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+The Project Gutenberg EBook of Los majos de Cádiz, by Armando Palacio Valdés
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Los majos de Cádiz
+
+Author: Armando Palacio Valdés
+
+Release Date: October 5, 2011 [EBook #37637]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS MAJOS DE CÁDIZ ***
+
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+
+
+En esta edición se han mantenido las convenciones
+ ortográficas del original, incluyendo
+ las variadas normas de acentuación
+ presentes en el texto.
+ (nota del transcriptor)
+
+
+
+LOS
+
+MAJOS DE CÁDIZ
+
+(NOVELA DE COSTUMBRES)
+
+POR
+
+ARMANDO PALACIO VALDÉS
+
+MADRID
+
+TIPOGRAFÍA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNÁNDEZ
+
+Libertad, 16 duplicado.
+
+1896
+
+ES PROPIEDAD
+
+
+
+
+PRÓLOGO
+
+Observaciones acerca de la composición en la novela.
+
+
+I
+
+Para el lector aficionado á razonar el arte y discutir su técnica
+escribo estas breves líneas. Páselas por alto quien sólo aspire á
+sentirlo, seguro de que nada perderá en ello: mi simpatía, como la de
+todo artista, estará siempre con él. Porque sólo una imaginación fresca
+exenta de conceptos retóricos puede gozar realmente las obras poéticas,
+respirar con libertad en el mundo de la fantasía. Además, dígase lo que
+se quiera, á ningún _maese Pedro_ le place mostrar por dentro el retablo
+de las figuras con sus jarcias y resortes; y si alguna vez lo hace,
+suele ser apretado por el deseo de defenderse de los pecados que le
+atribuyen ó de prevenir al público contra los errores de una crítica
+precipitada ó desleal. No es esto, sin embargo, lo que me impulsa á
+escribir el presente prólogo, como tampoco me ha movido á escribir el
+que años ha puse al frente de mi novela _La Hermana San Sulpicio_. En
+España, afortunadamente, apenas si existe la crítica, y el autor de
+novelas goza de aquella paz profunda, de aquella amable serenidad de que
+gozaron en las primeras edades del mundo Valmiky y Homero para escribir
+sus inmortales poemas. La única razón que hallo en mi espíritu (aparte
+de cierta manía didáctica que me ha quedado de los años de adolescencia,
+cuando con mi dedo infalible señalaba á los autores la ruta que debían
+seguir) es la contradicción en que me reconozco con los gustos y
+tendencias que dominan actualmente lo mismo en las artes plásticas que
+en la poesía. Esta contradicción me atormenta sobremanera, porque me
+hace dudar de mí mismo. Derramo la vista por Europa y no veo en la
+pintura y en la poesía más que escenas lúgubres y prosaicas, no escucho
+sino acentos de muerte. De las estepas de la Rusia llegan delirios
+místicos que entusiasman al pueblo de Molière, de Rabelais y de
+Voltaire. De aquí surgen análisis indigestos, obscenidades escandalosas
+que seducen á los hijos de Cervantes; por último, el viento glacial de
+la Noruega nos envía en forma dramática aéreos simbolismos que
+estremecen de gozo á la Italia, ¡á la Italia, donde han nacido Virgilio
+y Petrarca, Rafael y Tiziano! Naturalistas, místicos, decadentistas,
+ibsenistas, simbolistas en la poesía; luministas, azulantes, metalistas
+en la pintura. El arte se me representa como un inmenso ataque de
+nervios, los artistas como locos unas veces, otras como charlatanes que
+disfrazan su impotencia con afectaciones monstruosas y se aprovechan
+hábilmente de la perversión general del gusto; el público estragado por
+ellos y por el utilitarismo reinante, sin criterio para distinguir lo
+bello y lo sano de lo feo y absurdo.
+
+Al observar mi naturaleza en contradicción tan radical con el espíritu
+de la época me asalta el temor de padecer una aberración mental: hay
+momentos en que me figuro ser uno de esos infelices degenerados
+incapaces de «adaptarse al medio» que tan bien pintan los modernos
+filósofos de la escuela positiva, y me estremezco y me abato, y me
+propongo en término no lejano someterme á un tratamiento terapéutico
+adecuado. Es posible que con las duchas, la nuez de Kola y el vino
+ferruginoso, los dramas noruegos me parezcan tan interesantes como los
+de Shakspeare, Calderón ó Schiller, los místicos rusos tan profundos
+como Platón y Spinoza, las novelas de la escuela naturalista tan bellas
+como las de Longo, Cervantes y Goethe, los cuadros de los decadentistas
+franceses mejores que los de Rubens y Velázquez. Pero mientras llega la
+hora feliz de regenerarme hasta donde sea posible, pido permiso para
+exponer algunas observaciones críticas acerca del arte de escribir
+novelas. Voy á aventurar ciertas hipótesis que constituyen el fondo
+mismo de mi inspiración, lo que hasta ahora me ha sostenido y consolado
+en la ya larga labor que he llevado á término. Absurdas ó verdaderas, yo
+las amo. Sólo pido al lector que antes de condenarlas al desprecio las
+medite un instante.
+
+
+II
+
+Dirijamos una mirada á la historia del arte. Hay un hecho que desde
+luego llama poderosamente la atención: la fecundidad prodigiosa de
+ciertas épocas y la esterilidad de otras. En el período de poco más de
+un siglo que media entre Fidias y Praxiteles nacen en el suelo reducido
+de la Grecia centenares de escultores, la mayor parte desconocidos para
+nosotros, pero cuyas obras, carcomidas y mutiladas como salen de entre
+los escombros, nos llenan de admiración y alegría. En un período de
+cincuenta ó sesenta años del siglo XV brilla en el país de Flandes
+legión numerosa de grandes pintores, cuyos cuadros, si alguien ha
+igualado, nadie ha sobrepujado jamás. Apágase momentáneamente la
+inspiración de los artistas flamencos en el siglo XVI y se traslada á
+Italia, donde viven y trabajan á un mismo tiempo algunas docenas de
+genios portentosos, cada uno de los cuales bastaría para ilustrar un
+siglo. Torna la mágica fuerza en el siglo XVII á los Países Bajos y
+produce esa maravillosa explosión donde los pintores ya no se cuentan
+por cientos, sino por millares. Nuestra patria se siente arrastrada por
+Italia y por Flandes al cielo de la belleza, y hace brotar de su seno la
+famosa escuela española con Zurbarán, Ribera, Velázquez y Murillo. ¿No
+es verdad que parece un contagio? De pronto aquel sol esplendoroso se
+eclipsa y quedamos dos siglos en oscuridad y tristeza. Sólo tal cual
+artista, aproximándose, aunque sin igualar jamás á aquellos genios,
+brilla como estrella solitaria y melancólica.
+
+Las explicaciones que los historiadores del arte suelen dar á este hecho
+sorprendente nunca me han satisfecho. La aparición del arte como una
+consecuencia natural del engrandecimiento material de los países, como
+la flor de la civilización, que es la teoría hoy predominante, no hace
+más que agregar un hecho á otro hecho sin explicar ninguno de los dos.
+Supongamos cierto que el arte se produce necesariamente cuando los
+países alcanzan cierto grado de prosperidad, cuando el hombre, después
+de haber allanado los obstáculos que la naturaleza le oponía para su
+subsistencia, queda desahogado y puede gozar en calma de la vida. Pero
+la dificultad queda en pie. ¿Por qué en ciertas épocas de prosperidad
+nacen muchos y grandes artistas, y en otras de tanta ó mayor opulencia
+no nace ninguno? Nadie puede dudar que en la actualidad existen en el
+mundo países ricos y prósperos donde la civilización ha subido á una
+altura desconocida en la historia, donde la vida es fácil, segura,
+cómoda. Francia, Inglaterra, Alemania, Austria, Bélgica, Holanda y los
+Estados Unidos de América son testimonios innegables de esta afirmación.
+Además, en ninguna época conocida de la historia los artistas han podido
+trabajar con más seguridad ni han encontrado un público tan numeroso ni
+tan solícito para recompensarlos. Compárese lo que hoy gana cualquier
+pintor, por poco que se distinga, con lo que obtenían por sus obras
+Velázquez ó Rembrandt. Compárese la consideración y el respeto de que
+hoy gozan los artistas, hasta el punto de formar una aristocracia tan
+elevada y orgullosa como la de la sangre, con la protección desdeñosa
+que los próceres de otros siglos les dispensaban y el humillante jornal
+que algunos reyes solían otorgarles. ¿Qué momento más favorable puede
+ofrecerse para que la flor de la poesía abra sus pétalos á la luz y
+ostente sus colores más brillantes? Gloria, dinero, seguridad, todo lo
+posee hoy el artista que sepa distinguirse. ¡Y, sin embargo, nuestros
+pintores y escultores no pueden compararse á los de otras épocas! La
+música, que es el arte más moderno, se encuentra hace años ya en
+absoluta decadencia; la literatura, como luego demostraré, igualmente.
+
+Existen, dicen los filósofos naturalistas, razones fisiológicas que
+explican y determinan este fenómeno, como todos los demás de la vida. No
+lo dudo. El hombre se halla enteramente sometido á las fuerzas que obran
+en el seno de la naturaleza, las cuales, á par que engendran, limitan el
+desarrollo de los individuos y las razas. Pero la acción de tales
+fuerzas es tan misteriosa, se ejerce por caminos tan oscuros para
+nosotros, que sólo vagamente podemos atribuirles cuanto sucede en el
+mundo. Nuestro espíritu exige motivos más cercanos. Voy, pues,
+humildemente á proponer una explicación racional del problema, con la
+esperanza de que, si no satisface al lector, por lo menos le ayudará á
+pensarlo y resolverlo por sí mismo.
+
+Como no hallo razón para que en los cincuenta primeros años de un siglo
+nazcan cien artistas de gran mérito y en los cincuenta siguientes
+ninguno, me atrevo á sostener que, dadas las mismas condiciones de raza,
+de medio, de cultura, de seguridad y de estímulo, los hombres nacen
+iguales, ó lo que es igual, en la segunda mitad de un siglo, como no
+hayan variado notablemente las circunstancias apuntadas, ven la luz
+tantos artistas como en la primera. La diferencia está solamente en que
+en la primera mitad los hombres que han nacido con aptitudes para sentir
+la belleza y representarla han podido sacar el fruto de ellas, las han
+desenvuelto natural y lógicamente, mientras que los segundos, por causas
+que ahora voy á indicar, no han podido mostrar al mundo su riqueza
+interior.
+
+Atribuyo la decadencia de las bellas artes, cuando no hay razón externa
+que la explique, á una perversión del gusto, esto es, á la _falta de una
+dirección sana y adecuada para los artistas_. Creo que el gusto es lo
+que determina la altura que el pintor, el escultor ó el poeta puede
+alcanzar en sus obras. Los artistas de las épocas de decadencia han
+nacido tan bien dotados por la naturaleza como los del florecimiento.
+
+Convirtamos los ojos á la época actual. Examinando los cuadros que hoy
+se pintan, las estatuas que se esculpen, ó leyendo con atención las
+obras poéticas que se publican, nadie puede echar menos con justicia el
+ingenio, la invención y el estudio. Si no en la mayor parte, porque la
+producción es excesiva, veo detrás de muchas de ellas la mano y la
+inteligencia de un hombre superior, perfectamente dotado por la
+naturaleza para producir obras bellas y duraderas. ¿Por qué no las
+produce? Sólo por un error de su inteligencia, por una torcida
+dirección que el momento y el medio en que nació han impreso á su
+inspiración, en suma, por la falta de _gusto_. Esto es lo que se observa
+hoy, principalmente en el cultivo de las artes; ausencia de gusto. _To
+be honest, as this world goes is to be one man pick'd out of ten
+thousand_, dice Hamlet. Parodiando estas palabras, bien podemos afirmar
+que, tal como hoy van las artes bellas, tener buen gusto equivale á
+señalarse, no entre diez mil hombres, sino entre cien mil.
+
+El origen de esta perversión del gusto no debe buscarse en
+circunstancias del momento, en defectos de escuela trasmitidos de unos
+individuos á otros, en extravíos fortuitos. Su fundamento es más alto á
+mi juicio: se halla en el principio mismo que ha engendrado la gran
+superioridad artística del Occidente sobre el arte asiático, en el mayor
+desarrollo de la energía individual. Tan cierto es que no hay principio
+verdadero y fecundo que exagerado no se convierta en error y en
+manantial de ruina y que el _nada demasiado_ del oráculo griego es la
+mayor verdad que se ha dicho hasta ahora en el mundo.
+
+La mayor energía individual, la afirmación de su independencia frente á
+la naturaleza, produciendo la variedad de los caracteres, es lo que ha
+elevado al griego sobre el indio y el arte occidental sobre el asiático.
+En el mundo oriental sólo existen tipos; de aquí la monotonía, no
+privada de belleza y sublimidad muchas veces, de sus monumentos
+poéticos. Pero aquel principio fecundo para la civilización, y
+singularmente para las artes, que ha engendrado la _Iliada_, el
+_Prometeo encadenado_, la _Niobé_ y el _Partenon_, que más tarde creó
+las obras portentosas del Renacimiento, exagerado en la Europa moderna,
+sacado fuera de sus justos límites, ha traído consigo el desequilibrio y
+como resultado la decadencia. La energía individual y la independencia
+exageradas se han trasformado en _vanidad_. Este es el gusano que roe y
+paraliza la fuerza de los artistas contemporáneos.
+
+Obsérvese el procedimiento de los antiguos y de los que los han imitado
+en el período del Renacimiento. Un artista, que por sus obras excelentes
+llegaba á merecer el título de maestro, reunía en torno suyo un grupo
+más ó menos numeroso de jóvenes á quienes revelaba los secretos del arte
+é infundía su propio espíritu, adiestrándolos lentamente para hacerlos
+primero sus ayudantes, luego colaboradores de sus obras. El discípulo,
+al cabo, se hacía maestro, concluía por separarse, pero seguía
+trabajando en la misma dirección y con los mismos procedimientos, y sin
+darse quizá cuenta de ello, ni menos proponerse _romper ningún molde_,
+por la energía de su personalidad artística producía obras distintas,
+tanto ó más bellas que las de su maestro, pero sin que se desatase el
+lazo que los unía. Igual fenómeno en la literatura. Homero es el gran
+maestro del mundo helénico. Todos los poetas dramáticos, épicos ó
+líricos acuden á él para beber su inspiración. Esquilo, Sófocles,
+Píndaro y Eurípides confiesan modestamente que viven de las migajas de
+su mesa. Más tarde, cuando Roma empuña el cetro de la literatura, sus
+poetas más insignes no se desdeñan de llamarse discípulos de los
+griegos, los estudian con veneración y los imitan con complacencia. Nada
+han desmerecido por eso á los ojos de la posteridad. La _Eneida_ es una
+imitación de la _Odisea_, y sin embargo hace veinte siglos que embelesa
+al mundo.
+
+Decía Sófocles en los últimos años de su vida que si había logrado
+escribir algo bello en su vida, fué renunciando á _la pompa de Esquilo_
+y también á los refinamientos de arte á que se sentía demasiado
+inclinado. Estas palabras deben dar que pensar á cualquier artista,
+porque encierran la más profunda enseñanza. Cuando los ciclos
+legendarios de la Grecia habían sido ya desenvueltos de un modo
+maravilloso por el genio de Esquilo en trilogías dramáticas que
+parecían insuperables, Sófocles logró, sin embargo, aventajarle. No
+hubiera conseguido esto, si guiado por el amor propio tratase de
+superarle buscando mayores y más vivos efectos, esforzando las galas del
+lenguaje. Pero guiado sólo del amor á lo bello y permaneciendo fiel á su
+naturaleza, no trató más que de producir obras bellas y perfectas, sin
+curarse de competir en ingenio con su glorioso predecesor; y por esta
+modestia y esta moderación llegó á ser el más grande de los dramaturgos
+que la humanidad ha producido.
+
+¡Cuán distinto lo que hoy sucede! Apenas un joven sabe tener el pincel,
+la pluma ó el cincel en la mano, ya se juzga en la necesidad de crear
+algo original, cuando no extraño ó inaudito: se creería humillado
+siguiendo la inspiración y los procedimientos de otro artista, por
+grande que sea. El negocio capital para él no es trabajar bien, sino
+trabajar de un modo distinto que los otros; la originalidad le preocupa
+mucho más que la belleza. Este anhelo que hoy se ha apoderado de todas
+las cabezas, hasta de las más vacías, hace recordar aquel gracioso
+epigrama de Goethe á los originales: «Un quídam dice: Yo no pertenezco á
+ninguna escuela; no existe maestro vivo de quien reciba lecciones; en
+cuanto á los muertos, jamás he aprendido nada de ellos». Lo cual
+significa, si no me equivoco: «Soy un majadero por mi propia cuenta».
+Este afán desmedido de originalidad ¿qué otra cosa es sinó lo que hemos
+dicho, una exageración de la energía individual, un desequilibrio, el
+pecado, en fin, de la soberbia? Triste es confesarlo, pero en la torcida
+dirección que hoy siguen las artes no debe echarse toda la culpa á los
+que las cultivan. El público tiene también una gran parte; el público
+que, en vez de pedirles obras bellas, bien meditadas y con destreza
+concluídas, les exige solamente que no se parezcan á los demás,
+fomentando de esta suerte la excentricidad y el mal gusto, que ha dado
+vida en los últimos años á esa nube de obras extravagantes y ridículas,
+donde la impotencia marcha unida á la vanidad. A la novela, como género
+predominante hoy en la literatura, ha tocado la mayor parte de esta
+viciosa corriente.
+
+
+III
+
+La novela es un género comprensivo que participa de la naturaleza de la
+epopeya, de la del drama y que no pocas veces también entra en los
+dominios de la poesía lírica. Tal amplitud permite al escritor una
+gozosa libertad, que no disfrutan los que cultivan otros géneros más
+definidos. No sólo se le exime del lenguaje rítmico, sino de aquellas
+otras trabas con que la retórica dogmática ha atormentado hasta ahora á
+los poetas épicos y líricos. La novela, en su esencia, rechaza toda
+definición: es lo que el novelista quiere que sea. Pero tanta
+independencia trae, como es lógico, aparejada una mayor responsabilidad:
+ya que tanto se le perdona al novelista, menester es que su invención no
+desmaye jamás: de todo se le exime menos del ingenio. El novelista tiene
+la obligación ineludible de no fatigar jamás al lector, de mantener su
+atención despierta, sujeto su espíritu por lazos invisibles para hacerle
+viajar sin sentirlo por el mundo imaginario. ¡Cuán poco nos acordamos
+los que escribimos novelas de este primer requisito de toda composición
+romancesca! La mayor parte de las veces parece que, en lugar de
+interesar al lector y recrear su espíritu, nos proponemos acabar con su
+paciencia.
+
+La composición es el escollo en que tropiezan la mayor parte de los
+autores de novelas. Hay bastantes capaces de representarse la belleza y
+el interés que ofrece la vida con sus contrastes, dotados de rica
+fantasía, de penetración y de estilo; pero son á mi juicio muy pocos los
+que en la actualidad saben _componer_ un libro. No acontece esto porqué
+la cualidad de componer sea superior ó más rara que las otras, sino
+porque los autores no fijan en ello la atención como debieran.
+Preguntaban á Newton en cierta ocasión: ¿Cómo ha llegado usted á
+descubrir la ley de la gravitación? A lo que el sabio respondió
+modestamente: «Pensando en ello». Si los novelistas pensasen más en la
+perfección de sus obras y menos en ostentar á todo trance las cualidades
+de que se creen poseedores, ó en producir ruido, imagino que aquéllas
+serían más bellas y duraderas. Para ello lo primero que debieran
+representarse es que una novela es una obra de arte; por lo tanto, una
+obra donde la armonía es lo esencial. Esta armonía la encuentra
+naturalmente el artista que sabe limitar sus concepciones y concentrar
+los tesoros de su fantasía exhibiendo de ellos lo que hace falta y nada
+más. ¿Excluye tal limitación la riqueza del fondo, la pintura viva de
+los pormenores, el sentimiento de los matices, la delicadeza para
+apreciar las relaciones más sutiles de la vida? Estoy muy lejos de
+pensarlo. Todo eso puede subsistir perfectamente dentro de unos
+contornos precisos. Basta que el novelista sienta la necesidad de la
+claridad y la medida.
+
+El hombre es un ser limitado y, por lo mismo, todo lo que de él proceda
+ha de ser limitado también. Porque el fondo de la obra de arte, que es
+la belleza ideal, carezca de límites no debe imaginarse que su expresión
+plástica ó conceptiva pueda sustraerse á ellos. La belleza se expresa
+eternamente en la naturaleza de un modo definido, claro, concreto. En el
+arte debe acaecer lo mismo. Hay muchos artistas que ignoran esta gran
+verdad; se figuran que dejando inciertos los contornos de su obra se
+emancipan de la limitación que constituye su ser, se aproximan mejor á
+la sublimidad y grandeza del ideal. Es un error de óptica por el cual se
+engañan á sí mismos y engañan á los demás. Así sucede que cuando aparece
+una de esas obras aparatosas, enormes, enfáticas, envueltas de vaguedad
+y misterio, con aspiraciones simbólicas y místicas, como muchas de la
+escuela romántica pasada y casi todas las de los naturalistas,
+simbolistas y decadentistas modernos, el público se estremece, imagina
+que detrás de aquellas nieblas hay un inefable misterio, que se va á
+descubrir al fin y contemplar el eterno ideal, y corre afanoso á
+presenciar el milagro; pero ¡ay! no tarda en volver mustio y
+desengañado, porque detrás de tanto aparato no ha visto absolutamente
+nada. La obra portentosa se hunde muy pronto en el olvido, mientras la
+obra bien definida, clara y armónica, como la _Odisea_, las
+_Siracusanas_ de Teócrito, el _Hermann y Dorotea_ de Goethe, sigue por
+los siglos de los siglos fresca como una rosa, reflejando la inmortal
+belleza del universo.
+
+Tampoco juzgo que esta armonía necesaria en la composición de la novela
+sea equivalente de la simplicidad. La novela participa, como ya he
+dicho, de la naturaleza del drama y de la de la epopeya, pero más, á mi
+juicio, de la última. No es, pues, esencial para ella que la acción
+avance rápidamente hacia su fin, sin distraerse jamás como en el drama,
+sino que puede marchar con lentitud, deteniéndose á cada instante para
+referir episodios ó describir países y costumbres, á semejanza de los
+poemas épicos; porque, como expresa profundamente Schiller, la acción
+para el poeta dramático es el verdadero fin, mientras para el épico
+(digamos novelista en este caso) no es más que un medio para alcanzar un
+objeto absoluto y estético. Ahora bien, ¿cuál es este objeto absoluto y
+estético que el poeta épico y el novelista persiguen? El mismo Schiller
+lo descubre con admirable claridad en otra de sus cartas: «La misión del
+poeta épico es hacer que aparezca toda entera la íntima verdad del
+asunto: no pinta más que la existencia tranquila de las cosas y el
+efecto que naturalmente producen: hé aquí por qué, en vez de correr
+impacientemente hacia el término de la narración, nos place detenernos á
+cada instante con él». Dejemos, pues, al novelista la libertad de
+pararse donde lo tenga á bien, como el poeta épico: si siente amor á la
+claridad y á la medida, clara y armónica será su obra, aunque se
+distraiga á menudo. Nadie osará negar estas cualidades á la _Odisea_ y
+la _Eneida_, ni al _Quijote_ y el _Gil Blas de Santillana_, á pesar de
+sus numerosos episodios. Guardémonos de confundir la armonía con la
+simplicidad de la acción, ni siquiera con la regularidad de sus partes.
+Es algo más profundo y espiritual que surge espontáneamente de la
+belleza del asunto y del equilibrio en las facultades del novelista.
+
+No hay para qué advertir que esta libertad se halla subordinada á la
+exigencia ineludible de toda obra de arte, que es la de interesar. Los
+episodios han de tener, pues, en la novela, como en el poema épico, un
+valor absoluto é independiente, ó lo que es igual, han de ejercer sobre
+el espíritu la fascinación que produce la belleza. Si no deleitan, deben
+suprimirse. Como regla empírica de la composición (pues me parece
+impertinente dogmatizar en este punto), añadiré que á mi entender los
+episodios deben apartarse lo menos posible de la acción principal y
+guardar con ella una relación secreta, si no aparente. Son más
+plausibles aquellos que á su belleza absoluta agregan un valor relativo,
+como es el de dar mayor relieve al carácter principal de la obra ó
+producir lo que hoy se llama _color local_, esto es, descubrir el
+misterioso lazo que une al hombre con la naturaleza, á los caracteres
+con los sitios en que se ejercita su actividad. Casi todos los del
+_Quijote_ cumplen admirablemente con este requisito. Pero los de otros
+novelistas españoles, como Mateo Alemán, Vicente Espinel, Vélez de
+Guevara; Céspedes, etc., á menudo nos fatigan por lo deshilvanados, ya
+que no por lo desabridos... Y lo mismo sucede, á pesar de su excelencia,
+con las novelas de algunos escritores extranjeros, como Richardson,
+Fielding, Dickens, Juan Pablo Richter, etc.
+
+Observaré que esta tendencia á la dispersión se ha atenuado mucho en los
+tiempos presentes. Los actuales novelistas gustan más de recoger una
+acción y seguirla sin vacilaciones ni tregua que de entretenerse con
+otras narraciones secundarias más ó menos alejadas de la principal, como
+hacían los del siglo pasado y los de la primera mitad del presente. En
+este punto, no obstante, los escritores de raza latina se señalan más
+por su amor á la unidad que los germanos y eslavos, inclinados siempre
+con predilección á la variedad. Las obras de estos últimos se
+caracterizan por una gran riqueza de ideas y sentimientos: en las de
+algunos de ellos hay tal delicadeza de percepción para recoger las
+relaciones más sutiles del mundo ideal que nos asombra; pero en general
+están peor compuestas que las de los latinos. Voy á presentar un ejemplo
+de dos escritores modernos que ya no existen. Dostoievsky, escritor
+ruso, y Silvio Pellico, italiano, han narrado ambos la historia de sus
+martirios en la prisión donde por causas análogas estuvieron encerrados.
+El libro del primero titulado _Recuerdos de la Casa de los Muertos_ es
+más original, su sentimiento quizá más profundo, su observación sin
+disputa más delicada. En cambio se nota que el autor carece del talento
+de la composición: el libro, á pesar de las brillantes cualidades que
+posee, no puede leerse sin cierta fatiga. Por el contrario, la obra del
+escritor italiano titulada _Mis prisiones_, no tan vigorosa, es más
+pura, más fresca, más equilibrada y está tan admirablemente compuesta
+que ha logrado ser un libro clásico leído en todos los países con
+verdadero encanto.
+
+Relacionado estrechamente con la composición se halla el tamaño que á la
+novela debe darse; porque es punto menos que imposible componer bien una
+de exageradas dimensiones. Parece á primera vista insensato señalar
+límites materiales á una obra poética y aprisionar los vuelos del
+artista, pero es más insensato escribir obras descomunales y acusa
+generalmente presunción en los autores y, lo que es más grave para
+ellos, debilidad. El afán desmedido de escribir _largo_ significa en
+muchos casos un deseo pueril de mostrarse fuerte, poderoso, sin
+comprender que el verdadero modo de mostrar fuerza es apoderarse del
+asunto y dominarlo y dominarse á sí mismo y poseerse enteramente. De
+igual modo la exaltación, que da origen en algunas ocasiones á actos de
+valor y heroísmo y á rasgos felices en el orden espiritual, no indica,
+según los médicos, un sistema de nervios vigoroso, sino débil y enfermo.
+El autor que escribe largo debe comprender que todo lo que gane en
+extensión su obra lo perderá en intensidad, y que no hay asunto que no
+pueda y deba desarrollarse con medida. El _Ramayana_, la _Iliada_ y la
+_Odisea_, epopeyas que reflejan civilizaciones enteras, que llevan
+dentro de sí un mundo de ideas y costumbres, de sucesos, de noticias
+científicas é históricas, no tienen tantas páginas como ciertas novelas
+modernas. Además, si desea ser leído no sólo en vida, sino después de su
+muerte (y el autor que no aspire á ello debe soltar la pluma), no puede
+ocultársele, á no cegarle la vanidad, que para salvarse del olvido no
+sólo necesita producir una obra de belleza excepcional, sino procurar
+que no sea muy larga. El mundo contiene ya tantas grandes y bellas, que
+se necesita una prolongada vida para leerlas todas. Pedir al público,
+así que pase la novedad, que lea una producción de exageradas
+dimensiones, cuando tantas otras reclaman su atención y su tiempo, me
+parece inútil y hasta ridículo. No doy esto como principio absoluto,
+porque bien puede aparecer una obra de tan subido mérito que, larga ó
+corta, se lea por los siglos de los siglos. Sólo me refiero á la
+producción ordinaria. El ejemplo más notable de lo que afirmo se hallará
+en el célebre novelista inglés Richardson. El autor de _Clarisa Harlowe_
+y de _Pamela_, que á su ingenio admirable, á su exquisita sensibilidad y
+penetración añade la circunstancia de ser el padre de la novela moderna,
+apenas es hoy leído, á lo menos en los países latinos. Dada la belleza
+indisputable de sus obras, no puede achacarse á otra cosa que á su
+exagerada amplitud. Y la prueba de ello es que en Francia y España, á
+fin de que pudieran ser gustadas, se han publicado algunos epítomes ó
+compendios extractando de ellas lo más interesante. Tal proceder me
+parece una verdadera profanación; pero á ella se exponen los escritores
+que no saben ó no pueden concentrar las grandes facultades con que la
+naturaleza les ha favorecido.
+
+Y basta ahora acerca de la estructura ó esqueleto de la novela.
+
+
+IV
+
+Todo es asunto adecuado para la novela, se dice actualmente; toda parte
+de la realidad, toda fracción de la vida reproducida por un escritor
+inspirado puede engendrar una novela. Esta afirmación, que considero
+exacta en cierto sentido, sacada de sus justos límites y proclamada como
+principio absoluto ha dado origen á la literatura trivial y prosaica
+que hoy nos ahoga. Verdad que el espíritu humano puede embellecerse al
+contacto de toda realidad cuando arroja sobre ella una mirada serena;
+pero no es menos cierto que, á más de este elemento puramente subjetivo,
+hay en la producción de la belleza otro elemento objetivo que determina
+su valor y su fuerza. El placer de Velázquez pintando sus _Borrachos_, ó
+el de Rembrandt cuando bosquejaba su célebre _Lección de anatomía_,
+debía de ser grande: es siempre un goce contemplar la naturaleza de un
+modo desinteresado: mayor aún poseer la facultad de reproducirla con la
+exactitud asombrosa de estos maestros. Pero la alegría de Tiziano, de
+Corregio y Rafael debía de ser infinitamente más viva, porque estos
+grandes artistas no sólo se olvidaban de sí mismos como los otros, no
+sólo la reproducían con admirable verdad, sino que vivían en íntima
+relación con sus formas más puras y elevadas, aquellas en que ha podido
+expresarse con mayor libertad. Y cuando esta naturaleza tropezaba en su
+desenvolvimiento con algún obstáculo que la afeaba, estos pintores,
+guiados por su instinto, la interpretaban, le arrancaban su secreto
+deseo y la ayudaban á expresar claramente lo que sólo torpe y
+confusamente balbucía.
+
+No es, pues, indiferente el asunto ó tema en que la pluma de un escritor
+se ejercite. Todos son dignos, como los oficios en que el hombre cumple
+con la ley del trabajo, pero unos son bajos y otros elevados. Quizá esta
+afirmación parezca anticuada á los modernos estéticos, pero la encuentro
+exacta. Después de todo, en la mayor parte de estos asuntos á mí me
+basta la verdad antigua. El que pinta bien la naturaleza muerta, jamás
+será tan gran artista como el que pinta bien la naturaleza viva: quien
+reproduzca sólo las formas más groseras de la vida y los movimientos
+rudimentarios del espíritu, no alcanzará la gloria del que sabe evocar y
+poner en conflicto patético las grandes pasiones del alma humana.
+Considero absurda la importancia que hoy se da á los que manejan bien
+los accesorios, lo mismo en las artes plásticas que en la poesía. Pintar
+bien el fondo de un cuadro, los muebles, los cortinajes no es ser un
+pintor en la acepción más completa que nuestra imaginación da á la
+palabra. Hacer hablar con propiedad á un rudo gañán, describir con
+exactitud las costumbres de un país no basta para merecer el nombre de
+insigne novelista. Los griegos se reían de los pintores de bodegones.
+
+Tanto creo en la virtud del tema elegido para la obra, que un asunto
+digno y hermoso es el mejor hallazgo que un artista puede tener en su
+vida; es un verdadero presente de los dioses. ¡Cuántos grandes poetas
+yacen olvidados por no haber gozado de esta felicidad! ¿Qué sería hoy de
+Cervantes si su incómoda permanencia en Argamasilla y la relación con
+algún tipo original no le hubieran sugerido el carácter de Don Quijote y
+el de Sancho Panza? Por el contrario, han existido escritores que, sin
+poseer un talento soberano ni alcanzar el grado excelso de la
+inspiración poética que se denomina _genio_, lograron inmortalizarse
+merced á un hallazgo afortunado. El ejemplo más notable que conozco en
+la edad moderna es el del abate Prevost, cuyas facultades creadoras, á
+juzgar por las numerosas obras que ha escrito y yacen en el polvo, no
+rebasaban mucho de la medianía. Un episodio interesante, tal vez de su
+vida ó de la de algún amigo, le ha llevado á la altura de los dioses
+mayores de la poesía. La _Manon Lescaut_ es una de las obras más bellas
+y mejor sentidas que haya producido el espíritu humano. Acaba de morir
+otro escritor cuyo ejemplo es tan decisivo ó más que este. El teatro de
+Alejandro Dumas (hijo) se juzga generalmente por los hombres de gusto
+como falso, amanerado, abstracto, destinado á perecer cuando el gusto
+del público camine por otros derroteros. Sin embargo, en su célebre
+drama _La Dama de las Camelias_ se ha elevado sobre sí mismo hasta tocar
+en las cimas más altas de la poesía. Es tan bello este drama, tan
+original, tan patético, se respira en él tal perfume de poesía mezclado
+á un sentimiento tan profundamente cristiano, que dudo mucho que otra
+producción dramática de este siglo pueda competir con ella en el aprecio
+de los venideros. Semejante distancia entre las obras de un mismo autor
+no puede achacarse racionalmente sino á la felicidad de la invención. No
+se me oculta, sin embargo, que han existido escritores, como Shakspeare
+y Molière, capaces de llegar, no en una, sino en muchas de sus obras, á
+un grado supremo de perfección; pero obsérvese que Shakspeare y Molière
+no inventaban sus argumentos, los tomaban donde bien les placía. Su
+instinto poderoso les hacía comprender lo que acabamos de afirmar, esto
+es, que los temas hermosos son raros en la poesía, y que á veces un
+escritor mediocre y hasta un tonto puede tropezar con ellos, y que
+entonces, por bien de la humanidad, es lícito arrebatárselos.
+
+El procedimiento de los escritores contemporáneos es distinto.
+Cabalgando cómodamente sobre la teoría de que toda la vida es digno
+argumento para novelar, aceptamos los hechos más insignificantes y
+desabridos de la existencia ordinaria, y sobre ellos tejemos cualquier
+fábula. Así las novelas ó las obras dramáticas resultan, en la mayor
+parte de los casos, sin fuerza y sin interés, por más que los caracteres
+estén vigorosamente pintados. Muchísimas veces me ha dolido ver
+escritores de gran talento ejercitarlo en asuntos ingratos, y he
+deplorado que les hubiese faltado el valor de Shakspeare y Molière para
+«tomar su bien donde lo hallaren». Este miserable temor de tratar
+asuntos ya tratados no lo conocieron los antiguos. Esquilo, Sófocles y
+Eurípides no tuvieron inconveniente en escribir sobre un mismo tema:
+sea ejemplo el _Filoctetes_. Pero nuestro amor propio vidrioso, el afán
+desaforado de originalidad que nos devora nos hace pensar que
+quedaríamos deshonrados aceptando el argumento hallado por cualquier
+otro escritor, aunque sepamos sacar de él mejor partido.
+
+Para disimular esta falta de asuntos poéticos que es evidente, y
+producir, no obstante, honda impresión, los autores más señalados en la
+actualidad apelan á varios recursos que iré examinando, con lo cual daré
+idea sucinta de los vicios de que en mi sentir adolece la novela
+moderna, vicios casi todos que pudieran desaparecer fácilmente si en vez
+de formar principal empeño en mostrar al público la viveza de nuestro
+ingenio y la fuerza de nuestra imaginación, lo tuviésemos en escribir
+obras sólidas y perfectas. Pienso como el escritor inglés Tomás Carlyle
+que la sinceridad es la esencia del hombre superior (_héroe_ como él lo
+llama), y que la ausencia de sinceridad, no la de ingenio, es la que ha
+producido la decadencia del arte moderno.
+
+Uno de los recursos más socorridos entre los novelistas contemporáneos
+es el que llamaré de _acumulación_. Como quiera que la vida ordinaria
+ofrece pocas veces temas interesantes para la poesía y su exposición
+sencilla precipita á menudo en la trivialidad, como se observa en gran
+número de novelas inglesas y alemanas, los novelistas, en vez de esperar
+pacientemente que el espectáculo de la vida les depare un asunto
+adecuado, prefieren tomar una parte grande de ella y por el sistema de
+condensación lograr interés para su obra. Ya no se trata, por regla
+general, de narrar con verdad y arte un episodio bello de la historia de
+un hombre ó la historia entera de este hombre cuando es interesante,
+verbigracia, la de un soldado, un labrador ó un minero, y con este
+motivo y como cosa secundaria pintar el medio ó los lugares en que esta
+vida se desenvuelve. Los autores ahora se proponen en primer término
+pintar la vida de los soldados, de los labradores ó de los mineros, y
+como accesorio y pretexto para esta pintura la de cualquier individuo de
+la clase. Este procedimiento abstracto no está conforme en mi sentir con
+la naturaleza del arte. Y no basta apoyarse en el ejemplo de las
+epopeyas que resumen á veces una civilización entera, porque además de
+ser contadas las obras que merecen tal nombre, el poeta no ha perseguido
+semejante fin general, sino uno limitado é individual. Homero ó los
+rápsodas homéricos no se proponen en la _Iliada_ pintar el mundo
+helénico antes de la irrupción de los dorios, sino tan sólo la cólera de
+Aquiles, ni en la _Odisea_ la civilización occidental, sino los trabajos
+de Ulises.
+
+Pero aun suponiendo legítimos estos propósitos, todavía es mas
+censurable la manera con que se realizan. En vez de presentar la vida de
+tal ó cual país ó clase de la sociedad con serenidad y como se nos
+aparece realmente, oprimido el novelista por el deseo de producir fuerte
+impresión, exagera, falsea, amontona todos los datos que la realidad le
+ofrece dispersos.
+
+Basta arrojar una mirada imparcial sobre algunas recientes y famosas
+producciones francesas, en que se describe la vida de los campos y de
+las minas, para convencerse de que el escritor no las ha observado y
+pintado con sinceridad, sino que ha acumulado con visible artificio en
+una comarca todos los crímenes, suciedades y horrores que ha leído en la
+prensa de varios años, acaecidos en los distintos departamentos de
+Francia. Por el contrario, en otras novelas alemanas, inglesas y
+españolas en que se describe la vida de los campesinos no se encuentra
+más que honradez, pureza, felicidad. Esto es aún más falso, pues al cabo
+los naturalistas se apoyan sobre un dato seguro, á saber, que el interés
+y el egoísmo que á la mayoría de los hombres domina se expresa de un
+modo más brutal y repugnante entre las clases incultas. Los novelistas
+rusos siguen por regla general las huellas de los franceses y aun los
+sobrepujan. He leído una producción dramática titulada _El poder de las
+tinieblas_ que, en cuanto á horrores condensados, deja atrás á todas las
+francesas. La famosa _Sonata de Kreutzer_, del mismo autor, se propone
+nada menos que probar que en las relaciones conyugales, tan santas y
+dulces en ocasiones, nada existe que no sea triste, venenoso é inmoral.
+Con perdón de unos y otros, cuyo grande ingenio no desconozco, sigo
+creyendo que no es todo sombra en la vida y que para pintarla como es
+realmente precisa arrojar antes la cólera de nuestro corazón, despojarse
+de toda inquietud y deseo y contemplarla sin prevenciones.
+
+No sólo por cómodo, pues emancipa al poeta de la dura ley de la
+inspiración, sino por nuevo, el procedimiento francés es hoy seguido por
+gran número de escritores en toda Europa. La novedad es una de las
+necesidades más imperiosas que lo mismo el público que los artistas
+sienten en este último tercio del siglo XIX. Pocas tendencias me han
+parecido más absurdas y peligrosas para el arte. Aunque sea insensato
+vivir en pugna constante con su tiempo, aún lo es más abrazarse á él con
+todas las fuerzas del espíritu y no querer gustar ni sentir las obras de
+los que nos han precedido. El momento actual es una etapa del largo y
+variado desenvolvimiento de la razón humana: tiene importancia capital
+para nosotros, aunque comparado con la historia total de ese
+desenvolvimiento signifique poco. No debe, pues, el artista despreciar
+la época en que ha nacido, sino amarla para poder extraer de ella el
+jugo divino de la poesía, que existe en todos los tiempos y todos los
+lugares. Pero el que no sepa á la vez unirse con amor á los tesoros de
+belleza que nuestros antepasados nos han legado, ése no llegará á
+sentarse en la cima sagrada del Olimpo. «Los mejores cantos--dice
+Telémaco en la _Odisea_--son siempre los más nuevos.» Si se medita un
+poco se comprenderá que las pasiones humanas, primera materia sobre la
+cual trabaja el poeta, no cambian, en lo que tienen de fundamental, con
+el trascurso de los siglos, y aun en la vida social, si el tiempo y el
+espacio establecen diferencias, no son tan grandes como á primera vista
+parece. Leemos á Longo, á Teócrito, á Apuleyo y nos asombra el observar
+que la vida de aquellos tiempos fuese tan semejante á la nuestra.
+Tomamos una novela ó un drama indios, y acaece lo mismo. Pasamos la
+vista por la _Celestina_, primer monumento de importancia de nuestra
+literatura novelesca, y advertimos que los burdeles que en ella tan
+admirablemente se descubren son casi idénticos á los que hoy existen,
+que sus personajes piensan, hablan, bromean como los que á todas horas
+tropezamos en la calle. En cambio, otras obras más recientes españolas,
+como la _Diana_ de Montemayor, _El Español Gerardo_ de Céspedes, las
+novelas de Lope y de Montalbán y en general todas nuestras comedias de
+capa y espada nos hacen pensar que estamos contemplando un mundo
+diferente, que entre el modo de vivir, de pensar y de sentir de aquellos
+hombres y el nuestro media un abismo. ¿Qué significa esto? Para mí no
+otra cosa sino que los unos reflejan con fidelidad su época, mientras
+los otros, no sabiendo extraer de la suya nada interesante, han
+preferido fantasearla.
+
+Con esta última observación se enlaza un asunto de capital interés en la
+composición de la novela: el de la verosimilitud. Los modernos
+novelistas se preocupan mucho, y con razón, de dar verosimilitud á sus
+invenciones. Opino, sin embargo, que en este punto hay también exceso, y
+que hemos pasado, sin razón, de un extremo á otro, de las aventuras
+estupendas, increíbles, con que los antiguos narradores sazonaban sus
+creaciones, al insulso prosaísmo que hoy se advierte. La vida es bella;
+los hechos tienen un valor absoluto. Son estas verdades á las que rindo
+culto lo mismo en teoría que en la práctica. Pero debe tenerse presente
+que los hechos sólo tienen valor estético cuando son _reveladores_,
+cuando hacen vibrar nuestro espíritu con la emoción de lo bello. El
+fenómeno por sí mismo no tiene valor alguno dentro del arte. Pero se me
+preguntará: ¿cuál es la diferencia entre los hechos significativos ó
+reveladores y los que no lo son? Confieso que no puedo responder á esta
+pregunta. Para mí es un misterio. La mayor parte de los hechos de que se
+compone la novela de Balzac titulada _Eugenia Grandet_ son corrientes,
+vulgarísimos, prosaicos; no obstante, esta novela causa emoción profunda
+y puede considerarse como una de las producciones más peregrinas del
+ingenio de este siglo. Análogos hechos en otras novelas nos dejan fríos,
+si es que no nos producen tedio. Tal misterio los mismos artistas no
+pueden explicarlo; lo sienten, lo adivinan, y por eso sus obras son
+bellas: con esto basta. Es insensato, pues, dictarles reglas sobre el
+particular: tomarán los hechos que les haga falta, y en sus manos
+tendrán siempre significación. Pero es necesario protestar contra esa
+absurda suposición de que sólo los sucesos corrientes y ordinarios deben
+entrar en la novela. Por el contrario, en la vida surgen en raras
+ocasiones caracteres y fenómenos de tal valor estético que su
+reproducción en el arte no sólo es conveniente, sino necesaria. En este
+punto es curioso lo que me ha sucedido y lo que presumo sucederá á todos
+los novelistas. Muchas veces he visto tildadas de inverosímiles escenas
+ó sucesos que no he hecho más que trasladar de la realidad. En cambio
+nadie ha encontrado inverosímiles aquellos que he inventado. Consiste
+esto en que cuando he presenciado ú oído narrar cualquier suceso raro,
+no he tenido escrúpulo en utilizarlo, fiando en su verdad, al paso que
+cuando necesito inventarlos procuro alejarme de todo lo que parezca
+extraño é inverosímil.
+
+Lo mismo el público que los críticos viven ahora constantemente alerta
+contra la inverosimilitud, y apenas un pobre autor echa el pie fuera del
+camino trillado, caen todos sobre él con el dictado de _falso_ en los
+labios. Pero, por lo común, sólo contra la inverosimilitud material
+dirigen sus tiros. La inverosimilitud moral se les escapa la mayor parte
+de las veces. Y sin embargo, para el hombre que tiene buen sentido y
+conoce la vida no es menos censurable. Las novelas de ciertos autores
+franceses, dedicados á entretener á las clases elevadas, no suelen
+contener grandes faltas de inverosimilitud material; en cambio contra la
+moral pecan casi constantemente. Los mismos naturalistas son mucho más
+severos para aquélla que para ésta. Hasta el mismo Balzac, que tan
+profundamente conocía la vida y con tal arte la desmenuzaba, quebranta
+no pocas veces la lógica moral. Siempre recordaré el triste efecto que
+me causó, en obra tan bella como _Eugenia Grandet_, aquel pasaje en que
+el abate Cruchot, momentos después de llegar el primo de París, propone
+á boca de jarro á Mme. de Gramins que se deje cortejar por él con objeto
+de inutilizarlo. Tan atroz falsedad me causó más repugnancia que las
+hazañas de Artagnan en _Los Tres Mosqueteros_, de Alejandro Dumas
+(padre).
+
+Vivir mecido en una suave idealidad es lo mejor que el artista puede
+hacer. La imaginación es la maga que trasforma el mundo y lo embellece.
+Pero debe cuidar al mismo tiempo de bañarse á menudo en la realidad, de
+acercarse á cada instante á la tierra: cada vez que toque en ella
+sacará, como el gigante Anteo, nuevas fuerzas. El hecho tiene un valor
+inapreciable que en vano se buscará en las fuerzas de nuestro espíritu.
+Todas las abstracciones desaparecen ante él: él es el verdadero
+revelador de la esencia de las cosas, no los conceptos que nuestra razón
+extrae de ellas: á él hay que acudir en última instancia para fundar
+todos los juicios y recrearse con cualquier belleza. Aplaudo, pues, sin
+reserva ese respeto que los buenos novelistas modernos sienten por la
+verdad y el cuidado con que evitan el falsearla, aunque sea en los
+ínfimos pormenores. Pero creo al mismo tiempo que se concede exagerada
+importancia á la exactitud de lo que pudiéramos llamar, á ejemplo de los
+pintores, accesorios. No hay que olvidarse de que la verdad moral, la
+del sentimiento, la del carácter, es la que se halla plenamente en los
+dominios del poeta, y su responsabilidad principal estriba en el uso que
+haga de ella. Antiguamente los novelistas tenían licencia para lanzar
+toda clase de disparates científicos ó históricos. Se exige hoy, con
+razón, que sea instruído y se ajuste á las verdades descubiertas. Pero
+hemos pasado á la exageración contraria: con el más insignificante
+error, no sólo físico, histórico ó matemáticas, sino de indumentaria ó
+arqueología, se nos da en rostro como si fuera un crimen. Se nos pide
+que seamos una enciclopedia viva. Por eso muchos escritores que conocen
+las manías de la crítica y se esfuerzan en darle gusto, no sólo se
+guardan de estos errores, sino que cada vez que tocan algún punto de
+política ó administración, de artes, oficios ó modas, endilgan
+verdaderos y sapientísimos cursos acerca de ellos. El lector bosteza,
+pero ¿qué importa, si el crítico se extasía y se encara con la plebe
+ignorante que no sabe divertirse? Sin embargo, piensen estos señores lo
+que quieran, la exactitud no es la primera obligación del artista, sino
+la de hacer sentir la belleza. Homero no deja de ser el más grande poeta
+porque pensase que el río Océano rodeaba á la tierra.
+
+Este deseo anhelante de escrupulosidad que apruebo en principio ha
+engendrado la necesidad de buscar modelo para todo lo que se está
+ejecutando. Los pintores no dan una pincelada ni los escultores ponen
+los dedos sobre el barro sin tener el modelo delante. A su ejemplo, los
+novelistas modernos llevan en el bolsillo una cartera para apuntar
+cuanto ven y oyen. A todos les parece el colmo de lo absurdo trabajar de
+memoria. Y, sin embargo, entre los grandes artistas de los pasados
+siglos esto era lo corriente. Rubens no pudo haber tenido modelos para
+los millares de figuras que ha pintado. La prueba de que pintaba de
+memoria hasta los paisajes es que existe uno suyo en el cual la luz
+procede de dos sitios contrarios, lo cual es absurdo. Y sin embargo, el
+paisaje es bellísimo. Ni Shakspeare, ni Molière, ni Balzac han
+presenciado las escenas que trazan ni conocido los caracteres que
+estudian. Schiller confiesa que, dada su vida retirada y trabajosa,
+tenía muy pocas ocasiones de observar á los hombres. El modelo será,
+pues, necesario, pero confesemos que es signo de impotencia. El pintor,
+cuando se llama Rubens, Vinci ó Tiziano, lleva impresa en su cerebro la
+naturaleza; le basta haber visto un objeto para poder trazarlo con mano
+segura, aunque el tiempo y la distancia se lo oculten. El poeta no
+necesita siquiera esta visión. Lleva en sí mismo el alma entera de la
+humanidad y un leve signo le basta para adivinar la de cualquier hombre.
+En él y en el santo es donde mejor se expresa la profunda identidad de
+los seres; por eso ambos conocen intuitiva, directamente, sin necesidad
+de experiencia, el corazón de los hombres. «Me ocultáis faltas muy
+graves--decía San Juan de la Cruz á sus oyentes.--¿Ignoráis que vuestras
+almas forman parte de la mía? Vosotros y yo somos seres distintos en el
+mundo: en Dios, nuestro origen común, somos un solo ser y vivimos de una
+misma vida.»
+
+Para aquellos novelistas en quien la imaginación no ha llegado á tal
+grado supremo de viveza que permita escribir sin la observación atenta
+de todos los días, el modelo, el dato real es de absoluta necesidad:
+pero como ayuda poderosa para su fantasía, me atrevo á aconsejar el
+estudio no práctico, sino contemplativo de las artes plásticas. El
+novelista debe frecuentar los museos de pintura y escultura para
+acostumbrarse á escribir por medio de imágenes claras y precisas. Además
+es una manera de contrarrestrar la funesta manía de los análisis
+psicológicos, tan artificiosos como mentidos, que hoy nos domina. Ni
+Cervantes, ni Shakspeare, ni Molière han necesitado tanta página larga y
+nutrida para hacernos ver un carácter, para presentárnoslo vivo y
+grabarlo profundamente en nuestra memoria.
+
+Es de justicia, sin embargo, manifestar que la novela moderna, si bien
+ha tropezado en estos fastidiosos análisis que la afean, ha logrado
+evitar un escollo en que á menudo se estrellaban los antiguos maestros,
+y es el de las _reflexiones_. No hay nada más perjudicial á la belleza
+de una novela que esa filosofía vulgar, cuando no pueril, con que muchos
+novelistas sazonaban sus producciones. El interpretar á cada paso el
+oculto sentido de los sucesos que se narran y desentrañar su
+significación es insoportable y choca con los principios fundamentales
+del arte. En la novela no es el autor quien debe hablar, sino los hechos
+y los caracteres, y si alguna filosofía se desprende de ella, que el
+lector la saque por sí mismo. No fiarse de su penetración y dársela
+cocida y caliente, como hace Balzac, por ejemplo, es afear las novelas y
+exponerse además á que un crítico haya dicho con razón que su filosofía
+es la de un viajante de comercio.
+
+Otro mérito grande de la moderna escuela naturalista es, á mi ver, la
+importancia que concede á la descripción de la naturaleza, anudando de
+este modo el lazo entre el hombre y el mundo exterior, roto durante
+tanto tiempo en la literatura. Desde los poemas indios y griegos no se
+ha cantado con tanto entusiasmo la belleza objetiva, no se ha pintado el
+paisaje con la palabra de un modo tan perfecto como lo hacen hoy los
+naturalistas franceses. Han adquirido tal maestría en este género, su
+idioma claro y flexible les ofrece tanto recurso, que parece ya
+imposible alcanzar una visión más viva y penetrante del mundo que nos
+rodea. No se pueden leer las novelas de Flaubert, sobre todo, sin
+sentirse subyugado por aquella dicción pura y pintoresca que hace surgir
+ante nuestra vista tanta imagen graciosa, tanto cuadro brillante. Sin
+embargo, se ha abusado de esta cualidad feliz. Los discípulos de aquel
+maestro han llevado su amor por la descripción á tal extremo que los
+caracteres y las situaciones apenas pueden verse entre su espeso
+follaje. Todas las artes tienen límites trazados por su misma
+naturaleza. Cuando se pretende modificar ó ensanchar estos límites,
+viene su ruina. El abuso de la descripción en las obras literarias
+significa una intrusión de la pintura en los dominios de la poesía.
+Nadie ignora lo nocivo que es para las artes estas intrusiones de unas
+en otras. Por violentar la escultura y obligarla á expresar lo mismo que
+la pintura, se la ha desnaturalizado en los tiempos modernos. Por
+obligar á la música á expresar ideas concretas que sólo está reservado
+para la poesía, presenciamos con dolor su decadencia. Hay que temer que
+la preocupación de _los fondos_ no produzca al cabo también una
+literatura débil y amanerada, como ha sucedido en la pintura.
+Actualmente en ésta se representan de un modo maravilloso los
+pormenores, ropajes, muebles, etc. En cambio, no hay quien pinte bien
+las carnes. Los grandes maestros, como Rembrandt, Franz-Hals, Velázquez,
+Tiziano, por el contrario, eran sobrios en las ropas y demás accesorios,
+y con centraban su atención y sus facultades en aquéllas. Además, la
+descripción exagerada significa un predominio de la sensualidad, ó sea
+del elemento fisiológico en la poesía, lo mismo que el abuso de la
+armonía en la música. Las descripciones brillantes de los naturalistas
+lisonjean la imaginación, facilitándole el trabajo, pero sus novelas
+rara vez dejan una impresión honda en el espíritu. De igual modo las
+sonoridades exquisitas de Wagner y su escuela deleitan el oído, pero no
+sacuden nuestra alma como la voz elocuente de Beethoven ni la hacen
+pasar alternativamente de la tristeza á la alegría como la musa
+encantadora de Haydn.
+
+Para hallar una armonía perfecta entre el fondo y las figuras y en
+general entre todos los elementos de la composición es preciso acudir á
+los griegos. Sólo ellos han poseído el secreto de producir todas las
+bellezas sin dañarse unas á otras, de mostrar la mayor riqueza unida á
+la mayor sobriedad, de representar en el arte las profundas armonías que
+existen en el mundo real. Lo poco que nos ha llegado de ellos en el
+género novelesco es de tan sólido valor como su arquitectura, su
+escultura y su tragedia y comedia. Nada hay comparable á la célebre
+novela de Longo _Dafnis y Cloe_. En ella pueden verse reunidas todas las
+perfecciones del género. Una fábula sencilla, interesante; caracteres
+observados con delicadeza y presentados sin artificio; pinturas
+exquisitas de la naturaleza; descripciones vivas de las costumbres; un
+estilo noble y trasparente. Todo forma en esta admirable creación un
+conjunto armónico de encanto irresistible. Cada palabra es una
+pincelada, cada oración una imagen, cada página un cuadro brillante que
+no se borra jamás de la imaginación. ¡Qué vena, de fácil inspiración
+corre por toda ella! ¡Qué frescura y sobriedad en las descripciones!
+¡Que naturalidad en la dicción! ¡Cuán lejos nos hallamos del énfasis
+moderno! Yo no aspiro á otra gloria en mi arte que á la de llamarme
+humilde discípulo de esta obra inmortal.
+
+Quizá parezca ridícula esta aspiración á la crítica moderna ó la juzgue
+como una extravagancia. Es posible que las reflexiones que anteceden se
+consideren como la expresión de un espíritu incapaz de apreciar ni
+comprender siquiera el primor, la pompa, el pensamiento profundo y la
+fuerza de la novela contemporánea. Sé que mis humildes observaciones en
+nada influirán para modificar el gusto dominante. Nada de esto me
+mortifica; primero, porque nunca he aspirado á ejercer el menor influjo
+sobre mi época, y segundo, porque para cambiar mis opiniones sería
+preciso que se cambiase mi naturaleza, lo que es imposible. Pero nadie
+debe extrañar que allá en mis horas de sueño imagine que dentro de
+algunos años la Europa, fatigada de tanta exageración, tanta deformidad,
+tanta mentida originalidad, volverá sedienta á beber el agua cristalina
+del arte heleno. Entonces nuestros alardes de fuerza serán tenidos por
+espasmos de un sistema nervioso debilitado, se dirá que nos placíamos en
+las pinturas de las enfermedades físicas y morales porque estábamos
+enfermos de alma y de cuerpo, que nos sentíamos atraídos hacia lo
+deforme y monstruoso porque deforme era nuestro desenvolvimiento, y
+amábamos la paradoja porque nuestro ser era paradójico. Y dejando los
+sendas tortuosas por donde caminan y abandonando los altares de las
+Furias donde ahora sacrifican, los artistas futuros marcharán al cabo
+por la vía de la moderación, signo de la fuerza, á depositar los frutos
+de su ingenio á los pies de las Gracias. ¡Feliz yo si el cielo me
+concede larga vida para ver, aunque sea de lejos, la tierra prometida!
+Si así no fuere, todavía me consuela la idea de que alguno habrá que al
+leer estos pobres renglones aprobará su espíritu y me otorgará su
+simpatía. A ese lector benévolo, después de saludarle cordialmente, le
+diré como el sabio Yâjñavalkya á Artabhâga, en el _Brâhmana de los cien
+senderos_: «Dame tu mano, amigo; este conocimiento no está hecho más que
+para nosotros dos».
+
+
+
+
+I
+
+El viajero.
+
+
+Sucedía esto allá en Cádiz, en una taberna del Campo del Sur, no lejos
+de Capuchinos, frente al mar Océano.
+
+Para entrar en la tienda era menester subir tres escalones. Cerca de la
+entrada, á mano izquierda, estaba el mostrador: detrás de él la gran
+estantería repleta de botellas. Á un lado toneles y barriles y terciados
+sobre éstos varios zaques de vino. En el fondo tres aposentos separados
+por sendos tableros pintados de amarillo que no llegaban al suelo. Había
+gente bulliciosa en estos cuartos: escuchábase rumor de plática alegre y
+chasquido de vasos.
+
+La tienda estaba sola, débilmente esclarecida por una lámpara de
+petróleo colgada sobre el mostrador. Sentada detrás de éste y haciendo
+calceta se hallaba la tabernera, cuyos ojos grandes, negros,
+aterciopelados, no se apartaban de la puerta explorando tenazmente las
+tinieblas de la calle. Era una espléndida andaluza de carnes opulentas,
+blancas, sonrosadas, de negra y ondeada cabellera y expresión grave y
+melancólica, como la de las mujeres árabes. Por la amplitud de sus
+formas parecía mujer de treinta años; pero examinando su rostro de cerca
+observábase en él la frescura y trasparencia de la infancia. Debía de
+ser mucho más joven de lo que aparentaba. Vestía traje sencillo de
+percal azul con pañuelo negro de seda anudado á la espalda, los cabellos
+sencilla y graciosamente peinados, los brazos un poco más fuertes y
+macizos de lo que exigiría un escultor, pero blancos é incitantes de
+todos modos, remangados hasta más arriba del codo; la fresca, mantecosa
+garganta al aire también. Las líneas suaves de su rostro ovalado, la
+pureza de su perfil acusaban alma sencilla y bondadosa; pero en el mirar
+fijo de sus ojos profundos había señales evidentes de un carácter
+pertinaz. No eran duros aquellos ojos, pero les faltaba poco.
+
+Un caballero subió rápidamente las escaleras y entró en la tienda. Era
+un mozo corpulento, de fisonomía dulce y simpática, sobre cuyo labio
+superior apenas se distinguía leve bozo rubio.
+
+--¡Soleá!--exclamó al entrar, con visible y placentera emoción
+extendiendo sus manos á la tabernera.
+
+Ésta se alzó de la silla y le miró un instante con más sorpresa que
+alegría. Era casi tan alta como él y casi tan corpulenta.
+
+--¡Manolo!--dijo al fin bastante fríamente.--¿De dónde sales?
+
+--¿De dónde salgo?... Pues del tren, y antes de una fementida tartana
+que me ha desparramao los huesos por el cuerpo... Pero choca, criatura.
+¿Es que no quieres darme la mano?--añadió poniéndose serio
+repentinamente.
+
+--¿Por qué no?--dijo ella extendiendo su mano regordeta por encima del
+mostrador.
+
+Manolo la estrechó con fuerza entre las suyas y la retuvo, mirando á la
+joven en silencio con intensa expresión de cariño. Ella apartó los ojos
+con señales de malestar y dijo afectando indiferencia:
+
+--¿Y qué dejas por Medina, niño?
+
+Al mismo tiempo tiró suavemente de su mano. Manolo, sin soltarla,
+profirió en voz baja con acento apasionado:
+
+--Déjamela siquiera un minuto. ¡Cinco meses hace ya que no la toco!
+
+--¡Un siglo!--exclamó la tabernera con sonrisa apenas perceptible,
+echando al mismo tiempo una mirada recelosa á la puerta.
+
+Manolo advirtió esta mirada y, soltando bruscamente la mano, preguntó:
+
+--¿Y Velázquez?
+
+--Tan bueno--respondió poniéndose levemente colorada.
+
+--¿Está fuera?
+
+--Sí, después de almorzar ha salido y aún no ha vuelto.
+
+El joven se sentó en una silla que había delante del mostrador, apoyó el
+codo sobre éste y con la mano en la mejilla quedó sombrío y silencioso.
+Soledad, al cabo de un rato, le preguntó con amabilidad:
+
+--¿Hace mucho tiempo que no has visto á mi madre?
+
+--No la he visto hace un siglo... ¡ni ganas!--respondió con reprimido
+acento de cólera, puestos los ojos en el techo.
+
+Soledad le contempló fija y severamente largo rato; luego, alzando los
+hombros, hizo una leve mueca de desdén. Manolo adivinó esta mueca sin
+verla y volviendo su rostro turbado:
+
+--Dispensa, hija; no puedo remediarlo... Tu madre me ha hecho mucho
+daño.
+
+--¡Qué niño eres, Manolo! La pobrecita de mi madre no se ha metido en
+nada. Si hay en lo que ha pasado alguna culpa, toda es mía; no se la
+eches á nadie.
+
+--¡Está bien!--exclamó el joven con sonrisa triste.--¡Ni siquiera me
+quieres dejar esa ilusión!
+
+La tabernera iba á contestar, movió los labios para hacerlo, pero se
+contuvo; hizo un gesto de indiferencia y guardó silencio. Manolo volvió
+á su actitud sombría. Al cabo de un rato profirió secamente:
+
+--Dame un _medio_.
+
+La tabernera dejó la media sobre el mostrador, se levantó en silencio y
+después de sacar un vaso y fregarlo reposadamente en la pileta, lo llenó
+de manzanilla. Manolo lo apuró casi de un tope. Soledad le clavó los
+ojos con curiosidad un instante y volvió á sentarse.
+
+Aumentaba el bullicio en los cuartos. Escucháronse las notas dulces de
+la guitarra y poco después llegó á sus oídos una _soleá_ entonada á
+media voz por un hombre.
+
+--¿Quién está ahí?--preguntó Manolo.
+
+--Los de siempre.
+
+--¿Y quiénes son los de siempre?
+
+--Pues la reunión; ¿no los conoces? Pepe de Chiclana, María-Manuela,
+Paca la de la Parra, Antonio, Frasquito y su tío el señor Rafael.
+
+--¿Y en el otro cuarto?
+
+--Marchantes que juegan al rentoy.
+
+Hubo una pausa y Manolo volvió á decir:
+
+--Dame otro _medio_.
+
+Con la misma calma y silencio, Soledad se levantó de nuevo y escanció
+otro vaso, que el joven apuró instantáneamente.
+
+--La noche en que murió tu padre--profirió al cabo de largo silencio con
+voz poco segura--fuí á despertar á mi pobre madre, que ya dormía; me
+senté á su cabecera y llorando como un niño le pinté vuestra situación,
+le puse delante el cuadro terrible que acababa de presenciar. ¡Qué
+cosas le diría que al poco rato vi rasados sus ojos con lágrimas!...
+Aprovechando aquel momento de blandura me puse de rodillas y le
+dije:--¡Por Dios, mamá, por los dolores que has pasado para echarme al
+mundo, no te opongas más tiempo á mi matrimonio!... Y aquella mujer tan
+orgullosa me besó en la frente y me dijo al oído: «Tráela cuando quieras
+á casa, hijo mío». Me fuí tambaleando á la cama como un beodo y no pude
+dormir. Cuando tuve ocasión para comunicarte la noticia, vi tu semblante
+alterado y huiste á ocultarte en tu cuarto. Pensé que la emoción te
+ahogaba, cuando era el remordimiento...
+
+Soledad hizo un gesto de impaciencia.
+
+--¡Quién se acuerda ya de esas historias, Manolo! Tú y yo no habíamos
+nacido el uno para el otro.
+
+--Cuando volvíamos del entierro--prosiguió el joven como si no hubiese
+oído--me emparejé con Velázquez, hablamos de vuestra situación, le di
+las gracias por lo que había hecho, considerándome ya de la familia, y
+le dije mi proyecto, mejor dicho, mis proyectos, porque le abrí el
+corazón por completo y le enteré de todos los pormenores de nuestro
+noviazgo. Él aprobaba con la cabeza á todo lo que yo decía, elogiaba mi
+conducta y hacía votos por mi felicidad, sonriendo... ¡Sí! le vi sonreir
+dos ó tres veces... ¡Qué papel me has hecho representar, Soleá!
+
+Esta bajó la cabeza balbuciendo ruborizada:
+
+--No te acuerdes más de eso.
+
+--No lo traigo á la memoria para echártelo en cara. Lo hago únicamente
+para que me perdones lo que he dicho al hablar de tu madre. Aunque me
+jures lo contrario, seguiré creyendo que ha tenido la mayor parte de la
+culpa.
+
+--Te engañas. Mi madre no ha hecho más que mostrarse agradecida á los
+favores que ese hombre nos hizo... Lo demás lo hizo Dios ó el diablo...
+
+--El diablo seguramente, porque me han dicho que te hace muy
+desgraciada.
+
+--¡Falso!--profirió la joven vivamente.--Me hace la mujer más feliz de
+la tierra.
+
+Manolo cerró los ojos y ahogó un suspiro, ocultando un momento la cara
+entre las manos. Luego dijo esforzándose por sonreir:
+
+--Me alegro, me alegro con toda mi alma. Sería un villano si otra cosa
+hiciese. Porque yo, al fin, te ofrecía una posición honrosa en el mundo,
+mientras él te ha colocado en una situación bien triste...
+
+--Pero si yo me alegro de esa situación--interrumpió Soledad con tonillo
+colérico.
+
+--¡Lo sé! ¡lo sé!... No te esfuerces en convencerme--respondió él con
+amargura.--Sólo hago constar un hecho. Eres terca, caprichosa y un poco
+egoistilla; pero así y todo no mereces que te hagan desgraciada. Con
+todos esos defectos te haces, sin embargo, querer. ¿Sabes por qué?...
+Por la inocencia... Eres una niña. Tu terquedad, tus caprichos y hasta
+tu egoísmo, en vez de inspirar repugnancia, hacen sonreir. Me has hecho
+traición, me clavaste el puñal en el pecho y le has dado vueltas cuando
+estaba dentro. Pues no te guardo rencor: me has martirizado como los
+chicos martirizan á los pájaros, sin saber lo que hacen... Cuando llegó
+á mis oídos que no te trataba bien, que te hacía desprecios delante de
+la gente, me puse enfermo de rabia, como si fueses cosa propia, como si
+jamás me hubieses hecho nada malo. Á pesar de mi resentimiento fuí á ver
+á tu madre y por desgracia ésta me confirmó en lo que había oído...
+
+--¡Qué sabe mi madre lo que dice!--exclamó la joven con creciente
+irritación.
+
+--Sí; he podido averiguar que no sólo te hacía desprecios, sino que ha
+llegado á levantarte la mano...
+
+--¿Ha dicho mi madre eso?--preguntó ella vivamente con el semblante
+demudado.
+
+--No, no--se apresuró á responder el joven.--No te dispares, niña. Tu
+madre sólo me ha dicho que no eres feliz. Otros pormenores los he sabido
+por gente de Medina que ha estado aquí.
+
+--¡Bah!--exclamó ella con una mueca de desprecio.--¡Quién ataja las
+malas lenguas!... ¿Sabes lo que es eso, querido?--añadió inclinándose
+hacia él y dejando la calceta sobre el mostrador.--Pues es que hay
+muchas en Medina á quienes la envidia les come las entrañas.
+
+Manolo la miró fijamente con sorpresa. Luego, sonriendo dijo:
+
+--¡Qué engreída estás, Soleá!
+
+Ésta se ruborizó y volvió á coger la calceta.
+
+--No es nuevo, en ti eso--siguió él.--Lo mismo con amigas que con
+novios, siempre has sido propensa á los engreimientos repentinos... Á mí
+también me ha tocado mi cachito, ¿verdad?... Pero el de ahora va durando
+demasiado...
+
+Soledad guardó silencio. Él también calló. Largo rato escucharon
+distraídos, melancólicos, los acordes de la guitarra. Cuanto se hablaba
+en el cuarto de la reunión llegaba á sus oídos. Las bromas
+desvergonzadas y los dichos agudos con que los alegres compadres
+entreveraban las coplas, en vez de hacerles reir, les iba poniendo á
+cada instante más serios y reflexivos. Soledad no apartaba los ojos de
+los puntos de la calceta. Manolo, con la cabeza echada hacia atrás, los
+tenía puestos en el techo. Al fin, haciendo un esfuerzo para sacudir el
+letargo y cambiando de postura, dijo resueltamente:
+
+--Échame vino, que me voy.
+
+La tabernera cumplió la orden con igual silencio. Manolo apuró el vaso,
+como lo había hecho antes, y puso una moneda sobre el mostrador. Soledad
+abrió el cajón, sacó la vuelta y la colocó á su lado.
+
+--Está bien--dijo metiéndola en el bolsillo.--Me voy, hija mía, que me
+esperan.
+
+Hizo ademán de levantarse; se inclinó hacia Soledad.
+
+--Hasta la vista, gitana. ¿No me das la mano?
+
+Y así que la tuvo cogida manifestó riendo:
+
+--Dispensa, querida, la matraca que te he dado. Alguna que otra vez me
+suelen atacar estos arrechuchos y entonces me pongo insoportable, lo
+conozco; pero en seguidita me pasan y entonces no soy mal chico,
+¿verdad, tú? Lo único que te pido es que sueltes á escape esa cara de
+regidor ofendido y no me la vuelvas á enseñar en la vida. Ríete, lucero,
+que cuando tú te ríes me alumbra el sol á la medianoche. Y si otra vez
+me pongo guasón, como hace poco, me dices: «Manolo, cierra el pico y
+déjame el alma quieta», ó si tú quieres, hija de mi alma, me das un lapo
+con esta mano rica que beso con tu permiso... y con el del dueño del
+establecimiento.
+
+Y estampó en ella, efectivamente, tres ó cuatro besos. Soledad la retiró
+riendo.
+
+--¡Siempre el mismo!
+
+--¡Eso es! ¡Siempre el mismo!--repuso él levantándose.--¡Siempre
+queriéndote como un babieca! ¡Para mí, criatura, eres y serás la Virgen
+del Carmen y la Santísima Trinidad y el copón y la hostia!...
+
+--¡Calla, Manolo, calla! Habrá que mandarte á la _miga_.
+
+--¡Si fueras tú la maestra!... Adiós, gachona. Soy tu amigo hasta la
+muerte. ¿Verdad que soy tu amigo? ¿Verdad que lo soy?... Dí que sí,
+manteca de oro... Hasta la vista, ¿eh? ¡Muchos, muchos, muchos besos! Y
+á Velázquez... á Velázquez que se lo coman los lobos--añadió soltando
+la carcajada y saliendo por la puerta como un huracán.
+
+Al poner el pie en la calle, aquel relámpago de alegría ficticia se
+apagó repentinamente. El alma del viajero quedó negra como la noche.
+Atravesó el paseo lentamente, apoyó ambos codos en el pretil de la
+muralla y contempló con ojos extáticos la inmensidad del mar. La bóveda
+del cielo alta y tachonada de estrellas se hundía en las tinieblas del
+horizonte. Debajo de ella, las olas inmóviles se extendían como una masa
+opaca donde sólo de vez en cuando brillaba la tenue luz fugitiva de un
+astro. La brisa húmeda trajo á su nariz los acres olores marinos.
+Permaneció así largo rato, abstraído, enteramente emboscado en las
+memorias de otros días. Al cabo sacó el pañuelo para secar sus ojos que
+la frescura de la brisa, sin duda, había mojado, y murmuró con su
+habitual sonrisa bondadosa:
+
+--¡Pensé que estaba curado! ¡Buen chasco!
+
+Y se dispuso á retirarse. Pero cuando hubo avanzado un poco sintió los
+pasos de un hombre que venía. Retrocedió nuevamente hasta el pretil para
+ocultarse en la oscuridad. Al llegar cerca del farol, lo conoció. El
+hombre se detuvo delante de la tienda, subió resueltamente los escalones
+y entró en ella. El rostro del joven viajero se contrajo fuertemente.
+Miró un instante con fijeza á la puerta iluminada y se alejó á paso
+largo.
+
+
+
+
+II
+
+Los majos.
+
+
+Los grandes ojos negros de la tabernera brillaron.
+
+--¡Cuánto has tardado!--exclamó levantándose.
+
+Sin contestar despojóse el hombre de su capa y se la entregó diciendo:
+
+--Límpiala, que el señor de Roda me la ha llenado de vino.
+
+Tendría treinta y cuatro ó treinta y seis años; bajito, menudo, moreno,
+con barba negra sedosa, las facciones correctas, los ojos negros de una
+expresión resuelta y altiva. Había en su rostro atractivo. La figura,
+aunque exigua, proporcionada, y denotaba agilidad y brío. Vestía
+chaqueta corta, sombrero cordobés de alas rectas, pantalón ceñido, faja
+de seda encarnada y camisa bordada con botones de diamantes: todo rico
+y esmerado, y mostrando no sólo un hombre bien acomodado, sino cuidadoso
+de su persona y quizá un poquito pagado de ella.
+
+--¿Y Joselillo?--preguntó.
+
+--Pues se fué hace ya bastante rato por unos frascos de ginebra y aún no
+ha venido.
+
+--¡Valiente niño! Me parece que esta noche le voy á mandar calentito á
+la cama... Ya van muchas.
+
+Soledad se había acercado á él y daba vueltas en torno suyo,
+contemplándole con ojos amorosos, examinando minuciosamente el estado de
+su traje, quitándole el polvo con leves palmaditas.
+
+--¿Has caminado mucho?
+
+--Por toas las vereas del universo mundo me ha llevao hoy ese guasón. ¿Y
+too pa qué? Pa ver una huerta con algunos árboles tísicos allá donde
+Cristo dió las tres voces... ¿Ha venido Espinosa?
+
+--No; ahí no están más que Antonio, Pepe, Frasquito y su tío... ¡Ah!
+también acaba de salir Manolo, pero no ha estado en la reunión.
+
+--¿Qué Manolo?
+
+--Manolo Uceda--repuso ella ruborizándose.
+
+Velázquez frunció levemente el entrecejo, y la miró fijamente. Su rostro
+adquirió luego una expresión de burla.
+
+--Supongo que te habrá cantado alguna trova nueva y divertida.
+
+--Ni nueva ni divertida. Me ha cantado lo de siempre... Pero me ha
+prometido no darme más jaqueca.
+
+--¡Déjalo, hija mía!--exclamó haciendo un gesto desdeñoso.--Déjalo que
+se desahogue... ¡Si á mí no me importa!
+
+--Es que, si no te importa á ti, me importa á mí--manifestó ella
+secamente, herida por aquel gesto.
+
+--¡Allá tú!--repuso el guapo, disponiéndose á entrar en el cuarto de la
+reunión.
+
+Soledad le dejó partir mirándole fijamente, pero antes de llegar á la
+puerta le llamó:
+
+--¡Velázquez!
+
+--¿Qué hay?--preguntó él volviendo la cabeza.
+
+--Ven.
+
+El dueño se acercó.
+
+--¿Qué se ofrece?
+
+Soledad le cogió de la mano, le condujo suavemente hasta el ángulo más
+oscuro de la tienda y, echándole los brazos al cuello, le dijo:
+
+--Se me ofrece esto.--Y al mismo tiempo cubrió de apasionados besos su
+rostro.
+
+El guapo se dejó besar con condescendencia.
+
+--Basta, basta--dijo al cabo apartándola suavemente.--¡Que me vas á
+gastar la figura, hija mía!... Ya ves, soy poco y me vas á dejar en
+ná--añadió riendo.
+
+--Para mí lo eres todo, la ciudad de Cádiz, el Puerto, San Fernando y el
+arsenal no valen lo que este bigotito negro tan suave como la seda.
+
+Y se lo atusaba con la punta de los dedos, clavándole al mismo tiempo
+una mirada de adoración infinita.
+
+--¡Quita allá, zalamera!--repuso él dándole una palmadita afectuosa en
+la cara y apartándose.
+
+--No entres todavía--respondió ella tirándole de la manga de la
+chaqueta.
+
+--¿Va á ser todo ahora? ¡Deja algo para luego!
+
+Y con una leve sacudida se zafó, empujó la puerta y entró en el pequeño
+compartimento. Ella, después de permanecer un instante inmóvil, fué á
+sentarse detrás del mostrador, cogiendo de nuevo la calceta.
+
+--¡Ole por el patrón de la barca!--gritó uno dentro.
+
+--Á la paz de Dios, señores--dijo Velázquez sentándose en la silla que
+le ofrecían.
+
+--¿Y de dónde viene el hombre á estas horas?--preguntó una joven morena,
+de facciones abultadas, graciosa y ruda á la vez.
+
+--De la calle.
+
+--¿De veras, chiquillo?
+
+--De veras, María-Manuela.
+
+--Toma una caña por la gracia.
+
+--Venga la caña.
+
+Velázquez echó al aire el contenido, lo recogió con singular destreza y
+lo vació después en la boca sin perder una gota.
+
+--¡Eso sabrás tú hacer, desaborío!--exclamó María-Manuela.
+
+--En mis buenos tiempos sabía algunas cosas más--manifestó el majo
+limpiándose con calma los labios.
+
+--Pronto has venido á menos.
+
+--Qué quieres, hija; si hubiera llevado tan buena vida como Antonio,
+estaría mejor conservado.
+
+Todos los rostros se volvieron sonriendo hacia el aludido. Éste era un
+hombre joven aún, pero en el cual la vida crapulosa había dejado tales
+huellas que se le tomara por viejo. El cuerpo flaco, el rostro manchado
+con abundante cosecha de granos, el pelo ralo y las cejas lo mismo. Sin
+turbarse poco ni mucho con las miradas de la reunión, dijo gravemente
+tomando una caña:
+
+--Yo siempre fresco como una rosa. ¡Buena suerte tendrá la que goce de
+la flor de mi juventud!
+
+--¿Qué dices á eso, María-Manuela?--preguntó riendo el señor Rafael.
+
+--Que tiene muchísima razón. Yo jamás he conocido su juventud.
+
+--María-Manuela y yo--manifestó con la misma gravedad Antonio--nos
+hallamos en los primeros tiempos del amor en que se goza con una nada,
+en que cualquier friolerilla le levanta á uno hasta el cielo y le hace
+soñar toda la noche. Hasta hace dos meses no me atreví á decirle que la
+quería sino con los ojos; ya lo habrán ustedes notado. El viernes
+pasado me dió un rizo de pelo. Pensé que me volvía loco de alegría...
+Fué la tarde en que les pagué á ustedes la merienda y unas cuantas
+botellas de amontillado...
+
+--¡Mentira! ¡mentira!--gritaron todos á un tiempo.--¡No has pagado nada!
+
+--¿No?... Pues juraría... Pero, en fin, lo mismo da. De todos modos, yo
+estaba muy alegre aquella tarde, y si hubiera tenido ganas de pagarlas y
+dinero, seguramente las hubiera pagado. No hay momentos más felices que
+estos en que el hombre todavía no ha perdido la timidez. No me da
+vergüenza confesarlo. Ayer me concedió por primera vez María-Manuela un
+beso.
+
+--¡Oooooh! ¡Uuuuh!--rugieron los alegres compadres.
+
+--¡No hay que asustarse, señores! Fué en la mano solamente. Pero, así y
+todo, cuando se lo di, faltó poco para desmayarme. No sé qué influencia
+misteriosa ejerce sobre mí esa mujer, que el contacto de un dedo suyo me
+hace temblar.
+
+--Oye tú, guasón--interrumpió María-Manuela con acento
+irritado,--¿quieres callarte ya ó te estrello este vaso en las narices?
+
+Antonio se detuvo, paseó una mirada en torno y dijo bajando la voz:
+
+--Ya lo ven ustedes, sólo la idea de que se sepa que le he besado la
+mano pone fuera de sí á la pobrecilla.
+
+--¡Aguarda, arrastrao!--exclamó exasperada la morena abalanzándose á él.
+
+--¡Socorro!--gritó Antonio haciendo ademán de meterse debajo de la mesa.
+
+Entre Velázquez y Frasquito la sujetaron. No pudiendo echarle mano,
+volvió á sentarse y desahogó su cólera en un torrente de palabras feas y
+maldiciones que al cabo concluyeron por alterar los nervios de la otra
+mujer que allí había.
+
+Era una muchacha de pocas carnes, morena también, de nariz un poco
+larga, boca pequeña, ojos negros expresivos y hermosa cabellera, cuyos
+rizos le caían por la frente en gracioso desgaire. Á esto contribuía el
+que la joven, ó por coquetería ó por distracción, no quitaba la mano de
+ellos atusándolos, retorciéndolos, martirizándolos sin tregua, lo mismo
+cuando hablaba que cuando escuchaba. Ambas cosas hacía con rara
+perfección. Cuando guardaba silencio parecía la estatua de la atención.
+Con la cabeza echada hacia atrás, paseaba sus ojos vivos de uno á otro
+interlocutor absorbiendo sus palabras, su actitud y sus gestos como si
+se tratase de fijarlos en la memoria para siempre. Cuando hablaba, sus
+palabras fluían de la boca raudas, interminables, con un dulce acento
+persuasivo que cautivaba y adormecía. El gracioso dejo de su charla
+andaluza realzado por una voz melodiosa como pocas obligaba á escuchar
+con placer las mil sentencias y graves consideraciones en que abundaba
+su discurso. Porque Paca la de la Parra (así llamada á causa de una muy
+frondosa que había en la casa donde su madre dirigía un establecimiento
+de bebidas) no sólo presumía de elevados sentimientos, de gustos
+exquisitos, sino de una madurez de juicio superior á la de los sabios de
+su tiempo. Por lo cual vivía en el fondo de su alma apartada del mundo
+plebeyo que la rodeaba. Encastillada en su grandeza intelectual y
+sentimental, contemplaba con benignidad de ordinario, la ruindad de sus
+compañeras, y dejaba pasar sin correctivo sus palabras soeces. Pero en
+ocasiones como ahora, en que por causas desconocidas se hallaba un poco
+nerviosa, no podía menos de atajarlas.
+
+--Vamos, hija, cállate ya, que tienes una lengua más susia que la de lo
+tío de la Caleta.
+
+María-Manuela quedó suspensa un instante, pero, revolviéndose colérica
+en seguida, exclamó:
+
+--¡Adiós, infanta! Perdone usía que le haya lastimao las orejas. ¿Quiere
+usía que hable por lo _finitico?_ ¿Quiere usía un poquito de agua para
+quitarse el susto?
+
+Paca alzó los hombros con ademán de lástima.
+
+--¡Siempre has de tomar el rábano por las hojas, mujer! No te he mandado
+callar por ofenderte, sino por evitar que piensen de ti lo que no
+mereces. La mujer que se pasa la vida diciendo malas expresiones
+demuestra que no ha tenido principios, y tú los tienes como los tengo
+yo y los tiene toda persona regular que haya tenido crianza. Deja esas
+palabras á los hombres, que para ellos se hicieron, y habla bien, que el
+hablar bien no cuesta trabajo.
+
+--Mira, Paca, ¿sabes lo que te digo?--profirió María-Manuela afianzando
+ambas manos sobre la mesa y encarándose con su amiga.--Que no rajes
+tanto y me dejes el alma quieta, ¿estamos?
+
+--Te lo digo, querida, porque tienes principios...
+
+--Pues se me orviaron... ¡Ea ya!... ¿qué hay?
+
+--Eso importa na. Lo peor es que á Joseliyo se le orvió traernos unas
+aceitunitas ó unas ruedas de chorizo--apuntó con calma Pepe de Chiclana.
+
+Los compadres rieron.
+
+--¡Ole por Pepe!
+
+--¡Lo mejor que se ha dicho en la tienda desde su fundación!
+
+Pepe de Chiclana, marido de Paca la de la Parra, era un hombre de seis
+pies de alto, gordo en proporción, de cuarenta años de edad, cara
+redonda, ojos pequeños carnosos, pesado y tardo en sus movimientos como
+en sus palabras. Formaba vivo contraste con su exquisita esposa, toda
+delicadeza y elocuencia, tan distinguida, tan razonable, tan afluente.
+Mas, con existir entre ellos tal desigualdad de humores, vivían en
+profunda paz. Pepe adoraba el talento de su mujer, se postraba ante él
+rindiéndole homenaje en cuantas ocasiones se ofrecían. Cuando Paca
+hablaba, Pepe la escuchaba con la boca abierta pendiente de sus labios
+como de un oráculo, obligando á callar á los que pretendían
+interrumpirla, dirigiéndoles á menudo guiños expresivos ó diciendo por
+lo bajo: «¡Qué pico! ¿eh?... ¡Atiende al golpe!...» Paca no despreciaba
+por eso á su marido, como pudiera inferirse; al contrario, estimábalo
+como hombre de inteligencia penetrante, ya que había penetrado todo el
+mérito que ella poseía y seguía fielmente sus enseñanzas filosóficas.
+Hasta le caían en gracia sus chistes insulsos y era la primera en
+celebrarlos. Disfrutaba el matrimonio de posición desahogada. Pepe era
+chalán, y vestía como tal la chaqueta corta, la faja y el sombrero de
+anchas alas que caracteriza á los hombres de su clase. Paca gastaba
+ricos mantones de Manila, pendientes de perlas y sortijas de diamantes.
+Aquel matrimonio honrado, rico y pacífico se placía, no obstante, en
+acudir todas las noches á una reunión de gente demasiado alegre y de
+posición equívoca.
+
+Porque Antonio Robledo, administrador de una empresa de diligencias, no
+estaba casado con María-Manuela, aunque hacía tres años que vivía
+maritalmente con ella, y Velázquez, dueño del establecimiento, tampoco
+lo estaba con Soledad. Pero Paca era hija de una tabernera, se había
+criado entre el ruido y la alegría, y por más que la altivez de su
+temperamento aristocrático la había preservado de los hábitos y las
+palabras groseras, sus ojos y sus oídos se habían acostumbrado á la
+algazara de estos sitios. Si por cualquier causa pasaba algunos días sin
+ir á la reunión, sentía la nostalgia de ella, se ponía de mal humor. Su
+marido, que la conocía bien, le decía: «¿No te parece que vayamos hoy á
+_cañear_ un poquito á casa de Velázquez?» Ella se resistía, se quejaba
+de fatiga, hablaba de los muchos quehaceres de la casa. Si el bueno de
+Pepe se dejaba persuadir, ¡desgraciado de él! El humor de su cónyuge se
+ennegrecía de tal modo que al día siguiente era imposible sufrirla. Pero
+Pepe, aunque no muy avisado, como ya se ha dicho, había descubierto el
+secreto y no cejaba en sus ruegos hasta que lograba sacarla de casa.
+Paca salía como si la arrastrasen. Una vez fuera, mudábase al instante;
+se mostraba viva y jovial y charlaba por los codos.
+
+Además, Paca tenía el secreto deseo de mostrar el poder de su elocuencia
+persuadiendo á Velázquez á que se casase con Soledad. En cuanto á
+Antonio y María-Manuela, lo había intentado en vano. Ésta era tan
+cerrada de entendimiento, tan loca y desbocada que comprendía bien la
+repugnancia de su amante á contraer con ella vínculos indisolubles. Lo
+mismo uno que otro proyecto eran plausibles y demostraban que Paca se
+proponía hacer buen uso de las grandes luces naturales con que la
+Providencia se había dignado favorecerla.
+
+Poseía también una voz fresca y suavísima y cantaba y tocaba la guitarra
+con tal primor que pocos la aventajaban en el reino de Andalucía. En
+Cádiz era conocida y estimada por esta habilidad, aunque pocas veces se
+lograba oirla desde que se había casado. Sólo entre amigos y después de
+hacerse rogar tomaba entre las manos el guitarrillo y echaba al aire una
+copla. Pero, aunque despreciando en la apariencia este arte secundario,
+por tener la ambición puesta en el de Cicerón y Bossuet, todavía le
+gustaba oir las palmadas, los _oles_ y los requiebros de sus amigos
+cuando se decidía á complacerlos.
+
+Velázquez se había levantado y salió á la tienda. A los pocos momentos
+volvió á entrar seguido de Joselillo, su criadito, quien soportaba una
+gran batea con cañas de manzanilla y algunos platos con rajas de queso,
+peje-reyes y camarones.
+
+--Esta convidada va por mí, señores.--dijo con su gravedad habitual.
+
+--Á tu salud y á la de la flamenca que está ahí fuera--respondió
+Antoñico en voz alta y apurando una caña.
+
+--Gracias, Antonio, y de salud te sirva--respondió la tabernera, que
+había oído el brindis.
+
+--Vive mil años, chiquita, que si tú cierras los ojos se queda Cádiz á
+oscuras.
+
+--¡El equinocio, hija!--exclamó María-Manuela sin poder reprimir un
+movimiento de celos.--Soleá, no cierres los ojos para que este borracho
+pueda llegar á casa.
+
+--¿Tienes celos, María?--preguntó la tabernera.
+
+--¿Yo celos de este tío que ya no puede con la fe de bautismo en
+papeles? ¡Sería trabajo! Llévatelo, hija, y ponlo en un cuarto seco para
+que no se pudra.
+
+--Soleá, llévame y ponme donde te parezca. Verás si engordo á tu
+_vera_--le gritó Antonio.
+
+--¿Y á mí, dónde quieres que me ponga entonces?--preguntó Velázquez
+riendo.
+
+Pero, aunque lo dijo en voz más baja, llegó á los oídos de la tabernera,
+que exclamó:
+
+--¡Á ti!... ¿Qué te importa á ti que yo te ponga en un sitio ó en otro?
+Ya te cuidarías de escapar adonde te viniese bien.
+
+--Con esa verdad te ayude Dios, querida, que nunca jamás la has dicho
+mayor--repuso Velázquez con tono fanfarrón y displicente.
+
+Soledad sintió el resquemor de estas palabras y guardó silencio.
+
+--Niño, tráete la mía--gritó reciamente el señor Rafael al criadillo.
+
+No tardó éste en presentarse con otra batea de cañas.
+
+El señor Rafael era un viejo de fuerte complexión, seco, moreno, con los
+cabellos blancos, pero sin faltarle uno solo, vivo de ojos y suelto de
+ademanes, como un chico de veinte años. Mucho más suelto y mucho más
+vivo que su sobrino Frasquito, con el cual se acompañaba aquí y en
+todas partes. No sólo se hallaban asociados en un establecimiento de
+harinas y salvados que tenían en la calle de Horno Quemado, sino que
+habitaban el mismo cuarto; y después de pasar juntos las horas de
+trabajo, gustaban también de pasar las que dedicaban al recreo. Ambos
+solteros y sin ninguna gana de cambiar de estado, aficionados á las
+cañas y al bureo, aunque en este particular y en la esplendidez
+característica que el vino andaluz despierta en los naturales, el viejo
+sacaba mucha ventaja al joven. De aquí sus eternas y graciosas disputas
+así que al señor Rafael se le encaramaba un poco el manzanilla en la
+cabeza.
+
+--¡Frasquito, hijo! ¿para qué quieres esas manos? Hace siete cuartos de
+hora que no has sonao las parmas--dijo el señor Rafael á su sobrino,
+haciendo antes un guiño expresivo á la reunión.
+
+--¿Cómo siete cuartos de hora?--exclamó éste sofocado.--¡Si he pagado la
+convidada anterior!
+
+--¡La anterior!... ¡Y tan anterior!--replicó el viejo mirándole con ojos
+risueños y provocativos.
+
+La reunión se preparó á gozar de la disputa, como siempre.
+
+--Vamos, tío, usté tiene gana de guasa.
+
+--No, hijo, lo que tengo gana es de vino.
+
+--Pues yo ya le he pagado á usté bastante esta noche.
+
+--¡Ay, qué gracia, que me ha pagado bastante!... ¡Pues yo á ti no!...
+Niño, tráete más vino para este gallego...
+
+--¡Tío! No me insulte, que le falto á usté al respeto.
+
+--Pero si lo eres, ¿por qué has de negar la prosapia? Ni en el reino de
+Galicia ni en el principado de las Asturias hay un gallego más gallego
+que tú...
+
+--¡Tío, cállese usté, que le falto al respeto!
+
+Frasquito estaba encendido y colérico que daba miedo á todos menos á su
+tío. Los circunstantes, temiendo algún paso desagradable, atajaron la
+disputa rogando al señor Rafael que no le exasperase. Este, vuelto á las
+buenas y revistiéndose de gravedad, manifestó que todo era una broma y
+que nadie sabía mejor que él que su sobrino era gaditano por los cuatro
+costados. Luego, dirigiéndose á éste, comenzó á darle satisfacciones.
+
+--Pero, hijo, ¡quién no ha de reconocer tus buenas cualidades! Eres
+honrao y trabajador, y en too Cádiz no hay quien te ponga el pie delante
+en sacar una cuenta por el aire. Y eres buen mozo y muy corriente cuando
+se ofrece... Pero tienes una enfermedad...
+
+--¿Qué enfermedad?--preguntó Frasquito amoscado, mientras los demás se
+disponían á reirse.
+
+--No sé; me parece que se llama reumatismo.
+
+--¿Y por qué dice usté eso?... vamos á ver...
+
+--Porque he notado que siempre que llevas la mano al bolsillo lo haces
+con mucho trabajo y la mayor parte de las veces no lo consigues... Eso
+no puede ser más que reúma... reúma en el brazo derecho.
+
+--¡Tío! ¡tío!
+
+--No te sofoques, que eso se cura con un poquito de aguardiente
+alcanforado.
+
+--¡Qué ha de curarse con eso!--saltó María-Manuela que presumía de
+curandera y ensalmadora--Si sientes dolor, Frasquito, se te quitará
+untando el brazo con la sangre de una oreja cortada de un gato negro; le
+das una friega apretándolo poco á poco, luego doblas _er deo gordo_, y
+poniéndolo debajo de la barba abres la boca nueve veces seguidas...
+
+Las carcajadas que la inocencia de la pobre mujer produjo en la reunión
+encresparon más y más á Frasquito.
+
+--¡Tío, no hay peor borracho que usté en el mundo!
+
+--Basta ya de medicina--manifestó Antonio--y que Paca nos cante una
+_carbonerilla_.
+
+--¡Eso!
+
+Paca, como de costumbre, hizo remilgos. «Ya no estaba para tales bromas;
+se le había acabado el humor; parecía mal que una mujer casada...
+Además, no se hallaba bien de voz.» Pero, como de costumbre también,
+terminó por coger la guitarra y echar al aire su voz dulce y potente de
+contralto.
+
+La alegría se apoderó de todas las cabezas. Los ¡oles! y los ¡bravos! y
+los requiebros de toda clase resonaron en la taberna. Á la embriaguez
+del vino sucedía la del arte, más noble y delicada.
+
+--¡Venga otra, Paquilla! ¡Bendita sea la hora en que tu padre se dió un
+coscorrón con la reja de tu madre!
+
+Paca, orgullosa, sonriendo levemente, dejó volar otra copla.
+
+Antonio, loco de entusiasmo, le arrojó el sombrero á los pies, gritando:
+
+--¿Dónde has nacido, Paca?
+
+--¡Qué ocurrencia!--respondió riendo--En la calle de la Verónica.
+
+--¡Falso! Tú has nacido en la alcoba en que durmió María Santísima
+cuando pasó por Sanlúcar.
+
+Paca volvió á cantar respondiendo al requiebro:
+
+ «¡Qué desgraciada nací,
+ que en la pila del bautismo
+ faltó la sal para mí!»
+
+Aquel rasgo gracioso de modestia levantó gran alborozo.
+
+--¡Ole por las mujeres simpáticas!--¡Todo el mundo á quererla!--¡La pura
+arropía!...
+
+Y sonaban las palmas, y chocaban los vasos y gritaban como energúmenos
+jaleando á la cantaora. Pero aquel entusiasmo se enfrió momentáneamente
+porque, Antonio, con uno de sus descompasados ademanes, echó á rodar
+una caña y la quebró. María-Manuela, asustada, hizo callar á todos y
+declaró que el romperse un vaso es muy malo y anuncia disgustos. La
+única manera de evitarlo era recoger todos los pedazos y tirarlos al
+pozo. Así comenzó á ejecutarlo con gran solicitud mientras los demás se
+reían de su credulidad. Algunos por burla la ayudaban.
+
+--Atiende, María, mira que pedazo grande te has olvidado debajo de
+aquella silla. ¡Anda, anda! que si yo no hubiera reparado, ¡qué
+cataclismo! ¿verdad tú?
+
+--Vamos, Antonio, déjate de guasa y hazme el favor de recoger esos
+cristalillos que están á tu vera.
+
+--Desprécialos, mujer: ya te llevas en el delantal los trabajos
+gordos... ¡Qué importa por esos disgustillos!
+
+María-Manuela salió con los cristales del cuarto y fué á arrojarlos al
+pozo que había en el patio. Soledad, que seguía tranquilamente haciendo
+calceta detrás del mostrador, sonrió.
+
+Siguió la zambra en el aposento.
+
+--Bueno, ahora no falta más que Soledad nos baile una mijita de
+tango--manifestó el señor Pepe.
+
+Soledad ni cantaba ni tocaba la guitarra, pero tenía habilidad notoria
+para bailar las danzas andaluzas. Mas, contra lo que acaece
+generalmente, no gustaba de mostrar su gracia; y aun puede decirse que
+desde hacía algún tiempo tenía el baile en aborrecimiento. Por lo cual
+sus amigas se abstenían de solicitarla en este particular, sabiendo que
+le causaban disgusto.
+
+--No seas pelmazo, hombre; ya sabes que Soledad no se divierte
+bailando--dijo Paca á su consorte.
+
+--¿Y por qué no se ha de divertir, haciéndolo con tanto
+primor?--insistió el señor Pepe.
+
+--Pues porque no se divierte. ¿Te figuras que va uno á gozar con lo que
+á otro se le antoje?
+
+--Bien está; pero aunque no se divierta, Soledad es muy amable y le
+gustará que sus amigos se diviertan.
+
+--Vamos, cállate ya. ¡Qué pesadísimo te pone el vino!
+
+Velázquez, que estaba hablando con Frasquito, oyó la disputa de los
+esposos y dijo:
+
+--Tiene razón Pepe. Soledad está obligada á dar gusto á la reunión, y
+aunque le cueste trabajo lo hará...
+
+Y añadió alzando la voz:
+
+--Soledad, hija mía, haz el favor de venir un momento.
+
+La tabernera apareció en seguida.
+
+--Estos señores desean que bailes un poquito. Á ver si los complaces.
+
+El rostro de Soledad se nubló de repente y respondió con sequedad:
+
+--Estos señores saben que hace ya mucho tiempo que no bailo y me harán
+el favor de dispensarme.
+
+--¿Y por qué no has de bailar?
+
+--Pues porque no tengo gana.
+
+--Pues bailarás aunque no tengas gana--dijo él embraveciéndose.
+
+--Pues no bailaré--replicó con firmeza ella.
+
+--Vamos, Velázquez, déjala--interrumpió Pepe de Chiclana, avergonzado
+por haber sido causa de aquella disputa.
+
+--¡Déjala! ¡déjala!--dijeron todos á un tiempo.
+
+--He dicho que baila, y bailará--profirió Velázquez alzándose de la
+silla en actitud soberbia y provocativa.
+
+Soledad se puso pálida; quedó un instante suspensa y dijo al cabo
+humildemente:
+
+--Está bien; no te incomodes. Haré lo que tu quieras.
+
+--Paca, puedes principiar--dijo el guapo sentándose de nuevo.
+
+--No quiero--replicó ésta.--¡Vaya una simpleza, hacer bailar á una mujer
+á la fuerza!
+
+--Vamos, Velázquez, déjala. Otro día será--manifestó el señor Pepe.
+
+Y todos los demás unieron sus ruegos á éste.
+
+Pero el tabernero, cada vez más colérico, exclamó:
+
+--¡He dicho que bailará esta noche, y ha de bailar con los santos óleos
+puestos!... ¿No quieres tocar?... Pues tocaré yo.
+
+Y arrebatando á Paca la guitarra, comenzó á rasguearla diciendo
+imperiosamente:
+
+--Á empezar.
+
+Soledad avanzó hasta el medio del cuarto y dió comienzo al baile. Estaba
+pálida. Los movimientos reprimidos, voluptuosos del tango ofrecían ahora
+un carácter lúgubre; parecía el baile de la viuda india en torno de la
+hoguera donde va á ser sepultada.
+
+Los tertulios se callaban; estaban inquietos y tristes y sacudían la
+cabeza deplorando la escena. Al cabo dos lágrimas se desprendieron de
+los hermosos ojos de la bailadora y resbalaron lentamente por sus
+mejillas. Verlas Velázquez y colocar la guitarra sobre la mesa fué todo
+uno.
+
+--¡Ea!--dijo levantándose con calma amenazadora.--Ya se ha concluído.
+
+Y cogiendo á la joven por un brazo:
+
+--Anda, anda, guasona... ¡Maldita sea tu estampa!
+
+Y la arrojó á empellones del cuarto, cerrando la puerta después.
+
+Los tertulios se lo recriminaron sin excepción.
+
+--No hay razón para eso, Velázquez. Para bailar se necesita el humor. No
+todos los días nos pide el cuerpo juerga.
+
+--¡Dejarme; ya tengo esa niña sentada en la boca del estómago!--exclamó
+el majo apurando una caña.
+
+--¿Lo ves, Joseliyo, lo ves cómo toda la vida has de meter la
+pata?--dijo Paca con enojo á su consorte.
+
+--Pues bien claro estaba que habíamos de tener un disgusto, después que
+Antonio rompió el vaso--manifestó María-Manuela con un acento de
+seguridad que hizo volver la alegría á la reunión.
+
+
+
+
+III
+
+Soledad.
+
+
+El padre de Soledad era guarda de consumos en Medina Sidonia. Sus hijos,
+dos, Soledad la primera y Miguel, que contaba tres años menos. El
+sueldo, aunque corto, bastaba para subvenir á las necesidades de la
+familia en un pueblo secundario. Miguel, en quien los padres tenían
+cifradas sus esperanzas, mostró desde bien chico viciosas inclinaciones
+y horror al trabajo. Ni los golpes del maestro del taller donde le
+habían puesto, ni los castigos de su padre, que cierto no se los
+escaseaba, bastaron á enderezar su torcida naturaleza. Verdad que estos
+castigos se hallaban funestamente neutralizados por el mimo y regalo con
+que su madre lo criaba. No sólo ocultaba con mil artificios sus faltas y
+le amparaba cuando su padre iba á corregirle, sino que le daba cuanto
+dinero había á mano, sin comprender la desgraciada el daño que hacía.
+Con esto el chico á los catorce años era un pilluelo que, en vez de
+ayudar á los gastos de la casa, sacaba de ella de un modo ó de otro
+cuanto podía. Acompañado de otros pícaros de su misma edad, vagaba por
+las tabernas, entregando todas sus horas al vino y al juego.
+
+Soledad empezó á coser en una sastrería; pero su jornal era tan exiguo
+que apenas si con él podía comprarse un vestidito de percal y calzar
+pasablemente. Aquí era donde le dolía á la mocita. Las andaluzas sufren
+sin pena el ir vestidas con cualquier trapillo; pero viven infelices si
+no llevan una media bien limpia y un zapato fino y ajustado. Tanto más,
+cuanto que Soledad comenzaba á ser festejada y requebrada de cuantos á
+su lado cruzaban, jóvenes ó viejos. Era el recreo de los ociosos que
+acudían á la hora del crepúsculo á ver salir las costureras de sus
+talleres, el orgullo de su familia y la envidia de las compañeras. Su
+belleza espléndida estaba realzada por una grave y altiva serenidad que
+desconcertaba á cuantos pretendían acercarse á ella burlando, al estilo
+de la tierra. La hija de Pontes, el guarda del fielato, adquirió pronto
+renombre de hermosa y al mismo tiempo de esquiva.
+
+Los señoritos de la ciudad acudieron en torno suyo como moscas al panal.
+Pero ni sus rendimientos exagerados ni sus ofertas hicieron mella en el
+corazón de la joven. Prevenida contra sus halagos por la triste suerte
+de algunas amigas que habían tenido la flaqueza de darles oídos, los
+rechazaba siempre con ferocidad. En cambio acogía con agrado los rudos
+obsequios de los braceros; tuvo entre ellos varios novios, y juraba y
+perjuraba que le gustaban más que los pisaverdes tísicos que la seguían
+en el paseo. Éstos se vengaban de sus desdenes apodándola _la princesa
+del Fielato_.
+
+Pero uno de ellos la sacó en cierta ocasión de un mal paso. La hija del
+guarda, con otras dos amigas, se había ido un domingo á visitar la
+ermita de una Virgen situada á alguna distancia de la población sobre un
+cerrillo áspero y solitario. Llevaron merienda, entretuviéronse más de
+lo que pensaban: al regresar á su casa empezaba á cerrar la noche. Y hé
+aquí que, caminando las tres costureras cogidas del brazo, entonando
+alegres canciones para ahuyentar el miedo, tropiezan con dos mozos
+labradores que volvían de la ciudad. Las detienen, las requiebran
+groseramente, se propasan á abrazarlas. Venían un poco ebrios; pero les
+convino fingirse más de lo que estaban para el caso. Las jóvenes gritan
+y se defienden valerosamente, pero en vano; el lugar era solitario y sus
+fuerzas no bastaban á contrarrestar las de los gañanes. Éstos se
+apoderan de dos de ellas; la otra huye pidiendo auxilio. En este momento
+se oye el trote de un caballo, y poco después aparece montado en él un
+joven bien conocido en la ciudad, el hijo de la viuda de Uceda.
+
+--¡Socorro, caballero!--gritan á un tiempo Soledad y su compañera asidas
+por aquellos bárbaros.
+
+--¿Qué es eso?--preguntó el jinete.--¡Á ver si dejáis ahora mismo á esas
+chicas!
+
+--Siga usted su camino, señorito, y no se meta donde no le llaman... ¡No
+sea que se le apee del jaco por las orejas!--dijo uno de ellos.
+
+--¿Á mí, granuja?--exclamó el caballero apeándose de un salto.
+
+Y corriendo hacia el insolente alzó la mano y le tumbó de un puñetazo.
+Pero el otro jayán sacó prontamente la navaja y acudió al socorro de su
+compañero, el cual, no bien se hubo levantado, echó mano igualmente á la
+suya. Mal lo hubiera pasado el valeroso caballero si no hubiera tenido
+un buen revólver de seis tiros, con el cual les apuntó exclamando:
+
+--¡Ahora vais á ver, cobardes, de qué os sirven las navajas!
+
+Los gañanes, al ver el arma, diéronse á la fuga. El caballero les
+persiguió largo trecho, obligándoles á echarse á un arroyo y pasarlo con
+el agua hasta la rodilla. Juzgándose bien vengado por aquel baño
+afrentoso, se volvió riendo hacia el sitio donde había dejado el
+caballo. Las muchachas ya no estaban allí. Desde que se vieron libres
+habían corrido desaladas hacia la población. Montó en su jaco y á trote
+corto caminó la vuelta de ella. Hasta tocar casi en las primeras casas
+no alcanzó á sus favorecidas, que sin volver la vista atrás caminaban
+con toda la celeridad que les consentían sus fatigados pulmones. Al
+verlas no pudo menos de sonreir exclamando en voz baja: «¡Vaya unas
+piernas que os ha dado el miedo, hijas mías!» Pasó delante de ellas y
+saludó cortésmente.
+
+--Buenas tardes.
+
+--Buenas tardes--respondieron las jóvenes.
+
+Pero avergonzada de haber huído sin despedirse, la compañera de Soledad
+le gritó así que hubo pasado:
+
+--¡Y muchas gracias, caballero!
+
+--No las merece--respondió éste volviendo á medias la cabeza.
+
+Soledad examinó con curiosidad su figura recia y corpulenta, que se
+perdió al instante en las sombras. ¡No era tísico, no, aquel señorito!
+Al día siguiente, cuando le vió en la calle, le pareció aún mejor y le
+saludó afectuosamente. Manolo Uceda respondió al saludo con agrado, y
+algunos días después, con ocasión de cierta fiesta con música al aire
+libre, se aventuró á dirigirle la palabra, á acompañarla y, lo que es
+aún más, á sacarla á bailar. Este último obsequio puso corona
+inmarcesible á la gratitud de Soledad. Porque los señoritos de la villa
+poquísimas veces descendían á bailar con las menestralas en un paraje
+abierto. Lo demás se encargó de hacerlo el niño alado de la venda.
+
+Manolo Uceda pertenecía á una familia distinguida de Medina, aunque sin
+mucha hacienda. Poseía algunas buenas propiedades rústicas con cuyas
+rentas vivía cómodamente gracias á la economía de su madre D.ª Carmen y
+á su propia conducta, arreglada y formal. Entre estas propiedades la más
+importante era un molino situado á dos leguas de la villa, el cual solía
+visitar á menudo lo mismo que las otras fincas, porque su madre así se
+lo encargaba. De él venía cuando tan á tiempo pudo ejecutar la proeza
+que se acaba de relatar.
+
+Educado en el retiro de su casa solariega, que tenía aspecto claustral,
+sin trato de mujeres, sin vicios, sin los recreos siquiera propios de su
+edad, la primera mujer que le reveló el amor fué la hija del guarda de
+consumos. La amó en seguida con la pasión tumultuosa de los diez y ocho
+años y de una naturaleza exuberante. Sin temor á las hablillas, sin
+vergüenza de confesar su amor, acudía á su reja todas las noches y se
+pasaba pegado á ella largas horas pelando la pava. De quien únicamente
+se guardaba era de su madre. Ésta, no obstante, muy presto llegó á
+saberlo y tomó un disgusto gravísimo. Porque era altiva y linajuda, á
+pesar de su corta hacienda, como una princesa de sangre real. Pero
+Manolo logró convencerla de que aquella afección no era sino un pasajero
+devaneo sin importancia, y la noble señora recobró á medias el sosiego.
+Trascurrieron algunos meses. Los amores no terminaban; antes bien, el
+joven daba cada día mayores y más ostensibles testimonios de su pasión
+acompañando á la hija del guarda por los parajes más públicos. D.ª
+Carmen se agitó de nuevo, interrogó á su hijo con severidad, hubo
+gritos, llanto, recriminaciones. Esta vez Manolo no adoptó el continente
+burlón y desdeñoso que antes: confesó su amor, hizo un elogio caluroso
+del dueño de su albedrío, concluyendo que no había en todo el reino de
+Andalucía mujer más pura, más ingeniosa y más digna de ser adorada de
+rodillas que la hija de Pontes. Doña Carmen no quiso convenir en ello;
+de lo cual le pesó tanto á nuestro joven, que llegó á dudar del talento
+y de la sensatez de la que le había dado el ser. Desde esta memorable
+conversación no hubo paz en casa de Uceda. El amartelado mancebo se veía
+necesitado á escuchar á todas horas ruegos, injurias, suspiros y burlas.
+
+Todo fué inútil. Su pasión crecía á cada instante. Como fuego poderoso
+iba devorando rápidamente sus facultades y sentidos, dejándole reducido
+al papel de un autómata. Esto le perdió. Su excesivo rendimiento, las
+manifestaciones, cada vez más vivas y públicas, de su amor, engendraron
+al cabo un poco de hastío en el alma de la hija del guarda. Desapareció
+el respeto que la diferencia de clases había despertado en ella al
+comienzo de sus amores; se acostumbró á dominarle, á imponerle sus
+gustos y caprichos, á escuchar con indiferencia sus palabras
+apasionadas, candentes. De tal modo, que á los seis meses le trataba
+como á un niño, le hablaba en tono protector, se reía de sus
+puerilidades, le reprendía y le martirizaba.
+
+Por otra parte, la oposición tan natural de D.ª Carmen lastimaba su
+orgullo. No faltaban comadres que llegaban presurosas á trasmitirle las
+palabras amargas que la viuda de Uceda pronunciaba refiriéndose á ella.
+Y en vez de comprender y perdonar estos desahogos de una madre, se
+enfurecía con ellos, los devolvía con creces y hacía recaer su cólera
+sobre el pobre Manolo, que ninguna culpa tenía.
