras preposiciones disuena: «me preguntó si iba; a - (lo) que no respondí», y es imposible sin preposición: «me mandó - ir; lo que hice de buen grado». - - [420] _Parar_ equivale a _preparar_. - - [421] _Declarar_ en el sentido de ‘decidir públicamente sobre la - categoría o condición de algo’ se construye hoy, ordinariamente, - con un predicado sin _por_: «le declararon y coronaron Rey»; «lo - eligieron Rey», al lado de «lo eligieron por Rey». (DIEZ, _Gr._ - III, página 11.) En el período clásico ese predicado llevaba - ordinariamente preposición _por_; Quevedo dice: «y declararon por - tres enemigos del cuerpo a los médicos». (V. CUERVO, _Dicc._ II, - página 829.) - - [422] Berenguer de Bardají, gran Justicia de Aragón y uno de los - principales promovedores del compromiso. - - [423] Jurista valenciano, no nombrado desde el comienzo, sino - luego, en sustitución de Ginér Rabaxa, que enfermó. - - [424] 24 de Enero de 1412. - - [425] El aragonés Pedro de Luna o Benedicto XIII. - - [426] «Gaudeamus et exultemus et demus gloriam Deo, quia venerunt - nuptiæ Agni.» Este versículo del Apocalipsis fué realmente el - tema del discurso de San Vicente; pero el discurso en sí mismo es - invención de Mariana. - - [427] _Acuciar_ por ‘apurar’ o ‘dar prisa para que se haga alguna - cosa’, es un arcaísmo que Mariana resucitó con acierto, ya que no - tiene buen equivalente en la lengua moderna. - - - - -FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA - -(1544-1606) - - -Publicó la _Historia de la Orden de San Jerónimo_ en los años 1600 y -1605. - -Escribía con gran esmero, cosa poco acostumbrada entre sus -contemporáneos, así que su lenguaje es de lo más puro y correcto -que hay en castellano; notable por la elegancia, siempre sobria, -que mantiene la alteza de la narración aun cuando ésta se emplee en -las más pobres y humildes vidas en que por fuerza había de ocuparse -a menudo. Menéndez y Pelayo coloca a Sigüenza entre los primeros -estilistas españoles después de Juan de Valdés y Cervantes. - -Tenía un concepto de la Historia enteramente artístico; tanto, que -llega a señalarle como leyes, en primer lugar, el _estilo_, y sólo -en segundo término, la veracidad: «Prometo ser en cuanto pudiere -religioso en las leyes de la historia; la primera, que es el estilo -y una manera de contar breve, lisa, sin afectación ni afeites, -procuraré imitalla en aquellos primeros príncipes de la lengua latina -que acertaron en esto felizmente, cultivando con mucho estudio su -lengua, lo que en la nuestra pensamos alcanzar sin trabajo. La verdad -y la fe, que es lo segundo, y el alma sin la cual ni ésta ni otra -merece nombre de historia, será de tanta entereza que ella misma -asegurará sin sospecha a los lectores.» - - - HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN JERÓNIMO - PARTE II (1600), PÁGINA 251 - - Cuenta la vida de Fray Juan de Carrión, llena de humildad simple - y candorosa. - -Era este siervo de Dios natural de Carrión, de padres honrados, y -llamóle Dios al estado de la religión siendo de más de veinte y cinco -años, hombre hecho, Sacerdote ya, y el tiempo que vivió en el siglo, -de buen ejemplo. Sintieron mucho en su pueblo que los dejase, porque -con su vida y ejemplo aprovechaba a todos. Vínose al monasterio de -Nuestra Señora de Guadalupe, pidió el hábito al padre Fray Fernando -Yáñez, echó luego de ver su buena alma, y diósele de buena gana. -Industrióle él mismo en las cosas de la religión, y a la buena -leche de esta doctrina le hizo crecer presto, y pasar del estado de -infante al de varón perfeto, y a la medida de la edad de la plenitud -de Cristo. Ansí olvidó todo lo de atrás, y tan de hecho renunció -el mundo, que vino aun a perder la memoria de lo que había sido; -cosa felicísima, y que si fuese en nuestra mano, o ya que no lo es, -procurásemos merecerla, nos haría como bienaventurados en la tierra. -Acontencióle muchas veces vestirse el pellón que tenía sobre la cama, -e irse ansí a Maitines, y sin advertir qué llevaba, ni que se reirían -dél, todo olvidado de sí mismo y puesto el pensamiento en Dios, -porque jamás se apartaba de su presencia, llevándole dentro de sí, o -imaginándose dentro dél. Por ésta y por otras muchas cosas que hacía, -sin advertencia de lo de afuera, le llamaban Fray Juan el Simple, -unos burlando de su inocencia, otros admirados de su perfeción: -juzgando cada uno conforme a la regla con que se nivelaba dentro. Y -era en la realidad lo uno y lo otro, porque en la malicia (o como -agora las llamamos: discreciones humanas) era semejante a aquel niño -que puso Cristo por modelo de su escuela, y de la traza que habían -de tener los que habían de entrar en su reino, y junto con esto, y -necesariamente junto, un juicio muy alto, y tanta claridad y aviso -para las cosas de la religión y virtud y del negocio de su estado, -que en sus pareceres y en sus votos, ninguno de los aventajados le -hacía ventaja; como quien tenía la ciencia que es propia de los -santos y estaba levantado en otra más excelente región. Andan estas -almas sencillas (digámoslo ansí) como zabullidas en Dios y en sí -mismas, puestas en una quietud soberana, donde no llega turbación -de malicia. Y como aquel mar inmenso no le puede mudar ni alterar -cosa criada, los que dentro dél se recogen, gozan de una calma y -bonanza que no se puede explicar, sino con las mismas palabras que -quiso Dios lo dijesen sus Profetas santos, como lo cuenta David en -las Enigmas y Símbolo de aquel Psalmo tan celebrado: _Qui habitat -in adiutorio altissimi, in protectione Dei cœli commorabitur_. Que -aun estas primeras palabras no se podrán bien declarar en nuestra -lengua, y mucho menos entenderse, sino de los que supieren aquel -lenguaje. Alcanzó nuestro simple Fray Juan esto en poco tiempo, y el -modo (según algunos dicen) fué, porque en ninguna cosa se buscó a sí -mismo, ni miraba en su provecho particular, ni en sus gustos, no sólo -en las cosas corporales, sino aun en las de virtud, y que llamamos -de espíritu, procurando a los principios salir con victoria contra -todos sus apetitos, y levantarse sobre todo quanto tenía apariencia -de negocio proprio, haciéndose fuerza y violencia, en quanto sentía -que era propria voluntad, hasta venir a no tener cosa suya ni en -las potencias exteriores ni interiores, y quedarse en una candidez -e inocencia grande, dejándose llevar de sola la voluntad divina, -que era para él la de su Prelado. Esta simpleza santa, dicen los -ejercitados, que es aquel _biso_ o aquel lino blanquísimo (era un -lienzo de Egipto) más delicado que la más fina holanda, recio con -esto y de mucha dura, como le pinta la Escritura, de hilo doblado -y torcido, de que se hacían las telas y velos del Tabernáculo del -Señor, porque no basta ser blanco y de un hilo, sino que han de ser -dos. No sólo no buscarnos en las cosas materiales interese de carne -y sangre, mas aun en los mismos ejercicios de las virtudes se mezcla -el amor proprio, si no se le mira a las manos con gran recato. Tan -delicada es esta estambre que ha de hacer el aposento a Dios. Sin -duda dicen bien, y bien hacía nuestro Fray Juan en caminar con tanta -perseverancia con estos pasos, que son los contrarios por donde aquel -hombre primero perdió para todos aquella pureza, blancura e inocencia -con que salió de las manos de su Hacedor, y quedamos desemejados y -feos, deslustrada tanta hermosura. Desta virtud o fuente de virtudes, -manaban en este siervo de Dios otras muchas; era para todos afable, -dulce, amoroso, consuelo de quantos con él trataban para quanto le -querían en obras de humildad y caridad. Dondequiera que la obediencia -le llevaba, sin otro discurso ni razón más de que era mandado, iba -alegre. Vivió algunos años en esta pureza y en el reposo de una -virtud que tanto nos hace parecidos a Dios; no sabemos quantos ni -otras muchas circunstancias que hicieran harto el caso entenderlas. -Quando el Señor quiso llevarle deste mundo, de que él estaba tan -fuera, revelóle su voluntad, pues eran tan unos en ella. Estaba un -día en el coro con el convento, en el oficio divino, santo y bueno, -sin género de indisposición ni otro acidente; tocóle el espíritu del -Señor, hablóle dentro y revelóle su fin. En ese mismo punto comenzó -a andar en el coro de una parte a otra con fervor y con acto que -parecía estaba fuera de sí; iba de uno en otro religioso a las filas -donde estaban asentados; echábase a sus pies y besábaselos; pedíales -perdón del mal ejemplo que les había dado con sus negligencias y -faltas. Puesto allí de rodillas y derramando lágrimas, decía a cada -uno: «Perdóname, hermano, por el amor del Señor, y mira que me -mandas para el otro mundo, que estoy de partida para allá.» Puso -admiración en todos la novedad de Fray Juan; los más discretos -suspendían el juicio desto, que por de fuera parecía locura; otros -se reían teniéndola por simpleza, y aun otros pensaban que se había -tornado loco. Muchos que conocían su entereza y buen juicio, y le -tenían por siervo de nuestro Señor, decían que no carecía aquello de -algún misterio, y que sin duda le habían hecho revelación de su fin. -Acabados estos abrazos y despedidas con actos tan humildes, se puso -de rodillas en medio del coro, alzó los ojos al cielo, hirió tres -veces los pechos con el puño, como quando decía la culpa, y díjosela -al Señor desta manera: «Perdóname, Señor, la multitud de defectos que -he hecho en este santo lugar, rezando y cantando las horas, y la poca -reverencia y devoción con que he estado aquí delante de tu Majestad -divina y de los Ángeles santos que nos acompañan.» Dijo esto, y de -allí a un poco, estando con gran sosiego de cuerpo y espíritu, dió el -alma a su Criador. - - - PARTE III (1605). PRÓLOGO - -Prosiguiendo voy el discurso de mi historia, y diré mejor el -de mi obediencia, pues sólo ella es la que puede darme aliento -para carrera tan larga. Diré también, con verdad, lo que dijo el -Historiador Romano en el medio de su obra. Pudiera dejallo aquí, -si no fuera cebando el alma con el gusto del sujeto. Ansí también -lo confieso, pues ansí me acontece, y porque con lo que hasta aquí -se ha descubierto, bastaba para juzgar lo que resta, mas no basta -para la integridad y al amor que a la misma obra se debe, que se -ha de anteponer al propio gusto. Historia es, como se ha visto, -humilde y de humildes, contra la primera ley de historia que pide -siempre cosas grandes. No se veen pensamientos ni discursos largos -de Príncipes para conquistar nuevos reinos, o mudar de sus asientos -grandes Estados, descubrir nuevas provincias, trastornar repúblicas, -consejos profundos de paz y guerra, trocar la paz y deshacer las -suertes de todo esto temporal y visible; cosas que se huelgan -todos de leellas, y con tanto gusto (ojalá con tanto fruto) que se -olvidan de la comida y aun del sueño. A mí no me dieron a escoger, -que no es pequeña disculpa; abracé mi suerte, que a muchos parecía -desgraciada, estéril, pobre; y en lo que hasta aquí ha salido a -luz, se han desengañado buena parte dellos y mudado de parecer. -Certifican personas de buen juicio que se ha hecho evidencia, no -sólo ser sabrosa y de fruto la historia, que trata casos raros y -empresas grandes, y todo eso que llaman hazañoso, sino también la -que se humilla al yermo, al claustro, al silencio y al silicio, y a -quanto tiene nombre de mortificación, que suena siempre tan mal a -las orejas del mundo. Véese en esta historia trocado todo, y en vez -de aquellas preñadas pláticas de los Consejeros de Estado, de los -razonamientos de los Capitanes para disciplinar al ejército o animar -los soldados a la batalla, de aquellas promesas de la vitoria o -presagios de la suerte adversa, de las conjeturas de lo que pretende -el enemigo, la loa del soldado valiente, la diligencia, destreza -y ánimo del Capitán, los varios trances de la fortuna, la alegría -del buen suceso, la riqueza del despojo y de la presa, el número de -los muertos y cautivos, los premios de los que, como esforzados, -escalaron primero el muro o derribaron las banderas enemigas, y otros -cien particulares con que se enriquecen las historias profanas; -en vez, digo, de todo esto, entran las amonestaciones santas, los -consejos de una celestial prudencia, donde se descubre la sutileza -y el ingenio de nuestro mortal enemigo; la perseverancia en el -ejercicio santo, la fortaleza en el rigor de la penitencia, el -fruto de la oración continua, la sumisión del cuerpo, el desprecio -de sí mismo, el desengaño de las cosas visibles, la vitoria contra -nuestras pasiones, la lucha porfiada contra nuestros apetitos; -la esperanza del premio, y tal premio, los anuncios de la salud -del alma, los recatos, aun en el estado más seguro; el celo de la -cerimonia, aunque sea pequeña, porque no se toque al muro de lo -esencial; las prevenciones antes de llegar a las cosas sagradas; -apoyar lo que se desmorona del rigor primero y esforzar lo que parece -va enflaqueciendo en la virtud; muertes venturosas, suficientes para -encender en santa invidia los más tibios; castigos rigurosos a culpas -casi sin nombre, mejores para labrar coronas que para enmienda de los -delincuentes, y otro alarde de cosas semejantes, menudencias para los -ojos del siglo y de tanta estima en los de Dios, que no las remunera -menos de con un reino eterno. - - - - -MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA - -(1547-1616) - - -Publicóse por primera vez la primera parte del _Quijote_, en 1605; la -segunda parte, en 1615. Las _Novelas ejemplares_, en 1613. - -Los variados encantos en que abunda su dicción, la vida lozana que -ostenta, su avasalladora hermosura, y, sobre todo, la inagotable -fuerza cómica, se apreciarán más que por la explicación y el -análisis, por la reiterada y atenta lectura. - -Su sintaxis se prestará a múltiples observaciones de pormenor. En -general es, como la del _Lazarillo de Tormes_, la de la lengua -familiar que sigue con ligereza al pensamiento, sin preocuparse de -aquella trabazón inflexible que obliga al pensamiento a seguir los -lentos pasos de la lógica gramatical. Hoy, en los escritos, no se -toleran mil licencias de construcción que usamos al hablar y que usó -Cervantes también al escribir; no hemos de corregirlos en sus obras -como lo haríamos en los cuadernos de un alumno, sino estudiarlos -como una manera de otros tiempos, que al fin y al cabo fueron los -más gloriosos de nuestras letras. Por otra parte, estos casos en que -Cervantes pasaría hoy por incorrecto, son muchos menos de los que -algunos creen, y en los trozos que siguen habrá ocasiones sobradas -de rechazar a Clemencín, Hartzenbusch y demás críticos rigoristas, -que se empeñan en mirar al autor del _Quijote_ como escritor -descuidado. Su prosa (usando las palabras de un censor del _Quijote_) -será siempre maestra soberana «en la lisura del lenguaje castellano, -no adulterado con enfadosa y estudiada afectación». - -Aparte de tal estilo, que es el más admirable suyo, empleó Cervantes -otro, libre de esos pretendidos defectos, como más trabajado y -artificioso, a la manera que usaban generalmente los que estudiaban -los autores latinos e italianos. Este se ve en su primera obra, _La -Galatea_, en la última que escribió, el _Persiles y Sigismunda_, y en -los episodios de tono sentimental e idealista que se intercalan en el -_Quijote_. - -En fin, una tercera manera se puede señalar en el estilo de este -autor, si bien es pasajera y contrahecha, que aparece en las parodias -de los libros de caballerías (por ejemplo, en la descripción del -lago encantado que aquí se copia); en ella el lenguaje se llena de -afectación y arcaísmo intencionado. - - - QUIJOTE - PARTE I, CAPÍTULO I - - Condición y ejercicio del famoso hidalgo. - -En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme[428], -no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en -astillero[429], adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una -olla de algo más vaca que carnero[430], salpicón[431] las más noches, -duelos y quebrantos los sábados[432], lentejas los viernes, algún -palomino de añadidura los domingos consumían las tres partes[433] de -su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte[434], calzas -de velludo[435] para las fiestas con sus pantuflos[436] de lo mismo, -y los días de entre semana se honraba con su vellorí[437] de lo -más fino... Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta -años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, -gran madrugador y amigo de la caza... Es, pues, de saber que este -sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más -del año), se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y -gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun -la administración de su hacienda, y llegó a tanto su curiosidad y -desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura -para comprar libros de caballerías en[438] que leer, y así llevó a su -casa todos cuantos pudo haber dellos, y de todos ningunos le parecían -tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva[439], -porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas[440] razones -suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos -requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba -escrito: _La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal -manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra -fermosura_; y también cuando leía: _Los altos cielos que de vuestra -divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen -merecedora del merecimiento, que merece la vuestra grandeza_. Con -estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por -entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las -entendiera el mismo Aristóteles si resucitara para sólo ello. - - - PARTE I, CAPÍTULOS XLIX Y L - - Don Quijote es metido en una jaula por el cura y el barbero, - que le hacen creerse encantado para grandes empresas, y así le - llevan a su casa. En el camino se les une un canónigo de Toledo, - quien, compadecido del prisionero, y hallándole cuerdo en sus - razones, logra hacerle desenjaular y le exhorta a que abandone - sus disparatadas caballerías. Sobre esto se enreda una discusión, - que lejos de convencer a Don Quijote, acaba por suscitar en su - imaginación el sueño de la más ideal aventura caballeresca. Al - principio, el canónigo, fiando mucho en sus buenos consejos, - dirige a Don Quijote esta vehemente exhortación: - -«Y si todavía llevado de su natural inclinación quisiere leer -libros de hazañas y de caballerías, lea en la Sacra Escritura el -de los Jueces, que allí hallará verdades grandiosas y hechos tan -verdaderos como valientes. Un Viriato tuvo Lusitania; un César, -Roma; un Anibal[441], Cartago; un Alejandro, Grecia; un Conde Fernán -González, Castilla; un Cid, Valencia[442]; un Gonzalo Fernández[443], -Andalucía; un Diego García de Paredes[444], Estremadura; un Garci -Pérez de Vargas[445], Jerez; un Garcilaso[446], Toledo; un don -Manuel de León[447], Sevilla; cuya[448] leción de sus valerosos -hechos puede entretener, enseñar, deleitar y admirar a los más -altos ingenios que los leyeren. Esta sí será letura digna del buen -entendimiento de vuestra merced, señor Don Quijote mío; de la cual -saldrá erudito en la historia, enamorado de la virtud, enseñado -en la bondad, mejorado en las costumbres, valiente sin temeridad, -osado[449] sin cobardía, y todo esto para honra de Dios, provecho -suyo y fama de la Mancha, do[450], según he sabido, trae vuestra -merced su principio y origen.» - -Atentísimamente estuvo Don Quijote escuchando las razones del -canónigo, y cuando vió que ya había puesto fin a ellas, después -de haberle estado un buen espacio mirando, le dijo: «Paréceme, -señor hidalgo, que la plática de vuestra merced se ha encaminado a -querer darme a entender[451] que no ha habido caballeros andantes -en el mundo, y que todos los libros de caballerías son falsos, -mentirosos, dañadores e inútiles para la república, y que yo he hecho -mal en leerlos y peor en creerlos, y más mal[452] en imitarlos, -habiéndome puesto a seguir la durísima profesión de la caballería -andante[453] que ellos enseñan; negándome que no ha habido[454] en -el mundo Amadises ni de Gaula, ni de Grecia[455], ni todos los otros -caballeros de que las escrituras están llenas.» - ---«Todo es al pie de la letra como vuestra merced lo va -relatando»--dijo a esta sazón el canónigo. A lo cual respondió Don -Quijote: «Añadió[456] también vuestra merced, diciendo que me habían -hecho mucho daño tales libros, pues me habían vuelto el juicio y -puéstome[457] en una jaula, y que me sería mejor hacer la enmienda -y mudar de letura, leyendo otros más verdaderos y que mejor[458] -deleitan y enseñan.»--«Así es»--dijo el canónigo.--«Pues yo--replicó -Don Quijote--hallo por mi cuenta que el sin juicio y el encantado es -vuestra merced, pues se ha puesto a decir tantas blasfemias contra -una cosa tan recibida en el mundo y tenida por tan verdadera...; -porque querer dar a entender a nadie que Amadis no fué en el mundo, -ni todos los otros caballeros aventureros de que están colmadas las -historias, será querer persuadir que el sol no alumbra, ni el hielo -enfría, ni la tierra sustenta; porque, ¿qué ingenio puede haber -en el mundo que pueda persuadir a otro que no fué verdad lo de la -infanta Floripés y Gui de Borgoña[459], y lo de Fierabrás con la -puente de Mantible[460], que sucedió en el tiempo de Carlomagno? -Que ¡voto a tal! que es tanta verdad como es ahora de día; y si es -mentira, también lo debe de ser que no hubo Héctor, ni Aquiles, ni -la guerra de Troya, ni los doce Pares de Francia, ni el Rey Artús de -Ingalaterra, que anda hasta ahora convertido en cuervo y le esperan -en su reino por momentos[461]; y también se atreverán a decir que es -mentirosa la historia de Guarino Mezquino[462] y la de la demanda -del Santo Grial[463], y que son apócrifos los amores de don Tristán -y la reina Iseo[464], como los de Ginebra y Lanzarote[465], habiendo -personas que casi se acuerdan de haber visto a la dueña Quintañona, -que fué la mejor escanciadora de vino que tuvo la Gran Bretaña. Y -es esto tan así[466], que me acuerdo yo que me decía una mi[467] -agüela de partes[468] de mi padre, cuando veía alguna dueña con tocas -reverendas: Aquella, nieto, se parece a la dueña Quintañona[469]; de -donde arguyo yo que la debió de conocer ella, o por lo menos debió -de alcanzar a ver algún retrato suyo. Pues ¿quién podrá negar no ser -verdadera la historia de Pierres y la linda Magalona, pues aun hasta -hoy día se ve en la armería de los reyes la clavija[470] con que -volvía al caballo de madera, sobre quien iba el valiente Pierres por -los aires, que es un poco mayor que un timón de carreta? Y junto a la -clavija está la silla de Babieca, y en Roncesvalles está el cuerno -de Roldán[471], tamaño como una grande viga; de donde se infiere que -hubo doce Pares, que hubo Pierres, que hubo Cides, y otros caballeros -semejantes, - - destos que dicen las gentes - que a sus aventuras van[472]. - -Si no... digan que fueron burla las justas de Suero de Quiñones, -del Paso[473], las empresas de Mosén Luis de Falces[474] contra don -Gonzalo de Guzmán, caballero castellano, con otras muchas hazañas -hechas por caballeros cristianos destos y de los reinos extranjeros, -tan auténticas y verdaderas, que torno a decir que el que las negase -carecería de toda razón y buen discurso.» - -Admirado quedó el canónigo de oir la mezcla que Don Quijote hacía de -verdades y mentiras, y de ver la noticia que tenía de todas aquellas -cosas tocantes y concernientes a los hechos de su andante caballería, -y así le respondió: «No puedo yo negar, señor Don Quijote, que no -sea verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho, especialmente en -lo que toca a los caballeros andantes españoles; y asimismo quiero -conceder que hubo doce Pares de Francia; pero no quiero creer que -hicieron todas aquellas cosas que el Arzobispo Turpín[475] dellos -escribe... En lo de que hubo Cid no hay duda, ni menos Bernardo del -Carpio[476]; pero de que hicieron las hazañas que dicen, creo que la -hay muy grande. En lo otro de la clavija que vuestra merced dice del -conde Pierres, y que está junto a la silla de Babieca en la armería -de los reyes, confieso mi pecado: que soy tan ignorante o tan corto -de vista, que, aunque he visto la silla, no he echado de ver la -clavija, y más siendo tan grande como vuestra merced ha dicho.» - ---«Pues allí está, sin duda alguna--replicó Don Quijote--; y, por más -señas, dicen que está metida en una funda de vaqueta, porque no se -tome de moho.» - ---«Todo puede ser--respondió el canónigo--; pero por las órdenes que -recebí, que no me acuerdo haberla visto; mas, puesto que conceda -que está allí, no por eso me obligo a creer las historias de tantos -Amadises ni las de tanta turbamulta de caballeros como por ahí nos -cuentan, ni es razón que un hombre como vuestra merced, tan honrado -y de tan buenas partes, y dotado de tan buen entendimiento, se dé a -entender que son verdaderas tantas y tan estrañas locuras como las -que están escritas en los disparatados libros de caballerías.» - ---«¡Bueno está eso!--respondió Don Quijote--. Los libros que están -impresos con licencia de los reyes y con aprobación de aquellos -a quien se remitieron[477], y que con gusto general son leídos y -celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y de los -ricos, de los letrados e ignorantes, de los plebeyos y caballeros, -finalmente, de todo género de personas de cualquier estado y -condición que sean, ¿habían de ser mentira, y más llevando tanta -apariencia de verdad, pues nos cuentan el padre, la madre, la patria, -los parientes, la edad, el lugar y las hazañas, punto por punto y día -por día, que el tal caballero hizo o caballeros[478] hicieron? Calle -vuestra merced, no diga tal blasfemia--y créame, que le aconsejo -en esto lo que debe de hacer como discreto--, si no léalos y verá -el gusto que recibe de su leyenda[479]. Si no, dígame: ¿hay mayor -contento que ver, como si dijésemos, aquí[480] ahora se muestra -delante de nosotros un gran lago de pez hirviendo a borbollones, y -que andan nadando y cruzando por él muchas serpientes, culebras y -lagartos, y otros muchos géneros de animales feroces y espantables, -y que del medio del lago sale una voz tristísima, que dice: _Tú, -caballero, quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando, -si quieres alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se -encubre, muestra el valor de tu fuerte pecho, y arrójate en mitad de -su negro y encendido licor; porque si así no lo haces, no serás digno -de ver las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete -castillos de las siete fadas[481], que debajo desta negregura[482] -yacen?_ ¿Y que apenas el caballero no ha acabado[483] de oir la voz -temerosa, cuando, sin entrar más en cuentas consigo, sin ponerse -a considerar el peligro a que se pone, y aun sin despojarse de -la pesadumbre de sus fuertes armas, encomendándose a Dios y a su -señora, se arroja en mitad del bullente lago, y cuando no se cata -ni sabe dónde ha de parar, se halla entre unos floridos campos, con -quien los Elíseos no tienen que ver en ninguna cosa? Allí le parece -que el cielo es más transparente, y que el sol luce con claridad -más nueva[484]; ofrécesele a los ojos una apacible floresta de tan -verdes y frondosos árboles compuesta[485], que alegra a la vista su -verdura, y entretiene los oídos el dulce y no aprendido canto[486] -de los pequeños, infinitos y pintados pajarillos, que por los -intricados[487] ramos van cruzando. Aquí descubre un arroyuelo, cuyas -frescas aguas, que líquidos cristales parecen, corren sobre menudas -arenas y blancas pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan. -Acullá vee una artificiosa fuente, de jaspe variado[488] y de liso -mármol compuesta; acá vee otra a lo brutesco[489] ordenada, adonde -las menudas conchas de las almejas con las torcidas casas blancas y -amarillas del caracol, puestas con orden desordenada, mezclados entre -ellas pedazos de cristal luciente y de contrahechas esmeraldas, hacen -una variada labor, de manera que el arte imitando a la naturaleza, -parece que allí la vence. Acullá, de improviso, se le descubre un -fuerte castillo o vistoso alcázar, cuyas murallas son de macizo oro; -las almenas, de diamantes; las puertas, de jacintos; finalmente, -él es de tan admirable compostura, que con ser la materia de que -está formado no menos que de diamantes, de carbuncos, de rubíes, de -perlas, de oro y de esmeraldas, es de más estimación su hechura; y -¿hay más que ver después de haber visto esto, que ver salir por la -puerta del castillo un buen número de doncellas, cuyos galanos y -vistosos trajes, si yo me pusiese ahora a decirlos como las historias -nos los cuentan, sería nunca acabar, y tomar luego la que parecía -principal de todas por la mano al atrevido caballero, que se arrojó -en el ferviente lago[490], y llevarle sin hablarle palabra dentro -del rico alcázar o castillo... y bañarle con templadas aguas, y -luego untarle todo con olorosos ungüentos, y vestirle una camisa de -cendal delgadísimo, toda olorosa y perfumada, y acudir otra doncella -y echarle un mantón sobre los hombros, que, por lo menos menos[491], -dicen que suele valer una ciudad[492], y aun más? ¿Qué es ver, pues, -cuando nos cuentan que tras todo esto le llevan a otra sala, donde -halla puestas las mesas con tanto concierto, que queda suspenso y -admirado? ¿Qué el verle echar agua a manos[493], toda de ámbar y de -olorosas flores distilada? ¿Qué el hacerle sentar sobre una silla de -marfil? ¿Qué verle servir todas[494] las doncellas, guardando un -maravilloso silencio? ¿Qué el traerle tanta diferencia de manjares, -tan sabrosamente guisados, que no sabe el apetito a cuál deba de -alargar la mano? ¿Cuál será oír[495] la música, que en tanto que -come suena, sin saberse quién la canta ni adónde suena? ¿Y después -de la comida acabada y las mesas alzadas, quedarse el caballero -recostado sobre la silla, y quizá mondándose los dientes, como es -costumbre, entrar a deshora por la puerta de la sala otra mucho más -hermosa doncella que ninguna de las primeras, y sentarse al lado -del caballero, y comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél, -y de cómo ella está encantada en él, con otras cosas que suspenden -al caballero, y admiran a los leyentes que van leyendo su historia? -No quiero alargarme más en esto, pues dello se puede colegir que -cualquiera parte que se lea de cualquiera historia de caballero -andante, ha de causar gusto y maravilla a cualquiera que la leyere; y -vuestra merced créame y, como otra vez le he dicho, lea estos libros, -y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere, y le mejoran la -condición, si acaso la tiene mala.» - - - PARTE II, CAPÍTULO XVI - - Don Quijote en su camino se halla con un discreto caballero de - la Mancha, en el cual Cervantes cifra su propio ideal de la vida - santa y sencilla. - -En estas razones estaban cuando los alcanzó un hombre, que detrás -dellos por el mismo camino venía sobre una muy hermosa yegua -tordilla, vestido un gabán[496] de paño fino verde, jironado[497] de -terciopelo leonado, con una montera del mismo terciopelo; el aderezo -de la yegua era de campo y de la jineta, asimismo[498] de morado y -verde; traía un alfanje morisco pendiente de un ancho tahalí de verde -y oro, y los borceguíes eran de la labor del tahalí; las espuelas no -eran doradas, sino dadas con un barniz verde, tan tersas y bruñidas, -que por hacer labor con todo el vestido, parecían mejor que si fueran -de oro puro. - -Cuando llegó a ellos el caminante los saludó cortésmente, y picando a -la yegua se pasaba de largo; pero Don Quijote le dijo: «Señor galán, -si es que vuesa merced lleva el camino que nosotros, y no importa el -darse priesa, merced recibiría en que nos fuésemos juntos.»... Detuvo -la rienda el caminante, admirándose de la apostura y rostro de Don -Quijote, el cual iba sin celada, que la llevaba Sancho como maleta en -el arzón delantero de la albarda del rucio; y si mucho miraba el de -lo Verde a Don Quijote, mucho más miraba Don Quijote al de lo Verde, -pareciéndole hombre de chapa[499]: la edad mostraba ser de cincuenta -años; las canas, pocas, y el rostro, aguileño, la vista entre alegre -y grave; finalmente, en el traje y apostura daba a entender ser -hombre de buenas prendas[500]. Lo que juzgó de Don Quijote de la -Mancha el de lo Verde fué, que semejante manera ni parecer de hombre -no le había visto jamás: admiróle la longura de su caballo[501], la -grandeza de su cuerpo, la flaqueza y amarillez de su rostro, sus -armas, su ademán y compostura, figura y retrato no visto por luengos -tiempos atrás en aquella tierra. - -Notó bien Don Quijote la atención con que el caminante le miraba, -y leyóle en la suspensión su deseo; y como era tan cortés y tan -amigo de dar gusto a todos, antes que le preguntase nada, le salió -al camino, diciéndole: «esta figura que vuesa merced en mí ha visto, -por ser tan nueva y tan fuera de las que comúnmente se usan, no me -maravillaría yo de que le hubiese maravillado; pero dejará vuesa -merced de estarlo cuando le diga, como le digo, que soy caballero - - destos que dicen las gentes - que a sus aventuras van. - -Salí de mi patria, empeñé mi hacienda, dejé mi regalo, y entreguéme -en los brazos de la fortuna, que me llevasen donde más fuese -servida. Quise resucitar la ya muerta andante caballería, y ha -muchos días que tropezando aquí, cayendo allí, despeñándome acá, y -levantándome acullá, he cumplido gran parte de mi deseo, socorriendo -viudas, amparando doncellas, y favoreciendo casadas, huérfanos y -pupilos, propio y natural oficio de caballeros andantes; y así por -mis valerosas, muchas y cristianas hazañas he merecido andar ya en -estampa[502] en casi todas o las más naciones del mundo. Treinta -mil volúmenes se han impreso de mi historia, y lleva camino de -imprimirse treinta mil veces de millares, si el cielo no lo remedia. -Finalmente, por encerrarlo todo en breves palabras o en una sola, -digo que yo soy Don Quijote de la Mancha, por otro nombre llamado -el _Caballero de la Triste Figura_; y puesto que[503] las propias -alabanzas envilecen, esme forzoso decir yo tal vez las mías, y esto -se entiende, cuando no se halla presente quien las diga: así que, -señor gentil-hombre, ni este caballo, esta lanza, ni este escudo, ni -escudero, ni todas juntas estas armas, ni la amarillez de mi rostro, -ni mi atenuada flaqueza os podrá admirar de aquí adelante, habiendo -ya sabido quién soy y la profesión que hago[504].» - -Calló en diciendo esto Don Quijote, y el de lo Verde, según se -tardaba en responderle, parecía que no acertaba a hacerlo; pero de -allí a buen espacio le dijo: «acertastes, señor caballero, a conocer -por mi suspensión mi deseo; pero no habéis acertado a quitarme la -maravilla que en mí causa[505] el haberos visto, que puesto que como -vos, señor, decís que el saber ya quién sois me lo podría quitar, no -ha sido así, antes ahora que lo sé, quedo más suspenso y maravillado. -Cómo, ¿y es posible que hay[506] hoy caballeros andantes en el mundo, -y que hay historias impresas de verdaderas caballería? No me puedo -persuadir que haya hoy en la tierra quien favorezca viudas, ampare -doncellas, ni honre casadas, ni socorra huérfanos, y no lo creyera, -si en vuesa merced no lo hubiera visto con mis ojos. Bendito sea el -cielo, que con esa historia que vuesa merced dice que está impresa de -sus altas y verdaderas caballerías, se habrán puesto en olvido las -innumerables de los fingidos caballeros andantes de que estaba lleno -el mundo, tan en daño de las buenas costumbres, y tan en perjuicio y -descrédito de las buenas historias.»--«Hay mucho que decir, respondió -Don Quijote, en razón de si son fingidas o no las historias de los -andantes caballeros.»--«¿Pues hay quién dude, respondió el Verde, -que no son falsas las tales historias?»--«Yo lo dudo, respondió Don -Quijote, y quédese esto aquí, que si nuestra jornada dura, espero en -Dios de dar a entender a vuesa merced que ha hecho mal en irse con la -corriente de los que tienen por cierto que no son verdaderas.» - -Desta última razón de Don Quijote tomó barruntos el caminante de que -Don Quijote debía de ser algún mentecato, y aguardaba que con otras -lo confirmase; pero antes que se divirtiesen en otros razonamientos, -Don Quijote le rogó le dijese quién era, pues le había dado parte de -su condición y de su vida. A lo que respondió el del Verde Gabán: -«yo, señor caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de -un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido: soy más -que medianamente rico, y es mi nombre Don Diego de Miranda; paso la -vida con mi mujer y con mis hijos y con mis amigos: mis ejercicios -son el de la caza y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos, sino -algún perdigón manso[507] o algún hurón atrevido; tengo hasta seis -docenas de libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia -algunos, y de devoción otros: los de caballerías aun no han entrado -por los umbrales de mis puertas; hojeo más los que son profanos que -los devotos, como sean de honesto entretenimiento, que deleiten con -el lenguaje, y admiren y suspendan con la invención, puesto que[508] -destos hay muy pocos en España; alguna vez como con mis vecinos -y amigos, y muchas veces los convido: son mis convites limpios y -aseados, y no nada escasos: ni gusto de murmurar, ni consiento que -delante de mí se murmure: no escudriño las vidas ajenas, ni soy -lince de los hechos de los otros; oigo misa cada día; reparto de mis -bienes con los pobres, sin hacer alarde de las buenas obras, por no -dar entrada en mi corazón a la hipocresía y vanagloria, enemigos que -blandamente se apoderan del corazón más recatado; procuro poner en -paz los que sé que están desavenidos; soy devoto de nuestra Señora, y -confío siempre en la misericordia infinita de Dios nuestro Señor.» - -Atentísimo estuvo Sancho a la relación de la vida y entretenimientos -del hidalgo; y pareciéndola buena y santa, y que quien la hacía debía -de hacer milagros, se arrojó del rucio, y con gran priesa le fué a -asir del estribo derecho, y con devoto corazón y casi lágrimas le -besó los pies una y muchas veces. Visto lo cual por el hidalgo le -preguntó: «¿qué hacéis, hermano? ¿Qué besos son estos?»--«Déjenme -besar, respondió Sancho, porque me parece vuesa merced el primer -santo a la jineta que he visto en todos los días de mi vida.»--«No -soy santo, respondió el hidalgo, sino gran pecador; vos sí, hermano, -que debéis de ser bueno, como vuestra simplicidad lo muestra.» Volvió -Sancho a cobrar la albarda, habiendo sacado a plaza la risa de la -profunda malencolía[509] de su amo, y causado nueva admiración a Don -Diego. - - - PARTE II, CAPÍTULO XXIII - - Terminado el relato episódico de las bodas de Camacho, o mejor - dicho, de Basilio, quiere visitar Don Quijote la Cueva de - Montesinos[510]; en esta visita le acompaña un primo de cierto - Licenciado, que había hallado Don Quijote en su camino. Después - de haber descendido a la sima Don Quijote atado con cuerdas, - cuenta al Primo y a Sancho lo que vió en la cueva. Cervantes - llena de finísima poesía toda esta concepción fantástico-burlesca. - -«A obra de doce o catorce estados[511] de la profundidad desta -mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz -de poder caber en ella[512] un gran carro con sus mulas. Éntrale una -pequeña luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden, -abiertos en la superficie de la tierra. Esta concavidad y espacio -vi yo a tiempo cuando ya iba cansado y mohino de verme, pendiente y -colgado de la soga, caminar por aquella escura región abajo, sin -llevar cierto ni determinado camino, y así determiné entrarme en -ella y descansar un poco. Di voces pidiéndoos que no descolgásedes -más soga, hasta que yo os lo dijese; pero no debistes de oírme. Fui -recogiendo la soga que enviábades, y haciendo della una rosca o -rimero, me senté sobre él, pensativo además[513], considerando lo que -hacer debía para calar al fondo, no teniendo quien me sustentase; y -estando en este pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo, -me salteó un sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber -cómo ni cómo no, desperté dél, y me hallé en la mitad del más bello, -ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza, ni imaginar -la más discreta imaginación humana. Despabilé los ojos, limpiémelos, -y vi que no dormía, sino que realmente estaba despierto. Con todo -esto, me tenté la cabeza y los pechos, por certificarme si era yo -mismo el que allí estaba, o alguna fantasma vana y contrahecha; -pero el tacto, el sentimiento, los discursos concertados que entre -mí hacía, me certificaron que yo era allí entonces el que soy aquí -ahora. Ofrecióseme luego a la vista un real y suntuoso palacio o -alcázar, cuyos muros y paredes parecían de trasparente y claro -cristal fabricados, del cual abriéndose dos grandes puertas, vi que -por ellas salía y hacia mí se venía un venerable anciano vestido -con un capuz[514] de bayeta morada, que por el suelo le arrastraba; -ceñíale los hombros y los pechos una beca de colegial, de raso -verde: cubríale la cabeza una gorra milanesa negra[515], y la barba -canísima le pasaba de la cintura; no traía arma ninguna, sino un -rosario de cuentas en la mano, mayores que medianas nueces, y los -dieces asimismo como huevos medianos de avestruz: el continente, -el paso, la gravedad y la anchísima presencia[516], cada cosa de -por sí y todas juntas me suspendieron y admiraron. Llegóse a mí, y -lo primero que hizo fué abrazarme estrechamente, y luego decirme: -«Luengos tiempos ha, valeroso caballero Don Quijote de la Mancha, -que los que estamos en estas soledades encantados, esperamos verte, -para que des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda -cueva por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos: hazaña -sólo guardada para ser acometida de tu invencible corazón y de tu -ánimo stupendo: Ven conmigo, señor clarísimo, que te quiero mostrar -las maravillas que este trasparente alcázar solapa, de quien[517] -yo soy alcaide y guarda mayor perpetua[518], porque soy el mismo -Montesinos, de quien la cueva toma nombre.» Apenas me dijo que era -Montesinos[519], cuando le pregunté si fué verdad lo que en el mundo -de acá arriba se contaba, que él había sacado de la mitad del pecho -con una pequeña daga[520] el corazón de su grande amigo Durandarte, -y llevádole a la señora Belerma, como él se lo mandó al punto de su -muerte. Respondióme que en todo decían verdad sino en la daga, porque -no fué daga, ni pequeña[521], sino un puñal buído[522], más agudo que -una lezna.» - ---«Debía de ser, dijo a este punto Sancho, el tal puñal de Ramón de -Hoces el Sevillano.»--«No sé, prosiguió Don Quijote, pero no sería -dese puñalero, porque Ramón de Hoces fué ayer, y lo de Roncesvalles, -donde aconteció esta desgracia, ha muchos años; y esta averiguación -no es de importancia, ni turba ni altera la verdad y contesto de la -historia.»--«Así es, respondió el Primo; prosiga vuesa merced, señor -Don Quijote, que le escucho con el mayor gusto del mundo.» - -«No con menor lo cuento yo, respondió Don Quijote, y así digo que -el venerable Montesinos me metió en el cristalino palacio, donde -en una sala baja, fresquísima sobremodo[523], y toda de alabastro, -estaba un sepulcro de mármol con gran maestría fabricado, sobre el -cual vi a un caballero tendido de largo a largo, no de bronce ni de -mármol, ni de jaspe hecho, como los suele haber en otros sepulcros, -sino de pura carne y de puros huesos. Tenía la mano derecha (que a -mi parecer es algo peluda y nervosa, señal de tener muchas fuerzas -su dueño)[524] puesta sobre el lado del corazón, y antes que -preguntase nada a Montesinos, viéndome suspenso, mirando al del -sepulcro, me dijo[525]: Este es mi amigo Durandarte, flor y espejo -de los caballeros enamorados y valientes de su tiempo; tiénele aquí -encantado, como me tiene a mí y a otros muchos y muchas, Merlín[526], -aquel francés encantador, que dicen que fué hijo del diablo; y lo que -yo creo es que no fué hijo del diablo, sino que supo, como dicen, un -punto más que el diablo. El cómo o para qué nos encantó, nadie lo -sabe, y ello dirá andando los tiempos, que no están muy lejos, según -imagino. Lo que a mí me admira es que sé tan cierto como ahora es de -día, que Durandarte acabó los de su vida en mis brazos, y que después -de muerto le saqué el corazón con mis propias manos (y en verdad que -debía de pesar dos libras, porque según los naturales, el que tiene -mayor corazón es dotado de mayor valentía del[527] que le tiene -pequeño); pues siendo esto así, y que realmente murió este caballero -¿cómo ahora se queja[528] y sospira de cuando en cuando como si -estuviese vivo? Esto dicho, el mísero Durandarte, dando una gran voz, -dijo: - - ¡Oh mi primo Montesinos! - Lo postrero que os rogaba, - Que cuando yo fuere muerto, - Y mi ánima arrancada, - Que llevéis mi corazón - Adonde Belerma estaba, - Sacándomele del pecho, - Ya con puñal, ya con daga[529]. - -Oyendo lo cual el venerable Montesinos se puso de rodillas ante el -lastimado caballero, y con lágrimas en los ojos le dijo: Ya, señor -Durandarte, carísimo primo mío, ya hice lo que me mandastes en el -aciago día de nuestra pérdida; ya os saqué el corazón lo mejor que -pude, sin que os dejase una mínima parte en el pecho; yo le limpié -con un pañizuelo de puntas[530], yo partí con él de carrera para -Francia, habiéndoos primero puesto en el seno de la tierra con tantas -lágrimas, que fueron bastantes a lavarme las manos, y limpiarme con -ellas la sangre que tenían de haberos andado en las entrañas; y por -más señas, primo de mi alma, en el primero lugar que topé saliendo -de Roncesvalles, eché un poco de sal en vuestro corazón, porque no -oliese mal y fuese, si no fresco, a lo menos amojamado a la presencia -de la señora Belerma[531], la cual, con vos y conmigo y con Guadiana, -vuestro escudero, y con la dueña Ruidera[532] y sus siete hijas y -dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos nos -tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años; y aunque pasan -de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente faltan -Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión -que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas -lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la -Mancha, las llaman _las Lagunas de Ruidera_: las siete son de los -Reyes de España[533], y las dos sobrinas, de los caballeros de una -orden santísima, que llaman de San Juan. Guadiana, vuestro escudero, -plañendo asimesmo vuestra desgracia, fué convertido en un río llamado -de su mesmo nombre, el cual, cuando llegó a la superficie de la -tierra y vió el sol del otro cielo, fué tanto el pesar que sintió -de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; -pero como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de -cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le -vean. Vanle administrando de sus aguas las referidas lagunas, con -las cuales y con otros muchas que se llegan, entra pomposo y grande -en Portugal; pero con todo esto, por dondequiera que va muestra su -tristeza y melancolía, y no se precia de criar en sus aguas peces -regalados y de estima, sino burdos y desabridos, bien diferentes de -los del Tajo dorado[534]; y esto que agora os digo, ¡oh primo mío!, -os lo he dicho muchas veces, y como no me respondéis, imagino que -no me dais crédito o no me oís, de lo que yo recibo tanta pena cual -Dios lo sabe. Unas nuevas os quiero dar ahora, las cuales, ya que -no sirvan de alivio a vuestro dolor, no os le aumentarán en ninguna -manera; sabed que tenéis aquí en vuestra presencia (y abrid los -ojos y veréislo) aquel gran caballero de quien tantas cosas tiene -profetizadas el sabio Merlín, aquel Don Quijote de la Mancha, digo, -que de nuevo y con mayores ventajas que en los pasados siglos, ha -resucitado en los presentes la ya olvidada andante caballería, por -cuyo medio y favor podría ser que nosotros fuésemos desencantados, -que las grandes hazañas para los grandes hombres están guardadas.--Y -cuando así no sea, respondió el lastimado Durandarte con voz -desmayada y baja, cuando así no sea, ¡oh primo!, digo, paciencia y -barajar[535]; y volviéndose de lado tornó a su acostumbrado silencio -sin hablar más palabra. Oyéronse en esto grandes alaridos y llantos -acompañados de profundos gemidos y angustiados sollozos. Volví la -cabeza, y vi por las paredes de cristal, que por otra sala pasaba una -procesión de dos hileras de hermosísimas doncellas, todas vestidas -de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas al modo turquesco. -Al cabo y fin de las hileras venía una señora, que en la gravedad lo -parecía, asimismo vestida de negro, con tocas blancas tan tendidas -y largas que besaban la tierra. Su turbante era mayor dos veces que -el mayor de alguna[536] de las otras: era cejijunta, y la nariz -algo chata, la boca grande, pero colorados los labios, los dientes, -que tal vez los descubría, mostraban ser ralos y no bien puestos, -aunque eran blancos como unas peladas almendras: traía en las manos -un lienzo delgado, y entre él, a lo que pude divisar, un corazón de -carne momia, según venía seco y amojamado. Díjome Montesinos, cómo -toda aquella gente de la procesión eran sirvientes de Durandarte y -de Belerma, que allí con sus dos señores estaban encantados, y que -la última, que traía el corazón entre el lienzo y en las manos, -era la señora Belerma, la cual con sus doncellas cuatro días en la -semana[537] hacían aquella procesión y cantaban, o por mejor decir, -lloraban endechas[538] sobre el cuerpo y sobre el lastimado corazón -de su primo: y que si me había parecido algo fea, o no tan hermosa -como tenía la fama[539], era la causa las malas noches y peores días -que en aquel encantamento pasaba, como lo podía ver en sus grandes -ojeras y en su color quebradiza; y no toma ocasión su amarillez y -sus ojeras... sino del dolor que siente su corazón por el que de -continuo tiene en las manos, que le renueva y trae a la memoria la -desgracia de su mal logrado amante: que si esto no fuera, apenas la -igualara en hermosura, donaire y brío la gran Dulcinea del Toboso, -tan celebrada en todos estos contornos y aun en todo el mundo.--Cepos -quedos[540], dije yo entonces, Señor Don Montesinos; cuente vuesa -merced su historia como debe, que ya sabe que toda comparación es -odiosa, y así no hay para qué comparar a nadie con nadie; la sin par -Dulcinea del Toboso es quien es, y la señora doña Belerma es quien -es y quien ha sido, y quédese aquí. A lo que él me respondió: Señor -Don Quijote, perdóneme vuesa merced, que yo confieso que anduve mal, -y no dije bien en decir, que apenas igualara la señora Dulcinea a la -señora Belerma, pues me bastaba a mí haber entendido, por no sé qué -barruntos, que vuesa merced es su caballero, para que me mordiera -la lengua antes de compararla sino con el mismo cielo. Con esta -satisfacción que me dió el gran Montesinos, se quietó mi corazón -del sobresalto que recibí en oír que a mi señora la comparaban con -Belerma.» - ---«Y aun me maravillo yo, dijo Sancho, de cómo vuesa merced no se -subió sobre el vejote, y le molió a coces todos los huesos, y le peló -las barbas sin dejarle pelo en ellas.»--«No, Sancho amigo, respondió -Don Quijote, no me estaba a mí bien hacer eso, porque estamos todos -obligados a tener respeto a los ancianos, aunque no sean caballeros, -y principalmente a los que lo son y están encantados; yo sé bien que -no nos quedamos a deber nada en otras muchas demandas y respuestas -que entre los dos pasamos»[541]. A esta sazón dijo el Primo: «yo -no sé, Señor Don Quijote, cómo vuesa merced en tan poco espacio de -tiempo como ha que está allá abajo[542], haya visto tantas cosas y -hablado y respondido tanto.»--«¿Cuánto ha que bajé?» preguntó Don -Quijote.--«Poco más de una hora», respondió Sancho.--«Eso no puede -ser, replicó Don Quijote, porque allá me anocheció y amaneció, y -tornó a anochecer y amanecer tres veces, de modo que a mi cuenta tres -días he estado en aquellas partes remotas y escondidas a la vista -nuestra.»--«Verdad debe de decir mi señor, dijo Sancho, que como -todas las cosas que le han sucedido son por encantamento, quizá lo -que a nosotros nos parece un hora debe de parecer allá tres días con -sus noches.» - - - COLOQUIO QUE PASÓ ENTRE CIPIÓN Y BERGANZA, - PERROS DEL HOSPITAL DE LA RESURRECCIÓN[543] - - Con gran asombro suyo se sienten estos perros una noche dotados - de habla y aprovechan tal beneficio para contarse sus vidas; - es esta narración una sátira de la sociedad de entonces y de - diversos tipos de la misma. Ya cerca del amanecer, se le ocurre - al hablador Berganza contar un incidente más para reírse de las - locuras en que abundaban los poetas y hombres de ciencia. - -_Berganza._ Perdóname, porque el cuento es breve y no sufre dilación, -y viene aquí de molde. - -_Cipión._ Sí perdono; concluye presto, que a lo que creo, no debe -estar muy lejos el día. - -_Berganza._ Digo que en las cuatro camas que están al cabo desta -enfermería, en la una[544] estaba un alquimista[545], en la otra un -poeta, en la otra un matemático, y en la otra uno de los que llaman -arbitristas[546]. - -_Cipión._ Ya me acuerdo haber visto a esa buena gente. - -_Berganza._ Digo, pues, que una siesta de las del verano pasado, -estando cerradas las ventanas, y yo cogiendo el aire debajo de la -cama del uno dellos[547], el poeta se comenzó a quejar lastimosamente -de su fortuna, y preguntándole el matemático de qué se quejaba, -respondió que de su corta suerte. «¿Cómo, y no será razón que me -queje, prosiguió, que habiendo yo guardado lo que Horacio manda en -su _Poética_, que no salga a luz la obra que después de compuesta -no hayan pasado diez años por ella[548], y que tenga yo una de -veinte años de ocupación y doce de pasante[549], grande en el -sujeto[550], admirable y nueva en la invención, grave en el verso, -entretenida en los episodios, maravillosa en la división, porque -el principio responde al medio y al fin, de manera que constituyen -el poema alto, sonoro, heroico, deleitable y sustancioso, y que -con todo esto no hallo un príncipe a quien dirigille? Príncipe, -digo, que sea inteligente, liberal y magnánimo. ¡Mísera edad y -depravado siglo nuestro!»--«¿De qué trata el libro?» preguntó el -alquimista. Respondió el poeta: «Trata de lo que dejó de escribir el -arzobispo Turpín del rey Artús de Inglaterra, con otro suplemento -de la _Historia de la demanda del Santo Brial_[551], y todo en -verso heroico, parte en octava y parte en verso suelto; pero todo -esdrújulamente, digo, en esdrújulos de nombres sustantivos, sin -admitir verbo alguno[552].--«A mí, respondió el alquimista, poco -se me entiende[553] de poesía; y así no sabré poner en su punto la -desgracia de que vuesa merced se queja, puesto que, aunque fuera -mayor, no se igualaba a la mía, que es, que por faltarme instrumento -o un príncipe que me apoye y me dé a la mano los requisitos que la -ciencia de la alquimia pide, no estoy ahora manando en oro[554], y -con más riquezas que los Midas, que los Crasos y Cresos»--«¿Ha hecho -vuesa merced, dijo a esta sazón el matemático, señor alquimista, la -experiencia de sacar plata de otros metales?»--«Yo, respondió el -alquimista, no la he sacado hasta ahora; pero realmente sé que se -saca, y a mí no me faltan dos meses para acabar la piedra filosofal, -con que se puede hacer plata y oro de las mismas piedras.»--«Bien -han exagerado vuesas mercedes sus desgracias, dijo a esta sazón -el matemático; pero al fin, el uno tiene libro que dirigir, y el -otro está en potencia propincua[555] de sacar la piedra filosofal; -mas, ¿qué diré yo de la mía, que es tan sola, que no tiene donde -arrimarse? Veinte y dos años ha que ando tras hallar el punto -fijo[556], y aquí lo dejo, y allí lo tomo, y pareciéndome que ya lo -he hallado, y que no se me puede escapar en ninguna manera, cuando -no me cato[557] me hallo tan lejos dél, que me admiro. Lo mismo me -acaece con la cuadratura del círculo, que he llegado tan al remate -de hallarla, que no sé ni puedo pensar cómo no la tengo ya en la -faldriquera; y así es mi pena semejable a las de Tántalo, que está -cerca del fruto, y muere de hambre; y propincuo al agua, y perece -de sed; por momentos pienso dar en la coyuntura de la verdad, y por -minutos me hallo tan lejos della, que vuelvo a subir el monte que -acabé de bajar, con el canto de mi trabajo a cuestas, como otro nuevo -Sísifo.» Había hasta este punto guardado silencio el arbitrista, y -aquí le rompió diciendo: «¡cuatro quejosos, tales que lo pueden ser -del Gran Turco, ha juntado en este hospital la pobreza, y reniego -yo de oficios y ejercicios que ni entretienen ni dan de comer a sus -dueños! Yo, señores, soy arbitrista, y he dado a Su Majestad en -diferentes tiempos muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho -suyo y sin daño del reino; y ahora tengo hecho un memorial, donde -le suplico me señale persona con quien comunique un nuevo arbitrio -que tengo, tal, que ha de ser la total restauración de sus empeños; -pero por lo que me ha sucedido, con los otros memoriales, entiendo -que éste también ha de parar en el carnero[558]. Mas, porque vuesas -mercedes no me tengan por mentecato, aunque mi arbitrio quede -desde este punto público, le quiero decir, que es éste: hase de -pedir en Cortes que todos los vasallos de Su Majestad, desde la -edad de catorce a sesenta años, sean obligados a ayunar una vez -en el mes a pan y agua, y esto ha de ser el día que se escogiere -y señalare, y que todo el gasto que en otros condumios de fruta, -carne y pescado, vino, huevos y legumbres, que han de gastar aquel -día, se reduzga[559] a dinero y se dé a Su Majestad sin defraudalle -un ardite, so cargo de juramento; y con esto en veinte años queda -libre de socaliñas y desempeñado, porque si se hace la cuenta, -como yo la tengo hecha, bien hay en España más de tres millones de -personas de la dicha edad[560], fuera de los enfermos, más viejos -o más muchachos, y ninguno destos dejará de gastar, y esto contado -al menorete[561], cada día real y medio, y yo quiero que sea no -más de un real, que no puede ser menos, aunque coma alholvas. -Pues ¿paréceles a vuesas mercedes que sería barro tener cada mes -tres millones de reales como ahechados?»[562] Y esto antes sería -provecho que daño a los ayunantes, porque con el ayuno agradarían al -cielo y servirían a su rey, y tal[563] podría ayunar, que le fuese -conveniente para su salud. Este es el arbitrio limpio de polvo y -de paja, y podríase coger por parroquias sin costa de comisarios, -que destruyen la república.» Riyéronse[564] todos del arbitrio y -del arbitrante, y él también se riyó de sus disparates, y yo quedé -admirado de haberlos oído, y de ver que por la mayor parte los de -semejantes humores venían a morir en los hospitales. - - -NOTAS - - [428] Según tradición coetánea, ya apuntada en el Quijote de - Avellaneda, alude a Argamasilla de Alba, pero esto no indica que - Cervantes haya estado allí preso, como quisieron suponer algunos - críticos. El _Quijote_ «se engendró en una cárcel» como Cervantes - dice, pero fué en la de Sevilla, donde efectivamente estuvo preso - el autor. - - [429] _Astillero_: estante en que se ponían las astas o lanzas, - adorno del portal de la casa de un hidalgo. - - [430] Un refrán dice: «Vaca y carnero, olla de caballero.» La - vaca, entonces, era comida más barata que el carnero. - - [431] Los restos de la carne de la comida los convertía la gente - aprovechada en salpicón para la noche. _La ensalada y salpicón_ - es el primer plato en «La Cena» de Baltasar de Alcázar. - - [432] Los duelos y quebrantos eran un manjar que se componía de - huevos y torreznos, según la _Mojiganga del Pésame_, atribuída a - Calderón: - - huevos y terreznos bastan, - que son duelos y quebrantos. - - Lo mismo vienen a decir Oudin y Franciosini, en 1614 y 1621. Pero - Lope de Vega, en _Las bizarrias de Belisa_, dijo: - - Almorzando unos torreznos, - con sus duelos y quebrantos, - - lo cual prueba que, para él, los torreznos eran cosa aparte. En - el _Dic. de Autoridades_ se consigna que «duelos y quebrantos - llaman en la Mancha a la tortilla de huevos y sesos». Como se ve, - el nombre en cuestión tenía aplicación varia. El sábado es día - en que la Iglesia, si no ordena, aconseja la abstinencia; pero - en España, desde antiguo, se guardaba muy imperfectamente esta - práctica. A principios del siglo XVI hay ya expresos testimonios - de la costumbre que existía en Castilla, Andalucía e Indias - (no en Navarra y Aragón) de tolerarse como comida para esta - abstinencia del sábado la llamada _grosura_ de los animales, o - sea la asadura, tripas, manos, patas y cabeza, y también el gordo - del tocino. (Benedicto XIV, en 1745, eximió a Castilla, León e - Indias de toda abstinencia del sábado.) - - [433] Expresión que equivale a _las tres cuartas partes_. - - [434] _Velarte_ era paño fino y estimado en el siglo XVI. - - [435] Las _calzas_ cubrían toda la pierna a diferencia de las - _medias_ (esto es: medias calzas) que no cubrían el muslo. El - _velludo_ es una especie de terciopelo. - - [436] _Pantuflo_, calzado de gente anciana, que se ponía encima - de los borceguíes o zapatos para abrigo y para librarse del lodo. - - [437] _Vellorí_, paño entrefino, de color pardo ceniciento, de - lana sin teñir. Adviértase que Cervantes no pinta a Don Quijote - miserable, sino en una posición desahogada. Véase cuán diferente - es el traje del hidalgo pobre que describe Fray Antonio de - Guevara en su _Menosprecio de Corte y Alabanza de Aldea_, cap. - V (año 1539): «el pobre hidalgo que en la aldea alcanza a tener - un sayo de paño recio, un capuz cerrado, un sombrero bueno, - unos guantes de sobre año, unos borceguíes domingueros y unos - pantuflos no rotos, tan hinchado va él a la iglesia con aquellas - ropas, como irá un señor aforrado de martas; no gozan de este - privilegio los que moran en la villa o ciudad, porque allí - acontece el marido no salir de casa por tener la capa rayda, y la - mujer no ir a misa por falta de ama». - - [438] Este _en_ suprimido por la 3.ª edición del Quijote de 1608, - denota la frecuencia de la lectura de esos libros. - - [439] F. de Silva, natural de Ciudad Rodrigo, autor de la - _Crónica de los muy valientes caballeros Don Florisel de Niquea - y el Fuerte Anaxartes_, que le valió bastante dinero a pesar de - su mal estilo. Repetidas veces contrapone las voces _razón_ y - _sinrazón_ y abusa de toda clase de juego de palabras, lo cual - satiriza Cervantes en los párrafos que a continuación forja. - - [440] Hoy _intrincadas_. - - [441] Se pronunciaba Anibál hasta en el siglo XVII: «No dicen que - Cipión Xerxes, Pirro y Anibál Tuvieran riqueza tal, Tal tierra, - tal posesión.» (LOPE DE VEGA, _El Conde Fernán González_.) - - [442] El Cid no tuvo por patria a Valencia, sino Bivar; pero como - conquistó de los moros la ciudad y el reino de Valencia, se llamó - a ésta _Valencia del Cid_ (para distinguirla de Valencia de Don - Juan y otras), por donde luego se distinguió al héroe, ya desde - el siglo XII, con el epíteto de _señor de Valencia_ o _el que - Valencia ganó_ y luego simplemente _el Cid de Valencia_. - - [443] Gonzalo Fernández de Córdova, el Gran Capitán, natural de - Montilla. - - [444] García de Paredes nació en Trujillo 1469, murió en Bolonia - 1533. Era de grandes fuerzas, por lo que alguno le llamó _el - Sansón de Extremadura_; a él se atribuyen gran parte de los casos - de fuerza prodigiosa, que se cuentan vulgarmente, como el parar - una rueda de molino. Realizó hazañas increíbles en la guerra de - Nápoles, alistado en el ejército del Gran Capitán. - - [445] Este caballero no era de Jerez, sino de Toledo, según - Mariana. Sirvió en la conquista de Sevilla a San Fernando. El - hijo de éste, Alfonso X, y su nieto Don Juan Manuel, cuentan en - la _Crónica general_ y en el _Conde Lucanor_ varias hazañas de - Garci Pérez; la más famosa va puesta arriba, página 22. - - [446] Aunque el gran poeta toledano fué valiente soldado, no - es de suponer que se le mencione aquí como hombre de vida - hazañosa. Probablemente Cervantes, queriendo citar notables - personajes históricos, citó uno fabuloso, el Garcilaso de quien - un romance cuenta que, durante el cerco de Granada, mató un moro - de extraordinario valor, que por befa traía prendida a la cola - de su caballo el _Ave María_; otros cuentan esta hazaña de un - Garcilaso histórico, que fué el primero que pasó el Salado el día - de la gran batalla. El romance dice que por haber ocurrido esta - hazaña en la Vega de Granada, se llamó Garcilaso _de la Vega_; ya - el Garcilaso del Salado y su padre, que fué privado de Alfonso - XI, se llamaron _de la Vega_, por proceder de la Vega montañesa, - donde hoy se encuentra la ciudad de _Torrelavega_. - - [447] Don Manuel Ponce de León hallóse en la conquista del reino - de Granada, y de él se cuentan hazañas portentosas. Además, un - romance cuenta de él una anécdota fabulosa: Doña Ana de Mendoza, - para probar el valor de los caballeros de la corte, hizo caedizo - su guante en una leonera; Don Manuel, espada en mano, se metió - entre los leones y recobró el guante, pero lo entregó a la dama - dándole un bofetón, para castigarla por haber puesto en riesgo de - honra a tanto hijodalgo por un capricho. Este mismo asunto tiene - una balada de Schiller, _el Guante_, compuesta en 1797. - - [448] Cervantes nos ofrece aquí uno de los ejemplos más extraños - del uso de _cuyo_; carece de todo valor pronominal y equivale a - una simple conjunción. No responde más que al afán de ligar en - forma de oración de relativo, la que bastaba que fuera con la - simple cópula: «y la lección de sus hechos». - - [449] Así escribió Cervantes. Clemencín y la edición de - Hartzenbusch corrigen: «cuerdo sin cobardía». - - [450] _Do_ o _donde_ por _de do_ o _de donde_ es giro comunísimo - de la lengua. - - [451] Hoy, que el estilo común es menos genial, pero más atildado - que en los siglos de oro, se podría censurar la reunión de estos - tres infinitivos. Sin embargo, sería corrección desdichada la - supresión de _querer_, pues anuncia el ningún efecto que en Don - Quijote hizo la peroración del buen canónigo. - - [452] El último término de la gradación: _mal_, _peor_, _más - mal_, es hoy: _mucho peor_, y antes era también: _mucho más - peor_: «y aun peor, perdición de las personas; y mucho más peor, - perdición de las tristes de las almas.» (ARCIPR. DE TALAVERA, - _Corbacho_.) - - [453] La _caballería_ era una especie de sacerdocio militar, en - el que se ingresaba mediante la ceremonia de _armar_ al caballero - novel, o sea de conferirle la dignidad de caballero otro que ya - lo fuese, cosa semejante al sacramento del orden. El caballero - estaba especialmente obligado a guardar lealtad a su señor, - fidelidad a su amigo, a amparar por dondequiera la justicia y - vedar el mal, ser largo, desprendido, etc., etc. En los Poemas - caballerescos italianos se habla de _cabalieri erranti_ y en las - novelas españolas, de _caballeros andantes_. - - [454] Pudiera haber dicho también _negándome que haya habido_. - La repetición pleonástica de negaciones que en otras lenguas se - destruyen una a otra, es muy peculiar del castellano; unas líneas - más adelante se hallará también «no puedo yo negar que _no_ sea - verdad», etc. - - [455] _Amadis de Gaula_, el más antiguo y famoso libro de - caballerías, era ya muy leído por el Canciller Ayala antes de su - prisión en la batalla de Nájera, 1367 (v. atrás p. 148, n. 313). - Constaba de tres libros, según el poeta Pedro Ferruz, coetáneo - de Ayala. Hay quien pretende que su autor fué el portugués Vasco - de Lobeira, el cual no pasó de ser un simple arreglador de la - obra más antigua. Es desconocida esta redacción primitiva tanto - como su autor. En tiempo de los Reyes Católicos, Garci Ordóñez de - Montalvo escribió la redacción que hoy se conserva, añadiéndole - el cuarto libro. Amadis es el prototipo del amor delicado, - firmísimo e inquebrantable de un caballero por su dama. Tan - famosa fué esta novela, que tuvo muchas continuaciones; una es el - _Amadis de Grecia_. - - [456] Hoy diríamos _añadió que_ y no _añadió diciendo que_; - añadir se usaba en igual manera que hoy _proseguir_: _prosiguió - diciendo que_. Una reunión parecida de los verbos añadir y decir, - v. atrás pág. 130, líneas 24 y 25. - - [457] Hoy no se junta el pronombre enclítico a los participios - pasivos, pero sí en los siglos de oro de nuestra literatura. - - [458] Hoy se emplea el adverbio _más_ en vez de _mejor_ con los - verbos que denotan acciones útiles o agradables, _agrada más_, - _aprovecha más_. - - [459] Floripés hija del Almirante sarraceno Balán, enamorada del - caballero francés Gui de Borgoña, libertólo de la prisión en que - yacía con otros Pares de Francia, guareciéndolos en una torre - donde se mantuvieron contra todo el poder de los infieles, hasta - que Carlomagno los socorrió. Esta fábula que procede de poemas - franceses del siglo XII, figura en la novelesca _Historia de - Carlomagno_ que puso en castellano Nicolás de Piamonte. - - [460] Fierabrás (en francés «el de los fieros brazos») era, según - los poemas franceses de la Edad Media, un descomunal gigante, - que peleó en singular combate con el caballero de Carlomagno, - Oliveros; vencido por éste, fué su mejor amigo después de hacerse - bautizar. Esta patraña pasó también a la ya citada historia - fabulosa de Carlomagno, con la de la puente de Mantible, donde - cobraba el Almirante Balán (el ya mencionado padre de Floripés) - un pontazgo humillante a los cristianos, que por allí tenían que - pasar: sesenta perros de caza, cien doncellas, cien halcones - mudados y cien caballos con sus jaeces, y el cristiano que no - podía pagar ésto perdía su cabeza. Carlomagno ganó la puente con - grande estrago y perdición de hombres. - - [461] La leyenda de Troya fué popular en la Edad Media, y en - sus héroes se buscó ascendencia para los modernos; Artús era - descendiente de Eneas. Este rey bretón, llamado también Arturo, - fué centro de un gran ciclo de leyendas divulgadas por toda - Europa; es el fundador de la fabulosa caballería de la _Tabla - redonda_ o _mesa_ redonda a que se sentaban los caballeros. A - su metamorfosis en cuervo atribuye Cervantes en otro lugar del - _Quijote_, y en el _Persiles y Sigismunda_, el que los ingleses - se abstuviesen de matar cuervos. - - [462] Otro héroe de poemas franceses en la Edad Media (Garín - Mesquin) que sufrió también una adaptación al castellano en uno - de tantos libros, que según decía Juan de Valdés en tiempo de - Carlos V, «demás de ser mentirosísimos, ~tienen tan mal estilo~ - que no hay buen estómago que los pueda leer». - - [463] _Demanda_, en términos caballerescos, es el acto de - empeñarse en una empresa. El _Grial_ era la copa en que había - recogido la sangre de Cristo José de Arimatea; cuando éste fué a - evangelizar la Bretaña llevó consigo el Grial, pero andando el - tiempo heredó la reliquia un rey indigno; entonces se empeñaron - en la demanda del Santo Grial Artús y los caballeros de la Tabla - redonda; Perceval (el Parsifal de la ópera de Wagner) mereció por - su castidad y demás virtudes dar fin a la aventura, ganando la - santa reliquia, que después de su muerte fué arrebatada al cielo. - - [464] Otra ficción bretona como la de Artús y el Santo Grial. - Tristán esperaba una nave que le traía noticias de Iseo; los - navegantes se olvidan de poner en el mástil la señal convenida - para anunciar que las noticias eran buenas, y Tristán, creyendo - por esto que Iseo era muerta, expira de dolor; pero en la nave - venía la misma Iseo, la cual al ver a su amante muerto, cae a su - lado sin vida. - - [465] Otra leyenda del ciclo bretón. _Ginebra_ era la mujer del - rey Artús, _Lanzarote_ su amante, y la dueña o aya _Quintañona_ - la que favorecía sus amores. Bien conocido es el romance cuyo - comienzo recuerda el mismo Quijote. - - Nunca fuera caballero - de damas tan bien servido, - como fuera Lanzarote - cuando de Bretaña vino, - que dueñas cuidaban dél - doncellas de su rocino, - esa dueña Quintañona - esa le escanciaba el vino. - - [466] Muchos dirán: _y tan es así esto_; construcción incorrecta, - pues para que se pueda usar _tan_ en vez de _tanto_, es preciso - que le siga inmediatamente un adjetivo o adverbio. Se puede - decir, por lo tanto, _tan así es_ o _tanto es así_, pero no _tan - es así_. (CUERVO. Apuntac. críticas, § 416.) - - [467] Giro muy común en los siglos XVI y XVII, _un mi amigo_ por - lo que hoy decimos _un amigo mío_. _Agüela_ por _abuela_ es hoy - muy vulgar, como _güelta_, _güeno_, _gomitar_, y otras voces en - que la _g_ sustituye a la _b_ o _v_. - - [468] Así dicen todas las ediciones antiguas. Las de este siglo - modernizaron _de parte_. Es giro arcaico que hallamos en el - _Fuero de Navarra_: «de partes de la madre», «de partes de sierzo - nin de buchurno». - - [469] Era personaje tan popular, que _dueña Quintañona_ servía - para denominar a cualquier dueña: «¡miren la dueña Quintañona! - ¡Daca la dueña Quintañona!» La toca era distintivo de viudas y - dueñas como hoy lo es de monjas. - - [470] La novela de _Pierres_, hijo del Conde de Provenza, y de - _Magalona_, hija del Rey de Nápoles, trasladada en 1526, procede - de un antiguo poema francés del siglo XII. Más adelante dice - Cervantes que el caballo de madera se regía por una clavija que - tenía en la frente; en él hizo Pierres grandes viajes «y robó a - la linda Magalona, llevándola a las ancas por el aire, dejando - embobados a cuantos desde la tierra los miraban.» Según advierte - después el canónigo, es pura invención de Don Quijote el que la - tal clavija se enseñase en la Armería Real; en cambio es muy - cierto que, hasta hace no muchos años, se enseñaba allí la silla - del caballo del Cid, la espada de este héroe, las de Bernardo del - Carpio, del Rey Pelayo y otras cosas más estupendas. - - [471] Según la historia cierta, Roldán iba en la retaguardia - del ejército de Carlomagno, que fué deshecha en Roncesvalles; - las leyendas francesas (popularizadas desde antiguo en España) - añadían que Roldán, al verse en peligro, había querido avisar a - la vanguardia tañendo su cuerno, pero sopló en él con tal fuerza, - que reventó las venas de sus sienes y murió. Este cuerno se - pretendía custodiar en la iglesia de Roncesvalles. - - [472] Versos de Alvar Gómez, de Ciudad Real, en su traducción de - los _Triunfos del Petrarca_. - - [473] Esto es: _el del Paso Honroso_, personaje histórico. Era - un valiente leonés, que en 1434, y previa licencia de Juan II, - mantuvo junto al puente del río Orbigo el _paso honroso_, en el - que se había comprometido, para honra de su dama, a romper 300 - lanzas con los caballeros que se presentaran; acudieron a esta - quijotesca empresa 68 aventureros de España, Portugal, Francia, - Italia y Bretaña. - - [474] Mayordomo de Alfonso V de Aragón, que en 1428 combatió ante - la corte de Don Juan II contra Gonzalo de Guzmán. - - [475] Obispo de Reims, muerto en el año 600, a quien las fábulas - carolingias suponen inseparable compañero de Carlomagno; es el - autor fingido de una crónica latina del Emperador y sus Pares - forjada en el siglo XII por algún clérigo de nación francesa. - - [476] El canónigo cree más en Bernardo que en el Cid, y sin - embargo, el Bernardo del Carpio, vencedor de Roncesvalles, es de - todo punto fabuloso; sólo existió un Bernardo Conde de Ribagorza, - que, auxiliado por gente franca, reconquistó de moros este - condado, suministrando algunas hazañas a la leyenda del fabuloso - Bernardo leonés o del Carpio. - - [477] Esto es «se remitieron para ser juzgados y aprobados». - Cuenta Melchor Cano de un buen clérigo, a quien no cabía en - la mollera que un libro impreso con las licencias necesarias - contuviera mentiras, así que tenía por tan verdadera y probada la - historia de Amadis, como las fábulas de Esopo. - - [478] Hartzenbusch corrigió con gran desenfado: _o tales - caballeros_, sin duda porque hoy se haría resaltar más la - duplicidad del sujeto, poniendo: «que tal caballero hizo o tales - caballeros hicieron». - - [479] _Leyendas_ es hoy desusado en la acepción de _lectura_, por - más que el Diccionario de la Academia no señala esta acepción - como anticuada. - - [480] A la viveza con que habla Don Quijote cuadra bien la - supresión del segundo _que_ en: «hay mayor contento que ver - aquí se muestra delante de nosotros un lago». Hartzenbusch, sin - embargo, suplió: _que aquí_; no hace falta. Podía Cervantes - haber suprimido también consecuentemente el _que_ de las frases - siguientes: _y_ =que= _andando andando_... _y_ =que= _del medio - del lago, y_ =que= _apenas el caballero_; pero una vez que no - quiso hacerlo, no tenemos motivo alguno para censurarle por esos - _ques_, como hace implacablemente Clemencín. - - [481] El _hada_ (voz derivada del latín _fata_, plural del - neutro _fatum_, _hado_), es un ser fantástico de la mitología - moderna bien conocido. El número _siete_, como el _tres_, aparece - consagrado en multitud de invenciones populares (siete infantes - de Lara; un venablo cortador, siete veces fué templado en la - sangre de un dragón, etc.), el bellísimo romance de la Infantina - encantada dice: - - Fija soy yo del buen rey, - y la reina de Castilla; - _siete_ fadas me fadaron - en brazos de un ama mía - que andase los _siete_ años - sola en esta montiña. - - [482] _Negregura_, hoy anticuado por negrura. - - [483] _Apenas_ seguido de _no_ es giro hoy chocante que no debe - imitarse, según nota BELLO, § 1209. Para usar el _no_ habría que - escoger otro adverbio como _casi, aun no ha acabado de oir... - cuando se arroja_. - - [484] Cuando Eneas baja a los infiernos se describe así el Elíseo - (_Eneida_, VI, 638): - - devenere locos laetos, et amoena vireta... - Largior hic campos aether et lumine vestit - purpureo; solemque suum, sua sidera norunt. - - [485] En consonantes como _floresta_ y _compuesta_, no reparaban - nunca nuestros grandes prosistas; hoy somos más meticulosos y los - evitamos cuidadosamente. También hoy se evitaría repetir tres - veces seguidas el verbo ver: «hay más que ver, después de haber - visto esto, que ver salir...» - - [486] Frase de Garcilaso: - - y las aves sin dueño - con canto no aprendido - hinchen el aire de dulce armonía. - - Fray Luis de León también la imitó: - - Despiértenme las aves - con su cantar sabroso no aprendido. - - [487] _Intricados_, como el _entricadas_ que escribió antes, pág. - 223, nota 440. - - [488] _Jaspe variado_, esto es «de varios colores». - - [489] Acordándose de _bruto_, se dijo _brutesco_ por _grutesco_, - o cosa hecha a modo de la rusticidad de las grutas; hoy - _grotesco_. - - [490] _Ferviente_ por _hirviente_, como antes _fadas_ por - _hadas_, eran arcaísmos ya mucho tiempo antes de Cervantes, - quien de intento los pone, remedando el estilo de los libros - de caballerías, que usaban de estos arcaísmos para dar aspecto - de antigüedad a la narración. Cosa igual hacían los autores - de romances del siglo XVII; v. gr., el de aquel tan sabido - que empieza: «Non es de sesudos homes... facer denuesto a un - fidalgo». La _f_ en el siglo XV ya no se pronunciaba en _facer_, - _fijo_, etc., sino como una ligera aspiración representada por - _h_, _hacer_, _hijo_; hoy hasta esta aspiración ha desaparecido y - la _h_ no tiene valor alguno. - - [491] _Menos menos_ es el refuerzo por repetición de que hablamos - arriba, pág. 111, n. 247. - - [492] Recuerda graciosamente Cervantes un lugar común de romances - y libros de caballerías, usados para ponderar el valor de una - cosa. Por ejemplo el romance de Palmero dice: - - Una esclavina trae rota - que no valía un reale, - y debajo traía otra, - bien valía una ciudade. - - Hoy decimos «vale un imperio». - - [493] Esta expresión anticuada, que hoy exigiría el uso del - artículo «agua a las manos» o «para las manos», se ha fundido en - una sola palabra: _aguamanos_. - - [494] «Verle servir todas», esto es: «ver todas las doncellas - servirle». El dativo enclítico, cuando un infinitivo rige a otro, - se coloca indistintamente en cualquiera de los dos infinitivos. - No tenía razón ninguna Hartzenbusch para creerse obligado a - corregir «¿Qué verle servir de todas las doncellas?» - - [495] _Cuál será oír_; Clemencín y Hartzenbusch dicen que _cuál_ - debe corregirse en _qué_ para uniformar ésta con las anteriores - interrogaciones. Don Quijote es muy dueño de cambiar un relativo - por otro, cuando bien le parezca, y de suprimir el substantivo - concertado con _cual_, lo mismo que lo suprimió con _que_, y así - la frase «¿Qué (maravilla) es ver cuando nos cuentan...» puede - muy bien estar seguida de la otra «¿Cuál (placer) será oír la - música...» - - [496] El _gabán_ usábase para andar en el campo y de camino; en - la ciudad sólo servía de ropa de casa. - - [497] Llamábanse _jirones_, o, como dice Covarrubias, _gironas_, - «ciertos pedazos triangulados que ingerían en el ruedo de - los sayos para que hiciesen más ruedo, y en los que eran de - terciopelo echaban estos jirones de brocados o telas, y se - llamaban _sayos agironados_». - - [498] El _asimismo_ se refiere sólo al color _verde_, que era el - que predominaba en el vestido del caminante, pues nada tienen que - ver los dos colores accesorios _leonado_ y _morado_. - - [499] Se llama _chapado_ «el hombre de hecho y de valor, porque - va guarnecido con su virtud y esfuerzo». (Covarrubias.) - - [500] Aquí _prendas_ no parece significar ‘partes o dotes - naturales’ según costumbre, sino ‘posición social’. - - [501] Rodríguez Marín corrige «de su cuello», enmienda rechazada - por la enumeración semejante que luego hace Don Quijote, en la - cual se repiten los términos «caballo», «amarillez», «flaqueza», - y se habla de las armas. Conocida es la longura de Rocinante, - caballo «largo y tendido», como se dice en el cap. IX. - - [502] _En estampa_ equivale a ‘en letras de molde’. Cuando se - publicó la segunda parte del _Quijote_, en 1615, llevaba la - primera ya 10 ediciones en Madrid, Valencia, Lisboa, Bruselas y - Milán, y se había traducido al francés en 1614, y al inglés en - fecha incierta. - - [503] _Puesto que_ significaba antiguamente ‘supuesto que’, ‘por - más que’ o ‘aunque’. Hoy se usa con la significación de ‘pues - que’. - - [504] Hoy diríamos «la profesión que sigo», esto es, «a la cual - me dedico.» _Hacer profesión_ de una cosa es «preciarnos della y - cumplirla a todo trance» (Covarrubias). - - [505] _Causar maravilla_ por ‘causar admiración o sorpresa’, es - expresión vulgar, nacida por confusión de las dos equivalentes: - _causar admiración_ y _maravillar_. _Admiración_ es la suspensión - de ánimo que produce la cosa maravillosa, y _maravilla_ es - la cosa que causa admiración; sin embargo, ambos términos - se confunden, y lo mismo que Cervantes usó _maravilla_ por - _admiración_, es muy común usar _admiración_ por _maravilla_ o - cosa admirable: «esa escultura es una admiración». - - [506] Hoy se pondría en subjuntivo. - - [507] _Perdigón manso_, pollo de perdiz, propio para cazar con - reclamo. El de lo Verde quiere decir que no caza con grande - pérdida de tiempo y dinero, sino modestamente, con un simple - reclamo para las perdices y un hurón para los conejos. - - [508] _Puesto que_ ya se ha dicho que significaba _por más que_. - - [509] Sobre alguna variante de esta palabra, véase _Celestina_, - página 71, n. 137. - - [510] La Cueva de Montesinos está en el término de Osa de Montiel - y cerca de la ermita de San Pedro de Saelices y de una laguna de - las llamadas de Ruidera, nacimiento del Guadiana. - - [511] _Estado_, medida tomada de la estatura de un hombre. Se - medían por estados las paredes de cantería, los pozos u otra cosa - honda. (Covarrubias.) - - [512] Las reglas de concordancia, fijadas hoy con una rigidez - enteramente artificial, exigen _en él_; algunas líneas adelante - repite la concordancia con _cavidad_, preferida a _espacio_, como - voz más significativa e importante. - - [513] Antiguamente se usaba mucho el adverbio _además_ para - encarecer la significación del adjetivo a que se junta con el - valor de ‘sumamente’, ‘muy’, ‘en gran manera’; en general se - posponía al adjetivo: «se levantó de la mesa mohino además». Hoy - se usa en su lugar _por demás_. - - [514] El Diccionario de Sebastián de Covarrubias, compuesto - por los mismos años que el _Quijote_, dice: «_Capuz_, una - capa cerrada, larga, que hoy día traen algunos por luto, y - antiguamente era el hábito de los españoles honrados en la paz, - como lo era la toga de los romanos.» - - [515] Gorra fina de lana que se traía de Milán. - - [516] En el entremés del _Retablo de las maravillas_, dice - Cervantes de un gobernador que tenía «peripatética y anchurosa - presencia». - - [517] _Quien_, en el período clásico se refería lo mismo a - personas que a cosas. (BELLO, _Gr._, § 329.) Abundan los ejemplos - en todos estos extractos. - - [518] _Guarda_, _guía_, _escucha_ y otros substantivos verbales - por el estilo, son femeninos por su terminación, y masculinos por - su significación. - - [519] Montesinos es un héroe peculiar de nuestros romances; a - pesar de pertenecer a la leyenda de Carlomagno, no es conocido - este personaje en la literatura francesa. Habiendo sido su padre - acusado falsamente por Tomillas al Emperador, fué arrojado al - destierro; allí nace el héroe en un monte despoblado, lo que le - valió el nombre de _Montesinos_, y ya crecido, marchó a París - y mató al traidor Tomillas. Otros romances nos dan a conocer - a Montesinos como primo y grande amigo de Durandarte.--Este - Durandarte, lo mismo que su amigo Montesinos, es parto de la Musa - castellana, desconocido en la literatura carolingia francesa; - su origen es muy singular: el nombre de Durandarte se aplicaba - antiguamente a la espada de Roldán (pues las espadas de los - caballeros llevaban nombres propios, como las dos del Cid: Colada - y Tizón), pero un poeta vulgar castellano, poco enterado de esto, - tomó el nombre como de persona, y fantaseó sobre él la historia - de un héroe, suponiéndole muerto también en Roncesvalles, como - Roldán; supo adornar su invención con el sangriento legado que - Durandarte hace al morir, lo cual dió al asunto una excepcional - fama y popularidad; quizá se inspiró en el _Amadis_, quien al - verse en un peligro, encarga a su escudero que si muere le saque - el corazón y lo lleve a su señora Oriana, cuyo era. - - [520] Don Quijote alude al romance siguiente: - - Muerto yace Durandarte - al pie de una alta montaña, - llorábalo Montesinos - que a su muerte se hallara; - quitándole está el almete, - desciñéndole la espada; - hácele la sepultura - _con una pequeña daga_; - sacábale el corazón, - como él se lo jurara, - para llevar a Belerma, - como él se lo mandara. - - Vemos que Don Quijote punteaba mal en su memoria los versos; los - romanceros afirman sólo que la pequeña daga sirvió para hacer la - sepultura. - - [521] Hartzenbusch corrigió sin necesidad: _ni pequeña ni - grande_. La humorística contradicción de Montesinos, no para - en desmentir el substantivo, sino que niega superfluamente el - adjetivo. La aclaración de Montesinos es de gran substancia, si - atendemos a que, como dice Covarrubias, la _daga_ y el _puñal_ - «todo viene a ser una cosa». Sin embargo, bueno será distinguir: - como la daga tiene filo, necesita guarnición y gavilanes para - proteger la mano, cosa que el puñal no lleva, pues hiere sólo de - punta. - - [522] _Buído_ no era voz muy usual; no sabía Covarrubias, - coetáneo de Cervantes, lo que quería decir. Significaba, - probablemente, hoja con la punta estriada en tres canales: la - punta buída de las espadas estaba prohibida, como más dañosa, por - las pragmáticas reales del tiempo de Cervantes. - - [523] _Sobremodo_ y el moderno _sobremanera_ son usados - indistintamente por Cervantes. - - [524] Compárese la frase corriente y usada por Cervantes (II, - capítulo XXI) «hombre de valor y de pelo en pecho», así como la - voz francesa _poilu_ ‘valiente’, tratada en _Modern Language - Notes_ XXXII, 375. - - [525] _Tenía la mano_, _preguntase_ y _me dijo_ son tres - verbos que tienen tres sujetos diferentes, los cuales debieran - expresarse en los dos últimos, o cambiarse el giro: «y - Montesinos, viéndome suspenso, antes que yo preguntase, me dijo». - - [526] Personaje que figura en las leyendas del ciclo bretón (o - sea del Rey Artús, de Tristán e Iseo, etc.). No era _francés_ - o de _Galia_, sino de _Gaula_, que es el nombre caballeresco - de Gales o Bretaña en general. A Merlín se atribuían cuantas - profecías se forjaban en la Edad Media sobre grandes - acontecimientos; por eso Don Quijote fué también profetizado por - Merlín, según dice luego Montesinos a Durandarte. (Véase atrás, - pág. 184, n. 384). - - [527] _Mayor de_ por _mayor que_; es construcción usada todavía - con el comparativo, especialmente con los numerales. (v. BELLO, - _Gr._, § 1016 y 1017). - - [528] Esto es lo que admira a Montesinos, quien rompió el hilo - sintáctico de sus palabras, distraído por la digresión sobre el - peso de la entraña de su amigo. - - [529] Estos versos son de un romance viejo, salvo los dos - últimos, de tono un tanto burlesco, que son invención de - Cervantes, y suponen la imaginación de Don Quijote preocupada - con la noticia recién aprendida de que Montesinos había sacado - el corazón de su amigo, no, como decían todos los romances, con - daga, sino con puñal. - - [530] Parodiando a uno de los romances de Montesinos, que dice: - - Por el costado siniestro - el corazón le sacara... - _envolvióle en un cendal_ - y consigo lo llevaba. - _Entierra primero al primo;_ - con gran llanto lamentaba - la su tan temprana muerte - y su suerte desdichada. - - [531] No hay que suplir la preposición _a_ como hacen algunas - ediciones modernas, suponiéndola embebida en la _a_ final de - Belerma. El pronombre _nos_ representa cerca del verbo el largo - complemento directo que va antepuesto, y determina, a la vez, el - caso en que debiera estar ese complemento. - - [532] Aunque antes de Cervantes existían localizadas en las - lagunas de Ruidera tradiciones referentes a Montesinos, parecen - invención de Don Quijote la dueña Ruidera y el escudero Guadiana - con su metamórfosis en río. - - [533] Una de las lagunas de Ruidera se llama _del Rey_. Parece - que dos de ellas pertenecían a la orden de San Juan, y las - restantes al Rey. En total no son, como dice Cervantes nueve, - sino 13, y dos más que se secan por el verano. - - [534] El Guadiana tiene fama de criar mucho pescado, aunque - malsano. - - [535] _Paciencia y barajar_ es una expresión proverbial con - que se exhorta a la paciencia a los perdidosos en el juego de - naipes. Nótese el uso del infinitivo con valor de imperativo, muy - peculiar del español y portugués, aunque se presenta también en - francés «prendre tant de grammes de cette potion». - - [536] Por _alguna_ se diría hoy mejor _cualquiera_ con - significado de _ninguna_. Del uso de _alguno_ por _ninguno_ - en frases negativas como: «sin ser visto de alguno» se pasó a - darle este valor en otras que sólo son negativas por la idea que - envuelven: «contribuyó más que otro alguno a su adelantamiento». - - [537] Durandarte al morir y encargar a Montesinos que llevase - a Belerma su corazón, le mandaba también que se lo recordase - incesantemente: - - y traelde a la memoria - dos veces cada semana. - - [538] Endechas eran canciones tristes que se lloraban sobre los - muertos de cuerpo presente. Solían ser cuartetas de seis sílabas, - y algunas tenían cierto encanto lúgubre y plañidero, como esta - que, al decir de Covarrubias, era ejemplo casero y sabido de - todos en tiempo de Cervantes: - - Parióme mi madre - una noche obscura, - cubrióme de luto, - faltóme ventura... - - [539] _Tener_ equivalía a ‘opinar’; en latín «fama tenet». Hoy se - dice «tengo para mí que...» Rodríguez Marín, en su edición del - Quijote IV (1916), interpreta de otro modo: ‘como tenía fama de - serlo’. - - [540] _¡Cepos quedos!_ expresión del lenguaje truhanesco y - carcelario; voz dirigida al criminal que remueve el cepo tratando - de huir. La comparación «quedo como un cepo», que usa la _Pícara - Justina_, alude a la pesadez e inmovilidad de los cepos. - - [541] _Pasar razones_, _coloquios_, etc., era muy usado por - ‘cruzarse palabras’. - - [542] Es descuido de Cervantes por «como ha estado allá abajo». - - [543] Eran perros que guardaban el Hospital de la Resurrección en - Valladolid, fundado en tiempo de Carlos V, en 1553; hoy le llaman - Hospital de Esgueva. Los perros acompañaban también, de noche, a - los hermanos de la capacha, para pedir limosna, y les alumbraban - llevando en su boca una linterna. - - [544] Hoy los indefinidos _uno_, _otro_ no suelen llevar - artículo, cuando forman una cláusula distributiva de más de - dos miembros; v. BELLO, _Gr._ § 1172. Nótese que el repetir la - preposición para empezar la enumeración es familiar. En el estilo - limado de hoy se repetiría colocándola al fin del primer miembro - de la enumeración: «en las camas estaban: un alquimista en una, - en otra un poeta», etc., o mejor simplemente, «un alquimista, un - poeta», etc. - - [545] Alquimista era el químico antiguo que se empeñaba en hallar - la piedra filosofal, o sea cierta sustancia con la cual pudiese - componer y sacar artificialmente el oro de otros minerales. - - [546] Los arbitristas eran economistas ramplones, que se - dedicaban a imaginar _arbitrios_ o proyectos tan sencillos como - disparatados, con los que pretendían curar los más complicados - males de la hacienda y la administración de los últimos reyes - de la casa de Austria. El nombre noble para designar a los - hacendistas era el de _políticos_. La palabra _economista_ es - sólo de nuestros días. - - [547] Igual observación que en la nota 544 de la pág. 262. Hoy _de - uno_. - - [548] Ars poet. 388. «Nonumque prematur in annum, membranis intus - positis.» - - [549] Esto es, que le había costado veinte años de _ocupación_, y - que había _pasado_ más de los diez años consabidos esperando la - publicidad; a esta espera la llama con juego de palabras estado - _de pasante_. - - [550] _Sujeto_ por ‘asunto’ pasa hoy por galicismo a ojos de - muchos. Cervantes dice en otro lugar: «dar sujeto a sus versos». - - [551] _Brial_, túnica usada en la antigüedad por hombres y - mujeres. _La demanda del Santo Brial_, en lugar del _Santo Grial_ - (véase página 230, n. 463), es desatino intencionado, como lo es - el decir que el arzobispo Turpín escribió la historia de Artús - (véase página 233, n. 475). - - [552] Es decir, sin valerse para el consonante del verso de las - fáciles terminaciones esdrújulas que ofrece la conjugación, como - _mandábamos_, _mandándome_, _mándale_, etc. - - [553] De la confusión de las dos expresiones _poco se me alcanza_ - + _poco entiendo_, resultó la frase extraña, de Cervantes, _poco - se me entiende_. - - [554] La construcción: _manando en oro_, es resultado de la - confusión de las dos frases _manando oro_ y _nadando en oro_, - sin que tenga nada que ver con la construcción intransitiva del - latín: «culter manans _sanguine_». El _Guzmán de Alfarache_, por - ejemplo, dice: «todos manábamos oro.» - - [555] _Potencia propincua_, ‘posibilidad próxima, a pique, muy - cerca’. - - [556] _El punto fijo_ o _de longitud_ es el medio de determinar - exactamente la longitud en alta mar. Como resolver el problema de - la longitud en las cartas de marear era tan interesante para las - grandes navegaciones de los españoles y portugueses, el gobierno - de Felipe III ofreció varios premios a los que hicieran este - hallazgo; siendo muchos los que gastaban su vida en tal estudio, - que entonces parecía quimérico e imposible, dado el atraso de las - ciencias y que aun para Newton fué irresoluble. - - [557] ‘Cuando menos lo pienso’. El _Diccionario de Autoridades_ - dice: «_Cuando menos se cata_ o _cuando no se cata_, frases para - explicar una cosa impensada, que sucede cuando menos se espera o - piensa.» - - [558] _Carnero_ es la sepultura común destinada en los - cementerios a los cadáveres que no tienen enterramiento propio. - Díjose de _carne_, como _osero_ o _huesera_ de hueso, sitio - destinado en los cementerios a amontonar los huesos. Covarrubias - añade: «y los papeles que no son de provecho, y por ser antiguos - no se queman, poniéndolos en alguna parte retirada, dicen - _echarlos en el carnero_; a imitación del de los muertos.» Esta - frase no está en el Diccionario Académico. - - [559] _Reduzga_ por _reduzca_, es forma extraña de conjugar los - incoativos que se conserva hoy en _yazgo_ al lado de _yazco_. - Nació por analogía con verbos tales como _valgo_, _tengo_, etc. - - [560] La población de la Península a principios del siglo XVII, - antes de la expulsión de los moriscos, se calcula en nueve - millones y pico. (DON JOSÉ GARCÍA BARZANALLANA, _La población de - España_, pág. 19.) - - [561] _Al menorete_ equivale a ‘por lo bajo, por lo poco’. - - [562] Hoy se escribe _aechar_, limpiar en el harnero las - semillas, quitándoles el polvo, paja y piedras. - - [563] El demostrativo _tal_ tiene aquí valor del indefinido - _alguno_. Nótese la elipsis siguiente _que (el ayunar) le fuese - conveniente_. - - [564] _Riyo_, _riyes_ llevaba una _y_ eufónica para evitar el - hiato: _río_, _ríes_. - - - - -DON FRANCISCO DE MONCADA - -(1586-1635) - - -La _Expedición de los Catalanes y Aragoneses contra Turcos y Griegos_ -fué escrita en 1620, pero no se publicó sino en 1623. - -Aunque floreció este autor ya en el siglo XVII, no hallamos en él -rastros del gusto literario de su época; pertenece por su estilo al -siglo XVI, pues se inspira visiblemente en la guerra de Granada de -Mendoza. - -Es, como él, sentencioso y conciso, pero no extrema tanto la brevedad -en el decir, ni su estilo es afectadamente cortado; nótese la -amplitud extraordinaria de la frase en todo el Prólogo. El lenguaje -de Moncada tiene aspecto muy semejante al moderno, gracias a la -trabazón más perfecta de las cláusulas, hija de las condiciones -naturales del autor más que de estudio y esmero, ya que el trabajo de -corrección y lima se descubre poco en esta obra, según se echa de ver -en descuidos tales como el señalado en la página 272, nota 566. - -No obstante se descubre en el tono general cierta ligera afectación, -por ejemplo, en lo muy a menudo que relega el verbo al fin de la -frase. - - - EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES - CONTRA TURCOS Y GRIEGOS - - PRÓLOGO - -Mi intento es escribir la memorable expedición y jornada que los -catalanes y aragoneses hicieron a las provincias de levante, cuando -su fortuna y valor andaban compitiendo en el aumento de su poder y -estimación: llamados por Andrónico Paleólogo, emperador de griegos, -en socorro y defensa de su imperio y casa: favorecidos y estimados -en tanto que las armas de los turcos le tuvieron casi oprimido, y -temió su perdición y ruina; pero, después que por el esfuerzo de -los nuestros quedó libre dellas, maltratados y perseguidos con gran -crueldad y fiereza bárbara, de que nació la obligación natural de -mirar por su defensa y conservación, y la causa de volver sus fuerzas -invencibles contra los mismos griegos y su príncipe Andrónico; las -cuales fueron tan formidables, que causaron temor y asombro a los -mayores príncipes de Asia y Europa, perdición y total ruina a muchas -naciones y provincias, y admiración a todo el mundo. Obra será esta, -aunque pequeña por el descuido de los antiguos, largos en hazañas, -cortos en escribirlas[565], llena de varios y extraños casos, de -guerras continuas en regiones remotas y apartadas, con varios pueblos -y gentes belicosas, de sangrientas batallas y victorias no esperadas, -de peligrosas conquistas acabadas con dichoso fin por tan pocos y -divididos catalanes y aragoneses, que al principio fueron burla de -aquellas naciones, y después instrumento de los grandes castigos que -Dios hizo en ellas. Vencidos los turcos en el primer aumento de su -grandeza otomana, desposeídos de grandes y ricas provincias de la -Asia menor, y a viva fuerza y rigor de nuestras espadas encerrados en -lo más áspero y desierto de los montes de Armenia; después, vueltas -las armas contra los griegos, en cuyo favor pasaron, por librarse de -una afrentosa muerte, y vengar agravios que no se pudieran disimular -sin gran mengua de su estimación y afrenta de su nombre, ganados por -fuerza muchos pueblos y ciudades, desbaratados y rotos poderosos -ejércitos, vencidos y muertos en campo reyes y príncipes, grandes -provincias destruídas y desiertas, muertos, cautivos o desterrados -sus moradores (venganzas merecidas más que lícitas), Tracia, -Macedonia, Tesalia y Beocia penetradas y pisadas, a pesar de todos -los príncipes y fuerzas del oriente, y últimamente, muerto a sus -manos el duque de Atenas con toda la nobleza de sus vasallos y de los -socorros de franceses y griegos, ocupado su estado, y en él fundado -un nuevo señorío. - -En todos estos sucesos no faltaron traiciones, crueldades, robos, -violencias y sediciones; pestilencia común, no sólo de un ejército -colectivo y débil por el corto poder de la suprema cabeza, pero de -grandes y poderosas monarquías. Si como vencieron los catalanes a -sus enemigos, vencieran su ambición y codicia, no excediendo los -límites de lo justo, y se conservaran unidos, dilataran sus armas -hasta los últimos fines del oriente, y viera Palestina y Jerusalén -segunda vez las banderas cruzadas. Porque su valor y disciplina -militar, su constancia en las adversidades, sufrimiento en los -trabajos, seguridad en los peligros, presteza en las ejecuciones, -y otras virtudes militares, las tuvieron en sumo grado[566], en -tanto que la ira no las pervirtió; pero el mismo poder que Dios les -entregó para castigar y oprimir tantas naciones, quiso que fuese -el instrumento de su propio castigo. Con la soberbia de los buenos -sucesos, desvanecidos con su prosperidad, llegaron a dividirse en -la competencia del gobierno; divididos[567], a matarse; con que -se encendió una guerra civil tan terrible y cruel, que causó sin -comparación mayores daños y muertes que las que tuvieron con los -extraños. - - - Descripción de los Almugávares y de su modo de pelear - -La antigüedad, madre del olvido, por quien han perecido claros hechos -y memorias ilustres, entre otras que nos dejó confusas, ha sido -el origen[568] de los almugávares; pero según lo que yo he podido -averiguar, fué de aquellas naciones bárbaras que destruyeron el -imperio y nombre de los romanos en España, y fundaron el suyo, que -largo tiempo conservaron con esplendor y gloria de grande majestad, -hasta que los sarracenos en menos de dos años le oprimieron, y -forzaron a las reliquias deste universal incendio que[569] entre -lo más áspero de los montes buscasen su defensa, donde las fieras -muertas por su mano les dieron comida y vestido. - -Pero luego su antiguo valor y esfuerzo, que el regalo y delicias -tenían sepultado, con el trabajo y fatiga se restauró[570], y -les hizo dejar las selvas y bosques, y convertir sus armas contra -moros[571], ocupadas antes en dar muerte a fieras. Con la larga -costumbre de ir divagando, nunca edificaron casas ni fundaron -posesiones; en la campaña y en las fronteras de enemigos tenían -su habitación y el sustento de sus personas y familias: despojos -de sarracenos, en cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidas, -sin otra arte ni oficio más que servir pagados en la guerra, y -cuando faltaban las que sus reyes hacían, con cabezas y caudillos -particulares, corrían las fronteras; de donde vinieron a llamar los -antiguos el ir a las correrías, _ir en almugavería_. - -Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos de su gloria o afrenta; -y como los alemanes en todos tiempos lo han usado, el vestido de -pieles de fieras, abarcas y antiparas de lo mismo. Las armas: una -red de hierro en la cabeza a modo de casco, una espada y un chuzo -algo menor de lo que se usa hoy en las compañías de arcabuceros. Pero -la mayor parte llevaban tres o cuatro dardos arrojadizos; era tanta -la presteza y violencia con que los despedían de sus manos, que -atravesaban hombres y caballos armados; cosa al parecer dudosa, si -Desclot y Muntaner[572] no lo refirieran, autores graves de nuestras -historias, adonde largamente se trata de sus hechos, que pueden -igualar con los muy celebrados de romanos y griegos. - -Carlos, Rey de Nápoles, puestos ante su presencia algunos prisioneros -almugávares, admirado de la vileza del traje y de las armas, al -parecer inútiles, contra los cuerpos de hombres y caballos armados, -dijo con algún desprecio que si eran aquellos los soldados con que -el rey de Aragón pensaba hacer la guerra. Replicóle uno dellos, -libre siempre el ánimo para la defensa de su reputación: «Señor, si -tan viles te parecemos y estimas en tan poco nuestro poder, escoge -un caballero de los más señalados de tu ejército, con las armas -ofensivas y defensivas que quisiere; que yo te ofrezco con sola mi -espada y dardo de pelear en campo con él.» Carlos, con deseo de -castigar la insolencia del almugávar, aplazó el desafío y quiso -asistir y ver la batalla. Salió un francés con su caballo armado de -todas piezas, lanza, espada y maza para combatir, y el almugávar con -sola su espada y dardo. Apenas entraron en la estacada, cuando le -mató el caballo, y queriendo hacer lo mismo de su dueño, la voz del -Rey le detuvo, y le dió por vencedor y por libre. Otro almugávar en -esta misma guerra, a la lengua del agua[573], acometido de veinte -hombres de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros muchos -hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia el -tratar de otra largamente. - -La duda que se ofrece sólo es del hombre, si fué de nación o de -milicia en sus principios. Tengo por cosa cierta que fué de nación, y -para asegurarme más en esta opinión, tengo a George Pachimerio[574], -autor griego, cuyos fragmentos dan mucha luz a toda esta historia, -que llama a los almugávares descendientes de los avares, compañeros -de los hunos y godos; y aunque no se hallará autor que opuestamente -lo contradiga, por muchas leyes de las _Partidas_ se colige -claramente que el nombre de almugávar era nombre de milicia, y el -ser esto verdad no contradice lo primero, porque entrambas cosas -pueden haber sido; en su principio, como Pachimerio dice, fué de -nación; pero después, como no ejercitaran los almugávares otra arte -ni oficio, vinieron ellos a dar nombre a todos los que servían en -aquel modo de milicia, así como muchas artes y ciencias tomaron -el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho que hubiese quien se -agregase a los almugávares, milicia de tanta fatiga y peligro, sin -ser de su nación[575], porque la inclinación natural les hacía -seguir la profesión de los padres; ni hay hombre que, pudiendo -escoger, siguiese milicia que desde la primera edad se ocupase con -tanto riesgo de la vida, descomodidad y continuo trabajo. Nicéforo -Gregoras[576] dice que almugávar es nombre que dan a toda su -infantería los latinos (así llaman los griegos a todas las naciones -que tienen a su poniente); pero no hay para qué contradecir con -razones falsedad tan manifiesta, y más contra un autor tan poco -advertido en nuestras cosas como Nicéforo. - - -NOTAS - - [565] Imitación de Mariana, quien en el Prólogo de su historia - dice: «España, más abundante en hazañas que en escritores...» En - las enumeraciones que siguen, recuerda este prólogo de Moncada al - de Hurtado de Mendoza, a quien especialmente imita. - - [566] Esta frase está construída con gran descuido e - inconsecuencia. Deben borrarse los dos primeros _su_, escritos - por Moncada, pensando dar otra conclusión a la frase, que luego - olvidó. Tal como la termina hay que leer: «porque valor y - disciplina militar, constancia, etc...» - - [567] Participio absoluto y elipsis del verbo; la frase completa - sería: «una vez divididos _llegaron_ a matarse». - - [568] _Origen_ es el predicado de _ha sido_, en lugar de - _memoria_, que va anticipado. La frase completa sería: _ha sido - la del origen_. - - [569] Hoy se diría: «forzaron _a_ que buscasen»; Moncada suprimió - quizá la preposición, porque la precedía otra con el acusativo - «_a_ las reliquias.» - - [570] Aunque Moncada suele poner el verbo en plural cuando tiene - varios sujetos, aquí usa el singular, porque _valor y esfuerzo_ - son una mera redundancia, y como el adjetivo _antiguo_ les - precede, y, por lo tanto, ha de ir en singular, contribuye más a - presentarlo a la imaginación como sujeto único y no doble. - - [571] El castellano antiguo no usaba artículo con los nombres de - naciones: «desamparó a castellanos»; «mucho plogo a castellanos.» - - [572] Bernardo Desclot y Ramón Muntaner, cronistas catalanes de - la Edad Media. La historia del primero llega hasta la muerte de - Pedro III el Grande, 1285, y la de Muntaner hasta Jaime II. - - [573] «Lengua del agua», orilla, tierra que el agua lame con sus - ondas. - - [574] Autor de la historia de Andrónico Paleólogo. - - [575] Este razonamiento contradícelo Desclot, cap. 79, quien - afirma que los almugávares eran de varias naciones, a pesar de - que en su tiempo vivían únicamente de entradas y robos en tierra - de sarracenos: «e son Catalans e Aragonesos e Serrayns». - - [576] Autor de una Historia Bizantina. - - - - -DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS - -(1580-1645) - - -Su _Política de Dios_ fué publicada en 1626; en igual año, la _Vida -del Buscón_; los dos _Sueños_ titulados: las _Zahurdas de Plutón_ y -la _Visita de los Chistes_ en 1627, y el _Marco Bruto_ en 1644. - -El siglo XVI había adornado el lenguaje con el período amplio y -la frase fluida y encadenada. Fray Luis de Granada y Fray Luis de -León, habían adiestrado en su uso la prosa doctrinal; Cervantes, la -prosa narrativa. Sólo en los historiadores (sobre todo en Mendoza, -bastante menos en Mariana) se advertía la opuesta tendencia, a la -frase cortada y breve. Esta manera especial de los historiadores -obedecía, según se ha dicho, a la imitación de Salustio y Tácito, -y como en el siglo XVII abundan, al par de los historiadores, los -escritores moralistas, que se inspiraban habitualmente en las obras -de Séneca el filósofo, cuajadas de sentencias, antítesis y simetrías, -de ahí que, contrastando con el lenguaje del siglo XVI, predomine -en el del XVII la frase elíptica. Era ésta la forma apropiada para -el estilo _conceptuoso_ que entonces predominó entre los prosistas -(contrario al que dominó en los poetas, el _culterano_); la cláusula -corta se prestaba muy especialmente para exponer los _conceptos_, que -así llamaban a la comparación primorosa de dos ideas que mutuamente -se esclarecen, y en general todo pensamiento agudo enunciado de -una manera rápida y picante. Lo que principalmente buscaba el -conceptista al escribir, era hacer gala de agudeza e ingenio, por -eso muestra gusto especial por las metáforas forzadas, asociaciones -anormales de ideas, transiciones bruscas, y gusto por los contrastes -violentos en que se funda todo humorismo, que humoristas son los -grandes escritores de este siglo, Quevedo y Gracián. En estos -autores geniales, el conceptismo aparece lleno de profundidad, la -frase encierra más ideas que palabras (al revés del culteranismo, -que prodiga más las palabras que las ideas); pero en los autores de -orden inferior de este siglo la agudeza suele estribar únicamente -en lo rebuscado del pensamiento, en equívocos triviales y en -estrambóticas comparaciones. El siglo XVI fué el de esplendor de la -prosa castellana, el XVII es ya de decadencia; y uno de los síntomas -de ésta es precisamente el buscar como principal sazón de la obra -literaria el artificio y la agudeza. - -Quevedo es el representante más notable del estilo propio de los -autores del siglo XVII y el maestro de casi todos ellos. Es un genio, -aunque un genio de la decadencia; modelo en la expresión siempre -penetrante y enérgica, en el lenguaje satírico lleno de ironía y -escarnio, en el chiste pronto y centelleante, en los abultados rasgos -con que esboza los tipos caricaturescos de sus obras festivas y las -tétricas fantasías burlescas de sus _Sueños_. El defecto que a veces -echa a perder el estilo de Quevedo es la exageración del ingenio, -la originalidad extravagante, la oscuridad del concepto; como dice -Fernández Guerra: «hacen sudar sus genialidades y agudezas, y sobre -todo su lenguaje es tan idiótico y exquisito, que pone a prueba, para -sólo entenderlo a veces, a los talentos más ejercitados en el estudio -de nuestro riquísimo idioma». - -En su lenguaje se mezclan el artificio literario con la castiza -llaneza popular; su vocabulario, al par que abunda en términos -técnicos y pedantescos, es de los más ricos en toda clase de términos -vulgares, sin que retroceda ante lo más grosero y soez, ofreciéndonos -así mezcladas las reminiscencias de la poderosa cultura del autor con -la vena genial de su inspiración picaresca. - -En el manejo de los caudales de la lengua, muestra Quevedo soltura -y desenfado tan magistral, que halla siempre en ella instrumento -dócil a sus más sutiles y extrañas ocurrencias; se doblegan a los -caprichos de su imaginación lo mismo la sintaxis que la significación -de las voces, a las que frecuentemente da un valor convencional y -de ocasión, o las leyes de composición de las palabras, pues las -forja nuevas siempre que las echa de menos para lograr un efecto -cómico, creando así un diccionario burlesco suyo propio, lleno de -voces tales como _titulecer_, remedo de amanecer; _disparatario_, por -vocabulario de disparates; _pretenmuela_, cuando no le parece propio -usar «pretendiente», y otros innumerables, algunos de los cuales -forman parte de nuestro lenguaje ordinario. La invención de Quevedo -en el vocabulario de burlas la continúan otros autores de este siglo, -Gracián por ejemplo, en el vocabulario de las ideas abstractas; y -de esta labor de enriquecimiento y neologismo proviene la mayor -parte del caudal de la lengua moderna que hoy hablamos. La riqueza -heredada, que el lenguaje del siglo XVI ostentaba como único tesoro, -parecía ya escasa. - - - POLÍTICA DE DIOS Y GOBIERNO DE CRISTO - - En esta obra dirige Quevedo a Felipe IV reglas de buen gobierno - fundadas en los textos de la Biblia. Aquí, comentando a San - Lucas, VII, y San Mateo, XI, da las señas ciertas del verdadero - rey. - -Envió San Juan sus mensajeros a Cristo, que le preguntaron si era el -que había de venir, el que esperaban, el Mesías prometido, el rey -Dios y hombre. Bien sabía San Juan que era Jesús el prometido, y que -no había que esperar a otro: no aguardó a nacer para declararlo[577]. -¿Por qué, pues, manda a sus discípulos el Precursor santísimo que -de su parte le pregunten a Cristo lo que él sabía? La materia fué -la más grave que dispuso el Padre Eterno, y que obró el Espíritu -Santo, y que ejecutó el amor del Hijo: tratábase de dar a entender -al mundo con demostración que Jesús era hombre y Dios, el rey ungido -que prometieron los Profetas; quiso[578] que su pregunta enseñase con -la respuesta de Cristo lo que no podía tener igual autoridad en sus -palabras. Literalmente lo probaré con el texto sagrado. - -Preguntaron a Jesús si era el prometido, el que había de venir; y -Cristo respondió con obras sin palabras; pues luego resucitó muertos, -dió vista a ciegos, pies a tullidos, habla a los mudos, salud a los -enfermos, libertad a los poseídos del demonio; y después dijo: «Id y -diréis a Juan que los muertos resucitan, los ciegos ven, los mudos -hablan, los tullidos andan, los enfermos guarecen.» Quien a todos da -y a nadie quita; quien a todos da lo que les falta; quien a todos da -lo que han menester y desean, ese Rey es, ese es el Prometido, es el -que se espera, y con él no hay más que esperar. Pobladas están de -coronas y cetros estas acciones. No dijo: «Yo soy rey»; sino mostróse -rey. No dijo: «Yo soy el Prometido»; sino cumplió lo prometido. No -dijo: «No hay que esperar a otro»; sino obró de suerte, que no dejó -que esperar de otro. - -Sacra, Católica, Real Majestad[579], bien puede alguno mostrar -encendido su cabello en corona ardiente en diamantes, y mostrar -inflamada su persona con vestidura, no sólo teñida, sino embriagada -con repetidos hervores de la púrpura; y ostentar soberbio el cetro -con el peso del oro, y dificultarse a la vista remontado en trono -desvanecido[580], y atemorizar su habitación con las amenazas bien -armadas de su guarda[581]; llamarse rey, y firmarse rey; mas serlo y -merecer serlo, si no imita a Cristo en dar a todos lo que les falta, -no es posible, Señor. Lo contrario, más es ofender que reinar. - -Quien os dijere que vos no podéis hacer estos milagros, dar vista y -pies, y vida, y salud, y resurrección y libertad de opresión de malos -espíritus, ese os quiere ciego, y tullido, y muerto, y enfermo, y -poseído de su mal espíritu. Verdad es que no podéis, Señor, obrar -aquellos milagros; mas también lo es que podéis imitar sus efectos. -Obligado estáis a la imitación de Cristo. Si os descubrís donde os -vea el que[582] no dejan que pueda veros, ¿no le dais vista? Si -dais entrada al que necesitando de ella se la negaban, ¿no le dais -pies y pasos? Si oyendo a los vasallos, a quien[583] tenía oprimido -el mal espíritu de los codiciosos, los remediais, ¿no les dais -libertad de tan mal demonio? Si oís al que la venganza y el odio -tiene condenado al cuchillo o al cordel, y le hacéis justicia, ¿no -resucitáis un muerto? Si os mostráis padre de los huérfanos y de -las viudas, que son mudos, y para quien todos son mudos, ¿no les -dais voz y palabras? Si socorriendo los[584] pobres, y disponiendo -la abundancia con la blandura del gobierno, estorbáis la hambre y -la peste, y en una y otra todas las enfermedades, ¿no sanáis a los -enfermos? Pues, ¿cómo, Señor, estos malsines de la doctrina de Cristo -os acreditarán los milagros de esta imitación, que sola os puede -hacer rey verdaderamente, y pasar la majestad de los cortos límites -del nombre? Por esto, soberano Señor, dijo Cristo: «Mayor testimonio -tengo que Juan Bautista, porque las obras que hago dan testimonio de -mí.» Y reconociendo esto San Juan, no dijo lo que sabía, sino mandó -a sus discípulos le preguntasen quién era, para que respondiendo sus -obras viese el mundo mayor testimonio que el suyo. - -Pues si no puede ser buen rey, imitador del verdadero Rey de los -reyes, el que no diere a los suyos salud, vida, ojos, lengua, pies y -libertad, ¿qué será el que les quitare todo esto? Será, sin duda, mal -espíritu, enfermedad, ceguera y muerte. Considere Vuestra Majestad -si los que os apartan de hacer estos milagros quieren ellos solos -veros y que los veáis; acompañaros siempre; que no habléis con otros, -y que otros no os hablen; que no obréis salud y vida y libertad, -sino con ellos; y sin otra advertencia conoceréis que os ciegan, y -os enferman, y os tullen, y os enmudecen; y os hallaréis obseso de -malos espíritus vos, cuyo oficio es obrar en todos los vuestros lo -contrario. - -¡Insensatos electores de imperios son los nueve meses! Quien debe la -majestad a las anticipaciones del parto y a la primera impaciencia -del vientre, mucho hace si se acuerda, para vivir como rey, de -que nació como hombre. Pocos tienen por grandeza ser reyes por el -grito de la comadre; pocos, aun siendo tiranos, se atribuyen a la -naturaleza: todos lo hacen deuda a sus méritos. Dichoso es quien -nace para ser rey, si reinando merece serlo; y no se merece sino -con la imitación de las obras con que Cristo respondió que era rey. -El angélico Doctor Santo Tomás, en el opúsculo _De la enseñanza -del príncipe_, dice que si los monarcas, que están en la mayor -altura y encima de todos, no son como el fieltro, que defiende de -las inclemencias del tiempo al que le lleva encima, son como las -inclemencias, diluvios y piedra sobre las espigas que cogen debajo. -Lleva el vasallo el peso del rey a cuestas como las armas, para -que le defienda, no para que le hunda. Justo es que recompense, -defendiendo, el ser llevado y el ser carga. - - - VIDA DE MARCO BRUTO - - Haciendo amplios comentarios al texto de la Vida de Bruto, - escrita por Plutarco, supone que el matador de César pronuncia - ante el pueblo esta oración: - -«Ciudadanos de Roma: Las guerras civiles, de compañeros de Julio -César os hicieron vasallos; y esta mano, de vasallos os vuelve a -compañeros. La libertad que os dió mi antecesor Junio Bruto contra -Tarquino, os da Marco Bruto contra Julio César. De este beneficio -no aguardo vuestro agradecimiento, sino vuestra aprobación. Yo -nunca fuí enemigo de César, sino de sus designios; antes tan -favorecido[585], que en haberle muerto fuera el peor de los ingratos, -si no hubiera sido el mejor de los leales. No han sido sabidoras de -mi intención la envidia ni la venganza. Confieso que César, por su -valentía y por su sangre, y su eminencia en la arte militar y en -las letras, mereció que le diese vuestra liberalidad los mayores -puestos; mas también afirmo que mereció la muerte, porque quiso -antes tomároslos con el poder de darlos, que merecerlos: por esto -no lo he muerto sin lágrimas. Yo lloré lo que él mató en sí, que -fué la lealtad a vosotros, la obediencia a los Padres; no lloré su -vida, porque supe llorar su alma. Pompeyo dió la muerte a mi padre; -y aborreciéndole[586] como a homicida suyo, luego que contra Julio -en defensa de vosotros tomó las armas, le perdoné el agravio, seguí -sus órdenes, milité en sus ejércitos, y en Farsalia me perdí con -él[587]. Llamóme con suma benignidad César, prefiriéndome en las -honras y beneficios a todos. He querido traeros estos dos sucesos a -la memoria, para que veáis que ni en Pompeyo me apartó de vuestro -servicio mi agravio, ni en César me granjearon contra vosotros -las caricias y favores. Murió Pompeyo por vuestra desdicha: vivió -César por vuestra ruina: matéle yo por vuestra libertad. Si esto -juzgáis por delito[588], con vanidad le confieso; si por beneficio, -con humildad os le propongo. No temo el morir por mi patria; que -primero decreté mi muerte que la de César. Juntos estáis, y yo -en vuestro poder; quien se juzgare indigno de la libertad que le -doy, arrójeme su puñal, que a mí me será doblada gloria morir por -haber muerto al tirano. Y si os provocan a compasión las heridas -de César, recorred todas vuestras parentelas, y veréis cómo por él -habéis degollado vuestros linajes, y los padres con la sangre de -los hijos, y los hijos con la de sus padres, habéis[589] manchado -las campañas y calentado los puñales. Esto, que no pude estorbar y -procuré defender[590], he castigado. Si me hacéis cargo de la vida de -un hombre, yo os le hago de la muerte de un tirano. Ciudadanos: si -merezco pena, no me la perdonéis; si premio, yo os le perdono.» - - - LAS ZAHURDAS DE PLUTÓN - - El autor finge en este _Sueño_ que, dejando el camino - desagradable y solitario de la virtud, se pasa a otro atestado de - gente de todas condiciones que por él corría; encarece el humor - agradable y entretenido de estos pasajeros, y pondera su contento - de ir en compañía tan reverenda y honrada. - -Mas duróme poco, porque oí decir a mis espaldas: «¡Dejen pasar -los boticarios!»[591]--¿Boticarios pasan?--dije yo entre mí--; al -infierno vamos. Y fué así, porque al punto nos hallamos dentro por -una puerta como[592] de ratonera, fácil de entrar[593], e imposible -de salir por ella. - -Y fué de ver que nadie en todo el camino dijo: «Al infierno vamos»; -y todos, estando en él, dijeron muy espantados: «¡En el infierno -estamos!» ¿En el infierno?--dije yo muy afligido--; ¡no puede ser! -Quíselo poner a pleito; comencéme a lamentar de las cosas que dejaba -en el mundo: los parientes, los amigos, los conocidos, las damas; -y estando llorando esto, volví la cara hacia el mundo, y vi venir -por el mismo camino, despeñándose a todo correr, cuanto[594] había -conocido allá, poco menos. Consoléme algo en ver esto, y que, según -se daban priesa a llegar al infierno, estarían conmigo presto. - -Comenzóseme a hacer áspera la morada y desapacibles los zaguanes. -Fuí entrando poco a poco entre unos sastres que se me llegaron, que -iban medrosos de los diablos. En la primera entrada hallamos siete -demonios escribiendo los que íbamos entrando. Preguntáronme mi -nombre; díjele y pasé. Llegaron a mis compañeros, y dijeron que eran -remendones, y dijo uno de los diablos: «Deben entender los remendones -en el mundo que no se hizo el infierno sino para ellos, según se -vienen por acá.» Preguntó otro diablo cuántos eran; respondieron -que ciento, y replicó un verdugo mal barbado entrecano: «¿Ciento, -y sastres? No pueden ser tan pocos; la menor partida que habemos -recibido ha sido de mil y ochocientos. En verdad que estamos por no -recibirles.» Afligiéronse ellos; mas al fin entraron. Ved cuáles -son los malos, que es para ellos amenaza el no dejarlos entrar en -el infierno. Entró el primero[595] un negro, chiquito, rubio, de -mal pelo; dió un salto en viéndose allá, y dijo: «Ahora acá estamos -todos.» Salió de un lugar, donde estaba aposentado, un diablo de -marca mayor[596], corcovado y cojo; y arrojándolos en una hondura -muy grande, dijo: «Allá va leña.» Por curiosidad me llegué a él y le -pregunté de qué estaba corcovado y cojo, y me dijo (que era diablo -de pocas palabras): «Yo era recuero de remendones. Iba por ellos al -mundo, y de traerlos a cuestas me hice corcovado y cojo; he dado en -la cuenta, y hallo que se vienen mucho más apriesa que yo los puedo -traer.» En esto hizo otro vómito dellos el mundo, y hube de entrarme -porque no había donde estar ya allí, y el monstruo infernal empezó a -traspalar, y diz que es la mejor leña que se quema en el infierno, -remendones de todo oficio, gente que sólo tiene bueno ser enemiga de -novedades. - -Pasé adelante por un pasadizo muy escuro, cuando por mi nombre me -llamaron. Volví a la voz los ojos, casi tan medrosa como ellos, y -hablóme un hombre, que por las tinieblas no pude divisar más de lo -que la llama que le atormentaba me permitía. «¿No me conoce? me dijo; -a...» (ya lo iba a decir) y prosiguió tras su nombre:... «el librero? -Pues yo soy. ¡Quién tal pensara!» Y es verdad, Dios, que yo siempre -lo sospeché, porque era su tienda el burdel de los libros... «¿Qué -quiere?