+
+Pero más que todo esto contribuyó á debilitar su cariño, ó, por mejor
+decir, á que no prendiese jamás en su corazón, como había prendido en el
+del joven, la disparidad de genio y educación. Soledad era inclinada por
+naturaleza y nacimiento á las formas rudas, al lenguaje brutal y
+desvergonzado, no desprovisto de gracia, de la plebe andaluza. Gustaba
+de sus cantares, de sus chanzas groseras, de sus guisos y ensaladas;
+aunque por la constante gravedad de su rostro parecía más bien nacida
+entre las brumas de la Noruega que bajo el ardiente sol de la Bética. Ni
+comprendía ni mucho menos podían ser de su agrado los modales de un
+trato delicado y culto. Ahora bien, entre todos los señoritos de Medina,
+el que había mostrado siempre menos afición á las fiestas y costumbres
+populares era Manolo Uceda. Ó porque su madre le hubiese trasmitido sus
+gustos aristocráticos, ó porque llevase dentro de su alma un cierto
+sentimentalismo romántico, es lo cierto que jamás se le vió en
+francachelas, ni corriendo novillos, ni en compañía de toreros y majos
+como otros caballeros de su edad. Tampoco usaba el lenguaje suelto y
+atrevido que muchos de ellos. Sin ser tímido ni beato, sentía profunda
+repugnancia por esa libertad de modales que tanto suele agradar á los
+mozalbetes. Por este lado, pues, no marchaban á la par las aficiones de
+ambos amantes.
+
+Y acaeció lo que era de esperar. El padre de Soledad tenía un íntimo
+amigo de alguna menos edad que él, llamado Perico Velázquez, hombre
+famoso en la villa por su guapeza y su trato suelto y cortés. Soltero,
+con alguna hacienda adquirida en los negocios de vinos, espléndido con
+las mujeres, ostentoso en el vestir dentro de su clase, aficionado á la
+broma y bureo, pero sosteniéndose siempre en los límites que marca la
+prudencia, esto es, sin pasar á la categoría de borracho ó perdido.
+Todos le conocían y en todas las clases se había granjeado simpatías por
+su carácter abierto y servicial. Los caballeros no desdeñaban alternar
+con él. Los artesanos, á cuya clase pertenecía, le respetaban como su
+ideal: era la encarnación de sus gustos y deseos. Pontes, con quien
+había trabado amistad hacía algunos años, le adoraba. La suprema
+felicidad para el guarda, la única que le consentía su profesión, era
+que Velázquez viniese á buscarle á la casilla un día que le quedase
+libre y le llevase con otros tres ó cuatro amigos á una taberna de las
+afueras para cañear y pasar la tarde de jarana. Además, le estaba
+profundamente agradecido porque le había sacado de algunos apurillos de
+dinero. Por todo lo cual, el nombre del majo sonaba en la casa del
+guarda como el de un amigo y á la vez como un protector.
+
+Soledad olvidó á Manolo en cuanto Velázquez depuso con ella la actitud
+paternal y principió á requebrarla de amores. El carácter de aquél,
+resuelto y desdeñoso, sus famosos devaneos, la esplendidez que se le
+atribuía, y más que todo las aficiones populares de la joven, hicieron
+que presto diera oídos á los requiebros y á las palabras atrevidas que
+el guapo dejó caer en su oído siempre que la ocasión se ofrecía. Pero
+Velázquez, ó por temor á compromisos, ó por cálculo, ó por la situación
+especial en que la amistad con Pontes le colocaba, no llegó á declararse
+abiertamente. Se mantenía en actitud equívoca. Cuando se hallaban solos
+la dejaba ver lo mucho que le gustaba, pero siempre con la salida
+abierta para retirarse en cuanto le conviniese. En presencia de gente
+seguía tratándola como antes. Esta actitud extraña, que en el espíritu
+no muy penetrante de Soledad se prestaba á diversas interpretaciones,
+concluyó por rendirla enteramente. Principió á impacientarse, á desear
+con ansia que de una vez le confesase su amor, á buscar ocasiones para
+que esto pudiera efectuarse. Y, en su inocencia verdaderamente infantil,
+llegó á ciertos extremos ridículos.
+
+Un día Velázquez, al despedirse, le dijo en broma, adoptando un
+continente grave:
+
+--Soledad, tengo que comunicarte un secreto.
+
+Se fué y no volvió á acordarse de tal frase. Pero á la hija del guarda,
+á quien las congojas consumían, se le quedó clavada en el cerebro. No
+pensó en otra cosa. Y cuando á los tres ó cuatro días le vió, buscó
+pretexto para alejar á su madre y, aprovechando un momento, se acercó á
+él rápidamente y le dijo con voz temblorosa y las mejillas encendidas:
+
+--Dígamelo usted ahora.
+
+--¿El qué?--preguntó Velázquez sorprendido.
+
+--Aquello.
+
+Tardó en comprenderlo el guapo; pero recordando al fin, salió del
+atolladero lo mejor que pudo, aunque sin entregarse.
+
+Así se hallaban las cosas cuando un suceso inesperado y terrible vino á
+cambiar su faz por completo. Pontes, viendo cruzar desde la casilla un
+hombre que le pareció sospechoso aunque no llevase carga alguna, le
+ordenó detenerse. El hombre, que ocultaba en los bolsillos algunas
+barras de jabón, se dió á la fuga. Como eran las dos de la tarde,
+Pontes no pensó en hacer uso del fusil y corrió detrás de él, seguro de
+alcanzarle ó por lo menos de hacer que le detuviesen. Sucedió, en
+efecto, lo primero. El guarda tenía admirables piernas; cerró la
+distancia y pronto llegó á tocarle.
+
+--¡Date! ¡date ó te mato!
+
+Pero en aquel momento el matutero se volvió repentinamente y blandiendo
+un cuchillo se lo clavó en el pecho hasta el mango.
+
+El guarda quedó muerto en el acto. El suceso puso en conmoción á la
+villa, y aunque algunas personas caritativas quisieran impedirlo, la
+noticia llegó pronto á la familia. Corrió la infeliz esposa al lugar del
+crimen. Los agentes del ayuntamiento que allí estaban no la dejaron
+abrazarse al cadáver de su esposo porque el juez aún no había llegado.
+Los gritos de dolor de la pobre mujer partían el corazón de los
+espectadores. Cuando vino al fin el juzgado, se procedió al
+levantamiento del cadáver, se le colocó en un carro y emprendieron la
+marcha hacia la villa. Detrás, pálida como la cera, agarrando con sus
+manos crispadas la trasera del carro, seguía la viuda, á quien los
+sollozos ahogaban. Después venían los agentes, algunos compañeros del
+difunto y los curiosos. Tal fué el espectáculo que se ofreció á los ojos
+de Soledad al salir por los arrabales en busca de su madre.
+
+Velázquez, en aquellos aciagos instantes, fué la Providencia de la
+familia. Costeó un muy decoroso entierro á su amigo, le compró
+sepultura en el cementerio, hizo cuanto le fué posible para lograr la
+captura del asesino, que se había fugado, y procuró que á la viuda y á
+sus hijos no les faltase nada. Tales testimonios de cariñosa amistad
+concluyeron de subyugar á Soledad. La figura del guapo creció ante su
+vista como la de un dios, y en la misma medida la de Manolo Uceda se fué
+empequeñeciendo. En efecto, éste, aunque tomó parte en su dolor, no pudo
+ó no supo ofrecerle la misma protección. Quedó reducido á un papel
+pasivo y bastante desairado. Velázquez lo era todo en la casa. La
+indiferencia de Soledad se fué acentuando y cuidó poco de disimularla.
+De tal suerte que, cuando quince días después Velázquez se determinó á
+explicarse claramente, no halló obstáculo alguno para ser aceptado.
+Pero, como hombre corrido en lides amorosas, aprovechó su posición para
+obtener de la madre y la hija que le siguieran á Cádiz, donde pensaba
+establecerse. Desaparecieron un día de Medina, alquilaron casa en la
+capital, cuyos gastos subvencionaba todos el majo á título de huésped ó
+protector. La hija enloquecida de amor, la madre de gratitud, no echaron
+de ver el peligro á que se exponían ni la desagradable impresión que
+este paso causó en el pueblo.
+
+En efecto, muy poco después Soledad sucumbió á las instancias de su
+adorador. Se engañó á la madre primero, se le pidió perdón después. La
+pobre mujer experimentó un vivo disgusto, tanto más cuanto que Velázquez
+no se apresuraba á borrar la afrenta con la bendición del cura. Sólo una
+vez habló de matrimonio, pero de un modo tan vago, ponderando tanto las
+dificultades que por el momento se ofrecían para su realización, que la
+viuda entendió bien claramente lo que podía esperarse en este particular
+de aquel hombre. Con esto vivió profundamente afligida, y no cesaba de
+llorar, sin querer salir de su cuarto. Mas con el tiempo su dolor se fué
+calmando: llegó á acostumbrarse y aceptó al cabo aquella triste y
+degradante situación, ya que su hija parecía feliz y Velázquez no dejaba
+de satisfacer ninguno de sus caprichos.
+
+Duró poco, no obstante, tal estado de satisfacción. Á Velázquez,
+hastiado de la vida inactiva, aunque tuviese suficiente hacienda para
+vivir, se le ocurrió comprar una tienda de montañés que se traspasaba en
+el Campo del Sur. Comenzaron los disgustos. Aunque generoso siempre y
+delicado en los asuntos de dinero, no tardó en mostrar su carácter
+autoritario. Exigía una sumisión absoluta por parte de cuantos le
+rodeaban. Le ofendía, mejor dicho, le ponía fuera de sí la menor
+contradicción. Los primeros choques fueron con Miguel, el hermano de su
+querida, el cual no se sometía al régimen de la casa. Hubo reprensiones,
+disputas agrias; por último, Velázquez le levantó la mano y lo arrojó de
+casa, aunque permitiendo que su madre le diese algún dinero para que se
+mantuviese fuera. No quedó aún con esto satisfecho su instinto de
+dominación. Soledad, enamorada de él ciegamente, se sometía sin replicar
+á todos sus gustos y caprichos, sufría con paciencia sus reprensiones,
+los malos humores y genialidades. Pero la madre, que no tenía tales
+motivos para sufrirlo, solía hacerle observaciones y llamarle á la razón
+cuando injustamente se querellaba con Soledad. Esto le molestaba
+extremadamente, le producía una sorda cólera que cada día iba en
+aumento, hasta que al fin estalló. Un día, después de acalorada disputa
+entre ambos, el guapo se cruzó de brazos delante de Soledad y dijo
+resueltamente:
+
+--¡Ea, ya se acabó! Aquí no queda otro medio... ¡Ó tu madre ó yo, hija
+mía!
+
+Ni ruegos ni lágrimas lograron hacerle cambiar de resolución. Y como
+Soledad hubiera muerto con gusto y hubiera dejado morir al género humano
+antes que separarse del hombre que adoraba, fué su madre quien se vió
+necesitada á salir de casa. Se la envió á Medina y se le pasó una
+pensión suficiente para vivir. De esta suerte quedaron los amantes
+solos, y Velázquez dueño y señor de aquella mujer que temblaba de amor y
+miedo en su presencia.
+
+
+
+
+IV
+
+Velázquez.
+
+
+Velázquez pudo desde entonces dar rienda suelta á su fanfarronería. Este
+era el vicio que le dominaba y servía de triste contrapeso á sus buenas
+cualidades. Porque las tenía, sin disputa. Era servicial, generoso,
+despierto de inteligencia y sensible de corazón. Pero así que se tocaba
+directa ó indirectamente á su orgullo, todas estas bellas cualidades se
+nublaban y se ofrecía á los ojos de quien no le conociese como un hombre
+feroz é intratable. Era menester que en todas partes hiciese el primer
+papel, y si no lo hacía, esto le causaba tristeza y le ponía sombrío.
+Donde él estaba no había que molestarse en llevar la mano al bolsillo:
+todos los agasajos estaban pagados. Por esto la tienda no le producía
+beneficio alguno. Las ganancias del mes quedaban saldadas con sus
+esplendideces. Pero le servía para hacer figura entre sus amigos.
+
+Se jactaba de bravo, y lo era; de rico, y, dada su clase, tampoco le
+faltaba motivo. Pero, además, se empeñaba en que todas las mujeres se
+enamorasen de él, en ser hombre chistoso ó «de buena sombra», como allí
+se dice, en cantar, tocar la guitarra y bailar como nadie, en jugar á
+los naipes y al billar mejor que ninguno, en quedar fresco después de
+haber bebido algunas botellas de manzanilla, mientras los demás rodaban
+por el suelo borrachos. Y en esto, como se comprenderá fácilmente, había
+sus más y sus menos. Su figura, aunque agradable, era exigua. El mayor
+dolor de su vida era no poseer cuatro ó cinco dedos más de estatura.
+Pero sabía realzarla extremadamente vistiendo con particular esmero: la
+pechera de la camisa adornada con botones de diamantes, la faja de seda,
+las botas de charol. Y este alarde de lujo le servía grandemente para
+fascinar á las hembras y rendirlas. Despojado de tales atavíos, quizá no
+sería tanta su buena fortuna. Pero esto es lo que no se confesaría el
+guapo aunque se hallase en el trance de morir.
+
+Soledad le amó con pasión frenética, mezcla de sensualidad, de
+admiración y gratitud. El mundo entero desapareció á sus ojos, no
+quedando de toda la creación sino la barba sedosa de Velázquez, sus
+blancos dientes africanos y su irónica sonrisa y acento displicente. Por
+mucho que se jactase de guapo, todavía pensaba la joven que se quedaba
+corto. Creía de buena fe que no existía en Cádiz mujer de alta ó baja
+calidad que no le envidiase su buena dicha, y las compadecía. Ocupando
+aquella posición deshonrosa se creía honrada. Su cerebro estrecho no
+comprendía otra gloria que la de ser preferida por tal hombre. Bebía sus
+palabras y gestos y se embriagaba con ellos. Hallaba gracia y nobleza en
+los más prosaicos actos de su vida y prestaba tal importancia á sus
+gustos para vestir, comer ó dormir cual si fuesen preceptos de un código
+divino.
+
+--Pues á Velázquez no le gusta el arroz tan cocido, sino bien
+enterito--decía á alguno de los parroquianos que lo prefería blando.
+
+Y después de comunicarle esta nueva interesante, quedaba sorprendida si
+el parroquiano aún se obstinaba en que se lo cociese más.
+
+Nunca acababa, si alguna comadre del barrio venía á beber una copa de
+aguardiente y la conversación recaía sobre el guapo. Era menester que le
+diera cuenta de sus costumbres é inclinaciones, las peripecias de su
+vida, los negocios que había hecho, las reyertas que había tenido, hasta
+de las palabras que había vertido aquel día al entrar y salir de casa.
+
+Si á un parroquiano le saltaba el botón de la camisa, mientras se lo
+cosía, enterábale con orgullo de que Velázquez no gastaba camisas de
+algodón como aquélla, sino de hilo puro que le costaban tres duros cada
+una. Sus botas, sombrero, reloj, etc., eran para la hija de Pontes
+objetos preciosos que no podía tocar sin amor y veneración.
+
+Velázquez se dejaba querer sin sorpresa. La idolatría de Soledad le
+parecía tan puesta en razón que lo contrario sería una incomprensible
+trasgresión de la lógica. Dentro de casa y á solas era con ella
+cariñoso, protector, agradecido, ya que no apasionado. Pero en presencia
+de sus amigos se mostraba altivo en demasía, satisfaciendo, á costa de
+la pobre joven, su sed insaciable de jactancia. Era menester que todo el
+mundo viese patente el rendimiento de aquella mujer. Para ello no le
+escaseaba las palabras desdeñosas y las bromitas mortificantes en cuanto
+se le ofrecía ocasión. Una de éstas había tomado pie de la afición
+desatinada que Soledad tenía al confite más exquisito de la Andalucía, á
+las famosas «yemas de San Leandro». Velázquez le había prometido traerle
+un cartucho de ellas, pero se le olvidó: recordóselo la joven, volvió á
+prometérselo y volvió á olvidársele. Desde entonces, haciendo de este
+olvido un pretexto de risa, no cesaba de embromarla en presencia de la
+reunión.
+
+--Soledad, no tengas cuidado... de hoy no pasa, hija mía. Ó te traigo
+las yemas esta noche, ó me tiro por la muralla.
+
+Y al día siguiente, cuando nadie pensaba en ello, se daba el guapo una
+palmada en la frente.
+
+--¡Caramba, qué cabeza la mía!... ¡Ya se me han olvidado otra vez las
+yemas de Soledad!... ¡Vive Dios! Pero ahora no se me olvidan; pueden
+ustedes estar seguros.
+
+Y sacaba el pañuelo y le hacía un nudo. Los tertulios reían. Soledad,
+avergonzada, reía también.
+
+--Lo que es conmigo no gastarías tanta guasa, arrastrao--dijo
+María-Manuela.--¿No tienes á tu disposición el dinero de la
+venta?--añadió encarándose con Soledad.--¿Pues por qué no mandas por
+todas las yemas que se te antojen?
+
+--Eso pregunto yo. ¿Por qué no manda?--replicó Velázquez con retintín.
+
+Soledad hizo un gesto de impaciencia indicando á María-Manuela que
+callase. Por nada en el mundo hubiera distraído un céntimo del dinero
+que custodiaba. Velázquez tomaba diariamente las cuentas é
+inmediatamente se llevaba el dinero al cajón de su mesa.
+
+No era esta broma, sin embargo, ni otras semejantes las que mortificaban
+más á la joven. Lo que le llegaba al fondo del alma y le hería en lo más
+vivo era el tono irónico y fatuo que Velázquez adoptaba cuando se sacaba
+á cuento el tema de su matrimonio. Generalmente era Paca quien, en su
+afán de legalizar la situación de los amantes, lo ponía directa ó
+indirectamente sobre el tapete.
+
+--Mira, Paca, no te subas al púlpito. Demasiado sabes que estamos en
+ello y que no tengo en el mundo otro deseo que ese.
+
+--¡Bien se conoce! Si lo deseases ya lo hubieras hecho, ó por lo menos
+hubieras puesto los medios para hacerlo.
+
+--¡Aguárdate un verano, hija mía! ¿Crees que es tan fácil inflar un
+perro? ¿No sabes lo que cuesta en este pícaro pueblo el arreglo de los
+papeles, las vueltas que hay que dar y lo mucho que le hacen sudar á uno
+por esas oficinas de la iglesia? Te aseguro que hace tiempo que he
+encargado á un amigo de andar los pasos... Sólo que es cojo el pobrecito
+y camina poco--añadió bajando la voz con acento cómico.
+
+Los amigos celebraron la gracia. Soledad salió del cuarto llorando, como
+siempre que se tocaba este punto.
+
+Con todo, era feliz. La presencia de su amante, sus cortas pero
+sabrosísimas caricias bastaban para enajenarla y hacerle olvidar
+aquellas y otras penas. Además, estaba orgullosa y solía jactarse con
+las comadres que iban por el día á hacerle tertulia del respeto que
+Velázquez la profesaba. Era muy conocida en el círculo de sus amigos la
+violencia de éste y las formas brutales que solía emplear con las
+mujeres. Se hablaba de lo ligera que tenía la mano para castigar la más
+pequeña ofensa: ninguna de sus queridas había dejado de experimentarlo.
+Pues bien, con ella jamás se había propasado á tales extremos
+repugnantes. Soledad estaba orgullosa; pero tal vez en lo más íntimo del
+alma, sin darse ella misma cuenta, sentía cierta curiosidad por
+conocerlos. Cuando oía describir los rigores que Velázquez había usado
+en otro tiempo con una de sus amantes llamada la Pitillera, y que esta
+mujer, lejos de aborrecerle, le adoraba cada día con pasión más firme,
+quedaba confusa sin comprenderlo; pero sentía cierto cosquilleo interno,
+mezcla de temor, de curiosidad y apetito ¿Qué será eso?
+
+Lo supo más pronto de lo que imaginaba. Su hermano Miguel se había ido
+con su madre á Medina cuando Velázquez tuvo á bien despedirla de casa.
+El muchacho, gandul y vicioso, como ya sabemos, tomó gusto á la vida de
+Cádiz en los meses que aquí permaneció: era un campo mucho más fértil y
+ameno para sus calaveradas que Medina. Así que, no pudiendo sufrir la
+existencia en este, que le parecía lugarón sombrío y desabrido, se
+trasladó á la capital sin permiso de su madre ni dar cuenta siquiera á
+su hermana. Vagó algunos días por las zahurdas y lupanares. Velázquez
+supo que estaba allí y se lo previno á Soledad lleno de enojo.
+
+--El tunante de tu hermanito se ha escapado de Medina y anda por ahí con
+otros perdidos. ¡Si pone los pies en esta casa cuenta conmigo!
+
+Soledad prometió no recibirle si lo intentaba. Pero esto era fácil de
+prometer y no de cumplir. Un día, hallándose sola en la tienda, se
+presentó de improviso Miguel, escuálido, andrajoso, muerto de hambre.
+¿Qué iba á hacer la pobre sino socorrerle? Le dió de comer y una de sus
+sortijas para que la empeñase, pues del dinero no se atrevía á disponer.
+Velázquez no lo supo. Pero, á pesar del mucho encarecimiento con que
+Soledad se lo rogó, Miguel no dejó de menudear las visitas, hallando
+cómodo este puerto donde guarecerse en sus frecuentes naufragios.
+
+Y sucedió al cabo lo que era de esperar. No faltó quien diese soplo al
+amo. Se puso éste en acecho; y un día en que los dos hermanos platicaban
+alegremente, Soledad de la parte de dentro del mostrador, Miguel de la
+parte de fuera, comiéndose una magra de jamón que la munificencia de
+aquélla le había suministrado, bien ajenos de que pudieran ser
+sorprendidos, pues Velázquez se había ido á Puerta de Tierra, presentóse
+éste de improviso. Sin decir palabra, con cólera muda, cayó sobre el
+infeliz muchacho, y á pescozones y puntapiés lo arrojó de la taberna.
+Luego, jadeante y pálido, se acercó al mostrador.
+
+--Oye, niña, ¿no te he dicho que no me da la gana que ese granujilla
+ponga los pies en esta casa? ¿Es que te quieres divertir conmigo?
+
+Y alzando al mismo tiempo la mano, le dió un golpe en el rostro.
+
+--¡Velázquez!--exclamó la joven en el colmo de la sorpresa, el dolor y
+la vergüenza.
+
+Se alzó de la silla y volvió á dejarse caer sollozando. Después subió á
+su cuarto, se echó sobre la cama y siguió suspirando largo rato. Los
+sentimientos que la agitaban eran la ira y la vergüenza. ¡Poner la mano
+sobre ella un hombre, cuando sus mismos padres no lo habían hecho
+después que fué mujer! ¿Qué pensarían de ella las comadres ante las
+cuales se había jactado tanto? ¿Qué diría Manolo Uceda, á quien había
+desmentido tan orgullosamente hacía pocos días?
+
+Pero su cólera fué ablandando al influjo de las lágrimas, se trasformó
+en suave melancolía, y de esta melancolía brotó al cabo una extraña
+dulzura que la llenó de sorpresa. Se había disipado el misterio. Ya
+sabía lo que era ser abofeteada por un hombre. Destruído aquel último
+baluarte de su orgullo, permaneció tranquila á merced de su vencedor.
+Quedaron remachados los clavos de su cadena. ¡Era suya, enteramente
+suya! Este pensamiento barrió hasta las últimas nubes que oscurecían su
+alma. Quedó en una dulce quietud, en un íntimo recogimiento de dicha; le
+acometieron ansias locas de humildad. ¿Qué le importaba á ella por el
+mundo? ¿Qué le daba á ella el mundo? Quien la hacía feliz era él. Á él
+debía, pues, obedecer; él era su rey y señor. El calorcillo que aún
+sentía en la mejilla atestiguaba de este señorío y de su vasallaje.
+¡Toda la vida, toda la vida su esclava!...
+
+Velázquez, al cabo de un rato, se asomó á la puerta del cuarto, diciendo
+con tono rudo:
+
+--Ea, niña, basta de lloriqueo, que la tienda está sola.
+
+Soledad se levantó encendida y sonriente de la cama, se limpió las
+lágrimas con el pañuelo y le echó los brazos al cuello en un rapto de
+amor y sumisión.
+
+
+
+
+V
+
+Celos.
+
+
+Dos meses después de esta escena entró Manolo Uceda una tarde en la
+tienda, que á tal hora solía hallarse solitaria. Soledad se había
+quedado dormida de bruces sobre el mostrador con la mejilla apoyada
+sobre las manos. Entró sin hacer ruido y fué á sentarse cerca de ella.
+
+Hacía ya tiempo que debía estar en Medina, pues se había despedido de su
+madre sólo por diez ó doce días; pero después de haber visto á su
+antigua novia y haberla hablado se le hizo imposible la vuelta. De nuevo
+quedó preso en aquel amor, el primero y el único de su vida. Al
+principio buscando pretextos, luego no respondiendo á las apremiantes
+invitaciones de D.ª Carmen para que tornase al pueblo, había ido
+dejando trascurrir los días sin decidirse á subir al tren. Finalmente,
+había escrito á su madre manifestándole que deseaba permanecer en Cádiz
+una larga temporada y que si le contrariaba en este deseo estaba
+resuelto á embarcarse para América. La pobre señora, asustada y
+conociendo el carácter impetuoso de su hijo, por no perderle para
+siempre, cedió á su capricho.
+
+¿Qué esperaba allí? ¿Qué pretendía? Ni él mismo sabría decirlo. Su viaje
+le había servido para convencerle del absoluto olvido que su amor
+generoso merecía á la hija del guarda, de la ciega pasión que ésta había
+concebido por el majo de Medina. Y, sin embargo, aunque lo mereciese, le
+era imposible despreciarla, ni aun dejar de amarla. Encontraba tan
+inexplicable seducción en sus rasgados ojos aterciopelados, en su
+gravedad majestuosa, en el contraste adorable de sus cabellos negros con
+el alabastro de su rostro, que no concebía cómo pudiera aborrecerse á un
+ser tan bello. El goce de verla, de escuchar su voz, de despertar tal
+vez que otra una fugaz sonrisa de complacencia en su semblante le
+retenía á su lado. Hallaba gracia en sus palabras, en sus gestos, en sus
+manías y hasta en la terquedad que la caracterizaba. La misma limitación
+de su inteligencia y su falta absoluta de instrucción, pues sólo sabía á
+duras penas leer, servían de alicientes para su amor. «Es una niña» se
+decía mirándola con ojos paternales, cuando salía algún gracioso
+disparate de su boca. «Hace el bien y el mal sin darse cuenta. No es
+capaz de sentir pasión alguna. Su amor no es más que un capricho como
+todo lo demás. Quizá algún día...» Y esta vaga esperanza, dulce como la
+miel, inundaba su corazón de alegría.
+
+No podía menos de felicitarse también de la facilidad venturosa que
+tenía para verla y hablarla á cualquier hora del día. La circunstancia
+de habérsele antojado á Velázquez tomar un establecimiento de bebidas,
+y, mejor que esto aún, su arrogante tranquilidad, la ausencia completa
+de celos que mostraba, dejábale expedito el camino para menudear las
+visitas. Hay más, el tabernero le acogía con mayor afecto y cortesía que
+nunca y le había presentado en la reunión que todas las noches se
+formaba en uno de los cuartos. Era una de tantas señales de su orgullo.
+La presencia de Manolo atestiguaba su victoria, que ya los amigos
+conocían, y el amor que el pobre joven no lograba disimular le servía de
+pretexto para mil bromas jactanciosas en que daba suelta á la arrogancia
+que rebosaba de su corazón. No se le escapaba á Manolo esto, ni tampoco
+que aquella reunión, compuesta de gente ruda, no correspondía á la
+calidad de su persona ni á la educación que había recibido; pero todo lo
+sufría con tal de hallarse cerca de Soledad. Quizá no habría mentira en
+decir que era relativamente feliz. Cuando se hubo acostumbrado al puesto
+secundario que su antigua novia le asignara y á la libertad de trato de
+aquella sociedad ordinaria lo pasó bastante bien. Su temperamento sano y
+alegre se imponía: era llano, cordial, bullicioso y en poco tiempo supo
+granjearse el cariño de los tertulios de Velázquez. Tan sólo cuando
+observaba algún rasgo del despotismo escandaloso que éste ejercía sobre
+su ídolo, alguna frase despreciativa que hacía asomar las lágrimas á los
+ojos de la bella, se oscurecía su semblante y quedaba silencioso y
+sombrío largo rato. El majo lo notaba y hacía un guiño expresivo á sus
+amigos; pero éstos poco á poco fueron dejando de celebrar sus
+baladronadas y mirando con mayor respeto al enamorado mancebo.
+
+Soledad dormía, sin que la mirada de su adorador, posada sobre ella,
+inquietase su sueño profundo. Larguísimo rato la estuvo contemplando en
+suspensión deliciosa. ¡Qué hermosa estaba! Miraba su mejilla y nada
+hallaba en la creación comparable á la suavidad de su piel sonrosada
+trasparente. Fijaba la vista en sus labios: las cerezas no eran tan
+rojas ni tan frescas: la llevaba más tarde á su cuello, y aquella línea
+blanca ondulante donde su negra cabellera se deshacía gradualmente en
+vello finísimo como una armonía fugitiva que se pierde en el espacio, le
+parecía un sueño más que una verdad tangible. «¡Qué hermosa! ¡qué
+hermosa!»--murmuraba con la unción de un místico que dice sus
+preces.--¡Y eso que aún faltan los ojos, las dos lámparas maravillosas,
+como yo los llamo!... De buena gana se hubiese prosternado y
+permaneciera así velando su sueño. En aquel instante hallaba disculpa
+para sus traiciones y legítimos todos sus caprichos y genialidades, por
+extravagantes que fuesen. «Un ser tan soberanamente bello--se
+decía--tiene derecho á ser voluble, ya que nadie en el mundo lo merece
+por completo. Bastante felicidad produce con dejarse ver: ¿por qué le
+hemos de exigir que se sacrifique?»
+
+Pero sus ojos zahoríes de enamorado creyeron percibir al cabo en torno
+de los de la bella un leve círculo rojo que no era producido por la
+incómoda postura en que dormía. «Soledad ha llorado hoy» se dijo con
+emoción. Tenía conocimiento de lo mucho que sufría, aunque no de los
+extremos vergonzosos á que Velázquez había llegado, y siempre que lo
+comprobaba por algún signo sentía un estremecimiento de dolor y de ira.
+Por su cruel proceder, más que por haberle arrebatado á su amante,
+odiaba cordialmente al majo.
+
+Despertó al fin Soledad. Abrió los ojos repentinamente y, fijándolos en
+Manolo, dijo:
+
+--¡Ah! ¿Eres tú? ¿Has entrado ahora?
+
+--No, hace ya cerca de una hora que estoy aquí.
+
+--¿Una hora?... ¿Y qué hacías?
+
+--Mirarte y remirarte... y aún no quedé satisfecho.
+
+--¡Pues, hijo, no sé cómo no te empalago!--replicó ruborizándose. Y
+añadió para distraer la conversación:--Me he levantado temprano esta
+mañana, he trajinado mucho por arriba: de modo que en cuanto me senté me
+he quedado fritita sobre el mostrador.
+
+Manolo guardó silencio y reparó con inquietud que tenía los ojos muy
+encendidos, señal de haber llorado recientemente y no poco. Soledad, á
+quien no pasó inadvertida aquella mirada escrutadora, hizo lo posible
+por disipar su sospecha. Se mostró alegre, jaranera.
+
+--Y díme, ¿cómo te ha ido el jueves por la _Palma de Londillo_? Ya sé
+que has estado allí con unas mujeres...
+
+--¿Yo?
+
+--Sí, tú; no me lo niegues. Os habéis bebido un río de manzanilla, y tú
+has dormido debajo de la mesa.
+
+--Hija, te contaré la verdad. Pasaba por allí casualmente de retirada,
+cuando me llamaron unos amigos de Medina, Rafael Sánchez y Felipito el
+de D. Paco, á quien tú conoces. Entré, charlé cinco minutos, bebí una
+copa y me fuí á la cama. Ni yo conozco á las tales mujeres, ni jamás he
+dormido ni pienso dormir debajo de las mesas.
+
+Pero Soledad no quiso creerle. Siguió embromándole con empeño, charlando
+y riendo mucho más que de costumbre. Manolo se defendía suavemente, sin
+dejar por eso de observar con atención aquellas aciagas señales que su
+rostro ofrecía. Al fin no pudo contenerse y cambiando de tono exclamó:
+
+--¡Tú has tenido un fuerte disgusto hoy, Soledad!
+
+La joven soltó una carcajada.
+
+--¿Eso es lo que estabas reparando, desaborío? ¿Por qué no lo has
+soltado antes y me has tenido asustada con esos ojos de alma del otro
+mundo?
+
+--No me engañes, Soledad... Tú has tenido un disgusto--repitió Uceda
+mirándola fijamente.
+
+Soledad siguió riendo con afectación sin responder.
+
+--¡Hace tanto tiempo que estudio en tu semblante! Por torpe que sea, ya
+debo comprender los signos de bonanza y tempestad--manifestó
+tristemente.--¿Por qué ocultarme tus penas? ¿Te da vergüenza que yo las
+sepa? No debes tenerla... Ya ves, las mías las sabe todo el mundo, y por
+eso no me abochorno. El amar no ha sido jamás delito... ¿Temes hacerme
+sufrir demasiado mostrándome los estragos de tu pasión? Desecha ese
+temor. Por mucho que tú me digas, mi imaginación de seguro ha ido
+todavía más allá. Hace ya tiempo que vivo resignado. Sé que no puedo
+esperar otra cosa que ser tu amigo; pero, al menos, eso quiero serlo de
+verdad, quiero que no tengas otro mejor en el mundo... Cuéntame tus
+pesares, hija mía, que aunque yo no pueda hacer nada por aliviarlos, el
+pecho se desahoga y no roen tanto allá dentro.
+
+Soledad reía mientras su antiguo novio hablaba; pero aquella risa se
+fué al cabo haciendo convulsiva, y algunas lágrimas concluyeron por
+brotar de sus hermosos ojos.
+
+--Soledad, ¿qué tienes?--profirió asustado Uceda levantándose de la
+silla.
+
+La joven le hizo un gesto con la mano para que se sentase, sin dejar de
+reir.
+
+--¿Qué tienes, Soledad?... ¡No rías, por Dios, de ese modo!
+
+La tabernera dejó caer la cabeza sobre el mostrador, ocultándola entre
+sus manos, y así permaneció algún tiempo sacudida por incesantes
+carcajadas. Poco á poco estas sacudidas fueron siendo menos vivas, hasta
+que cesaron por completo. Al cabo alzó su rostro enteramente bañado de
+lágrimas, y dijo sonriendo:
+
+--¡Qué tonta soy! ¿verdad, Manolo?
+
+--¿Te has puesto mala?--preguntó él con ansiedad.
+
+--No, ya estoy bien.
+
+Y levantándose tomó de la estantería un frasco de azahar, vertió con
+mano temblorosa una cucharada y la tragó. Después se enjugó el rostro
+cuidadosamente con el pañuelo y volvió á sentarse.
+
+--Vamos á ver, ¿qué ha sido?--le preguntó cariñosamente el joven.
+
+Soledad guardó silencio. Él insistió con palabras cada vez más vivas y
+cariñosas. Al fin la tabernera profirió en voz baja y concentrada:
+
+--Todo se lo he perdonado... ¡todo!... Pero lo que está haciendo ahora
+ni yo se lo perdono ni se lo perdonará Dios.
+
+Y al pronunciar las últimas palabras se le anudó la garganta y estalló
+en sollozos. Uceda la dejó llorar un rato en silencio.
+
+--Que haga de mí lo que quiera--prosiguió cuando se hubo calmado...--Que
+me haga su criada... Después de todo, ya lo soy... Pero refregarme los
+ojos con otras mujeres... eso no debía hacerlo, ¿no te parece?... Porque
+yo no le he dado motivo hasta ahora para tratarme así, bien lo sabe
+Dios... Desde que estoy con él no he mirado á ningún otro hombre... ¡que
+se me quiebren las manos y se me salten los ojos si no digo la
+verdad!... No he ido un día siquiera á Puerta de Tierra, ni á los toros,
+ni he puesto los pies fuera de casa más que cuando él me ha llevado á la
+plaza de Mina por la noche ó los domingos por la mañana á la del
+Mercado. Miro por sus intereses como si fuesen míos... mucho más que si
+fuesen míos... ¿Por qué se goza en hacerme padecer?... En cuanto hay
+mujeres delante me trata con un despego y un despotismo como no se trata
+á una negra... Y les dice requiebros, y retoza con ellas... y si me
+presento en el cuarto me pregunta con desprecio: «¿Qué hace usted ahí?
+¿A qué viene usted aquí?» Hasta que me echa, y esas perdidas se quedan
+riendo de mí... Ahora le da por una que llaman Mercedes la _Cardenala_.
+Se pasa las tardes en su casa, ahí en las Barquillas de Lope, y se
+pasea con ella por el Perejil... De todo me han informado...
+
+--¡Eso, más que maldad, es una estupidez!--exclamó Manolo, á quien le
+parecía monstruoso que Soledad pudiera ser pospuesta á otra mujer
+cualquiera de este mundo.
+
+--Pues no se ha contentado con esto... Era necesario que me la pusiese
+delante de los ojos... Hace un rato pasó por aquí con ella en coche. Y
+para que yo no dudase que era él, el malvado, al cruzar por delante de
+la puerta, sacó la cabeza.
+
+--¿Pero iban solos?
+
+--¡No! Iba una hermana de ella y otras tres personas!... ¡Si me han
+dicho que se casan!... ¡Vaya si se casarán!... Como que es rica... Su
+padre tiene no sé cuántas tiendas... ¡Y yo no soy más que una pobrecita
+huérfana!
+
+Al llegar aquí rompió á sollozar de nuevo. Manolo hizo lo posible por
+calmarla con reflexiones consoladoras. Velázquez tenía buen fondo y la
+quería. No era posible que por un capricho momentáneo la abandonase,
+deshiciese un lazo que era sagrado por las circunstancias en que se
+había contraído. Le gustaba que nadie contrariara su voluntad; pero por
+lo mismo no se casaría á un dos por tres con cualquier mujer, sino con
+una que tuviera bien probada, que le estuviese enteramente sometida...
+como ella.
+
+¡No lo sabía bien el pobre Manolo! Soledad le había dado cuenta de la
+última etapa de sus agravios, que era, después de todo, la más dolorosa
+para ella, pero no del proceder brutal que venía usando. Desde el día en
+que la golpeó por causa de su hermano, Velázquez soltó las riendas á su
+temperamento altivo y caprichoso. La pobre muchacha no sabía cómo darle
+gusto. Por el asunto más baladí armaba una reyerta, se enfurecía y
+concluía por maltratarla. Soledad se encerraba en su cuarto, lloraba un
+rato y volvía al cabo á él más sumisa y más enamorada que antes. Fuerza
+es declarar que el guapo no solía excederse en estos castigos, como
+otros: ni la hería ni la dejaba casi nunca señales ó cicatrices. Más que
+por hacerla daño, la pegaba para satisfacer su orgullo; quizá hallando
+también cierta voluptuosidad en ello. De todos modos, no dejaba de ser
+curioso y extraño ver á aquella mujer, alta, fornida y arrogante, sufrir
+con resignación los golpes de un sujeto tan exiguo. Porque Velázquez era
+valiente, y lo había demostrado en varias ocasiones; pero siempre con la
+navaja. Luchando á brazo partido, con sus propias fuerzas, es casi
+seguro que Soledad hubiera dado buena cuenta de él.
+
+--No; conmigo no se casará jamás, no habiéndolo hecho ya... Ya no me
+quiere...
+
+--Son aprensiones tuyas. Velázquez te quiere, y tarde ó temprano se
+casará contigo.
+
+Decía esto para consolarla, pero sin creerlo. Al pronunciar tales
+palabras no pudo reprimir un movimiento de alegría que se le traslució
+en la voz. Ó porque Soledad lo notase ó, lo que es más probable, porque
+le saliese del alma en aquel momento, replicó limpiándose las lágrimas:
+
+--Es igual... De todos modos yo no seré de nadie más que de él en este
+mundo.
+
+Y murió repentinamente la alegría en nuestro mancebo, como una chispa de
+fuego cuando cae en el agua. Quedó silencioso y sombrío largo rato.
+Soledad, rumiando con desesperación sus celos, tampoco hablaba. Al cabo
+profirió en voz baja:
+
+--¡Daría la mitad de la vida por sorprenderlos, por decir á esa
+sinvergüenza cuatro verdades!
+
+Manolo siguió silencioso.
+
+--Oye, querido--tornó á decir con resolución al cabo de un rato.--Me voy
+en busca de ellos. ¿Quieres hacerme el favor de acompañarme?
+
+Una ola de vergüenza subió á las mejillas del caballero de Medina.
+
+--¿Yo?... ¿Qué dices?...
+
+--No te apures, hijo--manifestó la joven observando su turbación.--Te lo
+he pedido porque, como dudo que Velázquez me defienda, es fácil que
+entre todos ellos me maten. Pero si te parece mal, no he dicho nada...
+Tan amigos como antes.
+
+Al mismo tiempo se levantó é hizo ademán de subir á su casa. Manolo la
+detuvo, cogiéndola por la ropa.
+
+--Aguárdate un instante, criatura...
+
+Con palabras sensatas le hizo presente lo desatinado de aquel paso, le
+expuso todos sus inconvenientes y peligros. Soledad no quiso escucharle.
+Acudió luego á las súplicas, á los halagos, y obtuvo el mismo resultado.
+Una vez más tuvo ocasión de convencerse de la terquedad nativa de
+aquella mujer. Al fin la dejó marchar.
+
+Estaba cerrando la noche. La tienda se poblaba de sombras que luchaban
+con la escasa claridad que aún entraba por la puerta. Uceda metió la
+cabeza entre las manos y quedó meditando. Indudablemente, lo que había
+dicho Soledad tenía muchos visos de verosimilitud. Velázquez, irritado
+por la osadía de su querida, era muy capaz de dejar que la maltratasen,
+si es que él mismo no se arrojaba á hacerlo. ¡Pobre Soledad! Aquel
+funesto amor la había enloquecido y sería la causa de su ruina completa.
+Cuando la vió aparecer de nuevo con un mantón sobre los hombros y
+pañuelo de seda á la cabeza sintió tanta compasión que le dijo,
+alzándose de la silla:
+
+--Vamos, niña... vamos donde tú quieras.
+
+--Gracias, Manolo--replicó la joven con voz temblorosa.--Salte fuera y
+aguárdame en la esquina. Necesito que venga Joselillo... pero no
+tardará.
+
+Salió de la tienda Uceda y necesitó esperarla cerca de media hora
+paseando por la muralla. Al fin llegó y echaron á andar emparejados.
+
+Era ya noche completa: los faroles de la ciudad estaban encendidos. El
+mar rugía sordamente, batiendo su recinto amurallado.
+
+--Y cuando venga la gente de la reunión ¿qué les dirá el
+chico?--preguntó Manolo.
+
+--Que me dolía la cabeza y estoy en mi cuarto durmiendo.
+
+Caminaron en silencio algunos minutos.
+
+--Pero ¿dónde vamos?--dijo al fin Uceda parándose.
+
+Soledad tardó en responder. Al cabo dijo con acento de vacilación:
+
+--Si han venido ya de Puerta de Tierra, deben de estar en la tienda de
+Crisanto. Velázquez suele parar allí muy á menudo.
+
+La tienda de Crisanto estaba en la calle de Pedro Conde, muy cerca de
+los muelles. Para ir á ella era necesario dar la vuelta á la ciudad, ó
+atravesarla por el medio. Soledad optó por lo primero. Siguieron la
+curva de la muralla ciñendo la ensenada de la Caleta y, dejando á un
+lado las Barquillas de Lope, donde habitaba la aborrecida rival,
+continuaron por el paseo del Perejil, y después de bastante andar
+llegaron á los baños del Carmen. Ni uno ni otro habían despegado los
+labios. Manolo iba avergonzado y pesaroso, temiendo las consecuencias
+que de aquel paso precipitado podían resultar. Soledad, emboscada en sus
+pensamientos sombríos, sin atender más que al egoísmo de su pasión, ni
+miraba á su compañero ni se daba cuenta siquiera de que iba á su lado.
+
+Era una noche desapacible de invierno. El cielo estaba nublado. El
+viento soplaba recio, haciendo rodar sobre la negra superficie del mar
+enormes olas que venían á estrellarse con fragor sobre la muralla.
+Cádiz, la más bella ciudad de la Bética, enclavada dentro del Océano,
+apoyándose en la tierra solamente por un brazo estrechísimo, vivía feliz
+y tranquila en las fauces del monstruo. El bullicio de sus calles
+llegaba á los oídos de nuestros jóvenes. De todas las puertas y ventanas
+salían rayos de luz y de algunas también las notas dulces de la
+guitarra, el chasquido de los palillos y el canto vibrante, apasionado,
+de alguna copla. Ya podían las olas batir como bestias feroces sus
+murallas, rugiendo amenazas de muerte toda la noche. Nadie escuchaba sus
+gritos; nadie se asomaba siquiera á ver sus esperezos titánicos.
+
+Uceda y Soledad huían instintivamente la luz. En vez de acercarse á las
+casas, seguían el pretil de la muralla donde se amontonaban las sombras.
+Desde los baños del Carmen no tomaron por una de las calles trasversales
+para salir á los muelles, sino que continuaron distraídamente á la
+orilla del mar hasta la punta de San Felipe. Los clamores del Océano
+eran allí más sonoros y profundos. Las olas rompían en el baluarte con
+estrépito y muchas veces saltaban por encima del muro y mojaban el
+suelo. Los jóvenes se detuvieron fascinados por aquel imponente
+espectáculo: quedaron inmóviles frente á la hirviente llanura,
+olvidando en un punto sus penas. Al cabo Soledad profirió:
+
+--¡Qué tiempo tan duro!... Ayer tenía cerco la luna.
+
+Uceda guardó silencio. Largo rato permanecieron junto al pretil
+contemplando la agitación tumultuosa de las aguas. Poco á poco sus ojos
+se fueron acostumbrando á la oscuridad. La inmensa superficie del Océano
+se desplegó ante ellos erizada de crestas amenazadoras. Soledad concluyó
+por sentirse aterrada, como si estuviera en medio de ellas sin pisar
+tierra firme. Sin darse cuenta de ello se fué colocando poco á poco
+detrás de su amigo.
+
+--¿Qué es eso?--dijo éste volviéndose.--¿Tienes miedo? ¡Qué harán
+entonces aquellos que van por allí!
+
+Y señaló con la mano un punto que apenas se divisaba en el horizonte.
+
+--¿Un barco?--preguntó la joven con ansiedad.
+
+--Sí.
+
+--¡Pobrecitos!
+
+Y añadió al cabo de un instante:
+
+--Pidamos á Dios, Manolo, que los saque de esta noche en paz... _Padre
+nuestro que estás en los cielos..._
+
+El caballero de Medina respondió á la oración quitándose el sombrero.
+Mientras murmuraba el Padre nuestro, su pensamiento cantaba alabanzas á
+Soledad, «¡Tiene un corazón excelente! El día que adquiera juicio será
+una mujer adorable.»
+
+Apartáronse del pretil, doblaron la punta de la batería y entraron en
+los muelles.
+
+--¿Sabes una cosa que estoy pensando, Soledad?
+
+--¿Qué?
+
+--Que si por casualidad tropezásemos en este momento con Velázquez ó con
+algún amigo que se lo fuese á contar, podría imaginarse cualquier cosa y
+tendrías un grave disgusto...
+
+--No lo creas. Velázquez nunca ha tenido celos de ti--se apresuró á
+decir la joven con increíble aturdimiento.
+
+Uceda, en la oscuridad, se puso encarnado hasta las orejas.
+
+--Es decir, no tiene celos de ti, como no los tiene de nadie... Porque
+él es así... ¿sabes?--añadió después de hacerse cargo de su
+indiscreción.
+
+--¡Es natural!... Está muy por encina de todos los demás--manifestó el
+joven con acento sarcástico.
+
+--No es eso, Manolo... Cada cual es como Dios le crió... Hay unos que se
+celan de su sombra y dan mucha guerra á las mujeres... y otros que son
+confiados y viven siempre tranquilos.
+
+Uceda estuvo á punto de decir: «Sólo siente celos el que ama»; pero su
+alma generosa le hizo volverse atrás, y guardó silencio.
+
+En el gran puerto de Cádiz numerosos barcos de todos portes cabeceaban
+furiosamente á impulso del oleaje. Sonaban las cadenas, crujían las
+maromas y todo parecía á punto de estallar. Algunos farolillos sujetos á
+las vergas lucían con vivos movimientos en la oscuridad como estrellas
+filantes.
+
+Bajaron la escalerilla de la muralla, y entrando en la calle de Pedro
+Conde se acercaron á la taberna de Crisanto, y Soledad suplicó á su
+amigo que se quedara fuera y se ocultase mientras ella entraba á
+preguntar. Penetró, en efecto, y la informaron de que Velázquez había
+estado allí hacía poco rato, en compañía de algunos amigos y amigas.
+
+--Hemos llegado tarde--dijo, cuando salió.--Han estado aquí, pero ya se
+han ido.
+
+--Me alegro infinito--replicó Manolo.--El paso que ibas á dar no podía
+menos de acarrearte un grandísimo disgusto. Vuélvete á casa antes que
+llegue Velázquez, sube á tu cuarto y duerme tranquila. Verás cómo
+mañana, con la luz del día, se disipan esas nubes negras que ahora te
+atormentan.
+
+--Sí, sí... me vuelvo--replicó la joven bajándose aún más el pañuelo de
+la cabeza para taparse la frente y embozándose con el mantón.--Déjame
+ahora, que me voy por las calles.
+
+--Echa á andar delante. Yo te seguiré nada más que hasta la esquina de
+la calle de la Verónica, porque me voy á la cervecería.
+
+Emprendió la marcha la arrogante tabernera, y Manolo le dió escolta á
+respetable distancia hasta la citada esquina. Allí se detuvo. Soledad,
+sin volverse, levantó el brazo é hizo un gracioso saludo de despedida.
+Uceda permaneció inmóvil hasta que la perdió de vista. Después,
+lentamente, sofocado por mil pensamientos melancólicos, hizo rumbo hacia
+la _Cervecería inglesa_.
+
+
+
+
+VI
+
+Disputa.
+
+
+Soledad siguió á paso vivo por la calle de la Carne, que estaba á tales
+horas animadísima. Los faroles del municipio y las luces de los
+escaparates la bañaban de claridad. Discurría la gente por ella
+perezosamente, gozando de aquella primera hora de la noche antes de
+retirarse á casa. Grupos de hombres cruzaban charlando en voz alta. Las
+señoras iban de uno á otro escaparate paseando los ojos sobre las telas
+colgadas en ellos. Algunos chiquillos andrajosos los recreaban con los
+dulces expuestos detrás del cristal de las confiterías.
+
+Soledad avanzaba rebujada en su mantón, con el pañuelo sobre los ojos.
+
+--¡Vaya unos andares! ¡Qué gloria de cuerpo!--Mare bendita, ¿cuándo ha
+caído este cacho de firmamento?--¡Bendígate Dios, salero, que me has
+deshecho el alma con ese taconeo chiquito!
+
+Pocos transeuntes cruzaban sin verter en su oído algún requiebro. Los
+grupos se abrían para dejarla paso. La gentil tabernera marchaba sin
+fijar la atención en tales palabras, sin oirlas siquiera, totalmente
+abstraída de lo que la rodeaba. Los celos seguían oprimiendo su corazón
+y turbando sus ideas.
+
+Antes de alcanzar el fin de la calle comenzaron á caer algunas gotas y
+se declaró al instante un fuerte aguacero. Siguió caminando impávida sin
+guarecerse en los portales, como hizo la mayoría de la gente. Y en vez
+de dirigirse á su casa, que ya no estaba lejos, se encaminó hacia las
+Barquillas de Lope, donde esperaba sorprender al infiel. Antes de llegar
+allá su cuerpo chorreaba. Atravesó á la intemperie la plaza del Balón, y
+por una pequeña travesía entró en las Barquillas. Habita allí gente
+pobre; las viviendas son pequeñas, sucias: hay algunas tiendas de vinos
+y comestibles. Hacia una de éstas algo mejor que las otras avanzó
+rápidamente; pero antes de llegar á ella escuchó un canto que la dejó
+repentinamente clavada al suelo. Era Velázquez que entonaba una
+seguidilla gitana. Quedó inmóvil y pálida. El canto de su querido le
+producía siempre efecto extraño que jamás se pudo explicar: la
+entristecía, le daba miedo; se ponía pálida, y siempre que era posible
+se escurría para no oirlo. Y no porque el guapo cantase mal, al
+contrario: sin poseer una gran voz, era extremado por su estilo para las
+_seguidillas gitanas y soleares_.
+
+Nunca se había atrevido á confesar este misterioso efecto; pero
+Velázquez llegó á notarlo, y como era hombre complaciente cuando no se
+tocaba á su orgullo, procuraba evitarle el disgusto; tanto más, cuanto
+que tampoco era muy inclinado á mostrar esta habilidad, que juzgaba poco
+varonil. Cuando le instaban para que tomase la guitarra, miraba de reojo
+á su querida, sonreía y siempre hallaba pretexto para excusarse.
+
+Á este inexplicable efecto uníase ahora otro que se explicaba
+perfectamente. Soledad necesitó de todas sus fuerzas para no caer al
+suelo. El coraje se las dió para seguir avanzando y llegar hasta la
+puerta de la tienda, que se hallaba abierta. Dentro no estaba más que su
+dueño, el padre de la Mercedes. Pero en un departamento contiguo,
+cerrado por cristales al exterior y que comunicaba con la tienda, sonaba
+el canto y la guitarra. Los cristales estaban embadurnados con jabón
+para que no se pudiese registrar la habitación desde fuera. Se acercó á
+ella, y á fuerza de buscar dió con un pequeño intersticio donde la
+pringue no había caído, y por él logró ver quién había dentro. Estaban,
+á más de Velázquez, la Mercedes á su lado, Frasquito al lado de Pepa,
+prima de aquélla, con quien mantenía relaciones según se decía, y
+Gregorio, hermano de Pepa, cerca de Isabel su prima, hermana de
+Mercedes, con la que estaba próximo á casarse. La madre de las
+_Cardenalas_ andaba de un lado para otro escanciándoles el vino y
+sirviéndoles lo que les hacía falta.
+
+Soledad, por el momento, no tuvo ojos sino para esta madre complaciente.
+
+--¡Alcahueta! ¡asquerosa!--murmuró con ira reconcentrada.--Lo que tú
+buscas es enredar á Velázquez para que se case con tu hija. ¡Claro, como
+es rico, para él todo son mimos! ¿Qué te importa que una pobrecilla
+quede deshonrada y á la clemencia de Dios?
+
+Dos lágrimas saltaron á sus ojos que se secaron al instante. Velázquez
+había cesado de cantar y se inclinaba para hablar con Mercedes, quien
+con el codo sobre la mesa y la mejilla sobre la mano mostraba una
+actitud marcadamente displicente. Era graciosa esta Mercedes con sus
+ojillos chispeantes, los dientes blancos y menudos y la nariz remangada.
+Soledad la devoró con la vista largo rato y dejó escapar un suspiro.
+¡Sí, si cualquiera hallaría á su gusto esta chiquilla! Y ella, que
+poseía los ojos más hermosos de Cádiz, envidió en aquel momento los
+pequeñuelos y maliciosos de su rival; quisiera ser bajita y tener la
+nariz remangada como ella.
+
+Isabel era rubia y desgarbada. La prima Pepa, pequeña y fea con un
+costurón en el cuello; pero eso y mucho más sufriría el avaro de
+Frasquito con tal de atrapar el gato de su padre, que lo tenía gordo y
+lucido al decir de la gente. Hablaban en voz alta, pero nada de lo que
+decían llegaba distintamente á los oídos de la celosa tabernera.
+Espoleada por la curiosidad, tanto como por la cólera, entró en el
+portal de la casa, donde había una puertecilla que comunicaba con el
+cuarto de la tertulia. Por el agujero de la cerradura apenas lograba
+verse nada; pero en cambio se oía claramente cuanto se hablaba. Pegó el
+oído á él y escuchó.
+
+Velázquez embromaba á la graciosa _Cardenala_ sobre su tristeza. ¿Por
+qué tenía aquella cara tan larga? ¿Por qué no hablaba? ¿Había visto al
+lobo? ¿Dónde le había cogido aquel aire? Mercedes respondía con palabras
+sueltas y breves, casi siempre agudas; porque tenía ingenio y sal la
+muchacha. Los demás reían y tomaban parte en la broma. La voz del guapo
+era dulce, insinuante; tenía unas inflexiones humildes que Soledad jamás
+había percibido en ella. El corazón se le oprimió, sintió un frío que le
+penetró hasta los huesos, y ella, que había venido á armar un escándalo,
+á sacar los ojos á su rival, se encontró repentinamente sin fuerzas para
+mover un dedo. Su felicidad había volado para siempre: Velázquez estaba
+enamorado de aquella mujer. Iba á salir de aquel maldito portal donde le
+faltaba la respiración, donde temía estallar en sollozos, cuando entre
+el oleaje de la conversación creyó percibir su nombre. Aplicó mas el
+oído: en efecto, se hablaba de ella. Velázquez invitaba á bailar á Pepa.
+Esta se excusaba; había bailado ya mucho en Puerta de Tierra. El majo
+insistía. Frasquito, que no deseaba verse privado de la compañía de su
+novia, concluyó por decir:
+
+--Pero, hombre, ¿qué mosca te ha picado? No sé cómo apeteces tanto el
+bailoteo, cuando tienes en casa una real hembra que baila en la mano.
+
+--¡Echa realezas, hijo!--exclamó Pepa con mal humor.--¡No eres alguien
+para dar títulos!
+
+--Déjalo, querida--replicó Isabel.--Ha querido decir que es una hembra
+de á real.
+
+--Nada de eso--profirió con viveza Frasquito.--Soledad es una hermosa
+mujer aquí y en todas partes, y á nadie se lo he oído negar hasta ahora.
+
+--¡A cualquier cosa llamas tú hermosa!... ¡Mala puñalá te den
+rejoneá!... ¡Quitá allá desaborío! ¿No ves que se están riendo de ti?...
+Que me perdone Velázquez, pero en esta ocasión no ha dado pruebas de
+buen gusto. No sé cómo hay quien pueda decir que es hermosa una mujerota
+grande, grande, como una ballena; sosa, sosa, más que las calabazas.
+
+--¡Pues si la hubieses visto, como yo, sin corsé!--exclamó
+Isabel.--¡Para matarla, hija!...
+
+--El vientre le arrastra por el suelo.
+
+--Y la mitad del pelo que lleva es postizo: me lo ha dicho su
+peinadora.
+
+--¡Vamos, callaros ya!--dijo Mercedes con enojo.--Que sea guapa ó fea,
+ni á vosotras ni á mí nos debe tener con cuidado.
+
+--Yo no digo más que una cosa--replicó Isabel,--y es que si fuese hombre
+me gustarían las mujeres, pero no los elefantes.
+
+--¡Anda con ella, hija!--exclamó Frasquito.--¡Cómete la cabeza y no
+dejes siquiera las espinas!
+
+--Oye tú, empachoso, yo no me como carne tan dura. Tú la subes mucho,
+porque está Velázquez presente.
+
+Este se hallaba molestísimo. Le indignaban aquellas injustas y malévolas
+palabras, pero no se atrevía á salir á la defensa de su querida por
+miedo de enojar á Mercedes.
+
+--Ni la subo ni la bajo--manifestó Frasquito en tono agrio.--Digo lo que
+todo Cádiz sabe. Si tú no lo quieres confesar, será también porque está
+tu hermana delante.
+
+La disputa iba tomando mal sesgo. La madre de las _Cardenalas_ se creyó
+en el caso de atajarla.
+
+--Déjala, hija, déjala ser todo lo hermosa que dicen y algo más todavía.
+Á ti no te toca más que compadecerla, porque le falta á la pobrecita la
+hermosura mayor, que es la honra.
+
+Soledad levantó el pestillo de la puerta y penetró en la estancia. Se
+acercó lentamente á la vieja, que retrocedió espantada, y plantándose
+delante de ella con los brazos en jarras dijo roncamente:
+
+--¿Sabe usted, señora, por qué no tengo honra? Pues porque ese hombre
+que está ahí me la ha quitado. Pero usted, en vez de aconsejarle que me
+la vuelva, se humilla y le baila el agua para meterle en casa. Y no sólo
+hace usted eso, sino que me afrenta y me clava el puñal por la espalda.
+¿Quién es más honrada, señora, usted que le entrega su hija por dinero,
+ó yo que me he entregado á él por amor?
+
+La sorpresa los había clavado á todos á la silla; pero repuestas las
+_Cardenalas_, al instante se levantaron como fieras para arrojarse sobre
+la intrusa.
+
+--¡Cómo! ¿Atreverse la tía pendanga á venir á insultarlas á su propia
+casa? ¿Insultar á su madre? ¿Insultarlas á ellas? ¡Esa sin vergüenza!
+¡Esa cualquier cosa! ¡Esa p...!
+
+Y salió el vocablo infamante, y se repitió infinitas veces á gritos por
+las cuatro mujeres, trasformadas en cuatro tigres de Hircania. Y
+hubieran dado buena cuenta de la infeliz Soledad, á pesar de su
+corpulencia, si Velázquez, con arranque generoso, no se hubiese plantado
+delante de ella.
+
+--¡Nadie la toque con un dedo siquiera!
+
+Las mujeres no osaron avanzar. La fiera actitud del majo les impuso
+silencio por un instante. Volviéndose aquél después á su querida y
+sacudiéndola por el brazo la miró cara á cara con ira concentrada. Los
+dos estaban pálidos.
+
+--Dí, ¿á qué vienes aquí, loca? ¿á qué vienes aquí?
+
+--Pues á ver cómo te diviertes--respondió la joven, cada vez más pálida.
+
+--Esas tenemos, ¿eh? Pierde cuidado, que ya ajustaremos cuentas.
+
+--Á eso vengo también... á que me pegues--replicó ella con el rostro
+contraído por una triste sonrisa.
+
+--¡Ya arreglaremos eso, ya!
+
+--Puedes arreglarlo ahora mismo... ¡Anda, hombre, pega, si con eso te
+desahogas!...
+
+--Lo que vas á hacer es largarte al momento, ¿entiendes?
+
+--Como tú quieras... Yo no hubiera entrado si esa tía asquerosa no me
+hubiera insultado.
+
+Las cuatro mujeres tornaron á enfurecerse y quisieron acometer á la
+tabernera; pero Velázquez la echó fuera á empellones y cerró la puerta.
+Entonces su negra cólera se deshizo en injurias candentes,
+interminables. Velázquez las escuchó un rato con calma bebiendo á sorbos
+el vaso de vino que tenía delante; pero al cabo se hicieron tan pesadas,
+que no pudo sufrirlas más tiempo.
+
+--¡Ea, señoras! ¿Qué va aquí jugado?--profirió dando un fuerte puñetazo
+sobre la mesa.--¿Quieren ustedes que dure esta guasa toda la noche?
+
+Las mujeres, aunque con trabajo, refrenaron su ira, porque el guapo
+tenía malas pulgas. Además, Frasquito y Gregorio las instaron á hacerlo.
+Se habló de cosas indiferentes como si nada hubiese pasado; se bebió y
+se cantó otra vez. Pero como la ira seguía rugiendo en los corazones,
+aunque los rostros se mostrasen alegres, cuando menos se pensaba estalló
+la tempestad de nuevo.
+
+Velázquez había tomado la guitarra y preludiaba unas _soleares_. Todos
+callaban. De pronto Isabel soltó una fuerte risotada, que al guapo le
+produjo insoportable escozor.
+
+--¿De qué te ríes, hija mía?--le preguntó con aparente calma.
+
+--Pues me río de verte así, tan pacífico, con la guitarra sobre las
+piernas... Dispensa, hijo, no lo puedo remediar.
+
+Y soltó otra risotada.
+
+--¿Y cómo quieres que esté, prenda? ¿con la navaja abierta?--replicó el
+majo, la voz alterada ya, aunque fingiendo sosiego.
+
+--No, pero como decían que eras esto y lo otro... y que las mujeres se
+desmayaban cuando tú las mirabas serio y que no se atrevían á mover un
+dedo sin tu permisos, francamente, me río.
+
+--Pues mira, niña, hasta ahora ninguna me ha faltado al respeto, ¿sabes?
+Pero si tú quieres empezar, puedes hacerlo...
+
+Isabel no contestó. Siguió riendo de un modo insolente. Al cabo dijo con
+calma provocativa:
+
+--La verdad es, querido, que se te caen los calzones de hombre de bien.
+
+El rostro del guapo se enrojeció, alzóse airado de la silla y se
+abalanzó á la insolente, diciendo:
+
+--Oye tú, niña guasona, ¿quieres probar cómo saben las bofetadas de este
+hombre de bien?
+
+Frasquito y Gregorio le contuvieron. Las mujeres, temerosas, procuraron
+calmarle. Todo había sido broma. Parecía mentira que tomase en serio las
+simplezas de Isabel. Ésta se apresuró igualmente á darle excusas.
+Restablecióse el sosiego. Velázquez volvió á sentarse sin despegar los
+labios, pero á los pocos momentos se despidió con trazas de marchar muy
+desabrido.
+
+Cuando entró en casa, Soledad se hallaba aún en la taberna. En vez de
+subir y mudarse la ropa mojada, había querido aguardarle. Al verle
+avanzó á su encuentro y le echó los brazos al cuello, diciéndole con voz
+temblorosa:
+
+--¡Perdóname!
+
+Pero el majo traía el alma resquemando por las palabras de Isabel.
+Ningunas podían ser más pesadas y mortificantes para él. Se desprendió
+vivamente de aquellos amorosos lazos y la rechazó, dándole un fuerte
+empellón. Soledad retrocedió tambaleándose, tropezó con una silla y dió
+con su pesado cuerpo en el suelo, hiriéndose con la esquina del
+mostrador en la sien. Velázquez no acudió á prestarle socorro. La dejó
+tendida en el suelo y subió á encerrarse en su cuarto.
+
+
+
+
+VII
+
+El columpio.
+
+
+La mojadura y el disgusto postraron en cama á la pobre Soledad. Se le
+declaró una fiebre intensa y estuvo algunos días bastante grave.
+Velázquez, como si le remordiese la conciencia de lo que había hecho, se
+portó con ella mejor de lo que podía esperarse. Hizo venir al médico y
+la prodigó todo género de cuidados y atenciones y, lo que aún es más
+raro, apenas salió de casa. En la de las _Cardenalas_ no volvió á poner
+los pies; pero tal proceder no debía achacarse al amor de su querida,
+sino á su vidriosa susceptibilidad. Las palabras burlonas de Isabel eran
+una espina que tenía clavada en el corazón. El orgullo le hizo, pues,
+renunciar sin dificultad, no sólo á la mano, sino también al trato de
+la Mercedes. No volvió á acordarse de ella. Soledad, que muy pronto lo
+advirtió, sintió su alma bañada en alegría celeste, y pensando la
+inocente que era debido á su cariño, se lo agradeció profundamente. Tal
+conducta contribuyó infinitamente más á su curación que las recetas del
+médico.
+
+Después que se levantó de la cama gozó todavía algunos días felices.
+Velázquez, en la convalecencia, se mostró afectuoso y atento, la sacó de
+paseo y le hizo algunos leves regalos, para ella de gran precio. No
+tardó, sin embargo, en fatigarse. En cuanto la vió fuerte comenzó á
+tratarla de nuevo con desdén; luego con crueldad. Pero ella todo lo
+halló bueno, observando que no reanudaba sus amores con la _Cardenala_.
+
+Sus celos no estuvieron dormidos mucho tiempo, por desgracia.
+Principiaron á atormentarla con ocasión de las frecuentes y largas
+pláticas que el guapo mantenía con Paca la de la Parra. Ésta proseguía
+infatigable su tarea de persuasión, ejerciéndola unas veces sobre
+Velázquez, otras sobre Antonio. Tanto uno como otro la escuchaban sin
+disgusto, porque era una graciosa predicadora y porque les servía para
+hacer alarde de su ingenio con agudas respuestas. Resueltos á no seguir
+sus consejos, los recibían con benevolencia, se mostraban amables,
+jocosos, y embromaban cariñosamente á la célebre _cantaora_. La llamaban
+el padre Francisco. Pero ella no se atufaba ni descomponía. Con la
+gracia y afluencia que caracterizaban su discurso no cesaba de
+sermonearles un día y otro, esperando que al cabo Dios les tocaría en el
+corazón.
+
+--Compare, ¡cómo ha rajado hoy el padre Francisco!--se decían uno al
+otro guiñando el ojo.
+
+Y Paca sonreía y cogía cualquiera ocasión por los pelos para volver á la
+carga.
+
+La verdad es que no tenía mérito alguno sufrir con paciencia sus
+sermones. Era Paca una de las más amables, ingeniosas y profundas
+mujeres que pudieran hallarse en parte alguna del mundo. En sus ojos
+brillaba la inteligencia; su voz insinuante, sus modales impregnados de
+natural elegancia, sus palabras llenas de prudencia, como las de Nestor,
+rey de Pylos arenosa, y sobre todo aquel incesante jugar con los rizos
+de su negra cabellera mientras hablaba, seducían á cuantos tenían la
+dicha de escuchar sus lecciones. Su fuerte era la teología moral. Ningún
+problema, por arduo que fuese, referente á los deberes del hombre
+consigo mismo y con los demás dejaba de tener solución adecuada en
+aquella linda cabeza rizada. Pudiera escribir un tratado del matrimonio
+más completo é interesante que el del padre Sánchez. ¡Con qué admirable
+habilidad iba descomponiendo y repasando cada uno de los términos del
+caso ético que cualquier amiga le presentaba! «Á tu marido, dices, no le
+gusta la ensalada de patatas... bueno. Tú se la has puesto tres días
+seguidos... y te pegó... pero ha sido porque no tenías dinero para
+comprar longaniza ó carne, ¿no es eso?... Dices que se te había
+concluído el dinero antes del fin de la quincena, porque te habías
+comprado unos zapatos... Pero los compraste porque tu marido se enfadó
+un día que saliste con él y los llevabas rotos... etc.» ¡Oh, cuán
+profundamente examinaba los datos y con qué suave elocuencia emitía
+luego su fallo inapelable!
+
+La esposa de Pepe de Chiclana no predicaba sólo con la boca, como tantos
+moralistas, sino también con el ejemplo. Á pesar de haberse criado en
+una taberna, con la libertad y los peligros que para las jóvenes
+ofrecen, jamás tuvieron las malas lenguas sitio por donde atacarla. Era
+virtuosa por temperamento, quizá también por el orgullo que le inspiraba
+el convencimiento de su superioridad moral é intelectual. Los requiebros
+no conseguían conmoverla. En cambio estimaba cualquier signo de respeto
+y consideración á su talento, gozaba increíblemente cuando, gracias á su
+elocuencia, se alcanzaba la avenencia de dos amigas enemistadas, el
+perdón de un padre, la reconciliación de un matrimonio. Y sobre esto
+ninguna rigidez antipática, ninguna hipocresía. No le importaba entrar
+en una casa de mala fama ni acompañarse de cualquier mujer de dudosa
+conducta. Cruzaba sin reparo por medio del lodo, segura de no mancharse.
+
+Pues tal sencilla altivez, tal indiferencia por los halagos de los
+hombres, llamaron al cabo la atención del irresistible Velázquez y
+concluyeron por preocuparle. Gustaba el guapo de prodigar galanterías,
+de festejar á cuantas mujeres hablaba; pero hallaba justo que estas
+mujeres se mostrasen lisonjeadas, quería verlas ruborizadas, adivinar
+que le hallaban de su gusto: avezado estaba á ello. Con Paca no sucedió
+lo mismo. Cuantos más requiebros la soltaba, cuanto más le hacía
+comprender que le causaban impresión sus atractivos, más indiferente y
+distraída se mostraba ella. Con su donaire peculiar cortaba en seco
+cualquier lisonja, desviaba ingeniosamente la conversación y la
+encauzaba hacia los temas filosóficos en que tanto se placía. Velázquez
+se sintió humillado. Por más que tenía conocimiento de la virtud de la
+esposa de su amigo Pepe, y nunca se le había pasado por la imaginación
+ponerla á prueba, excitado su orgullo, principió por galantearla en
+broma y concluyó por requerirla de amores en serio.
+
+Paca opuso la misma suave indiferencia á uno que á otro: ni se mostró
+halagada ni ofendida. Su táctica consistió en hacerse incrédula y en
+rehusar oirle.
+
+--¡Vaya, niño! ¡á callar!... Too eso es guasa viva. Déjala para las
+pobrecitas que no te conozcan como yo.
+
+Y el majo con esto se mordía los labios y ocultaba con una sonrisa
+forzada el despecho que le roía.
+
+No pasó inadvertido este galanteo para Soledad. Aunque su inteligencia
+no era penetrante de ordinario, la tenía muy fina para adivinar cuanto
+ocurría en el alma de su amante. Ningún pensamiento alegre ó triste,
+ningún deseo más ó menos vago se le escapaba. Comprendió, pues, al
+instante, al través de las bromas triviales de siempre, que Paca le
+interesaba y que la estaba galanteando. Pero aquí se detuvo su
+penetración. No vió que Paca rehusaba aquel galanteo, que le daba un
+ardite por Velázquez, como por todos los demás hombres; no comprendió el
+carácter altivo y original de su amiga. Por eso comenzó á ponerle mala
+cara, á responderla con sequedad y aun á dirigirle algunas indirectas
+ofensivas. Como no podía concebir que mujer alguna rechazase los
+obsequios de su querido, estaba persuadida de que Paca los alentaba.
+Esta, al principio, no dió importancia á su actitud: la vió triste y
+seria, y pensó que su desgraciada situación y el desvío cada vez más
+acentuado de Velázquez eran la causa. Pero llegó un momento en que
+advirtió claramente que Soledad tenía celos de ella, y se propuso
+provocar lo más pronto posible una explicación.
+
+Una tarde llegó sola á la tienda. Soledad la recibió con marcada
+frialdad. Cambiaron algunas palabras indiferentes y, como siempre, la
+esposa de Pepe de Chiclana concluyó por tocar el asunto del matrimonio
+de su amiga, dándole cuenta de los trabajos diplomáticos que llevaba á
+cabo para su realización y procurando infundirle esperanzas. Soledad
+escuchó distraída y dijo al cabo con impaciencia:
+
+--Mira, Paca, no te molestes más. No tengo ya ninguna gana de casarme.
+Estoy perfectamente así.
+
+--¿Y desde cuándo eso, niña?... porque hace pocos días bien fatigadita
+andabas por llegar á la Vicaría--repuso Paca, picada por el acento
+despreciativo que Soledad había dado á sus palabras.
+
+Ésta no respondió. Encolerizada á su vez por las de su amiga, hizo un
+esfuerzo para no dispararse, y lo consiguió; pero no pudo reprimir un
+gesto desdeñoso. Paca se mostró aún más herida por este gesto y volvió á
+preguntar con sorna:
+
+--Vamo, hija, cuéntame eso... ¿Desde cuándo?
+
+Entonces Soledad, volviendo hacia ella su rostro contraído por la ira,
+dijo con afectada calma:
+
+--Desde que tú y Velázquez os entendéis tan bien. Por si se muere Pepe,
+no quiero serviros de impedimento.
+
+Paca soltó una carcajada.
+
+--¡Acabases de reventar, criatura!... ¿Conque Velázquez y yo nos
+entendemos?... ¡Qué traición! ¿verdad tú? Engañar á una amiga que se
+confía, que me abre su corazón y me pide ayuda... Por delante mucha
+sonrisa, mucha compasión, mucha promesa, y por detrás clavándole el
+cuchillo hasta las cachas... ¡Ya! ¡ya!... La verdad es que no sé cómo
+te contienes y no me rompes la cabeza con una de esas botellas...
+
+Se echó hacia atrás en la silla y se puso á jugar con los rizos negros
+de su frente. Pero su mano, á despecho del sosiego que afectaba,
+temblaba levemente. Soledad, con la cara entre las manos, se mantenía en
+actitud fiera y recelosa. Paca tuvo lástima de ella.
+
+--Escucha, Soledad: tú eres una criatura que no ha visto el mundo más
+que por un agujero. Ni tienes experiencia ni Dios te ha dado cabeza para
+saber lo que entra y lo que sale y lo que cada cual se trae... En una
+palabra, Soledad, y dispénsame que te lo diga: tú no vas á ninguna
+parte... Porque me ves alegre y guasona á ratos, y bebo y canto y no me
+asustan las sandeces de los hombres, te has llegado á figurar que estoy
+aquí para todo el que quiera alargar la mano, ¿verdad? Que se te quite,
+hija. Tengo un alma de la cual he de dar cuenta á Dios, y no he de
+faltar á mi Pepe por nada ni por nadie en este mundo. Porque ahí donde
+le ves tan pesadote y tan pelmazo, y que parece que se le pasea el alma
+por el cuerpo, es un hombre que sabe distinguir, ¿entiendes? Y hay otros
+que parece que las cogen por el aire y, sin embargo, no distinguen,
+¿estamos?... Y voy á decirte una cosa para que la sepas, sólo para que
+la sepas: si el diablo me tentara algún día, ten por seguro que no
+escogería á Velázquez para ello, porque sabe muy bien que en la vida me
+han gustado los hombres fanfarrones... Bien puedes dispensarme, hija: ya
+comprenderás que en este mundo los gustos no son iguales. En mi sentir,
+los tuyos son de los que merecen palos; por eso te los dan.
+
+Soledad guardó silencio obstinado.
+
+--¡Qué! ¿no te convences?... Pues mira, fácilmente te lo voy á poner
+clarito como el agua. Velázquez va á llegar dentro de un momento, ¿no me
+has dicho eso?... Anda, hazme el favor de esconderte en ese cuarto y
+verás qué chaladita estoy por él... Y mira bien por la cerradura, no sea
+cosa que nos hagamos una seña para engañarte.
+
+La tabernera empezó por resistirse; pero vencida al cabo de las
+instancias de su amiga, y aún más por los vivos deseos de arrojar los
+celos que la mordían, consintió en ocultarse y asistir á la plática que
+se preparaba.
+
+No tardó en llegar Velázquez, quien se sintió tan sorprendido como
+alegre de encontrar sola á Paca, y más cuando se enteró de que Soledad
+había ido á casa de una vecina que estaba de parto y tardaría en volver.
+No la quiso ver mejor el irresistible jaquetón. Se sentó en la silla que
+había de la parte de fuera del mostrador, relamiéndose interiormente,
+aunque mostrando en lo exterior la misma actitud fría y soberbia que le
+caracterizaba. Y comenzó muy pronto el tiroteo. Rara vez tenía ocasión
+de hablar á solas con la esposa de Pepe. Ahora que se presentaba no
+quiso desperdiciarla.
+
+--Vengo muy cansado, padre.
+
+--Pues descansa, hijo.
+
+--¿Me permite su paternidad besarle la mano?
+
+--Mi paternidad no da la mano á pillos.
+
+--Me alegro. Por eso debe dármela á mí, que soy hombre de bien.
+
+--¿Tú? Ni tienes vergüenza ni la has conocido en tu vida.
+
+--No lo crea su merced, padre. Si no tuviese vergüenza ya le hubiese
+dicho hace tiempo algunas cositas que me hacen cosquillas en el alma.
+
+--Tapa, tapa, hijo. No las descubras, porque si las tienes hace tiempo
+guardadas deben de oler á podrido.
+
+--Los sacerdotes tienen obligación de escuchar en confesión á los
+penitentes...
+
+--Pero es á los que llegan arrepentidos.
+
+--Yo lo estoy, padre Francisco.
+
+--¿Sí? Pues no vivas más tiempo en pecado mortal. Cásate con Soledad.
+
+Velázquez soltó una risotada.
+
+--¡Ya pareció aquello! Me extrañaba que tardase tanto.
+
+--Sí, ya pareció aquello, arrastrao, y parecerá mientras me quede alguna
+palabra en la boca.
+
+--¡Anda! pues tendré que esperar hasta el día del Juicio. Primero le
+faltará agua al mar y al cielo estrellas que á ese piquito palabras.
+
+Paca se incomodó. Le picaba cualquier alusión dirigida á su increíble
+afluencia. Así que, sin advertir que con ello dejaba firme la burla,
+respondió con un sin fin de denuestos; de aquí pasó á las reprensiones,
+á las censuras, después á las consideraciones y por último á los
+consejos. En un cuarto de hora no cerró la boca.
+
+Velázquez la escuchó con la suya abierta, muy atento y admirado, porque
+Paca hablaba tan bien ó mejor que cualquier folletín de los que había
+leído. Pero no quiso confesárselo. Antes persistió en embromarla
+desviando la conversación hacia los parajes donde le convenía.
+
+--Pero, en fin, ¿qué me importa que rajes hasta morir y me des tanta
+jaqueca, si tienes unos ojos, chiquilla, que bailan como las estrellitas
+sobre el agua, si cuando hablas y te mueves hasta el aire que te
+envuelve queda empapado de sal?...
+
+--¿Quieres callarte, pelmazo?... ¿Vas á empezar con las simplezas de
+siempre?
+
+--¡Que sí, niña, que sí!--profirió Velázquez bajando la voz y avanzando
+el cuerpo hacia ella hasta meterle las alas del sombrero por los
+ojos.--Que eres más rica que los doblones de á cuatro, más salada...
+
+--Vaya, niño, déjame el alma quieta y no me saques los ojos con el
+sombrero, que aunque no son bonitos á mí me hacen avío.
+
+--¿Que no son bonitos, lucero? Anda, vé y dí eso delante de testigos y
+te llevarán á la cárcel. Déjame besarlos, salero, ya que sin razón les
+has faltado...
+
+Al pronunciar estas palabras se alzó de la silla y alargando las manos
+cogió la cara de la joven para besarla; pero ésta se zafó de ellas con
+prontitud; volvió á tomarla Velázquez y de nuevo se arrancó con fuerte
+sacudida, levantándose y saliendo á la parte de afuera. Avanzó airada
+hacia el majo, que se había sentado, y le dijo con voz alterada
+apoyándose en el mostrador con una mano y poniendo la otra en la cadera.
+
+--Pero, hijo, ¿qué te has figurao? ¿Piensas que no hay más que decir
+«allá voy» para que te respondan «aquí estamos»? Me conoces hace años,
+me estás hablando casi todos los días, ¿y todavía no te has enterao de
+que no me gustas ni pizca? Porque traes pechera rizá y botones de
+brillantes y botas de charol ¿no hay más remedio que derretirse por ti?
+No, hijo, yo no me enamoro de la lencería ni de esos requiebros mohosos
+que traes siempre en la boca. Anda, vé á emplear tanta gala con las
+infelices que te han escuchado. En el mundo hay seda y hay percal, pero
+quien no sabe distinguir la seda del percal no debe ir á la tienda,
+¿comprendes? Aquí te has equivocado de medio á medio. Lo siento por ti,
+que no has dado prueba de mucho pesqui, y lo siento también por esa
+pobre muchacha, que merece un hombre más regular.
+
+Y salió de la tienda con ademán resuelto y airado. Velázquez quiso
+echarlo á risa y la detuvo por el mantón.
+
+--Perdone su merced, padre... No he querido faltarle al respeto...
+
+Pero ella se zafó con un fuerte tirón, dejando en su mano algunos
+flecos.
+
+Quedó bien humillado el guapo. La sonrisa que contraía sus labios se
+apagó. Permaneció algunos instantes inmóvil y pensativo, haciendo
+esfuerzos por tragar la amarga píldora que le habían propinado. Al cabo
+logró consolarse á medias por la consideración de que nadie había
+presenciado su derrota y Paca seguramente no daría cuenta de ella. Mas
+cuando averiguó que Soledad estaba en casa y cuando ésta le confesó,
+después de muchas instancias, que lo había oído todo, se le encendió el
+alma de vergüenza y furor. Tuvo fuerzas, no obstante, para disimular.
+Dió á su revés la apariencia de una broma mal interpretada. Ya sabía que
+con la mayor parte de las mujeres acostumbraba á usarlas, que las hacía
+disparatadas declaraciones de amor y le gustaba verlas enojadas. Con
+Paca las había usado infinitas veces, sin que jamás se le hubiese puesto
+seria; pero como ahora la estaban escuchando, quiso hacerse un poco la
+persona y darse tono...
+
+Soledad fingió creer estas explicaciones, ó acaso las creyó de veras,
+pues mirando desde su punto de vista le costaba trabajo suponer que
+hubiera mujer capaz de desdeñar aquella octava maravilla de la tierra.
+
+Al día siguiente, víspera de Carnaval, fueron ambos á la tienda de la
+Parra, por ser último día de columpio. Es costumbre en Cádiz, cuando
+llega Navidad, fijar columpios en los patios de las casas, y aun dentro
+de éstas cuando no hay acomodo fuera. Por las tardes se reúnen mancebos
+y zagalas en torno del aparato y pasan gozosamente el tiempo
+columpiándose, en medio de alegres cánticos y algazara. Los columpios se
+descuelgan cuando llega Carnaval.
+
+En casa de los padres de Paca todos los años se ponía y era uno de los
+más famosos y concurridos de la ciudad, porque la tienda poseía un gran
+patio (donde crecía la parra que le diera nombre), muy acomodado al
+caso. La reunión de la casa de Velázquez se trasladaba allí en masa por
+las tardes. Éste casi nunca faltaba tampoco, tanto por el empeño que
+había formado de conquistar á Paca, cuanto por las muchas y lindas
+jóvenes que allí acudían y ante las cuales gustaba de mostrar su ingenio
+y gentileza. Á Soledad sólo la había llevado dos veces en la temporada,
+y eso gracias á los ruegos de las amigas. Pero este sábado, por ser la
+despedida, ó quizá con algún secreto designio, él mismo la invitó, y la
+inocente Soledad aceptó con alegría.
+
+Cuando llegaron estaba la fiesta en todo su esplendor. Una linda morena
+de rostro picaresco ocupaba el columpio y unos cuantos jóvenes lo
+impulsaban á porfía sin cesar de cambiarse entre ellos y ella con
+gracioso tiroteo un sin fin de donaires, de bromas picantes, de frases,
+insustanciales muchas veces, pero alegres siempre y con un delicado
+sabor de galantería que sólo se halla en esta poética región del mundo.
+Derramados acá y allá, sentados unos en bancos, otros de pie formando
+pintorescos grupos, charlaban los mancebos con las mocitas ó escuchaban
+embelesados el punteado melancólico de la guitarra. Las conversaciones
+eran animadas, ingeniosas; en todas campeaba la imaginación inquieta, el
+fácil ingenio, la incoherencia y la irreflexión que caracteriza al
+amable pueblo andaluz. Era un burbujeo leve y fugaz como el de sus vinos
+dorados. ¡Cuánto donaire, cuánto disparate, cuánto embuste!
+
+Debajo de la clásica parra, nuestra pareja halló sentados á Antonio y
+María-Manuela con otras personas, y fueron á colocarse cerca de ellos.
+Paca predicaba allá en un grupo lejano; pero en cuanto los vió se vino
+hacia ellos, saludó á Soledad con efusivo cariño y á Velázquez con la
+franqueza de siempre, como si no hubiera pasado nada. La presencia de
+Soledad causó, como de costumbre, grata impresión en el sexo masculino.
+Se murmuraron requiebros hiperbólicos, se dijeron al oído unos á otros
+frases de entusiasmo. Todos envidiaban á Velázquez aquella mujer elevada
+y arrogante como una torre de marfil, de pies diminutos y lindos como
+los de Hebe la inmortal copera de los dioses. Pero nadie osaba
+requebrarla en voz alta, porque el majo tenía fama de puntilloso y
+agresivo. Tan sólo Antonio, como amigo íntimo, tuvo fuero para exclamar:
+
+--Dios guarde á la rosa _hechizá_. Ven acá, salero, siéntate á mi vera,
+á ver si vivo cien años más.
+
+Soledad sonrió con benevolencia.
+
+--¿Para qué tanto? ¿No vale más estar á mi vera que vivir cien años?
+
+--¡Mucho que sí! ¡Bendita sea tu boca, clavel de la Italia! Mejor quiero
+estar á tus pies una hora que seis meses tomando monedas de cinco duros.
+
+--Es que no las has visto.
+
+--Todos los días, en cuanto amanece Dios, le doy tres ó cuatro á María
+para que me compre buñuelos.
+
+--¡Sí darás!--murmuró María-Manuela con mal humor.--¡Disgustos!
+
+--¡Y bofetás!--añadió Velázquez riendo.
+
+--Sólo los jueves por la tarde. Tengo ese ramo bien organizado.
+
+--¡Vaya, no te las eches de plancheta, hijo--profirió la irascible
+María,--que se va á creer la gente que te comes los niños crudos!
+
+Algunas personas se habían acercado y rodeaban el banco donde se
+hallaban sentados. Las eternas disputas de Antonio y su querida causaban
+gran placer á los amigos. Ésta, por desgracia, se cortó en flor merced á
+la voz del guitarrista, que cantó:
+
+ «_Á la que se columpia_
+ echarle rosas,
+ que todo se lo merece
+ por buena moza.»
+
+--¡Ole!--¡Anda con ella!--gritaron de todas partes.
+
+Y la atención se convirtió á la linda morena que ocupaba el columpio.
+Ésta sonrió complacida, cerró los ojos y á los pocos instantes cantó:
+
+ «Al columpio he subido
+ porque no digan
+ que mi amante está ausente,
+ yo pensativa.»
+
+Un palmoteo ruidoso, gritos desaforados de entusiasmo, acogieron la
+copla de la chavala.
+
+Tornó á cantar el guitarrista: respondió ella con la misma gracia. Las
+conversaciones se habían suspendido. La gente se había acercado al
+columpio y formaba círculo en torno para jalear á la simpática cantaora.
+
+En aquel instante Manolo Uceda, á quien el chico de la tienda de
+Velázquez había dicho dónde estaban sus amos, apareció en la puerta del
+patio y quedó inmóvil contemplando la escena. La cantaora, que le vió
+desde el columpio, guiñó sus ojos maliciosos y le soltó esta copla:
+
+ «Mocito que está á la puerta
+ mirando para el columpio:
+ entre usté y columpiará
+ la que sea de su gusto.»
+
+Todos los rostros se volvieron entonces risueños hacia él. Manolo avanzó
+confuso y dijo galantemente:
+
+--De mi gusto, prenda, ninguna más que usté.
+
+--Pues colúmpie me usté, hijo, y de salud le sirva.
+
+Apartáronse los jóvenes que movían el aparato y Manolo lo impulsó unas
+cuantas veces entre los aplausos del concurso.
+
+La casualidad había hecho que Paca y Velázquez estuviesen juntos en el
+círculo formado alrededor del columpio. Cuando, por haberse bajado la
+graciosa morenita, se distrajo la atención de los concurrentes y se
+diseminaron otra vez, la esposa de Pepe de Chiclana llevó al majo á un
+rincón y tuvo á bien darle una satisfacción de las injurias que le había
+dicho el día anterior.
+
+--Ayer estaba un poco sofocá, ¿sabes? Te habré dicho las mil perrerías:
+que eras esto y lo otro... No me acuerdo. Una mujer ofendida chilla más
+que una rata salida del caño... Luego que me dió el aire entendí que
+había hecho mal en sofocarme, porque tú, aunque un poco sin vergüenza,
+siempre te has portado como buen amigo y serías un sujeto á pedir de
+boca... si te dieran las viruelas. Quiero decir que el día que no
+presumas tanto no tendrás pero... á lo menos para mí... Porque hay
+mujeres que les gustan los hombres así... ¡vamos!... que repiquen gordo
+al andar... Á mí me hicieron de otro modo. Me gustan los hombres
+formales, callados... y sobre todo que no se la den de nada,
+¿comprendes?
+
+Las explicaciones de la joven fueron largas, interminables é impregnadas
+de una profunda filosofía. Así era todo lo que salía de su espíritu,
+fértil en pensamientos elevados. Pero en vez de calmar el rencor de
+Velázquez dieron por resultado lo contrario. El guapo se sintió aún más
+humillado. Tuvo el talento, sin embargo, de disimularlo. Las aceptó por
+buenas, rió, lo echó á broma y pidió que no se hablase más del asunto.
+Pero en su pecho ardía la cólera y no esperaba más que un pequeño
+agujero para salir rugiente y abrasadora.
+
+Soledad y María-Manuela se habían sentado de nuevo bajo la parra, que
+formaba en verano fresco y deleitoso túnel. Como ahora se hallaba
+desprovista de pámpanos, habían echado por encima algunas sábanas para
+guardarse del sol de Febrero que ya quemaba. Á las dos mujeres se habían
+agregado algunas otras y les hacían compañía Antonio, Frasquito, Manolo
+Uceda y algún otro joven. Hallábanse charlando tranquilamente cuando,
+rompiendo por entre los grupos con señales de agitación en el rostro,
+apareció el señor Rafael.
+
+--¿Dónde está mi sobrino? ¿Dónde está ése?--venía preguntando en voz
+alta.
+
+Y así que llegó á la parra y le divisó, acercóse rápidamente á él y le
+dió un estrecho abrazo.
+
+--¿Qué ocurre?--¿Qué ha sucedido?--¿Qué albricias son esas?--preguntaron
+todos picados por la curiosidad.
+
+Pero el señor Rafael, sin hacer caso, seguía estrechando entre sus
+brazos y dando afectuosas palmaditas en la espalda á su sobrino, quien
+no correspondía en modo alguno á tales demostraciones de cariño, antes
+procuraba zafarse, mostrando un semblante fruncido que daba miedo. Al
+cabo el viejo le dejó libre y, echando atrás dos pasos y dirigiéndose á
+los concurrentes con su voz ronca y su ceceo de andaluz cerrado,
+exclamó:
+
+--¡Miren ustedes á ése! ¡mírenlo ustedes bien!... ¿Á que no saben
+ustedes lo que ha hecho? Voy á contarlo mas que se ponga colorao...
+porque sí... porque las cosas buenas deben decirse y las malas
+callarse... Han de saber ustedes que ése y yo hemos estado anoche en la
+_Palma de Londillo_ á comer un guiso de almejas y unas aceitunas...
+¡Vaya una noticia de importancia! dirán ustedes... Ya lo sé que nada
+tiene de particular; pero vamos al caso. El caso fué que nos marchamos
+sin pagar. Tampoco esto vale la pena de que se fijen ustedes, porque
+muchas veces nos ha pasao lo mismo. Pero ahora viene lo mejor. Acabo de
+dar una vuelta por allá, y pregunto: «¿Cuánto es el gasto de anoche?--Ya
+está pagado me contestaron.--¿Cómo? ¿Quién lo ha pagado?--Pues su
+sobrino.--¡Vamos, niño, no gastes guasa!--Que sí, señor Rafael, que lo
+ha pagado.--¿Cuándo?--Esta mañana ha pasado por aquí y ha hecho la
+cuenta...» Y efectivamente, señores, me enseñaron el libro y estaba
+borrada la partida. ¡Ese! ¡ese que está ahí la ha mandao borrar!
+
+Las últimas palabras del viejo apenas pudieron oirse. Tal fué la
+algazara que había levantado su discurso.
+
+--¡Tío! ¡tío!--exclamó Frasquito rojo de cólera.--¡No tenga usted tanta
+guasa!...
+
+--Pero, hijo, ¿quieres que diga que estuvo mal hecho?... Lo diré, si te
+empeñas; pero nadie me creerá.
+
+--¡Tío, ya le he dicho más de cien veces que la hora menos pensada le
+falto á usted al respeto!
+
+Con dificultad lograron calmarle; todavía más trabajo costó impedir que
+se marchase. Afortunadamente intervino Paca, y con su labia sin pareja y
+su trasteo logró pronto reconciliarlos. Llevada á feliz término esta
+obra de caridad y de elocuencia se subió al columpio.
+
+Mientras Velázquez iba de grupo en grupo haciendo penar á mocitas y
+casadas con sus palabras, humildes y desdeñosas á un tiempo, y el
+atractivo de su elegancia, Manolo Uceda se había acercado al de Soledad
+y María-Manuela. Quiso entablar conversación aparte con la primera, pero
+no pudo conseguirlo. Soledad, engañada por la complacencia de su amante
+y por el semblante alegre que mostraba, era feliz en aquel instante. Su
+egoísmo infantil la hacía incapaz en tal ocasión de sentir ni apreciar
+siquiera los sufrimientos y el afecto leal de su antiguo novio.
+Recibióle con marcada frialdad, y apenas hizo caso de sus palabras.
+Manolo sintió el corazón apretado. Comprendió que su ídolo se hallaba
+bajo el influjo de uno de aquellos engreimientos en ella tan comunes, y
+se levantó del banco resuelto á irse. Pero antes de llegar á la puerta
+salióle al encuentro la morenita del columpio, que estaba agradecida de
+su galantería.
+
+--¿Adónde tan solo, hijo?
+
+--Pues á la calle, niña--respondió Uceda haciendo esfuerzos por sonreir.
+
+--¿Cómo? ¿de marcha ya? No puede ser. ¿Ve uté aquel rinconsito tan
+apañaito donde ya no da el sol? Pues allí nos vamo á sentá uté y yo...
+pa que uté me diga algo... porque ésta es la hora en que no me ha dicho
+todavía que tengo los ojos así y la boca andando y el talle de esta
+manera y los cabellos de la otra... en fin, toas esas simplesas que
+disen ustés los hombres cuando están ajumaos.
+
+--No se necesita estar ajumao para decir que es usted preciosa... pero
+no puedo sentarme porque me aguardan. Otro día será... Hasta la vista,
+prenda--manifestó Uceda con la misma sonrisa contraída, alejándose.
+
+La morenita quedó inmóvil mirándole, y cuando ya estaba lejos exclamó
+con acento donde se traslucía el despecho:
+
+--¡Vaya usté con Dios!
+
+Los concurrentes jaleaban á Paca, que desde el columpio dejaba oir su
+voz celebrada. Todas las conversaciones quedaron en suspenso. El grito
+dulce y poderoso á la vez de la gentil cantaora los había reunido presto
+á todos en torno del columpio. Mas apenas cesó el canto tornáronse á sus
+respectivos sitios.
+
+No tardaron en agruparse de nuevo, pero no alrededor del columpio, sino
+del banco que ocupaban debajo de la parra Antonio Robledo y su querida,
+Soledad, el señor Rafael y su sobrino. La disputa había aparecido al
+fin. Rara vez dejaba de haber guasa cuando Antonio y María-Manuela se
+hallaban reunidos en público. Esta pobre mujer, después de tantas
+experiencias, aún no había escarmentado y seguía cayendo inocentemente
+en los lazos que para reirse de ella le tendía aquél. Ahora la querella
+se había producido porque Antonio la había llamado en son de desprecio
+_femenina_.
+
+--Oye, guasón, á mí no me digas eso--respondió María, preparada á
+encolerizarse.
+
+--Que sí, que no eres más que femenina te digo... y todas tus hermanas
+lo mismo.
+
+--¡Házmelo bueno arrastrao! ¡házmelo bueno!
+
+--Cuando quieras--replicaba él con firmeza, y añadía con énfasis:--Y tu
+madre igual...
+
+--¡Á mi madre no la toques, sin vergüenza porque vamos á salir mal!
+
+--¡Todas! ¡todas lo mismo!--replicaba Antonio con el mayor desprecio,
+volviéndose á los circunstantes que estallaban de risa.
+
+--¡Mira, Antonio, no me sofoques! Mira que tengo la sangre más negra ya
+que mis zapatos y no respondo de mí--decía ella con los labios pálidos,
+temblando de ira.
+
+--Lo digo y lo repito aquí y en todas partes. ¡Tu madre femenina!... ¡y
+tu padre masculino!
+
+El furor de María-Manuela no tuvo límites al oir el nombre de su padre.
+
+--¿Á mi padre también, canalla? ¿Á mi padre también?
+
+Y quiso arrojarse sobre su amante; pero los amigos se lo impidieron.
+Cuando al cabo le explicaron el significado de los vocablos que creía
+ultrajantes quedó repentinamente en calma, y echando una mirada torva á
+su querido le dijo:
+
+--¡Anda tú, malaje, que tienes sombra de jiguera negra!
+
+Velázquez se había acercado á un grupo de muchachas y departía con ellas
+regocijadamente. Soledad lo vió al principio con indiferencia; pero la
+alegría de las chavalas al cabo fué tan ostentosa, sus carcajadas tan
+repetidas y sonoras, que concluyeron por crisparla. Sintió la mordedura
+de los celos, y sin prever las consecuencias se acercó al grupo y
+mostrando semblante alegre quiso tomar parte también en la jarana. Este
+paso fué la gota que hizo rebosar el coraje de Velázquez, demasiado
+tiempo comprimido. Volvióse hacia ella y con gesto desabrido le
+preguntó:
+
+--¿Qué se le ha perdido á usted aquí, niña?
+
+Era costumbre fatal del guapo tratarla de usted cuando estaba enojado,
+para hacer más ostensible su desdén. El tratamiento, la burla que
+envolvía la pregunta y la presencia de las jóvenes, sobre todo, hirieron
+de tal modo á Soledad, que permaneció clavada al suelo sin acertar á
+responder. Vencida al cabo, en parte, su confusión por un supremo
+esfuerzo, dijo con voz apagada:
+
+--Vengo á preguntarte si quieres que nos vayamos... Pronto serán las
+cinco...
+
+--Usted se puede ir cuando guste. Yo me encuentro muy retebién aquí.
+
+Guardó silencio la joven y bajó los ojos, dudando qué partido tomar.
+Pero al levantarlos vió pintada en el rostro de las jóvenes presentes
+una sonrisa de burla. Su orgullo se embraveció súbito con tan cruel
+espuela. Alzó la cabeza de un modo arrogante y dijo con voz firme:
+
+--Está bien. Quede usted con Dios, y gracias por la galantería.
+
+Velázquez, enfurecido por la ironía de estas palabras, replicó riendo
+sarcásticamente:
+
+--Anda tú con él, hija, y ten mucho cuidado de no caerte de simple.
+
+--Más vale caerse de simple que de fanfarria--dijo ella mirándole cara á
+cara.
+
+El majo se puso encendido hasta las orejas.
+
+--¿Cuánto vamos á apostar, niña, á que no te vas á casa tan sana como
+has venido?
+
+--No apuesto nada: para esa hazaña y otras menores sé yo que eres capaz.
+
+Pintóse un furor rabioso en el rostro de Velázquez al escuchar estas
+palabras insolentes; alzó el bastón que llevaba en la mano y cruzó con
+él las espaldas de su querida, que estaba ya medio vuelta para irse. Y
+hubiera seguido golpeándola si los concurrentes no se hubieran
+apresurado á interponerse. Todos le recriminaron aquel acto de barbarie.
+Pero el majo no escuchaba sus amistosas reprensiones; poseído de una
+cólera ciega, trataba de desasirse, y no pudiendo conseguirlo, la
+saciaba con feroces insultos y amenazas.
+
+--Dejad, dejad que le pise la cara á esa tía deslenguada... Quiero que
+se acuerde de mí toda la vida... ¿Os habéis figurao que voy á dejarme
+insultar delante de personas regulares por una cualquier cosa á quien he
+recogido en medio de la calle?...
+
+--Vamos, Velázquez, no sueltes cosas que te pueden pesar... Estás
+acalorao y no sabes tú mismo lo que dices... Cálmate, que estos
+arrechuchos entre dos que se quieren no tienen importancia--manifestó
+sensatamente el señor Rafael.
+
+--¿Quién? ¿yo querer á esa mujer?... ¡Si me sofoca ya más que un día de
+levante!... Si tengo más ganas de soltarla que del premio gordo de la
+lotería... Porque me carga, ¡ea!... porque me revienta... y está
+dicho...
+
+Y de esta suerte prosiguió todavía dejando caer otras pesadísimas
+palabras.
+
+Soledad, al escucharlas, se puso más pálida que la cera, y sin responder
+ninguna, sin hacer siquiera un gesto, se dirigió precipitadamente á la
+puerta y salió.
+
+
+
+
+VIII
+
+Crisis.
+
+
+Salió y emprendió una rápida carrera al través de las calles, sin saber
+dónde iba. El corazón le palpitaba con violencia, ardía su frente y
+sentía un extraño frío interno que la violencia del paso no alcanzaba á
+mitigar. Al cabo de un rato se encontró frente á su casa. Quedó un
+instante inmóvil y se llevó la mano á la frente cual si tratase de
+ordenar sus ideas diseminadas. Había allí dentro algo que le abrasaba
+mucho más que el bárbaro golpe de la espalda, cuyo cardenal le quedó
+impreso largo tiempo. Eran las infames palabras que Velázquez acababa de
+pronunciar en presencia de la gente: «¡Me carga! ¡Me sofoca! ¡La he
+recogido en medio de la calle!...»
+
+No quiso entrar en la tienda en tal estado de agitación, por si había
+gente dentro: cruzó el paseo y se arrimó al pretil de la muralla. Allí,
+de bruces, en el sitio mismo que había ocupado Manolo Uceda la noche que
+había llegado, sollozó largo rato. Las lágrimas refrescaron su alma. Al
+erguirse de nuevo había recobrado la calma; era otra mujer. Cuando en su
+espíritu sencillo y limitado penetraba una idea, inmediatamente se
+enseñoreaba de él y no dejaba espacio para ninguna otra. Ahora la idea
+era ésta: «Puesto que él no me quiere, yo no debo quererle á él». Y de
+tal manera se imprimió en su cerebro que ya no volvió á sentir
+vacilaciones. Su amor hizo crisis. Desde aquel punto quedó
+irrevocablemente tomada su resolución. Se enjugó cuidadosamente las
+lágrimas, aguardó todavía algún tiempo para que la brisa del mar borrase
+por entero sus huellas, y así que se halló bien serena se dirigió con
+paso firme á la puerta de la tienda y entró.
+
+Las pocas personas que allí había saludáronla con agasajo. Joselillo le
+preguntó si podría marcharse á evacuar algunos recados; no lo consintió:
+tenía que hacer arriba. Subió, pues, á casa é inmediatamente se puso á
+sacar de los armarios y á descolgar de las perchas la ropa que le
+pertenecía y á guardarla en el baúl. Se iba: se iba inmediatamente.
+Mientras colocaba con toda calma y cuidado la ropa, pensaba en el sitio
+adonde debía dirigirse. Sin duda el único proyecto que le pareció
+natural era el de irse á Medina con su madre y ponerse á trabajar de
+nuevo y vivir del mejor modo que Dios les diera á entender; pero
+necesitaba saber dónde dormiría aquella noche. Pensó en su amiga Paca:
+era la más digna por su conducta y la que por su posición mejor podía
+ofrecerle hospitalidad. Sin embargo, avergonzada aún de lo que había
+pasado entre ambas y quizá también á causa de un cierto rencorcillo que
+no había podido arrojar de sí, renunció á pedírsela. Resolvió ir á casa
+de María-Manuela, y partir al día siguiente en el tren.
+
+Velázquez, luego que sació su cólera y orgullo con las afrentosas
+palabras que se ha dicho, siguió departiendo y jaraneando con sus
+amigos, como si nada hubiera pasado. Sin embargo, no tardó en sentir una
+vaga inquietud, algo que podía ser remordimiento y podía ser también
+temor de las fatales consecuencias que la desesperación de su amante
+pudiera acarrear. Una mujer despechada es capaz de todo. Tuvo miedo que
+hubiese ido derecha á tirarse por la muralla ó se tragase una caja de
+fósforos. Así que, no tardó mucho en despedirse de la buena compañía y
+se vino hacia casa con el objeto de cerciorarse de que nada funesto
+había ocurrido y también con el loable propósito de reconciliarse con su
+querida, si ésta se allanaba á pedirle perdón.
+
+Al entrar preguntó con fingida indiferencia por ella, y como le
+respondiesen que estaba arriba y la oyese andar con los muebles, quedó
+tranquilo. Charló unos instantes con sus parroquianos y al cabo subió.
+Al cruzar para su cuarto vió en uno del pasillo á Soledad limpiando un
+vestido, y tuvo la magnanimidad de decir: «¡Hola!» Aquélla levantó los
+ojos y respondió con la misma gravedad y concisión: «Hola». Siguió el
+guapo hasta su habitación un poco sorprendido: esperaba hallarla bañada
+en lágrimas ó presa de algún ataque de risa convulsiva de los que á
+menudo la cogían. Aquella seriedad, y más que nada la indiferencia de la
+mirada y el saludo, le molestaron fuertemente. Desvanecióse su buen
+propósito de reconciliación. Sacó del armario los libros de comercio,
+encendió la lámpara, porque ya estaba oscuro, se sentó delante de la
+mesa y se puso á arreglar cuentas atrasadas. Poco tardó en advertir que
+no tenía la cabeza para cuentas. La reyerta primero, la inquietud
+después y ahora un poco de irritación y despecho, le habían agitado
+demasiado para poder concentrar su atención. Además, hallándose
+escribiendo creyó percibir en la habitación contigua cierto ruido
+especial, como de un baúl que se arrastra. Sintió curiosidad y sorpresa,
+se levantó y encaminó sus pasos hacia la salita donde tenían las camas,
+y vió á Soledad inclinada sobre el baúl, apretando la ropa con las
+manos.
+
+--¿Qué haces?
+
+--¿No lo ves? El baúl--replicó ella con voz firme sin volver la cabeza.
+
+El guapo quedó suspenso un instante.
+
+--¿Para marcharte?
+
+--Eso mismo.
+
+Nueva pausa.
+
+--Bien, hija. Vete bendita de Dios--replicó al cabo girando sobre los
+talones y encaminándose de nuevo á su cuarto. Sentóse á la mesa y otra
+vez comenzó á trasladar partidas y confrontar sumas. Pero si antes le
+costaba trabajo concentrar su atención, ahora le fué del todo imposible;
+de tal suerte, que á los pocos minutos dejó la pluma descansar, metió
+las manos en los bolsillos y se recostó en la silla, quedando inmóvil
+con los ojos en la pared. Llegaban á sus oídos los ruidos de la tienda,
+pero no los percibía; en cambio notaba perfectamente las vueltas que
+Soledad daba por la casa buscando sus enseres. Al cabo de rato largo
+apareció ésta y le dijo desde la puerta:
+
+--¿Quiere usted venir á ver el baúl?
+
+--¿Para qué?
+
+--Para saber si me llevo algo que le pertenezca.
+
+--No, hija, no; ya sé que no te llevas nada... y si quieres llevártelo
+puedes hacerlo: todo está á tu disposición.
+
+--Muchas gracias. Adiós--respondió volviéndose.
+
+Cuando ya había dado tres ó cuatro pasos, Velázquez la llamó.
+
+--Atiende un instante.
+
+--¿Qué se le ofrecía á usted?--preguntó ella quedándose á la puerta.
+
+--Acércate, hija, que no vamos á hablar á gritos.
+
+Soledad, de mala gana, dió algunos pasos hacia él.
+
+--¿Qué arrechucho es el que te ha cogido, niña?--preguntóle riendo.
+
+Soledad alzó los hombros con desdén y profirió gravemente:
+
+--Hágame usted el favor de decirme lo que se le ofrece, que tengo prisa.
+
+--Pues nada más sino que eres una tonta rematada, y que por esta
+simpleza que estás haciendo merecías que me enfadase y te calentase la
+cara--manifestó Velázquez sin dejar de sonreir.
+
+--Está bien. Adiós.
+
+Y de nuevo se volvió para irse. Pero Velázquez la retuvo tomándole una
+mano.
+
+--Vamos, niña, no te pongas guasona; no vayamos á enredar el asunto más
+de lo que está. Me has dicho una simpleza, te he pegado un palo...
+Corriente... ya no hay que hablar del asunto... ¿Pasó?... Pasó.
+
+La joven se desprendió con un fuerte tirón y repitió con acento aún más
+grave y displicente:
+
+--Está bien. Adiós.
+
+Los ojos del guapo relampaguearon. Se alzó de la silla y, acercando su
+rostro al de la joven, le dijo con frase lenta y amenazadora:
+
+--¿Sabes, chiquilla, que ya me voy atufando, y que si llegas á sacarme
+de mis casillas habrá que sentir?
+
+--Lo sentiré por última vez, te lo juro. Pégame, mátame... aprovéchate
+ahora, porque en cuanto ponga el pie en la calle se concluyó todo.
+
+El guapo la miró fijamente y en silencio. Al cabo soltó una carcajada.
+
+--¡Pero niña! ¿qué mosca te ha picado hoy?
+
+--Ninguna. Lo único que te aseguro es que estamos hablando por última
+vez.
+
+--Basta, basta--dijo poniéndose grave de nuevo.--No lo cacarees tanto,
+que aquí nadie te agarra del vestido. Vete cuando gustes, hija.
+
+--Adiós.
+
+--Adiós... Oye una palabra... Aunque te repito que puedes hacer lo que
+gustes, debo advertirte que el marcharte ahora no me parece muy
+decente... Es ya noche, como ves, y cualquiera, viéndote salir de mi
+casa de ese modo, podría suponer que te he echado de ella.
+
+--Pierde cuidado. Ya me encargaré de decir á todo el mundo que he salido
+por mi gusto.
+
+--De todos modos, el irte ahora es dar una campanada inútilmente. Tienes
+que buscar casa donde pasar la noche, y la hora no es á propósito para
+eso... Quédate á dormir, y mañana será otro día. Y si sigues plantada te
+puedes ir adonde mejor te parezca.
+
+--No puede ser--repuso con sosiego y firmeza la joven.
+
+--Vamos, Soledad, no seas chiquilla. Debes comprender que no hay razón
+para esa terquedad. Lo que ha pasado hoy es lo mismo que ha pasado ya
+muchas veces... Que tú has estado un poquillo insolente... que yo he
+estado otro poquillo bruto... Eso no es motivo suficiente para que se
+rompa nuestra unión. Nuestras relaciones no son de ayer, hija mía. Te he
+visto nacer, como quien dice; he sido amigo de tu padre, y no puedo
+dejarte en medio del arroyo expuesta á la miseria y á la perdición... Tú
+no eres para mí una mujer cualquiera, una querida que se toma y se
+suelta como un perro de caza... Á ti te he mirado siempre como cosa
+propia, y si algunas veces te maltrato es por la misma confianza que
+contigo tengo y por este genio polvorilla que Dios me ha dado... Pero
+eso no tiene que ver con el aprecio... Yo te aprecio, Soleá, porque eres
+buena y eres honrá... y eres decente, ¡vamos!... Y á fuerza de tiempo se
+toma cariño á las sillas, cuanto más á las personas... Y para que más de
+la verdad... á ti te he tomado más cariño que he tomado hasta ahora á
+ninguna mujer...
+
+Soledad levantó los ojos y le miró á la cara con sorpresa y curiosidad.
+El majo había pronunciado las últimas palabras con emoción.
+
+--Todo eso será verdad, Velázquez... pero estoy convencida de que ni yo
+puedo hacerte feliz á ti ni tú puedes hacerme feliz á mí--repuso la
+joven dulcemente, pero con firmeza.
+
+--Eso lo dices porque aún me tienes coraje; pero no es cierto... Ven
+acá, guasona, ven acá que te dé un mordisco por esas palabrillas amargas
+que has soltado... Ni tienes vergüenza ni mereces que te mire á la
+cara...
+
+Al mismo tiempo le tomó una mano, y con el otro brazo le enlazó
+cariñosamente la cintura para sentarla sobre sus rodillas. Pero la joven
+se soltó bruscamente.
+
+--Hazme el favor de dejarme. He dicho que me iba y no me vuelvo
+atrás--profirió en tono resuelto frunciendo el entrecejo.
+
+El guapo se enfureció otra vez, y olvidando toda galantería, la insultó
+groseramente.
+
+--Pero, hija, ¿qué te has figurao? ¿Piensas que tengo empeño en tenerte
+en mi casa? ¡Vaya una alhaja que se me escapa!... ¿Pero tú de qué
+presumes, criatura?... ¡Si no vales dos maravedís! ¡Si hace ya mucho
+tiempo que no te despido por compasión!... ¡Pues estamos aviados! ¡No se
+pone pocos moños el pendoncillo porque le dicen que se quede!... Anda,
+hija, anda donde estás haciendo falta...