--me dijo viéndome suspenso--pues es tanta mi desgracia que -todos se condenan por las malas obras que han hecho, y yo y algunos -libreros nos condenamos por las obras malas que hacen los otros, y -por lo[597] que hicimos barato de los libros en romance y traducidos -del latín, sabiendo ya con ellos los tontos lo que encarecían en -otros tiempos los sabios; que ya hasta el lacayo latiniza, y hallarán -a Horacio en castellano en la caballeriza.» Más iba a decir, sino -que un demonio le comenzó a atormentar con humazos de hojas de sus -libros, y otro a leerle alguno dellos. Yo, que vi que ya no hablaba, -fuíme adelante, diciendo entre mí: Hay quien se condena por obras -malas ajenas, ¿qué harán los que las hicieran propias? - -En esto iba, cuando en una gran zahurda andaban mucho número -de ánimas gimiendo, y muchos diablos con látigos y zurriagas -azotándolos[598]. Pregunté qué gente eran, y dijeron que no eran sino -cocheros; y dijo un diablo lleno de cazcarrias, romo y calvo, que -quisiera más (a manera de decir) lidiar con lacayos; porque había -cochero de aquellos que pedía aun dineros por ser atormentado, y que -la tema de todos era que habían de poner pleito a los diablos por el -oficio, pues no sabían chasquear los azotes tan bien como ellos... - -Y lleguéme a unas bóvedas donde comencé a tiritar de frío y dar -diente con diente, que me helaba. Pregunté, movido de la novedad -de ver frío en el infierno, qué era aquello; y salió a responder -un diablo zambo, con espolones y grietas, lleno de sabañones, y -dijo: «Señor, este frío es de que en esta parte están recogidos los -bufones, truhanes y juglares, chocarreros hombres por demás[599] -y que sobran en el mundo, y que están aquí retirados, porque si -anduvieran por el infierno sueltos, su frialdad es tanta, que -templaría el dolor del fuego.» Pedíle licencia para llegar a verlos; -diómela, y calofriado llegué y vi la más infame casilla del mundo, -y una cosa que no habrá quien lo crea, que se atormentaban unos -a otros con las gracias que habían dicho acá. Y entre los bufones -vi muchos hombres honrados que yo había tenido por tales; pregunté -la causa, y respondióme un diablo que eran aduladores, y que por -esto eran bufones de entre cuero y carne[600]. Y repliqué yo, cómo -se condenaban, y me respondieron: «Gente es que se aviene acá sin -avisar, a mesa puesta y a cama hecha como en su casa. Y en parte los -queremos bien, porque ellos se son diablos para sí y para otros, y -nos ahorran de trabajos, y se condenan a sí mismos; y por la mayor -parte en vida los más ya andan con marca del infierno, porque el que -no se deja arrancar los dientes por dinero, se deja matar hachas en -las nalgas o pelar las cejas; y así, cuando acá los atormentamos, -muchos dellos después de las penas sólo echan menos las pagas...» - -Y volviendo vi un hombre asentado en una silla a solas, sin fuego, -ni hielo, ni demonio, ni pena alguna, dando las más desesperadas -voces que oí en el infierno, llorando el propio corazón, haciéndose -pedazos a golpes y a vuelcos. ¡Válgame Dios!--dije en mi alma, ¿de -qué se queja éste no atormentándole nadie? Y él cada punto doblaba -sus alaridos y voces. «Dime, dije yo: ¿qué eres y de qué te quejas, -si ninguno te molesta, si el fuego no te arde[601] ni el hielo te -cerca?»--«¡Ay!, dijo dando voces, que la mayor pena del infierno es -la mía: ¿verdugos te parece que me faltan? ¡Triste de mí, que los más -crueles están entregados a mi alma! ¿No los ves?», dijo; y empezó a -morder la silla y a dar vueltas alrededor y gemir; «vélos, que sin -piedad van midiendo a descompasadas culpas eternas penas. ¡Ay, qué -terrible demonio eres, memoria del bien que pude hacer, y de los -consejos que desprecié y de los males que hice! ¡Qué representación -tan continua! Déjasme tú, y sale el entendimiento con imaginaciones -de que hay gloria que pude gozar, y que otros gozan a menos costa que -yo mis penas! ¡Oh, qué hermoso que pintas el cielo, entendimiento, -para acabarme! Déjame un poco siquiera. ¿Es posible que mi voluntad -no ha de tener paz conmigo un punto? ¡Ay, huésped, y qué tres llamas -invisibles, y qué sayones incorpóreos me atormentan en las tres -potencias del alma! Y cuando éstos se cansan, entra el gusano de la -conciencia, cuya hambre en comer del alma nunca se acaba: vesme aquí -miserable y perpetuo alimento de sus dientes.» Y diciendo esto, -salió[602] la voz: «¿Hay en todo este desesperado palacio quien -trueque sus almas y sus verdugos a[603] mis penas? Así, mortal, pagan -los que supieron en el mundo, tuvieron letras y discurso, y fueron -discretos; ellos se son infierno y martirio de sí mismos.» Tornó -amortecido a su ejercicio con más muestras de dolor. Apartéme de él -medroso, diciendo: ¡Ved de lo que sirve caudal de razón y doctrina -y buen entendimiento mal aprovechado! ¡Quién se lo vió[604] llorar -sólo, y tenía dentro de su alma aposentado el infierno? - - - VISITA DE LOS CHISTES - - En este _Sueño_ el autor ve en el Infierno a varios personajes - que se nombran en frases hechas. Entrevista con Don Enrique de - Villena. - -Descubrióse una grandísima redoma de vidrio, dijéronme que llegase, -y vi jigote, que se bullía[605] en un ardor terrible, y andaba -danzando por todo el garrafón, y poco a poco se fueron juntando -unos pedazos de carne y unas tajadas, y déstas se fué componiendo -un brazo, un muslo y una pierna, y al fin se coció y enderezó[606] -un hombre entero. De todo lo que había visto y pasado me olvidé, -y esta visión me dejó tan fuera de mí, que no me diferenciaba de -los muertos. ¡Jesús mil veces!, dije, ¿qué hombre es éste, nacido -en guisado, hijo de una redoma? En esto oí una voz que salía de la -vasija, y dijo: «¿Qué año es éste?»--«De seiscientos y veinte y dos», -respondí.--«Este año esperaba yo.»--«¿Quién eres, dije, que, parido -de una redoma, hablas y vives?»--«¿No me conoces?, dijo; la redoma -y las tajadas ¿no te advierten que soy aquel famoso nigromántico -de Europa?[607] ¿No has oído decir que me hice tajadas dentro de -una redoma para ser inmortal?»--«Toda mi vida lo he oído decir, le -respondí; mas túvelo por conversación de la cuna y cuento de entre -dijes y babador. ¿Qué tú eres? Yo confieso que lo más que llegué a -sospechar fué que eras algún alquimista que penabas en esa redoma, o -algún boticario; todos mis temores doy por bien empleados por haberte -visto.»--«Sábete, dijo, que mi nombre no fué del título que me da -la ignorancia[608], aunque tuve muchos; sólo te digo que estudié -y escribí muchos libros, y los míos quemaron, no sin dolor de los -doctos.»--«Sí me acuerdo, dije yo: oído he decir que estás enterrado -en un convento de religiosos; mas hoy me he desengañado.»--«Ya que -has venido aquí, dijo, desatapa esa redoma.» Yo empecé a hacer fuerza -y a desmoronar tierra con que estaba enlodado el vidrio de que era -hecha, y díjome: «espera; dime primero: ¿hay mucho dinero en España? -¿En qué opinión está el dinero? ¿Qué fuerza alcanza? ¿Qué crédito? -¿Qué valor?» Respondíle: «No han descaecido las flores de las Indias, -aunque los extranjeros han echado unas sanguijuelas desde España al -cerro del Potosí, con que se van restañando las venas, y a chupones -se empezaron a secar las minas.»--«¿Ginoveses andan a la zacapela -con el dinero?, dijo él; vuélvome jigote. Hijo mío, los ginoveses -son lamparones del dinero, enfermedad que procede de tratar con -gatos[609]. Y vese que son lamparones, porque sólo el dinero que va a -Francia[610] no admite ginoveses en su comercio. ¿Salir tenía yo[611] -andando esos usagres de bolsas por las calles? No digo yo hecho -jigote en redoma, sino hecho polvos en salvadera quiero estar antes -que verlos hechos dueños de todo.»--«Señor nigromántico, repliqué yo, -aunque esto es así, han dado en adolecer de caballeros en teniendo -caudal, úntanse de señores, y enferman de príncipes; y con esto y los -gastos y empréstidos[612] se apolilla la mercancía y se viene todo -a repartir en deudas y locuras. La verdad adelgaza y no quiebra, en -esto se conoce que los ginoveses no son verdad, porque adelgazan y -quiebran.»--«Animádome has, dijo, con eso. Dispondréme a salir desta -vasija, como primero me digas en qué estado está la honra en el -mundo.»--«Mucho hay que decir en esto, le respondí yo; tocado has una -tecla del diablo: todos tienen honra y todos son honrados, y todos lo -hacen todo caso de honra. Hay honra en todos estados, y la honra se -está cayendo de su estado, y parece que está ya siete estados debajo -de tierra. Si hurtan, dicen que por conservar esta negra de honra, y -que quieren más hurtar que pedir. Si piden, dicen que por conservar -esta negra honra, y que es mejor pedir que no hurtar. Si levantan un -testimonio, si matan a uno, lo mismo dicen; que un hombre honrado -antes se ha de dejar morir entre dos paredes que sujetarse a nadie, -y todo lo hacen al revés. Y al fin en el mundo todos han dado en la -cuenta, y llaman honra a la comodidad; y con presumir de honrados y -no serlo, se ríen del mundo.»--«El diablo puede salir a vivir en ese -mundecillo, dijo el. Considérome yo a los hombres con unas honras -títeres que chillan, bullen y saltan; que parecen honras, y mirado -bien son andrajos y palillos. ¿El no decir verdad será mérito? ¿El -embuste y la trapaza caballería? ¿Y la insolencia donaire? Honrados -eran los españoles cuando podían decir deshonestos y borrachos a los -extranjeros; mas andan diciendo aquí malas lenguas que ya en España -ni el vino se queja de mal bebido ni los hombres mueren de sed. En -mi tiempo no sabía el vino por dónde subía a las cabezas, y ahora -parece que se sube hacia arriba... Dime, ¿hay letrados?»--«Hay plaga -de letrados, dije yo; no hay otra cosa sino letrados; porque unos -lo son por oficio, otros lo son por presunción, otros por estudio, -y déstos pocos; y otros (éstos son los más) son letrados porque -tratan con otros más ignorantes que ellos (en esta materia hablaré -como apasionado), y todos se graduan de dotores y bachilleres, -licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien tratan que -por las universidades; y valiera más a España langosta perpetua que -licenciados al quitar.»--«Por ninguna cosa saldré de aquí, dijo el -nigromántico. ¿Eso pasa? Ya yo los temía, y por las estrellas alcancé -esa desventura; y por no ver los tiempos que han pasado embutidos de -letrados me avecindé en esta redoma, y por no los verme quedaré hecho -pastel en bote.» Repliqué: «En los tiempos pasados, que la justicia -estaba más sana, tenía menos dotores, y hála sucedido lo que a los -enfermos, que cuantas más juntas de dotores se hacen sobre él, más -peligro muestra y peor le va, sana menos y gasta más. La justicia, -por lo que tiene de verdad, andaba desnuda; ahora anda empapelada -como especias. Un Fuero Juzgo con su _maguer_ y su _cuemo_, y -_conusco_ y _faciamus_, era todas las librerías; y aunque son voces -antiguas, suenan con mayor propiedad, pues llaman sayón al alguacil, -y otras cosas semejantes. Ahora ha entrado una cáfila de Menoquios, -Surdos y Fabros, Farinacios y Cujacios, consejos y decisiones y -responsiones y lecciones y meditaciones; y cada día salen autores, y -cada uno con tres volúmenes: _Doctoris Putei_, I, 6, volúmenes 1, 2, -3, 4, 5, 6 hasta 15. _Licenciati Abbatis de Usuris_, _Petri Cusqui -in Codicem_, _Rupis_, _Brutiparcin_, _Castani_, _Montocanense de -Adulterio et Parricidio_, _Cornazano_, _Rocabruno_, etc. Los letrados -todos tienen un cimenterio por librería, y por ostentación andan -diciendo: tengo tantos cuerpos; y es cosa brava que las librerías -de los letrados todas son cuerpos sin alma, quizá por imitar a sus -amos. No hay cosa en que no nos dejen tener razón; sólo lo que no -dejan tener a las partes es el dinero, que le quieren ellos para sí. -Y los pleitos no son sobre si lo que deben a uno se lo han de pagar -a él; que eso no tiene necesidad de preguntas y respuestas: los -pleitos son sobre que el dinero sea de letrados y del procurador, sin -justicia, y la justicia sin dinero, de las partes. ¿Queréis ver que -tan malos son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera -porfías; y si no hubiera porfías, no hubiera pleitos; y si no hubiera -pleitos, no hubiera procuradores; y si no hubiera procuradores, no -hubiera enredos; y si no hubiera enredos, no hubiera delitos; y si no -hubiera delitos, no hubiera alguaciles; y si no hubiera alguaciles, -no hubiera cárcel; y si no hubiera cárcel, no hubiera jueces; y si no -hubiera jueces, no hubiera pasión; y si no hubiera pasión, no hubiera -cohecho. Mirad la retahila de infernales sabandijas que se produce de -un licenciadito, lo que disimula una barbaza[613] y lo que autoriza -una gorra. Llegaréis a pedir un parecer, y os dirán: Negocio es de -estudio; diga vuesa merced, que ya estoy al cabo; habla la ley en -propios términos.--Toman un quintal de libros, dánle dos bofetadas -hacia arriba y hacia abajo, y leen de priesa, arremedando un abejón, -luego dan un gran golpe con el libro patas arriba sobre una mesa, -muy esparrancado de capítulos, y dicen: En el propio caso habla -el jurisconsulto. Vuesa merced me deje los papeles; que me quiero -poner bien en el hecho del negocio, y téngalo por más que bueno, y -vuélvase por acá mañana en la noche; porque estoy escribiendo sobre -la tenuta de Trasbarras; mas, por servir a vuesa merced, lo dejaré -todo. Y cuando al despediros le queréis pagar (que es para ellos la -verdadera luz y entendimiento del negocio que han de resolver), dice, -haciendo grandes cortesías y acompañamientos: ¡Jesús, señor! Y entre -Jesús y señor, alarga la mano, y para gastos de pareceres se emboca -un doblón.»--«No he de salir de aquí (dijo el nigromántico) hasta -que los pleitos se determinen a garrotazos; que en el tiempo que por -falta de letrados se determinaban las causas a cuchilladas, decían -que el palo era alcalde[614], y de ahí vino: _Júzguelo el alcalde de -palo_. Y si he de salir ha de ser sólo a dar arbitrio a los reyes -del mundo, que quien quisiere estar en paz y rico, me pague los -letrados a su enemigo para que lo embelequen y roben y consuman. -Dime, ¿hay todavía Venecia en el mundo?»--«Sí la hay, dije yo; no hay -otra cosa sino Venecia y venecianos.»--«¡Oh! dóila al diablo (dijo -el nigromántico) por vengarme del mismo diablo, que no sé que pueda -darla a nadie sino por hacerle mal. Es república esa, que mientras -que no tuviere conciencia durará, porque si restituye lo ajeno no le -queda nada. ¡Linda gente!, la ciudad fundada en el agua, el tesoro -y la libertad en el aire, la deshonestidad en el fuego; y al fin es -gente de quien huyó la tierra[615], y son narices de las naciones -y el albañal de las monarquías por donde purgan las inmundicias de -la paz y de la guerra; y el turco los permite por hacer mal a los -cristianos, los cristianos por hacer mal a los turcos, y ellos, por -poder hacer mal a unos y a otros, no son moros ni cristianos, y así -dijo uno dellos mismos en una ocasión de guerra, para animar a los -suyos contra los cristianos. ¡Ea, que antes fuisteis venecianos que -cristianos! Dejemos eso, y dime: «¿hay muchos golosos de valimientos -de los hombres del mundo?»--«Enfermedad es (dije yo) esa de que todos -los reinos son hospitales.» Y él replicó: «Antes casas de orates -entendí yo; mas según la relación que me haces, no me he de mover -de aquí. Mas quiero que tú les digas a esas bestias que en albarda -tienen la vanidad y ambición, que los reyes y príncipes son azogue -en todo. Lo primero, el azogue, si le quieren apretar, se va; así -sucede a los que quieren tomarse con los reyes más mano[616] de lo -que es razón. El azogue no tiene quietud; así son los ánimos por la -continua mareta de negocios. Los que tratan y andan con el azogue, -todos andan temblando; así han de hacer los que tratan con los reyes, -temblar delante dellos de respeto y temor, porque si no, es fuerza -que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en España, -que es la postrera curiosidad que he de saber; que me quiero volver -a jigote, que me hallo mejor?» «Murió Filipo III», dije yo.--«Fué -santo rey y de virtud incomparable (dijo el nigromántico), según leí -yo en las estrellas pronosticado.»--«Reina Filipo IV días há», dije -yo.--«¿Eso pasa? (dijo). ¿Qué, ya ha dado el tercero cuarto para la -hora que yo esperaba?» Y diciendo y haciendo subió por la redoma, y -la trastornó y salió fuera. Iba diciendo y corriendo: «Más justicia -se ha de hacer ahora por un Cuarto que en otros tiempos por doce -millones.» - -Yo quise partir tras él, cuando me asió del brazo un muerto, y dijo: -«Déjale ir; que nos tenía con cuidado a todos; y cuando vayas al otro -mundo di que Agrages estuvo contigo, y que se queja que le levantéis: -_Agora lo veredes_[617]. Yo soy Agrages: mira bien que no he dicho -tal; que a mí no se me da nada que ahora ni nunca lo veáis; y siempre -andáis diciendo: _Agora lo veredes, dijo Agrages_. Sólo ahora que -a tí y al de la redoma os oí decir que reinaba Filipo IV, digo -que ahora lo veredes. Y pues soy Agrages, _agora lo veredes, dijo -Agrages_.» - - - VIDA DEL BUSCÓN LLAMADO DON PABLOS - EJEMPLO DE VAGABUNDOS Y ESPEJO DE TACAÑOS - - El buscón cuenta cómo estuvo en pupilaje con un compañero suyo de - escuela, hijo de un notable segoviano. - -Determinó, pues, Don Alfonso de poner a su hijo en pupilaje: lo -uno por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado. -Supo que había en Segovia un licenciado Cabra, que tenía por oficio -de criar hijos de caballeros, y envió allá el suyo y a mí para -que le acompañase y sirviese. Entramos primer domingo después de -Cuaresma en poder de la hambre viva, porque tal laceria no admite -encarecimiento. El era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, -una cabeza pequeña, pelo bermejo. No hay más que decir[618] para -quien sabe el refrán que dice, ni gato ni perro de aquella color. Los -ojos avecinados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos; -tan hundidos y escuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de -mercaderes; la nariz entre Roma y Francia...; las barbas descoloridas -de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que -amenazaba comérselas; los dientes le faltaban no sé cuántos, y pienso -que por holgazanos y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate -largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba a -buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos -como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de media abajo, parecía -tenedor, o compás con dos piernas largas y flacas; su andar muy de -espacio; si se descomponía algo, se sonaban los huesos como tablillas -de San Lázaro[619]; la habla ética; la barba grande, por nunca se la -cortar[620], por no gastar; y él decía que era tanto el asco que le -daba ver las manos del barbero por su cara, que antes se dejaría -matar que tal permitiese; cortábale los cabellos un muchacho de los -otros. Traía un bonete los días de sol, ratonado con mil gateras, -y guarniciones de grasa; era de cosa que fué paño, con los fondos -de caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no -se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían -por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca -parecía negra, y desde lejos entre azul; llevábala sin ciñidor; no -traía cuello ni puños; parecía, con los cabellos largos y la sotana -mísera y corta, lacayuelo[621] de la muerte. Cada zapato podía ser -tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él: -conjuraba los ratones, de miedo que no le royesen algunos mendrugos -que guardaba; la cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado, -por no gastar las sábanas; al fin, era archipobre y protomiseria. -A poder, pues, déste vine y en su poder estuve con Don Diego, y la -noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una plática -corta, que por no gastar tiempo no duró más; díjonos lo que habíamos -de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora del comer; fuímos -allá: comían los amos primero, y servíamos los criados. El refitorio -era un aposento como un medio celemín; sustentábanse a una mesa hasta -cinco caballeros. Yo miré lo primero por los gatos, y como no los -vi, pregunté que cómo no los había a un criado antiguo, el cual, de -flaco, estaba ya con la marca del pupilaje. Comenzó a enternecerse, y -dijo: «¿Cómo gatos? Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son -amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que -sois nuevo.» - -Yo con esto me comencé a afligir, y más me asusté cuando advertí que -todos los que de antes vivían en el pupilaje estaban como leznas, -con unas caras que parecían se afeitaban con diaquilón. Sentóse el -licenciado Cabra y echó la bendición; comieron una comida eterna, -sin principio ni fin; trajeron caldo en unas escudillas de madera, -tan claro, que en comer una dellas peligraba Narciso más que en la -fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado -tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra -a cada sorbo: «Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo -que dijeren; todo lo demás es vicio y gula.» Acabando de decillo, -echóse su escudilla a pechos[622], diciendo: «Todo esto es salud y -otro tanto ingenio.» ¡Mal ingenio te acabe! decía yo entre mí, cuando -vi un mozo, medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en -las manos, que parecía la había quitado de sí mismo. Venía un nabo -aventurero a vueltas, y dijo el maestro: «¿Nabos hay? No hay para -mí perdiz que se le iguale: coman, que me huelgo de vellos comer.» -Repartió a cada uno tan poco carnero, que en lo que se les pegó a las -uñas y se les quedó entre los dientes pienso que se consumió todo, -dejando descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba, -y decía: «Coman, que mozos son, y me huelgo de ver sus buenas ganas.» -Mire vuesa merced qué buen aliño para los que bostezaban de hambre. - -Acabaron de comer, y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en el -plato unos pellejos y unos güesos; y dijo el pupilero: «Quede esto -para los criados, que también han de comer; no lo queramos todo.» -¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado, decía yo; que tal -amenaza has hecho a mis tripas! Echó la bendición, y dijo: «Ea, demos -lugar a los criados, y váyanse hasta las dos a hacer ejercicio, -no les haga mal lo que han comido.» Entonces yo no pude tener la -risa, abriendo toda la boca. Enojóse mucho, y díjome que aprendiese -modestia, y tres o cuatro sentencias viejas, y fuése. Sentámonos -nosotros; y yo, que vi el negocio mal parado, y que mis tripas pedían -justicia, como más cano y más fuerte que los otros, arremetí al -plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres mendrugos los -dos y el un[623] pellejo. Comenzaron los otros a gruñir; al ruido -entró Cabra diciendo: «Coman como hermanos, pues Dios les da con -qué; no riñan, que para todos hay.» Volvióse al sol y dejónos solos. -Certifico a vuesa merced que había uno dellos que se llamaba Surre, -vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía, que una -cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos, y entre tres no -la acertaba a encaminar de las manos a la boca. - - -NOTAS - - [577] Alusión al pasaje de San Lucas, I, 41. «et factum est, ut - audivit salutationem Mariæ Elisabeth, exultavit infans in utero - ejus.» - - [578] La omisión de las conjunciones convenientes da alguna - oscuridad al razonamiento seguido en este punto. - - [579] Este era el largo título oficial aplicado a los reyes en - tiempos de Quevedo. - - [580] «_Desvanecido_, el flaco de cabeza, o el necio, loco - presumido, o que da crédito a las lisonja.» (Covarrubias.) - - [581] «La guarda del Rey o del Príncipe, los que ciñen su persona - cuando sale en público, y en su palacio están en la antecámara.» - (Covarrubias.) Esta acepción no la da el Diccionario de la - Academia a _Guarda_, sino sólo a _Guardia_. - - [582] Aquí _el que_ hace el doble oficio de sujeto de _vea_ y de - complemento de _dejan_, en vez de separar ambos poniendo _aquel_ - como sujeto _a quien_ como complemento. - - [583] El plural _quienes_ era muy poco usado, aunque no faltan - ejemplos desde la primera mitad del siglo XVI (v. CUERVO, _Notas - a Bello_, pág. 54). - - [584] Véase atrás, pág. 200, n. 416. - - [585] El sobreentenderse una vez «_fui enemigo_ de sus designios» - y otra «_fui_ tan favorecido» quita claridad a estas elipsis. - - [586] El sujeto de esta cláusula absoluta debiera de ir expreso, - pues no se adivina hasta que, pasada la oración temporal: «luego - que tomó las armas», se llega al verbo principal «le perdoné.» - - [587] Confirmación a lo dicho en la nota 268 de la pág. 121. - - [588] Compárese lo dicho en la pág. 203, n. 421, respecto al verbo - _declarar_. - - [589] El sujeto _padres_ e _hijos_ refiérese a aquellos a quienes - habla Bruto. - - [590] En el sentido de vedar, impedir. - - [591] Véase otra vez la nota 416 de la pág. 200. - - [592] Véase pág. 167, nota 352. - - [593] Hay mezcla de dos construcciones; en una, _fácil_ es - calificativo de _puerta_ y rige al infinitivo _entrar_ (tomado - en sentido pasivo) mediante la preposición _de_: «puerta fácil - de entrar», como se dice «fácil de entender» por «fácil de - entenderse» o «de ser entendido», expresión que en latín se - haría por gerundio, «facilis ad intelligendum». En la otra - construcción, _fácil_ está en sentido neutro, como predicado del - verbo tácito, cuyo sujeto es _entrar_: «puerta que era fácil - entrar por ella.» Tenemos, pues, la suma «_puerta fácil_ de - entrar» + «_puerta por la que_ era fácil entrar.» = «_puerta - fácil_ de entrar _por ella_.» La construcción se complica luego - por el hecho de que el intransitivo _salir_ no puede tomarse, - como _entrar_, en sentido pasivo. Como si dijéramos: «cosa buena - de tratar» + «cosa acerca de la que es bueno tratar» = «cosa - buena de tratar, pero delicada de insistir sobre ella.» - - [594] Envuelve su antecedente _tanto_ o _todo_, y va en neutro - denotando la colectividad. - - [595] Adjetivo con sentido de adverbio, como en latín _primus_, - _a_, _um_, por el adverbio _primum_. Véase atrás pág. 99, nota - 213. - - [596] _Marca_ es la medida cierta del tamaño ordinario que debe - tener una cosa; «espadas de la marca», «paños de marca»; hablando - del papel se dice: «de marca menor», «de marca mayor», designando - ésta el que es de mayor tamaño que el otro, para estampar mapas, - láminas y libros grandes. - - [597] _Lo que_ equivale a ‘lo mucho que’, ‘el grado en que’. - (BELLO _Gr._, § 976.) - - [598] Considera en _ánimas_ el sentido de ‘hombres’. - - [599] _Por demás_ equivale a ‘en demasía, con exceso’; acepción - que falta en el Diccionario académico. Usaba también _además_, - véase pág. 148, nota. - - [600] «_Entre cuero y carne_, lo que no penetra, sino que es casi - superficial.» (Covarrubias.) - - [601] _Arder_, en el sentido transitivo de ‘abrasar’ fué harto - frecuente en los tiempos clásicos, pero ya en el siglo pasado lo - notaba de raro el Diccionario de Autoridades. En el Diccionario - vulgar tuvo la marca de anticuado hasta la décima edición; en la - undécima (1869) y duodécima (1884) está rehabilitado (CUERVO, - _Dicc._) El mismo Quevedo dice: - - Ícaro en senda de oro mal segura - arde sus alas por morir glorioso. - - [602] Tal vez equivale a ‘esforzó la voz’ por más que parece raro - este sentido transitivo de _salir_. - - [603] Cosa que se puede trocar _con_ otra (Nebrija). Trocar una - cosa _por_ otra (Covarrubias). - - [604] El _se_ es un reflexivo impropio, en dativo, que se usa con - ciertos transitivos para realzar la parte que el sujeto toma en - la acción, como: no sé lo que me digo. - - [605] _Bullir_ en el sentido de ‘moverse’, tiene uso reflexivo. - Santa Teresa dice: «_no osa bullirse ni menearse_.» - - [606] Usado en el sentido anticuado de _aderezar_ o guisar las - viandas. - - [607] Don Enrique de Villena fué nieto de Don Alonso, Marqués - de Villena, primer condestable de Castilla, y después Duque - de Gandía, hijo del Infante Don Pedro de Aragón. La madre de - Don Enrique fue Doña Juana, hija bastarda del Rey Don Enrique - II; «Este Don Enrique fue inclinado a las ciencias y artes mas - que a la caballeria;... dexóse correr a algunas viles o raeces - artes de adivinar e interpretar sueños y esternudos y señales, - e otras cosas tales que ni a príncipe real, e menos a católico - cristiano convenían». Murió en Madrid, de cincuenta años, a 15 de - diciembre de 1434. Depositaron su cuerpo en el convento de San - Francisco. (FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN _Generaciones y semblanzas_, - capítulo XXVIII.) El vulgo supuso que Don Enrique, por arte de - nigromancia, se había hecho picar en jigote y encerrar en una - redoma para volver a segunda vida. - - [608] Alude a la errada denominación de Marqués de Villena que - vulgarmente se aplica a Don Enrique. Un manuscrito de este - _Sueño_ tiene esta variante: «Sabe, dijo, que no fuí Marqués - de Villena, que ese título me da la inociencia: llamáronme Don - Enrique de Villena, fuí Infante de Castilla; estudié y escribí», - etc. - - [609] Quevedo usa mucho la voz _gato_ en su acepción de ‘ladrón - ratero’. - - [610] Aclara este pasaje la variante que ofrece un manuscrito: - «sólo el dinero que va a Francia sana de esos lamparones, - porque el Rey de Francia no admite ginoveses». A los reyes de - Francia les atribuía el pueblo la milagrosa virtud de curar los - lamparones o escrófulas. - - [611] Esto es: «¿había de salir yo?» Los verbos _haber_ y _tener_ - alternan en su uso de auxiliares, pero aquí es de notar la - ausencia de la preposición _de_. - - [612] Anticuado, por _empréstito_. - - [613] Parece que toma la barba como característica de los - letrados: en esto debe fundarse el refrán: _callen barbas y - hablen cartas_. De la gorra dice Covarrubias: «Llamaron medias - gorras aquellas cuya faldilla caía derecha la mitad, y cubría - el pestorejo, y las orejas, y con una toquilla que formaba una - rosa en medio de la coronilla y ésta era cobertura de letrados y - consejeros de los Reyes. Esto está ya mudado, porque empezaron a - levantar un pedazo de la copa de la gorra..., luego la empinaron - toda, de suerte que della al sombrero hay poca diferencia.» - - [614] En el sentido anticuado de ‘_juez_’. - - [615] Alude a la fundación de Venecia. - - [616] Tener mano con uno, tener poder y valimiento con él. - - [617] Agrages, sobrino de la Reina Elisena, madre de Amadis de - Gaula e hijo del Rey Languines, es uno de los héroes del famoso - libro de _Amadis_, cuya lectura, muy común entre próceres e - hidalgos en los siglos XV y XVI, llevó al público el adagio en - fórmula de amenaza que se ridiculiza en este lugar. - - [618] COVARRUBIAS dice: «Son temidos los bermejos por cautelosos - y astutos, como lo insinua Marcial... Y bermegía vale tanto como - agudeza maliciosa extraordinaria y perjudicial.» - - [619] Los lazarinos, que padecían la lepra llamada mal de San - Lázaro, pedían limosna, haciendo ruido con unas tablillas o - tejuelas. - - [620] Véase atrás, pág. 173, n. 364. - - [621] «_Lacayo_, el mozo de espuelas que va delante del señor - cuando va a caballo. Es vocablo alemán introducido en España - por la venida del rey Filipo, que antes no se había usado.» - COVARRUBIAS. - - [622] «Echarse un cántaro de agua a pechos, beber con mucha sed.» - COVARRUBIAS. - - [623] En estas fórmulas partitivas se suprime hoy el artículo - ante el numeral. - - - - -EL P. BALTASAR GRACIÁN - -(† 1658) - - -Publicó en 1650, con el nombre de Lorenzo Gracián, la primera parte -de su novela filosófica _El Criticón_, y en 1653, la segunda. _El -Discreto_, colección de retratos morales, apareció en 1646. - -Este profundo escritor, diestro conocedor de la naturaleza humana, -tan gustado por los filósofos y moralistas franceses y alemanes en -los siglos XVII y XVIII, pertenece, por su estilo, a la escuela -de Quevedo, de quien era gran admirador. Era, como dice Menéndez -y Pelayo, «talento de estilista de primer orden, maleado por la -decadencia literaria; pero, así y todo, el segundo de aquel siglo en -originalidad de invenciones fantástico-alegóricas, en estro satírico, -en alcance moral, en bizarría de expresiones nuevas y pintorescas, -en _humorismo_ profundo y de ley...; el que quiera hacerse dueño de -las inagotables riquezas de nuestra lengua, tiene todavía mucho que -aprender en _El Criticón_, aun después de haber leído a Quevedo». - -Es quizá el escritor más conciso de nuestra literatura. Su laconismo -es casi siempre de admirar; lo profesaba como una de las principales -reglas de su estilo: _lo bueno, si breve, dos veces bueno; más -obran quintas esencias que fárragos_; por esto sus obras brillan -principalmente en la abundancia de máximas morales, animadas por un -espíritu de profunda observación. Pero cayó en las exageraciones -de todos los conceptistas, mirando como única fuente de belleza -el concepto agudo, variado de mil artificiosas maneras: «Son -los conceptos, escribía, vida del estilo, espíritu del decir, y -tanto tienen de perfección cuanto de sutileza. Hase de procurar -que las _proposiciones_ hermoseen el estilo, los _misterios_ le -hagan preñado, las _alusiones_ disimulado, los _empeños_ picante, -las _ironías_ le den sal, las _crisis_ hiel, las _paranomasias_ -donaire, las _sentencias_ gravedad, las _semejanzas_ lo fecunden y -las _paridades_ lo realcen; pero todo esto con un grano de acierto: -que todo lo sazona la cordura.» Esta le faltó a menudo, haciéndole -caer en los extremos del ingenio y dando a su expresión oscuridad -enigmática. - -Lo mismo que Quevedo, maneja el lenguaje con gran libertad, empleando -compuestos y derivados nuevos, y en sus obras se hallarán palabras -desusadas en el siglo XVI, principalmente abstractas, que los -culteranos y conceptistas introducían entonces en la lengua para -la expresión desembarazada de pensamientos generales. Como ejemplo -pueden recordarse: _reagudo_ ‘el que se pasa de listo’, _conrey_, -_conreynar_ ‘conregnare’, _improporción_, _incomprensibilidad_, -_exorbitancia_, _desautorizado_, _integérrimo_, etc. - - - EL DISCRETO - NO ESTAR SIEMPRE DE BURLAS. SÁTIRA. - -Es muy seria la prudencia, y la gravedad concilia veneración de dos -extremos; más seguro es el genio majestuoso. El que siempre está -de burlas nunca es hombre de veras, y hay algunos que siempre lo -están, tiénenlo por ventaja de discreción y le afectan; que no hay -monstruosidad sin padrino; pero no hay mayor desaire que el continuo -donaire. Su rato han de tener las burlas; todos los demás las veras. -El mismo nombre de sales está avisando cómo se han de usar. Hase de -hacer distinción de tiempos, y mucho más de personas. El burlarse con -otro es tratarle de inferior, y a lo más, de igual, pues se le aja el -decoro y se le niega la veneración. - -Estos tales nunca se sabe cuándo hablan de veras, y así los igualamos -con los mentirosos, no dándoles crédito a los unos por recelo de -mentira, y a los otros de burla. Nunca hablan en juicio, que es tanto -como no tenerle, y más culpable, porque no usar de él por no querer, -más es que por no poder, y así no se diferencia de los faltos sino -en ser voluntarios, que es doblada monstruosidad. Obra en ellos la -liviandad lo que en los otros el defecto; un mismo ejercicio tienen, -que es entretener y hacer reír, unos de propósito, otros sin él. - -Otro género hay aún más enfadoso por lo que tiene de perjudicial, -y es de aquellos que en todo tiempo y con todos están de fisga. -Aborrecibles monstruos, de quienes huyen todos más que del bruto de -Esopo, que cortejaba a coces y lisonjeaba a bocados. Entre fisga y -gracia van glosando la conversación, y lo que ellos tienen por punto -de galantería es un verdadero desprecio de lo que los otros dicen, -y no sólo no es graciosidad, sino una aborrecible frialdad. Lo que -ellos presumen de gracia es un prodigioso enfado de los que tercian. -Poco a poco se van empeñando hasta ser murmuradores cara a cara. Por -decir una gracia os dirán un convicio, y éstos son de quien Cicerón -abominaba, que por decir un dicho pierden un amigo o lo entibian; -ganan fama de decidores y pierden el crédito de prudentes. Pásase el -gusto del chiste y queda la pena del arrepentimiento: lloran por lo -que hicieron reír. Estos no se ahorran, ni con el más amigo ni con el -más compuesto, y es notable que jamás se les ofrece la prontitud en -favor, sino en sátira; tienen siniestro el ingenio. - -Este, con otros defectos infelices, nace de poca sustancia y acompaña -la liviandad. En hombres de gran puesto se censuran más, y, aunque -los hace en algún modo gratos al vulgo por la llaneza, pone a peligro -el decoro con la felicidad; que como ellos no la guardan a los otros, -ocasionan el recíproco atrevimiento. - -Es connatural en algunos el donoso genio. Dotóles de esta gracia -la naturaleza, y si con la cordura se templase, sería prenda, y -no defecto. Un grano de donosidad es plausible realce en el más -autorizado; pero dejarse vencer de la inclinación en todo tiempo es -venir a parar en hombre de dar gusto por oficio, sazonador de dichos -y aparejador de la risa; si en una cómica novela se condena por -impropiedad el introducirse siempre chanceando a Davo, y que entre -lo grave de la enseñanza o lo serio de la reprensión del padre al -hijo mezcle él su gracejo, ¿qué será, sin ser Davo, en una grave -conversación estar chanceando? Será hacer farsa con risa de sí mismo. - -Hay algunos que, aunque le pese a Minerva, afectan la graciosidad, -y como en ellos es postiza, ocasiona antes enfado que gusto, y si -consiguen el hacer reír, más es fisga de su frialdad que agrado de -su donaire. Siempre la afectación fué enfadosa, pero en el gracejo, -intolerable, porque sumamente enfada, y queriendo hacer reír, -queda ella por ridícula, y si comúnmente viven desacreditados los -graciosos, ¿cuánto más los afectados, pues con su frialdad doblan el -precio? - -Hay donosos y hay burlescos, que es mucha la diferencia. El varón -discreto juega también en esta pieza del donaire, no la afecta, y -esto en su sazón; déjase caer como al descuido un grano de esta sal, -que se estimó más que una perla, raras veces, haciéndole salva a la -cordura y pidiéndole al decoro la venia. Mucho vale una gracia en su -ocasión. Suele ser el atajo del desempeño. Sazonó esta sal muchos -desaires. Cosas hay que se han de tomar de burlas, y tal vez las que -el otro más de veras. Único arbitrio de cordura, hacen juego del más -encendido fuego. - -Pesado es el extremo de los muy serios, y poco plausible Catón con -su bando, pero venerado; rígida será la de los compuestos y cuerdos; -pocos la siguen, muchos la reverencian, y aunque causa la gravedad -pesadumbre, pero no desprecio. - -Que es de ver uno de estos destemplados de agudeza, siniestros de -ingenio, chancear aún en la misma muerte; que si los sabios mueren -como cisnes, éstos como grajos, gracejando mal y porfiando. De esta -suerte un Carvajal mostró cuán rematada había sido su vida. - -Los hombres cuerdos y prudentes siempre hicieron muy poca merced a -las gracias, y una sola bastaba para perder la real del Católico -prudente. Súfrense mejor unos a otros los necios, o porque no -advierten o porque se semejan. Mas el varón prudente no puede -violentarse, si no es que tercie la dependencia. - - - EL CRITICÓN - PARTE I, CRISI VI - - Visitando Critilo y Andrenio el mundo, buscan en vano, como - Diógenes, algún hombre. Sátira de la que abandonan toda - aspiración práctica por entregarse a ilusiones exageradas y vanas. - -En busca iban de los hombres, sin poder descubrir uno, cuando al cabo -de rato y cansancio toparon con medio, un medio hombre y medio fiera; -holgóse tanto Critilo cuanto se inmutó Andrenio, preguntando: «¿Qué -monstruo es éste tan extraño?»--«No temas, respondió Critilo, que -éste es más hombre que los mismos, éste es el maestro de los reyes -y el rey de los maestros, éste es el sabio Quirón. ¡Oh, qué bien -nos viene y cuán a la ocasión! Pues él nos guiará en esta primera -entrada del mundo, y nos enseñará a vivir, que importa mucho a los -principios.» Fuése para él saludándole, y correspondió el Centauro -con doblada humanidad; díjole como iban en busca de los hombres, -y que después de haber dado cien vueltas, no habían podido hallar -uno tan sólo».--«No me espanto, dijo él, que no es éste siglo de -hombres, digo, aquellos famosos de otros tiempos. ¿Qué, pensabais -hallar ahora un don Alonso el Magnánimo, en Italia; un Gran Capitán, -en España; un Enrico IV, en Francia, haciendo corona de su espada y -de sus guarniciones lises? Ya no hay tales héroes en el mundo, ni -aun memoria dellos.»--«¿No se van haciendo?», replicó Andrenio.--«No -llevan traza, y para luego es tarde; pues de verdad que ocasiones no -han faltado.»--«¿Cómo no se han hecho, preguntó Critilo?»--«Porque se -han deshecho; hay mucho que decir en ese punto, ponderó el Quirón; -unos lo quieren ser todo, y al cabo son menos que nada; valiera -más no hubieran sido. Dicen también que corta mucho la envidia con -las tijerillas de Tomeras. Pero yo digo que ni es eso ni esotro, -sino que mientras el vicio prevalezca, no campeará la virtud, y sin -ella no puede haber grandeza heroica. Creedme que esta Venus tiene -arrinconadas a Belona y a Minerva en todas partes, y no trata ella -sino con viles herreros, que todo lo tiznan y todo lo yerran. Al -fin no nos cansemos, que él no es siglo de hombres eminentes, ni -en las armas, ni en las letras. Pero decidme, ¿dónde los habéis -buscado?» Y Critilo: «¿dónde los habemos de buscar sino en la tierra? -¿No es ésta su patria y su centro?»--«Qué bueno es eso, dijo el -Centauro; ¡mirá cómo los habíais de hallar! No los habéis de buscar -ya en todo el mundo, que ya han mudado de hito; nunca está quieto -el hombre, con nada se contenta.»--«Pues menos los hallaremos en -el cielo», dijo Andrenio.--«Menos, que no están ya ni en cielo ni -en tierra.»--«Pues ¿dónde los habemos de buscar?»--«Dónde? En el -aire.»--«¿En el aire?»--«Sí, que allí se han fabricado castillos en -el aire, torres de viento donde están muy encastillados, sin querer -salir de su quimera.»--«Según eso, dijo Critilo, todas sus torres -vendrán a ser de confusión, y por no ser Ianos de prudencia, les -picarán las cigüeñas manuales, señalándolos con el dedo, y diciendo: -¿éste no es aquel hijo de aquel otro? De suerte que con lo que ellos -echaron a las espaldas los demás les darán en el rostro.»--«Otros -muchos, prosiguió el Quirón, se han subido a las nubes, y aun hay -quien, no levantándose del polvo, pretende tocar con la cabeza en -las estrellas. Paséanse no pocos por los espacios imaginarios, -camaranchones de su presunción. Pero la mayor parte hallaréis acullá -sobre el cuerno de la luna, y aun pretenden subir más alto, si -pudieran.»--«Tiene razón, voceó Andrenio, acullá están, allá los -veo, y aun allí andan empinándose, tropezando unos y cayendo otros, -según las mudanzas suyas y de aquel planeta, que ya les hace una -cara y ya otra, y aun ellos también no cesan entre sí de armarse -zancadillas, cayendo todos con más daño que escarmiento.»--«¡Hay -tal locura!, repetía Critilo. ¿No es la tierra su lugar propio del -hombre, su principio y su fin? ¿No les fuera mejor conservarse en -este medio, y no querer encaramarse con tan evidente riesgo? ¿Hay tal -disparate?»--«Sí, lo es grande, dijo el semihombre, materia de harta -lástima para unos y de risa para otro, ver que el que ayer no se -levantaba de la tierra ya le parece poco un palacio, ya habla sobre -el hombro el que ayer llevaba la carga en él; el que nació entre -las malvas pide los artesones de cedro; el desconocido de todos hoy -desconoce a todos; el hijo tiene el puntillo de los muchos que dió su -padre; el que ayer no tenía para pasteles asquea el faisán; blasona -de linajes el de conocido solar, el vos es señoría; todos pretenden -subir y ponerse sobre los cuernos de la luna, más peligrosos que los -de un toro, pues estando fuera de su lugar, es forzoso dar abajo con -ejemplar infamia.» - - - - -D. FRANCISCO MANUEL DE MELO - -(1611-1667) - - -Publicó el año de 1645 su _Historia de los movimientos y separación -de Cataluña, y de la guerra entre la Majestad Católica de Don Felipe -el IV y la Diputación General de aquel Principado_. - -Aunque Melo era natural de Lisboa, su lenguaje es castizo y elegante -castellano, modelo en la expresión feliz y acertada. Multitud de -portugueses de los siglos XVI y XVII miraban como suya propia a -nuestra lengua. - -La dicción de Melo, breve, cortada y aforística, recuerda al tan -imitado Mendoza, que es su modelo; también, como éste, se inspira en -Tácito, de quien copia el corte general de su Prólogo. Pero no queda, -como Moncada, restringido a estos modelos antiguos; Melo pertenece de -lleno, por su estilo, al gusto del siglo XVII, y es un imitador de -Quevedo; aunque esto se ve más en sus otras obras (_Las tres musas_, -_Política militar_, _Eco político_), también resalta en la _Guerra de -Cataluña_, donde abundan las frases henchidas de pensamientos agudos -y profundos, las metáforas audaces e ingeniosas. - -En el arte de la historiografía, representa una tendencia más -decidida a retratar con superior viveza y realidad los hechos de -que había sido testigo presencial, y, sobre todo, a caracterizar los -personajes, ayudándose para esto hasta de las arengas, que en la -pluma de otros historiadores no servían sino de mero adorno retórico: -«Procuro no faltar a la imitación de los sujetos cuando hablo por -ellos, ni a la semejanza cuando hablo de ellos; en inquirir y -retratar afectos, pocos han sido más cuidadosos; si lo he conseguido, -dicha ha sido de la experiencia que tuve de casi todos los hombres de -que trato; he deseado mostrar sus ánimos, no los vestidos de seda, -lana o pieles, sobre que tanto se desveló un historiador grande de -estos años, estimado en el mundo.» Pero entiéndase que esta mayor -profundidad a que aspira Melo, no va guiada hacia un fin científico -de exactitud, sino hacia un ideal puramente literario, deseando con -ese análisis de caracteres dar más interés dramático a su historia; -por lo demás, para lograr efectos artísticos, calla la verdad o -la violenta sin escrúpulo, como hacían todos los historiadores a -la manera clásica; por ejemplo: Melo, buscando el interés para su -relato, puso artificiosamente como primer estallido de la revolución -el tumulto que ensangrentó las calles de Barcelona el día del Corpus -de 1640, con cuya descripción formó una de las páginas más hermosas -de su obra, de la que aquí incluímos un extracto, y, sin embargo, -para concertar en ella el efecto, hubo de callarse que hacía ya -treinta y siete días que los disturbios habían comenzado[624]. - - - HISTORIA DE LA GUERRA DE CATALUÑA - LIBRO I, PÁRRAFOS 79 A 99 - - Estalla la revolución en Barcelona el 7 de junio de 1640 - -Había entrado el mes de junio, en el cual, por uso antiguo de la -provincia, acostumbran bajar de toda la montaña hacia Barcelona -muchos segadores, la mayor parte hombres disolutos y atrevidos que -lo más del año viven desordenadamente, sin casa, oficio o habitación -cierta; causan de ordinario movimientos e inquietud en los lugares -donde los reciben; pero la necesidad precisa de su trato, no -consiente que se les prohiba; temían las personas de buen ánimo su -llegada, juzgando que las materias presentes podrían dar ocasión a su -atrevimiento en perjuicio del sosiego público. - -Entraban, comúnmente, los segadores en vísperas del Corpus, y se -habían anticipado aquel año algunos; también su multitud, superior a -los pasados, daba más que pensar a los cuerdos, y con mayor cuidado -por las observaciones que se hacían de sus ruines pensamientos. - -El de Santa Coloma, avisado de esta novedad, procuró, previniéndola, -estorbar el daño que ya antevía: comunicólo a la ciudad, diciendo le -parecía conveniente a su devoción y festividad que los segadores -fuesen detenidos, porque con su número no tomase algún mal -propósito el pueblo, que ya andaba inquieto; pero los conselleres -de Barcelona (así llaman los ministros de su magistrado; consta de -cinco personas), que casi se lisonjeaban de la libertad del pueblo, -juzgando de su estruendo habría de ser la voz que más constante -votase el remedio de su república, se excusaron con que los segadores -eran hombres llanos y necesarios al manejo de las cosechas; que el -cerrar las puertas de la ciudad, causaría mayor turbación y tristeza; -que quizá su multitud no se acomodaría a obedecer la simple orden -de un pregón. Intentaban con esto poner espanto al Virey para que -se templase en la dureza con que procedía; por otra parte, deseaban -justificar su intención por cualquier suceso. - -Pero el Santa Coloma ya imperiosamente les mostró con claridad la -peligrosa confusión que los aguardaba en recibir tales hombres; -empero volvió el magistrado por segunda respuesta que ellos no se -atrevían a mostrar a sus naturales tal desconfianza; que reconocían -parte de los efectos de aquel recelo; que mandaban armar algunas -compañías de la ciudad para tenerla sosegada; que donde su flaqueza -no alcanzase, supliese la gran autoridad de su oficio, pues a su -poder tocaba hacer ejecutar los remedios que ellos sólo podían -pensar y ofrecer. Estas razones detuvieron al conde, no juzgando por -conveniente rogarles con lo que no podía hacerles obedecer, o también -porque ellos no entendiesen eran tan poderosos, que su peligro o su -remedio podía estar en sus manos. - -Amaneció el día en que la Iglesia católica celebra la institución -del Santísimo Sacramento del altar; fué aquel año el 7 de junio; -continuóse por toda la mañana la temida entrada de los segadores. -Afirman que hasta dos mil, que con los anticipados hacían más de dos -mil y quinientos hombres, algunos de conocido escándalo; dícese que -muchos, a la prevención y armas ordinarias, añadieron aquella vez -otras, como que advertidamente fuesen venidos para algún hecho grande. - -Entraban y discurrían por la ciudad; no había por todas sus calles -y plazas sino corrillos y conversaciones de vecinos y segadores; en -todos se discurría sobre los negocios entre el rey y la provincia, -sobre la violencia del Virey, sobre la prisión del diputado y -concejeros, sobre los intentos de Castilla y, últimamente, sobre -la libertad de los soldados; después, ya encendidos de su enojo -paseaban llenos de silencio por las plazas, y el furor oprimido de -la duda forcejaba por salir, asomándose a los efectos, que todos -se reconocían rabiosos e impacientes; si topaban algún castellano, -sin respetar su hábito o puesto, lo miraban con mofa y descortesía, -deseando incitarlos al ruido; no había demostración que no prometiese -un miserable suceso... - -Señalábase entre todos los sediciosos uno de los segadores, hombre -facineroso y terrible, al cual queriendo prender, por haberle -conocido, un ministro inferior de la justicia, hechura y oficial del -Monredón (de quien hemos dicho), resultó desta contienda ruido entre -los dos; quedó herido el segador, a quien ya socorría gran parte de -los suyos. Esforzábase más y más uno y otro partido, empero siempre -ventajoso el de los segadores. Entonces algunos de los soldados -de milicia que guardaban el palacio del Virey, tiraron hacia el -tumulto, dando a todos más ocasión de remedio. A este tiempo rompían -furiosamente en gritos: unos pedían venganzas; otros, más ambiciosos, -apellidaban la libertad de la patria; aquí se oía: «¡Viva Cataluña -y los catalanes!» Allí otros clamaban: «¡Muera el mal gobierno de -Felipe!» Formidables resonaron la primera vez estas cláusulas en -los recatados oídos de los prudentes; casi todos los que no las -ministraban las oían con temor, y los más no quisieran haberlas oído. -La duda, el espanto, el peligro, la confusión, todo era uno; para -todo había su acción, y en cada cual cabían tan diferentes efectos; -sólo los ministros reales y los de la guerra lo esperaban, iguales en -el celo. Todos aguardaban por instantes la muerte (el vulgo furioso, -pocas veces para sino en sangre); muchos, sin contener su enojo, -servían de pregón al furor de otros; éste gritaba cuando aquél hería, -y éste, con las voces de aquél, se enfurecía de nuevo. Infamaban los -españoles con enormísimos nombres; buscábanlos con ansia y cuidado, -y el que descubría y mataba, ese era tenido por valiente, fiel y -dichoso. - -Las milicias armadas, con pretexto de sosiego, o fuese orden del -conde o sólo de la ciudad, siempre encaminada a la quietud, los -mismos que en ellas debían servir a la paz, ministraban el tumulto. - -Porfiaban otras bandas de segadores, esforzados ya de muchos -naturales, en ceñir la casa del Santa Coloma; entonces los diputados -de la General, con los conselleres de la ciudad, acudieron a su -palacio; diligencia que más ayudó la confusión del conde, de lo que -pudo socorrérsela; allí se puso en plática saliese de Barcelona -con toda brevedad, porque las cosas no estaban ya de suerte que -accidentalmente pudiesen remediarse; facilitábanle con el ejemplo de -don Hugo de Moncada, en Palermo, que, por no perder la ciudad, la -dejó, pasándose a Mesina. Dos galeras genovesas en el muelle, daban -todavía esperanza de salvación. Escuchábalo Santa Coloma, pero con -ánimo tan turbado, que el juicio ya no alcanzaba a distinguir el -yerro del acierto. Cobróse y resolvió despedir de su presencia casi -todos los que le acompañaban, o fuese que no se atrevió a decirles -de otra suerte que escapasen las vidas, o que no quiso hallarse con -tantos testigos a la ejecución de su retirada. En fin, se excusó a -los que le aconsejaban su remedio, con peligro, no sólo de Barcelona, -sino de toda la provincia; juzgaba la partida indecente a su -dignidad; ofrecía en su corazón la vida por el real decoro; de esta -suerte, firme en no desamparar su mando, se dispuso a aguardar todos -los trances de su fortuna. - -Del ánimo del magistrado no haremos discurso en esta acción, porque -ahora el temor, ahora el artificio, le hacían que ya obrase conforme -a la razón, ya que disimulase, según la conveniencia. Afírmase por -sin duda que ellos jamás llegaron a pensar tanto del vulgo, habiendo -mirado apaciblemente sus primeras demostraciones. - -No cesaba el miserable Virey en su oficio, como el que con el remo en -la mano piensa que por su trabajo ha de llegar al puerto; miraba y -revolvía en su imaginación los daños, y procuraba su remedio; aquel -último esfuerzo de su actividad estaba enseñando ser el fin de sus -acciones. - -Recogido a su aposento, escribía y ordenaba; pero ni sus papeles ni -sus voces hallaban reconocimiento u obediencia. Los ministros reales -deseaban que su nombre fuese olvidado de todos; no podían servir en -nada; los provinciales ni querían mandar, menos obedecer. - -Intentó por última diligencia satisfacer su queja al pueblo, -dejando en su mano el remedio de las cosas públicas, que ellos ya -no agradecían, porque ninguno se obliga ni quiere deber a otro lo -que se puede obrar por sí mismo; empero ni para justificarse pudo -hallar forma de hacer notoria su voluntad a los inquietos, porque las -revoluciones interiores, a imitación del cuerpo humano, habían de -tal suerte desconcertado los órganos de la república, que ya ningún -miembro de ella acudía a su movimiento y oficio. - -A vista de este desengaño se dejó vencer de la consideración y deseo -de salvar la vida, reconociendo últimamente lo poco que podía servir -a la ciudad su asistencia, pues antes el dejarla se encaminaba a la -lisonja o a remedio acomodado a su furor. Intentólo, pero ya no le -fué posible, porque los que ocupaban la tarazana y baluarte del mar, -a cañonazos habían hecho apartar la una galera, y no menos porque -para salir a buscarla a la marina era fuerza pasar descubierto a las -bocas de sus arcabuces. Volvióse, seguido ya de pocos, a tiempo que -los sediciosos a fuerza de armas atropellaban las puertas; los que -las defendían, entendiendo la causa del tumulto, unos les seguían, -otros no lo estorbaban. - -A este tiempo vagaba por la ciudad un confusísimo rumor de armas -y voces; cada casa representaba un espectáculo; muchas se ardían, -muchas se arruinaban, a todas se perdía el respeto y se atrevía a la -furia; olvidábase el sagrado de los templos; la clausura e inmunidad -de las religiones fué patente al atrevimiento de los homicidas; -hallábanse hombres despedazados sin examinar otra culpa que su -nación; aun los naturales eran oprimidos por crimen de traidores: -así infamaban aquel día a la piedad, si alguno abría sus puertas -al afligido o las cerraba al furioso. Fueron rotas las cárceles, -cobrando no sólo la libertad, mas autoridad los delincuentes. - -Había el Conde ya reconocido su postrer riesgo, oyendo las voces -de los que le buscaban pidiendo su vida; y depuestas entonces las -obligaciones de grande, se dejó llevar fácilmente de los afectos de -hombre; procuró todos los medios de salvación, y volvió a proseguir -en el primer intento de embarcarse; salió segunda vez a la lengua -del agua, empero como el aprieto fuese grande y mayor el peso de las -aflicciones, mandó se adelantase su hijo con pocos que le seguían, -porque llegando al esquife de la galera, que no sin gran peligro los -aguardaba, hiciese como lo esperase también; no quiso aventurar la -vida del hijo, porque no confiaba tanto de su fortuna. Adelantóse -el mozo, y alcanzando la embarcación, no le fué posible detenerla -(tanta era la furia con que procuraban desde la ciudad su ruina); -navegó la galera, que le aguardaba fuera de la batería. Quedóse el -Conde mirándola con lágrimas, disculpables en un hombre que se veía -desamparado a un tiempo del hijo y de las esperanzas; pero ya cierto -de su perdición, volvió con vagorosos pasos por la orilla opuesta a -las peñas que llaman de San Beltrán, camino de Monjuich. - -A esta sazón, entrada su casa y pública su ausencia, le buscaban -rabiosamente por todas partes, como si su muerte fuese la corona de -aquella victoria; todos sus pasos reconocían los de la tarazana: los -muchos ojos que lo miraban caminando como verdaderamente a la muerte, -hicieron que no pudiese ocultarse a los que le seguían. Era grande -la calor del día, superior la congoja, seguro el peligro, viva la -imaginación de su afrenta; estaba sobre todo firmada la sentencia en -el tribunal infalible; cayó en tierra cubierto de un mortal desmayo, -donde siendo hallado por algunos de los que furiosamente le buscaban, -fué muerto de cinco heridas en el pecho. - -Así acabó su vida don Dalmau de Queralt, conde de Santa Coloma, dando -famoso desengaño a la ambición y soberbia de los humanos, pues aquel -mismo hombre, en aquella región misma, casi en un tiempo propio, una -vez sirvió de envidia, otra de lástima. ¡Oh grandes, que os parece -nacisteis naturales al imperio! ¿Qué importa, si no dura más de la -vida, y siempre la violencia del mando os arrastra tempranamente al -precipicio? - - -NOTA - - [624] DON CELESTINO PUJOL Y CAMPS, en su _Discurso_ de entrada - en la Academia de la Historia, Madrid 1886, estudia los diversos - puntos en que Melo violentó la verdad de los hechos. - - - - -DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS - -(1744-1811) - - -La _Memoria en defensa de la Junta Central_ fué escrita un año antes -de la muerte del autor. - -El siglo XVIII es de gran decadencia de la prosa. Apenas se empleaba -ésta más que en la exposición doctrinal y en la controversia; -abundan los investigadores de la historia, Berganza, Flórez, Masdeu, -Mayans; pero si sus escritos están muy llenos de crítica, carecen -de estilo, y la historia como arte no se escribe hasta Quintana; la -novela no tiene otra manifestación notable que el _Fray Gerundio_ -del Padre Isla; en fin, apenas se hallarán sino dos maneras de -prosa: la didáctica y la polémica. A consecuencia de esta pobreza -de vida literaria, los buenos escritores de este siglo encontraban -una gran dificultad en su camino; pues lejos de disponer de una -lengua artística favorable, la hallaron estragadísima, teniendo que -aplicar cuidado y atención muy especiales en huir los muchos defectos -en que abundaba la lengua que entonces se escribía ordinariamente. -El vocabulario de la lengua escrita andaba muy menguado por el mal -gusto de amanerados autores, que ni se inspiraban en los clásicos -nacionales ni en el habla viva del pueblo; su principal fondo lo -formaban, de un lado, los latinismos extravagantes y los términos -abstractos introducidos a manos llenas en la poesía y en la oratoria -por los culteranos, y en la prosa por los conceptistas, y de otra -parte, gran caudal de galicismos que se desbordaba merced al gran -favor que en toda Europa gozaban entonces las ideas y los libros -franceses. - -Jovellanos consiguió expurgar su dicción de estos viciosos elementos; -y si en las oraciones académicas y discursos de su primera época -no lo consiguió del todo, en la _Memoria de la Ley Agraria_ y en -la _Defensa de la Junta Central_ aparece su estilo muy aliviado -de cultismos y libre de galicismos. Sin embargo, entiéndase esto -último respecto del galicismo en el vocabulario, que era fácil de -desterrar cuando ya existía el Diccionario académico de autoridades, -que permitía averiguar rápidamente si tal vocablo estaba o no -autorizado por nuestros buenos escritores; pero el galicismo en la -sintaxis, como es más difícil de reconocer y de estudiar, escapó -con mayor facilidad a las persecuciones de nuestros más esmerados -prosistas[625]. - -Jovellanos puede pasar por el mejor tipo de prosa que nos ofrece el -siglo XVIII; en él aparecen reunidos con feliz tino los elementos de -la lengua clásica, con los elementos nuevos que era necesario acoger -para reflejar el pensamiento moderno, predispuesto a giros distintos -que los habituales en los autores antiguos, y preocupado de materias -por ellos no tratadas, como las relacionadas con la economía. - -Jovellanos era ciertamente un purista, que buscaba restaurar, en -lo posible, la castiza lengua de nuestros clásicos; pero no era -radical en esta tendencia, como lo fué Vargas Ponce, que cayó en una -exageración sistemática de arcaísmo; el purismo de Jovellanos, como -el de Toreno y Quintana, fué templado, el que prevaleció e informa la -lengua que hoy usamos todos. - -Lejos de toda afección de clasicismo rígido, la prosa de Jovellanos -es la primera de un grande autor moderno que nos ofrece un nuevo -elemento de riqueza; el _provincialismo_, usado intencionadamente -como recurso artístico, para lograr una expresión breve y pintoresca. -En sus cartas familiares, sobre todo en las dirigidas a su paisano -el canónigo don Carlos González de Posada, se hallan bastantes voces -asturianas, como _bígaro_ (caracol de mar), _escazabellar_ (revolver -papelotes), _solmenar_ (sacudir con fuerza), _peñerar_ (cerner), -etcétera[626], y basta recordar las novelas de Valera y de Pereda -para comprender el valor que en una obra literaria pueden tener estos -elementos dialectales. - - - DEFENSA DE LA JUNTA CENTRAL - ARTÍCULO III, INIC. - - La Junta Central, que asumió el poder de la nación en 1808 - en ausencia de Fernando VII, terminó su misión en enero de - 1810, siendo sus miembros objeto de calumnias y persecuciones - secundadas por la suprema Regencia y por el Consejo de España e - Indias. Jovellanos, miembro de esa Junta, habla en defensa propia - y de sus compañeros. - -En la última calumnia divulgada contra los miembros de la Junta -gubernativa, acabaron de vomitar sus enemigos todo el odio que -en sus ruines almas escondían. Era muy grave, sin duda, sobre -vergonzoso, el crimen de _peculato_; pero el de infidencia a la -patria en las circunstancias en que, y en las personas a quienes -se imputaba, reunía toda la enormidad que podía hacerle en el más -alto grado abominable y atrocísimo. Y esto hace ver que si nuestros -calumniadores fueron bastante insensatos para atribuirnos un crimen, -que por inverosímil y repugnante se haría increíble o se desvanecería -por sí mismo, también fueron bastante malvados en aprovechar el -momento que era más favorable para producir el pronto y terrible -efecto a que aspiraban. Hallábase la nación consternada por la -triste y no esperada derrota de Ocaña y por la falta del mejor de -sus ejércitos; los enemigos, vencida la barrera de Sierra-Morena, -venían derramándose sobre los cuatro reinos de Andalucía; uno de -sus ejércitos se avanzaba al de Sevilla y amenazaba su capital; -aquella populosa ciudad estaba ya en el mayor sobresalto, y en -este punto el Gobierno, saliendo de ella para trasladarse a la -isla de León, parecía abandonarla a su suerte. ¡Qué momento tan -oportuno para representar los centrales como fugitivos y traidores -a la credulidad de un vulgo tan acostumbrado a oír esta voz, y tan -agitado y descontento entonces, como propenso siempre a atribuir a la -infidelidad las desgracias públicas! - -Pero por más que circunstancias tristes y raras hubiesen favorecido -aquella calumnia en Sevilla, por más que su eco hubiese resonado -en otras partes por algunos días, por más que la emulación y la -envidia hubiese salido en su apoyo en los lugares en que se reunió el -Gobierno, el tiempo sólo bastó para desvanecerla; la verdad tomó su -lugar, y se puede ya asegurar sin reparo que no habrá hoy en toda la -extensión de España un solo hombre de sano juicio y recto corazón que -pueda darle el más pequeño asenso. - -Porque ¿a quién podría persuadirse que hombres tan altamente -calificados por la opinión pública cayesen todos de repente en tanta -vileza y corrupción como sus calumniadores suponían? ¿Cabía esto -siquiera en el corazón humano? No por cierto. Capaz del bien y el -mal, así como no se levanta de un vuelo hasta la cima de la heroica -virtud, tampoco se despeña de un golpe en la sima de la iniquidad. -Máximas de prudencia y justicia, de moderación y honestidad, bebidas -en la primera educación; ejemplos de fortaleza, de beneficencia y -patriotismo presentados en la juventud, y admirados y fielmente -seguidos, forman los hábitos virtuosos que le perfeccionan y elevan -por grados a la primera. Ignorancia y abandono en la primera -edad, malos ejemplos aplaudidos o defectos tolerados, y pasiones -mal reprimidas en la adolescencia, forman los hábitos perversos, -que le corrompen y abaten hasta la segunda. Cabe sin duda en la -flaqueza humana que un hombre antes inocente, agitado por el furor -de una pasión fogosa y exaltada, se arroje sin reflexión a cometer -alguna acción temeraria y violenta; pero ¿cabrá en este hombre -un atroz designio, que no pueda concebirse sino por la más negra -iniquidad, ordenarse sino con la más fría y profunda meditación, -ni ejecutarse sino por medios viles, oficios tenebrosos, arterías -y astucias pérfidamente maquinadas? Y lo que no cabe en un hombre -solo ¿cabría en más de treinta de tan distinguido carácter y de -probidad tan generalmente reconocida? Creer, pues, que todos, sin -excepción alguna, desmintiesen de repente esta probidad, y haciéndose -insensibles al freno del honor y sordos a la voz de la conciencia, y -olvidados de lo que debían a su Dios, a su rey, a su patria y a sí -mismos, se hiciesen de repente traidores, sería creer un fenómeno, -tan raro en el orden moral como el retroceso de los planetas en el -orden físico. - -Y aun dado por posible este fenómeno moral, ¿cómo lo sería que en -tanto número de personas de tan diferente condición y carácter se -hallase tan estrecha unión, tan estudiado disimulo, tan profundo -secreto y tan tortuosa conducta, como este malvado designio requería? -Y cuando esto fuera repugnante en cualquier noble corporación, cuando -lo fuera en el más humilde gremio o cofradía, ¿cuánto más no lo -fuera en un cuerpo compuesto de tan nobles y tan varios elementos; -en un cuerpo en que se habían reunido prelados, grandes, canónigos, -militares, togados, intendentes y otras personas de diferente clase -y profesión; en un cuerpo cuyos individuos se distinguían, más -todavía que por su profesión, por su clase, por su educación, por -sus talentos, por sus estudios, por sus servicios y por su conducta -y carácter, y entre los cuales, por lo mismo, no podían faltar ni -el deseo de dominar y distinguirse, ni la lucha y diferencia de -opiniones, ni los celos y desavenencias, ni la falta de discreción -y prudencia, ni la buena ni aun la mala emulación; vicios endémicos -que turban la concordia de todas las corporaciones? Y cuando nuestros -enemigos no cesaban de llamar defectuosa e imperfecta nuestra -institución, precisamente porque entre tanto número de individuos -creían difícil hallar la unión, la actividad y el secreto necesario -para salvar la patria, ¿cómo podrían creer que sólo era fácil para -venderla? ¿Creían por ventura que esta unión era imposible para el -bien, y sólo posible y fácil para el mal? ¡Insensatos! El honor, la -conciencia, el respeto a la opinión pública, el amor a nuestro rey -y a nuestra patria, y el odio a la tiranía, nos pudieron unir y nos -unieron para desempeñar fielmente nuestro deber hasta donde nuestras -luces y nuestras fuerzas alcanzaron. ¿Cuáles, decid, cuáles pudieron -ser los motivos que nos uniesen para prostituirle? - -Porque siendo constante que los hombres no obran sin que algún -impulso mueva o determine su acción, y que este impulso deba ser -proporcionado a la grandeza de las acciones que produce, a nuestros -enemigos toca señalar cuál pudo ser el que sacándonos de la senda -del honor y virtud nos despeñó en tanta vileza y depravación. -Sentimientos de odio y de amor, de temor o de interés, suelen mover -poderosamente las acciones humanas. Y bien, ¿cuál de éstos pudo -movernos a ser traidores a nuestro rey y a nuestra patria? ¿Será -el odio a un rey tan virtuoso y tan desgraciado, o a una patria -tan generosa y tan afligida? ¿A un rey que libraba en nosotros la -esperanza de recobrar su libertad y su trono, o a una patria que nos -había confiado el rescate de su rey y la defensa de su libertad? -¿Sería acaso el amor? Pero ¿a quién? ¿Al monstruo de perfidia que -tan vilmente había engañado a nuestro amado e inocente rey, y tan -cruelmente estaba ultrajando y oprimiendo a nuestra heroica y querida -patria? ¿Sería el temor? Pero ¿qué podían temer los que estaban -cubiertos con el escudo de la suprema autoridad y defendidos por todo -el poder de una nación tan heroica y valiente? ¿Sería el interés? -Pero ¿cuál pudo tentar a los que habían abandonado sus empleos, su -casa, su fortuna y sus esperanzas para servir y ser fieles a su -patria? Ni ¿qué interés pudo presentar a nuestra ambición la ruin -política del tirano? ¿De mando? ¿Cuál igualaría al que ejercíamos en -el seno de nuestra patria? ¿De honores? Y ¿cuáles serían comparables -a aquel a que nuestra patria nos había elevado? ¿De otras altas -recompensas? Pero ¿cuáles podría esperar nuestra perfidia de -un tirano ofendido y provocado, que no pudiese esperar nuestra -fidelidad de una patria generosa y reconocida? No, no; si esto no -cabía en nuestro carácter ni en nuestra conciencia, menos cabía en -nuestra razón ni en nuestra seguridad. ¿Podíamos acaso desconocer la -condición de un tirano, modelo de tiranos, tan sabiamente prevista y -tan exactamente definida por nuestras leyes? ¿Podíamos poner la menor -confianza en los halagos y sugestiones de un monstruo, para quien la -religión, los dulces vínculos del amor y de la sangre, el honor, la -amistad, la buena fe, son nombres vanos; para quien las palabras, las -promesas, los más solemnes tratados y los más santos juramentos, no -son otra cosa que medios de seducción y perfidia? - -Pero ¿qué digo? Los que disfrutábamos el alto honor de estar al -frente de la nación más heroica del mundo, y aclamados en ella por -padres de la patria, ¿iríamos a postrarnos a los pies del soldán de -la Francia, para que nos pusiese en la lista de sus viles esclavos? -¿Iríamos a inclinar la rodilla ante el sátrapa de Madrid, para -ayudarle a usurpar el trono de Pelayo y robar a nuestro Fernando -el Sétimo la herencia de los Alfonsos y los Fernandos de Castilla? -¿Iríamos a mezclarnos con los Ofarriles, Urquijos y Morlas; con los -caballeros Arribas y Marquinas, para ser, como ellos, insultados -y despreciados por los insolentes bajáes del tirano, o iríamos a -confundirnos entre los demás apóstatas de la patria, para ser, como -ellos, escupidos y escarnecidos por nuestros fieles y oprimidos -hermanos, para ostentar a su vista la ignominia que cubre siempre el -rostro de los traidores, y para ser a todas horas objeto de su odio y -execración? ¡Oh, colmo de ignominia y vileza! ¡Oh, asombro de malicia -y perversidad! ¡Españoles, hijos de la lealtad y el honor, dechados -de probidad y buena fe, sed vosotros jueces en esta causa! Juzgad, -pronunciad si aquellos honrados ciudadanos que merecieron un día -vuestra confianza, pudieron caer en tan vil y vergonzoso abatimiento. -Y si todavía los hallais dignos de loor o de aprecio, haced que -vuestro imparcial y respetable juicio desplome sobre sus infames -calumniadores toda la ignominia con que quisieron manchar sus nombres -y memoria. - - - CARTAS - CARTA A DON ANTONIO PONZ - - El autor describe las romerías de Asturias y habla de la llamada - _Danza Prima_. - -Después de haber sesteado un rato por los lugares amenos y sombríos -de aquel contorno, se empiezan a disponer las danzas, que sirven de -ocupación al resto de la tarde. Estas danzas no son menos sencillas -y agradables que los demás regocijos del día. Cada sexo forma las -suyas separadamente, sin que haya ejemplar de que el desarreglo o la -licencia los hayan confundido jamás. El filósofo ve brillar en todas -partes la inocencia de las antiguas costumbres, y nunca esta virtud -es más grata a sus ojos que cuando la ve unida a cierta especie de -placeres, que la corrupción ha hecho en todas partes incompatible con -ella. - -Aunque las danzas de los hombres se parece en la forma a la de las -mujeres, hay entre unas y otras ciertas diferencias bien dignas de -notarse. Seméjanse en unirse todos los danzantes en rueda, asidos de -las manos, y girar en rededor con un movimiento lento y compasado, al -son del canto, sin perder ni interrumpir jamás el sitio ni la forma. -Son una especie de coreas a la manera de las danzas de los antiguos -pueblos, que pueden tener su origen en los tiempos más remotos y -anteriores a la invención de la gimnástica. Pero cada sexo tiene su -poesía, su canto y sus movimientos peculiares, de que es preciso dar -alguna razón. - -Los hombres danzan al son de un romance de ocho sílabas, cantado por -alguno de los mozos que más se señalan en la comarca por su clara -voz y por su buena memoria; y a cada copla o cuarteto del romance -responde todo el coro con una especie de estrambote, que consta de -dos solos versos o media copla. Los romances suelen ser de guapos y -valentones, pero los estrambotes contienen siempre alguna deprecación -a la Virgen, a Santiago, San Pedro u otro santo famoso, cuyo nombre -sea asonante con la media rima general del romance. - -Esto me ha hecho presumir que tales danzas vienen desde el tiempo de -la gentilidad, y que en ellas se cantarían entonces las alabanzas de -los héroes, interrumpidas y alternadas con himnos a los dioses. Lo -cierto es que su origen es muy remoto, que el depravado gusto de las -jácaras es muy moderno, y que la mezcla de ellas con las súplicas -a los santos es tan monstruosa, que no pudieron nacer en un mismo -tiempo, ni derivarse de una misma causa. - -Tampoco sería extraño presumir que estas danzas eclesiásticas, y -que tienen cierto sabor a los usos y estilos litúrgicos de la media -edad, pudieron ser traídas acá por los romeros que en ella venían -a peregrinar en este país; pues ya sabe usted que las romerías de -San Salvador en Oviedo, fueron en algún tiempo muy frecuentadas, y -aun de ellas dura todavía algún resto. Lo cierto es que esta mezcla -de devoción, regocijo y francachela, tiene parecer muy conforme al -espíritu de los siglos supersticiosos y al carácter de aquellos -devotos vagamundos, que con título de piedad andaban por entonces de -santuario en santuario, dados a la vida libre y holgazana, comiendo, -bebiendo y saltando por el rey de Francia. - -Como quiera que sea, estas danzas varoniles suelen rematar muchas -veces en palos, única arma de que usa nuestro pueblo; y como nunca la -sueltan, vería usted a todos los danzantes con su garrote al hombro, -que sostienen con dos dedos de la mano izquierda, libre los otros -para enlazarse en rueda, seguir danzando en ella con gran mesura y -seriedad. Sucede, pues, frecuentemente que, en medio de la danza, -algún valentón caliente de cascos empieza a victorear a su lugar o su -concejo. Los del concejo confinante, y por lo común rival, victorean -al suyo; crece la competencia y la gritería, y con la gritería la -confusión; los menos valientes huyen; el más atrevido enarbola su -palo; le descarga sobre quien mejor le parece, y al cabo se arma tal -pelea de garrotazos, que pocas veces deja de correr sangre, y alguna -se han experimentado más tristes consecuencias. - -Para remediar estos abusos, alguna vez ha pensado el gobierno en -prohibir el uso de los palos; pero ¡pobre país si esto sucediera! Los -hombres naturalmente tímidos y amantes de su conservación, gustan de -llevar consigo alguna prevención, alguna defensa contra los insultos -que les amenazan. Prohibido el uso de los palos, entrará sin duda -el de las navajas y cuchillos, armas mortíferas que hacen a otros -pueblos insidiosos y vengativos, y enervan y extinguen el valor y la -verdadera bizarría. - -Ni por este uso puede usted tachar de bárbaros a mis paisanos. -Semejantes escenas, además de interesar en gran manera la curiosidad -por cuanto hieren fuertemente la imaginación de los espectadores, son -muy del gusto de los pueblos no corrompidos por el lujo, y en cierto -modo están unidas a la condición misma de la humanidad. «El hombre, -dice el sabio Fergusón, es demasiado propenso a las lides y a emplear -sus facultades naturales contra cualquiera enemigo: gusta de ensayar -su razón, su elocuencia, su constancia y aun su vigor y fuerzas -corporales. Sus recreos son muchas veces imagen de la guerra, el -sudor y la sangre suelen correr en sus juegos, y las fracturas y aun -la muerte dan término alguna vez a las fiestas y pasatiempos de su -ociosidad. Nacido para morir, hasta en su diversión halla su camino -para el sepulcro...» - -Dejemos, pues, a los pueblos frugales y laboriosos sus costumbres, -por rudas que nos parezcan, y creamos que la nobleza del carácter en -que tienen su origen merecen por lo menos esta justa condescendencia. - -Pero las danzas de las asturianas ofrecen ciertamente un objeto, -si no más raro, a lo menos más agradable y menos fiero que las que -acabamos de describir. Su poesía se reduce a un solo cuarteto o copla -de ocho sílabas, alternado con un largo estrambote, o sea estribillo, -en el mismo género de versos, que se repite a ciertas y determinadas -pausas. Del primer verso de este estrambote que empieza: - - Hay un galán de esta villa, - -vino el nombre con que se distinguen estas danzas. - -El objeto de esta poesía es ordinariamente el amor, o cosa que diga -relación a él. Tal vez se mezclan algunas sátiras o invectivas, -pero casi siempre alusivas a la misma pasión, pues ya se zahiere la -inconstancia de algún galán, ya la presunción de alguna doncella, ya -el lujo de unos, ya la nimia confianza de otros, y cosas semejantes. - -Lo más raro y lo que más que todo prueba la sencillez de las -costumbres de estas gentes, es que tales coplas se dirigen muchas -veces contra determinadas personas; pues aunque no siempre se las -nombra, se las señala muy claramente, y de forma que no pueda dudarse -del objeto de la alabanza o de la invectiva. Aquella persona que más -sobresale en el día de la fiesta por su compostura o por algún caso -de sus amores; aquel suceso que más reciente es y notable en la -comarca; en fin, lo que en aquel día ocupa principalmente los ojos -y la atención del concurso, eso es lo que da materia a la poesía de -nuestros improvisantes asturianos. Ya ve usted si les será fácil -indicar las personas sin nombrarlas expresamente. - -Supongo que para estas composiciones no se valen nuestras mozas de -ajena habilidad. Ellas son las poetisas, así como las compositoras de -los tonos, y en uno y otro género suele su ingenio, aunque rudo y sin -cultivo, producir cosas que no carecen de númen y de gracia. Pondréle -a usted dos ejemplos, entre mil que pudiera señalar, y si no entiende -el dialecto, tenga paciencia, que otros le entenderán. - -En una de estas romerías a que concurrió cierto amigo mío, se había -presentado una fea que, entre adornos, llevaba una redecilla muy -galana y de color muy sobresaliente. Al instante fué notada de las -mozas, que le pegaron esta banderilla: - - Quítate la rede negra - y ponte la colorada, - para que llucia[627] la rede - lo que non llu[627] la tó cara. - -Era yo bien niño cuando el Ilmo. señor don Julio Manrique de Lara, -obispo entonces de Oviedo, se hallaba en su deliciosa quinta de -Contrueces, inmediata a Gijón, el día de San Miguel. Celebrábase -allí aquel día una famosa romería, y las mozas, como para festejar a -su ilustrísima, formaron su danza debajo de los mismos balcones de -palacio. El buen prelado, que estaba en conversación con sus amigos, -cansado del guirigay y la bulla de las cantiñas, dió orden para que -hicieran retirar de allí las danzas: sus capellanes fueron ejecutores -del decreto, que se obedeció al punto; pero las mozas, mudando de -sitio, bien que no tanto que no pudieran ser oídas, armaron de nuevo -su danza, cantando y recantando esta nueva letra, que su ilustrísima -celebró y oyó con gusto desde su balcón gran parte de la tarde: - - El señor obispo manda - que s’acaben los cantares; - primero s’an d’acabar - obispos y capellanes. - -Los estribillos con que se alternan estas coplas son una especie -de retahila que nunca he podido entender; pero siempre tienen sus -alusiones a los amores y galanteos, o a los placeres y ocupaciones -de la vida rústica. Los tonos son siempre tiernos y patéticos, y -compuestos sobre la tercera menor. Llevan la voz de ordinario tres -o cuatro mozas de las de más gallarda voz y figura, colocadas a la -frente del coro, y las otras van repitiendo ya la mitad de la copla, -ya el estribillo, a cuyo compás giran todas sin interrupción sobre -un mismo círculo, pero con lentos, uniformes y bien acordados pasos. -Entretanto resuena en torno una dulce armonía, que penetrando por -aquellos opacos y silenciosos bosques, no puede oírse sin emoción ni -entusiasmo. - -No constan estas danzas, como nuestros modernos bailes, de fuertes y -afectadas contorsiones, propias para expresar unas pasiones violentas -y artificiosas, sino de movimientos lentos y ordenados, que indican -las tranquilas afecciones de un corazón inocente y sensible. Si esta -es o no una ventaja para los pueblos que la melindrosa corrupción -tiene por bárbaros, no parece un problema difícil de resolver. - - -NOTAS - - [625] En la misma _Defensa de la Junta Central_ escribía - Jovellanos frases como esta: «no sólo nos tachan de usurpadores - de la autoridad, no sólo atribuyen esta usurpación _a un espíritu - el más conocido y descubierto de ambición y amor propio_, sino - que para darle todo el carácter de la tiranía, la califican de - violenta y forzada.» (I.ª 25.) La expresión «à _un_ esprit, _le_ - plus connu et le moins caché, d’ambition et d’amour propre» sería - en francés correcta y aceptable; sin embargo, es menos corriente - que la otra con artículo definido: «à _l_’esprit _le_ plus - connu», que también es semejante a la de Jovellanos. - - [626] En una poesía (_Bibliot. Aut. Esp._ XLVI, 7 _a_) dice - Jovellanos: «No pudo vencer a la tu mano en blancura;» el - artículo con el posesivo es un asturianismo, que el autor acogió - acaso a título de arcaísmo (v. pág. 144, línea 11). - - [627] _Llucia_ por ‘luzca’, y _llu_ por _lluz_, y éste por - ‘luce’. En asturiano, toda _l_ inicial se hace _ll_ (_llobu_, - _lluna_), y la _e_ final de los verbos se pierde tras ciertas - consonantes (_quier_, _pon_, _merez_). Otros dialectalismos son - _rede_ por ‘red’; también se dice _parede_, _ciudade_, etc. _la - tó cara_ ‘tu cara’. - - - - -DON LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN - -(1760-1828) - - -El folleto de la _Derrota de los Pedantes_ apareció en 1789. - -Moratín, el hijo, descuella sobre todo por su admirable prosa -dramática, que no se había vuelto a escribir desde _La Celestina_ de -Rojas, y _La Dorotea_ de Lope; pero es también muy digno de atención -en sus otras obras, donde se muestra, como dice Menéndez y Pelayo, -«uno de los escritores más correctos y más cercanos a la perfección -que hay en nuestra lengua, ni en otra alguna. Niéganle algunos viveza -de fantasía, profundidad de intención, calor de afectos y abundancia -de estilo. Aun la misma perfección de su prosa antes estriba en la -total carencia de defectos que en cualidad alguna de orden superior, -sin que conserve nada de la grande y caudalosa manera de nuestros -prosistas del siglo XVI. La sobriedad del estilo de Moratín, se -parece algo a la sobriedad forzada del que no goza de perfecta -salud; hay siempre algo de recortado y de incompleto que no ha de -confundirse con la sobriedad voluntaria, última perfección de los -talentos varoniles y señores de su manera.» - -Su vocabulario es de una riqueza muy estimable, pero también es más -estudiado que espontáneo; lamentábase Moratín del olvido en que se -habían perdido multitud de voces y frases, y de la pobreza y sequedad -increíbles a que se reduce el lenguaje usual, aun en personas -letradas, y se propuso resucitar en sus escritos, lográndolo con gran -tino y acierto, buen número de expresiones que sin duda no había -recibido él por la tradición oral, sino por la lectura de nuestros -clásicos a que desde niño era aficionado. - - - DERROTA DE LOS PEDANTES - - Los poetastros pedantes asaltan el Parnaso; Mercurio les impone - una tregua, y cogiendo prisionero a uno de ellos, lo lleva ante - Apolo en calidad de embajador. - -Entraron, pues, en un salón magnífico y espacioso; el pavimento y -las paredes eran de esquisitos mármoles, la decoración corintia, las -basas y capiteles de sus columnas de oro purísimo, como también los -adornos del cornisamento y zócalo, y en las bóvedas apuró la pintura -todos los encantos de la ficción. - -Allí se veían los orígenes de las artes y los progresos del talento -humano: muda historia, capaz de encender el ánimo y arrebatarle a la -contemplación de los objetos más sublimes. En una parte se veía a los -hombres fabricar chozas de troncos y ramas, de donde la arquitectura -tomó las formas que dió después a materias más durables, variando, -según la mayor o menor consistencia de ellas, la proporción de sus -edificios. A otro lado los egipcios daban principio a la geometría, -señalando sus campos con términos de piedras hacinadas, para que el -Nilo en sus inundaciones no alterase los conocidos límites. Otros -señalaban en el suelo los contornos de la sombra, de donde tomó -su origen la pintura, perfeccionándose después lentamente con la -invención casual de los colores y la perspectiva, que apenas conoció -la antigüedad. Otros cortaban la corriente de un río, fiados a un -tronco mal seguro; una gran multitud admiraba desde la opuesta -orilla el temerario atrevimiento, y las madres tímidas apretaban -al pecho sus pequeñuelos hijos. Los árabes y caldeos observaban -el aparente giro del sol, y en las serenas noches al planeta que -recibe su luz, y los demás astros que la distancia nos amenora o -nos oculta. La escultura en otra parte ponía sobre las aras bultos -informes que adoraba supersticioso el temor, y más allá los Fidias, -Lisipos y Praxiteles daban a los mármoles y bronces tan elegante -forma, que en algún modo parece que el arte disculpaba la idolatría. -Allí Orfeo reducía a los hombres en vida social, les daba leyes, y -les persuadía la necesidad de un culto religioso. Confucio enseñaba -virtudes morales a los remotos chinos. Eaco, Radamanto, Minos, Solón, -Licurgo y Numa establecían leyes, gobernando en justicia y paz nuevas -repúblicas; y a más distancia se veían florecer las ciencias y las -artes a la sombra de la libertad. Allí estaba representado el padre -Homero, a quien rodeaban con admiración los poetas de todas las -naciones y todos los siglos. Píndaro, al son de la lira, celebraba -con sublime verso las victorias istmias y olímpicas, y eternizaba el -nombre de Hierón. Simónides cantaba tiernas elegías. Alceo de Lesbos, -añadiendo nuevos sonidos a las cuerdas griegas, hacía aborrecible -entre los hombres el despotismo de los tiranos. Safo, desgraciada en -amor, se precipitaba del promontorio de Leucate al mar, y repetía -muriendo el nombre de su ingrato Faón; en tanto que Anacreón de -Teos, coronado de pámpanos, con la copa en la mano, danzaba alegre -al son de las flautas entre las Gracias y los Amores. Allí acudía la -juventud de Grecia a escuchar en las Academias, el Liceo y el Pórtico -las austeras lecciones de la moral; y no muy lejos se levantaban -teatros magníficos para declamar con el auxilio de la música las -grandes obras de Eschilo, Sófocles y Eurípides, que alternaban con -las del atrevido Aristófanes, a quien Menandro siguió después para -obscurecer la gloria de cuantos le habían precedido. En otra parte -Demócrito y el divino Hipócrates, reclinados junto a un sepulcro ya -destruído, conversaban profundamente a la sombra de unos cipreses -mustios sobre la física del cuerpo animal, la brevedad de la vida, -los acerbos males que la rodean, y los cortos y falaces medios que -ofrece el arte para dilatar su fin; y más allá Demóstenes desde la -tribuna de las arengas conmovía al pueblo ateniense, le persuadía -por algunos instantes a sacudir el yugo macedónico; excitaba en -él estímulos de valor, recordándole las épocas gloriosas de sus -triunfos, los nombres santos de Milciades, Conón, Cimón y el justo -Arístides; y oponiéndose, por una parte, a todo el poder de Filipo, -y por otra, a la envidia, la calumnia atroz y la inconstancia -de un vulgo corrompido e ingrato, veía a pesar de su elocuencia -irresistible perecer para siempre la libertad de su país, y perecía -con ella. - -En el testero del salón había un trono riquísimo, y en él estaba -Apolo: siete de las musas le acompañaban inmediatas al solio, y los -más célebres poetas españoles, según la edad en que florecieron, así -ocupaban por su orden las sillas. - -Si mucho se admiró el coplero de aquel aparato y magnificencia, no -menos se admiraron todos los demás al ver su figura ridícula, porque -era el hombre la más triste visión que imaginarse puede: reviejuelo, -arrugadito, moreno, remellado, tuerto de un ojo, romo, calvo, algo -tiñoso, chiquirritillo y contrahecho, si bien es verdad que le -desfiguraban en parte las barbas, el sudor negro, el polvo, el cisco -y las telarañas que le cubrían el rostro. Revolvíase en unas bayetas -pardas, raídas y llenas de chorreaduras de aceite y caldo, con un -ribete de arambeles por las orillas a modo de randas o cucharetero; -sus movimientos eran más vivos de lo que su edad prometía, la acción -teatral, y la voz gangosa, chillona y desapacible. - ---«Este es, dijo Mercurio a su hermano, el que he podido agarrar -entre aquella turba; él te dirá lo que deseas saber;»--y acercándose -a él, le dijo al oído: «mirad, señor, que aquí no os sufrirán -disparates; decid claramente quiénes son los del portal, y a qué es -su buena venida, sin andarnos en más repulgos; porque si así no lo -hiciéreis, témome mucho que mi hermano os mande freir y echar a los -perros, según le he visto de mal humor esta tarde;» y habiendo dicho -ésto, se fué volando a observar lo que pasaba en la escalera. - -El poetastro, encarándose con Apolo, le hizo tres grandes cortesías, -y quedó aguardando el permiso de hablar. Diósele Apolo, y él comenzó -a delirar de esta manera: - - «Reverberante Numen que del Istro - Al Marañón sublimas con tu zurda, - Al que en ritmo dulcísono te urda - Elogio al son del címbalo y del sistro: - Si la alígera prole de Caistro - Blandos ministra acentos a mi burda - Armónica pasión, ¡ay! no te aturda - Ver rompo de tu tímpano el teristro. - La nubígena Dea en alto plaustro, - Ungiendo el nervio de oloroso electro, - Me lleva en alas del Ouest y el Austro, - Y hurtando a las Memnósides el plectro, - Hoy me intromito en el fulgente claustro, - Obstupefacto, a venerar tu espectro.» - -Reventaba Apolo entre la indignación y la risa; las musas se tendían -por los suelos dando exorbitantes carcajadas; los poetas se miraban -los unos a los otros sin saber lo que les sucedía, y el badulaque, -muy satisfecho, se disponía a proseguir disparatando en culto; pero -Francisco de Rioja, que estaba inmediato, le dijo: «Ved, señor -enviado, que Apolo nuestro amo no os llama aquí para que le declaméis -versos tenebrosos; lo que únicamente quiere es...».--«¡Ah! dijo el -de las sopalandas, ya sé lo que quiere, no hay para qué decírmelo, -que ya lo he comprendido, lo que quiere es otro soneto con los mismos -consonantes; pues allá va, hijo de Latona, escuchadme benévolo...» - -Pero volvamos la mal tajada péñola a referir lo que Mercurio hizo -mientras duró la embajada. Parecióle conveniente no descuidarse -ni fiar a la fortuna el éxito de aquella empresa; había llegado a -entender, aunque confusamente, la pretensión estrafalaria de los -filólogos; y conociendo que Apolo no podía concederles nada, pensó -seriamente en hacer preparativos para la defensa, persuadido de que -sólo a garrotazos se podría concluir tan enrevesado asunto. - -Llamó a consejo a los poetas que imaginó más inteligentes y -acostumbrados a tales peleonas; tratóse el caso con la madurez que -requería, y se acordó, por último, que se hiciera provisión de -armas ofensivas, acudiendo al repuesto de los malos libros, que -estaban en las inmediaciones de la cocina destinados a socarrar -pollos y envolver especias, y que además se recogiesen cuantos -trastos semovientes hubiera en la casa y pudieran ser útiles para -convertirlos en armas arrojadizas, o en parapetos y trincheras. - -Tratóse después del orden que se debía guardar en los ataques, y -resolvieron que para lograr alguna ventaja era necesario salir de -la escalera, obligando a los eruditos a que, dejando el portalón, -pasaran al patio, creyendo todos que allí se les podría combatir más -a placer, ya fuese en batalla campal, o ya arrojando sobre ellos, -desde las ventanas que había alrededor, cuanto pudiera ofenderlos y -destruirlos. - -Aprobado este plan, se dispuso que Garcilaso de la Vega, por estar -herido Cervantes, mandase el ala derecha; la izquierda, don Diego de -Mendoza; el centro, don Alonso de Ercilla, y el cuerpo de reserva, -que debía acudir adonde la necesidad lo pidiese, se encargó al conde -de Rebolledo, acompañado de Lope de Vega, Cristóbal de Virués y otros -sujetos de acreditado valor y experiencia militar. - -Después de ventilados estos puntos, se ocuparon en conducir hacia -la escalera cuanto hallaron que podía ser útil para un caso de -rompimiento; acudieron luego al repuesto de los malos libros, y -llevaron infinitos volúmenes antiguos y modernos que hasta entonces -no habían servido de gloria a sus autores, ni de utilidad alguna al -género humano, y en aquel día se hicieron apreciables; porque no hay -duda en que un mal libro, por malo que sea, siempre sirve, y más si -es de buen tomo, para descalabrar con él a cualquiera cuando no hay a -mano abundante provisión de cachiporras o peladillas de Torote. - -Hecho, pues, todo lo que va referido, sucedió la bajada y volteo del -culterano; y conociendo Mercurio que era ya inevitable volver a la -zurra, fuese volando a decir a su hermano cuanto había dispuesto. -Hallóle que bajaba ya la escalera con ánimo de presentarse a los -enemigos, creyendo que a sus razones y autoridad ni debían ni podían -oponerse. Dudó mucho Mercurio si aquella cuadrilla desvergonzada -guardaría respeto y moderación, hallándose ya obstinada en conseguir -por fuerza lo que pretendía; pero hubo de ceder, mal de su grado, a -las instancias de Apolo, y dejándole en la escalera, se remontó al -techo para anunciar su venida. - -A este tiempo empezó a notarse un rumor y conmoción general en el -bando contrario, mal satisfecho del suceso que había tenido la -erudita oración de su embajador; pero, dando Mercurio un grande -aullido desde allá arriba, les hizo callar y atender. Díjoles que -Apolo iba a presentarse; que venerasen en él al grande hijo de -Júpiter, y que, pues se llamaban alumnos suyos, no le diesen enojo en -cosa alguna, y adorasen humildes sus soberanos preceptos. - -Apolo entonces, levantado en hombros de los más robustos, se dejó -ver de aquella amotinada gente. Comenzó con semblante pacífico y -agradable a persuadirlos que, dejando las armas, se volviesen a sus -casas a cuidar de sus mujeres e hijos, si los tenían. Que no creyesen -que la nación perdería nada, perdiéndolos a ellos; pues no sólo -la harían una gran merced en quemar todos sus papeles y no volver -a escribir jamás ni aun la cuenta de la ropa, sino que, por otra -parte, olvidando con un verdadero arrepentimiento las travesuras -pasadas, podían dedicarse a varios ejercicios honestos, y adquirir -por ellos una subsistencia segura como buenos ciudadanos y gente de -juicio. Díjoles también que los hombres habían nacido para trabajar, -y muy pocos entre ellos para saber; porque ciertamente aquellos -pocos, siendo buenos, bastan para ilustrar a todos los demás con su -sabiduría. Que esto de ser doctos no era cosa tan hacedera y trivial -como se habían imaginado, pues cualquiera ciencia o facultad necesita -todo un hombre, toda una vida, y tal reunión de circunstancias, que -rara vez llega a verificarse; y aun por eso, siendo tantos los que -siguen la carrera de las letras, son tan pocos los que han llegado -a poseerlas en grado sobresaliente, y a merecer el aprecio público -por sus escritos. Que dejasen el encargo de sostener el honor de la -literatura nacional a otros talentos muy superiores, sin comparación, -a los suyos. Que abandonasen para siempre la negra erudición -enciclopédica que tanto les había trastornado la racionalidad, y tan -ridículo papel les había hecho hacer en estos últimos años a los -ojos de la Europa culta; y que sobre todo abjurasen de buena fe el -error de haberse creído poetas. Que no envidiasen esta gloria a los -que realmente lo son; gloria mezclada siempre de sinsabores los más -amargos; gloria funesta, que casi nunca ha concedido el mundo a los -que, viviendo, pudieran gozarla, porque la reserva el cruel para las -cenizas de los que ya no existen. - -Más iba a decirles; pero fueron tales los berridos que resonaron en -el zaguán, los gritos y amenazas, que Apolo, temiendo algún insulto -de parte de aquel populacho feroz, se bajó a toda prisa del trono -racional en que estaba encaramado, y comenzó a echar tacos y reniegos -por aquella boca, que Dios nos libre. - -Seguía entretanto la gritería y tumulto de los enemigos, y el -endiablado tuerto corría de un lado a otro atizando el fuego de la -discordia, ponderando el mal tratamiento que Apolo le había hecho y -el poco aprecio que le merecían las doctas fatigas de tantos sabios; -ellos, que no necesitaban espuelas, se enfurecieron de tal modo que -no es posible ponderar a qué extremo llegó entonces su frenesí.--«No -es ese, decían, no es ese Apolo; a ese no le conocemos, y estos son -ardides de Mercurio, que piensa burlarse de nosotros, tomándolo a -fiesta y tararira; que venga el hijo de Latona, que venga, él nos -conocerá y nosotros le adoraremos como hijos obedientes suyos.» - ---«Medrados estamos, dijo Mercurio, con lo que nos salen ahora estos -malditos. Si es imposible que no se hayan desatado del infierno para -darnos guerra. ¿Se habrá visto tal invención? Pero yo les juro por la -asquerosa Estigia que no se han de reir de mí; no, si no hacéos de -miel y paparos han moscas; para ellos no sirven razones; lo que no -les duele, no les persuade; pues que la paguen, mal haya su casta, -que la paguen, y acabemos de una vez con ellos.» - -Dicho esto, se metió entre los suyos, repitió las órdenes, previno -los acasos, y sin que diera la señal de combatir el estruendo de -trompetas ni atambores, se comenzó la batalla, poniendo en uso los de -Apolo las nuevas armas de que se habían prevenido. - -Llovían librotes sobre los literatos intrusos; unos viejos, sucios y -despilfarrados; y otros nuevecitos y en pasta, y en papel de Holanda, -y con láminas y elogios ultramontanos, y notas y animadversiones. -Esta descarga desordenó las primeras filas enemigas, no sin pérdida -de sus gentes; pues aseguran algunos sujetos fidedignos, apoyados -en relaciones auténticas, que pasaron de veinte los que cayeron -derrengados, cinco tuertos, descalabrados nueve, y trece o catorce -contusionados o aturdidos. - -Con esta pérdida se notó algún desfallecimiento en aquellas tropas, y -nuevo espíritu en los de Apolo, que no dudaban ya combatir cuerpo a -cuerpo para concluir de una vez aquella empresa; bien que los jefes -procuraban contenerlos, conociendo cuán cerca está de ser temeridad -el valor si la prudencia y el arte no le dirigen. - -Pero a este tiempo ocurrió un accidente que puso a los de la escalera -en grave peligro de perderse; porque acabada que fué la primera -descarga, vieron venir de retorno por el aire el tenebroso _Macabeo -de Silveira_, que arrojado de robusta mano parecía una bala de cañón, -según el ímpetu que traía; hirió de paso, aunque levemente, a Luis -Barahona de Soto; y, volviendo de rebote dió tal golpe en el pecho al -tierno Garcilaso, que sin ser poderoso a resistirle, cayó aturdido -sobre las gradas, y tuvieron que retirarle inmediatamente. - -Lupercio de Argensola que se hallaba cerca, lleno de indignación y -dolor por la desgracia de su dulce Laso, agarró seis o siete tomos -que vió a sus pies, y con no vista fuerza los lanzó al enemigo. -No bien llegaron allá los _Comentos de Góngora_, que ésta era -la gracia de los tales volúmenes, cuando se conoció el horrible -estrago que habían hecho en el cuerno izquierdo de los contrarios; -lo que advertido por los de Apolo, se adelantaron algunos a querer -seguir hacia aquella parte la derrota; pero así que se alejaron de -los demás, se vieron rodeados de enemigos y cortado el paso a la -escalera; dieron y recibieron golpes crueles, y con no poco trabajo -pudieron volverse a incorporar en sus líneas, sufriendo mucho en la -retirada, que tuvo todas las apariencias de fuga. - - - VIAJE A ITALIA - - Fragmento de esta obra póstuma - -Debajo de Pórtici y Resina está sepultada la ciudad de Herculano; -los edificios más considerables de ella que hasta ahora se han -descubierto, son un foro y un teatro; en el foro se hallaron las -dos estatuas ecuestres de los Balbos, una de Vespasiano y otras de -varias familias ilustres. El proscenio del teatro tiene ciento y -treinta pies de ancho, y en las veinte y una gradas destinadas a los -espectadores y los espacios restantes, se ha calculado que cabían -diez mil personas. La cantidad de ceniza y lavas que cayeron sobre -esta ciudad fué tal, que sus edificios se hallan a sesenta, ochenta y -cien pies de profundidad. Esto hace muy difícil la excavación, pues -además de la consistencia y grueso de las materias que hay que romper -a pico, es necesario sostener con postes y estribos las excavaciones, -para que todo no se hunda y arruine; y además, ¿cómo es posible -taladrar un terreno sobre el cual existen en pie tantos edificios, -sin que éstos se resientan? Mientras permanezcan Resina y Pórtici, no -se pueden adelantar los descubrimientos de Herculano. - -Siguiendo el camino, que va siempre inmediato al mar, se hallan -después de Resina la torre del Greco y la de la Anunciata, -poblaciones contiguas unas a otras con poca o ninguna interrupción, -bien situadas y alegres, de mucha gente, llenas de casas de campo, -con jardines, huertas y abundante cultura. Atraviesa el camino por -encima de un gran torrente de lava que arrojó el Vesubio en 1760, -mezclada con cenizas y enormes piedras; abrasó todo el terreno, -destruyó los edificios que halló al paso, y bajó hasta el mar con -estrago espantoso. A poca distancia se hallan las ruinas de Pompeya, -ciudad antigua que hasta la mitad de este siglo permaneció tan oculta -a la vista humana, que nadie se atrevía a fijar el paraje en que -estuvo. La multitud de cenizas que cayeron sobre ella, detenidas -de los huecos de sus calles y edificios, formaron una elevación -de terreno, el cual, haciéndose con el tiempo vegetal y fértil, -comenzó a labrarse, y hoy se ve encima de los templos, teatros y -sepulcros de Pompeya, enlazarse las parras a los chopos, y segar el -labrador mieses abundantes. Las excavaciones que se hacen en este -sitio cuestan poco trabajo, así porque todo es ceniza lo que hay que -romper, como porque es mucho menor la profundidad a que se encuentran -las ruinas que en Herculano. Hasta ahora se han descubierto dos -calles, una de ellas con la puerta de la ciudad, y varios sepulcros, -un cuartel, un templo de Isis y dos teatros. No es posible caminar -por aquel paraje sin una especie de entusiasmo que todos aquellos -objetos inspiran. Este era el teatro: aquí se acomodaba el pueblo, -allí la nobleza, por allí salían los actores, aquí se oyeron los -versos de Terencio y Plauto, este recinto sonó con aplausos públicos; -los hombres desaparecieron, y el lugar existe. Este era el templo: -allí está la inscripción, allí las aras; las paredes anuncian -todavía, en pinturas y estucos, los atributos de la deidad. Aquí se -degollaban las víctimas; aquí, escondidos los sacerdotes, prestaban -su voz a un mudo simulacro, y el pueblo, lleno de terror, creía -escuchar la divinidad misma anunciando a la ignorancia humana los -futuros destinos. Esta es una calle: empedrada está, como las de -Nápoles, con lavas que ha vomitado ese volcán vecino; a un lado y -otro hay ánditos para que pase el pueblo seguro de los carros: aun -se ven las señales de las ruedas. Veis aquí las tiendas: allí se -vendieron licores; la insignia que está a las puertas, la señal que -ha dejado el pie de las copas sobre el mostrador, y las hornillas -inmediatas para tener caliente la bebida, lo manifiestan. Allí hay -otra donde se vendían príapos: la insignia está esculpida sobre la -puerta; allí está el aparador repartido en gradas, donde se exponían -estos dijes a la vista pública. Estas son casas de gente rica; este -es el pórtico, sostenido en columnas de ladrillo revestidas de -estuco, con decoración dórica; allí está el patio con la galería -que le rodea: estancias pequeñas, altas, con mosaicos en el suelo y -pinturas en las paredes; el baño, la estufa, con pared hueca, por -donde se comunicaba el calor; el jardín, la fuente, la bodega, con -grandes cántaros; la sala de conversación, la de comer, la alcoba, el -poyo donde estaba el lecho; pinturas voluptuosas por todas partes, -triunfos de amor. Veis allí los sepulcros que erigió la patria -agradecida a sus hijos ilustres; la inscripción anuncia sus nombres y -su calidad; allí reposan sus cenizas. ¡Qué silencio reina en todo el -contorno! ¡Qué soledad horrible! Y ¡todavía el Vesubio arroja llamas -y retumban sus cavernas con rumor espantoso! - -Este monte, distante dos leguas y media de Nápoles, hacia la parte -oriental, tiene de altura unas seiscientas toesas; su figura es -cónica, con base muy ancha, la parte superior se compone de lavas, -piedras, cenizas, arenas y escorias, sin yerbas, ni plantas, ni -árboles, ni animales, ni hombres; aspereza horrible, cavernas -profundas, soledad, silencio en la parte inferior, donde es el -terreno fertilísimo; hay mucha cultura de árboles y viñas, que -producen excelentes vinos, y en lo más llano, cerca ya del mar, se -ven las alegres poblaciones de Pórtici, Resina, Torre del Greco, -Torre de la Anunciata, y otras muchas que le rodean. Si se considera -la inmediación de este volcán y el riesgo inminente de que un día -reviente incendios, trastorne toda su circunferencia, y sepulte en -fuego y cenizas aquellas moradas deliciosas, centro del lujo y de -los placeres, se conocerá ¡cuán fácilmente se olvidan los hombres -del peligro, por más que vean presente la amenaza! Pórtici está -edificada encima de Herculano opulenta; Pompeya se descubre ahora, -después de haber permanecido largos años oculta bajo las cenizas que -en ella cayeron; en los jardines del rey y en otras varias partes -en que se han hecho excavaciones profundas, se hallan hasta treinta -capas distintas de lava, y éstas seis o siete veces interrumpida -con tierra vegetal y restos confusos de edificios, que es decir: -treinta veces aquel terreno, que ahora habitan los hombres con tal -seguridad, ha estado cubierto de torrentes de fuego con el trascurso -de los siglos; seis o siete veces se han olvidado los hombres del -estrago anterior, han cultivado y han habitado aquel territorio; -otras tantas se han repetido aquellos horrores, y, no obstante, hoy -viven sobre tantas ruinas, sin temer que la naturaleza, en un solo -momento, renueve igual destrozo. La montaña de Soma, que por el -lado de Oriente y Mediodía rodea al Vesubio, parece ser una parte -de él; ambos están sobre una misma base, y parece haberlos desunido -algún hundimiento, de que resultó una abertura lateral, aumentándose -después la cima del volcán con las materias mismas que arroja. Las -montañas de Soma, por la parte interior, que mira al Vesubio, toda -está rota y quebrantada, y la opinión de haber sido en otros tiempos -estos dos montes uno solo se fortifica, no solamente por la forma -de entrambos, sino también por la identidad de las materias de que -se componen. Este volcán tiene, además de la boca principal, varias -aberturas, que rompen u obstruyen sucesivamente la dimensión de la -crátera; se ha encontrado diferente en varias ocasiones también la -distancia que hay desde sus bordes hasta donde se halla el fuego; -toda la parte interior de su gran boca, compuesta de ásperas masas de -piedras, lavas, cenizas, pómez y escorias metálicas y bituminosas, -presenta a la vista varios colores, siendo los principales el blanco, -verde, amarillo, ceniciento y morado. Casi siempre arroja humo con -más o menos abundancia; de noche se ven salir por su boca llamaradas -y materias líquidas que se revierten en varias direcciones, y a -corta distancia se congelan. Si se examinan las señales que ha -dejado este volcán en sus erupciones, se pierde la imaginación en -el cálculo de su antigüedad; la memoria de los hombres, limitada y -oscura, abraza apenas un corto espacio de su edad larga, anterior a -todos los monumentos que conocemos y a las naciones de que tenemos -algunas noticias. La primera erupción de que hablan los escritores -es la del año de 79 de Jesucristo, en que perecieron Herculano y -Pompeya. Plinio el naturalista, que se hallaba en Miseno, atravesó el -mar con deseos de observar sus efectos, y murió a las faldas de este -monte, sofocado por el humo. Desde entonces hasta la edad presente -se cuentan treinta y tres o treinta y cuatro erupciones, más o menos -terribles, que han hecho de aquel país un montón confuso de ruinas, -convirtiéndole muchas veces en un desierto. No pueden leerse sin -admiración y horror los efectos de estas erupciones. Suena un rumor -confuso en las cavernas de la gran montaña, sale humo espeso por su -boca, le agita el aire y esparce oscuridad y fetor por los campos -vecinos; se aumenta el estruendo, revienta el monte, y entre una -espesa lluvia de ceniza ardiente, que cubre la atmósfera y sepulta -en tinieblas a la populosa Nápoles, con estampidos y relámpagos sale -una columna altísima de fuego, arrojando al aire enormes piedras -candentes, que se precipitan a los valles; brama impetuoso el viento, -se altera el mar, tiembla la tierra, inflámase por todas partes el -monte y derrama torrentes de agua entre las lavas que desde su altura -bajan ardiendo al mar, abrasando y reduciendo a cenizas los árboles, -las mieses, los edificios, las ciudades, que al pasar aniquila o -sepulta; irritados los elementos, anuncian el trastorno final del -mundo, y en sólo un momento desaparecen naciones enteras. - - - - -EL CONDE DE TORENO - -(1786-1843) - - -La _historia del levantamiento, guerra y revolución de España_ se -publicó en cinco tomos, 1835-37. - -Es un admirable ensayo de restauración de la forma histórica clásica -y de imitación particular de Mariana. No le imita en sus discursos -y arengas, género que ha pasado definitivamente de moda; pero sí en -las sentencias y reflexiones breves, y sobre todo, en la narración -corriente y limpia, hecha en un lenguaje fácil y elegante, y también -afectadamente arcaico, aunque en este punto no llegue ciertamente su -afición por el arcaísmo al extremo que en el P. Mariana. - - - HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA - PRIMER SITIO Y DEFENSA DE ZARAGOZA - -Sin muro y sin torreones, según nos ha transmitido Floro, defendióse -largos años la inmortal Numancia contra el poder de Roma. También -desguarnecida y desmurada, resistió al de Francia, con tenaz -porfía, si no por tanto tiempo, la ilustre Zaragoza. En ésta como -en aquélla mancillaron su fama ilustres capitanes, y los impetuosos -y concertados ataques del enemigo tuvieron que estrellarse en los -acerados pechos de sus invictos moradores. Por dos veces, en menos de -un año, cercaron los franceses a Zaragoza: una, malogradamente; otra, -con pérdidas e inauditos reveses. Cuanto fué de realce y nombre para -Aragón la heroica defensa de su capital, fué de abatimiento y desdoro -para sus sitiadores, aguerridos y diestros, no haberse enseñoreado de -ella pronto y de la primera embestida. - -Baña a Zaragoza, asentada a la derecha margen, el caudaloso Ebro. -Cíñela al mediodía y del lado opuesto, Huerba, acanalado y pobre, -que más abajo rinde a aquél sus aguas y casi enfrente adonde, desde -el Pirineo, viene también a fenecer el Gállego. Por la misma parte, -y a un cuarto de legua de la ciudad, se eleva el monte Torrero, cuya -altura atraviesa la Acequia Imperial, que así llaman al canal de -Aragón, por traer su origen del tiempo del emperador Carlos V. - -Antes del sitio hermoseaban a Zaragoza en sus contornos feraces -campiñas, viñedos y olivares, con amenas y deleitables quintas, a que -dan en la tierra el nombre de torres. A la izquierda del Ebro está el -arrabal, que comunica con la ciudad por medio de un puente de piedra, -habiéndose destruído otro de madera en una riada que hubo en 1802. - -Pasaba la población de 55.000 almas; menguó con las muertes -y destrozos. No era Zaragoza ciudad fortificada, diciendo -Colmenar[628], a manera de profecía, cosa ha de un siglo, «que estaba -sin defensa, pero que reparaba esta falta el valor de sus habitantes». - -Cercábala solamente una pared de diez a doce pies de alto y tres de -espesor, en parte de tapia y en otras de mampostería, interpolada -a veces y formada por algunos edificios y conventos, y en la que -se cuentan ocho puertas que dan salida al campo. No lejos de una -de ellas, que es la del Portillo, y extramuros, se distingue la -Aljafería, antigua morada de los reyes de Aragón, rodeada de un foso -y muralla, cuyos cuatro ángulos guarnecen otros tantos bastiones. Las -calles en general son angostas, excepto la del Coso, muy espaciosa -y larga, casi en el centro de la ciudad, y que se extiende desde -la puerta llamada del Sol hasta la plaza del Mercado. Las casas, -de ladrillo, y por la mayor parte de dos o tres pisos; la adornan -edificios y conventos bien construídos y de piedra de sillería. -La piedad admira dos suntuosas catedrales: la de Nuestra Señora -del Pilar y la de la Seo, en las que alterna por años, para su -asistencia, el Cabildo. El último templo, antiquísimo; el primero, -muy venerado de los naturales por la imagen que en su santuario se -adora. Como no es de nuestra incumbencia hacer una descripción -especial de Zaragoza, no nos detendremos ni en sus antigüedades -ni grandeza, reservando para después hablar de aquellos lugares -que, a causa de la resistencia que en ellos se opuso, adquirieron -desconocido renombre, porque allí las casas y edificios fueron otras -tantas fortalezas. - -Si ningunas eran en Zaragoza las obras de fortificación, tampoco -abundaban otros medios de defensa. Vimos cuán escasos andaban al -levantarse en mayo. El corto tiempo transcurrido no había dejado -aumentarlos notablemente, y antes bien se habían aminorado con los -descalabros padecidos en Tudela y Mallen. En semejante estado, déjase -discurrir la consternación de Zaragoza al esparcirse la nueva, en la -noche del 14 de junio, de haber sido aquel día derrotado don José -de Palafox en las cercanías de Alagón, según dijimos en el anterior -libro. Desapercibidos sus habitantes, tan solamente hallaron consuelo -con la presencia de su amado caudillo, que no tardó en regresar a la -ciudad. Mas el enemigo no dió descanso ni vagar. Siguieron de cerca -a Palafox, y tras él vinieron proposiciones del general Lefebvre -Desnouettes, a fin de que se rindiese, con un pliego enderezado al -propio objeto, y firmado por los emisarios españoles Castel-Franco, -Villela y Pereira, que acompañaban al ejército francés, y de quienes -ya hicimos mención. - -Fué la repuesta del general Palafox ir al encuentro de los invasores, -y con las pocas tropas que le quedaban, algunos paisanos y piezas -de campaña, se colocó fuera, no lejos de la ciudad, al amanecer del -15. Estaba a su lado el marqués de Lazán y muchos oficiales, mandando -la artillería el capitán don Ignacio López. Pronto asomaron los -franceses y trataron de acometer a los nuestros con su acostumbrado -denuedo. Pero Palafox, viendo cuán superior era el número de los -contrarios, determinó retirarse, y ordenadamente pasó a Longares, -pueblo seis leguas distante, desde donde continuó al puerto del -Frasno, cercano a Calatayud, queriendo engrosar su división con la -que reunía y organizaba en dicha ciudad el Barón de Versages. - -Semejante movimiento, si bien acertado en tanto que no se consideraba -a Zaragoza con medios para defenderse, dejaba a esta ciudad del todo -desamparada y a merced del enemigo. Así se lo imaginó fundadamente el -general francés Lefebvre Desnouettes, y con sus 5 a 6.000 infantes y -800 caballos, a las nueve de la mañana del mismo 15, presentóse con -ufanía delante de las puertas. Habían crecido dentro las angustias; -no eran arriba de 200 los militares que quedaban entre miñones y -otros soldados; los cañones, pocos y mal colocados, como gente a -quien no guiaban oficiales de artillería, pues de los dos únicos -con quien se contaba en un principio, don Juan Cónsul y don Ignacio -López, el último acompañaba a Palafox, y el primero, por orden suya, -hallábase de comisión en Huesca. El paisanaje andaba sin concierto, -y por todas partes reinaba la indisciplina y confusión. Parecía, -por tanto, que ningún obstáculo detendría a los enemigos, cuando -el tiroteo de algunos paisanos y soldados desbandados los obligó a -hacer parada y proceder precavidamente. De tan casual e impensado -acontecimiento nació la memorable defensa de Zaragoza. - -La perplejidad y tardanza del general francés alentó a los que -habían empezado a hacer fuego, y dió a otros alas para ayudarlos -y favorecerlos. Pero como aun no había baterías ni resguardo -importante, consiguieron algunos jinetes enemigos penetrar hasta -dentro de las calles. Acometidos por algunos voluntarios y miñones de -Aragón, al mando del coronel don Antonio de Torres, y acosados por -todas partes por hombres, mujeres y niños, fueron los más de ellos -despedazados cerca de Nuestra Señora del Portillo, templo pegado a la -puerta del mismo nombre. - -Enfurecidos los habitantes, y con mayor confianza en sus fuerzas -después de la adquirida, si bien fácil, ventaja, acudieron sin -distinción de clase ni de sexo adonde amagaba el peligro, y llevando -a brazo los cañones antes situados en el Mercado, plaza del Pilar -y otros parajes desacomodados, los trasladaron a las avenidas por -donde el enemigo intentaba penetrar, y de repente hicieron contra sus -huestes horrorosas descargas. Creyó entonces necesario el general -francés emprender un ataque formal contra las puertas del Carmen y -del Portillo. Puso su mayor conato en apoderarse de la última, sin -advertir que situada a la derecha de la Aljafería, eran flanqueadas -sus tropas por los fuegos de aquel castillo, cuyas fortificaciones, -aunque endebles, le resguardaban de un rebate. Así sucedió que los -que le guarnecían, capitaneados por un oficial retirado, de nombre -don Mariano Cerezo, militar tan bravo como patriota, escarmentaron -la audacia de los que confiadamente se acercaban a sus muros. -Dejáronlos aproximarse, y a quemarropa, los ametrallaron. En sumo -grado contribuyó a que fuera más certera la artillería en sus tiros, -un oficial, sobrino del general Guillelmi, quien encerrado allí -con su tío desde el principio de la insurrección, olvidándose del -agravio recibido, sólo pensó en no dar quiebra a su honra, y cumplió -debidamente con lo que la patria exigía a su persona. - -Igualmente fueron los franceses repelidos en la puerta del Carmen, -sosteniendo por los lados el tremendo fuego que de frente se les -hacía, escopeteros esparcidos entre las tapias, alameda y olivares, -cuya buena puntería causó en las filas enemigas notable matanza. -Nadie rehusaba ir a la lid; las mujeres corrían a porfía a estimular -a sus esposos y a sus hijos, y atropellando por medio del inminente -riesgo, los socorrían con víveres y municiones. Los franceses, -aturdidos al ver tanto furor y ardimiento, titubeaban, y crecía con -su vacilar el entusiasmo y valentía de los defensores. De nuevo, no -obstante, y reiteradas veces embistieron la entrada del Portillo, -desviándose de la Aljafería, y procurando cubrirse detrás de los -olivares y arboledas. - -Menester fué, para poner término a la sangrienta y reñida pelea, que -sobreviniese la noche. Bajo su amparo se retiraron los franceses a -media legua de la ciudad, y recogieron sus heridos, dejando el suelo -sembrado de más de quinientos cadáveres. La pérdida de los españoles -fué mucho más reducida, abrigados de tapias y edificios. Y de aquella -señalada victoria, que algunos llamaron de las Eras, resultó el -glorioso empeño de los zaragozanos de no entrar en pacto alguno con -el enemigo, y resistir hasta el último aliento. - -Fuera de sí aquellos vecinos con la victoria alcanzada, ignoraban -todavía el paradero del general Palafox. Grande fué su tristeza al -saber su ausencia, y no teniendo fe en las autoridades antiguas ni -en los demás jefes, los diputados y alcaldes de barrio, a nombre del -vecindario, se presentaron, luego que cesó el combate, al corregidor -e intendente don Lorenzo Calvo de Rozas, que hechura de Palafox, -merecía su confianza. Instáronle para que hiciera sus veces, y -condescendió con sus ruegos en tanto que aquél no volviera. - -Unía Calvo en su persona las calidades que el caso requería. -Declarado abiertamente en favor de la causa pública, habíase fugado -de Madrid, en donde estaba avecindado. Hombre de carácter firme -y sereno, encerraba en su pecho, con apariencias de tibio, el -entusiasmo y presteza de un alma impetuosa y ardiente. Autorizado, -como ahora se veía, por la voz popular, y punzado por el peligro que -a todos amenazaba, empleó con diligencia cuantos medios le sugería el -deseo de proteger contra la invasión extraña la ciudad que se ponía -en sus manos. - -Prontamente llamó al teniente de rey don Vicente Bustamante para -que expidiese y firmase a los de su jurisdicción las convenientes -órdenes. Mandó iluminar las calles, con objeto de evitar cualquiera -sorpresa o excesos; empezáronse a preparar sacos de tierra para -formar baterías en las puertas de Sancho, el Portillo, Carmen y -Santa Engracia; abriéronse zanjas o cortaduras en sus avenidas; -dispusiéronse a artillarlas, y se levantó en toda la tapia que -circuía a la ciudad una banqueta, para desde allí molestar al enemigo -con la fusilería. Prevínose a los vecinos en estado de llevar armas -que se apostasen en los diversos puntos, debiendo alternar noche y -día; ocupáronse los niños y mujeres en tareas propias de su edad y -sexo, y se encargó a los religiosos hacer cartuchos de cañón y fusil, -cumpliéndose con tan buen deseo y ahinco aquellas disposiciones, que -a las diez de la noche se había ya convertido Zaragoza en un taller -universal, en el que todos se afanaban por desempeñar debidamente lo -que a cada uno se había encomendado. - -Con más lentitud se procedió en la construcción de las baterías, por -falta de ingeniero que dirigiese la obra. Sólo había uno, que era don -Antonio San Genis, y éste había sido el 15 llevado a la cárcel por -los paisanos, que le conceptuaban sospechoso, habiendo notado que -reconocía las puertas y la ronda de la ciudad. Ignoróse su suerte -en medio de la confusión, pelea y agitación de aquel día y noche, -y sólo se le puso en libertad, por orden de Calvo de Rozas, en la -mañana del 16. Sin tardanza trazó San Genis atinadamente varias obras -de fortificación, esmerándose en el buen desempeño, y ayudado, en -lugar de otros ingenieros, por los hermanos Tabuenca, arquitectos -de la ciudad. Pintan estos pormenores, y por eso no son de más, la -situación de los zaragozanos, y lo apurados y escasos que estaban -de recursos y de hombres inteligentes en los ramos entonces más -necesarios. - -Los franceses, atónitos con lo ocurrido el 15, juzgaron imprudente -empeñarse en nuevos ataques antes de recibir de Pamplona -mayores fuerzas, con artillería de sitio, morteros y municiones -correspondientes. Mientras que llegaba el socorro, queriendo Lefebvre -probar la vía de la negociación, intimó el 17 que a no venir a -partido pasaría a cuchillo a los habitantes cuando entrase en la -ciudad. Contestósele dignamente, y se prosiguió con mayor empeño en -prepararse a la defensa. - -El general Palafox, en tanto, vista la decisión que habían tomado -los zaragozanos de resistir a todo trance al enemigo, trató de -hostigarle y llamar a otra parte su atención. Unido al barón de -Versages, contaba con una división de 6.000 hombres y cuatro piezas -de artillería. El 21 de junio pasó en Almunia reseña de su tropa, y -el 23 marchó sobre Epila. En aquella villa hubo jefes que notando -el poco concierto de su tropa, por lo común allegadiza, opinaron -ser conveniente retirarse a Valencia y no empeorar con una derrota -la suerte de Zaragoza. Palafox, asistido de admirable presencia de -ánimo, congregó su gente, y delante de las filas, exhortando a todos -a cumplir con el duro, pero honroso deber que la Patria les imponía, -añadió que eran dueños de alejarse libremente aquellos a quienes no -animase la conveniente fortaleza para seguir por el estrecho y penoso -sendero de la virtud y de la gloria, o que tachasen de temeraria su -empresa. Respondióse a su voz con universales clamores de aprobación, -y ninguno osó desamparar sus banderas. De tamaña importancia es en -los casos arduos la entera y determinada voluntad de un caudillo. - -Seguro de sus soldados, hizo propósito Palafox de avanzar la mañana -siguiente a la Muela, tres leguas de Zaragoza, queriendo coger a los -franceses entre su fuerza y aquella ciudad. Pero barruntando éstos -su movimiento, se le anticiparon y acometieron a su ejército en -Epila a las nueve de la noche, hora desusada, y en la que dieron de -sobresalto e impensadamente sobre los nuestros por haber sorprendido -y hecho prisionera una avanzada, y también por el descuido con que -todavía andaban nuestras inexpertas tropas. Trabóse la refriega, que -fué empeñada y reñida. Como los españoles se vieron sobrecogidos, no -hubo orden premeditado de batalla, y los cuerpos se colocaron según -pudo cada uno en medio de la obscuridad. La artillería, dirigida por -el muy inteligente oficial don Ignacio López, se señaló en aquella -jornada, y algunos regimientos se mantuvieron firmes hasta por la -mañana, que sin precipitación tomaron la vuelta de Calatayud. En su -número se contaba el de Fernando VII, que aunque nuevo, sostuvo el -fuego por espacio de seis horas, como si se compusiera de soldados -veteranos. También hombres sueltos de guardias españolas defendieron -largo rato una batería de las más importantes. Disputaron, pues, unos -y otros el terreno a punto de que los franceses no los incomodaron en -la retirada. - -Palafox, convencido no obstante de que no era dado con tropas bisoñas -combatir ventajosamente en campo raso, y de que sería más útil su -ayuda dentro de Zaragoza, determinó, superando obstáculos, meterse -con los suyos en aquella ciudad, por lo que, después de haberse -rehecho, y dejando en Calatayud un depósito al mando del barón de -Versages, dividió su corta tropa en dos pequeños trozos; encargó el -uno a su hermano don Francisco, y acaudillando en persona el otro, -volvió el 2 de julio a pisar el suelo zaragozano. - -Ya había allí acudido días antes su otro hermano el marqués de -Lazán, que era el gobernador, con varios oficiales, a instancias y -por aviso del intendente Calvo de Rozas. Deseaba éste un arrimo -para robustecer aun más sus acertadas providencias, acordar otras, -comprometer en la defensa a las personas de distinción que no lo -estuviesen todavía, imponer respeto a la muchedumbre, congregando una -reunión escogida y numerosa, y afirmarla en su resolución por medio -de un público y solemne juramento. Para ello convocó el 25 de junio -una Junta general de las principales corporaciones e individuos de -todas clases, presidida por el marqués de Lazán. En su seno expuso -brevemente Calvo de Rozas el estado en que la ciudad se hallaba, y -cuáles eran sus recursos, y excitó a los concurrentes a coadyuvar -con sus luces y patriótico celo al sostenimiento de la causa común. -Conformes todos, aprobaron lo antes obrado, se confirmaron en su -propósito de vencer o morir, y resolvieron que el 26 los vecinos, -soldados, oficiales y paisanos armados, prestarían en calles y -plazas, en baterías y puertas, un público y majestuoso juramento. - -Amaneció aquel día, y a una hora señalada de la tarde se pobló el -aire de un grito asombroso y unánime «de que los defensores de -Zaragoza, juntos y separados, derramarían hasta la última gota de su -sangre por su religión, su rey y sus hogares». - - -NOTA - - [628] _Annales d’Espagne et de Portugal_, par don Juan Alvarez de - Colmenar, t. V, pág. 431, edición de Amsterdam. - - - - -ÍNDICE - - - _Páginas._ - - PRÓLOGO 1 - Advertencia sobre la lengua medieval 5 - - ALFONSO EL SABIO Y SUS CONTINUADORES 7 - Comienzo del reinado de Nerón 11 - Muerte de Nerón 17 - Garci Pérez de Vargas y su cofia 22 - - DON JUAN MANUEL 28 - Don Illán y el deán de Toledo 30 - El mozo que casó con mujer brava 39 - - ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO 47 - Vicios y tachas de las mujeres 50 - La mujer habladora 58 - - FERNANDO DE ROJAS 62 - Primera entrevista de Calixto y Melibea 66 - Celestina va a casa de Melibea 74 - - AUTOR ANÓNIMO DEL LAZARILLO DE TORMES 83 - Lázaro y el escudero de Toledo 86 - - DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 113 - Prólogo de la _Guerra de Granada_ 116 - El Fuerte de Calalui 120 - - FRAY LUIS DE GRANADA 125 - Meditación del Juicio final 127 - Descendimiento de Cristo 133 - Descripción de la granada 136 - Pintura del pavo real 139 - - SANTA TERESA DE JESÚS 143 - Narración de su infancia 145 - _Las Moradas_ 150 - Carta a su hermano don Lorenzo 152 - Carta a Fray Jerónimo Gracián 155 - - FRAY LUIS DE LEÓN 158 - Del arte de escribir la lengua vulgar 160 - Introducción a los _Nombres de Cristo_ 162 - Cristo, príncipe de Paz 167 - Alabanza del madrugar 172 - - EL P. JUAN DE MARIANA 178 - Muerte de Don Pedro el Cruel 181 - Proclamación de Don Juan II 194 - El compromiso de Caspe 202 - - FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA 210 - Vida de Fray Juan de Carrión 211 - Prólogo de la _Historia de la Orden de San Jerónimo_ 216 - - MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 219 - Comienzo del _Quijote_ 220 - Diálogo de Don Quijote y el Canónigo 224 - El Caballero del Verde Gabán 241 - La Cueva de Montesinos 248 - _Coloquio de los perros_ 262 - - DON FRANCISCO DE MONCADA 269 - Prólogo de la _Expedición de Catalanes y Aragoneses_ 270 - Los Almugávares 273 - - DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS 278 - Señales del verdadero Rey 281 - Discurso de Marco Bruto 286 - _Las Zahurdas de Plutón_ 288 - Don Enrique de Villena en la redoma 295 - El dómine Cabra 305 - - EL P. BALTASAR GRACIÁN 311 - No estar siempre de burlas 312 - Fragmento de _El Criticón_ 316 - - DON FRANCISCO MANUEL DE MELO 320 - Muerte del Marqués de Santa Coloma 322 - - DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS 331 - _Defensa de la Junta Central_ 334 - Carta a Don Antonio Ponz 341 - - DON LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN 349 - _Derrota de los Pedantes_ 350 - El Vesubio 361 - - EL CONDE DE TORENO 369 - Primer sitio y defensa de Zaragoza 369 - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Antología de prosistas castellanos, by -Ramón Menéndez Pidal - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS *** - -***** This file should be named 53837-0.txt or 53837-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/8/3/53837/ - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: Antología de prosistas castellanos - -Author: Ramón Menéndez Pidal - -Release Date: December 30, 2016 [EBook #53837] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - -</pre> - - -<div class="front"> - <hr class="full" /> - <p><a href="#tnote">Nota de transcripción</a></p> - <p><a href="#ToC">Índice</a></p> - <h1 class="faux">ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS</h1> -</div> - -<div class="screenonly"> - <hr class="chap" /> - <div class="figcenter"> - <img src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro" /> - </div> - <hr class="chap" /> -</div> - - -<div class="aftit pt6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_i">[p. i]</span></p> - <div class="ad"> - <p>PUBLICACIONES DE LA REVISTA<br /> - DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA</p> - <p class="small mt05">VOLÚMENES PUBLICADOS</p> - <p class="small mt15">I</p> - <p class="mt05 g1">INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO<br /> - DE LA LINGÜÍSTICA ROMANCE</p> - <p class="xs mt1">POR W. MEYER LÜBKE</p> - <p class="xs">TRADUCCIÓN DE A. CASTRO</p> - <p class="small mt15">II</p> - <p class="mt05 g1">ANTOLOGÍA DE PROSISTAS<br /> - CASTELLANOS</p> - <p class="xs mt1">POR RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL</p> - </div> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="tit pt3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_ii">[p. ii]</span></p> - <p class="small g2">JUNTA - PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS<br /> - CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS</p> - <hr class="fil" /> - - <p class="xl mt2">RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL</p> - <p class="xxl mt1">ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS</p> - - <div class="figcenter mt3"> - <img src="images/logo.jpg" - alt="Logotipo del editor" /> - </div> - - <p class="mt3"><span class="g2">MADRID</span></p> - <p class="g1">1917</p> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="aftit pt6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_iii">[p. iii]</span></p> - <p class="small">Imp. Clásica Española. Cardenal Cisneros, 10.