+
+Soledad recibió sin pestañear la rociada de injurias que le escupió á la
+cara. Cuando hizo una pausa se volvió sin responder palabra y salió de
+la estancia. Al trasponer la puerta dejó escapar un sollozo ahogado.
+Velázquez siguió todavía largo rato vomitando cólera. Mil frases
+desdeñosas, infamantes, salieron de su boca después de quedarse solo.
+
+Al cabo se calló. Los nervios, alterados, se fueron sosegando poco á
+poco, y permaneció en la silla sin hacer movimiento alguno, con los ojos
+muy abiertos, emboscado en vaga y sombría meditación.
+
+Las voces de la tienda le sacaron al fin de ella. Se levantó, encendió
+un cigarro y guardó de nuevo los libros en el armario. Tomó la lámpara y
+fué á la habitación contigua á buscar su capa para salir. Lo primero con
+que tropezaron sus ojos fué con el baúl de Soledad cerrado en medio de
+la sala. Dejó la lámpara sobre la mesa, comenzó á pasear por la estancia
+chupando el cigarro y envolviéndose en nubes de humo. Concluyó el
+cigarro y encendió otro, y después otro. Fumaba maquinalmente y daba
+vueltas, hasta que concluyó por marearse. Al fin, enojado consigo mismo,
+levantó los hombros con ademán desdeñoso, arrojó violentamente la punta
+del cigarro y tomó la capa. Pero cuando se disponía á salir oyó abajo
+las voces del señor Rafael y Pepe de Chiclana: «Ya están esos ahí» se
+dijo. Y volvió á colgar la capa en la percha y bajó á la tienda.
+
+Mostróse á los amigos más alegre y jovial que de costumbre y estuvo
+locuaz en demasía.
+
+--¿Cómo no baja Soledad?--preguntó al fin Paca.
+
+--¿Soledad?--respondió el guapo dando á su rostro una expresión
+burlona.--Anda y pregunta por ella al sereno.
+
+--¿Qué quieres decir?
+
+--Que ya no vive aquí. Se ha mudado.
+
+--Pero ¿es de veras?
+
+--¡Y tan de veras! Hace más de una hora que ha salido disparada como un
+cohete. Dios sabe dónde habrá caído.
+
+Fué grande la sorpresa de los tertulios y unánime su sentimiento, porque
+Soledad, á pesar de su gravedad habitual y pocas palabras, era
+generalmente estimada. Todos mostraron vivo interés por conocer los
+pormenores del rompimiento y lo deploraron con amargura.
+
+--¡Vaya un lance feo!--exclamó Paca.--Por supuesto que las has de pagar
+todas juntas, Velázquez. No hallarás en la vida una mujer que te quiera
+tanto.
+
+--Ni tan guapa--apuntó Frasquito.
+
+--Ni tan hacendosa y limpia--manifestó Pepe de Chiclana.
+
+--¿Limpia?--exclamó Paca.--Como los chorros del oro. Daba gusto ver á
+esa mujer revolverse por casa. Las cosas que ella tocaba con las manos
+relucían como si les diesen cera.
+
+--Yo no creo que este rompimiento sea para siempre--articuló gravemente
+el señor Rafael.--Será una desazón volandera de esas que acostumbráis
+los que andáis metíos en el querer. Mañana os volveréis á juntar y ni tú
+ni ella os acordaréis si hoy le has dado un palo ó dos besos... Pero si
+es cierto que la has echado de tu casa y no la vuelves á llamar, digo,
+Velázquez, que no te ayudará Dios, porque no has hecho una cosa
+regular... Soleá es una mujer como pocas...
+
+--¡Ea, dejarme ya de Soleá!--exclamó el guapo riendo.--¿Me van á dar
+ustedes jaqueca toda la noche? ¿No hay otra conversación más
+entretenida? Me hartaba esa niña... Un día ú otro tenía que suceder...
+Sucedió... ¿Qué le vamos á hacer?... Precisamente en este momento me
+están apeteciendo unas lonjitas de jamón. ¿Echamos un solo y las
+jugamos?... ¡Eh, niño! tráete una baraja...
+
+
+
+
+IX
+
+El Carnaval.
+
+
+El sol abandonaba la mar espumosa y ascendía por la bóveda del
+firmamento cuando Velázquez despertó de su sueño. Iba á llamar á Soledad
+para que le trajese una camisa, pero recordó súbito lo que había pasado
+y sintió un leve vuelco en el corazón. Alzóse del lecho y se vistió
+lentamente malhumorado y taciturno. Aproximóse al balcón, que señoreaba
+una gran extensión de mar, y derramó por ella sus ojos distraídos. El
+céfiro rizaba la inmensa superficie coronando de hermosos y fugaces
+penachos blancos sus olas azules. El sol esparcía sobre ella su madeja
+de oro haciéndola lúcida y trasparente como una esfera de cristal.
+
+Pero las sonrisas divinas de la naturaleza no fueron poderosas para
+desarrugar el semblante ceñudo de nuestro guapo. Dió algunas vueltas por
+la casa y, cosa que nunca había notado, le pareció grande y fría. Pensó
+que era necesario buscar una mujer para que la arreglase y guisase la
+comida, y tuvo intención de llamar á Joselillo para enviar por ella; mas
+se contuvo: no había prisa: lo mismo sería al día siguiente. Bajó al
+cabo á la tienda, se desayunó y se puso á fumar cigarrillos. Aunque tuvo
+deseos de salir para esparcir su mal humor y refrescar la cabeza, no lo
+hizo retenido por una vaga esperanza, que no tardó mucho en cuajarse. Á
+eso de las doce apareció un hombre en la puerta preguntando por él, con
+una carta en la mano. Por su semblante fruncido pasó una imperceptible
+ráfaga de satisfacción. ¡Al fin! Esto era lo que había estado esperando
+toda la mañana: ya sabía que más tarde ó más temprano había de llegar, y
+por eso no se había separado de la tienda. Abrigaba la certidumbre de
+que Soledad, á solas consigo misma y así que tropezase con las primeras
+consecuencias de la miseria y desamparo en que había quedado,
+reflexionaría sobre su falta, se arrepentiría de ella y, depuesto todo
+orgullo, vendría humillada á pedir que la admitiese de nuevo en su casa.
+Tomó con su habitual gravedad la carta que le presentaba el portador, le
+gratificó con largueza y le despidió. Pero el mozo le respondió:
+
+--Aguardo contestación.
+
+Entonces el guapo echó una mirada al sobre y observó que estaba escrito
+de mano de hombre. Lo rompió con presteza y leyó la carta. Era de
+Antonio Robledo, su amigo: le decía en ella lacónicamente que Soledad
+estaba en su casa y que hiciera el favor de entregarle al dador el baúl.
+No fué menudo el desengaño al leer la tal esquelita. En sus breves y
+sencillas palabras creyó notar un dejo de desdén, ó por lo menos
+indiferencia, que le irritó la bilis. Disimuló, no obstante, lo mejor
+que pudo, y levantándose de la silla subió á casa seguido del mozo y sin
+decir palabra le llevó hasta la sala y le mostró el baúl, que estaba en
+medio de ella. Pero cuando el hombre se fué comenzó á resoplar con furia
+y á dejar salir de su boca palabras amargas.
+
+--¡Vaya con Antoñico!... Se ha dedicao á recoger en su zahurda las
+palomas que se suertan... ¡Pa que se fíe uno de los amiguitos!... ¿Y
+quién es el tío para pedir el baúl? ¿Le toca algo con Soledad?... ¿Por
+qué no lo pide ella?...
+
+Y muy desabrido y amenazando cantar algunas claridades á Antoñico, se
+salió de casa.
+
+Era domingo de Carnaval. Las calles rebosaban de gente. En los balcones
+de las casas se apiñaban lindas muchachas de ojos negros para ver
+desfilar los coches ocupados por jóvenes enmascarados que les arrojaban
+puñados de almendras, anises y caramelos. Desde los coches á los
+balcones entablábanse animados diálogos, cambiábanse requiebros por
+donaires, confites por sonrisas; arrojábanse sonoros besos que, en alas
+del viento, iban á posarse tímidamente sobre alguna tersa mejilla
+ruborizada. Y la gente de á pie, desde la acera, hacía coro á aquellos
+diálogos batiendo las palmas, celebrando con igual algazara los
+requiebros picarescos de los mancebos que las respuestas saladas de las
+niñas. Cruzaban numerosas comparsas ataviadas con trajes originales,
+unas de majos, otras de trovadores, otras de frailes, etc., todas
+tocando y cantando muy concertadamente. Pero la que excitaba la
+admiración y el aplauso de la muchedumbre era la denominada _de las
+viejas ricas_, compuesta de veinte ó treinta muchachos disfrazados de
+viejas con espléndidos trajes de seda, peluca blanca, media negra y
+zapato de raso, cuyos cantos deliciosos, impregnados de toda la sal de
+la Bética, pronto iban á dar la vuelta á España.
+
+El sol nadaba sereno por el espacio haciendo brillar la seda de los
+vestidos, el carmín de las mejillas, el azabache de los ojos. Por
+doquier reinaba el júbilo. El ambiente, cargado de perfumes, de colores
+y reflejos, vibraba con los dulces sones de las músicas, con los cantos,
+con las risas, con las palabras de amor. En las estrechas calles,
+distribuídas en todas direcciones, cortándose, retorciéndose de un modo
+caprichoso, hervía la muchedumbre con inquieto oleaje, bañándose en un
+gozo vivo y espontáneo. La hermosa ciudad del Occidente, ceñida, como la
+diosa de Chipre, de su blanco cinturón de espuma, lanzaba una fresca y
+alegre carcajada. ¡Oh, feliz el que la haya oído reir de este modo! ¡Más
+feliz aún el que pueda vivir y morir en su seno amoroso, bañándose en su
+aire tibio bajo un cielo trasparente, escuchando los besos incesantes de
+su mar azul que riza la brisa!
+
+Velázquez recorrió las calles sin participar de esta alegría como otras
+veces. Llevaba en su alma el peso de la cólera y el despecho. Estuvo en
+la calle Ancha, donde la animación era más grande y las máscaras se
+apiñaban con preferencia. Allí tropezó con Manolo Uceda, quien le invitó
+á entrar en la cervecería á beber una copa de Jerez. Aunque muy contra
+su gusto, aceptó la invitación para que no sospechase su mal humor, y se
+esforzó en aparecer jocoso.
+
+Consiguiólo sólo á medias; tanto que Manolo, que ignoraba el rompimiento
+con Soledad, notó, sin embargo, al poco rato que su alegría no era
+espontánea y le preguntó:
+
+--¿Qué tienes? Parece que estás preocupado.
+
+--¿Yo?... Ni por pienso, hijo. Solamente que este ruido del Carnaval me
+empacha un poquillo, ¿sabes?
+
+Manolo, como de costumbre, no le preguntó por Soledad. Sería delicadeza
+ú orgullo, pero es lo cierto que jamás lo hacía. De este modo el guapo
+pudo salvar del compromiso en que la pregunta le hubiera puesto, y al
+poco rato se despidió pretextando que le aguardaban sus amigos. Recorrió
+las calles más animadas sin que las contorsiones grotescas ó los gritos
+desapacibles de las máscaras que tropezaba provocasen una débil sonrisa
+en su rostro taciturno. Varias le saludaron llamándole por su nombre,
+porque era hombre popular y conocido en todas las clases sociales.
+«Adiós, Velázquez.--Adiós, guapo.--Adiós, elegante.» Respondía y
+apretaba el paso, porque no le pedía el cuerpo conversación. Sin
+embargo, en la calle de la Amargura, de un grupo de mujeres disfrazadas
+de gitanas se destacó una que logró abordarle. Se le plantó delante y le
+dijo de manos á boca:
+
+--¿Conque ya no está Soledad contigo?
+
+--Eso parece--respondió el majo con su habitual desenfado.
+
+--¿Y por qué la has echado, niño? Eso está muy feo.
+
+--Yo no la he echado. Se ha ido ella--replicó con orgullosa modestia,
+seguro de no ser creído.
+
+--¡Vamos, hijo, no te diviertas! Ya sé que le has dao una paliza gitana
+en la tienda de la Parra y luego la licencia absoluta.
+
+--Te engañas, máscara. Se ha marchado ella por su gusto.
+
+--¡Ay, Velázquez, qué malo eres y qué traidor con las pobres mujeres!...
+Pero Dios te castigará algún día; no tiene remedio. Dame la mano,
+falso; voy á decirte la buenaventura.
+
+--Tómala, niña, y hazlo vivito que se reúne mucha gente.
+
+En efecto, las compañeras de la gitana se habían aproximado y tras ellas
+algunos transeuntes.
+
+--Una mujer te quiere, salao, pero tú no la quieres á ella--dijo la
+máscara observando las rayas de la mano del guapo y remedando á las
+gitanas.--En cambio, estás chalao por otra que huye de ti. Llegarás á
+conquistarla, pero al fin te la pegará. Un amigo falso te hará traición.
+Serás muy desgraciadito y nadie te compadecerá. La mujer que primero te
+dé un beso, por esa te morirás y pasarás fatigas, y ella se reirá de
+ti...
+
+Velázquez sospechó en aquel momento que la máscara era Paca, y dijo
+riendo con fatuidad.
+
+--Consiento en pasarlas. Dame un beso, prenda.
+
+--No; no quiero tu desgracia sobre la conciencia... Suelta, niño.
+
+El la retuvo á pesar de sus esfuerzos.
+
+--Dámelo, aunque tus labios tengan veneno. Mira que muero de ganas de
+pasar esas fatigas y de que me hagas desgraciado.
+
+--¡Suelta, traidor, suelta!
+
+La gente reía. Las gitanas tiraban de su compañera mientras los hombres,
+que se habían parado, animaban al guapo gritándole:
+
+--¡Anda! ¡Oblígala!... ¡Que pague la guasita!
+
+Al cabo se desprendió la máscara y, unida al grupo, se alejó gritando,
+mientras Velázquez prosiguió su camino con los labios contraídos por una
+sonrisa de orgullosa satisfacción. Aquel ligero incidente le había
+puesto de buen humor, pues apenas le cabía duda de que la gitana era
+Paca: su misma estatura, su cuerpo y hasta su modo de andar.
+
+Disipada en parte la niebla que pesaba sobre su espíritu, pudo fijarse y
+tomar interés en lo que á su alrededor pasaba. El regocijo y la bulla
+crecían á medida que avanzaba la tarde. Una agitación tumultuosa reinaba
+en las calles: de su recinto estrecho salía un clamor profundo como el
+de un río que se despeña. La muchedumbre se estancaba en las calles
+principales impidiendo el paso de los carruajes, que se veían obligados
+á permanecer inmóviles largo rato. De pie sobre ellos, máscaras con
+grotescas cabezas de cartón excitaban la risa de la gente, gritando y
+manoteando de un modo frenético: estaban roncos ya casi todos. Las damas
+de los balcones, excitadas por tanto vocerío, mareadas y nerviosas,
+gritaban también con alegría loca, arrojaban puñados de papelillos de
+colores, cubriendo la calle y la muchedumbre de un manto irisado.
+Algunos jóvenes respondían á esta graciosa agresión lanzándoles, con
+jeringas de goma, chorritos de agua perfumada. Cuando acertaban á darles
+en la cara, la muchedumbre aplaudía con entusiasmo. Otros, de pie sobre
+las banquetas de los coches con una botella en la mano y una copa en la
+otra, servían manzanilla á los conocidos que divisaban.
+
+--¡Velázquez! ¡Eh, Velázquez!
+
+El majo vió un máscara que desde lo alto del coche le ofrecía una copa
+de vino y se acercó.
+
+--Ven acá, valiente. Bebe esa copa á la salud de tu niña.
+
+Velázquez tomó la copa y dijo gravemente:
+
+--Y á la de la tuya, máscara.
+
+--¡Oh! La mía no vale un comino al lado de Soledad ¡Vaya una mujer
+castiza!... En tu caso no envidiaría ni al arcángel San Rafael.
+
+¿Por qué les daba á todos ahora por elogiar á Soledad? Si era hermosa,
+otras había como ella: no era para tanto. Prosiguió su camino, levemente
+disgustado por tal ridículo empeño. Y de nuevo enderezó su pensamiento
+hacia Paca, cuyas cualidades empezó á exaltar á toda prisa en su mente á
+fin de borrar la imagen que, al parecer, todos se proponían ponerle
+delante de los ojos. Había vuelto á quedarse taciturno y marchaba con
+arrugado ceño por la calle. Tanta gritería, tanta bulla le iban poniendo
+nervioso.
+
+Pero al revolver la esquina quedó estupefacto viendo frente á sí á Paca,
+que marchaba tranquilamente al lado de su marido. Sintióse turbado y
+molesto. ¿Quién era, pues, la máscara que le había dicho la
+buenaventura? Sin embargo, los abordó con fingida calma y alegría.
+Charlaron de las máscaras y de las ocurrencias más graciosas que aquella
+tarde habían oído. Paca se mostraba alegre, satisfecha y no daba paz á
+la lengua, narrando las aventuras de su paseo, haciendo observaciones
+profundas unas veces, otras ligeras, siempre atinadas, sobre todo lo que
+había visto y oído. Pero se detuvo de pronto y las cortó para decir á
+Velázquez bruscamente:
+
+--Esta mañana he visto á Soledad, ¿sabes? Ya no se va hasta dentro de
+unos días. María y Antonio se han empeñado en retenerla...
+
+Velázquez se encogió de hombros con afectada indiferencia.
+
+--¡Qué mal has hecho, niño!--prosiguió.--¡Algún día te pesará! No
+hallarás mujer tan fiel ni tan cuidadosa de tus intereses.
+
+¡Y dale con Soledad! ¿No había otra cosa de que hablar en Cádiz? Abrevió
+cuanto pudo la conversación y se despidió de los esposos.
+
+La tarde declinaba. Las calles iban quedando oscuras y el semblante del
+guapo también. Decidióse á entrar en una cervecería y tomar algo, pues
+no había comido, «¡Vaya con Antoñico! se decía mientras mascaba
+distraídamente. ¡Ya lo creo que trabajará por que Soledad se quede en su
+casa! ¡No se relamerá poco ese tío podrido teniéndola al alcance de la
+mano!... ¡Valiente verde de restregones y achuchones se dará en estos
+días!» Y en su corazón, que la tristeza oprimía, sintió de pronto la
+quemadura de los celos. Aquel Antoñico no cesaba, con un pretexto ó con
+otro, de florearla. Mil veces le había oído decir que ninguna mujer le
+había gustado tanto en la vida. Luego, era un hombre audaz, no conocía
+la vergüenza; lo mismo le importaba recibir una injuria ó una bofetada
+que beberse una copa de vino... Ella, claro que no se iba á enamorar de
+semejante asqueroso; ¡pero las mujeres son tan bestias! En cuanto las
+adulan se vuelven jalea. Había observado que las payasadas de Antonio le
+caían en gracia y aceptaba sus lisonjas con gratitud. Á fuerza de
+machacar el hierro se dobla...
+
+Sintió calor en las mejillas. La atmósfera de la cervecería le sofocaba.
+Se levantó, pagó y salió á la calle. Soplaba ya la brisa fresca de la
+noche. Su pecho oprimido se dilató aspirando con felicidad el aire puro,
+que refrescó al mismo tiempo sus sienes y serenó su espíritu. Á paso
+lento y con la cabeza baja caminó la vuelta de su casa siguiendo la ruta
+de la muralla al borde de la mar para evitar la gente. Una débil
+esperanza lucía en la oscuridad melancólica de su pensamiento, la de
+encontrar á su llegada carta de Soledad. Le parecía increíble que ésta
+rompiese de un modo tan insulso los lazos estrechísimos que los unían,
+olvidase en un punto su amor frenético, del cual tantas y tantas pruebas
+había recibido. Animado por esta luz y viéndola brillar delante de sí,
+cada vez con mayor intensidad, insensiblemente fué apretando el paso
+hasta llegar casi jadeante á la tienda. Procuró dar á su rostro la misma
+habitual expresión indiferente y altiva y, después de saludar á las tres
+ó cuatro personas que allí había, preguntó á Joselillo:
+
+--¿Ha venido algún recado para mí?
+
+--No, señor--respondió el chico.
+
+Subió á su cuarto y se dejó caer en la cama fatigado del largo paseo que
+había dado y más aún de tanto pensar en la misma cosa. Concluyó por
+enfadarse consigo mismo. ¿Á qué tomarlo tan á pechos? ¡Vaya una jaqueca
+tonta la que se estaba buscando! Si se marchó, buen viaje. Las
+consecuencias del rompimiento serían peores para ella; porque él se
+quedaba en su casa, y ella... ella Dios sabe adónde iría á parar. La
+idea de ver á su amante padeciendo los rigores de la miseria ó quizá
+hundida en un lupanar le conmovió. «¡Pobre chica! se dijo enternecido.
+Es una niña caprichosa. Ni sabe lo que hace ni lo que quiere, ni calcula
+lo que le puede suceder.» Y dilatándose su espíritu con estas
+imaginaciones tiernas y sosegada la cólera, al cabo de un rato se quedó
+traspuesto.
+
+Cuando despertó eran las nueve. Aplicó el oído á los ruidos de la
+tienda, y no percibiendo la voz de sus amigos se dijo: «Esos ya no
+vienen: se habrán ido al baile ó quedarían por ahí de juerga en
+cualquier montañés». Y rápidamente se echó sobre los hombros su capa
+torera, bajó al establecimiento, dió á toda prisa las órdenes
+necesarias y salió á la calle. Sin vacilación de ningún género, con paso
+vivo y firme se dirigió á casa de su amigo Antonio. Vivía éste en la
+calle de _Enrique de las Marinas_, bastante lejos del _Campo del Sur_,
+en el piso segundo de una casa vieja y de modesta apariencia. Estaba el
+portón abierto. Subió por la estrecha y sucia escalera, y cuando llegó á
+la puerta llamó con los nudillos. Nadie salió á abrirle. Llamó más
+fuerte, y tampoco. Entonces se puso á dar fuertes porrazos con el puño,
+hasta que se abrió una de las puertas de al lado y salió una mujer á
+decirle que excusaba de llamar porque no había nadie en el cuarto. Los
+vecinos habían salido hacía poco rato y debía de ser para el baile,
+porque la señá María-Manuela y una amiga que estaba con ella iban
+disfrazadas.
+
+Velázquez bajó la escalera con un nuevo desengaño en el corazón. ¿Cómo?
+La niña, después de lo que había pasado y en situación tan angustiosa,
+¿tenía humor para irse al baile? Su amor propio le sugirió la idea
+consoladora de que había ido, no por su gusto, sino arrastrada por
+Antonio, quien tenía interés en aturdirla y aun corromperla, por aquello
+de que «á río revuelto ganancia de pescadores». Se detuvo un instante á
+calcular adónde podrían haber ido, y después de pesar atentamente las
+probabilidades resolvió encaminarse al teatro Principal.
+
+El salón estaba ya lleno. En el medio bailaban trabajosamente veinte ó
+treinta parejas ceñidas por una muralla de espectadores que gritaban,
+reían, y les daban ruidosa cantaleta avanzando insensiblemente y
+sofocándolas cada vez más. Muchos de ellos estaban ebrios ó tocando en
+las lindes de la embriaguez y sus chanzas eran descomedidas. Pero los
+que bailaban con las máscaras hallábanse poco más ó menos en el mismo
+grado de la escala alcohólica y no se quedaban cortos en las respuestas.
+Solamente las mujeres estaban disfrazadas: hombres, uno que otro por
+excepción, acaso para llevar á feliz término alguna aventura que
+exigiese misterio. Las luces y el vaho de tanta gente habían formado ya
+una atmósfera espesa y asfixiante.
+
+Velázquez se introdujo en el grupo de espectadores y á fuerza de codazos
+logró pronto colocarse en primera fila. Se puso á examinar las parejas
+que cruzaban. El disfraz ordinario de las mujeres era el dominó; las
+había, sin embargo, graciosamente ataviadas con trajes de capricho.
+Muchas, sofocadas por aquel ambiente, se habían quitado la máscara,
+saltaban con las mejillas rojas y los ojos brillantes, dejándose
+arrebatar en el torbellino del baile. Unas se desplomaban con lánguido
+abandono en los brazos de sus galanes, abatidas, mareadas, reposando la
+cabeza despeinada sobre sus hombros. Otras brincaban con frenesí,
+enloquecidas por el ruido y el movimiento, respondiendo con viveza á
+cuantos requiebros dejaban caer en sus oídos al pasar. Una linda rubia
+de ojos negros daba puntapiés con sus zapatitos de raso blanco al galán
+que la llevaba abrazada, en castigo quizá de algún desmán, mientras otra
+muchacha se volvía á menudo para saludar con la mano á unos jóvenes que
+miraban desde un palco, lo cual mortificaba mucho á su pareja.
+
+Velázquez observó cuidadosamente á cuantas mujeres bailaban esperando
+descubrir á Soledad; pero no logró nada. Calló, al fin, la orquesta. Por
+todo el ámbito del salón comenzó á hormiguear la muchedumbre con
+algazara. Los gritos de las máscaras dando bromas á sus conocidos
+levantaban horrible algarabía. Algunas, por su donaire, llamaban la
+atención y lucían la viveza de su ingenio en medio de un grupo que las
+aplaudía, mientras el pobre hombre víctima de sus burlas, con el rostro
+encendido y desfigurado por una sonrisa forzada, hacía inútiles
+esfuerzos por exprimir el ingenio y sacar de él alguna respuesta
+graciosa.
+
+El guapo recorrió el salón en todas direcciones por ver si descubría
+entre las máscaras á su querida. Tenía la seguridad de reconocerla.
+Mientras se dedicaba á esta caza sabrosa sin resultado, alzóse súbito
+gran tumulto. La gente se arremolinó hacia uno de los ángulos; las
+mujeres chillaban; los hombres se precipitaban para introducirse en el
+lugar de la gresca: por algunos momentos reinó espantosa confusión en el
+baile. El motivo era que un hombre, sorprendiendo á su mujer allí, la
+estaba dando de bofetadas. El galán que la acompañaba salió á su
+defensa: se había trabado una lucha en la cual tomaron parte los amigos
+de uno y otro: brillaron las navajas, y hubiera habido que sentir si los
+muchos concurrentes no sujetasen á los gladiadores y la policía no
+llegase al punto. Velázquez, que siempre se había mostrado indiferente á
+estas bullas y se había reído de los burlados, dijo en voz alta y con
+acento colérico que estaba bien hecho y que fué lástima que el hombre no
+le hubiese sacado las tripas al galancete.
+
+Cuando los culpables fueron arrojados del salón y se restableció la
+calma, vió entre las máscaras una más alta que le pareció su amante. La
+pequeña y gorda que la acompañaba era sin duda María-Manuela. Corrió á
+su encuentro, pero ellas, al verle, se separaron vivamente y, cada cual
+por su lado, se introdujeron en la muchedumbre, desapareciendo al
+instante de sus ojos. Por más que hizo no le fué posible dar con ellas.
+Mareado de tanta vuelta, rendido y triste, se determinó al cabo á salir
+del baile. Soledad y María-Manuela sin duda se habían vuelto á casa.
+Pero antes de retirarse á la suya quiso dar un vistazo por el café
+Suizo. Un vago presentimiento le animaba á ello. Sabía que Antonio era
+parroquiano y solía llevar con él á María-Manuela.
+
+En cuanto abrió la puerta y puso el pie dentro la vió. Estaba sentada
+cerca del mostrador con su amiga María y otra mujer, Antonio y otro
+hombre. Llevaba dominó negro y se había quitado la careta. Sus ojos se
+encontraron, pero ella apartó los suyos vivamente y por su hermoso
+rostro sonriente se esparció una nube sombría. Velázquez vaciló unos
+instantes, pero al fin se decidió á acercase á la mesa haciendo un gran
+esfuerzo sobre sí mismo para aparecer sereno.
+
+--Á la paz de Dios, señores.
+
+Soledad no respondió. Los demás, que no le habían visto, levantaron la
+cabeza sorprendidos y saludaron.
+
+--¿Tú por aquí á estas horas, gachó? ¿Qué milagro es éste?--dijo
+Antoñico con intención burlona y malévola que hizo dar un vuelco á la
+sangre del guapo.
+
+¡Con qué placer le hubiera estampado la botella en la cara! Se contuvo,
+esperando que algún día se las pagaría aquel sinvergüenza, y adoptando
+un tono desenfadado explicó su aparición. Salía del baile, donde se
+había aburrido como un perro en misa y, sintiendo sed, se había metido
+en el café á tomar una limonada. Y al decir esto batió las palmas y se
+la pidió al mozo.
+
+--Sí, ya sé que has estado en el baile--replicó Antonio con la misma
+sonrisilla guasona.
+
+Velázquez mintió; dijo que había recorrido antes otros dos, y que en
+ellos había bailado; pero aunque tenía por cierto que la vecina se lo
+diría, no tuvo valor para confesar que había estado antes en su casa,
+esperando que de aquella conferencia saldría algo que evitase tal
+humillación. Y estuvo arrogante y oportuno, como en sus horas más
+felices, cuando se hallaba delante de mujeres que se proponía cautivar.
+Antonio llegó á dudar, viéndole tan despreocupado, si serían ciertas sus
+explicaciones y habría entrado allí por casualidad. Ni una sola vez
+volvió los ojos hacia Soledad, cerca de la cual estaba sentado; pero,
+sin mirarla, veía su semblante hosco y su entrecejo fruncido. La joven
+permanecía rígida y silenciosa: los esfuerzos del guapo no lograban
+desarrugarla.
+
+Al fin se decidieron á retirarse. Velázquez había prevenido al mozo con
+una seña, y al pedir la cuenta se encontró con que ya estaba pagada.
+Soledad hizo un movimiento de impaciencia y disgusto, que no pasó
+desadvertido para el guapo. Pero Antonio halló el paso muy delicado y se
+puso de mejor humor. Salieron á la calle. Las tres mujeres se habían
+cogido del brazo; los hombres marchaban delante. Mas Velázquez maniobró
+hábilmente para quedarse rezagado y se volvió al lado de Soledad, que
+daba la acera á las otras dos. Al cabo de un rato de silencio dijo en
+voz baja:
+
+--¿Te has divertido en el baile?
+
+--Sí--respondió la joven secamente sin volver la cabeza.
+
+Después de otra pausa volvió á preguntar tímidamente:
+
+--¿Has bailado mucho?
+
+--No--respondió con la misma sequedad.
+
+Nuevo silencio, durante el cual el majo estrujaba su inteligencia
+buscando medio de pasar á la conversación que deseaba.
+
+--Te he visto y te he reconocido perfectamente hace un momento aunque
+llevases careta--dijo al cabo disimulando inútilmente su emoción.
+
+Soledad no respondió.
+
+--¿Sabes por qué te he conocido?
+
+--No.
+
+--Pues por esos pies menuditos que Dios te ha dado y que no tienen
+pareja.
+
+--¡Bah!--dejó escapar la joven con indiferencia.
+
+María-Manuela, que deseaba vivamente la reconciliación de los amantes,
+oyéndoles hablar, dijo algunas palabras al oído á su amiga, y ambas se
+separaron bruscamente de Soledad, dejándola sola. Velázquez lo agradeció
+en el fondo del alma; pero un gran temor y embarazo le sobrecogieron
+inmediatamente.
+
+--Hace un rato estuve en casa de Antonio... Quería darte la mano antes
+de que te fueses... Me dijeron que estabas en el baile, y sin saber cuál
+era fuí derecho á ese... ¡La querencia, hija mía!... Tenía la seguridad
+de conocerte en cuanto te echase la vista encima. Ni tu cuerpo, ni tu
+aire, ni tus pies se pueden equivocar con otros. Tardé mucho en dar
+contigo; pero cuando al cabo te vi y traté de saludarte, desapareciste
+de mis ojos entre la gente y ya no pude hallarte... ¿Me has visto tú?
+
+--Sí.
+
+--...Me guardas rencor todavía, ¿verdad?... Pues mira, Soledad, por
+mucho que tú me tengas, más me tengo yo. Quisiera poder molerme las
+costillas á palos. Te sobra razón para no mirarme á la cara en tu vida;
+pero dicen que de los arrepentidos es el reino de los cielos, y tú para
+mí eres el cielo, ¡el cielo de la mañana con campanillas de plata! Un
+cachito de gloria, ¿sabes?... Nunca pensé estar tan chalado... Desde que
+saliste de casa, ni cantan los pájaros en la jaula, ni huelen las flores
+en el balcón, ni el perro hace otra cosa en todo el día que aullar...
+Todos parecen decirme: «¡Anda por ella!»
+
+La joven permanecía silenciosa y grave. Entonces Velázquez, deponiendo
+las últimas migajas de orgullo que le quedaban, profirió con voz
+temblorosa:
+
+--He pasado una noche y un día muy amargos, Soledad. Me parecía
+imposible que un cariño de toda la vida pudiera romperse en un minuto.
+Te he querido de chiquita, cuando te hacía bailar sobre las rodillas y
+gorjeabas á mi oído pidiéndome alguna golosina: te he visto crecer y
+desarrollarte y volverte poco á poco una real hembra que hacía la boca
+agua á toos los gachós de la villa. Y entonces comenzaron mis cuidaos,
+¿sabes?... Después pasó lo que pasó y me fuí metiendo, metiendo en el
+querer... y hoy eres para mis ojos, criatura, la misma Virgen del
+Carmen, el principio y el fin de todas las cosas... ¿Por qué no me has
+escrito, dí? Una palabra tuya me hubiera hecho volar á tu lado y pedirte
+perdón... Pero hacer que me escribiese ese tío no te lo perdonaré
+jamás...
+
+Soledad alzó los hombros con ademán displicente y dijo:
+
+--Allá tú.
+
+Velázquez se sintió cada vez más turbado. Una tristeza profunda iba
+entrando poco á poco en su pecho. La que él imaginaba pequeña barrera
+fácil de saltar se trasformaba en alta, inaccesible muralla. Entonces
+halló en su alma palabras sumisas y fervorosas que ofreció en holocausto
+á aquella diosa irritada.
+
+--Desde que te has ido de mi vera no sé lo que me pasa, gachona; ni
+duermo, ni como, ni sosiego, ni un momento dejo de pensar en ti. ¡Y yo
+que me figuraba que podía vivir tan ricamente sin verte! ¡Sin duda me
+has echado algunos polvos en la comida antes de irte, gitana! Me parece
+como si hubiera vivido hasta ahora con una venda sobre los ojos sin
+saber que tenía cerca un pedazo de cielo, una palomita de oro, un talego
+de perlas que á patadas hubiera esparcido por el suelo. Y ahora que me
+ha caído la venda me bajo á recogerlas y las beso, ¿sabes?... Escucha:
+todo el mundo dice que soy orgulloso y quizá tengan razón; pero contigo
+no quiero serlo más. Si has estado en mi casa humillada, de hoy para
+arriba no volverá á suceder, te lo juro por mi salud... Ocuparás en ella
+el sitio que mereces, serás respetada como las santas que están en los
+altares y nadie hará allí sino tu voluntad... Á mí me basta para ser
+feliz oir tu voz y sentir tus pasos menudos.
+
+Soledad escuchó impasible este concierto de palabras dulces y protestas
+de amor. Caminaron buen trecho en silencio. Al cabo Velázquez, con voz
+más débil, prosiguió:
+
+--Borra de tu memoria cuanto malo te haya hecho hasta ahora. Quiero ser
+otro hombre para ti, y si en la vida vuelvo á hacerte una perrada, mala
+puñalada me den rejoneá. No pienses más en irte á Medina, ni en que esas
+manos de cera trabajen para comer: casa tienes en Cádiz, y mientras yo
+viva tan señora serás en ella como la reina en su palacio...
+
+El mismo silencio obstinado por parte de su compañera.
+
+--Dí, ¿no quieres venirte conmigo? ¿Serás tan rencorosa como todo
+eso?--profirió ansioso y acongojado.
+
+Pero Soledad, en vez de responderle, se dirigió en voz alta y tono
+jocoso á sus amigas, que marchaban delante.
+
+--Andad más vivito, hijas, que llevamos paso de procesión. ¿Queréis
+pasar la noche al fresco?
+
+Cayéronsele al guapo las alas del corazón. En su vida se había sentido
+tan triste. Aún tuvo fuerzas para exclamar:
+
+--Vamos, Soledad, olvida mis faltas. Eres muy buena y me perdonarás...
+¿Te vienes conmigo?
+
+La joven guardó silencio cruel y siguió caminando con igual
+tranquilidad, como si no hubiese oído.
+
+Velázquez perdió la esperanza de llevarla de nuevo á su casa. Sintió
+frío y se pasó la mano por la frente con abatimiento. Pero no tuvo
+aliento para continuar suplicando y caminaron algún tiempo, y llegaron
+hasta la puerta de la casa de Antonio, sin que ninguno de los dos
+despegase los labios. Antonio y su amigo se detuvieron; uniéronseles en
+seguida María-Manuela con la otra mujer: Soledad y Velázquez iban á
+hacer lo mismo, cuando éste dejó caer en los oídos de la joven, con voz
+angustiosa, estas palabras:
+
+--¡Pero, Soledad! ¿de veras me vas á dejar marchar solo?... ¡Por lo que
+tú más quieras... por la memoria de tu padre, que fué mi amigo, no me
+hagas esa ofensa... no tengas tan mala sangre!... ¡Anda, hija mía, vente
+conmigo!
+
+Soledad volvió la cabeza sorprendida de aquella voz extraña y
+temblorosa, le miró un instante á la cara y al fin dijo gravemente:
+
+--Bueno; vamos.
+
+La alegría dejó suspenso al guapo por algunos minutos; pero reponiéndose
+en seguida y tornando á su habitual arrogancia, tomó la mano de la
+joven, la pasó por debajo del brazo y así enlazados se acercó al grupo
+diciendo:
+
+--Camarás, ustedes se van á la cama: nosotros también. Conque á la paz
+de Dios y dormir bien.
+
+María-Manuela prorrumpió en exclamaciones de gozo. Ya sabía ella que
+todo aquello era mojama y conversación de Puerta de Tierra.
+
+--¡Pues no faltaba más que dos gachós tan serranos se juntasen y se
+apartasen como dos perros callejeros! Andad, hijos, que las piedras de
+la calle os irán echando bendiciones. Soledad, no consientas más en la
+vida que ese desaborío te regale ligas. Ya te anuncié que habíais de
+reñir...
+
+Los demás se mostraron igualmente alegres por la reconciliación y les
+felicitaron; pero Antonio no dejó de verter su gotita de hiel en la
+alegría de Velázquez.
+
+--¡Así me gustan los hombres!--exclamó dándole palmaditas en el
+hombro.--Una mujer como Soleá merece que nos echemos la fachenda á la
+espalda.
+
+El guapo sintió el escozor del alfilerazo, pero disimuló, esperando la
+ocasión de tomar revancha; y temiendo no fuese más adelante en sus
+bromas, se apresuró á alejarse arrastrando consigo á su querida. Los
+despidieron con algazara. Cuando ya estaban lejos, Antonio les gritó
+recordando la conclusión de los cuentos:
+
+--Y todo quedó en paz y gracia de Dios, y yo fuí y vine y no me dieron
+nada.
+
+Soledad se volvió con la faz sonriente y replicó, aludiendo también al
+final de los cuentos:
+
+--Te regalaré unos zapatitos de manteca, si los quieres.
+
+Quedaron al fin solos. Velázquez no halló palabras, acometido á un
+tiempo mismo de turbación y gozo. Embargábale una emoción gratísima, una
+ternura suave que refrescaba su corazón y lo bañaba de deleite. Jamás
+había experimentado aquello. Mil veces había sentido el brazo de Soledad
+sobre el suyo, sin que su dulce peso le hiciese estremecer de alegría,
+sin pensar que llevaba sobre sí un tesoro. ¿Por qué era tan exquisita la
+sensación que ahora percibía? El suave calor de aquel brazo, trasmitido
+al suyo, se difundía por todo su cuerpo inundándole de felicidad.
+
+Al cabo su lengua se desligó para proponerle tímidamente que siguiesen
+el camino de la muralla. Soledad no puso reparo alguno, y por una de las
+bocacalles salieron al Perejil, totalmente desierto á aquellas horas.
+
+Era una noche tibia de las postrimerías de Febrero. La luna bañaba ya su
+punta argentada en el mar preparándose á dormir en su seno. Por la
+inmensa llanura líquida se esparcía una blanca claridad que hacía
+temblar al monstruo de júbilo. La blanca diosa, al abandonar el
+firmamento y hundirse en las olas, mostraba en silencio su faz radiante
+y serena. Las estrellas palidecían ante su majestad. Ningún ruido se
+escuchaba más que el leve batir de las olas. De los confines del
+horizonte la noche venía desplegando su velo misterioso, que pronto iba
+á envolver en la sombra la tierra, el cielo y el mar.
+
+Velázquez, que nunca había fijado su atención en los esplendores de la
+naturaleza, sintió la poesía de aquella hora sublime. Un gozo, que
+brotaba del fondo del alma, poblaba de encantos cuanto abrazaban sus
+ojos, y desataba su lengua avara de palabras. Oprimiendo cada vez más el
+brazo de la joven, narrábale al oído cuanto había acaecido en su
+ausencia, la informaba de todos los pormenores de la casa, deslizando en
+el relato conceptos halagadores, frases cariñosas que daban testimonio
+de su ventura. Sentía en aquel instante irresistibles impulsos de
+adoración, de poner al descubierto su alma y explicar los sufrimientos
+que había experimentado en las últimas horas; los explicaba con el
+placer de un náufrago que, al amor del fuego, en un sillón confortable,
+cuenta los terribles peligros que ha corrido, seguro de no verse más
+expuesto á ellos.
+
+Soledad escuchaba serena, complacida, dejándose arrullar por aquella
+cascada de palabritas de miel que nunca habían llegado á sus oídos.
+Llevaba los ojos puestos en el cielo y sonreía de vez en cuando á los
+amorosos extremos de su amante. De repente vió correr una estrella, y
+para que no fuese mensajera de algún mal exclamó:
+
+--¡Dios te guíe! ¡Dios te guíe!
+
+Velázquez la miró sorprendido.
+
+--¿Cómo que Dios me guíe? Ya me ha guiado hacia ti, serrana, y estoy
+contento.
+
+--No: se lo decía á una estrella corrida.
+
+--¡Ah! ¿Cuentas las estrellas del cielo?--dijo el guapo.--Pues ten
+cuidado, porque tantas como cuentes te saldrán de arrugas en la cara...
+Pero no te importe, niña, que cuando eso suceda yo no podré ya con la fe
+de bautismo en papeles y tendrás que sacarme en una espuerta al sol.
+
+Ambos rieron representándose aquel porvenir lejano. Y charlando de esta
+suerte llegaron al fin á casa; y después que Soledad hubo echado una
+mirada investigadora por el establecimiento, subieron para reposar.
+
+
+
+
+X
+
+Rebelión.
+
+
+Velázquez se sintió al día siguiente avergonzado en presencia de su
+querida. Se levantó, no obstante, de buen humor y la prodigó muchas
+delicadas atenciones que no acostumbraba á usar: bebió y comió con
+apetito y estuvo locuacísimo todo el día. Por la noche agasajó á sus
+amigos en celebridad de la reconciliación, y éstos pudieron notar que su
+alegría era excesiva y que había depuesto aquella gravedad displicente
+que rara vez le abandonaba. En los días sucesivos se alteraron un poco
+sus hábitos. Estaba mucho menos tiempo fuera de casa: dentro no se
+escuchaban aquellos juramentos y amenazas que por el más insignificante
+descuido dejaba escapar de su boca: se levantaba tarde, se acostaba
+temprano: jugaba largas horas al _rentoy_ con los parroquianos, y en las
+disputas que el juego suele engendrar mostrábase tolerante y
+conciliador. En suma, parecía un hombre feliz en paz con el mundo y
+consigo mismo.
+
+Soledad también lo era, al parecer. Atenta á la dirección del
+establecimiento, grave, activa, tranquila como una diosa, recibía las
+finezas de su amante con suave sonrisa de complacencia, mirándole de vez
+en cuando con el rabillo del ojo. Escuchaba mucho, hablaba poco y
+observaba sin cesar. Las noches en que había música en la plaza de Mina,
+salía con su amante á escucharla. Por las tardes también quería éste
+sacarla á paseo, pero rara vez aceptaba. Los quehaceres la retenían.
+Deseaba aquél tomar una criada para aliviarlos; pero ella se opuso
+siempre con tenaz resolución.
+
+Sin embargo, el majo no podía vencer aquel sentimiento de vergüenza que
+le acometiera después de la escena de la reconciliación. Aunque ponía
+empeño en aparecer fresco y despreocupado y como si hubiese olvidado
+enteramente lo acaecido, era inútil. El recuerdo de la noche memorable
+en que por primera vez en su vida descendió á las súplicas delante de
+una mujer le asaltaba, mal de su grado. Y aunque hubiera logrado
+borrarlo de la memoria, ¿qué adelantaría? ¿Se le borraría á ella? Pues
+esto era precisamente lo que le inquietaba, lo que, á pesar de la paz y
+ventura en que vivía, le causaba sordo malestar. Creía estar viéndolo,
+al través de sus grandes ojos negros, impreso con caracteres indelebles
+en su imaginación.
+
+Pero Soledad no parecía preocupada con tal recuerdo, ni mucho menos
+advertir la inquietud de su amante. Era la misma de siempre. Se mostraba
+con él cariñosa y solícita, prevenida á darle gusto en todo: de tal
+modo, que el guapo nada echaba menos de los regalos con que le tenía
+acostumbrado. No había pretexto para reñir y enfurecerse; por eso no lo
+hacía: esto, á lo menos, pensaba él, y se felicitaba de que en su casa
+hubiera tanto orden y que Soledad hubiera progresado tanto en pocos
+días. El demonio de la soberbia, no obstante, abatido y aletargado con
+el golpe de la escapatoria, comenzaba á revolverse y hacerle cosquillas
+en el alma. El resquemo de la humillación no se suavizaba, antes iba
+siendo cada días más áspero é insufrible. Menester era arrojarlo pronto,
+dar merecida satisfacción á su orgullo y recobrar la prístina grandeza y
+majestad á los ojos de todo el mundo y á los de sí mismo.
+
+Comenzó á mostrarse más grave y á adoptar en la conversación aquel tono
+de superioridad displicente que siempre le había caracterizado.
+Mitigábalo, no obstante, al dirigirse á Soledad, por un resto de temor,
+que al cabo también fué desapareciendo. Ésta ni se sobresaltó por el
+cambio, ni se dió siquiera por entendida. Seguía tranquilamente la
+marcha ordinaria de su vida: al hablarle lo hacía con absoluta libertad
+de espíritu, con un aplomo que mortificaba al guapo, pues nunca hasta
+entonces creía habérselo notado.
+
+Al fin, una noche, hallándose todos los amigos reunidos en la tienda,
+Velázquez, que estaba de vena, se aventuró á soltar una pullita á su
+querida, de aquellas con que antes la regalaba y que no pocas veces la
+hacían derramar lágrimas en presencia de la reunión. Soledad alzó la
+cabeza vivamente y le clavó una larga mirada luciente y colérica. El
+guapo dirigió la suya hacia otro sitio, se puso un poco colorado y
+procuró distraer la atención de los amigos. Aquel aviso tácito le
+impresionó más de lo que contaba. Mas cuando hubo pasado el efecto y
+pudo recapacitar nació en su alma un sordo despecho con mezcla de
+desaliento. Ahora fué cuando entendió claramente que la situación había
+cambiado. Aquella mujer, antes esclava sumisa, se atrevía á desafiar su
+cólera; luego estaba bien convencida de que no podía vivir sin ella.
+Devoró su enojo y se guardó en adelante de dirigirle ninguna burla
+mortificante. Sólo con muchas precauciones y mirándola siempre á la cara
+se autorizaba de vez en cuando algunas bromitas tímidas y cariñosas que
+más parecían caricias.
+
+Pero como es difícil mantenerse siempre en un justo medio inofensivo, y
+más poseyendo el carácter fanfarrón de nuestro majo, sucedió que otra
+noche, sin darse cuenta, se le fué la lengua y soltó una impertinencia.
+Soledad esta vez no se contentó con mirarle, sino que exclamó con
+acento amenazador:
+
+--¡Cuidado!
+
+Volvió á echarlo á broma Velázquez, y le dijo algunas frases cariñosas
+para desagraviarla. Ella permaneció seria.
+
+Cada día lo fué estando más, y cada día se mostró más silenciosa,
+afirmándose en el puesto preminente que al fin había logrado adquirir en
+la casa. Y mientras ella, á toda prisa, ganaba aplomo y libertad, con la
+misma rapidez los perdía él. Perdió aquellos modales arrogantes que
+jamás le abandonaban, su mirar altivo, su displicente sonrisa: cuando
+hablaba con ella hacía esfuerzos increíbles para ocultar su rendimiento,
+pero sin conseguirlo más que á medias. Temía ofenderla con cualquier
+frase un poco atrevida. Y, en efecto, la bella fruncía su divino
+entrecejo por la broma más inocente; iba adquiriendo una susceptibilidad
+tan delicada que casi se la hería con la vista.
+
+Sin embargo, hasta entonces se habían guardado las apariencias, aunque
+con trabajo. Velázquez seguía siendo la autoridad infalible é
+indiscutible de la casa; ella la mujer fiel y sometida que le servía.
+Pero tal situación no tenía fundamento alguno en la realidad. Velázquez
+lo sentía allá en el fondo de su alma: sabía que todo era comedia, que
+su poder era una sombra, que, aunque invisible, Soledad le tenía puesto
+el pie en el cuello. Esta idea hacía botar su orgullo como un corcel
+brioso á quien le clavan las espuelas. Á fuerza de habilidad había
+logrado ocultarlo á todo el mundo, y aun pretendía con mil artificios
+ocultárselo á sí mismo, pero en vano. La triste verdad, que á su
+despecho se imponía, le roía el corazón y le quemaba la sangre. Comenzó
+á vivir en un estado de zozobra que al cabo se le hizo insoportable.
+Comprendió que era necesario salir de él á toda costa, si no quería
+fenecer de un empacho de bilis. Y determinó volverlo todo patas arriba
+con un golpe de audacia, súbito, inesperado. Espió con paciencia algunos
+días la ocasión; se mostró más afable y condescendiente que nunca, y al
+cabo, cuando aquélla se le ofreció oportuna, dió fuego á la mecha y
+disparó el tremendo cañonazo con que esperaba amedrentar al enemigo y
+alcanzar de nuevo la cumbre del poder.
+
+Era día de toros. Había prometido á su querida que la llevaría á la
+corrida y, al efecto, tenía comprados dos asientos de delantera de
+grada. Salió á dar una vuelta, quedando en venir á recogerla á la hora
+conveniente. Mientras tanto Soledad sacó al sol y se atavió con los
+mejores trapos que tenía, el vestido de fino merino negro, la media de
+seda calada, los zapatos de tafilete, el rico pañolón de Manila, los
+pendientes de diamantes: se rizó el pelo, lo adornó con flores al uso de
+la tierra y se sentó detrás del mostrador á esperar la hora. Sonó ésta,
+sin embargo, y trascurrieron algunos minutos después sin que el guapo
+pareciese. Pasó media hora, pasó una, y nada. Entonces la gallarda
+tabernera, abrasada el alma de despecho, subió á su cuarto y se quitó,
+mejor dicho, se arrancó con mano trémula el vestido de gala.
+
+Velázquez entró en casa á la noche y se condujo con la misma soltura y
+libertad que si no hubiera hecho nada reprensible. Tan sólo dijo con
+afectada ligereza:
+
+--Dispensa, hija, que no haya venido á buscarte. Me encontré con un
+antiguo conocido de Jerez, y no tuve más remedio que ofrecerle tu
+asiento.
+
+Soledad le dirigió una torva mirada de través y guardó silencio. Al cabo
+de un momento repitió maquinalmente, como si no diese importancia á lo
+que decía:
+
+--Has perdido poco. El ganado regular, pero los chicos no sé por qué no
+duermen esta noche en la cárcel... ¡Qué guasa, hija! ¡qué guasa!
+
+La tabernera tampoco despegó los labios. Su rostro estaba sombrío,
+amenazador. Velázquez se levantó al cabo de la silla y se dirigió hacia
+ella con sonrisa petulante.
+
+--¿Qué es eso, gitana? ¿Estamos enojados por el lance? Otra corrida
+vendrá en que no tendré compromisos...
+
+Al mismo tiempo le tomó la barba con la punta de los dedos para
+acariciarla. Pero ella se sacudió vivamente, exclamando con voz
+alterada:
+
+--¡Quita allá, mala sangre! Debiera caérsete la cara de vergüenza, ¿y
+vienes con arrumacos?... Me tienes tan harta, ¡tan harta! que milagro
+será que sufra tus sandeces mucho tiempo...
+
+El guapo se irguió entonces con arrogancia y respondió fríamente:
+
+--¿Es de veras eso?
+
+--¡Y tan de veras!--exclamó ella mirándole con ojos de indignación.
+
+--Pues, hija mía, no te mortifiques más tiempo... Cuando las cosas no
+convienen, ya sabes el remedio.
+
+Soledad le miró fijamente y con sorpresa. Resistió el guapo la mirada
+sin pestañear. Hubo una corta pausa en que ambos trataron de
+escudriñarse el alma. Al cabo dijo aquélla levantándose:
+
+--Está bien. Lo que ha de ser, cuanto más pronto, mejor.
+
+Y subió á su cuarto con paso firme. Velázquez permaneció en la tienda
+inmóvil, silencioso, con la vista fija en la puerta por donde había
+salido. No tardó en presentarse de nuevo con el mantón sobre los
+hombros, y sin mirarle se dirigió resueltamente á la puerta de la calle.
+Pero el majo, con rápido ademán, se puso delante, cortándole el paso.
+
+--¡Pero niña! ¿has tomado en serio la broma?--exclamó sonriendo con
+afectada alegría.--¿Tú no sabes que estamos amarraditos y sentenciados á
+cadena perpetua?
+
+--¡Quita! ¡quita!--exclamó la joven poniéndole la mano en el pecho para
+rechazarlo.--Sólo sé que me duele el alma de aguantar tus necedades y
+que no las aguanto más tiempo.
+
+--No necesitas irte para eso, porque no volveré á decirte ni hacerte
+nada que te ofenda. Te doy mi palabra. La de esta tarde será la
+última...
+
+Y siguió cerrándola el paso para que no pudiera alcanzar la puerta.
+
+--Te digo que me dejes Velázquez--repitió con calma y severidad.--Nada
+adelantarás con retenerme á la fuerza.
+
+Entonces el majo se abatió á las súplicas, á los halagos, empleando los
+recursos de su ingenio en persuadirla. Todo fué en vano. La irritada
+joven le escuchaba inflexible y repetía con tenaz resolución:
+
+--Me voy, me voy: no quiero sufrir más.
+
+Cayó al fin el guapo de hinojos y la retuvo por el vestido, dirigiéndole
+ruegos tan vehementes y haciéndole promesas tan disparatadas que Soledad
+vaciló. Le miró todavía con ojos coléricos, le cubrió de dicterios, le
+amenazó con marcharse á la primera ofensa que le hiciera; pero,
+desahogada su cólera, consintió al cabo en quedarse.
+
+
+
+
+XI
+
+Sumisión.
+
+
+No volvió á rebelarse. Aquel hombre de corazón altivo, tan fiero con las
+mujeres que habían tenido la desgracia de amarle, rindió al fin la
+cerviz al yugo de la última. Fué una pasión súbita, ardorosa, que le
+abrasaba las entrañas. Vivió desde entonces en dulce y á la vez
+insoportable inquietud, como si hubiese bebido un filtro mágico que le
+trastornara ó pesase al fin sobre él la venganza de la diosa del amor,
+justamente irritada por sus ofensas. Perdió el gusto de las francachelas
+en Puerta de Tierra, de la conversación, de la guitarra y las cañas y
+hasta de salir á la calle. Se hizo melancólico, taciturno, indolente: en
+sus miradas no brillaba aquella chispa de arrogancia que le daba
+ascendiente entre los hombres; de su boca no fluían las palabras
+chistosas y libres con que sometía á las mujeres.
+
+Delante de Soledad se mostraba amable y rendido, sin ocuparse ya en
+disimular su vencimiento. Al contrario, parecía que sentía gozo y el
+pecho se le dilataba cuando la daba un testimonio de adoración más vivo
+que de costumbre. No se saciaba de estar á su lado, de prodigarla nuevas
+y sabrosas caricias. Recibiólas ella con gratitud y alegría primero,
+después con graciosa condescendencia y sin devolverlas sino tal vez que
+otra; por último, á medida que el guapo las menudeaba, le fueron siendo
+más indiferentes, terminando por hacérsele pesadas.
+
+Acostumbróse Velázquez á tomarle la mano siempre que hablaba con ella y
+á retenerla entre las suyas largos ratos, cosa que llegó á molestar á la
+bella. Suave, lentamente comenzó á desasirse siempre que podía. Él,
+achacándolo á distracción, volvía á tomarla sin darse por advertido.
+Pero estas retiradas se fueron haciendo poco á poco más francas, de tal
+modo que, desengañado al fin, le preguntó con acento triste:
+
+--¿Qué? ¿no quieres ya darme la mano?
+
+Ella, grave y silenciosa, volvió á entregársela. Pero tanto llegó á
+enfadarle aquella prueba de afecto, que se puso nerviosa y un día le
+dijo bruscamente:
+
+--Mira, suéltame la mano.
+
+--¿Por qué?--preguntó él tímidamente.
+
+--Porque me dan calor las tuyas, ¿sabes?
+
+Velázquez, confuso, hizo lo posible por echarlo á broma, pero se abstuvo
+en adelante de molestarla.
+
+Todavía era feliz, sin embargo. Porque, á medida que Soledad se hacía
+más reservada, sus raros momentos de expansión adquirían mayor
+atractivo, tenían un sabor exquisito que le resarcía de su creciente
+frialdad. Lo único que le causaba grave desazón era la amenaza de
+marcharse, que cada día más á menudo y por cualquier pretexto salía de
+su boca. Cuando esto acaecía quedaba anonadado, como si fuese la mayor
+desgracia que pudiera sobrevenirle, y se apresuraba á conjurarla por los
+medios que estaban á su alcance. Para tenerla contenta apelaba al
+recurso de los regalitos; apenas se pasaba un día que no viniese de la
+calle con alguno: un alfiler imperdible, una peineta, un frasco de
+perfume. Lo que más papel representaba eran las _yemas de San Leandro_,
+aquellas famosas yemas que tanto agradaban á la tabernera y con las
+cuales antes no cesaba de burlarla. Pues ahora fueron tantas las que le
+trajo que consiguió empalagarla y que las aborreciese.
+
+De tal modo llegó á impresionarle la amenaza, no obstante, que pronto le
+hizo vivir en un estado de agitación y anhelo insoportable. Entonces,
+para arrancarse del corazón esta espina, pensó seriamente en casarse con
+Soledad. Una vez dueño de ella por la ley, se imaginaba que volvería á
+adquirir el perdido predominio y gozaría sin zozobra la dicha de
+poseerla. No se le pasaba por la tela del juicio volver á tratarla del
+modo cruel y desdeñoso que antes: la amaba ya demasiado para que esto
+pudiera repetirse. Lo único que ambicionaba era estrechar el lazo que
+los unía, hacerlo indisoluble y vivir en calma.
+
+Acarició por varios días la idea, gozando de antemano con el efecto que
+iba á causar en Soledad. Sin duda lo que le hacía falta á ésta era
+adquirir la dignidad de esposa. Su situación humillante era lo que la
+tenía constantemente seria, malhumorada. En cuanto se viese colocada en
+la jerarquía á que era merecedora, no temiendo ya ser herida en su
+orgullo, perdería aquel humor melancólico é irascible que desde algún
+tiempo la venía dominando. Y en cuanto se ofreció una ocasión para
+hablar de ello, se lo propuso abiertamente en términos halagüeños y con
+alegre semblante. Contra lo que esperaba, el de Soledad no se dilató al
+oir la noticia. Estaba lavando vasos y esto siguió haciendo sin levantar
+la cabeza ni dignarse responder una palabra. Velázquez aguardó en vano
+alguna señal de aquiescencia: como no llegaba, trató de provocarla
+hablando con animación de su proyecto, pintando un cuadro lisonjero de
+su dicha futura. Pero la tabernera permaneció impasible y grave, como si
+nada de lo que estaba escuchando fuese con ella. Calló al fin el majo
+y, sin atreverse á exigir respuesta, se alzó de la silla donde estaba, y
+salió de la estancia no poco triste y desengañado.
+
+Así anduvo varios días; pero la esperanza, que tarde ó nunca nos
+abandona, le hizo pensar al fin que lo que había hecho callar á Soledad
+fué la sorpresa en parte y en parte también el temor de ser burlada como
+otras veces. Era absolutamente incomprensible que no prefiriese ser su
+esposa á vivir con él sin decoro. Por esto se determinó á provocar una
+explicación que concluyese con sus dudas.
+
+Viéndola un día más expansiva y serena que de ordinario, como hablasen
+de Paca la de la Parra y su marido, celebrando lo bien avenidos que
+vivían á pesar de la oposición de sus caracteres, Velázquez le tomó de
+pronto una mano y le dijo cariñosamente:
+
+--Tú y yo viviremos al fin tan felices como ellos... Dí, flamenca,
+¿cuándo quieres que nos casemos?
+
+El rostro de la joven se oscureció repentinamente y, retirando su mano,
+profirió con acento desdeñoso y colérico á la vez:
+
+--Mira, déjame de casorios... Como he vivido hasta ahora seguiré
+viviendo... sin honra, pero libre... muy libre, ¿sabes?
+
+Velázquez quedó confuso, anonadado. Conociendo el temple de su querida,
+se abstuvo de insistir. Pero, disipada aquella última esperanza, pensó
+con tristeza que los lazos que á ella le unían no podían ser más
+frágiles y que el mejor día caerían al suelo rotos.
+
+Los amigos, de un modo inconsciente, contribuían á llevar el desconsuelo
+á su corazón. Paca no abandonaba la idea de legalizar la situación de
+los amantes: las atenciones extrañas que ahora observaba en Velázquez la
+animaban á persistir, juzgándolo ya maduro para el caso; los compadres
+de la reunión, solicitados por ella, le prestaban ayuda. Así que,
+comenzaba á tocarse más á menudo que antes el punto del matrimonio en la
+conversación. El efecto que esto causaba en el guapo era cruel. Quedaba
+repentinamente sombrío, paralizado, y no pocas veces se le habían subido
+los colores á la cara, lo mismo exactamente que le pasaba á Soledad en
+otro tiempo. Ésta permanecía tranquila, sin ningún vano alarde que
+dejase traslucir que el platillo de la balanza había subido para ella y
+bajado para su querido; al contrario, hacía lo posible por distraer la
+conversación y sacarle del aprieto.
+
+Pero aunque Velázquez se esforzase en ocultarlo y Soledad nada hiciese
+para ponerlo de manifiesto, el cambio operado en sus relaciones no era
+ya un secreto para nadie. Los amigos murmuraban, se hacían guiños cuando
+observaban algún signo de sumisión, se comunicaban sonriendo los
+descubrimientos que iban haciendo. Y no sólo los amigos, sino todas las
+comadres del barrio que frecuentaban la tienda llegaron pronto á
+sospechar lo que ocurría. Desde entonces cien ojos de zahorí los
+espiaron incesantemente: muy pronto se supo con todos los pormenores la
+caída del guapo y el estado de abatimiento á que su pasión le había
+reducido. Las comadres celebraron con alborozo el triunfo de Soledad, no
+sólo por ser de justicia, sino también por espíritu de cuerpo. Era la
+apoteosis merecida del elemento femenino. Y la celebraban y la
+festejaban con toda especie de palabrillas, homenajes y sonrisas
+picarescas.
+
+--¡Al fin llegó tu hora, querida!... Así debe ser: la mujer siempre muy
+alta... ¿Qué se creen esos tíos? ¿Que porque somos buenas y callamos la
+mitad de las veces por evitar disgustos se nos ha de tratar como trapos
+sucios?... ¡Que se limpien!... Ya que le tienes bajo el pie, aprieta,
+hija, no temas; cuantos más sofocones le des más suavecito lo tendrás...
+Esos malditos hombres son así...
+
+Soledad no se mostraba ni alegre ni lisonjeada por esta charla
+arrulladora. Guardaba silencio, según su costumbre. Cuando le parecía
+que se dilataba demasiado ó se excedían en ella, la cortaba bruscamente.
+
+Sin embargo, las comadres no podían explicarse aquella súbita mutación
+de un modo natural. Para ellas fué indiscutible pronto que Soledad había
+apelado á las artes mágicas para lograrla. Y aun alguna se atrevió á
+insinuárselo sonriendo maliciosamente.
+
+--Vamos, querida, confiesa que le has dado jicarazo...
+
+Pero la tabernera se había puesto tan encrespada al oirlo, que no se
+tocó más el asunto en su presencia.
+
+--¡Qué jícaras ni qué cuernos! ¿Soy yo quizá una bruja como usted?
+Todavía no he llegado á necesitar polvos para atraer á los hombres...
+¿sabe usted?
+
+Á espaldas suyas, no obstante, todas seguían sosteniendo que hubo
+maleficio. La que menos afirmaba que Soledad llevaba constantemente
+sobre el pecho una bolsita con pedacitos de oro, plata y coral, algunos
+granos de trigo y una piedra imán con raspaduras de acero.
+
+Entre tanto Velázquez seguía exagerando sus rendimientos, no tanto para
+suavizar la aspereza de su querida, como por el íntimo placer que esto
+le causaba. El placer de antes dominándola, martirizándola, era menos
+que nada comparado con el que ahora sentía satisfaciendo sus caprichos,
+uncido, prosternado á sus pies. Y á pesar de su inveterada
+fanfarronería, cada día le iba importando menos que los amigos se
+enterasen de su humillación. Alguna vez, observando ya señales
+vergonzosas de ella, los más autorizados, como el señor Rafael y Pepe de
+Chiclana, le hicieron prudentes advertencias. «No era ése el camino para
+ser feliz. Bueno que á las mujeres se las lleve con mano suave: está en
+el orden de Dios, y para eso somos cristianos y no cafres; pero eso de
+dejar las riendas sueltas ningún hombre debe hacerlo en su vida, porque
+hasta los animales corren peligro de desbocarse, cuanto que más la
+mujer...» Velázquez los oía y se callaba, no atreviéndose á
+contradecirlos y no osando tampoco confesarles el miserable estado á que
+su pasión le había conducido. Llegó un día, sin embargo, en que todos
+pudieron cerciorarse y verlo claramente.
+
+Se hallaban reunidos, como de costumbre, en uno de los cuartos de la
+tienda. Se había bebido y charlado en demasía. Velázquez estaba de
+alegrísimo humor, quizá porque su querida no lo tenía tan melancólico
+como otras veces y se había avenido á bailar unas seguidillas con
+Frasquito, cosa que hacía mucho tiempo no se había podido recabar de
+ella. En la corriente de la conversación se habló de fruta, y el majo
+manifestó que había recibido aquel mismo día de Medina unos albérchigos
+magníficos.
+
+--Vamos á probarlos--concluyó diciendo--y nos refrescaremos la boca... A
+ver, Solita, hija, haz el favor de subir y traérnoslos.
+
+--No tengo gana--respondió secamente ésta.
+
+Velázquez quedó suspenso y acortado.
+
+--Vamos, querida--manifestó tímidamente,--es cuestión de un instante...
+Los tienes á la puerta misma del comedor, en un cesto...
+
+--Es que no tengo ganas de subir escaleras ahora. Vé tú por ellos si
+quieres--respondió con más sequedad aún.
+
+Entonces Velázquez, reparando que los amigos se habían callado y
+observaban con asombro la escena, tuvo la debilidad de insistir.
+
+--Pero, hija, no seas así. Estos señores están aguardando, y por subir
+cuatro escalones no te vas á morir.
+
+Los ojos aterciopelados de la tabernera brillaron con cólera y, dando á
+sus palabras acento despreciativo, profirió:
+
+--Te he dicho ya dos veces que no me da la gana. ¿No te has enterado
+aún? Si lo quieres por escrito, trae pluma y papel y te entregaré en
+seguida el documento.
+
+Velázquez se puso rojo de vergüenza. Quiso responder, pero la palabra
+expiró en sus labios. Reinó silencio embarazoso en la tertulia,
+echándose bien de ver la triste impresión que en todos había causado la
+breve pero significativa reyerta. Cuando, á los pocos instantes, llamada
+por Joselito, salió Soledad del aposento, el señor Rafael, Pepe,
+Frasquito y hasta la misma Paca y María-Manuela cayeron sobre él,
+afeándole su conducta. «¡Aquello era un escándalo! ¡una vergüenza! ¿Cómo
+toleraba semejante insolencia? Ningún hombre que tuviese dignidad se
+dejaba sopapear de una mujer. Si ahora sufría aquel insulto, ¡Dios sabe
+adónde llegarían los vuelos de la niña!»
+
+El majo los escuchaba, pintada la angustia en su semblante. Al fin
+exclamó con desesperación, mesándose los cabellos:
+
+--¡Tenéis razón! Soy un calzonazos, un sinvergüenza. Pero no puedo...
+¡no puedo! ¡Esa mujer me ha cogido la acción!
+
+
+
+
+XII
+
+La maga.
+
+
+Como si hubiese tenido una venda sobre los ojos y repentinamente se le
+hubiese caído, todas las cualidades de Soledad se le aparecieron con
+maravilloso relieve. Unas veces alababa su cuerpo garrido, otras su
+destreza en el baile; ahora se fijaba en sus pies torneados, después en
+su cabellera de ébano. Y con sus partes morales acaecía otro tanto. No
+había en todo Cádiz mujer más hacendosa y limpia y discreta ni más amiga
+de la verdad, y se empeñaba en que todos admirasen, como él, sus
+palabras graves y medidas, su gesto severo y hasta las más leves
+inflexiones de la voz.
+
+Un día María-Manuela le llamó aparte estando de reunión en la tienda y
+le dijo en voz baja:
+
+--Mira, Velázquez, te veo ya demasiado chalao. Cuando la tortilla dió
+vuelta confieso, hijo, que me alegré y le puse un cirio á San Rafael
+bendito, porque tú eres un gitano falso, traidor, sin vergüenza, y me
+tenías á la pobrecilla fatigaita, y porque, sin razón, delante de los
+amigos, la corrías como una mona. ¡Ajá! San Rafael tuvo lástima de ella
+y te dió lo que merecías. Ya sabes lo que son _ducas_. En la cara las
+llevas señalás. Estás paliito y ojeroso como un chavaliyo de quince
+años. Me da lástima de ti y no quiero que te ahoguen las fatigas. Si
+deseas que Soleá te quiera como antes y se case contigo pásate mañana
+por mi casa y te daré el remedio... ¡Pero cuidao que digas ná al
+lechonaso de Antonio!... Ve á la hora en que está en la oficina... Ya
+sabes, después de las diez.
+
+El guapo se había reído toda la vida de la ciencia mágica de la querida
+de su amigo: fueron infinitas las bromas que había gastado con ella por
+tal motivo. Pero ahora, á semejanza de los que maldicen de los médicos y
+se apresuran á llamarlos en cuanto les duele algo, aceptó el
+ofrecimiento con alegría y prometió no faltar á la cita.
+
+Y, en efecto, al día siguiente, entre diez y media y once, salió de su
+casa y se fué por la orilla del mar á la de Antonio. Después de
+cerciorarse que éste había salido, subió por la estrecha y sucia
+escalera á las alturas en que habitaba. Y llamó á la puerta pálido y
+jadeante tanto por el esfuerzo como por la emoción. María-Manuela abrió
+instantáneamente y le llevó por la mano, sin decirle palabra, hasta una
+salita donde había un sofá y cuatro sillas de paja, una consola con sus
+correspondientes caracoles de mar encima, espejo resguardado de las
+moscas por una gasa, algunos cuadros en litografía representando la
+historia de Hernán Cortés y D.ª Marina y en el centro una mesilla
+cubierta con tapete de hule. Le hizo sentar en el sofá y comenzó á
+hablarle con voz baja y grave ademán autoritario que contrastaba con su
+habitual desenfado:
+
+--Me alegro que hayas dado este paso. Dentro de un momentito sabrás tu
+suerte, y, sea mala ó buena, debes quedar tranquilo, porque contra lo
+que allá arriba está ordenado no hay más que bajar la cabeza. Pero yo
+espero que saldrás de aquí satisfecho y llevarás medicina con que te
+cures pronto y logres tus deseos... Díme antes de empezar qué es lo que
+te pasa.
+
+Velázquez la miró con sorpresa.
+
+--Sí; es menester que me cuentes toíto lo que sientes, que yo sepa una
+por una tus ducas desde que han comenzao... Se me ha metió en la cabeza,
+hijo, que te han dado _bebía_, y si es así, hay que deshacerla con
+alguna oración, ó de otro modo que ya te iré explicando.
+
+Velázquez, sonriendo, le dió cuenta del cambio que había sentido hacía
+tres meses: cómo su indiferencia hacia su querida se había trocado
+repentinamente en amor ardiente, cómo desde entonces vivía en constante
+zozobra pendiente de sus menores gestos, con qué frenesí la adoraba y
+qué mal pagaba ella esta adoración. Narró los más insignificantes
+pormenores de su vida con Soledad desde hacía algún tiempo,
+complaciéndose en enumerar los desaires que de ella recibía y en pintar
+los humillantes testimonios de idolatría que él la prodigaba sin lograr
+suavizarla. Cuanto más amoroso y humilde se mostraba, más se embravecía
+ella y peor le trataba. Comenzó riendo y terminó llorando como una
+criatura.
+
+María-Manuela le puso su mano protectora sobre el hombro.
+
+--No te apures, querido, que todo se arreglará. ¿Lo has desembuchao too?
+
+--Todo.
+
+--Pues, entonces no me cabe duda que te ha dao una bebía compuesta ó
+bien has olío una rosa hechizá... Bien pudiera suceder también--añadió
+cayendo en una meditación profunda--que te hubiera pasao la piedra imán
+por la espalda; pero esto me parece poco para tanto maleficio... Ó bien
+que haya hecho el muñeco... Mira, hijo, procura abrir el cofre ó el
+armario donde guarda la ropa y regístrala bien, y si encuentras un
+muñeco que tenga clavados unos alfileritos sobre el corazón, deshazlo
+prontito; hallarás un hueso dentro, sácalo y corre al cementerio y
+entiérralo.
+
+Velázquez se lo prometió, y ella, cada vez más inflada y poseída de su
+papel maravilloso, le dijo:
+
+--Antes de pasar adelante, es menester que consultemos las cartas. Según
+lo que te anuncien, así tendré yo que aconsejarte lo que debes hacer. Te
+confías en mí, ¿verdá tú?... Para que las cartas digan la verdad hay que
+creer en ellas y obedecer cuanto yo te mande. ¿Lo prometes?
+
+Velázquez, aunque fingiese despreocupación y se riese de agüeros,
+guardaba, como buen andaluz, un fondo supersticioso. Trastornado ahora
+por su pasión además, juró de buena fe que creía en la virtud de las
+cartas y los ensalmos, y se manifestó dispuesto á seguir ciegamente
+cuanto María-Manuela le ordenase. Esta, desvanecida por su humildad, le
+obligó á declarar que se arrepentía de cuantas guasas había gastado
+respecto á los oráculos y que sólo de ella esperaba su salvación.
+
+Hecho esto, fué á su cofre y sacó dos velas de cera verdes y un mantón
+negro, con el cual tapó la mesa. Cerró luego la ventana y encendió las
+velas. Abrió el cajón de la consola y sacó una baraja.
+
+--Aquí dentro está tu suerte--dijo en voz baja y misteriosa colocándola
+sobre la mesa.
+
+Velázquez se sintió impresionado. La maga le hizo sentarse, quedando
+ella en pie. Dió algunas vueltas en torno murmurando palabras de
+conjuro, y al cabo, deteniéndose y pasándose las manos por la cara, con
+aparato solemne tomó la baraja nuevamente, la barajó largo rato en
+silencio y la entregó á Velázquez para que la cortase con la mano
+izquierda. La puso otra vez encima de la mesa é, inclinándose hacia
+aquél, le dijo al oído:
+
+--Da encima tres golpecitos y llámala.
+
+El guapo abrió los ojos sorprendido.
+
+--¿Á quién?
+
+--¿Á quién ha de ser, desaborío? Á ella, á la mujer por quien penas.
+
+Obedeció, dando con los nudillos sobre la baraja y diciendo al mismo
+tiempo con voz apagada y temblorosa: «¡Soledad!»
+
+--Está bien--dijo la maga tomando la baraja y formando con ella varios
+montoncitos.
+
+Contó de derecha á izquierda, y del quinto montón sacó una carta que
+dejó separada. Barajó después, hizo que Velázquez cortase y llamase de
+nuevo á su querida, y volvió á hacer montoncitos y á sacar del quinto
+otra carta, repitiendo la operación hasta siete veces.
+
+La emoción del guapo crecía. Aquel aparato mágico iba influyendo poco á
+poco en su imaginación y disponiéndole á creer en la cabalística
+revelación que se preparaba. Pero aún más contribuía á turbarle la
+repetición solemne del nombre de su querida, hecha en voz baja, como una
+evocación misteriosa y dulce. Así que cuando la maga le dijo con
+afectada majestad: «En esas siete cartas está escrito tu porvenir»
+sintió un escalofrío y quedó inmóvil y pálido.
+
+María-Manuela volvió las siete cartas, colocándolas en fila, siempre de
+derecha á izquierda. Las examinó largo rato con atención. Después,
+pasándose la mano por la cara repetidas veces, respirando con agitación
+como si se sintiese inspirada y hablando en voz de falsete para mayor
+solemnidad y misterio, comenzó á decir:
+
+--Este cuatro de copas que aquí ves primeramente no es para ti de buen
+agüero: significa que vas á regañar con tu amante, que será fuerte el
+enojo, y este rey de oros que le sigue dice que será á causa de un
+hombre moreno. El dos de espadas al revés, que viene luego, te anuncia
+que debes librarte de amigos falsos y traidores; que te levantarán un
+testimonio y te costará mucho trabajo poner en claro tu inocencia. El
+siete de oros al revés dice que has de pasar muchas desazones que te
+harán perder el sentío; pero si logras tener calma y no haces un
+disparate, el siete de espadas que está á su lado te anuncia esperanza:
+harás las paces con Soleá y disfrutarás de tranquilidad... No durará
+mucho la paz, porque este as de bastos dice que pronto tropezarás y
+caerás otra vez. Volverán los disgustos, los enojos, os pelearéis con
+más fuerza aún que antes; pero este rey de copas, que es la última
+carta, está diciendo que al cabo todo se arreglará con la bendición del
+cura, que os casaréis y seréis muy felices... ¿Quieres saber más,
+empachoso, traidor?--añadió volviendo hacia el guapo su faz radiante de
+satisfacción y suficiencia.
+
+Velázquez, que tenía el pecho oprimido, lo desahogó con un largo suspiro
+que hizo sonreir á la maga; pero su rostro se frunció de nuevo al oirle
+decir:
+
+--¿Y todo eso será como lo cuentas?
+
+--¡Gachó! ¡las cartas no mienten! Cuanto has oído te sucederá. Lo que
+importa ahora es deshacer el maleficio de la _bebía compuesta_, si es
+que la has bebío, ó de la _rosa hechizá_, si la has olío...
+Primeramente, un día de éstos que salga Soleá á la calle, tomarás un
+puchero y echarás en él aceite y sal y tres clavitos de hierro atados
+por la cabeza. Lo verterás todo cuando ella vaya á llegar á la puerta de
+casa. Si pisa los clavos no tardarás en hallarla vuelta como una media:
+te seguirá á todas partes y no verá ya sino por tus ojos... Si entrase
+sin pisar los clavos, entonces hace falta que digas á las doce de la
+noche una oración que voy á enseñarte...
+
+Y se puso á repetirle gravemente algunas palabras de ensalmo en que se
+conjuraba á una cierta Elena, hija de rey, que escarbando la tierra del
+monte Olivete se había hallado los tres clavos de Nuestro Señor, para
+que clavase uno de ellos en el corazón de Soledad.
+
+ _Para que no pueda vivir,_
+ _ni sosegar,_
+ _ni en silla sentar,_
+ _ni en cama acostar,_
+ _sino que muriendo de pena_
+ _me venga á buscar._
+
+Velázquez, aunque con menos fe que en las cartas, aprendió la oración.
+
+--La dirás al sonar la primera campanada de las doce, en camisa y
+descalzo. Luego te meterás en la cama y escucharás con atención. Si oyes
+un burro rebuznar ó ladrar á un perro es de mal agüero; pero si oyes el
+ruido de una puerta ó el canto de un gallo, entonces, ¡alégrate,
+corazón! tus _ducas_ se acabaron. Soledad se hará mansa como una gatita
+mimosa y te querrá como á las niñas de sus ojos...
+
+El majo, que los recordó en aquel momento ¡tan negros, tan brillantes!
+sintió un estremecimiento de dicha y en un rapto de entusiasmo abrazó á
+la maga y quiso darle uno de los anillos que llevaba en los dedos; pero
+no aceptó el regalo; estaba contenta con descubrirle su buenaventura.
+
+--No tomaré ningún regalo hasta el día en que os caséis, ¿sabes, niño?
+
+Luego, llena de magnanimidad, se dignó darle algunos preciosos consejos
+para que su horóscopo feliz no se retrasase.
+
+--No regales ligas á Soleá si quieres casarte con ella, ni tampoco
+tijeras... Evita las miradas de los tuertos... No des vueltas en la mesa
+al cuchillo, como sueles hacer, que tiene mala pata, ya te lo he
+dicho... Haz lo posible por no pisar carbón...
+
+Su rostro oscuro, expresivo, se dilataba con majestuosa expresión
+profética.
+
+Velázquez salió de aquella casa feliz como un desahuciado á quien
+prometen la vida. Y á paso corto de transeunte curioso y satisfecho
+emprendió el camino de su casa al través de las calles buscando la
+sombra. El verano se presentaba duro y fogoso, y aunque la singular
+posición de Cádiz, flotando como un buque anclado en la mar, templaba
+sus rigores gracias á la brisa que lo baña, todavía al atravesar algún
+espacio abierto el ardiente latigazo del sol obligaba á apresurar el
+paso.
+
+En la calle Ancha encontró algunos amigos y estuvo con ellos jovial y
+locuaz como pocas veces se le había visto. Al despedirse de ellos
+tropezó con Mercedes la _Cardenala_, á quien no había vuelto á hablar
+desde la memorable noche en que Soledad fué á buscarle á su casa. Como
+el buen humor le retozaba en el cuerpo, se aventuró á detenerla,
+saludándola con afectuosa expansión. La muchacha, sorprendida de aquel
+arranque, estuvo fría, circunspecta y no dejó de mortificarle con
+algunas palabritas amargas.
+
+--¿Te han dado suelta hoy?... ¿Hasta qué hora tienes permiso?... Dicen
+que ya no echas roncas como antes, que estás convertido en un palomo
+buchón...
+
+Pero el majo no se dió por ofendido; procuró echarlo á risa, le dijo
+algunas galanterías y se despidió al cabo de ella, diciendo para sí con
+alegría:
+
+--¡Lástima de niña! ¡Qué salada es! Si yo tuviese dos corazones, le
+daría uno.
+
+Justamente al acercarse á su casa vió salir de ella, bajando los
+escalones, á Miguel, el hermano de Soledad. En cuanto el chico le
+divisó, dióse á correr desesperadamente en dirección de la plaza de
+toros. Velázquez lo siguió también á la carrera, logrando estrechar la
+distancia.
+
+--¡Quieto, Miguel!
+
+El muchacho, sin hacer caso, presa de un terror pánico, redobló sus
+esfuerzos, tratando de perderse en las callejuelas próximas á la
+catedral. Pero Velázquez, más ágil, no tardó en darle alcance,
+poniéndole una mano sobre el hombro.
+
+--¿Qué es eso, hijo, por qué corres tanto?
+
+El chico retrocedió asustado, arrojándose contra la pared de una casa.
+
+--¡No me pegue usted, señor Pedro, que yo no he tenido culpa! Fué ella
+quien me mandó á llamar.
+
+El guapo sonrió y repuso cariñosamente:
+
+--No temas, querido, ninguna gana tengo de pegarte... Al contrario,
+deseaba verte y charlar contigo un rato...
+
+Pero Miguel, juzgando aquello un sarcasmo precursor de los golpes, se
+oprimía aún más contra la pared, dirigiendo una mirada ansiosa á los
+lados para ver por dónde podría escapar mejor.
+
+--¡Te digo que no, hijo!... ¡Que no vengo á pegarte!... Quiero que
+seamos amigos y no se hable más de lo pasado.
+
+Á duras penas logró tranquilizarlo. Tanto que, habiéndole invitado á
+entrar en una taberna inmediata á tomar unas cañas, el chico se negó á
+poner el pie dentro, temiendo una asechanza.
+
+--¡Qué escamón estás, hijo!--exclamó el guapo riendo.--Mira, si tienes
+miedo, llévame adonde tú quieras con tal que haya vino.
+
+Confiado en estas palabras, Miguel le condujo á un tabernucho cerca de
+los muelles, guarida cómoda de otros pícaros como él, donde solía comer
+y beber cuando tenía dinero, y no pocas veces también dormir. Mientras
+caminaban emparejados, Velázquez le preguntó:
+
+--¿Has estado mucho rato en casa?
+
+--No, señor; un momento nada más... y eso porque Soleá me había pasado
+dos recaos, uno hace quince días y el otro ayer mismo, por un amigo que
+la vió en la tienda de la Parra...
+
+Se disculpaba todavía con empeño, sin convencerse de que Velázquez no
+estuviese enfadado.
+
+--No importa que entres y salgas en mi casa cuando bien te venga... Te
+lo he preguntao por hablar algo.
+
+Llegaron á la tienda y Miguel se introdujo en ella con la familiaridad
+de parroquiano, acomodándose en un rincón y batiendo las palmas para
+pedir vino. Velázquez se sentó frente á él, despojóse del sombrero y le
+miró sonriente y un poco acortado. Después se informó alegremente de su
+vida y le agasajó, procurando inspirarle confianza.
+
+--Miguelillo, eres una bala perdida; has dado muchos disgustos á tu
+familia, pero siempre he pensado que tienes buena entraña: así lo he
+dicho á tu hermana cuando ha venido al caso. Lo que te está haciendo
+falta es alguien que te abra los ojos. Se puede un hombre divertir,
+correr guasas y gozar del mundo sin meter la pata, ¿sabes? ¿Qué gracia
+tiene correr hoy una juerga y mañana que le corran á uno en pelo los
+guardias? Es menester que dejes á esos andrajosos con quien andas, que
+no pueden darte más que desazones. Reúnete con hombres regulares que
+tengan un duro en el bolsillo y sepan gastarlo con los amigos...
+
+El chiquillo estaba encantado. Habiendo perdido todo temor, le confesó
+que le dolía el alma ya de tanta fatiga, de no comer, de no dormir con
+sosiego, de ser machucado por todo el mundo... «¡Si yo le contase las
+crujías que he pasado!»
+
+Al compás de las cañas la conversación se fué animando, estableciéndose
+pronto entre ambos una cariñosa familiaridad. Velázquez, lleno de
+condescendencia, le prometía no abandonarlo, hacerle un hombre. Al fin
+concluyó haciéndole un elogio caluroso de su hermana. En media hora no
+se detuvo. Todo lo ensalzaba, todo lo hallaba admirable, los cabellos de
+ébano y la franqueza y lealtad del carácter, su corazón tierno y sus
+pies diminutos.
+
+--Cada día estoy más satisfecho de tenerla en mi casa--manifestó al cabo
+con su antigua superioridad.--Y si continúa portándose tan bien como
+hasta aquí, es casi seguro que al fin me casaré con ella...
+
+Avergonzado de su baladronada, pronunció las últimas palabras rápida y
+confusamente. Luego tosió y se limpió repetidas veces la boca con el
+pañuelo y añadió en voz baja, no sin que le subiese un poco de calor á
+la cara:
+
+--Si por casualidad hablases con ella de mí, espero que te portarás como
+amigo... Porque, ya sabes... es inocente y propensa á los engreimientos
+y se cree todas las paparruchas que le cuentan... Y como no faltan
+malintencionados... ¿tú entiendes?... No te digo más... Eres un hombre y
+conoces el mundo... Me prestarás un favor grande, Miguelillo, si la
+convences de que nadie puede hacerla más feliz que yo... Que no haga
+caso de comadres ni de jaleadores que sólo buscan modo de que regañemos
+para pescar á río revuelto... Bien sabes que nunca he sido tacaño para
+ella. Á Dios gracias, me sobra dinero para llevarla vestida como la hija
+del mayor caballero... Si no va mejor es porque no quiere... Siendo
+buena para mí, tu hermana será una princesa, querido, y tú nada perderás
+tampoco...
+
+El chico no comprendía bien, pero le hacían feliz las confidencias de un
+hombre á quien estaba acostumbrado á admirar y temer. Prometió todo lo
+que el otro quiso, bebió un número prodigioso de cañas y declaró
+terminantemente que su hermana sería una sinvergüenza si algún día
+olvidase lo que le debía. Velázquez, por su parte, se había puesto
+también de excelente humor.
+
+--Atiende, Miguelillo, no quiero que andes ya más á salto de mata. Te
+vas á mi casa, ¿entiendes? Allí tienes cama y mesa y todo lo que te haga
+falta... Supongo que Soledad no se opondrá á que vivas con
+nosotros--añadió bajando la voz y pronunciando con respeto el nombre de
+su querida.
+
+--Miguel, que no estaba al tanto de ciertas interioridades, tomó
+aquellas palabras á burla y alzó los hombros riendo.
+
+Al cabo de un rato, Velázquez llamó al _chicuco_ para pagar. Cuando lo
+hubo efectuado, miró al gandul con sonrisa maliciosa y le preguntó:
+
+--¿No te ha dado hoy ningún dinero Soledad?
+
+Miguel negó rotundamente poniéndose colorado.
+
+--¡Vamos, Miguelillo, confiesa!
+
+--¡Que no, señor Pedro! No ha hecho más que darme de comer y este
+pañuelo de seda que usted ve--repuso sacando uno del bolsillo.
+
+Pero Velázquez insistía bromeando. Por último declaró que le había dado
+tres pesetas. El majo soltó una carcajada.
+
+--Y tú le habrás dicho: ¡Adiós, rumbosa! ¿verdá tú?... Las mujeres todas
+son lo mismo.
+
+Al mismo tiempo echó mano generosamente á la cartera y le dió un billete
+de diez duros.
+
+
+
+
+XIII
+
+Antoñico.
+
+
+Razón tenía para poner reparos al ofrecimiento de su casa. Por más que
+hizo, nunca se pudo lograr de Soledad que admitiese en ella á su
+hermano. Insistía la joven en que Miguel volviese á Medina para hacer
+compañía á su madre, ya que en Cádiz llevaba una vida de perdido y se
+estaba corrompiendo cada día más. El chico se negó resueltamente á
+obedecerla, con lo cual quedaron las cosas en tal estado, salvo que
+Velázquez proveía ahora á sus necesidades y no pocas veces también á sus
+vicios.
+
+Cayó al fin sobre éste un cuidado más grave que los anteriores y mucho
+más riguroso. Hasta entonces los desdenes de Soledad y las humillaciones
+que le hacía experimentar podían achacarse á su carácter altanero y
+quizá al deseo de vengarse de las que él le había infligido. Esto las
+hacía más llevaderas; parecían un castigo justo. Á veces él mismo,
+acometido de anhelos de adoración, las provocaba, hallando en ellas
+dulzura exquisita, como los ascetas en sus penitencias. Pero el sabor se
+hizo amarguísimo, insoportable, cuando vinieron acompañadas de celos.
+Soledad, que siempre había mostrado buen semblante á las guasas de
+Antonio Robledo, las iba encontrando cada día más sabrosas; de tal
+suerte que cuando entraba en la tienda ya no tenía ojos y oídos sino
+para él. Establecióse entre ambos una corriente de confianza y aun de
+inteligencia que no pudo pasar inadvertida para el majo. Con esto la
+antipatía que Antoñico le inspiraba hacía tiempo creció hasta
+convertirse en aborrecimiento, el cual apenas con gran trabajo podía
+disimular. Notábalo aquél en la frialdad y reserva con que su antiguo
+amigo le hablaba, en las miradas oblicuas, lucientes, que alguna vez
+sorprendía en sus ojos; pero, sabedor de lo que entre los amantes
+acaecía, no cejaba en sus proyectos de seducción, aunque guardándose
+cuanto podía, porque siempre le había tenido miedo. Esforzábase en
+mostrar en todos los momentos su ingenio gracioso y maleante. Animado
+por las carcajadas de Soledad, llegaba á ejecutar farsas estupendas que
+tenían en continuo alborozo á la reunión.
+
+Velázquez manifestaba su desabrimiento manteniéndose serio ó saliéndose
+del aposento en lo más culminante del regocijo. Cuando hablaba de
+Antoñico en presencia de Soledad lo hacía con afectado desdén: le
+llamaba payaso, titiritero, y recordaba con fruición cualquier lance
+ridículo de su vida. Pero, no bastando esto á desahogar su cólera sorda,
+un día, con las debidas precauciones, llegó á recriminar á su querida
+por la atención que le prestaba.
+
+--Mira, Soledad, no hay nada que más me ensanche el corazón que verte
+alegre y contenta. Cuando te oigo reir, las puertas del cielo se abren
+de par en par para mí... Pero me hace daño que te pongan tan alborotada
+las desvergüenzas de ese mono sabio... ¡Me revienta ese tío!... no lo
+puedo remediar. Luego hazte cuenta que todas esas gracias mohosas las
+suelta para tu regalo. Apenas dice una palabreja aguda, ya te mira á la
+cara á ver qué gesto pones... Trae de casa los chistes almacenados para
+ir largándolos poco á poco á modo de anzuelos...
+
+Soledad le escuchó en silencio y se contentó con hacer una mueca de
+desdén. Y sin parar mientes en su disgusto, siguió riendo con más
+alegría aún las bufonadas de Antoñico. Éste, halagado por ello y también
+por el malestar y los celos que inspiraba á Velázquez, empezó á pensar
+seriamente en la conquista de la bella tabernera. Acudía solícito todas
+las noches á la reunión, y si siempre se mostraba alegre é ingenioso,
+los días en que no le acompañaba María-Manuela subía de punto su
+gallardía y se autorizaba, so capa de broma, el requebrar á Soledad
+lindamente y departir con ella en un rincón siempre que la ocasión se
+presentaba.
+
+El malestar y la tristeza de Velázquez iban creciendo. En cuanto
+Antoñico ponía el pie en la tienda quedaba silencioso y sombrío que daba
+grima mirarle. Al cabo volvió con la misma suavidad á amonestar á su
+querida. «Aquellas confianzas con un hombre á quien detestaba le
+causaban mucha pena. ¿Qué necesidad tenía de aparecer tan contenta
+cuando él entraba? ¿Por qué consentía que la hablase aparte y en voz
+baja?... Ya sabía que todo aquello era agua de cerrajas, que ella no iba
+á enamorarse de sujeto tan ruin; pero con estas confianzas él se crecía
+y pudiera pasarse á mayores si no se le atajaba. Además, los amigos lo
+notaban... Estaba quedando en ridículo...»
+
+Soledad permaneció algún tiempo silenciosa. Luego, gravemente y
+afectando indiferencia, respondió:
+
+--Antoñico tiene buena sombra y me hace reir... Y ¿qué hay con eso?...
+Los demás también se ríen... Si tú no lo haces ahora es porque le has
+tomado tema. ¿Quieres que habiendo jarana ponga la cara larga como si
+fuese á hacer testamento!... Hijo, eso no puede ser... Cada cual es cada
+cual, y porque tú no críes bilis no me voy á morir de empacho de risa.
+
+No pudo lograr de ella otra respuesta.
+
+--Pues si ese guasón sigue dándome jaqueca, el día menos pensado le
+cojo por un brazo y le planto en la calle.
+
+Soledad se puso pálida de ira, pero se limitó á decir sordamente:
+
+--Harías muy mal.
+
+Transcurrieron bastantes días después de esta corta explicación y las
+cosas, en vez de mejorar, empeoraron. Soledad no sólo no reprimía la
+expresión de su simpatía, sino que afectaba demostrarla con testimonios
+más visibles. Antonio, observando su frescura, dióse á entender que
+Velázquez estaba por completo esclavizado y aguantaría todo lo que le
+echasen encima. Por lo que no se guardó ya tanto de él: festejaba á la
+tabernera con su habitual desembarazo y sostenía con ella, hasta en
+presencia del guapo, largos apartes en los cuales se embromaban y reían
+como locos.
+
+La desazón de Velázquez era tan grande que para nadie pasó inadvertida.
+Se hicieron comentarios en voz baja y no faltó quien reconviniese á
+Antonio por su conducta. Pero éste alzó los hombros y respondió, como
+siempre, con una desvergüenza. El majo se hallaba en una tensión de
+espíritu insoportable. Tan pronto, acometido de cólera furiosa,
+proyectaba arrojar á su amigo de la tienda á puntapiés y pescozones,
+como, presa de profundo abatimiento, quedaba paralizado y devoraba su
+afrenta en silencio; comía poco, no bromeaba jamás y, contra su
+costumbre, bebía bastante vino.
+
+Al fin rompió la cuerda, como era de presumir. La insolencia del uno y
+la despreocupación de la otra llegaron á tal extremo que, hallándose
+cierta noche en el aposento habitual de la reunión, Antoñico, con
+pretexto de coger un cigarro que se le había caído, apretó los pies de
+la hermosa tabernera, quien en vez de enojarse rió la chanza. Velázquez,
+que advirtió la maniobra, sintió que un flujo de sangre le invadía la
+cabeza y le cegaba. Llevó la mano al bolsillo para sacar la navaja;
+quiso levantarse, pero no tuvo fuerzas para hacerlo, como si una mano de
+hierro le hubiese clavado á la silla. Bañó su frente un sudor frío y, en
+vez de partir el corazón de su rival, sintió ganas atroces de llorar.
+Los sollozos le ahogaban. Llenó, con mano trémula, el vaso de vino y lo
+apuró con ansia.
+
+Cuando los tertulios se despidieron y quedó solo con su querida, inició
+con voz alterada una explicación.
+
+--Soledad, hija mía, me estás dando muchos disgustos. Acabo de ver al
+sucio de Antonio propasarse contigo sin que te hayas dado por
+ofendida... Por milagro de Dios no le he dejado clavado á la pared como
+un sapo... Vuelvo á suplicarte que si me aprecias en algo dejes de
+hablar con ese hombre... Ya te he dicho que no lo puedo soportar...
+¡Vamos, que no puedo!...
+
+--Pues haz por soportarlo--respondió secamente la joven.
+
+Calló un momento, herido por aquella frase cruel. Luego dijo con
+humildad, acercándose á ella:
+
+--Sabes que soporto todo cuanto tú quieras... hasta una bofetada en
+medio de la calle... Te quiero tanto, ¡tanto! que si me mandases tirarme
+por la muralla, me tiraría... si se te antojase la cruz de la custodia,
+iría á robarla para ti... Pero hay cosas que hieren más que una
+bofetada, más que una puñalada en el corazón... Te ruego, por tu salud y
+por la de tu madre, que no me des más celos... Mira que me estás
+quitando la vida...
+
+Soledad guardó silencio. Alzóse de la silla en que estaba y se puso á
+arreglar las botellas de la estantería. Velázquez se acercó de nuevo á
+ella suplicante.
+
+--Lo que te pido no creo que te ha de costar mucho trabajo... Déjame
+echar á ese hombre de casa, y yo te prometo no molestarte más con
+celos...
+
+Tampoco dijo nada la tabernera. Hubo una larga pausa. Al cabo insistió
+con voz temblorosa:
+
+--Vamos, Solita, no me des ese disgusto... Pídeme en cambio lo que
+quieras.
+
+--Lo único que te pido es que me dejes ya en paz--repuso ella alejándose
+para limpiar una de las mesas.
+
+Velázquez no se atrevió á seguirla. La miró acobardado algunos instantes
+y al fin profirió con amargura:
+
+--¿No merezco siquiera ese pequeño sacrificio? Por ti me privaría yo de
+hablar con todas las mujeres de este mundo... ¡y tú, en cambio, no
+puedes pasarte sin las guasas de ese tío!
+
+Soledad, que reprimía á duras penas la impaciencia, exclamó:
+
+--¡Ea, basta ya! Hago lo que se me antoja. Ni tú estás amarrado á mí con
+una cadena, ni yo á ti tampoco... Así, el día que se me ponga en el
+moño, con ese ó con otro, con el que me dé la gana, me voy y te dejo
+plantado. ¿Lo quieres más claro?
+
+Y sin aguardar contestación se dirigió á la puerta para subir á
+acostarse. Una blasfemia de Velázquez la hizo volverse.
+
+--¡Ah!... ¡Ya se concluyó mi paciencia! Si no quieres ser mía, tampoco
+serás de otro, porque antes te voy á partir el corazón.
+
+Rápidamente echó mano á un cuchillo que había sobre el mostrador y se
+lanzó sobre su querida. Retrocedió ésta llena de terror, mas por súbita
+inspiración exclamó sonriendo:
+
+--¡Anda! ¿Y lo has tomado en serio de verdad?
+
+Velázquez se detuvo y la miró estupefacto, inflamadas las mejillas,
+llameantes los ojos.
+
+Entonces la joven se acercó á él con semblante pálido que desmentía su
+forzada sonrisa.
+
+--Pero, guasón, ¿te has creído la simpleza que acabo de decir? ¿Es que
+no se puede gastar una broma?... ¿Cómo has podido figurarte que yo me
+había de chalar por ese titiritero?
+
+El majo se calmó, soltó el cuchillo y se dejó caer sobre una silla.
+Soledad se sentó á su lado y charlaron un rato. Apretada por el miedo,
+hizo un esfuerzo por mostrarse afectuosa y se disculpó de sus insolentes
+palabras. Después subieron á casa.
+
+Cuando al cabo logró quedar sola en su cuarto, el rostro de la joven
+cambió enteramente. Desvanecióse la sonrisa contrahecha que lo dilataba
+y quedó temerosamente fruncido. La cólera y el miedo se enseñorearon de
+su alma. ¿Por qué había de estar unida á un hombre á quien no quería?
+¿Era su marido? No. Pues entonces, ¿qué obligación tenía de sufrirlo?
+Además, corría grave riesgo de que con cualquier pretexto fundado ó
+infundado de celos la diese una puñalada... Conocía bien su temperamento
+brutal, su orgullo quisquilloso que ahora disimulaba ó parecía dormido á
+causa del capricho repentino que por ella le había entrado. El día menos
+pensado se le subía la fachenda á la cabeza, lo echaba todo á rodar,
+como otras veces, y perecía á sus manos.
+
+Bruscamente tomó la resolución de abandonar la casa. «Nada, yo no estoy
+más tiempo con este tío.»
+
+Metió sin hacer ruido su ropa y enseres en el baúl y lo cerró. Después
+se sentó sobre la cama y, con el oído atento, los ojos extáticos,
+aguardó. Oyó las campanadas de las doce, y suponiendo que Velázquez
+estaría ya bien dormido, se echó el mantón sobre los hombros, bajó
+quedo la escalera, abrió la puerta con cautela, salió y la cerró sin
+ninguna, echando la llave y dejándola puesta para que su querido no
+pudiera salir á perseguirla, en el caso de que despertase.
+
+Justamente éste acababa de recitar el conjuro que le había enseñado
+María-Manuela. Al oir el golpe de la puerta, no imaginando que fuese la
+suya, sino la del vecino, tomólo por feliz agüero que venía á coronar la
+escena amorosa que acababa de pasar. Una sonrisa de beatitud dilató su
+rostro y quedó plácidamente dormido.
+
+Mientras tanto, Soledad corría por las calles de Cádiz y llegaba á casa
+de su amiga Paca. No quiso ir á la de María-Manuela por razones de
+delicadeza fáciles de apreciar. Además, aunque ruda de inteligencia,
+ésta no había dejado de advertir que las bromas y chicoleos que su
+amante usaba ahora con Soledad tenían sabor distinto que antes. Andaba
+inquieta, celosa y, aunque amiga entrañable de aquélla, no podía
+disimular su escozor.
+
+Paca la recibió con efusión, porque la quería de veras; la hizo
+acostarse, y apenas había amanecido Dios, vino á sentarse en su cama y
+la obligó á contar lo que había pasado. Soledad relató lo sucedido; cómo
+Velázquez había estado á punto de matarla, los esfuerzos de disimulo que
+había tenido que hacer para librarse de una puñalada, el miedo terrible
+que había pasado y, por último, los pormenores de su fuga. Calló el
+motivo de la reyerta. Paca no se lo preguntó porque de sobra lo conocía.
+¿Qué podía ocultarse á aquella inteligencia superior y universal? Pero
+sin aludir á él directamente, supo pronunciar una brillantísima oración
+encaminada á persuadirla de que todo aquello «era conversación de Puerta
+de Tierra», y que el único hombre que la convenía, á pesar de sus
+defectos, era Velázquez, porque tenía buena entraña y la quería y porque
+con él se había perdido, y porque la mujer de vergüenza no debe ser más
+que de un hombre en su vida. Luego que la hubo bien doctrinado pasó á
+otra conversación, porque suponía que, dado el estado de ánimo de su
+amiga, era difícil que aceptase sus enseñanzas. Se necesitaba que
+trascurriesen algunos días para que se calmase y surtieran efecto.
+
+Soledad quería marcharse en seguida para su tierra. No lo consintió su
+amiga, esperando que la nube se disiparía y vendría la reconciliación.
+Pero la tabernera cada día se mostraba menos dispuesta á ella. Á cuantas
+reflexiones la hacían contestaba resueltamente:
+
+--No se cansen ustedes: yo no vivo ya con ese hombre.
+
+Achacábanlo todos á terquedad, porque, en efecto, era apretada de sienes
+como una aragonesa, casi imposible de convencer cuando se apoderaba de
+ella una idea. Pero, además, poseía un fondo de rectitud, un alma
+justiciera que mantenía viva la llama de la ofensa. Los desprecios con
+que Velázquez había pagado su amor tierno y desinteresado le causaban
+cada día mayor indignación. Había llegado á aborrecerle y lo confesaba
+tranquilamente con la sinceridad que la caracterizaba.
+
+No era esto, sin embargo, lo que más preocupaba á Paca. Tenía absoluta
+confianza en su elocuencia y sabía que más tarde ó más temprano llegaría
+á convencerla. Lo peor era que Antoñico rondaba la costa. En cuanto
+salían de casa ya lo tenían encima. En el Perejil, en la plaza de Mina,
+en todas partes se pegaba á Soledad como una lapa. La joven, en vez de
+huirlo, parecía buscarlo, le mostraba un semblante risueño y satisfecho.
+Esto tenía inquieta á la esposa de Pepe de Chiclana, porque conocía las
+pésimas condiciones del sujeto. Deploraba lo que podía suceder, no sólo
+ya por Soledad, sino también por María-Manuela, á quien igualmente
+estimaba. Tal inquietud subió de punto y se convirtió en miedo cuando
+supo que Antonio y María, después de una escandalosa reyerta en que se
+arañaron y apalearon, habían concluído por separarse: él se quedó en
+casa y ella se fué á la de su hermana.
+
+Justamente acababa de recibir la noticia cuando tropezó en la calle con
+Manolo Uceda. Andaba éste retraído hacía algún tiempo. Desde el
+rompimiento de Soledad con Velázquez, en vez de acudir solícito á sitiar
+la plaza vacante, se había despegado un poco. Saludaba á la joven
+cuando la hallaba y hablaba con ella algunos ratos, pero no se le veía
+asiduo como antes. Quizá notaba la predilección de aquélla por Antoñico
+y esto le producía la natural repugnancia, ó bien trabajaba sobre sí
+mismo para vencer un amor que tantos dolores le había causado. Paca le
+contó lo que pasaba, hablaron largamente de Soledad, le expuso sus
+temores y concluyó por rogarle que tratase de disuadirla también de
+aquella relación que tanto podía perjudicarla.
+
+--Convendría que se fuese en seguidita á Medina; pero, hijo, yo no puedo
+decírselo... Está en mi casa... Además, bastaría que notase por lo que
+es para que se encaprichase en quedarse y tal vez hiciese una
+atrocidad... Ya la conoce usted.
+
+--Sí, sí; la conozco bien--respondió el joven con acento amargo.
+
+--¿Por qué no la habla usted?
+
+--¿Yo?--exclamó con sorpresa.--Yo no tengo ninguna influencia sobre
+ella.
+
+--Está usted equivocado. Sé que le aprecia mucho... Cuando se habla de
+usted.... ¡uf! le pone por las nubes...
+
+--¡Sí, para tenerme más lejos aún!--repuso con sonrisa melancólica.
+
+Paca insistió. Argumentó metódicamente desenvolviendo sus ideas en serie
+interminable de sutiles demostraciones; estudió, examinó los pros y los
+contras, se lanzó con pasmosa agilidad al campo del análisis
+trascendental; en una palabra, rajó por los codos hasta quedar
+fatigada. Y como todo se lo dijo ella, Manolo no pudo decir nada,
+encontrándose, cuando menos pensaba, solo y citado para el día
+siguiente, á las once, en casa de Pepe de Chiclana.
+
+No le pesó mucho. Aunque harto de desengaños y dolorida el alma, aún
+rebullía en su corazón la esperanza, por poco que la hurgasen. Acudió,
+pues, puntualmente á la cita con pretexto de hablar á Pepe de un caballo
+que iba á comprar. No tardó la ingeniosa Paca en dejarle solo y mano á
+mano con Soledad. La conversación fué mucho tiempo indiferente y penosa.
+No se atrevía á comenzar; estaba distraído, no decía cosa ordenada.
+Soledad, que tal vez sospechaba algo, se mostraba más grave que de
+ordinario y más parca de palabras. Mas por fin, y tomando pie de los
+frecuentes paseos que la joven daba por el Perejil, se atrevió á decir:
+
+--Te veo casi siempre acompañada de Antoñico.
+
+--Sí; alguna vez nos acompaña--repuso ella secamente.
+
+Hubo una larga pausa.
+
+--¿Y crees--dijo al cabo con tímida sonrisa--que te conviene ese
+acompañamiento?
+
+--¿Pues?--replicó la joven con semblante serio mirándole á la cara.
+
+Manolo bajó los ojos.
+
+--Porque, á la verdad...., no ganarías nada en la opinión de la gente
+siguiendo de esa suerte... Es demasiado pronto para tomar otras
+relaciones... Además, Antonio tiene compromisos sagrados con una mujer,
+y sobre todo... tú lo sabes lo mismo que yo... no está bien reputado...
+
+--¡Bah!--exclamó la joven un poco pálida.--Esas son cosas de la tienda
+de Velázquez. Los amigos no le perdonan que tenga buena sombra y que de
+vez en cuando les tome un poco el pelo.
+
+Uceda se sintió mortificado por esta respuesta picante, pero tuvo
+fuerzas para disimular y dijo con acento grave y resuelto:
+
+--Tendrá toda la sombra que quieras, pero no ha sabido portarse como
+persona decente ni con María ni con su amigo Velázquez, á quien debe
+favores y dinero.
+
+Soledad se puso aún más pálida. Y dejando escapar la cólera que hinchaba
+su corazón desde el principio de la entrevista, profirió con voz
+alterada:
+
+--¿Sabes lo que te digo, Manolo?... Que hagas el favor de dejarme en
+paz. Ni eres mi padre para reprenderme, ni el cura de la parroquia para
+darme consejos... Tú no puedes hablar de Antonio ni de ningún otro
+hombre que se me acerque... porque ya ves... cualquiera pensaría que lo
+haces por envidia.
+
+Manolo se alzó de la silla como si le hubiesen pinchado. Toda su sangre
+dió una vuelta y le acudió al rostro. Acercóse á ella y, sacudiéndola
+por el brazo, profirió con ira concentrada:
+
+--¡Niña! ¡niña! ¡niña! ¿qué estás ahí diciendo? El cariño que te he
+tenido no te autoriza para insultarme. No te pongas tantos moños. Si
+eres hermosa, otras lo son también, y si te quiero no es por tu mérito,
+sino por ser la primera mujer con que he tropezado... Después de todo,
+quizá no esté enamorado de ti, sino de la imagen que de ti se ha formado
+en mi corazón... Porque, á la verdad... voy viendo que interiormente
+vales bien poquito.
+
+Soledad se puso á su vez roja como una amapola. Comprendió que le
+sobraba razón para encolerizarse y por un impulso noble de su naturaleza
+espontánea y justiciera le tendió la mano diciendo:
+
+--Perdona, Manolo. Tengo el genio demasiado vivo y cuando me enfado digo
+cosas que nunca he pensado.
+
+El caballero de Medina te estrechó la mano, habló pocas más palabras y
+se despidió al cabo de algunos minutos con bastante frialdad.
+
+
+
+
+XIV
+
+La boda de Pepa.
+
+
+Como puede inferirse, la fuga de Soledad impresionó hondamente el
+corazón del guapo. Pero el exceso mismo del golpe trajo consigo el
+abatimiento: en pos de éste vino una resignación desesperada que le
+guardó de dar paso alguno para buscarla y atraérsela. Hizo de tripas
+corazón y procuró distraer su dolor con el trato de los amigos más
+bulliciosos. Frecuentó mucho más las tiendas de vinos y en la suya
+procuraba que reinase la alegría hasta las altas horas de la noche. Con
+lo cual, si no se consolaba, por lo menos se aturdía.
+
+Era esto poco, sin embargo. Comprendía que la mejor medicina para
+aliviarse sería un nuevo amor y trató de buscarlo. Vacilaba en
+dirigirse de nuevo á Mercedes la _Cardenala_, temiendo fundadamente que
+le rechazase, cuando llegó á sus oídos la noticia del rompimiento de
+Antonio y María-Manuela. De pronto nació en su mente la idea de
+galantear á ésta, con lo cual, además de procurarse distracción, se
+vengaba, hasta donde era posible, de su rival y molestaba á Soledad. De
+tal modo le sonrió este deseo que aquella misma tarde comenzó á ponerlo
+en obra, acompañando á la _maga_ en el Perejil y por la noche en la
+plaza de Mina. Aunque imperfecta y abultada de facciones era María mujer
+de mucho atractivo y poseía una gracia picante y sensual que á no pocos
+había seducido. Á Velázquez nunca le había gustado, mas aguijoneado
+ahora por el anhelo de la venganza, procuró doblegar á ella su gusto,
+consiguiéndolo á medias. Animado por el éxito, llegó á esperar que al
+cabo le hiciese olvidar su desdichado amor, cosa que deseaba con todas
+las veras de su alma. Pocas entrevistas fueron necesarias para que los
+dos se entendiesen. La una aceptó al instante los galanteos, por la
+misma razón que el otro se los dispensaba. Y con afectada libertad
+exhibieron sus relaciones por todas partes. Velázquez pensaba ya en
+proponerla que se fuera á vivir con él.