—Teléf. 4430</p> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_0"> - <p><span class="pagenum" id="Page_1">[p. 1]</span></p> - <h2 class="nobreak g1">PRÓLOGO</h2> -</div> - -<div class="mayor"> - -<p>La edición primera de esta colección de prosistas apareció en -1899. La obra, abandonada desde entonces por mí, aparece ahora en una -segunda edición, bastante corregida y aumentada con trozos de algunos -autores más.</p> - -<p class="mt2">Es útil la lectura de un autor antiguo, porque su -pensamiento puede instruir y educar el nuestro; mas, para que esto -tenga lugar, es preciso comprender sus ideas, no en lo que tienen -de común a muchos tiempos, lugares y gentes, sino en aquello más -escondido y particular propio de tal época, tal región o tal persona, -que, comparado con lo que tenemos delante y habitualmente nos rodea, -nos ayuda a apreciar mejor lo que esto tiene de bueno o de malo, de -pasajero o de permanente, dando seguridad y madurez a nuestro juicio. -Por esto el comentario del autor antiguo se debe fijar en lo que -la obra comentada difiere más de lo actual, en lo que tiene de más -peculiar, por menudo que pa<span class="pagenum" id="Page_2">[p. -2]</span>rezca; pues sólo conseguimos comprender bien el pensamiento -de un autor cuando llegamos a entender el sentido especial con que -él escribió cada palabra, representándonos en nuestra imaginación lo -mismo que él en la suya tenía presente al escribir; en suma, cuando -reconstruímos en nuestro entendimiento las menores circunstancias -particulares del tiempo y lugar en que fué escrita la obra, cuando -llegamos a despertar en nosotros la impresión que los pormenores y el -conjunto de la misma hicieron en los contemporáneos del autor cuando -la leían.</p> - -<p>Claro que es muy difícil siempre acercarse a este ideal, y que es -imposible realizarlo tratándose del estudio de autores en la segunda -enseñanza; pero, de todos modos, es preciso que las observaciones -gramaticales, retóricas y literarias que continuamente han de surgir -en la lectura de los clásicos, no se descarríen por el terreno de -las consideraciones abstractas y tomen un aspecto principalmente -histórico.</p> - -<p>Las notas que acompañan a la presente colección, no quieren ser -un comentario suficiente para el alumno: no se proponen más que -hacer al profesor más llevadera la difícil tarea de poner un trozo -antiguo al alcance de los alumnos, y de hacer que éstos entren, en -lo posible, dentro de la época, y dentro de la intención y estilo de -cada autor.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_3">[p. 3]</span></p> - -<p>Las breves introducciones que preceden a cada autor, sólo -pretenden dar una orientación general, de muy diverso alcance -y carácter en cada caso, para esbozar una sumaria historia del -desarrollo de la prosa; sugieren, nada más, algunas cuestiones -relacionadas con esa historia.</p> - -<p>Las notas son una muestra de las múltiples explicaciones de -puntos de gramática, de estilo, y a veces de historia literaria, -que ocasionalmente deben hacerse con motivo de la lectura. Claro -es que cada profesor tiene que multiplicar estas explicaciones de -acuerdo con la índole y objeto principal de su enseñanza. Sobre -todo, queda al profesor el comento literario; ha de enlazar el -fragmento aquí publicado con la obra entera de donde procede; ha de -hacer comprender el plan y fondo de esa obra, relacionándola con -el conjunto de la producción literaria española de la época; ha de -ahondar en el pensamiento del autor, y descubrir su nota distintiva. -En todo debe llevar al alumno a que formule juicios propios sobre las -cuestiones tratadas; a que ejercite su discernimiento y su crítica -independientemente de las nociones recibidas en los manuales; a que -eduque su buen gusto, en fin.</p> - -<p>Esta colección proporcionará a los alumnos trozos bastante -extensos de obras que no podrían o no deberán leer enteras. Sólo -incluye<span class="pagenum" id="Page_4">[p. 4]</span> autores hasta -comienzos del siglo <small>XIX</small>, porque son los que están más -fuera de la mano del estudiante; no porque los autores modernos no -deban formar parte, y muy principal, de las lecturas de clase.</p> - -<p>Los textos van, en general, ajustados a las ediciones más antiguas -de la obra de donde proceden. Para Moratín se sigue la edición de la -Academia de la Historia. Para Santa Teresa, Jovellanos y Toreno, la -edición de la Biblioteca de Autores Españoles. Para Mendoza se tienen -presentes los manuscritos de <i>La Guerra de Granada</i>. Para don Juan -Manuel se han consultado todos los códices del <i>Conde Lucanor</i>. El -Arcipreste de Talavera va según la edición de Pérez Pastor.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_0_1"> - <h3 title="Advertencia sobre la lengua medieval"><span class="pagenum" - id="Page_5">[p. 5]</span>ADVERTENCIA SOBRE LA LENGUA MEDIEVAL</h3> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>La antigua lengua castellana, aunque no difiere considerablemente -del español moderno, presenta, como es de suponer, bastantes -caracteres distintos. Por de pronto diremos sólo que, en cuanto a -la pronunciación, la lengua antigua era más rica en sonidos que la -moderna.</p> - -<p>Distinguía una <i>s</i> sorda y otra sonora (con análoga diferencia que -la que existe en francés entre <i>poisson</i> y <i>poison</i>); la <i>s</i> sorda se -escribía doble entre vocales (<i>passar</i>, <i>escriviesse</i>), y sencilla -cuando era inicial o iba tras consonante (<i>señor</i>, <i>mensage</i>), o -delante de consonante sorda (<i>estar</i>, <i>España</i>); la <i>s</i> sonora se -escribía sencilla entre vocales (<i>casa</i>, <i>cosa</i>).</p> - -<p>Distinguía también la <i>ç</i> (o <i>ce</i>, <i>ci</i>), sorda, de la <i>z</i> sonora; -aquélla era un sonido parecido al que hoy pronunciamos en za, ce, -ci, zo, zu; y la <i>z</i> antigua era el mismo sonido, pero acompañado -de sonoridad en las cuerdas vocales. Por la pronunciación y la -ortografía se diferenciaban, por un lado: <i>hace</i>, <i>haces</i>, singular -y plural del sustantivo moderno «haz», y por otra parte: <i>haze</i>, -<i>hazes</i>, del verbo «hazer», moderno «hacer».</p> - -<p>Se distinguían también la sorda <i>x</i> de la sonora <i>j</i> (con -análoga diferencia a la que existe en el<span class="pagenum" -id="Page_6">[p. 6]</span> francés entre las iniciales de <i>chambre</i> -y de <i>jour</i>). Por la pronunciación y la ortografía se distinguían -antes: <i>rexa</i> de ventana y <i>reja</i> de arado.</p> - -<p>Se distinguían también una <i>b</i> oclusiva, es decir, pronunciada -juntando completamente los labios, como cuando pronunciamos hoy -con energía el imperativo <i>basta</i>, y una <i>v</i> meramente fricativa, -pronunciada con los labios a medio cerrar solamente, como cuando hoy -decimos <i>saber</i>, <i>ave</i>. La distinción existe, pues, hoy día; pero -hoy la pronunciación de una u otra <i>b</i> no se atiene a la ortografía, -ya que ésta escribe ora <i>b</i> ora <i>v</i>, según la escritura latina, sin -atender a la pronunciación moderna; además la distinta pronunciación -hoy depende sólo de la posición más o menos débil de la consonante -(oclusiva, cuando va inicial o tras consonante: <i>basta!</i>, <i>ven!</i>, -<i>ambos</i>, <i>envidia</i>; fricativa, cuando va entre vocales: <i>la bestia</i>, -<i>la voz</i>, <i>haber</i>). Por el contrario, en la lengua antigua la -pronunciación de la <i>b</i> o la <i>v</i> dependía de la etimología de la voz, -y a veces entrañaba diversa significación en los vocablos: <i>cabe</i>, -<i>cave</i>, de los verbos «caber» y «cavar», se distinguían antes por -la pronunciación, hoy tan sólo por la ortografía; y antiguamente -se escribía y se pronunciaba la <i>v</i> en muchos vocablos que hoy se -escriben con <i>b</i>, como <i>cavallo</i>, <i>bever</i>, y viceversa <i>bivir</i>, -<i>bívora</i>.</p> - -<p>Si en la lectura no se acierta a producir o no se quieren hacer -estas distinciones, pronúnciense la <i>ss</i> y la <i>s</i> como la <i>s</i> -moderna; la <i>ç</i> y la <i>z</i>, como la <i>z</i> moderna; la <i>x</i> y <i>j</i>, como la -<i>j</i> moderna; la <i>b</i> y la <i>v</i>, como la <i>b</i> moderna.</p> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_7">[p. 7]</span></p> - <h2 title="Alfonso el Sabio y sus continuadores" - class="nobreak"><span class="g1">ALFONSO EL SABIO</span><br /> - <small>(1220-1284)<br /> - Y SUS CONTINUADORES</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Mientras la poesía castellana venía cultivándose desde el siglo -<small>XII</small>, y había producido, ya hacía mucho, una obra -maestra como el <i>Poema del Cid</i>, la prosa tan sólo empezó a tener un -cultivo literario en el reinado de San Fernando († 1253), y no -produjo obras verdaderamente notables sino en la corte de su hijo -Alfonso X. La poesía aparece con un carácter popular o nacional, y se -enlaza desde su comienzo con la poesía de otros idiomas románicos, -con la francesa, con la gallega y la provenzal principalmente. La -prosa aparece con un carácter más erudito, ejercitándose en obras -científicas o didácticas, copiadas o inspiradas en las literaturas -más sabias de entonces: la latina, la árabe y la hebrea. En este -primer período de su desarrollo, la prosa se ejercita principalmente -en traducir las materias que hasta entonces se expresaban sólo en -las lenguas doctas de la época; en las traducciones se procuraba -una fidelidad más literal que literaria, y en todo caso los varios -estilos de los autores traducidos se sobreponían al estilo del -adaptador castellano.</p> - -<p>Mucho de esto se ve en varias de las grandes<span class="pagenum" -id="Page_8">[p. 8]</span> obras emprendidas por Alfonso el Sabio, y -muy particularmente en la <i>Crónica general de España</i>, que empezó a -componerse en su reinado, hacia el año 1270, y en la cual se seguía -trabajando durante el reinado de su hijo Sancho IV, en 1289. El -estilo de la <i>Crónica</i> ofrece sus sencillos encantos, precisamente a -causa de la gran variedad que reviste, según traduce las apasionadas -<i>Heroidas</i> de Ovidio, los elocuentes y sentenciosos exámetros de la -<i>Farsalia</i> de Lucano, el bullicio anecdótico de <i>Los Césares</i> de -Suetonio, la penetrante y cruda minuciosidad de los historiadores -árabes, el simbolismo retórico de los poetas musulmanes, los heroicos -versos de los juglares castellanos, el bíblico lirismo de San Isidoro -o la honda emoción personal del arzobispo don Rodrigo, que a jirones -rasgan la dura sequedad de las crónicas medievales.</p> - -<p>Así, la prosa de la <i>Crónica</i> tiene el gran atractivo de ser -un reflejo multicolor de las más elevadas corrientes de arte que -se dejaban sentir en las diversas generaciones que convivieron y -se sucedieron en la corte castellana, durante los dos reinados de -Alfonso X y de Sancho IV.</p> - -<p>Mas a pesar de esta múltiple influencia de los textos traducidos, -la <i>Crónica General</i> ofrece una marcada originalidad, lo mismo como -compilación histórica representativa de la más vasta cultura de la -época, que como obra literaria en que el lenguaje está sometido -a una elaboración artística. De diversos testimonios consta que, -aunque Alfonso el Sabio no escribía enteramente por sí las obras -que llevan su nombre, él dirigía a los redactores a quienes se -las encomendaba y corregía lo que éstos hacían, cuidando muy -especialmente de que los idiomas doctos, de donde se tomaban las -materias diversas, no estropeasen la pureza del castella<span -class="pagenum" id="Page_9">[p. 9]</span>no, y de que la lengua, en -general, fuese elegante. En el prólogo del <i>Libro de la Esfera</i> se -dice que el rey «tolló las razones que entendió eran sovejanas et -dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras que -entendió que complían; et quanto al lenguaje endreçólo él por sise»<a -id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>.</p> - -<p>El vocabulario y la construcción son, en efecto, muy castizos, y -el lenguaje, en medio de su sencillez, posee una poderosa eficacia. -El relato conserva todavía ciertas fórmulas de las narraciones -populares, no hechas para la lectura, sino para la recitación en -público, como aquellas en que los juglares se dirigían a sus oyentes. -Así, la <i>Crónica</i> se dirige a menudo a su público: <i>E sabet que... Ya -oistes de suso... en esta manera que vos avemos contado... conviene -que vos digamos...</i> Igual práctica se observa en los primeros -prosistas franceses, por ejemplo en Villehardouin.</p> - -<p>La inhabilidad para el paso de la narración en verso de los -juglares a la narración prosaria de la historia, se observa en la -escasez de formas del período, manifestada, sobre todo, en la pobreza -extrema de las conjunciones. Es de gran monotonía la larga serie -de cláusulas, yuxtapuestas casi únicamente por medio de la simple -conjunción copulativa <i>e</i>.</p> - -<p>Presentamos a continuación dos muestras de la <i>Crónica</i>. La -primera está escrita en el reinado de Alfonso X, y es principalmente -un arreglo, o mejor, una traducción de Suetonio; la segunda está -redactada en la corte de Sancho IV, y es una anécdota, probablemente -tomada de la tradición oral. Se notará entre ambos trozos -alguna<span class="pagenum" id="Page_10">[p. 10]</span> considerable -diferencia de lenguaje, a pesar de que el primero no representa el -habla más antigua empleada en la parte de la <i>Crónica</i> compuesta -bajo Alfonso X, ya que la lengua más arcaizante es la usada en los -100 primeros capítulos de la obra. Por ejemplo, la apócope de la -vocal <i>e</i> final (<i>siet</i>, por «siete»; <i>franc</i>, por «franque», moderno -«franco»; <i>yl</i>, por «y le»; <i>cuemol</i>, por «como le»), y a veces la -de la <i>o</i> final (<i>poc a poco</i>, <i>much a menudo</i>, <i>tod el pueblo</i>), -se practica en el primer trozo de la <i>Crónica</i>, siguiendo el uso -predominante en el castellano durante el siglo <small>XII</small> y -primera mitad del <small>XIII</small>; pero tal apócope es ya casi -desconocida en el segundo trozo, usándose, por lo general, tan sólo -en el caso del pronombre <i>le</i> cuando va tras las partículas <i>que</i> -y <i>no</i>, o tras un verbo (<i>quel</i>, por «que le»; <i>nol</i>, por «no le»; -<i>díxol</i>, por «díjole»). De este modo, en los escasos veinte años que -dura la elaboración de la <i>Crónica</i>, observamos a ojos vistas una de -las más importantes evoluciones del español literario: la pérdida -de las terminaciones agudas en consonante, que le asemejaban antes -al francés, y la preferencia marcada por las terminaciones llanas -en vocal, que le asemejaban al italiano. Otras muchas diferencias -podrían observarse; por ejemplo la preposición <i>pora</i> que se ve -en el primer fragmento, tiene ya en el segundo la forma moderna -<i>para</i>. Por éste y otros casos se manifiesta cómo la lengua literaria -evolucionaba, sobre todo en cuanto a la estructura de las palabras, -más activamente en este primer período de su desarrollo que durante -todos los sucesivos.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_1_1"> - <h3 title="Comienzo del reinado de Nerón"><span class="pagenum" - id="Page_11">[p. 11]</span>CRÓNICA GENERAL DE ESPAÑA</h3> - <p class="hang mt2">172. Dell imperio de Nero, et luego de los fechos - que contecieron en el primer año de su regnado.</p> -</div> - -<p>Luego que Claudio fue muerto, fincó<a id="FNanchor_2" -href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a> Nero, su yerno, por -emperador de Roma et de todo ell<a id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" -class="fnanchor">[3]</a> imperio; e avíe dizeocho años quando començó -a regnar, e regnó dizitres<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" -class="fnanchor">[4]</a> años et ocho meses...</p> - -<p>Este Nero<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" -class="fnanchor">[5]</a> era mesurado de cuerpo, ni muy grand ni -muy pequeño, pero avíelo todo lleno de manziellas<a id="FNanchor_6" -href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a> et de mal olor; avíe -los cabellos castaños et la cara fremosa más que de buen donario; -no avíe el viso claro, ni veíe bien de los ojos; la cerviz avíe -delgada et el vientre colgado, et las piernas muy delgadas. -Seyendo niño aprisiera<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7" -class="fnanchor">[7]</a> todas las siet artes: et desque se partió -daquel estu<span class="pagenum" id="Page_12">[p. 12]</span>dio, fue -muy sotil en assacar de suyo cosas nuevas; assí que trobava muy de -grado, et faziélo sin tod affán.<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8" -class="fnanchor">[8]</a> E fue de pintar muy maestro a maravilla -et de fallar de nuevo<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" -class="fnanchor">[9]</a> muchas estrañas pinturas.</p> - -<p>Mostrósse por muy piadoso en el comienço del su imperio, diziendo -que no regnava él por sí, mas por mandado de Claudio Augusto; et por -ende no dava escusa ninguna de no seer franc et piadoso et compañón<a -id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" class="fnanchor">[10]</a> -a quiquier, ante lo era a todos. Los grandes pechos de que se -agraviavan las tierras, todos los tollió et amenguó la mayor -partida dellos. A todos los nobles senadores que eran venidos a -pobreza, poníeles soldada señalada pora cad año porque pudiessen -vevir onradamientre. Quando iudgavan alguno a muerte, yl dizién<a -id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a> que -escriviesse el su nombre en la sentencia cuemo avíen costumbre -de fazer los otros emperadores, dizíe: «¡Dios, quanto querría no -saber letras ningunas!» E quando los senadores le dizién gracias -por alguna cosa que les prometié, dizié él: «quando lo me<span -class="pagenum" id="Page_13">[p. 13]</span>reciere, me las daredes». -Otrossí mando defender<a id="FNanchor_12" href="#Footnote_12" -class="fnanchor">[12]</a> por toda la cibdat que nol presentassen -si no fruta et legumbres et estas cosas rafezes.<a id="FNanchor_13" -href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a></p> - -<p>E sabet que entre todas las otras cosas que ell emperador -Nero aprisiera seyendo niño, aprisso ell arte de la música -maravillosamientre; et de todas las cosas que los músicos provaron -pora mantener las vozes et las aver más altas et más claras, numqua -el dexó ninguna que las todas no prouasse et las no usasse cada -dia;<a id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" class="fnanchor">[14]</a> -ca muchas uezes tomava una grand tavla de plomo, et echávasse tendudo -en tierra, et poníela sobre sus pechos, et suffríela allí muy grand -pieça; e con sabor de cantar, alimpiava ell estómago más vezes et de -más maneras que no conviníe; dexava de comer las maçanas et todos los -otros manjares que empeecién a la voz.</p> - -<p>Estava un dia cantando en el teatro, et tremió la -tierra assoora,<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15" -class="fnanchor">[15]</a> et estremeciósse el teatro todo, de -guisa que se espantaron todos quantos y estavan; mas tan grand -sabor avíe el de cantar, que por todo el miedo non quedó fasta -que ovo acabada su cantiga. E este desvergonçamiento de can<span -class="pagenum" id="Page_14">[p. 14]</span>tar en los teatros cuemo -joglar fue él tomando poc a poco; ca luego en el comienço cantava -encubiertamientre en los juegos que fazíe en su poridad con sus -privados et con los joglares de su casa; e desí fuélo faziendo en -los theatros ante las gentes; et vencié a todos los joglares de -quantas maneras de joglería<a id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" -class="fnanchor">[16]</a> ellos podien assacar.<a id="FNanchor_17" -href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a> E era omne que -andava much a menudo en su carro por tal que lo catassen las -gentes. E nol cumplie de usar destas artes del cantar en la -cibdat de Roma tan solamientre, ante lo fazie muchas veces en los -puertos de Achaya et en todas las cibdades o<a id="FNanchor_18" -href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a> avién en costumbre -de trobar et cantar a porfía. Los maestros del canto et de los -estrumentos avién establecido entre sí, por fazer plazer a Nero, del -enviar todas las coronas et las cantigas de los que vencién et eran -coronados por ende; et enviávangelas todavía;<a id="FNanchor_19" -href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a> e él recibielas tan -de grado, que fazíe por ellas mucha onra a los mandaderos que gelas -traíen, de guisa que les fazíe comer antéll, en logares que no estaua -otro sino él et aquellos que eran muy sus privados.</p> - -<p>Mientre él cantaba en el theatro, no era ninguno<span -class="pagenum" id="Page_15">[p. 15]</span> osado de se partir ende, -ni ir a ningún logar por cosa<a id="FNanchor_20" href="#Footnote_20" -class="fnanchor">[20]</a> que mester le fuesse; e tanto durava i -et tan affincadamientre lo fazíe, que alguno de los que estavan -i veyéndolo, tan enojados eran de lo oir et de loallo con miedo, -que por razón que estavan cerradas las puertas de los castiellos -o de las villas, dexávanse despeñar a furto<a id="FNanchor_21" -href="#Footnote_21" class="fnanchor">[21]</a> por los adarves -a dentro, et dellos<a id="FNanchor_22" href="#Footnote_22" -class="fnanchor">[22]</a> faziense muertos por tal que los -levassen ende. E viniendo una vez de Grecia a Roma, entró -en la cibdat en aquel carro mismo en que Octaviano Augusto -venciera sus batallas,<a id="FNanchor_23" href="#Footnote_23" -class="fnanchor">[23]</a> et traienlo cavallos blancos, et él -vistíe unos paños de pórpola lavrados a<a id="FNanchor_24" -href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a> estrellas doro, et -traie en la cabeça una corona tal cuemo la dell ídolo de Júpi<span -class="pagenum" id="Page_16">[p. 16]</span>ter, e otra en la mano -diestra cuemo la de Phyton,<a id="FNanchor_25" href="#Footnote_25" -class="fnanchor">[25]</a> et ivan antél grandes compañas de joglares -cantando las cantigas et diziendo las fablas de que los él venciera, -et contando los logares en que contesciera cada una cosa; e ivan de -pos él muchas gentes faziendo muy grandes alegrías; e los cavalleros -et los nobles omnes llamávanlo el su vencedor, et fazienle derramar -açafrán por las carreras; et yendo él sobrello much a passo, -fazienle sacrificios de muchas naturas. E fazie pintar todas sus -imágenes a manera de joglar, tañiendo cítolas et otros estrumentos. -Et por quel porfazó<a id="FNanchor_26" href="#Footnote_26" -class="fnanchor">[26]</a> dello un joglar una vez, firiólo muy -mal.</p> - -<p>E tan grand estudio poníe en guardar la voz, cuemo uos -de suso dixiémos,<a id="FNanchor_27" href="#Footnote_27" -class="fnanchor">[27]</a> que por tal de la guardar, cuando avié -de llamar algun cavallero, otri lo llamava por él, et lo quel avié -a dezir, diziégelo muy quedo. E en el logar de los juegos numqua -fazié ninguna cosa a menos de<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28" -class="fnanchor">[28]</a> seer í el<span class="pagenum" -id="Page_17">[p. 17]</span> maestro de las vozes quel castigasse -cuemo fiziesse et que no quexasse mucho las venas.</p> - -<p>A muchos prometíe su amor porque lo loavan mucho: a algunos -prometiógelo cuemo por encubierta, porque lo no loavan tanto como él -querie.</p> - -<p>Luego de comienço fué glotón et de gran luxuria et muy cobdicioso, -mas ívalo començando poc a poco et encubiertamientre, así que -cuydavan los omnes que lo fazié con yerro de mancebía; mas desque lo -fué usando, bien semejava que avie de natura todos aquellos malos -vicios...</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_1_2"> - <h3 title="Muerte de Nerón" - class="hang">178. De lo que conteció en ell año catorzeno.</h3> -</div> - -<p>... E quando Nero oyó aquestas nuevas de cuemo las Españas eran -alçadas et Galba con ellas, tóvosse por muerto, et desmayó tanto, que -allí perdió toda esperança de bien, assí que yógo<a id="FNanchor_29" -href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a> por muerto una -grand pieça sin fablar; et desque acordó,<a id="FNanchor_30" -href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a> rompió sus paños et -firióse mucho en la cabeça, llamando: «¡Mesquino, ¿qué será de -mí?»</p> - -<p>E sabet que ante que Nero muriesse, vió algunas señales -de su muerte, assí que soñó una noche que andava sobre mar -governando una nave, et falleciól el governage,<a id="FNanchor_31" -href="#Footnote_31" class="fnanchor">[31]</a> et levávalo su mugier, -que era ya muerta, a unas tiniebras much estrechas, et cubríesse todo -de formigas aladas; e otrossí<span class="pagenum" id="Page_18">[p. -18]</span> abriósse una uez un luziello<a id="FNanchor_32" -href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a> por si mismo, et salió -ende una grand uoz que lo llamó por su nombre.</p> - -<p>Estando Nero en Roma en esta cueyta, llegól mandado de cuemol -desampararan todas las otras huestes que eran por las otras -tierras. Et los mandaderos diéronle las cartas a la tabla o seíe<a -id="FNanchor_33" href="#Footnote_33" class="fnanchor">[33]</a> -yantando; et con pesar que ovo, trastornó la mesa, et dos vasos -que teníe muy preciados, quebrantólos. Et tomó yaquanto<a -id="FNanchor_34" href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a> -de poçón et encerrólo en una buxeta.<a id="FNanchor_35" -href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a> Et envió algunos -de sus afforrados,<a id="FNanchor_36" href="#Footnote_36" -class="fnanchor">[36]</a> daquellos en que se él mas fiava, a la -cibdad de Ostia a guisar una nave en que fuxiesse. E desí cometió<a -id="FNanchor_37" href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a> en -poridat a alguno de los tribunos et de los centuriones si queríen -foyr con él. Et los unos nol queríen responder, et ivan su vía; los -otros dizienle descubiertamientre que no queríen; de guisa que uno -dixo a muy grandes vozes:<a id="FNanchor_38" href="#Footnote_38" -class="fnanchor">[38]</a> «¿Fasta quan<span class="pagenum" -id="Page_19">[p. 19]</span>do nos durará esta mesquindat que es peor -que muerte?»</p> - -<p>Començó a pensar Nero en muchas guisas por tal de no aver a -obedecer a Galba, et asmó si saldríe al mercado de la cipdat, et que -se parasse en medio de tod el común, et pidiesse mercet a todos quel -perdonassen los males que fiziera fasta entonce; mas ovo miedo que si -allá saliesse, ante que al mercado llegasse, seríe todo despeçado; -et por ende dexó este cuidar fasta otro dia, et echósse a dormir. -A la media noche despertó, et envió mandaderos por todas las casas -de sus amigos, que los despertassen et les dixiessen que les rogava -que viniessen fasta él. Et ni vinieron los amigos, ni tornaron -los mandaderos. E quando el vió aquesto, levantósse, et tomósse<a -id="FNanchor_39" href="#Footnote_39" class="fnanchor">[39]</a> con -muy pocos, et fué a todas las casas de sus amigos; et nol quiso abrir -ninguno; et con grand cueyta tornósse pora su casa, et no falló í -ninguno de todas sus guardas, ca fuxieran todos; ca assí cuemo él non -se fiava en ninguno, otrossí ninguno non se fiava en él. E los en qui -él más se fiava eran dos viles omnes; ell uno avié nombre Nimphidio, -et ell otro Gemellio; et estos aborrecieran ya las sus crueldades, -et por que veíen que matara muchos de sus amigos, tovieron que assí -faríe a ellos; et por ende<span class="pagenum" id="Page_20">[p. -20]</span> atoviéronse al consejo de los que lo queríen matar, et -desamparáronlo.</p> - -<p>E quando Nero se vió assí desamparado de todos, andó por sus -palacios buscando alguno que lo matasse et no falló. Entonce dixo: -«¿Ni é yo amigo, ni enemigo?» Et assí cuemo estava, descalço et -en saya, fué corriendo quanto pudo por se echar en el rio de -Tibre; mas desque llegó allá, repintiósse; et assí cuemo fué, -assí se tornó apriessa, pensando de buscar algún logar ascondido -en que assessegasse<a id="FNanchor_40" href="#Footnote_40" -class="fnanchor">[40]</a> so coraçón. E vistiósse otra vestidura -sobre la saya, et cubrió la cabeça et puso un alquiná<a -id="FNanchor_41" href="#Footnote_41" class="fnanchor">[41]</a> ante -la cara; et assí descalço como estava, cavalgó en su cavallo, et -quatro compañones con él tan solamiente. Et desque llegó al logar o -queríe ir, que es a una legua et a un migero de la villa, arrendó -so cavallo en una espessura a unas çarças et a unos árvoles; et -él fuesse a pie por un sendero que se desviava a una casiella -que estava í escondida en muy fuerte logar et much esquivo.<a -id="FNanchor_42" href="#Footnote_42" class="fnanchor">[42]</a> Et -tanto era el sendero áspero<a id="FNanchor_43" href="#Footnote_43" -class="fnanchor">[43]</a> de andar et lleno de çarças, que se ovo a -despojar aquella vestidura<span class="pagenum" id="Page_21">[p. -21]</span> que vistie et a echarla tenduda sobre los çarçales, -porque estava descalço, et a andar sobrella de pies et de -manos; et rompiósse toda la vestidura; et llegó él a aquella -casiella a grand pena,<a id="FNanchor_44" href="#Footnote_44" -class="fnanchor">[44]</a> andando por cuevas e por peñas. E cuemo -vinié cansado, echósse a dormir en un lecho muy pobreziello que í -estava duna cócedra pequeña et cubierto dun paño viejo et roto.</p> - -<p>Otro dia mañana, los que vinieran con él consejávanle que -se fuesse et no suffriese tanto porfazo;<a id="FNanchor_45" -href="#Footnote_45" class="fnanchor">[45]</a> mas él tenie en -coraçón de se matar, et mandó fazer allí ante sí una fuessa a medida -de su cuerpo; et desque fué fecha, mandó traer agua con que lo -bañassen et fuego con que lo quemassen. E estava Nero llorando et -faziendo llanto de quantos males le contescíen, et dizíe: «¡Ay que -sotil maestro se pierde oy en mí!» E él tardando en aquesto, vino -de Roma un mandadero a aquel logar, quel dixo que todo el senado -de Roma lo avíen dado por juizio por enemigo de los romanos, el<a -id="FNanchor_46" href="#Footnote_46" class="fnanchor">[46]</a> -mandavan buscar pora matallo. E quando él oyó aquesto, fue much -espantado, et dos cuchiellos que troxiera consigo, sacólos et començó -a catar qual era más agudo; et desí tornólos en sus vainas diziendo -que aun no era venida la ora de la su muerte. A las vezes castigava a -aquellos sus compañeros que llorassen et fiziessen llanto por<span -class="pagenum" id="Page_22">[p. 22]</span> él; a las vezes quel -dixiessen exiemplos dalgunos que se mataran, por tal de avivalle el -coraçón que se pudiesse él matar; a oras denostava la su pereza.</p> - -<p>E éll estando en esto, ívanse ya llegando a aquel logar los -cavalleros que enviaran depós él los romanos que lo prisiessen -et lo levassen vivo. E tanto que lo él sintió, sacó ell un -cuchiello et metiósselo por el coraçón, con ayuda pero dell uno -de los que í estavan, que primió el cuchiello. E en muriendo, -tenie los ojos torvados<a id="FNanchor_47" href="#Footnote_47" -class="fnanchor">[47]</a> et tan feos que se espantavan quantos lo -veíen. E desta guisa murió Nero ell emperador, seyendo en edat de -treinta et dos años; acabósse en él et fue desfecha et destroída toda -la compaña de César Augusto, de cuyo linage él descendíe.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_1_3"> - <h3 title="Garci Pérez de Vargas y su cofia" - class="hang">1084. Capítulo de commo Garçi Pérez de Vargas - tornó por la cofia a aquel logar ó se le cayera.</h3> -</div> - -<p>Otro dia depués que el rey don Fernando fué a posar a Tablada,<a -id="FNanchor_48" href="#Footnote_48" class="fnanchor">[48]</a> mandó -a los cavalleros de su mesnada que fuesen guardar los erveros.<a -id="FNanchor_49" href="#Footnote_49" class="fnanchor">[49]</a></p> - -<p>Garçi Pérez de Vargas, et otro cavallero que avíe a ir con -ellos, detoviéronse en el real et non salieron tan aína commo -los otros; et en yendo<a id="FNanchor_50" href="#Footnote_50" -class="fnanchor">[50]</a> en<span class="pagenum" id="Page_23">[p. -23]</span> pos ellos, vieron ante sí, por ó avien a pasar en el -camino, ssiete cavalleros de moros. Et dixo el cavallero a Garçi -Pérez: «Tornémosnos; non somos más de dos.» Et Garçi Pérez dixo: -«Non lo fagamos; mas vayamos por nuestro camino derecho, ca nos -non atendrán.» Et el cavallero dixo que lo non quería fazer: ca lo -tenía por locura si dos cavalleros, que ellos eran, fuesen cometer<a -id="FNanchor_51" href="#Footnote_51" class="fnanchor">[51]</a> de -pasar por do estavan siete: et fuese aderredor del real, por non ser -conosçido, fasta que fué en su posada.</p> - -<p>El real do estava la tienda del rey era un poco en altura, et por -o ellos ivan era llano; et el rey don Fernando óvolo a ojo, et los -que con él estauan, et vió de commo se tornava el un cavallero et -que fuera el otro en su cabo:<a id="FNanchor_52" href="#Footnote_52" -class="fnanchor">[52]</a> otrosí vió aquellos siete cavalleros de -moros commo le estauan delante, teniéndol el camino por do él avie a -pasar: et mandó quel fuesen acorrer. Don Llorenço Suárez que estaba -í con el rey, que avíe visto a Garçi Pérez quando saliera del real, -et conosçiól en las armas et sabíe que él era, dixo al rey: «Señor, -déxenle, que aquel cavallero, que fincó en su cabo con aquellos -moros, es Garçi Pérez de Bargas, et para tantos commo ellos son -non a mester ayuda; et si los moros lo conosçieren en las ar<span -class="pagenum" id="Page_24">[p. 24]</span>mas, non lo osarán -cometer, et sil cometieren, vos veredes oy las maravillas que él -fará.»</p> - -<p>Garçi Pérez tomó las armas quel traye su escudero, et mandól que -se parase en pos él et que se non moviese a ninguna parte, sinon -así commo él fuesse que así fuese él en pos<a id="FNanchor_53" -href="#Footnote_53" class="fnanchor">[53]</a> él. Et en alazando -la capellina, cayósele la cofia en tierra, et non la vió; et -endereçó por su camino derecho, et su escudero en pos él. Los moros -connosçiéronle en las armas commo era Garçi Pérez, ca muchas vezes -gelas vieran traer et bien las conosçién, et nol osaron cometer; mas -fueron a par dél, de la una parte et de la otra, faziéndol cadamañas -et sus abrochamientos<a id="FNanchor_54" href="#Footnote_54" -class="fnanchor">[54]</a> una grant pieça; et quando vieron que se -non bolvíe a ninguna parte nin se queríe desviar por cosa que ellos -feziesen, sinon que todavía iva por su camino derecho, tornáronsse -et fuéronse a parar<a id="FNanchor_55" href="#Footnote_55" -class="fnanchor">[55]</a> en aquel logar ó se le cayó la cofia.</p> - -<p>Quando Garçi Pérez se vió desenbargado de aquellos moros, dió las -armas a su escudero; et quando desenlazó la capellina et non falló -su cofia, preguntó al escudero por ella; et el escudero le dixo que -non gela diera. Et desque fué cierto que se le avíe caido, tomó sus -armas quel avíe ya<span class="pagenum" id="Page_25">[p. 25]</span> -dadas, et díxol que pasase en pos él et que toviese ojo por la cofia -allí ó se le cayera. Et el escudero, quando vió que se queríe tornar -por ella, díxol: «¡Commo, don García, por una cofia vos queredes -tornar a tan grant peligro? et non tenedes que estades bien, quando -tan sin daño vos partiestes de aquellos moros, sseyendo ellos siete -cavalleros et vos uno solo, et queredes tornar a ellos por una -cofia?» Et Garçi Pérez le dixo: «Non me fables en ello, ca bien veyes -que non he cabeça para andar sin cofia»; et esto dezíe él porque era -muy calvo, que non tenié cabellos de la meitad de la cabeça adelante; -et tornóse para aquel logar do ante tomara las armas.</p> - -<p>Don Llorenço Suárez quando lo vió tornar, dixo al rey: «¿Vedes -commo torna a los moros Garçi Pérez, quando vió que los moros nol -queríen cometer? agora va él cometer a ellos; agora veredes las -maravillas que él fara, que vos yo dezía, sil osaren atender.»</p> - -<p>Los moros quando vieron tornar a Garçi Pérez contra ellos, -tovieron que se queríe conbater con ellos, et fuéronse ende -acogiendo, que non se detovieron í más.</p> - -<p>Quando Llorenço Suárez vió a los moros commo se acogién -ante Garçi Pérez, que nol osaron atender, dixo al rey: -«Sseñor, ¿vedes lo que vos yo dezía que nol osaríen atender -aquellos siete cavalleros de moros a Garçi Pérez en su cabo?<a -id="FNanchor_56" href="#Footnote_56" class="fnanchor">[56]</a> -Sa<span class="pagenum" id="Page_26">[p. 26]</span>bet, señor, -quel connosçieron; catadlos commo se van acogiendo antél, que -nol osan atender. Yo so Llorenço Suárez,<a id="FNanchor_57" -href="#Footnote_57" class="fnanchor">[57]</a> que conosco bien los -buenos cavalleros desta hueste quales son».</p> - -<p>Garçi Pérez llegó a aquel logar do se le cayera la cofia et -fallóla í, et mandó a su escudero desçender por ella: et tomóla et -sacodióla et diógela; et púsosela en la cabeça, et fuese ende para do -andavan los erveros.</p> - -<p>Quando los que fueron guardar los erveros se tornaron para el -real, preguntó don Llorenço Suárez a Garçi Pérez, ante el rey, quien -fuera aquel cavallero que con él saliera del real. Et Garçi Pérez ovo -ende grant enbargo, et pesól mucho porque don Llorenço Suárez gelo -preguntara ante el rey, ca luego sopo que viera<a id="FNanchor_58" -href="#Footnote_58" class="fnanchor">[58]</a> el rey et don Llorenço -Suárez lo que a él aquel día oviera contesçido; et él era tal omne et -auíe tal manera que nol plazíe quando le retraíen<a id="FNanchor_59" -href="#Footnote_59" class="fnanchor">[59]</a> algun buen fecho que -él feziese; pero con grant vergüença ovo a dezir que nol conosçíe -nin sabíe quien fuera. Et don Llorenço<span class="pagenum" -id="Page_27">[p. 27]</span> Suárez ge lo preguntó después muchas -vezes, quien fuera aquel cavallero, et siempre le dixo que nol -conosçíe, et nunca dél lo podieron saber, pero que lo conosçía él -muy bien et lo veíe cada dia en casa del rey: mas non queríe que el -cavallero perdiese por él su buena fama que ante avíe, ante defendió -al su escudero que por los ojos de la cabeça<a id="FNanchor_60" -href="#Footnote_60" class="fnanchor">[60]</a> non dixiese que lo -conosçía; et el escudero así lo fizo, que nunca lo quiso dezir pero -que gelo preguntaron después muchas vezes.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_1"><span class="label"><a -href="#FNanchor_1">[1]</a></span> Véase <span class="smcap">A. G. -Solalinde</span>, en la <i>Revista de Filología Española</i>, II, 1915, -págs. 283-288.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_2"><span class="label"><a -href="#FNanchor_2">[2]</a></span> <i>Fincar</i> tenía en la Edad Media los -significados varios que después asumió el verbo «quedar».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_3"><span class="label"><a -href="#FNanchor_3">[3]</a></span> La forma del artículo <i>ell</i> por -<i>el</i>, usada más generalmente ante vocal, abunda mucho en todas las -obras de Alfonso X.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_4"><span class="label"><a -href="#FNanchor_4">[4]</a></span> <i>Dizitres</i> por ‘trece’ (hoy en -algunas regiones se usan «diez y dos», «diez y tres», o formas -análogas); compárese el <i>dizeocho</i> precedente, para la reducción de -<i>diez</i> a <i>diz</i> en posición proclítica.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_5"><span class="label"><a -href="#FNanchor_5">[5]</a></span> Aun en el siglo <small>XVI</small> -era forma corriente <i>Nero</i> en vez de <i>Nerón</i>; aquélla deriva del -nominativo latino, y ésta, del acusativo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_6"><span class="label"><a -href="#FNanchor_6">[6]</a></span> <span -class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>, 51, dice: «corpore maculoso et -faetido, subflavo capillo»...</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_7"><span class="label"><a -href="#FNanchor_7">[7]</a></span> El verbo <i>aprender</i> hacía su -perfecto yo <i>aprise</i>, tu <i>aprisiste</i>, él <i>apriso</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_8"><span class="label"><a -href="#FNanchor_8">[8]</a></span> <i>Sin todo afán</i>, ‘sin ningún -trabajo’; en frases negativas se empleaban indefinidos positivos en -vez de los negativos: «nin todos los del vando», ‘ni ninguno de los -del bando’. Véase <i>Mio Cid</i>, pág. 375<sub>29</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_9"><span class="label"><a -href="#FNanchor_9">[9]</a></span> <i>Fallar de nuevo</i>, ‘idear, -inventar’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_10"><span class="label"><a -href="#FNanchor_10">[10]</a></span> <i>Compañón</i>, ‘compañero’ en un -sentido adjetivo de ‘afable’. <span class="smcap">Suetonio</span>, -<i>Nero</i>, 10, «neque liberalitatis neque clementiae, ne <span -class="g2">comitatis</span> quidem exhibendae ullam occasionem -omisit».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_11"><span class="label"><a -href="#FNanchor_11">[11]</a></span> El imperfecto (y tiempos afines) -terminaba alguna vez en <i>ía</i> (sobre todo la primera persona, véase -unas líneas más abajo <i>querría</i>); pero en general terminaba en <i>ie</i>, -con el acento ora en la <i>i</i>, ora en la <i>e</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_12"><span class="label"><a -href="#FNanchor_12">[12]</a></span> <i>Defender</i>, ‘prohibir’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_13"><span class="label"><a -href="#FNanchor_13">[13]</a></span> <i>Rafez</i>, ‘rahez’, ‘de poco -valor’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_14"><span class="label"><a -href="#FNanchor_14">[14]</a></span> El pronombre enclítico se podía -separar del verbo a que se refiere, interponiéndose entre ambos otras -partes de la oración. Hoy habría que poner el enclítico inmediato al -verbo, ordenándo así: «que no <i>las probase</i> todas y no <i>las usase</i>». -Véase <i>Mio Cid</i>, p. 409<sub>24</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_15"><span class="label"><a -href="#FNanchor_15">[15]</a></span> <i>Assoora</i>, ‘de súbito’; -compárese igual sentido que tiene hoy «a deshora». <span -class="smcap">Suetonio</span>, 20, usa el adverbio «repente».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_16"><span class="label"><a -href="#FNanchor_16">[16]</a></span> <i>Joglería</i>, o juglaría, es el -arte del juglar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_17"><span class="label"><a -href="#FNanchor_17">[17]</a></span> <i>Assacar</i>, ‘inventar’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_18"><span class="label"><a -href="#FNanchor_18">[18]</a></span> Las formas <i>o</i> y <i>do</i> se usaban -indistintamente por <i>onde</i>, <i>donde</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_19"><span class="label"><a -href="#FNanchor_19">[19]</a></span> <i>Todavía</i>, ‘siempre’, acepción -primitiva, de la cual se pasó a la moderna de ‘aun’. Compárese el -francés «toujours» que reúne los dos significados de ‘siempre’ y de -‘aun, en este momento’ (j’ai toujours ma migraine).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_20"><span class="label"><a -href="#FNanchor_20">[20]</a></span> <i>Cosa</i> se usaba mucho en -expresiones indefinidas negativas, donde hoy se emplea «nada». «Non -se podían los moros por cosa defender.» <i>Fernán González</i>, 195. El -uso duraba en la época clásica: <span class="smcap">Garcilaso</span>, -en la <i>Egloga II</i>, escribe: «No t’aconsejo yo, ni digo cosa Para que -devas tú por ella darme Respuesta tan azeda i tan odiosa», y <span -class="smcap">Tirso</span>, en <i>Marta la Piadosa</i>, II, «no te diré -cosa ya». El uso subsiste en alguna expresión moderna, como «no vale -cosa».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_21"><span class="label"><a -href="#FNanchor_21">[21]</a></span> <i>A hurto</i>, ‘a hurtadillas’, -‘escondidamente’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_22"><span class="label"><a -href="#FNanchor_22">[22]</a></span> <i>Dellos</i>, genitivo partitivo -‘algunos de ellos’. Véase <i>Mio Cid</i>, pág. 335<sub>27</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_23"><span class="label"><a -href="#FNanchor_23">[23]</a></span> Los traductores que empleaba -Alfonso el Sabio para sus obras, no siempre traducen exactamente, -ni mucho menos. Aquí, por desconocimiento de las antigüedades -romanas, traducen el «triumphare», neutro, como activo. <span -class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>, 25, dice: «eo curru, quo -Augustus olim triumphaverat, et in veste purpurea...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_24"><span class="label"><a -href="#FNanchor_24">[24]</a></span> La preposición <i>a</i> indica el modo -del adorno; así escribe don <span class="smcap">Juan Manuel</span> -«el paño era començado..., et díxol a qué figuras et a qué labores lo -començaban de fazer». Véase <i>Mio Cid</i>, página 377<sub>39</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_25"><span class="label"><a -href="#FNanchor_25">[25]</a></span> Otro ejemplo de mala inteligencia -del texto latino. <span class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>, 25, -escribe: «coronamque capite gerens Olympiacam, dextra manu Pythiam, -praeeunte pompa ceterarum cum titulis, ubi et quos quo cantionum -quove fabularum argumento vicisset».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_26"><span class="label"><a -href="#FNanchor_26">[26]</a></span> <i>Porfazar</i>, ‘murmurar, censurar’. -En otro pasaje, de la misma Crónica, se lee: «e daquí se levantó -grand mormorio entre los romanos, que porfazavan de Cristo et echavan -la culpa deste destruimiento a la cristiandat, que dizíen que les no -iva assí mal en el tiempo que aoravan los ídolos».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_27"><span class="label"><a -href="#FNanchor_27">[27]</a></span> Otro ejemplo de interpolación -de palabras entre el enclítico y el verbo: ‘como arriba <i>os</i> -dijimos’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_28"><span class="label"><a -href="#FNanchor_28">[28]</a></span> <i>A menos de</i>, ‘sin’, expresión -usual aun en la época clásica. <span class="smcap">Suetonio</span>, -<i>Nero</i>, 25: «nisi astante phonasco, qui moneret parceret arteriis ac -sudarium ad os applicaret».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_29"><span class="label"><a -href="#FNanchor_29">[29]</a></span> El verbo <i>yazer</i> hacía su -perfecto, yo <i>yógue</i>, tu <i>yoguiste</i>, él <i>yógo</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_30"><span class="label"><a -href="#FNanchor_30">[30]</a></span> <i>Acordar</i>, como <i>recordar</i>, -significaba ‘despertar’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_31"><span class="label"><a -href="#FNanchor_31">[31]</a></span> <i>Governage</i>, como <i>gobernalle</i>, -‘timón’; ‘le faltó el timón’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_32"><span class="label"><a -href="#FNanchor_32">[32]</a></span> Este lucillo o sepulcro es -el Mausoleo. <span class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>, 46 «De -Mausoleo, sponte foribus patefactis, exaudita vox est nomine eum -cientis».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_33"><span class="label"><a -href="#FNanchor_33">[33]</a></span> <i>Seer</i>, derivado de <span -class="g2">sedere</span>, significaba ‘estar sentado’; <i>la -tabla o seíe</i> ‘la mesa a que estaba sentado’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_34"><span class="label"><a -href="#FNanchor_34">[34]</a></span> <i>Yaquanto</i> era un indefinido que -significaba ‘algo’, esto es: ‘tomó un poco de veneno’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_35"><span class="label"><a -href="#FNanchor_35">[35]</a></span> <i>Buxeta</i> ‘bujeta, cajita, pomo’; -<span class="smcap">Suetonio</span>, <i>Nero</i>. 48: «sumpto... veneno et -in auream pyxiden condito».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_36"><span class="label"><a -href="#FNanchor_36">[36]</a></span> <span -class="smcap">Suetonio</span>: «praemissis libertorum fidissimis -Ostiam ad classem praeparandam».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_37"><span class="label"><a -href="#FNanchor_37">[37]</a></span> <i>Cometer</i>, ‘proponer’; véase <i>Mio -Cid</i>, pág. 583<sub>5</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_38"><span class="label"><a -href="#FNanchor_38">[38]</a></span> Las frases adverbiales <i>a voces</i>, -<i>a priessa</i>, hoy tienden a petrificarse, pero antes admitían toda -clase de adjetivos calificativos del sustantivo: <i>a altas voces</i>, <i>a -grant priessa</i>, véase <i>Mio Cid</i>, pág. 373<sub>16</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_39"><span class="label"><a -href="#FNanchor_39">[39]</a></span> Los verbos sinónimos <i>tomar</i>, -<i>coger</i>, <i>prender</i>, se usaban en forma reflexiva, con el significado -de ‘irse’, y «prísose con sus omnes» significa ‘se reunió con su -gente, se fué con ellos’. Hoy se conserva el mismo giro en la frase -metafórica <i>tomarse con uno</i>, ‘reñir con uno’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_40"><span class="label"><a -href="#FNanchor_40">[40]</a></span> <i>Assessegar</i>, hoy ‘asosegar’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_41"><span class="label"><a -href="#FNanchor_41">[41]</a></span> <i>Alquiná</i> o <i>alquinal</i>, voz de -origen árabe, que significa ‘toca, pañuelo’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_42"><span class="label"><a -href="#FNanchor_42">[42]</a></span> Era frecuente, cuando un -sustantivo llevaba dos adjetivos, que uno de éstos fuese antepuesto y -otro pospuesto, «buena imaginación e fuerte» (véase <i>Mio Cid</i>, pág. -415<sub>25</sub>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_43"><span class="label"><a -href="#FNanchor_43">[43]</a></span> Muy a menudo el adverbio de -cantidad iba separado del adjetivo a que se refiere, interponiéndose -entre ambos el verbo y otras voces: «mucho fué alegre», «tanto es -limpia», véase <i>Mio Cid</i>, pág. 418<sub>26</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_44"><span class="label"><a -href="#FNanchor_44">[44]</a></span> <i>A grand pena</i>, ‘con gran -trabajo’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_45"><span class="label"><a -href="#FNanchor_45">[45]</a></span> <i>Porfazo</i>, ‘humillación, -afrenta’. Véase <a href="#Page_16">pág. 16</a>, <a -href="#Footnote_26">nota 26</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_46"><span class="label"><a -href="#FNanchor_46">[46]</a></span> <i>El</i> es la conjunción, unida al -pronombre enclítico apocopado ‘y le’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_47"><span class="label"><a -href="#FNanchor_47">[47]</a></span> No es ‘turbado’, sino ‘torvo, -espantoso, airado’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_48"><span class="label"><a -href="#FNanchor_48">[48]</a></span> San Fernando, para asegurar el -asedio de Sevilla, se estableció en Tablada, rodeando su campamento -de un gran foso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_49"><span class="label"><a -href="#FNanchor_49">[49]</a></span> ‘Herberos’ o ‘forrajeadores’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_50"><span class="label"><a -href="#FNanchor_50">[50]</a></span> El gerundio con <i>en</i>, formando -una oración incidental temporal, era muy usado antiguamente.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_51"><span class="label"><a -href="#FNanchor_51">[51]</a></span> <i>Cometer</i>, significaba no sólo -‘acometer’, sino también ‘intentar’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_52"><span class="label"><a -href="#FNanchor_52">[52]</a></span> <i>En su cabo</i> ‘por sí solo’, -‘solo’; se decía <i>vevir en so cabo</i> ‘vivir aparte o solo’; comp. unas -líneas más abajo <i>fincó en su cabo</i>, ‘quedó solo’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_53"><span class="label"><a -href="#FNanchor_53">[53]</a></span> Nótese en este ejemplo el uso -extremamente inhábil y anfibológico del pronombre <i>él</i>; una vez se -refiere al escudero y otra a Garci Pérez, produciéndose confusión al -mismo tiempo que cacofonía. Comp., <a href="#Page_32">pág. 32</a>, <a -href="#Footnote_67">nota 67</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_54"><span class="label"><a -href="#FNanchor_54">[54]</a></span> Dos voces que me son -desconocidas, y que sólo el contexto puede explicar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_55"><span class="label"><a -href="#FNanchor_55">[55]</a></span> <i>Pararse</i> significa ‘ponerse, -situarse’; «a la puerta se paravan», véase <i>Mio Cid</i>, pág. -785<sub>10</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_56"><span class="label"><a -href="#FNanchor_56">[56]</a></span> <i>En su cabo</i>, ‘solo’, -según se dijo arriba. <a href="#Page_23">pág. 23</a>, <a -href="#Footnote_52">nota 52</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_57"><span class="label"><a -href="#FNanchor_57">[57]</a></span> <i>Yo so</i>, etc., es un grito de -satisfacción de don Lorenzo, semejante al grito de guerra que daba el -señor para animar a los vasallos, afirmando su personalidad: «Yo so -el rey de Castilla, que cobdicié este día», <i>Poema de Alfonso XI</i>, -1678; «Yo so Ruy Díaz, mio Çid el de Bivar», etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_58"><span class="label"><a -href="#FNanchor_58">[58]</a></span> Aunque el sujeto del verbo es -doble, como va pospuesto, el verbo puede ir en singular: «dixo Raquel -e Vidas», véase <i>Mio Cid</i>, pág. 362<sub>32</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_59"><span class="label"><a -href="#FNanchor_59">[59]</a></span> <i>Retraer</i>, ‘referir, contar’. -«Por ont siempre sepades retraer e contar Quanto puede a omne la -buena fe prestar», <span class="smcap">Berceo</span>, <i>San Millán</i>, -199; «Fué por toda la tierra aína retrahido Que era el sant omne -desti sieglo transsido», San Millán, 322.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_60"><span class="label"><a -href="#FNanchor_60">[60]</a></span> <i>Por los ojos de la cabeça</i>, -como si dijese ‘por su vida’, ‘pena la vida’. Alude a la pena de -ceguera que se usaba mucho en la antigua Edad Media, aunque ya no -era corriente en la época de Alfonso X; era la pena inmediata, en -gravedad, a la pena capital. También se decía «por los ojos de la -cara», o «de la faz». Véase <i>Mio Cid</i>, pág. 772<sub>27</sub>.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_28">[p. 28]</span></p> - <h2 title="Don Juan Manuel" - class="nobreak"><span class="g1">DON JUAN MANUEL</span><br /> - <small>(1282-1348)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Don Juan, hijo del infante don Manuel, se nos presenta como -continuador de las tradiciones literarias fomentadas por su tío -Alfonso el Sabio. Don Juan empezó a escribir movido de la admiración -que en él despertaban las obras de Alfonso; tanto, que su primera -producción es un modesto resumen de la <i>Crónica General de España</i>, -hecho hacia 1320. En el prólogo de este resumen pondera don Juan -el estilo claro, elegante y, sobre todo, conciso, que el Rey Sabio -empleaba: «Et púsolo todo complido e por muy apuestas razones e en -<span class="g2">las menos palabras que se podía poner</span>.»</p> - -<p>Procurando emular estas dotes del rey su tío, llegó don -Juan a superar a su modelo. Con segura satisfacción del éxito -logrado, escribía el autor, hacia 1330, esta crítica de su estilo -propio: «Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas -palabras et por los mas fermosos latines <span class="g2">que yo -nunca oi decir</span> en libro que fuese fecho en romance; et -poniendo declaradamente complida la razón que quiere decir, <span -class="g2">pónelo en las menos palabras que pueden seer</span>»<a -id="FNanchor_61" href="#Footnote_61" class="fnanchor">[61]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_29">[p. 29]</span></p> - -<p>La sobriedad era su preocupación, según puede observarse en su -obra maestra <i>El libro de Patronio</i> o el <i>Conde Lucanor</i> (primera -parte, escrita entre 1328 y 1332). Este libro es una colección de -cuentos tradicionales, así que varios de ellos se encuentran a la -vez referidos en otros autores; y si comparamos los de don Juan con -los del Arcipreste de Hita (que escribió unos diez años después), -observamos un marcado contraste entre la juguetona y verbosa -animación del Arcipreste y la mesurada compostura del estilo de -don Juan Manuel. Atento éste principalmente a acumular en la frase -trabazón lógica y fuerza didáctica, se detiene en desarrollar los -sentimientos que pone en juego, se esmera en preparar las situaciones -a que la narración conduce; pero, en cambio, mira con manifiesto -desvío la ornamentación externa del relato. Tanto propende a no -apartarse de la narración seguida, que, a pesar de su fin didáctico, -ni siquiera se entretiene en intercalar un discurso sentencioso o -una máxima; deja, por lo común, que la moralidad se desprenda del -fluir de la acción, y sólo le da una forma aforística al final de -cada cuento. No obstante, aunque siempre en forma fugaz, no descuida -dar viveza al relato; véase, por ejemplo, la rápida pero feliz -descripción de la bajada al subterráneo de don Illán, en el primer -cuento que aquí se inserta.</p> - -<p>En multitud de rasgos el lenguaje de don Juan Manuel se parece -al de la segunda parte de la <i>Crónica General</i>; en ambos textos -se ven los mismos defectos de la época arcaica, tales como la -gran inhabilidad que revela el abuso del pronombre <i>él</i> (<a -href="#Page_32">pág. 32</a>, <a href="#Footnote_67">nota 67</a>). -Además, ni uno ni otro suelen emplear el diálogo; lo corriente es -que el personaje principal hable en discurso directo, y el que -contesta lo haga en forma indirecta, o sea en<span class="pagenum" -id="Page_30">[p. 30]</span> tercera persona. Pero, sin embargo, -fácil es observar un gran progreso entre los dos autores. Don Juan -construye el período en modos más variados que la <i>Crónica</i>, y a la -ingenua viveza de ésta, sustituye una expresión más intencionada, -que sabe lograr ya efectos muy variados, entre los que sobresale la -ironía. En fin, por su mayor originalidad de composición, y por la -serena y sencilla eficacia de su lenguaje, don Juan se nos muestra -indisputablemente como un estilista muy superior<a id="FNanchor_62" -href="#Footnote_62" class="fnanchor">[62]</a>.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_2_1"> - <h3 title="Don Illán y el deán de Toledo"><span class="g1">LIBRO DE - PATRONIO</span><br /> - <small>O DEL CONDE LUCANOR</small></h3> - <p class="hang mt2"><span class="smcap">Enxienplo xi.</span>—Delo - que contesçio a un deán de Santiago con Don Illán, el grand - maestro de Toledo.</p> - -</div> - -<p>Otro dia fablava el conde Lucanor con Patronio, su -consejero, et contaval su fazienda en esta guisa: «Patronio, -un omne vino a me rogar<a id="FNanchor_63" href="#Footnote_63" -class="fnanchor">[63]</a> quel ayudasse en un fecho que avía mester -mi ayuda, et prometióme que faría por mí todas las cosas que -fuessen mi pro et mi onra, et yo començel a ayudar quanto pude en -aquel fecho; et ante que el<span class="pagenum" id="Page_31">[p. -31]</span> pleito fuesse acabado, teniendo<a id="FNanchor_64" -href="#Footnote_64" class="fnanchor">[64]</a> él ya que su pleito -era librado, acaesçió una cosa en que cunplía que la fiziesse por mí -et él púsome escusa; et después acaesçió otra cosa que pudiera fazer -por mí et púsome escusa commo a la otra; et esto me fizo en todo lo -quel rogué que fiziesse por mí. Et aquel fecho por que él me rogo non -es aun librado, nin se librará si yo non quisiere; et por la fiuza -que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me -consejedes lo que faga en esto.»</p> - -<p>«Señor conde», dixo Patronio, «para que vos fagades en esto -lo que devedes, mucho querría que sopiésedes<a id="FNanchor_65" -href="#Footnote_65" class="fnanchor">[65]</a> lo que contesçió a -un deán de Santiago con Don Illán, el grand maestro que morava en -Toledo».</p> - -<p>Et el conde le preguntó commo fuera aquello.</p> - -<p>«Señor conde», dixo Patronio, «en Santiago avía un deán que avía -muy grant talante de saber el arte dela nigromançía, et oyó dezir -que don Illán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuesse en -aquella sazón et por ende vínose para Toledo para aprender de aquella -sçiencia».</p> - -<p>«Et el dia que llegó a Toledo endereçó luego a<span -class="pagenum" id="Page_32">[p. 32]</span> casa de Don Illán et -fallólo que estava leyendo en una cámara muy apartada. Et luego que -llegó a él, recibiólo muy bien, et díxol que non quería quel dixiesse -ninguna cosa de lo por que venía fasta que oviese comido. Et pensó<a -id="FNanchor_66" href="#Footnote_66" class="fnanchor">[66]</a> muy -bien dél et fizol dar muy buenas posadas et todo lo que ovo mester, -et diól a entender quel plazía mucho con su venida».</p> - -<p>«Et después que ovieron comido, apartósse con él<a -id="FNanchor_67" href="#Footnote_67" class="fnanchor">[67]</a> et -contól la razón por que allí viniera, et rogól muy affincadamente -quel mostrasse aquella sçiençia que él auia muy grant talante de la -aprender. Et Don Illán díxol que él era deán et omne de grant guisa<a -id="FNanchor_68" href="#Footnote_68" class="fnanchor">[68]</a> et -que podría llegar a grant estado, et los omnes que grant estado -tienen, de que todo lo suyo an librado a su voluntad, olbidan mucho -aína lo que otre a fecho por ellos; et él que se reçelava que de -que él<a href="#Footnote_67" class="fnanchor">[67]</a> oviesse -apprendido dél aquello que él quería saber, que<a id="FNanchor_69" -href="#Footnote_69" class="fnanchor">[69]</a> non le faría tanto -bien commo él le prometía. Et el deán le prometió et le asseguró -que qualquier bien que él oviesse que nunca<span class="pagenum" -id="Page_33">[p. 33]</span> faría sinon lo que él mandasse; et en -estas fablas estudieron desque ovieron yantado fasta que fué ora de -çena. Et de que su pleito fue bien assossegado<a id="FNanchor_70" -href="#Footnote_70" class="fnanchor">[70]</a> entre ellos, díxo Don -Illán al deán que aquella sciençia non se podía aprender sinon en -lugar mucho apartado, et que luego essa noche le queria amostrar do -avían de estar, fasta que oviesse apprendido aquello que él quería -saber. Et tomól por la mano et levól a una cámara; et en apartándose -de la otra gente, llamó a una mançeba de su casa et díxol que -toviesse perdizes para que çenassen aquella noche, mas que non las -pusiessen a assar fasta que él gelo mandasse.»</p> - -<p>«Et desque esto ovo dicho, llamó al deán, et entraron entramos -por una escalera de piedra muy bien labrada, et fueron descendiendo -por ella muy gran pieça, en guisa que paresçia que estavan tan vaxos -que passava el rio de Tajo por çima dellos. Et desque fueron en cabo -del escalera, fallaron una possada muy buena, et una cámara mucho -apuesta que y avia, ó estavan los libros et el estudio en que avía de -leer.»</p> - -<p>«De que se assentaron, estavan parando mientes en quales libros -avian de començar; et estando ellos en esto, entraron dos omnes -por la puerta, et diéronle<a id="FNanchor_71" href="#Footnote_71" -class="fnanchor">[71]</a> una carta quel enviava el arçobispo -su<span class="pagenum" id="Page_34">[p. 34]</span> tio, en quel -fazía saber que estava muy mal doliente, et quel enviava rogar que -sil quería veer vivo, que se fuesse luego para él. Al deán pesó -mucho con estas nuebas, lo uno por la dolençia de su tio, et lo al -por que reçeló que avía de dexar su estudio que avía començado. -Pero puso en su coraçon<a id="FNanchor_72" href="#Footnote_72" -class="fnanchor">[72]</a> de non dexar aquel estudio tan aína, et -fizo sos cartas de repuesta et enviólas al arçobispo su tio.»</p> - -<p>«Et dende a tres o quatro dias llegaron otros omnes a pie -que traían otras cartas al deán, en quel fazían saber que el -arçobispo era finado,<a id="FNanchor_73" href="#Footnote_73" -class="fnanchor">[73]</a> et que estavan todos los de la eglesia en -su eslección, et que fiavan por la merçed de Dios que eslerían<a -id="FNanchor_74" href="#Footnote_74" class="fnanchor">[74]</a> a él. -Et por esta razon que non se quexasse de ir a la eglesia, ca mejor -era para él en quel esleyessen seyendo en otra parte que non estando -en la eglesia.»</p> - -<p>«Et dende a cabo de siete o de ocho dias, vinieron dos escuderos -muy bien vestidos et muy bien aparejados, et quando llegaron a él, -vesáronle la mano et mostráronle las cartas en commo le avían<span -class="pagenum" id="Page_35">[p. 35]</span> esleido por arçobispo. -Et quando Don Illán esto oyó, fue al electo et díxol commo gradesçía -mucho a Dios por que estas buenas nuevas le llegaran a su casa; -et pues Dios tanto bien le fiziera, quel pedía por merçed que el -deanasgo, que fincava vagado,<a id="FNanchor_75" href="#Footnote_75" -class="fnanchor">[75]</a> que lo diesse a un su fijo. Et el electo -díxol quel rogava quel quisiesse consentir que aquel deanadgo que -lo oviesse un su hermano, mas que él le faría bien en la iglesia en -guisa que él fuesse pagado, et quel rogava que fuesse con él para -Santiago et que levasse con él aquel su fijo. Et Don Illán díxo que -lo faría.»</p> - -<p>«Et fuéronse para Santiago; et quando í llegaron, fueron muy bien -reçebidos et mucho onradamente. Et desque moraron í un tienpo, un día -llegaron al arçobispo mandaderos del papa con sos cartas en cómmol -dava el obispado de Tolosa et quel fazía graçia que pudiesse dar el -arçobispado a qui quisiesse. Quando Don Illán oyó esto, retrayéndol<a -id="FNanchor_76" href="#Footnote_76" class="fnanchor">[76]</a> -mucho affincadamente lo que con él avía passado,<a id="FNanchor_77" -href="#Footnote_77" class="fnanchor">[77]</a> pidiól merçed que -lo diesse a su fijo. Et<span class="pagenum" id="Page_36">[p. -36]</span> el arçobispo le rogó que consentiesse que lo oviesse un -su tio, hermano de su padre. Et Don Illán díxo que bien entendíe -quel fazía grand tuerto, pero que esto que lo consintía en tal<a -id="FNanchor_78" href="#Footnote_78" class="fnanchor">[78]</a> -que fuesse seguro que gelo emendaría adelante. Et el arçobispo le -prometió en toda guisa que lo faría assí, et rogól que fuesse con él -a Tolosa et que levasse su fijo.»</p> - -<p>«Et desque llegaron a Tolosa, fueron muy bien reçebidos de condes -et de quantos omnes buenos avía en la tierra. Et desque ovieron í -morado fasta dos años, llegáronle mandaderos del papa con sos cartas -en commo le fazía el papa cardenal, et quel fazía graçia que diesse -el obispado de Tolosa a qui quisiesse. Entonçe fué a él Don Illán et -díxol que pues tantas vezes le avía fallesçido<a id="FNanchor_79" -href="#Footnote_79" class="fnanchor">[79]</a> de lo que con él -pusiera, que ya aquí non avía logar del poner escusa ninguna que -non diesse alguna de aquellas dignidades a su fijo. Et el cardenal -rogól que consentiese que oviesse aquel obispado un su tio hermano -de su madre, que era omne bueno ançiano, mas que, pues él cardenal -era, que se fuese con él para la corte que asaz avía en que le fazer -bien. Et Don Illán quexósse ende mucho, pero<span class="pagenum" -id="Page_37">[p. 37]</span> consintió en lo que el cardenal quiso, et -fuesse con él para la corte.»</p> - -<p>«Et desque í llegaron, fueron muy bien reçebidos de los cardenales -et de quantos en la corte eran, et moraron y muy grand tienpo. Et Don -Illán affincando cada dia al cardenal quel fiziesse alguna graçia -a su fijo, et él poníal sos escusas. Et estando assí en la corte, -finó el papa; et todos los cardenales esleyeron aquel cardenal por -papa. Estonçe fué a él Don Illán et díxol que ya non podía poner -escusa de non conplir lo quel avía prometido. Et el papa le dixo que -non lo affincasse tanto, que sienpre avría lugar en quel fiziesse -merçed, segund fuesse razón. Et Don Illán se començó a quexar -mucho retrayéndol quantas cossas le prometiera<a id="FNanchor_80" -href="#Footnote_80" class="fnanchor">[80]</a> et que nunca le avía -conplido ninguna, et diziéndol que aquello reçelara él la primera -vegada que con él fablara. Et pues aquel estado era llegado et nol -cunplia lo quel prometiera, que ya non le fincava logar en que -atendiesse dél bien ninguno. Deste affincamiento se quexó mucho el -papa et començól a maltraer, diziendol que si más le affincasse, -quel faría echar en una cárçel, que era ereje et encantador, et que -bien sabía él que non avía otra vida nin otro offiçio en Toledo, -do él morava, sinon bivir por aquella arte de nigromançía. Et -desque Don Illán vió quanto mal le gualardonava el papa lo que por -él avía fecho, espidióse<span class="pagenum" id="Page_38">[p. -38]</span> dél; et solamente<a id="FNanchor_81" href="#Footnote_81" -class="fnanchor">[81]</a> nol quiso dar el papa qué comiese por el -camino.»</p> - -<p>«Estonçe don Illán dixo al papa que pues al non tenía de comer, -que se avría de tornar a las perdizes que mandara assar aquella -noche. Et llamó ala muger et díxol que assasse las perdizes. Et -quando esto díxo don Illán, fallósse el papa en Toledo deán de -Santiago, commo lo era quando í bino; et tan grand fué la verguença -que ovo que non sopo quel dezir. Et don Illán díxol que fuesse en -buena ventura, et que assaz avía provado lo que tenía en él, et que -ternía por muy mal enpleado si comiesse su parte de las perdizes.»</p> - -<p>«Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que tanto fazedes -por aquel omne que vos demanda ayuda, et non vos da ende mejores -graçias, tengo que non avedes por qué trabajar nin aventurarvos -mucho por llegarlo<a id="FNanchor_82" href="#Footnote_82" -class="fnanchor">[82]</a> a logar que vos dé tal galardón commo el -deán dió a don Illán.»</p> - -<p>El conde tovo esto por buen consejo, et fízolo assí, et fallósse -ende bien. Et por que entendió don Johan que era este muy buen -exienplo, fízolo poner en este libro, et fizo estos viessos que dizen -assí:</p> - -<div class="poema fs90 mt1"><div class="stanza"> -<p class="i2">Al que mucho ayudares   et non te lo conosçiere,<a id="FNanchor_83" href="#Footnote_83" class="fnanchor">[83]</a></p> -<p class="i0">menos ayuda abrás   desqu’en grand onra subiere.</p> - -</div></div> - - -<div class="apartado" id="Ch_2_2"> - <h3 title="El mozo que casó con mujer brava" - class="hang"><span class="pagenum" id="Page_39">[p. 39]</span><span - class="smcap">Enxienplo xxxv.</span>—De lo que contesçió a un mançebo - que casó con una muger muy fuerte et muy brava.</h3> -</div> - -<p>Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, et díxole: -«Patronio, un mio criado me díxo quel traían cassamiento con una -muger muy rica, et aun que es más onrada que él et que es el -casamiento muy bueno para él, sinon por un enbargo que í ha; et el -enbargo es éste: díxome quel dixeran que aquella muger que era la -más fuerte et la más brava cosa del mundo. Et agora ruégovos que me -consejedes si le mandaré que case con aquella muger, pues sabe de -qual manera es, o sil mandaré que lo non faga.»</p> - -<p>«Señor conde Lucanor», dixo Patronio, «si él fuer tal commo fué -un fijo de un omne bueno que era moro, consejalde que case con ella; -mas si non fuere tal, non gelo consejedes.» Et el conde le rogó quel -dixiesse commo fuera aquello.</p> - -<p>Patronio le dixo que en una villa avía un omne bueno que avía -un fijo el mejor mançebo que podía ser, mas non era tan rico que -pudiesse conplir tantos fechos et tan grandes commo el su coraçón -le dava a entender que devía conplir; et por esto era él en grand -cuydado, ca avía la buena voluntat et non avía el poder.</p> - -<p>Et en aquella villa misma avía otro omne muy más onrado et más -rico que su padre, et avía una<span class="pagenum" id="Page_40">[p. -40]</span> fija et non más, et era muy contraria de aquel mançebo, ca -quanto aquel mançebo avía de buenas maneras, tanto las avía aquella -fija del omne bueno de malas et revesadas; et por ende omne del mundo -non quería casar con aquel diablo.</p> - -<p>Et aquel tan buen mançebo vino un dia a su padre et díxole que -bien sabía que él non era tan rico que pudiesse darle con qué él -pudiesse bevir a su onra, et que pues le convinía a fazer vida -menguada et lazdrada o irse daquella tierra, que si él por bien -tobiesse, quel parescía mejor seso de catar algun casamiento con que -pudiesse aver alguna passada.<a id="FNanchor_84" href="#Footnote_84" -class="fnanchor">[84]</a> Et el padre le dixo quel plazía ende -mucho si pudiesse fallar para él casamiento que le cunpliesse. Et -entonçe le dixo el fijo que si él quisiesse, que podría guisar que -aquel omne bueno, que avía aquella fija, que gela diesse para él. -Et quando el padre esto oyó, fué muy maravillado et díxol que commo -cuidava en tal cosa, que non avía omne que la conosçiesse que, por -pobre que fuesse, quisiesse casar con ella. Et el fijo le dixo quel -pidía por merçed quel guisasse aquel casamiento; et tanto lo afincó -que commo quier que el padre lo tovo por estraño, que gelo otorgó. -Et fuesse luego para aquel omne bueno, et amos<span class="pagenum" -id="Page_41">[p. 41]</span> eran mucho amigos, et díxol todo lo que -passara con su fijo, et rogól que pues su fijo se atrevía a casar con -su fija, quel plogiesse et gela diesse para él. Quando el omne bueno -esto oyó a aquel su amigo, díxole: «Par Dios, amigo, si yo tal cosa -fiziesse, seer vos ía muy falso amigo, ca vos avedes muy buen fijo, -et ternía que fazía muy grand maldat si yo consintiesse su mal nin -su muerte; casó çierto que si con mi fija casase, que sería muerto o -le valdría mas la muerte que la vida. Et non entendades que vos digo -esto por non conplir vuestro talante, ca si la quisiérdes, a mí mucho -me plaze de la dar a vuestro fijo o a quien quier que me la saque -de casa.» Et aquel su amigo le díxo quel gradesçía mucho quanto le -dizía, et que pues su fijo quería aquel casamiento, quel rogava que -le pluguiesse.</p> - -<p>Et el casamiento se fizo, et levaron la novia a casa de su marido. -Et los moros an por costunbre que adovan de cenar a los novios -et pónenles la mesa et déxanlos en su casa, fasta otro día; et -fiziéronlo aquellos assí; pero estavan los padres et las madres et -los parientes del novio et dela novia con grand reçelo, cuidando que -otro día fallarían el novio muerto o muy mal trecho.</p> - -<p>Luego que ellos fincaron solos en casa, assentaronse a la mesa; -et ante que ella ubiasse a dezir cosa, cató el novio enderredor de -la mesa, et vió un perro, et díxol yaquanto bravamente: «Perro, -danos agua a las manos»; et el perro non lo fizo; et encomençósse a -ensañar, et díxol más brava<span class="pagenum" id="Page_42">[p. -42]</span>mente que les diesse agua a las manos; et el perro non -lo fizo. Et desque vió<a id="FNanchor_85" href="#Footnote_85" -class="fnanchor">[85]</a> que lo non fazía, levantóse muy sañudo de -la mesa, et metió mano a la espada et endereçó al perro; et quando -el perro lo vió venir contra sí, començó a foir, et él en pos dél -saltando amos por la ropa et por la mesa et por el fuego, et tanto -andudo en pos dél fasta que lo alcanzó et cortól la cabeça et las -piernas et los braços et fízolo todo pedaços, et ensangrentó toda la -casa et toda la mesa et la ropa.</p> - -<p>Et assí muy sañudo et todo ensangrentado, tornóse a sentar -a la mesa, et cató enderredor, et vió un gato, et díxol quel -diesse agua a manos; et por que non lo fizo díxole: «¿Commo, -don falso, traydor, non vistes lo que fiz al perro por que non -quiso fazer lo quel mandé?; yo prometo a Dios que si poco nin más -porfías, que esso mismo<a id="FNanchor_86" href="#Footnote_86" -class="fnanchor">[86]</a> faré a ti que al perro.» Et el gato non -lo fizo, ca tan poco es su costunbre de dar agua a manos commo del -perro; et por que non lo fizo, levantóse, et tomól por las piernas et -dió con él a la pared, et fizo dél mas de çient pedaços, et mostrando -muy mayor saña que contra el perro.</p> - -<p>Et assí, bravo et sañudo et faziendo muy malos<span -class="pagenum" id="Page_43">[p. 43]</span> contenentes<a -id="FNanchor_87" href="#Footnote_87" class="fnanchor">[87]</a> -tornóse a la mesa et cató a todas partes; et la muger quel vió esto -fazer, tovo que estava loco o fuera de seso et non dezía nada. Et -desque ovo catado a cada parte, vió un su cavallo que estava en -casa<a id="FNanchor_88" href="#Footnote_88" class="fnanchor">[88]</a> -(et él non avia más de aquel) et díxol muy bravamente que les diesse -agua a las manos; et el cavallo non lo fizo. Desque vió que lo non -fizo, díxol: «¡Cómmo, don cavallo! ¿cuydades que por que non he otro -cavallo, que por esso vos dexaré si non fizierdes lo que yo vos -mandare? Yo juro a Dios que tan mala muerte vos dé commo a los otros; -et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo mandare, que -esso mismo non le faga». Et el cavallo estudo quedo; et desque vió -que non fazía su mandado, fué a él et cortól la cabeça, et con la -mayor saña que podría mostrar, despedaçólo todo.</p> - -<p>Et quando la muger vió que matava el cavallo non aviendo otro, et -que dizía que esto faría a quien quier que su mandado non cunpliesse, -tovo que esto non se fazía ya por juego et ovo tan grand<span -class="pagenum" id="Page_44">[p. 44]</span> miedo que non sabía si -era muerta o biva. Et él assi bravo et sañudo et ensangrentado, -tornóse a la mesa, jurando que si mil cavallos et omnes et mugeres -oviesse en casa quel saliessen de mandado, que todos serían muertos. -Et asentósse, et cató a cada parte teniendo la espada sangrentada -en el regaço; et desque cató a una parte et a otra et non vió cosa -viva, bolvió los ojos contra su muger muy bravamente et díxol con -grand saña, teniendo la espada en la mano: «Levantad vos et dat me -agua a las manos.» Et la muger que non esperava otra cosa sinon -quela despedaçaría toda, levantóse muy apriessa et diól agua a las -manos; et díxole él: «¡Cómmo gradesco a Dios por que feziestes lo -que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me -fizieron, esso oviera fecho<a id="FNanchor_89" href="#Footnote_89" -class="fnanchor">[89]</a> a vos que a ellos!» Et despues mandól quel -diesse de comer, et ella fízolo; et cada que él dezía alguna cosa, -tan bravamente gelo dizía et en tal son, que ella ya cuidava que la -cabeça era ida del polvo.</p> - -<p>Et assi pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella -fabló, mas fazía lo que él mandava. Et desque ovieron dormido una -pieça, díxo él: «Con esta saña que ove esta noche, non pude bien -dormir: catad que non me despierte cras ninguno et tened me bien -adobado de comer.»</p> - -<p>Et quando fue grand mañana,<a id="FNanchor_90" href="#Footnote_90" -class="fnanchor">[90]</a> los padres et las<span class="pagenum" -id="Page_45">[p. 45]</span> madres et los parientes llegáronse a -la puerta, et por que non fablava ninguno, cuidaron que el novio -estava muerto o ferido, et desque vieron por entre las puertas a la -novia et non al novio cuidáronlo más. Et quando ella los vió a la -puerta, llegó muy passo et con grand miedo et començóles a dezir: -«Locos, traidores ¿qué fazedes e commo osades llegar a la puerta nin -fablar?; callad, si non todos, tan bien vosotros commo yo, todos -somos muertos.» Et quando todos esto oyeron, fueron muy maravillados, -et desque sopieron commo passaron en uno, presçiaron mucho el -mançebo que assí sopiera fazer lo quel cunplía, et castigar<a -id="FNanchor_91" href="#Footnote_91" class="fnanchor">[91]</a> tan -bien su casa. Et daquel dia adelante fue aquella su muger muy bien -mandada et obieron muy buena vida.</p> - -<p>Et dende apocos dias su suegro quiso fazer assí commo fiziera su -yerno, et por aquella manera mató un gallo et díxole su muger: «A la -fe don fulán, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si -matassedes çient cavallos, que ante lo ovierades a començar, ca ya -bien nos conosçemos.»</p> - -<p>«Et vos, señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con -tal muger, si fuere él tal commo aquel mançebo, consejalde que case -seguramente, ca él sabrá como passe en su casa; mas si non fuere -tal que entienda lo que deve fazer et lo quel<span class="pagenum" -id="Page_46">[p. 46]</span> cunple, dexadle que passe su ventura. -Et aun conséjovos que con todos los omnes que ovierdes a fazer, -que sienpre les dedes a entender en qual manera an de passar -conbusco.»</p> - -<p>Et el conde obo éste por buen consejo, et fízolo assí, et fallóse -dello bien. Et por que Don Johan lo tovo por buen enxienplo, fízolo -escrivir en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:</p> - -<div class="poema mt1"><div class="stanza"> -<p class="i2">Si al comienço non muestras qui eres,</p> -<p class="i0">nunca podrás después quando quisieres.</p> - -</div></div> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_61"><span class="label"><a -href="#FNanchor_61">[61]</a></span> <i>Libro de los Estados</i> 90º (pág. -335<i>b</i> de la Biblioteca de Autores Españoles, tomo LI). Los «fermosos -latines», de que se alaba don Juan Manuel, no son «latinismos», como -pudiera creerse, pues su lenguaje no es nada propenso al cultismo; -la frase tiene un sentido más vago, quiere decir simplemente -«expresiones elegantes».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_62"><span class="label"><a -href="#FNanchor_62">[62]</a></span> Para el lenguaje de don -Juan Manuel, pueden verse: <span class="smcap">F. Dönne</span>, -<i>Syntaktische Bemerkungen zu Don Juan Manuels Schriften</i>, Jena, 1891, -y <span class="smcap">S. Gräfenberg</span>, <i>Don Juan Manuel</i>, <i>El -Libro del Cavallero et del Escudero</i>, en Romanische Forschungen, VII, -1893, p. 523-549.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_63"><span class="label"><a -href="#FNanchor_63">[63]</a></span> Los pronombres enclíticos del -infinitivo dependiente por medio de preposición, podían ir o con -el verbo regente: <i>tornólas a catar</i>, o entre la preposición y el -infinitivo, como se ve en el texto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_64"><span class="label"><a -href="#FNanchor_64">[64]</a></span> <i>Tener</i> significa ‘pensar’, como -en frases modernas: «tengo para mí que...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_65"><span class="label"><a -href="#FNanchor_65">[65]</a></span> Debiera estar escrito -<i>sopiessedes</i>; seguimos la ortografía del principal de los -manuscritos conservados de las obras de Don Juan. Está escrito -entre los siglos <small>XIV</small> y <small>XV</small>, y refleja -la gran vacilación en el uso de la <i>s</i> y la <i>ss</i> que existía en -muchas regiones de España. La imprenta vendrá a regularizar estas -vacilaciones, y a seguir una ortografía más precisa, semejante a la -de Alfonso el Sabio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_66"><span class="label"><a -href="#FNanchor_66">[66]</a></span> <i>Pensar de uno</i> significaba -‘cuidar de él’; «e pensó dél», traduciendo el latín ‘et curam ejus -egit’, <i>Mio Cid</i>, p. 793<sub>19</sub>. Análogo es el sentido del -verbo en «pensar el caballo, pensar bien sus canes», etc., de donde -se deriva el sustantivo <i>pienso</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_67"><span class="label"><a -href="#FNanchor_67">[67]</a></span> Adviértase continuamente la -ambigüedad en el uso del pronombre <i>él</i>, que notamos. Comp., <a -href="#Page_24">pág. 24</a>, <a href="#Footnote_53">nota 53</a>; -<a href="#Page_33">33</a>, <a href="#Footnote_71">nota 71</a>; <a -href="#Page_41">41</a>, <a href="#Footnote_85">nota 85</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_68"><span class="label"><a -href="#FNanchor_68">[68]</a></span> <i>Guisa</i> significaba, en general, -‘manera’, y aquí significa ‘manera de ser’ o ‘condición’. Se decía -también «omne de alta guisa», por hombre de elevada posición -social.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_69"><span class="label"><a -href="#FNanchor_69">[69]</a></span> Esta repetición de la conjunción -<i>que</i>, fué corriente aun en él período clásico.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_70"><span class="label"><a -href="#FNanchor_70">[70]</a></span> <i>Assossegar</i>, ‘asentar, pactar’. -El significado más corriente del verbo era ya entonces el moderno de -‘sosegar, calmar, pacificar’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_71"><span class="label"><a -href="#FNanchor_71">[71]</a></span> Igual ambigüedad que respecto -de <i>él</i>, puede notarse en el uso de la forma enclítica del -pronombre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_72"><span class="label"><a -href="#FNanchor_72">[72]</a></span> <i>Poner</i> significaba ‘convenir, -concertar’, y <i>poner en su coraçón</i> significa literalmente ‘convenir -consigo mismo’, es decir, ‘resolver, decidir’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_73"><span class="label"><a -href="#FNanchor_73">[73]</a></span> Hasta el siglo -<small>XVII</small>, el auxiliar usado con el participio de los -verbos neutros o reflexivos, era <i>ser</i> en lugar de <i>aver</i>, así se -decía «fué nacido, son llegados, ya eran idos, es levantado», junto -a «lo avien fecho», etc. Véase <i>Mio Cid</i>, pág. 359<sub>13</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_74"><span class="label"><a -href="#FNanchor_74">[74]</a></span> También se decía <i>esleirían</i>. -Es el verbo <i>esleir</i> forma popular, en vez de la moderna y culta -<i>elegir</i>; se conjugaba como el moderno <i>desleir</i>, o con variantes -propias de estos verbos con hiato.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_75"><span class="label"><a -href="#FNanchor_75">[75]</a></span> Esta forma <i>vagar</i>, que es la -popular, fué sustituída por la culta <i>vacar</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_76"><span class="label"><a -href="#FNanchor_76">[76]</a></span> <i>Retraer</i>, además de ‘referir, -contar’, significaba ‘recordar, echar en cara’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_77"><span class="label"><a -href="#FNanchor_77">[77]</a></span> <i>Lo que con él avía passado</i>, -‘lo que había tratado con él’, aludiendo a la promesa primera que el -deán había hecho. En <i>Cervantes</i> hallamos: «entre los tres passaron -un graciosissimo coloquio», <i>Quijote</i>, II, 2; ¿«qué coloquios -pasó contigo»? I, 31, y después: «de lo que el cura y el barbero -passaron con don Quixote cerca de su enfermedad», II, 1; siendo este -último uso del verbo, igual al de don Juan Manuel, mal comprendido -generalmente.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_78"><span class="label"><a -href="#FNanchor_78">[78]</a></span> <i>En tal</i> por ‘con tal’; así dicen -todos los manuscritos de la obra.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_79"><span class="label"><a -href="#FNanchor_79">[79]</a></span> Esto es: ‘tantas veces le había -faltado en lo que con él conviniera’. Comp. «que falleçríe en aquello -que pussiera con ellos, e amenguaríe mucho de su prez e de su onrra», -<i>Crónica General</i>, pág. 38 <i>a</i>, 9, y «nada non me compliste... ¿por -qué me falesçiste», <i>Fernán González</i>, 545 <i>d</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_80"><span class="label"><a -href="#FNanchor_80">[80]</a></span> ‘Le había prometido’; la forma -verbal en <i>ra</i> conservó por mucho tiempo su valor etimológico de -pluscuamperfecto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_81"><span class="label"><a -href="#FNanchor_81">[81]</a></span> <i>Solamente non</i> ‘ni siquiera’. -Usábase con igual sentido <i>sol non</i>: «sol non será pensado», <i>Mio -Cid</i>, pág. 392<sub>8</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_82"><span class="label"><a -href="#FNanchor_82">[82]</a></span> <i>Llegar</i> por ‘hacer llegar, -conducir’; «la merced que Dios le avía hecho en le llegar a tal -estado», véase <i>Mio Cid</i>, pág. 731<sub>4</sub>; usual aun en el -período clásico: «si Dios me llega a tener algo que de gouierno». -<i>Quijote</i>, II, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_83"><span class="label"><a -href="#FNanchor_83">[83]</a></span> <i>Conoscer</i>, como <i>reconocer</i>, -significaba ‘agradecer’. De aquí el derivado más usual, -<i>desconocido</i>, ‘desagradecido’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_84"><span class="label"><a -href="#FNanchor_84">[84]</a></span> <i>Passada</i> es la ‘manera de -vivir’; decimos hoy «un pasar». Así, <span class="smcap">Fr. Luis de -Granada</span> dice: «No pedimos superfluidades ni demasías, sino -pan necessario y para de presente, y como una passada, pues no somos -nacidos para perpetuarnos acá.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_85"><span class="label"><a -href="#FNanchor_85">[85]</a></span> Nótese en todo este párrafo cómo, -aunque se intercala varias veces un sujeto incidental (el perro), no -se renueva después la mención del sujeto principal (el novio). Esta -concisión sería hoy mirada como defectuosa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_86"><span class="label"><a -href="#FNanchor_86">[86]</a></span> <i>Esso mismo</i>, o simplemente -<i>esso</i>, significaba ‘lo mismo’, ‘igual’. Usábase aun en el período -clásico: «como yo esté harto, esso me haze que sea de çanahorias que -de perdizes», <i>Quijote</i>, II, 55; y «esso estima los palos que las -vozes», <span class="smcap">Lope de Vega</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_87"><span class="label"><a -href="#FNanchor_87">[87]</a></span> <i>Contenente</i>, ‘gesto, ademán’. -Hoy <i>continente</i>, significa más bien ‘compostura, aire del semblante -o del cuerpo’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_88"><span class="label"><a -href="#FNanchor_88">[88]</a></span> Había costumbre de albergar los -caballos en la misma cámara donde las personas. La <i>Crónica General</i> -nos dice en su capítulo 791: «et porque a aquella sazón era la guerra -con los moros tan grand et tan cutiana, assí los cavalleros et los -condes et aun los reis mismos paravan sus caballos dentro de sus -palacios et aun, segund cuenta la estoria, dentro en sus cámaras o -durmíen con sus mugieres, porque luego que oyessen ferir apellido, -toviessen prestos sus cavallos et sus armas». Esta explicación, -buscada en la guerra con los moros, es caprichosa; en otros países de -Europa se conocía la misma costumbre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_89"><span class="label"><a -href="#FNanchor_89">[89]</a></span> ‘Lo mismo hubiera hecho -a vos’. Véase la <a href="#Footnote_86">nota 86</a> de la <a -href="#Page_42">página 42</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_90"><span class="label"><a -href="#FNanchor_90">[90]</a></span> <i>Grand mañana</i>, ‘muy de mañana’ -o simplemente ‘de mañana’. «Andidieron de noche, bien fasta los -albores; Grant mañana por miedo de algunos pastores, Metiéronse en -una cueva los traidores», <span class="smcap">Berceo</span>, <i>Santo -Domingo</i>, 434. Comp. fr. «de grand matin».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_91"><span class="label"><a -href="#FNanchor_91">[91]</a></span> <i>Castigar</i>, significaba -simplemente ‘advertir’, ‘amonestar’ ‘ordenar’.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_47">[p. 47]</span></p> - <h2 title="Alfonso Martínez de Toledo" - class="nobreak">ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO<br /> - <small>ARCIPRESTE DE TALAVERA<br /> - (1398.—Vivía aún en 1466)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Alfonso Martínez de Toledo escribió una historia de España que -tituló <i>Atalaya de Crónicas</i>, y unas <i>Vidas de San Isidoro y de San -Ildefonso</i>; la obra por la que fué y es más conocido es el libro -que, según las ediciones antiguas, «tracta de vicios y virtudes, e -reprobacion del loco amor, ansi de los hombres como de las mugeres, o -segund algunos llamado <i>Corbacho</i>». Este nombre se le dió tomándolo -de la sátira de Boccaccio contra las mujeres, pero Alfonso Martínez -quiso que su libro quedase sin título alguno: «sin bautismo, sea -por nombre llamado <i>Arcipreste de Talavera</i> donde quier que fuere -levado». Lo acabó el año de 1438.</p> - -<p>Este libro es importante en la historia de la prosa castellana -por dos razones: representa de un modo especial una manera de estilo -elegante que dominó en el siglo <small>XV</small>, y nos ofrece, por -primera vez que sepamos, el habla popular tratada bajo una forma -artística en prosa. En uno y otro aspecto ejerció marcada influencia; -baste decir que en uno y otro, el autor de <i>La Celestina</i> es -tributario conocido del Arcipreste de Talavera.</p> - -<p>Dominaba entonces en el estilo trabajado una fuerte corriente de -latinismo, la cual iba a menu<span class="pagenum" id="Page_48">[p. -48]</span>do mezclada con italianismo, ya que desde el siglo -anterior, autores italianos, como Boccaccio, por ejemplo, -deslumbraban a nuestros escritores con una extraña elegancia de -hipérbaton y léxico latinizantes. Este exotismo, que revestía formas -muy crudas y exageradas, aparece templado en el <i>Arcipreste de -Talavera</i>. El hipérbaton llega, es verdad, a casos extremos, como, -por ejemplo, el de la separación del sustantivo y del adjetivo: «face -la vista perder, e mengua <i>el olor</i> de las narices <i>natural</i>... el -gusto de la boca pierde...; pues <i>las potencias</i> del ánima <i>tres</i> -todas son turbadas»; pero esto es raro en nuestro autor. El rasgo que -más abunda en él es la colocación del verbo al final de la frase: -«non es muger que de sí muy avara non sea en dar, cavilosa en la mano -alargar, temerosa en mucho emprestar, abondosa en cualquier cosa -tomar, generosa en lo ageno dar...» También el cultismo propagaba -el uso de varios participios de presente: «su conosciente o amigo»; -«otros mançebos aun hoy bivientes.» Además, hay que señalar el -latinismo, y el extranjerismo en general, como copiosa fuente de -renovación del vocabulario; así el Arcipreste usa <i>sustancia</i> por -‘hacienda, bienes’, <i>estudiarse</i> por ‘esforzarse’, <i>superbioso</i> -por ‘soberbio, soberbioso’, acumulando a veces estos neologismos: -«el vasallo contra el señor, e el servidor contra su <i>maestro</i>, el -<i>súbdito</i> contra su <i>subyugante</i>.»</p> - -<p>A menudo en esta época se buscaba también la elegancia mediante un -amplio desarrollo del concepto; el giro espacioso de la frase tendía -a dar cierta majestad solemne a la expresión; la insistencia en la -idea procuraba una mayor viveza y eficacia de la imagen: «La Pobreza -alçó sus ojos en alto, e començó de mirar la pompa e loçanía e locura -e vanagloria, la jactancia e orgullo que la<span class="pagenum" -id="Page_49">[p. 49]</span> Fortuna consigo traía... Pues tú dizes -que fazes e desfazes, viedas e mandas, ordenas e dispones todas las -cosas del mundo, e que son a tu govierno e mando las baxas e aun -las altas.» Véase la reiteración de un pensamiento que va a parar -a una cita del Arcipreste de Hita: «¿Quien es tan loco e fuera de -seso que quiere su poderío dar a otro, e su libertad someter a quien -non deve, e querer ser siervo de una muger que alcança muy corto -juizio, e demás, atarse de pies e de manos en manera que non es de -sí mesmo, contra el dicho del sabio que dize: Quien pudiere ser suyo -non sea enagenado, que libertad e franqueza non es por oro comprada?, -e exemplo antiguo es, el qual puso el Arçipreste de Hita en su -tractado.»</p> - -<p>La abundancia, que seduce al Arcipreste de Talavera, degenera a -menudo en verbosidad, aun en los trozos doctrinales del libro: «¡Ay -del triste desventurado, que por querer seguir el apetito de su -voluntad que brevemente pasa, quiere perder aquella gloria perdurable -de paraíso que para siempre durará! ¡Si el triste del ombre o muger -sintiese drechamente qué cosa es perdurable, o para siempre jamas, o -por infinita <i>secula seculorum</i> aver en el otro mundo gloria o pena!» -Esta verbosidad cuadra bien cuando se aplica a reflejar el lenguaje -del pueblo, según se verá en los trozos que publicamos.</p> - -<p>Otra manera de elegancia fué la similicadencia, moda que todavía -hallamos en vigor durante el siglo <small>XVI</small>, por ejemplo, -en Fray Antonio de Guevara. El <i>Arcipreste de Talavera</i> nos la -ofrece, sobre todo, en los párrafos de afectada viveza: «Plégale a -Nuestro Señor... que así velemos e nos aperçibamos, e del enemigo -Satanás nos guardemos, e de los viçios nos corrijamos, e de los -pecados en bien nos enmendemos.» Muy común<span class="pagenum" -id="Page_50">[p. 50]</span>mente se llega a la prosa rimada, como -se ve en el ejemplo de posposición del verbo, que ponemos arriba. Y -es notable que estas rimas abunden en la charla vulgar, según puede -verse en los trozos aquí insertos, mostrándonos un curioso giro de la -locuacidad vehemente, hoy enteramente desusado.</p> - -<p>Otro ejercicio del ingenio popular, antes más desarrollado que -hoy día, era el uso abundante de los refranes, y el Arcipreste -de Talavera no dejó de emplearlos para caracterizar el habla -callejera, siendo en este particular un inspirador directo del -autor de la <i>Celestina</i> e indirecto del <i>Quijote</i>, como nota -muy bien Menéndez Pelayo<a id="FNanchor_92" href="#Footnote_92" -class="fnanchor">[92]</a>. Pero este crítico atribuye a nuestro -Arcipreste el mérito de haber adivinado el ritmo del diálogo, a -lo cual no podemos asentir. El Arcipreste compone, sí, admirables -discursos familiares, pero el diálogo no alcanza en él más desarrollo -que en el <i>Lucanor</i>, por ejemplo. Para ver roto el estrecho molde -medieval de la mera sucesión de discursos, necesitamos llegar a <i>La -Celestina</i>.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_3_1"> - <h3 title="Vicios y tachas de las mujeres">ARCIPRESTE DE TALAVERA</h3> - <p class="centra mt2">PARTE II, CAP. I</p> - <p class="hang mt1">De los viçios e tachas e malas condiçiones de las - perversas mugeres, e primero digo de las avariçiosas.</p> -</div> - -<p>Por quanto las mugeres que malas son, viçiosas e desonestas o -enfamadas, non puede ser de<span class="pagenum" id="Page_51">[p. -51]</span>llas escripto<a id="FNanchor_93" href="#Footnote_93" -class="fnanchor">[93]</a> nin dicho la meitad que dezir o escrevir -se podría por el hombre,<a id="FNanchor_94" href="#Footnote_94" -class="fnanchor">[94]</a> e por quanto la verdad dezir non es -pecado, mas virtud, por ende digo primeramente que las mugeres -comunmente por la mayor parte de avariçia son doctadas; e por ésta -razón de avariçia muchas de las tales infinitos e diversos males -cometen: que si dineros, joyas preçiosas e otros arreos intervengan -o dados les sean, es dubda<a id="FNanchor_95" href="#Footnote_95" -class="fnanchor">[95]</a> que a la más fuerte non derruequen, e toda -maldad espera que cometrá la avariçiosa muger con defrenado apetito -de aver, asi grande como de estado pequeño...<a id="FNanchor_96" -href="#Footnote_96" class="fnanchor">[96]</a></p> - -<p>Asy la muger piensa que non ay otro bien en el mundo sinon -aver, tener e guardar e poseer, con sulíçita guarda condensar,<a -id="FNanchor_97" href="#Footnote_97" class="fnanchor">[97]</a> -lo ageno francamente despendiendo e lo suyo con mucha industria -guardando. Donde por esperiencia verás que una muger en comprar por -una blanca más se fará de oir que un ombre en mil maravedis. Item, -por un huevo dará voces como loca e fenchirá a<span class="pagenum" -id="Page_52">[p. 52]</span> todos los de su casa de ponçoña: «¿Qué -se fizo este huevo? ¿quién lo tomó? ¿quién lo levó? ¿Adole<a -id="FNanchor_98" href="#Footnote_98" class="fnanchor">[98]</a> este -huevo? Aunque vedes que es blanco, quiçá negro será oy este huevo. -¿Quién tomó este huevo, quién comió este huevo? Comida sea de mala -ravia. ¡Ay huevo mio de dos yemas, que para echar vos guardava yo! -¡Ay huevo mio, qué gallo e qué gallina salieran de vos! del gallo -fiziera capón que me valiera veinte maravedises e la gallina catorze, -o quiça la echara e me sacara tantos pollos e pollas con que pudiera -tanto multiplicar, que fuera causa de me sacar el pié del lodo. Agora -estarme he como desventurada, pobre como solía... ¡Ay huevo mio de -la meajuela redonda, de la cáscara tan gruesa, ¿quién me vos comió? -¡Ay Marica, rostro de golosa, que tú me has lançado por puertas: -yo te juro que los rostros te queme, doña vil, suzia, golosa! ¡Ay -huevo mio, y que será de mi! ¡Ay triste, desconsolada, Jesús, amiga, -y cómo non me fino agora! ¡Ay Virgen María, cómo non rebienta -quien vee tal sobrevienta!<a id="FNanchor_99" href="#Footnote_99" -class="fnanchor">[99]</a> ¡Non ser en mi casa señora de un -huevo! Maldita sea mi ventura e mi vida si non estó en<span -class="pagenum" id="Page_53">[p. 53]</span> punto de rascarme<a -id="FNanchor_100" href="#Footnote_100" class="fnanchor">[100]</a> -o de me mesar toda. ¡Ya,<a id="FNanchor_101" href="#Footnote_101" -class="fnanchor">[101]</a> por Dios! ¡guay de la que trae por la -mañana el salvado, la lumbre, e sus rostros quema soplando por la -encender; e fuego fecho, pone su caldera y calienta su agua e faze -sus salvados por fazer gallinas ponedoras; y que, puesto el huevo, -luego sea arrebatado! ¡Ravia, Señor, y dolor de coraçon, endúrolos<a -id="FNanchor_102" href="#Footnote_102" class="fnanchor">[102]</a> -yo, cuitada, e paso como a Dios plaze, e liévamelos el huerco! ¡Ya, -Señor! e liévame deste mundo, que mi cuerpo non goste más pesares nin -mi ánima sienta tantas amarguras. ¡Ya, Señor! por el que tú eres, da -espaçio a mi coraçon con tantas angosturas como de cada dia gusto. -¡Una muerte me valdríe más que tantas, ya por Dios!». Y en ésta -manera dan bozes e gritan por una nada.</p> - -<p>Item, si una gallina pierden, van de casa en casa conturbando -toda la vezindat: «¿Do mi gallina la ruvia, de la calça bermeja, o -la de la cresta partida, çenizienta escura, cuello de pavo, con la -calça morada, ponedora de huevos? ¿Quién me la furtó? Furtada sea su -vida. ¿Quién menos me fizo<a id="FNanchor_103" href="#Footnote_103" -class="fnanchor">[103]</a> della? Menos se le tornen los días de -la vida. ¡Mala landre, dolor de costado, ravia mortal comiese con -ella; nunca otra coma, comida mala comiese,<span class="pagenum" -id="Page_54">[p. 54]</span> amen! ¡Ay gallina mia, tan ruvia! -un huevo me dabas tú cada día; aojada te tenia el que te comió, -asechándote estaba el traidor; desfecho le vea de su casa<a -id="FNanchor_104" href="#Footnote_104" class="fnanchor">[104]</a> -a quien te me comió; ¡comido le vea yo de perros aina!, ¡cedo sea! -¡véanlo mis ojos, e non se tarde! ¡Ay gallina mia, gruesa como un -ansarón, morisca de los pies amarillos, crestibermeja! más avía en -ella que en dos otras que me quedaron. ¡Ay triste! aun agora estava -aquí, agora salió por la puerta, agora salió<a id="FNanchor_105" -href="#Footnote_105" class="fnanchor">[105]</a> tras el gallo -por aquel tejado. El otro día, ¡triste de mí, desaventurada, que -en mal ora nascí, cuitada!, el gallo mio bueno cantador, que -asi salían dél pollos como del çielo estrellas, atapador de mis -menguas, socorro de mis trabajos, que la casa nin bolsa, cuitada, -él bivo, nunca vazia estava. ¡La de Guadalupe señora, a ti lo -acomiendo! señora, non me desampares ¡ya, triste de mí! que tres -días ha entre las manos me lo llevaron. ¡Jesús, quánto robo, quánta -sinrazón, quánta injustiçia! ¡Callad, amiga, por Dios; dexadme -llorar, que yo sé qué perdí e qué pierdo oy! E cada uno le duele -lo suyo ¡y tal joya como mi gallo! ¡Cuitada, e agora la gallina! -Rayo del cielo mortal e pestilençia venga sobre tales personas: -espina o hueso comiendo se le atravesase en el garguero, que Sant -Blas non le pusiese cobro.<span class="pagenum" id="Page_55">[p. -55]</span> Non diré, amigas, aina diría que Dios non está en el -cielo, ni es tal como solía, que tal sufre e consiente. ¡Oh Señor, -tanta paciencia e tantos males sufres! ¡ya, por aquel que tu eres, -consuela mis enojos, da lugar a mis angustias, sinon raviaré o me -mataré o me tornaré mora!<a id="FNanchor_106" href="#Footnote_106" -class="fnanchor">[106]</a> Agora, noramala, si Dios non me vale, -non sé qué me diga. Dexadme, amiga, que muere la persona con la -sinrazon, que mal de cada rato non lo sufre perro nin gato: dapno -de cada dia, sofrir non es cortesia: oy una gallina e antier un -gallo, yo veo bien mi duelo, aunque me lo callo. ¿Cómo te feziste -calvo? Pelo a pelillo el pelo levando. ¿Quién te fizo pobre, María? -Perdiendo poco a poco lo poco que tenía.<a id="FNanchor_107" -href="#Footnote_107" class="fnanchor">[107]</a> Moças, venid acá. -¿Non podeis responder?—Señora.—Ha, agora, landre que te fiera, y -¿dónde estavas? dy, ¿non te duele a ti asi como a mí? Pues corre -en un punto, Juanilla, ve a casa de mi comadre, dile si vieron una -gallina ruvia de una calça bermeja. Marica, anda, ve a casa de mi -vezina, verás si pasó allá la mi gallina ruvia. Perico, ve en un -salto al vicario del arçobispo que te dé una carta de descomunión -que muera maldito e desco<span class="pagenum" id="Page_56">[p. -56]</span>mulgado el traidor malo que me la comió. Bien sé que me oye -quien me la comió. Alonsillo, ven acá, para mientes e mira que las -plumas no se pueden esconder, que conocidas son. Comadre, ¿vedes qué -vida ésta tan amarga? yuy, que agora la tenía ante mis ojos. Llámame, -Juanillo, al pregonero, que me la pregone por toda esta vezindad. -Llámame a Trotaconventos, la vieja de mi prima, que venga e vaya de -casa en casa buscando la mi gallina ruvia. ¡Maldita sea tal vida, -maldita sea tal vezindad! que non es el ombre<a id="FNanchor_108" -href="#Footnote_108" class="fnanchor">[108]</a> señor de tener -una gallina, que aun non ha salido el umbral, que luego non es -arrebatada. Andémonos, pues, a furtar gallinas, que para ésta<a -id="FNanchor_109" href="#Footnote_109" class="fnanchor">[109]</a> -que Dios aqui me puso, quantas por esta puerta entraren ese amor -les faga que me fazen.<a id="FNanchor_110" href="#Footnote_110" -class="fnanchor">[110]</a> ¡Ay gallina mia ruvia! y ¿adónde estádes -vos agora? Quien vos comió bien sabia que vos quería yo bien, e -por<span class="pagenum" id="Page_57">[p. 57]</span> me enojar lo -fizo. Enojos e pesares e amarguras le vengan por manera que mi ánima -sea vengada. Amen. Señor, asi lo cumple tú por aquel que tú eres: e -de quantos milagros has fecho en este mundo, faz agora éste porque -sea sonado.»</p> - -<p>Esto e otras cosa faze la muger por una nada. Son allegadoras de -la ceniza, mas bien derramadoras de la farina.<a id="FNanchor_111" -href="#Footnote_111" class="fnanchor">[111]</a> En las faldas -rastrando e en las mangas colgando, e otros arreos desonestos que -ellas trahen, non ponen cobro, por do sus maridos, parientes e -amigos desfazen ¡y ponen cobro en el huevo e la gallina! E aun ellas -mesmas dizen quando las faldas las enojan: el diablo aya parte en -estas faldas, e aun en la primera que las usó; mas non maldize<a -id="FNanchor_112" href="#Footnote_112" class="fnanchor">[112]</a> a -sí mesma que las trae. E si alguno ge lo retrae, responde: pues fago -como las otras. E bien dize verdad, que ya la muger del menestral, si -vee la muger del cavallero de nuevas guisas arreada, aunque non tenga -que comer, cayendo o levantando, ella así ha de fazer, o morir.<a -id="FNanchor_113" href="#Footnote_113" class="fnanchor">[113]</a> -Non son sino como monicas: quanto ven, tanto quieren fazer: «¿Viste -fulana, la muger de fulano, la vezina, cómo iva el domingo pasado? -Pues quemada sea, si este otro domingo otro tanto non llevo yo, e aun -mejor.» Quantas ropas visten las otras, de qué paño, qué color, qué -arreos, qué<span class="pagenum" id="Page_58">[p. 58]</span> cosas -traen consigo, yo te digo que tanto paran mientes en estas cosas -que non se les olvidan después: «fulana llevava ésto, çutana vestía -ésto», por quanto en aquello ponen su corazón e voluntad, mas non en -el provecho de su casa, estado e honra, sinon en vanidades e locuras, -e en cosas de poca pro.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_3_2"> - <p class="centra">PARTE II, CAPÍTULO XII</p> - <h3 class="centra mt1">De como la muger parlera siempre fabla de - fechos agenos.</h3> -</div> - -<p>La muger ser mucho parlera, regla general es dello:<a -id="FNanchor_114" href="#Footnote_114" class="fnanchor">[114]</a> -que non es<a id="FNanchor_115" href="#Footnote_115" -class="fnanchor">[115]</a> muger que non quisiese siempre fablar -e ser escuchada. E non es de su costumbre dar logar a que otra -fable delante della; e si el dia un año durase, nunca se fartaría -de fablar e non se enojaría día nin noche. E por ende verás muchas -mugeres que de tener mucha continuaçión de fablar, quando non han -con quien fablar, están fablando consigo mesmas entre sí. Por ende -verás una muger que es usada de fablar las bocas de diez ombres -atapar e vençerlas fablando e maldiziendo.<span class="pagenum" -id="Page_59">[p. 59]</span> Quando razón non le vale ¡bia<a -id="FNanchor_116" href="#Footnote_116" class="fnanchor">[116]</a> -a porfiar! e con esto nunca los secretos de otro a otra podríe -çelar. Antes te digo que te deves guardar de aver palabras con -muger que algund secreto tuyo sepa, como del fuego: que sabe, -como suso dixe, non guarda lo que dize con ira la muger; aunque -el tal secreto de muerte fuese, o venial, o lo que más secreto -le encomendares, aquello está reptando o escarvando por lo dezir -e publicar, en tanto<a id="FNanchor_117" href="#Footnote_117" -class="fnanchor">[117]</a> que todavia fallarás las mugeres por -reconçillos, por renconadas e apartados diziendo, fablando de -sus vezinas e de sus comadres e de sus fechos, e mayormente de -los agenos. Siempre están fablando, librando<a id="FNanchor_118" -href="#Footnote_118" class="fnanchor">[118]</a> cosas agenas: -aquélla cómo bive, qué tiene, cómo anda, cómo casó e cómo la quiere -su marido mal, cómo ella se lo meresçe: cómo en la iglesia oyó -dezir tal cosa; e la otra responde tal cosa; e así pasan su tiempo -dependiéndolo en locuras e cosas vanas, que aquí espaçificarlas -seríe imposible. Por ende general regla es que donde quier que ay -mugeres ay de muchas nuevas.<a id="FNanchor_119" href="#Footnote_119" -class="fnanchor">[119]</a></p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_60">[p. 60]</span></p> - -<p>Alléganse las benditas en un tropel, muchas matronas, otras moças -de menor e mayor hedad, e comiençan e no acaban, diziendo de fijas -agenas, de mugeres estrañas; en el invierno al fuego, en el verano -a la frescura, dos o tres horas, sin mas estar diziendo: «tal, la -muger de tal, la fija de tal, ¡a osadas, quién sé la vee?, ¿quién -non la conosce! ovejuela de Sant Blas, corderuela de Sant Antón -¡quien en ella se fiase!» etc... Responde luego la otra: «¡o bien si -lo sopiésedes, como es de mala luenga! ¡ravia Señor, allá irá! ¡por -Nuestro Señor Dios, embaçada estaríades comadre! ¡quien se la vee, -simplezilla!» etc..., todo el dia estarán detrás mal fablando.</p> - -<p>E si quieres saber de mugeres nuevas, vete al forno, a las bodas, -a la iglesia, que allí nunca verás sinon fablar la una a la oreja -de la otra, e tomar las unas compañías con las mal querientes de -las otras; e afeitarse e arrearse a porfía, aunque sopiesen fazer -malbarato de su cuerpo por aver joyas, e ir las unas mas arreadas que -las otras, diziendo: «pues mal gozo vean de mí si el otro domingo -que viene tú me pasas el pié delante». Ayúntanse las unas loçanas de -un barrio contra las otras galanas de la otra vezindad: «Pues agora -veamos a quáles mirarán más, e quáles serán las más fabladas<span -class="pagenum" id="Page_61">[p. 61]</span> e presçiadas; ¿quiçá si<a -id="FNanchor_120" href="#Footnote_120" class="fnanchor">[120]</a> -piensan que non somos para plaça?<a id="FNanchor_121" -href="#Footnote_121" class="fnanchor">[121]</a> ¡mejor que non -ellas! aunque les pese e mal pese, sí somos, en verdad. ¡Yuy, amiga! -¿non vedes como nos miran de desgaire? ¿Quieres que les demos una -corredura e una ladradura? Riámonos la una con la otra e fablemos -así a la oreja, mirando fazia ellas, e vereis como se correrán; o -antes que ellas se levanten pasemos aina delante dellas, porque los -que miraren a ellas, en pasando nosotras, fagan primero a nosotras -reverençia antes que non a ellas, e esta les daremos en barva -aunque les pese, quanto a lo primero.» E estas e otras infinitas -cosas largas de escrevir estudian las mugeres e urden, en tanto<a -id="FNanchor_122" href="#Footnote_122" class="fnanchor">[122]</a> -que nunca donde van e se ayuntan fazen sino fablar e murmurar e de -agenos fechos contractar. Do podemos dezir la muger ser muy parlera -e de secretos muy mal guardadora. Pon ende quien dellas non se fia -non sabe qué prenda tiene e quien de sus fechos se apartase e más las -olvidare, bivirá más en seguro: desto yo le aseguro.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_92"><span class="label"><a -href="#FNanchor_92">[92]</a></span> <i>Orígenes de la novela</i>, I, 1905, -pág. <small>CXIX</small>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_93"><span class="label"><a -href="#FNanchor_93">[93]</a></span> Construcción vacilante. El -complemento se anticipa en nominativo, con una oración de relativo: -<i>las mugeres que</i>... y luego se reproduce acerca del verbo mediante -el pronombre <i>dellas</i>, provisto de la preposición conveniente. Sin -tal anticipación del complemento se diría: «Por cuanto no puede ser -escrito de las mugeres que malas son la mitad...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_94"><span class="label"><a -href="#FNanchor_94">[94]</a></span> <i>El hombre</i> tiene aquí el sentido -pronominal indefinido de ‘uno’. Mas abajo señalamos otro ejemplo de -este uso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_95"><span class="label"><a -href="#FNanchor_95">[95]</a></span> <i>Dubda</i> significa ‘temor’; ‘es de -temer que no derriben a la mas fuerte’, usando el <i>no</i> afirmativo con -los verbos de temor: ‘es de temer que la derriben’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_96"><span class="label"><a -href="#FNanchor_96">[96]</a></span> Hipérbaton: «la muger asi grande -como de estado pequeño.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_97"><span class="label"><a -href="#FNanchor_97">[97]</a></span> <i>Condensar</i>, más comúnmente -<i>condesar</i>, significaba ‘guardar’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_98"><span class="label"><a -href="#FNanchor_98">[98]</a></span> <i>Adole</i> y <i>dole</i>, adverbio -interrogativo con el pronombre enclítico, expresión elíptica usual -aun en el siglo <small>XVI</small>: ‘do le hallaré’ Un romance -popular usa juntas la forma elíptica y las completas, que explican -este giro:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i0">¿Do los mis amores? ¿dolos?</p> -<p class="i0">¿do los andaré a buscar?</p> - -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_99"><span class="label"><a -href="#FNanchor_99">[99]</a></span> <i>Sobrevienta</i>, ‘caso impensado, -sorpresa, sobresalto’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_100"><span class="label"><a -href="#FNanchor_100">[100]</a></span> <i>Rascarse</i> en el sentido de -‘arañarse’ o ‘despedazarse’ la carne; ésto y mesarse el cabello eran -señal de duelo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_101"><span class="label"><a -href="#FNanchor_101">[101]</a></span> <i>Ya</i> interjección antigua de -origen árabe.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_102"><span class="label"><a -href="#FNanchor_102">[102]</a></span> <i>Endurar</i> ‘sufrir, -padecer’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_103"><span class="label"><a -href="#FNanchor_103">[103]</a></span> Curiosa perífrasis: «<i>fazer</i> -a uno <i>menos</i> de una cosa» significaba ‘quitar a uno una cosa’; -en latín «minus fecit» ‘quitó, robó’; véase <i>Mio Cid</i>, pág. -343<sub>5</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_104"><span class="label"><a -href="#FNanchor_104">[104]</a></span> La pena antiguamente impuesta a -los traidores era el derribarles la casa, y esta pena quiere la mujer -que sea aplicada al traidor que le robó la gallina.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_105"><span class="label"><a -href="#FNanchor_105">[105]</a></span> Las ediciones impresas del -libro del Arcipreste ponen <i>saltó</i>. Antes el verbo <i>salir</i> tenía -también el significado de ‘saltar’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_106"><span class="label"><a -href="#FNanchor_106">[106]</a></span> Entre las estrepitosas señales -de dolor que da la mujer, lamentando su gallina, no podía faltar la -amenaza de renegar de la fe. No de otro modo, quejándose de una gran -deshonra, dice doña Lambra a su marido en el romance: «Si desto no me -vengais, mora me quiero tornar.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_107"><span class="label"><a -href="#FNanchor_107">[107]</a></span> Nótense las rimas continuadas. -Sin embargo parece que no hay aquí más refrán popular que el que -corresponde al que registra el Marqués de Santillana bajo esta forma -«¿Cómo te feçiste calvo? Pelo a pelo pelando.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_108"><span class="label"><a -href="#FNanchor_108">[108]</a></span> <i>El ombre</i> con valor -pronominal: ‘no es uno dueño de tener una gallina’. Véase arriba la -<a href="#Footnote_94">nota segunda</a> de este trozo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_109"><span class="label"><a -href="#FNanchor_109">[109]</a></span> <i>Para</i> y <i>par</i> son -preposiciones usadas en las fórmulas de juramentos (comp. «par Dios») -y véase <i>Mio Cid</i>, pág. 387<sub>36</sub> «<i>para ésta</i>, especie -de amenaza que se hace poniendo el dedo índice sobre la naríz, y -equivale a ‘tú me la pagarás’» (<i>Dicc. de Autoridades.</i>)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_110"><span class="label"><a -href="#FNanchor_110">[110]</a></span> <i>Ese</i> usado como pronombre -de identidad, véase arriba, <a href="#Page_42">página 42</a>, <a -href="#Footnote_86">nota 86</a>; <i>amor</i> ‘gracia, buena voluntad’ y -«fazer amor a uno» significaba ‘agasajarle’, y también ‘perdonarle’ -(véase <i>Mio Cid</i>, página 465<sub>3</sub>). La frase del Arcipreste -significa, pues, ‘la misma gracia les haré que a mí me hacen’, ‘no -perdonaré a ninguna gallina como no perdonan a las mías’. Nótese -también la anteposición de <i>quantas</i> en nominativo, en vez de -<i>aquantas</i>, y la especificación de su relación con el verbo mediante -el dativo <i>les</i>. Compárese la <a href="#Footnote_93">nota primera</a> -de este trozo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_111"><span class="label"><a -href="#FNanchor_111">[111]</a></span> Refrán: «allegadora de la -ceniza y derramadora de la harina».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_112"><span class="label"><a -href="#FNanchor_112">[112]</a></span> Sintaxis descuidada, singular -en vez de plural.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_113"><span class="label"><a -href="#FNanchor_113">[113]</a></span> Construcción elíptica: ‘o ha de -morir’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_114"><span class="label"><a -href="#FNanchor_114">[114]</a></span> Las oraciones de infinitivo son -muy usadas por el Arcipreste. Citaremos ejemplos del mismo tipo que -el que anotamos: «Envidiosa <i>ser</i> la muger mala, dubdar <i>en ello</i> -sería pecar en el Espíritu Santo». «La muger mala en sus fechos e -dichos non <i>ser</i> firme nin constante, maravilla non es <i>dello</i>». El -pronombre neutro se refiere a toda la oración de infinitivo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_115"><span class="label"><a -href="#FNanchor_115">[115]</a></span> <i>Ser</i> tiene aquí el significado -de ‘existir’. Véase <i>Mio Cid</i>, página 846<sub>38</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_116"><span class="label"><a -href="#FNanchor_116">[116]</a></span> <i>Bia</i> interjección muy usada -por el Arcipreste de Talavera «¡bia al atahona!» (pág. 59), y -especialmente con el infinitivo narrativo: «E tómase el tal oro en -lazeria farta e muchas fadas malas, e después ¡bia a llorar!» (pág. -167). Emplea esta interjección el <i>Libro de Alexandre</i> 473: «¡via, -dixieron todos, mas val que moiramos!».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_117"><span class="label"><a -href="#FNanchor_117">[117]</a></span> <i>En tanto</i> es usado por el -Arcipreste como conjunción consecutiva, ‘pues’, ‘de modo que’. Al -final de este trozo señalamos otro ejemplo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_118"><span class="label"><a -href="#FNanchor_118">[118]</a></span> <i>Librar</i> en el sentido de -‘despachar, arreglar un negocio’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_119"><span class="label"><a -href="#FNanchor_119">[119]</a></span> Nótese la preposición del -genitivo partitivo (véase arriba, <a href="#Page_15">página 15</a>, -<a href="#Footnote_22">nota 22</a>) antepuesta al adjetivo. El giro -corriente en la Edad Media era «muchas de nuevas» (<i>Mio Cid</i>, pág. -382<sub>11</sub>), compárese el fr. «beaucoup de nouvelles». El giro -que usa el Arcipreste es una desviación de ese.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_120"><span class="label"><a -href="#FNanchor_120">[120]</a></span> La conjunción <i>si</i> que tantas -veces encabeza interrogación indirecta («dime si piensan que...»), -se usaba también encabezando interrogaciones directas «¿si piensan -que...?», «¿si es pagado?» <i>Mio Cid</i>, pág. 852<sub>4</sub>. Hoy se -usa en el futuro «¿si pensarán que...?».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_121"><span class="label"><a -href="#FNanchor_121">[121]</a></span> <i>Ser para en plaza</i> ‘ser para -en público, ser digno de mostrarse en público’. Otra frase algo -análoga era: <i>ser para en cámara</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_122"><span class="label"><a -href="#FNanchor_122">[122]</a></span> Otro ejemplo de <i>en tanto</i> -‘pues’.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_4"> - <p><span class="pagenum" id="Page_62">[p. 62]</span></p> - <h2 title="Fernando de Rojas" - class="nobreak">FERNANDO DE ROJAS<br /> - <small>(Hay memorias suyas hasta el año 1538)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>La primera edición conocida de <i>La Celestina</i> o <i>Comedia de -Calisto y Melibea</i>, es de Burgos, 1499; pero la obra debió ser -compuesta hacia 1490. En sus primeras ediciones salió a luz -comprendiendo 16 actos. Después, a partir del año 1502, apareció -añadida hasta comprender 21, y se duda si estos cinco actos -posteriores son obra del mismo autor, Fernando de Rojas, que presenta -al público los 16 actos primeros. Además, según la carta «del autor a -un su amigo», que va al frente de la edición de 1501, Rojas sólo era -autor de los actos segundo a decimosexto, pues el acto primero se da -como obra de un anónimo.</p> - -<p>Rojas, en la citada carta, dice que ese primer acto le cautivó -por «su estilo elegante, jamás, en nuestra castellana lengua, visto -ni oído», y tal juicio fué confirmado, respecto de toda la obra, por -la posteridad. Antiguamente, Juan de Valdés, en el <i>Diálogo de la -lengua</i>, dice con su buen gusto habitual: «<i>Celestina</i>..., soy de -opinión que ningún libro hay escrito en castellano donde la lengua -esté más natural, más propia ni más elegante»; y, modernamente, -Menéndez Pelayo acomoda esta afirmación a las circunstancias, -y la amplía diciendo: «Si Cervantes no hubiera existido, <i>La -Celestina</i> ocuparía el primer lugar entre las<span class="pagenum" -id="Page_63">[p. 63]</span> obras de imaginación compuestas en -España.»</p> - -<p>El estilo de <i>La Celestina</i> renueva y esmera las principales -perfecciones con que los escritores del siglo <small>XV</small> -venían moldeando el idioma. La elocuencia en la expresión de -las pasiones, buscada afanosamente en las novelas sentimentales -de Rodríguez del Padrón o de Diego de San Pedro, se depura en -<i>La Celestina</i>, haciéndose mucho más intensa y menos afectada; -la irrestañable charla popular que desborda en el arcipreste de -Talavera, se encauza aquí más viva e intencionada y menos monótona; -sobre todo, el diálogo, que hasta entonces apenas existía, pues no -se ejercitaba sino en la sucesión de discursos desgranados, ahora -se articula y se anima, y se matiza maravillosamente en ésta que -es, a la vez, primer ensayo y obra maestra de la prosa dramática -española.</p> - -<p>Valdés mismo señala los excesos que empañan esa naturalidad y -elegancia por él ponderadas en <i>La Celestina</i>. «Es verdad que peca el -estilo en dos cosas, las cuáles fácilmente se podrían remediar...: -la una es en el amontonar de vocablos, algunas veces tan fuera de -propósito como <i>magníficat a maitines</i>; la otra es en que pone -algunos vocablos tan latinos que no se entienden en el castellano, -y en partes adonde podría poner propios castellanos, que los hay.» -Ambos defectos son los principales de la época, y de ellos no se -libra <i>La Celestina</i>, si bien los presenta atenuados.</p> - -<p>Ya hemos visto, al hablar del arcipreste de Talavera, a qué -aspiraciones artísticas respondían esos que tan a menudo nos aparecen -como defectos. Rojas da también un curso lento a la expresión, y -busca con la redundancia la elevación del estilo: «¿En quién hallaré -yo fe? ¿Adónde hay verdad? ¿Quién caresce de engaño? ¿Adónde no moran -falsarios? ¿Quién es claro amigo? ¿Quién es ver<span class="pagenum" -id="Page_64">[p. 64]</span>dadero amigo? ¿Dónde no se fabrican -traiciones?»—«Hasta que ya los rayos illustrantes de tu claro gesto -dieron luz en mis ojos, encendieron mi coraçón, despertaron mi -lengua, estendieron mi merescer, acortaron mi covardía, destorcieron -mi encogimiento, doblaron mis fuerças, desadormescieron mis pies e -manos...» De esta reiteración usa mucho más Rojas que el arcipreste -de Talavera, y especialmente le sirve para matizar el habla -popular.</p> - -<p>La similicadencia y la rima son en cambio muy poco usadas por -Rojas: «Tú lloras de tristeza, juzgándome cruel; yo lloro de plazer, -viéndote tan fiel»; «Por Dios que, sin más dilatar, me digas quién -es esse doliente que de mal tan perplexo se siente, que su passion -y remedio salen de una mesma fuente». En cambio propende mucho a -la trasposición del verbo al final de la frase, como a menudo se -observará.</p> - -<p>Atendiendo al otro defecto señalado por Valdés, podemos decir que -Rojas, lo mismo que el arcipreste de Talavera, usa del latinismo -menos que los exagerados escritores de aquel siglo, tales como don -Enrique de Villena o Juan de Mena. En los trozos aquí publicados se -hallarán algunos ejemplos: <i>inmérito</i>, <i>mixto</i>, <i>ilícito</i>, <i>súbito</i>, -<i>perplexo</i>, siempre pocos.</p> - -<p>Este suave cultismo de vocabulario y de construcción responde -bien a la elegante gravedad del diálogo, a la viveza sentenciosa, -a la fragancia humanística que trasciende de toda la obra, ora -entre citas expresas de la antigüedad clásica, ora en imitaciones -de ellos no declaradas;<a id="FNanchor_123" href="#Footnote_123" -class="fnanchor">[123]</a> y esa elevación<span class="pagenum" -id="Page_65">[p. 65]</span> de forma y de fondo permite a Rojas -trazar sus escenas, aun las de más bajo y crudo naturalismo, dentro -de un ambiente ideal, y estilizar sus tipos, aun los más repugnantes, -revistiéndolos de la dignidad propia de la tragedia.</p> - -<p>Porque tragedia es <i>La Celestina</i>. El primitivo título de -<i>Comedia</i> se justifica por el tono de la mayoría de las escenas; -pero del desenlace surge la glorificación del Amor, como divinidad -terrible que triunfa a costa del lloro y la muerte de sus servidores, -y según esta concepción, ya en las primeras páginas de la obra late -la tragedia. Y si bien, por lo general, la acción fluye tranquila o -se remansa en el primoroso diálogo tan propenso a la más reposada -amplitud, luego, contrastando con esa calma, el desenlace se -precipita en relámpagos sangrientos, engendrados por los furiosos -torbellinos del amor y de la codicia del oro.</p> - -<p>Esta obra fuerte y elegante está, sin embargo, construída con una -lengua todavía insegura, rebelde, que ostenta muy marcados caracteres -de transición. Por la soltura de la construcción, y, sobre todo, por -la suavidad y gracia con que la frase se pliega al pensamiento, la -lengua de <i>La Celestina</i> es hermana de la de los grandes escritores -del siglo <small>XVI</small>; pero por sus formas gramaticales -está muy ligada aún al período medieval. Signo muy visible de esta -vacilación es la <i>f</i>- inicial que se conserva en pugna con la -<i>h</i>- que después triunfó; <i>fazer</i>, <i>fermosura</i>, etc., conviven en -<i>La Celestina</i> con <i>hazer</i>, <i>hermosura</i>, etc. Además usa muchas -formas y construcciones arcaicas, como <i>vies</i> por ‘veías’, <i>fueste</i> -por ‘fuiste’, <i>morciélago</i> por ‘murciélago’, <i>pelligeros</i> por -‘pellejeros’, <i>encomparable</i>, <i>enefable</i>, <i>em<span class="pagenum" -id="Page_66">[p. 66]</span>pedir</i>, <i>engenio</i>, <i>acordarse a una -cosa</i> por ‘<i>acordarse de una cosa</i>’, todas las cuales aparecen ya -en la edición de Sevilla, 1501, remozadas tal como hoy se usan.<a -id="FNanchor_124" href="#Footnote_124" class="fnanchor">[124]</a></p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_4_1"> - <h3 title="Primera entrevista de Calixto y Melibea">COMEDIA DE CALISTO - Y MELIBEA</h3> - <p class="hang mt2"><span class="smcap">Primer auto.</span>—Entrando - Calisto una huerta empós de un falcón suyo, falló í a Melibea, de - cuyo amor preso, començóle de hablar; de la qual rigorosamente - despedido, fue para su casa muy sangustiado.<a id="FNanchor_125" - href="#Footnote_125" class="fnanchor">[125]</a></p> - -</div> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—En esto veo, Melibea, la -grandeza de Dios.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—¿En qué, Calisto?</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—En dar poder a natura que -de tan perfeta hermosura te dotasse, y fazer a mi inmérito tanta -merced que verte alcançasse, y en tan conveniente lugar que mi -secreto dolor manifestarte pudiesse. Sin duda encomparablemente es -mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción, y obras -pías que por este lugar alcançar tengo yo a Dios ofrescido. Ni otro -poder mi vo<span class="pagenum" id="Page_67">[p. 67]</span>luntad -humana puede complir.<a id="FNanchor_126" href="#Footnote_126" -class="fnanchor">[126]</a> ¿Quien vido en esta vida cuerpo -glorificado de ningún hombre como agora el mio? Por cierto los -gloriosos sanctos que se deleitan en la visión divina, no gozan más -que yo agora en el acatamiento tuyo. Mas, ¡o triste! que en esto -deferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal -bienaventurança, y yo misto<a id="FNanchor_127" href="#Footnote_127" -class="fnanchor">[127]</a> me alegro con recelo del esquivo tormento -que tu absencia me ha de causar.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—¿Por grand premio tienes esto, -Calisto?</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Téngolo por tanto en verdad, -que si Dios me diesse en el cielo la silla sobre sus sanctos, no lo -ternía por tanta felicidad.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Pues aun más igual galardón te -daré yo, si perseveras.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡O bienaventuradas orejas -mías, que indignamente tan gran palabra haveis oido!</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Mas<a id="FNanchor_128" -href="#Footnote_128" class="fnanchor">[128]</a> desaventuradas, de -que me<span class="pagenum" id="Page_68">[p. 68]</span> acabes -de oir; porque la paga será tan fiera qual la merece tu loco -atrevimiento, y el intento de tus palabras, Calisto, ha seído.<a -id="FNanchor_129" href="#Footnote_129" class="fnanchor">[129]</a> ¿De -ingenio de tal hombre como tú, haver de salir para se perder en la -virtud de tal muger como yo? ¡Vete, vete de aí!</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Iré como aquel contra quien -solamente la adversa fortuna pone su estudio<a id="FNanchor_130" -href="#Footnote_130" class="fnanchor">[130]</a> con odio cruel.</p> - - -<p class="mt2"><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Sempronio, -Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldito?</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Aquí estoy, señor, curando -destos cavallos.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¿Pues cómo sales de la -sala?</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Abatióse el girifalte -y vínele endereçar<a id="FNanchor_131" href="#Footnote_131" -class="fnanchor">[131]</a> en el alcándara.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Assí los diablos te ganen, -assí por infortunio arrebatado perezcas, o perpetuo intollerable<a -id="FNanchor_132" href="#Footnote_132" class="fnanchor">[132]</a> -tormento consigas, el qual en grado in<span class="pagenum" -id="Page_69">[p. 69]</span>comparable a la penosa y desastrada muerte -que espero traspassa! ¡Anda, anda, malvado, abre la cámara y endereça -la cama!</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Señor, luego hecho es.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Cierra la ventana y dexa -la teniebla acompañar al triste, y al desdichado la ceguedad. -Mis pensamientos tristes no son dignos de luz. ¡O bienaventurada -muerte aquella que deseada a los afligidos viene! ¡O si viniéssedes -agora Erasistrato, médico<a id="FNanchor_133" href="#Footnote_133" -class="fnanchor">[133]</a>, sentiríades mi mal! ¡O piedad de<span -class="pagenum" id="Page_70">[p. 70]</span> Sileuco, inspira en -el Plebérico coraçón,<a id="FNanchor_134" href="#Footnote_134" -class="fnanchor">[134]</a> porque sin esperança de salud no embíe -el espíritu perdido con el desastrado Píramo y de la desdichada -Tisbe!</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—¿Qué cosa es?</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Vete de aí, no me fables, -sino quiçá, ante del tiempo de mi rabiosa muerte, mis manos causarán -tu arrebatado fin!</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Iré, pues solo quieres -padecer tu mal.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Vé con el diablo!</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—No creo, según pienso, ir<a -id="FNanchor_135" href="#Footnote_135" class="fnanchor">[135]</a> -comigo el que contigo queda. ¡O desaventura! ¡O súbito mal! ¿Qual -fue tan contrario acontescimiento, que assi tan presto robó el -alegría deste hombre y, lo que peor es, junto con ella el seso? -¿Dexarle he solo o entraré allá? Si le dexo, matarse ha; si entro -allá, matarme ha. Quédese, no me curo; más vale que muera aquel a -quien es enojosa la vida, que no yo que huelgo con ella. Aunque por -al no deseasse vivir, sino por ver a mi Elicia, me devría guardar -de peligros. Pero si se mata sin otro testigo, yo quedo obligado -a dar cuenta de su vida.<span class="pagenum" id="Page_71">[p. -71]</span> Quiero entrar; mas puesto que entre, no quiere consolación -ni consejo; asaz es señal mortal no querer sanar;<a id="FNanchor_136" -href="#Footnote_136" class="fnanchor">[136]</a> con todo, quiérole -dexar un poco; desbrave, madure, que oído he dezir que es peligro -abrir o apremiar las postemas duras, porque más se enconan. Esté -un poco: dexemos llorar al que dolor tiene, que las lágrimas y -sospiros mucho desanconan<a id="FNanchor_137" href="#Footnote_137" -class="fnanchor">[137]</a> el coraçón dolorido; y aun si delante -me tiene, más comigo se encenderá, que el sol más arde donde puede -reverberar. La vista a quien objecto no se antepone, cansa; y -quando aquel es cerca, agúzase. Por esso quiérome sofrir un poco; -si entretanto se matare, muera; quiçá con algo me quedaré, que -otro no lo sabe, con que mude el pelo malo. Aunque malo es esperar -salud en muerte agena,<a id="FNanchor_138" href="#Footnote_138" -class="fnanchor">[138]</a> y quiçá me engaña el diablo; y si muere -matarme han, y irán allá la soga y el calderón.<a id="FNanchor_139" -href="#Footnote_139" class="fnanchor">[139]</a> Por otra parte dizen -los sabios<span class="pagenum" id="Page_72">[p. 72]</span> que es -grande descanso a los afligidos tener con quien puedan sus cuytas -llorar, y que la llaga interior más empece. Pues en estos estremos en -que estoy perplexo, lo más sano es entrar, y sofrirle y consolarle; -porque si posible es sanar sin arte ni aparejo, más ligero es -guarescer por arte y por cura.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Sempronio.</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Señor.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Dame acá el laúd.</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Señor, vesle aquí.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto</span>:—</p> - -<div class="poema mt-05"><div class="stanza"> -<p class="i0">¿Qual dolor puede ser tal,</p> -<p class="i0">que se iguale con mi mal?</p> -</div></div> - -<p class="mt05"><span class="smcap">Sempronio.</span>—Destemplado -está esse laúd.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¿Como templará el destemplado? -¿Como sentirá el armonía aquel que consigo está tan discorde; aquel<a -id="FNanchor_140" href="#Footnote_140" class="fnanchor">[140]</a> a -quien la voluntad a la razón no obedece; quien tiene dentro del pecho -aguijones, paz, guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, -sospechas, todo a una causa? Pero tañe y canta la más triste canción -que sepas.</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—</p> - -<div class="poema mt-05"><div class="stanza"> -<p class="i0">Mira Nero de Tarpeya</p> -<p class="i0">a Roma como se ardía;</p> -<p class="i0">gritos dan niños y viejos,</p> -<p class="i0">y él de nada se dolía.<a id="FNanchor_141" href="#Footnote_141" class="fnanchor">[141]</a></p> -</div></div> - -<p class="mt05"><span class="pagenum" id="Page_73">[p. -73]</span><span class="smcap">Calisto.</span>—Mayor es mi fuego, y -menor la piedad de quien yo agora digo.</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—No me engaño yo, que loco -está este mi amo.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¿Qué estás murmurando, -Sempronio?</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—No digo nada.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—Dí lo que dizes, no temas.</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Digo, que ¿cómo puede ser -mayor el fuego que atormenta un vivo que el que quemó tal çibdad y -tanta multitud de gente?</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¡Cómo? Yo te lo diré: mayor es -la llama que dura ochenta años que la que en un día passa, y mayor -la que mata una ánima, que la que quema cient mill cuerpos. Como -de la apariencia a la existencia, como de lo vivo a lo pintado<a -id="FNanchor_142" href="#Footnote_142" class="fnanchor">[142]</a>, -como de la sombra a lo real, tanta diferencia ay del fuego que dizes -al que me quema. Por cierto, si el del purgatorio es tal, más querría -que mi spíritu fuesse con los de los brutos animales, que por medio -de aquél ir a la gloria de los sanctos.</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—¡Algo es lo que digo!<a -id="FNanchor_143" href="#Footnote_143" class="fnanchor">[143]</a> ¡A -más<span class="pagenum" id="Page_74">[p. 74]</span> ha de ir este -hecho. No basta loco, sino ereje.</p> - -<p><span class="smcap">Calisto.</span>—¿No te digo que fables alto -quando fablares? ¿Qué dizes?</p> - -<p><span class="smcap">Sempronio.</span>—Digo, que nunca Dios quiera -tal, que es especie de heregía lo que agora dixiste.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_4_2"> - <h3 title="Celestina va a casa de Melibea" - class="hang"><span class="smcap">Quarto auto.</span>—Celestina - andando por el camino habla consigo misma, fasta llegar a la puerta - de Pleberio, onde halló a Lucrecia, criada de Pleberio. Pónese con - ella en razones; sentidas por Alisa, madre de Melibea, y sabido que - es Celestina, fázela entrar en casa. Viene un mensajero a llamar a - Alisa; váse.</h3> -</div> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¿Quien es esta vieja que -viene haldeando?</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Paz sea en esta casa.</p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Celestina, madre, -seas bienvenida. ¿Qual dios te traxo por estos barrios no -acostumbrados?</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Hija, mi amor; desseo de -todos vosotros; traerte encomiendas de Elicia, y aun ver a tus -señoras vieja y moça, que después que me mudé al otro barrio, no han -sido de mi visitadas.</p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¿A esso solo saliste de tu -casa? Maravíllome de tí que no es essa tu costumbre, ni sueles dar -passo sin provecho.</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—¿Más provecho quieres, bova, -que cumplir hombre sus desseos? Y tambien como a las viejas nunca nos -fallecen necesidades... ando a vender un poco de hilado.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_75">[p. 75]</span></p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¡Algo es lo que yo -digo! en mi seso estoy, que nunca metes aguja sin sacar reja.<a -id="FNanchor_144" href="#Footnote_144" class="fnanchor">[144]</a> -Pero mi señora, la vieja, urdió una tela, tiene necessidad dello; tú -de venderlo; entra y espera aquí, que no os desavenirés.</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—¿Con quien hablas, Lucrecia?</p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Señora, con aquella vieja de -la cuchillada, que solía vivir aquí en las tenerías, a la cuesta del -río.</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Agora la conozco menos; -si tú me das a entender lo incógnito por lo menos conocido, es -coger agua en cesto.<a id="FNanchor_145" href="#Footnote_145" -class="fnanchor">[145]</a></p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¡Jesú, señora! Más conosçida -es esta vieja que la ruda.<a id="FNanchor_146" href="#Footnote_146" -class="fnanchor">[146]</a> No sé como no tienes memoria de la que -empicotaron por hechizera...</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—¿Qué oficio tiene? Quiçá por -aquí la conoceré mejor.</p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Señora, perfuma tocas, haze -solimán y otros treynta oficios; conoce mucho en yiervas, cura niños, -y aun algunos la llaman vieja lapidaria.</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Todo esso dicho no me la da a -conocer. Díme su nombre, si le sabes.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_76">[p. 76]</span></p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¿Si le sé, señora? No ay niño -ni viejo en toda la cibdad que no le sepa ¿havíale yo de ignorar?</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—¿Pues por qué no le dizes?</p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—He vergüença.</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Anda, bova, díle, no me indignes -con tu tardança.</p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Celestina, hablando con -reverencia, es su nombre.</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—¡Hí, hí, hí! ¡Mala landre te -mate si de risa puedo estar, viendo el desamor que deves de tener -a essa vieja, que su nombre has vergüença nombrar! ¡Ya me voy -recordando della! ¡Una buena pieça! No me digas más; algo me verná a -pedir; dí que suba.</p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—Sube, tia.<a -id="FNanchor_147" href="#Footnote_147" class="fnanchor">[147]</a></p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora buena, la gracia de -Dios sea contigo y con la noble hija. Mis passiones y enfermedades -han impedido mi visitar tu casa, como era razón; mas Dios conoce mis -limpias entrañas, mi verdadero amor, que la distancia de las moradas -no despega el querer de los coraçones; assí que lo que mucho desseé, -la necessidad me lo ha hecho complir. Con mis fortunas adversas -otras, me sobrevino mengua de dinero; no supe mejor remedio que -vender un poco de hilado, que para unas toquillas tenía allegado; -supe de tu<span class="pagenum" id="Page_77">[p. 77]</span> criada -que tenías dello necessidad; aunque pobre, y no de la merced de Dios, -veslo aquí, si dello y de mí te quieres servir.</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Vezina honrrada, tu razón y -ofrecimiento me mueven a compassión, y tanto, que quisiera cierto más -hallarme en tiempo de poder complir tu falta, que menguar tu tela. Lo -dicho te agradezco; si el hilado es tal, serte ha bien pagado.</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—¿Tal, señora? Tal sea -mi vida y mi vejez, y la de quien parte quisiere de mi jura.<a -id="FNanchor_148" href="#Footnote_148" class="fnanchor">[148]</a> -Delgado como el pelo de la cabeça, igual, rezio como cuerdas de -vihuela, blanco como el copo de la nieve, hilado todo por estos -pulgares, aspado y adreçado. Veslo aquí en madexitas; tres monedas me -davan ayer por la onça, assí goze desta alma pecadora.</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Hija, Melibea, quédesse esta -muger honrrada contigo, que ya me parece que es tarde para ir a -visitar a mi hermana, su muger de Cremes, que desde ayer no la he -visto, y tambien que viene su paje a llamarme, que se le arrezió -desde un rato acá el mal...</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—¿Y qué mal es el suyo?</p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Dolor de costado, y tal, -que según del moço supe que quedava, temo no sea mortal.<span -class="pagenum" id="Page_78">[p. 78]</span> Ruega tú, vezina, por -amor mío, en tus devociones, por su salud a Dios.</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Yo te prometo, señora, en -yendo de aquí, me vaya por essos monesterios, donde tengo frailes -devotos míos, y les dé el mismo cargo que tú me das; y demás -desto, ante que me desayune, dé quatro bueltas a mis cuentas.<a -id="FNanchor_149" href="#Footnote_149" class="fnanchor">[149]</a></p> - -<p><span class="smcap">Alisa.</span>—Pues, Melibea, contenta a la -vezina en todo lo que razón fuere darle por el hilado; y tú, madre, -perdóname, que otro dia se verná en que más nos veamos.</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora, el perdón sobraría -donde el yerro falta; de Dios seas perdonada, que buena compañía me -queda. Dios la dexe gozar su noble juventud y florida mocedad, que -es el tiempo en que mas plazeres y mayores deleites se alcançarán, -que a la mi fe, la vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de -pensamientos, amiga de renzillas, congoxa continua, llaga incurable, -manzilla de lo pasado, pena de lo presente, cuydado triste de lo por -venir, vezina de la muerte, choça sin rama que se llueve por cada -parte, cayado de mimbre que con poca carga se doblega.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—¿Por qué dizes, madre, -tanto mal de lo que todo el mundo con tanta eficacia gozar y ver -dessean?</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Dessean harto mal para sí, -dessean harto trabajo; dessean llegar allá, porque llegan<span -class="pagenum" id="Page_79">[p. 79]</span>do viven, y el vivir es -dulce, y viviendo envegescen. Assí que el niño dessea ser moço, y -el moço viejo, y el viejo más, aunque con dolor; todo por vivir, -porque como dizen: viva la gallina con su pepita.<a id="FNanchor_150" -href="#Footnote_150" class="fnanchor">[150]</a> ¿Pero quien te podría -contar, señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus -cuidados, sus enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento, -su renzilla, su pesadumbre, aquel arrugar de cara, aquel mudar de -cabellos su primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado -ver, puestos los ojos a la sombra, aquel hundimiento de boca, aquel -caer de dientes, aquel carecer de fuerça, aquel flaco andar, aquel -espacioso comer? Pues ¡ay, ay, señora!, si lo dicho viene acompañado -de pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos quando sobra -la gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahito que de -hambre.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Bien conozco que dize -cada uno de la feria segund le va en ella,<a id="FNanchor_151" -href="#Footnote_151" class="fnanchor">[151]</a> assí que otra -canción cantarán los ricos.<a id="FNanchor_152" href="#Footnote_152" -class="fnanchor">[152]</a></p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora, hija, a cada -cabo ay tres leguas de mal quebranto;<a id="FNanchor_153" -href="#Footnote_153" class="fnanchor">[153]</a> a los ricos se les va -la<span class="pagenum" id="Page_80">[p. 80]</span> bienaventurança, -la gloria y descanso por otros alvañares de asechanças que no se -parescen, ladrillados por encima con lisonjas. Cada rico tiene una -dozena de hijos y nietos que no rezan otra oración, no otra petición, -sino rogar a Dios que le saque d’en medio; no veen la hora que<a -id="FNanchor_154" href="#Footnote_154" class="fnanchor">[154]</a> -tener a él so la tierra y lo suyo entre sus manos y darle a poca -costa su casa para siempre.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Madre, pues que assí es, -gran pena ternás por la edad que perdiste. ¿Querrías bolver a la -primera?</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Loco es, señora, el -caminante que enojado del trabajo del día quissiese bolver de -comienço la jornada para tornar otra vez aquel lugar, que todas -aquellas cosas cuya possesión no es agradable, más vale poseellas que -esperallas, porque más cerca está el fin dellas quanto más andado -del comienço; no ay cosa más dulce ni graciosa al muy cansado que el -mesón, assí que aunque la mocedad sea alegre, el verdadero viejo no -la dessea, porque el que de razón y seso carece, quasi otra cosa no -ama sino lo que perdió.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_81">[p. 81]</span></p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Siquiera por vivir más, es -bueno dessear lo que digo.</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Tan presto, señora, se va -el cordero como el carnero;<a id="FNanchor_155" href="#Footnote_155" -class="fnanchor">[155]</a> ninguno es tan viejo que no pueda vivir -un año, ni tan moço que oy no pudiesse morir; assi que en esto poca -avantaja nos levais.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Espantada me tienes con lo que -has hablado; indicio me dan tus razones que te aya visto otro tiempo. -Díme, madre, ¿eres tú Celestina, la que solía morar a las tenerías, -cabe el río?</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora, hasta que Dios -quiera.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Vieja te has parado; -bien dizen que los dias no se van en balde<a id="FNanchor_156" -href="#Footnote_156" class="fnanchor">[156]</a>; assí goze de mí, no -te conosciera sino por esa señaleja de la cara. Figúraseme que eras -hermosa; otra pareces, muy mudada estás.</p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—¡Hi, hi, hi! Mudada -está el diablo. ¿Hermosa era con aquel su Dios-os-salve<a -href="#Footnote_156" class="fnanchor">[156]</a> que traviessa la -media cara?</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—¿Qué hablas, loca? ¿Qué es lo -que dizes? ¿De qué te ríes?</p> - -<p><span class="smcap">Lucrecia.</span>—De como no conoscías a -la madre en tan poco tiempo en la filosomía<a id="FNanchor_157" -href="#Footnote_157" class="fnanchor">[157]</a> de la cara.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—No es tan poco tiempo dos -años, y más que la tiene arrugada.</p> - -<p><span class="smcap">Celestina.</span>—Señora, ten tú el tiempo que -no<span class="pagenum" id="Page_82">[p. 82]</span> ande, terné yo -mi forma que no se mude. ¿No has leido que dizen: Verná el día que en -el espejo no te conozcas?<a id="FNanchor_158" href="#Footnote_158" -class="fnanchor">[158]</a> Pero también yo encanecí temprano, y -parezco de doblada edad, que assí goze desta alma pecadora y tú desse -cuerpo gracioso, que de quatro hijas que parió mi madre yo fui la -menor. Mira como no so vieja como me juzgan.</p> - -<p><span class="smcap">Melibea.</span>—Celestina amiga, yo he holgado -mucho en verte y conoscerte; también hasme dado plazer con tus -razones. Toma tu dinero y vete con Dios, que me parece que no deves -haver comido.</p> - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_123"><span class="label"><a -href="#FNanchor_123">[123]</a></span> Algunas de estas imitaciones -advierte Menéndez Pelayo en su fundamental estudio sobre la -<i>Celestina</i>, publicado en los <i>Orígenes de la Novela</i> III, 1910, -pág. <small>XLII</small>, etc.—Alguna vez el cultismo de Rojas se -exacerba, por ejemplo en el discurso final de Pleberio, pagando -demasiado tributo a una erudición huera y tosca, muy de moda -entonces.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_124"><span class="label"><a -href="#FNanchor_124">[124]</a></span> Sin razón el Sr. -Foulché-Delbosc, corrige estas formas como «erratas y deficiencias», -en la pág. 174 de su reimpresión de la edición de <i>La Celestina</i> -hecha en Burgos, 1499.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_125"><span class="label"><a -href="#FNanchor_125">[125]</a></span> <i>Sangustiado</i> forma derivada -de otra perdida, *<i>esangustiado</i> (del latín *ex-angustiatus), como -el verbo arcaico <i>secutar</i> por <i>esecutar</i> (del latín executare), o -el vocablo vulgar <i>sagerao</i> por <i>exagerado</i>. En la traducción del -<i>Coloquio de las Damas</i>, del Aretino, por Fernán Juárez, se halla -«una muy gran sangustia... muy sangustiada» N. Bibl. A. E., XXI, 261 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_126"><span class="label"><a -href="#FNanchor_126">[126]</a></span> ‘Ni hay otro poder (que el -divino de que Calixto viene hablando) que pueda satisfacer mi -voluntad humana’. Las ediciones modernas unen esta cláusula a la -anterior con una coma, que no tiene sentido. La edición antigua pone -punto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_127"><span class="label"><a -href="#FNanchor_127">[127]</a></span> <i>Misto</i>, adverbio, que se opone -a <i>puramente</i>: los santos se glorifican de una manera absoluta, -sin reserva; mi alegría está mezclada de dolor. Como consecuencia -del lugar final que tiende a ocupar el verbo, el adverbio se le -antepone: «Fortuna medianamente partió lo suyo», «haz tu lo que bien -digo y no lo que mal hago», etc., en el mismo Auto primero de <i>La -Celestina</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_128"><span class="label"><a -href="#FNanchor_128">[128]</a></span> <i>Mas</i> por ‘mas bien’: «—Y -allá hablaremos largamente... cerca destos amores.—Mas dolores; -que por fe tengo que de muerto o loco no escapa desta vez». Auto -<small>VIII</small>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_129"><span class="label"><a -href="#FNanchor_129">[129]</a></span> ‘y cual ha sido el intento’. -Respeto la puntuación de la edición incunable. Las ediciones modernas -ponen punto y coma o punto tras <i>atrevimiento</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_130"><span class="label"><a -href="#FNanchor_130">[130]</a></span> <i>Estudio</i> ‘diligencia, -empeño’ (comp. <i>estudiarse</i> ‘esforzarse’ <a href="#Page_48">página -48</a>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_131"><span class="label"><a -href="#FNanchor_131">[131]</a></span> <i>Endereçar</i> ‘arreglar’ volver -a colocar en la percha al gerifalte que se había abatido. Con los -verbos de movimiento hoy va el infinitivo regido de la preposición -<i>a</i> pero, antiguamente no: «se van omillar» etc. <i>Mio Cid</i>, pág. -349<sub>35</sub>. La edición de Sevilla 1501 ya elimina el arcaísmo y -pone «vinele a endereçar».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_132"><span class="label"><a -href="#FNanchor_132">[132]</a></span> Es frecuente en la <i>Celestina</i> -la <i>ll</i>, contraria a la etimología en <i>tollerar</i> y <i>callentar</i>; -sin duda se pronunciaba <i>tol-lerar</i> por falso cultismo, como se -pronunciarían <i>intel-lectual</i>, <i>fal-lacia</i> y otras voces que en latín -presentan dos <i>ll</i> y en romance una sola.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_133"><span class="label"><a -href="#FNanchor_133">[133]</a></span> Las ediciones de Burgos 1499 -y Sevilla 1501 dicen «Eras y Crato médicos» y «piedad de silencio». -Como no existen tales médicos Eras ni Crato, otras ediciones trataron -de corregir, y así hallamos: «Crato y Galieno» y «piedad de Celeuco» -(1514, 1595); «Erasistrato y Galieno» y «piedad de Seleuto», «p. -Seleucal» (1570 y otras, alguna en vez de «seleucal» estropea -«celestial»). Nuestra corrección es la más sencilla: <i>eras e crato</i> -es confusión facilísima por <i>erasistrato</i>, dado que la <i>c</i> y la <i>t</i> -en la escritura medieval tiene forma muy semejante, y <i>silencio</i> por -<i>sileuco</i> o <i>seleuco</i> también se confunden, dada la igualdad de <i>n</i> -y <i>u</i> en la mayor parte de las grafías. Esta corrección es también -la única exacta: Calisto alude a una anécdota de <i>Valerio Máximo</i>, -<small>VII</small>, 3, según la cual, habiendo Erasístrato, médico, -conocido que la enfermedad de Antíoco es de amor, logra que el rey -Seleuco padre de Antíoco, por salvar la vida de su hijo, le ceda -piadosamente el amor de Estratónica de quien el joven está enamorado. -Esta anécdota fué muy famosa desde la Edad Media; Juan de la Cueva -la refirió en un romance y Moreto le dedicó una comedia, <i>Antíoco y -Seleuco</i>. Como se ve, el médico Galieno no debe figurar para nada; es -por tanto sólo exacta a medias la corrección de la edición de 1570; -así como las otras, aunque todas revelan conocimiento de la anécdota -de Valerio Máximo. En vista de ellas, es graciosa la seguridad -con que un anotador moderno, después de lanzarse a afirmar que no -hubo tal médico Erasístrato, introduce en el texto los nombres de -Hipócrates y Galeno, para luego ilustrarnos escribiendo que Galieno o -Galeno nació en Pérgamo, hijo de fulano, y que Hipócrates fué famoso -médico nacido el año tantos de la Olimpíada tal.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_134"><span class="label"><a -href="#FNanchor_134">[134]</a></span> <i>Pleberio</i> es el padre de -Melibea, en el corazón del cual desea Calisto que obre la piedad de -Seleuco, para que sea benigno con un enfermo de amor.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_135"><span class="label"><a -href="#FNanchor_135">[135]</a></span> Una de las oraciones de -infinitivo a que hemos aludido. ‘No creo que vaya conmigo’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_136"><span class="label"><a -href="#FNanchor_136">[136]</a></span> Refrán que <span -class="smcap">Gonzalo Correas</span> (<i>Vocabulario de refranes</i>, -página 54) pone en dos formas «Asaz es señal...» etc. y «Asaz es de -mal no querer sanar.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_137"><span class="label"><a -href="#FNanchor_137">[137]</a></span> La edición de Sevilla 1501 -y las siguientes: <i>desenconan</i>. La forma de la edición de 1499 es -aceptable, a pesar del verbo <i>enconar</i> que precede. Se mezclan -mucho formas como <i>malancolia</i>, <i>melancolía</i>, <i>melanconia</i>. <span -class="smcap">Correas</span> en su <i>Vocabulario</i>, pág. 195 <i>a</i>, -da como refrán «Lágrimas y suspiros mucho desenconan el corazón -dolorido.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_138"><span class="label"><a -href="#FNanchor_138">[138]</a></span> <span -class="smcap">Correas</span>, pág. 136 <i>a</i>, da el refrán completo; -«Esperar salud en muerte ajena, se condena.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_139"><span class="label"><a -href="#FNanchor_139">[139]</a></span> Hoy «Echar la soga tras el -caldero» como ya pone <span class="smcap">Covarrubias</span> (s. v. -caldero) «es, perdida una cosa echar a perder el resto; está tomado -del que yendo a sacar agua al poço, se le cayó dentro el caldero, y -de rabia y despecho, echó también la soga, con que le pudiera sacar -atando a ella un garabato o garfio.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_140"><span class="label"><a -href="#FNanchor_140">[140]</a></span> La edición de 1514, para evitar -la ambigüedad que se origina de estas dos preposiciones a juntas, -puso aquí «en quien.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_141"><span class="label"><a -href="#FNanchor_141">[141]</a></span> Romance divulgadísimo en los -siglos <small>XVI</small> y <small>XVII</small>. La música con que -lo cantaba Sempronio podía ser la que da <span class="smcap">Luis -Venegas de Henestrosa</span> en su <i>Libro de cifra nueva</i>, Alcalá -1557, o la que pone <span class="smcap">Juan Bermudo</span> en su -<i>Declaración de instrumentos musicales</i>, 1555. Tan popular se hizo -el comienzo de este romance cuando se trataba de algún despiadado, -que en el <i>Rinconete</i> de <span class="smcap">Cervantes</span> la -Cariharta, enojada con Repolido, le llama «ese marinero de Tarpeya, -ese tigre de Ocaña», es decir que el primer verso había cristalizado -en un disparate popular, semejante al otro que equivale a «tigre de -Hircania.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_142"><span class="label"><a -href="#FNanchor_142">[142]</a></span> «Como de lo vivo a -lo pintado (cuando hay gran diferencia en algo») <span -class="smcap">Correas</span> pág. 361. Una comedia de <span -class="smcap">Claramonte</span> lleva el título <i>De lo vivo a lo -pintado</i>. Es hoy frase muy corriente.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_143"><span class="label"><a -href="#FNanchor_143">[143]</a></span> Esta misma exclamación -la repite Lucrecia en el otro trozo de <i>La Celestina</i> que aquí -publicamos, <a href="#Page_75">p. 75</a>, arriba.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_144"><span class="label"><a -href="#FNanchor_144">[144]</a></span> «Meter aguja y -sacar reja.» (Cuando se da poco para sacar mucho) <span -class="smcap">Correas</span>; «Dar aguja y sacar reja: quando -con pequeño don se alcança cosa de mucho interesse» <span -class="smcap">Covarrubias</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_145"><span class="label"><a -href="#FNanchor_145">[145]</a></span> «Como coger agua en cesto» (A -trabajo perdido) <span class="smcap">Correas</span> <i>Vocabulario</i> -pág. 597 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_146"><span class="label"><a -href="#FNanchor_146">[146]</a></span> «<i>Ruda</i>, es yerva conocida, y -aunque de grave olor, tiene muchos provechos en sí, y por el mucho -uso della y ser a todos tan común, dezimos de alguna persona ser mas -conocida que la ruda.» <span class="smcap">Covarrubias</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_147"><span class="label"><a -href="#FNanchor_147">[147]</a></span> <i>Tia</i> usado como título de -respeto para las personas ancianas del pueblo; así como <i>madre</i> en -boca de Alia y de Melibea. Celestina, en cambio, llama «señoras» a -éstas. Lucrecia antes (<a href="#Page_74">p. 74</a>) llamó también -<i>madre</i> a Celestina.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_148"><span class="label"><a -href="#FNanchor_148">[148]</a></span> Frase obscura. Parece que -Celestina alude al uso jurídico de prestar juramento una persona -acompañada de otras varias que juraban con ella: ‘tan buena como -mi tela sea mi vejez y la de quien quisiere apoyarme en este -juramento’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_149"><span class="label"><a -href="#FNanchor_149">[149]</a></span> <i>Cuentas</i> significa ‘el -rosario’: Celestina ofrece rezarlo cuatro veces.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_150"><span class="label"><a -href="#FNanchor_150">[150]</a></span> Refrán que también tiene la -forma de «Viva la gallina y viva con su pepita.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_151"><span class="label"><a -href="#FNanchor_151">[151]</a></span> Refrán que hoy es más bien: -«Cada uno habla (o cuenta) de la feria como le va en ella.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_152"><span class="label"><a -href="#FNanchor_152">[152]</a></span> Comp. la frase «Ese es otro -cantar» significado ‘eso es distinto’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_153"><span class="label"><a -href="#FNanchor_153">[153]</a></span> Refrán que tenía múltiples -formas: «Dondequiera hay una mala legua.» «En cada cabo hay dos -leguas (o un rato) de mal quebranto.» «A cada cabo hay tres leguas -de quebranto.» <span class="smcap">Correas</span>, pág. 292 <i>b</i>, 119 -<i>b</i>, 14 <i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_154"><span class="label"><a -href="#FNanchor_154">[154]</a></span> Hoy se dice «<i>No ver</i> uno -<i>la hora de</i> una cosa», para denotar el deseo grande de que llegue -el momento de que algo suceda. Se entiende ‘no ver nunca llegar -la hora’, es decir que la impaciencia hace que parezca muy largo -el tiempo. En la forma antigua, <i>la hora que</i> está por ‘la hora -en que’. Compárese la frase <i>aun vea el hora que</i> por ‘ojalá -llegue tiempo que’ o ‘en que’ <i>Mio Cid</i>, pág. 488<sub>38</sub>, -779<sub>10</sub>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_155"><span class="label"><a -href="#FNanchor_155">[155]</a></span> Refrán.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_156"><span class="label"><a -href="#FNanchor_156">[156]</a></span> <i>Dios-os-salve</i>, o -<i>Dios-te-salve</i>, nombre humorístico de la ‘cicatriz’ o ‘costurón’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_157"><span class="label"><a -href="#FNanchor_157">[157]</a></span> <i>Filosomía</i> ‘fisonomía’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_158"><span class="label"><a -href="#FNanchor_158">[158]</a></span> Tomado de Petrarca, como otros -varios pasajes de este trozo.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_83">[p. 83]</span></p> - <h2 title="Autor anónimo del Lazarillo de Tormes" - class="nobreak">EL LAZARILLO DE TORMES<br /> - <small>Autor anónimo anterior a 1554</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Las primeras ediciones conocidas de esta novela son tres, impresas -en Burgos, Alcalá y Amberes, en el mismo año 1554; las tres suponen -otra anterior de la cual ellas derivan.</p> - -<p>La prosa castellana había tenido en la Edad Media un cultivo -temprano y aventajado; nos admira ya en el siglo <small>XIII</small> -con Alfonso el Sabio, en el <small>XIV</small> con don Don Juan -Manuel, y produce, en tiempos de los Reyes Católicos, obras tan -notables como la <i>Celestina</i>. Bajo el reinado de Carlos V tomó mayor -vuelo; aplicáronla a la exposición doctrinal Fr. Antonio de Guevara, -Hernán Pérez de Oliva, Juan de Valdés, etc., y apareció como maestra -consumada en la novela. En este terreno no es ciertamente su mérito -mayor haber servido a narraciones <i>idealistas</i> de aventuras en -los Libros de Caballerías, pues este género decaía ya de su viejo -esplendor, que en el siglo <small>XIV</small> había producido el -Amadís de Gaula; un nuevo lenguaje de la narración se desarrollaba -ahora, a mediados del siglo <small>XVI</small>, complaciéndose en -la pintura satírica de tipos y costumbres sociales, tomados de la -realidad, con todo el vigor y crudeza con que en ella se ofrecen, y -este es sin duda el aspecto más importante que ofrece la prosa en -tiempo del Emperador. Con estas narraciones <i>realistas</i> que forman -la llamada novela picaresca (por abundar en tipos de pícaros,<span -class="pagenum" id="Page_84">[p. 84]</span> truhanes, vagos, -espadachines y ladrones), España dió a la literatura universal el -primer modelo de la novela moderna de costumbres.</p> - -<p>El <i>Lazarillo</i>, aparecido en los últimos tiempos del emperador -Carlos V, es la más antigua de estas novelas picarescas, la -más popular en España<a id="FNanchor_159" href="#Footnote_159" -class="fnanchor">[159]</a> y la más conocida en Europa, y nos ofrece -como una novedad (a pesar de la <i>Celestina</i>) el cultivo de la -lengua popular y corriente, en que no escasean las incongruencias -gramaticales que consigo arrastra la viveza de la conversación; -por eso en el prólogo, el pobre Lázaro, antes de empezar a referir -su historia, disculpa el <i>grosero estilo</i> en que por fuerza ha de -contarla.</p> - -<p>En este estilo llano, propio para la pintura de escenas de la -vida ordinaria, parecido al que cincuenta años más tarde empleará -Cervantes, es el Lazarillo admirable modelo. Su lenguaje se distingue -especialmente por una sobriedad magistral; cada palabra va derecha a -lograr un marcado efecto pictórico y satírico.</p> - -<p>Esta excelencia, sin embargo, no nos ha de impedir el notar -cierta falta de habilidad en la construcción de una frase un poco -larga, y alguna dificultad en las transiciones, embarazadas con -adverbios y conjunciones inútiles o pesados: <i>en este tiempo</i>, con -el sentido de ‘luego’ o ‘entonces’, <i>final<span class="pagenum" -id="Page_85">[p. 85]</span>mente</i>, <i>de manera que</i>, etc.; pero -éste no es defecto suyo propio, pues algo análogo hallamos en casi -todos los escritores de este siglo, como Mendoza, Granada y León; -cada vez menos, conforme la lengua va ganando en experiencia. -Advirtamos también que es enteramente inexacta la apreciación que -en 1620 emitió un implacable corrector y discreto continuador del -Lazarillo, Juan de Luna, diciendo que la frase de esta antigua obra -era «más francesa que española». Quizá le chocaba el uso abundante -del pronombre personal acompañando a las formas verbales, donde, -por no haber necesidad de insistir en la persona, se omite hoy: <i>yo -por bien tengo</i>, <i>yo oro ni plata no te lo puedo dar</i>, <i>yo hice</i>, -<i>yo dormí</i> (<a href="#Page_94">pág. 94</a>), y otros casos así, que -Luna corrigió en su edición, y que se hallan también, por ejemplo, -en Mendoza; o frases como <i>no curé de lo saber</i> (je n’ai cure de le -savoir), o voces tales como <i>coraje</i> o <i>luengo</i><a id="FNanchor_160" -href="#Footnote_160" class="fnanchor">[160]</a>, que son del más -castizo castellano, por más que no le parecieran corrientes a Luna; -como éste era maestro de español en Francia, se le antojaban tomadas -del francés cuantas expresiones oía en su idioma patrio que a él no -le eran familiares y se asemejaban a otras francesas.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_5_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_86">[p. 86]</span></p> - <h3 title="Lázaro y el escudero de Toledo">LAZARILLO DE TORMES</h3> - <p class="centra mt2">TRATADO III</p> - <p class="hang mt1">Lázaro<a id="FNanchor_161" href="#Footnote_161" - class="fnanchor">[161]</a>, herido desgraciadamente por un - clérigo avaro, a quien servía en Maqueda, abandona este pueblo - y sirve en Toledo a un hidalgo tan presumido como pobre y - holgazán.</p> -</div> - -<p>Desta manera me fué forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco a -poco, con ayuda de las buenas gentes, di conmigo en esta insigne -ciudad de Toledo, adonde, con la merced de Dios, dende a quince días -se me cerró la herida; y<a id="FNanchor_162" href="#Footnote_162" -class="fnanchor">[162]</a> mientras estaba malo siempre me daban -alguna limosna; mas después que estuve sano todos me decían: «tú, -bellaco y gallofero<a id="FNanchor_163" href="#Footnote_163" -class="fnanchor">[163]</a> eres; busca, busca un amo a<span -class="pagenum" id="Page_87">[p. 87]</span> quien sirvas.» ¿Y -adónde se hallará ése<a id="FNanchor_164" href="#Footnote_164" -class="fnanchor">[164]</a>, decía yo entre mí, si Dios agora de -nuevo (como crió el mundo) no lo criase? Andando así discurriendo -de puerta en puerta con harto poco remedio (porque ya la caridad se -subió al cielo), topóme Dios con un escudero<a id="FNanchor_165" -href="#Footnote_165" class="fnanchor">[165]</a> que iba por la calle -con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en orden; -miróme y yo a él, y díjome: «mochacho, ¿buscas amo?» Yo le dije: -«sí, señor».—«Pues vente tras mí, me respondió, que Dios te ha -hecho merced en topar conmigo; alguna buena oración rezaste hoy». -Y seguíle, dando gracias a Dios por lo que oí, y también que<a -id="FNanchor_166" href="#Footnote_166" class="fnanchor">[166]</a> me -parecía, según su hábito y continente, ser el que yo había menester. -Era de mañana cuando este mi tercero amo topé, y llevóme tras sí -gran parte de la ciudad. Pasábamos por las plazas donde se vendía -pan y otras provisiones; yo pensaba y aun deseaba que allí me<span -class="pagenum" id="Page_88">[p. 88]</span> quería cargar de lo -que se vendía, porque esta era propria hora<a id="FNanchor_167" -href="#Footnote_167" class="fnanchor">[167]</a> cuando se suele -proveer de lo necesario; mas muy a tendido paso pasaba por estas -cosas. «Por ventura no lo ve aquí a su contento, decía yo, y querrá -que lo compremos en otro cabo.»</p> - -<p>Desta manera anduvimos hasta que dió<a id="FNanchor_168" -href="#Footnote_168" class="fnanchor">[168]</a> las once: entonces -se entró en la iglesia mayor, y yo tras él; y muy devotamente le vi -oir misa y los otros oficios divinos, hasta que todo fué acabado y -la gente ida. Entonces salimos de la iglesia, y<a id="FNanchor_169" -href="#Footnote_169" class="fnanchor">[169]</a> a buen paso tendido -comenzamos a ir por la calle abajo; yo iba el más alegre del mundo, -en ver que no nos habíamos ocupado en buscar de comer; bien consideré -que debía ser hombre, mi nuevo amo, que se proveía en junto<a -id="FNanchor_170" href="#Footnote_170" class="fnanchor">[170]</a>, -y que ya la comida estaría a punto, y tal como yo la deseaba -y aun la había menester. En este tiempo dió el reloj la una, -después de medio día<a id="FNanchor_171" href="#Footnote_171" -class="fnanchor">[171]</a>, y llegamos a una casa, ante la cual, -mi amo se paró y yo con él, y derribando el cabo de la capa sobre -el lado izquierdo, sacó una llave de la manga y abrió su puerta -y entramos en casa, la<span class="pagenum" id="Page_89">[p. -89]</span> cual<a id="FNanchor_172" href="#Footnote_172" -class="fnanchor">[172]</a> tenía la entrada obscura y lóbrega, de -tal manera, que parecía que ponía temor a los que en ella entraban, -aunque dentro della estaba un patio pequeño y razonables cámaras<a -id="FNanchor_173" href="#Footnote_173" class="fnanchor">[173]</a>. -Desque fuimos entrados, quita de sobre sí su capa, y preguntando<a -id="FNanchor_174" href="#Footnote_174" class="fnanchor">[174]</a> si -tenía las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente -soplando un poyo que allí estaba, la puso en él; y hecho esto, -sentóse cabo della, preguntándome muy por extenso de dónde era y -cómo había venido a aquella ciudad, y yo le di más larga cuenta que -quisiera; porque me parecía más conveniente hora de mandar poner la -mesa y escudillar la olla, que de lo que me pedía; con todo eso, yo -le satisfice de mi persona lo mejor que mentir supe, diciendo mis -bienes y callando lo demás, porque me parecía no ser para en cámara<a -id="FNanchor_175" href="#Footnote_175" class="fnanchor">[175]</a>.</p> - -<p>Esto hecho, estuvo ansí un poco, y yo luego<a id="FNanchor_176" -href="#Footnote_176" class="fnanchor">[176]</a> vi mala señal, -por ser ya casi las dos y no le ver<span class="pagenum" -id="Page_90">[p. 90]</span> más aliento<a id="FNanchor_177" -href="#Footnote_177" class="fnanchor">[177]</a> de comer que a -un muerto. Después desto, consideraba aquél tener cerrada la -puerta con llave ni<a id="FNanchor_178" href="#Footnote_178" -class="fnanchor">[178]</a> sentir arriba ni abajo pasos de viva -persona por la casa; todo lo que yo había visto eran paredes, -sin ver en ella silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal -arcaz como el de marras<a id="FNanchor_179" href="#Footnote_179" -class="fnanchor">[179]</a>; finalmente ella parecía casa encantada. -Estando así, díjome: «tú, mozo, ¿has comido?»—«No, señor, dije -yo, que aun no eran dadas las ocho cuando con vuestra merced -encontré.»—«Pues, aunque de mañana, yo había almorzado, dice, y -cuando ansí como algo, hágote saber que hasta la noche me estoy ansí; -por eso, pásate como pudieres, que después cenaremos.» Vuestra merced -crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer de mi estado<a -id="FNanchor_180" href="#Footnote_180" class="fnanchor">[180]</a>, -no tanto de hambre como por conocer de todo en todo la fortuna serme -adversa. Allí se me representaron de nuevo mis fatigas, y torné a -llorar mis trabajos; allí se me vino a la memoria la consideración -que hacía cuando me pensaba ir del clérigo, diciendo que aunque aquél -era desven<span class="pagenum" id="Page_91">[p. 91]</span>turado -y mísero, por ventura toparía con otro peor; finalmente, allí -lloré mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera; y -con todo, disimulando lo mejor que pude:<a id="FNanchor_181" -href="#Footnote_181" class="fnanchor">[181]</a> «señor, mozo soy -que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios<a id="FNanchor_182" -href="#Footnote_182" class="fnanchor">[182]</a>; deso me podré -yo alabar entre todos mis iguales, por de<a id="FNanchor_183" -href="#Footnote_183" class="fnanchor">[183]</a> mejor garganta, -y ansí fuí yo loado della hasta hoy día de los amos que yo he -tenido.»—«Virtud es esa, dijo él, y por eso te querré yo más: porque -el hartar es de los puercos, y el comer regladamente es de los -hombres de bien.»—Bien te he entendido, dije yo entre mí; maldita -tanta medicina y bondad como aquestos mis amos, que yo hallo, hallan -en la hambre. Púseme a un cabo del portal, y saqué unos pedazos de -pan del seno, que me habían quedado de los de por Dios.</p> - -<p>Él, que vió esto, díjome: «Ven acá, mozo, ¿qué comes?» Yo lleguéme -a él, y mostréle el pan; tomóme él un pedazo, de tres que eran, -el mejor y más grande<a id="FNanchor_184" href="#Footnote_184" -class="fnanchor">[184]</a>, y díjome: «¡Por mi vida, que parece -éste buen pan!»—«¡Y cómo agora, dije yo, señor, es bueno!»—«Sí, a -fe, dijo él; ¿adónde lo hu<span class="pagenum" id="Page_92">[p. -92]</span>biste? ¿Si<a id="FNanchor_185" href="#Footnote_185" -class="fnanchor">[185]</a> es amasado de manos limpias?»—«No sé yo -eso, le dije; mas a mí no me pone asco el sabor dello.»—«Ansí plega -a Dios», dijo el pobre de mi amo, y llevándolo a la boca comenzó -a dar en él tan fieros<a id="FNanchor_186" href="#Footnote_186" -class="fnanchor">[186]</a> bocados como yo en lo otro. «¡Sabrosísimo -pan está, dijo, por Dios!» Y como le sentí de qué pie coxqueaba<a -id="FNanchor_187" href="#Footnote_187" class="fnanchor">[187]</a>, -dime priesa, porque le vi en disposición, si acababa antes -que yo, se comediría<a id="FNanchor_188" href="#Footnote_188" -class="fnanchor">[188]</a> a ayudarme a lo que me quedase; y -con esto acabamos casi a una. Mi amo comenzó a sacudir con las -manos unas pocas de migajas, y bien menudas<a id="FNanchor_189" -href="#Footnote_189" class="fnanchor">[189]</a>, que en los pechos -se le habían quedado, y entró en una camareta que allí estaba, y -sacó un jarro desbocado, y no muy nuevo, y desque hubo bebido, -convidóme con él. Yo, por hacer del continente, dije: «Señor, no -bebo vino.»—«Agua es, me respondió, bien puedes beber.» Entonces -tomé el jarro y bebí, no mucho, porque de sed no era mi congoja. -Ansí estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me pregun<span -class="pagenum" id="Page_93">[p. 93]</span>taba, a las cuales yo -le respondí lo mejor que supe. En este tiempo metióme en la cámara -donde estaba el jarro de que bebimos, y díjome: «Mozo, párate<a -id="FNanchor_190" href="#Footnote_190" class="fnanchor">[190]</a> -allí, y verás cómo hacemos esta cama, para que la sepas hacer de aquí -adelante.» Púseme de un cabo y él del otro, y hecimos la negra cama, -en la cual no había mucho que hacer, porque ella tenía sobre unos -bancos un cañizo, sobre el cual estaba tendida la ropa... Hecha la -cama, y la noche venida, díjome: «Lázaro, ya es tarde, y de aquí a la -plaza hay gran trecho; también en esta ciudad andan muchos ladrones, -que siendo de noche, capean<a id="FNanchor_191" href="#Footnote_191" -class="fnanchor">[191]</a>; pasemos como podamos, y mañana, viniendo -el día, Dios hará merced; porque yo por estar solo no estoy proveído; -antes he comido estos días por allí fuera, mas agora hacerlo hemos<a -id="FNanchor_192" href="#Footnote_192" class="fnanchor">[192]</a> -de otra manera.»—«Señor, de mí, dije yo, ninguna pena tenga vuestra -merced, que sé pasar una noche, y aun más, si es menester, sin -comer.»—«Vivirás más, y más sano, me respondió, porque, como -decíamos hoy, no<span class="pagenum" id="Page_94">[p. 94]</span> -hay tal cosa en el mundo para vivir mucho, que<a id="FNanchor_193" -href="#Footnote_193" class="fnanchor">[193]</a> comer poco.» -Si por esa vía es, dije entre mí, nunca yo moriré, que siempre -he guardado esa regla por fuerza, y aun espero en mi desdicha -tenella toda mi vida. Y acostóse en la cama, poniendo por cabecera -las calzas y el jubón<a id="FNanchor_194" href="#Footnote_194" -class="fnanchor">[194]</a>, y mandóme echar a sus pies, lo cual<a -id="FNanchor_195" href="#Footnote_195" class="fnanchor">[195]</a> -yo hice; mas maldito el sueño que yo dormí, porque las cañas y mis -salidos huesos en toda la noche dejaron de rifar y encenderse<a -id="FNanchor_196" href="#Footnote_196" class="fnanchor">[196]</a>, -que con mis trabajos, males y hambre, pienso que en mi cuerpo no -había libra de carne. Y también, como aquel día no había comido casi -nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueño no tenía amistad; -maldíjeme mil veces, Dios me lo perdone, y a mi ruin fortuna. Allí lo -más de la noche y lo peor, no osándome revolver por no despertalle, -pedí a Dios muchas veces la muerte.</p> - -<p>La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar y sacudir -sus calzas y jubón, y sayo y<span class="pagenum" id="Page_95">[p. -95]</span> capa; ¡y yo que le servía de pelillo!<a id="FNanchor_197" -href="#Footnote_197" class="fnanchor">[197]</a>; y vísteseme muy a -su placer de espacio; echéle aguamanos, peinóse y puso su espada en -el talabarte, y al tiempo que la ponía, díjome: «¡Oh, si supieses, -mozo, qué pieza es esta! No hay marco de oro en el mundo porque yo -la diese; mas así, ninguna de cuantas Antonio<a id="FNanchor_198" -href="#Footnote_198" class="fnanchor">[198]</a> hizo, no acertó -a ponelle los aceros tan prestos como ésta los tiene»; y sacóla -de la vaina, y tentóla con los dedos, diciendo: «Vesla aquí, -yo me obligo con ella<a id="FNanchor_199" href="#Footnote_199" -class="fnanchor">[199]</a> cercenar un copo de lana.» Y yo dije -entre mí: «Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, un pan de -cuatro libras.» Tornóla a meter, y ciñósela, y un sartal de cuentas -gruesas del talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo derecho, -haciendo con él y con la cabeza muy gentiles meneos, echando el -cabo de la capa sobre el hombro, y a veces so<a id="FNanchor_200" -href="#Footnote_200" class="fnanchor">[200]</a> el brazo, y poniendo -la mano derecha en el costado, salió por la puerta, diciendo: -«Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oir misa, y haz la -cama, y ve por la vasija de agua al río, que aquí bajo está; y -cierra la puer<span class="pagenum" id="Page_96">[p. 96]</span>ta -con llave, no nos hurten algo, y ponla aquí al<a id="FNanchor_201" -href="#Footnote_201" class="fnanchor">[201]</a> quicio, porque si -yo viniere en tanto, pueda entrar.» Y súbese por la calle arriba -con tan gentil semblante y continente, que quien no le conociera -pensara ser muy cercano pariente al Conde Claros<a id="FNanchor_202" -href="#Footnote_202" class="fnanchor">[202]</a>, o a lo menos -camarero que le daba de vestir.</p> - -<p>Bendito seáis vos, Señor, quedé yo diciendo, que dais la -enfermedad, y ponéis el remedio. ¿Quién encontrará a aquel mi -señor, que no piense, según el contento de sí lleva, haber -anoche bien cenado y dormido en buena cama, y aunque agora es de -mañana, no le cuenten<a id="FNanchor_203" href="#Footnote_203" -class="fnanchor">[203]</a> por muy bien<span class="pagenum" -id="Page_97">[p. 97]</span> almorzado? Grandes secretos son, -Señor, los que vos hacéis, y las gentes ignoran. ¿A quién no -engañará aquella buena disposición y razonable capa y sayo, y -quién pensará que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día -sin comer, con aquel mendrugo de pan, que su criado Lázaro trujo -un día y una noche en el arca de su seno, do no se le podía pegar -mucha limpieza, y hoy, lavándose las manos y cara, a falta de paño -de manos, se hacía servir del halda del sayo?<a id="FNanchor_204" -href="#Footnote_204" class="fnanchor">[204]</a> Nadie, por cierto, -lo sospechará. ¡Oh Señor, y cuántos de aquestos debéis vos tener por -el mundo derramados, que padecen por la negra que llaman honra<a -id="FNanchor_205" href="#Footnote_205" class="fnanchor">[205]</a> lo -que por vos no sufrirían!...</p> - -<p>Púseme a pensar qué haría, y parecióme esperar a mi amo -hasta que el día demediase, y si viniese<a id="FNanchor_206" -href="#Footnote_206" class="fnanchor">[206]</a>, y por ventura -trajese algo que comiésemos; mas en vano fué mi esperanza. Desque -vi ser las dos, y no<a id="FNanchor_207" href="#Footnote_207" -class="fnanchor">[207]</a> venía y la hambre me aquejaba, cierro -mi puerta y pongo la llave donde mandó, y tórnome a mi menester; -con baja y enferma voz y inclinadas mis manos en los senos, puesto -Dios ante mis ojos, y la lengua en su nombre, comienzo a pedir pan -por las puertas y casas más<span class="pagenum" id="Page_98">[p. -98]</span> grandes que me parecía; mas como yo este oficio le hobiese -mamado en la leche, quiero decir que con el gran maestro el ciego lo -aprendí, tan suficiente discípulo salí, que aunque en este pueblo no -había caridad, ni el año fuese muy abundante, tan buena maña me di, -que antes que el reloj diese las cuatro, ya yo tenía otras tantas -libras de pan ensiladas<a id="FNanchor_208" href="#Footnote_208" -class="fnanchor">[208]</a> en el cuerpo, y más de otras dos en las -mangas y senos. Volvíme a la posada, y al pasar por la tripería, pedí -a una de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña de vaca con otras -pocas de tripas cocidas.</p> - -<p>Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, -doblada su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el -patio. Como entro, vínose para mí; pensé que me quería reñir la -tardanza, mas mejor lo hizo Dios. Preguntóme do<a id="FNanchor_209" -href="#Footnote_209" class="fnanchor">[209]</a> venía; yo le dije: -«Señor, hasta que dió<a id="FNanchor_210" href="#Footnote_210" -class="fnanchor">[210]</a> las dos estuve aquí, y de que vi que -vuestra merced no venía, fuíme por esa ciudad a encomendarme a las -buenas gentes, y hanme dado esto que veis»; mostréle el pan y las -tripas que en un cabo de la halda traía, a lo cual él mostró buen -semblante, y dijo: «Pues esperádote he a comer, y de que vi que no -veniste, comí. Mas tú haces como hombre de bien en eso, que más vale -pedillo por Dios que no hurtallo; y ansí él me ayude como<span -class="pagenum" id="Page_99">[p. 99]</span> ello<a id="FNanchor_211" -href="#Footnote_211" class="fnanchor">[211]</a> me parece bien, y -solamente te encomiendo no sepan que vives comigo, por lo que toca -a mi honra, aunque bien creo que será secreto, según lo poco que en -este pueblo soy conocido: ¡nunca a él yo hubiera de venir!»—«De eso -pierda, señor, cuidado, le dije yo, que maldito aquel que ninguno -tiene de pedirme esa cuenta ni yo de dalla.»—«Agora, pues, come, -pecador, que si a Dios place presto nos veremos sin necesidad; -aunque te digo que después que en esta casa entré, nunca bien me -ha ido: debe ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal -pie, que a los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe de -ser, sin dubda, de ellas<a id="FNanchor_212" href="#Footnote_212" -class="fnanchor">[212]</a>; mas yo te prometo, acabado el mes, no -quede en ella, aunque me la den por mía.»</p> - -<p>Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por glotón, -callé la merienda, y comienzo a cenar y morder en mis tripas y -pan, y disimuladamente miraba al desventurado señor mío, que no -partía sus ojos de mis faldas, que aquella<a id="FNanchor_213" -href="#Footnote_213" class="fnanchor">[213]</a> sazón servían de -plato. Tanta lástima haya Dios de mí como yo había del, porque -sentí lo que sentía,<span class="pagenum" id="Page_100">[p. -100]</span> y muchas veces había por ello pasado y pasaba cada -día. Pensaba si sería bien comedirme a convidalle; mas por me -haber dicho que había comido, temíame no aceptaría el convite. -Finalmente, yo deseaba aquel<a id="FNanchor_214" href="#Footnote_214" -class="fnanchor">[214]</a> pecador ayudase a su trabajo del mío, y -se desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo<a -id="FNanchor_215" href="#Footnote_215" class="fnanchor">[215]</a>, -por ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso Dios cumplir mi -deseo, y aun pienso que el suyo, porque como comencé a comer, y -él se andaba paseando, llegóse a mí, y díjome: «Dígote, Lázaro, -que tienes en comer la mejor gracia que en mi vida vi a hombre, -y que nadie te lo verá hacer que no le pongas gana, aunque no la -tenga.»—La muy buena que tú tienes, dije yo entre mí, te hace parecer -la mía hermosa. Con todo parecióme ayudarle, pues se ayudaba<a -id="FNanchor_216" href="#Footnote_216" class="fnanchor">[216]</a>, -y me abría camino para ello, y díjele: «Señor, <i>el buen aparejo -hace buen artífice</i>; este pan está sabrosísimo, y esta uña de -vaca tan bien cocida y sazonada, que no habrá a quien no convide -con su sabor.»—«¿Uña de vaca es?»—«Sí, señor.»—«Dígote que es -el mejor bocado del mundo, y que no hay faisán que ansí me -sepa.»—<span class="pagenum" id="Page_101">[p. 101]</span>«Pues -pruebe, señor, y verá qué tal está.» Póngole en las uñas la otra -y tres o cuatro raciones de pan de lo más blanco, y asentóseme -al lado y comienza a comer, como aquel que lo había gana<a -id="FNanchor_217" href="#Footnote_217" class="fnanchor">[217]</a>, -royendo cada huesecillo de aquellos mejor que un galgo suyo lo -hiciera. «Con almodrote,<a id="FNanchor_218" href="#Footnote_218" -class="fnanchor">[218]</a> decía, es este singular manjar.»—Con -mejor salsa lo comes tú<a id="FNanchor_219" href="#Footnote_219" -class="fnanchor">[219]</a>, respondí yo paso.—«Por Dios, que me -ha sabido como si hoy no hobiera comido bocado.»—Ansí me vengan -los buenos años como es ello, dije yo entre mí. Pidióme el jarro -del agua y díselo como lo había traído; es señal que pues no le -faltaba el agua, que no le había a mi amo sobrado la comida. -Bebimos y muy contentos nos fuimos a dormir como la noche pasada. -Y por evitar prolijidad, desta manera estuvimos ocho o diez días, -yéndose el pecador en la mañana con aquel contento y paso contado<a -id="FNanchor_220" href="#Footnote_220" class="fnanchor">[220]</a> -a papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lázaro una -cabeza de lobo.<a id="FNanchor_221" href="#Footnote_221" -class="fnanchor">[221]</a> Contemplaba yo muchas veces mi de<span -class="pagenum" id="Page_102">[p. 102]</span>sastre, que escapando de -los amos ruines que había tenido, y buscando mejoría, viniese a topar -con quien no sólo no me mantuviese, mas a quien yo había de mantener. -Con todo, le quería bien, con ver que no tenía ni podía más, y antes -le había lástima que enemistad, y muchas veces por llevar a la -posada con que él lo pasase<a id="FNanchor_222" href="#Footnote_222" -class="fnanchor">[222]</a>, yo lo pasaba mal... Dios es testigo -que hoy día, cuando topo con alguno de su hábito, con aquel paso -y pompa, le he lástima con pensar si padece lo que aquél le vi -sufrir... Sólo tenía dél un poco de descontento: que quisiera yo que -no tuviera tanta presunción, mas que abajara un poco su fantasía -con lo mucho que subía su necesidad; mas, según me parece, es regla -ya entre ellos usada y guardada, aunque no haya cornado de trueco<a -id="FNanchor_223" href="#Footnote_223" class="fnanchor">[223]</a>, -ha de<span class="pagenum" id="Page_103">[p. 103]</span> andar -el birrete en su lugar<a id="FNanchor_224" href="#Footnote_224" -class="fnanchor">[224]</a>. El Señor lo remedie, que ya con este mal -han de morir.</p> - -<p>Pues estando yo en tal estado, pasando<a id="FNanchor_225" -href="#Footnote_225" class="fnanchor">[225]</a> la vida que digo, -quiso mi mala fortuna, que de perseguirme no era satisfecha, que en -aquella trabajada y vergonzosa vivienda no durase. Y fué: como el -año en este tierra fuese estéril de pan, acordaron el ayuntamiento -que todos los pobres extranjeros se fuesen de la ciudad, con pregón, -que el que de allí adelante topasen fuese punido con azotes. Y -así, ejecutando la ley desde a cuatro días que el pregón se dió, -vi llevar una procesión de pobres azotando por las Cuatro Calles<a -id="FNanchor_226" href="#Footnote_226" class="fnanchor">[226]</a>, -lo cual me puso tan gran espanto, que nunca osé desmandarme a -demandar. Aquí viera, quien vello pudiera, la abstinencia de mi -casa y la tristeza y silencio de los moradores della, tanto que nos -acaesció estar dos o tres días sin comer bocado ni hablar palabra. -A mí diéronme la vida unas mujercillas hilanderas de algodón, que -hacían bonetes y vivían par de nosotros, con las cuales yo tuve -vecindad y conocimiento, que de la lacería<a id="FNanchor_227" -href="#Footnote_227" class="fnanchor">[227]</a> que les traían me -daban alguna cosilla, con la cual muy pasado me<span class="pagenum" -id="Page_104">[p. 104]</span> pasaba<a id="FNanchor_228" -href="#Footnote_228" class="fnanchor">[228]</a>, y no tenía tanta -lástima de mí como del lastimado de mi amo, que en ocho días maldito -el bocado que comió, a lo menos en casa bien los<a id="FNanchor_229" -href="#Footnote_229" class="fnanchor">[229]</a> estuvimos sin comer; -no sé yo cómo o dónde andaba y qué comía. ¡Y velle venir a medio día -la calle abajo con estirado cuerpo, más largo que galgo de buena -casta! Y por lo que toca a su negra que dicen honra, tomaba una paja -de las que aun asaz no había en casa, y salía a la puerta escarbando -los dientes que nada entre sí tenían, quejándose todavía de aquel mal -solar, diciendo: «¡Malo está de ver! Que la desdicha desta vivienda -lo hace; como ves, es lóbrega, triste, obscura; mientras aquí -estuviéremos, hemos de padecer; ya deseo que se acabe este mes por -salir della.»</p> - -<p>Pues estando en esta afligida y hambrienta persecución, un día, -no sé por cuál dicha o ventura, en el pobre poder de mi amo entró un -real, con el cual vino a casa tan ufano como si tuviera el tesoro -de Venecia, y con gesto muy alegre y risueño me lo dió, diciendo: -«tomá, Lázaro, que Dios ya va abriendo su mano; ve a la plaza y merca -pan y vino y carne; <i>quebremos el ojo al diablo</i><a id="FNanchor_230" -href="#Footnote_230" class="fnanchor">[230]</a>; y más<span -class="pagenum" id="Page_105">[p. 105]</span> te hago saber, porque -te huelgues, que he alquilado otra casa, y en esta desastrada no -hemos de estar más de en cumpliendo el mes, ¡maldita sea ella, y el -que en ella puso la primera teja, que con mal en ella entré! Por -nuestro Señor, cuanto ha que en ella vivo, gota de vino ni bocado -de carne no he comido, ni he habido descanso ninguno; mas tal vista -tiene y tal obscuridad y tristeza. Ve, y ven presto y comamos hoy -como condes.» Tomo mi real y jarro, y a los pies dándoles priesa, -comienzo a subir mi calle, encaminando mis pasos para la plaza muy -contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha si está constituído en mi -triste fortuna que ningún gozo me venga sin zozobra? Y ansí fué -éste; porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo que le<a -id="FNanchor_231" href="#Footnote_231" class="fnanchor">[231]</a> -emplearía, que fuese mejor y más provechosamente gastado, dando -infinitas gracias a Dios, que a mi amo había hecho con dinero, a -deshora me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo -muchos clérigos y gente en unas andas traían; arriméme a la pared -por darles lugar, y desque el cuerpo pasó, venía luego a par del -lecho una que debía ser su<a id="FNanchor_232" href="#Footnote_232" -class="fnanchor">[232]</a> mujer del difunto, cargada de luto, -y con ella otras muchas mujeres, la cual iba llorando a grandes -voces, y diciendo: «¡marido y señor mío! ¿adónde os<span -class="pagenum" id="Page_106">[p. 106]</span> me<a id="FNanchor_233" -href="#Footnote_233" class="fnanchor">[233]</a> llevan? ¡a la casa -triste y desdichada! ¡a la casa lóbrega y obscura! ¡a la casa donde -nunca comen ni beben!»<a id="FNanchor_234" href="#Footnote_234" -class="fnanchor">[234]</a> Yo que aquello oí, juntóseme el cielo con -la tierra, y dije: «¡Oh desdichado de mí! para mi casa llevan este -muerto»; dejo el camino que llevaba, y hendí por medio de la gente, y -vuelvo por la calle abajo a todo el más correr que pude para mi casa, -y entrando en ella cierro a<a id="FNanchor_235" href="#Footnote_235" -class="fnanchor">[235]</a> grande priesa, invocando el auxilio y -favor de mi amo, abrazándome dél, que me venga ayudar y a defender -la entrada. El cual algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me -dijo: «¿qué es eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué has? ¿por qué cierras -la puerta con tal furia?»—«Oh señor, dije yo, acuda aquí, que nos -traen acá un muerto.»—«¿Cómo así?» respondió él.—«Aquí arriba le -encontré, y venía dicien<span class="pagenum" id="Page_107">[p. -107]</span>do su mujer: <i>marido y señor mío, ¿adónde os llevan? ¡a la -casa lóbrega y obscura! ¡a la casa triste y desdichada! ¡a la casa -donde nunca comen ni beben!</i> acá, señor, nos le traen.» Y ciertamente -cuando mi amo esto oyó, aunque no tenía por qué estar muy risueño, -rió tanto que muy gran rato estuvo sin poder hablar. En este tiempo -tenía yo echada la aldaba a la puerta y puesto el hombro en ella por -más defensa. Pasó la gente con su muerto, y yo todavía me recelaba -que nos le habían de meter en casa; y desque fué ya más harto de -reir que de comer, el bueno de mi amo díjome: «verdad es Lázaro; -según la viuda lo va diciendo, tú tuviste razón de pensar lo que -pensaste; mas, pues Dios lo ha hecho mejor, y pasan adelante, abre, -abre, y ve por de comer.»<a id="FNanchor_236" href="#Footnote_236" -class="fnanchor">[236]</a>—«Dejálos, señor, acaben de pasar la -calle», dije yo. Al fin vino mi amo a la puerta de la calle, y ábrela -esforzándome, que bien era menester según el miedo y alteración, y -me tornó a encaminar. Mas aunque comimos bien aquel día, maldito el -gusto yo tomaba en ello, ni en aquellos tres días torné en mi color, -y mi amo muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi -consideración.</p> - -<p>De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fué este -escudero, algunos días, y en todos deseando saber la intención de -su venida y estada en esta tierra; porque desde el primer día<span -class="pagenum" id="Page_108">[p. 108]</span> que con él asenté, -le conocí ser extranjero, por el poco conocimiento y trato que -con los naturales della tenía. Al fin se cumplió mi deseo, y supe -lo que deseaba; porque un día que habíamos comido razonablemente, -y estaba algo contento, contóme su hacienda<a id="FNanchor_237" -href="#Footnote_237" class="fnanchor">[237]</a>, y díjome ser -de Castilla la Vieja, y que había dejado su tierra no más de<a -id="FNanchor_238" href="#Footnote_238" class="fnanchor">[238]</a> -por no quitar el bonete a un caballero su vecino. «Señor, dije -yo, si era él lo que decís, y tenía más que vos, no errábades en -quitárselo primero, pues decís que él también os lo quitaba»—«Sí -es, y sí tiene, y también me lo quitaba él a mí; mas de cuantas -veces yo se le<a id="FNanchor_239" href="#Footnote_239" -class="fnanchor">[239]</a> quitaba primero, no fuera malo comedirse -él alguna, y ganarme por la mano.»—«Paréceme, señor, le dije yo, que -en eso no mirara; mayormente con mis mayores que yo, y que tienen -más.»—«Eres mochacho, me respondió, y no sientes las cosas de la -honra, en que el día de hoy<a id="FNanchor_240" href="#Footnote_240" -class="fnanchor">[240]</a> está todo el caudal de los hombres de -bien;<span class="pagenum" id="Page_109">[p. 109]</span> pues te -hago saber que yo soy (como ves) un escudero, mas vótote a Dios, -si al Conde topo en la calle, y no me quita muy bien quitado del -todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una -casa, fingiendo yo en ella algún negocio o atravesar otra calle, si -la hay, antes que llegue a mí, por no quitárselo; que un hidalgo<a -id="FNanchor_241" href="#Footnote_241" class="fnanchor">[241]</a> no -debe a otro que a Dios y al rey nada, ni es justo, siendo hombre de -bien, se descuide un punto de tener en mucho su persona. Acuérdome, -que un día deshonré en mi tierra a un oficial, y quise poner en -él las manos, porque cada vez que le topaba me decía: <i>mantenga -Dios a vuestra merced</i><a id="FNanchor_242" href="#Footnote_242" -class="fnanchor">[242]</a>. Vos, don villano ruin, le dije yo, ¿por -qué no sois bien criado? ¿<i>Manténgaos Dios</i>, me habéis de decir<span -class="pagenum" id="Page_110">[p. 110]</span> como si fuese quien -quiera? De allí adelante, de aquí acullá me quitaba el bonete, y -hablaba como debía.»—«¿Y no es buena manera de saludar un hombre -a otro, dije yo, decirle que le mantenga Dios?»—«Mira, mucho de -enhoramala, dijo él; a los hombres de poca arte dicen eso, mas a los -más altos, como yo, no les han de hablar menos de: <i>beso las manos -de vuestra merced</i>, o por lo menos, <i>bésoos, señor, las manos</i>, si -el que me habla es caballero. Y ansí aquel de mi tierra, que me -atestaba de mantenimiento<a id="FNanchor_243" href="#Footnote_243" -class="fnanchor">[243]</a>, nunca más le quise sufrir; ni sufriría, -ni sufriré a hombre del mundo, del rey abajo, que <i>manténgaos Dios</i> -me diga.»—Pecador de mí, dije yo, por eso tiene tan poco cuidado -de mantenerte, pues no sufres que nadie se lo ruegue.—«Mayormente, -dijo, que no soy tan pobre, que no tengo en mi tierra un solar de -casas, que a estar ellas en pie y bien labradas, diez y seis leguas -de donde nací, en aquella Costanilla de Valladolid, valdrían más de -doscientas veces mil maravedís, según se podrían hacer grandes y -buenas; y tengo un palomar que, a no estar derribado como está, daría -cada año más de doscientos palominos, y otras cosas que me callo, que -dejé por lo que tocaba a mi honra; y vine a esta ciudad pensando que -hallaría un buen asiento, mas no me ha sucedido como pensé. Canónigos -y señores de la<span class="pagenum" id="Page_111">[p. 111]</span> -iglesia muchos hallo; mas es gente tan limitada<a id="FNanchor_244" -href="#Footnote_244" class="fnanchor">[244]</a>, que no los sacarán<a -id="FNanchor_245" href="#Footnote_245" class="fnanchor">[245]</a> -de su paso todo el mundo. Caballeros de media talla también me -ruegan; mas servir con<a id="FNanchor_246" href="#Footnote_246" -class="fnanchor">[246]</a> estos es gran trabajo, porque de hombre -os habéis de convertir en malilla, y si no, andá con Dios, os dicen, -y las más veces son los pagamentos a largos plazos, y lo más más<a -id="FNanchor_247" href="#Footnote_247" class="fnanchor">[247]</a> -cierto comido por servido; ya cuando quieren reformar conciencia y -satisfaceros vuestros sudores, sois librados<a id="FNanchor_248" -href="#Footnote_248" class="fnanchor">[248]</a> en la recámara, en -un sudado jubón, o raída capa o sayo. Ya cuando asienta hombre<a -id="FNanchor_249" href="#Footnote_249" class="fnanchor">[249]</a> -con un señor de título, todavía pasa su laceria, ¿pues, por ventura -no hay en mí habilidad para servir y contentar a éstos? Por -Dios, si con él topase, muy gran su privado<a id="FNanchor_250" -href="#Footnote_250" class="fnanchor">[250]</a> pienso que fuese, -y<span class="pagenum" id="Page_112">[p. 112]</span> que mil -servicios le hiciese porque yo sabría mentille tan bien como otro, -y agradalle a las mil maravillas; reille ya mucho sus donaires y -costumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo; nunca decirle -cosa con que le pesase, aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente -en su persona en dicho y hecho; no me matar por hacer bien las cosas -que él no había de ver, y ponerme a reñir donde él lo oyese con la -gente de servicio, porque paresciese tener gran cuidado de lo que a -él tocaba; si riñese con algún su criado, dar unos puntillos agudos -para le encender la ira, y que pareciesen en favor del culpado; -decirle bien de lo que bien le estuviese; y por el contrario, ser -malicioso mofador, malsinar<a id="FNanchor_251" href="#Footnote_251" -class="fnanchor">[251]</a> a los de casa; y a los de fuera pesquisar, -y procurar de saber vidas ajenas para contárselas, y muchas otras -galas de esta calidad, que hoy día se usan en palacio, y a los -señores dél parecen bien, y no quieren ver en sus casas hombres -virtuosos, antes los aborrecen y tienen en poco y llaman necios, -y que no son personas de negocios, ni con quien el señor se puede -descuidar, y con estos, los astutos usan, como digo, el día de hoy, -de lo que yo usaría. Mas no quiere mi ventura que le halle.» Desta -manera lamentaba también su adversa fortuna mi amo, dándome relación -de su persona valerosa.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_159"><span class="label"><a -href="#FNanchor_159">[159]</a></span> El nombre del protagonista -<i>Lazarillo</i> pasó a ser sustantivo apelativo para designar al guía -de ciego; y la frase <i>oler el poste</i> (= prever un peligro), alude -a una aventura de esta novela, pues Lazarillo se vengó del ciego -en Escalona guiándole a que se descalabrase contra un poste, y -diciéndole: «¿Cómo olistes la longaniza y no el poste?» Esta aventura -se recuerda en un cuento popular, terminado con el dístico «y usted -que olió la sardina, ¿por qué no ha olido la esquina?», <span -class="smcap">Fernán Caballero</span>, <i>Cuentos y poesías populares -andaluces</i>, Madrid, Romero, 1907, pág. 174 (comp. <i>Revue Hispanique</i>, -VII, p. 92-93).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_160"><span class="label"><a -href="#FNanchor_160">[160]</a></span> V. <span -class="smcap">Morel-Fatio</span> en el Prefacio de su traducción -francesa del <i>Lazarillo</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_161"><span class="label"><a -href="#FNanchor_161">[161]</a></span> El protagonista <i>Lázaro</i> se -llamó <i>de Tormes</i> por haber nacido en Tejares, aldea de Salamanca, -a la orilla del río Tormes. No se dijo <i>del Tormes</i>, porque en -castellano antiguo los nombres de los ríos solían no llevar artículo: -«las aguas de Duero, sobre Tajo», etcétera. Véase adelante cómo Fray -Luis de León dice «en la ribera de Tormes».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_162"><span class="label"><a -href="#FNanchor_162">[162]</a></span> Nótase poca habilidad en la -unión de los párrafos. En vez de esta conjunción <i>y</i>, tan poco -apropiada, puso el ya citado corrector Juan de Luna: «que fuera mejor -no se me cerrara porque mientras...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_163"><span class="label"><a -href="#FNanchor_163">[163]</a></span> <i>Gallofa</i> es la comida que -reparten en los conventos a los pobres, y <i>gallofero</i>, según -Covarrubias (1610), «el pobretón que sin tener enfermedad se anda -holgazán y ocioso, acudiendo a las horas de comer a las porterías de -los conventos».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_164"><span class="label"><a -href="#FNanchor_164">[164]</a></span> El demostrativo sólo indica -muchas veces, en el uso familiar (por esto Juan de Luna lo suprimió -aquí), extrañeza o desconocimiento de la cosa a que se refiere. -Recuérdese la inurbanidad de la pregunta «¿quién es ése,?», por -«quién es ese señor».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_165"><span class="label"><a -href="#FNanchor_165">[165]</a></span> <i>Escudero</i>, según Covarrubias, -que escribía a principios del siglo <small>XVII</small>, era «el -hidalgo que lleva el escudo al caballero en tanto que éste no pelea -con él. En la paz los escuderos sirven a los señores de acompañar -delante sus personas, asistir en la antecámara o sala; otros se -están en sus casas y llevan acostamiento (o salario) de los señores, -acudiendo a sus obligaciones a tiempos ciertos. Hoy día más se sirven -dellos las señoras, y los que tienen alguna pasada huelgan más de -estar en sus casas, que de servir, por lo poco que medran y lo mucho -que les ocupan». Recuérdense bien todas las palabras de Covarrubias, -para entender mejor las conversaciones que Lázaro tendrá con su -amo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_166"><span class="label"><a -href="#FNanchor_166">[166]</a></span> Hoy tiene también <i>que</i> el -sentido causal de <i>porque</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_167"><span class="label"><a -href="#FNanchor_167">[167]</a></span> Hoy habría que poner el -artículo: <i>la hora propia</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_168"><span class="label"><a -href="#FNanchor_168">[168]</a></span> Aquí se sobreentiende como -sujeto «el reloj», según dice unas líneas más abajo: «En este tiempo -dió el reloj la una.» Véase en la <a href="#Page_98">p. 98</a> dos -casos más. Hoy tomamos como sujeto el que realmente es acusativo, y -decimos: «dieron las once».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_169"><span class="label"><a -href="#FNanchor_169">[169]</a></span> Las ediciones de B. y Al., -omiten la conjunción.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_170"><span class="label"><a -href="#FNanchor_170">[170]</a></span> Más común es <i>por junto</i>, como -ponen las ediciones posteriores, o sea <i>por mayor</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_171"><span class="label"><a -href="#FNanchor_171">[171]</a></span> Esta perífrasis era ya -anticuada en tiempo de J. de Luna, que pone simplemente: «dió la una -y llegamos...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_172"><span class="label"><a -href="#FNanchor_172">[172]</a></span> Véase lo que decimos acerca de -este relativo en los extractos de Fray Luis de Granada y de Mariana, -págs. <a href="#Page_126">126</a> y <a href="#Page_201">201</a>. Luna -corrigió: «entramos por una entrada obscura».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_173"><span class="label"><a -href="#FNanchor_173">[173]</a></span> Para Luna era ya desusado este -sustantivo, pues pone <i>aposentos</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_174"><span class="label"><a -href="#FNanchor_174">[174]</a></span> Esta ambigüedad la salva Luna: -<i>y me preguntó</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_175"><span class="label"><a -href="#FNanchor_175">[175]</a></span> <i>No ser para en cámara</i>, -significa «no ser correcto o cortés». Era muy corriente entonces un -cantarcillo para motejar a los poco cortesanos:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">No sois vos para en cámara, Pedro;</p> -<p class="i0">no sois vos para en cámara, non,</p> -<p class="i0">sino para en camaranchón.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_176"><span class="label"><a -href="#FNanchor_176">[176]</a></span> <i>Luego</i> significaba ‘entonces’, -y no ‘después’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_177"><span class="label"><a -href="#FNanchor_177">[177]</a></span> Nótese la frase <i>mostrar -aliento de hacer algo</i>, por ‘tener aire de’ o ‘trazas de’. No se -halla en los Diccionarios, y no era tampoco conocida de Luna que puso -«no tenía más talle de comer...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_178"><span class="label"><a -href="#FNanchor_178">[178]</a></span> La conjunción <i>ni</i> equivale -a veces a <i>y no</i>, aun cuando la proposición antecedente no lleve -negación. Si la lleva, este sentido es evidente; <i>No quiso ni querrá</i> -es lo mismo que <i>No quiso y no querrá</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_179"><span class="label"><a -href="#FNanchor_179">[179]</a></span> Alude al <i>arca</i> del clérigo de -Maqueda.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_180"><span class="label"><a -href="#FNanchor_180">[180]</a></span> «<i>Caer de su estado</i>, el que, -turbada la cabeza, cae en tierra amortecido» (Covarrubias). Hoy más -bien significa ‘venir a menos’ o ‘descaecer de su estado’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_181"><span class="label"><a -href="#FNanchor_181">[181]</a></span> Otras ediciones añaden <i>le -dije</i>; pero no es indispensable, pues se omitía a veces la frase -introductora del discurso directo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_182"><span class="label"><a -href="#FNanchor_182">[182]</a></span> Elipsis muy usual en vez de -«bendito sea Dios por ello».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_183"><span class="label"><a -href="#FNanchor_183">[183]</a></span> El demostrativo <i>deso</i>, regido -de <i>alabar</i>, anuncia toda la proposición <i>por de mejor garganta</i>. -La construcción es: «me podré alabar de esto: por ser de mejor -garganta».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_184"><span class="label"><a -href="#FNanchor_184">[184]</a></span> Nótese la descuidada -naturalidad de este giro, que Luna trocó impertinentemente así: -«tomóme el mejor pedazo de tres que tenía».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_185"><span class="label"><a -href="#FNanchor_185">[185]</a></span> Esta conjunción condicional -anunciando una interrogación era ya desusada en tiempo de Luna.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_186"><span class="label"><a -href="#FNanchor_186">[186]</a></span> <i>Fiero</i> tenía el significado -general de <i>grande</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_187"><span class="label"><a -href="#FNanchor_187">[187]</a></span> <i>Coxquear</i>, ‘cojear’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_188"><span class="label"><a -href="#FNanchor_188">[188]</a></span> <i>Comedirse</i>, «anticiparse a -hacer algún servicio sin que se lo adviertan o pidan» (Covarrubias), -usado aun hoy en Ecuador (Tobar) y Argentina (Segovia). El sentido de -‘anticiparse’ vese también en las págs. <a href="#Page_100">100</a> y -<a href="#Page_108">108</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_189"><span class="label"><a -href="#FNanchor_189">[189]</a></span> Luna veía, con razón, este -párrafo superabundante, y puso: «acabamos casi a una; sacudióse unas -migajas menudas que en los pechos se le habían quedado». En lo que -no estuvo acertado, fué en no hacer resaltar, como el texto, que las -migajas eran <i>pocas</i> y <i>muy menudas</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_190"><span class="label"><a -href="#FNanchor_190">[190]</a></span> <i>Parar</i> tenía en lo antiguo -casi todas las acepciones de <i>poner</i>: pararse en pie, pararse -delante, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_191"><span class="label"><a -href="#FNanchor_191">[191]</a></span> <i>Capear</i> es lo que hoy decimos -<i>atracar</i>; según Covarrubias: «Quitar por fuerza la capa al que topan -de noche en escampado; esto se hace dentro de los lugares y de noche; -y si les dan lugar, quitan con las capas los sayos, y siempre las -bolsas si traen algo en ellas.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_192"><span class="label"><a -href="#FNanchor_192">[192]</a></span> Hoy se diría <i>harémoslo</i> o <i>lo -haremos</i>. El futuro <i>haré</i>, <i>harás</i>, se compone de <i>hacer he</i>, <i>hacer -has</i>, pues el infinitivo se contraía antiguamente en <i>fer</i> o <i>her</i>, -<i>har</i>, y entre el infinitivo y el verbo auxiliar se podían colocar -los pronombres enclíticos, como aquí sucede.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_193"><span class="label"><a -href="#FNanchor_193">[193]</a></span> El correlativo propio de <i>tal</i> -es <i>cual</i>; pero también se usan <i>que</i> (amenazó hacer tal cosa <i>que</i> -sería muy sonada) y <i>como</i>, que emplearíamos hoy en el caso del -texto, a no ser cacofónico antes de <i>comer</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_194"><span class="label"><a -href="#FNanchor_194">[194]</a></span> Las <i>calzas</i> eran el abrigo de -las piernas, en lugar de nuestros pantalones, que por ser más anchos -que las antiguas calzas se llamaron <i>calzones</i>. «<i>Jubón</i>, vestido -justo y ceñido que se pone sobre la camisa y se ataca (o ata por -medio de agujetas) con las calzas» (Covarrubias).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_195"><span class="label"><a -href="#FNanchor_195">[195]</a></span> Otra vez J. de Luna borró este -<i>lo cual</i>, y puso <i>yo lo hice</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_196"><span class="label"><a -href="#FNanchor_196">[196]</a></span> Esto es: se encendían en ira -los huesos de Lázaro y reñían con el cañizo del lecho, por estar el -colchón tan falto de lana. «En toda la noche dejaron de rifar», giro -familiar que Luna corrigió añadiendo la negación omitida <i>no dejaron -de</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_197"><span class="label"><a -href="#FNanchor_197">[197]</a></span> «<i>Servir de pelillo</i>, -hacer servicios de poca importancia y de mucha curiosidad» -(Covarrubias).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_198"><span class="label"><a -href="#FNanchor_198">[198]</a></span> Espadero famoso que firma la -espada de Fernando el Católico, que se conserva en la Armería Real de -Madrid (<i>Antonius me fecit</i>), y la atribuída a Garcilaso de la Vega, -el de la hazaña del Ave María. V. <i>Catálogo de la Real Armería</i>, por -el <span class="smcap">C. de Valencia de D. Juan</span>, 1898, págs. -213 y 256.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_199"><span class="label"><a -href="#FNanchor_199">[199]</a></span> Varias veces se podrá observar -en este fragmento del Lazarillo la supresión de la preposición <i>a</i> -cuando le precede o sigue otra <i>a</i> final o inicial de palabra: «me -obligo con ella a cercenar».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_200"><span class="label"><a -href="#FNanchor_200">[200]</a></span> <i>So</i> era ya anticuado para -Luna, que puso <i>debajo</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_201"><span class="label"><a -href="#FNanchor_201">[201]</a></span> Luna decía, como nosotros, <i>en -el quicio</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_202"><span class="label"><a -href="#FNanchor_202">[202]</a></span> Las ediciones dicen <i>Conde -Alarcos</i> o <i>Conde de Arcos</i>, héroe de un romance en que para nada se -habla de lujo y galas. Hay que corregir <i>Conde Claros</i>, protagonista -de otro romance que cuenta los amores funestos del Conde con la -Infanta Claraniña, y describe largamente como el Conde se viste -ayudado por el <i>camarero</i> que recuerda Lazarillo:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Media noche era por filo,</p> -<p class="i0">los gallos querían cantar,</p> -<p class="i0">Conde Claros con amores</p> -<p class="i0">no podía reposar,</p> -<p class="i0">que amores de Claraniña</p> -<p class="i0">no le dejan sosegar.</p> -<p class="i0">Cuando vino la mañana,</p> -<p class="i0">que quería alborear,</p> -<p class="i0">salto diera de la cama,</p> -<p class="i0">que parece un gavilán;</p> -<p class="i0">voces da por el palacio</p> -<p class="i0">y empezara de llamar:</p> -<p class="i0">«levantá, mi <i>camarero</i>:</p> -<p class="i0">dáme vestir y calzar.»</p> -<p class="i0">Presto estaba el camarero</p> -<p class="i0">para habérselo de dar:</p> -<p class="i0">diérale calzas de grana,</p> -<p class="i0">borceguís de cordobán,</p> -<p class="i0">diérale jubón de seda</p> -<p class="i0">aforrado en zarzahán,</p> -<p class="i0">diérale un manto rico</p> -<p class="i0">que no se puede apreciar,</p> -<p class="i0">trescientas piedras preciosas</p> -<p class="i0">alrededor del collar;</p> -<p class="i0">tráele un rico caballo</p> -<p class="i0">que en la corte no hay su par,</p> -<p class="i0">que la silla con el freno</p> -<p class="i0">bien valía una ciudad,</p> -<p class="i0">con trescientos cascabeles</p> -<p class="i0">alrededor del petral,</p> -<p class="i0">los ciento eran de oro</p> -<p class="i0">y los ciento de metal</p> -<p class="i0">y los ciento son de plata</p> -<p class="i0">por los sones concordar.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_203"><span class="label"><a -href="#FNanchor_203">[203]</a></span> Debiera decir <i>cuente</i>, como -<i>piense</i>; pero cometióse esta incongruencia porque el <i>quien</i> -tiene aquí un sentido colectivo: <i>Todos los que le encuentren le -contaran</i>...</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_204"><span class="label"><a -href="#FNanchor_204">[204]</a></span> «<i>Sayo</i>, vestidura que recoge -y abriga el cuerpo, y sobre ella se pone la capa para salir de casa» -(Covarrubias).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_205"><span class="label"><a -href="#FNanchor_205">[205]</a></span> <i>Por la negra que llaman honra</i> -es una frase anticuada que corresponde a la que hoy se usa «por la -negra honrilla».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_206"><span class="label"><a -href="#FNanchor_206">[206]</a></span> Es decir, <i>y ver si -viniese</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_207"><span class="label"><a -href="#FNanchor_207">[207]</a></span> Otras ediciones ponen <i>y que no -venía</i>; pero la conjunción <i>que</i> se omite muchas veces aun hoy, y muy -bien se puede decir «desque vi no venía».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_208"><span class="label"><a -href="#FNanchor_208">[208]</a></span> <i>Ensilar</i> es propiamente -guardar el trigo en los silos o cuevas, y metafóricamente engullir o -comer mucho.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_209"><span class="label"><a -href="#FNanchor_209">[209]</a></span> <i>Do</i>, aquí ‘de donde’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_210"><span class="label"><a -href="#FNanchor_210">[210]</a></span> Véase línea 6, y <a -href="#Page_88">pág. 88</a>, <a href="#Footnote_168">nota 168</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_211"><span class="label"><a -href="#FNanchor_211">[211]</a></span> Está el personal neutro, con -valor de demostrativo, representando una proposición anterior, que es -<i>el pedir limosna</i>. Hoy diríamos <i>eso me parece bien</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_212"><span class="label"><a -href="#FNanchor_212">[212]</a></span> Hoy el genitivo partitivo -forzosamente ha de ir precedido de <i>uno</i>, <i>alguno</i>, <i>poco</i>, <i>mucho</i>, -<i>cual</i>, etc. Luna corrigió también el arcaísmo poniendo <i>una dellas</i>. -En un romance, dice Fernán González altaneramente al enviado del rey: -«villas y castillos tengo, todos a mi mandar son; <i>dellos</i> me dejó mi -padre, <i>dellos</i> me ganara yo; esto es, <i>algunos de ellos</i> los heredé, -<i>otros</i> me los gané yo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_213"><span class="label"><a -href="#FNanchor_213">[213]</a></span> Esto es, <i>a aquella</i>; véase -atrás <a href="#Page_95">pág. 95</a>, <a href="#Footnote_199">nota -199</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_214"><span class="label"><a -href="#FNanchor_214">[214]</a></span> Otro caso de omisión de la -conjunción <i>que</i>. (Sigue un juego de palabras en que <i>trabajo</i> se -toma en el doble sentido de necesidad o aflicción del cuerpo, o sea -hambre del amo, y de fruto del trabajo o mendicidad del criado: -«deseaba que aquel pecador socorriese su miseria con el miserable -fruto de mi trabajo».)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_215"><span class="label"><a -href="#FNanchor_215">[215]</a></span> «<i>Aparejo</i>, lo necesario para -hacer alguna cosa» (Covarrubias).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_216"><span class="label"><a -href="#FNanchor_216">[216]</a></span> Alusión al refrán <i>ayúdate y -ayudarte he</i> o <i>ayúdate y te ayudará Dios</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_217"><span class="label"><a -href="#FNanchor_217">[217]</a></span> En <i>lo había gana</i> se mezclan -dos construcciones antiguas: <i>había gana de ello</i> + <i>lo había en -gana</i>; en la primera se usa <i>haber</i> en el sentido de tener, y la -segunda es análoga a otras: <i>haber en voluntad</i>, <i>haber en deseo</i>. -Para Luna el giro era ya anticuado, y puso: «como aquel que tenía -buena gana».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_218"><span class="label"><a -href="#FNanchor_218">[218]</a></span> <i>Almodrote</i>, cierta salsa que -se hace en aceite con ajos, queso y otras cosas machacadas en el -mortero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_219"><span class="label"><a -href="#FNanchor_219">[219]</a></span> Alusión al hambre llamada -<i>salsa de San Bernardo</i>, y al refrán «No hay mejor salsa que el buen -apetito».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_220"><span class="label"><a -href="#FNanchor_220">[220]</a></span> Esto es, ‘paso compasado’; -hoy se dice «por sus pasos contados», con toda regularidad, orden y -lentitud.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_221"><span class="label"><a -href="#FNanchor_221">[221]</a></span> <i>Cabeza de lobo</i>, la ocasión -que uno toma para aprovecharse de ella más de lo razonable, como el -que mata un lobo y lleva la cabeza por los lugares de la comarca para -que todos le den algo en recompensa del bien que ha hecho en matar un -animal dañino. Así lo explica Covarrubias. Antes, en el Diccionario -de Alonso Sánchez de la Ballesta, Salamanca, 1587, hallamos: «<i>La -cabeza del lobo</i>; cuando buscamos algún artificio para sacar dineros, -le llamamos cabeza de lobo, porque los que la muestran sacan de -los lugares sus provechos por haber quitado la vida al enemigo del -ganado.» El Diccionario de la Academia, hasta su edición 14.ª, no -traía más que la frase, evidentemente corrompida, <i>ser cabeza de -bobo</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_222"><span class="label"><a -href="#FNanchor_222">[222]</a></span> <i>Pasar</i> significa tener lo -necesario para vivir. No hace falta para nada corregir, como hace -Luna, <i>con que él lo pasase bien</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_223"><span class="label"><a -href="#FNanchor_223">[223]</a></span> <i>Cornado</i>, una moneda que tenía -grabada una corona (<i>coronado</i>); la usaron los reyes desde Sancho -IV; era de muy baja ley la que mandó batir Alfonso XI en 1331, para -remediar la falta de dinero, por lo cual se siguió gran carestía. Por -desprecio se dice «no valer un cornado». No es conocida la frase <i>de -trueco</i>, que Luna desecha, escribiendo: «aunque no haya cornado ni -blanca»; claro es que <i>trueco</i> tiene aquí la acepción de ‘cambio’ de -la moneda.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_224"><span class="label"><a -href="#FNanchor_224">[224]</a></span> Véase <a href="#Page_109">pág. -109</a>, sobre cuánto regateaba un hidalgo el quitar su bonete para -saludar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_225"><span class="label"><a -href="#FNanchor_225">[225]</a></span> ‘Llevando esta vida’ o -‘haciendo tal vida’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_226"><span class="label"><a -href="#FNanchor_226">[226]</a></span> Lugar de Toledo, no lejos de la -Catedral, entre la calle de las Cordonerías, de la Chapinería, de la -Obra Prima y del Hombre de Palo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_227"><span class="label"><a -href="#FNanchor_227">[227]</a></span> <i>Lacería</i> vale trabajo, -miseria, y metafóricamente el sustento con que se pasa miserablemente -la vida.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_228"><span class="label"><a -href="#FNanchor_228">[228]</a></span> Se notará que Lázaro abusa un -poco de los juegos de palabras; aquí creo que quiere decir: ‘muy -pasado, enjuto o demacrado, como la fruta pasa, me pasaba la vida con -aquello’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_229"><span class="label"><a -href="#FNanchor_229">[229]</a></span> En vez de <i>los</i>, la edición de -Burgos pone <i>lo</i>, que pudiera ser un pleonasmo representando a la -frase siguiente: <i>sin comer</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_230"><span class="label"><a -href="#FNanchor_230">[230]</a></span> <i>Quebrar el ojo al diablo</i>, -hacer lo mejor, más justo y razonable, pues así se le disgusta -y da tormento; se usa, en general, <i>quebrar los ojos a uno</i> por -desplacerle o desagradarle.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_231"><span class="label"><a -href="#FNanchor_231">[231]</a></span> Este <i>le</i> se refiere a objeto -demasiado lejano, así que otras ediciones corrigieron: «en qué -emplearía mi real que fuese mejor...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_232"><span class="label"><a -href="#FNanchor_232">[232]</a></span> <i>Su</i> pleonástico precediendo al -genitivo posesivo, como hoy «su padre de usted».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_233"><span class="label"><a -href="#FNanchor_233">[233]</a></span> Este <i>me</i> es lo que se llama un -<i>dativo ético</i>, muy usado para indicar, por medio de un pronombre en -dativo, la persona que moralmente se interesa en la acción del verbo. -Es frecuente en griego y latín: «Depresso incipiat jam tum <i>mihi</i> -taurus aratro ingemere.» (<i>Georg.</i> I, 45.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_234"><span class="label"><a -href="#FNanchor_234">[234]</a></span> «Este modo de llorar los -muertos se usaba en toda España (dice Covarrubias, s. v. «endecha» -en 1610), porque iban las mujeres detrás del cuerpo del marido, -descabelladas, y las hijas tras el de sus padres, mesándose y dando -tantas voces, que en la iglesia no dejaban hacer el oficio a los -clérigos, y así se les mandó que no fuesen; pero hasta que sacan -el cuerpo a la calle están en casa lamentando, y se asoman a las -ventanas a dar gritos cuando le llevan, ya que no les dejan ir tras -él.» Hoy día todavía se hace cosa semejante en algunas aldeas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_235"><span class="label"><a -href="#FNanchor_235">[235]</a></span> Luna quitó el arcaísmo, -poniendo <i>con gran priesa</i>. Hoy se conserva el uso de <i>a</i> para -indicar el modo, en vez de <i>con</i> en la frase adverbial <i>aprisa</i>, que -está por <i>a prisa</i>. Compárese también <i>a voces</i>, <i>a empujones</i>, etc., -etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_236"><span class="label"><a -href="#FNanchor_236">[236]</a></span> Elipsis familiar: ‘ve por algo -de comer’, ‘por lo de comer’. Luna retocó: «ve a buscar de comer».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_237"><span class="label"><a -href="#FNanchor_237">[237]</a></span> Hoy, <i>hacienda</i>, significa, -comúnmente, finca rural o riquezas de otra clase; pero antes valía -también negocio en general.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_238"><span class="label"><a -href="#FNanchor_238">[238]</a></span> Giro ya desusado para Luna, -que corrigió «no más sino por no quitar el sombrero». Hoy diríamos: -«no más que por no quitar el sombrero». Los comparativos hoy se -construyen, ordinariamente, con <i>que</i>; pero también a veces con -<i>de</i>: «más grande <i>de</i> lo que parece»; y siempre que a <i>más</i> le -sigue un numeral cardinal, y no está en una frase negativa, es -obligatorio el <i>de</i>: «iban más <i>de</i> veinte hombres»; con negación, es -potestativo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_239"><span class="label"><a -href="#FNanchor_239">[239]</a></span> Nótese la vacilación leísta; -antes dijo <i>quitárselo</i> y <i>os lo quitaba</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_240"><span class="label"><a -href="#FNanchor_240">[240]</a></span> Esto es <i>en el día de hoy</i>. La -relación de tiempo se expresa muchas veces sin preposición, y aquí se -suprime para evitar la repetición: <i>en que en el día</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_241"><span class="label"><a -href="#FNanchor_241">[241]</a></span> <i>Hidalgo</i> era sinónimo de -<i>noble</i>, en general; pero más concretamente designaba el ínfimo grado -de nobleza; es decir, la persona de linaje noble que no tenía título -ninguno especial. Como dependían directamente del Rey, sus personas, -casas y heredades estaban exentas de la jurisdicción señorial; de ahí -el orgullo del pobre amo de Lázaro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_242"><span class="label"><a -href="#FNanchor_242">[242]</a></span> La fórmula <i>manténgaos Dios</i> -y <i>Dios mantenga</i>, es saludo rústico muy usado en nuestro teatro -antiguo. Fray Antonio de Guevara, en una de sus epístolas familiares, -fechada en Avila, 1533, dice: «Acá, en nuestra Castilla, es cosa de -espantar y aun para se reir las maneras y diversidades que tienen en -se saludar... Unos dicen <i>Dios mantenga</i>, otros dicen <i>manténgaos -Dios</i>, otros <i>en hora buena estéis</i>... Todas estas maneras de saludar -se usan solamente entre los aldeanos y plebeyos, y no entre los -cortesanos y hombres polidos; porque si, por malos de sus pecados, -dijese uno a otro en la Corte <i>Dios mantenga</i> o <i>Dios os guarde</i>, le -lastimarían en la honra y le darían una grita. El estilo de la Corte -es decirse unos a otros: <i>Beso las manos de vuestra merced</i>.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_243"><span class="label"><a -href="#FNanchor_243">[243]</a></span> Que me hartaba con tanto -«manténgaos Dios»; juego de palabras, basado en el sentido propio de -«mantenimiento», ‘alimento’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_244"><span class="label"><a -href="#FNanchor_244">[244]</a></span> La Academia sólo registra -el significado moderno de limitado, hombre de cortos alcances. -Covarrubias no conoce éste, y sólo nos da el que conviene a las -palabras del Lazarillo; «ser un hombre limitado, es ser corto y poco -liberal».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_245"><span class="label"><a -href="#FNanchor_245">[245]</a></span> <i>Todo el mundo</i>, aunque -gramaticalmente es singular, es por el sentido un plural.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_246"><span class="label"><a -href="#FNanchor_246">[246]</a></span> Las ediciones posteriores: -<i>servir a éstos</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_247"><span class="label"><a -href="#FNanchor_247">[247]</a></span> <i>Lo más más cierto</i>, -refuerzo del adverbio por repetición; como si dijera: «lo muy -más cierto» (comp. adelante <a href="#Page_239">pág. 239</a>, <a -href="#Footnote_491">n. 491</a>, <i>menos menos</i>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_248"><span class="label"><a -href="#FNanchor_248">[248]</a></span> <i>Ser librado</i>, recibir libranza -u orden de pago; <i>librar</i>, expedir la libranza el que debe una -cantidad. <i>Recámara</i>, el aposento que está más adentro de la cámara -donde duerme el señor, y donde el camarero le tiene sus vestidos y -joyas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_249"><span class="label"><a -href="#FNanchor_249">[249]</a></span> <i>Asienta hombre</i>, esto es, -«se asienta uno»; <i>hombre</i> era muy usado en sentido pronominal -indefinido, como el francés <i>on</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_250"><span class="label"><a -href="#FNanchor_250">[250]</a></span> Hoy <i>gran privado suyo</i>, como -ya modernizó Luna. Antiguamente el posesivo se podía colocar entre el -sustantivo y otro determinante; v. gr.: <i>un mi amigo</i> por <i>un amigo -mío</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_251"><span class="label"><a -href="#FNanchor_251">[251]</a></span> <i>Malsinar</i> es delatar, y -<i>malsín</i> el cizañero o delator. («El que de secreto avisa a la -justicia de algunos delitos con mala intención y por su propio -interés», Covarrubias.)</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_113">[p. 113]</span></p> - <h2 title="Don Diego Hurtado de Mendoza" - class="nobreak">DIEGO HURTADO DE MENDOZA<br /> - <small>(Hacia 1503-1575)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>El último tercio del siglo <small>XVI</small> (incluyendo los -primeros decenios del <small>XVII</small>) señala el punto más -alto de gloria a que llegó nunca la prosa castellana, tanto en -hermosura como en difusión por todo el mundo civilizado. Se presenta -originalísima y genial en dos géneros, por cierto bien opuestos: el -más sublime lenguaje místico, capaz de encerrar todos los secretos de -la filosofía del amor divino, y la más descarada lengua picaresca, -implacable en la pintura satírica de la numerosa casta de amigos de -la holganza y del hambre. Pero, además, el castellano aparece ya -diestro en tratar toda clase de asuntos científicos y artísticos, -y cumplidos los votos que en 1588 hacía el padre Malón de Chaide, -se encuentran ahora «todas las cosas curiosas y graves escritas en -nuestro vulgar, y la lengua española subida en su perfección, sin que -tenga envidia a alguna de las del mundo, y tan extendida cuanto lo -están las banderas de España, que llegan del uno al otro polo».</p> - -<p>El estilo medio de esta época es, por su buen gusto y -condiciones artísticas, muy superior al de todas las otras; en -el siglo <small>XVII</small> comenzará ya la decadencia con los -abusos increíbles del culteranismo y del conceptismo. Respecto al -vocabulario,<span class="pagenum" id="Page_114">[p. 114]</span> -en el siglo <small>XVI</small> hallamos el mayor uso literario de -voces castizas, o sea del fondo más antiguo de la lengua, y por lo -tanto más conformes con la índole y genio propio de la misma; luego -el caudal léxico se acrecentó tanto como se enturbió, en el siglo -<small>XVII</small> con multitud de neologismos y cultismos, y en el -<small>XVIII</small> con extranjerismos.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Dúdase de que don Diego Hurtado de Mendoza sea el autor de -la <i>Guerra de Granada</i>; pero las razones presentadas están -lejos de ser decisivas<a id="FNanchor_252" href="#Footnote_252" -class="fnanchor">[252]</a>, y por ahora podemos continuar -respetando la<span class="pagenum" id="Page_115">[p. 115]</span> -atribución tradicional de la obra, tanto más cuanto que el estilo -de ésta y el de la correspondencia diplomática de don Diego que se -conserva, ofrece notables puntos de semejanza<a id="FNanchor_253" -href="#Footnote_253" class="fnanchor">[253]</a>.</p> - -<p>Con la <i>Guerra de Granada</i>, la prosa histórica española deja -definitivamente de producir meras crónicas o sencillas relaciones -cronológicas, al uso de la Edad Media, para emplearse en narraciones -más artísticas al uso de la historia clásica, adornadas con -discursos, retratos, descripciones, episodios y digresiones sobre -antigüedades y usos. Mendoza tomó por modelos a Salustio y a Tácito, -y les imita en su estilo conciso y cortado, al cual da realce con -frecuentes sentencias y reflexiones morales.</p> - -<p>La concisión de Mendoza, como dice bien Capmany, es algunas -veces extremada, en lo que sin duda afectó el autor particular -estudio, de tal manera que deja a veces el sentido obscuro u -ambiguo. Este defecto nace principalmente de la construcción de -las frases; algunas parecen mutiladas,<span class="pagenum" -id="Page_116">[p. 116]</span> digámoslo así, y otras mal enlazadas, -por faltarles las voces copulativas que ligan los miembros del -período o señalan las secciones o tránsitos de uno a otro: modos de -hablar que sólo admite la lengua latina, muy opuestos a la índole y -claridad de la castellana<a id="FNanchor_254" href="#Footnote_254" -class="fnanchor">[254]</a>.</p> - -<p>Este defecto lo veremos colmado después con peor exceso por los -prosistas místicos.</p> - -<p>Alguno atribuyó también a la pluma de Mendoza el <i>Lazarillo de -Tormes</i>; pero hoy nadie sostiene tal atribución. Nada absolutamente -tienen de común la corriente y familiar manera de contar que se -observa en la novela, con la estudiada y llena de ambición literaria -que nos ofrece la <i>Guerra</i>.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_6_1"> - <h3 title="Prólogo de la Guerra de Granada">GUERRA DE GRANADA</h3> - <p class="centra mt2">PRÓLOGO</p> -</div> - -<p>Mi propósito es escribir la guerra que el Rey Católico de -España Don Felipe II, hijo del nunca vencido Emperador Don Carlos, -tuvo en el reino de Granada contra los rebeldes nuevamente -con<span class="pagenum" id="Page_117">[p. 117]</span>vertidos<a -id="FNanchor_255" href="#Footnote_255" class="fnanchor">[255]</a>, -parte de la cual yo vi<a id="FNanchor_256" href="#Footnote_256" -class="fnanchor">[256]</a> y parte entendí<a id="FNanchor_257" -href="#Footnote_257" class="fnanchor">[257]</a> de personas -que en ella pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que -muchas cosas de las que escribiere parecerán a algunos livianas -y menudas para historia, comparadas a las grandes que de España -se hallan escritas<a id="FNanchor_258" href="#Footnote_258" -class="fnanchor">[258]</a>: guerras largas de varios sucesos; tomas -y desolaciones de ciudades populosas; reyes vencidos y presos, -desposeídos, restituídos y otra vez desposeídos, muertos a hierro<a -id="FNanchor_259" href="#Footnote_259" class="fnanchor">[259]</a>; -discordias entre padres e hijos, hermanos y<span class="pagenum" -id="Page_118">[p. 118]</span> hermanos, suegros y yernos; -acabados linajes, mudadas sucesiones de reinos; libre y extendido -campo y ancha salida para los escritores. Yo escogí camino más -estrecho, trabajoso, estéril y sin gloria<a id="FNanchor_260" -href="#Footnote_260" class="fnanchor">[260]</a>, pero provechoso -y de fruto para los que adelante vinieren: comienzos bajos, -rebelión de salteadores, junta de esclavos, tumulto de villanos, -competencias, odios, ambiciones y pretensiones; dilación de -provisiones, falta de dinero, inconvenientes o no creídos, o -tenidos en poco, remisión y flojedad en ánimos acostumbrados -a entender, proveer y disimular mayores cosas; y así no será -cuidado perdido considerar de cuán livianos principios y causas -particulares se viene a colmo de grandes trabajos, dificultades -y daños públicos, y cuasi fuera de remedio; veráse una guerra al -parecer tenida en poco y liviana dentro en casa<a id="FNanchor_261" -href="#Footnote_261" class="fnanchor">[261]</a>, mas fuera -estimada y de gran coyuntura, que en cuanto duró tuvo atentos y -no sin esperanza los ánimos de príncipes amigos y enemigos, lejos -y cerca; primero encubierta y sobresanada<a id="FNanchor_262" -href="#Footnote_262" class="fnanchor">[262]</a>, y al fin<span -class="pagenum" id="Page_119">[p. 119]</span> descubierta, parte -con el miedo y la industria y parte criada con el arte y ambición; -la gente, que dije pocos a pocos junta, representada en forma de -ejércitos; necesitada España a mover sus fuerzas para atajar el -fuego; el rey salir de su reposo y acercarse a ella; encomendar la -empresa a Don Juan de Austria, su hermano, hijo del Emperador Don -Carlos, a quien la obligación de las victorias del padre moviese -a dar la cuenta de sí que nos muestra el suceso; en fin, pelearse -cada día con enemigos, frío, calor, hambre, falta de municiones, -de aparejos en todas partes, daños nuevos, muertes a la contínua: -hasta que vimos a los enemigos, nación belicosa, entera, armada y -confiada en el sitio, en<a id="FNanchor_263" href="#Footnote_263" -class="fnanchor">[263]</a> el favor de los berberíes y turcos<a -id="FNanchor_264" href="#Footnote_264" class="fnanchor">[264]</a>, -vencida, rendida, sacada de su tierra y desposeída de sus casas -y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños cautivados, -vendidos en almoneda o llevados a habitar a tierras lejos de la -suya: cautiverio y transmigración no menor que las que de otras -gentes se leen por las historias. Victoria dudosa y de sucesos -tan peligrosos, que alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros -o los enemigos los<a id="FNanchor_265" href="#Footnote_265" -class="fnanchor">[265]</a><span class="pagenum" id="Page_120">[p. -120]</span> a quien Dios quería castigar, hasta que el fin della -descubrió que nosotros éramos los amenazados y ellos los castigados. -Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre y lejos de todas las -cosas de odio o de amor<a id="FNanchor_266" href="#Footnote_266" -class="fnanchor">[266]</a> los que quisieren tomar ejemplo o -escarmiento, que esto sólo pretendo por remuneración de mi trabajo, -sin que de mi nombre quede otra memoria.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_6_2"> - <h3 title="El Fuerte de Calalui"><small>LIBRO IV, CAPÍTULO LXXIII, - DE LA GUERRA DE GRANADA</small></h3> - <p class="hang mt1">El Duque de Arcos, encargado por el Rey de las - operaciones militares en la sierra de Ronda, va a reconocer el - fuerte de Calalui, donde, en 1501, habían sufrido una gran derrota - los cristianos, en la que había muerto don Alonso de Aguilar, - hermano mayor del Gran Capitán. Mendoza, imitando a Tácito, hace - una sentida y patética descripción del lugar y del suceso.</p> -</div> - -<p>(El Duque) mandó apercibir la gente de la Andalucía y de los -señores de ella, de a pie y de a caballo, con vitualla para quince -días, que era lo que parecía que bastase para dar fin a esta -guerra. En el entretanto que la gente se juntaba, le vino voluntad -de ver y reconocer el fuerte de Calalui<a id="FNanchor_267" -href="#Footnote_267" class="fnanchor">[267]</a>, en Sierra Bermeja, -que los moros llaman Gebalhamar, adonde en tiempos pasados se -perdieron don Alonso<span class="pagenum" id="Page_121">[p. -121]</span> de Aguilar y el Conde de Ureña<a id="FNanchor_268" -href="#Footnote_268" class="fnanchor">[268]</a>: don Alonso -señalado capitán y ambos grandes príncipes entre los andaluces; -el de Ureña abuelo suyo<a id="FNanchor_269" href="#Footnote_269" -class="fnanchor">[269]</a> de parte de su madre, y don Alonso -bisabuelo de su mujer.</p> - -<p>Salió de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la -montaña, previsión necesaria por la poca seguridad en acontecimientos -de guerra y poca certeza de la fortuna. Comenzaron a subir la sierra, -donde se decía que los cuerpos habían quedado sin sepultura<a -id="FNanchor_270" href="#Footnote_270" class="fnanchor">[270]</a>; -triste y aborrecible vista y memoria. Había entre los que miraban -nietos y descendientes de los muertos o personas que por oídas -conocían ya los lugares desdichados. Lo primero dieron en la parte -donde paró la vanguardia con su capitán por la escuridad de la noche, -lugar harto extendido y sin más fortificación que la natural, entre -el pie de la montaña y el alojamiento de los moros. Blanqueaban -calaveras de hombres y huesos de caballos, amontonados, desparcidos, -según, cómo y dónde habían parado; pedazos de<span class="pagenum" -id="Page_122">[p. 122]</span> armas, frenos, despojos de jaeces<a -id="FNanchor_271" href="#Footnote_271" class="fnanchor">[271]</a>. -Vieron más adelante el fuerte de los enemigos, cuyas señales parecían -pocas y bajas y aportilladas<a id="FNanchor_272" href="#Footnote_272" -class="fnanchor">[272]</a>. Iban señalando los pláticos de la -tierra dónde habían caído oficiales, capitanes y gente particular<a -id="FNanchor_273" href="#Footnote_273" class="fnanchor">[273]</a>; -referían cómo y dónde se salvaron los que quedaron vivos, y entre -ellos el Conde de Ureña<a id="FNanchor_274" href="#Footnote_274" -class="fnanchor">[274]</a> y Don Pedro de Aguilar, hijo mayor de -Don Alonso; en<span class="pagenum" id="Page_123">[p. 123]</span> -qué lugar y dónde se retrajo Don Alonso y se defendía entre dos -peñas; la herida que el Ferí, cabeza de los moros, le dió primero -en la cabeza y después en el pecho, con que cayó; las palabras -que le dijo andando a brazos: <i>¡Yo soy Don Alonso!