+
+Estaba en toda su fuerza el verano. El África exhalaba su aliento cálido
+sobre la coqueta ciudad enardeciéndola, sobresaltándola, como una
+doncella que recibe el beso abrasador de su amante. Por las mañanas, la
+gente acudía á los baños del Real á refrescarse, y los mancebos tenían
+ocasión de acercarse á las zagalas para decirles mil requiebros
+hiperbólicos, y lo que aún era mucho más grato, para ver sus blancos
+pies desnudos y observar la graciosa curva de sus formas bajo el leve,
+flotante, vestido de baño. Por la tarde volvían á hallarlas en el
+Perejil, y allí, viendo al sol hundirse majestuosamente en el Océano
+entre rojizos resplandores, su amor se hacía reservado y melancólico. El
+horizonte se desplegaba como una visión de oro. El mar bebía la
+irradiación del cielo. El crepúsculo, subiendo poco á poco de Levante
+envolvía á la ciudad con su velo sombrío, apagaba después las luces
+temblorosas del Océano, se esparcía sobre las olas dejándolas verdes,
+inmóviles. Un soplo de tristeza estremecía súbito á los enamorados,
+poniéndolos graves y mudos, mirando con ojos extáticos la huída de la
+luz. Pero llegaba la noche sembrada de estrellas, y allá en la plaza de
+Mina, escuchando los sones armoniosos de la música, favorecidos por la
+sombra, de nuevo se acercaban para verterse en el oído los dulces
+secretos de su corazón. Y su amor entonces adquiría un sentimiento de
+tierna intimidad, venía envuelto en promesas halagadoras que los ponía
+gozosos y locuaces.
+
+En una de estas noches sembradas de estrellas, y en un banco de la plaza
+de Mina, fué cuando nuestro amigo Frasquito dejó señalado el día de su
+matrimonio. Hubo dificultades para arreglarse antes. El padre de Pepa,
+que era maestro carpintero y había adquirido en sus contratas un
+razonable caudal, tenía demasiado apretados los cordones del bolsillo,
+no se decidía á señalar dote á su hija, contentándose con responder á
+las instancias de los novios que «los ayudaría en todo lo que pudiese».
+Pero tal vaga promesa estaba lejos de satisfacer el espíritu
+esencialmente práctico y ordenado de Frasquito. Enemigo irreconciliable
+de las abstracciones tratándose de asuntos tan serios, iba aplazando la
+boda mientras no viese algo más concreto. Finalmente, aquella mañana, el
+maestro carpintero se había humanizado y le prometió diez mil pesetas
+para comprar la participación que su tío tenía en el comercio y quedarse
+él solo con el negocio de las harinas.
+
+Señalado el día por los novios, pedida la novia oficialmente por el
+señor Rafael y arreglados los papeles á toda prisa, se tomaron los
+dichos en la vicaría. Después de las correspondientes amonestaciones
+celebróse la boda, al entrar la noche, en casa de la novia. Fueron
+padrinos el señor Rafael y Mercedes la _Cardenala_, prima de Pepa.
+Asistieron á ella los parientes y amigos de ésta y la reunión de la
+tienda de Velázquez, por ser los más íntimos que el novio tenía. Manolo
+Uceda se excusó por verse obligado á dormir aquella noche en la Isla; en
+realidad, por no encontrarse con Antonio y Soledad. Ésta se había negado
+en un principio á asistir á pesar de las vivas instancias de Frasquito,
+pero habiendo venido la misma Pepa á suplicárselo no tuvo más remedio
+que ceder.
+
+Se preparó la comida en una de las tiendas de Puerta de Tierra, y
+después de la ceremonia todos se trasladaron allá en coche. Iba una
+jardinera de diez asientos; pero no cabiendo todos en ella, los
+sobrantes se acomodaron en berlinas de punto: Velázquez en una con
+Frasquito, el señor Rafael en otra con el padre de Pepa, y así
+sucesivamente. Las mujeres prefirieron casi todas ir en la jardinera
+acompañando á la novia. Esta, después de haberse despojado de la
+mantilla, se había echado encima del traje negro de seda con que se
+casara un espléndido pañolón de Manila azul bordado en blanco. La
+mayoría de las otras iban adornadas con prendas semejantes. El de
+Soledad era negro bordado en rojo, el de Paca amarillo con flores
+negras, el de María-Manuela rojo y blanco, el de la madrina blanco y
+verde.
+
+Las calles hervían de gente cuando la comitiva se puso en marcha
+atravesando al medio la ciudad por mayor gala. El estrépito de los
+coches y su número desusado sorprendían á los transeuntes, que se
+detenían, y al enterarse de que era boda gritaban riendo:
+
+--¡Vivan los novios!
+
+Y los de la comitiva respondían con vivas aún más sonoros, golpeando al
+mismo tiempo con los bastones hasta romperlos. El padrino hacía parar
+delante de todas las tiendas de montañeses conocidas; llamaba al
+chicuco; aparecía éste con una batea de cañas; se bebían alegremente
+entre el corro de la gente que se apiñaba instantáneamente para verlos,
+y ¡arrea, niño! vuelta á escapar desempedrando las calles.
+
+En la de la Carne el aplauso y la algazara fueron indescriptibles. Los
+transeuntes se arremolinaban impidiendo el paso de los carruajes. El
+grupo de mujeres de la jardinera alcanzó una ruidosa ovación.
+
+--¡Viva la sal de la tierra! ¡Vivan las mujeres castizas! ¡Vivan los
+novios! ¡Vivan los padrinos!
+
+El señor Rafael, entusiasmado, arrojaba puñados de almendras y monedas
+de cinco céntimos á los chicos. Con lo cual éstos corrían detrás del
+cortejo dando chillidos penetrantes y poniendo en conmoción al
+vecindario.
+
+Salieron al fin de la ciudad por la famosa puerta, siguieron buen trecho
+la angosta lengua que la une á la tierra y pararon delante de una de las
+más nombradas tiendas de vinos en que la juventud gaditana acostumbra á
+solazarse. Como el calor sofocaba, habíanles puesto la mesa en el
+jardín, dentro de un aposento formado de tablas con dos grandes ventanas
+al campo. Y sin ceremonia alguna, en medio del bullicio y la alegría,
+sentóse cada cual donde bien le pareció. La novia entre el padrino y la
+madrina, el novio al lado de su suegro, á quien empezaba á bailar el
+agua mucho más que á su esposa; Soledad junto á Antoñico, Velázquez
+junto á María-Manuela, Gregorio, hermano de la novia, pegadito á su
+prima Isabel la _Cardenala_, Paca entre el _Cardenal_ y la _Cardenala_
+viejos, embelesándolos con su afluencia maravillosa.
+
+Velázquez había saludado á Soledad fríamente en casa de Pepa durante la
+ceremonia. Aquélla le había contestado con mayor frialdad aún. Luego no
+habían vuelto á dirigirse la palabra ni á mirarse siquiera. Mientras
+duró la comida el majo afectó mucha alegría y prodigó á su pareja mil
+delicadas atenciones procurando hacerlas bien ostensibles. Ella le
+ayudaba siguiéndole el humor, no teniendo ojos ni oídos más que para él.
+Soledad y Antoñico charlaban mucho más quedo, pero también con más
+sabrosa intimidad, riendo á cada momento ella con no fingidas ganas los
+chistes del pícaro.
+
+Cuando hubieron comido según sus deseos, empezaron á levantarse de las
+sillas y á cambiar de asiento y postura, formando pequeños grupos,
+retrayéndose las parejas enamoradas á los rincones para charlar más á su
+gusto. Pero seguían cambiándose entre unos y otros, aunque á distancia,
+las mismas guasas picantes. Se charlaba, se gritaba, se reía cada vez
+con mayor ruido y regocijo. El guitarrista y la _cantaora_ que habían
+traído consigo no daban paz á los cantos de la tierra, malagueñas,
+seguidillas, polos, soleares, aunque sólo tres ó cuatro más
+filarmónicos los escuchasen en silencio.
+
+Pepe de Chiclana tuvo una idea feliz.
+
+--¡Que bailen los novios!--gritó.
+
+Este grito halló eco en seguida entre los invitados.
+
+--Eso está bien dicho. ¡Que bailen!
+
+Pepa se prestó al instante á ello, pero á Frasquito no hubo poder humano
+que le hiciese menear las piernas. Alegaba ignorancia; si supiese, con
+mucho gusto echaría un baile. En realidad desdeñaba el arte de
+Terpsícore: toda su devoción la consagraba á Mercurio. Sentado en un
+rincón al lado de su suegro, departía con él amigablemente sobre asuntos
+serios, remojando á menudo las fauces con sendas cañas de manzanilla. Ni
+la misma Pepa con sus ruegos logró moverle de la silla. Entonces el
+señor Rafael, enojado de aquella falta de galantería, se levantó
+exclamando:
+
+--Ea, chiquilla, deja á ese gallego y humíllate á dar cuatro pataditas
+con este pobre viejo.
+
+--¡Ole por el padrino!--gritaron los compadres con entusiasmo.
+
+Y entre el furioso palmoteo de todos la novia y el padrino chasquearon
+los palillos y empezaron á moverse acompasadamente uno frente á otro. La
+cantaora, con voz penetrante, cantó:
+
+ «Á la señora novia
+ sacadla á bailar,
+ para que se despida
+ de su mocedad.»
+
+--¡Bueno va!--¡Oblíguela usted, padrino!--¡Vivan las novias saladas!
+
+Todos palmeteaban y chillaban jaleando á los bailadores. Algunos tomaron
+puñados de almendras de la mesa y las arrojaron al aire, cayendo como
+una nube sobre ellos.
+
+La novia se fatigó antes que el padrino. Esto causó gran regocijo. El
+viejo fué felicitado con entusiasmo.
+
+Pepa, jadeante, dijo:
+
+--Que baile ahora Soledad para quitarles á ustedes el amargor de la
+boca.
+
+--¡Que baile! ¡que baile!--gritó la reunión.
+
+Soledad hizo signos negativos con la cabeza.
+
+--Déjenla ustedes ahora: Soledad no está templada todavía--manifestó
+Velázquez afectando desenfado.
+
+El rostro de la joven se contrajo con expresión sombría, y volviéndolo
+hacia Antoñico dijo en voz baja:
+
+--No soy guitarra para templarme.
+
+Los convidados, que sabían bien lo que pasaba, temieron una escena
+desagradable y no insistieron.
+
+Pero la alegría no se enfrió por eso. El señor Rafael tomó la guitarra
+exclamando:
+
+--Ya me han conocío ustedes como bailarín. Ahora van á conocerme como
+músico.
+
+Y después de rasguear y puntear el instrumento con no esperada
+habilidad, cantó con bronca voz, dirigiéndose á Pepa:
+
+ Porque te quiero te digo
+ que te registren el novio,
+ porque no está de recibo.
+
+La chuscada causó gracia á todos menos á Frasquito, quien sacudió la
+cabeza malhumorado. Lo estaba también porque la conversación con su
+suegro tomaba un sesgo bastante desagradable. El maestro carpintero, que
+había embaulado un río de manzanilla, con la expansión que el vino
+comunica, le estaba haciendo una porción de confidencias gravísimas.
+Decíale con lengua estropajosa que no era tan rico como se decía, que si
+es verdad que en algunas obras había ganado algunos cuartos, en otras
+salió con las manos en la cabeza. Además, había gastado un caudal en la
+enfermedad, bien larga, de su difunta esposa. Y para remate de fiesta,
+tres meses hacía que un pícaro de la Isla á quien tenía dados quince mil
+reales á réditos se había declarado insolvente.
+
+Frasquito escuchaba todo esto serio, fruncido, sin asomo de borrachera,
+llevando las cañas á la boca con mano trémula. Después de larga pausa,
+el maestro carpintero, con la mayor tranquilidad, como quien no dice
+nada, soltó la siguiente bomba:
+
+--De modo, hijo, que por ahora y en mucho tiempo tampoco, no cuentes con
+las diez mil pesetas de que hemos hablado.
+
+Frasquito se puso pálido como un muerto. Quedó paralizado un momento y
+apenas pudo balbucir:
+
+--¡Cómo! ¿Ahora salimos con eso?
+
+--Pues ahora es la ocasión, porque empezáis á vivir--replicó con audacia
+tranquila el carpintero.--Tú eres un hombre formal, sabes trabajar y
+harás feliz á mi Pepa. Cuando yo me casé tenía solamente...
+
+Frasquito no le dejó concluir. Con ademanes descompuestos, echando casi
+espumarajos por la boca, profirió:
+
+--Lo que ha hecho usted es engañarme como un charrán. Eso no lo hace
+ningún hombre que tenga vergüenza, ¿sabe usted?
+
+El carpintero empalideció á su vez.
+
+--¡Voto á Dios! ¿Me estás insultando?
+
+--Sí, señor, lo repito--gritó aún más sofocado el novio.--¡Es usted un
+sin vergüenza! ¡un canalla!
+
+El viejo alzó la mano y descargó una tremenda bofetada, una bofetada de
+carpintero, en el rostro de su yerno. Éste le echó las manos al cuello.
+Gritos, maldiciones, espantosa confusión. A duras penas lograron entre
+todos separarlos. La novia exhalaba quejidos lastimeros, llorando
+abundantes lágrimas y sin saber á quién dirigirse. El viejo, sujeto por
+unas cuantas manos, juraba y perjuraba que había de espachurrar al
+morral de su yerno. El yerno, estrechado por un grupo de convidados, les
+demostraba palmariamente que su suegro era un pillo, un estafador,
+acompañando la demostración de un áspero crujir de dientes que ponía
+espanto á los circunstantes y en particular á las hembras.
+
+Pero su tío, el señor Rafael, tomándole por un brazo y llevándole
+aparte, le dijo al oído:
+
+--Hijo, no te sofoques. ¿No ves que tu suegro está borracho perdido?
+
+Estas prudentísimas palabras gozaron el privilegio de calmar
+instantáneamente la cólera de Frasquito. Renació la esperanza en su
+corazón y otra vez tornó á ver las diez mil pesetas delante de los ojos.
+
+Lo mismo, poco más ó menos, le dijo el viejo _Cardenal_ al maestro
+carpintero. Frasquito tenía una _mona_ que no se lamía el infeliz. Con
+lo cual se le aplacó bastante á aquél su enojo, contentándose ya
+solamente con manifestar su profundo desprecio hacia los muchachos del
+día, que «en cuanto lo cataban perdían la cabeza».
+
+Finalmente, tranquilizáronse los ánimos y otra vez reinó la concordia y
+la alegría. El señor Rafael volvió á tomar la guitarra y soltó una serie
+de coplillas chuscas y picarescas que hicieron brincar de gozo á los
+alegres compadres.
+
+Velázquez y María-Manuela, sofocados por el calor, se habían acercado á
+la ventana y respiraban la brisa frente á la bóveda estrellada del
+cielo. El majo mostraba una alegría miedosa, donde se percibía, no
+obstante, alguna afectación, un dejo de inquietud y tristeza que por
+momentos lo hacía enmudecer y le arrugaba la frente. Al salir de una de
+estas breves pausas, dijo á su compañera con sonrisa melancólica:
+
+--María, ¿te acuerdas de aquel rey de copas que anunciaba mi matrimonio
+con Soledad?
+
+La maga quedó turbada sin saber qué contestar. Al fin balbució:
+
+--Las cartas no mienten nunca, hijo... Habrá sido culpa mía el no
+haberlas entendido.
+
+--¡Lo que anunciaba no era mi matrimonio, sino el de Frasquito!--exclamó
+riendo.
+
+Y, observando que su burla oscurecía el rostro de la joven, añadió
+tomándole una mano y acariciándola:
+
+--No hagas caso, serrana; anunciaba, sí, mi matrimonio, pero era
+contigo... ¡contigo, morena, que tienes unas pestañas que se clavan en
+el alma como alfileres!
+
+--¡Quita allá, falso! ¡No gastes guasa!--replicó ella dándole un leve
+empujón.
+
+El guapo se mostró entonces exageradamente cariñoso y rendido,
+cubriéndola de flores y requiebros. La ruda y graciosa morena concluyó
+por decir sonriendo:
+
+--¡Calla, calla, Velázquez, que me empalaga la arropía!
+
+Pero á su espalda se había armado gran algazara. El señor Rafael, harto
+de cantar y tocar, se entretenía, como de costumbre, en embromar á su
+sobrino.
+
+--Has hecho una buena boda, Pepa. Te llevas un mozo de circunstancias;
+te llevas mis pies y mis manos... Un hombre corriente y trabajador como
+el que más... que te saca una cuenta de multiplicar ó dividir en menos
+tiempo que se persigna un cura loco... Solamente tiene un vicio... que
+se le cuela al pobrecillo el dinero por entre los dedos como si fuese
+agua...
+
+--¡Qué bilis tiene usted, tío!--exclamaba Frasquito mientras los demás
+reían á carcajadas.
+
+--¡Casi ná!... Átale corto, prenda, porque si te descuidas es capaz de
+dejarte sin platos en la cocina...
+
+Y el viejo, á quien el vino ponía siempre provocativo, soltaba un chorro
+de gracias mortificantes. Los invitados se retorcían de risa. El novio,
+cada vez más sofocado, gritaba con acento colérico:
+
+--¡Dejarlo!... ¡dejarlo! Se le ha destapao el tarro, y hasta que eche
+toda la bilis no callará.
+
+Velázquez se había aproximado para gozar de la guasa, dejando sola á
+María-Manuela á la ventana. Antoñico, se levantó de la silla donde
+estaba cerca de Soledad y, dando una vuelta con disimulo al aposento, se
+acercó á su antigua querida.
+
+--Presente, mi capitán--le dijo blandamente al oído.
+
+La joven se estremeció, volvió rápidamente la cabeza y, echándole una
+mirada torva, siguió contemplando en silencio el firmamento. Antoñico se
+apoyó á su lado en el marco de la ventana, y después de una larga pausa
+dijo en voz baja:
+
+--Soy yo, el arrastrao, el sinvergüenza de Antoñico, que está dando las
+boqueadas como un pez fuera del agua.
+
+--Pues tírate de la muralla y zambúllete en el mar--repuso ella en voz
+baja también y sin cambiar de postura.
+
+--Eso haría de buena gana, si no fuese que me hace daño el agua fría. Ya
+sabes que padezco de reúma.
+
+--Avisa que te lo calienten.
+
+--¡Soy muy desgraciado! La bañera se empeña en ponérmelo como hielo.
+
+--¿La bañera de ahora?
+
+--No, la bañera de antes.
+
+--¿Qué importa si el baño no es para ti?.
+
+--Pues me cuelo en él aunque me quede tieso.
+
+--La bañera te haría salir á palos.
+
+--Eso me conviene para entrar en calor más pronto.
+
+--¡Qué sin vergüenza!
+
+--¡Noticia fresca! Acabo de decírtelo.
+
+Velázquez al volverse y observar la maniobra de Antonio, sintió un
+movimiento de cólera. Pero se calmó pronto al ver la silla cercana á
+Soledad desocupada. Por impulso repentino se sentó atrevidamente en
+ella. La joven no pudo reprimir un vivo estremecimiento y manifestó al
+instante su disgusto con semblante oscuro y enojado como pocas veces se
+le había visto.
+
+Después de su golpe de audacia, el majo quedó confuso sin saber qué
+hacer ni decir. Al cabo, con alegre rostro, exclamó:
+
+--¡Quien fué á Sevilla perdió su silla!
+
+Soledad no respondió ni movió siquiera un pliegue de su fisonomía.
+Entonces él, adoptando un tono jocoso y desenfadado, dijo:
+
+--¿Me permite usted descansar un momento en esta silla?
+
+--No es mía--respondió secamente.
+
+--Supongamos que lo fuese.
+
+--Si lo fuese no estaría en un establecimiento de Puerta de Tierra.
+
+--Voy á comprarla y se la regalo. ¿Qué haría usted?
+
+--Dejarla donde está.
+
+--¿Conmigo encima?
+
+--Con usted ó con otro. Me es igual.
+
+--Si le es á usted igual, me quedaré yo. Quiero más sentarme aquí que á
+la diestra de Dios Padre.
+
+Soledad se encogió de hombros con desdén y murmuró:
+
+--¡Tardaba ya mucho!
+
+Estaba inquieta desde que Antoñico se había acercado á María-Manuela.
+Sus ojos se clavaban coléricos en ellos y querían pulverizarlos. Las
+palabras temblorosas de Velázquez le parecían un ruido molesto, la
+ponían aún más nerviosa. Pero habiendo vuelto la cabeza Antonio y
+habiéndose encontrado sus miradas, el humor de la joven cambió
+repentinamente. Empezó á responder con amabilidad á su antiguo amante,
+á mirarle cara á cara y hasta á inclinarse hacia él, á mostrarse jovial
+y locuaz, demasiado locuaz para que no se advirtiese el esfuerzo sobre
+sí misma.
+
+Velázquez se hallaba en el séptimo cielo. Aceptaba aquella amabilidad
+como moneda de buena ley. A los pocos minutos de conversación ya se
+creía otra vez dueño del corazón de la hermosa y se mecía en un océano
+de risueñas ilusiones.
+
+Seguía la zambra en el aposento. Mercedes la _Cardenala_ bailaba con
+Gregorio, su futuro cuñado. Frasquito, que estaba agitadísimo después de
+la reyerta con su suegro, experimentó la necesidad de bailar, quizá para
+aturdirse, y bailaba con Isabel. El señor Rafael trincaba con el maestro
+carpintero en un rincón, mientras en otro, una joven casada, cuyo marido
+no estaba allí, contaba sus desazones domésticas y pedía consejo á Paca
+la de la Parra.
+
+--Bien puedes creerme, Paca, no hay tío más desalmao ni más hereje. El
+otro día, seis duros tristes que tenía apartados para hacer unos
+vestiditos á los niños, me los quitó y se fué con ellos cantando á la
+taberna y no vino en dos días á casa...
+
+--Pues no parece...
+
+--¡Anda! ¡Ya lo creo que no parece! ¡Como que el que lo ve le apetece
+cogerlo y ponerlo en el altar de San José en lugar del santo! Para todos
+es una mosquita muerta... pero en casa, yo te aseguro, hija, que está
+demasiado viva y que pica mejor que un alacrán... Mira--añadió
+remangándose los brazos,--nadie creerá que él es quien me ha hecho estos
+cardenales...
+
+--Pero ¿te pega?--exclamó Paca con asombro.
+
+--Á lo señorito, ¿sabes? Sin gritos ni blasfemias como los demás, me da
+unos pellizquitos de monja que me deja el cuerpo negro como el
+cordobán... Y el angelito mientras tanto sonríe y me pregunta con mimo:
+«¿Qué tienes, hija mía? ¿Te he hecho daño?» ¡Maldita sea su estampa!...
+Como sé cuáles son los sagrarios que recorre, muchas veces mando á un
+chico á buscarlo. ¿Crees que se viene para casa ó que se enfada? ¡Na! Se
+queda con el chico y le emborracha. Le mando otro, y lo mismo. ¡Ha
+habido veces en que se han reunido los cinco niños en la taberna! «¡No
+falta ahora más que _la cocinera_!» dice el sinvergüenza... porque es
+así como me llama.
+
+Paca no pudo reprimir una carcajada.
+
+--¡Sí, ríe, que yo también he reído cuando vi llegar á los hijos de mis
+entrañas cayéndose contra las paredes!... ¿Y sabes la gracia que ha
+sacao nuevamente? Pues ahora al tío roío le da por celarse de su
+sombra... Ya ves tú--añadió con leve inflexión de vanidad,--¡á mis años
+y después de haber parido siete veces!... No puedo salir á la calle sin
+que se ponga en acecho; no puedo peinarme ni vestirme un poquito
+decente... Á fuerza de trabajos había logrado comprar unos zapatos de
+charol y hacerme un vestidito de merino fino. Pues un domingo que salí
+con él al Perejil, por si había mirado á Fulano y por si Mengano había
+dicho ¡ole!, llegamos á casa y, sin decir palabra, toma unas tijeras y
+tiene las malas tripas de hacerme rajas el vestido y los zapatos... ¡Ea!
+¡otra vez desnuda!... Yo le digo: «Pero, hijo, ¿es que te gusto más en
+cueros?...»
+
+Iba á emitir Paca su autorizada opinión en este litigio, cuando se
+interpuso Frasquito, que venía á consultarla sobre si sería ó no
+oportuno enviar por amoniaco á la botica más próxima, para dárselo á su
+suegro á ver si despejaba un poco. Aunque su tío Rafael le había
+asegurado que en durmiendo la _mona_ recordaría la sagrada promesa que
+le había hecho, su inquietud no le permitía esperar con calma al día
+siguiente. Ansiaba que por cualquier medio recobrase la razón y con ella
+la conciencia de sus obligaciones.
+
+Paca no juzgó prudente aquella medicación, tanto menos, cuanto que el
+maestro carpintero departía muy tranquilamente con el señor Rafael, bien
+ajeno de la necesidad de introducir en su cuerpo una dosis de álcali
+volátil. Justamente en aquel momento estaba dirigiendo por vigésima vez
+á su compadre una serie de preguntas que alejaban toda sospecha sobre
+este punto.
+
+--Vamos á ver, ¿estoy yo borracho? ¿Hablo cosas formales?... ¿He
+faltado á alguno?... ¿Soy ó no un hombre regular?... ¿Me levantan á mí
+la cabeza dos cañitas?... ¿Sé alternar ó no sé alternar?...
+
+El señor Rafael apoyaba con todas sus fuerzas estas proposiciones,
+aunque disimuladamente hacía guiños expresivos á su sobrino; pero éste
+sacudía la cabeza con desesperación, hallando cada vez más inevitable el
+socorro de la química.
+
+Mientras tanto seguía el bailoteo en aumento. Tomaban ya parte en él los
+que antes hacían más remilgos. Hasta la vieja _Cardenala se arrancó por
+panaderos_ con un comerciante vecino casi tan antiguo como ella. La
+novia, rendida ya, jadeante, se empeñaba, no obstante, en bailar sola,
+sin hacer caso de María-Manuela que le advertía con empeño de que no lo
+hiciera, porque se bailaba con el diablo.
+
+Mercedes, la madrina, un poco excitada por el vino, quería que Velázquez
+bailase con ella. Desde su rompimiento, la joven guardaba en el fondo de
+su pecho hacia el majo un sentimiento indefinible, mezcla de rabia y
+simpatía, de desprecio y amor. Velázquez, que siempre había sido poco
+amigo de echar las piernas al alto, se negaba, haciendo, sin embargo á
+su antigua novia mil cortesías, mostrándose con ella extremadamente
+dulce. No era pura galantería ó gratitud lo que le impulsaba á ello.
+Había también su parte de vanidad, porque Mercedes tenía novio, y éste,
+que era un mancebo casi imberbe, no mal parecido, llamado Gabino,
+andaba celoso, desesperado, desde que viera que su novia coqueteaba con
+Velázquez. El guapo, á quien el amor y los pesares no habían podido
+arrancar de cuajo su inveterada arrogancia, gozaba con las preferencias
+de la bella y los celos del muchacho.
+
+--¿Dónde va tu novio tan encandilao?--díjole sonriendo con orgullo,
+viendo salir al joven del aposento como un huracán.
+
+--Déjalo--respondió ella haciendo una mueca de desdén.--Es un tío lila,
+¿sabes?... Se ahoga el infeliz en una tacita de agua. De seguro que ha
+salido al campo para llorar más á gusto.
+
+--¡Para llorar!... ¿Por qué?
+
+--Porque está celoso de ti.
+
+--¡Válgame Dios!... Parece mentira que un buen mozo tenga celos de este
+pobrecito viejo--repuso Velázquez con mal disimulada jactancia.
+
+--¡Ya, ya! Es que se fía poco de mi gusto.
+
+--¿Tan echao á perder lo tienes?
+
+--Estragaíto del todo, querido... Figúrate que hace ya un mes que no
+puedo comer más que cosas frías.
+
+--¿Me quieres comer á mí?
+
+--Por lo frío podía pasar, pero eres demasiado duro.
+
+--Mírame un ratito con esos ojillos puñaleros y me verás derretío.
+
+--Te estoy mirando hace un año y no veo ninguna pringue en el suelo.
+
+--¿Á que no me esperas esta noche en la reja de tu casa?
+
+--¿Á que no echas conmigo un bailecito?
+
+--Vamos á verlo--replicó el guapo levantándose.
+
+Mientras tanto, el desgraciado Gabino, después de atravesar el jardín,
+había salido al campo, como su novia adivinó burlando. No lloraba, pero
+tenía el corazón tan henchido de tristeza que le tomaron deseos de
+sentarse entre los railes de la vía férrea que por allí cruzaba y
+esperar á que algún tren lo arrollase. Se arrimó á una empalizada y se
+puso á rumiar sus desengaños, cuando oyó cerca rumor de conversación.
+Las ventanas del salón de tablas donde la boda se celebraba abrían hacia
+aquel sitio. Ocultóse en la sombra y acercóse cuanto pudo á ellas para
+escuchar, no tanto por curiosidad como por la esperanza de percibir la
+voz de su adorada. Á la escasa claridad de la luna, que comenzaba á
+salir, vió que los dos que departían en la ventana eran Soledad y
+Antoñico. Observó que la joven estaba agitada, convulsa, que acompañaba
+sus palabras de vivos movimientos de cabeza, mientras Antonio, con la
+suya inclinada hacia el suelo, hablaba poco y con humildad.
+
+--Si no la puedes ver más que al diablo--profería la joven haciendo
+esfuerzos por reprimir la voz,--si la aborreces, ¿por qué te acercas á
+ella públicamente? ¿Por qué le das ese gusto sabiendo que á mí puede
+mortificarme? ¿No ves que la gente nos observa, que puede muy bien
+suponer que de aquella candela queda algún rescoldo?... ¿Te has figurao,
+hijo, que vas á ponerme en ridículo como has hecho más de mil veces con
+ella? ¡Que te se quite, niño!... Nuestro compromiso es de ayer y está
+sostenido por un hilito... Tomo las tijeras y ¡zas! lo corto... ¡Ya está
+cortado!... Ya no tenemos ná... Conque tú por un lado y yo por otro...
+
+--¿Por qué lado voy?
+
+--Por el que te dé la gana.
+
+--Entonces voy por el de tu corazón y me quedo en él de huésped.
+
+--En mi corazón no caben tíos fanfarrias... Acabo de salir de un
+fachendón y ¿quieres que dé en otro?
+
+--Te arrepentirás de haberme insultado sin motivo. Me acerqué á María
+para preguntarle solamente por su sobrinito que está enfermo... Ya sabes
+cuánto he querido yo siempre á ese niño...
+
+--¡Ay qué Dios! ¿Y para preguntar por la salud del sobrinito te estás
+media hora de pitorreo con la tía?... Mira, Antonio, no quieras meterme
+los dedos por los ojos...
+
+--¡Líbreme Dios de ese sacrilegio!... Lo que quiero es meter los labios
+ahora mismo.
+
+--¡Ea! no me vengas con monerías de gata tripera... Confiesa que te
+gusta aún María... Vete con ella bendito de Dios y déjame á mí el alma
+quieta...
+
+--Confieso que te quiero de todo corazón... que paso las fatigas de
+Dios en cuantito me miras soberbia; que eres la primera y la única mujer
+que he querido de verdad... y que en prueba de amor eterno te regalo
+este higo paso--añadió presentándole uno.
+
+--¡Anda que te zurzan!--exclamó la joven riendo y arrojando el higo al
+suelo.
+
+Bajaron la voz. La plática comenzó á ser suave y cordial y entreverada
+de risas.
+
+La reconciliación estaba hecha.
+
+Al cabo de un momento Gabino pudo observar, sin embargo, que Soledad
+tornaba á ponerse seria. Antonio la instaba con dulzura: ella negaba
+vivamente haciendo repetidos signos con la cabeza. Excitada su
+curiosidad, el mancebo permaneció inmóvil á ver en qué paraba y lo que
+aquello significaba. Antoñico no cejaba en sus demandas ni la joven en
+sus negativas. Mas al fin éstas fueron desmayando y la bella concluyó
+por quedarse inmóvil con los ojos extáticos, mientras el galán seguía
+murmurándole al oído sus deseos.
+
+Soledad se pasó entrambas manos por el rostro y, con súbito ademán, sacó
+una llave del bolsillo y se la entregó. Al mismo tiempo dió la vuelta y
+se retiró de la ventana.
+
+Velázquez bailaba con Mercedes. Su antigua querida comenzó á palmotear y
+á jalearlos de tal modo que el guapo volvió la cabeza sorprendido y los
+presentes hicieron lo mismo. Al observar su faz pálida, demudada, se
+guiñaron el ojo y no faltó quien exclamase:
+
+--¡Bueno va! Soledad al fin la ha pescao... Si te caes, yo me comprometo
+á llevarte á casa en brazos, niña.
+
+--¡No me caigo, no, desaborío!... ¿Quieres ver cómo no se me doblan
+todavía las piernas?... Venga un tango, Luisillo, que voy á bailar á la
+salud de los novios y de toa la compañía.
+
+--¡Ole la niña graciosa!... ¡Viva tu boca, salero!--gritaron
+entusiasmados los hombres.
+
+Y lo mismo ellos que ellas suspendieron sus pláticas para darse el gusto
+de ver á la que pasaba por primorosa bailadora.
+
+El guitarrista preludió un tango. La cantaora iba á modular la copla
+cuando Soledad exclamó con violencia:
+
+--¡Yo no bailo más que sobre la mesa! ¡Quitarme todo eso de encima!
+
+Veinte manos se apresuraron á cumplir la orden, separando la vajilla y
+los manjares que aún quedaban. Pero como estuviese manchada de vino,
+Pepa, excitada, descolgó de la percha con brioso ademán su espléndido
+pañolón de Manila y se puso á limpiar con él. Frasquito, al ver aquella
+monstruosidad, dió un brinco y cayó sobre ella, arrebatándole el pañolón
+de las manos con gesto colérico. Este acto produjo gran indignación en
+los presentes.
+
+--¡Cómo!... ¿No te da vergüenza mirar por un pañuelo el día de tu boda?
+¿No vale más la alegría de tu mujer que un trapo? ¡Habrá gallego!...
+
+Y todos le increpaban con ira mientras el señor Rafael se retorcía de
+risa en un rincón gritando:
+
+--¡Vivan los novios rumbosos!
+
+Las mujeres, más irritadas que los hombres de aquella falta de
+galantería, echaron mano igualmente á sus mantones y se disputaron el
+placer de limpiar también con ellos la mesa. Había llegado la hora del
+vértigo. Soledad puso el pie en una silla y de un brinco se plantó sobre
+la mesa, inaugurando el baile con un fuerte taconeo que electrizó á la
+reunión. Luego se irguió haciendo resaltar su bella figura escultural.
+
+--¡Ole la palma gallarda! ¡Vaya un talle sandunguero!... ¡Suelta esa
+mata de pelo, gachona!... ¡Vivan las mujeres flamencas!
+
+Y entre los gritos y los oles y el palmoteo infernal, Soledad bailó con
+toda la elegancia y gentileza que ella sólo sabía. Los hombres ponían
+bajo sus pies los sombreros para que los pisase; las mujeres arrancaban
+las flores de su cabello para arrojárselas. Cuando bajó la cubrieron de
+besos.
+
+Pero la bella se dejó caer jadeante en una silla y quedó silenciosa y
+sombría sin participar del frenesí que allí reinaba.
+
+Los viejos dieron, al fin, la señal de retirarse. La partida fué
+ruidosa. Antes de acomodarse en los coches se pasó cerca de media hora,
+cambiándose entre unos y otros interminables bromas que hacían fluir las
+carcajadas. Casi todos estaban roncos. Los hombres, perezosos para
+meterse en los vehículos, hacían traer á ellos bateas con cañas y las
+servían á las hembras, que las rechazaban riendo, cuando no les bañaban
+el rostro con ellas.
+
+Los cocheros ya se preparaban á arrear á los caballos cuando el señor
+Rafael, que chorreaba alegría por todos los poros, tuvo la ocurrencia de
+obligar al viejo _Cardenal_ y á su esposa á que echasen un baile de
+despedida. Y no hubo otro remedio. Tan pesado se puso que al cabo los
+_Cardenales_ bailaron sobre la carretera, á la luz de la luna, entre la
+algazara del cortejo nupcial que los jaleaba desde los coches.
+
+Pero aquel momento gozoso fué turbado por la mala intención de Antoñico,
+que participó al maestro carpintero cómo Frasquito intentaba darle
+amoniaco para limpiarle la mona. Encrespóse atrozmente aquél y nada
+menos pretendía que bajarse del coche y echar los dientes fuera á su
+yerno. Á duras penas podían sujetarlo. Pepe de Chiclana cortó en flor la
+querella gritando á los cocheros:
+
+--Arread, muchachos, y que se quede el que quiera.
+
+Chasquearon los látigos y los caballos arrancaron al trote. Pero
+todavía, por encima del ruido de las ruedas y las campanillas, se oía
+vociferar al carpintero:
+
+--¿Álcali volátil á mí? ¡Granuja! Vamos á ver, ¿estoy yo borracho?
+¿Hablo cosas formales? ¿He faltado á alguno?... ¿Sé alternar ó no sé
+alternar?
+
+
+
+
+XV
+
+Noche gaditana.
+
+
+Cuando entraron en Cádiz sonaba la una. La hermosa ciudad dormía sobre
+el mar, como una odalisca en brazos de su déspota. El cielo espléndido
+de la Bética formaba sobre ella un pabellón poblado de luces. Una leve
+brisa embalsamada refrescaba su frente ardorosa.
+
+El estrépito de los coches turbó un momento aquel sueño tranquilo. Más
+de una tierna doncella dejó sobresaltada el lecho y se acercó á su
+balcón con los pies desnudos para ver lo que pasaba. Y al oir el grito
+de ¡vivan los novios! que repetía sin cesar el cortejo nupcial, sus
+cándidas mejillas se coloreaban, sus labios de coral se dilataban con
+sonrisa dulce murmurando: «¡Una boda!» y tornaba al lecho y se dormía
+soñando escenas de felicidad que el cielo bendice.
+
+La comitiva recorrió las calles deteniéndose delante de algunas tiendas
+de montañés y haciéndolas abrir para beber unas cañas. Los novios, que
+habían regresado juntos en una berlina, dieron esquinazo á su cortejo y
+se escabulleron bonitamente para casa. Los demás recalaron todos á la
+tienda de Crisanto, en la calle de Pedro Conde, levantaron al montañés
+que ya se había acostado, é introduciéndose por la puerta falsa del
+portal, invadieron ruidosamente el establecimiento. Y ¡vengan cañas de
+Sanlúcar! ¡venga _cante_ y guitarra y jaleo!
+
+Pero las mujeres estaban rendidas: no tardaron en hablar de su casa; se
+inició la retirada por la vieja _Cardenala_ y poco á poco fueron
+desfilando casi todos. No quedaron en la tienda más que los borrachos
+empedernidos, el señor Rafael, el maestro carpintero, el _Cardenal_ y
+otros cuatro ó cinco convidados.
+
+Velázquez se puso al lado de María-Manuela mientras marchaban en grupos
+por las calles; pero cuando al llegar á una esquina se despidieron de la
+familia de Mercedes, tuvo ocasión de acercarse á ésta y hablar con ella
+algunas palabras.
+
+--Adiós, gitana--le dijo estrechándole la mano afectuosamente.--Adiós,
+naranjita china.
+
+--Estoy deshecha, niño--respondió ella con languidez afectada.--He
+bailado más que un trompo.
+
+--¿De modo que no sostienes la apuesta?
+
+--¡Anda! Ya lo creo que la sostengo.
+
+--Entonces, dentro de media hora me tienes arrimado á tu ventana.
+
+--Dentro de media hora te espero en ella.
+
+Y con las manos enlazadas se clavaron una larga mirada, entre burlona y
+amorosa, tratando de registrarse el alma. Pero al volver la cabeza cesó
+repentinamente la alegría del majo al observar que María-Manuela estaba
+haciendo lo mismo con Antonio. Quedó repentinamente serio, no porque la
+bravía morena le hubiese tocado en el corazón, sino por la insolencia de
+Antoñico. Á pesar de los últimos reveses seguía tan puntilloso y
+delicado. Murmuró un juramento y se acercó de nuevo á la maga. Antoñico,
+que vió su rostro contraído, se apresuró á alejarse juntándose á
+Soledad, que también había advertido la maniobra y estaba irritada y
+seria.
+
+--¿Qué te decía Antonio, querida?--preguntó el majo.
+
+--¡Antonio!--exclamó la morena con sorpresa.--¿Qué me había de decir
+Antonio?... Nada.
+
+--¿No estaba hablando contigo en este momento?
+
+--¡Ah, sí!... Ni me había fijado siquiera... Creo que me preguntaba por
+mi sobrinito.
+
+--Está bien; pero otra vez, cuando te pregunte por tu sobrinito, procura
+que yo no esté delante--manifestó el guapo con calma amenazadora.
+
+María quedó turbada y balbució con timidez:
+
+--¿Por qué?... No entiendo... Hijo, tú por cualquier cosilla te
+remontas...
+
+--No hablemos más. Ya te he dicho lo que hace al caso.
+
+Hubo un largo silencio mientras caminaban lentamente la vuelta de casa
+precedidos y seguidos de otros grupos.
+
+--No te vayas á figurar que á mí me importa ya nada de ese tío--profirió
+ella al cabo.
+
+--No me figuro nada--respondió secamente Velázquez.
+
+--Que se me salten los ojos y no vuelva á ver la luz del sol, que me vea
+pidiendo de puerta en puerta una limosna y vaya á morir al hospital, si
+tengo más interés por él que por el carro de la basura... Anda, hijo,
+pues ni que estuviera echada á los perros para acordarme ya de ese tío
+sucio sin vergüenza. Primero me dejaba hacer tajaditas así que mirar más
+en cara á ese arrastrao. No pienses en ello, niño, que si algún día me
+dan ideas de faltarte, será con todos menos con él. ¿No vale más tu
+personilla que ese mono? ¿Por qué te celas? ¡Pues el gachó es de oro
+para que una mujer se chale por sus pedazos! ¡Con más botones en la cara
+que un jardín en primavera! Deja que Soledad coma de esa fruta... ¡Para
+mí ya está podría!
+
+Velázquez se fué calmando con la charla de su nueva querida. Y de esta
+suerte llegaron hasta la puerta de casa. La hermana de María vivía en
+una callecita estrecha del barrio de la Viña, cerca de la Catedral. Paca
+la de la Parra vivía algo más lejos, en el mismo barrio. Despidiéronse,
+pues, allí, ésta con su marido, Soledad, Antonio y otras dos mujeres, y
+siguieron adelante. Velázquez se quedó un instante á la puerta con su
+amante y al cabo también se despidió de ella hasta el día siguiente.
+Estaba cansado y tenía ganas atroces de dormir. Esto dijo, al menos, al
+separarse: la verdad era que deseaba acudir á la graciosa cita de su
+antigua novia.
+
+Cuando quedó solo se fué paso entre paso á la tienda de Crisanto á
+esperar la hora. Allí seguían los residuos más antiguos de la boda
+rindiendo culto á puerta cerrada al hijo de Júpiter y Semele.
+
+No tardó en recalar también Antonio; Gregorio y algunos otros jóvenes de
+los que habían acompañado á las mujeres llegaron poco después. La juerga
+prosiguió más grosera y alborotada por la ausencia del elemento
+femenino.
+
+Al entrar Antoñico, Velázquez le clavó una mirada cargada de odio y de
+amenazas que no pasó inadvertida para aquél. Se abstuvo cuidadosamente
+de acercarse al grupo donde el majo estaba, y al cabo de unos instantes
+se escabulló sin ser notado. Sin dilación alguna se dirigió nuevamente
+al barrio de la Viña y se detuvo delante de la casa de su antigua
+querida: acercóse á una reja baja que tenía, llamó con los dedos á los
+cristales y esperó. No tardaron en abrir.
+
+--¿Estás ahí, desaborío?
+
+--Aquí estoy, limoncito verde.
+
+--¿Por qué limoncito verde?
+
+--Porque eres agria para mí y veo mis esperanzas cada vez más verdes.
+
+--¡Vete, vete, canalla, no me des coba tan sucia! Después que has sido
+para mí un perro te vienes con esa.
+
+--Un ladrón en la horca no está más arrepentío que yo, María. Díme que
+me tire al agua y me verás hacerlo.
+
+--¡Ya! Si te mandase tirarte al vino, acaso...
+
+--¡Si supieses las penitas que estoy pasando!
+
+--¡Calla, calla, perro!
+
+--Eso es, las de un perro cuando le cortan el rabo.
+
+La ruda morena soltó una carcajada. La plática, aunque burlona, se fué
+haciendo más y más cordial, no tardando mucho aquel perro en obtener su
+perdón. El cuchicheo se hizo más íntimo y más suave. Hallaban los dos
+grato enamorarse por la reja después de haber hecho vida matrimonial
+cuatro años.
+
+Hacía ya largo rato que estaban charlando cuando se oyó el ruido de un
+coche.
+
+--¿Un coche á estas horas?--exclamó María con sorpresa.
+
+Antonio no dijo nada, pero quedó repentinamente serio. El ruido se fué
+aproximando. Á los pocos momentos vieron aparecer por el extremo de la
+calle una berlina de punto que pronto cruzó por delante de ellos.
+Antonio sufrió una fuerte sacudida y dijo con voz alterada:
+
+--¿Sabes quién va ahí?
+
+--¿Quién?
+
+--Velázquez.
+
+--¡Calla, lioso! Los dedos se te vuelven huéspedes.
+
+--Por mi salud te juro que es Velázquez. Lo he conocido perfectamente.
+
+--Pero, niño, ¿qué estás ahí diciendo?... Si fuese Velázquez se hubiera
+apeado para armar pendencia contigo... Demasiado sabes cómo las gasta.
+
+--Pues es Velázquez, no tengas duda--repuso Antonio cada vez más
+trémulo.
+
+Y tanto juró y perjuró que su querida concluyó por darle crédito.
+También se puso seria.
+
+--¡Es bien extraño!
+
+Cuando hubieron comentado largamente el caso, María le propuso entrar.
+
+--Anda, niño, entra... Me arriesgo mucho, porque si mi hermana se entera
+me pone de patitas en la calle... y ya ves, me quedaría á la clemencia
+de Dios... Pero no importa: por todo paso con tal que tú no vayas á
+tener un disgusto. Mira que ese tío tiene muy malas tripas...
+
+Antonio le dió gracias con efusión y estuvo muy tentado á aceptar la
+oferta, porque sentía un miedo de primera calidad. Pero se acordó de la
+cita con Soledad, la halló muy sabrosa y tuvo fuerzas para rehusar. Se
+las echó de valiente.
+
+--Si no me quedo es precisamente porque no vayas á figurarte que le
+tengo miedo. Cinco dedos tengo en cada mano como él y una buena
+herramienta en el bolsillo... Que cuide de asegurarme, porque si no,
+esas malas tripas que tiene se las echo todas fuera de una vez.
+
+Gozó todavía un rato del susto de su querida, que muy acongojada trataba
+de persuadirle á que pasase allí la noche, y al cabo se despidió.
+
+El que le viese deslizarse solapadamente por las calles, oculto en la
+sombra y volviendo á cada instante la cabeza, no pensaría ciertamente
+que tuviese vivos deseos de andar con los intestinos á nadie.
+
+Bien había echado de ver su ausencia Velázquez allá en la tienda de
+Crisanto. No quiso ir tras él, porque estaba seguro de que se había
+marchado de miedo, y con esto quedaba en sosiego su amor propio. Cuando
+juzgó llegado el momento de acudir á la cita de Mercedes se dispuso á
+salir; pero aquellos borrachos le tenían secuestrado. El padre de Pepa,
+tomándole de la solapa de la chaqueta, se desahogaba contra el gallego
+de su yerno, anunciando con voz cavernosa las mil crueldades que iba á
+ejercitar sobre él así que amaneciese Dios. Y cada uno de sus
+pronósticos siniestros iba acompañado de las correspondientes preguntas:
+
+--¿Álcali volátil á mí? ¿Estoy yo borracho? ¿Hablo cosas formales? ¿He
+faltado á alguno? etc.
+
+El viejo _Cardenal_, hombre pacífico si los había en Cádiz, iba
+adquiriendo á la sazón un humor belicoso también que le hacía muy
+molesto. Después de tomarlas con Gregorio, injuriándole y declarando á
+gritos que nunca le dejaría casar con su hija Isabel, la emprendió con
+Velázquez acusándole de traidor.
+
+--Permíteme que te lo diga, Velázquez... No eres un hombre regular ni
+decente... Con mi hija te has portado peor que un gitano... Yo soy así,
+¿me entiendes?... Digo las cosas á la cara... Al pan pan y al vino
+vino... y al que es un falso traidor le digo que es un sinvergüenza...
+¡Ea, ya está! ¿Qué hay?...
+
+Colocado en este terreno dramático, el viejo tendero concluyó por
+desafiarle.
+
+--Tú y yo somos dos, ¿me entiendes? No pienses que te tengo miedo...
+Aunque viejo, aún no se me cae una herramienta de la mano... ¡Sal
+conmigo, cobarde! ¡Sal á la calle y verás cómo te corto el cuello!
+
+Velázquez sonriendo procuró calmarle; pero cuanto más pacífico se
+mostraba, más se crecía el anciano, hasta el punto de que, temiendo que
+se propasara á vías de hecho, el señor Rafael, que era el menos borracho
+de todos, hizo seña al guapo de que se fuese. Así lo hizo con gusto,
+porque los insultos repetidos iban ya alterando sus nervios y temía que
+al fin se desbocasen y le impeliesen á poner la mano en el viejo.
+
+Cuando se vió en la calle respiró libremente y se dirigió sin vacilar á
+casa de Mercedes. La cita amorosa con aquella muchacha iba adquiriendo
+en su imaginación un atractivo que nunca hubiera pensado. Sin embargo,
+la despedida de Antonio y María-Manuela y las palabras secretas que
+entre sí cruzaron, habían despertado en su espíritu sospechas de que
+estaban citados para aquella noche. Más por curiosidad que porque la
+traición de la rústica morena le llegase al alma, en vez de tomar el
+camino directo de las Barquillas, hizo un pequeño rodeo para pasar por
+delante de la casa de aquélla. Y hallando casualmente al paso un coche
+de los que habían ido á Puerta de Tierra, se metió en él. Al ver á
+Antonio pegado á la reja de su querida, á pesar del escaso interés que
+ésta le inspiraba, no pudo reprimir un movimiento de ira; se abalanzó
+para ordenar al cochero que parase; pero, sosegándose repentinamente, se
+encogió de hombros exclamando:
+
+--¡Ps! ¡Buen provecho!... Todos los cerdos saben el camino de sus
+pocilgas.
+
+Antes de llegar á las Barquillas de Lope se apeó y despidió el coche,
+encaminándose vivamente hacia la casa de su antigua novia. Pero cuando
+ya estaba cerca, de uno de los portales próximos salió un hombre y se le
+puso delante.
+
+--Buenas noches, señor Pedro.
+
+El majo, sorprendido y mirando con fruncido rostro al que se le
+atravesaba, respondió:
+
+--Buenas noches, Gabino. ¿Qué se ofrece?
+
+--Pues nada... Estaba la noche tan hermosa que no tuve ganas de
+acostarme... y andaba dando vueltas esperando el sueño.
+
+--Está bien--repuso mirándole de arriba abajo con ojos recelosos y
+severos.--¿Y aún no te ha llegado el sueño?
+
+--No, señor.
+
+--Pues mira, hijo, lo mejor que puedes hacer es irte á la cama, porque
+te expones á quedar dormido en mitad del arroyo.
+
+--No tengo yo miedo á eso, porque al fin y al cabo, ¿qué importa la cama
+dura si es blando el sueño? Lo único que me da pena es dejar despiertos
+por ahí á algunos traidores.
+
+Sintió el guapo un fuerte estremecimiento, pero supo dominarse y exclamó
+riendo:
+
+--¡Anda! ¿y eso te pone triste?... Pues hazte guardia civil y pasarás
+las noches persiguiendo á los ladrones.
+
+--No son ladrones los que yo quisiera perseguir, sino á ciertos sujetos
+que hacen el daño sin interés, sólo por capricho ó por fachenda.
+
+--Pues ve tras ellos y buenas noches, que yo no puedo detenerme--dijo
+Velázquez con voz ya levemente alterada, tratando de alejarse.
+
+Pero el mozo se le interpuso nuevamente, diciendo con resolución:
+
+--Dejémonos de guasa, señor Pedro. ¿Va usted á ver á Mercedes?
+
+--Dejémonos de guasa, Gabino... ¿Te importa algo?
+
+--Sí que me importa, porque soy su novio.
+
+--Pues hazte cuenta que para mí no eres na--dijo Velázquez con acento
+agresivo.
+
+--No basta que usted lo diga; á todo el mundo le consta y á usted
+también. Por consiguiente, no es portarse como hombre regular ni decente
+rondar á las mocitas que están comprometidas.
+
+--¡Ea, basta ya de rodeos!--exclamó el guapo.--Quieres reñir,¿verdad
+tú?... Pues cuando gustes podemos comenzar.
+
+Y al mismo tiempo llevó la mano al bolsillo y sacó el cuchillo.
+
+Gabino permaneció quieto y manifestó con calma:
+
+--Ya sé que no le importa reñir, que tiene usted corazón y no ha de
+temer á un pobre muchacho como yo... Pero al ponerme delante de usted
+bien puede figurarse qué desesperado estaré... Quiero á esa mujer más
+que á las niñas de mis ojos, y por ella, no digo delante de usted,
+delante de un cañón cargado de metralla me pondría. Lo que temo al reñir
+no es la muerte, sino que de todos modos la pierdo para siempre... Si yo
+le mato, ¿qué gano? Nada, porque me espera la cárcel... Se lo juro á
+usted por la gloria de mi madre, lo mejor que podría sucederme es que
+usted me matase...
+
+La voz se le anudó en la garganta al pobre mancebo al proferir las
+últimas palabras. Velázquez quedó inmóvil y silencioso. Al cabo dijo en
+tono resuelto, guardando la navaja:
+
+--Tienes razón... Me gusta esa niña, pero tú la mereces más que yo
+porque la quieres mucho más... Sé, por desgracia--añadió con voz
+temblorosa,--lo que es querer de ese modo, y que poco importa la vida ó
+la muerte al que tiene ya el corazón hecho pedazos...
+
+Bajó la cabeza y permaneció callado unos instantes.
+
+--Choca, querido--dijo alzándola de nuevo y alargándole la mano.--Vete
+en paz á hablar con tu novia y que Dios te proteja.
+
+Se estrecharon la mano y el majo se alejó precipitadamente.
+
+--Gracias, señor Pedro--murmuró Gabino conmovido.
+
+--¡Oiga!--le gritó cuando ya el otro estaba lejos.
+
+Velázquez volvió sobre sus pasos.
+
+--Quisiera pagarle de algún modo el favor que me hace. Si usted tiene
+todavía algún interés por esa mujer que ha querido, le diré que la he
+visto hace poco allá en Puerta de Tierra entregar una llave á Antoñico,
+que debe ser la de su casa... Haga usted ahora lo que mejor le parezca.
+
+El majo se encogió de hombros con afectado desdén.
+
+--Eso es cosa perdida ya. Nada tengo con ella hace tiempo. Puede abrir
+la puerta á un toro de Veragua si gusta... De todos modos, gracias por
+el aviso, Gabino, y buena suerte.
+
+No era sincero aquel desprecio. La noticia le llegó al alma, porque si
+bien conocía las relaciones de su querida con Antonio, tenía por cierto
+que no habían alcanzado tal grado de madurez. Así que vagamente nutría
+en su alma la esperanza de poseer de nuevo á Soledad y hacerla su
+esposa. Ahora sí que la sentía perdida enteramente. Sus ilusiones se
+desvanecían como el humo.
+
+Á paso lento recorrió varias calles presa de un abatimiento que le
+quitaba las fuerzas. Nadie cruzaba á la sazón y libremente podía
+revolcarse en sus pensamientos dolorosos. Mas del tropel de ellos surgió
+repentinamente uno que le hizo estremecerse. Quedó inmóvil un instante
+y, recobrando de súbito toda su energía, emprendió su camino de nuevo
+con resolución y á paso vivo. Al pasar por la calle de _Horno Quemado_
+vió venir hacia él un hombre que no tardó en reconocer. Era el señor
+Rafael que se retiraba á su casa. Trató de evitar el saludo pasando á la
+acera contraria; pero el viejo, que no estaba tan borracho como suponía,
+le conoció perfectamente y le chicheó.
+
+--¡Eh! ¡Chis! Velázquez... Atraca, hijo... ¿Dónde va el hombre?
+
+--Pues... á ninguna parte. Estoy tomando el fresco... y pensando en lo
+divertido que estará ahora su sobrino.
+
+--¡No lo creas!... Mi sobrino es un gallego desorejado. No se ha
+divertido jamás de la vida ni se divertirá. Ahora mismo está pensando en
+el gasto.
+
+Velázquez sonrió y trató de alejarse, pero el viejo le retuvo.
+
+--Ahí dejó al _Cardenal_ y al suegro de mi sobrino con una _mona_
+superior... pero ¡superior!... El Cardenal quería salir con la navaja
+abierta en tu busca... Luego la emprendió conmigo y me dijo las mil y
+una injurias... pero yo me he reído, ¿sabes?... Éstos infelices que
+viven en familia, en cuanto se apartan de las enaguas de su mujer y lo
+prueban, se vuelven locos...
+
+Velázquez estaba impaciente. La charla gozosa del viejo le parecía
+insufrible en aquel momento. Pero por más que hacía no lograba
+despegarse. Al fin tuvo que decir con acento malhumorado:
+
+--Vaya, déjeme usted, señor Rafael, que tengo prisa.
+
+El viejo le miró á la cara sorprendido y, observando su palidez, soltó
+la carcajada.
+
+--¡Anda, hijo, anda á la cama en seguida!... No pensé que te hacía daño
+también el vino... Ya no queda en Cádiz más hombre que yo...
+
+Prosiguió el majo su camino mientras el tío de Frasquito, retorciéndose
+de risa, intentaba en vano meter la llave en la cerradura de su casa.
+Así estuvo largo rato hasta que pasó el sereno y le dijo sonriendo:
+
+--¡Pero señó Rafael, si está usted engañado! Su casa está tres puertas
+más abajo.
+
+El viejo echó dos pasos atrás y exclamó:
+
+--¡Verdad, amante!... Estoy metiendo la llave en casa de D. Justo el
+escribano... ¡Tendría gracia que fuera á sorprenderle en el cuarto de la
+criada!... ¡Ji, ji!... Toda la culpa ha tenido ese perdío de
+Velázquez... ¡Qué mona llevaba! ¡Superior! ¡pero superior!... Escucha,
+Ramón... no digas á nadie que me he equivocado, porque se van á creer
+que estaba borracho... ¡Ji, ji!... ¡Borracho el señor Rafael!...
+¡Tendría que ver!... Adiós, Ramón... buenas noches... Chito ¿eh?...
+Buenas noches... Hasta mañana, si Dios quiere...
+
+El sereno, sin dejar caer la sonrisa de los labios, le miró alejarse con
+marcha vacilante, abrir la puerta de su casa y desaparecer.
+
+Velázquez, al separarse de él, había apretado el paso. Cuando llegó á
+las inmediaciones de la casa de su amigo Pepe de Chiclana, se detuvo.
+Habitaba éste un caserón viejo, enorme, del cual formaban parte las
+cuadras donde tenía los caballos en que traficaba. La puerta exterior,
+que cerraba un zaguán largo y sucio á modo de túnel, solía permanecer
+abierta toda la noche. El majo se ocultó en la sombra y espió aquella
+puerta. Una duda le agitaba: si Antoñico habría llegado ya. Habíale
+dejado pelando la pava con María, pero temía que el tiempo que había
+gastado con el novio de la Mercedes y el que le había hecho perder el
+señor Rafael hubiese bastado para que el traidor dejase á su antigua
+querida y viniese á buscar la nueva.
+
+Pronto se desvaneció esta duda al ver doblar la esquina de la calle á un
+hombre. A la luz de la luna pudo reconocer á Antonio. Dejó que se
+aproximara, y cuando ya estaba cerca de la puerta de Pepe, salió de
+pronto de la oscuridad y se le plantó delante.
+
+--Buenas noches, Antoñico.
+
+El amante de la maga dió un salto atrás y echó una ansiosa mirada á los
+lados, sin duda con intención de huir. Pero observando la actitud
+pacífica de Velázquez y su sonrisa pudo dominarse y exclamar con fingida
+cordialidad:
+
+--¡Adiós, gachó!... ¿Tú por aquí?... Lo que menos podía pensar era
+tropezarte á estas horas.
+
+--Ni yo á ti.
+
+--Pues, hijo, como hemos bebió mucho más de lo que era menester y la
+noche está para freírse María Santísima, andaba dando vueltas por las
+calles como un papamoscas y se me ocurrió venir á ver si Pepe y Paca
+habían salido á la calle á tomar el fresco.
+
+--Pues hazte cuenta que lo mismo me ha ocurrido á mí.
+
+Hubo una pausa embarazosa. Antonio no las tenía todas consigo y
+escrutaba el semblante de su amigo, por ver si descubría en él señales
+de guerra. Pero el rostro del guapo expresaba en aquel momento absoluta
+tranquilidad, la misma indiferencia desdeñosa que lo caracterizaba.
+
+--Y como aquí no veía á nadie con quien rajar un poco, me iba en busca
+de la cama.
+
+--Pues hazte cuenta que otro tanto me pasaba á mí--repitió Velázquez con
+el mismo sosiego.
+
+--Pues vámonos ya.
+
+--Mira... Echaremos antes un cigarro, si te parece.
+
+--Como quieras.
+
+Sacó el majo un cigarro puro y luego la navaja para picarlo. El fino
+cuchillo de Albacete brilló con resplandor siniestro á la luz de la
+luna. Antoñico se inmutó visiblemente.
+
+--Toma--dijo alargándole cortésmente el cigarro.--Pica de él si quieres.
+
+--Muchas gracias--respondió Antonio, rechazándolo.
+
+Velázquez lo miró con sorpresa.
+
+--¿Es que no tienes cuchillo?
+
+--Sí tengo... pero no gasto ese tabaco... fumo de cajetilla...--balbució
+torpemente.
+
+--¡Allá tú!--profirió el majo alzando los hombros.
+
+Y con toda calma se puso á picar, mientras el otro sacaba un pitillo
+hecho y lo encendía. Hubo largo silencio. Velázquez parecía absorto en
+su tarea. Antonio fumaba nerviosamente, echando grandes bocanadas de
+humo.
+
+--¡Ah!--exclamó al fin aquél, llevándose la mano á la frente.--¡Qué
+cabeza la mía! Tenía que dar un recado preciso á Soleá y ya se me
+olvidaba... ¿Me haces el favor de la llave?
+
+--¿Qué llave?--profirió Antonio con la misma sorpresa que si viese
+desplomarse todas las casas de la calle.
+
+--La que llevas en el bolsillo y que Soleá te ha dado hace un
+rato--manifestó Velázquez con naturalidad.
+
+Se puso aún más pálido de lo que estaba. En un instante pasaron por su
+cerebro veinte respuestas evasivas; pero los ojos del majo estaban
+clavados sobre los suyos con una expresión tan resuelta y enconada que
+claramente vió el dilema: ó soltar la llave ó matarse. Optó por lo
+primero. Hizo un esfuerzo para reir y exclamó en tono jocoso:
+
+--¡Vaya un chasco!... Pensé que eso era ya agua pasada, niño... Si
+supiese que esa mujer te tiraba algo no me hubiera acercado á ella...
+Porque donde está un amigo verdadero como tú toas las mujeres están de
+más para mí... Y si antes hubieras hablado, antes te hubiera dejado el
+campo libre... Pero tú eres como Dios te crió, guasón y cazurro si los
+hay, y no tienes confianza para decirle á un amigo: «Hijo, quítate del
+medio que me estorbas...» Toma, toma la llave, que no tengo vergüenza si
+vuelvo á hablarte en los jamases de la vida.
+
+Velázquez la tomó, se la echó en el bolsillo gravemente y guardó
+silencio. El otro, viendo que no quería seguirle el humor é inquieto
+por su actitud sombría, se apresuró á despedirse.
+
+--Vaya, hijo, que pases buena noche... y otra vez no seas tan desaborío
+con los amigos que te aprecian.
+
+--Adiós--dijo Velázquez secamente.
+
+Permaneció inmóvil hasta que Antonio dió vuelta á la esquina y en
+seguida avanzó hasta el portal de Pepe de Chiclana. Se detuvo un
+instante escuchando, atravesó después cautelosamente el largo zaguán,
+sembrado de carretas y coches deteriorados, y llegó á un espacioso
+patio. Había numerosas puertas, la mayoría dando acceso á las cuadras.
+La vivienda de Pepe ocupaba uno de los frentes. Hacia ella se dirigió,
+pero en vez de acercarse á la puerta del centro, se corrió hacia uno de
+los rincones donde había otra más chica. Por allí se entraba al cuarto
+de la huéspeda: lo conocía perfectamente, como conocía toda la casa.
+Paca había dado á su amiga aquella habitación independiente, única que
+tenía bien amueblada.
+
+Puso el oído á la puertecita, permaneciendo en esta posición largo rato.
+Luego sacó la llave, la metió con suavidad en la cerradura y abrió
+lentamente procurando no hacer ruido. Avanzó después por una pequeña
+antesala, buscando á tientas en la pared otra puerta, hasta que dió con
+ella y se detuvo. Llamó quedo con los nudillos. Nadie contestó. Tornó á
+llamar más fuerte.
+
+--¿Quién va?--dijo desde dentro una voz bien conocida.
+
+Velázquez puso los labios sobre la cerradura y respondió en voz de
+falsete:
+
+--Abre.
+
+--¿Quién es?--preguntó Soledad.
+
+--Antonio.
+
+--Aguarda un momentito.
+
+Oyó el majo, con el corazón palpitante, el rechinar de una cama y el
+ruido de unos pies que se ponen en el suelo. Al instante se abrió la
+puerta.
+
+--Pasa--dijo Soledad con voz apagada.
+
+Velázquez obedeció.
+
+--¡Cómo has tardado tanto, hijo!--siguió con acento de mal humor,
+mientras cerraba de nuevo la puerta.--Ya no contaba contigo. Te he
+estado esperando un rato muy largo y, al fin, viendo que no venías me he
+determinado á meterme en la cama... Espera, voy á encender un fósforo.
+
+--¡No!--dijo Velázquez con la misma voz de falsete.
+
+--¿Por qué no?
+
+Y sin aguardar respuesta tomó la caja de cerillas de su mesa de noche é
+hizo brotar la luz. Al volver la cabeza dió un grito y se le cayó la
+cerilla de la mano.
+
+--¡Tú! ¡tú! ¡tú!--repitió con espanto en las tinieblas.
+
+--¡Sí!... Yo soy, Soleá... ¡Perdóname que haya dado este paso!... El
+cariño que te tengo me ha vuelto loco...
+
+Al mismo tiempo dió un paso hacia la joven; pero ella retrocedió y
+sacando apresuradamente otro fósforo encendió la bujía. Luego se plantó
+delante de él erguida, altanera, pálida, clavándole con furor sus ojos
+llameantes. Hubo un momento de silencio. La cólera le apretaba la
+garganta, no dejando salir las palabras. Al fin exclamó con voz
+alterada, extendiendo la mano:
+
+--¡Sal de aquí, canalla!
+
+El majo se estremeció, se puso también densamente pálido.
+
+--¡Por tu vida, Soledad, no me repitas esa palabra!... ¡Mira que te
+pierdes y me pierdes!
+
+--¡Sí! ¡sí! ¡canalla! ¡más que canalla!--profirió la joven trocando el
+color blanco de su rostro por otro encendido como la grana.--¿Qué otro
+nombre mereces, charrán, indecente?... ¿Quién comete una acción tan baja
+como ésta sino tú?... Sí, canalla... Te llamo canalla porque lo eres.
+
+Velázquez se lanzó de un salto sobre ella, la agarró por los brazos y la
+sacudió convulsivamente, mientras la joven, loca de furor, seguía
+escupiéndole á la cara más que diciéndole:
+
+--¡Sí, te llamo canalla!... Mátame ahora, cobarde... mata á una mujer...
+¡Eso debes hacer, granuja!...
+
+Velázquez quedó lívido, inmóvil; sus ojos se clavaron con extraña fijeza
+sobre los de la joven, que sostuvo fieramente la mirada. Pero haciendo
+un esfuerzo supremo sobre sí mismo soltó los brazos que tenía cogidos,
+dió un paso atrás y quedó de repente tranquilo, profundamente
+tranquilo. Hubo un instante de silencio en que ambos se contemplaron con
+intensa atención.
+
+--¡Basta ya!--dijo al cabo con voz ronca y respiración anhelante, como
+si acabara de hacer una carrera fatigosa.--Has llegado con esa espada
+que tienes en la boca al sitio mismo donde te tenía guardada... Te
+quería más que he querido á mi madre... Te respetaba más que á la Virgen
+de Grasia... Todo ha terminado... El soplo que acabas de dar ha sido tan
+fuerte que ni cenizas quedaron de ese fuego... Me alegro y te doy las
+gracias... Escucha, niña, no te he partío el corazón ahora mismo porque
+me acuerdo de lo mucho que te he querido... Conque Dios te guarde... Si
+te debía algunas, ya te las has cobrado...
+
+Giró sobre los talones y salió con paso firme de la estancia. Al
+encontrarse en la calle se detuvo; sacó la petaca, volvió á picar un
+cigarro, lo encendió y prosiguió su camino sosegadamente como un vecino
+que sale á respirar el fresco. Era la calma del hombre á quien acaban de
+hacer una operación dolorosa y se encuentra de repente sin fuerzas y sin
+dolores, en abatimiento feliz. Recorrió varias calles gozando este
+sosiego extraño parecido á un letargo. Su pensamiento y su corazón
+permanecían quietos.
+
+Reinaba un silencio profundo en aquella última hora de la noche. Ni un
+transeunte se tropezaba por casualidad en las calles. Sólo sus pasos
+sonaban sobre la acera y de vez en cuando el silbo agudo del pito de los
+serenos.
+
+Como no tenía cuenta por dónde andaba, se encontró sin pensar en las
+Barquillas de Lope. Al advertirlo se apresuró á volverse pensando en
+Mercedes. «¡Vaya por Dios! murmuró internándose de nuevo en la ciudad.
+Esa chiquilla es apañadita y salada y parecía que la iba cobrando
+apego... ¡Pero está de Dios que todo me salga mal de algún tiempo á esta
+parte! Tiene razón Paca... Será que me voy haciendo viejo.»
+
+De nuevo vagó por las calles á paso lento, bañando su frente en el
+frescor de la noche. Hacía ya tiempo que no se sintiera tan tranquilo y
+dueño de sí mismo. Antes de retirarse á casa quiso dar una vuelta por la
+tienda de Crisanto. Al llegar á las inmediaciones, en la calle de San
+Francisco, oyó voces desentonadas, ruido de disputa. Acercóse más y pudo
+percibir el grito bronco del suegro de Frasquito.
+
+--¿Estoy yo borracho? ¿Hablo cosas formales? ¿He faltado á alguno?...
+
+El sereno pretendía arrestarlos, lo mismo á él que al viejo _Cardenal_,
+por escandalosos. El maestro carpintero se defendía gritando como un
+energúmeno, con lo cual dicho se está que empeoraba la situación. Dió la
+vuelta por no mezclarse en disputas de borrachos con la autoridad, llegó
+á la muralla y siguió por ella la vuelta de su casa.
+
+La noche tocaba á su fin. El firmamento estrellado se desplegaba diáfano
+y puro anunciando la llegada de la aurora. Brillaban las estrellas
+declinantes reflejando su luz en las aguas, que se rizaban al primer
+soplo matinal. La luna acababa de hundirse en su seno, dejando todavía
+en el horizonte una estela luminosa. Ninguna nube flotaba en aquel cielo
+de cristal. La brisa agitaba ya sus alas sutiles para despertar á la
+sultana.
+
+Velázquez, aunque de espíritu rudo, aspiró con delicia la gloria de
+aquella noche esplendorosa. Siguió distraído por la muralla sin apartar
+los ojos del mar, cuyas olas batían á sus pies con dulce, armónico, son.
+Algunos minutos después se hallaba en el Campo del Sur frente á su casa.
+Se apoyó en el pretil del muro, y quedó sumido en profunda meditación.
+Pensó en los últimos reveses de amor que había experimentado, y un
+sentimiento de abandono invadió su corazón. No había duda, le llegaba la
+mala porque se iba haciendo viejo. Se encontró solo, sin padres, sin
+hermanos, sin hijos, sin mujer que le quisiera habiendo tenido tantas. Y
+por primera vez le acosaron los remordimientos, las lágrimas que había
+hecho verter á algunas infelices.
+
+Cuando al cabo alzó la frente, su resolución estaba tomada. Las sombras
+de la noche huían apresuradamente hacia el Oeste. Hermosas tintas
+carmesíes anunciaban en Oriente que el sol no tardaría en alumbrar la
+tierra.
+
+
+
+
+XVI
+
+Despedida.
+
+
+Pocos días después se supo que Velázquez traspasaba la tienda, y más
+tarde que se embarcaba para América. Prefirió trasladarse en un buque de
+vela mandado por cierto amigo suyo que partiría el 15 de Setiembre. La
+víspera, los compadres de la reunión y algunos íntimos recibieron de él
+afectuosa carta de despedida y adjunta una invitación del capitán del
+barco para que, si tenían gusto en ello, viniesen á beber unas cañas á
+la salud y al viaje feliz de su amigo. Pepe de Chiclana recibió la suya.
+En la carta que Velázquez le escribía convidaba también expresamente y
+con encarecimiento á Soledad, ó por hacerle ver que olvidaba sus
+injurias, ó por mostrar que se hallaba enteramente curado de su pasión.
+
+Quedó perpleja la joven cuando le leyó la postdata Paca. Instábala ésta
+para que accediera á aquel ruego tan noblemente expresado. Vacilaba
+ella, no tanto por el rencor que aún le guardaba, como por considerar
+violenta y embarazosa la entrevista. Cuando, cruzando aquella tarde por
+la calle de la Amargura, acertó á tropezar con Manolo Uceda, á quien
+hacía días que no veía. Saludóla él cortés pero gravemente y trató de
+seguir su camino, pero ella se le puso delante.
+
+--¿Qué es de tu vida, Manolo?... ¡Hace un siglo que no te veo!... ¿Por
+qué no vienes á casa?--le dijo con la sonrisa en los labios, apretándole
+afectuosamente la mano.
+
+Pero después de haber soltado tales palabras se hizo cargo de su
+imprudencia y se puso roja como una cereza.
+
+--Ando bastante ocupado con un asuntillo que me ha encomendado mi
+madre... El jueves me voy á Medina.
+
+--¿Para volver?
+
+--No; probablemente no volveré. Desde allí nos vamos á Sevilla... He
+conseguido que mi madre cediese á vivir allá, y me alegro bastante.
+
+Quedó seria repentinamente la joven; guardó silencio unos momentos y al
+cabo dijo con tristeza:
+
+--¡Todo el mundo se va!... Yo también necesito pensar en liármelas... Ya
+sabrás que Velázquez se embarca mañana...
+
+--Sí lo sé. Me ha escrito.
+
+--¡Ah! ¿Te ha convidado á la juerguecilla del barco?... También á mí me
+convida; pero á la verdad... no sé qué hacer. Quisiera que me dieses tu
+parecer, porque, hijo mío, te lo digo con todas las veras de mi alma,
+eres el único hombre decente con que he tropezao en la vida y á nadie
+pido un consejo con tanta satisfacción como á ti...
+
+--Muchas gracias--manifestó el caballero de Medina sonriendo.--Pero ¿qué
+quieres que yo te aconseje? Son asuntos delicados y no me atrevo...
+
+--Pues yo quiero que te atrevas... Ya sabes que entre ese hombre y yo no
+hay nada hace tiempo... Ya sabes cómo se ha portado conmigo...
+
+--Pues bien--repuso Uceda, después de vacilar un poco.--Á mí me parece
+que debes ir... Á pesar de todo le has querido: él te ha querido también
+y probablemente te sigue queriendo... Sería crueldad, por tu parte, el
+no decirle adiós.
+
+--Está bien, iré aunque me cueste trabajo.
+
+Hubo una pausa. Uceda preguntó al cabo con afectada ligereza:
+
+--¿Y Antoñico?
+
+Turbóse Soledad al escuchar la pregunta y exclamó con ímpetu:
+
+--¡No me hables de ese charrán!
+
+--Me han dicho que ha vuelto á juntarse con María--repuso el caballero
+riendo.
+
+--¡No es por eso, no!... Al contrario... me parece lo único decente que
+ha hecho en su vida, pero...
+
+Iba á contar la bajeza que con ella había cometido, pero se detuvo á
+tiempo. El relato de lo acaecido la perjudicaba más á ella.
+
+--Le llamo charrán porque lo es. Todo el mundo lo sabe--concluyó bajando
+la voz.
+
+Quedó un momento silenciosa con el rostro fruncido.
+
+--Bueno, hasta mañana en el barco... Voy allá porque tu me lo
+mandas--manifestó al fin dándole la mano.
+
+--No; yo probablemente no podré ir.
+
+--¡Ah! ¿No vas tú? Pues entonces hazte cuenta que no voy yo.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque no quiero.
+
+--¡Siempre tan testarudilla!--dijo Uceda apretando cariñosamente la mano
+que tenía cogida.--Iré por que no te enfades. Hasta mañana.
+
+--No faltes.
+
+--No faltaré.
+
+Al día siguiente, entre dos y tres de la tarde, dos lanchas atracadas al
+muelle esperaban á los invitados para transportarlos al buque, que se
+veía anclado allá en medio del puerto. Era una corbeta de regular
+tamaño, negra, sólida, bien arbolada. El capitán, hombre de cuarenta
+años, de mediana estatura y recias espaldas, rostro atezado, barba negra
+cerdosa, pesado y macizo como su navío, los esperaba de bruces sobre la
+cornisa de la obra muerta. Acompañábalo Velázquez. La _Esperanza_, que
+así se nominaba la corbeta, iba á la América del Sur por carga de cacao,
+llevándola heterogénea de algunos productos de la Península.
+
+Los primeros que llegaron fueron Frasquito con su mujer y el señor
+Rafael. Inmediatamente la lancha trajo á la familia del _Cardenal_, los
+viejos, Mercedes, Isabel y su novio Gregorio, á los cuales se había
+unido Manolo Uceda, que por casualidad llegara al muelle al mismo
+tiempo. En la otra lancha acudieron en seguida María-Manuela con Antonio
+y dos amigos más de Velázquez. Por último, al cabo de un rato acostaron
+al barco Pepe de Chiclana, su mujer y Soledad. En la subida hubo
+bastante jarana y no pocos sustos. Las mujeres temblaban de confiarse á
+la frágil escala. Con el susto no se guardaban siquiera de mostrar las
+piernas á los marineros que se quedaban en la lancha. Los hombres las
+embromaban sobre esta despreocupación así que estaban arriba.
+
+--En el mar estamos como en el paraíso terrenal. No existe la
+vergüenza--decía el capitán.--He conocido á una señora que al averiguar
+que el barco hacía agua subió á cubierta desnuda y estuvo hablando con
+nosotros sin taparse siquiera el pecho con las manos.
+
+Sobre cubierta, debajo de un toldo, veíase la mesa bien abastecida de
+manjares y botellas. Velázquez fué saludando á sus amigos cordialmente
+y les invitó á sentarse. Estaba tranquilo y á las frases de sentimiento
+que dejaban escapar todos al darle la mano respondía con afectada
+alegría.
+
+--Dejad que me dé un poco el fresco, hijos. Este Cádiz se me venía ya
+encima... Veréis cómo hago una gran fortuna por allá. Cuando menos lo
+penséis llegaré hecho un potentado, y para daros en cara soy capaz...
+soy capaz... ¡hombre, soy capaz de venir con levita!
+
+--¡No, por Dios!--gritaron los compadres riendo.
+
+Había saludado á Soledad con no fingida naturalidad y aun la había
+piropeado graciosamente. Y era lo raro que la joven parecía más turbada
+que él. Después, acercándose á Mercedes, la preguntó familiarmente por
+lo bajo:
+
+--¿Y Gabino? ¿Cómo no viene?
+
+--¿Gabino?--respondió la salada muchacha haciendo un mohín
+desdeñoso.--¡Dale memorias!... Nada tengo ya que partir con él.
+
+Mostróse sorprendido y no quiso creerlo: disimulos de mocitas y nada
+más. Pero la niña insistió con ahinco y formalidad, dió pormenores, citó
+testigos. Velázquez concluyó por llamar á Isabel, que estaba cerca.
+
+--¿Es verdad lo que me dice tu hermana, que ha regañado con Gabino?
+
+--¡Y tan verdad!--respondió aquélla con mal humor.--¿Tú sabes si mi
+hermana ha tenido chabeta alguna vez?
+
+Y se alejó murmurando. Velázquez quedó serio y pensativo.
+
+Sentáronse todos al cabo, y para abrir boca tomaron ostiones y rajas de
+salchichón. Destapáronse las botellas y el rico dorado vino de Sanlúcar
+chispeó alegremente en las copas. La tarde era dulce y serena. El sol
+derramaba sus rayos esplendentes sobre la bahía. Las aguas dormidas
+rielaban su luz con brillantes reflejos de plata. Los buques anclados en
+el puerto cabeceaban blandamente, viéndose sobre sus cubiertas algunos
+marineros entregados al sueño. Ni de la ciudad ni del mar llegaban más
+que rumores suaves que, al confundirse en el aire, formaban lánguido
+suspiro como si la tierra y el Océano gozasen tranquilos el placer de la
+siesta. Una brisa suave, fresca, sin intermitencias, acariciaba la
+frente de los convidados. La naturaleza ofrecía el amable sosiego, la
+armonía solemne que sólo se observa en los comienzos del otoño.
+
+Los de la fiesta no resultaron alegres. La gente se mostraba lacia,
+desanimada, como si todos se hallasen bajo el peso de un disgusto. Y en
+realidad, no era grato ver alejarse, quizá para siempre, á un amigo de
+toda la vida. El mismo señor Rafael, cuya alegría era inagotable, estaba
+menos expansivo. Aprovechando un momento en que Velázquez vino á
+ofrecerle una caña, le dijo por lo bajo:
+
+--Pero, vamos á ver, hijo, ¿por qué haces esta locura? ¿Qué te faltaba á
+ti en Cádiz? ¿No tienes salud? ¿no tienes dinero?... ¿Qué demonio vas
+buscando en esas tierras donde si no le meriendan á uno los salvajes se
+lo comen crudo los mosquitos?... Que has tenido algunos disgustillos con
+las mujeres, ¿y qué? ¿Es razón para que un mozo valiente y noble de too
+su cuerpo se quite del medio? ¿Dónde hay palmito que se pueda comparar
+con unas botellas de amontillado, bebidas en compañía de cuatro amigos,
+y unas aceitunitas aliñás?... Me lo dijo hace tiempo un vista de la
+aduana que había estado muchos años en Puerto-Rico, un tío muy
+ilustrado, capaz de beberse el golfo de Méjico: «Desengáñate, Rafael,
+las mujeres no sirven más que para enfriar el caldo cuando uno está
+acatarrado y no puede sacar los brazos de la cama».
+
+Velázquez alzó los hombros y le respondió con el mismo desenfado.
+
+El vino hizo al cabo su tarea. Poco á poco los rostros se fueron
+animando y las lenguas se desataron, produciendo un gracioso oleaje de
+chistes y agudezas. Quien hizo mayor gasto, como siempre, fué Antoñico.
+Estaba más flaco que antes y descolorido; apenas comía. Sus amigos le
+embromaban por esta falta de apetito.
+
+--¿Qué queréis, hijos míos?--respondía él.--He perdido el estómago.
+¿Cómo no había de perderlo si esta mujer que aquí veis me ha estado
+envenenando más de tres semanas con una _bebía compuesta?_
+
+--Decid que es mentira--saltó María-Manuela.--No ha sido más que ocho
+días, y lo que le he dado á nadie le hace daño: agua de siete pozos
+distintos con un poco de sangre de oreja de gato negro y unas cagarrutas
+de rata...
+
+--¡María Santísima del Carmen!--exclamó Antonio llevándose la mano al
+estómago.--¿Y yo he bebido eso?... ¡Quitadme esos platos de delante!
+¡Quitadme esas copas! ¡Dejadme reventar en cualquier rincón, como un
+triquitraque!
+
+--¡Ya lo creo que lo has bebío?--exclamó la ruda morena con gesto de
+triunfo.--Y gracias á ello te tengo ahora chalaíto y pringoso que no hay
+por dónde cogerte, más humildito y manso que un cordero de Dios...
+Porque ahí donde ustedes le ven--añadió volviéndose á los
+circunstantes,--ahí donde ustedes le ven tan guasoncillo y soberbio,
+ahora es una malva en casa y en cuantito yo doy una voz ya le tengo de
+rodillas pidiéndome que no me enfade. Y too esto ¿á qué se debe? Pues á
+la virtud de la bebía.
+
+--¡Sería milagro! ¿Cómo quieres que yo vocee si me has dejado en los
+huesos? No me ha quedado aliento ni para pedir los buñuelos por la
+mañana.
+
+Los amigos reían y vertían de vez en cuando una palabrita para que la
+disputa se alargase.
+
+Sin embargo, la hora de levar anclas se iba acercando y el capitán se
+había apartado de la mesa y andaba de un lado á otro dando órdenes. Los
+marineros comenzaban á moverse ejecutando las maniobras preventivas.
+
+Soledad y Manolo se habían aproximado y charlaban un poco retirados de
+los demás. El caballero de Medina la embromaba suponiendo que estaba
+triste y que hacía esfuerzos por ocultarlo. Al fin y al cabo en aquel
+momento crítico el corazón hablaba. No en vano había estado enamorada
+tanto tiempo. La joven se defendía con empeño, negando que estuviese
+triste y casi casi que hubiera estado enamorada.
+
+--No se puede llamar amor lo que he sentido por ese hombre... Era una
+locura, un antojo por cosas agrias, como solemos tener las mujeres. El
+amor debe ser algo más dulce, más tranquilo... Era imposible que yo le
+quisiera toda la vida. Su genio siempre me ha sido antipático... Detesto
+á los hombres soberbios...
+
+--Es porque tú lo eres.
+
+--Quizá--dijo ella con franca resolución;--pero así es... Por lo demás,
+no puedo negarte que me causa pena el verle marchar, sabiendo que es por
+mi causa. Si le pasa algo en la travesía... ó se enferma... ó muere, me
+ha de quedar un poco de escozor en el alma. Aunque ya no me inspira
+interés, no quisiera hacerle daño... Porque en el fondo no es malo;
+¿sabes? No tiene más que mucha fantasía en la cabeza. En cuanto se le
+quite será un buen hombre... Francamente, sentiría mucho que le
+sucediese algo malo... ¡Pobre Velázquez!
+
+--Sí, ¡pobre Velázquez! Ni supo querer ni supo ser querido--expresó
+Uceda poniéndose serio y dirigiendo sus ojos al horizonte.
+
+Soledad le clavó una mirada de sorpresa y admiración. Y á su sabor, en
+silencio, largo rato estuvo contemplando á aquel hombre tan noble, tan
+firme, tan sufrido. Un remordimiento punzante le atravesaba el alma.
+Sintió deseos de arrojarse de cabeza al mar.
+
+La tripulación terminaba los preparativos. El capitán prescindía ya
+enteramente de los convidados y, diligente y afanoso, recorría el barco
+de proa á popa fijando sus ojos escrutadores en el aparejo y cambiando
+rápidas palabras con el piloto y contramaestre. Los amigos de Velázquez,
+comprendiendo que era llegado el momento de partirse, quedaron otra vez
+graves y taciturnos. Un mismo sentimiento de tristeza oprimía sus
+corazones. Sólo Antoñico se atrevió á decir alegremente á Paca:
+
+--Vamos á ver, niña, suéltanos una copliya de despedida. Hace un siglo
+que no te oigo.
+
+La esposa de Pepe de Chiclana respondió mirándole con severidad:
+
+--Hijo mío, cuando un amigo tan apreciado como éste se marcha, nadie que
+tenga corazón siente ganas de cantar... ni tampoco de oir cantar.
+
+Y los convidados aprobaron todos con la cabeza las palabras de aquella
+profunda mujer.
+
+Sonaron las cinco en el reloj de la cámara. El capitán se acercó á
+ellos y les dijo cortésmente:
+
+--Señores, vamos á levar anclas. Siento mucho privarme de tan buena
+compañía, pero es preciso... Á no ser--añadió sonriendo--que quieran
+ustedes venirse al Perú conmigo y con este buen mozo.
+
+Nadie respondió. Silenciosamente se fueron acercando uno por uno á
+Velázquez y le abrazaron con emoción. Él procuraba disimular la que
+sentía bajo una sonrisa forzada. Vinieron después las mujeres y le
+estrecharon la mano. «Buen viaje. Buena suerte. ¡Que Dios te traiga
+pronto!» Paca le entregó un escapulario de la Virgen del Carmen
+rogándole que se lo pusiese. El majo le dió las gracias llevándolo á los
+labios.
+
+Cuando llegó el turno a Mercedes, Velázquez la retuvo las manos entre
+las suyas un momento y le dijo por lo bajo viéndola sonreir:
+
+--¡Qué contenta estás, Mercedes! Te alegras de que me vaya, ¿verdad?
+
+--Ni me alegro ni me entristezco. Pues que nadie te obliga á marchar,
+debe de ser un viaje de recreo el que haces--respondió ella sin dejar de
+sonreir.
+
+--Sí, te alegras, lo estoy viendo en tu semblante... Haces bien; yo no
+he servido más que para darte jaqueca. Perdóname y que Dios te haga muy
+feliz, como deseo.
+
+--¡Adiós!--repuso lacónicamente la joven.
+
+Se estrecharon la mano con fuerza y se apartaron. Pero el rostro de la
+niña al hacerlo empalideció, dió unos pasos atrás como si estuviese
+mareada y se dejó caer sobre un cable enrollado; tapóse los ojos con las
+manos y comenzó á sollozar fuertemente.
+
+Quedaron estupefactos todos. Hubo unos momentos de silencio. Varios
+acudieron al fin solícitos preguntándole:
+
+--¿Qué te pasa, Mercedes? ¿Te has puesto mala? ¿Qué te pasa, hija, qué
+te pasa?
+
+--¡Qué le ha de pasar!--exclamó su hermana Isabel roja de ira.--¡Que se
+ha caído de tonta!
+
+Y su madre y su prima Pepa se lanzaron al mismo tiempo indignadas y
+enfurecidas sobre ella.
+
+--¡Cómo!... ¿No te da vergüenza? ¡Llorar por un hombre que se burla de
+ti! ¡Loca! ¡más que loca! ¡Vaya un paso chistoso!
+
+La joven, sin responder á tales invectivas, seguía llorando con el
+rostro entre las manos.
+
+Entonces Velázquez avanzó hasta colocarse entre ella y las que la
+injuriaban, y dijo gravemente con voz temblorosa:
+
+--Si lo que ustedes dicen es cierto, si las lágrimas de esa niña se
+vierten por mí, sólo puedo demostrarles que no he querido burlarme
+ofreciéndoles casarme mañana mismo con ella... Ya sé que no la merezco,
+pero juro por mi salud que haré cuanto pueda por merecerla.
+
+Al oir estas palabras, un grito de júbilo estalló en la reunión. Todos
+palmoteaban; todos chillaban dirigiéndose exclamaciones de asombro y de
+gozo.
+
+--¡Tiene gracia! ¡Venir á un duelo y salir un casorio!...--Á mí me daba
+el corazón que los dos se querían...--¡Y á mí!--¡Y á mí!
+
+El señor Rafael, loco de alegría, gritaba:
+
+--¡Vivan los novios! El día que os caséis prometo emborracharme... lo
+que no hice en los días de la vida.
+
+Y empujando al mismo tiempo á Velázquez contra Mercedes, añadía:
+
+--¡Anda! ¡Abrázala, cobarde!... ¡Hazte cuenta que no somos nadie!
+
+Pepa y Paca alzaban á su vez á Mercedes y la empujaban hacia su novio.
+Éste la abrazó con efusión.
+
+--Ya no hay viaje, capitán--dijo luego volviéndose al de la corbeta.
+
+--La primera vez que me alegro de separarme de ti, Velázquez--repuso
+éste estrechándole la mano.
+
+Acometidos de un vértigo, todos hablaban y nadie se entendía. Mas hé
+aquí que el prudente Frasquito se acerca á Velázquez y le dice
+misteriosamente:
+
+--Oye, chico, pero ¿vas á perder el dinero del pasaje?
+
+El majo suelta una ruidosa carcajada y exclama dándole afectuosas
+palmadas en la espalda:
+
+--¡Sí que lo pierdo! ¿Quieres aprovecharlo tú?
+
+El señor Rafael había oído la carcajada y se acercó para saber lo que se
+trataba. Velázquez le informó riendo. Dió el viejo un paso atrás y,
+mirando fijamente á su sobrino, se santiguó diciendo con gravedad:
+
+--Sobrino, no nos separamos. Yo no deshago la sociedad. Eres el único
+sabio que hay en Cádiz. Déjame, por Dios, que cuente este golpe á todo
+el mundo para honra de la familia.
+
+--¡Tío, no la enredemos ahora que estamos todos alegres!--exclamó
+Frasquito exasperado.
+
+--¿No quieres que lo cuente? Está bien: te guardaré el secreto. Pero de
+aquí en adelante hazte cuenta que no eres mi sobrino... ¡Quiero que seas
+mi tío!
+
+Velázquez atajó la disputa llevándose á Frasquito. Todos se despidieron
+del capitán afectuosamente y de nuevo bajaron la escala, acomodándose
+como mejor pudieron en las dos lanchas que los habían traído. Una vez en
+ellas, como el día continuase sereno y el mar sosegado, á uno de ellos
+se le ocurrió acompañar á la corbeta algún trecho. Se aceptó con
+regocijo la idea. El capitán hizo al instante levar anclas y el buque,
+arrastrado penosamente por sus dos botes, emprendió una marcha lenta
+hasta llegar á paraje abierto donde pudiera desplegar las velas. Las
+lanchas le daban escolta.
+
+Reinaba el júbilo en éstas, cambiándose entre unos y otros mil bromas y
+donaires. El blando movimiento de las olas y la fresca caricia de la
+brisa excitaban más su alegría. Velázquez no se había sentado al lado de
+Mercedes. Por un sentimiento de delicadeza prefirió colocarse entre sus
+futuros suegros. Cuando el bullicio se hubo calmado un poco, les habló
+en voz baja de este modo:
+
+--Un sueño me parece lo que está pasando. Me encuentro sentado entre
+ustedes; veo allí á Mercedes, con la cual no tardaré en casarme, y
+apenas puedo creerlo. Dios no ha querido que fuese á morir en tierras
+extrañas, sino que viva entre mis amigos al lado de una esposa que no
+merezco. Después de Dios á ustedes se lo debo. Quisiera poder
+demostrarles mi agradecimiento no con palabras, sino con hechos. Creo
+que la mejor manera será haciendo á su hija feliz y á esto me
+comprometo... Aquel Velázquez calavera, mujeriego y pendenciero se
+marcha en ese barco para el Perú. El que aquí queda es un hombre decente
+que sabrá mientras viva querer á su esposa y respetarles á ustedes.
+
+El viejo _Cardenal_ aprobó con la cabeza las palabras del majo; pero la
+madre replicó con acento en que se traslucía aún la cólera:
+
+--No creas que te entrego á mi hija de buena voluntad. Lo hago porque la
+conozco y sé que si la contrariase se enfermaría. Á mí no se me olvidan
+los desaires que la has hecho y si estuviese en su lugar puedes estar
+seguro de que no volverías ahora tan satisfecho á Cádiz.
+
+--¡Silencio, mujer!--interrumpió el padre con energía, y volviéndose á
+Velázquez añadió gravemente:--Las mujeres perdonan mejor los agravios
+que las hacen que los que hacen á sus hijos. Eres hombre de juicio y
+sabrás disimular el resentimiento de una madre. Yo te doy mi palabra de
+que haciendo feliz á Mercedes no tardará en desaparecer.
+
+Llegaron al fin á la mar libre. La _Esperanza_ izó algunas velas y su
+tripulación dejó los botes para subir á bordo. Los remeros de las
+lanchas recibieron orden de mantenerse quietos. Todos se despidieron con
+mucha gritería del capitán é inmediatamente pusieron proa á la ciudad.
+
+El sol iba á ocultarse. El firmamento azul se teñía de púrpura en
+Occidente con viva incandescencia que ascendía hasta el zenit,
+fundiéndose gradualmente en tintas de grana y oro hasta perderse en
+suave y maravilloso rosicler. El vasto Océano llameaba recibiendo en su
+seno con misterioso temblor el disco del sol, grande, rojo,
+resplandeciente. Todos se alegran contemplando este sublime espectáculo.
+La fresca brisa de la tarde baña su rostro. Vuelven los ojos á tierra y
+su gozo aumenta viendo á Cádiz surgir de las aguas con su ceñidor de
+espumas, con su crestería que los rayos del sol doran como la corona
+gigantesca del dios de los mares.
+
+En aquel momento, Soledad preguntó á Uceda en voz baja:
+
+--¿Sigues en tu idea de marcharte á Sevilla?
+
+--Sí.
+
+--Yo también me voy.
+
+--¿A qué?--dijo el caballero fingiendo sorpresa.
+
+--No lo sé--replicó la joven pugnando por no llorar.
+
+Guardaron silencio unos instantes. Uceda la dijo al fin con sonrisa
+benévola tomándole una mano:
+
+--Escucha, Soledad. ¿Ves ese hermoso sol que va á desaparecer? Tú sabes
+que mañana volverá á lucir en el cielo tan hermoso como hoy. Así sabía
+yo que tu amor volvería. Porque en este mundo el amor engendra al amor,
+pero el capricho sólo engendra al hastío. Á pesar de tus locuras te he
+seguido queriendo porque adivinaba en ti un espíritu infantil á quien no
+se puede exigir la responsabilidad de sus actos y también porque
+respetaba en mí el primer amor que tú habías logrado inspirar. Aun hoy
+te quiero con toda mi alma, pero...
+
+--Sí, ya sé que no puedo ser tu esposa. Seré tu criada... tu
+esclava--interrumpió Soledad con ímpetu.
+
+--¡Silencio! Para el hombre de corazón nada hay más imposible que la
+maldad. Una voz interior me dice que he nacido para protegerte, para
+salvarte de la infamia. Confíame tu suerte. Ignoro lo que serás con el
+tiempo para mí, pero puedes estar segura de que nada haré que pueda
+rebajarte. Sin tregua ni descanso trabajaré desde hoy por elevarte, por
+dignificarte, para sacar de ti el ser inocente y noble que mi cariño me
+ha dicho siempre que existe.
+
+Así habló el caballero de Medina. La joven escucha estas palabras con
+alegría y sus bellos ojos se nublan de lágrimas.
+
+Las lanchas bogaban apresuradamente hacia el puerto envueltas en rojizos
+resplandores. La _Esperanza_ izaba á lo lejos todas sus velas que se
+hinchaban al soplo de la brisa. Su casco negro, robusto, se inclinaba
+suavemente para hender el cristal de las aguas. El capitán, desde lo
+alto del puente, saludaba todavía con su gorra blanca.
+
+
+
+
+ÍNDICE
+
+
+
+ Páginas
+
+PRÓLOGO v
+
+I.--El viajero 1
+
+II.--Los majos 13
+
+III.--Soledad 35
+
+IV.--Velázquez. 51
+
+V.--Celos 61
+
+VI.--Disputa 81
+
+VII.--El columpio 93
+
+VIII.--Crisis 121
+
+IX.--El Carnaval 133
+
+X.--Rebelión 161
+
+XI.--Sumisión 171
+
+XII.--La maga 181
+
+XIII.--Antoñico 197
+
+XIV.--La boda de Pepa 213
+
+XV.--Noche gaditana 241
+
+XVI.--Despedida 267
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Los majos de Cádiz, by Armando Palacio Valdés
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS MAJOS DE CÁDIZ ***
+
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+will be renamed.
+
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+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
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+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
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+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
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+
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+
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+
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+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
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+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
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+
+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
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+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
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+1.E.9.
+
+1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
+with the permission of the copyright holder, your use and distribution
+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
+terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked
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+
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+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
+
+1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
+electronic work, or any part of this electronic work, without
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+active links or immediate access to the full terms of the Project
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+1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
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+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
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+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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+1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
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+that
+
+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
+- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
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+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
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+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
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+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
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+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+ </head>
+<body>
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+<pre>
+
+The Project Gutenberg EBook of Los majos de Cádiz, by Armando Palacio Valdés
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Los majos de Cádiz
+
+Author: Armando Palacio Valdés
+
+Release Date: October 5, 2011 [EBook #37637]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS MAJOS DE CÁDIZ ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
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+
+
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+</pre>
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+<hr class="full" />
+
+<table summary="note" border="4" cellpadding="10" style="background-color: #ffffff;
+max-width:50%;margin-bottom:8%;">
+ <tr>
+ <td valign="top" align="center">En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
+original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
+texto.<br />
+(nota del transcriptor)</td>
+ </tr>
+</table>
+
+<h1><small>LOS</small><br /><br />
+MAJOS DE CÁDIZ<br /><br />
+<small><small>(NOVELA DE COSTUMBRES)</small></small></h1>
+
+<p class="cb">POR<br /><br />
+ARMANDO PALACIO VALDÉS</p>
+
+<p class="c">
+<br />
+<br />
+&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;
+<br />
+<br />
+</p>
+
+<p class="cb">MADRID<br />
+TIPOGRAFÍA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNÁNDEZ<br />
+Libertad, 16 duplicado.<br />
+1896</p>
+
+<p>
+<br />
+<br />
+</p>
+
+<p class="r">ES PROPIEDAD</p>
+
+<table border="2" cellpadding="5" cellspacing="0" summary="">
+<tr><td align="center"><a href="#INDICE"><b>ÍNDICE</b></a></td></tr>
+</table>
+
+<p><a name="page_00v" id="page_00v"></a></p>
+
+<h3><a name="PROLOGO" id="PROLOGO"></a>PRÓLOGO<br /><br />
+Observaciones acerca de la composición en la novela.</h3>
+
+<h4>I</h4>
+
+<p>Para el lector aficionado á razonar el arte y discutir su técnica
+escribo estas breves líneas. Páselas por alto quien sólo aspire á
+sentirlo, seguro de que nada perderá en ello: mi simpatía, como la de
+todo artista, estará siempre con él. Porque sólo una imaginación fresca
+exenta de conceptos retóricos puede gozar realmente las obras poéticas,
+respirar con libertad en el mundo de la fantasía. Además, dígase lo que
+se quiera, á ningún <i>maese Pedro</i> le place mostrar por dentro el retablo
+de las figuras con sus jarcias y resortes; y si alguna vez lo hace,
+suele ser apretado por el deseo de defenderse de los pecados que le
+atribuyen ó de prevenir al público contra los errores de una crítica
+precipitada ó desleal. No es esto, sin embargo, lo que me impulsa á
+escribir el presente prólogo, como tampoco me ha movido á escribir el
+que años ha puse al frente de mi novela <i>La Hermana San Sulpicio</i>. En
+España, afortunadamente, apenas si existe la crítica, y el autor de
+novelas goza de aquella paz profunda, de aquella amable serenidad de que
+gozaron en las primeras edades del mundo Valmiky y Homero para escribir
+sus inmortales poemas. La única razón que hallo en mi espíritu (aparte
+de cierta manía didáctica que me ha quedado de los años de adolescencia,
+cuando con mi dedo infalible señalaba á los autores la ruta que debían
+seguir) es la contradicción en que me reconozco con los gustos y
+tendencias que dominan actualmente lo mismo en las artes plásticas que
+en la poesía. Esta contradicción me atormenta sobremanera, porque me
+hace dudar de mí mismo. Derramo la vista por Europa y no veo en la
+pintura y en la poesía más que escenas lúgubres y prosaicas, no escucho
+sino acentos de muerte. De las estepas de la Rusia llegan delirios
+místicos que entusiasman al pueblo de Molière, de Rabelais y de
+Voltaire. De aquí surgen análisis indigestos, obscenidades escandalosas
+que seducen á los hijos de Cervantes; por último, el viento glacial de
+la Noruega nos envía en forma dramática aéreos simbolismos que
+estremecen de gozo á la Italia, ¡á la Italia, donde han nacido Virgilio
+y Petrarca, Rafael y Tiziano! Naturalistas, místicos, decadentistas,
+ibsenistas, simbolistas en la poesía; luministas, azulantes, metalistas
+en la pintura. El arte se me representa como un inmenso ataque de
+nervios, los artistas como locos unas veces, otras como charlatanes que
+disfrazan su impotencia con afectaciones monstruosas y se aprovechan
+hábilmente de la perversión general del gusto; el público estragado por
+ellos y por el utilitarismo reinante, sin criterio para distinguir lo
+bello y lo sano de lo feo y absurdo.</p>
+
+<p>Al observar mi naturaleza en contradicción tan radical con el espíritu
+de la época me asalta el temor de padecer una aberración mental: hay
+momentos en que me figuro ser uno de esos infelices degenerados
+incapaces de «adaptarse al medio» que tan bien pintan los modernos
+filósofos de la escuela positiva, y me estremezco y me abato, y me
+propongo en término no lejano someterme á un tratamiento terapéutico
+adecuado. Es posible que con las duchas, la nuez de Kola y el vino
+ferruginoso, los dramas noruegos me parezcan tan interesantes como los
+de Shakspeare, Calderón ó Schiller, los místicos rusos tan profundos
+como Platón y Spinoza, las novelas de la escuela naturalista tan bellas
+como las de Longo, Cervantes y Goethe, los cuadros de los decadentistas
+franceses mejores que los de Rubens y Velázquez. Pero mientras llega la
+hora feliz de regenerarme hasta donde sea posible, pido permiso para
+exponer algunas observaciones críticas acerca del arte de escribir
+novelas. Voy á aventurar ciertas hipótesis que constituyen el fondo
+mismo de mi inspiración, lo que hasta ahora me ha sostenido y consolado
+en la ya larga labor que he llevado á término. Absurdas ó verdaderas, yo
+las amo. Sólo pido al lector que antes de condenarlas al desprecio las
+medite un instante.</p>
+
+<h4>II</h4>
+
+<p>Dirijamos una mirada á la historia del arte. Hay un hecho que desde
+luego llama poderosamente la atención: la fecundidad prodigiosa de
+ciertas épocas y la esterilidad de otras. En el período de poco más de
+un siglo que media entre Fidias y Praxiteles nacen en el suelo reducido
+de la Grecia centenares de escultores, la mayor parte desconocidos para
+nosotros, pero cuyas obras, carcomidas y mutiladas como salen de entre
+los escombros, nos llenan de admiración y alegría. En un período de
+cincuenta ó sesenta años del siglo XV brilla en el país de Flandes
+legión numerosa de grandes pintores, cuyos cuadros, si alguien ha
+igualado, nadie ha sobrepujado jamás. Apágase momentáneamente la
+inspiración de los artistas flamencos en el siglo XVI y se traslada á
+Italia, donde viven y trabajan á un mismo tiempo algunas docenas de
+genios portentosos, cada uno de los cuales bastaría para ilustrar un
+siglo. Torna la mágica fuerza en el siglo XVII á los Países Bajos y
+produce esa maravillosa explosión donde los pintores ya no se cuentan
+por cientos, sino por millares. Nuestra patria se siente arrastrada por
+Italia y por Flandes al cielo de la belleza, y hace brotar de su seno la
+famosa escuela española con Zurbarán, Ribera, Velázquez y Murillo. ¿No
+es verdad que parece un contagio? De pronto aquel sol esplendoroso se
+eclipsa y quedamos dos siglos en oscuridad y tristeza. Sólo tal cual
+artista, aproximándose, aunque sin igualar jamás á aquellos genios,
+brilla como estrella solitaria y melancólica.</p>
+
+<p>Las explicaciones que los historiadores del arte suelen dar á este hecho
+sorprendente nunca me han satisfecho. La aparición del arte como una
+consecuencia natural del engrandecimiento material de los países, como
+la flor de la civilización, que es la teoría hoy predominante, no hace
+más que agregar un hecho á otro hecho sin explicar ninguno de los dos.
+Supongamos cierto que el arte se produce necesariamente cuando los
+países alcanzan cierto grado de prosperidad, cuando el hombre, después
+de haber allanado los obstáculos que la naturaleza le oponía para su
+subsistencia, queda desahogado y puede gozar en calma de la vida. Pero
+la dificultad queda en pie. ¿Por qué en ciertas épocas de prosperidad
+nacen muchos y grandes artistas, y en otras de tanta ó mayor opulencia
+no nace ninguno? Nadie puede dudar que en la actualidad existen en el
+mundo países ricos y prósperos donde la civilización ha subido á una
+altura desconocida en la historia, donde la vida es fácil, segura,
+cómoda. Francia, Inglaterra, Alemania, Austria, Bélgica, Holanda y los
+Estados Unidos de América son testimonios innegables de esta afirmación.
+Además, en ninguna época conocida de la historia los artistas han podido
+trabajar con más seguridad ni han encontrado un público tan numeroso ni
+tan solícito para recompensarlos. Compárese lo que hoy gana cualquier
+pintor, por poco que se distinga, con lo que obtenían por sus obras
+Velázquez ó Rembrandt. Compárese la consideración y el respeto de que
+hoy gozan los artistas, hasta el punto de formar una aristocracia tan
+elevada y orgullosa como la de la sangre, con la protección desdeñosa
+que los próceres de otros siglos les dispensaban y el humillante jornal
+que algunos reyes solían otorgarles. ¿Qué momento más favorable puede
+ofrecerse para que la flor de la poesía abra sus pétalos á la luz y
+ostente sus colores más brillantes? Gloria, dinero, seguridad, todo lo
+posee hoy el artista que sepa distinguirse. ¡Y, sin embargo, nuestros
+pintores y escultores no pueden compararse á los de otras épocas! La
+música, que es el arte más moderno, se encuentra hace años ya en
+absoluta decadencia; la literatura, como luego demostraré, igualmente.</p>
+
+<p>Existen, dicen los filósofos naturalistas, razones fisiológicas que
+explican y determinan este fenómeno, como todos los demás de la vida. No
+lo dudo. El hombre se halla enteramente sometido á las fuerzas que obran
+en el seno de la naturaleza, las cuales, á par que engendran, limitan el
+desarrollo de los individuos y las razas. Pero la acción de tales
+fuerzas es tan misteriosa, se ejerce por caminos tan oscuros para
+nosotros, que sólo vagamente podemos atribuirles cuanto sucede en el
+mundo. Nuestro espíritu exige motivos más cercanos. Voy, pues,
+humildemente á proponer una explicación racional del problema, con la
+esperanza de que, si no satisface al lector, por lo menos le ayudará á
+pensarlo y resolverlo por sí mismo.</p>
+
+<p>Como no hallo razón para que en los cincuenta primeros años de un siglo
+nazcan cien artistas de gran mérito y en los cincuenta siguientes
+ninguno, me atrevo á sostener que, dadas las mismas condiciones de raza,
+de medio, de cultura, de seguridad y de estímulo, los hombres nacen
+iguales, ó lo que es igual, en la segunda mitad de un siglo, como no
+hayan variado notablemente las circunstancias apuntadas, ven la luz
+tantos artistas como en la primera. La diferencia está solamente en que
+en la primera mitad los hombres que han nacido con aptitudes para sentir
+la belleza y representarla han podido sacar el fruto de ellas, las han
+desenvuelto natural y lógicamente, mientras que los segundos, por causas
+que ahora voy á indicar, no han podido mostrar al mundo su riqueza
+interior.</p>
+
+<p>Atribuyo la decadencia de las bellas artes, cuando no hay razón externa
+que la explique, á una perversión del gusto, esto es, á la <i>falta de una
+dirección sana y adecuada para los artistas</i>. Creo que el gusto es lo
+que determina la altura que el pintor, el escultor ó el poeta puede
+alcanzar en sus obras. Los artistas de las épocas de decadencia han
+nacido tan bien dotados por la naturaleza como los del florecimiento.</p>
+
+<p>Convirtamos los ojos á la época actual. Examinando los cuadros que hoy
+se pintan, las estatuas que se esculpen, ó leyendo con atención las
+obras poéticas que se publican, nadie puede echar menos con justicia el
+ingenio, la invención y el estudio. Si no en la mayor parte, porque la
+producción es excesiva, veo detrás de muchas de ellas la mano y la
+inteligencia de un hombre superior, perfectamente dotado por la
+naturaleza para producir obras bellas y duraderas. ¿Por qué no las
+produce? Sólo por un error de su inteligencia, por una torcida
+dirección que el momento y el medio en que nació han impreso á su
+inspiración, en suma, por la falta de <i>gusto</i>. Esto es lo que se observa
+hoy, principalmente en el cultivo de las artes; ausencia de gusto. <i>To
+be honest, as this world goes is to be one man pick'd out of ten
+thousand</i>, dice Hamlet. Parodiando estas palabras, bien podemos afirmar
+que, tal como hoy van las artes bellas, tener buen gusto equivale á
+señalarse, no entre diez mil hombres, sino entre cien mil.</p>
+
+<p>El origen de esta perversión del gusto no debe buscarse en
+circunstancias del momento, en defectos de escuela trasmitidos de unos
+individuos á otros, en extravíos fortuitos. Su fundamento es más alto á
+mi juicio: se halla en el principio mismo que ha engendrado la gran
+superioridad artística del Occidente sobre el arte asiático, en el mayor
+desarrollo de la energía individual. Tan cierto es que no hay principio
+verdadero y fecundo que exagerado no se convierta en error y en
+manantial de ruina y que el <i>nada demasiado</i> del oráculo griego es la
+mayor verdad que se ha dicho hasta ahora en el mundo.</p>
+
+<p>La mayor energía individual, la afirmación de su independencia frente á
+la naturaleza, produciendo la variedad de los caracteres, es lo que ha
+elevado al griego sobre el indio y el arte occidental sobre el asiático.