</i>; las que el -Ferí le respondió cuando le hería: <i>Tú eres Don Alonso, mas yo -soy el Ferí de Benestepar</i>, y que no fueron tan desdichadas las -heridas que dió Don Alonso como las que recibió<a id="FNanchor_275" -href="#Footnote_275" class="fnanchor">[275]</a>; dónde mataron -los capitanes rendidos, dónde tomaron los estandartes, dónde los -despedazaron y escarnecieron<a id="FNanchor_276" href="#Footnote_276" -class="fnanchor">[276]</a>; cómo lloraron a Don Alonso amigos -y enemigos. Mas en aquel punto renovaron los soldados el -sentimiento; gente desagradecida sino en las lágrimas. Mandó el -general hacer memoria<a id="FNanchor_277" href="#Footnote_277" -class="fnanchor">[277]</a> por los muertos, y rogaron los soldados -que estaban presentes que reposasen en paz, inciertos si rogaban por -deudos o por extraños, y esto les acrecentó la ira y el deseo de -hallar gente contra quien tomar venganza.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_124">[p. 124]</span></p> - -<p>Vista la importancia del lugar si los enemigos lo ocupasen, envió -dende a poco el Duque una bandera de infantería que entrase en el -fuerte y lo guardase. Vino en este tiempo resolución del Rey que -concedía a los moros cuasi todo lo que le pedían, que tocaba al -provecho dellos, y comenzaron algunos a reducirse...</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_252"><span class="label"><a -href="#FNanchor_252">[252]</a></span> Don Lucas de Torre en el -<i>Boletín de la Acad. de la Hist.</i>, LXIV, 1914, págs. 461 y sigs., ha -negado la atribución a Mendoza de la <i>Guerra de Granada</i>, sosteniendo -que ésta es una mera prosificación de los diez y ocho primeros cantos -de <i>La Austriada</i> de Juan Rufo, poema publicado en 1584. Ahora bien, -las relaciones entre ambas obras son precisamente las contrarias; -<i>La Austriada</i> es <i>La Guerra</i> puesta en verso, como puede verse, por -ejemplo, comparando el segundo fragmento que aquí publicamos de la -historia, con los versos correspondientes del poema: este se aparta -mucho más de la fuente de inspiración, Tácito, que <i>La Guerra</i>. Así -en <i>La Austriada</i>, XVII, 94, etc.:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Causaba horror, mancilla y desconsuelo</p> -<p class="i0">la vista aborrecible y lastimera</p> -<p class="i0">de huesos a que el hado y la ventura</p> -<p class="i0">negaron la funebre sepultura...</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">Más exacto es el «se decía...» etc., de <i>La -Guerra</i>.</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Víanse infinidad de calaveras</p> -<p class="i0">de hombres, y huesos grandes de caballos,</p> -<p class="i0">según y donde y como las guerreras</p> -<p class="i0">aventuras pudieron derriballos...</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">Más exacto es el «blanqueaban... amontonados, -desparcidos..., donde habían parado», de <i>La Guerra</i>.</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Referían algunos qué oficiales</p> -<p class="i0">y qué personas otras señaladas</p> -<p class="i0">en cada parte el alma habían rendido.</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1"><i>La Guerra</i>: «donde habían caído». La imitación de -Tácito se halla borrada ya en esta otra octava:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Mas el buen general, porque la historia</p> -<p class="i0">y pasos fuesen más bien empleados,</p> -<p class="i0">por los muertos mandó hacer memoria</p> -<p class="i0">sobre aquellos peñascos encumbrados;</p> -<p class="i0">de todo corazón piden victoria</p> -<p class="i0">con plegaria solene los soldados,</p> -<p class="i0">que el lamentable objeto y remembranza</p> -<p class="i0">les aumenta el deseo de venganza.</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">(Impreso lo anterior, hallo aprovechada la -comparación del segundo pasaje aquí citado de la <i>Austriada</i>, en un -importante artículo de <span class="smcap">R. Foulché-Delbosc</span>, -<i>L’autenticité de la Guerra de Granada</i>, Revue Hispanique, t. -<small>XXXV</small>, 1915, pág. 512.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_253"><span class="label"><a -href="#FNanchor_253">[253]</a></span> <span class="smcap">A. -Morel-Fatio</span>, <i>Quelques remarques sur «La Guerra de Grenade», -de don Diego Hurtado de Mendoza</i>, (en el Annuaire de l’École pratique -des Hautes Études 1914-1915), págs. 36-43 del extracto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_254"><span class="label"><a -href="#FNanchor_254">[254]</a></span> Morel-Fatio en el estudio -citado, insiste muy severamente en los defectos de Mendoza: -la pobreza del vocabulario, que trae abuso de ciertas voces y -repeticiones desairadas; asonancias y aliteraciones; imitación -a veces inhábil de Salustio y Tácito; frases mal construídas, o -dispuestas artificiosamente para dar a un pensamiento cualquiera -cierto aire de profundidad que le sienta mal. No se puede, sin -embargo, asentir a varias de las censuras hechas por el Sr. -Morel-Fatio a los pasajes que cita como ejemplo de los defectos -señalados.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_255"><span class="label"><a -href="#FNanchor_255">[255]</a></span> Poco después de la conquista de -Granada, a raíz de una insurrección de los moros, Cisneros logró que -se bautizaran de 50 a 70.000; otros muchos se desterraron al Africa. -(Año 1500.) Claro es que estas conversiones en masa fueron seguidas -de frecuentes apostasías y reconversiones.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_256"><span class="label"><a -href="#FNanchor_256">[256]</a></span> Mendoza, a causa de una -pendencia habida en el palacio real con don Diego de Leiva, fué -desterrado a Granada en 1569, cuando hacía ya cuatro meses que la -rebelión había comenzado. Allí pasó los seis últimos años de su vida. -Estaba ligado con parentesco a los principales actores de las cosas -de Granada: el padre de Mendoza, segundo Conde de Tendilla y primer -Marqués de Mondéjar, había sido gobernador de Granada en 1492, y su -hermano mayor don Luis lo era aún algunos años antes de la guerra; el -Marqués de Mondéjar, capitán general al comienzo de la campaña, era -sobrino del escritor.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_257"><span class="label"><a -href="#FNanchor_257">[257]</a></span> <i>Entender</i>, por oir o escuchar, -es bastante usado en nuestros clásicos; así como <i>exprimir</i> por -<i>expresar</i>, <i>sujeto</i> por <i>asunto</i>; voces que hoy serían tenidas por -galicismo imperdonable, no siéndolo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_258"><span class="label"><a -href="#FNanchor_258">[258]</a></span> No alude Mendoza a ser su obra -historia de un suceso particular, que otras muchas había ya de esta -índole (<span class="smcap">Avila y Zúñiga</span>, <i>Comentario de la -guerra de Alemania</i>; <span class="smcap">Pero Mejía</span>, <i>Relación -de las comunidades de Castilla</i>, etc.), sino a la pequeñez que se -podía achacar a la rebelión de los moriscos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_259"><span class="label"><a -href="#FNanchor_259">[259]</a></span> Hoy no es muy corriente el -uso de la preposición <i>a</i> para indicar el instrumento, aunque se -conservan las frases <i>a sangre y fuego</i>, <i>quien a hierro mata</i>, -etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_260"><span class="label"><a -href="#FNanchor_260">[260]</a></span> Tácito dice: «In arcto et -inglorius labor.» La enumeración que antecede también recuerda -algo el prólogo de las <i>Historias</i>, de Tácito: «Haustæ, aut obrutæ -urbes... corrupti in dominos servi, in patronos liberti; et quibus -deerat inimicus, per amicos oppressi.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_261"><span class="label"><a -href="#FNanchor_261">[261]</a></span> Mendoza explica en su historia -cómo el desamor al bien público y la mala administración prolongaron -excesivamente la guerra, juntamente con el egoísmo y pereza de los -que no querían acabarla pronto. <i>Dentro en</i>, arcaísmo por <i>dentro -de</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_262"><span class="label"><a -href="#FNanchor_262">[262]</a></span> <i>Sobresanar</i> «cerrar una herida -sólo por la superficie, quedando dañada la parte interior.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_263"><span class="label"><a -href="#FNanchor_263">[263]</a></span> Nótese la supresión de la -conjunción <i>y</i>. Aunque el estilo de Mendoza es cortado, más que -nada lo es por la afectada omisión de conjunciones y verbos; el -pensamiento, en cambio, permanece en suspenso a través de una porción -de frases seguidas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_264"><span class="label"><a -href="#FNanchor_264">[264]</a></span> Los rebeldes buscaron apoyo -en los moros de Africa y en el Sultán Selim II, quienes les -proporcionaron algunas armas y soldados.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_265"><span class="label"><a -href="#FNanchor_265">[265]</a></span> En la lengua corriente se -suprimiría <i>los</i>, o se haría resaltar más su fuerza demostrativa -sustituyéndolo por <i>aquellos</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_266"><span class="label"><a -href="#FNanchor_266">[266]</a></span> Esta protesta de sinceridad -recuerda la del comienzo de las <i>Historias</i>, de Tácito: «Sed -incorruptam fidem professis, nec amore quisquam et sine odio dicendus -est.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_267"><span class="label"><a -href="#FNanchor_267">[267]</a></span> El historiador Zurita le llama -<i>Calaluz</i>, nombre hoy desconocido.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_268"><span class="label"><a -href="#FNanchor_268">[268]</a></span> Aquí <i>se perdieron</i>, no quiere -decir ‘murieron’, según entienden muchos, sino ‘fueron desbaratados’; -pues el Conde de Ureña salvó la vida, como se verá.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_269"><span class="label"><a -href="#FNanchor_269">[269]</a></span> <i>Suyo</i>, es decir, del Duque de -Arcos. Debe evitarse la ambigüedad a que frecuentemente se presta el -uso del posesivo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_270"><span class="label"><a -href="#FNanchor_270">[270]</a></span> Toda esta descripción está -imitada de Tácito (Anales I, 61) cuando refiere cómo Germánico, en -tiempo de Tiberio, al ir a combatir con Ariminio, visitó el campo -de Teutoburgo (al Norte de Westfalia, entre el Ems y el Weser), -donde bajo el reinado de Augusto había sido derrotado y muerto Varo, -perdiéndose con él tres legiones. Mendoza imita frases y palabras de -Tácito: «In quo reliquiæ Vari, legionumque insepultæ dicebantur... -incedunt mœstos locos, visuque ac memoria deformes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_271"><span class="label"><a -href="#FNanchor_271">[271]</a></span> Tácito: «Medio campi albentia -ossa, ut fugerant, ut restiterant, disjecta vel aggerata; adiacebant -fragmina telorum, equorumque artus...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_272"><span class="label"><a -href="#FNanchor_272">[272]</a></span> <i>Señales aportilladas</i>, llenas -de <i>portillos</i>. Este es el nombre castizo, en vez de ‘brecha’, que es -palabra moderna y de origen extranjero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_273"><span class="label"><a -href="#FNanchor_273">[273]</a></span> Tácito: «Referebant hic -cecidisse legatos, illic raptas aquilas, primum ubi vulnus Varo -adactum, ubi infelici dextra et suo ictu mortem invenerit...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_274"><span class="label"><a -href="#FNanchor_274">[274]</a></span> El pueblo, a quien conmovió -profundamente la muerte de don Alonso de Aguilar, no perdonó al Conde -de Ureña el haberse salido con vida de la batalla de Sierra Bermeja, -lo cual dió ocasión «a los cantares y libertad española», según -frase del mismo Mendoza. Un cantarcillo preguntaba:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Decid, buen Conde de Ureña,</p> -<p class="i0">¿dónde don Alonso queda?</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">Hubo varios romances cantando el desastre. Uno, -muy famoso, empieza con este sentido lamento:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">¡Ríoverde, Ríoverde,</p> -<p class="i0">tinto vas en sangre viva!</p> -<p class="i0">Entre ti y Sierra Bermeja</p> -<p class="i0">murió gran caballería;</p> -<p class="i0">murieron duques y condes,</p> -<p class="i0">señores de gran valía...</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">El hijo de don Alonso, don Pedro, peleaba de -rodillas y mal herido al lado del héroe, quien le suplicaba le -abandonase para ir a consolar a su madre; pero hubiera perecido con -su padre si no le hubiese separado de allí don Francisco Alvarez de -Córdova.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_275"><span class="label"><a -href="#FNanchor_275">[275]</a></span> Don Alonso, al oir que luchaba -con el odiado y terrible Ferí, recogió sus últimas fuerzas para -herirle, pero le faltó aliento y fué rematado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_276"><span class="label"><a -href="#FNanchor_276">[276]</a></span> Tácito: «Utque signis et -aquilis per superbiam insulserit (Ariminius).»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_277"><span class="label"><a -href="#FNanchor_277">[277]</a></span> Los soldados de Germánico no -oran por sus compañeros, sino que entierran sus huesos juntamente -con los del enemigo: «Trium legionum ossa, nullo noscente -alienas reliquias an suorum humo tegeret, omnes, ut coniunctos, -ut consanguineos, aucta in hostem ira, moesti simul et infensi -condebant.» Mendoza no debió haber copiado estas hermosas palabras, -pues las oraciones de los españoles no beneficiaban igualmente a -amigos y enemigos.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_7"> - <p><span class="pagenum" id="Page_125">[p. 125]</span></p> - <h2 title="Fray Luis de Granada" - class="nobreak">FRAY LUIS DE GRANADA<br /> - <small>(1504-1588)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>El <i>Libro de la Oración y Meditación</i> se imprimió por primera -vez en 1567, y la <i>Introducción al Símbolo</i>, en 1582. El lenguaje -castellano había servido ya, no sólo para escribir libros de -entretenimiento, sino para tratar asuntos graves y doctrinales en -manos de Fray Antonio de <i>Guevara</i>, Juan de <i>Valdés</i>, Florián de -<i>Ocampo</i>, etc. Sin embargo, antes de Fray Luis de Granada, sólo el -beato <i>Juan de Avila</i> († 1569) había empleado el romance en -cuestiones de mística y teología de un modo genial, entre varios de -segundo orden.</p> - -<p>«El Venerable Ávila, dice Capmany, había creado, por decirlo -así, un lenguaje místico de robusto y subido estilo, y el Venerable -Granada lo hermoseó, lo retocó con lumbres y matices y le dió número, -fluidez y grandiosidad en las cláusulas.»</p> - -<p>Granada es el tipo acabado de la lengua oratoria del siglo -<small>XVI</small>; el espíritu popular de la predicación cristiana -aparece en él unido a las más altas cualidades artísticas de la -persuasión; por la amplitud del período recuerda a Cicerón, en quien -se inspiraba; alguno le llamó el <i>Cicerón de España</i>. Su principal -empeño en el terreno del arte parece haber sido enriquecer la -construcción sintáctica sacándola de la sencillez ordinaria de la -conversación a la complejidad y magnificencia del discurso<span -class="pagenum" id="Page_126">[p. 126]</span> elevado. En su obra -latina <i>Retórica eclesiástica</i>, código de sus principios artísticos, -se desentiende de la que allí se llama <i>composición sencilla o -simple</i>, diciendo que «no está sujeta a la ley de los números ni -tiene períodos <i>muy largos</i>, y della usamos nosotros <i>en el trato -familiar</i>»; en cambio, estudia con prolijidad la <i>composición doble</i> -que «usa de oraciones torcidas y <i>largas</i>»; a menudo deja traslucir -su predilección por las más complicadas construcciones, así que dice -de una de sus clases: «Cuanto más larga, tanto es más elegante, con -tal, empero, que guarde tasa en esta extensión.»</p> - -<p>Es preciso notar en su período largo que ni suele serlo en exceso, -como el de algunos oradores de hoy día, ni tiene ordinariamente -la redondez del silogismo, sino que fluye más bien por la simple -adición de miembros; y se muestra la inexperiencia del que por -primera vez intenta una reforma, en que esa adición está, las más -veces, hecha con conjunciones meramente copulativas, y sobre todo -por medio del relativo <i>el cual</i> (comp., <a href="#Page_89">página -89</a>, <a href="#Footnote_172">nota 172</a>), que aparece, no sólo -usurpando casi completamente el puesto de su sinónimo <i>que</i>, sino -que se usa mucho cuando para nada haría falta ligar dos miembros -con los lazos de relativo y antecedente, y sería menos pesado, por -ejemplo, enlazarlos por la simple copulativa y un demostrativo: -<i>Los santos mártires, siendo vencidos y muertos, vencieron y -triunfaron del mundo; lo cual muestra</i> (y esto muéstralo) <i>una -carta del Emperador Maximino, el cual</i> (quien) <i>después de haber -intentado</i>, etc. (Símbolo II.º, 13.º, § 3). <i>Esto nos declaran -los cuatro postreros capítulos del libro de Job, en los cuales</i> -(donde) <i>hablando Dios con este santo, le da conocimiento de su -omnipotencia...; para lo cual</i> (para ello) <i>comenzando por las partes -mayores del universo... discurre luego por todas las otras<span -class="pagenum" id="Page_127">[p. 127]</span> menores...; después de -lo cual</i> (y después) <i>desciende a tratar de los animales</i> (Símbolo -I.º, 1.º).</p> - -<p>En los trozos que siguen se pueden ver muestras de los principales -aspectos del estilo de Fray Luis: el tono grandilocuente e inflamado -de la Meditación sobre el Juicio final; el tono retórico y declamador -empleado en la consideración del Descendimiento, que no parece que la -escribió, sino que la habla desde el púlpito, y la placidez risueña y -candorosa con que se deleita en la pintura de animales y plantas en -la primera parte del <i>Símbolo de la Fe</i>.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_7_1"> - <h3 title="Meditación del Juicio final">LIBRO DE LA ORACIÓN Y MEDITACIÓN</h3> - <p class="hang mt2">La meditación para el jueves en la noche es sobre - el Juicio final.—Señales que le precederán; confusión del pecador - ante el Juez.</p> -</div> - -<p>Así estará el aire lleno de relámpagos y torbellinos, y -cometas encendidos. La tierra estará llena de aberturas y temblores -espantosos, los cuales se cree que serán tan grandes, que bastarán -para derribar, no sólo las casas fuertes y las torres soberbias, -más aun hasta los montes y peñas arrancarán y trasformarán de sus -lugares. Mas la mar sobre todos los elementos se embravescerá, y -serán tan altas sus olas y tan furiosas, que parecerá que han de -cubrir toda la tierra. A los vecinos espantará con sus crescientes, -y a los distantes con sus bramidos, los cuales serán tales que de -muchas leguas se oirán.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_128">[p. 128]</span></p> - -<p>¿Cuáles andarán entonces los hombres<a id="FNanchor_278" -href="#Footnote_278" class="fnanchor">[278]</a>, cuán atónitos, cuán -confusos, cuán perdido el sentido, la habla<a id="FNanchor_279" -href="#Footnote_279" class="fnanchor">[279]</a> y el gusto de -todas las cosas? Dice el Salvador que se verán entonces las gentes -en grande aprieto y que andarán los hombres secos y ahilados<a -id="FNanchor_280" href="#Footnote_280" class="fnanchor">[280]</a> de -muerte, por el temor grande de las cosas que han de sobrevenir al -mundo. ¿Qué es esto (dirán), qué significan estos pronósticos, en -qué ha de venir a parar esta preñez del mundo, en qué han de parar -estos tan grandes remolinos y mudanzas de todas las cosas? Pues así -andarán los hombres espantados y desmayados, caídas las alas del -corazón y los brazos, mirándose los unos a los<span class="pagenum" -id="Page_129">[p. 129]</span> otros; y espantarse han tanto de verse -tan desfigurados, que esto sólo bastaría para hacerlos desmayar, -aunque no hubiese más que temer. Cesarán todos los oficios y -granjerías, y con ellos el estudio y la cobdicia de adquirir; porque -la grandeza del temor traerá tan ocupados sus corazones, que no sólo -se olvidarán destas cosas, sino también del comer y del beber, y de -todo lo necesario para la vida. Todo el cuidado será andar a buscar -lugares seguros para defenderse de los temblores de la tierra, y de -las tempestades del aire, y de las crescientes de la mar. Y así los -hombres se irán a meter en las cuevas de las fieras, y las fieras se -vendrán a guarecer en las casas de los hombres, y así todas las cosas -andarán revueltas y llenas de confusión. Afligirlos han los males -presentes, y mucho más el temor de los venideros; porque no sabrán en -qué fines hayan de parar tan dolorosos principios. Faltan palabras -para encarescer este negocio, y todo lo que se dice es menos de lo -que será. Vemos agora que cuando en la mar se levanta alguna brava -tormenta, o cuando en la tierra sobreviene algún grande torbellino o -terremoto, cuáles andan los hombres, cuán medrosos y cuán cortados, y -cuán pobres de esfuerzo y de consejo; pues cuando entonces el cielo, -y la tierra, y la mar, y el aire del mundo haya su propia tormenta; -cuando el sol amenace con luto, y la luna con sangre, y las estrellas -con sus caídas, ¿quién comerá, quién dormirá, quién tendrá un solo -punto de reposo en medio de tantas tormentas?...</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_130">[p. 130]</span></p> - -<p>El Señor vendrá como una tempestad y torbellino arrebatado<a -id="FNanchor_281" href="#Footnote_281" class="fnanchor">[281]</a>; -y sus pies levantarán una grande polvareda delante de sí. Indignóse -contra la mar, y secóse, y todos los ríos de la tierra se agotaron. -El monte Basán y Carmelo se marchitaron, y la flor del Líbano se -cayó. Los montes se estremecieron delante dél, y los collados -quedaron asolados...</p> - -<p>Luego comenzará a celebrarse el juicio, y tratarse de las causas -de cada uno, según lo escribe el profeta Daniel por estas palabras: -Estaba yo (dice él) atento, y vi poner unas sillas en sus lugares, y -un anciano de días se asentó en una dellas; el cual estaba vestido -de una vestidura blanca como la nieve, y sus cabellos eran también -blancos, así como una lana limpia. El trono en que estaba asentado -eran llamas de fuego, y las ruedas dél como fuego encendido, y un río -de fuego muy arrebatado salía de la cara dél. Millares de millares -entendían en servirle, y diez veces cien mil millares asistían -delante dél. Miraba yo todo esto en aquella visión de la noche, y vi -venir en las nubes uno que parescía hijo de hombre. Hasta aquí son -palabras de Daniel; a las cuales añade Sant Joan, y dice: Y vi todos -los muertos, así grandes como pequeños, estar delante deste trono y -fueron abiertos allí los libros; y otro libro se abrió, que es el -libro de la vida; y fueron juzgados los muer<span class="pagenum" -id="Page_131">[p. 131]</span>tos según lo contenido en aquellos -libros, y según sus obras. Cata aquí, hermano, el arancel por donde -has de ser juzgado; cata aquí las tasas y precios<a id="FNanchor_282" -href="#Footnote_282" class="fnanchor">[282]</a> por donde se ha de -apreciar todo lo que heciste; y no por el juicio loco del mundo, que -tiene el peso falso de Canaan en la mano, donde tan poco pesan la -virtud y el vicio. En estos libros se escribe toda nuestra vida con -tanto recaudo, que aun no has echado la palabra por la boca, cuando -ya está apuntada y asentada en su registro...</p> - -<p>Pues qué sentirá entonces cada uno de los malos, cuando entre -Dios con él en este examen, y allá dentro de su consciencia le diga -así: Ven acá, hombre malaventurado, ¿qué viste en mí, porque<a -id="FNanchor_283" href="#Footnote_283" class="fnanchor">[283]</a> -así me despreciaste, y te pasaste al bando de mi enemigo? Yo te -levanté del polvo de la tierra, y te crié a mi imagen y semejanza, -y te di virtud y socorro con que pudieses alcanzar mi gloria. Mas -tú,<span class="pagenum" id="Page_132">[p. 132]</span> menospreciando -los beneficios y mandamientos de vida que yo te di, quisiste más -seguir la mentira del engañador, que el consejo saludable de tu -Señor. Para librarte desta caída descendí del cielo a la tierra, -donde padescí los mayores tormentos y deshonras que jamás se -padescieron. Por ti ayuné, caminé, velé, trabajé y sudé gotas de -sangre. Por ti sufrí persecuciones, azotes, blasfemias, escarnios, -bofetadas, deshonras, tormentos y cruz. Por ti, finalmente, -nascí en mucha pobreza, viví con muchos trabajos, y morí con -gran dolor. Testigos son esta cruz y clavos que aquí parescen, -testigos estas llagas de pies y manos que en mi cuerpo quedaron; -testigos el cielo y la tierra delante de quien padescí, y testigos -el sol y la luna que en aquella hora se eclipsaron. Pues ¿qué -heciste desa ánima tuya, que yo con mi sangre hice mía? ¿En cúyo<a -id="FNanchor_284" href="#Footnote_284" class="fnanchor">[284]</a> -servicio empleaste lo que yo compré tan caramente? ¡Oh generación -loca y adúltera! ¿Por qué quisiste más servir a ese enemigo tuyo -con trabajo, que a mí, tu Criador y Redemptor, con alegría? -Espantáos, cielos, sobre este caso, y vuestras puertas se cayan<a -id="FNanchor_285" href="#Footnote_285" class="fnanchor">[285]</a> de -espanto, porque dos males ha hecho mi pueblo: a mí desampara<span -class="pagenum" id="Page_133">[p. 133]</span>ron<a id="FNanchor_286" -href="#Footnote_286" class="fnanchor">[286]</a>, que soy fuente de -agua viva, y desamparáronme por otro Barrabás. Llaméos tantas veces, -y no me respondísteis; toqué a vuestras puertas, y no despertastes; -extendí mis manos en la Cruz, y no las mirastes; menospreciastes mis -consejos, y todas mis promesas y amenazas. Pues decid agora vosotros, -ángeles; juzgad vosotros, jueces entre mí y mi viña: ¿qué más debí yo -hacer por ella de lo que hice?</p> - -<p>Pues ¿qué responderán aquí los malos, los burladores de las cosas -divinas, los mofadores de la virtud, los menospreciadores de la -simplicidad?...</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_7_2"> - <h3 title="Descendimiento de Cristo" - class="hang">Meditación para el sábado por la mañana. Descendimiento - de Cristo y llanto de la Virgen.</h3> -</div> - -<p>Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos, ¿qué lengua podrá -explicar lo que sintió? ¡Oh ángeles de paz, llorad con esta sagrada -Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo; y todas las -criaturas del mundo acompañad el llanto de María! Abrázase la madre -con el cuerpo despedazado; apriétalo fuertemente en sus pechos (para -esto<span class="pagenum" id="Page_134">[p. 134]</span> sólo le -quedaban fuerzas), mete su cara entre las espinas de la sagrada -cabeza, júntase rostro con rostro; tíñese la cara de la Madre con la -sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas de la Madre. -¡Oh dulce Madre! ¿es ese por ventura vuestro dulcísimo Hijo? ¿Es ese -el que concebistes con tanta gloria y paristes con tanta alegría? -Pues ¿qué se hicieron vuestros gozos pasados? ¿Dónde se fueron -vuestras alegrías antiguas?<a id="FNanchor_287" href="#Footnote_287" -class="fnanchor">[287]</a> ¿Dónde está aquel espejo de hermosura en -quien vos os mirábades?<a id="FNanchor_288" href="#Footnote_288" -class="fnanchor">[288]</a> Ya no os aprovecha mirarle a la cara; -porque sus ojos han perdido la luz. Ya no os aprovecha darle -voces y hablarle; porque sus orejas han perdido el oir. Ya no se -menea la lengua que hablaba las maravillas del cielo. Ya están -quebrados los ojos que con su vista alegraban al mundo. ¿Cómo no -habláis agora, Reina del cielo? ¿Cómo han atado los dolores vuestra -lengua? La lengua estaba enmudecida; mas el corazón allá dentro -hablaría con entrañable dolor al Hijo dul<span class="pagenum" -id="Page_135">[p. 135]</span>císimo, y le diría: ¡Oh vida muerta! -¡Oh lumbre escurescida! ¡Oh hermosura afeada! ¿Y qué manos han sido -aquellas que tal han parado<a id="FNanchor_289" href="#Footnote_289" -class="fnanchor">[289]</a> vuestra divina figura? ¿Qué corona es -ésta que mis manos hallan en vuestra cabeza? ¿Qué herida es ésta -que veo en vuestro costado? ¡Oh summo Sacerdote del mundo! ¿qué -insignias son éstas que mis ojos ven en vuestro cuerpo? ¿Quién ha -manchado el espejo y hermosura del cielo? ¿Quién ha desfigurado la -cara de todas las gracias? ¿Estos son aquellos ojos que oscurescían -al sol con su hermosura? ¿Estas son las manos que resuscitaban a -los muertos a quien tocaban? ¿Esta es la boca por do salían los -cuatro ríos del paraíso?<a id="FNanchor_290" href="#Footnote_290" -class="fnanchor">[290]</a> ¿Tanto han podido las manos de los -hombres contra Dios? Hijo mío, y sangre mía, ¿de dónde se levantó a -deshora esta fuerte tempestad? ¿Qué ola ha sido ésta que así te me<a -id="FNanchor_291" href="#Footnote_291" class="fnanchor">[291]</a> -ha llevado? Hijo mío, ¿qué haré sin ti? ¿A dónde iré? ¿Quién me -remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían a rogarte -por sus hijos, y por sus hermanos defunctos; y tú con tu infinita -virtud y clemencia los consolabas y socorrías; mas yo que veo muerto -a mi hijo y mi padre, y mi hermano y mi Señor<a id="FNanchor_292" -href="#Footnote_292" class="fnanchor">[292]</a>, ¿a quién rogaré -por él? ¿Quién<span class="pagenum" id="Page_136">[p. 136]</span> -me consolará? ¿Dónde está el buen Jesu Nazareno, Hijo de Dios vivo, -que consuela a los vivos, y da vida a los muertos? ¿Dónde está aquel -grande Profeta poderoso en obras y palabras?</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_7_3"> - <h3 title="Descripción de la granada">INTRODUCCIÓN AL SÍMBOLO DE LA FE</h3> - <p class="centra mt2">PARTE PRIMERA</p> - <p class="centra mt1">Admirable providencia para la conservación de las frutas. - La granada.</p> -</div> - -<p>Pues la hermosura de algunos árboles cuando están muy cargados de -fruta ya madura, ¿quién no la ve? ¿Qué cosa tan alegre a la vista, -como un manzano o camueso, cargadas las ramas a todas partes<a -id="FNanchor_293" href="#Footnote_293" class="fnanchor">[293]</a> -de manzanas, pintadas con tan diversos colores, y echando de sí un -tan suave olor? ¿Qué es ver un parral, y ver entre las hojas verdes -estar colgados tantos y tan grandes y tan hermosos racimos de uvas -de diversas castas y colores? ¿Qué son estos, sino unos como<a -id="FNanchor_294" href="#Footnote_294" class="fnanchor">[294]</a> -hermosos joyeles, qué penden deste árbol? Pues el artificio de -una her<span class="pagenum" id="Page_137">[p. 137]</span>mosa -granada ¡cuánto nos declara la hermosura y artificio del Criador!<a -id="FNanchor_295" href="#Footnote_295" class="fnanchor">[295]</a> El -cual por ser tan artificioso no puedo dejar de representar en este -lugar. Pues primeramente Él la vistió por de fuera con una ropa hecha -a su medida, que la cerca toda, y la defiende de la destemplanza -de los soles y aires; la cual por de fuera es algo tiesa y dura, -mas por dentro más blanda, porque no exaspere<a id="FNanchor_296" -href="#Footnote_296" class="fnanchor">[296]</a> el fructo que en ella -se encierra que es muy tierno; mas dentro della están repartidos y -asentados los granos por tal orden, que ningún lugar, por pequeño que -sea, queda desocupado y vacío. Está toda ella repartida en diversos -cascos, y entre casco y casco se extiende una tela más delicada que -un cendal, la cual los divide entre sí; porque como estos granos -sean tan tiernos, consérvanse mejor divididos con esta tela, que si -todos estuvieran juntos. Y allende desto, si uno destos cascos se -pudre, esta tela defiende a su vecino, para que no le alcance<span -class="pagenum" id="Page_138">[p. 138]</span> parte de su daño... -Cada uno destos granos tiene dentro de sí un hosecico blanco, para -que así se sustente mejor lo blando sobre lo duro, y al pie tiene -un pezoncico tan delgado como un hilo, por el cual sube la virtud -y jugo, dende lo bajo de la raíz hasta lo alto del grano; porque -por este pezoncico se ceba él, y cresce, y se mantiene, así como el -niño en las entrañas de la madre por el ombliguillo. Y todos estos -granos están asentados en una cama blanda, hecha de la misma materia -de que es lo interior de la bolsa que viste toda la granada. Y para -que nada faltase a la gracia desta fruta, remátase toda ella en lo -alto con una corona real, de donde paresce que los reyes tomaron -la forma de la suya. En lo cual paresce haber querido el Criador -mostrar que era ésta reina<a id="FNanchor_297" href="#Footnote_297" -class="fnanchor">[297]</a> de las frutas. A lo menos en el color -de sus granos tan vivo como el de unos corales, y en el sabor y -sanidad desta fruta ninguna le hace ventaja. Porque ella es alegre -a la vista, dulce al paladar, sabrosa a los sanos, y saludable a -los enfermos, y de cualidad que todo el año<a id="FNanchor_298" -href="#Footnote_298" class="fnanchor">[298]</a> se puede guardar. -Pues ¿por qué los hombres que son tan agudos en filosofar en las -cosas humanas, no lo serán en filosofar en el artificio desta -fruta, y reconoscer por él la sabiduría y providencia del que de un -poco<span class="pagenum" id="Page_139">[p. 139]</span> de humor -de la tierra y agua cría una cosa tan provechosa y hermosa? Mejor -entendía esto la Esposa en sus cantares, en los cuales convida al -esposo al zumo de sus granadas, y le pide que se vaya con ella al -campo para ver si han florescido las viñas y ellas.</p> - -<div class="apartado" id="Ch_7_4"> - <h3 title="Pintura del pavo real"><small>PRIMERA PARTE</small></h3> - <p class="centra mt1 g1">Pintura del pavo real.</p> -</div> - -<p>Entre estos animales el que más claro parece que conoce su -hermosura es el pavón, pues vemos que él mismo hace alarde de sus -hermosas plumas, con aquella rueda tan vistosa, que por muchas veces -que la veamos, siempre holgamos de verla y de sentir la ufanía -con que él extiende aquellas plumas, preciándose de su gentileza -y haciendo esta demostración della. La cual hace las más veces<a -id="FNanchor_299" href="#Footnote_299" class="fnanchor">[299]</a> -cuando tiene la hembra presente, para aficionarla más con esto. Y -cuando quiere ya deshacer la rueda, hace un grande estruendo con -las alas para mostrar juntamente valentía con la hermosura. En lo -cual todo vemos una imitación de las cosas que se pasan en la vida -humana...</p> - -<p>Y tratando primero del fin que tuvo el que la crió, parece que -así como en la fábrica de aquellos animalillos pequeñitos nos quiso -mostrar la<span class="pagenum" id="Page_140">[p. 140]</span> -subtileza y grandeza de su poder y sabiduría (la cual en tan -pequeña materia pudo formar tantas cosas), así en la hermosura -desta ave nos quiso dar una pequeña muestra o sombra de su infinita -hermosura. La razón<a id="FNanchor_300" href="#Footnote_300" -class="fnanchor">[300]</a> que a esto me mueve es ver que este -plumaje tan grande (que es de vara y media de largo) no sirve ni para -cubrir el cuerpo desta ave (pues excede tanto la medida dél), ni -tampoco ayuda para volar, porque antes impide con su demasiada carga; -y pues habemos de señalar en esta obra algún fin, no veo otro sino el -que está dicho...</p> - -<p>Y dejando aquellos ramales<a id="FNanchor_301" -href="#Footnote_301" class="fnanchor">[301]</a> o cabellos que van -acompañando el asta de las plumas de la cola hasta el cabo dellas -(que son todos harpados y de hermosos colores), vengamos a aquel -ojo que está al cabo dellas, formado con tanta variedad de colores, -y éstos tan finos y tan vistosos, que ningún linaje de las tintas -que han inventado los hombres podrá igualar con el lustre y fineza -destos. Porque en medio deste ojo está una figura oval de un verde -clarísimo, y dentro dél está otra cuasi de la misma figura y de un -color morado finísimo, y éstas están cercadas de otros círculos -hermosísi<span class="pagenum" id="Page_141">[p. 141]</span>mos<a -id="FNanchor_302" href="#Footnote_302" class="fnanchor">[302]</a>, -que tienen gran semejanza con los colores y figuras del arco que -se hace en las nubes del cielo; a los cuales sucede en torno la -cabellera, hermosa también, de diversos colores, en que se remata la -pluma. Y en este ojo o círculo que decimos, hay otra cosa no menos -admirable, y es que los cabellos o ramales de que esta figura se -compone están tan pegados unos con otros, y tan parejos y iguales -en su composición, que no parece que aquella figura es compuesta de -diversos hilos, sino que es como un pedazo de seda continuada que -allí está.</p> - -<p>Pues ¿qué diré de la hermosura del cuello que sube del pecho hasta -la cabeza, y de aquel color verde que sobrepuja la fineza de toda la -verdura del mundo? Y lo que pone más admiración es que todas aquellas -plumillas que visten este cuello son tan parejas y tan iguales entre -sí, que ni una sola se desordena en ser mayor o menor que otra. De -donde resulta parecer más aquella verdura una pieza de seda verde, -como dijimos, que cosa compuesta de todas estas plumillas. No faltaba -aquí sino una corona real para la cabeza desta ave; mas en lugar -della tiene aquellas tres plumillas que ha<span class="pagenum" -id="Page_142">[p. 142]</span>cen como diadema, y son el remate de -la hermosura desta ave<a id="FNanchor_303" href="#Footnote_303" -class="fnanchor">[303]</a>. Y como tengan estas tres plumicas tanta -gracia, y no sirvan más que para su hermosura, vese claro que de -propósito se puso el Criador a pintar esta ave tan hermosa. Lo que -aquí se ha dicho, entenderá mejor quien pusiere los ojos en una pluma -destas, porque más sirve para esto la vista que las palabras. Y no se -debe echar en olvido que la hermosura y colores de todo este plumaje -no es como la de las flores<a id="FNanchor_304" href="#Footnote_304" -class="fnanchor">[304]</a>, que en breve se marchita, sino es -perpetua y estable, y por eso sirve para otras cosas que se hacen -dellas.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_278"><span class="label"><a -href="#FNanchor_278">[278]</a></span> En esta interrogación, <i>cuál</i> -tiene el valor de ‘qué tal’, y <i>cuán</i> seguido de adjetivo, el valor -de ‘lo... que’; <i>cuán atónitos</i> = ‘lo atónitos que andarán’. La frase -<i>perdido el sentido</i>, es decir, un participio con su complemento, -hace las veces de uno de tantos adjetivos de esta enumeración.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_279"><span class="label"><a -href="#FNanchor_279">[279]</a></span> Granada dice <i>la habla</i>, porque -en su tiempo la <i>h</i> era aspirada e impedía el encuentro de las dos -<i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_280"><span class="label"><a -href="#FNanchor_280">[280]</a></span> <i>Ahilado</i>, ‘extenuado o -desfallecido’. «Arescentibus hominibus prae timore et expectatione, -quæ supervenient universo orbi». (Luc. XXI, 26.) Muéstrase la -abundancia de la frase de Granada en estas amplificaciones de los -textos bíblicos que traduce, como la exuberancia de su imaginación -en los extensos comentarios que le inspiran. Todo este brillante -párrafo no es más que un desarrollo del versículo de San Lucas -transcrito; Granada recomienda el uso de esta exornación amplia: -«para que mirando el predicador agudamente la fuerza y, por decirlo -así, la fecundidad de las sentencias, las sepa sacar y desenvolver -con palabras; porque hay algunos tan estériles y ayunos, a quienes -los retóricos llaman áridos, que dicen las cosas no con estilo -oratorio sino dialéctico, usando de palabras llanas sin amplificación -alguna; lo cual es más proporcionado para las escuelas y ejercicio de -la disputa, que para la predicación». (<i>Retórica eclesiástica</i>, II, -10.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_281"><span class="label"><a -href="#FNanchor_281">[281]</a></span> Todo este párrafo es traducción -de Nahum I, 3-6: «Dominus in tempestate et turbine viæ eius, et -nebulæ pulvis pedum eius...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_282"><span class="label"><a -href="#FNanchor_282">[282]</a></span> Nótese cómo Granada no se -arredra ante la expresión trivial, como sea precisa; el empleo de -estas palabras, de uso tan meramente oficinesco, pero tan concretas -y apropiadas, no daña en nada a la dignidad de la expresión. Es un -vicio del estilo buscar una falsa nobleza en el uso casi exclusivo -de voces lo más abstractas y cultas posibles, en vez de tender, por -el contrario, a las más precisas y concretas, que siempre son más -expresivas y, como tal, logran efecto más artístico.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_283"><span class="label"><a -href="#FNanchor_283">[283]</a></span> <i>Porque</i> y <i>pues que</i>, son -conjunciones causales de uso bien distinto hoy. Sin embargo, Granada -usa <i>porque</i> en el sentido de ‘ya que, supuesto que’. Admira la -sencillez del tono general en este largo apóstrofe unida a tanta -grandeza y tan conmovedora vehemencia; todo él está inspirado en -Jeremías, II, 5 a 13; Isaías, V, 3 y 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_284"><span class="label"><a -href="#FNanchor_284">[284]</a></span> Hoy el posesivo <i>cuyo</i> hecho -interrogativo se usa solamente como predicado del verbo <i>ser</i>, y esto -en lenguaje poético (<i>¿cúyo es el ganado?</i>). Es lastimoso el desuso -en que va cayendo este cómodo relativo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_285"><span class="label"><a -href="#FNanchor_285">[285]</a></span> <i>Caer</i>, hacía <i>caya</i> y <i>traer</i>, -<i>traya</i>, como hoy <i>haber</i> hace <i>haya</i>. Luego, a semejanza de <i>venga</i>, -<i>ponga</i>, etc., se dijo <i>caiga</i>, <i>traiga</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_286"><span class="label"><a -href="#FNanchor_286">[286]</a></span> Hoy es necesario el uso -enclítico o afijo del dativo o acusativo del pronombre: <i>me -desampararon</i>; y cuando, como aquí sucede, es preciso dar énfasis -al pronombre, se repite pleonásticamente con preposición: <i>Me -desampararon a mí</i>. El lenguaje viejo decía <i>a mí parece, a él -ofreció</i>, como modernamente se conserva el arcaísmo en algún caso <i>a -vos atañe, a ellos interesa</i>. Granada usa bastante del solo pronombre -con preposición, y ahora calcó el texto latino: «Duo enim mala fecit -populus meus: <b>Me</b> derelinquerunt fontem aquæ vivæ», etc. -Jeremías, II, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_287"><span class="label"><a -href="#FNanchor_287">[287]</a></span> Estas dos cláusulas semejantes, -que varían en torno de la palabra <i>gozos</i> o <i>alegrías</i>, y las demás -repeticiones retóricas que siguen, más propias que de una meditación -escrita (donde resultan monótonas), lo son de un sermón hablado, -donde las sazona la animación del tono y de la viva voz. Granada, en -su <i>Retórica eclesiástica</i> (II, 11), llama a estas consideraciones -patéticas <i>afectos</i>, pues van encaminados, como él dice, a «inflamar -los afectos del <i>auditorio</i>».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_288"><span class="label"><a -href="#FNanchor_288">[288]</a></span> Durante todo el siglo -<small>XVI</small> tenían una <i>d</i> en su terminación la persona -vosotros del imperfecto de indicativo, y subjuntivo (<i>veníades</i>, -<i>viniésedes</i>), de los condicionales (<i>vendríades</i>, <i>viniérades</i>) -y del futuro de subjuntivo (<i>viniéredes</i>). En el siglo -<small>XVII</small> esta <i>d</i> desapareció ya.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_289"><span class="label"><a -href="#FNanchor_289">[289]</a></span> Véase atrás <a -href="#Page_93">pág. 93</a>, <a href="#Footnote_190">nota 190</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_290"><span class="label"><a -href="#FNanchor_290">[290]</a></span> Comparación bizarra de la boca -de Cristo con el lugar deleitoso (locus voluptatis), de donde, según -el <i>Génesis</i>, II, 10, manaba el río de cuatro brazos que regaba el -Paraíso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_291"><span class="label"><a -href="#FNanchor_291">[291]</a></span> Este <i>me</i> es un -dativo ético, v. atrás <a href="#Page_106">pág. 106</a>, <a -href="#Footnote_233">nota 233</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_292"><span class="label"><a -href="#FNanchor_292">[292]</a></span> En vez de repetir la -conjunción, pudiera repetirse la preposición, lo cual es más -frecuente en los complementos dobles o triples: «veo muerto a mi -hijo, a mi padre, a mi hermano»; pero entonces parecería más bien que -esos complementos se referían a tres personas diversas, y aquí no es -ese el caso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_293"><span class="label"><a -href="#FNanchor_293">[293]</a></span> <i>Cargadas las ramas</i>, etc., es -una cláusula absoluta sin enlace gramatical con el resto del período, -como en latín el ablativo absoluto u oracional. El sentido de la -frase <i>a todas partes</i>, exige hoy diversa preposición.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_294"><span class="label"><a -href="#FNanchor_294">[294]</a></span> Véase adelante <a -href="#Page_167">pág. 167</a>, <a href="#Footnote_352">n. 352</a>, -y <a href="#Page_168">pág. 168</a>, <a href="#Footnote_357">n. -357</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_295"><span class="label"><a -href="#FNanchor_295">[295]</a></span> El afán de Granada por -construir su frase de muchos miembros le lleva a un uso fatigoso -del relativo <i>el cual</i>, puesto como débil lazo de unión entre unos -y otros; defecto que luego se generalizó en extremo. <i>El cual</i> es -más cómodo que el simple <i>que</i>, por distinguir el género y número -de su antecedente, evitando así anfibologías; pero aquí existe la -confusión, por poder ser antecedentes dos masculinos que preceden, y -más bien parece referirse a <i>Criador</i> que a <i>artificio</i>, no siendo en -realidad esto así. Ganaría el texto en brevedad diciendo simplemente: -«¡Cuánto nos declara la hermosura y artificio del Criador! -Primeramente él la vistió por de fuera...»; no hace falta nada más, y -en un escrito sobra todo lo que no hace falta.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_296"><span class="label"><a -href="#FNanchor_296">[296]</a></span> <i>Exasperar</i>, por ‘lastimar’ -o ‘dañar’, es latinismo inútil; poco después dice <i>delicado</i> por -<i>delgado</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_297"><span class="label"><a -href="#FNanchor_297">[297]</a></span> La idea, a veces pueril, que -de las <i>causas finales</i> se manifiesta en estas descripciones de la -naturaleza, no deja de añadirles gracia y candor.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_298"><span class="label"><a -href="#FNanchor_298">[298]</a></span> Hay doble elipsis por <i>de (una) -cualidad (tal) que</i>; hoy o se elide sólo el artículo indefinido o -sólo el pronombre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_299"><span class="label"><a -href="#FNanchor_299">[299]</a></span> <i>Las más veces</i> es muy superior -a la pesada expresión <i>la mayor parte de las veces</i>. En la Edad Media -se decía también <i>las más aves por la mayor parte de las aves</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_300"><span class="label"><a -href="#FNanchor_300">[300]</a></span> Nótese la estructura de este -período que, según Granada en su <i>Retórica</i> (V., 16, § 2), -reviste aquella forma «con que hablamos redondamente, esto es, en -que corre la oración encerrada como en un círculo, no acabando la -sentencia sino en el fin; y así representa la imagen de un perfecto -silogismo».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_301"><span class="label"><a -href="#FNanchor_301">[301]</a></span> Llama <i>ramales</i> a las ‘barbas’ -de la pluma, usando ese derivado de <i>ramo</i> en el sentido general de -‘ramificación’, o sea derivación divergente que imita la disposición -de las ramas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_302"><span class="label"><a -href="#FNanchor_302">[302]</a></span> Granada usa con profusión de -los superlativos. Don Antonio Capmany le censura, tanto por esto, -como por usar algunos cuyo positivo encierra ya el grado supremo, por -ejemplo: <i>divinísimo</i> e <i>inmensísimo</i>. Don Rufino José Cuervo cree -que el <i>omnipotentísimo</i> de Granada puede justificarse suponiendo que -la inflexión superlativa afecta sólo a <i>potente</i> y no a la primera -parte de la palabra, y que tiene el sentido de ‘el que en grado -eminente lo puede todo’. (<i>Notas a Bello</i>, nota núm. 46.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_303"><span class="label"><a -href="#FNanchor_303">[303]</a></span> Dos párrafos seguidos terminan -con las mismas palabras <i>desta ave</i>. Nuestros clásicos se preocupaban -poco de estos pormenores eufónicos más superficiales, a los que hoy -se da gran importancia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_304"><span class="label"><a -href="#FNanchor_304">[304]</a></span> Esta licencia de concordancia, -por <i>no</i> <b>son</b> <i>como</i> <b>los</b> <i>de las flores</i>, está hoy en el -uso corriente, porque la imaginación en el masculino <i>colores</i> no ve -más que una idea accesoria, es decir, <i>la hermosura de los colores</i>. -En los extractos de Cervantes notaremos concordancias parecidas.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_8"> - <p><span class="pagenum" id="Page_143">[p. 143]</span></p> - <h2 title="Santa Teresa de Jesús" - class="nobreak">SANTA TERESA DE JESUS<br /> - <small>(1515-1582)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Se incluyen aquí dos ejemplos de sus cartas; otro narrativo, de su -propia <i>Vida</i>, que ella misma escribió, y cuya última redacción es de -1565 ó 66, y un trozo doctrinal tomado de las <i>Moradas</i>, escritas en -1577.</p> - -<p>La prosa de la Santa es el tipo perfecto del lenguaje familiar de -Castilla en el siglo <small>XVI</small>, el mismo de la conversación; -pues la autora, al escribir, estaba ajena de toda preocupación -literaria; no redacta, habla sencillamente. Las cartas están escritas -a vuela-pluma, a veces al final de ellas dice a su correspondiente: -«Si faltaren letras, póngalas»; la relación de su <i>Vida</i>, ella misma -nos lo advierte, no le costó más cuidado ni tiempo que el que gastó -materialmente en escribirla; así que por todas partes se ve el -desaliño y la frescura de la palabra hablada, y hablada al descuido. -Además, como el idioma castellano aun no estaba tan fijado por la -literatura como hoy, el habla corriente entre la gente educada -de varias provincias, no sólo se diferenciaba de la literaria en -su sintaxis, sino en la forma de las palabras. La impuesta en la -lengua escrita era, por lo común, la usada en Toledo, y difería muy -frecuentemente de ella la que era usual en Avila, en la tierra de -Santa Teresa; el lenguaje<span class="pagenum" id="Page_144">[p. -144]</span> de ésta es, pues, el familiar de Castilla la Vieja, -inestimable por lo único, ya que los demás autores clásicos se -ajustan mucho más al patrón común que entonces se imponía. No abundan -en los grandes autores la multitud de voces que caracterizan el -habla de Santa Teresa, la mayor parte de las cuales subsisten hoy -en el habla vulgar de muchas regiones, como <i>añidir</i>, <i>cuantimás</i> -(cuanto más), <i>enriedos</i>, <i>anque</i>, <i>naide</i>, <i>ortolano</i> (hortelano), -<i>piadad</i>; los epítetos familiares <i>urguillas</i> (cosa que hurga, -carcoma, pesadilla), <i>lloraduelos</i>; el uso del posesivo con artículo -<i>la mi Isabela</i>, <i>la mi Parda</i>, y multitud de giros, frases hechas y -refranes enteramente populares.</p> - -<p>Con este lenguaje y con este estilo, la prosa de Santa Teresa -encanta por su llaneza, por la ausencia total de propósitos -literarios; su pluma obedecía solamente a la alta inspiración que -la guiaba al redactar su pensamiento: «Cuando el Señor da espíritu, -pónese con facilidad y mejor; parece como quien tiene un dechado -delante; mas si el espíritu falta, no hay más concertar este -lenguaje que si fuese algarabía.» Por esto Fray Luis de León, que -revisó las obras de la Santa para darlas a la imprenta, admirado del -gracioso desaliño que se observa en ellas, escribía: «En la forma -del decir, y en la pureza y facilidad del estilo, y en la gracia y -buena compostura de las palabras, y en una elegancia desafeitada que -deleita en extremo, dudo yo que haya en nuestra lengua escritura que -con ellas se iguale.»</p> - -<p>Pero la exageración de estas cualidades es frecuente; la -incorrección gramatical llega a extremos a veces insufribles. En -los extractos que siguen se verá, por ejemplo, lo que abunda el -pronombre <i>él</i> sin llevar expreso el substantivo o antecedente que -representa.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_8_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_145">[p. 145]</span></p> - <h3 title="Narración de su infancia">VIDA DE LA SANTA</h3> - <p class="centra mt2">CAPÍTULO PRIMERO</p> - <p class="centra mt1">Cuenta cómo pasó su primera edad</p> -</div> - -<p>Éramos tres hermanas y nueve hermanos; todos parecieron a sus -padres, por la bondad de Dios, en ser virtuosos, si no fuí yo, -aunque era la más querida de mi padre; y antes que comenzase a -ofender a Dios, parece tenía alguna razón, porque yo he lástima -cuando me acuerdo<a id="FNanchor_305" href="#Footnote_305" -class="fnanchor">[305]</a> las buenas inclinaciones que el Señor me -había dado y cuán mal me supe aprovechar de ellas.</p> - -<p>Pues<a id="FNanchor_306" href="#Footnote_306" -class="fnanchor">[306]</a> mis hermanos ninguna cosa me desayudaban -a servir a Dios. Tenía uno casi de mi edad; juntábamonos entramos<a -id="FNanchor_307" href="#Footnote_307" class="fnanchor">[307]</a> -a leer vidas de santos,—que era el que yo más quería, anque<a -id="FNanchor_308" href="#Footnote_308" class="fnanchor">[308]</a> -a todos tenía gran amor y ellos a mí—; como vía los mar<span -class="pagenum" id="Page_146">[p. 146]</span>tirios que por Dios las -santas pasaban, parecíame compraban muy barato el ir a gozar de Dios, -y deseaba yo mucho morir ansí; no por amor que yo entendiese tenerle, -sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía haber en -el cielo; y juntábame con este mi hermano a tratar qué medio habría -para esto. Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor -de Dios, para que allá nos descabezasen; y paréceme que nos daba el -Señor ánimo en tan tierna edad, si viéramos algún medio, sino que<a -id="FNanchor_309" href="#Footnote_309" class="fnanchor">[309]</a> -el tener padres nos parecía el mayor embarazo. Espantábanos mucho -el decir que pena y gloria era para siempre en lo que leíamos. -Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto; y gustábamos de decir -muchas veces: <i>para siempre, siempre, siempre</i>. En pronunciar esto -mucho rato, era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido -el camino de la verdad.</p> - -<p>De que vi que era imposible ir adonde me matasen por Dios, -ordenábamos ser ermitaños, y en una huerta que había en casa -procurábamos, como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas -pedrecillas, que luego se nos caían; y ansí no hallábamos remedio -en nada para nuestro deseo; que ahora me pone devoción ver cómo me -daba Dios tan presto lo que yo perdí por mi culpa. Hacía limosna como -podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones, -que eran hartas, en especial el rosario, de que mi madre era muy -devo<span class="pagenum" id="Page_147">[p. 147]</span>ta y ansí -nos hacía serlo. Gustaba mucho, cuando jugaba con otras niñas, hacer -monesterios, como que éramos monjas; y yo me parece deseaba serlo, -aunque no tanto como las cosas que he dicho.</p> - -<p>Acuérdome que, cuando murió mi madre, quedé yo de doce años poco -menos; como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida -fuíme a una imagen de Nuestra Señora y supliquéla fuese mi madre, -con muchas lágrimas<a id="FNanchor_310" href="#Footnote_310" -class="fnanchor">[310]</a>. Paréceme que, aunque se hizo con -simpleza, que me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta -Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me -ha tornado a sí. Fatígame ahora ver y pensar en qué estuvo el no -haber yo estado entera en los buenos deseos que comencé. ¡Oh, Señor -mío! pues parece tenéis determinado que me salve, plega a vuestra -Majestad sea ansí; y de hacerme tantas mercedes como me habéis -hecho, ¿no tuviérades por bien, no por mi ganancia, sino por vuestro -acatamiento, que no se ensuciara tanto posada adonde tan contino -habíades de morar? Fatígame, Señor, aun decir esto, porque sé que fué -mía toda la culpa; porque no me parece os quedó a vos nada que hacer -para que desde esta edad no fuera toda vuestra. Cuando voy a quejarme -de mis padres, tampoco puedo, porque no vía en ellos sino todo bien, -y cuidado de mi bien.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_148">[p. 148]</span></p> - -<p>Pues pasando de esta edad, que<a id="FNanchor_311" -href="#Footnote_311" class="fnanchor">[311]</a> comencé a entender -las gracias de naturaleza que el Señor me había dado, que según -decían eran muchas, cuando por ellas le había de dar gracias, de -todas me comencé a ayudar para ofenderle...</p> - -<p>Paréceme que comenzó a hacerme mucho daño lo que ahora diré. -Considero algunas veces cuán mal lo hacen los padres que no -procuran que vean sus hijos siempre cosas de virtud de todas -maneras; porque con serlo<a id="FNanchor_312" href="#Footnote_312" -class="fnanchor">[312]</a> tanto mi madre, de lo bueno no tomé -tanto en llegando a uso de razón, ni casi nada, y lo malo me dañó -mucho. Era aficionada a libros de Caballerías<a id="FNanchor_313" -href="#Footnote_313" class="fnanchor">[313]</a>, y no tan mal -to<span class="pagenum" id="Page_149">[p. 149]</span>maba este -pasatiempo, como yo le tomé para mí; porque no perdía su labor, sino -desenvolvíemonos para leer en ellos; y por ventura lo hacía para no -pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no -anduviesen en otras cosas perdidos. Desto le pesaba tanto a mi padre, -que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme -en costumbre de leerlos<a id="FNanchor_314" href="#Footnote_314" -class="fnanchor">[314]</a>, y aquella pequeña falta que en ella<a -id="FNanchor_315" href="#Footnote_315" class="fnanchor">[315]</a> -vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar<a id="FNanchor_316" -href="#Footnote_316" class="fnanchor">[316]</a> a faltar en lo demás; -y parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y de la -noche en tan vano ejercicio, aunque ascondida de mi padre. Era tan en -extremo lo que en esto me embebía, que si no tenía libro nuevo, no me -parece tenía contento.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_8_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_150">[p. 150]</span></p> - <h3 title="Las Moradas">LAS MORADAS</h3> - <p class="centra mt2">PRIMERAS MORADAS, CAPÍTULO II</p> - <p class="centra mt1">Provecho que se saca del humilde conocimiento - de sí mismo</p> -</div> - -<p>La humildad siempre labra, como la abeja en la colmena la -miel... Mas consideremos que la abeja no deja de salir a volar para -traer flores, ansí el alma en el propio conocimiento; créame<a -id="FNanchor_317" href="#Footnote_317" class="fnanchor">[317]</a>, y -vuele algunas veces a considerar la grandeza y majestad de su Dios. -Aquí hallará su bajeza mejor que en sí mesma y más libre de las -sabandijas, adonde entran en las primeras piezas, que es el propio -conocimiento, que anque, como digo, es harta misericordia de Dios -que se ejercite en esto, tanto es lo de más como lo de menos, suelen -decir. Y créanme, que con la virtud de Dios obraremos muy mejor -virtud, que muy atadas a nuestra tierra. No sé si queda dado bien -a entender; porque es cosa tan importante este conocernos, que no -querría en ello hubiese jamás relajación, por subidas que estéis<a -id="FNanchor_318" href="#Footnote_318" class="fnanchor">[318]</a> -en los cielos; pues mientra<span class="pagenum" id="Page_151">[p. -151]</span> estamos en esta tierra, no hay cosa que más nos -importe que la humildad. Y ansí torno a decir, que es muy -bueno y muy rebueno<a id="FNanchor_319" href="#Footnote_319" -class="fnanchor">[319]</a> tratar de entrar primero en el aposento -adonde se trata de esto, que volar a los demás, porque este es el -camino; y si podemos ir por lo seguro y llano, ¿para qué hemos de -querer alas para volar? mas que busque cómo aprovechar más en esto. Y -a mi parecer, jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer -a Dios: mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza, y mirando su -limpieza, veremos nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos -cuán lejos estamos de ser humildes. Hay dos ganancias de esto: la -primera está claro, que parece una cosa blanca, muy más blanca<a -id="FNanchor_320" href="#Footnote_320" class="fnanchor">[320]</a> -cabe la negra, y al contrario la negra cabe la blanca; la -segunda es, porque nuestro entendimiento y voluntad se hace más -noble y más aparejado<a id="FNanchor_321" href="#Footnote_321" -class="fnanchor">[321]</a> para todo bien, tratando a vueltas de sí -con Dios; y si nunca salimos de nuestro cieno de miserias, es mucho -inconveniente.</p> - -<div class="apartado" id="Ch_8_3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_152">[p. 152]</span></p> - <h3 title="Carta a su hermano don Lorenzo">CARTAS</h3> - <p class="centra mt2">CARTA 132</p> - <p class="centra mt1">Al señor Lorenzo de Cepeda, hermano de la Santa;<br /> - desde Toledo a 2 de Enero de 1577</p> -</div> - -<p class="jesus">Jesús</p> - -<p>Sea con vuestra merced. Da tan poco lugar Serna<a -id="FNanchor_322" href="#Footnote_322" class="fnanchor">[322]</a>, -que no querría alargarme, y no sé acabar cuando comienzo a escribir a -vuestra merced; y, como nunca viene Serna, es menester tiempo.</p> - -<p>Cuando yo escribiere a Francisco<a id="FNanchor_323" -href="#Footnote_323" class="fnanchor">[323]</a>, nunca se la<a -id="FNanchor_324" href="#Footnote_324" class="fnanchor">[324]</a> -lea vuestra merced, que he miedo tray alguna melencolía, y es -harto declararse conmigo. Quizá le da Dios esos escrúpulos -para quitarle de otras cosas; mas, para su remedio, el bien -que tiene es creerme<a id="FNanchor_325" href="#Footnote_325" -class="fnanchor">[325]</a>...</p> - -<p>Gran fiesta tuvimos ayer con el nombre de Jesús: Dios se lo -pague a vuestra merced. No sé qué le envíe por tantas como me -hace, si no es esos vi<span class="pagenum" id="Page_153">[p. -153]</span>llancicos, que hice yo, que me mandó el confesor las<a -id="FNanchor_326" href="#Footnote_326" class="fnanchor">[326]</a> -regocijase, y he estado estas noches con ellas, y no supe cómo, sino -ansí. Tienen graciosa tonada, si la atinare Francisquito para cantar. -Mire si ando bien aprovechada. Con todo, me ha hecho el Señor hartas -mercedes estos días.</p> - -<p>De las que hace a vuestra merced estoy espantada. Sea bendito por -siempre. Ya entiendo por lo que se desea la devoción, que es bueno. -Una cosa es desearlo y otra pedirlo; mas crea que es lo mejor lo -que hace, el dejarlo todo a la voluntad de Dios, y poner su causa -en sus manos. Él sabe lo que nos conviene, mas siempre procure ir -por el camino que le escribí: mire que es más importante de lo que -entiende...</p> - -<p>No me cansan sus cartas de vuestra merced, que me consuelan -mucho, y ansí me consolara poderle escribir más a menudo; mas es -tanto el trabajo que tengo, que no podrá ser más a menudo; y an<a -id="FNanchor_327" href="#Footnote_327" class="fnanchor">[327]</a> -esta noche me ha estorbado la oración. Ningún escrúpulo me hace, si -no es pena de no tener tiempo. Dios nos le dé para gastarle siempre -en su servicio, amén.</p> - -<p>La esterilidad de este pueblo en cosas de pescado, que<a -id="FNanchor_328" href="#Footnote_328" class="fnanchor">[328]</a> -es lástima a estas hermanas; y ansí me he holgado con estos -besugos. Creo pudieran venir sin pan, según hace el tiempo. Si -acertare haberlos, cuando venga Serna, u algunas sardinas<span -class="pagenum" id="Page_154">[p. 154]</span> frescas, dé vuestra -merced a la superiora con que nos las envíe, que lo ha enviado -muy bien. Terrible lugar es este para no comer carne, que an un -huevo fresco jamás hay. Con todo pensaba hoy que ha años que -no me hallo tan buena como ahora; y guardo<a id="FNanchor_329" -href="#Footnote_329" class="fnanchor">[329]</a> lo que todas, que es -harto consuelo para mí.</p> - -<p>Esas coplas que no van de mi letra no son mías, sino que me -parecieron bien para Francisco, que como hacen las de San José de las -suyas, esotras hizo una hermana. Hay gran cosa de eso estas Pascuas -en las recreaciones. Es hoy segundo día del año.</p> - -<p>Indina sierva de vuestra merced. Teresa de Jesús.</p> - -<p>Pensé que nos enviara vuestra merced el villancico suyo; porque -estos ni tienen pies ni cabeza, y todo lo cantan. Ahora se me acuerda -uno que hice una vez, estando con harta oración, y parecía que -descansaba más. Eran: (ya no sé si eran ansí); y porque vea que desde -acá le quiero dar recreación:</p> - -<div class="poema mt1"><div class="stanza"> -<p class="i2">¡Oh hermosura, que ecedeis</p> -<p class="i0">A todas las hermosuras!</p> -<p class="i0">Sin herir, dolor haceis;</p> -<p class="i0">Y sin dolor deshaceis</p> -<p class="i0">El amor de las criaturas.</p> -</div></div> -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2"><span class="pagenum" id="Page_155">[p. 155]</span>¡Oh ñudo, que ansí juntais</p> -<p class="i0">Dos cosas tan desiguales!</p> -<p class="i0">No sé por qué os desatais:</p> -<p class="i0">Pues atado, fuerza dais,</p> -<p class="i0">A tener por bien los males.</p> -</div></div> -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Quien no tiene ser, juntais</p> -<p class="i0">Con el ser que no se acaba:</p> -<p class="i0">Sin acabar, acabais:</p> -<p class="i0">Sin tener que amar, amais:</p> -<p class="i0">Engrandeceis nuestra nada.</p> -</div></div> - -<p class="mt1">No se me acuerda más. ¡Qué seso de fundadora! Pues yo -le digo que me parecía estaba con harto, cuando dije esto. Dios se lo -perdone, que me hace gastar tiempo: y pienso le ha de enternecer esta -copla y hacerle devoción; y esto no lo diga a nadie. Doña Yomar y yo -andábamos juntas en este tiempo. Déla mis encomiendas.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_8_4"> - <h3 title="Carta a Fray Jerónimo Gracián"><small>CARTA 211</small></h3> - <p class="hang mt1">De Santa Teresa a su confesor Fray Jerónimo Gracián, - llorando la muerte del General de los Carmelitas Fray Juan Bautista - Rubeo. Fecha en Ávila a 15 de octubre de 1578.</p> -</div> - -<p class="jesus">Jesús.</p> - -<p>Sea con vuestra paternidad el Espíritu Santo, mi padre<a -id="FNanchor_330" href="#Footnote_330" class="fnanchor">[330]</a>. -Como le veo quitado<a id="FNanchor_331" href="#Footnote_331" -class="fnanchor">[331]</a> de esas baraúndas, háseme quitado la -pena de lo demás, venga lo<span class="pagenum" id="Page_156">[p. -156]</span> que viniere. Harto grande me la ha dado<a -id="FNanchor_332" href="#Footnote_332" class="fnanchor">[332]</a> -las nuevas, que me escriben de nuestro padre general. Ternísima -estoy; y el primer día llorar que llorarás<a id="FNanchor_333" -href="#Footnote_333" class="fnanchor">[333]</a>, sin poder hacer otra -cosa, y con gran pena de los trabajos que le hemos dado, que cierto -no los merecía; y si hubiéramos ido a él, estuviera todo llano. Dios -perdone a quien siempre lo ha estorbado, que con vuestra paternidad -yo me aviniera, anque, en esto, poco me ha creído. El Señor lo trairá -todo a bien; mas siento lo que digo, y lo que vuestra paternidad ha -padecido; que cierto son tragos de la muerte lo que me escribió en la -carta primera, que dos he recibido después que habló al nuncio.</p> - -<p>Sepa, mi padre, que yo me estaba deshaciendo, porque no daba -luego aquellos papeles, sino que debe ser aconsejado de quien le -duele poco lo que vuestra paternidad padece<a id="FNanchor_334" -href="#Footnote_334" class="fnanchor">[334]</a>. Huélgome, que -quedará bien experimentado, para llevar los negocios por el camino -que han de ir, y no agua arriba, como yo siempre decía: y a la verdad -ha habido cosas por donde lo impedían todo, y ansí no hay que tratar -de esto, porque ordena Dios cosas para que padezcan sus siervos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_157">[p. 157]</span></p> - -<p>Ya quisiera escribir más largo, y han de llevar esta noche -las cartas, y casi lo es ya, que lo he sido<a id="FNanchor_335" -href="#Footnote_335" class="fnanchor">[335]</a> con el -obispo de Osma<a id="FNanchor_336" href="#Footnote_336" -class="fnanchor">[336]</a>, para que trate con el presidente y -con el padre Mariano lo que le escribí, y dije enviase a vuestra -paternidad. Ahora he estado con mi hermano<a id="FNanchor_337" -href="#Footnote_337" class="fnanchor">[337]</a>, y se le encomienda -mucho.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_305"><span class="label"><a -href="#FNanchor_305">[305]</a></span> <i>Acordarse</i>, construído como -<i>recordar</i> con un dativo reflexivo y un acusativo, es poco usado,</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Y como Ovidio escribe en su epistolio,</p> -<p class="i0">que no me acuerdo el folio,</p> -<p class="i0">estas heridas del amor protervas</p> -<p class="i0">no se curan con hierbas.</p> -<p class="dr"><span class="smcap">Lope</span>, <i>Gatom</i>. 2.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_306"><span class="label"><a -href="#FNanchor_306">[306]</a></span> Sobre <i>pues</i>, conjunción -continuativa que encabeza las transiciones, v. <span -class="smcap">Bello</span>. <i>Gram.</i> § 1267.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_307"><span class="label"><a -href="#FNanchor_307">[307]</a></span> Anticuado por <i>entrambos</i>. Esta -cláusula <i>juntábamonos entramos a leer vidas de santos</i> está sin duda -trastocada, debiendo colocarse detrás de <i>gran amor y ellos a mí</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_308"><span class="label"><a -href="#FNanchor_308">[308]</a></span> <i>Anque</i>, forma vulgar por -«aunque». Después hallaremos <i>an</i> por «aún».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_309"><span class="label"><a -href="#FNanchor_309">[309]</a></span> <i>Sino que</i> en el sentido -de <i>pero</i>. (V. <span class="smcap">Bello</span>. <i>Gram.</i> -§ 1280.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_310"><span class="label"><a -href="#FNanchor_310">[310]</a></span> Nótese a cada paso la ausencia -de retoque; este complemento <i>con muchas lágrimas</i> debiera ir -inmediatamente después del verbo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_311"><span class="label"><a -href="#FNanchor_311">[311]</a></span> Después de oraciones -temporales, <i>que</i> puede usarse en vez de la frase adverbial de tiempo -<i>luego que</i>, <i>después que</i>; por ejemplo: «en estando lejos de aquí, -<i>que</i> me vea libre del peligro, no me meteré yo en otra.» Si la -oración temporal no lleva el verbo en gerundio ni infinitivo, sino -en forma personal, el <i>que</i> es un tanto pleonástico, pues pudiera -reemplazarse por la simple conjunción copulativa: «cuando esté lejos -de aquí, <i>que</i> (y) me vea libre...» Por este mismo giro se explican -modismos tales como estos: «jura que al volver <i>que vuelva</i> al -Andalucía, se ha de estar dos meses en Toledo»; «en llegando <i>que -llegue</i>.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_312"><span class="label"><a -href="#FNanchor_312">[312]</a></span> Este <i>lo</i> representa un -adjetivo que no existe; Santa Teresa tomó en su imaginación el -substantivo <i>de virtud</i> por el adjetivo equivalente <i>virtuoso</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_313"><span class="label"><a -href="#FNanchor_313">[313]</a></span> Es muy común decir <i>libros de -caballería</i>; ha de decirse <i>caballerías</i> en plural, que este nombre -se da a las hazañas llevadas a cabo por un caballero. La afición a -las novelas caballerescas fué predominante en España por el espacio -increíble de más de tres siglos. En el siglo <small>XIV</small> el -Canciller Pero López de Ayala, entre sus yerros más grandes, se -lamentaba de haber sido víctima de tan desatinada afición: </p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Plogome otrosí oir muchas vegadas</p> -<p class="i0">Libros de devaneos e mentiras probadas:</p> -<p class="i0"><i>Amadis</i>, <i>Lanzalote</i> e burlas asacadas,</p> -<p class="i0">En que perdí mi tiempo a muy malas jornadas.</p> -<p class="dr">(<i>Rimado de Palacio</i>, copla 162.)</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">A mediados del siglo <small>XVI</small> -Santa Teresa se acusa de igual pecado, y a principios del -<small>XVII</small> era todavía tan desmedido el apego a tales -novelas, que Cervantes, para amenguarlo, ridiculizó en su <i>Quijote</i> -los extravíos que tan dañosa lectura causaba.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_314"><span class="label"><a -href="#FNanchor_314">[314]</a></span> Este <i>los</i> se refiere a <i>los -libros de caballerías</i> que, aunque hace mucho se nombraron, no -dejan de estar presentes a la memoria en todo este pasaje. Otra vez -vemos aquí la sintaxis de la Santa obedecer más a la viveza de la -imaginación que a la lógica gramatical.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_315"><span class="label"><a -href="#FNanchor_315">[315]</a></span> El pronombre <i>ella</i> se refiere -a <i>la madre</i> aunque no se la haya nombrado inmediatamente antes. Otra -vez cabe la observación de la <a href="#Footnote_314">nota anterior</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_316"><span class="label"><a -href="#FNanchor_316">[316]</a></span> Nuevo descuido de la autora que -pensaba haber escrito antes <i>me hizo enfriar</i>, o cosa parecida.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_317"><span class="label"><a -href="#FNanchor_317">[317]</a></span> <i>Créame</i> y los verbos que -siguen en singular debieran ir en plural, pues la Autora se dirige a -sus monjas, como adelante se ve.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_318"><span class="label"><a -href="#FNanchor_318">[318]</a></span> Santa Teresa trata generalmente -a las religiosas de <i>su merced</i> en tercera persona de plural; aquí -las habla en segunda persona de plural. Es común, en escritores más -cuidados, este cambio de tratamiento. Fray Luis de Granada dice a la -Virgen: «alegra<i>te</i> con esta esperanza y cesen ya <i>tus</i> gemidos... -Bien veo, señora, que no basta nada desto para consola<i>ros</i>». (B. -Aut. esp., VIII, pág. 82 <i>b</i>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_319"><span class="label"><a -href="#FNanchor_319">[319]</a></span> Esta especie de superlativo -formado mediante el prefijo <i>re</i> que refuerza el sentido del -adjetivo simple, es muy propio del castellano (<i>refino</i>, <i>relimpio</i>, -<i>remucho</i>, <i>remejor</i>); muchos escritores lo desdeñan por familiar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_320"><span class="label"><a -href="#FNanchor_320">[320]</a></span> Ante los adverbios <i>más</i> -y <i>menos</i> usaban nuestros clásicos las formas apocopadas <i>muy</i>, -<i>tan</i>, <i>cuán</i> («cuán más agradable»), en vez de las formas plenas -<i>mucho</i>, <i>tanto</i>, <i>cuanto</i>, que son hoy de rigor (V. <span -class="smcap">Bello</span> <i>Gram.</i> § 1023).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_321"><span class="label"><a -href="#FNanchor_321">[321]</a></span> Las leyes lógicas de la -concordancia exigirían <i>se hacen más nobles y aparejados</i>; la -licencia hoy tolerable sería <i>se hace aparejada</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_322"><span class="label"><a -href="#FNanchor_322">[322]</a></span> Serna era el mandadero que -llevaba las cartas de don Lorenzo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_323"><span class="label"><a -href="#FNanchor_323">[323]</a></span> Francisco se llamaba el hijo -mayor de don Lorenzo. La Santa era naturalmente directora de los -negocios espirituales de todas las personas de su familia. Lorenzo -había prometido obediencia a su hermana, como luego se verá.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_324"><span class="label"><a -href="#FNanchor_324">[324]</a></span> Este <i>la</i> representa al -substantivo <i>carta</i> que la autora consideraba embebido en el verbo -<i>escribiere</i>. (Recuérdese lo dicho <a href="#Page_148">página -148</a> <a href="#Footnote_312">n. 312</a> y <a -href="#Page_149">pág. 149</a>, <a href="#Footnote_314">314</a> y <a -href="#Footnote_315">315</a>, y véase <a href="#Page_153">153</a>, <a -href="#Footnote_326">n. 326</a>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_325"><span class="label"><a -href="#FNanchor_325">[325]</a></span> El sujeto de este verbo no es -<i>Francisco</i>, como parece, sino <i>don Lorenzo</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_326"><span class="label"><a -href="#FNanchor_326">[326]</a></span> Este <i>las</i> se refiere a las -monjas de la comunidad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_327"><span class="label"><a -href="#FNanchor_327">[327]</a></span> <i>An</i> es contracción vulgar por -<i>aun</i>. Comp. arriba <i>anque</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_328"><span class="label"><a -href="#FNanchor_328">[328]</a></span> Sobra el <i>que</i> para hacer -sentido.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_329"><span class="label"><a -href="#FNanchor_329">[329]</a></span> <i>Guardar</i> sin complemento, con -el sentido de «guardar la abstinencia».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_330"><span class="label"><a -href="#FNanchor_330">[330]</a></span> Vocativo con el posesivo -antepuesto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_331"><span class="label"><a -href="#FNanchor_331">[331]</a></span> <i>Quitar</i> tiene aquí el sentido -anticuado de libertar, eximir, que subsiste en la frase «libre y -quito».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_332"><span class="label"><a -href="#FNanchor_332">[332]</a></span> Concordancia viciosa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_333"><span class="label"><a -href="#FNanchor_333">[333]</a></span> Frase adverbial, como <i>llora -que llora</i> o <i>llora que llorarás</i>, para denotar la continuidad de la -acción.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_334"><span class="label"><a -href="#FNanchor_334">[334]</a></span> Habla aquí de las persecuciones -de que era objeto la reforma de la Orden que entonces se llevaba a -cabo. El entregar los papeles de la visita al Presidente del Consejo -de Castilla fué un paso poco acertado que dió lugar a conflictos en -los que Gracián quedó comprometido.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_335"><span class="label"><a -href="#FNanchor_335">[335]</a></span> El <i>lo</i> se refiere a <i>larga -en escribir</i>; es decir: «que he sido larga en escribir al Obispo». -La autora pensaba haber puesto antes: «ya quisiera ser más larga en -escribir», en vez de «quisiera escribir más largo».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_336"><span class="label"><a -href="#FNanchor_336">[336]</a></span> El Obispo de Osma, don Alonso -Vázquez, confesor de la Santa en Toledo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_337"><span class="label"><a -href="#FNanchor_337">[337]</a></span> Don Lorenzo de Cepeda.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_9"> - <p><span class="pagenum" id="Page_158">[p. 158]</span></p> - <h2 title="Fray Luis de León" - class="nobreak">FRAY LUIS DE LEÓN<br /> - <small>(1527-1591)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Los dos primeros libros de los <i>Nombres de Cristo</i> se imprimieron -en 1583; los tres completos, en 1585. <i>La perfecta casada</i>, en -1586.</p> - -<p>Como se ha visto, la prosa castellana contaba ya en el último -tercio del siglo <small>XVI</small> con muy notables cultivadores.</p> - -<p>Fray Luis de León consideraba, sin embargo, que el idioma no -había logrado aún el cultivo esmerado y profundo de que era digno. -Claro es que no podía satisfacerle, aunque lo admiraba, el estilo -humilde, sencillo y descuidado de Santa Teresa; pero ya es más -chocante que, hablando del poco cultivo de la lengua, no dedique ni -una alabanza, ni un recuerdo, a su predecesor, Fray Luis de Granada; -el estilo de éste era un estilo oratorio que sin duda, no contentaba -al maestro León, por no encajar dentro del ideal de perfección -artística que él perseguía<a id="FNanchor_338" href="#Footnote_338" -class="fnanchor">[338]</a>. Así que se consideró a sí mismo, más que -como innovador, como padre de la prosa literaria, y no le faltaba -alguna razón.</p> - -<p>El lenguaje de Fray Luis de Granada tenía solemnidad, elevación y -valentía; pero por estar aún el idioma poco diestro en la expresión -de razonamientos y pensamientos abstractos, no halla muchas veces -los recursos delicados de la construcción gramatical, y tiene algo -de desmañado y flojo.<span class="pagenum" id="Page_159">[p. -159]</span> Por esto Fray Luis de León encontró que el castellano -encerraba tesoros aun no hallados de cadencia, proporción, asiento y -armonía.</p> - -<p>Granada se esforzó en trabajar la frase, considerándola como -un silogismo, como un razonamiento o un apóstrofe; León le dedicó -su cuidado mirándola más especialmente como una obra de arte. -Los tratados del uno son como sermones puestos por escrito; los -del otro, como poesías redactadas en prosa<a id="FNanchor_339" -href="#Footnote_339" class="fnanchor">[339]</a>. El uno es más -elocuente, el otro más poeta; el uno es, en suma, orador, y el otro -escritor.</p> - -<p>Fray Luis de León nos declara que su arte era en todo reflexivo y -meditado; arte de selección cuidadosa de palabras, y hasta de letras; -arte de cálculo y medida en la disposición de frases; arte en todo -diestro, esmerado y primoroso que nos ofrece la lengua castellana -ataviada con todos los elementos poéticos y musicales de que es -capaz, y levantada a la altura de las lenguas clásicas.</p> - -<p>Él mismo declara también que su empeño principal fué poner en -el habla del vulgo número, abundancia, entonación y armonía. Sin -embargo, a veces usa períodos defectuosos, y esto principalmente -por construirlos tan largos que casi se rompe el enlace de su -comienzo con su remate<a id="FNanchor_340" href="#Footnote_340" -class="fnanchor">[340]</a>. Además, las conjunciones <i>porque</i> y -<i>pues</i> aparecen encabezando multitud de frases, con el pueril -objeto de encadenarlas materialmente a la que antecede, cuando de -no ligarlas de otra manera bastaría que esta trabazón corriera -solamente a cargo del pensamiento. En fin, pocas veces cae en -la tentación de buscar la falsa elegancia, puesta en moda ya -desde el siglo <small>XV</small>, de remitir afectadamente el -verbo<span class="pagenum" id="Page_160">[p. 160]</span> al fin -de la proposición (verbi gracia: «Con el calor del día y del sueño -<i>encendidos</i> demasiadamente y <i>dañados</i>», <a href="#Page_175">pág. -175</a>).</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_9_1"> - <h3 title="Del arte de escribir la lengua vulgar">NOMBRES DE CRISTO</h3> - <p class="centra mt2">INTRODUCCIÓN AL LIBRO III</p> - <p class="hang mt1">Declara Fray Luis en qué procuró mejorar el lenguaje - de sus escritos sobre el ordinario y familiar.</p> -</div> - -<p>Mas a los que dicen que no leen aquestos mis libros por -estar en romance<a id="FNanchor_341" href="#Footnote_341" -class="fnanchor">[341]</a> y que en latín los leyeran, se les -responde que les debe poco su lengua, pues por ella aborrecen lo -que, si estuviera en otra, tuvieran por bueno. Y no sé yo de dónde -les nace el estar con ella tan mal; que ni ella lo merece, ni ellos -saben tanto de la latina que no sepan más de la suya, por poco que -della sepan, como de hecho saben della poquísimo muchos. Y destos son -los que dicen que no hablo en romance, porque no hablo desatadamente -y sin orden, y porque pongo en las palabras concierto y las escojo -y les doy su lugar; porque piensan que hablar romance es hablar -como se habla en el vulgo,<span class="pagenum" id="Page_161">[p. -161]</span> y no conocen que el bien hablar no es común, sino negocio -de particular juicio<a id="FNanchor_342" href="#Footnote_342" -class="fnanchor">[342]</a>, ansí en lo que se dice, como en la manera -como se dice; y negocio que de las palabras que todas hablan elige -las que convienen y mira el sonido dellas, y aun cuenta a veces las -letras, y las pesa y las mide y las compone, para que, no solamente -digan con claridad lo que se pretende decir, sino también con armonía -y dulzura. Y si dicen que no es estilo para los humildes y simples, -entiendan que, así como los simples tienen su gusto, así los sabios y -los graves y los naturalmente compuestos no se aplican bien a lo que -se escribe mal y sin orden; y confiesen que debemos tener cuenta con -ellos, y señaladamente en las escrituras que son para ellos solos, -como aquesta lo es.</p> - -<p>Y si acaso dijeren que es novedad, yo confieso que es nuevo, -y camino no usado por los que escriben en esta lengua, poner en -ella número, levantándola del decaimiento ordinario. El cual -camino quise yo abrir<a id="FNanchor_343" href="#Footnote_343" -class="fnanchor">[343]</a>, no por la presunción que tengo<span -class="pagenum" id="Page_162">[p. 162]</span> de mí, que sé bien la -pequeñez de mis fuerzas, sino para que los que las tienen se animen -a tratar de aquí adelante su lengua como los sabios y elocuentes -pasados, cuyas obras por tantos siglos viven, trataron las suyas, -y para que la igualen, en esta parte que le falta, con las lenguas -mejores, a las cuales, según mi juicio, vence ella en otras muchas -virtudes.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_9_2"> - <h3 title="Introducción a los Nombres de Cristo"><small>LIBRO - PRIMERO</small></h3> - <p class="hang mt1">Dirigiéndose al Obispo de Córdoba, don Pedro - Portocarrero, introduce Fray Luis los personajes que figurarán - en el diálogo de la obra, y supone que son tres amigos suyos, - de su misma Orden de San Agustín.</p> -</div> - -<p>Era por el mes de Junio, a las vueltas<a id="FNanchor_344" -href="#Footnote_344" class="fnanchor">[344]</a> de la fiesta -de San Juan, al tiempo que en Salamanca comienzan a cesar los -estudios, cuando Marcelo, el uno de los que digo (que así le quiero -llamar con nombre fingido, por ciertos respetos que tengo, y lo -mismo haré a los demás), después de una ca<span class="pagenum" -id="Page_163">[p. 163]</span>rrera tan larga, como es la de un año -en la vida que allí se vive<a id="FNanchor_345" href="#Footnote_345" -class="fnanchor">[345]</a>, se retiró, como a puerto sabroso, -a la soledad de una granja que, como vuestra merced sabe, -tiene mi monasterio en la ribera de Tormes<a id="FNanchor_346" -href="#Footnote_346" class="fnanchor">[346]</a>; y fuéronse con él, -por hacerle compañía, y por el mismo respeto, los otros dos. Adonde -habiendo estado algunos días, aconteció que una mañana, que era la -del día dedicado al após<span class="pagenum" id="Page_164">[p. -164]</span>tol San Pedro, después de haber dado al culto divino<a -id="FNanchor_347" href="#Footnote_347" class="fnanchor">[347]</a> -lo que se le debía, todos tres juntos se salieron de la casa a -la huerta que se hace<a id="FNanchor_348" href="#Footnote_348" -class="fnanchor">[348]</a> delante della. Es la huerta grande, y -estaba entonces bien poblada de árboles, aunque puestos sin orden; -mas eso mismo hacía deleite en la vista, y sobre todo, la hora y la -sazón.</p> - -<p>Pues entrados en ella, primero, y por un espacio pequeño, se -anduvieron paseando y gozando del frescor, y después se sentaron -juntos a la sombra de unas parras y junto a la corriente de una -pequeña fuente, en ciertos asientos. Nace la fuente de la cuesta que -tiene la casa a las espaldas, y entraba en la huerta por aquella -parte, y corriendo y estropezando, parecía reírse. Tenían también -delante de los ojos y cerca dellos una alta y hermosa alameda. Y -más adelante, y no muy lejos, se veía el río Tormes, que aun en -aquel tiempo, hinchiendo bien sus riberas, iba torciendo el paso por -aquella vega. El día era sosegado y purísimo, y la hora muy fresca. -Así que, asentándose y callando por un pequeño tiempo, después de -sentados, Sabino (que así me place llamar al que de los tres era -el más mozo), mirando hacia Marcelo y sonriéndose, comenzó a decir -así:</p> - -<p>«Algunos hay a quien la vista del campo los<span class="pagenum" -id="Page_165">[p. 165]</span> enmudece<a id="FNanchor_349" -href="#Footnote_349" class="fnanchor">[349]</a>, y debe ser condición -de espíritus de entendimiento profundo; mas yo, como los pájaros, en -viendo lo verde, deseo o cantar o hablar.»</p> - -<p>—«Bien entiendo por qué lo decís—respondió al punto Marcelo—, y -no es alteza de entendimiento, como dais a entender por lisonjearme -o por consolarme, sino cualidad de edad y humores diferentes que -nos predominan y se despiertan con esta vista, en vos de sangre, -y en mí de melancolía<a id="FNanchor_350" href="#Footnote_350" -class="fnanchor">[350]</a>. Mas sepamos—dice—de Juliano<a -id="FNanchor_351" href="#Footnote_351" class="fnanchor">[351]</a> -(que éste era el nombre del tercero) si es pájaro también o si es de -otro metal.»</p> - -<p>—«No soy siempre de uno mismo—respondió Juliano—, aunque agora al -humor de Sabino me inclino algo más. Y pues él no puede agora razonar -consigo mismo mirando la belleza del campo y la grandeza del cielo, -bien será que nos diga su gusto acerca de lo que podremos hablar.»</p> - -<p>Entonces Sabino, sacando del seno un papel escrito y no muy -grande: «Aquí, dice, está mi deseo y mi esperanza.»</p> - -<p>Marcelo, que reconoció luego el papel, porque<span -class="pagenum" id="Page_166">[p. 166]</span> estaba escrito de su -mano, dijo, vuelto a Sabino y riéndose: «No os atormentará mucho el -deseo a lo menos, Sabino, pues tan en la mano tenéis la esperanza; ni -aun deben ser ni lo uno ni lo otro muy ricos, pues se encierran en -tan pequeño papel.»</p> - -<p>—«Si fueren pobres—dijo Sabino—, menos causa tendréis para no -satisfacerme en una cosa tan pobre.»</p> - -<p>—«¿En qué manera—respondió Marcelo—, o qué parte soy yo para -satisfacer a vuestro deseo, o qué deseo es el que decís?»</p> - -<p>Entonces Sabino, desplegando el papel, leyó el título, que decía: -<i>De los nombres de Cristo</i>; y no leyó más, y dijo luego: «Por cierto -caso hallé hoy este papel, que es de Marcelo, adonde, como parece, -tiene apuntados algunos de los nombres con que Cristo es llamado en -la Sagrada Escritura, y los lugares de ella adonde es llamado así. Y -como le vi, me puso codicia de oirle algo sobre aqueste argumento, -y por eso dije que mi deseo estaba en este papel; y está en él mi -esperanza también, porque, como parece dél, éste es argumento en -que Marcelo ha puesto su estudio y cuidado, y argumento que le debe -tener en la lengua; y así, no podrá decirnos agora lo que suele -decir cuando se excusa, si le obligamos a hablar, que le tomamos -desapercibido. Por manera que, pues le falta esta excusa, y el tiempo -es nuestro, y el día santo, y la sazón tan a propósito de pláticas -semejantes, no nos será dificultoso el rendir a Marcelo, si vos, -Juliano, me favorecéis.»</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_9_3"> - <h3 title="Cristo, príncipe de Paz"><span class="pagenum" - id="Page_167">[p. 167]</span><small>LIBRO II, CAPÍTULO - III</small></h3> - <p class="hang mt1">Marcelo explicando a sus amigos por qué el - nombre de <i>Príncipe de Paz</i> es aplicado a Cristo, declara - qué cosa es paz.</p> -</div> - -<p>Calló Marcelo un poco, luego que dijo esto..., y descansando, -y como recogiéndose<a id="FNanchor_352" href="#Footnote_352" -class="fnanchor">[352]</a> todo en sí mismo por un espacio pequeño, -alzó después los ojos al cielo, que ya estaba sembrado de estrellas, -y teniéndolos en ellas como enclavados, comenzó a decir así:</p> - -<p>«Cuando<a id="FNanchor_353" href="#Footnote_353" -class="fnanchor">[353]</a> la razón no lo demostrara, ni por otro -camino se pudiera entender cuán amable cosa sea<a id="FNanchor_354" -href="#Footnote_354" class="fnanchor">[354]</a> la paz, esta -vista hermosa del cielo que se nos descubre agora, y el concierto -que tienen entre sí aquestos resplandores que lucen en él, nos -dan suficiente testimonio. Porque, ¿qué otra cosa es, sino paz, -o ciertamente una imagen perfecta de paz, esto que agora vemos -en el cielo y que con<span class="pagenum" id="Page_168">[p. -168]</span> tanto deleite se nos viene<a id="FNanchor_355" -href="#Footnote_355" class="fnanchor">[355]</a> a los ojos? Que<a -id="FNanchor_356" href="#Footnote_356" class="fnanchor">[356]</a> -si la paz es, como San Agustín breve y verdaderamente concluye, -una orden sosegada o un tener sosiego y firmeza en lo que pide el -buen orden, eso mismo es lo que nos descubre agora esta imagen. -Adonde el ejército de las estrellas, puesto como en ordenanza y como -concertado por sus hileras<a id="FNanchor_357" href="#Footnote_357" -class="fnanchor">[357]</a>, luce hermosísimo; y adonde cada una -dellas inviolablemente guarda su puesto; adonde no usurpa ninguna el -lugar de su vecina ni la turba en su oficio, ni menos, olvidada del -suyo, rompe jamás la ley eterna y santa que le puso la Providencia; -antes, como hermanadas todas y como mirándose entre sí, y comunicando -sus luces las mayores con las menores, se hacen muestra de amor; -y como en cierta manera<a id="FNanchor_358" href="#Footnote_358" -class="fnanchor">[358]</a> se reverencian unas a otras, y<span -class="pagenum" id="Page_169">[p. 169]</span> todas juntas templan a -veces sus rayos y sus virtudes, reduciéndolas a una pacífica unidad -de virtud, de partes y aspectos diferentes compuesta, universal y -poderosa sobre toda manera<a id="FNanchor_359" href="#Footnote_359" -class="fnanchor">[359]</a>.</p> - -<p>»Y si así se puede decir, no sólo son un dechado de paz clarísimo -y bello, sino un pregón y un loor que con voces manifiestas y -encarecidas nos notifica cuán excelentes bienes son los que la -paz en sí contiene y los que hace en todas las cosas. La cual -voz y pregón sin ruido se lanza en nuestras almas, y de lo que -en ellas lanzada hace<a id="FNanchor_360" href="#Footnote_360" -class="fnanchor">[360]</a>, se ve y entiende bien la eficacia suya y -lo mucho que las persuade. Porque luego, como convencidas de cuanto -les es útil y hermosa la paz, se comienzan ellas a pacificar en sí -mismas y a poner a cada<a id="FNanchor_361" href="#Footnote_361" -class="fnanchor">[361]</a><span class="pagenum" id="Page_170">[p. -170]</span> una de sus partes en orden. Porque si estamos atentos -a lo secreto que en nosotros pasa, veremos que este concierto y -orden de las estrellas, mirándolo, pone en nuestras almas sosiego, y -veremos que con sólo tener los ojos enclavados en él con atención, -sin sentir en qué manera, los deseos nuestros y las afecciones -turbadas que confusamente movían ruido en nuestros pechos de día, se -van quietando poco a poco, y como adormeciéndose, se reposan, tomando -cada una su asiento, y reduciéndose a su lugar propio, se ponen sin -sentir en sujeción y concierto.</p> - -<p>»Y veremos que, así como ellas se humillan y callan, así lo -principal y lo que es señor en el alma, que es la razón, se -levanta y recobra su derecho y su fuerza, y como alentada con esta -vista celestial y hermosa, concibe pensamientos altos y dignos de -sí, y como en una cierta manera se recuerda<a id="FNanchor_362" -href="#Footnote_362" class="fnanchor">[362]</a> de su primer -origen, y al fin pone todo lo que es vil y bajo en su parte, -y huella sobre ello<a id="FNanchor_363" href="#Footnote_363" -class="fnanchor">[363]</a>. Y así puesta ella en su trono como -emperatriz, y reducidas a sus lugares todas las de más<span -class="pagenum" id="Page_171">[p. 171]</span> partes del alma, queda -todo el hombre ordenado y pacífico.</p> - -<p>«Mas ¿qué digo de nosotros que tenemos razón? Esto insensible y -aquesto rudo del mundo, los elementos y la tierra y el aire y los -brutos se ponen todos en orden y se quietan luego que poniéndose -el sol, se les representa aqueste ejército resplandeciente. ¿No -veis el silencio que tienen agora todas las cosas, y cómo parece -que mirándose en este espejo bellísimo, se componen todas ellas y -hacen paz entre sí, vueltas a sus lugares y oficios, y contentas con -ellos?</p> - -<p>»Es sin duda el bien de todas las cosas universalmente la paz; -y así, dondequiera que la ven, la aman. Y no sólo ella, mas la -vista de su imagen de ella las enamora y las enciende en codicia de -asemejársele, porque todo se inclina fácil y dulcemente a su bien. Y -aun si confesamos, como es justo confesar, la verdad, no solamente la -paz es amada generalmente de todos, mas sola ella es amada y seguida -y procurada por todos. Porque cuanto se obra en esta vida por los -que vivimos<span class="pagenum" id="Page_172">[p. 172]</span> en -ella, y cuanto se desea y afana, es por conseguir este bien de la -paz, y este es el blanco adonde enderezan su intento y el bien a que -aspiran todas las cosas. Porque si navega el mercader y si corre los -mares, es por tener paz con su codicia, que le solicita y guerrea. Y -el labrador en el sudor de su cara y rompiendo la tierra busca paz, -alejando de sí cuanto puede al enemigo duro de la pobreza. Y por la -misma manera, el que sigue el deleite y el que anhela la honra y el -que brama por la venganza, y, finalmente, todos y todas las cosas -buscan la paz en cada una de sus pretensiones. Porque, o siguen algún -bien que les falta, o huyen algún mal que los enoja.»</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_9_4"> - <h3 title="Alabanza del madrugar">LA PERFECTA CASADA</h3> - <p class="centra mt2">LIBRO VII</p> - <p class="hang mt1">Comentando el versículo de los <i>Proverbios</i>, - <small>XXXI</small>, 15: «madrugó y repartió a sus gañanes las - raciones», hace Fray Luis una primorosa descripción del alba y - encarece las delicias del madrugar.</p> -</div> - -<p>El madrugar es tan saludable, que la razón sola de la salud, -aunque no despertara el cuidado y obligación de la casa, había -de levantar de la cama en amanesciendo a las casadas. Y guarda -en esto Dios, como en todo lo demás, la dulzura y suavidad de -su sabio gobierno, en que aquello a que<span class="pagenum" -id="Page_173">[p. 173]</span> nos obliga es lo mismo que más -conviene a nuestra naturaleza y en que recibe por su servicio lo -que es nuestro provecho<a id="FNanchor_364" href="#Footnote_364" -class="fnanchor">[364]</a>. Así que, no sólo la casa, sino también -la salud, pide a la buena mujer que madrugue. Porque cierto es que -es nuestro cuerpo del metal de los otros cuerpos, y que la orden que -guarda la naturaleza para el bien y conservación de los demás, esa -misma es la que conserva y da salud a los hombres.</p> - -<p>Pues ¿quién no ve que a aquella hora despierta el mundo todo -junto, y que la luz nueva saliendo, abre los ojos de los animales -todos, y que si fuese entonces dañoso dejar el sueño, la naturaleza -(que en todas las cosas generalmente, y en cada una por sí, esquiva -y huye el daño, y sigue y apetece el provecho, o que, para decir la -verdad, es ella eso mismo que a cada una de las cosas conviene y es -provechoso), no rompiera tan presto el velo de las tinieblas que -nos adormecen, ni sacara por el oriente los claros rayos del sol, -o si los sacara, no les diera tanta fuerza para nos despertar?<a -id="FNanchor_365" href="#Footnote_365" class="fnanchor">[365]</a>. -Porque si no despertase naturalmente la luz, no le cerrarían -las ventanas tan diligentemente los que<span class="pagenum" -id="Page_174">[p. 174]</span> abrazan el sueño. Por manera que -la naturaleza, pues nos envía la luz, quiere, sin duda, que nos -despierte. Y pues ella nos despierta, a nuestra salud conviene que -despertemos.</p> - -<p>Y no contradice a esto el uso de las personas que ahora el -mundo llama señores, cuyo principal cuidado es vivir para el -descanso y regalo del cuerpo, las cuales guardan la cama hasta -las doce del día<a id="FNanchor_366" href="#Footnote_366" -class="fnanchor">[366]</a>. Ante esta verdad, que se toca con las -manos, condena aquel vicio, del cual, ya por nuestros pecados o por -sus pecados de ellos mismos<a id="FNanchor_367" href="#Footnote_367" -class="fnanchor">[367]</a>, hacen honra y estado<a id="FNanchor_368" -href="#Footnote_368" class="fnanchor">[368]</a>, y ponen parte de -su grandeza en no guardar ni aun en esto el concierto que Dios les -pone. Castigaba bien una persona, que yo conocí, esta torpeza, y -nombrábala con su merescido vocablo. Y aunque es tan vil como lo -es el<span class="pagenum" id="Page_175">[p. 175]</span> hecho, -daráme vuestra merced<a id="FNanchor_369" href="#Footnote_369" -class="fnanchor">[369]</a> licencia para que lo ponga aquí, porque es -palabra que cuadra. Así que, cuando le decía alguno que era estado en -los señores este dormir, solía él responder que se erraba la letra<a -id="FNanchor_370" href="#Footnote_370" class="fnanchor">[370]</a>, -y que por decir <i>establo</i> decían <i>estado</i>. Y ello a la verdad es -así, que aquel desconcierto de vida tiene principio y nasce de otro -mayor desconcierto, que está en el alma y es causa él también y -principio de muchos otros desconciertos torpes y feos. Porque la -sangre y los demás humores del cuerpo, con el calor del día y del -sueño, encendidos demasiadamente y dañados, no solamente corrompen -la salud, mas también aficionan e inficionan el corazón feamente. -Y es cosa digna de admiración que, siendo estos señores en todo lo -demás grandes seguidores, o por mejor decir, grandes esclavos de su -deleite, en esto sólo se olvidan dél, y pierden por un vicioso dormir -lo más deleitoso de la vida, que es la mañana.</p> - -<p>Porque entonces la luz, como viene después de las tinieblas y se -halla como después de haber sido perdida, parece ser otra y hiere -el corazón<span class="pagenum" id="Page_176">[p. 176]</span> -del hombre con una nueva alegría, y la vista del cielo entonces, -y el colorear de las nubes y el descubrirse el aurora (que no -sin causa los poetas la coronan de rosas)<a id="FNanchor_371" -href="#Footnote_371" class="fnanchor">[371]</a>, y el aparecer la -hermosura del sol, es una cosa bellísima. Pues el cantar de las aves, -¿qué duda hay sino que suena entonces más dulcemente? y las flores y -las yerbas y el campo, todo despide de sí un tesoro de olor. Y como -cuando entra el rey de nuevo en alguna ciudad se adereza y hermosea -toda ella, y los ciudadanos hacen entonces plaza<a id="FNanchor_372" -href="#Footnote_372" class="fnanchor">[372]</a> y como alarde de -sus mejores riquezas; así los animales y la tierra y el aire, y -todos los elementos, a la venida del sol se alegran, y como para -recibirle, se hermosean y mejoran y ponen en público cada uno sus -bienes. Y como los curiosos suelen poner cuidado y trabajo por ver -semejantes recibimientos, así los hombres concertados y cuerdos, -aun por sólo el gusto, no han de perder esta fiesta que hace toda -la naturaleza al sol por las mañanas; porque no es gusto de un solo -sentido, sino general contentamiento de todos, porque la vista se -deleita con el nascer de la luz y con la figura<a id="FNanchor_373" -href="#Footnote_373" class="fnanchor">[373]</a> del aire y con el -variar de<span class="pagenum" id="Page_177">[p. 177]</span> las -nubes; a los oídos las aves hacen agradable armonía; para el oler, -el olor que en aquella sazón el campo y las yerbas despiden de sí -es olor suavísimo, pues el fresco del aire de entonces templa con -grande deleite el humor calentado con el sueño, y cría salud y lava -las tristezas del corazón, y no sé en qué manera le despierta a -pensamientos divinos antes que se ahogue en los negocios del día.</p> - -<p>Pero, si puede tanto con estos hijos de tinieblas el amor dellas, -que aun del día hacen noche, y pierden el fruto de la luz con el -sueño, y ni el deleite, ni la salud, ni la necesidad y provecho que -dicho habemos, son poderosos para los hacer levantar, vuestra merced -que es hija de luz, levántese con ella, y abra la claridad de sus -ojos cuando descubriere sus rayos el sol, y con pecho puro levante -sus manos limpias al Dador de la luz, ofresciéndole con santas y -agradescidas palabras su corazón, y después de hecho esto, y de -haber gozado del gusto del nuevo día, vuelta a las cosas de su casa, -entienda en su oficio.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_338"><span class="label"><a -href="#FNanchor_338">[338]</a></span> Véase la <a -href="#Footnote_343">nota 343</a> de la <a href="#Page_161">pág. -161</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_339"><span class="label"><a -href="#FNanchor_339">[339]</a></span> Algunos de sus párrafos -tienen el mismo asunto que sus versos, no sabiéndose si son -su esbozo y plan o su comentario y explicación. (Véase <a -href="#Page_169">pág. 169</a>, <a href="#Footnote_359">nota 359</a>, -y <a href="#Page_170">pág. 170</a>, <a href="#Footnote_363">nota -363</a>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_340"><span class="label"><a -href="#FNanchor_340">[340]</a></span> Véase, por ejemplo, la larga -interrogación de la <a href="#Page_173">pág. 173</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_341"><span class="label"><a -href="#FNanchor_341">[341]</a></span> Se censuró a Fray Luis por -haber escrito en castellano los dos primeros libros de los <i>Nombres -de Cristo</i>, impresos en 1583; pues, aunque ya habían escrito el -P. Avila y el P. Granada, muchos seguían creyendo que un teólogo -no debía emplear para sus obras sino el latín. Fray Luis contestó -reimprimiendo los <i>Nombres de Cristo</i>, en 1585, adicionados con un -tercer libro a cuya introducción pertenece el presente extracto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_342"><span class="label"><a -href="#FNanchor_342">[342]</a></span> Es decir, que no es cosa -común a todos los que hablan una lengua, sino que exige particular -disposición y estudio. Es antigua en España la creencia de que la -lengua propia ni merece ni requiere atención y trabajo; Juan de -Valdés se queja de los que con tanta negligencia y tan inmerecido -desdén la tratan, y Ambrosio de Morales, en 1546, decía: «siempre -ha quedado nuestra lengua en la miseria y con la pobreza que antes -tenía... que todo nace del gran menosprecio en que nuestros mismos -naturales tienen nuestra lengua, por lo cual ni se aficionan a ella, -ni se aplican a ayudarla». (Introducción al <i>Diálogo de la dignidad -del hombre, del M. Hernán Pérez de Oliva</i>, tío de Morales.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_343"><span class="label"><a -href="#FNanchor_343">[343]</a></span> Fray Luis, al principio de -esta introducción, habla poco menos que como si él fuera el primero -en aplicar el castellano a asuntos serios, quejándose «de lo mal -que usamos de nuestra lengua no la empleando sino en cosas sin -ser». No es admisible que desconociera los autores citados en la -<a href="#Page_125">pág. 125</a>, y por fuerza habría leído las -obras místicas del Beato Juan de Ávila y del Venerable Granada, que -andaban ya impresas; sin embargo, a juzgar por las palabras que -ahora emplea, parece que no le satisfacían mucho y no las tomaba en -consideración.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_344"><span class="label"><a -href="#FNanchor_344">[344]</a></span> <i>A vueltas de</i> significa -‘alrededor de, cerca de’; así fijando después el día en que esto -sucedía, dícese que era el de San Pedro, que es en 29 de Junio, cinco -días después de San Juan. En esta frase el artículo se usa rarísima -vez: <i>a las vueltas</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_345"><span class="label"><a -href="#FNanchor_345">[345]</a></span> Cuando el acusativo es de igual -raíz que el verbo, exige algún complemento que le especifique, pues -de lo contrario sería un acusativo del todo inútil, v. gr.: <i>vivir -una vida fatigosa</i> (véase <span class="smcap">Bello</span>, <i>Gram.</i> -§ 796); aquí se sobreentiende <i>con la vida (tan fatigosa) que -allí se vive</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_346"><span class="label"><a -href="#FNanchor_346">[346]</a></span> Los nombres de -ríos sin artículo, v. <a href="#Page_86">pág. 86</a>, <a -href="#Footnote_161">n. 161</a>. Los agustinos calzados, que -llegaron a Salamanca por los años 1330, fueron los fundadores -de este convento. Hoy no existe el edificio antiguo, pues fué -bárbaramente destruído por el ejército francés en 1812, y aunque -reedificado, se demolió más tarde, ocupando hoy su solar la nueva -calle llamada de Oliva.—Este monasterio tenía, para descanso y -recreo de los frailes, una granja, llamada <i>la Flecha</i>, a legua y -media de distancia, río arriba, a la vera del camino de Salamanca -a Madrid. (<span class="smcap">V. M. Villar</span> y <span -class="smcap">Macías</span>, <i>Hist. de Salamanca</i>, I, 453, etc.) La -apacible descripción que hace Fray Luis de este paisaje concuerda -en todo con la realidad; tal como él lo pinta, se reconocen hoy la -casa de los frailes, las cuestas que empiezan a sus espaldas y que si -hacia Aldealengua se van insensiblemente suavizando y disminuyendo, -prolónganse larguísimo espacio eslabonándose hacia Salamanca; todavía -existe la desordenada arboleda que tanto deleitaba la vista del -poeta, y la risueña fuente que baja desde la cuesta al huerto,</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i0">y como codiciosa</p> -<p class="i0">de ver y acrecentar su hermosura,</p> -<p class="i0">hasta llegar, corriendo se apresura.</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">En fin, el huerto mismo existe, que tanta -inspiración guardaba para el autor de la oda a la <i>Vida retirada</i> y -que se llama, como queda dicho, huerta de la <i>Flecha</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_347"><span class="label"><a -href="#FNanchor_347">[347]</a></span> Destinada al culto está desde -antiguo una capilla cerca de la huerta, frente a la aceña de la -Flecha y contigua a la casa del molinero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_348"><span class="label"><a -href="#FNanchor_348">[348]</a></span> <i>Hacerse</i> era muy usado con -nombres de lugar en el mismo sentido que ‘extenderse, hallarse’, o -sea ‘estar situado’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_349"><span class="label"><a -href="#FNanchor_349">[349]</a></span> <i>Los</i> dice la edición de -Salamanca 1585. Es el acusativo que debe ponerse con propiedad -gramatical; pero disuena algo a causa del uso generalísimo del dativo -<i>le</i> por el acusativo, cuando se trata de personas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_350"><span class="label"><a -href="#FNanchor_350">[350]</a></span> <i>Humor de sangre y de -melancolía</i> significa temperamento sanguíneo y melancólico o -bilioso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_351"><span class="label"><a -href="#FNanchor_351">[351]</a></span> <i>Sepamos de Juliano si es -pájaro</i>, en vez de <i>sepamos si Juliano es pájaro</i>, es un caso de -<i>atracción</i> del sujeto de la proposición dependiente que se construye -con el verbo principal; como en griego y en latín: <i>rem vides quomodo -se habeat</i> (v. <span class="smcap">Diez</span>, <i>Gr.</i> III, 360.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_352"><span class="label"><a -href="#FNanchor_352">[352]</a></span> Nótese el uso que tiene el -adverbio <i>como</i>; <i>como recogiéndose</i> no afirma que se recogiera -sino que todo su aspecto y semejanza era como la del que se -recoge; <i>como enclavados</i>, semejando enclavados; <i>como</i> viene a -ser en ambos ejemplos un simple afijo o partícula prepositiva para -denotar mera semejanza con la voz que le sigue, sentido que se -ve más claro si el <i>como</i> se refiere a un substantivo: «encontró -Don Quijote con dos como clérigos», «unos como joyeles» (v. <span -class="smcap">Bello</span>, <i>Gramática</i>, § 1234 y 1236).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_353"><span class="label"><a -href="#FNanchor_353">[353]</a></span> <i>Cuando</i> tiene muchas veces el -valor de la frase adverbial <i>aun cuando</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_354"><span class="label"><a -href="#FNanchor_354">[354]</a></span> En las interrogaciones -indirectas la proposición secundaria puede llevar su verbo en -indicativo (como hoy es lo ordinario) o en subjuntivo; aquí se -diría hoy más bien: «cuán amable cosa es la paz». En los siglos -<small>XVI</small> y <small>XVII</small> era más común el subjuntivo, -«dícese qué cosa sea la paz, lo que valga la paz».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_355"><span class="label"><a -href="#FNanchor_355">[355]</a></span> <i>Venirse a los ojos</i> equivale a -‘saltar a la vista’ o ‘presentarse’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_356"><span class="label"><a -href="#FNanchor_356">[356]</a></span> <i>Que</i>, conjunción causal, -abreviada de <i>porque</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_357"><span class="label"><a -href="#FNanchor_357">[357]</a></span> Respecto al <i>como</i> repetidas -veces usado aquí para denotar no el modo, sino la semejanza con -ese modo, véase la <a href="#Footnote_352">nota 352</a>, de la <a -href="#Page_167">pág. 167</a>: <i>como mirándose</i>, semejando que -se miran. <i>Concertado por sus hileras</i> se diría simplemente hoy: -«concertado por hileras» (o sea distribuído en hileras), sin el -posesivo; éste indica que el concierto les es a las estrellas propio -y natural. Es modismo antiguo; Don Alfonso el Sabio dice «fabla el -Arzobispo por su latín», es decir: en el latín que usaba siempre al -escribir.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_358"><span class="label"><a -href="#FNanchor_358">[358]</a></span> Hoy este <i>como</i> que denota -semejanza no se suele usar antepuesto a verbos y proposiciones -enteras, sino después de verbos que denotan una apreciación o -figuración; es decir, seguido de un <i>que</i> enunciativo: «se me -figuraba <b>como que</b> querían acercarse aquellos hombres», «hace -como que no quiere». «<b>Como en cierta manera</b> se reverencian», -sería hoy: «parece como que se reverencian»; al fin de este trozo se -repite este mismo giro: <b>como en una cierta manera recuerda</b> = -‘parece como que recuerda’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_359"><span class="label"><a -href="#FNanchor_359">[359]</a></span> Esta admirable descripción -recuerda y amplía algunos versos de la Oda XII del mismo autor, -«Noche serena»:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Quién mira el gran concierto</p> -<p class="i0">de aquestos resplandores eternales,</p> -<p class="i0">su movimiento cierto,</p> -<p class="i0">sus pasos desiguales,</p> -<p class="i0">y en proporción concorde tan iguales...</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_360"><span class="label"><a -href="#FNanchor_360">[360]</a></span> <i>Lanzar, echar pregón o -voz</i> se emplean por los simples ‘pregonar’ o ‘vocear’. Compárese -la concordancia <i>voz y pregón lanzada</i> con la que hallamos en -la <i>Introducción al Símbolo de la fe</i> (<a href="#Page_142">pág. -142</a>) y en el <i>Quijote</i> (comienzo del extracto de la <a -href="#Page_248">parte II, capítulo 23</a>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_361"><span class="label"><a -href="#FNanchor_361">[361]</a></span> <i>A cada</i> se lee en la edición -de Salamanca, 1585. Antes se admitían más acusativos con preposición; -hoy apenas se le pone <i>a</i> sino cuando el acusativo es nombre de -persona determinada, personificación, animal o nombre propio de -lugar, así que se diría «a poner cada una de sus partes». También se -diría con más rigor: «comienzan ellas a pacificarse y a poner sus -partes en orden», pues la acción reflexiva no se refiere para nada -a <i>poner</i> y sí sólo a <i>pacificar</i>, por lo cual no debe agregarse el -pronombre reflexivo a <i>comienzan</i>, ya que este verbo rige lo mismo a -<i>poner</i> que a <i>pacificar</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_362"><span class="label"><a -href="#FNanchor_362">[362]</a></span> Para el giro <i>como en -cierta manera</i>, véase la <a href="#Footnote_358">nota 358</a>, <a -href="#Page_168">pág. 168</a>. <i>Acordarse y recordarse</i> tenían, -como se ve aquí, una misma construcción y régimen (cfr. <a -href="#Page_145">p. 145</a>, <a href="#Footnote_305">n. 305</a>). -Hoy se diferencia mucho, pues se dice <i>acordar-se de una cosa</i> y -<i>recordar una cosa</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_363"><span class="label"><a -href="#FNanchor_363">[363]</a></span> El alma contemplando la -hermosura de la noche estrellada se acuerda de su primer origen -que es celestial, se siente como desterrada en este mundo y ve con -claridad las alturas del otro. Igual pensamiento expuso en verso el -maestro León, y casi con iguales palabras que aquí, salvo que no es -el espectáculo de la noche serena el que arroba el alma, sino la -sublime música del ciego Francisco Salinas:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">A cuyo son divino</p> -<p class="i0">mi alma, que en olvido está sumida,</p> -<p class="i0">torna a cobrar el tino</p> -<p class="i0">y memoria perdida</p> -<p class="i0">de su origen primera esclarecida.</p> -<p class="i2">Y como se conoce,</p> -<p class="i0">en suerte y pensamientos se mejora,</p> -<p class="i0">el oro desconoce</p> -<p class="i0">que el vulgo ciego adora,</p> -<p class="i0">la belleza caduca engañadora...</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_364"><span class="label"><a -href="#FNanchor_364">[364]</a></span> Esto es, «en que agradece como -un servicio lo que debemos hacer por nuestro provecho».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_365"><span class="label"><a -href="#FNanchor_365">[365]</a></span> Hoy los pronombres personales -átonos nunca se anteponen al infinitivo, sino que se le posponen -enclíticos. (V. <span class="smcap">Bello</span> <i>Gram.</i> § 915). -Fray Luis de Granada dice «que nadie sea osado a la despertar». -(<i>Guía de pec.</i> I. 16. § 1 B. AA. EE. VI, 61 <i>a</i>.) Sólo como -provincialismo se conserva la costumbre arcaica; en Asturias, -por ejemplo, se puede decir: «hay que lo dejar», «tengo que os -contar».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_366"><span class="label"><a -href="#FNanchor_366">[366]</a></span> Este es antiguo defecto español -atestiguado por algunos extranjeros; el barón alemán Conrado de -Bemelberg, que para perfeccionarse en el castellano viajó por España -ocho años después de muerto Fray Luis, escribe en una carta, fecha en -agosto de 1599, dando cuenta a su padre de lo que le parecía nuestra -tierra: «quien en España quiere negociar, más que ordinaria paciencia -ha de tener, pues a mediodía tienen costumbre de levantarse, y -después de levantados ir a la misa, acabada la cual se meten a comer, -y después de la comida, o a jugar o a dormir o pasearse a caballo por -las calles».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_367"><span class="label"><a -href="#FNanchor_367">[367]</a></span> En <i>sus pecados de ellos</i> no es -<i>de ellos</i> un inútil pleonasmo, sino que está exigido por la vaguedad -del <i>su</i>, que no determina si el poseedor es masculino o femenino, -ni singular o plural. Hoy esta doble indicación del posesivo no se -conserva sino cuando el poseedor es <i>usted</i>: «su padre de usted», «su -casa de usted».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_368"><span class="label"><a -href="#FNanchor_368">[368]</a></span> Nótese la frase, no registrada -en los Diccionarios: <i>hacer honra y estado de una cosa</i>, ‘fundar en -ella su condición y su dignidad’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_369"><span class="label"><a -href="#FNanchor_369">[369]</a></span> <i>Vuestra merced</i> se dirige -a Doña María Varela Osorio, a la cual dedicó su obra Fray Luis de -León.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_370"><span class="label"><a -href="#FNanchor_370">[370]</a></span> <i>Errar la letra</i> es frase -figurada; tómase en sentido propio «equivocarse en la escritura -o lectura», cuando se trata de algún documento escrito, sobre -cuya interpretación se discute. El uso de esta expresión, u otras -análogas, era muy corriente. En la <i>Celestina</i> (auto IX) se dice, -hablando de las veces que se debe beber: «Madre, pues <i>tres</i> veces -dicen que es lo bueno y honesto todos los que escribieron.—Hijos, -estará corrupta la letra: por <i>trece, tres</i>.» (Véase <i>Rev. de -Filología Española</i>, IV, 50).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_371"><span class="label"><a -href="#FNanchor_371">[371]</a></span> Homero calificó a la Aurora de -<i>dedos de rosa</i> y según él todos los poetas clásicos; Ovidio llámala -<i>rosea dea</i> (<i>Ars. am.</i> III. 84). Claro es que en el Renacimiento -esta denominación era un lugar común. Cervantes la llamó <i>rosada -aurora</i> (<i>Quijote</i> I. 2).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_372"><span class="label"><a -href="#FNanchor_372">[372]</a></span> <i>Hacer plaza</i> no está -registrado en los diccionarios con el sentido que aquí tiene de -‘hacer ostentación’. Sólo se le apunta el significado de ‘sacar a la -plaza o publicar una cosa’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_373"><span class="label"><a -href="#FNanchor_373">[373]</a></span> <i>Figura</i> dice la edición de -Salamanca 1586, pero debe ser errata.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_10"> - <p><span class="pagenum" id="Page_178">[p. 178]</span></p> - <h2 title="El P. Juan de Mariana" - class="nobreak">EL P. JUAN DE MARIANA<br /> - <small>(1536-1623)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Su <i>Historia de España</i> latina salió a luz por primera vez en -Toledo en 1592; en la misma ciudad se publicó la primera edición -romanceada en 1601.</p> - -<p>La historiografía contaba ya en España con diestros -investigadores, que habían rectificado multitud de errores de la -historia tradicional, mediante el estudio crítico de crónicas, -diplomas, inscripciones, etc.; tales eran Garibay, Ambrosio de -Morales, Zurita. Mariana no se sentía inclinado a estas tareas, pues -las suyas habituales eran las del teólogo y moralista; sólo como -ocupación accesoria se dedicó a componer la Historia de España. Así -que no se propuso continuar los estudios especiales en averiguación -de la verdad, sino que, contentándose con lo hecho por otros, como -en sus obras echaba de menos el arte de la narración, no aspiraba -sino a vulgarizar lo estudiado por otros: <i>mi intento no fué hacer -historia, sino poner en orden y estilo lo que otros habían recogido</i>. -Su principal preocupación fué, pues, la narración agradable; escoge -en las diversas fuentes que maneja la versión de los hechos que -buenamente le parece más verdadera, y luego la expone sin reparo -crítico alguno; sucediendo más de una vez que la hermosura de un -relato fabuloso le atrae y le obliga a acogerlo sin expresar la menor -duda,<span class="pagenum" id="Page_179">[p. 179]</span> pues lo que -él pretendía era hacer, más que una historia averiguada, una historia -literaria y nacional, de la cual nada bello y nada heroico debía ser -excluído. Ciertamente que consiguió tal propósito; su obra es hasta -ahora el más digno monumento en honor de la historia y tradiciones -españolas, como lo es Tito Livio de las romanas.</p> - -<p>En el estilo de esta obra se ven claramente influencias, tanto -de la índole personal del autor, como de sus lecturas habituales. -La entereza de carácter y la austeridad de pensamiento de Mariana -se reflejan en su narración histórica, a veces seca, pero que sabe -revestirse siempre de un aire de autoridad y decoro que, como dice -Capmany, «apenas distingue uno después si son las cosas o las -palabras las que aparecen grandes y majestuosas». Ni aun en las -arengas es declamador o retórico.</p> - -<p>Las habituales tareas de teólogo, político y moralista a que se -consagró Mariana, hacen que su narración, no sólo esté llena de -máximas y aforismos, según la costumbre general de los historiadores -de la época, sino que se desvíe, más o menos visiblemente, para -obligarla a correr por el cauce de las ideas filosóficas y sociales -del autor.</p> - -<p>Su cultura clásica le hace imitar a Tito Livio en la manera amplia -y tranquila de relatar, y a Tácito en las sentencias y reflexiones -con que moraliza constantemente el relato. Además, como Mariana -había escrito primero su obra en latín, de aquí que al romancearla -conservara algún dejo de construcción latina como el que apuntamos en -la <a href="#Footnote_405">nota</a> de la <a href="#Page_193">página -193</a>.</p> - -<p>En fin: la obligada lectura de crónicas castellanas de los siglos -<small>XIV</small> y <small>XV</small> le encariñó con el lenguaje -viejo, y de ellas se le pegaron multitud de arcaísmos, como: <i>aína</i> -‘presto, luego’; <i>al</i> ‘otro’,<span class="pagenum" id="Page_180">[p. -180]</span> <i>asaz</i> ‘bastante, harto’; <i>ca</i> ‘porque’, muy usado por -Mariana, y algo también por Fray Luis de Granada; <i>dende</i> ‘desde -allí’, <i>hobo</i> ‘hubo’, <i>maguer</i> ‘aunque’, <i>suso</i> ‘arriba’. Sin duda -esto tenía por objeto revestir así el lenguaje de un aspecto más -venerable. Razón tenía Saavedra Fajardo al decir en su <i>República -literaria</i> que así como otros se tiñen las barbas por parecer mozos, -Mariana se las teñía por hacerse viejo. Lo cierto es que con ser -la <i>Historia de España</i> treinta años posterior a la <i>Guerra de -Granada</i> de Mendoza, representa un lenguaje mucho más antiguo. Este -no es defecto especial de Mariana, quien sabe mantener en un límite -prudente el arcaísmo; las Crónicas ejercían tal atractivo sobre -los que las leían, que los poetas que sacaban de ellas romances o -comedias, solían imitar su lenguaje arcaico con mucha más exageración -que a Mariana, pues llegaban a escribir sus versos contrahaciendo la -<i>fabla antigua</i>.</p> - -<p>Además del arcaísmo prudentemente manejado, se observa en -Mariana alguna otra afectación; sobre todo un particular estudio -para huir del uso del gerundio, forma verbal de que tanto abusan -las malas narraciones; en su lugar, Mariana emplea con preferencia -el participio oracional. Fuera de esto, el estilo de Mariana se -distingue por una gran llaneza y naturalidad, y por una construcción -ligera que prefiere la nueva yuxtaposición de las cláusulas a -englobarlas con relación de dependencia<a id="FNanchor_374" -href="#Footnote_374" class="fnanchor">[374]</a>.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_10_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_181">[p. 181]</span></p> - <h3 title="Muerte de Don Pedro el Cruel"><span class="g1">HISTORIA DE - ESPAÑA</span></h3> - <p class="centra mt2">LIBRO XVII, CAPÍTULO XIII</p> - <p class="hang mt1">Muerte del Rey Don Pedro el Cruel, 22 ó 23 marzo, - 1369. En el capítulo anterior contó Mariana cómo Don Enrique, - vuelto de Francia, allegó en rededor suyo muchos partidarios; le - recibieron por Rey Burgos y otras ciudades, y cercó a Toledo que aún - se mantenía por Don Pedro.</p> -</div> - -<p>El Rey Don Pedro, desamparado de los que le podían ayudar, y -sospechoso de los demás, lo que sólo le restaba, se resolvió de -aventurarse, encomendarse a sus manos y ponerlo todo en el trance y -riesgo de una batalla; sabía muy bien que los reinos se sustentan -y conservan más con la fama y reputación que con las fuerzas y -armas. Teníale con gran cuidado el peligro de la real ciudad de -Toledo; estaba aquejado y pensaba cómo mejor podría conservar su -reputación. Esto le confirmaba más en su propósito de ir en busca -de su enemigo y dalle<a id="FNanchor_375" href="#Footnote_375" -class="fnanchor">[375]</a> la batalla. Procuráronselo estorbar los -de Sevilla; decíanle que se destruía y se iba derecho a despeñar; -que lo mejor era tener sufrimiento, reforzar su ejército y esperar -las gentes<span class="pagenum" id="Page_182">[p. 182]</span> que -cada día vendrían de sus amigos y de los pueblos que tenían su voz<a -id="FNanchor_376" href="#Footnote_376" class="fnanchor">[376]</a>. -Esto que le aconsejaban era lo que en todas maneras debiera seguir, -si no le cegaran la grandeza de sus maldades y la divina justicia, -que estaba ya determinada de muy presto castigallas. Estando -en este aprieto, sucedióle otro desastre, y fué que Vitoria, -Salvatierra y Logroño, que eran de su obediencia, fatigadas de las -armas del Rey de Navarra<a id="FNanchor_377" href="#Footnote_377" -class="fnanchor">[377]</a>, y por falta de socorro por estar Don -Pedro tan lejos, se entregaron al Navarro. Ayudó a esto Don Tello<a -id="FNanchor_378" href="#Footnote_378" class="fnanchor">[378]</a>, -el cual, si estaba mal con Don Pedro, no era amigo de su hermano -Don Enrique, y así se estaba a la mira<a id="FNanchor_379" -href="#Footnote_379" class="fnanchor">[379]</a> en Vizcaya, sin -querer ayudar a ninguno de los dos.</p> - -<p>Proseguíase en este comedio el cerco de Toledo. Y como quier -que aquella ciudad estuviese, como dijimos, dividida en aficiones, -algunos de<span class="pagenum" id="Page_183">[p. 183]</span> -los que favorecían a Don Enrique intentaron de apoderalle<a -id="FNanchor_380" href="#Footnote_380" class="fnanchor">[380]</a> -de una torre del muro de la ciudad que miraba al real, que se dice -la torre de los Abades. Como no le sucediese<a id="FNanchor_381" -href="#Footnote_381" class="fnanchor">[381]</a> esta traza, -procuraron dalle entrada en la ciudad por el puente de San Martín<a -id="FNanchor_382" href="#Footnote_382" class="fnanchor">[382]</a>, -sobre lo cual los del un bando y del otro vinieron a las manos, en -que sucedieron algunas muertes de ciudadanos.</p> - -<p>Sabidas estas revueltas por el Rey Don Pedro, dióse muy mayor -priesa a irla a socorrer, por no hallalla perdida cuando llegase. -Para ir con menor cuidado mandó recoger sus tesoros, y con sus hijos -Don Sancho y Don Diego llevallos a Carmo<span class="pagenum" -id="Page_184">[p. 184]</span>na, que es una fuerte y rica villa del -Andalucía, y está cerca de Sevilla. Hecho esto, juntó arrebatadamente -su ejército y aprestó su partida para el reino de Toledo. Llevaba -en su campo tres mil hombres de a caballo; pero la mitad de -ellos, ¡mal pecado!<a id="FNanchor_383" href="#Footnote_383" -class="fnanchor">[383]</a>, eran moros, y de quien no se tenía -entera confianza, ni se esperaba que pelearían con aquel brío y -gallardía que fuera necesario. Dícese que al tiempo de su partida -consultó a un moro sabio de Granada, llamado Benagatin, con quien -tenía mucha familiaridad, y que el moro le anunció su muerte por -una profecía de Merlín<a id="FNanchor_384" href="#Footnote_384" -class="fnanchor">[384]</a>, hombre inglés que vivió antes deste -tiempo, como cuatrocientos años. La profecía contenía estas palabras: -«En las partes de occidente, entre los montes y el mar, nacerá -una ave negra, comedora y robadora, y tal, que todos los panales -del mundo querrá recoger en sí, y todo el oro del mundo querrá -poner en su estómago, y después gormarlo ha<a id="FNanchor_385" -href="#Footnote_385" class="fnanchor">[385]</a>,<span -class="pagenum" id="Page_185">[p. 185]</span> y tornará atrás. Y no -perecerá luego por esta dolencia, caérsele han las péñolas, y sacarle -han las plumas al sol, y andará de puerta en puerta y ninguno la -querrá acoger, y encerrarse ha en la selva y allí morirá dos veces: -una al mundo, y otra a Dios, y desta manera acabará.» Esta fué la -profecía, fuese verdadera o ficción, de un hombre vanísimo que le -quisiese burlar; como quiera que fuese, ella se cumplió dentro de muy -pocos días.</p> - -<p>El Rey Don Pedro, con la hueste que hemos dicho, bajó del -Andalucía a Montiel, que es una villa en la Mancha y en los Oretanos -antiguos, cercada de muralla, con su pretil, torres y barbacana, -puesta en un sitio fuerte y fortalecida con un buen castillo. Sabida -por Don Enrique la venida de Don Pedro, dejó a Don Gómez Manrique, -Arzobispo de Toledo, para que prosiguiese el cerco de aquella ciudad, -y él, con dos mil y cuatrocientos hombres de a caballo, por no -esperar el paso de la infantería, partió con gran priesa en busca de -Don Pedro. Al pasar por la villa de Orgaz, que está a cinco leguas -de Toledo, se juntó con él Beltrán Claquin<a id="FNanchor_386" -href="#Footnote_386" class="fnanchor">[386]</a> con seiscientos -caballos extranjeros que traía de Francia; importantísimo socorro -y a buen tiempo, porque eran soldados viejos y muy ejercitados -y diestros en pelear. Llegaron al tanto<a id="FNanchor_387" -href="#Footnote_387" class="fnanchor">[387]</a> allí Don Gonzalo -Mejía, maestre de Santiago, y<span class="pagenum" id="Page_186">[p. -186]</span> Don Pedro Muñiz<a id="FNanchor_388" href="#Footnote_388" -class="fnanchor">[388]</a>, maestre de Calatrava, y otros señores -principales que venían con deseo de emplear sus personas en la -defensa y libertad de su patria. Partió Don Enrique con esta -caballería; caminó toda la noche, y al amanecer dieron vista a los -enemigos, antes que tuviesen nuevas ciertas que eran partidos de -Toledo.</p> - -<p>Ellos, cuando vieron que estaba tan cerca Don Enrique, tuvieron -gran miedo, y pensaron no hobiese alguna traición y trato -para dejarlos en sus manos; a esta causa<a id="FNanchor_389" -href="#Footnote_389" class="fnanchor">[389]</a> no se fiaban los unos -de los otros. Recelábanse también de los mismos vecinos de la villa. -Los capitanes, con mucha priesa y turbación, hicieron recoger los más -de los soldados que estaban alojados en las aldeas cerca de Montiel; -muchos dellos desampararon las banderas de miedo o por el poco amor y -menos gana con que servían.</p> - -<p>Al salir del sol formaron sus escuadrones de ambas partes -y animaron sus soldados a la batalla. Don Enrique habló a los -suyos en esta sustancia<a id="FNanchor_390" href="#Footnote_390" -class="fnanchor">[390]</a>: «Este día, valerosos compañeros, nos -ha de<span class="pagenum" id="Page_187">[p. 187]</span> dar -riquezas, honra y reino, o nos lo ha de quitar. No nos puede suceder -mal, porque de cualquiera manera que nos avenga, seremos bien -librados; con la muerte, saldremos de tan inmensos e intolerables -afanes como padecemos; con la victoria, daremos principio a la -libertad y descanso, que tanto tiempo ha deseamos. No podemos -entretenernos ya más; si no matamos a nuestro enemigo, él nos -ha de hacer perecer de<a id="FNanchor_391" href="#Footnote_391" -class="fnanchor">[391]</a> tal género de muerte, que la ternemos<a -id="FNanchor_392" href="#Footnote_392" class="fnanchor">[392]</a> -por dichosa y dulce si fuere ordinaria, y no con crueles y bárbaros -tormentos. La naturaleza nos hizo gracia de la vida con un necesario -tributo, que es la muerte; ésta no se puede excusar; empero los -tormentos, las deshonras, afrentas e injurias, evitarálas vuestro -esfuerzo y valor. Hoy alcanceréis una gloriosa victoria, o quedaréis -como honrados y valerosos tendidos en el campo. No vean tal mis -ojos; no permita vuestra bondad, Señor, que perezcan tan virtuosos -y leales caballeros. Mas ¿qué muerte tan desastrada y miserable -nos puede venir que sea peor que la vida acosada que traemos? No -tenemos guerra con enemigo que nos concederá partidos razonables, -ni aun una tolerable servidumbre, cuando queramos ponernos en sus -manos; ya sabéis su increíble crueldad, y tenéis bien a vuestra -costa experimentado cuán poca seguridad hay en su fe y pa<span -class="pagenum" id="Page_188">[p. 188]</span>labra. No tiene mejor -fiesta, ni más alegre<a id="FNanchor_393" href="#Footnote_393" -class="fnanchor">[393]</a>, que la que solemniza con sangre y -muertes, con ver destrozados los hombres delante de sus ojos. -¿Por ventura habémoslo<a id="FNanchor_394" href="#Footnote_394" -class="fnanchor">[394]</a> con algún malvado y perverso tirano, y no -con una inhumana y feroz bestia, que parece ha sido agarrochada en -la leonera para que de allí con mayor braveza salga a hacer nuevas -muertes y destrozos? Confío en Dios, y en su apóstol Santiago, que -ha caído en la red que nos tenía tendida y que está encerrado, -donde pagará la cruel carnicería que en nos<a id="FNanchor_395" -href="#Footnote_395" class="fnanchor">[395]</a> tiene hecha; mirad, -mis soldados, no se os vaya; detenedla, no la dejéis huir, no quede -lanza ni espada que no pruebe en ella sus aceros. Socorred, por Dios, -a nuestra miserable patria, que la tiene desierta y asolada;<span -class="pagenum" id="Page_189">[p. 189]</span> vengad la sangre que -ha derramado de vuestros padres, hijos, amigos y parientes. Confiad -en nuestro Señor, cuyos sagrados ministros sacrílegamente ha muerto, -que os favorecerá para que castiguéis tan enormes maldades, y le -hagáis un agradable sacrificio de la cabeza de un tal monstruo -horrible y fiero tirano»<a id="FNanchor_396" href="#Footnote_396" -class="fnanchor">[396]</a>.</p> - -<p>Acabada la plática, luego con gran brío y alegría arremetieron a -los enemigos; hirieron en ellos con tan gran denuedo, que sin poder -sufrir este primer ímpetu en un momento fueron desbaratados. Los -primeros huyeron los moros<a id="FNanchor_397" href="#Footnote_397" -class="fnanchor">[397]</a>, los castellanos resistieron algún tanto; -mas como se viesen perdidos y desamparados, se recogieron, con el Rey -Don Pedro, en el castillo de Montiel. Murieron muchos de los moros en -la batalla, muchos más fueron los que perecieron en el alcan<span -class="pagenum" id="Page_190">[p. 190]</span>ce<a id="FNanchor_398" -href="#Footnote_398" class="fnanchor">[398]</a>; de los cristianos no -murió sino sólo un caballero<a id="FNanchor_399" href="#Footnote_399" -class="fnanchor">[399]</a>. Ganóse esta victoria un miércoles, -catorce días de marzo del año de 1369.</p> - -<p>Don Enrique, visto cómo Don Pedro se encerró en la villa, a -la hora la hizo cercar de una horma (pared de piedra seca) con -gran vigilancia porque no se les pudiese escapar. Comenzaron los -cercados a padecer falta de agua y de trigo, ca lo poco que tenían -les dañó de industria<a id="FNanchor_400" href="#Footnote_400" -class="fnanchor">[400]</a>, a lo que parece, algún soldado de los -de dentro, deseoso de que se acabase presto el cerco. Don Pedro, -entendido el peligro en que estaba, pensó cómo podría huirse del -castillo más a su salvo<a id="FNanchor_401" href="#Footnote_401" -class="fnanchor">[401]</a>. Hallábase con él un caballero que -le era muy leal, natural de Trastamara, decíase Men Rodríguez<a -id="FNanchor_402" href="#Footnote_402" class="fnanchor">[402]</a> de -Sanabria; por medio deste hizo a Beltrán Claquin una gran promesa -de villas y castillos y de docientas mil doblas castellanas, a tal -que, dejado a Don Enri<span class="pagenum" id="Page_191">[p. -191]</span>que, le favoreciese y le pusiese en salvo. Extrañó esto -Beltrán; decía que si tal consintiese, incurriría en perpetua -infamia de fementido y traidor; mas como todavía Men Rodríguez le -instase, pidióle tiempo para pensar en tan grande hecho. Comunicado -el negocio secretamente con los amigos de quien más se fiaba, le -aconsejaron que contase a Don Enrique todo lo que en este caso -pasaba; tomó su consejo. Don Enrique le agradeció mucho su fidelidad, -y con grandes promesas<a id="FNanchor_403" href="#Footnote_403" -class="fnanchor">[403]</a> le persuadió a que con trato doble -hiciese venir a Don Pedro a su posada, y le prometiese haría lo que -deseaba. Concertaron la noche; salió Don Pedro de Montiel armado -sobre un caballo con algunos caballeros que le acompañaban; entró en -la estancia de Beltrán Claquin con más miedo que esperanza de buen -suceso. El recelo y temor que tenía dicen se le aumentó un letrero -que leyó poco antes, escrito en la pared de la torre del homenaje -del castillo de Montiel, que contenía estas palabras: <i>Esta es la -torre de la Estrella</i>. Ca ciertos astrólogos le pronosticaron que -moriría en una torre deste nombre. Ya sabemos cuán grande vanidad -sea la destos adevinos, y cómo después de acontecidas las cosas se -suelen fingir semejantes consejas. Lo que se refiere que le pasó -con un judío<span class="pagenum" id="Page_192">[p. 192]</span> -médico es cosa más de notar. Fué así, que por la figura de su -nacimiento le había dicho que alcanzaría nuevos reinos y que -sería muy dichoso. Después, cuando estuvo en lo más áspero de sus -trabajos, díjole: «cuán mal acertastes en vuestros pronósticos», -respondió el astrólogo: «aunque más hielo caiga del cielo, de -necesidad el que está en el baño ha de sudar.» Dió por estas palabras -a entender que la voluntad y acciones de los hombres son más -poderosas que las inclinaciones de las estrellas<a id="FNanchor_404" -href="#Footnote_404" class="fnanchor">[404]</a>.</p> - -<p>Entrado pues Don Pedro en la tienda de Don Beltrán, díjole que ya -era tiempo que se fuesen. En esto entró Don Enrique armado; como vió -a Don Pedro, su hermano, estuvo un poco sin hablar como espantado; -la grandeza del hecho le tenía alterado y suspenso, o no le conocía -por los muchos años que no se vieran. No es menos sino que los que -se hallaron presentes estaban entre miedo y esperanza vacilando. Un -caballero francés dijo a Don Enrique, señalando con la mano a Don -Pedro: «mirad que ese es vuestro enemigo.» Don Pedro con aquella -natural ferocidad que tenía, respondió dos veces: «yo soy, yo soy.» -Entonces Don Enrique sacó su daga y dióle una herida con ella en el -rostro. Vinieron luego a los brazos, cayeron ambos en el suelo; dicen -que Don Enrique<span class="pagenum" id="Page_193">[p. 193]</span> -debajo, y que con ayuda de Beltrán, que les dió vuelta y le puso -encima, le pudo herir de muchas puñaladas, con que le acabó de matar. -Cosa que pone grima, un rey, hijo y nieto de reyes, revolcado en su -sangre derramada por la mano de un su hermano bastardo. ¡Extraña -hazaña!</p> - -<p>A la verdad, cuya<a id="FNanchor_405" href="#Footnote_405" -class="fnanchor">[405]</a> vida fué tan dañosa para España, su muerte -le fué saludable; y en ella se echa bien de ver que no hay ejércitos, -poder, reinos ni riquezas que basten a tener seguro a un hombre que -vive mal e insolentemente. Fué este un extraño ejemplo para que en -los siglos venideros tuviesen que considerar, se admirasen y temiesen -y supiesen también que las maldades de los príncipes las castiga -Dios, no solamente con el odio y mala voluntad con que mientras viven -son aborrecidos, ni sólo con la muerte, sino con la memoria de las -historias, en que son eternamente afrentados y aborrecidos por todos -aquellos que las leen, y sus almas sin descanso serán para siempre -atormentadas.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_10_2"> - <h3 title="Proclamación de Don Juan II"><span class="pagenum" - id="Page_194">[p. 194]</span><small>LIBRO XIX, CAPÍTULO XV</small></h3> - <p class="hang mt2">Es alzado por Rey de Castilla Don Juan II. Abnegación - de su tío Don Fernando de Antequera.</p> -</div> - -<p>Hecho el enterramiento y las exequias del Rey Don Enrique con la -magnificencia que era razón y con toda representación de majestad y -tristeza, los grandes se comunicaron para nombrar sucesor y hacer -las ceremonias y homenajes que en tal caso se acostumbran. No eran -conformes los pareceres, ni todos hablaban de una misma manera. A -muchos parecía cosa dura y peligrosa esperar que un infante de veinte -y dos meses tuviese edad competente para encargarse del gobierno. -Acordábanse de la minoridad de los reyes pasados, y de los males que -por esta causa se padecieron por todo aquel tiempo. Leyóse en público -el testamento del Rey difunto, en que disponía y dejaba mandado -que la Reina, su mujer<a id="FNanchor_406" href="#Footnote_406" -class="fnanchor">[406]</a>, y el Infante Don Fernando, su hermano, -se encargasen del gobierno del reino y de la tutela del Príncipe. A -Diego López de Zúñiga y Juan de Velasco encomendó la crianza y la -guarda del niño; la enseñanza a Don Pablo, Obispo de Cartagena, para -que en las letras fuese su maestro, como era ya su chanciller<span -class="pagenum" id="Page_195">[p. 195]</span> mayor, hasta tanto que -el Príncipe fuese de edad de catorce años. Ordenó otrosí que los tres -atendiesen sólo al cuidado que se les encomendaba, y no se empachasen -en el gobierno del reino.</p> - -<p>Algunos pretendían que todas estas cosas se debían alterar; -alegaban que el testamento se hizo un día antes de la muerte del -Rey cuando no estaba muy entero, antes tenía alterada la cabeza -y el sentido; que no era razón por ningún respeto dejar el reino -expuesto a las tempestades que forzosamente por estas causas se -levantarían. Desto se hablaba en secreto, desto en público en las -plazas y corrillos. Verdad es que ninguno se adelantaba a declarar la -traza que se debía tener para evitar aquellos inconvenientes; todos -estaban a la mira, ninguno se quería aventurar a ser el primero. -Todos ponían mala voz<a id="FNanchor_407" href="#Footnote_407" -class="fnanchor">[407]</a> en el testamento y lo dispuesto en él; -pero cada cual asimismo temía de ponerse a riesgo de perderse -si se declaraba mucho. Ofrecíaseles que el infante Don Fernando -los podría sacar de la congoja en que estaban y de la cuita<a -id="FNanchor_408" href="#Footnote_408" class="fnanchor">[408]</a>, -si se quisiese encargar del reino; mas recelábase que no vendría -en esto por ser de su natural templado, manso y de gran modestia, -virtudes que cada cual les daba el nombre<a id="FNanchor_409" -href="#Footnote_409" class="fnanchor">[409]</a> que le pa<span -class="pagenum" id="Page_196">[p. 196]</span>recía, quién de miedo, -quién de flojedad, quién de corazón estrecho; finalmente, de los -vicios que más a ellas se semejan. La ausencia de la Reina y ser -mujer y extranjera daba ocasión a estas pláticas. Estaba a la -sazón en Segovia con sus hijos cubierta de luto y de tristeza, así -por la muerte de su marido, como por el recelo que tenía en qué -pararían aquellas cosas<a id="FNanchor_410" href="#Footnote_410" -class="fnanchor">[410]</a> que se removían en Toledo.</p> - -<p>Los grandes, comunicado el negocio entre sí, al fin determinaron -dar un tiento al infante Don Fernando. Tomó la mano Don Ruy López -Dávalos por la autoridad que tenía de condestable y por estar más -declarado que ninguno de los otros. Pasaron en secreto muchas -razones primero; después, en presencia de otros de su opinión, le -hizo para animalle, que se mostraba muy tibio, un razonamiento muy -pensado desta sustancia: «Nos, señor, os convidamos con la corona de -vuestros padres y abuelos, resolución cumplidera<a id="FNanchor_411" -href="#Footnote_411" class="fnanchor">[411]</a> para el reino, -honrosa para vos, saludable para todos. Para que la oferta salga -cierta, ninguna otra cosa falta sino vuestro consentimiento; ninguno -será tan osado<span class="pagenum" id="Page_197">[p. 197]</span> -que haga contradicción a lo que tales personajes acordaron. No -hay en nuestras palabras engaño ni lisonja. Subir a la cumbre del -mando y del señorío por malos caminos, es cosa fea; mas desamparar -al reino que de su voluntad se os ofrece y se recoge al amparo de -vuestra sombra en el peligro, mirad no parezca flojedad y cobardía. -La naturaleza de la potestad real y su origen, enseñan bastantemente -que el cetro se puede quitar a uno y dar a otro, conforme a las -necesidades que ocurren. Al principio del mundo vivían los hombres -derramados por los campos a maneras de fieras; no se juntaban -en ciudades ni en pueblos; solamente cada cual de las familias -reconocía y acataba al que entre todos se aventajaba en la edad y -en la prudencia. El riesgo que todos corrían de ser oprimidos de -los más poderosos y las contiendas que resultaban con los extraños -y aun entre los mismos parientes, fueron ocasión que se juntasen -unos con otros, y para mayor seguridad se sujetasen y tomasen por -cabeza al que entendían con su valor y prudencia los podría amparar<a -id="FNanchor_412" href="#Footnote_412" class="fnanchor">[412]</a> -y defender de cualquier agravio y demasía. Este fué el origen que -tuvieron los pueblos, éste<span class="pagenum" id="Page_198">[p. -198]</span> el principio de la majestad real<a id="FNanchor_413" -href="#Footnote_413" class="fnanchor">[413]</a>, la cual por entonces -no se alcanzaba por negociaciones ni sobornos; la templanza, la -virtud y la inocencia prevalecían. Asimismo no pasaba por herencia -de padres a hijos; por voluntad de todos y de entre todos se escogía -el que debía suceder al que moría. El demasiado poder de los reyes -hizo que heredasen las coronas los hijos, a veces de pequeña edad, -de malas y dañadas costumbres. ¿Qué cosa puede ser más perjudicial -que entregar a ciegas y sin prudencia al hijo, sea el que fuere, -los tesoros, las armas, las provincias, y lo que se debía a la -virtud y méritos de la vida, dallo al que ninguna muestra ha dado -de tener bastantes prendas? No quiero alargarme más en esto ni -valerme de ejemplos antiguos para prueba de lo que digo. Todavía es -averiguado que por la muerte del Rey Don Enrique el Primero sucedió -en esta corona, no Doña Blanca, su hermana mayor, que estaba casada -en Francia, sino Doña Berenguela, acuerdo muy acertado, como lo -mostró la santidad y perpetua felicidad de Don Fernando, su hijo. -El hijo menor del Rey Don Afonso el Sabio la ganó a los hijos de su -hermano mayor el Infante Don Fernando, porque con sus buenas partes -daba muestras de Príncipe valeroso. ¿Para qué son cosas antiguas? -Vuestro abuelo el Rey Don Enrique quitó<span class="pagenum" -id="Page_199">[p. 199]</span> el reino a su hermano y privó a las -hijas de la herencia de su padre; que si no se pudo hacer, será -forzoso confesar que los Reyes pasados no tuvieron justo título. -Los años pasados en Portugal el maestre de Avis se apoderó de aquel -reino, si con razón, si tiránicamente, no es deste lugar apurallo; -lo que se sabe es que hasta hoy le ha conservado y mantenídose en él -contra todo el poder de Castilla. De menos tiempo acá dos hijas del -Rey Don Juan de Aragón perdieron la corona de su padre, que se dió a -Don Martín, hermano del difunto, si bien estaba ausente y ocupado en -allanar a Sicilia; que siempre se tuvo por justo mudase la comunidad -y el pueblo conforme a la necesidad que ocurriese, lo que ella -misma estableció por el bien común de todos. Si convidáramos con el -mando a alguna persona extraña, sin nobleza, sin partes, pudiérase -reprehender nuestro acuerdo. ¿Quién tendrá por mal que queramos por -Rey un Príncipe de la alcuña<a id="FNanchor_414" href="#Footnote_414" -class="fnanchor">[414]</a> real de Castilla, y que en vida de su -hermano tenía en su mano el gobierno? Mirad, pues, no se atribuya -antes a mal no hacer caso ni responder a la voluntad que grandes y -pequeños os muestran, y por excusar el trabajo y la carga desamparar -a la patria común, que de verdad, tendidas las manos, se mete debajo -las alas y se acoge al abrigo de vuestro amparo en el aprieto -en<span class="pagenum" id="Page_200">[p. 200]</span> que se halla. -Esto es finalmente lo que todos suplicamos; que encargaros uséis -en el gobierno destos reinos de la templanza a vos acostumbrada y -debida, no será necesario.»</p> - -<p>Después destas razones los demás grandes que presentes estaban -se adelantaron, cada cual por su parte, para suplicalle aceptase. -No faltó quien alegase profecías y revelaciones y pronósticos del -cielo en favor de aquella demanda. A todo esto el Infante, con -rostro mesurado y ledo<a id="FNanchor_415" href="#Footnote_415" -class="fnanchor">[415]</a>, replicó y dijo no era de tanta codicia -ser Rey que se hobiese de menospreciar la infamia que resultaría -contra él de ambicioso e inhumano, pues despojaba un niño inocente -y menospreciaba la Reina viuda y sola<a id="FNanchor_416" -href="#Footnote_416" class="fnanchor">[416]</a>, a cuya defensa -toda buena razón le obligaba, demás de las alteraciones y guerras -que forzosamente en el reino sobre el caso se levantarían. Que les -agradecía aquella voluntad y el crédito que mostraban tener de su -persona; pero que en ninguna cosa les podía mejor recompensar aquella -deuda que en dalles por Rey y señor al hijo de<span class="pagenum" -id="Page_201">[p. 201]</span> su hermano, su sobrino, por cuyo -respeto y por el procomún de la patria él no se quería excusar de -ponerse a cualquier riesgo y fatiga y encargarse del gobierno, según -que el Rey, su hermano, lo dejó dispuesto; solo, en ninguna manera -se podría persuadir de tomar aquel camino agrio y áspero que le -mostraban.</p> - -<p>Concluído esto, poco después juntó los señores y prelados en la -capilla de Don Pedro Tenorio, que está en el claustro de la iglesia -mayor. El condestable Don Ruy López, por si acaso había mudado de -parecer, le preguntó allí en público a quién quería alzasen por Rey. -El, con semblante demudado, respondió en voz alta: «¿A quién, sino al -hijo de mi hermano?» Con esto levantaron los estandartes, como es de -costumbre, por el Rey Don Juan el Segundo, y los reyes de armas le -pregonaron por Rey, primero en aquella junta, y consiguientemente por -las calles y plazas de la ciudad.</p> - -<p>Gran crédito ganó de modestia y templanza el Infante Don Fernando -en menospreciar lo que otros por el fuego y por hierro pretenden. -Los mismos que le insistieron aceptase el reino, no acababan de -engrandecer su lealtad, camino por el cual<a id="FNanchor_417" -href="#Footnote_417" class="fnanchor">[417]</a> se enderezó a -alcanzar otros muy grandes reinos que el cielo por sus virtudes le -tenía reserva<span class="pagenum" id="Page_202">[p. 202]</span>dos. -Fué la gloria de aquel hecho tanto más de estimar, que su hermano -al fin de su vida andaba con él torcido y no se le mostraba -favorable.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_10_3"> - <h3 title="El compromiso de Caspe"><small>LIBRO XX, CAPÍTULOS II - Y IV</small></h3> - <p class="hang mt2">Muerto sin sucesión el Rey aragonés Don Martín, - es elegido por sucesor Don Fernando de Antequera.</p> -</div> - -<p>Los catalanes, aragoneses y valencianos, naciones y provincias -que se comprehenden debajo la Corona de Aragón, se juntaban cada -cual de por sí para acordar lo que se debía hacer en el punto de -la sucesión de aquel reino y cuál de los pretensores les vendría -más a cuento. Los pareceres no se conformaban, como es ordinario, -y mucho menos las voluntades. Cada cual de los pretendientes tenía -sus valedores y sus aliados, que pretendían sobre todo echar cargo -y obligarse al nuevo Rey<a id="FNanchor_418" href="#Footnote_418" -class="fnanchor">[418]</a> con intento de encaminar sus particulares, -sin cuidar mucho de lo que en común era más cumplidero.</p> - -<p>Los catalanes por la mayor parte acudían al<span class="pagenum" -id="Page_203">[p. 203]</span> conde de Urgel, en que<a -id="FNanchor_419" href="#Footnote_419" class="fnanchor">[419]</a> -se señalaban sobre todos los Cardonas y los Moncadas, casas de las -más principales; y aun entre los aragoneses, los de Alagón y los -de Luna se les arrimaban; en que pasaron tan adelante, que Antonio -de Luna, por salir con su intento, dió la muerte a Don García -de Heredia, Arzobispo de Zaragoza, con una celada que le paró<a -id="FNanchor_420" href="#Footnote_420" class="fnanchor">[420]</a> -cerca de Almunia, no por otra causa, sino por ser el que más que -todos se mostraba contra el conde de Urgel y abatía su pretensión. -Pareció este caso muy atroz, como lo era. Declararon al que lo -cometió por sacrílego<a id="FNanchor_421" href="#Footnote_421" -class="fnanchor">[421]</a> y descomulgado, y aun fué ocasión que -el partido del conde de Urgel empeorase; muchos por aquel delito -tan enorme se recelaban de tomar por Rey aquel cuyo principio tales -muestras daba. Los nobles de<span class="pagenum" id="Page_204">[p. -204]</span> Aragón asimismo acudieron a las armas, unos para -vengar la muerte del Arzobispo; otros para amparar el culpado. Era -necesario abreviar por esta causa y por nuevos temores que cada día -se representaban: asonadas de guerra por la parte de Francia y de -Castilla, compañías de soldados que se mostraban a la raya para usar -de fuerza si de grado no les daban el reino. Las tres provincias -entre sí se comunicaron sobre el caso por medio de sus embajadores -que en esta razón despacharon. Gastáronse muchos días en demandas -y respuestas; finalmente se convinieron de común acuerdo en esta -traza: que se nombrasen nueve jueces por todos, tres de cada cual de -las naciones; éstos se juntasen en Caspe, castillo de Aragón, para -oir las partes y lo que cada cual en su favor alegase; hecho esto y -cerrado el proceso, procediesen a sentencia; lo que determinasen por -lo menos los seis de ellos, con tal, empero, que de cada cual de las -naciones concurriese un voto, aquello fuese valedero y firme. Tomado -este acuerdo, los de Aragón nombraron por su parte a Don Domingo, -Obispo de Huesca, y a Francisco de Aranda y a Berenguel de Bardax<a -id="FNanchor_422" href="#Footnote_422" class="fnanchor">[422]</a>. -Los catalanes señalaron a Sagariga, Arzobispo de Tarragona, y a -Guillén de Valseca y a Bernardo Gualbe. Por Valencia entraron en -este número Fray Vicente Ferrer, de la orden de Santo Domingo, varón -se<span class="pagenum" id="Page_205">[p. 205]</span>ñalado en -santidad y púlpito, y su hermano Fray Bonifacio Ferrer, cartujano, y -por tercero Pedro Beltrán<a id="FNanchor_423" href="#Footnote_423" -class="fnanchor">[423]</a>. Resolución maravillosa y nunca oída, que -pretendiesen por juicio de pocos hombres, y no de los más poderosos, -dar y quitar un reino tan importante.</p> - -<p>Los jueces, luego que aceptaron el nombramiento, se juntaron y -despacharon sus edictos, por los cuales citaron los pretensores -con apercibimiento, si no comparecían en juicio, de tenellos por -excluídos de aquella demanda. Vinieron algunos; otros enviaron sus -procuradores...</p> - -<p>Luego que el negocio de la sucesión estuvo bien sazonado, y oídas -las partes y sus alegaciones, se concluyó y cerró el proceso<a -id="FNanchor_424" href="#Footnote_424" class="fnanchor">[424]</a>; -los jueces confirieron entre sí lo que debían sentenciar. Tuvieron -los votos secretos y la gente toda suspensa con el deseo que tenían -de saber en qué pararía aquel debate. Para los autos necesarios, -delante la iglesia de aquel pueblo hicieron levantar un cadahalso -muy ancho para que cupiesen todos, y tan alto que de todas partes se -podía ver lo que hacían; celebró la misa el Obispo de Huesca, como se -acostumbra en actos semejantes. Hecho esto, salieron los jueces de -la iglesia, que se asentaron en lo más alto del tablado, y en otra -parte los embajadores de los príncipes y los procuradores de<span -class="pagenum" id="Page_206">[p. 206]</span> los que pretendían. -Hallóse presente el Pontífice Benedicto<a id="FNanchor_425" -href="#Footnote_425" class="fnanchor">[425]</a>, que tuvo en todo -gran parte. A Fray Vicente Ferrer, por su santidad y grande ejercicio -que tenía en predicar, encargaron el cuidado de razonar al pueblo -y publicar la sentencia. Tomó por tema de su razonamiento aquellas -palabras de la escritura: «<i>Gocémonos y regocijémonos y démosle -gloria porque vinieron las bodas del cordero</i><a id="FNanchor_426" -href="#Footnote_426" class="fnanchor">[426]</a>. Después de la -tempestad y de los torbellinos pasados abonanza el tiempo y se -sosiegan las olas bravas del mar, con que nuestra nave, bien que -desamparada de piloto, finalmente, caladas las velas, llega al -puerto deseado. Del templo, no de otra manera que de la presencia -del gran Dios, ni con menor devoción que poco antes delante los -altares se han hecho plegarias por la salud común, venimos a hacer -este razonamiento. Confiamos que con la misma piedad y devoción -vos también oiréis nuestras palabras. Pues se trata de la elección -del Rey; ¿de qué cosa se pudiera más a propósito hablar que de su -dignidad y de su majestad, si el tiempo diera lugar a materia tan -larga y que tiene tantos cabos? Los reyes sin duda están puestos en -la tierra por Dios para que tengan sus veces, y como vicarios suyos -le semejen en todo. Debe, pues, el Rey en todo género de virtud -allegarse lo más<span class="pagenum" id="Page_207">[p. 207]</span> -cerca que pudiere y imitar la bondad divinal. Todo lo que en los -demás se halla de hermoso y honesto es razón que él sólo en sí lo -guarde y lo cumpla. Que de tal suerte se aventaje a sus vasallos, que -no le miren como hombre mortal, sino como a venido del cielo para -bien de todo su reino. No ponga los ojos en sus gustos ni en su bien -particular, sino días y noches se ocupe en mirar por la salud de la -república y cuidar del procomún. Muy ancho campo se nos abría para -alargarnos en este razonamiento; pero, pues el Rey está ausente, no -será necesario particularizar esto más. Sólo servirá para que los -que estáis presentes tengáis por cierto que en la resolución que se -ha tomado se tuvo muy particular cuenta con esto: que en el nuevo -Rey concurran las partes de virtud, prudencia, valor y piedad que -se podían desear. Lo que viene más a propósito es exhortaros a la -obediencia que le debéis prestar y a conformaros con la voluntad de -los jueces, que os puedo asegurar es la de Dios, sin la cual todo -el trabajo que se ha tomado sería en vano, y de poco momento la -autoridad del que rige y manda, si los vasallos no se le humillasen. -Pospuestas, pues, las aficiones particulares, poned las mientes en -Dios y en el bien común; persuadíos que aquel será mejor príncipe -que con tanta conformidad de pareceres y votos, cierta señal de la -voluntad divina, os fuere dado. Regocijáos y alegráos; festejad este -día con toda muestra de contento. Entended que debéis al santísimo -Pontífice, que presente está para honrar y<span class="pagenum" -id="Page_208">[p. 208]</span> autorizar este auto, y a los jueces -muy prudentes, por cuya diligencia y buena maña se ha llevado al -cabo sin tropiezo un negocio, el más grave que se puede pensar, -cuanto cada cual de vos a sus mismos padres que os dieron el ser y os -engendraron.»</p> - -<p>Concluídas estas razones y otras en esta sustancia, todos estaban -alerta esperando con gran suspensión y atención el remate deste -auto y el nombramiento del Rey. Él mismo en alta voz pronunció la -sentencia dada por los jueces, que llevaba por escrito. Cuando llegó -al nombre de Don Fernando, así él mismo, como todos los demás que -presentes se hallaron, apenas por la alegría se podían reprimir, -ni por el ruido oir unos a otros. El aplauso y vocería fué cual se -puede pensar. Aclamaban para el nuevo Rey, vida, victoria y toda -buenandanza. Mirábanse unos a otros, maravillados como si fuera -una representación de sueño. Los más no acababan de dar crédito -a sus orejas; preguntaban a los que cerca les caían quién fuese -el nombrado. Apenas se entendían unos a otros; que el gozo cuando -es grande impide los sentidos que no puedan atender ni hacer sus -oficios. Los músicos, que prestos estaban, a la hora cantaron con -toda solemnidad, como se acostumbra, en acción de gracias, el himno -<i>Te Deum laudamus</i>.</p> - -<p>Hízose este acto tan señalado prostero del mes de junio, el -cual concluído, despacharon embajadores para avisar al Infante -Don Fernando y acu<span class="pagenum" id="Page_209">[p. -209]</span>cialle<a id="FNanchor_427" href="#Footnote_427" -class="fnanchor">[427]</a> la venida. Hallábase él, a la sazón, en -Cuenca, cuidadoso del remate en que pararían estos negocios.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_374"><span class="label"><a -href="#FNanchor_374">[374]</a></span> Véase <span class="smcap">G. -Cirot</span>, <i>Mariana historien</i>, 1915, p. 366.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_375"><span class="label"><a -href="#FNanchor_375">[375]</a></span> <i>Dalle</i> por <i>dar-le</i>. En -los siglos <small>XVI</small> y <small>XVII</small> la <i>r</i> final -del infinitivo se solía convertir en <i>l</i> ante la <i>l</i> inicial -del pronombre enclítico, y así se decía <i>decillo</i>, <i>servilla</i>, -<i>escribilles</i>, <i>mostrallas</i>, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_376"><span class="label"><a -href="#FNanchor_376">[376]</a></span> <i>Tener voz de uno</i> equivalía -a ‘seguir su causa’, ‘mantener su derecho’, pues <i>voz</i> significó el -derecho o el título que alguno tiene sobre alguna cosa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_377"><span class="label"><a -href="#FNanchor_377">[377]</a></span> Este rey era Carlos II.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_378"><span class="label"><a -href="#FNanchor_378">[378]</a></span> Hijo menor de Don Alfonso XI y -Doña Leonor de Guzmán. Casó en 1353 con Doña Juana de Lara, asesinada -por orden de Don Pedro. Luego, Don Enrique le instituyó heredero -del condado de Vizcaya y del señorío de Lara, como viudo de Doña -Juana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_379"><span class="label"><a -href="#FNanchor_379">[379]</a></span> En vez de <i>se estaba a la -mira</i>, ponen algunas ediciones modernas <i>se entretenía</i>, y diez veces -más eliminan el verbo <i>estar</i> en los fragmentos de Mariana que aquí -se publican. La repetición de vocablos no era entonces defecto tan -molesto como hoy lo es; en el párrafo siguiente nótese la repetición -del verbo <i>suceder</i> con dos acepciones diferentes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_380"><span class="label"><a -href="#FNanchor_380">[380]</a></span> Hoy úsase como activo -<i>apoderar</i> sólo en el sentido de «dar poder a una persona para que -represente en juicio a otra»; antiguamente significaba «poner en -posesión de algo, hacer dueño» y Mariana lo emplea mucho, por más -que en su tiempo ya era poco frecuente. El real o campo de Don -Enrique estaba en la Vega; la <i>Torre de los Abades</i> (en el Paseo -de la Vega Alta, cerca de la Puerta del Cambrón) fué efectivamente -ocupada por soldados de Don Enrique, pero los partidarios de Don -Pedro le pegaron fuego para rescatarla. El relato circunstanciado -de estos hechos se halla en la Crónica del Canciller Don Pero López -de Ayala, contemporáneo de Don Pedro; Mariana le sigue paso a paso, -abreviándole.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_381"><span class="label"><a -href="#FNanchor_381">[381]</a></span> Nótese el significado (no -registrado en el Diccionario de la Academia) del verbo <i>suceder</i>, -‘tener feliz éxito’; respondiendo al significado de <i>suceso</i> -‘éxito’. Este significado tiene en latín <i>succedere</i> y <i>successus</i> -(res succedit, successus rerum). En otras ediciones se pone <i>les -sucediese</i>, que parece mejor lección.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_382"><span class="label"><a -href="#FNanchor_382">[382]</a></span> Los de Don Pedro quitaron las -llaves del arco del puente y éste duró caído hasta que lo reedificó -el Arzobispo Don Pedro Tenorio en tiempo de Felipe II. El <i>Puente -de San Martín</i> al Oeste y el de <i>Alcántara</i> al Este, son las dos -entradas que Toledo tiene por la parte del río.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_383"><span class="label"><a -href="#FNanchor_383">[383]</a></span> <i>¡Mal pecado!</i> es una -exclamación anticuada de indignación o enojo. Los moros, que seguían -a Don Pedro, eran de Granada, cuyo Rey Mohamad fué aliado de Don -Pedro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_384"><span class="label"><a -href="#FNanchor_384">[384]</a></span> Sobre las profecías de Merlín, -v. adelante la <a href="#Footnote_526">nota</a> al <i>Quijote</i> p. II, -cap. 23. Claro es que ésta es una de tantas profecías forjadas en -tono solemne después que han sucedido los sucesos que vaticinan; -Ayala ya la pone en su Crónica, y parece que no la inventó tampoco -él, pues otras Crónicas contienen otra profecía análoga.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_385"><span class="label"><a -href="#FNanchor_385">[385]</a></span> <i>Gormar</i> es anticuado -(Mariana lo copia de Ayala) por ‘vomitar’, o figurado ‘volver -uno por fuerza lo que retenía sin justo título’. <i>Gormarlo ha</i> -está por <i>gormarálo</i> (v. atrás <a href="#Page_93">pág. 93</a>, <a -href="#Footnote_192">nota 192</a>); adelante se halla <i>caérsele -han</i> = <i>caeránsele</i>; estas formas, corrientes en tiempo de Ayala, -eran ya desusadas en el de Mariana. <i>Péñolas</i> por <i>plumas</i> es otro -arcaísmo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_386"><span class="label"><a -href="#FNanchor_386">[386]</a></span> Es el famoso caballero francés -Beltrán Du Guesclin.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_387"><span class="label"><a -href="#FNanchor_387">[387]</a></span> <i>Al tanto</i> parece equivaler a -‘otrosí’, ‘también’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_388"><span class="label"><a -href="#FNanchor_388">[388]</a></span> Era el maestre a nombre de Don -Enrique. Había otro a nombre de Don Pedro, llamado Don Martín López -de Córdova, ejecutado al ser tomada Carmona, en 1371, por las tropas -de Don Enrique.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_389"><span class="label"><a -href="#FNanchor_389">[389]</a></span> La preposición <i>a</i> denota -muchas veces la causa u ocasión: «a las voces de Constanza salió a -los corredores la Argüello». (Cervantes); hoy decimos <i>a causa de -esto</i> en vez de <i>a esta causa</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_390"><span class="label"><a -href="#FNanchor_390">[390]</a></span> Este discurso falta en Ayala -y es de la propia invención de Mariana. Tales arengas eran adorno -indispensable de la historia al estilo clásico.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_391"><span class="label"><a -href="#FNanchor_391">[391]</a></span> La preposición <i>de</i> indicando -el medio (morir de muerte violenta, herir de una cuchillada, etc.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_392"><span class="label"><a -href="#FNanchor_392">[392]</a></span> <i>Tener</i> como <i>venir</i>, <i>poner</i> y -otros verbos análogos, hacían su futuro <i>terné</i>, <i>verné</i>, <i>porné</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_393"><span class="label"><a -href="#FNanchor_393">[393]</a></span> Este orden de los dos -adjetivos, uno antepuesto y otro pospuesto (supone la elipsis <i>mejor -fiesta ni más alegre fiesta</i>) era antes corriente, en vez del giro -que hoy se usa en la lengua escrita: <i>mejor ni más alegre fiesta</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_394"><span class="label"><a -href="#FNanchor_394">[394]</a></span> En <i>habémoslo</i>, el pronombre -<i>lo</i> nos ofrece el uso natural del neutro, pues hace el oficio de -representar una proposición entera, ya que equivale a «habemos lo -que litigamos», «esto que defendemos», «este negocio o causa que -sostenemos». Pero el femenino <i>la</i> se generalizó mucho en lugar -del neutro, por sobreentenderse <i>cosa</i> y en vez de <i>el más diestro -lo yerra</i>, se dijo <i>la yerra</i>, <i>¡la hicimos buena!</i>, <i>hacérsela</i>, -<i>pegársela a uno</i> (v. <span class="smcap">Diez</span>, <i>Gram.</i> III, -47); aun el plural femenino es muy usado: <i>pagárselas a uno</i>; y en -el ejemplo de Mariana diríamos hoy: «nos las habemos con una bestia -feroz».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_395"><span class="label"><a -href="#FNanchor_395">[395]</a></span> El pronombre <i>nos</i> en tiempo -de Mariana ya no se usaba ordinariamente sino por <i>yo</i> en documentos -redactados por personas de alta dignidad; pero tal como aquí Mariana -lo usa, es decir, como plural efectivo en vez del moderno <i>nosotros</i>, -era un arcaísmo casi sólo conservado en poesía.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_396"><span class="label"><a -href="#FNanchor_396">[396]</a></span> Esta calificación que Enrique -da a su hermano, según Mariana, es histórica. En los diplomas de la -cancillería enriqueña nunca se nombra a Don Pedro con más suaves -epítetos: «el traidor tirano que se llamaba Rey», o «aquel mal -tirano», o «el traidor hereje tirano».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_397"><span class="label"><a -href="#FNanchor_397">[397]</a></span> Hoy decimos: «los moros -huyeron los primeros». En ambos casos <i>primero</i> tiene funciones -de adjetivo, pero significado de adverbio («los moros huyeron -primeramente»), cosa que sucede muy a menudo, lo mismo que en latín, -con <i>solus</i>, <i>primus</i>, <i>ultimus</i> (<span class="smcap">Diez</span>, -<i>Gram.</i> III, 7), v. gr. «solos Don Antonio y Don Juan no quisieron»; -aquí y en el ejemplo de Mariana es evidente la función adjetiva de -<i>solos</i>, <i>primeros</i>, por estar en plural; en el otro ejemplo que -ofrece Mariana unas líneas más abajo: «murió sólo un caballero» -se puede dudar si <i>solo</i> es adjetivo de caballero, o un adjetivo -adverbializado que no hace funciones de adjetivo, sino de adverbio, -por lo cual no dejaría de ser masculino aunque se mudara el género -del substantivo: «murió sólo una mujer».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_398"><span class="label"><a -href="#FNanchor_398">[398]</a></span> El <i>alcance</i> es la persecución -del enemigo que huye.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_399"><span class="label"><a -href="#FNanchor_399">[399]</a></span> Véase la <a -href="#Footnote_397">nota 397</a>, <a href="#Page_189">pág. 189</a>. -Mariana dió aquí una interpretación exagerada al texto de la Crónica -de Ayala, para hacer más prodigiosa la narración. Ayala no dice que -muriera sólo un cristiano, sino sólo uno de los principales: «en esta -batalla non morieron de los del Rey Don Pedro omes de cuenta, salvo -un caballero de Córdoba que decían Juan Ximénez; e la razón porque -pocos morieron fué porque los unos posaban en las aldeas, e non eran -llegados a la batalla, e los otros que y eran recogiéronse con el Rey -al castillo de Montiel.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_400"><span class="label"><a -href="#FNanchor_400">[400]</a></span> «Hacer una cosa <i>de industria</i>, -hacerla a sabiendas y adrede, para que de allí suceda cosa que para -otro sea acaso y para él de propósito.» (Covarrubias.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_401"><span class="label"><a -href="#FNanchor_401">[401]</a></span> <i>A su salvo</i> equivale a <i>en -salvo</i>, <i>a mansalva</i>, sin peligro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_402"><span class="label"><a -href="#FNanchor_402">[402]</a></span> Sobre este <i>Men Rodríguez</i>, -fantaseó una novela famosa Don Manuel Fernández y González.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_403"><span class="label"><a -href="#FNanchor_403">[403]</a></span> La ayuda prestada por Du -Guesclin al fratricida fué, en efecto, liberalmente pagada por una de -esas famosas <i>mercedes enriqueñas</i>, por la que el Caballero francés -recibió las villas de Soria, Almazán, Atienza y otras, las mismas que -Don Pedro le había ofrecido por mediación de Men Rodríguez.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_404"><span class="label"><a -href="#FNanchor_404">[404]</a></span> Aun en tiempo de Mariana -existía, si bien muy mitigada, la antigua superstición de que los -astros influían en los hechos de los hombres; hacíase por los doctos -la salvedad de que su influencia no llegaba a anular el libre -albedrío.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_405"><span class="label"><a -href="#FNanchor_405">[405]</a></span> El antecedente de <i>cuya</i> -está callado, como en la frase de Coloma; «temiendo que entregaría -la ciudad a cuya era» (V. <span class="smcap">Bello</span>, -<i>Gram.</i>, § 1053); pero lo más singular de la construcción -de Mariana es, que ese mismo antecedente tácito es el poseedor a -que se refiere el posesivo <i>su</i>; es decir, que el antecedente de -<i>cuyo</i> va envuelto en el posesivo de la proposición principal (v. -<span class="smcap">Cuervo</span>, <i>Dicc.</i> II. 713 <i>b</i>) y hay que -construir: «fué saludable su muerte de aquel cuya vida fué tan dañosa -(aquel cuya vida fué dañosa, su muerte fué saludable)». En el texto -latino escribió Mariana: «sed cuius funesta Hispaniæ vita fuerat, -mors extitit salutaris».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_406"><span class="label"><a -href="#FNanchor_406">[406]</a></span> La reina viuda de Enrique -III era Doña Catalina de Lancáster. El infante Don Fernando es el -llamado «de Antequera», hijo de Juan I y de su primera mujer Doña -Leonor, hija de Pedro IV de Aragón. El Obispo de Cartagena es el -judío converso Don Pablo de Santa María, autor de sabias obras de -controversia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_407"><span class="label"><a -href="#FNanchor_407">[407]</a></span> <i>Poner mala voz</i>, poner tacha, -hablar mal, desacreditar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_408"><span class="label"><a -href="#FNanchor_408">[408]</a></span> Acerca del orden de estos dos -complementos <i>de la congoja y de la cuita</i>, compárese lo dicho en la -<a href="#Footnote_393">nota 393</a> de la <a href="#Page_188">pág. -188</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_409"><span class="label"><a -href="#FNanchor_409">[409]</a></span> «Virtudes <b>que</b> cada cual -<b>les</b> daba el nombre» está por: «virtudes <b>a que</b> cada cual -daba el nombre»: en lugar del relativo con preposición <i>a que</i> se -puso simplemente la conjunción <i>que</i> y luego se indicó la relación de -caso, que la conjunción no podía expresar, por medio del pronombre -<i>les</i>. Analícese este otro ejemplo de la Diana de Montemayor: «un -valle <b>que</b> toda cosa <b>en él</b> me daba gloria». (V. <span -class="smcap">Diez</span>, <i>Gram.</i> III. 350).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_410"><span class="label"><a -href="#FNanchor_410">[410]</a></span> La frase «tenía recelo en qué -pararían aquellas cosas» está por: «tenía recelo de (aquello) en que -pararían»; la agrupación desagradable de preposiciones <i>de en que</i> -hizo que se suprimiera <i>de</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_411"><span class="label"><a -href="#FNanchor_411">[411]</a></span> <i>Cumplidero</i> ‘que cumple o -conviene’, ‘conveniente.’</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_412"><span class="label"><a -href="#FNanchor_412">[412]</a></span> «Al que entendían los -podría amparar»; a pesar de omitirse la conjunción <i>que</i>, las -dos proposiciones resultan gramaticalmente unidas por el hecho -de estar en subjuntivo el verbo de la subordinada. Es giro -bastante común (creo no venga, ordenóle le entretuviese) y que -se usa en latín (concedo sit dives, oro dicas). (Véase <span -class="smcap">Diez</span>, <i>Gram.</i> III, 313). Mariana usa de él a -menudo; más abajo dice «para suplicalle aceptase.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_413"><span class="label"><a -href="#FNanchor_413">[413]</a></span> Mariana aprovecha a menudo -estos discursos de su propia invención para deslizar en boca de otros -sus propias ideas políticas, y aquí sienta el pacto social como -origen del poder real, en contra de la opinión del derecho divino de -los reyes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_414"><span class="label"><a -href="#FNanchor_414">[414]</a></span> Covarrubias, contemporáneo -de Mariana, da como anticuada <i>alcuña</i>; «vale linage, casta, -descendencia; latine, genus, stemma. Es muy usado término en la -lengua castellana antigua, así en las crónicas como en las leyes y -contratos».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_415"><span class="label"><a -href="#FNanchor_415">[415]</a></span> Era anticuado ya en tiempo -de Mariana; el mismo Covarrubias dice: «<i>ledo</i>, vocablo castellano -antiguo; vale alegre, contento; de la palabra latina <i>lætus</i>.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_416"><span class="label"><a -href="#FNanchor_416">[416]</a></span> «Despojaba un niño» y -«menospreciaba la reina» son casos raros de acusativo sin -preposición, tratándose de nombres de persona cierta y determinada. -(Véase <span class="smcap">Cuervo</span>, <i>Dicc.</i> I, 12 <i>b</i>). Lope -dijo: «no disgustemos mi abuelo», y Fray Luis de León:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Yo con alegre canto</p> -<p class="i0">mi Dios celebraré y su nombre santo.</p> -</div></div> - -<p class="mt05">Adelante se verá cuánto usaba Quevedo este acusativo -sin preposición.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_417"><span class="label"><a -href="#FNanchor_417">[417]</a></span> Ediciones modernas corrigen: -«camino por donde se enderezó»; y en la <a href="#Page_205">pág. -205</a>, línea 8, «sus edictos por los cuales citaron», se corrige -en «sus edictos con que citaron». Véase arriba <a href="#Page_89">p. -89</a>, <a href="#Footnote_172">n. 172</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_418"><span class="label"><a -href="#FNanchor_418">[418]</a></span> <i>Echar cargo</i>, compárese -<i>ser uno en cargo</i> que vale ‘ser deudor’, frase no apuntada en los -Diccionarios.—Tampoco figura en ellos <i>obligarse</i> con el sentido de -‘ganarse el agradecimiento de alguno’; el texto latino de Mariana -dice: «novumque Regem officio obstrictum habere.»—En fin, tampoco -está en los Diccionarios el adjetivo substantivado <i>particulares</i> con -el sentido que usa Mariana de ‘negocios privados o personales’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_419"><span class="label"><a -href="#FNanchor_419">[419]</a></span> Aquí <i>en que</i>, y más abajo, -equivale a ‘en lo que’, representándose con el neutro <i>(lo) que</i> -toda la oración que antecede. La supresión del artículo neutro <i>lo</i> -parece más común si le precede preposición <i>en</i>: «llamáronla Isla de -San Juan, por haber llegado a ella el día del Bautista y por tener -su nombre el general; en que andaría la devoción mezclada con la -lisonja.» (Solis). Con otras preposiciones disuena: «me preguntó si -iba; a (lo) que no respondí», y es imposible sin preposición: «me -mandó ir; lo que hice de buen grado».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_420"><span class="label"><a -href="#FNanchor_420">[420]</a></span> <i>Parar</i> equivale a -<i>preparar</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_421"><span class="label"><a -href="#FNanchor_421">[421]</a></span> <i>Declarar</i> en el sentido -de ‘decidir públicamente sobre la categoría o condición de algo’ -se construye hoy, ordinariamente, con un predicado sin <i>por</i>: -«le declararon y coronaron Rey»; «lo eligieron Rey», al lado -de «lo eligieron por Rey». (<span class="smcap">Diez</span>, -<i>Gr.</i> III, página 11.) En el período clásico ese predicado -llevaba ordinariamente preposición <i>por</i>; Quevedo dice: «y -declararon por tres enemigos del cuerpo a los médicos». (V. <span -class="smcap">Cuervo</span>, <i>Dicc.</i> II, página 829.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_422"><span class="label"><a -href="#FNanchor_422">[422]</a></span> Berenguer de Bardají, gran -Justicia de Aragón y uno de los principales promovedores del -compromiso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_423"><span class="label"><a -href="#FNanchor_423">[423]</a></span> Jurista valenciano, no nombrado -desde el comienzo, sino luego, en sustitución de Ginér Rabaxa, que -enfermó.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_424"><span class="label"><a -href="#FNanchor_424">[424]</a></span> 24 de Enero de 1412.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_425"><span class="label"><a -href="#FNanchor_425">[425]</a></span> El aragonés Pedro de Luna o -Benedicto XIII.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_426"><span class="label"><a -href="#FNanchor_426">[426]</a></span> «Gaudeamus et exultemus et -demus gloriam Deo, quia venerunt nuptiæ Agni.» Este versículo del -Apocalipsis fué realmente el tema del discurso de San Vicente; pero -el discurso en sí mismo es invención de Mariana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_427"><span class="label"><a -href="#FNanchor_427">[427]</a></span> <i>Acuciar</i> por ‘apurar’ o ‘dar -prisa para que se haga alguna cosa’, es un arcaísmo que Mariana -resucitó con acierto, ya que no tiene buen equivalente en la lengua -moderna.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_11"> - <p><span class="pagenum" id="Page_210">[p. 210]</span></p> - <h2 title="Fray José de Sigüenza" - class="nobreak">FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA<br /> - <small>(1544-1606)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Publicó la <i>Historia de la Orden de San Jerónimo</i> en los años 1600 -y 1605.</p> - -<p>Escribía con gran esmero, cosa poco acostumbrada entre sus -contemporáneos, así que su lenguaje es de lo más puro y correcto -que hay en castellano; notable por la elegancia, siempre sobria, -que mantiene la alteza de la narración aun cuando ésta se emplee en -las más pobres y humildes vidas en que por fuerza había de ocuparse -a menudo. Menéndez y Pelayo coloca a Sigüenza entre los primeros -estilistas españoles después de Juan de Valdés y Cervantes.</p> - -<p>Tenía un concepto de la Historia enteramente artístico; tanto, -que llega a señalarle como leyes, en primer lugar, el <i>estilo</i>, y -sólo en segundo término, la veracidad: «Prometo ser en cuanto pudiere -religioso en las leyes de la historia; la primera, que es el estilo -y una manera de contar breve, lisa, sin afectación ni afeites, -procuraré imitalla en aquellos primeros príncipes de la lengua latina -que acertaron en esto felizmente, cultivando con mucho estudio su -lengua, lo que en la nuestra pensamos alcanzar sin trabajo. La verdad -y la fe, que<span class="pagenum" id="Page_211">[p. 211]</span> -es lo segundo, y el alma sin la cual ni ésta ni otra merece nombre -de historia, será de tanta entereza que ella misma asegurará sin -sospecha a los lectores.»</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_11_1"> - <h3 title="Vida de Fray Juan de Carrión">HISTORIA DE LA ORDEN - DE SAN JERÓNIMO</h3> - <p class="centra mt2">PARTE II (1600), PÁGINA 251</p> - <p class="centra mt1">Cuenta la vida de Fray Juan de Carrión, llena de - humildad simple y candorosa.</p> -</div> - -<p>Era este siervo de Dios natural de Carrión, de padres honrados, -y llamóle Dios al estado de la religión siendo de más de veinte y -cinco años, hombre hecho, Sacerdote ya, y el tiempo que vivió en -el siglo, de buen ejemplo. Sintieron mucho en su pueblo que los -dejase, porque con su vida y ejemplo aprovechaba a todos. Vínose al -monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, pidió el hábito al padre -Fray Fernando Yáñez, echó luego de ver su buena alma, y diósele de -buena gana. Industrióle él mismo en las cosas de la religión, y a -la buena leche de esta doctrina le hizo crecer presto, y pasar del -estado de infante al de varón perfeto, y a la medida de la edad de -la plenitud de Cristo. Ansí olvidó todo lo de atrás, y tan de hecho -renunció el mundo, que vino aun a perder la me<span class="pagenum" -id="Page_212">[p. 212]</span>moria de lo que había sido; cosa -felicísima, y que si fuese en nuestra mano, o ya que no lo es, -procurásemos merecerla, nos haría como bienaventurados en la tierra. -Acontencióle muchas veces vestirse el pellón que tenía sobre la cama, -e irse ansí a Maitines, y sin advertir qué llevaba, ni que se reirían -dél, todo olvidado de sí mismo y puesto el pensamiento en Dios, -porque jamás se apartaba de su presencia, llevándole dentro de sí, o -imaginándose dentro dél. Por ésta y por otras muchas cosas que hacía, -sin advertencia de lo de afuera, le llamaban Fray Juan el Simple, -unos burlando de su inocencia, otros admirados de su perfeción: -juzgando cada uno conforme a la regla con que se nivelaba dentro. Y -era en la realidad lo uno y lo otro, porque en la malicia (o como -agora las llamamos: discreciones humanas) era semejante a aquel niño -que puso Cristo por modelo de su escuela, y de la traza que habían -de tener los que habían de entrar en su reino, y junto con esto, y -necesariamente junto, un juicio muy alto, y tanta claridad y aviso -para las cosas de la religión y virtud y del negocio de su estado, -que en sus pareceres y en sus votos, ninguno de los aventajados le -hacía ventaja; como quien tenía la ciencia que es propia de los -santos y estaba levantado en otra más excelente región. Andan estas -almas sencillas (digámoslo ansí) como zabullidas en Dios y en sí -mismas, puestas en una quietud soberana, donde no llega turbación -de malicia. Y como aquel mar inmenso no le puede mudar ni alterar -cosa criada,<span class="pagenum" id="Page_213">[p. 213]</span> -los que dentro dél se recogen, gozan de una calma y bonanza que no -se puede explicar, sino con las mismas palabras que quiso Dios lo -dijesen sus Profetas santos, como lo cuenta David en las Enigmas y -Símbolo de aquel Psalmo tan celebrado: <i>Qui habitat in adiutorio -altissimi, in protectione Dei cœli commorabitur</i>. Que aun estas -primeras palabras no se podrán bien declarar en nuestra lengua, y -mucho menos entenderse, sino de los que supieren aquel lenguaje. -Alcanzó nuestro simple Fray Juan esto en poco tiempo, y el modo -(según algunos dicen) fué, porque en ninguna cosa se buscó a sí -mismo, ni miraba en su provecho particular, ni en sus gustos, no sólo -en las cosas corporales, sino aun en las de virtud, y que llamamos -de espíritu, procurando a los principios salir con victoria contra -todos sus apetitos, y levantarse sobre todo quanto tenía apariencia -de negocio proprio, haciéndose fuerza y violencia, en quanto sentía -que era propria voluntad, hasta venir a no tener cosa suya ni en -las potencias exteriores ni interiores, y quedarse en una candidez -e inocencia grande, dejándose llevar de sola la voluntad divina, -que era para él la de su Prelado. Esta simpleza santa, dicen los -ejercitados, que es aquel <i>biso</i> o aquel lino blanquísimo (era un -lienzo de Egipto) más delicado que la más fina holanda, recio con -esto y de mucha dura, como le pinta la Escritura, de hilo doblado -y torcido, de que se hacían las telas y velos del Tabernáculo -del Señor, porque no basta ser blanco y de un hilo, sino que han -de ser<span class="pagenum" id="Page_214">[p. 214]</span> dos. -No sólo no buscarnos en las cosas materiales interese de carne y -sangre, mas aun en los mismos ejercicios de las virtudes se mezcla -el amor proprio, si no se le mira a las manos con gran recato. Tan -delicada es esta estambre que ha de hacer el aposento a Dios. Sin -duda dicen bien, y bien hacía nuestro Fray Juan en caminar con tanta -perseverancia con estos pasos, que son los contrarios por donde aquel -hombre primero perdió para todos aquella pureza, blancura e inocencia -con que salió de las manos de su Hacedor, y quedamos desemejados y -feos, deslustrada tanta hermosura. Desta virtud o fuente de virtudes, -manaban en este siervo de Dios otras muchas; era para todos afable, -dulce, amoroso, consuelo de quantos con él trataban para quanto le -querían en obras de humildad y caridad. Dondequiera que la obediencia -le llevaba, sin otro discurso ni razón más de que era mandado, iba -alegre. Vivió algunos años en esta pureza y en el reposo de una -virtud que tanto nos hace parecidos a Dios; no sabemos quantos ni -otras muchas circunstancias que hicieran harto el caso entenderlas. -Quando el Señor quiso llevarle deste mundo, de que él estaba tan -fuera, revelóle su voluntad, pues eran tan unos en ella. Estaba un -día en el coro con el convento, en el oficio divino, santo y bueno, -sin género de indisposición ni otro acidente; tocóle el espíritu del -Señor, hablóle dentro y revelóle su fin. En ese mismo punto comenzó -a andar en el coro de una parte a otra con fervor y con acto que -parecía es<span class="pagenum" id="Page_215">[p. 215]</span>taba -fuera de sí; iba de uno en otro religioso a las filas donde estaban -asentados; echábase a sus pies y besábaselos; pedíales perdón del -mal ejemplo que les había dado con sus negligencias y faltas. Puesto -allí de rodillas y derramando lágrimas, decía a cada uno: «Perdóname, -hermano, por el amor del Señor, y mira que me mandas para el otro -mundo, que estoy de partida para allá.» Puso admiración en todos la -novedad de Fray Juan; los más discretos suspendían el juicio desto, -que por de fuera parecía locura; otros se reían teniéndola por -simpleza, y aun otros pensaban que se había tornado loco. Muchos que -conocían su entereza y buen juicio, y le tenían por siervo de nuestro -Señor, decían que no carecía aquello de algún misterio, y que sin -duda le habían hecho revelación de su fin. Acabados estos abrazos y -despedidas con actos tan humildes, se puso de rodillas en medio del -coro, alzó los ojos al cielo, hirió tres veces los pechos con el -puño, como quando decía la culpa, y díjosela al Señor desta manera: -«Perdóname, Señor, la multitud de defectos que he hecho en este santo -lugar, rezando y cantando las horas, y la poca reverencia y devoción -con que he estado aquí delante de tu Majestad divina y de los Ángeles -santos que nos acompañan.» Dijo esto, y de allí a un poco, estando -con gran sosiego de cuerpo y espíritu, dió el alma a su Criador.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_11_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_216">[p. 216]</span></p> - <h3 title="Prólogo de la Historia de la Orden de San Jerónimo" - class="centra">PARTE III (1605). PRÓLOGO</h3> -</div> - -<p>Prosiguiendo voy el discurso de mi historia, y diré mejor el -de mi obediencia, pues sólo ella es la que puede darme aliento -para carrera tan larga. Diré también, con verdad, lo que dijo el -Historiador Romano en el medio de su obra. Pudiera dejallo aquí, -si no fuera cebando el alma con el gusto del sujeto. Ansí también -lo confieso, pues ansí me acontece, y porque con lo que hasta aquí -se ha descubierto, bastaba para juzgar lo que resta, mas no basta -para la integridad y al amor que a la misma obra se debe, que se -ha de anteponer al propio gusto. Historia es, como se ha visto, -humilde y de humildes, contra la primera ley de historia que pide -siempre cosas grandes. No se veen pensamientos ni discursos largos -de Príncipes para conquistar nuevos reinos, o mudar de sus asientos -grandes Estados, descubrir nuevas provincias, trastornar repúblicas, -consejos profundos de paz y guerra, trocar la paz y deshacer las -suertes de todo esto temporal y visible; cosas que se huelgan todos -de leellas, y con tanto gusto (ojalá con tanto fruto) que se olvidan -de la comida y aun del sueño. A mí no me dieron a escoger, que no es -pequeña disculpa; abracé mi suerte, que a muchos parecía desgraciada, -estéril, pobre; y en lo que hasta aquí ha salido a luz, se han -desengañado buena parte dellos y mudado de parecer. Certifican<span -class="pagenum" id="Page_217">[p. 217]</span> personas de buen -juicio que se ha hecho evidencia, no sólo ser sabrosa y de fruto -la historia, que trata casos raros y empresas grandes, y todo eso -que llaman hazañoso, sino también la que se humilla al yermo, al -claustro, al silencio y al silicio, y a quanto tiene nombre de -mortificación, que suena siempre tan mal a las orejas del mundo. -Véese en esta historia trocado todo, y en vez de aquellas preñadas -pláticas de los Consejeros de Estado, de los razonamientos de los -Capitanes para disciplinar al ejército o animar los soldados a la -batalla, de aquellas promesas de la vitoria o presagios de la suerte -adversa, de las conjeturas de lo que pretende el enemigo, la loa del -soldado valiente, la diligencia, destreza y ánimo del Capitán, los -varios trances de la fortuna, la alegría del buen suceso, la riqueza -del despojo y de la presa, el número de los muertos y cautivos, los -premios de los que, como esforzados, escalaron primero el muro o -derribaron las banderas enemigas, y otros cien particulares con que -se enriquecen las historias profanas; en vez, digo, de todo esto, -entran las amonestaciones santas, los consejos de una celestial -prudencia, donde se descubre la sutileza y el ingenio de nuestro -mortal enemigo; la perseverancia en el ejercicio santo, la fortaleza -en el rigor de la penitencia, el fruto de la oración continua, la -sumisión del cuerpo, el desprecio de sí mismo, el desengaño de -las cosas visibles, la vitoria contra nuestras pasiones, la lucha -porfiada contra nuestros apetitos; la esperanza del premio, y tal -pre<span class="pagenum" id="Page_218">[p. 218]</span>mio, los -anuncios de la salud del alma, los recatos, aun en el estado más -seguro; el celo de la cerimonia, aunque sea pequeña, porque no se -toque al muro de lo esencial; las prevenciones antes de llegar a -las cosas sagradas; apoyar lo que se desmorona del rigor primero -y esforzar lo que parece va enflaqueciendo en la virtud; muertes -venturosas, suficientes para encender en santa invidia los más -tibios; castigos rigurosos a culpas casi sin nombre, mejores para -labrar coronas que para enmienda de los delincuentes, y otro alarde -de cosas semejantes, menudencias para los ojos del siglo y de tanta -estima en los de Dios, que no las remunera menos de con un reino -eterno.</p> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_12"> - <p><span class="pagenum" id="Page_219">[p. 219]</span></p> - <h2 title="Miguel de Cervantes Saavedra" - class="nobreak">MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA<br /> - <small>(1547-1616)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Publicóse por primera vez la primera parte del <i>Quijote</i>, en 1605; -la segunda parte, en 1615. Las <i>Novelas ejemplares</i>, en 1613.</p> - -<p>Los variados encantos en que abunda su dicción, la vida lozana -que ostenta, su avasalladora hermosura, y, sobre todo, la inagotable -fuerza cómica, se apreciarán más que por la explicación y el -análisis, por la reiterada y atenta lectura.</p> - -<p>Su sintaxis se prestará a múltiples observaciones de pormenor. -En general es, como la del <i>Lazarillo de Tormes</i>, la de la lengua -familiar que sigue con ligereza al pensamiento, sin preocuparse de -aquella trabazón inflexible que obliga al pensamiento a seguir los -lentos pasos de la lógica gramatical. Hoy, en los escritos, no se -toleran mil licencias de construcción que usamos al hablar y que usó -Cervantes también al escribir; no hemos de corregirlos en sus obras -como lo haríamos en los cuadernos de un alumno, sino estudiarlos -como una manera de otros tiempos, que al fin y al cabo fueron los -más gloriosos de nuestras letras. Por otra parte, estos casos en que -Cervantes pasaría hoy por incorrecto, son muchos menos de los que -algunos creen, y en los trozos que siguen ha<span class="pagenum" -id="Page_220">[p. 220]</span>brá ocasiones sobradas de rechazar a -Clemencín, Hartzenbusch y demás críticos rigoristas, que se empeñan -en mirar al autor del <i>Quijote</i> como escritor descuidado. Su prosa -(usando las palabras de un censor del <i>Quijote</i>) será siempre maestra -soberana «en la lisura del lenguaje castellano, no adulterado con -enfadosa y estudiada afectación».</p> - -<p>Aparte de tal estilo, que es el más admirable suyo, empleó -Cervantes otro, libre de esos pretendidos defectos, como más -trabajado y artificioso, a la manera que usaban generalmente los -que estudiaban los autores latinos e italianos. Este se ve en su -primera obra, <i>La Galatea</i>, en la última que escribió, el <i>Persiles y -Sigismunda</i>, y en los episodios de tono sentimental e idealista que -se intercalan en el <i>Quijote</i>.</p> - -<p>En fin, una tercera manera se puede señalar en el estilo de este -autor, si bien es pasajera y contrahecha, que aparece en las parodias -de los libros de caballerías (por ejemplo, en la descripción del -lago encantado que aquí se copia); en ella el lenguaje se llena de -afectación y arcaísmo intencionado.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_12_1"> - <h3 title="Comienzo del Quijote">QUIJOTE</h3> - <p class="centra mt2">PARTE I, CAPÍTULO I</p> - <p class="centra mt1">Condición y ejercicio del famoso hidalgo.</p> -</div> - -<p>En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme<a -id="FNanchor_428" href="#Footnote_428" class="fnanchor">[428]</a>, -no ha mucho tiempo que vivía<span class="pagenum" id="Page_221">[p. -221]</span> un hidalgo de los de lanza en astillero<a -id="FNanchor_429" href="#Footnote_429" class="fnanchor">[429]</a>, -adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo -más vaca que carnero<a id="FNanchor_430" href="#Footnote_430" -class="fnanchor">[430]</a>, salpicón<a id="FNanchor_431" -href="#Footnote_431" class="fnanchor">[431]</a> las más -noches, duelos y quebrantos los sábados<a id="FNanchor_432" -href="#Footnote_432" class="fnanchor">[432]</a>, lente<span -class="pagenum" id="Page_222">[p. 222]</span>jas los viernes, algún -palomino de añadidura los domingos consumían las tres partes<a -id="FNanchor_433" href="#Footnote_433" class="fnanchor">[433]</a> -de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte<a -id="FNanchor_434" href="#Footnote_434" class="fnanchor">[434]</a>, -calzas de velludo<a id="FNanchor_435" href="#Footnote_435" -class="fnanchor">[435]</a> para las fiestas con sus pantuflos<a -id="FNanchor_436" href="#Footnote_436" class="fnanchor">[436]</a> -de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí<a -id="FNanchor_437" href="#Footnote_437" class="fnanchor">[437]</a> de -lo más fino... Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta -años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, -gran madrugador y amigo de la caza... Es, pues, de saber que este -sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más -del año), se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición -y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y -aun la administración de su hacienda, y llegó a tanto su curiosidad -y desatino en<span class="pagenum" id="Page_223">[p. 223]</span> -esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar -libros de caballerías en<a id="FNanchor_438" href="#Footnote_438" -class="fnanchor">[438]</a> que leer, y así llevó a su casa todos -cuantos pudo haber dellos, y de todos ningunos le parecían tan bien -como los que compuso el famoso Feliciano de Silva<a id="FNanchor_439" -href="#Footnote_439" class="fnanchor">[439]</a>, porque la -claridad de su prosa y aquellas entricadas<a id="FNanchor_440" -href="#Footnote_440" class="fnanchor">[440]</a> razones suyas le -parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros -y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: <i>La -razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón -enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura</i>; y -también cuando leía: <i>Los altos cielos que de vuestra divinidad -divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora -del merecimiento, que merece la vuestra grandeza</i>. Con estas razones -perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y -desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el -mismo Aristóteles si resucitara para sólo ello.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_12_2"> - <h3 title="Diálogo de Don Quijote y el Canónigo"><span class="pagenum" - id="Page_224">[p. 224]</span><small>PARTE I, CAPÍTULOS XLIX Y L</small></h3> - <p class="hang mt1">Don Quijote es metido en una jaula por el cura y el - barbero, que le hacen creerse encantado para grandes empresas, y - así le llevan a su casa. En el camino se les une un canónigo de - Toledo, quien, compadecido del prisionero, y hallándole cuerdo en - sus razones, logra hacerle desenjaular y le exhorta a que abandone - sus disparatadas caballerías. Sobre esto se enreda una discusión, - que lejos de convencer a Don Quijote, acaba por suscitar en su - imaginación el sueño de la más ideal aventura caballeresca. Al - principio, el canónigo, fiando mucho en sus buenos consejos, dirige a - Don Quijote esta vehemente exhortación:</p> -</div> - -<p>«Y si todavía llevado de su natural inclinación quisiere leer -libros de hazañas y de caballerías, lea en la Sacra Escritura -el de los Jueces, que allí hallará verdades grandiosas y hechos -tan verdaderos como valientes. Un Viriato tuvo Lusitania; un -César, Roma; un Anibal<a id="FNanchor_441" href="#Footnote_441" -class="fnanchor">[441]</a>, Cartago; un Alejandro, Grecia; -un Conde Fernán González, Castilla; un Cid, Valencia<a -id="FNanchor_442" href="#Footnote_442" class="fnanchor">[442]</a>; -un Gonzalo Fernández<a id="FNanchor_443" href="#Footnote_443" -class="fnanchor">[443]</a>, Andalu<span class="pagenum" -id="Page_225">[p. 225]</span>cía; un Diego García de Paredes<a -id="FNanchor_444" href="#Footnote_444" class="fnanchor">[444]</a>, -Estremadura; un Garci Pérez de Vargas<a id="FNanchor_445" -href="#Footnote_445" class="fnanchor">[445]</a>, Jerez; -un Garcilaso<a id="FNanchor_446" href="#Footnote_446" -class="fnanchor">[446]</a>, Toledo; un don Manuel de León<a -id="FNanchor_447" href="#Footnote_447" class="fnanchor">[447]</a>, -Sevilla; cuya<a id="FNanchor_448" href="#Footnote_448" -class="fnanchor">[448]</a><span class="pagenum" id="Page_226">[p. -226]</span> leción de sus valerosos hechos puede entretener, enseñar, -deleitar y admirar a los más altos ingenios que los leyeren. Esta -sí será letura digna del buen entendimiento de vuestra merced, -señor Don Quijote mío; de la cual saldrá erudito en la historia, -enamorado de la virtud, enseñado en la bondad, mejorado en las -costumbres, valiente sin temeridad, osado<a id="FNanchor_449" -href="#Footnote_449" class="fnanchor">[449]</a> sin cobardía, y todo -esto para honra de Dios, provecho suyo y fama de la Mancha, do<a -id="FNanchor_450" href="#Footnote_450" class="fnanchor">[450]</a>, -según he sabido, trae vuestra merced su principio y origen.»</p> - -<p>Atentísimamente estuvo Don Quijote escuchando las razones del -canónigo, y cuando vió que ya había puesto fin a ellas, después -de haberle estado un buen espacio mirando, le dijo: «Paréceme, -señor hidalgo, que la plática de vuestra merced se ha encaminado a -querer darme a entender<a id="FNanchor_451" href="#Footnote_451" -class="fnanchor">[451]</a> que no ha habido caballeros andantes en el -mundo, y que todos los libros de caballerías son falsos, mentirosos, -dañadores e inútiles para la república, y que yo he hecho mal en -leerlos y peor en creer<span class="pagenum" id="Page_227">[p. -227]</span>los, y más mal<a id="FNanchor_452" href="#Footnote_452" -class="fnanchor">[452]</a> en imitarlos, habiéndome puesto -a seguir la durísima profesión de la caballería andante<a -id="FNanchor_453" href="#Footnote_453" class="fnanchor">[453]</a> -que ellos enseñan; negándome que no ha habido<a id="FNanchor_454" -href="#Footnote_454" class="fnanchor">[454]</a> en el mundo Amadises -ni de Gaula, ni de Grecia<a id="FNanchor_455" href="#Footnote_455" -class="fnanchor">[455]</a>, ni todos los otros caballeros de que las -escrituras están llenas.»</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_228">[p. 228]</span></p> - -<p>—«Todo es al pie de la letra como vuestra merced lo va -relatando»—dijo a esta sazón el canónigo. A lo cual respondió -Don Quijote: «Añadió<a id="FNanchor_456" href="#Footnote_456" -class="fnanchor">[456]</a> también vuestra merced, diciendo que -me habían hecho mucho daño tales libros, pues me habían vuelto -el juicio y puéstome<a id="FNanchor_457" href="#Footnote_457" -class="fnanchor">[457]</a> en una jaula, y que me sería -mejor hacer la enmienda y mudar de letura, leyendo otros más -verdaderos y que mejor<a id="FNanchor_458" href="#Footnote_458" -class="fnanchor">[458]</a> deleitan y enseñan.»—«Así es»—dijo el -canónigo.—«Pues yo—replicó Don Quijote—hallo por mi cuenta que el sin -juicio y el encantado es vuestra merced, pues se ha puesto a decir -tantas blasfemias contra una cosa tan recibida en el mundo y tenida -por tan verdadera...; porque querer dar a entender a nadie que Amadis -no fué en el mundo, ni todos los otros caballeros aventureros de -que están colmadas las historias, será querer persuadir que el sol -no alumbra, ni el hielo enfría, ni la tierra sustenta; porque, ¿qué -ingenio puede haber en el mundo que pueda persuadir a otro que no fué -verdad lo de la infanta Floripés y Gui de Borgoña<a id="FNanchor_459" -href="#Footnote_459" class="fnanchor">[459]</a>, y lo de Fierabrás -con la puente de Manti<span class="pagenum" id="Page_229">[p. -229]</span>ble<a id="FNanchor_460" href="#Footnote_460" -class="fnanchor">[460]</a>, que sucedió en el tiempo de Carlomagno? -Que ¡voto a tal! que es tanta verdad como es ahora de día; y si es -mentira, también lo debe de ser que no hubo Héctor, ni Aquiles, ni -la guerra de Troya, ni los doce Pares de Francia, ni el Rey Artús de -Ingalaterra, que anda hasta ahora convertido en cuervo y le esperan -en su reino por momentos<a id="FNanchor_461" href="#Footnote_461" -class="fnanchor">[461]</a>; y también se atreverán a decir que -es<span class="pagenum" id="Page_230">[p. 230]</span> mentirosa la -historia de Guarino Mezquino<a id="FNanchor_462" href="#Footnote_462" -class="fnanchor">[462]</a> y la de la demanda del Santo Grial<a -id="FNanchor_463" href="#Footnote_463" class="fnanchor">[463]</a>, -y que son apócrifos los amores de don Tristán y la reina Iseo<a -id="FNanchor_464" href="#Footnote_464" class="fnanchor">[464]</a>, -como los de Ginebra y Lanzarote<a id="FNanchor_465" -href="#Footnote_465" class="fnanchor">[465]</a>, habiendo personas -que casi se acuerdan de haber visto a la dueña Quintañona, que -fué la mejor escanciadora de vino que tuvo la Gran Bretaña. Y es -esto tan<span class="pagenum" id="Page_231">[p. 231]</span> así<a -id="FNanchor_466" href="#Footnote_466" class="fnanchor">[466]</a>, -que me acuerdo yo que me decía una mi<a id="FNanchor_467" -href="#Footnote_467" class="fnanchor">[467]</a> agüela de partes<a -id="FNanchor_468" href="#Footnote_468" class="fnanchor">[468]</a> -de mi padre, cuando veía alguna dueña con tocas reverendas: -Aquella, nieto, se parece a la dueña Quintañona<a id="FNanchor_469" -href="#Footnote_469" class="fnanchor">[469]</a>; de donde arguyo -yo que la debió de conocer ella, o por lo menos debió de alcanzar -a ver algún retrato suyo. Pues ¿quién podrá negar no ser verdadera -la historia de Pierres y la linda Magalona, pues aun hasta hoy día -se ve en la armería de los reyes la clavija<a id="FNanchor_470" -href="#Footnote_470" class="fnanchor">[470]</a> con<span -class="pagenum" id="Page_232">[p. 232]</span> que volvía al caballo -de madera, sobre quien iba el valiente Pierres por los aires, que -es un poco mayor que un timón de carreta? Y junto a la clavija está -la silla de Babieca, y en Roncesvalles está el cuerno de Roldán<a -id="FNanchor_471" href="#Footnote_471" class="fnanchor">[471]</a>, -tamaño como una grande viga; de donde se infiere que hubo doce Pares, -que hubo Pierres, que hubo Cides, y otros caballeros semejantes,</p> - -<div class="poema mt1"><div class="stanza"> -<p class="i0">destos que dicen las gentes</p> -<p class="i0">que a sus aventuras van<a id="FNanchor_472" href="#Footnote_472" class="fnanchor">[472]</a>.</p> -</div></div> - -<p class="mt1 ti0">Si no... digan que fueron burla las justas de -Suero de Quiñones, del Paso<a id="FNanchor_473" href="#Footnote_473" -class="fnanchor">[473]</a>, las empresas de Mosén Luis de Falces<a -id="FNanchor_474" href="#Footnote_474" class="fnanchor">[474]</a> -contra don Gonzalo de Guzmán,<span class="pagenum" id="Page_233">[p. -233]</span> caballero castellano, con otras muchas hazañas hechas -por caballeros cristianos destos y de los reinos extranjeros, tan -auténticas y verdaderas, que torno a decir que el que las negase -carecería de toda razón y buen discurso.»</p> - -<p>Admirado quedó el canónigo de oir la mezcla que Don Quijote -hacía de verdades y mentiras, y de ver la noticia que tenía de -todas aquellas cosas tocantes y concernientes a los hechos de su -andante caballería, y así le respondió: «No puedo yo negar, señor -Don Quijote, que no sea verdad algo de lo que vuestra merced ha -dicho, especialmente en lo que toca a los caballeros andantes -españoles; y asimismo quiero conceder que hubo doce Pares de -Francia; pero no quiero creer que hicieron todas aquellas cosas -que el Arzobispo Turpín<a id="FNanchor_475" href="#Footnote_475" -class="fnanchor">[475]</a> dellos escribe... En lo de que hubo -Cid no hay duda, ni menos Bernardo del Carpio<a id="FNanchor_476" -href="#Footnote_476" class="fnanchor">[476]</a>; pero de que hicieron -las hazañas que dicen, creo que la hay muy grande. En lo otro de -la clavija que vuestra merced dice del conde Pierres, y que está -junto a la silla de Babieca en la armería de los reyes, confie<span -class="pagenum" id="Page_234">[p. 234]</span>so mi pecado: que soy -tan ignorante o tan corto de vista, que, aunque he visto la silla, -no he echado de ver la clavija, y más siendo tan grande como vuestra -merced ha dicho.»</p> - -<p>—«Pues allí está, sin duda alguna—replicó Don Quijote—; y, por más -señas, dicen que está metida en una funda de vaqueta, porque no se -tome de moho.»</p> - -<p>—«Todo puede ser—respondió el canónigo—; pero por las órdenes que -recebí, que no me acuerdo haberla visto; mas, puesto que conceda -que está allí, no por eso me obligo a creer las historias de tantos -Amadises ni las de tanta turbamulta de caballeros como por ahí nos -cuentan, ni es razón que un hombre como vuestra merced, tan honrado -y de tan buenas partes, y dotado de tan buen entendimiento, se dé a -entender que son verdaderas tantas y tan estrañas locuras como las -que están escritas en los disparatados libros de caballerías.»</p> - -<p>—«¡Bueno está eso!—respondió Don Quijote—. Los libros que están -impresos con licencia de los reyes y con aprobación de aquellos -a quien se remitieron<a id="FNanchor_477" href="#Footnote_477" -class="fnanchor">[477]</a>, y que con gusto general son leídos -y celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y -de los ricos, de los letrados e ignoran<span class="pagenum" -id="Page_235">[p. 235]</span>tes, de los plebeyos y caballeros, -finalmente, de todo género de personas de cualquier estado y -condición que sean, ¿habían de ser mentira, y más llevando tanta -apariencia de verdad, pues nos cuentan el padre, la madre, la -patria, los parientes, la edad, el lugar y las hazañas, punto por -punto y día por día, que el tal caballero hizo o caballeros<a -id="FNanchor_478" href="#Footnote_478" class="fnanchor">[478]</a> -hicieron? Calle vuestra merced, no diga tal blasfemia—y créame, -que le aconsejo en esto lo que debe de hacer como discreto—, si no -léalos y verá el gusto que recibe de su leyenda<a id="FNanchor_479" -href="#Footnote_479" class="fnanchor">[479]</a>. Si no, dígame: ¿hay -mayor contento que ver, como si dijésemos, aquí<a id="FNanchor_480" -href="#Footnote_480" class="fnanchor">[480]</a> ahora se muestra -delante de nosotros un gran lago de pez hirviendo a borbollones, y -que andan nadando y cruzando por él muchas serpientes, culebras y -lagartos, y otros muchos géneros de animales feroces y espantables, -y que del medio del lago sale una voz tristísima, que dice:<span -class="pagenum" id="Page_236">[p. 236]</span> <i>Tú, caballero, -quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando, si quieres -alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se encubre, muestra -el valor de tu fuerte pecho, y arrójate en mitad de su negro y -encendido licor; porque si así no lo haces, no serás digno de ver -las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete -castillos de las siete fadas<a id="FNanchor_481" href="#Footnote_481" -class="fnanchor">[481]</a>, que debajo desta negregura<a -id="FNanchor_482" href="#Footnote_482" class="fnanchor">[482]</a> -yacen?</i> ¿Y que apenas el caballero no ha acabado<a id="FNanchor_483" -href="#Footnote_483" class="fnanchor">[483]</a> de oir la voz -temerosa, cuando, sin entrar más en cuentas consigo, sin ponerse -a considerar el peligro a que se pone, y aun sin despojarse de -la pesadumbre de sus fuertes armas, encomendándose a Dios y a -su señora, se arroja en mitad del bullente lago, y cuando no se -cata ni sabe dónde ha de parar, se halla entre unos floridos -campos, con quien los Elíseos no tienen que ver en ninguna -cosa? Allí le parece que el cielo es más transparente, y que -el<span class="pagenum" id="Page_237">[p. 237]</span> sol luce -con claridad más nueva<a id="FNanchor_484" href="#Footnote_484" -class="fnanchor">[484]</a>; ofrécesele a los ojos una apacible -floresta de tan verdes y frondosos árboles compuesta<a -id="FNanchor_485" href="#Footnote_485" class="fnanchor">[485]</a>, -que alegra a la vista su verdura, y entretiene los oídos el dulce -y no aprendido canto<a id="FNanchor_486" href="#Footnote_486" -class="fnanchor">[486]</a> de los pequeños, infinitos y -pintados pajarillos, que por los intricados<a id="FNanchor_487" -href="#Footnote_487" class="fnanchor">[487]</a> ramos van -cruzando. Aquí descubre un arroyuelo, cuyas frescas aguas, que -líquidos cristales parecen, corren sobre menudas arenas y blancas -pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan. Acullá vee -una artificiosa fuente, de jaspe variado<a id="FNanchor_488" -href="#Footnote_488" class="fnanchor">[488]</a> y de liso már<span -class="pagenum" id="Page_238">[p. 238]</span>mol compuesta; acá -vee otra a lo brutesco<a id="FNanchor_489" href="#Footnote_489" -class="fnanchor">[489]</a> ordenada, adonde las menudas conchas de -las almejas con las torcidas casas blancas y amarillas del caracol, -puestas con orden desordenada, mezclados entre ellas pedazos de -cristal luciente y de contrahechas esmeraldas, hacen una variada -labor, de manera que el arte imitando a la naturaleza, parece que -allí la vence. Acullá, de improviso, se le descubre un fuerte -castillo o vistoso alcázar, cuyas murallas son de macizo oro; las -almenas, de diamantes; las puertas, de jacintos; finalmente, él es -de tan admirable compostura, que con ser la materia de que está -formado no menos que de diamantes, de carbuncos, de rubíes, de -perlas, de oro y de esmeraldas, es de más estimación su hechura; y -¿hay más que ver después de haber visto esto, que ver salir por la -puerta del castillo un buen número de doncellas, cuyos galanos y -vistosos trajes, si yo me pusiese ahora a decirlos como las historias -nos los cuentan, sería nunca acabar, y tomar luego la que parecía -principal de todas por la mano al atrevido caballero, que se arrojó -en el ferviente lago<a id="FNanchor_490" href="#Footnote_490" -class="fnanchor">[490]</a>,<span class="pagenum" id="Page_239">[p. -239]</span> y llevarle sin hablarle palabra dentro del rico alcázar -o castillo... y bañarle con templadas aguas, y luego untarle todo -con olorosos ungüentos, y vestirle una camisa de cendal delgadísimo, -toda olorosa y perfumada, y acudir otra doncella y echarle un mantón -sobre los hombros, que, por lo menos menos<a id="FNanchor_491" -href="#Footnote_491" class="fnanchor">[491]</a>, dicen que -suele valer una ciudad<a id="FNanchor_492" href="#Footnote_492" -class="fnanchor">[492]</a>, y aun más? ¿Qué es ver, pues, cuando nos -cuentan que tras todo esto le llevan a otra sala, donde halla puestas -las mesas con tanto concierto, que queda suspenso y admirado? ¿Qué -el verle echar agua a manos<a id="FNanchor_493" href="#Footnote_493" -class="fnanchor">[493]</a>, toda de ámbar y de olorosas flores -distilada? ¿Qué el hacerle sentar sobre una silla de marfil? -¿Qué verle servir todas<a id="FNanchor_494" href="#Footnote_494" -class="fnanchor">[494]</a> las doncellas,<span class="pagenum" -id="Page_240">[p. 240]</span> guardando un maravilloso silencio? -¿Qué el traerle tanta diferencia de manjares, tan sabrosamente -guisados, que no sabe el apetito a cuál deba de alargar la -mano? ¿Cuál será oír<a id="FNanchor_495" href="#Footnote_495" -class="fnanchor">[495]</a> la música, que en tanto que come suena, -sin saberse quién la canta ni adónde suena? ¿Y después de la comida -acabada y las mesas alzadas, quedarse el caballero recostado sobre -la silla, y quizá mondándose los dientes, como es costumbre, entrar -a deshora por la puerta de la sala otra mucho más hermosa doncella -que ninguna de las primeras, y sentarse al lado del caballero, y -comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél, y de cómo ella -está encantada en él, con otras cosas que suspenden al caballero, -y admiran a los leyentes que van leyendo su historia? No quiero -alargarme más en esto, pues dello se puede colegir que cualquiera -parte que se lea de cualquiera historia de caballero andante, ha de -causar gusto y maravilla a cualquiera que la leyere; y vuestra merced -créame y, como otra vez le he dicho, lea estos libros, y verá cómo le -destierran la melancolía que tuviere, y le mejoran la condición, si -acaso la tiene mala.»</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_12_3"> - <h3 title="El Caballero del Verde Gabán"><span class="pagenum" - id="Page_241">[p. 241]</span><small>PARTE II, CAPÍTULO XVI</small></h3> - <p class="hang mt1">Don Quijote en su camino se halla con un discreto - caballero de la Mancha, en el cual Cervantes cifra su propio ideal de - la vida santa y sencilla.</p> -</div> - -<p>En estas razones estaban cuando los alcanzó un hombre, que -detrás dellos por el mismo camino venía sobre una muy hermosa yegua -tordilla, vestido un gabán<a id="FNanchor_496" href="#Footnote_496" -class="fnanchor">[496]</a> de paño fino verde, jironado<a -id="FNanchor_497" href="#Footnote_497" class="fnanchor">[497]</a> de -terciopelo leonado, con una montera del mismo terciopelo; el aderezo -de la yegua era de campo y de la jineta, asimismo<a id="FNanchor_498" -href="#Footnote_498" class="fnanchor">[498]</a> de morado y verde; -traía un alfanje morisco pendiente de un ancho tahalí de verde y oro, -y los borceguíes eran de la labor del tahalí; las espuelas no eran -doradas, sino dadas con un barniz verde, tan tersas y bruñidas, que -por hacer labor con todo el vestido, parecían mejor que si fueran de -oro puro.</p> - -<p>Cuando llegó a ellos el caminante los saludó cortésmente, -y picando a la yegua se pasaba de<span class="pagenum" -id="Page_242">[p. 242]</span> largo; pero Don Quijote le dijo: -«Señor galán, si es que vuesa merced lleva el camino que nosotros, -y no importa el darse priesa, merced recibiría en que nos fuésemos -juntos.»... Detuvo la rienda el caminante, admirándose de la -apostura y rostro de Don Quijote, el cual iba sin celada, que la -llevaba Sancho como maleta en el arzón delantero de la albarda del -rucio; y si mucho miraba el de lo Verde a Don Quijote, mucho más -miraba Don Quijote al de lo Verde, pareciéndole hombre de chapa<a -id="FNanchor_499" href="#Footnote_499" class="fnanchor">[499]</a>: -la edad mostraba ser de cincuenta años; las canas, pocas, y el -rostro, aguileño, la vista entre alegre y grave; finalmente, en el -traje y apostura daba a entender ser hombre de buenas prendas<a -id="FNanchor_500" href="#Footnote_500" class="fnanchor">[500]</a>. -Lo que juzgó de Don Quijote de la Mancha el de lo Verde fué, -que semejante manera ni parecer de hombre no le había visto -jamás: admiróle la longura de su caballo<a id="FNanchor_501" -href="#Footnote_501" class="fnanchor">[501]</a>, la grandeza de su -cuerpo, la flaqueza y amarillez de su rostro, sus armas, su ademán y -compostura, figura y retrato no visto por luengos tiempos atrás en -aquella tierra.</p> - -<p>Notó bien Don Quijote la atención con que el caminante le miraba, -y leyóle en la suspensión su<span class="pagenum" id="Page_243">[p. -243]</span> deseo; y como era tan cortés y tan amigo de dar gusto a -todos, antes que le preguntase nada, le salió al camino, diciéndole: -«esta figura que vuesa merced en mí ha visto, por ser tan nueva y tan -fuera de las que comúnmente se usan, no me maravillaría yo de que le -hubiese maravillado; pero dejará vuesa merced de estarlo cuando le -diga, como le digo, que soy caballero</p> - -<div class="poema mt1"><div class="stanza"> -<p class="i0">destos que dicen las gentes</p> -<p class="i0">que a sus aventuras van.</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Salí de mi patria, empeñé mi hacienda, dejé mi -regalo, y entreguéme en los brazos de la fortuna, que me llevasen -donde más fuese servida. Quise resucitar la ya muerta andante -caballería, y ha muchos días que tropezando aquí, cayendo allí, -despeñándome acá, y levantándome acullá, he cumplido gran parte de -mi deseo, socorriendo viudas, amparando doncellas, y favoreciendo -casadas, huérfanos y pupilos, propio y natural oficio de caballeros -andantes; y así por mis valerosas, muchas y cristianas hazañas he -merecido andar ya en estampa<a id="FNanchor_502" href="#Footnote_502" -class="fnanchor">[502]</a> en casi todas o las más naciones del -mundo. Treinta mil volúmenes se han impreso de mi historia, y -lleva camino de imprimirse treinta mil veces de millares, si el -cielo no lo remedia. Final<span class="pagenum" id="Page_244">[p. -244]</span>mente, por encerrarlo todo en breves palabras o en -una sola, digo que yo soy Don Quijote de la Mancha, por otro -nombre llamado el <i>Caballero de la Triste Figura</i>; y puesto que<a -id="FNanchor_503" href="#Footnote_503" class="fnanchor">[503]</a> -las propias alabanzas envilecen, esme forzoso decir yo tal -vez las mías, y esto se entiende, cuando no se halla presente -quien las diga: así que, señor gentil-hombre, ni este caballo, -esta lanza, ni este escudo, ni escudero, ni todas juntas estas -armas, ni la amarillez de mi rostro, ni mi atenuada flaqueza os -podrá admirar de aquí adelante, habiendo ya sabido quién soy y -la profesión que hago<a id="FNanchor_504" href="#Footnote_504" -class="fnanchor">[504]</a>.»</p> - -<p>Calló en diciendo esto Don Quijote, y el de lo Verde, según se -tardaba en responderle, parecía que no acertaba a hacerlo; pero de -allí a buen espacio le dijo: «acertastes, señor caballero, a conocer -por mi suspensión mi deseo; pero no habéis acertado a quitarme la -maravilla que en mí causa<a id="FNanchor_505" href="#Footnote_505" -class="fnanchor">[505]</a> el haberos visto, que puesto que como -vos, señor, decís que el saber ya quién sois me lo po<span -class="pagenum" id="Page_245">[p. 245]</span>dría quitar, no ha -sido así, antes ahora que lo sé, quedo más suspenso y maravillado. -Cómo, ¿y es posible que hay<a id="FNanchor_506" href="#Footnote_506" -class="fnanchor">[506]</a> hoy caballeros andantes en el mundo, y -que hay historias impresas de verdaderas caballería? No me puedo -persuadir que haya hoy en la tierra quien favorezca viudas, ampare -doncellas, ni honre casadas, ni socorra huérfanos, y no lo creyera, -si en vuesa merced no lo hubiera visto con mis ojos. Bendito sea el -cielo, que con esa historia que vuesa merced dice que está impresa de -sus altas y verdaderas caballerías, se habrán puesto en olvido las -innumerables de los fingidos caballeros andantes de que estaba lleno -el mundo, tan en daño de las buenas costumbres, y tan en perjuicio y -descrédito de las buenas historias.»—«Hay mucho que decir, respondió -Don Quijote, en razón de si son fingidas o no las historias de los -andantes caballeros.»—«¿Pues hay quién dude, respondió el Verde, -que no son falsas las tales historias?»—«Yo lo dudo, respondió Don -Quijote, y quédese esto aquí, que si nuestra jornada dura, espero en -Dios de dar a entender a vuesa merced que ha hecho mal en irse con la -corriente de los que tienen por cierto que no son verdaderas.»</p> - -<p>Desta última razón de Don Quijote tomó barruntos el caminante -de que Don Quijote debía de ser algún mentecato, y aguardaba que -con otras lo confirmase; pero antes que se divirtiesen<span -class="pagenum" id="Page_246">[p. 246]</span> en otros razonamientos, -Don Quijote le rogó le dijese quién era, pues le había dado parte de -su condición y de su vida. A lo que respondió el del Verde Gabán: -«yo, señor caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de -un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido: soy más -que medianamente rico, y es mi nombre Don Diego de Miranda; paso la -vida con mi mujer y con mis hijos y con mis amigos: mis ejercicios -son el de la caza y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos, -sino algún perdigón manso<a id="FNanchor_507" href="#Footnote_507" -class="fnanchor">[507]</a> o algún hurón atrevido; tengo hasta seis -docenas de libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia -algunos, y de devoción otros: los de caballerías aun no han entrado -por los umbrales de mis puertas; hojeo más los que son profanos que -los devotos, como sean de honesto entretenimiento, que deleiten con -el lenguaje, y admiren y suspendan con la invención, puesto que<a -id="FNanchor_508" href="#Footnote_508" class="fnanchor">[508]</a> -destos hay muy pocos en España; alguna vez como con mis vecinos -y amigos, y muchas veces los convido: son mis convites limpios y -aseados, y no nada escasos: ni gusto de murmurar, ni consiento que -delante de mí se murmure: no escudriño las vidas ajenas, ni soy -lince de los hechos de los otros; oigo misa cada día; reparto de mis -bienes con los<span class="pagenum" id="Page_247">[p. 247]</span> -pobres, sin hacer alarde de las buenas obras, por no dar entrada en -mi corazón a la hipocresía y vanagloria, enemigos que blandamente se -apoderan del corazón más recatado; procuro poner en paz los que sé -que están desavenidos; soy devoto de nuestra Señora, y confío siempre -en la misericordia infinita de Dios nuestro Señor.»</p> - -<p>Atentísimo estuvo Sancho a la relación de la vida y -entretenimientos del hidalgo; y pareciéndola buena y santa, y que -quien la hacía debía de hacer milagros, se arrojó del rucio, y con -gran priesa le fué a asir del estribo derecho, y con devoto corazón -y casi lágrimas le besó los pies una y muchas veces. Visto lo cual -por el hidalgo le preguntó: «¿qué hacéis, hermano? ¿Qué besos son -estos?»—«Déjenme besar, respondió Sancho, porque me parece vuesa -merced el primer santo a la jineta que he visto en todos los días de -mi vida.»—«No soy santo, respondió el hidalgo, sino gran pecador; -vos sí, hermano, que debéis de ser bueno, como vuestra simplicidad -lo muestra.» Volvió Sancho a cobrar la albarda, habiendo sacado -a plaza la risa de la profunda malencolía<a id="FNanchor_509" -href="#Footnote_509" class="fnanchor">[509]</a> de su amo, y causado -nueva admiración a Don Diego.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_12_4"> - <h3 title="La Cueva de Montesinos"><span class="pagenum" - id="Page_248">[p. 248]</span><small>PARTE II, CAPÍTULO XXIII</small></h3> - <p class="hang mt1">Terminado el relato episódico de las bodas de Camacho, - o mejor dicho, de Basilio, quiere visitar Don Quijote la - Cueva de Montesinos<a id="FNanchor_510" href="#Footnote_510" - class="fnanchor">[510]</a>; en esta visita le acompaña un primo - de cierto Licenciado, que había hallado Don Quijote en su camino. - Después de haber descendido a la sima Don Quijote atado con cuerdas, - cuenta al Primo y a Sancho lo que vió en la cueva. Cervantes llena de - finísima poesía toda esta concepción fantástico-burlesca.</p> -</div> - -<p>«A obra de doce o catorce estados<a id="FNanchor_511" -href="#Footnote_511" class="fnanchor">[511]</a> de la profundidad -desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio -capaz de poder caber en ella<a id="FNanchor_512" href="#Footnote_512" -class="fnanchor">[512]</a> un gran carro con sus mulas. Éntrale una -pequeña luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden, -abiertos en la superficie de la tierra. Esta concavidad y espacio -vi yo a tiempo cuando ya iba cansado y mohino de verme, pendiente -y colgado de la soga, caminar por aquella<span class="pagenum" -id="Page_249">[p. 249]</span> escura región abajo, sin llevar cierto -ni determinado camino, y así determiné entrarme en ella y descansar -un poco. Di voces pidiéndoos que no descolgásedes más soga, hasta -que yo os lo dijese; pero no debistes de oírme. Fui recogiendo la -soga que enviábades, y haciendo della una rosca o rimero, me senté -sobre él, pensativo además<a id="FNanchor_513" href="#Footnote_513" -class="fnanchor">[513]</a>, considerando lo que hacer debía para -calar al fondo, no teniendo quien me sustentase; y estando en este -pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo, me salteó un -sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni -cómo no, desperté dél, y me hallé en la mitad del más bello, ameno -y deleitoso prado que puede criar la naturaleza, ni imaginar la -más discreta imaginación humana. Despabilé los ojos, limpiémelos, -y vi que no dormía, sino que realmente estaba despierto. Con todo -esto, me tenté la cabeza y los pechos, por certificarme si era yo -mismo el que allí estaba, o alguna fantasma vana y contrahecha; -pero el tacto, el sentimiento, los discursos concertados que entre -mí hacía, me certificaron que yo era allí entonces el que soy aquí -ahora. Ofrecióseme luego a la vista un real y suntuoso palacio o -alcázar, cuyos muros y paredes parecían de tras<span class="pagenum" -id="Page_250">[p. 250]</span>parente y claro cristal fabricados, -del cual abriéndose dos grandes puertas, vi que por ellas salía -y hacia mí se venía un venerable anciano vestido con un capuz<a -id="FNanchor_514" href="#Footnote_514" class="fnanchor">[514]</a> de -bayeta morada, que por el suelo le arrastraba; ceñíale los hombros y -los pechos una beca de colegial, de raso verde: cubríale la cabeza -una gorra milanesa negra<a id="FNanchor_515" href="#Footnote_515" -class="fnanchor">[515]</a>, y la barba canísima le pasaba de la -cintura; no traía arma ninguna, sino un rosario de cuentas en la -mano, mayores que medianas nueces, y los dieces asimismo como -huevos medianos de avestruz: el continente, el paso, la gravedad -y la anchísima presencia<a id="FNanchor_516" href="#Footnote_516" -class="fnanchor">[516]</a>, cada cosa de por sí y todas juntas -me suspendieron y admiraron. Llegóse a mí, y lo primero que hizo -fué abrazarme estrechamente, y luego decirme: «Luengos tiempos -ha, valeroso caballero Don Quijote de la Mancha, que los que -estamos en estas soledades encantados, esperamos verte, para que -des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva -por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos: hazaña -sólo guardada para ser acometida de tu invencible corazón<span -class="pagenum" id="Page_251">[p. 251]</span> y de tu ánimo -stupendo: Ven conmigo, señor clarísimo, que te quiero mostrar -las maravillas que este trasparente alcázar solapa, de quien<a -id="FNanchor_517" href="#Footnote_517" class="fnanchor">[517]</a> -yo soy alcaide y guarda mayor perpetua<a id="FNanchor_518" -href="#Footnote_518" class="fnanchor">[518]</a>, porque soy el -mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre.» Apenas me dijo -que era Montesinos<a id="FNanchor_519" href="#Footnote_519" -class="fnanchor">[519]</a>, cuando le pregunté si fué verdad lo -que en el mundo de acá arriba se contaba, que él había sacado de -la<span class="pagenum" id="Page_252">[p. 252]</span> mitad del -pecho con una pequeña daga<a id="FNanchor_520" href="#Footnote_520" -class="fnanchor">[520]</a> el corazón de su grande amigo Durandarte, -y llevádole a la señora Belerma, como él se lo mandó al punto de su -muerte. Respondióme que en todo decían verdad sino en la daga, porque -no fué daga, ni pequeña<a id="FNanchor_521" href="#Footnote_521" -class="fnanchor">[521]</a>, sino un puñal buído<a id="FNanchor_522" -href="#Footnote_522" class="fnanchor">[522]</a>, más agudo que una -lezna.»</p> - -<p>—«Debía de ser, dijo a este punto Sancho, el tal puñal de Ramón -de Hoces el Sevillano.»—«No sé, prosiguió Don Quijote, pero no -sería dese puñalero, porque Ramón de Hoces fué ayer, y lo de<span -class="pagenum" id="Page_253">[p. 253]</span> Roncesvalles, donde -aconteció esta desgracia, ha muchos años; y esta averiguación no -es de importancia, ni turba ni altera la verdad y contesto de la -historia.»—«Así es, respondió el Primo; prosiga vuesa merced, señor -Don Quijote, que le escucho con el mayor gusto del mundo.»</p> - -<p>«No con menor lo cuento yo, respondió Don Quijote, y así digo -que el venerable Montesinos me metió en el cristalino palacio, -donde en una sala baja, fresquísima sobremodo<a id="FNanchor_523" -href="#Footnote_523" class="fnanchor">[523]</a>, y toda de alabastro, -estaba un sepulcro de mármol con gran maestría fabricado, sobre -el cual vi a un caballero tendido de largo a largo, no de bronce -ni de mármol, ni de jaspe hecho, como los suele haber en otros -sepulcros, sino de pura carne y de puros huesos. Tenía la mano -derecha (que a mi parecer es algo peluda y nervosa, señal de tener -muchas fuerzas su dueño)<a id="FNanchor_524" href="#Footnote_524" -class="fnanchor">[524]</a> puesta sobre el lado del corazón, y -antes que preguntase nada a Montesinos, viéndome suspenso, mirando -al del sepulcro, me dijo<a id="FNanchor_525" href="#Footnote_525" -class="fnanchor">[525]</a>: Este es mi amigo Durandarte, flor -y espejo de los caballeros enamorados y valientes de su<span -class="pagenum" id="Page_254">[p. 254]</span> tiempo; tiénele aquí -encantado, como me tiene a mí y a otros muchos y muchas, Merlín<a -id="FNanchor_526" href="#Footnote_526" class="fnanchor">[526]</a>, -aquel francés encantador, que dicen que fué hijo del diablo; y lo que -yo creo es que no fué hijo del diablo, sino que supo, como dicen, un -punto más que el diablo. El cómo o para qué nos encantó, nadie lo -sabe, y ello dirá andando los tiempos, que no están muy lejos, según -imagino. Lo que a mí me admira es que sé tan cierto como ahora es de -día, que Durandarte acabó los de su vida en mis brazos, y que después -de muerto le saqué el corazón con mis propias manos (y en verdad que -debía de pesar dos libras, porque según los naturales, el que tiene -mayor corazón es dotado de mayor valentía del<a id="FNanchor_527" -href="#Footnote_527" class="fnanchor">[527]</a> que le tiene -pequeño); pues siendo esto así, y que realmente murió este caballero -¿cómo ahora se queja<a id="FNanchor_528" href="#Footnote_528" -class="fnanchor">[528]</a> y sospira de cuando en cuando como si -estuviese vivo? Esto dicho, el mísero Durandarte, dando una gran voz, -dijo:</p> - -<div class="poema mt1"><div class="stanza"> -<p class="i2"><span class="pagenum" id="Page_255">[p. 255]</span>¡Oh mi primo Montesinos!</p> -<p class="i0">Lo postrero que os rogaba,</p> -<p class="i0">Que cuando yo fuere muerto,</p> -<p class="i0">Y mi ánima arrancada,</p> -<p class="i0">Que llevéis mi corazón</p> -<p class="i0">Adonde Belerma estaba,</p> -<p class="i0">Sacándomele del pecho,</p> -<p class="i0">Ya con puñal, ya con daga<a id="FNanchor_529" href="#Footnote_529" class="fnanchor">[529]</a>.</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Oyendo lo cual el venerable Montesinos se puso de -rodillas ante el lastimado caballero, y con lágrimas en los ojos -le dijo: Ya, señor Durandarte, carísimo primo mío, ya hice lo que -me mandastes en el aciago día de nuestra pérdida; ya os saqué el -corazón lo mejor que pude, sin que os dejase una mínima parte en el -pecho; yo le limpié con un pañizuelo de puntas<a id="FNanchor_530" -href="#Footnote_530" class="fnanchor">[530]</a>, yo partí con él -de carrera para Francia, habiéndoos primero puesto en el seno de -la tierra con tantas lágrimas, que fueron bastantes a lavarme -las manos, y limpiarme con ellas la sangre que tenían de haberos -an<span class="pagenum" id="Page_256">[p. 256]</span>dado en las -entrañas; y por más señas, primo de mi alma, en el primero lugar -que topé saliendo de Roncesvalles, eché un poco de sal en vuestro -corazón, porque no oliese mal y fuese, si no fresco, a lo menos -amojamado a la presencia de la señora Belerma<a id="FNanchor_531" -href="#Footnote_531" class="fnanchor">[531]</a>, la cual, con vos y -conmigo y con Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera<a -id="FNanchor_532" href="#Footnote_532" class="fnanchor">[532]</a> -y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros -conocidos y amigos nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha -muchos años; y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno -de nosotros, solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las -cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las -convirtió en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de los -vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman <i>las Lagunas de -Ruidera</i>: las siete son de los Reyes de España<a id="FNanchor_533" -href="#Footnote_533" class="fnanchor">[533]</a>, y las dos sobrinas, -de los caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan. -Guadiana, vuestro escudero,<span class="pagenum" id="Page_257">[p. -257]</span> plañendo asimesmo vuestra desgracia, fué convertido -en un río llamado de su mesmo nombre, el cual, cuando llegó a la -superficie de la tierra y vió el sol del otro cielo, fué tanto -el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las -entrañas de la tierra; pero como no es posible dejar de acudir a -su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde -el sol y las gentes le vean. Vanle administrando de sus aguas -las referidas lagunas, con las cuales y con otros muchas que se -llegan, entra pomposo y grande en Portugal; pero con todo esto, -por dondequiera que va muestra su tristeza y melancolía, y no se -precia de criar en sus aguas peces regalados y de estima, sino -burdos y desabridos, bien diferentes de los del Tajo dorado<a -id="FNanchor_534" href="#Footnote_534" class="fnanchor">[534]</a>; -y esto que agora os digo, ¡oh primo mío!, os lo he dicho muchas -veces, y como no me respondéis, imagino que no me dais crédito o -no me oís, de lo que yo recibo tanta pena cual Dios lo sabe. Unas -nuevas os quiero dar ahora, las cuales, ya que no sirvan de alivio -a vuestro dolor, no os le aumentarán en ninguna manera; sabed que -tenéis aquí en vuestra presencia (y abrid los ojos y veréislo) aquel -gran caballero de quien tantas cosas tiene profetizadas el sabio -Merlín, aquel Don Quijote de la Mancha, digo, que de nuevo y con -mayores ventajas que en los pasados siglos, ha resucitado en los -presentes la ya<span class="pagenum" id="Page_258">[p. 258]</span> -olvidada andante caballería, por cuyo medio y favor podría ser que -nosotros fuésemos desencantados, que las grandes hazañas para los -grandes hombres están guardadas.—Y cuando así no sea, respondió -el lastimado Durandarte con voz desmayada y baja, cuando así no -sea, ¡oh primo!, digo, paciencia y barajar<a id="FNanchor_535" -href="#Footnote_535" class="fnanchor">[535]</a>; y volviéndose -de lado tornó a su acostumbrado silencio sin hablar más palabra. -Oyéronse en esto grandes alaridos y llantos acompañados de profundos -gemidos y angustiados sollozos. Volví la cabeza, y vi por las paredes -de cristal, que por otra sala pasaba una procesión de dos hileras -de hermosísimas doncellas, todas vestidas de luto, con turbantes -blancos sobre las cabezas al modo turquesco. Al cabo y fin de las -hileras venía una señora, que en la gravedad lo parecía, asimismo -vestida de negro, con tocas blancas tan tendidas y largas que besaban -la tierra. Su turbante era mayor dos veces que el mayor de alguna<a -id="FNanchor_536" href="#Footnote_536" class="fnanchor">[536]</a> -de las otras: era cejijunta, y la nariz algo chata, la boca grande, -pero colorados los labios, los dientes, que tal vez los descubría, -mos<span class="pagenum" id="Page_259">[p. 259]</span>traban ser -ralos y no bien puestos, aunque eran blancos como unas peladas -almendras: traía en las manos un lienzo delgado, y entre él, a -lo que pude divisar, un corazón de carne momia, según venía seco -y amojamado. Díjome Montesinos, cómo toda aquella gente de la -procesión eran sirvientes de Durandarte y de Belerma, que allí con -sus dos señores estaban encantados, y que la última, que traía el -corazón entre el lienzo y en las manos, era la señora Belerma, la -cual con sus doncellas cuatro días en la semana<a id="FNanchor_537" -href="#Footnote_537" class="fnanchor">[537]</a> hacían aquella -procesión y cantaban, o por mejor decir, lloraban endechas<a -id="FNanchor_538" href="#Footnote_538" class="fnanchor">[538]</a> -sobre el cuerpo y sobre el lastimado corazón de su primo: y que si -me había parecido algo fea, o no tan hermosa como tenía la fama<a -id="FNanchor_539" href="#Footnote_539" class="fnanchor">[539]</a>, -era la causa las malas noches y peores<span class="pagenum" -id="Page_260">[p. 260]</span> días que en aquel encantamento pasaba, -como lo podía ver en sus grandes ojeras y en su color quebradiza; -y no toma ocasión su amarillez y sus ojeras... sino del dolor que -siente su corazón por el que de continuo tiene en las manos, que le -renueva y trae a la memoria la desgracia de su mal logrado amante: -que si esto no fuera, apenas la igualara en hermosura, donaire y -brío la gran Dulcinea del Toboso, tan celebrada en todos estos -contornos y aun en todo el mundo.—Cepos quedos<a id="FNanchor_540" -href="#Footnote_540" class="fnanchor">[540]</a>, dije yo entonces, -Señor Don Montesinos; cuente vuesa merced su historia como debe, -que ya sabe que toda comparación es odiosa, y así no hay para qué -comparar a nadie con nadie; la sin par Dulcinea del Toboso es quien -es, y la señora doña Belerma es quien es y quien ha sido, y quédese -aquí. A lo que él me respondió: Señor Don Quijote, perdóneme vuesa -merced, que yo confieso que anduve mal, y no dije bien en decir, -que apenas igualara la señora Dulcinea a la señora Belerma, pues me -bastaba a mí haber entendido, por no sé qué barruntos, que vuesa -merced es su caballero, para que me mordiera la lengua antes de -compararla sino con el mismo cielo. Con esta satisfacción que me dió -el gran Montesinos, se quietó mi corazón del sobresalto que recibí en -oír que a mi señora la comparaban con Belerma.»</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_261">[p. 261]</span></p> - -<p>—«Y aun me maravillo yo, dijo Sancho, de cómo vuesa merced no se -subió sobre el vejote, y le molió a coces todos los huesos, y le peló -las barbas sin dejarle pelo en ellas.»—«No, Sancho amigo, respondió -Don Quijote, no me estaba a mí bien hacer eso, porque estamos todos -obligados a tener respeto a los ancianos, aunque no sean caballeros, -y principalmente a los que lo son y están encantados; yo sé bien que -no nos quedamos a deber nada en otras muchas demandas y respuestas -que entre los dos pasamos»<a id="FNanchor_541" href="#Footnote_541" -class="fnanchor">[541]</a>. A esta sazón dijo el Primo: «yo no sé, -Señor Don Quijote, cómo vuesa merced en tan poco espacio de tiempo -como ha que está allá abajo<a id="FNanchor_542" href="#Footnote_542" -class="fnanchor">[542]</a>, haya visto tantas cosas y hablado y -respondido tanto.»—«¿Cuánto ha que bajé?» preguntó Don Quijote.—«Poco -más de una hora», respondió Sancho.—«Eso no puede ser, replicó Don -Quijote, porque allá me anocheció y amaneció, y tornó a anochecer y -amanecer tres veces, de modo que a mi cuenta tres días he estado en -aquellas partes remotas y escondidas a la vista nuestra.»—«Verdad -debe de decir mi señor, dijo Sancho, que como todas las cosas que le -han sucedido son por encantamento, quizá lo que a nosotros nos parece -un hora debe de parecer allá tres días con sus noches.»</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_12_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_262">[p. 262]</span></p> - <h3 title="Coloquio de los perros">COLOQUIO QUE PASÓ ENTRE CIPIÓN Y BERGANZA,</h3> - <p class="centra mt1">PERROS DEL HOSPITAL DE LA RESURRECCIÓN<a id="FNanchor_543" href="#Footnote_543" class="fnanchor">[543]</a></p> - <p class="hang mt2">Con gran asombro suyo se sienten estos perros una noche - dotados de habla y aprovechan tal beneficio para contarse sus vidas; - es esta narración una sátira de la sociedad de entonces y de diversos - tipos de la misma. Ya cerca del amanecer, se le ocurre al hablador - Berganza contar un incidente más para reírse de las locuras en que - abundaban los poetas y hombres de ciencia.</p> -</div> - -<p><i>Berganza.</i> Perdóname, porque el cuento es breve y no sufre -dilación, y viene aquí de molde.</p> - -<p><i>Cipión.</i> Sí perdono; concluye presto, que a lo que creo, no -debe estar muy lejos el día.</p> - -<p><i>Berganza.</i> Digo que en las cuatro camas que están -al cabo desta enfermería, en la una<a id="FNanchor_544" -href="#Footnote_544" class="fnanchor">[544]</a> estaba<span -class="pagenum" id="Page_263">[p. 263]</span> un alquimista<a -id="FNanchor_545" href="#Footnote_545" class="fnanchor">[545]</a>, -en la otra un poeta, en la otra un matemático, y en la otra uno de -los que llaman arbitristas<a id="FNanchor_546" href="#Footnote_546" -class="fnanchor">[546]</a>.</p> - -<p><i>Cipión.</i> Ya me acuerdo haber visto a esa buena gente.</p> - -<p><i>Berganza.</i> Digo, pues, que una siesta de las del verano -pasado, estando cerradas las ventanas, y yo cogiendo el aire debajo -de la cama del uno dellos<a id="FNanchor_547" href="#Footnote_547" -class="fnanchor">[547]</a>, el poeta se comenzó a quejar -lastimosamente de su fortuna, y preguntándole el matemático de qué se -quejaba, respondió que de su corta suerte. «¿Cómo, y no será razón -que me queje, prosiguió, que habiendo yo guardado lo que Horacio -manda en su <i>Poética</i>, que no salga a luz la obra que después de -compuesta no hayan pasado diez años por ella<a id="FNanchor_548" -href="#Footnote_548" class="fnanchor">[548]</a>, y que tenga yo una -de veinte años de ocupación y doce de pasante<a id="FNanchor_549" -href="#Footnote_549" class="fnanchor">[549]</a>, grande en<span -class="pagenum" id="Page_264">[p. 264]</span> el sujeto<a -id="FNanchor_550" href="#Footnote_550" class="fnanchor">[550]</a>, -admirable y nueva en la invención, grave en el verso, entretenida -en los episodios, maravillosa en la división, porque el principio -responde al medio y al fin, de manera que constituyen el poema alto, -sonoro, heroico, deleitable y sustancioso, y que con todo esto -no hallo un príncipe a quien dirigille? Príncipe, digo, que sea -inteligente, liberal y magnánimo. ¡Mísera edad y depravado siglo -nuestro!»—«¿De qué trata el libro?» preguntó el alquimista. Respondió -el poeta: «Trata de lo que dejó de escribir el arzobispo Turpín del -rey Artús de Inglaterra, con otro suplemento de la <i>Historia de la -demanda del Santo Brial</i><a id="FNanchor_551" href="#Footnote_551" -class="fnanchor">[551]</a>, y todo en verso heroico, parte en -octava y parte en verso suelto; pero todo esdrújulamente, digo, -en esdrújulos de nombres sustantivos, sin admitir verbo alguno<a -id="FNanchor_552" href="#Footnote_552" class="fnanchor">[552]</a>.—«A -mí, respondió el alquimista, poco se me entiende<a id="FNanchor_553" -href="#Footnote_553" class="fnanchor">[553]</a> de poesía; y así no -sabré poner en su punto la desgracia de que vuesa merced se queja, -puesto que, aunque fuera<span class="pagenum" id="Page_265">[p. -265]</span> mayor, no se igualaba a la mía, que es, que por -faltarme instrumento o un príncipe que me apoye y me dé a la -mano los requisitos que la ciencia de la alquimia pide, no estoy -ahora manando en oro<a id="FNanchor_554" href="#Footnote_554" -class="fnanchor">[554]</a>, y con más riquezas que los Midas, que -los Crasos y Cresos»—«¿Ha hecho vuesa merced, dijo a esta sazón -el matemático, señor alquimista, la experiencia de sacar plata de -otros metales?»—«Yo, respondió el alquimista, no la he sacado hasta -ahora; pero realmente sé que se saca, y a mí no me faltan dos meses -para acabar la piedra filosofal, con que se puede hacer plata y oro -de las mismas piedras.»—«Bien han exagerado vuesas mercedes sus -desgracias, dijo a esta sazón el matemático; pero al fin, el uno -tiene libro que dirigir, y el otro está en potencia propincua<a -id="FNanchor_555" href="#Footnote_555" class="fnanchor">[555]</a> de -sacar la piedra filosofal; mas, ¿qué diré yo de la mía, que es tan -sola, que no tiene donde arrimarse? Veinte y dos años ha que ando -tras hallar el punto fijo<a id="FNanchor_556" href="#Footnote_556" -class="fnanchor">[556]</a>, y aquí lo dejo, y allí lo tomo, y -pa<span class="pagenum" id="Page_266">[p. 266]</span>reciéndome -que ya lo he hallado, y que no se me puede escapar en ninguna -manera, cuando no me cato<a id="FNanchor_557" href="#Footnote_557" -class="fnanchor">[557]</a> me hallo tan lejos dél, que me admiro. Lo -mismo me acaece con la cuadratura del círculo, que he llegado tan al -remate de hallarla, que no sé ni puedo pensar cómo no la tengo ya en -la faldriquera; y así es mi pena semejable a las de Tántalo, que está -cerca del fruto, y muere de hambre; y propincuo al agua, y perece -de sed; por momentos pienso dar en la coyuntura de la verdad, y por -minutos me hallo tan lejos della, que vuelvo a subir el monte que -acabé de bajar, con el canto de mi trabajo a cuestas, como otro nuevo -Sísifo.» Había hasta este punto guardado silencio el arbitrista, y -aquí le rompió diciendo: «¡cuatro quejosos, tales que lo pueden ser -del Gran Turco, ha juntado en este hospital la pobreza, y reniego -yo de oficios y ejercicios que ni entretienen ni dan de comer a sus -dueños! Yo, señores, soy arbitrista, y he dado a Su Majestad en -diferentes tiempos muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho -suyo y sin daño del reino; y ahora tengo hecho un memorial, donde le -suplico me señale persona con quien comunique un nuevo arbitrio<span -class="pagenum" id="Page_267">[p. 267]</span> que tengo, tal, que -ha de ser la total restauración de sus empeños; pero por lo que me -ha sucedido, con los otros memoriales, entiendo que éste también -ha de parar en el carnero<a id="FNanchor_558" href="#Footnote_558" -class="fnanchor">[558]</a>. Mas, porque vuesas mercedes no me tengan -por mentecato, aunque mi arbitrio quede desde este punto público, -le quiero decir, que es éste: hase de pedir en Cortes que todos los -vasallos de Su Majestad, desde la edad de catorce a sesenta años, -sean obligados a ayunar una vez en el mes a pan y agua, y esto ha de -ser el día que se escogiere y señalare, y que todo el gasto que en -otros condumios de fruta, carne y pescado, vino, huevos y legumbres, -que han de gastar aquel día, se reduzga<a id="FNanchor_559" -href="#Footnote_559" class="fnanchor">[559]</a> a dinero y se dé a -Su Majestad sin defraudalle un ardite, so cargo de juramento; y con -esto en veinte años queda libre de socaliñas y desempeñado, porque -si se hace la cuenta, como yo la tengo hecha, bien hay en España más -de tres millones de personas de la dicha edad<a id="FNanchor_560" -href="#Footnote_560" class="fnanchor">[560]</a>, fuera de los<span -class="pagenum" id="Page_268">[p. 268]</span> enfermos, más -viejos o más muchachos, y ninguno destos dejará de gastar, y esto -contado al menorete<a id="FNanchor_561" href="#Footnote_561" -class="fnanchor">[561]</a>, cada día real y medio, y yo quiero -que sea no más de un real, que no puede ser menos, aunque coma -alholvas. Pues ¿paréceles a vuesas mercedes que sería barro tener -cada mes tres millones de reales como ahechados?»