+En el mundo oriental sólo existen tipos; de aquí la monotonía, no
+privada de belleza y sublimidad muchas veces, de sus monumentos
+poéticos. Pero aquel principio fecundo para la civilización, y
+singularmente para las artes, que ha engendrado la <i>Iliada</i>, el
+<i>Prometeo encadenado</i>, la <i>Niobé</i> y el <i>Partenon</i>, que más tarde creó
+las obras portentosas del Renacimiento, exagerado en la Europa moderna,
+sacado fuera de sus justos límites, ha traído consigo el desequilibrio y
+como resultado la decadencia. La energía individual y la independencia
+exageradas se han trasformado en <i>vanidad</i>. Este es el gusano que roe y
+paraliza la fuerza de los artistas contemporáneos.</p>
+
+<p>Obsérvese el procedimiento de los antiguos y de los que los han imitado
+en el período del Renacimiento. Un artista, que por sus obras excelentes
+llegaba á merecer el título de maestro, reunía en torno suyo un grupo
+más ó menos numeroso de jóvenes á quienes revelaba los secretos del arte
+é infundía su propio espíritu, adiestrándolos lentamente para hacerlos
+primero sus ayudantes, luego colaboradores de sus obras. El discípulo,
+al cabo, se hacía maestro, concluía por separarse, pero seguía
+trabajando en la misma dirección y con los mismos procedimientos, y sin
+darse quizá cuenta de ello, ni menos proponerse <i>romper ningún molde</i>,
+por la energía de su personalidad artística producía obras distintas,
+tanto ó más bellas que las de su maestro, pero sin que se desatase el
+lazo que los unía. Igual fenómeno en la literatura. Homero es el gran
+maestro del mundo helénico. Todos los poetas dramáticos, épicos ó
+líricos acuden á él para beber su inspiración. Esquilo, Sófocles,
+Píndaro y Eurípides confiesan modestamente que viven de las migajas de
+su mesa. Más tarde, cuando Roma empuña el cetro de la literatura, sus
+poetas más insignes no se desdeñan de llamarse discípulos de los
+griegos, los estudian con veneración y los imitan con complacencia. Nada
+han desmerecido por eso á los ojos de la posteridad. La <i>Eneida</i> es una
+imitación de la <i>Odisea</i>, y sin embargo hace veinte siglos que embelesa
+al mundo.</p>
+
+<p>Decía Sófocles en los últimos años de su vida que si había logrado
+escribir algo bello en su vida, fué renunciando á <i>la pompa de Esquilo</i>
+y también á los refinamientos de arte á que se sentía demasiado
+inclinado. Estas palabras deben dar que pensar á cualquier artista,
+porque encierran la más profunda enseñanza. Cuando los ciclos
+legendarios de la Grecia habían sido ya desenvueltos de un modo
+maravilloso por el genio de Esquilo en trilogías dramáticas que
+parecían insuperables, Sófocles logró, sin embargo, aventajarle. No
+hubiera conseguido esto, si guiado por el amor propio tratase de
+superarle buscando mayores y más vivos efectos, esforzando las galas del
+lenguaje. Pero guiado sólo del amor á lo bello y permaneciendo fiel á su
+naturaleza, no trató más que de producir obras bellas y perfectas, sin
+curarse de competir en ingenio con su glorioso predecesor; y por esta
+modestia y esta moderación llegó á ser el más grande de los dramaturgos
+que la humanidad ha producido.</p>
+
+<p>¡Cuán distinto lo que hoy sucede! Apenas un joven sabe tener el pincel,
+la pluma ó el cincel en la mano, ya se juzga en la necesidad de crear
+algo original, cuando no extraño ó inaudito: se creería humillado
+siguiendo la inspiración y los procedimientos de otro artista, por
+grande que sea. El negocio capital para él no es trabajar bien, sino
+trabajar de un modo distinto que los otros; la originalidad le preocupa
+mucho más que la belleza. Este anhelo que hoy se ha apoderado de todas
+las cabezas, hasta de las más vacías, hace recordar aquel gracioso
+epigrama de Goethe á los originales: «Un quídam dice: Yo no pertenezco á
+ninguna escuela; no existe maestro vivo de quien reciba lecciones; en
+cuanto á los muertos, jamás he aprendido nada de ellos». Lo cual
+significa, si no me equivoco: «Soy un majadero por mi propia cuenta».
+Este afán desmedido de originalidad ¿qué otra cosa es sinó lo que hemos
+dicho, una exageración de la energía individual, un desequilibrio, el
+pecado, en fin, de la soberbia? Triste es confesarlo, pero en la torcida
+dirección que hoy siguen las artes no debe echarse toda la culpa á los
+que las cultivan. El público tiene también una gran parte; el público
+que, en vez de pedirles obras bellas, bien meditadas y con destreza
+concluídas, les exige solamente que no se parezcan á los demás,
+fomentando de esta suerte la excentricidad y el mal gusto, que ha dado
+vida en los últimos años á esa nube de obras extravagantes y ridículas,
+donde la impotencia marcha unida á la vanidad. A la novela, como género
+predominante hoy en la literatura, ha tocado la mayor parte de esta
+viciosa corriente.</p>
+
+<h4>III</h4>
+
+<p>La novela es un género comprensivo que participa de la naturaleza de la
+epopeya, de la del drama y que no pocas veces también entra en los
+dominios de la poesía lírica. Tal amplitud permite al escritor una
+gozosa libertad, que no disfrutan los que cultivan otros géneros más
+definidos. No sólo se le exime del lenguaje rítmico, sino de aquellas
+otras trabas con que la retórica dogmática ha atormentado hasta ahora á
+los poetas épicos y líricos. La novela, en su esencia, rechaza toda
+definición: es lo que el novelista quiere que sea. Pero tanta
+independencia trae, como es lógico, aparejada una mayor responsabilidad:
+ya que tanto se le perdona al novelista, menester es que su invención no
+desmaye jamás: de todo se le exime menos del ingenio. El novelista tiene
+la obligación ineludible de no fatigar jamás al lector, de mantener su
+atención despierta, sujeto su espíritu por lazos invisibles para hacerle
+viajar sin sentirlo por el mundo imaginario. ¡Cuán poco nos acordamos
+los que escribimos novelas de este primer requisito de toda composición
+romancesca! La mayor parte de las veces parece que, en lugar de
+interesar al lector y recrear su espíritu, nos proponemos acabar con su
+paciencia.</p>
+
+<p>La composición es el escollo en que tropiezan la mayor parte de los
+autores de novelas. Hay bastantes capaces de representarse la belleza y
+el interés que ofrece la vida con sus contrastes, dotados de rica
+fantasía, de penetración y de estilo; pero son á mi juicio muy pocos los
+que en la actualidad saben <i>componer</i> un libro. No acontece esto porqué
+la cualidad de componer sea superior ó más rara que las otras, sino
+porque los autores no fijan en ello la atención como debieran.
+Preguntaban á Newton en cierta ocasión: ¿Cómo ha llegado usted á
+descubrir la ley de la gravitación? A lo que el sabio respondió
+modestamente: «Pensando en ello». Si los novelistas pensasen más en la
+perfección de sus obras y menos en ostentar á todo trance las cualidades
+de que se creen poseedores, ó en producir ruido, imagino que aquéllas
+serían más bellas y duraderas. Para ello lo primero que debieran
+representarse es que una novela es una obra de arte; por lo tanto, una
+obra donde la armonía es lo esencial. Esta armonía la encuentra
+naturalmente el artista que sabe limitar sus concepciones y concentrar
+los tesoros de su fantasía exhibiendo de ellos lo que hace falta y nada
+más. ¿Excluye tal limitación la riqueza del fondo, la pintura viva de
+los pormenores, el sentimiento de los matices, la delicadeza para
+apreciar las relaciones más sutiles de la vida? Estoy muy lejos de
+pensarlo. Todo eso puede subsistir perfectamente dentro de unos
+contornos precisos. Basta que el novelista sienta la necesidad de la
+claridad y la medida.</p>
+
+<p>El hombre es un ser limitado y, por lo mismo, todo lo que de él proceda
+ha de ser limitado también. Porque el fondo de la obra de arte, que es
+la belleza ideal, carezca de límites no debe imaginarse que su expresión
+plástica ó conceptiva pueda sustraerse á ellos. La belleza se expresa
+eternamente en la naturaleza de un modo definido, claro, concreto. En el
+arte debe acaecer lo mismo. Hay muchos artistas que ignoran esta gran
+verdad; se figuran que dejando inciertos los contornos de su obra se
+emancipan de la limitación que constituye su ser, se aproximan mejor á
+la sublimidad y grandeza del ideal. Es un error de óptica por el cual se
+engañan á sí mismos y engañan á los demás. Así sucede que cuando aparece
+una de esas obras aparatosas, enormes, enfáticas, envueltas de vaguedad
+y misterio, con aspiraciones simbólicas y místicas, como muchas de la
+escuela romántica pasada y casi todas las de los naturalistas,
+simbolistas y decadentistas modernos, el público se estremece, imagina
+que detrás de aquellas nieblas hay un inefable misterio, que se va á
+descubrir al fin y contemplar el eterno ideal, y corre afanoso á
+presenciar el milagro; pero ¡ay! no tarda en volver mustio y
+desengañado, porque detrás de tanto aparato no ha visto absolutamente
+nada. La obra portentosa se hunde muy pronto en el olvido, mientras la
+obra bien definida, clara y armónica, como la <i>Odisea</i>, las
+<i>Siracusanas</i> de Teócrito, el <i>Hermann y Dorotea</i> de Goethe, sigue por
+los siglos de los siglos fresca como una rosa, reflejando la inmortal
+belleza del universo.</p>
+
+<p>Tampoco juzgo que esta armonía necesaria en la composición de la novela
+sea equivalente de la simplicidad. La novela participa, como ya he
+dicho, de la naturaleza del drama y de la de la epopeya, pero más, á mi
+juicio, de la última. No es, pues, esencial para ella que la acción
+avance rápidamente hacia su fin, sin distraerse jamás como en el drama,
+sino que puede marchar con lentitud, deteniéndose á cada instante para
+referir episodios ó describir países y costumbres, á semejanza de los
+poemas épicos; porque, como expresa profundamente Schiller, la acción
+para el poeta dramático es el verdadero fin, mientras para el épico
+(digamos novelista en este caso) no es más que un medio para alcanzar un
+objeto absoluto y estético. Ahora bien, ¿cuál es este objeto absoluto y
+estético que el poeta épico y el novelista persiguen? El mismo Schiller
+lo descubre con admirable claridad en otra de sus cartas: «La misión del
+poeta épico es hacer que aparezca toda entera la íntima verdad del
+asunto: no pinta más que la existencia tranquila de las cosas y el
+efecto que naturalmente producen: hé aquí por qué, en vez de correr
+impacientemente hacia el término de la narración, nos place detenernos á
+cada instante con él». Dejemos, pues, al novelista la libertad de
+pararse donde lo tenga á bien, como el poeta épico: si siente amor á la
+claridad y á la medida, clara y armónica será su obra, aunque se
+distraiga á menudo. Nadie osará negar estas cualidades á la <i>Odisea</i> y
+la <i>Eneida</i>, ni al <i>Quijote</i> y el <i>Gil Blas de Santillana</i>, á pesar de
+sus numerosos episodios. Guardémonos de confundir la armonía con la
+simplicidad de la acción, ni siquiera con la regularidad de sus partes.
+Es algo más profundo y espiritual que surge espontáneamente de la
+belleza del asunto y del equilibrio en las facultades del novelista.</p>
+
+<p>No hay para qué advertir que esta libertad se halla subordinada á la
+exigencia ineludible de toda obra de arte, que es la de interesar. Los
+episodios han de tener, pues, en la novela, como en el poema épico, un
+valor absoluto é independiente, ó lo que es igual, han de ejercer sobre
+el espíritu la fascinación que produce la belleza. Si no deleitan, deben
+suprimirse. Como regla empírica de la composición (pues me parece
+impertinente dogmatizar en este punto), añadiré que á mi entender los
+episodios deben apartarse lo menos posible de la acción principal y
+guardar con ella una relación secreta, si no aparente. Son más
+plausibles aquellos que á su belleza absoluta agregan un valor relativo,
+como es el de dar mayor relieve al carácter principal de la obra ó
+producir lo que hoy se llama <i>color local</i>, esto es, descubrir el
+misterioso lazo que une al hombre con la naturaleza, á los caracteres
+con los sitios en que se ejercita su actividad. Casi todos los del
+<i>Quijote</i> cumplen admirablemente con este requisito. Pero los de otros
+novelistas españoles, como Mateo Alemán, Vicente Espinel, Vélez de
+Guevara; Céspedes, etc., á menudo nos fatigan por lo deshilvanados, ya
+que no por lo desabridos... Y lo mismo sucede, á pesar de su excelencia,
+con las novelas de algunos escritores extranjeros, como Richardson,
+Fielding, Dickens, Juan Pablo Richter, etc.</p>
+
+<p>Observaré que esta tendencia á la dispersión se ha atenuado mucho en los
+tiempos presentes. Los actuales novelistas gustan más de recoger una
+acción y seguirla sin vacilaciones ni tregua que de entretenerse con
+otras narraciones secundarias más ó menos alejadas de la principal, como
+hacían los del siglo pasado y los de la primera mitad del presente. En
+este punto, no obstante, los escritores de raza latina se señalan más
+por su amor á la unidad que los germanos y eslavos, inclinados siempre
+con predilección á la variedad. Las obras de estos últimos se
+caracterizan por una gran riqueza de ideas y sentimientos: en las de
+algunos de ellos hay tal delicadeza de percepción para recoger las
+relaciones más sutiles del mundo ideal que nos asombra; pero en general
+están peor compuestas que las de los latinos. Voy á presentar un ejemplo
+de dos escritores modernos que ya no existen. Dostoievsky, escritor
+ruso, y Silvio Pellico, italiano, han narrado ambos la historia de sus
+martirios en la prisión donde por causas análogas estuvieron encerrados.
+El libro del primero titulado <i>Recuerdos de la Casa de los Muertos</i> es
+más original, su sentimiento quizá más profundo, su observación sin
+disputa más delicada. En cambio se nota que el autor carece del talento
+de la composición: el libro, á pesar de las brillantes cualidades que
+posee, no puede leerse sin cierta fatiga. Por el contrario, la obra del
+escritor italiano titulada <i>Mis prisiones</i>, no tan vigorosa, es más
+pura, más fresca, más equilibrada y está tan admirablemente compuesta
+que ha logrado ser un libro clásico leído en todos los países con
+verdadero encanto.</p>
+
+<p>Relacionado estrechamente con la composición se halla el tamaño que á la
+novela debe darse; porque es punto menos que imposible componer bien una
+de exageradas dimensiones. Parece á primera vista insensato señalar
+límites materiales á una obra poética y aprisionar los vuelos del
+artista, pero es más insensato escribir obras descomunales y acusa
+generalmente presunción en los autores y, lo que es más grave para
+ellos, debilidad. El afán desmedido de escribir <i>largo</i> significa en
+muchos casos un deseo pueril de mostrarse fuerte, poderoso, sin
+comprender que el verdadero modo de mostrar fuerza es apoderarse del
+asunto y dominarlo y dominarse á sí mismo y poseerse enteramente. De
+igual modo la exaltación, que da origen en algunas ocasiones á actos de
+valor y heroísmo y á rasgos felices en el orden espiritual, no indica,
+según los médicos, un sistema de nervios vigoroso, sino débil y enfermo.
+El autor que escribe largo debe comprender que todo lo que gane en
+extensión su obra lo perderá en intensidad, y que no hay asunto que no
+pueda y deba desarrollarse con medida. El <i>Ramayana</i>, la <i>Iliada</i> y la
+<i>Odisea</i>, epopeyas que reflejan civilizaciones enteras, que llevan
+dentro de sí un mundo de ideas y costumbres, de sucesos, de noticias
+científicas é históricas, no tienen tantas páginas como ciertas novelas
+modernas. Además, si desea ser leído no sólo en vida, sino después de su
+muerte (y el autor que no aspire á ello debe soltar la pluma), no puede
+ocultársele, á no cegarle la vanidad, que para salvarse del olvido no
+sólo necesita producir una obra de belleza excepcional, sino procurar
+que no sea muy larga. El mundo contiene ya tantas grandes y bellas, que
+se necesita una prolongada vida para leerlas todas. Pedir al público,
+así que pase la novedad, que lea una producción de exageradas
+dimensiones, cuando tantas otras reclaman su atención y su tiempo, me
+parece inútil y hasta ridículo. No doy esto como principio absoluto,
+porque bien puede aparecer una obra de tan subido mérito que, larga ó
+corta, se lea por los siglos de los siglos. Sólo me refiero á la
+producción ordinaria. El ejemplo más notable de lo que afirmo se hallará
+en el célebre novelista inglés Richardson. El autor de <i>Clarisa Harlowe</i>
+y de <i>Pamela</i>, que á su ingenio admirable, á su exquisita sensibilidad y
+penetración añade la circunstancia de ser el padre de la novela moderna,
+apenas es hoy leído, á lo menos en los países latinos. Dada la belleza
+indisputable de sus obras, no puede achacarse á otra cosa que á su
+exagerada amplitud. Y la prueba de ello es que en Francia y España, á
+fin de que pudieran ser gustadas, se han publicado algunos epítomes ó
+compendios extractando de ellas lo más interesante. Tal proceder me
+parece una verdadera profanación; pero á ella se exponen los escritores
+que no saben ó no pueden concentrar las grandes facultades con que la
+naturaleza les ha favorecido.</p>
+
+<p>Y basta ahora acerca de la estructura ó esqueleto de la novela.</p>
+
+<h4>IV</h4>
+
+<p>Todo es asunto adecuado para la novela, se dice actualmente; toda parte
+de la realidad, toda fracción de la vida reproducida por un escritor
+inspirado puede engendrar una novela. Esta afirmación, que considero
+exacta en cierto sentido, sacada de sus justos límites y proclamada como
+principio absoluto ha dado origen á la literatura trivial y prosaica
+que hoy nos ahoga. Verdad que el espíritu humano puede embellecerse al
+contacto de toda realidad cuando arroja sobre ella una mirada serena;
+pero no es menos cierto que, á más de este elemento puramente subjetivo,
+hay en la producción de la belleza otro elemento objetivo que determina
+su valor y su fuerza. El placer de Velázquez pintando sus <i>Borrachos</i>, ó
+el de Rembrandt cuando bosquejaba su célebre <i>Lección de anatomía</i>,
+debía de ser grande: es siempre un goce contemplar la naturaleza de un
+modo desinteresado: mayor aún poseer la facultad de reproducirla con la
+exactitud asombrosa de estos maestros. Pero la alegría de Tiziano, de
+Corregio y Rafael debía de ser infinitamente más viva, porque estos
+grandes artistas no sólo se olvidaban de sí mismos como los otros, no
+sólo la reproducían con admirable verdad, sino que vivían en íntima
+relación con sus formas más puras y elevadas, aquellas en que ha podido
+expresarse con mayor libertad. Y cuando esta naturaleza tropezaba en su
+desenvolvimiento con algún obstáculo que la afeaba, estos pintores,
+guiados por su instinto, la interpretaban, le arrancaban su secreto
+deseo y la ayudaban á expresar claramente lo que sólo torpe y
+confusamente balbucía.</p>
+
+<p>No es, pues, indiferente el asunto ó tema en que la pluma de un escritor
+se ejercite. Todos son dignos, como los oficios en que el hombre cumple
+con la ley del trabajo, pero unos son bajos y otros elevados. Quizá esta
+afirmación parezca anticuada á los modernos estéticos, pero la encuentro
+exacta. Después de todo, en la mayor parte de estos asuntos á mí me
+basta la verdad antigua. El que pinta bien la naturaleza muerta, jamás
+será tan gran artista como el que pinta bien la naturaleza viva: quien
+reproduzca sólo las formas más groseras de la vida y los movimientos
+rudimentarios del espíritu, no alcanzará la gloria del que sabe evocar y
+poner en conflicto patético las grandes pasiones del alma humana.
+Considero absurda la importancia que hoy se da á los que manejan bien
+los accesorios, lo mismo en las artes plásticas que en la poesía. Pintar
+bien el fondo de un cuadro, los muebles, los cortinajes no es ser un
+pintor en la acepción más completa que nuestra imaginación da á la
+palabra. Hacer hablar con propiedad á un rudo gañán, describir con
+exactitud las costumbres de un país no basta para merecer el nombre de
+insigne novelista. Los griegos se reían de los pintores de bodegones.</p>
+
+<p>Tanto creo en la virtud del tema elegido para la obra, que un asunto
+digno y hermoso es el mejor hallazgo que un artista puede tener en su
+vida; es un verdadero presente de los dioses. ¡Cuántos grandes poetas
+yacen olvidados por no haber gozado de esta felicidad! ¿Qué sería hoy de
+Cervantes si su incómoda permanencia en Argamasilla y la relación con
+algún tipo original no le hubieran sugerido el carácter de Don Quijote y
+el de Sancho Panza? Por el contrario, han existido escritores que, sin
+poseer un talento soberano ni alcanzar el grado excelso de la
+inspiración poética que se denomina <i>genio</i>, lograron inmortalizarse
+merced á un hallazgo afortunado. El ejemplo más notable que conozco en
+la edad moderna es el del abate Prevost, cuyas facultades creadoras, á
+juzgar por las numerosas obras que ha escrito y yacen en el polvo, no
+rebasaban mucho de la medianía. Un episodio interesante, tal vez de su
+vida ó de la de algún amigo, le ha llevado á la altura de los dioses
+mayores de la poesía. La <i>Manon Lescaut</i> es una de las obras más bellas
+y mejor sentidas que haya producido el espíritu humano. Acaba de morir
+otro escritor cuyo ejemplo es tan decisivo ó más que este. El teatro de
+Alejandro Dumas (hijo) se juzga generalmente por los hombres de gusto
+como falso, amanerado, abstracto, destinado á perecer cuando el gusto
+del público camine por otros derroteros. Sin embargo, en su célebre
+drama <i>La Dama de las Camelias</i> se ha elevado sobre sí mismo hasta tocar
+en las cimas más altas de la poesía. Es tan bello este drama, tan
+original, tan patético, se respira en él tal perfume de poesía mezclado
+á un sentimiento tan profundamente cristiano, que dudo mucho que otra
+producción dramática de este siglo pueda competir con ella en el aprecio
+de los venideros. Semejante distancia entre las obras de un mismo autor
+no puede achacarse racionalmente sino á la felicidad de la invención. No
+se me oculta, sin embargo, que han existido escritores, como Shakspeare
+y Molière, capaces de llegar, no en una, sino en muchas de sus obras, á
+un grado supremo de perfección; pero obsérvese que Shakspeare y Molière
+no inventaban sus argumentos, los tomaban donde bien les placía. Su
+instinto poderoso les hacía comprender lo que acabamos de afirmar, esto
+es, que los temas hermosos son raros en la poesía, y que á veces un
+escritor mediocre y hasta un tonto puede tropezar con ellos, y que
+entonces, por bien de la humanidad, es lícito arrebatárselos.</p>
+
+<p>El procedimiento de los escritores contemporáneos es distinto.
+Cabalgando cómodamente sobre la teoría de que toda la vida es digno
+argumento para novelar, aceptamos los hechos más insignificantes y
+desabridos de la existencia ordinaria, y sobre ellos tejemos cualquier
+fábula. Así las novelas ó las obras dramáticas resultan, en la mayor
+parte de los casos, sin fuerza y sin interés, por más que los caracteres
+estén vigorosamente pintados. Muchísimas veces me ha dolido ver
+escritores de gran talento ejercitarlo en asuntos ingratos, y he
+deplorado que les hubiese faltado el valor de Shakspeare y Molière para
+«tomar su bien donde lo hallaren». Este miserable temor de tratar
+asuntos ya tratados no lo conocieron los antiguos. Esquilo, Sófocles y
+Eurípides no tuvieron inconveniente en escribir sobre un mismo tema:
+sea ejemplo el <i>Filoctetes</i>. Pero nuestro amor propio vidrioso, el afán
+desaforado de originalidad que nos devora nos hace pensar que
+quedaríamos deshonrados aceptando el argumento hallado por cualquier
+otro escritor, aunque sepamos sacar de él mejor partido.</p>
+
+<p>Para disimular esta falta de asuntos poéticos que es evidente, y
+producir, no obstante, honda impresión, los autores más señalados en la
+actualidad apelan á varios recursos que iré examinando, con lo cual daré
+idea sucinta de los vicios de que en mi sentir adolece la novela
+moderna, vicios casi todos que pudieran desaparecer fácilmente si en vez
+de formar principal empeño en mostrar al público la viveza de nuestro
+ingenio y la fuerza de nuestra imaginación, lo tuviésemos en escribir
+obras sólidas y perfectas. Pienso como el escritor inglés Tomás Carlyle
+que la sinceridad es la esencia del hombre superior (<i>héroe</i> como él lo
+llama), y que la ausencia de sinceridad, no la de ingenio, es la que ha
+producido la decadencia del arte moderno.</p>
+
+<p>Uno de los recursos más socorridos entre los novelistas contemporáneos
+es el que llamaré de <i>acumulación</i>. Como quiera que la vida ordinaria
+ofrece pocas veces temas interesantes para la poesía y su exposición
+sencilla precipita á menudo en la trivialidad, como se observa en gran
+número de novelas inglesas y alemanas, los novelistas, en vez de esperar
+pacientemente que el espectáculo de la vida les depare un asunto
+adecuado, prefieren tomar una parte grande de ella y por el sistema de
+condensación lograr interés para su obra. Ya no se trata, por regla
+general, de narrar con verdad y arte un episodio bello de la historia de
+un hombre ó la historia entera de este hombre cuando es interesante,
+verbigracia, la de un soldado, un labrador ó un minero, y con este
+motivo y como cosa secundaria pintar el medio ó los lugares en que esta
+vida se desenvuelve. Los autores ahora se proponen en primer término
+pintar la vida de los soldados, de los labradores ó de los mineros, y
+como accesorio y pretexto para esta pintura la de cualquier individuo de
+la clase. Este procedimiento abstracto no está conforme en mi sentir con
+la naturaleza del arte. Y no basta apoyarse en el ejemplo de las
+epopeyas que resumen á veces una civilización entera, porque además de
+ser contadas las obras que merecen tal nombre, el poeta no ha perseguido
+semejante fin general, sino uno limitado é individual. Homero ó los
+rápsodas homéricos no se proponen en la <i>Iliada</i> pintar el mundo
+helénico antes de la irrupción de los dorios, sino tan sólo la cólera de
+Aquiles, ni en la <i>Odisea</i> la civilización occidental, sino los trabajos
+de Ulises.</p>
+
+<p>Pero aun suponiendo legítimos estos propósitos, todavía es mas
+censurable la manera con que se realizan. En vez de presentar la vida de
+tal ó cual país ó clase de la sociedad con serenidad y como se nos
+aparece realmente, oprimido el novelista por el deseo de producir fuerte
+impresión, exagera, falsea, amontona todos los datos que la realidad le
+ofrece dispersos.</p>
+
+<p>Basta arrojar una mirada imparcial sobre algunas recientes y famosas
+producciones francesas, en que se describe la vida de los campos y de
+las minas, para convencerse de que el escritor no las ha observado y
+pintado con sinceridad, sino que ha acumulado con visible artificio en
+una comarca todos los crímenes, suciedades y horrores que ha leído en la
+prensa de varios años, acaecidos en los distintos departamentos de
+Francia. Por el contrario, en otras novelas alemanas, inglesas y
+españolas en que se describe la vida de los campesinos no se encuentra
+más que honradez, pureza, felicidad. Esto es aún más falso, pues al cabo
+los naturalistas se apoyan sobre un dato seguro, á saber, que el interés
+y el egoísmo que á la mayoría de los hombres domina se expresa de un
+modo más brutal y repugnante entre las clases incultas. Los novelistas
+rusos siguen por regla general las huellas de los franceses y aun los
+sobrepujan. He leído una producción dramática titulada <i>El poder de las
+tinieblas</i> que, en cuanto á horrores condensados, deja atrás á todas las
+francesas. La famosa <i>Sonata de Kreutzer</i>, del mismo autor, se propone
+nada menos que probar que en las relaciones conyugales, tan santas y
+dulces en ocasiones, nada existe que no sea triste, venenoso é inmoral.
+Con perdón de unos y otros, cuyo grande ingenio no desconozco, sigo
+creyendo que no es todo sombra en la vida y que para pintarla como es
+realmente precisa arrojar antes la cólera de nuestro corazón, despojarse
+de toda inquietud y deseo y contemplarla sin prevenciones.</p>
+
+<p>No sólo por cómodo, pues emancipa al poeta de la dura ley de la
+inspiración, sino por nuevo, el procedimiento francés es hoy seguido por
+gran número de escritores en toda Europa. La novedad es una de las
+necesidades más imperiosas que lo mismo el público que los artistas
+sienten en este último tercio del siglo XIX. Pocas tendencias me han
+parecido más absurdas y peligrosas para el arte. Aunque sea insensato
+vivir en pugna constante con su tiempo, aún lo es más abrazarse á él con
+todas las fuerzas del espíritu y no querer gustar ni sentir las obras de
+los que nos han precedido. El momento actual es una etapa del largo y
+variado desenvolvimiento de la razón humana: tiene importancia capital
+para nosotros, aunque comparado con la historia total de ese
+desenvolvimiento signifique poco. No debe, pues, el artista despreciar
+la época en que ha nacido, sino amarla para poder extraer de ella el
+jugo divino de la poesía, que existe en todos los tiempos y todos los
+lugares. Pero el que no sepa á la vez unirse con amor á los tesoros de
+belleza que nuestros antepasados nos han legado, ése no llegará á
+sentarse en la cima sagrada del Olimpo. «Los mejores cantos&mdash;dice
+Telémaco en la <i>Odisea</i>&mdash;son siempre los más nuevos.» Si se medita un
+poco se comprenderá que las pasiones humanas, primera materia sobre la
+cual trabaja el poeta, no cambian, en lo que tienen de fundamental, con
+el trascurso de los siglos, y aun en la vida social, si el tiempo y el
+espacio establecen diferencias, no son tan grandes como á primera vista
+parece. Leemos á Longo, á Teócrito, á Apuleyo y nos asombra el observar
+que la vida de aquellos tiempos fuese tan semejante á la nuestra.
+Tomamos una novela ó un drama indios, y acaece lo mismo. Pasamos la
+vista por la <i>Celestina</i>, primer monumento de importancia de nuestra
+literatura novelesca, y advertimos que los burdeles que en ella tan
+admirablemente se descubren son casi idénticos á los que hoy existen,
+que sus personajes piensan, hablan, bromean como los que á todas horas
+tropezamos en la calle. En cambio, otras obras más recientes españolas,
+como la <i>Diana</i> de Montemayor, <i>El Español Gerardo</i> de Céspedes, las
+novelas de Lope y de Montalbán y en general todas nuestras comedias de
+capa y espada nos hacen pensar que estamos contemplando un mundo
+diferente, que entre el modo de vivir, de pensar y de sentir de aquellos
+hombres y el nuestro media un abismo. ¿Qué significa esto? Para mí no
+otra cosa sino que los unos reflejan con fidelidad su época, mientras
+los otros, no sabiendo extraer de la suya nada interesante, han
+preferido fantasearla.</p>
+
+<p>Con esta última observación se enlaza un asunto de capital interés en la
+composición de la novela: el de la verosimilitud. Los modernos
+novelistas se preocupan mucho, y con razón, de dar verosimilitud á sus
+invenciones. Opino, sin embargo, que en este punto hay también exceso, y
+que hemos pasado, sin razón, de un extremo á otro, de las aventuras
+estupendas, increíbles, con que los antiguos narradores sazonaban sus
+creaciones, al insulso prosaísmo que hoy se advierte. La vida es bella;
+los hechos tienen un valor absoluto. Son estas verdades á las que rindo
+culto lo mismo en teoría que en la práctica. Pero debe tenerse presente
+que los hechos sólo tienen valor estético cuando son <i>reveladores</i>,
+cuando hacen vibrar nuestro espíritu con la emoción de lo bello. El
+fenómeno por sí mismo no tiene valor alguno dentro del arte. Pero se me
+preguntará: ¿cuál es la diferencia entre los hechos significativos ó
+reveladores y los que no lo son? Confieso que no puedo responder á esta
+pregunta. Para mí es un misterio. La mayor parte de los hechos de que se
+compone la novela de Balzac titulada <i>Eugenia Grandet</i> son corrientes,
+vulgarísimos, prosaicos; no obstante, esta novela causa emoción profunda
+y puede considerarse como una de las producciones más peregrinas del
+ingenio de este siglo. Análogos hechos en otras novelas nos dejan fríos,
+si es que no nos producen tedio. Tal misterio los mismos artistas no
+pueden explicarlo; lo sienten, lo adivinan, y por eso sus obras son
+bellas: con esto basta. Es insensato, pues, dictarles reglas sobre el
+particular: tomarán los hechos que les haga falta, y en sus manos
+tendrán siempre significación. Pero es necesario protestar contra esa
+absurda suposición de que sólo los sucesos corrientes y ordinarios deben
+entrar en la novela. Por el contrario, en la vida surgen en raras
+ocasiones caracteres y fenómenos de tal valor estético que su
+reproducción en el arte no sólo es conveniente, sino necesaria. En este
+punto es curioso lo que me ha sucedido y lo que presumo sucederá á todos
+los novelistas. Muchas veces he visto tildadas de inverosímiles escenas
+ó sucesos que no he hecho más que trasladar de la realidad. En cambio
+nadie ha encontrado inverosímiles aquellos que he inventado. Consiste
+esto en que cuando he presenciado ú oído narrar cualquier suceso raro,
+no he tenido escrúpulo en utilizarlo, fiando en su verdad, al paso que
+cuando necesito inventarlos procuro alejarme de todo lo que parezca
+extraño é inverosímil.</p>
+
+<p>Lo mismo el público que los críticos viven ahora constantemente alerta
+contra la inverosimilitud, y apenas un pobre autor echa el pie fuera del
+camino trillado, caen todos sobre él con el dictado de <i>falso</i> en los
+labios. Pero, por lo común, sólo contra la inverosimilitud material
+dirigen sus tiros. La inverosimilitud moral se les escapa la mayor parte
+de las veces. Y sin embargo, para el hombre que tiene buen sentido y
+conoce la vida no es menos censurable. Las novelas de ciertos autores
+franceses, dedicados á entretener á las clases elevadas, no suelen
+contener grandes faltas de inverosimilitud material; en cambio contra la
+moral pecan casi constantemente. Los mismos naturalistas son mucho más
+severos para aquélla que para ésta. Hasta el mismo Balzac, que tan
+profundamente conocía la vida y con tal arte la desmenuzaba, quebranta
+no pocas veces la lógica moral. Siempre recordaré el triste efecto que
+me causó, en obra tan bella como <i>Eugenia Grandet</i>, aquel pasaje en que
+el abate Cruchot, momentos después de llegar el primo de París, propone
+á boca de jarro á Mme. de Gramins que se deje cortejar por él con objeto
+de inutilizarlo. Tan atroz falsedad me causó más repugnancia que las
+hazañas de Artagnan en <i>Los Tres Mosqueteros</i>, de Alejandro Dumas
+(padre).</p>
+
+<p>Vivir mecido en una suave idealidad es lo mejor que el artista puede
+hacer. La imaginación es la maga que trasforma el mundo y lo embellece.
+Pero debe cuidar al mismo tiempo de bañarse á menudo en la realidad, de
+acercarse á cada instante á la tierra: cada vez que toque en ella
+sacará, como el gigante Anteo, nuevas fuerzas. El hecho tiene un valor
+inapreciable que en vano se buscará en las fuerzas de nuestro espíritu.
+Todas las abstracciones desaparecen ante él: él es el verdadero
+revelador de la esencia de las cosas, no los conceptos que nuestra razón
+extrae de ellas: á él hay que acudir en última instancia para fundar
+todos los juicios y recrearse con cualquier belleza. Aplaudo, pues, sin
+reserva ese respeto que los buenos novelistas modernos sienten por la
+verdad y el cuidado con que evitan el falsearla, aunque sea en los
+ínfimos pormenores. Pero creo al mismo tiempo que se concede exagerada
+importancia á la exactitud de lo que pudiéramos llamar, á ejemplo de los
+pintores, accesorios. No hay que olvidarse de que la verdad moral, la
+del sentimiento, la del carácter, es la que se halla plenamente en los
+dominios del poeta, y su responsabilidad principal estriba en el uso que
+haga de ella. Antiguamente los novelistas tenían licencia para lanzar
+toda clase de disparates científicos ó históricos. Se exige hoy, con
+razón, que sea instruído y se ajuste á las verdades descubiertas. Pero
+hemos pasado á la exageración contraria: con el más insignificante
+error, no sólo físico, histórico ó matemáticas, sino de indumentaria ó
+arqueología, se nos da en rostro como si fuera un crimen. Se nos pide
+que seamos una enciclopedia viva. Por eso muchos escritores que conocen
+las manías de la crítica y se esfuerzan en darle gusto, no sólo se
+guardan de estos errores, sino que cada vez que tocan algún punto de
+política ó administración, de artes, oficios ó modas, endilgan
+verdaderos y sapientísimos cursos acerca de ellos. El lector bosteza,
+pero ¿qué importa, si el crítico se extasía y se encara con la plebe
+ignorante que no sabe divertirse? Sin embargo, piensen estos señores lo
+que quieran, la exactitud no es la primera obligación del artista, sino
+la de hacer sentir la belleza. Homero no deja de ser el más grande poeta
+porque pensase que el río Océano rodeaba á la tierra.</p>
+
+<p>Este deseo anhelante de escrupulosidad que apruebo en principio ha
+engendrado la necesidad de buscar modelo para todo lo que se está
+ejecutando. Los pintores no dan una pincelada ni los escultores ponen
+los dedos sobre el barro sin tener el modelo delante. A su ejemplo, los
+novelistas modernos llevan en el bolsillo una cartera para apuntar
+cuanto ven y oyen. A todos les parece el colmo de lo absurdo trabajar de
+memoria. Y, sin embargo, entre los grandes artistas de los pasados
+siglos esto era lo corriente. Rubens no pudo haber tenido modelos para
+los millares de figuras que ha pintado. La prueba de que pintaba de
+memoria hasta los paisajes es que existe uno suyo en el cual la luz
+procede de dos sitios contrarios, lo cual es absurdo. Y sin embargo, el
+paisaje es bellísimo. Ni Shakspeare, ni Molière, ni Balzac han
+presenciado las escenas que trazan ni conocido los caracteres que
+estudian. Schiller confiesa que, dada su vida retirada y trabajosa,
+tenía muy pocas ocasiones de observar á los hombres. El modelo será,
+pues, necesario, pero confesemos que es signo de impotencia. El pintor,
+cuando se llama Rubens, Vinci ó Tiziano, lleva impresa en su cerebro la
+naturaleza; le basta haber visto un objeto para poder trazarlo con mano
+segura, aunque el tiempo y la distancia se lo oculten. El poeta no
+necesita siquiera esta visión. Lleva en sí mismo el alma entera de la
+humanidad y un leve signo le basta para adivinar la de cualquier hombre.
+En él y en el santo es donde mejor se expresa la profunda identidad de
+los seres; por eso ambos conocen intuitiva, directamente, sin necesidad
+de experiencia, el corazón de los hombres. «Me ocultáis faltas muy
+graves&mdash;decía San Juan de la Cruz á sus oyentes.&mdash;¿Ignoráis que vuestras
+almas forman parte de la mía? Vosotros y yo somos seres distintos en el
+mundo: en Dios, nuestro origen común, somos un solo ser y vivimos de una
+misma vida.»</p>
+
+<p>Para aquellos novelistas en quien la imaginación no ha llegado á tal
+grado supremo de viveza que permita escribir sin la observación atenta
+de todos los días, el modelo, el dato real es de absoluta necesidad:
+pero como ayuda poderosa para su fantasía, me atrevo á aconsejar el
+estudio no práctico, sino contemplativo de las artes plásticas. El
+novelista debe frecuentar los museos de pintura y escultura para
+acostumbrarse á escribir por medio de imágenes claras y precisas. Además
+es una manera de contrarrestrar la funesta manía de los análisis
+psicológicos, tan artificiosos como mentidos, que hoy nos domina. Ni
+Cervantes, ni Shakspeare, ni Molière han necesitado tanta página larga y
+nutrida para hacernos ver un carácter, para presentárnoslo vivo y
+grabarlo profundamente en nuestra memoria.</p>
+
+<p>Es de justicia, sin embargo, manifestar que la novela moderna, si bien
+ha tropezado en estos fastidiosos análisis que la afean, ha logrado
+evitar un escollo en que á menudo se estrellaban los antiguos maestros,
+y es el de las <i>reflexiones</i>. No hay nada más perjudicial á la belleza
+de una novela que esa filosofía vulgar, cuando no pueril, con que muchos
+novelistas sazonaban sus producciones. El interpretar á cada paso el
+oculto sentido de los sucesos que se narran y desentrañar su
+significación es insoportable y choca con los principios fundamentales
+del arte. En la novela no es el autor quien debe hablar, sino los hechos
+y los caracteres, y si alguna filosofía se desprende de ella, que el
+lector la saque por sí mismo. No fiarse de su penetración y dársela
+cocida y caliente, como hace Balzac, por ejemplo, es afear las novelas y
+exponerse además á que un crítico haya dicho con razón que su filosofía
+es la de un viajante de comercio.</p>
+
+<p>Otro mérito grande de la moderna escuela naturalista es, á mi ver, la
+importancia que concede á la descripción de la naturaleza, anudando de
+este modo el lazo entre el hombre y el mundo exterior, roto durante
+tanto tiempo en la literatura. Desde los poemas indios y griegos no se
+ha cantado con tanto entusiasmo la belleza objetiva, no se ha pintado el
+paisaje con la palabra de un modo tan perfecto como lo hacen hoy los
+naturalistas franceses. Han adquirido tal maestría en este género, su
+idioma claro y flexible les ofrece tanto recurso, que parece ya
+imposible alcanzar una visión más viva y penetrante del mundo que nos
+rodea. No se pueden leer las novelas de Flaubert, sobre todo, sin
+sentirse subyugado por aquella dicción pura y pintoresca que hace surgir
+ante nuestra vista tanta imagen graciosa, tanto cuadro brillante. Sin
+embargo, se ha abusado de esta cualidad feliz. Los discípulos de aquel
+maestro han llevado su amor por la descripción á tal extremo que los
+caracteres y las situaciones apenas pueden verse entre su espeso
+follaje. Todas las artes tienen límites trazados por su misma
+naturaleza. Cuando se pretende modificar ó ensanchar estos límites,
+viene su ruina. El abuso de la descripción en las obras literarias
+significa una intrusión de la pintura en los dominios de la poesía.
+Nadie ignora lo nocivo que es para las artes estas intrusiones de unas
+en otras. Por violentar la escultura y obligarla á expresar lo mismo que
+la pintura, se la ha desnaturalizado en los tiempos modernos. Por
+obligar á la música á expresar ideas concretas que sólo está reservado
+para la poesía, presenciamos con dolor su decadencia. Hay que temer que
+la preocupación de <i>los fondos</i> no produzca al cabo también una
+literatura débil y amanerada, como ha sucedido en la pintura.
+Actualmente en ésta se representan de un modo maravilloso los
+pormenores, ropajes, muebles, etc. En cambio, no hay quien pinte bien
+las carnes. Los grandes maestros, como Rembrandt, Franz-Hals, Velázquez,
+Tiziano, por el contrario, eran sobrios en las ropas y demás accesorios,
+y con centraban su atención y sus facultades en aquéllas. Además, la
+descripción exagerada significa un predominio de la sensualidad, ó sea
+del elemento fisiológico en la poesía, lo mismo que el abuso de la
+armonía en la música. Las descripciones brillantes de los naturalistas
+lisonjean la imaginación, facilitándole el trabajo, pero sus novelas
+rara vez dejan una impresión honda en el espíritu. De igual modo las
+sonoridades exquisitas de Wagner y su escuela deleitan el oído, pero no
+sacuden nuestra alma como la voz elocuente de Beethoven ni la hacen
+pasar alternativamente de la tristeza á la alegría como la musa
+encantadora de Haydn.</p>
+
+<p>Para hallar una armonía perfecta entre el fondo y las figuras y en
+general entre todos los elementos de la composición es preciso acudir á
+los griegos. Sólo ellos han poseído el secreto de producir todas las
+bellezas sin dañarse unas á otras, de mostrar la mayor riqueza unida á
+la mayor sobriedad, de representar en el arte las profundas armonías que
+existen en el mundo real. Lo poco que nos ha llegado de ellos en el
+género novelesco es de tan sólido valor como su arquitectura, su
+escultura y su tragedia y comedia. Nada hay comparable á la célebre
+novela de Longo <i>Dafnis y Cloe</i>. En ella pueden verse reunidas todas las
+perfecciones del género. Una fábula sencilla, interesante; caracteres
+observados con delicadeza y presentados sin artificio; pinturas
+exquisitas de la naturaleza; descripciones vivas de las costumbres; un
+estilo noble y trasparente. Todo forma en esta admirable creación un
+conjunto armónico de encanto irresistible. Cada palabra es una
+pincelada, cada oración una imagen, cada página un cuadro brillante que
+no se borra jamás de la imaginación. ¡Qué vena, de fácil inspiración
+corre por toda ella! ¡Qué frescura y sobriedad en las descripciones!
+¡Que naturalidad en la dicción! ¡Cuán lejos nos hallamos del énfasis
+moderno! Yo no aspiro á otra gloria en mi arte que á la de llamarme
+humilde discípulo de esta obra inmortal.</p>
+
+<p>Quizá parezca ridícula esta aspiración á la crítica moderna ó la juzgue
+como una extravagancia. Es posible que las reflexiones que anteceden se
+consideren como la expresión de un espíritu incapaz de apreciar ni
+comprender siquiera el primor, la pompa, el pensamiento profundo y la
+fuerza de la novela contemporánea. Sé que mis humildes observaciones en
+nada influirán para modificar el gusto dominante. Nada de esto me
+mortifica; primero, porque nunca he aspirado á ejercer el menor influjo
+sobre mi época, y segundo, porque para cambiar mis opiniones sería
+preciso que se cambiase mi naturaleza, lo que es imposible. Pero nadie
+debe extrañar que allá en mis horas de sueño imagine que dentro de
+algunos años la Europa, fatigada de tanta exageración, tanta deformidad,
+tanta mentida originalidad, volverá sedienta á beber el agua cristalina
+del arte heleno. Entonces nuestros alardes de fuerza serán tenidos por
+espasmos de un sistema nervioso debilitado, se dirá que nos placíamos en
+las pinturas de las enfermedades físicas y morales porque estábamos
+enfermos de alma y de cuerpo, que nos sentíamos atraídos hacia lo
+deforme y monstruoso porque deforme era nuestro desenvolvimiento, y
+amábamos la paradoja porque nuestro ser era paradójico. Y dejando los
+sendas tortuosas por donde caminan y abandonando los altares de las
+Furias donde ahora sacrifican, los artistas futuros marcharán al cabo
+por la vía de la moderación, signo de la fuerza, á depositar los frutos
+de su ingenio á los pies de las Gracias. ¡Feliz yo si el cielo me
+concede larga vida para ver, aunque sea de lejos, la tierra prometida!
+Si así no fuere, todavía me consuela la idea de que alguno habrá que al
+leer estos pobres renglones aprobará su espíritu y me otorgará su
+simpatía. A ese lector benévolo, después de saludarle cordialmente, le
+diré como el sabio Yâjñavalkya á Artabhâga, en el <i>Brâhmana de los cien
+senderos</i>: «Dame tu mano, amigo; este conocimiento no está hecho más que
+para nosotros dos».<a name="page_001" id="page_001"></a></p>
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I<br /><br />
+El viajero.</h3>
+
+<p>Sucedía esto allá en Cádiz, en una taberna del Campo del Sur, no lejos
+de Capuchinos, frente al mar Océano.</p>
+
+<p>Para entrar en la tienda era menester subir tres escalones. Cerca de la
+entrada, á mano izquierda, estaba el mostrador: detrás de él la gran
+estantería repleta de botellas. Á un lado toneles y barriles y terciados
+sobre éstos varios zaques de vino. En el fondo tres aposentos separados
+por sendos tableros pintados de amarillo que no llegaban al suelo. Había
+gente bulliciosa en estos cuartos: escuchábase rumor de plática alegre y
+chasquido de vasos.</p>
+
+<p>La tienda estaba sola, débilmente esclarecida por una lámpara de
+petróleo colgada sobre<a name="page_002" id="page_002"></a> el mostrador. Sentada detrás de éste y haciendo
+calceta se hallaba la tabernera, cuyos ojos grandes, negros,
+aterciopelados, no se apartaban de la puerta explorando tenazmente las
+tinieblas de la calle. Era una espléndida andaluza de carnes opulentas,
+blancas, sonrosadas, de negra y ondeada cabellera y expresión grave y
+melancólica, como la de las mujeres árabes. Por la amplitud de sus
+formas parecía mujer de treinta años; pero examinando su rostro de cerca
+observábase en él la frescura y trasparencia de la infancia. Debía de
+ser mucho más joven de lo que aparentaba. Vestía traje sencillo de
+percal azul con pañuelo negro de seda anudado á la espalda, los cabellos
+sencilla y graciosamente peinados, los brazos un poco más fuertes y
+macizos de lo que exigiría un escultor, pero blancos é incitantes de
+todos modos, remangados hasta más arriba del codo; la fresca, mantecosa
+garganta al aire también. Las líneas suaves de su rostro ovalado, la
+pureza de su perfil acusaban alma sencilla y bondadosa; pero en el mirar
+fijo de sus ojos profundos había señales evidentes de un carácter
+pertinaz. No eran duros aquellos ojos, pero les faltaba poco.</p>
+
+<p>Un caballero subió rápidamente las escaleras y entró en la tienda. Era
+un mozo corpulento, de fisonomía dulce y simpática, sobre cuyo labio
+superior apenas se distinguía leve bozo rubio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Soleá!&mdash;exclamó al entrar, con visible y<a name="page_003" id="page_003"></a> placentera emoción
+extendiendo sus manos á la tabernera.</p>
+
+<p>Ésta se alzó de la silla y le miró un instante con más sorpresa que
+alegría. Era casi tan alta como él y casi tan corpulenta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Manolo!&mdash;dijo al fin bastante fríamente.&mdash;¿De dónde sales?</p>
+
+<p>&mdash;¿De dónde salgo?... Pues del tren, y antes de una fementida tartana
+que me ha desparramao los huesos por el cuerpo... Pero choca, criatura.
+¿Es que no quieres darme la mano?&mdash;añadió poniéndose serio
+repentinamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?&mdash;dijo ella extendiendo su mano regordeta por encima del
+mostrador.</p>
+
+<p>Manolo la estrechó con fuerza entre las suyas y la retuvo, mirando á la
+joven en silencio con intensa expresión de cariño. Ella apartó los ojos
+con señales de malestar y dijo afectando indiferencia:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué dejas por Medina, niño?</p>
+
+<p>Al mismo tiempo tiró suavemente de su mano. Manolo, sin soltarla,
+profirió en voz baja con acento apasionado:</p>
+
+<p>&mdash;Déjamela siquiera un minuto. ¡Cinco meses hace ya que no la toco!</p>
+
+<p>&mdash;¡Un siglo!&mdash;exclamó la tabernera con sonrisa apenas perceptible,
+echando al mismo tiempo una mirada recelosa á la puerta.</p>
+
+<p>Manolo advirtió esta mirada y, soltando bruscamente la mano, preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y Velázquez?<a name="page_004" id="page_004"></a></p>
+
+<p>&mdash;Tan bueno&mdash;respondió poniéndose levemente colorada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está fuera?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, después de almorzar ha salido y aún no ha vuelto.</p>
+
+<p>El joven se sentó en una silla que había delante del mostrador, apoyó el
+codo sobre éste y con la mano en la mejilla quedó sombrío y silencioso.
+Soledad, al cabo de un rato, le preguntó con amabilidad:</p>
+
+<p>&mdash;¿Hace mucho tiempo que no has visto á mi madre?</p>
+
+<p>&mdash;No la he visto hace un siglo... ¡ni ganas!&mdash;respondió con reprimido
+acento de cólera, puestos los ojos en el techo.</p>
+
+<p>Soledad le contempló fija y severamente largo rato; luego, alzando los
+hombros, hizo una leve mueca de desdén. Manolo adivinó esta mueca sin
+verla y volviendo su rostro turbado:</p>
+
+<p>&mdash;Dispensa, hija; no puedo remediarlo... Tu madre me ha hecho mucho
+daño.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué niño eres, Manolo! La pobrecita de mi madre no se ha metido en
+nada. Si hay en lo que ha pasado alguna culpa, toda es mía; no se la
+eches á nadie.</p>
+
+<p>&mdash;¡Está bien!&mdash;exclamó el joven con sonrisa triste.&mdash;¡Ni siquiera me
+quieres dejar esa ilusión!</p>
+
+<p>La tabernera iba á contestar, movió los labios para hacerlo, pero se
+contuvo; hizo un gesto de indiferencia y guardó silencio. Manolo<a name="page_005" id="page_005"></a> volvió
+á su actitud sombría. Al cabo de un rato profirió secamente:</p>
+
+<p>&mdash;Dame un <i>medio</i>.</p>
+
+<p>La tabernera dejó la media sobre el mostrador, se levantó en silencio y
+después de sacar un vaso y fregarlo reposadamente en la pileta, lo llenó
+de manzanilla. Manolo lo apuró casi de un tope. Soledad le clavó los
+ojos con curiosidad un instante y volvió á sentarse.</p>
+
+<p>Aumentaba el bullicio en los cuartos. Escucháronse las notas dulces de
+la guitarra y poco después llegó á sus oídos una <i>soleá</i> entonada á
+media voz por un hombre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién está ahí?&mdash;preguntó Manolo.</p>
+
+<p>&mdash;Los de siempre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y quiénes son los de siempre?</p>
+
+<p>&mdash;Pues la reunión; ¿no los conoces? Pepe de Chiclana, María-Manuela,
+Paca la de la Parra, Antonio, Frasquito y su tío el señor Rafael.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y en el otro cuarto?</p>
+
+<p>&mdash;Marchantes que juegan al rentoy.</p>
+
+<p>Hubo una pausa y Manolo volvió á decir:</p>
+
+<p>&mdash;Dame otro <i>medio</i>.</p>
+
+<p>Con la misma calma y silencio, Soledad se levantó de nuevo y escanció
+otro vaso, que el joven apuró instantáneamente.</p>
+
+<p>&mdash;La noche en que murió tu padre&mdash;profirió al cabo de largo silencio con
+voz poco segura&mdash;fuí á despertar á mi pobre madre, que ya dormía; me
+senté á su cabecera y llorando como un niño le pinté vuestra situación,
+le puse delante el cuadro terrible que acababa de presenciar.<a name="page_006" id="page_006"></a> ¡Qué
+cosas le diría que al poco rato vi rasados sus ojos con lágrimas!...
+Aprovechando aquel momento de blandura me puse de rodillas y le
+dije:&mdash;¡Por Dios, mamá, por los dolores que has pasado para echarme al
+mundo, no te opongas más tiempo á mi matrimonio!... Y aquella mujer tan
+orgullosa me besó en la frente y me dijo al oído: «Tráela cuando quieras
+á casa, hijo mío». Me fuí tambaleando á la cama como un beodo y no pude
+dormir. Cuando tuve ocasión para comunicarte la noticia, vi tu semblante
+alterado y huiste á ocultarte en tu cuarto. Pensé que la emoción te
+ahogaba, cuando era el remordimiento...</p>
+
+<p>Soledad hizo un gesto de impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quién se acuerda ya de esas historias, Manolo! Tú y yo no habíamos
+nacido el uno para el otro.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando volvíamos del entierro&mdash;prosiguió el joven como si no hubiese
+oído&mdash;me emparejé con Velázquez, hablamos de vuestra situación, le di
+las gracias por lo que había hecho, considerándome ya de la familia, y
+le dije mi proyecto, mejor dicho, mis proyectos, porque le abrí el
+corazón por completo y le enteré de todos los pormenores de nuestro
+noviazgo. Él aprobaba con la cabeza á todo lo que yo decía, elogiaba mi
+conducta y hacía votos por mi felicidad, sonriendo... ¡Sí! le vi sonreir
+dos ó tres veces... ¡Qué papel me has hecho representar, Soleá!</p>
+
+<p>Esta bajó la cabeza balbuciendo ruborizada:<a name="page_007" id="page_007"></a></p>
+
+<p>&mdash;No te acuerdes más de eso.</p>
+
+<p>&mdash;No lo traigo á la memoria para echártelo en cara. Lo hago únicamente
+para que me perdones lo que he dicho al hablar de tu madre. Aunque me
+jures lo contrario, seguiré creyendo que ha tenido la mayor parte de la
+culpa.</p>
+
+<p>&mdash;Te engañas. Mi madre no ha hecho más que mostrarse agradecida á los
+favores que ese hombre nos hizo... Lo demás lo hizo Dios ó el diablo...</p>
+
+<p>&mdash;El diablo seguramente, porque me han dicho que te hace muy
+desgraciada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Falso!&mdash;profirió la joven vivamente.&mdash;Me hace la mujer más feliz de
+la tierra.</p>
+
+<p>Manolo cerró los ojos y ahogó un suspiro, ocultando un momento la cara
+entre las manos. Luego dijo esforzándose por sonreir:</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro, me alegro con toda mi alma. Sería un villano si otra cosa
+hiciese. Porque yo, al fin, te ofrecía una posición honrosa en el mundo,
+mientras él te ha colocado en una situación bien triste...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si yo me alegro de esa situación&mdash;interrumpió Soledad con tonillo
+colérico.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo sé! ¡lo sé!... No te esfuerces en convencerme&mdash;respondió él con
+amargura.&mdash;Sólo hago constar un hecho. Eres terca, caprichosa y un poco
+egoistilla; pero así y todo no mereces que te hagan desgraciada. Con
+todos esos defectos te haces, sin embargo, querer. ¿Sabes por qué?...
+Por la inocencia... Eres una niña. Tu terquedad, tus caprichos y hasta
+tu egoísmo,<a name="page_008" id="page_008"></a> en vez de inspirar repugnancia, hacen sonreir. Me has hecho
+traición, me clavaste el puñal en el pecho y le has dado vueltas cuando
+estaba dentro. Pues no te guardo rencor: me has martirizado como los
+chicos martirizan á los pájaros, sin saber lo que hacen... Cuando llegó
+á mis oídos que no te trataba bien, que te hacía desprecios delante de
+la gente, me puse enfermo de rabia, como si fueses cosa propia, como si
+jamás me hubieses hecho nada malo. Á pesar de mi resentimiento fuí á ver
+á tu madre y por desgracia ésta me confirmó en lo que había oído...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué sabe mi madre lo que dice!&mdash;exclamó la joven con creciente
+irritación.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; he podido averiguar que no sólo te hacía desprecios, sino que ha
+llegado á levantarte la mano...</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha dicho mi madre eso?&mdash;preguntó ella vivamente con el semblante
+demudado.</p>
+
+<p>&mdash;No, no&mdash;se apresuró á responder el joven.&mdash;No te dispares, niña. Tu
+madre sólo me ha dicho que no eres feliz. Otros pormenores los he sabido
+por gente de Medina que ha estado aquí.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;exclamó ella con una mueca de desprecio.&mdash;¡Quién ataja las
+malas lenguas!... ¿Sabes lo que es eso, querido?&mdash;añadió inclinándose
+hacia él y dejando la calceta sobre el mostrador.&mdash;Pues es que hay
+muchas en Medina á quienes la envidia les come las entrañas.<a name="page_009" id="page_009"></a></p>
+
+<p>Manolo la miró fijamente con sorpresa. Luego, sonriendo dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué engreída estás, Soleá!</p>
+
+<p>Ésta se ruborizó y volvió á coger la calceta.</p>
+
+<p>&mdash;No es nuevo, en ti eso&mdash;siguió él.&mdash;Lo mismo con amigas que con
+novios, siempre has sido propensa á los engreimientos repentinos... Á mí
+también me ha tocado mi cachito, ¿verdad?... Pero el de ahora va durando
+demasiado...</p>
+
+<p>Soledad guardó silencio. Él también calló. Largo rato escucharon
+distraídos, melancólicos, los acordes de la guitarra. Cuanto se hablaba
+en el cuarto de la reunión llegaba á sus oídos. Las bromas
+desvergonzadas y los dichos agudos con que los alegres compadres
+entreveraban las coplas, en vez de hacerles reir, les iba poniendo á
+cada instante más serios y reflexivos. Soledad no apartaba los ojos de
+los puntos de la calceta. Manolo, con la cabeza echada hacia atrás, los
+tenía puestos en el techo. Al fin, haciendo un esfuerzo para sacudir el
+letargo y cambiando de postura, dijo resueltamente:</p>
+
+<p>&mdash;Échame vino, que me voy.</p>
+
+<p>La tabernera cumplió la orden con igual silencio. Manolo apuró el vaso,
+como lo había hecho antes, y puso una moneda sobre el mostrador. Soledad
+abrió el cajón, sacó la vuelta y la colocó á su lado.</p>
+
+<p>&mdash;Está bien&mdash;dijo metiéndola en el bolsillo.&mdash;Me voy, hija mía, que me
+esperan.</p>
+
+<p>Hizo ademán de levantarse; se inclinó hacia Soledad.<a name="page_010" id="page_010"></a></p>
+
+<p>&mdash;Hasta la vista, gitana. ¿No me das la mano?</p>
+
+<p>Y así que la tuvo cogida manifestó riendo:</p>
+
+<p>&mdash;Dispensa, querida, la matraca que te he dado. Alguna que otra vez me
+suelen atacar estos arrechuchos y entonces me pongo insoportable, lo
+conozco; pero en seguidita me pasan y entonces no soy mal chico,
+¿verdad, tú? Lo único que te pido es que sueltes á escape esa cara de
+regidor ofendido y no me la vuelvas á enseñar en la vida. Ríete, lucero,
+que cuando tú te ríes me alumbra el sol á la medianoche. Y si otra vez
+me pongo guasón, como hace poco, me dices: «Manolo, cierra el pico y
+déjame el alma quieta», ó si tú quieres, hija de mi alma, me das un lapo
+con esta mano rica que beso con tu permiso... y con el del dueño del
+establecimiento.</p>
+
+<p>Y estampó en ella, efectivamente, tres ó cuatro besos. Soledad la retiró
+riendo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Siempre el mismo!</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso es! ¡Siempre el mismo!&mdash;repuso él levantándose.&mdash;¡Siempre
+queriéndote como un babieca! ¡Para mí, criatura, eres y serás la Virgen
+del Carmen y la Santísima Trinidad y el copón y la hostia!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, Manolo, calla! Habrá que mandarte á la <i>miga</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si fueras tú la maestra!... Adiós, gachona. Soy tu amigo hasta la
+muerte. ¿Verdad que soy tu amigo? ¿Verdad que lo soy?... Dí que sí,
+manteca de oro... Hasta la vista, ¿eh? ¡Muchos, muchos, muchos besos! Y
+á Velázquez... á Velázquez<a name="page_011" id="page_011"></a> que se lo coman los lobos&mdash;añadió soltando
+la carcajada y saliendo por la puerta como un huracán.</p>
+
+<p>Al poner el pie en la calle, aquel relámpago de alegría ficticia se
+apagó repentinamente. El alma del viajero quedó negra como la noche.
+Atravesó el paseo lentamente, apoyó ambos codos en el pretil de la
+muralla y contempló con ojos extáticos la inmensidad del mar. La bóveda
+del cielo alta y tachonada de estrellas se hundía en las tinieblas del
+horizonte. Debajo de ella, las olas inmóviles se extendían como una masa
+opaca donde sólo de vez en cuando brillaba la tenue luz fugitiva de un
+astro. La brisa húmeda trajo á su nariz los acres olores marinos.
+Permaneció así largo rato, abstraído, enteramente emboscado en las
+memorias de otros días. Al cabo sacó el pañuelo para secar sus ojos que
+la frescura de la brisa, sin duda, había mojado, y murmuró con su
+habitual sonrisa bondadosa:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pensé que estaba curado! ¡Buen chasco!</p>
+
+<p>Y se dispuso á retirarse. Pero cuando hubo avanzado un poco sintió los
+pasos de un hombre que venía. Retrocedió nuevamente hasta el pretil para
+ocultarse en la oscuridad. Al llegar cerca del farol, lo conoció. El
+hombre se detuvo delante de la tienda, subió resueltamente los escalones
+y entró en ella. El rostro del joven viajero se contrajo fuertemente.
+Miró un instante con fijeza á la puerta iluminada y se alejó á paso
+largo.</p>
+
+<p><a name="page_012" id="page_012"></a></p>
+
+<p><a name="page_013" id="page_013"></a></p>
+
+<h3><a name="II" id="II"></a>II<br /><br />
+Los majos.</h3>
+
+<p>Los grandes ojos negros de la tabernera brillaron.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto has tardado!&mdash;exclamó levantándose.</p>
+
+<p>Sin contestar despojóse el hombre de su capa y se la entregó diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Límpiala, que el señor de Roda me la ha llenado de vino.</p>
+
+<p>Tendría treinta y cuatro ó treinta y seis años; bajito, menudo, moreno,
+con barba negra sedosa, las facciones correctas, los ojos negros de una
+expresión resuelta y altiva. Había en su rostro atractivo. La figura,
+aunque exigua, proporcionada, y denotaba agilidad y brío. Vestía
+chaqueta corta, sombrero cordobés de alas rectas, pantalón ceñido, faja
+de seda encarnada<a name="page_014" id="page_014"></a> y camisa bordada con botones de diamantes: todo rico
+y esmerado, y mostrando no sólo un hombre bien acomodado, sino cuidadoso
+de su persona y quizá un poquito pagado de ella.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y Joselillo?&mdash;preguntó.</p>
+
+<p>&mdash;Pues se fué hace ya bastante rato por unos frascos de ginebra y aún no
+ha venido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Valiente niño! Me parece que esta noche le voy á mandar calentito á
+la cama... Ya van muchas.</p>
+
+<p>Soledad se había acercado á él y daba vueltas en torno suyo,
+contemplándole con ojos amorosos, examinando minuciosamente el estado de
+su traje, quitándole el polvo con leves palmaditas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Has caminado mucho?</p>
+
+<p>&mdash;Por toas las vereas del universo mundo me ha llevao hoy ese guasón. ¿Y
+too pa qué? Pa ver una huerta con algunos árboles tísicos allá donde
+Cristo dió las tres voces... ¿Ha venido Espinosa?</p>
+
+<p>&mdash;No; ahí no están más que Antonio, Pepe, Frasquito y su tío... ¡Ah!
+también acaba de salir Manolo, pero no ha estado en la reunión.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué Manolo?</p>
+
+<p>&mdash;Manolo Uceda&mdash;repuso ella ruborizándose.</p>
+
+<p>Velázquez frunció levemente el entrecejo, y la miró fijamente. Su rostro
+adquirió luego una expresión de burla.</p>
+
+<p>&mdash;Supongo que te habrá cantado alguna trova nueva y divertida.<a name="page_015" id="page_015"></a></p>
+
+<p>&mdash;Ni nueva ni divertida. Me ha cantado lo de siempre... Pero me ha
+prometido no darme más jaqueca.</p>
+
+<p>&mdash;¡Déjalo, hija mía!&mdash;exclamó haciendo un gesto desdeñoso.&mdash;Déjalo que
+se desahogue... ¡Si á mí no me importa!</p>
+
+<p>&mdash;Es que, si no te importa á ti, me importa á mí&mdash;manifestó ella
+secamente, herida por aquel gesto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Allá tú!&mdash;repuso el guapo, disponiéndose á entrar en el cuarto de la
+reunión.</p>
+
+<p>Soledad le dejó partir mirándole fijamente, pero antes de llegar á la
+puerta le llamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Velázquez!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay?&mdash;preguntó él volviendo la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Ven.</p>
+
+<p>El dueño se acercó.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué se ofrece?</p>
+
+<p>Soledad le cogió de la mano, le condujo suavemente hasta el ángulo más
+oscuro de la tienda y, echándole los brazos al cuello, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Se me ofrece esto.&mdash;Y al mismo tiempo cubrió de apasionados besos su
+rostro.</p>
+
+<p>El guapo se dejó besar con condescendencia.</p>
+
+<p>&mdash;Basta, basta&mdash;dijo al cabo apartándola suavemente.&mdash;¡Que me vas á
+gastar la figura, hija mía!... Ya ves, soy poco y me vas á dejar en
+ná&mdash;añadió riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Para mí lo eres todo, la ciudad de Cádiz, el Puerto, San Fernando y el
+arsenal no valen<a name="page_016" id="page_016"></a> lo que este bigotito negro tan suave como la seda.</p>
+
+<p>Y se lo atusaba con la punta de los dedos, clavándole al mismo tiempo
+una mirada de adoración infinita.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quita allá, zalamera!&mdash;repuso él dándole una palmadita afectuosa en
+la cara y apartándose.</p>
+
+<p>&mdash;No entres todavía&mdash;respondió ella tirándole de la manga de la
+chaqueta.</p>
+
+<p>&mdash;¿Va á ser todo ahora? ¡Deja algo para luego!</p>
+
+<p>Y con una leve sacudida se zafó, empujó la puerta y entró en el pequeño
+compartimento. Ella, después de permanecer un instante inmóvil, fué á
+sentarse detrás del mostrador, cogiendo de nuevo la calceta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ole por el patrón de la barca!&mdash;gritó uno dentro.</p>
+
+<p>&mdash;Á la paz de Dios, señores&mdash;dijo Velázquez sentándose en la silla que
+le ofrecían.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y de dónde viene el hombre á estas horas?&mdash;preguntó una joven morena,
+de facciones abultadas, graciosa y ruda á la vez.</p>
+
+<p>&mdash;De la calle.</p>
+
+<p>&mdash;¿De veras, chiquillo?</p>
+
+<p>&mdash;De veras, María-Manuela.</p>
+
+<p>&mdash;Toma una caña por la gracia.</p>
+
+<p>&mdash;Venga la caña.</p>
+
+<p>Velázquez echó al aire el contenido, lo recogió con singular destreza y
+lo vació después en la boca sin perder una gota.<a name="page_017" id="page_017"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Eso sabrás tú hacer, desaborío!&mdash;exclamó María-Manuela.</p>
+
+<p>&mdash;En mis buenos tiempos sabía algunas cosas más&mdash;manifestó el majo
+limpiándose con calma los labios.</p>
+
+<p>&mdash;Pronto has venido á menos.</p>
+
+<p>&mdash;Qué quieres, hija; si hubiera llevado tan buena vida como Antonio,
+estaría mejor conservado.</p>
+
+<p>Todos los rostros se volvieron sonriendo hacia el aludido. Éste era un
+hombre joven aún, pero en el cual la vida crapulosa había dejado tales
+huellas que se le tomara por viejo. El cuerpo flaco, el rostro manchado
+con abundante cosecha de granos, el pelo ralo y las cejas lo mismo. Sin
+turbarse poco ni mucho con las miradas de la reunión, dijo gravemente
+tomando una caña:</p>
+
+<p>&mdash;Yo siempre fresco como una rosa. ¡Buena suerte tendrá la que goce de
+la flor de mi juventud!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué dices á eso, María-Manuela?&mdash;preguntó riendo el señor Rafael.</p>
+
+<p>&mdash;Que tiene muchísima razón. Yo jamás he conocido su juventud.</p>
+
+<p>&mdash;María-Manuela y yo&mdash;manifestó con la misma gravedad Antonio&mdash;nos
+hallamos en los primeros tiempos del amor en que se goza con una nada,
+en que cualquier friolerilla le levanta á uno hasta el cielo y le hace
+soñar toda la noche. Hasta hace dos meses no me atreví á decirle que la
+quería sino con los ojos;<a name="page_018" id="page_018"></a> ya lo habrán ustedes notado. El viernes
+pasado me dió un rizo de pelo. Pensé que me volvía loco de alegría...
+Fué la tarde en que les pagué á ustedes la merienda y unas cuantas
+botellas de amontillado...</p>
+
+<p>&mdash;¡Mentira! ¡mentira!&mdash;gritaron todos á un tiempo.&mdash;¡No has pagado nada!</p>
+
+<p>&mdash;¿No?... Pues juraría... Pero, en fin, lo mismo da. De todos modos, yo
+estaba muy alegre aquella tarde, y si hubiera tenido ganas de pagarlas y
+dinero, seguramente las hubiera pagado. No hay momentos más felices que
+estos en que el hombre todavía no ha perdido la timidez. No me da
+vergüenza confesarlo. Ayer me concedió por primera vez María-Manuela un
+beso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oooooh! ¡Uuuuh!&mdash;rugieron los alegres compadres.</p>
+
+<p>&mdash;¡No hay que asustarse, señores! Fué en la mano solamente. Pero, así y
+todo, cuando se lo di, faltó poco para desmayarme. No sé qué influencia
+misteriosa ejerce sobre mí esa mujer, que el contacto de un dedo suyo me
+hace temblar.</p>
+
+<p>&mdash;Oye tú, guasón&mdash;interrumpió María-Manuela con acento
+irritado,&mdash;¿quieres callarte ya ó te estrello este vaso en las narices?</p>
+
+<p>Antonio se detuvo, paseó una mirada en torno y dijo bajando la voz:</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ven ustedes, sólo la idea de que se sepa que le he besado la
+mano pone fuera de sí á la pobrecilla.<a name="page_019" id="page_019"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Aguarda, arrastrao!&mdash;exclamó exasperada la morena abalanzándose á él.</p>
+
+<p>&mdash;¡Socorro!&mdash;gritó Antonio haciendo ademán de meterse debajo de la mesa.</p>
+
+<p>Entre Velázquez y Frasquito la sujetaron. No pudiendo echarle mano,
+volvió á sentarse y desahogó su cólera en un torrente de palabras feas y
+maldiciones que al cabo concluyeron por alterar los nervios de la otra
+mujer que allí había.</p>
+
+<p>Era una muchacha de pocas carnes, morena también, de nariz un poco
+larga, boca pequeña, ojos negros expresivos y hermosa cabellera, cuyos
+rizos le caían por la frente en gracioso desgaire. Á esto contribuía el
+que la joven, ó por coquetería ó por distracción, no quitaba la mano de
+ellos atusándolos, retorciéndolos, martirizándolos sin tregua, lo mismo
+cuando hablaba que cuando escuchaba. Ambas cosas hacía con rara
+perfección. Cuando guardaba silencio parecía la estatua de la atención.
+Con la cabeza echada hacia atrás, paseaba sus ojos vivos de uno á otro
+interlocutor absorbiendo sus palabras, su actitud y sus gestos como si
+se tratase de fijarlos en la memoria para siempre. Cuando hablaba, sus
+palabras fluían de la boca raudas, interminables, con un dulce acento
+persuasivo que cautivaba y adormecía. El gracioso dejo de su charla
+andaluza realzado por una voz melodiosa como pocas obligaba á escuchar
+con placer las mil sentencias y graves consideraciones en que abundaba
+su discurso.<a name="page_020" id="page_020"></a> Porque Paca la de la Parra (así llamada á causa de una muy
+frondosa que había en la casa donde su madre dirigía un establecimiento
+de bebidas) no sólo presumía de elevados sentimientos, de gustos
+exquisitos, sino de una madurez de juicio superior á la de los sabios de
+su tiempo. Por lo cual vivía en el fondo de su alma apartada del mundo
+plebeyo que la rodeaba. Encastillada en su grandeza intelectual y
+sentimental, contemplaba con benignidad de ordinario, la ruindad de sus
+compañeras, y dejaba pasar sin correctivo sus palabras soeces. Pero en
+ocasiones como ahora, en que por causas desconocidas se hallaba un poco
+nerviosa, no podía menos de atajarlas.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, hija, cállate ya, que tienes una lengua más susia que la de lo
+tío de la Caleta.</p>
+
+<p>María-Manuela quedó suspensa un instante, pero, revolviéndose colérica
+en seguida, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Adiós, infanta! Perdone usía que le haya lastimao las orejas. ¿Quiere
+usía que hable por lo <i>finitico?</i> ¿Quiere usía un poquito de agua para
+quitarse el susto?</p>
+
+<p>Paca alzó los hombros con ademán de lástima.</p>
+
+<p>&mdash;¡Siempre has de tomar el rábano por las hojas, mujer! No te he mandado
+callar por ofenderte, sino por evitar que piensen de ti lo que no
+mereces. La mujer que se pasa la vida diciendo malas expresiones
+demuestra que no ha tenido principios, y tú los tienes como los tengo<a name="page_021" id="page_021"></a>
+yo y los tiene toda persona regular que haya tenido crianza. Deja esas
+palabras á los hombres, que para ellos se hicieron, y habla bien, que el
+hablar bien no cuesta trabajo.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Paca, ¿sabes lo que te digo?&mdash;profirió María-Manuela afianzando
+ambas manos sobre la mesa y encarándose con su amiga.&mdash;Que no rajes
+tanto y me dejes el alma quieta, ¿estamos?</p>
+
+<p>&mdash;Te lo digo, querida, porque tienes principios...</p>
+
+<p>&mdash;Pues se me orviaron... ¡Ea ya!... ¿qué hay?</p>
+
+<p>&mdash;Eso importa na. Lo peor es que á Joseliyo se le orvió traernos unas
+aceitunitas ó unas ruedas de chorizo&mdash;apuntó con calma Pepe de Chiclana.</p>
+
+<p>Los compadres rieron.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ole por Pepe!</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo mejor que se ha dicho en la tienda desde su fundación!</p>
+
+<p>Pepe de Chiclana, marido de Paca la de la Parra, era un hombre de seis
+pies de alto, gordo en proporción, de cuarenta años de edad, cara
+redonda, ojos pequeños carnosos, pesado y tardo en sus movimientos como
+en sus palabras. Formaba vivo contraste con su exquisita esposa, toda
+delicadeza y elocuencia, tan distinguida, tan razonable, tan afluente.
+Mas, con existir entre ellos tal desigualdad de humores, vivían en
+profunda paz. Pepe adoraba el talento de su mujer, se postraba ante él
+rindiéndole homenaje en cuantas ocasiones se ofrecían.<a name="page_022" id="page_022"></a> Cuando Paca
+hablaba, Pepe la escuchaba con la boca abierta pendiente de sus labios
+como de un oráculo, obligando á callar á los que pretendían
+interrumpirla, dirigiéndoles á menudo guiños expresivos ó diciendo por
+lo bajo: «¡Qué pico! ¿eh?... ¡Atiende al golpe!...» Paca no despreciaba
+por eso á su marido, como pudiera inferirse; al contrario, estimábalo
+como hombre de inteligencia penetrante, ya que había penetrado todo el
+mérito que ella poseía y seguía fielmente sus enseñanzas filosóficas.
+Hasta le caían en gracia sus chistes insulsos y era la primera en
+celebrarlos. Disfrutaba el matrimonio de posición desahogada. Pepe era
+chalán, y vestía como tal la chaqueta corta, la faja y el sombrero de
+anchas alas que caracteriza á los hombres de su clase. Paca gastaba
+ricos mantones de Manila, pendientes de perlas y sortijas de diamantes.
+Aquel matrimonio honrado, rico y pacífico se placía, no obstante, en
+acudir todas las noches á una reunión de gente demasiado alegre y de
+posición equívoca.</p>
+
+<p>Porque Antonio Robledo, administrador de una empresa de diligencias, no
+estaba casado con María-Manuela, aunque hacía tres años que vivía
+maritalmente con ella, y Velázquez, dueño del establecimiento, tampoco
+lo estaba con Soledad. Pero Paca era hija de una tabernera, se había
+criado entre el ruido y la alegría, y por más que la altivez de su
+temperamento aristocrático la había preservado de los hábitos<a name="page_023" id="page_023"></a> y las
+palabras groseras, sus ojos y sus oídos se habían acostumbrado á la
+algazara de estos sitios. Si por cualquier causa pasaba algunos días sin
+ir á la reunión, sentía la nostalgia de ella, se ponía de mal humor. Su
+marido, que la conocía bien, le decía: «¿No te parece que vayamos hoy á
+<i>cañear</i> un poquito á casa de Velázquez?» Ella se resistía, se quejaba
+de fatiga, hablaba de los muchos quehaceres de la casa. Si el bueno de
+Pepe se dejaba persuadir, ¡desgraciado de él! El humor de su cónyuge se
+ennegrecía de tal modo que al día siguiente era imposible sufrirla. Pero
+Pepe, aunque no muy avisado, como ya se ha dicho, había descubierto el
+secreto y no cejaba en sus ruegos hasta que lograba sacarla de casa.
+Paca salía como si la arrastrasen. Una vez fuera, mudábase al instante;
+se mostraba viva y jovial y charlaba por los codos.</p>
+
+<p>Además, Paca tenía el secreto deseo de mostrar el poder de su elocuencia
+persuadiendo á Velázquez á que se casase con Soledad. En cuanto á
+Antonio y María-Manuela, lo había intentado en vano. Ésta era tan
+cerrada de entendimiento, tan loca y desbocada que comprendía bien la
+repugnancia de su amante á contraer con ella vínculos indisolubles. Lo
+mismo uno que otro proyecto eran plausibles y demostraban que Paca se
+proponía hacer buen uso de las grandes luces naturales con que la
+Providencia se había dignado favorecerla.<a name="page_024" id="page_024"></a></p>
+
+<p>Poseía también una voz fresca y suavísima y cantaba y tocaba la guitarra
+con tal primor que pocos la aventajaban en el reino de Andalucía. En
+Cádiz era conocida y estimada por esta habilidad, aunque pocas veces se
+lograba oirla desde que se había casado. Sólo entre amigos y después de
+hacerse rogar tomaba entre las manos el guitarrillo y echaba al aire una
+copla. Pero, aunque despreciando en la apariencia este arte secundario,
+por tener la ambición puesta en el de Cicerón y Bossuet, todavía le
+gustaba oir las palmadas, los <i>oles</i> y los requiebros de sus amigos
+cuando se decidía á complacerlos.</p>
+
+<p>Velázquez se había levantado y salió á la tienda. A los pocos momentos
+volvió á entrar seguido de Joselillo, su criadito, quien soportaba una
+gran batea con cañas de manzanilla y algunos platos con rajas de queso,
+peje-reyes y camarones.</p>
+
+<p>&mdash;Esta convidada va por mí, señores.&mdash;dijo con su gravedad habitual.</p>
+
+<p>&mdash;Á tu salud y á la de la flamenca que está ahí fuera&mdash;respondió
+Antoñico en voz alta y apurando una caña.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, Antonio, y de salud te sirva&mdash;respondió la tabernera, que
+había oído el brindis.</p>
+
+<p>&mdash;Vive mil años, chiquita, que si tú cierras los ojos se queda Cádiz á
+oscuras.</p>
+
+<p>&mdash;¡El equinocio, hija!&mdash;exclamó María-Manuela sin poder reprimir un
+movimiento de<a name="page_025" id="page_025"></a> celos.&mdash;Soleá, no cierres los ojos para que este borracho
+pueda llegar á casa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tienes celos, María?&mdash;preguntó la tabernera.</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo celos de este tío que ya no puede con la fe de bautismo en
+papeles? ¡Sería trabajo! Llévatelo, hija, y ponlo en un cuarto seco para
+que no se pudra.</p>
+
+<p>&mdash;Soleá, llévame y ponme donde te parezca. Verás si engordo á tu
+<i>vera</i>&mdash;le gritó Antonio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y á mí, dónde quieres que me ponga entonces?&mdash;preguntó Velázquez
+riendo.</p>
+
+<p>Pero, aunque lo dijo en voz más baja, llegó á los oídos de la tabernera,
+que exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Á ti!... ¿Qué te importa á ti que yo te ponga en un sitio ó en otro?
+Ya te cuidarías de escapar adonde te viniese bien.</p>
+
+<p>&mdash;Con esa verdad te ayude Dios, querida, que nunca jamás la has dicho
+mayor&mdash;repuso Velázquez con tono fanfarrón y displicente.</p>
+
+<p>Soledad sintió el resquemor de estas palabras y guardó silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Niño, tráete la mía&mdash;gritó reciamente el señor Rafael al criadillo.</p>
+
+<p>No tardó éste en presentarse con otra batea de cañas.</p>
+
+<p>El señor Rafael era un viejo de fuerte complexión, seco, moreno, con los
+cabellos blancos, pero sin faltarle uno solo, vivo de ojos y suelto de
+ademanes, como un chico de veinte años. Mucho más suelto y mucho más
+vivo que su<a name="page_026" id="page_026"></a> sobrino Frasquito, con el cual se acompañaba aquí y en
+todas partes. No sólo se hallaban asociados en un establecimiento de
+harinas y salvados que tenían en la calle de Horno Quemado, sino que
+habitaban el mismo cuarto; y después de pasar juntos las horas de
+trabajo, gustaban también de pasar las que dedicaban al recreo. Ambos
+solteros y sin ninguna gana de cambiar de estado, aficionados á las
+cañas y al bureo, aunque en este particular y en la esplendidez
+característica que el vino andaluz despierta en los naturales, el viejo
+sacaba mucha ventaja al joven. De aquí sus eternas y graciosas disputas
+así que al señor Rafael se le encaramaba un poco el manzanilla en la
+cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Frasquito, hijo! ¿para qué quieres esas manos? Hace siete cuartos de
+hora que no has sonao las parmas&mdash;dijo el señor Rafael á su sobrino,
+haciendo antes un guiño expresivo á la reunión.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo siete cuartos de hora?&mdash;exclamó éste sofocado.&mdash;¡Si he pagado la
+convidada anterior!</p>
+
+<p>&mdash;¡La anterior!... ¡Y tan anterior!&mdash;replicó el viejo mirándole con ojos
+risueños y provocativos.</p>
+
+<p>La reunión se preparó á gozar de la disputa, como siempre.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, tío, usté tiene gana de guasa.</p>
+
+<p>&mdash;No, hijo, lo que tengo gana es de vino.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo ya le he pagado á usté bastante esta noche.<a name="page_027" id="page_027"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, qué gracia, que me ha pagado bastante!... ¡Pues yo á ti no!...
+Niño, tráete más vino para este gallego...</p>
+
+<p>&mdash;¡Tío! No me insulte, que le falto á usté al respeto.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si lo eres, ¿por qué has de negar la prosapia? Ni en el reino de
+Galicia ni en el principado de las Asturias hay un gallego más gallego
+que tú...</p>
+
+<p>&mdash;¡Tío, cállese usté, que le falto al respeto!</p>
+
+<p>Frasquito estaba encendido y colérico que daba miedo á todos menos á su
+tío. Los circunstantes, temiendo algún paso desagradable, atajaron la
+disputa rogando al señor Rafael que no le exasperase. Este, vuelto á las
+buenas y revistiéndose de gravedad, manifestó que todo era una broma y
+que nadie sabía mejor que él que su sobrino era gaditano por los cuatro
+costados. Luego, dirigiéndose á éste, comenzó á darle satisfacciones.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hijo, ¡quién no ha de reconocer tus buenas cualidades! Eres
+honrao y trabajador, y en too Cádiz no hay quien te ponga el pie delante
+en sacar una cuenta por el aire. Y eres buen mozo y muy corriente cuando
+se ofrece... Pero tienes una enfermedad...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué enfermedad?&mdash;preguntó Frasquito amoscado, mientras los demás se
+disponían á reirse.</p>
+
+<p>&mdash;No sé; me parece que se llama reumatismo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué dice usté eso?... vamos á ver...<a name="page_028" id="page_028"></a></p>
+
+<p>&mdash;Porque he notado que siempre que llevas la mano al bolsillo lo haces
+con mucho trabajo y la mayor parte de las veces no lo consigues... Eso
+no puede ser más que reúma... reúma en el brazo derecho.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tío! ¡tío!</p>
+
+<p>&mdash;No te sofoques, que eso se cura con un poquito de aguardiente
+alcanforado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué ha de curarse con eso!&mdash;saltó María-Manuela que presumía de
+curandera y ensalmadora&mdash;Si sientes dolor, Frasquito, se te quitará
+untando el brazo con la sangre de una oreja cortada de un gato negro; le
+das una friega apretándolo poco á poco, luego doblas <i>er deo gordo</i>, y
+poniéndolo debajo de la barba abres la boca nueve veces seguidas...</p>
+
+<p>Las carcajadas que la inocencia de la pobre mujer produjo en la reunión
+encresparon más y más á Frasquito.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tío, no hay peor borracho que usté en el mundo!</p>
+
+<p>&mdash;Basta ya de medicina&mdash;manifestó Antonio&mdash;y que Paca nos cante una
+<i>carbonerilla</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso!</p>
+
+<p>Paca, como de costumbre, hizo remilgos. «Ya no estaba para tales bromas;
+se le había acabado el humor; parecía mal que una mujer casada...
+Además, no se hallaba bien de voz.» Pero, como de costumbre también,
+terminó por coger la guitarra y echar al aire su voz dulce y potente de
+contralto.</p>
+
+<p>La alegría se apoderó de todas las cabezas.<a name="page_029" id="page_029"></a> Los ¡oles! y los ¡bravos! y
+los requiebros de toda clase resonaron en la taberna. Á la embriaguez
+del vino sucedía la del arte, más noble y delicada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Venga otra, Paquilla! ¡Bendita sea la hora en que tu padre se dió un
+coscorrón con la reja de tu madre!</p>
+
+<p>Paca, orgullosa, sonriendo levemente, dejó volar otra copla.</p>
+
+<p>Antonio, loco de entusiasmo, le arrojó el sombrero á los pies, gritando:</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde has nacido, Paca?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué ocurrencia!&mdash;respondió riendo&mdash;En la calle de la Verónica.</p>
+
+<p>&mdash;¡Falso! Tú has nacido en la alcoba en que durmió María Santísima
+cuando pasó por Sanlúcar.</p>
+
+<p>Paca volvió á cantar respondiendo al requiebro:</p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="poesia">
+<tr><td align="left">«¡Qué desgraciada nací,</td></tr>
+<tr><td align="left">que en la pila del bautismo</td></tr>
+<tr><td align="left">faltó la sal para mí!»</td></tr>
+</table>
+
+<p>Aquel rasgo gracioso de modestia levantó gran alborozo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ole por las mujeres simpáticas!&mdash;¡Todo el mundo á quererla!&mdash;¡La pura
+arropía!...</p>
+
+<p>Y sonaban las palmas, y chocaban los vasos y gritaban como energúmenos
+jaleando á la cantaora. Pero aquel entusiasmo se enfrió momentáneamente
+porque, Antonio, con uno de sus descompasados ademanes, echó á rodar
+una<a name="page_030" id="page_030"></a> caña y la quebró. María-Manuela, asustada, hizo callar á todos y
+declaró que el romperse un vaso es muy malo y anuncia disgustos. La
+única manera de evitarlo era recoger todos los pedazos y tirarlos al
+pozo. Así comenzó á ejecutarlo con gran solicitud mientras los demás se
+reían de su credulidad. Algunos por burla la ayudaban.</p>
+
+<p>&mdash;Atiende, María, mira que pedazo grande te has olvidado debajo de
+aquella silla. ¡Anda, anda! que si yo no hubiera reparado, ¡qué
+cataclismo! ¿verdad tú?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Antonio, déjate de guasa y hazme el favor de recoger esos
+cristalillos que están á tu vera.</p>
+
+<p>&mdash;Desprécialos, mujer: ya te llevas en el delantal los trabajos
+gordos... ¡Qué importa por esos disgustillos!</p>
+
+<p>María-Manuela salió con los cristales del cuarto y fué á arrojarlos al
+pozo que había en el patio. Soledad, que seguía tranquilamente haciendo
+calceta detrás del mostrador, sonrió.</p>
+
+<p>Siguió la zambra en el aposento.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, ahora no falta más que Soledad nos baile una mijita de
+tango&mdash;manifestó el señor Pepe.</p>
+
+<p>Soledad ni cantaba ni tocaba la guitarra, pero tenía habilidad notoria
+para bailar las danzas andaluzas. Mas, contra lo que acaece
+generalmente, no gustaba de mostrar su gracia; y aun puede decirse que
+desde hacía algún tiempo tenía el baile en aborrecimiento. Por lo<a name="page_031" id="page_031"></a> cual
+sus amigas se abstenían de solicitarla en este particular, sabiendo que
+le causaban disgusto.</p>
+
+<p>&mdash;No seas pelmazo, hombre; ya sabes que Soledad no se divierte
+bailando&mdash;dijo Paca á su consorte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué no se ha de divertir, haciéndolo con tanto
+primor?&mdash;insistió el señor Pepe.</p>
+
+<p>&mdash;Pues porque no se divierte. ¿Te figuras que va uno á gozar con lo que
+á otro se le antoje?</p>
+
+<p>&mdash;Bien está; pero aunque no se divierta, Soledad es muy amable y le
+gustará que sus amigos se diviertan.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, cállate ya. ¡Qué pesadísimo te pone el vino!</p>
+
+<p>Velázquez, que estaba hablando con Frasquito, oyó la disputa de los
+esposos y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Tiene razón Pepe. Soledad está obligada á dar gusto á la reunión, y
+aunque le cueste trabajo lo hará...</p>
+
+<p>Y añadió alzando la voz:</p>
+
+<p>&mdash;Soledad, hija mía, haz el favor de venir un momento.</p>
+
+<p>La tabernera apareció en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Estos señores desean que bailes un poquito. Á ver si los complaces.</p>
+
+<p>El rostro de Soledad se nubló de repente y respondió con sequedad:</p>
+
+<p>&mdash;Estos señores saben que hace ya mucho tiempo que no bailo y me harán
+el favor de dispensarme.<a name="page_032" id="page_032"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué no has de bailar?</p>
+
+<p>&mdash;Pues porque no tengo gana.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bailarás aunque no tengas gana&mdash;dijo él embraveciéndose.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no bailaré&mdash;replicó con firmeza ella.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Velázquez, déjala&mdash;interrumpió Pepe de Chiclana, avergonzado
+por haber sido causa de aquella disputa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Déjala! ¡déjala!&mdash;dijeron todos á un tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;He dicho que baila, y bailará&mdash;profirió Velázquez alzándose de la
+silla en actitud soberbia y provocativa.</p>
+
+<p>Soledad se puso pálida; quedó un instante suspensa y dijo al cabo
+humildemente:</p>
+
+<p>&mdash;Está bien; no te incomodes. Haré lo que tu quieras.</p>
+
+<p>&mdash;Paca, puedes principiar&mdash;dijo el guapo sentándose de nuevo.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero&mdash;replicó ésta.&mdash;¡Vaya una simpleza, hacer bailar á una mujer
+á la fuerza!</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Velázquez, déjala. Otro día será&mdash;manifestó el señor Pepe.</p>
+
+<p>Y todos los demás unieron sus ruegos á éste.</p>
+
+<p>Pero el tabernero, cada vez más colérico, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡He dicho que bailará esta noche, y ha de bailar con los santos óleos
+puestos!... ¿No quieres tocar?... Pues tocaré yo.</p>
+
+<p>Y arrebatando á Paca la guitarra, comenzó á rasguearla diciendo
+imperiosamente:<a name="page_033" id="page_033"></a></p>
+
+<p>&mdash;Á empezar.</p>
+
+<p>Soledad avanzó hasta el medio del cuarto y dió comienzo al baile. Estaba
+pálida. Los movimientos reprimidos, voluptuosos del tango ofrecían ahora
+un carácter lúgubre; parecía el baile de la viuda india en torno de la
+hoguera donde va á ser sepultada.</p>
+
+<p>Los tertulios se callaban; estaban inquietos y tristes y sacudían la
+cabeza deplorando la escena. Al cabo dos lágrimas se desprendieron de
+los hermosos ojos de la bailadora y resbalaron lentamente por sus
+mejillas. Verlas Velázquez y colocar la guitarra sobre la mesa fué todo
+uno.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ea!&mdash;dijo levantándose con calma amenazadora.&mdash;Ya se ha concluído.</p>
+
+<p>Y cogiendo á la joven por un brazo:</p>
+
+<p>&mdash;Anda, anda, guasona... ¡Maldita sea tu estampa!</p>
+
+<p>Y la arrojó á empellones del cuarto, cerrando la puerta después.</p>
+
+<p>Los tertulios se lo recriminaron sin excepción.</p>
+
+<p>&mdash;No hay razón para eso, Velázquez. Para bailar se necesita el humor. No
+todos los días nos pide el cuerpo juerga.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dejarme; ya tengo esa niña sentada en la boca del estómago!&mdash;exclamó
+el majo apurando una caña.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ves, Joseliyo, lo ves cómo toda la vida has de meter la
+pata?&mdash;dijo Paca con enojo á su consorte.<a name="page_034" id="page_034"></a></p>
+
+<p>&mdash;Pues bien claro estaba que habíamos de tener un disgusto, después que
+Antonio rompió el vaso&mdash;manifestó María-Manuela con un acento de
+seguridad que hizo volver la alegría á la reunión.<a name="page_035" id="page_035"></a></p>
+
+<h3><a name="III" id="III"></a>III<br /><br />
+Soledad.</h3>
+
+<p>El padre de Soledad era guarda de consumos en Medina Sidonia. Sus hijos,
+dos, Soledad la primera y Miguel, que contaba tres años menos. El
+sueldo, aunque corto, bastaba para subvenir á las necesidades de la
+familia en un pueblo secundario. Miguel, en quien los padres tenían
+cifradas sus esperanzas, mostró desde bien chico viciosas inclinaciones
+y horror al trabajo. Ni los golpes del maestro del taller donde le
+habían puesto, ni los castigos de su padre, que cierto no se los
+escaseaba, bastaron á enderezar su torcida naturaleza. Verdad que estos
+castigos se hallaban funestamente neutralizados por el mimo y regalo con
+que su madre lo criaba. No sólo ocultaba con mil artificios sus faltas y
+le<a name="page_036" id="page_036"></a> amparaba cuando su padre iba á corregirle, sino que le daba cuanto
+dinero había á mano, sin comprender la desgraciada el daño que hacía.
+Con esto el chico á los catorce años era un pilluelo que, en vez de
+ayudar á los gastos de la casa, sacaba de ella de un modo ó de otro
+cuanto podía. Acompañado de otros pícaros de su misma edad, vagaba por
+las tabernas, entregando todas sus horas al vino y al juego.</p>
+
+<p>Soledad empezó á coser en una sastrería; pero su jornal era tan exiguo
+que apenas si con él podía comprarse un vestidito de percal y calzar
+pasablemente. Aquí era donde le dolía á la mocita. Las andaluzas sufren
+sin pena el ir vestidas con cualquier trapillo; pero viven infelices si
+no llevan una media bien limpia y un zapato fino y ajustado. Tanto más,
+cuanto que Soledad comenzaba á ser festejada y requebrada de cuantos á
+su lado cruzaban, jóvenes ó viejos. Era el recreo de los ociosos que
+acudían á la hora del crepúsculo á ver salir las costureras de sus
+talleres, el orgullo de su familia y la envidia de las compañeras. Su
+belleza espléndida estaba realzada por una grave y altiva serenidad que
+desconcertaba á cuantos pretendían acercarse á ella burlando, al estilo
+de la tierra. La hija de Pontes, el guarda del fielato, adquirió pronto
+renombre de hermosa y al mismo tiempo de esquiva.</p>
+
+<p>Los señoritos de la ciudad acudieron en torno suyo como moscas al panal.
+Pero ni sus<a name="page_037" id="page_037"></a> rendimientos exagerados ni sus ofertas hicieron mella en el
+corazón de la joven. Prevenida contra sus halagos por la triste suerte
+de algunas amigas que habían tenido la flaqueza de darles oídos, los
+rechazaba siempre con ferocidad. En cambio acogía con agrado los rudos
+obsequios de los braceros; tuvo entre ellos varios novios, y juraba y
+perjuraba que le gustaban más que los pisaverdes tísicos que la seguían
+en el paseo. Éstos se vengaban de sus desdenes apodándola <i>la princesa
+del Fielato</i>.</p>
+
+<p>Pero uno de ellos la sacó en cierta ocasión de un mal paso. La hija del
+guarda, con otras dos amigas, se había ido un domingo á visitar la
+ermita de una Virgen situada á alguna distancia de la población sobre un
+cerrillo áspero y solitario. Llevaron merienda, entretuviéronse más de
+lo que pensaban: al regresar á su casa empezaba á cerrar la noche. Y hé
+aquí que, caminando las tres costureras cogidas del brazo, entonando
+alegres canciones para ahuyentar el miedo, tropiezan con dos mozos
+labradores que volvían de la ciudad. Las detienen, las requiebran
+groseramente, se propasan á abrazarlas. Venían un poco ebrios; pero les
+convino fingirse más de lo que estaban para el caso. Las jóvenes gritan
+y se defienden valerosamente, pero en vano; el lugar era solitario y sus
+fuerzas no bastaban á contrarrestar las de los gañanes. Éstos se
+apoderan de dos de ellas; la otra huye pidiendo auxilio. En este momento
+se oye el trote de un caballo, y<a name="page_038" id="page_038"></a> poco después aparece montado en él un
+joven bien conocido en la ciudad, el hijo de la viuda de Uceda.</p>
+
+<p>&mdash;¡Socorro, caballero!&mdash;gritan á un tiempo Soledad y su compañera asidas
+por aquellos bárbaros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso?&mdash;preguntó el jinete.&mdash;¡Á ver si dejáis ahora mismo á esas
+chicas!</p>
+
+<p>&mdash;Siga usted su camino, señorito, y no se meta donde no le llaman... ¡No
+sea que se le apee del jaco por las orejas!&mdash;dijo uno de ellos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Á mí, granuja?&mdash;exclamó el caballero apeándose de un salto.</p>
+
+<p>Y corriendo hacia el insolente alzó la mano y le tumbó de un puñetazo.
+Pero el otro jayán sacó prontamente la navaja y acudió al socorro de su
+compañero, el cual, no bien se hubo levantado, echó mano igualmente á la
+suya. Mal lo hubiera pasado el valeroso caballero si no hubiera tenido
+un buen revólver de seis tiros, con el cual les apuntó exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ahora vais á ver, cobardes, de qué os sirven las navajas!</p>
+
+<p>Los gañanes, al ver el arma, diéronse á la fuga. El caballero les
+persiguió largo trecho, obligándoles á echarse á un arroyo y pasarlo con
+el agua hasta la rodilla. Juzgándose bien vengado por aquel baño
+afrentoso, se volvió riendo hacia el sitio donde había dejado el
+caballo. Las muchachas ya no estaban allí. Desde que se vieron libres
+habían corrido desaladas<a name="page_039" id="page_039"></a> hacia la población. Montó en su jaco y á trote
+corto caminó la vuelta de ella. Hasta tocar casi en las primeras casas
+no alcanzó á sus favorecidas, que sin volver la vista atrás caminaban
+con toda la celeridad que les consentían sus fatigados pulmones. Al
+verlas no pudo menos de sonreir exclamando en voz baja: «¡Vaya unas
+piernas que os ha dado el miedo, hijas mías!» Pasó delante de ellas y
+saludó cortésmente.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas tardes.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas tardes&mdash;respondieron las jóvenes.</p>
+
+<p>Pero avergonzada de haber huído sin despedirse, la compañera de Soledad
+le gritó así que hubo pasado:</p>
+
+<p>&mdash;¡Y muchas gracias, caballero!</p>
+
+<p>&mdash;No las merece&mdash;respondió éste volviendo á medias la cabeza.</p>
+
+<p>Soledad examinó con curiosidad su figura recia y corpulenta, que se
+perdió al instante en las sombras. ¡No era tísico, no, aquel señorito!
+Al día siguiente, cuando le vió en la calle, le pareció aún mejor y le
+saludó afectuosamente. Manolo Uceda respondió al saludo con agrado, y
+algunos días después, con ocasión de cierta fiesta con música al aire
+libre, se aventuró á dirigirle la palabra, á acompañarla y, lo que es
+aún más, á sacarla á bailar. Este último obsequio puso corona
+inmarcesible á la gratitud de Soledad. Porque los señoritos de la villa
+poquísimas veces descendían á bailar con las menestralas en un paraje
+abierto. Lo demás se<a name="page_040" id="page_040"></a> encargó de hacerlo el niño alado de la venda.</p>
+
+<p>Manolo Uceda pertenecía á una familia distinguida de Medina, aunque sin
+mucha hacienda. Poseía algunas buenas propiedades rústicas con cuyas
+rentas vivía cómodamente gracias á la economía de su madre D.ª Carmen y
+á su propia conducta, arreglada y formal. Entre estas propiedades la más
+importante era un molino situado á dos leguas de la villa, el cual solía
+visitar á menudo lo mismo que las otras fincas, porque su madre así se
+lo encargaba. De él venía cuando tan á tiempo pudo ejecutar la proeza
+que se acaba de relatar.</p>
+
+<p>Educado en el retiro de su casa solariega, que tenía aspecto claustral,
+sin trato de mujeres, sin vicios, sin los recreos siquiera propios de su
+edad, la primera mujer que le reveló el amor fué la hija del guarda de
+consumos. La amó en seguida con la pasión tumultuosa de los diez y ocho
+años y de una naturaleza exuberante. Sin temor á las hablillas, sin
+vergüenza de confesar su amor, acudía á su reja todas las noches y se
+pasaba pegado á ella largas horas pelando la pava. De quien únicamente
+se guardaba era de su madre. Ésta, no obstante, muy presto llegó á
+saberlo y tomó un disgusto gravísimo. Porque era altiva y linajuda, á
+pesar de su corta hacienda, como una princesa de sangre real. Pero
+Manolo logró convencerla de que aquella afección no era sino un pasajero
+devaneo sin importancia, y la noble señora recobró á medias el sosiego.
+Trascurrieron algunos<a name="page_041" id="page_041"></a> meses. Los amores no terminaban; antes bien, el
+joven daba cada día mayores y más ostensibles testimonios de su pasión
+acompañando á la hija del guarda por los parajes más públicos. D.ª
+Carmen se agitó de nuevo, interrogó á su hijo con severidad, hubo
+gritos, llanto, recriminaciones. Esta vez Manolo no adoptó el continente
+burlón y desdeñoso que antes: confesó su amor, hizo un elogio caluroso
+del dueño de su albedrío, concluyendo que no había en todo el reino de
+Andalucía mujer más pura, más ingeniosa y más digna de ser adorada de
+rodillas que la hija de Pontes. Doña Carmen no quiso convenir en ello;
+de lo cual le pesó tanto á nuestro joven, que llegó á dudar del talento
+y de la sensatez de la que le había dado el ser. Desde esta memorable
+conversación no hubo paz en casa de Uceda. El amartelado mancebo se veía
+necesitado á escuchar á todas horas ruegos, injurias, suspiros y burlas.</p>
+
+<p>Todo fué inútil. Su pasión crecía á cada instante. Como fuego poderoso
+iba devorando rápidamente sus facultades y sentidos, dejándole reducido
+al papel de un autómata. Esto le perdió. Su excesivo rendimiento, las
+manifestaciones, cada vez más vivas y públicas, de su amor, engendraron
+al cabo un poco de hastío en el alma de la hija del guarda. Desapareció
+el respeto que la diferencia de clases había despertado en ella al
+comienzo de sus amores; se acostumbró á dominarle, á imponerle<a name="page_042" id="page_042"></a> sus
+gustos y caprichos, á escuchar con indiferencia sus palabras
+apasionadas, candentes. De tal modo, que á los seis meses le trataba
+como á un niño, le hablaba en tono protector, se reía de sus
+puerilidades, le reprendía y le martirizaba.</p>
+
+<p>Por otra parte, la oposición tan natural de D.ª Carmen lastimaba su
+orgullo. No faltaban comadres que llegaban presurosas á trasmitirle las
+palabras amargas que la viuda de Uceda pronunciaba refiriéndose á ella.
+Y en vez de comprender y perdonar estos desahogos de una madre, se
+enfurecía con ellos, los devolvía con creces y hacía recaer su cólera
+sobre el pobre Manolo, que ninguna culpa tenía.</p>
+
+<p>Pero más que todo esto contribuyó á debilitar su cariño, ó, por mejor
+decir, á que no prendiese jamás en su corazón, como había prendido en el
+del joven, la disparidad de genio y educación. Soledad era inclinada por
+naturaleza y nacimiento á las formas rudas, al lenguaje brutal y
+desvergonzado, no desprovisto de gracia, de la plebe andaluza. Gustaba
+de sus cantares, de sus chanzas groseras, de sus guisos y ensaladas;
+aunque por la constante gravedad de su rostro parecía más bien nacida
+entre las brumas de la Noruega que bajo el ardiente sol de la Bética. Ni
+comprendía ni mucho menos podían ser de su agrado los modales de un
+trato delicado y culto. Ahora bien, entre todos los señoritos de Medina,
+el que<a name="page_043" id="page_043"></a> había mostrado siempre menos afición á las fiestas y costumbres
+populares era Manolo Uceda. Ó porque su madre le hubiese trasmitido sus
+gustos aristocráticos, ó porque llevase dentro de su alma un cierto
+sentimentalismo romántico, es lo cierto que jamás se le vió en
+francachelas, ni corriendo novillos, ni en compañía de toreros y majos
+como otros caballeros de su edad. Tampoco usaba el lenguaje suelto y
+atrevido que muchos de ellos. Sin ser tímido ni beato, sentía profunda
+repugnancia por esa libertad de modales que tanto suele agradar á los
+mozalbetes. Por este lado, pues, no marchaban á la par las aficiones de
+ambos amantes.</p>
+
+<p>Y acaeció lo que era de esperar. El padre de Soledad tenía un íntimo
+amigo de alguna menos edad que él, llamado Perico Velázquez, hombre
+famoso en la villa por su guapeza y su trato suelto y cortés. Soltero,
+con alguna hacienda adquirida en los negocios de vinos, espléndido con
+las mujeres, ostentoso en el vestir dentro de su clase, aficionado á la
+broma y bureo, pero sosteniéndose siempre en los límites que marca la
+prudencia, esto es, sin pasar á la categoría de borracho ó perdido.
+Todos le conocían y en todas las clases se había granjeado simpatías por
+su carácter abierto y servicial. Los caballeros no desdeñaban alternar
+con él. Los artesanos, á cuya clase pertenecía, le respetaban como su
+ideal: era la encarnación de sus gustos y deseos. Pontes, con quien
+había<a name="page_044" id="page_044"></a> trabado amistad hacía algunos años, le adoraba. La suprema
+felicidad para el guarda, la única que le consentía su profesión, era
+que Velázquez viniese á buscarle á la casilla un día que le quedase
+libre y le llevase con otros tres ó cuatro amigos á una taberna de las
+afueras para cañear y pasar la tarde de jarana. Además, le estaba
+profundamente agradecido porque le había sacado de algunos apurillos de
+dinero. Por todo lo cual, el nombre del majo sonaba en la casa del
+guarda como el de un amigo y á la vez como un protector.</p>
+
+<p>Soledad olvidó á Manolo en cuanto Velázquez depuso con ella la actitud
+paternal y principió á requebrarla de amores. El carácter de aquél,
+resuelto y desdeñoso, sus famosos devaneos, la esplendidez que se le
+atribuía, y más que todo las aficiones populares de la joven, hicieron
+que presto diera oídos á los requiebros y á las palabras atrevidas que
+el guapo dejó caer en su oído siempre que la ocasión se ofrecía. Pero
+Velázquez, ó por temor á compromisos, ó por cálculo, ó por la situación
+especial en que la amistad con Pontes le colocaba, no llegó á declararse
+abiertamente. Se mantenía en actitud equívoca. Cuando se hallaban solos
+la dejaba ver lo mucho que le gustaba, pero siempre con la salida
+abierta para retirarse en cuanto le conviniese. En presencia de gente
+seguía tratándola como antes. Esta actitud extraña, que en el espíritu
+no muy penetrante de Soledad se prestaba á diversas interpretaciones,<a name="page_045" id="page_045"></a>
+concluyó por rendirla enteramente. Principió á impacientarse, á desear
+con ansia que de una vez le confesase su amor, á buscar ocasiones para
+que esto pudiera efectuarse. Y, en su inocencia verdaderamente infantil,
+llegó á ciertos extremos ridículos.</p>
+
+<p>Un día Velázquez, al despedirse, le dijo en broma, adoptando un
+continente grave:</p>
+
+<p>&mdash;Soledad, tengo que comunicarte un secreto.</p>
+
+<p>Se fué y no volvió á acordarse de tal frase. Pero á la hija del guarda,
+á quien las congojas consumían, se le quedó clavada en el cerebro. No
+pensó en otra cosa. Y cuando á los tres ó cuatro días le vió, buscó
+pretexto para alejar á su madre y, aprovechando un momento, se acercó á
+él rápidamente y le dijo con voz temblorosa y las mejillas encendidas:</p>
+
+<p>&mdash;Dígamelo usted ahora.</p>
+
+<p>&mdash;¿El qué?&mdash;preguntó Velázquez sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;Aquello.</p>
+
+<p>Tardó en comprenderlo el guapo; pero recordando al fin, salió del
+atolladero lo mejor que pudo, aunque sin entregarse.</p>
+
+<p>Así se hallaban las cosas cuando un suceso inesperado y terrible vino á
+cambiar su faz por completo. Pontes, viendo cruzar desde la casilla un
+hombre que le pareció sospechoso aunque no llevase carga alguna, le
+ordenó detenerse. El hombre, que ocultaba en los bolsillos algunas
+barras de jabón, se dió á la fuga.<a name="page_046" id="page_046"></a> Como eran las dos de la tarde,
+Pontes no pensó en hacer uso del fusil y corrió detrás de él, seguro de
+alcanzarle ó por lo menos de hacer que le detuviesen. Sucedió, en
+efecto, lo primero. El guarda tenía admirables piernas; cerró la
+distancia y pronto llegó á tocarle.</p>
+
+<p>&mdash;¡Date! ¡date ó te mato!</p>
+
+<p>Pero en aquel momento el matutero se volvió repentinamente y blandiendo
+un cuchillo se lo clavó en el pecho hasta el mango.</p>
+
+<p>El guarda quedó muerto en el acto. El suceso puso en conmoción á la
+villa, y aunque algunas personas caritativas quisieran impedirlo, la
+noticia llegó pronto á la familia. Corrió la infeliz esposa al lugar del
+crimen. Los agentes del ayuntamiento que allí estaban no la dejaron
+abrazarse al cadáver de su esposo porque el juez aún no había llegado.
+Los gritos de dolor de la pobre mujer partían el corazón de los
+espectadores. Cuando vino al fin el juzgado, se procedió al
+levantamiento del cadáver, se le colocó en un carro y emprendieron la
+marcha hacia la villa. Detrás, pálida como la cera, agarrando con sus
+manos crispadas la trasera del carro, seguía la viuda, á quien los
+sollozos ahogaban. Después venían los agentes, algunos compañeros del
+difunto y los curiosos. Tal fué el espectáculo que se ofreció á los ojos
+de Soledad al salir por los arrabales en busca de su madre.</p>
+
+<p>Velázquez, en aquellos aciagos instantes, fué la Providencia de la
+familia. Costeó un<a name="page_047" id="page_047"></a> muy decoroso entierro á su amigo, le compró
+sepultura en el cementerio, hizo cuanto le fué posible para lograr la
+captura del asesino, que se había fugado, y procuró que á la viuda y á
+sus hijos no les faltase nada. Tales testimonios de cariñosa amistad
+concluyeron de subyugar á Soledad. La figura del guapo creció ante su
+vista como la de un dios, y en la misma medida la de Manolo Uceda se fué
+empequeñeciendo. En efecto, éste, aunque tomó parte en su dolor, no pudo
+ó no supo ofrecerle la misma protección. Quedó reducido á un papel
+pasivo y bastante desairado. Velázquez lo era todo en la casa. La
+indiferencia de Soledad se fué acentuando y cuidó poco de disimularla.
+De tal suerte que, cuando quince días después Velázquez se determinó á
+explicarse claramente, no halló obstáculo alguno para ser aceptado.
+Pero, como hombre corrido en lides amorosas, aprovechó su posición para
+obtener de la madre y la hija que le siguieran á Cádiz, donde pensaba
+establecerse. Desaparecieron un día de Medina, alquilaron casa en la
+capital, cuyos gastos subvencionaba todos el majo á título de huésped ó
+protector. La hija enloquecida de amor, la madre de gratitud, no echaron
+de ver el peligro á que se exponían ni la desagradable impresión que
+este paso causó en el pueblo.</p>
+
+<p>En efecto, muy poco después Soledad sucumbió á las instancias de su
+adorador. Se engañó á la madre primero, se le pidió perdón<a name="page_048" id="page_048"></a> después. La
+pobre mujer experimentó un vivo disgusto, tanto más cuanto que Velázquez
+no se apresuraba á borrar la afrenta con la bendición del cura. Sólo una
+vez habló de matrimonio, pero de un modo tan vago, ponderando tanto las
+dificultades que por el momento se ofrecían para su realización, que la
+viuda entendió bien claramente lo que podía esperarse en este particular
+de aquel hombre. Con esto vivió profundamente afligida, y no cesaba de
+llorar, sin querer salir de su cuarto. Mas con el tiempo su dolor se fué
+calmando: llegó á acostumbrarse y aceptó al cabo aquella triste y
+degradante situación, ya que su hija parecía feliz y Velázquez no dejaba
+de satisfacer ninguno de sus caprichos.</p>
+
+<p>Duró poco, no obstante, tal estado de satisfacción. Á Velázquez,
+hastiado de la vida inactiva, aunque tuviese suficiente hacienda para
+vivir, se le ocurrió comprar una tienda de montañés que se traspasaba en
+el Campo del Sur. Comenzaron los disgustos. Aunque generoso siempre y
+delicado en los asuntos de dinero, no tardó en mostrar su carácter
+autoritario. Exigía una sumisión absoluta por parte de cuantos le
+rodeaban. Le ofendía, mejor dicho, le ponía fuera de sí la menor
+contradicción. Los primeros choques fueron con Miguel, el hermano de su
+querida, el cual no se sometía al régimen de la casa. Hubo reprensiones,
+disputas agrias; por último, Velázquez le levantó la mano y lo arrojó de
+casa, aunque<a name="page_049" id="page_049"></a> permitiendo que su madre le diese algún dinero para que se
+mantuviese fuera. No quedó aún con esto satisfecho su instinto de
+dominación. Soledad, enamorada de él ciegamente, se sometía sin replicar
+á todos sus gustos y caprichos, sufría con paciencia sus reprensiones,
+los malos humores y genialidades. Pero la madre, que no tenía tales
+motivos para sufrirlo, solía hacerle observaciones y llamarle á la razón
+cuando injustamente se querellaba con Soledad. Esto le molestaba
+extremadamente, le producía una sorda cólera que cada día iba en
+aumento, hasta que al fin estalló. Un día, después de acalorada disputa
+entre ambos, el guapo se cruzó de brazos delante de Soledad y dijo
+resueltamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ea, ya se acabó! Aquí no queda otro medio... ¡Ó tu madre ó yo, hija
+mía!</p>
+
+<p>Ni ruegos ni lágrimas lograron hacerle cambiar de resolución. Y como
+Soledad hubiera muerto con gusto y hubiera dejado morir al género humano
+antes que separarse del hombre que adoraba, fué su madre quien se vió
+necesitada á salir de casa. Se la envió á Medina y se le pasó una
+pensión suficiente para vivir. De esta suerte quedaron los amantes
+solos, y Velázquez dueño y señor de aquella mujer que temblaba de amor y
+miedo en su presencia.</p>
+
+<p><a name="page_050" id="page_050"></a></p>
+
+<p><a name="page_051" id="page_051"></a></p>
+
+<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV<br /><br />
+Velázquez.</h3>
+
+<p>Velázquez pudo desde entonces dar rienda suelta á su fanfarronería. Este
+era el vicio que le dominaba y servía de triste contrapeso á sus buenas
+cualidades. Porque las tenía, sin disputa. Era servicial, generoso,
+despierto de inteligencia y sensible de corazón. Pero así que se tocaba
+directa ó indirectamente á su orgullo, todas estas bellas cualidades se
+nublaban y se ofrecía á los ojos de quien no le conociese como un hombre
+feroz é intratable. Era menester que en todas partes hiciese el primer
+papel, y si no lo hacía, esto le causaba tristeza y le ponía sombrío.
+Donde él estaba no había que molestarse en llevar la mano al bolsillo:
+todos los agasajos estaban pagados. Por esto la tienda no le producía<a name="page_052" id="page_052"></a>
+beneficio alguno. Las ganancias del mes quedaban saldadas con sus
+esplendideces. Pero le servía para hacer figura entre sus amigos.</p>
+
+<p>Se jactaba de bravo, y lo era; de rico, y, dada su clase, tampoco le
+faltaba motivo. Pero, además, se empeñaba en que todas las mujeres se
+enamorasen de él, en ser hombre chistoso ó «de buena sombra», como allí
+se dice, en cantar, tocar la guitarra y bailar como nadie, en jugar á
+los naipes y al billar mejor que ninguno, en quedar fresco después de
+haber bebido algunas botellas de manzanilla, mientras los demás rodaban
+por el suelo borrachos. Y en esto, como se comprenderá fácilmente, había
+sus más y sus menos. Su figura, aunque agradable, era exigua. El mayor
+dolor de su vida era no poseer cuatro ó cinco dedos más de estatura.
+Pero sabía realzarla extremadamente vistiendo con particular esmero: la
+pechera de la camisa adornada con botones de diamantes, la faja de seda,
+las botas de charol. Y este alarde de lujo le servía grandemente para
+fascinar á las hembras y rendirlas. Despojado de tales atavíos, quizá no
+sería tanta su buena fortuna. Pero esto es lo que no se confesaría el
+guapo aunque se hallase en el trance de morir.</p>
+
+<p>Soledad le amó con pasión frenética, mezcla de sensualidad, de
+admiración y gratitud. El mundo entero desapareció á sus ojos, no
+quedando de toda la creación sino la barba sedosa de Velázquez, sus
+blancos dientes africanos y su irónica sonrisa y acento displicente. Por
+mucho<a name="page_053" id="page_053"></a> que se jactase de guapo, todavía pensaba la joven que se quedaba
+corto. Creía de buena fe que no existía en Cádiz mujer de alta ó baja
+calidad que no le envidiase su buena dicha, y las compadecía. Ocupando
+aquella posición deshonrosa se creía honrada. Su cerebro estrecho no
+comprendía otra gloria que la de ser preferida por tal hombre. Bebía sus
+palabras y gestos y se embriagaba con ellos. Hallaba gracia y nobleza en
+los más prosaicos actos de su vida y prestaba tal importancia á sus
+gustos para vestir, comer ó dormir cual si fuesen preceptos de un código
+divino.</p>
+
+<p>&mdash;Pues á Velázquez no le gusta el arroz tan cocido, sino bien
+enterito&mdash;decía á alguno de los parroquianos que lo prefería blando.</p>
+
+<p>Y después de comunicarle esta nueva interesante, quedaba sorprendida si
+el parroquiano aún se obstinaba en que se lo cociese más.</p>
+
+<p>Nunca acababa, si alguna comadre del barrio venía á beber una copa de
+aguardiente y la conversación recaía sobre el guapo. Era menester que le
+diera cuenta de sus costumbres é inclinaciones, las peripecias de su
+vida, los negocios que había hecho, las reyertas que había tenido, hasta
+de las palabras que había vertido aquel día al entrar y salir de casa.</p>
+
+<p>Si á un parroquiano le saltaba el botón de la camisa, mientras se lo
+cosía, enterábale con orgullo de que Velázquez no gastaba camisas de
+algodón como aquélla, sino de hilo puro que le costaban tres duros cada
+una. Sus botas,<a name="page_054" id="page_054"></a> sombrero, reloj, etc., eran para la hija de Pontes
+objetos preciosos que no podía tocar sin amor y veneración.</p>
+
+<p>Velázquez se dejaba querer sin sorpresa. La idolatría de Soledad le
+parecía tan puesta en razón que lo contrario sería una incomprensible
+trasgresión de la lógica. Dentro de casa y á solas era con ella
+cariñoso, protector, agradecido, ya que no apasionado. Pero en presencia
+de sus amigos se mostraba altivo en demasía, satisfaciendo, á costa de
+la pobre joven, su sed insaciable de jactancia. Era menester que todo el
+mundo viese patente el rendimiento de aquella mujer. Para ello no le
+escaseaba las palabras desdeñosas y las bromitas mortificantes en cuanto
+se le ofrecía ocasión. Una de éstas había tomado pie de la afición
+desatinada que Soledad tenía al confite más exquisito de la Andalucía, á
+las famosas «yemas de San Leandro». Velázquez le había prometido traerle
+un cartucho de ellas, pero se le olvidó: recordóselo la joven, volvió á
+prometérselo y volvió á olvidársele. Desde entonces, haciendo de este
+olvido un pretexto de risa, no cesaba de embromarla en presencia de la
+reunión.</p>
+
+<p>&mdash;Soledad, no tengas cuidado... de hoy no pasa, hija mía. Ó te traigo
+las yemas esta noche, ó me tiro por la muralla.</p>
+
+<p>Y al día siguiente, cuando nadie pensaba en ello, se daba el guapo una
+palmada en la frente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Caramba, qué cabeza la mía!... ¡Ya se me<a name="page_055" id="page_055"></a> han olvidado otra vez las
+yemas de Soledad!... ¡Vive Dios! Pero ahora no se me olvidan; pueden
+ustedes estar seguros.</p>
+
+<p>Y sacaba el pañuelo y le hacía un nudo. Los tertulios reían. Soledad,
+avergonzada, reía también.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es conmigo no gastarías tanta guasa, arrastrao&mdash;dijo
+María-Manuela.&mdash;¿No tienes á tu disposición el dinero de la
+venta?&mdash;añadió encarándose con Soledad.&mdash;¿Pues por qué no mandas por
+todas las yemas que se te antojen?</p>
+
+<p>&mdash;Eso pregunto yo. ¿Por qué no manda?&mdash;replicó Velázquez con retintín.</p>
+
+<p>Soledad hizo un gesto de impaciencia indicando á María-Manuela que
+callase. Por nada en el mundo hubiera distraído un céntimo del dinero
+que custodiaba. Velázquez tomaba diariamente las cuentas é
+inmediatamente se llevaba el dinero al cajón de su mesa.</p>
+
+<p>No era esta broma, sin embargo, ni otras semejantes las que mortificaban
+más á la joven. Lo que le llegaba al fondo del alma y le hería en lo más
+vivo era el tono irónico y fatuo que Velázquez adoptaba cuando se sacaba
+á cuento el tema de su matrimonio. Generalmente era Paca quien, en su
+afán de legalizar la situación de los amantes, lo ponía directa ó
+indirectamente sobre el tapete.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Paca, no te subas al púlpito. Demasiado sabes que estamos en
+ello y que no tengo en el mundo otro deseo que ese.<a name="page_056" id="page_056"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Bien se conoce! Si lo deseases ya lo hubieras hecho, ó por lo menos
+hubieras puesto los medios para hacerlo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Aguárdate un verano, hija mía! ¿Crees que es tan fácil inflar un
+perro? ¿No sabes lo que cuesta en este pícaro pueblo el arreglo de los
+papeles, las vueltas que hay que dar y lo mucho que le hacen sudar á uno
+por esas oficinas de la iglesia? Te aseguro que hace tiempo que he
+encargado á un amigo de andar los pasos... Sólo que es cojo el pobrecito
+y camina poco&mdash;añadió bajando la voz con acento cómico.</p>
+
+<p>Los amigos celebraron la gracia. Soledad salió del cuarto llorando, como
+siempre que se tocaba este punto.</p>
+
+<p>Con todo, era feliz. La presencia de su amante, sus cortas pero
+sabrosísimas caricias bastaban para enajenarla y hacerle olvidar
+aquellas y otras penas. Además, estaba orgullosa y solía jactarse con
+las comadres que iban por el día á hacerle tertulia del respeto que
+Velázquez la profesaba. Era muy conocida en el círculo de sus amigos la
+violencia de éste y las formas brutales que solía emplear con las
+mujeres. Se hablaba de lo ligera que tenía la mano para castigar la más
+pequeña ofensa: ninguna de sus queridas había dejado de experimentarlo.
+Pues bien, con ella jamás se había propasado á tales extremos
+repugnantes. Soledad estaba orgullosa; pero tal vez en lo más íntimo del
+alma, sin darse ella misma cuenta,<a name="page_057" id="page_057"></a> sentía cierta curiosidad por
+conocerlos. Cuando oía describir los rigores que Velázquez había usado
+en otro tiempo con una de sus amantes llamada la Pitillera, y que esta
+mujer, lejos de aborrecerle, le adoraba cada día con pasión más firme,
+quedaba confusa sin comprenderlo; pero sentía cierto cosquilleo interno,
+mezcla de temor, de curiosidad y apetito ¿Qué será eso?</p>
+
+<p>Lo supo más pronto de lo que imaginaba. Su hermano Miguel se había ido
+con su madre á Medina cuando Velázquez tuvo á bien despedirla de casa.
+El muchacho, gandul y vicioso, como ya sabemos, tomó gusto á la vida de
+Cádiz en los meses que aquí permaneció: era un campo mucho más fértil y
+ameno para sus calaveradas que Medina. Así que, no pudiendo sufrir la
+existencia en este, que le parecía lugarón sombrío y desabrido, se
+trasladó á la capital sin permiso de su madre ni dar cuenta siquiera á
+su hermana. Vagó algunos días por las zahurdas y lupanares. Velázquez
+supo que estaba allí y se lo previno á Soledad lleno de enojo.</p>
+
+<p>&mdash;El tunante de tu hermanito se ha escapado de Medina y anda por ahí con
+otros perdidos. ¡Si pone los pies en esta casa cuenta conmigo!</p>
+
+<p>Soledad prometió no recibirle si lo intentaba. Pero esto era fácil de
+prometer y no de cumplir. Un día, hallándose sola en la tienda, se
+presentó de improviso Miguel, escuálido, andrajoso, muerto de hambre.
+¿Qué iba á hacer<a name="page_058" id="page_058"></a> la pobre sino socorrerle? Le dió de comer y una de sus
+sortijas para que la empeñase, pues del dinero no se atrevía á disponer.
+Velázquez no lo supo. Pero, á pesar del mucho encarecimiento con que
+Soledad se lo rogó, Miguel no dejó de menudear las visitas, hallando
+cómodo este puerto donde guarecerse en sus frecuentes naufragios.</p>
+
+<p>Y sucedió al cabo lo que era de esperar. No faltó quien diese soplo al
+amo. Se puso éste en acecho; y un día en que los dos hermanos platicaban
+alegremente, Soledad de la parte de dentro del mostrador, Miguel de la
+parte de fuera, comiéndose una magra de jamón que la munificencia de
+aquélla le había suministrado, bien ajenos de que pudieran ser
+sorprendidos, pues Velázquez se había ido á Puerta de Tierra, presentóse
+éste de improviso. Sin decir palabra, con cólera muda, cayó sobre el
+infeliz muchacho, y á pescozones y puntapiés lo arrojó de la taberna.
+Luego, jadeante y pálido, se acercó al mostrador.</p>
+
+<p>&mdash;Oye, niña, ¿no te he dicho que no me da la gana que ese granujilla
+ponga los pies en esta casa? ¿Es que te quieres divertir conmigo?</p>
+
+<p>Y alzando al mismo tiempo la mano, le dió un golpe en el rostro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Velázquez!&mdash;exclamó la joven en el colmo de la sorpresa, el dolor y
+la vergüenza.</p>
+
+<p>Se alzó de la silla y volvió á dejarse caer sollozando. Después subió á
+su cuarto, se echó<a name="page_059" id="page_059"></a> sobre la cama y siguió suspirando largo rato. Los
+sentimientos que la agitaban eran la ira y la vergüenza. ¡Poner la mano
+sobre ella un hombre, cuando sus mismos padres no lo habían hecho
+después que fué mujer! ¿Qué pensarían de ella las comadres ante las
+cuales se había jactado tanto? ¿Qué diría Manolo Uceda, á quien había
+desmentido tan orgullosamente hacía pocos días?</p>
+
+<p>Pero su cólera fué ablandando al influjo de las lágrimas, se trasformó
+en suave melancolía, y de esta melancolía brotó al cabo una extraña
+dulzura que la llenó de sorpresa. Se había disipado el misterio. Ya
+sabía lo que era ser abofeteada por un hombre. Destruído aquel último
+baluarte de su orgullo, permaneció tranquila á merced de su vencedor.
+Quedaron remachados los clavos de su cadena. ¡Era suya, enteramente
+suya! Este pensamiento barrió hasta las últimas nubes que oscurecían su
+alma. Quedó en una dulce quietud, en un íntimo recogimiento de dicha; le
+acometieron ansias locas de humildad. ¿Qué le importaba á ella por el
+mundo? ¿Qué le daba á ella el mundo? Quien la hacía feliz era él. Á él
+debía, pues, obedecer; él era su rey y señor. El calorcillo que aún
+sentía en la mejilla atestiguaba de este señorío y de su vasallaje.
+¡Toda la vida, toda la vida su esclava!...</p>
+
+<p>Velázquez, al cabo de un rato, se asomó á la puerta del cuarto, diciendo
+con tono rudo:<a name="page_060" id="page_060"></a></p>
+
+<p>&mdash;Ea, niña, basta de lloriqueo, que la tienda está sola.</p>
+
+<p>Soledad se levantó encendida y sonriente de la cama, se limpió las
+lágrimas con el pañuelo y le echó los brazos al cuello en un rapto de
+amor y sumisión.<a name="page_061" id="page_061"></a></p>
+
+<h3><a name="V" id="V"></a>V<br /><br />
+Celos.</h3>
+
+<p>Dos meses después de esta escena entró Manolo Uceda una tarde en la
+tienda, que á tal hora solía hallarse solitaria. Soledad se había
+quedado dormida de bruces sobre el mostrador con la mejilla apoyada
+sobre las manos. Entró sin hacer ruido y fué á sentarse cerca de ella.</p>
+
+<p>Hacía ya tiempo que debía estar en Medina, pues se había despedido de su
+madre sólo por diez ó doce días; pero después de haber visto á su
+antigua novia y haberla hablado se le hizo imposible la vuelta. De nuevo
+quedó preso en aquel amor, el primero y el único de su vida. Al
+principio buscando pretextos, luego no respondiendo á las apremiantes
+invitaciones de D.ª Carmen para que tornase al pueblo, había<a name="page_062" id="page_062"></a> ido
+dejando trascurrir los días sin decidirse á subir al tren. Finalmente,
+había escrito á su madre manifestándole que deseaba permanecer en Cádiz
+una larga temporada y que si le contrariaba en este deseo estaba
+resuelto á embarcarse para América. La pobre señora, asustada y
+conociendo el carácter impetuoso de su hijo, por no perderle para
+siempre, cedió á su capricho.</p>
+
+<p>¿Qué esperaba allí? ¿Qué pretendía? Ni él mismo sabría decirlo. Su viaje
+le había servido para convencerle del absoluto olvido que su amor
+generoso merecía á la hija del guarda, de la ciega pasión que ésta había
+concebido por el majo de Medina. Y, sin embargo, aunque lo mereciese, le
+era imposible despreciarla, ni aun dejar de amarla. Encontraba tan
+inexplicable seducción en sus rasgados ojos aterciopelados, en su
+gravedad majestuosa, en el contraste adorable de sus cabellos negros con
+el alabastro de su rostro, que no concebía cómo pudiera aborrecerse á un
+ser tan bello. El goce de verla, de escuchar su voz, de despertar tal
+vez que otra una fugaz sonrisa de complacencia en su semblante le
+retenía á su lado. Hallaba gracia en sus palabras, en sus gestos, en sus
+manías y hasta en la terquedad que la caracterizaba. La misma limitación
+de su inteligencia y su falta absoluta de instrucción, pues sólo sabía á
+duras penas leer, servían de alicientes para su amor. «Es una niña» se
+decía mirándola con ojos paternales, cuando salía algún gracioso<a name="page_063" id="page_063"></a>
+disparate de su boca. «Hace el bien y el mal sin darse cuenta. No es
+capaz de sentir pasión alguna. Su amor no es más que un capricho como
+todo lo demás. Quizá algún día...» Y esta vaga esperanza, dulce como la
+miel, inundaba su corazón de alegría.</p>
+
+<p>No podía menos de felicitarse también de la facilidad venturosa que
+tenía para verla y hablarla á cualquier hora del día. La circunstancia
+de habérsele antojado á Velázquez tomar un establecimiento de bebidas,
+y, mejor que esto aún, su arrogante tranquilidad, la ausencia completa
+de celos que mostraba, dejábale expedito el camino para menudear las
+visitas. Hay más, el tabernero le acogía con mayor afecto y cortesía que
+nunca y le había presentado en la reunión que todas las noches se
+formaba en uno de los cuartos. Era una de tantas señales de su orgullo.
+La presencia de Manolo atestiguaba su victoria, que ya los amigos
+conocían, y el amor que el pobre joven no lograba disimular le servía de
+pretexto para mil bromas jactanciosas en que daba suelta á la arrogancia
+que rebosaba de su corazón. No se le escapaba á Manolo esto, ni tampoco
+que aquella reunión, compuesta de gente ruda, no correspondía á la
+calidad de su persona ni á la educación que había recibido; pero todo lo
+sufría con tal de hallarse cerca de Soledad. Quizá no habría mentira en
+decir que era relativamente feliz. Cuando se hubo acostumbrado al puesto
+secundario que su antigua novia le<a name="page_064" id="page_064"></a> asignara y á la libertad de trato de
+aquella sociedad ordinaria lo pasó bastante bien. Su temperamento sano y
+alegre se imponía: era llano, cordial, bullicioso y en poco tiempo supo
+granjearse el cariño de los tertulios de Velázquez. Tan sólo cuando
+observaba algún rasgo del despotismo escandaloso que éste ejercía sobre
+su ídolo, alguna frase despreciativa que hacía asomar las lágrimas á los
+ojos de la bella, se oscurecía su semblante y quedaba silencioso y
+sombrío largo rato. El majo lo notaba y hacía un guiño expresivo á sus
+amigos; pero éstos poco á poco fueron dejando de celebrar sus
+baladronadas y mirando con mayor respeto al enamorado mancebo.</p>
+
+<p>Soledad dormía, sin que la mirada de su adorador, posada sobre ella,
+inquietase su sueño profundo. Larguísimo rato la estuvo contemplando en
+suspensión deliciosa. ¡Qué hermosa estaba! Miraba su mejilla y nada
+hallaba en la creación comparable á la suavidad de su piel sonrosada
+trasparente. Fijaba la vista en sus labios: las cerezas no eran tan
+rojas ni tan frescas: la llevaba más tarde á su cuello, y aquella línea
+blanca ondulante donde su negra cabellera se deshacía gradualmente en
+vello finísimo como una armonía fugitiva que se pierde en el espacio, le
+parecía un sueño más que una verdad tangible. «¡Qué hermosa! ¡qué
+hermosa!»&mdash;murmuraba con la unción de un místico que dice sus
+preces.&mdash;¡Y eso que aún faltan los ojos, las dos lámparas maravillosas,
+como<a name="page_065" id="page_065"></a> yo los llamo!... De buena gana se hubiese prosternado y
+permaneciera así velando su sueño. En aquel instante hallaba disculpa
+para sus traiciones y legítimos todos sus caprichos y genialidades, por
+extravagantes que fuesen. «Un ser tan soberanamente bello&mdash;se
+decía&mdash;tiene derecho á ser voluble, ya que nadie en el mundo lo merece
+por completo. Bastante felicidad produce con dejarse ver: ¿por qué le
+hemos de exigir que se sacrifique?»</p>
+
+<p>Pero sus ojos zahoríes de enamorado creyeron percibir al cabo en torno
+de los de la bella un leve círculo rojo que no era producido por la
+incómoda postura en que dormía. «Soledad ha llorado hoy» se dijo con
+emoción. Tenía conocimiento de lo mucho que sufría, aunque no de los
+extremos vergonzosos á que Velázquez había llegado, y siempre que lo
+comprobaba por algún signo sentía un estremecimiento de dolor y de ira.
+Por su cruel proceder, más que por haberle arrebatado á su amante,
+odiaba cordialmente al majo.</p>
+
+<p>Despertó al fin Soledad. Abrió los ojos repentinamente y, fijándolos en
+Manolo, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Eres tú? ¿Has entrado ahora?</p>
+
+<p>&mdash;No, hace ya cerca de una hora que estoy aquí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Una hora?... ¿Y qué hacías?</p>
+
+<p>&mdash;Mirarte y remirarte... y aún no quedé satisfecho.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues, hijo, no sé cómo no te empalago!&mdash;replicó ruborizándose. Y
+añadió para distraer<a name="page_066" id="page_066"></a> la conversación:&mdash;Me he levantado temprano esta
+mañana, he trajinado mucho por arriba: de modo que en cuanto me senté me
+he quedado fritita sobre el mostrador.</p>
+
+<p>Manolo guardó silencio y reparó con inquietud que tenía los ojos muy
+encendidos, señal de haber llorado recientemente y no poco. Soledad, á
+quien no pasó inadvertida aquella mirada escrutadora, hizo lo posible
+por disipar su sospecha. Se mostró alegre, jaranera.</p>
+
+<p>&mdash;Y díme, ¿cómo te ha ido el jueves por la <i>Palma de Londillo</i>? Ya sé
+que has estado allí con unas mujeres...</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, tú; no me lo niegues. Os habéis bebido un río de manzanilla, y tú
+has dormido debajo de la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;Hija, te contaré la verdad. Pasaba por allí casualmente de retirada,
+cuando me llamaron unos amigos de Medina, Rafael Sánchez y Felipito el
+de D. Paco, á quien tú conoces. Entré, charlé cinco minutos, bebí una
+copa y me fuí á la cama. Ni yo conozco á las tales mujeres, ni jamás he
+dormido ni pienso dormir debajo de las mesas.</p>
+
+<p>Pero Soledad no quiso creerle. Siguió embromándole con empeño, charlando
+y riendo mucho más que de costumbre. Manolo se defendía suavemente, sin
+dejar por eso de observar con atención aquellas aciagas señales que su
+rostro ofrecía. Al fin no pudo contenerse y cambiando de tono exclamó:<a name="page_067" id="page_067"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Tú has tenido un fuerte disgusto hoy, Soledad!</p>
+
+<p>La joven soltó una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Eso es lo que estabas reparando, desaborío? ¿Por qué no lo has
+soltado antes y me has tenido asustada con esos ojos de alma del otro
+mundo?</p>
+
+<p>&mdash;No me engañes, Soledad... Tú has tenido un disgusto&mdash;repitió Uceda
+mirándola fijamente.</p>
+
+<p>Soledad siguió riendo con afectación sin responder.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hace tanto tiempo que estudio en tu semblante! Por torpe que sea, ya
+debo comprender los signos de bonanza y tempestad&mdash;manifestó
+tristemente.&mdash;¿Por qué ocultarme tus penas? ¿Te da vergüenza que yo las
+sepa? No debes tenerla... Ya ves, las mías las sabe todo el mundo, y por
+eso no me abochorno. El amar no ha sido jamás delito... ¿Temes hacerme
+sufrir demasiado mostrándome los estragos de tu pasión? Desecha ese
+temor. Por mucho que tú me digas, mi imaginación de seguro ha ido
+todavía más allá. Hace ya tiempo que vivo resignado. Sé que no puedo
+esperar otra cosa que ser tu amigo; pero, al menos, eso quiero serlo de
+verdad, quiero que no tengas otro mejor en el mundo... Cuéntame tus
+pesares, hija mía, que aunque yo no pueda hacer nada por aliviarlos, el
+pecho se desahoga y no roen tanto allá dentro.</p>
+
+<p>Soledad reía mientras su antiguo novio hablaba;<a name="page_068" id="page_068"></a> pero aquella risa se
+fué al cabo haciendo convulsiva, y algunas lágrimas concluyeron por
+brotar de sus hermosos ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Soledad, ¿qué tienes?&mdash;profirió asustado Uceda levantándose de la
+silla.</p>
+
+<p>La joven le hizo un gesto con la mano para que se sentase, sin dejar de
+reir.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tienes, Soledad?... ¡No rías, por Dios, de ese modo!</p>
+
+<p>La tabernera dejó caer la cabeza sobre el mostrador, ocultándola entre
+sus manos, y así permaneció algún tiempo sacudida por incesantes
+carcajadas. Poco á poco estas sacudidas fueron siendo menos vivas, hasta
+que cesaron por completo. Al cabo alzó su rostro enteramente bañado de
+lágrimas, y dijo sonriendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tonta soy! ¿verdad, Manolo?</p>
+
+<p>&mdash;¿Te has puesto mala?&mdash;preguntó él con ansiedad.</p>
+
+<p>&mdash;No, ya estoy bien.</p>
+
+<p>Y levantándose tomó de la estantería un frasco de azahar, vertió con
+mano temblorosa una cucharada y la tragó. Después se enjugó el rostro
+cuidadosamente con el pañuelo y volvió á sentarse.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos á ver, ¿qué ha sido?&mdash;le preguntó cariñosamente el joven.</p>
+
+<p>Soledad guardó silencio. Él insistió con palabras cada vez más vivas y
+cariñosas. Al fin la tabernera profirió en voz baja y concentrada:<a name="page_069" id="page_069"></a></p>
+
+<p>&mdash;Todo se lo he perdonado... ¡todo!... Pero lo que está haciendo ahora
+ni yo se lo perdono ni se lo perdonará Dios.</p>
+
+<p>Y al pronunciar las últimas palabras se le anudó la garganta y estalló
+en sollozos. Uceda la dejó llorar un rato en silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Que haga de mí lo que quiera&mdash;prosiguió cuando se hubo calmado...&mdash;Que
+me haga su criada... Después de todo, ya lo soy... Pero refregarme los
+ojos con otras mujeres... eso no debía hacerlo, ¿no te parece?... Porque
+yo no le he dado motivo hasta ahora para tratarme así, bien lo sabe
+Dios... Desde que estoy con él no he mirado á ningún otro hombre... ¡que
+se me quiebren las manos y se me salten los ojos si no digo la
+verdad!... No he ido un día siquiera á Puerta de Tierra, ni á los toros,
+ni he puesto los pies fuera de casa más que cuando él me ha llevado á la
+plaza de Mina por la noche ó los domingos por la mañana á la del
+Mercado. Miro por sus intereses como si fuesen míos... mucho más que si
+fuesen míos... ¿Por qué se goza en hacerme padecer?... En cuanto hay
+mujeres delante me trata con un despego y un despotismo como no se trata
+á una negra... Y les dice requiebros, y retoza con ellas... y si me
+presento en el cuarto me pregunta con desprecio: «¿Qué hace usted ahí?
+¿A qué viene usted aquí?» Hasta que me echa, y esas perdidas se quedan
+riendo de mí... Ahora le da por una que llaman Mercedes la <i>Cardenala</i>.
+Se pasa las tardes en su casa, ahí en las<a name="page_070" id="page_070"></a> Barquillas de Lope, y se
+pasea con ella por el Perejil... De todo me han informado...</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso, más que maldad, es una estupidez!&mdash;exclamó Manolo, á quien le
+parecía monstruoso que Soledad pudiera ser pospuesta á otra mujer
+cualquiera de este mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no se ha contentado con esto... Era necesario que me la pusiese
+delante de los ojos... Hace un rato pasó por aquí con ella en coche. Y
+para que yo no dudase que era él, el malvado, al cruzar por delante de
+la puerta, sacó la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero iban solos?</p>
+
+<p>&mdash;¡No! Iba una hermana de ella y otras tres personas!... ¡Si me han
+dicho que se casan!... ¡Vaya si se casarán!... Como que es rica... Su
+padre tiene no sé cuántas tiendas... ¡Y yo no soy más que una pobrecita
+huérfana!</p>
+
+<p>Al llegar aquí rompió á sollozar de nuevo. Manolo hizo lo posible por
+calmarla con reflexiones consoladoras. Velázquez tenía buen fondo y la
+quería. No era posible que por un capricho momentáneo la abandonase,
+deshiciese un lazo que era sagrado por las circunstancias en que se
+había contraído. Le gustaba que nadie contrariara su voluntad; pero por
+lo mismo no se casaría á un dos por tres con cualquier mujer, sino con
+una que tuviera bien probada, que le estuviese enteramente sometida...
+como ella.</p>
+
+<p>¡No lo sabía bien el pobre Manolo! Soledad le había dado cuenta de la
+última etapa de sus<a name="page_071" id="page_071"></a> agravios, que era, después de todo, la más dolorosa
+para ella, pero no del proceder brutal que venía usando. Desde el día en
+que la golpeó por causa de su hermano, Velázquez soltó las riendas á su
+temperamento altivo y caprichoso. La pobre muchacha no sabía cómo darle
+gusto. Por el asunto más baladí armaba una reyerta, se enfurecía y
+concluía por maltratarla. Soledad se encerraba en su cuarto, lloraba un
+rato y volvía al cabo á él más sumisa y más enamorada que antes. Fuerza
+es declarar que el guapo no solía excederse en estos castigos, como
+otros: ni la hería ni la dejaba casi nunca señales ó cicatrices. Más que
+por hacerla daño, la pegaba para satisfacer su orgullo; quizá hallando
+también cierta voluptuosidad en ello. De todos modos, no dejaba de ser
+curioso y extraño ver á aquella mujer, alta, fornida y arrogante, sufrir
+con resignación los golpes de un sujeto tan exiguo. Porque Velázquez era
+valiente, y lo había demostrado en varias ocasiones; pero siempre con la
+navaja. Luchando á brazo partido, con sus propias fuerzas, es casi
+seguro que Soledad hubiera dado buena cuenta de él.</p>
+
+<p>&mdash;No; conmigo no se casará jamás, no habiéndolo hecho ya... Ya no me
+quiere...</p>
+
+<p>&mdash;Son aprensiones tuyas. Velázquez te quiere, y tarde ó temprano se
+casará contigo.</p>
+
+<p>Decía esto para consolarla, pero sin creerlo. Al pronunciar tales
+palabras no pudo reprimir un movimiento de alegría que se le traslució<a name="page_072" id="page_072"></a>
+en la voz. Ó porque Soledad lo notase ó, lo que es más probable, porque
+le saliese del alma en aquel momento, replicó limpiándose las lágrimas:</p>
+
+<p>&mdash;Es igual... De todos modos yo no seré de nadie más que de él en este
+mundo.</p>
+
+<p>Y murió repentinamente la alegría en nuestro mancebo, como una chispa de
+fuego cuando cae en el agua. Quedó silencioso y sombrío largo rato.
+Soledad, rumiando con desesperación sus celos, tampoco hablaba. Al cabo
+profirió en voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;¡Daría la mitad de la vida por sorprenderlos, por decir á esa
+sinvergüenza cuatro verdades!</p>
+
+<p>Manolo siguió silencioso.</p>
+
+<p>&mdash;Oye, querido&mdash;tornó á decir con resolución al cabo de un rato.&mdash;Me voy
+en busca de ellos. ¿Quieres hacerme el favor de acompañarme?</p>
+
+<p>Una ola de vergüenza subió á las mejillas del caballero de Medina.</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?... ¿Qué dices?...</p>
+
+<p>&mdash;No te apures, hijo&mdash;manifestó la joven observando su turbación.&mdash;Te lo
+he pedido porque, como dudo que Velázquez me defienda, es fácil que
+entre todos ellos me maten. Pero si te parece mal, no he dicho nada...
+Tan amigos como antes.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo se levantó é hizo ademán de subir á su casa. Manolo la
+detuvo, cogiéndola por la ropa.<a name="page_073" id="page_073"></a></p>
+
+<p>&mdash;Aguárdate un instante, criatura...</p>
+
+<p>Con palabras sensatas le hizo presente lo desatinado de aquel paso, le
+expuso todos sus inconvenientes y peligros. Soledad no quiso escucharle.
+Acudió luego á las súplicas, á los halagos, y obtuvo el mismo resultado.
+Una vez más tuvo ocasión de convencerse de la terquedad nativa de
+aquella mujer. Al fin la dejó marchar.</p>
+
+<p>Estaba cerrando la noche. La tienda se poblaba de sombras que luchaban
+con la escasa claridad que aún entraba por la puerta. Uceda metió la
+cabeza entre las manos y quedó meditando. Indudablemente, lo que había
+dicho Soledad tenía muchos visos de verosimilitud. Velázquez, irritado
+por la osadía de su querida, era muy capaz de dejar que la maltratasen,
+si es que él mismo no se arrojaba á hacerlo. ¡Pobre Soledad! Aquel
+funesto amor la había enloquecido y sería la causa de su ruina completa.
+Cuando la vió aparecer de nuevo con un mantón sobre los hombros y
+pañuelo de seda á la cabeza sintió tanta compasión que le dijo,
+alzándose de la silla:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, niña... vamos donde tú quieras.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, Manolo&mdash;replicó la joven con voz temblorosa.&mdash;Salte fuera y
+aguárdame en la esquina. Necesito que venga Joselillo... pero no
+tardará.</p>
+
+<p>Salió de la tienda Uceda y necesitó esperarla cerca de media hora
+paseando por la muralla. Al fin llegó y echaron á andar emparejados.<a name="page_074" id="page_074"></a></p>
+
+<p>Era ya noche completa: los faroles de la ciudad estaban encendidos. El
+mar rugía sordamente, batiendo su recinto amurallado.</p>
+
+<p>&mdash;Y cuando venga la gente de la reunión ¿qué les dirá el
+chico?&mdash;preguntó Manolo.</p>
+
+<p>&mdash;Que me dolía la cabeza y estoy en mi cuarto durmiendo.</p>
+
+<p>Caminaron en silencio algunos minutos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿dónde vamos?&mdash;dijo al fin Uceda parándose.</p>
+
+<p>Soledad tardó en responder. Al cabo dijo con acento de vacilación:</p>
+
+<p>&mdash;Si han venido ya de Puerta de Tierra, deben de estar en la tienda de
+Crisanto. Velázquez suele parar allí muy á menudo.</p>
+
+<p>La tienda de Crisanto estaba en la calle de Pedro Conde, muy cerca de
+los muelles. Para ir á ella era necesario dar la vuelta á la ciudad, ó
+atravesarla por el medio. Soledad optó por lo primero. Siguieron la
+curva de la muralla ciñendo la ensenada de la Caleta y, dejando á un
+lado las Barquillas de Lope, donde habitaba la aborrecida rival,
+continuaron por el paseo del Perejil, y después de bastante andar
+llegaron á los baños del Carmen. Ni uno ni otro habían despegado los
+labios. Manolo iba avergonzado y pesaroso, temiendo las consecuencias
+que de aquel paso precipitado podían resultar. Soledad, emboscada en sus
+pensamientos sombríos, sin atender más que al egoísmo de su pasión, ni
+miraba á su compañero ni se daba cuenta siquiera de que iba á su lado.<a name="page_075" id="page_075"></a></p>
+
+<p>Era una noche desapacible de invierno. El cielo estaba nublado. El
+viento soplaba recio, haciendo rodar sobre la negra superficie del mar
+enormes olas que venían á estrellarse con fragor sobre la muralla.
+Cádiz, la más bella ciudad de la Bética, enclavada dentro del Océano,
+apoyándose en la tierra solamente por un brazo estrechísimo, vivía feliz
+y tranquila en las fauces del monstruo. El bullicio de sus calles
+llegaba á los oídos de nuestros jóvenes. De todas las puertas y ventanas
+salían rayos de luz y de algunas también las notas dulces de la
+guitarra, el chasquido de los palillos y el canto vibrante, apasionado,
+de alguna copla. Ya podían las olas batir como bestias feroces sus
+murallas, rugiendo amenazas de muerte toda la noche. Nadie escuchaba sus
+gritos; nadie se asomaba siquiera á ver sus esperezos titánicos.</p>
+
+<p>Uceda y Soledad huían instintivamente la luz. En vez de acercarse á las
+casas, seguían el pretil de la muralla donde se amontonaban las sombras.
+Desde los baños del Carmen no tomaron por una de las calles trasversales
+para salir á los muelles, sino que continuaron distraídamente á la
+orilla del mar hasta la punta de San Felipe. Los clamores del Océano
+eran allí más sonoros y profundos. Las olas rompían en el baluarte con
+estrépito y muchas veces saltaban por encima del muro y mojaban el
+suelo. Los jóvenes se detuvieron fascinados por aquel imponente
+espectáculo: quedaron inmóviles<a name="page_076" id="page_076"></a> frente á la hirviente llanura,
+olvidando en un punto sus penas. Al cabo Soledad profirió:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tiempo tan duro!... Ayer tenía cerco la luna.</p>
+
+<p>Uceda guardó silencio. Largo rato permanecieron junto al pretil
+contemplando la agitación tumultuosa de las aguas. Poco á poco sus ojos
+se fueron acostumbrando á la oscuridad. La inmensa superficie del Océano
+se desplegó ante ellos erizada de crestas amenazadoras. Soledad concluyó
+por sentirse aterrada, como si estuviera en medio de ellas sin pisar
+tierra firme. Sin darse cuenta de ello se fué colocando poco á poco
+detrás de su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso?&mdash;dijo éste volviéndose.&mdash;¿Tienes miedo? ¡Qué harán
+entonces aquellos que van por allí!</p>
+
+<p>Y señaló con la mano un punto que apenas se divisaba en el horizonte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Un barco?&mdash;preguntó la joven con ansiedad.</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecitos!</p>
+
+<p>Y añadió al cabo de un instante:</p>
+
+<p>&mdash;Pidamos á Dios, Manolo, que los saque de esta noche en paz... <i>Padre
+nuestro que estás en los cielos...</i></p>
+
+<p>El caballero de Medina respondió á la oración quitándose el sombrero.
+Mientras murmuraba el Padre nuestro, su pensamiento cantaba alabanzas á
+Soledad, «¡Tiene un corazón<a name="page_077" id="page_077"></a> excelente! El día que adquiera juicio será
+una mujer adorable.»</p>
+
+<p>Apartáronse del pretil, doblaron la punta de la batería y entraron en
+los muelles.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes una cosa que estoy pensando, Soledad?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué?</p>
+
+<p>&mdash;Que si por casualidad tropezásemos en este momento con Velázquez ó con
+algún amigo que se lo fuese á contar, podría imaginarse cualquier cosa y
+tendrías un grave disgusto...</p>
+
+<p>&mdash;No lo creas. Velázquez nunca ha tenido celos de ti&mdash;se apresuró á
+decir la joven con increíble aturdimiento.</p>
+
+<p>Uceda, en la oscuridad, se puso encarnado hasta las orejas.</p>
+
+<p>&mdash;Es decir, no tiene celos de ti, como no los tiene de nadie... Porque
+él es así... ¿sabes?&mdash;añadió después de hacerse cargo de su
+indiscreción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es natural!... Está muy por encina de todos los demás&mdash;manifestó el
+joven con acento sarcástico.</p>
+
+<p>&mdash;No es eso, Manolo... Cada cual es como Dios le crió... Hay unos que se
+celan de su sombra y dan mucha guerra á las mujeres... y otros que son
+confiados y viven siempre tranquilos.</p>
+
+<p>Uceda estuvo á punto de decir: «Sólo siente celos el que ama»; pero su
+alma generosa le hizo volverse atrás, y guardó silencio.<a name="page_078" id="page_078"></a></p>
+
+<p>En el gran puerto de Cádiz numerosos barcos de todos portes cabeceaban
+furiosamente á impulso del oleaje. Sonaban las cadenas, crujían las
+maromas y todo parecía á punto de estallar. Algunos farolillos sujetos á
+las vergas lucían con vivos movimientos en la oscuridad como estrellas
+filantes.</p>
+
+<p>Bajaron la escalerilla de la muralla, y entrando en la calle de Pedro
+Conde se acercaron á la taberna de Crisanto, y Soledad suplicó á su
+amigo que se quedara fuera y se ocultase mientras ella entraba á
+preguntar. Penetró, en efecto, y la informaron de que Velázquez había
+estado allí hacía poco rato, en compañía de algunos amigos y amigas.</p>
+
+<p>&mdash;Hemos llegado tarde&mdash;dijo, cuando salió.&mdash;Han estado aquí, pero ya se
+han ido.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro infinito&mdash;replicó Manolo.&mdash;El paso que ibas á dar no podía
+menos de acarrearte un grandísimo disgusto. Vuélvete á casa antes que
+llegue Velázquez, sube á tu cuarto y duerme tranquila. Verás cómo
+mañana, con la luz del día, se disipan esas nubes negras que ahora te
+atormentan.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí... me vuelvo&mdash;replicó la joven bajándose aún más el pañuelo de
+la cabeza para taparse la frente y embozándose con el mantón.&mdash;Déjame
+ahora, que me voy por las calles.</p>
+
+<p>&mdash;Echa á andar delante. Yo te seguiré nada más que hasta la esquina de
+la calle de la Verónica, porque me voy á la cervecería.<a name="page_079" id="page_079"></a></p>
+
+<p>Emprendió la marcha la arrogante tabernera, y Manolo le dió escolta á
+respetable distancia hasta la citada esquina. Allí se detuvo. Soledad,
+sin volverse, levantó el brazo é hizo un gracioso saludo de despedida.
+Uceda permaneció inmóvil hasta que la perdió de vista. Después,
+lentamente, sofocado por mil pensamientos melancólicos, hizo rumbo hacia
+la <i>Cervecería inglesa</i>.</p>
+
+<p><a name="page_080" id="page_080"></a></p>
+
+<p><a name="page_081" id="page_081"></a></p>
+
+<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI<br /><br />
+Disputa.</h3>
+
+<p>Soledad siguió á paso vivo por la calle de la Carne, que estaba á tales
+horas animadísima. Los faroles del municipio y las luces de los
+escaparates la bañaban de claridad. Discurría la gente por ella
+perezosamente, gozando de aquella primera hora de la noche antes de
+retirarse á casa. Grupos de hombres cruzaban charlando en voz alta. Las
+señoras iban de uno á otro escaparate paseando los ojos sobre las telas
+colgadas en ellos. Algunos chiquillos andrajosos los recreaban con los
+dulces expuestos detrás del cristal de las confiterías.</p>
+
+<p>Soledad avanzaba rebujada en su mantón, con el pañuelo sobre los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya unos andares! ¡Qué gloria de cuerpo!<a name="page_082" id="page_082"></a>&mdash;Mare bendita, ¿cuándo ha
+caído este cacho de firmamento?&mdash;¡Bendígate Dios, salero, que me has
+deshecho el alma con ese taconeo chiquito!</p>
+
+<p>Pocos transeuntes cruzaban sin verter en su oído algún requiebro. Los
+grupos se abrían para dejarla paso. La gentil tabernera marchaba sin
+fijar la atención en tales palabras, sin oirlas siquiera, totalmente
+abstraída de lo que la rodeaba. Los celos seguían oprimiendo su corazón
+y turbando sus ideas.</p>
+
+<p>Antes de alcanzar el fin de la calle comenzaron á caer algunas gotas y
+se declaró al instante un fuerte aguacero. Siguió caminando impávida sin
+guarecerse en los portales, como hizo la mayoría de la gente. Y en vez
+de dirigirse á su casa, que ya no estaba lejos, se encaminó hacia las
+Barquillas de Lope, donde esperaba sorprender al infiel. Antes de llegar
+allá su cuerpo chorreaba. Atravesó á la intemperie la plaza del Balón, y
+por una pequeña travesía entró en las Barquillas. Habita allí gente
+pobre; las viviendas son pequeñas, sucias: hay algunas tiendas de vinos
+y comestibles. Hacia una de éstas algo mejor que las otras avanzó
+rápidamente; pero antes de llegar á ella escuchó un canto que la dejó
+repentinamente clavada al suelo. Era Velázquez que entonaba una
+seguidilla gitana. Quedó inmóvil y pálida. El canto de su querido le
+producía siempre efecto extraño que jamás se pudo explicar: la
+entristecía, le daba miedo; se<a name="page_083" id="page_083"></a> ponía pálida, y siempre que era posible
+se escurría para no oirlo. Y no porque el guapo cantase mal, al
+contrario: sin poseer una gran voz, era extremado por su estilo para las
+<i>seguidillas gitanas y soleares</i>.</p>
+
+<p>Nunca se había atrevido á confesar este misterioso efecto; pero
+Velázquez llegó á notarlo, y como era hombre complaciente cuando no se
+tocaba á su orgullo, procuraba evitarle el disgusto; tanto más, cuanto
+que tampoco era muy inclinado á mostrar esta habilidad, que juzgaba poco
+varonil. Cuando le instaban para que tomase la guitarra, miraba de reojo
+á su querida, sonreía y siempre hallaba pretexto para excusarse.</p>
+
+<p>Á este inexplicable efecto uníase ahora otro que se explicaba
+perfectamente. Soledad necesitó de todas sus fuerzas para no caer al
+suelo. El coraje se las dió para seguir avanzando y llegar hasta la
+puerta de la tienda, que se hallaba abierta. Dentro no estaba más que su
+dueño, el padre de la Mercedes. Pero en un departamento contiguo,
+cerrado por cristales al exterior y que comunicaba con la tienda, sonaba
+el canto y la guitarra. Los cristales estaban embadurnados con jabón
+para que no se pudiese registrar la habitación desde fuera. Se acercó á
+ella, y á fuerza de buscar dió con un pequeño intersticio donde la
+pringue no había caído, y por él logró ver quién había dentro. Estaban,
+á más de Velázquez, la Mercedes á su lado, Frasquito al lado de Pepa,
+prima de aquélla,<a name="page_084" id="page_084"></a> con quien mantenía relaciones según se decía, y
+Gregorio, hermano de Pepa, cerca de Isabel su prima, hermana de
+Mercedes, con la que estaba próximo á casarse. La madre de las
+<i>Cardenalas</i> andaba de un lado para otro escanciándoles el vino y
+sirviéndoles lo que les hacía falta.</p>
+
+<p>Soledad, por el momento, no tuvo ojos sino para esta madre complaciente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Alcahueta! ¡asquerosa!&mdash;murmuró con ira reconcentrada.&mdash;Lo que tú
+buscas es enredar á Velázquez para que se case con tu hija. ¡Claro, como
+es rico, para él todo son mimos! ¿Qué te importa que una pobrecilla
+quede deshonrada y á la clemencia de Dios?</p>
+
+<p>Dos lágrimas saltaron á sus ojos que se secaron al instante. Velázquez
+había cesado de cantar y se inclinaba para hablar con Mercedes, quien
+con el codo sobre la mesa y la mejilla sobre la mano mostraba una
+actitud marcadamente displicente. Era graciosa esta Mercedes con sus
+ojillos chispeantes, los dientes blancos y menudos y la nariz remangada.
+Soledad la devoró con la vista largo rato y dejó escapar un suspiro.
+¡Sí, si cualquiera hallaría á su gusto esta chiquilla! Y ella, que
+poseía los ojos más hermosos de Cádiz, envidió en aquel momento los
+pequeñuelos y maliciosos de su rival; quisiera ser bajita y tener la
+nariz remangada como ella.</p>
+
+<p>Isabel era rubia y desgarbada. La prima Pepa, pequeña y fea con un
+costurón en el cuello;<a name="page_085" id="page_085"></a> pero eso y mucho más sufriría el avaro de
+Frasquito con tal de atrapar el gato de su padre, que lo tenía gordo y
+lucido al decir de la gente. Hablaban en voz alta, pero nada de lo que
+decían llegaba distintamente á los oídos de la celosa tabernera.
+Espoleada por la curiosidad, tanto como por la cólera, entró en el
+portal de la casa, donde había una puertecilla que comunicaba con el
+cuarto de la tertulia. Por el agujero de la cerradura apenas lograba
+verse nada; pero en cambio se oía claramente cuanto se hablaba. Pegó el
+oído á él y escuchó.</p>
+
+<p>Velázquez embromaba á la graciosa <i>Cardenala</i> sobre su tristeza. ¿Por
+qué tenía aquella cara tan larga? ¿Por qué no hablaba? ¿Había visto al
+lobo? ¿Dónde le había cogido aquel aire? Mercedes respondía con palabras
+sueltas y breves, casi siempre agudas; porque tenía ingenio y sal la
+muchacha. Los demás reían y tomaban parte en la broma. La voz del guapo
+era dulce, insinuante; tenía unas inflexiones humildes que Soledad jamás
+había percibido en ella. El corazón se le oprimió, sintió un frío que le
+penetró hasta los huesos, y ella, que había venido á armar un escándalo,
+á sacar los ojos á su rival, se encontró repentinamente sin fuerzas para
+mover un dedo. Su felicidad había volado para siempre: Velázquez estaba
+enamorado de aquella mujer. Iba á salir de aquel maldito portal donde le
+faltaba la respiración, donde temía estallar en sollozos, cuando entre<a name="page_086" id="page_086"></a>
+el oleaje de la conversación creyó percibir su nombre. Aplicó mas el
+oído: en efecto, se hablaba de ella. Velázquez invitaba á bailar á Pepa.
+Esta se excusaba; había bailado ya mucho en Puerta de Tierra. El majo
+insistía. Frasquito, que no deseaba verse privado de la compañía de su
+novia, concluyó por decir:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre, ¿qué mosca te ha picado? No sé cómo apeteces tanto el
+bailoteo, cuando tienes en casa una real hembra que baila en la mano.</p>
+
+<p>&mdash;¡Echa realezas, hijo!&mdash;exclamó Pepa con mal humor.&mdash;¡No eres alguien
+para dar títulos!</p>
+
+<p>&mdash;Déjalo, querida&mdash;replicó Isabel.&mdash;Ha querido decir que es una hembra
+de á real.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso&mdash;profirió con viveza Frasquito.&mdash;Soledad es una hermosa
+mujer aquí y en todas partes, y á nadie se lo he oído negar hasta ahora.</p>
+
+<p>&mdash;¡A cualquier cosa llamas tú hermosa!... ¡Mala puñalá te den
+rejoneá!... ¡Quitá allá desaborío! ¿No ves que se están riendo de ti?...
+Que me perdone Velázquez, pero en esta ocasión no ha dado pruebas de
+buen gusto. No sé cómo hay quien pueda decir que es hermosa una mujerota
+grande, grande, como una ballena; sosa, sosa, más que las calabazas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues si la hubieses visto, como yo, sin corsé!&mdash;exclamó
+Isabel.&mdash;¡Para matarla, hija!...</p>
+
+<p>&mdash;El vientre le arrastra por el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;Y la mitad del pelo que lleva es postizo: me lo ha dicho su
+peinadora.<a name="page_087" id="page_087"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, callaros ya!&mdash;dijo Mercedes con enojo.&mdash;Que sea guapa ó fea,
+ni á vosotras ni á mí nos debe tener con cuidado.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no digo más que una cosa&mdash;replicó Isabel,&mdash;y es que si fuese hombre
+me gustarían las mujeres, pero no los elefantes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda con ella, hija!&mdash;exclamó Frasquito.&mdash;¡Cómete la cabeza y no
+dejes siquiera las espinas!</p>
+
+<p>&mdash;Oye tú, empachoso, yo no me como carne tan dura. Tú la subes mucho,
+porque está Velázquez presente.</p>
+
+<p>Este se hallaba molestísimo. Le indignaban aquellas injustas y malévolas
+palabras, pero no se atrevía á salir á la defensa de su querida por
+miedo de enojar á Mercedes.</p>
+
+<p>&mdash;Ni la subo ni la bajo&mdash;manifestó Frasquito en tono agrio.&mdash;Digo lo que
+todo Cádiz sabe. Si tú no lo quieres confesar, será también porque está
+tu hermana delante.</p>
+
+<p>La disputa iba tomando mal sesgo. La madre de las <i>Cardenalas</i> se creyó
+en el caso de atajarla.</p>
+
+<p>&mdash;Déjala, hija, déjala ser todo lo hermosa que dicen y algo más todavía.
+Á ti no te toca más que compadecerla, porque le falta á la pobrecita la
+hermosura mayor, que es la honra.</p>
+
+<p>Soledad levantó el pestillo de la puerta y penetró en la estancia. Se
+acercó lentamente á la vieja, que retrocedió espantada, y plantándose
+delante de ella con los brazos en jarras dijo roncamente:<a name="page_088" id="page_088"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Sabe usted, señora, por qué no tengo honra? Pues porque ese hombre
+que está ahí me la ha quitado. Pero usted, en vez de aconsejarle que me
+la vuelva, se humilla y le baila el agua para meterle en casa. Y no sólo
+hace usted eso, sino que me afrenta y me clava el puñal por la espalda.
+¿Quién es más honrada, señora, usted que le entrega su hija por dinero,
+ó yo que me he entregado á él por amor?</p>
+
+<p>La sorpresa los había clavado á todos á la silla; pero repuestas las
+<i>Cardenalas</i>, al instante se levantaron como fieras para arrojarse sobre
+la intrusa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿Atreverse la tía pendanga á venir á insultarlas á su propia
+casa? ¿Insultar á su madre? ¿Insultarlas á ellas? ¡Esa sin vergüenza!
+¡Esa cualquier cosa! ¡Esa p...!</p>
+
+<p>Y salió el vocablo infamante, y se repitió infinitas veces á gritos por
+las cuatro mujeres, trasformadas en cuatro tigres de Hircania. Y
+hubieran dado buena cuenta de la infeliz Soledad, á pesar de su
+corpulencia, si Velázquez, con arranque generoso, no se hubiese plantado
+delante de ella.</p>
+
+<p>&mdash;¡Nadie la toque con un dedo siquiera!</p>
+
+<p>Las mujeres no osaron avanzar. La fiera actitud del majo les impuso
+silencio por un instante. Volviéndose aquél después á su querida y
+sacudiéndola por el brazo la miró cara á cara con ira concentrada. Los
+dos estaban pálidos.</p>
+
+<p>&mdash;Dí, ¿á qué vienes aquí, loca? ¿á qué vienes aquí?<a name="page_089" id="page_089"></a></p>
+
+<p>&mdash;Pues á ver cómo te diviertes&mdash;respondió la joven, cada vez más pálida.</p>
+
+<p>&mdash;Esas tenemos, ¿eh? Pierde cuidado, que ya ajustaremos cuentas.</p>
+
+<p>&mdash;Á eso vengo también... á que me pegues&mdash;replicó ella con el rostro
+contraído por una triste sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya arreglaremos eso, ya!</p>
+
+<p>&mdash;Puedes arreglarlo ahora mismo... ¡Anda, hombre, pega, si con eso te
+desahogas!...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que vas á hacer es largarte al momento, ¿entiendes?</p>
+
+<p>&mdash;Como tú quieras... Yo no hubiera entrado si esa tía asquerosa no me
+hubiera insultado.</p>
+
+<p>Las cuatro mujeres tornaron á enfurecerse y quisieron acometer á la
+tabernera; pero Velázquez la echó fuera á empellones y cerró la puerta.
+Entonces su negra cólera se deshizo en injurias candentes,
+interminables. Velázquez las escuchó un rato con calma bebiendo á sorbos
+el vaso de vino que tenía delante; pero al cabo se hicieron tan pesadas,
+que no pudo sufrirlas más tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ea, señoras! ¿Qué va aquí jugado?&mdash;profirió dando un fuerte puñetazo
+sobre la mesa.&mdash;¿Quieren ustedes que dure esta guasa toda la noche?</p>
+
+<p>Las mujeres, aunque con trabajo, refrenaron su ira, porque el guapo
+tenía malas pulgas. Además, Frasquito y Gregorio las instaron á hacerlo.
+Se habló de cosas indiferentes como si<a name="page_090" id="page_090"></a> nada hubiese pasado; se bebió y
+se cantó otra vez. Pero como la ira seguía rugiendo en los corazones,
+aunque los rostros se mostrasen alegres, cuando menos se pensaba estalló
+la tempestad de nuevo.</p>
+
+<p>Velázquez había tomado la guitarra y preludiaba unas <i>soleares</i>. Todos
+callaban. De pronto Isabel soltó una fuerte risotada, que al guapo le
+produjo insoportable escozor.</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué te ríes, hija mía?&mdash;le preguntó con aparente calma.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me río de verte así, tan pacífico, con la guitarra sobre las
+piernas... Dispensa, hijo, no lo puedo remediar.</p>
+
+<p>Y soltó otra risotada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo quieres que esté, prenda? ¿con la navaja abierta?&mdash;replicó el
+majo, la voz alterada ya, aunque fingiendo sosiego.</p>
+
+<p>&mdash;No, pero como decían que eras esto y lo otro... y que las mujeres se
+desmayaban cuando tú las mirabas serio y que no se atrevían á mover un
+dedo sin tu permisos, francamente, me río.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, niña, hasta ahora ninguna me ha faltado al respeto, ¿sabes?
+Pero si tú quieres empezar, puedes hacerlo...</p>
+
+<p>Isabel no contestó. Siguió riendo de un modo insolente. Al cabo dijo con
+calma provocativa:</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es, querido, que se te caen los calzones de hombre de bien.</p>
+
+<p>El rostro del guapo se enrojeció, alzóse airado<a name="page_091" id="page_091"></a> de la silla y se
+abalanzó á la insolente, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Oye tú, niña guasona, ¿quieres probar cómo saben las bofetadas de este
+hombre de bien?</p>
+
+<p>Frasquito y Gregorio le contuvieron. Las mujeres, temerosas, procuraron
+calmarle. Todo había sido broma. Parecía mentira que tomase en serio las
+simplezas de Isabel. Ésta se apresuró igualmente á darle excusas.
+Restablecióse el sosiego. Velázquez volvió á sentarse sin despegar los
+labios, pero á los pocos momentos se despidió con trazas de marchar muy
+desabrido.</p>
+
+<p>Cuando entró en casa, Soledad se hallaba aún en la taberna. En vez de
+subir y mudarse la ropa mojada, había querido aguardarle. Al verle
+avanzó á su encuentro y le echó los brazos al cuello, diciéndole con voz
+temblorosa:</p>
+
+<p>&mdash;¡Perdóname!</p>
+
+<p>Pero el majo traía el alma resquemando por las palabras de Isabel.
+Ningunas podían ser más pesadas y mortificantes para él. Se desprendió
+vivamente de aquellos amorosos lazos y la rechazó, dándole un fuerte
+empellón. Soledad retrocedió tambaleándose, tropezó con una silla y dió
+con su pesado cuerpo en el suelo, hiriéndose con la esquina del
+mostrador en la sien. Velázquez no acudió á prestarle socorro. La dejó
+tendida en el suelo y subió á encerrarse en su cuarto.</p>
+
+<p><a name="page_092" id="page_092"></a></p>
+
+<p><a name="page_093" id="page_093"></a></p>
+
+<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII<br /><br />
+El columpio.</h3>
+
+<p>La mojadura y el disgusto postraron en cama á la pobre Soledad. Se le
+declaró una fiebre intensa y estuvo algunos días bastante grave.
+Velázquez, como si le remordiese la conciencia de lo que había hecho, se
+portó con ella mejor de lo que podía esperarse. Hizo venir al médico y
+la prodigó todo género de cuidados y atenciones y, lo que aún es más
+raro, apenas salió de casa. En la de las <i>Cardenalas</i> no volvió á poner
+los pies; pero tal proceder no debía achacarse al amor de su querida,
+sino á su vidriosa susceptibilidad. Las palabras burlonas de Isabel eran
+una espina que tenía clavada en el corazón. El orgullo le hizo, pues,
+renunciar sin dificultad, no sólo á la mano, sino también al<a name="page_094" id="page_094"></a> trato de
+la Mercedes. No volvió á acordarse de ella. Soledad, que muy pronto lo
+advirtió, sintió su alma bañada en alegría celeste, y pensando la
+inocente que era debido á su cariño, se lo agradeció profundamente. Tal
+conducta contribuyó infinitamente más á su curación que las recetas del
+médico.</p>
+
+<p>Después que se levantó de la cama gozó todavía algunos días felices.
+Velázquez, en la convalecencia, se mostró afectuoso y atento, la sacó de
+paseo y le hizo algunos leves regalos, para ella de gran precio. No
+tardó, sin embargo, en fatigarse. En cuanto la vió fuerte comenzó á
+tratarla de nuevo con desdén; luego con crueldad. Pero ella todo lo
+halló bueno, observando que no reanudaba sus amores con la <i>Cardenala</i>.</p>
+
+<p>Sus celos no estuvieron dormidos mucho tiempo, por desgracia.
+Principiaron á atormentarla con ocasión de las frecuentes y largas
+pláticas que el guapo mantenía con Paca la de la Parra. Ésta proseguía
+infatigable su tarea de persuasión, ejerciéndola unas veces sobre
+Velázquez, otras sobre Antonio. Tanto uno como otro la escuchaban sin
+disgusto, porque era una graciosa predicadora y porque les servía para
+hacer alarde de su ingenio con agudas respuestas. Resueltos á no seguir
+sus consejos, los recibían con benevolencia, se mostraban amables,
+jocosos, y embromaban cariñosamente á la célebre <i>cantaora</i>. La llamaban
+el padre Francisco. Pero ella no se atufaba ni descomponía.<a name="page_095" id="page_095"></a> Con la
+gracia y afluencia que caracterizaban su discurso no cesaba de
+sermonearles un día y otro, esperando que al cabo Dios les tocaría en el
+corazón.</p>
+
+<p>&mdash;Compare, ¡cómo ha rajado hoy el padre Francisco!&mdash;se decían uno al
+otro guiñando el ojo.</p>
+
+<p>Y Paca sonreía y cogía cualquiera ocasión por los pelos para volver á la
+carga.</p>
+
+<p>La verdad es que no tenía mérito alguno sufrir con paciencia sus
+sermones. Era Paca una de las más amables, ingeniosas y profundas
+mujeres que pudieran hallarse en parte alguna del mundo. En sus ojos
+brillaba la inteligencia; su voz insinuante, sus modales impregnados de
+natural elegancia, sus palabras llenas de prudencia, como las de Nestor,
+rey de Pylos arenosa, y sobre todo aquel incesante jugar con los rizos
+de su negra cabellera mientras hablaba, seducían á cuantos tenían la
+dicha de escuchar sus lecciones. Su fuerte era la teología moral. Ningún
+problema, por arduo que fuese, referente á los deberes del hombre
+consigo mismo y con los demás dejaba de tener solución adecuada en
+aquella linda cabeza rizada. Pudiera escribir un tratado del matrimonio
+más completo é interesante que el del padre Sánchez. ¡Con qué admirable
+habilidad iba descomponiendo y repasando cada uno de los términos del
+caso ético que cualquier amiga le presentaba! «Á tu marido, dices, no le
+gusta la ensalada de patatas... bueno. Tú se la has puesto tres<a name="page_096" id="page_096"></a> días
+seguidos... y te pegó... pero ha sido porque no tenías dinero para
+comprar longaniza ó carne, ¿no es eso?... Dices que se te había
+concluído el dinero antes del fin de la quincena, porque te habías
+comprado unos zapatos... Pero los compraste porque tu marido se enfadó
+un día que saliste con él y los llevabas rotos... etc.» ¡Oh, cuán
+profundamente examinaba los datos y con qué suave elocuencia emitía
+luego su fallo inapelable!</p>
+
+<p>La esposa de Pepe de Chiclana no predicaba sólo con la boca, como tantos
+moralistas, sino también con el ejemplo. Á pesar de haberse criado en
+una taberna, con la libertad y los peligros que para las jóvenes
+ofrecen, jamás tuvieron las malas lenguas sitio por donde atacarla. Era
+virtuosa por temperamento, quizá también por el orgullo que le inspiraba
+el convencimiento de su superioridad moral é intelectual. Los requiebros
+no conseguían conmoverla. En cambio estimaba cualquier signo de respeto
+y consideración á su talento, gozaba increíblemente cuando, gracias á su
+elocuencia, se alcanzaba la avenencia de dos amigas enemistadas, el
+perdón de un padre, la reconciliación de un matrimonio. Y sobre esto
+ninguna rigidez antipática, ninguna hipocresía. No le importaba entrar
+en una casa de mala fama ni acompañarse de cualquier mujer de dudosa
+conducta. Cruzaba sin reparo por medio del lodo, segura de no mancharse.</p>
+
+<p>Pues tal sencilla altivez, tal indiferencia por<a name="page_097" id="page_097"></a> los halagos de los
+hombres, llamaron al cabo la atención del irresistible Velázquez y
+concluyeron por preocuparle. Gustaba el guapo de prodigar galanterías,
+de festejar á cuantas mujeres hablaba; pero hallaba justo que estas
+mujeres se mostrasen lisonjeadas, quería verlas ruborizadas, adivinar
+que le hallaban de su gusto: avezado estaba á ello. Con Paca no sucedió
+lo mismo. Cuantos más requiebros la soltaba, cuanto más le hacía
+comprender que le causaban impresión sus atractivos, más indiferente y
+distraída se mostraba ella. Con su donaire peculiar cortaba en seco
+cualquier lisonja, desviaba ingeniosamente la conversación y la
+encauzaba hacia los temas filosóficos en que tanto se placía. Velázquez
+se sintió humillado. Por más que tenía conocimiento de la virtud de la
+esposa de su amigo Pepe, y nunca se le había pasado por la imaginación
+ponerla á prueba, excitado su orgullo, principió por galantearla en
+broma y concluyó por requerirla de amores en serio.</p>
+
+<p>Paca opuso la misma suave indiferencia á uno que á otro: ni se mostró
+halagada ni ofendida. Su táctica consistió en hacerse incrédula y en
+rehusar oirle.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya, niño! ¡á callar!... Too eso es guasa viva. Déjala para las
+pobrecitas que no te conozcan como yo.</p>
+
+<p>Y el majo con esto se mordía los labios y ocultaba con una sonrisa
+forzada el despecho que le roía.<a name="page_098" id="page_098"></a></p>
+
+<p>No pasó inadvertido este galanteo para Soledad. Aunque su inteligencia
+no era penetrante de ordinario, la tenía muy fina para adivinar cuanto
+ocurría en el alma de su amante. Ningún pensamiento alegre ó triste,
+ningún deseo más ó menos vago se le escapaba. Comprendió, pues, al
+instante, al través de las bromas triviales de siempre, que Paca le
+interesaba y que la estaba galanteando. Pero aquí se detuvo su
+penetración. No vió que Paca rehusaba aquel galanteo, que le daba un
+ardite por Velázquez, como por todos los demás hombres; no comprendió el
+carácter altivo y original de su amiga. Por eso comenzó á ponerle mala
+cara, á responderla con sequedad y aun á dirigirle algunas indirectas
+ofensivas. Como no podía concebir que mujer alguna rechazase los
+obsequios de su querido, estaba persuadida de que Paca los alentaba.
+Esta, al principio, no dió importancia á su actitud: la vió triste y
+seria, y pensó que su desgraciada situación y el desvío cada vez más
+acentuado de Velázquez eran la causa. Pero llegó un momento en que
+advirtió claramente que Soledad tenía celos de ella, y se propuso
+provocar lo más pronto posible una explicación.</p>
+
+<p>Una tarde llegó sola á la tienda. Soledad la recibió con marcada
+frialdad. Cambiaron algunas palabras indiferentes y, como siempre, la
+esposa de Pepe de Chiclana concluyó por tocar el asunto del matrimonio
+de su amiga, dándole cuenta de los trabajos diplomáticos que<a name="page_099" id="page_099"></a> llevaba á
+cabo para su realización y procurando infundirle esperanzas. Soledad
+escuchó distraída y dijo al cabo con impaciencia:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Paca, no te molestes más. No tengo ya ninguna gana de casarme.
+Estoy perfectamente así.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y desde cuándo eso, niña?... porque hace pocos días bien fatigadita
+andabas por llegar á la Vicaría&mdash;repuso Paca, picada por el acento
+despreciativo que Soledad había dado á sus palabras.</p>
+
+<p>Ésta no respondió. Encolerizada á su vez por las de su amiga, hizo un
+esfuerzo para no dispararse, y lo consiguió; pero no pudo reprimir un
+gesto desdeñoso. Paca se mostró aún más herida por este gesto y volvió á
+preguntar con sorna:</p>
+
+<p>&mdash;Vamo, hija, cuéntame eso... ¿Desde cuándo?</p>
+
+<p>Entonces Soledad, volviendo hacia ella su rostro contraído por la ira,
+dijo con afectada calma:</p>
+
+<p>&mdash;Desde que tú y Velázquez os entendéis tan bien. Por si se muere Pepe,
+no quiero serviros de impedimento.</p>
+
+<p>Paca soltó una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Acabases de reventar, criatura!... ¿Conque Velázquez y yo nos
+entendemos?... ¡Qué traición! ¿verdad tú? Engañar á una amiga que se
+confía, que me abre su corazón y me pide ayuda... Por delante mucha
+sonrisa, mucha compasión, mucha promesa, y por detrás clavándole el
+cuchillo hasta las cachas... ¡Ya! ¡ya!... La<a name="page_100" id="page_100"></a> verdad es que no sé cómo
+te contienes y no me rompes la cabeza con una de esas botellas...</p>
+
+<p>Se echó hacia atrás en la silla y se puso á jugar con los rizos negros
+de su frente. Pero su mano, á despecho del sosiego que afectaba,
+temblaba levemente. Soledad, con la cara entre las manos, se mantenía en
+actitud fiera y recelosa. Paca tuvo lástima de ella.</p>
+
+<p>&mdash;Escucha, Soledad: tú eres una criatura que no ha visto el mundo más
+que por un agujero. Ni tienes experiencia ni Dios te ha dado cabeza para
+saber lo que entra y lo que sale y lo que cada cual se trae... En una
+palabra, Soledad, y dispénsame que te lo diga: tú no vas á ninguna
+parte... Porque me ves alegre y guasona á ratos, y bebo y canto y no me
+asustan las sandeces de los hombres, te has llegado á figurar que estoy
+aquí para todo el que quiera alargar la mano, ¿verdad? Que se te quite,
+hija. Tengo un alma de la cual he de dar cuenta á Dios, y no he de
+faltar á mi Pepe por nada ni por nadie en este mundo. Porque ahí donde
+le ves tan pesadote y tan pelmazo, y que parece que se le pasea el alma
+por el cuerpo, es un hombre que sabe distinguir, ¿entiendes? Y hay otros
+que parece que las cogen por el aire y, sin embargo, no distinguen,
+¿estamos?... Y voy á decirte una cosa para que la sepas, sólo para que
+la sepas: si el diablo me tentara algún día, ten por seguro que no
+escogería á Velázquez para ello, porque sabe<a name="page_101" id="page_101"></a> muy bien que en la vida me
+han gustado los hombres fanfarrones... Bien puedes dispensarme, hija: ya
+comprenderás que en este mundo los gustos no son iguales. En mi sentir,
+los tuyos son de los que merecen palos; por eso te los dan.</p>
+
+<p>Soledad guardó silencio obstinado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué! ¿no te convences?... Pues mira, fácilmente te lo voy á poner
+clarito como el agua. Velázquez va á llegar dentro de un momento, ¿no me
+has dicho eso?... Anda, hazme el favor de esconderte en ese cuarto y
+verás qué chaladita estoy por él... Y mira bien por la cerradura, no sea
+cosa que nos hagamos una seña para engañarte.</p>
+
+<p>La tabernera empezó por resistirse; pero vencida al cabo de las
+instancias de su amiga, y aún más por los vivos deseos de arrojar los
+celos que la mordían, consintió en ocultarse y asistir á la plática que
+se preparaba.</p>
+
+<p>No tardó en llegar Velázquez, quien se sintió tan sorprendido como
+alegre de encontrar sola á Paca, y más cuando se enteró de que Soledad
+había ido á casa de una vecina que estaba de parto y tardaría en volver.
+No la quiso ver mejor el irresistible jaquetón. Se sentó en la silla que
+había de la parte de fuera del mostrador, relamiéndose interiormente,
+aunque mostrando en lo exterior la misma actitud fría y soberbia que le
+caracterizaba. Y comenzó muy pronto el tiroteo. Rara vez tenía ocasión
+de hablar á solas con la esposa de Pepe. Ahora<a name="page_102" id="page_102"></a> que se presentaba no
+quiso desperdiciarla.</p>
+
+<p>&mdash;Vengo muy cansado, padre.</p>
+
+<p>&mdash;Pues descansa, hijo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me permite su paternidad besarle la mano?</p>
+
+<p>&mdash;Mi paternidad no da la mano á pillos.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro. Por eso debe dármela á mí, que soy hombre de bien.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú? Ni tienes vergüenza ni la has conocido en tu vida.</p>
+
+<p>&mdash;No lo crea su merced, padre. Si no tuviese vergüenza ya le hubiese
+dicho hace tiempo algunas cositas que me hacen cosquillas en el alma.</p>
+
+<p>&mdash;Tapa, tapa, hijo. No las descubras, porque si las tienes hace tiempo
+guardadas deben de oler á podrido.</p>
+
+<p>&mdash;Los sacerdotes tienen obligación de escuchar en confesión á los
+penitentes...</p>
+
+<p>&mdash;Pero es á los que llegan arrepentidos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo estoy, padre Francisco.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sí? Pues no vivas más tiempo en pecado mortal. Cásate con Soledad.</p>
+
+<p>Velázquez soltó una risotada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya pareció aquello! Me extrañaba que tardase tanto.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya pareció aquello, arrastrao, y parecerá mientras me quede alguna
+palabra en la boca.</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda! pues tendré que esperar hasta el día del Juicio. Primero le
+faltará agua al mar y al cielo estrellas que á ese piquito palabras.<a name="page_103" id="page_103"></a></p>
+
+<p>Paca se incomodó. Le picaba cualquier alusión dirigida á su increíble
+afluencia. Así que, sin advertir que con ello dejaba firme la burla,
+respondió con un sin fin de denuestos; de aquí pasó á las reprensiones,
+á las censuras, después á las consideraciones y por último á los
+consejos. En un cuarto de hora no cerró la boca.</p>
+
+<p>Velázquez la escuchó con la suya abierta, muy atento y admirado, porque
+Paca hablaba tan bien ó mejor que cualquier folletín de los que había
+leído. Pero no quiso confesárselo. Antes persistió en embromarla
+desviando la conversación hacia los parajes donde le convenía.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, en fin, ¿qué me importa que rajes hasta morir y me des tanta
+jaqueca, si tienes unos ojos, chiquilla, que bailan como las estrellitas
+sobre el agua, si cuando hablas y te mueves hasta el aire que te
+envuelve queda empapado de sal?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres callarte, pelmazo?... ¿Vas á empezar con las simplezas de
+siempre?</p>
+
+<p>&mdash;¡Que sí, niña, que sí!&mdash;profirió Velázquez bajando la voz y avanzando
+el cuerpo hacia ella hasta meterle las alas del sombrero por los
+ojos.&mdash;Que eres más rica que los doblones de á cuatro, más salada...</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, niño, déjame el alma quieta y no me saques los ojos con el
+sombrero, que aunque no son bonitos á mí me hacen avío.</p>
+
+<p>&mdash;¿Que no son bonitos, lucero? Anda, vé y dí eso delante de testigos y
+te llevarán á la cárcel.<a name="page_104" id="page_104"></a> Déjame besarlos, salero, ya que sin razón les
+has faltado...</p>
+
+<p>Al pronunciar estas palabras se alzó de la silla y alargando las manos
+cogió la cara de la joven para besarla; pero ésta se zafó de ellas con
+prontitud; volvió á tomarla Velázquez y de nuevo se arrancó con fuerte
+sacudida, levantándose y saliendo á la parte de afuera. Avanzó airada
+hacia el majo, que se había sentado, y le dijo con voz alterada
+apoyándose en el mostrador con una mano y poniendo la otra en la cadera.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hijo, ¿qué te has figurao? ¿Piensas que no hay más que decir
+«allá voy» para que te respondan «aquí estamos»? Me conoces hace años,
+me estás hablando casi todos los días, ¿y todavía no te has enterao de
+que no me gustas ni pizca? Porque traes pechera rizá y botones de
+brillantes y botas de charol ¿no hay más remedio que derretirse por ti?
+No, hijo, yo no me enamoro de la lencería ni de esos requiebros mohosos
+que traes siempre en la boca. Anda, vé á emplear tanta gala con las
+infelices que te han escuchado. En el mundo hay seda y hay percal, pero
+quien no sabe distinguir la seda del percal no debe ir á la tienda,
+¿comprendes? Aquí te has equivocado de medio á medio. Lo siento por ti,
+que no has dado prueba de mucho pesqui, y lo siento también por esa
+pobre muchacha, que merece un hombre más regular.</p>
+
+<p>Y salió de la tienda con ademán resuelto<a name="page_105" id="page_105"></a> y airado. Velázquez quiso
+echarlo á risa y la detuvo por el mantón.</p>
+
+<p>&mdash;Perdone su merced, padre... No he querido faltarle al respeto...</p>
+
+<p>Pero ella se zafó con un fuerte tirón, dejando en su mano algunos
+flecos.</p>
+
+<p>Quedó bien humillado el guapo. La sonrisa que contraía sus labios se
+apagó. Permaneció algunos instantes inmóvil y pensativo, haciendo
+esfuerzos por tragar la amarga píldora que le habían propinado. Al cabo
+logró consolarse á medias por la consideración de que nadie había
+presenciado su derrota y Paca seguramente no daría cuenta de ella. Mas
+cuando averiguó que Soledad estaba en casa y cuando ésta le confesó,
+después de muchas instancias, que lo había oído todo, se le encendió el
+alma de vergüenza y furor. Tuvo fuerzas, no obstante, para disimular.
+Dió á su revés la apariencia de una broma mal interpretada. Ya sabía que
+con la mayor parte de las mujeres acostumbraba á usarlas, que las hacía
+disparatadas declaraciones de amor y le gustaba verlas enojadas. Con
+Paca las había usado infinitas veces, sin que jamás se le hubiese puesto
+seria; pero como ahora la estaban escuchando, quiso hacerse un poco la
+persona y darse tono...</p>
+
+<p>Soledad fingió creer estas explicaciones, ó acaso las creyó de veras,
+pues mirando desde su punto de vista le costaba trabajo suponer que
+hubiera mujer capaz de desdeñar aquella octava maravilla de la tierra.<a name="page_106" id="page_106"></a></p>
+
+<p>Al día siguiente, víspera de Carnaval, fueron ambos á la tienda de la
+Parra, por ser último día de columpio. Es costumbre en Cádiz, cuando
+llega Navidad, fijar columpios en los patios de las casas, y aun dentro
+de éstas cuando no hay acomodo fuera. Por las tardes se reúnen mancebos
+y zagalas en torno del aparato y pasan gozosamente el tiempo
+columpiándose, en medio de alegres cánticos y algazara. Los columpios se
+descuelgan cuando llega Carnaval.</p>
+
+<p>En casa de los padres de Paca todos los años se ponía y era uno de los
+más famosos y concurridos de la ciudad, porque la tienda poseía un gran
+patio (donde crecía la parra que le diera nombre), muy acomodado al
+caso. La reunión de la casa de Velázquez se trasladaba allí en masa por
+las tardes. Éste casi nunca faltaba tampoco, tanto por el empeño que
+había formado de conquistar á Paca, cuanto por las muchas y lindas
+jóvenes que allí acudían y ante las cuales gustaba de mostrar su ingenio
+y gentileza. Á Soledad sólo la había llevado dos veces en la temporada,
+y eso gracias á los ruegos de las amigas. Pero este sábado, por ser la
+despedida, ó quizá con algún secreto designio, él mismo la invitó, y la
+inocente Soledad aceptó con alegría.</p>
+
+<p>Cuando llegaron estaba la fiesta en todo su esplendor. Una linda morena
+de rostro picaresco ocupaba el columpio y unos cuantos jóvenes lo
+impulsaban á porfía sin cesar de cambiarse<a name="page_107" id="page_107"></a> entre ellos y ella con
+gracioso tiroteo un sin fin de donaires, de bromas picantes, de frases,
+insustanciales muchas veces, pero alegres siempre y con un delicado
+sabor de galantería que sólo se halla en esta poética región del mundo.
+Derramados acá y allá, sentados unos en bancos, otros de pie formando
+pintorescos grupos, charlaban los mancebos con las mocitas ó escuchaban
+embelesados el punteado melancólico de la guitarra. Las conversaciones
+eran animadas, ingeniosas; en todas campeaba la imaginación inquieta, el
+fácil ingenio, la incoherencia y la irreflexión que caracteriza al
+amable pueblo andaluz. Era un burbujeo leve y fugaz como el de sus vinos
+dorados. ¡Cuánto donaire, cuánto disparate, cuánto embuste!</p>
+
+<p>Debajo de la clásica parra, nuestra pareja halló sentados á Antonio y
+María-Manuela con otras personas, y fueron á colocarse cerca de ellos.
+Paca predicaba allá en un grupo lejano; pero en cuanto los vió se vino
+hacia ellos, saludó á Soledad con efusivo cariño y á Velázquez con la
+franqueza de siempre, como si no hubiera pasado nada. La presencia de
+Soledad causó, como de costumbre, grata impresión en el sexo masculino.
+Se murmuraron requiebros hiperbólicos, se dijeron al oído unos á otros
+frases de entusiasmo. Todos envidiaban á Velázquez aquella mujer elevada
+y arrogante como una torre de marfil, de pies diminutos y lindos como
+los de Hebe la inmortal copera<a name="page_108" id="page_108"></a> de los dioses. Pero nadie osaba
+requebrarla en voz alta, porque el majo tenía fama de puntilloso y
+agresivo. Tan sólo Antonio, como amigo íntimo, tuvo fuero para exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;Dios guarde á la rosa <i>hechizá</i>. Ven acá, salero, siéntate á mi vera,
+á ver si vivo cien años más.</p>
+
+<p>Soledad sonrió con benevolencia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué tanto? ¿No vale más estar á mi vera que vivir cien años?</p>
+
+<p>&mdash;¡Mucho que sí! ¡Bendita sea tu boca, clavel de la Italia! Mejor quiero
+estar á tus pies una hora que seis meses tomando monedas de cinco duros.</p>
+
+<p>&mdash;Es que no las has visto.</p>
+
+<p>&mdash;Todos los días, en cuanto amanece Dios, le doy tres ó cuatro á María
+para que me compre buñuelos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí darás!&mdash;murmuró María-Manuela con mal humor.&mdash;¡Disgustos!</p>
+
+<p>&mdash;¡Y bofetás!&mdash;añadió Velázquez riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Sólo los jueves por la tarde. Tengo ese ramo bien organizado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya, no te las eches de plancheta, hijo&mdash;profirió la irascible
+María,&mdash;que se va á creer la gente que te comes los niños crudos!</p>
+
+<p>Algunas personas se habían acercado y rodeaban el banco donde se
+hallaban sentados. Las eternas disputas de Antonio y su querida causaban
+gran placer á los amigos. Ésta, por desgracia, se cortó en flor merced á
+la voz del guitarrista, que cantó:<a name="page_109" id="page_109"></a></p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="poesia">
+<tr><td align="left">&nbsp; &nbsp; «<i>Á la que se columpia</i></td></tr>
+<tr><td align="left">&nbsp; &nbsp; &nbsp; echarle rosas,</td></tr>
+<tr><td align="left">que todo se lo merece</td></tr>
+<tr><td align="left">&nbsp; &nbsp; &nbsp; por buena moza.»</td></tr>
+</table>
+
+<p>&mdash;¡Ole!&mdash;¡Anda con ella!&mdash;gritaron de todas partes.</p>
+
+<p>Y la atención se convirtió á la linda morena que ocupaba el columpio.
+Ésta sonrió complacida, cerró los ojos y á los pocos instantes cantó:</p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="poesia">
+<tr><td align="left">&nbsp; «Al columpio he subido</td></tr>
+<tr><td align="left">&nbsp; &nbsp; &nbsp; porque no digan</td></tr>
+<tr><td align="left">que mi amante está ausente,</td></tr>
+<tr><td align="left">&nbsp; &nbsp; &nbsp; yo pensativa.»</td></tr>
+</table>
+
+<p>Un palmoteo ruidoso, gritos desaforados de entusiasmo, acogieron la
+copla de la chavala.</p>
+
+<p>Tornó á cantar el guitarrista: respondió ella con la misma gracia. Las
+conversaciones se habían suspendido. La gente se había acercado al
+columpio y formaba círculo en torno para jalear á la simpática cantaora.</p>
+
+<p>En aquel instante Manolo Uceda, á quien el chico de la tienda de
+Velázquez había dicho dónde estaban sus amos, apareció en la puerta del
+patio y quedó inmóvil contemplando la escena. La cantaora, que le vió
+desde el columpio, guiñó sus ojos maliciosos y le soltó esta copla:</p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="poesia">
+<tr><td align="left">&nbsp; &nbsp; «Mocito que está á la puerta</td></tr>
+<tr><td align="left">mirando para el columpio:</td></tr>
+<tr><td align="left">entre usté y columpiará</td></tr>
+<tr><td align="left">la que sea de su gusto.»</td></tr>
+</table>
+
+<p><a name="page_110" id="page_110"></a></p>
+
+<p>Todos los rostros se volvieron entonces risueños hacia él. Manolo avanzó
+confuso y dijo galantemente:</p>
+
+<p>&mdash;De mi gusto, prenda, ninguna más que usté.</p>
+
+<p>&mdash;Pues colúmpie me usté, hijo, y de salud le sirva.</p>
+
+<p>Apartáronse los jóvenes que movían el aparato y Manolo lo impulsó unas
+cuantas veces entre los aplausos del concurso.</p>
+
+<p>La casualidad había hecho que Paca y Velázquez estuviesen juntos en el
+círculo formado alrededor del columpio. Cuando, por haberse bajado la
+graciosa morenita, se distrajo la atención de los concurrentes y se
+diseminaron otra vez, la esposa de Pepe de Chiclana llevó al majo á un
+rincón y tuvo á bien darle una satisfacción de las injurias que le había
+dicho el día anterior.</p>
+
+<p>&mdash;Ayer estaba un poco sofocá, ¿sabes? Te habré dicho las mil perrerías:
+que eras esto y lo otro... No me acuerdo. Una mujer ofendida chilla más
+que una rata salida del caño... Luego que me dió el aire entendí que
+había hecho mal en sofocarme, porque tú, aunque un poco sin vergüenza,
+siempre te has portado como buen amigo y serías un sujeto á pedir de
+boca... si te dieran las viruelas. Quiero decir que el día que no
+presumas tanto no tendrás pero... á lo menos para mí... Porque hay
+mujeres que les gustan los hombres así... ¡vamos!... que repiquen gordo
+al andar... Á mí me hicieron de<a name="page_111" id="page_111"></a> otro modo. Me gustan los hombres
+formales, callados... y sobre todo que no se la den de nada,
+¿comprendes?</p>
+
+<p>Las explicaciones de la joven fueron largas, interminables é impregnadas
+de una profunda filosofía. Así era todo lo que salía de su espíritu,
+fértil en pensamientos elevados. Pero en vez de calmar el rencor de
+Velázquez dieron por resultado lo contrario. El guapo se sintió aún más
+humillado. Tuvo el talento, sin embargo, de disimularlo. Las aceptó por
+buenas, rió, lo echó á broma y pidió que no se hablase más del asunto.
+Pero en su pecho ardía la cólera y no esperaba más que un pequeño
+agujero para salir rugiente y abrasadora.</p>
+
+<p>Soledad y María-Manuela se habían sentado de nuevo bajo la parra, que
+formaba en verano fresco y deleitoso túnel. Como ahora se hallaba
+desprovista de pámpanos, habían echado por encima algunas sábanas para
+guardarse del sol de Febrero que ya quemaba. Á las dos mujeres se habían
+agregado algunas otras y les hacían compañía Antonio, Frasquito, Manolo
+Uceda y algún otro joven. Hallábanse charlando tranquilamente cuando,
+rompiendo por entre los grupos con señales de agitación en el rostro,
+apareció el señor Rafael.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde está mi sobrino? ¿Dónde está ése?&mdash;venía preguntando en voz
+alta.</p>
+
+<p>Y así que llegó á la parra y le divisó, acercóse rápidamente á él y le
+dió un estrecho abrazo.<a name="page_112" id="page_112"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ocurre?&mdash;¿Qué ha sucedido?&mdash;¿Qué albricias son esas?&mdash;preguntaron
+todos picados por la curiosidad.</p>
+
+<p>Pero el señor Rafael, sin hacer caso, seguía estrechando entre sus
+brazos y dando afectuosas palmaditas en la espalda á su sobrino, quien
+no correspondía en modo alguno á tales demostraciones de cariño, antes
+procuraba zafarse, mostrando un semblante fruncido que daba miedo. Al
+cabo el viejo le dejó libre y, echando atrás dos pasos y dirigiéndose á
+los concurrentes con su voz ronca y su ceceo de andaluz cerrado,
+exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Miren ustedes á ése! ¡mírenlo ustedes bien!... ¿Á que no saben
+ustedes lo que ha hecho? Voy á contarlo mas que se ponga colorao...
+porque sí... porque las cosas buenas deben decirse y las malas
+callarse... Han de saber ustedes que ése y yo hemos estado anoche en la
+<i>Palma de Londillo</i> á comer un guiso de almejas y unas aceitunas...
+¡Vaya una noticia de importancia! dirán ustedes... Ya lo sé que nada
+tiene de particular; pero vamos al caso. El caso fué que nos marchamos
+sin pagar. Tampoco esto vale la pena de que se fijen ustedes, porque
+muchas veces nos ha pasao lo mismo. Pero ahora viene lo mejor. Acabo de
+dar una vuelta por allá, y pregunto: «¿Cuánto es el gasto de anoche?&mdash;Ya
+está pagado me contestaron.&mdash;¿Cómo? ¿Quién lo ha pagado?&mdash;Pues su
+sobrino.&mdash;¡Vamos, niño, no gastes guasa!&mdash;Que sí, señor Rafael, que lo
+ha pagado.&mdash;<a name="page_113" id="page_113"></a>¿Cuándo?&mdash;Esta mañana ha pasado por aquí y ha hecho la
+cuenta...» Y efectivamente, señores, me enseñaron el libro y estaba
+borrada la partida. ¡Ese! ¡ese que está ahí la ha mandao borrar!</p>
+
+<p>Las últimas palabras del viejo apenas pudieron oirse. Tal fué la
+algazara que había levantado su discurso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tío! ¡tío!&mdash;exclamó Frasquito rojo de cólera.&mdash;¡No tenga usted tanta
+guasa!...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hijo, ¿quieres que diga que estuvo mal hecho?... Lo diré, si te
+empeñas; pero nadie me creerá.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tío, ya le he dicho más de cien veces que la hora menos pensada le
+falto á usted al respeto!</p>
+
+<p>Con dificultad lograron calmarle; todavía más trabajo costó impedir que
+se marchase. Afortunadamente intervino Paca, y con su labia sin pareja y
+su trasteo logró pronto reconciliarlos. Llevada á feliz término esta
+obra de caridad y de elocuencia se subió al columpio.</p>
+
+<p>Mientras Velázquez iba de grupo en grupo haciendo penar á mocitas y
+casadas con sus palabras, humildes y desdeñosas á un tiempo, y el
+atractivo de su elegancia, Manolo Uceda se había acercado al de Soledad
+y María-Manuela. Quiso entablar conversación aparte con la primera, pero
+no pudo conseguirlo. Soledad, engañada por la complacencia de su amante
+y por el semblante alegre que mostraba, era feliz en aquel instante. Su
+egoísmo infantil la hacía<a name="page_114" id="page_114"></a> incapaz en tal ocasión de sentir ni apreciar
+siquiera los sufrimientos y el afecto leal de su antiguo novio.
+Recibióle con marcada frialdad, y apenas hizo caso de sus palabras.
+Manolo sintió el corazón apretado. Comprendió que su ídolo se hallaba
+bajo el influjo de uno de aquellos engreimientos en ella tan comunes, y
+se levantó del banco resuelto á irse. Pero antes de llegar á la puerta
+salióle al encuentro la morenita del columpio, que estaba agradecida de
+su galantería.</p>
+
+<p>&mdash;¿Adónde tan solo, hijo?</p>
+
+<p>&mdash;Pues á la calle, niña&mdash;respondió Uceda haciendo esfuerzos por sonreir.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo? ¿de marcha ya? No puede ser. ¿Ve uté aquel rinconsito tan
+apañaito donde ya no da el sol? Pues allí nos vamo á sentá uté y yo...
+pa que uté me diga algo... porque ésta es la hora en que no me ha dicho
+todavía que tengo los ojos así y la boca andando y el talle de esta
+manera y los cabellos de la otra... en fin, toas esas simplesas que
+disen ustés los hombres cuando están ajumaos.</p>
+
+<p>&mdash;No se necesita estar ajumao para decir que es usted preciosa... pero
+no puedo sentarme porque me aguardan. Otro día será... Hasta la vista,
+prenda&mdash;manifestó Uceda con la misma sonrisa contraída, alejándose.</p>
+
+<p>La morenita quedó inmóvil mirándole, y cuando ya estaba lejos exclamó
+con acento donde se traslucía el despecho:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya usté con Dios!<a name="page_115" id="page_115"></a></p>
+
+<p>Los concurrentes jaleaban á Paca, que desde el columpio dejaba oir su
+voz celebrada. Todas las conversaciones quedaron en suspenso. El grito
+dulce y poderoso á la vez de la gentil cantaora los había reunido presto
+á todos en torno del columpio. Mas apenas cesó el canto tornáronse á sus
+respectivos sitios.</p>
+
+<p>No tardaron en agruparse de nuevo, pero no alrededor del columpio, sino
+del banco que ocupaban debajo de la parra Antonio Robledo y su querida,
+Soledad, el señor Rafael y su sobrino. La disputa había aparecido al
+fin. Rara vez dejaba de haber guasa cuando Antonio y María-Manuela se
+hallaban reunidos en público. Esta pobre mujer, después de tantas
+experiencias, aún no había escarmentado y seguía cayendo inocentemente
+en los lazos que para reirse de ella le tendía aquél. Ahora la querella
+se había producido porque Antonio la había llamado en son de desprecio
+<i>femenina</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Oye, guasón, á mí no me digas eso&mdash;respondió María, preparada á
+encolerizarse.</p>
+
+<p>&mdash;Que sí, que no eres más que femenina te digo... y todas tus hermanas
+lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Házmelo bueno arrastrao! ¡házmelo bueno!</p>
+
+<p>&mdash;Cuando quieras&mdash;replicaba él con firmeza, y añadía con énfasis:&mdash;Y tu
+madre igual...</p>
+
+<p>&mdash;¡Á mi madre no la toques, sin vergüenza porque vamos á salir mal!</p>
+
+<p>&mdash;¡Todas! ¡todas lo mismo!&mdash;replicaba Antonio con el mayor desprecio,
+volviéndose á los circunstantes que estallaban de risa.<a name="page_116" id="page_116"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Mira, Antonio, no me sofoques! Mira que tengo la sangre más negra ya
+que mis zapatos y no respondo de mí&mdash;decía ella con los labios pálidos,
+temblando de ira.</p>
+
+<p>&mdash;Lo digo y lo repito aquí y en todas partes. ¡Tu madre femenina!... ¡y
+tu padre masculino!</p>
+
+<p>El furor de María-Manuela no tuvo límites al oir el nombre de su padre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Á mi padre también, canalla? ¿Á mi padre también?</p>
+
+<p>Y quiso arrojarse sobre su amante; pero los amigos se lo impidieron.
+Cuando al cabo le explicaron el significado de los vocablos que creía
+ultrajantes quedó repentinamente en calma, y echando una mirada torva á
+su querido le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda tú, malaje, que tienes sombra de jiguera negra!</p>
+
+<p>Velázquez se había acercado á un grupo de muchachas y departía con ellas
+regocijadamente. Soledad lo vió al principio con indiferencia; pero la
+alegría de las chavalas al cabo fué tan ostentosa, sus carcajadas tan
+repetidas y sonoras, que concluyeron por crisparla. Sintió la mordedura
+de los celos, y sin prever las consecuencias se acercó al grupo y
+mostrando semblante alegre quiso tomar parte también en la jarana. Este
+paso fué la gota que hizo rebosar el coraje de Velázquez, demasiado
+tiempo comprimido. Volvióse hacia ella y con gesto desabrido le
+preguntó:<a name="page_117" id="page_117"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Qué se le ha perdido á usted aquí, niña?</p>
+
+<p>Era costumbre fatal del guapo tratarla de usted cuando estaba enojado,
+para hacer más ostensible su desdén. El tratamiento, la burla que
+envolvía la pregunta y la presencia de las jóvenes, sobre todo, hirieron
+de tal modo á Soledad, que permaneció clavada al suelo sin acertar á
+responder. Vencida al cabo, en parte, su confusión por un supremo
+esfuerzo, dijo con voz apagada:</p>
+
+<p>&mdash;Vengo á preguntarte si quieres que nos vayamos... Pronto serán las
+cinco...</p>
+
+<p>&mdash;Usted se puede ir cuando guste. Yo me encuentro muy retebién aquí.</p>
+
+<p>Guardó silencio la joven y bajó los ojos, dudando qué partido tomar.
+Pero al levantarlos vió pintada en el rostro de las jóvenes presentes
+una sonrisa de burla. Su orgullo se embraveció súbito con tan cruel
+espuela. Alzó la cabeza de un modo arrogante y dijo con voz firme:</p>
+
+<p>&mdash;Está bien. Quede usted con Dios, y gracias por la galantería.</p>
+
+<p>Velázquez, enfurecido por la ironía de estas palabras, replicó riendo
+sarcásticamente:</p>
+
+<p>&mdash;Anda tú con él, hija, y ten mucho cuidado de no caerte de simple.</p>
+
+<p>&mdash;Más vale caerse de simple que de fanfarria&mdash;dijo ella mirándole cara á
+cara.</p>
+
+<p>El majo se puso encendido hasta las orejas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto vamos á apostar, niña, á que no te vas á casa tan sana como
+has venido?<a name="page_118" id="page_118"></a></p>
+
+<p>&mdash;No apuesto nada: para esa hazaña y otras menores sé yo que eres capaz.</p>
+
+<p>Pintóse un furor rabioso en el rostro de Velázquez al escuchar estas
+palabras insolentes; alzó el bastón que llevaba en la mano y cruzó con
+él las espaldas de su querida, que estaba ya medio vuelta para irse. Y
+hubiera seguido golpeándola si los concurrentes no se hubieran
+apresurado á interponerse. Todos le recriminaron aquel acto de barbarie.
+Pero el majo no escuchaba sus amistosas reprensiones; poseído de una
+cólera ciega, trataba de desasirse, y no pudiendo conseguirlo, la
+saciaba con feroces insultos y amenazas.</p>
+
+<p>&mdash;Dejad, dejad que le pise la cara á esa tía deslenguada... Quiero que
+se acuerde de mí toda la vida... ¿Os habéis figurao que voy á dejarme
+insultar delante de personas regulares por una cualquier cosa á quien he
+recogido en medio de la calle?...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Velázquez, no sueltes cosas que te pueden pesar... Estás
+acalorao y no sabes tú mismo lo que dices... Cálmate, que estos
+arrechuchos entre dos que se quieren no tienen importancia&mdash;manifestó
+sensatamente el señor Rafael.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién? ¿yo querer á esa mujer?... ¡Si me sofoca ya más que un día de
+levante!... Si tengo más ganas de soltarla que del premio gordo de la
+lotería... Porque me carga, ¡ea!... porque me revienta... y está
+dicho...<a name="page_119" id="page_119"></a></p>
+
+<p>Y de esta suerte prosiguió todavía dejando caer otras pesadísimas
+palabras.</p>
+
+<p>Soledad, al escucharlas, se puso más pálida que la cera, y sin responder
+ninguna, sin hacer siquiera un gesto, se dirigió precipitadamente á la
+puerta y salió.</p>
+
+<p><a name="page_120" id="page_120"></a></p>
+
+<p><a name="page_121" id="page_121"></a></p>
+
+<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII<br /><br />
+Crisis.</h3>
+
+<p>Salió y emprendió una rápida carrera al través de las calles, sin saber
+dónde iba. El corazón le palpitaba con violencia, ardía su frente y
+sentía un extraño frío interno que la violencia del paso no alcanzaba á
+mitigar. Al cabo de un rato se encontró frente á su casa. Quedó un
+instante inmóvil y se llevó la mano á la frente cual si tratase de
+ordenar sus ideas diseminadas. Había allí dentro algo que le abrasaba
+mucho más que el bárbaro golpe de la espalda, cuyo cardenal le quedó
+impreso largo tiempo. Eran las infames palabras que Velázquez acababa de
+pronunciar en presencia de la gente: «¡Me carga! ¡Me sofoca! ¡La he
+recogido en medio de la calle!...»<a name="page_122" id="page_122"></a></p>
+
+<p>No quiso entrar en la tienda en tal estado de agitación, por si había
+gente dentro: cruzó el paseo y se arrimó al pretil de la muralla. Allí,
+de bruces, en el sitio mismo que había ocupado Manolo Uceda la noche que
+había llegado, sollozó largo rato. Las lágrimas refrescaron su alma. Al
+erguirse de nuevo había recobrado la calma; era otra mujer. Cuando en su
+espíritu sencillo y limitado penetraba una idea, inmediatamente se
+enseñoreaba de él y no dejaba espacio para ninguna otra. Ahora la idea
+era ésta: «Puesto que él no me quiere, yo no debo quererle á él». Y de
+tal manera se imprimió en su cerebro que ya no volvió á sentir
+vacilaciones. Su amor hizo crisis. Desde aquel punto quedó
+irrevocablemente tomada su resolución. Se enjugó cuidadosamente las
+lágrimas, aguardó todavía algún tiempo para que la brisa del mar borrase
+por entero sus huellas, y así que se halló bien serena se dirigió con
+paso firme á la puerta de la tienda y entró.</p>
+
+<p>Las pocas personas que allí había saludáronla con agasajo. Joselillo le
+preguntó si podría marcharse á evacuar algunos recados; no lo consintió:
+tenía que hacer arriba. Subió, pues, á casa é inmediatamente se puso á
+sacar de los armarios y á descolgar de las perchas la ropa que le
+pertenecía y á guardarla en el baúl. Se iba: se iba inmediatamente.
+Mientras colocaba con toda calma y cuidado la ropa, pensaba en el sitio
+adonde debía dirigirse. Sin duda el<a name="page_123" id="page_123"></a> único proyecto que le pareció
+natural era el de irse á Medina con su madre y ponerse á trabajar de
+nuevo y vivir del mejor modo que Dios les diera á entender; pero
+necesitaba saber dónde dormiría aquella noche. Pensó en su amiga Paca:
+era la más digna por su conducta y la que por su posición mejor podía
+ofrecerle hospitalidad. Sin embargo, avergonzada aún de lo que había
+pasado entre ambas y quizá también á causa de un cierto rencorcillo que
+no había podido arrojar de sí, renunció á pedírsela. Resolvió ir á casa
+de María-Manuela, y partir al día siguiente en el tren.</p>
+
+<p>Velázquez, luego que sació su cólera y orgullo con las afrentosas
+palabras que se ha dicho, siguió departiendo y jaraneando con sus
+amigos, como si nada hubiera pasado. Sin embargo, no tardó en sentir una
+vaga inquietud, algo que podía ser remordimiento y podía ser también
+temor de las fatales consecuencias que la desesperación de su amante
+pudiera acarrear. Una mujer despechada es capaz de todo. Tuvo miedo que
+hubiese ido derecha á tirarse por la muralla ó se tragase una caja de
+fósforos. Así que, no tardó mucho en despedirse de la buena compañía y
+se vino hacia casa con el objeto de cerciorarse de que nada funesto
+había ocurrido y también con el loable propósito de reconciliarse con su
+querida, si ésta se allanaba á pedirle perdón.</p>
+
+<p>Al entrar preguntó con fingida indiferencia por ella, y como le
+respondiesen que estaba<a name="page_124" id="page_124"></a> arriba y la oyese andar con los muebles, quedó
+tranquilo. Charló unos instantes con sus parroquianos y al cabo subió.
+Al cruzar para su cuarto vió en uno del pasillo á Soledad limpiando un
+vestido, y tuvo la magnanimidad de decir: «¡Hola!» Aquélla levantó los
+ojos y respondió con la misma gravedad y concisión: «Hola». Siguió el
+guapo hasta su habitación un poco sorprendido: esperaba hallarla bañada
+en lágrimas ó presa de algún ataque de risa convulsiva de los que á
+menudo la cogían. Aquella seriedad, y más que nada la indiferencia de la
+mirada y el saludo, le molestaron fuertemente. Desvanecióse su buen
+propósito de reconciliación. Sacó del armario los libros de comercio,
+encendió la lámpara, porque ya estaba oscuro, se sentó delante de la
+mesa y se puso á arreglar cuentas atrasadas. Poco tardó en advertir que
+no tenía la cabeza para cuentas. La reyerta primero, la inquietud
+después y ahora un poco de irritación y despecho, le habían agitado
+demasiado para poder concentrar su atención. Además, hallándose
+escribiendo creyó percibir en la habitación contigua cierto ruido
+especial, como de un baúl que se arrastra. Sintió curiosidad y sorpresa,
+se levantó y encaminó sus pasos hacia la salita donde tenían las camas,
+y vió á Soledad inclinada sobre el baúl, apretando la ropa con las
+manos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué haces?</p>
+
+<p>&mdash;¿No lo ves? El baúl&mdash;replicó ella con voz firme sin volver la cabeza.<a name="page_125" id="page_125"></a></p>
+
+<p>El guapo quedó suspenso un instante.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para marcharte?</p>
+
+<p>&mdash;Eso mismo.</p>
+
+<p>Nueva pausa.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, hija. Vete bendita de Dios&mdash;replicó al cabo girando sobre los
+talones y encaminándose de nuevo á su cuarto. Sentóse á la mesa y otra
+vez comenzó á trasladar partidas y confrontar sumas. Pero si antes le
+costaba trabajo concentrar su atención, ahora le fué del todo imposible;
+de tal suerte, que á los pocos minutos dejó la pluma descansar, metió
+las manos en los bolsillos y se recostó en la silla, quedando inmóvil
+con los ojos en la pared. Llegaban á sus oídos los ruidos de la tienda,
+pero no los percibía; en cambio notaba perfectamente las vueltas que
+Soledad daba por la casa buscando sus enseres. Al cabo de rato largo
+apareció ésta y le dijo desde la puerta:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quiere usted venir á ver el baúl?</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué?</p>
+
+<p>&mdash;Para saber si me llevo algo que le pertenezca.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija, no; ya sé que no te llevas nada... y si quieres llevártelo
+puedes hacerlo: todo está á tu disposición.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias. Adiós&mdash;respondió volviéndose.</p>
+
+<p>Cuando ya había dado tres ó cuatro pasos, Velázquez la llamó.</p>
+
+<p>&mdash;Atiende un instante.<a name="page_126" id="page_126"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Qué se le ofrecía á usted?&mdash;preguntó ella quedándose á la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Acércate, hija, que no vamos á hablar á gritos.</p>
+
+<p>Soledad, de mala gana, dió algunos pasos hacia él.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué arrechucho es el que te ha cogido, niña?&mdash;preguntóle riendo.</p>
+
+<p>Soledad alzó los hombros con desdén y profirió gravemente:</p>
+
+<p>&mdash;Hágame usted el favor de decirme lo que se le ofrece, que tengo prisa.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada más sino que eres una tonta rematada, y que por esta
+simpleza que estás haciendo merecías que me enfadase y te calentase la
+cara&mdash;manifestó Velázquez sin dejar de sonreir.</p>
+
+<p>&mdash;Está bien. Adiós.</p>
+
+<p>Y de nuevo se volvió para irse. Pero Velázquez la retuvo tomándole una
+mano.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, niña, no te pongas guasona; no vayamos á enredar el asunto más
+de lo que está. Me has dicho una simpleza, te he pegado un palo...
+Corriente... ya no hay que hablar del asunto... ¿Pasó?... Pasó.</p>
+
+<p>La joven se desprendió con un fuerte tirón y repitió con acento aún más
+grave y displicente:</p>
+
+<p>&mdash;Está bien. Adiós.</p>
+
+<p>Los ojos del guapo relampaguearon. Se alzó de la silla y, acercando su
+rostro al de la joven, le dijo con frase lenta y amenazadora:<a name="page_127" id="page_127"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes, chiquilla, que ya me voy atufando, y que si llegas á sacarme
+de mis casillas habrá que sentir?</p>
+
+<p>&mdash;Lo sentiré por última vez, te lo juro. Pégame, mátame... aprovéchate
+ahora, porque en cuanto ponga el pie en la calle se concluyó todo.</p>
+
+<p>El guapo la miró fijamente y en silencio. Al cabo soltó una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero niña! ¿qué mosca te ha picado hoy?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguna. Lo único que te aseguro es que estamos hablando por última
+vez.</p>
+
+<p>&mdash;Basta, basta&mdash;dijo poniéndose grave de nuevo.&mdash;No lo cacarees tanto,
+que aquí nadie te agarra del vestido. Vete cuando gustes, hija.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós... Oye una palabra... Aunque te repito que puedes hacer lo que
+gustes, debo advertirte que el marcharte ahora no me parece muy
+decente... Es ya noche, como ves, y cualquiera, viéndote salir de mi
+casa de ese modo, podría suponer que te he echado de ella.</p>
+
+<p>&mdash;Pierde cuidado. Ya me encargaré de decir á todo el mundo que he salido
+por mi gusto.</p>
+
+<p>&mdash;De todos modos, el irte ahora es dar una campanada inútilmente. Tienes
+que buscar casa donde pasar la noche, y la hora no es á propósito para
+eso... Quédate á dormir, y mañana será otro día. Y si sigues plantada te
+puedes ir adonde mejor te parezca.</p>
+
+<p>&mdash;No puede ser&mdash;repuso con sosiego y firmeza la joven.<a name="page_128" id="page_128"></a></p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Soledad, no seas chiquilla. Debes comprender que no hay razón
+para esa terquedad. Lo que ha pasado hoy es lo mismo que ha pasado ya
+muchas veces... Que tú has estado un poquillo insolente... que yo he
+estado otro poquillo bruto... Eso no es motivo suficiente para que se
+rompa nuestra unión. Nuestras relaciones no son de ayer, hija mía. Te he
+visto nacer, como quien dice; he sido amigo de tu padre, y no puedo
+dejarte en medio del arroyo expuesta á la miseria y á la perdición... Tú
+no eres para mí una mujer cualquiera, una querida que se toma y se
+suelta como un perro de caza... Á ti te he mirado siempre como cosa
+propia, y si algunas veces te maltrato es por la misma confianza que
+contigo tengo y por este genio polvorilla que Dios me ha dado... Pero
+eso no tiene que ver con el aprecio... Yo te aprecio, Soleá, porque eres
+buena y eres honrá... y eres decente, ¡vamos!... Y á fuerza de tiempo se
+toma cariño á las sillas, cuanto más á las personas... Y para que más de
+la verdad... á ti te he tomado más cariño que he tomado hasta ahora á
+ninguna mujer...</p>
+
+<p>Soledad levantó los ojos y le miró á la cara con sorpresa y curiosidad.
+El majo había pronunciado las últimas palabras con emoción.</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso será verdad, Velázquez... pero estoy convencida de que ni yo
+puedo hacerte feliz á ti ni tú puedes hacerme feliz á mí&mdash;repuso la
+joven dulcemente, pero con firmeza.<a name="page_129" id="page_129"></a></p>
+
+<p>&mdash;Eso lo dices porque aún me tienes coraje; pero no es cierto... Ven
+acá, guasona, ven acá que te dé un mordisco por esas palabrillas amargas
+que has soltado... Ni tienes vergüenza ni mereces que te mire á la
+cara...</p>
+
+<p>Al mismo tiempo le tomó una mano, y con el otro brazo le enlazó
+cariñosamente la cintura para sentarla sobre sus rodillas. Pero la joven
+se soltó bruscamente.</p>
+
+<p>&mdash;Hazme el favor de dejarme. He dicho que me iba y no me vuelvo
+atrás&mdash;profirió en tono resuelto frunciendo el entrecejo.</p>
+
+<p>El guapo se enfureció otra vez, y olvidando toda galantería, la insultó
+groseramente.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija, ¿qué te has figurao? ¿Piensas que tengo empeño en tenerte
+en mi casa? ¡Vaya una alhaja que se me escapa!... ¿Pero tú de qué
+presumes, criatura?... ¡Si no vales dos maravedís! ¡Si hace ya mucho
+tiempo que no te despido por compasión!... ¡Pues estamos aviados! ¡No se
+pone pocos moños el pendoncillo porque le dicen que se quede!... Anda,
+hija, anda donde estás haciendo falta...</p>
+
+<p>Soledad recibió sin pestañear la rociada de injurias que le escupió á la
+cara. Cuando hizo una pausa se volvió sin responder palabra y salió de
+la estancia. Al trasponer la puerta dejó escapar un sollozo ahogado.