<a id="FNanchor_562" -href="#Footnote_562" class="fnanchor">[562]</a> Y esto antes -sería provecho que daño a los ayunantes, porque con el ayuno -agradarían al cielo y servirían a su rey, y tal<a id="FNanchor_563" -href="#Footnote_563" class="fnanchor">[563]</a> podría ayunar, que le -fuese conveniente para su salud. Este es el arbitrio limpio de polvo -y de paja, y podríase coger por parroquias sin costa de comisarios, -que destruyen la república.» Riyéronse<a id="FNanchor_564" -href="#Footnote_564" class="fnanchor">[564]</a> todos del arbitrio y -del arbitrante, y él también se riyó de sus disparates, y yo quedé -admirado de haberlos oído, y de ver que por la mayor parte los de -semejantes humores venían a morir en los hospitales.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_428"><span class="label"><a -href="#FNanchor_428">[428]</a></span> Según tradición coetánea, ya -apuntada en el Quijote de Avellaneda, alude a Argamasilla de Alba, -pero esto no indica que Cervantes haya estado allí preso, como -quisieron suponer algunos críticos. El <i>Quijote</i> «se engendró en -una cárcel» como Cervantes dice, pero fué en la de Sevilla, donde -efectivamente estuvo preso el autor.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_429"><span class="label"><a -href="#FNanchor_429">[429]</a></span> <i>Astillero</i>: estante en que -se ponían las astas o lanzas, adorno del portal de la casa de un -hidalgo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_430"><span class="label"><a -href="#FNanchor_430">[430]</a></span> Un refrán dice: «Vaca y -carnero, olla de caballero.» La vaca, entonces, era comida más barata -que el carnero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_431"><span class="label"><a -href="#FNanchor_431">[431]</a></span> Los restos de la carne de la -comida los convertía la gente aprovechada en salpicón para la noche. -<i>La ensalada y salpicón</i> es el primer plato en «La Cena» de Baltasar -de Alcázar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_432"><span class="label"><a -href="#FNanchor_432">[432]</a></span> Los duelos y quebrantos eran un -manjar que se componía de huevos y torreznos, según la <i>Mojiganga del -Pésame</i>, atribuída a Calderón:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i0">huevos y terreznos bastan,</p> -<p class="i0">que son duelos y quebrantos.</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">Lo mismo vienen a decir Oudin y Franciosini, -en 1614 y 1621. Pero Lope de Vega, en <i>Las bizarrias de Belisa</i>, -dijo:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i0">Almorzando unos torreznos,</p> -<p class="i0">con sus duelos y quebrantos,</p> -</div></div> - -<p class="mt05">lo cual prueba que, para él, los torreznos eran -cosa aparte. En el <i>Dic. de Autoridades</i> se consigna que «duelos y -quebrantos llaman en la Mancha a la tortilla de huevos y sesos». -Como se ve, el nombre en cuestión tenía aplicación varia. El sábado -es día en que la Iglesia, si no ordena, aconseja la abstinencia; -pero en España, desde antiguo, se guardaba muy imperfectamente esta -práctica. A principios del siglo <small>XVI</small> hay ya expresos -testimonios de la costumbre que existía en Castilla, Andalucía e -Indias (no en Navarra y Aragón) de tolerarse como comida para esta -abstinencia del sábado la llamada <i>grosura</i> de los animales, o sea -la asadura, tripas, manos, patas y cabeza, y también el gordo del -tocino. (Benedicto XIV, en 1745, eximió a Castilla, León e Indias de -toda abstinencia del sábado.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_433"><span class="label"><a -href="#FNanchor_433">[433]</a></span> Expresión que equivale a <i>las -tres cuartas partes</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_434"><span class="label"><a -href="#FNanchor_434">[434]</a></span> <i>Velarte</i> era paño fino y -estimado en el siglo <small>XVI</small>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_435"><span class="label"><a -href="#FNanchor_435">[435]</a></span> Las <i>calzas</i> cubrían toda la -pierna a diferencia de las <i>medias</i> (esto es: medias calzas) que no -cubrían el muslo. El <i>velludo</i> es una especie de terciopelo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_436"><span class="label"><a -href="#FNanchor_436">[436]</a></span> <i>Pantuflo</i>, calzado de gente -anciana, que se ponía encima de los borceguíes o zapatos para abrigo -y para librarse del lodo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_437"><span class="label"><a -href="#FNanchor_437">[437]</a></span> <i>Vellorí</i>, paño entrefino, de -color pardo ceniciento, de lana sin teñir. Adviértase que Cervantes -no pinta a Don Quijote miserable, sino en una posición desahogada. -Véase cuán diferente es el traje del hidalgo pobre que describe Fray -Antonio de Guevara en su <i>Menosprecio de Corte y Alabanza de Aldea</i>, -cap. V (año 1539): «el pobre hidalgo que en la aldea alcanza a tener -un sayo de paño recio, un capuz cerrado, un sombrero bueno, unos -guantes de sobre año, unos borceguíes domingueros y unos pantuflos -no rotos, tan hinchado va él a la iglesia con aquellas ropas, como -irá un señor aforrado de martas; no gozan de este privilegio los que -moran en la villa o ciudad, porque allí acontece el marido no salir -de casa por tener la capa rayda, y la mujer no ir a misa por falta de -ama».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_438"><span class="label"><a -href="#FNanchor_438">[438]</a></span> Este <i>en</i> suprimido por la 3.ª -edición del Quijote de 1608, denota la frecuencia de la lectura de -esos libros.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_439"><span class="label"><a -href="#FNanchor_439">[439]</a></span> F. de Silva, natural de Ciudad -Rodrigo, autor de la <i>Crónica de los muy valientes caballeros Don -Florisel de Niquea y el Fuerte Anaxartes</i>, que le valió bastante -dinero a pesar de su mal estilo. Repetidas veces contrapone las voces -<i>razón</i> y <i>sinrazón</i> y abusa de toda clase de juego de palabras, lo -cual satiriza Cervantes en los párrafos que a continuación forja.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_440"><span class="label"><a -href="#FNanchor_440">[440]</a></span> Hoy <i>intrincadas</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_441"><span class="label"><a -href="#FNanchor_441">[441]</a></span> Se pronunciaba Anibál hasta -en el siglo <small>XVII</small>: «No dicen que Cipión Xerxes, Pirro -y Anibál Tuvieran riqueza tal, Tal tierra, tal posesión.» (<span -class="smcap">Lope de Vega</span>, <i>El Conde Fernán González</i>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_442"><span class="label"><a -href="#FNanchor_442">[442]</a></span> El Cid no tuvo por patria a -Valencia, sino Bivar; pero como conquistó de los moros la ciudad -y el reino de Valencia, se llamó a ésta <i>Valencia del Cid</i> (para -distinguirla de Valencia de Don Juan y otras), por donde luego se -distinguió al héroe, ya desde el siglo <small>XII</small>, con el -epíteto de <i>señor de Valencia</i> o <i>el que Valencia ganó</i> y luego -simplemente <i>el Cid de Valencia</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_443"><span class="label"><a -href="#FNanchor_443">[443]</a></span> Gonzalo Fernández de Córdova, -el Gran Capitán, natural de Montilla.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_444"><span class="label"><a -href="#FNanchor_444">[444]</a></span> García de Paredes nació en -Trujillo 1469, murió en Bolonia 1533. Era de grandes fuerzas, por lo -que alguno le llamó <i>el Sansón de Extremadura</i>; a él se atribuyen -gran parte de los casos de fuerza prodigiosa, que se cuentan -vulgarmente, como el parar una rueda de molino. Realizó hazañas -increíbles en la guerra de Nápoles, alistado en el ejército del Gran -Capitán.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_445"><span class="label"><a -href="#FNanchor_445">[445]</a></span> Este caballero no era de -Jerez, sino de Toledo, según Mariana. Sirvió en la conquista de -Sevilla a San Fernando. El hijo de éste, Alfonso X, y su nieto Don -Juan Manuel, cuentan en la <i>Crónica general</i> y en el <i>Conde Lucanor</i> -varias hazañas de Garci Pérez; la más famosa va puesta arriba, <a -href="#Page_22">página 22</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_446"><span class="label"><a -href="#FNanchor_446">[446]</a></span> Aunque el gran poeta toledano -fué valiente soldado, no es de suponer que se le mencione aquí como -hombre de vida hazañosa. Probablemente Cervantes, queriendo citar -notables personajes históricos, citó uno fabuloso, el Garcilaso -de quien un romance cuenta que, durante el cerco de Granada, mató -un moro de extraordinario valor, que por befa traía prendida a la -cola de su caballo el <i>Ave María</i>; otros cuentan esta hazaña de un -Garcilaso histórico, que fué el primero que pasó el Salado el día -de la gran batalla. El romance dice que por haber ocurrido esta -hazaña en la Vega de Granada, se llamó Garcilaso <i>de la Vega</i>; ya el -Garcilaso del Salado y su padre, que fué privado de Alfonso XI, se -llamaron <i>de la Vega</i>, por proceder de la Vega montañesa, donde hoy -se encuentra la ciudad de <i>Torrelavega</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_447"><span class="label"><a -href="#FNanchor_447">[447]</a></span> Don Manuel Ponce de León -hallóse en la conquista del reino de Granada, y de él se cuentan -hazañas portentosas. Además, un romance cuenta de él una anécdota -fabulosa: Doña Ana de Mendoza, para probar el valor de los caballeros -de la corte, hizo caedizo su guante en una leonera; Don Manuel, -espada en mano, se metió entre los leones y recobró el guante, pero -lo entregó a la dama dándole un bofetón, para castigarla por haber -puesto en riesgo de honra a tanto hijodalgo por un capricho. Este -mismo asunto tiene una balada de Schiller, <i>el Guante</i>, compuesta en -1797.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_448"><span class="label"><a -href="#FNanchor_448">[448]</a></span> Cervantes nos ofrece aquí uno -de los ejemplos más extraños del uso de <i>cuyo</i>; carece de todo valor -pronominal y equivale a una simple conjunción. No responde más que -al afán de ligar en forma de oración de relativo, la que bastaba que -fuera con la simple cópula: «y la lección de sus hechos».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_449"><span class="label"><a -href="#FNanchor_449">[449]</a></span> Así escribió Cervantes. -Clemencín y la edición de Hartzenbusch corrigen: «cuerdo sin -cobardía».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_450"><span class="label"><a -href="#FNanchor_450">[450]</a></span> <i>Do</i> o <i>donde</i> por <i>de do</i> o -<i>de donde</i> es giro comunísimo de la lengua.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_451"><span class="label"><a -href="#FNanchor_451">[451]</a></span> Hoy, que el estilo común -es menos genial, pero más atildado que en los siglos de oro, se -podría censurar la reunión de estos tres infinitivos. Sin embargo, -sería corrección desdichada la supresión de <i>querer</i>, pues anuncia -el ningún efecto que en Don Quijote hizo la peroración del buen -canónigo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_452"><span class="label"><a -href="#FNanchor_452">[452]</a></span> El último término de la -gradación: <i>mal</i>, <i>peor</i>, <i>más mal</i>, es hoy: <i>mucho peor</i>, y antes -era también: <i>mucho más peor</i>: «y aun peor, perdición de las -personas; y mucho más peor, perdición de las tristes de las almas.» -(<span class="smcap">Arcipr. de Talavera</span>, <i>Corbacho</i>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_453"><span class="label"><a -href="#FNanchor_453">[453]</a></span> La <i>caballería</i> era una especie -de sacerdocio militar, en el que se ingresaba mediante la ceremonia -de <i>armar</i> al caballero novel, o sea de conferirle la dignidad de -caballero otro que ya lo fuese, cosa semejante al sacramento del -orden. El caballero estaba especialmente obligado a guardar lealtad a -su señor, fidelidad a su amigo, a amparar por dondequiera la justicia -y vedar el mal, ser largo, desprendido, etc., etc. En los Poemas -caballerescos italianos se habla de <i>cabalieri erranti</i> y en las -novelas españolas, de <i>caballeros andantes</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_454"><span class="label"><a -href="#FNanchor_454">[454]</a></span> Pudiera haber dicho también -<i>negándome que haya habido</i>. La repetición pleonástica de negaciones -que en otras lenguas se destruyen una a otra, es muy peculiar del -castellano; unas líneas más adelante se hallará también «no puedo yo -negar que <i>no</i> sea verdad», etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_455"><span class="label"><a -href="#FNanchor_455">[455]</a></span> <i>Amadis de Gaula</i>, el más -antiguo y famoso libro de caballerías, era ya muy leído por el -Canciller Ayala antes de su prisión en la batalla de Nájera, 1367 -(v. atrás <a href="#Page_148">p. 148</a>, <a href="#Footnote_313">n. -313</a>). Constaba de tres libros, según el poeta Pedro Ferruz, -coetáneo de Ayala. Hay quien pretende que su autor fué el portugués -Vasco de Lobeira, el cual no pasó de ser un simple arreglador de -la obra más antigua. Es desconocida esta redacción primitiva tanto -como su autor. En tiempo de los Reyes Católicos, Garci Ordóñez de -Montalvo escribió la redacción que hoy se conserva, añadiéndole el -cuarto libro. Amadis es el prototipo del amor delicado, firmísimo -e inquebrantable de un caballero por su dama. Tan famosa fué esta -novela, que tuvo muchas continuaciones; una es el <i>Amadis de -Grecia</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_456"><span class="label"><a -href="#FNanchor_456">[456]</a></span> Hoy diríamos <i>añadió que</i> y -no <i>añadió diciendo que</i>; añadir se usaba en igual manera que hoy -<i>proseguir</i>: <i>prosiguió diciendo que</i>. Una reunión parecida de los -verbos añadir y decir, v. atrás <a href="#Page_130">pág. 130</a>, -líneas 24 y 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_457"><span class="label"><a -href="#FNanchor_457">[457]</a></span> Hoy no se junta el pronombre -enclítico a los participios pasivos, pero sí en los siglos de oro de -nuestra literatura.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_458"><span class="label"><a -href="#FNanchor_458">[458]</a></span> Hoy se emplea el adverbio -<i>más</i> en vez de <i>mejor</i> con los verbos que denotan acciones útiles o -agradables, <i>agrada más</i>, <i>aprovecha más</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_459"><span class="label"><a -href="#FNanchor_459">[459]</a></span> Floripés hija del Almirante -sarraceno Balán, enamorada del caballero francés Gui de Borgoña, -libertólo de la prisión en que yacía con otros Pares de Francia, -guareciéndolos en una torre donde se mantuvieron contra todo el poder -de los infieles, hasta que Carlomagno los socorrió. Esta fábula que -procede de poemas franceses del siglo <small>XII</small>, figura en -la novelesca <i>Historia de Carlomagno</i> que puso en castellano Nicolás -de Piamonte.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_460"><span class="label"><a -href="#FNanchor_460">[460]</a></span> Fierabrás (en francés «el de -los fieros brazos») era, según los poemas franceses de la Edad Media, -un descomunal gigante, que peleó en singular combate con el caballero -de Carlomagno, Oliveros; vencido por éste, fué su mejor amigo después -de hacerse bautizar. Esta patraña pasó también a la ya citada -historia fabulosa de Carlomagno, con la de la puente de Mantible, -donde cobraba el Almirante Balán (el ya mencionado padre de Floripés) -un pontazgo humillante a los cristianos, que por allí tenían que -pasar: sesenta perros de caza, cien doncellas, cien halcones mudados -y cien caballos con sus jaeces, y el cristiano que no podía pagar -ésto perdía su cabeza. Carlomagno ganó la puente con grande estrago y -perdición de hombres.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_461"><span class="label"><a -href="#FNanchor_461">[461]</a></span> La leyenda de Troya fué popular -en la Edad Media, y en sus héroes se buscó ascendencia para los -modernos; Artús era descendiente de Eneas. Este rey bretón, llamado -también Arturo, fué centro de un gran ciclo de leyendas divulgadas -por toda Europa; es el fundador de la fabulosa caballería de la -<i>Tabla redonda</i> o <i>mesa</i> redonda a que se sentaban los caballeros. -A su metamorfosis en cuervo atribuye Cervantes en otro lugar del -<i>Quijote</i>, y en el <i>Persiles y Sigismunda</i>, el que los ingleses se -abstuviesen de matar cuervos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_462"><span class="label"><a -href="#FNanchor_462">[462]</a></span> Otro héroe de poemas franceses -en la Edad Media (Garín Mesquin) que sufrió también una adaptación -al castellano en uno de tantos libros, que según decía Juan de -Valdés en tiempo de Carlos V, «demás de ser mentirosísimos, <span -class="g2">tienen tan mal estilo</span> que no hay buen estómago que -los pueda leer».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_463"><span class="label"><a -href="#FNanchor_463">[463]</a></span> <i>Demanda</i>, en términos -caballerescos, es el acto de empeñarse en una empresa. El <i>Grial</i> era -la copa en que había recogido la sangre de Cristo José de Arimatea; -cuando éste fué a evangelizar la Bretaña llevó consigo el Grial, pero -andando el tiempo heredó la reliquia un rey indigno; entonces se -empeñaron en la demanda del Santo Grial Artús y los caballeros de la -Tabla redonda; Perceval (el Parsifal de la ópera de Wagner) mereció -por su castidad y demás virtudes dar fin a la aventura, ganando la -santa reliquia, que después de su muerte fué arrebatada al cielo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_464"><span class="label"><a -href="#FNanchor_464">[464]</a></span> Otra ficción bretona como la -de Artús y el Santo Grial. Tristán esperaba una nave que le traía -noticias de Iseo; los navegantes se olvidan de poner en el mástil -la señal convenida para anunciar que las noticias eran buenas, y -Tristán, creyendo por esto que Iseo era muerta, expira de dolor; pero -en la nave venía la misma Iseo, la cual al ver a su amante muerto, -cae a su lado sin vida.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_465"><span class="label"><a -href="#FNanchor_465">[465]</a></span> Otra leyenda del ciclo bretón. -<i>Ginebra</i> era la mujer del rey Artús, <i>Lanzarote</i> su amante, y la -dueña o aya <i>Quintañona</i> la que favorecía sus amores. Bien conocido -es el romance cuyo comienzo recuerda el mismo Quijote.</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Nunca fuera caballero</p> -<p class="i0">de damas tan bien servido,</p> -<p class="i0">como fuera Lanzarote</p> -<p class="i0">cuando de Bretaña vino,</p> -<p class="i0">que dueñas cuidaban dél</p> -<p class="i0">doncellas de su rocino,</p> -<p class="i0">esa dueña Quintañona</p> -<p class="i0">esa le escanciaba el vino.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_466"><span class="label"><a -href="#FNanchor_466">[466]</a></span> Muchos dirán: <i>y tan es así -esto</i>; construcción incorrecta, pues para que se pueda usar <i>tan</i> en -vez de <i>tanto</i>, es preciso que le siga inmediatamente un adjetivo -o adverbio. Se puede decir, por lo tanto, <i>tan así es</i> o <i>tanto es -así</i>, pero no <i>tan es así</i>. (<span class="smcap">Cuervo.</span> -Apuntac. críticas, § 416.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_467"><span class="label"><a -href="#FNanchor_467">[467]</a></span> Giro muy común en los siglos -<small>XVI</small> y <small>XVII</small>, <i>un mi amigo</i> por lo que -hoy decimos <i>un amigo mío</i>. <i>Agüela</i> por <i>abuela</i> es hoy muy vulgar, -como <i>güelta</i>, <i>güeno</i>, <i>gomitar</i>, y otras voces en que la <i>g</i> -sustituye a la <i>b</i> o <i>v</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_468"><span class="label"><a -href="#FNanchor_468">[468]</a></span> Así dicen todas las ediciones -antiguas. Las de este siglo modernizaron <i>de parte</i>. Es giro arcaico -que hallamos en el <i>Fuero de Navarra</i>: «de partes de la madre», «de -partes de sierzo nin de buchurno».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_469"><span class="label"><a -href="#FNanchor_469">[469]</a></span> Era personaje tan popular, -que <i>dueña Quintañona</i> servía para denominar a cualquier dueña: -«¡miren la dueña Quintañona! ¡Daca la dueña Quintañona!» La toca era -distintivo de viudas y dueñas como hoy lo es de monjas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_470"><span class="label"><a -href="#FNanchor_470">[470]</a></span> La novela de <i>Pierres</i>, hijo -del Conde de Provenza, y de <i>Magalona</i>, hija del Rey de Nápoles, -trasladada en 1526, procede de un antiguo poema francés del siglo -<small>XII</small>. Más adelante dice Cervantes que el caballo de -madera se regía por una clavija que tenía en la frente; en él hizo -Pierres grandes viajes «y robó a la linda Magalona, llevándola a las -ancas por el aire, dejando embobados a cuantos desde la tierra los -miraban.» Según advierte después el canónigo, es pura invención de -Don Quijote el que la tal clavija se enseñase en la Armería Real; -en cambio es muy cierto que, hasta hace no muchos años, se enseñaba -allí la silla del caballo del Cid, la espada de este héroe, las de -Bernardo del Carpio, del Rey Pelayo y otras cosas más estupendas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_471"><span class="label"><a -href="#FNanchor_471">[471]</a></span> Según la historia cierta, -Roldán iba en la retaguardia del ejército de Carlomagno, que fué -deshecha en Roncesvalles; las leyendas francesas (popularizadas desde -antiguo en España) añadían que Roldán, al verse en peligro, había -querido avisar a la vanguardia tañendo su cuerno, pero sopló en él -con tal fuerza, que reventó las venas de sus sienes y murió. Este -cuerno se pretendía custodiar en la iglesia de Roncesvalles.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_472"><span class="label"><a -href="#FNanchor_472">[472]</a></span> Versos de Alvar Gómez, de -Ciudad Real, en su traducción de los <i>Triunfos del Petrarca</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_473"><span class="label"><a -href="#FNanchor_473">[473]</a></span> Esto es: <i>el del Paso Honroso</i>, -personaje histórico. Era un valiente leonés, que en 1434, y previa -licencia de Juan II, mantuvo junto al puente del río Orbigo el <i>paso -honroso</i>, en el que se había comprometido, para honra de su dama, a -romper 300 lanzas con los caballeros que se presentaran; acudieron a -esta quijotesca empresa 68 aventureros de España, Portugal, Francia, -Italia y Bretaña.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_474"><span class="label"><a -href="#FNanchor_474">[474]</a></span> Mayordomo de Alfonso V de -Aragón, que en 1428 combatió ante la corte de Don Juan II contra -Gonzalo de Guzmán.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_475"><span class="label"><a -href="#FNanchor_475">[475]</a></span> Obispo de Reims, muerto en -el año 600, a quien las fábulas carolingias suponen inseparable -compañero de Carlomagno; es el autor fingido de una crónica latina -del Emperador y sus Pares forjada en el siglo <small>XII</small> por -algún clérigo de nación francesa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_476"><span class="label"><a -href="#FNanchor_476">[476]</a></span> El canónigo cree más en -Bernardo que en el Cid, y sin embargo, el Bernardo del Carpio, -vencedor de Roncesvalles, es de todo punto fabuloso; sólo existió -un Bernardo Conde de Ribagorza, que, auxiliado por gente franca, -reconquistó de moros este condado, suministrando algunas hazañas a la -leyenda del fabuloso Bernardo leonés o del Carpio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_477"><span class="label"><a -href="#FNanchor_477">[477]</a></span> Esto es «se remitieron para -ser juzgados y aprobados». Cuenta Melchor Cano de un buen clérigo, a -quien no cabía en la mollera que un libro impreso con las licencias -necesarias contuviera mentiras, así que tenía por tan verdadera y -probada la historia de Amadis, como las fábulas de Esopo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_478"><span class="label"><a -href="#FNanchor_478">[478]</a></span> Hartzenbusch corrigió con -gran desenfado: <i>o tales caballeros</i>, sin duda porque hoy se haría -resaltar más la duplicidad del sujeto, poniendo: «que tal caballero -hizo o tales caballeros hicieron».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_479"><span class="label"><a -href="#FNanchor_479">[479]</a></span> <i>Leyendas</i> es hoy desusado en -la acepción de <i>lectura</i>, por más que el Diccionario de la Academia -no señala esta acepción como anticuada.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_480"><span class="label"><a -href="#FNanchor_480">[480]</a></span> A la viveza con que habla Don -Quijote cuadra bien la supresión del segundo <i>que</i> en: «hay mayor -contento que ver aquí se muestra delante de nosotros un lago». -Hartzenbusch, sin embargo, suplió: <i>que aquí</i>; no hace falta. Podía -Cervantes haber suprimido también consecuentemente el <i>que</i> de las -frases siguientes: <i>y</i> <b>que</b> <i>andando andando</i>... <i>y</i> <b>que</b> -<i>del medio del lago, y</i> <b>que</b> <i>apenas el caballero</i>; pero una -vez que no quiso hacerlo, no tenemos motivo alguno para censurarle -por esos <i>ques</i>, como hace implacablemente Clemencín.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_481"><span class="label"><a -href="#FNanchor_481">[481]</a></span> El <i>hada</i> (voz derivada -del latín <i>fata</i>, plural del neutro <i>fatum</i>, <i>hado</i>), es un ser -fantástico de la mitología moderna bien conocido. El número <i>siete</i>, -como el <i>tres</i>, aparece consagrado en multitud de invenciones -populares (siete infantes de Lara; un venablo cortador, siete veces -fué templado en la sangre de un dragón, etc.), el bellísimo romance -de la Infantina encantada dice:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Fija soy yo del buen rey,</p> -<p class="i0">y la reina de Castilla;</p> -<p class="i0"><i>siete</i> fadas me fadaron</p> -<p class="i0">en brazos de un ama mía</p> -<p class="i0">que andase los <i>siete</i> años</p> -<p class="i0">sola en esta montiña.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_482"><span class="label"><a -href="#FNanchor_482">[482]</a></span> <i>Negregura</i>, hoy anticuado por -negrura.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_483"><span class="label"><a -href="#FNanchor_483">[483]</a></span> <i>Apenas</i> seguido de <i>no</i> -es giro hoy chocante que no debe imitarse, según nota <span -class="smcap">Bello</span>, § 1209. Para usar el <i>no</i> habría que -escoger otro adverbio como <i>casi, aun no ha acabado de oir... cuando -se arroja</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_484"><span class="label"><a -href="#FNanchor_484">[484]</a></span> Cuando Eneas baja a los -infiernos se describe así el Elíseo (<i>Eneida</i>, VI, 638):</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i0">devenere locos laetos, et amoena vireta...</p> -<p class="i0">Largior hic campos aether et lumine vestit</p> -<p class="i0">purpureo; solemque suum, sua sidera norunt.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_485"><span class="label"><a -href="#FNanchor_485">[485]</a></span> En consonantes como <i>floresta</i> -y <i>compuesta</i>, no reparaban nunca nuestros grandes prosistas; hoy -somos más meticulosos y los evitamos cuidadosamente. También hoy se -evitaría repetir tres veces seguidas el verbo ver: «hay más que ver, -después de haber visto esto, que ver salir...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_486"><span class="label"><a -href="#FNanchor_486">[486]</a></span> Frase de Garcilaso:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i0">y las aves sin dueño</p> -<p class="i0">con canto no aprendido</p> -<p class="i0">hinchen el aire de dulce armonía.</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">Fray Luis de León también la imitó:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Despiértenme las aves</p> -<p class="i0">con su cantar sabroso no aprendido.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_487"><span class="label"><a -href="#FNanchor_487">[487]</a></span> <i>Intricados</i>, como el -<i>entricadas</i> que escribió antes, <a href="#Page_223">pág. 223</a>, <a -href="#Footnote_440">nota 440</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_488"><span class="label"><a -href="#FNanchor_488">[488]</a></span> <i>Jaspe variado</i>, esto es «de -varios colores».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_489"><span class="label"><a -href="#FNanchor_489">[489]</a></span> Acordándose de <i>bruto</i>, se dijo -<i>brutesco</i> por <i>grutesco</i>, o cosa hecha a modo de la rusticidad de -las grutas; hoy <i>grotesco</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_490"><span class="label"><a -href="#FNanchor_490">[490]</a></span> <i>Ferviente</i> por <i>hirviente</i>, -como antes <i>fadas</i> por <i>hadas</i>, eran arcaísmos ya mucho tiempo -antes de Cervantes, quien de intento los pone, remedando el estilo -de los libros de caballerías, que usaban de estos arcaísmos para -dar aspecto de antigüedad a la narración. Cosa igual hacían los -autores de romances del siglo <small>XVII</small>; v. gr., el de -aquel tan sabido que empieza: «Non es de sesudos homes... facer -denuesto a un fidalgo». La <i>f</i> en el siglo <small>XV</small> ya no se -pronunciaba en <i>facer</i>, <i>fijo</i>, etc., sino como una ligera aspiración -representada por <i>h</i>, <i>hacer</i>, <i>hijo</i>; hoy hasta esta aspiración ha -desaparecido y la <i>h</i> no tiene valor alguno.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_491"><span class="label"><a -href="#FNanchor_491">[491]</a></span> <i>Menos menos</i> es el refuerzo -por repetición de que hablamos arriba, <a href="#Page_111">pág. -111</a>, <a href="#Footnote_247">n. 247</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_492"><span class="label"><a -href="#FNanchor_492">[492]</a></span> Recuerda graciosamente -Cervantes un lugar común de romances y libros de caballerías, usados -para ponderar el valor de una cosa. Por ejemplo el romance de Palmero -dice:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Una esclavina trae rota</p> -<p class="i0">que no valía un reale,</p> -<p class="i0">y debajo traía otra,</p> -<p class="i0">bien valía una ciudade.</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">Hoy decimos «vale un imperio».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_493"><span class="label"><a -href="#FNanchor_493">[493]</a></span> Esta expresión anticuada, que -hoy exigiría el uso del artículo «agua a las manos» o «para las -manos», se ha fundido en una sola palabra: <i>aguamanos</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_494"><span class="label"><a -href="#FNanchor_494">[494]</a></span> «Verle servir todas», esto es: -«ver todas las doncellas servirle». El dativo enclítico, cuando un -infinitivo rige a otro, se coloca indistintamente en cualquiera de -los dos infinitivos. No tenía razón ninguna Hartzenbusch para creerse -obligado a corregir «¿Qué verle servir de todas las doncellas?»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_495"><span class="label"><a -href="#FNanchor_495">[495]</a></span> <i>Cuál será oír</i>; Clemencín y -Hartzenbusch dicen que <i>cuál</i> debe corregirse en <i>qué</i> para uniformar -ésta con las anteriores interrogaciones. Don Quijote es muy dueño de -cambiar un relativo por otro, cuando bien le parezca, y de suprimir -el substantivo concertado con <i>cual</i>, lo mismo que lo suprimió con -<i>que</i>, y así la frase «¿Qué (maravilla) es ver cuando nos cuentan...» -puede muy bien estar seguida de la otra «¿Cuál (placer) será oír la -música...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_496"><span class="label"><a -href="#FNanchor_496">[496]</a></span> El <i>gabán</i> usábase para andar -en el campo y de camino; en la ciudad sólo servía de ropa de casa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_497"><span class="label"><a -href="#FNanchor_497">[497]</a></span> Llamábanse <i>jirones</i>, o, como -dice Covarrubias, <i>gironas</i>, «ciertos pedazos triangulados que -ingerían en el ruedo de los sayos para que hiciesen más ruedo, y en -los que eran de terciopelo echaban estos jirones de brocados o telas, -y se llamaban <i>sayos agironados</i>».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_498"><span class="label"><a -href="#FNanchor_498">[498]</a></span> El <i>asimismo</i> se refiere -sólo al color <i>verde</i>, que era el que predominaba en el vestido -del caminante, pues nada tienen que ver los dos colores accesorios -<i>leonado</i> y <i>morado</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_499"><span class="label"><a -href="#FNanchor_499">[499]</a></span> Se llama <i>chapado</i> «el hombre -de hecho y de valor, porque va guarnecido con su virtud y esfuerzo». -(Covarrubias.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_500"><span class="label"><a -href="#FNanchor_500">[500]</a></span> Aquí <i>prendas</i> no parece -significar ‘partes o dotes naturales’ según costumbre, sino ‘posición -social’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_501"><span class="label"><a -href="#FNanchor_501">[501]</a></span> Rodríguez Marín corrige «de su -cuello», enmienda rechazada por la enumeración semejante que luego -hace Don Quijote, en la cual se repiten los términos «caballo», -«amarillez», «flaqueza», y se habla de las armas. Conocida es la -longura de Rocinante, caballo «largo y tendido», como se dice en el -cap. <small>IX</small>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_502"><span class="label"><a -href="#FNanchor_502">[502]</a></span> <i>En estampa</i> equivale a ‘en -letras de molde’. Cuando se publicó la segunda parte del <i>Quijote</i>, -en 1615, llevaba la primera ya 10 ediciones en Madrid, Valencia, -Lisboa, Bruselas y Milán, y se había traducido al francés en 1614, y -al inglés en fecha incierta.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_503"><span class="label"><a -href="#FNanchor_503">[503]</a></span> <i>Puesto que</i> significaba -antiguamente ‘supuesto que’, ‘por más que’ o ‘aunque’. Hoy se usa con -la significación de ‘pues que’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_504"><span class="label"><a -href="#FNanchor_504">[504]</a></span> Hoy diríamos «la profesión que -sigo», esto es, «a la cual me dedico.» <i>Hacer profesión</i> de una cosa -es «preciarnos della y cumplirla a todo trance» (Covarrubias).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_505"><span class="label"><a -href="#FNanchor_505">[505]</a></span> <i>Causar maravilla</i> por ‘causar -admiración o sorpresa’, es expresión vulgar, nacida por confusión -de las dos equivalentes: <i>causar admiración</i> y <i>maravillar</i>. -<i>Admiración</i> es la suspensión de ánimo que produce la cosa -maravillosa, y <i>maravilla</i> es la cosa que causa admiración; sin -embargo, ambos términos se confunden, y lo mismo que Cervantes usó -<i>maravilla</i> por <i>admiración</i>, es muy común usar <i>admiración</i> por -<i>maravilla</i> o cosa admirable: «esa escultura es una admiración».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_506"><span class="label"><a -href="#FNanchor_506">[506]</a></span> Hoy se pondría en -subjuntivo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_507"><span class="label"><a -href="#FNanchor_507">[507]</a></span> <i>Perdigón manso</i>, pollo de -perdiz, propio para cazar con reclamo. El de lo Verde quiere decir -que no caza con grande pérdida de tiempo y dinero, sino modestamente, -con un simple reclamo para las perdices y un hurón para los -conejos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_508"><span class="label"><a -href="#FNanchor_508">[508]</a></span> <i>Puesto que</i> ya se ha dicho que -significaba <i>por más que</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_509"><span class="label"><a -href="#FNanchor_509">[509]</a></span> Sobre alguna variante de esta -palabra, véase <i>Celestina</i>, <a href="#Page_71">página 71</a>, <a -href="#Footnote_137">n. 137</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_510"><span class="label"><a -href="#FNanchor_510">[510]</a></span> La Cueva de Montesinos está en -el término de Osa de Montiel y cerca de la ermita de San Pedro de -Saelices y de una laguna de las llamadas de Ruidera, nacimiento del -Guadiana.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_511"><span class="label"><a -href="#FNanchor_511">[511]</a></span> <i>Estado</i>, medida tomada de la -estatura de un hombre. Se medían por estados las paredes de cantería, -los pozos u otra cosa honda. (Covarrubias.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_512"><span class="label"><a -href="#FNanchor_512">[512]</a></span> Las reglas de concordancia, -fijadas hoy con una rigidez enteramente artificial, exigen <i>en -él</i>; algunas líneas adelante repite la concordancia con <i>cavidad</i>, -preferida a <i>espacio</i>, como voz más significativa e importante.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_513"><span class="label"><a -href="#FNanchor_513">[513]</a></span> Antiguamente se usaba mucho -el adverbio <i>además</i> para encarecer la significación del adjetivo a -que se junta con el valor de ‘sumamente’, ‘muy’, ‘en gran manera’; -en general se posponía al adjetivo: «se levantó de la mesa mohino -además». Hoy se usa en su lugar <i>por demás</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_514"><span class="label"><a -href="#FNanchor_514">[514]</a></span> El Diccionario de Sebastián de -Covarrubias, compuesto por los mismos años que el <i>Quijote</i>, dice: -«<i>Capuz</i>, una capa cerrada, larga, que hoy día traen algunos por -luto, y antiguamente era el hábito de los españoles honrados en la -paz, como lo era la toga de los romanos.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_515"><span class="label"><a -href="#FNanchor_515">[515]</a></span> Gorra fina de lana que se traía -de Milán.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_516"><span class="label"><a -href="#FNanchor_516">[516]</a></span> En el entremés del <i>Retablo -de las maravillas</i>, dice Cervantes de un gobernador que tenía -«peripatética y anchurosa presencia».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_517"><span class="label"><a -href="#FNanchor_517">[517]</a></span> <i>Quien</i>, en el período -clásico se refería lo mismo a personas que a cosas. (<span -class="smcap">Bello</span>, <i>Gr.</i>, § 329.) Abundan los ejemplos -en todos estos extractos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_518"><span class="label"><a -href="#FNanchor_518">[518]</a></span> <i>Guarda</i>, <i>guía</i>, <i>escucha</i> -y otros substantivos verbales por el estilo, son femeninos por su -terminación, y masculinos por su significación.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_519"><span class="label"><a -href="#FNanchor_519">[519]</a></span> Montesinos es un héroe -peculiar de nuestros romances; a pesar de pertenecer a la leyenda de -Carlomagno, no es conocido este personaje en la literatura francesa. -Habiendo sido su padre acusado falsamente por Tomillas al Emperador, -fué arrojado al destierro; allí nace el héroe en un monte despoblado, -lo que le valió el nombre de <i>Montesinos</i>, y ya crecido, marchó a -París y mató al traidor Tomillas. Otros romances nos dan a conocer a -Montesinos como primo y grande amigo de Durandarte.—Este Durandarte, -lo mismo que su amigo Montesinos, es parto de la Musa castellana, -desconocido en la literatura carolingia francesa; su origen es muy -singular: el nombre de Durandarte se aplicaba antiguamente a la -espada de Roldán (pues las espadas de los caballeros llevaban nombres -propios, como las dos del Cid: Colada y Tizón), pero un poeta vulgar -castellano, poco enterado de esto, tomó el nombre como de persona, -y fantaseó sobre él la historia de un héroe, suponiéndole muerto -también en Roncesvalles, como Roldán; supo adornar su invención con -el sangriento legado que Durandarte hace al morir, lo cual dió al -asunto una excepcional fama y popularidad; quizá se inspiró en el -<i>Amadis</i>, quien al verse en un peligro, encarga a su escudero que si -muere le saque el corazón y lo lleve a su señora Oriana, cuyo era.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_520"><span class="label"><a -href="#FNanchor_520">[520]</a></span> Don Quijote alude al romance -siguiente:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Muerto yace Durandarte</p> -<p class="i0">al pie de una alta montaña,</p> -<p class="i0">llorábalo Montesinos</p> -<p class="i0">que a su muerte se hallara;</p> -<p class="i0">quitándole está el almete,</p> -<p class="i0">desciñéndole la espada;</p> -<p class="i0">hácele la sepultura</p> -<p class="i0"><i>con una pequeña daga</i>;</p> -<p class="i0">sacábale el corazón,</p> -<p class="i0">como él se lo jurara,</p> -<p class="i0">para llevar a Belerma,</p> -<p class="i0">como él se lo mandara.</p> -</div></div> - -<p class="mt05 ti1">Vemos que Don Quijote punteaba mal en su memoria -los versos; los romanceros afirman sólo que la pequeña daga sirvió -para hacer la sepultura.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_521"><span class="label"><a -href="#FNanchor_521">[521]</a></span> Hartzenbusch corrigió sin -necesidad: <i>ni pequeña ni grande</i>. La humorística contradicción de -Montesinos, no para en desmentir el substantivo, sino que niega -superfluamente el adjetivo. La aclaración de Montesinos es de gran -substancia, si atendemos a que, como dice Covarrubias, la <i>daga</i> -y el <i>puñal</i> «todo viene a ser una cosa». Sin embargo, bueno será -distinguir: como la daga tiene filo, necesita guarnición y gavilanes -para proteger la mano, cosa que el puñal no lleva, pues hiere sólo de -punta.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_522"><span class="label"><a -href="#FNanchor_522">[522]</a></span> <i>Buído</i> no era voz muy usual; -no sabía Covarrubias, coetáneo de Cervantes, lo que quería decir. -Significaba, probablemente, hoja con la punta estriada en tres -canales: la punta buída de las espadas estaba prohibida, como más -dañosa, por las pragmáticas reales del tiempo de Cervantes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_523"><span class="label"><a -href="#FNanchor_523">[523]</a></span> <i>Sobremodo</i> y el moderno -<i>sobremanera</i> son usados indistintamente por Cervantes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_524"><span class="label"><a -href="#FNanchor_524">[524]</a></span> Compárese la frase corriente -y usada por Cervantes (II, capítulo <small>XXI</small>) «hombre -de valor y de pelo en pecho», así como la voz francesa <i>poilu</i> -‘valiente’, tratada en <i>Modern Language Notes</i> <small>XXXII</small>, -375.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_525"><span class="label"><a -href="#FNanchor_525">[525]</a></span> <i>Tenía la mano</i>, <i>preguntase</i> -y <i>me dijo</i> son tres verbos que tienen tres sujetos diferentes, -los cuales debieran expresarse en los dos últimos, o cambiarse el -giro: «y Montesinos, viéndome suspenso, antes que yo preguntase, me -dijo».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_526"><span class="label"><a -href="#FNanchor_526">[526]</a></span> Personaje que figura en -las leyendas del ciclo bretón (o sea del Rey Artús, de Tristán e -Iseo, etc.). No era <i>francés</i> o de <i>Galia</i>, sino de <i>Gaula</i>, que -es el nombre caballeresco de Gales o Bretaña en general. A Merlín -se atribuían cuantas profecías se forjaban en la Edad Media sobre -grandes acontecimientos; por eso Don Quijote fué también profetizado -por Merlín, según dice luego Montesinos a Durandarte. (Véase atrás, -<a href="#Page_184">pág. 184</a>, <a href="#Footnote_384">n. -384</a>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_527"><span class="label"><a -href="#FNanchor_527">[527]</a></span> <i>Mayor de</i> por <i>mayor que</i>; es -construcción usada todavía con el comparativo, especialmente con los -numerales. (v. <span class="smcap">Bello</span>, <i>Gr.</i>, § 1016 y -1017).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_528"><span class="label"><a -href="#FNanchor_528">[528]</a></span> Esto es lo que admira a -Montesinos, quien rompió el hilo sintáctico de sus palabras, -distraído por la digresión sobre el peso de la entraña de su -amigo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_529"><span class="label"><a -href="#FNanchor_529">[529]</a></span> Estos versos son de un romance -viejo, salvo los dos últimos, de tono un tanto burlesco, que son -invención de Cervantes, y suponen la imaginación de Don Quijote -preocupada con la noticia recién aprendida de que Montesinos había -sacado el corazón de su amigo, no, como decían todos los romances, -con daga, sino con puñal.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_530"><span class="label"><a -href="#FNanchor_530">[530]</a></span> Parodiando a uno de los -romances de Montesinos, que dice:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Por el costado siniestro</p> -<p class="i0">el corazón le sacara...</p> -<p class="i0"><i>envolvióle en un cendal</i></p> -<p class="i0">y consigo lo llevaba.</p> -<p class="i0"><i>Entierra primero al primo;</i></p> -<p class="i0">con gran llanto lamentaba</p> -<p class="i0">la su tan temprana muerte</p> -<p class="i0">y su suerte desdichada.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_531"><span class="label"><a -href="#FNanchor_531">[531]</a></span> No hay que suplir la -preposición <i>a</i> como hacen algunas ediciones modernas, suponiéndola -embebida en la <i>a</i> final de Belerma. El pronombre <i>nos</i> representa -cerca del verbo el largo complemento directo que va antepuesto, y -determina, a la vez, el caso en que debiera estar ese complemento.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_532"><span class="label"><a -href="#FNanchor_532">[532]</a></span> Aunque antes de Cervantes -existían localizadas en las lagunas de Ruidera tradiciones referentes -a Montesinos, parecen invención de Don Quijote la dueña Ruidera y el -escudero Guadiana con su metamórfosis en río.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_533"><span class="label"><a -href="#FNanchor_533">[533]</a></span> Una de las lagunas de Ruidera -se llama <i>del Rey</i>. Parece que dos de ellas pertenecían a la orden -de San Juan, y las restantes al Rey. En total no son, como dice -Cervantes nueve, sino 13, y dos más que se secan por el verano.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_534"><span class="label"><a -href="#FNanchor_534">[534]</a></span> El Guadiana tiene fama de criar -mucho pescado, aunque malsano.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_535"><span class="label"><a -href="#FNanchor_535">[535]</a></span> <i>Paciencia y barajar</i> es -una expresión proverbial con que se exhorta a la paciencia a los -perdidosos en el juego de naipes. Nótese el uso del infinitivo con -valor de imperativo, muy peculiar del español y portugués, aunque -se presenta también en francés «prendre tant de grammes de cette -potion».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_536"><span class="label"><a -href="#FNanchor_536">[536]</a></span> Por <i>alguna</i> se diría hoy mejor -<i>cualquiera</i> con significado de <i>ninguna</i>. Del uso de <i>alguno</i> por -<i>ninguno</i> en frases negativas como: «sin ser visto de alguno» se pasó -a darle este valor en otras que sólo son negativas por la idea que -envuelven: «contribuyó más que otro alguno a su adelantamiento».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_537"><span class="label"><a -href="#FNanchor_537">[537]</a></span> Durandarte al morir y encargar -a Montesinos que llevase a Belerma su corazón, le mandaba también que -se lo recordase incesantemente:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i0">y traelde a la memoria</p> -<p class="i0">dos veces cada semana.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_538"><span class="label"><a -href="#FNanchor_538">[538]</a></span> Endechas eran canciones tristes -que se lloraban sobre los muertos de cuerpo presente. Solían ser -cuartetas de seis sílabas, y algunas tenían cierto encanto lúgubre y -plañidero, como esta que, al decir de Covarrubias, era ejemplo casero -y sabido de todos en tiempo de Cervantes:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Parióme mi madre</p> -<p class="i0">una noche obscura,</p> -<p class="i0">cubrióme de luto,</p> -<p class="i0">faltóme ventura...</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_539"><span class="label"><a -href="#FNanchor_539">[539]</a></span> <i>Tener</i> equivalía a ‘opinar’; -en latín «fama tenet». Hoy se dice «tengo para mí que...» Rodríguez -Marín, en su edición del Quijote IV (1916), interpreta de otro modo: -‘como tenía fama de serlo’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_540"><span class="label"><a -href="#FNanchor_540">[540]</a></span> <i>¡Cepos quedos!</i> expresión -del lenguaje truhanesco y carcelario; voz dirigida al criminal que -remueve el cepo tratando de huir. La comparación «quedo como un -cepo», que usa la <i>Pícara Justina</i>, alude a la pesadez e inmovilidad -de los cepos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_541"><span class="label"><a -href="#FNanchor_541">[541]</a></span> <i>Pasar razones</i>, <i>coloquios</i>, -etc., era muy usado por ‘cruzarse palabras’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_542"><span class="label"><a -href="#FNanchor_542">[542]</a></span> Es descuido de Cervantes por -«como ha estado allá abajo».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_543"><span class="label"><a -href="#FNanchor_543">[543]</a></span> Eran perros que guardaban el -Hospital de la Resurrección en Valladolid, fundado en tiempo de -Carlos V, en 1553; hoy le llaman Hospital de Esgueva. Los perros -acompañaban también, de noche, a los hermanos de la capacha, para -pedir limosna, y les alumbraban llevando en su boca una linterna.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_544"><span class="label"><a -href="#FNanchor_544">[544]</a></span> Hoy los indefinidos -<i>uno</i>, <i>otro</i> no suelen llevar artículo, cuando forman una -cláusula distributiva de más de dos miembros; v. <span -class="smcap">Bello</span>, <i>Gr.</i> § 1172. Nótese que el repetir -la preposición para empezar la enumeración es familiar. En el estilo -limado de hoy se repetiría colocándola al fin del primer miembro de -la enumeración: «en las camas estaban: un alquimista en una, en otra -un poeta», etc., o mejor simplemente, «un alquimista, un poeta», -etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_545"><span class="label"><a -href="#FNanchor_545">[545]</a></span> Alquimista era el químico -antiguo que se empeñaba en hallar la piedra filosofal, o sea cierta -sustancia con la cual pudiese componer y sacar artificialmente el oro -de otros minerales.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_546"><span class="label"><a -href="#FNanchor_546">[546]</a></span> Los arbitristas eran -economistas ramplones, que se dedicaban a imaginar <i>arbitrios</i> o -proyectos tan sencillos como disparatados, con los que pretendían -curar los más complicados males de la hacienda y la administración -de los últimos reyes de la casa de Austria. El nombre noble para -designar a los hacendistas era el de <i>políticos</i>. La palabra -<i>economista</i> es sólo de nuestros días.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_547"><span class="label"><a -href="#FNanchor_547">[547]</a></span> Igual observación que en la -<a href="#Footnote_544">nota 544</a> de la <a href="#Page_262">pág. -262</a>. Hoy <i>de uno</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_548"><span class="label"><a -href="#FNanchor_548">[548]</a></span> Ars poet. 388. «Nonumque -prematur in annum, membranis intus positis.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_549"><span class="label"><a -href="#FNanchor_549">[549]</a></span> Esto es, que le había costado -veinte años de <i>ocupación</i>, y que había <i>pasado</i> más de los diez años -consabidos esperando la publicidad; a esta espera la llama con juego -de palabras estado <i>de pasante</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_550"><span class="label"><a -href="#FNanchor_550">[550]</a></span> <i>Sujeto</i> por ‘asunto’ pasa hoy -por galicismo a ojos de muchos. Cervantes dice en otro lugar: «dar -sujeto a sus versos».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_551"><span class="label"><a -href="#FNanchor_551">[551]</a></span> <i>Brial</i>, túnica usada en la -antigüedad por hombres y mujeres. <i>La demanda del Santo Brial</i>, en -lugar del <i>Santo Grial</i> (véase <a href="#Page_230">página 230</a>, -<a href="#Footnote_463">n. 463</a>), es desatino intencionado, como -lo es el decir que el arzobispo Turpín escribió la historia de Artús -(véase <a href="#Page_233">página 233</a>, <a href="#Footnote_475">n. -475</a>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_552"><span class="label"><a -href="#FNanchor_552">[552]</a></span> Es decir, sin valerse para el -consonante del verso de las fáciles terminaciones esdrújulas que -ofrece la conjugación, como <i>mandábamos</i>, <i>mandándome</i>, <i>mándale</i>, -etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_553"><span class="label"><a -href="#FNanchor_553">[553]</a></span> De la confusión de las dos -expresiones <i>poco se me alcanza</i> + <i>poco entiendo</i>, resultó la frase -extraña, de Cervantes, <i>poco se me entiende</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_554"><span class="label"><a -href="#FNanchor_554">[554]</a></span> La construcción: <i>manando en -oro</i>, es resultado de la confusión de las dos frases <i>manando oro</i> -y <i>nadando en oro</i>, sin que tenga nada que ver con la construcción -intransitiva del latín: «culter manans <i>sanguine</i>». El <i>Guzmán de -Alfarache</i>, por ejemplo, dice: «todos manábamos oro.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_555"><span class="label"><a -href="#FNanchor_555">[555]</a></span> <i>Potencia propincua</i>, -‘posibilidad próxima, a pique, muy cerca’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_556"><span class="label"><a -href="#FNanchor_556">[556]</a></span> <i>El punto fijo</i> o <i>de longitud</i> -es el medio de determinar exactamente la longitud en alta mar. Como -resolver el problema de la longitud en las cartas de marear era -tan interesante para las grandes navegaciones de los españoles y -portugueses, el gobierno de Felipe III ofreció varios premios a los -que hicieran este hallazgo; siendo muchos los que gastaban su vida -en tal estudio, que entonces parecía quimérico e imposible, dado el -atraso de las ciencias y que aun para Newton fué irresoluble.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_557"><span class="label"><a -href="#FNanchor_557">[557]</a></span> ‘Cuando menos lo pienso’. El -<i>Diccionario de Autoridades</i> dice: «<i>Cuando menos se cata</i> o <i>cuando -no se cata</i>, frases para explicar una cosa impensada, que sucede -cuando menos se espera o piensa.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_558"><span class="label"><a -href="#FNanchor_558">[558]</a></span> <i>Carnero</i> es la sepultura -común destinada en los cementerios a los cadáveres que no tienen -enterramiento propio. Díjose de <i>carne</i>, como <i>osero</i> o <i>huesera</i> de -hueso, sitio destinado en los cementerios a amontonar los huesos. -Covarrubias añade: «y los papeles que no son de provecho, y por ser -antiguos no se queman, poniéndolos en alguna parte retirada, dicen -<i>echarlos en el carnero</i>; a imitación del de los muertos.» Esta frase -no está en el Diccionario Académico.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_559"><span class="label"><a -href="#FNanchor_559">[559]</a></span> <i>Reduzga</i> por <i>reduzca</i>, es -forma extraña de conjugar los incoativos que se conserva hoy en -<i>yazgo</i> al lado de <i>yazco</i>. Nació por analogía con verbos tales como -<i>valgo</i>, <i>tengo</i>, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_560"><span class="label"><a -href="#FNanchor_560">[560]</a></span> La población de la Península -a principios del siglo <small>XVII</small>, antes de la expulsión -de los moriscos, se calcula en nueve millones y pico. (<span -class="smcap">Don José García Barzanallana</span>, <i>La población de -España</i>, pág. 19.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_561"><span class="label"><a -href="#FNanchor_561">[561]</a></span> <i>Al menorete</i> equivale a ‘por -lo bajo, por lo poco’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_562"><span class="label"><a -href="#FNanchor_562">[562]</a></span> Hoy se escribe <i>aechar</i>, -limpiar en el harnero las semillas, quitándoles el polvo, paja y -piedras.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_563"><span class="label"><a -href="#FNanchor_563">[563]</a></span> El demostrativo <i>tal</i> tiene -aquí valor del indefinido <i>alguno</i>. Nótese la elipsis siguiente <i>que -(el ayunar) le fuese conveniente</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_564"><span class="label"><a -href="#FNanchor_564">[564]</a></span> <i>Riyo</i>, <i>riyes</i> llevaba una <i>y</i> -eufónica para evitar el hiato: <i>río</i>, <i>ríes</i>.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_13"> - <p><span class="pagenum" id="Page_269">[p. 269]</span></p> - <h2 title="Don Francisco de Moncada" - class="nobreak">DON FRANCISCO DE MONCADA<br /> - <small>(1586-1635)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>La <i>Expedición de los Catalanes y Aragoneses contra Turcos y -Griegos</i> fué escrita en 1620, pero no se publicó sino en 1623.</p> - -<p>Aunque floreció este autor ya en el siglo <small>XVII</small>, no -hallamos en él rastros del gusto literario de su época; pertenece por -su estilo al siglo <small>XVI</small>, pues se inspira visiblemente -en la guerra de Granada de Mendoza.</p> - -<p>Es, como él, sentencioso y conciso, pero no extrema tanto la -brevedad en el decir, ni su estilo es afectadamente cortado; nótese -la amplitud extraordinaria de la frase en todo el Prólogo. El -lenguaje de Moncada tiene aspecto muy semejante al moderno, gracias -a la trabazón más perfecta de las cláusulas, hija de las condiciones -naturales del autor más que de estudio y esmero, ya que el trabajo de -corrección y lima se descubre poco en esta obra, según se echa de ver -en descuidos tales como el señalado en la <a href="#Page_272">página -272</a>, <a href="#Footnote_566">nota 566</a>.</p> - -<p>No obstante se descubre en el tono general cierta ligera -afectación, por ejemplo, en lo muy a menudo que relega el verbo al -fin de la frase.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_13_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_270">[p. 270]</span></p> - <h3 title="Prólogo de la Expedición de Catalanes y Aragoneses">EXPEDICIÓN - DE CATALANES Y ARAGONESES</h3> - <p class="centra mt1">CONTRA TURCOS Y GRIEGOS</p> - <p class="centra mt2">PRÓLOGO</p> -</div> - -<p>Mi intento es escribir la memorable expedición y jornada que los -catalanes y aragoneses hicieron a las provincias de levante, cuando -su fortuna y valor andaban compitiendo en el aumento de su poder y -estimación: llamados por Andrónico Paleólogo, emperador de griegos, -en socorro y defensa de su imperio y casa: favorecidos y estimados -en tanto que las armas de los turcos le tuvieron casi oprimido, y -temió su perdición y ruina; pero, después que por el esfuerzo de -los nuestros quedó libre dellas, maltratados y perseguidos con gran -crueldad y fiereza bárbara, de que nació la obligación natural de -mirar por su defensa y conservación, y la causa de volver sus fuerzas -invencibles contra los mismos griegos y su príncipe Andrónico; -las cuales fueron tan formidables, que causaron temor y asombro a -los mayores príncipes de Asia y Europa, perdición y total ruina a -muchas naciones y provincias, y admiración a todo el mundo. Obra -será esta, aunque pequeña por el descuido de los antiguos, largos en -hazañas, cor<span class="pagenum" id="Page_271">[p. 271]</span>tos -en escribirlas<a id="FNanchor_565" href="#Footnote_565" -class="fnanchor">[565]</a>, llena de varios y extraños casos, de -guerras continuas en regiones remotas y apartadas, con varios pueblos -y gentes belicosas, de sangrientas batallas y victorias no esperadas, -de peligrosas conquistas acabadas con dichoso fin por tan pocos y -divididos catalanes y aragoneses, que al principio fueron burla de -aquellas naciones, y después instrumento de los grandes castigos que -Dios hizo en ellas. Vencidos los turcos en el primer aumento de su -grandeza otomana, desposeídos de grandes y ricas provincias de la -Asia menor, y a viva fuerza y rigor de nuestras espadas encerrados en -lo más áspero y desierto de los montes de Armenia; después, vueltas -las armas contra los griegos, en cuyo favor pasaron, por librarse de -una afrentosa muerte, y vengar agravios que no se pudieran disimular -sin gran mengua de su estimación y afrenta de su nombre, ganados por -fuerza muchos pueblos y ciudades, desbaratados y rotos poderosos -ejércitos, vencidos y muertos en campo reyes y príncipes, grandes -provincias destruídas y desiertas, muertos, cautivos o desterrados -sus moradores (venganzas merecidas más que lícitas), Tracia, -Macedonia, Tesalia y Beocia penetradas y pisadas, a pesar de todos -los príncipes y fuerzas del oriente, y últi<span class="pagenum" -id="Page_272">[p. 272]</span>mamente, muerto a sus manos el duque -de Atenas con toda la nobleza de sus vasallos y de los socorros de -franceses y griegos, ocupado su estado, y en él fundado un nuevo -señorío.</p> - -<p>En todos estos sucesos no faltaron traiciones, crueldades, robos, -violencias y sediciones; pestilencia común, no sólo de un ejército -colectivo y débil por el corto poder de la suprema cabeza, pero de -grandes y poderosas monarquías. Si como vencieron los catalanes a sus -enemigos, vencieran su ambición y codicia, no excediendo los límites -de lo justo, y se conservaran unidos, dilataran sus armas hasta los -últimos fines del oriente, y viera Palestina y Jerusalén segunda -vez las banderas cruzadas. Porque su valor y disciplina militar, -su constancia en las adversidades, sufrimiento en los trabajos, -seguridad en los peligros, presteza en las ejecuciones, y otras -virtudes militares, las tuvieron en sumo grado<a id="FNanchor_566" -href="#Footnote_566" class="fnanchor">[566]</a>, en tanto que la -ira no las pervirtió; pero el mismo poder que Dios les entregó -para castigar y oprimir tantas naciones, quiso que fuese el -instrumento de su propio castigo. Con la soberbia de los buenos -sucesos, desvanecidos con su prosperidad, llegaron a dividirse -en la competencia del gobierno; divididos<a id="FNanchor_567" -href="#Footnote_567" class="fnanchor">[567]</a>, a matarse;<span -class="pagenum" id="Page_273">[p. 273]</span> con que se encendió una -guerra civil tan terrible y cruel, que causó sin comparación mayores -daños y muertes que las que tuvieron con los extraños.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_13_2"> - <h3 title="Los Almugávares" - class="centra">Descripción de los Almugávares y de su modo - de pelear</h3> -</div> - -<p>La antigüedad, madre del olvido, por quien han perecido claros -hechos y memorias ilustres, entre otras que nos dejó confusas, -ha sido el origen<a id="FNanchor_568" href="#Footnote_568" -class="fnanchor">[568]</a> de los almugávares; pero según lo que -yo he podido averiguar, fué de aquellas naciones bárbaras que -destruyeron el imperio y nombre de los romanos en España, y fundaron -el suyo, que largo tiempo conservaron con esplendor y gloria de -grande majestad, hasta que los sarracenos en menos de dos años le -oprimieron, y forzaron a las reliquias deste universal incendio que<a -id="FNanchor_569" href="#Footnote_569" class="fnanchor">[569]</a> -entre lo más áspero de los montes buscasen su defensa, donde las -fieras muertas por su mano les dieron comida y vestido.</p> - -<p>Pero luego su antiguo valor y esfuerzo, que el regalo y -delicias tenían sepultado, con el trabajo y<span class="pagenum" -id="Page_274">[p. 274]</span> fatiga se restauró<a id="FNanchor_570" -href="#Footnote_570" class="fnanchor">[570]</a>, y les hizo -dejar las selvas y bosques, y convertir sus armas contra moros<a -id="FNanchor_571" href="#Footnote_571" class="fnanchor">[571]</a>, -ocupadas antes en dar muerte a fieras. Con la larga costumbre de -ir divagando, nunca edificaron casas ni fundaron posesiones; en la -campaña y en las fronteras de enemigos tenían su habitación y el -sustento de sus personas y familias: despojos de sarracenos, en -cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidas, sin otra arte ni -oficio más que servir pagados en la guerra, y cuando faltaban las -que sus reyes hacían, con cabezas y caudillos particulares, corrían -las fronteras; de donde vinieron a llamar los antiguos el ir a las -correrías, <i>ir en almugavería</i>.</p> - -<p>Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos de su gloria o afrenta; -y como los alemanes en todos tiempos lo han usado, el vestido de -pieles de fieras, abarcas y antiparas de lo mismo. Las armas: una red -de hierro en la cabeza a modo de casco, una espada y un chuzo algo -menor de lo que se usa hoy en las compañías de arcabuceros. Pero la -mayor parte llevaban tres o cuatro dardos arrojadizos; era tanta la -presteza y violencia con que<span class="pagenum" id="Page_275">[p. -275]</span> los despedían de sus manos, que atravesaban hombres y -caballos armados; cosa al parecer dudosa, si Desclot y Muntaner<a -id="FNanchor_572" href="#Footnote_572" class="fnanchor">[572]</a> -no lo refirieran, autores graves de nuestras historias, adonde -largamente se trata de sus hechos, que pueden igualar con los muy -celebrados de romanos y griegos.</p> - -<p>Carlos, Rey de Nápoles, puestos ante su presencia algunos -prisioneros almugávares, admirado de la vileza del traje y de las -armas, al parecer inútiles, contra los cuerpos de hombres y caballos -armados, dijo con algún desprecio que si eran aquellos los soldados -con que el rey de Aragón pensaba hacer la guerra. Replicóle uno -dellos, libre siempre el ánimo para la defensa de su reputación: -«Señor, si tan viles te parecemos y estimas en tan poco nuestro -poder, escoge un caballero de los más señalados de tu ejército, con -las armas ofensivas y defensivas que quisiere; que yo te ofrezco con -sola mi espada y dardo de pelear en campo con él.» Carlos, con deseo -de castigar la insolencia del almugávar, aplazó el desafío y quiso -asistir y ver la batalla. Salió un francés con su caballo armado de -todas piezas, lanza, espada y maza para combatir, y el almugávar -con sola su espada y dardo. Apenas entraron en la estacada, cuando -le mató el caballo, y queriendo hacer lo mismo de su dueño, la voz -del Rey le detuvo, y le<span class="pagenum" id="Page_276">[p. -276]</span> dió por vencedor y por libre. Otro almugávar en -esta misma guerra, a la lengua del agua<a id="FNanchor_573" -href="#Footnote_573" class="fnanchor">[573]</a>, acometido de veinte -hombres de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros muchos -hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia el -tratar de otra largamente.</p> - -<p>La duda que se ofrece sólo es del hombre, si fué de nación o de -milicia en sus principios. Tengo por cosa cierta que fué de nación, -y para asegurarme más en esta opinión, tengo a George Pachimerio<a -id="FNanchor_574" href="#Footnote_574" class="fnanchor">[574]</a>, -autor griego, cuyos fragmentos dan mucha luz a toda esta historia, -que llama a los almugávares descendientes de los avares, compañeros -de los hunos y godos; y aunque no se hallará autor que opuestamente -lo contradiga, por muchas leyes de las <i>Partidas</i> se colige -claramente que el nombre de almugávar era nombre de milicia, y el -ser esto verdad no contradice lo primero, porque entrambas cosas -pueden haber sido; en su principio, como Pachimerio dice, fué de -nación; pero después, como no ejercitaran los almugávares otra arte -ni oficio, vinieron ellos a dar nombre a todos los que servían en -aquel modo de milicia, así como muchas artes y ciencias tomaron -el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho que hubiese quien se -agregase a los almugávares, milicia de tanta fatiga y peligro, -sin ser de su nación<a id="FNanchor_575" href="#Footnote_575" -class="fnanchor">[575]</a>,<span class="pagenum" id="Page_277">[p. -277]</span> porque la inclinación natural les hacía seguir la -profesión de los padres; ni hay hombre que, pudiendo escoger, -siguiese milicia que desde la primera edad se ocupase con -tanto riesgo de la vida, descomodidad y continuo trabajo. -Nicéforo Gregoras<a id="FNanchor_576" href="#Footnote_576" -class="fnanchor">[576]</a> dice que almugávar es nombre que dan a -toda su infantería los latinos (así llaman los griegos a todas las -naciones que tienen a su poniente); pero no hay para qué contradecir -con razones falsedad tan manifiesta, y más contra un autor tan poco -advertido en nuestras cosas como Nicéforo.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_565"><span class="label"><a -href="#FNanchor_565">[565]</a></span> Imitación de Mariana, quien en -el Prólogo de su historia dice: «España, más abundante en hazañas -que en escritores...» En las enumeraciones que siguen, recuerda este -prólogo de Moncada al de Hurtado de Mendoza, a quien especialmente -imita.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_566"><span class="label"><a -href="#FNanchor_566">[566]</a></span> Esta frase está construída -con gran descuido e inconsecuencia. Deben borrarse los dos primeros -<i>su</i>, escritos por Moncada, pensando dar otra conclusión a la frase, -que luego olvidó. Tal como la termina hay que leer: «porque valor y -disciplina militar, constancia, etc...»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_567"><span class="label"><a -href="#FNanchor_567">[567]</a></span> Participio absoluto y elipsis -del verbo; la frase completa sería: «una vez divididos <i>llegaron</i> a -matarse».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_568"><span class="label"><a -href="#FNanchor_568">[568]</a></span> <i>Origen</i> es el predicado de <i>ha -sido</i>, en lugar de <i>memoria</i>, que va anticipado. La frase completa -sería: <i>ha sido la del origen</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_569"><span class="label"><a -href="#FNanchor_569">[569]</a></span> Hoy se diría: «forzaron <i>a</i> que -buscasen»; Moncada suprimió quizá la preposición, porque la precedía -otra con el acusativo «<i>a</i> las reliquias.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_570"><span class="label"><a -href="#FNanchor_570">[570]</a></span> Aunque Moncada suele poner el -verbo en plural cuando tiene varios sujetos, aquí usa el singular, -porque <i>valor y esfuerzo</i> son una mera redundancia, y como el -adjetivo <i>antiguo</i> les precede, y, por lo tanto, ha de ir en -singular, contribuye más a presentarlo a la imaginación como sujeto -único y no doble.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_571"><span class="label"><a -href="#FNanchor_571">[571]</a></span> El castellano antiguo no usaba -artículo con los nombres de naciones: «desamparó a castellanos»; -«mucho plogo a castellanos.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_572"><span class="label"><a -href="#FNanchor_572">[572]</a></span> Bernardo Desclot y Ramón -Muntaner, cronistas catalanes de la Edad Media. La historia del -primero llega hasta la muerte de Pedro III el Grande, 1285, y la de -Muntaner hasta Jaime II.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_573"><span class="label"><a -href="#FNanchor_573">[573]</a></span> «Lengua del agua», orilla, -tierra que el agua lame con sus ondas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_574"><span class="label"><a -href="#FNanchor_574">[574]</a></span> Autor de la historia de -Andrónico Paleólogo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_575"><span class="label"><a -href="#FNanchor_575">[575]</a></span> Este razonamiento contradícelo -Desclot, cap. 79, quien afirma que los almugávares eran de varias -naciones, a pesar de que en su tiempo vivían únicamente de entradas -y robos en tierra de sarracenos: «e son Catalans e Aragonesos e -Serrayns».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_576"><span class="label"><a -href="#FNanchor_576">[576]</a></span> Autor de una Historia -Bizantina.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_14"> - <p><span class="pagenum" id="Page_278">[p. 278]</span></p> - <h2 title="Don Francisco de Quevedo y Villegas" - class="nobreak">DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS<br /> - <small>(1580-1645)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Su <i>Política de Dios</i> fué publicada en 1626; en igual año, la -<i>Vida del Buscón</i>; los dos <i>Sueños</i> titulados: las <i>Zahurdas de -Plutón</i> y la <i>Visita de los Chistes</i> en 1627, y el <i>Marco Bruto</i> en -1644.</p> - -<p>El siglo <small>XVI</small> había adornado el lenguaje con el -período amplio y la frase fluida y encadenada. Fray Luis de Granada -y Fray Luis de León, habían adiestrado en su uso la prosa doctrinal; -Cervantes, la prosa narrativa. Sólo en los historiadores (sobre -todo en Mendoza, bastante menos en Mariana) se advertía la opuesta -tendencia, a la frase cortada y breve. Esta manera especial de -los historiadores obedecía, según se ha dicho, a la imitación de -Salustio y Tácito, y como en el siglo <small>XVII</small> abundan, -al par de los historiadores, los escritores moralistas, que se -inspiraban habitualmente en las obras de Séneca el filósofo, cuajadas -de sentencias, antítesis y simetrías, de ahí que, contrastando -con el lenguaje del siglo <small>XVI</small>, predomine en el del -<small>XVII</small> la frase elíptica. Era ésta la forma apropiada -para el estilo <i>conceptuoso</i> que entonces predominó entre los -prosistas (contrario al que dominó en los poetas, el <i>culterano</i>); la -cláu<span class="pagenum" id="Page_279">[p. 279]</span>sula corta -se prestaba muy especialmente para exponer los <i>conceptos</i>, que así -llamaban a la comparación primorosa de dos ideas que mutuamente se -esclarecen, y en general todo pensamiento agudo enunciado de una -manera rápida y picante. Lo que principalmente buscaba el conceptista -al escribir, era hacer gala de agudeza e ingenio, por eso muestra -gusto especial por las metáforas forzadas, asociaciones anormales de -ideas, transiciones bruscas, y gusto por los contrastes violentos -en que se funda todo humorismo, que humoristas son los grandes -escritores de este siglo, Quevedo y Gracián. En estos autores -geniales, el conceptismo aparece lleno de profundidad, la frase -encierra más ideas que palabras (al revés del culteranismo, que -prodiga más las palabras que las ideas); pero en los autores de orden -inferior de este siglo la agudeza suele estribar únicamente en lo -rebuscado del pensamiento, en equívocos triviales y en estrambóticas -comparaciones. El siglo <small>XVI</small> fué el de esplendor de -la prosa castellana, el <small>XVII</small> es ya de decadencia; y -uno de los síntomas de ésta es precisamente el buscar como principal -sazón de la obra literaria el artificio y la agudeza.</p> - -<p>Quevedo es el representante más notable del estilo propio de los -autores del siglo <small>XVII</small> y el maestro de casi todos -ellos. Es un genio, aunque un genio de la decadencia; modelo en la -expresión siempre penetrante y enérgica, en el lenguaje satírico -lleno de ironía y escarnio, en el chiste pronto y centelleante, en -los abultados rasgos con que esboza los tipos caricaturescos de sus -obras festivas y las tétricas fantasías burlescas de sus <i>Sueños</i>. -El defecto que a veces echa a perder el estilo de Quevedo es la -exageración del ingenio, la originalidad extravagante, la oscuridad -del concepto; como dice Fernández Guerra: «hacen sudar<span -class="pagenum" id="Page_280">[p. 280]</span> sus genialidades y -agudezas, y sobre todo su lenguaje es tan idiótico y exquisito, que -pone a prueba, para sólo entenderlo a veces, a los talentos más -ejercitados en el estudio de nuestro riquísimo idioma».</p> - -<p>En su lenguaje se mezclan el artificio literario con la castiza -llaneza popular; su vocabulario, al par que abunda en términos -técnicos y pedantescos, es de los más ricos en toda clase de términos -vulgares, sin que retroceda ante lo más grosero y soez, ofreciéndonos -así mezcladas las reminiscencias de la poderosa cultura del autor con -la vena genial de su inspiración picaresca.</p> - -<p>En el manejo de los caudales de la lengua, muestra Quevedo soltura -y desenfado tan magistral, que halla siempre en ella instrumento -dócil a sus más sutiles y extrañas ocurrencias; se doblegan a los -caprichos de su imaginación lo mismo la sintaxis que la significación -de las voces, a las que frecuentemente da un valor convencional y -de ocasión, o las leyes de composición de las palabras, pues las -forja nuevas siempre que las echa de menos para lograr un efecto -cómico, creando así un diccionario burlesco suyo propio, lleno de -voces tales como <i>titulecer</i>, remedo de amanecer; <i>disparatario</i>, por -vocabulario de disparates; <i>pretenmuela</i>, cuando no le parece propio -usar «pretendiente», y otros innumerables, algunos de los cuales -forman parte de nuestro lenguaje ordinario. La invención de Quevedo -en el vocabulario de burlas la continúan otros autores de este siglo, -Gracián por ejemplo, en el vocabulario de las ideas abstractas; y -de esta labor de enriquecimiento y neologismo proviene la mayor -parte del caudal de la lengua moderna que hoy hablamos. La riqueza -heredada, que el lenguaje del siglo <small>XVI</small> ostentaba como -único tesoro, parecía ya escasa.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_14_1"> - <h3 title="Señales del verdadero Rey"><span class="pagenum" - id="Page_281">[p. 281]</span>POLÍTICA DE DIOS Y GOBIERNO DE CRISTO</h3> - <p class="hang mt1">En esta obra dirige Quevedo a Felipe IV reglas - de buen gobierno fundadas en los textos de la Biblia. Aquí, - comentando a San Lucas, VII, y San Mateo, XI, da las señas ciertas - del verdadero rey.</p> -</div> - -<p>Envió San Juan sus mensajeros a Cristo, que le preguntaron si era -el que había de venir, el que esperaban, el Mesías prometido, el rey -Dios y hombre. Bien sabía San Juan que era Jesús el prometido, y que -no había que esperar a otro: no aguardó a nacer para declararlo<a -id="FNanchor_577" href="#Footnote_577" class="fnanchor">[577]</a>. -¿Por qué, pues, manda a sus discípulos el Precursor santísimo que -de su parte le pregunten a Cristo lo que él sabía? La materia fué -la más grave que dispuso el Padre Eterno, y que obró el Espíritu -Santo, y que ejecutó el amor del Hijo: tratábase de dar a entender -al mundo con demostración que Jesús era hombre y Dios, el rey -ungido que prometieron los Profetas; quiso<a id="FNanchor_578" -href="#Footnote_578" class="fnanchor">[578]</a> que su pregunta -enseñase con la respuesta de Cristo lo que no podía tener igual -autoridad en sus palabras. Literalmente lo probaré con el texto -sagrado.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_282">[p. 282]</span></p> - -<p>Preguntaron a Jesús si era el prometido, el que había de venir; y -Cristo respondió con obras sin palabras; pues luego resucitó muertos, -dió vista a ciegos, pies a tullidos, habla a los mudos, salud a los -enfermos, libertad a los poseídos del demonio; y después dijo: «Id y -diréis a Juan que los muertos resucitan, los ciegos ven, los mudos -hablan, los tullidos andan, los enfermos guarecen.» Quien a todos da -y a nadie quita; quien a todos da lo que les falta; quien a todos da -lo que han menester y desean, ese Rey es, ese es el Prometido, es el -que se espera, y con él no hay más que esperar. Pobladas están de -coronas y cetros estas acciones. No dijo: «Yo soy rey»; sino mostróse -rey. No dijo: «Yo soy el Prometido»; sino cumplió lo prometido. No -dijo: «No hay que esperar a otro»; sino obró de suerte, que no dejó -que esperar de otro.</p> - -<p>Sacra, Católica, Real Majestad<a id="FNanchor_579" -href="#Footnote_579" class="fnanchor">[579]</a>, bien puede alguno -mostrar encendido su cabello en corona ardiente en diamantes, y -mostrar inflamada su persona con vestidura, no sólo teñida, sino -embriagada con repetidos hervores de la púrpura; y ostentar soberbio -el cetro con el peso del oro, y dificultarse a la vista remontado -en trono desvanecido<a id="FNanchor_580" href="#Footnote_580" -class="fnanchor">[580]</a>, y atemorizar su habitación con las -amena<span class="pagenum" id="Page_283">[p. 283]</span>zas bien -armadas de su guarda<a id="FNanchor_581" href="#Footnote_581" -class="fnanchor">[581]</a>; llamarse rey, y firmarse rey; mas serlo y -merecer serlo, si no imita a Cristo en dar a todos lo que les falta, -no es posible, Señor. Lo contrario, más es ofender que reinar.</p> - -<p>Quien os dijere que vos no podéis hacer estos milagros, dar vista -y pies, y vida, y salud, y resurrección y libertad de opresión de -malos espíritus, ese os quiere ciego, y tullido, y muerto, y enfermo, -y poseído de su mal espíritu. Verdad es que no podéis, Señor, -obrar aquellos milagros; mas también lo es que podéis imitar sus -efectos. Obligado estáis a la imitación de Cristo. Si os descubrís -donde os vea el que<a id="FNanchor_582" href="#Footnote_582" -class="fnanchor">[582]</a> no dejan que pueda veros, ¿no le dais -vista? Si dais entrada al que necesitando de ella se la negaban, -¿no le dais pies y pasos? Si oyendo a los vasallos, a quien<a -id="FNanchor_583" href="#Footnote_583" class="fnanchor">[583]</a> -tenía oprimido el mal espíritu de los codiciosos, los remediais, -¿no les dais libertad de tan mal demonio? Si oís al que la venganza -y el odio tiene condenado al cuchillo o al cordel, y le hacéis -justicia, ¿no resucitáis un muerto? Si os mostráis padre de<span -class="pagenum" id="Page_284">[p. 284]</span> los huérfanos y -de las viudas, que son mudos, y para quien todos son mudos, ¿no -les dais voz y palabras? Si socorriendo los<a id="FNanchor_584" -href="#Footnote_584" class="fnanchor">[584]</a> pobres, y disponiendo -la abundancia con la blandura del gobierno, estorbáis la hambre y -la peste, y en una y otra todas las enfermedades, ¿no sanáis a los -enfermos? Pues, ¿cómo, Señor, estos malsines de la doctrina de Cristo -os acreditarán los milagros de esta imitación, que sola os puede -hacer rey verdaderamente, y pasar la majestad de los cortos límites -del nombre? Por esto, soberano Señor, dijo Cristo: «Mayor testimonio -tengo que Juan Bautista, porque las obras que hago dan testimonio de -mí.» Y reconociendo esto San Juan, no dijo lo que sabía, sino mandó -a sus discípulos le preguntasen quién era, para que respondiendo sus -obras viese el mundo mayor testimonio que el suyo.</p> - -<p>Pues si no puede ser buen rey, imitador del verdadero Rey de los -reyes, el que no diere a los suyos salud, vida, ojos, lengua, pies y -libertad, ¿qué será el que les quitare todo esto? Será, sin duda, mal -espíritu, enfermedad, ceguera y muerte. Considere Vuestra Majestad si -los que os apartan de hacer estos milagros quieren ellos solos veros -y que los veáis; acompañaros siempre; que no habléis con otros, y -que otros no os hablen; que no obréis salud y vida y libertad, sino -con ellos; y sin otra advertencia conoceréis que os ciegan,<span -class="pagenum" id="Page_285">[p. 285]</span> y os enferman, y os -tullen, y os enmudecen; y os hallaréis obseso de malos espíritus vos, -cuyo oficio es obrar en todos los vuestros lo contrario.</p> - -<p>¡Insensatos electores de imperios son los nueve meses! Quien -debe la majestad a las anticipaciones del parto y a la primera -impaciencia del vientre, mucho hace si se acuerda, para vivir como -rey, de que nació como hombre. Pocos tienen por grandeza ser reyes -por el grito de la comadre; pocos, aun siendo tiranos, se atribuyen -a la naturaleza: todos lo hacen deuda a sus méritos. Dichoso es -quien nace para ser rey, si reinando merece serlo; y no se merece -sino con la imitación de las obras con que Cristo respondió que era -rey. El angélico Doctor Santo Tomás, en el opúsculo <i>De la enseñanza -del príncipe</i>, dice que si los monarcas, que están en la mayor -altura y encima de todos, no son como el fieltro, que defiende de -las inclemencias del tiempo al que le lleva encima, son como las -inclemencias, diluvios y piedra sobre las espigas que cogen debajo. -Lleva el vasallo el peso del rey a cuestas como las armas, para -que le defienda, no para que le hunda. Justo es que recompense, -defendiendo, el ser llevado y el ser carga.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_14_2"> - <h3 title="Discurso de Marco Bruto"><span class="pagenum" - id="Page_286">[p. 286]</span>VIDA DE MARCO BRUTO</h3> - <p class="hang mt1">Haciendo amplios comentarios al texto - de la Vida de Bruto, escrita por Plutarco, supone que el matador - de César pronuncia ante el pueblo esta oración:</p> -</div> - -<p>«Ciudadanos de Roma: Las guerras civiles, de compañeros de Julio -César os hicieron vasallos; y esta mano, de vasallos os vuelve a -compañeros. La libertad que os dió mi antecesor Junio Bruto contra -Tarquino, os da Marco Bruto contra Julio César. De este beneficio no -aguardo vuestro agradecimiento, sino vuestra aprobación. Yo nunca -fuí enemigo de César, sino de sus designios; antes tan favorecido<a -id="FNanchor_585" href="#Footnote_585" class="fnanchor">[585]</a>, -que en haberle muerto fuera el peor de los ingratos, si no hubiera -sido el mejor de los leales. No han sido sabidoras de mi intención -la envidia ni la venganza. Confieso que César, por su valentía y -por su sangre, y su eminencia en la arte militar y en las letras, -mereció que le diese vuestra liberalidad los mayores puestos; mas -también afirmo que mereció la muerte, porque quiso antes tomároslos -con el poder de darlos, que merecerlos: por esto no lo he muerto -sin lágrimas. Yo lloré lo que él mató en sí, que fué la lealtad -a vosotros, la obediencia a los Padres; no lloré su vida,<span -class="pagenum" id="Page_287">[p. 287]</span> porque supe llorar -su alma. Pompeyo dió la muerte a mi padre; y aborreciéndole<a -id="FNanchor_586" href="#Footnote_586" class="fnanchor">[586]</a> -como a homicida suyo, luego que contra Julio en defensa de vosotros -tomó las armas, le perdoné el agravio, seguí sus órdenes, milité en -sus ejércitos, y en Farsalia me perdí con él<a id="FNanchor_587" -href="#Footnote_587" class="fnanchor">[587]</a>. Llamóme con suma -benignidad César, prefiriéndome en las honras y beneficios a todos. -He querido traeros estos dos sucesos a la memoria, para que veáis que -ni en Pompeyo me apartó de vuestro servicio mi agravio, ni en César -me granjearon contra vosotros las caricias y favores. Murió Pompeyo -por vuestra desdicha: vivió César por vuestra ruina: matéle yo por -vuestra libertad. Si esto juzgáis por delito<a id="FNanchor_588" -href="#Footnote_588" class="fnanchor">[588]</a>, con vanidad le -confieso; si por beneficio, con humildad os le propongo. No temo -el morir por mi patria; que primero decreté mi muerte que la de -César. Juntos estáis, y yo en vuestro poder; quien se juzgare -indigno de la libertad que le doy, arrójeme su puñal, que a mí -me será doblada gloria morir por haber muerto al tirano. Y si os -provocan a compasión las heridas de César, recorred todas vuestras -parentelas, y veréis cómo por él habéis degollado vuestros linajes, -y los padres con la sangre de los hijos, y los hijos con la de sus -padres, ha<span class="pagenum" id="Page_288">[p. 288]</span>béis<a -id="FNanchor_589" href="#Footnote_589" class="fnanchor">[589]</a> -manchado las campañas y calentado los puñales. Esto, que no pude -estorbar y procuré defender<a id="FNanchor_590" href="#Footnote_590" -class="fnanchor">[590]</a>, he castigado. Si me hacéis cargo de -la vida de un hombre, yo os le hago de la muerte de un tirano. -Ciudadanos: si merezco pena, no me la perdonéis; si premio, yo os le -perdono.»</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_14_3"> - <h3 title="Las Zahurdas de Plutón">LAS ZAHURDAS DE PLUTÓN</h3> - <p class="hang mt1">El autor finge en este <i>Sueño</i> que, dejando - el camino desagradable y solitario de la virtud, se pasa a otro - atestado de gente de todas condiciones que por él corría; encarece - el humor agradable y entretenido de estos pasajeros, y pondera su - contento de ir en compañía tan reverenda y honrada.</p> -</div> - -<p>Mas duróme poco, porque oí decir a mis espaldas: «¡Dejen -pasar los boticarios!»<a id="FNanchor_591" href="#Footnote_591" -class="fnanchor">[591]</a>—¿Boticarios pasan?—dije yo entre mí—; -al infierno vamos. Y fué así, porque al punto nos hallamos dentro -por una puerta como<a id="FNanchor_592" href="#Footnote_592" -class="fnanchor">[592]</a> de ratonera, fácil de entrar<a -id="FNanchor_593" href="#Footnote_593" class="fnanchor">[593]</a>, e -imposible de salir por ella.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_289">[p. 289]</span></p> - -<p>Y fué de ver que nadie en todo el camino dijo: «Al infierno -vamos»; y todos, estando en él, dijeron muy espantados: «¡En el -infierno estamos!» ¿En el infierno?—dije yo muy afligido—; ¡no puede -ser! Quíselo poner a pleito; comencéme a lamentar de las cosas que -dejaba en el mundo: los parientes, los amigos, los conocidos, las -damas; y estando llorando esto, volví la cara hacia el mundo, y vi -venir por el mismo camino, despeñándose a todo correr, cuanto<a -id="FNanchor_594" href="#Footnote_594" class="fnanchor">[594]</a> -había conocido allá, poco menos. Consoléme algo en ver esto, y -que, según se daban priesa a llegar al infierno, estarían conmigo -presto.</p> - -<p>Comenzóseme a hacer áspera la morada y desapacibles los zaguanes. -Fuí entrando poco a poco entre unos sastres que se me llegaron, -que iban medrosos de los diablos. En la primera entrada hallamos -siete demonios escribiendo los que íbamos entrando. Preguntáronme -mi nombre; díjele y pasé. Llegaron a mis compañeros, y dijeron -que<span class="pagenum" id="Page_290">[p. 290]</span> eran -remendones, y dijo uno de los diablos: «Deben entender los remendones -en el mundo que no se hizo el infierno sino para ellos, según se -vienen por acá.» Preguntó otro diablo cuántos eran; respondieron -que ciento, y replicó un verdugo mal barbado entrecano: «¿Ciento, -y sastres? No pueden ser tan pocos; la menor partida que habemos -recibido ha sido de mil y ochocientos. En verdad que estamos por -no recibirles.» Afligiéronse ellos; mas al fin entraron. Ved -cuáles son los malos, que es para ellos amenaza el no dejarlos -entrar en el infierno. Entró el primero<a id="FNanchor_595" -href="#Footnote_595" class="fnanchor">[595]</a> un negro, chiquito, -rubio, de mal pelo; dió un salto en viéndose allá, y dijo: «Ahora -acá estamos todos.» Salió de un lugar, donde estaba aposentado, -un diablo de marca mayor<a id="FNanchor_596" href="#Footnote_596" -class="fnanchor">[596]</a>, corcovado y cojo; y arrojándolos en una -hondura muy grande, dijo: «Allá va leña.» Por curiosidad me llegué a -él y le pregunté de qué estaba corcovado y cojo, y me dijo (que era -diablo de pocas palabras): «Yo era recuero de remendones. Iba por -ellos al mundo, y de traerlos a cuestas me hice corcovado y cojo; -he dado en la cuenta, y hallo que se vienen mucho más apriesa que -yo los puedo traer.» En esto hizo otro vómito<span class="pagenum" -id="Page_291">[p. 291]</span> dellos el mundo, y hube de entrarme -porque no había donde estar ya allí, y el monstruo infernal empezó a -traspalar, y diz que es la mejor leña que se quema en el infierno, -remendones de todo oficio, gente que sólo tiene bueno ser enemiga de -novedades.</p> - -<p>Pasé adelante por un pasadizo muy escuro, cuando por mi nombre -me llamaron. Volví a la voz los ojos, casi tan medrosa como ellos, -y hablóme un hombre, que por las tinieblas no pude divisar más de -lo que la llama que le atormentaba me permitía. «¿No me conoce? -me dijo; a...» (ya lo iba a decir) y prosiguió tras su nombre:... -«el librero? Pues yo soy. ¡Quién tal pensara!» Y es verdad, Dios, -que yo siempre lo sospeché, porque era su tienda el burdel de los -libros... «¿Qué quiere?—me dijo viéndome suspenso—pues es tanta mi -desgracia que todos se condenan por las malas obras que han hecho, -y yo y algunos libreros nos condenamos por las obras malas que -hacen los otros, y por lo<a id="FNanchor_597" href="#Footnote_597" -class="fnanchor">[597]</a> que hicimos barato de los libros en -romance y traducidos del latín, sabiendo ya con ellos los tontos lo -que encarecían en otros tiempos los sabios; que ya hasta el lacayo -latiniza, y hallarán a Horacio en castellano en la caballeriza.» Más -iba a decir, sino que un demonio le comenzó a atormentar con humazos -de hojas de sus libros, y otro a leerle alguno dellos. Yo, que<span -class="pagenum" id="Page_292">[p. 292]</span> vi que ya no hablaba, -fuíme adelante, diciendo entre mí: Hay quien se condena por obras -malas ajenas, ¿qué harán los que las hicieran propias?</p> - -<p>En esto iba, cuando en una gran zahurda andaban mucho -número de ánimas gimiendo, y muchos diablos con látigos y -zurriagas azotándolos<a id="FNanchor_598" href="#Footnote_598" -class="fnanchor">[598]</a>. Pregunté qué gente eran, y dijeron que -no eran sino cocheros; y dijo un diablo lleno de cazcarrias, romo -y calvo, que quisiera más (a manera de decir) lidiar con lacayos; -porque había cochero de aquellos que pedía aun dineros por ser -atormentado, y que la tema de todos era que habían de poner pleito a -los diablos por el oficio, pues no sabían chasquear los azotes tan -bien como ellos...</p> - -<p>Y lleguéme a unas bóvedas donde comencé a tiritar de frío y dar -diente con diente, que me helaba. Pregunté, movido de la novedad -de ver frío en el infierno, qué era aquello; y salió a responder -un diablo zambo, con espolones y grietas, lleno de sabañones, y -dijo: «Señor, este frío es de que en esta parte están recogidos -los bufones, truhanes y juglares, chocarreros hombres por demás<a -id="FNanchor_599" href="#Footnote_599" class="fnanchor">[599]</a> -y que sobran en el mundo, y que están aquí retirados, porque si -anduvieran por el infierno sueltos, su frialdad es tanta, que -templaría el dolor del fuego.» Pedíle licencia para llegar a verlos; -diómela, y calofriado llegué y vi la más infame casilla del mundo, -y una cosa que no habrá<span class="pagenum" id="Page_293">[p. -293]</span> quien lo crea, que se atormentaban unos a otros con -las gracias que habían dicho acá. Y entre los bufones vi muchos -hombres honrados que yo había tenido por tales; pregunté la -causa, y respondióme un diablo que eran aduladores, y que por -esto eran bufones de entre cuero y carne<a id="FNanchor_600" -href="#Footnote_600" class="fnanchor">[600]</a>. Y repliqué yo, cómo -se condenaban, y me respondieron: «Gente es que se aviene acá sin -avisar, a mesa puesta y a cama hecha como en su casa. Y en parte los -queremos bien, porque ellos se son diablos para sí y para otros, y -nos ahorran de trabajos, y se condenan a sí mismos; y por la mayor -parte en vida los más ya andan con marca del infierno, porque el que -no se deja arrancar los dientes por dinero, se deja matar hachas en -las nalgas o pelar las cejas; y así, cuando acá los atormentamos, -muchos dellos después de las penas sólo echan menos las pagas...»</p> - -<p>Y volviendo vi un hombre asentado en una silla a solas, sin fuego, -ni hielo, ni demonio, ni pena alguna, dando las más desesperadas -voces que oí en el infierno, llorando el propio corazón, haciéndose -pedazos a golpes y a vuelcos. ¡Válgame Dios!—dije en mi alma, -¿de qué se queja éste no atormentándole nadie? Y él cada punto -doblaba sus alaridos y voces. «Dime, dije yo: ¿qué eres y<span -class="pagenum" id="Page_294">[p. 294]</span> de qué te quejas, -si ninguno te molesta, si el fuego no te arde<a id="FNanchor_601" -href="#Footnote_601" class="fnanchor">[601]</a> ni el hielo te -cerca?»—«¡Ay!, dijo dando voces, que la mayor pena del infierno es la -mía: ¿verdugos te parece que me faltan? ¡Triste de mí, que los más -crueles están entregados a mi alma! ¿No los ves?», dijo; y empezó a -morder la silla y a dar vueltas alrededor y gemir; «vélos, que sin -piedad van midiendo a descompasadas culpas eternas penas. ¡Ay, qué -terrible demonio eres, memoria del bien que pude hacer, y de los -consejos que desprecié y de los males que hice! ¡Qué representación -tan continua! Déjasme tú, y sale el entendimiento con imaginaciones -de que hay gloria que pude gozar, y que otros gozan a menos costa que -yo mis penas! ¡Oh, qué hermoso que pintas el cielo, entendimiento, -para acabarme! Déjame un poco siquiera. ¿Es posible que mi voluntad -no ha de tener paz conmigo un punto? ¡Ay, huésped, y qué tres llamas -invisibles, y qué sayones incorpóreos me atormentan en las tres -potencias del alma! Y cuando éstos se cansan, entra el gusano de -la conciencia, cuya hambre en comer del alma nunca se acaba: vesme -aquí miserable y<span class="pagenum" id="Page_295">[p. 295]</span> -perpetuo alimento de sus dientes.» Y diciendo esto, salió<a -id="FNanchor_602" href="#Footnote_602" class="fnanchor">[602]</a> -la voz: «¿Hay en todo este desesperado palacio quien trueque sus -almas y sus verdugos a<a id="FNanchor_603" href="#Footnote_603" -class="fnanchor">[603]</a> mis penas? Así, mortal, pagan los que -supieron en el mundo, tuvieron letras y discurso, y fueron discretos; -ellos se son infierno y martirio de sí mismos.» Tornó amortecido -a su ejercicio con más muestras de dolor. Apartéme de él medroso, -diciendo: ¡Ved de lo que sirve caudal de razón y doctrina y buen -entendimiento mal aprovechado! ¡Quién se lo vió<a id="FNanchor_604" -href="#Footnote_604" class="fnanchor">[604]</a> llorar sólo, y tenía -dentro de su alma aposentado el infierno?</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_14_4"> - <h3 title="Don Enrique de Villena en la redoma">VISITA DE LOS CHISTES</h3> - <p class="hang mt1">En este <i>Sueño</i> el autor ve en el Infierno - a varios personajes que se nombran en frases hechas. Entrevista con - Don Enrique de Villena.</p> -</div> - -<p>Descubrióse una grandísima redoma de vidrio, dijéronme -que llegase, y vi jigote, que se bullía<a id="FNanchor_605" -href="#Footnote_605" class="fnanchor">[605]</a> en un ardor terrible, -y andaba danzando por todo<span class="pagenum" id="Page_296">[p. -296]</span> el garrafón, y poco a poco se fueron juntando unos -pedazos de carne y unas tajadas, y déstas se fué componiendo un -brazo, un muslo y una pierna, y al fin se coció y enderezó<a -id="FNanchor_606" href="#Footnote_606" class="fnanchor">[606]</a> -un hombre entero. De todo lo que había visto y pasado me olvidé, -y esta visión me dejó tan fuera de mí, que no me diferenciaba de -los muertos. ¡Jesús mil veces!, dije, ¿qué hombre es éste, nacido -en guisado, hijo de una redoma? En esto oí una voz que salía de -la vasija, y dijo: «¿Qué año es éste?»—«De seiscientos y veinte y -dos», respondí.—«Este año esperaba yo.»—«¿Quién eres, dije, que, -parido de una redoma, hablas y vives?»—«¿No me conoces?, dijo; -la redoma y las tajadas ¿no te advierten que soy aquel famoso -nigromántico de Europa?<a id="FNanchor_607" href="#Footnote_607" -class="fnanchor">[607]</a> ¿No has oído decir que me hice tajadas -dentro de una redoma para ser inmortal?»—«Toda mi vida lo he<span -class="pagenum" id="Page_297">[p. 297]</span> oído decir, le -respondí; mas túvelo por conversación de la cuna y cuento de entre -dijes y babador. ¿Qué tú eres? Yo confieso que lo más que llegué a -sospechar fué que eras algún alquimista que penabas en esa redoma, -o algún boticario; todos mis temores doy por bien empleados por -haberte visto.»—«Sábete, dijo, que mi nombre no fué del título -que me da la ignorancia<a id="FNanchor_608" href="#Footnote_608" -class="fnanchor">[608]</a>, aunque tuve muchos; sólo te digo que -estudié y escribí muchos libros, y los míos quemaron, no sin -dolor de los doctos.»—«Sí me acuerdo, dije yo: oído he decir -que estás enterrado en un convento de religiosos; mas hoy me -he desengañado.»—«Ya que has venido aquí, dijo, desatapa esa -redoma.» Yo empecé a hacer fuerza y a desmoronar tierra con que -estaba enlodado el vidrio de que era hecha, y díjome: «espera; -dime primero: ¿hay mucho dinero en España? ¿En qué opinión está -el dinero? ¿Qué fuerza alcanza? ¿Qué crédito? ¿Qué valor?» -Respondíle: «No han descaecido las flores de las Indias, aunque -los extranjeros han echado unas sanguijuelas desde España al cerro -del Potosí, con que se van restañando las venas, y a chupones se -empezaron a secar las minas.»—«¿Ginoveses andan a la zacapela con -el dinero?, dijo él; vuélvome jigote. Hijo mío, los ginoveses -son lamparones del dine<span class="pagenum" id="Page_298">[p. -298]</span>ro, enfermedad que procede de tratar con gatos<a -id="FNanchor_609" href="#Footnote_609" class="fnanchor">[609]</a>. -Y vese que son lamparones, porque sólo el dinero que va a Francia<a -id="FNanchor_610" href="#Footnote_610" class="fnanchor">[610]</a> no -admite ginoveses en su comercio. ¿Salir tenía yo<a id="FNanchor_611" -href="#Footnote_611" class="fnanchor">[611]</a> andando esos usagres -de bolsas por las calles? No digo yo hecho jigote en redoma, sino -hecho polvos en salvadera quiero estar antes que verlos hechos -dueños de todo.»—«Señor nigromántico, repliqué yo, aunque esto -es así, han dado en adolecer de caballeros en teniendo caudal, -úntanse de señores, y enferman de príncipes; y con esto y los -gastos y empréstidos<a id="FNanchor_612" href="#Footnote_612" -class="fnanchor">[612]</a> se apolilla la mercancía y se viene -todo a repartir en deudas y locuras. La verdad adelgaza y no -quiebra, en esto se conoce que los ginoveses no son verdad, porque -adelgazan y quiebran.»—«Animádome has, dijo, con eso. Dispondréme -a salir desta vasija, como primero me digas en qué estado está la -honra en el mundo.»—«Mucho hay que decir en esto, le respondí yo; -tocado has una tecla del diablo: todos tienen honra y todos son -honrados, y todos lo hacen todo caso de honra.<span class="pagenum" -id="Page_299">[p. 299]</span> Hay honra en todos estados, y la honra -se está cayendo de su estado, y parece que está ya siete estados -debajo de tierra. Si hurtan, dicen que por conservar esta negra de -honra, y que quieren más hurtar que pedir. Si piden, dicen que por -conservar esta negra honra, y que es mejor pedir que no hurtar. -Si levantan un testimonio, si matan a uno, lo mismo dicen; que un -hombre honrado antes se ha de dejar morir entre dos paredes que -sujetarse a nadie, y todo lo hacen al revés. Y al fin en el mundo -todos han dado en la cuenta, y llaman honra a la comodidad; y con -presumir de honrados y no serlo, se ríen del mundo.»—«El diablo -puede salir a vivir en ese mundecillo, dijo el. Considérome yo a -los hombres con unas honras títeres que chillan, bullen y saltan; -que parecen honras, y mirado bien son andrajos y palillos. ¿El no -decir verdad será mérito? ¿El embuste y la trapaza caballería? ¿Y la -insolencia donaire? Honrados eran los españoles cuando podían decir -deshonestos y borrachos a los extranjeros; mas andan diciendo aquí -malas lenguas que ya en España ni el vino se queja de mal bebido ni -los hombres mueren de sed. En mi tiempo no sabía el vino por dónde -subía a las cabezas, y ahora parece que se sube hacia arriba... -Dime, ¿hay letrados?»—«Hay plaga de letrados, dije yo; no hay otra -cosa sino letrados; porque unos lo son por oficio, otros lo son por -presunción, otros por estudio, y déstos pocos; y otros (éstos son -los más) son letrados porque tratan con otros más ignorantes que -ellos (en<span class="pagenum" id="Page_300">[p. 300]</span> esta -materia hablaré como apasionado), y todos se graduan de dotores y -bachilleres, licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien -tratan que por las universidades; y valiera más a España langosta -perpetua que licenciados al quitar.»—«Por ninguna cosa saldré de -aquí, dijo el nigromántico. ¿Eso pasa? Ya yo los temía, y por las -estrellas alcancé esa desventura; y por no ver los tiempos que han -pasado embutidos de letrados me avecindé en esta redoma, y por no -los verme quedaré hecho pastel en bote.» Repliqué: «En los tiempos -pasados, que la justicia estaba más sana, tenía menos dotores, y hála -sucedido lo que a los enfermos, que cuantas más juntas de dotores -se hacen sobre él, más peligro muestra y peor le va, sana menos y -gasta más. La justicia, por lo que tiene de verdad, andaba desnuda; -ahora anda empapelada como especias. Un Fuero Juzgo con su <i>maguer</i> -y su <i>cuemo</i>, y <i>conusco</i> y <i>faciamus</i>, era todas las librerías; y -aunque son voces antiguas, suenan con mayor propiedad, pues llaman -sayón al alguacil, y otras cosas semejantes. Ahora ha entrado una -cáfila de Menoquios, Surdos y Fabros, Farinacios y Cujacios, consejos -y decisiones y responsiones y lecciones y meditaciones; y cada día -salen autores, y cada uno con tres volúmenes: <i>Doctoris Putei</i>, I, 6, -volúmenes 1, 2, 3, 4, 5, 6 hasta 15. <i>Licenciati Abbatis de Usuris</i>, -<i>Petri Cusqui in Codicem</i>, <i>Rupis</i>, <i>Brutiparcin</i>, <i>Castani</i>, -<i>Montocanense de Adulterio et Parricidio</i>, <i>Cornazano</i>, <i>Rocabruno</i>, -etc. Los letrados todos tie<span class="pagenum" id="Page_301">[p. -301]</span>nen un cimenterio por librería, y por ostentación andan -diciendo: tengo tantos cuerpos; y es cosa brava que las librerías -de los letrados todas son cuerpos sin alma, quizá por imitar a sus -amos. No hay cosa en que no nos dejen tener razón; sólo lo que no -dejan tener a las partes es el dinero, que le quieren ellos para sí. -Y los pleitos no son sobre si lo que deben a uno se lo han de pagar -a él; que eso no tiene necesidad de preguntas y respuestas: los -pleitos son sobre que el dinero sea de letrados y del procurador, sin -justicia, y la justicia sin dinero, de las partes. ¿Queréis ver que -tan malos son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera -porfías; y si no hubiera porfías, no hubiera pleitos; y si no hubiera -pleitos, no hubiera procuradores; y si no hubiera procuradores, no -hubiera enredos; y si no hubiera enredos, no hubiera delitos; y si no -hubiera delitos, no hubiera alguaciles; y si no hubiera alguaciles, -no hubiera cárcel; y si no hubiera cárcel, no hubiera jueces; y -si no hubiera jueces, no hubiera pasión; y si no hubiera pasión, -no hubiera cohecho. Mirad la retahila de infernales sabandijas -que se produce de un licenciadito, lo que disimula una barbaza<a -id="FNanchor_613" href="#Footnote_613" class="fnanchor">[613]</a> y -lo<span class="pagenum" id="Page_302">[p. 302]</span> que autoriza -una gorra. Llegaréis a pedir un parecer, y os dirán: Negocio es de -estudio; diga vuesa merced, que ya estoy al cabo; habla la ley en -propios términos.—Toman un quintal de libros, dánle dos bofetadas -hacia arriba y hacia abajo, y leen de priesa, arremedando un abejón, -luego dan un gran golpe con el libro patas arriba sobre una mesa, -muy esparrancado de capítulos, y dicen: En el propio caso habla -el jurisconsulto. Vuesa merced me deje los papeles; que me quiero -poner bien en el hecho del negocio, y téngalo por más que bueno, y -vuélvase por acá mañana en la noche; porque estoy escribiendo sobre -la tenuta de Trasbarras; mas, por servir a vuesa merced, lo dejaré -todo. Y cuando al despediros le queréis pagar (que es para ellos la -verdadera luz y entendimiento del negocio que han de resolver), dice, -haciendo grandes cortesías y acompañamientos: ¡Jesús, señor! Y entre -Jesús y señor, alarga la mano, y para gastos de pareceres se emboca -un doblón.»—«No he de salir de aquí (dijo el nigromántico) hasta que -los pleitos se determinen a garrotazos; que en el tiempo que por -falta de letrados se determinaban las causas a cuchilladas, decían -que el palo era alcalde<a id="FNanchor_614" href="#Footnote_614" -class="fnanchor">[614]</a>, y de ahí vino: <i>Júzguelo el alcalde de -palo</i>. Y si he de salir ha de ser sólo a dar arbitrio a los reyes -del mundo,<span class="pagenum" id="Page_303">[p. 303]</span> que -quien quisiere estar en paz y rico, me pague los letrados a su -enemigo para que lo embelequen y roben y consuman. Dime, ¿hay todavía -Venecia en el mundo?»—«Sí la hay, dije yo; no hay otra cosa sino -Venecia y venecianos.»—«¡Oh! dóila al diablo (dijo el nigromántico) -por vengarme del mismo diablo, que no sé que pueda darla a nadie -sino por hacerle mal. Es república esa, que mientras que no tuviere -conciencia durará, porque si restituye lo ajeno no le queda nada. -¡Linda gente!, la ciudad fundada en el agua, el tesoro y la libertad -en el aire, la deshonestidad en el fuego; y al fin es gente de -quien huyó la tierra<a id="FNanchor_615" href="#Footnote_615" -class="fnanchor">[615]</a>, y son narices de las naciones y el -albañal de las monarquías por donde purgan las inmundicias de la -paz y de la guerra; y el turco los permite por hacer mal a los -cristianos, los cristianos por hacer mal a los turcos, y ellos, por -poder hacer mal a unos y a otros, no son moros ni cristianos, y así -dijo uno dellos mismos en una ocasión de guerra, para animar a los -suyos contra los cristianos. ¡Ea, que antes fuisteis venecianos que -cristianos! Dejemos eso, y dime: «¿hay muchos golosos de valimientos -de los hombres del mundo?»—«Enfermedad es (dije yo) esa de que todos -los reinos son hospitales.» Y él replicó: «Antes casas de orates -entendí yo; mas según la relación que me haces, no me he de mover -de aquí. Mas quiero que tú les digas a esas bestias que en albarda -tienen la vanidad y ambi<span class="pagenum" id="Page_304">[p. -304]</span>ción, que los reyes y príncipes son azogue en todo. Lo -primero, el azogue, si le quieren apretar, se va; así sucede a los -que quieren tomarse con los reyes más mano<a id="FNanchor_616" -href="#Footnote_616" class="fnanchor">[616]</a> de lo que es razón. -El azogue no tiene quietud; así son los ánimos por la continua -mareta de negocios. Los que tratan y andan con el azogue, todos -andan temblando; así han de hacer los que tratan con los reyes, -temblar delante dellos de respeto y temor, porque si no, es fuerza -que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en España, -que es la postrera curiosidad que he de saber; que me quiero volver -a jigote, que me hallo mejor?» «Murió Filipo III», dije yo.—«Fué -santo rey y de virtud incomparable (dijo el nigromántico), según leí -yo en las estrellas pronosticado.»—«Reina Filipo IV días há», dije -yo.—«¿Eso pasa? (dijo). ¿Qué, ya ha dado el tercero cuarto para la -hora que yo esperaba?» Y diciendo y haciendo subió por la redoma, y -la trastornó y salió fuera. Iba diciendo y corriendo: «Más justicia -se ha de hacer ahora por un Cuarto que en otros tiempos por doce -millones.»</p> - -<p>Yo quise partir tras él, cuando me asió del brazo un muerto, -y dijo: «Déjale ir; que nos tenía con cuidado a todos; y cuando -vayas al otro mundo di que Agrages estuvo contigo, y que se -queja que le levantéis: <i>Agora lo veredes</i><a id="FNanchor_617" -href="#Footnote_617" class="fnanchor">[617]</a>. Yo soy Agra<span -class="pagenum" id="Page_305">[p. 305]</span>ges: mira bien que no he -dicho tal; que a mí no se me da nada que ahora ni nunca lo veáis; y -siempre andáis diciendo: <i>Agora lo veredes, dijo Agrages</i>. Sólo ahora -que a tí y al de la redoma os oí decir que reinaba Filipo IV, digo -que ahora lo veredes. Y pues soy Agrages, <i>agora lo veredes, dijo -Agrages</i>.»</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_14_5"> - <h3 title="El dómine Cabra">VIDA DEL BUSCÓN LLAMADO DON PABLOS</h3> - <p class="centra mt1">EJEMPLO DE VAGABUNDOS Y ESPEJO DE TACAÑOS</p> - <p class="hang mt2">El buscón cuenta cómo estuvo en pupilaje con un - compañero suyo de escuela, hijo de un notable segoviano.</p> -</div> - -<p>Determinó, pues, Don Alfonso de poner a su hijo en pupilaje: lo -uno por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado. -Supo que había en Segovia un licenciado Cabra, que tenía por oficio -de criar hijos de caballeros, y envió allá el suyo y a mí para -que le acompañase y sirviese. Entramos primer domingo después de -Cuaresma en poder de la hambre viva, porque tal laceria no<span -class="pagenum" id="Page_306">[p. 306]</span> admite encarecimiento. -El era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza -pequeña, pelo bermejo. No hay más que decir<a id="FNanchor_618" -href="#Footnote_618" class="fnanchor">[618]</a> para quien sabe -el refrán que dice, ni gato ni perro de aquella color. Los ojos -avecinados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos; tan -hundidos y escuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de -mercaderes; la nariz entre Roma y Francia...; las barbas descoloridas -de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que -amenazaba comérselas; los dientes le faltaban no sé cuántos, y pienso -que por holgazanos y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate -largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba -a buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las -manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de media abajo, -parecía tenedor, o compás con dos piernas largas y flacas; su andar -muy de espacio; si se descomponía algo, se sonaban los huesos como -tablillas de San Lázaro<a id="FNanchor_619" href="#Footnote_619" -class="fnanchor">[619]</a>; la habla ética; la barba grande, por -nunca se la cortar<a id="FNanchor_620" href="#Footnote_620" -class="fnanchor">[620]</a>, por no gastar; y él decía que era tanto -el asco que le daba ver las manos del barbero por su cara, que -antes se dejaría matar que tal permitiese;<span class="pagenum" -id="Page_307">[p. 307]</span> cortábale los cabellos un muchacho de -los otros. Traía un bonete los días de sol, ratonado con mil gateras, -y guarniciones de grasa; era de cosa que fué paño, con los fondos -de caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no -se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían -por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca -parecía negra, y desde lejos entre azul; llevábala sin ciñidor; no -traía cuello ni puños; parecía, con los cabellos largos y la sotana -mísera y corta, lacayuelo<a id="FNanchor_621" href="#Footnote_621" -class="fnanchor">[621]</a> de la muerte. Cada zapato podía ser -tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él: -conjuraba los ratones, de miedo que no le royesen algunos mendrugos -que guardaba; la cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado, -por no gastar las sábanas; al fin, era archipobre y protomiseria. -A poder, pues, déste vine y en su poder estuve con Don Diego, y la -noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una plática -corta, que por no gastar tiempo no duró más; díjonos lo que habíamos -de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora del comer; fuímos -allá: comían los amos primero, y servíamos los criados. El refitorio -era un aposento como un medio celemín; sustentábanse a una mesa hasta -cinco caba<span class="pagenum" id="Page_308">[p. 308]</span>lleros. -Yo miré lo primero por los gatos, y como no los vi, pregunté que cómo -no los había a un criado antiguo, el cual, de flaco, estaba ya con -la marca del pupilaje. Comenzó a enternecerse, y dijo: «¿Cómo gatos? -Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son amigos de ayunos y -penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois nuevo.»</p> - -<p>Yo con esto me comencé a afligir, y más me asusté cuando advertí -que todos los que de antes vivían en el pupilaje estaban como leznas, -con unas caras que parecían se afeitaban con diaquilón. Sentóse el -licenciado Cabra y echó la bendición; comieron una comida eterna, -sin principio ni fin; trajeron caldo en unas escudillas de madera, -tan claro, que en comer una dellas peligraba Narciso más que en la -fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado -tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra -a cada sorbo: «Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo -que dijeren; todo lo demás es vicio y gula.» Acabando de decillo, -echóse su escudilla a pechos<a id="FNanchor_622" href="#Footnote_622" -class="fnanchor">[622]</a>, diciendo: «Todo esto es salud y otro -tanto ingenio.» ¡Mal ingenio te acabe! decía yo entre mí, cuando -vi un mozo, medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en -las manos, que parecía la había quitado de sí mismo. Venía un nabo -aventurero a vueltas, y dijo el maestro: «¿Nabos hay? No hay para -mí<span class="pagenum" id="Page_309">[p. 309]</span> perdiz que se -le iguale: coman, que me huelgo de vellos comer.» Repartió a cada uno -tan poco carnero, que en lo que se les pegó a las uñas y se les quedó -entre los dientes pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas -las tripas de participantes. Cabra los miraba, y decía: «Coman, que -mozos son, y me huelgo de ver sus buenas ganas.» Mire vuesa merced -qué buen aliño para los que bostezaban de hambre.</p> - -<p>Acabaron de comer, y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en -el plato unos pellejos y unos güesos; y dijo el pupilero: «Quede -esto para los criados, que también han de comer; no lo queramos -todo.» ¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado, decía yo; -que tal amenaza has hecho a mis tripas! Echó la bendición, y dijo: -«Ea, demos lugar a los criados, y váyanse hasta las dos a hacer -ejercicio, no les haga mal lo que han comido.» Entonces yo no pude -tener la risa, abriendo toda la boca. Enojóse mucho, y díjome que -aprendiese modestia, y tres o cuatro sentencias viejas, y fuése. -Sentámonos nosotros; y yo, que vi el negocio mal parado, y que mis -tripas pedían justicia, como más cano y más fuerte que los otros, -arremetí al plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres -mendrugos los dos y el un<a id="FNanchor_623" href="#Footnote_623" -class="fnanchor">[623]</a> pellejo. Comenzaron los otros a gruñir; -al ruido entró Cabra diciendo: «Coman como hermanos, pues<span -class="pagenum" id="Page_310">[p. 310]</span> Dios les da con qué; -no riñan, que para todos hay.» Volvióse al sol y dejónos solos. -Certifico a vuesa merced que había uno dellos que se llamaba Surre, -vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía, que una -cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos, y entre tres no -la acertaba a encaminar de las manos a la boca.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_577"><span class="label"><a -href="#FNanchor_577">[577]</a></span> Alusión al pasaje de San Lucas, -I, 41. «et factum est, ut audivit salutationem Mariæ Elisabeth, -exultavit infans in utero ejus.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_578"><span class="label"><a -href="#FNanchor_578">[578]</a></span> La omisión de las conjunciones -convenientes da alguna oscuridad al razonamiento seguido en este -punto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_579"><span class="label"><a -href="#FNanchor_579">[579]</a></span> Este era el largo título -oficial aplicado a los reyes en tiempos de Quevedo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_580"><span class="label"><a -href="#FNanchor_580">[580]</a></span> «<i>Desvanecido</i>, el flaco de -cabeza, o el necio, loco presumido, o que da crédito a las lisonja.» -(Covarrubias.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_581"><span class="label"><a -href="#FNanchor_581">[581]</a></span> «La guarda del Rey o del -Príncipe, los que ciñen su persona cuando sale en público, y en -su palacio están en la antecámara.» (Covarrubias.) Esta acepción -no la da el Diccionario de la Academia a <i>Guarda</i>, sino sólo a -<i>Guardia</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_582"><span class="label"><a -href="#FNanchor_582">[582]</a></span> Aquí <i>el que</i> hace el doble -oficio de sujeto de <i>vea</i> y de complemento de <i>dejan</i>, en vez -de separar ambos poniendo <i>aquel</i> como sujeto <i>a quien</i> como -complemento.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_583"><span class="label"><a -href="#FNanchor_583">[583]</a></span> El plural <i>quienes</i> era muy -poco usado, aunque no faltan ejemplos desde la primera mitad del -siglo <small>XVI</small> (v. <span class="smcap">Cuervo</span>, -<i>Notas a Bello</i>, pág. 54).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_584"><span class="label"><a -href="#FNanchor_584">[584]</a></span> Véase atrás, <a -href="#Page_200">pág. 200</a>, <a href="#Footnote_416">n. 416</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_585"><span class="label"><a -href="#FNanchor_585">[585]</a></span> El sobreentenderse una vez -«<i>fui enemigo</i> de sus designios» y otra «<i>fui</i> tan favorecido» quita -claridad a estas elipsis.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_586"><span class="label"><a -href="#FNanchor_586">[586]</a></span> El sujeto de esta cláusula -absoluta debiera de ir expreso, pues no se adivina hasta que, pasada -la oración temporal: «luego que tomó las armas», se llega al verbo -principal «le perdoné.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_587"><span class="label"><a -href="#FNanchor_587">[587]</a></span> Confirmación a lo dicho en la -<a href="#Footnote_268">nota 268</a> de la <a href="#Page_121">pág. -121</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_588"><span class="label"><a -href="#FNanchor_588">[588]</a></span> Compárese lo dicho en la <a -href="#Page_203">pág. 203</a>, <a href="#Footnote_421">n. 421</a>, -respecto al verbo <i>declarar</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_589"><span class="label"><a -href="#FNanchor_589">[589]</a></span> El sujeto <i>padres</i> e <i>hijos</i> -refiérese a aquellos a quienes habla Bruto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_590"><span class="label"><a -href="#FNanchor_590">[590]</a></span> En el sentido de vedar, -impedir.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_591"><span class="label"><a -href="#FNanchor_591">[591]</a></span> Véase otra vez la <a -href="#Footnote_416">nota 416</a> de la <a href="#Page_200">pág. -200</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_592"><span class="label"><a -href="#FNanchor_592">[592]</a></span> Véase <a href="#Page_167">pág. -167</a>, <a href="#Footnote_352">nota 352</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_593"><span class="label"><a -href="#FNanchor_593">[593]</a></span> Hay mezcla de dos -construcciones; en una, <i>fácil</i> es calificativo de <i>puerta</i> y rige -al infinitivo <i>entrar</i> (tomado en sentido pasivo) mediante la -preposición <i>de</i>: «puerta fácil de entrar», como se dice «fácil de -entender» por «fácil de entenderse» o «de ser entendido», expresión -que en latín se haría por gerundio, «facilis ad intelligendum». En -la otra construcción, <i>fácil</i> está en sentido neutro, como predicado -del verbo tácito, cuyo sujeto es <i>entrar</i>: «puerta que era fácil -entrar por ella.» Tenemos, pues, la suma «<i>puerta fácil</i> de entrar» + -«<i>puerta por la que</i> era fácil entrar.» = «<i>puerta fácil</i> de entrar -<i>por ella</i>.» La construcción se complica luego por el hecho de que -el intransitivo <i>salir</i> no puede tomarse, como <i>entrar</i>, en sentido -pasivo. Como si dijéramos: «cosa buena de tratar» + «cosa acerca de -la que es bueno tratar» = «cosa buena de tratar, pero delicada de -insistir sobre ella.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_594"><span class="label"><a -href="#FNanchor_594">[594]</a></span> Envuelve su antecedente <i>tanto</i> -o <i>todo</i>, y va en neutro denotando la colectividad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_595"><span class="label"><a -href="#FNanchor_595">[595]</a></span> Adjetivo con sentido de -adverbio, como en latín <i>primus</i>, <i>a</i>, <i>um</i>, por el adverbio -<i>primum</i>. Véase atrás <a href="#Page_99">pág. 99</a>, <a -href="#Footnote_213">nota 213</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_596"><span class="label"><a -href="#FNanchor_596">[596]</a></span> <i>Marca</i> es la medida cierta -del tamaño ordinario que debe tener una cosa; «espadas de la marca», -«paños de marca»; hablando del papel se dice: «de marca menor», «de -marca mayor», designando ésta el que es de mayor tamaño que el otro, -para estampar mapas, láminas y libros grandes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_597"><span class="label"><a -href="#FNanchor_597">[597]</a></span> <i>Lo que</i> equivale a ‘lo mucho -que’, ‘el grado en que’. (<span class="smcap">Bello</span> <i>Gr.</i>, -§ 976.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_598"><span class="label"><a -href="#FNanchor_598">[598]</a></span> Considera en <i>ánimas</i> el -sentido de ‘hombres’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_599"><span class="label"><a -href="#FNanchor_599">[599]</a></span> <i>Por demás</i> equivale a ‘en -demasía, con exceso’; acepción que falta en el Diccionario académico. -Usaba también <i>además</i>, véase <a href="#Page_148">pág. 148</a>, -nota.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_600"><span class="label"><a -href="#FNanchor_600">[600]</a></span> «<i>Entre cuero y carne</i>, lo que -no penetra, sino que es casi superficial.» (Covarrubias.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_601"><span class="label"><a -href="#FNanchor_601">[601]</a></span> <i>Arder</i>, en el sentido -transitivo de ‘abrasar’ fué harto frecuente en los tiempos clásicos, -pero ya en el siglo pasado lo notaba de raro el Diccionario de -Autoridades. En el Diccionario vulgar tuvo la marca de anticuado -hasta la décima edición; en la undécima (1869) y duodécima (1884) -está rehabilitado (<span class="smcap">Cuervo</span>, <i>Dicc.</i>) El -mismo Quevedo dice:</p> - -<div class="poema mt05"><div class="stanza"> -<p class="i2">Ícaro en senda de oro mal segura</p> -<p class="i0">arde sus alas por morir glorioso.