+Velázquez siguió todavía largo rato vomitando cólera. Mil frases
+desdeñosas, infamantes, salieron de su boca después de quedarse solo.</p>
+
+<p>Al cabo se calló. Los nervios, alterados, se<a name="page_130" id="page_130"></a> fueron sosegando poco á
+poco, y permaneció en la silla sin hacer movimiento alguno, con los ojos
+muy abiertos, emboscado en vaga y sombría meditación.</p>
+
+<p>Las voces de la tienda le sacaron al fin de ella. Se levantó, encendió
+un cigarro y guardó de nuevo los libros en el armario. Tomó la lámpara y
+fué á la habitación contigua á buscar su capa para salir. Lo primero con
+que tropezaron sus ojos fué con el baúl de Soledad cerrado en medio de
+la sala. Dejó la lámpara sobre la mesa, comenzó á pasear por la estancia
+chupando el cigarro y envolviéndose en nubes de humo. Concluyó el
+cigarro y encendió otro, y después otro. Fumaba maquinalmente y daba
+vueltas, hasta que concluyó por marearse. Al fin, enojado consigo mismo,
+levantó los hombros con ademán desdeñoso, arrojó violentamente la punta
+del cigarro y tomó la capa. Pero cuando se disponía á salir oyó abajo
+las voces del señor Rafael y Pepe de Chiclana: «Ya están esos ahí» se
+dijo. Y volvió á colgar la capa en la percha y bajó á la tienda.</p>
+
+<p>Mostróse á los amigos más alegre y jovial que de costumbre y estuvo
+locuaz en demasía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo no baja Soledad?&mdash;preguntó al fin Paca.</p>
+
+<p>&mdash;¿Soledad?&mdash;respondió el guapo dando á su rostro una expresión
+burlona.&mdash;Anda y pregunta por ella al sereno.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué quieres decir?</p>
+
+<p>&mdash;Que ya no vive aquí. Se ha mudado.<a name="page_131" id="page_131"></a></p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿es de veras?</p>
+
+<p>&mdash;¡Y tan de veras! Hace más de una hora que ha salido disparada como un
+cohete. Dios sabe dónde habrá caído.</p>
+
+<p>Fué grande la sorpresa de los tertulios y unánime su sentimiento, porque
+Soledad, á pesar de su gravedad habitual y pocas palabras, era
+generalmente estimada. Todos mostraron vivo interés por conocer los
+pormenores del rompimiento y lo deploraron con amargura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya un lance feo!&mdash;exclamó Paca.&mdash;Por supuesto que las has de pagar
+todas juntas, Velázquez. No hallarás en la vida una mujer que te quiera
+tanto.</p>
+
+<p>&mdash;Ni tan guapa&mdash;apuntó Frasquito.</p>
+
+<p>&mdash;Ni tan hacendosa y limpia&mdash;manifestó Pepe de Chiclana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Limpia?&mdash;exclamó Paca.&mdash;Como los chorros del oro. Daba gusto ver á
+esa mujer revolverse por casa. Las cosas que ella tocaba con las manos
+relucían como si les diesen cera.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no creo que este rompimiento sea para siempre&mdash;articuló gravemente
+el señor Rafael.&mdash;Será una desazón volandera de esas que acostumbráis
+los que andáis metíos en el querer. Mañana os volveréis á juntar y ni tú
+ni ella os acordaréis si hoy le has dado un palo ó dos besos... Pero si
+es cierto que la has echado de tu casa y no la vuelves á llamar, digo,
+Velázquez, que no te ayudará Dios, porque no has hecho una cosa
+regular... Soleá es una mujer como pocas...<a name="page_132" id="page_132"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Ea, dejarme ya de Soleá!&mdash;exclamó el guapo riendo.&mdash;¿Me van á dar
+ustedes jaqueca toda la noche? ¿No hay otra conversación más
+entretenida? Me hartaba esa niña... Un día ú otro tenía que suceder...
+Sucedió... ¿Qué le vamos á hacer?... Precisamente en este momento me
+están apeteciendo unas lonjitas de jamón. ¿Echamos un solo y las
+jugamos?... ¡Eh, niño! tráete una baraja...<a name="page_133" id="page_133"></a></p>
+
+<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX<br /><br />
+El Carnaval.</h3>
+
+<p>El sol abandonaba la mar espumosa y ascendía por la bóveda del
+firmamento cuando Velázquez despertó de su sueño. Iba á llamar á Soledad
+para que le trajese una camisa, pero recordó súbito lo que había pasado
+y sintió un leve vuelco en el corazón. Alzóse del lecho y se vistió
+lentamente malhumorado y taciturno. Aproximóse al balcón, que señoreaba
+una gran extensión de mar, y derramó por ella sus ojos distraídos. El
+céfiro rizaba la inmensa superficie coronando de hermosos y fugaces
+penachos blancos sus olas azules. El sol esparcía sobre ella su madeja
+de oro haciéndola lúcida y trasparente como una esfera de cristal.</p>
+
+<p>Pero las sonrisas divinas de la naturaleza no<a name="page_134" id="page_134"></a> fueron poderosas para
+desarrugar el semblante ceñudo de nuestro guapo. Dió algunas vueltas por
+la casa y, cosa que nunca había notado, le pareció grande y fría. Pensó
+que era necesario buscar una mujer para que la arreglase y guisase la
+comida, y tuvo intención de llamar á Joselillo para enviar por ella; mas
+se contuvo: no había prisa: lo mismo sería al día siguiente. Bajó al
+cabo á la tienda, se desayunó y se puso á fumar cigarrillos. Aunque tuvo
+deseos de salir para esparcir su mal humor y refrescar la cabeza, no lo
+hizo retenido por una vaga esperanza, que no tardó mucho en cuajarse. Á
+eso de las doce apareció un hombre en la puerta preguntando por él, con
+una carta en la mano. Por su semblante fruncido pasó una imperceptible
+ráfaga de satisfacción. ¡Al fin! Esto era lo que había estado esperando
+toda la mañana: ya sabía que más tarde ó más temprano había de llegar, y
+por eso no se había separado de la tienda. Abrigaba la certidumbre de
+que Soledad, á solas consigo misma y así que tropezase con las primeras
+consecuencias de la miseria y desamparo en que había quedado,
+reflexionaría sobre su falta, se arrepentiría de ella y, depuesto todo
+orgullo, vendría humillada á pedir que la admitiese de nuevo en su casa.
+Tomó con su habitual gravedad la carta que le presentaba el portador, le
+gratificó con largueza y le despidió. Pero el mozo le respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Aguardo contestación.<a name="page_135" id="page_135"></a></p>
+
+<p>Entonces el guapo echó una mirada al sobre y observó que estaba escrito
+de mano de hombre. Lo rompió con presteza y leyó la carta. Era de
+Antonio Robledo, su amigo: le decía en ella lacónicamente que Soledad
+estaba en su casa y que hiciera el favor de entregarle al dador el baúl.
+No fué menudo el desengaño al leer la tal esquelita. En sus breves y
+sencillas palabras creyó notar un dejo de desdén, ó por lo menos
+indiferencia, que le irritó la bilis. Disimuló, no obstante, lo mejor
+que pudo, y levantándose de la silla subió á casa seguido del mozo y sin
+decir palabra le llevó hasta la sala y le mostró el baúl, que estaba en
+medio de ella. Pero cuando el hombre se fué comenzó á resoplar con furia
+y á dejar salir de su boca palabras amargas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya con Antoñico!... Se ha dedicao á recoger en su zahurda las
+palomas que se suertan... ¡Pa que se fíe uno de los amiguitos!... ¿Y
+quién es el tío para pedir el baúl? ¿Le toca algo con Soledad?... ¿Por
+qué no lo pide ella?...</p>
+
+<p>Y muy desabrido y amenazando cantar algunas claridades á Antoñico, se
+salió de casa.</p>
+
+<p>Era domingo de Carnaval. Las calles rebosaban de gente. En los balcones
+de las casas se apiñaban lindas muchachas de ojos negros para ver
+desfilar los coches ocupados por jóvenes enmascarados que les arrojaban
+puñados de almendras, anises y caramelos. Desde los<a name="page_136" id="page_136"></a> coches á los
+balcones entablábanse animados diálogos, cambiábanse requiebros por
+donaires, confites por sonrisas; arrojábanse sonoros besos que, en alas
+del viento, iban á posarse tímidamente sobre alguna tersa mejilla
+ruborizada. Y la gente de á pie, desde la acera, hacía coro á aquellos
+diálogos batiendo las palmas, celebrando con igual algazara los
+requiebros picarescos de los mancebos que las respuestas saladas de las
+niñas. Cruzaban numerosas comparsas ataviadas con trajes originales,
+unas de majos, otras de trovadores, otras de frailes, etc., todas
+tocando y cantando muy concertadamente. Pero la que excitaba la
+admiración y el aplauso de la muchedumbre era la denominada <i>de las
+viejas ricas</i>, compuesta de veinte ó treinta muchachos disfrazados de
+viejas con espléndidos trajes de seda, peluca blanca, media negra y
+zapato de raso, cuyos cantos deliciosos, impregnados de toda la sal de
+la Bética, pronto iban á dar la vuelta á España.</p>
+
+<p>El sol nadaba sereno por el espacio haciendo brillar la seda de los
+vestidos, el carmín de las mejillas, el azabache de los ojos. Por
+doquier reinaba el júbilo. El ambiente, cargado de perfumes, de colores
+y reflejos, vibraba con los dulces sones de las músicas, con los cantos,
+con las risas, con las palabras de amor. En las estrechas calles,
+distribuídas en todas direcciones, cortándose, retorciéndose de un modo
+caprichoso, hervía la muchedumbre con inquieto<a name="page_137" id="page_137"></a> oleaje, bañándose en un
+gozo vivo y espontáneo. La hermosa ciudad del Occidente, ceñida, como la
+diosa de Chipre, de su blanco cinturón de espuma, lanzaba una fresca y
+alegre carcajada. ¡Oh, feliz el que la haya oído reir de este modo! ¡Más
+feliz aún el que pueda vivir y morir en su seno amoroso, bañándose en su
+aire tibio bajo un cielo trasparente, escuchando los besos incesantes de
+su mar azul que riza la brisa!</p>
+
+<p>Velázquez recorrió las calles sin participar de esta alegría como otras
+veces. Llevaba en su alma el peso de la cólera y el despecho. Estuvo en
+la calle Ancha, donde la animación era más grande y las máscaras se
+apiñaban con preferencia. Allí tropezó con Manolo Uceda, quien le invitó
+á entrar en la cervecería á beber una copa de Jerez. Aunque muy contra
+su gusto, aceptó la invitación para que no sospechase su mal humor, y se
+esforzó en aparecer jocoso.</p>
+
+<p>Consiguiólo sólo á medias; tanto que Manolo, que ignoraba el rompimiento
+con Soledad, notó, sin embargo, al poco rato que su alegría no era
+espontánea y le preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tienes? Parece que estás preocupado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?... Ni por pienso, hijo. Solamente que este ruido del Carnaval me
+empacha un poquillo, ¿sabes?</p>
+
+<p>Manolo, como de costumbre, no le preguntó por Soledad. Sería delicadeza
+ú orgullo, pero es lo cierto que jamás lo hacía. De este modo<a name="page_138" id="page_138"></a> el guapo
+pudo salvar del compromiso en que la pregunta le hubiera puesto, y al
+poco rato se despidió pretextando que le aguardaban sus amigos. Recorrió
+las calles más animadas sin que las contorsiones grotescas ó los gritos
+desapacibles de las máscaras que tropezaba provocasen una débil sonrisa
+en su rostro taciturno. Varias le saludaron llamándole por su nombre,
+porque era hombre popular y conocido en todas las clases sociales.
+«Adiós, Velázquez.&mdash;Adiós, guapo.&mdash;Adiós, elegante.» Respondía y
+apretaba el paso, porque no le pedía el cuerpo conversación. Sin
+embargo, en la calle de la Amargura, de un grupo de mujeres disfrazadas
+de gitanas se destacó una que logró abordarle. Se le plantó delante y le
+dijo de manos á boca:</p>
+
+<p>&mdash;¿Conque ya no está Soledad contigo?</p>
+
+<p>&mdash;Eso parece&mdash;respondió el majo con su habitual desenfado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué la has echado, niño? Eso está muy feo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no la he echado. Se ha ido ella&mdash;replicó con orgullosa modestia,
+seguro de no ser creído.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, hijo, no te diviertas! Ya sé que le has dao una paliza gitana
+en la tienda de la Parra y luego la licencia absoluta.</p>
+
+<p>&mdash;Te engañas, máscara. Se ha marchado ella por su gusto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, Velázquez, qué malo eres y qué traidor con las pobres mujeres!...
+Pero Dios te castigará<a name="page_139" id="page_139"></a> algún día; no tiene remedio. Dame la mano,
+falso; voy á decirte la buenaventura.</p>
+
+<p>&mdash;Tómala, niña, y hazlo vivito que se reúne mucha gente.</p>
+
+<p>En efecto, las compañeras de la gitana se habían aproximado y tras ellas
+algunos transeuntes.</p>
+
+<p>&mdash;Una mujer te quiere, salao, pero tú no la quieres á ella&mdash;dijo la
+máscara observando las rayas de la mano del guapo y remedando á las
+gitanas.&mdash;En cambio, estás chalao por otra que huye de ti. Llegarás á
+conquistarla, pero al fin te la pegará. Un amigo falso te hará traición.
+Serás muy desgraciadito y nadie te compadecerá. La mujer que primero te
+dé un beso, por esa te morirás y pasarás fatigas, y ella se reirá de
+ti...</p>
+
+<p>Velázquez sospechó en aquel momento que la máscara era Paca, y dijo
+riendo con fatuidad.</p>
+
+<p>&mdash;Consiento en pasarlas. Dame un beso, prenda.</p>
+
+<p>&mdash;No; no quiero tu desgracia sobre la conciencia... Suelta, niño.</p>
+
+<p>El la retuvo á pesar de sus esfuerzos.</p>
+
+<p>&mdash;Dámelo, aunque tus labios tengan veneno. Mira que muero de ganas de
+pasar esas fatigas y de que me hagas desgraciado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Suelta, traidor, suelta!</p>
+
+<p>La gente reía. Las gitanas tiraban de su compañera mientras los hombres,
+que se habían parado, animaban al guapo gritándole:<a name="page_140" id="page_140"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Anda! ¡Oblígala!... ¡Que pague la guasita!</p>
+
+<p>Al cabo se desprendió la máscara y, unida al grupo, se alejó gritando,
+mientras Velázquez prosiguió su camino con los labios contraídos por una
+sonrisa de orgullosa satisfacción. Aquel ligero incidente le había
+puesto de buen humor, pues apenas le cabía duda de que la gitana era
+Paca: su misma estatura, su cuerpo y hasta su modo de andar.</p>
+
+<p>Disipada en parte la niebla que pesaba sobre su espíritu, pudo fijarse y
+tomar interés en lo que á su alrededor pasaba. El regocijo y la bulla
+crecían á medida que avanzaba la tarde. Una agitación tumultuosa reinaba
+en las calles: de su recinto estrecho salía un clamor profundo como el
+de un río que se despeña. La muchedumbre se estancaba en las calles
+principales impidiendo el paso de los carruajes, que se veían obligados
+á permanecer inmóviles largo rato. De pie sobre ellos, máscaras con
+grotescas cabezas de cartón excitaban la risa de la gente, gritando y
+manoteando de un modo frenético: estaban roncos ya casi todos. Las damas
+de los balcones, excitadas por tanto vocerío, mareadas y nerviosas,
+gritaban también con alegría loca, arrojaban puñados de papelillos de
+colores, cubriendo la calle y la muchedumbre de un manto irisado.
+Algunos jóvenes respondían á esta graciosa agresión lanzándoles, con
+jeringas de goma, chorritos de agua perfumada. Cuando acertaban á darles
+en la<a name="page_141" id="page_141"></a> cara, la muchedumbre aplaudía con entusiasmo. Otros, de pie sobre
+las banquetas de los coches con una botella en la mano y una copa en la
+otra, servían manzanilla á los conocidos que divisaban.</p>
+
+<p>&mdash;¡Velázquez! ¡Eh, Velázquez!</p>
+
+<p>El majo vió un máscara que desde lo alto del coche le ofrecía una copa
+de vino y se acercó.</p>
+
+<p>&mdash;Ven acá, valiente. Bebe esa copa á la salud de tu niña.</p>
+
+<p>Velázquez tomó la copa y dijo gravemente:</p>
+
+<p>&mdash;Y á la de la tuya, máscara.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! La mía no vale un comino al lado de Soledad ¡Vaya una mujer
+castiza!... En tu caso no envidiaría ni al arcángel San Rafael.</p>
+
+<p>¿Por qué les daba á todos ahora por elogiar á Soledad? Si era hermosa,
+otras había como ella: no era para tanto. Prosiguió su camino, levemente
+disgustado por tal ridículo empeño. Y de nuevo enderezó su pensamiento
+hacia Paca, cuyas cualidades empezó á exaltar á toda prisa en su mente á
+fin de borrar la imagen que, al parecer, todos se proponían ponerle
+delante de los ojos. Había vuelto á quedarse taciturno y marchaba con
+arrugado ceño por la calle. Tanta gritería, tanta bulla le iban poniendo
+nervioso.</p>
+
+<p>Pero al revolver la esquina quedó estupefacto viendo frente á sí á Paca,
+que marchaba tranquilamente al lado de su marido. Sintióse turbado y
+molesto. ¿Quién era, pues, la máscara<a name="page_142" id="page_142"></a> que le había dicho la
+buenaventura? Sin embargo, los abordó con fingida calma y alegría.
+Charlaron de las máscaras y de las ocurrencias más graciosas que aquella
+tarde habían oído. Paca se mostraba alegre, satisfecha y no daba paz á
+la lengua, narrando las aventuras de su paseo, haciendo observaciones
+profundas unas veces, otras ligeras, siempre atinadas, sobre todo lo que
+había visto y oído. Pero se detuvo de pronto y las cortó para decir á
+Velázquez bruscamente:</p>
+
+<p>&mdash;Esta mañana he visto á Soledad, ¿sabes? Ya no se va hasta dentro de
+unos días. María y Antonio se han empeñado en retenerla...</p>
+
+<p>Velázquez se encogió de hombros con afectada indiferencia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué mal has hecho, niño!&mdash;prosiguió.&mdash;¡Algún día te pesará! No
+hallarás mujer tan fiel ni tan cuidadosa de tus intereses.</p>
+
+<p>¡Y dale con Soledad! ¿No había otra cosa de que hablar en Cádiz? Abrevió
+cuanto pudo la conversación y se despidió de los esposos.</p>
+
+<p>La tarde declinaba. Las calles iban quedando oscuras y el semblante del
+guapo también. Decidióse á entrar en una cervecería y tomar algo, pues
+no había comido, «¡Vaya con Antoñico! se decía mientras mascaba
+distraídamente. ¡Ya lo creo que trabajará por que Soledad se quede en su
+casa! ¡No se relamerá poco ese tío podrido teniéndola al alcance de la
+mano!... ¡Valiente verde de restregones y achuchones se dará en estos
+días!» Y en su corazón, que la tristeza<a name="page_143" id="page_143"></a> oprimía, sintió de pronto la
+quemadura de los celos. Aquel Antoñico no cesaba, con un pretexto ó con
+otro, de florearla. Mil veces le había oído decir que ninguna mujer le
+había gustado tanto en la vida. Luego, era un hombre audaz, no conocía
+la vergüenza; lo mismo le importaba recibir una injuria ó una bofetada
+que beberse una copa de vino... Ella, claro que no se iba á enamorar de
+semejante asqueroso; ¡pero las mujeres son tan bestias! En cuanto las
+adulan se vuelven jalea. Había observado que las payasadas de Antonio le
+caían en gracia y aceptaba sus lisonjas con gratitud. Á fuerza de
+machacar el hierro se dobla...</p>
+
+<p>Sintió calor en las mejillas. La atmósfera de la cervecería le sofocaba.
+Se levantó, pagó y salió á la calle. Soplaba ya la brisa fresca de la
+noche. Su pecho oprimido se dilató aspirando con felicidad el aire puro,
+que refrescó al mismo tiempo sus sienes y serenó su espíritu. Á paso
+lento y con la cabeza baja caminó la vuelta de su casa siguiendo la ruta
+de la muralla al borde de la mar para evitar la gente. Una débil
+esperanza lucía en la oscuridad melancólica de su pensamiento, la de
+encontrar á su llegada carta de Soledad. Le parecía increíble que ésta
+rompiese de un modo tan insulso los lazos estrechísimos que los unían,
+olvidase en un punto su amor frenético, del cual tantas y tantas pruebas
+había recibido. Animado por esta luz y viéndola brillar delante de sí,
+cada vez con mayor intensidad, insensiblemente fué apretando el paso<a name="page_144" id="page_144"></a>
+hasta llegar casi jadeante á la tienda. Procuró dar á su rostro la misma
+habitual expresión indiferente y altiva y, después de saludar á las tres
+ó cuatro personas que allí había, preguntó á Joselillo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha venido algún recado para mí?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor&mdash;respondió el chico.</p>
+
+<p>Subió á su cuarto y se dejó caer en la cama fatigado del largo paseo que
+había dado y más aún de tanto pensar en la misma cosa. Concluyó por
+enfadarse consigo mismo. ¿Á qué tomarlo tan á pechos? ¡Vaya una jaqueca
+tonta la que se estaba buscando! Si se marchó, buen viaje. Las
+consecuencias del rompimiento serían peores para ella; porque él se
+quedaba en su casa, y ella... ella Dios sabe adónde iría á parar. La
+idea de ver á su amante padeciendo los rigores de la miseria ó quizá
+hundida en un lupanar le conmovió. «¡Pobre chica! se dijo enternecido.
+Es una niña caprichosa. Ni sabe lo que hace ni lo que quiere, ni calcula
+lo que le puede suceder.» Y dilatándose su espíritu con estas
+imaginaciones tiernas y sosegada la cólera, al cabo de un rato se quedó
+traspuesto.</p>
+
+<p>Cuando despertó eran las nueve. Aplicó el oído á los ruidos de la
+tienda, y no percibiendo la voz de sus amigos se dijo: «Esos ya no
+vienen: se habrán ido al baile ó quedarían por ahí de juerga en
+cualquier montañés». Y rápidamente se echó sobre los hombros su capa
+torera, bajó al establecimiento, dió á toda prisa las órdenes<a name="page_145" id="page_145"></a>
+necesarias y salió á la calle. Sin vacilación de ningún género, con paso
+vivo y firme se dirigió á casa de su amigo Antonio. Vivía éste en la
+calle de <i>Enrique de las Marinas</i>, bastante lejos del <i>Campo del Sur</i>,
+en el piso segundo de una casa vieja y de modesta apariencia. Estaba el
+portón abierto. Subió por la estrecha y sucia escalera, y cuando llegó á
+la puerta llamó con los nudillos. Nadie salió á abrirle. Llamó más
+fuerte, y tampoco. Entonces se puso á dar fuertes porrazos con el puño,
+hasta que se abrió una de las puertas de al lado y salió una mujer á
+decirle que excusaba de llamar porque no había nadie en el cuarto. Los
+vecinos habían salido hacía poco rato y debía de ser para el baile,
+porque la señá María-Manuela y una amiga que estaba con ella iban
+disfrazadas.</p>
+
+<p>Velázquez bajó la escalera con un nuevo desengaño en el corazón. ¿Cómo?
+La niña, después de lo que había pasado y en situación tan angustiosa,
+¿tenía humor para irse al baile? Su amor propio le sugirió la idea
+consoladora de que había ido, no por su gusto, sino arrastrada por
+Antonio, quien tenía interés en aturdirla y aun corromperla, por aquello
+de que «á río revuelto ganancia de pescadores». Se detuvo un instante á
+calcular adónde podrían haber ido, y después de pesar atentamente las
+probabilidades resolvió encaminarse al teatro Principal.</p>
+
+<p>El salón estaba ya lleno. En el medio bailaban<a name="page_146" id="page_146"></a> trabajosamente veinte ó
+treinta parejas ceñidas por una muralla de espectadores que gritaban,
+reían, y les daban ruidosa cantaleta avanzando insensiblemente y
+sofocándolas cada vez más. Muchos de ellos estaban ebrios ó tocando en
+las lindes de la embriaguez y sus chanzas eran descomedidas. Pero los
+que bailaban con las máscaras hallábanse poco más ó menos en el mismo
+grado de la escala alcohólica y no se quedaban cortos en las respuestas.
+Solamente las mujeres estaban disfrazadas: hombres, uno que otro por
+excepción, acaso para llevar á feliz término alguna aventura que
+exigiese misterio. Las luces y el vaho de tanta gente habían formado ya
+una atmósfera espesa y asfixiante.</p>
+
+<p>Velázquez se introdujo en el grupo de espectadores y á fuerza de codazos
+logró pronto colocarse en primera fila. Se puso á examinar las parejas
+que cruzaban. El disfraz ordinario de las mujeres era el dominó; las
+había, sin embargo, graciosamente ataviadas con trajes de capricho.
+Muchas, sofocadas por aquel ambiente, se habían quitado la máscara,
+saltaban con las mejillas rojas y los ojos brillantes, dejándose
+arrebatar en el torbellino del baile. Unas se desplomaban con lánguido
+abandono en los brazos de sus galanes, abatidas, mareadas, reposando la
+cabeza despeinada sobre sus hombros. Otras brincaban con frenesí,
+enloquecidas por el ruido y el movimiento, respondiendo con viveza á
+cuantos requiebros dejaban caer en sus oídos<a name="page_147" id="page_147"></a> al pasar. Una linda rubia
+de ojos negros daba puntapiés con sus zapatitos de raso blanco al galán
+que la llevaba abrazada, en castigo quizá de algún desmán, mientras otra
+muchacha se volvía á menudo para saludar con la mano á unos jóvenes que
+miraban desde un palco, lo cual mortificaba mucho á su pareja.</p>
+
+<p>Velázquez observó cuidadosamente á cuantas mujeres bailaban esperando
+descubrir á Soledad; pero no logró nada. Calló, al fin, la orquesta. Por
+todo el ámbito del salón comenzó á hormiguear la muchedumbre con
+algazara. Los gritos de las máscaras dando bromas á sus conocidos
+levantaban horrible algarabía. Algunas, por su donaire, llamaban la
+atención y lucían la viveza de su ingenio en medio de un grupo que las
+aplaudía, mientras el pobre hombre víctima de sus burlas, con el rostro
+encendido y desfigurado por una sonrisa forzada, hacía inútiles
+esfuerzos por exprimir el ingenio y sacar de él alguna respuesta
+graciosa.</p>
+
+<p>El guapo recorrió el salón en todas direcciones por ver si descubría
+entre las máscaras á su querida. Tenía la seguridad de reconocerla.
+Mientras se dedicaba á esta caza sabrosa sin resultado, alzóse súbito
+gran tumulto. La gente se arremolinó hacia uno de los ángulos; las
+mujeres chillaban; los hombres se precipitaban para introducirse en el
+lugar de la gresca: por algunos momentos reinó espantosa confusión en el
+baile. El motivo era que un hombre, sorprendiendo á su mujer allí,<a name="page_148" id="page_148"></a> la
+estaba dando de bofetadas. El galán que la acompañaba salió á su
+defensa: se había trabado una lucha en la cual tomaron parte los amigos
+de uno y otro: brillaron las navajas, y hubiera habido que sentir si los
+muchos concurrentes no sujetasen á los gladiadores y la policía no
+llegase al punto. Velázquez, que siempre se había mostrado indiferente á
+estas bullas y se había reído de los burlados, dijo en voz alta y con
+acento colérico que estaba bien hecho y que fué lástima que el hombre no
+le hubiese sacado las tripas al galancete.</p>
+
+<p>Cuando los culpables fueron arrojados del salón y se restableció la
+calma, vió entre las máscaras una más alta que le pareció su amante. La
+pequeña y gorda que la acompañaba era sin duda María-Manuela. Corrió á
+su encuentro, pero ellas, al verle, se separaron vivamente y, cada cual
+por su lado, se introdujeron en la muchedumbre, desapareciendo al
+instante de sus ojos. Por más que hizo no le fué posible dar con ellas.
+Mareado de tanta vuelta, rendido y triste, se determinó al cabo á salir
+del baile. Soledad y María-Manuela sin duda se habían vuelto á casa.
+Pero antes de retirarse á la suya quiso dar un vistazo por el café
+Suizo. Un vago presentimiento le animaba á ello. Sabía que Antonio era
+parroquiano y solía llevar con él á María-Manuela.</p>
+
+<p>En cuanto abrió la puerta y puso el pie dentro la vió. Estaba sentada
+cerca del mostrador<a name="page_149" id="page_149"></a> con su amiga María y otra mujer, Antonio y otro
+hombre. Llevaba dominó negro y se había quitado la careta. Sus ojos se
+encontraron, pero ella apartó los suyos vivamente y por su hermoso
+rostro sonriente se esparció una nube sombría. Velázquez vaciló unos
+instantes, pero al fin se decidió á acercase á la mesa haciendo un gran
+esfuerzo sobre sí mismo para aparecer sereno.</p>
+
+<p>&mdash;Á la paz de Dios, señores.</p>
+
+<p>Soledad no respondió. Los demás, que no le habían visto, levantaron la
+cabeza sorprendidos y saludaron.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú por aquí á estas horas, gachó? ¿Qué milagro es éste?&mdash;dijo
+Antoñico con intención burlona y malévola que hizo dar un vuelco á la
+sangre del guapo.</p>
+
+<p>¡Con qué placer le hubiera estampado la botella en la cara! Se contuvo,
+esperando que algún día se las pagaría aquel sinvergüenza, y adoptando
+un tono desenfadado explicó su aparición. Salía del baile, donde se
+había aburrido como un perro en misa y, sintiendo sed, se había metido
+en el café á tomar una limonada. Y al decir esto batió las palmas y se
+la pidió al mozo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya sé que has estado en el baile&mdash;replicó Antonio con la misma
+sonrisilla guasona.</p>
+
+<p>Velázquez mintió; dijo que había recorrido antes otros dos, y que en
+ellos había bailado; pero aunque tenía por cierto que la vecina se<a name="page_150" id="page_150"></a> lo
+diría, no tuvo valor para confesar que había estado antes en su casa,
+esperando que de aquella conferencia saldría algo que evitase tal
+humillación. Y estuvo arrogante y oportuno, como en sus horas más
+felices, cuando se hallaba delante de mujeres que se proponía cautivar.
+Antonio llegó á dudar, viéndole tan despreocupado, si serían ciertas sus
+explicaciones y habría entrado allí por casualidad. Ni una sola vez
+volvió los ojos hacia Soledad, cerca de la cual estaba sentado; pero,
+sin mirarla, veía su semblante hosco y su entrecejo fruncido. La joven
+permanecía rígida y silenciosa: los esfuerzos del guapo no lograban
+desarrugarla.</p>
+
+<p>Al fin se decidieron á retirarse. Velázquez había prevenido al mozo con
+una seña, y al pedir la cuenta se encontró con que ya estaba pagada.
+Soledad hizo un movimiento de impaciencia y disgusto, que no pasó
+desadvertido para el guapo. Pero Antonio halló el paso muy delicado y se
+puso de mejor humor. Salieron á la calle. Las tres mujeres se habían
+cogido del brazo; los hombres marchaban delante. Mas Velázquez maniobró
+hábilmente para quedarse rezagado y se volvió al lado de Soledad, que
+daba la acera á las otras dos. Al cabo de un rato de silencio dijo en
+voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;¿Te has divertido en el baile?</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió la joven secamente sin volver la cabeza.</p>
+
+<p>Después de otra pausa volvió á preguntar tímidamente:<a name="page_151" id="page_151"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Has bailado mucho?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondió con la misma sequedad.</p>
+
+<p>Nuevo silencio, durante el cual el majo estrujaba su inteligencia
+buscando medio de pasar á la conversación que deseaba.</p>
+
+<p>&mdash;Te he visto y te he reconocido perfectamente hace un momento aunque
+llevases careta&mdash;dijo al cabo disimulando inútilmente su emoción.</p>
+
+<p>Soledad no respondió.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes por qué te he conocido?</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;Pues por esos pies menuditos que Dios te ha dado y que no tienen
+pareja.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;dejó escapar la joven con indiferencia.</p>
+
+<p>María-Manuela, que deseaba vivamente la reconciliación de los amantes,
+oyéndoles hablar, dijo algunas palabras al oído á su amiga, y ambas se
+separaron bruscamente de Soledad, dejándola sola. Velázquez lo agradeció
+en el fondo del alma; pero un gran temor y embarazo le sobrecogieron
+inmediatamente.</p>
+
+<p>&mdash;Hace un rato estuve en casa de Antonio... Quería darte la mano antes
+de que te fueses... Me dijeron que estabas en el baile, y sin saber cuál
+era fuí derecho á ese... ¡La querencia, hija mía!... Tenía la seguridad
+de conocerte en cuanto te echase la vista encima. Ni tu cuerpo, ni tu
+aire, ni tus pies se pueden equivocar con otros. Tardé mucho en dar
+contigo; pero cuando al cabo te vi y traté de saludarte, desapareciste<a name="page_152" id="page_152"></a>
+de mis ojos entre la gente y ya no pude hallarte... ¿Me has visto tú?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;...Me guardas rencor todavía, ¿verdad?... Pues mira, Soledad, por
+mucho que tú me tengas, más me tengo yo. Quisiera poder molerme las
+costillas á palos. Te sobra razón para no mirarme á la cara en tu vida;
+pero dicen que de los arrepentidos es el reino de los cielos, y tú para
+mí eres el cielo, ¡el cielo de la mañana con campanillas de plata! Un
+cachito de gloria, ¿sabes?... Nunca pensé estar tan chalado... Desde que
+saliste de casa, ni cantan los pájaros en la jaula, ni huelen las flores
+en el balcón, ni el perro hace otra cosa en todo el día que aullar...
+Todos parecen decirme: «¡Anda por ella!»</p>
+
+<p>La joven permanecía silenciosa y grave. Entonces Velázquez, deponiendo
+las últimas migajas de orgullo que le quedaban, profirió con voz
+temblorosa:</p>
+
+<p>&mdash;He pasado una noche y un día muy amargos, Soledad. Me parecía
+imposible que un cariño de toda la vida pudiera romperse en un minuto.
+Te he querido de chiquita, cuando te hacía bailar sobre las rodillas y
+gorjeabas á mi oído pidiéndome alguna golosina: te he visto crecer y
+desarrollarte y volverte poco á poco una real hembra que hacía la boca
+agua á toos los gachós de la villa. Y entonces comenzaron mis cuidaos,
+¿sabes?... Después pasó lo que pasó y me fuí metiendo, metiendo en<a name="page_153" id="page_153"></a> el
+querer... y hoy eres para mis ojos, criatura, la misma Virgen del
+Carmen, el principio y el fin de todas las cosas... ¿Por qué no me has
+escrito, dí? Una palabra tuya me hubiera hecho volar á tu lado y pedirte
+perdón... Pero hacer que me escribiese ese tío no te lo perdonaré
+jamás...</p>
+
+<p>Soledad alzó los hombros con ademán displicente y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Allá tú.</p>
+
+<p>Velázquez se sintió cada vez más turbado. Una tristeza profunda iba
+entrando poco á poco en su pecho. La que él imaginaba pequeña barrera
+fácil de saltar se trasformaba en alta, inaccesible muralla. Entonces
+halló en su alma palabras sumisas y fervorosas que ofreció en holocausto
+á aquella diosa irritada.</p>
+
+<p>&mdash;Desde que te has ido de mi vera no sé lo que me pasa, gachona; ni
+duermo, ni como, ni sosiego, ni un momento dejo de pensar en ti. ¡Y yo
+que me figuraba que podía vivir tan ricamente sin verte! ¡Sin duda me
+has echado algunos polvos en la comida antes de irte, gitana! Me parece
+como si hubiera vivido hasta ahora con una venda sobre los ojos sin
+saber que tenía cerca un pedazo de cielo, una palomita de oro, un talego
+de perlas que á patadas hubiera esparcido por el suelo. Y ahora que me
+ha caído la venda me bajo á recogerlas y las beso, ¿sabes?... Escucha:
+todo el mundo dice que soy orgulloso y quizá tengan razón; pero contigo
+no quiero serlo más. Si has estado en<a name="page_154" id="page_154"></a> mi casa humillada, de hoy para
+arriba no volverá á suceder, te lo juro por mi salud... Ocuparás en ella
+el sitio que mereces, serás respetada como las santas que están en los
+altares y nadie hará allí sino tu voluntad... Á mí me basta para ser
+feliz oir tu voz y sentir tus pasos menudos.</p>
+
+<p>Soledad escuchó impasible este concierto de palabras dulces y protestas
+de amor. Caminaron buen trecho en silencio. Al cabo Velázquez, con voz
+más débil, prosiguió:</p>
+
+<p>&mdash;Borra de tu memoria cuanto malo te haya hecho hasta ahora. Quiero ser
+otro hombre para ti, y si en la vida vuelvo á hacerte una perrada, mala
+puñalada me den rejoneá. No pienses más en irte á Medina, ni en que esas
+manos de cera trabajen para comer: casa tienes en Cádiz, y mientras yo
+viva tan señora serás en ella como la reina en su palacio...</p>
+
+<p>El mismo silencio obstinado por parte de su compañera.</p>
+
+<p>&mdash;Dí, ¿no quieres venirte conmigo? ¿Serás tan rencorosa como todo
+eso?&mdash;profirió ansioso y acongojado.</p>
+
+<p>Pero Soledad, en vez de responderle, se dirigió en voz alta y tono
+jocoso á sus amigas, que marchaban delante.</p>
+
+<p>&mdash;Andad más vivito, hijas, que llevamos paso de procesión. ¿Queréis
+pasar la noche al fresco?</p>
+
+<p>Cayéronsele al guapo las alas del corazón. En su vida se había sentido
+tan triste. Aún tuvo fuerzas para exclamar:<a name="page_155" id="page_155"></a></p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Soledad, olvida mis faltas. Eres muy buena y me perdonarás...
+¿Te vienes conmigo?</p>
+
+<p>La joven guardó silencio cruel y siguió caminando con igual
+tranquilidad, como si no hubiese oído.</p>
+
+<p>Velázquez perdió la esperanza de llevarla de nuevo á su casa. Sintió
+frío y se pasó la mano por la frente con abatimiento. Pero no tuvo
+aliento para continuar suplicando y caminaron algún tiempo, y llegaron
+hasta la puerta de la casa de Antonio, sin que ninguno de los dos
+despegase los labios. Antonio y su amigo se detuvieron; uniéronseles en
+seguida María-Manuela con la otra mujer: Soledad y Velázquez iban á
+hacer lo mismo, cuando éste dejó caer en los oídos de la joven, con voz
+angustiosa, estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero, Soledad! ¿de veras me vas á dejar marchar solo?... ¡Por lo que
+tú más quieras... por la memoria de tu padre, que fué mi amigo, no me
+hagas esa ofensa... no tengas tan mala sangre!... ¡Anda, hija mía, vente
+conmigo!</p>
+
+<p>Soledad volvió la cabeza sorprendida de aquella voz extraña y
+temblorosa, le miró un instante á la cara y al fin dijo gravemente:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; vamos.</p>
+
+<p>La alegría dejó suspenso al guapo por algunos minutos; pero reponiéndose
+en seguida y tornando á su habitual arrogancia, tomó la mano de la
+joven, la pasó por debajo del brazo y así enlazados se acercó al grupo
+diciendo:<a name="page_156" id="page_156"></a></p>
+
+<p>&mdash;Camarás, ustedes se van á la cama: nosotros también. Conque á la paz
+de Dios y dormir bien.</p>
+
+<p>María-Manuela prorrumpió en exclamaciones de gozo. Ya sabía ella que
+todo aquello era mojama y conversación de Puerta de Tierra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues no faltaba más que dos gachós tan serranos se juntasen y se
+apartasen como dos perros callejeros! Andad, hijos, que las piedras de
+la calle os irán echando bendiciones. Soledad, no consientas más en la
+vida que ese desaborío te regale ligas. Ya te anuncié que habíais de
+reñir...</p>
+
+<p>Los demás se mostraron igualmente alegres por la reconciliación y les
+felicitaron; pero Antonio no dejó de verter su gotita de hiel en la
+alegría de Velázquez.</p>
+
+<p>&mdash;¡Así me gustan los hombres!&mdash;exclamó dándole palmaditas en el
+hombro.&mdash;Una mujer como Soleá merece que nos echemos la fachenda á la
+espalda.</p>
+
+<p>El guapo sintió el escozor del alfilerazo, pero disimuló, esperando la
+ocasión de tomar revancha; y temiendo no fuese más adelante en sus
+bromas, se apresuró á alejarse arrastrando consigo á su querida. Los
+despidieron con algazara. Cuando ya estaban lejos, Antonio les gritó
+recordando la conclusión de los cuentos:</p>
+
+<p>&mdash;Y todo quedó en paz y gracia de Dios, y yo fuí y vine y no me dieron
+nada.</p>
+
+<p>Soledad se volvió con la faz sonriente y<a name="page_157" id="page_157"></a> replicó, aludiendo también al
+final de los cuentos:</p>
+
+<p>&mdash;Te regalaré unos zapatitos de manteca, si los quieres.</p>
+
+<p>Quedaron al fin solos. Velázquez no halló palabras, acometido á un
+tiempo mismo de turbación y gozo. Embargábale una emoción gratísima, una
+ternura suave que refrescaba su corazón y lo bañaba de deleite. Jamás
+había experimentado aquello. Mil veces había sentido el brazo de Soledad
+sobre el suyo, sin que su dulce peso le hiciese estremecer de alegría,
+sin pensar que llevaba sobre sí un tesoro. ¿Por qué era tan exquisita la
+sensación que ahora percibía? El suave calor de aquel brazo, trasmitido
+al suyo, se difundía por todo su cuerpo inundándole de felicidad.</p>
+
+<p>Al cabo su lengua se desligó para proponerle tímidamente que siguiesen
+el camino de la muralla. Soledad no puso reparo alguno, y por una de las
+bocacalles salieron al Perejil, totalmente desierto á aquellas horas.</p>
+
+<p>Era una noche tibia de las postrimerías de Febrero. La luna bañaba ya su
+punta argentada en el mar preparándose á dormir en su seno. Por la
+inmensa llanura líquida se esparcía una blanca claridad que hacía
+temblar al monstruo de júbilo. La blanca diosa, al abandonar el
+firmamento y hundirse en las olas, mostraba en silencio su faz radiante
+y serena. Las estrellas palidecían ante su majestad. Ningún ruido se
+escuchaba más que el leve batir<a name="page_158" id="page_158"></a> de las olas. De los confines del
+horizonte la noche venía desplegando su velo misterioso, que pronto iba
+á envolver en la sombra la tierra, el cielo y el mar.</p>
+
+<p>Velázquez, que nunca había fijado su atención en los esplendores de la
+naturaleza, sintió la poesía de aquella hora sublime. Un gozo, que
+brotaba del fondo del alma, poblaba de encantos cuanto abrazaban sus
+ojos, y desataba su lengua avara de palabras. Oprimiendo cada vez más el
+brazo de la joven, narrábale al oído cuanto había acaecido en su
+ausencia, la informaba de todos los pormenores de la casa, deslizando en
+el relato conceptos halagadores, frases cariñosas que daban testimonio
+de su ventura. Sentía en aquel instante irresistibles impulsos de
+adoración, de poner al descubierto su alma y explicar los sufrimientos
+que había experimentado en las últimas horas; los explicaba con el
+placer de un náufrago que, al amor del fuego, en un sillón confortable,
+cuenta los terribles peligros que ha corrido, seguro de no verse más
+expuesto á ellos.</p>
+
+<p>Soledad escuchaba serena, complacida, dejándose arrullar por aquella
+cascada de palabritas de miel que nunca habían llegado á sus oídos.
+Llevaba los ojos puestos en el cielo y sonreía de vez en cuando á los
+amorosos extremos de su amante. De repente vió correr una estrella, y
+para que no fuese mensajera de algún mal exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios te guíe! ¡Dios te guíe!<a name="page_159" id="page_159"></a></p>
+
+<p>Velázquez la miró sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo que Dios me guíe? Ya me ha guiado hacia ti, serrana, y estoy
+contento.</p>
+
+<p>&mdash;No: se lo decía á una estrella corrida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Cuentas las estrellas del cielo?&mdash;dijo el guapo.&mdash;Pues ten
+cuidado, porque tantas como cuentes te saldrán de arrugas en la cara...
+Pero no te importe, niña, que cuando eso suceda yo no podré ya con la fe
+de bautismo en papeles y tendrás que sacarme en una espuerta al sol.</p>
+
+<p>Ambos rieron representándose aquel porvenir lejano. Y charlando de esta
+suerte llegaron al fin á casa; y después que Soledad hubo echado una
+mirada investigadora por el establecimiento, subieron para reposar.</p>
+
+<p><a name="page_160" id="page_160"></a></p>
+
+<p><a name="page_161" id="page_161"></a></p>
+
+<h3><a name="X" id="X"></a>X<br /><br />
+Rebelión.</h3>
+
+<p>Velázquez se sintió al día siguiente avergonzado en presencia de su
+querida. Se levantó, no obstante, de buen humor y la prodigó muchas
+delicadas atenciones que no acostumbraba á usar: bebió y comió con
+apetito y estuvo locuacísimo todo el día. Por la noche agasajó á sus
+amigos en celebridad de la reconciliación, y éstos pudieron notar que su
+alegría era excesiva y que había depuesto aquella gravedad displicente
+que rara vez le abandonaba. En los días sucesivos se alteraron un poco
+sus hábitos. Estaba mucho menos tiempo fuera de casa: dentro no se
+escuchaban aquellos juramentos y amenazas que por el más insignificante
+descuido dejaba escapar de su boca: se levantaba tarde, se acostaba<a name="page_162" id="page_162"></a>
+temprano: jugaba largas horas al <i>rentoy</i> con los parroquianos, y en las
+disputas que el juego suele engendrar mostrábase tolerante y
+conciliador. En suma, parecía un hombre feliz en paz con el mundo y
+consigo mismo.</p>
+
+<p>Soledad también lo era, al parecer. Atenta á la dirección del
+establecimiento, grave, activa, tranquila como una diosa, recibía las
+finezas de su amante con suave sonrisa de complacencia, mirándole de vez
+en cuando con el rabillo del ojo. Escuchaba mucho, hablaba poco y
+observaba sin cesar. Las noches en que había música en la plaza de Mina,
+salía con su amante á escucharla. Por las tardes también quería éste
+sacarla á paseo, pero rara vez aceptaba. Los quehaceres la retenían.
+Deseaba aquél tomar una criada para aliviarlos; pero ella se opuso
+siempre con tenaz resolución.</p>
+
+<p>Sin embargo, el majo no podía vencer aquel sentimiento de vergüenza que
+le acometiera después de la escena de la reconciliación. Aunque ponía
+empeño en aparecer fresco y despreocupado y como si hubiese olvidado
+enteramente lo acaecido, era inútil. El recuerdo de la noche memorable
+en que por primera vez en su vida descendió á las súplicas delante de
+una mujer le asaltaba, mal de su grado. Y aunque hubiera logrado
+borrarlo de la memoria, ¿qué adelantaría? ¿Se le borraría á ella? Pues
+esto era precisamente lo que le inquietaba, lo que, á pesar de la paz y
+ventura en que vivía, le causaba sordo malestar. Creía estar viéndolo,
+al<a name="page_163" id="page_163"></a> través de sus grandes ojos negros, impreso con caracteres indelebles
+en su imaginación.</p>
+
+<p>Pero Soledad no parecía preocupada con tal recuerdo, ni mucho menos
+advertir la inquietud de su amante. Era la misma de siempre. Se mostraba
+con él cariñosa y solícita, prevenida á darle gusto en todo: de tal
+modo, que el guapo nada echaba menos de los regalos con que le tenía
+acostumbrado. No había pretexto para reñir y enfurecerse; por eso no lo
+hacía: esto, á lo menos, pensaba él, y se felicitaba de que en su casa
+hubiera tanto orden y que Soledad hubiera progresado tanto en pocos
+días. El demonio de la soberbia, no obstante, abatido y aletargado con
+el golpe de la escapatoria, comenzaba á revolverse y hacerle cosquillas
+en el alma. El resquemo de la humillación no se suavizaba, antes iba
+siendo cada días más áspero é insufrible. Menester era arrojarlo pronto,
+dar merecida satisfacción á su orgullo y recobrar la prístina grandeza y
+majestad á los ojos de todo el mundo y á los de sí mismo.</p>
+
+<p>Comenzó á mostrarse más grave y á adoptar en la conversación aquel tono
+de superioridad displicente que siempre le había caracterizado.
+Mitigábalo, no obstante, al dirigirse á Soledad, por un resto de temor,
+que al cabo también fué desapareciendo. Ésta ni se sobresaltó por el
+cambio, ni se dió siquiera por entendida. Seguía tranquilamente la
+marcha ordinaria de su vida: al hablarle lo hacía con absoluta libertad<a name="page_164" id="page_164"></a>
+de espíritu, con un aplomo que mortificaba al guapo, pues nunca hasta
+entonces creía habérselo notado.</p>
+
+<p>Al fin, una noche, hallándose todos los amigos reunidos en la tienda,
+Velázquez, que estaba de vena, se aventuró á soltar una pullita á su
+querida, de aquellas con que antes la regalaba y que no pocas veces la
+hacían derramar lágrimas en presencia de la reunión. Soledad alzó la
+cabeza vivamente y le clavó una larga mirada luciente y colérica. El
+guapo dirigió la suya hacia otro sitio, se puso un poco colorado y
+procuró distraer la atención de los amigos. Aquel aviso tácito le
+impresionó más de lo que contaba. Mas cuando hubo pasado el efecto y
+pudo recapacitar nació en su alma un sordo despecho con mezcla de
+desaliento. Ahora fué cuando entendió claramente que la situación había
+cambiado. Aquella mujer, antes esclava sumisa, se atrevía á desafiar su
+cólera; luego estaba bien convencida de que no podía vivir sin ella.
+Devoró su enojo y se guardó en adelante de dirigirle ninguna burla
+mortificante. Sólo con muchas precauciones y mirándola siempre á la cara
+se autorizaba de vez en cuando algunas bromitas tímidas y cariñosas que
+más parecían caricias.</p>
+
+<p>Pero como es difícil mantenerse siempre en un justo medio inofensivo, y
+más poseyendo el carácter fanfarrón de nuestro majo, sucedió que otra
+noche, sin darse cuenta, se le fué la lengua y soltó una impertinencia.
+Soledad esta vez<a name="page_165" id="page_165"></a> no se contentó con mirarle, sino que exclamó con
+acento amenazador:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuidado!</p>
+
+<p>Volvió á echarlo á broma Velázquez, y le dijo algunas frases cariñosas
+para desagraviarla. Ella permaneció seria.</p>
+
+<p>Cada día lo fué estando más, y cada día se mostró más silenciosa,
+afirmándose en el puesto preminente que al fin había logrado adquirir en
+la casa. Y mientras ella, á toda prisa, ganaba aplomo y libertad, con la
+misma rapidez los perdía él. Perdió aquellos modales arrogantes que
+jamás le abandonaban, su mirar altivo, su displicente sonrisa: cuando
+hablaba con ella hacía esfuerzos increíbles para ocultar su rendimiento,
+pero sin conseguirlo más que á medias. Temía ofenderla con cualquier
+frase un poco atrevida. Y, en efecto, la bella fruncía su divino
+entrecejo por la broma más inocente; iba adquiriendo una susceptibilidad
+tan delicada que casi se la hería con la vista.</p>
+
+<p>Sin embargo, hasta entonces se habían guardado las apariencias, aunque
+con trabajo. Velázquez seguía siendo la autoridad infalible é
+indiscutible de la casa; ella la mujer fiel y sometida que le servía.
+Pero tal situación no tenía fundamento alguno en la realidad. Velázquez
+lo sentía allá en el fondo de su alma: sabía que todo era comedia, que
+su poder era una sombra, que, aunque invisible, Soledad le tenía puesto
+el pie en el cuello. Esta idea hacía botar su orgullo como un corcel
+brioso á quien<a name="page_166" id="page_166"></a> le clavan las espuelas. Á fuerza de habilidad había
+logrado ocultarlo á todo el mundo, y aun pretendía con mil artificios
+ocultárselo á sí mismo, pero en vano. La triste verdad, que á su
+despecho se imponía, le roía el corazón y le quemaba la sangre. Comenzó
+á vivir en un estado de zozobra que al cabo se le hizo insoportable.
+Comprendió que era necesario salir de él á toda costa, si no quería
+fenecer de un empacho de bilis. Y determinó volverlo todo patas arriba
+con un golpe de audacia, súbito, inesperado. Espió con paciencia algunos
+días la ocasión; se mostró más afable y condescendiente que nunca, y al
+cabo, cuando aquélla se le ofreció oportuna, dió fuego á la mecha y
+disparó el tremendo cañonazo con que esperaba amedrentar al enemigo y
+alcanzar de nuevo la cumbre del poder.</p>
+
+<p>Era día de toros. Había prometido á su querida que la llevaría á la
+corrida y, al efecto, tenía comprados dos asientos de delantera de
+grada. Salió á dar una vuelta, quedando en venir á recogerla á la hora
+conveniente. Mientras tanto Soledad sacó al sol y se atavió con los
+mejores trapos que tenía, el vestido de fino merino negro, la media de
+seda calada, los zapatos de tafilete, el rico pañolón de Manila, los
+pendientes de diamantes: se rizó el pelo, lo adornó con flores al uso de
+la tierra y se sentó detrás del mostrador á esperar la hora. Sonó ésta,
+sin embargo, y trascurrieron algunos minutos después sin que el guapo
+pareciese. Pasó<a name="page_167" id="page_167"></a> media hora, pasó una, y nada. Entonces la gallarda
+tabernera, abrasada el alma de despecho, subió á su cuarto y se quitó,
+mejor dicho, se arrancó con mano trémula el vestido de gala.</p>
+
+<p>Velázquez entró en casa á la noche y se condujo con la misma soltura y
+libertad que si no hubiera hecho nada reprensible. Tan sólo dijo con
+afectada ligereza:</p>
+
+<p>&mdash;Dispensa, hija, que no haya venido á buscarte. Me encontré con un
+antiguo conocido de Jerez, y no tuve más remedio que ofrecerle tu
+asiento.</p>
+
+<p>Soledad le dirigió una torva mirada de través y guardó silencio. Al cabo
+de un momento repitió maquinalmente, como si no diese importancia á lo
+que decía:</p>
+
+<p>&mdash;Has perdido poco. El ganado regular, pero los chicos no sé por qué no
+duermen esta noche en la cárcel... ¡Qué guasa, hija! ¡qué guasa!</p>
+
+<p>La tabernera tampoco despegó los labios. Su rostro estaba sombrío,
+amenazador. Velázquez se levantó al cabo de la silla y se dirigió hacia
+ella con sonrisa petulante.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, gitana? ¿Estamos enojados por el lance? Otra corrida
+vendrá en que no tendré compromisos...</p>
+
+<p>Al mismo tiempo le tomó la barba con la punta de los dedos para
+acariciarla. Pero ella se sacudió vivamente, exclamando con voz
+alterada:<a name="page_168" id="page_168"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Quita allá, mala sangre! Debiera caérsete la cara de vergüenza, ¿y
+vienes con arrumacos?... Me tienes tan harta, ¡tan harta! que milagro
+será que sufra tus sandeces mucho tiempo...</p>
+
+<p>El guapo se irguió entonces con arrogancia y respondió fríamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Es de veras eso?</p>
+
+<p>&mdash;¡Y tan de veras!&mdash;exclamó ella mirándole con ojos de indignación.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hija mía, no te mortifiques más tiempo... Cuando las cosas no
+convienen, ya sabes el remedio.</p>
+
+<p>Soledad le miró fijamente y con sorpresa. Resistió el guapo la mirada
+sin pestañear. Hubo una corta pausa en que ambos trataron de
+escudriñarse el alma. Al cabo dijo aquélla levantándose:</p>
+
+<p>&mdash;Está bien. Lo que ha de ser, cuanto más pronto, mejor.</p>
+
+<p>Y subió á su cuarto con paso firme. Velázquez permaneció en la tienda
+inmóvil, silencioso, con la vista fija en la puerta por donde había
+salido. No tardó en presentarse de nuevo con el mantón sobre los
+hombros, y sin mirarle se dirigió resueltamente á la puerta de la calle.
+Pero el majo, con rápido ademán, se puso delante, cortándole el paso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero niña! ¿has tomado en serio la broma?&mdash;exclamó sonriendo con
+afectada alegría.&mdash;¿Tú no sabes que estamos amarraditos y sentenciados á
+cadena perpetua?<a name="page_169" id="page_169"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Quita! ¡quita!&mdash;exclamó la joven poniéndole la mano en el pecho para
+rechazarlo.&mdash;Sólo sé que me duele el alma de aguantar tus necedades y
+que no las aguanto más tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;No necesitas irte para eso, porque no volveré á decirte ni hacerte
+nada que te ofenda. Te doy mi palabra. La de esta tarde será la
+última...</p>
+
+<p>Y siguió cerrándola el paso para que no pudiera alcanzar la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que me dejes Velázquez&mdash;repitió con calma y severidad.&mdash;Nada
+adelantarás con retenerme á la fuerza.</p>
+
+<p>Entonces el majo se abatió á las súplicas, á los halagos, empleando los
+recursos de su ingenio en persuadirla. Todo fué en vano. La irritada
+joven le escuchaba inflexible y repetía con tenaz resolución:</p>
+
+<p>&mdash;Me voy, me voy: no quiero sufrir más.</p>
+
+<p>Cayó al fin el guapo de hinojos y la retuvo por el vestido, dirigiéndole
+ruegos tan vehementes y haciéndole promesas tan disparatadas que Soledad
+vaciló. Le miró todavía con ojos coléricos, le cubrió de dicterios, le
+amenazó con marcharse á la primera ofensa que le hiciera; pero,
+desahogada su cólera, consintió al cabo en quedarse.</p>
+
+<p><a name="page_170" id="page_170"></a></p>
+
+<p><a name="page_171" id="page_171"></a></p>
+
+<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI<br /><br />
+Sumisión.</h3>
+
+<p>No volvió á rebelarse. Aquel hombre de corazón altivo, tan fiero con las
+mujeres que habían tenido la desgracia de amarle, rindió al fin la
+cerviz al yugo de la última. Fué una pasión súbita, ardorosa, que le
+abrasaba las entrañas. Vivió desde entonces en dulce y á la vez
+insoportable inquietud, como si hubiese bebido un filtro mágico que le
+trastornara ó pesase al fin sobre él la venganza de la diosa del amor,
+justamente irritada por sus ofensas. Perdió el gusto de las francachelas
+en Puerta de Tierra, de la conversación, de la guitarra y las cañas y
+hasta de salir á la calle. Se hizo melancólico, taciturno, indolente: en
+sus miradas no brillaba aquella chispa de arrogancia que le<a name="page_172" id="page_172"></a> daba
+ascendiente entre los hombres; de su boca no fluían las palabras
+chistosas y libres con que sometía á las mujeres.</p>
+
+<p>Delante de Soledad se mostraba amable y rendido, sin ocuparse ya en
+disimular su vencimiento. Al contrario, parecía que sentía gozo y el
+pecho se le dilataba cuando la daba un testimonio de adoración más vivo
+que de costumbre. No se saciaba de estar á su lado, de prodigarla nuevas
+y sabrosas caricias. Recibiólas ella con gratitud y alegría primero,
+después con graciosa condescendencia y sin devolverlas sino tal vez que
+otra; por último, á medida que el guapo las menudeaba, le fueron siendo
+más indiferentes, terminando por hacérsele pesadas.</p>
+
+<p>Acostumbróse Velázquez á tomarle la mano siempre que hablaba con ella y
+á retenerla entre las suyas largos ratos, cosa que llegó á molestar á la
+bella. Suave, lentamente comenzó á desasirse siempre que podía. Él,
+achacándolo á distracción, volvía á tomarla sin darse por advertido.
+Pero estas retiradas se fueron haciendo poco á poco más francas, de tal
+modo que, desengañado al fin, le preguntó con acento triste:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué? ¿no quieres ya darme la mano?</p>
+
+<p>Ella, grave y silenciosa, volvió á entregársela. Pero tanto llegó á
+enfadarle aquella prueba de afecto, que se puso nerviosa y un día le
+dijo bruscamente:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, suéltame la mano.<a name="page_173" id="page_173"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;preguntó él tímidamente.</p>
+
+<p>&mdash;Porque me dan calor las tuyas, ¿sabes?</p>
+
+<p>Velázquez, confuso, hizo lo posible por echarlo á broma, pero se abstuvo
+en adelante de molestarla.</p>
+
+<p>Todavía era feliz, sin embargo. Porque, á medida que Soledad se hacía
+más reservada, sus raros momentos de expansión adquirían mayor
+atractivo, tenían un sabor exquisito que le resarcía de su creciente
+frialdad. Lo único que le causaba grave desazón era la amenaza de
+marcharse, que cada día más á menudo y por cualquier pretexto salía de
+su boca. Cuando esto acaecía quedaba anonadado, como si fuese la mayor
+desgracia que pudiera sobrevenirle, y se apresuraba á conjurarla por los
+medios que estaban á su alcance. Para tenerla contenta apelaba al
+recurso de los regalitos; apenas se pasaba un día que no viniese de la
+calle con alguno: un alfiler imperdible, una peineta, un frasco de
+perfume. Lo que más papel representaba eran las <i>yemas de San Leandro</i>,
+aquellas famosas yemas que tanto agradaban á la tabernera y con las
+cuales antes no cesaba de burlarla. Pues ahora fueron tantas las que le
+trajo que consiguió empalagarla y que las aborreciese.</p>
+
+<p>De tal modo llegó á impresionarle la amenaza, no obstante, que pronto le
+hizo vivir en un estado de agitación y anhelo insoportable. Entonces,
+para arrancarse del corazón esta espina, pensó seriamente en casarse con
+Soledad. Una<a name="page_174" id="page_174"></a> vez dueño de ella por la ley, se imaginaba que volvería á
+adquirir el perdido predominio y gozaría sin zozobra la dicha de
+poseerla. No se le pasaba por la tela del juicio volver á tratarla del
+modo cruel y desdeñoso que antes: la amaba ya demasiado para que esto
+pudiera repetirse. Lo único que ambicionaba era estrechar el lazo que
+los unía, hacerlo indisoluble y vivir en calma.</p>
+
+<p>Acarició por varios días la idea, gozando de antemano con el efecto que
+iba á causar en Soledad. Sin duda lo que le hacía falta á ésta era
+adquirir la dignidad de esposa. Su situación humillante era lo que la
+tenía constantemente seria, malhumorada. En cuanto se viese colocada en
+la jerarquía á que era merecedora, no temiendo ya ser herida en su
+orgullo, perdería aquel humor melancólico é irascible que desde algún
+tiempo la venía dominando. Y en cuanto se ofreció una ocasión para
+hablar de ello, se lo propuso abiertamente en términos halagüeños y con
+alegre semblante. Contra lo que esperaba, el de Soledad no se dilató al
+oir la noticia. Estaba lavando vasos y esto siguió haciendo sin levantar
+la cabeza ni dignarse responder una palabra. Velázquez aguardó en vano
+alguna señal de aquiescencia: como no llegaba, trató de provocarla
+hablando con animación de su proyecto, pintando un cuadro lisonjero de
+su dicha futura. Pero la tabernera permaneció impasible y grave, como si
+nada de lo que estaba escuchando fuese con ella.<a name="page_175" id="page_175"></a> Calló al fin el majo
+y, sin atreverse á exigir respuesta, se alzó de la silla donde estaba, y
+salió de la estancia no poco triste y desengañado.</p>
+
+<p>Así anduvo varios días; pero la esperanza, que tarde ó nunca nos
+abandona, le hizo pensar al fin que lo que había hecho callar á Soledad
+fué la sorpresa en parte y en parte también el temor de ser burlada como
+otras veces. Era absolutamente incomprensible que no prefiriese ser su
+esposa á vivir con él sin decoro. Por esto se determinó á provocar una
+explicación que concluyese con sus dudas.</p>
+
+<p>Viéndola un día más expansiva y serena que de ordinario, como hablasen
+de Paca la de la Parra y su marido, celebrando lo bien avenidos que
+vivían á pesar de la oposición de sus caracteres, Velázquez le tomó de
+pronto una mano y le dijo cariñosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Tú y yo viviremos al fin tan felices como ellos... Dí, flamenca,
+¿cuándo quieres que nos casemos?</p>
+
+<p>El rostro de la joven se oscureció repentinamente y, retirando su mano,
+profirió con acento desdeñoso y colérico á la vez:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, déjame de casorios... Como he vivido hasta ahora seguiré
+viviendo... sin honra, pero libre... muy libre, ¿sabes?</p>
+
+<p>Velázquez quedó confuso, anonadado. Conociendo el temple de su querida,
+se abstuvo de insistir. Pero, disipada aquella última esperanza,<a name="page_176" id="page_176"></a> pensó
+con tristeza que los lazos que á ella le unían no podían ser más
+frágiles y que el mejor día caerían al suelo rotos.</p>
+
+<p>Los amigos, de un modo inconsciente, contribuían á llevar el desconsuelo
+á su corazón. Paca no abandonaba la idea de legalizar la situación de
+los amantes: las atenciones extrañas que ahora observaba en Velázquez la
+animaban á persistir, juzgándolo ya maduro para el caso; los compadres
+de la reunión, solicitados por ella, le prestaban ayuda. Así que,
+comenzaba á tocarse más á menudo que antes el punto del matrimonio en la
+conversación. El efecto que esto causaba en el guapo era cruel. Quedaba
+repentinamente sombrío, paralizado, y no pocas veces se le habían subido
+los colores á la cara, lo mismo exactamente que le pasaba á Soledad en
+otro tiempo. Ésta permanecía tranquila, sin ningún vano alarde que
+dejase traslucir que el platillo de la balanza había subido para ella y
+bajado para su querido; al contrario, hacía lo posible por distraer la
+conversación y sacarle del aprieto.</p>
+
+<p>Pero aunque Velázquez se esforzase en ocultarlo y Soledad nada hiciese
+para ponerlo de manifiesto, el cambio operado en sus relaciones no era
+ya un secreto para nadie. Los amigos murmuraban, se hacían guiños cuando
+observaban algún signo de sumisión, se comunicaban sonriendo los
+descubrimientos que iban haciendo. Y no sólo los amigos, sino todas las
+comadres del barrio que frecuentaban la tienda<a name="page_177" id="page_177"></a> llegaron pronto á
+sospechar lo que ocurría. Desde entonces cien ojos de zahorí los
+espiaron incesantemente: muy pronto se supo con todos los pormenores la
+caída del guapo y el estado de abatimiento á que su pasión le había
+reducido. Las comadres celebraron con alborozo el triunfo de Soledad, no
+sólo por ser de justicia, sino también por espíritu de cuerpo. Era la
+apoteosis merecida del elemento femenino. Y la celebraban y la
+festejaban con toda especie de palabrillas, homenajes y sonrisas
+picarescas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Al fin llegó tu hora, querida!... Así debe ser: la mujer siempre muy
+alta... ¿Qué se creen esos tíos? ¿Que porque somos buenas y callamos la
+mitad de las veces por evitar disgustos se nos ha de tratar como trapos
+sucios?... ¡Que se limpien!... Ya que le tienes bajo el pie, aprieta,
+hija, no temas; cuantos más sofocones le des más suavecito lo tendrás...
+Esos malditos hombres son así...</p>
+
+<p>Soledad no se mostraba ni alegre ni lisonjeada por esta charla
+arrulladora. Guardaba silencio, según su costumbre. Cuando le parecía
+que se dilataba demasiado ó se excedían en ella, la cortaba bruscamente.</p>
+
+<p>Sin embargo, las comadres no podían explicarse aquella súbita mutación
+de un modo natural. Para ellas fué indiscutible pronto que Soledad había
+apelado á las artes mágicas para lograrla. Y aun alguna se atrevió á
+insinuárselo sonriendo maliciosamente.<a name="page_178" id="page_178"></a></p>
+
+<p>&mdash;Vamos, querida, confiesa que le has dado jicarazo...</p>
+
+<p>Pero la tabernera se había puesto tan encrespada al oirlo, que no se
+tocó más el asunto en su presencia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué jícaras ni qué cuernos! ¿Soy yo quizá una bruja como usted?
+Todavía no he llegado á necesitar polvos para atraer á los hombres...
+¿sabe usted?</p>
+
+<p>Á espaldas suyas, no obstante, todas seguían sosteniendo que hubo
+maleficio. La que menos afirmaba que Soledad llevaba constantemente
+sobre el pecho una bolsita con pedacitos de oro, plata y coral, algunos
+granos de trigo y una piedra imán con raspaduras de acero.</p>
+
+<p>Entre tanto Velázquez seguía exagerando sus rendimientos, no tanto para
+suavizar la aspereza de su querida, como por el íntimo placer que esto
+le causaba. El placer de antes dominándola, martirizándola, era menos
+que nada comparado con el que ahora sentía satisfaciendo sus caprichos,
+uncido, prosternado á sus pies. Y á pesar de su inveterada
+fanfarronería, cada día le iba importando menos que los amigos se
+enterasen de su humillación. Alguna vez, observando ya señales
+vergonzosas de ella, los más autorizados, como el señor Rafael y Pepe de
+Chiclana, le hicieron prudentes advertencias. «No era ése el camino para
+ser feliz. Bueno que á las mujeres se las lleve con mano suave: está en
+el orden de Dios, y para eso somos cristianos y no cafres; pero eso de
+dejar las<a name="page_179" id="page_179"></a> riendas sueltas ningún hombre debe hacerlo en su vida, porque
+hasta los animales corren peligro de desbocarse, cuanto que más la
+mujer...» Velázquez los oía y se callaba, no atreviéndose á
+contradecirlos y no osando tampoco confesarles el miserable estado á que
+su pasión le había conducido. Llegó un día, sin embargo, en que todos
+pudieron cerciorarse y verlo claramente.</p>
+
+<p>Se hallaban reunidos, como de costumbre, en uno de los cuartos de la
+tienda. Se había bebido y charlado en demasía. Velázquez estaba de
+alegrísimo humor, quizá porque su querida no lo tenía tan melancólico
+como otras veces y se había avenido á bailar unas seguidillas con
+Frasquito, cosa que hacía mucho tiempo no se había podido recabar de
+ella. En la corriente de la conversación se habló de fruta, y el majo
+manifestó que había recibido aquel mismo día de Medina unos albérchigos
+magníficos.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos á probarlos&mdash;concluyó diciendo&mdash;y nos refrescaremos la boca... A
+ver, Solita, hija, haz el favor de subir y traérnoslos.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo gana&mdash;respondió secamente ésta.</p>
+
+<p>Velázquez quedó suspenso y acortado.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, querida&mdash;manifestó tímidamente,&mdash;es cuestión de un instante...
+Los tienes á la puerta misma del comedor, en un cesto...</p>
+
+<p>&mdash;Es que no tengo ganas de subir escaleras ahora. Vé tú por ellos si
+quieres&mdash;respondió con más sequedad aún.</p>
+
+<p>Entonces Velázquez, reparando que los amigos se habían callado y
+observaban con asombro<a name="page_180" id="page_180"></a> la escena, tuvo la debilidad de insistir.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija, no seas así. Estos señores están aguardando, y por subir
+cuatro escalones no te vas á morir.</p>
+
+<p>Los ojos aterciopelados de la tabernera brillaron con cólera y, dando á
+sus palabras acento despreciativo, profirió:</p>
+
+<p>&mdash;Te he dicho ya dos veces que no me da la gana. ¿No te has enterado
+aún? Si lo quieres por escrito, trae pluma y papel y te entregaré en
+seguida el documento.</p>
+
+<p>Velázquez se puso rojo de vergüenza. Quiso responder, pero la palabra
+expiró en sus labios. Reinó silencio embarazoso en la tertulia,
+echándose bien de ver la triste impresión que en todos había causado la
+breve pero significativa reyerta. Cuando, á los pocos instantes, llamada
+por Joselito, salió Soledad del aposento, el señor Rafael, Pepe,
+Frasquito y hasta la misma Paca y María-Manuela cayeron sobre él,
+afeándole su conducta. «¡Aquello era un escándalo! ¡una vergüenza! ¿Cómo
+toleraba semejante insolencia? Ningún hombre que tuviese dignidad se
+dejaba sopapear de una mujer. Si ahora sufría aquel insulto, ¡Dios sabe
+adónde llegarían los vuelos de la niña!»</p>
+
+<p>El majo los escuchaba, pintada la angustia en su semblante. Al fin
+exclamó con desesperación, mesándose los cabellos:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tenéis razón! Soy un calzonazos, un sinvergüenza. Pero no puedo...
+¡no puedo! ¡Esa mujer me ha cogido la acción!<a name="page_181" id="page_181"></a></p>
+
+<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII<br /><br />
+La maga.</h3>
+
+<p>Como si hubiese tenido una venda sobre los ojos y repentinamente se le
+hubiese caído, todas las cualidades de Soledad se le aparecieron con
+maravilloso relieve. Unas veces alababa su cuerpo garrido, otras su
+destreza en el baile; ahora se fijaba en sus pies torneados, después en
+su cabellera de ébano. Y con sus partes morales acaecía otro tanto. No
+había en todo Cádiz mujer más hacendosa y limpia y discreta ni más amiga
+de la verdad, y se empeñaba en que todos admirasen, como él, sus
+palabras graves y medidas, su gesto severo y hasta las más leves
+inflexiones de la voz.</p>
+
+<p>Un día María-Manuela le llamó aparte estando de reunión en la tienda y
+le dijo en voz baja:<a name="page_182" id="page_182"></a></p>
+
+<p>&mdash;Mira, Velázquez, te veo ya demasiado chalao. Cuando la tortilla dió
+vuelta confieso, hijo, que me alegré y le puse un cirio á San Rafael
+bendito, porque tú eres un gitano falso, traidor, sin vergüenza, y me
+tenías á la pobrecilla fatigaita, y porque, sin razón, delante de los
+amigos, la corrías como una mona. ¡Ajá! San Rafael tuvo lástima de ella
+y te dió lo que merecías. Ya sabes lo que son <i>ducas</i>. En la cara las
+llevas señalás. Estás paliito y ojeroso como un chavaliyo de quince
+años. Me da lástima de ti y no quiero que te ahoguen las fatigas. Si
+deseas que Soleá te quiera como antes y se case contigo pásate mañana
+por mi casa y te daré el remedio... ¡Pero cuidao que digas ná al
+lechonaso de Antonio!... Ve á la hora en que está en la oficina... Ya
+sabes, después de las diez.</p>
+
+<p>El guapo se había reído toda la vida de la ciencia mágica de la querida
+de su amigo: fueron infinitas las bromas que había gastado con ella por
+tal motivo. Pero ahora, á semejanza de los que maldicen de los médicos y
+se apresuran á llamarlos en cuanto les duele algo, aceptó el
+ofrecimiento con alegría y prometió no faltar á la cita.</p>
+
+<p>Y, en efecto, al día siguiente, entre diez y media y once, salió de su
+casa y se fué por la orilla del mar á la de Antonio. Después de
+cerciorarse que éste había salido, subió por la estrecha y sucia
+escalera á las alturas en que habitaba. Y llamó á la puerta pálido y
+jadeante<a name="page_183" id="page_183"></a> tanto por el esfuerzo como por la emoción. María-Manuela abrió
+instantáneamente y le llevó por la mano, sin decirle palabra, hasta una
+salita donde había un sofá y cuatro sillas de paja, una consola con sus
+correspondientes caracoles de mar encima, espejo resguardado de las
+moscas por una gasa, algunos cuadros en litografía representando la
+historia de Hernán Cortés y D.ª Marina y en el centro una mesilla
+cubierta con tapete de hule. Le hizo sentar en el sofá y comenzó á
+hablarle con voz baja y grave ademán autoritario que contrastaba con su
+habitual desenfado:</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro que hayas dado este paso. Dentro de un momentito sabrás tu
+suerte, y, sea mala ó buena, debes quedar tranquilo, porque contra lo
+que allá arriba está ordenado no hay más que bajar la cabeza. Pero yo
+espero que saldrás de aquí satisfecho y llevarás medicina con que te
+cures pronto y logres tus deseos... Díme antes de empezar qué es lo que
+te pasa.</p>
+
+<p>Velázquez la miró con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; es menester que me cuentes toíto lo que sientes, que yo sepa una
+por una tus ducas desde que han comenzao... Se me ha metió en la cabeza,
+hijo, que te han dado <i>bebía</i>, y si es así, hay que deshacerla con
+alguna oración, ó de otro modo que ya te iré explicando.</p>
+
+<p>Velázquez, sonriendo, le dió cuenta del cambio que había sentido hacía
+tres meses: cómo su<a name="page_184" id="page_184"></a> indiferencia hacia su querida se había trocado
+repentinamente en amor ardiente, cómo desde entonces vivía en constante
+zozobra pendiente de sus menores gestos, con qué frenesí la adoraba y
+qué mal pagaba ella esta adoración. Narró los más insignificantes
+pormenores de su vida con Soledad desde hacía algún tiempo,
+complaciéndose en enumerar los desaires que de ella recibía y en pintar
+los humillantes testimonios de idolatría que él la prodigaba sin lograr
+suavizarla. Cuanto más amoroso y humilde se mostraba, más se embravecía
+ella y peor le trataba. Comenzó riendo y terminó llorando como una
+criatura.</p>
+
+<p>María-Manuela le puso su mano protectora sobre el hombro.</p>
+
+<p>&mdash;No te apures, querido, que todo se arreglará. ¿Lo has desembuchao too?</p>
+
+<p>&mdash;Todo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, entonces no me cabe duda que te ha dao una bebía compuesta ó
+bien has olío una rosa hechizá... Bien pudiera suceder también&mdash;añadió
+cayendo en una meditación profunda&mdash;que te hubiera pasao la piedra imán
+por la espalda; pero esto me parece poco para tanto maleficio... Ó bien
+que haya hecho el muñeco... Mira, hijo, procura abrir el cofre ó el
+armario donde guarda la ropa y regístrala bien, y si encuentras un
+muñeco que tenga clavados unos alfileritos sobre el corazón, deshazlo
+prontito; hallarás un hueso dentro, sácalo y corre al cementerio y
+entiérralo.<a name="page_185" id="page_185"></a></p>
+
+<p>Velázquez se lo prometió, y ella, cada vez más inflada y poseída de su
+papel maravilloso, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Antes de pasar adelante, es menester que consultemos las cartas. Según
+lo que te anuncien, así tendré yo que aconsejarte lo que debes hacer. Te
+confías en mí, ¿verdá tú?... Para que las cartas digan la verdad hay que
+creer en ellas y obedecer cuanto yo te mande. ¿Lo prometes?</p>
+
+<p>Velázquez, aunque fingiese despreocupación y se riese de agüeros,
+guardaba, como buen andaluz, un fondo supersticioso. Trastornado ahora
+por su pasión además, juró de buena fe que creía en la virtud de las
+cartas y los ensalmos, y se manifestó dispuesto á seguir ciegamente
+cuanto María-Manuela le ordenase. Esta, desvanecida por su humildad, le
+obligó á declarar que se arrepentía de cuantas guasas había gastado
+respecto á los oráculos y que sólo de ella esperaba su salvación.</p>
+
+<p>Hecho esto, fué á su cofre y sacó dos velas de cera verdes y un mantón
+negro, con el cual tapó la mesa. Cerró luego la ventana y encendió las
+velas. Abrió el cajón de la consola y sacó una baraja.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí dentro está tu suerte&mdash;dijo en voz baja y misteriosa colocándola
+sobre la mesa.</p>
+
+<p>Velázquez se sintió impresionado. La maga le hizo sentarse, quedando
+ella en pie. Dió algunas vueltas en torno murmurando palabras de
+conjuro, y al cabo, deteniéndose y pasándose<a name="page_186" id="page_186"></a> las manos por la cara, con
+aparato solemne tomó la baraja nuevamente, la barajó largo rato en
+silencio y la entregó á Velázquez para que la cortase con la mano
+izquierda. La puso otra vez encima de la mesa é, inclinándose hacia
+aquél, le dijo al oído:</p>
+
+<p>&mdash;Da encima tres golpecitos y llámala.</p>
+
+<p>El guapo abrió los ojos sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Á quién?</p>
+
+<p>&mdash;¿Á quién ha de ser, desaborío? Á ella, á la mujer por quien penas.</p>
+
+<p>Obedeció, dando con los nudillos sobre la baraja y diciendo al mismo
+tiempo con voz apagada y temblorosa: «¡Soledad!»</p>
+
+<p>&mdash;Está bien&mdash;dijo la maga tomando la baraja y formando con ella varios
+montoncitos.</p>
+
+<p>Contó de derecha á izquierda, y del quinto montón sacó una carta que
+dejó separada. Barajó después, hizo que Velázquez cortase y llamase de
+nuevo á su querida, y volvió á hacer montoncitos y á sacar del quinto
+otra carta, repitiendo la operación hasta siete veces.</p>
+
+<p>La emoción del guapo crecía. Aquel aparato mágico iba influyendo poco á
+poco en su imaginación y disponiéndole á creer en la cabalística
+revelación que se preparaba. Pero aún más contribuía á turbarle la
+repetición solemne del nombre de su querida, hecha en voz baja, como una
+evocación misteriosa y dulce. Así que cuando la maga le dijo con
+afectada majestad: «En esas siete cartas está escrito tu porvenir»
+sintió un escalofrío y quedó inmóvil y pálido.<a name="page_187" id="page_187"></a></p>
+
+<p>María-Manuela volvió las siete cartas, colocándolas en fila, siempre de
+derecha á izquierda. Las examinó largo rato con atención. Después,
+pasándose la mano por la cara repetidas veces, respirando con agitación
+como si se sintiese inspirada y hablando en voz de falsete para mayor
+solemnidad y misterio, comenzó á decir:</p>
+
+<p>&mdash;Este cuatro de copas que aquí ves primeramente no es para ti de buen
+agüero: significa que vas á regañar con tu amante, que será fuerte el
+enojo, y este rey de oros que le sigue dice que será á causa de un
+hombre moreno. El dos de espadas al revés, que viene luego, te anuncia
+que debes librarte de amigos falsos y traidores; que te levantarán un
+testimonio y te costará mucho trabajo poner en claro tu inocencia. El
+siete de oros al revés dice que has de pasar muchas desazones que te
+harán perder el sentío; pero si logras tener calma y no haces un
+disparate, el siete de espadas que está á su lado te anuncia esperanza:
+harás las paces con Soleá y disfrutarás de tranquilidad... No durará
+mucho la paz, porque este as de bastos dice que pronto tropezarás y
+caerás otra vez. Volverán los disgustos, los enojos, os pelearéis con
+más fuerza aún que antes; pero este rey de copas, que es la última
+carta, está diciendo que al cabo todo se arreglará con la bendición del
+cura, que os casaréis y seréis muy felices... ¿Quieres saber más,
+empachoso, traidor?&mdash;añadió volviendo hacia el guapo su faz radiante de
+satisfacción y suficiencia.<a name="page_188" id="page_188"></a></p>
+
+<p>Velázquez, que tenía el pecho oprimido, lo desahogó con un largo suspiro
+que hizo sonreir á la maga; pero su rostro se frunció de nuevo al oirle
+decir:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y todo eso será como lo cuentas?</p>
+
+<p>&mdash;¡Gachó! ¡las cartas no mienten! Cuanto has oído te sucederá. Lo que
+importa ahora es deshacer el maleficio de la <i>bebía compuesta</i>, si es
+que la has bebío, ó de la <i>rosa hechizá</i>, si la has olío...
+Primeramente, un día de éstos que salga Soleá á la calle, tomarás un
+puchero y echarás en él aceite y sal y tres clavitos de hierro atados
+por la cabeza. Lo verterás todo cuando ella vaya á llegar á la puerta de
+casa. Si pisa los clavos no tardarás en hallarla vuelta como una media:
+te seguirá á todas partes y no verá ya sino por tus ojos... Si entrase
+sin pisar los clavos, entonces hace falta que digas á las doce de la
+noche una oración que voy á enseñarte...</p>
+
+<p>Y se puso á repetirle gravemente algunas palabras de ensalmo en que se
+conjuraba á una cierta Elena, hija de rey, que escarbando la tierra del
+monte Olivete se había hallado los tres clavos de Nuestro Señor, para
+que clavase uno de ellos en el corazón de Soledad.</p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="poesia">
+<tr><td align="left"><i>Para que no pueda vivir,</i></td></tr>
+<tr><td align="left"><i>ni sosegar,</i></td></tr>
+<tr><td align="left"><i>ni en silla sentar,</i></td></tr>
+<tr><td align="left"><i>ni en cama acostar,</i></td></tr>
+<tr><td align="left"><i>sino que muriendo de pena</i></td></tr>
+<tr><td align="left"><i>me venga á buscar.</i></td></tr>
+</table>
+
+<p><a name="page_189" id="page_189"></a></p>
+
+<p>Velázquez, aunque con menos fe que en las cartas, aprendió la oración.</p>
+
+<p>&mdash;La dirás al sonar la primera campanada de las doce, en camisa y
+descalzo. Luego te meterás en la cama y escucharás con atención. Si oyes
+un burro rebuznar ó ladrar á un perro es de mal agüero; pero si oyes el
+ruido de una puerta ó el canto de un gallo, entonces, ¡alégrate,
+corazón! tus <i>ducas</i> se acabaron. Soledad se hará mansa como una gatita
+mimosa y te querrá como á las niñas de sus ojos...</p>
+
+<p>El majo, que los recordó en aquel momento ¡tan negros, tan brillantes!
+sintió un estremecimiento de dicha y en un rapto de entusiasmo abrazó á
+la maga y quiso darle uno de los anillos que llevaba en los dedos; pero
+no aceptó el regalo; estaba contenta con descubrirle su buenaventura.</p>
+
+<p>&mdash;No tomaré ningún regalo hasta el día en que os caséis, ¿sabes, niño?</p>
+
+<p>Luego, llena de magnanimidad, se dignó darle algunos preciosos consejos
+para que su horóscopo feliz no se retrasase.</p>
+
+<p>&mdash;No regales ligas á Soleá si quieres casarte con ella, ni tampoco
+tijeras... Evita las miradas de los tuertos... No des vueltas en la mesa
+al cuchillo, como sueles hacer, que tiene mala pata, ya te lo he
+dicho... Haz lo posible por no pisar carbón...</p>
+
+<p>Su rostro oscuro, expresivo, se dilataba con majestuosa expresión
+profética.</p>
+
+<p>Velázquez salió de aquella casa feliz como un<a name="page_190" id="page_190"></a> desahuciado á quien
+prometen la vida. Y á paso corto de transeunte curioso y satisfecho
+emprendió el camino de su casa al través de las calles buscando la
+sombra. El verano se presentaba duro y fogoso, y aunque la singular
+posición de Cádiz, flotando como un buque anclado en la mar, templaba
+sus rigores gracias á la brisa que lo baña, todavía al atravesar algún
+espacio abierto el ardiente latigazo del sol obligaba á apresurar el
+paso.</p>
+
+<p>En la calle Ancha encontró algunos amigos y estuvo con ellos jovial y
+locuaz como pocas veces se le había visto. Al despedirse de ellos
+tropezó con Mercedes la <i>Cardenala</i>, á quien no había vuelto á hablar
+desde la memorable noche en que Soledad fué á buscarle á su casa. Como
+el buen humor le retozaba en el cuerpo, se aventuró á detenerla,
+saludándola con afectuosa expansión. La muchacha, sorprendida de aquel
+arranque, estuvo fría, circunspecta y no dejó de mortificarle con
+algunas palabritas amargas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te han dado suelta hoy?... ¿Hasta qué hora tienes permiso?... Dicen
+que ya no echas roncas como antes, que estás convertido en un palomo
+buchón...</p>
+
+<p>Pero el majo no se dió por ofendido; procuró echarlo á risa, le dijo
+algunas galanterías y se despidió al cabo de ella, diciendo para sí con
+alegría:</p>
+
+<p>&mdash;¡Lástima de niña! ¡Qué salada es! Si yo tuviese dos corazones, le
+daría uno.<a name="page_191" id="page_191"></a></p>
+
+<p>Justamente al acercarse á su casa vió salir de ella, bajando los
+escalones, á Miguel, el hermano de Soledad. En cuanto el chico le
+divisó, dióse á correr desesperadamente en dirección de la plaza de
+toros. Velázquez lo siguió también á la carrera, logrando estrechar la
+distancia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quieto, Miguel!</p>
+
+<p>El muchacho, sin hacer caso, presa de un terror pánico, redobló sus
+esfuerzos, tratando de perderse en las callejuelas próximas á la
+catedral. Pero Velázquez, más ágil, no tardó en darle alcance,
+poniéndole una mano sobre el hombro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, hijo, por qué corres tanto?</p>
+
+<p>El chico retrocedió asustado, arrojándose contra la pared de una casa.</p>
+
+<p>&mdash;¡No me pegue usted, señor Pedro, que yo no he tenido culpa! Fué ella
+quien me mandó á llamar.</p>
+
+<p>El guapo sonrió y repuso cariñosamente:</p>
+
+<p>&mdash;No temas, querido, ninguna gana tengo de pegarte... Al contrario,
+deseaba verte y charlar contigo un rato...</p>
+
+<p>Pero Miguel, juzgando aquello un sarcasmo precursor de los golpes, se
+oprimía aún más contra la pared, dirigiendo una mirada ansiosa á los
+lados para ver por dónde podría escapar mejor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Te digo que no, hijo!... ¡Que no vengo á pegarte!... Quiero que
+seamos amigos y no se hable más de lo pasado.<a name="page_192" id="page_192"></a></p>
+
+<p>Á duras penas logró tranquilizarlo. Tanto que, habiéndole invitado á
+entrar en una taberna inmediata á tomar unas cañas, el chico se negó á
+poner el pie dentro, temiendo una asechanza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué escamón estás, hijo!&mdash;exclamó el guapo riendo.&mdash;Mira, si tienes
+miedo, llévame adonde tú quieras con tal que haya vino.</p>
+
+<p>Confiado en estas palabras, Miguel le condujo á un tabernucho cerca de
+los muelles, guarida cómoda de otros pícaros como él, donde solía comer
+y beber cuando tenía dinero, y no pocas veces también dormir. Mientras
+caminaban emparejados, Velázquez le preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Has estado mucho rato en casa?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor; un momento nada más... y eso porque Soleá me había pasado
+dos recaos, uno hace quince días y el otro ayer mismo, por un amigo que
+la vió en la tienda de la Parra...</p>
+
+<p>Se disculpaba todavía con empeño, sin convencerse de que Velázquez no
+estuviese enfadado.</p>
+
+<p>&mdash;No importa que entres y salgas en mi casa cuando bien te venga... Te
+lo he preguntao por hablar algo.</p>
+
+<p>Llegaron á la tienda y Miguel se introdujo en ella con la familiaridad
+de parroquiano, acomodándose en un rincón y batiendo las palmas para
+pedir vino. Velázquez se sentó frente á él, despojóse del sombrero y le
+miró sonriente y un poco acortado. Después se informó alegremente de su
+vida y le agasajó, procurando inspirarle confianza.<a name="page_193" id="page_193"></a></p>
+
+<p>&mdash;Miguelillo, eres una bala perdida; has dado muchos disgustos á tu
+familia, pero siempre he pensado que tienes buena entraña: así lo he
+dicho á tu hermana cuando ha venido al caso. Lo que te está haciendo
+falta es alguien que te abra los ojos. Se puede un hombre divertir,
+correr guasas y gozar del mundo sin meter la pata, ¿sabes? ¿Qué gracia
+tiene correr hoy una juerga y mañana que le corran á uno en pelo los
+guardias? Es menester que dejes á esos andrajosos con quien andas, que
+no pueden darte más que desazones. Reúnete con hombres regulares que
+tengan un duro en el bolsillo y sepan gastarlo con los amigos...</p>
+
+<p>El chiquillo estaba encantado. Habiendo perdido todo temor, le confesó
+que le dolía el alma ya de tanta fatiga, de no comer, de no dormir con
+sosiego, de ser machucado por todo el mundo... «¡Si yo le contase las
+crujías que he pasado!»</p>
+
+<p>Al compás de las cañas la conversación se fué animando, estableciéndose
+pronto entre ambos una cariñosa familiaridad. Velázquez, lleno de
+condescendencia, le prometía no abandonarlo, hacerle un hombre. Al fin
+concluyó haciéndole un elogio caluroso de su hermana. En media hora no
+se detuvo. Todo lo ensalzaba, todo lo hallaba admirable, los cabellos de
+ébano y la franqueza y lealtad del carácter, su corazón tierno y sus
+pies diminutos.</p>
+
+<p>&mdash;Cada día estoy más satisfecho de tenerla en mi casa&mdash;manifestó al cabo
+con su antigua<a name="page_194" id="page_194"></a> superioridad.&mdash;Y si continúa portándose tan bien como
+hasta aquí, es casi seguro que al fin me casaré con ella...</p>
+
+<p>Avergonzado de su baladronada, pronunció las últimas palabras rápida y
+confusamente. Luego tosió y se limpió repetidas veces la boca con el
+pañuelo y añadió en voz baja, no sin que le subiese un poco de calor á
+la cara:</p>
+
+<p>&mdash;Si por casualidad hablases con ella de mí, espero que te portarás como
+amigo... Porque, ya sabes... es inocente y propensa á los engreimientos
+y se cree todas las paparruchas que le cuentan... Y como no faltan
+malintencionados... ¿tú entiendes?... No te digo más... Eres un hombre y
+conoces el mundo... Me prestarás un favor grande, Miguelillo, si la
+convences de que nadie puede hacerla más feliz que yo... Que no haga
+caso de comadres ni de jaleadores que sólo buscan modo de que regañemos
+para pescar á río revuelto... Bien sabes que nunca he sido tacaño para
+ella. Á Dios gracias, me sobra dinero para llevarla vestida como la hija
+del mayor caballero... Si no va mejor es porque no quiere... Siendo
+buena para mí, tu hermana será una princesa, querido, y tú nada perderás
+tampoco...</p>
+
+<p>El chico no comprendía bien, pero le hacían feliz las confidencias de un
+hombre á quien estaba acostumbrado á admirar y temer. Prometió todo lo
+que el otro quiso, bebió un número prodigioso de cañas y declaró
+terminantemente que su hermana sería una sinvergüenza<a name="page_195" id="page_195"></a> si algún día
+olvidase lo que le debía. Velázquez, por su parte, se había puesto
+también de excelente humor.</p>
+
+<p>&mdash;Atiende, Miguelillo, no quiero que andes ya más á salto de mata. Te
+vas á mi casa, ¿entiendes? Allí tienes cama y mesa y todo lo que te haga
+falta... Supongo que Soledad no se opondrá á que vivas con
+nosotros&mdash;añadió bajando la voz y pronunciando con respeto el nombre de
+su querida.</p>
+
+<p>&mdash;Miguel, que no estaba al tanto de ciertas interioridades, tomó
+aquellas palabras á burla y alzó los hombros riendo.</p>
+
+<p>Al cabo de un rato, Velázquez llamó al <i>chicuco</i> para pagar. Cuando lo
+hubo efectuado, miró al gandul con sonrisa maliciosa y le preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿No te ha dado hoy ningún dinero Soledad?</p>
+
+<p>Miguel negó rotundamente poniéndose colorado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, Miguelillo, confiesa!</p>
+
+<p>&mdash;¡Que no, señor Pedro! No ha hecho más que darme de comer y este
+pañuelo de seda que usted ve&mdash;repuso sacando uno del bolsillo.</p>
+
+<p>Pero Velázquez insistía bromeando. Por último declaró que le había dado
+tres pesetas. El majo soltó una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;Y tú le habrás dicho: ¡Adiós, rumbosa! ¿verdá tú?... Las mujeres todas
+son lo mismo.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo echó mano generosamente á la cartera y le dió un billete
+de diez duros.</p>
+
+<p><a name="page_196" id="page_196"></a></p>
+
+<p><a name="page_197" id="page_197"></a></p>
+
+<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII<br /><br />
+Antoñico.</h3>
+
+<p>Razón tenía para poner reparos al ofrecimiento de su casa. Por más que
+hizo, nunca se pudo lograr de Soledad que admitiese en ella á su
+hermano. Insistía la joven en que Miguel volviese á Medina para hacer
+compañía á su madre, ya que en Cádiz llevaba una vida de perdido y se
+estaba corrompiendo cada día más. El chico se negó resueltamente á
+obedecerla, con lo cual quedaron las cosas en tal estado, salvo que
+Velázquez proveía ahora á sus necesidades y no pocas veces también á sus
+vicios.</p>
+
+<p>Cayó al fin sobre éste un cuidado más grave que los anteriores y mucho
+más riguroso. Hasta entonces los desdenes de Soledad y las humillaciones
+que le hacía experimentar podían<a name="page_198" id="page_198"></a> achacarse á su carácter altanero y
+quizá al deseo de vengarse de las que él le había infligido. Esto las
+hacía más llevaderas; parecían un castigo justo. Á veces él mismo,
+acometido de anhelos de adoración, las provocaba, hallando en ellas
+dulzura exquisita, como los ascetas en sus penitencias. Pero el sabor se
+hizo amarguísimo, insoportable, cuando vinieron acompañadas de celos.
+Soledad, que siempre había mostrado buen semblante á las guasas de
+Antonio Robledo, las iba encontrando cada día más sabrosas; de tal
+suerte que cuando entraba en la tienda ya no tenía ojos y oídos sino
+para él. Establecióse entre ambos una corriente de confianza y aun de
+inteligencia que no pudo pasar inadvertida para el majo. Con esto la
+antipatía que Antoñico le inspiraba hacía tiempo creció hasta
+convertirse en aborrecimiento, el cual apenas con gran trabajo podía
+disimular. Notábalo aquél en la frialdad y reserva con que su antiguo
+amigo le hablaba, en las miradas oblicuas, lucientes, que alguna vez
+sorprendía en sus ojos; pero, sabedor de lo que entre los amantes
+acaecía, no cejaba en sus proyectos de seducción, aunque guardándose
+cuanto podía, porque siempre le había tenido miedo. Esforzábase en
+mostrar en todos los momentos su ingenio gracioso y maleante. Animado
+por las carcajadas de Soledad, llegaba á ejecutar farsas estupendas que
+tenían en continuo alborozo á la reunión.</p>
+
+<p>Velázquez manifestaba su desabrimiento<a name="page_199" id="page_199"></a> manteniéndose serio ó saliéndose
+del aposento en lo más culminante del regocijo. Cuando hablaba de
+Antoñico en presencia de Soledad lo hacía con afectado desdén: le
+llamaba payaso, titiritero, y recordaba con fruición cualquier lance
+ridículo de su vida. Pero, no bastando esto á desahogar su cólera sorda,
+un día, con las debidas precauciones, llegó á recriminar á su querida
+por la atención que le prestaba.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Soledad, no hay nada que más me ensanche el corazón que verte
+alegre y contenta. Cuando te oigo reir, las puertas del cielo se abren
+de par en par para mí... Pero me hace daño que te pongan tan alborotada
+las desvergüenzas de ese mono sabio... ¡Me revienta ese tío!... no lo
+puedo remediar. Luego hazte cuenta que todas esas gracias mohosas las
+suelta para tu regalo. Apenas dice una palabreja aguda, ya te mira á la
+cara á ver qué gesto pones... Trae de casa los chistes almacenados para
+ir largándolos poco á poco á modo de anzuelos...</p>
+
+<p>Soledad le escuchó en silencio y se contentó con hacer una mueca de
+desdén. Y sin parar mientes en su disgusto, siguió riendo con más
+alegría aún las bufonadas de Antoñico. Éste, halagado por ello y también
+por el malestar y los celos que inspiraba á Velázquez, empezó á pensar
+seriamente en la conquista de la bella tabernera. Acudía solícito todas
+las noches á la reunión, y si siempre se mostraba alegre é ingenioso,
+los días en que no le acompañaba<a name="page_200" id="page_200"></a> María-Manuela subía de punto su
+gallardía y se autorizaba, so capa de broma, el requebrar á Soledad
+lindamente y departir con ella en un rincón siempre que la ocasión se
+presentaba.</p>
+
+<p>El malestar y la tristeza de Velázquez iban creciendo. En cuanto
+Antoñico ponía el pie en la tienda quedaba silencioso y sombrío que daba
+grima mirarle. Al cabo volvió con la misma suavidad á amonestar á su
+querida. «Aquellas confianzas con un hombre á quien detestaba le
+causaban mucha pena. ¿Qué necesidad tenía de aparecer tan contenta
+cuando él entraba? ¿Por qué consentía que la hablase aparte y en voz
+baja?... Ya sabía que todo aquello era agua de cerrajas, que ella no iba
+á enamorarse de sujeto tan ruin; pero con estas confianzas él se crecía
+y pudiera pasarse á mayores si no se le atajaba. Además, los amigos lo
+notaban... Estaba quedando en ridículo...»</p>
+
+<p>Soledad permaneció algún tiempo silenciosa. Luego, gravemente y
+afectando indiferencia, respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Antoñico tiene buena sombra y me hace reir... Y ¿qué hay con eso?...
+Los demás también se ríen... Si tú no lo haces ahora es porque le has
+tomado tema. ¿Quieres que habiendo jarana ponga la cara larga como si
+fuese á hacer testamento!... Hijo, eso no puede ser... Cada cual es cada
+cual, y porque tú no críes bilis no me voy á morir de empacho de risa.</p>
+
+<p>No pudo lograr de ella otra respuesta.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si ese guasón sigue dándome jaqueca,<a name="page_201" id="page_201"></a> el día menos pensado le
+cojo por un brazo y le planto en la calle.</p>
+
+<p>Soledad se puso pálida de ira, pero se limitó á decir sordamente:</p>
+
+<p>&mdash;Harías muy mal.</p>
+
+<p>Transcurrieron bastantes días después de esta corta explicación y las
+cosas, en vez de mejorar, empeoraron. Soledad no sólo no reprimía la
+expresión de su simpatía, sino que afectaba demostrarla con testimonios
+más visibles. Antonio, observando su frescura, dióse á entender que
+Velázquez estaba por completo esclavizado y aguantaría todo lo que le
+echasen encima. Por lo que no se guardó ya tanto de él: festejaba á la
+tabernera con su habitual desembarazo y sostenía con ella, hasta en
+presencia del guapo, largos apartes en los cuales se embromaban y reían
+como locos.</p>
+
+<p>La desazón de Velázquez era tan grande que para nadie pasó inadvertida.
+Se hicieron comentarios en voz baja y no faltó quien reconviniese á
+Antonio por su conducta. Pero éste alzó los hombros y respondió, como
+siempre, con una desvergüenza. El majo se hallaba en una tensión de
+espíritu insoportable. Tan pronto, acometido de cólera furiosa,
+proyectaba arrojar á su amigo de la tienda á puntapiés y pescozones,
+como, presa de profundo abatimiento, quedaba paralizado y devoraba su
+afrenta en silencio; comía poco, no bromeaba jamás y, contra su
+costumbre, bebía bastante vino.<a name="page_202" id="page_202"></a></p>
+
+<p>Al fin rompió la cuerda, como era de presumir. La insolencia del uno y
+la despreocupación de la otra llegaron á tal extremo que, hallándose
+cierta noche en el aposento habitual de la reunión, Antoñico, con
+pretexto de coger un cigarro que se le había caído, apretó los pies de
+la hermosa tabernera, quien en vez de enojarse rió la chanza. Velázquez,
+que advirtió la maniobra, sintió que un flujo de sangre le invadía la
+cabeza y le cegaba. Llevó la mano al bolsillo para sacar la navaja;
+quiso levantarse, pero no tuvo fuerzas para hacerlo, como si una mano de
+hierro le hubiese clavado á la silla. Bañó su frente un sudor frío y, en
+vez de partir el corazón de su rival, sintió ganas atroces de llorar.
+Los sollozos le ahogaban. Llenó, con mano trémula, el vaso de vino y lo
+apuró con ansia.</p>
+
+<p>Cuando los tertulios se despidieron y quedó solo con su querida, inició
+con voz alterada una explicación.</p>
+
+<p>&mdash;Soledad, hija mía, me estás dando muchos disgustos. Acabo de ver al
+sucio de Antonio propasarse contigo sin que te hayas dado por
+ofendida... Por milagro de Dios no le he dejado clavado á la pared como
+un sapo... Vuelvo á suplicarte que si me aprecias en algo dejes de
+hablar con ese hombre... Ya te he dicho que no lo puedo soportar...
+¡Vamos, que no puedo!...</p>
+
+<p>&mdash;Pues haz por soportarlo&mdash;respondió secamente la joven.<a name="page_203" id="page_203"></a></p>
+
+<p>Calló un momento, herido por aquella frase cruel. Luego dijo con
+humildad, acercándose á ella:</p>
+
+<p>&mdash;Sabes que soporto todo cuanto tú quieras... hasta una bofetada en
+medio de la calle... Te quiero tanto, ¡tanto! que si me mandases tirarme
+por la muralla, me tiraría... si se te antojase la cruz de la custodia,
+iría á robarla para ti... Pero hay cosas que hieren más que una
+bofetada, más que una puñalada en el corazón... Te ruego, por tu salud y
+por la de tu madre, que no me des más celos... Mira que me estás
+quitando la vida...</p>
+
+<p>Soledad guardó silencio. Alzóse de la silla en que estaba y se puso á
+arreglar las botellas de la estantería. Velázquez se acercó de nuevo á
+ella suplicante.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que te pido no creo que te ha de costar mucho trabajo... Déjame
+echar á ese hombre de casa, y yo te prometo no molestarte más con
+celos...</p>
+
+<p>Tampoco dijo nada la tabernera. Hubo una larga pausa. Al cabo insistió
+con voz temblorosa:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Solita, no me des ese disgusto... Pídeme en cambio lo que
+quieras.</p>
+
+<p>&mdash;Lo único que te pido es que me dejes ya en paz&mdash;repuso ella alejándose
+para limpiar una de las mesas.</p>
+
+<p>Velázquez no se atrevió á seguirla. La miró acobardado algunos instantes
+y al fin profirió con amargura:<a name="page_204" id="page_204"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿No merezco siquiera ese pequeño sacrificio? Por ti me privaría yo de
+hablar con todas las mujeres de este mundo... ¡y tú, en cambio, no
+puedes pasarte sin las guasas de ese tío!</p>
+
+<p>Soledad, que reprimía á duras penas la impaciencia, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ea, basta ya! Hago lo que se me antoja. Ni tú estás amarrado á mí con
+una cadena, ni yo á ti tampoco... Así, el día que se me ponga en el
+moño, con ese ó con otro, con el que me dé la gana, me voy y te dejo
+plantado. ¿Lo quieres más claro?</p>
+
+<p>Y sin aguardar contestación se dirigió á la puerta para subir á
+acostarse. Una blasfemia de Velázquez la hizo volverse.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!... ¡Ya se concluyó mi paciencia! Si no quieres ser mía, tampoco
+serás de otro, porque antes te voy á partir el corazón.</p>
+
+<p>Rápidamente echó mano á un cuchillo que había sobre el mostrador y se
+lanzó sobre su querida. Retrocedió ésta llena de terror, mas por súbita
+inspiración exclamó sonriendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda! ¿Y lo has tomado en serio de verdad?</p>
+
+<p>Velázquez se detuvo y la miró estupefacto, inflamadas las mejillas,
+llameantes los ojos.</p>
+
+<p>Entonces la joven se acercó á él con semblante pálido que desmentía su
+forzada sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, guasón, ¿te has creído la simpleza que acabo de decir? ¿Es que
+no se puede gastar una broma?... ¿Cómo has podido figurarte<a name="page_205" id="page_205"></a> que yo me
+había de chalar por ese titiritero?</p>
+
+<p>El majo se calmó, soltó el cuchillo y se dejó caer sobre una silla.
+Soledad se sentó á su lado y charlaron un rato. Apretada por el miedo,
+hizo un esfuerzo por mostrarse afectuosa y se disculpó de sus insolentes
+palabras. Después subieron á casa.</p>
+
+<p>Cuando al cabo logró quedar sola en su cuarto, el rostro de la joven
+cambió enteramente. Desvanecióse la sonrisa contrahecha que lo dilataba
+y quedó temerosamente fruncido. La cólera y el miedo se enseñorearon de
+su alma. ¿Por qué había de estar unida á un hombre á quien no quería?
+¿Era su marido? No. Pues entonces, ¿qué obligación tenía de sufrirlo?
+Además, corría grave riesgo de que con cualquier pretexto fundado ó
+infundado de celos la diese una puñalada... Conocía bien su temperamento
+brutal, su orgullo quisquilloso que ahora disimulaba ó parecía dormido á
+causa del capricho repentino que por ella le había entrado. El día menos
+pensado se le subía la fachenda á la cabeza, lo echaba todo á rodar,
+como otras veces, y perecía á sus manos.</p>
+
+<p>Bruscamente tomó la resolución de abandonar la casa. «Nada, yo no estoy
+más tiempo con este tío.»</p>
+
+<p>Metió sin hacer ruido su ropa y enseres en el baúl y lo cerró. Después
+se sentó sobre la cama y, con el oído atento, los ojos extáticos,
+aguardó. Oyó las campanadas de las doce, y suponiendo que Velázquez
+estaría ya bien dormido,<a name="page_206" id="page_206"></a> se echó el mantón sobre los hombros, bajó
+quedo la escalera, abrió la puerta con cautela, salió y la cerró sin
+ninguna, echando la llave y dejándola puesta para que su querido no
+pudiera salir á perseguirla, en el caso de que despertase.</p>
+
+<p>Justamente éste acababa de recitar el conjuro que le había enseñado
+María-Manuela. Al oir el golpe de la puerta, no imaginando que fuese la
+suya, sino la del vecino, tomólo por feliz agüero que venía á coronar la
+escena amorosa que acababa de pasar. Una sonrisa de beatitud dilató su
+rostro y quedó plácidamente dormido.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Soledad corría por las calles de Cádiz y llegaba á casa
+de su amiga Paca. No quiso ir á la de María-Manuela por razones de
+delicadeza fáciles de apreciar. Además, aunque ruda de inteligencia,
+ésta no había dejado de advertir que las bromas y chicoleos que su
+amante usaba ahora con Soledad tenían sabor distinto que antes. Andaba
+inquieta, celosa y, aunque amiga entrañable de aquélla, no podía
+disimular su escozor.</p>
+
+<p>Paca la recibió con efusión, porque la quería de veras; la hizo
+acostarse, y apenas había amanecido Dios, vino á sentarse en su cama y
+la obligó á contar lo que había pasado. Soledad relató lo sucedido; cómo
+Velázquez había estado á punto de matarla, los esfuerzos de disimulo que
+había tenido que hacer para librarse de una puñalada, el miedo terrible
+que había<a name="page_207" id="page_207"></a> pasado y, por último, los pormenores de su fuga. Calló el
+motivo de la reyerta. Paca no se lo preguntó porque de sobra lo conocía.
+¿Qué podía ocultarse á aquella inteligencia superior y universal? Pero
+sin aludir á él directamente, supo pronunciar una brillantísima oración
+encaminada á persuadirla de que todo aquello «era conversación de Puerta
+de Tierra», y que el único hombre que la convenía, á pesar de sus
+defectos, era Velázquez, porque tenía buena entraña y la quería y porque
+con él se había perdido, y porque la mujer de vergüenza no debe ser más
+que de un hombre en su vida. Luego que la hubo bien doctrinado pasó á
+otra conversación, porque suponía que, dado el estado de ánimo de su
+amiga, era difícil que aceptase sus enseñanzas. Se necesitaba que
+trascurriesen algunos días para que se calmase y surtieran efecto.</p>
+
+<p>Soledad quería marcharse en seguida para su tierra. No lo consintió su
+amiga, esperando que la nube se disiparía y vendría la reconciliación.
+Pero la tabernera cada día se mostraba menos dispuesta á ella. Á cuantas
+reflexiones la hacían contestaba resueltamente:</p>
+
+<p>&mdash;No se cansen ustedes: yo no vivo ya con ese hombre.</p>
+
+<p>Achacábanlo todos á terquedad, porque, en efecto, era apretada de sienes
+como una aragonesa, casi imposible de convencer cuando se apoderaba de
+ella una idea. Pero, además, poseía un fondo de rectitud, un alma
+justiciera<a name="page_208" id="page_208"></a> que mantenía viva la llama de la ofensa. Los desprecios con
+que Velázquez había pagado su amor tierno y desinteresado le causaban
+cada día mayor indignación. Había llegado á aborrecerle y lo confesaba
+tranquilamente con la sinceridad que la caracterizaba.</p>
+
+<p>No era esto, sin embargo, lo que más preocupaba á Paca. Tenía absoluta
+confianza en su elocuencia y sabía que más tarde ó más temprano llegaría
+á convencerla. Lo peor era que Antoñico rondaba la costa. En cuanto
+salían de casa ya lo tenían encima. En el Perejil, en la plaza de Mina,
+en todas partes se pegaba á Soledad como una lapa. La joven, en vez de
+huirlo, parecía buscarlo, le mostraba un semblante risueño y satisfecho.
+Esto tenía inquieta á la esposa de Pepe de Chiclana, porque conocía las
+pésimas condiciones del sujeto. Deploraba lo que podía suceder, no sólo
+ya por Soledad, sino también por María-Manuela, á quien igualmente
+estimaba. Tal inquietud subió de punto y se convirtió en miedo cuando
+supo que Antonio y María, después de una escandalosa reyerta en que se
+arañaron y apalearon, habían concluído por separarse: él se quedó en
+casa y ella se fué á la de su hermana.</p>
+
+<p>Justamente acababa de recibir la noticia cuando tropezó en la calle con
+Manolo Uceda. Andaba éste retraído hacía algún tiempo. Desde el
+rompimiento de Soledad con Velázquez, en vez de acudir solícito á sitiar
+la plaza vacante, se había despegado un poco. Saludaba á la<a name="page_209" id="page_209"></a> joven
+cuando la hallaba y hablaba con ella algunos ratos, pero no se le veía
+asiduo como antes. Quizá notaba la predilección de aquélla por Antoñico
+y esto le producía la natural repugnancia, ó bien trabajaba sobre sí
+mismo para vencer un amor que tantos dolores le había causado. Paca le
+contó lo que pasaba, hablaron largamente de Soledad, le expuso sus
+temores y concluyó por rogarle que tratase de disuadirla también de
+aquella relación que tanto podía perjudicarla.</p>
+
+<p>&mdash;Convendría que se fuese en seguidita á Medina; pero, hijo, yo no puedo
+decírselo... Está en mi casa... Además, bastaría que notase por lo que
+es para que se encaprichase en quedarse y tal vez hiciese una
+atrocidad... Ya la conoce usted.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí; la conozco bien&mdash;respondió el joven con acento amargo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no la habla usted?</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?&mdash;exclamó con sorpresa.&mdash;Yo no tengo ninguna influencia sobre
+ella.</p>
+
+<p>&mdash;Está usted equivocado. Sé que le aprecia mucho... Cuando se habla de
+usted.... ¡uf! le pone por las nubes...</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, para tenerme más lejos aún!&mdash;repuso con sonrisa melancólica.</p>
+
+<p>Paca insistió. Argumentó metódicamente desenvolviendo sus ideas en serie
+interminable de sutiles demostraciones; estudió, examinó los pros y los
+contras, se lanzó con pasmosa agilidad al campo del análisis
+trascendental; en<a name="page_210" id="page_210"></a> una palabra, rajó por los codos hasta quedar
+fatigada. Y como todo se lo dijo ella, Manolo no pudo decir nada,
+encontrándose, cuando menos pensaba, solo y citado para el día
+siguiente, á las once, en casa de Pepe de Chiclana.</p>
+
+<p>No le pesó mucho. Aunque harto de desengaños y dolorida el alma, aún
+rebullía en su corazón la esperanza, por poco que la hurgasen. Acudió,
+pues, puntualmente á la cita con pretexto de hablar á Pepe de un caballo
+que iba á comprar. No tardó la ingeniosa Paca en dejarle solo y mano á
+mano con Soledad. La conversación fué mucho tiempo indiferente y penosa.
+No se atrevía á comenzar; estaba distraído, no decía cosa ordenada.
+Soledad, que tal vez sospechaba algo, se mostraba más grave que de
+ordinario y más parca de palabras. Mas por fin, y tomando pie de los
+frecuentes paseos que la joven daba por el Perejil, se atrevió á decir:</p>
+
+<p>&mdash;Te veo casi siempre acompañada de Antoñico.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; alguna vez nos acompaña&mdash;repuso ella secamente.</p>
+
+<p>Hubo una larga pausa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y crees&mdash;dijo al cabo con tímida sonrisa&mdash;que te conviene ese
+acompañamiento?</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues?&mdash;replicó la joven con semblante serio mirándole á la cara.</p>
+
+<p>Manolo bajó los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Porque, á la verdad...., no ganarías nada<a name="page_211" id="page_211"></a> en la opinión de la gente
+siguiendo de esa suerte... Es demasiado pronto para tomar otras
+relaciones... Además, Antonio tiene compromisos sagrados con una mujer,
+y sobre todo... tú lo sabes lo mismo que yo... no está bien reputado...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;exclamó la joven un poco pálida.&mdash;Esas son cosas de la tienda
+de Velázquez. Los amigos no le perdonan que tenga buena sombra y que de
+vez en cuando les tome un poco el pelo.</p>
+
+<p>Uceda se sintió mortificado por esta respuesta picante, pero tuvo
+fuerzas para disimular y dijo con acento grave y resuelto:</p>
+
+<p>&mdash;Tendrá toda la sombra que quieras, pero no ha sabido portarse como
+persona decente ni con María ni con su amigo Velázquez, á quien debe
+favores y dinero.</p>
+
+<p>Soledad se puso aún más pálida. Y dejando escapar la cólera que hinchaba
+su corazón desde el principio de la entrevista, profirió con voz
+alterada:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes lo que te digo, Manolo?... Que hagas el favor de dejarme en
+paz. Ni eres mi padre para reprenderme, ni el cura de la parroquia para
+darme consejos... Tú no puedes hablar de Antonio ni de ningún otro
+hombre que se me acerque... porque ya ves... cualquiera pensaría que lo
+haces por envidia.</p>
+
+<p>Manolo se alzó de la silla como si le hubiesen pinchado. Toda su sangre
+dió una vuelta y le acudió al rostro. Acercóse á ella y, sacudiéndola<a name="page_212" id="page_212"></a>
+por el brazo, profirió con ira concentrada:</p>
+
+<p>&mdash;¡Niña! ¡niña! ¡niña! ¿qué estás ahí diciendo? El cariño que te he
+tenido no te autoriza para insultarme. No te pongas tantos moños. Si
+eres hermosa, otras lo son también, y si te quiero no es por tu mérito,
+sino por ser la primera mujer con que he tropezado... Después de todo,
+quizá no esté enamorado de ti, sino de la imagen que de ti se ha formado
+en mi corazón... Porque, á la verdad... voy viendo que interiormente
+vales bien poquito.</p>
+
+<p>Soledad se puso á su vez roja como una amapola. Comprendió que le
+sobraba razón para encolerizarse y por un impulso noble de su naturaleza
+espontánea y justiciera le tendió la mano diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Perdona, Manolo. Tengo el genio demasiado vivo y cuando me enfado digo
+cosas que nunca he pensado.</p>
+
+<p>El caballero de Medina te estrechó la mano, habló pocas más palabras y
+se despidió al cabo de algunos minutos con bastante frialdad.<a name="page_213" id="page_213"></a></p>
+
+<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV<br /><br />
+La boda de Pepa.</h3>
+
+<p>Como puede inferirse, la fuga de Soledad impresionó hondamente el
+corazón del guapo. Pero el exceso mismo del golpe trajo consigo el
+abatimiento: en pos de éste vino una resignación desesperada que le
+guardó de dar paso alguno para buscarla y atraérsela. Hizo de tripas
+corazón y procuró distraer su dolor con el trato de los amigos más
+bulliciosos. Frecuentó mucho más las tiendas de vinos y en la suya
+procuraba que reinase la alegría hasta las altas horas de la noche. Con
+lo cual, si no se consolaba, por lo menos se aturdía.</p>
+
+<p>Era esto poco, sin embargo. Comprendía que la mejor medicina para
+aliviarse sería un nuevo amor y trató de buscarlo. Vacilaba en
+dirigirse<a name="page_214" id="page_214"></a> de nuevo á Mercedes la <i>Cardenala</i>, temiendo fundadamente que
+le rechazase, cuando llegó á sus oídos la noticia del rompimiento de
+Antonio y María-Manuela. De pronto nació en su mente la idea de
+galantear á ésta, con lo cual, además de procurarse distracción, se
+vengaba, hasta donde era posible, de su rival y molestaba á Soledad. De
+tal modo le sonrió este deseo que aquella misma tarde comenzó á ponerlo
+en obra, acompañando á la <i>maga</i> en el Perejil y por la noche en la
+plaza de Mina. Aunque imperfecta y abultada de facciones era María mujer
+de mucho atractivo y poseía una gracia picante y sensual que á no pocos
+había seducido. Á Velázquez nunca le había gustado, mas aguijoneado
+ahora por el anhelo de la venganza, procuró doblegar á ella su gusto,
+consiguiéndolo á medias. Animado por el éxito, llegó á esperar que al
+cabo le hiciese olvidar su desdichado amor, cosa que deseaba con todas
+las veras de su alma. Pocas entrevistas fueron necesarias para que los
+dos se entendiesen. La una aceptó al instante los galanteos, por la
+misma razón que el otro se los dispensaba. Y con afectada libertad
+exhibieron sus relaciones por todas partes. Velázquez pensaba ya en
+proponerla que se fuera á vivir con él.</p>
+
+<p>Estaba en toda su fuerza el verano. El África exhalaba su aliento cálido
+sobre la coqueta ciudad enardeciéndola, sobresaltándola, como una
+doncella que recibe el beso abrasador de su amante. Por las mañanas, la
+gente acudía á<a name="page_215" id="page_215"></a> los baños del Real á refrescarse, y los mancebos tenían
+ocasión de acercarse á las zagalas para decirles mil requiebros
+hiperbólicos, y lo que aún era mucho más grato, para ver sus blancos
+pies desnudos y observar la graciosa curva de sus formas bajo el leve,
+flotante, vestido de baño. Por la tarde volvían á hallarlas en el
+Perejil, y allí, viendo al sol hundirse majestuosamente en el Océano
+entre rojizos resplandores, su amor se hacía reservado y melancólico. El
+horizonte se desplegaba como una visión de oro. El mar bebía la
+irradiación del cielo. El crepúsculo, subiendo poco á poco de Levante
+envolvía á la ciudad con su velo sombrío, apagaba después las luces
+temblorosas del Océano, se esparcía sobre las olas dejándolas verdes,
+inmóviles. Un soplo de tristeza estremecía súbito á los enamorados,
+poniéndolos graves y mudos, mirando con ojos extáticos la huída de la
+luz. Pero llegaba la noche sembrada de estrellas, y allá en la plaza de
+Mina, escuchando los sones armoniosos de la música, favorecidos por la
+sombra, de nuevo se acercaban para verterse en el oído los dulces
+secretos de su corazón. Y su amor entonces adquiría un sentimiento de
+tierna intimidad, venía envuelto en promesas halagadoras que los ponía
+gozosos y locuaces.</p>
+
+<p>En una de estas noches sembradas de estrellas, y en un banco de la plaza
+de Mina, fué cuando nuestro amigo Frasquito dejó señalado el día de su
+matrimonio. Hubo dificultades para<a name="page_216" id="page_216"></a> arreglarse antes. El padre de Pepa,
+que era maestro carpintero y había adquirido en sus contratas un
+razonable caudal, tenía demasiado apretados los cordones del bolsillo,
+no se decidía á señalar dote á su hija, contentándose con responder á
+las instancias de los novios que «los ayudaría en todo lo que pudiese».
+Pero tal vaga promesa estaba lejos de satisfacer el espíritu
+esencialmente práctico y ordenado de Frasquito. Enemigo irreconciliable
+de las abstracciones tratándose de asuntos tan serios, iba aplazando la
+boda mientras no viese algo más concreto. Finalmente, aquella mañana, el
+maestro carpintero se había humanizado y le prometió diez mil pesetas
+para comprar la participación que su tío tenía en el comercio y quedarse
+él solo con el negocio de las harinas.</p>
+
+<p>Señalado el día por los novios, pedida la novia oficialmente por el
+señor Rafael y arreglados los papeles á toda prisa, se tomaron los
+dichos en la vicaría. Después de las correspondientes amonestaciones
+celebróse la boda, al entrar la noche, en casa de la novia. Fueron
+padrinos el señor Rafael y Mercedes la <i>Cardenala</i>, prima de Pepa.
+Asistieron á ella los parientes y amigos de ésta y la reunión de la
+tienda de Velázquez, por ser los más íntimos que el novio tenía. Manolo
+Uceda se excusó por verse obligado á dormir aquella noche en la Isla; en
+realidad, por no encontrarse con Antonio y Soledad. Ésta se había negado
+en un principio á asistir á pesar de las vivas instancias<a name="page_217" id="page_217"></a> de Frasquito,
+pero habiendo venido la misma Pepa á suplicárselo no tuvo más remedio
+que ceder.</p>
+
+<p>Se preparó la comida en una de las tiendas de Puerta de Tierra, y
+después de la ceremonia todos se trasladaron allá en coche. Iba una
+jardinera de diez asientos; pero no cabiendo todos en ella, los
+sobrantes se acomodaron en berlinas de punto: Velázquez en una con
+Frasquito, el señor Rafael en otra con el padre de Pepa, y así
+sucesivamente. Las mujeres prefirieron casi todas ir en la jardinera
+acompañando á la novia. Esta, después de haberse despojado de la
+mantilla, se había echado encima del traje negro de seda con que se
+casara un espléndido pañolón de Manila azul bordado en blanco. La
+mayoría de las otras iban adornadas con prendas semejantes. El de
+Soledad era negro bordado en rojo, el de Paca amarillo con flores
+negras, el de María-Manuela rojo y blanco, el de la madrina blanco y
+verde.</p>
+
+<p>Las calles hervían de gente cuando la comitiva se puso en marcha
+atravesando al medio la ciudad por mayor gala. El estrépito de los
+coches y su número desusado sorprendían á los transeuntes, que se
+detenían, y al enterarse de que era boda gritaban riendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vivan los novios!</p>
+
+<p>Y los de la comitiva respondían con vivas aún más sonoros, golpeando al
+mismo tiempo con los bastones hasta romperlos. El padrino<a name="page_218" id="page_218"></a> hacía parar
+delante de todas las tiendas de montañeses conocidas; llamaba al
+chicuco; aparecía éste con una batea de cañas; se bebían alegremente
+entre el corro de la gente que se apiñaba instantáneamente para verlos,
+y ¡arrea, niño! vuelta á escapar desempedrando las calles.</p>
+
+<p>En la de la Carne el aplauso y la algazara fueron indescriptibles. Los
+transeuntes se arremolinaban impidiendo el paso de los carruajes. El
+grupo de mujeres de la jardinera alcanzó una ruidosa ovación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Viva la sal de la tierra! ¡Vivan las mujeres castizas! ¡Vivan los
+novios! ¡Vivan los padrinos!</p>
+
+<p>El señor Rafael, entusiasmado, arrojaba puñados de almendras y monedas
+de cinco céntimos á los chicos. Con lo cual éstos corrían detrás del
+cortejo dando chillidos penetrantes y poniendo en conmoción al
+vecindario.</p>
+
+<p>Salieron al fin de la ciudad por la famosa puerta, siguieron buen trecho
+la angosta lengua que la une á la tierra y pararon delante de una de las
+más nombradas tiendas de vinos en que la juventud gaditana acostumbra á
+solazarse. Como el calor sofocaba, habíanles puesto la mesa en el
+jardín, dentro de un aposento formado de tablas con dos grandes ventanas
+al campo. Y sin ceremonia alguna, en medio del bullicio y la alegría,
+sentóse cada cual donde bien le pareció. La novia entre el padrino y la
+madrina, el novio al lado de su<a name="page_219" id="page_219"></a> suegro, á quien empezaba á bailar el
+agua mucho más que á su esposa; Soledad junto á Antoñico, Velázquez
+junto á María-Manuela, Gregorio, hermano de la novia, pegadito á su
+prima Isabel la <i>Cardenala</i>, Paca entre el <i>Cardenal</i> y la <i>Cardenala</i>
+viejos, embelesándolos con su afluencia maravillosa.</p>
+
+<p>Velázquez había saludado á Soledad fríamente en casa de Pepa durante la
+ceremonia. Aquélla le había contestado con mayor frialdad aún. Luego no
+habían vuelto á dirigirse la palabra ni á mirarse siquiera. Mientras
+duró la comida el majo afectó mucha alegría y prodigó á su pareja mil
+delicadas atenciones procurando hacerlas bien ostensibles. Ella le
+ayudaba siguiéndole el humor, no teniendo ojos ni oídos más que para él.
+Soledad y Antoñico charlaban mucho más quedo, pero también con más
+sabrosa intimidad, riendo á cada momento ella con no fingidas ganas los
+chistes del pícaro.</p>
+
+<p>Cuando hubieron comido según sus deseos, empezaron á levantarse de las
+sillas y á cambiar de asiento y postura, formando pequeños grupos,
+retrayéndose las parejas enamoradas á los rincones para charlar más á su
+gusto. Pero seguían cambiándose entre unos y otros, aunque á distancia,
+las mismas guasas picantes. Se charlaba, se gritaba, se reía cada vez
+con mayor ruido y regocijo. El guitarrista y la <i>cantaora</i> que habían
+traído consigo no daban paz á los cantos de la tierra, malagueñas,
+seguidillas,<a name="page_220" id="page_220"></a> polos, soleares, aunque sólo tres ó cuatro más
+filarmónicos los escuchasen en silencio.</p>
+
+<p>Pepe de Chiclana tuvo una idea feliz.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que bailen los novios!&mdash;gritó.</p>
+
+<p>Este grito halló eco en seguida entre los invitados.</p>
+
+<p>&mdash;Eso está bien dicho. ¡Que bailen!</p>
+
+<p>Pepa se prestó al instante á ello, pero á Frasquito no hubo poder humano
+que le hiciese menear las piernas. Alegaba ignorancia; si supiese, con
+mucho gusto echaría un baile. En realidad desdeñaba el arte de
+Terpsícore: toda su devoción la consagraba á Mercurio. Sentado en un
+rincón al lado de su suegro, departía con él amigablemente sobre asuntos
+serios, remojando á menudo las fauces con sendas cañas de manzanilla. Ni
+la misma Pepa con sus ruegos logró moverle de la silla. Entonces el
+señor Rafael, enojado de aquella falta de galantería, se levantó
+exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;Ea, chiquilla, deja á ese gallego y humíllate á dar cuatro pataditas
+con este pobre viejo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ole por el padrino!&mdash;gritaron los compadres con entusiasmo.</p>
+
+<p>Y entre el furioso palmoteo de todos la novia y el padrino chasquearon
+los palillos y empezaron á moverse acompasadamente uno frente á otro. La
+cantaora, con voz penetrante, cantó:<a name="page_221" id="page_221"></a></p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="poesia">
+<tr><td align="left">«Á la señora novia</td></tr>
+<tr><td align="left">sacadla á bailar,</td></tr>
+<tr><td align="left">para que se despida</td></tr>
+<tr><td align="left">de su mocedad.»</td></tr>
+</table>
+
+<p>&mdash;¡Bueno va!&mdash;¡Oblíguela usted, padrino!&mdash;¡Vivan las novias saladas!</p>
+
+<p>Todos palmeteaban y chillaban jaleando á los bailadores. Algunos tomaron
+puñados de almendras de la mesa y las arrojaron al aire, cayendo como
+una nube sobre ellos.</p>
+
+<p>La novia se fatigó antes que el padrino. Esto causó gran regocijo. El
+viejo fué felicitado con entusiasmo.</p>
+
+<p>Pepa, jadeante, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Que baile ahora Soledad para quitarles á ustedes el amargor de la
+boca.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que baile! ¡que baile!&mdash;gritó la reunión.</p>
+
+<p>Soledad hizo signos negativos con la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Déjenla ustedes ahora: Soledad no está templada todavía&mdash;manifestó
+Velázquez afectando desenfado.</p>
+
+<p>El rostro de la joven se contrajo con expresión sombría, y volviéndolo
+hacia Antoñico dijo en voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;No soy guitarra para templarme.</p>
+
+<p>Los convidados, que sabían bien lo que pasaba, temieron una escena
+desagradable y no insistieron.</p>
+
+<p>Pero la alegría no se enfrió por eso. El señor Rafael tomó la guitarra
+exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;Ya me han conocío ustedes como bailarín. Ahora van á conocerme como
+músico.<a name="page_222" id="page_222"></a></p>
+
+<p>Y después de rasguear y puntear el instrumento con no esperada
+habilidad, cantó con bronca voz, dirigiéndose á Pepa:</p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="poesia">
+<tr><td align="left">Porque te quiero te digo</td></tr>
+<tr><td align="left">que te registren el novio,</td></tr>
+<tr><td align="left">porque no está de recibo.</td></tr>
+</table>
+
+<p>La chuscada causó gracia á todos menos á Frasquito, quien sacudió la
+cabeza malhumorado. Lo estaba también porque la conversación con su
+suegro tomaba un sesgo bastante desagradable. El maestro carpintero, que
+había embaulado un río de manzanilla, con la expansión que el vino
+comunica, le estaba haciendo una porción de confidencias gravísimas.
+Decíale con lengua estropajosa que no era tan rico como se decía, que si
+es verdad que en algunas obras había ganado algunos cuartos, en otras
+salió con las manos en la cabeza. Además, había gastado un caudal en la
+enfermedad, bien larga, de su difunta esposa. Y para remate de fiesta,
+tres meses hacía que un pícaro de la Isla á quien tenía dados quince mil
+reales á réditos se había declarado insolvente.</p>
+
+<p>Frasquito escuchaba todo esto serio, fruncido, sin asomo de borrachera,
+llevando las cañas á la boca con mano trémula. Después de larga pausa,
+el maestro carpintero, con la mayor tranquilidad, como quien no dice
+nada, soltó la siguiente bomba:</p>
+
+<p>&mdash;De modo, hijo, que por ahora y en mucho tiempo tampoco, no cuentes con
+las diez mil pesetas de que hemos hablado.<a name="page_223" id="page_223"></a></p>
+
+<p>Frasquito se puso pálido como un muerto. Quedó paralizado un momento y
+apenas pudo balbucir:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿Ahora salimos con eso?</p>
+
+<p>&mdash;Pues ahora es la ocasión, porque empezáis á vivir&mdash;replicó con audacia
+tranquila el carpintero.&mdash;Tú eres un hombre formal, sabes trabajar y
+harás feliz á mi Pepa. Cuando yo me casé tenía solamente...</p>
+
+<p>Frasquito no le dejó concluir. Con ademanes descompuestos, echando casi
+espumarajos por la boca, profirió:</p>
+
+<p>&mdash;Lo que ha hecho usted es engañarme como un charrán. Eso no lo hace
+ningún hombre que tenga vergüenza, ¿sabe usted?</p>
+
+<p>El carpintero empalideció á su vez.</p>
+
+<p>&mdash;¡Voto á Dios! ¿Me estás insultando?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, lo repito&mdash;gritó aún más sofocado el novio.&mdash;¡Es usted un
+sin vergüenza! ¡un canalla!</p>
+
+<p>El viejo alzó la mano y descargó una tremenda bofetada, una bofetada de
+carpintero, en el rostro de su yerno. Éste le echó las manos al cuello.
+Gritos, maldiciones, espantosa confusión. A duras penas lograron entre
+todos separarlos. La novia exhalaba quejidos lastimeros, llorando
+abundantes lágrimas y sin saber á quién dirigirse. El viejo, sujeto por
+unas cuantas manos, juraba y perjuraba que había de espachurrar al
+morral de su yerno. El yerno, estrechado por un grupo de convidados, les
+demostraba palmariamente que su suegro era un<a name="page_224" id="page_224"></a> pillo, un estafador,
+acompañando la demostración de un áspero crujir de dientes que ponía
+espanto á los circunstantes y en particular á las hembras.</p>
+
+<p>Pero su tío, el señor Rafael, tomándole por un brazo y llevándole
+aparte, le dijo al oído:</p>
+
+<p>&mdash;Hijo, no te sofoques. ¿No ves que tu suegro está borracho perdido?</p>
+
+<p>Estas prudentísimas palabras gozaron el privilegio de calmar
+instantáneamente la cólera de Frasquito. Renació la esperanza en su
+corazón y otra vez tornó á ver las diez mil pesetas delante de los ojos.</p>
+
+<p>Lo mismo, poco más ó menos, le dijo el viejo <i>Cardenal</i> al maestro
+carpintero. Frasquito tenía una <i>mona</i> que no se lamía el infeliz. Con
+lo cual se le aplacó bastante á aquél su enojo, contentándose ya
+solamente con manifestar su profundo desprecio hacia los muchachos del
+día, que «en cuanto lo cataban perdían la cabeza».</p>
+
+<p>Finalmente, tranquilizáronse los ánimos y otra vez reinó la concordia y
+la alegría. El señor Rafael volvió á tomar la guitarra y soltó una serie
+de coplillas chuscas y picarescas que hicieron brincar de gozo á los
+alegres compadres.</p>
+
+<p>Velázquez y María-Manuela, sofocados por el calor, se habían acercado á
+la ventana y respiraban la brisa frente á la bóveda estrellada del
+cielo. El majo mostraba una alegría miedosa, donde se percibía, no
+obstante, alguna<a name="page_225" id="page_225"></a> afectación, un dejo de inquietud y tristeza que por
+momentos lo hacía enmudecer y le arrugaba la frente. Al salir de una de
+estas breves pausas, dijo á su compañera con sonrisa melancólica:</p>
+
+<p>&mdash;María, ¿te acuerdas de aquel rey de copas que anunciaba mi matrimonio
+con Soledad?</p>
+
+<p>La maga quedó turbada sin saber qué contestar. Al fin balbució:</p>
+
+<p>&mdash;Las cartas no mienten nunca, hijo... Habrá sido culpa mía el no
+haberlas entendido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo que anunciaba no era mi matrimonio, sino el de Frasquito!&mdash;exclamó
+riendo.</p>
+
+<p>Y, observando que su burla oscurecía el rostro de la joven, añadió
+tomándole una mano y acariciándola:</p>
+
+<p>&mdash;No hagas caso, serrana; anunciaba, sí, mi matrimonio, pero era
+contigo... ¡contigo, morena, que tienes unas pestañas que se clavan en
+el alma como alfileres!</p>
+
+<p>&mdash;¡Quita allá, falso! ¡No gastes guasa!&mdash;replicó ella dándole un leve
+empujón.</p>
+
+<p>El guapo se mostró entonces exageradamente cariñoso y rendido,
+cubriéndola de flores y requiebros. La ruda y graciosa morena concluyó
+por decir sonriendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, calla, Velázquez, que me empalaga la arropía!</p>
+
+<p>Pero á su espalda se había armado gran algazara. El señor Rafael, harto
+de cantar y tocar, se entretenía, como de costumbre, en embromar á su
+sobrino.<a name="page_226" id="page_226"></a></p>
+
+<p>&mdash;Has hecho una buena boda, Pepa. Te llevas un mozo de circunstancias;
+te llevas mis pies y mis manos... Un hombre corriente y trabajador como
+el que más... que te saca una cuenta de multiplicar ó dividir en menos
+tiempo que se persigna un cura loco... Solamente tiene un vicio... que
+se le cuela al pobrecillo el dinero por entre los dedos como si fuese
+agua...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué bilis tiene usted, tío!&mdash;exclamaba Frasquito mientras los demás
+reían á carcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Casi ná!... Átale corto, prenda, porque si te descuidas es capaz de
+dejarte sin platos en la cocina...</p>
+
+<p>Y el viejo, á quien el vino ponía siempre provocativo, soltaba un chorro
+de gracias mortificantes. Los invitados se retorcían de risa. El novio,
+cada vez más sofocado, gritaba con acento colérico:</p>
+
+<p>&mdash;¡Dejarlo!... ¡dejarlo! Se le ha destapao el tarro, y hasta que eche
+toda la bilis no callará.</p>
+
+<p>Velázquez se había aproximado para gozar de la guasa, dejando sola á
+María-Manuela á la ventana. Antoñico, se levantó de la silla donde
+estaba cerca de Soledad y, dando una vuelta con disimulo al aposento, se
+acercó á su antigua querida.</p>
+
+<p>&mdash;Presente, mi capitán&mdash;le dijo blandamente al oído.</p>
+
+<p>La joven se estremeció, volvió rápidamente la cabeza y, echándole una
+mirada torva, siguió contemplando en silencio el firmamento. Antoñico se
+apoyó á su lado en el marco de la<a name="page_227" id="page_227"></a> ventana, y después de una larga pausa
+dijo en voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;Soy yo, el arrastrao, el sinvergüenza de Antoñico, que está dando las
+boqueadas como un pez fuera del agua.</p>
+
+<p>&mdash;Pues tírate de la muralla y zambúllete en el mar&mdash;repuso ella en voz
+baja también y sin cambiar de postura.</p>
+
+<p>&mdash;Eso haría de buena gana, si no fuese que me hace daño el agua fría. Ya
+sabes que padezco de reúma.</p>
+
+<p>&mdash;Avisa que te lo calienten.</p>
+
+<p>&mdash;¡Soy muy desgraciado! La bañera se empeña en ponérmelo como hielo.</p>
+
+<p>&mdash;¿La bañera de ahora?</p>
+
+<p>&mdash;No, la bañera de antes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué importa si el baño no es para ti?.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me cuelo en él aunque me quede tieso.</p>
+
+<p>&mdash;La bañera te haría salir á palos.</p>
+
+<p>&mdash;Eso me conviene para entrar en calor más pronto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué sin vergüenza!</p>
+
+<p>&mdash;¡Noticia fresca! Acabo de decírtelo.</p>
+
+<p>Velázquez al volverse y observar la maniobra de Antonio, sintió un
+movimiento de cólera. Pero se calmó pronto al ver la silla cercana á
+Soledad desocupada. Por impulso repentino se sentó atrevidamente en
+ella. La joven no pudo reprimir un vivo estremecimiento y manifestó al
+instante su disgusto con semblante oscuro y enojado como pocas veces se
+le había visto.<a name="page_228" id="page_228"></a></p>
+
+<p>Después de su golpe de audacia, el majo quedó confuso sin saber qué
+hacer ni decir. Al cabo, con alegre rostro, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Quien fué á Sevilla perdió su silla!</p>
+
+<p>Soledad no respondió ni movió siquiera un pliegue de su fisonomía.
+Entonces él, adoptando un tono jocoso y desenfadado, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Me permite usted descansar un momento en esta silla?</p>
+
+<p>&mdash;No es mía&mdash;respondió secamente.</p>
+
+<p>&mdash;Supongamos que lo fuese.</p>
+
+<p>&mdash;Si lo fuese no estaría en un establecimiento de Puerta de Tierra.</p>
+
+<p>&mdash;Voy á comprarla y se la regalo. ¿Qué haría usted?</p>
+
+<p>&mdash;Dejarla donde está.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conmigo encima?</p>
+
+<p>&mdash;Con usted ó con otro. Me es igual.</p>
+
+<p>&mdash;Si le es á usted igual, me quedaré yo. Quiero más sentarme aquí que á
+la diestra de Dios Padre.</p>
+
+<p>Soledad se encogió de hombros con desdén y murmuró:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tardaba ya mucho!</p>
+
+<p>Estaba inquieta desde que Antoñico se había acercado á María-Manuela.
+Sus ojos se clavaban coléricos en ellos y querían pulverizarlos. Las
+palabras temblorosas de Velázquez le parecían un ruido molesto, la
+ponían aún más nerviosa. Pero habiendo vuelto la cabeza Antonio y
+habiéndose encontrado sus miradas, el humor de la joven cambió
+repentinamente.<a name="page_229" id="page_229"></a> Empezó á responder con amabilidad á su antiguo amante,
+á mirarle cara á cara y hasta á inclinarse hacia él, á mostrarse jovial
+y locuaz, demasiado locuaz para que no se advirtiese el esfuerzo sobre
+sí misma.</p>
+
+<p>Velázquez se hallaba en el séptimo cielo. Aceptaba aquella amabilidad
+como moneda de buena ley. A los pocos minutos de conversación ya se
+creía otra vez dueño del corazón de la hermosa y se mecía en un océano
+de risueñas ilusiones.</p>
+
+<p>Seguía la zambra en el aposento. Mercedes la <i>Cardenala</i> bailaba con
+Gregorio, su futuro cuñado. Frasquito, que estaba agitadísimo después de
+la reyerta con su suegro, experimentó la necesidad de bailar, quizá para
+aturdirse, y bailaba con Isabel. El señor Rafael trincaba con el maestro
+carpintero en un rincón, mientras en otro, una joven casada, cuyo marido
+no estaba allí, contaba sus desazones domésticas y pedía consejo á Paca
+la de la Parra.</p>
+
+<p>&mdash;Bien puedes creerme, Paca, no hay tío más desalmao ni más hereje. El
+otro día, seis duros tristes que tenía apartados para hacer unos
+vestiditos á los niños, me los quitó y se fué con ellos cantando á la
+taberna y no vino en dos días á casa...</p>
+
+<p>&mdash;Pues no parece...</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda! ¡Ya lo creo que no parece! ¡Como que el que lo ve le apetece
+cogerlo y ponerlo en el altar de San José en lugar del santo! Para todos
+es una mosquita muerta... pero en<a name="page_230" id="page_230"></a> casa, yo te aseguro, hija, que está
+demasiado viva y que pica mejor que un alacrán... Mira&mdash;añadió
+remangándose los brazos,&mdash;nadie creerá que él es quien me ha hecho estos
+cardenales...</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿te pega?&mdash;exclamó Paca con asombro.</p>
+
+<p>&mdash;Á lo señorito, ¿sabes? Sin gritos ni blasfemias como los demás, me da
+unos pellizquitos de monja que me deja el cuerpo negro como el
+cordobán... Y el angelito mientras tanto sonríe y me pregunta con mimo:
+«¿Qué tienes, hija mía? ¿Te he hecho daño?» ¡Maldita sea su estampa!...
+Como sé cuáles son los sagrarios que recorre, muchas veces mando á un
+chico á buscarlo. ¿Crees que se viene para casa ó que se enfada? ¡Na! Se
+queda con el chico y le emborracha. Le mando otro, y lo mismo. ¡Ha
+habido veces en que se han reunido los cinco niños en la taberna! «¡No
+falta ahora más que <i>la cocinera</i>!» dice el sinvergüenza... porque es
+así como me llama.</p>
+
+<p>Paca no pudo reprimir una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, ríe, que yo también he reído cuando vi llegar á los hijos de mis
+entrañas cayéndose contra las paredes!... ¿Y sabes la gracia que ha
+sacao nuevamente? Pues ahora al tío roío le da por celarse de su
+sombra... Ya ves tú&mdash;añadió con leve inflexión de vanidad,&mdash;¡á mis años
+y después de haber parido siete veces!... No puedo salir á la calle sin
+que se ponga en acecho; no puedo peinarme ni vestirme un poquito
+decente...<a name="page_231" id="page_231"></a> Á fuerza de trabajos había logrado comprar unos zapatos de
+charol y hacerme un vestidito de merino fino. Pues un domingo que salí
+con él al Perejil, por si había mirado á Fulano y por si Mengano había
+dicho ¡ole!, llegamos á casa y, sin decir palabra, toma unas tijeras y
+tiene las malas tripas de hacerme rajas el vestido y los zapatos... ¡Ea!
+¡otra vez desnuda!... Yo le digo: «Pero, hijo, ¿es que te gusto más en
+cueros?...»</p>
+
+<p>Iba á emitir Paca su autorizada opinión en este litigio, cuando se
+interpuso Frasquito, que venía á consultarla sobre si sería ó no
+oportuno enviar por amoniaco á la botica más próxima, para dárselo á su
+suegro á ver si despejaba un poco. Aunque su tío Rafael le había
+asegurado que en durmiendo la <i>mona</i> recordaría la sagrada promesa que
+le había hecho, su inquietud no le permitía esperar con calma al día
+siguiente. Ansiaba que por cualquier medio recobrase la razón y con ella
+la conciencia de sus obligaciones.</p>
+
+<p>Paca no juzgó prudente aquella medicación, tanto menos, cuanto que el
+maestro carpintero departía muy tranquilamente con el señor Rafael, bien
+ajeno de la necesidad de introducir en su cuerpo una dosis de álcali
+volátil. Justamente en aquel momento estaba dirigiendo por vigésima vez
+á su compadre una serie de preguntas que alejaban toda sospecha sobre
+este punto.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos á ver, ¿estoy yo borracho? ¿Hablo<a name="page_232" id="page_232"></a> cosas formales?... ¿He
+faltado á alguno?... ¿Soy ó no un hombre regular?... ¿Me levantan á mí
+la cabeza dos cañitas?... ¿Sé alternar ó no sé alternar?...</p>
+
+<p>El señor Rafael apoyaba con todas sus fuerzas estas proposiciones,
+aunque disimuladamente hacía guiños expresivos á su sobrino; pero éste
+sacudía la cabeza con desesperación, hallando cada vez más inevitable el
+socorro de la química.</p>
+
+<p>Mientras tanto seguía el bailoteo en aumento. Tomaban ya parte en él los
+que antes hacían más remilgos. Hasta la vieja <i>Cardenala se arrancó por
+panaderos</i> con un comerciante vecino casi tan antiguo como ella. La
+novia, rendida ya, jadeante, se empeñaba, no obstante, en bailar sola,
+sin hacer caso de María-Manuela que le advertía con empeño de que no lo
+hiciera, porque se bailaba con el diablo.</p>
+
+<p>Mercedes, la madrina, un poco excitada por el vino, quería que Velázquez
+bailase con ella. Desde su rompimiento, la joven guardaba en el fondo de
+su pecho hacia el majo un sentimiento indefinible, mezcla de rabia y
+simpatía, de desprecio y amor. Velázquez, que siempre había sido poco
+amigo de echar las piernas al alto, se negaba, haciendo, sin embargo á
+su antigua novia mil cortesías, mostrándose con ella extremadamente
+dulce. No era pura galantería ó gratitud lo que le impulsaba á ello.
+Había también su parte de vanidad, porque Mercedes tenía novio, y éste,
+que era un mancebo<a name="page_233" id="page_233"></a> casi imberbe, no mal parecido, llamado Gabino,
+andaba celoso, desesperado, desde que viera que su novia coqueteaba con
+Velázquez. El guapo, á quien el amor y los pesares no habían podido
+arrancar de cuajo su inveterada arrogancia, gozaba con las preferencias
+de la bella y los celos del muchacho.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde va tu novio tan encandilao?&mdash;díjole sonriendo con orgullo,
+viendo salir al joven del aposento como un huracán.</p>
+
+<p>&mdash;Déjalo&mdash;respondió ella haciendo una mueca de desdén.&mdash;Es un tío lila,
+¿sabes?... Se ahoga el infeliz en una tacita de agua. De seguro que ha
+salido al campo para llorar más á gusto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Para llorar!... ¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque está celoso de ti.</p>
+
+<p>&mdash;¡Válgame Dios!... Parece mentira que un buen mozo tenga celos de este
+pobrecito viejo&mdash;repuso Velázquez con mal disimulada jactancia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya, ya! Es que se fía poco de mi gusto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tan echao á perder lo tienes?</p>
+
+<p>&mdash;Estragaíto del todo, querido... Figúrate que hace ya un mes que no
+puedo comer más que cosas frías.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me quieres comer á mí?</p>
+
+<p>&mdash;Por lo frío podía pasar, pero eres demasiado duro.</p>
+
+<p>&mdash;Mírame un ratito con esos ojillos puñaleros y me verás derretío.</p>
+
+<p>&mdash;Te estoy mirando hace un año y no veo ninguna pringue en el suelo.<a name="page_234" id="page_234"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Á que no me esperas esta noche en la reja de tu casa?</p>
+
+<p>&mdash;¿Á que no echas conmigo un bailecito?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos á verlo&mdash;replicó el guapo levantándose.</p>
+
+<p>Mientras tanto, el desgraciado Gabino, después de atravesar el jardín,
+había salido al campo, como su novia adivinó burlando. No lloraba, pero
+tenía el corazón tan henchido de tristeza que le tomaron deseos de
+sentarse entre los railes de la vía férrea que por allí cruzaba y
+esperar á que algún tren lo arrollase. Se arrimó á una empalizada y se
+puso á rumiar sus desengaños, cuando oyó cerca rumor de conversación.
+Las ventanas del salón de tablas donde la boda se celebraba abrían hacia
+aquel sitio. Ocultóse en la sombra y acercóse cuanto pudo á ellas para
+escuchar, no tanto por curiosidad como por la esperanza de percibir la
+voz de su adorada. Á la escasa claridad de la luna, que comenzaba á
+salir, vió que los dos que departían en la ventana eran Soledad y
+Antoñico. Observó que la joven estaba agitada, convulsa, que acompañaba
+sus palabras de vivos movimientos de cabeza, mientras Antonio, con la
+suya inclinada hacia el suelo, hablaba poco y con humildad.</p>
+
+<p>&mdash;Si no la puedes ver más que al diablo&mdash;profería la joven haciendo
+esfuerzos por reprimir la voz,&mdash;si la aborreces, ¿por qué te acercas á
+ella públicamente? ¿Por qué le das ese gusto sabiendo que á mí puede
+mortificarme?<a name="page_235" id="page_235"></a> ¿No ves que la gente nos observa, que puede muy bien
+suponer que de aquella candela queda algún rescoldo?... ¿Te has figurao,
+hijo, que vas á ponerme en ridículo como has hecho más de mil veces con
+ella? ¡Que te se quite, niño!... Nuestro compromiso es de ayer y está
+sostenido por un hilito... Tomo las tijeras y ¡zas! lo corto... ¡Ya está
+cortado!... Ya no tenemos ná... Conque tú por un lado y yo por otro...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué lado voy?</p>
+
+<p>&mdash;Por el que te dé la gana.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces voy por el de tu corazón y me quedo en él de huésped.</p>
+
+<p>&mdash;En mi corazón no caben tíos fanfarrias... Acabo de salir de un
+fachendón y ¿quieres que dé en otro?</p>
+
+<p>&mdash;Te arrepentirás de haberme insultado sin motivo. Me acerqué á María
+para preguntarle solamente por su sobrinito que está enfermo... Ya sabes
+cuánto he querido yo siempre á ese niño...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay qué Dios! ¿Y para preguntar por la salud del sobrinito te estás
+media hora de pitorreo con la tía?... Mira, Antonio, no quieras meterme
+los dedos por los ojos...</p>
+
+<p>&mdash;¡Líbreme Dios de ese sacrilegio!... Lo que quiero es meter los labios
+ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ea! no me vengas con monerías de gata tripera... Confiesa que te
+gusta aún María... Vete con ella bendito de Dios y déjame á mí el alma
+quieta...</p>
+
+<p>&mdash;Confieso que te quiero de todo corazón...<a name="page_236" id="page_236"></a> que paso las fatigas de
+Dios en cuantito me miras soberbia; que eres la primera y la única mujer
+que he querido de verdad... y que en prueba de amor eterno te regalo
+este higo paso&mdash;añadió presentándole uno.</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda que te zurzan!&mdash;exclamó la joven riendo y arrojando el higo al
+suelo.</p>
+
+<p>Bajaron la voz. La plática comenzó á ser suave y cordial y entreverada
+de risas.</p>
+
+<p>La reconciliación estaba hecha.</p>
+
+<p>Al cabo de un momento Gabino pudo observar, sin embargo, que Soledad
+tornaba á ponerse seria. Antonio la instaba con dulzura: ella negaba
+vivamente haciendo repetidos signos con la cabeza. Excitada su
+curiosidad, el mancebo permaneció inmóvil á ver en qué paraba y lo que
+aquello significaba. Antoñico no cejaba en sus demandas ni la joven en
+sus negativas. Mas al fin éstas fueron desmayando y la bella concluyó
+por quedarse inmóvil con los ojos extáticos, mientras el galán seguía
+murmurándole al oído sus deseos.</p>
+
+<p>Soledad se pasó entrambas manos por el rostro y, con súbito ademán, sacó
+una llave del bolsillo y se la entregó. Al mismo tiempo dió la vuelta y
+se retiró de la ventana.</p>
+
+<p>Velázquez bailaba con Mercedes. Su antigua querida comenzó á palmotear y
+á jalearlos de tal modo que el guapo volvió la cabeza sorprendido y los
+presentes hicieron lo mismo. Al observar su faz pálida, demudada, se
+guiñaron el ojo y no faltó quien exclamase:<a name="page_237" id="page_237"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Bueno va! Soledad al fin la ha pescao... Si te caes, yo me comprometo
+á llevarte á casa en brazos, niña.</p>
+
+<p>&mdash;¡No me caigo, no, desaborío!... ¿Quieres ver cómo no se me doblan
+todavía las piernas?... Venga un tango, Luisillo, que voy á bailar á la
+salud de los novios y de toa la compañía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ole la niña graciosa!... ¡Viva tu boca, salero!&mdash;gritaron
+entusiasmados los hombres.</p>
+
+<p>Y lo mismo ellos que ellas suspendieron sus pláticas para darse el gusto
+de ver á la que pasaba por primorosa bailadora.</p>
+
+<p>El guitarrista preludió un tango. La cantaora iba á modular la copla
+cuando Soledad exclamó con violencia:</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo no bailo más que sobre la mesa! ¡Quitarme todo eso de encima!</p>
+
+<p>Veinte manos se apresuraron á cumplir la orden, separando la vajilla y
+los manjares que aún quedaban. Pero como estuviese manchada de vino,
+Pepa, excitada, descolgó de la percha con brioso ademán su espléndido
+pañolón de Manila y se puso á limpiar con él. Frasquito, al ver aquella
+monstruosidad, dió un brinco y cayó sobre ella, arrebatándole el pañolón
+de las manos con gesto colérico. Este acto produjo gran indignación en
+los presentes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!... ¿No te da vergüenza mirar por un pañuelo el día de tu boda?
+¿No vale más la alegría de tu mujer que un trapo? ¡Habrá gallego!...<a name="page_238" id="page_238"></a></p>
+
+<p>Y todos le increpaban con ira mientras el señor Rafael se retorcía de
+risa en un rincón gritando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vivan los novios rumbosos!</p>
+
+<p>Las mujeres, más irritadas que los hombres de aquella falta de
+galantería, echaron mano igualmente á sus mantones y se disputaron el
+placer de limpiar también con ellos la mesa. Había llegado la hora del
+vértigo. Soledad puso el pie en una silla y de un brinco se plantó sobre
+la mesa, inaugurando el baile con un fuerte taconeo que electrizó á la
+reunión. Luego se irguió haciendo resaltar su bella figura escultural.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ole la palma gallarda! ¡Vaya un talle sandunguero!... ¡Suelta esa
+mata de pelo, gachona!... ¡Vivan las mujeres flamencas!</p>
+
+<p>Y entre los gritos y los oles y el palmoteo infernal, Soledad bailó con
+toda la elegancia y gentileza que ella sólo sabía. Los hombres ponían
+bajo sus pies los sombreros para que los pisase; las mujeres arrancaban
+las flores de su cabello para arrojárselas. Cuando bajó la cubrieron de
+besos.</p>
+
+<p>Pero la bella se dejó caer jadeante en una silla y quedó silenciosa y
+sombría sin participar del frenesí que allí reinaba.</p>
+
+<p>Los viejos dieron, al fin, la señal de retirarse. La partida fué
+ruidosa. Antes de acomodarse en los coches se pasó cerca de media hora,
+cambiándose entre unos y otros interminables bromas que hacían fluir las
+carcajadas. Casi todos estaban roncos. Los hombres, perezosos<a name="page_239" id="page_239"></a> para
+meterse en los vehículos, hacían traer á ellos bateas con cañas y las
+servían á las hembras, que las rechazaban riendo, cuando no les bañaban
+el rostro con ellas.</p>
+
+<p>Los cocheros ya se preparaban á arrear á los caballos cuando el señor
+Rafael, que chorreaba alegría por todos los poros, tuvo la ocurrencia de
+obligar al viejo <i>Cardenal</i> y á su esposa á que echasen un baile de
+despedida. Y no hubo otro remedio. Tan pesado se puso que al cabo los
+<i>Cardenales</i> bailaron sobre la carretera, á la luz de la luna, entre la
+algazara del cortejo nupcial que los jaleaba desde los coches.</p>
+
+<p>Pero aquel momento gozoso fué turbado por la mala intención de Antoñico,
+que participó al maestro carpintero cómo Frasquito intentaba darle
+amoniaco para limpiarle la mona. Encrespóse atrozmente aquél y nada
+menos pretendía que bajarse del coche y echar los dientes fuera á su
+yerno. Á duras penas podían sujetarlo. Pepe de Chiclana cortó en flor la
+querella gritando á los cocheros:</p>
+
+<p>&mdash;Arread, muchachos, y que se quede el que quiera.</p>
+
+<p>Chasquearon los látigos y los caballos arrancaron al trote. Pero
+todavía, por encima del ruido de las ruedas y las campanillas, se oía
+vociferar al carpintero:</p>
+
+<p>&mdash;¿Álcali volátil á mí? ¡Granuja! Vamos á ver, ¿estoy yo borracho?
+¿Hablo cosas formales? ¿He faltado á alguno?... ¿Sé alternar ó no sé
+alternar?</p>
+
+<p><a name="page_240" id="page_240"></a></p>
+
+<p><a name="page_241" id="page_241"></a></p>
+
+<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV<br /><br />
+Noche gaditana.</h3>
+
+<p>Cuando entraron en Cádiz sonaba la una. La hermosa ciudad dormía sobre
+el mar, como una odalisca en brazos de su déspota. El cielo espléndido
+de la Bética formaba sobre ella un pabellón poblado de luces. Una leve
+brisa embalsamada refrescaba su frente ardorosa.</p>
+
+<p>El estrépito de los coches turbó un momento aquel sueño tranquilo. Más
+de una tierna doncella dejó sobresaltada el lecho y se acercó á su
+balcón con los pies desnudos para ver lo que pasaba. Y al oir el grito
+de ¡vivan los novios! que repetía sin cesar el cortejo nupcial, sus
+cándidas mejillas se coloreaban, sus labios de coral se dilataban con
+sonrisa dulce murmurando: «¡Una boda!» y tornaba al lecho y se dormía<a name="page_242" id="page_242"></a>
+soñando escenas de felicidad que el cielo bendice.</p>
+
+<p>La comitiva recorrió las calles deteniéndose delante de algunas tiendas
+de montañés y haciéndolas abrir para beber unas cañas. Los novios, que
+habían regresado juntos en una berlina, dieron esquinazo á su cortejo y
+se escabulleron bonitamente para casa. Los demás recalaron todos á la
+tienda de Crisanto, en la calle de Pedro Conde, levantaron al montañés
+que ya se había acostado, é introduciéndose por la puerta falsa del
+portal, invadieron ruidosamente el establecimiento. Y ¡vengan cañas de
+Sanlúcar! ¡venga <i>cante</i> y guitarra y jaleo!</p>
+
+<p>Pero las mujeres estaban rendidas: no tardaron en hablar de su casa; se
+inició la retirada por la vieja <i>Cardenala</i> y poco á poco fueron
+desfilando casi todos. No quedaron en la tienda más que los borrachos
+empedernidos, el señor Rafael, el maestro carpintero, el <i>Cardenal</i> y
+otros cuatro ó cinco convidados.</p>
+
+<p>Velázquez se puso al lado de María-Manuela mientras marchaban en grupos
+por las calles; pero cuando al llegar á una esquina se despidieron de la
+familia de Mercedes, tuvo ocasión de acercarse á ésta y hablar con ella
+algunas palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, gitana&mdash;le dijo estrechándole la mano afectuosamente.&mdash;Adiós,
+naranjita china.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy deshecha, niño&mdash;respondió ella con languidez afectada.&mdash;He
+bailado más que un trompo.<a name="page_243" id="page_243"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que no sostienes la apuesta?</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda! Ya lo creo que la sostengo.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, dentro de media hora me tienes arrimado á tu ventana.</p>
+
+<p>&mdash;Dentro de media hora te espero en ella.</p>
+
+<p>Y con las manos enlazadas se clavaron una larga mirada, entre burlona y
+amorosa, tratando de registrarse el alma. Pero al volver la cabeza cesó
+repentinamente la alegría del majo al observar que María-Manuela estaba
+haciendo lo mismo con Antonio. Quedó repentinamente serio, no porque la
+bravía morena le hubiese tocado en el corazón, sino por la insolencia de
+Antoñico. Á pesar de los últimos reveses seguía tan puntilloso y
+delicado. Murmuró un juramento y se acercó de nuevo á la maga. Antoñico,
+que vió su rostro contraído, se apresuró á alejarse juntándose á
+Soledad, que también había advertido la maniobra y estaba irritada y
+seria.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te decía Antonio, querida?&mdash;preguntó el majo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Antonio!&mdash;exclamó la morena con sorpresa.&mdash;¿Qué me había de decir
+Antonio?... Nada.</p>
+
+<p>&mdash;¿No estaba hablando contigo en este momento?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sí!... Ni me había fijado siquiera... Creo que me preguntaba por
+mi sobrinito.</p>
+
+<p>&mdash;Está bien; pero otra vez, cuando te pregunte por tu sobrinito, procura
+que yo no esté<a name="page_244" id="page_244"></a> delante&mdash;manifestó el guapo con calma amenazadora.</p>
+
+<p>María quedó turbada y balbució con timidez:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?... No entiendo... Hijo, tú por cualquier cosilla te
+remontas...</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos más. Ya te he dicho lo que hace al caso.</p>
+
+<p>Hubo un largo silencio mientras caminaban lentamente la vuelta de casa
+precedidos y seguidos de otros grupos.</p>
+
+<p>&mdash;No te vayas á figurar que á mí me importa ya nada de ese tío&mdash;profirió
+ella al cabo.</p>
+
+<p>&mdash;No me figuro nada&mdash;respondió secamente Velázquez.</p>
+
+<p>&mdash;Que se me salten los ojos y no vuelva á ver la luz del sol, que me vea
+pidiendo de puerta en puerta una limosna y vaya á morir al hospital, si
+tengo más interés por él que por el carro de la basura... Anda, hijo,
+pues ni que estuviera echada á los perros para acordarme ya de ese tío
+sucio sin vergüenza. Primero me dejaba hacer tajaditas así que mirar más
+en cara á ese arrastrao. No pienses en ello, niño, que si algún día me
+dan ideas de faltarte, será con todos menos con él. ¿No vale más tu
+personilla que ese mono? ¿Por qué te celas? ¡Pues el gachó es de oro
+para que una mujer se chale por sus pedazos! ¡Con más botones en la cara
+que un jardín en primavera! Deja que Soledad coma de esa fruta... ¡Para
+mí ya está podría!</p>
+
+<p>Velázquez se fué calmando con la charla de su nueva querida. Y de esta
+suerte llegaron<a name="page_245" id="page_245"></a> hasta la puerta de casa. La hermana de María vivía en
+una callecita estrecha del barrio de la Viña, cerca de la Catedral. Paca
+la de la Parra vivía algo más lejos, en el mismo barrio. Despidiéronse,
+pues, allí, ésta con su marido, Soledad, Antonio y otras dos mujeres, y
+siguieron adelante. Velázquez se quedó un instante á la puerta con su
+amante y al cabo también se despidió de ella hasta el día siguiente.
+Estaba cansado y tenía ganas atroces de dormir. Esto dijo, al menos, al
+separarse: la verdad era que deseaba acudir á la graciosa cita de su
+antigua novia.</p>
+
+<p>Cuando quedó solo se fué paso entre paso á la tienda de Crisanto á
+esperar la hora. Allí seguían los residuos más antiguos de la boda
+rindiendo culto á puerta cerrada al hijo de Júpiter y Semele.</p>
+
+<p>No tardó en recalar también Antonio; Gregorio y algunos otros jóvenes de
+los que habían acompañado á las mujeres llegaron poco después. La juerga
+prosiguió más grosera y alborotada por la ausencia del elemento
+femenino.</p>
+
+<p>Al entrar Antoñico, Velázquez le clavó una mirada cargada de odio y de
+amenazas que no pasó inadvertida para aquél. Se abstuvo cuidadosamente
+de acercarse al grupo donde el majo estaba, y al cabo de unos instantes
+se escabulló sin ser notado. Sin dilación alguna se dirigió nuevamente
+al barrio de la Viña y se detuvo delante de la casa de su antigua
+querida:<a name="page_246" id="page_246"></a> acercóse á una reja baja que tenía, llamó con los dedos á los
+cristales y esperó. No tardaron en abrir.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás ahí, desaborío?</p>
+
+<p>&mdash;Aquí estoy, limoncito verde.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué limoncito verde?</p>
+
+<p>&mdash;Porque eres agria para mí y veo mis esperanzas cada vez más verdes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vete, vete, canalla, no me des coba tan sucia! Después que has sido
+para mí un perro te vienes con esa.</p>
+
+<p>&mdash;Un ladrón en la horca no está más arrepentío que yo, María. Díme que
+me tire al agua y me verás hacerlo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya! Si te mandase tirarte al vino, acaso...</p>
+
+<p>&mdash;¡Si supieses las penitas que estoy pasando!</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, calla, perro!</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, las de un perro cuando le cortan el rabo.</p>
+
+<p>La ruda morena soltó una carcajada. La plática, aunque burlona, se fué
+haciendo más y más cordial, no tardando mucho aquel perro en obtener su
+perdón. El cuchicheo se hizo más íntimo y más suave. Hallaban los dos
+grato enamorarse por la reja después de haber hecho vida matrimonial
+cuatro años.</p>
+
+<p>Hacía ya largo rato que estaban charlando cuando se oyó el ruido de un
+coche.</p>
+
+<p>&mdash;¿Un coche á estas horas?&mdash;exclamó María con sorpresa.</p>
+
+<p>Antonio no dijo nada, pero quedó repentinamente serio. El ruido se fué
+aproximando.<a name="page_247" id="page_247"></a> Á los pocos momentos vieron aparecer por el extremo de la
+calle una berlina de punto que pronto cruzó por delante de ellos.
+Antonio sufrió una fuerte sacudida y dijo con voz alterada:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes quién va ahí?</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién?</p>
+
+<p>&mdash;Velázquez.</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, lioso! Los dedos se te vuelven huéspedes.</p>
+
+<p>&mdash;Por mi salud te juro que es Velázquez. Lo he conocido perfectamente.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, niño, ¿qué estás ahí diciendo?... Si fuese Velázquez se hubiera
+apeado para armar pendencia contigo... Demasiado sabes cómo las gasta.</p>
+
+<p>&mdash;Pues es Velázquez, no tengas duda&mdash;repuso Antonio cada vez más
+trémulo.</p>
+
+<p>Y tanto juró y perjuró que su querida concluyó por darle crédito.
+También se puso seria.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es bien extraño!</p>
+
+<p>Cuando hubieron comentado largamente el caso, María le propuso entrar.</p>
+
+<p>&mdash;Anda, niño, entra... Me arriesgo mucho, porque si mi hermana se entera
+me pone de patitas en la calle... y ya ves, me quedaría á la clemencia
+de Dios... Pero no importa: por todo paso con tal que tú no vayas á
+tener un disgusto. Mira que ese tío tiene muy malas tripas...</p>
+
+<p>Antonio le dió gracias con efusión y estuvo muy tentado á aceptar la
+oferta, porque sentía<a name="page_248" id="page_248"></a> un miedo de primera calidad. Pero se acordó de la
+cita con Soledad, la halló muy sabrosa y tuvo fuerzas para rehusar. Se
+las echó de valiente.</p>
+
+<p>&mdash;Si no me quedo es precisamente porque no vayas á figurarte que le
+tengo miedo. Cinco dedos tengo en cada mano como él y una buena
+herramienta en el bolsillo... Que cuide de asegurarme, porque si no,
+esas malas tripas que tiene se las echo todas fuera de una vez.</p>
+
+<p>Gozó todavía un rato del susto de su querida, que muy acongojada trataba
+de persuadirle á que pasase allí la noche, y al cabo se despidió.</p>
+
+<p>El que le viese deslizarse solapadamente por las calles, oculto en la
+sombra y volviendo á cada instante la cabeza, no pensaría ciertamente
+que tuviese vivos deseos de andar con los intestinos á nadie.</p>
+
+<p>Bien había echado de ver su ausencia Velázquez allá en la tienda de
+Crisanto. No quiso ir tras él, porque estaba seguro de que se había
+marchado de miedo, y con esto quedaba en sosiego su amor propio. Cuando
+juzgó llegado el momento de acudir á la cita de Mercedes se dispuso á
+salir; pero aquellos borrachos le tenían secuestrado. El padre de Pepa,
+tomándole de la solapa de la chaqueta, se desahogaba contra el gallego
+de su yerno, anunciando con voz cavernosa las mil crueldades que iba á
+ejercitar sobre él así que amaneciese Dios. Y cada uno<a name="page_249" id="page_249"></a> de sus
+pronósticos siniestros iba acompañado de las correspondientes preguntas:</p>
+
+<p>&mdash;¿Álcali volátil á mí? ¿Estoy yo borracho? ¿Hablo cosas formales? ¿He
+faltado á alguno? etc.</p>
+
+<p>El viejo <i>Cardenal</i>, hombre pacífico si los había en Cádiz, iba
+adquiriendo á la sazón un humor belicoso también que le hacía muy
+molesto. Después de tomarlas con Gregorio, injuriándole y declarando á
+gritos que nunca le dejaría casar con su hija Isabel, la emprendió con
+Velázquez acusándole de traidor.</p>
+
+<p>&mdash;Permíteme que te lo diga, Velázquez... No eres un hombre regular ni
+decente... Con mi hija te has portado peor que un gitano... Yo soy así,
+¿me entiendes?... Digo las cosas á la cara... Al pan pan y al vino
+vino... y al que es un falso traidor le digo que es un sinvergüenza...
+¡Ea, ya está! ¿Qué hay?...</p>
+
+<p>Colocado en este terreno dramático, el viejo tendero concluyó por
+desafiarle.</p>
+
+<p>&mdash;Tú y yo somos dos, ¿me entiendes? No pienses que te tengo miedo...
+Aunque viejo, aún no se me cae una herramienta de la mano... ¡Sal
+conmigo, cobarde! ¡Sal á la calle y verás cómo te corto el cuello!</p>
+
+<p>Velázquez sonriendo procuró calmarle; pero cuanto más pacífico se
+mostraba, más se crecía el anciano, hasta el punto de que, temiendo que
+se propasara á vías de hecho, el señor Rafael, que era el menos borracho
+de todos, hizo seña al guapo de que se fuese. Así lo hizo con gusto,<a name="page_250" id="page_250"></a>
+porque los insultos repetidos iban ya alterando sus nervios y temía que
+al fin se desbocasen y le impeliesen á poner la mano en el viejo.</p>
+
+<p>Cuando se vió en la calle respiró libremente y se dirigió sin vacilar á
+casa de Mercedes. La cita amorosa con aquella muchacha iba adquiriendo
+en su imaginación un atractivo que nunca hubiera pensado. Sin embargo,
+la despedida de Antonio y María-Manuela y las palabras secretas que
+entre sí cruzaron, habían despertado en su espíritu sospechas de que
+estaban citados para aquella noche. Más por curiosidad que porque la
+traición de la rústica morena le llegase al alma, en vez de tomar el
+camino directo de las Barquillas, hizo un pequeño rodeo para pasar por
+delante de la casa de aquélla. Y hallando casualmente al paso un coche
+de los que habían ido á Puerta de Tierra, se metió en él. Al ver á
+Antonio pegado á la reja de su querida, á pesar del escaso interés que
+ésta le inspiraba, no pudo reprimir un movimiento de ira; se abalanzó
+para ordenar al cochero que parase; pero, sosegándose repentinamente, se
+encogió de hombros exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ps! ¡Buen provecho!... Todos los cerdos saben el camino de sus
+pocilgas.</p>
+
+<p>Antes de llegar á las Barquillas de Lope se apeó y despidió el coche,
+encaminándose vivamente hacia la casa de su antigua novia. Pero cuando
+ya estaba cerca, de uno de los portales próximos salió un hombre y se le
+puso delante.<a name="page_251" id="page_251"></a></p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, señor Pedro.</p>
+
+<p>El majo, sorprendido y mirando con fruncido rostro al que se le
+atravesaba, respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, Gabino. ¿Qué se ofrece?</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada... Estaba la noche tan hermosa que no tuve ganas de
+acostarme... y andaba dando vueltas esperando el sueño.</p>
+
+<p>&mdash;Está bien&mdash;repuso mirándole de arriba abajo con ojos recelosos y
+severos.&mdash;¿Y aún no te ha llegado el sueño?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, hijo, lo mejor que puedes hacer es irte á la cama, porque
+te expones á quedar dormido en mitad del arroyo.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo yo miedo á eso, porque al fin y al cabo, ¿qué importa la cama
+dura si es blando el sueño? Lo único que me da pena es dejar despiertos
+por ahí á algunos traidores.</p>
+
+<p>Sintió el guapo un fuerte estremecimiento, pero supo dominarse y exclamó
+riendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda! ¿y eso te pone triste?... Pues hazte guardia civil y pasarás
+las noches persiguiendo á los ladrones.</p>
+
+<p>&mdash;No son ladrones los que yo quisiera perseguir, sino á ciertos sujetos
+que hacen el daño sin interés, sólo por capricho ó por fachenda.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ve tras ellos y buenas noches, que yo no puedo detenerme&mdash;dijo
+Velázquez con voz ya levemente alterada, tratando de alejarse.</p>
+
+<p>Pero el mozo se le interpuso nuevamente, diciendo con resolución:<a name="page_252" id="page_252"></a></p>
+
+<p>&mdash;Dejémonos de guasa, señor Pedro. ¿Va usted á ver á Mercedes?</p>
+
+<p>&mdash;Dejémonos de guasa, Gabino... ¿Te importa algo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí que me importa, porque soy su novio.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hazte cuenta que para mí no eres na&mdash;dijo Velázquez con acento
+agresivo.</p>
+
+<p>&mdash;No basta que usted lo diga; á todo el mundo le consta y á usted
+también. Por consiguiente, no es portarse como hombre regular ni decente
+rondar á las mocitas que están comprometidas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ea, basta ya de rodeos!&mdash;exclamó el guapo.&mdash;Quieres reñir,¿verdad
+tú?... Pues cuando gustes podemos comenzar.</p>
+
+<p>Y al mismo tiempo llevó la mano al bolsillo y sacó el cuchillo.</p>
+
+<p>Gabino permaneció quieto y manifestó con calma:</p>
+
+<p>&mdash;Ya sé que no le importa reñir, que tiene usted corazón y no ha de
+temer á un pobre muchacho como yo... Pero al ponerme delante de usted
+bien puede figurarse qué desesperado estaré... Quiero á esa mujer más
+que á las niñas de mis ojos, y por ella, no digo delante de usted,
+delante de un cañón cargado de metralla me pondría. Lo que temo al reñir
+no es la muerte, sino que de todos modos la pierdo para siempre... Si yo
+le mato, ¿qué gano? Nada, porque me espera la cárcel... Se lo juro á
+usted por la gloria de mi madre, lo mejor que podría sucederme es que
+usted me matase...<a name="page_253" id="page_253"></a></p>
+
+<p>La voz se le anudó en la garganta al pobre mancebo al proferir las
+últimas palabras. Velázquez quedó inmóvil y silencioso. Al cabo dijo en
+tono resuelto, guardando la navaja:</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón... Me gusta esa niña, pero tú la mereces más que yo
+porque la quieres mucho más... Sé, por desgracia&mdash;añadió con voz
+temblorosa,&mdash;lo que es querer de ese modo, y que poco importa la vida ó
+la muerte al que tiene ya el corazón hecho pedazos...</p>
+
+<p>Bajó la cabeza y permaneció callado unos instantes.</p>
+
+<p>&mdash;Choca, querido&mdash;dijo alzándola de nuevo y alargándole la mano.&mdash;Vete
+en paz á hablar con tu novia y que Dios te proteja.</p>
+
+<p>Se estrecharon la mano y el majo se alejó precipitadamente.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, señor Pedro&mdash;murmuró Gabino conmovido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oiga!&mdash;le gritó cuando ya el otro estaba lejos.</p>
+
+<p>Velázquez volvió sobre sus pasos.</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera pagarle de algún modo el favor que me hace. Si usted tiene
+todavía algún interés por esa mujer que ha querido, le diré que la he
+visto hace poco allá en Puerta de Tierra entregar una llave á Antoñico,
+que debe ser la de su casa... Haga usted ahora lo que mejor le parezca.</p>
+
+<p>El majo se encogió de hombros con afectado desdén.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es cosa perdida ya. Nada tengo con<a name="page_254" id="page_254"></a> ella hace tiempo. Puede abrir
+la puerta á un toro de Veragua si gusta... De todos modos, gracias por
+el aviso, Gabino, y buena suerte.</p>
+
+<p>No era sincero aquel desprecio. La noticia le llegó al alma, porque si
+bien conocía las relaciones de su querida con Antonio, tenía por cierto
+que no habían alcanzado tal grado de madurez. Así que vagamente nutría
+en su alma la esperanza de poseer de nuevo á Soledad y hacerla su
+esposa. Ahora sí que la sentía perdida enteramente. Sus ilusiones se
+desvanecían como el humo.</p>
+
+<p>Á paso lento recorrió varias calles presa de un abatimiento que le
+quitaba las fuerzas. Nadie cruzaba á la sazón y libremente podía
+revolcarse en sus pensamientos dolorosos. Mas del tropel de ellos surgió
+repentinamente uno que le hizo estremecerse. Quedó inmóvil un instante
+y, recobrando de súbito toda su energía, emprendió su camino de nuevo
+con resolución y á paso vivo. Al pasar por la calle de <i>Horno Quemado</i>
+vió venir hacia él un hombre que no tardó en reconocer. Era el señor
+Rafael que se retiraba á su casa. Trató de evitar el saludo pasando á la
+acera contraria; pero el viejo, que no estaba tan borracho como suponía,
+le conoció perfectamente y le chicheó.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh! ¡Chis! Velázquez... Atraca, hijo... ¿Dónde va el hombre?</p>
+
+<p>&mdash;Pues... á ninguna parte. Estoy tomando el fresco... y pensando en lo
+divertido que estará ahora su sobrino.<a name="page_255" id="page_255"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡No lo creas!... Mi sobrino es un gallego desorejado. No se ha
+divertido jamás de la vida ni se divertirá. Ahora mismo está pensando en
+el gasto.</p>
+
+<p>Velázquez sonrió y trató de alejarse, pero el viejo le retuvo.</p>
+
+<p>&mdash;Ahí dejó al <i>Cardenal</i> y al suegro de mi sobrino con una <i>mona</i>
+superior... pero ¡superior!... El Cardenal quería salir con la navaja
+abierta en tu busca... Luego la emprendió conmigo y me dijo las mil y
+una injurias... pero yo me he reído, ¿sabes?... Éstos infelices que
+viven en familia, en cuanto se apartan de las enaguas de su mujer y lo
+prueban, se vuelven locos...</p>
+
+<p>Velázquez estaba impaciente. La charla gozosa del viejo le parecía
+insufrible en aquel momento. Pero por más que hacía no lograba
+despegarse. Al fin tuvo que decir con acento malhumorado:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, déjeme usted, señor Rafael, que tengo prisa.</p>
+
+<p>El viejo le miró á la cara sorprendido y, observando su palidez, soltó
+la carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda, hijo, anda á la cama en seguida!... No pensé que te hacía daño
+también el vino... Ya no queda en Cádiz más hombre que yo...</p>
+
+<p>Prosiguió el majo su camino mientras el tío de Frasquito, retorciéndose
+de risa, intentaba en vano meter la llave en la cerradura de su casa.
+Así estuvo largo rato hasta que pasó el sereno y le dijo sonriendo:<a name="page_256" id="page_256"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Pero señó Rafael, si está usted engañado! Su casa está tres puertas
+más abajo.</p>
+
+<p>El viejo echó dos pasos atrás y exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Verdad, amante!... Estoy metiendo la llave en casa de D. Justo el
+escribano... ¡Tendría gracia que fuera á sorprenderle en el cuarto de la
+criada!... ¡Ji, ji!... Toda la culpa ha tenido ese perdío de
+Velázquez... ¡Qué mona llevaba! ¡Superior! ¡pero superior!... Escucha,
+Ramón... no digas á nadie que me he equivocado, porque se van á creer
+que estaba borracho... ¡Ji, ji!... ¡Borracho el señor Rafael!...
+¡Tendría que ver!... Adiós, Ramón... buenas noches... Chito ¿eh?...
+Buenas noches... Hasta mañana, si Dios quiere...</p>
+
+<p>El sereno, sin dejar caer la sonrisa de los labios, le miró alejarse con
+marcha vacilante, abrir la puerta de su casa y desaparecer.</p>
+
+<p>Velázquez, al separarse de él, había apretado el paso. Cuando llegó á
+las inmediaciones de la casa de su amigo Pepe de Chiclana, se detuvo.
+Habitaba éste un caserón viejo, enorme, del cual formaban parte las
+cuadras donde tenía los caballos en que traficaba. La puerta exterior,
+que cerraba un zaguán largo y sucio á modo de túnel, solía permanecer
+abierta toda la noche. El majo se ocultó en la sombra y espió aquella
+puerta. Una duda le agitaba: si Antoñico habría llegado ya. Habíale
+dejado pelando la pava con María, pero temía que el tiempo que había
+gastado con el novio de la Mercedes y el que le había hecho perder el<a name="page_257" id="page_257"></a>
+señor Rafael hubiese bastado para que el traidor dejase á su antigua
+querida y viniese á buscar la nueva.</p>
+
+<p>Pronto se desvaneció esta duda al ver doblar la esquina de la calle á un
+hombre. A la luz de la luna pudo reconocer á Antonio. Dejó que se
+aproximara, y cuando ya estaba cerca de la puerta de Pepe, salió de
+pronto de la oscuridad y se le plantó delante.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, Antoñico.</p>
+
+<p>El amante de la maga dió un salto atrás y echó una ansiosa mirada á los
+lados, sin duda con intención de huir. Pero observando la actitud
+pacífica de Velázquez y su sonrisa pudo dominarse y exclamar con fingida
+cordialidad:</p>
+
+<p>&mdash;¡Adiós, gachó!... ¿Tú por aquí?... Lo que menos podía pensar era
+tropezarte á estas horas.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo á ti.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hijo, como hemos bebió mucho más de lo que era menester y la
+noche está para freírse María Santísima, andaba dando vueltas por las
+calles como un papamoscas y se me ocurrió venir á ver si Pepe y Paca
+habían salido á la calle á tomar el fresco.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hazte cuenta que lo mismo me ha ocurrido á mí.</p>
+
+<p>Hubo una pausa embarazosa. Antonio no las tenía todas consigo y
+escrutaba el semblante de su amigo, por ver si descubría en él señales
+de guerra. Pero el rostro del guapo expresaba<a name="page_258" id="page_258"></a> en aquel momento absoluta
+tranquilidad, la misma indiferencia desdeñosa que lo caracterizaba.</p>
+
+<p>&mdash;Y como aquí no veía á nadie con quien rajar un poco, me iba en busca
+de la cama.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hazte cuenta que otro tanto me pasaba á mí&mdash;repitió Velázquez con
+el mismo sosiego.</p>
+
+<p>&mdash;Pues vámonos ya.</p>
+
+<p>&mdash;Mira... Echaremos antes un cigarro, si te parece.</p>
+
+<p>&mdash;Como quieras.</p>
+
+<p>Sacó el majo un cigarro puro y luego la navaja para picarlo. El fino
+cuchillo de Albacete brilló con resplandor siniestro á la luz de la
+luna. Antoñico se inmutó visiblemente.</p>
+
+<p>&mdash;Toma&mdash;dijo alargándole cortésmente el cigarro.&mdash;Pica de él si quieres.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias&mdash;respondió Antonio, rechazándolo.</p>
+
+<p>Velázquez lo miró con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es que no tienes cuchillo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí tengo... pero no gasto ese tabaco... fumo de cajetilla...&mdash;balbució
+torpemente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Allá tú!&mdash;profirió el majo alzando los hombros.</p>
+
+<p>Y con toda calma se puso á picar, mientras el otro sacaba un pitillo
+hecho y lo encendía. Hubo largo silencio. Velázquez parecía absorto en
+su tarea. Antonio fumaba nerviosamente, echando grandes bocanadas de
+humo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;exclamó al fin aquél, llevándose la<a name="page_259" id="page_259"></a> mano á la frente.&mdash;¡Qué
+cabeza la mía! Tenía que dar un recado preciso á Soleá y ya se me
+olvidaba... ¿Me haces el favor de la llave?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué llave?&mdash;profirió Antonio con la misma sorpresa que si viese
+desplomarse todas las casas de la calle.</p>
+
+<p>&mdash;La que llevas en el bolsillo y que Soleá te ha dado hace un
+rato&mdash;manifestó Velázquez con naturalidad.</p>
+
+<p>Se puso aún más pálido de lo que estaba. En un instante pasaron por su
+cerebro veinte respuestas evasivas; pero los ojos del majo estaban
+clavados sobre los suyos con una expresión tan resuelta y enconada que
+claramente vió el dilema: ó soltar la llave ó matarse. Optó por lo
+primero. Hizo un esfuerzo para reir y exclamó en tono jocoso:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya un chasco!... Pensé que eso era ya agua pasada, niño... Si
+supiese que esa mujer te tiraba algo no me hubiera acercado á ella...
+Porque donde está un amigo verdadero como tú toas las mujeres están de
+más para mí... Y si antes hubieras hablado, antes te hubiera dejado el
+campo libre... Pero tú eres como Dios te crió, guasón y cazurro si los
+hay, y no tienes confianza para decirle á un amigo: «Hijo, quítate del
+medio que me estorbas...» Toma, toma la llave, que no tengo vergüenza si
+vuelvo á hablarte en los jamases de la vida.</p>
+
+<p>Velázquez la tomó, se la echó en el bolsillo gravemente y guardó
+silencio. El otro, viendo que no quería seguirle el humor é inquieto
+por<a name="page_260" id="page_260"></a> su actitud sombría, se apresuró á despedirse.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, hijo, que pases buena noche... y otra vez no seas tan desaborío
+con los amigos que te aprecian.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós&mdash;dijo Velázquez secamente.</p>
+
+<p>Permaneció inmóvil hasta que Antonio dió vuelta á la esquina y en
+seguida avanzó hasta el portal de Pepe de Chiclana. Se detuvo un
+instante escuchando, atravesó después cautelosamente el largo zaguán,
+sembrado de carretas y coches deteriorados, y llegó á un espacioso
+patio. Había numerosas puertas, la mayoría dando acceso á las cuadras.
+La vivienda de Pepe ocupaba uno de los frentes. Hacia ella se dirigió,
+pero en vez de acercarse á la puerta del centro, se corrió hacia uno de
+los rincones donde había otra más chica. Por allí se entraba al cuarto
+de la huéspeda: lo conocía perfectamente, como conocía toda la casa.
+Paca había dado á su amiga aquella habitación independiente, única que
+tenía bien amueblada.</p>
+
+<p>Puso el oído á la puertecita, permaneciendo en esta posición largo rato.
+Luego sacó la llave, la metió con suavidad en la cerradura y abrió
+lentamente procurando no hacer ruido. Avanzó después por una pequeña
+antesala, buscando á tientas en la pared otra puerta, hasta que dió con
+ella y se detuvo. Llamó quedo con los nudillos. Nadie contestó. Tornó á
+llamar más fuerte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién va?&mdash;dijo desde dentro una voz bien conocida.<a name="page_261" id="page_261"></a></p>
+
+<p>Velázquez puso los labios sobre la cerradura y respondió en voz de
+falsete:</p>
+
+<p>&mdash;Abre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es?&mdash;preguntó Soledad.</p>
+
+<p>&mdash;Antonio.</p>
+
+<p>&mdash;Aguarda un momentito.</p>
+
+<p>Oyó el majo, con el corazón palpitante, el rechinar de una cama y el
+ruido de unos pies que se ponen en el suelo. Al instante se abrió la
+puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Pasa&mdash;dijo Soledad con voz apagada.</p>
+
+<p>Velázquez obedeció.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo has tardado tanto, hijo!&mdash;siguió con acento de mal humor,
+mientras cerraba de nuevo la puerta.&mdash;Ya no contaba contigo. Te he
+estado esperando un rato muy largo y, al fin, viendo que no venías me he
+determinado á meterme en la cama... Espera, voy á encender un fósforo.</p>
+
+<p>&mdash;¡No!&mdash;dijo Velázquez con la misma voz de falsete.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?</p>
+
+<p>Y sin aguardar respuesta tomó la caja de cerillas de su mesa de noche é
+hizo brotar la luz. Al volver la cabeza dió un grito y se le cayó la
+cerilla de la mano.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tú! ¡tú! ¡tú!&mdash;repitió con espanto en las tinieblas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí!... Yo soy, Soleá... ¡Perdóname que haya dado este paso!... El
+cariño que te tengo me ha vuelto loco...</p>
+
+<p>Al mismo tiempo dió un paso hacia la joven;<a name="page_262" id="page_262"></a> pero ella retrocedió y
+sacando apresuradamente otro fósforo encendió la bujía. Luego se plantó
+delante de él erguida, altanera, pálida, clavándole con furor sus ojos
+llameantes. Hubo un momento de silencio. La cólera le apretaba la
+garganta, no dejando salir las palabras. Al fin exclamó con voz
+alterada, extendiendo la mano:</p>
+
+<p>&mdash;¡Sal de aquí, canalla!</p>
+
+<p>El majo se estremeció, se puso también densamente pálido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por tu vida, Soledad, no me repitas esa palabra!... ¡Mira que te
+pierdes y me pierdes!</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí! ¡sí! ¡canalla! ¡más que canalla!&mdash;profirió la joven trocando el
+color blanco de su rostro por otro encendido como la grana.&mdash;¿Qué otro
+nombre mereces, charrán, indecente?... ¿Quién comete una acción tan baja
+como ésta sino tú?... Sí, canalla... Te llamo canalla porque lo eres.</p>
+
+<p>Velázquez se lanzó de un salto sobre ella, la agarró por los brazos y la
+sacudió convulsivamente, mientras la joven, loca de furor, seguía
+escupiéndole á la cara más que diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, te llamo canalla!... Mátame ahora, cobarde... mata á una mujer...
+¡Eso debes hacer, granuja!...</p>
+
+<p>Velázquez quedó lívido, inmóvil; sus ojos se clavaron con extraña fijeza
+sobre los de la joven, que sostuvo fieramente la mirada. Pero haciendo
+un esfuerzo supremo sobre sí mismo soltó los brazos que tenía cogidos,
+dió un paso atrás y quedó de repente tranquilo, profundamente<a name="page_263" id="page_263"></a>
+tranquilo. Hubo un instante de silencio en que ambos se contemplaron con
+intensa atención.</p>
+
+<p>&mdash;¡Basta ya!&mdash;dijo al cabo con voz ronca y respiración anhelante, como
+si acabara de hacer una carrera fatigosa.&mdash;Has llegado con esa espada
+que tienes en la boca al sitio mismo donde te tenía guardada... Te
+quería más que he querido á mi madre... Te respetaba más que á la Virgen
+de Grasia... Todo ha terminado... El soplo que acabas de dar ha sido tan
+fuerte que ni cenizas quedaron de ese fuego... Me alegro y te doy las
+gracias... Escucha, niña, no te he partío el corazón ahora mismo porque
+me acuerdo de lo mucho que te he querido... Conque Dios te guarde... Si
+te debía algunas, ya te las has cobrado...</p>
+
+<p>Giró sobre los talones y salió con paso firme de la estancia. Al
+encontrarse en la calle se detuvo; sacó la petaca, volvió á picar un
+cigarro, lo encendió y prosiguió su camino sosegadamente como un vecino
+que sale á respirar el fresco. Era la calma del hombre á quien acaban de
+hacer una operación dolorosa y se encuentra de repente sin fuerzas y sin
+dolores, en abatimiento feliz. Recorrió varias calles gozando este
+sosiego extraño parecido á un letargo. Su pensamiento y su corazón
+permanecían quietos.</p>
+
+<p>Reinaba un silencio profundo en aquella última hora de la noche. Ni un
+transeunte se tropezaba por casualidad en las calles. Sólo sus<a name="page_264" id="page_264"></a> pasos
+sonaban sobre la acera y de vez en cuando el silbo agudo del pito de los
+serenos.</p>
+
+<p>Como no tenía cuenta por dónde andaba, se encontró sin pensar en las
+Barquillas de Lope. Al advertirlo se apresuró á volverse pensando en
+Mercedes. «¡Vaya por Dios! murmuró internándose de nuevo en la ciudad.
+Esa chiquilla es apañadita y salada y parecía que la iba cobrando
+apego... ¡Pero está de Dios que todo me salga mal de algún tiempo á esta
+parte! Tiene razón Paca... Será que me voy haciendo viejo.»</p>
+
+<p>De nuevo vagó por las calles á paso lento, bañando su frente en el
+frescor de la noche. Hacía ya tiempo que no se sintiera tan tranquilo y
+dueño de sí mismo. Antes de retirarse á casa quiso dar una vuelta por la
+tienda de Crisanto. Al llegar á las inmediaciones, en la calle de San
+Francisco, oyó voces desentonadas, ruido de disputa. Acercóse más y pudo
+percibir el grito bronco del suegro de Frasquito.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estoy yo borracho? ¿Hablo cosas formales? ¿He faltado á alguno?...</p>
+
+<p>El sereno pretendía arrestarlos, lo mismo á él que al viejo <i>Cardenal</i>,
+por escandalosos. El maestro carpintero se defendía gritando como un
+energúmeno, con lo cual dicho se está que empeoraba la situación. Dió la
+vuelta por no mezclarse en disputas de borrachos con la autoridad, llegó
+á la muralla y siguió por ella la vuelta de su casa.<a name="page_265" id="page_265"></a></p>
+
+<p>La noche tocaba á su fin. El firmamento estrellado se desplegaba diáfano
+y puro anunciando la llegada de la aurora. Brillaban las estrellas
+declinantes reflejando su luz en las aguas, que se rizaban al primer
+soplo matinal. La luna acababa de hundirse en su seno, dejando todavía
+en el horizonte una estela luminosa. Ninguna nube flotaba en aquel cielo
+de cristal. La brisa agitaba ya sus alas sutiles para despertar á la
+sultana.</p>
+
+<p>Velázquez, aunque de espíritu rudo, aspiró con delicia la gloria de
+aquella noche esplendorosa. Siguió distraído por la muralla sin apartar
+los ojos del mar, cuyas olas batían á sus pies con dulce, armónico, son.
+Algunos minutos después se hallaba en el Campo del Sur frente á su casa.
+Se apoyó en el pretil del muro, y quedó sumido en profunda meditación.
+Pensó en los últimos reveses de amor que había experimentado, y un
+sentimiento de abandono invadió su corazón. No había duda, le llegaba la
+mala porque se iba haciendo viejo. Se encontró solo, sin padres, sin
+hermanos, sin hijos, sin mujer que le quisiera habiendo tenido tantas. Y
+por primera vez le acosaron los remordimientos, las lágrimas que había
+hecho verter á algunas infelices.</p>
+
+<p>Cuando al cabo alzó la frente, su resolución estaba tomada. Las sombras
+de la noche huían apresuradamente hacia el Oeste. Hermosas tintas
+carmesíes anunciaban en Oriente que el sol no tardaría en alumbrar la
+tierra.</p>
+
+<p><a name="page_266" id="page_266"></a></p>
+
+<p><a name="page_267" id="page_267"></a></p>
+
+<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI<br /><br />
+Despedida.</h3>
+
+<p>Pocos días después se supo que Velázquez traspasaba la tienda, y más
+tarde que se embarcaba para América. Prefirió trasladarse en un buque de
+vela mandado por cierto amigo suyo que partiría el 15 de Setiembre. La
+víspera, los compadres de la reunión y algunos íntimos recibieron de él
+afectuosa carta de despedida y adjunta una invitación del capitán del
+barco para que, si tenían gusto en ello, viniesen á beber unas cañas á
+la salud y al viaje feliz de su amigo. Pepe de Chiclana recibió la suya.
+En la carta que Velázquez le escribía convidaba también expresamente y
+con encarecimiento á Soledad, ó por hacerle ver que olvidaba sus
+injurias, ó por mostrar que se hallaba enteramente curado de su pasión.<a name="page_268" id="page_268"></a></p>
+
+<p>Quedó perpleja la joven cuando le leyó la postdata Paca. Instábala ésta
+para que accediera á aquel ruego tan noblemente expresado. Vacilaba
+ella, no tanto por el rencor que aún le guardaba, como por considerar
+violenta y embarazosa la entrevista. Cuando, cruzando aquella tarde por
+la calle de la Amargura, acertó á tropezar con Manolo Uceda, á quien
+hacía días que no veía. Saludóla él cortés pero gravemente y trató de
+seguir su camino, pero ella se le puso delante.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es de tu vida, Manolo?... ¡Hace un siglo que no te veo!... ¿Por
+qué no vienes á casa?&mdash;le dijo con la sonrisa en los labios, apretándole
+afectuosamente la mano.</p>
+
+<p>Pero después de haber soltado tales palabras se hizo cargo de su
+imprudencia y se puso roja como una cereza.</p>
+
+<p>&mdash;Ando bastante ocupado con un asuntillo que me ha encomendado mi
+madre... El jueves me voy á Medina.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para volver?</p>
+
+<p>&mdash;No; probablemente no volveré. Desde allí nos vamos á Sevilla... He
+conseguido que mi madre cediese á vivir allá, y me alegro bastante.</p>
+
+<p>Quedó seria repentinamente la joven; guardó silencio unos momentos y al
+cabo dijo con tristeza:</p>
+
+<p>&mdash;¡Todo el mundo se va!... Yo también necesito pensar en liármelas... Ya
+sabrás que Velázquez se embarca mañana...<a name="page_269" id="page_269"></a></p>
+
+<p>&mdash;Sí lo sé. Me ha escrito.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Te ha convidado á la juerguecilla del barco?... También á mí me
+convida; pero á la verdad... no sé qué hacer. Quisiera que me dieses tu
+parecer, porque, hijo mío, te lo digo con todas las veras de mi alma,
+eres el único hombre decente con que he tropezao en la vida y á nadie
+pido un consejo con tanta satisfacción como á ti...</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias&mdash;manifestó el caballero de Medina sonriendo.&mdash;Pero ¿qué
+quieres que yo te aconseje? Son asuntos delicados y no me atrevo...</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo quiero que te atrevas... Ya sabes que entre ese hombre y yo no
+hay nada hace tiempo... Ya sabes cómo se ha portado conmigo...</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien&mdash;repuso Uceda, después de vacilar un poco.&mdash;Á mí me parece
+que debes ir... Á pesar de todo le has querido: él te ha querido también
+y probablemente te sigue queriendo... Sería crueldad, por tu parte, el
+no decirle adiós.</p>
+
+<p>&mdash;Está bien, iré aunque me cueste trabajo.</p>
+
+<p>Hubo una pausa. Uceda preguntó al cabo con afectada ligereza:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y Antoñico?</p>
+
+<p>Turbóse Soledad al escuchar la pregunta y exclamó con ímpetu:</p>
+
+<p>&mdash;¡No me hables de ese charrán!</p>
+
+<p>&mdash;Me han dicho que ha vuelto á juntarse con María&mdash;repuso el caballero
+riendo.<a name="page_270" id="page_270"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡No es por eso, no!... Al contrario... me parece lo único decente que
+ha hecho en su vida, pero...</p>
+
+<p>Iba á contar la bajeza que con ella había cometido, pero se detuvo á
+tiempo. El relato de lo acaecido la perjudicaba más á ella.</p>
+
+<p>&mdash;Le llamo charrán porque lo es. Todo el mundo lo sabe&mdash;concluyó bajando
+la voz.</p>
+
+<p>Quedó un momento silenciosa con el rostro fruncido.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, hasta mañana en el barco... Voy allá porque tu me lo
+mandas&mdash;manifestó al fin dándole la mano.</p>
+
+<p>&mdash;No; yo probablemente no podré ir.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿No vas tú? Pues entonces hazte cuenta que no voy yo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque no quiero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Siempre tan testarudilla!&mdash;dijo Uceda apretando cariñosamente la mano
+que tenía cogida.&mdash;Iré por que no te enfades. Hasta mañana.</p>
+
+<p>&mdash;No faltes.</p>
+
+<p>&mdash;No faltaré.</p>
+
+<p>Al día siguiente, entre dos y tres de la tarde, dos lanchas atracadas al
+muelle esperaban á los invitados para transportarlos al buque, que se
+veía anclado allá en medio del puerto. Era una corbeta de regular
+tamaño, negra, sólida, bien arbolada. El capitán, hombre de cuarenta
+años, de mediana estatura y recias espaldas, rostro atezado, barba negra
+cerdosa,<a name="page_271" id="page_271"></a> pesado y macizo como su navío, los esperaba de bruces sobre la
+cornisa de la obra muerta. Acompañábalo Velázquez. La <i>Esperanza</i>, que
+así se nominaba la corbeta, iba á la América del Sur por carga de cacao,
+llevándola heterogénea de algunos productos de la Península.</p>
+
+<p>Los primeros que llegaron fueron Frasquito con su mujer y el señor
+Rafael. Inmediatamente la lancha trajo á la familia del <i>Cardenal</i>, los
+viejos, Mercedes, Isabel y su novio Gregorio, á los cuales se había
+unido Manolo Uceda, que por casualidad llegara al muelle al mismo
+tiempo. En la otra lancha acudieron en seguida María-Manuela con Antonio
+y dos amigos más de Velázquez. Por último, al cabo de un rato acostaron
+al barco Pepe de Chiclana, su mujer y Soledad. En la subida hubo
+bastante jarana y no pocos sustos. Las mujeres temblaban de confiarse á
+la frágil escala. Con el susto no se guardaban siquiera de mostrar las
+piernas á los marineros que se quedaban en la lancha. Los hombres las
+embromaban sobre esta despreocupación así que estaban arriba.</p>
+
+<p>&mdash;En el mar estamos como en el paraíso terrenal. No existe la
+vergüenza&mdash;decía el capitán.&mdash;He conocido á una señora que al averiguar
+que el barco hacía agua subió á cubierta desnuda y estuvo hablando con
+nosotros sin taparse siquiera el pecho con las manos.</p>
+
+<p>Sobre cubierta, debajo de un toldo, veíase la mesa bien abastecida de
+manjares y botellas.<a name="page_272" id="page_272"></a> Velázquez fué saludando á sus amigos cordialmente
+y les invitó á sentarse. Estaba tranquilo y á las frases de sentimiento
+que dejaban escapar todos al darle la mano respondía con afectada
+alegría.</p>
+
+<p>&mdash;Dejad que me dé un poco el fresco, hijos. Este Cádiz se me venía ya
+encima... Veréis cómo hago una gran fortuna por allá. Cuando menos lo
+penséis llegaré hecho un potentado, y para daros en cara soy capaz...
+soy capaz... ¡hombre, soy capaz de venir con levita!</p>
+
+<p>&mdash;¡No, por Dios!&mdash;gritaron los compadres riendo.</p>
+
+<p>Había saludado á Soledad con no fingida naturalidad y aun la había
+piropeado graciosamente. Y era lo raro que la joven parecía más turbada
+que él. Después, acercándose á Mercedes, la preguntó familiarmente por
+lo bajo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y Gabino? ¿Cómo no viene?</p>
+
+<p>&mdash;¿Gabino?&mdash;respondió la salada muchacha haciendo un mohín
+desdeñoso.&mdash;¡Dale memorias!... Nada tengo ya que partir con él.</p>
+
+<p>Mostróse sorprendido y no quiso creerlo: disimulos de mocitas y nada
+más. Pero la niña insistió con ahinco y formalidad, dió pormenores, citó
+testigos. Velázquez concluyó por llamar á Isabel, que estaba cerca.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es verdad lo que me dice tu hermana, que ha regañado con Gabino?</p>
+
+<p>&mdash;¡Y tan verdad!&mdash;respondió aquélla con mal humor.&mdash;¿Tú sabes si mi
+hermana ha tenido chabeta alguna vez?<a name="page_273" id="page_273"></a></p>
+
+<p>Y se alejó murmurando. Velázquez quedó serio y pensativo.</p>
+
+<p>Sentáronse todos al cabo, y para abrir boca tomaron ostiones y rajas de
+salchichón. Destapáronse las botellas y el rico dorado vino de Sanlúcar
+chispeó alegremente en las copas. La tarde era dulce y serena. El sol
+derramaba sus rayos esplendentes sobre la bahía. Las aguas dormidas
+rielaban su luz con brillantes reflejos de plata. Los buques anclados en
+el puerto cabeceaban blandamente, viéndose sobre sus cubiertas algunos
+marineros entregados al sueño. Ni de la ciudad ni del mar llegaban más
+que rumores suaves que, al confundirse en el aire, formaban lánguido
+suspiro como si la tierra y el Océano gozasen tranquilos el placer de la
+siesta. Una brisa suave, fresca, sin intermitencias, acariciaba la
+frente de los convidados. La naturaleza ofrecía el amable sosiego, la
+armonía solemne que sólo se observa en los comienzos del otoño.</p>
+
+<p>Los de la fiesta no resultaron alegres. La gente se mostraba lacia,
+desanimada, como si todos se hallasen bajo el peso de un disgusto. Y en
+realidad, no era grato ver alejarse, quizá para siempre, á un amigo de
+toda la vida. El mismo señor Rafael, cuya alegría era inagotable, estaba
+menos expansivo. Aprovechando un momento en que Velázquez vino á
+ofrecerle una caña, le dijo por lo bajo:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, vamos á ver, hijo, ¿por qué haces esta locura? ¿Qué te faltaba á
+ti en Cádiz? ¿No<a name="page_274" id="page_274"></a> tienes salud? ¿no tienes dinero?... ¿Qué demonio vas
+buscando en esas tierras donde si no le meriendan á uno los salvajes se
+lo comen crudo los mosquitos?... Que has tenido algunos disgustillos con
+las mujeres, ¿y qué? ¿Es razón para que un mozo valiente y noble de too
+su cuerpo se quite del medio? ¿Dónde hay palmito que se pueda comparar
+con unas botellas de amontillado, bebidas en compañía de cuatro amigos,
+y unas aceitunitas aliñás?... Me lo dijo hace tiempo un vista de la
+aduana que había estado muchos años en Puerto-Rico, un tío muy
+ilustrado, capaz de beberse el golfo de Méjico: «Desengáñate, Rafael,
+las mujeres no sirven más que para enfriar el caldo cuando uno está
+acatarrado y no puede sacar los brazos de la cama».</p>
+
+<p>Velázquez alzó los hombros y le respondió con el mismo desenfado.</p>
+
+<p>El vino hizo al cabo su tarea. Poco á poco los rostros se fueron
+animando y las lenguas se desataron, produciendo un gracioso oleaje de
+chistes y agudezas. Quien hizo mayor gasto, como siempre, fué Antoñico.
+Estaba más flaco que antes y descolorido; apenas comía. Sus amigos le
+embromaban por esta falta de apetito.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué queréis, hijos míos?&mdash;respondía él.&mdash;He perdido el estómago.
+¿Cómo no había de perderlo si esta mujer que aquí veis me ha estado
+envenenando más de tres semanas con una <i>bebía compuesta?</i></p>
+
+<p><a name="page_275" id="page_275"></a>&mdash;Decid que es mentira&mdash;saltó María-Manuela.&mdash;No ha sido más que ocho
+días, y lo que le he dado á nadie le hace daño: agua de siete pozos
+distintos con un poco de sangre de oreja de gato negro y unas cagarrutas
+de rata...</p>
+
+<p>&mdash;¡María Santísima del Carmen!&mdash;exclamó Antonio llevándose la mano al
+estómago.&mdash;¿Y yo he bebido eso?... ¡Quitadme esos platos de delante!
+¡Quitadme esas copas! ¡Dejadme reventar en cualquier rincón, como un
+triquitraque!</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo que lo has bebío?&mdash;exclamó la ruda morena con gesto de
+triunfo.&mdash;Y gracias á ello te tengo ahora chalaíto y pringoso que no hay
+por dónde cogerte, más humildito y manso que un cordero de Dios...
+Porque ahí donde ustedes le ven&mdash;añadió volviéndose á los
+circunstantes,&mdash;ahí donde ustedes le ven tan guasoncillo y soberbio,
+ahora es una malva en casa y en cuantito yo doy una voz ya le tengo de
+rodillas pidiéndome que no me enfade. Y too esto ¿á qué se debe? Pues á
+la virtud de la bebía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sería milagro! ¿Cómo quieres que yo vocee si me has dejado en los
+huesos? No me ha quedado aliento ni para pedir los buñuelos por la
+mañana.</p>
+
+<p>Los amigos reían y vertían de vez en cuando una palabrita para que la
+disputa se alargase.</p>
+
+<p>Sin embargo, la hora de levar anclas se iba acercando y el capitán se
+había apartado de la mesa y andaba de un lado á otro dando órdenes.<a name="page_276" id="page_276"></a> Los
+marineros comenzaban á moverse ejecutando las maniobras preventivas.</p>
+
+<p>Soledad y Manolo se habían aproximado y charlaban un poco retirados de
+los demás. El caballero de Medina la embromaba suponiendo que estaba
+triste y que hacía esfuerzos por ocultarlo. Al fin y al cabo en aquel
+momento crítico el corazón hablaba. No en vano había estado enamorada
+tanto tiempo. La joven se defendía con empeño, negando que estuviese
+triste y casi casi que hubiera estado enamorada.</p>
+
+<p>&mdash;No se puede llamar amor lo que he sentido por ese hombre... Era una
+locura, un antojo por cosas agrias, como solemos tener las mujeres. El
+amor debe ser algo más dulce, más tranquilo... Era imposible que yo le
+quisiera toda la vida. Su genio siempre me ha sido antipático... Detesto
+á los hombres soberbios...</p>
+
+<p>&mdash;Es porque tú lo eres.</p>
+
+<p>&mdash;Quizá&mdash;dijo ella con franca resolución;&mdash;pero así es... Por lo demás,
+no puedo negarte que me causa pena el verle marchar, sabiendo que es por
+mi causa. Si le pasa algo en la travesía... ó se enferma... ó muere, me
+ha de quedar un poco de escozor en el alma. Aunque ya no me inspira
+interés, no quisiera hacerle daño... Porque en el fondo no es malo;
+¿sabes? No tiene más que mucha fantasía en la cabeza. En cuanto se le
+quite será un buen hombre... Francamente, sentiría mucho que le
+sucediese algo malo... ¡Pobre Velázquez!<a name="page_277" id="page_277"></a></p>
+
+<p>&mdash;Sí, ¡pobre Velázquez! Ni supo querer ni supo ser querido&mdash;expresó
+Uceda poniéndose serio y dirigiendo sus ojos al horizonte.</p>
+
+<p>Soledad le clavó una mirada de sorpresa y admiración. Y á su sabor, en
+silencio, largo rato estuvo contemplando á aquel hombre tan noble, tan
+firme, tan sufrido. Un remordimiento punzante le atravesaba el alma.
+Sintió deseos de arrojarse de cabeza al mar.</p>
+
+<p>La tripulación terminaba los preparativos. El capitán prescindía ya
+enteramente de los convidados y, diligente y afanoso, recorría el barco
+de proa á popa fijando sus ojos escrutadores en el aparejo y cambiando
+rápidas palabras con el piloto y contramaestre. Los amigos de Velázquez,
+comprendiendo que era llegado el momento de partirse, quedaron otra vez
+graves y taciturnos. Un mismo sentimiento de tristeza oprimía sus
+corazones. Sólo Antoñico se atrevió á decir alegremente á Paca:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos á ver, niña, suéltanos una copliya de despedida. Hace un siglo
+que no te oigo.</p>
+
+<p>La esposa de Pepe de Chiclana respondió mirándole con severidad:</p>
+
+<p>&mdash;Hijo mío, cuando un amigo tan apreciado como éste se marcha, nadie que
+tenga corazón siente ganas de cantar... ni tampoco de oir cantar.</p>
+
+<p>Y los convidados aprobaron todos con la cabeza las palabras de aquella
+profunda mujer.</p>
+
+<p>Sonaron las cinco en el reloj de la cámara.<a name="page_278" id="page_278"></a> El capitán se acercó á
+ellos y les dijo cortésmente:</p>
+
+<p>&mdash;Señores, vamos á levar anclas. Siento mucho privarme de tan buena
+compañía, pero es preciso... Á no ser&mdash;añadió sonriendo&mdash;que quieran
+ustedes venirse al Perú conmigo y con este buen mozo.</p>
+
+<p>Nadie respondió. Silenciosamente se fueron acercando uno por uno á
+Velázquez y le abrazaron con emoción. Él procuraba disimular la que
+sentía bajo una sonrisa forzada. Vinieron después las mujeres y le
+estrecharon la mano. «Buen viaje. Buena suerte. ¡Que Dios te traiga
+pronto!» Paca le entregó un escapulario de la Virgen del Carmen
+rogándole que se lo pusiese. El majo le dió las gracias llevándolo á los
+labios.</p>
+
+<p>Cuando llegó el turno a Mercedes, Velázquez la retuvo las manos entre
+las suyas un momento y le dijo por lo bajo viéndola sonreir:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué contenta estás, Mercedes! Te alegras de que me vaya, ¿verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Ni me alegro ni me entristezco. Pues que nadie te obliga á marchar,
+debe de ser un viaje de recreo el que haces&mdash;respondió ella sin dejar de
+sonreir.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, te alegras, lo estoy viendo en tu semblante... Haces bien; yo no
+he servido más que para darte jaqueca. Perdóname y que Dios te haga muy
+feliz, como deseo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Adiós!&mdash;repuso lacónicamente la joven.<a name="page_279" id="page_279"></a></p>
+
+<p>Se estrecharon la mano con fuerza y se apartaron. Pero el rostro de la
+niña al hacerlo empalideció, dió unos pasos atrás como si estuviese
+mareada y se dejó caer sobre un cable enrollado; tapóse los ojos con las
+manos y comenzó á sollozar fuertemente.</p>
+
+<p>Quedaron estupefactos todos. Hubo unos momentos de silencio. Varios
+acudieron al fin solícitos preguntándole:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te pasa, Mercedes? ¿Te has puesto mala? ¿Qué te pasa, hija, qué
+te pasa?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué le ha de pasar!&mdash;exclamó su hermana Isabel roja de ira.&mdash;¡Que se
+ha caído de tonta!</p>
+
+<p>Y su madre y su prima Pepa se lanzaron al mismo tiempo indignadas y
+enfurecidas sobre ella.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!... ¿No te da vergüenza? ¡Llorar por un hombre que se burla de
+ti! ¡Loca! ¡más que loca! ¡Vaya un paso chistoso!</p>
+
+<p>La joven, sin responder á tales invectivas, seguía llorando con el
+rostro entre las manos.</p>
+
+<p>Entonces Velázquez avanzó hasta colocarse entre ella y las que la
+injuriaban, y dijo gravemente con voz temblorosa:</p>
+
+<p>&mdash;Si lo que ustedes dicen es cierto, si las lágrimas de esa niña se
+vierten por mí, sólo puedo demostrarles que no he querido burlarme
+ofreciéndoles casarme mañana mismo con ella... Ya sé que no la merezco,
+pero juro por mi salud que haré cuanto pueda por merecerla.</p>
+
+<p>Al oir estas palabras, un grito de júbilo estalló<a name="page_280" id="page_280"></a> en la reunión. Todos
+palmoteaban; todos chillaban dirigiéndose exclamaciones de asombro y de
+gozo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tiene gracia! ¡Venir á un duelo y salir un casorio!...&mdash;Á mí me daba
+el corazón que los dos se querían...&mdash;¡Y á mí!&mdash;¡Y á mí!</p>
+
+<p>El señor Rafael, loco de alegría, gritaba:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vivan los novios! El día que os caséis prometo emborracharme... lo
+que no hice en los días de la vida.</p>
+
+<p>Y empujando al mismo tiempo á Velázquez contra Mercedes, añadía:</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda! ¡Abrázala, cobarde!... ¡Hazte cuenta que no somos nadie!</p>
+
+<p>Pepa y Paca alzaban á su vez á Mercedes y la empujaban hacia su novio.
+Éste la abrazó con efusión.</p>
+
+<p>&mdash;Ya no hay viaje, capitán&mdash;dijo luego volviéndose al de la corbeta.</p>
+
+<p>&mdash;La primera vez que me alegro de separarme de ti, Velázquez&mdash;repuso
+éste estrechándole la mano.</p>
+
+<p>Acometidos de un vértigo, todos hablaban y nadie se entendía. Mas hé
+aquí que el prudente Frasquito se acerca á Velázquez y le dice
+misteriosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Oye, chico, pero ¿vas á perder el dinero del pasaje?</p>
+
+<p>El majo suelta una ruidosa carcajada y exclama dándole afectuosas
+palmadas en la espalda:</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí que lo pierdo! ¿Quieres aprovecharlo tú?<a name="page_281" id="page_281"></a></p>
+
+<p>El señor Rafael había oído la carcajada y se acercó para saber lo que se
+trataba. Velázquez le informó riendo. Dió el viejo un paso atrás y,
+mirando fijamente á su sobrino, se santiguó diciendo con gravedad:</p>
+
+<p>&mdash;Sobrino, no nos separamos. Yo no deshago la sociedad. Eres el único
+sabio que hay en Cádiz. Déjame, por Dios, que cuente este golpe á todo
+el mundo para honra de la familia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tío, no la enredemos ahora que estamos todos alegres!&mdash;exclamó
+Frasquito exasperado.</p>
+
+<p>&mdash;¿No quieres que lo cuente? Está bien: te guardaré el secreto. Pero de
+aquí en adelante hazte cuenta que no eres mi sobrino... ¡Quiero que seas
+mi tío!</p>
+
+<p>Velázquez atajó la disputa llevándose á Frasquito. Todos se despidieron
+del capitán afectuosamente y de nuevo bajaron la escala, acomodándose
+como mejor pudieron en las dos lanchas que los habían traído. Una vez en
+ellas, como el día continuase sereno y el mar sosegado, á uno de ellos
+se le ocurrió acompañar á la corbeta algún trecho. Se aceptó con
+regocijo la idea. El capitán hizo al instante levar anclas y el buque,
+arrastrado penosamente por sus dos botes, emprendió una marcha lenta
+hasta llegar á paraje abierto donde pudiera desplegar las velas. Las
+lanchas le daban escolta.</p>
+
+<p>Reinaba el júbilo en éstas, cambiándose entre unos y otros mil bromas y
+donaires. El<a name="page_282" id="page_282"></a> blando movimiento de las olas y la fresca caricia de la
+brisa excitaban más su alegría. Velázquez no se había sentado al lado de
+Mercedes. Por un sentimiento de delicadeza prefirió colocarse entre sus
+futuros suegros. Cuando el bullicio se hubo calmado un poco, les habló
+en voz baja de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;Un sueño me parece lo que está pasando. Me encuentro sentado entre
+ustedes; veo allí á Mercedes, con la cual no tardaré en casarme, y
+apenas puedo creerlo. Dios no ha querido que fuese á morir en tierras
+extrañas, sino que viva entre mis amigos al lado de una esposa que no
+merezco. Después de Dios á ustedes se lo debo. Quisiera poder
+demostrarles mi agradecimiento no con palabras, sino con hechos. Creo
+que la mejor manera será haciendo á su hija feliz y á esto me
+comprometo... Aquel Velázquez calavera, mujeriego y pendenciero se
+marcha en ese barco para el Perú. El que aquí queda es un hombre decente
+que sabrá mientras viva querer á su esposa y respetarles á ustedes.</p>
+
+<p>El viejo <i>Cardenal</i> aprobó con la cabeza las palabras del majo; pero la
+madre replicó con acento en que se traslucía aún la cólera:</p>
+
+<p>&mdash;No creas que te entrego á mi hija de buena voluntad. Lo hago porque la
+conozco y sé que si la contrariase se enfermaría. Á mí no se me olvidan
+los desaires que la has hecho y si estuviese en su lugar puedes estar
+seguro de que no volverías ahora tan satisfecho á Cádiz.<a name="page_283" id="page_283"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Silencio, mujer!&mdash;interrumpió el padre con energía, y volviéndose á
+Velázquez añadió gravemente:&mdash;Las mujeres perdonan mejor los agravios
+que las hacen que los que hacen á sus hijos. Eres hombre de juicio y
+sabrás disimular el resentimiento de una madre. Yo te doy mi palabra de
+que haciendo feliz á Mercedes no tardará en desaparecer.</p>
+
+<p>Llegaron al fin á la mar libre. La <i>Esperanza</i> izó algunas velas y su
+tripulación dejó los botes para subir á bordo. Los remeros de las
+lanchas recibieron orden de mantenerse quietos. Todos se despidieron con
+mucha gritería del capitán é inmediatamente pusieron proa á la ciudad.</p>
+
+<p>El sol iba á ocultarse. El firmamento azul se teñía de púrpura en
+Occidente con viva incandescencia que ascendía hasta el zenit,
+fundiéndose gradualmente en tintas de grana y oro hasta perderse en
+suave y maravilloso rosicler. El vasto Océano llameaba recibiendo en su
+seno con misterioso temblor el disco del sol, grande, rojo,
+resplandeciente. Todos se alegran contemplando este sublime espectáculo.
+La fresca brisa de la tarde baña su rostro. Vuelven los ojos á tierra y
+su gozo aumenta viendo á Cádiz surgir de las aguas con su ceñidor de
+espumas, con su crestería que los rayos del sol doran como la corona
+gigantesca del dios de los mares.</p>
+
+<p>En aquel momento, Soledad preguntó á Uceda en voz baja:<a name="page_284" id="page_284"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Sigues en tu idea de marcharte á Sevilla?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;Yo también me voy.</p>
+
+<p>&mdash;¿A qué?&mdash;dijo el caballero fingiendo sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé&mdash;replicó la joven pugnando por no llorar.</p>
+
+<p>Guardaron silencio unos instantes. Uceda la dijo al fin con sonrisa
+benévola tomándole una mano:</p>
+
+<p>&mdash;Escucha, Soledad. ¿Ves ese hermoso sol que va á desaparecer? Tú sabes
+que mañana volverá á lucir en el cielo tan hermoso como hoy. Así sabía
+yo que tu amor volvería. Porque en este mundo el amor engendra al amor,
+pero el capricho sólo engendra al hastío. Á pesar de tus locuras te he
+seguido queriendo porque adivinaba en ti un espíritu infantil á quien no
+se puede exigir la responsabilidad de sus actos y también porque
+respetaba en mí el primer amor que tú habías logrado inspirar. Aun hoy
+te quiero con toda mi alma, pero...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya sé que no puedo ser tu esposa. Seré tu criada... tu
+esclava&mdash;interrumpió Soledad con ímpetu.</p>
+
+<p>&mdash;¡Silencio! Para el hombre de corazón nada hay más imposible que la
+maldad. Una voz interior me dice que he nacido para protegerte, para
+salvarte de la infamia. Confíame tu suerte. Ignoro lo que serás con el
+tiempo para mí, pero puedes estar segura de<a name="page_285" id="page_285"></a> que nada haré que pueda
+rebajarte. Sin tregua ni descanso trabajaré desde hoy por elevarte, por
+dignificarte, para sacar de ti el ser inocente y noble que mi cariño me
+ha dicho siempre que existe.</p>
+
+<p>Así habló el caballero de Medina. La joven escucha estas palabras con
+alegría y sus bellos ojos se nublan de lágrimas.</p>
+
+<p>Las lanchas bogaban apresuradamente hacia el puerto envueltas en rojizos
+resplandores. La <i>Esperanza</i> izaba á lo lejos todas sus velas que se
+hinchaban al soplo de la brisa. Su casco negro, robusto, se inclinaba
+suavemente para hender el cristal de las aguas. El capitán, desde lo
+alto del puente, saludaba todavía con su gorra blanca.<a name="page_286" id="page_286"></a></p>
+
+<p>
+<br />
+<br />
+<br />
+<br />
+</p>
+
+<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary="INDICE">
+<tr><th colspan="3" align="center"><a name="INDICE" id="INDICE"></a>ÍNDICE</th></tr>
+<tr><td colspan="3" align="right" class="un">&nbsp; &nbsp; Páginas&nbsp; &nbsp;</td></tr>
+
+<tr><td colspan="2">P<small>RÓLOGO</small></td><td align="right"><a href="#page_00v"><small>V</small></a></td></tr>
+ <tr><td align="right"><a href="#I">I.</a></td><td>&mdash;El viajero </td><td align="right"><a href="#page_001">1</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#II">II.</a></td><td>&mdash;Los majos</td><td align="right"><a href="#page_013">13</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#III">III.</a></td><td>&mdash;Soledad</td><td align="right"><a href="#page_035">35</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#IV">IV.</a></td><td>&mdash;Velázquez.</td><td align="right"><a href="#page_051">51</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#V">V.</a></td><td>&mdash;Celos</td><td align="right"><a href="#page_061">61</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#VI">VI.</a></td><td>&mdash;Disputa</td><td align="right"><a href="#page_081">81</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#VII">VII.</a></td><td>&mdash;El columpio</td><td align="right"><a href="#page_093">93</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#VIII">VIII.</a></td><td>&mdash;Crisis</td><td align="right"><a href="#page_121">121</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#IX">IX.</a></td><td>&mdash;El Carnaval</td><td align="right"><a href="#page_133">133</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#X">X.</a></td><td>&mdash;Rebelión</td><td align="right"><a href="#page_161">161</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#XI">XI.</a></td><td>&mdash;Sumisión</td><td align="right"><a href="#page_171">171</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#XII">XII.</a></td><td>&mdash;La maga</td><td align="right"><a href="#page_181">181</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#XIII">XIII.</a></td><td>&mdash;Antoñico</td><td align="right"><a href="#page_197">197</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#XIV">XIV.</a></td><td>&mdash;La boda de Pepa &nbsp; &nbsp; &nbsp; </td><td align="right"><a href="#page_213">213</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#XV">XV.</a></td><td>&mdash;Noche gaditana</td><td align="right"><a href="#page_241">241</a></td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#XVI">XVI.</a></td><td>&mdash;Despedida</td><td align="right"><a href="#page_267">267</a></td></tr>
+</table>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Los majos de Cádiz, by Armando Palacio Valdés
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS MAJOS DE CÁDIZ ***
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
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+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
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+any statements concerning tax treatment of donations received from
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+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
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+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
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+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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+
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+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
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