</p> -</div></div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_602"><span class="label"><a -href="#FNanchor_602">[602]</a></span> Tal vez equivale a ‘esforzó la -voz’ por más que parece raro este sentido transitivo de <i>salir</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_603"><span class="label"><a -href="#FNanchor_603">[603]</a></span> Cosa que se puede trocar <i>con</i> -otra (Nebrija). Trocar una cosa <i>por</i> otra (Covarrubias).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_604"><span class="label"><a -href="#FNanchor_604">[604]</a></span> El <i>se</i> es un reflexivo -impropio, en dativo, que se usa con ciertos transitivos para realzar -la parte que el sujeto toma en la acción, como: no sé lo que me -digo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_605"><span class="label"><a -href="#FNanchor_605">[605]</a></span> <i>Bullir</i> en el sentido de -‘moverse’, tiene uso reflexivo. Santa Teresa dice: «<i>no osa bullirse -ni menearse</i>.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_606"><span class="label"><a -href="#FNanchor_606">[606]</a></span> Usado en el sentido anticuado -de <i>aderezar</i> o guisar las viandas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_607"><span class="label"><a -href="#FNanchor_607">[607]</a></span> Don Enrique de Villena fué -nieto de Don Alonso, Marqués de Villena, primer condestable de -Castilla, y después Duque de Gandía, hijo del Infante Don Pedro de -Aragón. La madre de Don Enrique fue Doña Juana, hija bastarda del -Rey Don Enrique II; «Este Don Enrique fue inclinado a las ciencias -y artes mas que a la caballeria;... dexóse correr a algunas viles -o raeces artes de adivinar e interpretar sueños y esternudos y -señales, e otras cosas tales que ni a príncipe real, e menos a -católico cristiano convenían». Murió en Madrid, de cincuenta años, -a 15 de diciembre de 1434. Depositaron su cuerpo en el convento de -San Francisco. (<span class="smcap">Fernán Pérez de Guzmán</span> -<i>Generaciones y semblanzas</i>, capítulo XXVIII.) El vulgo supuso que -Don Enrique, por arte de nigromancia, se había hecho picar en jigote -y encerrar en una redoma para volver a segunda vida.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_608"><span class="label"><a -href="#FNanchor_608">[608]</a></span> Alude a la errada denominación -de Marqués de Villena que vulgarmente se aplica a Don Enrique. Un -manuscrito de este <i>Sueño</i> tiene esta variante: «Sabe, dijo, que -no fuí Marqués de Villena, que ese título me da la inociencia: -llamáronme Don Enrique de Villena, fuí Infante de Castilla; estudié y -escribí», etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_609"><span class="label"><a -href="#FNanchor_609">[609]</a></span> Quevedo usa mucho la voz <i>gato</i> -en su acepción de ‘ladrón ratero’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_610"><span class="label"><a -href="#FNanchor_610">[610]</a></span> Aclara este pasaje la variante -que ofrece un manuscrito: «sólo el dinero que va a Francia sana de -esos lamparones, porque el Rey de Francia no admite ginoveses». A los -reyes de Francia les atribuía el pueblo la milagrosa virtud de curar -los lamparones o escrófulas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_611"><span class="label"><a -href="#FNanchor_611">[611]</a></span> Esto es: «¿había de salir yo?» -Los verbos <i>haber</i> y <i>tener</i> alternan en su uso de auxiliares, pero -aquí es de notar la ausencia de la preposición <i>de</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_612"><span class="label"><a -href="#FNanchor_612">[612]</a></span> Anticuado, por <i>empréstito</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_613"><span class="label"><a -href="#FNanchor_613">[613]</a></span> Parece que toma la barba como -característica de los letrados: en esto debe fundarse el refrán: -<i>callen barbas y hablen cartas</i>. De la gorra dice Covarrubias: -«Llamaron medias gorras aquellas cuya faldilla caía derecha la mitad, -y cubría el pestorejo, y las orejas, y con una toquilla que formaba -una rosa en medio de la coronilla y ésta era cobertura de letrados -y consejeros de los Reyes. Esto está ya mudado, porque empezaron a -levantar un pedazo de la copa de la gorra..., luego la empinaron -toda, de suerte que della al sombrero hay poca diferencia.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_614"><span class="label"><a -href="#FNanchor_614">[614]</a></span> En el sentido anticuado de -‘<i>juez</i>’.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_615"><span class="label"><a -href="#FNanchor_615">[615]</a></span> Alude a la fundación de -Venecia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_616"><span class="label"><a -href="#FNanchor_616">[616]</a></span> Tener mano con uno, tener poder -y valimiento con él.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_617"><span class="label"><a -href="#FNanchor_617">[617]</a></span> Agrages, sobrino de la Reina -Elisena, madre de Amadis de Gaula e hijo del Rey Languines, es -uno de los héroes del famoso libro de <i>Amadis</i>, cuya lectura, muy -común entre próceres e hidalgos en los siglos <small>XV</small> y -<small>XVI</small>, llevó al público el adagio en fórmula de amenaza -que se ridiculiza en este lugar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_618"><span class="label"><a -href="#FNanchor_618">[618]</a></span> <span -class="smcap">Covarrubias</span> dice: «Son temidos los bermejos por -cautelosos y astutos, como lo insinua Marcial... Y bermegía vale -tanto como agudeza maliciosa extraordinaria y perjudicial.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_619"><span class="label"><a -href="#FNanchor_619">[619]</a></span> Los lazarinos, que padecían la -lepra llamada mal de San Lázaro, pedían limosna, haciendo ruido con -unas tablillas o tejuelas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_620"><span class="label"><a -href="#FNanchor_620">[620]</a></span> Véase atrás, <a -href="#Page_173">pág. 173</a>, <a href="#Footnote_364">n. 364</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_621"><span class="label"><a -href="#FNanchor_621">[621]</a></span> «<i>Lacayo</i>, el mozo de espuelas -que va delante del señor cuando va a caballo. Es vocablo alemán -introducido en España por la venida del rey Filipo, que antes no se -había usado.» <span class="smcap">Covarrubias.</span></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_622"><span class="label"><a -href="#FNanchor_622">[622]</a></span> «Echarse un -cántaro de agua a pechos, beber con mucha sed.» <span -class="smcap">Covarrubias.</span></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_623"><span class="label"><a -href="#FNanchor_623">[623]</a></span> En estas fórmulas partitivas se -suprime hoy el artículo ante el numeral.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_15"> - <p><span class="pagenum" id="Page_311">[p. 311]</span></p> - <h2 title="El P. Baltasar Gracián" - class="nobreak">EL P. BALTASAR GRACIÁN<br /> - <small>(† 1658)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Publicó en 1650, con el nombre de Lorenzo Gracián, la primera -parte de su novela filosófica <i>El Criticón</i>, y en 1653, la segunda. -<i>El Discreto</i>, colección de retratos morales, apareció en 1646.</p> - -<p>Este profundo escritor, diestro conocedor de la naturaleza humana, -tan gustado por los filósofos y moralistas franceses y alemanes en -los siglos <small>XVII</small> y <small>XVIII</small>, pertenece, por -su estilo, a la escuela de Quevedo, de quien era gran admirador. Era, -como dice Menéndez y Pelayo, «talento de estilista de primer orden, -maleado por la decadencia literaria; pero, así y todo, el segundo de -aquel siglo en originalidad de invenciones fantástico-alegóricas, en -estro satírico, en alcance moral, en bizarría de expresiones nuevas -y pintorescas, en <i>humorismo</i> profundo y de ley...; el que quiera -hacerse dueño de las inagotables riquezas de nuestra lengua, tiene -todavía mucho que aprender en <i>El Criticón</i>, aun después de haber -leído a Quevedo».</p> - -<p>Es quizá el escritor más conciso de nuestra literatura. Su -laconismo es casi siempre de admirar; lo profesaba como una de las -principales reglas de su estilo: <i>lo bueno, si breve, dos veces -bueno; más obran quintas esencias que fárragos</i>; por esto sus -obras brillan principalmente en la abundancia de máximas morales, -animadas por un espíritu de<span class="pagenum" id="Page_312">[p. -312]</span> profunda observación. Pero cayó en las exageraciones -de todos los conceptistas, mirando como única fuente de belleza -el concepto agudo, variado de mil artificiosas maneras: «Son -los conceptos, escribía, vida del estilo, espíritu del decir, y -tanto tienen de perfección cuanto de sutileza. Hase de procurar -que las <i>proposiciones</i> hermoseen el estilo, los <i>misterios</i> le -hagan preñado, las <i>alusiones</i> disimulado, los <i>empeños</i> picante, -las <i>ironías</i> le den sal, las <i>crisis</i> hiel, las <i>paranomasias</i> -donaire, las <i>sentencias</i> gravedad, las <i>semejanzas</i> lo fecunden y -las <i>paridades</i> lo realcen; pero todo esto con un grano de acierto: -que todo lo sazona la cordura.» Esta le faltó a menudo, haciéndole -caer en los extremos del ingenio y dando a su expresión oscuridad -enigmática.</p> - -<p>Lo mismo que Quevedo, maneja el lenguaje con gran libertad, -empleando compuestos y derivados nuevos, y en sus obras se hallarán -palabras desusadas en el siglo <small>XVI</small>, principalmente -abstractas, que los culteranos y conceptistas introducían entonces -en la lengua para la expresión desembarazada de pensamientos -generales. Como ejemplo pueden recordarse: <i>reagudo</i> ‘el que se -pasa de listo’, <i>conrey</i>, <i>conreynar</i> ‘conregnare’, <i>improporción</i>, -<i>incomprensibilidad</i>, <i>exorbitancia</i>, <i>desautorizado</i>, <i>integérrimo</i>, -etc.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_15_1"> - <h3 title="No estar siempre de burlas">EL DISCRETO</h3> - <p class="centra mt2">NO ESTAR SIEMPRE DE BURLAS. SÁTIRA.</p> -</div> - -<p>Es muy seria la prudencia, y la gravedad concilia veneración de -dos extremos; más seguro es el genio majestuoso. El que siempre está -de bur<span class="pagenum" id="Page_313">[p. 313]</span>las nunca -es hombre de veras, y hay algunos que siempre lo están, tiénenlo por -ventaja de discreción y le afectan; que no hay monstruosidad sin -padrino; pero no hay mayor desaire que el continuo donaire. Su rato -han de tener las burlas; todos los demás las veras. El mismo nombre -de sales está avisando cómo se han de usar. Hase de hacer distinción -de tiempos, y mucho más de personas. El burlarse con otro es tratarle -de inferior, y a lo más, de igual, pues se le aja el decoro y se le -niega la veneración.</p> - -<p>Estos tales nunca se sabe cuándo hablan de veras, y así los -igualamos con los mentirosos, no dándoles crédito a los unos por -recelo de mentira, y a los otros de burla. Nunca hablan en juicio, -que es tanto como no tenerle, y más culpable, porque no usar de él -por no querer, más es que por no poder, y así no se diferencia de los -faltos sino en ser voluntarios, que es doblada monstruosidad. Obra en -ellos la liviandad lo que en los otros el defecto; un mismo ejercicio -tienen, que es entretener y hacer reír, unos de propósito, otros sin -él.</p> - -<p>Otro género hay aún más enfadoso por lo que tiene de perjudicial, -y es de aquellos que en todo tiempo y con todos están de fisga. -Aborrecibles monstruos, de quienes huyen todos más que del bruto -de Esopo, que cortejaba a coces y lisonjeaba a bocados. Entre -fisga y gracia van glosando la conversación, y lo que ellos tienen -por punto de galantería es un verdadero desprecio de lo que<span -class="pagenum" id="Page_314">[p. 314]</span> los otros dicen, y no -sólo no es graciosidad, sino una aborrecible frialdad. Lo que ellos -presumen de gracia es un prodigioso enfado de los que tercian. Poco -a poco se van empeñando hasta ser murmuradores cara a cara. Por -decir una gracia os dirán un convicio, y éstos son de quien Cicerón -abominaba, que por decir un dicho pierden un amigo o lo entibian; -ganan fama de decidores y pierden el crédito de prudentes. Pásase el -gusto del chiste y queda la pena del arrepentimiento: lloran por lo -que hicieron reír. Estos no se ahorran, ni con el más amigo ni con el -más compuesto, y es notable que jamás se les ofrece la prontitud en -favor, sino en sátira; tienen siniestro el ingenio.</p> - -<p>Este, con otros defectos infelices, nace de poca sustancia y -acompaña la liviandad. En hombres de gran puesto se censuran más, y, -aunque los hace en algún modo gratos al vulgo por la llaneza, pone a -peligro el decoro con la felicidad; que como ellos no la guardan a -los otros, ocasionan el recíproco atrevimiento.</p> - -<p>Es connatural en algunos el donoso genio. Dotóles de esta gracia -la naturaleza, y si con la cordura se templase, sería prenda, y -no defecto. Un grano de donosidad es plausible realce en el más -autorizado; pero dejarse vencer de la inclinación en todo tiempo es -venir a parar en hombre de dar gusto por oficio, sazonador de dichos -y aparejador de la risa; si en una cómica novela se condena por -impropiedad el introducirse siempre chanceando a Davo, y que entre -lo grave de la<span class="pagenum" id="Page_315">[p. 315]</span> -enseñanza o lo serio de la reprensión del padre al hijo mezcle él su -gracejo, ¿qué será, sin ser Davo, en una grave conversación estar -chanceando? Será hacer farsa con risa de sí mismo.</p> - -<p>Hay algunos que, aunque le pese a Minerva, afectan la graciosidad, -y como en ellos es postiza, ocasiona antes enfado que gusto, y si -consiguen el hacer reír, más es fisga de su frialdad que agrado de -su donaire. Siempre la afectación fué enfadosa, pero en el gracejo, -intolerable, porque sumamente enfada, y queriendo hacer reír, -queda ella por ridícula, y si comúnmente viven desacreditados los -graciosos, ¿cuánto más los afectados, pues con su frialdad doblan el -precio?</p> - -<p>Hay donosos y hay burlescos, que es mucha la diferencia. El varón -discreto juega también en esta pieza del donaire, no la afecta, y -esto en su sazón; déjase caer como al descuido un grano de esta sal, -que se estimó más que una perla, raras veces, haciéndole salva a la -cordura y pidiéndole al decoro la venia. Mucho vale una gracia en su -ocasión. Suele ser el atajo del desempeño. Sazonó esta sal muchos -desaires. Cosas hay que se han de tomar de burlas, y tal vez las que -el otro más de veras. Único arbitrio de cordura, hacen juego del más -encendido fuego.</p> - -<p>Pesado es el extremo de los muy serios, y poco plausible Catón con -su bando, pero venerado; rígida será la de los compuestos y cuerdos; -pocos la siguen, muchos la reverencian, y aunque causa la gravedad -pesadumbre, pero no desprecio.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_316">[p. 316]</span></p> - -<p>Que es de ver uno de estos destemplados de agudeza, siniestros de -ingenio, chancear aún en la misma muerte; que si los sabios mueren -como cisnes, éstos como grajos, gracejando mal y porfiando. De esta -suerte un Carvajal mostró cuán rematada había sido su vida.</p> - -<p>Los hombres cuerdos y prudentes siempre hicieron muy poca -merced a las gracias, y una sola bastaba para perder la real del -Católico prudente. Súfrense mejor unos a otros los necios, o porque -no advierten o porque se semejan. Mas el varón prudente no puede -violentarse, si no es que tercie la dependencia.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_15_2"> - <h3 title="Fragmento de El Criticón">EL CRITICÓN</h3> - <p class="centra mt2">PARTE I, CRISI VI</p> - <p class="hang mt1">Visitando Critilo y Andrenio el mundo, buscan en vano, - como Diógenes, algún hombre. Sátira de la que abandonan toda - aspiración práctica por entregarse a ilusiones exageradas y vanas.</p> -</div> - -<p>En busca iban de los hombres, sin poder descubrir uno, cuando -al cabo de rato y cansancio toparon con medio, un medio hombre -y medio fiera; holgóse tanto Critilo cuanto se inmutó Andrenio, -preguntando: «¿Qué monstruo es éste tan extraño?»—«No temas, -respondió Critilo, que éste es más hombre que los mismos, éste es -el<span class="pagenum" id="Page_317">[p. 317]</span> maestro de -los reyes y el rey de los maestros, éste es el sabio Quirón. ¡Oh, -qué bien nos viene y cuán a la ocasión! Pues él nos guiará en esta -primera entrada del mundo, y nos enseñará a vivir, que importa -mucho a los principios.» Fuése para él saludándole, y correspondió -el Centauro con doblada humanidad; díjole como iban en busca de -los hombres, y que después de haber dado cien vueltas, no habían -podido hallar uno tan sólo».—«No me espanto, dijo él, que no es -éste siglo de hombres, digo, aquellos famosos de otros tiempos. -¿Qué, pensabais hallar ahora un don Alonso el Magnánimo, en Italia; -un Gran Capitán, en España; un Enrico IV, en Francia, haciendo -corona de su espada y de sus guarniciones lises? Ya no hay tales -héroes en el mundo, ni aun memoria dellos.»—«¿No se van haciendo?», -replicó Andrenio.—«No llevan traza, y para luego es tarde; pues -de verdad que ocasiones no han faltado.»—«¿Cómo no se han hecho, -preguntó Critilo?»—«Porque se han deshecho; hay mucho que decir en -ese punto, ponderó el Quirón; unos lo quieren ser todo, y al cabo -son menos que nada; valiera más no hubieran sido. Dicen también que -corta mucho la envidia con las tijerillas de Tomeras. Pero yo digo -que ni es eso ni esotro, sino que mientras el vicio prevalezca, no -campeará la virtud, y sin ella no puede haber grandeza heroica. -Creedme que esta Venus tiene arrinconadas a Belona y a Minerva en -todas partes, y no trata ella sino con viles herreros, que todo lo -tiznan y<span class="pagenum" id="Page_318">[p. 318]</span> todo -lo yerran. Al fin no nos cansemos, que él no es siglo de hombres -eminentes, ni en las armas, ni en las letras. Pero decidme, ¿dónde -los habéis buscado?» Y Critilo: «¿dónde los habemos de buscar sino -en la tierra? ¿No es ésta su patria y su centro?»—«Qué bueno es eso, -dijo el Centauro; ¡mirá cómo los habíais de hallar! No los habéis de -buscar ya en todo el mundo, que ya han mudado de hito; nunca está -quieto el hombre, con nada se contenta.»—«Pues menos los hallaremos -en el cielo», dijo Andrenio.—«Menos, que no están ya ni en cielo -ni en tierra.»—«Pues ¿dónde los habemos de buscar?»—«Dónde? En el -aire.»—«¿En el aire?»—«Sí, que allí se han fabricado castillos -en el aire, torres de viento donde están muy encastillados, sin -querer salir de su quimera.»—«Según eso, dijo Critilo, todas sus -torres vendrán a ser de confusión, y por no ser Ianos de prudencia, -les picarán las cigüeñas manuales, señalándolos con el dedo, y -diciendo: ¿éste no es aquel hijo de aquel otro? De suerte que con -lo que ellos echaron a las espaldas los demás les darán en el -rostro.»—«Otros muchos, prosiguió el Quirón, se han subido a las -nubes, y aun hay quien, no levantándose del polvo, pretende tocar -con la cabeza en las estrellas. Paséanse no pocos por los espacios -imaginarios, camaranchones de su presunción. Pero la mayor parte -hallaréis acullá sobre el cuerno de la luna, y aun pretenden subir -más alto, si pudieran.»—«Tiene razón, voceó Andrenio, acullá están, -allá los veo,<span class="pagenum" id="Page_319">[p. 319]</span> -y aun allí andan empinándose, tropezando unos y cayendo otros, -según las mudanzas suyas y de aquel planeta, que ya les hace una -cara y ya otra, y aun ellos también no cesan entre sí de armarse -zancadillas, cayendo todos con más daño que escarmiento.»—«¡Hay -tal locura!, repetía Critilo. ¿No es la tierra su lugar propio del -hombre, su principio y su fin? ¿No les fuera mejor conservarse en -este medio, y no querer encaramarse con tan evidente riesgo? ¿Hay tal -disparate?»—«Sí, lo es grande, dijo el semihombre, materia de harta -lástima para unos y de risa para otro, ver que el que ayer no se -levantaba de la tierra ya le parece poco un palacio, ya habla sobre -el hombro el que ayer llevaba la carga en él; el que nació entre -las malvas pide los artesones de cedro; el desconocido de todos hoy -desconoce a todos; el hijo tiene el puntillo de los muchos que dió su -padre; el que ayer no tenía para pasteles asquea el faisán; blasona -de linajes el de conocido solar, el vos es señoría; todos pretenden -subir y ponerse sobre los cuernos de la luna, más peligrosos que los -de un toro, pues estando fuera de su lugar, es forzoso dar abajo con -ejemplar infamia.»</p> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_16"> - <p><span class="pagenum" id="Page_320">[p. 320]</span></p> - <h2 title="Don Francisco Manuel de Melo" - class="nobreak">D. FRANCISCO MANUEL DE MELO<br /> - <small>(1611-1667)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>Publicó el año de 1645 su <i>Historia de los movimientos y -separación de Cataluña, y de la guerra entre la Majestad Católica de -Don Felipe el IV y la Diputación General de aquel Principado</i>.</p> - -<p>Aunque Melo era natural de Lisboa, su lenguaje es castizo y -elegante castellano, modelo en la expresión feliz y acertada. -Multitud de portugueses de los siglos <small>XVI</small> y -<small>XVII</small> miraban como suya propia a nuestra lengua.</p> - -<p>La dicción de Melo, breve, cortada y aforística, recuerda al tan -imitado Mendoza, que es su modelo; también, como éste, se inspira en -Tácito, de quien copia el corte general de su Prólogo. Pero no queda, -como Moncada, restringido a estos modelos antiguos; Melo pertenece -de lleno, por su estilo, al gusto del siglo <small>XVII</small>, -y es un imitador de Quevedo; aunque esto se ve más en sus otras -obras (<i>Las tres musas</i>, <i>Política militar</i>, <i>Eco político</i>), -también resalta en la <i>Guerra de Cataluña</i>, donde abundan las frases -henchidas de pensamientos agudos y profundos, las metáforas audaces e -ingeniosas.</p> - -<p>En el arte de la historiografía, representa una tendencia -más decidida a retratar con superior vi<span class="pagenum" -id="Page_321">[p. 321]</span>veza y realidad los hechos de que -había sido testigo presencial, y, sobre todo, a caracterizar los -personajes, ayudándose para esto hasta de las arengas, que en -la pluma de otros historiadores no servían sino de mero adorno -retórico: «Procuro no faltar a la imitación de los sujetos cuando -hablo por ellos, ni a la semejanza cuando hablo de ellos; en -inquirir y retratar afectos, pocos han sido más cuidadosos; si lo -he conseguido, dicha ha sido de la experiencia que tuve de casi -todos los hombres de que trato; he deseado mostrar sus ánimos, no -los vestidos de seda, lana o pieles, sobre que tanto se desveló -un historiador grande de estos años, estimado en el mundo.» Pero -entiéndase que esta mayor profundidad a que aspira Melo, no va -guiada hacia un fin científico de exactitud, sino hacia un ideal -puramente literario, deseando con ese análisis de caracteres dar más -interés dramático a su historia; por lo demás, para lograr efectos -artísticos, calla la verdad o la violenta sin escrúpulo, como hacían -todos los historiadores a la manera clásica; por ejemplo: Melo, -buscando el interés para su relato, puso artificiosamente como -primer estallido de la revolución el tumulto que ensangrentó las -calles de Barcelona el día del Corpus de 1640, con cuya descripción -formó una de las páginas más hermosas de su obra, de la que aquí -incluímos un extracto, y, sin embargo, para concertar en ella el -efecto, hubo de callarse que hacía ya treinta y siete días que los -disturbios habían comenzado<a id="FNanchor_624" href="#Footnote_624" -class="fnanchor">[624]</a>.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_16_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_322">[p. 322]</span></p> - <h3 title="Muerte del Marqués de Santa Coloma">HISTORIA DE LA GUERRA - DE CATALUÑA</h3> - <p class="centra mt2">LIBRO I, PÁRRAFOS 79 A 99</p> - <p class="centra mt1">Estalla la revolución en Barcelona el 7 de junio - de 1640</p> -</div> - -<p>Había entrado el mes de junio, en el cual, por uso antiguo de -la provincia, acostumbran bajar de toda la montaña hacia Barcelona -muchos segadores, la mayor parte hombres disolutos y atrevidos que -lo más del año viven desordenadamente, sin casa, oficio o habitación -cierta; causan de ordinario movimientos e inquietud en los lugares -donde los reciben; pero la necesidad precisa de su trato, no -consiente que se les prohiba; temían las personas de buen ánimo su -llegada, juzgando que las materias presentes podrían dar ocasión a su -atrevimiento en perjuicio del sosiego público.</p> - -<p>Entraban, comúnmente, los segadores en vísperas del Corpus, y se -habían anticipado aquel año algunos; también su multitud, superior a -los pasados, daba más que pensar a los cuerdos, y con mayor cuidado -por las observaciones que se hacían de sus ruines pensamientos.</p> - -<p>El de Santa Coloma, avisado de esta novedad, procuró, -previniéndola, estorbar el daño que ya antevía: comunicólo a la -ciudad, diciendo le parecía conveniente a su devoción y festividad -que los<span class="pagenum" id="Page_323">[p. 323]</span> -segadores fuesen detenidos, porque con su número no tomase algún mal -propósito el pueblo, que ya andaba inquieto; pero los conselleres -de Barcelona (así llaman los ministros de su magistrado; consta de -cinco personas), que casi se lisonjeaban de la libertad del pueblo, -juzgando de su estruendo habría de ser la voz que más constante -votase el remedio de su república, se excusaron con que los segadores -eran hombres llanos y necesarios al manejo de las cosechas; que el -cerrar las puertas de la ciudad, causaría mayor turbación y tristeza; -que quizá su multitud no se acomodaría a obedecer la simple orden -de un pregón. Intentaban con esto poner espanto al Virey para que -se templase en la dureza con que procedía; por otra parte, deseaban -justificar su intención por cualquier suceso.</p> - -<p>Pero el Santa Coloma ya imperiosamente les mostró con claridad -la peligrosa confusión que los aguardaba en recibir tales hombres; -empero volvió el magistrado por segunda respuesta que ellos no se -atrevían a mostrar a sus naturales tal desconfianza; que reconocían -parte de los efectos de aquel recelo; que mandaban armar algunas -compañías de la ciudad para tenerla sosegada; que donde su flaqueza -no alcanzase, supliese la gran autoridad de su oficio, pues a su -poder tocaba hacer ejecutar los remedios que ellos sólo podían -pensar y ofrecer. Estas razones detuvieron al conde, no juzgando por -conveniente rogarles con lo que no podía hacerles obedecer, o también -por<span class="pagenum" id="Page_324">[p. 324]</span>que ellos no -entendiesen eran tan poderosos, que su peligro o su remedio podía -estar en sus manos.</p> - -<p>Amaneció el día en que la Iglesia católica celebra la institución -del Santísimo Sacramento del altar; fué aquel año el 7 de junio; -continuóse por toda la mañana la temida entrada de los segadores. -Afirman que hasta dos mil, que con los anticipados hacían más de -dos mil y quinientos hombres, algunos de conocido escándalo; dícese -que muchos, a la prevención y armas ordinarias, añadieron aquella -vez otras, como que advertidamente fuesen venidos para algún hecho -grande.</p> - -<p>Entraban y discurrían por la ciudad; no había por todas sus calles -y plazas sino corrillos y conversaciones de vecinos y segadores; en -todos se discurría sobre los negocios entre el rey y la provincia, -sobre la violencia del Virey, sobre la prisión del diputado y -concejeros, sobre los intentos de Castilla y, últimamente, sobre -la libertad de los soldados; después, ya encendidos de su enojo -paseaban llenos de silencio por las plazas, y el furor oprimido de -la duda forcejaba por salir, asomándose a los efectos, que todos -se reconocían rabiosos e impacientes; si topaban algún castellano, -sin respetar su hábito o puesto, lo miraban con mofa y descortesía, -deseando incitarlos al ruido; no había demostración que no prometiese -un miserable suceso...</p> - -<p>Señalábase entre todos los sediciosos uno de los segadores, -hombre facineroso y terrible, al cual queriendo prender, por -haberle conocido, un mi<span class="pagenum" id="Page_325">[p. -325]</span>nistro inferior de la justicia, hechura y oficial del -Monredón (de quien hemos dicho), resultó desta contienda ruido entre -los dos; quedó herido el segador, a quien ya socorría gran parte de -los suyos. Esforzábase más y más uno y otro partido, empero siempre -ventajoso el de los segadores. Entonces algunos de los soldados -de milicia que guardaban el palacio del Virey, tiraron hacia el -tumulto, dando a todos más ocasión de remedio. A este tiempo rompían -furiosamente en gritos: unos pedían venganzas; otros, más ambiciosos, -apellidaban la libertad de la patria; aquí se oía: «¡Viva Cataluña -y los catalanes!» Allí otros clamaban: «¡Muera el mal gobierno de -Felipe!» Formidables resonaron la primera vez estas cláusulas en -los recatados oídos de los prudentes; casi todos los que no las -ministraban las oían con temor, y los más no quisieran haberlas oído. -La duda, el espanto, el peligro, la confusión, todo era uno; para -todo había su acción, y en cada cual cabían tan diferentes efectos; -sólo los ministros reales y los de la guerra lo esperaban, iguales en -el celo. Todos aguardaban por instantes la muerte (el vulgo furioso, -pocas veces para sino en sangre); muchos, sin contener su enojo, -servían de pregón al furor de otros; éste gritaba cuando aquél hería, -y éste, con las voces de aquél, se enfurecía de nuevo. Infamaban los -españoles con enormísimos nombres; buscábanlos con ansia y cuidado, -y el que descubría y mataba, ese era tenido por valiente, fiel y -dichoso.</p> - -<p>Las milicias armadas, con pretexto de sosiego,<span -class="pagenum" id="Page_326">[p. 326]</span> o fuese orden del conde -o sólo de la ciudad, siempre encaminada a la quietud, los mismos que -en ellas debían servir a la paz, ministraban el tumulto.</p> - -<p>Porfiaban otras bandas de segadores, esforzados ya de muchos -naturales, en ceñir la casa del Santa Coloma; entonces los diputados -de la General, con los conselleres de la ciudad, acudieron a su -palacio; diligencia que más ayudó la confusión del conde, de lo que -pudo socorrérsela; allí se puso en plática saliese de Barcelona -con toda brevedad, porque las cosas no estaban ya de suerte que -accidentalmente pudiesen remediarse; facilitábanle con el ejemplo de -don Hugo de Moncada, en Palermo, que, por no perder la ciudad, la -dejó, pasándose a Mesina. Dos galeras genovesas en el muelle, daban -todavía esperanza de salvación. Escuchábalo Santa Coloma, pero con -ánimo tan turbado, que el juicio ya no alcanzaba a distinguir el -yerro del acierto. Cobróse y resolvió despedir de su presencia casi -todos los que le acompañaban, o fuese que no se atrevió a decirles -de otra suerte que escapasen las vidas, o que no quiso hallarse con -tantos testigos a la ejecución de su retirada. En fin, se excusó a -los que le aconsejaban su remedio, con peligro, no sólo de Barcelona, -sino de toda la provincia; juzgaba la partida indecente a su -dignidad; ofrecía en su corazón la vida por el real decoro; de esta -suerte, firme en no desamparar su mando, se dispuso a aguardar todos -los trances de su fortuna.</p> - -<p>Del ánimo del magistrado no haremos discurso<span class="pagenum" -id="Page_327">[p. 327]</span> en esta acción, porque ahora el temor, -ahora el artificio, le hacían que ya obrase conforme a la razón, -ya que disimulase, según la conveniencia. Afírmase por sin duda -que ellos jamás llegaron a pensar tanto del vulgo, habiendo mirado -apaciblemente sus primeras demostraciones.</p> - -<p>No cesaba el miserable Virey en su oficio, como el que con el remo -en la mano piensa que por su trabajo ha de llegar al puerto; miraba y -revolvía en su imaginación los daños, y procuraba su remedio; aquel -último esfuerzo de su actividad estaba enseñando ser el fin de sus -acciones.</p> - -<p>Recogido a su aposento, escribía y ordenaba; pero ni sus -papeles ni sus voces hallaban reconocimiento u obediencia. Los -ministros reales deseaban que su nombre fuese olvidado de todos; no -podían servir en nada; los provinciales ni querían mandar, menos -obedecer.</p> - -<p>Intentó por última diligencia satisfacer su queja al pueblo, -dejando en su mano el remedio de las cosas públicas, que ellos ya -no agradecían, porque ninguno se obliga ni quiere deber a otro lo -que se puede obrar por sí mismo; empero ni para justificarse pudo -hallar forma de hacer notoria su voluntad a los inquietos, porque las -revoluciones interiores, a imitación del cuerpo humano, habían de -tal suerte desconcertado los órganos de la república, que ya ningún -miembro de ella acudía a su movimiento y oficio.</p> - -<p>A vista de este desengaño se dejó vencer de la consideración -y deseo de salvar la vida, recono<span class="pagenum" -id="Page_328">[p. 328]</span>ciendo últimamente lo poco que podía -servir a la ciudad su asistencia, pues antes el dejarla se encaminaba -a la lisonja o a remedio acomodado a su furor. Intentólo, pero ya -no le fué posible, porque los que ocupaban la tarazana y baluarte -del mar, a cañonazos habían hecho apartar la una galera, y no menos -porque para salir a buscarla a la marina era fuerza pasar descubierto -a las bocas de sus arcabuces. Volvióse, seguido ya de pocos, a tiempo -que los sediciosos a fuerza de armas atropellaban las puertas; -los que las defendían, entendiendo la causa del tumulto, unos les -seguían, otros no lo estorbaban.</p> - -<p>A este tiempo vagaba por la ciudad un confusísimo rumor de armas -y voces; cada casa representaba un espectáculo; muchas se ardían, -muchas se arruinaban, a todas se perdía el respeto y se atrevía a la -furia; olvidábase el sagrado de los templos; la clausura e inmunidad -de las religiones fué patente al atrevimiento de los homicidas; -hallábanse hombres despedazados sin examinar otra culpa que su -nación; aun los naturales eran oprimidos por crimen de traidores: -así infamaban aquel día a la piedad, si alguno abría sus puertas -al afligido o las cerraba al furioso. Fueron rotas las cárceles, -cobrando no sólo la libertad, mas autoridad los delincuentes.</p> - -<p>Había el Conde ya reconocido su postrer riesgo, oyendo las voces -de los que le buscaban pidiendo su vida; y depuestas entonces las -obligaciones de grande, se dejó llevar fácilmente de los afectos -de<span class="pagenum" id="Page_329">[p. 329]</span> hombre; -procuró todos los medios de salvación, y volvió a proseguir en el -primer intento de embarcarse; salió segunda vez a la lengua del -agua, empero como el aprieto fuese grande y mayor el peso de las -aflicciones, mandó se adelantase su hijo con pocos que le seguían, -porque llegando al esquife de la galera, que no sin gran peligro los -aguardaba, hiciese como lo esperase también; no quiso aventurar la -vida del hijo, porque no confiaba tanto de su fortuna. Adelantóse -el mozo, y alcanzando la embarcación, no le fué posible detenerla -(tanta era la furia con que procuraban desde la ciudad su ruina); -navegó la galera, que le aguardaba fuera de la batería. Quedóse el -Conde mirándola con lágrimas, disculpables en un hombre que se veía -desamparado a un tiempo del hijo y de las esperanzas; pero ya cierto -de su perdición, volvió con vagorosos pasos por la orilla opuesta a -las peñas que llaman de San Beltrán, camino de Monjuich.</p> - -<p>A esta sazón, entrada su casa y pública su ausencia, le buscaban -rabiosamente por todas partes, como si su muerte fuese la corona de -aquella victoria; todos sus pasos reconocían los de la tarazana: los -muchos ojos que lo miraban caminando como verdaderamente a la muerte, -hicieron que no pudiese ocultarse a los que le seguían. Era grande -la calor del día, superior la congoja, seguro el peligro, viva la -imaginación de su afrenta; estaba sobre todo firmada la sentencia -en el tribunal infalible; cayó en tierra cubierto de un mor<span -class="pagenum" id="Page_330">[p. 330]</span>tal desmayo, donde -siendo hallado por algunos de los que furiosamente le buscaban, fué -muerto de cinco heridas en el pecho.</p> - -<p>Así acabó su vida don Dalmau de Queralt, conde de Santa Coloma, -dando famoso desengaño a la ambición y soberbia de los humanos, -pues aquel mismo hombre, en aquella región misma, casi en un tiempo -propio, una vez sirvió de envidia, otra de lástima. ¡Oh grandes, -que os parece nacisteis naturales al imperio! ¿Qué importa, si no -dura más de la vida, y siempre la violencia del mando os arrastra -tempranamente al precipicio?</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTA</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_624"><span class="label"><a -href="#FNanchor_624">[624]</a></span> <span class="smcap">Don -Celestino Pujol y Camps</span>, en su <i>Discurso</i> de entrada en la -Academia de la Historia, Madrid 1886, estudia los diversos puntos en -que Melo violentó la verdad de los hechos.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_17"> - <p><span class="pagenum" id="Page_331">[p. 331]</span></p> - <h2 title="Don Gaspar Melchor de Jovellanos" - class="nobreak">DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS<br /> - <small>(1744-1811)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>La <i>Memoria en defensa de la Junta Central</i> fué escrita un año -antes de la muerte del autor.</p> - -<p>El siglo <small>XVIII</small> es de gran decadencia de la prosa. -Apenas se empleaba ésta más que en la exposición doctrinal y en la -controversia; abundan los investigadores de la historia, Berganza, -Flórez, Masdeu, Mayans; pero si sus escritos están muy llenos de -crítica, carecen de estilo, y la historia como arte no se escribe -hasta Quintana; la novela no tiene otra manifestación notable que -el <i>Fray Gerundio</i> del Padre Isla; en fin, apenas se hallarán sino -dos maneras de prosa: la didáctica y la polémica. A consecuencia de -esta pobreza de vida literaria, los buenos escritores de este siglo -encontraban una gran dificultad en su camino; pues lejos de disponer -de una lengua artística favorable, la hallaron estragadísima, -teniendo que aplicar cuidado y atención muy especiales en huir los -muchos defectos en que abundaba la lengua que entonces se escribía -ordinariamente. El vocabulario de la lengua escrita andaba muy -menguado por el mal gusto de amanerados autores, que ni<span -class="pagenum" id="Page_332">[p. 332]</span> se inspiraban en los -clásicos nacionales ni en el habla viva del pueblo; su principal -fondo lo formaban, de un lado, los latinismos extravagantes y los -términos abstractos introducidos a manos llenas en la poesía y en la -oratoria por los culteranos, y en la prosa por los conceptistas, y -de otra parte, gran caudal de galicismos que se desbordaba merced al -gran favor que en toda Europa gozaban entonces las ideas y los libros -franceses.</p> - -<p>Jovellanos consiguió expurgar su dicción de estos viciosos -elementos; y si en las oraciones académicas y discursos de su -primera época no lo consiguió del todo, en la <i>Memoria de la Ley -Agraria</i> y en la <i>Defensa de la Junta Central</i> aparece su estilo -muy aliviado de cultismos y libre de galicismos. Sin embargo, -entiéndase esto último respecto del galicismo en el vocabulario, que -era fácil de desterrar cuando ya existía el Diccionario académico -de autoridades, que permitía averiguar rápidamente si tal vocablo -estaba o no autorizado por nuestros buenos escritores; pero el -galicismo en la sintaxis, como es más difícil de reconocer y de -estudiar, escapó con mayor facilidad a las persecuciones de nuestros -más esmerados prosistas<a id="FNanchor_625" href="#Footnote_625" -class="fnanchor">[625]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_333">[p. 333]</span></p> - -<p>Jovellanos puede pasar por el mejor tipo de prosa que nos ofrece -el siglo <small>XVIII</small>; en él aparecen reunidos con feliz tino -los elementos de la lengua clásica, con los elementos nuevos que era -necesario acoger para reflejar el pensamiento moderno, predispuesto -a giros distintos que los habituales en los autores antiguos, y -preocupado de materias por ellos no tratadas, como las relacionadas -con la economía.</p> - -<p>Jovellanos era ciertamente un purista, que buscaba restaurar, -en lo posible, la castiza lengua de nuestros clásicos; pero no era -radical en esta tendencia, como lo fué Vargas Ponce, que cayó en una -exageración sistemática de arcaísmo; el purismo de Jovellanos, como -el de Toreno y Quintana, fué templado, el que prevaleció e informa la -lengua que hoy usamos todos.</p> - -<p>Lejos de toda afección de clasicismo rígido, la prosa de -Jovellanos es la primera de un grande autor moderno que nos -ofrece un nuevo elemento de riqueza; el <i>provincialismo</i>, usado -intencionadamente como recurso artístico, para lograr una expresión -breve y pintoresca. En sus cartas familiares, sobre todo en las -dirigidas a su paisano el canónigo don Carlos González de Posada, se -hallan bastantes voces asturianas, como <i>bígaro</i> (caracol de mar), -<i>escazabellar</i> (revolver papelotes), <i>solmenar</i> (sacudir con fuerza), -<i>peñerar</i> (cerner), etcétera<a id="FNanchor_626" href="#Footnote_626" -class="fnanchor">[626]</a>, y basta recordar las novelas de Valera y -de Pereda para comprender el valor que en una obra literaria pueden -tener estos elementos dialectales.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_17_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_334">[p. 334]</span></p> - <h3 title="Defensa de la Junta Central">DEFENSA DE LA JUNTA CENTRAL</h3> - <p class="centra mt2">ARTÍCULO III, INIC.</p> - <p class="hang mt1">La Junta Central, que asumió el poder de la nación - en 1808 en ausencia de Fernando VII, terminó su misión en enero - de 1810, siendo sus miembros objeto de calumnias y persecuciones - secundadas por la suprema Regencia y por el Consejo de España e - Indias. Jovellanos, miembro de esa Junta, habla en defensa propia y - de sus compañeros.</p> -</div> - -<p>En la última calumnia divulgada contra los miembros de la Junta -gubernativa, acabaron de vomitar sus enemigos todo el odio que -en sus ruines almas escondían. Era muy grave, sin duda, sobre -vergonzoso, el crimen de <i>peculato</i>; pero el de infidencia a la -patria en las circunstancias en que, y en las personas a quienes -se imputaba, reunía toda la enormidad que podía hacerle en el -más alto grado abominable y atrocísimo. Y esto hace ver que si -nuestros calumniadores fueron bastante insensatos para atribuirnos -un crimen, que por inverosímil y repugnante se haría increíble o -se desvanecería por sí mismo, también fueron bastante malvados -en aprovechar el momento que era más favorable para producir el -pronto y terrible efecto a que aspiraban. Hallábase la nación -consternada por la triste y no esperada de<span class="pagenum" -id="Page_335">[p. 335]</span>rrota de Ocaña y por la falta del mejor -de sus ejércitos; los enemigos, vencida la barrera de Sierra-Morena, -venían derramándose sobre los cuatro reinos de Andalucía; uno de -sus ejércitos se avanzaba al de Sevilla y amenazaba su capital; -aquella populosa ciudad estaba ya en el mayor sobresalto, y en -este punto el Gobierno, saliendo de ella para trasladarse a la -isla de León, parecía abandonarla a su suerte. ¡Qué momento tan -oportuno para representar los centrales como fugitivos y traidores -a la credulidad de un vulgo tan acostumbrado a oír esta voz, y tan -agitado y descontento entonces, como propenso siempre a atribuir a la -infidelidad las desgracias públicas!</p> - -<p>Pero por más que circunstancias tristes y raras hubiesen -favorecido aquella calumnia en Sevilla, por más que su eco hubiese -resonado en otras partes por algunos días, por más que la emulación y -la envidia hubiese salido en su apoyo en los lugares en que se reunió -el Gobierno, el tiempo sólo bastó para desvanecerla; la verdad tomó -su lugar, y se puede ya asegurar sin reparo que no habrá hoy en toda -la extensión de España un solo hombre de sano juicio y recto corazón -que pueda darle el más pequeño asenso.</p> - -<p>Porque ¿a quién podría persuadirse que hombres tan altamente -calificados por la opinión pública cayesen todos de repente en tanta -vileza y corrupción como sus calumniadores suponían? ¿Cabía esto -siquiera en el corazón humano? No por cierto. Capaz del bien y el -mal, así como no<span class="pagenum" id="Page_336">[p. 336]</span> -se levanta de un vuelo hasta la cima de la heroica virtud, tampoco se -despeña de un golpe en la sima de la iniquidad. Máximas de prudencia -y justicia, de moderación y honestidad, bebidas en la primera -educación; ejemplos de fortaleza, de beneficencia y patriotismo -presentados en la juventud, y admirados y fielmente seguidos, forman -los hábitos virtuosos que le perfeccionan y elevan por grados a la -primera. Ignorancia y abandono en la primera edad, malos ejemplos -aplaudidos o defectos tolerados, y pasiones mal reprimidas en la -adolescencia, forman los hábitos perversos, que le corrompen y abaten -hasta la segunda. Cabe sin duda en la flaqueza humana que un hombre -antes inocente, agitado por el furor de una pasión fogosa y exaltada, -se arroje sin reflexión a cometer alguna acción temeraria y violenta; -pero ¿cabrá en este hombre un atroz designio, que no pueda concebirse -sino por la más negra iniquidad, ordenarse sino con la más fría y -profunda meditación, ni ejecutarse sino por medios viles, oficios -tenebrosos, arterías y astucias pérfidamente maquinadas? Y lo que no -cabe en un hombre solo ¿cabría en más de treinta de tan distinguido -carácter y de probidad tan generalmente reconocida? Creer, pues, que -todos, sin excepción alguna, desmintiesen de repente esta probidad, -y haciéndose insensibles al freno del honor y sordos a la voz de la -conciencia, y olvidados de lo que debían a su Dios, a su rey, a su -patria y a sí mismos, se hiciesen de repente traidores, sería creer -un fenó<span class="pagenum" id="Page_337">[p. 337]</span>meno, tan -raro en el orden moral como el retroceso de los planetas en el orden -físico.</p> - -<p>Y aun dado por posible este fenómeno moral, ¿cómo lo sería que -en tanto número de personas de tan diferente condición y carácter -se hallase tan estrecha unión, tan estudiado disimulo, tan profundo -secreto y tan tortuosa conducta, como este malvado designio requería? -Y cuando esto fuera repugnante en cualquier noble corporación, cuando -lo fuera en el más humilde gremio o cofradía, ¿cuánto más no lo -fuera en un cuerpo compuesto de tan nobles y tan varios elementos; -en un cuerpo en que se habían reunido prelados, grandes, canónigos, -militares, togados, intendentes y otras personas de diferente clase -y profesión; en un cuerpo cuyos individuos se distinguían, más -todavía que por su profesión, por su clase, por su educación, por -sus talentos, por sus estudios, por sus servicios y por su conducta -y carácter, y entre los cuales, por lo mismo, no podían faltar ni -el deseo de dominar y distinguirse, ni la lucha y diferencia de -opiniones, ni los celos y desavenencias, ni la falta de discreción -y prudencia, ni la buena ni aun la mala emulación; vicios endémicos -que turban la concordia de todas las corporaciones? Y cuando nuestros -enemigos no cesaban de llamar defectuosa e imperfecta nuestra -institución, precisamente porque entre tanto número de individuos -creían difícil hallar la unión, la actividad y el secreto necesario -para salvar la patria, ¿cómo podrían creer que sólo era fácil para -venderla?<span class="pagenum" id="Page_338">[p. 338]</span> ¿Creían -por ventura que esta unión era imposible para el bien, y sólo posible -y fácil para el mal? ¡Insensatos! El honor, la conciencia, el respeto -a la opinión pública, el amor a nuestro rey y a nuestra patria, y el -odio a la tiranía, nos pudieron unir y nos unieron para desempeñar -fielmente nuestro deber hasta donde nuestras luces y nuestras fuerzas -alcanzaron. ¿Cuáles, decid, cuáles pudieron ser los motivos que nos -uniesen para prostituirle?</p> - -<p>Porque siendo constante que los hombres no obran sin que algún -impulso mueva o determine su acción, y que este impulso deba ser -proporcionado a la grandeza de las acciones que produce, a nuestros -enemigos toca señalar cuál pudo ser el que sacándonos de la senda -del honor y virtud nos despeñó en tanta vileza y depravación. -Sentimientos de odio y de amor, de temor o de interés, suelen mover -poderosamente las acciones humanas. Y bien, ¿cuál de éstos pudo -movernos a ser traidores a nuestro rey y a nuestra patria? ¿Será -el odio a un rey tan virtuoso y tan desgraciado, o a una patria -tan generosa y tan afligida? ¿A un rey que libraba en nosotros la -esperanza de recobrar su libertad y su trono, o a una patria que nos -había confiado el rescate de su rey y la defensa de su libertad? -¿Sería acaso el amor? Pero ¿a quién? ¿Al monstruo de perfidia que -tan vilmente había engañado a nuestro amado e inocente rey, y tan -cruelmente estaba ultrajando y oprimiendo a nuestra heroica y querida -patria? ¿Sería<span class="pagenum" id="Page_339">[p. 339]</span> -el temor? Pero ¿qué podían temer los que estaban cubiertos con el -escudo de la suprema autoridad y defendidos por todo el poder de -una nación tan heroica y valiente? ¿Sería el interés? Pero ¿cuál -pudo tentar a los que habían abandonado sus empleos, su casa, su -fortuna y sus esperanzas para servir y ser fieles a su patria? Ni -¿qué interés pudo presentar a nuestra ambición la ruin política del -tirano? ¿De mando? ¿Cuál igualaría al que ejercíamos en el seno de -nuestra patria? ¿De honores? Y ¿cuáles serían comparables a aquel a -que nuestra patria nos había elevado? ¿De otras altas recompensas? -Pero ¿cuáles podría esperar nuestra perfidia de un tirano ofendido -y provocado, que no pudiese esperar nuestra fidelidad de una patria -generosa y reconocida? No, no; si esto no cabía en nuestro carácter -ni en nuestra conciencia, menos cabía en nuestra razón ni en nuestra -seguridad. ¿Podíamos acaso desconocer la condición de un tirano, -modelo de tiranos, tan sabiamente prevista y tan exactamente definida -por nuestras leyes? ¿Podíamos poner la menor confianza en los halagos -y sugestiones de un monstruo, para quien la religión, los dulces -vínculos del amor y de la sangre, el honor, la amistad, la buena fe, -son nombres vanos; para quien las palabras, las promesas, los más -solemnes tratados y los más santos juramentos, no son otra cosa que -medios de seducción y perfidia?</p> - -<p>Pero ¿qué digo? Los que disfrutábamos el alto honor de -estar al frente de la nación más heroica<span class="pagenum" -id="Page_340">[p. 340]</span> del mundo, y aclamados en ella por -padres de la patria, ¿iríamos a postrarnos a los pies del soldán de -la Francia, para que nos pusiese en la lista de sus viles esclavos? -¿Iríamos a inclinar la rodilla ante el sátrapa de Madrid, para -ayudarle a usurpar el trono de Pelayo y robar a nuestro Fernando -el Sétimo la herencia de los Alfonsos y los Fernandos de Castilla? -¿Iríamos a mezclarnos con los Ofarriles, Urquijos y Morlas; con los -caballeros Arribas y Marquinas, para ser, como ellos, insultados -y despreciados por los insolentes bajáes del tirano, o iríamos a -confundirnos entre los demás apóstatas de la patria, para ser, como -ellos, escupidos y escarnecidos por nuestros fieles y oprimidos -hermanos, para ostentar a su vista la ignominia que cubre siempre el -rostro de los traidores, y para ser a todas horas objeto de su odio y -execración? ¡Oh, colmo de ignominia y vileza! ¡Oh, asombro de malicia -y perversidad! ¡Españoles, hijos de la lealtad y el honor, dechados -de probidad y buena fe, sed vosotros jueces en esta causa! Juzgad, -pronunciad si aquellos honrados ciudadanos que merecieron un día -vuestra confianza, pudieron caer en tan vil y vergonzoso abatimiento. -Y si todavía los hallais dignos de loor o de aprecio, haced que -vuestro imparcial y respetable juicio desplome sobre sus infames -calumniadores toda la ignominia con que quisieron manchar sus nombres -y memoria.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_17_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_341">[p. 341]</span></p> - <h3 title="Carta a Don Antonio Ponz"><span class="g1">CARTAS</span></h3> - <p class="centra mt2">CARTA A DON ANTONIO PONZ</p> - <p class="centra mt1">El autor describe las romerías de Asturias y habla - de la llamada <i>Danza Prima</i>.</p> -</div> - -<p>Después de haber sesteado un rato por los lugares amenos y -sombríos de aquel contorno, se empiezan a disponer las danzas, que -sirven de ocupación al resto de la tarde. Estas danzas no son menos -sencillas y agradables que los demás regocijos del día. Cada sexo -forma las suyas separadamente, sin que haya ejemplar de que el -desarreglo o la licencia los hayan confundido jamás. El filósofo ve -brillar en todas partes la inocencia de las antiguas costumbres, y -nunca esta virtud es más grata a sus ojos que cuando la ve unida -a cierta especie de placeres, que la corrupción ha hecho en todas -partes incompatible con ella.</p> - -<p>Aunque las danzas de los hombres se parece en la forma a la de las -mujeres, hay entre unas y otras ciertas diferencias bien dignas de -notarse. Seméjanse en unirse todos los danzantes en rueda, asidos de -las manos, y girar en rededor con un movimiento lento y compasado, -al son del canto, sin perder ni interrumpir jamás el sitio ni la -forma. Son una especie de coreas a la manera<span class="pagenum" -id="Page_342">[p. 342]</span> de las danzas de los antiguos pueblos, -que pueden tener su origen en los tiempos más remotos y anteriores -a la invención de la gimnástica. Pero cada sexo tiene su poesía, su -canto y sus movimientos peculiares, de que es preciso dar alguna -razón.</p> - -<p>Los hombres danzan al son de un romance de ocho sílabas, cantado -por alguno de los mozos que más se señalan en la comarca por su clara -voz y por su buena memoria; y a cada copla o cuarteto del romance -responde todo el coro con una especie de estrambote, que consta de -dos solos versos o media copla. Los romances suelen ser de guapos y -valentones, pero los estrambotes contienen siempre alguna deprecación -a la Virgen, a Santiago, San Pedro u otro santo famoso, cuyo nombre -sea asonante con la media rima general del romance.</p> - -<p>Esto me ha hecho presumir que tales danzas vienen desde el tiempo -de la gentilidad, y que en ellas se cantarían entonces las alabanzas -de los héroes, interrumpidas y alternadas con himnos a los dioses. -Lo cierto es que su origen es muy remoto, que el depravado gusto de -las jácaras es muy moderno, y que la mezcla de ellas con las súplicas -a los santos es tan monstruosa, que no pudieron nacer en un mismo -tiempo, ni derivarse de una misma causa.</p> - -<p>Tampoco sería extraño presumir que estas danzas eclesiásticas, y -que tienen cierto sabor a los usos y estilos litúrgicos de la media -edad, pudie<span class="pagenum" id="Page_343">[p. 343]</span>ron -ser traídas acá por los romeros que en ella venían a peregrinar en -este país; pues ya sabe usted que las romerías de San Salvador en -Oviedo, fueron en algún tiempo muy frecuentadas, y aun de ellas -dura todavía algún resto. Lo cierto es que esta mezcla de devoción, -regocijo y francachela, tiene parecer muy conforme al espíritu de los -siglos supersticiosos y al carácter de aquellos devotos vagamundos, -que con título de piedad andaban por entonces de santuario en -santuario, dados a la vida libre y holgazana, comiendo, bebiendo y -saltando por el rey de Francia.</p> - -<p>Como quiera que sea, estas danzas varoniles suelen rematar muchas -veces en palos, única arma de que usa nuestro pueblo; y como nunca la -sueltan, vería usted a todos los danzantes con su garrote al hombro, -que sostienen con dos dedos de la mano izquierda, libre los otros -para enlazarse en rueda, seguir danzando en ella con gran mesura y -seriedad. Sucede, pues, frecuentemente que, en medio de la danza, -algún valentón caliente de cascos empieza a victorear a su lugar o su -concejo. Los del concejo confinante, y por lo común rival, victorean -al suyo; crece la competencia y la gritería, y con la gritería la -confusión; los menos valientes huyen; el más atrevido enarbola su -palo; le descarga sobre quien mejor le parece, y al cabo se arma tal -pelea de garrotazos, que pocas veces deja de correr sangre, y alguna -se han experimentado más tristes consecuencias.</p> - -<p>Para remediar estos abusos, alguna vez ha pen<span -class="pagenum" id="Page_344">[p. 344]</span>sado el gobierno en -prohibir el uso de los palos; pero ¡pobre país si esto sucediera! Los -hombres naturalmente tímidos y amantes de su conservación, gustan de -llevar consigo alguna prevención, alguna defensa contra los insultos -que les amenazan. Prohibido el uso de los palos, entrará sin duda -el de las navajas y cuchillos, armas mortíferas que hacen a otros -pueblos insidiosos y vengativos, y enervan y extinguen el valor y la -verdadera bizarría.</p> - -<p>Ni por este uso puede usted tachar de bárbaros a mis paisanos. -Semejantes escenas, además de interesar en gran manera la curiosidad -por cuanto hieren fuertemente la imaginación de los espectadores, son -muy del gusto de los pueblos no corrompidos por el lujo, y en cierto -modo están unidas a la condición misma de la humanidad. «El hombre, -dice el sabio Fergusón, es demasiado propenso a las lides y a emplear -sus facultades naturales contra cualquiera enemigo: gusta de ensayar -su razón, su elocuencia, su constancia y aun su vigor y fuerzas -corporales. Sus recreos son muchas veces imagen de la guerra, el -sudor y la sangre suelen correr en sus juegos, y las fracturas y aun -la muerte dan término alguna vez a las fiestas y pasatiempos de su -ociosidad. Nacido para morir, hasta en su diversión halla su camino -para el sepulcro...»</p> - -<p>Dejemos, pues, a los pueblos frugales y laboriosos sus costumbres, -por rudas que nos parezcan, y creamos que la nobleza del carácter en -que<span class="pagenum" id="Page_345">[p. 345]</span> tienen su -origen merecen por lo menos esta justa condescendencia.</p> - -<p>Pero las danzas de las asturianas ofrecen ciertamente un objeto, -si no más raro, a lo menos más agradable y menos fiero que las que -acabamos de describir. Su poesía se reduce a un solo cuarteto o copla -de ocho sílabas, alternado con un largo estrambote, o sea estribillo, -en el mismo género de versos, que se repite a ciertas y determinadas -pausas. Del primer verso de este estrambote que empieza:</p> - -<div class="poema mt1"><div class="stanza"> -<p class="i0">Hay un galán de esta villa,</p> -</div></div> - -<p class="mt1 ti0">vino el nombre con que se distinguen estas -danzas.</p> - -<p>El objeto de esta poesía es ordinariamente el amor, o cosa que -diga relación a él. Tal vez se mezclan algunas sátiras o invectivas, -pero casi siempre alusivas a la misma pasión, pues ya se zahiere la -inconstancia de algún galán, ya la presunción de alguna doncella, -ya el lujo de unos, ya la nimia confianza de otros, y cosas -semejantes.</p> - -<p>Lo más raro y lo que más que todo prueba la sencillez de las -costumbres de estas gentes, es que tales coplas se dirigen muchas -veces contra determinadas personas; pues aunque no siempre se las -nombra, se las señala muy claramente, y de forma que no pueda dudarse -del objeto de la alabanza o de la invectiva. Aquella persona que -más sobresale en el día de la fiesta por su compostura o por algún -caso de sus amores; aquel suceso que más<span class="pagenum" -id="Page_346">[p. 346]</span> reciente es y notable en la comarca; en -fin, lo que en aquel día ocupa principalmente los ojos y la atención -del concurso, eso es lo que da materia a la poesía de nuestros -improvisantes asturianos. Ya ve usted si les será fácil indicar las -personas sin nombrarlas expresamente.</p> - -<p>Supongo que para estas composiciones no se valen nuestras mozas de -ajena habilidad. Ellas son las poetisas, así como las compositoras de -los tonos, y en uno y otro género suele su ingenio, aunque rudo y sin -cultivo, producir cosas que no carecen de númen y de gracia. Pondréle -a usted dos ejemplos, entre mil que pudiera señalar, y si no entiende -el dialecto, tenga paciencia, que otros le entenderán.</p> - -<p>En una de estas romerías a que concurrió cierto amigo mío, se -había presentado una fea que, entre adornos, llevaba una redecilla -muy galana y de color muy sobresaliente. Al instante fué notada de -las mozas, que le pegaron esta banderilla:</p> - -<div class="poema mt1"><div class="stanza"> -<p class="i2">Quítate la rede negra</p> -<p class="i0">y ponte la colorada,</p> -<p class="i0">para que llucia<a id="FNanchor_627" href="#Footnote_627" class="fnanchor">[627]</a> la rede</p> -<p class="i0">lo que non llu<a href="#Footnote_627" class="fnanchor">[627]</a> la tó cara.</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Era yo bien niño cuando el Ilmo. señor don<span -class="pagenum" id="Page_347">[p. 347]</span> Julio Manrique de -Lara, obispo entonces de Oviedo, se hallaba en su deliciosa quinta -de Contrueces, inmediata a Gijón, el día de San Miguel. Celebrábase -allí aquel día una famosa romería, y las mozas, como para festejar a -su ilustrísima, formaron su danza debajo de los mismos balcones de -palacio. El buen prelado, que estaba en conversación con sus amigos, -cansado del guirigay y la bulla de las cantiñas, dió orden para que -hicieran retirar de allí las danzas: sus capellanes fueron ejecutores -del decreto, que se obedeció al punto; pero las mozas, mudando de -sitio, bien que no tanto que no pudieran ser oídas, armaron de nuevo -su danza, cantando y recantando esta nueva letra, que su ilustrísima -celebró y oyó con gusto desde su balcón gran parte de la tarde:</p> - -<div class="poema mt1"><div class="stanza"> -<p class="i2">El señor obispo manda</p> -<p class="i0">que s’acaben los cantares;</p> -<p class="i0">primero s’an d’acabar</p> -<p class="i0">obispos y capellanes.</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Los estribillos con que se alternan estas coplas son -una especie de retahila que nunca he podido entender; pero siempre -tienen sus alusiones a los amores y galanteos, o a los placeres y -ocupaciones de la vida rústica. Los tonos son siempre tiernos y -patéticos, y compuestos sobre la tercera menor. Llevan la voz de -ordinario tres o cuatro mozas de las de más gallarda voz y figura, -colocadas a la frente del coro, y las otras van repitiendo<span -class="pagenum" id="Page_348">[p. 348]</span> ya la mitad de la -copla, ya el estribillo, a cuyo compás giran todas sin interrupción -sobre un mismo círculo, pero con lentos, uniformes y bien acordados -pasos. Entretanto resuena en torno una dulce armonía, que penetrando -por aquellos opacos y silenciosos bosques, no puede oírse sin emoción -ni entusiasmo.</p> - -<p>No constan estas danzas, como nuestros modernos bailes, de fuertes -y afectadas contorsiones, propias para expresar unas pasiones -violentas y artificiosas, sino de movimientos lentos y ordenados, que -indican las tranquilas afecciones de un corazón inocente y sensible. -Si esta es o no una ventaja para los pueblos que la melindrosa -corrupción tiene por bárbaros, no parece un problema difícil de -resolver.</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_625"><span class="label"><a -href="#FNanchor_625">[625]</a></span> En la misma <i>Defensa de la -Junta Central</i> escribía Jovellanos frases como esta: «no sólo nos -tachan de usurpadores de la autoridad, no sólo atribuyen esta -usurpación <i>a un espíritu el más conocido y descubierto de ambición -y amor propio</i>, sino que para darle todo el carácter de la tiranía, -la califican de violenta y forzada.» (I.ª 25.) La expresión «à <i>un</i> -esprit, <i>le</i> plus connu et le moins caché, d’ambition et d’amour -propre» sería en francés correcta y aceptable; sin embargo, es menos -corriente que la otra con artículo definido: «à <i>l</i>’esprit <i>le</i> plus -connu», que también es semejante a la de Jovellanos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_626"><span class="label"><a -href="#FNanchor_626">[626]</a></span> En una poesía (<i>Bibliot. Aut. -Esp.</i> XLVI, 7 <i>a</i>) dice Jovellanos: «No pudo vencer a la tu mano en -blancura;» el artículo con el posesivo es un asturianismo, que el -autor acogió acaso a título de arcaísmo (v. <a href="#Page_144">pág. -144</a>, línea 11).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_627"><span class="label"><a -href="#FNanchor_627">[627]</a></span> <i>Llucia</i> por ‘luzca’, y <i>llu</i> -por <i>lluz</i>, y éste por ‘luce’. En asturiano, toda <i>l</i> inicial se hace -<i>ll</i> (<i>llobu</i>, <i>lluna</i>), y la <i>e</i> final de los verbos se pierde tras -ciertas consonantes (<i>quier</i>, <i>pon</i>, <i>merez</i>). Otros dialectalismos -son <i>rede</i> por ‘red’; también se dice <i>parede</i>, <i>ciudade</i>, etc. <i>la -tó cara</i> ‘tu cara’.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_18"> - <p><span class="pagenum" id="Page_349">[p. 349]</span></p> - <h2 title="Don Leandro Fernández de Moratín" - class="nobreak">DON LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN<br /> - <small>(1760-1828)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>El folleto de la <i>Derrota de los Pedantes</i> apareció en 1789.</p> - -<p>Moratín, el hijo, descuella sobre todo por su admirable prosa -dramática, que no se había vuelto a escribir desde <i>La Celestina</i> de -Rojas, y <i>La Dorotea</i> de Lope; pero es también muy digno de atención -en sus otras obras, donde se muestra, como dice Menéndez y Pelayo, -«uno de los escritores más correctos y más cercanos a la perfección -que hay en nuestra lengua, ni en otra alguna. Niéganle algunos viveza -de fantasía, profundidad de intención, calor de afectos y abundancia -de estilo. Aun la misma perfección de su prosa antes estriba en la -total carencia de defectos que en cualidad alguna de orden superior, -sin que conserve nada de la grande y caudalosa manera de nuestros -prosistas del siglo <small>XVI</small>. La sobriedad del estilo de -Moratín, se parece algo a la sobriedad forzada del que no goza de -perfecta salud; hay siempre algo de recortado y de incompleto que no -ha de confundirse con la sobriedad voluntaria, última perfección de -los talentos varoniles y señores de su manera.»</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_350">[p. 350]</span></p> - -<p>Su vocabulario es de una riqueza muy estimable, pero también es -más estudiado que espontáneo; lamentábase Moratín del olvido en -que se habían perdido multitud de voces y frases, y de la pobreza -y sequedad increíbles a que se reduce el lenguaje usual, aun en -personas letradas, y se propuso resucitar en sus escritos, lográndolo -con gran tino y acierto, buen número de expresiones que sin duda -no había recibido él por la tradición oral, sino por la lectura de -nuestros clásicos a que desde niño era aficionado.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_18_1"> - <h3 title="Derrota de los Pedantes">DERROTA DE LOS PEDANTES</h3> - <p class="hang mt2">Los poetastros pedantes asaltan el Parnaso; Mercurio - les impone una tregua, y cogiendo prisionero a uno de ellos, lo lleva - ante Apolo en calidad de embajador.</p> -</div> - -<p>Entraron, pues, en un salón magnífico y espacioso; el pavimento y -las paredes eran de esquisitos mármoles, la decoración corintia, las -basas y capiteles de sus columnas de oro purísimo, como también los -adornos del cornisamento y zócalo, y en las bóvedas apuró la pintura -todos los encantos de la ficción.</p> - -<p>Allí se veían los orígenes de las artes y los progresos del -talento humano: muda historia, capaz de encender el ánimo y -arrebatarle a la contemplación de los objetos más sublimes. En una -parte se veía a los hombres fabricar chozas de troncos y ramas, de -donde la arquitectura tomó las formas que dió después a materias -más dura<span class="pagenum" id="Page_351">[p. 351]</span>bles, -variando, según la mayor o menor consistencia de ellas, la proporción -de sus edificios. A otro lado los egipcios daban principio a la -geometría, señalando sus campos con términos de piedras hacinadas, -para que el Nilo en sus inundaciones no alterase los conocidos -límites. Otros señalaban en el suelo los contornos de la sombra, de -donde tomó su origen la pintura, perfeccionándose después lentamente -con la invención casual de los colores y la perspectiva, que apenas -conoció la antigüedad. Otros cortaban la corriente de un río, fiados -a un tronco mal seguro; una gran multitud admiraba desde la opuesta -orilla el temerario atrevimiento, y las madres tímidas apretaban -al pecho sus pequeñuelos hijos. Los árabes y caldeos observaban -el aparente giro del sol, y en las serenas noches al planeta que -recibe su luz, y los demás astros que la distancia nos amenora o -nos oculta. La escultura en otra parte ponía sobre las aras bultos -informes que adoraba supersticioso el temor, y más allá los Fidias, -Lisipos y Praxiteles daban a los mármoles y bronces tan elegante -forma, que en algún modo parece que el arte disculpaba la idolatría. -Allí Orfeo reducía a los hombres en vida social, les daba leyes, y -les persuadía la necesidad de un culto religioso. Confucio enseñaba -virtudes morales a los remotos chinos. Eaco, Radamanto, Minos, Solón, -Licurgo y Numa establecían leyes, gobernando en justicia y paz -nuevas repúblicas; y a más distancia se veían florecer las ciencias -y las artes a la sombra de la libertad.<span class="pagenum" -id="Page_352">[p. 352]</span> Allí estaba representado el padre -Homero, a quien rodeaban con admiración los poetas de todas las -naciones y todos los siglos. Píndaro, al son de la lira, celebraba -con sublime verso las victorias istmias y olímpicas, y eternizaba el -nombre de Hierón. Simónides cantaba tiernas elegías. Alceo de Lesbos, -añadiendo nuevos sonidos a las cuerdas griegas, hacía aborrecible -entre los hombres el despotismo de los tiranos. Safo, desgraciada en -amor, se precipitaba del promontorio de Leucate al mar, y repetía -muriendo el nombre de su ingrato Faón; en tanto que Anacreón de -Teos, coronado de pámpanos, con la copa en la mano, danzaba alegre -al son de las flautas entre las Gracias y los Amores. Allí acudía la -juventud de Grecia a escuchar en las Academias, el Liceo y el Pórtico -las austeras lecciones de la moral; y no muy lejos se levantaban -teatros magníficos para declamar con el auxilio de la música las -grandes obras de Eschilo, Sófocles y Eurípides, que alternaban con -las del atrevido Aristófanes, a quien Menandro siguió después para -obscurecer la gloria de cuantos le habían precedido. En otra parte -Demócrito y el divino Hipócrates, reclinados junto a un sepulcro ya -destruído, conversaban profundamente a la sombra de unos cipreses -mustios sobre la física del cuerpo animal, la brevedad de la vida, -los acerbos males que la rodean, y los cortos y falaces medios que -ofrece el arte para dilatar su fin; y más allá Demóstenes desde la -tribuna de las arengas conmovía al pueblo ateniense, le persua<span -class="pagenum" id="Page_353">[p. 353]</span>día por algunos -instantes a sacudir el yugo macedónico; excitaba en él estímulos -de valor, recordándole las épocas gloriosas de sus triunfos, los -nombres santos de Milciades, Conón, Cimón y el justo Arístides; y -oponiéndose, por una parte, a todo el poder de Filipo, y por otra, -a la envidia, la calumnia atroz y la inconstancia de un vulgo -corrompido e ingrato, veía a pesar de su elocuencia irresistible -perecer para siempre la libertad de su país, y perecía con ella.</p> - -<p>En el testero del salón había un trono riquísimo, y en él estaba -Apolo: siete de las musas le acompañaban inmediatas al solio, y los -más célebres poetas españoles, según la edad en que florecieron, así -ocupaban por su orden las sillas.</p> - -<p>Si mucho se admiró el coplero de aquel aparato y magnificencia, no -menos se admiraron todos los demás al ver su figura ridícula, porque -era el hombre la más triste visión que imaginarse puede: reviejuelo, -arrugadito, moreno, remellado, tuerto de un ojo, romo, calvo, algo -tiñoso, chiquirritillo y contrahecho, si bien es verdad que le -desfiguraban en parte las barbas, el sudor negro, el polvo, el cisco -y las telarañas que le cubrían el rostro. Revolvíase en unas bayetas -pardas, raídas y llenas de chorreaduras de aceite y caldo, con un -ribete de arambeles por las orillas a modo de randas o cucharetero; -sus movimientos eran más vivos de lo que su edad prometía, la acción -teatral, y la voz gangosa, chillona y desapacible.</p> - -<p>—«Este es, dijo Mercurio a su hermano, el que<span -class="pagenum" id="Page_354">[p. 354]</span> he podido agarrar entre -aquella turba; él te dirá lo que deseas saber;»—y acercándose a él, -le dijo al oído: «mirad, señor, que aquí no os sufrirán disparates; -decid claramente quiénes son los del portal, y a qué es su buena -venida, sin andarnos en más repulgos; porque si así no lo hiciéreis, -témome mucho que mi hermano os mande freir y echar a los perros, -según le he visto de mal humor esta tarde;» y habiendo dicho ésto, se -fué volando a observar lo que pasaba en la escalera.</p> - -<p>El poetastro, encarándose con Apolo, le hizo tres grandes -cortesías, y quedó aguardando el permiso de hablar. Diósele Apolo, y -él comenzó a delirar de esta manera:</p> - -<div class="poema fs90 mt1"><div class="stanza"> -<p class="i2">«Reverberante Numen que del Istro</p> -<p class="i0">Al Marañón sublimas con tu zurda,</p> -<p class="i0">Al que en ritmo dulcísono te urda</p> -<p class="i0">Elogio al son del címbalo y del sistro:</p> -<p class="i2">Si la alígera prole de Caistro</p> -<p class="i0">Blandos ministra acentos a mi burda</p> -<p class="i0">Armónica pasión, ¡ay! no te aturda</p> -<p class="i0">Ver rompo de tu tímpano el teristro.</p> -<p class="i2">La nubígena Dea en alto plaustro,</p> -<p class="i0">Ungiendo el nervio de oloroso electro,</p> -<p class="i0">Me lleva en alas del Ouest y el Austro,</p> -<p class="i2">Y hurtando a las Memnósides el plectro,</p> -<p class="i0">Hoy me intromito en el fulgente claustro,</p> -<p class="i0">Obstupefacto, a venerar tu espectro.»</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Reventaba Apolo entre la indignación y la risa; las -musas se tendían por los suelos dando exorbitantes carcajadas; los -poetas se miraban los unos a los otros sin saber lo que les sucedía, -y el ba<span class="pagenum" id="Page_355">[p. 355]</span>dulaque, -muy satisfecho, se disponía a proseguir disparatando en culto; pero -Francisco de Rioja, que estaba inmediato, le dijo: «Ved, señor -enviado, que Apolo nuestro amo no os llama aquí para que le declaméis -versos tenebrosos; lo que únicamente quiere es...».—«¡Ah! dijo el de -las sopalandas, ya sé lo que quiere, no hay para qué decírmelo, que -ya lo he comprendido, lo que quiere es otro soneto con los mismos -consonantes; pues allá va, hijo de Latona, escuchadme benévolo...»</p> - -<p>Pero volvamos la mal tajada péñola a referir lo que Mercurio hizo -mientras duró la embajada. Parecióle conveniente no descuidarse -ni fiar a la fortuna el éxito de aquella empresa; había llegado a -entender, aunque confusamente, la pretensión estrafalaria de los -filólogos; y conociendo que Apolo no podía concederles nada, pensó -seriamente en hacer preparativos para la defensa, persuadido de que -sólo a garrotazos se podría concluir tan enrevesado asunto.</p> - -<p>Llamó a consejo a los poetas que imaginó más inteligentes y -acostumbrados a tales peleonas; tratóse el caso con la madurez que -requería, y se acordó, por último, que se hiciera provisión de -armas ofensivas, acudiendo al repuesto de los malos libros, que -estaban en las inmediaciones de la cocina destinados a socarrar -pollos y envolver especias, y que además se recogiesen cuantos -trastos semovientes hubiera en la casa y pudieran ser útiles para -convertirlos en armas arrojadizas, o en parapetos y trincheras.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_356">[p. 356]</span></p> - -<p>Tratóse después del orden que se debía guardar en los ataques, y -resolvieron que para lograr alguna ventaja era necesario salir de -la escalera, obligando a los eruditos a que, dejando el portalón, -pasaran al patio, creyendo todos que allí se les podría combatir más -a placer, ya fuese en batalla campal, o ya arrojando sobre ellos, -desde las ventanas que había alrededor, cuanto pudiera ofenderlos y -destruirlos.</p> - -<p>Aprobado este plan, se dispuso que Garcilaso de la Vega, por estar -herido Cervantes, mandase el ala derecha; la izquierda, don Diego de -Mendoza; el centro, don Alonso de Ercilla, y el cuerpo de reserva, -que debía acudir adonde la necesidad lo pidiese, se encargó al conde -de Rebolledo, acompañado de Lope de Vega, Cristóbal de Virués y otros -sujetos de acreditado valor y experiencia militar.</p> - -<p>Después de ventilados estos puntos, se ocuparon en conducir -hacia la escalera cuanto hallaron que podía ser útil para un caso -de rompimiento; acudieron luego al repuesto de los malos libros, y -llevaron infinitos volúmenes antiguos y modernos que hasta entonces -no habían servido de gloria a sus autores, ni de utilidad alguna al -género humano, y en aquel día se hicieron apreciables; porque no hay -duda en que un mal libro, por malo que sea, siempre sirve, y más si -es de buen tomo, para descalabrar con él a cualquiera cuando no hay a -mano abundante provisión de cachiporras o peladillas de Torote.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_357">[p. 357]</span></p> - -<p>Hecho, pues, todo lo que va referido, sucedió la bajada y volteo -del culterano; y conociendo Mercurio que era ya inevitable volver a -la zurra, fuese volando a decir a su hermano cuanto había dispuesto. -Hallóle que bajaba ya la escalera con ánimo de presentarse a los -enemigos, creyendo que a sus razones y autoridad ni debían ni podían -oponerse. Dudó mucho Mercurio si aquella cuadrilla desvergonzada -guardaría respeto y moderación, hallándose ya obstinada en conseguir -por fuerza lo que pretendía; pero hubo de ceder, mal de su grado, a -las instancias de Apolo, y dejándole en la escalera, se remontó al -techo para anunciar su venida.</p> - -<p>A este tiempo empezó a notarse un rumor y conmoción general en -el bando contrario, mal satisfecho del suceso que había tenido la -erudita oración de su embajador; pero, dando Mercurio un grande -aullido desde allá arriba, les hizo callar y atender. Díjoles que -Apolo iba a presentarse; que venerasen en él al grande hijo de -Júpiter, y que, pues se llamaban alumnos suyos, no le diesen enojo en -cosa alguna, y adorasen humildes sus soberanos preceptos.</p> - -<p>Apolo entonces, levantado en hombros de los más robustos, se dejó -ver de aquella amotinada gente. Comenzó con semblante pacífico y -agradable a persuadirlos que, dejando las armas, se volviesen a sus -casas a cuidar de sus mujeres e hijos, si los tenían. Que no creyesen -que la nación perdería nada, perdiéndolos a ellos; pues no sólo -la<span class="pagenum" id="Page_358">[p. 358]</span> harían una -gran merced en quemar todos sus papeles y no volver a escribir jamás -ni aun la cuenta de la ropa, sino que, por otra parte, olvidando con -un verdadero arrepentimiento las travesuras pasadas, podían dedicarse -a varios ejercicios honestos, y adquirir por ellos una subsistencia -segura como buenos ciudadanos y gente de juicio. Díjoles también que -los hombres habían nacido para trabajar, y muy pocos entre ellos -para saber; porque ciertamente aquellos pocos, siendo buenos, bastan -para ilustrar a todos los demás con su sabiduría. Que esto de ser -doctos no era cosa tan hacedera y trivial como se habían imaginado, -pues cualquiera ciencia o facultad necesita todo un hombre, toda -una vida, y tal reunión de circunstancias, que rara vez llega a -verificarse; y aun por eso, siendo tantos los que siguen la carrera -de las letras, son tan pocos los que han llegado a poseerlas en grado -sobresaliente, y a merecer el aprecio público por sus escritos. Que -dejasen el encargo de sostener el honor de la literatura nacional -a otros talentos muy superiores, sin comparación, a los suyos. Que -abandonasen para siempre la negra erudición enciclopédica que tanto -les había trastornado la racionalidad, y tan ridículo papel les -había hecho hacer en estos últimos años a los ojos de la Europa -culta; y que sobre todo abjurasen de buena fe el error de haberse -creído poetas. Que no envidiasen esta gloria a los que realmente lo -son; gloria mezclada siempre de sinsabores los más amargos; gloria -funesta, que casi nunca<span class="pagenum" id="Page_359">[p. -359]</span> ha concedido el mundo a los que, viviendo, pudieran -gozarla, porque la reserva el cruel para las cenizas de los que ya no -existen.</p> - -<p>Más iba a decirles; pero fueron tales los berridos que resonaron -en el zaguán, los gritos y amenazas, que Apolo, temiendo algún -insulto de parte de aquel populacho feroz, se bajó a toda prisa del -trono racional en que estaba encaramado, y comenzó a echar tacos y -reniegos por aquella boca, que Dios nos libre.</p> - -<p>Seguía entretanto la gritería y tumulto de los enemigos, y el -endiablado tuerto corría de un lado a otro atizando el fuego de la -discordia, ponderando el mal tratamiento que Apolo le había hecho y -el poco aprecio que le merecían las doctas fatigas de tantos sabios; -ellos, que no necesitaban espuelas, se enfurecieron de tal modo que -no es posible ponderar a qué extremo llegó entonces su frenesí.—«No -es ese, decían, no es ese Apolo; a ese no le conocemos, y estos son -ardides de Mercurio, que piensa burlarse de nosotros, tomándolo a -fiesta y tararira; que venga el hijo de Latona, que venga, él nos -conocerá y nosotros le adoraremos como hijos obedientes suyos.»</p> - -<p>—«Medrados estamos, dijo Mercurio, con lo que nos salen ahora -estos malditos. Si es imposible que no se hayan desatado del infierno -para darnos guerra. ¿Se habrá visto tal invención? Pero yo les juro -por la asquerosa Estigia que no se han de reir de mí; no, si no -hacéos de miel y paparos han moscas; para ellos no sirven razones; -lo que<span class="pagenum" id="Page_360">[p. 360]</span> no les -duele, no les persuade; pues que la paguen, mal haya su casta, que la -paguen, y acabemos de una vez con ellos.»</p> - -<p>Dicho esto, se metió entre los suyos, repitió las órdenes, previno -los acasos, y sin que diera la señal de combatir el estruendo de -trompetas ni atambores, se comenzó la batalla, poniendo en uso los de -Apolo las nuevas armas de que se habían prevenido.</p> - -<p>Llovían librotes sobre los literatos intrusos; unos viejos, -sucios y despilfarrados; y otros nuevecitos y en pasta, y en -papel de Holanda, y con láminas y elogios ultramontanos, y notas -y animadversiones. Esta descarga desordenó las primeras filas -enemigas, no sin pérdida de sus gentes; pues aseguran algunos sujetos -fidedignos, apoyados en relaciones auténticas, que pasaron de veinte -los que cayeron derrengados, cinco tuertos, descalabrados nueve, y -trece o catorce contusionados o aturdidos.</p> - -<p>Con esta pérdida se notó algún desfallecimiento en aquellas -tropas, y nuevo espíritu en los de Apolo, que no dudaban ya combatir -cuerpo a cuerpo para concluir de una vez aquella empresa; bien que -los jefes procuraban contenerlos, conociendo cuán cerca está de ser -temeridad el valor si la prudencia y el arte no le dirigen.</p> - -<p>Pero a este tiempo ocurrió un accidente que puso a los de -la escalera en grave peligro de perderse; porque acabada que -fué la primera descarga, vieron venir de retorno por el aire el -tenebroso<span class="pagenum" id="Page_361">[p. 361]</span> -<i>Macabeo de Silveira</i>, que arrojado de robusta mano parecía una -bala de cañón, según el ímpetu que traía; hirió de paso, aunque -levemente, a Luis Barahona de Soto; y, volviendo de rebote dió -tal golpe en el pecho al tierno Garcilaso, que sin ser poderoso a -resistirle, cayó aturdido sobre las gradas, y tuvieron que retirarle -inmediatamente.</p> - -<p>Lupercio de Argensola que se hallaba cerca, lleno de indignación -y dolor por la desgracia de su dulce Laso, agarró seis o siete tomos -que vió a sus pies, y con no vista fuerza los lanzó al enemigo. -No bien llegaron allá los <i>Comentos de Góngora</i>, que ésta era -la gracia de los tales volúmenes, cuando se conoció el horrible -estrago que habían hecho en el cuerno izquierdo de los contrarios; -lo que advertido por los de Apolo, se adelantaron algunos a querer -seguir hacia aquella parte la derrota; pero así que se alejaron de -los demás, se vieron rodeados de enemigos y cortado el paso a la -escalera; dieron y recibieron golpes crueles, y con no poco trabajo -pudieron volverse a incorporar en sus líneas, sufriendo mucho en la -retirada, que tuvo todas las apariencias de fuga.</p> - - -<div class="apartado" id="Ch_18_2"> - <h3 title="El Vesubio">VIAJE A ITALIA</h3> - <p class="centra mt2">Fragmento de esta obra póstuma</p> -</div> - -<p>Debajo de Pórtici y Resina está sepultada la ciudad de Herculano; -los edificios más considerables de ella que hasta ahora se han -descubierto, son un<span class="pagenum" id="Page_362">[p. -362]</span> foro y un teatro; en el foro se hallaron las dos estatuas -ecuestres de los Balbos, una de Vespasiano y otras de varias familias -ilustres. El proscenio del teatro tiene ciento y treinta pies de -ancho, y en las veinte y una gradas destinadas a los espectadores y -los espacios restantes, se ha calculado que cabían diez mil personas. -La cantidad de ceniza y lavas que cayeron sobre esta ciudad fué -tal, que sus edificios se hallan a sesenta, ochenta y cien pies de -profundidad. Esto hace muy difícil la excavación, pues además de la -consistencia y grueso de las materias que hay que romper a pico, es -necesario sostener con postes y estribos las excavaciones, para que -todo no se hunda y arruine; y además, ¿cómo es posible taladrar un -terreno sobre el cual existen en pie tantos edificios, sin que éstos -se resientan? Mientras permanezcan Resina y Pórtici, no se pueden -adelantar los descubrimientos de Herculano.</p> - -<p>Siguiendo el camino, que va siempre inmediato al mar, se -hallan después de Resina la torre del Greco y la de la Anunciata, -poblaciones contiguas unas a otras con poca o ninguna interrupción, -bien situadas y alegres, de mucha gente, llenas de casas de campo, -con jardines, huertas y abundante cultura. Atraviesa el camino por -encima de un gran torrente de lava que arrojó el Vesubio en 1760, -mezclada con cenizas y enormes piedras; abrasó todo el terreno, -destruyó los edificios que halló al paso, y bajó hasta el mar -con estrago espantoso. A poca distancia se hallan las ruinas de -Pompeya,<span class="pagenum" id="Page_363">[p. 363]</span> ciudad -antigua que hasta la mitad de este siglo permaneció tan oculta a -la vista humana, que nadie se atrevía a fijar el paraje en que -estuvo. La multitud de cenizas que cayeron sobre ella, detenidas -de los huecos de sus calles y edificios, formaron una elevación -de terreno, el cual, haciéndose con el tiempo vegetal y fértil, -comenzó a labrarse, y hoy se ve encima de los templos, teatros y -sepulcros de Pompeya, enlazarse las parras a los chopos, y segar el -labrador mieses abundantes. Las excavaciones que se hacen en este -sitio cuestan poco trabajo, así porque todo es ceniza lo que hay que -romper, como porque es mucho menor la profundidad a que se encuentran -las ruinas que en Herculano. Hasta ahora se han descubierto dos -calles, una de ellas con la puerta de la ciudad, y varios sepulcros, -un cuartel, un templo de Isis y dos teatros. No es posible caminar -por aquel paraje sin una especie de entusiasmo que todos aquellos -objetos inspiran. Este era el teatro: aquí se acomodaba el pueblo, -allí la nobleza, por allí salían los actores, aquí se oyeron los -versos de Terencio y Plauto, este recinto sonó con aplausos públicos; -los hombres desaparecieron, y el lugar existe. Este era el templo: -allí está la inscripción, allí las aras; las paredes anuncian -todavía, en pinturas y estucos, los atributos de la deidad. Aquí se -degollaban las víctimas; aquí, escondidos los sacerdotes, prestaban -su voz a un mudo simulacro, y el pueblo, lleno de terror, creía -escuchar la divinidad misma anunciando a la ignorancia huma<span -class="pagenum" id="Page_364">[p. 364]</span>na los futuros destinos. -Esta es una calle: empedrada está, como las de Nápoles, con lavas que -ha vomitado ese volcán vecino; a un lado y otro hay ánditos para que -pase el pueblo seguro de los carros: aun se ven las señales de las -ruedas. Veis aquí las tiendas: allí se vendieron licores; la insignia -que está a las puertas, la señal que ha dejado el pie de las copas -sobre el mostrador, y las hornillas inmediatas para tener caliente -la bebida, lo manifiestan. Allí hay otra donde se vendían príapos: -la insignia está esculpida sobre la puerta; allí está el aparador -repartido en gradas, donde se exponían estos dijes a la vista -pública. Estas son casas de gente rica; este es el pórtico, sostenido -en columnas de ladrillo revestidas de estuco, con decoración dórica; -allí está el patio con la galería que le rodea: estancias pequeñas, -altas, con mosaicos en el suelo y pinturas en las paredes; el baño, -la estufa, con pared hueca, por donde se comunicaba el calor; el -jardín, la fuente, la bodega, con grandes cántaros; la sala de -conversación, la de comer, la alcoba, el poyo donde estaba el lecho; -pinturas voluptuosas por todas partes, triunfos de amor. Veis allí -los sepulcros que erigió la patria agradecida a sus hijos ilustres; -la inscripción anuncia sus nombres y su calidad; allí reposan sus -cenizas. ¡Qué silencio reina en todo el contorno! ¡Qué soledad -horrible! Y ¡todavía el Vesubio arroja llamas y retumban sus cavernas -con rumor espantoso!</p> - -<p>Este monte, distante dos leguas y media de<span class="pagenum" -id="Page_365">[p. 365]</span> Nápoles, hacia la parte oriental, -tiene de altura unas seiscientas toesas; su figura es cónica, con -base muy ancha, la parte superior se compone de lavas, piedras, -cenizas, arenas y escorias, sin yerbas, ni plantas, ni árboles, ni -animales, ni hombres; aspereza horrible, cavernas profundas, soledad, -silencio en la parte inferior, donde es el terreno fertilísimo; hay -mucha cultura de árboles y viñas, que producen excelentes vinos, y -en lo más llano, cerca ya del mar, se ven las alegres poblaciones -de Pórtici, Resina, Torre del Greco, Torre de la Anunciata, y otras -muchas que le rodean. Si se considera la inmediación de este volcán -y el riesgo inminente de que un día reviente incendios, trastorne -toda su circunferencia, y sepulte en fuego y cenizas aquellas moradas -deliciosas, centro del lujo y de los placeres, se conocerá ¡cuán -fácilmente se olvidan los hombres del peligro, por más que vean -presente la amenaza! Pórtici está edificada encima de Herculano -opulenta; Pompeya se descubre ahora, después de haber permanecido -largos años oculta bajo las cenizas que en ella cayeron; en los -jardines del rey y en otras varias partes en que se han hecho -excavaciones profundas, se hallan hasta treinta capas distintas de -lava, y éstas seis o siete veces interrumpida con tierra vegetal -y restos confusos de edificios, que es decir: treinta veces aquel -terreno, que ahora habitan los hombres con tal seguridad, ha estado -cubierto de torrentes de fuego con el trascurso de los siglos; -seis o siete veces se han<span class="pagenum" id="Page_366">[p. -366]</span> olvidado los hombres del estrago anterior, han cultivado -y han habitado aquel territorio; otras tantas se han repetido -aquellos horrores, y, no obstante, hoy viven sobre tantas ruinas, sin -temer que la naturaleza, en un solo momento, renueve igual destrozo. -La montaña de Soma, que por el lado de Oriente y Mediodía rodea al -Vesubio, parece ser una parte de él; ambos están sobre una misma -base, y parece haberlos desunido algún hundimiento, de que resultó -una abertura lateral, aumentándose después la cima del volcán con -las materias mismas que arroja. Las montañas de Soma, por la parte -interior, que mira al Vesubio, toda está rota y quebrantada, y la -opinión de haber sido en otros tiempos estos dos montes uno solo se -fortifica, no solamente por la forma de entrambos, sino también por -la identidad de las materias de que se componen. Este volcán tiene, -además de la boca principal, varias aberturas, que rompen u obstruyen -sucesivamente la dimensión de la crátera; se ha encontrado diferente -en varias ocasiones también la distancia que hay desde sus bordes -hasta donde se halla el fuego; toda la parte interior de su gran -boca, compuesta de ásperas masas de piedras, lavas, cenizas, pómez y -escorias metálicas y bituminosas, presenta a la vista varios colores, -siendo los principales el blanco, verde, amarillo, ceniciento y -morado. Casi siempre arroja humo con más o menos abundancia; de -noche se ven salir por su boca llamaradas y materias líquidas que -se revierten en varias di<span class="pagenum" id="Page_367">[p. -367]</span>recciones, y a corta distancia se congelan. Si se examinan -las señales que ha dejado este volcán en sus erupciones, se pierde -la imaginación en el cálculo de su antigüedad; la memoria de los -hombres, limitada y oscura, abraza apenas un corto espacio de su -edad larga, anterior a todos los monumentos que conocemos y a las -naciones de que tenemos algunas noticias. La primera erupción de -que hablan los escritores es la del año de 79 de Jesucristo, en que -perecieron Herculano y Pompeya. Plinio el naturalista, que se hallaba -en Miseno, atravesó el mar con deseos de observar sus efectos, -y murió a las faldas de este monte, sofocado por el humo. Desde -entonces hasta la edad presente se cuentan treinta y tres o treinta -y cuatro erupciones, más o menos terribles, que han hecho de aquel -país un montón confuso de ruinas, convirtiéndole muchas veces en un -desierto. No pueden leerse sin admiración y horror los efectos de -estas erupciones. Suena un rumor confuso en las cavernas de la gran -montaña, sale humo espeso por su boca, le agita el aire y esparce -oscuridad y fetor por los campos vecinos; se aumenta el estruendo, -revienta el monte, y entre una espesa lluvia de ceniza ardiente, que -cubre la atmósfera y sepulta en tinieblas a la populosa Nápoles, con -estampidos y relámpagos sale una columna altísima de fuego, arrojando -al aire enormes piedras candentes, que se precipitan a los valles; -brama impetuoso el viento, se altera el mar, tiembla la tierra, -inflámase por todas partes el<span class="pagenum" id="Page_368">[p. -368]</span> monte y derrama torrentes de agua entre las lavas que -desde su altura bajan ardiendo al mar, abrasando y reduciendo a -cenizas los árboles, las mieses, los edificios, las ciudades, que -al pasar aniquila o sepulta; irritados los elementos, anuncian el -trastorno final del mundo, y en sólo un momento desaparecen naciones -enteras.</p> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_19"> - <p><span class="pagenum" id="Page_369">[p. 369]</span></p> - <h2 title="El Conde de Toreno" - class="nobreak"><span class="g1">EL CONDE DE TORENO</span><br /> - <small>(1786-1843)</small></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="lh120"> - -<p>La <i>historia del levantamiento, guerra y revolución de España</i> se -publicó en cinco tomos, 1835-37.</p> - -<p>Es un admirable ensayo de restauración de la forma histórica -clásica y de imitación particular de Mariana. No le imita en sus -discursos y arengas, género que ha pasado definitivamente de moda; -pero sí en las sentencias y reflexiones breves, y sobre todo, en la -narración corriente y limpia, hecha en un lenguaje fácil y elegante, -y también afectadamente arcaico, aunque en este punto no llegue -ciertamente su afición por el arcaísmo al extremo que en el P. -Mariana.</p> - -</div> - - -<div class="apartado" id="Ch_19_1"> - <h3 title="Primer sitio y defensa de Zaragoza">HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO - Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA</h3> - <p class="centra mt2">PRIMER SITIO Y DEFENSA DE ZARAGOZA</p> -</div> - -<p>Sin muro y sin torreones, según nos ha transmitido Floro, -defendióse largos años la inmortal Numancia contra el poder de -Roma. También desguarnecida y desmurada, resistió al de Fran<span -class="pagenum" id="Page_370">[p. 370]</span>cia, con tenaz porfía, -si no por tanto tiempo, la ilustre Zaragoza. En ésta como en -aquélla mancillaron su fama ilustres capitanes, y los impetuosos -y concertados ataques del enemigo tuvieron que estrellarse en los -acerados pechos de sus invictos moradores. Por dos veces, en menos de -un año, cercaron los franceses a Zaragoza: una, malogradamente; otra, -con pérdidas e inauditos reveses. Cuanto fué de realce y nombre para -Aragón la heroica defensa de su capital, fué de abatimiento y desdoro -para sus sitiadores, aguerridos y diestros, no haberse enseñoreado de -ella pronto y de la primera embestida.</p> - -<p>Baña a Zaragoza, asentada a la derecha margen, el caudaloso Ebro. -Cíñela al mediodía y del lado opuesto, Huerba, acanalado y pobre, -que más abajo rinde a aquél sus aguas y casi enfrente adonde, desde -el Pirineo, viene también a fenecer el Gállego. Por la misma parte, -y a un cuarto de legua de la ciudad, se eleva el monte Torrero, cuya -altura atraviesa la Acequia Imperial, que así llaman al canal de -Aragón, por traer su origen del tiempo del emperador Carlos V.</p> - -<p>Antes del sitio hermoseaban a Zaragoza en sus contornos feraces -campiñas, viñedos y olivares, con amenas y deleitables quintas, a -que dan en la tierra el nombre de torres. A la izquierda del Ebro -está el arrabal, que comunica con la ciudad por medio de un puente de -piedra, habiéndose destruído otro de madera en una riada que hubo en -1802.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_371">[p. 371]</span></p> - -<p>Pasaba la población de 55.000 almas; menguó con las muertes y -destrozos. No era Zaragoza ciudad fortificada, diciendo Colmenar<a -id="FNanchor_628" href="#Footnote_628" class="fnanchor">[628]</a>, -a manera de profecía, cosa ha de un siglo, «que estaba sin defensa, -pero que reparaba esta falta el valor de sus habitantes».</p> - -<p>Cercábala solamente una pared de diez a doce pies de alto y tres -de espesor, en parte de tapia y en otras de mampostería, interpolada -a veces y formada por algunos edificios y conventos, y en la que -se cuentan ocho puertas que dan salida al campo. No lejos de una -de ellas, que es la del Portillo, y extramuros, se distingue la -Aljafería, antigua morada de los reyes de Aragón, rodeada de un foso -y muralla, cuyos cuatro ángulos guarnecen otros tantos bastiones. Las -calles en general son angostas, excepto la del Coso, muy espaciosa -y larga, casi en el centro de la ciudad, y que se extiende desde -la puerta llamada del Sol hasta la plaza del Mercado. Las casas, -de ladrillo, y por la mayor parte de dos o tres pisos; la adornan -edificios y conventos bien construídos y de piedra de sillería. -La piedad admira dos suntuosas catedrales: la de Nuestra Señora -del Pilar y la de la Seo, en las que alterna por años, para su -asistencia, el Cabildo. El último templo, antiquísimo; el primero, -muy venerado de los naturales por la imagen que en su santuario se -adora. Como no es<span class="pagenum" id="Page_372">[p. 372]</span> -de nuestra incumbencia hacer una descripción especial de Zaragoza, no -nos detendremos ni en sus antigüedades ni grandeza, reservando para -después hablar de aquellos lugares que, a causa de la resistencia que -en ellos se opuso, adquirieron desconocido renombre, porque allí las -casas y edificios fueron otras tantas fortalezas.</p> - -<p>Si ningunas eran en Zaragoza las obras de fortificación, tampoco -abundaban otros medios de defensa. Vimos cuán escasos andaban al -levantarse en mayo. El corto tiempo transcurrido no había dejado -aumentarlos notablemente, y antes bien se habían aminorado con los -descalabros padecidos en Tudela y Mallen. En semejante estado, déjase -discurrir la consternación de Zaragoza al esparcirse la nueva, en la -noche del 14 de junio, de haber sido aquel día derrotado don José -de Palafox en las cercanías de Alagón, según dijimos en el anterior -libro. Desapercibidos sus habitantes, tan solamente hallaron consuelo -con la presencia de su amado caudillo, que no tardó en regresar a la -ciudad. Mas el enemigo no dió descanso ni vagar. Siguieron de cerca -a Palafox, y tras él vinieron proposiciones del general Lefebvre -Desnouettes, a fin de que se rindiese, con un pliego enderezado al -propio objeto, y firmado por los emisarios españoles Castel-Franco, -Villela y Pereira, que acompañaban al ejército francés, y de quienes -ya hicimos mención.</p> - -<p>Fué la repuesta del general Palafox ir al encuentro de -los invasores, y con las pocas tropas<span class="pagenum" -id="Page_373">[p. 373]</span> que le quedaban, algunos paisanos -y piezas de campaña, se colocó fuera, no lejos de la ciudad, al -amanecer del 15. Estaba a su lado el marqués de Lazán y muchos -oficiales, mandando la artillería el capitán don Ignacio López. -Pronto asomaron los franceses y trataron de acometer a los nuestros -con su acostumbrado denuedo. Pero Palafox, viendo cuán superior era -el número de los contrarios, determinó retirarse, y ordenadamente -pasó a Longares, pueblo seis leguas distante, desde donde continuó -al puerto del Frasno, cercano a Calatayud, queriendo engrosar su -división con la que reunía y organizaba en dicha ciudad el Barón de -Versages.</p> - -<p>Semejante movimiento, si bien acertado en tanto que no se -consideraba a Zaragoza con medios para defenderse, dejaba a esta -ciudad del todo desamparada y a merced del enemigo. Así se lo imaginó -fundadamente el general francés Lefebvre Desnouettes, y con sus 5 a -6.000 infantes y 800 caballos, a las nueve de la mañana del mismo 15, -presentóse con ufanía delante de las puertas. Habían crecido dentro -las angustias; no eran arriba de 200 los militares que quedaban entre -miñones y otros soldados; los cañones, pocos y mal colocados, como -gente a quien no guiaban oficiales de artillería, pues de los dos -únicos con quien se contaba en un principio, don Juan Cónsul y don -Ignacio López, el último acompañaba a Palafox, y el primero, por -orden suya, hallábase de comisión en Huesca. El paisanaje andaba sin -concier<span class="pagenum" id="Page_374">[p. 374]</span>to, y por -todas partes reinaba la indisciplina y confusión. Parecía, por tanto, -que ningún obstáculo detendría a los enemigos, cuando el tiroteo de -algunos paisanos y soldados desbandados los obligó a hacer parada y -proceder precavidamente. De tan casual e impensado acontecimiento -nació la memorable defensa de Zaragoza.</p> - -<p>La perplejidad y tardanza del general francés alentó a los que -habían empezado a hacer fuego, y dió a otros alas para ayudarlos -y favorecerlos. Pero como aun no había baterías ni resguardo -importante, consiguieron algunos jinetes enemigos penetrar hasta -dentro de las calles. Acometidos por algunos voluntarios y miñones de -Aragón, al mando del coronel don Antonio de Torres, y acosados por -todas partes por hombres, mujeres y niños, fueron los más de ellos -despedazados cerca de Nuestra Señora del Portillo, templo pegado a la -puerta del mismo nombre.</p> - -<p>Enfurecidos los habitantes, y con mayor confianza en sus fuerzas -después de la adquirida, si bien fácil, ventaja, acudieron sin -distinción de clase ni de sexo adonde amagaba el peligro, y llevando -a brazo los cañones antes situados en el Mercado, plaza del Pilar -y otros parajes desacomodados, los trasladaron a las avenidas por -donde el enemigo intentaba penetrar, y de repente hicieron contra -sus huestes horrorosas descargas. Creyó entonces necesario el -general francés emprender un ataque formal contra las puertas del -Carmen y del Portillo. Puso su mayor conato en<span class="pagenum" -id="Page_375">[p. 375]</span> apoderarse de la última, sin advertir -que situada a la derecha de la Aljafería, eran flanqueadas sus -tropas por los fuegos de aquel castillo, cuyas fortificaciones, -aunque endebles, le resguardaban de un rebate. Así sucedió que los -que le guarnecían, capitaneados por un oficial retirado, de nombre -don Mariano Cerezo, militar tan bravo como patriota, escarmentaron -la audacia de los que confiadamente se acercaban a sus muros. -Dejáronlos aproximarse, y a quemarropa, los ametrallaron. En sumo -grado contribuyó a que fuera más certera la artillería en sus tiros, -un oficial, sobrino del general Guillelmi, quien encerrado allí -con su tío desde el principio de la insurrección, olvidándose del -agravio recibido, sólo pensó en no dar quiebra a su honra, y cumplió -debidamente con lo que la patria exigía a su persona.</p> - -<p>Igualmente fueron los franceses repelidos en la puerta del -Carmen, sosteniendo por los lados el tremendo fuego que de frente -se les hacía, escopeteros esparcidos entre las tapias, alameda y -olivares, cuya buena puntería causó en las filas enemigas notable -matanza. Nadie rehusaba ir a la lid; las mujeres corrían a porfía -a estimular a sus esposos y a sus hijos, y atropellando por medio -del inminente riesgo, los socorrían con víveres y municiones. Los -franceses, aturdidos al ver tanto furor y ardimiento, titubeaban, y -crecía con su vacilar el entusiasmo y valentía de los defensores. De -nuevo, no obstante, y reiteradas veces embistieron la entrada del -Portillo, desviándose de la<span class="pagenum" id="Page_376">[p. -376]</span> Aljafería, y procurando cubrirse detrás de los olivares y -arboledas.</p> - -<p>Menester fué, para poner término a la sangrienta y reñida pelea, -que sobreviniese la noche. Bajo su amparo se retiraron los franceses -a media legua de la ciudad, y recogieron sus heridos, dejando el -suelo sembrado de más de quinientos cadáveres. La pérdida de los -españoles fué mucho más reducida, abrigados de tapias y edificios. -Y de aquella señalada victoria, que algunos llamaron de las Eras, -resultó el glorioso empeño de los zaragozanos de no entrar en pacto -alguno con el enemigo, y resistir hasta el último aliento.</p> - -<p>Fuera de sí aquellos vecinos con la victoria alcanzada, ignoraban -todavía el paradero del general Palafox. Grande fué su tristeza al -saber su ausencia, y no teniendo fe en las autoridades antiguas ni -en los demás jefes, los diputados y alcaldes de barrio, a nombre del -vecindario, se presentaron, luego que cesó el combate, al corregidor -e intendente don Lorenzo Calvo de Rozas, que hechura de Palafox, -merecía su confianza. Instáronle para que hiciera sus veces, y -condescendió con sus ruegos en tanto que aquél no volviera.</p> - -<p>Unía Calvo en su persona las calidades que el caso requería. -Declarado abiertamente en favor de la causa pública, habíase -fugado de Madrid, en donde estaba avecindado. Hombre de carácter -firme y sereno, encerraba en su pecho, con apariencias de tibio, -el entusiasmo y presteza de un alma<span class="pagenum" -id="Page_377">[p. 377]</span> impetuosa y ardiente. Autorizado, como -ahora se veía, por la voz popular, y punzado por el peligro que a -todos amenazaba, empleó con diligencia cuantos medios le sugería el -deseo de proteger contra la invasión extraña la ciudad que se ponía -en sus manos.</p> - -<p>Prontamente llamó al teniente de rey don Vicente Bustamante para -que expidiese y firmase a los de su jurisdicción las convenientes -órdenes. Mandó iluminar las calles, con objeto de evitar cualquiera -sorpresa o excesos; empezáronse a preparar sacos de tierra para -formar baterías en las puertas de Sancho, el Portillo, Carmen y -Santa Engracia; abriéronse zanjas o cortaduras en sus avenidas; -dispusiéronse a artillarlas, y se levantó en toda la tapia que -circuía a la ciudad una banqueta, para desde allí molestar al enemigo -con la fusilería. Prevínose a los vecinos en estado de llevar armas -que se apostasen en los diversos puntos, debiendo alternar noche y -día; ocupáronse los niños y mujeres en tareas propias de su edad y -sexo, y se encargó a los religiosos hacer cartuchos de cañón y fusil, -cumpliéndose con tan buen deseo y ahinco aquellas disposiciones, que -a las diez de la noche se había ya convertido Zaragoza en un taller -universal, en el que todos se afanaban por desempeñar debidamente lo -que a cada uno se había encomendado.</p> - -<p>Con más lentitud se procedió en la construcción de las baterías, -por falta de ingeniero que dirigiese la obra. Sólo había uno, que era -don An<span class="pagenum" id="Page_378">[p. 378]</span>tonio San -Genis, y éste había sido el 15 llevado a la cárcel por los paisanos, -que le conceptuaban sospechoso, habiendo notado que reconocía las -puertas y la ronda de la ciudad. Ignoróse su suerte en medio de la -confusión, pelea y agitación de aquel día y noche, y sólo se le puso -en libertad, por orden de Calvo de Rozas, en la mañana del 16. Sin -tardanza trazó San Genis atinadamente varias obras de fortificación, -esmerándose en el buen desempeño, y ayudado, en lugar de otros -ingenieros, por los hermanos Tabuenca, arquitectos de la ciudad. -Pintan estos pormenores, y por eso no son de más, la situación de los -zaragozanos, y lo apurados y escasos que estaban de recursos y de -hombres inteligentes en los ramos entonces más necesarios.</p> - -<p>Los franceses, atónitos con lo ocurrido el 15, juzgaron -imprudente empeñarse en nuevos ataques antes de recibir de Pamplona -mayores fuerzas, con artillería de sitio, morteros y municiones -correspondientes. Mientras que llegaba el socorro, queriendo Lefebvre -probar la vía de la negociación, intimó el 17 que a no venir a -partido pasaría a cuchillo a los habitantes cuando entrase en la -ciudad. Contestósele dignamente, y se prosiguió con mayor empeño en -prepararse a la defensa.</p> - -<p>El general Palafox, en tanto, vista la decisión que habían tomado -los zaragozanos de resistir a todo trance al enemigo, trató de -hostigarle y llamar a otra parte su atención. Unido al barón de<span -class="pagenum" id="Page_379">[p. 379]</span> Versages, contaba con -una división de 6.000 hombres y cuatro piezas de artillería. El 21 -de junio pasó en Almunia reseña de su tropa, y el 23 marchó sobre -Epila. En aquella villa hubo jefes que notando el poco concierto de -su tropa, por lo común allegadiza, opinaron ser conveniente retirarse -a Valencia y no empeorar con una derrota la suerte de Zaragoza. -Palafox, asistido de admirable presencia de ánimo, congregó su gente, -y delante de las filas, exhortando a todos a cumplir con el duro, -pero honroso deber que la Patria les imponía, añadió que eran dueños -de alejarse libremente aquellos a quienes no animase la conveniente -fortaleza para seguir por el estrecho y penoso sendero de la virtud -y de la gloria, o que tachasen de temeraria su empresa. Respondióse -a su voz con universales clamores de aprobación, y ninguno osó -desamparar sus banderas. De tamaña importancia es en los casos arduos -la entera y determinada voluntad de un caudillo.</p> - -<p>Seguro de sus soldados, hizo propósito Palafox de avanzar la -mañana siguiente a la Muela, tres leguas de Zaragoza, queriendo coger -a los franceses entre su fuerza y aquella ciudad. Pero barruntando -éstos su movimiento, se le anticiparon y acometieron a su ejército en -Epila a las nueve de la noche, hora desusada, y en la que dieron de -sobresalto e impensadamente sobre los nuestros por haber sorprendido -y hecho prisionera una avanzada, y también por el descuido con que -todavía andaban nuestras inexpertas tropas. Trabóse la re<span -class="pagenum" id="Page_380">[p. 380]</span>friega, que fué empeñada -y reñida. Como los españoles se vieron sobrecogidos, no hubo orden -premeditado de batalla, y los cuerpos se colocaron según pudo cada -uno en medio de la obscuridad. La artillería, dirigida por el muy -inteligente oficial don Ignacio López, se señaló en aquella jornada, -y algunos regimientos se mantuvieron firmes hasta por la mañana, que -sin precipitación tomaron la vuelta de Calatayud. En su número se -contaba el de Fernando VII, que aunque nuevo, sostuvo el fuego por -espacio de seis horas, como si se compusiera de soldados veteranos. -También hombres sueltos de guardias españolas defendieron largo rato -una batería de las más importantes. Disputaron, pues, unos y otros -el terreno a punto de que los franceses no los incomodaron en la -retirada.</p> - -<p>Palafox, convencido no obstante de que no era dado con tropas -bisoñas combatir ventajosamente en campo raso, y de que sería más -útil su ayuda dentro de Zaragoza, determinó, superando obstáculos, -meterse con los suyos en aquella ciudad, por lo que, después de -haberse rehecho, y dejando en Calatayud un depósito al mando del -barón de Versages, dividió su corta tropa en dos pequeños trozos; -encargó el uno a su hermano don Francisco, y acaudillando en persona -el otro, volvió el 2 de julio a pisar el suelo zaragozano.</p> - -<p>Ya había allí acudido días antes su otro hermano el marqués de -Lazán, que era el gobernador, con varios oficiales, a instancias y -por aviso del<span class="pagenum" id="Page_381">[p. 381]</span> -intendente Calvo de Rozas. Deseaba éste un arrimo para robustecer -aun más sus acertadas providencias, acordar otras, comprometer en la -defensa a las personas de distinción que no lo estuviesen todavía, -imponer respeto a la muchedumbre, congregando una reunión escogida -y numerosa, y afirmarla en su resolución por medio de un público y -solemne juramento. Para ello convocó el 25 de junio una Junta general -de las principales corporaciones e individuos de todas clases, -presidida por el marqués de Lazán. En su seno expuso brevemente Calvo -de Rozas el estado en que la ciudad se hallaba, y cuáles eran sus -recursos, y excitó a los concurrentes a coadyuvar con sus luces y -patriótico celo al sostenimiento de la causa común. Conformes todos, -aprobaron lo antes obrado, se confirmaron en su propósito de vencer -o morir, y resolvieron que el 26 los vecinos, soldados, oficiales -y paisanos armados, prestarían en calles y plazas, en baterías y -puertas, un público y majestuoso juramento.</p> - -<p>Amaneció aquel día, y a una hora señalada de la tarde se pobló -el aire de un grito asombroso y unánime «de que los defensores de -Zaragoza, juntos y separados, derramarían hasta la última gota de su -sangre por su religión, su rey y sus hogares».</p> - - -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTA</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_628"><span class="label"><a -href="#FNanchor_628">[628]</a></span> <i>Annales d’Espagne et de -Portugal</i>, par don Juan Alvarez de Colmenar, t. V, pág. 431, edición -de Amsterdam.</p> - -</div> - -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="ToC"> - <p><span class="pagenum" id="Page_383">[p. 383]</span></p> - <h2 title="Índice" - class="nobreak"><span class="g1">ÍNDICE</span></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<table summary="Índice o tabla de contenidos"> - <tr> - <td colspan="3" class="tdr"><small><span class="subrray">Páginas.</span></small></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl"><a href="#Ch_0"><span class="smcap">Prólogo</span></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_0">1</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_0_1">Advertencia sobre la lengua medieval</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_0_1">5</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_1"><span class="smcap">Alfonso el Sabio - y sus continuadores</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_1">7</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_1_1">Comienzo del reinado de Nerón</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_1_1">11</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_1_2">Muerte de Nerón</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_1_2">17</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_1_3">Garci Pérez de Vargas y su cofia</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_1_3">22</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_2"><span class="smcap">Don - Juan Manuel</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_2">28</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_2_1">Don Illán y el deán de Toledo</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_2_1">30</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_2_2">El mozo que casó con mujer brava</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_2_2">39</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_3"><span class="smcap">Alfonso - Martínez de Toledo</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_3">47</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_3_1">Vicios y tachas de las mujeres</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_3_1">50</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_3_2">La mujer habladora</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_3_2">58</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_4"><span class="smcap">Fernando - de Rojas</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_4">62</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_4_1">Primera entrevista de Calixto y Melibea</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_4_1">66</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_4_2">Celestina va a casa de Melibea</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_4_2">74</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_5"><span class="smcap">Autor anónimo - del Lazarillo de Tormes</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_5">83</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_5_1">Lázaro y el escudero de Toledo</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_5_1">86</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_6"><span class="smcap">Don Diego - Hurtado de Mendoza</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_6">113</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_6_1">Prólogo de la <i>Guerra de Granada</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_6_1">116</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_6_2">El Fuerte de Calalui</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_6_2">120</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_7"><span class="smcap">Fray Luis - de Granada</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_7">125</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_7_1">Meditación del Juicio final</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_7_1">127</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_7_2">Descendimiento de Cristo</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_7_2">133</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_7_3">Descripción de la granada</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_7_3">136</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_7_4">Pintura del pavo real</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_7_4">139</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_8"><span class="smcap">Santa - Teresa de Jesús</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_8">143</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_8_1">Narración de su infancia</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_8_1">145</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_8_2"><i>Las Moradas</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_8_2">150</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_8_3">Carta a su hermano don Lorenzo</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_8_3">152</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_8_4">Carta a Fray Jerónimo Gracián</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_8_4">155</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_9"><span class="pagenum" - id="Page_384">[p. 384]</span><span class="smcap">Fray Luis de León</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_9">158</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_9_1">Del arte de escribir la lengua vulgar</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_9_1">160</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_9_2">Introducción a los <i>Nombres de Cristo</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_9_2">162</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_9_3">Cristo, príncipe de Paz</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_9_3">167</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_9_4">Alabanza del madrugar</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_9_4">172</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_10"><span class="smcap">El P. Juan - de Mariana</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_10">178</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_10_1">Muerte de Don Pedro el Cruel</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_10_1">181</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_10_2">Proclamación de Don Juan II</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_10_2">194</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_10_3">El compromiso de Caspe</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_10_3">202</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_11"><span class="smcap">Fray José - de Sigüenza</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_11">210</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_11_1">Vida de Fray Juan de Carrión</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_11_1">211</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_11_2">Prólogo de la <i>Historia de la Orden - de San Jerónimo</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_11_2">216</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_12"><span class="smcap">Miguel - de Cervantes Saavedra</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_12">219</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_12_1">Comienzo del <i>Quijote</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_12_1">220</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_12_2">Diálogo de Don Quijote y el Canónigo</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_12_2">224</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_12_3">El Caballero del Verde Gabán</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_12_3">241</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_12_4">La Cueva de Montesinos</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_12_4">248</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_12_5"><i>Coloquio de los perros</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_12_5">262</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_13"><span class="smcap">Don - Francisco de Moncada</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_13">269</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_13_1">Prólogo de la <i>Expedición de Catalanes - y Aragoneses</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_13_1">270</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_13_2">Los Almugávares</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_13_2">273</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_14"><span class="smcap">Don - Francisco de Quevedo y Villegas</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_14">278</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_14_1">Señales del verdadero Rey</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_14_1">281</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_14_2">Discurso de Marco Bruto</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_14_2">286</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_14_3"><i>Las Zahurdas de Plutón</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_14_3">288</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_14_4">Don Enrique de Villena en la redoma</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_14_4">295</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_14_5">El dómine Cabra</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_14_5">305</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_15"><span class="smcap">El P. - Baltasar Gracián</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_15">311</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_15_1">No estar siempre de burlas</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_15_1">312</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_15_2">Fragmento de <i>El Criticón</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_15_2">316</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_16"><span class="smcap">Don - Francisco Manuel de Melo</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_16">320</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_16_1">Muerte del Marqués de Santa Coloma</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_16_1">322</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_17"><span class="smcap">Don Gaspar - Melchor de Jovellanos</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_17">331</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_17_1"><i>Defensa de la Junta Central</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_17_1">334</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_17_2">Carta a Don Antonio Ponz</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_17_2">341</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_18"><span class="smcap">Don Leandro - Fernández de Moratín</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_18">349</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_18_1"><i>Derrota de los Pedantes</i></a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_18_1">350</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_18_2">El Vesubio</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_18_2">361</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdl pt1"><a href="#Ch_19"><span class="smcap">El Conde - de Toreno</span></a></td> - <td class="tdr pt1"><a href="#Ch_19">369</a></td> - </tr> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_19_1">Primer sitio y defensa de Zaragoza</a></td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_19_1">369</a></td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3"> -<div class="transnote" id="tnote"> - <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p> - - <ul> - <li>Se han respetado las ortografías originales de las distintas - épocas. Las inconsistencias ortográficas no se han normalizado.</li> - - <li>Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su - detección se ha tenido en cuenta el texto de la primera edición - de esta obra.</li> - - <li>Se han renumerado las notas a pie de página y se han colocado al - final de cada capítulo.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - </ul> -</div> -</div> - -<hr class="full" /> - - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Antología de prosistas castellanos, by -Ramón Menéndez Pidal - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS *** - -***** This file should be named 53837-h.htm or 53837-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/8/3/53837/ - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Information about the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the -mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its -volunteers and employees are scattered throughout numerous -locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt -Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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